Está en la página 1de 17

Franke, S. 1995. “Kings of Akkad: Sargon and Naram-Sin.” En J. Sasson (ed.

), Civilizations of
the Ancient Near East. New York: Scribner, pp. 831-841.

Para circulación interna en el Seminario Historia y Literatura en la Mesopotamia Antigua. Escuela de


Historia. Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba.

Traducción: Andrea Seri, 2017.

Reyes de Acad: Sargón y Naram-Sin


Acad en las tradiciones antiguas
Sargón de Acad (Agade) y su nieto Naram-Sin deben ubicarse entre los más fascinantes
monarcas de la historia del cercano Oriente antiguo. La extraordinaria absorción de los escribas
antiguos en todos los asuntos relacionados a estos gobernantes probablemente estimule nuestro
propio interés. La preocupación antigua es evidente por la multiplicidad y diversidad de nuestras
fuentes: siglos después del período de Acad, durante el período Paleobabilónico, los eruditos y
los aprendices de escriba en varias ciudades continuaban copiando en tablillas de arcilla
inscripciones de estatuas instaladas por estos dos reyes en numerosos templos a lo largo del sur
de la Mesopotamia. Como los monumentos originales desaparecieron hace mucho, es gracias a
los extractos de tales escribas que tenemos conocimiento de los documentos que se originaron en
la dinastía de Acad.
Estos eruditos paleobabilónicos también escribieron toda clase de presagios que
presentaban a los reyes de Acad, debido a que se suponía que los presagios debían predecir
eventos sobre la base de la recurrencia de fenómenos que, según se dice, se observaron por
primera vez durante el período de Acad. Al rey elamita Shutruk-Nahhunte, que saqueó
Mesopotamia en el siglo XII a.C., le debemos gran cantidad de nuestro conocimiento directo de
los monumentos originales del período de Acad, porque se llevó a su capital, Susa (la Shushan
bíblica, moderna Shush), todos los monumentos que le parecían interesantes y significativos.
Que muchos de estos monumentos fueran del período de Acad muestra cuán atractivos eran aún
un milenio más tarde.
Durante el primer milenio, las hazañas de Sargón y Naram-Sin se ingresaron a las
crónicas: eruditas compilaciones cronológicas de eventos notables que habían ocurrido durante
los reinados de gobernantes previos. Fue probablemente durante el reinado del rey asirio del
2

mismo nombre, Sargón II, cuando las fuentes antiguas fueron seleccionadas para presentar en un
tratado (la “Geografía de Sargón”) la amplitud geográfica del imperio de Sargón.
Más tarde aún en aquel milenio, a medida que la historia de una Babilonia independiente
se estaba acercando a su fin, dos de sus reyes, Nabucodonosor y Nabónido, trataron de hacer un
vínculo directo con la tradición de Acad, aunque era radicalmente diferente de la propia.
Nabónido, por ejemplo, informa que durante la construcción de un templo en Sippar (la moderna
Abu Habba), se descubrieron las fundaciones que el propio Naram-Sin había establecido.
Piadosamente y con reverencia, Nabónido las hizo enterrar una vez más, como un (p. 831)
depósito de fundación para evitar mayores irreverencias (ver “King Nabonidus and the Neo-
Babylonian Empire”, más adelante en este volumen).
La evidencia escrita recién descripta proviene en gran medida de tradiciones eruditas que
sin duda fueron embellecidas por la tradición popular. También, los recuerdos literarios de
campañas hacia tierras distantes, misteriosas y peligrosas estaban posiblemente basadas en
elaboraciones fabuladas. Asimismo, las explicaciones sobre el surgimiento rápido y la caída
abrupta de la dinastía también dependían mucho de elementos folclóricos. Lo que hoy está
documentado en las tablillas en nuestra posesión varía tanto en forma como en contenido que
debemos estar recuperando una vívida tradición que experimentó adaptaciones a las poblaciones
locales.
Esta indagación, por breve que sea, revela que tenemos mucha evidencia relacionada a
los reyes de Acad. Hay lagunas, sin embargo --muy obviamente, la falta de documentos de la
propia Acad, ya que la capital de Sargón y de Naram-Sin, que se ubicaba en alguna parte en la
confluencia de los ríos Diyala y Tigris, no ha sido encontrada aún. Ya en la antigüedad, el
nombre “Acad” venía a designar una cierta porción de la Mesopotamia central, y hoy lo usamos
para referirnos a la manifestación más antigua de la familia de lenguas semíticas, el acadio.

Los monarcas en las fuentes contemporáneas


Sargón
Los textos escritos durante la vida de Sargón difícilmente han sobrevivido, de manera que no
sorprende que no tengamos testimonio directo del propio Sargón sobre su historial y su ascenso
al poder. La Lista Real Sumeria, un documento compilado mucho más tarde como para servir a
los propósitos de otra dinastía, dice sobre Sargón, “En Acad, Sargón --su [padre(-adoptivo) ¿?]
3

