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Titulo original: Gesammeíte Werke Baïnde 1 Sobre las obras del volumen I

Ba.-al - Trommeln in der Nacbt - Im Dzrkzcbt der§tà2Íte


Traductor: Miguel Sáenz

Primera edición en «El Libro de Bolsillo››: 1987


Segunda reimpresión en «El Libro de Bolsillo>›: 1995 ~

Bøml

Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto en Fecha de creación: 1918/ 19. En «Al revisar mis prime-
el art. 534-bis del Código Penal vigente, podrán ser castigados con ras obras», Brecht escribió: «La primera y la última es-
penas de multa y privación de libertad quienes reprodujeren o plagia- cena de «Baal» se han incluido en esta edición tal como
ren, en todo o en parte, una obra literaria, artistica o cientifica fijada `
fueron escritas en su primera versión», Esa afirmación
en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva autorización.
hay que completarla. Al preparar el manuscrito ara la
imprenta de «Baal», en el tomo I de las Sriïcke (Oliiras de
teatro) (1953), Brecht se basó en la primera edición en
forma de libro, de 1922. Antes de que se iiïiprimiera ese
tomo I por Aufbau-Verlag, se descubrió otra versión an-
terior de la obra, sobre la base de la cual se modificó li-
© Copyright Siihrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1967 geramente la primera escena. De otra versión primitiva,
Todos los derechos reservados Brecht tomó la escena final, «Amanecer en el bos ue»,
© Ed. cast.: Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1987, 1993, 1995 sin hacer alteraciones salvo en las dos últimas répiiicas,
Calle juan Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid; teléf. 393 88 88 gue tachó, y la incluyó, como nueva escena final, después
ISBN: 84-206-9824-5 (Obra completa) e la anterior («Cabaña de tablas en el bosque››). Esa ela-
ÍSBN: B4-ZUÓ-0257-4 (Tomo Í) boración, que apareció primero en el tomo I de las Strik-
Depósito legal: M. 30.579/1995 ke de Aufbau-Verlag en 1955 y luego, al mismo tiempo
Impreso en Fernández Ciudad, S. L.
que «Al revisar mis rimeras obras», fue recogida por
Catalina Suarez, 19. 28007 Madrid
Printed in Spain
Suhrkamp Verlag, es ia última versión de «Baal»_

8 Bertolt Brecht Baal


Al imprimir «Coral del gran Baal» se recurrió a las es-
trofas de la primera edición de las Stücke I, 0m1t1€I1d0 la
siguiente: '
No seáis perezosos, ¡si no, no d_a placer!
A uello ue se quiere se debe siempre hacer.
Sicio queqhacéis es caca, no es mala la jugada..
¡Mejor es hacer eso que no hacer nunca nada.
Los poemas citados en la primera escena son «Prepa-
ración», de Johannes R. Becher, y «El arbol», de Georg
Heym. _ i

Tambores en la noche A mi amigo George Pfanzelt

Fecha de creación: 1919. Brecht trabajó en la obra so-


bre la base de la versión en forma de libro, de 19_23› Para
la edición de las Stüc/ee. La indicación «La comediaƒse de-
sarrolla en una noche de noviembre, desde el crepusculo
hasta la aurora», que Brecht no había eliminado en la ver-
sión de las Stücke I, se ha suprimido aquí, porque la Obra
se desarrolla ahora en enero de 1919.

En la jungla de las ciudades

Fecha de creación: 1921-1924.

J'
Personajes

Baal, poeta lírico. Mech, comerciante al por mayor y editor. Emilifli


su mujer. Dr. Piller, crítico. johannes Schmidt. Pschierer, Director de CORAL DEL GRAN BAAL
Aguas. Un joven. Una señora joven. Johanna. Ekart. Luise, camarera.
Las dos hermanas. La dueña de la casa. Sophie Barger. El vagabundo.
Lupu. Mjurk. La soubrette. Un pianista. El párroco. Bolleboll. Gou- Cuando Baal ya crecía en el seno materno
gou. Ei viejo mendigo. Maja la pordiosera. La mujer joven. Vqatzmann. Era pálido el cielo, era grande y eterno,
Una camarera. Dos gendarmes. Carreteros. Campesinos. Lenadores. Tan desnudo y tan joven, casi un cielo irreal,
Como Baal lo quería, cuando al fin nació Baal.
Y el cielo estaba allí, con pena o alegría,
También si Baal dormido, feliz, no lo veía:
De noche era violeta y Baal un borrachón
Devoto en la mañana color melocotón.
Y va de rasca en rasca, iglesia u hospital,
Baal sigue indiferente, cambiando de costumbre.
Por más que esté cansado, jamás se hundirá Baal:
Hará bajar al cielo, con toda certidumbre.
En masa vergonzosa de pobres pecadores
Se arroja Baal desnudo, revolcándose en paz:
El cielo únicamente, el cielo y sus colores
Recubren majestuosos su desnudez procaz.

10 11

12 Bertolt Brecht Teatro completo, 1 13

Y el mundo, mujerzuela que se entrega riendo Cuando Baal se pudría ya quizá en el infierno
A todo el que se deja en sus piernas triturar Era pálido el cielo, era grande y eterno,
Le dio algún que otro éxtasis, que le iban complaciendo, Tan desnudo y tan joven, casi un cielo irreal.
Mas Baal nunca moría: no hacía más que mirar. Tal como Baal lo quiso, tal como lo vio Baal.
Y si Baal veía sólo cadáveres en torno
Disfrutaba aún el doble, sin ningún embarazo.
COMEDOR
Aún hay sitio, decía, no nos causa trastorno,
Aún hay sitio, decía, en este amplio regazo.
La mujer, dice Baal, que os lo ha dado ya todo, Mecb, Emilie Mech, Pscbierer, jobamzes Schmidt, el Dr.
¡Que se vaya a paseo y que encuentre acomodo! Piller, Baal y otros invitados entran por una puerta
de dos bajas
Nunca teme a los hombres: con mujer, son igual.
Pero teme a los hijos el mismísimo Baal. MECH, a Baal: ¿Un oco de vino, señor Baal? Todos se
sientan, Baal en elppuesto de honor. _
Cualquier vicio, no hay duda, siempre sirve de algo, MECH. ¿Le gustan los cangrejos? Esto es cadáver de an-
Y también los viciosos, yo ni entro ni salgo. guila.
Si los vicios son buenos, hay que hacer de manera PILLER, a Mecb: Me alegro de que los inmortales poemas
Que se tenga más de uno, porque el tiempo no espera. del señor Baal, que he tenido el honor de leerle, hayan
Pero no seas vago, no me seas tan flojo. merecido su aprobación. A Baal: Tiene usted que pu-
¡Disfrutar siem re exige, como hay Dios, mucho arrojo! blicar su poesía. El señor Mech aga como un mece-
Hace falta ser fiierte y tener experiencia: nas. Podrá usted dejar su buhardilla.
Y un gran vientre requiere muchas veces paciencia. MECH. Compro troncos de canela. Bosques enteros de
troncos de canela bajan flotando para mi por los ríos
Hacia los gordos buitres Baal levanta la vista, brasileños. Pero ublicaré también su poesía.
En el cielo ya es eran el cadáver de Baal. EMILIE. ¿Vive usted) en una buhardilla?
Pero él se hace ei muerto y no hay quien se resista. BAAL, comiendo y bebiendo: Klauckestrasse 64.
Baal se zampa a los buitres, silencioso y genial. MECI-1. En realidad, estoy demasiado gordo para la poe-
sía. Pero tiene usted el cráneo como un hombre del ar-
En el Valle de Lágrimas, bajo estrellas sombrías, chipiélago malayo, que tenía la costumbre de que lo hi-
Pasta Baal en los prados, chasqueando la lengua. cieran trabajar a latigazos. Sólo trabajaba enseñando los
Cuando están ya pelados y han quedado baldíos, dientes.
Duerme siesta en el bosque, más su sueño no mengua. PSCI-IIERER. Señoras y señores. Lo confieso francamente:
me ha conmovido encontrar a un hombre así en con-
Y si el oscuro seno se lo lleva consigo: diciones tan modestas. Como ustedes saben, descubrí
¿Qué es el mundo para él? Baal está siempre lleno. a nuestro querido maestro en mi oficina cuando era un
Y es que ha sido del cielo tantas veces testigo, simple principiante. Me atrevo a decir que es una ver-
Que hasta muerto su cielo es un cielo sereno. ' güenza para nuestra ciudad dejar que una personalidad
14 _ Bertolt Brecht '|'i~.iirn completo, 1 15

así trabaje a sueldo. Lo felicito, señor Mech, porque lixtir ando el del tormento,
su salón será llamado cuna de la fama mundial de este Isla cli: una Humanidad feliz.
genio, sí señor, genio. ¡A su salud, señor Baal! Discursos. Manifiestos.
BAAL hace im gesto de rechazo; come. Cantos en las tribunas.
PILLER, Escribiré un ensayo sobre usted. ¿Tiene origina- El nuevo santo, Estado,
les? Yo puedo contar con los periódicos. Predicad la sangre de los pueblos, sangre de su sangre,
UN JOVEN. ¿Cómo consigue esa condenada ingenuidad, inoculada.
querido maestro? Es algo realmente homérico. Consi- Comienza el paraíso. '
ero a Homero como una o varias personas, sumamen- -¡Difundamos una atmósfera de grisú!-
te cultas, que adaptaban con gran gusto la ingenuidad ¡Estudiad! ¡Preparaos! ¡Adiestraos!››
de las_ epopcyas populares.
UNA SENORA JOVEN. A mí me recuerda usted más a Walt
Whitman. Pero en más importante. Digo yo. Aplansos
OTRO HOMBRE. Y, sin embargo, tiene más bien algo de
Verhaeren, digo yo. LA SEÑORA JOVEN, precipitadamente ¡Permítanme! Hay
P1LLER.¡Verlaine! ¡Verlaine! Hasta en su fisonomía. No otro poema más en este número. Lee:
se olviden de nuestro Lombroso. «El sol lo había cocido
BAAL.” Un poco más de anguila, por favor. El viento lo había secado
LA_SENO1_{A JOVEN. Pero usted tiene la ventaja de ser más Los árboles no lo querían,
impúdico. Lo daban siempre de lado.
JOI-IANNES. El señor Baal les canta sus poemas a los ca-
rreteros. En una taberna, a orillas del río. Sólo un acerollo bueno
EL JOVEN. Santo cielo, usted, maestro, es mejor que to- Poblado de bayas rojas
dos ésos. Los poetas de hoy no le llegan a la altura del Como con lenguas de fuego,
zapato. Le dio refugio en sus hojas.
EL OTRO HOMBRE. En cualquier caso, es una esperanza. Y allí quedó balanceándose,
BAAL. Un poco más de vino, por favor. Sus pies todavía en el suelo,
EL JOVEN. Lo considero el precursor del gran Mesías de Y el sol poniente con sangre
la poesía europea, al que esperamos con absoluta cer- bañó sus flancos de duelo,
teza para el futuro más inmediato. .-
LA SEÑORA JOVEN. Venerado maestro, señores. Permi- Y golpeó los olivares
tanme que les lea un poema de la revista «Revolución», Atravesando el paisaje,
que les interesará igualmente. Se levanta y lee: Dios, con su túnica blanca,
se apareció entre el celaje.
«El poeta evita los acordes luminosos. En las campiñas floridas
Sopla las trompetas, fusti a el tambor. Serpientes cantan su amor,
Levanta a su pueblo con frases cortadas. Y en las gargantas de plata
El mundo nuevo Gorjeaba un suave rumor.

16 Bertolt Brecht Ii-.nro completo, 1 17

Y estaban todos temblando Emilie se interrumpe y se acerca a la mesa.


Sobre el follaje frondoso
'|l,.LER. ¿Es que no le gusta la música en sí?
Al oír las manos del Padre
ii/\1:L. No puedo oír la música. Hablan ustedes demasia-
con su veteado hermoso»
do.
Aplausos 'lLLER. Es usted un uerco espín extraño, Baal. Parece
que no quiere que io publiquen.
VOCES. Genial. -Demoníaco y, sin embargo, de buen MAL. ¿No comercia también con animales, Mech?
gusto. -Sencillamente divino. MECI-I. ¿Tiene usted algo en contra? _
LA SEÑORA JOVEN. En mi opinión, es lo que más se apro- MAL, acariciándole a Emilie el brazo: ¿Por qué le inte-
xima al sentimiento cósmico de Baal. resan mis poemas?
MECH. Tendría usted que viajar. Los montes abisinios. MECH. Sólo quería hacerle un favor. ¿Por qué no nos pe-
Le gustarían. las unas manzanas, Emilie? _
BAAL. Ellos no vienen a mí. PILLER. Tiene miedo de que lo exploten... ¿No se le ha
PILLER. ¿Para ué? ¡Con su sentimiento vital! Sus poe- ocurrido aún en qué podría servirle?
mas me han iiiecho una gran impresión. BAAL. ¿Lleva siempre unas mangas tan amplias, Emilie?
BAAL. Los carreteros me pagan algo cuando les gustan. EMILIE. Ahora sí que debería dejar el vino.
MECH bebe: Publicaré su poesía. Dejaré que vayan a la PSICHIERER. Quizá debiera ser un tanto precavido con el
deriva los troncos de canela o haré ambas cosas. alcohol. Muchos genios...
EMILIE. No deberías beber tanto. MECH. ¿No quiere darse un baño? ¿Hago que le prepa-
BAAL. No tengo camisas. Unas camisas blancas me ven- ren una cama? ¿Ha olvidado alguna otra cosa?
drían bien. PILLER. Ya van rio abajo sus camisas, Baal.
MECI-1. ¿No le interesa la cuestión editorial? BAAL bebe: ¿Por qué ese monopolio? Váyase a la cama,
BAAL. Pero tendrian que ser suaves. Mech. _
PILLER, irónico: En su opinión, ¿en qué podría serle útil? MECI-I, ae se ha levantado.- Me gustan todos los anima-
EMILIE. Escribe usted unos oemas tan maravillosos, se- litos de Dios. Pero con éste no se puede tratar. Vamos,
ñor Baal. Se muestra en ellos tan delicado. Emilie; vamos, señores.
BAAL, a Emilie: ¿No quiere tocamos algo en el armonio?

