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Mar: Anita

Ira: Maru
La Luna Llena
Las Olas del Mar
Voz que inicia la
narración
Narrador
El Conde Olinos

Romance del Conde Olinos:


Anónimo Medieval
Romance de la Luna: Federico
García Lorca

Mi agradecimiento a Iván y a Ruth;


sin vosotros no hubiera podido
hacer el cuento porque no habría
estado en Belrreguard. Vuestra
ternura y nuestra comunicación en
agosto, me inspiraron para escribir
este cuento metafórico sobre
vuestra madre y yo. Si algunas
charlas no las hablamos, muy
pocas; estad seguros que su
pensamiento sería exacto. Habría
dicho lo mismo que Mar. Deseo que
el cuento os pueda traer tantos
recuerdos como a mí me ha traído.
Gracias Iván, gracias Ruth por
motivarme.

Con todo mi amor a los dos


Érase en una noche de Luna
Llena…

Mientras la hermosa dama


riela en la mar; las olas,
brillando con temblor plateado, la
acompañan en su soledad nocturna.

Cerca…, muy cerca de ella y del


resplandor de su espejo rutilante de
belleza, se percibe como si un
murmullo de olas hablara entre sí…

Instantes antes, en forma de


preludio, nos llega una breve historia
sin que distingamos de dónde parte
la voz; pero que invita al silencio de
la curiosidad. Esa voz que habla en la
noche plateada, despertando los
recuerdo más íntimos de quien se
para a escucharla, avisándonos que
podría estar musitando sobre mí…, o
sobre ti… ¡Qué más da! Lo
importante es, que con su a penas
perceptible voz, sacude el mar
ignoto del alma de quien la estamos
oyendo, al leer entre las olas del
agua de un mar que todos
percibimos como sentires de noche
de Luna.

Desdibujado, al igual que esas olas,


se escucha…
Tenía tan sólo 15 años. ¿Quizás
fueran 51? A veces sus ojos veían el
mundo desde su adolescencia, a
veces lo veían como ante un espejo
que cambiara las cifras de derecha a
izquierda, reflejando en su corazón
los sentires de una mujer de 51 años.
¿Era ante el espejo? ¿Era ante su
mundo vivido? ¿Era una locura de
Ira? ¿Era una capacidad? ¿O era algo
que nos sucede a todos los que el
recuerdo vive en nosotros? ¡Quizás,
tan sólo fuera una niña con el
corazón de mujer mayor o una mujer
mayor con el corazón de una
adolescente! Fuera por el motivo que
fuera, a veces Ira sentía entusiasmo,
a veces sentía una gran decepción y
a veces una rebeldía tal, que le
llevaba a sentir la esperanza de que
todo podía cambiar con esa misma
rebeldía interna, movilizadora. Esa
rabia que jamás fue vivida por ella
de forma destructiva. Rabia, que era
fiel reflejo al ¡No! Por tanto, era la
vivencia del ¡Sí! ¡De la alternativa!
Era toda la fuerza que tenía y ponía
contra la Indiferencia, la Frialdad, la
Impotencia, la Mentira, la
Imposición, el Desamor, el Maltrato,
la Sumisión, el Abandono, la
Sordidez y la Ignorancia. Ante todas
estas respuestas, Ira sentía la rabia
de su rebeldía.

De pronto…, se escuchó una voz de


mujer que pareciera salir de las
mismas profundidades del mar o de
esa arena de la playa que sólo la
mueve el viento. No se sabía bien de
dónde llegaba la cristalina o árida
voz. Mas, era clara su pregunta.

- ¿Qué sucede con el dolor, la muerte


y el sufrimiento, Ira? ¿Por qué no
aparecen la rabia y la rebeldía ante
ellos? ¿Por qué no lucha ante ellos, –
preguntó Mar.

-Ante el dolor, la muerte y el


sufrimiento, sólo la aceptación y el
respeto pueden permitirnos lograr,
que a través de la tristeza que los
tres conllevan, se transformen poco
a poco en una sonrisa de amor, de
comprensión y de compasión, hacia
quien nos mira. No podemos luchar
contra ellos. Sería absurdo, igual que
si no quisiéramos ver el mar,
existiendo. Sólo podemos sentir y
vivirlos. Sólo, que sus energías nos
ayuden a transformarlos sin
excluirlos de la misma realidad que
los produjo. Siempre quedará un
poso de dolor, muerte y sufrimiento,
en ese amor que hemos logrado al
transfórmalos en ese dulce alivio que
nos permite de nuevo; la paz y la
concordia con el mundo.

-Ya…, es demasiado profundo para


mi, hermanita. Yo hablo de alegría,
de aprendizaje, de escucha; pero no
sé si atendiéndote pueda
comprenderte. Sobre todo, en lo
referente al dolor. Yo en eso no
pienso, -dijo Mar.

-Bueno, pues no lo pensemos,


aunque…, eso no se piensa…, se
siente y ello nos obliga a hacer algo
con él, aún sin darnos cuenta, -dijo
Ira.

-Tienes mucho de persona de 51


años, ¿verdad? –Preguntó
tristemente Mar.

-¿Por qué dices eso?, -quiso saber


Ira.
-Porque tú no lo dices, lo confirmas,
-señaló Mar.

-Je, je, -rió Ira. –Comprendes las


diferencias al vuelo. Ahora entiendo
lo que no te cansas de decir; que
existen personas de pensamiento y
personas de acción. Sólo a través del
pensamiento se viven las
diferencias. Me gusta estar contigo
porque me haces reflexionar, Mar.

-A mí me gusta estar contigo porque


me haces sentir la alegría, siempre la
vas buscando, -exclamó Mar.

Era tan imperceptible la voz de


ambas, que seguían pareciendo voz
de agua, como si conversaran el
agua y la arena. Tanto se confundían,
que en ciertos momentos no se sabía
si era la voz de una o de la otra.
¿Mar? ¿Ira? Ello hacía que ciertos
equívocos aparecieran en quien las
escuchaba. A veces era difícil
distinguirlas, como si fueran la dos
una misma o que una fuera el reflejo
de la otra en ese mar plateado,
convertido en su reverbero.
¿Confusión? ¡No! Parecía que las
raíces de sus pensamientos no
distaban mucho entre las dos. Pero
sigamos escuchando.

-¿Qué es lo que más alegre te pone?


–Preguntó Ira.

-¿Lo que más? Lo que más, lo que


más; montar a caballo. Me hace
sentir su fuerza. A ti que eres de
pensamiento, aunque no montes, ¿no
se te ha ocurrido pensar la diferencia
entre sus movimientos? ¿El paso, el
trote y el galope, de tan hermoso
animal? –Preguntó pícaramente Mar.

-Pues no, nunca lo pensé. Lo de la


fuerza sí lo he pensado; pero la
diferencia en el movimiento, no.
Háblame de ello, Mar.

