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Breucker, G. De. (2011). “Berossos between Tradition and Innovation.” En K. Radner and E.

Robson (eds.), The Oxford Handbook of Cuneiform Culture. Oxford: Oxford University
Press, pp. 637-657.

Para circulación interna en el Seminario Historia y Literatura en la Mesopotamia Antigua.


Escuela de Historia. Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba.

Traducción: Andrea Seri, 2017.

Beroso entre Tradición e Innovación

A principios del período helenístico, en la fase final de la cultura cuneiforme, un erudito


babilónico llamado Bel-reʾušunu compuso una historia de su país en griego, para lectores de
un mundo más amplio más allá de la comunidad de aprendizaje tradicional. Es testigo del
nuevo contexto helenístico en el que la cultura se encontraba después de Alejandro Magno en
el 331 a.C. El erudito babilónico Bel-reʾušunu se transformó en el historiador griego Beroso.
Este capítulo es un estudio de caso de cómo convergieron las culturas babilónica y griega.
Mostrará cómo Bel-reʾušunu/Beroso unificó las tradiciones históricas babilónicas y la
erudición griega y cómo él transformó las tradiciones nativas de acuerdo con formas y
conceptos griegos. Este capítulo también aspira a contribuir al estudio de las tradiciones
babilónicas en la época de Beroso y espera revelar cómo un babilónico nativo concebía la
historia y su cultura en aquel período.
Bel-reʾušunu, más conocido bajo la versión griega de su nombre, Beroso, era, como él
mismo escribe, un contemporáneo de Alejandro Magno (FGrH 680 T 1) y vivía en Babilonia.
Era un “sacerdote” de Belos –es decir, el dios patrono de la ciudad Bel/Marduk (FGrH 680 T
2)—que simplemente significa que tenía una conexión con el Esangila, el santurio de Bel y el
principal complejo de templo de Babilonia. Van der Spek (2000:439) especula que podría ser
idéntico al šatammu (“administrador de templo”, “alto sacerdote”) homónimo del Esangila
que está documentado en tablillas cuneiformes entre el 258 y el 253 a.C. Pero esta
identificación es incompatible con la afirmación de Beroso de que él era contemporáneo de
Alejandro Magno (r. 330-323 a.C.). Escribió su trabajo durante el reinado del rey seléucida
Antíoco I (r. 281-261 a.C.), presumiblemente hacia el final de su vida, y se la dedicó al rey,
aunque no hay razón para suponer que era miembro de la corte seléucida (así Burstein
1978:5). Se dice que más tarde Beroso se mudó a la isla griega de Kos (p. 637) y allí fundó
una escuela de aprendizaje “caldeo” (FGrH 680 T 5a-b). Sin embargo, este testimonio
representa una tradición tardía inventada (Kuhrt 1987:43-44), que se vinculaba con el
conocimiento astronómico-astrológico atribuido de manera falsa a Beroso, volveremos a este
tema más abajo.

La Cultura y la Sociedad Babilónica en la Época de Beroso


En la época de Beroso, la cultura cuneiforme ya no estaba encastrada en la vida cotidiana
sino que estaba confinada al dominio de la tradición, la religión y el aprendizaje (Oelsner
1986; 2002a; 2002b; Spek 1998; Boiy 2004). Era fomentada en las principales ciudades de
Babilonia por una élite urbana que estaba conectada al templo (Clancier en este volumen),
para quien representaba la antigua alta cultura de la Mesopotamia. La “corriente de la
tradición”, para usar el rótulo de Oppenheim (1977:13), el corpus de trabajos “canónicos”
que había sido transmitido durante muchos siglos, continuaba fluyendo. El sumerio y el
acadio eran aún las lenguas de la educación. La escritura cuneiforme se escribía no sólo en
tablillas de arcilla sino también en tablillas de madera y pergamino (Clancier 2005:90 n. 23;
Frahm 2005; cf. Oelsner 2002b:16; Westenholz 2007:279 n. 19), pero esos soportes no han
sobrevivido al clima de la Mesopotamia. Composiciones eruditas tradicionales y compendios,
algunos de ellos que se remontaban al comienzo del segundo milenio, se copiaban y
estudiaban con cuidado, en tanto se crearon nuevos géneros, tales como la astronomía
matemática y los horóscopos (Rochberg 2004). Rituales, himnos y plegarias, y contratos
referidos a prebendas de los templos (ver Waerzeggers en este volumen) y la organización de
ofrendas, testifican la continuidad de la religión babilónica tradicional y sus prácticas de culto
(Spek 1992:250-260; Linssen 2003; Boiy 2004). Se reconstruían templos y se fundaban
nuevos santuarios en Babilonia y Uruk (Oelsner 2002ª:186; Spek 2006).
El énfasis que los investigadores modernos ponen en la persistencia de la cultura
cuneiforme, aunque justificado, tiende a menoscabar el hecho de que la tradición cuneiforme
era sólo un aspecto de la cultura babilónica en el período seléucida. El arameo era una lengua
ampliamente hablada, incluso entre los defensores de la cultura cuneiforme. Algunos
investigadores sostienen que el acadio todavía se hablaba en los períodos helenístico y parto
(Streck 1995: xxiii-xxiv; Spek 1998: 255; Westenholz 2007:292-293). De ser así, tenía un
estatus comparable al del latín en la Edad Media o el Renacimiento: hablado por académicos
y clérigos, pero más allá de eso no era una lengua viva. Además de la literatura tradicional
escrita en sumerio y en acadio, debe haber habido una literatura babilónica escrita en arameo.
Ya que el arameo estaba escrito en material perecedero tal como el pergamino y el papiro,
esta literatura, que muy probablemente haya expresado tradiciones populares y reflejado
innovaciones culturales, está casi enteramente perdida, y sólo muy poco persiste para
documentar el uso del arameo en Babilonia (Clancier en este volumen). (p. 638)
