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César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco (La Libertad) un 16 de

marzo de 1892. Sus padres fueron don Francisco de Paula Vallejo y doña Santos
Mendoza Gorrionera. Estudia Literatura en la Universidad Nacional de Trujillo, donde se
integra al grupo de jóvenes intelectuales y literatos conocidos como La Bohemia de
Trujillo, grupo que, con el pasar de los años, se autodenominó Grupo Norte, entre cuyos
integrantes destacaban Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín,
entre otros.
Publica sus primeros poemas en el periódico La Reforma y otros. También comienza a
enseñar en el colegio San Juan, donde fue maestro del niño Ciro Alegría Bazán. En
1915 obtiene el grado de bachiller con su tesis “El romanticismo en la literatura
castellana”, poco después fallece su hermano Miguel, compañero de travesuras
infantiles. Le dedica in memorian un hermoso poema publicado en Los heraldos negros:
“A mi hermano Miguel”:

Hermano,

hoy estoy en el poyo de la casa,

donde nos haces una falta sin fondo.

Me acuerdo que jugábamos a esta hora,

y que mamá nos acariciaba: “Pero, hijos…”

Ahora yo me escondo, como antes,

todas estas oraciones vespertinas,

y espero que tú no des conmigo

Por la sala, el zaguán, los corredores.

Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.

Me acuerdo que nos hacíamos llorar,

hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste una noche de agosto,

al alborear;

pero, en vez de ocultarte riendo,

estabas triste.

Y tu gemelo corazón de esas tardes extintas

se ha aburrido de no encontrarte.

Y ya cae sombra en el alma.


Oye hermano, no tardes en salir.

¿Bueno? Puede inquietarse mamá.

En 1917, envía uno de sus poemas al crítico limeño más importante por esos tiempos:
Clemente Palma.

En la revista Variedades, Clemente Palma, le responde: “Nos envía usted un soneto


titulado “El poeta a su amada” que en verdad lo acredita a usted para el acordeón o para
la ocarina antes que para la poesía. Su versos son burradas más o menos infectas y
que hasta el momento de largar al canasto su mamarracho no tenemos de usted otra
idea sino la de deshonra de la colectividad trujillana, y que si descubrieran su nombre el
vecindario haría lazo y lo amarraría en calidad de durmiente en la línea del ferrocarril de
Malabrigo“. A continuación, los versos que Clemente Palma denostó públicamente:

Amada, en esta noche tú te has crucificado

sobre los dos maderos curvados de mi beso;

y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,

y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

En esta noche clara que tanto me has mirado,

la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.

En esta noche de setiembre se ha oficiado

mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;

se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;

y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;

ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura los dos nos dormiremos,

como dos hermanitos.

En 1918 llega a Lima y conoce a Abraham Valdelomar, José Carlos Mariátegui, Manuel
González Prada y al mismo Clemente Palma. Para ese año ya estaba impreso Los
heraldos negros. Sin embargo, la espera del prólogo que había prometido Abraham
Valdelomar, la mayoría de ejemplares llegan a publicarse recién en 1919 , sin el prólogo
de Valdelomar y con la fecha de impresión de 1918

Hay golpes en la vida, tan fuertes … ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido se empozará en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas obscuras en el rostro más fiero

y en el lomo más fuerte. Serán talvez los potros

de bárbaros otilas; o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

¡Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos,

como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,

como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

En 1920 regresa a Santiago de Chuco. Para entonces, su madre había muerto. Durante
las festividades patronales de Santiago se producen disturbios. Vallejo es acusado y
encarcelado durante 112 días, siendo beneficiario de una amnistía consiguió su libertad.
La experiencia de la pérdida de su progenitora y de su libertad influenciaron
decisivamente la temática de si siguiente poemario: Trilce.

En 1922 publica Trilce, poemario que corresponde a la estética experimental del


vanguardismo. Si Los heraldos negros fue un poemario de influencia y, sobre todo,
superación del modernismo, Trilce significó el inicio de la poesía vanguardista en el
Perú. Ante la falta de una declaración del autor al respecto, la significación del título
“Trilce” sólo nos lleva a especulaciones diversas: se ha señalado que es un acrónimo
de “triste” y “dulce”, o de “triste” y “celda”, o de tres hermanos (Aguedita, Nativa y Miguel,
que figuran en el poema III), o de tres centavos (precio de la edición de la portada a
último cuando ya se habían comenzado los trabajos de imprenta) y no faltó quien
indicara que era una palabra cabalística formada a partir de las cifras de los poemas del
libro. Al principio, Vallejo incómodo con su apellido “Vallejo” (valle de poca importancia)
quiso firmar como “César Perú” y titular el poemario “Cráneo de bronce”. Por suerte
recapacitó y allí fue que tuvo que cambiar el título y, según la leyenda, lo cobraron tres
centavos extra por ejemplar para cubrir el gasto de cambio de portada. Los temas son:
la soledad, el tiempo, la cárcel, la madre, la muerte y el sexo. Los poemas no tienen
título, está ordenados en numeración romana.