Mar se abstrajo en su interior y


comenzó a decir a su hermanita,
como se llamaban una a la otra con
voz cariñosa. Inició la explicación,
que sólo Ira podía oírla, nadie más.
Quizás porque estaba una frente a la
otra y se solapaban cual una sombra
sin sol, mientras anda junto a quien
cubre. Quizás, porque la belleza de
una noche de luna, sólo la ve quien
es capaz de pararse y mirar desde
muy adentro del espíritu. ¡Parar y
mirar! Algo tan difícil en la
actualidad, como parar y mirarse en
el espejo de momentos pasados. Por
eso, es raro encontrar quién
recuerde y es raro poder escuchar la
voz interior de quienes están con
nosotros porque hemos llegado a
conocerlos de forma auténtica,
imperecedera. Claro, hay que
pararse para poder contemplar ese
mundo interior que es tan real como
el de la luna.

-Al paso, es como ir paseando por la


vida observando quién anda a tu
alrededor, mientras vas mirando las
olas que rozan las patas del caballo.
Tienes tiempo para pensar a la vez
que montas un animal tan fuerte.
Vas admirando la belleza del caballo;
sean sus crines negras, marrones o
blancas. Es una estampa grandiosa y
una buena compañía. No te llevas,
vas junto a él. Los sentimientos
fluyen con suavidad: el
agradecimiento, la satisfacción, la
admiración, el placer del movimiento
que sientes en tus músculos como el
viento en tu cara. Es, como una
danza a la vida junto a un animal
majestuoso. Pasear, siempre es
agradable. Permite hacer, pensar y
sentir; todo a la vez. Sí, ello me
produce alegría. Me hace sentirme
viva y caminando. Hay algunos
placeres que sólo pueden vivirse a
solas; tales como el trabajo, el
descanso, el comer o el cantar. Con
otros, ya es otra cosa. Pude ser
placer pero son vividos con otro, no
en solitario.

-Tienes razón en lo que dices, Mar.


No lo había pensado tan…,
detalladamente. –Dijo Ira. -Yo me
empeñaría en que esos placeres
fueran en compañía. Claro, algunos
tienen que ser en soledad. Me
gustan todos, pero en compañía.
Comprendo que no se pueden vivir
de otra forma que no sea a solas. Los
que son en compañía no se viven, se
vivencian y no sería sentir sino
compartir, no sería pensar sino
comunicar, no serían actos en
solitario sino junto a otro. Si me
dejaras añadir algo, Mar. Yo diría que
en compañía no sería alegría sino
felicidad. ¿No crees?

-¡Ya estás con tus diferencias! Ira.

-Je, je, lo aprendí de ti Mar, con tu


“desarrollo de aprendizaje”. Anda
Mar, continua con el trote que me
encanta que me hagas pensar.

-A mí me encanta la
retroalimentación del aprendizaje.

A Mar le encantaba interpretar el


mundo, porque le parecía que era
darle movimiento personal. Comenzó
señalando:

-El trote es el entusiasmo de los


jinetes transmitido al caballo para
comenzar una nueva aventura.
Nuevas expectativas, nuevos
contenidos, nuevos sentimientos.
Estos, sentidos a flor de piel con
deseo de ponerse en acción, como
cuando el viento roza el cabello y
rápidamente lo revuelve, alisándolo
cual si fuera una caricia con ternura.
Así, caballo y jinete, unidos en una
sola fuerza, despegan de la realidad
para partir hacia el proceso del
entusiasmo; lo desconocido.

-¿A dónde llegan?, -preguntó Ira.

-Je,je, rió Mar, ya estás introducida


en la curiosidad, je,je. Es igual cuál
es el camino, vas, es lo que importa.
Fíjate, que aún no va lo
suficientemente rápido para tener
que ver el mundo sin la concretud.
Aún pueden observar la cresta de la
ola, la rosa roja. Lo concreto e
individual es lo que suele producir
curiosidad.

-¡El movimiento…! ¡La curiosidad…!


¿Qué tiene de placer el galope? –
Preguntó entusiasmada Ira,
adelantándose al movimiento del que
hablaba Mar.

-¿El ir al galope? El galope es algo


que está por encima del bien y del
mal, al menos para mí. –Dijo Mar,
abriendo mucho los ojos ante la
maravilla interna que sentía. –Me has
cambiado el orden, pero en fin. Al
galope, se siente algo que sólo es
posible sentirlo a solas. Uno se
siente ¡poderoso!, fuera de las
limitaciones propias. Es como el
viento rozándote las mejillas cual
ternura suave de un beso. Parece
que creces con el viento, parece que
tu poder es ilimitado. Ya no puedes
observar lo concreto ni sentir
curiosidad. Todo es cortando el
viento, todo es acción. Ya no
piensas; diriges, orientas, modulas
con las riendas que son tu poder:
Ahora, caballo y jinete juntos hacéis
la perfecta pareja, la que se
complementa para crear un acto de
dos en uno. El caballo pone la fuerza
y el jinete la dirección, la rapidez.
Todo en un silencio conmovedor por
lo poderoso de ambos. Se potencian
dejando de ser cada uno carenciado,
impotente. Forman el equilibrio
perfecto. Sin existir la perfección, es
un acto perfecto.

-¡Guau! ¡Qué esplendor tiene tu


rostro, Mar! –Dijo con admiración
Ira…
Admiración y esplendor, espejo de
sentires. Se oían las voces, casi
susurradas en la noche tibia de
agosto junto a la orilla del mar.
Desde lejos, no se reconocían bien
las palabras, pero se veían dos
figuras; una estática en la arena y la
otra en movimiento, mojándose los
pies en el agua espumosa de las
olas. Como ellas, como las olas, las
dos siluetas se alejaban y se
acercaban una a la otra desde el
sonido de la emoción. Dos contornos
que se llegaban a solapar en esa
penumbra sin sol. Podría ser la
sombra del deseo o la sombra de la
realidad. Fuera lo que fuera, formaba
parte de los dos semblantes que
entre la luz y la oscuridad impedía
que apreciáramos dónde empezaba
una o acababa la otra.
La luna permitía que las dos figuras
pudieran ser realidad y sombra a la
vez, que fueran dos efigies de
recuerdo en una noche de verano,
donde la imaginación despierta
nuestros más profundos deseos.
Que la luna lo es, lo sabemos, pero;
¿Qué sucede con las dos
representaciones? ¿Quiénes son?
¿Estamos ante una realidad
mediatizada por el deseo o ante un
encuentro amoroso de dos amigas?
¿O estamos en una noche de luna
donde la imaginación tiene tal poder
que puede construirse el ensueño
más grande, desde la ilusión y la
fantasía? No hay respuestas para
nuestras dudas. Sólo la sombra, la
luz y el sonido, unidos en un abrazo,
miran al viento que susurra a las olas
solicitando silencio para que las dos
imágenes puedan reconstruir el
encuentro poderoso de la
imaginación o el encuentro
maravilloso de la realidad perdida.

Tanto respeto ofrecían los elementos


de la noche, que el viento daba la
bienvenida a los dos semblantes de
mujer. Un saludo en dos mensajes
que transportaba él mismo con
dulzura; desde las olas a la arena y
desde la arena a la mar.