era un cultivador de dátiles—el copero de Ur-Zababa [de Kish], el rey de Acad, el que construyó
Acad, llegó a ser rey y gobernó cincuenta y seis años.” Centrándose como lo hace en momento
antes de su reinado, la redacción implica un ascenso inusual para Sargón; en otras partes este
documento sólo rara vez va más allá de nombrar la capital y la extensión del reinado.
En las fuentes originales, Sargón es conocido sólo después de haberse transformado en
rey de Acad. Sin embargo, podemos conjeturar cómo ascendió analizando los títulos reales que
usó. Es “Rey de Acad” cuando comienza a conquistar y subyugar a las ciudades estados de
Sumer, pero luego es “Rey de la Tierra [de Sumer]”. Con posterioridad, expande su esfera de
influencia hacia el norte y hacia el este para asegurarse el control de las grandes rutas
comerciales. Sargón parece capaz de llevar adelante exitosas campañas a esas áreas, ya que tanto
Ebla (Tell Mardik moderno) en Siria y Elam al este le pagan tributo. Bienes comerciales más allá
de Sumer, desde Dilmun, Magan, y Meluhha, llegan a Acad por barco, un logro al que Sargón se
refiere en reiteradas oportunidades y del que estaba orgulloso.
Sargón, el rey de Kish, fue victorioso en treinta y cuatro batallas y destruyó las murallas
hasta las márgenes del mar. Tenía barcos de Meluhha, Magan y Dilmun amarrados en los
muelles de Acad. En la ciudad de Tuttul, Sargón, el rey de Kish, cayó postrado ante el dios
Dagan y oró. Le dio la Tierra Superior, Mari, Yarmuti, y Ebla, hasta el Bosque de los
Cedros y las minas de metal. Sargón, el rey de Kish: Enlil no le ha dado un igual. 5400
hombres comen diariamente en su presencia.

De allí en más Sargón se llama a sí mismo “Rey de Kish,” reviviendo un epíteto prestigioso y
venerable normalmente usado por los reyes de aquella ciudad, tales como Mesilim, que podía ser
requerido para dirimir las disputas limítrofes entre ciudades-estado antagónicas.
Sargón tenía un ejército permanente, financiado posiblemente por medio del botín de las
campañas, y esto podría explicar en parte el éxito marcial de Sargón. Aparentemente, el ejército
dependía directamente del rey y era en gran medida alimentado por él, lo que explica la alusión
“5400 hombres comen diariamente en su presencia.” De esta manera, Sargón tenía garantizada la
lealtad de las tropas, algo muy importante para el éxito de un usurpador.
Sargón pudo haber recurrido a otra táctica para mantener el poder, aunque hasta ahora
sabemos sobre su uso sólo entre sus sucesores. El rey confiaba a oficiales selectos y soldados
importantes la administración de grandes propiedades por todo el reino, asegurándose así el
apoyo de personas influyentes. Partes de (p. 832) la cosecha de estas propiedades se
comercializaban por materias primas necesarias o por productos acabados, y es posible que la
4

creciente prosperidad durante el período de Acad se basara en ese comercio más que en los
saqueos y las campañas, por más frecuentes que hayan sido. A diferencia de lo que se obtuvo en
periodos más tempranos, sin embargo, esta riqueza permaneció bajo el control de la familia
gobernante en lugar de ir a los templos de los grandes dioses.
Para estabilizar la influencia real, Sargón designó a miembros de su familia y
dependientes en posiciones importantes: los ciudadanos de Acad que tenían obligaciones con
Sargón servían como gobernadores en otras ciudades sumerias. Esta práctica, sin embargo, es
posible que no haya sido particularmente exitosa, ya que no la continuaron los sucesores de
Sargón, quienes no designaron gobernadores. (Cientos de años más tarde, los reyes asirios como
Assurnasirpal y Sargón II adoptaron esta táctica para mantener la unidad dentro de su reino.) De
especial mención es la designación de la hija de Sargón, Enheduana, como sacerdotisa del dios
luna Sin en su ciudad de culto de Ur (moderna Tell al-Muqayyar). Siguiendo el ejemplo de
Sargón, la designación de la sacerdotisa en Ur continuó siendo una prerrogativa real por años.
A primera vista, Sargón parece presentarse a través de las inscripciones como un rey que
adhiere a la tradición, indudablemente porque tenía que respetar a los oficiales y los sacerdotes
que estaban a cargo cuando tomó el poder. Algunos cambios, sin embargo, son sorprendentes: a
diferencia de sus predecesores en épocas del dinástico temprano, Sargón esencialmente se
deshizo de los títulos sacerdotales y por lo general adoptó títulos “seculares.” Faltan por
completo las alusiones a satisfacer el bienestar que el rey le debía a su tierra. Tampoco aparece la
percepción metafórica del rey como pastor. Esto es notable, puesto que tales pronunciamientos
eran –y serían después de Acad— esenciales en la ideología de la realeza mesopotámica. Cuando
Sargón invoca el motivo del bienestar, este se reduce a su propia ciudad, Acad, más que a la
tierra que puso bajo su control. Estas nociones se reemplazan con celebraciones de la gloria del
rey y con expresiones de orgullo sobre sus propias hazañas –principalmente éxitos militares. El
epíteto que Sargón usaba por lo general, “(el rey) a quien Enlil no le ha dado rival,” sintetiza su
propia perspectiva sobre el poder y sus fuentes: la incontestable posición que obtuvo por la
fuerza de las armas le dio libertad para actuar sin más licencia divina.

Naram-Sin
Los hermanos Rimush y Manishtushu consiguieron, en líneas generales, consolidar el reino que
heredaron de su padre Sargón. Por lejos, la figura más importante de la era de Acad, sin
5

embargo, fue Naram-Sin, hijo de Manishtushu, y nieto de Sargón. Su inusual y casi inescrutable
personalidad contribuyó probablemente a su representación negativa en tradiciones literarias más
tardías, ya que a Naram-Sin se lo contrastaba con el muy valorado Sargón, el fundador de la
dinastía. De hecho, la mayoría de las inscripciones existentes del período de Acad son
encargadas por Naram-Sin. Aun así, no tenemos un panorama claro del hombre porque estas
inscripciones todavía tienen que ubicarse en un orden cronológico confiable y vienen de todas
partes del reino.
Naram-Sin heredó un reino seguro y trató de agrandarlo. Lanzó campañas hacia todos los
frentes: en contra de Siria al Oeste y en contra de Anatolia al Norte, llegando hasta el actual
Diyar-bakir (antigua Amida), casi en el nacimiento del Tigris. Al Este marchó contra Elam, y al
sur contra Magan. En un caso, escribe sobre una estatua que le ofreció al dios Nin-Gubla,

Naram-Sin, el rey de Acad, señor(¿?) de […] de Elam en su totalidad desde Barhshum y


(también) la tierra de Subartu, incluyendo la Montaña de los Cedros. Cuando marchó a
Talhatum –ningún rey antes había tomado esta ruta que tomó Naram-Sin, el rey de Acad,
(ya que) Ishtar no le no le dio rival. Los señores de Subartu y de las tierras de las altas
montañas le trajeron tributo.