Con el advenimiento del gobierno greco-macedónico en el 331 a.C., la lengua griega
se introdujo en la administración babilónica. Pero ningún documento griego, los que también
se escribían en soporte perecedero, ha sobrevivido. En las ciudades babilónicas de Nippur y
Uruk se han encontrado bullae inscriptas (pedazos de arcilla pegada a cuerdas que se ataban
alrededor de un rollo de texto), estampadas con impresiones de sellos (Gibson 1994:97-98;
Lindström 2003). Las inscripciones griegas en ellas mencionan tributos y agentes reales.
Otros soportes para los textos griegos rara vez están documentados (ver Oelsner
1986:250; Boiy 2004:39-43). Préstamos raros griegos en textos cuneiformes se limitan a los
títulos de oficiales reales o instituciones griegas. No se sabe cuán extendido estaba el uso del
griego en la vida cotidiana. Los textos llamados “Graeco-Babyloniaca” documentan el uso
del alfabeto por parte de estudiantes, muy probablemente babilónicos nativos que aprendían
escritura cuneiforme. Estas tablillas, que se originaban en Babilonia, contenían ejercicios
escolares en sumerio y acadio escritos en cuneiforme de un lado y transcripciones en letras
griegas del otro (Geller 1997; Westenholz 2007; Finkel y Seymour 2008:89). La fecha de las
tablillas es incierta pero probablemente pertenecieran al período entre el 50 a.C. y el 50 d.C.
Algunos investigadores suponen una amplia práctica de escritura sumeria y acadia en letras
griegas sobre pergamino o papiro (Oelsner 1986:243-244; Geller 1997:48-49), pero esta
práctica era aparentemente bastante excepcional (Houston, Baines y Cooper 2003:455-456;
Westenholz 2007:278-279).
La sociedad babilónica en la época de Beroso no sólo comprendía babilónicos nativos
y griegos. Los textos cuneiformes –aunque principalmente de los períodos neo-babilónicos y
persa algunos siglos anteriores, tales como los archivos de la familia Murašu de comerciantes
del Nippur aqueménide (Jursa 2005:113-114)—documentan la presencia de judíos, fenicios,
árabes, egipcios, frigios, carios, iraníes e indios, entre otros (e.g., Zadok 1981; 2003; 2005;
Waerzeggers 2006). Más que excepcional, el cuadro multi-étnico que emerge de estos textos
es más representativo de la Babilonia de lo que alguna vez se pensó (Zadok 2003:481).
La intensidad de las interacciones entre diferentes grupos étnicos y el grado de
aculturación babilónica entre ellos son difíciles de determinar. Rara vez es posible reconocer
a un no-babilónico tomar un nombre acadio, por ejemplo. Se necesita más investigación
sobre este punto. Sin embargo, es muy probable que el contacto entre diferentes grupos
étnicos eventualmente llevara a cierto grado de fusión, una cultura simbiótica, en la que los
elementos babilónicos y no-babilónicos fueran ya reconocibles. Por ejemplo, Beroso (FGrH
680 F 4a-b) y Génesis (7.11) ambos ubican el comienzo del diluvio en el segundo mes del
año, fecha que no se encuentra en otras fuentes cuneiformes que se preservan. Un texto
cuneiforme astronómico tardío alude a la existencia de una semana de siete días, como en el
Génesis (Scurlock y Al-Rawi 2006:357-360), aunque este concepto ya está documentado en
textos cuneiformes paleoasirios de principios del segundo milenio a.C. (Veenhof 1995-96).
En lugar de asumir una influencia judía sobre la cultura babilónica o viceversa, necesitamos
considerar más probablemente que estas similitudes sean testimonios de la tradición cultural
compartida entre babilónicos y judíos. Esta tradición rara vez está documentada de manera
explícita en los textos cuneiformes, que proporcionan sólo una pieza del colorido mosaico
que era la cultura babilónica helenística. Las otras piezas están, sin embargo, casi
completamente perdidas.
El caso del propio Beroso muestra que había contactos culturales cercanos entre los
griegos y al menos algunos babilónicos. Sólo podemos adivinar la manera en que Beroso (p.
639) se familiarizó con la cultura griega. Como contemporáneo de Alejandro Magno debe
haber experimentado las estadías del rey en Babilonia en 331 y 323 a.C. junto con su ejército
y el conjunto de eruditos y artesanos griegos (Berve 1926:65-80). Más tarde, Babilonia se
convirtió en una capital del imperio seléucida, implicando la presencia de una corte real,
ejército y administración. Incluso cuando Babilonia perdió su posición con la nueva ciudad
de Seleucia-sobre-el-Tigris (fundada probablemente en algún momento antes del 301 a.C.)
continuó siendo una importante ciudad regional, donde una guarnición y oficiales seléucidas
estaban apostados. La evidencia de presencia de la cultura griega en Babilonia es escasa
(Boiy 2004:289-293), pero esto puede no ser indicativo. La primera fase de construcción del
teatro griego --un símbolo supremo de la cultura helénica urbana—excavada en Babilonia
posiblemente date de la época de Beroso (Wetzel, Schmidt, y Mallwitz 1957:19). Los
contactos entre la administración seléucida y la élite del templo muy probablemente
contribuyera a la adopción de la cultura griega por parte de la última, o al menos en algún
grado. Demasiado a menudo se presupone un modelo antitético de helenización –babilónico
versus griego. Aún así, los estudios de caso del Egipto ptolemaico muestran que para
(algunos) egipcios, e incluso griegos, no había antítesis entre la cultura nativa y la cultura
griega: los individuos eran versados en ambas y se movían entre ellas dependiendo del
contexto (Clarysse 1985). El caso de Beroso indica que un proceso similar ocurrió en
Babilonia. Una revaluación del proceso de helenización en babilonia sería conveniente.