Casi imperceptible, un reverbero


apareció en la noche acompañando
al viento en su silencio. Hasta la luna
por un instante, se quedó quieta
para poder escuchar su sentir…

Caminaba …, en la noche de San


Juan,
mientras su caballo bebe alguien
llora este cantar…
Las penas que van y vienen se
pasean por la Mar…
Las penas, en gotas de agua, se
deslizan sobre el Mar.

Era una noche de luna engalanada


para las dos presencias que ponían
el color del amor en la amistad, para
que así pudieran sentir un instante
de placer. Ellos, los elementos, las
recibían con toda la poesía que
enardece la noche.

Quizás, si las seguimos escuchando,


pudieran darnos un poco de ilusión a
nuestra realidad, o un poco de
realidad a nuestra imaginación.

-¿Sabes Mar? Por un momento me


sentí galopando en esta playa llena
de añoranzas.
-¿Sabes tú, Ira? Por un instante, he
sentido en mí tu admiración y tu
entusiasmo.

-¡Qué fácil es sentirlo! ¿Verdad Mar?


–Preguntó a su amiga.

-Bueno, fácil, fácil. Hermanita, que


se lo pregunten a tanta gente que
cierra los ojos y no ve nada.

-Je,je, -rió Ira. –Cierto, hay personas


que tienen poca fantasía e
imaginación.

-¿Te cuento algo Ira? A ti que te


gusta tanto pensar.

-¡Venga Mar! Soy toda oídos. -Dijo


Ira con mucho interés.

-Pues, que yo tengo complejo de


tener poca o incluso, no tener
fantasía ni imaginación.

-¿Tú? ¿Con lo que piensas? ¿De


donde has sacado eso? ¿Quién te ha
dicho esa tontería?
-¡Tú, hermanita, has sido tú!
-Contestó aún con el complejo.

-¡A ver! ¡Cuéntamelo con pelos y


señales cómo fue! –Dijo con cierto
remordimiento Ira.

-Hice unos dibujos y ¡zás! Me dijiste


eso…, pero no te preocupes, no te
creí. –Dijo Mar impulsivamente.

-Eso no me lo creo Mar, porque aún


te acuerdas. Yo también digo
tonterías a veces. Sí, ahora lo
recuerdo. Lo comparé con otro dibujo
allí presente y tú querías que saliera
bien mi opinión sobre la otra
persona. Te dije que tenía más
fantasía el otro (eso sí fue una
tontería porque lo dije para poner
algo positivo de la otra persona y
que te pusieras contenta). El suyo sí
que fue una payasada que no debí ni
de interpretar.

-No pasa nada Ira, fue hace mucho


tiempo, ya no me afecta.

-¡Una porra! ¡Claro que te afectó!


Eso me hace sentirme mal porque no
era cierto en comparación y porque
con la otra persona no entendí nada
y quise decir algo. Bueno, dije una
chorrada sobre lo que dibujó. No se
pueden hacer las cosas sin basarse
en la verdad. Lo siento. –Dijo
apesadumbrada Ira.

-De acuerdo Ira. Cambiemos de


tema, -dijo Mar, que no le gustaba
que se sintiera nadie mal por ella.

-Podemos quedarnos en paz si tú


tuvieras sentido del humor, Mar. –
Dijo pícaramente Ira.

-Ya sabes que a veces te he pedido


que me enseñaras. Yo tengo alegría,
pero no sentido del humor; ya lo sé.
La verdad, me fastidia mucho.

-Ya, -dijo Ira. Lo siento, no sabes lo


bueno que es el sentido del humor.
Yo podría contarte una faena tuya y
tú una mía. Si ambas lo tuviéramos.

-¿Una mía a ti? –Preguntó


sorprendida Mar.
-Sí a mí, pero me sirvió para reírme
diciendo: ¡Ésta Mar, qué bruta es!

-¿Qué pasó Ira? Cuéntamelo con


pelos y señales.

-Ya sabes el complejo que tengo de


imagen, pues me hiciste una foto
andando y además, sonriendo me
decías; ¡Aceptar la realidad! Je,je,je,
-se reía a carcajadas Ira.

-Pues claro, -dijo Mar. Tenemos que


aceptar la realidad. Je,je, -sonreía
pícaramente Mar.

-Ja,ja, ¡Qué cabrona! -Respondió Ira


con su habitual sentido del humor. Y
todavía te parece lo normal, je,je,je.

-Yo también la acepto, -rió Mar.

Las dos rieron con los recuerdos


pasados, en los que la ternura era
tal, que los alfileres a penas sí se
notaban. Quizás, el que ambas
sabían internamente hasta dónde
llegar sin dañar. Eso era una riqueza
en las dos mujeres; el resto lo
tomaban como anécdota y como una
diversión para ellas; como una
especie de jugueteo de sus
respectivas capacidades de resistir
el envite de la otra. Sin duda, podían
tener ese juego, por el intenso amor
que se tenía una a la otra. Jamás
pasaban el límite prohibido que
mantenían de forma tácita.

Tenían una monomanía en común; el


intentar intercambiarse los rasgos de
fortaleza, los recursos. Ira tenía un
gran sentido del humor y una alegría
innata. Mientras que Mar, desprendía
toda ella ternura y se sabía con un
orden interno y externo, que
generaba de por sí coherencia. Al
igual, era un placer contarle algún
problema a Mar. Tal era su capacidad
de comprensión y respeto, que
siempre ante la consulta, salía con
serenidad; tuviera solución o no la
tuviera.

-Ja,ja, pero mira que eres obtusa Ira.


¿No te presentaste un día con papel
y lápiz y un esquema para que
aprendiera a tener sentido del
humor? Je,je,je. Lo malo es que yo
intenté aprenderlo en teoría, ja,ja,ja,
-soltaba carcajadas Mar,
recordándolo.

-¿Y tú? ¿No justificabas a todos con


tu exceso de ternura y comprensión.
Cuando algunos eran más malos que
un dolor? Me liabas con tanta moral
tuya. Me sentía renacuajo a tu lado.
Ja,ja,ja, -se reía Ira a mandíbula
batiente.

-Ja,ja, -rieron al unísono las dos.

-¿Te acuerdas Ira de los ejercicios de


manos que me hacías practicar?
Ja,ja,ja.
-Ja,ja,ja, -soltaba risotadas Ira.

Cada vez reían con mayor


espontaneidad.

-Me decías que apretara algo más la


mano en el saludo, porque era algo
flojita al darla y eso no te gustaba
para la fortaleza de mí personalidad.
Ja,ja,ja, Un día me tuviste media
hora, más.., algo más…, un poco
más.., aprieta un poco más. Así,
hasta aburrirme, Ja,ja,ja. –Mar, reía
sin parar.
-Sí me acuerdo, je,je,je, pero
también te decía que tus manos
representaban la suavidad
personificada por el mismo tacto.

-¡Eso sí! Me gustaba oírlo, je,je. -Mar


no paraba de reír.

-Y tú Mar. ¿Recuerdas cuando estaba


en tu casa y casi a la madrugada
viniste a nuestra habitación
corriendo, casi volando, con un
archivador de pie diciéndome que
había otro de mesa. Todo para que
yo me organizara a la vuelta en mi
casa? Me lo enseñaste con todo lujo
de detalles para que fuera tan
ordenadita como tú, lo que estaba
deseando.