Aunque estas inscripciones contienen muchos informes de confrontaciones militares, es


sorprendente que Naram-Sin quiera enfatizar especialmente sus logros: el descubrimiento de
nuevas rutas, la cacería exitosa en terreno infranqueable, la conquista de áreas nunca antes
subyugadas por su gente –todo esto sirve para distinguirlo de sus predecesores, no sólo para
retratarlo como un gobernante prominente. Las afirmaciones se hacían en todas partes: sobre
estelas emplazadas en lugares distantes (p. 833), en Anatolia y Asiria, así como en los relieves
grabados sobre rocas inaccesibles.
El ascenso al poder de Naram-Sin posiblemente haya contribuido a la formación de una
coalición opositora compuesta por ciudades-estados que temían por su independencia
trabajosamente obtenida. La victoria que Naram-Sin logró en esta difícil confrontación, ensayada
en numerosas inscripciones que han sobrevivido, tuvo sus consecuencias: a los ojos de sus
súbditos, el hecho de que hubiera rescatado con éxito a Acad de probabilidades aparentemente
imposibles lo convirtieron en una figura superhumana, casi divina. Durante su propia vida, por
consiguiente, Naram-Sin se transformó en el dios de “su” ciudad,
6

Naram-Sin, el rey poderoso, el rey de Acad –cuando los cuatro cuartos del mundo se
sublevaron contra él, gracias al amor que Ishtar le demostró, salió victorioso en nueve
batallas en un solo año y capturó a aquellos reyes que se habían levantado en contra de él.
Porque pudo reforzar la posición de su ciudad en este aprieto, su ciudad (i.e., sus
ciudadanos) desearon que sea el dios de su ciudad (con el permiso) de Ishtar en Eanna,
Enlil en Nippur, Dagan en Tuttul, Ninhursag en Kesh, Enki en Eridu, Sin en Ur, Shamash
en Sippar (y) Nergal en Kutha. En el medio de Acad erigieron su casa (templo).

En tanto el humano Naram-Sin se transformaba en la divinidad tutelar de su ciudad y sus


ciudadanos, cumplía para ellos las funciones que una deidad protectora personal tenía con el
individuo. Como dios tutelar de Acad, Naram-Sin era su propietario y esta relación posesiva
entre el rey y la ciudad se expresa por primera vez en sus inscripciones. Los súbditos reconocían
la posición preeminente de Naram-Sin e incluso llegan tan lejos como para verlo en él al
“consorte” de la diosa Ishtar. Por su parte, Naram-Sin se considera un luchador de la diosa Ishtar;
en algunas inscripciones, Naram-Sin reemplaza a Enlil como la divinidad que apoya y legitima al
rey.
Las inscripciones de Naram-Sin difieren en carácter de aquellas del sur sumerio. Sin
embargo, de ninguna manera descuida a Sumer, como podría verse en su tratamiento a Nippur
(Nuffar). En tiempos del Dinástico Temprano, los acadios habían entrado a la Nippur sumeria
como fuerza de trabajo. Bajo Sargón, pero especialmente bajo Naram-Sin, reaparecen, esta vez
como conquistadores y administradores, ejerciendo cargos mucho más importantes. Para ganar
más influencia en la región, Naram-Sin inició proyectos edilicios ambiciosos: la renovación del
“Vaticano” mesopotámico, el Ekur, como se llamaba el templo de Enlil. Se usaron grandes
recursos en este emprendimiento. En sólo un documento se menciona el equivalente a 29
kilogramos (64 libras) de oro; en otro 200 kilogramos (440 libras) de plata son requeridos para
manufacturar discos solares y crecientes lunares como ornamentos para el interior de los
templos. Ocuparse de los artesanos y los trabajadores debe haber demandado enormes recursos y
compromisos. Por razones desconocidas, sin embargo, la renovación del Ekur de Naram-Sin
quedó para que la complete su sucesor.
Las inscripciones de la época de Naram-Sin muestran que el gobernante y su ciudad se
habían vuelto el foco del reino: los juramentos que se tomaban entonces invocaban al rey y no
sólo a los dioses; Acad promovió una reforma en las técnicas archivísticas y de escritura que
resultaron en una mayor prominencia para sus escribas; una nueva unidad de medida, el gur
7

acadio (aproximadamente un bushel, 30 litros), reemplazó a todas las otras, reflejando así el
control de los mercados.
Con creciente autoridad y control, Acad desarrolló una administración unificada. A la
cabeza de cada ciudad había un ensi (“gobernador”). En el sur, en Sumer propiamente dicho, el
efecto era continuar un sistema jerárquico conocido desde lo época del dinástico temprano. En el
norte, sin embargo, las ciudades parecen haber sido ubicadas bajo el mando inmediato del rey,
vía un miembro de su familia. El ensi dirigía la administración de la ciudad del ensi; pero
también la representaba en todos los asuntos ante el rey, una responsabilidad que requería viajes
frecuentes a la capital, como lo documentan muchos textos. También el rey hacía muchos viajes
para inspeccionar sus ciudades.
Además de los sirvientes del palacio y del templo, una gran ciudad incluía a los
ciudadanos libres que tenían oportunidad de realizar transacciones privadas. Además de los
aparentemente insignificantes ítems que se traían a Acad como botín de las campañas y los
saqueos, la mayoría de los bienes provenía del comercio, y la materia prima se traía a Acad, ya
sea con la ciudad actuando como unidad económica o con el palacio operando de parte del rey.
Cómo llegaban a la Mesopotamia las considerables cantidades de materias primas que se
mencionan en los textos, especialmente metales, (p. 834), no puede reconstruirse con certeza;
baste decir que la prosperidad que disfrutaba Acad en su punto más alto debe haber sido
espectacular.
Aun así, la concentración de poder bajo Naram-Sin también tenía consecuencias
negativas: después de su muerte, sus sucesores, considerablemente más débiles, no pudieron
hacer cumplir esas innovaciones administrativas y culturales. Poco a poco, el reino colapsó,
dejándoles a otros, como a las tribus Gutis, la tarea de llenar de manera temporaria y al azar el
vacío de poder resultante.

