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Nicolás Serra y Caussa

MASONERÍA
al derecho
y al revés

1897
N ic o l á s Serra y Cau ssa

PRESBÍTERO*"'.....

M a s o n e r ía —
al derecho y al revés
ESTUDIO SOBRE L A N A T U R A ­

L E Z A Y FINES DE L A M ISM A

T om o I

CON U C E N C IA E CLE SIÁ ST ICA

BARCELONA . ----- --------- ---------


Librería y Tipografía Católica, Pino, 5
MASONERÍA AL DERECHO Y AL REVÉS
M a s o n e r ía

al derecho y al revés

Ó SEA -- -- -

ESTUDIO SOBRE L A N A T U R A ­

L E Z A Y FINES DE LA M ISM A
----- ' ' ' POR

N ic o l á s Serra y Cau ssa

PRESBÍTERO

CON L IC E N C IA E CLE SIÁ STICA

T omo I

BARCELONA

Librería y Tipografía Católica, Pino, 5


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^Z. L E C T O R

Lo que es este libro, bien claro y alio lo vocea su so -


brescrito: estudio serio sobre la naturaleza y fines de la
Francmasonería, prometido años hace en nuestros “ Orí­
genes de la masonería;» tan completo como hemos alcan­
zado con la guía y luz de las obras magistrales sobre la
materia y el auxilio de todo género de documentos, para
poder sin arrogancia estampar el ante-título: «Masonería
al derecho y al revés;» bien cimentado y bien firme sobre
los estribos, con seguridad y cofia de datos, que vuelvan
al cuerpo á los hijos de la Viuda aquella su queja hipó­
crita. de que no se les prueban las cosas. Nuestros hite •
nos lectores verán p or sus ojos, si se les prueban ó no.
E l plan nace de las entrañas del asunto y se desarro­
lla por sí mismo} como quien con la punta del hilo va ti­
rando del omito. Después de algunas indispensables cues­
tiones preliminares, en la del «Testimonio masónico» de­
mostrarnos y asentamos las reglas de nuestro criterio y
fuente de certeza, para nuestro objeto, y desde ahí á 'celas
desplegadas con segura confianza nos entramos por la obs­
cura y resuelta mar de la secta. Fines mentidos: desecha­
dos—fin último y supremo—fin mediato para el supre-
ÍNDICE

PAos.

A l l e c t o r . , .................................................................................... 5
I ntroducción .—Posición actual de los católicos en frente
de la masonería............................... .... ..................................... 9
C apítulo p r im e r o .— No m b r e d e f r a n c m a s o n e s y f r a n c ­
m a s o n e r í a . — Se in vestig a la época de su uso por grados.
— Razones de un autor modernista deshechas.— Epoca
cierta é in cierta ......................................................................... 17
C a p . II.—¿E x iste la m a s o n e r ía ? — Fotografíala León X III,
—Dem ostración general.—Especificada por las notas de
la misma secta............................................................................ 21
C a p . III,— Im p o rta n cia de la m a s o n e r ía .— Fanfarronadas
masónicas que nos hum illan.—Perversos fines y poder
colosal de la secta.—Testim onios insignes de católicos y
de protestantes de buena fe.— Condenaciones de toda cla­
se de gobiernos contra la secta.— Repaso de historia con­
tem poránea................................................................................. 38
C ap . IV .— ¿Qué c o s a es la m a s o n e r ía ? —Definiciones de
profanos, confrontación y resumen.— Elemento satáni­
co.— Bengalas masónicas. — Lo formal: Ragon, W eis­
haupt, Masonería holandesa, Conrard, Petrucelli, Maso­
nería francesa de 1879, A nti-concilio de Nápoles, Con­
greso de estudiantes en Lieja, Bakounine.— Recapitula­
ción .— Lo sa tá n ico.................................................................... 51
Ca p . Y .—M a son ería u n iv e rsa l.— A propósito, un profano
agradecido, el abate Barruel.— Doctrina masónica.— Ri­
validades y cismas m asónicos.— A rgum ento histórico:
Kskert, G jr .— Rapapolvo de Jannet á Tocqueville,— Fru­
to de nuestra a v erig u a ción .................................................... 83
Cap . V I.—T e s tim o n io m a s ó n i c o — Cofradía falaz y secre­
ta.— Decreto sobre censura del Gv. M.\ Murat y de otros.
—Embuste sistemático y d o ctr in a l— Consecuencias y
reglas de criterio.— El doctor sagrado R agon .—Un precio­
so Clavel................... ....................................................................100
Cap . V IL — F in d e la m a s o n e r ía .—La beneficencia ó filan­
tropía no es fin de la masonería: textos y casos chuscos.
— Ni lo es la filosofía ó el cultivo de ciencias y artes.—
Ni la moral y práctica de las virtudes.—Ni el m iitua-
lism o............................................................................................. 116
Cap . V III.—F in de la m a s o n e r ía es la p o lític a , p e r o n o
ú ltim o.— Las Constituciones y reglam entos masónicos
prohíben la política.—Los contradicen de palabra y por
obra los principales farautes, y depone á favor de éstos
la historia.— La gran cobertera de la política.— Deshace
el engaño la palabra de León X III con el apoyo de los
hechos.— C onsecuencia............................................................ 13i
C a p . IX .—F in s u p re m o de la m a s o n e r ía , el sa ta n ism o.
—A rgum ento de autoridad; el Congreso antimasónico de
Trento — Otra prueba por partes.......................................... 151
I .— La masonería, es religión á su modo.— Confesiones y
ceremonias.— C orolario................................................ 153
I I .— La masonería es mmúquea.—Prueba histórica.—
Los libros m asónicos, Clavel, Ragon; grado de
aprendiz, de elegidos, de kadosch; martinismo;
Tito de M israim .................................................................... 158
III .—Fábula de Hiram.— Dala completa y la discute
Saint-Albín: la discutim os nosotros y alargamos
su significado.................................................................. 105
IV .—La masonería es satánica.— Estado de la cuestión.
—R esolución del Congreso antimasónico de Tren­
to: una apostilla nuestra.— Gravísimas sentencias:
León X III, Pío IX , Barruel, Gautrelet, lim o. Gay,
lim o. Dechamps, Bresciani con una nota de oro.
— Fraterna á los ultracríticos.— Del cam po m asó­
nico: dichos y hechos; rituales interpretados por
los doctores trip u n te a d o s.......................................... 182
Ca p . X .— C o n firm a ció n d el a n te rio r. M a so n e ría e s p ir i­
tista.—Es gnóstica, es cabalística.— Quién era Elifas
Leví.— Cábala de la izquierda, escuela de todos los ilu ­
m inados.— Cábala judaica, ocultism o.—.Historia y prin­
cipios.— La masonería, sociedad cabalística.— Lo que
refiere el P, Deschampsv— Rito de Misraim.— Telescopio
deZoroastro.— Confesiones de Saint-Martin.—Caballeros
benéficos de Lyon, Filaletes, A m igos reunidos, Teósofos
de New-Y o r k .....................................................................................228
Cap . X I —F in in m ed ia to p a r a el fin ú ltim o d é l a m a s o ­
n e ría , la H u m a n id ad in d e p e n d ie n te .— Congreso anti­
masónico de Trento.— Los obreros de la idea desde los
antiguos libeíiinos (freethinkers) ingleses.—Naturalismo
m asónico descrito por León X III.— Conclusión del Pa­
dre Pachtler................................................................................. 244
G a p . X II.— Otra fó rm u la equivalente; L ibertad, Igual­
dad, F ratern id ad . — Lo que le pasó al P. Barruel con
los masones.— Magníficas definiciones y análisis de Dom
Benoit.— Síntesis de la trilogía, Libertad.— Exposición y
prueba del P. Gautrelet.—Frutos de la libertad m asó­
nica................................................................................................252
Cap. X III.— L a m a s o n e r ía , en e m ig a de la r e lig ió n .— R a-
poserías.—Enredijo de textos oficiales masónicos sobre
religión.— Sobre la existencia de Dios, cóm o se las com ­
ponen entre el si y el no: buenos com ediantes...................263
Cap . X I V .— L a m a so n e ría niega al D io s v erd a d ero .—
Decreto mas.*, de 1877: cisma.— Textos á manta.— El
por qué de ciertas cosas.— Dos pejes com o pocos.— 2,800
maneras de entender á Dios, según un li.‘ ...................... 210
Cap . X V . — L a m a s o n e r ía , e n e m ig a de to d a re lig ió n n a ­
tu ra l.—rDesp en sa bien provista.................................. 277
Ca p . X V I.—L a m a s o n e r ía a b o m in a lo so b re n a tu r a l y la
religión cristia n a .— Discursos que arden en un candil. 2S0
Ca p . X V II.— L a m a s o n e r ía b la s fe m a y s a c r ile g a .—Testi­
monios y rituales m asónicos.—Ignorancia general de los
masones no iniciados.................................................. . . 283
Cap . X V III.— G uerra de la m a so n e ría con tra la Iglesia
católica. —A rgum entos varios.— Condenaciones de los
Pontífices.— León X III en especial con pruebas. . . . 290
I .— Prueba documental.— Gritos de rabia infernal. . . 2D3
I I .— Prueba de hechos.......................................................... 207
Cap . X IX .— T e x to s in tere sa n te s s o b r e la r e lig ió n m a ­
s ó n ica . . . •.......................................................................... 301
C a p . X X .— R a c io n a lis m o o r g a n iz a d o ó L ig a d el lib re
p e n s a m ie n to .— Antecedentes: Am os Commenus, Spi-
nosa y Rosacruces en Holanda.—En'Am sterdam la logia
Post nubüa Im y la revista Dageraad,— En Francia socie­
dades de libres pensadores,— Manifiesto solidario de la
logia Porvenir.— Sociedades solidarias en Bélgiea y Fran­
cia.—Fórm ula de mandato y fórmula testamentaria de
los solidarios.—Estos hablando en prosa y en verso.—
Notas nuestras.— Canto triunfal del libre pensamiento.
—Alianza solemne del positivism o y la masonería.—El
m iedo de los librepensadores á la muerte.—Proyecto de
congreso masónico universal en Roma. — Predicata á
nuestros hermanos.................................................................... 308
Cap . X X I .—L a m a s o n e r ía , en em ig a y d e str u cto r a de
la m o r a l.....................................................................................327
I .—pcsfrúyenlci los principios de la secta...........................327
II.—Niégala la doctrina de los oráculos de la secta.— Ba-
zot admite nuestra prueba. — Monstruosidades:
Helvecio, Rousseau, Diderot, D ’Alem bert, Lame-
trie, Voltaire.—Resum en............................................. 334
I II.—¡Fuera moral!—¿Qué es lo que el hom bre debe á
Dios? Lo que se le antoje, ó nada, según líagon y
Voltaire.— ¿Qué es lo que el hombre se debe á sí
mismo? Nada: suicidio mandado ó lícito, según
teoría y práctica de los filósofos.— Virtud: es la uti­
lidad, el p la ce ro el capricho.— ¿Qué es lo que el
hombre debe á sus semejantes? Lo que cada uno
quiera ó juzgue.—La moral m asónica inventada
para matar la honradez................................................338
C a p . X X II .—A lgu n as p a rticu la rid a d e s d e la m o r a l m a ­
s ó n ic a .—Franqueza y sinceridad: Voltaire, Diderot, La-
metrie, W eishaupt, Saint-Martin, Masón de Módena:
Suprema Venta: dicho de un masón airado: exclam ación
del P. Deschamps: probidad masónica.—El fin justifica
los medios: vindicación de la Compañía de Jesús: ley
fundamental del Arte Real: los maniqueos: Código de
AVeishaupt: el ilum inism o ante el tribunal bávaro: otros
testimonios sectarios................................................................ 346
Cap , X X II I.— L a masonería,, destructora de la fam ilia.

—El m atrim onio.— Combatido por la libertad primitiva
de la secta.—Testim onios de ésta contra el matrimonio
y la fam ilia.— Cinco grados para el estado de naturaleza. . 358
I .—Masonería de Adopción.— Importancia de la m ujer
para el bien y para el m al.—Piccolo Tigre: W e is­
haupt.— Antigüedad de la tal masonería.—H ipo­
cresía de R agon.— Diferentes ritos y grados.—
Muestras de dicha masonería.— Fines de la misma.
La cuenta por cinco.— Varios grados.—Integridad
de manuales ó cuadernos de la log ia....................... 368
II.—Feminismo,— Su descripción.— Es obra de la ma-
sonería: testimonios 390
III.— Memorias de la masonería de Adopción— En el
m ism o Palacio Real de Francia.— Escándalos. . 394
IV .— Bnseitatiza atea de la mujer. — En Francia, A le ­
mania, Bélgica y Estados Unidos, etc..................... 396
V .—Sistema de corrupción.—Lamentos de León X III.
— La A lta V enta.— Pintura de la corrupción gene­
ral.— Cuadros disolventes y salvajes de la secta.—
El animal sobre el hom bre.— Los causantes de la
corrupción.— Citas: Eckert, Proudhon.....................402
C a p X X IV .—L a m a s o n e r ía , e n em ig a d e to d a p r o p ie ­
d a d .— Breves razones de ello.— Falsos fundamentos del
Contrato social de Rousseau.— Clara exposición de este
Contrato, que es código de la secta.—Declaración de los
derechos del hombre, Fauchet, Diderot, D ’Alembert,
Mably, Brissot, Saint-Martin, W eishaupt, Mirabeau,
Robespierre, Hegel, Fichte, Congresos de Lieja y Gan­
te, etc.— Manuales de la secta.— Comunismo práctico de
los Estados................................................................................... 4n
C ap . X X V .— L a m a so n e ría , en em iga de toda autoridad
y g o b ie rn o ................................................................................. 433
I.— Doctrinas— Declaración de los derechos del liorn-
bre, Constituyentes, W eishaupt, Saint-Martin. . 436
I I .—Rituales.y testimonios. . ..................................... 443
C ap X X V I . —L a m a s o n e r ía , d e str u c to r a de n a c io n a li­
d a d es y del p a tr io tis m o .— Engaño de neófitos.—Lo
que dicen las Constituciones de la seeta,— Sueinta de­
mostración.— El pacto de Rousseau.— Grado de EfOfta
de W eishaupt.—Alto Masón de Módena.— Sabios alema­
nes.— H.\ Bluntschli.— Cosmopolitism o.—Más testimo­
nios. Consecuencia ñnal.......................................................... 453
O a p . X X V II. — C aden a sin fin de traiciones m asón icas
á la patria. — Manifiesto del G.\ 0 .\ de París.— Propa­
ganda.—Traiciones del duque de Brunswick.— Grandes
preparativos.—Conquistas.— Traiciones en Italia, Suiza,
Roma, Malta, Constantinopla, Africa, Rusia, Polonia,
Suecia, Austria, Prusia, España.— Poder de la secta en
toda Alem ania.—Batallas de Marengo y Austerlitz. . .
mo—Jines inmediatos ó destrucciones prefijadas y decre­
tadas por la negra sociedad— actuación comprensiva de
aquel fin mediato— secreto y juramento masónicos, como-
elementos esenciales de acción— medios generales de des­
trucción — tácticas— estratagemas— organismo material
y form a l de la secta— cuestiones sueltas— apéndices.
Nuestro estilo, en otras partes donde hemos combatido,
lo trataron de acerbo y hasta virulento con los adversa­
rios los que todo lo curarían con fom entos /j lenitivos; y
algunos católicos melindrosos lo tildaron de excesiva­
mente fra n co , Ubre y desenvuelto en poner motes y cali­
ficativos, cuando se nos vienen á la pluma: como si fu e s e
pecado decir las del barquero d quien mucho se lo merece,
ó fu e s e mala crianza señalar con su nombre propio á
quienes de Dios abajo no guardan consideración ni res­
peto d lo más sagrado, y que á los de nuestra milicia no
los mientan por lo regular sino para cargarlos de inso­
lencias y dicterios. Censura además la de esos caritati­
vos hermanos tanto menos fundada en la ocasión p re­
sente, cuanto recaería sobre una obra de propaganda,
cual es la nuestra; género que por su carácter popular
consiente todos los colores y tonos de la crítica hasta el
ridiculo y la caricatura; razón, nos parece, digna de ser
tenida en cuenta. A llá verán y juzgarán nuestros lecto­
res, bastante cu erd os para atender al fon d o importante
de las ideas y los hechos, plázcales más ó menos lafo rm a
ó envoltura en que se les presenten. Y con esto... vale et
fruere.

Mas, alto ahí... que se nos atraviesa la, innoble figura


de León Taxil, con su palinodia de entremés y con la ne­
cia pretensión de borrar y desautorizar en el ánimo de
los profanos lo mismo que con toda verdad había hecho
correr antes p or el mundo acerca de la 'pizmienta co fra ­
ila . Entonces si mentía el cínico comediante en el mismo
acto de representar la fa r s a de su retractación; bien que
así como con sus anteriores afirmaciones nada¡rnievo ha­
bía aportado al proceso de la secta, así nada le quitó con
sus tardías negaciones.
P ara inteligencia y desengaño de los menos avisados]y
como pieza de convicción para todos, léase atentamente la
reproducción del artículo que enJunio'de ¡ 897 publicá­
bamos en «El Tiempo» de M éxico, á raiz de aquel escán­
dalo dado en P arís por el desvergonzado farsante, y con
que encabezamos este libro. N o se pase por alto.
INTRODUCCIÓN

Posición actual de los católicos en frente


de la masonería

espués de la colosal é infame superchería de


Taxil, del incomprensible y tristísimo engaño
de muchos de nuestros hermanos ¿cuál es la
posición de los católicos en frente de la maso­
nería? La misma de siempre sin la más míni­
ma variación. La masonería de hoy es la condenada, bajo
este nombre ó bajo cualquier otrof en 1738 por Ciernen-
t e X t l con pena de excomunión reservada al Romano Pon­
tífice; condenación reiterada y confirmada en términos cada
vez más graves y con señas más individuales por Benedic­
to X IV, Pío V II, León X II y Pío IX ; masonería nueva­
mente anatematizada, analizada, descrita, desentrañadaf
mostrada al descubierto, á toda luz, sacada á la pública
espectación y vergüenza tal cual es, con toda la negrura y
horror de sus blasfemias, con todas las ignominias de su
moral y de sus más hondos misterios, con toda la ponzoña
de sus máximas y principios disolventes, con todo el alcan­
ce y espantosa trascendencia de sus designios, con toda la
extensión de su infausto poderío, con toda la bellaquería de
sus procederes y malas artes, con toda la maldad de sus
traiciones, con toda la enormidad de sus hazañas y conquis­
tas, con toda la increíble malicia de su inspiración satánica,
por el Pontíñce reinante León X III en su maravillosa En­
cíclica ‘S umanum gemís, obra maestra de espíritu obser­
vador y profunda sabiduría, documento inmortal, solemní­
sima enseñanza y extremo grito de alerta dado á los hijos
de la Iglesia universal, admirable compendio de cuanto
pueda de substancial decirse ó barruntarse respecto á la
fementida y aborrecible secta. Si esta es la masonería de
hoy, la misma de ayer y de los siglos pasados ¿cuál se de­
berán haber y averiguárselas hoy con ella los católicos que
sepan serlo? Cual con su enemigo feroz é implacable á
quien tienen en frente, enemigo astuto, perversísimo, el
mismo enemigo de ayer, de los siglos pasados y de siempre.
¿O se atreverá alguno á suponer que la Iglesia viene
mintiendo ó exagerando desde Clemente X II acá y alboro­
tando cielos y tierra con neeias alharacas y pajarotadas?
¡Calla, insensato! Ni sabes lo qué son los Papas, ni cuál es
su autoridad y modo de proceder, ni lo qué es excomunión
y tal excomunión, ni las obligaciones de católico, ni guar­
das cortesía civil siquiera, ni tienes crítica, ni sindéresis,
ni nada.
¿Opondrá otro que la mandilesca cofradía es cosa política
nada -más ó una simple sociedad de la hampa? Pase por lo
de la hampa y aun por una buena parte de monipodio con
todas sus trapazas, enjuagues y gatuperios; mas por lo de
la política, instrumento á la verdad usual, general y pode­
roso de la seeta, pero no fin de ella,.. Luego tú no eonoces
ni por el forro la Encíclica E w n am m gen u s ¡extraño des­
cuido! y te desdeñas de echarla un vistazo ¡gran descome­
dimiento! ó no entiendes el abecedario, ó has perdido la
chaveta de remate: item más, estás por desasnar en la his­
toria moderna.
Sin escrúpulos ni repulgos, Martin, masón cogolludo, el
famoso autor de la Historia de Francia, definía la masone-
ríafllamándola: «Instrumento de la Filosofía (de la escuela
de Rousseau, Voltaire y comparsa, se entiende) y laborato­
rio de la Revolución;» Revolución con mayúscula, por anto­
nomasia, Revolución universal, antirreligiosa sobre todo y
ante todo (t. X V I, pág. 535).
Dicen algunos masones que ellos nunca oyeron de planes
tenebrosos ni vieron espantajos. Ella matrera y reservadí­
sima, peleles y babiecas ellos ¿qué les hemos de hacer?
Añaden algunos majaderos que para algunos países el
tiempo de la masonería pasó. Entonces ¿por qué se echan
anzuelos? ¿á qué ganchos, si no se ha de enganchar? Sobre
ese punto hay mucho y bueno qus decir, y á su tiempo
echaremos á la plaza la berza y el repollo: hay muchos ojos
con cataratas y es menester batirlas. Todo se andará, si la
soga no se quiebra.
Mas á todo esto nos vamos olvidando de nuestro objeto
principal. Vamos allá.
Pues, señor, un bellaconazo desvergonzadísimo, fenome­
nal, un Taxil tiene la humorada y la audacia de echar al
mercado de los inocentes una fábula monstruosa, que por
serlo tanto fué bastante creida, porque en género de inven­
ciones, para los más, cuanto más gordas mejor pasan, cuan­
do hay muchos vivamente interesados en el pro y en el con­
tra del hecho: esta fábula es sostenida á fuerza de sorpre­
sas no mal fraguadas, de mañosos embustes osadamente
encadenados unos eon otros; por último con increíble desfa­
chatez es descubierta por su propio autor. El argumento de
la novela histórica lo formaba una sarta de asquerosidades
y demonierías atribuidas con verosimilitud ála secta; vero­
similitud fundada en sistemas, principios y moral por ella
profesada; y al desarrollo prestaba interés para los igno­
rantes de ciertas noticias relacionadas con la historia de la
hermandad, el aparato de supuestas revelaciones con sus
correspondientes fechas, nombres propios y circunstancias,
reales unas, imaginarias otras. La impresión producida por
los dos textos fundamentales, E l diablo en el siglo -YI.V y
Memorias de Diana Vmghan, vino á reforzarla y exten­
derla un chorro de libros publicados con diferentes firmas
y otro chorro de conversiones (nominales), que no parecía
sino que toda la gazapera masónica andaba revuelta y al­
borotada, y que había llegado la crisis final y ya tocaban á
juicio. Algo extraño debió habérseles hecho á los más ad­
vertidos esta inusitada agitación, según se le hizo al que
esto escribe, y seguros estamos que si los redactores de
ciertas respetables Revistas y ciertos insignes escritores,
algo meaos presurosos ea apañar noticias de efecto, se hu -
biesen dado lugar de fijarse seriamente, cual cumplía, en
ciertos casos del dicho Diablo, en las recomendaciones y
remisiones de las Memorias á este libro de todos los dia­
blos y diabluras, además de otras incongruencias y tradi­
ciones; en la conducta de Taxil con Morés, con cuya sola
mención el abate Garnier avergonzó en la gran sesión á la
desvergüenza personificada; y en cierto librejo del mismo
Tasil, donde éste saca con sus puercas manos las inmundi­
cias de las cloacas morales, alias lupanares de París, se­
gurísimo que á aquellos autores ni por espacio de una hora
les habría durado la ilusión, como le sucedió al que esto e s­
cribe, y tiene de ello testigos.
Mas el vulgo de los lectores, y no es poco numeroso, me­
nos reflexivo y desprovisto de medios de información ¿qué
había de hacer? Pues creer y devorar los lanudos borregos,
y era lo natural, y era lo razonable, y era lo debido. ¡Rara
paradoja! mas nada difícil de explicar.
Ese vulgo más ó menos erudito, pero aleccionado con las
enseñanzas de la Santa Sede, ilustrado, inundado de luz
eon los rayos esplendorosos de la Encíclica Hxmannm ge -
ñus, se sabía de memoria lo que era la masonería con to­
dos sus rasgos distintivos uno por uno, antes que Taxil
pensase en armar su retablo de entremés y preparase el es­
cándalo del siglo. Viene ese perdulario, y lo que ellos tenían
olvidado de puro sabido se pone á contárselo con el cebo de
la forma novelesca, con el engatusamiento de casos nuevos
y sorprendentes, con el picante de un realismo descarado
que no escandaliza por considerar que no desdice de la rea­
lidad masónica, y hételos ahí dispuestos por sus pasos con­
tados á creer lo que fundados en el testimonio de autores
serios y fidedignos habían aprendido mucho antes.
Conforme á esta explicación, que no podía ser más llana
y manual ¿quiénes sou los chasqueados? ¿Los católicos bo­
nachones, de sobra crédulos en aceptar á carga cerrada lo
histórico y lo novelesco en montón de los relatos de ese
maese Pedro sectario, sin distinguir entre uno y otro, como
era razóa? No y más no, porque en lo substancial hicieron
bien en creer, pues no era engañifa sino realidad pura, y
sólo pecaron en extender su credulidad á la parte de borda­
do, ornamentación y arrequives sobrepuestos, obra del pro­
caz novelista, en lo recargado de las tintas, en lo ficticio
de citas, documentación y circunstancias agravantes. Los
chasqueados con toda solemnidad fueron, primeramente
Taxil, y luego la masonería toda en peso: Taxil, porque en
lo esencial enseñó á muchos acerca de la triangular cofra­
día muchísimo mal que ignoraban y que es verdad, y los
inflamó en odio mortal contra ella, y á otros los confirmó
en su sentir y los alentó en la guerra sin cuartel que la ha­
cen, y no era esto sin duda lo que él esperaba por fruto de
su indecente maniobra; la masonería, por el mismo caso de
Tasil y porque además, habiéndole jaleado amorosamente
en los varios lances de la indigna farsa, cargó ella y se hizo
solidaria de la infamia de su criatura, pudiéndosele arrojar
& la cara este merecido improperio: tal masón de tal ma­
sonería.
En efecto, para seguir sacudiendo el polvo á tal cachorro
y á tal perra madre, á cuatro cabezas se reducen las pre­
tendidas revelaciones y acriminaciones de Taxil en la serie
de libros por él publicados: 1. Unificación del gobierno por
medio del paladismo; 2. Inmoralidad de la secta; 3. Im­
piedad y satanismo; 4. Criminalidad de la misma.
Sobre ninguno de estos capíthlos dijo ni descubrió, ni con
su nombre ni con otros supuestos, nada que no estuviése­
mos hartos de saber los católicos y mucho más aún; pero
bien averiguado, comprobado y rectamente creíble.
Desde luego la masonería es en sus entrañas maniquea y
satánica, rechine cuanto quiera los dientes contra este últi­
mo atributo cierto crítico aiemán. Ea este inaniqueísmo y
satanismo cabe todo cuanto pueda imaginarse y sin compa­
ración infinitamente más de lo que ha imaginado y puesto
en solfa el truhán en loor y honra de su picara madre,
cuanto pueda concebir la fantasía más calenturienta y des­
bocada de torpe, obsceno, pudendo y nefando; de impío,
blasfemo, endemoniado é infernal; de hipócrita, villano,
traidor, maléfico y malvado. Hablamos aquí, entiéndase
bien, de la secta como tal secta, salvando, á ejemplo de
Nuestro Santísimo Padre León X III, lo que salvarse deba
respecto de individuos, muchos de los cuales son siempre
fantoches, pipiolos, iniciados de paramento, bolonios, tras­
tos viejos de logia, aunque no menos incursos en las conde­
naciones de la Iglesia.
Y particularizando más ¿qué viene á contarnos ese mos •
trenco de Taxil de equívocos soeces, eseenas, cantos y
diálogos de burdel, que no nos asista pleno derecho de su­
poner y aún más de lo que él despepita, sin salimos un ápi­
ce de las formales enseñanzas de los doctores sectarios, de
los libros oficíales y de uso diario de las logias, capítulos y
areopagos? ¿Con qué fuero ha de darse charol ese rufián
con sus Hermanas masonas, cuando desde la literata Gen-
lis, coima de Felipe Igualdad, y lacomedianta Duchesnois,
con todo el cuerpo de baile de literatas y tertulianas, de en­
ciclopedistas y demás masones; desde la orden de ilum ina­
das. de Weishaupt, «que se las formará para dar vado en
secreto á sus pasiones,» «para satisfacer á los hermanos in­
clinados á los placeres» (textual); desde los Felicitarlos y
los Caballeros y N in fa s de la Rosa del mismo siglo pasa­
do hasta los talleres andróginos, mixtos de ambos sexosj
del actual en todos los países, estamos al cabo de cuanto
hay y puede haber en la materia? Para no citar el misterio
de la letra G radiante en el centro de la Estrella flamígera
y junto con ésta formalmente adorada, de Pan el barbón,
del culto de la naturaleza, del lingam oriental, ó sea, de
la cruz y la rosa sobrepuestas, conforme á los comentarios
del autor sagrado Ragon, el cual escribía antes que nacie­
ra el zángano de Taxil.
Eq suma, éste no inventó nada, antes se quedó corto por
deferencia seguramente á sus HH.*. ¿Por qué no habían de
creerle? Constándonos, por vía de ejemplo, que él es un
bribón ¿por qué no habremos de creer que de Marsella
salen también bribones? Este es el caso.
Y tras el capítulo de inmoralidad sucede el de impiedad y
satanismo de la secta. La impiedad, la blasfemia y el sa­
crilegio le razuman y chorrean por todas las letras de sus
cuadernos ó ceremoniales. En punto á satanismo, consta,
por no subir más arriba, desde el siglo pasado, por las de­
claraciones explícitas del gran doctor iluminador Saint-
Martin y la historia de su maestro el judío portugués Pas­
cual Martínez; consta por los rituales del sistema de Mis -
raim; consta por las ceremonias de los demás Hitos; consta
por la leyenda masónica de Adoniram; consta por autoridad
de Ragon; consta por general consentimiento y respetables
testimonios; consta por dictamen categórico del Congreso
antimasónico de Trento, etc. Como nota alegre, si bien
significativa, sabido es que Voltaire frecuentemente en su
correspondencia saludaba á los masones como hermanos su­
yos en Sócrates y en Delcehi.
¿No le habían de creer al calafate ese, cuanto á la subs­
tancia de la cosa, aun cuando algunos pecaran de ligereza
en tragar tantas cosas y tantas demonierías como él refería?
Con que hubiesen pasado los ojos por los ridículos graba­
dos diablescos del «Diablo en el siglo X I X ,» y con haber
parado la atención en la concordancia del tal Diablo con
tales Memorias, habrían caído de su burro.
Por último ¿será preciso hablar de la criminalidad de la
secta? Desde los grados simbólicos con su brevísimo retazo
de la fábula de Adoniram se inculca la idea de muerte y
venganza: desde el primer grado de elegido se le regala al
masonete un puñal, prenda más inseparable de él todavía
que el taparrabo ó mandil; porque el Kadosch tira el tapa­
rrabo á la basura, mas no suelta el puñal, al contrario, se
le entrega con más pompa por si hacía falta, y puñalada
aquí, puñalada allá, puñalada á D io s (ceremonia espeeial),
y venganza va y venganza viene... vamos, una escuela
completa de puñal.
Este chisme y cualquier otro semejante, el agua iofana,
que llaman, ó cualquier otro chocolate sirven para despa­
char al menudeo, y hay quien va formando la estadística
segura y glosada de estas hazañas para cuando le llegue el
turno de salir.
Con los crímenes al por mayor están empapadas de san­
gre las páginas de la historia. También esto habrá de salir
algún día con distinción y las correspondientes probanzas.
Tampoco vale un comino lo que sobre este extremo pu­
blicó Taxil: nada de nuevo ni de particular. La creyeron...
Pues si era verdad ¿por qué no habían de creerle?
Tocante al capítulo de unificación del supremo gobierno
masónico, aquí sí ese bachiller pifió y mintió de barra á
barra, porque de ello no sabía, ni sabe nada, ni nunca sa­
brá, pues no se lo han de ir á contar. Este es uno de los
verdaderos secretos masónicos, y dado que ese farsante sea
masón, apenas llegará á cabo ó sargento, y no es á esos á
quienes se fían ciertas cosas.
Nos vamos alargando y sobra mucha tela.

MORALIDAD

Es muy clara. Luego


1. Cierto que Taxil se divirtió á costa de los incautos
con hacerles tragar la parte guasienta de sus novelas histó­
ricas. Pero
2. También es cosa fija que el ganapán con la parte
real é histórica de las novelas abrió los ojos á todos, vulga­
rizando noticias exactas y denigrativas de la masonería, y
contribuyendo á enardecer contra ella todos los corazones
dotados de fe y rectitud. Por tanto
3. Al cachorro y á su picara madre les salió el tiro por
la culata, ó mejor, yendo por lana fueron trasquilados. De
donde
4. La posición actual de los católicos en frente de la
masonería es aun más favorable que antes. Con otra gran­
de ventaja;
5. Sin amenguarse un punto la confianza, á no ser de
los tontos, se afinará la crítica de los católicos.
¡Vengan Taxiles!
N ic o l á s Se e r a , P b r o .

México, 3 Junio 1897.


lA S O H E E Ii AL DERECHO Y AL REVÉS

CAPÍTULO PRIMERO

Nombre de francmasones y Francm asonería.— Se inves­


tiga la época de su uso por grados.— Razones de un autor mo­
dernista deshechas,— Epoca cierta é incierta.

nombre, por lo general, ó recuerda el del in­


l
ventor, autor 6 institutor de la cosa; ó se to­
ma de alguna circunstancia accidental notable
ó conocida; ó bien denota 6 representa de al­
gún modo por lo claro la naturaleza, objeto
material ó fin de la cosa misma. Pero ¿cómo no había de fa­
llar respecto á la secta de Hiram la ley de usual franqueza
dictada por la común rectitud de la humana conciencia?
Aquella maestra de hipocresía empieza á mentir desde que
se nombra; puesto que en opinión del doctor sagrado Ragon,
el de Francmasonería no es más que una. mascar a, un nom -
brq encubridor (voüdteur).
Pero [vaya! ¿cuándo comenzó á taparse con ese disfraz,
para dar el timo á la gente, y de dónde lo tomó?
U A B O N E R Í& . T . I . — 3
Adviértase desde luego que la cuestión del nombre no es
la cuestión de los Orígenes de la Masonería, á cuya in ­
vestigación dedicamos años ha una obra, ya conocida de
nuestros lectores y honrada con alabanzas del Pontífice
León X III, á quien Dios se lo galardone. Muchos siglos an­
tes de bautizarse, como después se bautizó, con sus malas
artes de costumbre y sus sangrientas fechorías, había llena­
do el mundo de estragos ese engendro de Satanás.
Conque ¿cuándo adoptó el nuevo antifaz y comenzó á lla­
marse tal como hoy se llama?
El escritor modernista de la Civilíá Cattolica, á quien
refutamos en la pendencia de los orígenes masónicos, con­
testará sin duda conforme á su sistema, que en Febrero
de 1 7 17 , día más día menos, fecha en que aquellos tres in ­
signes calafates, el calvinista francés Desaguliers, el ar­
queólogo Jorge Payne y el predicante de la Corte inglesa
Jaime Anderson, obtuvieron de sus compinches la aproba­
ción de los primeros estatutos formales.
Bien es verdad que el autor citado reconoce existente ya
desde 1607 en Inglaterra un gremio de libres albañiles ó
constructores, franc-masones ( freemasons), así dichos por
los privilegios y franquicias de que disfrutaban: refiere que
fueron admitidos en la corporación á título de protectorado
muchos personajes extraños al arte y oficio, bajóla denomi­
nación de masones aceptados ( acccpted), llegando su nú­
mero á ser muy considerable en 1 6 1 8 ; y por último da cuen­
ta muy especial de la grande asamblea masónica promovida
en 1638 por los masones aceptados, en la cual se formaron
estatutos, y en virtud de ellos se impuso el más riguroso
secreto tocante á las cosas de la «Confraternidad ó Socie­
dad de la Francmasonería.» resultando ésta convertida en
sociedad verdaderamente secreta.
Mas en el empleo del sobrenombre de franc-masones, á
los aceptados británicos se adelantaron los de la taifa soci-
niana, el fraile bigardo O ¿hiño uno de los primeros; los cua­
les desde el último tercio del siglo X V I por lo bajo andaban
haciendo sus proezas por Europa con la marca y divisa de
F reij-M au rur, de Free-M urer, Freys-M acons y de F ree-
Masons. Consígnalo el P. Lefranc, mártir del Terror
en 1792, en su obra, Velo alzado para los curiosos, ó H is ­
toria de la Franc-masoneria, etc.; y tras él todos los es­
critores modernos. Rama arrebatada de este tronco por la
violencia de las tempestades políticas de Inglaterra, fué la
numerosa colonia que Guillermo Penn transportó á América,
dando nombre á la Pensilvania y fundando á Filadelfia (ciu­
dad de hermanos). Todos eran masones aquellos colonos, y
si cincuenta años más tarde fueron á refrendar sus títulos
en la gran Logia de Boston, fué para hacer acto de adhe­
sión á los nuevos Estatutos ingleses é iniciar con arreglo á
ellos á la nueva generación. Que en punto á masonería en
los Estados Unidos, de casta le viene al galgo el ser rabi­
largo.
Pero ¿no habrá habido quien les gane á los socinianos la
palma de la antigüedad en el uso de la hipócrita etiqueta?
Sí, los Maestros Elegidos del Congreso de Colonia, cele­
brado el 24 de Junio (fiesta de San Juan Bautista) de 1535,
en su famosa Constitución, cuya autenticidad dejamos bien
sentada en nuestros Orígenes: los cuales Maestros echan
voz y pregón para desenmascararse, y despliegan su ense­
ña á los aires en esta forma y términos:
«Vosotros, M a e s t r o s E l e g i d o s , miembros de la venera­
ble sociedad consagrada á Juan, ó de la Ord.’ . de Franc-
M asones...»
Más abajo sigue hablando de los H R r . admitidos en la
Orden de Juan ó de los Franc-Masones: de la Sociedad 4
Orden de Hermanos admitidos E . M ,\ ; de la Confra ■
ternidad de los Franc-Masones, etc.
De suerte y de manera que ya en ] 535 aquellos benditos
Hermanos Juanistas ú Hospitalarios de San Juan, tan Jua-
nistas como Francos Constructores, habían hecho suyo el
mote embustero con que hoy se engalanan,
¿Y no subirá más arriba aún la data de esa superchería?
Vaya que sí, puesto que la misma Carta de Colonia nos
proporciona este apunte, al párrafo V:
«No existe rastro de que nuestra asociación haya sido
conocida antes del año de 1440 del nacimiento de Cristo,
más que con el único título de Hermanos de Juan. En esta
fecha fué, según nos ha parecido, cuando por primera vez
tomó el nombre de confraternidad de los Franc-masones,
en Valenciennes de Fiandes particularmente...»
De modo que por fe de este documento histórico y ates­
tado de los maestros elegidos que lo dictaron, los verdade­
ros Franc-Masones sectarios comenzaron á nombrarse
Francmasones desde el año 1440. Hecho indubitable, que
solamente pondrán en tela de juicio quienes osen armar ca ­
morra sobre el valor histórico del documento coloniense; se­
gún que la arma entre tropezones, traspieses y propias des­
mentidas el incomparable h.\ Findel, profeta mayor de la
cofradía en estos últimos años.
Demos un paso más. Anteriormente al 1440 ¿había sona­
do ya en el mundo la voz de Franc-masonasí Yo lo creo.
Veamos.
Sabido es, que en la Edad Media el espíritu de libertad
y progreso bien entendido, inspirado y sabiamente regido
por la Iglesia, había sembrado la mayor parte de Europa de
gremios y corporaciones de todas artes, oficios y profesio­
nes, coyo objeto era la mutua defensa contra las demasías
del poder feudal, el justo interés ó provecho y el adelanta­
miento del arte, la industria y el comereio.
En Italia, donde por su inmediación á la protectora in­
fluencia de la Iglesia, el pueblo gozó de libertades civiles
con prioridad á las demás naciones europeas; en Francia y
Alemania, desde principios del siglo X II, se formaron y or­
ganizaron unas digamos maestrías (rm ürises) ó gremios,
que no sólo disfrutaban de varios privilegios, sino hasta de
cierta autonomía con reconocimiento á la comunidad Ó mu­
nicipio. En Inglaterra los grandes poblados, después de ha­
ber sacudido por sus pasos el yugo de su Lord para trans­
formarse en municipios, vieron brotar en su seno ghildes ó
compañías particulares de ciudadanos, distinguidos por
oficios y profesiones. Cuando éstas lograron consolidarse,
poseyeron bienes en común, y tenían centros de reunión para
esparcimiento y para celebración de juntas. Al decir de
Preston, Eduardo 3.° reorganizó las ghildes ó maestrías de
constructores, y reformó sus estatutos. Howel opina que en
tiempo de Enrique 4.® constituían un cuerpo regular. Pap*
pworth asegura que los tales constructores, en un docu­
mentó de 1212, ellos mismos se apellidan libres talladores ó
escultores en piedra (sculpíores lapidum libcri), y en otro
de 1396 son titulados canteros. p or otro nombre fra n c­
masones (lathomi, 'cocati frem aceons), «Lo cierto es, ter­
mina el escritor modernista de la Cirilta, de quien hemos
extractado fielmente estos apuntes, que el primer acto le­
gal en que figura la denominación Freemason, Free-stone
masen, es un decreto del Parlamento datado en 1350.»
El lo canta de plano. Bien podemos nosotros hacerle coro
en compañía de otros autores, y concluir resueltamente:
Desde la primera mitad del siglo X IV corría ya por esos
mundos el nombre de Fra/nc-Masones.
Ahora para el fin de nuestra investigación, aquí surge la
dificultad. Los franc-masones ingleses de aquel entonces,_y
lo mismo vale decir de los de otros países ¿eran simples
canteros y constructores de edificios, ó eran además secta­
rios por contera? O en otros términos: ¿aquellos gremios de
libres operarios, si no todos, algunos por lo menos, habrían
sido ya desde entonces tocados déla lepra sectaria?¿habrían
ya caído en los lazos de alguna de tantas sectas ó herejías,
la maniquea por ejemplo, como á la sazón pululaban en gran
parte de Europa? ¿serían ya masones de verdad, semejantes
á los de hoy, como lo eran de nombre? ¡Reñida contro­
versia!
Tiradas á un lado como cartas falsas las alegaciones de
la masonería en peso, declaradas por la afirmativa; de los
autores profanos el sabio escritor de la Cwüta, consecuen­
te en su sistema, niega rotundamente el hecho puesto en
disputa, fundando su oposición mayormente en dos datos
históricos. Uno es que de varios proeesos instruidos por en­
tonces contra herejes y sectarios, en ellos salen condenados
hombres de diferentes clases sociales y oficios, ni un solo
albañil Ó constructor: otro, que aquellos gremios todos ha­
cían profesión de fe y obras cristianas, en estatutos y prác­
ticas, y además estaban bajo la continua vigilancia de la
Iglesia. Poderosos argumentos, si en fuerza de probar tan­
to, no probasen demasiado.
En efecto. Por lo que hace al primer punto, según relato
del citado autor, entre los reos de los procesos se cuentan
hombres de todos oficios y condiciones, y hasta mujeres, co ­
merciantes, mesoneros, panaderos, zapateros, sastres, ve­
leros en sebo, horneros, tejedores, merceras 6 mercilleras,
fruteras y cantineras. ¿Por qué arte de encantamiento re­
sultó invulnerable á los tiros de la seducción la sociedad 6
compañía de constructores, con ser una de las más nume­
rosas, no figurando en la lista ni uno solo de ellos? Cosa,rara
es; pero ¡bah! esto no es nada.
El mismo autor muy de asiento se pone á darnos menuda
cuenta de los movimientos sectarios, acaecidos en aquella
turbulenta edad, dicíéndonos: que ya en la aurora del si­
glo X I, una secta herética venida de Oriente (la maniquea)
invadió la Italia y Francia, y manteniéndose agazapada por
espacio de un siglo, desde el X II comenzó á ejercer violen­
cias, y se reforzó y propagó con grande estrago en el X II I;
que del mediodía de Francia cundió al Norte é infectó la
Alemania; que de la Lombardía, donde asentó su cuartel
general, penetró en el centro de Italia, y desde Milán fuéá
apestar por medio de sus adeptos la Suiza; mientras por
otra parte hervían las herejías, los Valdenses hacían causa
común con los nuevos maniqueos, Alemania era trastornada
por los errores y levantamientos de los Stadings, y Wiclef
por su lado en el siglo X IV perturbaba la Inglaterra, y tras
él Wat the Tyler, y éste sí era maestro de obras, levanta­
ba un ejército de hasta 100,000 hombres de la plebe. En
medio de esta conflagración, choque y fermentación de
ideas, sangrientas luchas y desbarajuste y behetría, gene­
ral corrupción de costumbres que con justicia lamenta nues­
tro modernista ¿no es de maravillar que la compañía de
albañiles ó constructores se haya preservado la única intac­
ta, incólume é inmaculada? Milagro es.
Cierto que como observa el mentado escritor, el brazo
fuerte de los maniqueos eran en Francia los condes de T o-
losa, Bezieres, Bearne, Comminges, Foix y Armagnac; en
Lombardía los grandes, en Florencia los nobles, en la Um­
bría los cónsules del partido, en Alemania la nobleza y los
campeamos. Pero al mismo tiempo confiesa que los cabeci­
llas de la secta hicieron enormes reclutas entre los artesa -
nos y demás gente del pueblo; que las muchedumbres de
Alby y Tolosa fueron las que insultaron y ultrajaron á los
ministros del Señor; y que pertenecían á la nobleza los ver­
dugos de San Pedro de Parenzo, de San Pedro de Verona
y de otros predicadores; manifestándose con esto que la
epidemia sectaria lo había corroído todo, sin perdonar con­
dición ni clase alguna de la sociedad. ¿Sólo la importante
agrupación de constructores, por inaudito privilegio, se ha­
bría libertado del universal contagio? Es increíble.
Y vengamos al argumento de la intervención y vigilancia
de la Iglesia. En todo intervenía la Iglesia, todo lo mode­
raba y dirigía en aquella católica edad; á todo se extendía
de extremo á extremo su despierta vigilancia. Y sin em­
bargo no pudo cerrar la entrada á aquella secta pestilen­
cial de Oriente; no logró sofocarla en sus principios; no
alcanzó á contener sus espantosos progresos; y cuando ya
la secta parecía amenazar á toda la cristiandad, únicamente
después de una heroica cruzada de oraciones y de guerre­
ros, llegó á vencerla, á destrozarla, salvando de uno de los
mayores peligros á Europa y al mundo; pero ni aun así
consiguió matarla y acabar con ella por completo, y la sec­
ta se perpetuó escondida en sus madrigueras, y vivió bajo
diversos disfraces, y se dió á luz en los tiempos modernos,
y hoy vive, nos domina y nos trae avasallados. Mucha ver­
dad es, según advierte el susodicho escritor, si bien no ha*
cía falta su aviso, que aquellos sectarios se encubrían con
la máscara del celo y de la piedad, y se servían de toda cla­
se de fraudes y artificios; pero esto mismo prueba, cuánto
más fácil era burlar la vigilancia de la Iglesia. Si, como
nota agudamente el P. Deschamps, á ella supo ocultar su
apostasía y sus crímenes el tan considerable y extenso or­
den de los Templarios en pleno siglo X III ¿eon cuánto ma­
yor facilidad en el agitado siglo siguiente pudo escapar á
la Inquisición eclesiástica cualquiera doctrina secreta? ¿Y
qué, en nuestros mismos días de publicidad y ardiente lu­
cha, no vimos invadidas sin sentir por la secta falaz las re­
ligiosas Cofradías del Brasil, hasta el grado de obligar al
inmortal Pontífice Pío IX á refundirlas de nuevo?
En consecuencia, aquellos argumentos del autor moder­
nista, en fuerza de probar tanto, prueban demasiado, y por
consiguiente nada.
Más fundada en razón histórica nos parece la sentencia
contraria sostenida por Deschamps-Janet, G-yr-Konrubia,
Neut, Gautrelet, Saint-Albiu y Benoit.
He aquí algunas noticias recogidas de varios historiadores
por el P. Deschamps,— En 1315, á los tres años de la aboli­
ción del Témple, las autoridades eclesiásticas descubrían en
Aisfcria y en Bohemia gran tropa de luciferianos, cuya he­
rejía, de origen maniqueo, se asemejaba á la del Temple:
en 133S continuaban todavía muy numerosos allí mismo, y
además en la provincia rhenana. Es caso notable, que en
1313 la autoridad eclesiástica hubo de suprimir en Lyon,
p o r justos y razonables motivos, según términos de la sen­
tencia, una cofradía lega de hermanos pontífices, que había
adoptado por escudo una cruz colocada entre el sol y la lu­
na, que es emblema notoriamente templario: y Levasseur
asegura (1), que «los constructores de edificios estuvieron
en frecuentes relaciones eon los francmasones mismos, que
tomaron de ellos tradiciones y prácticas misteriosas, y que
hacían remontar su origen á la edificación del templo de
Salomón, etc.» Ahora la Cábala, que es la ciencia de las
artes diabólicas, y cuyos maestros eran los judíos, gozó de
existencia muy real durante todo el curso de la Edad Me­
dia; y fenómeno sorprendente fuera que todos esos malé­
ficos elementos no se hubieran puesto en contacto y agru-
pádose en las tinieblas. Por último, comente es, que los
gremios de constructores, al igual de otras guildas ó com­
pañías, aceptaban en sus filas en calidad de protectores, á
varios señores y á dignidades eclesiásticas, y esto desde
muy antiguo.
De todo lo cual, y algo más, toma pie y fundamento el
P* Deschamps para asentar la siguiente conclusión: «El
aserto de ios autores masónicos Thory, Mossdorff, Kloss y
otros, de que desde el año de 1155 las logias de construc­
tores se pusieron en Inglaterra y Escocia bajo el patronato
del Temple, parece por consiguiente lo más verosímil. Este

(1) Hisioire des elasses m vrüres, T. I, pág. 509.


dato viene confirmado por la historia de estas naciones,
opínese como se quiera sobre la autenticidad de los docu­
mentos citados por ciertos autores. Se coneibe perfectamen­
te, que los sucesores de la orden templaría introdujeran
paso á paso su doctrina secreta en aquellas corporaciones,
las envolvieran-en sus proyectos de venganza contraía
Iglesia y las potestades civiles, y se sirvieran de ella como
de una orden exterior ó manto para encubrirse.»
En el mismo sentir abundan los demás autores arriba
nombrados, y en particular Dom Benoit, refiriéndose á pa­
receres varios, indica la suposición de que los maniqueos
se infiltraron en las compañías de los constructores tan
pronto como en la orden del Temple; cuenta que las igle­
sias pertenecientes á los caballeros del Temple eran llama­
das iglesias de los Franc-masones; y explica como si los
Templarios, después de la supresión de su orden, acaecida
en 1312, hallaron acogida en aquellas corporaciones, fué
por ser hermanos suyos iniciados en los mismos misterios.

Tiempo es ya de fallar el pleito entre el escritor moder­


nista y sus contrincantes. Aquel afirma la imposibilidad de
que la secta hubiese infestado á los cuerpos de libres cons­
tructores ú operarios en aquellos remotos siglos, y sus
pruebas no convencen. Estos al parecer demuestran, en
cuanto es posible, el hecho de tal infección ó contagio.
La sentencia no es dudosa. Luego aquellos libres cons­
tructores fueron sectarios de obra desde 1350, por lo bajo,
fecha del decreto del Parlamento inglés, á que hicimos re­
ferencia al principio de esta interesante contienda.

Ahora, para responder al objeto primario de nuestra dis­


quisición ¿aquellos sectarios de obra fueron conocidos con
el nombre de Franc-masones, como tales sedem os, desde
la misma data de 1350, ó antes? Que á fuer de tales libres
constructores así se denominaban, claro está, freesmasons,
franc-macons, por razón de su oficio propio y condición y
privilegios; y lo atestigua el modernista, según vimos; pero
¿ya desde entonces eran llamados Franc-Masones, como ta­
les sectarios? Llegados á este punto se nos quiebra el hilo
de la historia. A ser cierto el hecho apuntado por Dom Be­
noit, de que á las iglesias de los Templarios el vulgo las
llamaba iglesias de los Franc-masones, tal vez desaparece­
ría la duda: mas se nos hace que ese hecho descansa
puramente en testimonio masónico, y éste en la ocasión
presente es sospechoso. Queda por lo tanto la duda en pie.
Resultado ñnal de toda nuestra investigación:

Los alumnos de Manés indubitablemente con el apodo


de Fmnc-masones se dieron solemnemente al mundo des­
de 1717.
Con toda seguridad con el mismo sobrenombre se anun­
ciaron en 1638.
Con igual certeza con ese título son conocidos desde el
último tercio del siglo X V I.
De una manera oficial Fmnc-masones se nombraron en
1535 en la Constitución de Colonia.
Por autoridad del mismo documento, Franc-masones co­
menzaron á apellidarse desde 1440.
Con duda esa divisa usaron desde 1350.
Y esto es cuanto hemos podido averiguar y rastrear.
Quien sepa más, dígalo.
CAPÍTULO II

¿Existe la m asonería?— Fotografíala León XIII.— Demostra­


ción general.— Especificada por las notas de la misma secta.

XTB.AÑA pregunta la que recae sobre la existen­


cia de una cosa, cuando esta existencia se da
por presupuesta! Pregunta que hecha con cier­
to retintín, se reputa injuriosa para cualquiera
sociedad de hombres honrados, que así como
se da á conocer públicamente por su título ó razón social,
así no tiene empacho en mostrar á la luz sus Estatutos y
Reglamentos, ni en comparecer ante un tribunal con la res­
ponsabilidad de los propios actos y operaciones; pregunta
acusadora, que como proferida con segunda intención, sólo
encaja respecto de una compañía de monederos falsos ó de
una cuadrilla de malhechores, de la cual, si bien denuncia­
da por la hábil combinación de sus estafas y golpes de ma­
no, no puede, sin embargo, con datos fehacientes compro­
barse la existencia, ni asirse de los hilos de sus maquina­
ciones, á eausa de andar escondida en las sombras. ¿Será
algo parecido á esto la masonería?
Repetimos nuestra pregunta. ¿Existe la masonería? esto
es, para individualizar y poner la cosa en su punto ¿existe
en el mundo el reino de Satanás opuesto á la ciudad de
Dios, para hacer guerra á éste; una sociedad vastamente
propagada y sólidamente constituida y organizada; conde -
nada bajo graves penas por los Sumos Pontífices y los G o­
biernos de muchas naciones; igualmente perniciosa para la
Religión y para el Estado; que de un siglo y medio á esta
parte ha tomado tales creces >que parece haberse señoreado
de todos los Estados; eentro común de donde parten y á
donde retornan las demás sectas á ella semejantes en ma­
lignidad de opiniones y propósitos; esencialmente secreta,
é imitadora para la guarda de ese secreto de los antiguos
maniqueos en toda clase de artificios; hecha finalmente para
destruir de raiz todo el orden religioso y civil engendrado
de las instituciones cristianas, y sustituirle otro formado
con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del natu-
lismo? ¿Existe esa masonería tan magistralmente descrita
con estas vigorosas pinceladas por León X III en su Encí­
clica Humamirn gemís? Ningún verdadero católico puede
vacilar ni un solo instante en dar la respuesta afirmativa,
á menos de decir con intolerable y loca irreverencia, que el
sabio Pontífice, dechado de justicia y mansedumbre pater­
nal, se puso sin ton ni son á alarmar y escandalizar al mun­
do entero, persiguiendo un fantasma y divulgando la más
negra infamia.
Mas nosotros, en la tenaz empresa de combatir y acosar
con todo el poder de nuestras fuerzas á la seeta maldecida,
no hemos saltado á la arena literaria únicamente para con­
firmar en su recto sentir á los hijos leales y sumisos de la
Iglesia, sino además, y aun de preferencia, para redargüir
á los masones mismos, sean éstos verdaderos iniciados ó neó­
fitos babiecas; para gritar alerta á los profanos simples ó in­
cautos, ilustrar y prevenir á los indiferentes, abrir los ojos
y dejar sin réplica á algunos de nuestros hermanos rezon­
gones y groseramente irrespetuosos con las enseñanzas y
advertencias de nuestros sagrados maestros y pastores. ¡La­
mentable fenómeno de nuestros días! Ese afán inmoderado
de atesorar bienes terrenales que absorbe todas las poten­
cias del hombre; ese encenagamiento de la sociedad actual
en los goces materiales, que avivando las pasiones más ab­
yectas, entorpece las almas para los nobles ejercicios propios
de su destino excelso; esa confusión de clases y condiciones y
ese trato promiscuo de personas que en la desordenada fe­
ria del siglo favorecen el contagio de todas las miserias mo­
rales; y esa, más que libertad, licencia desenfrenada de
pensar, que como pútrido miasma se respira en la atmósfe­
ra social, se cuela sin sentir en nuestro espíritu y corrompe
todo buen sentido y juicio, hau producido en el mundo cris­
tiano dos funestas calamidades; la ignorancia más crasa
acerca de puntos muy importantes de religión y moral, cual
es el concerniente á la masonería, y la soberbia menospre­
cia d os de todo justo criterio, de toda autoridad y sabio ma­
gisterio,
» A esta causa, volviendo á tomar el hilo de nuestro discur­
so, aun después de las demostrativas afirmaciones de los
Pontífices Romanos y de los innumerables testimonios de
los historiadores, conviene insistir en la cuestión propues­
ta, es de perentoria necesidad apurar hasta lo último la rea­
lidad del hecho disputado, que la acostumbrada mala fe de
unos, la ignorancia, inconsideración y frivolidad de otros,
pretenden convertir en dudoso problema. Porque de su par­
te niegan los masones con imperturbable descaro que exis­
ta ni haya existido jamás en el mundo la madre de sus pe­
cados, tal y como con firme pulso la retrató León X III, ador­
nada de aquellas recomendables prendas, é ilustre por aque­
llas meritorias hazañas, que se enumeran en la famosa En­
cíclica.
¡Cómo, gritan muy escandalizados, la masonería tratada
de sociedad secreta para hacerla odiosa á los hombres de
bien! No; «es una sociedad que tiene ó guarda un secre­
to (1);» «es secreta únicamente en los países donde la per­
siguen y proscriben, pero en los demás no se puede decir
sino que está carrada (2).» Ni es menos calumniosa la es­
pecie con que la tachan de maléfica, enemiga de k Religión
y del Estado, destructora del orden civil y religioso esta­
blecido por el cristianismo; cuando sabido es, según sus es­
tatutos, que se desvive por el bien del pueblo, que sin mi­
rar á religiones lo mismo admite en su seno al católico ó al
protestante que al judío, budista ó musulmán, y que en las
reuniones de los suyos está vedado hablar de política.
De modo y de manera que si se oye á esos farsantes des­
lenguados, nadie los ahorca, y en resumidas cuentas la ma-

(lj Ritual del grado de Aprendiz.


(2) H.\ Francisco Favre: Introducción á los Documentos histó­
ricos.
sonería, tal como nos descubrió la oreja conforme á la pin­
tura del Pontífice León X III, no tiene ser ni tomo en el
mundo de las realidades, es un mito, no existe.
No se explican mal esos bergantes. Veamos ahora como
discurre la turbamulta de los indiferentes y de muchos ca­
tólicos atrasados de noticias.
Para los cuales la masonería es una sociedad de tantas*
digamos un casino de juegos, bailes y conciertos; ó bien, su­
poniendo, un club de ganapanes y gente mal entretenida,
donde con el llamativo de ciertas farándulas, con el tráfico
de títulos y condecoraciones carnavalescas, unos son esta­
fadores y otros estafados; ó si se quiere, una compañía de
la hampa política, formada para pescar sin caña y en seco
empleos ó destinos y pingües sueldos, ó sea, para repartir­
se entre sí en amor y buena compaña la substancia de una
nación. A^í que todo lo demás fuera de esto no es más que
pura fábula ó imaginación de cabezas exaltadas, y por con­
siguiente la masonería, execrada por ios Papas con aquellos
gritos de dolor exhalados de su paternal corazón, con aque-
lias graves denuncias de horrendas conspiraciones, con
aquellos fatídicos augurios para el porvenir de los pueblos
y de la Iglesia santa, con aquellos repetidos y calurosos
llamamientos á la vigilancia de los gobernantes, con aque­
llas penas severísimas fulminadas contra los adeptos de la
secta peligrosa, esa masonería espantable y diabólica, repi­
to, sombreada con los negros colores del Vaticano, tal co­
mo los ultramontanos nos la venden, no existe.
Bien es verdad que los más timoratos de esos católicos
zanguangos que así razonan, tienen buen cuidado de atenuar
la culpa de esa pía exageración de los Superiores eclesiás­
ticos, atribuyéndola á su inexperiencia del mando y á los
arrebatos de su celo apostólico; y aun conceden generosos
que efectivamente no faltan individuos y corporaciones de
ideas impías y de intención aviesa que se confabulan para
dar de vez en cuando sustos y malos 'ratos á la Iglesia, ó
con miras interesadas toman por bandera política la irreli­
gión ó clerofobia. Y los socarrones hijos de la Viuda, cono-
cidos ó encubiertos, se esfuerzan en propalar y acreditar
esas voces engañosas, y en dar cuerpo á esas falsas opi­
niones para despistar á unos, neutralizar en otros el efecto
de las sentencias pontificias y demostraciones históricas, y
quitar á muchos el justo horror que debe inspirar la sierpe
venenosa que á ellos los parió. Táctica genuinamente ma­
sónica á no poder más, que les sirve á pedir de boca para
desvanecer sospechas, facilitar enganches, celebrar sosega­
damente juntas clandestinas y dejarles continuar en paz sus
trabajos de zapa. Y así anda el mundo.

Pero ¡vive Dios! que de hoy en más no ha de valerles su


raposería, y que los profanos de todas especies y matices
se han de enterar y convencerse de que existe en medio de
nosotros, para ruina de los pueblos y aflicción de nuestra
santa Iglesia, una secta perniciosísima titulada masónica,
como la titula León X III; marcada con los caracteres con
que la señala León X III; animada de los fines que León XTTT
le atribuye; imbuida en los principios que en ella nota y
condena León X III; dotada de todas las bellas cualidades
con que León X III la saca á la vergüenza. Y para justificar
nuestro dicho, vamos tomándole la filiación y el pelo á ese
aborto del abismo por partes.
Primeramente es una verdadera sociedad, y sociedad por
cierto muy extendida, ó sea, una gran reunión de hombres
que ligados por ciertos vínculos piensan, obran y se mue­
ven bajo una dirección ó impulso superior con la mira pues­
ta en un ñn ú objeto determinado, claramente conocido de
unos, más ó menos ignorado por muchos de ellos. Sociedad
además que reviste forma de secta, puesto que profesa, uni­
formemente determinadas, doctrinas contrarias ala verdad,
ó llamémoslas facciosas, y al mismo tiempo solicita y junta
prosélitos; secta, no de pura especulación ó estudio á la ma­
nera de las escuelas filosóficas, sino eminentemente prácti­
ca, que con el mayor ahinco trabaja por actuar y encarnar
en el corazón de la sociedad y en la vida de los pueblos sus
dogmas subversivos con el dañoso intento de substituir el
Evangelio de Cristo por el evangelio del naturalismo y del
mismo Satanás, y cambiar la civilización cristiana por el in­
fame paganismo y el imperio restaurado del príncipe infer­
nal en la tierra.
Aunque la demostración de todos estos extremos podría
tal vez parecer excusada por su misma evidencia á cualquier
hombre de mediano juicio, con todo sóbrannos pruebas para
henchir las medidas de los más exigentes, hasta rebosar.
Vengan acá si no y hablen por nosotros esas Constituciones
ó Estatutos y Reglamentos compuestos en virtud de espe­
cial encargo por la flor y nata del masonismo, aprobados
con unánime sufragio por las asambleas legislativas de los
Grandes Orientes, y que no pueden ser impresos ni distri­
buidos á las logias sin formal acuerdo de los grandes maes­
tres y sus consejeros. Y tú, ínclito h.\ Ragon, doctor ca­
nónico de la secta, solemnemente declarado por las sumas
•potestades de la orden, preséntate con tu Ortodoxia ma -
sónica á cuestas y eon la edieión sagrada de tu Curso filo­
sófico é interpretativo de iniciaciones antiguas y moder­
nas, á sacar verdadera mi palabra. Ni dejes de acudir á mi
llamada con tu H istoria pintoresca de la Masonería} tam­
poco tú, oh h.\ boquiflojo Clavel, á quien si unos colegas
ingratos cortaron la lengua por hablador, otros más since­
ros alaban y honran por el mérito de la franqueza en des­
correr el velo de ciertas puridades y misterios. Caiga sobre
esos estólidos profanos que se atreven á dudar de la socie­
dad masónica igual á nuestra pintura, como que no existie­
se en el globo, la masa enorme de manuales masónicos ó Re-
tejadores, Cuadernos oficiales, Rituales, Instrucciones, Ca­
tecismos y Revistas masónicas con el sinnúmero de datos,
juramentos, compromisos, signos ó tocamientos, contrase­
ñas y cánticos de la familia; á fin de que aquellos por jamás
de los jamases vuelvan á garlar de lo que no entienden.
Aplástenlos cual fiera avalancha con la inmensa pesadum­
bre de su autoridad los innumerables tratadistas de la hoja,
Bazot, Picard, Redares, Willaume, Teissier,' Anghera,
Castro, Olivier, Kauffman, Melville, Preston, Mackey, etc.,
etc., etc., de ellos ingleses, alemanes, franceses, cuba­
nos, etc.; el honorable coro de impugnadores católicos,
desde el mártir Lefranc y Barruel, siguiendo por Neut,
Maupied, Gyr, Onclair, De Camille, etc., hasta los ilustrí-
simos Ketteler, Dupanloup y Fava, Deschamps, Jannet, y
cien más; la infinita caterva, por fin, de oradores, historia­
dores y escritores sectarios de varios ramos y de toda ca­
laña, desde la muchedumbre revistada por el íntegro y va­
leroso protestante Eckert hasta la última cita de las nume­
rosísimas alegadas en la excelente obra del P. Deschamps,
tomadas de la historia y literatura masónica de más de un
siglo y medio atrás hasta nuestros días, sabiamente escogi­
das y utilizadas para combatir al mortal enemigo de la so­
ciedad humana y de la Iglesia.
¿No os anonada esta cargadísima nube de testigos y do­
cumentos, cualquiera de los cuales es suficiente por sí solo
para demostrar los puntos cuestionados, esto es, que la
masonería existe como sociedad, como secta, y secta ade­
más no sólo especulativa, sino práctica; secta formidable
por su poder y extensión, por la trascendencia y malicia de
sus designios y propósitos? Si ella fuese cosa de poco más ó
menos, como si dijéramos una soeiedad de barberos ó de
limpiabotas, según desatinan los indiferentes y católicos
bonachones á quienes estamos atusando el pelo, ¿habría
hombre capaz de creer en sano juicio que aquella hubiese
dado jamás motivo ó asunto para tanto desperdicio de li­
bros y escritos de una y otra banda para tan tremendas y
sostenidas acusaciones de los buenos contra ella, para tan
rigurosas condenaciones de los Pontífices y aun de los Go­
biernos, cuando éstos eran otros, para tan laboriosas y ac­
tivas pesquisas y tan empeñadas discusiones?
Mas ¿á qué tanto aparato y máquina de argumentos, cuan­
do la sola inspección del ritual observado en la iniciación
del Caballero Kadoschf grado 30 del rito más usual, basta
y sobra para el más firme convencimiento de quienquiera
tenga ojos para ver? Omitimos por ahora esta eita y las mil
y tantas que antes apuntamos en globo, parte por ser de
fácil comprobación para cualquiera, parte porque más ade­
lante las hemos de aducir y exponer con mucho espacio, al
tratar punto por punto de las cosas de la cofradía mandi-
lesca.
Quede, pues, sentado que hablar de ésta como de un club
de regatas, de un simple monipodio político ó de una pan­
dilla de intrigantes vividores, es no saber de lo que se ha­
bla ó deseo de ocultar lo que demasiadamente se conoce,
M A S O N E R ÍA . T . I . — 3
Sigamos recorriendo la línea de combate con lo relativo
al secreto. ¡Con qué delicada solicitud y porfía procuran
los hh,\ de la escuadra disimular este capítulo de sus cul­
pas, á fin de alejar las fundadas sospechas que en todo
hombre honrado suscita! Pero cautela inútil: porque lo pro­
claman incesantemente, más que lo nieguen, desde el gra­
do 1.° hasta el 33 del rito escocés ó hasta el 90 del rito de
Misraim. Aquello es un continuo secretear. Recomendacio­
nes sobre recomendaciones del secreto; juramentos y más
juramentos de guardarlo, amenazas horripilantes contra los
violadores del mismo. En secreto se reúnen, y reunidos en
secreto se dicen y se hacen muchas cosas, sobre todo en las
logias andróginas (1); en secreto urden sus complots, se­
cretas son sus venganzas, secreto su lenguaje, secretas sus
órdenes é instrucciones, secretos sus fines y procedimien­
tos particulares, secretas sus resoluciones y la ejecución de
sus planes, secreta la caja de sus fondos, secretos ó ignora­
dos la mayor parte de los iniciados superiores; secretos,
ocultos y desconocidos por completo los jefes supremos y
subalternos de alta categoría. ¿No deberá llamarse á boca
llena y en alta voz secreta una sociedad que aun después de
multitud de revelaciones y descubrimientos vive y se mue­
ve envuelta toda ella en las tinieblas del secreto más pro -
fundo? ¿Si hablaría á humo de pajas nuestro sapientísimo
Pontífice al marcarla con ese estigma ignominioso en su c i­
tada Encíclica?
Y ¿qué decir de aquella proposición del mismo Padre San­
to, que hace á esa hija del infierno centro común de las de­
más sectas malvadas que de ellas salen y á ella vuelven to­
das? Para poner en duda hecho tan notorio, es preciso des­
conocer en absoluto el origen de semejantes sociedades, los
nombres, antecedentes y procedencia de sus fundadores y
capataces, sus estatutos, iniciaciones, grados y procederes,
las relaciones más ó menos sigilosas que con ella mantienen
y el mutuo apoyo que se prestan, la paridad de fines y me-

(1) Como si dijéramos promiscuas, ó si ia palabra ofende, com ­


puestas de hombres y mujeres revueltos, m secreto.
dios en que concuerdan: menester es ignorar por completo
la historia de las revoluciones modernas y carecer de toda
noticia relativa ásus causas subterráneas, móviles y agen­
tes tenebrosos, efectos perniciosísimos, generales y combi­
nado?. ¿Quién, por poeo que haya penetrado con mirada in­
quisidora en las negras profundidades de la política moder­
na, quién no sabe que el iluminismo sueco, francés y alemán
se fundieron en una misma y única masonería, para ejercer
en los destinos de las naciones una funesta acción manco­
munada? ¿quién no observa los inequívocos rasgos de fami­
lia en aquella Unión germánica y en aquel Tugenhmd,
que dándose la mano con la Carbonería francesa, tan po­
derosamente influyó en los últimos desastres y caída de Na­
poleón 1.°? Idéntieos caracteres distinguen, por no citar la
multitud de sociedades clandestinas que con denominacio­
nes varias se agitaban antes de la revolución francesa, á
todas las ramas de la masonería llamadas selvática ó m on­
tañesa, Leñadores, Carbonarios, etc., que entregó la Italia
á las huestes de Bmaparte, y que formaba con nombres di­
versos el ejército masónico de campaña, no sólo en la pe­
nínsula italiana, sino también en la ibérica, en Francia, en
toda Europa, en toda la América española. Júíguese lo mis­
mo de la Joven Italia, de la Joven 'Turquía, de la Joven
Etwo'pa, con todas las demás tormentosas juventudes; y vi­
niendo á época más cercana, en la misma danza bailan la
Internacional, el Nihilismo, la Anarquía, la Alianza
republicana universal, la israelita Alianza religiosa tam­
bién universal, y todas las demás alianzas de collares más
Ó menos judaicos; la Liga de la enseñanza, Liga un wer
sitaría, torpísima Liga 'malthuslana, con todas las ligas de
la misma ralea, con las demás hijuelas y sucursales déla ma­
triz, Santshnonianos, Falansterianos. etc,, con cien y cien
variadas asociaciones auxiliares, de todos ramos y géneros,
enmascaradas, encubridoras y reclutadoras ó ganchos.
Escasa penetración ha de tener quien á primera vista no
conozca, ó raspando un tanto la corteza de algunas, no des­
cubra el tronco podrido de que ellas no son más que ramas
protectoras y expansiones de su vida misteriosa.
Con que, por consecuencia, de casta le viene al galgo el
ser rabilargo ¿estamos? y quien tuvo, siempre retuvo, y la
masonería por lo visto, como siempre lo fué, hoy sigue sien­
do buena almáciga de plantas venenosas, y con ojo certero
la señaló el Pontífice como centro y foco de toda clase de
sectas detestables.

¿Hay más que decir? Sí: que la tripunteada hermandad


ha hecho grandes progresos. Basta tener ojos para verlo y
llorarlo, ó eonsultar sus estadísticas, que en este punto más
bien se quedan cortas por razones de prudencia.
Que domina como señora ó ejerce poderoso influjo en la
mayor parte de los Estados, también es muy cierto por
desgracia; y ella en su desvanecimiento no lleva á mal que
se trasluzca: la Iglesia sufre el yugo de esa dominación en
su augusta cabeza y en sus miembros; da clamoroso testi­
monio del hecho el liberalismo, aquel hijo de pecado del
Hiram de la conseja masónica, que engendrado del vientre
de la Viuda, hoy triunfa alborozado en las instituciones y en
todo el organismo de las modernas sociedades, y se gloría
de avasallar bajo su bandera y rendir al servicio de la per­
versa orden no sólo las crecidas falanges de sus soldados
inscriptos, sino además las centuplicadas fuerzas de cuer­
pos francos ó voluntarios, llamémoslos así, que sin estar
formalmente afiliados, trabajan en la común empresa tan
bien ó mejor que los otros. ¿O querrá alguno decirnos, cuál
es el principio generador del liberalismo, sino es el princi­
pio vital mismo de la masonería?

Recorridos ya todos los puntos de la controversia, resu­


mamos y saquemos la conclusión victoriosa.
¿Existe la masonería? Existe: sobre este particular con­
venimos todos, nosotros, los masones y esa gentecilla fatua
é insubstancial, que no sabe de la misa la media ni donde
tiene la mano derecha. Pero para entender á qué atenernos
en adelante ¿cuál es la masonería cuya existencia hemos de
confesar todos á una voz? ¿la inocentona é inofensiva que al
decir de los suyos no ha quebrado un plato en su vida? ¿la
fútil, insignificante, despreciable ó de chicha y nabo de ios
otros? ó bien ¿la enemiga nuestra, la anatematizada por los
Papas, la fotografiada con tanta maestría por León X III?
Responda el sentido común y la opinión más generalizada
de todos los pueblos cultos; responda la historia de todas
las revoluciones más radicales acaecidas en el mundo; res­
ponda la voz de los escritores más insignes de ia Iglesia;
respondan los iniciados más célebres de la secta con sus
propias revelaciones espontáneas ó forzadas; respondan los
hechos diarios, públicos ó secretos, pero comprobados; res­
pondan los documentos originales y oficiales.
La masonería, cuya existencia hemos patentizado, es el
reino de Satanás opuesto á la ciudad de Dios, para hacer
guerra á éste; una sociedad vastamente propagada y sólida­
mente constituida y organizada; condenada bajo graves pe­
nas por los Sumos Pontífices y los Gobiernos de muchas na­
ciones; igualmente perniciosa para la Iglesia y el Estado;
que de un siglo y medio á esta parte ha tomado tales cre­
ces, que parece haberse señoreado de los Estados; centro
común de donde parten y á donde retornan las demás sec­
tas semejantes á ella en malignidad de opiniones y propósi­
tos; esencialmente secreta, é imitadora, para la guarda de
ese secreto, de los antiguos maniqueos en toda clase de ar­
tificios; hecha finalmente para destruir de raiztodo el orden
religioso y civil engendrado de las instituciones cristianas,
y sustituirle otro formado con fundamentos y leyes sacadas
de las entrañas del naturalismo.
Queda á la vergüenza la falsía de los agremiados del
mandil, resulta deshecho y confundido su embuste. Y por
lo que hace á aquellos indiferentes, á aquellos católicos sui
generis, á quienes hemos venido cardando la lana, si des­
pués de tan manifiesta demostración, todavía no se recono­
cen, no corrigen la lengua y no dan mejor camino á sus
pensamientos en esta materia, vayan noramala por duros y
cerrados de mollera: si no se persuaden ni por considera­
ción al mal que ocasionan, acreditando la nociva secta con
quitarle importancia y malicia; si siguen cerrando obstinada­
mente los oidosálas paternales advertencias de León X III,
ó menosprecian groseramente su palabra venerable ¡oh! en­
tonces tengan entendido, que no excusarán la fea nota de sos­
pechosos y de simpatizadores con la masonería por lo corto.
Y perdonen el modo de señalar, bien que lo merecen.
CAPÍTULO III

Importancia cíe ia m asonería. — Fanfarronadas masónicas que


nos humillan,— Perversos fines y poder colosal de la secta.—
Testim onios insignes de católicos y de protestantes de buena fe.
— Condenaciones de toda clase de gobiernos contra la secta,—
Repaso de historia contemporánea.

\s cosa tan seria la masonería? ¿tiene verdadera


importancia? ¿merece la consideración de un
hombre reflexivo? Y sobre todo ¿es tan pode­
rosa, tan maligna, tan temible para la Iglesia
y la sociedad? Mueho preguntar es eso; mas á
fe que hemos de satisfacer esa curiosidad muy despacio,
tanto por el interés mismo dé las preguntas, como porque
la cuestión que de ellas nace, se da la mano con la anterior
ya discutida, es su natural complemento, y necesariamente
ha de venir á corroborar nuestra aserción sobre la existen­
cia real de ese aborrecible engendro.
¿Si eso que por ahí se llama masonería, es cosa de enti­
dad ó de algún valer y significación? Pues ahí es nada, y
oigan Vds. llover. El Mundo masónico, no hace tantos
años, ponía en boca de la picara madre que le da leche, la
siguiente baladronada: Y.o lo domino todo desde las eleva­
das esferas en que me ufano (1). Se la empató á poco, se­
gún cita del P. Deschamps, cierto h.\ de una logia de Há-

(1) Monde maconnique, FeYr. 1868.


laga, que en una tenida de adopción con retumbante voz
exclamaba: «El templo de la Masonería se levanta hoy más
fuerte que nunca, porque teniendo por dogma la razón eter­
na, por regla la moral universal y por ideal el progreso
indefinido, con estos elementos y su programa de libertad,
igualdad y fraternidad reales, conquista para siempre el im­
perio del mundo.» Bien es verdad que hablaba un andaluz;
aunque sería de desear que todo se redujese á andaluzadas,
como algunos se dan á suponer, y es cómodo sistema que
buena pro les haga.
Mas consultemos al autor canónico y doctor sagrado h.\
Itagon, y oiremos maravillas. Aquí nos hace saber que la
villana cofradía es nada menos la Ciencia de la civilización,
la Ciencia de las ciencias, el Verbo de la razón, y los ma­
sones todos unos dioses; que en ella además está la fuente
manantial de todas las virtudes sociales: allí nos la presen­
ta como anterior á todas las religiones y como principio de
todas ellas; y entrando en comparaciones deñne c® cathe-
dra, que si las órdenes religiosas ponen por fundamento de
la virtud y perfección la renuncia del propio yo, que es la
idea más antisocial imaginable, su sabia hermandad en con­
tra fué expresamente instituida para hacer á los hombres
sociables y virtuosos por la única satisfacción de serlo, re­
godeándose en el propio yo. Más allá tirando del telón,,
descubre á nuestra vista atónita el prodigio estupendo de
una logia, la cual, según ya tenemos aprendido de memoria,
se considera como el símbolo y la miniatura de la grandiosa
institución. Las dimensiones de la logia no son más chicas
que las del Universo Mundo:*se extiende al igual de éste
desde el extremo Oriente al extremo Poniente, y de Norte
á Sur, de punta á punta, línea más ó línea menos; profundi­
za hasta el riñón y centro mismo de la madre tierra, y su
elevación es de innumerables codos; sírvenle de columnas y
sustentáculos la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza, que son
los atributos principales de la creación. Díganos, m.*. Ra-
gon ¿en qué matan la rata los nietos de la Viuda dentro
de una casa tan grande? «Se ocupan, nos responde con tono
enfático, levantar un templo á la Verdad y á la Virtud.»
¡Delicioso!
Todo eso suena á música celestial y parece inventado no
más para hacer reir, y efectivamente muchos se rien sin pa­
sar más allá; y consiste en que no entienden las notas mu­
sicales, ni mucho menos la letra interpretadora de la músi­
ca. Echense á la cara cualquier libreto regular, el del h.\
Bazot, por ejemplo, músico insigne de la misteriosa acade­
mia, que habla de tú al mismo m.\ Ragon, y aquello es ca­
nela para quien sepa leer. Oiganle cantar: «La masonería
no es otra cosa más que el culto primitivo inventado por los
hombres, después de haber satisfecho sus necesidades (quie­
re decir, pasiones; sólo que se expresa puercamente por
achaque de familia). La masonería, cuyas inspiraciones son
de gran significado (ó muy altas) es el resumen de la sabi­
duría divina y humana, ó sea, de todas las perfecciones que
pueden poner al hombre lo más cerca de la divinidad: es la
moral universal.» Aquí sale lo de la universal manoseada:
pero lo de más miga es aquel culto primitivo, esto es, na­
tural ó de la naturaleza, engendrado de las pasiones satis -
fechas; pasiones todas buenas por consiguiente, ninguna de
ellas mala; que lo de una culpa original con aquel deterioro
de la naturaleza caida, es cuento de viejas. Y sabiduría di­
vina sin Dios y hombre divino sin Dios. Ya se va clareando.
Eso de divinidades las echan esos hh.\ á cada paso.
Uao, h.\ muy calificado de una logia de Brema, decía en
1849: «Ante todo consideramos la masonería eomo una ins­
titución emanada de la divinidad:» entiéndase, de la divi­
nidad que residía en los hombres que la fundaron. Esta
divinidad humana, Ó esta humanidad divina es dogma fun­
damental de la secta, según veremos á su tiempo y lugar,
y esto es lo que nos apuntaba el m.-. Ragon en aquel len­
guaje medio sibilino, medio rimbombante.
Algo más se transparentaba Blumenhajen, cofrade de po-
lendas y grande estadista alemán de su tiempo, cuando en
1825 afirmaba: «El mundo entero debe ser el templo del
orden masónico, el firmamento azul su bóveda, los polos
sus murallas, el trono y el aliar sus machones;» como si
dijéramos, lo más bajo, los zapatos que pisamos; sino que
el h.-. no se atrevió á declararlo por vergüenza y cor­
tedad.
Mas todo esto es muy metañsico y obliga á adelgazar el
entendimiento. Hable, hable la gente crúa, que sabe decir
las cosas claras, por ejemplo, los 700 buenos mozos de la
benemérita.', congregados en el anti-concilio de Nápoles en
1870: «Proclamamos la libertad de la razón contra la li­
bertad religiosa, la independencia del hombre contra el des­
potismo de la Iglesia y del Estado, la escuela libre contra la
enseñanza del clero.» ¡Bravo! aunque los muy marrajos en
esta ocasión se espresaron contra su natural con bastante
pulcritud, y no se berrearon del todo por no estar madu­
ras aún.
Por algo ya el célebre historiador francés Enrique Mar­
tin había llamado á la masonería «instrumento general de
la filosofía (es decir, de la taifa volteriana) y laboratorio de
la Revolución del 89 :* como que era sastre y conocía el
paño.
¿Se va rastreando qué tal es la negra confraternidad, cuál
la gravedad de sus designios, la eficacia de su acción, y la
trascendencia de sus actos?
Findel, un Pontífice Máximo de la misma, en su peculiar
estilo afilosofado nos acabará de informar: «En la humana
sociedad, dice, el trabajo de una parte de ella que en una épo­
ca determinada aúna todos sus esfuerzos bajo un plan con­
certado, es tan provechoso para el bien común, que toda la
vida de la sociedad en la tal época debe estimarse como fruto
de aquel trabajo. Ahora esta porción activa ó laboriosa de
la sociedad la forman las logias, y este trabajo es el de las
logias, *> O como sin tantos circunloquios lo dijo la conocida
masona Jorge Sand: «Hay épocas en que la historia de los im­
perios sólo existe de nombre, por no haber en ellos otro ele­
mento real y vivo más que las sectas escondidas en su seno.»
Por donde se maestra como la masonería de la teoría pa­
sa á la obra, según paladinamente lo confesaba el h.\ Ro­
bison, el más honradote, franco é imparcial de los maso­
nes, al par que ilustradísimo y sumamente respetado de los
suyos, en estos términos: «Es muy cierto, que ya antes de
17-17 existía una asociación formada con el único y exclu­
sivo fin de arruinar desde sus cimientos las instituciones
religiosas y echar por tierra todos los gobiernos de Europa;
que la asociaeión se había derramado por todas partes y las
logias masónicas eran su escuela.»
El resultado de esta vasta conspiración lo señala Hala-
pert, distinguido orador del Supr.*. Cons.*. escocés, cuando
nos dice: «En el siglo X V III estaba la masonería tan ra­
mificada por todo el mundo, que bien puede afirmarse que
desde aquella época nada se ha hecho sin su consenti­
miento.»
¡Insolente fanfarronada! Mas que para humillación nues­
tra no lo es, sino verdad histórica como un templo, gene­
ralmente bien fundada en la enseñanza de los hechos.
Desengañémonos: el testimonio de los mismos que con to­
dos los imaginables artificios procuran de ordinario em­
pequeñecerse hasta hacerse imperceptibles, amontonando
sombras en torno suyo para escapar á la investigación de
los profanos y desarrollar tranquilamente sus planes al am­
paro de la obscuridad, nos advierte que algo muy formal é
importante se cobija en esa secta tenebrosa, algo muy gra­
ve y trascendente se fragua en aquellos templos elevados
d la Verdad y la Virtud, y aun más en las ignotas guari­
das, desde donde mandan y reinan ciertas Sumas Potesta­
des, ciertos jefes invisibles.
Algunos insipientes ponderan mucho la arrogancia masó­
nica y el miedo pueril de los católicos, que en todo ven el
espectro inevitable del espantoso monstruo. Sea en buen
hora y guardemos para otra ocasión mil y mil otras precio­
sas confesiones de los más interesados en callar.
Mientras tanto que hablen ó enmudezcan los francmaso­
nes, que tiemblen ó estén muy animosos los católicos, no
puede menos de llamar vivamente la atención del sereno ó
imparcial observador el singular fenómeno de la masonería.
Una vastísima y compacta asociación, admirablemente bien
organizada por todas las regiones del globo, que comienza
por sentar como base de su doctrina la infalibilidad y seño­
río absoluto de la razón y la naturaleza humana, negado
osadamente en todos los órdenes cualquier dogma superior
ó celestial revelación; que rechaza toda intervención del
magisterio de la Iglesia empleado en beneficio de la socie­
dad, toda influencia de la religión católica en el dictar de
las leyes y en la administración de la cosa pública, la abso­
luta separación de la potestad eclesiástica y la política; que
después de haber combatido con sus audaces negaciones y
violencias los fundamentos de la Iglesia, con leyes hipócri­
tas esclaviza la libertad de ésta, mete á saco los bienes del
santuario y el tesoro de los pobres, derroca el reino tempo­
ral de la Santa Sede, baluarte de su independencia y ga­
rantía de sus derechos, suscitándole todo género de dificul­
tades y jurando no descansar hasta que llegue á exter­
minar todas las saludables instituciones de los Pontífices
Romanos; qne no satisfecha con la profesión del más abso­
luto descreimiento hasta anular la espiritualidad é inmorta­
lidad del alma y levantar la bandera del indiferentismo y
del panteísmo, blasfema y repudia el dogma sacrosanto de
la Redención eon todos sus frutos, obras, gracias y virtu­
des sobrenaturales; que tras insolencia tanta y viniendo á
zapar los principios de la misma honestidad natural, cuales
son la providencia y soberanía de Dios sobre los hombres,
la ley eterna, el fin y destino último de la criatura racional,
luego á la faz del mundo se pone á enseñar y da como única
norma del recto obrar la moral laica, independiente y libre,
exagerando al efecto contra todo sano juicio las fuerzas y
excelencias de la humana naturaleza, cual si no hubiese si­
do debilitada por una lesión primordial; canonizando y dan­
do suelta á todas las pasiones, aun las más brutales, con el
deliberado propósito é intención manifiesta de sumir en el em­
brutecimiento la muchedumbre del pueblo, para dominarla
y sojuzgarla á salva mano; que atropellando los derechos
de Cristo y el orden natural, mete mano en la familia para
secularizarla y prostituirla por medio del torpe concubinato
legal y de la educación atea hecha obligatoria y forzosa para
los hijos de familia, arrebatados de la inocencia del hogar
y á la nativa potestad del padre; que eon las máximas sub­
versivas de una libertad é igualdad insensatas hace al indi­
viduo superior á toda ley y autoridad, inclusa la del mismo
Dios, constituye en la multitud y en el número la fuente del
poder y del derecho, legitimando la insurrección y entre­
gando á merced del capricho popular leyes, instituciones,
gobiernos y gobernantes; que para alcanzar el sumo imperio
y realizar sus sueños de regeneración social por medio del
trastorno y el aniquilamiento de los pueblos, de una parte
se afianza, mientras las necesita, en las fuerzas de los prín­
cipes, cuya ambición adula irritándolos contra las preten­
didas usurpaciones de*la Iglesia, y en cuyos gobiernos ad­
quiere total predominio; y de otra funda su más ñrme sostén
en el favor de las muchedumbres, á quienes trae de conti­
nuo agitadas con el cebo de fantásticas venturas y con la
falsa persuasión de que á la tiranía de la Iglesia y los mo­
narcas deben achacar sus miserias y servidumbre: una aso­
ciación cuyo horrible proceso con los precedentes rasgos
acabamos de dar en extracto tomado de la Encíclica Ilmna-
num genus; que tales doctrinas profesa, y ellas son su san­
gre y vida; que tales proyectos abriga, y en la ejecución de
ellos consume todas sus fuerzas; que tales hazañas lleva á
cabo, y las lloran á una la sociedad y la Iglesia; que tales
amenazas guarda para el porvenir, y se apareja á cumplir­
las despiadadamente; que tanta fuerza y pujanza ostenta,
cual sólo por el brazo de Dios puede al parecer ser contras­
tada; esa asociación ¿podrá ser mirada con desprecio ó co ­
mo objeto de escasa monta y consideración, según quiere
darlo á entender cierta gente falta de seso? Antes por su
importancia ¿no nos excitará al estudio para conocerla bien
y cobrarle horror, y á una sabia cautela para preservarnos
de su dañino influjo?
Más diré: semejante asociación impregnada de malicia
por todos lados, inspirada por los fines más perversos y de
mayor trascendencia, enemiga de Dios y de los hombres,
contraria á las virtudes más elevadas lo mismo que á la
justicia y honradez natural, destructora de todos los prin­
cipios y vínculos sociales, eterna conspiradora, demoledora
de todo lo santo y respetable, anarquista por esencia; y
junto con todo esto, fuerte é incontrastable por la unidad
maravillosa de su régimen en la universalidad de su esfera
de acción, por el despotismo cruel de su disciplina y el fa­
nático arrojo de sus adeptos; temible por la extensión de
su poderío, el número y variedad de sus huestes, la pose­
sión del mando en casi todas las naciones, la inagotable
abundancia de recursos, el apoyo de las instituciones en -
gendradas de su vientre, la guarda del secreto inviolable,
el uso sistemático de los medios más reprobados: ejéreito
innumerable y aguerrido de la revolución en aetiva campa­
ña siempre, que dominador del globo, escoge á su sabor las
posiciones más ventajosas y espía las ocasiones más propi­
cias para el ataque; que cuenta donde quiera con la com­
plicidad de los mundanos intereses y pasiones; que arreba­
tado de furor al par que exalta á sus seides, aprovecha en
beneficio propio la fiebre revolucionaria provocada por todo
género de malas artes en los pueblos; y que engreído por
numerosos y recientes triunfos, camina desaforado y arro­
gante al cumplimiento de su aspiración suprema, á la rea­
lización de su plan endemoniado de reducir á polvo en toda
la redondez de la tierra la civilización y la sociedad cristia­
na, y establecer en su lugar el reinado de la sociedad ma -
sónica y la barbarie de un nuevo paganismo; una asocia -
ción semejante ¿no habrá de ocupar la atención de los hom­
bres pensadores como notable fenómeno social de nuestros
tiempos? ¿no habrá de contar como indispensable y podero -
so agente en las combinaciones políticas de las naciones, y
en verdad que frecuentemente ha contado para bien ó para
mal, según han sido bien ó mal intencionados los directores
de la política? ¿no será capaz de conmover hondamente las
almas y producir gran alarma en los pueblos, sobre todo en
los más adictos á la fe é instituciones católicas? ¿no deberá
graduarse como uno de los más formidables peligros para la
Iglesia y la sociedad? ¿no arrancará á los Romanos Pontífi­
ces los más penetrantes ayes, y no los obligará á vibrar
contra ella los rayos de su indignación, según ha estado
sucediendo desde Clemente XEI hasta León X III?
¿Y habrá todavía católicos, habrá en el mundo hombres
tan superficiales y atolondrados, tan destituidos de sentido
común, que no la estimen en lo que es, por lo que puede y
lo que hace; que no la abominen, que no clamen contra ella,
y en esa furibunda guerra contra el bien, no vean personi*
ficada la terrible lucha del reino de Satanás contra la ciu -
dad de Dios, como nos anuncia L eón X íII? ¿O habremos de
decir que la imaginación de los Papas, cuya política social
ha sido siempre reconocida por la más previsora y certera,
y lo testifica la historia veraz, en este solo caso se les ha
ido por esos trigos de Dios y se ha estado divirtiendo sin
por qué ai fundamento real en forjarse espantajos, en albo­
rotar y perturbar las conciencias, en difamar gratuitamen­
te grandes corporaciones, sin motivo ni razón alguna pasa­
dera, sin ninguna pro espiritual de la cristiandad; y esto en
asunto que tan en lo vivo toca á la común salud y tanto in­
teresa al acertado ejercido del ministerio pastoral? Esto no
es creíble ni verosímil; esto no pasa ni eon las más anchas
tragaderas del descreimiento, del indiferentismo y de las
más odiosas prevenciones.
Aquí daríamos por terminado nuestro cometido si no nos
empeñásemos en acabar de una vez para siempre con esa
perniciosa vulgaridad del poco ó ningúu valer de la secta
en el magín de los más imprevisores, obtusos y negados,
■Ea, despabilen los ojos y clávenlos en los testimonios y da­
tos que ahí van á continuación.
Sumamente respetable y generalmente respetada es la
autoridad del limo. Sr. Fava, obispo de Grenoble, recomen*
dable entre mil por el raro celo con que se ha dedicado á
estos estudios. Oigasele exponer su sentir sobre la impor­
tancia de la negra hermandad: «La masonería es la madre
legítima de la revolución por antonomasia, que trae revuel­
to el mundo desde más ha de ciento cincuenta años acá: se
arroga el oficio de maestra de la humanidad, y trabaja obs­
tinadamente en suplantar á la Iglesia en esta prerroga­
tiva" (1).
Ei limo. Sr. Gay, que como nuestros lectores se entera­
ron en nuestros Orígenes ele la masonería, con tan aguda
vista sondeó, tal vez mejor que nadie, las pútridas entrañas
de la orden, ve en ella representada «aquelmisterio de ini­
quidad de San Pablo, y la señala como la precursora del
Anticristo; el cual por los esfuerzos de la misma se sentará
en medio del templo haciéndose cabeza y dueño de la reli­
gión y del poder, poniéndose á sí mismo como objeto del

(1) Le secret de la jra n cm aromi erie.


culto que bajo su reinado será el único legalmente recono­
cido, y ostentándose en el templo de Dios como Dios« (1).
Si la tendrá en bajo aprecio este ilustre escritor.
Ea el terreno de los hechos la toma ó considera el insig­
ne prelado de Maguncia, limo. Ketteler, que tan alto re­
nombre de publicista se conquistó con sus obras, diciendo
así: »Las sociedades secretas con sus juntas subterráneas
traen convulsa la sociedad europea. En ellas cobra la revo­
lución toda su pujanza y la vigorosa aeción de los partidos
despliegan su acción destructora. Desde que las mismas lo­
graron el grado de desarrollo y ' la organización en que las
vemos, los países de nombre civilizados viven en calentu­
rienta é incesante agitación» (2). ¡Qué, si la masonería es
juego de niñosI
El sabio hijo de la Compañía de Jesúsj P. Gautrelet, con
quien ya trabamos amistad en nuestros Orígenes citados,
después de haber probado su no corta serie de acusaciones
con el riguroso método y solidez distintivos en él, encabe­
za así la recapitulación de sus tremendos cargos contra la
secta fatal: «Denuncio y entrego á la execración universal
su designio infernal y sus tendencias diabólicas. No se
empacha de manifestarlo: su fin supremo es el exterminio
de la religión cristiana y la ruina de los tronos, y luego la
restauración del paganismo en la tierra: este es el exclusi­
vo objeto de sus empresas, ansias y fatigas» (3). Por las
señas, el P. Gautrelet no tomaba la confraternidad por cosa
de risa.
Y al principio de su ob ra había citado el dicho notable de
un distinguido publicista, en estos términos: «Nadie puede
ver claro en los actuales acontecimientos, si no sabe ras­
trear el gato encerrado en ellos. Los que no hacen cuenta
de las sociedades secretas, nunca verán más allá de sus na­
rices... La constitución, las instituciones, las discusiones
de los cuerpos colegisladores del Estado, donde hay socie-

(1) P. Deschamps: Les socielcs secnU.es—Lettr es del P. Gautrelet.


(2) i Un católico puede ser Frimcmasónl
(3) La, j r m c-marormerie et la revolulión. Pag 5(31.
dades secretas influyentes, no son más que trampantojos.»
El cardenal Mathieu, citado por Jannet en la Introduc­
ción á la obra del P. Deschamps, compendiaba todo el fru­
to de la experiencia de su larga vida y de su carrera políti­
ca con estas palabras: «Me pregunto eon gran dolor de mi
alma, como puede suceder que los poderosos del siglo no
echen de ver en derredor suyo y muy cerca de sí al agente
que les está socavando el terreno y corroyendo mientras
llega la hora del cataclismo. Estoy íntimamente persuadido
de que la mayor parte de los más importantes y aciagos su­
cesos de nuestros días han sido dispuestos y realizados por
la Francmasonería.» Nada de comentarios.