-Sí, me fascinó cuando me dijiste


nada más llegar a tu casa, que ya te
habías comprado uno de pie porque
yo te dije que para ti con ese servía
por el momento. Je,je. Influencia en
ti.

-Al poquito, tuve el de mesa. Je,je,je.


¡Faltaría más! Yo siempre quería
conseguir tu orden. –Dijo Ira. Te
empeñabas en que era una
desordenada, je,je,je,.

-Es cierto, --murmuró Mar; pero me


di cuenta que estaba equivocada, la
primera vez que estuve en tu casa.
Recorría tus habitaciones y no daba
crédito a lo que veía, ¡Tú,
ordenadísima! Je,je,je.

-¡Anda confiesa! ¡Te dio un latigazo


la envidia! Ji,ji,ji. Comenzaste como
posesa a buscar motivos en mi
contra. ¡Claro, como no tienes hijos!
Je,je,je. Eso me dijiste. Je,je. Como
tú, con tu orden innato, no podías
por las circunstancias, al verlo te
fastidió. ¡Anda ya! Que te hubiera
gustado tener así tu casa. Je,je.
Aunque no te quita nadie el 180 por
hora cuando me trajiste el
archivador para ayudarme en el
orden. ¡Me viene de maravilla!

-Sí, lo de mi casa lo confieso. Je,je,je.


Pero Ira, me dejaste helada con tu
orden.
-Y eso, que no soy “perfesta” como
otras, je,je,je.

-Bueno, con tu frase conmigo, la que


te volví a mandar: “Yo no quiero ser
perfecta, sólo quiero ser feliz en la
medida de lo posible”, me servía y la
leía con frecuencia. –Sonrió Mar,
mientras lo decía.

-Bueno, te confieso que yo también


tengo algo de ese rollo macabeo. No
consigo dejar de ser exigente
conmigo misma. Je,je,je. Ja,ja,ja,
-Insistió Ira en sus risotadas. -¿Sabes
Mar? No creo que haya nadie como
nosotras dos, tan empecinadas en
enseñar lo que pudiéramos llamar
nuestras virtudes.

-Sí Ira, estoy de acuerdo contigo.


¿Cómo no te iba a enseñar algo de
orden a ti? Ja,ja,ja.

-Ja,ja, -se rió Ira. Primera lección


aprendida de lo que es sentido del
humor. ¡Bravo! Je,je.

Las dos figuras volvían a separarse.


Una; quieta en la orilla del mar y la
otra como subida a las olas. Se unían
y se separaban, se separaban y se
unían: un juego de luz y sonido bajo
el esplendor de la luna. A veces era
una sola figura, a veces dos.
Brillando la de las olas y en
obscuridad la de la arena de la playa.

En esto, se volvió a oír como una


especie de rumor desde donde
hablaba más el corazón que la
palabra; igual que la mirada al
espejo devolviendo una imagen
acoplada al corazón más que a la
vista.

-¿Te acuerdas de Doll? –Preguntó


Mar.

-¡Claro que me acuerdo! –Dijo Ira. -


¿Cómo no me voy a acordar, si lo
escribí yo?

-Ya, ya lo sé. Fue el cuento que más


me ha gustado de los que he leído
tuyos. –Continuó Mar.

-Supongo que por las dificultades de


la protagonista y por el mundo de los
opuestos. ¡Era aterrador! Pero yo
creo que era también por lo mismo
que a mí me gustaba y me gusta.

-¡Por el poder de la fantasía! –


Exclamó Mar.

-Sí, por el poder de la fantasía, pero


en sentido terrorífico.

-Sí, -continuó Mar. Lo terminas en


una duda tan grande, que se te
desmorona el mundo.

-Lo hice a propósito. Intentaba


expresar la duda elevada. La gran
duda que te deja enganchada en ella
y abate todos tus esquemas.

-Una sola duda puede demoler por


completo tu propia seguridad. –
Sentenció Mar.

-¡La duda de si yo soy realidad y tú


fantasía, o al contrario! Si yo soy una
fantasía tuya, -casi musitó Mar. -¡Es
terrible! Dudar si existes o eres
meramente un pensamiento de otro;
su deseo, su fantasía, una
prolongación de él en su
imaginación. ¡Se me ponen los pelos
de punta!

-O quizás, -siguió diciendo Ira, -que


compartas algo con un ser
inexistente producto de tu
imaginación, de tu deseo o de tu
fantasía, -continuó Ira.

-En ese caso, -dijo Mar, -lo sabrías


porque la realidad eres tú, digo yo.

-No estaría yo tan segura, -señaló


Ira. Tú ves la realidad porque el otro
te confirma que lo ves al mirarlo. La
realidad viene a ser un acto a
medias. Para saber que existes,
necesitas de otro.

-¿Y? –Preguntó espeluznada Mar.

-Pues…, que yo no tengo la


respuesta hermanita. Si la hubiera
tenido, hubiera continuado el
cuento. Yo sólo lo puedo comparar
con un momento de duda que en
nuestro corazón y en nuestras
entrañas aparece alguna vez con el
¡No es posible! Un ¡no es posible!,
que nos rompe el cerebro porque el
corazón ya está roto y no lo puede
preguntar ni expresar. Cuando sabes
algo y de pronto se te va el
conocimiento porque el deseo puede,
en un momento, más que la realidad.

-Quizás Ira, es posible que ambas


situaciones se parezcan y derrumben
por un instante todo tu mundo.
Quizás, yo hubiera terminado tu
cuento y tu ¡no es posible!, con algo
que dentro de mí es sencillo de
entender.

-¡Anda Mar! ¡Explícamelo tú a mí,


ahora! ¿De qué trata lo que dices?

-De la incertidumbre. Tú que estás


tan “al loro” de todo, ¿no la
conoces?

-Claro que sí, tengo muchas


incertidumbres.

-Tranqui Ira, tranqui. No es tener


incertidumbres, es vivir y vivir a
gusto en la incertidumbre, a pesar
de ella.
-No entiendo nada Mar. ¿Quieres
decir, a gusto Doll sin saber si era
real o no lo era?

-Más o menos Ira. Quizás, algo


explícito sería, que Doll vive esa
realidad sabiendo que la duda es
consustancial al momento. Ella no se
pregunta si es real, se vive como
real. Tampoco le importaría serlo o
no serlo, porque si se viviera como
“no real”, no habría mayor
problema. El conflicto, es vivir lo que
sea, sin saberlo. Sin la realidad de
algo.

-¡Uf! Es algo fuerte para mí Mar. ¿Me


lo explicas mejor?

-Es la mirada de ese otro; fantasía,


deseo, ilusión o realidad, lo que da la
certeza de quién es uno. Si ese otro
te mira como tú eres en realidad y tú
le miras como es en realidad, no hay
duda ni perplejidad de quiénes
somos o si somos reales o no.
¡Somos lo que somos! La mirada del
otro es la que nos perturba, al
darnos un valor o una censura.
-Ya voy entendiendo, Mar. Se basan
en la aceptación de uno y en vivir
simplemente, ¿no?

