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Unidad 2 - Paso 3 - Fase 2: Trabajo colaborativo 2

Maria Margarita Ramos

Yanith Brito Romero. Código: 36.573.933

Ana Cecilia Mendoza

Viviana Velazco

Astrid Milena García

Tutor: Carlos Mauricio Andrade.

UNIVERSIDAD NACIONAL ABIERTA Y A DISTANCIA - UNAD

ESCUELA DE CIENCIAS, SOCIALES, ARTES Y HUMANIDADES ECSAH.

PROGRAMA DE PSICOLOGIA.

VALLEDUPAR 2017
Introducción

En este trabajo tuvimos la oportunidad de hacer aportes individuales, donde se evidencio


participación y responsabilidad del grupo, socialización de la síntesis de las 2 fuentes consultadas
y preguntas sobre la variable “resolución de conflictos” que nos permitió analizar y comprender
las fases iniciales de un instrumento de medida en psicologia, realizando la fundamentación,
diseño y construcción de un instrumento que evalué el conocimiento acorde al tema
seleccionado. Adquiriendo de esta forma un aprendizaje significativo sobre la solución, como
proceso transformador de relaciones en conflicto.

Analizar y comprender a la luz de las teorías, las características significativas de la variable


asignada, nos permitió indagar sobre los aspectos que se presentan en cuanto al desarrollo de un
conflicto, las causas y consecuencias de este y las posibles soluciones.

Toda metodología basada en el aprendizaje significativo, permite la comprensión sobre lo que es


importante y lo que queremos aprender.
Marco teórico

“resolución de conflictos”

El conflicto se concibe como una parte de la vida y que día a día enfrentamos los seres humanos,
encontrar una resolución pacífica al conflicto requiere de la inversión de esfuerzos y voluntades
para evitar actos violentos, considerando que son válidas las distintas formas de pensar y los
desacuerdos, pero no el ejercicio de la violencia. Estos conceptos de paz, violencia y conflictos
son estudiados por Johan Galtung, quien aporta una perspectiva positiva del conflicto, viéndolo
como una fuerza motivadora de cambio personal y social.

En Galtung está claro el principio: Una teoría de conflictos, no sólo debe reconocer si los
conflictos son buenos o malos; esta deberá fundamentalmente ofrecer mecanismos para
entenderlos lógicamente, criterios científicos para analizarlos así como metodologías
(creatividad, empatía y no violencia) para transformarlos (2003).

Para Lederach El conflicto es una paradoja, porque supone una interacción entre dos adversarios
que compiten por sus intereses, pero que a la vez han de cooperar para llegar a acuerdos, esta
interdependencia nos hace ver el conflicto como primordial y necesario para el crecimiento de la
persona (2000).

El conflicto lo ve el ser humano como una situación cotidiana, que generalmente se confunde
con el concepto de violencia, usándose de manera deliberada como sinónimos, sin embargo,
tienen significados totalmente diferentes; el conflicto, a diferencia de la violencia, favorece el
progreso, por esa razón Vinyamata (2005) refiere que es necesario trabajarlo en las escuelas:
“Los conflictos son el motor y la expresión de las relaciones humanas. Es por esto que en
educación aboguemos por educar desde el conflicto como recurso de aprendizaje” (Vinyamata,
2005; Binaburo, 2007).
Por otra parte Torrego, respecto a la relación entre conflicto y convivencia, expone que: Se
puede entender la convivencia como un proceso creativo y respetuoso con las partes, ya sea
previendo su producción, ya sea evitando su escalada [del conflicto] cuando éstos se han
producido (2001).

Empatía y resolución de conflictos durante la infancia y la adolescencia.