Mas no sea dicho que sólo atestiguamos con hombres de


la Iglesia. Y entre paréntesis ¡qué gente es esa de tan mal
contentar! Si citamos masones, se los recusa por masones,
por insospechoso que sea su testimonio; si acudimos á los
católicos, por católicos, con todo y su elevada categoría y
veracidad indubitable. ¿Qué haremos?
Allá va el terminante fallo del obispo protestante Hegs-
temberg, cuyos escritos referentes á Ja materia causaron
gran sorpresa y admiración por el vigor de las pruebas en
toda Alemania: «Al maleficio de las logias, clama, débese
atribuir el enflaquecimiento y desaparición de la fe entre
los protestantes y el inminente peligro de una catástrofe
social» (1). Sigan luego diciendo, según la graciosa crítica
de Saint-Albin, que la masonería no pasa de ser más que
una agrupación de gente báquico-filantrópica, comedora,
bebedora, cantadora y bienhechora.
Al doctísimo suizo Haller le valdrá, suponemos, el pres­
tigio de sus grandes talentos é integridad incontestable.
Pues éste: «Se ignoraba, escribe, tiempos atrás la fuente y
origen de esas sectas sofísticas que manifiestan odio tan im­
placable contra la humana sociedad, contra el orden natural
y divino. Obras suyas son la lucha sistemática contra tocias

(1) Citado por Gyr: La masonería estudiada en ella misma.


las relaciones y derechos de los particulares, de los señores
y de las comunidades civiles; el propósito evidente de ani­
quilar la Iglesia católica y también la protestante; la com­
pleta secularización de las escuelas cristianas á fin de in­
troducir en ellas la jerarquía de las antirreligiosas.» Por lo
visto tampoco el esclarecido Carlos Luis Haller reputaba la
hermandad por cosa de burla.
¿Y el conde de Haugwitz, protestante de tomo y lomo, si
es que á protestante llegaba, que presentó al congreso
de Yerona la célebre memoria? Era pájaro de cuenta el tal
conde. Plenipotenciario prusiano, ministro del rey de Pru­
sia, masón desde sus años juveniles, iniciado en los últimos
misterios, benemérito autor de varios libros tocantes al Ar­
te Real, se desuneió de sus antiguos compromisos y leyó
ante el congreso de Yerona su interesante informe: «Llega­
do, dice, al término de mi carrera, me obliga la conciencia
á echar una mirada sobre las intrigas de las sociedades se­
cretas, cuyo veneno amenaza á la humanidad hoy más que
nunca.» Después de haber fundado esta afirmación en los
datos recogidos durante largos años sobre los principios,
planes y obras de la masonería, concluye así: «Me formé el
convencimiento de que ninguna sociedad masónica, desde la
más humilde hasta la de grados superiores, se puede pro­
poner otro fin más que traficar con los sentimientos re li­
giosos (1), ejecutar los designios más cr iminales y servir­
se de aquellos como disfraz para encubrir éstos.» No se
muerde la lengua, y á fe que no pecaba de aprensivo el bue­
no del conde; así se desahogaba en presencia de los sobera­
nos de Europa, y éstos, según la historia, quedaron profun­
damente impresionados. Pero si ellos se impresionaron, se­
guro que nuestros botarates se habrían reido en las barbas
del conde.
¿Quién, medianamente versado en historias masónicas, no
lia oido mentar al famoso protestante Eckert? Protestante

(1) Religioso, entendámonos, al estilo j conforme al lenguaje


de los iluminados martinistas y demás sectarios del mismo jaez,
que habían sido com pinches del religioso Haugwitz.
m a s o n e r í a , t . r.—4
de los que creen, religioso, buea patriota, varón docto y re­
flexivo, imparcial en sus juicios, noble, franco, dotado de
extraordinario valor, constancia y entereza, por religión,
por patriotismo, por virtud, levantó generosa cruzada con*
tra la hermandad proterva. ¡Cuánto trabajó y sudól ¡cuánto
escribió y qué bien! ¡qué sacrificios y persecuciones le va­
lió su amor á la verdad! Suyo es el siguiente pasaje entre
mil que pudiéramos citar: «Ningún hombre de Estado cono*
ce su época ni ve las causas de los acontecimientos que se
desenlazan en el campo de la política de alto vuelo, ni se
puede dar razón de lo que pasa en la pública administra­
ción, en la Iglesia, en la escuela, en todo el contexto de la
vida pública y moral de los pueblos; ninguno es capaz ni tan
siquiera de penetrar el significado que se da á ciertas pala­
bras, ni de comprender la fuerza de ciertos hechos cuya re­
solución tiene el ánimo suspenso, si no estudia á fondo la
orden de la masonería, si no se interna en su naturaleza y
modo de obrar.»

En atención á esta importancia, desgraciadamente inne­


gable de la masonería ¿es de extrañar que las potencias
europeas, hechas á una, menudearan contra ella decretos de
proscripción y otras condenas? Entre muchos de los tiem -
pos modernos:
En 1735 los Estados Generales de Holanda abren la
marcha prohibiendo á perpetuidad la apertura de logias en
las Provincias Unidas: á los dos años renuevan el mandato y
son encarcelados los contraventores.
En 1737 la Magistratura de París condena las reuniones
masónicas, y Luis 15.° extraña de la Corte á los señores que
se iniciaron.
El Elector palatino expide un edicto contra los masones
y manda á la eárcel una logia entera y verdadera.
El Gran Duque de Toscana da una orden semejante.
En 1738 el emperador Carlos 6.° prohibe la masonería
en los Países Bajos austríacos y destierra á todos los co­
frades.
El gobierno de Hamburgo cierra las logias.
Federico 1.° de Suecia ordena lo mismo bajo pena de
muerte.
Eq 1739 Augusto 2.a de Polonia acaba eon las logias y
además manda fijar la bula condenatoria de Clemente X II
en las puertas de las iglesias.
En 1740 Felipe 5.° de España deereta contra la maso­
nería.
En 1745 y otros el Consejo de Berna pronuncia varías
sentencias contra ella: le imita el Cantón de Basilea y otros
cantones suizos.
En 1748 la Puerta Ocomana manda echar abajo la casa
de las juntas masónicas é intima á los representantes de las
naciones extranjeras que se guarden de introducir la mala
simiente.
En 1751 el rey Carlos de las dos Sicilias proscribe la
masonería.
Fernando 6.° de España da una pragmática declarando
reos de Estado á los masones.
E q 1763 los magistrados de Da ntzig los condenan en tér­
minos muy graves.
En 1764 hace lo mismo la emperatriz María Teresa de
Austria.
En 1766, á pesar y contra su perverso modo de pensar, la
imita José 2.°
En 1770 vuelven á perseguirlos los cantones suizos.
En 17S4 el Elector de Baviera decreta contra ellos, y so­
bre todo contra los iluminados, una y otra vez.
En 1785 el Gran Duque amenaza con rigurosa pena á
los empleados civiles y militares que entren en la cofradía.
El Senado de Venecia aprisiona á todos los hermanos.
En 1792 Isabel de Portugal también los pone á la sombra.
E q 1794 Víctor Amadeo de Cerdeña procede contra ellos.
E q 1797 Pablo 1.° de Rusia suprime las sociedades secre­
tas.
E q 1801 el emperador Francisco 2.° renuévalas antiguas
prohibiciones y castiga á los iniciados con todo rigor.
Eq 1803, Senado consulto de Genova muy severo, y los
hermanos destituidos y encarcelados como reos de Estado.
E q 1814 el rey Maximiliano 1.° de Baviera reitera y rea­
grava las pasadas condenaciones.
Ea 1822 Alejandro de Rusia publica un ukase de mucho
rigor.
Estas enérgicas medidas fueron adoptadas en las nació -
nes católicas lo mismo que en las más apartadas de nuestra
santa Pe y Religión; así por los gobiernos absolutos y aun
despóticos, como por los llamados constitucionales y por los
republicanos, para cerrar el paso á la excepción que se fun­
dase en la clase de gobierno ó religión. Además, si esas ri­
gurosas disposiciones no se repitieron y continuaron hasta
tiempos más cercanos á nosotros, no fué por mengua ó de­
crecimiento de la masonería, sino cabalmente por el motivo
contrario de haber subido de punto su poder y valimiento
hasta alcanzar general predominio en la constitución y ré­
gimen de los pueblos, según testimonio de la historia con­
temporánea.
Conque véase, si todo esto no es capaz de abrir los ojos
al más ciego.

Réstanos otra prueba decisiva, la de los hechos, en que


de una manera implícita descansa la fuerza de los anterio­
res razonamientos. Consideremos á la masonería moderna
en acción, y entonces no quedará rastro de duda á la per­
suasión de quien no tenga el juicio enteramente rematado.
La secta domina desde la mitad del siglo pasado en el
Parlamento francés, gana á los hombres de letras, imprime
el signo de Hiram á jansenistas y galicanos, y forma la cre­
cida falange de economistas, filósofos y enciclopedistas, que
no contenta con la general perversión del pueblo francés,
esparce también en las demás naciones con asombrosa acti­
vidad la pestilencia de sus principios disolventes. La fiebre
masónica llega á invadir los palacios de los reyes, y la mis­
ma desgraciada Antonieta se admirará de que haya quien
abrigue excesivas prevenciones contra la secta que ha sabi­
do dar á su artera propaganda el atractivo de la galante­
ría. ¡Pobre Francia! ¡pobre Europa!
Va madurando el gran complot. Para desbrozar el terre­
no y por vía de primer ensayo, se ataca la enseñanza reli­
giosa, y la esclarecida Compañía de Jesús sucumbe al feroz
impulso de todas las pasiones puestas en juego por los im­
placables hijos de la Viuda. Con este paso allánase el cami­
no para la secularización y monopolio gubernamental de la
enseñanza, solemne y definitivamente puesto en planta por
Napoleón 1.°, elevado á la categoría de ley fundamental de
la Revolución triunfante, obstinadamente practicado y man­
tenido en todo el mundo.
Mas trabájase sin descanso en las fraguas subterráneas
de toda Europa y aun del globo entero: precipítanae los su­
cesos, combínanse planes destructores, acércanse unos á
otros los agentes de la secta cosmopolita, ya á sonar la ho­
ra del poder de las tinieblas; y en breve los reyes y los pue­
blos sorprendidos presenciarán el acontecimiento más es -
pantoso y lamentable y más trascendental de todos los si­
glos modernos. Celébrase en Willhemsbad la reunión ó asam­
blea más numerosa é importante de la masonería universal,
donde tienen representación todos los ritos y escuelas, don­
de se codean hermanablemente los diputados venidos de la
distante América y de los últimos confines del Asia con los
de los países europeos. Allí la masonería es iluminada con
las luces de Weishaupt, acuérdase el plan de campaña, tién-
dense los hilos de la conspiración á todos los puntos del glo­
bo, expídense emisarios, fíjase la época de la explosión con
todos sus detalles. La Revolución ha de ser universal, co ­
mo lo es la idea masónica; pero se sitúa en Francia el foco,
principio y centro común de operaciones, de donde las lla­
mas broten y partan' á incendiar el mundo entero. El go­
bierno interior de la orden traslada su residencia de Ale­
mania á París.
En los antros más profundos es decretado á sangre fría
el Terror, lo mismo que el regicidio de Gustavo 3.° de Sue­
cia y el de Luis 16.°: fórmase una cohorte de regicidas.
Leopoldo de Austria morirá envenenado.
Al despertar, bien que tardíamente, los imbéciles monar­
cas con el horrísono fragor y espantoso cataclismo de la re­
volución francesa, fácil les habría sido aún dar cuenta de
aquellas hordas fanáticas y salvajes con todo y la famosa
Milicia nacional, que fué genuina institución masónica de
aquellas luctuosas jornadas; y por esto París temblaba po -
seido de pánico á la aproximación de los ejércitos extranje­
ros, Pero todo estaba en parte previsto, en su conjunto pre­
parado.
El Gran Maestre, Duque de Brunswick, otorga genero­
samente sin venir á las manos las palmas de la victoria al
enemigo Dumouriez, acorralado en Valmy: bien es verdad
.que en reconocimiento de tal hazaña los hermanos le rega­
lan los diamantes de la Corona de Francia. El mismo, lúe*
go, con igual valentía se da nuevamente por veucido, y man­
da evacuar presta y misteriosamente la provincia de Cham­
pagne contra el dictamen de los demás generales del ejér­
cito aliado, que contaban seguros con un triunfo decisivo.
Coustine, sin cañones de sitio, entra sosegadamente en la
inexpugnable Maguncia. Pichegru toma posesión rápida y
tranquila de la Flandes y Holanda. Las provincias rhena-
nas vienen á poder de las legiones republicanas, como la
fruta madura se desprende del árbol. La libre Suiza se en­
trega también, no había de ser menos, por manos de los go­
biernos provisionales que la confraternidad obsequiosa ha­
bía cuidado de establecer previsoramente. En la leal, invic­
ta é inquisitorial España no escasean quienes vendan las
plazas fuertes y den paso franco á las impías y desalmadas
huestes. De Cerdeña é Italia no hay qué decir, sino que los
ejércitos haeen amago de resistir ó acometer, y huyen ó de­
feccionan; las ciudades abren galantemente las puertas á
los franceses: Nápoles cortés los abriga en sus puertos: Bo­
naparte no se da manos á fundar nuevas repúblicas, pro­
bando de paso su heroico esfuerzo contra el inerme Anciano
de Roma. Aquello era cantar y coser.
Traición la más colosal, más desvergonzada y escandalosa
que registran las historias de los siglos, muy de antemano
amasada y llevada á su más cumplido efecto por la masone­
ría cosmopolita; por esa masonería á quien tan desfasada­
mente, tan estúpidamente calumnian, denuestan unos bár­
baros incapaces de Sacramentos, motejándola de sociedad
barberil ó de cofradía de tres al cuarto, que nada vale ni
sirve para maldita de Dios la cosa.
En 1799 la obra revolucionaria viene á punto de parecer
mal sostenida por sus agentes y directores, duramente cas­
tigada por los ejércitos aliados; cuando los jefes de la franc­
masonería ponen sus ojos y sus esperanzas en Napoleón,
que vuelve coronado con los laureles de Egipto y de Malta,
villanamente entregada sin ninguna resistencia por algunos
rendidos hh.\, antes masones que caballeros, y le eligen
por caudillo y apóstol de la Revolución á caballo, según la
frase pintoresca de Lamartine, eon los principios y un có­
digo civil anticristiano por bandera y evangelio. Esa ma­
sonería que con tanto afán agencia al moderno Sesostris,
hijo de sus entrañas, victorias y conquistas, á la vuelta de
algunos años para domar la independencia de su carácter,
retírale la maternal protección con que le había aupado y
sostenido, le pone á merced de las potencias enemigas y le
relega á la isla de Elba: vuelve á llamarle amorosamente,
y de nuevo le desampara, y de la más alta cumbre le deja
caer para siempre en el peñasco de Santa Elena. Esa ma­
sonería entroniza y depone sucesivamente en Francia á
Luis 18.°, á Carlos 10.°, á Luis Felipe, á Napoleón 3.°; á
Napoleón :j,ü, que perdió la corona en el juego masónico,
por haberlo exigido la consolidación ó afianzamiento de an­
tiguos planes sectarios.
Esa masonería, lepra mortal de la edad moderna, que
desde el siglo pasado tiene infectado el globo terráqueo,
sin perdonar ni á los pueblos de sangre más pura y comple­
xión más sana, como el hidalgo pueblo español, que adole­
ce cada día más gravemente de ella desde los tiempos in­
faustos del inepto Carlos 3.° con sus Arandas, Rodas, Aza­
ras, y demás comparsa enciclopedista y masónica; esa
masonería que primero tomó por juguete á la candorosa
María Teresa y empujó al emperador sacristán á sus des­
atinados y sacrilegos atrevimientos; que con las intrigas de
la guerra de Crimea aisló para siempre al Austria de Rusia
y la condujo á las humillaciones de Villafranca y de Sado-
wa, derribando de esta suerte el único baluarte opuesto á
la consumación de los más perniciosos designios; esa misma
fué la que por manos de una horda de bandidos hizo la Ita­
lia mía con la ruina del principado civil del Papa y el cau­
tiverio del Representante de Cristo; la que dió ser y con­
sistencia al imperio alemán con el ¿ulturkampf neroniano
de Alemania y Suiza, y la persecución religiosa enardecida
en todos los países; la que en Francia cerró la puerta á una
saludable restauración monárquica y prestó solidez á una
república villana, desastrada y opresora; la que en toda la
tierra ha hecho al reino de Cristo tributario y esclavo del
reino de Israel, No mienten, no, por gran desventura los
numerosos testimonios arriba citados, de que en el escena­
rio universal ninguna acción se desarrolla de alguna enti­
dad y de consecuencias religiosas ó sociales, sin que en ella
manipule ó lleve la dirección la intrusa, inevitable y omni­
potente secta; ni se da gobierno en el mundo, donde no in­
giera algunos de sus ñeles y juramentados adeptos, si es
que no ejerce el absoluto dominio; ni la historia pública de
las naciones modernas tiene otra clave reveladora más que
la secreta de la masonería una y universal.
Los hechos que acabamos de apuntar y otros semejantes
cuya serie se haría interminable, vienen registrados en cien
narraciones y confirmados por las voces de profanos y ma­
sones, para que no sufran tacha ninguna y brille su certeza
como el sol.
¿Tiene importancia la masonería? A pesar de todo lo di­
cho, no faltarán todavía mentecatos que la nieguen ó des­
conozcan; pero esos tales sólo merecen compasión, están
dejados de la mano de Dios y no tienen remedio; para esa
gente ni se ha escrito nada, ni pasa nada en el mundo.
CAPÍTULO IV

¿Qué cosa es la masonería? — Definiciones de profanos, con­


frontación y resumen,— Elemento satánico.— Bengalas masóni­
cas.— Lo formal: Ragon, Weishaupt, Masonería holandesa, Con-
rard, Petrucelli, Masonería francesa de 1879, Anti-concilio de
Nápoles, Congreso de estudiantes en Lieja, Bakounine.— R e ca ­
pitulación.— Lo satánico.

i bien en los dos capítulos precedentes se dise­


ña con suficiente claridad la figura del mons­
truo aborrecible que desearíamos ver extermi­
nado del mundo, sin embargo para no desen­
tendemos del orden que el buen discurso traza
y exige, debemos entablar formal y directamente la cuestión
que ha de considerarse como la primera y fundamental de
cualquier tratado, preguntando: ¿Qué cosa es aquello de que
se trata y se disputa? La respuesta ha de contener la defi­
nición clara, precisa y completa del objeto de nuestro estu­
dio y averiguación; ó en otros términos, ha de ponernos ante
los ojos la naturaleza del mismo objeto, que desentrañado
luego eon sagaz análisis y firme pulso se nos haga patente
con todas sus propiedades, partes constitutivas, caracteres,
señales y manifestaciones, y si está dotado de virtud ope­
rativa, con todos sus actos, fuerzas, organismo, efectos y
modos de producirlos.
Hagamos la aplicación á nuestro asunto y preguntemos:
¿Qué cosa es la masonería?
Es un ser ó cuerpo moral, es una sociedad humana con­
notada y distinguida como tal sociedad de cualquiera otra
por el amor é intención de peculiares fines y la adaptación
de tales 6 cuales medios á los fines intentados. Acerca de
esto no caben riñas 6 disentimientos. Lo que determina el
juicio de la razón en calificar á cada sociedad, lo que la
acredita y enaltece, ó por el contrario la mancilla y des­
honra, es la diferente calidad de los fines propuestos y me­
dios adoptados, y esta es la que pinta á nuestra vista y nos
presenta al desnudo la naturaleza de la sociedad; y en este
campo, eon relación á nuestra materia, se dividen contra­
riamente los pareceres y se traba la lucha entre profanos y
masones. Aquellos por de contado vencen la batalla, según
nos convenceremos por demostración rigurosa; pero veamos
si los otros, tan descaminados como andan, son á despecho
suyo, en fuerza de la patente realidad, constreñidos á dar­
les la razón, degollándose con sus propias manos; que es ni
más ni menos lo que sucede.
Es negocio magno el de fijar la noción exacta y cumplí-
da de la sociedad masónica, y en la discusión habremos de
vernos obligados á rectificar ó completar ideas hasta de al­
gunos amigos nuestros por la mayor copia y certeza de da­
tos posteriores á la época en que ellos escribieron.
Y metiéndonos ya en faena, podríamos dar cortésmente
la delantera en el uso de la palabra á los cofrades triangu­
lares, los cuales en nada sufren ser los segundos, como pre­
tensos maestros y regeneradores de la humanidad, á ver
qué nuevas tenían á bien comunicarnos de la negra her­
mandad; y si los más antiguos de entre ellos, á vueltas de
sus usuales frases campanudas, artificiosos rodeos y mal di­
simulados embustes, echados á volar para caza de pájaros
bobos, no satisfacían nuestra justa curiosidad, de seguro
que con sólo las amplias y numerosas correcciones añadidas
á aquellas ranciedades por los más conspicuos doctores ac­
tuales de la secta, que ya se creen en el caso de soltar ca­
retas y de hablar sin necios tapujos ni gastadas hipocresías,
nos pondríamos al cabo, sin otra diligencia ó afán, de cuan­
to nos importara saber para nuestro entendimiento y go ­
bierno. Pero nos place, para más perfecta ilustración de
nuestros lectores, tomar primero en cuenta los juicios de los
profanos, para que sobreviniendo después la confirmación
masónica de sus dichos y asertos, les ponga el séllo de la
más firme é ineluctable certidumbre, y produzca en el áni­
mo la más robusta convicción.
Abra la marcha y sea nuestro maestro de capilla en este
contrapunto uno de los primeros y el más grande sabedor y
descubridor de artes é historias tenebrosas, y por ende fa­
vorecido con los odios más reconcentrados de la cofradía, el
ínclito P. Barruel; el eual bien asegurado en los estribos de
documentos auténticos é informes muchos é irrecusables,
entra en empeñada lid con la secta en sus Memorias sobre
el Jacobinismo} arrancándole el engañoso disfraz y entre­
gándola á la pública abominación como la eterna «conspira­
dora contra el Cristianismo, contra toda religión, hasta con­
tra la natural, contra los reyes, contra todo gobierno y so­
ciedad política y aun contra toda especie de propiedad» (1).
No se andaba por las ramas nuestro ilustre amigo, y con
tan certera puntería asestaba al blanco, que á no aguijar­
nos el compromiso ó necesidad de satisfacer con una expo­
sición más lata las exigencias hasta de los descontentadi-
zos, casi podríamos pasarnos sin más citas, aunque lo bue­
no jamás se hace mucho, por dicho de Cervantes.
Igual ó parecida tonada cantan otros autores dignos del
mayor encomio, cuyos votos entresacamos del Estudio de
la francmasonería, publicado por la Ckdlta Cattolica, y
retocado por Onclair, ya que nos encontramos con el traba­
jo hecho. Entre aquellos el insigne Carlos Luis Haller afir­
ma que «esas sectas sofísticas hacen profesión de hostilidad
implacable contra la sociedad humana y contra todo orden
natural y divino.» El conde de la Motta asevera que se pro­
ponen «la reforma del mundo con sujeción á los planes del
racionalismo, la destrucción de la religión verdadera y po­
sitiva, y de toda autoridad y forma de gobierno.» No se
desvía de su sentir el conde Solaro della Margherita, al
asegurar de ellas en montón, que «todas son igualmente
perversas, conjuradas contra el altar, el trono y los princi­
pios sociales.»

(1) Discurso preliminar.


Conocidos ya nos son y recomendados, cual demandan
sus méritos, Robison y Eckert. El primero, de su larga ex­
periencia masónica y de sus concienzudas observaciones sa­
có el convencimiento de que la masonería es «una asocia­
ción formada con el resuelto designio de extirpar todas las
religiones y acabar con todos los gobiernos de Europa.» El
segundo, en el título mismo de una de sus U tilísim a s obras,
encierra una de las m ás cabales definiciones: «Colección de
argumentos para que sea condenada la Francmasonería
como principio activo de destrucción en daño de la reli­
gión, del Estado, la familia y la propiedad, por medio de la
astucia, la traición y la violencia.»
Si breves, no son menos expresivas otras dos definido -
nes: «La Iglesia al revés, la religión del porvenir;» y ésta
es del limo. Sr. Dechamps, arzobispo de Malinas (1). «El
misterio de iniquidad de San Pablo, la precursora y madre
del Anticristo;» y ésta debe adscribirse al ilustrísimo se­
ñor Gay (2).
E q lo larga vale por algunas la del P. G-autrelet: «Una
sociedad de hombres sin religión, unidos entre sí por medio
de una organización misteriosa y de horribles juramentos,
bajo la dirección oculta de jefes invisibles, para hacer la
guerra á la Iglesia y á la sociedad, y con el especioso pre­
texto de establecer en el mundo el reino de la libertad, la
igualdad y la fraternidad, para resucitar el Paganismo» (3).
El P. Pachtler, que es uno de los que más se han des-
pestañeado en el estudio de la masonería y más han ahon­
dado en su conocimiento, la contempla retratada en su ob­
jeto final, que por los tres grados de la Humanidad sin
Dios, la Humanidad hecha Dios y la Humanidad levanta­
da contra Dios, se termina en la Deificación de la H u ­
manidad; y el P. Deschamps, después de haber citado al
P. Pachtler, sorprende la naturaleza de ella en las palabras

(1) La Jranc-mamineri.e.
(2) Caria á Qla%iio Jannet.
(3) La jranc-macmmerie et Id Revotuiion.
textuales de que se sirve Weishaupt, para exponer su sis­
tema y más recóndito pensamiento: «La rehabilitación del
hombre en sus primitivos derechos (soñados por la secta)
de libertad é igualdad por medio del aniquilamiento de toda
religión y de toda soeiedad civil, y la abolición de la pro­
piedad.»
¡Si tendría conciencia el funestísimo conspirador y sumo
hierofante de la secta, de sus propias malignas intenciones
y planes asoladores; si conocería él los elementos esencia­
les del malvado iluminismo, hechura de sus manos!
El sapientísimo León X III en su Encíclica Humanum
genus, tan admirable como todas las suyas, en una palabra
cifra y recopila todas sus magistrales y jugosas instruccio­
nes y razonamientos sobre la materia. ¿Qué cosa es la ma­
sonería? La Sinagoga de Satanás, tomada la expresión en
su sentido más propio y amplio á la vez. E insistiendo en
esta idea y en conformidad con su lenguaje figurado, Dom
Benoit, eon mucho acuerdo la definió: «La sociedad de obre­
ros que se emplean en edificar el templo ó la ciudad de Sa­
tanás.»
Tan significativa y compendiosa como estas dos y la del
limo. Sr, Gay, y tan derechamente encaminada al blanco
como ellas, es la definición de Negroni: «-Secta anticristiana
y antisocial,» que el mismo autor explana acertadamente
en estos términos: «La congregación de hombres y mujeres
consagrados á Satanás, dedicada en política á destruir las
leyes y el orden establecido por Dios, y en religión á abolir
todo culto de la divinidad y á establecer en su lugar la De-
monolatría.» Es muy de notar que Negroni escribía en 1850,
según él mismo nos refiere, y daba su obra á la estampa
en 1861. En verdad que se adelantó quizás á todos en hus­
mear lo más íntimo de la secta hasta el fondo.
Cerrado de una vez, no por falta de tela que cortar, el
prolijo catálogo de citas, reflexionemos y pasemos revista.
La definición ha de contener y mostrar en limpio la natu­
raleza del objeto definido, representándolo en sus elementos
esenciales. Los elementos esenciales de cualquiera humana
sociedad se reducen á dos: comunidad de fines y comunidad
de medios. Si se trata de sociedades particulares, como pue­
den coincidir en el fin, es de rigor distinguirlas eon ia men­
ción individual de sus medios respectivos. Así, por ejemplo,
las sociedades comerciales é industriales, como de ordinario
convienen puntualmente en el fin, que es el de hacer dine­
ro, al especificarlas se habrán de diversificar con la expre­
sión de los medios empleados para allegar esos dineros, se­
gún el ramo ó giro comercial, ó la industria que explote ca­
da una. Mas en siendo la sociedad universal con intención
por Jo tanto de un fin también universal, este fin bastará
por sí para calificarla, notarla y caracterizarla, sin especifi­
cación ó señalamiento de medios, que se dejarán entender
por haber de ser proporcionados al fin, ó dígase que ya se
dan por presupuestos, ó que en la determinación del fin
viene embebida la determinación de los medios, toda vez
que el fin marca la acción de la sociedad y la acción los me
dios correspondientes. Que es justamente nuestro caso y la
razón que debieron de tener en cuenta los autores aducidos,
al formar con sólo la designación del fin sus definiciones.
Y es hora ya, para nuestro intento, de pasar revista á
todas ellas y fijarnos en los elementos de cada una para con­
frontarlas:
1. Barruel.— Conspiración contra el Cristianismo, contra
toda religión, hasta la natural, eontra los reyes, contra todo
gobierno y sociedad civil y contra toda propiedad.
2. Haller.— Guerra implacable contra la sociedad huma­
na y contra todo orden natural y divino.
3. Della Motta.— Racionalismo aplicado á la reforma del
mundo eon la destrucción de la religión verdadera y positi-
va, de toda autoridad y forma de gobierno.
4. Solaro,— Conjuración contra el altar, el trono y los
principios sociales.
5. Robison,— Extirpación de todas las religiones y des­
trucción de todos los gobiernos.
6. Eckert.— Destrucción de la religión, del Estado, la
familia y la propiedad.
7. Gautrelet.— Guerra á la Iglesia y á la soeiedad, y re­
surrección del paganismo.
8. Pachtler.— Deificación de la Humanidad.
9. Deschamps.— Rehabilitación del hombre con el ani-
quitamiento de toda religión y sociedad civil, y la abolición
de la propiedad.
Salvo algunas diferencias' accidentales, completa unifor­
midad de sentencias y pareceres.
En todos resaltan, claramente significadas ó lógicamente
sobreentendidas, estas dos notas: ¡Guerra á toda religión!
Saeta anticristiana ó antirreligiosa. ¡Guerra á la sociedad!
Secta antisocial.
Cierto que Barruel, Solaro y Eckert, por influjo de cir­
cunstancias especiales del pais ó de los tiempos en que es­
cribieron, nos hablan de reyes, de trono, de Estado ó mo­
narquía, expresando innecesariamente en la definición uno
de los fines inmediatos de la seeta; pero esto no empece.
El mismo Barruel, además, Eckert y el P. Deschamps,
tomando éste el lenguaje de Weishaupt, especifican la pro­
piedad como uno de los objetos dignos del odio sectario,
reincidiendo en el mismo defecto lógico anterior; mas el
pensamiento de los autores subsiste invariable.
Respecto al P. Pachtler, en fin, se cae de su peso que
aquella Deificación de la Humanidad, en que él lo resu­
me todo, no puede actuarse sino por medio de un desqui­
ciamiento ó cataclismo en que naufraguen por completo á
la par religión y sociedad; con cuyo presupuesto obligado
aparece bien que el P. Pachtler se arrima al común sentir.
Ea consecuencia por todos lados resulta Sociedad anti­
cristiana y antisocial.

Pero aquí falta algo, y esencial por cierto, para acabar y


redondear la idea que de sí misma nos ha hecho concebir la
masonería de estos últimos tiempos de una manera tan des­
carada, que no resta ni asomo de duda; la parte, digo, que
en toda esa contradanza reclama para sí de derecho el mis*
mo rey de los abismos infernales, el elemento satánico.
Lo apunta y deja transparentar.
LO. El limo. Sr. Dechamps.— Eq su Iglesia al revés,
religión del porvenir,
Lo ponen de manifiesto:
11. S. S. León X l i r .— La Sinagoga de Satanás.
12. limo. Sr. Gay.— -Misterio de iniquidad, 'precurso­
ra y madre del Anticristo.
13. Dom Benoit.— Templo ó ciudad de Satanás.
Y más evidente aún para los de cortas entendederas:
14. Negroni.—Para establecer en su lugar la demono-
latvia.
No se pierda de vista este negro carácter de la ominosa
hermandad, porque denota y constituye su fin supremo y
habrá por fuerza de entrar en la definición completa que á
la postre formularemos.
Conque ya aclaramos lo que en hecho de verdad es ese
engendro infernal conforme al sentimiento unánime de sus
enemigos francos y declarados, pero hombres de gravedad
y de honor, incapaces de partir de ligero en negocio de tan­
ta monta, ni de hacer jamás traición á la verdad comproba­
da. El peso de su autoridad respetable bastaría por sí á
rendir cualquier ánimo recto y desapasionado, y á formar
la opinión más segura. Y aquí podríamos hacer parada y
emprender la averiguación de otros puntos interesantísimos
que ya solicitan nuestra atención, si de entre el innumera­
ble vulgo de los necios no nos gritasen ciertas voces impor­
tunas: «No, ese juego no anda limpio: vosotros gratuita­
mente os habéis forjado esos molinos de viento para daros
luego el placer de desbaratarlos á los pocos mandobles y
dar el gran timo al mundo: esos testigos son parciales, son
de los vuestros, unos profanos sin experiencia ni conoci­
miento de cosas tan secretas y tan hondas. Si por ahí el
proverbio reza, que más sabe el loco en su casa que el cuer­
do en la ajena ¿quién ha de estar más al corriente del ser
y andanzas de la masonería que sus alumnos mismos, que
la han calado hasta el fondo y viven de su espíritu, aquellos
escogidos prohombres, verdaderos iniciados en los más es­
condidos misterios, de quienes se entresacan los más saga­
ces instructores y soberanos mandones de la sociedad? Que
hablen ellos, y entonces nos veremos las caras.» ¡Vaya con
Dios! ¿Esto queréis? ¿esto os place? ¿con esto habéis de da­
ros por satisfechos? Enhorabuena: allá vamos: llevaremos
nuestra demostración hasta el último extremo; y va á pesa­
ros, porque habéis de sufrir de manos de vuestros propios
cofrades la derrota del siglo; puesto que con sus terminan­
tes aserciones van á confirmar punto por punto y poner
fuera de toda controversia lo dicho y redicho, lo demostra­
do y vuelto á demostrar por esos entremetidos profanos.
Comencemos.

¿Qué cosa es Ja masonería?


Van á contestarnos nuestros maestros los masones.
El primero á desentonar es el Verdadero francmasón,
Catecismo, etc.— Burdeos, 1825— que pronuncia así: «Sépa*
se que el verdadero instituto y objeto á que se han encami­
nado las sociedades de los francmasones, es la filantropía,
la virtud y la sana moral,» No pita mal ese truhán. Otro,
y es el gran Bazot, en su Código de francmasones, edición
de 1830, se explica: «Como sociedad que tiende al perfec­
cionamiento del hombre y como sociedad filantrópica, exis­
te hoy y se ha colocado en primera línea.» Vaya un par de
vejestorios: esas son ñoñerías pasadas de moda, que hacen
reir á cualquiera.
Consultemos otros profesores más modernos y más du­
chos. En las Constituciones de la orden redactadas y vota­
das por el G .‘ . O .1. de Francia en 1865, se leen estas for­
males palabras: «La F .\ M .\, institución esencialmente
filantrópica, filosófica y progresiva, tiene por objeto la
investigación de la verdad, el estudio de la moral univer­
sal, de las cieneias y de las artes, y la práctica de la 'be­
neficencia,» Nada, con tanta filosofía y tanto estudio otra
universidad de Salamanca, con más el apéndice de una Con­
ferencia de pobres.
Bien que algo más antiguo, con más afinación y más ar­
te que todo el Gr.\ 0 .\ de Francia en peso, canta el doc­
tor canónico de la secta, el sin par Ragon con estas notas
musicales: «Una sociedad escogida, cuya doctrina tiene por
base el amor de Dios denominado Oran Arquitecto del
Universo, y el amor de los hombres: por regla la religión
natural y la moral universal. Tiene por causa la verdad,
la luz, la libertad; por principio la igualdad, la fraternidad,
la beneficencia; por armas la persuasión y el buen ejemplo;
por fru to la virtud, la sociabilidad, el progreso; por fin el
perfeccionamiento y la dicha de la humanidad á la que in­
tenta juntar bajo una sola bandera.» Si bien plagada de
M A 3 0K ER Í4, X. I__ 5
embustes, discordancias y raposerías esta descripción, no
es mal ramillete de luces de bengala para deslumbrar á za­
fios palurdos y á cortos de vista.
Busquemos algo que nos regocije más. El famoso Rebold,
en su historia de las tres Grandes Logias, se nos encara
y con los carrillos hinchados enfáticamente nos larga esta:
«La Francmasonería simbólica es el compendio y suma de
la sabiduría divina y humana.» Y un venerable de la logia
Galilea de Pisa, otra te pego, no quiere ser menos y recal­
ca: «Es una institución divina; es la primogénita de la sa­
biduría y la justicia inmortales» (1). ¿Qué tal? se la empa­
tó al arrogante Rebold. Y un masón suizo, harto de queso
de Gruyera, exclama satisfecho: «Bien podrá la humana in­
teligencia remontarse á la más sublime esfera para hacer su
pintura, pero no nos dará más que un rasguño de lo que
en realidad es la masonería verdadera y divina» (2). Mas
á ese le deja muy atrás un alemán cervecero, que se arran­
ca con este brío: «Ella es el espíritu luminoso y celestial
que ha resplandecido y resplandece... ella es esa luz invi­
sible del sol á cuya claridad... ella es el calor vivificante
del astro rey que incendia y derrite los corazones...» (3).
Dale con ella, ella... sería la mopsa ó coima de sus pensa­
mientos al estilo masónico. Y dirán que los germanos son
flemáticos.
Mas quienes, puestos á exagerar y desbarrar, pierden los
estribos y el sentido común por entero y llevan la palma del
entusiasmo y la locura, son ¿quién lo dijera? los formalotes
ingleses. Oigaseles gorjear: «L a masonería es la quinta
esencia de todas las ciencias, el astro que brilla en medio
del cielo y difunde torrentes de purísima luz; pero ¿qué? si
ella es la sabiduría eterna, descrita y glorificada por Salo­
món en sus libros de la Sabiduría y los Proverbios. Si en
esos sublimes elogios á la voz sabiduría substituís masone­

(1) Boletín oficial del£?.\ 0.\ italiano, 1863.


(ü) La Francmasonería en diez preguntas y respuestas.
(3) Mario de la francmasonería, Zille-1861.
ría, resultará una definición que cuadra con toda justeza á
la sociedad masóniea especulativamente considerada» (1).
¡Qué primores...! iqué sandeces! No hay negar que con
ésa gente se pasa el rato divertido; mas para nuestro obje­
to ¿qué sacamos? lo que él negro del sermón. Convenía sin
embargo conocer á la obra á esos lagartos que distan mu­
cho de ser tan cándidos y simplones como aparentan, sino
que muy estudiadamente sueltan esas frases de relumbrón,
á manera de fuego de artificio, para divertir la atención de
los tontos del juego que anda detrás de la cortina. Y sino,
sin ir más lejos y entrando ya en formalidad, véase como ese
mismo Bazot, el egregio secretario del G-,\ 0 .\ francés,
que hablando con los neófitos apenas se atrevía á gañir; véa­
se como en su Manual del francmasón echa á un lado el
encogimiento, y grita desaforado: «Nuestra religión es la
religión natural, primitiva, la religión ‘única, universal
é inmutable, y esta es la francmasonería.»
¿Qué decir del sapientísimo R^gon, que según acabamos
de ver, con tan brillantes colores y tan remilgados circunlo­
quios trataba de hacernos amable la masonería y vendér­
nosla como la obra maestra de todos los siglos? Entrese
quien tenga cuajo, y que al mismo tiempo sepa bien leer,
por el artificioso laberinto de su Curso interpretativo y fi­
losófico de la masonería, y allí aprenderá, á vueltas de mil
intrincados razonamientos de enfadosa palabrería y erudi­
ción fiambre, de ridiculas imágenes y alegorías, de afecta­
dos desatinos y necedades, lo que es naturalismo y panteís­
mo descarado, lo que es inmoralidad y desvergüenza, lo que
es blasfemia, lo que es sacrilega parodia, lo que son puña­
les y maldiciones contra toda majestad divina y humana, lo
que son doctrinas disolventes, lo que es perfidia y maldad
satánica. Y cuenta que es el Doctor canónico de la secta,
doetor universal una y cien veces confirmado con aplauso
en su cátedra y dignidad, sin par ni segundo en toda la ex­
tensión del orbe.

(1) Hutchinson; Espíritu de la masonería > 1S43.


Muy al revés de ese tunantón, Weishaupt es más claro
que el agua, como quien no escribía para la luz, sino para
sus hijos de tinieblas; mas jay! que por alto querer de Dios
le pillaron sus mamotretos de sorpresa (1). Él cual, según
el texto que antes trajimos á medias y ahora completare­
mos, desembucha, larga, espone y declara por menor su sis­
tema zon esta lisura y desenfado: «L a igualdad y la libertad
son derechos esenciales que el hombre, en su perfección ori­
ginaria y primitiva (ese bribón no admitía la caida origi­
nal como ninguno de la canalla) recibió de la naturale­
za. El primer golpe dado á esa igualdad fué la propiedad;
el primer asalto á esa libertad vino de las sociedades políti­
cas y de los gobiernos; los únicos sustentáculos de la pro­
piedad y los gobiernos son las leyes religiosas y civiles. De
donde, para rehabilitar al hombre en sus derechos primiti­
vos de igualdad y libertad, es menester comenzar por des­
truir toda religión, toda sociedad civil y acabar por la abo­
lición de la propiedad.» Esta declaración tan significativa,
como que encierra el evangelio de la secta, es de tanto ma­
yor peso cuanto Weishaupt, según es ya de clavo pasado
y hasta el vulgo se ha enterado, fué el Padre Iluminador de
la masonería universal.
Ragon y Weishaupt dan al traste con todo á la vez, reli-

(1) «El día 11 de Octubre de 1186, dice el P. Barruel, en


ocasión en que Zwach pensaba hallarse á salvo de toda'pesquisa,
algunos magistrados, de orden del Elector, pasaron á su casa de
Lanshut, mientras que otros al mismo tiempo y de orden del mis­
mo Soberano, pasaron al castillo de Sanderdorf, propiedad del
iniciado Atmibal, barón de Bassus. El trastorno que causaron esas
inopinadas visitas, causó el descubrimiento de aquellas cartas,
discursos, reglas, proyectos y estatutos, que pueden mirarse como
verdaderos archivos de los conjurados, cuya compilación hizo im­
primir la corte de Baviera con el título: Escritos originales de la
orden y secta de los iluminados,.. En la portada de los dos tomos que
componen esta correspondencia, hay una advertencia muy nota­
ble que mandó poner el Elector, concebida en estos términos:
«Xos que tengan alguna duda sobre la autenticidad de esta com­
pilación, acudan á los archivos secretos de Munich, pues se ha
dado orden de manifestar los originales.»— Memorias sobre el ja­
cobinismo, t. IV. C. 8— edición española de 1814.
gión y sociedad, porque ponen la mira en el plan general
de la nefasta cofradía. Veamos en particular como los her­
manos siguen explicoteándose en el orden religioso; y co­
miencen á alarmarse los meticulosos y los escépticos.
D a la Colección oficial de la masonería holandesa, 481%,
extraemos á ojos cerrados esta preciosa margarita: «El es­
píritu que nos anima es un espíritu eterno que no reconoce
división de tiempo ni de existencia individual. Reina y do­
mina en el vasto firmamento la unidad sagrada. No hay más
que un solo destino, una sola moral, un solo Dios, sí, un so­
lo Dios, porque nosotros somos Dios.,. Nosotros, los hom­
bres, componemos un solo todo con el Gran Ser, Nosotros
somos Dios.» A esos desarrapados panteístas vayan á ha­
blarles del único verdadero, del Altísimo Dios, Uno y Tri­
no, de Cristo, de Redención, de Iglesia.
Más concreto: «Nuestro enemigo es la Iglesia católico -
romana, papal, infalible, con su organización compacta y
universal. Es nuestra enemiga hereditaria é implacable.
Debemos clamar muy recio con Strauss: « Somos francma­
sones y nada más que francmasones.» ¡Cristianos ó franc­
masones!» ¡Bien, salero! y el diablo te pague la franqueza.
Quien esto escribe es el h.\ Konrad, en la BmJmtte de
Leipzig, el periódico sectario más sabio de la sabia Ale­
mania.
EL energúmeno h.\ Petrueelli della Gattina en el Con­
greso italiano, 12 Julio 1862, echando espumarajos de ra­
bia: «La base granítica de la futura política de Italia debe
ser la guerra contra el catolicismo en toda la superficie del
globo,«
En junta muy secreta, compuesta de todos los cabecillas,
celebrada en 11 Junio 1879, la masonería francesa decretó,
entre otras semejantes, la resolución siguiente: «Descris­
tianizar por todos ios medios, y sobre todo estrangular el
catolicismo.» Harto lo sabíamos; pero esta fué una senten­
cia solemnísima que se está cumpliendo en Francia en estos
mismos días.
¿Quién no guarda dolorosa memoria de aquel anti-concilio
de Nápoles, gravísimo escándalo y horror de la cristiandad,
en que el libre pensamiento masónico estaba representado
por «na numerosa gavilla de blasfemos desalmados, torpes
esclavos de Satanás, congregados de las cinco partes del
mundo para tomar, bajo la inspiración de su padre y señor
infernal, los más perniciosos y malignos acuerdos encami­
nados á la total ruina del género humano? Pues allí, en aquel
báratro de furiosos precitos, se votó por aclamación, entre
otros de igual tenor, el siguiente dictamen: uConsiderando
que la idea de Dios es la fuente y el sostén de todo despo­
tismo é iniquidad, que la religión católica es la más terri­
ble personificación de esta idea, los librepensadores se im­
ponen la obligación de trabajar en la extinción pronta y ra­
dical del catolicismo, y en su exterminio por todos los me­
dios, sin exceptuar el de la violencia revolucionaria.»
Para terminar este punto sirva de epílogo la sentencia de
L e Coulteulx de Canteleu en su libro de Las sedas: «E l
fin verdadero de todas las sociedades seeretas, siempre ha
sido, es y será la lucha contra la Iglesia y la religión cris­
tiana.»

Respecto del otro extremo, ó sea, de la índole antisocial


de la execrable hermandad, cuando ella no se delatase á sí
misma á gritos en los escritos oficiales de Ragon y de W eis­
haupt y en cada una de sus páginas, bastaría para plena
convicción echar una rápida y superficial ojeada á la escala
de los numerosos grados contenidos en cualquiera ritual de
la familia, ó hacer el recuento de sus ignominiosas hazañas
que en parte forman el tejido de la historia moderna, aun
sin sacar á colación las detestables enseñanzas con que á
fines del siglo X V I I I la cultivaron y repulieron sus tiernos
amadores, luz y norte de la impiedad anárquica, los Rous­
seau, los Voltaire, los Helvecios, los Diderot, los d’ álam -
bert, con la restante caterva de filósofos, economistas y en­
ciclopedistas, con la fracción auxiliar de doctores ilumina­
dos, rivales de Weishaupt, Mas como este discurso nos lle­
varía muy lejos y le espera lugar más propio adelante, nos
contentaremos por ahora con unas cuantas pinceladas, que
de mano de sus propios artistas, nos representen al vivo la
secta animada de sus tendencias demoledoras, y sirvan de
remate á nuestra argumentación.
Vaya, pues, para desencanto de ilusos escépticos un ra­
millete de ñores revolucionarias, cogidas entre rail en los
salvajes páramos de Lieja, quiero decir, en el fanático con­
greso de estudiantes allí celebrado en 1865.
G-rita un frenético; «En todas partes se discuten las cues­
tiones sociales... El capital ha de estar esclavizado al tra­
bajo... voy á deciros lo que queremos los revolucionarios
socialistas. Queremos el desarrollo físico, moral é intelec­
tual; el físico primero, después el intelectual (ya te en­
tendemos ¡bestial). En el orden político, por medio de la
idea republicana puesta en práctica, queremos plantear la
federación de los pueblos y la solidaridad délos individuos.
En el orden social, con la transformación de la propiedad,
la abolición de ia herencia, la aplicación del principio de
Asociación y el mutualismo, queremos la solidaridad de in-‘
tereses y la justicia. Con la redención, primero de ios obre­
ros y después del ciudadano, y sin distinción de clases,
queremos la abolición de todo sistema autoritario.» ¡Mag­
nífico!
Y salta otro furioso: «Nosotros hemos visto en una épo­
ca, á la eual necesitamos pedir modelos de vida política y
de conducta enérgica, á los Dantones, los Saint-Just, los
Camilos Desmoulins, los Marat, arrojarse denodadamente al
campo abrasado de las revoluciones. Allí tenéis ejemplos
que imitar.»^ ¡Bravo! jvengan puñales y dinamita!
Otro no menos franco y resuelto: «¿Qué cosa es la Revo­
lución? El triunfo del trabajo sobre el capital, del obrero
sobre el parásito, del H o m b r e s o b b e D i o s . Esto queremos.
Esta es la revolución social que de suyo traen los principios
del 39, los derechos del hombre llevados á sus últimas con­
secuencias... Juremos odio á la burguesía, odio al capital,
derecho al trabajo, ó mejor, á los obreros. Unámonos, agru­
pémonos al rededor de la bandera roja .»]
Otro poseído: «Nos predican la tolerancia. {Nada de to­
lerancia! Si es menester hacer jugar la guillotina, no retro­
cederemos.»
Y recarga otro sanguinario: «Se ha hablado de guilloti­
na. Lo que queremos nosotros es allanar obstáculos. Si seis­
cientas mil cabezas estorban ¡que eaigan!»
El último resumiendo muy consolado: “ Habéis yisto que
en Bélgica hay positivistas, hay ateos, hay revolucionarios.
Todos claman por la reforma social. Hace un mes me halla­
ba en Londres. Allí, lo mismo que aquí y en todas partes,
el movimiento es igual.» Es muy cierto por desgracia: ven­
gan con optimismos.

Pero ¿qué tiene que ver, brincará alguno, la masonería


con los desatinos de aquellos calaveras? ¿Qué tienen que
ver? Oigan la respuesta:
«¿Qué, no fué recibido masón Proudhon, uno de los ma­
yores talentos de este siglo? ¿Qué, no fueron recibidos ma­
sones los jóvenes del congreso de Lieja? Sí, lo fueron. Yo
les tendí la mano, y les dije: ¡Trabajad á nuestro lado!»
' Así se desahogaba en el convento ó asamblea masónica
de 13 de Junio de 1867 el h.*. Garrisson, y en Julio si­
guiente el Mundo masónico insertaba sus afirmaciones, ex­
tendiendo uno á manera de certificado legal de un hecho
incontestable. Aquellos jóvenes espiritados eran masones, y
como tales hablaban.

Allá va la bomba final.


Supongo que nadie le rehusará al eélebre nihilista Ba-
kounine el título de masón: doy también por sentado é in­
dubitable el origen y subordinación masónica del nihilismo.
Quien uno ú otro de estos presupuestos desmintiere, dará
señas de estar muy atrasado de noticias y de no saber don­
de tiene la cara.
Con este bien entendido, oigan tronar. Bakounine dicta é
intima á sus neófitos y secuaces sus sacrosantas leyes en
forma de Catecismo revolucionario , del cual se entresa­
can estas lindezas:
«I. El revolucionario está revestido de carácter sagra­
do. Nada tiene que de derecho pueda llamar suyo, ni inte­
reses ningunos, ni sentimientos ni propiedades, ni aun su
nombre. Todo su ser lo absorbe un solo fin, un solo pensa­
miento, una sola ansia: la Revolución.
«II. En lo más hondo de su corazón ha levantado ban­
dera negra contra el actual orden civil, contra todo el mun­
do civilizado, contra las leyes, contra los usos comentes y
contra la moral. Es desapiadado enemigo de todo esto, y no
alienta más que para destruirlo.
« III. El revolucionario menosprecia toda clase de doc-
trinarismo y la ciencia presente: él no conoce á fondo más
que una ciencia, la de la Destrucción. Estudia la mecáni­
ca, la física, la química y si acaso la medicina; mas con el
exclusivo afán de destruir. Por el mismo estímulo se dedica
al estudio de la ciencia viviente, es decir, de los hombres,
de sus naturales, de sus actuales condiciones sociales. Su
incesante anhelo será la destrucción más rápida y más se­
gura de estas innobles condiciones.
«IV. El revolucionario se ríe de la opinión pública.
Igual desprecio y animadversión le merece la moral en boga
en cualquiera de sus manifestaciones. Para él todo lo que
hace el triunfo de la Revolución es honesto,, todo lo que lo
entorpece es inmoral y criminal...»
No se muerde la lengua ese desfachatado, Pero arrepen­
tido seguramente de haber andado á su modo de ver algo
parco y melindroso en lo dicho, vuelve sobre sí, y en su crí­
tica de la teología política de Mazzini echa todo el trapo
con estas expresiones:
«Si nuestra ley moral es una ley verdaderamente moral,
una ley á la par lógica y real, una ley pojante, vencedora
de las conspiraciones de todos los idealistas habidos y por
haber ¿sabéis por qué es así? Porque arranca de la natura­
leza misma de la humana sociedad, naturaleza cuyas bases
descansan, no en Dios, sino en la animalidad.» ¡Animali­
dad...! [Fu! ¡largo de ahí, bestia!
Con lo dicho basta para muestra. Pedir más fuera go­
llería.
Recapitulemos.
1. Bazot.— Religión natural primitiva...
2. Weishaupt.— Destruir toda religión.
3. Ragon.— Culto de Isis, culto del Phallus, adoración de
Eblis.
4. Masonería holandesa.— Un solo Dios, nosotros somos
Dios, un todo eon el Gran Ser.
5. Baulmtte de Leipzig.— Nuestro enemigo es la Igle­
sia católico-romana, papal, infalible.
6. Patrucelli della Gí-attina.— G-uerra al catolicismo en
toda la superficie del globo.
7. Congreso estudiantil.— Triunfo del hombre sobre Dios.
8. Junta secreta de rabadanes.— Descristianizar: estran­
gular el catolicismo.
9. Anti-concilio de Nápoles.— Idea de Dios, fuente y sos­
tén de despotismo é iniquidad— extinción pronta y radical
del catolicismo— su exterminio por medio de la violencia.
10. Coulteulx de Canteleu.— Lucha perpetua contra la
Iglesia y la religión cristiana.
11. Historia.— La de todas las revoluciones modernas.
Luego.— Sociedad anticristiana.
Prosigamos:
1. Weishaupt.— Destruir toda sociedad civil;— abolición
de la propiedad.
2. Rituales.— La escala de los grados de la secta.
3. Ragon.— Sus comentarios á los rituales.
4. Historia.— Aparte de muchas antiguas, todas las re­
voluciones modernas— hijuelas de la masonería— institu­
ciones liberales.
5. Filósofos.— Los libros de los apellidados filósofos, so­
bre todo ingleses, franceses y alemanes.
6. Congreso estudiantil.— Federación de los pueblos y
solidaridad de los individuos y de intereses—transforma­
ción de la propiedad— abolición de la hereneia— supresión
de todo sistema autoritario— los modelos de la revolución
francesa— revolución soeial, principios del 89 y derechos
del hombre— odio á la burguesía y al capital— bandera
roja— guillotina— 600,000 cabezas á cortar— reforma so­
cial.
7. Bakounine.— Revolución radical— bandera negra con­
tra el orden civil, el mundo civilizado, las leyes, usos y la
moral— la ciencia de la destrucción— destrucción de las
condiciones sociales— moralidad única de la Revolución—
moralidad fundada en la animalidad.
Luego.— Sociedad antisocial; y juntando los dos miem­
bros de la consecuencia— Soeiedad anticristiana y anti­
social.
Queda victorioso nuestro aserto. Por voto concorde de
los entremetidos é ignorantones profanos teníamos masone­
ría, anticristiana y antisocial: ahora por aclamación escan­
dalosa de los bastoneros mismos de esta danza, resulta ma­
sonería anticristiana y antisocial. Se lo teníamos pronosti­
cado, que les habíamos de romper su propio palo en las
costillas. ¿Desempeñamos ó no nuestra palabra? Conforme
á nuestro compromiso ¿resta algo que probar?
Y no nos vengan rezongando, con aire de críticos mal­
humorados, con que no es tan copioso el número de autori­
dades. Podríamos haberlos molido como cibera, puesto que
los dejamos fuera de combate: lo de menos era, sin sudar
nada, haber extendido á lo largo y á lo ancho el catálogo
de nuestras citas, tomadas variamente de todas épocas y
lagares, de fuentes, procedencias y conductos de toda cla­
se, de todo género de relatos, escritos y documentos, hasta
rebosar, hasta el enfado y aburrimiento. Si con sólo dejar­
nos ir corriente abajo en amplificar tres ó cuatro capítulos
de información; con sólo hacer alto en el examen, por ejem­
plo, de los numerosos grados de los no escasos ritos; enhilar
las simples alegaciones de los más señalados m aestros...,
los Ragon, los Bazot, los Clavel, los Picard, los Thory, los
Redares, etc., etc., sin meter siquiera en cuenta á los pa­
triarcas, los Weishaupt, los Knigges, los Saint-Martin, los
Saint-Simon, etc.; señalar datos históricos que persuaden,
no con palabras, sino con la elocuencia de las obras, y de los
que á buena cuenta adelantamos ya algunas muestras r e ­
levantes; recorrer á la ligera la harto abundante y pesti­
lencial biblioteca de autores ingleses, que en el arte del
mal fueron los maestros y predecesores de los demás desde
el comienzo del siglo X V IT I, de autores franceses después,
y por último de alemanes, los cuales todos so capa de filoso­
fía y demás ciencias, con su envenenada pluma trastorna­
ban los cimientos de la religión, de la sociedad y aun de la
verdadera ciencia; con sólo esta molestia, decimos, télanos
sobraba para mucho rato. Pero sin contar con que nues­
tras testificaciones son por su valía de lo más calificado é
irrecusable, entiéndase además que aquellas probanzas an­
ticipadas no son más en la presente lid que nuestras avan­
zadas, y para el grueso de las fuerzas que á sus horas y por
sus pasos iremos destacando, reservamos mil otros dichos,
hechos, testimonios y razonamientos, con que aplastar, pul­
verizar y anonadar en todos los terrenos de la discusión
circunstanciada á la secta aborrecible.

Mas [ah! que nuevamente se echa aquí de menos la ter­


cera condición esencial, nota, atributo ó propiedad, que ba
de integrar, poner en su punto y coronar la definición que
venimos forjando, moldeando y puliendo con el más diligen­
te esmero y religiosa exactitud. Sociedad anticristiana y
antisocial. Está bueno: pero ¿y lo satánico? ¿por dónde anda
el imprescindible satanismo de la sociedad facinerosa? Fuer­
za es, y no tiene remedio, dar cabida, y tomar en conside­
ración, y aquilatar esta última cualidad que marca, osten­
ta, saca de relieve y mete por los sentidos lo más privativo
é individuante, lo más singular y característico, el sello ine­
quívoco, lo más sobresaliente y lo sumo de esta milicia tar­
tárea.
Libertad de las selvas, igualdad quimérica, fraternidad
de la guillotina; arrasamiento de la propiedad y tabla rasa
de las relaciones armónicas y providenciales de ella origi­
nadas; anulación de la familia, la mujer, la matrona de hoy
rebajada al nivel de una hembra bruta, desconocimiento de
padres é hijos, extinción de afectos puros y nobles y redun­
dancia de nombres y apellidos; derrumbe de fronteras,
muerte del patriotismo y acabamiento de recuerdos, tradi­
ciones, glorias y estímulos nacionales, fundido todo en una
colosal y despótica centralización; hundimiento de la auto­
ridad y decapitación de superioridades, quitado así el firme
sostén de todo humano consorcio; destronamiento de go­
biernos substituidos por el régimen é imperio único de la
fuerza y de unos cuantos tiranos; suplantación de los dere­
chos fundados en la naturaleza racional por los derechos
ficticios del hombre-fiera, y soberano desprecio de los sanos
principios sociales en comparación de utopias insensatas;
torpe comunismo de intereses y personas absoluto é impo­
sible, divinización de innobles pasiones, instintos bestiales
y triunfo de la vil materia; devastación y aniquilamiento de
la sociedad, dolorosas convulsiones de los pueblos, luchas
feroces y rios de sangre, desquiciamiento, behetría, escla­
vitud, barbarie, salvajismo, para animalidad reinante, el
caos, la nada; todo esto y más con que se podría recargar
las negras tintas de este cuadro, está hondamente asenta­
do en el ánimo de la secta, forma parte de sus maléficos de­
signios, señala y determina puntualmente su carácter anti­
social; pero no constituye, por más que varios autores estén
en contra de nuestro parecer, sino uno de sus ñnes inme­
diatos; el fin supremo y último es otro.
Negación audaz, ciencia impía, historia falsificada, artes
prostituidas, predominio de la prensa sectaria, calumnia y
difamación en grande escala, desprestigio y envilecimiento
de lo sobrenatural, naturalismo asolador llevado á todos los
órdenes y revuelto con superstición y artes mágicas, per­
versión de las inteligencias y corrupción organizada de los
pueblos, amordazamiento de la palabra salutífera, enemiga
inveterada y vigilante contra el culto divino, las prácticas,
tradiciones y ceremonias santas; despojo y opresión del cle­
ro, favor y auxilio prestado al error herético y á la prave­
dad judaica, propaganda de paganismo y de idolatrías, sis­
tema de escándalos diarios ó por horas, escarnio de lo más
sagrado y venerando, diplomacia y política puesta al ser­
vicio de la secta, secularización de la familia, de la ense­
ñanza, del Estado, de la civilización en sus diversas mani­
festaciones, ó sea descristianización universal; persecución
no interrumpida, cuando aquí, cuando allá ó acullá, ya ju-
lianesca, ya neroniana; blasfemia incesante multiplicada en
todas las formas y por todos los instrumentos, horrendos
sacrilegios y profanaciones, odio formal y execrable á la
Divinidad sacrosanta, al Ungido del Padre y á su obra r e ­
dentora, con sus inestimables gracias, altas promesas y
perennes beneficios; guerra sin tregua ni cuartel á la Ig le­
sia, á su Cabeza soberana, á sus fieles miembros, á sus pre­
rrogativas é inviolables derechos, instituciones, doctrinas,
leyes, usos, moral, á cuanto reclama obediencia ó venera­
ción y acatamiento, y á cuanto ostenta el signo ó algún ves­
tigio de lo sobrenatural y divino; ó bien, en una sola pala­
bra que lo condensa todo, espada y fuego contra Dios y su
Cristo; todo esto ciertamente nos declara y presenta de
bulto la naturaleza anticristiana del aborto iníernal, nos
descubre otro grado de su imponderable malicia, nos pone
sobre la pista de su más guardado secreto y nos coloca en
situación próxima de rasgar todos los velos.
Pero no es el indicado tampoco el fin ulterior y supremo,
tras el cual bebe los vientos la secta y que nosotros inquiri­
mos, sino un mero ñn inmediato, bien que el más avanzado,
y ella no amaina aquí en su actividad, ni lo reputa por tér­
mino de sus afanes, ni da por plenamente satisfecha su am­
bición, si después de haber subvertido de arriba abajo lo
existente, de haber arrancado los cimientos de la sociedad,
de haber matado todos sus principios racionales, de haber­
le arrebatado de tejas abajo hasta la esperanza de una feliz
restauración, de haberla reducido al estado salvaje ó á la
condición de los brutos; si después de haber desencadena­
do contra la religión y la Iglesia todas las tempestades, de
haberlo descristianizado y paganizado todo, de haber en-
tronizado el error y haber eon falacias y prestigios ganado
para él á la mayoría de los creyentes, y de baber perpetua­
do contra el resto la persecución más sañuda mereed á su
ascendiente y dominación universal; si además de todos es­
tos estragos, no lograse trabajar en provecho de su padre
y señor el rey del averno, adelantar su reino en el mundo,
congraciarle y relacionarle con las gentes que «rechazaron
la caridad de la verdad» (1); si á la postre de todo y pre­
parado ya el terreno con la general defección ó apostasía,
no esperase por desahogo de sus ansias y blanco final de sus
abominables empresas, conforme á las voces de los profe­
tas, contemplar abierto «el pozo del abismo» en la postri­
mería de los tiempos, realizado por completo «el misterio
de iniquidad,» que ya desde la época de San Pablo des­
arrollaba su acción, y sacar triunfante á la escena «al hom­
bre de pecado, al hijo de perdición que es espíritu de con­
tradicción, y se enaltece sobre todo lo que lleva el nombre
de Dios y es adorado como tal, hasta el extremo de sentar-

(1) II Thes. n, 10.


se en el templo de Dios ostentándose cual si fuese el Dios
verdadero» (1). Este es el Anticristo, el cual en nombre de
Satanás y á fuer de representante y agente suyo oficial, «ha
de reinar en el mundo, por obra de él ha de ser investido
de todo el poder diabólico, y lo ejercitará en maravillas
y prodigios mentirosos» (2); Anticristo, que si debe en­
tenderse de una persona ó cuerpo moral, conforme lo sos­
tienen Lacunza y otros, y es averiguación interesante
que aplazamos para más tarde, bien podría desempeñar el
cargo la masonería trabajando por cuenta exclusiva, ó sea,
b$jo la inspiración y con las fuerzas del príncipe de las ti­
nieblas.
De modo y de manera es, que en nuestro concepto el sa­
tanismo no es una circunstancia, una cualidad accidental ó
adventicia, que solamente venga á modificar y agravar con
un vicio más la malignidad de la secta, una- excrecencia,
superfetación ó añadidura, que si bien la deturpa más, no
altera sin embargo su fondo ó substancia, sino que positi­
vamente radica y entraña en la esencia misma de ella, for­
ma su genio, connota su naturaleza, constituye su principio
de vida y acción, inspira sus doctrinas, revela sus profundi­
dades, rige sus empresas, da razón de sus orígenes é kisto
ria, le imprime carácter sobrenatural, le comunica las dotes
de indestructible, universal y perpetua, y en ellas la equi­
para, en cuanto lo sufre la virtud limitada del áagel caido
y lo soporta la permisión de Dios, á la Iglesia de Jesucris­
to, con quien no ha cesado de luchar cuerpo á cuerpo, ni
cesará hasta la consumación de los siglos, cuando la majes­
tad del Redentor «traspasará eon el rayo esplendoroso de
su palabra omnipotente^ (3) al Anticristo, y será aniquila­
da la Ciudad del mal, y triunfará única y señora en la tie­
rra la Ciudad de Dios.
Así que apurando la idea y tomando alas de lo dicho y
de mucho más que nos resta por decir á su tiempo, si nos es

(1) II Thes. n i, 4.
(2) II Thes. n, 9.
(3) II Thes. 8.
lícito, con la venía de tantos tratadistas, excogitar y pro­
poner una fórmula del todo nueva, bien podría retratarse
de cuerpo entero la masonería con un solo rasgo distintivo
y calificarla adecuadamente con un solo título, llamándola
— Sociedad satánica— título como nacido, preñado y signi­
ficante, que encierra en su seno lo de antisocial y anticris­
tiano, como propiedades connaturalmente supuestas y orde­
nadas al objeto principal y dominante, como fines secunda­
rios ó medios que de suyo son exigidos y conducen al logro
del fin culminante, del fin absoluto y supremo, que es ren­
dir más y más gloria á Satanás y encumbrar su trono sobre
la humanidad entera, sobre la Majestad misma de Dios,
Criador, Señor y Redentor universal.
Abonan nuestra teoría y le borran su tinte de atrevi­
miento las historias y tradiciones más antiguas de la con­
fraternidad; la canonizan decididamente los Rituales mismos
de ella, toda vez que desde los tres primeros y fundamen­
tales grados ponen por base de la instrucción y formación
del neófito la adoración de la estrella flamígera y la leyenda
de Hiram, que contiene toda la savia del sistema masónico,
injertada y derramada en los grados sucesivos (1); fortifí­
c a la las prácticas, símbolos y ceremonias sacrilegas esti­
ladas por los cofrades, y numerosos heehos extraordinarios
acaecidos en las logias.
Sí, la masonería es satánica en cuerpo y alma: satánica
en su origen y nacimiento debido á la iniciativa del primer
reprobo celeste; satánica en su esencia y en los principios
que la informan; satánica en sus fines, medios y procedi­
mientos sugeridos por su autor; satánica en su contextura
y gobierno; satánica por su cabeza y en sus miembros; sa­
tánica por sus frutos de maldición; satánica por el pacto
execrando incesantemente renovado ante la humana criatu­
ra descarriada y el ser angélico rebelde; satánica por la
familiar presencia y continua asistencia de éste; satánica

(1) La prueba perentoria de este aserto y la confirmación de la


teoría que venimos sustentando, la encontrarán los ingenuos lec­
tores en nuestros Orígenes de la masonería, al cap. L
por el signo de la bestia que la marca; satánica por el divi­
no fallo de su reprobación eterna; satániea por su destino
postrimero y el horrendo suplicio sin fin que la espera en
las cavernas infernales.
Poseído á no dudarlo su ánimo de este pensamiento y
traspasado su corazón paterno de amargura á vista de los
desastres sin fin y riza lamentable que el demonio por me­
dio de sus furibundas huestes hace en el campo de la huma-
nidad, hubo un día el Sumo Pontífice León X I I I de exhalar
un ¡ay! de extremo dolor y lanzar al mundo, á imitación de
sus predecesores en el solio altísimo de Pedro, aquella voz
resonante, aquel grito vigoroso de alerta, que sembrando
si terror y encendiendo la rabia en los antros terrestres de
■a secta, al mismo capitán de los precitos estremeció en las
desoladas mazmorras del fuego vengador. Desplegó el vice­
gerente de Cristo desde el excelso Vaticano sus labios, y
con aquel su grave y dulce acento que Ta dócil grey acoge
con amor, con aquella su elocuencia sabia y triunfadora que
acalla en un momento la batahola de las soberbias y rene­
gadas turbas, da acomodado principio á su maravillosa En­
cíclica Hwuianum genus con este solemne exordio:
«El humano linaje, después de haberse, por envidia del
lemonio, miserablemente separado de Dios creador y dador
le los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos di­
versos y adversos... E l uno es el reino de Satanás, bajo cu­
yo imperio y potestad yacen todos los que siguiendo los fu­
nestos ejemplos de su caudillo y de los primeros padres
rehúsan obedecer á la ley divina y eterna, y muchas cosas
emprenden en menosprecio de Dios, muchas contra Dios
snismo, etc.u
A nadie maraville la novedad de este lenguaje sublime.
Porque á la verdad ¿quién en él no percibe el reflejo de otra
voz también muy amada y venerable, la voz del genio de
Hipona, tan robusto para elevarse con raudo vuelo. hasta
las más eminentes cumbres de la revelación, tan agudo y
penetrante para sondear los misterios más hondos de la teo­
logía cristiana, para deshacer los repliegues más insidiosos
■leí error y la herejía? El Papa le toma por guía, defiere á
autoridad, y por esto ensalza la fina concisión del Agus-
M A SO N E B ÍA . T . I . — 6
tino, le reconoce la paternidad de la idea y se honra con
tomar en boca aquel su magnífico testimonio:
«Dos amores fundaron dos ciudades: la terrena, el amor
de sí mismo hasta el desprecio de Dios; la celestial, el amor
de Dios hasta el desprecio de sí mismo.»
Sino que León X I I I desiste, por no venirle á cuento, de
seguirle los pasos hasta el fin de su carrera, hasta el último
desarrollo de su plan, cuando el Aguila africana, después
de haberse remontado á la época más lejana en que toma­
ron arranque las dos ciudades, se pone á tejer sus historias
paralelas á través de los siglos, las observa de presente en
los propios días del Santo Doctor, y en profecía las acom­
paña hasta el desenlace y paradero final de una y otra ciu­
dad, terminada la larga serie de empeñadísimos combates,
«yendo la ciudad celeste á gozar vida eterna en su rey,
siendo la terrena arrojada al fuego eterno con su rey.»
¡Hermosa concordancia del Pontífice y del máximo D oc­
tor! Del Pontífice, que usando el lenguaje del Doctor, con
el epíteto de la Ciudad terrena, nombra á la masonería; del
Doctor, que insistiendo en la imagen de su invención, pun­
tualiza las señas de la masonería sin nombrarla; uno y otro
haciéndose eco fiel de la voz del Apóstol y certificando cada
uno en su época respectiva con la verificación del hecho la
verdad incontestable de aquella enfática sentencia: Myste-
rkim jara operatur miquitatis, «ya desde ahora está en
acción el misterio de iniquidad.»

¿Qué cosa es la masonería?


Sociedad antisocial y sociedad anticristiana, en cuanto es
sociedad satánica.
CAPÍTULO V

Masonería universal. — A propósito un profano agradecido, el


abate B arruel.— Doctrina m asónica.— Rivalidades y cismas ma­
sónicos.— Argumento histórico: Eckert, Gyr.— Rapapolvo de Ja n ­
net á T o cqu eville,— Fruto de nuestra averiguación.

uí¡ tantas masonerías hay, una ó muchas? ¿Qué


tanto monta 6 interesa esta disquisición, nada
ó poco menos?
E l hecho es que el vulgo superficial eae en
admitir corrientemente la simultaneidad de
cabezas separadas é independientes en cada pais, en cada
región y hasta en un mismo paraje. Los hermanos de la
hoja, por la cuenta que les tiene, en esta común persuasión
se abroquelan para echarse el muerto de encima y quitarse
ciertos golpes, Ó bien para desvirtuar el deplorable efecto
de algunos desaguisados, tropelías y hazañas famosas suyas;
ni faltan entre los profanos pesquisidores de mejor olfato
quienes den en la flaqueza de suponer ó figurar diferencias
y aun oposiciones; el P. Barruel sin ir más lejos, uno de los
más sobresalientes varones, como quien no dice nada, 6 el
primero e i saber masónico; el cual absolviendo de todo rea­
to y levantando á las estrellas la virtud de los cofrades in­
gleses, todas las maldiciones reserva para los franceses y
alemanes, contrapuesta la masonería de los primeros á Ja
de los segundos.
En verdad, en verdad que el P. Barruel anduvo harto
pródigo y obsequioso en alabanzas á los adeptos britanos, y
es muy de sospechar que el velo de la gratitud, por el buen
hospedaje logrado en su destierro, tan propia de almas no­
bles é ingenuas como la de nuestro insigne maestro, le ta­
para la vista de las fullerías de aquellos tripunteados isle­
ños, más listos á la cuenta que sus congéneres de tierra
firme en el manejo de la baraja masónica. ¿Cómo, si no, le
cabrá á nadie en la cabeza la probidad é inocencia inmacu­
lada de quienes por aquellos días ó poco antes enseñaron á
deletrear, vamos á decir, la impiedad á la gente del bronce
del continente; de quienes con sus cartillas de irreligión y
libre pensamiento y con sus teorías anárquicas, como por
sus moldes formaron y de sus entrañas engendraron la in­
solente chusma de enciclopedistas, la raza ponzoñosa de
víboras, padres á su vez por parto derecho del jacobinismo
francés y del jacobinismo universal? ¿ó cómo devorar aque­
lla honradez sin tacha, ponderada por nuestro agradecido
maestro, de quienes se dieron maña para confeccionar con
tan delicado artificio los primeros estatutos modernos de la
aciaga congregación, repletos de malicia, por ella venera­
dos y perpetuados en su substancia y fundamento desde allá
hasta nuestros días como patrón y guía invariable de su
conducta; de‘quienes con tanto ardor desde aquel punto y
hora y con terquedad invencible á prueba de vicisitudes,
justas condenaciones y severos eastigos, se lanzaron y sos­
tuvieron la inicua propaganda, despachando emisarios de
valimiento y categoría á todas las naciones europeas y aun
á los remotos continentes, para abrir por doquiera nuevos
centros y sucursales maléficas, según consta de numerosos
datos y relaciones vulgarizadas ya en fuerza de ser conoci­
das? Para no hablar de aquel secreto inviolable sellado con
los más injustificables y espantosos juramentos, con que li­
gaban sus conciencias aquellos excelentes ciudadanos, co­
midos de celo por la felicidad del género humano, á quie­
nes nuestro distinguido maestro estimaba y respetaba,
■purificadores de la masonería, que ningún misterio ocul­
taban contra los gobiernos ni contra la religión ¡oh san­
tos varones! ¿A qué tan impenetrable secreto y tan execran­
dos juramentos, si nada tenían que encubrir aquellos
benditos? Pero secreto había rigurosísimo, con atroces con­
minaciones imperado, espontáneamente aceptado: luego
había por qué guardarlo; á menos de dejar por desprecia­
bles pazguatos á los fieles sucesores y herederos de la fu­
nesta camada librepensadora inglesa desde Cherbury, Loc-
ke y Gollins hasta Woolston, Tindal y Bolingbroke, los
cuales todos, nombres de acreditada infamia, abanderados
de la incredulidad en el siglo X V III, libertinos sin rastro
de pudor, fueron á dar de cabeza, si no mienten las histo­
rias, en la confraternidad nefanda.
Mas notado el extraño yerro, acordemos al P. Barruel el
mérito de su leal agradecimiento y bondad excesiva, y ad­
miremos la habilidad y sutileza de aquella gente facinerosa
que tan finamente supo vender gato por liebre al espíritu
observador y perspicaz entendimiento de nuestro hombre;
;r sin más preámbulos ni antesalas, entremos de lleno en
nuestra averiguación. Al cabo nuestro excelentísimo cate­
drático se corrigió á sí mismo hacia el fin de sus Memorias,
somo cualquiera puede enterarse; 6 él no dice lo que dice,
5 nosotros no sabemos leer.

La masonería, afirmamos y sostenemos, es una sola; una


*;n su institución, una en su doctrina, una en su fin supre­
mo y en los fines intermedios, una en su plan general, or­
ganización y gobierno, una en sus procederes, una en su
historia, una en su aeción, tendencias y resultados, una en
su inmoralidad, índole revolucionaria é irreligión ó satanis­
mo, un solo cuerpo moral, un solo espíritu y una sola cabe­
za; y es una é igual en todos los países y naciones de la tie­
rra, donde hace estrago y dilata de día en día las fronteras
te su imperio, así en Europa eomo en Asia; bien en las ya
adultas repúblicas americanas, bien en las nacientes colo­
nias africanas ó en los exuberantes archipiélagos oceánicos;
lo mismo en las federaciones más desmenuzadas, que en los
Estados autócratas; entre los pueblos más avanzados en ar­
tes y cultura, al par que en los más rezagados y obscuros.
Es una y por la extensión de su unidad, universal.
¿Quién lo dice? Quien lo sabe; los masones lo dicen y lo
demuestran en mil formas; su testimonio lo dice, idóneo en
esta materia, irrecusable y que no hay más allá. A oírlos,
pues. Piquemos de aquí y de allá, que la provisión es abun­
dante y variada á qué pides boca.
El h,\ Findel, jefe de las más sonoras campanillas, como
si dijéramos, un Padre no santo de la pandilla, nos cer­
tifica la uniformidad de pensamientos y voluntades.— El
h.*. Jouast nos asevera que la diversidad de ritos no implica
distinción de principios.— «No creáis, nos previene Bazot,
que la masonería cambie con la mudanza de países: si fran­
cesa en Francia, la misma é idéntica es escocesa en Esco­
cia, inglesa en Inglaterra, turca en Constantinopla,- china
en Pekin; no recibe el sello de la región en que brota ó
manipula; tiene su natural propio y lo conserva inaltera­
ble en todos lugares.»— Arquea las cejas, abre la boca el
Doctor Sagrado, el incomparable Ragon, y larga esta sen­
tencia: mCuando se pone uno á estudiar la verdadera ma­
sonería con todos los cismas nacidos en su seno, quédase
estupefacto de encontrar en medio de ese baturrillo de ri­
tos, grados, símbolos y fórmulas sin fin, una sola doctrina
y un solo objeto.,, su punto de partida es uno solo ... se
reparte en muchos centros de acción, pero no reconoce sino
un solo centro de unidad. Ay de ella, si llegara á faltarle
este requisito: acabaríase.» ( OH. Mas . ) .— Y mete su cuarto
á espadas Favre: «La fraternidad que estrecha á los franc­
masones entre sí, trae la solidaridad de todos los Orientes,
porque si de hecho coexisten muchas administraciones ma­
sónicas, no se da empero más que una masonería en el mun­
do, así como no hay más que una humanidad.» (Documen­
tos masónicos).— El Gran Maestre Duque deBrunswik, el
duque (le los diamantes, de oprobiosa memoria, en su cé­
lebre y falaz manifiesto, á vueltas de mil embustes y tra­
pacerías, pregona una verdad como un templo: L na sola
cadena ó vínculo enlaza y relaciona unos con otros todos
los grados y sistemas, que sea en secreto, sea en público,
se practican por doquier... no hay más que una Orden úni­
ca,» Y tras estos buenos mozos viene la escuadra de los
Juge, Rebold, Chemin-Depontes, C. Moreau y otros eien,
que diseantan sobre la misma clave.
Mas otros documentos oficiales desearíamos ver.—
¡Agua va!
«Los mm.\ pueden adoptar para su labor ritos diferen­
tes, pero el intento es el mismo.» (Art. 5, Regí, de laord.'.
mas.’ , en Francia, 1826).
«La orden mas.*., pronuncia el Consejo supremo, se dis­
tribuye en varios ritos admitidos y aprobados, originarios
fauna sola fuente y tendientes á un mismo propósito.»
(Art. 1, Regí, de la mas.', escocesa, París, 1846).
La Asamblea del Gran Oriente en 1865 declara, que
«siendo la mas.*., con todo y la multiplicidad de ritos, m a
por sus fines y principios, los talleres están facultados en
sus operaciones para acomodarse al rito que más les cua­
dre, con que sea de los registrados.» (Const. art. 18).
En la recepción del G-ran Maestre Escocés y Caballero
de S. Andrés endilga el presidente al graduando este dis­
curso: «Contempla allí el lazo de la amistad, el emblema
sagrado de la Orden y de nuestros hh,*. Bien que dispersos
por toda la superficie del globo, no constituyen más que una
sola corporación, iniciados todos ellos en los mismos secre­
tos, seguidores de un mismo camino, formados por la mis-
-uia regla, cortados por el mismo patrón... Descienden del
nasmo origen, profesan los mismos principios, se ocupan
en la misma obra, tiran al mismo blanco.» (Compendio de
la mas.*. Adoniramita).
Los estatutos de la masonería de los Países Bajos, data­
dos en 1819, ninguna distinción sientan entre rito y rito.
Los de la G. Logia de los Alpes, en Suiza, 1846, todos los
ritos tienen en igual estima sin preferencias. No discrepa
de esta norma la A sedación ecléctica de Francfort-sur-le-
Meine. Ni se desvía un ápice de la misma línea de conducta
la G. Logia nacional de Berlín, la eual está en un todo por
el anterior programa de la mas.*. Adoniramita.
Los Estatutos del G. Oriente de Florencia, ya en el fron­
tispicio anuncian que todos los ritos juntos componen una
sola masonería. La que tiene su asiento en Milán pasa más
allá, solicitando la alianza de todos los cuerpos masónicos,
sea cual fuere su rito. La que domina en Nápoles y Sicilia
proclámala misma indiferencia: «La orden de los mas.*,
acoge, sin excepción, todos los ritos y grados por más dese­
mejantes que sean, como estas diferencias no alteran los
principios, los medios ni el fin presupuestos. (Art. 2).» Y
en el Art. 4: Los caballeros mas.\, cualquiera que sea el
pais de su estancia y el rito de su profesión, son indistinta­
mente miembros de una sola y grande familia, así como
pertenecen á una sola y misma especie, viven en uno solo y
mismo globo terráqueo y contemplan una sola naturaleza-
¿Quién quiere más probanzas? A pedir.
Mas ¿qué, si por no dejar, convienen todos esos perdu­
larios, hijos de un mismo vientre, en unos mismos jura­
mentos, en un mismo dialecto ó gemianía, en un mismo
santo y seña, en unas mismas consignas de semestre, en
unos mismos tocamientos, en unas mismas joyas 6 distin­
tivos de los grados, y en unas mismas decoraciones de la
logia?
Con férrea mano mantiene ese enlace y firme trabazón el
centralismo despótico, que de un extremo á otro circunda y
gravita sobre las abyectas masas y sobre las serviles Po­
testades mandilescas por insensatos juramentos, esclaviza­
das con la más ciega y brutal obediencia á una autoridad
desconocida, mande lo que mandare, siquiera sea una mons­
truosidad ó el crimen más alevoso y feroz. Ella comanda en
absoluto las fuerzas, ella á su placer combina los planes,
ella por sí sola dirige los movimientos; ella desde su escon­
dite, con una sola palabra, lanza las fanáticas tropas á la
brega y al peligro; ella trae sojuzgados bajo sus plantas á
todos los miembros de la hermandad, sin dejarles conoci­
miento ni libertad más que para sacrificarse y rendirse in-
condicionalmente, sin saber á quién ni por qué. Mas ya nos
tocará la vez de extendernos sobre esta interesante consi­
deración, lo mismo que sobre los eficaces medios de unifica­
ción que ponen enjuego los mandones subalternos.
Ahora, para hacer mella en la columna granítica de tan
apretada unión y concierto ¿qué valen ni qué suponen los
cismas, camorras, gatuperios, rivalidades, pelambreras y
hasta sangrientos choques que á lo mejor estallan y entur­
bian los límpidos horizontes de la fraterna armonía, y ar­
man unos cuerpos contra otros, y escandalizan el mundo, y
provocan las risadas de los profanos, y aun algunas veces
cuestan preciosas vidas de los hermanucos? La vanidad y
puntillos de honra, el mezquino interés y la ambición orgu-
llosa crían y fomentan tamaños desórdenes y embravecen
¡ay! los corazones de hermanos contra hermanos. Pero no
haya miedo que se prolongue la escandalera, porque á po­
co se presentan hombres buenos, meten el montante de su
respetabilidad algunos graduados de polendas, y se acabó
el sainete, solemnizando la reconciliación, y tal vez la com­
ponenda, con unos cordiales abrazos y algún suculento ága­
pe; fuera de algún caso extraordinario, como la riña de las
Gró. Logias de York y de Londres, que al pie de setenta
años anduvieron tirándose de las greñas.
Y á ese respeto, para que no se regocijen demasiado los
profanos de esas peleas de gallos, y entiendan que esa ca­
nalla sabe nadar y guardar la ropa, viene muy á pelo una
observación, y es: primero, que esas discordias y reyertas,
aun en su mayor fuego, no retardan la marcha y progreso
de la malhadada cofradía ni un solo instante; y segundo,
que en necesidad apremiante de la acción común, á la pri­
mera voz de orden los enfurruñados luchadores, haciendo á
un lado resentimientos de familia, estrechan amigablemente
sus ñlas y se dan como si tal cosa la mano en el combate ú
operación mancomunada.
Históricamente, por fin, es dable poner de manifiesto la
fuerte cohesión del ejército enemigo, la inalterable unidad
de pensamientos, voluntades y operaciones, según se ha
descubierto en ocasiones solemnes, en la iniciativa, conduc­
ción, desenvolvimiento y éxito de las revoluciones por la
secta ante nuestros propios ojos promovidas. A mano tene­
mos los datos perentorios en que fundar nuestro argumen­
to. Pero como dicha unidad de la secta se halla insepara­
blemente ligada con su universalidad, y á estas dos propie­
dades juntas había por fuerza de decir relación nuestra prue­
ba, la reservamos para su lugar correspondiente, ahora que
tratemos de la universalidad.

La masonería, además de una, es universal:.la unidad


embebida en la universalidad, ó digamos, que la universa­
lidad exige y supone esa unidad.
En el catecismo de aprendiz se hacen al postulante las
siguientes preguntas (Logia de los Tres Globos):
«P. ¿Qué figura tiene vuestra logia?
R. La de un rectángulo oblongo.
P. ¿Cuál es su longitud?
R. Desde levante al poniente.
P. ¿Cuál su latitud?
R. Desde el norte al sur.
P. ¿Cuál su altitud?
R. Hasta las nubes.
Es decir, la logia, tipo 6 símbolo de la masonería, es el
universo.»
Al graduando de compañero se le interroga:
«P. ¿De dónde proviene el nombre de logiaí
R. Del vocablo sánscrito loga} que significa el mundo.
Por razón de este significado la logia está tapizada de un
paño azul celeste sembrado de estrellas, como se veía la
bóveda de los egipcios, y su magnitud es inconmensurable.
Lo mismo simbolizaban la gruta de Mythra, donde los ma­
gos celebraban sus misterios, y la de Athys.»
¿Cuál es el templo universal? Nos lo participa el rito es­
cocés en el ceremonial del 'protectorado ó bautismo masó­
nico: «Cada templo se hizo para los individuos de la comu­
nión respectiva: éste se abre á todos los hombres de cual­
quier religión y secta que sean; aquí viven en paz aquellos
á quienes su creencia obliga á maldecirse y anatematizarse
recíprocamente.»
«El número de masones es ilimitado: se dividen en grupos
con la denominación de logias y talleres.» (Const. Art. 7).
«Empeñada la mas.', en extender á todos los individuos
de la humanidad los lazos fraternales que atan á los mas.*,
sobre la superficie entera del globo, á éstos recomienda la
propaganda.» (Const. Art. 5).
Y vuelve á aparecerse el h.-. Ragon, que en todo ha de
llevar el compás: “La mas.*, no es de ningún país; ni fran­
cesa, ni escocesa, ni americana. No puede ser sueca en
Stockolmo, prusiana en Berlín, turca en Constantinopla. Es
una y universal.» (Curs. filos, é interpr.).
«La mas.*, es universal, recalca á su turno el h.*. Ste-
vens en el G. Oriente de Bélgica, 1856. No hay mas.', bel­
gas, franceses, alemanes, católicos, protestantes é israeli­
tas. No, la mas.*, no repara en colores y señales: es una
constitución cosmopolita; se las aviene en cualquier pais y
con cualquier culto; dótanla reglas, principios y estatutos
universales.»
Hess, predicador evangélico en Francfort-sur-Meine, in­
crepa así: «Reconozcan todas las logias del orbe la univer­
salidad de la masonería y acojan álos judíos en su seno. Si
se dan por cristianos y cierran las puertas á quienes no lo
son, pierden de vista el fin esencial de la masonería, de
reanudar en el género humano la unión hecha pedazos por
las ideas religiosas y las facciones políticas.»
Resumiendo, en tal negocio todo lleva la marea de uni­
versalidad, el fin y objeto, los medios, los principios y
doctrinas, los actos, la organización, el régimen, los ritos,
los misterios y secretos, emblemas, culto y moral: ¿quién
no ha de haberlo inferido de los textos alegados al hablar
de la unidad? En confirmación de esta y de aquella de un
solo golpe, hora es ya de sacar á relucir el argumento his­
tórico antes prometido y que sin más basta por sí á des­
pertar y avivar la atención de cualquier sujeto mediana­
mente reflexivo, y con la evidencia de los hechos arroja to­
rrentes de luz sobre el asunto. Cedemos la palabra á aquel
nuestro famoso amigo, el concienzudo Eckert, el cual con
todo y su protestantismo á cuestas, y á pesar de su ante­
rior prevención ladeada á favor de la secta, con el brusco
sacudimiento de la general revolución del 4S sintió caérsele
las cataratas de los ojos, vió claro, se impresionó fuerte­
mente, y con aquel su gran corazón, dotado además de rec­
titud inflexible y á toda prueba, de acendrado é inmenso
amor á la verdad y al bien público, merced al estudio leal
délos sucesos y á sagaces investigaciones, logró profundi­
zar hasta la verdadera causa de la vasta conflagración, su­
po pertrecharse con documentos y datos irrefragables, vale­
rosamente desenmascaró á los traidores y los señaló á la
execración de la gente honrada y al castigo de la justicia,
dando y sosteniendo largos años constantísimo por medio de
la prensa un grito animoso de alarma, que si le conquistó
hermosos lauros y gloria duradera, y si hizo temblar de ira
y espanto las columnas de Jakin y Booz, en cambio le valió
amargos sinsabores, sacrificios é inhumanas persecuciones.
Este es nuestro hombre, nuestro inteligente guía, el sabio
maestro á quien respetuosos vamos á escuchar. Se expresa
así:
«Para dejar de achacar á una sociedad secreta los tras­
tornos que de un siglo acá traen angustiada la humanidad,
en buena lógica preciso es, 6 negar los hechos bien compro­
bados, ó darles otra salida plausible; efugios inadmisibles
entrambos. La universalidad de la conjuración, el artificio
satánico de su trama, lo súbito de su explosión, la simulta­
neidad de revoluciones en diferentes países, el buen éxito
parcial y transitorio alcanzado por algunas, son fenómenos
tan bien certificados, como serían incomprensibles sin la
intervención de una sociedad secreta que entre sus brazos
encierra el mundo entero.» Hacía referencia el autor al
gran movimiento revolucionario de 1848. Más abajo con­
tinúa:
«La orden está propagada por toda la tierra y ha dividi­
do ésta en provincias... Se realizaron donde quiera revolu­
ciones, que tenían la frescura de llamar legales, contra la
Iglesia, contra el Estado y la propiedad, promovidas y
preparadas todas por la orden de los francmasones. Ahí
está la historia para demostrarlo palmariamente.»
Con la historia en la mano y ante el parlamento nada
menos de Sajonia, así nuestro denodado campeón denuncia­
ba y argüía la disolvente acción universal de las logias en
su célebre memoria titulada: La masonería considerada
en su verdadera significación-. Pero agrava más los cargos
del proceso y robustece más las probanzas en su obra capi­
tal Almacén ó colección de pruebas, etc., donde, siempreá
caballo de los hechos, razona con la energía que es de ver:
«No es efecto, exclama, de una simple casualidad el es­
pectáculo que se ofrece de uno y otro lado del Rbio, de uno
y otro lado de los Alpes, de uno y otro lado de los Pirineos,
de uno y otro lado del Vístula, de uno y otro lado del Da­
nubio, de uno y otro lado del Océano; en todas partes sor­
prende al observador la misma acción desorganizadora de la
astucia, la traición y la violencia... Esta acción tan idénti­
ca y armónica como incesante, supone un poder universal,
misterioso y terrible.»
«No es efecto de mera casualidad el que todas las asocia­
ciones conspiradoras hayan adoptado las formas, el lengua­
je y la táctica de la masonería.»
«Es más que efecto de simple casualidad el que la revo­
lución francesa y alemana hayan escogido para sus bande -
ras los seis colores masónicos.»
«No es efecto de pura casualidad que la divisa de Li­
bertad, igualdad y fraternidad haya sido prohijada como
grito de guerra, primero por las logias y después por las
demás sociedades revolucionarias. Se la vuelve á encontrar
en las constituciones de la Joven Europa, de la Joven Sui­
za, de la Joven Francia, de la Joven Alemania, de la Jo-
'■/‘ib Italia, de la Joven Polonia , etc.»
A Eckert no le va zague ro su más aprovechado discípulo
y admirador, el abate Gyr, en la afirmación de la universa­
lidad y unidad masónica apoyada en los hechos. En su
Francmasonería considerada en si misma y en sus rela­
ciones, se explica en estos términos:
«Como no hay efecto sin causa, dése la explicación de
asta hostilidad general contra el cristianismo, contra la vida
política y social. Para producir un efecto tan universal en
un espacio de tiempo relativamente tan corto, debe existir
:ma causa general, una asociación que tenga ramificaciones
en todos los países de Europa; menester es un impulso
único, una dirección homogénea; los procedimientos han de
aer idénticos, ó por lo menos semejantes.
«Tres grandes revoluciones se han efectuado en Europa
en trecho de medio siglo y han barrido el régimen existen­
te. Para realizar un plan con la rapidez y fuerza necesa­
rias, se necesita una autoridad única que fije el día y de­
termine los medios.
«¿Dónde se ha encontrado una asociación que haya cubier­
to la Europa con su red misteriosa?... Recorriendo las di­
versas fases de la revolución desde hace un siglo, notamos
el partido llamado filosófico, el Iluminismo, el Jacobinismo,
la Unión alemana, el Tugendbwid, los Carbonarios, la J o­
ven Europa con sus filiales, etc. Cualquiera de estas aso­
ciaciones tomada en particular, es incapaz de explicar los
fenómenos religiosos, políticos y sociales que se han pre­
sentado desde hace un siglo. A menos de admitir que todas
ellas son manifestaciones de un mismo espíritu, modifica­
ciones del mismo sistema, actos diversos del mismo cuerpo
moral, aplicación inmediata y especial de una teoría uni­
versal y ramas de un mismo árbol, jamás se llegará á com­
prender su influencia sobre el espíritu público y sobre los
acontecimientos políticos.
«Sí, la masonería es universal, y esto es lo que la hace
temible. Sólo esta universalidad da cumplida razón de las
perturbaciones modernas. En lo antiguo todas revestían ca­
rácter local: ahora se han hecho universales, y abarcan de
Lisboa á Varsovia. La sorprendente identidad de fin y de
medios, las proclamas redactadas en los mismos términos,
la asombrosa concordancia de operaciones entre pueblos lo
más apartados unos de otros, atestiguan las condiciones de
unidad y universalidad... Y ¿cómo pueden éstas entender­
se sino por la existencia de un poder que á todos domine;
sin una autoridad á todas partes extendida, sin un centro
común al que vengan á parar los grandes orientes naciona­
les? Existe realmente esta autoridad llamada firmamento.»
A ningún regular conocedor de la historia moderna se le
ocultan los acontecimientos en que basan su discurso Eckert
y Gyr, y algunos dejamos apuntados en el cap. II,

Y vaya otra prueba semejante, bien que puesta á mejor


luz, y levantada á mayor altura por el escritor que nos la
presta.
Hace un cuarto de siglo hirió el ánimo perspicaz y refle -
xivo del insigne publicista Tocqueville un fenómeno ex­
traordinario, el espectáculo de la Revolución cosmopolita,
que desde el fúnebre 89 desbordada de Francia no se deja
acotar dentro de los términos de ningún territorio, y ha
llegado á borrar en la carta geográfica todos los linderos.
Se esfuerza y suda el observador francés en su obra— El
antiguo régimen y la Revolución— en rastrear y escudri­
ñar las causas de la extraña ocurrencia; pero revoluciona -
rio empedernido él, bien que sin conciencia de su achaque
moral, profundamente preocupado con las ideas liberales de
la época y envuelto en las olas del criticismo escéptico que
no le consentía aguzar la vista para clavarla en ciertos abis­
mos tenebrosos, sin tino se daba de cabezadas hasta despe­
ñarse en la solución más falsa, desvariada, ridicula y mez­
quina, arrojándose á decir en substancia:— En este asunto
el antiguo régimen es el gran culpable.— Mas no contó con
la huéspeda, y un buen día se levantó en la misma Francia
otro eminente publicista, el juicioso y desapasionado Clau­
dio Jannet, quien después de haber echado á rodar de un
manotazo el castillo de naipes, parto de la fantasía encanta­
da de Tocqueville, con mucha serenidad de espíritu viene á
enmendarle la plana y á sacarle de su embebecimiento en
esta forma:
«Truécanse por completo los datos del problema, si supo­
nemos que de un siglo y medio y aun más á esta parte, se
ha difundido por el mundo entero una potente asociación,
cuyos principios coinciden ajustadamente con las ideas
planteadas por la Revolución, encubriéndose con las som­
bras del misterio, actuándose é influyendo en todos los or­
ganismos del cuerpo social, á las veces por medio de la
urensa, de la tribuna y la enseñanza de la juventud, otras
recurriendo á los complots, mas siempre derechamente en­
caminada al mismo designio final.
«Ahora bien existe esta asociación, y es la francmasone­
ría, raíz y progenitora de todas las sociedades secretas.
Comenzó á aetivar sus maniobras á principios del si-
glo X V III, y parejos con sus crecimientos han corrido los
progresos de la Revolución. Hoy por hoy (escribía Jannet
en 1882) cuenta en el mundo doce mil logias (¡corta cuen­
ta!) é innumerables adherentes, colocados en posiciones ven­
tajosas, á fin de guiar y regir los pensamientos y operacio­
nes de sus conciudadanos. Forma un cuerpo compacto, con­
centrando en sí misma atadas con invisibles lazos las so­
ciedades particulares, en la sobrehaz totalmente disímiles
entre sí: idénticas son sus doctrinas donde quiera; su uni­
dad y universalidad responden perfectamente á la unidad y
universalidad de la Revolución.»
Hasta aquí Claudio Jannet en —Las sociedades secretas
y la sociedad, del P. Deschamps, Introducción . — Esto es
filosofar sobre la historia á derechas. A efecto universal,
sausa universal; á efecto constante, causa firme y perenne;
á unidad de efectos, unidad de plan, de máximas y de im­
pulso ó voluntades; efectos graduados al compás del influjo
de la causa.

Sin embargo d o s es lícito avanzar un paso más todavía.


El ilustre Jannet explica un hecho tangible por otro heeho
no menos evidente, y bravamente desempeña su cometido;
explica el hecho de la Revolución por el hecho ó existencia
de la masonería, y plenamente satisfactoria es su demos­
tración. Nosotros penetramos más adentro, rindiendo cuen­
ta de cómo ó por qué obra la causa de tales efectos, dando
razón del móvil y virtud interna que pone en actividad la
causa. Esta virtud reside en el ser constitutivo de ella, que
es el manantial y fundamento de propiedades y energías
suyas. Hablemos claro: la masonería es por esencia antiso­
cial, según que á la larga manifestamos; lleva por consi­
guiente metida la Revolución social en las entrañas, revo­
lución por fuerza universal, como lo es la sociedad que aque­
lla ha jurado primero aniquilar y luego reconstruir moldeada
conforme á sus perversos ideales: la masonería es riguro­
samente anticristiana; dentro de su corazón por lo tanto
anida y palpita la revolución impía, universal asimismo,
porque se termina y va á parar, abolido el culto y adora­
ción del verdadero Dios Creador y Redentor, al entroniza­
miento de Luzbel como rey avasallador de todas las gene­
raciones.
Además esta doble condición de su naturaleza, lo antiso­
cial y lo anticristiano, la encarna la orden maligna y la hace
resaltar en sus principios, y por la consideración de éstos
venimos nuevamente á cerciorarnos del sello de universali­
dad que ostenta. ¿Cuáles son esos principios acusadores de
su monstruosa protervia? Ella arbola una bandera que ha
paseado triunfalmente y ha plantado gozosa en casi todas
las regiones del ancho globo, y esta bandera trae inscrito
con caracteres de sangre este lema— Libertad, igualdad.
fraternidad .— He aquí sus principios que son la eifradesu
espíritu, tendencias, propósitos y empresas. Pues bien, esa
libertad roussoviana, que es la omnímoda y absoluta inde­
pendencia de la razón y del hombre; esa igualdad químéri-
ca y niveladora, que es natural secuela de esta total inde­
pendencia; esa fraternidad mentida, que prescinde por com­
pleto del origen y la rehabilitación divina del humano lina­
je, y que es producto espontáneo de aquella libertad y aque­
lla igualdad en cuanto actuadas en el cuerpo ú organismo
social; estos tres elementos, repito, fluyen y dimanan, con­
forme á la interpretación sectaria, de la humana naturale­
za como de su fuente, en ella descansan y radican como en
su terreno propio. Esto es y se llama ni más ni menos, al
par que escueto y franco naturalismo, notorio y crudo hu­
manitarismo, el humanitarismo fatal con tanto ahinco y
pervicacia, en todas las formas y por todos los medios y ca­
minos, ensalzado y difundido por los filósofos, oradores, li­
teratos y demás propagandistas y emisarios de la endiabla­
da institución. Mas el humanitarismo es de suyo universal.
De aquí que en fuerza de su constitución y expansión la
masonería sea universal y no pueda menos de serlo. Y si
universal, una por necesidad al mismo tiempo, como quiera
que la universalidad de una cosa consista en su unidad en­
trañada y reflejada en el número.