Académicos e historiadores babilónicos


En la época de Beroso, la vida académica estaba organizada y financiada por los templos (De
Breucker 2003b; Beaulieu 2006b:17-23). En Babilonia estaba centrada en torno al templo
Esangila. Las listas de raciones del archivo de Esangila fechadas al siglo IV a.C. documentan
raciones para los sacerdotes de lamentaciones (kalûs), exorcistas (āšipus), y astrónomos
(ṭupšar Enūma Anu Enlil), lo que muestra que trabajaban para y eran remunerados por el
templo (Boiy 2004:267-296; Beaulieu 2006a; Jursa 2005:73-75). Los templos tenían
bibliotecas, como las del templo Reš en Uruk (Pedersén 1998:209-211). Los académicos
babilónicos podían también tener colecciones de tablillas en casa, como lo demuestra la
biblioteca de Iqiša, un exorcista y “entrador del templo” del templo Reš en la Uruk
helenística temprana (Pedersén 1998: 212-213; Oelsner 2000:797; Robson en este volumen).
Las actividades académicas estaban dominadas por pocas familias extendidas. El
conocimiento y la profesión muy comúnmente pasaban de padre a hijo. Las familias de
académicos como el clan Mušezib de Babilonia pueden rastrearse durante varias
generaciones (Oelsner 2000:802-811). Una tendencia a mantener el conocimiento dentro de
un círculo de expertos es discernible (Rochberg 2004:212-219). Las fuentes cuneiformes y
clásicas indican que varias ciudades babilónicas tenían sus propias tradiciones académicas, y
aluden a rivalidades entre ellas (Finkel 2000: 141; Frame y George 2005:265-270; Estrabón
16.1.6’Plinio, Naturalis Historia, 6.123).
Aunque podemos suponer algún grado de alfabetización y especialización, los
escribas tenían una educación para escribir desde documentos legales hasta textos
académicos. Por ejemplo, Šamaš-eṭir, el sacerdote principal del templo Reš en Uruk, escribió
procedimientos rituales (p. 640), astronomía matemática, y contratos de ventas prebendarias
para sus asociados (Robson 2008). De manera similar, el escribir textos históricos era parte
de la cultura del escriba; no había una disciplina distintiva de la “historia” o profesión de
“historiador” (cf. Grayson 1980).
Se desconoce cómo definían los babilónicos al “escrito histórico” o a la
“historiografía”, si es que lo hacían (Michalowski 1999: 69-90); el acadio no tenía palabras
para estos conceptos. Las consideraciones teóricas, tales como las que se encuentran en
algunos historiógrafos griegos, están ausentes, al menos por escrito. Parece que la tradición
babilónica no distinguía entre la historicidad de lo que definimos como “mitos”, “épicas”, o
“escritos históricos”: la creación del universo de Marduk, las aventuras de Gilgameš, las
campañas de Nabucodonosor II eran todos acontecimientos igualmente históricos.
En la época de Beroso se realizaban dos reportes de los acontecimientos históricos:
las Crónicas Babilónicas de acontecimientos contemporáneos (Glassner 2004: nos. 16-37;
Spek y Finkel 2004) y los Diarios Astronómicos (Sachs y Hunger 1988-), ambos términos
son rótulos modernos. Las Crónicas son textos historiográficos que documentan grandes
acontecimientos en la historia política y religiosa de Babilonia. Los Diarios registraban
observaciones astronómicas a diario y al fin de cada mes solían agregar los precios de cinco
bienes de mercado, el nivel del Éufrates en Babilonia, y un resumen de acontecimientos
históricos. Los acontecimientos documentados en las Crónicas y en las secciones históricas
de los Diarios se refieren principalmente al rey y al templo y, especialmente en el período
helenístico, están centrados en Babilonia. El registro sistemático de los acontecimientos
actuales (y fenómenos astronómicos) parece haberse originado en el reinado de Nabonassar
(Nabu-naṣir, r. 747-734 a.C.) (Grayson 1975a: 10; Spek 2008:282-283; cf. Brinkman 1990:
79 n. 35, 83-84 n. 60; Glassner 2004: 112). Uno de los argumentos viene de un fragmento
atribuido a Beroso (FGrH 680 F 16a; ver abajo). Es muy probable que las secciones históricas
de los Diarios y las Crónicas de acontecimientos contemporáneos estén interconectados
(Grayson 1975ª:12-14; Spek 2008: 284-287; cf. Brinkman 1990: 95-97), pero el carácter
preciso de esta interdependencia no es clara. Aunque los Diarios así como posiblemente las
Crónicas fueran compilados como bases de datos para usarse en la adivinación (Rocheberg
2004: 147-151; Spek 2003: 289-296; 2008: 284-287), la información en ellos podría, claro
está, ser usada de modo secundario para escribir informes históricos.
Además de estos informes de acontecimientos actuales, en la época de Berosos los
académicos y los estudiantes componían y copiaban crónicas que documentaban
acontecimientos del pasado remoto (Glassner 2004: nos. 38-48; Leichty y Walker 2004),
listas reales (Grayson 1980: 90-101), épicas históricas (Grayson 1975b), y, en su mayoría
cartas ficticias de o a reyes (Frahm 2005). Las épicas y las cartas están principalmente
relacionadas con reyes babilónicos que luchaban con éxito en contra de la dominación
extranjera. Algunos textos también expresan la visión de que la realeza dependía de la gracia
del dios Bel/Marduk –lo que demuestra que estos textos fueron compuestos en el ámbito del
templo. Pero el número relativamente alto de textos históricos que datan del período
babilónico tardío sugieren un creciente interés en el pasado en esta época (Grayson 1980-83).
Es posible que los eruditos babilónicos miraran hacia el pasado común para redefinir su
identidad en el nuevo contexto político y cultural de la dominación griega. El trabajo de
Beroso, también, puede interpretarse como parte de este (p. 641) proceso de redefinir la
identidad cultural babilónica. El mismo proceso ocurrió en otras culturas del Cercano Oriente
durante el período helenístico. En Egipto, por ejemplo, el sacerdote nativo Manetón compuso
una historia de Egipto en griego (ver abajo).
La Babyloniaca
El trabajo de Beroso, que muy probablemente se intitulara Babyloniaca (Schnabel 1923: 16;
Kuhrt 1987: 34), se ha preservado sólo en fragmentos. Han llegado a nosotros por un proceso
de transmisión largo y complejo. La mayoría fueron transmitidos en los trabajos de autores
judíos y cristianos: las Antiquitates Judaicae y Contra Apionem de Flavio Josefo (37/8- c.
100 d.C.) y la Crónica de Eusebio de Cesarea (c. 265-340 d.C.), que está perdida pero se
conoce de una traducción armenia (probablemente escrita algo después del siglo VI d.C.) y de
los extractos en el trabajo cronológico del monje bizantino Sincelo (compuesto alrededor del
810 d.C.). Josefo y Eusebio obtuvieron sus extractos del epítome (resumen) perdido que
Alejandro Polyhistor hiciera del trabajo de Beroso en algún momento entre el 80 y el 40 a.C.
Además, los fragmentos que se refieren a la historia babilónica atribuidos a Abideno –un
historiador oscuro que probablemente fuera activo en el siglo II o III d.C.—también se
obtuvieron de la Babyloniaca, aunque el nombre de Beroso no se mencionara (FGrH 865 F 1-
7).
Es imposible juzgar cuánto ha sobrevivido del trabajo original de Beroso. Tampoco
sabemos hasta qué punto los fragmentos existentes reflejan el carácter original del trabajo.
Los autores judíos y cristianos estaban predominantemente interesados en la Babyloniaca por
razones apologéticas y cronológicas. Por consiguiente, es poco sorprendente que la mayoría
de los fragmentos que existen tengan una conexión bíblica: el Diluvio (FGrH 860 F 4a-c),
reyes asirios y babilónicos como Senaquerib y Nabucodonosor II que están mencionados en
el Antiguo Testamento (FGrH 680 F 7-8 y 685 F 5-6), el período de los judíos del cautiverio
babilónico (FGrH 680 F 9-10). En algunos casos, los autores judíos y cristianos manipulaban
el texto para resaltar su correspondencia con la Biblia. La selectividad de estos autores está
claramente demostrada por un fragmento del autor pagano, Ateneo (siglo II d.C. tardíos), que
arroja una luz diferente sobre la Babyloniaca. Prueba que Beroso también escribió sobre
festivales (FGrH 680 F2):

Un festival llamado Sacaea se celebra en Babilonia durante cinco días, comenzando el


día 16 del mes Loos. Durante esos días es costumbre que los amos sean dominados por
sus esclavos y que uno de ellos, que se viste con ropas similares a las del rey, administre
la casa. A él también se lo llama “zoganes” [una palabra que de otro modo es
desconocida].

Lo que sobrevive del trabajo original de Beroso es entonces una copia sesgada y a veces
corrompida. Pero a pesar de su estado fragmentario, el esquema de la Bayiloniaca se puede
reconstruir. Consistía en tres libros, que se discutirán en mayor detalle abajo (p. 642). En el
Libro 1, después de un prólogo, Beroso se refiere a la geografía y el clima de la
Mesopotamia, su fauna y flora, y, según mi interpretación, a la población multi-étnica de
Babilonia. Continúa con la historia antigua, describe al caos primigenio, la batalla entre Belos
y el Mar, la creación del universo y de los hombres por parte de Belos, la vida incivilizada de
los primeros hombres, y la introducción de la civilización por parte de Oannes (FGrH 680 F
1a-b; FGrH 685 F 1a-b). El primer libro probablemente también se refiriera a las costumbres
babilónicas (FGrH 680 F 2, ver abajo). Los libros 2 y 3 comprendían un resumen de la
historia de Babilonia desde el primer rey, Aloros, hasta Alejandro Magno (FGrH 680 F 3a-
b12; F 16a, FGrH 685 F 1a-b-6ª-b; y también FGrH 685 F 7). Esta división ente los libros 2 y
3 probablemente haya estado marcada por el reinado de Nabonasaros (Nabonassar, r. 747-734
a.C.) (Schnabel 1923:22-25).
Además de estos pasajes históricos, un número de fragmentos atribuidos a Beroso se
refieren al conocimiento astronómico-astrológico (FGrH F 15; F 16b-22). Como los señaló
Kuhrt (1987:36-44), estos fragmentos reflejan conceptos típicamente greco-helenísticos y por
consiguiente no son genuinos. Beroso el astrólogo, el que fundó una escuela en Kos y para el
que los atenienses erigieron una estatua (FGrH 680 T 6), es una creación del período
helenístico, una época en la que los orígenes de las ciencias esotéricas como la astrología y la
alquimia se rastreaban al Oriente.