Emilie toca. Todos se ban levantado indignados


MECI-I. Me gusta comer al son del armonio. VOCES. ¡Señor! -¡Inaudito! -¡ Es algo que...!
EMILIE, a Baal: Por favor, no beba tanto, señor Baal. PSCI-IIERER. Señor Mech, estoy trastornado...
BAAL, mirando a Emilie: ¿Así que flotan troncos de ca- PILLER. Su poesía tiene algo de perverso.
nela para usted, Mech? ¿Bosques enteros talados? BAAL, a jobamies: ¿Cómo se llama este señor?
EMILE. Puede beber cuanto quiera. Sólo era un ruego. Joi-IANNES. Piller.
PILLER. También bebiendo promete usted mucho. BAAL. Piller, puede usted mandarme periódicos viejos.
BAAL, a Emilie: ¡Toque usted más alto! Tiene hermosos PILLER, saliendo: ¡Para mí usted no existe! Ni existe para
brazos. la Literatura.
18 Bertolt Brecht l'i'.i| ru completo, 1 l9

Salen todos menos Baal. - lm que era un cobarde. Comprendo: también usted
cree que un abrazo es algo sucio.
CRIADO, entrando: Su abrigo, senor. li/ml.. Eso es lo que gruñen los cerdos cuando no lo con-
siguen. Pero si estrechas esas caderas virginales, te con-
vertirás en Dios por el miedo y la felicidad de esa cria-
BUI-IARDILLA DE BAAL tura. Lo mismo que el enebro tiene muchas raíces en-
irelazadas, tendréis muchos miembros en un solo le-
Noche estrelladn. junto a la ventana Baal y ei joven cho, y allí latirán los corazones y correrá la sangre.
johaimes. Contempløm el cielo. |i il IANNES. ¡Pero la Ley lo castiga, y los padres!
Ii/\/il.. Tus padres -coge la uitarra- son personas an-
BAAL. Cuando se está de noche sobre la hierba, tendido, iicuadas. ¿Cómo pueden aìrir la boca, en la que pue-
se siente en los huesos que la Tierra es redonda y que den verse sus dientes podridos, para hablar contra el
volamos y que en este astro hay animales que devoran amor, del que puede morir cualquiera? Porque si no
sus plantas. Es uno de los astros más pequeños. soportáis el amor, tendréis que vomitaros encima. Afi-
JOHANNES. ¿Sabe algo de astronomía? na la guitarra.
BAAL. NO. |i›I-IANNES. ¿Se refiere al embarazo?
MAL, dando unos acordes bruscos: Cuando el verano pá-
lido y suave se aleja flotando y ellas están empapadas
Silencio.
de amor como esponjas, se convierten de nuevo en ani-
JOHANNES. Tengo una amada que es la mujer más ino- males, malvados y ueriles, deformes con sus vientres
cente del mundo, pero en sueños vi una vez cómo la abultados y sus peclliios colgantes y con brazos pegajo-
oseía un enebro: su blanco cuerpo estaba tendido so- sos como viscosos pólipos, y sus cuerpos se desinte-
Ere el eriebro, que la abrazaba con sus ramas nudosas. gran y debilitan hasta morir. Y paren con gritos mons-
Desde entonces no uedo dormir. truosos, como si se tratase de un nuevo universo, un
BAAL. ¿Has visto ya ai)guna vez ese blanco cuerpo? pequeño fruto. Vomitarán entre sufrimientos lo que un
JOHANNES. No. Ella es inocente. Hasta sus rodillas... día absorbieron con lujuria. Pimtea escalas. Hay
¿Hay muchos grados de inocencia, no? Sin embargo, que tener dientes; entonces el amor es como cuando
cuando a veces, de noche, la acompaño del brazo para se muerde una naranja y el jugo nos chorrea entre los
dar un paseo, tiembla como una hoja, pero sólo de no- dientes.
che. Y yo soy demasiado débil para hacerlo. Tiene die- JOHANNES. Tiene los dientes de un animal: amarillentos,
cisiete años. sólidos, inquietantes.
BAAL. En tu sueño, ¿le gustaba a ella el amor? BAAL. Y el amor es como cuando se deja flotar el brazo
JOHANNES. Sí. desnudo en el agua de un estanque, con algas entre los
BAAL. ¿Lleva ropa interior blanca en torno al cuerpo, una dedos; como el tormento que empieza a cantar gimien-
camisa de nieve entre las rodillas? Cuando la hayas po- do ante el árbol borracho sobre el que cabalga el vien-
seído, quizá no sea más que un montón de carne sin ros- to salvaje; como un ahogarse a sorbos de vino en un
tro. día caluroso, cuando el cuerpo de ella nos penetra
JOHANNES. Dice usted lo que siento siempre. Yo pensa- como un vino muy fresco en todos los repliegues de

20 Bertolt Brecht |`i-.iiro completo, 1 21

la piel, las articulaciones son suaves como plantas al " mavera. Estoy esperando a Emilie... Amar es mejor que
viento, y la violencia del choque, que cederá, es como gozar. -
volar contra la tem estad, y e cuerpo de ella rueda so- li il-IANNES. Comprendo que acudan a usted los corazo-
bre ti como grava firía. Pero el amor esitambién como ' nes masculinos, pero ¿cómo puede tener éxito con las
un coco, que es bueno mientras está fresco, y hay que mujeres?
escupir cuando el jugo ha sido exprimido y queda sólo -' M 1 LIE entre apresumdnmente.
la pulpa, que sabe amargo. Tim la guitarra. Pero ya i/\M.... Ahí está. Buenos días, Emilie. Johannes ha traído
me he cansado de la canción. " ii su novia. ¡Siéntate!
JOI-IANNES. Entonces, ¿quiere usted decir que debo ha-1. l-MILIF.. ¡Cómo puedes citarme aquí! ¡Nada más que
cerlo, ya que es algo tan bonito? i chusma, y en esta tasca! Eso es lo que te gusta.
BAAL. Quiero decir que debes guardarte de hacerlo, ¡jo-. li/Vil.. ¡Luise! ¡Un aguardiente para la señora!
hannes! 1 ±M|1.|f-1. ¿Quieres dejarme en ridículo?
MAI.. No. Vas a beber. Todos somos humanos.
l-MILIF.. Tú no eres humano.
i/ml... Eso lo sabes tú. Le alarga a Luise el vaso. Sin ta-
TASCA caiìería, doncella. La abraza. Hoy estás condenadamen-
te blanda, como una ciruela.
Mañana. Baal. Carretros. E/cart al fondo con la I-MILIE. ¡Qué grosero eres! I
camarera Luisa. Por la 'ventana se ven makes blancas i HAM.. ¡Grítalo más alto, amada!
|i›|IANNES. En cualquier caso, esto es interesante. La
BAAL, contándoles .fx los carreteras: El me echó de sus.-- 'ente sencilla. ¡Cómo bebe y se divierte! ¡Y esas nu-
blancos salones porque vomité su vino. Pero su mujer- bes en la ventana!
corrió detrás de mí y, por la noche, hubo una fiesta. I-.MlI.ll.~L. ¿También lo ha arrastrado aquí? ¿A esas nubes
Sin embargo, ahora no puedo quitármela de encima y blancas?
estoy harto. _ _|i ii IANNA. ¿No sería mejor que nos fuéramos a los pra-
CARRETEROS. Esa se merece unos azotes en el trasero., dos del río, johannes?
--Son calientes como yeguas, pero más estúpidas.-_ im/il.. ¡Nada de eso! ¡Nos quedamos aquí! Bebe. El cie-
¡Tendrían que comer ciruelas! ---Yo 'siempre le doy una'-. lo es violeta, sobre todo si se está borracho. Las camas
paliza a la mía, antes de contentarla. _ en cambio son blancas. Antes. Hay amor entre el cielo
JOHANNES entre con ]oÍa.«:mna: Esta esjohanna. y la tierra. Bebe. ¿Por qué sois tan cobardes? ¡El cielo
BAAL, ri los carreteros, que se dirigen hacia el fondo. Aho-Í está abierto, pequeñas sombras! ¡Lleno de cuerpos!
ra estoy con vosotros para cantaros algo. Buenos días, ¡Pálido de amor!
Johanna. I~'.Mll.lE. Otra vez has bebido demasiado y ahora parlo-
JOHANNA. ¡johannes me ha leído canciones suyas! ieas. ¡Pero con ese maldito y maravilloso parloteo la
BAAL. Vaya. ¿Cuántos años tiene? lleva a una a donde quiere! _
JOHANNES. Cumplió diecisiete en junio. HAAI.. El cielo -bebe- es también amarillo a veces. Con
JOHANNA. Estoy celosa. Siempre está hablando de usted; aves de rapiña. Tenéis que emborracharos. Mira bajo
BAAL. ¡Está enamorada de su Johannes! Estamos en pri-¿j la mesa. ¿Quién me está dando en la espinilla? ¿Eres

-n-__. - 1-111;. :n_n ;_ _ --_- _ f W* ---- - -- __;;:_ .:_::†_7_1† fïff


U Bertolt Brecht `- ¡_ Mm mmp¡cw_ 1 23

iii. Luise? ¡Aliz eres tú, Emilie! Bueno, no importa. No es sin duda el césped de una tumba triste.
¡llt'l'›e!
EMILIE, levantandose a medias: No sé qué te pasa hoy. Nunca es una iglesia, ni un lecho de puta,
Quizás he hecho mal en venir. Ni es ese regazo donde se disfruta.
BAAL_. ¿Ahora te das cuenta? Pero te puedes quedar tran-
Urge me decía que si está en un brete
quilamente. No hay sitio mas ello que algún buen retrete.
JOHANNA. No debería usted ser así, señor Baal.
BAAL. Tiene buen corazón, joharina. ¿No engaña alguna._ _ li.-ie es un lugar de grandes momentos
vez a su marido, eh? Iznire las estrellas y los excrementos.
UN CARRETERO, relincbando: ¡La puta de triunfo! Un lugar espléndido, nunca te incomodas,
¡Mato! Puedes estar solo en tu noche de bodas.
SEGUNDO CARRETERO. ¡Sigue dándole, dijo la fulana,
que ya hemos pasado lo peor! Risas. ¡Tendría que tra- Un lugar humilde donde aquel que viene
gar ciruelas! Siilie que es un hombre que nada retiene.
TERCE_R C_IARRt:`¿TERO. ¡Tendrías que avergonzarte de ser- Un lugar muy sabio, donde a la barriga
me infiel! dijo la señora al mozo, que estaba acostado l'ui-des prepararla para lo que siga.
C011 la criada.
Donde, aun reposando, amorosamente,
Risas. Haces siempre algo, insistentemente.
JOHANNES, a Baal:_ ¡Hazlo por Johanna, que es una niña! _ Donde te das cuenta, si llega la hora,
JOHANNA, a Emilie: ¿Quiere venir conmigo? Nos ire- l)e que eres un tipo que, hasta allí... ¡devora!
mos las dos.
EMILIE, sollozando sobre la mesa: Ahora me aver üenzo. i LARRETEROS, aplandiendo: ¡Bravo! -¡Qué hermosa
]OH_ANNA, _rodea'ndola con el brazo: La entiendo muy canción! -¡Un coñac ara el señor Baal, si lo acepta!
bien, no importa. ¬-Y la ha compuesto élpsolito --¡Hay que descubrirse!
EMILIE. ¡No me mire así! Usted es muy joven aún. No IUISE, en el centro de la sala: ¡Es usted increíble, señor
sabe nada de nada. Baal!
BAAL,_levantandose sombrío: Comedia: ¡Las hermanas en _ UN CARRETERO. Si se dedicara usted a algo útil: haría ca-
los infiernos! - rrera. Llegaría a ser rápidamente agente de transportes.
Se acerca a los carreteras, coge la guitarra de la pared y si-1GIi't¶"I)0 CARRETERO. ¡Habría que tener una cabezota
la afma. asi.
HAAL. ¡No se engañen! También hay que tener un trase-
JOE-IANNA_. Está bebi_do, señora. Mañana se arrepentirá.
ro y todo lo demás! ¡A tu salud, Luise!
EMILIE. Si usted supiera: siempre es así. Y yo le quiero.
BAAL canta:
Vuelve a su mesa
Orge me decía:
¡A tu salud, Emmi! ¡Vamos, bebe al menos, ya que no
El más bello sitio que en la tierra existe sabes hacer otra cosa! ¡Que bebas te digo!

24 Bertolt Brecht Il-.ii ro completo, 1 25

Emilie, con lagrimas en los ojos, prueba el vaso de i ARRETEROS. ¡Venga ese diez de tréboles! --¡ Diablos! A
aguardiente contar --¡Se acabó!
HI IANNA. ¡Esta vez ha ganado usted, señor Baal!
BAAL. Eso está bien. ¡Ahora al menos tendrás un poco i/\AL. ¡Estoy sudando! ¿Está libre hoy, Luise?
de fuego! l-i MH IF. ¡No debes hablar así, Baal! No sabes el daño que
EKART se ba levantado y, saliendo de detras del mostra- nie haces.
dor, se adelanta despacio hacia Baal. Es an tipo delga- 1 UISE. Deje a la señora, señor Baal. Que ha perdido la ca-
do e imponente: ¡Baal! ¡Déjalo estar! ¡Ven conmigo, beza puede verlo hasta un niño.
hermano! A las calles de polvo duro: de noche el aire MAL. ¡Cállate la boca, Luise! ¡Horgauer!
se vuelve violeta. A las tascas llenas de borrachos: a los 1, mi CARRETERO. ¿Qué quiere de mí?
ríos negros caen las mujeres que tú has hinchado. A MAL. Ahí hay una mujer maltratada que necesita amor.
las catedrales de mujercitas blancas; tú dirás: ¿Se pue- ¡Dale un beso, Horgauer!
de respirar aquí? A los establos, donde se duerme en- »ui-iANNEs. ¡Baal!
tre animales: están oscuros y ilenos de mugidos de va-
cas. Y a los bosques, donde tendremos arriba el soni- jlobanna abraza a Emilie
do del bronce y olvidaremos la luz del cielo: Dios nos <'.ARRETEROS, dando en la mesa con los puños y riéndose:
ha olvidado. ¿Sabes aún que aspecto tiene el cielo? ¡Te ¡Venga, Andreas! --¡Manos a la obra! Cosa fina.
has convertido en tenor! Abre os brazos. ¡Ven conmi- ¡Suénate antes los mocos, André! -¡Qué bestia es us-'
go, hermano! ¡Baile, música y bebida! ¡Lluvia hasta los ted, señor Baal!
huesos! ¡Sol hasta los huesos! ¡Tinieblas y luz! ¡Muje- HAAL. ¿Eres fría, Emilie? ¿Me quicrcs? ¡Es un tímido,
res y perros! ¿Tánto has degenerado? Emmi! ¡Bésalo tú! Si me pones mala cara a la gente,
BAAL. ¡Luise! ¡Luise! ¡Un ancla! ¡No dejes que me vaya vas a ver lo que es bueno. Uno. Dos. El cocbero se in-
con él! Laise se le acerca. ¡Ayudadme, muchachos! clina.
JOHANNES. ¡No te dejes seducir! i«'.MILlE levanta hacia él sn rostro bañado en lagrimas; él
BAAL. ¡Mi querido cisne! la besa sonorarnente.
JOHANNES. ¡Piensa en tu madre y en tu arte! ¡Sé fuerte!
A Eleart: ¡Debería avergonzarse! ¡Es usted el diablo! Grandes risas
EKART. ¡Ven, hermano Baal! ¡Volaremos al cielo felices
como dos palomas blancas! ¡Los ríos a la luz del sol JOHANNES. ¡Eso ha estado mal, Baal! Beber lo hace mal-
naciente! ¡Los campos de Dios al viento y el olor de vado y entonces se siente bien. Es demasiado fuerte.
campiñas infinitas, antes de la siega! LIARRETEROS. ¡Bravo! ¡Qué se le habrá perdido a ésa en
JOI-IANNA. ¡Aguante firme, señor Baal! las tascas! -¡Así tiene que ser un hombre! -¡ Es una
EMILIE, apretandose contra él: ¡No debes hacerlo! ¡Me adúltera! -¡ Tiene lo que se merece! Se disponen a irse.
oyes! ¡Sería una lástima! ¡Debería comer ciruelas!
BAAL. ¡Es demasiado pronto, El-iart! ¡Todavía hay otras JOHANNA. ¡Qué asco, deberían avergonzarse!
posibilidades! ¡Ellos no nos acompañan, hermano! BAAL, acercándose a ella: ¿Por qué le tiemblan las rodi-
EKART. ¡Entonces vete al diablo, alma de cántaro de co- llas, Johanna?
razón adiposo! Sale. JOHANNES. ¿Qué quieres?
'