Aquí encajaría de perlas una de las aplicaciones de la ex­


puesta teoría, de tanta miga y substancia, que por sí nada
más habría dado causa y pie bastante para entrar en la
precedente disquisición. Queremos hablar del cosmopolitis­
mo y humanitarismo de la secta careado con la noción y
amor obligatorio de la patria; punto á mi fe interesante á
más no poder, capítulo de cargo de la mayor entidad, cri­
men enorme, eterno baldón déla aleve hermandad. Lógica­
mente éste se brinda como lugar propio de dilucidar el
asunto; pero tal es su importancia y trascendencia social,
tan porfiado y solícito el empeño sectario en cohonestar y
defender su porte traidor, tan cerrada la ceguera de los
embaucados por sus pérfidas alegaciones y excusas, de tan­
tas resultas los daños provenientes de la torpeza de unos
y la astucia maquiavélica de otros, tan viva la curiosidad y
ansiedad de muchos por ver claro y sacar en limpio lo que
sobre el caso resulte, que muy de asiento le hemos de con­
sagrar párrafo aparte, en llegando la ocasión, que no tar-
m a s o h e u ía . t . i .— 7
dará, de tratar ciertas cuestiones muy particulares referen­
tes á la masonería.
Y aquí damos punto á nuestro razonamiento sobre las
dos propiedades susodichas de ella. Ni se menosprecie ésta,
como especulación infructuosa destinada á entretenimiento
4e eruditos ó arrojada por cebo á la curiosidad de lectores
hambrientos, dispuestos á devorar páginas y más páginas
vacías de provecho; no, otra es nuestra mira y notoria la
utilidad de nuestra investigación. Desde luego con ella de­
mostramos, por si hacía falta, ó por lo menos remachamos
el clavo acerca del carácter social de la secta. ¿Qué cosa es
sociedad? Conspiración de voluntades á unos mismos fines
por unos mismos medios. ¿Quién en esa universalidad y uni­
dad, tal y como las llevamos descritas con la paladina con­
fesión y el lenguaje mismo de los masones, que luego aca­
bamos de poner en cobro con la convicción de los hechos,
no tocará con mano la general ligazón y estrechez de cora­
zones, la comunidad de fines y de medios? De donde manan
los naturales efectos de toda sociedad, de que vamos á ha­
cernos cargo utilizados á nuestro intento.
A lo cual se allega la noticia que de camino adquirimos
acerca de la sólida organización que ya comienza á delinear­
se, que más adelante estudiaremos con todo reposo y mi­
nuciosidad, y que ya desde ahora nos prestará servicio.
Por último, otra ventaja sacamos de gran cuantía para
nuestra tarea. Si la masonería es universal y es una, con
esa liga, trabazón y orden que en ella indudablemente exis­
te, en el hecho mismo está convicta y. sale por solidaria y
fiadora de los dichos y hazañas de sus alumnos, cuándo,
cómo y dondequiera que éstos, en calidad de tales hijos de
la Viuda, aunque no exhiban ningún título ó mamotreto de
representación oficial, hablen, discurseen, lancen progra­
mas, dicten instrucciones, escriban, se asoeiett y confabu­
len, ó se pongan á la obra para dar cima á alguna de sus
acostumbradas proezas, cualesquiera que sean las artes,
arbitrios ó resortes de que echen mano. De donde al juzgar
de doctrinas, planes, prácticas, juntas, métodos, fines y
empresas, y hasta de actos singulares, desde ahora para
siempre nos proclamamos exentos de la ley común que obli­
ga en semejantes indagaciones á conducirse por vía de le­
gítima y severa inducción, como sea que contemos con te s­
taferro acreditado á quien achacarlo todo, y que medien
fiadores (los caciques, mandones de la cuadrilla y directo­
res de orquesta) sobre cuyos hombros cargar la responsa­
bilidad. Al modo que en una sociedad comercial, ingresos y
egresos, cargos y descargos, activo y pasivo, todas las ope­
raciones sin excepción vienen autorizadas y cubiertas por
una misma razón social, sin necesidad de andar inquirien­
do las responsabilidades de cada socio en particular; la ra­
zón social es la marca y sello de todas las operaciones, y se
acreditaría por de mala fe la compañía que con desprecio
de este signo buscase en la inhabilidad, ligereza, precipi­
tación ó defectos personales de algún socio, subterfugios
para eludir cargos ó rehuir el cumplimiento de formales com­
promisos. Con una diferencia, sin embargo, que ahí es nada,
la de que la secta se echa á la espalda la buena fe, y con
increíble desplante reniega, cuando bien le parece ó le trae
cuenta, de sus amados hijos y de las propias obras. Mas se
la ataja y se le ajustan las cuentas, echándole encima la so­
bredicha universalidad y la repetida unidad con toda la
fuerza de su significación, con toda la gravedad de sus inex­
cusables consecuencias, que mal de su grado la constituyen
reo como garante, cómplice y fiadora obligada de las fecho­
rías é infamias de los suyos. Lo cual siendo así ante el rec­
to tribunal de la razón y ante la conciencia pública ¿qué
importan ni á quién se la pegan ese alboroto y soflama de
desconocimientos, negaciones y renegaciones extemporá­
neas?
Mucho más que á favor nuestro viene á dar el último gol­
pe al clavo la añeja costumbre y solemne decreto de censu
m¡)rema estilada para todos los miembros de la familia;
viene el mismo preámbulo ó considerando motivador del de­
creto, en el cual el Oran Maestre Luciano Murat confiesa
vergonzantemente la solidaridad de todos los alumnos y
practicantes del Arte real, ó arte del demonio, como la
apellida un iracundo profano. Aunque de esto más adelante
y más por extenso trataremos luego.
CAPÍTULO VI

Testimonio masónico,— Cofradía falaz y secreta.— Decreto so­


bre censura del G . \ M .1. Murat y de otros.— Embuste sistemá­
tico y doctrinal.— Consecuencias y reglas de criterio.— El doctor
sagrado R agon.— Un precioso Clavel.

omo en breve hemos de introducir la planta


cautelosa en los adentros de la masonería; co­
mo venimos animados de la más resuelta vo­
luntad de desenmascarar y echar á la plaza
toda la monstruosa y repugnante malicia que
informa su ser y ella procura esconder á perspicaces mira­
das; como á ese efecto necesitamos penetrar en sus interio­
ridades y desdoblar tantos revueltos pliegues, prolija y di­
ficultosa tarea; como con todo y el auxilio de otras fuentes
de donde á despecho suyo desentrañar la verdad sin men­
digarle favor, todavía se nos allanaría grandemente el ca­
mino, si pudiésemos fiar en su palabra; preciso es aquilatar
religiosamente el valor de esta palabra, y aunque en otros
parajes hemos ventilado este punto, urge cuanto antes es­
clarecerlo del todo y dejar bien asentado, para advertencia
y prudente gobierno de los profanos, cuanto ocurrir é ima­
ginar se pueda respecto del testimonio masónico.
En consecuencia formulamos para discutirla al derecho y
al revés nuestra pregunta:
¿Vale ó no vale el testimonio masónico?
En varios lugares hemos dado la respuesta categórica.
Ese testimonio es recusable, es falaz. Allí lo demostramos.
Con todo, una excepción admitimos de muy buena gana, y
es: Siempre y cuando el testimonio masónico eede en des-
prestigio & infamia de la secta por manifestación de hechos
ó doctrinas deshonrosas, entonces es válido, es seguro y
aprovechable como argumento ad hominem precioso é inex­
pugnable.
Esta excepción, á más de sostenerse en los fundamentos
lógicos y morales adecuados, por cuanto la confesión de se­
mejantes hechos y doctrinas arrastra consigo la condenación
de la secta pronunciada por ella misma, tiene por añadidu­
ra de su parte la perpetua costumbre de ésta, la constitu­
ción y decretos especiales.

Efectivamente, el silencio más estricto es imperado bajo


un sacrilego juramento repetido en cada grado y sanciona­
do con tremendas penas multitud de veces ejecutadas en la
cabeza de los contraventores; ley del silencio que abraza
todo lo concerniente á la recepción de los grados, objeto,
modo, discursos, circunstancias, y á cuanto en la logia se
negocia y pasa, de cualquier manera ó por cualquier ins­
trumento que se haga la revelación, de boca ó por escrito.
Asi es que la impresión de manuales y ceremoniales de los
grados y lo á ellos relativo, védase haeerla si no es con
anuencia y autorización expresa ó tácita, pero autorización,
del G-ran Oriente ó á quien dé derecho.
En segundo lugar la Constitución del G-ran Oriente de
Francia prescribe el sigilo, al artículo 203, en estos forma­
les términos: «Los que por medio de la imprenta ó de cual­
quiera otra suerte hacen públicos los cuadernos de los gra­
dos y los misterios de la francmasonería ó divulgan los tra­
ía-jos (serán discursos, acuerdos, notas, nuevas, documen­
tos, cuentas, etc.) de los talleres correspondientes ó los
del mismo Gran Oriente sin autorización especial...»
Y al artículo 215: »Los que por conducto de la prensa ó
la litografía (así que hasta los dibujos de trajes, etc., se
prohíben) ó por cualquiera otra vía han esparcido los cua­
dernos de los grados y los misterios de la francmasonería,
quedan perpetuamente expulsados de los talleres corres -
pondientes del G-ran Oriente y jamás por ningún caso po­
drán ser rehabilitados.» -
NOTA.— Como en esa posada de Monipodio todo se vuel­
ve misterios, los insinuados en estos dos artículos serán
no solamente los misterios propiamente dichos ó secretos,
sino todo aquello, sean documentos, fórmulas, ceremonias,
monsergas, símbolos, pasos y bailoteos, disfraces, sesiones
andróginas á obscuras, etc., y hasta los pleitos y ocurren­
cias de la logia, lances acaecidos entre hermanos, todo aque­
llo, decimos, que alejan los masones y quieren que sea ale­
jado de la vista y conocimiento de los profanos, y aun de
otros masones no iniciados ó de inferior categoría, confor­
me á los usos y enseñanzas de la familia.

Por último, durante el maestrazgo de Luciano Murat se


espidió este perentorio decreto:
rfEn atención á que de un tiempo á esta parte, según he­
mos observado, va de día en día en creciente el número de
publicaciones masónicas, periódicas ó de otra clase...
« Considerando que alguno podría fundadamente sos­
tener que las producciones de los miembros de la orden
deben mirarse con más ó menos rigor como de la orden
entera , pues dado que no salga en un todo responsable,
obligación le corría, por lo menos de impedirlas ó des­
autorizarlas:
«Considerando por otra parte que la Constitución y los
Estatutos generales de la orden han juzgado así sobre es­
te punto... Visto el artículo 14 de la Constitución; vistos
los artículos 2 9 4 y 29 8 de los Estatutos generales, venimos
en decretar y decretamos:
«k contar d?sde 1.° de Marzo de 1859, ningún escrito
masónico, periódico ó de otra especie, podrá estamparse si­
no en la imprenta del Gran Oriente de Francia, á menos de
recibir especial autorización nuestra.— El Gran Maestre
de la. Orden masónica en Francia, Luciano Murat.»
Notas.—Primera: Nuestro Gran Maestre paladinamente
confiesa haber derecho (on peut étre fondé) para colgar á
la orden entera todas las producciones masónicas, ó por
aparecer como fiadora de ellas, ó cuando menos por no ha­
berlas ahogado nonnatas y no haber protestado contra ellas.
—'Segunda: La Constitución y los Estatutos en todos tiem­
pos este significado han atribuido á la cosa.
Tan espontáneas declaraciones son de oro.
Hasta aquí nos ha hecho el gasto el G ... O... de Francia,
Ahora salta á la arena un amigo nuestro, el concienzudo
Eckert, en su requisitoria presentada al Parlamento de
Dresde, t. II, pág. 209. (Trad. delP. Gyr, 1854). El cual,
tomándolo del Presidente de la masonería alemana, Vivier
— Latomia, t. IV, p. 134— echa esta pincelada: «Jamás se
consiente á un masón pronunciar 6 publicar ningún discur­
so, 6 cosa equivalente, sin previa licencia del Maestro de
la logia. No se puede publicar ningún discurso algo compro­
metedor sin haber sufrido las necesarias enmiendas.«
Por esto, asimismo, la Gaceta masónica avisa: «La pa­
labra escrita es censurada con más exacción que la ha-
blada.n
Nota.— En Alemania, lo mismo que en Francia, todo pa­
sa por la censura previa, hasta los discursos sólo pronun­
ciados. No olvidarlo.
Lo que nos dice la masonería franeesa y alemana, nos di­
ría la masonería de todos los países, si le buscásemos la
lengua.
Según lo expuesto y aducido, de su peso se cae esta óp­
tima consecuencia: Luego cualquier testimonio masónico es
testimonio de la secta.
Otra no menos famosa y de capital entidad. Luego, como
nadie gratuitamente, mucho menos nuestra mendaz y arti­
ficiosa enemiga, haga armas contra sí mismo, luego cual­
quier testimonio masónico de baldón é ignominia, ó verda­
deramente dañoso para la secta, es de recibo, plenamente
abonado y aceptable, digno de ser creido á ciegas, argu­
mento ad hommem, irrebatible contra ella.

Examinemos el reverso y repitamos con la probada res­


tricción nuestra pregunta. Fuera de dicho caso excepcional
¿merece alguna fe el testimonio masónico? Ningunísima.
La masonería es falaz y embustera por esencia. Ya lo
asentamos y nos lo mete por los ojos su historia eonocida,
que no toda lo es, y documentada. Vocifera libertad y res­
peto á todos los cultos; mientras sañudamente brega por
abolirlos todos. A la cabeza de su Reglamento, Art. I, pre­
gona la indiferencia más estoica en cuestiones religiosas;
mientras, sin otras mil pruebas, en la graduación de caba­
llero Kadosch señala la religión y la Iglesia como el primer
enemigo á quien ha de coser á puñaladas, por mar y por
tierra se encruelece contra lo que llama la superstición y el
fanatismo. Se le llena la boca hablando de moral, de virtud,
de derechos y deberes; mientras echa por tierra la ley di­
vina y la humana, proclama la moral independiente, la mo­
ral del salvaje y del bruto, y diviniza las pasiones más in­
nobles de la carne. Brinda, canta y desperdicia elocuencia
en honor de los reyes, los magistrados y el ejército regular;
mientras disuelve los ejércitos permanentes, á no ser que
por el momento le hagan falta, prostituye la magistratura
y asesina á los monarcas. Ensalza la beneficencia, y tómala
por enseña y blasón de la orden, como si sólo para esto hu­
biese venido al mundo; mientras por reglamento cierra las
puertas á los pobres ó los arroja á puntillazos, no da una
sed de agua sino con su cuenta y razón, á la moda de los
maniqueros que no daban, dice San Agustín, ni pan ni agua
sino á los mendigos maniqueos: la masonería ni á sus mani-
queos. A son de trompeta publica que su puerta está tapia­
da á cal y canto á la política; cuando en ella está metida
hasta los ojos, de ella vive, no hay empresa política en que
nu moje, y con sus políticos trae sojuzgado al mundo del un
cabo al otro. Grita y vende fraterno amor y entrañas de
m idre para el pueblo y el proletario, mientras los envilece,
azuza sus concupiscencias sin saciarlas y los hace servir de
carne de cañón de sus complots y revoluciones en grande.
A sus propios hijos embeleca con la expectativa de estupen­
dos secretos; mientras los tiene sumidos en lóbrega noche
y los aguija á duro y peligroso trabajo sin saber ellos por
qué ni á quién sirven. Con las voces de patria y patriotis­
mo embauca á los corazones sencillos para convertir las
fuerzas populares al triunfo de su perversidad; mientras
hace mofa de patrias y nacionalidades, en cuanto alcanza
las arrasa todas para levantar sobre las ruinas del género
humano la bandera del humanitarismo asolador. Mas ¿qué,
no tiene la desenvoltura de negar su carácter y divisa pro­
pia é inequívoca de sociedad secreta?
¿Después de esto se maravillará alguno de aquella deduc­
ción general del P. Deschamps? «En la logia, dice, se ca­
mina siempre entre sombras, tinieblas, disimulos, mentiras
é hipocresías: en los ritos y en la colación de los grados
se tropiezan unas con otras las contradicciones, los equívo­
cos, las alegorías encubridoras é interpretaciones puestas á
reñir entre sí.»
Esto testifican los escritos de la secta, esto denuncian sus
principios, esto vocea su historia. Esos escritos, gracias á
las sagaces diligencias y al valor de los profanos, á la mano
están; mucho hemos citado de ellos y mucho más hemos de
citar. Esa historia en gran parte ha pasado al dominio pú­
blico, copiosos materiales de ella hemos sacado, y más nu­
merosos aún hemos de sacar. Si venimos á los principios, á
nuestro actual intento acomodados, ahí van unos cuantos,
los suficientes, pero de mi flor.
Estatutos del Iluminismo alemán.— Habéis de estimar
como principio inalterable entre nosotros, que la f ranqueza
(la verdad o sinceridad) no es virtud, sino respecto de las
superiores» (1).
Escritos originales de Weishaupt, fundador del Iluminis-
iiio alemán, citados por Barruel.— «Estudiad con ahinco el
arte de contrahaceros y desfiguraros, de esconderos y dis­
frazaros, para observar á los demás y beberles el pensa­
miento» (2).
El mismo, y en el mismo lugar, adiestrando al estado
mayor del Iluminismo.— «Nos expresamos cuándo de una
manera, cuándo de otra, para dar salida á todo y que no
nos cojan en renuncio, y por no dejar transparentar nuestra
alma á los inferiores (o profanos). Advertid y reencargad
á nuestros Iluminados mayores de variar sus razonamientos
en el trato con los subordinados.»
A Weishaupt habían ganado por la mano otros pájaros de
cuenta.

(1) SiatiUs de l'Ordre, n. 20.— L% vejarme des Statuts, n. 27.—


les Slaiuts generw&x-, n - 31, 32.
(2) JÜcrils origi'tictiix.
La Mettrie,— Este gran filósofo masón sentenciaba así:
«Cosa natural es equiparar la verdad á la virtud: «na y
otra son entidades que ningún valor tienen, sino en cuanto
prestan utilidad al agente» (1).
Diderot.— Este, cuyo nombre es su mejor recomendación,
profería este axioma sectario: «La mentira, lejos de ser
condenable en sí misma y por razón de su naturaleza, ántes
se vuelve virtud, si es de provecho» (2).
Voltaire.— «No es vicio la mentira, sino en tanto que le
acarrea á uno algún mal; virtud excelentísima es cuando re­
porta algún bien: por esto haceos más virtuosos que nunca.
Conviene por lo tanto mentir como un demonio, no con ti­
mideces y por intermitencias, sino con descaro y siempre...
Mentid, amigos, mentid; que yo os pagaré en la misma mo­
neda cuando caiga el lance» (3).
El mismo cosechero.— «Si contase ámis órdenes cien mil
hombres de armas tomar, me sé yo lo que haría; pero, como
no dispongo de esta fuerza, cumpliré con el precepto pas­
cual, más que me apodéis hipócrita hasta enronqueeeros.
Sí, comulgaré al lado de la señora Denis, y si se me hinchan
las narices, pondré en rimas cruzadas el Tmitum erg o» (4).
Saint-Martin, padre del Iluminismo francés.— «Me he im­
puesto en este escrito la regla de la más exquisita reserva,
y he cuidado de envolverme en un velo que sólo ojos muy
linces traspasarán, puesto que muchas veces hablo de
aquello que menos lo parece» (5).
Circular de la Alta Venta (Carbonería).— «Aplastad al
enemigo, cualquiera que él sea, aplastad al poderoso á fuer-
za de detracciones y calumnias... Para mejor engañar la
vista inquisitorial, id eon frecuencia á confesaros , callan­
do, se entiende, lo nuestro» (6).

(1) Ecriís.
(2) Sysleme social, part. I, e, it.
(3) Correspondence generalt t. II, lett. 36.
(4) Leltre au compte d'Argental.
(5) Des erreurs el de la verüe.
(6) Citado por Crétineau Joly: L'EgMse romaine.
Un elevado masón de Módena de gran crédito.— “ Guar­
démonos mucho de explicarnos con claridad hasta no haber
bien tanteado las disposiciones y fuerza de carácter del as­
pirante... En una vuelta de ojos se ha de variar eon destre­
ja el sesgo del discurso. Se ha de saber incensar y adorar
á tiempo el coloso que nos aplasta, para asegurar su rui­
na» (1).
Digo ¿nos explicamos? Para quien sepa el abecé tan si­
guiera de estas artes é historias ¿no son abonadísimas y de
primer orden las acotadas autoridades, capaces de descala­
brar á toda esa hermanada canalla junta? Respóndanos el
hermanuco más fresco y despreocupado de la trailla.

Consecuencias:
Primera: Cualquier testimonio masónico, bien oral, bien
escrito, es plenamente imputable á la secta con todas las
resultas. La ilación es legítima á todo serlo y líquidamente
íluye de los usos, leyes y decretos de censura previa, y de
¡os compromisos jurados y afianzados con saneión penal. De
esta bárbara sanción testigo fuera, si no se lo hubiesen co­
mido ya los gusanos, el infeliz librero á quien por simple
charlatán despacharon al otro mundo sin pasaporte los hh ...
ingleses; testigo Morgan, vil y atrozmente atormentado y
resinado por sus cohh.'. americanos á causa de su pluma
indiscreta; testigo Lescure, padre del héroe de la Vendée,
traspuesto por medio del agua ToíFana, sin más delito que
el de haber dicho adiós á los iluminados martinistas; testi­
go el abate Villars, que con la vida pagó el atrevimiento de
haber mencionado el grado Rosa- Cruz en una novela; testi­
go Emiliani, dos veces públicamente acuchillado, la segun­
da de muerte, por haberse despedido de los mazzinianos;
testigo Cazzote, muerto por demasiado ducho en ciencia
masónica; testigo Stromayer, también largo de lengua por
todo crimen, á quien no bastaron á librar del puñal mazzi-
mano sus timbres sectarios, la gloria de haber sido uno de

(1) Memorial diplomatique, t. IV, p. 296.


los primeros fundadores de la Joven Europa; testigos...
cien y cien más, que fuera de riña y sin haber andado de
por medio dinero, mujer ó venganza personal, son heridos
ó se los halla muertos de mano violenta 6 por veneno, y
nadie sabe nada, y se entierra el proceso, ¡Cuántos de és­
tos en los hondos abismos andarán jugando á estrellas fla­
mígeras, á JBaphomets blancos y negros, de bracero con
Eblis y en compañía de Saint-Martin, Mazzini, y otras ta­
les alimañas!
Segunda: No todo masónico testimonio es fidedigno, por­
que la secta que da la fianza es embustera sistemática, se­
gún acabamos de convencernos. Así que de tal testimonio
por sí no más, no se concluye verdad cierta.
Tercera: Pero sí con entera libertad é incontestable de­
recho, podemos aprovecharnos de él, no tanto por ser de
masón, sino por llevar grabado el sello de la secta, siempre
y cuando á mano venga ó nos acomode. Por lo cual los li­
bros oficiales, documentos, correspondencia, volantes, es­
critos masónicos de cualquier género, discursos impresos ó
pronunciados, símbolos y emblemas, manifestaciones, indi­
cios, actos y dichos de una ú otra especie, todos son armas
y tesoro utilizable á nuestro querer; no tanto, repito, por
la procedencia ó significación accidental de la persona, cuan
to y principalmente por venir autorizados con la garantía,
nombre y rúbrica de la secta. Téngase bien entendido, y
cualquier probanza en dicho testimonio basada es firme é
irrefutable.
Cuarta: Síguese también que en la diversidad ú oposición
de opiniones, teorías, juicios, interpretaciones* fallos ó sen­
tencias, en nuestra mano con absoluto fuero está ladearnos
á la que mejor en variedad de circunstancias arme á nues­
tro intento, facultados y escudados en la responsabilidad
general de la orden, ya que su nombre y autoridad en la
suposición hecha lo mismo ampara el sí que el no, el más
que el menos, y no nos puede escamotearla libertad de es­
coger en derecho de nuestras narices.
Quinta: Cierto que como la confraternidad de un extre­
mo á otro esté fabricada y estribe en impostura, ruindad,
doblez y alevosía, mañosamente á cada tropezón tergiversa
las cosas, se contradice y desmiente á sí misma, pretendien­
do borrar 6 deshacer con una mano lo que con la otra es­
cribe ó hace, ora con intención de rebozarla villanía de sus
íntimos pensamientos, bien que de paso sembrando la ciza­
ña de sus máximas; ora con el deseo de desvanecer cargos
ó la mala impresión que producen sus obras, ó de subsanar
iscándalos é imprudencias, queriendo sincerarse ante la
opinión pública y esquivar perjudiciales resultados. Mas en
?sos tejemanejes de zorro viejo, puestas las cosas en claro
;;omo las hemos puesto, zurdo ha de ser quien haciendo sa­
bio uso de los consejos de la lógica vulgar acerca de los
testimonios, no atine con el hito de la verdad desenredan­
do la maraña de actos y doctrinas en apariencia inconcilia­
bles, máxime si no pierde de vista y si echa por delante es­
tos dos postulados de meridiana evidencia: 1.° La secta de
propia cosecha es mendaz, patrañera y trapalona ¡alerta!
2.° La secta es malvada y proterva más de lo decible ¡en
guardia! Luego poco será todo recelo y desconfianza; lue-
a;o sin quebrantar fuero ni hacer agravio, sin miedo de
torrar, antes con seguridad de que damos en el clavo, líci­
to siempre nos será en caso de duda echárselo todo á la
pñor parte y tomar el partido más adverso y desfavorable
k la secta. Ella nos ha autorizado con su maleficencia.
Sexta: A fo rtio ri y de carrera, si el testimonio masó­
nico importa baldón, vituperio, infamia ó envuelve descu­
brimiento ó confesión odiosa ó perjudicial para ella, sin más
preámbulo podemos y debemos asestárselo como golpe mor­
tal, como argumento ad homineni decisivo, perentorio é
incontrastable que remata la cuestión.
Séptima: Estando á lo expuesto relativamente á la cos­
tumbre; Constituciones y decretos sobre la divulgación de
asuntos masónicos, en rigor lógico el testimonio aislado de
mi solo masón calificado basta para hacer fe y probanza
suficiente en materia ingrata, depresiva y desventajosa pa­
va la hermandad, y si otros se alegan, como nosotros hemos
acostumbrado, es de gracia y por superabundancia, de ri­
bete y á colmo. Y las veces, repitiendo lo dicho, que aquella
desvirtúa, enmienda ó achica algún dicho ó aceión de los
suyos, que es maula vieja en ella, por haber avanzado ó
haberse clareado ¿aera de medida, no estamos en obligación
de desdecirnos ni pedir excusas; porque aquello no es más
que hipócrita estratagema, recurso precautorio y pura co ­
media. Ejemplos: Primero, las maldiciones echadas contra
los grados superiores y contra los devotos de ellos, cuando
la congregación se vió sacada á la vergüenza por las felices
publicaciones de Barruel, Robiano yRobison; ya lo vimos.
Otro, la solemnísima excomunión de los hermanos díscolos
y supresión de la orden llevada á efecto en 1796 por el
Gran Maestre Brunswick, alias el duque de los diamantes,
por medio de un tronante manifiesto desparramado á los
cuatro vientos; y fué que los grandísimos bellacos, para en-
cubrir el juego de la conspiración, que á la sazón andaba
muy caliente, armada contra los príncipes y los tronos, figu­
raron una estrepitosa camorra sobrevenida entre ellos, ha­
ciendo unos el papel de rebeldes insolentados y Brunswick
el de superior ultrajado, y fingiendo éste que se le había
subido la sangre á la cabeza, y por esto de unos plumazos
echaba la orden á rodar y á los amotinados los enviaba al
demonio. Otro: adoctrinada por el ateo Quinet la logia A ve­
nir, de París, con su Venerable el descamisado Eugenio
Pelletan, inventa en 1865 la secta de libres pensadores y
solidarios, que reniegan de todo culto y religión, y con ju
ramento rechazan la asistencia del sacerdote en vida y en
muerte, y expide su rabiosa proclama á todas las logias
francesas. Aquí marimorena: el G ,\ O.*. de París hácese
el escandalizado, suspende la atrevida logia por seis meses,
sométese ésta al castigo, sin dejar de escribir á las demás:
(«Fieles nosotros á las más antiguas leyes de la masonería...
vendrá día cuando los que hoy nos motejan de arrojados,
nos reputarán por beneméritos.» Pues claro, de puertas
adentro celebraba el G.*. O.*. la impía calaverada, si bien
le dolía que aquellos locos foragidos hubiesen tirado de la
manta á destiempo. Otro ejemplo: En 1854, en una fiesta
solsticial nacional, en Bélgica, delante del supremo consejo
y de centenares de masones, gritaba desaforadamente el
h.\ Bourlard, próximo G .\ M.\: «A nosotros toca inter­
venir la administración de las obras de caridad y benefi­
cencia de la Iglesia... tenemos el derecho y el deber de
tratar el punto religioso de los conventos, resolver denoda­
damente acerca de ellos, para que el pais de una vez acabe
con ellos, empleando la violencia, si es menester, á fin de
curarse de esta lepra.» Terremoto en las grandes Logias
de Inglaterra y Alemania, que cortan relaciones con las
belgas. ¡Hazañerías! A la vuelta de algunos años más ami­
gos que antes, y los belgas tan satisfechos de haber ense­
ñado la lección á sus hermanos mayores. Se supone. Esta­
mos al cabo de esas tretas y maniobras, y cegatón ha de
ser quien no las columbre y se dé por entendido.

De los innumerables testimonios masónicos dos hay que


por su valía sobresalen y merecen especialísima atención,
tan acreditado y grandemente estimable el uno por la re­
probación de la secta, como el otro por el íavor y aproba­
ción de la misma, preciosa mina entrambos de noticias y
avisos; notabilísimo éste por haberse granjeado parabienes,
elogios, la más señalada recomendación de los tripunteados
de más alto coturno; dignísimo aquel casi en su totalidad
de incondicional asenso, rico filón de interesantes y pala­
dinas revelaciones y esclarecimientos que estremecieron el
subsuelo de vulgares talleres, pusieron en confusión las ga­
villas de misteriosos personajes y provocaron sus implaca­
bles iras. Ragon se llama el autor y responsable del prime­
ro, Clavel por mal nombre se apellida el del segundo, 4®
suave clavel tornado en punzante abrojo para la alborotada
turba triangular.
Viniendo al primero ¿quién en los es tensos dominios de
Hiram, en que nunca se pone el sol, y aun fuera en el bajo
mundo de los míseros profanos, desconoce los singulares
merecimientos, timbres, glorias y blasones del eximio é
imponderable Ragon? Los bárbaros del desierto nada más.
¿No se sabe quién es Ragon? Es... hágase profundo acata­
miento, el autor sagrado de la universal masonería. Por­
que él con portentoso chirumen parió un Curso filosófico
é interpretativo de iniciaciones antiguas y modernas,
que mal año para los tratadistas Bazot, Willaume, P i-
card, etc., y como después de esta obra monumental, mila­
gro y pasmo de saber masónico, le quedase todavía el brazo
sano, secundó con su Ortodoxia masónica, dividiendo en­
tre los dos libros la admiración de las gentes y dejando en
balanza su mérito respectivo. En ellos eon soberano magis­
terio sujeta á examen, tacha, comenta y reforma, con arre­
glo á las circunstancias de los modernos tiempos, toda la
liturgia por sus cuatro lados, cual únicamente el Fontíñce
Sumo puede hacerlo en las cosas de la Iglesia. Sosegado el
pecho de tanta fatiga, mandó, en fiel obedecimiento á san­
tos Estatutos, el parto de su peregrino ingenio á la censura
del Gr.\ O.’ , de Francia. ¿A la censura, dije? A las congra­
tulaciones, alabanzas, encomios y triunfos envió su Curso.
E lG r.'.O .'., en justa correspondencia agotó la naveta del in­
censario: lucubración filosófica, 'pensamientos hondos, sa­
bias investigaciones, erudición á manta, exquisitas ense­
ñanzas, gozo exuberante, acciones de gracias cí nombre de
la Orden entera , doctísima pluma de un Masón, etc. Estiró
más el brazo todavía la respetabilísima Logia capitular de
Nancy, no logia ramplona ó de tres al cuarto, sino capitu­
lar, levantando el Curso filoso jico é interpretativo al pre­
dicamento de libro sagrado con todas sus letras, de paso
dando al Gr.-. O.-, una lección merecida por su parsimonia
en los dictados de honor j documento digno de perpetuarse
en mármoles y bronces!

fk LA Gr.\ DEL GrR.*. AbQ.\ DEL Uui.\


O.*, de Naney, 1842 (era vulgar)
LA L .\ CAPITULAR.
Regularmente constituida y distinguida con el titulo
de
S. J uan de J eru salén

A LAS R R . \ L L . ‘ . DE AMBOS HEMISFERIOS

A *. *9.*. &*.
Muy Quer.\ y muy R R .\ HH.*.

«La grande aceptación que ha alcanzado en los Tal!.’ ,


«de la Orden y entre los Mass.-. el C u r s o f i l o s ó f ic o é
INTERPRETATIVO DE INICIACIONES ANTIGUAS Y MODERNAS,
;¡del H.\ B a g o n , grado 3 3 , Ven.*, fundador de tres Tall.\
■tde T r i n ó s o f o s , al O.*, de París, probándose así el valor,
.‘moralidad y utilidad del libro, nos ha movido, contando
;¡con la autoridad del autor, á tomar la mano para anunciar
■iy recomendar á nuestros HH.*. una r e i m p r e s i ó n entera-
■mmte Mas.\ con el título de E d i c i ó n s a g r a d a , para uso
^exclusivo de las LL.*. y de los Mas.*.
«Hoy que la aprobación de la obra se ha hecho unánime,
por cuanto encierra de conocimientos de cada grado cuan-
■topuede el Mas.', desear, el autor, animado por el sufra­
gio de los entendidos, completó y perfeccionó su produc­
ción, enriqueciéndola además con notas curiosas é instruc­
tivas. U nosM .'. le han dicho que: Este libro será la
■materia de estudio da toda su vida: otros le han escrito:
■todas las interpretadones y en general todas las expli-
-caoiones están hechas de mam maestra:—Este libro es
■•el mejor posible en su orden particular de ideas:— Ob­
jeto del autor es, y sin falta ha de conseguirlo, llevar
■■<a atención de los masones hacia la significación moral
■■■y científica de la Masonería, y r e c o n s t i t u i r l a u n i d a d
‘ HE MIRAS Y PENSAMIENTOS, DE DONDE LUEGO NAZCA LA UNI*
• ¡ja d d e p o d e r y a c c i ó n . Por fin este lisonjero pasaje de

¡a pl.\ del Secretario General dietada p o r o r d e n a c i ó n


-del G.\ O .-.........
¡iAsociándonos á los sentimientos del G.\ 0 .',, y conven­
cidos de los servicios que á las Logias prestará la circu­
lación de dicha obra, especialmente respecto á la unidad
■‘áe fines é instrucción que producirá en el mundo masóni­
co, sin vacilar nos suscribimos á este Curso con ánimo de
-seguir haciendo otras tiradas de los cuadernos, á medida
■‘p e con las recepciones y afiliaciones se vayan acabando,
-y confiadamente os excitamos, Muy Q ueiv. HH. en bien
ide la Orden y el vuestro á subscribiros igualmente á este
-texto de iniciaciones, que no se debe distribuir sino por
“conducto de las LL.*.
«A fin de que los cuadernos y los volúmenes no paren en
•‘tóanos de quienes no conviene, el M.\ Q.\ H.*. Guerard,
•muestro Tesorero, se encargará de ser, bajo la inspección
M A S O H E R fA . T . I . — S
«de la Logia, el únieo repartidor de ellos. A él deberán di-
íírigirse, franco el porte, las pl.\ y los metales (dinero).
«De vosotros m m . \ q q . \ y uta.1. k r . \ h h .*.
«Adictos y afectísimos E H r .
«Presidente de honor ad vitam de los Tall.\ mas.*, de
«Nancy,
«C . M a b d e l, abogado, R.\ -j*,*,

«Primer Vigilante.-. Segundo Vigilante.-.


«C habon b .\ f . \ G-a s t a l d y b .\ f . * .

«Orador, Primer experto,


«E ug. L obentz b .'. J. B. T o u s s a in t b .\ f . \

«Por mí sellado y timbrado, Por mandato;


«Archivero de la R.*. L .\ Secretario general.
B abtelem y, m ayob. A. D u m a s m . \

¡Salve, D o c t o b S a g r a d o ! Cierto que en astucia, truha­


nería y pravedad no tienes par ni semejante en el universal
imperio de la Iglesia de Satanás.
Ménos afortunado que el listo de Ragon fuiste tú ¡ay!
h.\ Clavel, que te atrajiste los rayos vengadores del Gr.\
O.*, por los mismos días en que se ufanaba tu rival con el
espléndido triunfo. Mas tú te tuviste la culpa por hablador.
¿Ignorabas por ventura, mustio Clavel, que la franqueza
está solemnemente proscrita entre esa gente de- la carda?
Por esto cuando tú á la buena de Dios publicaste tu B is -
loria 'pintoresca de la francmasonería, cayó sobre ti, ino­
cente víctima, el Gran Oriente, pronunciando y anulando
en una misma tenida la sentencia de perpetua expulsión
contra ti. Vuelve al mes siguiente sobre sus pasos y dicta
la condenación de la obra. Mas tú ¿cómo habías de doblarte
á tamaño desafuero? hiciste dimisión. Al cabo de un año
decretó el injusto tribunal tu expulsión definitiva, y todo,
según declaración de los inicuos jueces, por una simple in­
fracción de la ley masónica del sigilo; y saliste bien libra­
do, porque en casos más leves del mismo género á los her­
manos se les ha castigado con darles pasaporte para la
eternidad. Cábete sin embargo la doble satisfacción de que
nadie, ni entonces ni después, ha osado desmentir tus rela­
ciones, y de que con» los brazos abiertos te acogieron los
talleres de la obediencia en galardón de tu sinceridad y de
tu gallardía en defenderte.
¡Ah, masones, masones! bien á las elaras se muestra que
pesáis con la romana del diablo. Si un profano hace luz en
la lobreguez de -vuestros misterios, echa en la calle vues­
tras ignominias, ponéis el grito en el cielo diciendo: No le
creáis, es un profano ignorantón, un calumniador. Si con
sus gualdrapas viene uno de los vuestros y habla verdad,
le hacéis tortilla con el peso de vuestro despotismo. Y la
masonería seguirá repitiendo hasta el fin de los siglos: Yo
s o y l a l u z : sí, de pavesa humeante.

Eu consecuencia, estése á lo dicho: en cuanto vale para


arrojar bala roja, mi form a de argumento ad homineni,
contra la traidora cofradía, abonado es el testimonio de
Eagon, como distinguido con la aprobación y aplauso más
solemne; abonadísimo el testimonio de Clavel, recomendado,
radiante y enaltecido por la corona de sañuda reprobación
y persecución.
N o t a b l e a d v e r t e n c i a , — Siguiendo á M. de Saint-Albin,
que es de los nuestros, una observación nos toca hacer para
el recto uso é inteligencia de los Rituales masónicos. Cada
rito tiene el suyo y á alguno podría figurársele que unos
contrarían á otros ó se desemejan. No hay tal contradicción
r¡i disimilitud: varían en lo accidental y de pura ceremonia,
quedando intacta é igual la substancia, salvo respecto al
grado Kadosch, en cuya exposición el antiguo Ritual del
h.\ Laffon Ladebat se mostraba excesivamente ingenuo ó
se clareaba con extremo; pero acudió la circunspección de
los masones bien aconsejados por el Doctor canónico y po­
dó los intempestivos esclarecimientos, cercenando de un
tajo las escenas comprometedoras de puñal. Con todo hanse
negado algunos hermanos de ánimo independiente á des­
asirse del primitivo Ritual, y no por esto, nótese bien, han
incurrido en ninguna censura de la Orden ni de los innova­
dores mismos.
CAPÍTULO VII

Fin de la m asonería.— La beneficencia ó filantropía no es fin


de la masonería: textos y casos chuscos.— Ni lo es la filosofía ó
el cultivo de ciencias y artes.— Ni la moral y práctica de las vir­
tudes.— Ni el mutual¡smo,

amos á entrar á velas desplegadas en el más


obscuro y revuelto golfo del señorío masónico,
donde á causa de la misma lobreguez era cosa
frecuente en las pasadas generaciones ver á
los más expertos navegantes andar sin tino y
descorazonados, perdido el derrotero, sin estrella polar que
enderezase el rumbo, á la continua asaltados de encontra­
dizos corsarios, que de improviso se les ofrecían con cara
amiga y Ies brindaban aleves su pericia como tan prácticos
en aquellos cerrados mares y brumosos horizontes, para
mejor desorientarlos, extraviarlos más á la segura, y ha­
cerles dar al través en su expedición exploradora. Vamos á
internarnos, no sin nota de impertinentes y atrevidos, en
la principal galería subterránea, y una de las más hondas,
en la cual vive y bulle agazapada cual ñera en su cubil la
terrífica cuadrilla de grandes malhechores á quien seguimos
el alcance, y de donde como centro y motor toman principio
y salen á rodar proyectos subversivos, insidiosas maquina­
ciones, asoladoras empresas, traiciones, matanzas, tem­
pestades políticas, el mayor número en fin de infortunios
y desastres que producidos por manos de agentes libres
aporrean á la asendereada humanidad. Vamos por último,
saliéndonos ya del estilo figurado, á ocuparnos en el exa­
men penetrativo de la triangulada hermandad, en la ins-
pección concienzuda de su recóndita naturaleza, ó en otros
términos, del fin y destino supremo á su originaria forma­
ción y desarrollo prestituido; como goce autoridad de incon­
cuso axioma la sentencia de que en tratándose de socieda­
des, el término, mira y tendencia final de la aeción común
especifica y pone de manifiesto la índole genuina de eada
una. Este primario objeto embargó nuestra mente, arrebató
nuestra voluntad, nos dió alientos y armó de esta inútil pé­
ñola nuestra mano para la escritura del presente librejo;
esto es, el propósito de trazar la viva y fiel pintura de esa
hija de perdición sorprendida y estudiada en su naturaleza
íntima, de darla en espectáculo al mundo entero, y con la
manifestación de su horrible catadura procurar el desenga­
ño de los que totalmente la desconocen ó mal la conocen
desfigurada con engañosos arreboles de inocencia, hacién­
dola aborrecible á las gentes y concitando contra ella la
animadversión general: sabroso fruto y colmada recompensa
de nuestros afanes, si el apetecido resultado alcanzáremos.
Si hasta el presente á este asunto ó tema hemos dado
largas, no obstante y ser en nuestra intención el fundamen­
tal y preferente, ha sido primeramente, para escombrar an­
tes el terreno con las indispensables cuestiones preliminares
y prepararnos buena acogida en muehos ánimos malamente
preocupados; y segundo, para dar á conocer en los tratados
subsiguientes el exterior y cásca ra amarga de la fruta pon­
zoñosa, á fin de que una vez esta misma cáscara rota y le­
vantada con el análisis que en este momento vamos á em­
prender, se muestre patente esa enemiga del humano linaje
tal cual es, en su entidad cabal, por fuera y por dentro.

Comencemos la tarea, observando por anticipo de cuenta


que en la designación y apreciación, ostentiva por lo me­
nos, de ese último fin y anhelo de la masonería reina la
más extraña discordancia de pareceres, tan estrambótico
alguno como el de cierto político belga, insigne miembro
del partido conservador por más señas y ministro emérito
de la Corona, que con la más presuntuosa desenvoltura se
puso á morder las sabias condenaciones del Episcopado pa­
trio lanzadas contra la secta, reputando él á ésta eon rara
penetración por una festiva comparsa de gastrónomos y
gente regalona sin más allá ni más recámara. Si sería
él de la partida con toda su conservaduría á cuestas; pues
se dan casos.
Aunque no tan choearreros, otros no menos disparatados
fines se han fantaseado ó habilidosamente echado á volar,
y de todos ellos nos incumbe tomar menuda razón y cuenta,
dando á ley de cortesía el primer lugar en los pareceres,
como en todo se lo merece, á nuestra amiguísima... res­
petabilísima.*. y santísima.*, orden del compás y del puñal.
Vamos á ver, madre embrollona, cuerpo de verdades
¿qué nuevas nos traes? ¿qué nos cuentas de tu fin é inten­
ción última?
Pronta y bien mandada nos da en la cara con el Art. I
de sus Estatutos de 1826, que dice á la letra: «La orden
de los francmasones tiene por objeto el ejercicio de la be­
neficencia, el estudio de la moral universal, de las cien­
cias y las artes, y la práctica de todas las virtudes.»
Y repiten los Estatutos de 1854: «La orden de los
francmasones adopta por blanco la beneficencia, el estudio
de la moral universal y la práctica de todas las virtudes.»
Y menos concisos los de 1865: «La francmasonería, insti­
tución esencialmente filantrópica, filosófica y progresiva, se
versa en la inquisición de la verdad, el estudio de la moral
universal, de las ciencias y las artes, y el ejercicio de la
beneficencia.»
Los legisladores de 1865 se dejaron en el tintero la gra­
ciosa muletilla de la práctica de todas las virtudes. ¡Gran
pecado!
De tal maestra aprendieron bien la lección los dóciles
alumnos, el Verdadero francmasón en 1825 primero, cu­
yas son estas palabras: «Sépase que el verdadero ins­
tituto y objeto á que se encaminan las sociedades de franc­
masones son la filantropía, la virtud y la sana moral.»
Y el egregio Bazot en 1830 en su Código de francma­
sones: «Como sociedad que se ocupa en el perfecciona­
miento del hombre moral y sociedad filantrópica, existe
hoy (la masonería) y se ha colocado en el primer puesto.»
Y el entonado h.*. Grisar... Basta: nos damos por
satisfechos.
En suma, la beneficencia ó filantropía, la filosofía, el pro­
greso, el estudio de la moral universal, las ciencias y las
artes, la práctica de las virtudes, tal es al decir suyo, y no
lo dice con poca hinchazón y contoneo, la exclusiva comi­
dilla de la secta, su noble y altísima aspiración.
¡Farándula é hipocresía! Veámonos las caras.

LA BENEFICENCIA Ó FILANTROPÍA NO ES EL PIN DE LA


MASONERÍA

«Cuidado, advertía el GK*. M.*. Murat, con perder de


vista la meta de nuestros esfuerzos. Nuestra misión es es­
cuchar los ay es de quien quiera que sea, alargar mano
eompasiva á los desgraciados, remediar todas las miserias,
llover, en una palabra, beneficios sobre la humanidad en­
tera.» Estaba fresco el h.\ Murat con todo y su maes­
trazgo: á buen estilo de Gran Maestre, sabía tanto de be­
neficencia masónica como de lo demás del Arte Real, según
es de cajón.
Aquí nos guardaremos de continuar con otras citas del
mismo jaez y aun peores; porque causa grima, saca de qui­
cio al más flemático y con justa indignación al más impasi­
ble enciende la sangre la avilantez, la desvergüenza, el
cinismo con que esos farsantes, desorejados, bandidos, en
sus periódicos y en sus logias mienten con increíble impu­
dencia deshaciéndose en elogios ditiiámbicos de su perra
madre por el ejercicio de esa cacareada filantropía, que en
todo el globo no es conocida más que de nombre por las
voces embusteras de esos rufianes. Para uno rebosa el
mundo de bienes, larguezas y mercedes, á manos llenas por
los cofrades derramadas en las clases menesterosas de toda
edad, sexo y condición. Otro perdulario exclama: «¿Qué
sería de los pobres en las grandes ciudades, si no hubiese
logias y masones?» Otro belitre llama á su banda maléfica
Hermana de la caridad. Una tía Jauce, de París, dice que
la beneficencia, «esa pura y dulcé emanación del Gr.\ A .‘ .
del Universo, es el alma de la confraternidad.» Será alma
de zorra ó de lagarto de agua.
Véanse las acotaciones en el opúsculo de Amando Neut
sobre la Beneficencia masónica. Y para que nadie nos
achaque que lo levantamos 6 acrimine de duro nuestro
lenguaje, pase los ojos hasta el fin por lo que sigue.
Lamasonería no puede ver á los pobres.— Léase el
Art. 307 de los Reglamentos generales del escocismo fran­
cés: “ Las logias no deben acordar la iniciación á ningún
profano que por su cortedad de recursos no pudiere sobre -
llevar las cargas prescritas por los reglamentos particulares
ó generales.» Los mismos Reglamentos señalan como sufi­
ciente causa de expulsión la imposibilidad de satisfacer las
cuotas ó tributos.
El h.\ Ragon: «Recordemos que la masonería no se hizo
para que una porción de prójimos vivan á costillas de otros.
Esos mendigos que se nos metieron en casa para comer la
limosna ¿se atreverían á decirnos con qué miras solicitaron
la entrada? Con cara de baqueta vienen á cargarnos con el
peso de su miseria y de sus vicios, sin talento ni virtudes
para hacerse útiles á la orden. Esta repugnante lepra
manifiesta la culpable negligencia de las logias de
Francia, de París particularmente.» (Curs. fil. p. 368).
E lh .\ Beurnonville, como si hablase de la peste, pre­
viene: «iVo traigáis jamás á la orden hombres que en vez
de daros la mano, os la tienden para pedir.-*
Se arranea desaforado el h.1. Pottier: «No podemos con­
tenernos de decirlo: existen en nuestra orden seres viles
que hacen de su masonismo oficio y granjeria. Mengua y
maldición á esos despreciables seres que entre nosotros
siembran la desconfianza y seean el manantial de la benefi­
cencia.» (G-lobe, t. III, p. 26).
El h.\ Bazot echando venablos: «El masón mendicante
os asalta á todas horas en vuestra casa, os va á los alcan­
ces, os sorprende en la logia, semejando á un duende que
en todas partes y á cada instante se os aparece, sin que
nada sea parte á libertaros de su importunidad, porque su
insolencia no conoce límites ni obstáculos. Os asedia al le­
vantaros, en el tropel de los negocios, en vuestras comidas,
al salir de casa, tirando de su pergamino como de la sen­
tencia de vuestra condenación. Más valdría que os acome­
tiese puñal en mano, porque siquiera eon el valor de vues-
tro brazo podríais quitároslo de delante. Mas ese se os viene
encima sin más arma que su título de masón, diciéndoos:
«Yo soy masón: por fuerza algo me habéis de dar, porque
soy vuestro hermano y nuestra ley os impone la caridad;
aflojad los cordones de la bolsa; si no, publicaré que sois un
mal masón sin entrañas.» Ea, á soltar la mosca, masones,
y estad dispuestos á soltar sin intermisión, pues los asaltos
se suceden á la continua.
«La culpa la tienen las logias, pues si en la fraterna aso­
ciación no abriesen la puerta sino á personas decentes, que
con sus rentas ó el trabajo de sus manos lograsen un buen
pasar, ni la asociación ni los masones se verían obligados
á subvenir más que á necesidades pasajeras, ó por lo menos
inmerecidas, ya que fuesen duraderas.n
¡Vaya un chiste con esa ley de la caridad masónica!
Con razón se lamenta el perínclito h.\ Kebold y grave*
mente increpa á los suyos; «Ese doler es casi siempre pi­
soteado. ^ (Hist. de las Tres GG. LL. p. 491).
No menos explícito es el b.\ Accary, quien en pleno
Gran Oriente de Francia se quejaba á su vez: «La francma­
sonería, conforme al Art. I de la Constitución, se propone
i>or objeto la beneficencia. No obstante, salvo nuestra Casa
de socorro (cuyos fondos entre paréntesis son tan mengua­
dos, que me maravilla se hayan sacado á relucir en una
fiesta solsticial) por ningún lado veo rastro de ella... ¿En
¡jué pensaban nuestros antepasados, que con la mayor indi­
ferencia contemplaban los trabajos presentes y futuros de
nuestros hermanos menesterosos?» (Globe, III, p. 168).
¿Ola, con que es achaque viejo en la cofradía aquello de
(d prójimo contra una esquina? Bien que ya nos lo sa­
bíamos.
Con más brío maneja el látigo el h .'. Buros, venerable
de la logia Caballeros de la Cruz, en 1841: «¿Qué ha hecho
nuestra institución de medio siglo acá? ¿dónde están Ios-
frutos de esas grandes enseñanzas filantrópicas? ¡Ay Dios!
nuestra institución de tal suerte ha gastado el vocablo fi~
luntropía y ha torcido su significación, que los mismos
acostumbrados á sacar la palabreja á troche y moche, al
toparse no osan mirarse á la cara por miedo de soltar la
risa á semejanza de los augures de Roma.» (E l francm a­
són, an. 3, p. 2). ¡Cómo aprieta el maldito! Y cargado de
razón.
El motivo de las vociferaciones de esos descomedidos her­
manos consistirá á no dudarlo en que la cofradía se desdeña
de hacer la caridad al menudeo y con poquedades, reser­
vándose para las sonadas ocasiones, para las suntuosas fun­
daciones, para las empresas en grande escala, cuando con
asombro de presentes y futuras generaciones abre los an­
chos senos de su alma compasiva para alivio y consuelo de
todas las indigencias, de todos los apuros, estrecheces y
contratiempos de propios y extraños. Esta es la fija, no hay
que darle vueltas.
De hecho el h.\ Accary nos hablaba de una casa de so­
corro, cuyo título al propio es; «Casa central de socorro
para los masones pobres,» y su historia como sigue: En 1840
el G-ran Oriente de Francia en asamblea general, entre
aburrido de aquella repugnante lepra del h.\ Ragon y en­
ternecido de tan apremiantes necesidades de muchos cofra­
des, y tirando al mismo tiempo á cortar los abusos de la
mendiguez masónica, según lo explana en la Circular gene­
ral, viene en decretar el establecimiento del benéfico hos­
picio, y véase con qué lujo de prevenciones y solícitos cui­
dados da cima á la obra magna, ostentando de paso á todo
el globo terráqueo la munificen cía masónica en el remedio
de los males que aquejan á las víctimas caseras del infor­
tunio. Recomienda á los talleres de París, de sus contornos
y de los departamentos, que abran una subscripción en fa­
vor de la «santa obra:') nómbrase un consejo de quince in­
dividuos, señálanse cuarenta y ocho investigadores para
informar acerca de los méritos de los demandantes ó pedi­
güeños, celebra el consejo treinta y seis juntas en el local
del G-.’ . 0 .-. Ahora sí se va á acabar con la plaga de loa
zánganos de la masonería, como ellos fraternalmente los
llaman: ahora sí todas las tribus, pueblos y naciones de la
tierra se van á espantar de las proezas de la beneficencia
masónica.
Mas ¡ay dolor! que antes de los tres años el Gran Orien­
te despide al aire nuevos ayes y lamentaciones, con­
movida el alma por el extraordinario decrecimiento de la
subvención, las cosas van de mal en peor, hasta que un
día el h.*. Portallier de la noche á la mañana envía su di­
misión de Presidente de la comisión hospitalaria. Le ins­
tan, le suplican de rodillas que la retire: él persiste airado
en su determinación, arrojando de ribete al rostro de los
intercesores este tremendo cargo: «No con palabras se qui­
tan los desmayos del hambre, ni con palabras se mitigan
las penalidades. Algo más hace falta: se necesita corazón,
se necesita afecto de piedad. » Y apenas tenía razón el alti­
vo dimisionario.
Para edificación de las gentes que aprendan á imitar esos
gallardísimos rasgos de amor fraterno, es de saber que ese
malogrado asilo masónico, ese magnífico amparo y refrige­
rio de tristes hambrientos, ese prodigio de la bondad y lar­
gueza masónica, es de saber que 1,720 francos, alias 344
pesos, ni nn centavo menos, rumbosamente se gastaba al
año en alquiler de local, contribución y sueldos de emplea­
dos; para los infelices acogidos, que partían de dolor las
entrañas del G v. O .1., por alimentos, lumbre en invierno,
zapatos, etc., con 540 francos, alias 108 pesos, al año, se
salía del paso: las camas de asilados no debían bajar de
cuatro ni pasar de seis.
¡Qué derroche! ¡oh heroísmo de generosidad! ¡oh milagro
de misericordioso afectol Y esto en la tierra clásica de la
caridad, en la patria de San Vicente de Paúl y de las Her­
manas de la Caridad, y en París, y con los sacrificios de
toda la masonería francesa en peso. Con harto fundamento
el h.\ Persigny, digno ministro de su amo el h.\ Napo­
león 3.°, en la misma circular en que de un ramalazo man­
daba á pasear las conferencias de San Vicente, levantaba
hasta las estrellas las caritativas hazañas de la secta, si
bien ella, oida la rechifla, cuidó de protestar, á fuer de
humilde violeta.
Pero ¡bah! ¿qué significa un fracaso? un chasco á cual­
quiera le sucede. Las finezas de la hermandad son inagota­
bles y el vicio de su prodigalidad incorregible, desenfre-
uado.
Nueva campaña, nuevas cuitas del celo, nuevos arran­
ques de desprendimiento, nuevas heroicidades, nuevas rim­
bombantes circulares del G,\ O,-,, nuevas tenidas y comi­
siones, los donativos de 27 logias, el producto de 500 subs­
cripciones particulares, 27 administradores, para plantear
una nueva «institución filantrópica,» «obra colectiva de to­
das las logias y de todos los masones,» el Orfanotrofio} en
fin, general masónico para todos los ritos y todas las obe­
diencias, dulce abrigo y refugio de los huérfanos de maso­
nes, de hijos adoptivos de la logia. ¡Nueva maravilla! ¡nue­
vo pasmo de las edades! ¡monumento portentoso! ¡memoria
perdurable de los siglos! Ahora sí que la gitana Jauce po­
drá gloriarse de que la beneficencia es el alma de la m a­
sonería; ahora sí el h.\ Boubée á voz en cuello podrá cla­
mar sobre los tejados que «no pasa día sin que millares de
cuitados canten himnos de bendición á las manos dadivosas
de la orden que acude á su amparo y solaz.» Porque, sé­
panlo los envidiosos de tanta gloria, entiéndanlo los émulos
de tan esclarecidos hechos, devórenlo en silencio avergon­
zados los enemigos de la cofradía y amigos del fanatismo
romano, ese «Orfanotrofio general masónico para todos los
ritos y todas las, obediencias,» al cabo de tres años de li­
diar y remar, sustentaba y educaba (no lo cuenten Vds. á
nadie)
SEIS NIÑOS.
Ni más, ni menos.
Bien es verdad que para conseguir ese colosal y estupen­
do resultado, el G-.\ O.*, no perdía ripio ni ocasión de dar
uno y otro tiento al bolsillo de los hermanos, y que el rumbo
y despilfarro de éstos correspondía á la solicitud de aquel.
Como por ejemplo, en una sesión de las que repican gordo
en la logia Esperanza^ de Bruselas, donde el príncipe de
Orange había recibido la luz masónica y sido afiliado su
hermano Federico, allí entre los regios dones y los ladri­
llos ( alias monedas) del Venerable, Grandes Oficiales y
demás lumbreras de la orden se juntaron por todo 182 fran­
cos (1); y más tarde, 1840, en París durante unas suntuo­

(1) Tracé de la tenue extraord. la L ... de lEsperance Brux.


sas exequias por el difunto Ilustrísimo h.\ general conde
de G-uillerminot, Lugarteniente Grao Comendador del rito
escocés, par de Francia, etc., etc., con asistencia del ge­
neral conde de Fernig, general conde de Monthion, gene­
ral conde de Cavaignac, eonde Luis Decazes; en una pala­
bra, de toda la grandeza del Supremo Consejo y todo el
Kstado mayor de la orden, al toque de llamada y tropa se
encontró en el cepo de los pobres una medalla (moneda
tuerte) de peso de 35 francos y 85 céntimos de franco en
menudo (1).
Y díganme si no se ha de ir muy lejos por este camino,
sí no han de causar admiración los inauditos portentos de
la fraternidad masónica.

Por todo lo expuesto y mucho más que pasamos por alto,


en el tribunal de la historia y del sentido común son mira­
das con el más soberano desprecio esas faramallas, alhara­
cas y baladronadas de la beneficencia sectaria. Como jui­
ciosamente razona Amando Neut, «una institución esen­
cialmente filantrópica, dedicada por voto al consuelo de
tifias las desdichas de la humanidad afligida, si de tan buen
corazón es llevada y tan loables propósitos la animan ¿por
qué exige juramentos sobre juramentos de discreción y si­
gilo? en realidad esta conducta repugna al intento.» Y lo
que dice con su genial cordura el protestante Eckert:
«¿Dónde aparecen esas liberalidades y esos actos de gene­
rosidad de alguna cuantía? Lo que se ve, está limitado por
una corta raya, y aun eso poco lejos de revestir importancia
general, se circunscribe al radio de alguna localidad. Mas
pasando por todo, aun en esta suposición daña al pretendido
objeto el carácter misterioso de la organización masónica,
pues es visible que una asociación exclusivista y secreta
ahuyenta la cooperación general, se priva del estímulo del
ejemplo y con las condiciones onerosas y molestas de admi­
sión retrae de entrar en la participación de buenas obras.

(1) U Qlobe, t. III, p. 51.


Con más severa justicia los azota y pone en razón el be­
nemérito P. G-yr, en esta forma contundente: «Ya que in­
dividualmente no hagan cosa de provecho, muéstrennos
siquiera las instituciones filantrópicas á, ellos debidas. ¿Dón­
de están los hospicios ó los hospitales que pueden reclamar
por suyos? ¿dónde sus escuelas gratuitas? ¿dónde sus casas
de asilo para la infancia? ¿dónde sus asociaciones dignas de
figurar al lado del instituto de las Hermanas de la Caridad?
Rastreo por todas partes y no encuentro más que la nada.
Aunque me engaño, Los masones belgas tienen una insti­
tución á la que profesan el más tierno cariño, y es la uni­
versidad libre de Bruselas. Pero como las cotizaciones ó
colectas de las logias no alcancen á sufragar los gastos de
ellas, meten á saco las cajas de la provincia y del distrito,
verificándose así, para colmo de escarnio, que los contribu­
yentes enemigos de las logias se vean forzados á sostener
eon su dinero una institución que detestan.» ¡Ay P, Gyrde
mi alma! dése su merced una vuelta por todas las naciones
cultas del orbe, y en la mayor parte le quemará la sangre
esa insolente mofa, esa tropelía, esa extorsión y latrocinio
de la banda facinerosa.

En resumidas cuentas: l.° La beneficencia masónica es


pura chachara; 2.° ¿Por qué se esconden, si para practicarla
se congregan? 3.° ¿Por qué hostigan y persiguen á los que
francamente á ella se dedican? 4.° Cuando por campanada
de vacante les da gana de repartir, eso sí con mucho bom­
bo, unos cuantos reales ¿todo ha de ser para los masones
necesitados? ¿qué, los demás no son prójimos, hijos del dios
bueno ó malo que sean, según ellos charlan? 5." ¿Por qué
en la distribución de sus favores no se acompañan con los
profanos, que les enseñarían á ser garbosos, dado que la ca­
ridad es precioso lazo de las almas? 6.° Por fuerza aquí hay
gato encerrado, 7.” ¡Qué alcornoques los que creen en tal
beneficencia!
Ahora lo que de Alemania refiere Eckert, de Francia y
Bélgica testifican Neut y Gyr, entiéndase de toda Europa,
entiéndase de las cinco partes del globo; porque la maso­
nería es una, según definición de infalibilidad masónica,
¡nía en el sentido más riguroso y perfecto de la palabra;
■/nía. semejante, paliforme, igual, idéntica por unidad de
principios, máximas, organización, régimen, prácticas, cos­
tumbres, vicios y maleficencia.
Luego, allá va la conclusión final: la beneficencia no es
fin de la masonería ni Cristo que lo fundó.

KIj f in d e l a m a s o n e r ía no e s l a f il o s o f ía n i e l c u l t iv o

DE LAS CIENCIAS T .L A S ARTES

Esa filosofía á no dudarlo ha de campear en los libros de


ios inmortales patriarcas y maestros, los Spinozas, los L a-
mettrie, los Helvecios, los Diderot, los d’Alembert, los Yol-
taires, los Kant, los Lessing, los Fichtes, los Krauses, los
Oousin, los Renán, etc., etc. ¿y quién no tiene noticia de
erróneo, disparatado, impío, inmoral y antisocial de las
u;orías de estas buenas piezas? Pero vaya eon Dios: ¿eso se
estudió ó se enseña en la logia? Ni eso. ¿Por dónde si no,
-iidan trasconsejados esos flamantes filósofos que ni con sa­
buesos se levanta la caza, ni con telescopio se los divisa en
' I firmamento de la sabiduría? Porque de ser aquel el pru-
vito y suspiro de la masonería, masón tanto valdría como
'■lósofo, y ¿qué fuera el humano linaje con diez millones de
filósofos, cuantos son los masones? Ni habría cobertera que
los encubriese, ni en estrepitosos efectos equivaldrían cua­
tro diluvios á la inundación arrasadora. Pero no hay miedo:
ún negar, que fuera mala crianza, que por desgracia mili*
tea en las filas de la congregación hombres de ciencia, lite­
ratos, artistas, políticos, estadistas, ganado de todas pro­
fesiones y oficios, y hasta unos cuantos filósofos, bien que
de los de la cáscara amarga, la universalidad de los her­
manos ¡pobretes! son tan filósofos como mi perro de lanas,
y discurren por misericordia de Dios, porque eon el alma se
les metió la pensadora ó discurridora en el cuerpo. Sin em­
bargo forzoso es confesar en justicia, que si de filósofos no
tienen ni el negro de la uña, son duchos eso sí en practicar
las doctrinas de sus maestros, en darles tomo y realidad en
ei comercio social, inconscientes jornaleros de la idea, ins­
trumentos brutos de sus capataces; al modo del que sin sa­
ber palote de química con el mayor desparpajo propina, al
mandato de quien puede, una poción química ó agua to/fci­
ña, que en castellano se dice dar jicarazo, al más guapo; de
la misma suerte que otro sin ser cirujano ni tan siquiera ma­
tarife, eon no vista limpieza y maestría puñal en mano abre
un ojal en la carótida al más pintado, según nos amonesta
la historia del desdichado Rossi. A este talle esos sin enten­
der borrón de filosofía, la ejercitan á las mil maravillas, y
de no conocerla ni de vista no se tienen los infelices la
culpa, sino los malos textos con que los desasnan: vamos,
si en vez de Ragon con las raposerías y chavacanadas de
su Curso -filosófico los aleccionase un Castelar, aprende­
rían siquiera el C o s m o s y á desbarrar con algún salero.
En resumen, que ni la miel se hizo para la boca del asno,
ni la filosofía para el vulgo y morralla de los talleres.*. Se
sigue de ahí: ¿cómo puede ser el fin sumo de la masonería?
¿Dónde se acurruca esa plaga de filósofos? ¿dónde brillan
las producciones de esos talentos y saber filosófico? De más
á más que esa escuela filosófica por natural impulso á la co­
mún ilustración de los pueblos habría de dirigirse; pero á
este resultado se opone el misterio de la enseñanza, y ade­
más aún vencida esta barrera y desparramados los rayos
de luz por todos los ámbitos, á otro ulterior propósito con­
forme á las leyes del humano obrar miraría aquella ilustra­
ción popular, y en él necesariamente se constituiría el fin
último y no en la ilustración, que serviría sólo de medio
próximo, y aun menos en la filosofía, que sería el medio
remoto.
Mas ya, en el cultivo de las ciencias y las artes, es donde
á buen seguro se han de ostentar ios timbres de la instruc­
ción sectaria.
¡Ca! Como no estudien con otro maestro que no sea Ra­
gon y por texto no tengan más que las payasadas astronó­
micas, físicas, mitológicas, históricas, bíblicas, arquitectó­
nicas, fisiológicas y geométricas de Ragon, bien pueden
desojarse los crédulos alumnos, que será perder el aceite y
la paciencia. Con algunas excepciones sin embargo, que de
buena fe hemos de señalar; porque algo de gimnasia de sa­
lón se aprende con los pasos, trancos y contorsiones de
ciertos grados; algo de esgrima con el fjereicio de la bóve­
da de acero y el manejo del puñal; algo de fisiología prác­
tica en las sesiones andróginas á puerta cerrada, y algo, y
se van haciendo muchos algos, de geometría en el paso pa-
ládico en que la fulana saliendo de una tina llena de agua
ñgura escapar del diluvio en cueros vivos y en los mismos
- xpuesta á la devoción de los hermanos, va el Presi­
dente y le traza dos triángulos desde los pechos al
ombligo (1), si hubiésemos de prestar crédito al embustero
Taxil.
Con su lenguaje reposado de costumbre se pone el pro­
testante de marras, el buen Eckert, á argüir á la cofradía,
<le que es mentida su afición á las artes y ciencias, dicien­
do: «Hoy en día hasta los que son incapaces de medir su
profundidad, miran eon estima la ciencia. Si antes de popu­
larizar sus secretos, quiere la ccfradía de antemano dispo-
iier á la humanidad ¿por qué no abre de par en par las
puertas del santuario de las ciencias, puesto que aHí nada
se enseña, según jura y perjura, contrario á la moral, á la
religión ni á la economía social? Fuera éste el medio más
expedito de facilitar la ilustración... Niego la cacareada in­
fluencia de la francmasonería en el progreso de las artes y
ciencias. Allanados desde antes los caminos, el desenvolvi­
miento de ellas debe atribuirse á la naturaleza de las cosas
y á las circunstancias generales de la época. Si los adelan­
tos fueron más rápidos y extensos, este efecto no es de
adscribirse á la secta, sino á la propagación de la imprenta,
á las instituciones universitarias y sabias que el recto sen­
tir y la piedad de la nobleza y el clero á gran costa habían
levantado. Mucho más cuando en ningún paraje hallamos
á las logias metidas en honduras de ciencias y artes. La
arquitectura misma, el arte que hoy mismo sigue prove­
yendo de símbolos á la orden, yacía en lastimosa decaden­
cia hasta menos hace de treinta años.» El autor escribía
eu 1854.

(1) En el grado de la Caballeaesa de la Paloma.


MASONERÍA. T. I 9
¿Se obstinarían aún en hacer vanidoso alarde de amor y
aplicación á la ciencia y al arte? Véase como en sus propias
trincheras del profundo y tenebroso misterio los acomete y
arrolla quien menos ellos se percataran, el celebérrimo
Knigge, por nombre de guerra Filón, el sagacísimo y habi­
lísimo Knigge, el brazo derecho, inteligencia, manos y pies
de Weishaupt, el verdadero y gran iluminador de la maso­
nería universal, alegado por Eckert: «En nuestra época es
por demás ocultar tras la cortina del misterio ninguna en -
señanza. Coa tanta claridad luce la religión cristiana, tan
cumplidamente llena todos los deseos, que para nada nece­
sita, como las religiones paganas tenían por ley, ni embozo
en sus declaraciones, ni dos doctrinas diversas, ni cátedras
dobles. En ciencias los descubrimientos modernos anuncian
la luz por el bien de la humanidad, á ñn de que todas las
personas de capacidad puedan examinarlos y dar su voto.
De balde se empeñan algunos en acelerar la era en que los
hombres alcancen una perfecta ilustración, pues nunca lo­
grarán su intento; y aun suponiéndolos capaces de conse­
guirlo, obligados estarían á dar publicidad á sus trabajos;
obligación tanto más imperiosa, cuanto así los hombres sen­
satos de todos los países y lugares se pondrían al corriente
y en estado de poder dictaminar sobre la misión de esos
apóstoles y sobre el valor intrínseco de la doctrina por ellos
preconizada. Con la publicidad sería dable fallar si la tal
enseñanza es acomodada para ilustrar la mente, ó si la mo­
neda echada á la circulación no es de más baja ley que la
que se desecha.»
Lo cual es decir en plata, que por la severísima prescrip­
ción del secreto la orden por sí imposibilita para favorecer
el adelantamiento de las ciencias y las artes y hace im­
practicable la difusión de las luces. Además la experiencia
nos pone al tanto de que por ningún lado asoma la acción
ó influencia bienhechora de las logias en la instrucción, y el
inevitable trato con masones nos hace observar eon risa,
que esos salen de las cavernas de Hiram tan ignorantes,
tan zaños y zopencos como entraron.
En consecuencia ¿cómo puede ser fin de la masonería ni
de ningún instituto un fin para el cual no se adoptan
los medios conducentes, un ña imposible de obtenerse,
un fin que nunca se ha conseguido ni ha de conseguirse
jamás?

TAMPOCO ES FIN DE L i MASONERÍA LA MORAL Y LA PRACTICA


DE LAS VIRTUDES

Sólo por guasa pudieron «insertar esa barbaridad en sus


constituciones, y los más ladinos después siguieron eon la
broma adelante. Si esos truhanes como propio é indudable
íin suyo, si bien mediato, predicasen la inmoralidad y co ­
rrupción universal, estaríamos conformes; y que en hecho
de verdad así sea, en blaneo y en negro hemos de probarlo
*1 escudriñar las doctrinas y prácticas de la sociedad. Ni
darán la lata á ningún hombre de juicio con la fantasma-
;i:oría de la moral universal ó independiente, de que ellos
ranto se pagan y eon que quiebran los ojos á los babiecas;
pues cosa averiguada es que la tal moral es cero moral, se-
}vm en dicho lugar hemos de poner en limpio.

NI SON FIN DE LA SECTA LOS SOCORROS MUTUOS

¡Soeorros mutuos! buena añagaza y espejismo de inocen­


tes y palomas sin hiel. Ya se sabe como trata á los pobres,
á puntapiés: también nos consta del monto de las recauda­
ciones en logia, cuando del cepo de los pobres no escamo­
tean las medallas} si cae alguna. Que en ocasiones por
honor á los tres puntos.*, tuercen la vara de la justicia en
juntos judiciales, convenido: que en el reparto de empleos
6 prebendas políticas y administrativas, por encima del
mérito se tiene en consideración el soborno de la fraterni -
dad.-., es también innegable; como que en semejantes cir­
cunstancias el favor no alarma á la bolsa, no se distribuyen
las gracias sin su cuenta y razón sobreentendida, y á esta
causa al sujeto reconocido inútil se le deja toeando tabletas,
Pero ¿cuándo un masón de su peculio ha restaurado el cré­
dito de la hermandad? ¿cuándo le arrimó el hombro á otro
próximo á arruinarse en algún negocio? ¿cuándo la opulen­
ta cofradía de su caja secreta ha sacado ni un décimo
para alguna obra de misericordia parecida? No se cuentan
ejemplos de esta prodigalidad. En cambio son sinnúmero
los casos iguales á uno referido por el P. Gyr.
«Un masón, dice, de fama europea y cuyo nombre se
inscribirá en los anales de la historia; un masón que con
ocasión de sus elevados puestos en la secta y la política
hubo de criar agradecidos y agenciarse protectores; un ma­
són que si á talentos y méritos va, es saludado como uno
de los príncipes en la poesía y literatura contemporánea,
Lamartine en ñn, en vez de hallar en las logias y capítulos
los fondos necesarios para reparar los quebrantos de su ha­
cienda, se vió en la precisión de hacer un llamamiento á la
caridad profana.» Y es que le juzgaron incapacitado de
pagar con usura los servicios que se le prestasen, y le deja­
ron plantado en el arroyo. ¿Quién le mandó embarcarse
con gente tan egoísta y desalmada? y una vez embarcado
¿por qué no corría con los ladrones, cuando á robar to­
caban?
Con que los socorros mutuos....... Pero si de cosa tan lla­
na se trata ¿á qué vienen tantos juramentos y secreto tan
impenetrable? Si algún asunto demanda mucha luz y juego
limpio, es éste. Sin tantas andróminas ni tapujos todos los
días se forman sociedades cooperativas mutualistas de todas
especies y colores, muy beneficiosas para sus miembros al­
gunas. Esto por una parte: por otra los hechos hablan y dan
el más redondo mentís á nuestra secreta cuadrilla. En la
cual se pasa la vida en conjuras, intrigas y revoluciones, en
comer carne y bienes de cura, en persecutas de frailes y
monjas, reniegos y blasfemias, parodias sacrilegas, ense­
ñanzas ateas, desmoralización sistemática; nada de libros
de cuentas, ni intereses simples ó compuestos, ni inversión
de fondos, ni justificación de gastos, ni industrias ó negó-
c ío b productivos, ni mucho menos dividendos á los socios, Y
si no ¡muérete y verásI quiero decir, echa tu dinero en ese
pozairon y no lo volverás á ver; ó en algún apuro reclama
el beneficio d éla fraternal empresa, y el h.\ experto ó
el h.\ vigilante cuidará de medir la distancia de ti á él eon
su pierna extendida armada de bota y la punta de ésta ágil­
mente arrimada á tu persona en salva la parte por iusol-
vente, cócora y pobretón, y la logia ¡desgraciado de ti! la
logia te radiará, te echará á dormir, más que el hambre
te tenga muy despabilado, y aquífinis massonis. Nos cons­
ta, y si duro de cascos no lo crees ¡muérete y verás!
Luego.... luego.... la música anda por dentro y los di­
neros por lo alto, sin esperanzas de que nunca bajen á los
pisos inferiores.
¡Qué mutualismo!

LA POLÍTICA

Enhorabuena que las Constituciones no traigan como ob­


jeto peculiar de la hermandad el mutualismo, bien que el
propagar la idea por vía de celo y reclutamiento en cuidado
se lo tenga. Pero tampoco allí comparece en tal calidad la
política, y sin embargo no vacilamos en avanzarla siguien­
te proposición:
CAPÍTULO VIII

Fin de la masonería es !a política, pero no último.— Las


Constituciones y reglamentos masónicos prohíben la política.—
Los contradicen de palabra y por obra los principales farautes, y
depone á favor de éstos la historia.— La gran cobertera de la po­
lítica,— Deshace el engaño ia palabra de León XIII con el apoyo
de los hechos.— Consecuencia.

a masonería trata de política ó interviene en


ella? No, señor; 6 lo que da lo mismo: sí, se­
ñor. ¿Cómo, lo mismo da? ¿no riñen á muerte
el sí y el no? Entre el mezquino vulgo de hom­
bres de corazón sano, rectas intenciones y pa­
labra franca, el sí y el no juntos se destruyen; allá se las
avengan esos quijotes profanos, perpetuamente esclavos de
la verdad, el pundonor, la lealtad y la honradez, que no
saben donde tienen los ojos. Pero en el mando masónico,
que es mundo de encantamientos y maravillas, en la escue­
la de la filosofía y del progreso, en la universidad de las
ciencias y las artes, en el teatro de la moral y todas las
virtudes, allí se concilia lo contradictorio, se hermanan los
elementos por naturaleza más enemigos, lo mismo importa
el sí que el no, y por esto á los educandos se les enseña á
decir sobre lo mismo unas veces no y otras sí, pues con la
misma boca se pronuncian el sí y el no, y á cuenta de los
masones hubo de inventarse el dicho: para quien no tiene
vergüenza todo el campo es suyo. A convencernos.
Constitución escocesa decretada en la Asamblea general
de Lausana, 1875, Principios.— «4.° Se prohíbe en los ta­
lleres (inclusos -por consiguiente los areopagos, capítu­
los, etc.) cualquiera discusión política ó religiosa.»
Constitución ó Estatutos llamados primitivos (de las ca­
ras prendas Payne, Anderson y compinches) al cap. se­
gundo de los Beberes .— «El masón donde quiera que tra­
baje ó viva, es súbdito pacífico del poder civil: jamás debe
inmiscuirse en conjuraciones ó conspiraciones contra la paz
y prosperidad de la nación ni desobedecer á la autoridad
inmediata... Sed fieles á vuestro Rey y Señor. Y no bas­
ta con huir de conjuraciones y traiciones, sino debéis de­
nunciar al Rey ó á la Asamblea á quien sepáis estar com­
plicado en asuntos de alta traición.» Y en el cap. IV de los
citados Deberes: «No debe traspasar el umbral de la logia
ninguna reyerta ó disputa de nación, familia, religión ó p o­
lítica.» ¡Qué buenos muchachos esos inglesotes! con razón
los canonizaba y ponía por ellos las manos en la lumbre el
P. Barruel. Aunque para mí nuestro buen maestro debió de
morir con las manos quemadas.
«En 1792 la logia de Clarence, Londres, acordó no con­
sentir en sus reuniones ninguna plática sobre la revolución
írancesa, por cuanto una de las leyes fundamentales de la
orden veda cualquier discusión política ó religiosa.»
«En su esfera respeta las opiniones políticas de cualquie­
ra de sus miembros, proscribe la discusión en materia po­
lítica que tienda á criticar los actos de la autoridad civil ó
las diferentes formas de gobierno.» (Const., art. 2). «R e­
cuerda (la orden) á sus adeptos que una de sus primeras
obligaciones á fuer de masones es el respeto á las leyes del
pais en que moran.» (Ibid.).
«La mas.*., dice el Gr.\ M.\ Murat, sabiamente destie-
rra las discusiones políticas.y
«Hay compromiso de no hablar ni tratar nunca en las lo­
gias ni en los comités de cosas políticas .» (Estat. de la L .\
nacional suiza).
«Las constituciones mm.\ de todos los países cierran las
logias á las cuestiones politicas} ó sea aquellas en que se
discurre sobre los actos políticos ó administrativos del g o­
bierno bajo el cual viven: medida loable, por cuanto se pro­
pone evitar conflictos con los poderes profanos que los tole­
ran 6 autorizan, y sofocar cualquier cizaña entre los hh, •.
mismos, los cuales por motivo de tolerancia están estrecha­
dos á respetar las opiniones ajenas en punto á religión ó
¡política, pues sabido es cuanto enardecen los ánimos seme­
jantes rencillas. (Hist. de las 3 GG. L L ., p, 147, H.\ R e­
bold).

Lo que de tan explícitas y rígidas protestas paladina­


mente se colige es por lo menos el horror que á la masone­
ría infunde la política.
Con que enterados: la secta no quiere tratos con la polí­
tica.
Mas son el mismo diablo esos granujas. Al oírlos expre­
sarse eon esos ascos y esa formalidad, se vería uno tentado
á tomarlos por personas y aún por hombres honrados. ¿Que
si quieres? Pasa... chiquita, pasa... ¿Las viste blancas?
Ahora las verás coloradas.
Rompe el fuego el trapacista de Rebold, el mismo que
con tanta fachenda y entono nos recomendaba la sobriedad
y abstinencia de la orden, y a por b se desdice tan fresco:
«Cuando va de por medio la libertad, la vida intelectual de
todo un pueblo, cuyos derechos son conculcados por el po *
der, entonces el deber del masón por sí mismo se intima: la
conciencia ciudadana y la verificación de los principios ma­
sónicos han de prevalecer sobre las restricciones reglamen­
tarias.» No son mal comodín los dichosos principios.
El h.\ Bertrand en representación de los GG.\ 00.*.
de Francia felicitando al gobierno republicano provisional:
«Bien que extraña en razón de sus Estatutos á las discu­
siones y luchas políticas la masonería, no ha sido en su ma­
no reprimir el ímpetu de su entusiasmo por este movimien­
to nacional y social... y no puede por menos de saludar
en el pabellón de Francia el triunfo de sus principios, con­
gratulándose de que la patria entera ha recibido la consa­
gración masónica.» Y vuelta con el comodín de los princi­
pios.
Y le contesta en nombre del Gobierno provisional el si­
niestro judiazo de Cremieux con estas razones: «Cierto que
la masonería no se deja arrastrar por la política; pero la
política levantada, la política de la humanidad ha hallado
siempre buena acogida en las logias... La República está
encerrada en la mas.’ , y hará lo mismo que la mas.*, ha­
ce.» [Qué bien se entienden esos compadres!
Con gran prosopopeya entre camándula y camándula el
matrero de Ragon desembucha todo el sistema de una bo­
canada: «Vedado está fijamente en las juntas ordinarias
hablar de religión ni de política. Mas tan admirable es la
organización de esta institución protectora de las concien­
cias elevadas, que sus grados religiosos hallan á la inte­
ligencia del iniciado, al par que las formas y la adminis­
tración de la orden hablan al espíritu político de todos
los hh.‘ . Las ideas que les sugieren son transportadas al
mundo como dechado ó tipo seguro y sagrado, á cuya nor­
ma se esfuerzan en mejorar ó destruir lo que confrontado
con el ejemplar aparece bueno ó malo en la esfera religió •
sao en la 'política.» Protectora de las ciencias eleva­
das... á cualquier cosa llaman chocolate esos masonetes.
Pero lo que hay aquí de más enjundia para un hombre de
tu tendederas, es lo del tipo seguro y sagrado, y lo de me­
jorar ó destrvÁr conforme á este tipo el orden religioso y
i'l político. Por ahí anda embozado el verdadero, positivo y
secreto fin de la maldecida hermandad.
Quien no tiene pelos en la lengua, y ronca fuerte, y tira
derechamente al bulto es el h.\ Veraeghen, que con acen­
to resoluto ex caihcdra como Gr. M. suelta al G.\ O.-, de
Bélgica esta andanada:
«Nos saldrán con que los Estatutos nos echan mordaza
[iara trabar razones sobre religión ó política. Este punto,
lili.-., es menester una vez por todas examinarlo seriamen­
te... Desde luego en mil ocasiones la mas.', ha atropella­
do esta restricción, puesto que activamente h a e n t r a d o e n
l a s l u c h a s p o l í t i c a s , y euando el triunfo de su causa con

aplauso general ha demostrado cuánto partido tiene en el


¡mis, ¿quién se atrevería á hacerle cargos? Esto fuera ca­
lumniar la historia, negar los inmensos servicios que
«<luella ha prestado. E l virtud délo cual facultados esta­
mos para exhortarla á que p k o s i g a e n e l m i s m o c a m i n o .
Ue hecho y en derecho razón tenemos para sacudir el yugo
del veto que la letra del precepto nos impone.
«Fuera de esto, si la mas.-, hubiera de ceñirse dentro del
angosto círculo en que se la acorrala ¿qué provecho traería
la vasta organización, el extraordinario desarrollo que se
le ha dado? Si de tal suerte hubiese empeño en limitarnos,
más valdría de una tez cerrar nuestros templos; modos
se nos ofrecerían 'por fu era de cooperar en la corta /He­
dida de nuestras fuerzas individuales. Lo que estoy di­
ciendo, cien veces lo he oido repetir á excelentes masones,
los más ilustrados, los más arrestados y decididos de to­
dos■. Yo no soy más que un eco, que en alta voz publico el
callado pensamiento de todos.
«Pierdan cuidado los que lamentan la infracción de un
artículo reglamentario. A l estudiar el pasado de nuestra
institución ¿no la contemplo como el asiduo vigía que ni por
un instante cesa de esplorar la derrota del bajel político?
¿No es ella la que ilumina la obscuridad de tempestuosa ce­
rrazón, el faro salvador que señala los arrecifes, el centine­
la que da el grito de alarma en los días de peligro? ¿No lo
testifica el cuadro de su historia? Siempre que ha sido me­
nester ¿no ha constituido ella el núcleo, el punto de apoyo
para hacer rostro á los embates del error y la mentira de
cualquier lado que sobrevengan? Y en la víspera de los com­
bates decisivos ¿se recogería indignamente en sus templos,
diciendo: ¡chitóní la política es terreno vedado para nos­
otros? La madre prolífica de innumerables hijos, la única
destinada á resolver el gran problema de los tiempos mo­
dernos, ya sabéis cuál es, se os ha manifestado por la subli­
midad de su esencia, por la pujanza invicta de su brazo;
es la masonería.»
Un masón, que toma la palabra por cuenta del Gr.\ O.-,
de Bélgica, viene interpretando así el razonamiento de Ve-
raeghen: «No se nos hace favor en darnos por hombres for­
males y animados de buenas intenciones, y nos dicen: No
pasaréis esta raya. HH.*. míos, queda resuelto y sentado
para siempre, que es no solamente derecho, sino deber es­
tricto de la mas.*, meterse en cosas políticas y religiosas,
porque de ello pende la realización de todas las teorías
fue tenemos entre manos.»
El H.\ Van Humbeck, uno de los borlados de la familia,
tira de contento la montera con este garbo: «En cuanto á
mlítica, todo lo que interesa a l H o m b r e , s u s necesidades,
derechos y deberes; todo lo que respecta á la S o c i e d a d , pa­
ra la cual nació el hombre, las buenas cualidades 6 los vi­
cios de la organización social, en lo pasado y en lo pre­
sente, en la región de los principios y en su aplicación á
las sociedades existentes, es del dominio de la masonería y
ile cada uno de sus alumnos. Es deber de cualquiera de
dios.»
El h.\ Grisar: «No pretendo traer á remolque al partido
liberal: el liberalismo seremos nosotros: nosotros seremos
*u pensamiento, su alma y vida, seremos él.» En efecto, la
historia contemporánea nos presenta al liberalismo belga
compenetrado, refundido y por completo embebido en la
secta.
El remache: el h.\ Gonnard, orador en la asamblea g e­
neral del G. \ 0 .\ francés en 1886:
«Hubo un tiempo, en que no por regla, sino por pura
formalidad, se declaraba que la mas.*, no trataba de reli­
gión ni de política. ¿Era eso hipocresía? No diré tanto. Ba­
jo los rigores de la ley y de la policía nos veíamos obliga­
o s á disimular lo que todos nosotros tenemos encargo de
hacer, ó mejor, lo único que nos incumbe hacer.— Sí, nos­
otros hacemos política.,, en todas nuestras asambleas ¿en
uué nos ocupamos sino en política, y de la mejor?— Quede
pues sentado, H H .’ ., que en la masonería nos ocupamos en
política, y que no nos pesa. Sí, la cuestión política y la so­
cial están en nuestro programa, y constituyen nuestro obje­
tivo, objetivo oficial. Ea, HH.*., sin falsa modestia, sin hi­
pocresía y sin restricción alguna cooperad á la misión polí­
tica y social de la masonería.»
La franqueza ante todo.

Acumularíamos citas tanto ó más significantes que las


acotadas, llegaríamos á fastidiarnos, y no agotaríamos el
raudal.

Resultado de nuestra excursión por los dominios bárba­


ros de Hiram.— 1. La mas.-, con el más brutal desprecio
de Reglamentos y Constituciones, empeñadamente y sin pa­
rar, como si sólo para ello hubiese venido al mundo, traba
ja en la política;
2. Fin de ella patentísimo es la política.
Este segundo estremo perentoriamente atestíguanlo y
conclúyenlo: a) esa su misma porfía en las empresas políti­
cas; b) su constante profesión ó pretensiones de redentora
social; c) la universalidad de sus miras y organización; d)
la naturaleza de sus principios, sólo por medio de la políti­
ca realizables; e) su cualidad de tipo seguro y sagrado que
lo ha de reglar todo en el orden político y en el religioso;
f) el ser derecho y deber de ella intervenir en la política,
según propias declaraciones; g) la historia.
Deteniéndonos un instante en este argumento histórico,
por lo que hace á Francia su historia es una cadena no inte­
rrumpida de intrusiones y hazañas masónicas en el campo
político: preparativos de la revolución bien llamada gran­
de, como lo es el abismo infernal, la Revolución por anto­
nomasia y madre de todas las modernas, los triunfos mili­
tares de la primera república exclusivamente reportados ó
en gran manera facilitados por las traiciones masónicas; el
más funesto revolucionario de los siglos, Napoleón, escogi­
do, levantado y protegido por la masonería, por ella más
tarde desamparado y sumido eu la nada; Carlos 10.° y
Luis 18.° por la misma encumbrados y luego vendidos; Luis
Felipe por sus hermanos sentado en el trono y por ellos á
puntapiés despedido; nueva república masónica, nuevo im­
perio por sus cuatro costados masónico, actual república
masónica.
Como frutos podridos y envenenados de la gran Revolu­
ción sectaria, señálanse en las demás naciones el ascendien­
te general por lo menos ó absoluta preponderancia á las ve­
ces de las ideas é instituciones masónicas, la personificación
de la Revolución en la masonería, la inspiración masónica
substituida en el régimen de los pueblos á los dictámenes de
la justicia y el patriotismo. Bajo este respeto, como jalo­
nes de la historia contemporánea, baste apuntar algunos he­
chos particulares: María Teresa y su hijo el rey sacristán
arrendados á la influencia ó guía masónica, masonería aus-
triaca propagada y dominada por la prusiana, diplomacia
i usa regentada por judíos, asesinato masónico delh.\ Gus­
tavo 3." de Suecia, envenenamiento masónico del h.\ Leo­
poldo de Austria, muerte violenta de Pablo de Rusia, secu*
larización y destrucción del antiguo imperio romano, Con­
greso de Viena y Santa Alianza, que no es santa, sistemas
bichos constitucionales, Carbonería y movimientos políticos
ea 1820, guerras polacas, constituciones liberales en las
Américas, revolución general de 1848 y república romana,
Palmerston y Mazzini, Juventudes mazzinianas, guerra de
Crimea y aislamiento del Austria, partido húngaro, Sadowa
v unidad alemana, paz de Yillafranca, imperio alemán, uni­
dad italiana, Kultui kampf generalizado, Internacional, anar­
quismo, socialismo, liberalismo en todos los grados-rey del
Kmndo. Estos son los anales de la política moderna, éste es
ea nuestra edad el proceso de la historia masónica.
Por lo que á España toca, gobernada desde los tiempos
(Id inepto Carlos 3.° por la secta, desde las Cortes de Cá­
diz hasta hoy la crónica política se confunde casi por ente­
ro con la masónica: se le asemeja Portugal: Bélgica por
higos años ha sido una de las principales ciudadelas del
u^sonismo,

Sin asomo de duda, fin de la masonería es la política. ¿Es


su fin iltimo? Tal lo da á entender algún magnate de la or­
den, y véase dónde y cómo.
Un profano anónimo, después de 1885 (1), en la casa
editorial de París Letouzey et Ané (2), publicó en dos to­
mos un libro encabezado con este largo título:
¡(Curso de masonería práctica.— Enseñanza superior de
francmasonería del rito escocés antiguo y'aceptado— Por el
poderosísimo Gran Comendador de uno de los Supremos
Consejos confederados en Lausana en 1875.— Edición sa­
grada exclusivamente dedicada á los masones regulares.»