-En parte es eso y en parte es que la


incertidumbre normaliza, da
normalidad a la duda. Uno no tiene
porqué pensar en todo momento
quién es, sólo vivirlo. Sólo cuando se
duda, aparece la incertidumbre.
Mientras que si la vives, eres tú
mismo en todo momento. Soy-no soy,
bueno-malo, rico-pobre.

-Pero…, entonces Mar ¿no hay


moral?, -preguntó extrañada Ira.

-La moral es un invento de quien


quiere dominar, -respondió Mar. –Con
ello desaparece la Ética que no es
manipulable. La Ética, el bien y mal
interiorizado y propio, nace con el
mismo ser humano. La moral es pura
estadística de quienes creen en el
poder. Ellos son los que hacen la lista
de lo que es moral y en la forma que
debe de aparecer.

-Me recuerdas a Niestzsche por lo de


la moral, -dijo Ira sonriendo a Mar.
-¡Ese estaba loco! Empezó bien con
la superación, pero se desequilibró
con su omnipotencia. Yo no hablo de
superación. Hablo como tú, de
desarrollo siendo uno mismo y
dentro de uno mismo. La Ética es
inherente a la persona y el desarrollo
es de adentro hacia afuera. Por
supuesto que estimulado desde el
exterior.

-Me lo cambias todo Mar. Siempre


tenemos que seguir las normas y
todo aquello que pertenece, según
los estudiosos, al Super-Yo.

-Yo no digo lo contrario Ira; pero yo


creo que todo nace del Yo. Por lo
mismo, la persona nace con algo de
Super-Yo, que se desarrollaría o no,
posteriormente. Si lo hace, se va
formando su Ética. Fíjate Ira, la
rivalidad no la introducen en la Ética
sino en la moral, como algo
maravilloso que nos diferencia en
campeones y fracasados. ¿No? Lo
que nos está desarrollando es la
competitividad.
-Sí Mar. No me recuerdes la rivalidad
que me espeluzna.

-A mí también, pero si no lo
hablamos no sabremos qué estamos
haciendo. En la rivalidad, seguimos
como en el medievo, dentro de
jerarquías aún siendo lo más arcaico
lo igual. La diferencia, que será la
que con mayor claridad nos dé la
confirmación de quiénes somos. Ésa
la consideran sólo por cantidad; es
decir 20 de ternura o 30 de rabia.
Así, se colocará uno en un lugar u
otro. ¡Fíjate que error!

-No sigas Mar, te comprendo


perfectamente…, las guerras
ilimitadas.

-Más o menos Ira. ¿Has pensado


alguna vez que la realidad la da la
suma especial entre diferencias y
semejanzas?

-Sí Mar, muchas veces, pero aquí sólo


interesa la igualdad. Se conforman
con la jerarquía, -dijo tristemente
Ira.
-Tan breve es nuestra estancia, que
si perdemos tiempo en la búsqueda
de la verdad yendo por derroteros
jerárquicos, no nos iniciaremos en la
verdad nunca. Tú Ira, que has
nombrado antes a Niestzsche, para
mí él es la pérdida del pensamiento
en derroteros jerárquicos. Así se
pierde la verdad por su verdad. Si
uno quiere llegar a ser Dios; es decir,
a ser omnipotente. Además de ser
falso y dañar a sus congéneres,
también significa que está
introducido en el mundo de la
rivalidad que habla de igualdades,
no de diferencias. Yo no entiendo
porqué pensadores se enrollan con
absurdos. Para mí, hay dos axiomas:

El universo es redondo, por tanto;


ni sur, ni este, ni oeste, ni norte.
¡Redondo!

Existe el afuera y el adentro.

-A partir de que es un axioma y por


tanto aplicable al universo, porque
es un principio aceptado
universalmente como verdadero,
también es aplicable a las piedras y
al ser humano. Si es axiomático con
respecto al hombre. Hablar de
jerarquías, de moral que viene del
exterior, es como intentar llegar al
pensamiento masticando muy
deprisa. ¡No tiene nada que ver lo
uno con lo otro! Es un absurdo, una
tautología o sea, una afirmación
vacía de significado

-Claro Mar. Como tú, pienso que la


rivalidad como la moral viene de
afuera, de la cultura. Quizás, lo que
es más horroroso, es que si le dices
esto a la sociedad, no sabe ni de qué
le hablas. La sociedad está
perdiendo su capacidad de pensar;
renuncia a ella por la acción. Yo no
soy anti-acción, soy pro-
pensamiento. Hacer es muy fácil,
pero no es lo mismo pensar.

-¡La cultura está tan perdida y


alejada de la verdad! –Dijo Mar.

-¿Te das cuenta Mar? Comenzamos a


reflexionar con la duda de la realidad
como inquietud y cuanto más
avanzamos, menos nos importa ni
nos inquieta la realidad.
-Para algunos de nosotros, -añadió
Ira –más que la realidad,
necesitamos primero la verdad. Esa
verdad que no pertenece a la Lógica,
porque ella nos parece pobre.
Nosotros buscamos la verdad, es una
de nuestras finalidades del
pensamiento. La realidad, la percibes
o no la percibes. Pertenece sólo a
uno, mientras que la verdad
pertenece a dos.
-¿Sin la Lógica? Preguntó Mar,
sorprendida ante lo escuchado.

-No hay que darle ese valor único a


la Lógica, -respondió Ira. –Por
supuesto que necesitamos el
razonamiento, pero no se puede
dividir en verdad y mentira o falso,
todo. Depende de muchas cosas; de
quién lo dice, cómo lo dice, sus
intenciones. Es decir; todo lo
extralingüístico que incide en esa
verdad.

-Ya, -dijo Mar. –Nada puede dividirse


entre dos aspectos con sus
contenidos. Sería un pensamiento
muy pobre: Blanco-Negro, Culpa-
Inocencia, Bueno-Malo.

Ira continuó con el filosofar de Mar.

-Pobre y arcaico en su desarrollo,


semejante al pensamiento de los
niños y al de los que tienen
problemas mentales. Ante cualquier
emoción, lo blanco puede volverse
negro, el inocente sentirse culpable
y el bueno transformarse en malo.
¡La ley del todo o el nada! El gran
error del pensamiento rígido.

-La ley del péndulo, -añadió Mar. Se


puede estar en un lado del
pensamiento y como un péndulo, irse
al otro lado completamente opuesto.
Por eso mismo, no nos podemos fiar
de los ultras. De un ultra derecha,
podemos encontrar con el paso del
tiempo un ultra izquierda. De un
omnipotente podemos sospechar la
raíz oculta de su impotencia. Hoy son
buenos los que mañana son malos;
como en un partido de fútbol. Todo
depende de la inflexibilidad del
propio
pensamiento. Siempre lo he dicho,
deberían estudiarse todos los tipos
de pensamientos. El fanatismo viene
precisamente de lo que estoy
diciendo. La forma altera el
contendido, la verdad y hasta la
propia realidad. Esa forma, es la
misma que la de las jerarquías.