Beroso como historiador babilónico


Beroso aspiraba a componer un trabajo estándar sobre la historia babilónica. Como lo afirma
en el prólogo, su trabajo estaba basado en documentos locales. Cuando se rastrean las fuentes
de Beroso y se analiza cómo las utilizó, encontramos dos grandes problemas. Primero
tenemos que tener en cuenta el hecho obvio de que no todas las fuentes han sido recuperadas
ni lo serán. Los textos sobre materiales perecederos --escritos tanto en cuneiforme como en
arameo—no han sobrevivido, ni tampoco ha sobrevivido, claro está, la aparentemente rica
tradición oral. Las fuentes cuneiformes existentes sólo ofrecen un panorama parcial de la
cultura y la tradición histórica de Babilonia. Por consiguiente, no sorprende que no sepamos,
por ejemplo, cuál es el festival popular que Beroso llama Sacaea (FGrH 680 F 2, citado
arriba). La cultura cotidiana nos elude casi por completo. Segundo, en el proceso de
transmisión la Babyloniaca ha sido drásticamente adaptada e incluso distorsionada. Las
transformaciones a veces son fácilmente reconocibles. En FGrH 680 F 7c-d Sardanapalos
(Assurbanipal, r. 668- c. 630 a.C.), no Nabopolasar, es llamado el padre y el predecesor de
Nabucodonosor II (r. 604-562 a.C.). En otra parte leemos que Nergilos (Nergal-ušezib, r. 693
a.C.) fue asesinado por su hijo Adramelos (FGrH 685 F 5). Este Adramelos es una adaptación
del nombre bíblico Adramelech (2 Reyes 19.37), y éste una adaptación del nombre acadio
Arda-Mullissu. En realidad era el hijo y asesino del rey asirio Senaquerib (r. 704-681 a.C.),
como lo atestiguan las fuentes cuneiformes y bíblicas así como el texto paralelo FGrH 680 F
7c (Parpola 1980). Si otras fuentes independientes no están disponibles tales
transformaciones son mucho más difíciles de discernir.
Dentro de estas limitaciones el análisis de los fragmentos muestra que la Babyloniaca
estaba firmemente basada en fuentes cuneiformes y tradiciones nativas. La historia de Beroso
sobre el caos primigenio y la creación del mundo y de la humanidad (FGrH 680 F 1a-b)
refleja una (p. 643) tradición cercana a la de la llamada Épica Babilónica de la Creación
Enūma eliš (trad. Foster 2005: 436-86). En el relato de Beroso, la historia la revela un
Oannes, un hecho que no se encuentra en la tradición cuneiforme. Pero este Oannes se puede
equiparar con Uan(na), el primero de los siete sabios (apkallus) antediluvianos en la tradición
Mesopotámica. La descripción que Beroso hace de él como un pez con cabeza y pies
humanos se corresponde con las representaciones de los apkallus en la iconografía y la
literatura mesopotámicas. Beroso le da créditos a Oannes por haber introducido todas las
habilidades y las ciencias después de quien ya nada más había sido inventado. En las fuentes
cuneiformes Uan(na) aparece como el sabio antediluviano más importante, pero ningún texto
le atribuye enteramente a él el haber introducido la civilización (Streck 2003-05:1-2). Quizás
Beroso se refiera a una tradición perdida. También menciona otros seis apkallus (FGrH 680 F
3a-b F 2a-b), sus nombres griegos están corrompidos en gran parte por la adaptación de los
nombres documentados en fuentes cuneiformes (Dijk 1963: 43-52). Beroso quizás dio el
nombre del segundo sabio Uannadugga como *Ὠ α ν ν η - δ ω γ ( γ ) α (*Oannèdug(g)a), pero

copistas tardíos lo dividieron en Ὠớννης (Oannes) y Ἀννήδωτος (Annèdôtos), el último pasó a

ser el nombre genérico de los sabios antediluvianos. La lista de reyes y ciudades