O! Sólo por barruntos sacamos esta fecha, pues el pie de im­


prenta no trae ninguna.
(2) Son loa editores primeros de los H H .'. Tres Puntos de Ta-
xil, en 1885.
Es de advertir que el tal profano, bien intencionado al
parecer, por toda prenda de autenticidad alega algunos ca­
racteres internos del contenido. Este comprende el ritual
de los 33 grados propios del rito, su clasificación é inter­
pretación y la exposición concisa, clara y metódica de la
doctrina masónica. En el cap. II se lee lo siguiente:
«El ñn real de la masonería es doble.
«Etla se propone echar por tierra en todas partes, de
una manera definitiva y sin esperanza de que vuelva á res­
tablecerse, el régimen monárquico, que es la aborrecible
negación de la Libertad, Igualdad y Fraternidad.
«Se propone juntamente aplastar y anonadar en todas
partes el catolicismo, único sostén y único principio de la
realeza.»
Carece de malicia esta declaración para quien no está
avezado á desenredar las marañas y sofisterías de esta ca­
nalla.
Comienza con un embuste, asentando muy formal: «El
fin de la masonería es doble.» ¡Falso! Si hemos de estar á
sus propias expresiones, su fin es único.
En efecto, conforme al sentido obvio de la declaración,
resulta: Primero: La destrucción del catolicismo se reputa
medio necesario para la ruina de los tronos; segundo: Esta
se considera medio adecuado para el triunfo de la Libertad,
Igualdad y Fraternidad. Luego este es el verdadero fin úl­
timo, en sentir y términos precisos de nuestro Poderosísi­
mo Gran Comendador.
¿El tal fin es político? Nada menos. ¿Quién no está al tan­
to de la significación ambigua que hipócritamente al lema
de su bandera da la orden? ¿quién ignora que con arreglo al
lenguaje y á los hechos de ésta, la trinidad diabólica de Li­
bertad, Igualdad y Fraternidad se interpreta en el sentido
más amplio y radical imaginable, y está basada en la abso­
luta é ilimitada independencia de la razón y del hombre res­
pecto de cualquiera superioridad y potestad humana y divi'
na? Arriba tocamos el punto, y muy por extenso lo hemos
de explanar más adelante porque se liga íntimamente con la
esencia misma de la secta.
Por consiguiente ¿qué tiene de político ese fin fraseen-
dental, superior á toda política, aunque de ella se ayude y
necesite para realizarse? Táctica vieja es ciertamente de la
cofradía envolver con el socorrido manto de la política uno
de sus más hondos secretos, disfrazar sus más abomi­
nables designios; pero ¿qué se nos importa á nosotros si, ti­
rada á un lado la dolosa cubierta, hemos de sondear su ne­
gro corazón y echar en la plaza su oprobio?
Y 110 soltamos á nuestro Gran Comendador sin haber an­
tes sacado á la vergüenza otra infame superchería suya. ¿No
Mentaría el trapalón hacernos comulgar con ruedas de mo­
lino, insinuándonos en substancia que la masonería, toda
enfrascada en operaciones de distinta índole, apenas si de
refilón se acuerda de la Iglesia, puesto que traidoramente
relega en sus trazas á lugar secundario el aniquilamiento
<ld catolicismo como simple medio subordinado á la ruina
de los tronos? No hay tal: contra este trampantojo protestan
á voces las doctrinas, las insolentes confesiones, la historia
entera de la secta: la guerra sin tregua ni cuartel al catoli­
cismo no es medio auxiliar ó dependiente de ninguna empre­
sa política, sino fin principalísimo é inmediatamente relacio­
nado con el fia último por el cual vive y se desvive: el gri­
to de muerte á la religión divina descuella y ahoga los de­
más gritos en los talleres desde el primero hasta el último
¿■rado; disimulado é insidioso en los inferiores; franco, re­
sonante, rabioso y espantosamente blasfemo é imprecatorio
et- los otros, mayormente en los últimos. Y váyase norama­
la el Gran Comendador.
Mas insistiendo en nuestra demanda ¿sería lícito de algu-
ua manera aceptar la política por fin último de la mandiles-
ea familia? En riesgo estaría de picar en el anzuelo quien
livianamente prestase oido á las pérfidas frases de la tai­
mada, la eual, parte por celar sus más escondidos pro­
yectos, parte por esquivar importunas alarmas, todo lo re­
viste con los colores de la política; porque para ella, no ya
su congénito é inextinguible rencor á la potestad real, á la
honrada magistratura, á toda especie de instituciones y
fuerzas tutelares de los pueblos; no ya sus máximas y prác­
ticas regicidas, su axioma del derecho á la insurrección; no
ya su amartelamiento por las formas de gobierno más de­
magógicas, su decidida protección al socialismo y á la anar­
quía, su odio irreconciliable á las sanas tradiciones socia­
les, á la propiedad y á la familia; sino hasta lo que más
apretadamente está trabado eon la religión queda encerra­
do en la mezquina jurisdicción de la política. Política y na-
da más que política es al decir suyo el entronizamiento de
la razón y la más omnímoda independencia y endiosamien­
to de la humanidad; política la corrupción con todo géne­
ro de malas artes promovida y soltada á los mayores exce­
sos; política la inicua propaganda de irreligiosidad y ateís­
mo; política la secularización y tiránico monopolio de la en­
señanza; política la profanación y sacrilega parodia de los
Sacramentos; política el saqueo de los bienes eclesiástico?;
política el atropello y supresión de las familias religiosas y
caritativos institutos; política la desalmada abolición del
principado civil de la Santa Sede; política el bárbaro cau-
tiverio del Papa; política la opresión, servidumbre é in­
humana persecución de la Iglesia de Cristo; política el sis­
tema de tentativas enderezadas al exterminio del Papado y
de la misma Iglesia, al triunfo y soberano imperio de Sata­
nás sobre todas las naciones y tribus de la tierra.
Y á esto, haciendo la mamola al sentido común y escar­
neciendo á las víctimas de su saña, con su genial frescura
osa llamar de política.
Todos estos desafueros, tropelías, iniquidades y críme­
nes execrandos, para que nadie nos venga con tergiversa­
ciones, reclama ella por suyos y muy suyos, por obra maes­
tra de sus manos, los vindica como trofeos de su incesante
guerra antisocial y anticristiana, en ellos cifra sus más
preciados timbres de gloria en la moderna edad, llena de
ufanía los ostenta á la numerosa caterva de sus legionarios
■'pasivos, á la muchedumbre varia de sociedades tributarias
suyas, á las auxiliares de todas jerarquías y colores, á las
innúmeras huestes liberales con que tiene bloqueada la Igle­
sia en las cinco partes del orbe; y en la exaltación de su
orgullo poniéndoles delante los lisonjeros resultados de la
audacia y la malignidad sectaria, arenga á sus hordas y las
alienta á redoblar sus esfuerzos hasta alcanzar el blanco
misterioso, sólo á los más altos caudillos descubierto.
Quien incrédulo meneare la cabeza y tachare de excesiva
nuestra afirmación, derrame la vista en la colección de
programas é instrucciones, en que descubre la oreja la her­
mandad, en sus diarios y revistas, en los discursos de sus
oradores oficiales, en sus libros doctrinales y sus cróni­
cas, y fío que desechará cualquier duda y no nos buscará
ruidos.
Por no amontonar citas, ahí está entre cien el famoso
historiador francés, h.\ Enrique Martin, el cual con pleno
cimocimiento de causa regocijado exclama: «Lam as.-, es
cí instrumento general de la filosofía (la masónica) y el
laboratorio de la Revolución.» ¿Qaé cosa es la Revolución?
Responde por nosotros el conde de Maistre, y esto que des­
de entonces acá ha llovido mucho más, diciendo: «La Re­
volución es satánica:» como si dijéramos, es el infierno
suelto por alta permisión; es Satanás triscando á sus anchas
en el siglo. Ahí está además el insigne orador del Consejo
Supremo del rito escocés, quien á pesar del empeño de todo
buen masón en achicar sus cosas, no se muerde la lengua
para aseverar: «En el siglo X V III había candido tanto
por todas partes la mas.-., que puede asegurarse que de
entonces acá nada se ha hecho sin su consentimiento.» No
peca la frase de modesta, mas por desgracia no se puede
tildar de jactanciosa en demasía.
Ciertamente por la naturaleza de las cosas cualquiera
asociación destinada á operar sobre el cuerpo social, sea
con dañada ó con sana intención, forzosamente ha de hacer
recurso á la política, ni podía excusarse de esta necesidad
la masonería, toda vez que se vende por flamante restaura­
dora ó salvadora del humano linaje. Mas no se ha conten­
tado con hacer servir la política á sus respetables ideales;
sino que táctica muy vieja suya es envolver con el aleve
manto de la política su más hondo y espantable secreto,
más trascendental que todas las políticas, disfrazar sus
más detestables maquinaciones, muchas leguas distantes
de la política; socorrida farsa para dar el gran camelo á
los inocentes profanos y mantenerlos quedos y descuida­
dos, mientras ella fragua en la sombra sus tenebrosos com­
plots. Denuncian la estratagema hechos palmarios, estre-
MAaOMEBtA, T, I . — 1 0
pitosos y repetidos al talle de los recordados en diferentes
pasajes, y contra ellos nada valen la artificiosa palabre­
ría, ni fingidas protestas: so capa y á través de la polí­
tica los tiros van derechamente á lo vital de la socie­
dad, al corazón de la religión sobrenatural, de la Iglesia
divina.
No es la política, no, fin último de la masonería, puesto
que constituya uno de los más eficaees elementos de su
acción, además de servirle de antifaz y cómoda pantalla.
Stt fin último sube á otra esfera muy apartada del teatro
casero*, donde unos cuantos rufianes de esos llamados esta­
distas ó cosa así, por cualquier niñería arman quimera ó
tocan á degüello unos contra otros; este fin interesa á otros
personajes, á otros seres, á otra sociedad, á otras institu­
ciones, muy superiores á los pigmeos de por ahí, á esta
ratera soeiedad de pequeñeees é infamias, á las instituciones
que sirven de juguete á los chiquillos traviesos de la po~
lítica menuda. Presto hablaremos más claro y rasgaremos
velos.
Por lo pronto resumamos:
1.° Las Constituciones y Reglamentos masónicos orde­
nan: Nada, ni una palabra de política. 2. Los capataces
replican con la lengua, con la pluma y con la obra: Todo
por y para la política, 3. La historia confirma: Aquí todo,
hasta lo que no lo es ni por pienso, se colorea de política.
4. Los profanos lelos y aún algunos listos, cayendo en la
emboscada: Efectivamente la masonería es exclusivamente
política, y la calumnia quien otra cosa diga.
Los tres primeros asertos bien sentados quedan, victo­
riosamente refutado el cuarto. Con todo sobran testarudos
en nuestro bando mismo, para quienes las mañosas insi­
nuaciones de masones, masonizantes ó almas cándidas pre -
valecen sobre todas las razones y sobre todos los hechos:
para ellos en asuntos pertenecientes al dominio de la vista,
como los hechos y documentos; al dominio de la razón, como
las evidentes inducciones; lo que priva, se lleva la palma,
obscurece y anula todas las probanzas es el testimonio falsi­
ficado del oido, las arteras sugestiones de la tripunteada
cuadrilla. No tienen perdón de Dios semejantes católicos,
si de veras lo son, si con serlo han aprendido á reverenciar
cuanto de justicia se merecen las enseñanzas y admo­
niciones de los Pontífices, si han pasado los ojos por la
decretoria Encíclica — Rumamm genus— del esclarecido
León XXII.
¿Conque la masonería es política nada más y de ahí no
pasa? Pues abran bien los oídos nuestros desaconsejados
Hermanos, apliquen todas sus potencias y dispónganse á
enmendar su craso yerro. Comienza el sabio Pontífice por
abrir la escena y sacar á las tablas á la indómita canalla
m esta forma:
aDos amores levantaron dos ciudades: la terrena el
o mor de sí mismo hasta el desprecio de Dios; la celeste el
amor de Dios hasta, el desprecio 6,6 si mismo. (Aug. De
'■'mí. D d ). Durante toda la continuación de los siglos con^
tienden entre sí con varias y múltiples armas y estrategias,
bien que no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros
días los que favorecen al peor partido parecen conspirar á
«na y pelear con la mayor violencia, bajo la conducta y con
el auxilio de la sociedad que llaman de los Masones, exten­
samente dilatada y firmemente constituida. Sin disimular
ya sus intentos, audacísimamente se animan contra la ma­
jestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la
ruina de la Santa Iglesia, y esto con el propósito de des­
pojar, si pudiesen, por entero á los pueblos cristianos
de los beneficios que les granjeó Jesucristo Nuestro Sal­
vador.»
La perdición de la Santa Iglesia, la furibunda guerra á
los beneficios de la Redención divina, esto quiere y en este
empeño echa el alma la masonería. ¿Habrá valor para lla­
mar á esto política? O insensati Oalatae!
Más abajo enumera el Papa las condenaciones de la
Silia Apostólica eon gravísima pena de excomunión ful-
iniuadas contra la exicial institución, y de una palotada
pone ante los ojos su maligna índole, diciendo:
«La secta masónica constituida contra todo fuero y ho­
nestidad, no menos perniciosa al Estado que á la Religión
cristiana...» es decir, secta ante todo anticristiana, y no
menos antisocial.
¿A esos obcecados católicos también esto les sueoa á po­
lítica?
Ahora para mayor desengaño ¿desean los hombres de
buena fe conocer el último y principal de los intentos masó­
nicos? Oigan al Papa:
«De las certísimas señales mencionadas brota el último y
principal de los intentos de la secta, á saber, destruir de
cuajo todo el orden religioso y civil establecido por las ins­
tituciones cristianas y construir á su antojo otro eon fun­
damentos y leyes sacadas de las entrañas del Naturalis­
mo... Ahora es principio capital de los Naturalistas, como
su mismo nombre lo declara, que la naturaleza y razón hu­
mana ha de ser en todas cosas maestra y soberana absolu­
ta... Véase ahora el proceder de la secta masónica en lo
tocante á la religión, singularmente donde goza mayor li­
bertad de acción, y júzguese si es ó no verdad que todo su
ahinco pone en llevar á ejecución los fallos de los Natura­
listas. Mucho tiempo ha porfiadamente se trabaja en recha­
zar de la sociedad todo magisterio y autoridad de la Iglesia,
y al efecto se pregona y porfía deberse separar la Iglesia
y el Estado, excluyendo así de las leyes y administra­
ción de la cosa pública el salubérrimo influjo de la re­
ligión católica... Ni se contentan con prescindir de tan
buena guía como la Iglesia, sino que la persiguen como
enemigos y la dañan. Se permite en efecto combatir impu­
nemente de palabra, por escrito y en la enseñanza los fun­
damentos mismos de la religión católica; se pisotean los
derechos de la Iglesia, no se respetan las prerrogativas con
que Dios la dotó. Se reduce casi á nada su libertad de ac­
ción... Vemos además al Clero oprimido... los restos de
los bienes de la Iglesia sujetos á todo género de trabas
y gravámenes... las órdenes religiosas suprimidas y dis­
persas.
«Pero donde sobre todo se embravece la rabia de los ene­
migos es contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice.
Quitósele primero, con fingidos pretextos, el reino tempo­
ral, baluarte de su independencia y sus derechos... los fau­
tores de la secta proclaman abiertamente lo que en oculto
maduraron largo tiempo, á saber, que se ha de suprimir la
sagrada potestad de los Pontífices y de raiz se ha de arran­
car el Pontificado mismo por derecho divino instituido...
ser propia de los masones la resolución de vejar cuanto
puedan á los católicos con enemistad implacable sin descan­
sar, hasta ver hechas pedazos todas las instituciones reli­
giosas fundadas por los Papas.»
Y prosigue largamente el Vicario de Cristo estigmatizan­
do blasfemias y herejías, denunciando atentados de esa gen-
la proterva contra la Iglesia, eontra sus Sacramentos, con­
tra la moral, los principios de la razón, los derechos de la
soeiedad, contra todo lo respetable, salvífico, más augusto,
?.n el orden natural y en el divino; siendo muy de notar,
itara cerrar la puerta falsa de excusas, pretextos y villa­
nas interpretaciones, que el Padre, Maestro y Jerarca su-
■jiemo de la cristiandad, al señalar errores y maldades, al
formular cargos, al lanzar anatemas, en cuanto expone y
•ertiüca en todo el contexto de la Encíclica procede siem­
bre y sin falta apoyado en los dichos y actos de los masones
mismos: el Pontífice lo afirma; el Pontífice no miente.
Este nuestro discurso no tanto va endilgado contra los
uleptos y los hombres indiferentes, á quienes á toda ley
vencimos y maniatamos con nuestra precedente argumen­
tación, como contra los de nuestra misma casa desalumbra­
dos é ilusos. A éstos acosamos, preguntándoles por última
vez: Después de las solemnes testificaciones del Papa que
acabamos de apuntaros, si sois católicos ¿persistiréis toda­
vía en sostener que la masonería es única y exclusivamen­
te, ó mayormente política? Si tal fuese vuestra ceguedad y
einpedernimiento, escuchad lo que nos parece: ó no habéis
conocido nunca ni por el forro la Encíclica— Humanum ge­
mís— ¡extraño descuido! y os desdeñáis de echarle un vis­
tazo ¡descomedimiento inaudito, increíble menosprecio! ó ya
no entendéis ni el abecedario, ó habéis perdido la chaveta
siu remedio. A escoger, y no seáis deslenguados.
Consecuencias y exclusiones:
1. No es la beneficencia fin de la masonería, cuanto me­
nos último. Ni vestigio aparece de ella en los anales ó es­
tadísticas de los pueblos: no es ésta la madre del cordero.
2. Tampoco lo es el estudio de la filosofía, ni el cultivo
de las ciencias ó las artes. Cuando los masones desfachata­
damente invaden el campo filosófico, es para devastarlo y
sembrar en él maleza de errores y desvarios. Tocante á las
demás ciencias y á las artes, de sólo oirías nombrar la lo­
gia se queda con la boca abierta, porque no son visitas de
la casa.
3. ¿Los socorros mutuos? Soeorros que no estrujen el
bolsillo particular y á título de reembolso á plazo corto ó
largo, en una especie ú otra. De ninguna manera son fin
proporcionado para tanto tejemaneje y para tanta baraún­
da de negocios de la mayor importancia.
4. ¿La política? Brava palanca, poderoso instrumento de
la secta puesto en continuo juego; mas no es ella la señora
de sus pensamientos, ni en ella hace su parada final.
CAPÍTULO IX

F in supremo de la masonería, el satanismo.— Argumento


de autoridad; el Congreso antímasónico de Tren to.— Otra prue­
ba por partes.

üál es de una vez el fin supremo de la orden?


No ha de ofrecer dificultad la respuesta á
quien se hubiese fijado en la definición y des­
cripción más arriba propuesta, El ñn espe­
cifica la naturaleza de una sociedad y esta
naturaleza en la definición viene estampada. Decíamos allí:
la masonería es satánica. Satánico por consiguiente debe
de ser su fin. ¿En qué consiste este satanismo? En el triun­
fo de Satanás sobre el Dios verdadero, procurado por la
secta.
¿Cómo se demuestra la realidad de este fin satánico? Muy
sencillamente. La secta es maniquea por su origen gnósti-
co-maniqueo, por la historia de su propagación y desarro­
llo, por sus doctrinas y prácticas: bien asentados dejamos
estos extremos en nuestros Orígenes de la masonería. Por
maniqueismo se entiende la coexistencia y lucha de dos
principios adversos de las cosas, uno bueno y otro malo, el
l)ios verdadero y Satanás. Ahora bien, comienza la maso­
nería por trastrocar los términos, convirtiendo al Dios bue­
no, al único y verdadero Dios, en Dios malo, y á Satanás en
Dios bueno: luego despoja á aquel de sus inconmutables
atributos y real soberanía, le carga de todos los oprobios,
le hace guerra mortal como á Creador, como á Salvador, la
hace á su nombre y adoración, á sus fieles servidores; mien­
tras por el contrario enaltece al rey de los demonios, le
pide inspiraciones, ejecuta sus mandatos, promueve sus in­
tentos, se le rinde á guisa de vil esclavo y pugna por so­
juzgar bajo sus plantas la humanidad entera. ¿Esto no se
llama trabajar en pro de su gloria y reino universal?
Con gran sabiduría el Congreso antimasónico celebrado
en Trento, en cabeza de sus acuerdos y como base funda­
mental de los mismos, puso la siguiente declaración:
«La francmasonería es una secta religiosa (es decir, de
carácter religioso en buena ó mala parte) y maniquea, y la
última razón de sus secretos y misterios es el culto de Lu­
cifer ó Satanás adorado en las traslogias como el Dios bue­
no en oposición al Dios de los católicos, á quien los inicia­
dos blasfemos apellidan el Dios malo.»
f ¿Luego si la última razón de los secretos y misterios de la
masonería, ó digamos, lo sumo y extremo de ella, su.per­
fección y coronamiento, la síntesis y expresión de sus sen­
timientos se cifra en el culto y adoración de Satanás, inelu­
diblemente infiérese que su conato perseverante, su único
anhelo y colmo de sus ansias lo constituye el triunfo del án­
gel rebelde.
Este argumento general se descompone en dos y con todo
rigor á dos equivale. Uno es de autoridad y descansa en el
sufragio de los eminentes varones que después de concien­
zudas pesquisas votaron la declaración del Congreso anti -
masónieo. ¿Quién osará tener en menos este unánime fallo?
El otro argumento brota de las entrañas mismas de la
declaración y sin socorro extraño por sí se defiende. Tres
conceptos encierra: 1. La masonería es de carácter religio­
so; 2. Es maniquea; 3. Adoraá Satanás: los cuales una vez
convenientemente expuestos, de ellos espontáneamente se
desprende la conclusión. Vamos por partes.
I

L a masonería es religión á s u m o d o . — C on fesion es y cerem onias.


— C orolario.

Esta calificación emplea el Congreso antimasónico para


marcarla con este primer sello, para poner de relieve una
de sus notas esenciales. La beneficencia en su recto senti­
do, el estudio de ciencias y artes no existen en la masone­
ría; mal pueden caracterizarla. El mutualismo, supuesto, no
concedido, que se ejercite en su mayor amplitud, no pasaría
de ser cosa accidental en ella, no da cuenta cumplida de su
varia y extensísima acción, ni siquiera de su existencia. La
política misma que ella mantiene continuamente en juego,
por la calidad de ser medio, bien que imprescindible, pero
al cabo medio para ulteriores fines, no forma su distintivo,
110 explica su naturaleza ni su historia. Luego en su raiz no
es soeiedad benéfica, ni científica, ni mutualista, ni políti­
ca, sino sociedad netamente religiosa.
Efectivamente la masonería es una religión. En términos
formales lo pregonan las lumbreras del Arte Real. Salga el
primero á testificar el eximio Ragon:
El cual, «la masonería, dice, no es una religión al corte
de las que hoy se estilan. Anterior á ellas, es el principio
de toda religión, puesto que enseña la unidad de Dios d e­
nominado Gr.\ A.*, del U.*. Y de aquí no se pasa. Déjese á
la voluntad del iniciado la elección del culto que le acomode
tributar á este ser supremo,« (Cours phil. p. 128).
No tomando en consideración por el momento el desatino
de una masonería anterior á las demás religiones, de un
Dios que se desdeña ó no cuida de enseñar á sus clientes el
culto de su agrado, á riesgo de verse vilipendiado ó escar­
necido con fórmulas ó ceremonias indignas de su majestad,
y el jeroglífico del G-.*. A.\ del U .\, ciertamente el autor
sagrado ensalza la secta como la religión de las religiones.
Ni hay que hacerle caso por haber afirmado en la Introduc­
ción de este Curso filosófico: “La masonería no es una re­
ligión.» ¿Qué dices, Ragon de mis pecados?— El mismo se
explica y desdice más abajo, en la iniciación del Rosa-
Cruz, pág. 313, con estas palabras: «El primer hombre que
al contemplar el orden del universo, concluyó de ahí la exis­
tencia de un Dios, fué el bienhechor del mundo; mas el que
hizo hablar á este Dios, fué un impostor.» — [Ah! te entien­
do: por esto negabas que la masonería fuese religión, por
cuanto no admite habla de Dios, desprecia la revelación y
sólo consiente una religión puramente natural. No está mala
religión, aunque para nuestro intento son preciosas una y
otra confesión por lo francas. Mas ¿hacían falta? ¡Qué, si
los dos famosos libros, Curso y Ortodoxia, se reducen á un
amasijo de patrañas, blasfemias, negaciones é impiedades
vomitadas contra el verdadero Dios y Nuestro Redentor J e­
sucristo! Que así entienden la religión esos perdidos; pero
dando con esos mismos iracundos reniegos y maldiciones
clamoroso testimonio de que su única pesadilla y tormen­
to, la espada que traen sin cesar atravesada, es nuestra
religión santa, cuyo exterminio han jurado; á la cual por
todos los medios y caminos persiguen sin tregua; contra la
cual alzan bandera de otra falsa y abominable religión, y
por esta causa sólo de religión ó de asuntos con ella co­
nexos saben hablar en sus fórmulas, juramentos, símbolos y
ceremonias, en sus libros, discursos y programas, desde el
principio al fin; porque es el pensamiento que embarga su
alma, el veneno que sin cesar corroe sus visceras, el móvil
único de sus crímenes y empresas.
Eu esta persistencia de celo y rabia impía, en la obstina­
da propaganda de la religión nueva masónica compiten con
Ragon los demás comentadores sectarios, poniendo así de
realce, de suerte que á nadie quede el más mínimo reconco­
mio de duda, que la nota característica y la divisa propia
de la secta es la religión. Sobre este punto no se atreverá á
buen seguro á armarnos pleito el buen Rebold, el cual sin
el hinchado magisterio del doctor canónico, por sí se basta
y se sobra para disparatar de lo lindo á este tenor:
«La masonería, que es religión universal, comprende to­
das las demás y las une con el vínculo de lo que á todas es
común: no ha menester sacerdotes, porque cualquiera de
sus alumnos sin fatiga ni misterio la alcanza, tan sencilla es
aí par que sublime. Todos pueden y deben hacerse apósto­
l a suyos; desde luego para instruir á los faltos de conoci­
miento, y después para interpretar y aplicar á sí y á sus se­
mejantes las leyes que ella iDtima.» (Historia de las Tres
Grandes Logias, pág. 310).
Drseseke en su discurso pronunciado en la logia Ramo de
olivo, 1849, no se anda por las ramas de ese olivo y se va
derecho al tronco en tal conformidad:
«Ante todo nosotros juzgamos la masonería como una ins­
titución emanada de la divinidad... Nuestros símbolos no
son frívolos juguetes hechos para matar el tiempo ó para
entretener á chicuelos, sino los -vasos sagrados, en que el
sanio de los santos se guarda y expone á las miradas de
los iniciados... no son en sí el objeto representado} sino
alusiones y reminiscencias por medio de las cuales se exci­
ta la mente y se esfuerza por pasar de lo visible d lo invi­
sible, u
Daba también su brochazo en 1879 el h.\ Goblet d’Avie-
lia, uno de los sobresalientes de la cofradía belga y aún
europea, eon estas frases:
¿‘La masonería da muestra de que fuera de ser una filo­
sofía, la filosofía del progreso, es á la par una religión, la
religión del ideal... se asocia para dedicar templos al culto
que sobrevivirá á todos los cultos, por estar basada en la
coucepción progresiva de la naturaleza.»
El h.*. Bazot, secretario general del G .‘ . O.*, fran­
cés, en su Cuadro histórico, filosófico y moral de la ma­
sonería, es más rasgado y con más denuedo planta la
bandera:
«Nuestra religión, clama, es la religión natural, primi­
tiva, la religión única, universal é inmutable: esta es la
francmasonería.»
El b .’. Calógero Klein nos hace saber en su ritual (Gé-
nova, 1865, pág. 54) que en los Estados Unidos «la maso­
nería es la religión predilectas
El h.\ Pavia en el ritual del primer grado (Boma, 1874,
p. 36) pregunta, si la masonería es una religión, y res-
ponde:
«¿Cómo no?... es la más clara, la más sencilla délas
religiones, y cuidado en no confundirla con otras.»
Del grado del G-ran Pontífice, que es el 13, se lee en los
rituales:
«Este grado por entero está dedicado al Pontífice de la
religión universal y regenerada.»
Por fin, no hay en la confraternidad grado alguno, en que
más ó ménos detenidamente, de más cerca ó más léjos, con
más ó menos camándulas ó desvergüenza, no se saque á re­
lucir la religión con teorías, máximas, ó emblemas ó forma­
lidades impías, en que por fas ó por nefas no se aluda al
Dios sacrosanto para ultrajarle, á las cosas y personas
sagradas para arrastrarlas por el lodo, á la Iglesia para
calumniarla y llenarla de improperios, al falso Dios masó­
nico, que es demonio verdadero, para exaltarle y engran­
decerle.
Cargada de razón exclama la Cirnltá Oattolica (Vol. V2.
ser. 15, p. 545): «¿Cómo escatimar á esta sociedad su
carácter religioso, si lo predica con todos sus actos ofi­
ciales?
«El lugar de sus aquelarres es el templo y éste adornado
de altares, delante de los cuales se postran, oran, prestan
juramentos y oyen el sermón que con nombre de catecismo
les echa el oficiante. Demás del altar mayor levantan algu­
nas veces otros colaterales, el del holocausto por ejemplo,
ó el de los perfumes para ciertas iniciaciones distinguidas,
y doblan la rodilla delante de la efigie de la Verdad que á
veces es de carne y hueso vestida con traje de Diosa Razón
á la moda parisiense. En el templo se remedan el bautis­
mo, la confirmación, la confesión (estas dos las pasa en
blanco la Civiltá). la comunión con tortitas de pan dulce,
el matrimonio y las exequias por los difuntos. Los nuevos
templos se inauguran con ceremonias religiosas. En algu­
nas logias de mopsas se canta el Veni Creator contrahe­
cho y desfigurado, se inciensa como consagradas á la divi­
nidad á ciertas hermanas sostenidas en alto, púdicamente
cubiertas por todo vestido ó cendal con las insignias del
grado. E l h.\ Rosa - Cruz ejerce de sacerdote ó ministro
ordinario y reconoce por prelados suyos al Jefe del Taber­
náculo y al Gran Sacrificador, en las funciones rituales
ornado éste de mitra, asistido de ministros revestidos de
sobrepelliz y eBtola, Hermanos Levitas que los llaman.
Tienen además un Sumo Pontífice eon tantas ínfulas,
que mira sobre & hombro al Pontífice de la Santa Iglesia.
«Por prescripción ritual se inciensa al Bafomet, que es
una deforme estatua con cuernos, hoeico y miembros de
chivo, y para que nada falte, se dice la M isa... sí, porque
el remate de la iniciación del Rosa - Cruz es una Misa
celebrada por el iniciante eu una mesa, dígase altar, cu­
bierta de un mantel, y sobre éste colocados el pan y el
vino, contenido éste en una copa grande dicha el cáliz.
El celebrante, embroeada la planeta, hace ademán de con­
sagrar el pan y el vino y en seguida los distribuye d i-
ci&ndo: Comed y dad á los que tienen hambre; bebed y dad
á los que tienen sed. Y de esta suerte comulga á los concu­
rrentes.»

Hasta aquí la Giviltá.


¿No bastan los testimonios calificados que acabamos de
enhilar, sin los que nos dejamos en el tintero en obsequio
de la brevedad? ¿no bastan las acotaciones urgentes de
los ceremoniales para evidenciar, que la secta no sola­
mente está empapada de religión de punta á punta, sino
que en hecho de verdad es ante todo y sobre todo reli­
giosa?
¿Qué dirán á esto los fulleros taimados, qué los poco
advertidos que se empeñan en darle por exclusivo lema y
oficio la política? Si bien á los segundos aminora su culpa
su ignorancia supina de las interioridades sectarias, sin
limpiarlos empero de la nota de liviandad y precipitación
en sentenciar tan de plano.
ir

La masonería es maniquea.— Prueba íristóriaa.— Los libros ma­


són icos, Clavel, R a g o n ; grado de aprendiz, de elegidos, de kadoscli;
m artinism o; rito de M israim .

A pique de que á algunos pareciere trabajo oeioso la de­


mostración de la tesis, con todo refresquemos especies con
un ligero apunte de los orígenes de la pizmienta confrater­
nidad. Su principio cierto es la aguja magnética clavada en
el Norte maniqueo de ella, ó más claro, señala con toda
fijeza la fuente manantial de las doctrinas y principios que
constituyen su esencia, 1. La secta no es de ayer. El sis­
tema modernista, á capa y espada propugnado por antiguos
redactores de la Cwiltá Catíolica, se bambolea y derrum­
ba sobre el ruinoso fundamento de testificaciones masónicas
nulas: bueno que nos dé nuevas de la metódica organiza­
ción de la sociedad llevada á cabo por tres gandules en el
siglo X V IIL 2. El sistema sociniano en punto á revelacio­
nes nos deja á media miel, puesto que el socianismo, fruto
genuino de la protesta luterana, no haya sido mal castillo
roquero con su hipócrita deísmo y moral libertina para ba­
tir en brecha entre eierta gentualla la creencia católica y
despejar el camino al moderno naturalismo. 3. El sistema
templario nos aclara el horizonte por llevar en sus entra­
ñas el maniqueismo. 4. Este lo recibe Manés en sus brazos
de manos del gnosticismo judío. Y aquí nos plantamos, de­
jando bien sentada la secta en medio de los horrores del
maniqueismo, en cuyo vientre fué engendrada. Acuda
quien esté ganoso de seguir el hilo y coger los perfiles de
este interesantísimo asunto, acuda á nuestros Orígenes de
la masonería, que no le harán mal despacho y le henchirán
las medidas.

Mas ¿quién nos manda escarbar en los escombros de la


antigüedad, cuando la orden misma nos mete por los ojos
el monstruo maniqueo? Visitemos la primera logia con que
tropecemos, y al pisar el umbral hieren nuestra'vista dos
rollizas columnas que parecen sostener toda la mole del
templo, «las columnas Booz y Jakin, nos avisa Clavel,
aquel sublime masón excomulgado en la familia por el cri­
men de sú franqueza sin más, columnas que simbolizan las
dos falsos generadores (¡cochinos! aun no asamos y ya p rin ­
gamos) el uno de la luz, de la vida y del bien, el otro de
ias tinieblas, de la muerte y del mal, y entre los dos man­
tienen el mundo en equilibrio.»
«E q efecto, responde Ragon sin morderse la lengua, el
dogma de los dos principios figurado eon la alegoría de luz
y tinieblas, forma la entera substancia de la masonería, lo
mismo que de los antiguos misterios.» Y á tan voluntaria
confesión le pone esta contera:
«Las historias de Athis y Mithra, la lucha de Ormuz y
Ahrimanes, de Osiris y Tyfon, las de Cristo y Satanás
(7historias ó cuentos también estas ultimas! ¡Bandido!)
se reducen á la perpetua lid entre la luz y las tinieblas,
á la revolución del sol ( ¡deja el sol en paz, embrollón!). Ty-
fon significa serpiente y también árbol productor de manza­
nas, de donde tomó pie la narración judaica de la caida del
hombre (¿de ahí tomó p iel ¡bribonazo!) t Además Tyfon
quiere decir suplantador, para denotar la violencia de las
pasiones que expulsan de nuestro corazón las lecciones de
la. sabiduría. En sentido moral designa el orgullo , ambi­
ción, superstición, hipocresía, mentira, ignorancia, p r e ­
juicios} tinieblas del alma.» (Coursphil. p. 88, 101,121,
i:n , 174).
Esto de orgullo, superstición..., etc., léase fe, religión
sobrenatural y divina, catolicismo, Iglesia, sacerdocio
rjiíólico, etc., según los casos, y hemos subrayado aquellas
palabrejas para dar una muestra del capcioso dialecto ma­
sónico y poner en guardia á nuestros lectores una vez
para siempre, todas las que en escritos de masones ó de
masonizantes toparen con semejante lenguaje.
Comoquiera queda fijo y bien remachado, que tanto Ra­
gon como Clavel, las dos refulgentes lumbreras, el gran
doetor y el grande historiador, redondamente y de su bella
gracia admiten, enseñan y prohíjan en nombre de su madre
fementida el dogma del doble principio de Manés, uno
bueno y otro malo.

Vamos andando. En el acto de ascender el aprendiz á


compañero, pasa de Aplomada al nivel , de la columna Ja-
kin á Booz; ó bien en frase ingenua de Clavel el bueno, «de
la columna de las tinieblas, del mal principio, de la natura­
leza pasiva, á la columna de la luz, del buen principio, de
la naturaleza activa.« (Hist. pritt. p. 74 y 75). ¿Se puede
individualizar más?
En los grados de elegidos (elegido de los nueve, de P e -
rignan, de los guiñee, gran elegido) de cuya escala se
sortean los hombres de mayor confianza para arriesgadas
empresas, se arma al candidato de un puñal semejante,
dice el intérprete oficial ó canónico, al usado en los miste­
rios de Mithra, de hoja negra y mango ó puño blanco, en
representación de los dos principios contrapuestos. Con
Ragon se empareja en su Manual ó Relevador Willaume,
maestro de pro.
En la recepción del Kadosch, prosigue el doctor sagrado,
de manos á boca damos con la imprescindible alegoría de los
dos principios que se comparten ó desgarran el mundo, el
lien y el mal. Por esto al favorecido se le agracia con el
dictado de Caballero del águila llanca y negra} se le
vuelve á poner en la mano el puñal mithriaco, de que ya
se le había hecho don en las anteriores iniciaciones, y se le
dictan sus obligaciones desde un trono cuyo dosel ó pabellón
lo forman el águila blanquinegra y unos caídos ó cortinaje
de listas blancas y negras también, pendiente de las alas
del águila.
Ahora echemos cuentas y ponderemos, antes de prose­
guir vaciando los estantes de nuestra memoria. Conque
desde el grado de compañero se imbuye al neófito en el
dogma fundamental de los dos principios. Más por extenso
y con mayor claridad se abren los ojos al maestro , segán
en breve nos enteraremos. Con razón, sea dicho entre pa­
réntesis, aseguran los de la nefasta escuela que en los gra­
dos simbólicos se halla sumada ó recopilada la esencia de la
institución.
Los graves compromisos comienzan en los grados de ele-
siidos, y á esta causa no se descuida la secta en entregarles
como prenda de íntima confianza el emblema y recuerdo
vivo de la doctrina maniquea, de que jamás deben desasir-
ye, el puñal bicolor, instrumento de espantosas hazañas
masónicas.
Ni para aquí, sino que al conferir el altísimo grado 30,
de Gran Inquisidor, Grande Elegido, Caballero Kadosch ó
ilel Aguila blanca y negra, «término último, objeto real del
escocismo, neo plus ultra de la Masonería t e m p l a r í a , »
conforme al Retejador del Escocismo (Delaunay. París,
1321, p. 215); ó por certificación del maestro sagrado, »rc-
sfilien de la más sublime filosofía, c o m p l e m e n t o e s e n c i a l
j i f i u v e r d a d e r a . M a s o n e r í a , el nccplus ultra, destinado á
S lGn i í 'i c a r e l f i n d e l a M a s o n e r í a e n t o d o s su s grados,

el único de éstos de la masonería filosófica realmente dig-


de su objeto y de la ambición de un masón ilustrado,
eu que se le pregunta, con arreglo á la ridicula monserga,
al interesado por su edad, y él desenfadadamente y jactan­
cioso contesta que ya no llem cuenta en señal de haber
cumplido todos los plazos, y tampoco se ciñe el mandil,
porque ha consumado ya su obra; al conferir este grado
sumo, decimos, se vuelve á la carga, se remacha el clavo y
para siempre se renueva la profesión de la doctrina mani-
quea, acumulando en una sola ceremonia los símbolos del
águila, del puñal, del dosel blanquinegro y hasta el título
pomposo acordado á ese mortal distinguidísimo.
¿Decimos algo?— Y siguen las pruebas.

Por supuesto que esas serias mojigangas referidas, sim­


ples mojigangas para la chusma superficial é inerudita, pero
cosas muy serias por razón de su hondo y maligno significa­
do para sesudos entendedores, todas tienen su porqué, y
ese porqué se lo dan principalmente la masonería martinis-
ta y la cabalística. ¡Martinismo! Fué su verdadero funda­
dor el judío portugués Pascual Martínez, hombre de vida
misteriosa y novelesca, y su expositor é intérprete un dis-
MA SONERÍA. T. I . — 1 1
cípulo de Martínez, Saiut-Martin, meloso seductor, el más
redomado y perverso hipócrita de la tierra. El martinismo
no se dejó absorber ó cazaren el congreso de Wilhemsbad
por el iluminismo alemán, aunque siempre hizo con él bue­
nas migas; el martinismo era el odio personificado contra el
orden sacerdotal de la Iglesia y contra toda autoridad; el
martinismo era el extracto y espíritu sublimado de los prin­
cipios masónicos de impiedad, inmoralidad y anarquía lle­
vados á sus extremas consecuencias; el martinismo en el
siglo pasado era la guarida predilecta de los grandes perso­
najes, inspirador de José 2.° de Austria y Federico Guiller­
mo de Prusia; el martinismo, como escogido diamante, era
de los muy pocos, y sólo de corto número conocidos sus re­
montados misterios; el martinismo difundido en Alemania y
demás países extranjeros; desde su cuna, matriz y centro,
Lyon, á todas partes expedía reglamentos y sistemas, y por
ellos normaba y regía los actos de las logias; el martinis­
mo, en sentir del gran masón veterano conde de Haugwitz,
encerraba la clave de todos los acontecimientos de la R e­
volución francesa; el martinismo, por autorizado testimonio
del honradote y formalote masón Robison, formulado y ex -
planado en el texto magistral De los errores y la verdad,
parto de Saint-Martin, debe ser considerado como la Biblia
ó por lo menos el Talmud de la masonería francesa.
Pues bien, ese martinismo tan encumbrado, tan recón­
dito, tan trascendental, tan prestigioso, reverenciado, in­
fluyente y poderoso es netamente maniqueo. Ó.gase al Pa­
dre Barruel:
«Imagínese en primer lugar un ser primero, único, uni­
versal. causa de sí mismo y origen de todo principio. El
lector á buen seguro pensaría descubrir en esto aquel Dios,
que es el gran todo, ó un franco panteísmo. En efecto, este
es el primer ser de los martinistas; pero de este Dios gran
todo hacen ellos un dios doble, ó lo que es igual, dos gran­
des principios, uno bueno y otro malo... EL dios ó principio
bueno, aunque tenga de sí todo el poder, no puede formar
el mundo ni ningún ser corporal sin los medios del dios
malo. Del uno es propia la acción, del otro la reacción, y
sus combates forman el mundo: los cuerpos resultan de es­
tos combates del dios 6 principio bueno con el dios ó prin­
cipio malo.»
El artero y prepotente martinismo, informado del exe­
crable dogma de Manes al igual de las demás antiguas y
modernas ramas congéneres, transfundió el mismo virus en
las venas de la masonería novísima.

Idéntico maleficio debe ésta á la escuela cabalística, al


rito de Misraim o de Egipto, vasto é importante sistema
compuesto de 90 grados, los tres últimos reservados á su­
periores desconocidos, en que ni el mismo Ragon con todas
¡íUS insignias doctorales á cuestas fué digno de penetrar, y
cuyos miembros alegaban derechos al señorío universal de
i a secta. De él habla oficialmente el sacro intérprete en
este lenguaje encomiástico:
«Los santo y señas, sagradas consignas y signos de los
grados 87, 88, 89 y 90, ponen de relieve su fm, sublimi
dad, dogmas y moral. Quien llega á ahondar en el sentido
de sus emblemas y alegorías, recopiladas en el Arcana ar-
<‘anornm, bien posee casi t o d a l a c i e n c i a m a s ó n i c a .» Y
seguirán riéndose neciamente algunos de las estudiadas mo­
nadas y juglerías de las logias. «El grado 89 especialmente,
continúa, que e s e l m á s s o b p h e n d e n t e y s u b l i m e d e t o -
]>os, demanda á n i m o m u y v a l e r o s o , afinada pureza de cos­
tumbres (la de su inventor, por ejemplo, el cínico y repul­
sivo Cagliostro) y l a p e m á s d e c i d i d a . Cualquiera leve in­
discreción del iniciado es crimen qiie acarrea terribles
consecuencias (aquí del puñal blanquinegro).» ¡Asesinos!
Los cabalistas, pues, véase bajo la fe del maestro de ver­
dad P. Barruel, cómo opinan en las cosas divinas:
«Et Jehová de las logias cabalísticas ya no es el gran
Dios todo: es juntamente el dios Skamoro y el dios Sena -
mira; el primero trae á su lado á Sollak y el segundo á So-
h<(k. Léanse al revés estas célebres voces bárbaras de la
última letra á la primera, y de Sizamoro saldrá Qromazis
(Ormuz) ó el dios bueno, de Senamira A r imanes ó el dios
malo. Hágase á su vez lo mismo con Sollak y Sokak y re ­
sultarán Rallos, bueno, y ICalws, malo, voces tomadas del
griego. Dense á Oromazis por compañeros un enjambre de
genios 6 espíritus buenos eomo él y á Arimanes otros genios
que participan de su maldad, y se obtendrá el Jehová de
los francmasones de la cábala, esto es, el gran misterio de
la palabra hallada en las logias, y es la religión y culto
substituido al cristianismo.)? ¡Manés! [Manés! ¿se quiere
más claro? Y cuenta que este misra*smo, según autoridad
de Clavel el bueno, es escocismo, martinismo, masonería
hermética, las reformas añadidas en Francia y Alemania,
todo en una pieza, á fin de que ninguna escuela ó sistemase
queje, y ninguno finja escurrir el bulto al maniqueismo, ó
simule renegarle.
De ribete para acabar de despabilar los ojos á la gente
frívola, bueno será dar la continuación del P. Barruel á lo
dicho en este mismo lugar. \Atención!
«El iniciado, dice, no se ha de asustar de la compañía de
los genios malignos. Ha de creer firmemente que el peor
de ellos, el peor de esos entes que el vulgo (hablan los c a ­
nallas cabalistas) llama demonios, nunca hacen mala com­
pañía á los hombres. Es preciso también en muchas cir­
cunstancias anteponer la vista de los genios malos á los
buenos; porque muchas veces los buenos turban el sosiego,
alteran la fortuna y cuestan la vida, y otras muchas se
ve que á los malos ángeles se les deben muy grandes f a ­
vores. De cualquier parte que vengan esos genios ó demo­
nios, ellos solos son los que comunican al iniciado la cien­
cia de las cosas ocultas, y le harán profeta, etc. » Esto tras­
lada fielmente el P. Barruel del Telescopio de Zoroastro ,
libro oficial de la secta. Ahora ¿qué es esto? ¿es cábala, ma­
sonería, maniqueismo ó lo que se quiera decir, ó mejor, no
es escueto y descarado espiritismo? No se eche en saco roto
el apunte, porque á su tiempo saldrá á relucir y aprove­
chará.
III

Fábula d e Hiram,— Dala com pleta y la discute Saint-Albin: la dis­


cutim os nosotros y alargamos su significado.

p jr último, con la fábula de Hiram ó Leyenda masónica,


según la nombra el P. Daschamps, si es que en toda su in­
tegridad ó del principio al fin se ha de registrar en el te­
soro oficial de los misterios y doctrinas de la orden, mani­
fiéstase y patentízase la presencia y funcionamiento, no digo
del maniqueismOj sino del satanismo en la secta. Insinúase
'a tal leyenda en los grados de aprendiz y compañero: re­
látase al descubierto y eon apropiadas ceremonias repre­
séntase al vivo en la iniciación de maestro; mas solamente
un episodio ó retazo de ella, que si poco dar es para tanto
sigilo y bambolla á la vez, pero basta para abrir los ojos y
templar el ánimo del futuro ulaionista Ó ejecutor de las te­
rribles venganzas. Dicho episodio ó tal vez desenlace de la
fábula se reduce, extractando con el P. Deschamps, á los
términos siguientes:
Se ha de edificar un magnífico templo por manos de los
correspondientes aprendices, compañeros ú oficiales y maes­
tros. Al principal de éstos asesinan tres compañeros, em­
peñados ellos en arrancarle á viva fuerza la consigna ó pa -
labra espeeial de maestro, terco él en sn mutismo: es se­
pultado su cuerpo y con él la dichosa palabreja. Correrías
y diligencias para dar con uno y con otra. Júrase implacable
yengansa del crimen: no hay que levantar mano del templo
hasta su remate. Tal es la alegoría fundamental, quicio y
núcleo, observa el P. Daschamps, déla francmasonería y
demás sociedades secretas.
“¿Qué templo es ese, inquiere el mismo autor, quiénes
esos compañeros asesinos del maestro, y quién el maestro
mismo? Toda la filosofía de la historia contemporánea se re ­
concentra en la solución de estos problemas; ahí se cifran
todos los secretos de la masonería y demás sociedades de la,
misma laya; ahí se encierra la substancia de todos los g r a ­
dos, la clave de todos los misterios.
«Este templo, exclama, es el de la madre naturaleza.»
Es el templo de Satanás, corregimos nosotros conforme
al fin propio de la secta.
«El Dios á quien en él se rinde homenaje, es la misma
naturaleza.»
Ese Dios es Satanás, reponemos nosotros.
«Los compañeros asesinos á quienes urge perseguir y
esterminar, son la mentira ó superstición, la ambición Ó ti­
ranía, la ignorancia ó las preocupaciones, ó dígase, tradu­
ciendo con puntualidad la hipócrita fraseología, l a r e l i ­
g i ó n , LA CATÓLICA SOliRE TODO, LA MORAL Y TODA REGLA DE
LAS COSTUMBRES, LA MONARQUÍA Y CUALQUIERA AUTORIDAD,
, e tc., e l P a p a d o , en fin, y la sociedad además por
l a f a m il ia

sí misma y por cuanto es el resumen, centro y guardiana


de todos estos venerandos objetos que forman su contexto y
la sirven de base, á la cual por tanto irremediablemente
se ha de aniquilar para volver á la naturaleza;» ó llámese
según nuestra idea, al reino de Satanás sentado sobre el
dorso del paganismo y barrido por la obra regeneradora de
Jesucristo y su Iglesia.
Tiene miga, me parece, la famosa alegoría maestril, y no
es más que un rasguño. Pero más enjundia todavía encon­
traremos y un alcance que se pierde de vista, en el cuerpo
de la historia figurativa, de que no hemos traido más que
el recorte final. Hora es ya de trasladarla íntegra: veremos
después el partido que de ella sacamos acomodado á núes*
tro intento. Héla aquí religiosamente calcada de Saint-A l­
bín, escritor concienzudo, si los hay, y cuya o b r a f t ó
franc- macons et les sociétés secretes) en juicio contradic­
torio con la masonería ante el tribunal de la verdad fué co­
ronada con los laureles del triunío. Dice así la conseja
oriental:

«La celebridad de la sabiduría y obras monumentales de


Solimán Ben-Daoud (Salomón hijo de David) había cundi­
do hasta los extremos confines del orbe, y Balkis, reina de
Sabá, emprendió viaje á Jerusalén para hacer cortesía al
magnífico Rey y admirar las maravillas de su reino. Le
halló cubierto con ropaje de oro, sentado en un trono de ce­
dro revestido con planchas de oro y hollando con sus pies
un tapete recamado del mismo precioso metal.
«Su continente la hizo la impresión de una escultura de
oro con rostro y manos de maifil, cuando animándose la
ostatua y poniéndose en movimiento se adelantó al recibi­
miento de Balkis y la brindó asiento en aquel mismo trono,
cuyo resplandor habría deslumbrado á cualquier otro que no
fuera la Reina del Mediodía.
«Balkis, después de haber obsequiado á Solimán con ricos
presentes, le propuso tres enigmas. El sabio (que con este
sobrenombre se engrandece) de antemano por soborno del
sumo sacerdote de los Sabeos había tenido soplo de ellos y
encargado la interpretación á Sadoc, sumo sacerdote de los
Hebreos, y así incontinenti se los descifró á la Raina.
«Solimán pasea á ésta por el palacio mostrándole sus
magnificencias, y luego la conduce al templo que está le­
vantando á gloria del Dios de los Hebreos. Al llegar á los
cimientos del Altar, fíjanse los ojos de la Reina en una cepa
arrancada de la tierra y tirada por allí, y un ave maravi­
llosa, una abubilla llamada Hud-Hud, que por todas par­
tas la acompaña, con lastimeros chillidos la da á entender
t|ué cosa es aquel signo despreciado y el sacro depósito en­
cubierto bajo aquella tierra profanada por el orgullo de So-
liman.— Has elevado tu esplendor sobre la tumba de tus
padres, reconviene Balkis al Rey: esta cepa,., este leño
sagrado...— Lo mandé arrancar, interrumpe Solimán, para
alzar aquí nn altar de pórfido y madera de olivo, al cual han
de ornar cuatro serafines de oro.— Esta vid, replica ella,
fué plantada por Noé, tronco de tu raza, y sólo su impío
nieto pudo enfurecerse con esta cepa venerable. Sepas que
el postrer Príncipe de tu linaje será enclavado como un
malhechor en este leño que debió haber sido sagrado para
ti (1).

(I) De suerte que si Jesucristo murió en la cruz, no íué para


rescatar de la culpa al género humano, sino en pena del crimen
de Solimán ó Salomón.
“ En esto la Reina suriana eon el fuego de sus ojos ha he­
cho u q volcán el corazón del Rey, que semeja á uu servidor
Ó esclavo delante del señor de quien pende su vida; con lo
cual ella, si antes se sintió repelida por el orgullo de Soli­
mán, ya se mueve á piedad de ver que el amor le ha troca­
do en otro hombre, y gozosa de haber quebrantado aquel
pecho soberbio, accede á sus ruegos de tomarle por esposo.
«Pero sea que visite el palacio del Rey ó el templo dedi­
cado al honor del Dios de los Hebreos, ó que se pare delan­
te de cualquiera de las obras estupendas que han sublimado
el renombre de Solimán, al preguntar quién es el autor y
ejecutor de ellas, cada vez el Rey le contesta: «Es un tal
Adoniram, hombre raro é intratable, mandado por el buen
rey de los Tirios, Hiram.» Balkis solicita que le sea pre­
sentado, y Solimán se da maña por distraerla de semejante
empeño. Mas eomo la hace ver las columnas, las figuras de
animales y las estatuas de querubines; le enseña el trono
de marfil y oro colocado frente por frente del Altar, le habla
de un Mar de bronce que va á fundirse, la Reina pregunta:
¿Quién ha modelado estas columnas? ¿quién ha cincelado las
estatuas? ¿quién ha construido este trono? ¿quién va á fun­
dir ese Mar de bronce?» Y Solimán no puede menos de res*
ponder á cada pregunta: «Adoniram \» ya arde ella en de­
seos de conocerle, y Solimán por no desazonarla cede á sus
instancias, y ordena que traigan á Adoniram á su pre­
sencia.
«Nadie está al corriente ni siquiera de la patria de este
tétrico personaje ensalzado por su talento sobre todos los
hombres, á quienes mira con el más alto menosprecio, y con
razón vive como un ser extraño entre los hijos de Adán,
puesto que pertenece á otra estirpe muy diversa. Si la pri­
mera madre de aquellos lo fué también de Caín, Adán no
fué sino ayo de éste; porque como Eblis, el Angel de Luz,
no pudiera ver la hermosura de la primera mujer sin codi­
ciarla ¿había ella de haber resistido al amor de un Angel?
El alma de Caía, centella del Angel de la Luz, le daba infi­
nita ventaja sobre Abel, hijo de Adán, y con todo se mostró
bueno con Adán, á quien sirvió de báculo en su vejez cadu­
ca é impotente, bueno con Abel, cuyos primeros pasos gui5.
Mas Dios, celoso del genio comunicado por Eblis á Caín,
desterró á Adán y Eva del Paraíso para hacerles expiar á
ios dos y á toda su prole la flaqueza de ella.
«Adán y Eva aborrecían á Caíu, causa inculpable de la
cruel sentencia; la madre misma no tenía amor más que pa­
ra Abel, y engreído el corazón de éste por la injusta prefe­
rencia, pagaba á Caía el amor con menosprecio. Aclinia, su
hermana, unida con Caíu por lazo de mutuo cariño, vino á
sar la esposa de Abel por querer de ese Dios envidioso que
había amasado el barro para formar á Adán, dotándole de
un alma servil y recelosa del alma libre de Caín. Exaspera­
do éste por la injusticia de Dios y la de Adán, Eva y Abel,
hirió de muerte á su ingrato hermano. Adonaí, el Dios que
tantos miles de hombres había de anegar en las aguas del
diluvio, juz»ó la muerte de Abel por crimen irremisible, por
mis que en satisfacción de su falta Caín pusiese al servicio
tb los hijos de Adán aquella alma superior recibida del An-
gal de Luz. El mismo en persona les enseñaba á cultivar la
tierra; su hijo Henoc los aleccionaba en la vida social; Ma-
tusael les descubría la escritura; Lamec introducía el uso
ti:; la poligamia; su hijo Tabal Caín los adiestraba en el ar­
te de forjar los metales; Nohema, que tuvo trato carnal con
su hermano Tubal-Caín, les daba lecciones de hilar y tejer
cou que hacer tela para vestirse. Y Adoniram, el sucesor
de Caín, deMatusael, de Lamec, de Tubal-Caín y Nohema,
emplea todo su genio, industria y fuerzas en el diseño y
construcción de este Templo que el fausto de Solimán erige
á ase Adonaí, á ese Dios inexorable, cuyas iras desde el
principio del mundo, de generación en generación, acosan á
la progenie de Caín.
«El hijo de los Genios del Fuego pasa melancólico y soli­
tario sus días en medio de los hijos de Adán, sin revelar á
nadie el secreto de su sublime alcurnia. Todos le tiemblan,
y más que todos Solimán. El terror que infunde ahoga en
todos los pechos el afecto hacia él, y Solimán, á quien le da
en el corazón la grandeza de Adoniram y que internamente
se humilla en su presencia, le detesta con toda la fuerza de
su orgullo.
«Presentarse el artífice de tantas maravillas, echar sin
encogimiento ni arrogancia una ardiente mirada á la Reina
y estremecérsele á ésta todas las fibras de su ser fué una
misma cosa; hasta que un tanto serenada se pone á pregun­
tarle acerca de cada una de sus obras y á defenderle contra
las críticas de Solimán, nacidas de baja envidia. Como de­
seara luego ver junta la multitud innumerable de albañiles,
carpinteros, .ebanistas, zapadores, cobreros y fundidores,
canteros y escultores que trabajan á las órdenes de Adoni­
ram, opone Solimán que estos operarios, procedentes de to­
dos los países y que hablan en todas las lenguas, están di­
seminados por mil partes, y es imposible congregarlo?; cuan­
do Adoniram trepando á un peñón de granito para ser divi­
sado de dondequiera y levantando la diestra, hace ademán
de trazar en el aire una línea horizontal y del punto medio
de ella figura bajar una perpendicular, representando así
el T (Tau) misterioso. En el acto acuden de todos ios puntos
del horizonte los obreros de toda nacionalidad, lengua y ra­
za, en número de más de cien mil, y fórmanse por sí solos
en orden de batalla, componiendo el ala derecha los carpin­
teros y demás trabajadores en madera, la izquierda los mi­
neros, fundidores y demás artífices en metal, y el centro los
albañiles y demás ocupados en obras de piedra. Extiende
Adoniram el brazo y aquel ejército queda inmoble. Entonces
viene á comprender la Reina que Adoniram excede la talla
de simple mortal, y Solimán cae en la cuenta de que su pu­
janza es flaqueza en parangón con la de Adoniram. A Bal-
kis le pesa del compromiso trabado con Solimán, y éste
sorprende los ojos de la Reina clavados en el prodigioso
obrero.
«Mas el poder de Adoniram, capaz de dominar las más
arduas empresas, va á sufrir un desastre tanto más sensi­
ble cuanto que la Reina, expresamente venida para contem ­
plar el triunfo, va á ser espectadora de su humillación. Un
sirio llamado Fanor, compañero albañil, un fenicio de nom­
bre Amrú, compañero carpintero, un judío de la tribu de
Rubén, dicho Methusael, compañero barretero, se presen­
taron á reclamar el título y salario de maestro, rechazando
su pretensión Adoniram por carencia de méritos. Eu ven­
ganza de la repulsa el compañero albañil revolvió cal en la
masa de los ladrillos con que se había de revestir el molde,
:.'l compañero carpintero alargó más de lo justo los travesa­
dos de las vigas para que se quemasen, y el compañero he­
rrero trajo del lago emponzoñado de Gomorra lava sulfúrea
la echó á derretir con el metal. Un joven obrero de ape­
llido Benoni, que amaba á Adoniram como un hijo á su pa­
dre, averiguó el complot y faé á denunciárselo á Solimán
para que mandara suspender la operación; mas en balde,
porque él otra cosa no desea sino afrentar á Adoniram en
los ojos de la Reina, y da orden de seguir adelante. Abrese
U compuerta que detenía el bronce derretido y precipitan­
te en el ancho molde del Mar de bronce torrentes del líqui­
do metal; mas reviéntanse las paredes por el exceso de la
wrga y corren por todos lados ríos del líquido inflamado,
imagina Adoniram que la acción del fuego está vitrificando
la tierra, y para impedirlo arroja un chorro de agua á los es­
tribos del molde, con lo cual entran en lucha revueltos el
as:ua y el fuego, hace saltar con el empuje una lluvia de me­
tal fundido, sembrando el espanto y la muerte entre la in­
numerable muchedumbre atraída al espectáculo.
«El gran artífice confundido busca en derredor suyo con
los ojos, al fiel Benoni, y no hallándole, en el pesar de su
deshonra, atribúyele la culpa, ignorante de que el infeliz
mancebo ha perecido víctima de su lealtad mientras inten­
taba los medios de evitar tamaña catástrofe, ya que Soli­
mán rehusara interponer su autoridad suspendiendo la
obra.
“ Adoniram permanece elavado en el teatro de su derrota
é infamia, y abrumado de pesadumbre no hace caso de que
ese Mar de bronce fundido, aventado por la fuerza del va­
por y que todavía hierve en su fondo, puede por momentos
devorarle. En la Reina de Sabá tenía embebecido su pensa­
miento, la cual habiendo acudido á solemnizar su glorioso
triunfo no ha presenciado más que su ignominiosa desgra­
cia; cuando de súbito oye una voz extraña y temerosa, sali­
da al parecer del centro del abismo y que tres veces le lla­
ma por su nombre: ¡Adoniram, Adoniram, Adoniram! L e­
vanta los ojos y en medio de la hoguera divisa una figura
hnmaoa de mucho más crecida talla que la de los moradores
terrestres. Aproxímasele la visión sobrehumana, diciéndo-
le: «Ven, hijo mío, ven sin sobresalto; porque he soplado
sobre ti y respirarás impunemente entre las llamas.» Ea-
vuelto por el fuego, Adoniram gusta inefable delicia sumergi­
do en el elemento donde un hijo de Adán aspiraría la muer­
te. Impélele un misterioso atractivo, y sin bastar á conte­
nerse pregunta al que le llamó y le va guiando: «¿A dónde
me conduces?— Al centro de la tierra, al alma del mundo,
á los dominios de Caía, donde reina la libertad. Aquí fene­
ce la envidiosa tiranía de Adonaí; aquí burlando sus furo­
res nos es lícito saborear los frutos del Arbol de la Ciencia.
Estos son los estados de tu padre.— Entonces ¿quién soy
yo y quién eres tú?— Yo soy el padre de tus padres, hijo
de Lameeh y nieto de Caín, soy Tübal-Caín.«
«Tubal-Caín introduce á Adoniram en el santuario del
Fuego, le declara la impotencia de Adonaí, la villanía de
ese Dios enemigo de U criatura, á quien eondeoó á muerte
para vengar los beneficios de que le han colmado los Genios
del Fuego. Sigue caminando Adoniram y llega á la presen­
cia del autor de su raza, Caín. El Angel de Luz que engen­
dró á Caín puso un refhjo de su inexplicable beldad en el
rostro de su hijo, cuya grandeza provoca los celos de Ado­
naí. Caín narra al postrero de sus nietos las propias faltas,
las virtudes superiores á las faltas, sus infortunios iguales
á sus virtudes causados por Adonaí.
«Muéstranse á la vista de Adoniram todos los descendien
tes de Caín muertos antes del diluvio. Los muertos después
de esta implacable venganza de Adonaí también están allí
presentes, bien que no pueda verlos Adonaí por cubrir el
polvo sus restos: sus almas entraron en la mansión de Caía,
que es el alma del mundo. Adoniram oye la voz del que na­
ció de los amores de Tubal-Caín con su hermana Nohema
(él mismo se ayuntó con la mujer de Caín y procreó á Chus,
padre de Nemrod), y esta voz le hablaba así:
«De ti procederá un hijo á quien tú no verás y que te da-
«rá infinita posteridad. Tu progenie, bien que muy superior
“ á la de Adán, será pisoteada por ésta. Por largos siglos
«desperdiciará su valor y su genio en derramar beneficios
«en la ingrata estirpe de Aián, hasta que á la postre los
¿¡mejores se harán los más fuertes y restaurarán en la
(tierra el culto del fuego. Tus hijos, coadunados bajo tu
•bandera, harán trizas el poder de los Reyes, que son los
¡instrumentos de la tiranía de Adonaí, Anda, hijo mío, que
■dos genios del fuego están contigo.»
tiAdoniram es transportado del Santuario del Fuego á la
tierra, acompañado por algunos instantes más de Tubal-
Oaín, el cual antes de separarse de su nieto acaba de levan­
tar su espíritu y le regala el martillo de que él se sirviera
eü tantas obras memorables, diciéndole: «Con este martillo
que abrió el cráter del Etna y con el favor de los G-enios
'leí Fuego, darás cabo á la empresa acometida y llenarás
-de estupor á los testigos de tu derrota en lo del Mar de
-bronce.»
«Desaparecido Tubal-Caín, empuña Adoniram el precio-
o martillo y comienza á reparar los deterioros de la obra:
¡■neos instantes le bastaron, y los primeros albores del día
iluminaron la nueva maravilla acabada por su genio. Todo
pueblo de Israel celebra su gloria, y la Reina de Sabá,
(■ayo reciente amor se había enardecido más con las contra­
dicciones de Solimán, está inundada de gozo.
«Mientras con el séquito de sus mujeres pasea fuera de
los muros de Jerusalén, un secreto impulso guía los pasos
de Adoniram á hacerse encontradizo con ella, cuando es­
quivaba los aplausos del triunfo y buscaba la soledad. Se
declaran mutuamente su amor, y Hud-Hud, la avecilla que
es la mensajera de los G-enios del Fuego con la Reina de
Sabá, así como siempre dió muestras de profunda aversión
contra Solimán, viendo á Adoniram trazar en el aire el T
misterioso, se va á revolotear en torno de su cabeza y amo­
rosa se posa en su puño. A vista de esta señal Sarahil, la
aya de la Reina, exclama: «Se cumplió el oráculo: Hud-Hud
«reconoce al esposo destinado por los Genios del Fuego para
“Bnlkis, el «único cuyo amor pueda ella aceptar sin man­
cilla .»
Ya no vacilan, se toman uno á otro por esposos y dis­
curren la traza de eludir el cumplimiento de la palabra em­
peñada con el Rey de los Hebreos, Adoniram saldrá el pri­
mero de Jerusalén: poco después la Reina, ansiosa de jun­
társele en la Arabia, burlará la vigilancia de Solimán.
«Mas los tres compañeros, cuya traición sólo por la in­
tervención de los (reñios del Fuego fué frustrada, y que
sin cesar le espían, para tomar de él venganza, sorprenden
el secreto de sus amores y se avistan con Solimán. Amrú
le dice: «Adoniram ya no visita las canteras, los talleres ni
«las fraguas.» Fanor le dice: «Como á las tres de la madru­
g a d a delante de mí ha pasado un hombre en dirección á los
«pabellones de la Reina, y he conocido que era Adoniram.n
Methusael le dice: «Mandad que salgan afuera mis compa­
ñ eros, pues traigo nuevas reservadas para el Rey.» Que­
dando solo con éste, se explica así: «Aproveché las sombras
«de la noche para colarme entre los eunucos de la Reina, y
«he visto á Adoniram escurrirse á donde ella estaba: cuando
« poco antes del alba mé escabullía, él quedaba todavía solo
«con ella.»
«Solimán .trata eon el Sumo pontífice Sadoc de las ocu­
rrencias que acaba de saber, y entre los dos maquinan e!
modo de vengarse de Adoniram.
«Este en el entretanto pide audiencia á Solimán para
recabar la venia de retirarse. Preguntado á qué pais piensa
encaminarse en saliendo de Jerusalén: «Quüro regresar á
«Tiro al lado del buen rey Hiram, que me mandó acá pres­
ta d o .» Otórgale Solimán la licencia, aunque antes de partir
Adoniram ha de pagar el salario á los obreros. Vuelve á in­
terrogarle Solimán, quiénes son unos tres compañeros nom­
brados Amrú, Fanor y Methusael. Son, responde, tres ar­
tesanos inhábiles que pretendían el grado y paga de maes­
tros, y yo resistí á su injusta reclamación.»
«Solimán despide á Adoniram testificándole su perpetua
amistad, y hace comparecer á los tres compañeros. Les no­
ticia la próxima partida de Adoniram, y añade: «Muchos
timaestros han ido falleciendo y es menester substituirlos:
«esta noche después de los pagos abocaos con Adoniram y
«pedidle el ascenso al grado de maestro. Si os lo concede y
«merecéis su confianza, estad seguros también de la mía. Si
«os lo rehúsa, mañana vosotros juntamente con él vendréis
«á mi presencia, él á justificar su negativa y vosotrosá ale-
«gar en contra suya, á fin de sentenciar en ese pleito, á me­
tínos que Dios le deseche y manifieste con alguna evidente
«señal que es indigno de encontrar gracia en su acata-
v,miento.»
«Adoniram y la Reina de Sabá van á separarse para vol­
ver en breve á reunirse. La Reina le dice: «Sed una y otra
«vez feliz, señor y amado dueño mío: vuestra esclava no ve
¿la hora de juntarse con vos para siempre, y sabed que cuan-
nílo la halléis en Arabia, encontraréis al mismo tiempo el
hfruto de vuestro amor que lleva en su seno.» Se arranca de
los brazos de ella y la quiere más todavía por la razón que
le acaba de decir.
«Solimán mientra& tanto instigado por la declaración de
Amrú, Fanor y Methusael, procura acelerar su enlace con
k Reina de Sabá. La insta aquella noche después de cenar
á, que satisfaga su amor: ahí precisamente le aguardaba Bai-
ki«. La cual le anima á beber y él de buen grado accede
esperando sacar del vino atrevimiento para usar de fuerza:
cobra ánimo y se regocija de ver que ella ha apurado la co­
ra llena de un vino que en las entrañas se trueca en viva
iiama é incendia los sentidos. Mas ella muy sobre sí no ha
bebido sino para engañarle, y al ver que á poco caía Soli­
mán en brazos del sueño de la embriaguez, se aprovecha
para quitarle del dedo el anillo entregado en prenda de su
compromiso. A punto estará el caballo árabe que veloz la
lleve lejos de Jerusalén á la tierra de Sabá, donde ha de
encontrarse con Adoniram.
«Mas éste ha topado á Methusael en la puerta de Ponien*
te, á Fanor en la del Norte y á Amrú en la del Oriente. Los
tres compañeros le pidieron la consigna de maestro, y como
se negase á darla, cayó bajo los golpes de estos traidores.
Para borrar las huellas del crimen, fueron á enterrar el
cuerpo en un solitario altozano y Methusael plantó una ra­
ma de acacia en la tierra removida.
«Guando se le disiparon á Solimán los vapores de la em­
briaguez y se vió solo, abandonado de Balkis, de pronto le
dió un arrebato de furor, amenazando con él áSadoc y á su
dios Adonaí. Mas el profeta AhiasdeSilo le apaciguó y me­
tió en cintura, acordándole que el matador de Caín fué cas­
tigado siete veces, y el matador de Lamech setenta veces
siete; y añade que quien derramó la sangre de Caín y de
Lamech será castigado setecientas veces siete, Solimán pa­
ra apartar de su cabeza esta sentencia, ordena que busquen
el cuerpo de Adoniram. Nueve maestros le encuentran don­
de los tres compañeros lo habían enterrado y Solimán le
hace dar sepultura bajo el Altar del Templo.
«No obstante le asalta el pavor en su trono de marfil y
oro macizo. Clama piedad á todas las potestades de la Na­
turaleza; mas se olvida de pedir gracia al más diminuto de
los insectos, al arador.
«El arador, paciente en la satisfacción de su venganza,
está royendo sin parar un momento por espaeio de 224 años
el trono de Solimán, y este trono al cual parecía el mundo
entero inclinarse, derrúmbase con temeroso estruendo.»

Hasta aquí el cuento oriental, y entremos en averigua­


ciones.
En calidad de probanza para nuestro objeto ¿vale ó no la
conseja?
El fullero de Taxil, quien desde el primer libro que pu­
blicó sobre masonería comenzó á izquierdear y hacer de las
suyas, insertó la fábula entera en la iniciación del grado
maestril como perteneciente al respectivo cuaderno ó ce -
remonial, atribuyéndola de tal suerte carácter y valor ofi­
cial. Pintiparada nos vendría para nuestro intento, á ser
cierta la supuesta inclusión en el ritual de la cofradía; mas
ya lo dijimos, es trapacería de ese gandul. Por lo cual, de­
jándole por lo que es, volvemos á preguntar: ¿Sirve ó no
sirve la tal historieta para fundar una demostración?
Para esta excursión tomemos por guía á Saint-Albin, el
cual es varón ducho en masonerías, sagaz escudriñador, re­
posado y machucho en sus juicios y que además dedicó es­
pecial atención áeste punto. Cuando él escribió Les frane-
macons, pocos por aquel entonces ejercitaban la pluma en
semejantes estudios; corrieron los hh.-. á quitarse sus es­
tocadas, pero quedaron tendidos á sus pies. Pues bien, este
autor tan recomendable y distinguido, después de haber
trasladado del ritual de maestro el pasaje, en que no sólo
se narra, sino que muy despacio se representa al vivo, á
costillas del pobre neófito, la conjuración de los tres oficia­
les ó compañeros, el asesinato del maestro y el casual ha­
llazgo del cadáver, muy de sentado se para á filosofar sobre
el caso, diciendo en resumen; ¿Cómo se entiende? de la le­
yenda de Adoniram íntegra, tal como aún hoy la relatan los
orientales á los viajeros ¿sólo este fragmento se juzga digno
de memoria y representación? ¿ó será, que sólo éste, si bien
harto significativo de suyo, se confía á los hermanos de la
masonería exterior ó simbólica, reservando el resto para la
interior y oculta? «No me atreveré, añade, á fallar decre-
voriamente; pero se me haee muy cuesta arriba persuadirme
une la masonería superior no haya prohijado en su integri­
dad esta leyenda, que es la expresión rebozada de su orgu­
llo y ambición, de su odio y desprecio de los poderes ema­
nados de lo alto, cuyo exterminio ha jurado esa hija de las
■totestades inferiores.»
Por nuestra cuenta, para reforzar y hasta sacar boyante
■;un honores de certidumbre la gravísima y racional sospe­
cha de Saint-Albin, se nos ocurre acentuarla en esta forma:
¿De dónde le proviene su descomunal importancia á ese ex-
Uaño personaje Adoniram, sino de todos los precedentes de
la leyenda que cautelosamente se disimulan? ¿de dónde sino
de los encomios que en ella se le prodigan, como ser supe­
rior, menospreciador de los menguados hijos de Adán, ar­
tífice sin par, sublime por su genio, descendiente por Caín
Angel de Luz, favorecido con la honra de haber sido
Jievado á la esplendorosa región del Fuego, centro de la
tierra, alma del mundo, reino de la libertad? Por- esos tí­
tulos en el pasaje de los rituales su muerte es acompañada
áíí amarguísimo llanto, conmuévese la bastarda y estúpida
raza de Adán, el mismo Salomón reverencia su memoria,
expide nueve maestros escogidos en busca de su cuerpo, y
el cobro de éste solemnízase eon fiesta y alegría y júrase
venganza de su vil asesinato. De donde se infiere, que si á
esta fábula grosera, según con afectado desdén la califica
Ragon, se le ha de dar color y tomo de verosimilitud en los
términos de cualquiera ficción no del todo inepta ó dispa­
ratada, inadecuada, improcedente, imposible es dejar el
relato de la muerte del singular maestro como una rama
seca é inútil del tronco vivo, aislarlo de la narración total,
u a b o n e h ía . t . I .— 1 3
completa y redondeada. Será tan grosera la fábula como se
le antoje decir al artero doctor canónico; pero cierto es, que
en todo género de ficciones, sean parto de propia inventiva,
sean préstamo de antiguo repertorio, si han de ser adapta­
bles á un fin práetieo y destinadas á significar algo en for­
ma de alegoría, la razón alumbra ó aconseja á la fantasía,
para que la proporción entre lo figurado y la figura resulte
decente y cabal.
Y prosigue Saint-Albin en sus atinadas reflexiones;
«La masonería oculta, observa, que guarda para sí tantos
y tan espantosos secretos, tiene poderosos motivos aun en
los tiempos actuales para no comunicar plenamente la le­
yenda de Adoniram á la masonería exterior, menos impe­
netrable á la curiosidad de los profanos. Como vendía antes
cristianismo, ostentaba y siempre ostentará rendimiento á
las autoridades políticas, así también hacía alarde de cerrar
á las mujeres la puerta á sus reuniones y misterios; con
euya táctica no perdieron nunca el carácter de misterio sus
Misteriosos pasatiempos. Cada vez que deja entrever ó
muestra por lo claro en alguno de los grados simbólicos ó
capitulares cualquiera de sus arcanos, cuida de hacer al
iniciado esta advertencia: «Todavía no llegó la ocasión de
manifestarlo al mundo profano.» No hace tanto aún que
sonó la hora de echar al público la existencia de la maso­
nería de Adopción ó Femenina. Ahora bien, juega papel tan
interesante una mujer en la leyenda de Adoniram, que ésta
se convierte en brillante rayo de luz para poner en eviden­
cia á los ojos de los profanos la notable representación que
á las mujeres se les adjudiea en los misterios de la secta;
verificándose de esta suerte, que así como el recorte ó paso
de la susodicha leyenda referido al candidato de maestro es
figura de la masonería exterior, así la totalidad de la leyen­
da lo es de las dos masonerías á la vez, exterior é interior
ú oculta, de los grados simbólicos y de los capitulares. Si
se nos cela la figura, es indudablemente por estimarla de­
masiado luminosa á la vista de los profanos.»
Nos tomaremos la licencia de esforzar el argumento con
un ligero retoque.
La negra sociedad se vuelve toda misterio, bien se en- '
tiende por qué, y del perpetuo afán por el tapujo son clara
seña su lenguaje y ceremonias alegóricas, emblemáticas
todas, desde su propio nombre y atributos eon que se
anuncia. Masonería tanto vale como albañilería, profesión
y obras de albañil; mas cuenta con equivocarse; esos ma-
sones ó albañiles cualquier cosa serán menos lo que suena
el apodo, de manera que para ellos las palabras, no que
imagen, son verdadero disfraz del pensamiento nada fácil
Je penetrar en ocasiones.» En el grado de maestro, últi­
mo y supremo de los tres simbólicos ó fundamentales, se
oropone dar una enseñanza de mucha miga, que después
m de seguir recalcando y desenvolviendo por sus pasos
hasta la cumbre de la escala, enseñanza de graves conse ■
inencias y comprometedora hasta no más; y ¿qué hace? á
mano está el simbolismo, y tomando de la conseja orien­
tal el desenlace eon la muerte de Adoniram y hallazgo de
u cuerpo, en tan sencilla ficción envuelve artificiosa el
meollo de su intención maldita. Esa muerte villana clama
venganza: y en virtud de esta consigna resuena sin cesar el
grito ele venganza en todos los talleres, desde aquel grado
basta el sumo y postrero de la ringla; venganza significati­
va de otra real y tremenda, asesinos figurativos de otros
enemigos mortales á quienes importa anonadar. Pero la or­
den necesita velar otro misterio, el de la continua presencia
de la mujer en sus adentros á vueltas con los hombres: otra
vez aquí de la socorrida leyenda con los amores y concier -
tos de la Eeina de Sabá y el malogrado hijo de TubaUCaín
y la obligada ojeriza contra Salomón y demás canalla ado-
uaíta. ¡Buena solapa! Mas la eubierta resulta sobrado diá­
fana; cuidado por cualquier aventura no la traspasen las
inquisidoras miradas de algún profano. ¿Qué remedio? Pues
tender el manto del símbolo sobre la realidad de la cosa,
Imadir luego así la cosa como el símbolo en la lobreguez del
sigilo, que ya vendrá para mayor cautela el m ior sagrado
á echar un simulado borrón sobre el conjunto, tachando des­
preciativamente la alegoría de fábula grosera. O todavía en
otros términos: ¿Es apta la tal grosera invención para re­
catar el misterio de la venganza? pues se la aplica. ¿Es de
provecho al mismo tiempo en su todo para encubrir otro, el
de la masonería de Adopción, por ejemplo? asimismo se
acepta; sólo que aquí se tendrá cuenta con envolver en la
obscuridad la cosa, y el signo, hasta tanto que no pueda
menos de traslucirse la cosa, y entonces lo mismo importará
que se desemboce ó no la existencia del símbolo. Y hétenos
al cabo de la calle.
A este sólido discurso agregamos otro argumento que
arrebata por entero la persuasión y que extrañamos pa­
sara por alto el insigne autor, y es como sigue:
La grande significancia de la manoseada leyenda, tanto
para traducir el pensamiento y designio de una perpetua
venganza, como para apuntar y bosquejar la masonería an­
drógina, estriba en la grandeza de Adoniram, y el pedestal
de esta grandeza lo forma el origen sobrenatural del ex­
traordinario personaje. Es éste por su cepa hijo de Caín, y
á tal filiación correspondían los nobles atributos que tan
amado de la Reina de Sabá le hicieron vivo, tan llorado de
los hombres muerto; pues es de saber que Caín, su abuelo,
fué á su vez fruto del monstruoso connubio del Angel de
Luz con la primera madre de los vivientes: y aquí está el
nudo del drama. La extirpe de Adán crece y se propaga
amiga y adoradora del Dios Altísimo, Adonaí, á par de ella
críase y levántase contra ella insolente la bastarda prole de
Caín, eselava é imitadora en lo rebelde de su cabeza el An­
gel de Luz, Eblis, el dios del fuego, irreconciliable enemi­
go de Adonaí, y que mide con él de potencia á potencia sus
armas, i Grandioso espectáculo! ¡guerra máa que de gigan­
tes! Lucha el Señor de lo alto al frente de las milicias ce­
lestiales y de sus fieles servidores de la tierra contra el rey
de los infiernos, que acaudilla á los Genios del Fuego y al
ejército de cainitas: el campo de batalla es el mundo entero
y la duración del combate igualará á los siglos. La descen­
dencia de Caín no se cansa de prodigar favores á la degra­
dada y estúpida progenie de Adán, y en retorno es concul­
cada por ella: mas día vendrá en que tome la ventaja y
alcance la prez de la victoria: entonces se inaugurará el
reino de Eblis en el mundo. Eblis es Luzbel ó Satanás.
No puede ser más transparente y expresivo el significado
de la fábula, si se carea con los propósitos descubiertos, las
doctrinas autorizadas y los hechos patentes de la secta. Dos
principios: Eblis siempre bueno, Adonaí siempre malo, en­
vidioso é infame. Dos razas opuestas: la de Caín sabia, li­
bre y benéfica; la de Adán ignorante, servil é ingrata.
Triunfo final de Eblis.
Este sí es principal misterio que con toda solicitud debe
permanecer rodeado de las más densas tinieblas para los
extraños y para la mayoría de los hermanos: aquí sí precisa
echar mano de todos los velos para resguardar de imperti­
nentes miradas la vera effigies de la secta, tan al propio
retratada en el cuadro realista, palpitante de la narrativa
oriental.
No nos coge de sorpresa que el perspicaz Saint-Albin se
desentendiese de esos incidentes, que forman la trama prin­
cipal del drama adonirámico y que por fuerza debieron de
iierir su espíritu como hirieron el nuestro, por haberle to­
cado escribir en unos tiempos (1862), bien que no tan dis­
cantes de los nuestros, en que la crítica inficionada de e s­
cepticismo ya hacía grande estrago con su excesivo horror
a lo maravilloso y preternatural. Valor era menester para
bracear contra la corriente del criticismo histórico, para
reconocer y proclamar sin ambajes, gentileza de que en es­
tos días hizo gala el Congreso antimasónico de Trento, la
parte que de justicia le eompete en la masonería al elemen­
to maniqueo y satánico.
En consecuencia y con mayor peso de razón que nunca,
lícito nos es repetir la victoriosa afirmación del autor, á
quien venimos pisando los talones: «Si se nos oculta esta
figura, es á no dudarlo, por haberla juzgado extremadamen­
te luminosa para nuestros ojos profanos.» Y la otra oportu­
na reflexión también suya: «Se verá en lo de adelante r e ­
flejarse esta leyenda en las doctrinas de la francmasonería,
al modo que las creencias de un pueblo se reflejan en su
moral.»

Llegados á este punto, después de tan largo rodeo, es


tiempo de recoger el fruto de toda nuestra discusión. La
fabulosa historia es á todas luces verdadero apólogo de la
secta, la cual ó en una forma ó en otra adoctrina con ella á
sus alumnos, ya que no figure ella, segün todo su contesto,
en la iniciación de maestro, como lo inventó el patrañero
de Taxi]. Mas una de sus enseñanzas inequívocas es la del
doble principio maniqueo. Luego el maniqueismo anida en
las entrañas de la masonería, y por sí solo explica todo lo
inexplicable.

IV

La m asonería es satánica.— Estado de la cu estión .— R esolución


del Congreso an tim asón ico de Trento: una apostilla nuestra.— Gra­
vísim as sentencias: León XIII, P ío IX, Barruel, G autrelet, lim o. Gay,
lim o . D echam ps, Bresciani con una nota de o r o .— Fraterna á los u l-
tracríticos.— Del cam po m asónico: d ich os y hechos; rituales inter­
pretados por los doctores trip u n tead os.

Llegamos al punto culminante de todas nuestras demos­


traciones hechas y por hacer; ponemos ya la mano sobre el
nudo ciego, qne ó nada valemos ó irremisiblemente hemos
de deshacer; venimos á caer sobre la fructífera veta de to­
das las revelaciones sectarias, decididos á explotarla en to­
da su extensión y hasta las últimas profundidades, á no
dejar de ella brizna ni rastro sin remover, mientras nonos
entregue de aquellos hondísimos pozos el imponderable
tesoro con que remunerar y ennoblecer nuestras prolijas y
fatigosas investigaciones; al misterio, digo, de todos los
misterios, perpetuo enigma ya descifrado, escondida y se­
gura clave de los secretos sin fin, perversidades, abomina­
ciones, empresas, maquinaciones y esperanzas más hala­
güeñas de la secta.
No falta quien se alce eontra nuestro laudable propósito,
quien tache de sueño ó desvarío nuestra idea, quien con
semblante de echar por los suelos y envilecer la secta, por­
fíe en desprestigiar el valor de nuestros descubrimientos,
pegando de encontrón y poniendo mengua en la serenidad
de nuestro juicio, achacando (los achacosos, bién picaros,
bién miopes, son ellos) á exageración, á ánimo virulento, á
candorosa estimativa ó á interesada información, nuestras
certeras apreciaciones é inexpugnable sentencia acerca del
carácter infernal que reviste la tenebrosa confraternidad.
Mas ¿qué se nos importa de semejantes consejos, ó pueriles
ó serpentinos, si en ese parecer vamos del brazo con el Con­
greso antimasónico de Trento, á quien por ningún término
cabe atribuir los miserables achaques contra nosotros ale­
gados?
A pie firme aguardamos la arremetida de nuestros contra-
Hctores, fiando en nuestro buen pertrecho de autoridades,
hechos, datos oficiales y robustos argumentos. Afilen cuan-
‘0 quieran las armas de su hosco, impertinente é irracional
criticismo y vengan á campal batalla, que les bajaremos
^sos humos y les obligaremos á confesar sin escape, que la
secta es á no poder más satánica, está de satanismo infec­
ta é impregnada hasta la médula de los huesos. Y á probar
nuestro aserto, que ya nos tarda.

Mas antes se hace indispensable determinar fijamente el


estado de la cuestión, en cuya razón entiéndase que á la
secta cargamos ese satanismo, no en sentido restricto, mi­
tigado, vago, dígase meticuloso, limitándolo á cualidad ac­
cidental ó insignia caediza, sino en la acepción franca, am­
plia y categórica que le señalábamos en nuestros Orígenes
da la masonería, y que abiertamente comprendimos más
atrás en la definición de la hermandad como la principal en­
tra sus notas esenciales, como el constitutivo fundamental
de su ser; según toda la fuerza y expresión que á tal atri­
buto prestó y á la faz del mundo proclamó el Congreso anti-
masónieo de Trento, cuando á la cabeza de las resoluciones
solemnemente allí discutidas y votadas, puso ésta:
«1. La francmasonería.., y la última razón de sus secre­
tos y misterios es el culto de Lucifer ó Satanás, adorado en
las traslogias como el Dios bueno, etc.»
Ultima razón aquí vale tanto como aspiración suprema,
causa informante y explicativa, fin primario de la sociedad;
y ese culto de Lucifer ó Satanás ¿qué otra cosa representa
sino lo más subido, eminente y glorioso, la consumación y
resplandeciente corona del triunfo alcanzado para exalta­
ción del príncipe infernal? De suerte que en suma con dis­
tinta frase resulta acreditada nuestra proposición—fin últi­
mo de la masonería es el reino ó triunfo de Satanás— que
así más arriba lo formulábamos.

Para mayor lucidez y oportuno complemento de resolu­


ción tan decretoria, la adicionó la celosa asamblea con esta
segunda:
«2. EL demonio, inspirador de las sectas masónicas, co­
nociendo que no conseguirá jamás que le adoren directa­
mente la mayor parte de los hombres, trata de sembrar en
las almas por medio de la francmasonería los gérmenes del
naturalismo, que no es otra cosa sino la emancipación del
hombre respecto de Dios.»
Con semejante aclaración se plantó el Congreso muy ati­
nado en el terreno que triunfalmente recorrió nuestro sabio
Pontífice, hizo suyo el tema que tan magistralmente des­
envolvió León X III en su celebrada Encíclica — E u m a m m
gem ís .—
A pedir de boca viene la advertencia del Congreso para
dar en el clavo de las doctrinas, máximas y procederes de
la orden endiablada.
Sólo que nosotros, con la venia de la respetabilísima
asamblea, nos apartamos de ella en el señalamiento de la
causal (dable le hubiera sido excogitar otra más adecuada)
que intercala.— «Conociendo que no conseguirá jamás que
le adoren directamente la mayor parte de los hombres...”
— ¿Cómo se entiende? nos atreveremos á argüir: ¿que el dia­
blo no recabará jamás que la mayor parte de los hombres le
adoren? Entonces ¿qué significa aquella abominación de de­
solación que vaticinó Jesucristo según San Mateo (c. xsiv,
v. 15) y según San Marcos (c. x m , 14), entronizada en
el lugar santo, que á no haber abreviado el Señor la dura­
ción de la tremenda crisis, ninguna carne habría logrado la
salud? ¿cómo satisfacer también respecto de aquel señorío
del infierno sobre la tierra, á que sucumbieren, á ser posi­
ble, los escogidos mismos? ¿ni cómo sobre todo dar salida al
pasaje paralelo de San Pablo (II Tess. 2), en que eon infa­
lible certeza se augura aquella discessio 6 universal apos-
tasia precursora, y luego aquella manifestación del hombre
de pecado que se yergue sobre toda divinidad y en el tem­
plo de Dios se sienta con la ostentosa majestad de un Dios?
¿en persona de este hijo de perdición no se avasallarán con
homenaje adorativo al demonio la mayor parte de los hom­
ares por aquel seducidos con todo linaje de iniquidad y por
Dios soltados al juego del error? Ahora notorio parece, que
así Jesucristo como el Apóstol en los lugares citados, pro­
nostican la efímera victoria del Anticristo venidera en la
consumación de los siglos: campa asimismo apoyada en el
común favor de los Santos Padres, San Agustín inclusive,
que en este punto reformó su opinión, la de que el Anfci-
cristo, bien que persona real, no ha de ser un individuo
oslado, sino un cuerpo moral. Y ¿qué otro cuerpo ó núcleo
moral cabe imaginar que ya desde ahora tan al justo des­
empeñe el oficio, más que la masonería, cuartel ó abrigade­
ro céntrico, de donde salen y á donde retornan las sectas
i'/das?
Nos pareció dé oportunidad esta rectificación, por logue
-miga.

Volviendo á nuestro pleito, tenemos: ultima razón de la


PttCta— el satanismo, Satanás adorado en las traslogias. Fin
supremo de la secta—triunfo de Satanás en el mundo. N a­
turalismo— preparación inmediata de este triunfo, su ini­
cial ó parcial actuación.
Mas despleguemos ya nuestras fuerzas y suene el clarín
guerrero.
Gomo en esta especial contienda algunos de nuestros ad­
versarios se cobijen bajo nuestra propia bandera, no será
mal acuerdo combatirlos con armas tomadas del arsenal do­
méstico; y dicho y hecho, tenga la dignación de salir el
primero de nuestro campo á romper lanzas, nuestro sumo
Capitán y padre amadísimo de la cristiana milicia, que con
sola su vista, prestancia y realeza siembre la confusión y el
pavor en las contrarias escuadras, León X III, el vencedor
de todos sus enemigos, debelador esclarecido de masones
y masonizantes, cargado de brillantísimos laureles por la
virtud incontrastable de su espíritu y soberano ingenio; el
cual dado que por la eminencia de su puesto no le asiente
el descender á la vulgaridad de ciertas lides, ni rebajar su
alto decoro á la petulancia de la taifa criticista, todavía no
se desdeña de sombrear con los principales rasgos el plan
de campaña que aun en las pendencias menores es razón
tengan en respetuosa cuenta sus leales. Él ciertamente no
juzgó con sn perspicacia venida la hora de terciar en la con­
troversia del satanismo sectario, y con el inapelable fallo de
su autoridad augusta dirimirla para siempre y obligar á
perpetuo silencio á nuestros escépticos contradictores; pero
¡con qué argumentación tan vigorosa, con qué irresistible
elocuencia de los hechos nos presenta la masonería encena -
gada en brutal y cruel naturalismo, guiando con tanta an­
ticipación la voz y dando el tono al Congreso masónico de
Trento! y dicho se está, el naturalismo es satanismo prepa­
rado é iniciado.
Ni vayan nuestros contrincantes á lisonjearse, no deja­
rían de sacar partido de ello, que solamente de este modo
indirecto se coloca el Pontífice del lado de la versión sata--
nista. Oigan y mediten el jugoso y significativo preámbulo
con que en la docta Encíclica se dispone á romper el fuego
contra la precita institución:
«Hay en la tierra el reino de Dios, ó sea la verdadera
Iglesia de Jesucristo, al cual los que de corazón y conve­
nientemente para la salud quieren pertenecer, necesario es
que eon toda su alma y voluntad suma sirvan á Dios y á su
Unigénito Hijo: el otro es el reino de Satanás, bajo euyo
dominio y potestad yacen todos aquellos que siguiendo los
funestos ejemplos de su caudillo y de los primeros padres,
rompen la obediencia á la divina y eterna ley, muchas co­
sas emprendiendo desentendidos de Dios, muchas contra
Dios mismo. Estos dos reinos, en forma de dos ciudades que
con leyes contrarias abrazan contrarios propósitos, perspi­
caz contempló y describió Agustino... En toda la serie de
los siglos pelearon una contra otra con gran variedad de
armas y géneros de guerra, bien que no siempre con igual
ímpetu y ardimiento: más en nuestros tiempos, que los par-
tidarios de la facción malvada conspiran todos á una y ha­
cen los mayores esfuerzos, bajo la dirección y con el auxilio
de aquella sociedad, á que llaman de los masones, por todas
partes difundida y fuertemente constituida.»
Y para cerrar la puerta á una interpretación demasiado
amplia, indecisa ó vaga de aquella facción malvada de las
últimas frases, y cortar la vuelta á los críticos rezongones
y cavilosos, les da más adelante en la cara con esta obser­
vación: «Las diferentes sectas, si bien distintas en nombré,
rito, forma y origen; por cuanto están enlazadas por identi-
'tad de fines y semejanza de principios, en realidad convie­
nen con la masonería, que es á manera de centro de donde
parten y á donde vuelven todas.»
Al adaptar á su propósito León X III tan á la llana, sin
corrección ni temperamento de ninguna especie, el concepto
de San Agustín acerca del reino ó ciudad de Satanás, no
pudiendo escondérsele el valor teológico y rigurosamente
histórico por el Doctor de Hipona atribuido á tal idea ¿qué
más había de decir él para darnos perspicuamente á enten­
der, que esa secta central es satánica, no sólo por su pro­
sapia, sino también por su fin é íntima naturaleza?

Bien es verdad que en este camino había tomado la de-


laatera el inmortal Pío IX , al instruir sobre lo mismo á la
Asociación reparadora, Breve de 7 Enero, 1875, en esta
conformidad:
«Ella (la masonería) había previsto perfectamente todo
ei daño que debía de causar á la religión y á la sociedad ci­
vil. En efecto, esta digna hija de Satanás, haciendo del
hombre un Dios y constituyéndole juez supremo de su pro­
pia conducta, en el hecho mismo rechaza toda autoridad di­
vina y humana y destruye de encontrón las bases de toda
sociedad... Es preciso, pues, para arrancar esta venenosa
raiz, acudir al Omnipotente. Sólo aquel que pudo arrojar
del cielo al verdadero Padre de ésta, solamente él la pue­
de hacer desaparecer de la tierra.»
Si Satanás repútase verdadero P adre de ella, de su peso
se cae, que á ley de toda generación la engendró á su ima­
gen, la heredó con su espíritu y la hinchió de su amor, áfin
de que la digna prole por natural tendencia no sosegase has­
ta pagar la deuda de su filiación angélica con las más insig­
nes demostraciones de su nativo afecto, coa el engrandeci­
miento soberano de su verdadero Padre infernal, sublima­
do por obra suya á la cumbre del poder y señorío en la tie­
rra sobre la detestada raza de Adán, y en especial sóbrela
predilecta generación de Cristo.

Expresándose los dos Pontífices en tan paladino lengua­


je, no acertamos á calificar con qué género de irreverencia
osarían nuestros opositores litigar contra tan fehacientes
testimonios. Mas no sea dicho, que intentamos aplastarlos
eon el peso de la autoridad y sellar sus labios con la ame­
naza de nota infamante por desacato á las afirmaciones pon­
tificias. Aun perdonándoles de gracia tamaño delito ¿qué,
tan poco cursados están en los usos de la Iglesia, para ig ­
norar que cuando los Papas, saliendo de su habitual y ma­
dura reserva, tienen á bien adelantar cierta clase de pare­
ceres ó manifestaciones, más que no las legalicen y realcen
con la rúbrica de su infalibilidad doctrinal, no se aventuran
á la ligera, sino movidos por el sentir general de los más
egregios varones entendidos en cada asunto particular y
por los válidos fundamentos de cada opinión? De donde en
semejantes ocurrencias no se cumple con respetar á secas y
ceremoniosamente la autoridad papal, siempre digna de ve­
neración profunda, sino que de añadidura se debe estimar
en lo justo y habérselas con otras autoridades y razones
sobremanera atendibles; que es precisamente nuestro caso,
y en lo que temerariamente delinquen nuestros fastidiosos
criticistas.
Si no, vamos á ver: dado que á tanto llegase el descue­
llo y altanería de esos malcriados, de dar con el pie á las
superiores enseñanzas, comportamiento por cierto muy pro­
pio de obsequiosos y rendidos hijos de la Iglesia ¿se atreve­
rán á medirse con los ilustres patronos de nuestra causa?
¿con un Barruel, por ejemplo, cuya magistral competencia,
vasto saber y crítica hasta no más despreocupada en asuntos
masónicos serán para ellos, supongo, niñerías y estolidez;
con un P. G-autrelet, otro que tal con su.análisis exquisito,
método riguroso y solidez de argumentación á cuestas; con
na limo. Gay, cuyas obras, espíritu observador y sabios
estudios estimarán ellos sin duda como cosa de poco más ó
menos; con un limo. Dechamps, cuyas gloriosas polémicas
con lo peor y más fino de la secta, clarísima inteligencia y
seguridad de doctrina no deben seguramente de valer un
ardite; con un P. Bresciani, que habiendo hecho de una no­
vela la más verdadera historia ad probandum, con todo el
universal prestigio de su ciencia, experiencia y rectitud
acrisolada, apenas enrasará para ellos la talla de un esti­
mable literato?

Comencemos con nuestro catedrático de prima Barruel,


cuyas justas alabanzas en nuestros Orígenes de la masone­
ría repetidas, nunca igualaron á sus méritos; el cual al rema­
ta de su acabado estudio sobre el iluminismo alemán con v i­
veza pinta su lamentable resultado en estas frases tan pre-
fiadas de verdad como de énfasis:
«... De este modo celebraría sus victorias el último E s-
partaeo (Weishaupt). Los mismos demonios saldrían de sus
negros antros para gozarse en la grande obra del Código
iluminado. Satanás podría decir: Ya han llegado á ser los
hombres lo que yo apetecía que fuesen... Mientras el infier­
no se regodea en los triunfos que le prepara el Código ilu­
minado...» (1).
Luego una sociedad que hace triscar de contento á los
mismos demonios, una sociedad que generosamente propor­
ciona al Rey del Averno el lleno de sus ansias y el cumpli­
miento de sus obras (opera ejus vultis perficere), por na­
tural consecuencia es soeiedad endemoniada (vos ex patre
Malolo estis), consagrada á hacer el beneplácito y procu­
rar el ensalzamiento de su dios infernal. ¿No diee esto Ba-
rruel?
Y cuenta que nuestro hombre, forzoso es confesarlo, en
crítica histórica llegaba á pisar sin escrúpulo la raya del es­
cepticismo, parte contagiado por la maligna atmósfera de su

(1) Memorias sobre el Jacobinismo, t. III, c. xvin .


tiempo, parte por desmesurada ostentación de imparciali­
dad y blandura. Y estoque do l e fué dado presenciarlos
horrorosos estragos del código infernal continuados por más
de media centuria en Francia y en las demás naciones, los
incendios que por la misma causa hoy nos abrasan y han de
afligir al mundo hasta el fin de los siglos: y esto que no le
alumbraron los siniestros resplandores y claridades que so­
bre la secta han arrojado posteriores y numerosos descu­
brimientos: que si todo esto hubiese alcanzado é l , no se ha­
bría andado á las veces con ciertos paños calientes, más
entero y decisivo se habría mostrado en sus apreciaciones
acerca del carácter supraterreno de la réproba hermandad.

El P. Gautrelet, favorecido con mayor acopio de luces,


con la experiencia y observaciones de medio siglo más, del
primer empuje se planta en terreno, franco y despejado, y
firme sobre los estribos de segura información sectaria y
profana, arremete de frente denonado contra la Sinagoga
de Satanás, que la apoda él, pardiez bien apodada, y se
entretiene en desenmascararla pieza por pieza, presentán­
dola al desnudo como la falsificación y caricatura de la Igle­
sia divina, con un triste remedo de las notas distintivas de
ésta, unidad, catolicidad, apostolícidad y santidad; con su
régimen y jerarquía de botarga, levitas, sacerdotes, pontí­
fices, etc.; con la execranda parodia de santas ceremonias
y sacramentos; eon todos los rasgos que la denuncian por
engendro legítimo de Satanás, el misterio entte otros y el
imperio de la muerte. «Satanás, exclama el autor, prome­
tiendo inmortalidad á nuestros padres introdujo la muerte
en el mundo, consiguió el imperio de ella y es el príncipe de
la muerte.— F m n qui habebat mortis imper ium, id est,
diabolum.n (Hebr.)— En lo cual esencialmente difiere del
que vino para dam os vida, y la posee en su plenitud. Sa­
tanás triunfa, y con infernal regoeijo apacienta la vista en la
obra de su odio. Ya se está hundiendo el edificio social, ya
está dando los crujidos anunciadores del total desplome y
ruina, y en esto el hombre no conoce que es á la vez el m -
gaftado y la víctima. «Levantaos, Señor, y disipad á vues
tros enemigos.»
Esto es ver claro y hablar en castellano. A ver nuestros
sabihondos criticistas qué lacras le hallan á este docto jesuí­
ta y qué tachas ponen á su muy razonado y muy bien
documentado libro de La Franc-maconncrie et la R evolu­
ti on.

Respecto al limo. G-ay, por fuerza habremos de reprodu­


cir lo que de él trasladamos en los Orígenes, c. I, pues la
demostración es la misma. Más concluyente y persuasivo no
¡;uede estar:
«Aquella enorme boca, dice, que la Escritura llama el
¡mo del abism o... que tiene p o r re y al ángel del abismo,
cuyo nombre es el E x term in a d o r.,. (Apoc. IX); el mismo
íl j quien habla Jesucristo al echarles en cara á los rebel­
a s judíos: Vosotros sois del diablo vuestro p a d re... que
era homicida desde el principio (Joan. V III, 14). M isterio
(U iniquidad^ cuyo postrer fruto y agente soberano debe
p->r el hombre de pecado, hijo de perdición, el Anticristo...
que ha de reinar por cuenta del Infierno* La masonería ha­
ca todos los preparativos para la venida y triunfo del Anti-
cristo, concillándole los ánimos y ganándole las simpatías
d-; los hombres, creándole recursos y formándole en todos
los países un organismo político apropiado, popularizando
sus principios y formulando su credo, propagando su moral
y fundando su enseñanza con privilegio de monopolio, re­
clutándole ejército, dotándole de arreo científico, literario y
artístico, construyéndole teatros, levantándole tribunas,
preludiando su legislación y poniendo la prensa á su servi­
cio: con todo lo cual le va labrando el trono, que bien sabe
ella se habrá de convertir mañana en altar, y por esto afa -
liosamente trabaja en modelar á su imagen á ese pueblo
ciego, degradado y servil, cual le importa tenerlo para ser
adamado, llevado en palmas y obedecido» (1).
Efectivamente, por los medios enumerados y otros seme-

(1) Carta á Claudio Jannet en Les soc.ictés secretes et la sacíete',


t. III.
jantes va la masonería labrando á Satanás el trono que ma­
ñana será altar, ante el cual los pueblos extraviados y co­
rrompidos le rendirán pleito homenaje y tributo solemne
de adoración. Esto es sondear las entrañas de la secta, es­
to es exponer á la luz del sol su ñn supremo por el cual se
afana sin tregua ni reposo.
Cualquiera vendrá á enmendar la plana al limo. Gay;
cualquier criticista de por ahí vendrá á parearse eon él en
merecimientos.