-Este pensamiento es el más idóneo


para llegar a la confusión, -aclaró Ira.
Me recuerda a la confusión que
existe en algunos sobre la diferencia,
entre fuerza, agresividad y
violencia. Quien posee la fuerza es
tachado de agresivo. Confunden la
agresividad incluso con la violencia.
A veces, sienten tanto miedo a la
agresividad del de enfrente que no
ven que ésta pertenece a la vida,
mientras la violencia pertenece a la
destrucción. Lo horroroso, es que a
los niños de hoy; al criticarles toda
expresión de agresividad, les hacen
tener conflictos en este aspecto.

-Otra cosa habitual, -siguió diciendo


Mar. No sé porqué sólo ven la
agresividad del de enfrente; la
propia, de esa, ni se enteran. Con
respecto a los críos, se la censuran
desde su agresividad dañina. A veces
desvalorizándolos, a veces
castigándolos; sin llegar a
enseñarles a diferenciar el bien del
mal. No lo conocen ellos y lo hacen
con las típicas paradojas: “¡Niño, no
me gusta la agresividad, mira que te
pego!”.

-Es porque todos ellos llevan un velo


en los ojos, muy tupido él y sólo
miran lo que tienen frente a ellos, a
través del miedo de su propia
ceguera. Ni saben observar, ni se ven
a sí mismos. Sólo sale de ellos el
miedo, su propia indefensión
buscada en la ignorancia y el
descontrol de su desconcierto. Todo
esto, da una respuesta de
agresividad destructiva o violencia,
que producen las mismas
consecuencias que si se enteraran de
su violencia; anulan amor y generan
odio. ¡Y luego dicen que los otros
son agresivos! –Terminó de decir Ira,
en su lección sobre la vida.

-¿Sabes en qué me fijo mucho, Ira?


En lo subliminal, lo que se lee entre
líneas. También observo la forma que
esconde esa agresividad con bonitas
palabras; son en realidad mordiscos
con azúcar. Ellos se fijan en el azúcar
y yo en el mordisco de sus dientes,
que desgarra y tritura,
despedazando.

Los ojos de Mar se entristecían a


medida que iba pronunciando las
palabras. Mar, era muy sensible a
todo lo que produjera deterioro y
mucho más, a la “violencia
silenciosa” como ella la denominaba.

Ira, también receptora de tales


dardos, comprendía a Mar desde
experiencias similares. De ojos
azules ambas, ahora se volvían
grises a causa de la tristeza.
¡Violencia silenciosa!

-¿Por qué Ira, por qué? -Preguntó


Mar, casi sin poder hablar.

-No lo sé Mar, no lo sé. Me cuesta…


¡Será por tantas cosas!

-Ira, yo creo que cada día el ser


humano sabe querer menos porque
sabe pensar peor. El pensamiento de
uno mismo lo vive como definitivo,
absoluto y opuesto al de la otra
persona. Así, razón y amor se
separan. Si tengo razón y mi
pensamiento lo vivo como cierto y
opuesto al otro, ese otro deja de
tener mi afecto por defensa
personal. ¡No saben estar ante dos
pensamientos diferentes! Ellos sólo
lo ven opuesto a… Sino piensas como
yo, eres malo. Ese es su argumento
más interno. Y en malo, palabra de
niño para enseñarle los primeros
pasos de la Ética, ¡entra todo!

-Lo que antes hablábamos de dividir


la realidad en dos opuestos.

-Sí. Aún no saben las personas, el


daño que hace el pensamiento
distorsionado aunque no haya
intención. Igual que el desamor. La
diferencia, es que en uno hay
intención y en el otro es ignorancia;
pero ambos dañan.

-¿Te das cuenta Mar? Lo que


hablábamos de Doll. Ese terror a no
ser real y por tanto, a no existir. Es
un miedo casi privilegiado, ante el
pánico de lo que el hombre puede
hacer al hombre desde su ignorancia
o su desamor.

-Comprendo lo que dices Ira. Que la


realidad es más…, peligrosa que la
fantasía.

-Y más inhumana Mar; con intención


o sin ella. Mira, si como el cuento de
Doll, yo tuviera la suerte de ser tu
fantasía o por el contrario; tú fueras
como un vaso comunicante formado
por mi fantasía. ¿Qué más daría que
tú fueras real o no lo fuera yo? El
acto, sí sería real. De la misma forma
que nosotras lo vivenciamos, de
igual forma lo vivenciaría quien
leyera lo que tú y yo habríamos
escrito previamente, porque es
seguro que tú o yo, lo describiríamos
habiéndolo vivenciado.
-Bueno Ira, tú te has volcado más en
los cuentos a la hora de escribir. Yo,
en mi diario, -dijo Mar.

-Sí, pero de tu diario se podría


escribir una narración. En definitiva,
es lo mismo escribir una cosa u otra.
-Sí Ira, quizás estés en lo cierto, pero
lo mío suena más a intimista.

-Aunque parezca extraño Mar, ahora


sí entiendo lo que dices de la
incertidumbre. Prefiero vivir la
incertidumbre de que seamos o no
reales, a tener la certidumbre de que
existamos en el sufrimiento por
causa humana.

-Sí, te comprendo y creo que has


entendido lo que quiero decir con
vivir la incertidumbre, -dijo Mar con
cierta sonrisa melancólica. –Yo
también creo que he comprendido lo
que significó tu cuento de Doll.

-Mar, -dijo Ira; ¿Te das cuenta de lo


que decías sobre el pensamiento
dividido en dos, opuestos ambos?
Parecería pertenecer a la lógica; o
uno o el otro. O como las jerarquías;
o más que o menos que. O como la
vida y la muerte. Ni tan siquiera esta
última es pura realidad; ¡Hay tantos
vivos que no lo están! Y ¡Tantos en
un lugar ignoto que viven desde la
añoranza dentro de nosotros! Sin
duda, producen más afecto de
recuerdo que los vivos, más
sentimientos, más acciones.

-Seguro Ira. Así es, aunque los que


se llaman mortales, no se enteren de
esa división del pensamiento lógico o
como quiera llamarse. Ello sólo se
supera, llegando a formar una red de
pensamientos que puedan
articularse por asociación de
semejanzas y de diferencias, como la
misma realidad es. De tal forma, que
ante una falsa asociación dé un
pensamiento falso, que el que piensa
cree que es cierto. Si sabe
descubrirlo…

-¡Jo! ¡Qué interesante Mar! ¿Y cómo


se sabe si es falso o verdadero el
pensamiento si no sigues la Lógica?

-Muy sencillo Ira. Reflexionando,


reflexionando y reflexionando. Si es
verdadero, siempre producirá más
pensamientos progresivos, abrirá
nuevas incógnitas. Si por el
contrario, son producto de falsas
asociaciones, no abrirán incógnitas
porque estos no son producto de la
reflexión, sino de los malos cauces
en los afectos. Estos son los que
distorsionan la realidad.

-¡Ostras Mar! ¿No has escrito ningún


libro?

-No Ira. Escribí cosas, pero no me


harán caso. ¡La gente es tan cerril!