Evaluación del Acad histórico


Los reyes de Acad encontraron las oportunidades para cambiar los modelos de organización
social en su tierra y de inmediato tomaron ventaja de ellas. Pudieron no haber tenido otra opción
más que hacerlo si esperaban controlar la burocracia sumeria existente que habían heredado.
Efectuaron este cambio en parte modificando los modelos existentes, presentándose ya no como
simples sacerdotes de la divinidad local y como pastores del rebaño humano, sino como
8

patriarcas de ciudades que creaban sus propias leyes y vivían conforme a ellas. Estaban atentos a
sus súbditos, ofreciéndoles riquezas y seguridad, pero también demandaban de ellos lealtad
incondicional.
Al analizar las cartas que se intercambiaron, es posible extraer de ellas una perspectiva
sobre la vida que tuvieron los funcionarios de Acad durante este período. El tono que adoptan es
autoritario, abierto, extraordinariamente seguro de sí mismo, y a veces también insolente, en
marcado contraste con los de las cartas de los funcionarios del sur que hablaban sumerio.
Especialmente en las inscripciones reales de Naram-Sin, descubrimos que un individuo podía
modelar su propio rol dentro de la sociedad. El mundo no es un constructo sumerio, donde uno
debe vivir de acuerdo al orden prescripto; más bien es un lugar donde es posible alterar el orden
y la jerarquía convencionales.
La firmeza y la individualidad generan una creatividad que fortalece la literatura y el arte
de Acad. Sus sellos cilíndricos son inconfundibles, modelados de manera más perfecta, grabados
en forma más precisa, inscriptos de modo más proporcional que nunca antes. Las escenas que
presentan cuando se los hace rodar sobre la arcilla son las de batallas entre dioses quienes, como
emblemas de las ciudades individuales, reflejan la desintegración y la falta de certeza del orden
existente, pero también prometen un orden futuro. Los objetos monumentales despliegan ahora
versatilidad de forma, audacia en el contenido, y poder de composición. Ningún ejemplo mejor
que el de la estela erigida por Naram-Sin puede citarse, donde la figura del rey es dominante—
por cierto, la audacia en la manera de moverse de Naram-Sin es el monumento, incluso cuando
otra gente también está representada. (Ver “Aesthetics in Ancient Mesopotamian Art” en Parte
10, vol. IV, y “Understanding Ancient Near Eastern Art” en Parte 11, vol. IV.)
Personalidad poco común, la dama Enheduanna, cabe perfectamente en semejante
mundo. Sargón había designado a su hija como suma sacerdotisa de Ur para consolidar los
vínculos entre Sumer y Acad. De esta manera, combinaba objetivos egoístas con medidas para
prevenir futuros descuidos de las regiones del sur. Al retener su rango sacerdotal durante el
reinado de su sobrino Naram-Sin, Enheduanna tuvo mucho tiempo para componer las series de
trabajos literarios sumerios atribuidos a ella por posteriores tradiciones. (Ella sería entonces la
primera de un puñado de personalidades literarias mesopotámicas conocidas por nombre). En
esos textos, Enheduanna apoya las políticas de los reyes gobernantes y defiende sus intereses.
9

Aun así, a pesar de su devoción al culto de Sin, ofrece sus palabras a Inanna/Ishtar, una diosa que
era particularmente venerada durante el reinado de Naram-Sin.
Otros trabajos poéticos pueden atribuirse al reinado de Naram-Sin. Una campaña de
Naram-Sin pudo haber provisto el estímulo para “Inana y el Monte Ebih,” un himno que
Enheduana compuso en alabanza al triunfo de la diosa sobre una región que ubicamos en el Jebel
Hamrin en Siria. Otro poema también puede representar una reelaboración propagandística de un
evento histórico. En el himno “Ninmesharra”, después de sus palabras iniciales a la diosa Inanna,
la hija de Sargón se lamenta de su destino. Expulsada de Ur durante una revuelta en Sumer,
habiendo perdido el apoyo de Nanna-Sin, dios de Ur, Enheduanna tenía esperanzas sólo en
Inanna de Akkad y Uruk, a quien abre su corazón angustiada. Inanna logra apaciguar a Sin,
quien permite el restablecimiento de (p. 835) Enheduana a su cargo. Este himno, también, puede
ser una composición de la época de Naram-Sin, recordando la revuelta contra el rey. Cuando
revisamos la información sobre Acad que se deriva de los monumentos contemporáneos,
descubrimos que Sargón no rompió de manera violenta con la tradición heredada, sino que sólo
eligió acentuar el elemento personal cuando repasaba sus logros. A Naram-Sin, sin embargo, le
gustaba enfatizar los nuevos caminos que había tomado. Al transformarse en dios de su capital,
Acad, Naram-Sin se ubica entre el mundo de los mortales y el dominio de aquellos dioses que
aun no pueden superar la muerte completamente.
Esta apropiación de lo divino tienes consecuencias de gran alcance en los retratos
posteriores de Naram-Sin: reyes del período de Ur III, quienes también fueron divinizados, y
gobernantes del período paleobabilónico, quienes en su mayoría no lo fueron, traían ofrendas a
las estatuas del deificado Naram-Sin y del póstumamente deificado Sargón. Como veremos,
estos dos grandes gobernantes también se volvieron grandes personajes de relatos que, si
dependiésemos solamente de ellos para reconstruir lo que verdaderamente sucedió durante sus
reinados, distorsionarían lo que podríamos reconstruir a partir de las fuentes originales. En esta
literatura, Sargón recibe crédito por el ascenso de Acad, en tanto a su nieto Naram-Sin se le
asignan todas las faltas que llevaron a su caída. De hecho, sabemos que un número de reyes
ocuparon el trono de Acad después de Naram-Sin, el primero de los cuales, Shar-kali-sharri
(“Rey de reyes”), reinó bastante exitosamente por casi un cuarto de siglo.