antediluvianas de Beroso (FGrH 680 F 3a-b) también es confirmada por la tradición
cuneiforme (Glassner 2004: 57-58). Pero mientras las fuentes cuneiformes no listan más de
nueve reyes, la lista de Beroso incluye diez. Los usuarios judíos o cristianos muy
probablemente agregaron un décimo nombre a la lista original de Beroso para crear un
paralelo con las diez generaciones antediluvianas y los patriarcas de la Biblia. Beroso
reemplazó la primera ciudad antediluviana, Eridu, con Babilonia, siguiendo la ideología
contemporánea que equiparaba a Babilonia con esta prestigiosa ciudad antigua (George 1992:
251-253).
El relato de la historia del Diluvio de Beroso (FGrH 680 F4a-b) demuestra cómo
combinó diferentes tradiciones en una sola narración. En general, el relato concuerda con la
historia preservada en la tablilla XI del la Épica de Gilgameš (George 2003: 700-725). El
nombre que le da al héroe del Diluvio, Xisuthros, es una adaptación de Ziusudra, uno de los
nombres del héroe del Diluvio documentado en las fuentes cuneiformes (Civil 1969: 138-
145; Spar y Lambert 2005: no. 42). Según Beroso, todos los escritos habían sido enterrados
en la ciudad de Sippar antes del Diluvio y fueron recuperadas posteriormente. Esta tradición
no se transmite en otras fuentes, pero su existencia está atestiguada indirectamente en la
Épica de Erra, donde se dice que Sippar no fue destruida por el Diluvio (Tablilla I, l. 50, trad.
Foster 2005: 904). En tradiciones posteriores el nombre de la ciudad fue quizás asociado con
spr, la raíz aramea de “escribir” (Knobloch 1985). Las asociaciones por juego de palabra era
un método hermenéutico común en el mundo babilónico erudito. La asociación entre Sippar y
spr pudo haber contribuido a la tradición de que Sippar era el escondite de todos los escritos.
Beroso incorporó otros elementos que no están documentados en las fuentes
cuneiformes existentes pero que se encuentran en el Antiguo Testamento o en su tradición
pseudoepigráfica. Éstos incluyen: el comienzo del Diluvio en el segundo mes (Génesis 7.11);
el segundo conjunto de aves soltadas después del Diluvio y que regresaron con las patas
enlodadas (Flavio Josefo, Antiquitates Judaicae 1.92; cf. Oráculos Sibilinos 1.249-250); y el
regreso de los sobrevivientes del Diluvio a Babilonia (Génesis 11.2; los textos
pseudoepigráficos de Jubileos 10.19; Flavio Josefo, Antiquitates Judaicae 1.109; Ps.
Eupólemo FGH 724 F 1). En todos los ejemplos, Beroso muy probablemente siguió las
tradiciones judeo-babilónicas compartidas (p. 644).
La síntesis de Beroso sobre dinastías, números de reyes, y años de reinado (FGrH 680
F 5ª), aunque muy distorsionada, depende de la tradición cronológica documentada en la
Crónica dinástica (Glassner 2004: no. 3). La última proporciona una síntesis de reyes y
dinastías desde la primera --un Alulim (Aloros en Beroso)—hasta al menos la mitad del siglo
VIII a.C. La Crónica Dinástica también incorporaba una versión de la historia del Diluvio y
podía haber comenzado con una descripción de la organización del mundo por parte de los
dioses (Finkel 1980: 67). Los manuscritos más antiguos que se conocen vienen de la
biblioteca del rey asirio Assurbanipal (r. 668- c. 630 a.C.) en Nínive en tanto la más reciente,
preservada de manera muy fragmentaria, data del período persa-helenístico y probablemente
se originara en Babilonia. Es muy posible que Beroso conociera la Crónica Dinástica y se
basara en ella como fuente primaria. Como la Babyloniaca, la Crónica Dinástica combina
diferentes géneros de textos para dar una síntesis de la historia babilónica, única en la
tradición historiográfica babilónica. Pero debido a la supervivencia fragmentaria de la
Crónica y de la Babyloniaca debe permanecer incierto hasta qué punto Beroso usó la
información de la Crónica. Ambas concuerdan en que el primer rey Alulim/Aloros gobernó
durante 36.000 años y ambas proporcionan extensiones de reinados comparativamente largos
para los reyes antediluvianos (Finkel 1980: 71-72).
Según Eusebio, para el período anterior a Nabonasar, Beroso tendía a listar sólo los
nombres de los reyes, mencionando sus hazañas de manera imprecisa o incluso omitiéndolas
(FGrH 680 F 3a). Beroso estaba aparentemente limitado por sus fuentes: en su época muchos
reyes antiguos no eran más que nombres acumulados en listas reales. Beroso probablemente
contara la historia (apócrifa) de que “Nabonasaros recogió los documentos de reyes anteriores
a él y los destrozó, de manera que la enumeración de reyes de los caldeos comenzara a partir
de él” (FGrH 680 F 16a) para explicar la escasez de información anterior a la mitad del siglo
VIII a.C. (no hay argumentos convincentes para descartar la autenticidad de este fragmento,
como lo hicieron Schanbel 1923:163-164 y Adler y Tuffin 2002:301 n. 1).
La descripción de Beroso de las campañas militares de Senaquerib en Babilonia
(FGrH 680 F 7c) concuerda en general con los acontecimientos documentados en una crónica
Babilónica (Glassner 2004: no. 16). Algunas de sus frases parecen reflejar la fraseología
común de las Crónicas. En general, sin embargo, la dependencia de Beroso de las Crónicas
parece haber sido limitada. Los acontecimientos en el último año del reinado de Nabopolasar
(625-605 a.C.) en general concuerdan con la crónica babilónica que trata de aquel período
(Glassner 2004: no. 24), pero Beroso proporciona una versión más narrativa (FGrH 680 F 8ª).
Mientras que Beroso le da crédito sólo a Nabopolasar por la caída de Nínive y el fin del rey
asirio Sarakos (Sin-šarru-iškun, r. 626-612 a.C.) (FGeH 680 F 7d // 685 F 5), una crónica