26 Bertolt Brech' li.iiiu completo, 1 27

BAAL poniéndole la mano en el hombro: ¡Por qué quie' Ill II IARDILLA DE BAAL
res escribir también poesías! Cuando la vida es tan de-`-_
cente: cuando nos deslizamos de espaldas sobre un río;
tumultuoso, desnudos bajo un cielo de color naranja,_,_ l
y sólo vemos cómo ese cielo se vuelve violeta, y luego!
negro como un agujero... cuando pisoteamos a nues Í' .-lmimecer. Baal y jobanna sentados al borde de la cama
tro enemigo... o ponemos música a nuestro dolor... o,-Í,
sollozando de penas de amor, nos comemos una man-Á' l
li ›l IANNA. ¡Pero que he hecho! Soy mala.
r

zana... o hacemos curvarse sobre un lecho un cuerpo ii/\Al.. ¡Sería mejor que te lavaras!
de mujer... -f |i il IANNA. Todavía no sé cómo.
JOHANNES se lleva afuera a jobanna en silencio. . AAAI.. Toda la culpa es de Johannes. Te arrastra hasta
BAAL, apoyado en la mesa: ¿Lo habéis notado? ¿No os ha .iquí y se larga con viento fresco en cuanto comprende
recorrido la piel? ¡Ha sido un circo! ¡Hay que soltar' por que te tiemblan las rodillas.
las fieras! ¡Las fieras al sol! ¡Pagar! ¡El amor a la luz-f ji il IANNA, poniéndose en pie, más bajo: Si hubiera vuel-
del día! ¡Desnudos al sol bajo el cielo! io...
CARRETEROS, estrecbandole la mano: ¡Adiós señor Baal! lliAAl.. Y ahora viene la parte literaria. Se acuesta otra vez.
-¡Para servirle, señor Baal! -Mire, señor Baal: Yo' Alborada en el monte Ararat.
siempre me he dicho: el señor Baal debe de andar mal." *i HIANNA. ¿Me levanto?
de la cabeza. Con todo eso de las canciones y en ge- iAAL. Después del diluvio. ¡Quédate acostada!
neral. Pero una cosa es se g ura: ¡tiene el corazón en sii, _i MANNA. ¿No quieres abrir la ventana?
sitio! -¡ Hay ue saber tratar a las mujeres! -Hoy, iAAI¡. _Me gusta este olor... ¿Qué te parecería una nueva
hoy mismo se (lies ha visto el culo. --¡Buenos días, se- ¿ edición? Lo pasado, pasado.
ñor circo! Salen. li il IANNA. ¡Cómo puede ser tan vulgar!
BAAL. ¡Buenos días, queridos amigos! Emilie se ha ecba-_'; iAAl., perezosrnente, en la cama. Blanco y purificdo por
do en el banco y solloza. Baal le acaricia la frente con~ el di uvio, Baal deja que sus pensamientos vuelen como
el dorso de la mano. ¡Emmi! Ahora puedes estar tran- palomas sobre las aguas negras.
quila. Ya se ha acabado. Le levanta la cara, le aparta ji il IANNA. ¿Dónde está mi corpiño? Así no puedo...
el pelo del rostro mojado. ¡Olvídalo!'Se arroja pesada- . iAAL, alargandoselo: ¡Toma!.. ¿Qué es lo que no pue-
mente sobre ella y la besa. 1
I
des, querida?
UHANNA. Irme a casa. Lo deja caer, pero se viste.
MAL silba: ¡Qué chica más revoltosa! Se te notan todos
los huesos. ¡Dame un beso!
. _¡<_›HANNA, junto a la mesa, en medio de la habitación:
¡Dime algo! Baal guarda silencio. ¿Me quieres aún?
¡Dímelo! Baal silba. ¿No puedes decírmelo?
BAAL, mirando al tecbo: Estoy hasta la coronilla.
_|0I-IANNA. ¿Y qué ha sido entonces lo de esta noche? ¿Y
lo de antes.>

-¢¬›._._.í __ _--- _ - __..._. ...__.-. .- __, _ _. . _ . . ..

23 Bertolt Brechj I-iii.. iimipleto, I 29


t

BAAL. Johannes es muy capaz de armar jaleo. Tambié I i- .i/ire la blusa a su hermana
Emilie anda por ahí como un velero con una vía de-Í l A MFNUR Ya estab 1 1 d b.
agua. Aquí podría morirme de hambre. Y vosotras soisï. _ ' . a Oscuro fin ãlfsca em cuan 0 su 1"
inn-i 1 liurtadillas a esta habitacion.
incapaces de mover un dedo por uno. Lo único que os' ` , ,
-
Importa es una cosa" "_ Im Ai . _ U ii di_a me har_tare_ de vosotras.
I A M 1-NUR. ¡Yo me tiraria al rio, senor Baal!
JOHANNA recoge la mesa, confusa: ¿Y... nunca has sen f
I A MAH-'i¬›R. Seríamos dos...
tido otra cosa por mí? `
I A M -NUR. Me da vergüenza, hermana.
BAAL. ¿Te has lavado? ¡No tienes sentido común! ¿E i A MAYOR. No es la primera vez...
que no te ha gustado también? ¡Pues en marcha hacia-1;
i A M.-1NOR. Pero nunca había tanta luz, hermana. Fuera
casa! A Johannes le puedes decir ue ayer te llevé o*
i--. »Ii-no mediodía.
a casa, echando pestes de él. Ha lliovido. Se envueébe
l A MAYOR. Ni tampoco la segunda...
en la manta.
¦ A M -ZNOR. También tú tienes que desnudarte.
JOHANNA. ¿Johannes? Se dirige fatigosarnente hacia »-
A MAYOR. También yo me desnudo.
puerta, sale.
|liAAl.. Cuando estéis listas, venid. Para entonces se habrá
BAAL, volviéndose vivamente: ¡Johanna! Sale de la cam,
lieclio oscuro.
y va a la puerta. ¡Johanna! junto a la ventana. ¡Se va!
l A Ml-ZNOR. Hoy te toca a ti primero, hermana.
¡Se va! -
1 A MAYOR. También la última vez fui yo la primera...
A Mi-:NOR. No, fui yo. L
2 AAAI.. Os toca a las dos juntas.
l A MAYOR se levanta y rodea con los brazos a la menor:
Mediodía. Baal en la cama lìstamos listas, hay tanta luz-aquí.
iAAl... ¿Hace calor fuera?
BAAL, canturreando:
A MAYOR. Sólo es abril.
Beber hace el cielo _de noche _ l A MENOR. Pero hoy el sol calienta afuera.
oscuro; y a veces violeta; iAAL. ¿Os gustó la última vez?
Tu cuerpo en camisa, un derroche... `
Las nos i-ieiuviaisias emma abmziidas. Silencio
LA I_-IERMANA MAYOR. Nos dijo que le hiciéramos otra vi-I .A MAYOR. Una se tiró al río: Johanna Reiher.
sita. ` LA MENOR. Al Laach. Yo no me tiraría allí. Hay tanta co-
BAAL sigue canturreando: _ rriente.
De golpes en cama discreta. iAAL. ¿Al río? ¿Y se sabe por qué?
.A MAYOR. La_ gente habla. Los rumores se extienden.
LA MAYOR. Ya estamos aquí, señor Baal. LA MENOR. Salio una tarde, y no volvió en toda la noche.
BAAL. Ahora vienen de dos en dos al palomar. ¡Desnu- ÄAAL. ¿No volvió a la mañana?
daos! .A MENOR. No, y luego se tiró al río. Sin embargo, no
LA MAYOR. Nuestra madre oyó rechinar la escalera la se- la han encontrado aún.
mana pasada. _ SAAL. Estará aún flotando...

_.- _ ~-- ~ 7 ~ f- ~ ~~~ ~~ _


`-I _ "`

30 Bertolt Brec
i
i
li .iliii i'i_implCt0, 1 si ,
LA MENOR. ¿Qué te pasa, hermana? i',i_|ro que sois hermanas, no? Seguro que sois huerfa-
LA MAYOR. Nada. Quizá me haya enfriado. ' iiitns, porque enseguida os ponéis a lloriquear. ¿Que-
BAAL. Hoy estoy tan perezoso, que os podéis volver ; ii-is que os dé unos azotes? ¿En esos cuerpos blancos?
casa. HAAI. se ríe.
LA MAYOR. No puede hacer eso, señor Baal. ¡No puedf I A |›U|«1NA DE LA CASA. ¿Y todavía se ríe? ¡Corrompe a
hacerselo a ella! montones de pobres chicas, arrastrándolas a su cueva!
¡Qué asco, es usted una bestia! Pero lo voy a echar. ¡Y
Llaman a la puerta \“'f*UU'ë}S› Iïlfirlead las piernas y a casita con mamá, que
LA MENOR. Han llamado. Será mamá. ', i-iiseguida voy yo!
I A MENOR llora más fuerte.
LA MAYOR. ¡Por amor del cielo, no abra! -_
LA MENOR. Tengo miedo, hermana. _ I A MAY(_)R. No es culpa de ella, señora.
LA MAYOR. ¡Toma tu blusa! Q, I A l>UIìNA DE LA CASA cogiéndolas a las dos de la mano:
_l\l_!'~ff-'?1_ ll'-1:3*:'C› ¿C11? ¡Que gen_te! ¡Bi_1eno, tampoco sois
.is unicas. ¡Ese se harta de cisnes! ¡Ha hecho felices a
Llaman mas fuerte
muchas otras, tirando luego los pellejos a la basura!
BAAL. Si es vuestra madre, tendréis que pagar los vidrio ¡Pero ahora, a respirar aire puro! ¡De nada sirve de-
rotos. -_ rramar agua salada! Las coge a las dos de los bornbros.
LA MAYQR, vistiéndose muy deprisa: No abra aún. Corr ¡Yo se como es ése! Conozco su estilo. Pero basta de
el pestillo, ¡por amor del cielo! HIUCOS, ¡se os nota en los ojos! Marchaos tranquila-
LA DUENA DE L_A CA_SA, gorda, entrando: ¡Vaya, qué veo mente a casita con mamá, cogiditas de la mario, y no
me lo estaba imaginando! ¡Ahora dos a la vez! ¿No volvais a hacerlo otra vez. Las empuja hacia la puerta.
da vergüenza? ¿Las dos en el mismo charco? ¡De la ma-É Y usted: ¡a usted voy a echarlo! ¡Ya puede ir instalan-
ñana a la noche y de la noche a la mañana, esa cam do su pocilga para cisnes en otra parte! Las empuja a
no se enfría! ¡Pero ahora me toca a mí: mi buhardill' las dos bacia afuera y sale.
no es ningún burdel! - HAM. se levanta, se despereza: ¡Canalla con corazónl.. De
BAAL se vuelve bacia la pared. f iodas formas hoy me siento condenadamente perezo-
LA DUEÑA DE LA CASA. ¿Tiene sueño,'eh? Claro, ¿es qu 1. so. Arroja papel sobre la rnesa y se sienta delante. Voy
nunca se harta de carne? La luz del sol lo traspasa ya, :i hacer un_ nuevo Adán. Dibuja grandes iniciales en el
Está completamente espiritualizado.-No le queda má paroel. Lo intentaré con el hombre interior. Estoy to-
que piel y huesos - ta mente vaciado, pero tengo un hambre de lobo. No
BAAL, con un movimiento del brazo: ¡Vienen a mí agi-Ã me queda más que piel y huesos. ¡Canalla! Se recuesta,
tando las alas como cisnes! - se estira a placer, enƒziticarnente: Ahora voy a hacer el
LA DUEÑA DE LA casa juntando las manes.- ¡Bonitas eis Él verano. Rojo. Escarlata. Voraz. Vuelve a guardar silen-
nes! ¡Qué forma de hablar! ¡Podría usted ser poeta! ¡Si cio.
no se le pudren antes las rodillas! '
BAAL. Nado entre cuerpos blancos. _
LA DUENA DE LA CASA. ¡Cuerpos blancos! ¡Es usted poe-
ta! ¡Pero es algo más que eso! ¡Y estas jovencitas! ¿Se-

l 32 Bertolt Brec I. mii completo, 1 33

3 iliiite inmediatamente! Lo persigue por la babitación.


¡Qué falta de vergüenza! ¡Te voy a poner contra la pa-
ii-il, al fin y al cabo es primavera! ¡Venga!
Atardecer. Baal sentado a la mesa li il IANNES lo mira y sale.
HAAI silba.
BAAL abraza la botella de aguardiente. Con pausas: ._ ni ›|'| lll-1. ¿Qué le ha hecho ese muchacho? ¡Deje que me
llevo cuatro días emborronando el apel de veran vaya!
rojo: salvaje, pálido, voraz y luchandao con la botell HA/il, abre la puerta de ar en par: ¡Al llegar al primer
de aguardiente. Hay derrotas, pero los cuerpos co. ¡sis-o, tuerza a la dereclia!
mienzan a huir en los muros hacia la oscuridad, haci -.i ›i'| HIT.. Nos siguieron cuando me cogió ante la puerta.
las tinieblas egipcias. Los arrincono contra las parede Me encontrarán.
de madera, pero no debo beber más aguardiente. Parf HAAI.. Aquí no te encontrará nadie.
loteando. El aguardiente blanco es mi apoyo mi sos ni ›|'|1lE. Yo no lo conozco a usted de nada. ¿Qué va a ha-
tén. Desde que la nieve gotea del canalón, refléja el a _ cer conmigo?
el, que permanece inalterado. Pero ahora me tiembïa -_ AAAI.. Si me lo preguntas, ya te puedes ir.
l)as manos. Como si tuviera aún en -ellas los cuerposj -ii i|>| llE. Me asaltó en plena calle. Creí que era un orangu-
Escucha. El corazón me da coces. Se exalta. ¡Oh Jo .f l;ÍI'l.
hanna, una noche más en tu acuario y me hubiera po -' |iAAl.. Al fin y al cabo es primavera. ¡Hacía falta algo
drido entre los peces! Pero ahora llevo el olor de la blanco en esta maldita covacha! ¡Una nube! Abre la
suaves noches de mayo. Soy un amante sin amada. Su - puerta y escucha. Los muy idiotas han perdido la pista.
cumbo. Bebe, se levanta. Tengo que mudarme de casa; ni WHIE. Me echarán si vuelvo demasiado tarde.
Pero antes me buscaré una mujer. Desnudarse solo e AAAL. Y sobre todo, si vuelves así.
triste. Mira por la ventana. ¡Cualquiera! ¡Con rostr si ›l'HIE. ¿Cómo?
de mujer! Sale canturreando. Abajo, un armonia HAAL. Con el aspecto que se tiene después de haber sido
el Tristan. 'i amada por rní. -
JOI-IANNES entra or la puerta, pálido y demacrado. Re -j si WI-IIE. No sé por qué sigo aquí.
vuelve los papeiés de la mesa. Levanta la botella. Se di ;_ HAAL. Yo te lo puedo decir.
rige tímidamente hacia la puerta y espera alli. SUP!-IIE. ¡Por favor, no piense mal de mí! -
HAAL. ¿Por qué no? Eres una hembra como las demás.
Las cabezas son distintas. Las rodillas son todas débi-
Ruidos en la escalera. Silbidos J' -: les.
BAAL entra, empujando a Sopbie. Silba: ¡Sé buena, que- SUP!-IIE quiere y no quiere irse, se vuelve al llegar a la
rida! Esta es mi habitación. Se sienta. Ve a jobannes. puerta; a Baal, que sentado en una silla a borcajadas
¿Qué haces tú aquí? la mira: ¡Adiós!
JOHANNES. Sólo quería... BAAL, indiferente: ¿Le falta aire? _
BAAL. ¿Ah sí? ¿Sólo querías? ¿Andabas por aquí? ¿Una SOPHIE. No sé, me siento tan débil. Se apoya contra la
lápida sepulcral de mi difunta Johanna? El cadáver d__ pared.
Johannes, llegado del otro mundo, ¿no? ¡Fuera! ¡Már- BAAL. Yo sí sé. Es el mes de abril. Está oscureciendo y
34 Bertolt Brech" I .-.mo completo, 1 35