Del limo. Dechamps repetiremos la observación de otro lu­


gar (Orígenes, cap. I) acerca del mezquino concepto que
le mereció la secta. En su continuo batallar con protestan­
tes positivistas y masones declarados que por aquéllos días
habían heeho de Bélgica su nido, ciudadela y campo de ma­
niobras, se había en cierto modo familiarizado con su trato
y avezádose á considerar en ellos únicamente la eorteza de
hombres extraviados y más ó menos emperrados en la pro­
fesión de ateísmo ó impiedad; y todo embebecido en la refu­
tación de sus errores sin volver la cabeza á otro lado, no se
curaba al parecer ni de rastrear ulteriores designios que los
animasen, ni de ahondar en ciertas misteriosas confabula­
ciones y artificiosos planes cuya realización cautelosamente
procurasen; sea que por una parte recelase en frente de
ellos de caer en la nota de fanatismo, de pueril ó extempo­
ránea suspicacia, sea que por otra con su corazón sano toma­
se á ridiculez suponer en aquellos sátrapas recámaras, se-
gundas intenciones, extraordinarios móviles ó desusadas
inspiraciones. De esta noble sencillez procedía tal vez el
que de la masonería no se parase más que en la propaganda
superficial de malvadas doctrinas, estimándola desdeñosa­
mente por el órgam m ilitante, era su mote, del racionalis­
mo, riéndose de sus pujos de gran potencia y echando á
guasa sus pretensiones religiosas, sin advertir empero con
todo y su innegable penetración: 1.° que al racionalismo por
sí no le hacen falta para campar muletas de ningún órgano
extraño, bastándole para trastornar las cabezas los variados
textos de sus doctores; 2.° que para sostener una pura far­
sa y sacar adelante cuestiones especulativas no suelen po­
nerse de aeuerdo tan gran golpe de gente ni tomar la cosa
tan á pechos con tan vasta y potente organización; 3.° que
la historia masónica del siglo pasado y del presente, en
Francia y en todo el mundo, tan inteligibles y resonantes
lecciones ha dado, que solamente la sordera y ceguedad de
la preocupación más empedernida ha dejado de oir, ver y
entender la enseñanza. Sin embargo, á pesar de los invete­
rados prejuicios, del singular embelesamiento del egregio
apologista, y perdone su preelara memoria nuestra soltura
de lengua, hubieron al fin de hacerle cosquillas y punzar su
ánimo eiertas tramas sospechosas, más aún ciertas declara­
ciones no tan embozadas de la maleante pandilla, las de Qai-
net en especial, cuando éste á vuelta de mil vueltas y fra­
ses precautorias, se descolgó hablando y haciendo muchos
ascos de una «fe nueva, de un culto hasta entonces desco­
nocido, de una revelación del espíritu esperado, revelación
soberana que formaría la estrecha alianza de todos los cora­
zones y que todavía no acaba de m anifestarse.» Al oir es­
te canto de Circe le picó la tarántula á nuestro eximio po­
lemista, y como hubo de escocerle, dando al traste eon sus
pudores de critícista, meticulosidades y prejuicios, prorrum­
pió en estas inesperadas confesiones tanto más valiosas y de
mayor significación cuanto más recia íuera la anterior ter­
quedad y deslumbramiento:
«Por su pretendida fe, diee, por su moral nebulosa y lle­
na de caprichos, por su simulacro de culto, la masonería no
es más en realidad que la mona de la Iglesia; pero por su
doctrina denegativa, por su objeto fundamental, negativo
también, y por su organización es, repetimos, la Iglesia
al revés. Sin escrúpulos en la elección de los medios que
emplea, en todas partes halla poderoso aliado en el inte­
rés de las pasiones, y no digo nada de las potestades su­
p rio res, antes que ella rebeldes y siempre prontas á ayu­
darla... En fin, no dudo que tenga algún presentimiento de
m a religión nueva, destinada á substituir la religión de
todos los tiempos, y que la religión del porvenir sea, den­
tro y fuera de la masonería, la esperanza de muchos que,
sin caer en ello, son los pequeños profetas y los pequeños
precursores del culto anticristiano, del anticristianismo po-
M ABO KE RU . T. I .— 1 3
sitivista, del nuevo paganismo sobrenatural y satánico del
fin de los tiempos» (1).
Que es puro y escueto el ñn primario y último á que se
encamina el masonismo de las traslogias con las potestades
superiores por brazo fuerte y el culto satánico por corona
de sus esfuerzos y satisfacción de sus ansias.
Y secunda y remacha el clarísimo autor con esta nota ad­
junta al lugar eitado, por si hacía falta:
iíEn otro libro (E l Cristo y los Anticristos) hemos ras­
gueado la historia del pasado y del porvenir del anticristia
nismo, puesto que su porvenir fué por inspiración divina
contado en los Libros Santos lo mismo que su pasado, y su
carrera es evidentemente tai como la describen los profetas
de ambos Testamentos. Inteligencias hay sin duda, aun en­
tre los cristianos, que en todo esto no ven más que misti­
cismo problemático; pero esos no echan de ver que los San­
tos Padres están contestes en la interpretación de las E s­
crituras referentes á los sucesos principales de la historia
anticristiana del porvenir.»
¿De qué manera compaginar éstas graves aserciones con
las burlescas rociadas que derrama sobre la secta? En sus
escritos no dejó expuesta el insigne purpurado la difícil
concordancia; aunque bien desciframos el enigma en nues­
tro juicio. Para nosotros el limo. Dechamps pertenecía al
gremio de criticistas sin saberlo, y vuelva á perdonarnos el
atrevimiento el gran Prelado y glorioso campeón de la hues­
te católica. Mas por lo mismo sube de punto el valor y fuer­
za persuasiva de su fallo.
Vengamos á nuestro P. Bresciani, que si florece como ha­
blista italiano de marca por voto unánime de sus compatrio­
tas, á mayor altura se ufana sin comparación por su mérito
de historiador consumado de la secta en su novela de la Re­
pública romana. Toma sus personajes del natural y parece
sorprender sus movimientos en la misma aceión, bien que
discretamente desfiguradas las señas individuales; su memo-

(1) L a jrm c -m a c o n n e rie , ch. III.


ria está henchida de variedad de sucesos y escenas bien cer­
tificadas del bandidaje masónico, y su pecho sacerdotal guar­
da preciosas confesiones de algunos actores que sin riesgo
de traición al sacro sigilo hubieron naturalmente de ilumi­
nar sus indagaciones. Con cuyos elementos, sostenido em­
peño y santo celo en su proficua empresa, no es decible cuán
adentro penetró en los abismos de la subterránea congrega­
ción, en sus extremos designios y naturaleza íntima; luego
todo el fruto de tan asiduas meditaciones y pesquisas lo va­
ció concienzudamente y lo hizo del común dominio en la so-
1redicha obra. Por lo cual su testimonio raya á tan alto gra­
to de autoridad y campa justamente en primera línea. Véa­
te con qué acento de convicción y á la par con qué perspi­
cacia y sagacidad, al comunicarnos el resultado de sus lar­
gas investigaciones, nos informa del paradero y blanco úl­
timo, nos retrata la peculiar fisonomía de la escondida her­
mandad:
«Os preguntábamos, dice uno de los interlocutores, si
creíais posible que en las sociedades secretas se rindiese
por algunos jefes adoración al demonio... Ya respondí, ale­
gando aquel claro y terminante: Añoraron al Dragón que
dio poder á la B e s t i a . Este dragón es aquella serpiente
antigua que se llamaba Diablo y Satanás que engaña á
iodo el mundo (1). Como la B estia tiene todos los caracte­
res de las sociedades secretas del Iluminism o que hoy ha
invadido el mundo, perspicuamente se deduce que cuantos
tienen el O a b á c t e b de la B estia adoran al demonio. Mas si
sü hacen diabólicos ó se transmutan en Satanás, yo creo que
sea éste el verdadero y último m isterio de esta congrega­
ción de peeado: Y en su frente hay escrito un nombre; Mis­
terio» (2).
El prudente autor, sin perder de vista los hechos, motiva
su aseveración diciendo:
« Vosotros sois hijos del diablo, decía el Redentor á los
impíos en general. ¿Qué, pues, deberá decirse de los secta-

(1) Apoc. xn, 9.


(2) Ibid. x v i i , 5.
ríos que se consagran al demonio para pelear contra Jesu­
cristo y sus Santos? Además si Cristo es la calma de todo
hombre y Dios la cabeza de Cristo (1); y si la graeia del
Señor endiosa al hombre de tal modo que vive en Cristo co­
mo Cristo vive en el Padre (2); por el contrario, el que ha
renegado de Jesucristo como su cabeza y toma por cabeza
al diablo, en el diablo vive, de él se anima, con él se robus­
tece y en él se encarna. Del mismo modo que el cristiano
considera como su mayor y más alta perfección el identifi­
carse con Jesucristo, así los sectarios tienen como su más
encumbrada alteza el incorporarse eon Satanás.»
Y no achaquen arranques místicos, ideas preconcebidas1,
candores y celos sacerdotales para desconceptuar á nuestro
docto, experimentado y sesudo escritor, quien á prevención
se sacude las pullas con este leal aviso:
«Sin embargo estoy en la creencia de que los hombres
más impíos de tales sociedades se rien para su coleto de los
ritos, sacramentos, consagraciones y esconjuros diabólicos...
no reparan en que el diablo se aparezca ó no se aparezca; y
aun creo que la mayor parte de ciertas apariciones, res­
puestas, ruidos y medrosos estrépitos no sean otra cosa que
ilusiones y engaños fraguados con falsos ardides por esos
bribones.»
Una vez apartada esta granza saca el grano limpio, con-
cluyendo:
«Mas esto no quita que la Demonolatría sea el últi­
mo resultado á que conduzcan por su naturaleza las socie­
dades de masones, carbonarios y demás vástagos de Weis­
haupt» (3). [Feliz remate!
Y no contento, en una nota recarga con las interesantes
reflexiones de un amigo suyo á quien con toda la sobriedad
de sus apreciaciones él gradúa de buen filósofo , y esto bas­
taría, y cuyas ideas toma en un todo por suyas; el cual coa
tono resolutorio, en carta al P. Bresciani, habla así:

(IJ I Cor. xi, 3.


(2) Joan, xiv, 20.
(3) L em elo , art, XIII.
«Deseo que se cultive la idea acerca del último M isterio
de las sectas de nuestros días. Se tienen suficientes pruebas
teológicas, históricas y de razón de que el sacramento de
iniquidad es verdaderamente la más profunda demonolatría,
y que en los más íntimos retretes de las sectas se guarda
acromáticamente UDa misteriosa metafísica con la que se
muda el sentido de las palabras, tomadas al prestado tam­
bién de la misma filosofía heterodoxa. Es probable que eso
de la Idea, del Uno, del Gran Todo á que según ellos el
lumbre ó el alma vuelve y con que procura connaturalizar­
se, sea justamente el principio del mal que ellos consideran
com o bien sumo y opuesto al Dios de los cristianos... Con­
vendría recorrer las pruebas del sistema, pruebas de razón,
pruebas de hecho y pruebas teológicas además, teniendo á
h vista las predicciones del Apocalipsis. Sin necesidad de
t to, el aserto de que en la suprema metafísica de las sectas
L. última transformación de la humanidad sea su connatura-
I lación con la naturaleza diabólica, es muy lógico y lo creo
histórico sobradamente. Toda la filosofía alemana lo deja
vislumbrar, y como que prepara los ánimos para el presente
Socialismo destructor de todo Teísmo , reservándose predi­
ca' después el dogmatismo diabólico, cuando crea oportu­
no explicar claramente cuál deba ser el N u m e n de la r e li­
gión del porvenir (1).
Es de tenerse en cuenta que esto se escribía hace ya me­
dio siglo. Aguda vista y larga vista tenía el faien, filósofo.
A! leer su explicación ¿á quién no asalta el recuerdo del fa­
moso Gran Todo del martinismo? ¿quién no se maravilla de
topar con esa religión del porvenir y su correspondien­
te Numen, tantos años antes de que esa especie sobresal­
tase al limo. Dechamps?
Luego la masonería es satánica en el sentido que desde
el principio de la discusión taxativamente propusimos y
fijamos.
Concédese graciosamente á los ultraeríticos el derecho de

il) R epública rom ana, 70 (Ed, de Sevilla).


pataleo. Adulteren 6 menosprecien desenvueltos, capaces
son de ello, pues los transporta y arrebata el furor censori­
no, las eitadas alegaciones; comenten, interpreten ádestajo,
retuerzan, trunquen, atormenten á su sabor palabras y
cláusulas de Papas y meritísimos escritores; que se les me­
llarán los dientes. ¿Cómo es eso? ¿de cuándo acá se ha tras­
tornado la lógica? ¿con qué fuero ha de venir esa malsana,
despótica y selvática crítica germanesca á hacer mundo nue­
vo, atropellar abarrisco y mandar al diablo el argumento de
autoridad, y en lo presente de tal autoridad, tan por extre­
mo perita y veneranda, en cosa de hechos y relatos? ¡Vaya
una pretensión exorbitante! Por consiguiente no hay más
cera que la que arde para ellos, ó renegar descocadamente
de la lógica y ponérsela por montera, ó juntar las manos y
admitir tascando el freno la tesis que de sí arrojan los tes­
timonios aducidos.
Es mucho cuento con esos sabihondos autócratas de la cien­
cia. Con todas sus polendas es cosa que hace reir, y á par
causa grima, esa fatua é inaguantable tiranía, esa doctoral
y empalagosa suficiencia con que esos críticos incordios,
montados á la alemana, decretan y exigen requilorios sobre
requilorios en el número, calidad y medida que caprichosa­
mente les place tasar para creerse nadie facultado á afirmar
un hecho, sentar un aserto más ó menos histórico, verificar
en asuntos morales una inducción, por más ajustada á las
reglas del sentido común. Bien es verdad que á ellos se lo
tiene sorbido su espíritu porfiado y caviloso, necio y orgu­
lloso á la vez, de no dar pase ni euartel en historia, y has­
ta en lo que no es historia en ocasiones, á nada, sin ver,
palpar, estrujar, exprimir y calar el indispensable mamo­
treto ó vejestorio de cualquiera clase: como si en nuestro
caso una sociedad abanderada bajo el lema del más inviola­
ble secreto no cuidase, sobre todo en los puntos de mayor gra­
vedad y compromiso, de tapar cualquiera resquicio y borrar
la más mínima huella; como si el dictamen mancomunado de
los más respetables peritos no diese bastante prenda de por
sí; como si ciertos indicios, adjuntos, manifestaciones y efec­
tos no mostrasen el rastro inequívoco de los hechos; como si
la historia súbito se hubiese vuelto muda ó hubiese apagado
to d o s sus faroles; como si por otra parte, y do es lo menos
digna de atención, los documentos ó monumentos trajesen
consigo atestado inconcuso de fidedignidad y no pudieran
suplantarse Ó contrahacerse; como si tan llano íuera á las
v e c e s leerlos, entenderlos ó aplicarlos. Chica gresca se ar­
ma á lo mejor entre los estudiosos roedores de vejeces á
p rop ósito de un carcomido códice, de tal ó cual pergamino
ratonado ó de alguna piedra mohosa sobre su procedencia,
autor, data, interpretación con el laberinto de cien eruditas
cuestiones anexas de toda especie para venir á parar al ca-
b.) de muy doctos y virulentos litigios en que: Caballeros,
110 hay nada de lo dicho, ni se prueba nada (el más cómodo
espediente es negar en redondo); ó en que más tarde otros
deshagan de un soplo la armazón de los primeros y se rian
de su torpeza, ó en que todos canten victoria á la vez y se
despedacen con furia y siga el pleito en pie; y á todo esto
después de un incalculable desperdicio de saber y erudi­
ción omniscia, los espectadores, si bien nos hemos divertido
con la regocijada pelambrera, nos quedamos tan á obscuras
como antes, sin saber á qué carta atenernos, y ruede la
bola.
No es que nosotros, por mor de picar la cresta á esos en­
copetados oráculos de la historia, demos al través en el mis­
mo escollo de imperar á nuestro turno pleitesías ni mirar
por encima del hombro á nadie, Dios nos líbre, sobreponien­
do nuestros limitados conocimientos á la profunda ciencia
de altos varones, ante cuyas grandezas nos inclinamos, á
quienes en lo que no es temático tomamos por antorchas de
nuestras míseras lucubraciones; sino es decir, que con nues­
tro corto caudal, vigilias no largas y entendimiento menos
pulido nos metemos buenamente en nuestros particulares
estudios con plácido sosiego, ánimo humilde y ganoso de
aprender de donde quiera que venga, mente despejada y
limpia de nubarrones de prejuicios, sospechas y capciosi­
dades; manteniendo sano y sobrio nuestro juicio, libre y
exento de toda preocupación de escuela, que abominamos,
para penetrar, inquirir y sondear en cada cosa todos los
átomos de verdad, para fallar independientes con estric­
ta rectitud y serena calma sin sacrificar ni en un ápice las
venerandas leyes del sentido común á autoritarios conven­
cionalismos, ni dejarnos arrollar por el ímpetu de la corrien­
te escéptica que en nuestros días y sobre ciertos sujetos, á
los más valientes hace perder pie y arrebata. Dejándonos
de circunloquios y hablando en plata, disértese cuanto se
quiera y dóreselo como plazca, en Dios y en mi ánima que
ese irracional pirronismo histórico, ese maniático desdén y
fastidio es hijo de mala madre, de la bastarda y altanera re­
forma que dió suelta al depravado pensamiento y alas al hu­
mano orgullo, atizadora de los malos instintos, excusa y ta­
padera de vicios; que so capa de cohonestar rebeldías, en­
señó á su camada á trastear, revolver y pervertir textos, á
manipular y falsear historias; esparció á todos vientos se­
millas de incredulidad, produjo el libertinaje de las inteli­
gencias y sopló su hálito infecto de duda, más ó ménos arris­
cada, hasta en los espíritus católicos, formando atmósfera
y engendrando una escuela díscola y presuntuosa de peren­
ne, desmandada y cavilosa discusión. ¡Perniciosísima plaga!
¡miserable y peligrosísima dolencia! Viderint cónsules! los
sabios, decimos, de mayor crédito y los tales de veras, que
si se sintieren tocados de la común demencia, comiencen
ellos mismos por tomar eléboro y asesar.
Plegue á Dios aproveche la fraterna á los hombres de
buen juicio, de corazón entero y desapasionado.

D i c h o s y h e c h o s . — Proseguimos machacando sobre el


mismo yunque. Si exceptuamos la sentencia del conde de
Maistre que ponemos por encabezamiento y cifra de nues­
tra nueva argumentación, estos dichos y hechos los toma­
mos de la misma parte interesada y dolorida, de los herma­
nos acompasados, escuadrados y nivelados. Esto dicen y esto
hacen: luego verdad ha de ser, que no tiene quite. La con­
secuencia corre por sí sola. Nadie se difama gratuitamente
á sí propio, ó dígase que para esos perdidos es la nota satá­
nica corona de honor: lo mismo nos da; en ambas suposicio-
nes fluye la ilación, en ambas sobre todos los chirimbolos y
ceremonias simbólicas y sobre'el corazón mismo de la preci­
ta hermandad fulgura siniestra, marcada con botón de fue­
go infernal, no la S (serm s, esclavo) de los romanos, sino
otra t9, la que señala al rey de los sempiternos ardores, la
de Satanás: esclavos de éste son ellos.
Maistre, que en sus principios fué masón; Maistre, que
á poder de estudios y observaciones de largos años tau in­
ternamente caló en el alma de la tenebrosa institución;
Maistre, el inspirado sociólogo, el sagaz diplomático, el
eminente publicista, habló un día en son de profeta, como
tuntas otras veces, y con su habitual clara videncia dijo:
«La revolución es satánica.» Revolución en boca de Mais-
tre es sinónimo de masonería, según por sus escritos se pal­
pa, pues bien aprendido se tenía, que ella es la fecunda
madre, la perpetua inspiradora, fautora y mantenedora de
todas las revoluciones modernas, la asesora obligada, fa­
raute y árbitra de la política mundial.
Voltaire en buena parte de su correspondencia saluda á
los masones como á hermanos en Belcebú. Será chiste in­
substancial y majadero como todos los de este diablo, cuan­
do no eran puercos ó venenosos; pero un simple chiste pier­
de su gracia prodigado, y esto se lo sabía él que no era zo­
penco: luego era algo más que chiste, y en esto sí acaso
estaba el chiste de la expresión, en emboscar la realidad
con una chuscada; si no decimos, que muy lleno debía estar
ei bribón de lo que con frecuencia sin más ni más le brotaba
por los puntos de la pluma.
Por boca del espiritado h .1. Proudhon, que desde el pri­
mer día de un salto se encaramó á la más subida iniciación
de la secta, espumajeaba todo el infierno junto su rabia con
esta sarta de espantosas blasfemias:
«Ven á mí, Satanás, tú á quien la fe de mis padres cons­
tituyó adversario de la Iglesia y de Dios: ven, ven, oh Sa­
tanás, el calumniado por los sacerdotes, para abrazarte y
oprimirte contra mi pecho. Hace largo tiempo que yo te co­
nozco y tú á mí. Cierto que tus obras, oh bendito de mi
corazón, no son siempre hermosas ni buenas; pero dan la
explicación del universo, y éste sería sin ellas un absurdo.,.
Sólo tú amas y fecundizas el trabajo, tú ennobleces las ri­
quezas, tú pones el sello á la virtud. Yo no brindo á tu ser­
vicio más que una pluma: mas ésta vale por mil, y juro no
soltarla hasta que amanezcan los días cantados por el poe-
ta: Devuélveme los días de m i infancia, oh diosa de la IU
beriad .»
El h . \ Michelet, hombre dé provecho, cantaba gozoso
«los triunfos de Satanás sobre Jesucristo.»
El h .\ Qainet, otra linda pieza, llamaba á Luzbel
«principio que ha de tener asidos y presos todos los cora­
zones. »
El h .\ Montanelli en su poema La Tentazione, aspiró á
plantaren Italia el imperio de Luzbel.
El h . \ Renán explaya así sus amores diabólicos á lo cien­
tífico:
«De todos los seres en otro tiempo malditos, á quienes
la tolerancia de nuestro siglo ha levantado el anatema que
sobre ellos pesaba, Satanás es sin disputa el que más ha ga­
nado con el progreso de las luces y la general civilización.
La Edad Media que no entendía nada de tolerancia, lé hizo
á su capricho maldito, le torturó y para colmo de desgracia
le ridiculizó. Milton comprendió por finá estB pobre calum­
niado y principió la metamorfosis que la imparcialidad de
nuestro siglo debía acabar. El (el Satanás de Seheffer) ha
perdido los cuernos y las garras, no ha conservado más que
las alas, apéndice que por sí solo le coloca en el orden so­
brenatural...»
El himno á Satanás del judío renegado Carducei con sus
insultos, sarcasmos, imprecaciones, arrogancias, dicterios y
furores del infierno contra la Majestad Divina, es la ruido -
sa explosión de los genainos sentimientos de la secta, la
cual por esto lo canta con indecible regodeo para mejor
solemnizar sus principales jolgorios y marcar más su sello
propio:

«A. te de l’essere Via l ’aspersorio,


Principio immenso, Prete, e il tuo metro!
Materia e spirito, No, prete, Satana
Ragione e senso; Non torna in dietro!
A te disfrenasi E yia gia tremano
II verso ardito; Mitre e corone;
Te invoco, Satan a, Dal chiostro brontola
Re del convito. La libellione.
Salute, ó Satana, Sacri á te salgano
O ribellione, Gl'ineensi e i voti!
O forza vindice Hay vinto il Geova
Oella ragione. Dei sacerdoti!»

A Carduce! se las apuesta y le da quince y raya por más


explícita la Revista de la masonería italiana, que roncan­
do íuerte como quien se cree dueño del campo, y despre­
ciando los engañosos afeites y tapujos de otros días, n o tie-
ns inconveniente en desabrocharse por completo y con la
mayor frescura del mundo desatarse en estas seguidillas
boleras:
«El edificio social que se está hundiendo, necesita de una
piedra angular: El la pondrá. Y esta piedra angular «no
«¿erá del cielo,» sino de la tierra.
«Salud al «genio renovador;» y vosotros, todos los que
padecéis, levantad la frente, hermanos carísimos, porque ya
llega él, ya llega el gran Satanás.» (Revista, t. XI, p. 265).
« Vexüla regis prodcunt in feri, ha dicho el Papa. Pues
toan, es verdad. Sí, avanzan las banderas del rey del in­
fierno, y ya no habrá hombre que tenga conciencia de ser­
lo. que no venga á alistarse bajo ellas, bajo las batideras
de ¡a masonería. Sí, avanzan las banderas del rey del in­
fierno, porque la masonería... tiene la obligación de luchar
hoy con mayor energía que nunca contra los amaños de la
reacción católica.» (Revista, t. XV, p. 357).
«Cuando veamos reinar como soberano bajo las bóvedas
de nuestros templos al Padre de todos los sectarios pasa­
do.', presentes y fu tu ro s, él nos podrá decir con su legen­
daria sonrisa:
*Carísimos y honorables hermanos: hacedme el favor de
reconocer en mí el término final del progreso masónico .»

A tan voluntarias, significantes y autorizadas confesiones


de los parciales no vemos pueda oponerse excepción de nin­
guna clase. Recuérdese para mayor garantía la imprescrip­
tible ley de la censura previa vigente en la hermandad;
apliqúense al caso las reglas que de dicha ley y del ordina­
rio proceder de la institución con rigor lógico dedujimos, y
coa esto es imposible le reste á nadie la más leve sombra
de incertidumbre.

Multitud de hechos vienen á robustecer nuestro aserto,


apuntados muchos de ellos en su lugar propio de los O rí­
genes.
La aparición del demonio en una logia de Lyon, atesti­
guada de vista por el venerable P. Jandel, que puso en fu­
ga al horrible monstruo, y referida por el P. Cormier, re­
ligiosos ambos, ilustres varones de la Orden dominicana, en
toda buena razón debe contarse por firme, ni puede llamar­
se á cuestión otra ocurrida en una logia de Montevideo, que
en 1882 tanto dió que hablar á periódicos de esta ciudad y de
Buenos Aires, y que ocasionó un incendio con muerte de
más de veinte personas.
Al infando grito de / Viva el infierno! en Francia y en
1793 se degollaba á los sacerdotes, se demolían las iglesias,
se profanaban los santuarios, substituyendo con la impú-lica
Razón las venerandas imágenes de la Virgen María. El mis­
mo grito salvaje resonó en las calles de París después del
asesinato del duque de Barri, y se repitió en 1848 al esta­
llar la revolución socialista. Este grito fué imitado en E s­
paña en 1834 por la musa callejera y guitarresca de Ma­
drid, horas antes de la horrorosa hecatombe de religiosos in
molados al furor de Satanás: / M uera Cristo! / Viva Luzbel!
y partiendo de algún dato positivo que llegó á nuestros oí­
dos, parece fácil de comprobarse eon diestra inquisición
la existencia de sociedades infernales en la península ibé­
rica por aquellos aeiagos tiempos. El mismo grito se dió
también en Suiza como santo y seña de encarnizada guerra
contra los católicos. Ahora cosa olvidada es de puro sabida,
que la autora y perpetradora de todas esas infamias y ho­
rrores fué la masonería.
¿Quién no ha oido hablar, en los días infaustos de la Re­
pública romana de 1848 y siguientes, de la Compafda in­
fern a l de Sinigaglia? Igual caráeter debe en nuestro con­
cepto atribuirse, bien que los títulos cambien, á la Socie­
dad de la m uerte, de Brema; á la Compa fda de la muerte ,
de Ancona; á la Sociedad de matadores, de Liorna; á la
Compañía de los sicarios , de Faenza; á los T erroristas,
de Bolonia, á los Barbaros de M azzini, de San Calixto de
Roma; sociedades todas ellas masónicas.
En el Correo de T a rín , en 1882, se leía:
«Hase notado que por la primera vez ha comparecido en
Grénova, con motivo de las fiestas para el monumento de
Mazzini, el estandarte de los círculos anticlericales, el
cual consiste en la efigie del diablo sobrepuesta en una ban-
vlera negra.
«Ahora anuncian ya los diarios democráticos y radicales
que en nuestra ciudad (Tarín) se ha constituido un círculo
anticlerical con el mismo estandarte.
«La inauguración fué el día 13 de Julio, aniversario de
las nefandas agresiones contra los restos del Padre Santo
Pío IX . El lugar fué una taberna, la del A guila negra,
íaera de la puerta de Niza. Reuniéronse unos ochenta co­
frades. Luis Mongini presidió la asamblea y regalóla mag­
nífica bandera negra, en que campea esta divisa: Círculo
anticlerical. Hablaron distinguidos oradores, encomiando
la victoria del progreso sobre el decrépito y agonizante pa­
pado romano, y ¡ f uera el P apa! se escogió en definitiva
como orden del día, á la sombra del diabólico estandarte
que permaneció flotando en la sala como égida de los con­
gregados.»
Hechos ocurridos en países diferentes, recogidos de épo­
cas distintas; heehos que relacionados y trabados unos eon
otros por la compacta y constante solidaridad de todas las
fracciones y dominios de la secta, que más atrás demostrá­
bamos, bien se elevan á la dignidad y categoría de prueba
plena.
Nos sacarán algunos el achaque de ser hechos salteados,
corao si fueran éstos los únicos, y la secta no quitara mu­
chos de la vista de los profanos con su jurada reserva; ni
en ninguna inducción fuese fuerza exhibir la lista comple­
ta de experiencias y observaciones, máxime cuando á los
hechos aducidos les presta significación y unidad la inviola-
ble y vigilante disciplina de la secta. Pero vaya enhora­
buena, démosles á esos descontentadizos por el gusto: allá
va una serie interminable de actos y funciones en todas par­
tes y á la continua muy solícitamente practicados, y por
cierto con sello ofieial realzados, según se patentiza con los
respectivos ceremoniales auténticos en mano.

Conocido es cierto pasaje de Tertuliano (Da praeser.


en que dice: «SI diablo en los misterios de sus ídolos
c . xtj ),
remeda las ceremonias de los divinos Sacramentos. Bautiza
á los que en él creen; promete la remisión de los pecados;
también ordena para las funciones sacerdotales; imprimeen
la frente de sus soldados el signo de la confirmación; cele­
bra la oblación del pan. ¿Qué más, si deputa á su pontífice
sumo para asistir al matrimonio?»
A maravilla arman tales palabras á nuestro propósito. Si
en semejantes indignas parodias de los Sacramentos se ufa­
naba, por dicho de Tertuliano, demás que el recto discurso
lo persuade, el señorío del demonio sobre aquellos herejes,
¿conque mediana excusa ni especioso pretexto siquiera ha­
bríamos de negar ó desconocer igual señorío del ángel rebelde
sobre los masones, toda vez que éstos con la malignidad má£
refinada, eon la más deliberada intención de rebajar y escar­
necer las cosas santas, reglamentan, perpetran y con dia­
bólica fruición solemnizan idénticas execrables mojigangas?
Esto no tiene vuelta de hoja.
Pues bien ¿no echaban menos nuestros desagradados hi-
percrítieos la continuación y universalidad de manejos satá­
nicos? Ahí los tienen á porrillo que se les meten por los ojos
en la perpetua farsa de burlescos sacramentos. La realidad
de esos diarios y horrendos sacrilegios la fian á voces los
rituales de la cofradía y la escandalosa publicidad de tales
impías comedías.
La masonería bautiza.— Allí hay padrinos, imposición de
nombre masónico, imposición de mano, de la piedra bruta,
del cincel, escuadra, nivel y plomada; allí en lugar de Cris­
ma y Oleo hay vino para mojar boca, oidos y ojos del lo­
bezno; allí un vaso de agua para introducir en ella la mano
déla infeliz criatura; allí obligaciones juradas de los padri­
nos, asiento de la partida y certificado subsiguiente.
La masonería confiesa y confirma.—A la confirmación
precede la confesión. «Dadnos una prueba, se dice al con­
firmado, de vuestra decidida voluntad de pertenecer á nues­
tro gremio, haciendo con franqueza la confesión de algunas
de vuestras principales faltas (como si dijéramos, de vues­
tros pecados graves).,. No que tengamos curiosidad... sino
i^ara mostrarnos vuestra franqueza y sinceridad, y que
avancéis un paso más hacia la perfección moral.« La confe­
sión exigida á sus postulantes por Weishaupt es la cuenta
minuciosa y cabal de los más íntimos secretos de concien­
cia.—La confirmación se reduce á experimentar la fortaleza
d el confirmado con un brevaje amargo, con temeroso ruido
ile truenos y crujir de armas (1).
La masonería administra el matrimonio.— Aquí la mofa
no puede ser más desvergonzada.
«El Venerable: ¿Qué queréis vosotros?—Muy Ven.*, ha­
biendo cumplido ya con la ley civil, queremos tener la di­
cha de recibir la consagración mas.', de nuestra unión.—
Levantaos (estaban hincados).
H .V . F . \ ¿declaráis haber tomado por vuestra legítima
esposa á nuestra querida H .V . Z .\?
Querida H .V . Z .\ ¿declaráis haber tomado por vuestro
legítimo esposo á nuestro H .V . F .\ ?
IÍ.V . F . \ ¿juráis...?— Querida H .V . Z .\ ¿juráis...?
Echa incienso en una cazoleja.— Daos la mano derecha.
H .V . F . \ dad y poned en el dedo de nuestra H .V . Z.-.
este anillo ó alianza simbólica.
Querida H .V . Z . \ dad á vuestro marido esta alianza.
Inclinaos. Se inclinan. El V en.1, les impone las manos,
diciendo:
A.*. Gr.\ del G v. A.-, del U.*., en nombre d elG .’ . O r.\
de N. y en virtud de mis poderes confirmo el lazo sagrado
de vuestro matrimonio, etc.
Por fin de broma, no dejando la ida por la venida, pre­
gunta el Ven.*.:
H.*. Vigilante primero ¿qué pensáis de la indisolubilidad

(1) En el antiguo Tito de F essler, el remedo es muclio más


exacto, según es de ver en la O rtodoxia masónica, de Ragon.
del matrimonio?— Que es contraria á las leyes de la n a ­
turaleza y de la razón.
V e n e r a b l e ; ¿Cuál debe ser el correctivo?— P r i m e e V i g i ­
l a n t e : El divorcio. Ya entró en nuestras costumbres,
y es de esperar que entre en nuestras leyes y se le­
galice. »
¡Abranse los ojos de los eiegost
La masonería bendice la primera piedra de sus templos
con majestuosa procesión, himno, invocación al G.% A.*,
del U .\ y reiterados amenes. Dedica sus templos con for­
malidades parecidas y con el canto de una an tífona (sic)
por remate. Consagra sus logias con mayor solemnidad to­
davía y con la particularidad de repetirse á coro la segunda
parte del Gloria P a tr i, omitida por de contado la primera,
ó sea la glorificación de las tres Divinas Personas. Con es­
tas payasadas se esmera grandemente en sacar al propio la
caricatura de las venerables ceremonias de la Iglesia.
La masonería festeja las exequias de sus muertos con to­
do el boato y escándalo posible; con rociaduras o aspersio­
nes de vino, de agua lustral y de leehe, con preces, senti­
mentales poesías, flébiles discursos, con suculenta y com­
pungida ágape, con oraciones fúnebres del finado, más que
hubiere sido un racimo de horca, purificado con la consa­
gración masónica: le manda á la gloria aunque se hubiere
hecho merecedor de cien infiernos; en lo cual no hay con­
tradicción, por más que lo parezca, porque siendo el reino
de Satanás el infierno, de suyo para los secuaces y tiernas
hechuras de él gloria ha de ser ir á hacerle buena eompañía
en su ígneo palacio.

Por último, la masonería es activa fábrica de sacerdotes,


gozando atributos y honores, desempeñando oficio de tales
el Mfopta de Weishaupt, y de otros ritos el Grande Elegi­
do, el Príncipe de Jerusalén, el Gran Pontífice, el Caballe­
ro Rosa-Cruz, el Jefe del Tabernáculo, el Príncipe del Ta­
bernáculo, el Caballero de la Serpiente de Bronce, el Prín­
cipe de la Merced, el Gran Comendador del Templo de
Jerusalén, el Príneipe del Líbano, el Gran Escocés de San
Andrés ó Patriarca de las Cruzadas, la mar, en fin, de dig­
nidades sacerdotales.
Para no hablar más que del Rosa-Cruz, éste, encima del
traje profano, que debe ser negro, luce entre otras insignias,
casulla de merino ó de otro género de lana, blanca, ribetea­
da de negro, con una cruz latina encarnada delante y otra
atrás.
Toda la iniciación de este grado consiste en un tejido re­
pugnante de impiedades, sarcasmos, hipocresías, embus­
tes, blasfemias, sacrilegios, abominaciones, estudiados des­
atinos, en que se juega irrisoriamente con las Santas E s­
crituras, los adorables misterios de la fe, las augustas
ceremonias de la Iglesia, la historia, la moral, puesto que
descuelle en el detestable conjunto el escarnio, el espíritu
de blasfemia y el sacrilegio.
El signo de orden que dicen, llámase del Buen Pastor.
En el catecismo que le nombran, se hacen estas preguntas
entre otras del mismo jaez:
«¿Por qué reverenciamos tanto á Hiram (el maldecido nie­
to de Caín y representante de su raza, recuérdese)?—Por­
que es la segunda persona de la Trinidad, que se hizo hom­
bre por nosotros y reedificó la Iglesia sobre las ruinas del
templo de Salomón.
-¿Qué significan todas estas cosas?— Los principales mis-
terios de la Religión.
«¿Cuál es el punto perfecto del triángulo?—Es la segun­
da persona de la Trinidad, que se hizo hombre, porque en
ella se reunieron las perfecciones de la primera y la terce­
ra.—Todos nuestros misterios son los mismos de la Iglesia
católica, etc., etc.»
Termina la farándula con la más indigna parodia de la
institución de la Sagrada Eucaristía:
“En el salón se coloca una pequeña mesa ( a lta r llámanla)
cubierta con un mantel blanco y encima tres luces en trián­
gulo, un papel triangular que lleva escrita la palabra
sagiv. del Kadosch, una copa (por nombre cali»), una bote­
lla de vino y un pan...
«El M .\ S .\ (muy sabio) reza esta oración: «Soberano
Criador y Conservador de todas las cosas, que proveéis de
un modo admirable á las necesidades de todos, bendecid el
alimento corporal que vamos á tomar y permitid que sea
MASONERÍA. T . I . — 1 4
para mayor gloría vuestra y satisfacción nuestra. Amén,»
T oáoslos CC.’. (caballeros) repiten: Amén. Entonces el
M .\ S .\ toma el pan, y dice: «Jesucristo la noehe de la
cena en Emmaús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y rom­
piendo luego un pedazo, lo comió y dió el sobrante á sus
discípulos.» E sto se dice acompañando al mismo tiempo
con la a cció n es decir, el M. \ /SV. bendice el pan, parte
un pedazo, lo come y pasa el sobrante al h . \ de la dere­
cha que toma su pedazo y pasa el resto, y así sucesiva­
mente hasta que todos los 00. *. presentes han comido del
pan. Durante la ceremonia se observará el más profundo
silencio y decoro. En seguida el caballero más novel trae
una copa de vino, que presenta al H.*. S . \ Éste la toma y
dice: «Jesucristo la noche de la cena bebió de este vino y
luego lo pasó á sus discípulos.» Se hace lo mismo que eon
el pan, y después que todos han bebido, echa el vino so­
brante en el fuego preparado de antemano. Después mues­
tra la palabra sa g r .\ de este grado, que estará escrita en
un papel de figura triangular, y lo echará también al fuego.
Durante esta última parte de la ceremonia todos doblan la
rodilla, haciendo el signo del Buen P astor, hasta que se
consuma el papel que contiene la palabra s a g r .\, después
délo cual el M.*. S . \ dice: C o n s u m h a t u m e s t . — Al orden,
hh.*. míos. Todos se ponen de pie, hacen el signo, y el
M .\ S . \ añade: La paz sea con vosotros. Todos responden,
Amén, y se retiran» (1).
Este sacrilegio se renueva el Jueves Santo, que esos pe
rros eligieron por fiesta principal de su Capítulo.
En la noehe del Jueves Santo además se hace la masca­
rada -del Oficio de tinieblas con su tenebrario y todo.—El
primer día de Pascua vuelven á encenderse las velas apa­
gadas el Jueves Santo.

(1) Fuera de la sacrilega mofa, para comprender toda la ma­


lignidad lucíferina de este pasaje, téngase en cuenta que esa pa­
labra sagrada es INRI, y que el Juego es emblema del dios masó­
nico, según enseña Iiagon en su Qtts'so filosófico. A tal fuego se en­
trega ó sacrifica la palabra sagrada y el vino.
Los precedentes informes y acotaciones están letra por
letra tomados del M anual de la masonería publicado por
primera vez en 1860 y en New York por Andrés Cassard,
masón de los más conspicuos y condecorados y potencia de
primer orden en ambas Américas. Su libro se recibe como
texto legal, obra magistral y consultor autorizado en toda
Wt América española. Nosotros hacemos uso de la quinta
edición en castellano corregida y aumentada, impresa en
New York en 1867. Por consiguiente goza de autoridad
irrecusable. Nuestro ejemplar perteneció á un masón mexi­
cano de muchas campanillas.

Fuera de Ioí citados banquetes m ísticos , la masonería


eslebra una cena especial el domingo inmediato después
i!el equinoccio de primavera, en que se abre el año masóni­
co. Sobre la mesa ó a lta r hay un pastel ó bizcocho en figu­
ra de cordero, un trinchante, una copa y una taza de vino.
E' Venerable, después de haber incensado varias veces el
cpndelero de tres brazos y el candelabro, prende con una
bujía las velas y las doce estrellas que representan los doce
meses del año, y en el acto invita á los hermanos á saludar
h- vuelta del sol á nuestro hemisferio eon una triple batería
6 salva de aplausos. Luego con el brazo extendido ora:
“(irán Arquitecto del universo, bendice los alimentos que
vamos á consumir á tu gloria. Conserva en nuestros cora­
zones la amistad fraterna que nos une, y haz que su objeto
y sus frutos sean siempre saludables á la humanidad.—
Amén.»
Corta para sí un pedazo de pastel y en seguida entrega
la fuente ó bandeja al hermano de su derecha, diciéndole:
«Tomad y dividid entre vosotros el mismo alimento en
muestra de la sinceridad del fraterno afecto que mutuamen­
te os profesáis.»
Toma la copa con vino, bebe y la pasa al mismo herma­
no, diciendo: «Tomad y bebed de la misma copa vos y
vuestros hermanos, y que este licor fortifique la unión pro­
metida.»
Agotada la copa, el Venerable da el beso de paz al her­
mano, etc.
Dom Benoit reñere que el banquete místieo de Jueves
Santo se hace con un cordero asado entero y verdadero,
que en la cabeza trae una corona de espinas y tiene las
manos y pies traspasados de un clavo, y que el M .\ S . \
después de haberse asegurado de que el templo está bien
cubierto (guardado) dice, cortando la cabeza coronada de
espinas y las manos y pies taladrados: «Separemos las
■partes impuras y démoslas al fuego:» y las arroja á la
hornilla preparada. A ser cierta, no tendría malicia la en­
diablada ceremonia.
Sostiene el hecho con la cita de Le cuite du O rm id Á r-
cMtecte de León Taxil el im postor ¡bravo testimonio! y de
la Maconnerie pratique, t. I, p. 262. Es muy de advertir
que esta obra salió en 1885 á 86, inmediatamente después
de los Frércs T rois - points , editada por la misma casa de
Letouzey et Ané , editora de los Fréres, etc., y según las
apariencias podría tal vez considerarse como la segunda de
la serie que dió á luz el impostor para fraguar la colosal
superchería que escandalosamente se desenlazó en París la
noche del 19 de Abril de 1897.
Sin embargo, para desembanastar cuanto hay en el nego­
cio, observemos: Primero: que en los Estados Unidos, se­
gún parece ser averiguado, en la francachela masónica se
come un carnero de carne y huesos, no sabemos si con el
aditamento de la endemoniada ceremonia; Segundo: que
Cassard distingue entre el banquete m ístico y los demás
festines capitulares de los Rosa-cruces, y promete descri­
bir las ceremonias peculiares de estos últimos. Y efecti­
vamente... no dice palabra de ellos en todo su abultado
Manual.
Queda la sospecha.

Y aquí no hablamos sin salimos de la idea de Tertuliano,


de la Carbonería, buena hija por parto derecho de la maso­
nería, ó dígase mejor, moderno disfraz de ella y sanguina­
ria ejecutora de sus sentencias, en cuyas mamarrachadas,
signos y catecismos andan de cabo á rabo revueltas con la
más grotesca profanación é impío vilipendio las tres Divi­
nas Personas de la Beatísima Trinidad, la Santísima Vir­
gen, San José y los Apóstoles, con el bautismo, el pecado
original, las virtudes teologales, la cruz, la Corona de es­
pinas, los azotes de la Pasión, Padrenuestros, Avemarias,
brindis y salvas al Creador del universo, á Cristo su envia­
do en la tierra, á San Tibaldo sobre todo, canonizado y úni­
camente en las chozas de esos malvados carboneros co­
nocido.
Y de una vez formulamos así nuestro argumento toman -
do por proposición menor el aserto de Tertuliano: Es así
r¡ue todo lo dicho y muchísimo más que sin ñn pudiéramos
agregar y amontonar, es obra indubitable de Satanás. Lúe*

O bien como con docta y elocuente palabra razona Ven­


ara de Ráulica:
«Satanás cuando se apodera del hombre impío pervierte
i idas sus potencias, corrompe todas sus aficiones y llega á
í trmar de él un hombre endiablado... No lo dudemos, todos
m grandes perseguidores de la Iglesia, todos los grandes
üsresiarcas, todos los grandes impostores, todos los grandes
opresores de la humanidad, todos los impíos del pasado si-
¡>io XVIII, que tenían por blasón aplastar al infam e y a
'¡a superstición, todos los llamados filósofos de nuestro si-
R-lo, que fomentan en secreto el mismo coraje infernal contra
i do lo que es cristiano y conspiran por todos los medios
posibles á verificar la misma voz... sí, todas estas almas
perversas, estas naturalezas espantables} cuyo odio siste­
mático, implacable, encarnizado contra la verdad, contra la
virtud, contra Dios, contra Jesucristo, contra el hombre,
contra la Iglesia, es un misterio inexplicable que no halla
razón de ser en la satisfacción de las pasiones humanas,
obedecen, sin echarlo de ver, á las sugestiones del mal e s ­
píritu, del huésped infernal, del obsceno tirano que aposen­
tado en su corazón dispone de ellos como de sus propios hi­
jos, los constituye instrumentos de sus deseos, satélites de
su dominación, ministros de sus voluntades, como el Salva­
dor lo dijo: « Vos ex p aire diabolo estis, desideria ejus
m ltis perficcren (1). Juicioso razonamiento á que por vía

(1) L a razón filosófica, t. II, parte 1.


de introducción el sabio P. Juan Mir, S. J., en su obra del
M ilagro (1) ponía estas frases: «Se han visto en el mundo
empresas tan fuera del orden común, que no parece hayan
podido caber en humano pensamiento ni en humano corazón
por depravados que se supongan; no hay otra manera ra­
zonable de explicarlas sino mirándolas como soplos del in­
fierno.»
Todo lo cual tiene la más cumplida adaptación á nuestro
propósito.
En consecuencia, por definición de Tertuliano, robusteci­
da con el unánime sentir de los doctos que alegan el citado
pasaje, por natural y obvio discurso, la masonería, que hom­
bres de esa laya acaricia amorosamente en su seno, en ellos
libra el logro de sus fines y de ellos forma los cuadros de
sus innumerables tropas; la masonería, que de una manera
oficial y regular á tales diabólicas operaciones con alma y
corazón se entrega, en ellas se ceba, gózase y triunfa, que­
da sin género de duda por descaradamente satánica, ó se ha
perdido la lógica en el mundo.
¿No pedían esos perdularios hechos generales, hechos
continuos y perseverantes, hechos oficiales? Tomad hechos,
tomad generales, tomad continuos y perseverantes, tomad
oficiales. Y no nos chisten más.

Para victoria espléndida de nuestra tesis ¿no basta el pe­


so de indiscutibles autoridades? ¿no basta la confesión á co­
ro de danzantes y bastoneros de la deshonrada familia? ¿no
basta la inequívoca voz de los hechos? ¿no basta la testifi­
cación del escándalo organizado? Basta y sobra cualquiera
de estas probanzas para quienquiera honrada y lealmen­
te, sin cábulas, prejuicios ni cavilosidades forme juicio de
las cosas; para satisfacción plenaria de nuestro ánimo exi­
gente y ambicioso en este punto, no basta. Por lo cual á
mayor abundamiento, para el más cabal desengaño de ilu­
sos y de católicos preocupados, para forzoso convencimiento

(1) Litjro III, c. i, att. 1.


hasta de los más indiferentes mundanos, para redargución
de los más protervos y contumaces sectarios, para quietud
perfecta de nuestro celo antimasónico que no sufre quede
-311 pie títere alguno de reparo 6 dificultad en esta materia,
vamos á multiplicar pruebas, haciéndonos casi todo el gas­
to, ó los rituales mismos, ó los intérpretes y expositores
autorizados de la hermandad. A ellos, pues.
Ante todo partimos del principio ya demostrado que la
;itasonería es religión, ó en otros términos, no es una socie­
dad cualquiera como tantas otras que se estilan en el mun­
do, sino una sociedad esencialmente religiosa, es decir, em­
papada de ideas y espíritu religioso á su modo y manera.
Por consiguiente los asuntos con ella relacionados son ante
todo religiosos, entendámonos, irreligiosos, ó digamos, lle­
nos de interés religioso por lo que entrañan de enemistad
y guerra á la verdadera Religión. Importa no perderlo de
^ista para debida inteligencia de las cosas.
Pues bien, esta religión es satánica, y lo persuadimos
mayormente con el testimonio de dos de sus sobresalientes
y maestros sublimes, como nos sería lícito continuar el de
muchos más contestes con ellos.
Bazot, secretario general del Gran Oriente francés, en
su Cuadro histórico, filosófico y m oral do la fran cm aso­
nería.— «La masonería, dice, es el culto primitivo que los
brahmanes y los sacerdotes egipcios con sus misterios lega­
ron á Salomón. Estos misterios, prosigue, son los déla ma-
■sotic-Ha salomónica, que con más propiedad se nombra ma­
sonería libre 6 francmasonería.)? Nada le hace que después,
con el juego de trastrueques y contradicciones, genial de
todos los de su ralea, vocifere que todas las religiones fue­
ron de humana inventiva, y que la única, universal é inmu­
table es la masonería; como quiera resulta que ésta, por
propia confesión, es la de la masonería salomónica, y ésta
la misma de los brahmanes y sacerdotes egipcios.
Ragon, el autor sagrado, y con esto huelgan recomenda­
ciones.— «Los templos de Grrecia, la escuela misma de P i-
tágoras... cuyos discípulos merecen la plena confianza de los
masones, perdieron su lustre: los reemplaza la francmaso­
nería. He aquí por qué los emblemas de los oficiales supe­
riores de ésta son idénticos á los de los ministros más cali­
ficados en los misterios antiguos.»— «Ashmole (el autor de
los Estatutos modernos de la cofradía) se dedicó á regene­
rar bajo la cubierta de la arquitectura los misterios de la
antigua iniciación indiana y egipcia.»— «La francmasonería
es la renovación ostensible de la filosofía secreta de los
misterios antiguos.»— «La masonería oculta y filosófica es
nacida de los grandes misterios antiguos.» Y cien lugares
más por este eorte.
Redares.— «Los Gnósticos estaban asociados á los anti­
guos misterios; por esto eran todos masones tan notables
por su ciencia como por su talento.»
Chereau.— «La orden masónica fué primitivamente el
santuario de la filosofía egipcia ó de Memfis.»
Branville.— «Es eosa certificada que la masonería se re­
monta á los misterios de la Buena Diosa, pasando por los
G-nósticos y los Maniqueos.»
A manta nos proporcionan alegaciones parecidas. Men­
tirán, si se quiere, en señalar ciertos hechos ó circunstan­
cias particulares; porque ellos soberanamente desprecian la
verdad histórica, ni se rebajan á la servil tarea de seguir
por sus pasos la historia, á ley de gente honrada, sino
que la hacen . A nosotros lo mismo nos da: la substancia del
hecho queda en pie, ó cuando menos subsiste la idea ó se­
gunda intención figurada ó encerrada en la envoltura del
hecho, y esto nos basta.
Pero, vamos ¿qué sale de ahí? Que la religión masónica,
pues ya convenimos en que la masonería lo es, es la reli­
gión de los antiguos misterios, ó religión al tallé de las an­
tiguas, sea copia, imitación, continuación, renovación ó lo
que plazca llamarla.
Bien ¿y qué? Ahí es nada. Es así que toda religión supo­
ne un dios; luego el dios de la masonería es el dios de aque­
llas antiguas religiones. Mas es así que el dios de éstas era
el demonio.— Omnes d iig e n iiim demonio ,.— Luego asimis­
mo el dios de la masonería es el demonio. ¿No es esto Sata­
nás en la masonería, ó qué será?
Motejará alguno tal vez de sutil y alambicado el racioci­
nio. Séalo ó no, su verdad no falla. ¿Admítese lisa y llana­
mente el hecho? mejor. Aun sin esto, por lo corto, y sin ha-
f ernos favor, nadie en justicia negará la asimilación mil ve-
cas hecha por la secta de la religión masónica á las religio­
nes antiguas. Con esto ¿á qué desear más para que en la
forma dicha fluya la consecuencia?

Otro argumento análogo al pasado en partir del mismo


presupuesto, en lo demás totalmente diverso.— La masone­
ría es religión: ¿á qué machacar más sobre este clavo, si ella
misma nos regala la noticia y se encarga de atestarla? Aho­
ra bien, cada religión clama por su dios. Pero el dios de la
nefanda cofradía no es el Dios de los cristianos, ni tan si­
quiera la deidad impersonal y vaporosa de los majaderos
d; istas; como que de ésta se ríe, y hace bien, á aquel hace
guerra con todo el furor de su impiedad. Luego á otra di­
vinidad rinde pleito homenaje. ¿Cuál ha de ser ella, sino el
eoftmigo jurado del verdadero y único Dios, el demonio?
A esto capaces serán de apodar de argucias: argucias de
buena ley.
Contesten y échennos abajo estas argucias.
Allá va otro argumento, pero de los gordos, de los que
aplastan, dejan mudo, y mirando al cielo, y mordiéndose las
uñas al contendiente. Ragon con los rituales auténticos de
la pandilla y las interpretaciones sagradas de su mano, el
ponzoñoso Rito cabalístico de Memfis y la tiznada Carbone­
ría á competencia nos tienden generosos la mano, nos brin­
dan con datos á porrillo y nos dan hecha la faena. Tan­
tas gracias, gente honrada.
Efectivamente:
—Ea, tu, maestro Ragon, sabio laureado, sabio entre los
sabios de tu calaña, ven acá, raposo. Dinos ¿cuál es el dios
vuestro?
—Pues ¿cuál ha de ser? Bien sonora y melodiosamente lo
cauto en mis venerados libros, el dios Fuego.
Lo que es por esta vez no miente el bellaco. Consúltese
siuo el ceremonial de las logias.
—«Por qué os habéis hecho recibir de compañero?
—Para conocer la letra G.
—¿Qué significa esta letra?
— Entre otros sentidos que contiene es la inicial del Gran
Arquitecto del Universo y el símbolo del fuego divino que
nos hace d istin gu ir, conocer, amar, practicar la verdad,
la sabiduría, la justician (i).
Tomemos otra vez la mano y sigamos interrogando á mae-
se Kagon.
—¿Qué más nos dices, tío maula, de ese fu eg o divinoí
— ííAnima á todo lo que respira, en el aire, en la tierra
y bajo las aguas... El sol, imagen sagrada de nuestros tem­
plos, es el fuego innato^de los cuerpos, el fuego de la natu­
raleza, autor de la luz, del color y de la ignición. El fuego
es la causa eficaz de toda generación; sin él no hay movi­
miento ni existencia; él da la forma á la materia, es in­
menso, indivisible, imperecedero y presente en todas par­
tes» (2).
- —¿Y qué más?
— «Es increado, materia prima, fuente inagotable de vi­
da, semilla universal de los seres. Objeto sagrado de la lo­
gia es el triángulo, que en su centro lleva el Y od hebraico,
espíritu animador, ó sea el fuego, principio generador re­
presentado por la letra G. La estrella flamígera es emblema
del fuego, y el sol su más brillante manifestación» (3).
— De modo y de manera que según me lo pintas ¿este
fuego es el mismo G .\ O.*, del XJ.-. en persona?
— Cabal.
—Entonces ¿por qué en los mismos pasajes enseñas que
este fuego es la naturaleza?
— Por dos sencillas razones: 1.a porque el culto de la na­
turaleza, como culto de todas las pasiones, es la prepara­
ción indicada para el culto del fuego; 2.a porque allí me las
entiendo con neófitos, y no convenía tirar de la manta de
buenas á primeras, no fuera que se escandalizaran; por esto
armo aquel lío y fárrago de interpretaciones geométricas,
astronómicas, místicas, etc., que marean al mísero novato.

(1) Manuales de Bazot, ete .— Curso filosófico, de Ragon, grado


de compañero.
(2) Ragon, Cow's. j l l . g ra d , com.
(3) Cours ■philosophvjue, etc., grade de compagnon.
— A fe que más explícito estás con el Caballero Rosa-
Cruz.
—Por supuesto. A ese Rosa-Cruz le traduzco y parafra­
seo aquel dístico de Voltaire, el autor de la tragedia de los
Chores ó adoradores del Juego (masones):
Ignis ubique latet, naturam amplectitur omnem,
Cuneta parit, renoval, dividit, u n it, alit,
íiüste fuego escondido, pero siempre activo, lo produce y
conserva todo: cunda parit, cunctaque alit. El fuego es el
alma de la naturaleza, cuyas formas perpetuamente renue­
va, separa los elementos de los cuerpos} ó renueva molécu­
las dispersas: cum ia renoval, cunctaque dw idit: este
eltímento en fin, despnés de haber sido el principio de vida
do todos los seres, viene á ser la fuerza de su actividad,
la causa siempre activa de su destrucción y de su agrega
m u para formar otros mistos-, cunda unit» (!)■
Por esto la masonería es el reino de la luz, en ninguna
logia puede faltar el oriente , sitio de la presidencia, y al
ingresar el profano pasa de las tinieblas á la luz,
Kn el grado de Elegido brilla el puñal circundado de ro­
jas llamas á manera de luminosa ráfaga.
El grado de Escocés ó Sacerdote masón gratifica al can­
didato en calidad de joya ó dije especial con una medalla,
que muestra en el anverso la imagen del sol, y la estrella
flamígera, como símbolo del gran motor, en el reverso; y
las mismas figuras se ostentan en un pedestal triangular.
Para la iniciación del Rosa-Cruz , entre otros chirimbo­
los destácase en el oriente la estrella flamígera con la le ­
tra (t ó el I (yod); y solícito pregunta el Muy Sabio:
—Muy respetable primer caballero, ahora que ha vuelto
á hallarse la palabra perdida ¿qué nos toca á nosotros?
—Muy Sabio, respetar los decretos del Altísimo, tribu­
tar homenaje al sumo Arquitecto y humillarnos á todas ho­
ras delante de todo cuanto nos represente su imagen.
—Sí, muy respetables caballeros, este es el único hito de

(1) Cours p h ü ., p. 302.


nuestros trabajos: hermanos míos, doblemos la rodilla de­
lante del que nos ha dado el ser.
Y uno á uno se van hincando en acto de adoración, «he­
cho el signo, de cara á la estrella flamígera,» que es el sím
bolo del fuego, del sumo Arquitecto,
En esta misma iniciación hágase memoria que la palabra
perdida y vuelta á hallar, INRI, título y emblema de J e­
sucristo escrito en el papel 6 cédula triangular, es entrega'
da, es inmolada al fuego, después de aquel ludibrio de 1&
Institución eucarística.
Grados 23 y 24, Jefe y Príncipe del Tabernáculo ,—La
voz de pase 6 santo y seña es Uriel, ignis Domini, Juego
del Señor, al cual se contesta — tabernáculo de las verda­
des reveladas —ó la palabra sagrada Jchová, Luego está
fuego es el Jebová del taller.— «Estos dos grados, nos avi­
sa el gran truchimán ó intérprete Vassal, citado como au­
toridad por Ragon, liso y llano significan elsabeismo, ósea
el culto del fuego, del sol, de la luna, de la luz y las estre­
llas, sagradas insignias de todas las logias.»
De suerte que siempre y cuando en cualquiera de los gra­
dos sale á danzar el sol, luna ó estrellas, y esto á cada paso
acaece, se marca y designa el fuego escondido, del cual sol,
luna y estrellas son la representación sensible. Memento!
y clávese bien en la memoria, pues dice mucho.
Grado 25, Caballero de la ¡Serpiente de Bronce .—Al
oriente un altar y por encima un transparente con la pin­
tura de la zarza ardiente y el nombre de Jehová en el me­
dio de ésta. La joya es una serpiente (el mal principio) en­
roscada al rededor de un T (tau) egipcio ó Isis, y se inter­
preta, el mal principio; Moisés y Jesucristo, que forcejan
por desfigurar el buen principio, Osiris é Isis; la naturale­
za, el dios fuego.
Grado 26, P rincipe de la Merced ,— «¿Sois Príncipe de
la Merced?—He visto el Delta luminoso.»—El tal Delta es
signo de la divinidad, esto es, del fuego ó la luz.
Grado 28, Caballero del S o l .—Por toda luz resplandece
en la logia un sol á medio día, que es, nota del autor sagra­
do, figura del gran todo, del cual emanan todos los princi­
pios y máximas filosóficas. Por joya lucen también estos
caballeros un sol pendiente de una cadena de oro.
Grado 29, Ovan Escocés de San A ndrés.—Denomínase
además Caballero del Sol, gran maestro de la, Vmf porque
con su compás mide hasta el sol.— «Acordaos, se le amo­
nesta, que el color de fu ego se toma por distintivo de los
superiores hermanos escoceses.» En esta misma ceremonia
se le hace al graduando esta advertencia: «Junto á vos te­
néis cuatro luces, dos á eada lado. No puedo declararos su
propia significación, pero sí deciros que el cuaternario se
ñítida en el ternario y éste en la unidad.» Lo que no pue­
do el Oran M aestro que preside, lo alcanza Ragon, quien
so echa á discurrir á la larga sobre estos números, y á sus
comentarios pone el P. Deschamps esta contera: «¿Qué
nombre aplicar á esa unidad, que es base del triángulo en
eí ternario y fundamento de los otros tres lados en el cua­
ternario? ¿No será el fu ego, agente primordial, único, uni­
versal; el fu e g o , que Ragon con la firma y llevando la voz
del Gran Oriente proclama en cada uno de los grados; el
fuego, celebrado por Voltaire en versos latinos; el fuego,
el dios Pan, el antiguo Jehová de la secta, el Gran Arqui­
tecto del Universo?» Y en verdad que esta deducción por
sí sola salta de los libros sectarios.
Grado 30, Caballero Kadosch.— «Este, exclama Ragon,
tira, el lápiz y el buril para levantar balaustres f que data
justo á la Z a n a ardiente Z .\ A .1., la cual es imagen del
fuego, » Y viene lo mejor.
«P rim er aposento. Tapizado de negro, alumbrado con
una sola lámpara colgada de la bóveda, comunicado con una
pavorosa caverna y en medio de ésta un ataúd cubierto con
un paño mortuorio: desde el ataúd dirigen al candidato
muy graves preguntas; una ronca voz le grita: «Si no tie­
n es valor de arrostrar los más terribles peligros, vuelve
«atrás.» El se planta ñrme, y entonces dos voces á coro,
entre otras máximas, le intiman ésta: «Tributa al Ser Su­
premo un culto limpio de toda superstición, cumple fiel tus
«empeños, etc.» (1).

(1) Manual de Willaume,


uSegundo aposento. Tapizado de llan to; en el centro
hay dos altares, uno con una copa de alcohol encendido para
iluminar la estancia, el otro con un escalfador ó braserillo
lleno de brasas ardientes y una naveta de incienso; en el
testero el delta consabido y colgando de él el águila blan­
quinegra con las alas extendidas... este es el templo de la
virtud. Allí no hay más vivientes que el Sacrificador y el
candidato acompañado de su introductor,
«Dice el Sacrificador al candidato:—Mortal, póstrate en
tierra.
«Obedece el candidato, echa incienso en el fuego y el Sa­
crificador pronuncia esta invocación: «Oh sabiduría omni­
potente, objeto de nuestras adoraciones, á ti invocamos eis
este momento. Gausa y señora del universo, razón eterna,
lumbre del espíritu, ley del corazón, inspírame la elocuen­
cia necesaria para inculcar á este aspirante cuán augusto y
sagrado es tu culto sublime ; afirma sus pasos vacilantes en
esta carrera. Para ti el inmenso agregado de los seres cons­
tituye un todo regular. Tú eres la antorcha... Purifica cou
tu soplo divino á este candidato y hazle digno de consa­
grarte sus rendidos obsequios» (1).
No pueden ser más expresivos el aparato, las ceremonias
y el lenguaje.

Rito de Misraim ó Egipto:


Grado 87.— En el tercer departamento ó aposento, so­
bre el trono y la puerta de entrada brilla un transparente
con un Jehová, signo de la creación eterna y del fuego vi­
tal de la naturaleza.
Grado 88.— Sobre el trono del presidente resplandece ud
sol á mediodía.
Grado 89.— «La palabra sagrada es Jehová y la seña de
pase Uriel, fuego de Dios, nombre de uno de los jefes de
las legiones celestiales que más se complace en con versar
con los hombres.»

(1) Manual de Teissier.


Grado 90.— «Los trabajos se inauguran con esta exclama­
ción: ¡Paz á los hombres! que indica el deseo ardiente de
hacer á los hombres prosélitos de la razón y la verdadera
luz, cual se figura en todas las logias con la estrella jla-
'mígera. »

Carbonería:
«¿Cuáles son las cineo bases?—El pañito,' el agua, el fue­
go, la sal y el Cristo.— «El nombre cinco, enseña Ragon,
es misterioso... El fuego cae en medio de los cinco, con lo
cual señala la quinta esencia universal, y por su forma re­
presenta la esencia vital, el espíritu animante que cule­
brea por toda la naturaleza.»
En frente del trono presidencial y del anafe ó braserillo
encendido el buen primo puesto de rodillas y con las ma­
nos cruzadas presta los juramentos.
«La venta, que así dicen á las chozas de esos carbone­
ros, es de forma triangular y está alumbrada por tres luces
que remedan á la vista el sol, la luna y las estrellas. El
gran maestro gran elegido oeupa el trono al oriente: de sus
tres asesores el primero se llama sol, el segundo luna ó e x ­
plorador y el orador estrella. Los guardias nómbranse Ua-
mas ó ráfagas y empuñan sables hechos en figura de len­
guas de fu eg o . Todos los buenos primos, de cualquier gra­
do que sean, traen por montera un pañolón encarnado Hado
á modo de turbante. El venerable gran maestro gran ele­
gido se adorna con un ancho listón tricolor de aguas, del
cual penden como joyas é insignias de la dignidad, un trián­
gulo azul celeste, imagen del cielo y de la divinidad, mi
aol de oro y m globo terrestre de color verdemonte p á­
lido* (i) .
El domingo cambia el nombre por el de soldí, día del sol,
señor y Dios (2).
Ya nos quema tanto fuego. Basta.

0) Costiíndon des Carbonari.


(2) Ibid.
Sin más llamadas, toques de atención, comentos ni inter­
pretaciones de especie alguna, para ningún mediano enten­
dedor, curtido mayormente en estas pesquisas, fuera ardua
empresa sacar las castañas de en medio de tantas luces, so­
les, estrellas y fogatas, y dar con el meollo real y cierto del
significado de tantos emblemas, figuras, divisas y señales.
Sin embargo, como blasón nuestro es la elaridad, filosofe­
mos sobre el acopio de nuestros materiales y vámonos dere­
cho y con paso seguro á la consecuencia final,
De buenas á primeras Ragon, el sagrado Ragon, el in ­
falible Ragon, nos da señal de alerta y nos pone sobre avi­
so, previniéndonos, que “así como los egipcios tenían un a
;piedra negra por cifra de la divinidad, por ser la naturale
za de ésta de suyo obscura y tenebrosa, así los francmaso -
lies á su vez rasgueaban y diseñaban al Gran Arquitecto
del Universo con trazos misteriosos é incognoscibles á los
ojos de los profanos.» Con que no es de esperar que de bó­
bilis bóbilis se dignen rasgarnos los velos con que recatan
y tapan muy bien tapado aquel enigmático fuego, que traen
y llevan sin parar y á que dan vueltas como punto céntrico
de sus enseñanzas en todos los grados de la escala masóni -
ca. Mas ya les echamos ojo á sus cartas y sorprendimos
gran porción de datos, que á las mil maravillas prestan pa­
ra esclarecer el lóbrego y tortuoso sendero de nuestras in­
dagaciones. Véase si no.
Desde luego, para orientarnos bien, aprendemos, según
terminante confesión de su boca, que el tal fuego, aquí y
allí y sin cesar cacareado, es el Ser Supremo, el Gran Ar­
quitecto del Universo; que con semejantes denominaciones
señalan á su dios. Por más señas á ese fuego hincan la rodi­
lla, queman incienso, invocan, tributan solemne culto, coa-
forme vimos. No hay dudar, en él reconocen y acatan á su
divinidad.
Mas cumple preguntar: ¿Qué especie de Dios es ese? Por­
que los filósofos antiguos fantasearon varios, y en inveneiO'
nes de este jaez no han sido menos fecundos los filosofantes
modernos. Vamos precisando, sin desasirnos ni por un ins­
tante de los rituales ó intérpretes de la secta, sin añadir
de nuestra propia cosecha ni una tilde, entiéndase bien.
El dios masónico, esto es, el fuego, es causa primera de
los seres, «Gran motor, principio generador, causa eficaz de
toda generación, siempre activo lo produce y conserva todo,
causa siempre activa, creador eterno, causa y señor del
universo; sin él no hay movimiento ni existencia; da forma
á la materia y transmuta todas las formas; semilla univer­
sal de los seres, quinta esencia universal. Increado, inmen­
so, imperecedero y en todas partes presente.»
El dios masónico, esto es, el fuego, es dios vivo, espiri­
tual é inteligente.— «Puente universal de vida, generador
le vida, principio de vida de todos los seres, ánima de todo
j o que respira, esencia vital, razón eterna, lumbre del es­

píritu, espíritu animante, espíritu animador que culebrea


¿tor toda la naturaleza, sabiduría omnipotente, hace cono­
cer, distinguir, amar y practicar la verdad, la sabiduría y
¡ajusticia.» Tipo suyo es Uriel, que es naturaleza angé­
lica.
Así pintan los masones, así hermosean, enaltecen y glo­
rifican á su dios con sus propias expresiones, pues ni una
sola es nuestra.
En una palabra que lo significa y comprende todo, el díos-
taego es el Jehová masónico, en lenguaje de ellos, seme­
j ó t e en atributos al verdadero Jehová de los Hebreos.
Ni confunden el culto del tal su dios con el culto de los
astros (sabeismo), del sol principalmente, pues que de éste
especial amontonan una y otra vez que no es sino «el
emblema visible, la sensible y más brillante manifestación
ds la divinidad.» Se guardan también de identificar ó equi­
parar su dios-fuego á la naturaleza, por más que pudieran
hacerlo sospechar ciertas frases ambiguas, algunas de sus
enrevesadas cábalas y teologías; toda vez que del dios-fue-
go distintamente predican que es, no la naturaleza, sino el
alma de la naturaleza, gran motor sin el cual no hay movi­
miento ni existencia, autor y soberano transmutador de las
formas en la materia, fuera de otros atributos referidos que
perentoriamente excluyen el concepto de pura materia.
Por lo demás, trazando de una sola pincelada el retrato
del dios-fuego y completando nuestra tarea, el Jehová ma­
sónico dista mucho, á pesar de la insinuada semejanza, de
M ASOJKERÍA. T . T,— 1 ¡J
hacer buenas migas con el Jehová de los Judíos, que en re­
sumidas cuentas no es otro que el verdadero y único Dios
de los cristianos; antes en decir délos masones es el furioso
rival de éste, su perpetuo contradictor, su enemigo á muer­
te, su infalible y victorioso debelador en esperanza de la
secta.—La religión del verdadero Dios, lo mismo que todas
las demás, es parto de la fantasía de los hombres, en sen­
tencia de Bazot y Ragon, y está condenada á desaparecer
ahogada en brazos del dios-fuego; el mismo Dios verdadero
es Tifón 6 la serpiente, el principio malo, que se cifra todo
en «orgullo, ambición, superstición, hipocresía, mentira,
ignorancia, preocupación, tinieblas del alma,» al decir de
Ragon: Dios á cada paso villanamente blasfemado, renega­
do. ultrajado, indigna y brutalmente escarnecido en su pro
pió soberano é inconmutable ser, en sus obras de la Crea­
ción, Encarnación y Redención, en los inestimables benefi­
cios, Sacramentos é instituciones de ésta (grado Rosa-Cruz
en particular), insolentemente provocado y amenazado con los
puñales desde el primer EUgido hasta el último Kadosch,
al grito de Ncliam, Adonaí: monstruo en traje de serpien­
te que debe ser exterminado (grado 27): mal principio de
tres cabezas (superstición, rey y papa), que son cortadas
por el puñal del Killer (asesino; ó Kadosch: la Santa Cruz
de Cristo pisoteada con rabia y trocada con improperio eu
torpe fálus (phallus) (1).
Esto enseña, esto inspira á sus esclavos y seides, esto
ejecuta y perpetra contra el honor, majestad é inmensa
bondad del verdadero Dios la fe del dios-fuego, ser perso­
nal, inteligente y espiritual. Sin mencionar aquí por menor
los planes de increíble malicia que fragua, las nuquísimas
y horrendas hazañas, á que para vilipendio, expoliación y
martirio atroz de la Iglesia da cima la secta arrebatada por
el fanatismo de su dios; hazañas de que ella procazmente se
gloría, que la historia y nuestros propios ojos testiñean.
¿Qué dios es ese tal dios masónico?

(1) ltiigon: Cours phUosophique, etc.


Después del minucioso análisis precedente, de cuya re­
capitulación se nos hará gracia, pues asaz hemos martillado,
no resta otra salida, no cabe otra contestación sino ésta.
El dios oficial de la masonería es el homicida primordial,
el áugel precito, el príncipe de la mansión de los ardores
sempiternos, el rey del fuego, Satanás.
Esta es hora de refrescar la memoria, de cotejar la re­
sultante de nuestro prolijo examen con la celebérrima na­
rrativa del maestro Adoniram, tan preñada de misteriosos
mentidos.

La masonería es indiferentista.— Algo más que esto es:


usa indiferencia religiosa la da por presupuesta á manera de
ün.bstratum propio, la exige como imprescindible condición
í ingreso ó acaba de formarla en sus nuevos reclutas.
La masonería es atea ó incrédula desarrapada.— Sí, res­
p eto del Dios de los cristianos, como preparación para la
í 1 del dios-fuego.
La masonería es impía desaforada.— Sí, en cuanto es ene­
miga resuelta y perseguidora implacable de Dios y su Cris­
to en los suyos, en oloroso sacrificio al dios-fuego.
La masonería es panteista.—También para los antiguos
luganos, esclavos del demonio, todo era dios menos el ver­
dadero Dius.
La masonería es naturalista é idólatra de la naturaleza.
—Sí, ¿qué más naturalista é idólatra que aquellos antiguos
adoradores de Satanás?
Ateísmo, impiedad, panteísmo, naturalismo, que en todos
los grados despuntan ó impudentemente se ostentan, son
etapas para la meta extrema, grados de una misma consu­
mada iniquidad, amor más ó menos explícito del mismo ser
infernal, disposición próxima é inmediata para el satanismo,
ó bien, con respecto á los masones provectos, satanismo en
obra Ó satanismo hipócritamente rebozado y enmascarado.
La esencia es el satanismo.
CAPÍTULO X

Confirmación del anterior. Masonería espiritista.— Es


gnóstica, es cabalística.— Quién era Elifas L e v í.— C abala de la
izquierda, escuela de todos ios ilum inados.— C abala judaica,
ocultismo.— Historia y principios.— La masonería, sociedad caba­
lística.— Lo que refiere el P. Descham ps.— Rito de Misraim,—
Telescopio de Zoroastro.— Confesiones de Sain t-M artín .— C a b a ­
lleros benéficos de Lyon, Filaletes, Amigos reunidos, Teósofos
de New-York,

es la masonería por sus cuatro costa­


a t á n ic a

dos y satanismo chorrea por todos sus poros,


no hay para que machacar en ello. Y las ope­
raciones espiritistas ¿no son satánicas? 6 el sol
no alumbra. Milagro fuera que la hija amantí-
sima de Luzbel no las aprobase, no las frecuentase y se re­
focilase con tales devaneos. ¿Decimos algo? Luego, saltaría
alguno, ocioso es cuestionar sobre este punto.
No pasamos por la deducción. Cuando más no fuera que
para suministrarnos nufeva arma que esgrimir en apoyo de
nuestra tesis sobre el fin último de la sociedad maldita; pa­
ra realzar con otro capítulo de horrores la historia larga y
espantable de tantas y tan varias hazañas suyas; para po­
ner más y más de resalto el espíritu de su consumada im­
piedad, al par que la patente justicia de las condenaciones
llovidas sobre ella; para clavaria en la picota con título es­
pecial como objeto de abominación de las gentes; no habría­
mos de dar por perdido el trabajo. Tanto más que otra
coüsideración estimula nuestra voluntad y aguija nuestra
pluma.
Aquella palabra del Sumo Pontífice, de que las demás
sectas de ella, como de centro parten y á ellas todas retor­
nan, encierran significación muy honda y alcanzan más de
lo que el vulgo se imagina. Vale lo que esta expresión para
denotar la fuerza, digamos, centrífuga de aquellas: de la
pestilente hermandad, como de pútrido vientre, brotan to­
dos los gérmenes dañinos que infectan el mundo; y junta­
mente lo que estotra para indicar la fuerza, llamémosla cen­
trípeta, de las mismas: á la infecta madre vuelven reabsor­
bidos los organismos maléficos para fermentar más veneno­
sos en el pestífero seno; estableciéndose así una especie de
flujo y reflujo de aguas corrompidas en una misma cenagosa
laguna. El racionalismo, por ejemplo, fué siempre forma
lim a n te de la masonería, adoradora de la razón natural
por encima y con desprecio de la razón divina, úniea adora­
ble, y sus gérmenes ó manifestaciones, el libre pensamiento
y el positivismo, se extendieron por la tierra cual miasmas
deletéreos, extraviando las inteligencias y depravando las
rimas: mas luego ella se reincorporó esos frutos de su vien­
tre, llegados á madurez, y hétela hoy tremolando la bande­
ra del libre pensamiento y del positivismo para acrecer su
patencia mortífera y sembrar mayores estragos. Así también
de sus satánicas entrañas se engendra el espiritismo, y es­
to vese claro, y luego llama á las turbas espiritistas y las
lieva á su mando para robustecerse más con su unión y en­
anchar más ampliamente y con mayor eficacia entre los
hombres la guerra al verdadero Dios y la adoración de su
príncipe y su Dios, Satanás. De la suerte dicha poruña par­
te se verifica en el significado más general y absoluto la
sentencia de otro Pontífice, Gregorio XVI, de ser aquella
«la sentina de todas las inmundicias revueltas y amontona­
das, en la cual se acumula cuanto de sacrilego, de nefario
y hediondo y de blasfemo han dado de sí todas las herejías
é infames sectas juntas;» y por otra déjase entrever la ra­
zón primaria que nos induce á hacer tratado aparte del es­
piritismo; cual es el de mirarle como el instrumento más ín­
timamente ligado con el fin último de la enemiga secta, co­
mo uno, entre sus medios de propaganda y recluta, de los
más seguros y poderosos, como oportuno refuerzo allegado
á sus demás tropas con el contingente espiritista, y como
uno de los frutos más deleitables y corona preciosísima en­
tre muchas de sus esfuerzos.

Engolfémonos ya en nuestra demostración.


¿La masonería no es gnóstica? Omitiendo por sabido cuan­
to sobre el asunto discurrimos en nuestros Orígenes ¿no
dan á los gnósticos por padres de ella Ragon, Clavel y la
cáfila restante de la hoja? Y Matter en su H istoria del
gnosticismo se regala en sacarle esa alcurnia: y de Weis­
haupt no hay qué decir, cuando recomienda: «Con el estudio
de los gnósticos y maniqueos podrá el Caballero escocés hacer
notables descubrimientos acerca de la verdadera masonería,»
que es la iluminada. Y ésta ¿no viene también por natural
sucesión de cepa maniquea y albigense? Pues bien, los gnós­
ticos márcanse por espiritistas, á ejemplo de su patriarca
Simón Mago, quien en su mismo sobrenombre trae escrita
y visible su afición á todo género de diabluras. Sobre los
primeros maniqueos igual mancha arroja la historia de su
maestro y caudillo Manés; y no hablemos de los nuevos al-
bigecses, á quienes «se les probó jurídicamente que adora­
ban al demonio, hechizaban los alimentos, se valían de pi­
tonisas, usaban maleficios horribles y evocaban los muer­
tos.» Ahora, los fieles alumnos de tanta gente endiablada,
los masones ¿esta única lección habrían echado en saco roto
del trato familiar con el insidioso tentador y homicida del
género humano, cuando tan cuidadosamente las aprovecha­
ron todas sin perder ripio, y de ello hacen gala?
Pero subamos más arriba en la corriente de las edades.
¿La masonería no es judaica, no es cabalística? Y por cierto
de la Cébala de la izquierda. Porque es de saber que caba­
la en hebreo suena doctrina ó enseñanza tradicional, ya es­
peculativa, ya práctica. Tradición ó cabala de la derecha
llámase la enseñanza dogmática y moral con pureza conser-
vada y transmitida de mano en mano desde su divino origen
en el pueblo israelita; y cabala de la izquierda apódase la
tradición hebraica adulterada tanto en lo especulativo como
en lo práctico, por lo cual Jesucristo en el Evangelio incre­
paba á los fariseos, quienes menospreciaban y violaban la
ley por amor de sus tradiciones, propter traditiones ves-
tras, que decía el Salvador. De esta segunda cábala, que
es demoníaca, «naeieron los gnósticos,» enseña Ragon, y
por legítima sucesión, concluimos nosotros, la masonería.
Allá van más pruebas sobre pruebas.
En 1875 pasó de esta vida el célebre mago y profesor de
«.u agia, Elifas Leví (nombre judaico), autor de dos impor
tantes cuanto impías obras: H isto ria de la magia, Dogma
// ritos de la alta m agia.— Fué eatólico, renegó, en trance
de muerte abjuró con señas del más cordial arrepentimiento
y se arrojó en brazos de la Iglesia. Era el diácono Cons-
tant, perito en historias y ciencias cabalísticas cual no mu­
chos. Dice:
«La doctrina cabalística es el dogma de la alta magia, y
la filosofía oculta de la magia, encubierta con el velo de la
Odíala, se halla indicada por todos los jeroglíficos ó emble­
mas sagrados de los antiguos santuarios (gentílicos) y de
lus ritos tan poco conocidos todavía de la masonería an ti -
fjtia y m o d e r n a — «Cuanto se muestra de científico y gran­
dioso en los ensueños religiosos de todos los iluminados,
Boehme, Swedenborg, Saint-Martin, es usurpado de la Ca­
bala: todas las sociedades masónicas débenle sus secretos
y sus símbolos. La Cábala es la única que consagra la alian­
za de la razón universal y el Verbo divino, y ella tiene las
llaves del presente, del pasado y del porvenir.))
Habla el apóstata ¡alerta! pero bien informado. Aquel—
los ritos de la masonería t a n p o c o c o n o c id o s t o d a v í a —
vale oro y es una ráfaga de luz para el inteligente. Mucha
verdad: bastante se le traslució á maese Eagon, lo mismo
ijue á algunos otros profesores del Arte Real; pero ó no lo
supo ó no lo entendió todo, ó aposta lo calló y dolosamente
lo metió á barato con la revoltura de especies incoherentes.
Queda la sospecha, para mí vehemente, á la certeza me in­
clino, de que se guardan documentos é historias secretas
que ojos profanos jamás vieron. Cierro el paréntesis.
Prosigamos. Un dato oportuno: del mismo judío de men­
tirijillas.— «Es cosa averiguada que los Judíos , deposita­
rios los más fieles de los secretos de la cabala, fueron ca­
si siempre en magia los grandes maestros de la Edad Me­
día:» y sigue esta opinión el P. Deschamps.— Cabalística
era aquella banda secreta de hermanos rosacruces, que des-
de muy antiguo, más que los modernice el buen Eckert,
adheridos á las insanias de la alquimia y á las supersticio­
nes de la cébala rabíniea, toman el acuerdo de acabar con
la Iglesia y con todos los gobiernos, y se derraman por
toda Europa, figurando en la ascendencia de los actuales
francmasones.—Y tiene de nuevo la palabra el judío con­
trahecho: «La vasta sociedad cabalística, conocida hoy en
Europa con el nombre de masonería... de repente aparece
en el mundo en los momentos en que la gran protesta del
siglo XVI contra la Iglesia vino á desmembrar la cristian­
dad,»— En las asambleas de Filaletes , París, 1785 y 1787,
compuestas de sujetos muy formales y muy versados en los
orígenes de su perra madre, todos por voto casi unánime
aclamaron á ésta como sociedad cabalística, engendrada de
la Gábala del rito romano (sic) (1).—Existían logias de la
cabala que hoy han desaparecido pero que jugaron gran
papel en el siglo XV III, y aun antes, según todas las pro­
babilidades, en la difusión de la masonería.—Masón y ca­
balista fué en una pieza aquel hijo de judío, Benito Espino­
sa (1623-1677) que de las escuelas rabínieas sacó su pan­
teísmo trastornador de casi todo el siglo XVII; cabalista el
otro judío Martínez Pascual, cabeza de partido y maestro
de Saint-Martin, el filósofo desconocido; cabalistas este
mismo Saint-Martin y Swedenborg, ya nombrados; cabalis-

(1) Uno de los mil embustes y artimañas de la desvergonzada


cofradía. «Parece que la tradición cabalística fué conservada por
los Sumos Pontífices, á lo menos hasta León III, á quien se atri­
buye un ritual oculto, que habría sido pasado á manos de Cario-
magno, y que reproduce toáoslos caracteres, aun los más ocultos,
de las Clavículas de Salom ón. Este librito, que debía quedar secre­
to, habiendo sido divulgado, hubo de ser condenado por la Iglesia y
cayó en el dominio de la magia negra.» (D ogm a y rito s, etc.)* Así
habla nuestro diácono desenfrailado, refiriendo la mentirosa ver­
sión de las logias de la cabala; y así se explica la extraña denomi­
nación del texto, capaz de tirar de espaldas á cualquiera menos
avisado: superchería masónica, una de las infinitas.
tas descarados Ragon, Clavel y otros tratadistas de la sec­
ta; implícita 6 equivalentemente cabalistas la grandísima
mayoría de los demás catedráticos é historiadores en la
adopción de antiguas doctrinas y orígenes masónicos; caba­
lísticos de punta á punta el rito de M israim y el herméti­
co; cabalística toda la doctrina fundamental de la orden,
por la naturaleza, fines y medios de ésta, emblemas, sím­
bolos, signos, lenguaje, nombres, números, gestos, pasos y
operaciones.

Llegados á este punto y provocados por el interés del


sujeto, permítasenos hacer una breve digresión, que lejos
de empecer á nuestro razonamiento, antes lo robustece. Con­
forme á lo que acabamos de exponer, y enlazando los pre­
sentes apuntes con las noticias esparcidas en los dos últi­
mos capítulos de nuestros Orígenes ¿se nos otorgará licen­
cia de afirmar que la masonería, la hija execranda del gnos­
ticismo cabalístico, del judaismo cabalístico, es la simple
continuación ó sucesión hereditaria de aquella cábala de la
izquierda?
Con inusitada claridad viene á iluminar este nuevo hori­
zonte á nuestros ojos Mr. des Mousseaux en su obra— Le
jiiif.\ le judaisme et la juidaisation —y en el apéndice de
ella sobre la Cabala; el ilustre y benemérito Caballero des
Mousseaux, que en la nombrada y otras obras tan adentro
¡'Ondeó las entrañas del Judaismo y penetró en los abismos
de la Cábala y la Magia. Para nuestro asunto pone á con­
tribución á Elifaz Leví, aquí de nuestro brujo, á quien repu­
ta por «uno de los menos equívocos y más sabios» entre los
adeptos de aquellas. Preciso por todo extremo es el pasaje:
ponemos entre comillas las palabras textuales del mago, si­
guiendo á nuestro insigne Caballero:
«La idea de los hiero fantes cristianos, esto es, de los
conspiradores de la Cábala, fué escamotear el poder y rete­
nerlo á la eallada en beneficio propio. Se proponían «crear
una sociedad consagrada á la abnegación por votos solem­
nes, protegida por estrecha regla, reclutada por iniciación,
y que siendo la única depositaría de los grandes secretos
vdigiosos y sociales, nombrase reyes y pontífices sinexpo-
nerse á las corrupciones de los poderosos.—Esta idea fué,
por dicho del cabalista Elifaz, «el sueño dorado de las sec­
tas disidentes de gnósticos é iluminados, las cuales preten­
dían vincular su fe en la tradición p rim itiva del cristia ­
nismo de San Juan. Esta idea llegó con el tiempo á ser
una amenaza contra la Iglesia y la sociedad, cuando una or­
den rica y disoluta, iniciada en las m isteriosas doctrinas
de la C álala, pareció estar dispuesta á aplicar contra la
autoridad legítim a los principios conservadores de la je ­
rarqu ía, y amenazó al mundo con una espantable revolu­
ción. » Ascendientes de las sociedades subsiguientes del
ocultismo, «los Templarios, cuya historia es tan mal cono­
cida^ fueron dichos terribles conspiradores.»
«Ahora bien, estos hombres del ocultismo, á quienes E li­
faz atribuye el mérito de haber poseído los m isterios de la
Cabala, desaparecieron arrebatados por una tempestad.
Pero eortos son los interregnos que sufre el imperio de las
tinieblas, y muy en breve amparados por las sombras les
salieron sucesores. Adeptos suyos fueron los que en los pa­
sajeros intervalos de su triunfo, de aquí y de allá dieron á
los vientos sus revelaciones. Sigamos prestando oído á las
palabras de Elifaz, sin perder de vista que los autores de
todos los desórdenes anticristianos y antisociales que al
abrigo de las sociedades ocultas agitan eL mundo, están in­
corporados por el lazo secreto y judaico de la Cábala en la
inmensa y universal asociación designada con el nombre
moderno de francmasonería. «La doctrina cabalística, ase­
vera quien tan ostentosamente la profesa, es el dogma de
la alta magia,» y la filosofía oculta de la magia, «encubierto.
con el •velo de la cábala , vese indicada en todos los jero­
glíficos sagrados de los antiguos santuarios (gentílicos) y
de los ritos tan poco conocidos todavía de la masonería
antigua y m odern as
«Mas esa asociación, que muestra en su semblante tan
seductores rasgos de filantropía y toma de los dogmas de la
Cábala su principio de vida ¿á qué término arrastra al mun­
do cristiano? Oigámoslo de los labios de nuestro intérprete,
y nos daremos cuenta cabal:
«La vasta sociedad cabalística, conocida hoy en Europa
con el nombre de masonería,., de repente aparece en el
mundo en los momentos, en que la gran protesta del siglo
XVI contra la Iglesia vino á desmembrar la cristiandad.
Los masones tienen á los Templarios por modelos, á los
Rosa-Cruces por padres y á los Johannitas 6 Juanistas (1)
por abuelos: su dogma es el de Zoroastro y de Hermes, su
regla la iniciación progresiva, su principio la igualdad, re­
gulada por la jerarquía y la fraternidad universal. Son los
üontinuadores de la escuela de Alejandría, heredera de to­
das las antiguas iniciaciones. Toleran todas las creencias,
una sola filosofía profesan, sólo enseñan la realidad y quie­
ren llevar progresivamente todas las inteligencias á la ra­
zón,» esto es, al racionalismo, á la razón masónica.
«Luego de aquellos judíos antiguos, á quienes Elifaz
Leví reverencia como padres en la ciencia, son hijos los
elegidos de Judá, en quienes debemos reconocer á los filó­
sofos, altos doctores y jefes misteriosos de la «vasta socie­
dad cabalística, conocida hoy en Europa con el nombre de
masonería,» y cuyo fin es la ruina de la Iglesia de Cristo y
de la civilización cristiana . »
¡Cuadro magistral, comprensivo de toda la filosofía y de
toda la historia antigua de la nefanda secta! Orígenes ó su­
cesión de causas generadoras, naturaleza íntima, principio

(1) Llámanse Johannitas ó Juanistas los que transforman al


Evangelista San Juan en cabalista, cabeza de los Rosacruces,
francmasones, etc. Los cabalistas enseñan, testigo Elifaz Leví,
que «la santa Cábala ó T radición de los h ijo s de Seth , sacada de la
Caldea por Abraham, explicada á los sacerdotes egipcios por José,
recogida y depurada por Moisés, encubierta con símbolos en la
Biblia, fué revelada por San Juan y se contiene toda entera, bajo
figuras hieráticas semejantes á las de toda la antigüedad, en el
Apocalipsis del apóstol.»—«San Juan, añade nuestro excelente Ca­
ballero, es de los discípulos de Cristo el que los secuaces del ocul­
tismo, los Rosacruces, los Templarios y los francmasones de las
traslogias adoptaron por su apóstol, bien que interpretándolo á su
guisa.» Con esto ya se ve si han de ser devotos suyos, y lo tienen
á gala, y como han de profanar el Evangelio del Discípulo ama­
do: sabido es que le dedican una de sus grandes fiestas 6 jolgo­
rios, que lo son de impiedad.
informante, fin'último y fin intermedio, doctrinas, caracte­
res; leyes, reglas y medios de aeción, misterios, procedi­
mientos, vicisitudes, amenazas y esperanzas, todo cuanto
ha constituido el ser, vida y obra de la masonería en su
pasado, lo constituye en su presente, y lo ha de constituir
substancial mente en su futuro, todo está contenido, deli­
neado, significado ó cifrado en esos cuantos rasgos preña­
dos y rebosantes de sentido y expresión; y todo ello se en­
foca y se condensa en una sola y breve palabra, y por ésta
maravillosamente se explica: la Cábala. Rebelión inacaba­
ble contra Dios, soberbia luciferina, secreto impenetrable,
votos á muerte, hipocresía y perfidia sin ejemplo, conjura­
ción de réprobos encadenados al mal, blasfemia incesante,
racionalismo el más trascendental, apostasía, hediondez de
horruras é ignominias carnales, estado de revolución per­
petua, igualdad absoluta é imposible, régimen tiránico y
cruel, fraternidad cosmopolita, plan de dominación univer­
sal, enloquecimiento del género humano, rabia inconcebible
de impiedad, fanatismo preternatural, inspiración y comu­
nicaciones diabólicas, misterios infernales, Satanás mismo
encarnado en los hombres, viviendo en ellos y obrando por
sus manos, que envidioso de la gloria del Creador y Reden­
tor, intenta crear para sí y á su propia imagen otro mundo
de las almas, todo penetrado de su espíritu, heredero de
sus iras eontra Dios y su Verbo, sostenedor de su guerra
interminable contra la Majestad divina; esto, y más que no
acertamos á expresar, es y hace la Cábala: la cual ascen­
diendo por la idolatría egipcia y babilónica, la magia de los
pueblos sabeistas, el panteísmo y la teurgia índica, á los
días de Cham y á los tiempos del primer asesino Caín, vie­
ne en el primer siglo cristiano á revolver y confundir en
horrible y monstruosa amalgama el agregado de la revela­
ción mosaica y de aquellos malignos gérmenes con el mate­
rialismo griego y la sofistería alejandrina; organizase en
aquella escuela de todas las antiguas iniciaciones y centro
de todo error y toda perversión, y desde entonces trans­
funde sus doctrinas y toda su alma en la masonería supe­
rior, en la masonería iniciada, de la cual la otra no es más
que ciega esclava, instrumento inerte de su acción, forzada,
ilusa ó fanática ejecutora de sus mandatos.
Aquí entre paréntesis y aprovechando la ocasión de po­
ner las cosas en su punto, no nos venga en lo sucesivo,
conforme á lo expuesto, ningún entremetido á murmurar
sin ton ni son del fárrago á primera vista indigesto y del
caos aparente de interpretaciones de Ragon, el más sabio
doctor de la orden, ni achaque del todo la falta á impericia
de éste ó á genio embrollón; pues el retrato fiel de un mons­
truo ha de salir al original, y el monstruo de errores, blas­
femias, demonierías con sus desvariados sistemas respecti­
vos que pinta Ragon y nosotros acabamos de contemplar,
■3s la vera effigies de la masonería. Ni se ponga tampoco
nadie en adelante á fisgar los pujos de algunos maestros á
•os timbres de cierta remota antigüedad y nobleza; pues si
: e repara bien en la substancia de la cosa, no andan aque­
llos tan descaminados, con tal que no fuercen con exceso
físa nota de antigüedad.