-Mar. Y si la causa del error es por la


afectividad. ¿Qué se hace? –Preguntó
con interés Ira.

-¿Que qué se hace? Pues, ¡que se


vayan a arreglar la Psique! ¡No te
digo!

-Je,je,je, -rió Ira.

-Yo no me río, porque no me hace


gracia. Es un desprecio tan olímpico
por parte de los seres humanos hacia
la Psique, que sólo la admiten; bien
ocultándola; bien denominándola
enferma. Sino, sólo se autoriza su
existencia en edad avanzada como
producto de “rarezas”. Por lo demás,
cualquier expresión de afecto es
negado. ¿Por qué sino los miedos?
¿Por qué los abandonos? ¿Por qué
los dolores psíquicos? ¿Por qué los
conflictos evitados? ¿Por qué los
afectos y las penas se ocultan? Es,
como si el ser humano se ocultara a
sí mismo su incompletad, anulando o
enfriando el afecto que baña la
Psique. ¿Has visto refrán más
negador que: “Las penas con pan
son menos? Será menor la dificultad,
pero la pena es la pena y sólo la
amortigua su vivencia. -dijo
tristemente Mar.

-¿Sabes Mar? A pesar de todo, creo


que tú y yo estamos en otro
momento diferente al de cuando yo
escribí el cuento de Doll. Si no fuera
así, no podríamos hablar de esta
forma las dos.

-Sin duda Ira, sin duda, -confirmó


Mar.

-¿Por qué? ¿A qué se debe Mar? ¿Por


qué hemos superado el pensamiento
dividido en los opuestos?

-No sé exactamente Ira. Quizás,


porque ni a ti ni a mí, ya no nos
interesa saber si somos reales o no
lo somos. Quizás porque hemos
aprendido que al vivenciar, se hace
real algo en alguna forma. O quizás,
porque ambas somos muy reales y
no tenemos duda de ello. Real en
nuestra mente, ya sea de una forma
u otra. Si nos preguntáramos: ¿qué
es la realidad? Tendríamos que
escribir un libro. ¡Hay tantas
realidades! Quizás, porque hayamos
logrado llegar al pensamiento
complejo y vivimos la incertidumbre
con toda naturalidad, o… Quizás,
porque tengamos la certeza absoluta
de saber quiénes somos y cómo
somos. Tú sabes que esto último solo
lo conocemos los privilegiados.
Claro, somos los que hemos
indagado en nosotros mismos con
nuestra capacidad de sufrir y doler,
al igual que con la capacidad de
satisfacción. Con ello, vamos yendo
hacia el camino de “nuestra verdad”,
aunque no lleguemos al
conocimiento completo.

-Es posible Mar. Es posible que el


problema sea que no lo saben los
demás, que no quieran conocerse.
-¡La soledad Ira! Ese es el precio que
pagamos los que buscamos ser
nosotros mismos y sabemos que
vamos por el camino cierto. Los que
vamos en busca de nuestro yo
mismo, siempre encontramos dos
lenguas diferentes; la nuestra y la de
ellos. Yo intentaría el cambio pese a
todas las dificultades. Los caminos
que vivimos dan una estructura al
ser humano mucho más sólida, más
aún que la que tenemos al nacer, la
que es por los genes; pero si en
nuestro caminar no pasean con
nosotros, jamás llegarán a nuestra
esencia del Ser. ¡No hay otra!

-Claro, -añadió Ira con una tristeza. –


Si no han visto la arena que pisamos,
los suspiros ante ciertos momentos,
las sonrisas ante los niños, las
miradas de plena comunicación, la
alegría que resbala ante nuestra
añoranza… ¡No han visto nada! ¡No
han vivido nada! Yo no tengo miedo
a la soledad, pero…, sí al
aislamiento. La incomunicación, me
asusta mucho.
-Fíjate Ira. ¡Las dos podríamos ser
irreales, ¿no? Si seguimos el
pensamiento de Doll, quiero decir…

-Sí, podríamos serlo.

-¿Qué añadiría a esta noche de luna


si lo fuéramos?

-Nada Mar, nada añadiría en


nosotras…

-También podríamos ser ambas


reales, ¿no es así Ira?

-Pues sí, y no cambaría nada de lo


que sucede aquí.

-¿Si una fuera real y la otra irreal,


Ira?

-A mí no me asustaría ni me
angustiaría como Doll si fuera
fantasía de otra. Me encontraría
igual de bien. Aunque…

-Creo que tenemos la suerte de


haber llegado a sentir la
incertidumbre como tal: lo que es, es
y lo que no es, no es. ¿Crees tú así
Ira?

-Si Mar, sólo que… Terminaríamos


como empezamos. División de
opuestos, o se es o no se es. A mí no
me impacta ser o no ser. A mí no me
importa ser o no ser. Lo que es una
gran pena para mí, es que el ser y el
no ser, estuvieran en distintos
lugares…

-Ya Ira, lo comprendo. Siempre he


dicho una frase, “no se puede tener
todo”. Pero…, aún sin saber cómo es,
aquí estamos las dos en una noche
de luna.

-Ya. -sonrió Ira con melancolía. –


¿Sabes? Yo también he dicho siempre
una frase en la que creo: “el
sentimiento nunca olvida”.

-¡Por supuesto Ira! Sino que se lo


pregunten a Doll, mientras tú la
escribías o yo la leía. Seguro, que
hasta ella sentía.
La Luna sigue frente a ellas; dos
figuras que a veces se unen
solapándose y a veces se distancian
para poder observarse. El silencio
sólo es roto por el murmullo del mar.
Las olas se acercan una y otra vez,
trayendo y alejando a una de las dos
siluetas, casi una representación.
Mientras la otra, inmóvil en la arena,
hablaba desde su distancia a quien
las olas acercaban y retiraban, esa
imagen que en ellas se posa. Es un
sonido casi imperceptible. Más
parece el palpitar de dos corazones
haciendo eco sus sentires.

La Luna riela de envidia mirando las


dos efigies. Envidia el no tener con
quien compartir sus sentimientos.
Mientras tanto, ellas que la admiran
en silencio, se siguen preguntando
una a la otra.

-Mar, ¿qué hubo en Doll que te hizo


pensar en ti?

-Quizás lo mismo que a ti al escribir


sobre Doll. De lo que no hay duda,
-murmuró Mar, -es que nuestros
sentimientos fueron los mismos ante
la miguita de pan… ¡Nuestra Miguita
de Pan! ¡Apariencia de poco y
realidad de gran vivir!

Las figuras con rostro de mujer,


siguen oyendo el latir de la espuma
del mar. Una música casi ilusoria en
voz húmeda de reverbero canta al
compás del eco sobre las olas…

Caminaba …, en la noche de San


Juan,
a dar agua a su caballo en las
orillas del mar.
Mientras su caballo bebe alguien
llora este cantar.
Las penas que van y vienen se
pasean por La Mar.
Las penas, en gotas de agua, se
deslizan sobre el Mar.