notas mi olor. Lo mismo les pasa a los animales. Se le- AAAI.. ¿Nunca? Silencio. ¿Tienes hermanos?
vanta. ¡Y ahora eres del viento, nube blanca! Se pre- wi ›|'H|F.. Sí. Me necesitan.
cipita hacia adelante, cierra de golpe la puerta y coge a-_ HAAI.. El aire de esta habitación es como leche. Se levan-
Sophie Bar er en sus brazos. . Ai, va a la ventana. Los sauces del río chorrean, des-
SOPHIE, sin aliento: ¡Déjame! ¡gi-eñados por la lluvia. La abraza. Debes de tener unos
BAAL. Me llamo Baal. muslos tan pálidos.
sort-us. ¡Déjame!
BAAL. Tienes que consolarme. Estaba débil por el invier-
no. Y tú pareces una mujer. ^ i IASAS BLANQUEADAS, DE TRONCOS DE
SOPHIE, levantando los ojos hacia él: ¿Te llamas Baal...? ARBOL PARDOS
BAAL. ¿Sigues queriendo irte a casa?
SOPI-IIE, miriindolo: Eres tan feo, tan feo, que das mie-
do... Pero luego... i ìmtlzanadas liigubres. Baal. El vagabundo, hombre
BAAL. ¿Sí? jm/if o y borracho.
SOPHIE. Luego no importa.
BAAL la besa: ¿Tienes las rodillas fuertes, eh? HAA1. describe semicírculos a grandes pasos alrededor del
SOPHIE. ¿Sabes al menos como me llamo? Me llamo So- vagabundo, que esta sentado en una piedra, con el pd-
phie Barger. lido rostro levantado: ¿Quién ha clavado esos cadáve-
BAAL. Olvídalo. La besa. res de árboles en las paredes?
SOPI-IIE. No... no... Sabes que hasta ahora nadie... VAUABUNDO- El aire álido y ebúrneo en torno a los ca-
BAAL. ¿Eres inmaculada? ¡Ven! La lleva hacia el fondo, dáveres de los árboli-:s: es Corpus.
a la cama. Se sienta. ¡Mira! En esta habitación de ma- HAAI.. ¡Y por añadidura campanas, cuando las plantas re-
dera ha habido cascadas de cuerpos: pero ahora quiero vientan!
un rostro. Por la noche saldremos. Nos acostaremos VAGABUNDO. A mí las campanas me levantan la moral.
entre las plantas. Eres una mujer. Yo me he vuelto im- IiAAL. ¿No te deprimen los árboles?
puro. ¡Tienes que quererme un momento! VAGABUNDO. ¡Bah!, ¿cadáveres de árboles? Bebe aguar-
SOPHIE. ¿Eres así?.. Me gustas. diente de una botella.
BAAL apoya la cabeza en el pecho de ella: Ahora el cielo. HAAL. ¡No son mejores los cuerpos de mujer!
está sobre nosotros y no estamos solos. VAGABUNDO. ¿Qué tienen que ver los cuerpos de mujer
SOPHIE. Pero tienes que estarte quieto.- con las procesiones?
BAAL. ¡Como un niño! HAAL. ¡Son una porquería! Tú no amas a nadie.
SOPHIE se incorpora: En casa está mi madre: tengo que. VAGABUNDO. El blanco cuerpo de Jesús: ¡lo amo! Le
volver a casa. H tiende la botella.
BAAL. ¿Es vieja? |iAAL mas suavemente: Tengo canciones en este papel.
soPH1E. Setenta años. Pero ahora colgarán en el retrete.
BAAL. Entonces está acostumbrada al mal. VAGABUNDO transfigurado: ¡¡Seivir!! A Jesús Nuestro
SOPHIE. ¿Y si se me tragase la tierra? ¿Si fuera arrastrada Señor: veo el blanco cuerpo de Jesús. Veo el blanco
a una cueva al atardecer y no volviera a salir? cuerpo de Jesús. Jesús amaba el mal.

-› - _ _ †¬._....____M*-r- : - ~

36 Bertolt Brech' li nm completo, 1 37

BAAL bebe: Como yo. _ _ |iAA|_. ¡lil salvaje silbar del viento en el follaje húmedo y
VAGABUNDO. ¿Conoces la historia de Jesús y el__perro iii-¡mi! ¿Oyes cómo gotea la lluvia a través de las hojas?
muerto? Todos decían: ¡Es una carroña pesti ente!-; -.i ›|'| ill-1. He sentido una gota en el cuello... ¡Tú, déjame!
¡Llamad a la policía! ¡Es intolerable! Pero é dijo: tie-_; HA A1 . lil amor nos arranca la ropa del cuerpo como un
ne unos dientes blancos preciosos. iorliellino y nos entierra desnudos con cadáveres de
BAAL. Tal vez me haga católico. _ lii›j.is, después de haber visto el cielo.
VAGABUNDO. El no se hizo. Le quita la botella. ' ni ›|'i ill-1. Quisiera arrebujarme dentro de ti, porque estoy
BAAL vuelve a dar vueltas indignado: Pero los cuerpos .li-snuda, Baal.
de mujer que él clavó en las paredes, eso yo no lo haría. _. HAAI.. Estoy borracho y tú vacilas. El cielo está negro y
VAGABUNDO. ¡Clavados a las paredes! ¡No bajaban flo- ima-otros nos columpiamos, con amor en el cuerpo, y
tando por los ríos! Los sacri icaron por él, por el blan- ¿ i-l cielo está ne ro. Te amo.
co cuerpo de Jesús. i ui ›|'| lili. ¡Oh Baal! Mi madre llora ahora sobre mi cadá-
BAAL le quita la botella, se aparta: Tiene usted en el cuer- vi-r, creerá que me he ahogado. ¿Cuántas semanas han
po demasiada religión 0 demasiado aguardiente. Sale_ |›.is-ado? No era mayo aún. Quizás hayan pasado ya
con la botella. " ii-es semanas.
VAGABUNDO, destempladamente, le grita: ¡Así_ que no- |iAA| . Han pasado ya tres semanas, dijo la amada en las
quiere luchar por sus ideales, señor! ¿No quiere lan-? i.u`ces del árbol, cuando habían pasado treinta años. Y
zarse a la procesión? ¿Ama las plantas y no quiere ha- v.i estaba medio podrida.
cer nada por ellas? si i|'l HE. Es bueno estar así echada como un botín, y te-
BAAL. Bajaré al río y me lavaré. Nunca me ocupo de ca-_ iii-r el cielo arriba y no estar nunca más sola.
dáveres. Sale. liAAl.. Te voy a quitar la blusa otra vez.
VAGABUNDO. Yo, en cambio, tengo aguardiente en el-
cuerpo y no aguanto esto. No aguanto esas malditas
plantas muertas. Si tuviera mucho aguardiente en el`_ i IAl"I". NOCTURNO «LA NUBE EN LA NOCHE»
cuerpo, quizá podría aguantarlo. .
I /ii cafetin in.-mundo, un camerino encalado, en el
4
limilo, a la izquierda, una cortina de color pardo oscuro,
NOCHE DE MAYO BAJO LOS ARBOLES Ã .i Í.: derecha, a un costado, una puerta de tablas
/›l.mrjueadas que conduce al retrete; a la derecha, al
loiidfi, una puerta. Cuando está abierta, se ve la noche
Baal. Sophie azul. En el café, al fondo, canta la Soubrette.

BAAL, perezoso: Ha dejado de llover. La hierba debe de HAM. con el torso desnudo, va de un lado a otro, bebien-
estar todavía húmeda... Nuestras hojas no las ha atra- do y canturreando.
vesado el agua... El follaje nuevo chorrea, pero aquí; I UPU, un muchacho ordo y pálido de pelo negro y bri-
en las raíces, se está en seco. Furioso: ¿Por qué no se Ílante, con dos mechones aplastados contra el rostro su-
podrá dormir con las plantas? doroso y blanco, y de nuca prominente, en la puerta de
SOPI-IIE. ¡Escucha! la derecha: Otra vez han vuelto a derribar la farola.
la-mu iu|ì1pl€t0, 1 39
33 Bertolt Bret:
i ii mi-s son divinas, pero desde hace once noches se pe-
BAAL. Aquí no vienen más que cerdos. ¿Dónde está rn li-.i con Lupu por su ración de a uardiente.
ración de aguardiente? ' l A si MHRETTE bebe: Qué miseria la nuestra.
LUPU. Se la ha bebido ya toda. M A1 , detras de la cortina: jesusito de mi vida, eres niño
BAAL. ¡Cuidado! _ .omo yo, por eso yo os quiero tanto y os regalo mi
LUPU. El señor Mjurk dijo no sé qué de una esponja. tam-ión. Aplausos, Baal sigue, acornpañandose con la
BAAL. Entonces, ¿no me dan aguardiente? _, i'm!¢¡.TTd.'
LUPU. Dice el señor Mjurk que antes de la funcion
hay más aguardiente para usted. Lo siento. *iiijiaba brisa en el cuarto.
MJURK, desde la cortina: ¡Lárgate, Eupu! I I Ii- ciruelas estaba harto.
BAAL. Tengo que tener mi ración, Mjurk, o no habra Y cl niño con abandono
-.i- ponía el cuerpo a tono.
Mjiilâilâ. No debería beber tanto; si no, una noche no
drá ya cantar. .'l;›l.msos en el café y gritos de burla. Baal sigue
BAAL. ¿Entonces, para qué cantar? ¢.m1.mtlo y el alboroto 'va en aumento, porque la
MJURK. Usted, con la soubrette Savettka, es el n mm ion se vuelve cada 'vez mas des-vergonzada.
más brillante de «La nube en la noche». Yo mismo if Imalmcnte se produce un enorme tumulto en el café.
descubrí. ¿Cuándo se ha visto un alma tan delicad
dentro de semejante
es la bola bola
de grasa no la de grasa?
poesía suLa clave del
manera éxit
de bebe H Im!-ancia!
"'^N¡?TA*Ahora
apátícoi les ¡Diab10s”.Se
habla Mjurk,_ ha pero
Pasado! ¡Una
lo van am`
a des-
ardiente me armina iimrtizar. Se lo ha contado demasiado crudo.
aâu - _ n/xixrsaledediadelacot› - a t dl 't .
BAAL. Estoy harto de pelearme todas las noches por _ _ I lux, tras e,If Animal
M11 T 5. T m a> “iras
le vo a ustarmnlas 0cuentas.
“ 3'” “Wa
'Va
aguardiente de mi contrato.
d Me voy.D b ¿ ¿Oti _ '
.i cantar ,
suínumero! f¡Tal como
Y esta1 , en el contrato!! ¡Si.
MJURK. Tengo a la policía e mi parte. e ,ería uste u h If no, llamare a la policia' Vuelve a la sala
D 1- u

mir alguna noche, hombre, anda por ahi como si lo “_ l I I IANISTA. Nos va arruinar, Baal.
bieran desjarretado. ¡Deshágase de su amante! Apl a
MAI. se lleva la mano al cuello y 'va bacia la derecha, ba-
,.-
sos en el café. Ahora viene su numero. «ia la puerta del retrete.
BAAL. Estoy hasta la coronilla. - cg -I HANISTA, sin apartarse: ¿Adónde va?
LA SOUBRETTE, con el pianista, hombre pálido y apáti M/\l,. lo aparta de un empujón. Sale por la puerta con su
sale de detras de la cortina: ¡Se acabó por hoy! guitarra.
MJURK, obligando
, a Baal a .ponerse un frac: Aquí no s A SOUBRETTE. 'Se lleva la uitarra al retrete? 'Divino'
a ti de.
Puede Sal” a escena me lo esnu
v < g
1'/\|<ROQUIANOS, asornando la cabeza: ¿Donde esta ese
, -I , -
BAAL. ¡Idiota! Se quita el ƒrac y sale por la cortina, arras puerco?_-¡Que siga cantando! -¡Nada de pausas!
trando la guitarra. -¡Maldito cerdo! Vuelven a la sala.
LA SOUBRETTE se sienta y bebe: Sólo trabaja por un M|lJRl< entra: He hablado como un mayor del Ejército
amante, con la que vive. Es un (genio. lsupu lo imit de Salvación. La policía está con nosotros. Pero los
desvergonzadamente. I-Ia adopta o el mismo tono y l muchachos vuelven a patalear reclamándolo. ¿Dónde
misma amante. esta ese tipo? Tiene que salir.
EL PIANISTA, apoyado en la puerta del retrete.' Sus can

40 Bertolt ll mn i'i›mpl€t0, 1 41

EL PIANISTA. El gran artista está en el retrete. I |-. f\|<'|'. Un muchacho de tripas inmortales, enloquecido
¡mr el mes de julio, eso es lo que tú eres. ¡Una bola
Gritos desde atras: ¡Baal! que un día dejará en el cielo unas manchas de grasa!
MJURK, aporreando la puerta: ¡Señor! ¡Conteste! Maldit IMM.. lis de papel. Pero no importa.
sea, le prohíbo que se encierre. En horas ue yo le es I 1-, f\|<'I'. Mi cuerpo es ligero como una ciruelita al viento.
toy pagando. ¡Lo tengo por escrito! ¡Estálador! Sigu Mal.. Eso se debe al pálido cielo del verano, hermano.
aporreando excitadamente. A ¿ Nos abandonamos al agua tibia de algún charco azul?
LUPU, en la puerta de la derecha; se 've la noche azul: L": Si no, las blancas carreteras nos arrastrarán al cielo
ventana del retrete está abierta. El buitre ha volado. Si tomo si fueran cuerdas de ángeles.
no hay aguardiente, no hay poesía. ›
MJURK. ¿Está vacío? ¿Ha volado? ¿Se ha ido por el re-Q '|'A|;F,RNA DE ALDEA _
trete? ¡Tramposo! Iré a la policía. Se precipita afuera.”
Gritos acompasados desde atrás: ¡Baal! ¡Baal! ¡Baal! _ xlmrdecer. Campesinos en torno a Baal. Eleart en un
unión

CAMPOS VERDES, CIRUELOS AZULES HAAL. ¡Me alegro de teneros a todos reunidos! Mi her-
mano llegará mañana por la noche. Para entonces tie-
Baal. Eleart nen que estar aquí los toros.
UN CAMPESINO, boquiabierto: ¿Y cómo se puede saber
BAAL, lentamente, a través de los campos: Desde que elf si un toro es como lo quiere vuestro hermano?
cielo está más verde y preñado, aire de julio, viento,- MAL. Eso sólo lo sabe mi hermano. Tienen que ser sólo
¡sin camisa en los pantalones! Volfviéndose a Eleart: Me animales hermosos. Si no, será inútil. ¡Un aguardiente,
afilan los muslos desnudos. Tengo el cráneo hinchado patrón!
por el viento, y en el pelo de las axilas el olor de los .\'lf.GUNDO CAMPESINO. ¿Y lo comprará enseguida?
campos. El aire tiembla como si estuviera borracho de BAAL. Al que tenga el lomo más robusto.
aguardiente. '1'If.RCER CAMPESINO. Traerán toros de once aldeas, por
EKART, detras de él: ¿Por qué huyes de los ciruelos como el precio que ofreces.
un elefante? PRIMER CAMPESINO. ¡Mira mi toro!
BAAL. ¡Ponme la aleta en el cráneo! Se me hincha a cada BAAL. ¡Patrón, un aguardiente!
pulsación y se desinfla luego como una vejiga. ¿No lo LOS CAMPESINOS. ¡Mi toro es el mejor! ¿Mañana por la
sientes al tacto? Y noche, dice? --Se disponen a irse. -¿Pasarán aquí la
EKART. NO. noche?
BAAL. No entiendes nada de mi alma. BAAL. Sí. ¡En una sola cama!
EKART. ¿No tendríamos que tumbarnos en el agua?
BAAL. Mi alma, hermano, es el emido de los trigales que Salen los campesinos.
se mecen al viento y el centefieo de los ojos de dos in-= EKART. ¿Pero qué te propones? ¿Te has vuelto loco?
sectos que quieren devorarse. BAAL. ¿No ha sido estupendo ver cómo parpadeaban y
.J

