Está en la página 1de 8

UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO

RECINTO DE RÍO PIEDRAS


FACULTAD DE ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS

El castigo atroz y moderno: la irónica crueldad


por
Génesis E. Muñiz Albino

Trabajo sometido como requisito final del curso COEM 3006

Profesora Rosa Guzmán Merced


20 de febrero del 2018
Hay dos tipos de personas en el mundo, hijo -dijo su padre severamente-. Los que salvan vidas.
Y los que las quitan. - ¿Y los que protegen y defienden? ¿Los que salvan vidas quitando vidas?
Su padre bufó. -Eso es como intentar detener una tormenta
soplando más fuerte. Ridículo. No se puede proteger matando.
-Brandon Sanderson

Pena de muerte, ¿es verdaderamente la sanción máxima?

En una conversación entre personas, existe una regla universal, casi innata, que limita

ciertos temas por su naturaleza controversial. Esto se debe a la gran diversidad de opiniones que,

usualmente, retan las creencias arraigadas que tiene cada individuo. Uno de los temas limitados,

es la pena de muerte, considerada por muchos como la sanción máxima, ya que no existe un

castigo más inclemente que la muerte misma. En la actualidad, existen cincuenta y ocho naciones

que favorecen y practican la pena de muerte, Estados Unidos es una de ellas. Allí, ha sido

popularizada la idea de que la pena de muerte disuadirá a los asesinos.

La pena de muerte es una ejecución o pena capital. Es catalogada como una pena

corporal, puesto que el castigo tiene un efecto directo sobre el sentenciado. La condena es

sometida por un juez o un tribunal, basándose en la gravedad de la falta cometida. La silla

eléctrica, la inyección letal, la horca, la decapitación y el fusilamiento son algunas de las muchas

maneras en las que es empleada la pena de muerte a través del mundo. (1) No obstante, en el

transcurso del tiempo, algunas de estas modalidades han sido olvidadas o reformadas por ser

medidas radicales y sumamente violentas. La pena de muerte no disuade a los delincuentes, ni es

una forma de retribución para la sociedad como creen aquellos que lo respaldan. Es importante

tener claro que aun con los métodos contemporáneos, sigue siendo un castigo atroz. Con el

propósito de tener un mejor entendimiento sobre la necesidad de prohibir la pena de muerte en

los Estados Unidos, es necesario conocer el trasfondo histórico contemporáneo de la pena de

muerte y su llegada al país.


La idea de un castigo capital, fue traída desde Gran Bretaña cuando los (2) “founding

fathers” declararon la independencia. Los ancestros norteamericanos amaban la idea de la pena

de muerte, ya que era un castigo con la que estaban familiarizados y consideraban efectiva. La

primera ejecución registrada en norteamérica ocurrió en Jamestown en el 1608, donde un hombre

llamado George Kendall fue ejecutado por traición. En los primeros días coloniales, los europeos

usaban la pena de muerte como castigo para múltiples delitos.

(6) No obstante, durante el siglo diecinueve, la pena de muerte cambió drásticamente

debido a que comenzó a perder popularidad. Los estados ya no realizaban ejecuciones públicas y

poco a poco comenzaron a llevarlas a cabo en privado. Pensilvania fue el primero en adoptar esta

tendencia y con el paso del tiempo, algunos estados abolieron la pena de muerte. En la

actualidad, catorce, de cincuenta estados ya no practican la pena de muerte. Estos estados son:

(4) Alaska, Hawaii, Iowa, Maine, Massachusetts, Michigan, Minnesota, Dakota del Norte, Nueva

Jersey, Nuevo México, Nueva York, Vermont, West Virginia y Wisconsin. (3)

Una serie de casos relacionados con la pena de muerte fueron llevados al Tribunal

Supremo. Muchos trataron de argumentar en contra de la misma, diciendo que violaba la octava

enmienda debido a que era cruel e inusual. (7) En el 1972, Furman v. Georgia trajo exitosamente

un final temporal a la pena de muerte que solo duró diez años. En la eventualidad, la pena de

muerte fue restablecida con la ejecución de Gary Gilmore el 17 de enero de 1977. Hoy por hoy,

en los Estados Unidos aun practican la pena capital. Sin embargo, la misma tiene limitaciones

como, por ejemplo: no se puede ejecutar a un individuo con impedimento mental y tampoco se

pueden ejecutar a menores. Aunque aún se practica esta forma de castigo, las estadísticas

enseñan que cada vez ocurren menos.


Disuasión y retribución: Ojo por ojo, diente por diente.

(5) Aquellos que están a favor de la pena de muerte, afirman que la misma sirve como

una disuasión, pues es la única forma de venganza hacia los asesinos. El castigo como disuasión,

para que disminuyan los crímenes, es usado como mecanismo de miedo con el objetivo de

influenciar a todas las personas, de todas las edades. En el artículo “Death penalty is a

deterrance” (11) (D. Nagin & J. Pepper, 2012), sus autores afirman que, al practicar la pena de

muerte, los delitos violentos disminuyen. También establecen que dichos crímenes ya han

disminuido un 11%, haciéndo énfasis en el homicidio que muestra la mayor disminución con un

22%. Sin embargo, existe una gran cantidad de evidencia contradictoria de estudios similares que

se han realizado recientemente.