La Luna sigue envidiosa al no poder


cantar. Titilando la noche entera,
hasta la llegada del Alba, no hace
más que oír entonar: Un romance se
oye recitar a la sombra de la arena y
otro, a quien las olas del mar traen y
llevan.
La Luna, al no saber observar, no se
entera que un romance lleva su
nombre. Su envidia y su soledad, le
impiden saber que las olas pronto,
un vestido llevarán para cubrirla de
plata y la mire con embeleso quien
en la playa aún está.

Desde su fulgor de plata,


escuchando va. Hablan de penas,
hablan de niños llorar. El centelleo de
la Luna, que es su traje de noche
maternal, oculta sus lágrimas entre
resplandores, al oír llorar en
romance este cantar…
Caminaban dos figuras en la playa
del Penar,
Una cantaba a la Luna. La otra; a la
espumita del Mar.
Las dos sonríen despacio, lentas,
como se aprende a llorar…
Una lágrima furtiva, humedece la
Luna en su titilar…
La otra, hace desbordar la Mar…

La Luna no siente envidia, ahora


siente su penar.
Las olas que van y vienen;
conmovidas
En blanca espuma lloran, viendo a la
Luna llorar.

¿Es la Luna? ¿Son las Olas? ¿Son dos


huellas en la Mar?
Sólo se oye el reverbero, sin
preguntar quién será.
Dos lágrimas de recuerdo, inundan la
Luna Llena,
Mientras sollozos de plata, bañan las
olas del Mar…

Bajo el brillo de La Luna, las olas


escuchan los dos romances cantar:
Romance del Conde Olinos y el
Romance de la Luna; más que
romances, son lamentos a la Mar.

Los lamentos en noche de Luna


Llena, se vuelven canción de cuna
para el amor expresar.

Por eso, gimen las olas del mar:


¡Conde Olinos! ¡Luna Llena!
Cantadnos, tenemos miedo y la Luna
llorando está.

¡Conde Olinos! ¡Luna Llena! Que


vuestra canción de cuna nos quite la
Soledad…
El Conde Olinos y la Luna Llena;
sosteniendo su penar, cantan su
canción de cuna para las penas
quitar…

Comienza la Luna sin dejar de


suspirar: ¡Sosegaos ternuras mías!
Mi llanto es de tristeza por no
poderos besar. Sólo en llanto
plateado, mis besos os pueden
alcanzar.

¡Olas mías de la noche! ¡Puedo veros


en mi lunar caminar! En noches de
estela, que con amor anhelo para
poderos besar. Sabed, que mis besos
son lágrimas rutilantes que iluminan
vuestra noche para poder soñar,
soñar y soñar…

Mi estela, en vuestra noche de Luna


quitará, miedos y soledad.
¡Tranquilas!, que mi canción de cuna
en vuestro corazón, os dará la paz
para dormir y soñar.

La Luna hoy es feliz. ¡Las ha podido


besar! Su plata de amor derrama
mientras se le oye expresar:
¡Calmaos! Mi fuerza habitará
siempre en vosotras y cada noche de
Luna os traerá de nuevo a mí. Con mi
deseo, que en el vuestro ha de
coincidir. Gravedad tiene el nombre
de la fuerza, ¡No hagáis caso
corazones míos, mi fuerza se llama
¡Amor¡

El viento y yo velaremos vuestro


sueño con la fuerza de ese amor para
que podáis dormir; mas no temáis a
la noche ni a mis lágrimas, que ellas
me permiten mi presencia y la
ternura que siento en vuestro ir y
venir…

La Luna, para que puedan soñar en


un sueño muy hermoso de dicha y
felicidad. Con su brillo natural, en
romance, canta su canción de cuna a
las olas que en su luz vienen y van…

¡Centinela de la noche! En noche de


Luna Llena, se escucha este romance
cantar…
Romance de la Luna
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos
el niño la mira mira
el niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna
Si vinieran los gitanos
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna, luna
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían
bronce y sueño los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran
dando gritos los gitanos.
El aire de la vela, vela
El aire la está velando.

Al Conde Olinos se oye, quiere en


romance decir a las olas de la Luna
que no les asuste el miedo en su ir,
ni en su venir. Revela, que el miedo
es un sentimiento que él mismo
siente en su corazón latir.

Las olas en su camino, nombran un


nombre: -¡Conde Olinos¡ ¡Conde
Olinos¡ Contigo quisiera estar para
sentir tu presencia en noche de Luna
Llena y que me puedas cantar.

-No os inquietéis olitas de la Mar,


pronto yo os he de cantar. Cuando la
Luna nos traiga su manto en plata, a
la Mar. De noche, yo os cantaré mi
romance que pronto os haga soñar.
¡Vuestro sueño sea hermoso! Soñad,
lo que os dé felicidad. Vuestro Conde
Olinos jura, ¡Con vuestros sueños
estar! Soy de nobleza medieva y no
tenéis porqué dudar; que mi palabra
es de hidalgos y si prometo ¡Será!

Oiréis mi voz en romance a vuestro


ser, tranquilizar. Que si viera algún
peligro, ¡con vosotras he de estar! Mi
presencia, será mi voz recordada. Mi
romance, lo que sintierais hoy o ayer
con mi ser. La canción del Conde
Olinos será siempre, el recuerdo que
evoquéis.
Siempre que oigáis mi romance, es:
¡Que en los dos estoy! Cuando se
rompe la ola y ante el retroceso; bajo
la Luna y el Viento, que el
movimiento en vuestra humedad
forjó. Si ellos os dieron la fuerza, yo
siempre os di mi canción; que
recuerdos van y vienen como olas del
Amor.

Hombre del Medievo, noble y sereno,


el Conde Olinos para poder consolar
a las olas de la Mar, este romance
entonó…

Madrugaba el Conde Olinos,


mañanitas de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar,

Mientras el caballo bebe,


se oye un hermoso cantar;
las aves que iban volando
se paraban a escuchar.

Desde las torres más altas


la Reina le oyó cantar.
-Mira hija, como canta
la sirenita del mar.

-No es la sirenita, madre,


que ésta tiene otro cantar;
es la voz del Conde Olinos
que por mí penando está.

-Si es la voz del Conde Olinos


yo le mandaré matar;
que para casar contigo
le falta sangre real.

-No le mande matar, madre,


no le mande usted matar;
que si mata al Conde Olinos
a mí la muerte me da.

Guardias mandaba la Reina


al Conde Olinos buscar,
que le maten a lanzadas
y echen su cuerpo a la mar.

La infantina, con gran pena,


no cesaba de llorar.
Él murió a la media noche
y ella, a los gallos cantar.

A Anita, recordándola a través del personaje de


Doll, en uno de mis cuentos que más le gustaba; “La
Realidad de Doll”. Con mi añoranza continua,
Anita.
11 de septiembre de 2003
En noche de Luna Llena
Maru
Comenzado el dos de agosto de
2003, durante la estancia
vacacional en Belrreguard, junto
a Iván y a Ruth. Escrito a retazos
día a día y finalizado el 23 del
mismo mes y año; un día antes de
volver a Coslada. Hacía dos días
que Iván y Ruth se habían
marchado a Hendaya

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