Ii-.ii ro completo, 1 43
/ 42 Bertolt Brecht

se les abría la boca, y luego empezaban a entender y a. |'MiiiOCO. No hable de lo que no sabe. El mundo no es
echar cuentas? . su circo.
EKART. Por lo menos nos hemos metido en el cuerpoi im/il.. ¿Pues qué es el mundo? I
unos vasos de aguardiente. ¡Pero ahora hay que poner |'i\¦il<0CO. ¡Váyase! Sabe: soy un hombre de buen carac-
pies en polvorosa! ier. No le guardaré rencor por nada. Ya he arreglado
BAAL. ¿Pies en polvorosa ahora? ¿Estás loco? as cosas.
EKART. ¿Entonces el chalado eres tú? ¡Piensa en los toros! MM.. ¡Este hombre justo no tiene sentido del humor,
BAAL. Claro, ¿para qué engañar si no a los muchachos? ' jkart!
EKART. ¿¡Pi.ies por unos aguardientesl? PA <ROCO. ¿No comprende lo pueril que era su plan? A
BAAL. ¡Tú deliras! Quiero darte una fiesta, Ekart. Abre i'-Íleart: ¿Pero qué quiere este hombre?
la ventana que tiene detras. Oscurece. Vuelve a sentar- MAL, recostandose: En el crepúsculo, al atardecer... Na-
se. turalmente tiene que ser al atardecer y naturalmente el
EKART. Estás borracho por los seis aguardientes. ¡Qué cielo tiene que estar cubierto, y cuando el aire esta ti-
vergüenza! bio y sopla un poco de viento, llegan los toros. Acu-
BAAL. Será maravilloso. Me gustan esas gentes sencillas. den trotando de todas partes, es un espectáculo gran-;
¡Te ofreceré un espectáculo divino, hermano! ¡Salud! dioso. Y esas pobres gentes ahí en medio, sin saber_que
EKART. Te gusta tomarles el pelo a los ingenuos. Esos po- hacer con los toros, engañadas: sólo han presenciado
bres muchachos me romperán el cráneo, ¡y a ti tam- un espectáculo grandioso. Me gusta tambien la gente
bién! A engañada. ¿Y dónde pueden verse tántos toros juntos?
BAAL. Les servirá de lección. En este atardecer cálido, 'ARROCO. ¿Y para eso quería movilizar siete aldeas? _
pienso en ellos con cierta ternura. Vienen para enga- if\AL. ¡Qué son siete aldeas al lado de un espectaculo asi!
ñarnos, a su manera sencilla, y eso me gusta. 'ARROCO. Ahora entiendo. Es usted un pobre hombre.
EKART se pone en pie: Bueno, 0 los toros o yo. Me voy ¿Y sin duda le gustan mucho los toros? _
antes de que el atrón sospeche algo. iAAL. ¡Vámonos, Ekart! Lo ha estropeado todo. Cristo
BAAL, sombrío: Elpatardecer es tan cálido. Quédate una no ama ya a los animales.
hora más. Luego me iré contigo. Ya sabes que te quie- .'ARROCO se rie, luego serio: Pues no podrá darse ese gus-
ro. Desde a uí se huele el estiércol de los campos. to. ¡Váyase y no vuelva a llamar la atencion! ¡Creo que
¿Crees que dll patrón servirá otro aguardiente a los or- le hago un buen servicio, amigo! _
ganizadores de lo de los toros? BAAL. ¡Vámonos, Ekart! '¡No tendrás tu fiesta, hermano!
EKART. Oigo pasos. - " Sale lentamente con Ekart.
PARROCO entra. A Baal: Buenas tardes. ¿Es usted el de PARROC0. ¡Buenas noches! ¡Patrón, yo pago la cuenta
los toros? de los señores! _
BAAL. El mismo. PATRON, desde detras del mostrador: Once aguardientes,
PARROCO. ¿Por qué ha organizado todo este timo? reverendo.
BAAL. No tenemos otra cosa en el mundo. ¡Qué fuerte
es el olor del heno! ¿Es siempre así al atardecer? -
PARROCO. ¡Su mundo me parece muy obre, amigo!
BAAL. Mi cielo está lleno de árboles y :Te cuerpos.

4'! ,_ Bertolt B Iiwiliii CHITIPICIO, Í 45

ARBOLES AL ATARDECER
ii ANTERIOR. ¡Baal no puede andar derecho, mucha-
i IIUS! _

Sets 0 siete leñadores sentados, apoyados en los arboles., i i|'|<i i. ¡Déjalo! El Elefante está conmovido.
Entre ellos, Baal. Un cadaver en la hierba. i i 'i'I-IRCERO. Realmente, podrías calmaros un p0C0›
mientras él esté todavía ahí.
i iilii i. ¿Qué estás haciendo con Teddy, Elefante?
UN LEÑADOB.. Era un roble. No murió enseguida, sin"
que estuvo sufriendo. ` iifm/\L, inclinado sobre él: El tiene su sosiego, y noso-
seouivoo LENAD_oR. Esta _mañana mismo decía que iros nuestro desasosiego. Y las dos cosas son buenas.
parecia' que el tiempo mejoraba. Así era como le gus-` I-'.l cielo está negro. Los árboles tiemblan. En alguna
parte se hinchan las nubes. Ese es el decorado. Pode-
taba a el: verde con un poco de lluvia. Y la madera not
demasiado seca. 1' iiios comer. Después de dormir, despertaremos. El no.
UN TERCERO._Era un buen_ muchacho, ese Teddy. Antes. Nosotros. Y será doblemente bueno.
tuvo en algun lado una tiendecita. Fue su época de es-` i›'i'i<O. ¿Cómo dices que está el cielo?
plendor. Entonces aún estaba gordo como un cura. 5 MAL. El cielo está negro.
P_ero arruino su negocio por un asunto de faldas y se
ii'|'|iO. Tú no estás bien de la cabeza. Siempre les toca a
vino aqui, y con los años perdió la panza. los que menos se lo merecen. _ _
MAL. Sí, es maravilloso, amigo mio, CH CS0 Ufifles W301? O

OTRO. ¿Nunca hablaba de ese asunto de faldas? - i|N0. A Baal no puede tocarle. Nunca está donde se tra-
EL TERCERO._No. Ni tampoco sé si tenía la intención de-
baja.
volver a bajar. Ahorraba bastante, pero podía ser tam- I MAL. Teddy, en cambio, era trabajador, Teddy era ge-
bien por frugalidad. Aquí arriba sólo nos contamos'
neroso, Tedd era sociable. De todo eso solo queda
mentiras. Es mucho mejor así. _
una cosa: Teddy era. _
_UNO. Hace una semana dijo que, en invierno, se iría al Í
I-il. SEGUNDO. ¿Donde estara ahpra?
I10fl_:e. Al parecer, tenía en algún lugar una cabaña. ¿No BAAL, señalando al muerto: Ahi.
te dijo dónde, elefante? A Baal: ¿No hablasteis de ello? '
I-ii. TERCERO. Yo pienso siempre que las pobres almas son
BAAL. Déjame en paz. No sé nada. _'
el viento, especialmente al atardecer, en primavera,
EL ANTERIOR. ¿Segiiro que querrás instalarte en ella, no? `
pero también en el otoño lo pienso. _
EL SEGUNDO. De ése no se puede uno fiar. Acordaos de
BAAL. Y en el verano, al sol, sobre los trigales.
cuando colgo nuestras botas en el agua toda la noche, l-LL TERCERO. Eso no. Tiene que estar oscuro.
para que no pudiéramos ir al bosque, 'sólo porque, . BAAL. Tiene que estar oscuro, Teddy.
como de costumbre, tenía pereza. =
OTRO. No se gana e_l dinero que cobra.
BAAL. ¡No os peleéis hoy! ¿No podéis pensar un poco Silencio.
en el pobre Teddy? UNO. ¿Adonde vamos a llevarlo, muchachos?
UNO. ¿Y tú dónde estabas cuando por fin estiró la pata? -
EL TERCERO. No tiene a nadie que lo quiera.
OTRO. Estaba solo en el mundo.
Baal se levanta y se acerca Teddy a través del césped UNO. ¿Y sus cosas?
Se sienta a su lado. i - EL TERCERO. No hay mucho. El dinero lo llevaba a al-

_..._._.i.¡_-.-.._......_.._.._..¡.._ _
“_ Bertolt
l mi io completo, 1 47
igiiiiii jiiirlv. -il liaiico Allí se quedará aun ue él fali;
¿.'~¡.ilit-s tu algo, Baal?. 3 q C' i I ANTERIOR. Cuatro. Cuatro huérfanos.
BAAL. Todavía no apesta. iifml.. ¿Les vais a quitar el aguardiente de la boca a los
UNO. Tengo una idea mu b ` cuatro huérfanos de Teddy?
OTRO. ¡Venga! ` Y uma, muchachos' UNO. Teddy no tenía familia.
EL HOMBRE
1
DE LA IDEA. M UC h ¿Ch OS, no sólo al Elefante-1 ii/\/il.. Huérfanos sí, amigos míos, huérfanos.
se e ocurren ideas - ¿Qué os parece si' nos bebem ii'l`RO. Vosotros, a los que ese Elefante loco os toma el
ronda a la salud de Teddy? OS una ielo, ¿creéis que los huérfanos de Teddy se van _a be-
BAAL. Eso es una inmoralidad, Bergmeig-¡_ ier el a uardiente de Teddy? Está bien, es propiedad
Los bOTROS.
b __ Tonterias,
' inmoralidad.
' ' -Pero ¿que. vamos de Tedcfy...
a e er. ¿Agua? -¡Averguenzate chico! ' MAL, interrumpiéndole: Era...
EL HOMBRE DE LA IDEA -Aguardieiite!
- i
ii'i'R0. ¿Qué quieres decir? _ _
BAAL' APOYÚ 12 propuesta. El aguardiente es moral, UNO. Habla por hablar. No tiene sentido. comun.
¿Pero qué aguardiente? ii'|'RO. Lo que yo digo es: era propiedad de Teddy, Y POT
EL HOMBRE DE LA IDEA. El de Teddy. consiguiente se lo pagaremos. Con dinero, dinero con-
LO5_ P1;R0§Í_ ¿El de Teddy? -Eso no está mal -¡Su fa- tante, muchachos. Y entonces, que vengan los huerfa-
cion.
te ,d - edd b Y era_ ahorrativo.
' .
-¡Para Í .
ser idiota, has nos. _
ni o una uena idea, chi;-;0! TODOS. Esa es una buena propuesta. El Elefante ha sido
EL HOMBRE DE LA IDEA. ¡Una idea genial, eh; .D___,maS¡a_ derrotado. -Tiene que estar loco, para no querer el
do para vuest b i - - '' aguardiente-. -¡Vamos a benernos sin el el aguar-
para los funeráfiis (dle Tìctiltciiši' j}EilgaišIl1)ìiiiibnyšd?gen?)Tdãy diente de Teddy! _
d' h ' i ' 'Í C BAAL, llamandolos a gritos: ¡Volved al menos, malditos
biiía iïué) h}iiii;eii'1l%i?len unas palabras a Teddy? ¿NO ha' salteadores de cadáveres! A Teddy: ¡Pobre Teddy! Y
BAAL. Yo. los árboles son hoy bastante fuertes y el aire es bi-16110
ALGUNOS. ¿ Cuándo P y suave, y yo me siento interiormente hiƒnchado, po-
BAAL. Ante . A - - bre Teddy, ¿no te hace consquillas? Estas completa-
C S mes de que €H_1pezarais a decir bobadas.
omenzaban por: Teddy tiene su sosie o 5'] mente acabado, déjame que te lo digfh P1'0m0 aPÉStaj
dais cuenta de las cosas cuando a han Es 0 O OS rås, y el viento seguirá, todo seguira, y tu cabana se
Los oriios. ¡Imbécil!--Vamo E P a 0' . dónde está, y tus cosas te las quitaran los' vivos, y _ti1
BAAL. Es una vergüenzai S a uscar el aguardiente! lo dejaste todo en la estacada y' solo querias tu sosie-
Los OTROS' ¡Vaya! _'¿Y P0f qué, gran Elefante? go. Tu cuerpo no estaba todavia tan mal,_ Teddy, to-
BAAL. _E_s propiedad de Teddy. No od davía no lo está ahora, sólo un poco_averiado por un
e
barrilito. Teddy tiene mujer y cinclii pogïš lfìlšllper su lado, y luego las piernas... con las mujeres no hubieras
UNO. Cuatro. Sólo son cuatro. anos' tenido nada que acer, no se puede poner algo_asi en-
OTRO. Y ahora lo dicen. tre las piernas de una mujer. Le levanta una pierna al
BAAL, ¿Vais a quitarles de la boca a esos ` b muerto. Pero en conjunto, en ese cuerpo se hu iera po-
hu f _ _ CHICO PO 11-35
er anos de vuestro Teddy el aguardiente de su - dido vivir aún con buena voluntad, muchacho, aunque
dre? ¿Que
. '
clase de religion
- . ,
es ésa? P3 tu alma era condenadamente noble, su morada estaba
deteriorada y las ratas abandonan el barco que se hun-

'H' Bertolt Brecht li-.ii ro completo, 1 49

de; has sido víctima exclusivamente de tus costumbres, tengo intuiciones, os lo aseguro! A Teddy le he dicho
Teddy. inuchas cosas sumamente importantes. Le saca del bol-
LOS OTRQS, volviendo: ¡Eh, Elefante, vas a ver lo que es sillo del pecho unos papeles, que examina. Pero voso-
bueno! ¿Dónde está el_barrilito de coñac que había bajo tros tuvisteis que iros corriendo tras ese miserable
la cama de Teddy, chico? -¿Donde estabas tú mien- , aguardiente. Sentaos: mirad el cielo entre los árboles,
tras nos ocupa amos del _P obre
_ Tedd Y ? <'Señor? '° cómo va oscureciendo. ¿No os dice nada? ¡Entonces es
¿Cuando Teddy no estaba siquiera del todo muerto, ` que no tenéis religión en el cuerpo!
senor? -¿Donde estabas, so _puerco, profanador de ca- _
dlqyeres, protector de los po res hiierfanos de Teddy, f
e . UNA CAEAÑA
BAAL. ¡No tenéis pruebas, amigos míos! . i