Mas hechas estas dos observaciones, volviendo á nues­


tro punto de partida y á nuestro principal intento ¿quién
se resiste á admitir dos consecuencias resultantes de los he*
chos y de todo nuestro discurso, á saber: la masonería es
sucesora de la Cábala judaica; es cabalística: que se abra­
zan ambas en esta única expresión: la masonería superior,
la masonería iniciada siempre fué y es pura Cábala?
Pero la Cábala es toda prestigios, goecia, teurgia, teoso­
fía, sabeísmo, ocultismo, magia, artes demoníacas... lo pu­
blican mil voees: ¿cómo no espiritismo?
Por generación, por herencia, por doctrinas, por prácti­
ca secular, la masonería es espiritista: ó la historia es
cuento para niños, la más fuerte cadena de tradición es pa­
traña, la perenne y concorde enseñanza masónica, sí, ma­
sónica, entrañada y patente en los fines, lenguaje y actos
de la secta, es quimera, amaño y confabulación, y los he­
chos visibles y tangibles de trato diabólico ocurridos y com­
probados en nuestros días son puro embeleco y superchería;
y vivimos en un mundo de sombras chinescas, y nada hay
ele real ó animado, ni existe la masonería misma.
No hay más que decir: demostrada queda nuestra tesis.
Cnanto á lo dicho agreguemos, no será sino confirmación de
lo mismo.
Amplíanse y corrob6ranse sin embargo los antecedentes
conceptos con variedad de datos.
Asegura el P. Deschamps, que las prácticas cabalísticas
junto con los sueños de la alquimia contaban en el s i­
glo XV III, en plena luz filosófica, tantos entusiastas como
en el siglo XV. La historia de la orden ceñida á dicho pe­
ríodo está llena de relatos de las logias de la Cábala, en
cuyas juntas andaban revueltos con la impostura prestigios
diabólicos de realidad incontestable, pe porpa, lo que acae­
ce en las sesiones espiritistas de hoy. De la fascinación
producida en muchas almas por las operaciones cabalísti­
cas quiso sacar partido por aquellos días la secta, despa­
chando á correr mundo por misionero del diablo y de ella
misma, que son una cosa igual, al celebérrimo Cagliostro,
en cuya persona sedaban la mano lo charlatán y lo poseído.
Este fué, si no el primitivo autor, el propagador á lo meno*
del rito de M israim ó de Egipto, repartido en 90 grados;
del cual nos da Clavel el bueno los siguientes interesantes
pormenores:
«Este sistema, al cual se atribuía remoto origen, se divi­
de en cuatro series, á saber: simbólica, filosófica, mística y
cabalística... En sus principios los postulantes no pasaban
del grado 87: los tres restantes se reservaban á superiores
desconocidos y hasta sus títulos se ocultaban á los herma­
nos de los grados inferiores. Este rito, después de haber
cundido en Italia, volvió á Francia y fué introducido en
Bélgica, Irlanda y Suiza.—Sus cabezas se arrogaban al
privilegio de regir en globo todas las ramas de la masone­
ría, de las cuales, decían ellos, el rito de Misraim era el
tronco común..«
En verdad que no estimamos exorbitante la demanda, en
atención á que el tal rito, si no la exposición completa de
la Cábala, encierra cuando menos lo más jugoso, refinado y
subido de ella. Allí del Telescopio de Zoroastro, directo­
rio de las logias de la Cábala desde el siglo XVII, se toma
el pasaje que ya nos ministró en el capítulo pasado nuestro
catedrático, el P. Barruel, y del que repetiremos lo más
pertinente á nuestro sujeto del espiritismo:
«Los principales de los buenos y malos espíritus presi-
den á las estrellas y son los ministros de los dos principios
(el dios bueno y el dios malo). Si hemos de dar fe á los
maestros del rito, el masón iniciado en la Cábala recibirá
favores de los genios buenos ó malos en proporción de la
confianza que coloque en su poder. Se harán visibles, le
explicarán todo lo que la inteligencia humana no sería ca­
paz de concebir en el cuadro mágico. No ha de espantarse
el adepto del trato de los espíritus maléficos: ha de creer
firmemente, que el peor de ellos, el más perverso de esos
?eres que el vulgo llama demonios, nunca hace mala compa­
ñía al hombre. Es fuerza qué sepa preferir en muchas cir­
cunstancias la visita de los malos genios á la de los buenos,
porque frecuentemente los mejores cuestan la tranquilidad,
la fortuna y á veces la vida, pero á menudo se halla uno.
grandemente obligado á los ángeles malhechores. Vengan
úe donde vinieren los genios ó demonios, ellos solos darán al
■depto la ciencia de las cosas ocultas, que le constituyen
Profeta, adivino, sonámbulo, médium y taumaturgo.*
A esta tirada pone el P. Deschamps la siguiente glosa,
: iie no es nada:
«Esta masonería cabalística existía antes de la infiltra -
í ión del Iluminismo bávaro entre los Rosacruces prusianos
en especial y los Rosacruces de Bordeaux, Eq esta misma
riudad, añade, acaba de aparecer (1874) un periódico es -
}>rdtistaf de la progenie del Martinismo y de la Cábala.»
¿No querían espiritismo?
A la misma cita del P. Barruel, el docto P. Mir (Juan)
aiiade esta contera:
«No es, pues, de maravillar que Mesmer, al cabo franc-
inüsón, abusase del magnetismo animal en provecho delllu-
minismo.»
Sama y sigue.
¿Cuál ha sido una de las masonerías más funestas, que
mayores estragos hizo en Europa antes de la revolución
francesa, y tan poderosa, que después de la asamblea de
Willhemsbad compartió el predominio sobre las demás con
el Iluminismo germano? El martinismo. Pues bien, el fun­
dador de éste fué el judío portugués Martínez Pascual, y
doctrina suya era, que «la inteligencia y la voluntad son
las dos únicas fuerzas activas de la naturaleza, de donde
para modificar los fenómenos de ésta basta mandarla con
imperio y querer:» que es sobre poco más ó menos lo que
nuestro Elifaz Leví pregona de la ciencia y poder de los
padres de la magia, á quienes, dice, «el gran Arquitecto
de este mundo fué impotente para exterminar.»
Esto por lo que toca al maestro: ahora va para el maes­
tro y para su más aventajado discípulo, Saint Martin,
juntos.
«El filósofo desconocido en persona hace su confesión
general en carta á un gentilhombre suizo:
«En la escuela que frecuenté hace más de veinticinco
años, eran numerosas y seguidas las comunicaciones de
toda especie, y á mí, lo mismo que á muchos otros, me tocó
mi parte y en ella se comprendían todas las señales indica­
tivas del Reparador (el demonio presente). Ahora, vos no
ignoráis que el Reparador y la causa activa (dios) son un?
misma eosa. A pesar de esto, como yo había sido llevado allí
por una iniciación, y el peligro de las iniciaciones está en
entregarnos á los violentos espíritus del mundo, según
acaeció allá á Adán, cuando se inieió en su imaginación y
sn deseo no era totalmente de Dios, así que no puedo estar
seguro de que las formas que se me comunicaban no fuesen
formas prestadas; porque la puerta hállase abierta á todas
las iniciaciones, y esto es lo que hace estos caminos tan ex­
traviados y sospechosos. Yo sé que Alem ania anda llena
de estas iniciaciones; yo sé que el gabinete de B erlín no
se guía ni guía é su rey sino por ahí, y p o r cierto que
hasta el presente no tiene por qué gloriarse de ello; sé en
ñn que la tierra está inundada de estos prodigios; mas os
repito que á menos que las cosas partan del centro mismo,
yo no les presto confianza. ..»
En correspondencia posterior, 1796, Saint-Martin mani­
fiesta:
«Mi primera escuela tiene preciosidades. Me siento ten­
tado á creer que Martínez Pascual de quien me habláis (e!
cual, menester es decirlo, fué mi maestro) tenía la llave ac­
tiva de cuanto nuestro querido Boehme expone en sus teo­
rías; pero no nos suponía en estado de soportar tan subli­
mes verdades... Estoy persuadido de que al cabo las habría
yo alcanzado, si él nos hubiera durado más; pero apenas
habíamos empezado á eaminar juntos, la muerte nos le
arrebató.»
¡Qué tales migas hacían el maestro y el discípulo con el
príncipe infernal! Pero para el objeto de nuestra demostra­
ción no es esto lo más significativo.
Por espacio de treinta años anduvo Martínez Pascual re­
corriendo la Francia, deteniéndose con predilección enBor-
rieaux y Lyon, injertando los grados superiores de su reper­
torio en las logias simbólicas, convertidas de esta suerte
f>n guaridas de espiritismo. «El representa, en sentir del
P. Deschamps, la cábala judaica, y por fuerza se ha de p a­
rificar su influencia con la de algunos Eosaeruees y Hermé­
ticos del áiglo XVIII; uno de ellos Ireneo Filalete, que con
jste pseudónimo corrió Franeia, Holanda, Inglaterra y Amé­
rica, predicando una nueva religión humanitaria; cuyos es­
critos huelen á judaismo que transciende, y de quien al pa­
recer tomaron el apellido, primero la pandilla del inglés
Toland, y luego los hermanos de la logia más avanzada de
Francia.»
De Saint-Martin baste saber que con la pluma y la pa­
labra propagaba activamente en los salones aristocráticos
su falso misticismo, extremando los principios de impie­
dad, inmoralidad y anarquía contenidos en la tradición ma­
sónica, y lo que de sus progresos refiere Luis Blanc: «El
martinismo hizo en París rápidas conquistas: dominaba en
Avignon: estableció su foco en Lyon, desde donde se espar­
ció por Alemania y hasta p o r Musía; se crearon numero­
sas escuelas exclusivamente dedicadas al estudio de la cla­
ve mística del código, á comentarlo y diseminarlo.)) Consta
que ese foco central de Lyon radicaba en la logia de los
Caballeros benéficos de Lyon, de la cual surgieron muchas
filiales, siendo en todas muy frecuentes y muy reales las
m n itestacion es sensibles ó escenas de verdadero espiri­
tismo. Cuenta Robison, con los Archivos M isticó-hcrm éli­
cos (crónica masónica) á la vista, que esos Caballeros be­
néficos se distinguían por su celo entre todas las logias
cosmopolitas de Francia, y por largo tiempo trabajaron bajo
MASONERÍA. T. I . — IG
la singular protección de Felipe Igualdad: que á su título
las sucursales de París, Estrasburgo, Lille y Toulouse
agregaron el de Filalctes, y que luego se apellidaron A mi-
(jos reunidos de la verdad: que la matriz de Lyon exten­
dió su mando á Alemania y á todos los demás 'países e x ­
tranjeros, despachándoles reglamentos y sistemas puk
l e y y n o r m a d e OPERACIONES. De estos fdaletes ó amigos

reunidos lo más selecto se reunía en el comité secreto de


los mismos, y los hermanos que lo formaban, narra el Pa­
dre Barruel, bajo la máscara exterior de charlatanes y v i­
sionarios, no hablaban más que de evocar los espíritus, in­
terrogar á los muertos, hacerlos aparecer y obrar mil pro­
digios semejantes.»
Ahora bien ¿qué inferir de toda esta menuda noticia?
Que todo el martinismo estaba infecto de espiritismo; y que
tal sistema tan poderoso, tan influyente, tan ramificado
dentro y fuera de Francia no pudo menos de extender,
acreditar y perpetuar los usos espiritistas en la masonería;
nueva y robusta confirmación de nuestro aserto.

Para terminar, dejando á un lado la mención honorífica de


algunos copetudos teurgos modernos y pasando de largo por
la verídica historia de repetidos casos de satanismo gene­
ral y de magia espiritista, sucedidos ayer para vanagloria
de la muy endemoniada cofradía, haremos con Claudio Jan-
net un recuerdo de fresca data:
Los principales propagandistas del espiritismo en la
Nueva Inglaterra, por estos últimos años fueron los maso­
nes, y existen allí hoy mismo sociedades masónicas de teó­
sofos, que usan los prestigios de los Cagliostros y los Saint-
Martins. Por último, el Mundo Masónico de Enero de 1880
larga los siguientes permenores acerca de una sociedad de
teósofos (magos) instalada en New York:
«La primera condición impuesta á los socios es, que po­
sean conocimiento profundo de las leyes de la naturaleza,
con que llegar al conocimiento de la causa eterna de todas
las cosas.—La sociedad hace oposición decidida á todas las
religiones positivas, con especialidad al cristianismo, ¿[tie
estima como el más pernicioso. Para optar al grado sumo,
el teósofo se obliga á no otorgar la más mínima preferencia
á ninguna forma de religión cualquiera que sea (menos la
del diablo, ca m sens dire); debe haberse sacudido de toda
obligación para con la sociedad (profana), el Estado y la
familia; ha de estar pronto á dar la vida por la dicha de la
humanidad y de cualquiera de los hermanos, sea cual fuere
su raza, color ó creencia. Los adeptos esperan ver medrar
su hermandad con mayores creces cada día, hasta abarcar
la humanidad entera .«
Conocimiento de las leyes de la naturaleza, causa eterna
(activa, decía Saint-Martin) de todas las cosas, guerra á
las religiones positivas, al cristianismo ante todo, emanci­
pación absoluta respecto de la sociedad, del Estado y de la
familia, solidaridad de los hermanos, la humanidad... Blan­
co y migado ¿qué cosa es? Masonería. ¿Y qué cosa más? Es­
piritismo. Punto final.
CAPÍTULO XI

Fin inmediato para el fin úllimo d éla m asonería, la Hu­


manidad Independiente.— Congreso antimasónico de T re n -
to.— Los obreros de la idea desde los antiguos libertinos (free-
thinkers) ingleses.— Naturalismo masónico descrito por León XIII.
— Conclusión del P. Pachtler.

in último de la masonería: el satanismo, el rei­


nado de Satanás sobre la tierra. Está demos­
trado.
Fin inmediato: la Humanidad independien­
te. Esprésalo el Congreso antimasóníeo de
Trento con estas palabras:
«El demonio, inspirador de las sectas masónicas, cono­
ciendo que no conseguiría jamás que le adoren directamen­
te la mayor parte de los hombres, procura sembrar en las
almas, por medio de la francmasonería, los gérmenes del
naturalismo, que no es otra cosa sino la emancipación del
hombre respecto de Dios.»
Salvada la rectificación que arriba pusimos al jamás del
Congreso antimasónico, convenimos en que ni la m asonería
lograría su intento de satanizar el mundo de buenas á pri­
meras, sin intermedio ó preparación alguna, segíin que fá­
cilmente cualquiera se persuadirá, ni le sería factible ha­
llar el número suficiente de instrumentos idóneos que en
semejante empresa le secundasen, si á las claras y de antu­
vión se les propusiese. Por esto á los adeptos es m enester
educarlos y disponer sus ánimos con la gradual infiltración de
las doctrinas sectarias, practicando una manera de circun*
cisión masónica de la naturaleza cristiana: y por otra parte
es de absoluta necesidad desbrozar el terreno, que un tiem­
po fué todo y aun en gran parte es de Cristo, extirpando
las raíces de la ignorancia, del fanatismo ó superstición
y de las preocupaciones. antes de sembrar la nueva semi­
lla y encender la luz del evangelio satánico, que envuelve
á todo el género humano.
Para esta grande preparación nada más urgente que la
emancipación del hombre respecto de Dios; ni para los obre­
ros, en su mayoría inconscientes, del templo destinado á la
majestad del rey del Averno, nada más acomodado, como
objeto ofrecido á sus ojos encandilados con diferentes falsas
vislumbres y mentirosos disfraces. Y así en la moderna
.ÍSdad, y por fruto de la maldita Reforma, trabajaron con
encarnizamiento en la obra nefanda, primero los libertinos
ingleses, los jansenistas y los enciclopedistas franceses, los
descamisados de la Convención, los cesaristas austríacos,
ios regalistas españoles de antaño, las hordas republicanas
y napoleónicas, los racionalistas germanos; y hoy combaten
í'.on igual furia por el mismo empeño los protestantes des­
cortezados de cristianismo, los libres pensadores, positivis­
tas y anarquistas, los flamantes anticlericales, los progre­
sistas á lo cangrejo, los liberales sin fin ni cuento de todos
grados, colores y matices, desde el rojo encendido al lila,
<¡esde los generalísimos y capitanes hasta los soldados rasos
marmitones en la infinita escala y variedad de comba­
tientes.
Bajo la bandera común de la libertad, que es el señuelo y
el cebo de todas las soberbias y concupiscencias, con des­
conocimiento total ó con inteligencia más ó menos clara de
encubiertos designios, quién con una divisa, quién con otra,
todos se adunaron y se adunan bajo el impulso de una di­
rección suprema, para trabajar en la realización y cumpli­
miento de aquel fin inmediato, que es la emancipación del
hombre respecto de Dios, la humanidad independiente. Plan
ya descubierto y mostrado patentemente al mundo por el
Pontífice reinante, cuando en suEacíclica Humanum gemís
nos presenta como principal intento de la secta: «el destruir
hasta los cimientos todo el orden religioso y civil asentado
por el Cristianismo, y levantar á su antojo otro nuevo con
fundamento y leyes sacadas de las entrañas del Natura­
lismo.»
¿Qué cosa es el Naturalismo?
Nos lo enseña el mismo Pontífice:
«El principio capital de los Naturalistas, según que
coa su solo nombre lo publican, es que la naturaleza y la
razón humana ha de ser maestra y soberana absoluta en
todo,»
Es decir, que no hay luz, no hay saber ni doctrina alguna
fuera de la luz y enseñanza de la naturaleza y razón hu­
mana; y ante el imperio y soberanía de ésta cualquier otro
poder, priucipado y autoridad es nula.
En seguida el augusto Maestro, para desengaño é ilus­
tración de los menos avisados, se pone á manifestarnos co­
mo corren de par, sin apartarse lo más mínimo, con las
máximas del naturalismo las doctrinas y las obras ó hazañas
de la masonería en esta forma:
1. Los partidarios del naturalismo niegan toda revela­
ción divina; rechazan los dogmas religiosos y cualquiera
verdad superior á la humana inteligencia; recusan cualquier
magisterio autoritativo ó esfceruo fuera del de la razón, y
singularmente se escandecen contra el de la Iglesia por ser
de tanto más elevado origen.— En perfecta consonancia con
estos dictados, los masones combaten con sañudo ahinco
cualquiera ingerencia del magisterio y autoridad de la Igle­
sia en la sociedad; al grito de separación entre la Iglesia y
el Estado impiden á aquella ejercer su salubérrimo influjo
en las leyes y en la pública administración, y afirman que
los Estados han de constituirse y gobernarse sin hacer nin­
gún easo de las amenazas y mandatos de la misma. Ni con­
tentos con menospreciarla pasan al oficio de perseguidores,
combatiendo los fundamentos mismos déla religión católica,
de palabra, por escrito y en la escuela; pisoteando los dere­
chos de la Iglesia y violando sus prerrogativas; coartando
hasta el extremo su libertad de acción; vejando al clero con
leyes excepcionales é insoportables para hacerlo mermar y
empobrecerlo; imponiendo mil trabas y gravámenes á los res­
tos de los bienes eclesiásticos y sometiéndolos á la arbitra­
ría disposición del Estado; suprimiendo y dispersando las
órdenes religiosas; extremando sobre todo su rabia contra la
Sede Apostólica y el Eomano Pontífice, al cual, después
de haberle despojado del dominio temporal, le redujeron á
ana situación tan inicua como intolerable por multitud de
ilificultades que le oponen; habiendo llegado á proclamar
abiertamente lo que en oculto maquinaron largo tiempo
ha, que debe abolir se la sagrada potestad del Pontífice y
*er exterminado el Pontificado de divina ordenación y des­
truidas todas las instituciones religiosas creadas por los
Papas.
Los hechos hablan; los ojos no engañan,
2. Más adelante van los secuaces del naturalismo, arro­
jándose osadamente, obcecados por la soberbia, á negar la
certidumbre y firmeza de las verdades conocidas por la luz
Mtural, como son la existencia de Dios, la espiritualidad y
la inmortalidad del alma humana.— Así también los masones
con igual indiferencia consienten á los suyos que, ó descara­
damente supriman á Dios ó que perversamente le admitan
al modo panteísta, falseada la verdadera noción de la natu­
raleza divina. De donde resulta quedar en el aire otras ver­
dades procedentes de la razón natural; por ejemplo, que
todo existe por la libre voluntad de Dios ereador; que su
providencia rige al mundo; que las almas no perecen; que á
la presente vida sucede otra sempiterna; principios que son
como la base del orden natura^ de las virtudes públicas y
privadas.
3. Unánimemente naturalistas y masones suelen repul­
sar un Dios creador del mundo y su próvido gobernador;
una ley eterna que manda conservar el orden natural y ve­
da perturbarlo; un fin último del hombre, á infinita altura
levantado sobre todas las cosas humanas y más allá de esta
mansión terrestre: con lo cual piérdese la fuente del bien
obrar y desaparece toda sanción y el criterio de lo justo y
lo injusto. A esta causa la única educación que á los maso­
nes agrada es la llamada laica, independiente, Ubre, que
excluya toda idea religiosa.
4. Respecto al pecado original, consecuentes con su sis­
tema enemigo de la revelación divina, niéganlo á una natu­
ralistas y masones, y contrariamente á la definición del Con­
cilio T rielentino, estiman al libre albedrío, nada amengua-
do en sus f uerzas ni inclinado al mal; ántes exagerando
la innata virtud y excelencia de la naturaleza y poniendo
en ella exclusivamente el principio y norma de la justicia,
suéltanle la rienda á todos sus apetitos, santifican sus pa­
siones ofreciendo á éstas toda clase de estímulos; y es con­
sejo masónico procurar con persuasión y maña que la mul­
titud se sacie con la licencia de vieios sin fia, en la segu­
ridad de tenerla así sojuzgada á su arbitrio para atreverse
á todo.
5. Por lo que toca á la familia, doctrina es de los natu­
ralistas: que el matrimonio es un mero contrato, justamente
rescindible á voluntad de los contrayentes, y que la au­
toridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial; que
á los hijos nada hay que enseñarles cierto y determinado en
punto á religión; que al llegar á la adolescencia por cuenta
de cada cual corre escoger la que le guste.— Esto mismo
sienten y se empeñan, hace ya mucho, en reducirlo á cos­
tumbre y práctica los masones: aquí estatuyendo que fuera
del mal llamado matrimonio civil no hay unión legítima,
aun entre católicos; allí permitiendo por ley el divorcio; y
en todas las partes tratando de cambiar la naturaleza del
matrimonio en ayuntamiento instable y pasajero que la pa­
sión haga y deshaga á su antojo. Con el empuje de todas
sus fuerzas unidas hacen por apoderarse de la educación de
la juventud, imponiendo por la violencia á las familias el
yugo de la enseñanza laica ó neutra, sin Dios y sin salu­
dable moral; para formarse de esta suerte una raza nue­
va de ciudadanos tal como á sus perversos designios con­
viene.
(i. Por último, en euanto á ciencia política, los natura­
listas sostienen la igualdad de derechos y condiciones en to­
do para todos; que todos son libres por naturaleza y exen­
tos de obedecer á ninguna autoridad; que la so b era n ía re­
side en manos del pueblo libre, dueño de destronar por vo­
to popular á sus gobernantes hasta por la fuerza; que la
fuente de todos los derechos y obligaciones está en la mul­
titud ó en el gobierno de la nación, informado por supues­
to de los principios modernos; y que el Estado ha de ser
ateo.— Esas son las ideas de los masones, ese el diseño á
que quieren ajustar todas las naciones, según es notorio;
en la realización de ese plan trabajan con todas sus fuerzas
y poderío desde hace largo tiempo, allanando el camino á
los más audaces que se proponen establecer la igualdad y
la posesión de toda la riqueza en común para borrar del
Estado toda diferencia de clases y de fortunas.

Y aquí termina la comparación especificada entre natura-


listas y masones, hecha por el Sumo Pontífice en su menta­
da Encíclica Emnanum gemís, y por nosotros reproducida
en identidad de términos Ó con fiel exactitud de conceptos.
A vista de la guerra cruel declarada á la Iglesia por las
sectas masónicas, exclama al cabo el Pontífice con toda la
amargura de su corazón: «En tan feroz é insensato empeño
parece representarse al vivo el implacable odio y sed de
venganza en que arde Satanás contra Jesucristo:» expre­
sando así de una manera clara el carácter satánico de la
secta maldecida, y dando señas del fin último á que se en­
camina por medio de su fin inmediato.
Resumen. Negada en absoluto toda verdad, todo magis­
terio, toda institución, toda autoridad de origen sobrenatu­
ral: la razón y naturaleza humana constituida maestra y se­
ñara absoluta, elevada al honor de la divinidad en virtud
de esa misma soberanía absoluta que es la que forma la
esencia del ser divino: la misma razón natural puesta á con­
tradecirse á sí misma respecto de los principios fundamen­
tales de honestidad y justicia y entregada á toda suerte de
desvarios: la humana naturaleza exaltada con desenfrenado
exceso y divinizada en su propia corrupción é ignominia: la
educación de las futuras generaciones decretada laica, in­
dependiente y libre, emancipada de toda idea religiosa,
convertida en instrumento, escuela y aprendizaje de abyec­
to salvajismo culto: la multitud sistemáticamente embrute­
cida para que con las añejas preocupaciones de moralidad
y religión nunca sirva de obstáculo á los planes de univer­
sal emancipación y supremo señorío de la naturaleza huma­
na: la familia disuelta, envilecida, y destrozados sus víncu­
los y substituidos por el amor libre y el instinto bestial: el
individuo libre por sí y en sí mismo eomo el salvaje de
Rousseau, sin dependencia de ningún ser superior; todos
iguales en semejante libertad: la sociedad es originaria y
perfectamente autónoma; la soberanía radica en el pueblo,
y éste crea la autoridad, precaria ella y movediza á volun­
tad del pueblo, él hace el derecho, dicta las obligaciones,
es el único propietario de la tierra y de los productos del
trabajo individual.
En una palabra, ni Dios, ni ley, ni propiedad, ni familia,
ni autoridad.
La humanidad sin Dios y en armas eontra Dios y todo lo
que es de Dios, porque ella es dios.
Tal es el resultado á que tiende el naturalismo masóni­
co, conforme al magistral análisis del sabio Pontífice,
A idéntica conclusión había ya llegado en 1875 el Padre
Pachtler, S. J ., en su obra—La deificación de la humani­
dad ó el lado positivo de la masonería— citado por el Pa­
dre Deschamps, en esta forma:
«A los tres errores iniciales envueltos en la noción ma­
sónica de la humanidad, á saber: la perfección original del
hombre, la negación de su fin sobrenatural y su indepen­
dencia absoluta, responde una sucesión de etapas en el ca­
mino del mal, y son: la Humanidad sin Dios, —La Huma­
nidad haciéndose Dios —y la Humanidad contra Dios: tal
es el edificio que la masonería trata de levantar en lugar
del orden divino, que es la Humanidad con Dios .*»
Y con esto nos formamos el concepto cabal de la Huma­
nidad independiente, que constituye el fin inmediato de la
maléfica hermandad: fin claramente entendido y expuesto
por los doctores de ella; en todas sus partes con incansable
afán y siempre despierta vigilancia pretendido por sus di­
rectores y jefes; sospechado y tal vez vislumbrado por al­
gunos subalternos de mayor confianza y decisión; solamen­
te en algunos detalles conocido por la gran multitud de ac­
tivos operarios; por completo ignorado de la infinita cater­
va de cooperadores inconscientes. Lo cual no obsta, ténga­
se muy en cuenta, para que á consecuencia de la incesante
y eficaz propaganda de ideas y máximas masónicas, activa­
da y sostenida por la prensa, muchísimos, sin ser masones
y sin acto reflejo, se expresen á cada paso en lenguaje ma­
sónico, como el que hablaba en verso sin pensar, discurran
y procedan á lo masón en frecuentes casos de la vida do­
méstica y social, dando prácticamente testimonio de la ho­
rrorosa extensión del contagio.
CAPÍTULO XII

Otra fórmula equivalente; Libertad, Igualdad, F ra te rn i­


dad. — Lo que le pasó al P. Barruel con los masones.— Magnífi­
cas definiciones y análisis de Dom B eno it— Síntesis de la trilo­
gía, Libertad.— Exposición y prueba del P. Gautrelet.— Frutos
de la libertad masónica.

l P. Barruel, aquel gran maestro en masone­


rías, con noble franqueza refiere de sí mismo
que á la fuerza quisieron hacerle masón, ence­
rrándole dolosamente en casa de un amigo
donde los hh.'., sin más acá ni más allá, se
declararon en logia y le confirieron de un golpe, después de
las mil preguntas y repreguntas de catecismo, los tres gra-
dos simbólicos de aprendiz, compañero y maestro; á pesar
de que él ni prestó niogúa juramento, con todo y las repe­
tidas instancias, mucho menos el de obediencia ciega á un
Gran Maestre desconocido; ni accedió á poner su nombre en
la lista que suele enviarse al G-ran Oriente; y sin que por
su firme resistencia á cuanto se le exigía se le revelase el
ponderado secreto de la cofradía, aplazando este acto para
otra tenida ó logia más regular á que se le invitase. Dióse
la oportunidad de la recepción de un aprendiz, á quien se
le comunicaría el secreto eon las formalidades de tabla, á la
cual él asistiría para instruirse por sí mismo como simple
testigo. En efecto concurrió, y después de la acostum brada
farándula de pruebas practicadas con el candidato, después
de haberle hecho pasar bajo la famosa bóveda de acero, el
Venerable sentado en una especie de trono elevado sobre
dos gradas en el fondo del aposento ó logia endilgó al ini­
ciado un largo discurso sobre la inviolabilidad del secreto
que iba á confiársele y sobre las responsabilidades del ju­
ramento que iba á exigírsele. Pronunciado éste el Venera­
ble tomó otra vez la mano, y dijo: «Querido hermano, el se­
creto de la francmasonería consiste en esto: igualdad y li­
bertad: todos los hombres son iguales y libres: todos los
hombres son hermanos.» Y no añadió una palabra más.
Esta salida de pavana del Venerable, que tal le pareció
según él mismo confiesa, al bueno del P. Barruel, le dió
macho que reir entonces: pasaba la escena algunos años an­
tes de la Revolución. Pero más tarde hubo de caer de su
burro, debió de traer aquellas palabras seriamente á la me­
moria, debió de recapacitarlas con intensa amargura, á me­
dida que mugía más de cerca la tormenta, y cuando impro­
visamente se desató la horrorosa tempestad, y mucho más
si antes que él atravesase el canal de la Mancha camino de
Londres para ir á admirar la masonería purificada de los
ingleses, oyó á los jacobinos franceses, que en la memora­
ble jornada de 12 de Agosto de 1792, fecha del encarcela­
miento de Luis S V I en la torre del Temple, vociferaban
con mutuas congratulaciones y frenético entusiasmo, en las
calles y plazas de París.— «Sí, al fio.., cumplióse el grande
objeto de la francmasonería. Igualdad y fraternidad: to~
i’os los hombres son iguales y hermanos: todos los hom­
bres son libres. Esta es toda la esencia de nuestro código,
( i blanco de nuestros deseos y todo nuestro gran secreto.«
Y de este júbilo y frenesí masónico da fe el mismo P. Ba­
rruel en el segundo tomo de sus Memorias dxl Jacobi-
’’l i X filO.
Lo cierto es, que á continuación del relato que acabamos
de transcribir, nuestro respetable maestro emprende y lle­
va felizmente á cabo la demostración de que en la dorada
trilogía de Libertad, Igualdad, Fraternidad, según y con­
forme se va desenvolviendo y representando con multitud
de símbolos y figuras en las traslogias ó talleres de los gra­
dos superiores, se encierra la esencia y perfección de todos
los misterios, se explica el fin mediato por lo menos de la
masonería.
Con el P. Barruel concuerda Dom Benoit. El cual se ex­
plica así, al informarnos del fin supremo de las sociedades
secretas; supremo, en cuanto que envuelve el fin último, el
satanismo, afirmado ó presupuesto por el mismo ilustre au­
tor, y que sirve de preparación inmediata para él:
«El mundo masónico habla sin cesar de la libertad, de la
igualdad y de la fraternidad: á menudo ensalza el estado
de naturaleza, etc. Cifras ó fórmulas que sirven para de­
notar y encubrir el sistema masónico con todos sus profun­
dos horrores. A estudiarlas.
uLibertad.— La libertad, para los masones que han re­
cibido la iniciación completa, es la independencia absoluta
é ilimitada del hombre, es el desprecio de toda autoridad
y de toda ley; es, en otros términos, la insubordinación y la
rebelión universal. Quien está sometido á voluntad extra­
ña, la voluntad divina misma, no es libre.; quien está sujeto
á una ley cualquiera, la ley natural que sea, no es libre; El
fiel ó creyente no es libre; el súbdito no es libre; el esposo
ni la esposa no son libres; el hijo dependiente de la auto-
ridad paterna no es Ubre; el individuo de una sociedad no
es libre. De suerte que libertad en lenguaje masónico, im­
porta rebelión: rebelión del hijo contra el padre; de los
cónyuges contra el yugo del matrimonio, ó destrucción de la
familia; rebelión de los pobres contra los ricos, ó abolición
de la propiedad; rebelión de los súbditos contra los gober­
nantes, ó anarquía civil; rebelión del hombre contra Dios,
ó desprecio y guerra á la religión.
«Libertad quiere decir soberanía.» (L E r e nouvelle, 22
Mayo, 1848),
«No seamos súbditos, sino soberanos; y seremos libres.’*
(H.\ Fleury, ven. de la logia Los filántropos reunidos).
«Igualdad.— Los derechos se fundan en la naturaleza, y
ésta es la misma en todos los hombres; luego los mismos
deben ser ó iguales los derechos. Hasta el presente hubo
ricos y pobres, padres é hijos, esposos y esposas, reyes y
vasallos, sacerdotes y legos, católicos, protestantes, judíos,
musulmanes y budistas: en lo futuro no habrá más que
hombres. La igualdad trae consigo comunidad de todos los
bienes, y también comunidad de personas. Existe igualdad
entre Dios y el hombre; por cuanto ó no existe Dios, 6 no
cuida del gobierno de los seres libres, 6 se confunde con el
hombre y el mundo, es decir, Dios es la naturaleza.
«Cada hombrees sacerdote, rey, papa y emperador de sí
mismo.» (H.\ Potvin. A. Neut, t. I, p. 408).
wA nadie hemos de responder de nuestros actos más que
á nosotros mismos: somos nuestros propios sacerdotes y
nuestros propios dioBes.» (Lacroix, ibid.).
«Fuera Dios, fuera iglesias, y no habrá sacerdotes ni re­
yes: fuera reyes y fuera gobernantes, y no habrá empleos
■inútiles.» (H.\ Fleury, Raison et Religión , t. V).
«Fraternidad.— Esta es: 1.° La comunidad de natura­
leza y de derechos, ó la igualdad de todos en el goce de
una misma libertad. No hay distinción de familias, sino
una sola familia, la humanidad; no hay diversidad de na­
ciones, sino una sola nación, la humanidad; no hay variedad
de Iglesias ni creencias, sino una sola, la humanidad. 2.° La
asistencia, ó sea, fa v o r y' ayuda reciproca de los maso­
nes, en todo y para iodo, principalmente en lo tocante y
conducente á la grande obra común; con menosprecio de
todos los derechos, consideraciones y de la más rigurosa
justicia; sacrificada la familia, la patria, todas las obligacio­
nes y afectos. 3.° Para ciertos iniciados, y en sentido más
.secreto y detestable, la fraternidad es el retorno á las cos­
tumbres de los Templarios, ó el reinado de la corrupción
más desenfrenada, á ejemplo de los gnósticos y maniqueos
antiguos...» y aquí punto sobre los pasajes relativos de San
Epifanio y de San Agustín (B e Cw. Dei, lib. V II), y so­
bre las altitudines satanes- del último, por respetos de
pudor.»
¡Magníficas definiciones y exquisito análisis los de Dom
Benoit, á quien venimos extractando!
Pero habernos de hacer algún reparo á esa brillante ex­
posición.
Cierto que la trilogía masónica, esculpida con letras cu­
bitales en los monumentos de la República francesa, lleva
eti sí embebido el veneno de la sociedad maldita, y es divi­
sa adecuada para retratar su naturaleza á los ojos del mun­
do inteligente, para representar al vivo su fin próximo, para
señalar por lo claro los medios de que se ha valido y ha de
valerse en adelante, para dar la razón de las catástrofes
que ha producido y para significar la amenaza del cataclis­
mo universal pendiente sobre la triste humanidad.
Cierto que quien dice libertad, según sigue razonando
Dom Benoit, dice destrucción de la religión, de la sociedad
civil, de la familia, de la propiedad: quien dice igualdad,
dice destrucción de los mismos objetos; y quien fots fr a te r ­
nidad, lo mismo por parejo. Que por consiguiente la liber­
tad en eltrigrama masónico es inseparable de la igualdad;
la libertad é igualdad lo son de \&fraternidad; y que es­
tos tres términos se convierten uno en otro, conforme
al sentido masónico, y cualquiera de ellos vale por los
otros dos.
Pero también es indubitable, que los conceptos de igual­
dad y fraternidadt tomados conforme á la interpretación
masónica, están basados en el concepto de libertad, y no
son más que un desenvolvimiento de éste; que por lo tanto
la expresión Ó fórmula simplificada de la idea masónica,
cuanto á su ñn y acción inmediata, se cifra en la libertad,
tal y como la entienden, la explican y aplican los doctores
y cabecillas de la hermandad.
En efecto, fundándose esa libertad absoluta é ilimitada,
con arreglo á las filosofías y teologías de la secta, en la na­
turaleza misma del hombre ¿qué es la igualdad, siguiendo
la definición de Dom Benoit, sino el goce de una misma é
igual libertad en todos los individuos de -la humanidad? Y
¿qué es la fraternidad en las diferentes acepciones conside­
radas por Dom Benoit, sino la unión de todos los miembros
sociales en la posesión de unos mismos derechos y libertad;
la liga estrecha de todos los socios con la mira al fin com&n
de la libertad por medio del favor y ayuda recíproca; la mu­
tua satisfacción de toda clase de apetitos, sin considera­
ción á sexo, á vínculos de la sangre ni á otras preocupacio­
nes sociales, por cuanto como nacidos de la naturaleza, son
objeto de aquella libertad absoluta radicada también en la
naturaleza?
Por donde basta apellidar libertad para significarlo todo;
basta gritar libertad para izar bandera de independencia y
emancipación completa de toda ley, de toda autoridad, de
toda justicia y honestidad, de toda moral, de todo Dios;
porque el hombre libre de los verdaderos inieiados es por
razón de su propio ser y obrar ley, autoridad, justicia, re-
gla de honestidad ó moral y hasta Dios de sí mismo.
Así lo entendió el doctísimo P. Gautrelet en su obra ya
citada: el cual, presupuesto el carácter satánico que infor­
ma á la masonería, da como principio generador y esencia
de ésta la libertad, diciendo:
«La libertad es la primera palabra de su lema, quereco-
pila todo su credo y su código, es el único principio que la
guía, la única regla á que se somete. En ella suma su re­
ligión, su ley y su moral, Libertad es el gran vocablo que
compendia la idea masónica, el cebo engañoso con que la
masonería embauca á la gente, el arma potentísima con que
lia logrado trastornar el mundo.»
Esta libertad, prosigue, es la independencia sin límites
ni restricción: la inviolabilidad de la persona humana
exenta de toda especie de autoridad: la independencia del
/':■}úmo que no sufre cortapisa de ninguna revelación ni dog­
ma: la independencia de la voluntad, rebelde á toda potes­
tad, rey, saeerdote, Papa, ó Dios que sea: la exención ó
liberación total del hombre, que ha roto todas las atadu­
ras de esclavo y se ha soltado de las cadenas físicas y Mo­
ndes, de las cadenas de la tierra y de las cadenas del
cirio: la emancipación completa de la humanidad, que li­
bre para siempre emprende á paso largo el camino de la
felicidad.
Esta es la libertad masónica; esta es la esencia de la ma­
sonería.
Después de esta exclamación final el sabio P. G-autrelet,
como tan metódico, da la prueba de sus afirmaciones, por
si hacía falta, con varios textos masónicos, de los cuales
omitimos algunos ya citados arriba.
«El Ubre pensamiento es el principio fundamental de
la (Ghaine d'Union, 1865).
«La libertad de conciencia es superior á todas las creen­
cias religiosas.» (H.\ Parrot, en la asamblea delG.*, 0 .-.,
1SG5).
M áEO tíBfifA, T . I . — 1 7
«La F .\ M.\ reputa la libertad de conciencia como un
derecho inherente á cada hombre.» (Const., Art. I).
«El medio más simple de hacer que desaparezca la cau­
sa de disensiones entre los HH.*. MM.\ es substituir al
fundamento de la creencia en Dios y de la inmortalidad
del alma el principio de la inviolabilidad de la 'persona
humana.» ( Monde Mamnnique, p. 58C).
«Para nosotros, quien dice francmasón, dice Ubre pen­
sador. » «La masonería ¿no es la tolerancia universal, que
es la madre que acoge con amor á todos los hijos de la mis­
ma familia humana?» ( Chaine dfUnion, 1866).
«Según el h.\ Stevens, el atributo esencial del masón es
la libertad de conciencia. No concibo un mas&n que no sepa
hacerse superior á las preocupaciones. Por consiguiente el
libre examen es la esencia de la M .*.» (G-.\ O .', de Bél­
gica, 1854).
«La independencia de la razón humana y el Ubre exa -
uien no consienten que ningún dogma, niDgún texto, ni
ningún poder puedan detenernos en nuestras investigacio­
nes. Tampoco sufren que ninguna revelación venga á coar­
tar la acción del pensamiento.» (H.\ Van Humbeck, A,
Neut, 1,224).
«LaM .*. es el refugio de los librepensadores, donde co­
bran aliento. Aquí política, allá social, más acullá mera­
mente económica, en todas partes moral, la M .*. no tira
más que á este fin: libertar á los individuos de los estor­
bos físicos y morales que embarazan su desenvolvimien­
to.» (IL\ Hayman, O .', de Francia.— Monde M.\.
t. V, p. 342).
aÉl reinado de una autoridad, cualquiera que sea, es
un crimen tan inaudito para el espíritu de los tiempos mo­
dernos, que ciego de rabia, destroza lo que tan siquiera le
recuerda la idea de autoridad.» (El pastor Zille en el pe­
riódico clandestino de las Logias, Leipzig).
En el banquete de hombres de letras (15 Dic. 1866) el
11.'. IF. \ Jordán de Kmnisberg, pronunció el siguiente
brindis:
«Al espíritu libre que todavía no existe más que en el
porvenir, pero que muy pronto se desenredará de todas las
4t
cadenas reales de la tierra y de las cadenas de fantas­
mas imaginarios del cielo.»
«Consistiendo nuestra orden en una agrupación de hom­
bres dedicados al ejercicio de sil líbre albedrío, no nos in­
cumbe proponer, en punto á religión ó filosofía, ningún
cuerpo de doctrina, al cual deban conformarse nues­
tros H H .v» (Circular del Gr.\ O .’ , á las logias de su obe­
diencia, 1S65).
«En Constantinopla, lo mismo que en Francia, se sostie­
ne en las logias, que cualpáer dogma sería la violación de
la libertad de conciencia y la negación del principio de
tolerancia. » (Monde Mr . , p. 392).
A satisfacción probó su intento el P. Gautrelet.
Luego... bien decíamos que en esa maldecida libertad ma­
sónica, enemiga de toda razón, de toda ley y orden, de toda
justicia y de Dios, se resumía todo; que siendo tan amplia,
como que es absoluta é ilimitada, lo abarca todo; que con
ser un vocablo tan insignificante al parecer, por su misma
vaguedad, para inteligencias cortas y menguadas, está pre­
ñado de todas las malignidades imaginables, y es elástico
para prestarse á tapar con engañoso velo y canonizar con
falaces sentidos los más exiciales planes é intenciones, to­
dos los errores, blasfemias, iniquidades, abominaciones,
sanguinarias ferocidades y horrores del infierno; que es
cuanto se puede decir en elogio de la inventiva satánica,
con que la masonería escogió la palabra, sacó su interpre­
tación de las entrañas corruptas de la humanidad, la acre­
ditó por todo el universo, dándola como promesa única de
felicidad cumplida, y de grito de rebelión proterva lanzado
fin las edades angélicas la convirtió en himno triunfal del
príncipe de las tinieblas entonado en nuestros tiempos mi­
serables.
Tal es la fórmula ó expresión más simple de aquella Im -
¡sanidad independiente, del fin mediato de la execranda
hermandad: ¡Libertad!
Abranlos ojos y de una vez entiéndanlo por Dios los que
tan inconsiderada y torpemente toman en boca el mote franc­
masónico.
Frutos de la libertad masónica.— ¡Oh libertad masóni­
ca, qué caro has hecho pagar al género humano el halago
de tus mentidas promesas! ¡Qué trastorno tan profundo en
las ideas, qué perversión tan espantosa en las almas, qué
irremediable subversión y desquiciamiento de los pueblos,
qué ríos de sangre y lágrimas, qué impiedad y apoetasía
universal, qué catástrofes tan tremendas producidas desde
fines del siglo X V III hasta la hora presente por fruto de
su predicación! Mas ¡ah! que con más horrorosas y funestas
calamidades todavía nos amenaza, si logra dilatar ó asentar
su imperio en este mundo insensato. Veámoslo.

La libertad masónica es á un tiempo mismo, bajo dife­


rentes conceptos, fin, medio y principio de aeción. Es fin,
en cuanto que realizada en la humanidad, se confundiría
con la humanidad independiente. Es medio, en cuanto su
aplicación á los diferentes órdenes sociales habría de dar
esta humanidad independiente. Es principio de aeción, en
cuanto la seducción de su imagen es el móvil general de las
energías que tienden á conseguir este resultado. Así que
considerada en este triple aspecto, constituye la vida de la
secta y la representa en acción. De donde para conocer la
naturaleza de la ominosa cofradía en sus caracteres particu­
lares, bastarános estudiar sus varios modos de desenvolver­
se, ó sea, el ejercicio de aquella libertad aplicada á sus
diversos objetos. ¡Qué campo tan extenso no se abre á nues­
tras investigaciones! ¡qué acopio de datos no se nos brinda
para corroborar nuestros juicios!
Pero ¿cuáles son esos modos de desenvolvimiento masó­
nico? ¿cuáles las diferentes aplicaciones de esa libertad? ó
¿cuáles los objetos relacionados con ella? Que todo viene á
parar á lo mismo.
La libertad masónica dice exención completa de cualquier
traba, sea del género que fuere, que pueda contener, limi­
tar ó entorpecer, en cualquier orden que se suponga ó ima­
gine, el espontáneo impulso ó instinto de la voluntad y
naturaleza humana. Como esa libertad arranca de la natu­
raleza del hombre, es esencial á éste é inamisible al igual
de la misma naturaleza. Como es absoluta, á causa de ra­
dicar en una naturaleza perfecta é independiente con arre­
glo á la teoría masónica, en su ejercicio no reconoce ningu­
na superioridad, fuerza ó ley extraña que la restrinja. Como
es ilimitada, se extiende á toda elase de objetos y relacio­
nes, por más que en su obrar á menudo choque con las
f reocupaciones, en lenguaje masónico, más universales y
arraigadas del común de los hombres.
El primer objeto relacionado con la libertad masónica y
la primera traba puesta á su ejercicio, es la Religión; la
segunda, la ley moral; otra es la familia; con la familia, por
necesaria conexión, la propiedad; otra, el principio de au­
toridad reinante en la esfera civil y política; la última es la
división de la humanidad en grandes familias diversas, llá­
mense reinos, estados, repúblicas ó naciones.
Tócanos estudiar la guerra ñerísima que por amor de esta
libertad maldecida hace la seeta á cada uno de estos respe­
tables objetos, en que descansa el orden, la paz y la ventu­
ra estable del género humano.
¡Cuánta luz arrojará semejante discusión sobre los lóbre­
gos abismos de malicia é iniquidad de la nefanda cofradía!
A la obra, pues.

El ser más alto que con justo imperio domina ó impone


leyes á la libertad masónica es Dios.
Dios es soberano Señor de la humana criatura por el tí­
tulo mismo de la ereación, con derecho por consiguiente á
su reconocimiento, á sus adoraciones, á su culto y consa­
gración entera de alma y cuerpo. Dios á causa de su per­
fección y excelencia suma constituye el último fin necesario
de la criatura, dignísimo de que ésta le honre y sirva eon
todas las potencias y facultades de su ser, con todas sus
tuerzas, en todos los actos de su vida, considéresela indi­
vidual ó colectivamente, en todas las relaciones de unos
hombres con otros, en la familia, en toda clase de socieda­
des, en todas las condiciones y circunstancias del humano
consorcio.
Estos deberes imprescindibles, emanados á la luz de una
razón sana, del mismo concepto de criador y de criatura,
limitan, refrenan y dan al traste necesariamente con la li­
bertad fantástica de los masones, que no es más que un
eructo del infierno, la loca inspiración de una soberbia des­
apoderada y el capricho de una voluntad ciega y rebelde,
sin más base ni títulos que la razón de la sinrazón impía,
sin más escudo que el grosero sofisma. Solamente un soplo
de Luzbel pudo encender en humanos espíritus la idea de
una libertad tan irracional.
Mas el hombre cayó de la reetitud y justicia primera en
que fué criado, según atestigua la voz unánime de tedas
las generaciones y tribus de la tierra, según lo proclama el
espectáculo mismo de las ruinas causadas por aquel desas­
tre en la naturaleza humana. Sólo la mano del Omnipotente
podía levantarle y dar virtud á su corazón para domeñar
las pasiones desencadenadas. Esta fué la obra de la Reden­
ción, la gracia del divino Verbo encarnado; gracia incesan­
temente comunicada á la humanidad por el beneficio é ins­
trumento de una Iglesia visible, esencialmente única, ser­
vida por una jerarquía, cuya cabeza es la Sede infalible é
imperecedera de Pedro; y que como encargada de repartir
ios dones sobrenaturales, al par que de esclarecer y soste­
ner los principios del orden natural, es la columna de la
soeiedad, la protectora y mantenedora del orden civil y po­
lítico. De todo lo cual nace otra fuente de obligaciones, que
acaban de enfrenar y anonadar la libertad masónica.
Ahora ese conjunto de deberes del hombre para con
Dios Creador y Redentor, destructores de dicha libertad,
forman la Religión. ¿Cómo la masonería no ha de distin­
guirla entre todos los objetos de su abominación con su
odio más reconcentrado é implacable, viendo que ella es el
aniquilamiento de su vida y la extinción de su ser? Vea­
mos de qué manera desahoga su rencor satánico contra
ella.

*
CAPÍTULO XIII

La masonería enemiga de la religión.— Raposerías.— Enre­


dijo de textos oficiales masónicos sobre religión.— Sobre la exis­
tencia de Dios, cómo se las componen entre el sí y el no: bue­
nos comediantes,

e la verdadera, se entiende, que es única, como


es una la verdad.
Pues por lo demás bien nos consta, según
testimonios solemnes de la maligna confrater­
nidad, que ésta es religión, pero falsa, pero
iianiquea, pero satánica, conforme lo llevamos ya puesto
hq claro hasta para los ciegos.
Mas ¿cómo se explica eso? ¡La masonería enemiga de la
religión! cuando por una parte á cada triquitraque trae y
lleva el nombre de Dios en vano en los rituales; en los E s-
Ututos más antiguos obligaba á profesar la religión del
liáis de cada uno, sin exceptuar la católica; en las Consti­
tuciones de 1854 y 1865 pone por base de sus principios,
entre otros, la existencia de Dios; algunos hermanos.*,
atribuyen á San Miguel la fundación de la orden; á los
Maestros y Grandes Maestres escoceses los condecora con
el título de Caballeros de San Andrés; festeja con gran jol­
gorio al San Juan de verano y al San Juan de invierno...
mientras por otra parte en los Estatutos, así antiguos como
modernos, ordena prescindir de religiones; manda respetar
las creencias religiosas de cada cual, sean las que fueren,
ó la carencia completa de ellas; y veda rigurosamente en
las sesiones cualquiera controversia ó plática de religión.
¿Cómo ha de mostrarse enemiga de la religión quien en
absoluto mira con igual indiferencia cualquiera religión,
envolviéndolas todas en el mismo desprecio? Que es lo que
dicen cabalmente, para sosegar conciencias mujeriles, cier­
tos hermanitos de la hoja, bausanes unos, picaros redoma­
dos los más.
En efecto, en el libro oficial de la secta nombrada— De­
beres de un masón— que fué ley de los cofrades en el tiem­
po de maricastaña, y al capitulo primero leemos lo si­
guiente:
«Un masón está obligado, en virtud de su vocación, á
obedeeer la ley moral; y si comprende su arte del modo
debido, no será jamás ni un ateo estúpido ni un liberti­
no irreligioso. Bien que tiempos atrás los masones estu­
viesen obligados á tener la religión de su pais 6 nación,
cualquiera que fuese, con todo en la época actual se juzgó
más expediente obligarlos únicamente á ser de la religión
sobre la cual todos los hombres están de acuerdo, dejan­
do á los individuos sus opiniones particulares. Esta reli­
gión consiste en que sean hombres de bien y leales, ó sea,
hombres de honor y de honradez, cualesquiera que fueren
las denominaciones y convicciones que los separen.«
A lo cual no haremos más que añadir la salada coletilla
que le pone el discreto redactor, tan mentado, de la Cvoülb,
Cattolica:
«¿Sabe Vd. en qué consiste la religión y la ley moral ma­
sónica bien entendida? Ya lo ve Vd.; sirve para formar
ateos, es verdad, pero no ateos estúpidos en la profesión
de su ateísmo; sirve para formar libertinos, cierto, pero no
libertinos irreligiosos en medio de su libertinaje; ó eu
otras palabras, sirve para formar ateos de principios y li­
bertinos que guarden las exterioridades de una tal cual
honradez.»?
¿Cómo diablos hombres de tan buen componer han de ser
enemigos de ninguna religión? Y vamos andando.
Los Estatutos de 3854, en su artículo segundo, cantan
así;
«La masonería no se mezcla en las diferentes religiones
diseminadas por el mundo, ni en las Constituciones de los
Estados. En la alta esjera en que se ha colocado} respeta
la fe religiosa y las simpatías políticas de sus miembros.
Así que toda discusión sobre estas materias está formal­
mente prohibida en sus reuniones.»
Y los Estatutos de 1865, coa una ligera variante, en el
artículo 1.° rezan asá:
«La masonería considera la libertad de conciencia, como
un derecho inherente á cada uno de los hombres, y no ex­
cluye á nadie por razón de sus creencias.»
Y en el artículo 2.° marcan el mismo tono de esta
suerte:
«En la alta esfera en que ella (la masonería) se ha colo­
cado, tributa respeto á la fe religiosa y á las opiniones po*
líticas de sus miembros; pero prohíbe toda especie de dis­
cusión sobre materia religiosa y política, que tenga por
objeto, ya la controversia relativa d las diferentes reli­
giones, ya la crítica de los actos de la autoridad ó de las
varias formas de gobierno.»
¿Está bueno esto para nuestro propósito? Pues oigan
Vds. mejor, tomado del Précis Mstorique de Vordre de
la franc-mac. Discours, t. II, p. 328:
«En el mundo de los profanos (y estos somos nosotros)
se hallan fieles é infieles, se hallan judíos, paganos, maho­
metanos, griegos, protestantes, antiprotestantes y otras
mil sectas, cuyas pretensiones azoran el ánimo, y que ene­
migas unas de otras, se han estado degollando recíproca­
mente durante muchos siglos en nombre y por los intereses
del cielo: en el mundo de nuestros ensueños se confunden
la Meca y Ginebra, Roma y Jerusalén; no hay judíos, ni
mahometanos, ni papistas, ni protestantes; nó hay más que
hombres.»
Esto es salero. Con esto ¿quién nos tose, qué dirán los
gaznápiros de la logia, y quién dice, ni nuestras mujeres ni
nadie, que nosotros nos tragamos á los curas, ni se nos
manda renegar de nuestra fe, cuando todos nos tratamos
como hermanos, y ni tan siquiera se nos consiente hablar
de religión ni para bien ni para mal?

Reflexionemos. ¿Qué jugo sacar á los textos aducidos?


Desde luego ciertos masones le sacan el partido de sacu­
dirse coa sin igual desplante la nota de irreligiosidad é im­
piedad, diciendo, como anclan repitiendo á cada paso: Yo
soy masón, pero sin dejar de ser católico; porque no se me
exige la renuncia de mi fe. Y se quedan tan satisfechos.
Pero en el fondo ¿qué alcance ó significación entrañan
aquellos testos? La que es obvia y evidente, la del indife­
rentismo más crudo y descarado, que abra ancha* puerta á
todos, sin inquietar los escrúpulos religiosos de los que to­
davía se llaman católicos, ni herir las susceptibilidades im­
pertinentes de los ateos.
Más aquí otra vez de la astucia sectaria. Los Estatutos
de 1854, en el artículo 1.° sientan; «La orden de los franc­
masones tiene por base la existencia de Dios, la inmorta­
lidad del alma y el amor de la humanidad.» Los de 1865
recalcan, en su artículo 1.“ también: «La francmasonería
tiene por principios la existencia de Dios, la inmortalidad
del alma y la solidaridad humana.» Agrégase que en cabe­
za y como frontispicio de todos los documentos oficiales bri­
lla la indispensable fórmula: A .', G .‘ . D.\ G.\ A.\ D.\ U .'.
(A gloria del gran arquitecto del universo).
Luego, esclamará algún inocente, no son indiferentistas,
ni mucho menos ateos.
Luego, replicaremos nosotros, la masonería es un costal
de embustes, de hipocresías y estudiadas contradicciones.
Porque á la verdad entre decir equivalentemente—no cree­
mos en ningún Dios— y decir asertivamente—-creemos en
un Dios, que es el Arquitecto del universo— la contradic­
ción es manifiesta.
Más aquí nuevamente de la hipocresía masónica: veamos.
Es de saber, que en los Estatutos más antiguos de la fa­
milia se precavieron muy bien de imponer creencia ó dogma
alguno ni por semejas. Así en el código de los Deberes de
nn masón, ya citado, se limitaron á prescribir la religión
del honor y la honradez, frase cuya aguda interpretación
ja nos dió la Cvoüta. Las Constituciones subsiguientes fue­
ron más cautelosas aún; la de 1806, la de 1826, la de 1839;
puesto que no nombraron la religión para nada. Ahora vino
la de 1854, sucedióla la de 1865, cuyos artículos relativos
acabamos de insertar, y proclamaron la existencia de Dios,
bien que con especial circunspección y euidado de anular y
destruir su afirmación con el principio de la indiferencia y
de la libertad de conciencia. Mas aun así, tú que tal dijis­
te, se armó una pelotera de todos los diantres, que los ra­
badanes se vieron y se desearon para calmarla.
Saltó la logia parisiense VAvenir, tirando de la manta
con un credo de libre pienso que ardía en un candil, y dan­
do el escándalo del siglo. Los mayorales por el buen pare­
cer le impusieron una suspensión de seis meses como salu­
dable penitencia.
En 1869 las logias del Este de Francia se reunieron en
Metz y levantaron gran polvareda, protestando altamente
contra la innovación de las últimas constituciones.
¡Qué niñería 1 Ya en 18G2 decía el Mundo Masónico:
«Nuestros antepasados adoptaron una fórmula, eon la cual
todos los hombres de buena voluntad pueden ponerse de
acuerdo: Dios, el gran arquitecto del universo, denomi­
nación genérica, que según Platón , cualquiera puede to-
niar -por el Dios que venera, hasta el qüe no ceee en

D io s .»
Y en el mayor fuego de la pelaza ocasionada por los con­
gresistas de Metz, el mismo periódico publicaba un trozo
de arquitectura (discurso masónico) en que se hacían es­
tas declaraciones: «La francmasonería es el progreso en
todas las formas. Ella nos enseña que no hay más que una
religión, única verdadera, y por consiguiente única natural,
d culto de la humanidad. Porque, hermanos míos, este
misterio, esta abstracción que sistemada lia servido para
formar todas las religiones, ó sea,, Dios, no es otra cosa
que el conjunto de todos nuestros instintos más elevados...
este D ios no es más que el producto de una concepción ge­
nerosa. »
Por su lado el G .v 0 .\ belga, eon motivo de una triful­
ca parecida á la de Francia, se descosía frescamente: «Si
el principio de la inmortalidad del alma vese consignado en
los rituales ó formularios; si la idea de Dios aparece en el
título de Gran Arquitecto del Universo, es porque pertene­
cen á las tradiciones de la Orden; pero jamás el G.\ O .1.
impuso ni proclamó como dogmas estos dos puntos. En los
tiempos actuales sería conducta pueril con pretexto- de
una fórmula,, que á nada liga el pensamiento, ni compro­
mete la conciencia, enfrascarse en cuestiones que no condu­
cen á nada.»
La Asamblea francesa de 1867 hizo suya esta declara­
ción del h.\ Bremond: «Remontando nuestros orígenes á
los misterios de la antigüedad, preciso es reconocer que la
tradición sagrada contraria al politeísmo vulgar descansaba
en estas dos creencias superiores: la existencia de un Dios
único y la inmortalidad del alma. Estas creencias la maso­
nería no las impone, pero las conserm y las proclama,
como tiene á honra proclamar la divisa que hace á todos los
hombres libres, iguales y hermanos.»
Resumamos.
Los Estatutos antiguos sancionan claramente el más ab­
soluto indiferentismo. Las dos Constituciones de 1854 y
1S65 admiten, es verdad, la existencia de Dios; pero acom­
pañan este principio con la profesión de igual indiferentis­
mo, al observar que la masonería no se cuida de las diver­
sas religiones, y que la libertad de conciencia es derecho
inherente á cada uno de los hombres. Además, para quitar
todo recelo de dogmatismo, el Dios de la secta no pasa de
ser una mera denominación genéricaf c¿ue puede aceptar
hasta el que no cree en Dios; ó una abstracción, el conjunto
de nuestros instintos más elevados y el producto de una
concepción generosa; ó, si se quiere, una de tantas tradi­
ciones envejecidas de la orden y una simple fórmula de los
antiguos misterios, que á nada obliga.
Este es el resultado de la discusión preliminar, ó llamé­
mosla por razón del motivo que á ella nos convidó, inciden­
tal, que entablamos al principio de este capítulo. Esto es lo
que arrojan los documentos y definiciones masónicas, com­
puestas seguramente con el fin de contentar todos los gus -
tos; con la afirmación deísta para consuelo de timoratos,
con la interpretación del todo indiferentista ó negación equi­
valente para aliento de los más rasgados.
Con tal afirmación y tal interpretación bien puede la as­
tuta hermandad tocar á degüello contra la religión verda­
dera á todas horas, sea á cara descubierta, sea con la vise­
ra calada, según los casos, embozando sus ataques con el
grito de— guerra al clericalismo, al obscurantismo, al fana­
tismo 6 á otro ismo semejante— para no escandalizar á los
píos de la mesnada.
Y quedan servidos los católicos papanatas, empeñados
en ser masones, sin dejar de ser católicos, á pesar de todas
las excomuniones pontificias.
CAPÍTULO XIV

La masonería niega ai Dios v e r d a d e r o .— Decreto mas.-,


de 18 77: cisma.— Textos á manta.— El porqué de ciertas cosas.
— Dos pejes como pocos. — 2,8 0 0 maneras de entender á Dios,
según un h .\

sta negación infiérese eon toda evidencia de la


demostración precedente. Mas réstanos aún
redondear la idea y darla última mano al cua­
dro eon algunas pinceladas más.
Pues bien, la masonería francesa, puesta
en el disparadero con el programa librepensador de la logia
L'Avenir y la reclamación del Congreso de Metz, no paró
hasta borrar el artíeulo de los Estatutos que reconocía la
existencia de Dios y la inmortalidad del alma, y substituir­
lo con este otro:
«La francmasonería tiene por principios: la libertad ab­
soluta de conciencia y la solidaridad humana. No excluye á
nadie por motivo de sus creencias.»
Así lo decretó la Asamblea general de 1877, previa con­
sulta circulada á todas las logias del G. \ O .’ ., que es el
dominante en Francia.
Grande marejada ocasionó este acto. Protestaron los
partidarios franceses del oportunismo masónico. Protesta*
ron las logias de Inglaterra y Estados Unidos, que decidie­
ron mantener su bandera deista. Pero en cambio se adhi­
rió ó aplaudió el resto de la masonería, la alemana particu­
larmente, atea desvergonzada ya desde larga fecha, por la
voz de su periódico secreto el Freimaurer-Zeitung y el
Bauhutte clel célebre gran maestre Biuntschli, y por el su­
fragio de la reunión general de los masones alemanes cele­
brada en 1878.
Por lo que hace á Italia, según informe de la Civiltá
Cattolica, en Junio de 1901, el Arquitecto del Universo es
para el G-.*. O.*, italiano, la Humanidad, el progreso, el
conjunto de las leyes cósmicas, ó la naturaleza. Y Juan
Bovio, el abanderado del laicismo perseguidor y la cabeza
filosófica de la taifa italiana, se desabrochaba diciendo que
el Dios y el Arquitecto del Universo de la fracción mazzi-
niana no son más que una reliquia arqueológica, una enga­
ñosa pantalla y un expediente político.
Ahora, allá van en montón testimonios que podríamos
prolongar al infinito, en que directa ó equivalentemente,
en cuanto falsifican la noción del verdadero Dios, los herma­
nos de la hampa hacen terminante profesión de ateísmo.
El h.\ Carlos De-Gargen, en una junta de masones ale­
manes y americanos.— ^Estoy firmemente convencido de
que día llegará, y no puede faltar, en que el ateísmo sea la
opinión común de la humanidad entera, la cual reputará el
deísmo como una fase ya pasada... Conviene que nos sobre­
pongamos, no sólo á las diferentes religiones, sino á la
creencia en ningún Dios, cualquiera que sea.»
H. \ Bacci.— «Deploramos como un error gravísimo, co­
mo una blasfemia contraria á los principios de libertad y de
progreso, la afirmación de un principio Creador, ó sea, de
un Dios creador, de un Dios personal, de un Dios providen­
te y activo, del Dios de los cristianos» (1).
Yaccherot.— «Dios no es más que una fórmula. La divi­
nidad no es ni puede ser otra cosa que el ideal de la perfec­
ción, al cual tiende la humanidad para el completo desen­
volvimiento de sus facultades» (2).
EL eximio doctor Ragon.— «La iniciación masónica re­
presenta el origen del Dios naturaleza y del Gran Todo,

(1) Monde Marón, p. 348, 1876.


(2) La Mcíapltysiqite el ¡a Science.
enseñando que la idea de un Dios sobrenatural y personal
es la mayor estupidez, si no es una superchería sacerdotal
y masónica, empleada por nuestros Padres antiguos para
civilizar á la humanidad salvaje» (1).
Quinet dijo en el Instituto de Francia: «La Tierra fué el
primer templo. ¿Por qué no decir, el primer Dios?— Divini­
dad y naturaleza son sinónimos» (2).
«En la explicación de los símbolos masónicos, leemos que
el Delta ó triángulo masónico siempre fué consagrado á Je-
hová: sus tres lados representan los tres reinos déla natu­
raleza ó Dios. En su centro veréis la letra hebraiea, inicial
del nombre de Jehová, que es el espíritu vivificante ó el
Fuego, principio generador representado por la letra G-,
cuya significación filosófica es Generación. ■. Este Dios está
dividido en tres reinos: mineral, vegetal, animal.» Según
parecer de Ragon, el delta significa «\&producción, la des­
trucción y la regeneración del universo, y es el emblema
de la diosa Isis ó naturaleza, cuyos atributos son: eterni­
dad, infinidad y omnipotencia.» Antes que él, elh.*. D ’Alem-
bert no se había avergonzado de decir que «las dos verda­
deras divinidades de este mundo son pria'po y el pha-
llus» (3).
«Yo diré que el nombre de Dios es una palabra vacia
de sentido. No hemos de buscar la divinidad fuera de la
naturaleza: digamos que la naturaleza es Dios » (4).
H .\ Proudhon.— «El Dios de los MM.*. no es ni subs­
tancia, ni cuerpo, ni alma, ni creador, ni padre, ni verbo,
ni amor, ni paracleto, ni redentor, ni satanás» (5). Embus­
tero, farsante ¡si eres adorador de Satanásl

(1) Orí. Maro»,, n. 99.


(2) Chaine tí'Union, 193,1876.— Monde Macón. 4=11, 1877.— Ma­
nuel de la maconnerie, 1850, p. 55, etc.
(3) Ollivier, Linf/s and Lymboles.— Ragon, Cours, p. 220, 317.—
Rituel d'Apjirencl.— D'Alembert, (Evres, t. X V , p. 325; y carta á Fe­
derico, 1769.
(4) Log\*. de Lieg-e, 1805. Cit. pr. A. Neut, t. IT.
(5) De la Juslice.
H.\ Destrivaux.— La inteligencia suprema está disemi­
nada en todo el universo: reside en una planta lo mismo que
en un astro, siempre dividida y siempre íntegra, existente
bajo todas las formas sin tener ninguna, tantas veces defi­
nida y siempre indefinible» (1).
El sabio h.\ Biuntschli en su P olítica — «Dios es el es­
píritu divino dentro del cuerpo visible de la naturaleza uni­
versal.»
Allá va la puntilla ó el cachete.
El anti-concilio de Nápoles de 1870, texto oficial publi­
cado en el periódico oficial de la masonería en Florencia:
«Los infrascriptos, delegados de diferentes naciones del
mundo civilizado, congregados en Nápoles para tomar par­
te en el anti-concilio, asientan los principios siguientes:
Proclaman la libertad de la razón contra la autoridad reli­
giosa, la independencia del hombre contra el despotismo de
la Iglesia y del Estado, la escuela libre contra la enseñan­
za del clero; no reconocen otra base de las creencias más
que la ciencia; proclaman al hombre libre...»
En el mismo anti-concilio un delegado de la gran logia de
la capital de uno de los más grandes imperios de Europa
presentó otra declaración de principios que fué adoptada
por aclamación y firmada por el Presidente, de este tenor:
«Los libres pensadores reconocen y proclaman la libertad
de conciencia y el libre examen. Consideran la ciencia co­
mo la única base de toda creencia y reehazan por consi­
guiente cualquier dogma fundado en cualquiera revelación
que sea... En lo concerniente á la cuestión filosófica y reli­
giosa, considerando que la idea de Dios es la fuente y el
sostén de todo despotismo y de toda iniquidad..., etc.»
A aquella juerga del tío Hiram concurrió la flor y nata
de la masonería universal; en representación de México el
inmaculado José M. Mata, quien después de la muerte de
su esposa, una hija de O campo, harto de perdices de la Re­
forma y bien cubierto el riñón, fué á dar con sus huesos en

(1) Citad, por A. Neut, t. I, p. 104.


HA 80N E BÍ J. T. I . — 1 8
la costa de Veracruz, municipio de Martínez de la Torre,
donde le conocimos, y allí después de haberse amancebado
ó acivilado con una, y seguido luego con la hermana, en es­
te estado, viejo decrépito, entregó su carcamal á la tierra
y su alma al diablo.
Y dejémonos ya de enumerar blasfemias y desatinos, que
no tendrían fin, para probar lo que es más claro que la luz
del sol, á saber: que la masonería es atea y lo ha sido siem­
pre. Certifícanlo sus libros oficiales: enséñanlo sus corifeos
y sus doctores más conspicuos, comenzando por los filósofos
ingleses y franceses del siglo X V III y los dos patriarcas
del Iluminismo, Saint-Martin y Weishaupt: pregónanlo sus
oradores en las logias y en toda'elase de juntas: publícalo
y repítelo hasta la saciedad toda su prensa en mil diferen­
tes formas: compruébalo su sistema de singular tolerancia
y su conducta en la elección y recepción de sus adeptos:
proclámanlo toda su historia, todos sus planes y actos de
persecución contra los adoradores del verdadero Dios é hi­
jos de la Religión santa.
Si levantamos mano de acumular textos sobre textos es
por tres causas, cualquiera de ellas más que excusante:
1.a Porque sería cuento de nunca acabar. 2." Porque con­
forme á la teoría y á la severa práctica de la censura pre~
vía estilada en la hermandad y en virtud de las leyes que
de ellas con todo rigor lógico dedujimos, una sola cita ter­
minante con estricta legalidad bastaría para nuestro inten­
to, mucho más tantas y tan expresivas: repásese nuestro
interesante capítulo sobre el Testimonio masónico. 3 / Por­
que más adelante, si la soga no se quiebra, pensamos rega­
lar á los de la pandilla, en forma de apéndice ó compro­
bantes, un oloroso y abultado ramillete de testimonios de
cosecha masónica, distribuidos por materias ó cuestiones,
que no haya más que pedir.

Por despedida vamos á clavetear más el punto de la hi­


pocresía sectaria sobre sus fingidas profesiones de fe en la
existencia de Dios para acabar de sacudir las telarañas de
los ojos de los más simplones.
¿Sabéis por qué á la masonería, que jamás por jamás se
había acordado de ello en siglos, de repente le dio la co­
mezón del pietismo, y se apresuró á estampar en sus E s­
tatutos de 1854, secundando en los de 1865 el dogma de la
existencia de Dios y de la inmortalidad del alma? Pues fué,
nos atestigua el P. Deschamps, porque en aquellos días
«las doctrinas panteístas y ateas de la seeta comenzaban á
transpirar al público, y por fuerza habían de escamar á la
gente medianamente honrada y acabarían por ahuyentar á
ía fracción que aún sirve para blanquear el podrido sepulcro
masónico. ¿Entiéndese bien?
Ahora que se claree y se desabotone el h.\ Golphin en
la logia de Mcmplús de Londres:
«Cuando la masonería permite la entrada en sus templos
á un judío, á un mahometano, á un católico, á un protes­
tante, lo pasa en tanto en cuanto ése vendrá á hacerse un
hombre nuevo, abjurará sus errores pasados y se despojará
de las supersticiones y preocupaciones que amamantaron su
juventud. Si así no fuere ¿qué vendría á hacer ése en nues­
tras juntas masónicas?»
¿Adivináis por qué á la logia V A venir le echó el G-. ■. O. *.
la penitencia consabida, y por qué en la Asamblea de 1876
armaron tanto escándalo algunos eon motivo de la supresión
del artículo, sobre la existencia de Dios? Nos lo desembaula
el h.*. Massicault en esta forma:
«De la abolición de ese artículo provendría grande per­
turbación en las logias: no hay cosa que altere tanto los
ánimos como estas discusiones estériles sobre las causas
primeras; discusiones que perduran desde hace dos mil años
sin llegar á ningún resultado. Convendría dejar pasar tiem­
po y esperar el día 'próximo en que la masonería pueda, sin
recelo de desorganizarse, suprimir la declaración dogmáti­
ca contraria á la lógica de los amigos de la libertad de con­
ciencia.»
Concluyamos con las citas de un par de pejes como pocos.
El sanguinario y endemoniado Mazzini había tomado por más­
cara la divisa Dios y pueblo, así como su Carbonería embau­
caba á los zotes con sacrilego disfraz y monadas de cristia­
nismo. Al fin de su carrera, en 1871, viendo queKarl Marx
con su banda de intemacionalistas le había suplantado en
la dirección del movimiento revolucionario, gritaba todo es­
pavorido á los obreros italianos: «Esos reniegan de Dios,
que es la base única, eterna é indestructible de vuestros
derechos y vuestros deberes.»— Grandísimo bandido ¿quién
es Dios para ti?— Y él nos contesta en sus Deberes del
hombre:
«Dios existe porque existimos nosotros. Está en nuestra
conciencia, en la conciencia de la humanidad, en el univer­
so que nos rodea... La humanidad es el Verbo que vive de
Dios... Dios se encarna sucesivamente en la humanidad.»
Es decir, cada uno de nosotros es Dios y la humanidad es
Dios. ¿Qué tal?
El facineroso payaso de Garibaldi, lugarteniente deMaz-
zini y gran maestre del Oriente de Sicilia, fué al Congreso
de la paz, ó junta de los encumbrados masones de Europa,
celebrado en Ginebra en 1867, y dijo:
«La religión de Dios es adoptada por el congreso, y to*
dos los individuos de él se obligan á propagarla en toda la
superficie del globo.»— «¿De qué Dios nos hablas?» le inte­
rrumpió una voz.— «Yo por eso entiendo la religión de la
verdad, la religión de la razón... El papado, como secta
la más perniciosa, se declara tachada del número de las ins­
tituciones humanas.»
Después de todo lo dicho, tomen religión, tomen fe de la
masonería en el verdadero Dios los tontos de capirote.
Bien es verdad que un M. Ducarre, citado por el Padre
Gautrelet, dice haber encontrado 2,800 maneras de enten­
der á Dios, para que cualquier masón de buena f e pueda
ser ateo sin pareeerlo.

Y con esto basta para nuestro intento.


Presentamos á la masonería como enemiga de la Religión,
poniéndonos tan de asiento á probar, primero su absoluto
indiferentismo, y después su descarado ateísmo, para tomar
esta demostración como principio y base de otros gravísi­
mos cargos contra la impía secta.
Desde luego, de tan escueta y audaz profesión de ateísmo
deducimos varias consecuencias inmediatas, con la misma
facilidad con que del capullo se van desprendiendo los hilos
de seda que lo forman. Y sea la primera:
CAPÍTULO X V

La masonería, enemiga de toda religión natura!.— Des­


pensa bien provista.

" ------- 1 la masonería no cree en Dios ¿cómo habría de


adorarle, aun conocido por la luz natural, ni
reconocerse obligada con él á ninguna clase
de deberes? Y conforme al rebelde principio
suyo de aquella libertad omnímoda é ilimitada
¿cómo habría de venir en coartarla ó menoscabarla con el
necesario rendimiento á un ser superior?
Fuera de esto, papeles cantan. Para no repetir lo sabido,
de que para el buen iniciado no existe otra religión más que
la misma masonería, ó bien la que llaman ellos la religión
universal, ahí están por nosotros los dos famosos paracletos
de la secta moderna, que no nos dejarán mentir: Weishaupt,
decimos, y Saint-Martin. Weishaupt, quien en sus íntimas
comúnicacionés hace chacota de la teosofía: y en su In s­
trucción para los adeptos propensos á la manía de creer
y adorar un Dios, los enseña á dar con el pie á la crea­
ción, quimera desconocida de toda la antigüedad, según él,
y á englobar todas las religiones en dos sistemas: uno, el
de la materia coeterna con Dios, parte de él, emanada del
mismo, lanzada fuera de Dios y desprendida de él, para
constituir el mundo; y otro, el de la materia también coe­
terna con Dios, sin ser Dios, pero arreglada ó manipulada
por Dios para formar el universo, del cual así Dios viene á
ser el arquitecto nada más. Weishaupt, para quien todas
las religiones están fundadas en la impostura y la ilusión;
todas son inconsistentes, quiméricas é invención de hom­
bres ambiciosos, y no sirven sino para hacer al hombre co­
barde, poltrón, rastrero y supersticioso. Universalmente
respetada y venerada es entre los de la hoja la autoridad
del Iluminador alemán.
Pues del Iluminador francés, después del juicio sobre su
obra De los errores y de la verdad emitido por el cofrade
LuisBlanc, no resta que decir.— «En nombre de un espiri-
tualismo piadoso, afirma Blanc, el ülósofo desconocido se
levantaba contra la demencia de los cultos humanos, y por
los senderos de la alegoría guiaba al interior del reino mis­
terioso, donde el hombre moró en su estado primitivo.»—
Y baste con este botón. Respecto del valer y alta repre­
sentación masónica de Saint-Martin nos entera el insigne
h.■. Findel en su Historia de la francmasonería, dicien­
do: «No solamente era reverenciado como un evangelio por
los hh.\ en lo particular, sino que en Alemania se le con­
sideró como una mina de verdadera ciencia masónica y fué
recomendado de modo especial á los hh.1. iniciados Caba­
lleros de Asia.»
El testimonio de este par de patriarcas iluminadores se­
ría más que suficiente para nuestro propósito. Mas puesto
que sobran, allá van citas.
La logia de Liege escribía á los Filadelfos de Londres,
en 1866:
libertar la humanidad del yugo del sacerdote;
Reemplazar la f e con la ciencia;
Por el bien obrado substituir la austera satisfacción
de la conciencia á las pomposas esperanzas de las recom­
pensas celestiales;
Arrancar del espíritu la vana preocupación de la vida
futura y el fetichismo de una providencia pronta á re -
mediar cualquier desgracia;
Realizar la justicia en vez de prometerla para un mun­
do desconocido;
Tajes son nuestras tendencias. (A. Neut, 206).
Bien pita la logia de Liege, á la cual bien responde la de
los susodichos Filadelfos con este otro pitazo:
«Esforcémonos cuanto más podamos en hacer compren­
der á nuestras respectivas logias y al mundo profano, que
no es preciso traer la etiqueta de ninguna secta, de ninguna
Iglesia, de ninguna filosofía, ni la cincha de ningún gobier­
no, para trabajar por la dicha de todos.» (A. Neut, I, 407).
G-rita la Internacional.— «No queremos ninguna religión,
porque las Religiones ahogan la inteligencia,»
«La masonería está sobre todas las Religiones y sobre
todas las constituciones, cualesquiera que sean sus fórmu­
las. Sea la masonería nuestra religión verdadera y subli­
me.» (A. Neut, I, 146).
«La masonería, dice el Monde Maconnique de Junio de
1867, es como el molde ó matriz en que se elaboran las li­
bertades humanas; como el templo universal, eternamente
abierto á fieles é infieles, á incrédulos y creyentes, á orto­
doxos y heterodoxos, á ateos, panteístas y deístas, á cató­
licos y reformados de todas las confesiones. » Vénganle á
ése con ninguna religión.
El Universo de Madrid, de Junio de 1875.— «En cuanto
á religión, la masonería investiga las relaciones de la con­
ciencia humana con el principio supremo de la realidad y la
vida, para hallar, si es posible, la base positiva de toda
adoración santa y de todo conocimiento piadoso; pues sólo
así se puede ser, ó santamente ateo, ó virtuosamente deís­
ta, sin preocupaciones, sin dogmas, sin idolatría ni supers­
ticiones de ninguna especie.»
Etcétera, etcétera, etcétera.
CAPÍTULO XVI

La masonería abomina lo sobrenatural y la religión


Cristiana.— Discursos que arden en un candil,

de admitir lo sobrenatural ni la religión


|a b r í a
O cristiana la que desprecia hasta la religió
¡ tural y hace befa del Dios conocido por lum-
| bre natural? Evidentemente que no, y por si
■ alguno pudiera inocentemente engañarse, he
aquí como ella misma se encarga de volver en su acuerdo
al que estuviese dormido.
Un fuerte resoplido del doctor sagrado Ragon.— «Creer
es lo contrario de saber. El hombre crédulo no es por lo
común sino un desventurado que está subyugado á cual­
quiera, á quien no da lástima de un ser indefenso. ( Cours
fhilos,. p. 179).— «El nacimiento y los progresos de la re­
ligión cristiana demuestran su origen humano: el examen
de sus dogmas y de la moral que enseña pone suficiente­
mente de manifiesto á su autor; por cuanto lo que ella
tiene de bueno, es rolado á los autores paganos, y lo que
contiene propio ó singular de su Institutor, no vale nada,»
«Podemos, dice h.\ Humbeck, sostener en masonería
que toda revelación es inútil.» (A.. N. I., p. 224).
Un discurso del h.\ Laeomblé, que vale por muchos.—
«Hoy que se consiente el espíritu de análisis, tan podero­
samente combatido en las herejías de la Edad Media, y que
resplandece la luz á los ojos de los hombres de buena vo­
luntad, se ha de tener el valor de dar al traste con todo
ese fárrago de fábulas inventadas para uso de otras épo­
cas; el valor de llevar á todas partes la antorcha de la ra-
zón, aunque su llama reduzca á cenizas todas las reliquias
que queden de la ignorancia y del obscurantismo... Oh, si
el crédulo pueblo se hubiese atrevido con mirada escruta­
dora á penetrar por entre las llamas que rodeaban el Sinaí
en el día de la supuesta revelación, habría entendido lo que
se procuraba ocultarle. Si trasladándose á aquel tiempo y
lugar, confundido en medio de la muchedumbre que se pros­
ternaba con la frente en el polvo, un filósofo de nuestro si­
glo hubiese ido á alzar el velo misterioso que encubría á
la vista de los profanos las tablas de la ley, os diría, hh.\
míos, que aquel pueblo muerto de espanto era cómplice es -
tú/pido de un embuste. 0¿ diría lo que yo os estoy diciendo:
que el Dios revelador no existe y es imposible que exista:
que es degradar á la divinidad el atribuirle un oficio huma­
no, y que Dios mismo condena en concepto vuestro, como
hombres del siglo, esa necia y ciega creencia.— «En lugar
de la sublime religión del Evangelio, los sacerdotes ense -
ñan hoy el catolicismo, fórmula gastada, repudiada por
cualquiera que piensa seriamente. Ante todo dejemos la
imponente majestad de Dios libre de las frivolidades del
culto exterior . de todos los errores con que se esclaviza á
los ignorantes y á los flacos.» (A. N. I, p. 144).
Otro que 110 canta mal, el h.\ Franz-Faider.— -VLa ma­
sonería rechaza esas fantasmagorías idolátricas: se diri­
ge á la razón como base de convicción y de certeza . Se di­
rige á la razón como fundamento de la moral universal;
relaciona al hombre con Dios, no por el intermedio de una
teocracia usurpadora, sino por medio de los sentimientos é
ideas que Dios mismo ha puesto en el corazón del hombre.»
«La Religión de Cristo, esta religión de la naturaleza y
del buen sentido por excelencia, fué instituida para des -
truir y reemplazar á las teocracias judías y paganas, y
cayó en la sima que se proponía eegar. Tan difícil es volver
al hombre al culto del verdadero Dios; tan propenso es él
á la superstición y á la credulidad... jRaro destino el de los
pueblos que en todas épocas se doblegan al yugo de los sa­
cerdotes!» (A. N. 1. 281).
Un masón citado por Mr. Gyr.— uEl Uen común nos
impone la obligación de combatir ese azote del género hu -
mano, la superstición, y substituir á ella el código sublime
de la moral y la naturaleza.» «Antes de probar la divini­
dad de la religión, sería menester f robar la existencia de
Dios, del Dios que ha hablado á los hombres; sería menes­
ter probar que les ha dicho puntualmente lo mismo que se
nos propone como artículos de fe, y á ver en qué términos:
si la revelación ha sido hecha por escrito, presentarlos ori­
ginales y sacarlos en caracteres imborrables, inteligibles
para todos y autorizados con el sello de la divinidad de la
cual se hubieren recibido.»
Ritual, Grado de aprendiz, 45.— «El Deísmo es la reli­
gión de la razón, la de las grandes inteligencias de to­
dos tiempos y lugares; la que profesarán todos los pue­
blos de la tierra, cuando juntos no compongan más que
una sola nación y m a sola fam ilia . E s la religión del
porvenir, destinada á reemplazar los numerosos cultos
que desfiguran la Divinidad en todos los puntos del globo.»
En los funerales del h.\ Fontana, en 1B63, Bélgiea.—
«Un hombre que cree en el Símbolo de los Apóstoles ¿po­
drá edificarse en la logia, donde se le dice que es libre y
exento de toda creencia; que es igual á los demás hombres,
los cuales, sin distinción de religión ó culto, no guardan
con Dios más relaciones que las que existieron primitiva­
mente? Quienquiera que respete sinceramente á su logia,
no puede ser fiel adepto del catolicismo.»
«Una masonería cristiana sería una contradicción fla­
grante; un círculo cuadrado; un cuadrado redondo.» (El
h.\ Salomón, citado por Eckert, t. I, p. 215).
A estos textos acumulados por la diligencia del P. Gau-
trelet ¿qué responderán los masones farsantes ó traficantes
de catolicismo?
Y vamos á remachar el clavo.
CAPÍTULO XVII

La masonería blasfema y sacrileg a. “ -Testimonios y rituales


masónicos.— Ignorancia general de los masones no iniciados.

üiéíí no nos dispensara de la prueba, después


de lo expuesto al demostrar el satanismo de
la secta? Nos place sin embargo ampliar el
cuadro de sus horribles blasfemias y sacrile­
gios, aún á pique de repetir algunos datos,
con tal de agravar más y más la culpa de los apóstatas que
le dan el nombre, amordazar para siempre á los negativos
más recalcitrantes y levantar nueva muralla de numerosos
y evidentísimos hechos contra cualquier escapatoria de cra­
sa ignorancia ó columbina sencillez. Manos á la obra.
Del insigne doctor mas.'. Rebold, en su Hist. gen. de la
Francmasonería.— «Jesucristo debió su educación á los
Esenios: sus discípulos amasaron la historia de su vida y
de su muerte con los materiales de las tradiciones mitoló­
gicas, entretejiéndolas de falsos milagros. La doctrina de
Jesucristo fué plagiada á los Gwinosofistas de la India.
Los dogmas y ceremonias de la Religión cristiana son r e ­
miniscencias más órnenos felices de los antiguos dioses,
dogmas y ceremonias de los brachmnes, magos y egip­
cios.» Negada la divinidad de Jesucristo y de la doctrina
de la Iglesia; negada la Redención; negado el fundamento
de nuestra santa Religión. No es mal principio, para ha­
cer boca.
Del doctor sagrado Ragon, en su Oourspililos.: sin co­
mentarios, porque la materia se recomienda y habla por sí
sola.— «La Santa Cruz es el cruzamiento déla eclíptica con
el ecuador: el Calvario es un símbolo: símbolos también la
Fe, la Esperanza y la Caridad: los personajes de la Pasión
constelaciones: el cristianismo es la doctrina secreta de las
antiguas iniciaciones convertida en culto público. La sa­
grada inscripción INRI, no significa: Jesús Nazaremis
R ex Jud&onmi; sino esto: «Jesús, judío de Nazaret, fué
conducido por el judio Rafael á Juáea, para ser castigado
por sus crímenes.» Las tres Divinas Personas son el Brah-
ma, Wisnou é Iswara de la India; ó el Isis, Osiris y Oro
del Egipto; ó bien, la sal, el azufre y el mercurio de los
filósofos herméticos.» Esto, Inés, ello se alaba.
Una excursión por los grados superiores, asiéndonos á los
faldones del miamo intérprete sagrado.— «En el grado 18.°
ó del Caballero Rosa-Cruz uién no ae indigna con el
luzbélico escarnio que se hace de la muerte de Nuestro D i­
vino Redentor Jesucristo y del misterio euearístico, y con
la vista de la nefanda insignia que condecora al iniciado,
á saber, la rosa, como figura de la mujer, junto con la cruz,
representativa de la virilidad, y formando su unión el Un-
gam indiano> ó sea, lo más abyecto que se halla en el cie­
no del culto idolátrico de la India? No nos detendremos en
explicar las profanaciones de cosas y personas sagradas y
las blasfemias contenidas en los grados subsiguientes, que
bastantemente se denuncian con sus mismos títulos: como
el 19.°, de Gran Pontífice de la r¿ligión universal y rege­
nerada; el 23.°, de Jefe del Tabernáculo; el 24.°, de P rín­
cipe del Tabernáculo; el 25.°, del Caballero Ae la Serpiente
de bronce, en el cual una serpiente, que representa á Moi­
sés, y el tau egipcio que figura la Cruz de Cristo, enroscada
la serpiente en torno del tau, simbolizan el principio malo;
el 26.°, de Escocés trinitario ó Principe de la Merced , que
es el fundamental de los grados herméticos, así dichos de
Hermes, que es una especie de Dios Pan de los Egipcios;
el 27.°, de Gran Comendador del Templo de Jerusalén;
el 28.°, de Caballero del Sol, en que sale otra vez á relu­
cir la serpiente enroscada en el tau, como monstruo lajo
la figura de serpiente que has de exterminar, como ima­
gen fiel de lo que el vulgo imbécil adora con el nombre de
religión, díeele al candidato el maestro que allí se nombra
Adán.»
El grado 29.°, de Gran Escocés de San Andrés, que
asimismo se llama Caballero del Sol cual el precedente, dos
pasos encierra notables: 1. La negación más marcada y ex­
tensa, revestida de forma científica cursi, de la Santísima
Trinidad, con la afirmación de la Trinidad natural repre­
sentada por el Delta ó triángulo sagrado, que es emblema
de la Isis egipcia. 2 . El signo ó gesto de horror ó abomi­
nación que hace el iniciando al contemplar la Cruz de Je­
rusalén dibujada en el suelo, después de haberle dado vuel­
ta andando con ciertos pasos masónicos.
G-rado SO.0, Caballero Kadosch.— También se titula
Gran Inquisidor, Gran Elegido ó Caballero del Águila
Manca y negra: antiquísimos manuscritos de la masonería
inglesa le nombran Killer, a s e s i n o (Ragon). El Retejador
del escocismo considera este grado como la meta última, el
fin real del escocismo, el neo plus ultra de la masonería
t e m p l a r í a . El m.\ Ragon en su Cours d’initiations: «E l

verdadero Caballero Kadosch es el resumen de la más su-


blime filosofía; e s e l c o m p l e m e n t o e s e n c i a l d e l a v e r ­
d a d e r a masonería: eon razón se le dice el nec plus ultra...

no merecen este grado sino la f l o r y n a t a de los maso-


thes,.. porque está destinado á s i g n i f i c a r e l p i n d e l a
FRANCMASONERÍA EN TODOS SUS G R A D O S ... Constituye el FIN
MISMO DE LA MASONERÍA EN TODOS SUS G-RADOS.
En efecto, un tratado especial requeriría este grado: qui­
zá más adelante le dediquemos un capítulo aparte. Por aho­
ra nos contentaremos eon tocar de él algunos de los rasgos
más salientes, sin soltar ni por un instante á Ragon, al pe­
rínclito Ragon, al fidelísimo intérprete, al excelentísimo
doctor, al autor sagrado en fin.
«Desde luego el Caballero Kadosch hace á un lado el lá­
piz y el buril (símbolo de los primeros grados y de los ca­
pítulos) para levantar balaustres, datándolos junto á la
zarza ardiente Z. \ A .’ , i m a g e n d e l f u e g o . En este grado
encontraremos la alegoría de los dos principios que se com­
parten el mundo, el bien y elmal ...— De ahí viene el títu­
lo de caballero del águila blanca y negra.— Inciensa y hace
acto de adoración al fuego (símbolo del dios masónico).—
En el 4.° departamento hay una cruz, una serpiente de tres
cabezas, la primera de éstas eon una corona, la segunda
con una tiara y la tercera con una espala; y al iniciando se
le arma con un puñal de mango blanco y hoja negra: las
cruces, el tan /alisado (convertido en fallus): la serpien­
te es señal del -mal principio; la eabeza con corona denota
á los monarcas, la de la tiara á los papas, y la de la espada
al ejército. El Caballero Kadosch corta esas cabezas.»
Una revista belga eitada por Eckert: «Cuando el Kadosch
acaba de pronunciar el juramento, se le entrega un puñal y
se coloca á sus pies un crucifijo. El Muy Grande le dice:
«Pisa esta imagen de la superstición, aplástala. Si no lo
ejecuta, para disimular se le aplaude, y el Muy Grande le
endilga un discurso alabando su piedad: se le recibe sin
descubrirle los grandes secretos. Si pisa el crucifijo, se le
haee aproximar al altar, donde hay dispuestas tres figuras,
tres cadáveres, si se los han podido proporcionar, cada uno
con una vejiga llena de sangre en el lagar donde se le man­
da herir. Ejecuta la orden saltándole encima la sangre, y
toma las cabezas por los cabellos gritando; ¡Nekam! ¡la
venganza está cumplida! Entonces el Muy Grande, entre
otras cosas, le dice: Esos tres hombres á quienes acabas
de herir, son la superstición, el rey y el papa, etc.»
Agregúese á esto la perpetua irrisión que hace la Carbo­
nería de la Santísima Trinidad, de Nuestro Señor Jesu­
cristo, de la Santísima Virgen, de San José, de los Apósto­
les, del pecado original, etc., etc.
Y júntese á ello la continua y blasfema parodia de los
Sacramentos y las augustas ceremonias eclesiásticas, con­
tenida en los rituales de la satánica orden, y de que ya di­
mos razón en el lugar arriba citado.
Todo esto comprobado hasta la última evidencia con el
texto de los libros oficiales.

Niegan estos hechos patentes, niegan las doctrinas ma­


nifiestas de su escuela los masones, con quienes en las in­
dispensables relaciones sociales tropezamos á menudo; y se
explica esa cándida negativa. Conocido es el sistema de
embuste, fullería y disimulación constante, con que los ca­
becillas é iniciados de verdad encubren sigilosamente lo más
comprometedor de la orden, no sólo á los profanos, sino á
sus alumnos mismos, sujetos por lo demás á contribución
pecuniaria, y empleados por temerario juramento de obe­
diencia la más ciega é idiota en oficios secundarios y en
empresas, cuyo alcance no se les deja ver ó se les disfraza
arteramente.
Para demostración de esa crasa ignorancia, á manos lie-
ñas se nos ofrecen las citas masónicas. Por ejemplo, en el
ritual del grado maestril dice el Venerable al candidato:
«— Dadme la palabra de pase.
*— GldUim, que significa término, fin, — Esta voz ex*
presa claramente que el grado de maestro es el complemen­
to de la masonería.»
¿Conque este es el complemento? Pues sigue la Instruc­
ción del mismo grado: «Ningún grado conocido enseña ni
descubre la verdad; no hace más que aclarar un poco el ve­
lo... Los grados practicados hasta ahora hacen masones, no
iniciados.v ¿Qué fué de aquel complemento^
El evangelista Ragon en su Orthodoxie macón, p. 6.—
«La ignorancia es para muchos masones el velo que oculta
á la masonería,»—y en la pág. 4 .— «La masonería, que es
una Luz contraria á las tinieblas... Pero la ignorancia de
sus principales jefes ha causado todas las tribulaciones que
todavía la abruman.»— ¿Conque ignorantes hasta los prin­
cipales jefes?
Y recalca la Instrucción del grado.— «En cuanto á los
misterios ocultos más allá de la maestría, no puedo revelá­
roslos todavía: tiempo vendrá en que los penetraréis y des­
arrollaréis por vos mismo, en que veréis las cosas con otros
ojos y bendeciréis esta saludable obscuridad.»
En la logia matriz de los Tres Globos, la Instrucción del
compañero advierte á éste:— «Al aprendiz solamente se le
hacen indicaciones; nunca se le da una explicación comple­
ta; porque no podría declararse el punto más insignificante
sin dar á entender todo el conjunto.»
Por todo esto se dirá seguramente en el gradn de Caba­
llero de San Andrés.— «Con este grado un espeso muro
nos separa de los profanos, y hasta de muchos de los nues­
tros.»
Y no quieran escapársenos con decir que esa ignorancia
se deja para la tropa de la masonería; pero que en la altu­
ra de los grados superiores resplandece la sabiduría como
el sol.
¿Contaría entre la tropa Luciano Murat, elegido Gran
Maestre en 1852? Y era un novato en masonería, según
testimonio del Francmasón, número de Febrero-Marzo del
mismo año.
¿Sería tropa su sucesor el mariscal Magnan? Y él mismo
con chacota confesaba al Gran Maestre del Rito escocés que
no conocía palote de masonería: contra su voluntad, por or­
den del Emperador, le habían conferido los 33 grados en una
buena mañana, y á la noche hétele ya Gran Maestre.
Veinte años antes la Comisión permanente del Gran Orien­
te informaba: «Sí, la ignorancia está sentada en vuestras
columnas.» A cuyas palabras nuestro buen amigo Saint-Al­
bín pone esta glosa: «¿Quién dirá que la ignorancia de los
Grandes Orientes no empareja muchas veces con la de los
Grandes Maestres, y la de los Supremos Consejos con la de
los Grandes Orientes?»
Por algo al Caballero de San Andrés se le manda jurar
y prometer de la manera más solemne «de no descubrir ja ­
más la más mínima cosa á nadie, ni al Gran Maestre mis­
mo de toda la Orden, á no ser que le viese reconocido en
alguna Alta-Logia Escocesa.))
El ínclito Rebold, en su-Ilistoirc des trois Grandes Lo -
ges de Pranc-Macons, p. 189, increpa su ignorancia, no
sólo al Gran Oriente, sino también al Supremo Consejo.
El llituel du grade de Qompagnon, pp. 45 y 46, dice de
gran parte de los masones: «Esos Masones casi profanos,
puesto que ignoran su alfabeto, etc.»
Truena por último contra la general ignorancia el famoso
h.\ Tory, en la divertida pelaza sobre grados superiores é
inferiores, al fulminar contra los sabios de la parte contra­
ria aquella terrible sentencia: Vosotros más cerca estáis
de los profanos que de nosotros.
Moralidad:
Luego queda convencida la común ignorancia de los ma­
sones, por mucho alarde que hagan de títulos y grados, pa­
ra sellarles la boca.
Mas esa ignorancia ¿será excusa bastante para defender
la profesión católica de esos infelices y cohonestar su adhe­
sión á la reprobada secta? De ninguna manera. La Iglesia
católica los anatematiza; la Iglesia católica los desconoce
y los desgarra de su seno. ¿Cómo pueden ser católicos
esos miembros podridos y cortados del cuerpo de la Iglesia?
CAPÍTULO XVIII

G u erra de la masonería contra la Iglesia católica.— Ar­


gumentos varios.— Condenaciones de los Pontífices.— León XIII
en especial con pruebas.

a n t o para mostrar al descubierto el fondo ú lt i­


mo de la protervia masónica como para pro­
ducir el forzado convencimiento hasta de los
más renuentes y recalcitrantes, que con la ob­
cecación más deplorable se emperren de veras
en pasar por católicos siendo masones, será de suma utili­
dad la discusión de la nueva tesis. A ello.
La masonería ¿no es indiferentista? ¿no es atea? ¿no es
impía rabiosa? ¿no es satánica, en fin, conforme á lo demos -
trado? Pues necesaria é inevitablemente es mortal enemiga
de la Religión é Iglesia católica, y se siente impulsada á
combatirlas con el mismo implacable furor que enciende al
príncipe del averno contra Nuestro Señor Jesucristo.
La masonería ¿no es idólatra perdida de aquella libertad
omnímoda, desenfrenada y loca que constituye á la vez el
principio motor de todos sus actos é ideal de sus desespera­
das ansias? Luego irremediable é incoerciblemente, con la
misma fuerza nativa con que un elemento físico entra en
lucha con otro su contrario, así la masonería, forzada por
su ciego instinto de odio, se revuelve cual hiena enfurecida
y lánzase contra el único adversario poderoso de sus homi­
cidas intentos, contra la única fortísima barrera opuesta á
los atentados de aquella libertad mortífera, eontra la única
salvaguardia de la verdadera libertad traida á la tierra por
Jesucristo, contra el único poder capaz de contrarrestar los
esfuerzos 6 remediar los estragos de aquella libertad asola-
dora, contra la Iglesia católica, en fin, ímica madre tierna,
protectora y salvadora de la humanidad.
Condenaron la masonería los Romanos Pontífices: Cle­
mente X II en 1738, Benedicto X IV en 1751, Pío V II en
1821, León X II en 1825, Pío V III en 1829, Gregorio X V I
en 1832, Pío IX en 1846 y 186% León X III en 1884; y
condenáronla, según lenguaje de León X II en su Constitu­
ción Apostólica, como secta, no solamente sospechosa, sino
totalmente enemiga de la Iglesia católica, en virtud de la
obligación que apremia á los sucesores de Pedro de descu­
brir con tiempo las asechanzas puestas por los enemigos del
nombre cristiano con el intento de exterminar la Iglesia de
Jesucristo.
En especial León X III hace saber: «que los masones ma­
quinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Igle-
sia con el propósito de despojar, si pudiesen, enteramente
á los pueblos cristianos de los beneficios que les granjeó
Jesucristo Salvador Nuestro.» Saca al descubierto el prin­
cipal y último designio de ellos, que es «destruir hasta los
fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por
el cristianismo.» Y concluye exclamando, que «en su feroz
é insensato propósito de acabar con la Religión y la Iglesia
fundada y perennemente conservada por el mismo Dios,
parece reconocerse el mismo é inextinguible odio y sed de
venganza que abrasa á Satanás contra Jesucristo.»
Estas sentencias fúndalas el celoso Pontífice en las doc -
trinas y los hechos de la abominable secta, la cual:
Hace suyas todas las máximas del naturalismo más des­
arrapado. Y por tanto profesa el racionalismo más absolu­
to— niega la revelación con todos sus dogmas y enseñanzas
— niega en particular el pecado original con todas sus con­
secuencias, la necesidad de la Redención entre otras— pro*
clama la moral independiente de Dios— emancipa á las so­
ciedades de toda religión— sostiene el,principio de la sepa­
ración de la Iglesia y del Estado, etc., etc.
Combate los fundamentos de la Religión verdadera de pa­
labra, por escrito y en la cátedra— trabaja tenazmente pa­
ra anular toda ingerencia del magisterio y autoridad de la
Iglesia— por todos los medios coarta y aprisiona la libertad
de la Iglesia—con leyes vejatorias oprime al clero, estorba
su reclutamiento y le quita los recursos— suprime y disper­
sa las Ordenes religiosas— se esfuerza en nulificar la potes­
tad del Pontífice Romano y hace por acabar con el Pontifi­
cado mismo— despóticamente se apodera de la educación de
la juventud y entabla la educación laica, libre é indepen­
diente— establece el matrimonio civil y abre fácil puerta al
divorcio— de pensado da suelta á las pasiones de la muche­
dumbre y por sistema favorece la corrupción del pueblo pa­
ra dominarle más seguramente, etc.
Ahora bien, nos parece que las repetidas y solemnes de­
nuncias de tantos esclarecidos Pontífices no consienten gé­
nero de duda sobre la realidad de la enemiga y guerra crue­
lísima declarada á la Iglesia; que ese lamento de la Iglesia,
exhalado por boca de sus venerandos Padres y Pastores y
no interrumpido por espacio de casi dos siglos, da seña ine­
quívoca de los acerbos males sufridos por efecto de la saña
masónica; que esas gravísimas condenaciones incesantemen­
te confirmadas por los Vicarios de Cristo, desde el primero
que levantó la voz de queja, alarma y justa vindicta en
cumplimiento de su obligación y cargo pastoral, ponen de
manifiesto el virus de la malignidad orgánica, la persisten­
cia invariable de los planes é instintos persecutores de la
secta. Denuncias, lamentos y condenaciones que á cualquier
hombre medianamente atento y reflexivo de sano é impar­
cial criterio, aunque sea extraño á nuestras cosas é intere­
ses ó miras religiosas, patentizan y meten por los ojos, sin
necesidad de ningún otro testimonio, dato ó precedente, no
sólo la abierta é inconciliable incompatibilidad y pugna de
los principios, designios, sistema y actos de la masonería
eon las divinas enseñanzas, altos ñnes, seculares institu­
ciones, apostolado y gobierno de la Iglesia, sino el jurado
empeño de agresión, odio letal, persecución y guerra de ex­
terminio constantemente sostenida por la masonería contra
la Iglesia y contra todo lo que es obra de sus manos, efec­
to natural de su virtud ó influjo, ó que á ella de cual­
quier modo atañe; contra el ser, vida y existencia de la
Iglesia. Solamente dejará de ver este hecho culminante de
la historia moderna quien sea igual al topo.
I

Prueba documental.— G ritos de rabia infernal.