babilónica revela que esto fue en realidad el resultado de una alianza entre Babilonia y los
medos (Glassner 2004: no. 22). Beroso aquí sigue una tradición como está preservada en dos
cartas del Babilónico Tardío, posiblemente ficticias, que presentan la guerra como un
conflicto entre Nabopolasar y Sin-šarru-iškun (Gerardi 1986; Spar y Lambert 2005: no. 44).
Beroso también maginifica el rol de Ciro en la captura de Babilonia en el 539 a.C. En su
relato, Ciro tomó la ciudad (FGrH 680 F 9a) en tanto una crónica babilónica documenta que
Babilonia fue tomada por el ejército persa y el propio Ciro llegó sólo dos semanas más tarde
(Glassner 2004: no. 26). La discrepancia entre Beroso y aquella crónica en relación a dónde
fue capturado el rey babilónico Nabónido (r. 555-539 a.C.) –Borsippa o Babilonia—también
puede explicarse por la existencia (p. 645) de diferentes tradiciones. La afirmación de Beroso
de que Ciro destruyó la muralla exterior de Babilonia parecería estar refutada por la evidencia
arqueológica.
Parece, entonces, que en lugar de simplemente repetir el relato de las crónicas de
manera textual, Beroso incorporó más narración, probablemente tradiciones populares que
estaban circulando, como también lo muestra otra evidencia. Beroso cuenta algunas historias
que no se encuentran en las fuentes cuneiformes que se parecen a los relatos de los autores
clásicos. Por ejemplo, la Babyloniaca cuenta que después de su victoria en Cilicia Senaquerib
erigió e inscribió una estatua, y construyó la ciudad de Tarso (FGrH 680 F 7c // 685 F 5).
Aristóbulo (FGrH 139 F 9a-b) y Arriano (Anabasis Alexandri 2.5.2-4) ambos cuentan de un
monumento a Sardanápalo en Cilicia, inscrito con un epitafio en el que el rey presumía de
haber construido Anchiale y Tarso en un solo día. Y la historia de Beroso sobre el último rey
asirio Sarakos, quien enfrentado a la derrota, se prendió fuego junto con su palacio en Nínive
(FGrH 680 F 7d // 685 F 5), recuerda el relato de Ctesias de Cnido sobre la muerte de
Sardanápalo (escrita c. 400 a.C.) (FGrH 688 F 1b (27.2) y 1q). Las similitudes sugieren que
tanto Beroso como esos autores clásicos se basaban en fuentes comunes: leyendas o historias
“pseudo-históricas” que circulaban en Mesopotamia y a lo largo del Cercano Oriente. La
tradición clásica las reconfiguraba en cuentos sobre su ícono de realeza oriental degenerada,
Sardanápalo.
La existencia de tales tradiciones está probada por un papiro arameo de Egipto escrito
en demótico (Pap. Amherst 63; Steiner y Nimms 1985; Vleeming y Wesselius 1985: 31-37).
Este texto, que probablemente date del siglo IV a.C., da una versión idealizada de la guerra
entre Assurbanipal y su hermano Šamaš-šumu-ukin, que reinó en Babilonia (c. 667-648 a.C.)
Los nombres de los protagonistas, Sarbanabal (srbnbl) y Sarmuge (srmwgy), se parecen a los
nombres de Beroso para estos reyes, Sardanápalo y Sammuges (var. Samoges) y corroboran
un origen mesopotámico para este cuento popular.
Así como la erección de la estatua y la fundación de Tarso, el relato de la Babyloniaca
sobre la precedente campaña de Senaquerib en contra de los invasores griegos en Cilicia
(FGrH 680 F 7c // 685 F 8) también se basa en una tradición “pseudo-histórica.” Estaba
basada (aunque de manera indirecta) en relatos asirios oficiales de la campaña de Senaquerib
a Cilicia en el 696 a.C. (Luckenbill 1924: 61-62, iv 61-91) combinada con descripciones de
las incursiones jónicas en las costas del sudeste de Anatolia y Siria en los reinados de Tigalth-
pileser III (744-727 a.C.) y Sargón II (721-705 a.C.) (Fuchs 1993: 34, l. 21; 109, ll. 117-119;
Parker 2000; sobre el relato de Beroso acerca de la campaña a Cilicia y su resultado ver
también Dalley 1999; Lanfranchi 2000: 24-30; Rollinger 2001: 241-242).
De manera similar, la historia de Beroso sobre la presa increíblemente grande que
Nabucodonosor II excavó en Sippar (FGrH 685 F 6a-b) estaba probablemente inspirada en la
gran estructura defensiva que este rey efectivamente había construido ahí (Black et al. 1987;
Gasche et al. 1989). El informe de Beroso y las inscripciones de Nabucodonosor (ver Black
et al. 1987: 16-17) concuerdan en que la presa o fosa era de c. 200 km de largo. Además esta
tradición está reflejada en el trabajo del historiador del siglo V Heródoto (Historias 1.185) y
Ctesias (FGrH 688 F 1b (9.1)), quien le atribuye la excavación de la gran presa a las reinas
Nitocris y Semíramis respectivamente.
En síntesis, está claro que la Babyloniaca muestra la existencia de una vívida
corriente de tradiciones históricas populares no preservadas en las fuentes cuneiformes. Es
difícil determinar si el relato de Beroso sobre los Jardines Colgantes construidos por
Nabucodonosor II (p. 646) para su esposa meda también expresa una tradición “pseudo-
histórica” originalmente babilónica. Ahora generalmente se acepta que los Jardines Colgantes
como los describen las fuentes clásicas nunca existieron, sino que la historia se basaba en un
jardín verdadero en Babilonia (Bichler y Rollinger 2005: 202-206; Spek 2008: 313). en
cuanto a la versión de Beroso, la mayoría de los historiadores argumentan que Beroso adoptó
una historia originalmente griega o que un redactor posterior la interpoló en su texto (Bichler
y Rollinger 2005: 167-172; Spek 2008: 311-313). La respuesta a este problema también
depende de cómo se evalúe la autoría de Beroso. ¿Usaba y adaptaba sólo tradiciones
mesopotámicas o también fabricaba historias e inventaba un origen babilónico para cuentos
griegos populares sobre Babilonia?