LOS OTROS. Entonces, ¿dónde está el a ardiente? ¿Es ii


Se oye llover. Baal. Ekart.
que, segun tu autorizada opinión, se lo Ei-i bebido el ba- -
rril? -Es un asunto condenadamente serio, chico. ¡En É' BAAL. Es el sueño invernal en el barro negro para nues-
pie, tú, levántate! Da cuatro pasos y niega luego que tros blancos cuerpos.
I-
estas conmovido, totalmente trastornado por dentro y _ HKART. ¡Todavía no has ido a buscar la carne!
por fuera, ¡viejo cerdo! --¡Arriba con él, hacedle cos- 1 BAAL. ¿Sigues ocupado con tu misa?
quillas, muchachos, a ese rofanador del pobre honor EKART. ¿Por qué tienes que ensar en mi misa? ¡Piensa
de Teddy! Ponen a Baal tiie pie. _ en tu mujer! ¿Adonde la fias mandado otra vez, con
BAAL. ¡Hatajo de cerdos! ¡Por lo menos, no piséis al po- ` esta lluvia?
bre Teddy! Se sienta y_ coge un brazo del cadaver bajo - BAAL. Nos ersigue desesperada y se me agarra al cuello.
el suyo. Si me maltratáis, Teddy se caerá de boca. ¿Qué EKART. Cadii vez caes más bajo.
clase de respeto es éste? Estoy actuando en legítima de- BAAL. Es que peso demasiado.
fensa. Vosotros sois siete, sie-te, y no habéis bebido, EKART. ¿No piensas en que un día morderás la hierba?
y yo_soy uno solo y bebido. ¿Está bien eso, es dig- BAAL. Lucharé a muerte. Viviré hasta sin piel, me refu-
no, siete contra uno? ¡Calmaos! También Teddy se ha giaré hasta en los dedos de mis pies. Caeré como un
calmado. toro: en la hierba, donde está más blando. Me tragaré
ALGUNOS, tristes e indignados: Este tipo no respeta nada. mi muerte y no querré saber nada.
-¡Que Dios se apiade de su alma de borracho! -Es EKART. Desde que estamos a uí, engordas cada vez más.
el pecador más empedernido que hay en las manos de BAAL se mete la mano deredlaa bajo la axila izquierda,
Dios. por debajo la camisa: Sin embargo, mi camisa se lia en-
BAAL. Sentaos, no me gusta toda esa beatería. Siem re ha- sanchado, cuanto más sucia, más ancha. Cabría dentro
bra unos más listos y otros de cerebro más débili Pero otro más. Si no estaba demasiado gordo. Sin embargo,
estos, en cambio, son los qpe mejor trabajan. Ya ha- ¿por qué haces tú el vago, con esos huesos?
breis visto que so_y un tra ajador intelectual. Fuma. EKART. Tengo una especie de cielo en el cráneo, muy ver-
¡Nunca me habéis respeta_do debidamente, amigos de y condenadamente alto, y mis ensamientos se pier-
mios! ¿Que es lo que se agita en vosotros cuando os den debajo, como nubes ligeras afviento. Su rumbo es
meteis entre pecho y espalda un buen aguardiente? ¡Yo totalmente incierto. Pero todo eso está dentro de mí.
HO il Bertolt Brecht ' 'Il-.itro completo, 1 51

BAAL. Eso es el delirium tremens. Eres un alcohólico. Y . HAAL. Ella no se irá contigo. Pero tú me dejarías planta-
ahora ya ves: el alcohol se venga. do. Por ella, eso es muy propio de ti.
EKART. _Cuando se acerca el delirium, lo noto en la cara. I-ZKART. Tu me has echado dos veces de tu cama. Mis
BAAL. Tienes una cara con sitio para mucho viento Cón- I' amantes te dejaban indiferente, pero me las quitaste,
cava. Lo mira. No tienes cara. No eres nada. Eres aunque yo las quería. '
lZI'3.1'1Spa1'€I'llI€. - BAAL. Porque las querías. Profané dos veces cadáveres
EKART. Cada vez me vuelvo más matemático. para que te mantuvieras puro. Lo necesito. ¡Por Dios
BAAL. Nunca se nada de tus historias. ¿Por qué no ha- que no sentí ningún placer!
blas nunca de ti? I-IKART, a Sophie: ¿Y sigues queriendo a esta bestia trans-
EKART. A lo mejor es que no tengo historias. ¿Quién parente?
anda por ahi? .¦
SOPHIE. No puedo evitarlo, Ekart. Sigo queriendo a su
BAÉL. Tienes buen oido. _Llevas algo dentro y lo ocultas.
I

cadáver. Sigo queriendo sus puños. No puedo evitar-


res un hombre malo, igual que yo, un df,-mom@ Pe,-0 lo, Ekart.
algún día verás ratas. Y entonces volverás a ser un hom- BAAL. No quiero saber lo que hicisteis mientras yo esta-
bre bueno. ba en la cárcel.
SOPHIE, en la puerta. SOPHIE. Estábamos juntos ante tu cárcel blanca, mirando
EKART. ¿Eres tú, Sophie? hacia lo alto, hacia donde tú estabas.
BAAL. ¿Qué quieres ahora? BAAL. Estabais juntos.
SOPHIE. ¿Puedo entrar, Baal? SOPHIE. Pégame por eso.
EKART grita: ¿No la arrojaste tú a mi cuello?
BAAL. Entonces todavía podían robarme tu amor.
LLANURA. CIELO EKART. ¡Yo no tengo tu piel de elefante!
BAAL. Por eso te quiero.
Ekari. Por lo menos, cierra ese maldito pico mientras ella
Atardecer. Baal. Ekart. Sophie. esté aquí.
BAAL. ¡Que se va a a paseo! Está em ezando a encana-
SOPHIE. Se me doblan las rodillas. ¿Por qué corres como llarse. Se pasa šs manos por el cuello. Se lava la ropa
un desesperado? ' sucia con tus lágrimas. ¿No te das cuenta de que se in-
BAAL. Porque te cuelgas de mi cuello como una rueda d terpone desnuda entre nosotros? Soy paciente como
molino. .. E un cordero, pero no puedo salir de mi propio pellejo.
EKART- ¿CÓm_io puedes tratarla así, a ella, que está emba- EKART se sienta junto a Sophie: ¡Vete a casa de tu madre!
razada de ti? soPHiE. No puedo.
SOPHIE. Fui yo quien lo quiso, Ek;;_¡~¡;_ BAAL. No puede, Ekart.
BAAL. Fue ella quien lo quiso. Y ahora se me cuelga del SOPHIE. Pégame si quieres, Baal. No volveré a decirte que
cuello. vayas despacio. No tenía esa intención. Déjame ir con-
EKART. Es una bestialidad. Siéntate, Sophie. tigo mientras me aguanten las iernas, y luego me echa-
SOPHIE se sienta pesadarnente: ¡Deja que se vaya! ré entre los arbustos y no teniiiás que volverte. No me
EKART, a Baal: Si la echas, me iré con ella. eches, Baal.

__

52 Bertolt Brecht Teatro completo, 1 'bl


, I
BAAL. ¡Tirate al río, con esa tripa gorda! Tu quisiste que BAAL, a su lado, estrechando a Ekart contra él: Ahora
te vomitase. ' , I
estás contra mi pecho, ¿me hueles? ¡Ahora te tengo, hay
SOPHIE. Quieres dejarme, no .quieres dejarme. Aun no lo más cosas que la proximidad de una hembra! Se detie-
sabes, Baal. Eres como un niño, si iensas así. ne. Ya se ven estrellas sobre la maleza, Ekart._
BAAL. Ahora sí que estoy de ti hasta lil coronilla. EKART mira fijamente a Baal, que contempla el cielo: No
SOPHIE. Pero no de noche, de noche no, Baal. Sola, ten- puedo (pegarle.
go miedo. Tengo miedo de la oscuridad. De eso tengo BAAL, ro eándolo con el brazo: Oscurece. Tenemos que
miedo. encontrar refugio para la noche. En el bosque hay åipn:
BAAL. ¿En tu estado? Nadie te hará nada. donadas donde no penetra el viento. Ven, te ha are
SOPHIE. De noche. ¿No queréis pasar aún esta noche con- de los animales. Sale arrastrándolo.
migo? SOPHIE, sola en la oscuridad, grita: ¡Baal!
BAAL. Vete con los almadieros. Hoy es San juan. Y es-
tarán borrachos.
SOPHIE. ¡Un cuarto de hora! SALA DE TABLAS PARDAS
BAAL. ¡Vámonos, Ekart!
SOPHIE. ¿Adonde iré yo? Noche. Viento. En las mesas, Gqugou y Bolleboll. El
BAAL. ¡Al cielo, querida! viejo mendigo y Maja, con la nina en su cajon
so1>i¬11E. ¿Con mi hijo?
BAAL. ¡Entiérralo! BOLLEBOLL juega a las cartas con Gougou: Se me ha aca-
SOPHIE. Deseo que nunca vuelvas a pensar lo que ahora bado el dinero. ¡Vamos a jugamos el alma!
me estás diciendo bajo este hermoso cielo que tanto te EL MENDIGO. El hermano Viento quiere entrar. Pero no
gusta. Lo deseo de rodillas. .I

conocemos a nuestro hermano Viento frío. jejeje.


1 l
EKART. Me quedo contigo. Y luego te llevare con tu ma- LA NIÑA llora. _
dre, sólo con que me digas que no quieres querer más MAJA la pordiosera: ¡Escuchad! ¡Alguien ronda la casa!
a esta bestia. I _.
¡Con tal de que no sea algún animal grande!
BAAL. Ella me quiere a mi. J

BOLLEBOLL. ¿Por qué? ¿Es que tienes ganas otra vez?


SOPHIE. Yo le quiero.
EKART. ¿Todavía estás ahí, bestia? ¿Es que no tienes ro- Golpean en la puerta. r
dillas? ¿Estás borracho de aguardiente o de poesía? '
¡Bestia degenerada! ¿Bestia degenerada! MA_"A. ¡Escuchad! ¡Yo no abro!
BAAL; ¡Imbéeil! EL MENDIGO. Vas a abrir.
V L MA_`A. ¡No, no! ¡Virgen santa, no!
EL MENDIGO. Bouque la Madonne! ¡Abre! I
Ekart se abalanza sobre él, pelean. H i
MA_“A se arrastra hasta la puerta: ¿Quién anda ahi?
SOPHIE ¡]esús, ]osé y María! ¡Son fieras! LA NIÑA llora. H
EKART, luchando: ¿Oyes lo que dice en el bosque, ahora MAIA abre la puerta.
que está oscureciendo? ¡Bestia degenerada! ¡Bestia de- BAAL, entra con Eleart, empapados: ¿Es ésta la cantina del
generada! _ hospital?
.-
I
'H Bertolt Brqchi ›
Teatro completo, 1 55
MA_|A. Sí, pero no hay camas libres. Con mas descaro: Y
EL MENDIGO. Sí, el viento. Un atardecer, a la horaƒdel
yo estoy enferma.
BAAL. Tenemos champaña. Ekart se ha acercado a la es- crespúsculo, cuando no estaba ya tan_ solo, atraveso el
tufa. gran silencio entre los arboles y se situo bajo uno de
BOLLEBOLL. ¡Venid aquí! Quien sabe qué es el champa- ellos, muy grande.
ña es amigo nuestro. Bebe.
EL MENDIGO. ¡Aquí no hay más que gente fina, mi que-
rido cisne! BOLLEBOLL. Era el mono que había en él. ,
BAAL, acercándose a la mesa, se saca dos botellas de los EL MENDIGO. Sí, tal vez fuera _el mono. Se apoyo contra
bolsillos: ¿Eh? el árbol, muy apretado, sintió la vida que habia en el,
EL iviENDiGo. ¡Eso es ma ia! o lo creyó, y dijo: eres más alto que yo y te mantienes
BOLLEBOLL. Sé de dónde ias sacado ese champaña. Pero firme y conoces la tierra hasta muy hondo y ella te sos-
no lo diré. tiene. Yo puedo andar y moverme mejor, pero no me
BAAL. ¡Ven, Ekart! ¿Hay vasos? mantengo firme ni puedo penetrar en lo hondo y nada
MAJA. ¡Tazas, señor! ¡Tazas! Trae tazas. me sostiene. Tampoco conozco la gran paz del cielo in-
GOUGOU. Yo necesito una taza para mí solo. J finito sobre las copas silenciosas.
i
BAAL, desconƒ.f`ado: ¿Puede beber champaña? l
' f
Bebe.
GOUGOU. Por favor. Baal le sirve.
BAAL. ¿Que tiene?
i' GOUGOU. ¿Y qué dijo el árbol? _ _
1

GOUGOU. Congestión pulmonar. No es nada. Una pe- 1- EL MENDIGO. Sí. Sopló el viento. Un estremecimiento re:
corrió el árbol y el hombre lo notó. Entonces se echo
I

queña obstrucción. Nada importante.


BAAL, a Bolleboll.- ¿Y usted? l al suelo, abrazó las raíces duras y salvajes y lloro amar-
I

BOLLEBOLL. Ulcera de estomago. Benigna. gamente. Pero hizo lo mismo con muchos arboles.
f

BAAL, al mendigo: ¿Supongo que usted también tiene EKART. ¿Y se curó? _


algo? EL MENDIGO. No. Pero murió más aliviado.
EL MENDIGO. Yo estoy loco. _
r

.,
› MAJA. Eso no lo entiendo.
BAAL. ¡Salud!.. Ahora nos conocemos todos. Yo estoy EL MENDIGO. Nada se entiende. Pero muchas cosas se
'gif l
fi ' sienten. Las historias que se entienden son sólo las mal
sano. ¬ 1

EL MENDIGO. Conocí a un hombre ue también creía que contadas. _


estaba sano. Lo creía. Vino de unqbosque y un día vol- BOLLEBOLL. ¿Vosotros creéis en Dios? g
vió otra vez a él, porque tenía que meditar un poco. BAAL, ƒatigosamente: Siempre he creído en mi. Pero uno
Encontró el bosque muy extraño y nada familiar. An- puede volverse ateo. _
duvo muchos días, adentrándose en la espesura, por- I'›-_,-J. -_. :¢-._ .í_ BOLLEBOLL, riéndose a carcajadas: ¡Ahora me estoy di-
que quería ver hasta donde estaba unido a él y cuántas
.ll

I L
virtiendo! ¡Dios! ¡Champaña! ¡Amor! ¡Viento y llu-
fuerzas tenía para aguantar. Pero no tenía muchas. via! Intenta agarrar a Maja.
Bebe. MAJA. ¡Déjame! ¡Te apesta el aliento! _
-1.
BAAL, inquieto: ¡Qué viento! Y tenemos que seguir viaje BOLLEBOLL. Y tú, ¿no tienes sífilis? La sienta en sus ro-
esta noche, Ekart. - `1 dillas. _
EL MENDIGO. ¡Cuidado! A Bolleboll. Me estoy emborra-
¡I
J'

l
r

I "

56 Bertolt Brecht ' Teatro completo, 1 57

\ chando poco a poco. Y no podrás salir con esta lluvia No hay ningún final. La Nada dura eternamente.
ir ' U
si estoy totalmente borracho. - f

I BOLLEBOLL. AIHÉII.
GOUQOU, a Ekart: Era más guapito, y por eso la consi- 4
BAAL, que se ha levantado, a Ekart: ¡Ekart, .levántatel
guio. . Hemos caído entre asesinos. Se apoya en Eleart, ro-
EKART. ¿Y su superioridad intelectual? ¿Su supremacía \'-
deandole los hombros. Los bichos se esponjan. La po-
moral? dredumbre se acerca arrastrándose. Los gusanos can-
GOUGOU Ella no era así Estaba sin estro ear. i
- .
EKART. ¿Y qué hizo usted?
- '
P tan y se avonean.
EKART. Es iii segunda vez que te ocurre. ¿Será sólo la be-
GOUGOU. Me dio vergüenza. bida?
BOLLEBOLL. ¡Escuchad! ¡El viento! ¡Está pidiendo a i BAAL. Aquí se exhiben mis intestinos... No es un baño
Dios un poco de paz. \
1
I
de barro.
MAJA canta: Í
Í

EKART. ¡Siéntate! ¡Bebe hasta que no puedas más! ¡Entra


Nanitanana, qìue el viento sopla.
L
en calor!
Todos borrac os, canto esta copla. MAJA canta, un poco borracha:
BAAL. ¿De quién es ese niño?
¡
.n
Invierno o verano, con lluvia o nieve...
MAJA. Es mi hija, señor. 1
'TI Si estamos borrachos, cualquier mal es leve.
EL MENDIGO. ¡Una virgo dolorosa! ..«
Q -¡
n BOLLEBOLL, ha agarrado a Maja, lucha: Esa aria me hace
BAAL bebe: Eso era antes, Ekart. Sí. También era bonito. siempre tantas cosquillas, mi pequeño Gougou... Va-
EKART. ¿El qué? i, i
yavaya, Majita.
BOLLEBOLL. Se le ha olvidado. 1. LA NIÑA llora.
BAAL. An-tes, ¡qué palabra más rara! BAAL bebe: ¿Quién es usted? Irritado, a Gougon: Lo lla-
GOUGOU, a Ekart: La más bonita es Nada. man Saco de gusanos. ¿Es usted un candidato a la
BOLLEBOLL. ¡Chist! ¡Ahora viene el aria de Gougou! i
l
'L

muerte? ¡Salud! Se sienta.