Con las máximas y procedimientos generales de la maso-


nsría demuestra el sabio Pontífice la encarnizada guerra y
persecución sostenida contra la Iglesia. Ea pos de tan su­
blime guía y ejemplar, con terminantes declaraciones y do­
cumentos oficiales de la secta, con la enumeración de varios
de sus hechos particulares más visibles ó salientes, vamos
nosotros á insistir en el mismo tema para mayor convicción
y mengua de los más obstinados en contradecir, quiénes por
ignorancia, quiénes por exceso de malicia.
El incomparable h.\ Petrucelli della Gattina, en la Cá­
mara de diputados, 1862.— «Debemos luchar contra la pre­
ponderancia católica en tocias partes y por todos los me­
dios. La guerra al catolicismo en toda la superficie del
globo debe ser la base granítica de nuestra política.»
Uu h.\ citado por A. Neut.— «¿Podría nadie admirarse
que hoy esté viva la antigua enemistad católica contra la
francmasonería? Masonería y catolicismo se excluyen recí­
procamente: son antípodas. Así que yo nunca he podido
concebir que un miembro de la logia se diga católico.»
Catecismo de la Maestra Templaría.— «¿Cuáles son los
dos enemigos irreconciliables en el mundo?—La Iglesia y el
Temple.»
Instrucción de la alta Venta italiana.— «Nuestro objeto
final es el de Voltaire y de la Revolución francesa: el ani­
quilamiento para siempre jamás del catolicismo y hasta de
la idea cristiana, que si quedara en pie sobre las ruinas de
Roma sería más tarde su perpetuación.»
Sistoire popul. de la francm., Spa, 1862, p. 448.—
Grande asamblea en la logia Perfecta inteligencia de Lie-
ja, con numerosas diputaciones de Lovaina, Namur, Huy,
Charleroi, Maestricht y Verviers. El h.\ Goffia exhorta á
aplastar al infame, terminando con este apóstrofe: «En
uua palabra ¿queremos aplastar al infame 6 aguantarle?^
Una salva estruendosa de aplausos acogió el discurso del
orador, y se acordó su impresión para distribuirlo á los her­
manos.
De la masonería en sus relaciones bienhechoras con la
humanidad. Grénovas 1869, p. 4=6.— «¿No tenemos que
combatir hoy mismo á los Sanfedistas, á los Paulistas, á
los Jesuítas, que ejercen una influencia formidable? ¿el ca­
tolicismo no sigue en gran parte de Europa como religión
del Estado? ¿la conciencia de las masas populares no está
dominada como siempre por el sacerdote? ¿en Roma la ca*
beza de los sacerdotes no sigue siendo Rey, Papa.,.? De­
bemos exterminarlos.»
Las logias belgas, según el Journal d'Anvcrs, Ag. 1857.
— «En vano con el siglo X V III nos lisonjeábamos de haber
aplastado al Infame: el Infame revive más intolerante,
más rapaz y más famélico que nunca. La religión católica
es una teocracia ávida, sin espíritu de familia y sin hogar,
que obedece á un jefe extranjero y doblega bajo su yugo á
los gobiernos y á los pueblos,,. Es preciso contrarrestar
esta dominación... y para esto levantar altar contra altar.
La masonería combate al cristianismo á muerte. Es de ne­
cesidad que la naeión acabe con él, aunque sea menester
emplear la fuerza para curarse de esa lepra.»
El h.\ Conrado en la BauTmUé, periódico oficial de la
masonería alemana,— «-Nuestro adversario es la Iglesia ro­
mano-católica, papal, infalible, de organización compacta y
universal. Es nuestra enemiga tradicional é inexorable...
Digamos muy alto con Strauss: Somos francmasones, y nada
más. Escoged: ó cristianos, ó francmasones.»
Manifiesto del Anti-eoncilio de Nápoles.— «Los libres
pensadores toman sobre sí la obligación ó compromiso de
trabajar por la abolición pronta y radical del Catolicismo
hasta el exterminio, por todos los medios, sin exceptuar la
violencia revolucionaria.»
Plancha (ó balaustre) del Gr.\ O .-, italiano, Agosto de
1882.— «La asamblea masónica romana, compuesta de re­
presentantes de 200 talleres, proclamó solemnemente, en
28 de Abril de 1872, la unidad de la masonería italiana,
con asiento en Roma, q u e e s s u v e r d a d e r o c a m p o d e
B A T A L L A .»
Remsta de la Masonería italiana, t. X , p. 310.— «La
masonería es la primera, si no la única sociedad italiana,
que tiene empeñado duelo á muerte eon el Vaticano. Por
su juramento de unión con quince millones de comba­
tientes del ejército masónico, la masonería italiana se ha
declarado dispuesta para la lucha, y sabe que está suficien­
temente armada.»
Congreso masónico de Milán, 1881, y Asamblea general
de la masonería italiana de 1882.— «La acción masónica
debe: 1. Dirigirse primeramente á recabar la secularización
de las Obras pías. 2. Organizar secretamente las fuerzas
liberales de la nación. 3. Conseguir del gobierno italiano:
a) la secularización del patrimonio de la Iglesia; b) el pun­
tual cumplimiento de las leyes que disponen la extinción de
las órdenes religiosas; c) la promulgación de una ley sobre
los bienes de las órdenes religiosas; d) la abolieión de toda
enseñanza religiosa en las escuelas.»
Circular á las logias de la alta Italia.— «La supresión de
las órdenes religiosas, la incautación ó desamortización de
los bienes eclesiásticos y la destrucción del poder temporal
del Papa, son tres grandes hechos históricos que constitu­
yen la base indestructible del Movimiento masónico en
Italia... De esta suerte se preparará el camino para la se­
cularización de la religión, para la destrucción de la jerar­
quía eclesiástica y para una legislación civil que entregue
todo el poder al Estado... y se acelerará el día en que el
naturalismo cantará el himno de redención sobre las ruinas
de la Religión y la revelación... Recomendamos álos VV.\
HH.\ que no pierdan un momento de vista las disposicio­
nes concernientes á la cremación de los cadáveres, al ma­
trimonio y entierro civil; que no se permita en cuanto sea
posible el bautismo de los niños; que se arroje el mayor
descrédito sobre todo lo que tenga algún carácter religio­
so... Las escuelas municipales, los asilos, gimnasios, liceos
y escuelas técnicas han de ser ó indiferentistas ó contra­
rias al catolicismo... Dése á entender que la masonería no
combate á los católicos, sino á los clericales, que son los
corruptores del catolicismo.»
¿Qué es eso de clericales? Enseñó ese mote á la masone­
ría el desgraciado de Gambetta con aquella célebre frase de
uno de sus discursos populacheros: E l clericalismo... ¡ese
es el enemigo! Pero, como la verdad sobrenada lo mismo
que el aceite, dio buena cuenta de tal dicho con sinceridad
digna de encomio el calificado masón h.\ Courda vaux en la
logia Estrella del Norte de Lille, con estas palabras: «L a
distinción entre catolicismo y clericalismo es meramente
oficial, sutil y excogitada para el efectismo tribunicio. Mas
aquí, dentro de la logia, digámoslo alto en obsequio á la
verdad, catolicismo y clericalismo son una sola é idéntica
cosa.»
Y ahora, fuera de otros innumerables documentos y tes­
timonios masónicos que nos fuera dable acumular ¿será ne­
cesario traer á colación todos los que á manos llenas nos
brindan los libros oficiales de Bazot, Clavel y Ragon, entre
otros muchos doctores de la secta, los millares de veces que
vomitan maldiciones y veneno, azuzan la saña mortal de los
suyos y sugieren planes de muerte y ruina contra lo que
ellos en el lenguaje convencional de la logia apodan supers­
tición^ preocupaciones, fanatismo, obscurantismo ó jesui­
tismo, como el h .\ Gambetta lo llamó clericalismo^ Con
solos esos pasajes nos sobraría y rebosaría para la más
cumplida demostración; pero además de ser tan conocidos
y trillados entre la gente medianamente sabida ¿cuándo
tendría fin nuestra labor?
Hagamos nuestra la epifonema Ó conclusión del conde
L e Couteulx de Canteleu en sus Sedes ou Sociétés secretes:
«E l verdadero fin de todas las sociedades secretas ha sido
siempre, es, y por siempre jamás será la lucha contra la
Iglesia y la religión cristiana.»
II

Prueba de hechos

A algún adepto menos franco y descarado, 6 más inocen­


te, tal vez se le ocurra lavar la cara al negro, pretendien­
do debilitar la fuerza de nuestra argumentación con ate­
nuaciones, falsas escapatorias ó impertinentes excepciones
puestas á los textos alegados y á cuantos pudieren alegarse.
¡Vana tentativa! Porque nuestras acotaciones no deben e s­
timarse como desahogos ó arranques fogosos de neófitos, no
como bravatas de temerones de la hoja, ni como raptos de
ampulosa oratoria, ni como ideas intencionalmente echadas
á volar con fin propagandista, ni aun como proyectos inma­
turos entregados á la muela de la discusión: son resolucio­
nes con toda madurez tomadas en actos solemnes déla see-
ta; son mandatos ó instrucciones emanadas de las potesta­
des constituidas; son guías y derroteros señalados á la ac-
ción voraz de celosos subalternos; son la pura expresión de
la doctrina com ente y propósitos de la confraternidad uni­
versalmente reconocidos.
Pero ¡vaya! que aun contentándose ellos no nos conten­
tamos nosotros, y no hemos de levantar mano sin exponer
una por una la prueba de los hechos, que cierra el paso á
los efugios y argucias de toda clase: heehos averiguados,
incontrovertibles, pasados al dominio histórico y de la ma­
yor resonancia; heehos de suma y general trascendencia,
liara que dejasen de atraer las miradas é interesar los sen­
timientos de todo el mundo; hechos singulares y caracte­
rísticos, comunmente imputados á la sociedad nefanda por
voz unánime de amigos y enemigos conocedores de la histo­
ria moderna, No nos proponemos hacer el cabal recuento
de ellos, ni tan siquiera de todos los comprendidos en el
ámbito de la época moderna; que tanto valdría, estamos
por deeir, como tejer pueblo por pueblo la historia religio-
sa, social y política de la mayor parte de las naciones, la
historia de las grandes revoluciones operadas en la huma­
nidad durante dicho período, y además profundizar en la
filosofía de tal historia. -Tanto más que tarea tan vasta y
trabajosa tenérnosla determinadamente reservada para otra
obra que, si la vida ó las fuerzas alcanzan, y es querer de
Dios, tras la presente escribiremos. Por lo pronto nos ceñi­
remos en la prosecución de nuestro intento á reseñar los
datos suficientes, que demuestren el odio formal y entraña­
ble, el espíritu agresivo sin cesar despierto y el sistema de
persecución, ora sabia, ora rabiosa, obstinadamente soste­
nido por la masonería contra la religión y la Iglesia de
Cristo, contra todas las divinas instituciones y los efectos
saludables de la obra redentora.
Desde luego está con nosotros el P. Desehamps, uno de
los autores que más ahondó y más abarcó en el conocimien­
to de la masonería, quien denuncia »el vasto y combinado
movimiento que en los comienzos del siglo X V III agita las
inteligencias, contrario á todos los dogmas religiosos y á
todos los fundamentos de las sociedades; que se revela en
la literatura lo mismo que en la vida política, y prepara la
explosión revolucionaria del fin del mismo siglo.” «Este
desusado movimiento, añade, esta aparición de un poder
hasta entonces desconocido, impalpable é irresponsable, que
con nombre nuevo se llama opinión pública, y que ju n ­
tamente con la religión combate los principios del orden
civil; la furibunda acometida dada contra las institu­
ciones en que la religión y la sociedad se actúan, Iglesia
católica, Pontificado, órdenes religiosas, monarquías legí­
timas, todo esto no es hijo de un impulso espontáneo, sino
el resultado de la labor subterránea realizada por las sec­
tas- »
Los hechos abonan la profnnda observación del ilustre
Deschamps, y son los que vamos á alegar en número com­
petente, á fin de sacar victorioso nuestro aserto.
1. Conspiración de los librepensadores ingleses.— Estos
fueron Bolingbrocke, Coolins, Tindall, Wolston, David Hu­
me y otros tales agrupados en torno de Toland, maestro al
cémbalo de la endemoniada orquesta, filósofos y masones en
una pieza, estrechamente unidos en un mismo plan subver­
sivo: filósofos que con sus escritos inoculan el virus de la
impiedad en los cerebros franceses, para que de ellos se de­
rrame en las inteligencias extraviadas del resto de Europa;
activos masones, que después de haber dado su moderna
forma á la secta, desparraman por las naciones europeas la
flor de sus adeptos, que planten por doquier el pabellón
irámieo, enciendan y organicen la campaña antirreligiosa
por medio de logias impregnadas del espíritu maléfico de
sus padres y animadas del mismo furor de persecución contra
la Iglesia. De manos de aquellos conjurados recibe Voltaire
en Inglaterra su bautismo masónico, y vuelve hecho un
discípulo superior á sus maestros.
2. Enciclopedistas franceses.— Estrechos aliados de los
librepensadores ingleses; corruptores sistemáticos de los
pueblos, cuyos exiciales designios se sintetizan en aquel
grito del averno ¡aplastad al Infame! Los primeros en
consignar entre sus feroces propósitos el aniquilamiento de
las potencias católicas, la abolición de los principados ecle­
siásticos de Alemania, la ruina del poder temporal de la
Santa Sede, el despojo délos bienes de la Iglesia, Sectarios
todos ellos y príncipes de la secta.
3. El josefismo de Austria, obra de la masonería domi­
nante en aquella corte desde los tiempos de María Teresa.
4. Expulsión de los Jesuítas y extinción de la Compa­
ñía de Jesús. Choiseul, Aranda, Tanucci, Pombal...
5. Secularización y monopolio de la enseñanza trazados
f>n el plan de estudios de Le Chalotais, plan modelado por
D’Alembert.
6. La revolución francesa y la revolución europea de­
cretadas y llevadas á cabo por los centros masónicos.— En*
tre otras mil, Pruebas de las conspiraciones contra todas
las religiones y contra todos los gobiernos de Europa,
tramadas en las juntas secretas de iluminados y franc­
masones: por el masón inglés Robison, 1797.
7. Napoleón 1.°, apóstol y ejecutor de las ideas y pla­
nes masónicos.— Cautiverio de Pío VII. Destrucción del
poder temporal del Papa. Abolición de los principados ecle­
siásticos de Alemania. Intento de avasallamiento del Pon­
tificado. Constitución civil del clero con sus leyes orgáni­
cas. Monopolio universitario,
8. Degüello de los religiosos, incendio de los conventos
y tentativas de cisma en España.
9. Regalismo y supresión de las órdenes religiosas en
España y Portugal.
10. Atentados diplomáticos contra los Pontífices Gre­
gorio X V I y Pío IX .
11. Triunvirato y República romana.
12. Kulturkampf alemán, suizo y belga.
13. Unidad italiana eon la destrucción total del princi­
pado civil del Papa.
14. Matrimonio civil, divorcio y solidarismo.
15. Medidas vejatorias contra el clero y plan de secu­
larización universal.
16. Los mártires de la Comuna de París.
17. Supresión de la enseñanza religiosa y de los signos
cristianos en las eseuelas. Liga de la enseñanza laica y obli­
gatoria en Francia y guerra general á la enseñanza cató­
lica.
18. Persecución general y expulsión de las órdenes re­
ligiosas.
19. Plan y tenaz empeño de la masonería en apoderarse
de la mujer por todos los medios, como última ciudadela de
cristiandad y religión.
Según testimonio irrecusable de la historia ¿quién ha si­
do jamás ni es sino la masonería, la promotora y agente de
estas y otras semejantes hazañas y empresas antirreligio­
sas, cuya sucinta reseña llenaría numerosas páginas?
Y resulta la demostración por los hechos.
CAPÍTULO XIX

Textos interesantes sobre la religión m asónica

aba agotar en cierto modo las investigaciones


sobre el particular, servirá este artículo de
complemento á los precedentes y al otro de
más atrás relativo al carácter religioso de la
negra confraternidad.
1. Demos la cabecera al insigne Claudio Jannet, docto
continuador del P. Deschamps, en su luminosa Introducción
á la obra de éste:
«La idea fundamental del cristianismo es, que la moral
y el conjunto del orden social descansan sobre la verdad
revelada, sobre Dios y su Cristo.— Omnia instaurare m
Ohristo.— Pues bien, esta base es destruida por el artículo
de los Estatutos, que considera la moral y la virtud indo*
pendientes de cualquiera religión . Por lo cual justamente
la Iglesia fulminó anatema contra los masones, desde el
momento de poner los pies en la orden: de donde resulta
que mnchos quedan prácticamente separados de la Iglesia,
y renunciando á sus Sacramentos, van poco á poco satisfa­
ciendo al instinto religioso del alma humana con las grotes­
cas parodias y ridiculas ceremonias de las logias. De ellos
decía con su nativo gracejo el lim o. Dupanloup: «Muchos
masones equivocan la lámpara del santuario con la lámpara
del comedor.»— Como los rituales y los discursos de los
hermanos están siempre atestados de calumnias contra el
Catolicismo y de interpretaciones estrafalarias de sus dog­
mas, acaba por obscurecerse con una densa nube de pre­
juicios la inteligencia de la muchedumbre mandilesca, que
cesa de frecuentar la iglesia por irse á escuchar las leccio­
nes de las logias.— Los profesores, diaristas y demás escri­
tores de la orden repiten á porfía los errores de ésta por
las mil voces de publicidad de que disponen, siendo un he­
cho comprobado que los escritores masónicos de más nom-
bradía, desde Matter y Cousin hasta Renán, han derivado
sus teorías históricas y filosóficas de la enseñanza y falsas
tradiciones de las logias, de que Ragon es el intérprete más
completo. Así se envuelve á un pueblo en negra atmósfera
de errores que ofuscan su buen sentido natural, mostrado
tan perspicaz en la sociedad de otros tiempos hasta en las
clases agrícolas y obreras: efecto son de esta acción doc -
trinal de la masonería ese anublamiento de las verdades
sociales y esa desaparición de las creencias religiosas. ¡En
qué sombras no han sumido al espíritu humano, no sola­
mente los mentirosos dogmas de 1789, como el de la ingé­
nita bondad del hombre y la negación del pecado original,
sino las palabras mal definidas de libertad, igualdad, pro -
greso, democracia, perfectibilidad y civilización! «No es
difícil de entender, pronunciaba jactancioso un autor secta­
rio, eomo la sociedad de los francmasones, para hablar en
puridad, es sin más ni menos la conspiración permanente
contra el despotismo político (la autoridad, cualquiera que
ella sea) y el fanatismo religioso.»
2. Vemos por lo transcrito lo que vomita y lo que en­
cierra en sus negras entrañas la nefanda sociedad. Señála­
se á la luz del sol, osténtase su carácter esencial de impie­
dad en Francia, cuando en la primera mitad del siglo X V III
toma su forma moderna y se apresta para la gran Revolu­
ción, según relato fiel del P. Deschamps:
«Filósofos, consejeros, literatos, abogados, propietarios,
espectables eclesiásticos, prebendados acudían en tropel;
ni faltaban algunos prelados cortesanos, desnudos de fana­
tismo ó de fe, de aquellos á quienes se hacía escribir cartas
llenas de lisonja á Voltaire. «Aquellas logias, dice Robison,
eran escuelas de escepticismo y de licencia desenfrenada,
en que religión, Iglesia, sacerdocio, reyes y autoridades c i­
viles eran continuo objeto de sarcasmos y mofas, y la igual­
dad universal saludada como la próxima era de la libertad
y cumplida ventura.» Los jansenistas de los parlamentos se
asociaban á los filósofos. Negaban insolentes el registro á
las bulas de Clemente X II y Benedicto X IV lanzadas con­
tra la francmasonería; hacían abierta oposición á los reales
edictos dictados en favor de la religión; perseguían osada­
mente á los obispos y sacerdotes adictos á la fe de la Igle­
sia; conculcaban los más sagrados é incontestables derechos
del clero en asuntos espirituales; y á ejemplo del parlamen­
to inglés, pretendían á las claras y con violencia hacerse
jueces supremos é infalibles de la autoridad espiritual y de
la temporal, ó más bien rechazaban una y otra para que no
prevaleciese otra más que la suya. Aquello parecía el com­
plot de Bourg-Fontaine, mostrándose á cara descubierta en
medio del día. Voltaire podía escribir á sus hermanos y al
primero de ellos (Federico de Prusia): «La Iglesia de la
sabiduría empieza á cundir en los barrios donde doce años
atrás reinaba el más sombrío fanatismo. Las provincias se
ilustran, los magistrados jóvenes levantan su pensamiento;
algunos procuradores generales se declaran antifanáticos;
muchos son los confesores, y espero que no habrá márti­
res.»
3. Por aquellos días en casi todos los reinos se promul­
garon sentencias de proscripción contra la rebelde herman­
dad. Para recargar el cuadro precedente, véanse las causa­
les en que el primer magistrado de Dautzick funda su con­
denación: «Considerando, que según hemos sabido, esos lla­
mados francmasones, á vueltas de recomendar ciertas vir *
tudes, se proponen minar los cimientos del cristianismo,
propagar el espíritu de indiferentismo contra su doctrina
para suplantarlo con la religión natural: que para llegar á
este fin pernicioso han formado estatutos secretos que co­
munican bajo juramento prestado por sus candidatos, jura­
mento más terrible que ningún otro exigido por ningúu so­
berano á sus vasallos: que con el dañado propósito de cum­
plir sus fines peligrosos tienen una caja de fondos, sin cesar
acrecidos con las cuotas sacadas de todos sus miembros:
que sostienen correspondencia íntima y sospechosa con
las sociedades extranjeras de la misma estofa ...»
A todas luces resalta más y más por los hechos aquella
conjuración permanente contra el f a n a t is m o r e l ig io s o

de que nos hablaba hace poco el sectario citado por Jannet.


4. Para quitar la más leve sombra de excusa 6 pretexto
á ciertos católicos de chicha y nabo, y para confirmación de
nuestro intento, es decisivo, fuera de tantos otros prece­
dentemente acotados, el siguiente pasaje de la Remic de
Belgique, Abril de 1875, órgano oficial de la secta:
«Puedes ser luterano, ó calvinista, ó unitario, ó viejo ca­
tólico, ó judío, ó racionalista, cualquiera otra cosa; aun así
podrás ser buen ciudadano, excelente liberal, sincero pro­
gresista. Pero ten entendido que lógicamente nadie puede
ser en una pieza liberal en política y católico romano en re­
ligión.»
5. Recuérdese la marimorena armada en los dominios
de la secta por el desearo del h.\ Pelletan y de los congre­
sistas de Metz sobre borrar de los documentos oficiales el
rótulo de Gran Arquitecto del Universo. El Gran Oriente
de Francia, después del suave palmetazo dado á los revol­
tosos y cumplido aquel acto de energía por el buen parecer,
á poco volvió sobre sus pasos, rompió la palmeta, y dando
abrazo de paz á sus atrevidos alumnos, vino en sancionar
con toda la majestad de su alto puesto la escandalosa profe­
sión de ateísmo reclamada por los insurgentes. Humilláron-
sele respetuosas y concordes todas sus obediencias; estre­
cháronle la mano en señal de parabién las Potencias masó­
nicas del extranjero: solamente la pudibunda masonería re­
gular inglesa, eon alguna otra de poco más ó menos, cortó
relaciones con él por salvar apariencias de grave decoro y
respeto al qué dirán.
El G-ran Oriente de los Países Bajos, y aquí viene lo bue­
no, dirigió á su igual de Francia una plancha.*., en que
después de certificarle su fraternal correspondencia, le rinde
cuenta de su conciencia en estos términos:
«Algunos hechos han venido á mitigar los escrúpulos del
Gran Consejo de los Países Bajos; y uno es, que antes de
1789 la Constitución masónica francesa no contenía la pres­
cripción (del encabezado al G .\ A.-. D.*. U.*.) que acaba
de ser retirada; y otro, que este principio no se ve expre­
sado tampoco en otras constituciones masónicas, sin que es­
ta omisión haya obstado para mantener las relaciones exis­
tentes. Por lo demás el G-ran Oriente de los Países Bajos
juzga poder descansar en las intenciones del Gran Oriente
de Francia de permanecer fiel á las máximas de la Orden,
con todo y haber retractado el artículo aludido.»
Miren la gata de Mari-Ramos. jMonumento de la más re­
finada hipocresía! Como quiera saquemos para nuestra sa­
cocha y tomemos nota de que en los estatutos primitivos de
la hermandad no figuraba la creencia en Dios, ni en sus ro-
tulatas la monserga de A .‘ . G.\ D .\ G.\ A .'. D.*. U.\
(A gloria del Gran Arquitecto del Universo); para que se
vea, y no se olvide, que de casta le viene el ateísmo.
6. Dice el ilustre Jannet, y ojalá tenga razón, respecto
al corto número de ateos: «De tal suerte repugna el ateís­
mo á la naturaleza, que esta impiedad brutal con conciencia
de sí misma será siempre feo vicio de unos pocos. La in­
mensa tropa siente la necesidad de engañarse ella misma
con vanos simulacros; y por esto la masonería guardará
siempre la costumbre de sus juntas y ritos, que hacen de
ella un remedo y mistificación de la Iglesia.» Este pensa­
miento descubre en un largo é importante discurso el h.\
Regnier, que lo pronunció en una reunión de todas las lo­
gias de Lyon, 1882, y lo reprodujo la Qhaine d*Union co­
mo pieza de mérito. Concluye el orador:
«No debe ignorarse lo que ya no es un misterio, que des­
de hace mucho hay dos ejércitos frente á frente uno de otro,
y hoy por hoy en Francia, Italia, Bélgica y España bata­
llan entre sí la luz y la ignorancia: uno de los ejércitos ha
de acabar con el otro. Por tanto importa saber que los E s ­
tados Mayores y los Caudillos son de un lado los Jesuí­
tas, del otro los Francmasones.— Por consiguiente la
Francmasonería debe ofrecer á los verdaderos libres pensa­
dores un elemento, sin el cual la victoria fuera efímera y va­
na. No olvidemos que para la recluta los hombres necesitan
un pensamiento, un lazo común: de aquí viene el nombre de
Religión. Pues bien, este lazo la francmasonería puede
ofrecérselo á los libres pensadores sin atentar contra su in­
dependencia, sin imponerles ningún dogma relativo á la
causa primera de las cosas, ni al destino postrero de la vi-
MASONERÍA. T. I . — 3 0
da: puede y debe bastarles el amor de la humanidad, la
fTáctica de la solidaridad, la filosofía del trabajo.»
Es decir, la masonería; y cátate que la religión de ésta
es la religión de la humanidad y de la fraternidad. Y
échenle galgos á cualquiera otra religión suya.
7. En el grado de aprendiz, que es el primero, Ragon
hace decir al Venerable: «El ateísmo no es concebible... la
única división que existe entre los hombres de buena fe es­
tá en el punto de saber ?i la causa de toda existencia es es­
piritual ó material... Pero un materialista no es un ateo.
Ya veremos luego que no existe nada absolutamente inma­
terial. 11
Hétenos ya la creencia en un Dios material.
Y prosigue entre mil capciosidades é impertinencias su
arenga dirigida al postulante:
«¿Qué cosa es el deísmo? El deísmo 6 teísmo es la creen­
cia en la existencia de Dios (Dios material, según vimos)
sin revelación ni culto. Es la religión de la Razón, la de los
grandes ingenios de todos tiempos, de todos lugares; la
que profesarán todos los pueblos de la tierra cuando no
formen sino una sola nación y una misma familia; es la re­
ligión del porvenir, destinada á reemplazar los numerosos
cultos que desfiguran la Divinidad en todos los puntos del
globo.»
¡Religión del porvenir! ¡religión sin Dios, ó con un Dios
material, llámele hache! Esta es fijamente la religión ma­
sónica, que se convierte por natural consecuencia é irresis­
tible impulso del humano sentimiento en guerra á la reli­
gión del único personal y verdadero Dios: á vuelta de vuel­
tas lo sentencia hipócritamente el autor sagrado.
8. De esta irreligión hace el proceso... un protestante
nada menos, un reverendo de los Estados Unidos, J. Day
Brownles:
«La masonería, exclama, no es una religión. Pretende
salvar y perfeccionar al hombre; se gloría de ser la verda­
dera religión, la religión de la humanidad. Mas profana el
nombre de Dios, profana las Escrituras Santas... y en es­
pecial excluye á Cristo de sus oraciones. Las he analizado
todas, y á fe que son numerosas. Las tiene para dedicar ó
inaugurar los sitios de sus juntas, para la apertura y clau­
sura de sus tenidas, para la recepción de sus candidatos y
colación de grados, para sus entierros. Pues bien, ni en
una de ellas se reconoce á Nuestro Señor Jesucristo como á
salvador y mediador nuestro; lo cual es la ruina completa
del cristianismo. Un orador masón decía:— «La religión de
la masonería abraza juntamente al judío y al gentil, al ma­
hometano y al indo (hombre de la India),» Eatonees no es
la religión cristiana, porque los judíos no reconocen á Jesu­
cristo: no la religión de la Biblia, porque el mahometano no
la acepta: no la religión del verdadero Dios, porque el indo
no cree que el Señor es Dios. ¿Qué religión es esa? Es el
puro deísmo. La masonería no cree ni en el Hijo de Dios,
Salvador nuestro, ni en el Espíritu Santo, santificador nues­
tro; no cree tampoco en la Biblia, puesto que arranca de
ella el Evangelio que la corona; ni menos cree en el verda­
dero Dios, porque el Dios de la Biblia es el verdadero Dios,
y el Dios de la Biblia es Dios en Jesucristo. ¿Cuál es, pues,
su fe? No es otra que la enseñanza por la naturaleza. Nos
manda creer en un incomprensible arquitecto del universo,
que puede ser todo lo que se quiera, el Dios de los pan-
leístas ó el gran espíritu de los indios de América. Lícito
nos es por tanto concluir, que la Francmasonería es un
falso sistema de religión, su culto un eulto falso, y los tem­
plos que levanta templos paganos en cuya sombría portada
podría grabarse la inscripción del altar ateniense: Al Dios
desconocido. «
Y tu templo cristiano, oh reverendo, podría llevar este
título: Cristiano sin Cristo. Pero dejemos esto por ahora.
Por lo demás tiene razón que le sobra: la religión de la
satánica cofradía es la religión de la humanidad, la religión
del porvenir, la religión sin Dios y contra Dios, porque su
dios es el príncipe iníernal.
Esta es la última conclusión de nuestras citas comple­
mentarias que, ya se ve, han sido de provecho.
CAPÍTULO XX

Racionalism o organizado ó Liga del libre pensamiento.


Antecedentes: Amos Commenus, Spinosa y Rosacruces en Ho­
landa.— En Amsterdam la logia Post mibüa lux y la revísta
Dageraad.— En Francia sociedades de libres pensadores.— Ma­
nifiesto solidario de la logia Porvenir.— Sociedades so lid a­
rias en Bélgica y Francia.— Fórmula de mandato y fórmula tes -
tamentaria de los solidarios.— Estos hablando en prosa y en ver­
so.— Notas nuestras.— Canto triuhfal det libre pensamiento.—
Alianza solemne del positivismo y la masonería.— El miedo de
los librepensadores k la muerte.—Proyecto de congreso m asó­
nico universal en Roma.— Predicata á nuestros hermanos.

culpa nos lo achacaríamos si pasásemos por


alto esta conjuración y esta organización, mal­
dad que por sí sola llama sobre la delincuente
cofradía las maldiciones de Dios y de los hom­
bres.
Decir, como quien dice algo, que la masonería es por
esencia racionalista ó librepensadora, es noticia estupenda
para hacer reir al hombre más grave, de puro vieja y fiam­
bre. ¿Quién no sabe de aquella fiesta de la Razón, celebrada
con tanto escándalo en Nuestra Señora de París en 1793, ó
de la otra del Ser Supremo, divinidad forjada en el cerebro
de Kobespierre para suplantar en la común apreciación al
Dios de los cristianos? ¿ó quién, algo versado en historias
de la sacrilega familia, no ha oido hablar de cierta leo filan­
tropía, creación de aquella misma época desastrosa, siste­
ma excogitado para escarnecer con sus mojigangas las au­
gustas solemnidades del culto católico, dándose á la vez la
mano con las fiestas del Ser Supremo, y preludiando á las
hoy llamadas tenidas de masonería blancaí Pero aquellos
fueron simples ensayos y tentativas, á que en su carácter
público y malignamente significativo no dió pase la antigua
fe religiosa de los pueblos; por lo cual la secta hubo de re­
legar nuevamente á la obscuridad de sus antros aquellas
farsas de la impiedad, envolviéndolas en el disfraz de sus
simbolismos para no alborotar á sus alumnos menos descor­
tezados de toda religión, mientras con sus maniobras sub­
terráneas iba aplanando el terreno y esperaba otros tiem­
pos.
Llegaron estos tiempos á la vuelta de medio siglo y la
luz.*, se difundió por todos los ámbitos. Sobresaltado por
indubitables anuncios de la próxima tempestad, el Ilustrí-
;sirao S. Pie, egregio Obispo de Poitiers, dió al mundo cre­
yente la primera voz de alarma en una de sus magníficas
instrucciones sinodales con este solemne lenguaje:
«La organización del racionalismo, exclamaba en 1857,
es el acontecimiento más patente y el más terrible de nues­
tra época. Se ha formado una Liga europea, se ha plantea­
do una Sociedad universal con el propósito declarado de
organizar un cuerpo de ejército destinado á resistir glorio ■
-‘i'miente d las doctrinas que la revelación quiere imponer
al espíritu humano.»
Secundaba este grito de alerta otro valeroso campeón,
Mw H. d’Anselme, en la Revista del mimdo pagano, al
considerar la importantísima significación del congreso uni­
versal de libres pensadores, convocado en 1857 y en Ams-
terdam por la asociación nombrada El Dageraad ( El Des -
puntar del dia, ó E l alba):
«En este negocio, decía, hay algo más que pasiones ó
errores individuales... Si se tiene en cuenta el favor pres­
tado al racionalismo por el Instituto de Francia represen­
tado por número tan grande de sabios y literatos, cuyos es­
critos constante y sistemáticamente van lanzados contra la
revelación, la acogida que á semejantes doctrinas profesa­
das desde tan arriba haeen el teatro y la literatura en ge­
neral, desde la poesía en mayor ó menor grado sensual é
impía hasta las canciones callejeras, las revistas, las nove­
las, los diarios y hasta algnnos almanaques; por fuerza se
ha de reconocer, que sería conducta más bien peligrosa que
sabia, en una sociedad tan trabajada y artificiosamente en­
gañada, en medio de enemigos que por todos lados la ase­
dian, de sencillas é inocentes ovejas que sin querer se es­
capan del redil, ofrecer ninguna perspectiva halagüeña para
la fe ó tranquilizadora para el porvenir. Existe una liga
europea, vasta, activa y poderosa, que tiene por cabeza las
eminencias del mundo sabio, por instrumento de su acción
una parte del cuerpo docente y de la prensa, ramificaciones
en todas las clases del orden social, y cuyo fin manifiesto es
el exterminio en Europa de toda creencia basada en la re­
velación.!)
El esclarecido Obispo de Poitiers, al paso que informaba
del carácter internacional de aquella sociedad, señalaba
como uno de sus principales focos á Holanda; y en verdad
que él sabía por qué.
En efecto, en Amsterdam pasa los últimos años de su
vida, y allí muere en 1671, uno de tantos corredores de no-
vedades como á la sazón andaban de allí acullá dementando
á los hombres y revolviendo el mundo, pero de los de peor
estofa, Amós Commenus, que en sus escritos consignó con
un siglo de anticipación las ideas fundamentales de Saint-
Martin y Weishaupt.— En Holanda, por los mismos años,
da muestra de sí el judío protestantizado, Espinosa, que con
su panteísmo, tomado de algunas escuelas rabínicas, tras­
tornó las cabezas y llenó el siglo X V II, y cuyas doctrinas
filosóficas y políticas fueron las divulgadas en el siguiente:
amorosamente acogido por el elector palatino Carlos Luis al
grado de confiarle una cátedra de filosofía, por los méritos
digamos de su notorio ateísmo, en la universidad de Hei-
delberg; celosamente coadyuvado por sus amigos, que á des­
pecho de la prohibición de los Estados generales de Holan­
da, con gran ardor hicieron circular el Tradatas theologi-
co-politicus, inundando con títulos varios de sus ejemplares
la Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza: motivos bas­
tantes todos juntos para dar pie á la sospecha, si no certe­
za, de la iniciación masónica del filosofante judío.— Además
¿no recuerdan nuestros lectores de aquellos hermanos de la
Rosa Cruz, nombrados en nuestros Orígenes, que remonta­
ban al siglo X IV su prosapia, descubridores de incógnitos
misterios, alquimistas y secuaces de la cábala rabínica, per­
petuos aliados de deístas y panteístas, compartidos en siete
clases ó grados cuantos fueron los días de la ereación, he­
rederos del ritual, símbolos y nombres de los templarios,
reformadores jurados que ya entonces sabían hacer la pro­
paganda por medio de folletos, popularizados empeñosamen­
te por el célebre Roberto Fiuud ó A Jluctibus, y por el an­
ticuario Elias Ashmol? Pues de éstos, por testimonio coetá­
neo de L, Orvius, en 1622 existía en la Haya una logia
compuesta de lo más granado de la sociedad, y su campa­
mento principal estaba plantado en Holanda.— Vamos, que
esto algo significa, y no es menos digno de advertencia la
particularidad de que en Holanda asimismo brotó el primer
pensamiento de Liga de enseñanza laica, con la fundación de
la Sociedad del Bien publico, debida en 1784 á un pastor
memmmita y dedicada á «combatir en la niñez, lo mismo
'jue entre los adultos, las preocupaciones de la superstición.»
—Por último, en Holanda y en 1816 fué bailada la impor­
tante Constitución ó Carta de Colonia, que tanta luz de­
rrama sobre los orígenes de la masonería.
Y no dejemos en paz esa guarida y ciudadelade masones:
buen ojo tenía, pero bueno, el limo. S. Pie. En Amsterdam
un grupo de los más echados para adelante fundó en 1850
ana logia por nombre Post nubüa lv,oo ¡título pintiparado!
h espaldas y con total emancipación del G-ran Oriente de los
Países Bajos, para gozar de mayor libertad en sus atrevi­
dos vuelos. Principales artículos de sus Estatutos:
«1. La logia Post nubila lux es una corporación masó­
nica independiente.
«2. Reconoce como único principio de l a 0.*. el amor
déla verdad y la justicia . Tiene por objeto el progreso
intelectual y moral del hombre y la sociedad.
«3. Los trabajos de los hh.-. para promover este fin,
consisten provisionalmente en el estudio de la ciencia del
individuo y de la sociedad con intereses y deberes recí­
procos.
«Se convocarán reuniones á fin de proporcionar á los hh. •.
ocasión de cambiar ideas sobre asuntos de esta orden, y se
darán lecciones para armarlos de los conocimientos necesa­
rios, por medio de la francmasonería y de la ciencia, con
que conferenciar sobre semejantes materias de una manera
digna de ellas.»
Fué de las primeras logias en el mundo en suprimir las
fórmulas relativas á la existencia de Dios y á la inmortali­
dad del alma; y á pesar de estar desligada de toda obedien-
cia, trabó relaciones con numerosos talleres de Europa y
Estados Unidos, en los cuales alcanzó gran crédito por la
osadía misma de sus principios; y con el tiempo llegó á
atraerse la mayor parte de la masonería holandesa. Como
se ve, la nota dominante de su programa, á saber, el pro­
greso moral é intelectual del hombre y de la sociedad, el
estudio de la ciencia del individuo y de la sociedad, las
reuniones, lecciones y conferencias de carácter científico,
con esa continua referencia á la ciencia y á la sociedad,
hace presagiar, una vez conseguido el fin provisorio, la
empresa racionalista de realizar el progreso moral del gé­
nero humano por medio déla ciencia independiente de Dios,
de la razón alzada contra Dios.
Los sucesos hicieron válido el anuncio: en 1855 algunos
libres pensadores y positivistas, puestos al lado y bajo la
égida de la logia Post oiutila lux, comenzaron á publicar
la revista Dageraad (E l despuntar del día, ó E l alba),
destinada á ucombatir abiertamente el fanatismo de la Igle­
sia llamada cristiana, á propagar el amor de la verdad y
destrozar el yugo de la fe ciega .» Al año siguiente la com­
pañía editorial se convirtió en sociedad radical, á que sólo
35 sujetos se atrevieron á dar el nombre. Creció rápida­
mente, y al otro año llamó á congreso universal de libres
pensadores, manifestando estar en fraternal corresponden­
cia con los órganos de la flor y nata del libre pensamiento
de Francia, Hamburgo y Londres; con los humanitaristas y
secularizadores de toda Inglaterra; con los periódicos libre­
pensadores de Turin y de Bélgica, y con los rongistas ó
partido de comunas libres de Alemania.
Todo lo dicho por lo que toca solamente al gran foco ho­
landés.
En el entretanto no estaba Francia por supuesto con los
brazos cruzados en la obra de perdición. Donde, en 1854,
de las cavernas de Manés surgía con rótulo farisaico la
A lianza religiosa universal, que tiraba á la muerte de to­
das las religiones con estas tres bases racionalistas: invio­
labilidad de la conciencia, libertad religiosa absoluta, de­
recho de libre examen. «La masonería, gritaba, no persi­
gue á nadie; se propone únicamente destruir el error, y en
especial los errores religiosos, con el brazo de la instruc­
ción verdadera y razonada que abundantemente dispensa.»
Espantosa fué la explosión del antieristiaDismo acaecida
desde 1861 á 1870. Con referencia á este período, en la
fiesta solsticial de 1881 celebrada por la logia Rosa del per­
fecto silencio, «el h.\ Daily recordaba que la moral inde­
pendiente resultó de las discusiones entabladas diecisiete
años haee en las dos logias estrechamente unidas, el Rena­
cimiento y la Rosa del perfecto silencio.« (Monde Macón-
ñique). Entonces se moldearon las que más tarde se des­
envolvieron, Sociedades del libre pensamiento, Liga de
la enseñanza, Sociedad de la educación elemental, que
forman las dos alas del ejército, cuyo centro está en las
logias. Nacen y mueren sucesivamente multitud de perió­
dicos para mantener viva la fermentación de los elementos
impuros de la sociedad. Frenético vociferaba Julio Simón
en la cámara legislativa:
«Yo pido para las religiones el derecho de ser ultraja­
das... Tened por cierto, que en esta reivindicación cuantos
han vivido por el vigor de la razón, están con nosotros; te­
ned por cierto que nos acompañan, no solamente en Fran­
cia, sino en toda Europa, todas las universidades, todos los
profesores, todos los que merecen el nombre de filósofos,
todos los que tienen á honor y gloria el titulo de libres
pensadores.»
A este mismo período corresponde la escandalera promo­
vida por el renegado Pelletan y su manifiesto solidario, dis­
cutido por espacio de seis semanas en su logia del Porve­
nir y consultado con todas las demás logias de Francia. He
aquí sus artículos:
«Art. 1. Eq la logia del Porvenir, los hh.'. que acep­
ten los presentes estatutos, instituyen una comisión perma­
nente, titulada: Comisión de libres pensadores.
«Art. 2. Los libres pensadores no admiten oirás ver­
dades que las demostradas por la razón, ni otra ley moral
que la sancionada por la conciencia f de los mismos liberti­
nos, entiéndase).
«Art. 3. Creen que la verdad y la justicia así manifes­
tadas son las reglas de la vida.
«Art. 4. Declaran, que respetando Ja libertad de cada
cual en las cuestiones tocantes á la divinidad, sólo recha­
zan las religiones dogmáticas reveladas, por cuanto hoy
son la negación de la conciencia y de la razón.
«Art. 5. Declaran en consecuencia su compromiso de
morir fuera de todo culto religioso.
«Art. 6, Los libres pensadores están resueltos á prac­
ticar públicamente sus principios y á difundirlos por todos
los medios morales y materiales idóneos para la consecu­
ción de su fin. »
Acabamos de mentar á los solidarios. No los dejemos de
la mano, porque con su desesperado juramento y su sempi­
terna desventura predican á los euatro vientos el final pa­
radero y la última conclusión lógica del racionalismo; de­
mentados por su orgullo satánico y su odio formal á Dios,
réprobos esclavos y víctimas voluntarias del ángel maldito,
imitadores de la condenación de éste lo mismo que de su
espíritu blasfemo.
Infámanse por propia boca los socialistas belgas con la
vanagloria de haber iniciado en 1854 la primera sociedad
solidaria, apellidada Emancipación; aunque el grupo más
regular de semejantes poseídos organizóse en 1862 en Bru­
selas, de donde cundió esa lepra de fanatismo suicida espi­
ritual á Francia, á Italia, al mundo entero, alimentada y
fomentada por los dictámenes é instigaciones de las logias,
hechas ya desde larga fecha solidarias, y de las sociedades
de libre pensamiento igualmente masónicas por juro de he­
redad y por idiosincrasia. La intitulada— Obra conforme
'pienses— dispone:
«Los infrascriptos se obligan á no recibir jamás ningúa
sacramento de ninguna iglesia. No quieren ceremonias re­
ligiosas ni para el matrimonio, ni €n su muerta; no quieren
tampoco iniciación religiosa en los nacimientos.»
De la misma calaña es la Union democrática de propa­
ganda anticlerical, bien que su destino especial al tenor
de su rótulo parezca cifrarlo en la propaganda impía é in­
moral hecha por medio de impresos, ilustraciones porno­
gráficas y toda suerte de pinturas y estampas obscenas, y
lo señala en el frontispicio de sus estatutos:
«Tiene (dicha Unión) por objeto luchar contra la inva­
sión del clericalismo, combatiendo la superstición, la igno­
rancia y el fanatismo, y diseminar las doctrinas del libre
pensamiento, ó sea, sacar triunfantes la razón, la ciencia y
la libertad de conciencia.»
Uno de sus colaboradores, el h.\ G-uyot, en un folleto se
dejaba decir, que el pudor era una preocupación y un lugar
común. En éste, so desvergonzado, habrás aprendido tu
puerca moral.

Por muy claro y expresivo acotamos un pasaje de unos


Apuntes históricos sobre las sociedades racionalistas de
Bélgica, como sigue:
«Ellos se asocian, para lograr que después de su muer'
te sus restos no sean profanados con las monadas de los
charlatanes, que estafan al público animal en pago de ha­
ber éste hecho caso de sus explotadores: sacerdotes, pas­
tores, rabinos, popes y demás fantasmones de toda especie,
indispensables sostenedores de la opresión... Hízose la luz;
debemos seguirla. Es menester que todos los ciudadanos
estén convencidos de que Dios es el mal y que se debe pe­
gar recio á los explotadores de esta aberración.»
¡Dios es el mal! Nos abristeis vuestro corazón. [Demo­
nios! Vos ea> patre diabolo estis.
En conformidad con los sentimientos expresados, véanse
ahora las fórmulas de mandato ó encargo y de disposición
testamentaria recomendadas á los solidarios por el A hna -
naque del libre pensamiento de 4882:
FÓRMULA DE MANDATO PARA ALEJAR DE M I LECHO DE MUER­

TE LA IMPORTUNIDAD RELIGIOSA DE LOS SACERDOTES T DE

CUALQUIERA OTRA PERSONA.

«Yo el infrascripto (nombre y apellido)


(profesión) (domicilio)
declaro, que quiero morir fuera de toda religión positiva:
no quiero que ningún sacerdote, de cualquier culto que sea,
venga á turbar mis últimos momentos.
«Por la presente fórmula doy al Sr. (nombre, apellido,
profesión y domicilio) y si Sr. (nombre, apellido, profesión y
domicilio) en mancomún y separadamente, mandato y pleno
poder de vigilar, para que mi voluntad aquí libremente ex­
presada, sea fielmente cumplida. Al efecto, cuando ellos me
juzguen en peligro de muerte é imposibilidad, por la exte­
nuación ó por la enfermedad, de defenderme contra la im­
portunidad religiosa de sacerdotes ó de cualquiera otra per­
sona, se trasladarán á mi casa y allí dictarán las medidas
que las circunstancias aconsejaren; mandarán como señores
en todo lo tocante á mi persona, que desde ahora para
entonces coloco "bajo su t u t e l a a b s o l u t a .
«Quiero que su voluntad sea considerada como expresión
de la mía propia. Les ruego cumplan fielmente con este en­
cargo, y que en caso de necesidad, lo hagan respetar por
medio de la justicia.
«Fecho en á en tres ejemplares, de
los cuales cada mandatario recibe uno, quedando el tercero
en mi poder,»
(Firm a),

FÓRMULA TESTAMENTARIA

«Yo, el infrascripto declaro que quiero ser


enterrado sin ninguna ceremonia religiosa por diligencia de
la Sociedad— E l libre pensamiento— de Liege, fundada el
20 de Junio de 1878. Este es mi testamento que encargo
al ciudadano N.
ejecute puntualmente y le ponga bajo la salvaguardia del
Código civil. Hecho de mi propio puño en en tres
ejemplares, de los cuales uno se entrega al Sr.
otro á la Soeiedad— El libre pensamiento—de Liege, que­
dando el tereero en mi poder.»
( Fecha y firma),

D js hechos significativos entre mil.— 1. La logia A m i­


gos filántropos, en 1880, somete á discusión el punto de si
habrán de ser declarados apóstatas y renegados los herma­
nos, que en caso de enfermedad hubieren aceptado los au­
xilios de la religión. La decisión quedó sepultada en el
misterio, por juzgar que todavía no estaban maduros los
tiempos para manifestarla. 2. Ed cambio los Verdaderos
Amigos de la Unión y del Progreso destituyeron en 1882
sin contemplaciones á su Venerable, por el crimen de ha -
ber permitido á una hija suya que celebrara la primera Co­
munión. Es que ya habían madurado los tiempos. Todo esto
en Bélgica.
El programa del fundador de la soeiedad— Obra confor­
me pienses: —
uUnicamente aquel es hombre honrado, que pone de
acuerdo sus acciones con sus principios (racionalistas, se
supone). El bien es inseparable de la verdad, y no hay más
verdad que la de l i ciencia (porque en efecto, las verdades
de la revelación, á los ojos del racionalista, son mentira).
Es menester separar la moral progresiva y científica (ra­
cionalista) de los dogmas anticuados (la palabra de Dios es
algo vieja) que la razón (loea, del racionalista) condena y el
sentimiento (del impío) reprueba. La conciencia (del impío)
rechaza las doctrinas religiosas que reglan al hombre por
medio del temor (del infierno) y por medio de los más in­
dignos móviles (el amor de Dios, por ejemplo, ó la espe­
ranza de la gloria),*
uFuera sacerdote en el nacimiento;
«Fuera sacerdote en el matrimonio;
uFuera sacerdote en la muerte.»
Oración fúnebre de un salvaje, esto es, solidario:
«Cada vez que Vfinis á cumplir el deber de tributar los
últimos honores á la heroica muerte de uno de los nuestros,
y de volver á la tierra, nuestra madre común, los despojos
de un republicano, de un librepensadory de un verdadero
hombre, de esta fosa donde se sepultan los recuerdos de
tantas grandezas y de miserias tantas, levántase un grito
de suprema insurrección, un grito de victoria y rebelión
intelectual contra Dios, contra, el cielo y la tierra , con­
tra la iniquidad, la injusticia y el reinado de la fuerza ...
Ese valiente supo eon su fuerza moral rechazar al sacer -
dote y morir como hombre Ubre, probando que la paz del
alma dimana de la negación de Dios.»
Y secundaba un poeta no menos cimarrón:
«Solidaires, celui dont la voix. vous rapelle
Les principes qu’on doit propagar en tout lieu,
Jusqu'á son dernier souffle y demeura fidéle,
Et brava préjugés, et cuite, et prétre, et Díeu!»
*
Notas.— 1. El solidarismo, en cuanto dice voluntaria, y
tal vez forzada, privación de Sacramentos, es carácter y
regla propia de la masonería, y tan antiguo como ella mis­
ma al parecer, según se desprende de hechos constante­
mente señalados desde los tiempos de la Revolución fran­
cesa, y de la práctica acostumbrada como por ley, aun
antes de haberse pensado en organizar sociedades ad lioc.
2. Así eomo el libre pensamiento es principio esencial de
la masonería, conforme á lo que llevamos largamente ex­
puesto, así las sociedades solidarias son hijas legítimas del
Libre pensamiento; y á esta causa de éste reciben el título,
llamándoselas, no sociedades solidarias, sino del Libre pen­
samiento, y es el uso común.
3. Dichas sociedades no son peculiares de Bélgica, Fran­
cia é Italia, sino universales, como nacidas por natural flo­
rescencia del espíritu solidario esencial de la masonería; y
lo demuestran la protesta y clamor público de los católicos
y demás gente honrada, en todos los países levantado en
cada caso ocurrente.
4. En nuestros días las sociedades de propaganda anti­
clerical, con este mismo nombre ó con otro análogo distin­
guidas, están destinadas por la secta á las manifestaciones
ruidosas, y por esto, lejos de recatarse en la sombra, bus­
can la publicidad y el escándalo. Mas las sociedades solida­
rias, dichas del libre pensamiento, cuidadosa y uniforme­
mente se ocultan en todas partes, aunque varíen circuns­
tancialmente y en la forma sus estatutos y las fórmulas de
mandato y testamentaria. Esta condición del secreto la
impone de un modo terminante la Sociedad del Libre pen­
samiento de Montpellier con su art. 17 á este tenor:
«La lista de los miembros de la Sociedad no será jamás
publicada, ni de cualquier manera que sea descubierta al
público. »
No son generalmente conocidos los estatutos y reglamen­
tos de las demás; pero denuncia su existencia la conducta
ordinaria de las logias observada con sus hermanos enfer­
mos 6 difuntos. La notoriedad y alboroto con que al princi­
pio se anunciaban, eran empleados como un medio de pro­
paganda.
Canto de triunfo del Libre pensamiento, 4880.— Es un
discurso pronunciado en el entierro civil y ante la tumba
de un h,\ impenitente, publicado y plenamente aprobado
por la Chaine d‘ Union. Es sumamente instructivo para
nuestro objeto:
«Hace veinte años (esto es, en 1860, nótese bien la fe­
cha; cuando iba á estallar aquella horrorosa explosión de
racionalismo que atrás señalamos) la lucha entablada por el
libre pensamiento, más parecía la utopia de algunos espíri­
tus aislados, arrebatados por la especulación filosófica al
mundo de las ideas puras, que una necesidad práctica del
estado social. Los más alentados no esperaban alcanzar el
triunfo del libre pensamiento sino en un porvenir lejano, ó
bien á costa de terribles trastornos, considerados como im­
posibles porque habían de ser universales. En efecto, la do­
minación religiosa en Europa se presentaba tan monstruo­
samente pujante, que sólo para hacerla bambolear hubiera
sido necesario conmover el mundo entero, Recuérdense si
no nuestras discordias intestinas, el pan cotidiano de la
política: el sacerdote en la escuela, defendido como una ne­
cesidad social; en pie el juramento religioso; el casamiento
civil mirado con general aversión; los entierros civiles per­
turbados por motines que excitaba el clero; y los librepen­
sadores aislados como si estuviesen apestados. La Iglesia
triunfaba con todos los gobiernos y en todas las clases de
la sociedad... el Syllabm.*. el Concilio... la infalibilidad
del Papa...
«Este orgullo inmenso de la Iglesia fué la causa princi­
pal de su ruina... Apenas desde lo alto del Vaticano formu­
laba sus pretensiones, cuando ese mismo Vaticano se vió
como desamparado en medio de una tempestad universal.
Los entierros civiles, los casamientos puramente civiles, la
privación de bautismo para los niños, son casos de todos
los días. Si aun ahora acaecen movimientos populares, no
van dirigidos por cierto contra el libre pensamiento: el pue­
blo se ha identificado con él. Jamás se vió más profunda
transformación operada en tan breve tiempo.»
Observación importante. Castigúense las mil barbarida­
des de este lenguaje sectario; más á nuestro propósito pá­
rese la atención, adviértase y márquese bien m reí memo-
riam, como habla un masón, con aplauso de toda la cofra­
día, en nombre del Libre pensamiento, para enaltecer las
conquistas de los solidarios, para hacer ostentación del
gran terreno ganado en el mundo por el racionalismo en
pocos años. De donde á buena ley puede sacarse esta fór­
mula matemática: Masonería=Libre pensamiento— Ra­
cionalismo: en la cual, profundizando en el sentido dado á
estas cosas de boca y con los hechos por nuestros enemigos,
va envuelto hasta lo satánico. Conclusión redonda.
Para terminar, habiendo venido el positivismo á ser en
nuestros días la forma dominante del racionalismo ó libre
pensamiento, mal contado nos fuera, si pasásemos por alto
esta importante evolución.
En 1876, y en fuerza de los continuos avances de la hor­
da racionalista, la masonería hizo profesión de fe positivis­
ta de la manera más solemne.
En dicho año, por instigación del h.\ Cousin (distinto
del filósofo de igual apellido, cofrade también) vicepresiden­
te del consejo del Gran Oriente, la logia Clemente Amistad
de París recibió ostentosamente en su seno á Littré y Wy-
rouboff, representantes á la sazón del positivismo: notable
acontecimiento. Con aeto semejante la secta dió pregón al
universo, de que prohijaba en su plenitud la doctrina posi­
tivista, con la eliminación de toda idea moral y de todo he*
cho inasequible á los sentidos, adoptando en nna palabra el
materialismo más brutal.
Holgaba á la verdad esta osada afirmación, cuando tan­
tas pruebas tenía ella dadas de laxo criterio y despreocu­
pación en la materia. Mas ¿cómo desairar á tan nobles su­
jetos, hermanos nuestros por la idea y los sentimientos?
¿cómo no meter en casa la dicha que se viene á nuestras
puertas? ¿cómo despreciar la ayuda y prestigio de la sabia
cohorte? ¿cómo parecer rezagados tras el movimiento arre­
batador de la nueva generación y agraviar al estandarte de
la flamante ciencia? ¿cómo renegar de la ley del progreso
en el camino del error y del descaro, y desperdiciar la co­
yuntura de un escándalo nuevo? Lema suyo fué siempre co­
rrer con los más audaces y perdidos; patrimonio suyo lo
más radical en la negación y el error; gloria suya lo más
insolente en la impiedad.
Con el gozo y ufanía de su magnífica adquisición la logia
instituyó una fiesta anual para conmemorar tan fausto aconte­
cimiento, y en 1877, en el primer glorioso aniversario, llevó
la palabra el h.\ J. Ferry, autor de las malhadadas leyes de
enseñanza laica; que si otros datos faltasen, con lo que dijo
dejó bien sellada la confraternidad y perpetua alianza de
la secta con el bando positivista. Véase si no, y medítese:
«Si el positivismo ha ingresado en la masonería, consiste
en que ésta era de mucho atrás positivista sin saberlo
{apenas tiene razón, y es lo que nosotros apuntamos).
«La fraternidad es cierta cosa superior á todos los dog­
mas y concepciones metafísicas, no que á todas las religio­
nes y filosofías. Esto significa, que la sociabilidad se basta
á sí misma; que la moral social tiene sanción y raíces en la
conciencia humana, puede vivir por sí y soltar las muletas
teológicas para encaminarse libremente á la conquista del
mundo.— Vosotros (los positivistas) sois uno de los más
preciosos instrumentos para la cultura del sentimiento so­
cial, para el desenvolvimiento de la moral social y laica, á
la cual pertenecéis.
m a s o íe b ía . t . i .— 8 1
«Yo juzgo que es de esencia de nuestra institución librar
al hombre del temor de la muerte, pues á este terror secu­
lar, á esta servidumbre la más difícil de sacudir, vosotros
oponéis el sentimiento fortificante y consolador de la conti­
nuidad y perfectibilidad de la especie humana.,. Cuando
nos anima esta convicción, cuando nos representamos la
humanidad, no como una raza degenerada y originariamen­
te decaída, que trabajosamente se arrastra por este valle
de lágrimas, sino como una procesión interminable, que va
siempre adelante para la luz; entonces nos consideramos
parte integrante de ese gran ser que no puede acabar, de
esa humanidad que á la continua se agranda, se mejora;
entonces conquistamos toda la libertad, porque nos hemos
eximido del temor de la muerte.»
La conciencia y moral independiente, la perfectibilidad,
fuera culpa original, progreso hacia la luz, humanidad eter-
na hecha Dios, la libertad irresponsable y el hombre vege­
tando suelto en la tierra á guisa de animal salvaje; he aquí
toda la religión y la moral de la masonería y el positivismo
fundidos en un cazo.
Ya en 1874, el h.\ Mauro Macchi, diputado del parla­
mento italiano, uno de los del Supremo Consejo.'., escribía:
«Mientras el sistema del sentimiento ascético de la vida
futura no caiga á los golpes del mallete masónico, tendre­
mos una sociedad compuesta de mezquinas criaturas ilusas,
que todo lo sacrifican por la felicidad de una vida futura,
que comenzará en el cementerio.»
Es un hecho, por lo visto, que con todas sus baladrona­
das los masones tienen miedo cerval á la muerte, y tratan
de espantárselo, como los niños, á chillidos: hecho á no po­
der más humillante.
De un discurso del h.\ Gambetta, 1881:
«¿Por qué no decirlo en este mismo sitio, en esta Sorbo-
na por mucho tiempo consagrada á otro ideal y á otras doc­
trinas, pero qus por la fuerza de los años y gracias á la
labor de hombres nuevos y de almas generosas, se va des­
embarazando poco á poco de las sombras del pasado para
dirigir su mirada al porvenir y sentar las bases de una ver­
dadera ciencia positiva? Este método con severa lógica tra­
zado y más severamente practicado, ha sido la filosofía del
más potente pensador del siglo, de aquel cuyas ideas hoy
lo penetran todo, de Augusto Comte... pensador que sólo
anhelaba limpiar del cerebro humano las tinieblas y las qui-
meras, para hacer del pensamiento un puro lingote de oro.»
El comentario á estas palabras lo tomamos del Mundo
Masónico, que al reproducirlas añadía:
«Es menester fijarse en este acto de adhesión á una doc­
trina, que tantos adeptos cuenta hoy entre la masonería
francesa.»
Y agregamos por nuestra parte: y entre la masonería
universal.
Por los mismos días las logias de París coadunaban sus
esfuerzos para fundar una escuela superior de ciencias po­
sitivas ajustada al método positivista, «destinada á propa­
gar científicamente el socialismo entre las clases inteligen­
tes, y con el socialismo ese grosero materialismo y esa ne­
gación radical que constituyen el credo del positivismo y
de la masonería.» (P. Deschamps).

Fin de fiesta.— Resultado patente de la formidable con­


juración racionalista ó librepensadora y preparativo inme­
diato para la gran explosión maquinada por la secta uní-
versal, fueron:
1. Los dos congresos intemacionalistas del Libre pensa­
miento, 1881 y 1882, reunidos en París, en el palacio mis­
mo del Gran Oriente de Francia. Allí se dieron cita los so­
cialistas y comunalistas, los círculos de estudios sociales,
los grupos ateos, la Liga de los derechos de la mujer, los
free Thinlters ingleses, ó sea, toda la hez del globo, los
representantes selectos de todas las gavillas infernales.
Allí resonaron salvajes bramidos contra la Iglesia y contra
todas las religiones; y á un pastor protestante que preten­
día aquietar la insolente turba, se le cerró la boca diciendo
que tan pernicioso como el catolicismo era el protestantis­
mo. Allí en medio de la baraúnda de blasfemias, desatinos
y horripilantes amenazas fraternizaban los obscuros desca­
misados que compusieran el estado mayor de la próxima
Comuna, preparada con la complicidad del gobierno y de
las sumas potencias masónicas. Allí, para poner, su sello
característico á aquel pandemónium y denunciar á voces al
bastonero mayor de aquella danza, machos de los delega­
dos ostentaban con aire triunfal las insignias de la logia.
2. El proyecto de congreso masónico universal que en
Abril de 1883 se había de celebrar en Boma, por decreto
del de 1882,. y cuya significación marcaba la Mvista Mas-
sonica en estos ceñidos términos:
«La Revolución va á Roma para combatir al Papa cara
á cara; para congregar bajo la cúpula de San Pedro á los
campeones de fa razón; para dar á la Francmasonería una
grandeza gigantesca, en el corazón mismo de Roma, que es
la capital del universo. Arremeterá sin compasión contra
todas las religiones que tienen por base común la creencia
en Dios y en la inmortalidad del alma.»
¡Inminente peligro y espantoso sobre toda ponderación!
El plan era endemoniado, resuelto en Locarno en 1872,
perfilado y confirmado con extraordinario sigilo en Junio de
1879, según consta de datos masónicos. Expulsar ignomi­
niosamente del Vaticano y de Roma al Supremo Jerarca de
la cristiandad; transformar el reino italiano en república,
cosa á cualquier hora hacedera; con la unión de España ya
preparada con los trabajos socialistas de Bakounine, procla­
mar la república latina; y «aprovechando la oportunidad de
las convulsiones producidas por esta transformación social
(son revelaciones de un masón), dar por mano de Bismark
el último golpe al Austria; después de lo cual se vería á la
Alemania entera aclamar la república, y se mandaría á
paseo (sic) al viejo Guillermo.-» Tras esto vendría lo demás
combinado y fraguado, lo imprevisto, la república europea,
tal vez la república universal, término de las aspiraciones
sectarias, con la dominación incontrastable de la negra her­
mandad extendida sobre todos los continentes del globo, el
cataclismo universal.
Así se trazó: Dios lo desbarató.

Al hacer punto en nuestra investigación, hora es de re­


cordar las palabras del ínclito Prelado de Poitiers. No falló
su perspicacia: á la letra cumplióse su triste augurio.
Elemento natural, corazón vivo y fuerza impulsadora de
la masonería es el racionalismo. ¿Qué cosa es el naturalis-
mo? la negación absoluta de lo sobrenatural. ¿Y el raciona­
lismo? el ejercicio de la razón natural rebelada eontra la
razón divina. Y la masonería, ya lo vimos, es puro natura­
lismo, con algo más, el satanismo.
Sí, de medio siglo á esta parte el racionalismo práctico
se organizó, escogiendo por una de sus primeras ciudadelas
de refugio la pequeña Holanda; ramificóse brevemente por
Jos pueblos mejor dispuestos á sentir su influjo. Luego se
desenmascara de un modo más visible con la bandera del
libre pensamiento que pasea por doquiera, acreciendo la
muchedumbre de sus prosélitos, fanatizando sus legiones y
batiendo en brecha con todo género de máquinas y asechan­
zas la Religión y todas las religiones: á poco estrecha amo­
roso abrazo con el positivismo y se arma con su postiza
ciencia. Tarea larga fuera seguirle uno por uno los pasos
en sus incursiones por el campo de la humanidad; aunque
m precisa esta diligencia, pues la secta que le lleva en bra­
zos, la misma es en todas partes una y universal. Pero
quede por asentado ¡ayí que se halla constituida y bien tra­
bada aquella Liga europea, aquella Asociación universal,
de que nos hablaba el limo. Pie, en cuerpo y alma dedica­
da á combatir radicalmente las doctrinas, las instituciones,
los beneficios todos de la revelación; centralizada hoy al pa­
recer en regiones señaladas, en Francia particularmente,
por las razones idénticas que en otro siglo movieron á la
masonería á concentrar allí mismo el foco generador de la
primera gran revolución y de todas las revoluciones con­
siguientes.
Resulta completa la demostración, y aún ha ido más allá
de lo que al principio tomamos como punto de mira, que
tra confirmar de remate el hecho del ateísmo absoluto de
la nefanda confraternidad, de su odio irreconciliable á toda
religión, de su guerra á muerte contra la Iglesia y la R e­
dención de Jesucristo. El presente capítulo por sí solo pa­
tentiza estos extremos, y en rigor lógico para el caso ha­
bría podido ahorrarnos quizás todos los precedentes, si en
nuestro ánimo atento al mayor provecho, no hubiésemos
reputado indispensable, por más eficaz y persuasivo para la
generalidad de los lectores, el método por nosotros preferi­
do. Sobra demostración, es cierto; pero no está de más, no
huelga: esto nos propusimos, cargarnos de razón, para
abrumar con mayor peso y fuerza de argumentos en asunto
de tan grave trascendencia, cual ningún otro, á los adhe-
rentes y simpatizadores de la infame secta, y decirles con
la sonora voz de la verdad esplendorosa, triunfante é irre­
sistible: Hermanos, andáis descaminados. Forjaos ilusiones
cuantas gustéis: las luces de vuestras logias son fuegos fa­
tuos con que os encandilan y os dan el timo. Ese racionalis­
mo práctico es el extremo, la quinta esencia y la expre­
sión última de la impiedad masónica, y la masonería es
ésta: la enemiga de Dios, de Jesucristo y de. toda religión.
No cabe error; no os escudáis ni con las pamplinas de irre­
ligiosas ceremonias de la logia, ni con sus falaces regla­
mentos é hipócritas protestas, ni con vuestras propias reti­
cencias mentales de moral perdularia. Masón simple y lla­
namente quiere decir impío; por lo muy corto, hombre, que
sin haber renegado tal vez en sus adentros, hace alarde ó
profesión de impiedad por juramento, por compromiso, por
interés, por participación con los impíos; impiedad simula­
da, si queréis, impiedad pagada, tanto más cobarde, villa­
na y criminal. Grita en el fondo de tu alma tu conciencia
contra esa impiedad; pero esos gritos te acusan, no te sal­
van, aunque pudieran salvarte: ¡sálvate! Algunos ya no
perciben esa voz: tanto peor para ellos: son de aquellos
contra quienes tronaba el Salvador: Vos ex paite dialolo
estis, sois hijos del diablo: con lo que sigue: E t opera efas
m ltis p&rjicere, queréis dar cabo á sus obras; obstinados
en ayudar á la obra del demonio, trabajando para ello en la
masonería directa ó indirectamente, masones activos, ó pa­
sivos, ó auxiliares, ó participantes. Con los tales poco ten­
drán que hacer los solidarios para facilitarles el pasaje al
infierno.
CAPÍTULO XXI

La m asonerfaj enemiga y destructora de la moral

Destrúyenla los principios de la secta

üena y provechosa fué la jornada.


Recuérdese que el primer fruto y manifes­
tación de aquella libertad maléfica que tan
menudamente analizamos, y que señalábamos
como constitutivo esencial de la hermandad precita, es la
guerra á Dios; guerra á la religión verdadera y á la Iglesia
de Cristo; guerra á toda revelación. Imposible que abrigue
la menor duda sobre este punto quien se haya medianamen­
te impuesto de nuestra rigurosa demostración.
¡Guerra á Dios! es el principal lema inscrito en los ocul­
tos pliegues, de la bandera satánica. Y cumple con él, se­
gún vemos, la nefanda sociedad como un demonio.
¡Guerra á la moral y á la virtud! es su segundo lema,
desmintiendo con la doctrina y con la obra sus embusteros
programas y falaces reglamentos.
Escandécense ellos por tan fundada inculpación y protes­
tan muy ceñudos y muy escandalizados. Pero ¿quién hizo
caso de farsantes, máxime cuando sus principios fundamen­
tales los venden, cuando sus propios libros oficiales los de­
jan en pelota, cuando hasta sus patriarcas y doctores con
la mayor desfachatez entregan la carta?
En efecto, por lo que toca á lo primero ¿no convenimos y
no demostramos, que la esencia de la masonería, su espíritu
informante, su alma y vida, principio, medio y fin de su ac­
ción á la vez, es la libertad? ¿libertad primitiva, radical,
absoluta, ilimitada, desconocedora de todo principio ó ser
superior, reacia á toda traba ó cortapisa, despreciadora de
toda autoridad ó ley cualquiera que sea, fuerza autónoma y
nativa, soberanía inalienable de la naturaleza humana, ele­
vada ésta á los atributos de la divinidad misma? Ahora
bien, en términos de sana y serena razón, no perturbada
por el alboroto de los instintos animales; conforme al sentir
y apreciación común de las gentes, que no es de suponer
vivan en estado de desvarío habitual; con arreglo al len­
guaje usual de los hombres, que suelen acomodar sus ex­
presiones á las ideas y cosas representadas por aquellas;
quien dice moral, dice legislador más ó ménos perfectamen­
te conocido, que muestra é impone su voluntad á los hom­
bres como pauta ó norma indeclinable del recto obrar; dice
cuando ménos esa misma regla ó ley superior, que reluce á
nuestros ojos como guía y norte de las acciones, como fuer­
za obligatoria á la vez, á la cual con mayor ó menor fideli­
dad y rendimiento todos acatan, reconocen y se someten en
lo individual y en sus mutuas relaciones. Lo cual siendo
así ¿cómo esa libertad, independiente en su origen y en su
ejercicio, totalmente señora de sí misma, soberana, divina,
digamos la palabra de uoa vez, habría de encorvarse al im­
perio de ningún ser superior, que para ella no existe; ha­
bría de doblegarse á la obediencia de regla, ley ó precepto
alguno, que para ella es imposible, según el concepto masó­
nico de tal atributo soberano, divino?
No hay moral para tan absurda libertad; la moral es he­
cha añicos por el impulso espontáneo de semejante libertad:
ó si la moral masónica se reduce, y no tienen ellos empacho
en afirmarlo, al ejercicio independiente de esa libertad om­
nímoda, entiéndase que la regla moral para ellos es el ca­
pricho y el ímpetu por instantes variable de la pasión, y el
autor ó principio radical de tal regla no es más que el yo
corrupto del individuo, y lo aceptan y preconizan ellos sin
asomo de vergüenza; sólo que á fuer de buenos librepensa­
dores, niegan esa corrupción originaria del individuo, y por
consiguiente santifican hasta sus instintos más bestiales.
Luego no hay moral para la masonería por razón de su
mismo ser constitutivo, y no tiene vuelta de hoja; la maso­
nería no sólo niega la moral, sino que la destruye.
O según que más brevemente discurre el P. Deschamps:
«Las sociedades secretas, en el hecho de rechazar y ha­
cer por borrar de la mente y del corazón de los hombres á
Dios, la vida futura y cualquiera religión positiva y reve*
lada, necesariamente acaban con toda ley obligatoria, toda
moral, todo vínculo social.» Y se cae de su peso. Porque
sin Dios ¿dónde está el legislador? Sin vida futura ¿de dón­
de se toma la sanción proporcionada ó competente de la
ley? Sin revelación ¿por qué medio infalible nos consta de
tal legislador y de tal ley?
Debería bastar esta sencilla reflexión para formar con­
cepto de lo que será la moral masónica. Pero, agrega el
mismo Deschamps, «tantas sombras se han aglomerado,
tantos hipócritas artificios se han puesto en juego para obs­
curecer la verdad y con tan insistente jactancia se llenan
los sectarios la boca con los nombres de moral y de virtud,
que es de toda urgencia, para desenmascararlos, darles en
rostro con sus principios, enseñanzas y actos más incontes­
tables.» Y emprende él diligentemente ese estudio, del
cual vamos á dar un sucinto resumen, suficiente para nues­
tra demostración.

En efecto ¿cuál es el resultado y término de la acción


masónica?
Responde el maestro Ragon, intérprete oficial del Gran
Oriente francés:
La Moral, enseñada en el primer grado;
Fortificada en el segundo por el estudio de las ciencias;
Probada y hecha necesaria por el tercero;
Practicada en el cuarto;
Afirmada en el quinto sobre bases fijas;
Recompensada en el sexto;
Santificada en el séptimo y último;»
1. La Moral, enseñada, en el primer grado:
Conforme á la letra de los libros oficiales ¿cuál es el prin­
cipio de esa moral enseñada en el primer grado? La liber­
tad, la igualdad, la regeneración de la igualdad 'pri­
mitiva.
Ragon, en su Curso filosófico é interpretativo de las
iniciaciones, canta así:
«Las palabras libertad, igualdad, pronunciadas en nues­
tras logias, son puramente morales. La regeneración de la
igualdad primitiva es uno de los principios fundamentales
de su institución y su principio indestructible,»
El oficial del Gran Oriente, Clavel, maestro en todos los
grados, se desahoga en esta forma:
«Borrar entre los hombres toda especie de distinciones
es la grande empresa de la francmasonería.»
Bazot, secretario del Gran Oriente, se jacta:
«Si el masón se complace en reconocer la igualdad como
una de sus principales virtudes, es para cobrar de ella
una actividad sostenida.»
Otro oficial del Gran Oriente, Willaume, en su Orador
francmasón, los acompaña diciendo:
«La libertad y la igualdad son dos hermanas insepara­
bles, hijas de la naturaleza y madres de las virtudes... De­
mostrar la regeneración de la igualdad primitiva por medio
de la institución de la masonería; probar que sin la igual­
dad, falla el fin moral de la masonería, etc., es nuestro
propósito, n
¿Y cómo había de faltar en este contrapunto la nota
aguda de Weishaupt? El cual, en el discurso de su hiero-
fante, da este arpegio:
«La verdadera moral no es más que el arte de enseñar
á los hombres á hacerse más grandes, á sacudir el yugo de
la tutela, á entrar en la edad de la virilidad... Es la moral
de nuestro grande y por siempre célebre maestro Jesús de
Nazaret, cuya doctrina secreta, cuyo fin secreto mantenido
por la disciplina de los misterios, era restituir á los hom­
bres su igualdad y su libertad originales.«
Ocioso es añadir, cómo se expresa sobre este mismo pun­
to el paterpatrum de esa comparsa, el iluminista Saint-
Martin.
2. La Moral fortificada en el segundo grado por el
estudio de la ciencia:
Se arma al compañero de un martillo y un cincel, que
simbolizan los elementos propios para hacer al hombre in­
dependiente: de un compás y una regla, que denotan el
aprovechamiento alcanzado: de la barreta, que ¡significa la
pujanza del razonamiento y la fuerza de la lógica en la filo­
sofía positiva contra el fanatismo y la superstición; de la
escuadra, que excluye cualquier desigualdad en el plano, y
es imagen de la perfecta igualdad de los hombres: de la
piedra cúbica, que se labra como piedra angular del edificio
inmaterial alzado á la filosofía.
S. La Moral prohada, y hecha necesaria por el tercer
grado:
Este punto pásalo por alto en su comentario el P. Des­
champs. Pero habida cuenta de que en el famoso triángulo
masónico se encierra la doctrina fundamental de la soeiedad
proterva; advirtiendo que el primer lado del triángulo, pro*
puesto al estudio del aprendiz, fórmalo el reino mineral;
el segundo grado ofrecido á las meditaciones del compañe­
ro constituyelo el reino vegetal; y el tercero, correspon­
diente al reino animal, perfeccióna la instrucción del maes­
tro: teniendo además entendido, que el triángulo así com­
puesto fué siempre emblema del Dios masónico, ó sea la
naturaleza, bien puede inferirse que el tercer grado de
maestro es el complementario de toda la doctrina masónica;
con la cual queda probada y hecha necesaria la moral.
4. Moral practicada en el cuarto grado:
En efecto, «en este grado, confiesa el intérprete canónico
Ragon, completada ya la fábula simbólica del asesinato de
Hiram, resuena por primera vez el grito de venganza, JYe~
kam ó Moabon, y el dije del candidato es un puñal para
acabar con los asesinos del figurativo Hiram, que son las
preocupaciones, la ignorancia y la superstición; palabras
cuyo maligno significado desemboza más tarde el Caballero
Kadosch. Con que á puñaladas se practica esa Moral.
Moral afirmada en el quinto grado sobre bases fijas:
¿Cuáles son esas bases? Son el nombre de Jehová, los nú­
meros y en especial el ternario sagrado, el tr iángulo ó la
n atur aleza dividida en los tres reinos dichos, cuyo com­
puesto forma una trinidad Pan (el Dios todo) 6 el gran
arquitecto del universo, ó por ña, como última aplicación á
la moral, la i g u a l d a d , el masón hecho rey, legislador y
sacerdote, señor de sí mismo en estos tres conceptos.
6. Moral recompensada en el sexto grado:
Esta recompensa, con arreglo á la enseñanza dogmática
de la hermandad, consiste en la emancipación de cualquiera
superioridad religiosa ó civil, en la libertad de pensamien­
to, ó según el santo y seña del rito escocés, libertas, que
hace á un hombre igual á cualquiera otro hombre, verda­
deramente libre, é igual á cuanto existe.
7. Moral santificada en el séptimo gradó:
¡Vaya una santificación! con la negación de la divinidad
de Nuestro Señor Jesucristo, la abolición del cristianismo
(en deseo y propósito), la apoteosis del fuego (emblema de
Lucifer), y la adoración del lingam indiano figurado por
la cruz y la rosa, símbolo de la generación universal, ó
sea el brillante triunfo , debido á la igualdad panteísta y
materialista, de la verdad sobre la mentira, de la libertad
sobre la servidumbre, de la luz sobre las tinieblas ó de la
vida sobre la muerte— en lenguaje masónico por supuesto.
Todo lo cual, si se profundiza, viene á parar en la igual­
dad y la libertad 'primitivas, esto es, en aquel imaginario
estado de natxwaUm, que ha de ser restaurado mediante
la destrucción de toda autoridad espiritual y temporal, y en
las cuales estriban las bases de la moral masónica; según
resulta de todos los grados y todos los ritos; según lo en­
tendieron y proclamaron desde Manes y los Albigenses has­
ta los sansculotes en 1789 y el actual Gran Oriente; con­
forme lo sentencian los doctores borlados de la familia,
Ragon, Bazot, etc., en estos expresos términos:
¡¡Los hombres nacen y perduran libres é iguales en de­
rechos. Los primeros de estos derechos esenciales, impres­
criptibles, naturales, son la igualdad y la libertad.
Ahora bien, de las teorías y comentarios expuestos, sa­
cando la forzosa consecuencia, vénganle á un hombre, á un
ciudadano investido de tales derechos con leyes, contratos,
compromisos ú obligaciones cualesquiera que importen la
más leve sombra de sujeción ó dependencia. ¿Qué es eso de
rendimiento, subordinación Ó inferioridad la más mínima
para el ciudadano soberanamente igual y libre, sino la ne­
gación de su propia esencia y el acabamiento de su propia
naturaleza? ¿A él eon reglas morales, rectitud de costum­
bres, una moral de cualquier clase, tal y como la concien­
cia del género humano la ha entendido siempre? La moral
universal, la moral independiente, emanada de los princi­
pios masónicos, es por lógica necesidad la antítesis radical
de toda moral, la total ruina y escarnio de la verdadera
moral. Y más: que siendo lógicamente iguales, en la teoría
de esos adeptos, los animales y los hombres por el lado
común de aquel triángulo divino, forjado por Ragon y com­
parsa; equiparados de esta suerte los hombres á los anima­
les, la moral del hombre por fuerza ha de ser ni más ni me­
nos la moral del bruto, que es e\ último primor, el ápice y
la excelencia suma, en que termina aquella regeneración
preconizada de la igualdad, y la libertad primitivas, aquel
transporte de la humanidad al estado de la naturaleza p r i­
mitiva.
Y he aquí como paso á paso, cogiéndole las vueltas, y
discurriendo sobre la ponderada Moral de Ragon y demás
pandilla, enseñada, fortificada,probada,practicada, bien
basada, recompensada y santificada en los grados sucesi­
vos, hemos arribado, por el hilo conductor de los escritos
oficiales, á la mismísima conclusión que ya habíamos alcan­
zado más arriba con sólo ahondar en el simple concepto de
la libertad masónica; á saber, que la masonería no solamen­
te niega la moral, sino que la destruye.
Al mismo resultado nos conduce la doctrina maniquea de
los dos principios, que es base filosófica de la secta, de los
cuales «el principio superior, dice el filósofo desconocido,
fundador del Martinismo y reformador de los demás ritos,
como entraña en sí mismo su propia ley, está enclavado en
la necesidad de persistir en el bien que lo constituye; así
como el autor ó principio del mal yace encadenado á su vo­
luntad criminal, abismado en sus propias tinieblas, imposi­
bilitado de recibir un solo rayo de luz, su voluntad y sus fa­
cultades enteramente impuras y corrompidas.»
De donde uno y otro de los dos principios son de suyo in­
mutables. Con más, coneluye Deschamps, que su compues­
to, ó sea Dios, la naturaleza, que se divide en los tres m -
nos de minerales, vegetales y animales, formando un solo
todo ó la trinidad, está dotado de estos atributos: eterni­
dad, infinidad y omnipotencia. Pero lo que es eterno,
infinito y omnipotente es igualmente inmutable y necesaria­
mente incapaz dé todo cambio, pesando de esta suerte la
inexorable fatalidad sobre el conjunto lo mismo que sobre
las partes. Luego ¿dónde queda la libertad, ni ninguna mo­
ral, ni crimen ó virtud para un principio ni para otro, para
la parte lo mismo que para el todo, por un lado del triángu­
lo igual que por el otro; así para el animal como para el ve­
getal ó el mineral, para el hombre como para el bruto, la
planta ó la piedra?

II

Niégala la doctrina de los oráculos de la secta.— Bazot adm i­


te nuestra prueba,— M onstruosidades: H elvecio, Rousseau, D iderot,
D ’Alem bert, Lametriej V olta ire.— R esum en.

El valor de este testimonio es tanto más de apreciar y


encarecer, cuanto lo hace subir de punto el doble carácter
que los tales prohombres para la secta representan, de
maestros primarios y altos profetas que le transfundieron
su espíritu é inspiraron á todos los doctores oficiales suce­
sivos; de apóstoles nefastos que con su propia actividad la
impulsaron, la acreditaron y la difundieron.
Ahora esos beneméritos de la cofradía, eminentes cofra­
des ellos por de eontado, cuyas citas vamos á alegar, vie­
nen reconocidos y autorizados por el voto unánime de los
masones posteriores, que como á oráculos y padres los re­
verencian. En prueba de lo cual vale por todas la solemne
manifestación de Bazot, secretario del Gran Oriente, inser­
ta en el Cuadro histórico . filosófico ?/ moral de la Franc­
masonería en Francia} que reza así:
«Los masones fueron los primeros en disponer los ánimos
para una grande revolución moral, cuando las obras de los
filósofos Helvecio, Voltaire, Rousseau, Diderot, D’Alembert,
Condorcet, Cabanis, etc., aproximaron su refulgente y po­
derosa lumbre, al modo que el sol viene á confundirse con
el día para acrecentar su esplendor. La luz masónica y las
luces de la filosofía se esparcieron por todos los ángulos del
globo. La Francia renegada no ha alcanzado aún la cum­
bre de ¡perfección que demandan las doctrinas de la maso­
nería y el genio de los filósofos; mas el impulso ha sido da­
do vigoroso, irresistible; los libros de los filósofos y las lo­
gias reconocidas ó secretas en todas partes se hallan... Se
cumplirá la grande obra... Sí, las logias son las escuelas
permanentes de la moral universal, etc.»
De consiguiente, por cuanto la luz masónica y las luces
filosóficas se confunden en una sola luz, las doctrinas masó­
nicas y el genio de los filósofos tienden á una misma perfec­
ción que ha de resolverse en la moral universal; claro está
que la moral de Helvecio y compinches masones es la idén­
tica moral de las logias, condensada en la moral universal.
Pero esta moral sin ley y sin legislador, dicho se está que
es la ruina de toda moral.
Luego...
Pasemos revista á esos grandes hombres.
Helvecio,— “ El hombre de talento sabe que los hombres
son lo que deben ser; que el necio no da de sí más que ne­
cedades, como el árbol silvestre frutos amargos, y que in­
sultarle es como reconvenir á la encina porque produce be­
llotas más bien que aceitunas... La maldad de los hombres
es fruto ó efecto necesario del encadenamiento univer­
sal. »
Rousseau.— «El sabio es para mí el que sólo ve en todas
las desgracias que le acaecen los golpes de la ciega fatali­
dad... Como la razón no me muestra más que absurdos en
todas la,s explicaciones de cuanto me sucede, me he persua­
dido de que todos los detalles de mi destino no son más que
otros tantos hechos de pura fatalidad.»
Diderot.— «La sociedad no es otra cosa que un autóma­
ta maravilloso en que todo está pesado y previsto, los en­
granajes, los contrapesos, los resortes, los efectos... Nunca
se repetirá bastante que, respeeto al gran conjunto, todos
los movimientos de los seres, todas sus maneras de obrar
nopueden menos de estar en el orden, y están siempre den­
tro de la naturaleza. Más aún, cada individuo obra siem­
pre dentro del orden... En el orden está que el fuego ar­
da, en el orden está que el malo dañe, porque en su esen­
cia está el dañar... Así que la distinción entre hombre fi~
sico y moral, comunmente adoptada hoy por los filósofos,
solamente se funda en suposiciones gratuitas. La apti­
tud del hombre para adaptarse á todo le hace creer que to­
do está bien, mientras que no está positivamente ni lien
ni mal. »
D'Alembert.— «Se supone al hombre que tiene algún vi­
cio, dotado de una libertad que lo presenta culpable á nues­
tros ojos. El defecto por lo común recae en la naturaleza.
¿Por ventura es más dueño el hombre de ser pusilánime,
voluptuoso, colérico, vicioso, en una palabra, que bizco,
jorobado 6 cojo? Cuanto es uno de indulgente con los defec­
tos y vicios de los demás, tanto es de circunspecto en cali­
ficarlos de virtuosos ó viciosos, y tanto más se inclina á
considerarlos como bien ó mal conformados por naturale­
za.,. Te da compasión un ciego; y ¿qué es un malvado, sino
un hombre corto de vista y que no ye más allá del punto
donde se mueve?
Lametrie.— «Cualquiera, en siendo filósofo, sabría que
la voluntad está determinada necesariamente; que eso de
ser virtuoso en la mañana y vicioso en la tarde es cosa de
la sangre de uno; que un bandido fué hecho para ser ban­
dido, lo mismo que Pirro para ser Pirro; aquel para robar
y matar por asalto, y éste para robar y matar á campo
abierto... Cuando obro bien ó mal, soy virtuoso en la maña­
na y vicioso en la tarde, mi sangre lo hace... Nada hay ab­
solutamente justo é injusto, ninguna equidad real, ninguna
grandeza, ni crímenes absolutos.»
Voltaire.— «Nosotros somos unas máquinas fabricadas
por el eterno geómetra} unas tras otras, máquinas iguales
á los demás animales... Examinad las situaciones de todos
los pueblos del universo: componen una serie de hechos,
que pareciendo no pender de nada, penden de todo. Todo
se vuelve ruedas, 'poleas, cuerdas, muelles, en esta inmen­
sa máquina... Todo se hace conforme á leyes inmutables,
todo está coordinado, todo es efecto necesario... Al consi­
derar las cosas de cerca, échase de ver que la doctrina
opuesta á la del destino, 6 fatalidad, es absurda... Yo ten­
go necesariamente la pasión de escribir esto, y tú por tu
parte la pasión de condenarme, igualmente necios en­
trambos, pues los dos igualmente somos juguete del des­
tino,.. La voluntad no es una facultad que pueda llamarse
libre... una voluntad libre es palabra vacía de sentido y
la libertad de indiferencia una quimera... la voluntad li­
bre en las cosas indiferentes es absurda, pues no somos
más Ubres en estos actos que en los demás... todo es con­
secuencia de la naturaleza de las cosas ó efecto del orden
eterno de un señor absoluto, y en uno y en otro caso no so­
mos sino ruedas de la máquina d,el mundo.»
Resumiendo.
Conque efectos necesarios del encadenamiento univer­
sal, ciega fatalidad, maravilloso automatismo, la natura­
leza; nada de distinguir entre hombre físico y moral; no hay
vicio ni virtud, ó dependen de la conformación natural de
:ada uno, y son efectos necesarios de la sangre; nada hay
absolutamente justo é injusto; los hombres son máquinas ó
ruedas de la máquina universal; voluntad libre es un ab­
surdo, etc. No hay en el mundo más que causas físicas: un
asesino mata á un hombre de bien, como un peñasco lo
aplasta, si al caer lo coge debajo; y tan virtuoso es un trai­
dor á la patria y el que vende á su amigo, como el que le
¡salva la vida aun á riesgo de la propia. Como no hay seres
responsables ¿á qué vienen leyes, contratos, instituciones
sociales, tribunales de justicia, premios ni castigos?
Entendidos. El irrevocable destino de los paganos gra­
vita cual inmensa mole sobre todos los seres existentes sin
excepción; la inflexible necesidad de las fuerzas naturales
se cierne como divinidad inexorable lo mismo sobre el mun­
do inteligente y espiritual, que sobre el sensible y material;
mata é imposibilita todo impulso espontáneo, ni es más libre
el hombre, el rey de la creación, en sus movimientos y en
M A SO N E R ÍA , T , I . — 2 3
el ejercieio de sus nobles facultades, que en sus varias mo­
dificaciones cualquier individuo del reino mineral. Extermi­
nado el libre albedrío de la conciencia ¿qué opción le resta
al alma humana, qué responsabilidad? La teoría uniforme
de los sumos pontífices de la masonería, no solamente anula
la moral, zapando su fundamento, sino que la imposibilita
y la borra para siempre de la haz de la tierra.
Con lo cual y con lo precedentemente expuesto ¿quién en
la demostración de nuestra tesis no se daría por plenamen -
te satisfecho? Mas no nosotros, convencidos como estamos
de aquella verdad del P. Deschamps: * Tantas sombras se
han amontonado, tantos hipócritas artificios se han puesto
enjuego para obscurecer la evidencia, y con tan pertinaz
jactancia se llenan los sectarios la boca con los nombres de
moral y de virtud,» que juzgamos indispensable insistir
machacando sobre el mismo tema, siguiendo el ejemplo y
caminando tras las pisadas del mismo Deschamps, sin dejar
de la mano los principios, enseñanzas y actos incontestables
de la secta que él con tanta fidelidad acota en su precioso
texto respectivo. A ver, si después de la nueva argumenta­
ción, tendrá cara ningún matriculado ó simpatizador del
bando ominoso para tomar en boea aquellos nombres vene­
randos.

III

¡ Fuera m oral! — ¿Q ué es lo que el h om bre debe á Dios? Lo que se


le antoje, ó nada, según Ragon y V olta ire.— ¿Q u e es lo que el hom ­
bre se debe á sí m ism o? Nada: su icid io m andado ó lícito, según teo­
ría y práctica de los filósojos.— V irtud : es la utilidad, el placer ó e¡
ca p r ich o .— ¿Qué es lo que el hom bre debe á sus semejantes? Lo que
cada uno quiera ó juague.— La moral m asónica inventada para ma­
tar la honradez.