Beroso como Historiador Griego


Beroso concibió su Babyloniaca como una introducción a la historia y la cultura de Babilonia
para una audiencia greco parlante. Escribir en griego no era suficiente para atraer a sus
pretendidos lectores. Beroso también tuvo que adoptar formas griegas, convenciones y
conceptos. Organizó su trabajo como una etnografía histórica griega, una elección obvia para
su propósito de describir la historia y la cultura de un país extraño para la mayoría de los
griegos. Ningún género comparable se conocía en la literatura cuneiforme. Probablemente
haya sido la primera vez que un babilónico componía una síntesis narrativa de la historia
babilónica. Aun asi en la época de Beroso, la etnografía histórica griega era un género bien
establecido con sus propias reglas y convenciones (Jacoby 1909: 109; Fornara 1983: 16-23).
Una típica etnografía histórica griega tiene cuatro partes: 1. geografía; 2. orígenes; 3.
síntesis histórica; 4. costumbres. Como lo demuestra nuestra síntesis de los contenidos (ver
arriba), los primeros tres componentes ciertamente se encuentran en la Babyloniaca –en sí
misma un tipo convencional de título para una etnografía griega. Es incierto si Beroso
también se ocupó del cuarto elemento, las costumbres babilónicas. Describir las costumbres
remarcables o extrañas, las ideas, y las invenciones de la gente extranjera era un tópico
favorito en las etnografías griegas. Un fragmento de la Babyloniaca describe el festival
Sacaea (FGrH 680 F 2; citado arriba). Tal vez sea demasiado arriesgado deducir de un solo
pasaje que Beroso incluyó un tratado elaborado sobre las costumbres mesopotámicas en su
trabajo. Es posible que el fragmento fuera solo una digresión o acotación. Murray (1972: 209)
afirma que Beroso no trató las costumbres porque no podía distanciarse lo suficiente de su
propia cultura. La ausencia de más información sobre las costumbres puede, sin embargo, ser
resultado del poco interés de los principales epitomadores de la Babyloniaca: como hemos
visto, los autores judíos y cristianos no estaban interesados en las costumbres babilónicas. No
es casualidad que fuera un autor pagano, Ateneo, el que copiara el pasaje sobre el festival.
Estas circunstancias hacen posible que Beroso en verdad discutiera las costumbres
babilónicas en su trabajo.
El “proemio” con el cual Beroso prologó su trabajo es también un recurso tomado
prestado de la literatura griega que trataba asuntos griegos. Beroso lo usó para presentarse
ante su audiencia (FGrH 680 F 1a-b). En Mesopotamia la auto-presentación de un autor no
real era rara. La mayoría de los trabajos eran anónimos. Es muy posible que Beroso afirmara
que era un (p. 647) sacerdote de Belos, enfatizando de este modo la confiabilidad de su
autoría. Para los lectores griegos, los “sacerdotes” orientales eran expertos y portadores de su
cultura nativa –un punto de vista que, como hemos visto, concuerda con la realidad. Como
otros autores griegos, Beroso presentaba las fuentes sobre las que basaría su historia y
enfatizaba su confiabilidad: fuentes antiguas escritas, “registros de muchos” que “habían sido
preservados con gran cuidado en Babilonia” y que comprendía una miríada de años. El
énfasis en las fuentes confiables, a menudo innecesario, es un lugar común en la
historiografía griega. Heródoto escribe que habló con sacerdotes egipcios y usó registros
egipcios (2.3 y 99), en tanto Ctesias dice que su Persica estaba basada en archivos reales
persas (FGrH 688 F 1b (32.4)).
Beroso no sólo conocía las reglas del género griego de etnografía histórica; su trabajo
muestra que también estaba familiarizado con lo que los historiadores griegos habían escrito
sobre Babilonia antes que él. En su época los trabajos de Heródoto y Ctesis determinaban
predominantemente la imagen de la historia mesopotámica. Heródoto incluyó una breve
digresión sobre Babilonia en sus Historias (1.178-200) e hizo breves observaciones sobre la
historia mesopotámica en otras partes (Asheri, Lloyd, y Corcella 2007: 203-204). Ctesias, un
médico en la corte de Artajerjes II alrededor del 400 a.C., dedicó los primeros seis libros de
su Persica, de la que se preservan sólo fragmentos, a la historia de Asiria y Babilonia (FGrH
688; Lenfant 2004). Beroso censura a los historiadores griegos por creer equivocadamente
que Semíramis fundó Babilonia y edificó las maravillosas construcciones de la ciudad (FGrH
680 F 8a), como dice Ctesias (FGrH 688 F 1b (7.2-9.9). Según Enūma Eliš (Tablilla V, ll.
117-130; trad. Foster 2005: 467-468), fue el dios Bel/Marduk el que fundó Babilonia;
presumiblemente Beroso aceptaba este punto de vista. En el relato de Beroso, fue
Nabucodonosor II el que era responsable de los espléndidos edificios de Babilonia. También
afirma que Nabucodonosor construyó murallas sobre el Éufrates para que ningún enemigo
pudiera desviar el río de la ciudad. Esta probablemente sea una refutación implícita de la
historia que contaron Heródoto (Histories 1.191) y Jenofonte (Cyropaedia 7.5.9-21) de que el
rey persa Ciro tomó Babilonia al desviar el Éufrates. Burstein (1978:34) especula que Beroso
también corrigió a los griegos con la fecha de Semíramis. La crítica de Beroso a los primeros
historiadores griegos era justificada y normal. Criticar a los predecesores era una práctica
común entre los historiadores griegos, los que escribían en un ambiente competitivo (Lloyd
2002:14-22). Ctesias, por ejemplo, llamó a Heródoto mentiroso y cuentero (FGrH 688 T 8).
Beroso estaba familiarizado con la manera en la que los filósofos griegos
racionalizaban los mitos –al menos si los comentarios transmitidos en el texto los hizo él y no
un comentarista tardío. En la historia de la creación de Beroso (FGrH 680 F 1a-b), se dice
que lo primero era el agua (una referencia al océano primigenio, personificado por Tiamat en
el Enūma eliš) y que seres fabulosos vivían en él. Esta es una alegoría, el texto explica más
tarde, que significa que al principio todo era húmedo y las criaturas se crearon allí de manera
espontánea. El agua como primer elemento y la autogénesis de la vida en ella eran conceptos
filosóficos griegos convencionales, expresados primero por presocráticos como Tales de
Mileto y Anaximandro en el siglo VI a.C. (Diels y Kranz 1951-52: no. 11, fr. A 12; no. 12, fr.
11, 30). Más generalmente, explicar los mitos en términos de procesos fisiológicos era una
práctica bien conocida en algunas escuelas filosóficas griegas (Cancik-Lindemaier y Sigel
1996: 518-523). (p. 648).
La explicación explícita de una etiología en la misma historia de la creación muy
probablemente sea atribuible al propio Beroso: la humanidad fue creada al mezclar tierra con
la sangre de un dios decapitado y es por esta razón que la humanidad es inteligente. Esta
etiología está implícita en la épica de Atram-hasis (versión tardobabilónica, Tablilla II, ll. 98-
100, 110-112, trad. Foster 2005: 260-261) pero Beroso le agregó la elucidación para sus
lectores griegos, que no estaban familiarizados con la hermenéutica babilónica. El retrato de
Onannes que hace Beroso es quizás otro ejemplo de su transformación de conceptos
babilónicos a los griegos (De Breucker 2003ª: 28-29). Lo representa como un “primer
inventor” o “héroe cultural” griego. De la misma manera, el historiador judío Josefo luego
adaptó figuras bíblicas tales como Abraham y Moisés para encajar en los gustos griegos del
siglo I d.C. (Feldman 1968: 1991-93).
Algunas adaptaciones menores demuestran no solo el conocimiento que Beroso tenía
de la cultura griega sino también sus esfuerzos para hacer que el material babilónico fuera
accesible para su pretendida audiencia. Por ejemplo, Beroso identificó a Ea, el dios
babilónico de sabiduría que le dio instrucciones al héroe del Diluvio, con Cronos (FGrH 680
F 4a-b), en lugar de transliterar el nombre de Ea al griego como había hecho con los sabios
antediluvianos. La identificación de Ea con Cronos no está basada en competencias divinas
semejantes, sino en el hecho de que ambos dioses eran padres de los cabeza de panteón, es
decir, Bel y Zeuz. De manera similar, Beroso tradujo el nombre del océano primigenio
personificado por una mujer, Tiamat (el acadio para “Mar”), al griego, Thalassa. Usó los
nombres de meses macedónicos, que se usaban en la administración seléucida en Babilonia
(Loos, FGrH 680 F2; Daisios, FGrH 680 F 4a-b). Reemplazó el nombre de los bárbaros gutis
con los medos (FGrH 680 F 5a), un pueblo conocido de los griegos y quienes, como los gutis,
eran originarios del noroeste de Irán. Esta ecuación está también documentada en los textos
cuneiformes del primer milenio a.C. tardío, pero son los medos los que son llamados gutis de
manera arcaica (e.g. Glassner 2004: no. 26, iii 15; no. 30, rev. 12’).
Sólo se puede concluir que Beroso conocía muy bien la cultura griega. Conocía los
trabajos de la historiografía y literatura griega y estaba familiarizado con los conceptos
filosóficos griegos. Pudo haber sido un académico babilónico por instrucción pero también
era consciente de los modismos y las convenciones que sus lectores esperaban.