¡Que va a cantar el Saco de gusanos! EL MENDIGO. ¡Cuidado, Bolleboll! El champaña no me
GOUGOU. Es como el viento que tiembla en las noches 1,; sienta muy bien.
de verano, sol. Pero nada tiembla. Nada. Absoluta- MAJA, vuelta hacia Bolleboll, canta:
. mente nada. Sencillamente, se acaba. El viento sopla,
ya no se siente frío. La lluvia cae no moja ya. Se di- Cierra los ojitos, los párpados pesan.
cen chistes y uno no se ríe. Se pucfie uno, no hay nada Si vas a la cama verás que te besan.
que esperar. Huelga general. BAAL, brutalmente:
EL MIENDIGQ. ¡Es el paraíso del infierno!
GOUGOU. Si, es el paraiso. No ueda por satisfacer nin- Si te hundes al fondo, ratas en el pelo:
gún deseo. No se tienen ya deseos. Se pierde la cos- Muy alto y hermoso sigue estando el cielo.
tumbre de todo. También de tener deseos. Y así es uno i'
I

Se levanta, con la taza en la mano. Negro está el cielo.


libre. | I

¿Por que te asustas? Tamborilea en la mesa. Hay que


MAJA. ¿Y qué ocurre al final? seguir en el tíovivo. Es estupendo. Vacila. Quiero ser
GOUGOU, con una mueca: Nada. Absolutamente nada. un elefante que se mea en el circo cuando no es bonito
f

.i ¢ r n.4..¿.|.
W Bertolt Brecht
Teatro completo, 1 59
todo... Empieza a bailar, canta: ¡Baila con el viento
pobre cadaver, duerme con la nube, dios degenerado!
Í

`
ESPESURA VERDE. DETRAS, EL RIO
Se acerca oacilante a la mesa.
EKART, borracho, se ha levantado: No me iré ya conti-
Baal. Ekart.
go. Yo tambien tengo un alma. Tú has corrompido mi
alma. Lo corrompes todo. Y ahora empezare también
BAAL, sentado en medio del follaje: El agua está tibia. Es-
con mi misa.
BAAL. ¡Te quiero, salud!
tamos echados en la arena como cangrejos. Y ademas
EKART. ¡Pero no me iré contigo! Se sienta.
los matorrales y las nubes blancas en el cielo. ¡Ekart!
EL MENDIGO, a Bolleboll: ¡Quita esas manos, cerdo! EKART, escondido: ¿Qué quieres?
MAJA. ¿Y a ti qué te importa? BAAL. Te quiero.
EL MENDIGO. ¡Cállate, desgraciada! EKART. Estoy demasiado cómodo.
MAJA. ¡Chalado, te falta un tomillo! BAAL. ¿Has visto esas nubes? _ _ Í
BOLLEBOLL, causttco: ¡Mentira! ¡No tiene ninguna en- EKART. Sí-. No tienen vergüenza. Silencio. Antes paso una
fermedad. ¡Eso es lo que pasa! ¡Todo es mentira! mujer por ahí. _
EL MENDIGO. ¡Y tú tienes cáncer! BAAL. Ya no me gustan las mujeres...
BOLLEBOLL, siniestramente tranquilo: ¿Que tengo cán-
cer?
EL MEND_IGO, cobarde: No he dicho nada. ¡Deja a la po- CARRETERA. SAUCES
bre chica en paz!
MAJA se ríe.
BAAL. ¿Por qué llora ésa? Se dirige lentamente hacia el
Viento. Noche. Ekart duerme sobre la hierba.
cajón que está al fondo. _
EL' MEND_IGO_. trritado: ¿Qué quieres de ella?
BAAL, 'viniendo a trafués de los campos, como borracho,
BAAL se inclina sobre el cajón: ¿Por qué lloras? ¿Nunca- con la ropa abierta, como un sona'mbulo: ¡Ekart!
has visto nada así? ¿O es que lloras siempre?
¡Ekart! Ya lo tengo. ¡Despierta!
EL MENDIGO. ¡Déj'ala, iú! Le tira la raza a Baal. EKART. ¿Qué es lo que tienes? ¿Otra vez hablas en sue-
MAJA se levanta de un salto: ¡Cerdo! ` ños?
BOLLEBOLL. Sólo uiere levantarle la camisa.
BAAL se sienta a su lado: Esto:
BAAL se endereza llentamente: ¡Qué cerdos sois! ¡Ya no
sabéis lo que es humano! ¡Ven, Ekart, vamos a lavar- Cuando estaba ya ahogada y bajaba flotando
nos al río! Por pequeños arroyos hacia el río copioso,
Era un ópalo el cielo que se iba agrandando
Sale con Ekart. Para dar al cadáver su tranquilo reposo.
Hierbas y algas espesas se agarraban a ella
Aumentando su eso al flotar lentamente,
Y los peces helaciios rodeaban a aquella
Que viajaba sin prisas a favor de corriente.

.L __..-_.. _ - ~
I

W Bertolt Brecht Teatro completo, 1 (sl

Y era el cielo a la tarde del color de humareda cuelgan como cabellos y entre ellas j...mos como ardi-
Y a la noche oscilaron con su luz las estrellas llas.
Pero al alba hizo claro; la mañana, mu queda, BAAL. ¿Es más bonita que yo?
Y la tarde tranquila prescindieron de ellas. -
Oscuridad. El viento sigue bramando.
Cuando aquel cuerpo blanco se pudrió sin consuelo
Lenta, muy lentamente se olvidó Dios de él:
Fue rimero su rostro, luego manos y pelo.
AVELLANOS JOVENES
Finalinente carroña por aquel río, aque _
I l
1

Lar as ramas rojas que cuelgan. Entre ellas esta sentado


Viento. Baal. Mediodía.
EKART. ¿Y anda por ahí el fantasma? -No es tan malo BAAL. Simplemente la contentaré, a esa blanca paloma...
como tú. Sólo el sueño se ha ido al diablo y el viento Contempla el lugar. Desde aquí, las nubes son bonitas
brama otra vez en los troncos de los sauces. Así Lies, entre las ramas de los sauces... Cuando él llegue, sólo
sólo nos queda otra vez el blanco pecho de la Filloso- verá la piel. Estoy harto de esos amoríos suyos. ¡Silen-
fía, oscuridad, humedad hasta nuestro descanso eterno cio, corazón!
e, incluso de las viejas comadres, sólo el sexto sentido. MUJER JOVEN sale de la espesura, pelirroja, opulenta, pa-
BAAL. Con este viento no hace falta aguardiente para es- lida.
tar borracho. Veo el mundo bajo una luz suave: es el BAAL sin volverse.- ¿Eres tú?
excremento de Dios Nuestro Señor. LA MUJER ¡oi/EN. ¿Dónde está su amigo?
EKART. De Dios Nuestro Señor que, al unir la uretra con BAAL. Está componiendo una misa en mi bemol menor.
el miembro viril, se calificó a sí mismo para siempre. LA MUJER JOVEN. ¡Di ale que he estado aquí!
BAAL, echado: Todo es tan bonito. BAAL. Se está volviendgo demasiado transparente. Se mas-
turba. Está volviendo a la zoología. ¡Siéntese! Mira a
Viento. su alrededor.
LA MUJER JOVEN. Prefiero estar de pie.
EKART. Los Sauces son como pedazos de dientes podri-
BAAL se levanta, agarrrindose a las ramas de los sauces.-
dos en la negra bocaza del cielo... Pronto comerizaré
En los últimos tiem os como demasiados huevos.
con mi misa. ¿_
LA MUJER JOVEN. Yo li: quiero.
BAAL. ¿Has terminado ya el cuarteto?
BAAL. ¡A mí usted no me importa! La agarra.
EKART. ¿De dónde iba a sacar el tiempo?
LA MUJER JOVEN. ¡No me toque! Me resulta demasiado
sucio.
Viento. BAAL, cogiéndola lentamente por la gar anta: ¿De quién
BAAL. Ahí va una mujer pelirroja y pálida; con ésa po- es este cuello? ¿Sabe cómo se hace callar a las palomas
drás irte por ahí. o a los patos salvajes en el bosque?
EKART. Tiene el cuerpo blando y blanco, y al mediodía LA MUJER JOVEN. ¡jesús María y josé! Se suelta. ¡Déjeme
viene con él a los Sauces. Los sauces tienen ramas que en paz!
62 Bertolt Brecht Teatro completo, 1 63

BAAL. ¿Con esas rodillas tan débiles? Se caerá. Al fin y Tenía a su lado más de un amigo
al cabo, quiere que la acuesten entre los sauces. Un Querierido calmarlo, darle un abrigo:
hombre es un hombre, en eso nos parecemos la mayo- ¡Ir-emos a casa, ven, compañero!
ría. La coge en sus brazos. Pero él escupiendo, como un castigo,
LA MUJER JOVEN, temblando: ¡Por favor, déjeme! ¡Por Gritaba diciendo: ¡Yo os maldigo!
favor! ¡Yo no tengo casa! Y era sincero.
BAAL. ¡Qué codorniz más desvergonzada! ¡Vamos, bas- ¿Te quedan aún dientes en esa boca?
ta! ¡Salvamento de una desesperada! La agarra de los ¿Y cómo te encuentras, vamos a ver?
dos brazos y la arrastra hacia los matorrales. Revienta tranquilo contra esa roca,
Tu yegua comimos todos ayer,
Tú vete al infierno, que ya te toca.
Y el bosque sonoro los envolvía
ARCE EN EL VIENTO
Y ellos miraban al moribundo
Cogido a las raíces mientras gemía.
Aquello a otaba su sangre fría,
Cieio nublado. Baal y Ekart, sentados en las raices.
Cerraban los puños por un segundo,
BAAL. Hay que beber, Ekart, ¿te queda dinero? Pues era uno de ellos quien se moría.
EKART. No. ¡Mira ese arce en el viento! ¡Eres sólo un loco, sólo una bestia!
Basi. Tienibla. ¡Sarnoso, as ueroso, un puro andrajo!
EKART. ¿Dónde está la chica que arrastraste por las taber- Nos quitas él aire, vaya molestia,
nas? decían los otros, y él, desde abajo:
BAAL. Hazte ez y búscala. ¡Yo uiero vivir! No me rebajo.
EKART. Te atilborras, Baal. Reventarás. Cabálgo en el viento, sin inmodestia.
BAAL. Me gustaría oir el estallido.
EKART. ¿No te miras a veces también en el agua, cuando Aquello era algo incomprensible,
está negra y profunda y todavía sin peces? Nunca te Temblaban de asco pero callaban.
cai as dentro. Tienes que tener cuidado. -Eres tan pe- Y sólo la tierra era sensible,
sadgo, Baal. El viento en los mares, siempre impasible:
BAAL. Tendré cuidado de otro. He compuesto una can- Mis fuerzas ahora pronto se acaban.
ción. ¿Quieres oírla? Su exceso de vida lo mantenía _
EKART. Léemela y te conoceré. Porque era un cadáver que aún vivía,
BAAL. Se llama: La muerte en el bosque Carroña estrujada contra la tierra; _
Al alba, en la hierba, por fin moría.
Un hombre moría en el bosque eterno Con asco y con odio, en la hierba fría
Y viento y tormenta lo rodeaban.
A aquella basura por fin se entierra.
Moria cual perro, en pleno invierno,
Mirando las copas del bosque eterno, Montados penetran en la espesura
Y viento y tormenta nunca cesaban. Mirando aún el árbol bajo el que yace.

5,4 Bertolt Brecht i Teatro completo, 1 55


- Ya ha terminado, mal desenlace, patrón es decente: nos fía con la garantia del cadáver
Pero ha de morirse todo el ue nace. de una madre. Bebe.
Hay luz en el árbol, luz en lla tierra, JOI-IANNES. ¡Baal! ¡Ya no sopla el viento a su favor!
Ellos se santiguan, joven figura, WATZMANN, a EKART: ¿Tú tienes que aguantarle mu-
Cabalgan deprisa porque les place. chas cosas, no?
EKART. Vaya. Vaya. A esto hemos llegado. EKART. No se le puede escupir a la cara: se está hundien-
BAAL. Cuando no puedo dormir por las noches, miro las do.
estrellas. Eso es lo que hay. WATZMANN, a johannes: ¿A ti te da pena? ¿Te preocupa?
EKART. ¿Ah sí? JOHANNES. Es una lástima, me parece a mí. Bebe.
BAAL, desconƒiado: Pero no lo hago a menudo. Debilita.
EILART, después de un rato: En los últimos tiempos has Silencio.
escrito muchas poesías. ¿Hace mucho tiempo que no \X/ATZMANN. Cada día se vuelve más repugnante.
has estado con una hembra? EKART. No digas eso. No uiero oírlo: yo le quiero.
BAAL. ¿Por qué? Nunca le tomo nada a mail. Porque le quiero. Es un
EKART. Pensaba. Niégalo. niño.
BAAL se pone en pie, se despereza, mira la copa del arce, - WATZMANN. Sólo hace lo que no tiene más remedio. Es
se rte. tan vago.
EKART, dirigiéndose a la puerta: Hace una noche muy
suave. El viento es cálido. Como leche. Me gusta todo
TABERNUCHA eso. Nunca habría que beber. O no tanto. Volviendo
a la mesa. La noche es muy suave. Ahora, y durante
tres semanas más en otoño, se puede vivir muy bien
Atardecer. Ekart. La camarera. Watzrnann. johannes, en los caminos. Se sienta.
desarrapado, con una chaqueta raída de cuello WATZMANN. ¿Quieres irte esta noche? ¿Quieres desha-
levantado, degenerado sin remisión. La camarera tiene certe de él? ¿Estás hasta la coronilla?
los rasgos de Sophie. JOHANNES. ¡Debes tener cuidado!
EKART. Hace ya ocho años. BAAL aparece lentamente en la puerta.
WATZMANN. ¿Ei-es tú, Baal?
Bebe. Sopla el viento. _ EKART, duramente: ¿Qué quieres ahora?
BAAL entra y se sienta: ¡En qué agujero más miserable se
JOHANNES. Hasta los veinticinco no empieza la vida. A ha convertido esto! La camarera trae aguardiente.
esa edad se ensanchan y tienen hijos. WATZMANN. No ha cambiado nada. Sólo tú, al parecer,
te has vuelto más fino.
_ Silencio. BAAL. ¿Eres tú, Luise?
WATZMANN. Su madre murió ayer. El anda por ahí, (pi-
diendo dinero prestado para el entierro. Luego ven rá Silencio.
aquí. Y con eso podremos pagar los aguardientes. El JOHANNES. Sí. Aquí se está bien... Porque tengo que be-
Eitfi Bertolt Brecht Teatro completo, I fi?