Otro motivo por la que algunos respaldan la pena de muerte, es porque aseguran que es

una retribución de parte del asesino para la sociedad. El poder cobrar el delito con la vida del

asesino, les da satisfación colectiva por el daño que le ha hecho a la sociedad. “Ojo por ojo y

diente por diente” ha sido una ley de castigo que ha existido por siglos y es por la que se

fundamenta la retribución. En otro artículo que está a favor de la pena de muerte, su autor, que

decidió permanecer en anonimato, establece que cuando alguien se quita la vida, se altera el

equilibrio de la justicia. Tomarle la vida del asesino, es lo único que puede reestablecer el

equilibrio perdido. Esto permite demostrarle a la sociedad que los crímenes de violencia son

intolerables y serán castigado de cualquier manera. No obstante, si el país castiga a un individuo

por cometer un asesinato ¿qué le da al país el derecho a matar? (8)

Ninguno de los dos artículos integra evidencia sólida que respalden su argumento (10). El

primero, se basa meramente en información estadística, olvidando presentar cómo obtuvieron la

información. Esto es indispensable, pues el proceso de la recopilación de datos demuestra, si la


misma se obtuvo de manera imparcial. En “Ohio State Journal of Criminal Law”, el Dr. Jeffrey

Fagan, describe múltiples errores que descubrió en estudios recientes de disuasión. Algunos de

los errores, fueron: análisis estadísticos inadecuados y datos y variables ausentes que son

necesarias para proveer una imagen completa e imparcial del sistema de Justicia Criminal. Fagan

postula que, sin una evidencia confiable ni científicamente sólida, que demuestren no tan solo

que las ejecuciones puedan ejercer un efecto disuasivo, sino también, los defectos y omisiones de

la disuasión sobre cuerpo de evidencia científica, hace que la ley y el poder judicial parezcan

poco confiables para generar decisiones de vida o muerte. Para sustentar lo antes mencionado, el

Centro de Información de Pena de Muerte, o DPIC por sus siglas en inglés, llevó a cabo una

investigación de siete años, respecto a la correlación de los estados sin la pena de muerte con la

tasa de homicidios, y encontraron que estos estados mostraron una disminución de 40% de dicho

crimen. Psicológicamente hablando, la disuasión es defectuosa debido a que los delincuentes no

piensan que serán atrapados. Por lo tanto, sin reconocer que existe un riesgo real, la disuasión no

se podrá llevar a cabo. A lo largo de la historia estadounidense, se ha intentado de abolir la pena

de muerte. Algunos tuvieron éxito temporeramente, como Furman v. Georgia, pero en la mayoría

de los estados en donde lograron abolir la pena de muerte, la restablecieron después una revisión

judicial.

Baze v. Rees, en el 1976, fue uno de los casos más recientes que atacó el proceso de

ejecución, específicamente inyecciones letales. Baze sostuvo que las inyecciones letales van en

contra de la octava enmienda de la constitución que establece la prohibición contra el castigo

cruel e inusual. Ese debate fracasó debido a que los jueces mantuvieron una postura a favor de la

pena de muerte y argumentaron que no existe métodos de ejecución legal que satisfagan a

quienes se oponen por motivos morales, religiosos o sociales. Concluyeron que el procedimiento
actual cumple con los requisitos constitucionales contra el castigo cruel e inusual. En ese caso,

Baze no demostró suficiente evidencia sobre la barbaridad e inhumanidad de la inyección letal.

Sin embargo, la cruel ejecución de Jack Jones, que fue llevada a cabo en el 2017, sustenta el

argumento de Baze. Jones se sumó a una larga historia de ejecuciones fallidas en los Estados

Unidos. Los testigos describieron las dificultades que tuvo el equipo de ejecución para encontrar

una vena en el cuello del sentenciado que permitiera administrarle las drogas. Esto le tomó 45

minutos, Jones pasó 14 minutos en agonía antes de morir. ¿Cuántos más deben morir de manera

atroz para que el gobierno (12) de Estados Unidos admita que este método de castigo es arcaico

y debe ser abolido?

¿Aún mantiene vigencia o es un castigo arcaico?

En fin, no hay evidencia concluyente que respalde las afirmaciones de aquellos que creen

en la pena de muerte. Al contrario, existe evidencia sobre cómo la pena de muerte ya no está

siendo eficiente y no está cumpliendo con los propósitos iniciales que colocaron este castigo

dentro del sistema judicial de Estados Unidos. Muchos presos mueren antes de que su ejecución

pueda llevarse a cabo y otros mueren de forma inhumana. Es evidente que la pena de muerte ya

no mantiene vigencia como mecanismo de miedo, tampoco como método de paga por parte del

asesino para la sociedad. En la actualidad, la pena de muerte como retribución, envía un mensaje

confuso. La finalidad de la sanción máxima en Estados Unidos es expresar que cometer un

asesinato es un crimen intolerable. Sin duda, al matar un delincuente, el gobierno de Estados

Unidos se contradice a sí mismo. La pena de muerte demuestra venganza. Pasan por alto que la

muerte del asesino no traerá de vuelta al asesinado. Dos errores no harán un bien (9). En el siglo

XXI, las leyes criminales deberían reflejar un estándar más alto, no usar como modelo leyes

arcaicas en una sociedad moderna y cambiante.


25 criterios:
1. Conector lógico
2. Comillas
3. Ejemplificación
4. Uso de comas por enumeración
5. Concordancia
6. Párrafo deductive
7. Signo de primer orden
8. Signo de segundo orden
9. Analogía
10. Concisión
11. Itálicas
12. Uso de mayúsculas
13.
Referencias:

1. Anonymous. Death Penalty Curriculum "A just society requires the death penalty for the

taking of a life: Agree", Michigan State University

2. D. Nagin and J. Pepper, "Deterrence and the Death Penalty," Committee on Law and Justice at

the National Research Council, April 2012; D. Vergano, “NRC: Death penalti effect

research ‘fundamentally flawed”, USA Today, 2012.

3. Death Penalty Information Center, "Discussion of Recent Deterrence Studies", Ohio State

Journal