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LA TAREA PASTORAL

Por: Rev. Lic. Jorge Bravo C.

INTRODUCCIÓN

I. FUNDAMENTACIÓN DE LA PASTORAL

1. Definición.

2. La Pastoral en la Biblia.

3. Bases teológicas del ministerio pastoral.

4. El marco de la pastoral.

II. PASTORAL PERSONAL

1. La tarea pastoral hacia los demás y hacia uno mismo.

2. La comunicación en la pastoral.

3. El encuentro cara a cara.

4. El aporte del Pastor(a) en la entrevista.

III. PSICOLOGÍA PASTORAL

1. Análisis de la Iglesia como institución.

2. Psicoterapia y fe cristiana.

3. La salud del encargado(a) de la pastoral.

4. La tarea pastoral de Jesús.

IV. PASTORAL Y SALUD

1. La psicopatología y la pastoral.

2. Concepto de enfermedad y salud.

3. Tipos de enfermedades.

4. Curación por la fe.


5. Visitación y contactos.

6. La pastoral ante la muerte.

V. PASTORAL A DIVERSAS EDADES

1. Niñez

2. Adolescencia.

3. Juventud.

4. Adultez.

5. Tercera edad.

6. La tarea con parejas.

INTRODUCCIÓN

Muchas veces nos preguntamos qué es la tarea pastoral y en qué consiste. Inclusive algunos
pastores o laicos ejercen la función pastoral, y aun así, no tienen claro en qué consiste. Desde
mi experiencia personal, puedo decir que, cuando estaba realizando mis estudios teológicos
en el seminario de ISEDET (Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos) y mis
prácticas pastorales en las iglesias locales de la Iglesia Evangélica Metodista de Argentina,
surgió la inquietud de escribir acerca de este tema.

Ahora bien, toda pastoral es desde ya un ministerio en el seno de la Iglesia, es decir, en la


comunidad de fe cristiana. Es un servicio fraternal hecho en y por Jesucristo, con el propósito
de ayudar al prójimo, en las áreas: espiritual, existencial, social, cultural y de salud. La
pastoral, como fin supremo, tiene el propósito de generar la conversión de la persona o
personas a Jesucristo, buscando lograr en ella o ellas una vida nueva, una nueva dimensión
de su humanidad con respecto al reino de Dios, para que puedan alcanzar y gozar la plenitud
de la vida.

De ahí que, este estudio tiene como objetivo abordar cinco áreas en el ejercicio de la pastoral,
a saber:

- Fundamentación de la pastoral.

- Pastoral personal.

- Psicología pastoral.
- Pastoral y salud.

- Pastoral a diversas edades.

En cada área se tendrá en cuenta diversos aspectos propios de cada tema a desarrollarse. Se
espera que este estudio sea un aporte a la tarea pastoral y pueda ser enriquecido con las
experiencias propias que se logren con la práctica de la misma, con la ayuda del Espíritu
Santo. Desde ya, agradezco a mis profesores, pastores y hermanos que me ayudaron a
entender mejor este ministerio pastoral. Pongo a disposición de la comunidad de fe este
trabajo y espero que sea de mucha ayuda.

I FUNDAMENTACIÓN DE LA PASTORAL

1. Definición.

La pastoral es un ministerio, servicio o área de trabajo en la iglesia. Es un servicio fraternal


hecho en y por Jesucristo a favor de nuestro prójimo. Tiene como propósito, generar la
conversión de la persona o personas a Jesucristo, buscando lograr en ella o ellas una vida
nueva, una nueva dimensión de su humanidad con respecto al reino de Dios, para que
puedan alcanzar y gozar la plenitud de la vida.

Para ejercer la pastoral se requiere las siguientes condiciones:

 Capacidad para el cuidado personal, interés, preocupación, seguimiento.


 Capacidad de asesorar, dirigir, estimular, impulsar, discernir dónde está el otro.
 Tener en cuenta que la relación debe ser interpersonal, humanizante.
 Considerar que el centro de la pastoral es la personalidad humana, y que ésta es
íntegra, global, e inagotable.

Todos los que estamos en el quehacer pastoral somos "siervos del Señor". En la Biblia
encontramos esta condición de ser siervos:

- Mateo 12:15-21: Jesús siervo del Señor.

- Mateo 23:11: el mayor es siervo de todos.

- Mateo 24:4-46, 25:21: el siervo fiel.

- Lucas 1:38: María sierva del Señor.

- Hechos 2:17-21 (cf. Joel 2:28-32): los siervos y siervas del Señor.

- Hechos 16:17: los siervos del Dios Altísimo.

- Romanos 1:1: Pablo siervo de Jesucristo.


En Jesucristo tenemos el prototipo claro del pastor y en Él tenemos el modelo de la vocación
(Juan 10:11.14). El ministerio de Jesucristo nos describe los elementos básicos de la tarea
pastoral en el ejercicio de su pastorado:

 La disposición de servicio a los humildes.