ber, que beber mucho. Eso fotalece. Es verdad que uno i'
I

WATZMANN. ¿Que es la carne? Se descompone como el


se va también al infierno de una cuchillada. Pero es espíritu. Señores, estoy completamente borracho. Dos
distinto. Es como si se le doblaran a uno las rodillas, por dos son cuatro. Por lo tanto, no estoy borracho.
sabéis: ¡sin sacudidas! Así: de forma que no se sientan Pero tengo el presentimiento de un mundo superior.
los cuchillos. Con las corvas acolchadas. Por cierto, an- ¡Inclinaos, sed hum... humildes! Despojaos del viejo
tes no se me ocurrían esas cosas, tan divertidas, cuan- Adán. Bebe temblando y con pasión. Todavía no he lle-
do me iba bien entre los burgueses. Sólo ahora se me gado al fondo, aunque tenga mis presentimientos, y to-
ocurren cosas, desde que me he convertido en un ge- davía puedo multiplicar muy bien, dos por dos... ¡Dos,
nio. Eh. d... os, qué palabra más rara! ¡Dos! Se sienta.
EKART estalla: ¡Quiero estar otra vez en los bosques, al BAAL coge la guitarra y destroza con elia la lámpara:
amanecer! ¡La luz, entre los troncos, es de color limón! . Ahora voy a cantar. Canta:
Quiero volver otra vez a los bosques.
JOHANNES. Bueno, eso no lo entiendo, Baal, tienes que Casi enfermo de sol, carcomido de lluvia,
pagar otro aguardiente. Aquí se está realmente tan Con laureles robados en el elo revuelto,
ien. Ha olvidado sus sueños, toiifa su infancia rubia,
BAAL. Un aguardiente para... ` Y ha tocado ya el techo, pero el cielo anda suelto.
JOHANNES. ¡Nada de nombres! Nos conocemos. Sabes, No tengo una voz precisamente argentina. Afina la gui-
a veces sueño de noche cosas horrendas. Pero sólo a tarra.
veces. Ahora se está muy bien. EKART. ¡Canta más, Baal!
BAAL sigue cantando:
Sopla el viento. Beben. ¡Y vosotros, echados de cielo e infierno!
WATZMANN canturrea: Asesinos que tanto y tanto sufristeis
Por ué abandonasteis el seno materno
Hay árboles a docenas Donäe estabais tranquilos, tranquilos vivisteis...
Frondosos y muy vulgares
Para ahorcar todas tus penas La guitarra desafina también.
O reposar tus pesares. -
WATZMANN. Es una hermosa canción. ¡De las que me
BAAL. ¿Cuando ha ocurrido esto ya? Una vez ocurrió así. gustan! ¡Romántica!
JOHANNES. La verdad es que sigue flotando. Nadie la ha BAAL sigue cantando:
encontrado. Sólo ten o a veces la sensación, sabéis, de
que me bajase por ei gaznate, flotando en el mucho Por mares de ajenjo, él sigue buscando.
aguardiente, un cadáver pequeñito, medio podrido. Y, Su madre, entretanto, lo ha olvidado ya.
sin embargo, tenía ya diecisiete años. Ahora tiene ra- El ríe y blasfema, y a veces llorando.
tas y algas en su cabello verde, y no le sientan mal... un Aún piensa en la tierra en que feliz será.
poco hinchada y blancuzca, llena de pestilente barro WATZMANN. Ya no sé dónde está mi vaso. Esta mesa se
del río, muy negro. Siem re fue tan limpia. Por eso se tambalea de una forma idiota. Encended la luz. ¡Cómo
tiró al río y se volvió heófionda. va uno a encontrarse la boca!

úå Bertolt Brecht Teatro completo, 1 69

EKART. ¡Qué idiotez! ¿Ves tú al o, Baal? 10° DE LONGITUD ESTE DE GREENWICH


BAAL. No. No quiero. Es bonita ia oscuridad. Con cham-
paña en el cuerpo y nostalgias sin recuerdos. ¿Eres mi
amigo, Eltart? Bosque. Baal con la guitarra, las manos en los bolsillos
EKART, trabajosamente: ¡Sí, pero carita! de los pantalones, se va alejando.
BAAL canta:
BAAL. ¡El viento pálido en los árboles negros! Parecen el
pelo mojado de Lupus. A las once sale la luna. Enton-
Una mueca en el rostro, tan mudo y hundido.
ces habrá luz suficiente. Este es un bosque pe ueño.
Muchas veces aún sueña con campos muy lisos.
Lo atravesaré para llegar a los grandes. Ando de ma-
Con sus cielos azules, allá en el o vido.
ravilla desde que estoy solo otra vez dentro de mi pe-
JOI-IANNES. Me quedaré siempre contigo. Me puedes lle- llejo. Tengo que dirigirme siempre hacia el norte. Si-
var contigo tranquilamente. Casi no como. guiendo las nervaduras de las hojas. Tengo que dejar
WATZMANN ha encendido trabajosamente la luz: Hágase atrás ese asuntillo. ¡Adelante! Canta.
la luz. jejejé. Hacia los gordos buitres Baal levanta la vista.
BAAL. Eso deslumbra. Se pone en pie. En el cielo ya esperan el cadáver de Baal.
EKART, con la camarera en las rodillas, se pone trabajo-
samente en pie, intentando alejar el brazo de ella de su Se aleja.
cuello: ¿Qué te pasa? Si no es nada. Es ridículo.
BAAL se dispone a saltar sobre él. Pero él se hace el muerto y no hay quien se resista.
EKART. ¿No estarás celoso de ésta? Baal se zampa a los buitres, silencioso y genial.
BAAL avanza a tientas, tira un vaso.
EKART. ¿Por qué no puedo tener mujeres? Rdƒaga de viento.
BAAL lo mira.
EKART. ¿Es que soy tu amante?
BAAL se arroja sobre él y lo agarra del cuello. CARRETERA

La luz se extingue. Watzmann se ríe, borracho, la


camarera grita. Entran otros parroquianos de la Atardecer. Viento. Aguacero. Dos gendarmes luchan
habitación de al lado, con una lámpara " contra el viento.
PRIMER GENDARZME. ¡Esta lluvia negra y este viento de to-
WATZMANN. Tiene un cuchillo. dos los difuntos! ¡Y ese maldito vagabundo!
LA CAMARERA. Lo ha asesinado. ¡Jesús María y josé! SEGUNDO GENDARME. Me parece que se dirige cada vez
DOS HOMBRES se lanzan sobre ios ue luchan: ¡Diablos, más al norte, hacia los bosques. Allí no lo encontrará
tú! ¡Suéltalo! -¡Ese tipo le ha daåo una puñalada, San- ya nadie.
to Dios! PRIMER GENDARME. ¿Pero quién es?
BAAL se levanta. De pronto amanece, se apaga la ¿simpa- SEGUNDO GENDARME. Ante todo: un asesino. Antes, ac-
ra: ¡Ekart! tor de variedades y poeta. Luego, propietario de un tío-
FD _ Bertolt Brecht Teatro completo, 1 F1

vivo, leñador, amante de una millonaria, presidiario y desde un punto de vista más alto. Piensa: es solo una
rufiån. Cuando el asesinato lo cogieron, pero tiene una rata que revienta. ¡Pues entonces! ¡No hay que sulfu-
fuerza de elefante. Fue a causa de una camarera, una rarse! A ti ya no te quedan dientes.
furcia fichada. Por ella apuñaló a su mejor amigo de la LOS HOMBRES. ¿Sigue jarreando? Tendremos que pasar-
juventud. nos la noche con el cadáver -¡Cállate la boca! ¡Triun-
PRIMER GENDARME. Un hombre así ne tiene alma. Es fo! -¿Todavía resoplas, gordinflon? ¡Cántanos algo!
una bestia salvaje. «Cuando Baal ya crecía...›› -Dejadlo: será un fiambre
SEGUNDO GENDARME. Y, sin embargo, es completamen- antes de ue pare esta lluvia negra. ¡Seguid jugando!
te infantil. Por llevarles la leña a ancianas casi lo aga- -Ese ha (bebido como una esponja, pero hay algo en
rraron. Nunca ha tenido nada. Esa camarera era lo úl- esa bola pálida que te da ue pensar. A ése nadie se lo
timo. Sin duda por eso mató a su amigo, de vida tam- redijo en la cuna. -¡Eliiliez de trébol! ¡Pero cierren
bién dudosa, por cierto. l-ia boca, señores! Esto no es forma de jugar; si no se
PRIMER OENDARME. ¡Si supiéramns al menos dónde en- lo tornan más en serio, no hay forma de jugar como
contrar aguardiente o una hembra! ¡Vamos! Esto es si- es debido.
niestro- ¡Y allí hay algo que se mueve! Salen los dos.
BAEL sale de nn matorral con un Íaato y la guitarra. Silba Silencio, nada más que blasfemias.
entre dientes: ¿Así que muerto? ¡Animalito! ¡Cruzarse
en mi camino! Esto se pone interesante. Sale detras de BAAL. ¿Qué hora es?
los otros. EL HOMBRE. Las once. ¿Vas a salir?
BAAL. Enseguida. ¿Están mal los caminos?
Viento. EL HOMBRE. La lluvia.
LOS HOMBRES se ponen en pie: Ahora ha parado la llu-
via. Ya es hora. '-Todo estará empapado. -Este chi-
CABANA DE TABLAS EN EL BOSQUE co tampoco tendrá que hacer nada esta vez. Cogen ias
hachas.
UNO, deteniéndose ante Baal, escape: Buenas noches y
Noche. Viento. Baal en una cama sucia. Hombres que hasta la vista. ¿Vas a estirar la pata?
juegan a Las cartas y beiøen. OTRO. ¿Vas a morder el polvo? ¿De incógnito?
UN TERCERO. Podrías esperar a mañana para empezar a
UN HOMBRE, junto a Baal: ¿Qué quieres?“'Estás dando oler mal. Cortaremos leña hasta el mediodía y luego
las boqueadas. Hasta un niño lo vería, pero ¿a quién querremos corner.
le importas? ¿Tienes a alguien? ¡Pues entonces! ¡Pues BAAL. ¿No os podríais quedar un rato aún?
entonces! ¡ñprieta los dientes! ¿Tienes dientes aún? A TODOS, con grandes carcajadas: ¿Quieres que te hagamos
veces muerden el olvo tipos que todavía podrían sa- de mamá? ¿Vas a cantar el canto del cisne? -¿ Quieres
carle mucho particlio a la vida, ¡millonarios! Pero tú no confesarte, garrafa de aguardiente?- ¿No puedes vo-
tienes ni papeles. No tengas miedo: el mundo sigue an- mitar solo?
dando, redondo como una bola, y mañana por la ma- BAAL. Si os quedarais treinta minutos más.
ñana seguirá silbando el viento. Considera las cosas TODOS, con grandes carca_ƒadas: ¿Sabes una cosa? Que re-

72 Bertolt Brecht l. Team) cümplem' 1 H

vientes solo --¡Várnonos ahora! El viento se ha calma- 9 BAAL- Se ha ida' al diablo'


do por completo. -¿Qué te pasa a ti?
EL HOMBRE. Os sìígo. Silencio.
BAAL. No puedo urar mucho, señores. Risas. ¡Tampo-
co a ustedes les gustaría morirse solos, señores! Risas. ; Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. No sirve de nada.
OTRO HOMBRE. ¡Eres como una vieja! ¡Ahí te dejo un re-
cuerdo! Le escupe a la cara. Silencio.
¡Mamá! Que se vaya Ekart, el cielo está tan condena-
Todos se dirigen hacia la puerta. damente cerca que se puede tocar con la mano, todo
BAAL. ¡Veinte minutos! está otra vez empapado. Dormir. Uno. Dos. Tres.
Cuatro. Se ahoga uno aquí. Fuera debe de ser claro.
Los hombres salen por la puerta abierta. Quiero salir. Se incorpora. Voy a salir. Querido Baal.
Cortante: No soy una rata. Fuera debe de ser claro.
EL HOMBRE, en la puerra.- Estrellas. Querido_Baal. Hasta la puerta todavía) puedo llegar.
BAAL. ¡Límpiame el escupitajo! Rodillas aún tengo, y en a puerta estare mejor. ¡Mal-
EL HOMBRE, e él.- ¿Dónde? dita sea! ¡Querido Baal! Se arrastra a gatas hasta el am-
BAAL. En la frente. bral. Estre las... mm. Se arrastra afuera.
EL HOMBRE. Ya está. ¿De qué te ríes?
BAAL. Me sabe bien.
EL HOMBRE, irritado: Eres un caso totalmente perdido. AMANECER EN EL BOSQUE
Addio! Se dirige con el hacha hacia la puerta.
BAAL. Gracias. Leñadores
EL HOMBRE. ¿Puedo hacer algo por ti...? Pero tengo que
ir al trabajo. Cruz y raya. ¡Cadaver! UNO. ¡Pásame el aguardiente! ¡Escucha los pajaritos!
BAAL. ¡Tú! ¡Acércate! El hombre se inclina. Era muy her- OTRO. Hará un día de calor. _
moso... UN TERCERO. Todavía hay un montón de troncos que tie-
EL HOMBRE. ¿El qué, gallina loca, o mejor: capón? nen que estar cortados para la noche.
East.. Todo. UN CUARTO. El hombre ese, ¿estará ya frío?
EL HOMBRE. ¡Eres un sibarita! Se ríeƒnerte, sale; la puer- TERCERO. Sí. Sí. Ya estará frío.
ta se queda abierta, se oe la noche azul. " SEGUNDO. Sí. Sí. ,.
BAAL, inquieto: ¡Tú! ¡Amigo! TERCERO. Ahora podríamos tener los huevos, si no se
EL HOMBRE, en la ventana.- ¿Qué? los hubiera comido él. Casi nada: ¡robar huevos en su
BAAL. ¿Te vas? lecho de muerte! Al rincipio me daba pena, pero lue-
EL HOMBRE. ¡A trabajar! go se me hincharon las narices. Gracias a Dios que no
BAAL. ¿Adonde? olfateó el aguardiente en estos tres días. Que falta de
EL HOMBRE. ¿Qué te importa? consideración: ¡huevos para un cadáver!
BAAL. ¿Qué hora es? PRIMERO. Tenía una forma de echarse en la porquería; y
EL HOMBRE. Las once y cuarto. Se oa. luego no se levantaba ya, y lo sabía. Se echaba como

LI .|
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1
74 - Bertolt Brecht
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Si fuerauna cama tendida. ¡Con cuidado! ¿Lo conocía
alguno? ¿Cómo se llamaba? ¿A qué se dedicaba? nl*

CUARTO. Tendremos que enterrarlo así. ¡Y ahora pása- ¬_. I fl:-

me el aguardiente! R S
' u
_._,-,_-___-.;:
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11

.
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TERCERO. Le pregunté cuando ya tenía estertores: ¿en al


nf I
',' u'.

qué piensas? Siempre quiero saber en qué se piensa. Y i


me dijo: todavía escucho la lluvia. Se me puso carne ¡I

de gallina en toda la espalda. Todavía escucho la lluvia, 'r


R Clljo. .
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