Los estudios que han explorado diferencias de género en los estilos de resolución de conflictos
entre iguales durante la adolescencia han encontrado que las chicas tienen puntuaciones
superiores en habilidades de comunicación para resolver conflictos (Black, 2000), son más
precisas en la percepción del conflicto (Haugen, 2007), tienden a usar más estrategias
cooperativas de resolución (Alexander, 2001), tienen más habilidades relacionadas con la
empatía (Taylor, Liang, Tracy, Williams & Seigle, 2002), mayores puntuaciones en las
estrategias de resolución basadas en la transigencia y el compromiso (Owens, Daly & Slee,
2005), y usan más un estilo de resolución cooperativo, mientras que los chicos emplean más un
estilo agresivo (Laca, Alzate, Sánchez, Verdugo & Guzmán, 2006). Estos resultados sugieren la
hipótesis de la diferenciación de género que también se ha observado en los estudios sobre
empatía (Carlo, Hausmann, Christiansen & Randall, 2003; Eisenberg, Zhou & Koller, 2001;
Keung Ma, 2005; McMahon, Vernsman & Parnes, 2006; Toussaint & Webb, 2005),
observándose respuestas menos agresivas en mujeres que en varones ante conflictos de relación
social entre iguales.

Resolución de conflictos en las aulas.

La escuela como institución socializadora debe responder a las demandas de la sociedad.

La conflictividad es uno de los problemas ejes de nuestro tiempo. Junto con otros temas como el
medio ambiente y la globalización, constituye una preocupación creciente. Este milenio se
caracteriza por un profundo proceso de transformación social, lo que está originando fuertes
sentimientos de incertidumbre, tanto a nivel individual como colectivo. Se han incrementado los
comportamientos agresivos y violentos entre los niños, adolescentes y jóvenes de nuestras
escuelas.
Existen conductas que alteran la vida de los grupos, tales como la violencia, insultos, destrozos,
robos, palabras altisonantes, etc. Se ha convertido en algo cotidiano por lo que se considera un
problema social. La escuela es, tan sólo, un reflejo de la sociedad, es un microsistema dentro del
macro sistema social, en la que se reflejan como en un espejo todos sus comportamientos.

Estas conductas reiteradas pueden llegar a producir lesiones físicas y psíquicas, en ocasiones
irreparables.

En los últimos años, se ha podido constatar cómo ha ido aumentando el número de alumnos
procedentes de otras culturas, con normas y patrones de convivencia diferentes.

Este hecho enriquece la diversidad cultural pero, a la vez, a nadie se le escapa, que la
convivencia es más difícil en una cultura heterogénea que en una cultura homogénea, las
relaciones humanas en los centros escolares son cada vez más complejas y los conflictos surgen
con mayor facilidad.

Los conflictos y la violencia en los centros escolares no suelen responder a una causa única, sino
que se trata de un problema proveniente de una etiología múltiple. Se trata de una situación
multicausal, producida por el entrelazado de las relaciones humanas, puesto que los problemas
que mayor repercusión tienen en la vida de las personas son los más complejos y difíciles de
resolver. El conflicto es inherente a la condición humana.

Es importante afrontarlos e intentar resolverlos en el momento en que se producen y no esperar


que se resuelvan por sí mismos o que el tiempo se encargue de resolverlos. Si se prolongan en el
tiempo éstos seguirán aumentando como una bola de nieve, y afectará no sólo a las personas
implicadas en un primer momento, sino que se proyectará en las relaciones de otros miembros de
la comunidad. En muchas ocasiones, la discusión o “lo que hace saltar la chispa” no refleja el
problema planteado en el momento, sino que tiene su origen en conflictos anteriores no resueltos.

La conciliación como proceso transformador de relaciones en conflicto.


Roldán (2007), expresa que los conceptos de solución y resolución deben asumirse diferentes. El
primero hace alusión a la solución de problemas; sin embargo, este pierde la perspectiva del
conflicto y no va más allá del hecho de que el conflicto no es solo una situación problemática.

El Enfoque de “resolución” solo apunta al tratamiento del asunto (Bush y Folger, 1994) o a la
simple terminación de un conflicto (Lederach, 1998: 221), mientras que desde el enfoque
trasformativo, resaltamos, el tratamiento del conflicto señala el valor de alcanzar una forma
genuinamente positiva de conducta humana: la fuerza compasiva, mediante el necesario ejercicio
del esfuerzo moral de parte de un individuo para pasar de un estado de debilidad o egoísmo, a
uno de fuerza y compasión.