Narrativas sobre los monarcas


10

Sargón
Unas pocas generaciones después del ascenso de Sargón como gobernante de un gran imperio,
ya circulaban leyendas sobre él. Una narrativa bastante fragmentaria escrita en sumerio que
llamamos “El ascenso de Sargón” cuenta cómo Sargón, por aquel entonces un “copero” (i.e.,
consejero) del rey Ur-Zababa de Kish, sueña que Ishtar sumerge a Ur-Zababa en un río de
sangre. Le cuenta su sueño a Ur-Zababa, quien en repetidas oportunidades trata de asesinar a
Sargón, cumpliendo así con la profecía. Pero Ishtar protege a Sargón. Ur-Zababa le pide al rey
Lugalzagesi de Uruk (Warka) que realice el trabajo; pero él también falla. En una escena que
recuerda a cómo David se deshace del esposo de su amante o de cómo Preto envía a Belerofonte
a una misión mortal, Sargón debe llevarle su propia sentencia de muerte a Lugal-zagesi; pero
Sargón, que puede leer, descubre la perfidia de su rey y se salva. Desafortunadamente, el resto
del relato no se preserva, pero se puede estar seguro de que al final Sargón se convierte en rey y
de este modo sabemos cómo el ascenso al poder, asombroso e increíble, fue coreografiado y
dirigido en el cielo por la diosa Ishtar.
El cuento de hadas para explicar la carrera de Sargón está delineado de manera aún más
aguda en una leyenda de nacimiento en lengua acadia del primer milenio a.C., escrita como si
fuese narrada por el propio Sargón. En la “Autobiografía de Sargón” o “Leyenda de Sargón”, él
es el hijo ilegítimo de una sacerdotisa que lo abandona de bebé porque su cargo le impide tener
hijos.

Sargón, el rey fuerte, el rey de Acad, soy yo. Mi madre era una suma sacerdotisa, a mi
padre no lo conozco. Mis parientes paternos habitan en la región montañosa (y) mi ciudad
de origen es Azupiranu (“Ciudad Azafrán”), que está ubicada sobre las márgenes del río
Éufrates. Mi madre, una suma sacerdotisa, me concibió (y) me dio a luz en secreto. Me
puso en una canasta de juncos y selló la tapa con bitumen (luego) me abandonó en el río,
de donde no pude escapar. El río me transportó (y) me llevó a lo de Aqqi, el que extrae
agua. (Brian Lewis, The Sargon Legend: A Study of the Akkadian Text and the Tale of the
Hero Who Was Exposed at Birth. American School of Oriental Research, Dissertations
Series 4 [1980]).

Aqqi asciende a Sargón como jardinero. A pesar de este desfavorable comienzo, Sargón tiene
éxito, ya que “durante mi trabajo como jardinero, Ishtar me amaba tanto que goberné sesenta y
cinco años como rey.” Luego cuenta cómo realizó campañas a tierras distantes en las que tuvo un
éxito increíble. Sargón usa esta información para desafiar a futuros reyes a que sigan su ejemplo;
11

pero también podría estar burlándose de ellos, ya que el tono que asume es dudar de la capacidad
que podrían tener para hacerlo (p. 836).
Este recuento de los primeros años de Sargón busca obviamente subrayar cuánto difería
el ascenso de este gobernante en particular del de modelos más comunes en la Mesopotamia. Usa
una secuencia de motivos –embarazo inoportuno, parto secreto, exposición de un bebé al peligro
rústico, rescate de las aguas, adopción de parte de individuos solidarios, comienzos de carrera
poco prometedor -- que nos resultan más comunes a partir del relato hebreo sobre Moisés y de
cuentos latinos sobre Rómulo y Remo. Puesto que en esos casos la autenticidad de los
acontecimientos es un objetivo menor que la lucidez del paradigma, nos quedamos sin saber
sobre los orígenes reales de Sargón.
Como la “Geografía de Sargón” antes mencionada, la “Autobiografía de Sargón” podría
haber sido compuesta en la corte de Sargón II, un rey asirio que gobernó unos mil quinientos
años después de su tocayo, para explotar las hazañas de Sargón como paradigma de las propias.
Aún así, quienquiera que haya sido responsable de la “Autobiografía” -- y del “Ascenso de
Sargón” en sumerio, por caso— fue culpable, probablemente, de una revisión consciente de la
realidad histórica: los documentos del propio Sargón le atribuyen el éxito a Enlil, dios de Nippur
y de Sumer. Es en el testimonio del propio Naram-Sin, sin embargo, donde encontramos que se
alaba a Ishtar por aumentar la suerte del rey de Acad. Obviamente se produjo una transferencia
de los logros de Naram-Sin a Sargón, el fundador de la dinastía, aunque no podamos decir quien
promovió este cambio o cuándo comenzó a tomar forma por primera vez.
Los otros relatos existentes se refieren a las campañas de Sargón hacia regiones distantes.
Las aventuras que encuentra Sargón adquieren un carácter épico. Algunas recurren en otras
narrativas mesopotámicas tales como la Épica de Gilgamesh, Sargón debe atravesar momentos
oscuros antes de encontrar la luz; debe cruzar montañas salvajes y ríos torrenciales; en reiteradas
oportunidades debe convencer a sus tropas para luchar en contra de sus rivales; debe derrotar a
enemigos poderosos para llevar premios valiosos a Acad.
Una narrativa en particular nos permite especular cómo, durante un período de tiempo,
los elementos del cuento pueden entretejerse en un texto. “Sargón y el señor de Purushhanda”,
llamado “Rey de la batalla” en la antigüedad, abre con un pedido de ayuda militar por parte de
los mercaderes de Purushhanda, una ciudad en Anatolia central. A pesar de las advertencias de
sus propios luchadores sobre los peligros de un viaje tan largo, Sargón parte. El gobernante de
12