Con este grito descarado la francmasona Mlle. Royer, Ve­


nerable á no dudarlo de alguna logia de adopción, procla­
maba en el congreso científico de Gante, en 1863, la guerra
de la masonería á la moral, por si hacía falta. Es el grito
que sin cesar estalla de las entrañas mismas de la nefanda
cofradía, escapado de sus rituales sagrados, del pecho de
sus comentaristas oficiales, de sus corifeos y oráculos más
insignes.
En efecto, el maestro Ragon en su autorizado Curso etc.,
recorre la escala completa de los deberes que asumi­
ría, va al decir, el masón desde el instante de su ingreso;
reduciéndolos á los tres capítulos de tabla, indicados con
las tres preguntas del ritual: ¿Qué es lo que el hombre debe
á Dios? ¿Qué es lo que se debe á sí mismo? ¿Qué es lo que
debe á sus semejantes? Oigamos la respuesta que á cada
una de las preguntas da la secta por su orden.
1. ¿Qué es lo que el hombre debe á Diosí
Responde el ínclito Ragon:— «EL deber del hombre para
con Dios variará según los individuos, y lo mismo el culto
que á éste se tribute: será blando ó rígido, de temor ó de
amor... conforme á la idea que cada uno se forjare del grau
Ser á quien se rinde. Los que idearon el plan de la maso­
nería, tuvieron en cuenta la variedad de las mil opiniones
y doctrinas que huelga aquí enumerar:,., llamaron á aque­
llo por lo mal todo existe, gran arquitecto del universo.
De esta suerte presentando una fórmula general, que no
tiene de positivo más que el punto por todos admitido y que
lo será siempre, la masonería deja libres á cada individuo,
como dominio inviolable y sagrado, cualesquiera artículos
que le acomodare añadir para redondear su creencia,»
Moraleja. Tales serán los deberes del hombre para con
Dios, según cual fuere la idea ó concepto que cada uno se
formare de Dios. Es así que cada uno es dueño de formarse
de Dios la idea que más le cuadrare. Luego los deberes del
liombre para con Dios serán los que á cada uno se le antoje.
Para el que le petare contar por Dios á la Naturaleza ó al
Gran Todo, del cual él es una parte, los tales deberes pa­
rarán en un egoísmo desenfrenado ó en la idolatría de sí
mismo.
Confírmase y generalízase nuestra consecuencia con el
discurso del más célebre de los filósofos masónicos, que
arranca de la idea del mal moral:
«E l mal moral, sobre el cual tantos volúmenes se han
llenado, asienta Voltaire, en el fondo se reduce al mal físi­
co: el mal moral no es más que el sentimiento doloroso que
un ser organizado causa á otro ser organizado. Los ro­
bos, los ultrajes, etc,, sólo en tanto son un mal en cuanto
lo causan; pero como nosotros no podemos hacer á Dios nin­
gún mal, de aquí es, en términos de razón, que no cabe
ningún mal moral dél hombre respecto al Ser soberano.»
Moraleja otra vez. Luego respecto de Dios puede cada
uno obrar como en talante le viniere, seguro de que haga
lo que hiciere, ningún mal puede causarle á Dios.
Resumen. Deberes del hombre para con Dios = 0.
2. iQué es lo qw el hombre se debe á sí mismo?
Responde Ragon:— «Aquí no se habla más que del hom­
bre; luego no se trata más que de un hombre aislado. Aho­
ra ¿qué se deberá un hombre aislado á sí mismo? N a d a .
Esta respuesta es la única razonable y propia, puesto que
un individuo no puede considerarse al tiempo mismo y bajo
el mismo concepto deudor y acreedor de sí mismo.»
«Saltará alguno. E l hombre tiene para consigo el deber
de proveer á la propia conservación. Entonces, replicare­
mos, los animales y las plantas tendrán también algún de­
ber consigo mismos, ya que ellos proveen igualmente á la
propia conservación. Por consiguiente al hombre no le cons­
triñe tal deber, pero sí el de no deshonrar su ser y de guiar­
se por el honor, la verdad, la instrucción, la. virtud, etc.»
Resultado neto. E l hombre se debe á sí mismo lo que se
deben los animales, lo que se deben las plantas. Con la
enorme diferencia, de que la planta ni el animal atentan
jamás contra el principio de la propia vitalidad, y el hom­
bre sí puede atentar en virtud de la doctrina masónica,
que proclama e l patet exiücs, ó la libertad del suicidio, co­
mo axioma del Iluminismo bávaro (W eishaupt), preconiza­
do por todas las filosofías sectarias. Testigo Rousseau, el
cual:
«No ofendemos á Dios ni á los hombres, afirma, con qui­
tarnos la vida, al punto que se hace una carga para nos­
otros. Puede ofrecerse á Dios el sacrificio de la vida por
medio del suicidio. Quien se da la muerte, prueba que es
filósofo, que es virtuoso, que es grande.» Nouvelle Heloise,
3 _ime part Lett. 21 y 22,
Testigos Voltaire en sus Questions sur VEncydopedie,
art. Suicide; Diderot, en su Systeme de Ja nature, t. I,
eh. 14; y Helvecio en su De Vesprit^ p. 450.
Testigos, otra vuelta Rousseau, quien se suicidó, según
noticias; Mirabeau, que pidió una copa de opio para acabar­
se; Condorcet y muchos otros Girondinos que lo efectuaron;
Robespierre que lo intentó, y su lugarteniente Lebas, que
lo ejecutó: canonizando así la masonería el horrendo crimen
eon la teoría y la práctica de los suyos.
Aquí nos interpelan, oponiendo que el mismo Ragon or­
dena guiarse por el camino de la virtud, según acabamos
de ver.
Como eso acostumbrados nos tiene el doctor canónico á
esas contradicciones aparentes, que en su pluma son artifi­
ciosas gazmoñerías para engatusamiento de novatos y pro­
fanos. Y si no, á la prueba.
¿Conque la virtud, eh? ¿Qué virtud es esa? No puede ser
otra sino la que al mismo canónico enseñaron los maestros
de quienes recibió todo lo que sabe de recónditas masone­
rías. A oír, pues, á los encopetados maestros.
Helvecio.— «Por esta voz virtud no puede entenderse
otra cosa que el deseo de la felicidad común, y en cuanto á
la probidad, que para mí es la virtud en acto, únicamente
debe consultarse y medirse por el interés público... El amor
propio nos hace por entero tales cuales somos: cualquier
otro sentimiento, la virtud misma, se confunde con él.»
(De Vesprit). Reglas de la virtud privada; el interés pú­
blico y el amor propio.
Voltaire.— «¿Puedo yo llamar virtud á otra cosa que á lo
que me reporta algún bien?» (Drit. phü. art. Vcriu).
Puro egoísmo.
D'Alembert.— «Así como el mundo físico está sometido á
las leyes del movimiento, así el mundo moral lo está á las
del interés... y la probidad, por lo que mira al individuo,
no es más que la frecuencia de las acciones que le son per­
sonalmente útiles.» (Elements politiques). Utilitarismo
otra vez.
Willaume.— «E l derecho común, el punto de partida y el
fundamento social es la libertad: las virtudes son comple­
mentos suyos. Mas ¿qué cosa es la virtud? Puede decirse de
la virtud, contesta H elvecio, lo que los pirrónicos decían
de la verdad: « Es como el Oriente, que varía, según el
pinto de vista que se toma.w
Fundamento esencial la libertad: la virtud está en el
modo de ver de cada uno, en el capricho.
Sistema de la naturaleza, de la logia de Holbach.— «Si
el hombre por fuerza de su naturaleza ha de amar su pro­
pio bienestar, por la misma fuerza ha de amar los medios
de procurárselo. Inútil fuera y quizás infructuoso exigirle
que sea virtuoso, si no puede serlo sin hacerse desgraciado.
Síguese que si el vicio ha de hacerle feliz, debe amar el
vicio.» Para ese rebaño de Epicuro vicio y virtud se con­
vierten, que dicen los lógicos.
Código de la naturaleza, de la misma matriz.— «La di­
vinidad puso la sensibilidad física como base y guía del
mundo moral. A las leyes de esta sensibilidad habéis de en­
tregar el discípulo, á quien tratáis de formar para la vir­
tud.» ¡Ah, gorrinos!
Diderot, Raynal y Helvecio.— «La moral se reduce al
arte de vivir contento y satisfecho en este mundo,.. La
ciencia de las costumbres debe tomarse de la tierra, y no
del cielo. Quien se ponga á analizar el sentimiento vago del
amor de la dicha, siempre hallará el placer fíaico en el fon­
do del crisol, el placer de los sentidos.» El mismo infecto
cenagal.
Voltaire compuso el poema del Placer, todo hecho para
biblioteca de burdel, rompiendo con este gruñido cochi-
nesco:
«E l placer es el objeto, el deber y el fin de todos los se­
res razonables:» el placer grosero y bestial, como el de sus
amores adulterinos con la Chatelet, que él mismo pone,
desfachatado, por ejemplo á Federico de Prusia, en la de­
dicatoria.
El hierofante Saint-Martin, el reformador de la maso­
nería de todos los ritos.— «En vano el enemigo me persi­
gue con sus ilusiones: que no se acuerde de mí la materia.
¿Es el hombi e por ventura quien goza las delicias de la
materia? Cuando sus sentidos experimentan pena ó placer
¿no le es fácil (al hombre) ver que no es él quien experimen­
ta esa pena 6 ese placer?» Con lo cual, como en la teoría
del filósofo desconocido, la materia es, según su lenguaje,
cero, 6 sea nada; ¿qué puerta no se abre en forma científica
á todas las infamias y torpezas de la carne?
Basta; reflexionemos.
Según enseñanza de estas lumbreras, respetada por todos
los maestros, la virtud ó el objeto final del hombre en el
mundo es el vil egoísmo, el capricho individual 6 el más de­
gradante epicureismo: esta es la virtud masónica; es la vir-
tud que nos recomienda el gran Ragon.
Concluyamos.
Deberes del hombre para consigo mismo: la satisfacción
y el reinado del propio yo.
3. ¿Qué es lo que el hombro dele cí sus semejantes'?
Responde con su arte habitual el camastro de Ragon:—
«El hombre debe á sus semejantes lo mismo que él juzga le
deben éstos á él: los derechos del uno son los deberes del
otro. Cada uno dirá para sí: Lo que yo espero de mi her­
mano, él lo espera de mí: yo espero de él, cuando me ha­
bla, franqueza y sinceridad; yo usaré con él de franqueza
y sinceridad.»
«Esta reciprocidad de derechos y deberes ó servicios
prestados es el vínculo de toda sociedad: rompedlo; y en­
tonces veo un montón de hombres, pero no veo relaciones
mutuas, no veo soeiedad.»
Comentario. Los deberes del hombre con sus semejantes
son ni más ni menos los mismos que él juzga tienen los de­
más para con él; y viceversa los deberes de los demás para
con él son los mismos que ellos juzgan tiene él para con
ellos. ¡Vaya un juego de palabras! El juzga que ellos han
de juzgar que le deben á él, y ellos juzgan que él ha de juz­
gar que les debe á ellos. Atenme esas moscas por el rabo.
Vamos ¿quién ha de juzgar primero? ¡Ya! habrán de juzgar
á la par ó simultáneamente, para que ese juicio común sir­
va de vínculo á la sociedad. Pues no se dará tal vínculo,
mientras los deberes no sean mutuos, y no lo serán, si no
coinciden uniformes los juicios. Si no coinciden, si no con­
suenan 6 armonizan, adiós vínculo. Ahora bien, si yo juzgo
que los otros no me deben nada, ó si no recibo lo que juzgo
que me deben, entonces tampoco yo les debo nada, y des­
aparece todo vínculo social. En breves términos: yo juzgo,
pero ellos no juzgan; ó bien ellos juzgan, pero yo no juzgo;
y no resalta nada. De suerte que no basta que yo sólo juz­
gue, como dice Ragon; sino que han de conformar los dos
juieios. Mas el juicio es libre, según enseñan los lógicos.
Así es que la regla 6 ley moral de los tales deberes recí­
procos viene á parar en la estimación, sentir ó parecer in­
dividual y antojadizo de todos y de cada uno; es la libertad
absoluta, la arbitrariedad más completa. ¿Y eso con tanto
énfasis se vende como fundamento seguro de los deberes
del hombre con sus semejantes?
La misma cuenta que con los deberes corre con los dere­
chos recíprocos entre los hombres; porque mi derecho de­
pende de que el otro juzgue tener el deber correlativo, y el
derecho suyo de que yo juzgue tenerlo con él: pero tanto él
como yo somos libres para juzgar cada uno al contrario de
lo que el otro juzga, y así quedan también los derechos á
merced del capricho, igual que los deberes.
Además, allá va una hipótesis. Si aceptando la vara de
medir de maese Ragon, el propio libérrimo juicio, yo juz­
go, dice el P. Deschamps, que lo que me es debido por los
otros, es injusto, es inmoral ó subversivo de la familia ó de
la propiedad, el adulterio por ejemplo, la prostitución, la
cesión de los bienes ajenos ¿qué moral, ni qué ley de tole­
rancia siquiera, ni qué sentido común puede imponerme á
mí ó á los demás tamañas iniquidades é infamias? Pues
apenas hace días que los socialistas, los radicales y anar­
quistas, juzgan que les son debidas la promiscuidad de mu­
jeres, el amor libre y la repartición de las fortunas ajenas;
pero lo malo es por contra que los interesados juzgan y pro-
p&nense firmemente romperles antes la crisma á esos golo­
sos intrusos, que acceder á semejantes behetrías y enormi­
dades.
Por último ¿no demostramos, que á pesar de todas las
protestas de virtud hechas, á ver si pegan, por el sátrapa
de Ragon, el hombre no se debe nada á sí mismo? Siendo
así ¿cómo los demás me han de deber algo, cuando ni yo
mismo me debo nada?
De todo lo cual despréndese la íntima persuasión que á
Ragon alentaba de la estólida credulidad de los novicios á
quienes endilga sus instrucciones, y su soberano desprecio
en hacerles tragar cualquier cosa.
Lo que hay, á vueltas de toda esa jerigonza moralista
de los tripunteados maestros, es que eon semblante de dic­
tar deberes ó preceptos de moral, en realidad lo que arte­
ramente procuran, es raer golpe tras golpe del corazón de
sus adeptos las nociones y principios de genuina honradez,
bebidos en medio de una atmósfera más ó menos cristiana,
y á que ellos oprobiosamente llaman á cada paso preocupa­
ciones; infiltrarles en su lugar intencionalmente principios
y reglas íalsas é insubsistentes, que á la más ligera refle­
xión caigan y suelten fácilmente las ataduras de cualquiera
obligación y justa honestidad, infundiéndoles así el espíritu
nuevo de una libertad mentida; para luego amoldarlos por
sus pasos y sujetarlos, á fuerza de compromisos y juramen­
tos, y á cambio de todos los deberes legítimos de que in­
dulgentemente los eximieron, al único, dominante, absor­
bente y exclusivo deber de la obediencia más pasiva, irra­
cional y abyecta á una autoridad desconocida, bajo el yugo
de un tirano oculto, que ha de ser para esos parias el úni­
co legislador indiscutible, despótico señor de sus vidas y
haciendas, perpetuo rector inflexible de sus acciones, úni­
co Dios á quien acatar y adorar, con el más rendido y com­
pleto sacrificio de su voluntad, de sus propias convicciones
é intereses y de todo su ser y sus fuerzas, trocada de esta
forma aquella fantasmagórica libertad en la esclavitud más
real, más vil, más degradada é ignominiosa: éste es el se­
creto y la clave de aquella moral hipócrita, sofística y de
pura bambolla, y en esto viene á cifrarse la suma de todos
aquellos fantásticos deberes del hombre con Dios, consigo
mismo y con sus semejantes.
CAPÍTULO XXII

Algunas particularidades de la moral m asó n ic a.— Fran­


queza y sinceridad: Voltaire, Diderot, Lametrie, Weishaupt, Saint-
Martin, Masón de Módena: Suprema Venta: dicho de un masón
airado: exclamación del P. Deschamps: probidad masónica .— £1
fin justifica los medios: vindicación de la Compañía de Jesús: ley
fundamental de! Arte Rea!: los maniqueos: Código de W eis­
haupt: el iluminismo ante el tribunal bávaro: otros testimonios
sectarios.

agón,el indispensable Ragon, prescribe como


el primero de los deberes de los hombres en­
tre sí, la franqueza y la sinceridad.
Franqueza, y sinceridad ¿dijiste? En efec­
to... Escacha, moralista sin par ni segundo.
Voltaire.— «La mentira es únicamente un vicio, cuando
es perjudicial; mas cuando trae provecho, euéntase entre
las más excelentes virtudes: sed, pues, virtuosos á más no
poder. Conviene mentir como un demonio, no tírdidamente
y por temporada, sino con osadía y siempre... Mentid, men­
tid, amigos; que á la hora yo os pagaré en la misma mone­
da.»— Toma franqueza y sinceridad.
Diderot.— «La mentira está tan lejos de ser en sí misma
y por su naturaleza condenable, que en siendo provechosa
se convierte ep virtud.»
Lametrie.— »Es cosa natural considerar la verdad como
la virtud. Son cosas que en tanto valen, en cuanto sirven á
quien las poseen
Weishaupt, el iluminista alemán.—¿Qué decir de ese ín­
clito farandulero? Sus escritos originales por entero, da­
dos, merced á una feliz sorpresa, á la pública luz del mun­
do todo, más en particular sus Estatutos de la orden, sus
instrucciones para el grado de mineroal de reclutadores ó
enganchadores, son nna sarta de tratados sobre el arte más
endiablada del mutuo espionaje más minucioso, del fingi­
miento, la disimulación, el embuste, la intriga y la trai­
ción. Prueba de esto nutridísima á toda satisfacción ofrécela
nuestro catedrático de prima P. Barruel, en sus Memorias
sobre el jacobinismo, con su exquisito y perfecto análisis
de los escritos y hechos de Weishaupt. Parécenos haber leí­
do, y si no, esta impresión sacamos por nuestra cuenta de
la lectura del P. Barruel, que el hierofante alemán se pro­
puso imitar á su manera algunas lecciones y el método ob­
servado por la egregia Compañía de Jesús en su gobierno
interno y externo; con una diferencia, que ahí es nada, que
tanto por razón del objeto á que respectivamente asestan la
sagrada milicia y el demonio alemán, como en atención á
los principios que á uno y otro guiaban, lo que en aquella
fué siempre prudencia celestial, en Weishaupt era astucia
diabólica; para no hablar de la execrable inmoralidad délos
medios excogitados por el último y que separa por un abis­
mo las dos instituciones.
Saint-Martin, el iluminista francés.— «El corto número
de hombres penetrados de las verdades que anuncio, está
obligado por formales compromisos á guardar prudencia y
discreción. Por mi parte me he propuesto usar de suma re­
serva en este escrito y envolverme en un velo que sólo al­
canzarán á penetrar los ojos más perspicaces, dado que algu­
nas veces hablo de una cosa muy distinta de lo que pare­
ce.» De los errores y de la verdad, por un filósofo des­
conocido.
Revelaciones de un francmasón .— Sus instrucciones se
asemejan á las de Weishaupt como un huevo á otro: igual
malignidad, idéntica perfidia, pareja ausencia de sentido
moral. Era un masón deMódena de los de alto bordo, y sus
Revelaciones lanzólas al dominio público el limo. Gerbet,
en el Mémorial catholique, en 1834.
Suprema venta italiana.— «Aplastad al enemigo, quien­
quiera que sea, aplastad al poderoso bajo el peso de maledi­
cencias y calumnias; pero cuidad de aplastarlo en el huevo.
Dirigios á la juventud; á ésta debemos seducir y arrastrar­
la sin sentirá las filas de las sociedades secretas... Si os
pareciese, para mejor engañar la vigilancia inquisitorial,
frecuentar la confesión, estáis de derecho autorizados
para guardar el más absoluto silencio acerca de estas co­
sas...n Y sigue conforme al sistema zorruno de Weishaupt,
que según se ve, formó escuela y dejó buenos sucesores de
su raposería y maquiavelismo.
¡Toma franqueza y sinceridad; toma honradez y ver­
güenza!
Del exceso de estas virtudes seguramente procederán
tantas estudiadas contradicciones y artificios equívocos,
tantas obscuras alegorías é interpretaciones, que á cada pa­
so se entrechocan en la exposición de los ritos y de los
grados de cada rito, al extremo de no bastar á contener su
indignación uno de los más sabios masones, el h.\ Delau-
nay, que concluye así su Retcjador del grado 35 del Esco-
cismo, libro oficialmente aceptado por el Gran Oriente y
vendido en su portería:
^De todos los ritos resulta, que para deslumbrar al neó-
filo con la expectativa de grandes misterios, para explotar
á los flacos con la esperanza de maravillosos efectos, ó
por cualquier otro motivo poco laudable, se han ideado y
puesto en juego las invenciones más monstruosas, las más
absurdas leyendas y más contrarias á la verdad de la his -
toria, los sistemas más extravagantes. Salvo los tres gra­
dos primeros, el resto no es sino un revoltijo de quime­
ras, extravagancia, futilidad , e m b u s t e , etc.»
«Así se explica, infiere muy lógicamente el P. Des-
champs, esa libertad, y aún respeto, para todos los cultos
proclamado á cada paso, y por contra la labor incesante de
enseñanzas y de actos encaminados á acabar eon todos ellos;
así esos brindis, esas aclamaciones, esos cantos y órdenes
del día en honor de reyes y gobernantes, y por otro lado la
flagrante conjuración, tramada con doctrinas, grados y ale­
gorías de éstos, que por todos los medios se esfuerza en de­
rribar á aquellos; así la ostentosa repetición de las pala­
bras de virtud y moral, á cambio de hechos y axiomas que
tienden nada menos á la ruina de toda moral y toda virtud;
así la apoteosis de la patria y las nacionalidades, y por con­
traste la difusión de principios que, plenamente realizados
en la sociedad, habrían de barrer forzosamente todas las pa­
trias y nacionalidades.»— «Esta necesidad práctica de em­
buste, de hipocresía y de calumnia, en calidad de virtudes
masónicas cuando pueden ser útiles á la secta ó á sus
miembros, produce en los tratados y relaciones internacio­
nales, en los contratos, en las asociaciones, en todo el co­
mercio de la vida, la pérdida, la extinción radical de la hi­
dalguía y lealtad, de la luena fe y 1h probidad particular
y social.» Así concluye el mismo autor. En efecto
«¿Qué se le importa al público, grita descompasadamen­
te Helvecio, de la probidad de ningún particular?... Un
hombre de talento, por cargado de vicios que se presente,
es más estimable que tu.»
«Ese celo solícito, lleno de interés y ternura por la vida
de un ser extraño, de un ser que no es mi propio yo, es
una hipótesis absurda.» Define cínicamente el secretario
Damiron en su Curso de Filosofía .
«La máxima tan decantada: Ama á tu prójimo como á
ti mismo: manifiesta una profunda ignorancia de la natura­
leza humana.» Secunda con igual descaro otro filósofo ma­
són, Destutt Tracy, en sus Elementos de ideología.

Allá va otra particularidad de tomo y lomo.


Aprendamos de Fichte, el renombrado filósofo germano,
uno de los más copetones y trascendentales doctores mo­
dernos de la cofradía, aprendamos, aunque no fué el inven­
tor él, si bien lo enalteció con su prestigio, el principio más
luminoso que saliera jamás de chirumen masónico, esclare-
cedor de las negras sombras en que se envuelve el régimen
de la empecatada sociedad, y al mismo tiempo arco toral,
compendio, norte, quicio y explicación cumplida de la mo­
ral sectaria. ¡Atención!— «Todo es permitido ó legal contra
los opositores á la realización de nuestros planes: la vio­
lencia, la astucia, el hierro, el fuego, el puñal y el veneno.
El p in j u s t i f i c a l o s m e d i o s ,»
Aquí los de la Hoja arman una tremolina de mil demon­
tres, vociferando que se los calumnia villanamente al echar­
les ese sambenito encima, y que los legítimos padres, fau­
tores y propietarios de esa máxima corruptora y funestísi­
ma fueron... ¿quién lo dijera, tan buenos y tan inofensivos
ellos? los jesuítas, nada menos, con su capitán Loyola al
frente, y la consignaron en sus Mónita secreta; los mismos
que un día trataron de falsear y revolvieron lastimosamen­
te con sus intrigas la mora], la virtuosa, la benéfica franc­
masonería. Y lo chistoso y lo sorprendente es que no faltan
bobalicones entre el vulgo ignaro que comulguen con esa
enorme rueda de molino de la masonería jesuítica y de los
Mónita secreta (Avisos ó notas secretas), labrada y echa­
da á circular por la bellaquería de los fingidos quejumbro­
sos.— Vamos, que los Romanos Pontífices, y con ellos in­
numerables Obispos y el universo católico, que colmaron de
bendiciones y elogios á la celosa, pía y sabia Compañía de
Jesús, y que andando los tiempos vibraron sus anatemas
contra la masonería; esos venerables Pontífices en tan lar­
ga sucesión se pasaron los siglos sumergidos en la más pro­
funda modorra para no darse cuenta de lo que andaba bu­
llendo en la cristiandad; ó fueron todos tan lerdos, que no
acertaron á descubrir la mácula de esos endiablados jesuí­
tas; ó por arte inexplicable se volvieron uno tras otro tan
solemnes traidores, que entregaron la Iglesia á Lutero,
ocupando gozosos en los más eminentes puestos, honro­
sas cátedras y variedad suma de ministerios, de la ma­
yor confianza para salvación y cultura de las almas, á los
apostólicos alumnos de San Ignacio. Y disimularon tan per­
fectamente estos taimados (jenízaros del Papa, como los
llamaba rasgadamente un francmasón coronado, estos gra­
naderos del fanatismo y la intolerancia, que tal los apo­
daba cariñosamente D ’Alembert, tan á maravilla represen­
taban su papel farisaico, que en sus diversísimas é incesan­
tes empresas de la mayor gloria de Dios, supieron ganarse,
disfrazándose y engatusando al mundo entero, los muy la­
dinos, el amor, la más férvida adhesión y los más cordiales
aplausos del pueblo cristiano, doquiera posaron sus plantas;
hasta llegaron los tunantísimos á conquistarse la preferen­
cia en las iras, rencores y bárbaras persecuciones de la im­
piedad, de la herejía y de toda casta de sectas; y aun más,
con los fines solapados de siempre, por espacio de cinco si­
glos, y en sus infatigables luchas contra la infidelidad y el
error, fertilizaron la tierra con el abundante riego de sus
sudores y su sangre generosa, y por último, para no des­
mentir un punto su sistema de refinada hipocresía ¿qué hi­
cieron? se dejaron cortar la cabeza en corporación de un so­
lo tajo, inmolándose á imitación de la heroiea hija de Jefté,
proscritos merced á las intrigas satánicas puestas enjuego
y á la violencia brutal, ejercida con un venerable Pontífice
de la Iglesia, por los herederos de la impiedad volteriana,
por los discípulos de Jansenio, por los emisarios de los an­
tros de Hiram y los precursores de la masónica Revolución
francesa, impelidos y conjurados todos por comunidad de
odio y furor luzbélico. Bien es verdad que con todo y tan
espantoso atentado, ni se deshizo el encanto de los pueblos,
ai se cerró para siempre el camino á la seducción de aque­
llos insignes comediantes; pues á la vuelta de pocos años,
y á la voz jubilosa del santo Vicario de Cristo triunfante,
filé levantada gloriosamente de su pasajero sueño la inmor­
tal Compañía de Jesús con las más entusiastas aclamacio­
nes y faustas congratulaciones de toda la cristiandad de ca-
!)0 á cabo, con laB blasfemas y rabiosas imprecaciones de
todas las falanges masónicas, heréticas, enciclopedistas y
(tesaristas por acompañamiento.
Cuidado que se necesita cuajo para hablar de masonerías
jesuíticas, y hay derecho para suponer tanta estupidez por
io menos en los pazguatos que dan asenso á la torpe fábula,
como desvergüenza en sus inventores, que es descomunal y
la mayor imaginable. Dedicaremos, sin embargo, una nota
ó apéndice á ese chiste para entretenimiento y solaz de
nuestros lectores.
Por lo que toca á los Mónita secreta, bastante dijimos
en un apéndice de los citados Orígenes para repetir el mis­
ino manjar. Pero ni los Mónita fueron obra jamás de nin­
gún jesuíta, sino de protestantes y masones, confeccionados
aquellos y aderezados, echados á volar desde un principio y
repetidamente editados con la sana intención de difamar á
la benemérita Compañía de Jesús; ni en los días de la vida,
desde la creación de la noble milicia de San Ignacio acá,
salió nadie al ruedo, capaz de señalar un solo eserito, ó
compuesto por jesuíta, ó bien patrocinado ó recomendado
por la Compañía, en que se consigne como digno de apro­
bación el horrible apotegma de que el fin justifica los me­
dios. Comparezcan si no ante el jurado de la sociedad los
masones, protestantes de las mil y una taifas, incrédulos y
librepensadores, y presenten ó nombren siquiera el tal fa­
cineroso libro ó escrito.
Los masones, sí, por el contrario; los masones, sí, desde
remotísimos años, desde la era de sus progenitores históri­
camente reconocidos, los maniqueos; los masones, sí, inven­
taron y canonizaron el detestable aforismo, lo sellaron con
título de propiedad exclusivo, lo ensalzaron con jactancioso
encomio, lo elevaron á la categoría de ley fundamental del
arte real, según el exacto calificativo de Dom Benoit, lo
enseñaron y enseñan como norma suprema de recto obrar á
sus neófitos y á sus provectos, se lo imponen como princi­
pio de deber ineludible bajo severa sanción, lo llevan á la
obra en todas las ocasiones de la manera más despiadada é
implacable: los masones, sí. Ya la demostración, más clara
que el sol.
No es Fiehte el desdichado autor de la inmoral senten­
cia. Lo dijimos ya: los maniqueos de los primeros siglos
cristianos, tan masones como los de hoy, y éstos tan mani­
queos como los de in illo tempore, aquellos, pues, profesa­
ban y practicaban la misma criminal doctrina que á algunos
memos se les hace como acabada de sacar del horno. Venga
la historia veraz.
¿Qué cosa más opuesta á los dogmas y fines de los mani­
queos, que la públiea profesión y ejercicio de la religión y
culto de la Iglesia? Pues ellos por armar al objeto de su pro-
paganda y simulación, refiere Bossuet en su Historia de
las variaciones, se confnndían con los católicos en los tem­
plos, y recibían la Comunión.— ¿Si sabría la Alta Venta de
Italia á quien seguir, cuando mandaba á confesar á sus
agentes?— Y continúa el mismo clarísimo autor, apoyado en
los descubrimientos ciertos y averiguados de Eeberto, teó­
logo coloniense de la época: «La señal más segura, dice,
para conocerlos, era su empeño de esconderse, hasta el
grado de recibir los Sacramentos eon nosotros, y responder
lo mismo que nosotros, cuando se les urgía en punto de fe.
Este fué el espíritu de la secta desde su comienzo.,. Em­
bozaban sus doctrinas con mentiras manifiestas ó equívocos
artificiosos. Según ellos, el Evangelio prohíbe jurar por cau­
sa alguna; mas interrogados sobre religión, se creían auto­
rizados, no sólo para mentir, sino para perjurar, conforme
á la máxima de otra rama de maniqueos, los priscilianistas
de España, y que refiere San Agustín: Jura y perjura
manto quieras: pero no vendas el secreto.—Jura et p er­
jura; secretum prodere noli.» Para que se convenza el más
reacio, de que desde sus primeros pasos por el mundo, aquel
perversísimo axioma fué lema grabado en el escudo de la
familia.
Respecto á la época moderna, basta una ojeada á loa Ma­
nuales y Retejadores de carácter oficial. En todos sin ex­
cepción se hace jurar desde el primer grado al iniciando
la obediencia totalmente incondicional á cualquier incógnita
superioridad, con el holocausto más completo del propio jui­
cio y voluntad, mándese lo que se mandare, y bajo la san­
ción de los más tremendos castigos. En las órdenes religio­
sas ciertamente preceptúase rigurosa obediencia al superior
y á las reglas conocidas; pero no á la autoridad desconoci­
da, como en la secta, ni en sacrificio al fin de ésta, comun­
mente ignorado ó no claramente entendido; ni tampoco de
una manera totalmente incondicional, pues se salva de la
órbita de esa sujeción todo lo que vaya contra la ley de
Dios ó la conciencia cristiana. La obediencia del mandil no
se para en barras, no fija ningún límite, no exceptúa nin­
gún objeto ni acto, bueno ó malo, honesto ó inmoral, justo
ó injusto, en el presupuesto y con la firme convicción de
que el fin intentado por la negra orden justifica todos los
medios.
En los grados más avanzados, y aún en los primeros de
algunos institutos, no se contentan con declaraciones y com­
promisos generales.
El Iluminismo alemán, por ejemplo, sin contemplaciones
M ASOHERÍA. T. I . — J iS
en su código endereza á todos sus adeptos indistintamente
esta intimación: «Nuestra soeiedad exige de sus miembros
el sacrificio de su libertad, no sobre todas sus cosas; pero
sí absoluto sobre todo lo que pueda servir de medio -para
conseguir el objeto de aquella.» Cualesquiera que sean los
medios por consiguiente, con tal que conduzcan al objeto;
que sean ilícitos ó inmorales, nada importa.— En el interro­
gatorio del novieio se le dirigen, entre otras, estas pregun­
tas: «ó. %Has pesado con madurez el grave paso que vas
á darj ligándote con compromisos que te son desconocí -
dos?— 6. Si vinieres d descubrir en la Orden que ha de
ejecutarse alguna cosa mala o' injusta ¿qué resolución
tomarías?— 11. ¿O torgas á nuestra Orden ó sociedad el
derecho de vida y muerte?— 20. ¿Te obligas á una obe­
diencia absoluta y sin reserva, y te sientes con fuerza
para cumplir este compromiso?» Las respuestas están in­
dicadas, y no pueden menos de ser satisfactorias. Y en efec­
to, según aparece en la información oficial de dos novicios
sometidos á este cuestionario, uno contestó: «Yo ejecutaría
esas cosas (malas ó injustas), si me las mandase la Orden.»
Y el otro: «No rehusaría ejecutar esas cosas, si contri­
buyesen al bien general» (de la Orden, se entiende). Viene
el sello del juramento: «Voto eterno silencio y una fidelidad
y obediencia inviolables á todos los superiores y á los esta­
tutos de la Orden. En cuanto á lo que es objeto de ella, re­
nuncio del todo á mis propias miras y propio juicio... pro­
meto servirla con mi sangre, con mi honor y con mis bie­
nes... con estas promesas renuncio toda restricción secreta,
y me obligo á cumplirlo todo.» Véanse los originales repro­
ducidos en Barruel, en el lugar correspondiente.
Siguen las pruebas, y vayan contando.
En su tercera época, que lo fué de activísimo recluta­
miento, el Ilumiuismo germano fué descubierto por el go­
bierno bávaro, cuando ya por horror á sus teorías y daña­
dos intentos lo habían abandonado el consejero áulico Utz-
chneider y los catedráticos de la Universidad de Munich
Grrüaberger, el presbítero Cosandey y el abate Renner. Por
mandato del Elector fueron citados ante los tribunales res­
pectivos, para declarar bajo juramento sobre el caso; y he
aquí lo que testificaron, y después se ratificaron y firmaron,
con relación á nuestro asunto:
Et abate Renner.— «Pero el más peligroso de sus detes­
tables principios me parece que es este: E l Un santifica
los medios. Según esta moral y el modo como fa cumplen,
les basta para calumniar á un hombre de bien la sospecha
de que un día podrá impedir los progresos de la Orden. Se­
gún el mismo principio no repararán en conspirar contra
uno para que le quiten el empleo, en envenenar á otro, en
asesinar á un tercero, etc.»
El presbítero Cosandey.— «De los proverbios 6 princi­
pios, que no comunican por escrito, sino que continuamente
inculcan á sus inferiores... 3. E l fin santifica los medios.
Con esto la calumnia, el veneno, el asesinato, la traición,
la rebeldía, las infamias y cuanto conduce al fin son lau­
dables.»
Consejero Utzchneider, presbítero Cosandey y académico
Grüaberger, declarando en común.— «A los iluminados de
los primeros grados los educan según los principios siguien­
tes:... 3. M fin santifica los medios. El bien de la Orden
justifica las calumnias, los venenos, los homicidios, los per­
jurios, las traiciones y las rebeliones; en una palabra, todo
lo que la preocupación de los hombres llama crimen.»
Y vayan pruebas sin fin, pues la cosa lo mereee: á tout
seigneur, tout honneur.
Carbonarios.— ¿Todos los medios conducentes á la eje­
cución de sus proyectos, que son la ruina de toda religión
y de todo gobierno positivo, son lícitos: el asesinato, el ve-
neno, el perjurio, todo les es líbre:» decía hablando de ellos
el celebérrimo Juan W itt, que había ascendido al grado de
Principe Soberano Patriarca.
Alianza humanitaria universal en sus Estatutos.—
«Contra los enemigos del género humano (los reyes, los sa­
cerdotes, etc.) valen todos los derechos y todos los dele-
res: todo es permitido para aniquilarlos: la violencia y la
astucia, el fuego y el hierro, el veneno y el puñal: el fin
santifica los medios.»
B ikouuiue en su Catecismo revolucionario:— «El revo­
lucionario desprecia la opinión pública; igual desprecio y
odio le merece- la moral actual en todas sus manifesta­
ciones: para él iodo lo que favorece el triunjo de la revo­
lución es honesto; todo lo que le estorba, es inmoral y
criminal.»
Congreso socialista de Weyden, 1880.— «Si las clases
dominadoras nos cierran completamente la vía legal, nos
veremos precisados á reputar como buenos todos los me-
dios, cualesquiera que sean . »
El P) 1ecursor, periódico sansimoniano.— «Hace falta una
nueva clasificación de virtudes. Por mueho tiempo se ha
querido establecer distinción positiva entre el bien y el
mal, lo justo y lo injusto. Es un error: el bien no es más
que. el desarrollo de la humanidad (por el reinado de la
libertad masónica, entiéndase). Todo lo que á él contri-
luye es justo. Así se confunden la utilidad y la justicia,
malamente separadas.»
El Alto masón de Módena.— «Cualquier crimen perpe­
trado con ojo al bien general (el bien de la secta), por el
mismo hecho es un acto de virtud y de valor.»
Masonería práctica y Retejador de Delaunaye.— «La
moral del Caballero Kadosch, blanco y coronamiento de la
enseñanza masónica, se recapitula así: J o , nada más que
yo, iodo mío y todo para mí, y esto por todos los medios,
cualesquiera que sean .»
Masonería práctica.— «El verdadero triángulo supremo,
emblema soberano de la francmasonería, síntesis preciosa
de sus aspiraciones y fórmula única de la felicidad real de
la humanidad, es este:
El fia justifica los medios. Suma, expresión última y sín­
tesis de la moral masónica en orden á la práctica de la
obediencia y á la realización de los iniquísimos planes de la
secta.

Y basta de inmoralidades masónicas, en cuya discusión


hemos tendido la pluma con algún mayor detenimiento por­
que nos lo pedía el desengaño de tantos cándidos é ilusos.
Entretanto no dejará de clamar el ortodoxo Ragon: «L e­
vantamos moralmente un templo á la verdad y á la virtud . »
— Ni parará de enseñar el verdadero francmasón en sü
Catecismo: «Sepan que el verdadero instituto y objeto de
las sociedades de francmasones son la filantropía, la virtud
y la sana moral.« — Ni el recomendable Bazot en su Códi­
go de francmasones se cansará de repetir: «Como sociedad
que tiende al perfeccionamiento del hombre moral... se ha
colocado en primera línea.»
Después de todo lo visto, demostrado y vuelto á demos­
trar ¿cómo apodar á estos fariseos y á toda su ralea? Lo
peor que cada uno sepa, y se quedará corto, como nos he­
mos quedado nosotros en la relación de sus méritos; bien
que procuraremos remediarlo en lo que nos resta por decir.
CAPÍTULO XXIII

La masonería, destructora de ia fa m ilia .— El matrimonio.—


Combatido por la libertad primitiva de la secta,— Testimonios
de ésta contra el matrimonio y la fam ilia.— Cinco grados para el
estado de naturaleza.

uerra á la Religión y á la Iglesia de Cristoí


¡Guerra á la moral! son los dos primeros fru­
tos en orden de importancia de aquella liber­
tad impía y asoladora, cuya naturaleza en su
lugar desentrañamos. Tercer fruto: ¡Guerra á
la familia!
La familia, institución natural, institución divina, insti­
tución cristiana, elemento generador de pueblos y naciones,
por estos títulos se recomienda asaz al odio frenético, á los
sañudos y redoblados ataques de la libre, fraternal é igua­
litaria cofradía, como poderoso valladar opuesto á los pla­
nes de ésta, destructores de todo lo existente, á su fin de
la absoluta emancipación universal, á la transformación ra­
dical de la humana sociedad proyectada para allanar los ca*
minos al advenimiento y triunfo del Anticristo esperado en
la postrimería de los tiempos, de aquel monstruo abomina­
ble que, según oráculo de San Pablo, ha de asentar su tro­
no en el templo de Dios, haciéndose centro y señor de toda
religión y de todo poderío, objeto del único culto que du­
rante su reinado será legalmente permitido— ita ni in tem­
plo Dei sedeat, osUndens se tamquam sit Deus,
La familia constituyela el matrimonio. Matrimonio uno é
indisoluble; instituido y bendecido por Dios en la primera
pareja del humano linaje; amurallado contra los asaltos de
la torpe concupiscencia con el soberano precepto que con­
dena, bajo la amenaza de muerte perdurable, la fornicación,
el adulterio y cualquiera especie de placer desordenado,
captado en el mismo matrimonio ó fuera de él; firmemente
trabado y hecho feliz con el dulce lazo y correspondencia de
los deberes recíprocos de esposos, padres é hijos; ensalzado
por Jesucristo á la dignidad y alteza de Sacramento, y for­
tificado por la gracia divina contra los embates de la pasión
y los perversos dictámenes de un mundo corrompido; á fin
de que no cese nunca de ser fuente de pureza, de honor y
de virtud, que derramándose de la familia por todas las ve­
nas del cuerpo social, lo ennoblezca, lo pacifique, lo pros­
pere y mantenga eu él viva y floreciente la necesaria coor­
dinación y bellísima armonía entre la tierra y el cielo; re­
conocida por el hombre la inagotable bondad de aquel que
como es causa de toda la creación, así también es autor y
padre providente de toda la sociedad, engendrándose de ahí
la unidad más hermosa y perfecta en todo lo creado, con la
corriente de amor descendida del Criador á la criatura, con
la corriente de tierna gratitud y fiel retorno de amor, ele­
vada de la criatura al Criador,
Mas la masonería no entiende de estas músicas celestia­
les. Informada del espíritu de aquella libertad ilimitada y
sacrilega que dijimos, rechaza el yugo de esa unión bendi­
ta; revuélvese contra la autoridad y poder de Dios para es­
tablecerla y santificarla, por no reconocer más divinidad
que la de la naturaleza, de que el propio yo es parte, divi­
no por consiguiente; desprecia y tiene en nada los vínculos
santos, de cuya sabia y natural trabazón surge la familia
formada por mano de Dios; elige y adora por único y ex­
clusivo ideal de su institución y de sus actos al hombre de
Ja naturaleza, la vida animalesca del salvaje embrutecido;
considera como ejercicio legítimo de aquella libertad p ri­
mitiva, que á todas horas preconiza, la satisfacción plena
de los instintos de la bestia humana; y en su sueño insen­
sato y execrando de la humanidad emancipada, no solamen­
te suelta la rienda al individuo para todas las liviandades
innaturales, para las más abominables ignominias de la car­
ne, sino que, consecuente en sus propósitos, se esfuerza en
romper por los medios posibles, y con la mayor sabiduría 6
astucia dable que asegure el resultado, el primero y robus­
tísimo muro alzado contra ia desorganización y aniquilamien­
to de la sociedad, cual es la familia, forcejando por matar
en ella la fecunda semilla de las virtudes sociales y la vida
social misma. En el corazón de la masonería, después del
odio á Dios y á su Cristo, el odio á la moral de la sana ra­
zón y á la moral cristiana, inflámase el odio á la familia,
que es hechura perfecta de ese Dios y de esa moral. Y véa­
se con esto por qué en la época actual parece concentrar
todos sus fuegos sobre la familia, comprendiendo que sus
artes resultarán vanas y poco fructuosos sus afanes basta
no igualar con el suelo esa cindadela de la moral salvífiea,
cosa que no es hacedera mientras esté en pie la ley de Cris­
to, que será hasta la consumación de los siglos. No cree es­
to ni lo entiende ese aborto del infierno, y aun se lisonjea
de poder consumar esa total ruina, pero si á tanto no le es
dado llegar, indudablemente por lo menos logrará debilitar,
y en parte lo ha logrado ya, la fuerza de ese baluarte inex­
pugnable; con que por sus pasos vaya aplanando el terreno
para la completa disolución de la sociedad actual, la subsi­
guiente restauración de la otra sociedad primitiva de sus
ensueños y la inmediata construcción del templo destinado
á la majestad dei Rey precito. Este es el término último de
sus operaciones á que con desesperados y continuos esfuer­
zos se encamina.
Su plan de batalla está con magistral destreza combina­
do, procediendo simultáneamente por ataques, directos unos
é indirectos otros, y sirviéndose á la par de la propaganda
y de la obra: hincando desde luego la segur en la raiz mis­
ma de la familia, á la cual combate por líneas escalonadas,
ora en su esencia, á partir desde el llamado casamiento ei-
vil hasta la proclamación de la unión libre; ora en su fin
propio y obligatorio, en sus naturales y saludables efectos:
haciendo por inutilizar al mismo tiempo los elementos mate­
riales de la familia, ya por medios particulares, ya median­
te el sistema de corrupción general realizado en todo el
campo de la sociedad. Veamos cómo desarrolla y pone en
planta sus designios destructores.
Principios.
Ante todo en éste, como en los demás puntos, busquemos
los antecedentes y ejemplares de la doctrina y hechos ma­
sónicos donde nos manda buscarlos el hierofante Weishaupt
con aquella su reveladora sentencia: ^Tenga muy adverti­
do el Caballero Escoeés, que únicamente con el estudio de
los antiguos gnósticos y maniqueos podrá hacer grandes
descubrimientos en esta verdadera masonería.»
En efecto, sabido es por testimonio coetáneo de San Epi-
fanio, Minueio Félix, San Agustín y otros, que tanto los
gnósticos como los maniqueos, si por una parte anatemati­
zaban el matrimonio, por otra se revolcaban en tan inmun­
das abominaciones que el Obispo de Hipona las calificaba, á
falta de otro nombre bastante expresivo, profundidades
satánicas, y los mismos tomaban por ejercicio de caridad,
así la decían los infames, la mutua satisfacción de las vo­
luptuosidades más nefandas. Confiésalo á medias, pues no
le estaba bien á él sacar al sol todos los trapos de sus ami­
gos, protestante él y masón supuesto, el célebre Matter,
fanático panegirista de aquellos innobles sectarios, al afir­
mar que para ellos no había otra ley qué la ley de la natu­
raleza (salvaje, en el sentido masónico); que según ellos «la
naturaleza (la salvaje ó animalesca, otra vez) revela dos
grandes principios, el de la comunidad y el de la unidad de
todas las cosas... y para restablecer este orden (de la na­
turaleza ó libertad primitiva) es menester plantear la c o ­
munidad de tierras, de bienes y de mujeres; que los mani­
queos, condenando al matrimonio por un lado, por otro da­
ban suelta para los placeres (los descritos por San Epifanio
y San Agustín),» El sabio catedrático é inspector de la Uni­
versidad imperial de Alemania, en su arrebatado entusiasmo
jior gnósticos y maniqueos, con tanta fruición hace su rela­
to, que parece subscribir á semejantes doctrinas para que
no quepa asomo de duda acerca de su fidelidad al exponer­
las. Y vamos andando.
De tales padres y maestros ¿qué hijos y discípulos no ha­
bían de salir? Dignos de aquellos y bien aprovechados á, fe
mía. Oigamos atentos sus lecciones.
Sobre el matrimonio mismo:
Voltaire el abanderado.— «Licurgo reglamentó el adulte­
rio haciendo las mujeres comune?, cuando los maridos las
prestaban y ellas consentían. Los lacedemonios tenían ra­
zón en decir que entre ellos el adulterio era imposible...
Echo una ojeada á todos los pueblos de la tierra, y no veo
uno solo, con excepción del católico romano, en el cual el
divorcio y un nuevo casamiento no sea de derecho natural.»
El Helvecio de siempre.— «Dejan de amarse dos esposos,
comienzan á aborrecerse; ¿por qué condenarlos á vivir jun­
tos? La ley de la unión indisoluble en el matrimonio es ley
bárbara y cruel.»
Pouillé d'Orfeuilj de lo ñno entre lo bueno.— «El divor­
cio viene á ser la libertad de reparar una p a l t a qiie sin
este medio seria irreparable... El adulterio no es un cri­
men conforme á la ley natural; al contrario, es de creerse
que en el estado de naturaleza las mujeres debieran de ser
comunes. Si el adulterio fuese prohibido por ley natural,
todos los pueblos lo habrían reprobado y castigado, lo cual
es falso, puesto que en ciertos países existe la costumbre
de que los maridos ofrezcan sus mujeres á los forasteros; y
en Francia el adulterio pasa por una gracia .»
Ahora sobre padres é hijos:
El obligado Voltaire.— «En Lacedemonia, cuando un ma­
rido prestaba su mujer, no había peligro de que mantuvie­
se un hijo de otro. Todos los hijos pertenecían á la Repú­
blica y no á ninguna casa particular; con lo cual á nadie se
perjudicaba,»
Helvecio en persona.— «El vínculo que une los hijos á
los padres no es tan fuerte como se quiere suponer... ES
precepto de amar á padre y madre prueba que el amor de
los hijos es efecto de la costumbre y de la educación más
que de la naturaleza.»
Diderot, el peje que sabemos.— «Hase considerado el ca­
riño paterno como sentimiento innato, que está en la masa
de la sangre, cuando habría bastado la más ligera reflexión
para desengañar á cualquiera de ese lisonjero prejuicio.»
El enciclopedista Toussaint.— El amor de los hijos al
padre no es de obligación tan general: si es necesario reco­
nocer al padre el supuesto beneficio del nacimiento, se le
deberán también acciones de gracias por ios buenos boca­
dos que se ha comido, por el champagne que se ha bebido,
por los minuetes que ha bailado.»
Diderot otra vez.— «La autoridad del padre sobre los hi­
jos se funda únicamente en los bienes que se supone pro­
porcionar aquel á éstos.»
Raynal.— «La autoridad paterna desaparece en cuanto
los hijos se bastan á sí mismo?.»
D'Alembert.— «Es de clavo pasado, que la subordinación
de los hijos no debe durar más que mientras se hallan en
estado de ignorancia 6 de embriaguez.»
Más Helvecio.— «El amor paterno, de que suele hacerse
ostentación y sentirse muchos vivamente penetrados, no es
por lo común efecto más que del sentimiento de la poste-
í’omanía, de la ambición de mando, ó del temor del tedio y
aislamiento.»
Y á este atajo de sofismas, paradojas, sarcasmos, im­
piedades y chocarrerías del filosofismo masónico, vienen á
dar tono y valor doctoral los dos maestros de contrapunto,
Weishaupt y Saint-Martin.
Weishaupt, en uno de sus ordinarios accesos de fie­
bre ó filosofía roussoviana.— «La primera edad del género
humano es el de la naturaleza salvaje y grosera, en que
la única sociedad formábala la familia en el estado nóma­
da, y en que el hambre y la sed fáciles de ser satisfechas,
un abrigo contra la intemperie, una mujer y el deseanso
después de la fatiga, eran las únicas necesidades del
hombre. En aquel estado gozaba éste de- los dos bienes
niás inestimables, la igualdad y la libertad, y gozaba de
ellos en toda su plenitud. Más adelante con necesidades
nuevas el débil se sometió imprudentemente al más fuer -
lü con la precisa condición de ser ayudado por él; de don­
de la sumisión no existe más que para él caso de necesi­
dad y mientras el otro puede favorecerme. ¡Su poder ter­
mina justo con mi flaqueza ó mi necesidad, ó con la supe­
rioridad de otro. Los reyes son padres: la potestad paterna
cesa en cuanto el hijo se hace fuerte. Agramaría el padre
á sus hijos, si pretendiese prorrogar sus derechos más
alié de ese término.« Libertad absoluta de esposos, padres
é hijos.
Saint-Martin, todavía más radical.— «Siendo la liber­
tad de la esencia del hombre, tan injusta y tan irrazonable
es la asoeiaci6n voluntaria que tendiese á encadenarle,
como la forzosa. Porque por este acto un hombre transfe­
riría á otro un derecho que no le pertenece, el de disponer
de sí mismo; transfiriendo por consiguiente un derecho que
no es suyo, celebra un contrato nulo, que no le liga á él ni
á los demás.»
El Manual para los hermanos, de uso común en las lo­
gias alemanas.— «Entiendan que por don de la naturaleza,
todos disfrutamos los mismos derechos al desarrollo de
nuestras facultades intelectuales y de nuestras fuerzas físi­
cas... Igualdad de derechos, goces comunes, acción filan­
trópica .universal; tal es la base de nuestra asociación.»
En consecuencia: adulterio, divorcio, mujeres comunes,
desconocimiento de padres á hijos y de hijos á padres, co­
munismo absoluto del Estado, hombre libre y mujer libre,
amor libérrimo.
Lógica sansimoniana.— «Abra paso el matrimonio, que
es legislación del adulterio, á la soberanía de los instintos
y á la emancipación del placer.»
El Fourrierismo y el Perfeccionismo de Noyes sientan
como principio, el amor libre y la pantagamia.
Nihilistas: un avance más.— «Siendo la maternidad un
defecto de la desigualdad de la naturaleza, los nihilistas la
evitan por todos los medios; y si no logran conseguirlo, la
mujer" nihilista abandona tranquilamente el fruto de sus
amores, ó mejor, de sus necesidades naturales.» V A sso-
ciatión international des travailleurs, Früurg, p. 184,
por un historiador titulado de la Internacional.
Por grados:
I. Casamiento civil: establecido como primer paso al
estado de naturaleza, en las naciones protestantes; prime­
ro en Francia, luego en Italia, Austria, España, etc.; en
todos los países donde impera ó legisla la masonería. La
Gran Logia de Chile lo contaba entre los objetos preferen­
tes de su programa.
II. Divorcio. Preconizado, según acabamos de ver, por
los enciclopedistas, plantéalo con particular solicitud la
Asamblea Constituyente de Francia de 1790; consumando
la obra la Convención con proclamar la igualdad de dére-
chos entre hijos legítimos y bastardos, á título de ley de
mturaleza, y como transición de una institución viciosa,
lacle la familia, á otra más períecta, la de la unión libre.
Cunde como lepra el divorcio por varias naciones suficien­
temente preparadas: Francia, Estados Unidos, etc.»
III. Matrimonio masónico y prácticas malthusianas, El
primero, inventado para los usos particulares de la gente
de la Hoja, consiste en la unión libre disfrazada con el tra­
je de mojiganga de un sacramento sectario ¡sacrilega paro­
dia! Ahora ¿cuáles son esas prácticas malthusianas? Esas
inmoralísimas prácticas, cuya difusión, según testimonio de
un respetabilísimo autor francés, N. Deschamps, «ha des­
truido por su base el poderío de Francia, conteniendo el
crecimiento de la población é imposibilitándola para coloni­
zar,» fueron propagadas sistemáticamente, desde cerca de
uu siglo acá, por los cabecillas más avanzados de las sectas,
á contar desde Roberto Owen hasta los francmasones fran­
ceses Talandier é Ivon Guyot, y hasta Bradlaugh, jefe del
radicalismo inglés. Con ocasión ó con pretexto de la teoría
<¡e Malthus acerca de los aumentos de población y los me­
dios desproporcionados de subsistencia, formóse la Liga
iíalthusiana con estos principios, entre otros:
1. La población tiende sin cesará acrecentarse despro­
porcionadamente con los medios de subsistencia.
2. Los medios aptos para reaccionar contra esta tenden­
cia son, Ó positivos y destructores de la vida, el infantici­
dio por ejemplo, 6 preventivos y restrictivos de los naci­
mientos.
3. Los medios positivos y destructores de la vida son
?as muertes prematuras de niños y adultos ocasionadas por
enfermedades, hambre, guerra ó infanticidio.
i. Los preventivos consisten en la reducción de naci­
mientos, sea por la abstención del casamiento, sea por la
prudencia usada en él.
5. La abstención prolongada del matrimonio, aconseja­
da por Malthus (ellos salen responsables de su dicho), en­
gendra muchas enfermedades y vicios sexuales... pero es
un enorme crimen social, tanto del hombre como de la mu­
jer, echar al mundo más hijos de los que se pueden alber­
gar, alimentar, vestir y educar convenientemente, etc., etc.
Hasta aquí lo más substancial de los infames Estatutos.
¿Quién no ve pórtela de cedazo? Despréndese por sí mis­
ma la abominable consecuencia práctica, el horrible pecado
de Onan, convertido en moral del matrimonio con los hono­
res de un servicio prestado á la humanidad. Acredítase por
completo la profunda sentencia del P. Desehamps: «El casa­
miento civil lleva al divorcio; el divorcio y las prácticas
malthusianas al amor libre.» Prosigamos en nuestra escala.
IY. Unión libre. Pregonábanla Naquet y Accolas, pro­
hombres de la secta. Empeñábase ea que fuese decretada,
durante el reinado de la Comuna de París, el ciudadano
G-ratien, en estos términos á propósito de la cuestión de
enseñanza:
uLa familia presenta el mayor obstáculo, y debe ser des­
truida si hemos det alcanzar la meta de dar á todos una
educación igual y revolucionaria: puesto que abolimos el
derecho hereditario* el hijo ya no es herencia del padre y
de la madre, sino (pie pertenece al Estado.»
Uaa discusión sostenida en la logia Perfecta Igualdad,
al 0.*. de París, Julio de 1874:
«El h.\ Minot distingue entre matrimonio, aun el civil,
concubinato y unión libre . Esta última puede derivarse de
teorías respetables. La intervención, en el acto solemne del
matrimonio, de la autoridad civil bajo la forma de un ma­
gistrado, eon el continente fcío é indiferente de un sacer­
dote que hace un entierro, es cosa chocante para naturale -
zas nobles y sensibles. La subordinación misma que la ley
sistemáticamente impone á la mujer en la sociedad del ma­
trimonio, puede repugnar á conciencias formadas para una
moral superior; sugiere la idea de saltar por encima de las
formalidades del matrimonio legal, y recurrir al contrato
íntimo de los corazones.— Además se dan casos en que la
unión libre, á pesar de la contradicción de loe vocablos, es
forzosa. El marido, obligado á abandonar su mujer legítima
por motivo de su torpeza, ó por carecer de las primeras
virtudes propias del hogar, malamente se vería condenado,
con ultraje de la ley de la naturaleza, á quedar aislado sin
los encantos de la vida conyugal y. la progenie. Ea cuyo
caso la unión libre es indispensable como reparación de la
desgracia más sensible, y lejos de merecer que se la agra­
vie con el mote de concubinato, es digna por el contrario
de toda consideración y simpatía.
«El h .'. Maret apoya este discurso:
«El h.*. Charpy cita el ejemplo de un h.*. de los más ho­
norables.
«El h.\ Catalo propone que en asuntos de conciencia y
de sentimientos, como es la del matrimonio (el matrimonio
libre), la ley exprese un consejo y no una obligación.»
Por supuesto; porque no están los tiempos maduros to­
davía para formular á cara descubierta y lanzar al público
los artículos de la fe del porvenir.
V. Familia democratizada ó perfecto comunismo del Es­
tado, en que dice el Orador francmasón, «conforme á la ley
de la naturaleza, más pertenece el padre á sus hijos, que
los hijos á él: los padres y los hijos caen bajo el imperio de
la ley común y son hechos iguales é independientes.» Los
hijos de masón son.adoptados con el nombre de lobeznos, y
más tarde ingresan con pleno derecho en la logia. «En la
antigüedad, informa Clavel, los iniciados en los misterios
de Isis se cubrían hasta en público con una máscara dora-
da* que figuraba una cabeza de chacal ó de lobo; y así para
denotar á un Isiada, se decía: es un chacal, es un lobo: el
hijo del tal iniciado era un lobezno.»

Los medios indirectos con que la secta combate el matri­


monio, pueden reducirse, nos parece, á los siguientes:
1. Logias de adopción ó andróginas; 2. Enseñanza laica de
las mujeres; 3. Sistema de corrupción general. Los exami­
naremos por orden.
I

M asonería de ad op ció n . — Im portancia de la m u jer para el bien y


para el m al.— P icco lo T ig re : W eish aupt.— Antigüedad de la tal ma­
sonería,— H ipocresía de R a gon .— Diferentes ritos y grados.— Mues­
tras de dicha m asonería,— Fines de la m ism a.— La cuenta p or cin co.
— Varios gra d os.— Integridad de manuales ó cuadernos de la logia.

Es muy cierta, nada nueva, la sentencia proferida por


el socialista Bebel en el Reichstag, en Febrero de 1892:
«Allí adonde vaya la mujer en el gran movimiento social,
allí se obtendrá la victoria.» Y el P. Coloma, en su M a r­
qués de Mora, agudamente observa que: «Los filósofos deí
siglo X V III, demostraron gran conocimiento práctico del
mundo, al escoger en Francia como... misioneras de sus
doctrinas á las mujeres: «Si queréis que una opinión preva­
le zca , dice una de las que más parte tomaron en los im-
«píos manejos de aquella época, madame Neeker, recomen­
dádsela á las mujeres, que como son ignorantes, todo lo
aereen; eomo son ligeras, todo lo popularizan; y como son
«testarudas, todo lo defienden con vehemencia.» Populari­
zan opiniones; popularizan también, acreditan y siembran
vicios y virtudes por el mundo: en el período preparatorio de
la Revolución francesa, bajo la nefaria inspiración y tutela
de los filósofos, fueron los instrumentos más poderosos de
aquel espantoso libertinaje y degradación.»
Regimentadas en logias, ó independientes de ellas y des­
perdigadas, pero siempre uncidas al carro de la iniciativa,
pujanza ó influencia varonil, las mujeres en todos tiempos
coadyuvaron eficazmente á los fines de las sectas y andu­
vieron mezcladas en cualquier acción revolucionaria, según
fuera dable patentizar con la historia en la mano; así como
es imposible desentenderse del valioso auxilio prestado por
el elemento femenino en pro de los intereses sociales y para
muchas heroicas empresas de la gloria de Dics, en la propa­
gación y sostenimiento de la causa de la verdad y la civili­
zación cristiana. Atiabando la masonería en el campo fiel,
no pudo menos de reconocer el valor é importancia del seso
débil dotado de alma cristiana, para resistir á la obra ma­
léfica de disolución social, y entonces concibió el proyecto
de restar del lado de la Iglesia esa fuerza invencible de re­
sistencia y de sumarla á favor propio, despojando á la mu­
jer del principio vital que la alimenta, intundido por la re­
ligión con la moral y las venerables tradiciones del hogar,
y asimilándola á su propio ser corrompido por medio de la
corrupción.
Externaba cínicamente esta idea en 1830 aquel Piccolo
Tigre de la Alta Venta romana con este lenguaje: «Ultima­
mente oía á uno de mis amigos reirse filosóficamente de
nuestras trazas y maquinaciones, diciendo: Para destruir
el Catolicismo, es necesario comenzar por suprimir á la
mujer. En un sentido esta írase es verdadera: mas ya que
110 podemos suprimir á la mujer, corrompámosla... Precioso
arbitrio, capaz de tentar á hombres como nosotros. No nos
apartemos de esta línea de conducta por ninguna satisfac­
ción de venganza personal que sea. El mejor puñal para
dar en el corazón á la Iglesia, es la corrupción. Manos á la
obra, pues, hasta rematar.»
Ese buen mozo creería haber puesto una pica en Flandes
üon ese golpe de ingenio, cuando ya estaban de vuelta los
iluminados germanos eon este diseño de una orden de mu­
jeres;
«Es indecible el influjo que las mujeres ejercen en los
hombres, para que nosotros podamos reformar el mundo, si
no reformamos á las mujeres. Mas ¿por dónde emprenderla?
Ahí está la dificultad. ¿Consentirán las señoras algo avan­
zadas en edad, las madres de familia sobre todo, eon tantas
preocupaciones á cuestas, que otros se encarguen de la edu­
cación de sus hijas? Por consiguiente es menester comenzar
con jóvenes y con señoras de regular edad. Hércules reco­
mienda á la esposa de Ptolomeo Lago (nombre de guerra
ile otro iluminado)... Yo presento á mis cuatro sobrinas, que
son buenas muchachas...
«La Orden constará de dos clases, formando cada una
M A 80M E 8ÍA . T. 1 , - 2
rancho aparté, y con su secreto peculiar cada una. La pri­
mera clase se compondrá de mujeres virtuosas, es decir,
filósofas y muy superiores á su sexo en- punto á religióny
rotiforme á la idea del provincial y regente hermano M i­
nos . La segunda, de mujeres volubles, ligeras, voluptuosas.
Unas y otras deben ignorar que están dirigidas por hom­
bres, haciéndoles creer á las dos superioras, que más arriba
de ellas existe una logia matriz de su mismo sexo, para
transmitirles las órdenes, que debajo de cuerda serán da­
das por hombres.
«Los hermanos encargados de la dirección harán llegar
á ellas sus lecciones, sin darse á conocer. A las primeras
las guiarán por medio de la lectura de "buenos libros (Hel­
vecio, Rousseau, Voltaire, etc.), y á las segundas las ins­
truirán en el arte de satisfacer secretamente sus pa­
siones...
«Esta traza servirá además para dar contentamiento á
los hermanos aficionados á los plaeeres.»
En estos cuantos rasgos de Espartado (Weishaupt) es­
bózase la planta completa délas Ligias de Adopción. No es
chico mérito.
Pero ¿qué? si no se lleva el Espartaco la palma de la
feliz invención; puesto que segúu Ragon, Cambonnet en
compañía de unos oficiales marinos fundaba la Orden de la
Felicidad (andrógina), en 1742; y antes refiere el Reteja-
dor general, se abría en Víena la Logia de M opsosy Mop-
sasf enl73S: cuando, testigo Clavel, ya se había instituido
en París la francmasonería femenil, en 1730; y con mucha
anterioridad, en 1696, se había estrenado con grande aplau­
so en París la orden de los Caballeros y Damas de la A le­
gría, por testimonio de Ragon, el cual asimismo certifica
que ios primeros y venturosos orígenes de la hermosa ins­
titución se remontan en la obscuridad de los siglos á las
sociedades idólatras creadas bajo los auspicios de Baco y
y el Amor. A esto me atengo; pues si bien no prueba tan
honrosa alcurnia el perínclito doctor sagrado, pero es la
más digna de los antecedentes y costumbres mandilescas;
y como oportunamente asevera él mismo ¡si lo tendría sa­
bido hasta por propia experiencia! esta peregrina ¿orina de
masonería «es pura imitación de lo que eos noticia la histo­
ria de aquellos antiguos misterios, cuyo secreto inviolable
favorecía la licencia, sigue diciendo el autor canónico, y por
largo tiempo los ocultó al conocimiento délos magistrados.»
Y aquí hace punto. ¡Qué pudoroso es á las veces ese dian-
tre de Ragon! Pero lo que él ruborosamente se calla, me
lo cuenta con desenfado el h.*. Fauvety, Venerable de
la R ,•. L.*. Renacimiento por los émidos de Hiram¡ en
esta forma; «El Templo de la Masonería Francesa (rué Ca-
det, París) recuerda con bastante exactitud los Templos de
la Babilonia antigua consagrados á Veüus Mylitta, cuyo
recinto estaba atestado de mujeres que acudían allí pa­
ra ofrecer á los entrantes el obsequio de sus hechizos.» Y
el ganso de ese Fauvety presenta la curiosa semejanza ¡oh
malicioso! insertando en nota el pasaje correspondiente de
Herodoto, el ilustre historiador de aquellas antigüedades.
Conque, volviendo á coger el hilo de nuestro discurso,
te luciste, jEspartaco, con tu maravilloso parto de la Or­
den de mujeres, que tengo para mí, dócil á la autoridad del
sabio Ragon, que de remota fecha fué copiada por la maso­
nería con filial piedad de aquellos licenciosos y torpes Mis­
terios de Baco y Venus.

Y basta de divertidas historias y genealogías.


Mas antes de entrar de lleno en nuestro estudio, no que­
remos rendirnos sin más ni más al testimonio falaz de los
autores masónicos; y fuertes con el apoyo de un libro ofi­
cial, se nos ocurre poner en duda la existencia de esa co­
fradía femenina, que tanto nos escandaliza á los profanos.
Eu efecto, el Ritual del grado de Aprendiz reza así con
£ran entono y severidad: «Nosotros no admitimos mujeres
en nuestros misterios.» ¿Se quiere sentencia más fulminan­
te':1No se me quita el susto del cuerpo hasta leer el Ritual
del grado de Compañero, y enterarme que éste cuenta por
cinco; pues cada grado marea una edad; el Compañero aun­
que haya cumplido cincuenta, no cuenta más que cinco años,
y el Aprendiz tres, así sea setentón: y hasta haber apren­
dido que las mujeres en la logia también lo cuentan todo
por cinco, los cinco abrazos rituales, por ejemplo, que un
masonote viejo, baboso y asqueroso, le ha de dar á la neófita
joven y guapa, y aún no sé si ellas harán los pecados allí de
á cinco, bien que así es de suponer por ir comunmente ape -
gadas á la letra. Empiezo á despabilarme con esa coinci­
dencia de cinco y cinco, y acaba de despejarme por comple­
to la voz grave y recalcada del Venerable que le endilga al
Compañero esta arenga: «Q uerido hermano, tú tienes cinco
años. La progresión que sigue al gr.\ (grado) manifiesta
las luc.*. (luces) y la experiencia que se considera has ad­
quirido; mas entiende, h. \ mío, que la edad.no proporciona
realmente estas dotes, sino al que se ha hecho á los hom­
bres y á las cosas. Esa edad te habilita para visitar las
Logias de Adopción de mujeres, donde todo se cuenta por
cinco.» El Venerable, que ha de ser por lo menos Maestro,
ai no posee más alta graduación todavía, tiene siete anos
y más, «y á esta edad debería tener mayores luces y expe­
riencia, sobre todo mayor virtud que el Compañero y el
Aprendiz, como que por más largo tiempo se ha hecho á los
hombres y á las cosas de la Francmasonería;» y sin embar­
go, á pesar de que todos los días ha estado ayudando á las
hermanas en sus trabajos, palabra ritual, con gran frescura
le dice solemnemente al Aprendiz: «Nosotros no admitimos
mujeres en nuestros misterios:» como discurre festivamente
Saint-Albin.
Así mienten los masones, y hasta sus autores sagrados,
y es un continuo mentir. ¿Quién se fía de semejantes bella­
cos? Solamente en lo que los vilipendia, infama y perjudica
se les puede creer. Sí, la masonería de Adopción es un
hecho.

Organización.— «La Masonería de Adopción está orga­


nizada sobre poco más ó menos, lo mismo que cada maso-nc-
ría adoptante; y en las logias adoptivas se distinguen tam­
bién grados simbólicos y grados superiores. Los simbóli­
cos son idénticos á los de la masonería de hombres: apren­
diz, compañera y maestra.
«Los grados superiores son pocos, y copiados de los de
los hombres. E l Rito Moderno de Adopción tiene dos: 1.
Maestra Perfecta; 2. ¡Sublime Escocesa. El Rito Egip-
cío 6 de Cagliostro, uno sólo. El Rito Escocés del Monte
Tabor, cuatro: 1. Novicia, Masona; 2. Compañera Dis­
creta; 3. Maestra Adonaíta; 4. Maestree Moralista. El
Rito Escocés de Perfección, siete: 1. Maestra Perfecta;
2. Elegida; 3. Escocesa; 4. Sublime Escocesa; 5. Dama
de la Paloma; 6. Dama de la Beneficencia; 7. Princesa
de la Corona. El Rito de Mopsos y Morsas no tiene por
junto más que un grado, n Tomado de Dom Benoit.
Ouéntanse, además, 1* Orden del Paladio ó Soberano
Consejo de la Sabiduría, instituida, dice la leyenda masó­
nica, por Pitágoras, y reformada por Fenelón; la de la F e ­
licidad; la de Caballeros y Damas del Ancla; la de Leña -
dores y Leñadoras; la de la Cuña; la de la Centena; la de
Damas Fileidas; la de la Perseverancia; la de Caballe­
ros y Damas Filocoreitas ó Amantes del Placer; la de
Caballeros y Ninfas de la Rosa , y quién sabe si de otras
denominaciones, que dependen del capricho ó la inventiva:
el caso es que se junten ellos y ellas.
¿Son andróginas, ó sea, compuestas de hombres y mu ■
jeres revueltos, todas esas órdenesí
Responde maese Ragon en su Manual completo de la
Masonería de Adopción: «Las señoras nunca se juntan
xolas, sino que masones las ayudan siempre en sus traba­
jos, y al lado de cada masona dignataria hay un masón de
la dignidad correspondiente.» Ea otro lugar: «La Masone­
ría de Adopción es igualmente andrógina, pero regular,
útil y reconocida.»
üna muestra de órdenes y logias andróginas.— Sea la
Orden de la Felicidad . Copiamos de Ragon:
«Las Hermanas hacen el viaje fantástico á la Isla de la
Felicidad, bajo la vela de los Hermanos, pilotos ellos.
«Los grados son cuatro: 1. Grumete; 2. Patrón; 3. Jefe
de escuadra; 4. Vicealmirante.
“ Los emblemas y el vocabulario son náuticos: Un Orien­
te se llama Rada; una Logia, Escuadra. Hay cuatro ofi­
ciales: Jefe de Escuadra, Gran Sondeador, Inspector y V i­
gilante, que se nombra Querubín.
“ El neófito ó neófita jura: 1. Guardar el secreto acerca
del ceremonial que acompaña la iniciación;
'«2. Jamás haeer fondo en ningún puerto donde se halla
ya al ancla un navio de la orden.
aJT la mujer; jamás recibir en su puerto un navio extra­
ño, mientras en él esté anclado un navio de la Orden. Ella
presta el juramento sentada en el sitial del presidente,
quien durante esta ceremonia está hincado á los pies de
ella.»
Y en esta Orden de la Felicidad aparece retratada ó re­
copilada por entero la Masonería de Adopción; al grado,
que el muy docto Willaume las haya confundido, y no sin
fundamento en sentir del autor canónico: «Willaume en ¡su
Retejador da por equivocación el título de Orden de la F e­
licidad á la Masonería de Adopción, que nunca lo ha lleva­
do, pero lo merece.»
El h.\ Findel entre bastidores: «En esos juegos sufren
graves ofensas los respetos sociales y la moral.» ¡Ah, es­
crupuloso Findel! ¿De qué te escandalizas, digo, finges es­
candalizarte? Calla, y atiende:
Otras muestras.— Orden de Caballeros y Ninfas de la
Rosa . Del mismo cosechero Ragon:
«La sala de recepciones es el Tem/plo del amor y lugar
de delicias. Los oficiales son el Hierofante y la Oran Sa­
cerdotisa; el caballero Sentimiento y la Ninfa Discreción:
ellos para los hombres y ellas para las mujeres. Todos se
tratan de hermanos y hermanas. La decoración fórmanla
guirnaldas y cadenas de flores: los hombres corónanse de
mirto ó arrayán, y las mujeres de rosas.
«Qué buscas entre nosotros?— Basco la felicidad.»
«Qué edad tienes?»— Si el postulante es hombre: «La
edad de amar;» y si es mujer: «La edad de agradar y
amar.»
Juramento.— «Juro y prometo, en nombre del Señor del
Universo, que se renueva sin cesar por medio del placer,
que es su más hermosa obra, no revelar jamás los secretos
de la Orden de la Rosa. Si falto á mi juramento ¡que el mis­
terio no preste encanto á mis placeres! ¡que en vez de las
rosas de la dicha, no halle sino las espinas del remordi­
miento!»
Se van á los bosquecillos misteriosos, y en llegando al
Altar del misterio, el Caballero ó la Ninfa ofrece perfumes
á Venus y á su hijo. El Caballero trueca su corona de mir­
to eon la de rosas de la última Hermana admitida, y la Nin­
fa la suya con la del Hermano Sentimiento. EL Hierofante
y la G-ran Sacerdotisa dan á los neófitos respectivos las
señas de reconocimiento, alusivas todas al amor y ai mis­
terio.
Orden de Mopsos y Mopsas.— Tomaron por emblema el
de la fidelidad, el perro: de ahí el nombre de Mopso, que en
alemán significa un doguito, y éste es presentado con la
cola retorcida y levantada: se verá por qué.
El VÍg.\ (Vigilante) manda al candidato, hombre ó mu­
jer, que saque la lengua cuan larga pueda. Si rehúsa, no
se le admite. Si obedece, se la toma el Vigilante con los
dedos y se pone á examinarla, como si fuese la de un ma­
rrano, á ver si está roñoso: luego hablan de marcársela con
un hierro ardiendo, para meterle miedo,
Pregunta.— «Preguntadle, qué prefiere, si besar el cu...
del perro ó el del G.*. M /. ( Gran Maestre, que está pre­
sente).»
Con esto, movíase uu altercado que divertía mucho á los
concurrentes. Por fin, de grado ó por fuerza, se aplicaba á
la boca del candidato el trasero del perro, que era de cera
ó de género.
Refiere la leyenda masónica, que con la excomunión del
Papa Clemente XEI se cerraron las logias de Alemania; y
que entonces algunos católicos, para no quedar privados de
la diversión de sus fraternas reuniones promiscuas ó andró­
ginas, inventaron esas juntas de Perros y Perras, con que
ui incurrían en la censura del Vaticano, ni se les acababa el
bureo. ¡Qué católicos! ¡qué escrupulosos y qué ingenio­
sos! ¿Será, verdad el cuento? Lo de la orden perra no es
cuento.
Doble fin de la Masonería andrógina ó de Adopción.—
Decía un orador de los Amantes del Placer ó Filocorei-
ias: «Acabamos de iniciar muchas Damas y Caballeros en
nuestros misterios. ¿Qué digo, en nuestros misterios? No
los tenemos, aunque tal vez engañen las apariencias.
"Reunidos por nuestro agrado y por comodidad, núes-
tro blanco es hermosear la existencia, tomando por nor­
ma de nuestra conducta esta sagrada divisa: Honor , A le ­
gría, Delicadeza. También dos proponemos servir á una
causa muy digna de toda alma sensible, cual es la de pro­
teger la inocencia y la hermosura, estrechar entre las da­
mas y nosotros una alianza eterna, cimentada en la más
pura amistad.
<*Por semejantes títalos ¿qué hombres virtuosos no am­
bicionarían el honor, nos atrevemos á decirlo, de hacerse
Caballeros Filocoreitas?»
El pillastrón de Weishaupt por lo bajo.— «Esta institu­
ción servirá para recreo de los Hermanos aficionados á los
placeres.»
Y es uno de los dos fines.
El fin principal nos lo despepitará maese Ragon, pala­
deando todavía ó relamiéndose con el gustazo de una de
esas fiestas andróginas ó recreos misteriosos (amusements
mystérieux) :
«Las sociedades andróginas, en especial la de los Felicí­
tanos y la de Caballeros y Ninfas de la Rosa, á pesar de
su notable frivolidad aparente, han sido agentes de suma
eficacia para propagarla Masonería de Adopción y sembrar
en los espíritus el germen de los principios masónicos de
igualdad... ¿Cuándo se comprenderá, que para devolver á
la Orden su irresistible atractivo y antiguo esplendor; á las
costumbres públicas su pureza y su verdad limpia de hipo­
cresía; al progreso social sus adelantos; á la educación do­
méstica, llena todavía de preocupaciones, su influencia hu­
manitaria, es menester dar participación en los trabajos
masónicos á las mujeres, que por sus útiles discursos y sus
virtudes den honor á su sexo y á la patria?.»
Propagar la Masonería de Adopción inventada para re-
formar á la mujer, según el plan masónico; esparcir los
gérmenes del principio de igualdad absoluta, es decir, ma­
sónica, y por consiguiente entre hombre y mujer y la pro­
miscuidad; prestar atractivo y esplendor á la masonería: tal
es el fin capital.
Los tres grados simbólicos de la Mas.', de Adopción.
— Antes de entrar en el breve examen de sus misterios,
como en tales logias todo se hace por cinco, téngase enten­
dido que este número, conforme nos enseña Ragon en su
Ortodoxia masónica, entre otros significados «es el emble­
ma del matrimonio, por estar compuesto de dos (símbolo de
la junta de dos) y tres (símbolo de la naturaleza y de la ley
de la naturaleza). Juno, que presidía al himeneo, tenía por
jeroglífico el número cinco.» Be modo que el famoso quina­
rio masónico en limpio ó en sucio representa el ayuntamien­
to earnal de dos (hombre y mujer) por obra de la ley de la
naturaleza (naturaleza, tomada en el concepto masónico de
siempre, ó sea, salvaje y animal); ó en otros términos, la
unión de los sexos en ley de tal naturaleza; ó aún más bre­
ve y más claro, la unión libre} que es el genuino matrimo -
nio masónico; libre, en conformidad con los principios de la
secta ya explicados, con libertad absoluta é ilimitada; li­
bre á plazo, ó por momentos; con una ó con uno, respectiva­
mente ó con muchos; libre sin respeto á personas por razón
de parentesco ó cualquier otro vínculo; libre aún, digámos­
lo, pues esfuerza, sin distinción ó diferencia de sexo; li­
bre, en fin y con una expresión que lo dice todo, con la li­
bertad y la igual f e a t e r n i d a d y c a r i d a d de los gnósticos
y maniqueos en aquellas profundidades satánicas de San
Agustín atrás apuntadas. ¿Compréndese ahora el significa -
¡lo del número cinco, conforme á rigorosa doctrina masó­
nica? Era necesario rasgar de una vez, y lo rasgamos con
la mano misma del autor sagrado Ragon, el velo de ese
torpe misterio, que tanto da que reir á la generalidad de los
profanos, euando oyen que en las logias mujeriles todo se
cuenta por cinco.
Sí, en ellas, como todas son andróginas, nos lo certificó
el doctor canónico Ragon, en el concurso, junta ó encuen­
tro de los dos sexos, eonforme á la ley de la naturaleza
salvaje y animal, promulgada y predicada por los maestros
de la secta, necesaria é irremediablemente todo se ha de
('Mniar por cinco.
Consecuencia teórica.— Esa cuenta por cinco, tal como
acabamos de exponerla, por más que los hermanos.'. en
sus canciones lúbricas oficiales la encubran Ó disfracen con
otras interpretaciones picarescas ó licenciosas, algunos in­
conscientemente por falta de verdadera iniciación, ó séase,
por ignorancia, esa cuenta por cinco es la clave justa y
propia para explicar la esencia genuina de todas las maso­
nerías de Adopción, al tenor y con arreglo al plan de co ­
rrupción femenina impudentemente propuesto y llevado á
ejecución por los patriarcas modernos de la criminal cofra­
día, desde Weishaupt y otros antes que él, hasta los con­
temporáneos nuestros.
Consecuencia práctica.— En vista de la profunda malig­
nidad con que esos profesores del libertinaje imprimen el
sello de su infamia á expresiones y ceremonias las más risi­
bles en apariencia; estar sobre aviso, y sin temor de equi­
vocarse temerariamente, ni esperar que los acentuemos
una por una, dése la mala interpretación que se merecen,
á las palabras, objetos y acciones ocurrentes en el relato ó
información de los tres grados androgénicos, que ofrece­
mos á continuación. Todo es artificio y maldad en la maso­
nería, hasta lo más frívolo é indiferente al parecer.
Grado de aprendiz.— El local y la decoración son á cor­
ta diferencia ios mismos que para las logias hombrunas.
Los vientos cardinales son substituidos por climas de Eu­
ropa, América, Africa y Asia. Loe personajes: un gran
uiaestro y una gran maestra, un orador, un inspector y
una inspectora, etc. Un trono para el gran maestro y la
gran maestra: encima la estrella de cinco puntas: delante
del trono un altar, y en éste un libro figurado (Dom Benoit)
con esta inscripción dorada en la tapa superior: Arte de
amar; y en la inferior: Evangelio de los masones: senta­
das en taburete las masonas delante, vestidas de túnica
blanca alzada hasta la rodilla izquierda, y los masones de­
trás. La logia está iluminada con cinco tarritos ó pebete­
ros llenos de perfumes.
El gran maestro da cinco golpes con el mallete, diciendo:
Mis queridas hermanas inspectora y depositarla, invitad á
nuestros queridos hermanos y hermanas, que me ayuden á
abrir la logia d § aprendiz masona, contando por cinco...
¡A mí, queridos hermanos y hermanas! Da cinco palmadas;
las repiten los demás y gritan cinco veces ¡E m ! Catecismo
entre la gran maestra y la gran inspectora:
P .— Hermana gran inspectora ¿sois aprendiz masona?
R .— Así lo creo, gran maestra.
P .— ¿Por qué decís, así lo creo?
R .— Porque es propio de la 'prudencia humana dudar
de t o d o , y una aprendiz no está segura de nada.
P .— ¿Cómo habéis sido introducida en la logia?
R .— Por cinco golpes y los ojos vendados...
P .— ¿Cuál es el deber de masones y masonas?
R .— Escuchar, obedecer, trabajar y callar acerca de
todos los misterios de la orden.
En el entretanto el hermano orador conduce á la postu­
lanta á la cámara de reflexiones, y allí solo con sola le ven*
da los ojos y le echa un discurso patético sobre la virtud
y la caridad entendidas al estilo masónico: luego, llamando
á la puerta de la logia con cinco golpes, contestados de
adentro por la hermana introductora con otros cinco, y una
vez admitida la candidata á mano alzada de los concurren­
tes, le ata las manos con una cadena de hierro blanco y la
introduce. El gran maestro le increpa su imprudencia en
uitrar sola y desamparada donde su pudor podría correr
viesgo; la hace confiar en la virtud y amistad de los her­
manos y hermanas (¡qué virtud y qué clase de amistad!),
y la exhorta á despreciar las preocupaciones y á huir el ar­
tificio y la mentira.— «¿Persistes en la resolución de ser
iniciada y de ser una mujer fuerte y valerosa (para pasar
por todo)?— Sí.— Queridos hermanos y hermanas, abrámos­
l e la puerta de la virtud: soltadle los hierros: quien entra
en nuestros templos, ha de ser libre.»
La puerta de la virtud: sí, de la virtud, que sabe re­
glarnos «en los placeres del amor,» advierte Ragon; de la
virtud opuesta á la castidad absoluta, castidad reprobada
por los Hermanos y Hermanas, como «contraria al voto ó
aspiración de la naturaleza y que cesa de ser una virtud
social,» observa el mismo Ragon (1). La puerta de la vir­

il) Manuel complet de la maconnerie d’Adoption, que hemos venido


citando en toda esta revoltura andrógina.
tíid: encima de la cual lo primero que ve la postulanta, en
ciertas logias á lo menos, es el retrato de Mad. de G-enlis,
la Madre do la Iglesia, que la llama Ragon, aquel tipo ó
modelo de virtud, que siendo la manceba de Felipe Igual­
dad, hacía de aya de los hijos de su querido, afrentando á
la duquesa de Orleans en el mismo Palacio Real, donde la
desvergonzada cortesana vivía al lado de la esposa legíti -
ma. ¡La puerta de la virtud! ¡Vaya una virtud! Recuerden
nuestros lectores lo expuesto acerca de la moral masónica:
en el caló de la secta, virtud quiere decir placer y tres más:
lo demostramos palmariamente con los textos de los docto­
res de la familia, Ni nos venga nadie con gatatumbas y
gazmoñerías de semejante virtud, que es pura liviandad,
lujuria disfrazada y encubierta, satisfacción y hartura de la
naturaleza ó apetito salvaje y animal, para hablar en el
conocido lenguaje de ellos mismos. Unicamente á los cán­
didos por todo extremo y rayanos en idiotas, podrá suges­
tionar la repetición semejante, meliflua y laudatoria del
nombre de esa virtud, que Dios confunda desde ahora, como
la ha de confundir solemnísimamente más tarde en presen­
cia de toda'la humanidad junta. Y valga esta advertencia
por cien, por mil y por todas, para que ningún hombre de
juicio caiga en el lazo y garatusa de la más refinada, mejor
sostenida y más impenitente hipocresía. Concluyamos con
nuestra despreocupada, fuerte, valerosa y virtuosa apren­
diz masona.
Juramento, de rodillas ante el altar del gran maestre y
gran maestra.— «En presencia del Oran Arquitecto del
Universo (la estrella flamígera de cinco puntos que está
encima del altar)... Prometo y juro solemnemente guardar
y reservar en mi corazón los secretos de los m a s o n e s y de
la masonería que se me van á confiar; bajo pena de ser
deshonrada y despreciada... descienda á mi corazón una
porción del espíritu divino, etc .»
Signos y palabras.— «Palabra de pase: E v a , que en he­
breo es Havahy la vida.» Los masones cantan:
«Ni cuite, ni Prfitres, ni Rois;
Car la nouvelle Eve, e’est toi.»
Y nota Dom Benoit: «La nueva Eva de los cristianos es
Haría la Virgen: la de los masones iniciados es la mujer
Ubre. 11
Palabra sagrada: « F e ix f e a x , que se interpreta, Aca­
demia ó escuela de la virtud.» Para los iniciados, f e i x es
femina fc lix , mujer feliz; y f e a x es femina f a z , mujer
antorcha, mujer que arde y hace arder;» añade Dom B e-
noit.
«Ahora, concluye el gran maestre, voy á cambiaros el
nombre de señora por el de hermana, dándoos el beso de
paz.» Luego abraza á la hermana cinco veces muy respe­
tuosamente.
Por último el venerable la obsequia con un mandil y con
un par de guantes blancos, y la depositaría con otro par pa­
ra hombres, que ella «no habrá de entregar sino á un su­
jeto experimentado, se le dice, digno de vos y de nosotros, »
masón por consiguiente.
Todo sacado del Manuel des franc-maconnes ou la mui
Maconnerie d'adoption, por un caballero de todas las Ór­
denes masónicas, Gruillermain de Saint-Victor.
Grado de compañera.— En la cámara de reflexiones, so­
lo con sola la iniciada y el orador; el cual la exhorta á so­
meterse á todas las pruebas, y le pide la liga izquierda.
Catecismo oficial con los comentarios de Dom Benoit:
uP.— ¿Eres compañera%
R.— Dame una m a n z a n a y lo verás (entrega un compa-
iiv.ro á mi pasión y te convencerás).
P.— ¿Cómo te hicistes compaueraí
R .— Poruña fruta y un lazo ó vínculo. (En sentido su­
perficial: por la orden masónica y mi entrada en ella: en un
sentido más hondo: por el fru to del á r b o l d e l a l i b e r t a d
y mi participación de ese fru to).
P.— ¿Qué significa esa fruta?
R.— El conocimiento del bien y del mal (en sentido su­
perficial: la luz masónica: en sentido más hondo: el goce de
hs placeres sensuales).
P.— ¿Cómo por una fruta?
R.— Haciéndomela morder sin tragar la s e m i l l a .
P .— ¿Por qué está prohibido á las compañeras comer las
semillas de la manzana?
R .— Porque contienen el germen del fruto vedado (infa­
mia é impiedad: el fruto vedado, según ellos, por Dios son
los hijos, á pesar de la palabra divina: Orescite et multi-
¡üicamini),
P.— ¿Qué representa ese fruto?
R .— La suavidad de carácter del verdadero masón (del
que practica la moral de los antiguos maniqueos).
P .— ¿Qué representa el vínculo?
R,.— La unión de la m a t e r n i d a d (en el sentido inmoral
de la secta),
P ,— ¿Cuál es el estado de una masona?
R .— El de ser feliz (ó Ubre, feix feax), destino para el
cual hemos sido creadas nosotras. (De suerte que las espo­
sas, las madres de familia tienen un destino contrario á la
naturaleza, como opuesto á la libertad de los goces).
P .— ¿Cómo se llega á esa felicidad?
R .— Con el auxilio del á rb ol d e l medio (en sentido su­
perficial: con el auxilio de la masonería: en sentido más
hondo: por medio de los goces impúdicos).
P .— ¿Qué significa ese árbol?
R .— La masonería...» Aquí el catecismo corta en seco la
alegoría para no acabar de clarearse ó desvergonzarse.
La síntesis, bien que algo imperfecta, de esta enseñanza
masónica, se eneierra en unos versos de un canto fraternal:

«Deux sexes m is
Ont les verlm pour interprétes...
Notre ordre ckarmant
Fait écloire le sentiment.

El gran maestre.— «Querida hermana, no te precipites.


Sepas que si cometieses una sola flaqueza, no nos sería lí­
cito admitirte entre nosotros.»
Confirmación dramática de la misma doctrina:
En el precedente coloquio se hablaba de manzana, de
fru to, de árbol de la ciencia del bien y del mal. Ahora la
interesante doctrina va á ponerse en acción.
En un gabinete adjunto ó en un rineón de la logia, cuida­
dosamente dispuesto, pero oculto á la vista, hase formado
un jardín en miniatura. En medio de un cuadro de verde
grama álzase un altarcito adornado con pinturas, una de las
cuales representa á Adán y Eva en el paraíso terrenal. De­
lante de ella vese un árbol hecho con ramas artificiales ó
naturales, de las cuales penden unas manzanas, y por el
tronco parece trepar una serpiente figurada, de cuya boca
sale la afilada lengua, movible por medio de un resorte.
El hermano inspector conduce á la hermana postulanta á
ese edén para que allí medite, y se larga. En seguida uno
que estaba allí en acecho bríndale á ella una manzana, y le
persuade que de no comerla no se la admitirá... Apenas ha
hincado los dientes en la fruta, desátase el trueno y el gra­
nizo, descórrese la cortina que separaba este lugar de la lo­
gia, escabúllese muy listo el tentador, y el orador, que no
andaba lejos, va con pasos precipitados, toma por el brazo
á la eandidata, y soltándole la venda, le grita: «Desgracia­
da ¿qué has hecho? Te has dejado seducir por ese monstruo
(y se hace mover la cabeza de la serpiente), atento nada
más á corromper tu inocencia. ¿Qué recompensa puedes es -
perar de semejante flaqueza?
La manzana mordida es llevada al gran maestro, el cual
manda colocar á la neófita delante de un transparente en
que se lee esta inscripción: E l crimen venció á la inocen­
cia, Luego pregunta aquel á la asamblea: Hermanos &qué
debo hacerí Y el inspector responde: Consultar á vuestra
mMduría y cumplir nuestras leyes. Replica el gran maes-
iré: Ya os entiendo. Y dirigiéndose á la iniciada le dice:
“ Por grande que haya sido tu falta, la indulgencia, que
constituye la lase de nuestra sociedad, no me permite r e ­
convenirte más por ella. Y para que conozcas por entero
el carácter de los verdaderos masones, persuadidos como
están de las flaquezas de la. humanidad, entiende que to­
dos los hermanos y hermanas aquí presentes, y yo el pri­
mero de todos, te perdono, con la condición de prestar, en
la presencia nuestra y ante este altar, juramento auténtico
de nunca usar de otra venganza respecto de cuantos til
conozcas culpables. ¿Lo prometes?— Sí, contesta ella en me­
dio de los aplausos de los hermanos y hermanas, y por cinco
pasos es llevada ante el altar, donde jura guardar secreto,
«o comer jamás la semilla de la manzana, por cuanto
contiene el germen del fruto vedado, y dormir aquella no­
che puesta Ja liga que le va á ser entregada. El gran maes­
tro le entrega, en efecto, una liga de satín azul con forro
del mismo color, y que tiene inscrita esta divisa: Silencio
y virtud: diciéndola: Recibe esta liga como emblema de
perfecta amistad. Luego con una pasta aguada le sella los
labios, que jamás los abra para hacer la más mínima alu­
sión á los secretos y reuniones de los hermanos.
La palabra de p*se es Lamma Sabacthani, que el ritual
interpreta así: Señor, si yo pequé es porque me abando­
nasteis (¡horrorosa blasfemia!). La palabra de pase es Bel-
ba, uanagrama de Babel, que significa confusión, anar­
quía, nada de cierto.»
La licencia, ¿ada á la compañera, de comer la manzana,
pero no la semilla, es continuación ó imitación de las cos­
tumbres de los gnósticos, los cuales, según denuncia San
Epifanio: « Qv/m inter se venerem exerceant, liberos tomen
siiscipcre prolúbent; non enim prolis studio, sed ni U-
bidini suce serviant, ei corruptehe vacant.
Grado de maestra. — Desde luego, por un tablón ó plancha
ligeramente inclinada, se hace subir á la postulanta á una
torrecita de un pie de alto, y destapándole bruscamente los
ojos, la colocan frente á frente del gran maestro, la tratan
de temeraria, y unos hermanos, sosteniéndola por los soba­
cos, la bajan de la torre y le hacen leer la inscripción: T o­
rre de Babel, monumento del orgullo. La mandan descal­
zarse, y descalza dar cinco pasos sobre el tapete hasta lle­
gar al altar, donde de rodillas hace el juramento de maes­
tra, casi idéntico al de la aprendiz, y pasa al taller de
maestra.
El orador se va con ella al gabinete de reflexiones, y allí,
.solo con solat la prepara, le venda los ojos y la introduce
para ejecutar un trabajo que ha de acreditar su mereci­
miento. Armándola de un cincel en la mano izquierda y un
martillo en la derecha, la mandan dar cuatro golpes en los
ángulos de una caja de hierro blanco pintado, y el quinto
sobre un resorte que está en medio, y ábrese la caja. Abier­
ta ésta, el orador mira adentro, y mostrando á la iniciada el
corazón inflamado que se halla en el fondo, la dice: «Queri­
da hermana, mira el corazón que tu trabajo ha producido.»
Felicítala el venerable, luego se la hace caminar sobre una
escalera de cinco escalones, tendida en el suelo, dándole la
mano el inspector y colocando ella los dos pies sobre cada
escalón, hasta que llegada al quinto el inspector anuncia al
venerable que la neófita alcanzó ya la cumbre de la feli­
cidad.
El gran maestro, tomándola por la mano, la condecora
con el dije del grado, que es la llana ó cuchara de albañil,
símbolo de un alma valerosa y dueña de sí misma; la abra­
za cinco ó tres veces, según sea el manual, muy respetuo­
samente; le da el signo de carácter; después el signo de to­
que, que se hace presentándose mutuamente los dedos ín­
dice y del coraz6n de la mano derecha y empalmándolos, y
luego apoyando primero el uno y después el otro, el dedo
pulgar sobre los cuatro dedos juntos cerca de la uña, lo que
da el número sagrado de cinco. La palabra de pase es otra
vez Babel ó Eva, según sea el manual, y la palabra sagra­
da es Havoth Jair, que se interpreta: la resplandeciente
luz de la verdad me ha despejado ó abierto los ojos .— A
esa desgraciada la vista de aquel corazón inflamado con to­
do lo demás, le abriría y despabilaría los ojos.
Brindis, bailoteo y canto: de éste vaya una copla:

«Par cinq fois se donne un baiser;


Ce point-ce m ’embarrase:
Je ne sais comment les placer;
Intmisez-moi de grace,
Sur chaqué joue un, c’est bien deux,
Si j ’en crois mon Barróme;
Deux autres vont chercher les yeux,.
Oú. placer le cinquicme?»

Maestra perfecta.— El altar del gran maestro presenta


dos columnas; una iluminada á un lado y otra obscura al
otro: simbolizan el dogma maniqueo de los dos principios y
forman como el vestíbulo de todas las logias. Otro altar, el
del fuego, que es la quinta esencia universal, el dios de
los masones llamado también Pan (Todo), cuya principal
manifestación entre los maniqueos era el sol y la segunda
MASONERÍA, T . I .— 555
la luna, figurados siempre en las logias de hombres y de
mujeres. Sobre este altar hay otra caja, en cuyo fondo en
vez del corazón inflamado hay cuatro palabras expresivas ds
11 Gnosis. Hermanos y hermanas llevan en la mano varitas ó
carrizos, en memoria de los que sirvieron para dar muerte
á Manes, y el orador inciensa al Dios Pan , mientras la
iniciada presta el juramento. Se le desata la cadena en se­
ñal de su entera libertad; se le hace leer las palabras sa­
gradas de la caja: verdad., libertad, celo y prudencia; y
después de haberla condecorado con dos ligas azules, en las
cuales se lee: La virtud nos une, el cielo nos recompensa:
la mandan dar libertad, como símbolo de la suya propia, á
un pajarito cautivo dentro de un vaso puesto boca abajo, en
que no había advertido antes, y ahora se fija en él por es -
tas palabras del presidente: «Levanta ese vaso, querida
hermana, y goza el placer del alma virtuosa en hacer
felices á otros. Ya ves que la libertad es un bien que el
Creador del universo ha concedido por igual d todos ios
seres...»
El catecismo del grado añade, entre otras cosas, que por
logia debe entenderse una reunión de personas, que sobre­
poniéndose al orgullo y á las preocupaciones, no reconocen
ninguna distinción entre si (madre, padre, hijo, hija), y
practican en silencio la ley de la naturaleza (masónica, tal
como se ha explicado); y que por fin la palabra de pase.
A bara ó casa de tránsito, significa que «la tierra es para
nosotros un lugar de peregrinación, donde nuestro espíritu
vivificante debe merecer, en premio de svl victoria sobre lo
materia (en el sentido de Saint-Martin, como patente para
entregarse á los placeres), volcer al seno de Dios , de don­
de emanó.»
Soberana sublime escocesa.— Es grado político, y sola­
mente consta en el Manual ó Retejador de todos los ritos
de Willaume, que es el más completo, en sentir del intér­
prete del Gran Oriente, Ragon. La hermana postulante hace
en ella el papel de Judit. El signo del grado es ponerse la
mano izquierda sobre la cabeza y asirse los cabellos, y coa
la mano derecha hacer el ademán de cortarse el pescuezo.
El dije es una espada ó puñalito, colgado con una rosita
verde de un cordón eseocés cruzado sobre el pecho de dere­
cha á izquierda, adornado por delante con cinco estrellas de
cinco puntas bordadas en plata. El santo y seña es: E l va­
lle de Beiania me es conocido; las palabras magistrales,
Silencio y Verdad; y el tiempo de trabajo, desde la entra­
dor de la noche al nacimiento del día .
Un periódico de Florencia, la Vera buona novella, pu­
blicó el discurso que el gran maestro dirige á la maestra
perfecta antes de conferirle este último grado, y es éste:
«Querida hermana, los errores, supersticiones y preocu­
paciones, que tal vez guardabas todavía en algún escondri­
jo de tu cerebro, se disiparon desde que te iniciamos en los
grados simbólicos de la Masonería y que la luz de la verdad
irradió en tus pupilas. En lo sucesivo has de emprender una
ol)ra ardua, pero sublime. Tu primera obligación será la
de azuzar al pueblo contra los reyes y contra los sacerdo­
tes: en el café, en el teatro y en las reuniones trabaja con
esta intención sacrosanta. Un secreto nada más me resta
descubrirte, y te lo comunicaré en voz baja, porque no ha
llegado aúQ la hora de manifestarlo al mundo profano; y es
que la autoridad monárquica, de que aparentamos nosotros
estar prendados, debe un día caer bajo nuestros golpes, y
este día no está lejos. En el entretanto la acariciamos, para
llegar sin estorbo al complemento fioal de nuestra sagrada
misión, que es la ruina total de la monarquía. ¡Levan -
¡.ate!»
Con esto cerramos la prolija enumeración, si bien todavía
incompleta, de órdenes y de grados, que juzgamos necesa­
ria para ofrecer á nuestros lectores el modo seguro de ha­
cerse perfecto cargo y sondear toda la malicia entrañada en
esa juguetona masonería, que por lo visto se reduce á una
bien organizada escuela de perdición de la mujer, aptamen­
te acomodada á los trascendentales fines de la secta; como
habrán echado de ver hasta los menos sagaces en penetrar
y rastrear la significación impía ó lúbrica de cada una de
las palabras, signos, decoraciones y escenas de esa farsa
continuada.
Una observación añadiremos por contera final, con que
poner nuestra lealtad á cubierto de cualquiera sospecha de
prejuicio 6 apasionamiento, sacudirnos la nota de nimia y
simple credulidad, y á la par cerrar la puerta á cualquiera
tergiversación y escapatoria; y es, que en nuestra larga y
por demás ingrata excursión á través ele esos mefíticos paú­
tanos y basureros de la sociedad mandilesca, ni uua sola
vez nos hemos guiado por las informaciones, algunas de
ellas quizás más ó menos admisibles, del trapacero, bufón
y petardista Taxi!; sino que paso por paso hemos caminado
asidos á los faldones de los más conspicuos y caracterizados
autores de la Hampa tripunteada, Ragon, Clavel, Willau-
me, Teissier, Guillemin, etc.; iluminados por las doctrinas
de los dos excelentes patriarcas Weishaupt y Saint-Martin,
y escrupulosamente atados á los Cuadernos Ó ceremoniales,
Rituales, Manuales y Retej adores particulares y generales
acreditados con el sello oficial de la Orden: citas y acota­
ciones que una por una podrá registrar quien guste, con
expresión del autor, libro, edición, fecha y página, en el
bien provisto arsenal del P. Deschamps, de Saint-Albin y
C* Jannet, cuyas obras hemos dado ya á conocer á nuestros
lectores con la merecida alabanza. Con el bien entendido,
que aseguramos, certificamos y apostamos formalmente,
que ningún hijo de la Viuda, ni el más listo, marrullero y
desorejado, será capaz de dar un mentís ó tachar de false­
dad ningún testimonio ó texto acotado por esos tres respe­
tables y eminentes publicistas, como ni lo hizo ninguno en
los días, en que las publicaciones de estos ilustres escrito­
res desenmascaraban y abrasaban á la masonería entera, ni
lo han hecho después.
Otra cosa será, si los maleantes hermanos, para quitar­
se de encima la inevitable deshonra y marea de ignominia
que los señala al desprecio y justo horror de los creyentes y
de toda la gente bien nacida, alegan que en las logias mu­
jeriles no se practica hoy lo que antes se practicaba, ó que
los libros oficiales de antaño han sido reformados. A lo cual,
sea verdad ó sea mentira, pues eres turco y no te creo,
dado que no se cansan ellos de enseñar que la mentira es
una virtud, siempre que les trae provecho ó les tiene cuen­
ta; á lo cual, digo, hay mucho qué replicar. ¿No pueden
haberse reformado algunos libros para noticia ó conocimieii'
to de los profanos, que adrede se procure, mientras para el
uso ó práctica de los verdaderos iniciados se reserve la edi­
ción antigua, guardada bajo siete llaves, que es proceder
característico de la artería de esos hombres? Además haya­
se efectuado ó no esa reforma ¿quién nos entera de la rea­
lidad de lo que haya pasado en aquellos antros inaccesibles?
¿será