En el tratamiento o resolución de conflictos, se debe tener en cuenta la teoría de reconocimiento


del otro, que permite asumir al otro en una entidad tal que su reconocimiento es igual al yo
(Roldán, 2007). Respecto de esta teoría, como bien lo apuntan Bush y Folger (1994), en su
fundamentación del enfoque de mediación transformativo, no se puede dejar de lado
precisamente la otra cara de la moneda, la revalorización o la valía propia de cada una de las
personas vinculadas con el conflicto.

Ripol-Millet (2001) anota que el tratamiento del conflicto, desde la perspectiva transformativa,
es una oportunidad para lograr dos objetivos fundamentales para la madurez y el crecimiento
personal.

Para Vinyamata (2000), los conflictos forman parte de una manera de hacer, de una historia y de
una percepción y actitud concretas. Contribuir a modificar la percepción personal del entorno
que se habita puede significar empezar a cambiar el curso de los acontecimientos.

En casi todas las respuestas dadas, las partes expresan que la mejor forma de afrontar o darles
solución a los conflictos es el diálogo, pero la realidad muestra lo contrario, pues generalmente
asumen una actitud que niega lo dicho y que evidencia el desconocimiento o la ignorancia que
tienen sobre la comunicación. Es decir, más que hablar y escuchar, lo que hacen es denostar y
descalificar al otro. (Montoya, Salinas, Osorio & Martínez, 2011).

Estrategias de resolución de conflictos en la pareja.


En los últimos años hemos notado un incremento de estudios relacionados con la convivencia y
el conflicto familiar, también el interés por los nuevos modelos de relación intrafamiliar,
intentando fomentar los valores de equidad, justicia y respeto mutuo en las relaciones familiares
(Maganto, Etxeberria y Porcel, 2010). Desde estos parámetros se pretende conseguir acuerdos y
compromisos como estrategias para la resolución de conflictos. (Meil, 2005).

Los conflictos cotidianos se entienden como situaciones en las que existen desacuerdos entre la
pareja o los integrantes de la familia (Rodrigo et al., 2005; Correa, Rodríguez y Ceballos, 2013).

Si analizamos el conflicto que suelen enfrentar las parejas son: las finanzas, cuidado de los hijos
y personas dependientes, labores del hogar, el estilo de vida, el ocio y tiempo libre, relaciones
familiares, la sexualidad y la comunicación e insatisfacción en la pareja (Luján, 2006; Oggins,
2003; Musitu y Cava, 2001).

Las estrategias de resolución que las parejas adoptan son cruciales para ayudar en su proyecto
familiar y el bienestar de sus miembros (Bradbury et al., 2000; Wheeler, Updegraff y Thayer,
2010).

El uso frecuente de ataques hacia el otro, hacer demandas, controlar o rechazar el conflicto
incrementan la insatisfacción marital, también son predictores de ruptura la elevada frecuencia
de críticas, rivalidad y acciones para hacer daño a la pareja (Birditt et al., 2010). Así como de
conflictos no resueltos (Samani, 2008)) y la carencia de habilidades sociales y de comunicación
(Askari, 2012).

El impacto del conflicto interparentales en el desarrollo de los hijos, alertan de como el uso de
estrategias destructivas en los padres afecta a la interacción con sus hijos; (Cummings y Davies,
2010): mayor ineficacia en las pautas educativas, descenso en la calidad emocional de las
relaciones (López, Escudero y Cummings, 2009; Justicia y Cantón, 2011), y escasa percepción
de apoyo parental y ajuste escolar (Musitu, Martínez y Murgui, 2006), entre otros efectos a corto
y largo plazo.

Canary y Cupacho (1988) ya habían clasificado las estrategias de resolución de conflictos en la


pareja en tres grandes categorías: integrativas, es cuando la pareja negocia sobre el problema,
llegan a un acuerdo en ambas partes, distributivas, este tipo de estrategias producen una
escalada en el conflicto que puede tornarlo en destructivo, evitación-rechazo no suelen ser de
confrontación directa, pero se perciben como negativas al entender que la otra parte ignora,
rechaza el problema, o bien se mostraría competitivo/a en caso de abrirse la discusión..