Las personas mayores

¿a qué hora volverán?

Da las seis el ciego Santiago,

y ya está muy oscuro.

Madre dijo que no desmoraría.

Aguedita, Nativa, Miguel,

cuidado con ir por ahí,

por donde acaban de pasar gangueando

sus memorias dobladoras penas,

hacia el silencioso corral,

y por donde las gallinas

que se están acostando todavía,

se han espantado tanto.

Mejor estemos aquí no más.

Madre dijo que no desmoraría.

Ya no tengamos pena.

Vamos viendo los barcos

¡el mío es más bonito de todos!

con los cuales jugamos todo el santo día,

sin pelearnos, como debe de ser:

han quedado en el pozo de agua, listos,

fletados de dulces para mañana.

Aguardamos así, obedientes


y sin más remedio, la vuelta,

el desagravio de los mayores

siempre delanteros

dejándonos en casa a los pequeños,

como si también nosotros no pudiésemos partir.

¿Aguedita, Nativa, Miguel?

Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.

No me vayan a haber dejado solo,

y el único recluso sea yo.

Vallejo viaja a París hacia 1923. Se centra en la producción narrativa, ensayística y al


periodismo. Es corresponsal de las revistas Presente, Variedades y Amauta. Edita en
Francia la revista Favorables y colabora en Journal de París.

En 1928 viaja a la Unión Soviética y se inscribe ideológicamente en el comunismo. A su


retorno a París contrae matrimonio con la francesa Georgette Philipard.

Viaja de nuevo a la Unión Soviética y se inscribe en el Partido Comunista. En 1931


publica El tungsteno. Luego, a pedido del editor de El tungsteno, presenta un cuento
para niños que es rechazado por ser considerado “muy triste”. Por suerte para nosotros
los peruanos, muchos años después, su viuda lo trae a Perú y es publicado por Juan
Mejía Baca. Así comienza la andadura literaria oficial del famoso cuento “Paco
Yunque”. Tiempo después retorna a España (1937) y asiste al Congreso de Escritores
e Intelectuales Antifascistas en Madrid, acontecimiento que ocurre un año luego de que
iniciara la Guerra Civil española (1936-1939).
La lucha de los republicanos le inspira su poemario España, aparta de mí este
cáliz, cuyos 15 poemas fueron escritos en los últimos meses de dicho año. En diciembre
termina su última obra: La piedra cansada, drama de tema inca, con reminiscencias
de Ollantay y Edipo rey de Sófocles. Durante los primeros meses del año 1938, el poeta
se debilita paulatinamente y su salud se ve comprometida. “Piedra negra sobre una
piedra blanca” (incluido en Poemas humanos), es un poema premonitorio de su muerte,
incluido en su poemario póstumo Poemas humanos:

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París -y no me corro-

tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso

estos versos, los húmeros me he puesto a la mala y,

jamás como hoy, me he vuelto,

con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto,

le pegaban todos sin que él les haga nada;

le daban duro con un palo y duro

también con una soga;

son testigos los días jueves y los huesos húmeros,

la soledad, la lluvia, los caminos…

Fallece en París (como lo predijo este poema) el jueves 15 de abril de 1938.

En su etapa de compromiso social (Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz)


son evidentes los temas de la búsqueda de solidaridad, la pobreza, el hambre y el
cuerpo como espacio de dolor y de liberación. En el nivel del lenguaje, el estilo
conversacional –ya visto en sus poemarios anteriores- se entremezcla con una serie de
exclamaciones que indican una deliberada búsqueda de dramatización, esto último
aparece como una muestra del cambio ideológico de Vallejo, al manifestar sus ideales
políticos mediante su poesía.

Al fin de la batalla, y muerto el combatiente,

vino hacia él un hombre y le dijo:


«¡No mueras, te amo tanto!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:

«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando:

«Tanto amor, ¡y no poder nada contra la muerte!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos, con un ruego común:

«¡Quédate hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon;

les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporase lentamente, abrazó al primer hombre; echose a andar…

Sus obras comprenden:

 Lírica: Heraldos negros (1918); Trilce (1922); España, aparta de mí


este cáliz (1939), Poemas Humanos (1939).

 Cuentos: Escalas melografíadas (1923), “Paco Yunque”, “Más allá de la vida y la


muerte”.

 Novela: Fabla salvaje (1923), El tungsteno (1931).

 Ensayo: Rusia en 1931, Contra el secreto profesional, El arte y la revolución.

 Teatro: Entre dos orillas corre el río, Colacho hermanos, Lockout, La piedra cansada.