La descripción de Beroso de la historia babilónica y su contexto cultural más amplio


Beroso describe a Babilonia como poseedora de una historia larga y continua. El período
antediluviano, dice, duró no menos de 120 saroi (derivado del acadio šār “3600”), es decir
432.000 años (FGrH 680 F 3a-b). El pasaje paralelo en la Crónica Dinástica (Glassner 2004:
no. 3) es fragmentario pero indica un número comparable. El Diluvio, a pesar de todo su
carácter destructivo, no rompió la continuidad. La cultura babilónica no se perdió porque
todos los escritos antediluvianos sobrevivieron. Como hemos visto, este relato también refleja
una tradición cuneiforme. Para Beroso la cultura cuneiforme era única y autónoma: Oannes
trajo la civilización a los babilónicos, después de entonces nada más fue inventado (FGrH
680 F 1a-b). (p. 649)
En su tratamiento de los reyes antediluvianos, Beroso no sólo menciona, como lo
hacen las fuentes cuneiformes, de qué ciudad provenía cada uno de ellos. En varios casos
también agregó que el rey era un babilónico (FGrH 680 F 3a-b), enfatizando así el origen
nativo del gobernante para la audiencia griega, para quien los gobernantes indígenas
indicaban el prestigio de un país. Esta formulación explícita no se encuentra en las fuentes
cuneiformes, para cuyos lectores era una suposición tácita. Mientras que la Lista Real
Sumeria (Glassner 2004: no 1) lista a los gutis como una de las muchas dinastías
posdiluvianas, Beroso calculó cuántos años habían pasado del Diluvio a la conquista de
Babilonia por los gutis (FGrH 680 F 5a), sugiriendo que una era había llegado a su fin.
Beroso parece haber considerado la conquista como un hito en la historia mesopotámica,
como la primera vez en que la Mesopotamia había estado bajo dominación extranjera. En
realidad, el asentamiento de Babilonia no tenía importancia en la época de los ataques de los
gutis a fines del tercer milenio a.C. y quizás ni siquiera hubiera existido aun. Esto, en
combinación con el hecho de que Beroso nombra a Babilonia como la primera ciudad
antediluviana (ver arriba), indica claramente que su historia estaba centrada en Babilonia, y
combinaba la historia de la ciudad con la de su país.
La descripción de Beroso de la historia y la cultura babilónicas puede interpretarse
como una contribución al debate contemporáneo de entonces sobre la prioridad de las
culturas. Estaba impulsado por la hegemonía de la cultura griega en el período helenístico e
intensificado por los contactos más cercanos entre culturas de la época. Para los griegos, la
prioridad cronológica conllevaba autoridad y superioridad. Lo griegos admitían que su propia
cultura era mucho más joven que las del Medio Oriente. Egipto, sin embargo, no reclamaba
tanta antigüedad como lo hacía Beroso. Manetón, un sacerdote egipcio y un contemporáneo
más joven que Beroso, escribió una historia de Egipto en griego llamada Aegyptiaca, basada
en fuentes nativas. Le atribuye sólo 24.900 años al período mítico de los viejos tiempos
(FGrH 609 F 3a). Para Beroso era claro que sus fuentes probaban que Babilonia superaba a
todas las otras culturas en antigüedad y se merecía el mayor de los respetos.
También había mucha discusión sobre qué cultura dependía de cuáles otras. Debido a
que los orígenes nativos contribuían en gran medida al prestigio de la gente, los atenienses,
por ejemplo, crearon un origen indígena para ellos mismos (Loraux 2000: 13-27; Zacharia
2003: 56-65). Según Hecateo de Abdera, quien –como Manetón—escribió una historia de
Egipto llamada Aegyptiaca, probablemente a fines del siglo IV a.C., Egipto tenía
colonizadores desparramados por todo el mundo, difundiendo así la cultura egipcia (Diodoro
Sículo 1.28.1). De hecho, por este motivo incluso Belos era un colonizador Egipcio que se
había asentado en Babilonia y organizado el sacerdocio babilónico sobre principios egipcios.
Al observar las estrellas estos “caldeos” estaban meramente imitando a los egipcios (Diodoro
Sículo 1.28.1-2). La afirmación de Beroso de que Oannes antedataba a todos los otros héroes
culturales, y que desde aquel entonces no había habido otras invenciones, clarmaente implica
que todas las culturas dependían de Babilonia. Explícita o implícitamente, Beroso sostenía
que Babilonia era la cuna de la civilización.
Es muy posible que Beroso conociera y reaccionara en contra de la Aegyptiaca de
Hecateo, que ahora sobrevive sólo por fragmentos (FGrH 264 F 3-5, F 25; Kuhrt 1987: 56).
Ya que es incierto cuánto dependía Diodoro Sículo de Hecateo al escribir su propio relato de
(p. 650) la historia egipcia en el siglo I a.C. (Burton 1972: 1-34), el carácter preciso de esta
intertextualidad debe continuar siendo especulativa.
La descripción de Beroso de Nabucodonosor II puede verse como una respuesta
babilónica al carácter del gran faraón egipcio Sesostris, como lo describen Heródoto (2.101-
10) y Hecateo (Diodoro Sículo 1.53-8, donde se lo lama Sesoösis). Para Beroso,
Nabucodonosor II o, como él lo llamaba, Nabokodrosoros (la adaptación al griego de Nabu-
kudurri-uṣur) sobrepasaba en grandeza a todos los previos reyes de Babilonia (FGrH 680 F
8a). El rey también es mencionado por Megástenes, el embajador de Seleuco I al rey de
Maurya, Chandragupta, que escribió un trabajo sobre la India alrededor del 300 a.C.
Megástenes ubicaba a Nabokodrosoros –usaba el mismo nombre que Beroso—entre los
conquistadores bárbaros del mundo (FGrH 715 F 11a). Según Kuhrt (1987: 56), Beroso se
basó en la imagen de Nabokodrosoros de Megástenes pero es más probable que Beroso
reflejara la misma tradición babilónica. La gran reputación de Nabucodonosor II durante el
período helenístico está probada por el Diario Astronómico. Registra que en 187 a.C. –unos
400 años después de su reinado—una toga púrpura que había pertenecido a Nabucodonosor II
estaba todavía en el tesoro del templo Esangila. Parece haber sido presentada a Antíoco III (r.
241-187 a.C.) durante su visita a Babilonia (Sachs y Hunger 1988-: 187ª, rev. 11’-12’).
Algunos autores sostienen que Beroso apoyaba la política real seléucida o pretendía
influenciarla (Burstein 1978: 5; Kuhrt 1987: 56; Dillery 2007: 228-9). Su relato de la
conquista de Celesiria y Fenicia en el Levante por el rey asirio Esarhaddon (r. 680-669 a.C.)
y otra vez por Nabucodonosor II (FGrH 685 F 5 y 680 F 8a) podría interpretarse como
expresión de apoyo a los reclamos seléucida sobre esas regiones, entonces ocupadas por los
gobernantes ptolemaicos de Egipto (Burstein 1978: 25 n. 93). La reacción de Beroso en
contra de Hecateo de Abdera, que estaba relacionado con la corte de Ptolomeo I, podría verse
a la luz de la rivalidad entre seléucidas y ptolomeos.
A veces se sostiene que Beroso compuso su trabajo con el patronazgo, o a pedido, de
Antíoco I (Murray 1972: 209; Burstein 1978: 5; Kuhrt 1987: 55). Pero la dedicatoria de
Beroso de su trabajo a aquel rey (FGrH 680 T 2) no requiere tal interpretación. Podría
deberse a las interconexiones cercanas entre la administración real y la élite del templo de
Babilonia, que representaba a la población local (Spek 1987) y dependía del rey. Los
seléucidas controlaban los templos de facto y apoyaban y patrocinaban la religión tradicional.
Beroso podría igualmente haber dedicado su trabajo de manera especulativa, para atraer el
interés y el apoyo del rey (Meißner 1992: 497).

Conclusiones
Hacia principios del período helenístico, Beroso, un académico babilónico compenetrado con
la tradición antigua, hizo conocer la herencia de su civilización al mundo exterior. Compuso
una historia de su país en lengua griega y la llamó Babyloniaca. Puede considerarse un
“canon histórico”, una introducción a todo lo que el autor (p. 651) pensaba que su pretendida
audiencia greco parlante debería saber sobre la historia y cultura babilónicas.
En su trabajo Beroso combinó el conocimiento babilónico y griego. Como lo ha
demostrado mi análisis, la Babyloniaca está firmemente basada en fuentes babilónicas nativas
que ejemplifican la persistencia viva de la cultura erudita de la época babilónica antigua. Pero
como revelé, la Babyloniaca contiene tradiciones históricas que no se preservan en las
fuentes cuneiformes, señalando, por consiguiente, la riqueza de las tradiciones nativas que
florecíeron junto con la cultura cuneiforme. La Babyloniaca es testigo de la naturaleza
multifacética de la cultura babilónica en la época de Beroso. Beroso re-trabajó y adaptó su
material indígena para encajar con las formas y los conceptos griegos y así se transformó a sí
mismo en un historiador griego. Era un erudito babilónico que estaba profundamente versado
en la cultura y literatura griegas. Beroso y su trabajo eran verdaderos exponentes del
helenismo, como surgió poco después de la fundación de los estados helenísticos a fines del
siglo III a.C. De esta manera, estudiar la Babyloniaca de Beroso nos puede ayudar a revalorar
el proceso de helenización en Babilonia.
Desafortunadamente, no hay información sobre cómo recibieron la Babyloniaca
Antíoco I y su entorno. Tampoco sabemos nada sobre su impacto en el mundo helenístico o
en el medio helenizado de la propia Babilonia. El sabio (apkallu) antediluviano era un motivo
popular en los sellos en Uruk seléucida (Wallenfel 1993; 1994: 39-41, nos. 180-188). Una
inscripción que conmemora la restauración de Reš, el templo principal de Uruk, en el 202
a.C. por el babilónico “helenizado” Anu-uballiṭ/Kefalón, le atribuye la fundación del templo
a Uan (Oannes) (Dijk 1962: 47, ll. 6-7) –una tradición inventada porque el templo fue
fundado recién el en siglo V a.C. Es imposible determinar si la Babyloniaca despertó la
popularidad de la tradición apkallu o si es sólo otro testimonio de ella. El hecho de que siglos
después la Babyloniaca circulara principalmente en círculos anticuarios greco-romanos y
entre los judíos y cristianos no es criterio para su popularidad en épocas anteriores. Como en
el presente, los libros están expuestos a gustos e intereses cambiantes.
Beroso construyó un puente entre la cultura griega y la babilónica. Construyó también
otro puente. Después de la desaparición de la cultura cuneiforme, los fragmentos de la
Babyloniaca constituyeron una de las fuentes más importantes de la historia mesopotámica
durante muchos siglos hasta el redescubrimiento de la Mesopotamia en el siglo XIC –que
ahora prueba el valor de Beroso y su trabajo.

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