Purushhanda, Nur-Daggal, se cree seguro ante incursiones exógenas. Tiene un banquete con sus
tropas y se dan confianza entre sí.

Nur-Daggal abrió la boca, diciéndole a sus guerreros, “Hasta ahora Sargón no vino contra
nosotros, (porque) la gran crecida se lo impide (tanto como) la gran montaña. Los
cañaverales harán matorrales, bosques y arboledas; lo hará bajo (como) los bosques(¿?)
enmarañados.” Sus guerreros le respondieron, diciéndole a Nur-Daggal, “Qué rey del
pasado o del futuro podría venir a ver nuestras tierras?”
Nur-Daggal apenas había terminado de hablar cuando Sargón rodeó su ciudad, abrió la
puerta principal dos ikus más destrozó la altura de la muralla, atravesó la muralla, y atacó a
sus héroes, borrachos de vino.

El victorioso Sargón establece su trono frente a la ciudad. Mantiene a Nur-Daggal como rey
cuando éste último reconoce la superioridad de Sargón. Tres años más tarde de haber partido de
Acad, Sargón regresa a su ciudad, presumiblemente llevando un gran botín.
Esta versión proviene de una copia del siglo XIV encontrada en Tell el-Amarna, donde
servía para enseñar la lengua y la cultura de la Mesopotamia a los escribas egipcios. Con ella, sus
muchos motivos que circulaban en diferentes períodos todos convergían en una sola historia. Es
muy probable que una redacción temprana de muchos de estos elementos ocurrieran en el
período paleoasirio (ca. 2000). En aquella época, Purushhanda era un centro comercial
importante, y los mercaderes se iban a vivir allí desde su ciudad natal, Asshur (la moderna Qalat
Sharqat), donde aún gobernaba otro rey llamado Sargón. En un momento posterior, que no se
puede especificar, la reputación de Sargón de Acad se enriqueció con detalles de campañas
exitosamente orquestadas al nacimiento del Tigris y el Éufrates por parte de reyes como Naram-
Sin y quizás también Sargón II de Asiria. Esta u otra versión se embelleció con temas populares
en las narrativas folclóricas del cercano Oriente: la arrogancia de los líderes que los lleva a la
negligencia; los banquetes de los defensores como lugares peligrosos; la determinación
justificada de gobernantes dignos versus la respuesta ebria de defensores indignos (p. 837).

Naram-Sin
En las narrativas, Sargón siempre es alabado como un héroe radiante, un amo de las dificultades,
un descubridor de lo nuevo. Conlleva entonces caracterizaciones que no están en sus propias
inscripciones pero que se encuentran en las de Naram-Sin. Casi lo opuesto es la imagen que
recogemos de Narm-Sin a partir de las narrativas acerca de él. Aunque ocasionalmente nos
13

encontramos con líneas que aclaman las hazañas y la fortaleza de Naram-Sin, el retrato más
consistente que se hace de él es el de un rey que elige de manera equivocada cuando se enfrenta
a decisiones difíciles.
Naram-Sin experimenta la representación más negativa en “La Maldición de Acad”, un
ejemplo inusual de literatura propagandística del cercano Oriente antiguo. Única entre las
narrativas de Naram-Sin, está escrita en sumerio; además, probablemente se estudiara de manera
extensa en las escuelas de escribas, puesto que contamos con una cantidad de copias
impresionantes. La historia comienza con Sargón, quien, beneficiándose del apoyo del dios Enlil,
reina en paz y prosperidad. Inanna (Ishtar, la Ashtoreh bíblica) está complacida con él y decide
hacer de Acad su casa. Naram-Sin entonces toma el poder y al principio incrementa la
prosperidad de la ciudad. Planea reconstruir el Ekur, el templo de Enlil en Nippur, pero Enlil
rechaza su propuesta. Inanna tiene miedo y abandona la ciudad, dejando que se sumerja otra vez
en la pobreza. Naram-Sin, desesperado y sin poder, trata de revertir la decisión de Enlil, pero
sólo holgazanea sin propósito o de manera inactiva durante siete años humillantes. Luego trata
siete veces de saber, por medio de oráculos, si puede construir un templo en Acad(¿?) pero es
rechazado una vez más. Enfadado por esta decisión negativa, Naram-Sin ataca el Ekur, lo
destroza completamente, y se lleva su riqueza a Acad. Los dioses no pueden permitir que
semejante sacrilegio quede sin castigo, y Enlil envía hordas de tribus Gutis bárbaras de las
montañas a la Mesopotamia, devastando la tierra a su paso. Con otras divinidades respaldando la
maldición de Enlil, Acad es destruida, su destrucción se describe con énfasis en largos segmentos
narrativos. Al final, el poeta se regocija, “Acad fue destruida –Oh Inanna, este fue un himno de
alabanza.”
“La Maldición de Acad” fue compuesta probablemente durante los períodos de Ur III o
paleobabilónico por sacerdotes de Nippur y pudo haber servido como lección para los
gobernantes que favorecieran a cualquier dios, incluyendo a Inanna/Ishtar, sobre el dios Enlil de
Nippur. Por medio de este texto, también único por dar un punto de vista implacablemente
negativo de Naram-Sin como “un gobernante propenso a la mala suerte,” el sacerdocio de
Nippur pudo haber advertido en contra de la innovación y propugnado el mantenimiento de la
teología tradicional y de las condiciones heredadas. Aún así, este mismo sacerdocio podía
exhibir otra perspectiva sobre Naram-Sin y su memoria, ya que durante al menos el período de
Ur III, la estatua de Naram-Sin deificado todavía se veneraba en el Ekur.
14