Kurdek (1994) analiza los estilos de resolución de conflictos en diferentes tipos de parejas
haciendo referencia a cuatro estilos: la resolución positiva: basada en comprender la posición
del otro y el uso de tácticas de argumentación o razonamiento constructivo para alcanzar
compromisos y negociar; el estilo combativo: caracterizado por comportamientos verbalmente
abusivos, enfados, ataques, estar a la defensiva, y perder el autocontrol; el estilo de evasión o
retirada :que implica el rechazo y la evitación del problema, negándose a hablar, y yéndose del
lugar; y finalmente, el estilo de obediencia: en el que se acepta la solución del otro sin discutirla
o sin defender la posición propia.

(Hojjat, 2000): Estrategias positivas-activas, en las que las parejas tratan de resolver el conflicto
con una búsqueda equitativa de soluciones: exponen el problema, lo analizan e intentan alcanzar
una solución de aceptación mutua; estrategias positivas-pasivas, en las que las parejas están
interesadas en la búsqueda de una salida equitativa, pero se muestran pasivos para resolver el
problema: ignoran el conflicto, no dicen nada negativo al compañero/a, se muestran callados/as.

Es habitual que dentro de una misma familia coexistan diferentes visiones de los conflicto
(Rinaldi y Howe, 2003), pues el hecho de mantener una relación íntima no garantiza el acuerdo
(Acitelli et al., 1993) ni el uso de las mismas estrategias de resolución de conflictos (Canary y
Spitzberg, 1987).

Las distintas percepciones acerca de un mismo conflicto crean una distancia cognitiva y
emocional que incrementa las dificultades para alcanzar acuerdos. Por ejemplo, el reparto de las
tareas domésticas y familiares, que es percibida por la mujer como desigualdad, mientras que los
hombres suelen utilizar estrategias de evitación o rechazo (Kluwer, Heesink y Van de Vliert,
1996).

Si vemos la falta de control emocional hace parte en los conflictos, dificultando las
estrategias constructivas para alcanzar acuerdos. Papp, Cummings y Goeke-Morey (2009),
analizando la gestión de los conflictos sobre el dinero, encuentran que este tema de discusión es
relevante, recurrente y estresante.
Ambos miembros de la pareja expresan emociones negativas asociadas al conflicto (rechazo,
enfado, temor, e inseguridad), más intensamente localizadas en la pareja masculina (hostilidad,
enfado, e insultos). Estos componentes emocionales negativos explican que en la mayoría de las
ocasiones no se logren acuerdos, y que queden aplazados hasta una nueva discusión.

Análisis y resolución de conflictos desde una dimensión psicosocial.

Galtung (future 2006) en su perspectiva sobre los conflictos explica que la mejor técnica para
resolver un conflicto es el dialogo, pero para que esto pueda llevarse a cabo es necesario la
empatía aceptar la no violencia y creatividad en búsqueda de soluciones.
Establecer el objetivo u objetivos de la prueba (medir conocimiento
sobre la variable asignada)
Especificar las posibles restricciones de la prueba (en cuanto a la
muestra, edades, estratos, nivel de estudios, género, número de
sujetos colaboradores).
Construir un plan detallado de la prueba y de su posible aplicación
(pasos a seguir, instrucciones previas que se le darán a los
participantes e instrucciones escritas)
Construir 30 preguntas o ítems evaluando el conocimiento de
posibles participantes sobre el tema asignado, utilizando preguntas
de selección múltiple con única respuesta y/o de selección múltiple
con múltiple respuesta.
Referencias bibliográficas

Garaigordobil, Maite, & Maganto, Carmen. (2011). Empatía y resolución de conflictos durante la
infancia y la adolescencia: Revista Latinoamericana de Psicología, 43(2), 255-266. Recuperado
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