Esta ambivalencia hacia Naram-Sin se expone claramente en la “Leyenda Cutea” también


conocida como “Naram-Sin y las hordas enemigas”. Este cuento está preservado casi
completamente en una edición neo-asiria, pero también tenemos fragmentos de períodos
anteriores. Hordas bárbaras descendieron de las montañas para invadir Mesopotamia saqueando
y asesinando por todas partes. En la medida en que avanzaban, otros reyes se les unían. Naram-
Sin verifica por medio de pruebas si los invasores son seres humanos (que podrían ser detenidos)
o demonios (que no podrían). Al enterarse de que son seres humanos, Naram-Sin decide
proceder en contra de ellos, pero también averigua, por medio de un oráculo, sobre el éxito de su
emprendimiento. Recibe una respuesta negativa pero se burla: “¿Qué león ha jamás observado
los oráculos? ¿Qué lobo ha consultado a un sacerdote de los sueños? Iré como un asaltante de
acuerdo con mi propia predisposición; dejaré de lado a la del dios, tomaré control de mí mismo.”
Como podía esperarse, los ejércitos de Naram-Sin son derrotados cada una de las tres
veces que lanza una misión de combate. Comienza a dudar de su idoneidad como rey, pues ¿por
qué sino en la victoria contra los enemigos y en la protección de sus súbditos se vindica o
justifica el reinado de un rey? “¿Qué quedó de mi reino?” se lamenta, “soy un rey que no
mantiene protegido a su reino y un pastor que no protege a sus tropas.”
Naram-Sin pregunta todavía una cuarta vez. Esta vez, al menos, obtiene una respuesta
positiva y vence cuando combate. Las derrotas previas le enseñaron una lección: “Sin la
adivinación, no ejecutaré el castigo.” No vuelve a pelear y deja la destrucción de sus oponentes a
Enlil. En su conclusión, el texto le aconseja a todos documentar semejantes acontecimientos para
que esta lección aprendida con amargura pueda transmitirse a gobernantes futuros. El texto
también enseña a evitar enredarse con nómades y aconseja dejar la venganza a los dioses.
El texto probablemente provenga del período paleobabilónico. Se basa en una figura
histórica famosa, Naram-Sin, para fomentar y justificar ciertas formas de comportamiento, tales
como la necesidad de consultar presagios y someterse al deseo de Enlil. Como en “La Maldición
de Acad”, la acción para la “Leyenda Cutea” se dispara por la indiferencia de Naram-Sin por el
deseo divino comunicado por medio de la inspección de signos, la conducta tonta de un
gobernante con consecuencias nefastas para sí y para sus súbditos.
El tema del gran levantamiento es retomado en otra narrativa que titulamos “La Gran
Revuelta en contra de Naram-Sin.” Un preámbulo histórico reporta que Sargón, aquí considerado
el padre de Naram-Sin, trataba a las ciudades sumerias de manera magnánima. Con Naram-Sin
15

en el trono, sin embargo, estas ciudades participaron en una revuelta en contra de él con bases
amplias. Naram-Sin obtiene una gran victoria en el combate y consolida su posición.
Tanto la “Leyenda Cutea” como “La Gran Revuelta” existen en varias copias, algunas de
las cuales llegaron hasta nosotros desde Hattusha (Boğazköy), la capital del Imperio Hitita del
Bronce Tardío. Los hititas probablemente aprendieron la historia de los intermediarios hurritas,
ya sea directamente o a través del reino de Mitanni del norte de la Mesopotamia y Siria. Es muy
posible que la transferencia se hiciera por razones pedagógicas, como parte del entrenamiento de
los escribas.
Hay otras narrativas que celebran el heroísmo de Naram-Sin y alaban su destreza marcial,
por lo general expresada por sus oponentes (p. 839). De este modo, en “Naram-Sin y el Señor de
Apishal,” el rey de aquella ciudad lo elogia: “Tu brillo es (como) el fuego, tu voz es (como) el
trueno, te transformas en un león enfurecido, tu boca es (como) una serpiente … No tienes rival,
¿quién es como tú?” La conquista de Apishal por Naram-Sin al romper sus murallas, un tema
que no aparece en las inscripciones contemporáneas, se informa con frecuencia en la literatura de
presagios de períodos posteriores.

Valoración
Las narrativas sobre los reyes de Acad pertenecen a un corpus de textos mayor que se refiere a
reyes famosos y que demuestra, de manera ejemplar, rasgos elementales de la cultura
Mesopotámica. Entre esas narrativas aparece el Ciclo de Uruk, que incluye épicas sobre
Enmerkar, Lugalbanda, y el Gilgamesh sumerio. Las proezas de Sargón y Naram-Sin juegan con
ciertos motivos que parecen especialmente prominentes en cuentos sobre la dinastía de Acad en
particular: campañas a lejanas tierras desconocidas; la confrontación con bárbaros de montañas
limítrofes; la creciente riqueza de Acad por los ricos botines.
Como protagonistas de las narrativas, Sargón y Naram-Sin se ubican de manera
pronunciada en esquemas opuestos: como fundador de la dinastía, a Sargón se le adjudica logro,
intrepidez y éxito, en tanto a Naram-Sin, a veces considerado su hijo, se lo hace vacilante,
imprudente, y directamente responsable de los desastres que cayeron sobre la dinastía de Acad.
Tradiciones más realistas, tales como aquellas que culpan al hijo de Naram-Sin, Shar-kali-sharri,
por la caída de Acad, son minimizadas o ignoradas.
16

No podemos adjudicar responsabilidad por las representaciones así logradas de los


gobernantes de Acad. Es posible que la reputación de Naram-Sin terminara mal porque
generaciones posteriores no estaban cómodas con el estilo de un gobernante que entendía el
poder y lo usaba deliberadamente e imaginativamente para alcanzar sus objetivos. De ser así,
debemos asignar la formación de una “propensión a la mala suerte” de Naram-Sin a las escuelas
de escribas (i.e., las “academias” mesopotámicas), donde deben encontrarse conservadurismo,
piedad, y un alcance de paradigmas esbozados de manera aguda. Las narrativas sobre Sargón, sin
embargo, contienen muchos elementos floclóricos que hacen que su origen en el medio erudito
del primer milenio sea menos probable.
Los mesopotámicos consideraban que las épocas de Sargón y Naram-Sin eran ideales.
Por primera vez en su historia, la tierra estaba unida bajo un estandarte, forzando la tregua y la
prosperidad sobre ciudades estados que habían competido y luchado por mucho tiempo. Aún así
quienes miraban hacia atrás a Acad con admiración y asombro, ignoraban la inseguridad que su
ascenso y caída había creado por todo Sumer y Acad. A lo largo de los siglos, los historiógrafos
podían gravitar hacia una perspectiva u otra, dependiendo del talante y la necesidad de su propio
tiempo; pero debido a que Acad también rompió con las convenciones dominantes y sus líderes
abrazaban actitudes cambiantes, una perspectiva confusa y ambigua sobre la era llegó a dominar
las tradiciones mesopotámicas.

Traducido del alemán al inglés por Andrew Baumann

BIBLIOGRAFÍA

General
Un resumen recomendado de la cultura y la historia mesopotámica durante el tercer y el segundo
milenio es J. N. POSTGATE, Early Mesopotamia: Society and Economy at the Dawn of History
(1992).

Documentos de Acad en traducción


Los documentos de la época de Acad fueron reunidos más recientemente en J. GELB y
BURKHART KIENAST, Die altakkadischen Königsinschriften des dritten Jahrtausends v. Chr.,
Freiburger altorientalische Studien 7 (1990). Traducciones francesas de la mayoría de estas
inscripciones se encuentran en EDMUND SOLLBERGER y J. R. KUPPER, Inscriptions royales
sumériennes et akkadienes, Littératures Anciennes du Proche-Orient 3 (1971).

Estudios sobre el Período de Acad


17

JEAN-JACQUES GLASSNER, La Chute d’Akkade, Berliner Beiträge zum Vorderen Orient 5


(1986), es una representación compacta, excitante, pero a veces muy concisa del período de
Acad y su supervivencia cultural, con una literatura detallada; podría ser leída de manera muy
provechosa junto con el libro de AAGE WESTENHOLZ, Orientalische Literaturzeitung 87
(1993). SABIAN FRANKE, Königsinschriften und Königsideologie: Die Könige von Akkade
zwischen Tradition und Neuerung (1993), reconstruye el desarrollo de las inscripciones
paleoacadias y analiza las diferencias entre los gobernantes individuales.

Estudios sobre la historia y la cultura acadia


AAGE WESTENHOLZ, “The Old Akkadian Empire in Contemporary Opinion.” en Power and
Propaganda, editado por M. T. LARSEN, Mesopotamia 7 (1979) es un tratamiento concise de la
historia y la política paleoacadias. AAGE WESTENHOLZ, “The World View of Sargonic
Officials,” en Akkad, il primo impero universale: Strutture, ideologia, tradizioni, editado por
MARIO LIVERANI (1993), ofrece nuevos puntos de vista sobre la simbiosis de sumerios y
acadios.

Estudios sobre la literatura de Acad


REYES DE ACAD
JOAN GOODNICK WESTENHOLZ, Legends of the Kings of Akkade, por aparecer; una síntesis
más concisa puede obtenerse de su artículo “Heroes of Akkad,” Journal of the American
Oriental Society 103 (1983) (= Studies in Literature from the Ancient Near East Dedicated to
Samuel Noah Kramer, American Oriental Series 65, 1984).

Literatura, ediciones de textos, y estudios


JERROLD S. COOPER, The Curse of Agade (1983), estudios sobre la caída de Akkad;
WILLIAM W. HALLO y J. J. A. VAN DIJK, The Exaltation of Inanna, Yale Near Eastern
Researches 3 (1968), se centra en un himno atribuido a Enheduanna.

Estudios sobre instituciones económicas de Acad


BENJAMIN R. FOSTER, Umma in the Sargonic Period (1982), es una edición y estudio de
archivos de Umma referidos a reyes paleoacadios. AAGE WESTENHOLZ, “The Sargonic
Period,” en Circulation of Goods in Non-Palatial Context in the Ancient Near East, editado por
Alfonso Archi (1984). Hay dos estudios especializados de AAGE WESTENHOLZ, Old
Sumerian and Old Akkadian Texts in Philadelphia, vol 1, no. 1 (1975); vol. 2, The “Akkadian”
Texts, the Enlilemaba Texts, and the Onion Archive (1987).

Intereses relacionados