 El afán redentor.
 La entrega personal.
 La plegaria de intercesión.
 La tarea educadora del grupo de discípulos.
 La proclamación al pueblo.
 La dimensión profética.
 El juicio sobre los acontecimientos actuales (pecado).

Todos los que ejercemos la tarea pastoral tenemos que mostrar estas actitudes
fundamentales que nos dejó el Maestro Jesucristo.

Por lo tanto el núcleo de la pastoral es el Amor de Dios.

2. La Pastoral en la Biblia.

Analizaremos algunos textos bíblicos que nos refieren este quehacer:

 1 Samuel 3: Dios llama a Samuel para castigar el pecado de Elí.


 2 Samuel 12: Natán amonesta a David.
 Ezequiel 34: Profecía contra los malos pastores.
 Mateo 9:9-13: Jesús llama a Mateo.
 Mateo 19:16-30: Jesús y el joven rico.
 Mateo 22:15-22: La cuestión del tributo.
 Marcos 5:1-20: Jesús echa fuera espíritus inmundos.
 Marcos 9:14-29: Jesús y el espíritu inmundo.
 Lucas 10:25-37: El buen samaritano.
 Juan 3:1-21: Jesús y Nicodemo.
 Juan 4: Jesús y la mujer samaritana.
 Juan 8:1-12: Jesús y la mujer adúltera.
 Juan 20:20-29: Incredulidad de Tomás.
 Juan 21:1-19: Aparición de Jesús a sus discípulos y el encargo de la tarea.

En estas citas bíblicas, ¿Qué tipo de pastoral podemos obtener?

3. Bases teológicas del ministerio pastoral.

3.1 Finalidad.

La pastoral tiene una finalidad que es exactamente a la misión que dio Jesucristo a Su Iglesia
(Mateo 28:19-20). Esta finalidad está dada en la existencia de un proyecto de Jesucristo que
es el reino de Dios y ese proyecto es extensivo, dilatado, global y total. Esta pastoral abarca la
personalidad humana y todas sus esferas.

3.2 Componentes teológicos básicos.

a. Respuesta de Jesucristo a las necesidades humanas.

 Vocación de servicio (diakonía), (Juan 13:1-17; Lucas 22:27; Marcos 10:45).


 Enfrenta al pecado en toda su dimensión que trate de obstaculizar o impedir el
propósito de Dios: la redención plena del ser humano (Lucas 4:16-21).

b. Respuesta crítica, transformación por el Evangelio.

El Señor Jesucristo hace juicio sobre las situaciones de pecado existentes (Juan 8:39-47)

Para transformar la persona humana es necesario el siguiente proceso: arrepentimiento -


perdón - redención = conversión (vida nueva).

El Evangelio debe transformar a la persona y a la sociedad, por lo que hace que la pastoral no
puede ser individualista, ni proselitista, sino que es una tarea de toda la comunidad de fe, la
iglesia.

c. Ejercicio de los dones recibidos por Dios (Romanos 12 y 1ª Corintios 12).

La tarea pastoral ha de ser ejercida por la totalidad de la comunidad de fe, la iglesia; cada uno
de sus integrantes debe hacer su aporte a esa Gran Tarea mediante el ejercicio de los dones
que le haya dado Dios. No todo creyente puede hacer cualquier cosa en la iglesia, sino
aquellas para las cuales haya sido capacitado. Todo creyente tiene algún don o carisma, que
puede y debe ponerlo al servicio del ministerio total de la comunidad cristiana. Ningún derecho
a disfrutar para sí de los dones de que haya sido investido, le asiste a quien se reconozca
siervo de Cristo; pues sabe que sobre él reposa la sagrada responsabilidad de usarlo para el
bien de toda la iglesia.

d. Contenido de la predicación.

 La misericordia de Dios.- Los evangelios nos dicen que en Cristo el móvil de Su obra
fue la compasión (Mateo 9:36). Esta compasión fue la expresión de la misericordia de
Dios y la revelación de la naturaleza de su amor (1ª Juan 4:9-10). La predicación de los
apóstoles estaba basada en el amor (Filipenses 1:8), lo que hacía posible la comunión
fraternal (koinonía). En nuestra predicación debe estar presente este gran amor de
Dios, que proviene como un don (Romanos 5:5). El móvil básico de la predicación y del
servicio, era el amor a Dios y el amor al prójimo (Mateo 22:37-40), que a su vez, era la
respuesta agradecida por haber sido hecho, primeramente, objetos del amor de Dios.
Este amor generó en los apóstoles una actitud de obediencia. Recibieron la orden (la
tarea) y la cumplieron (Marcos 16:15; Hechos 10:42; 1ª Corintios 9:16).
 La resurrección de Cristo.- Pablo en su carta a los Corintios (1ª Corintios 15:3-4.17)
declara que el fundamento de la predicación es la resurrección de Cristo, sin la cual
nuestra fe sería vana. La resurrección es el tema central de la predicación.
Cristocéntrica ha de ser la predicación bíblica. En consecuencia, la Iglesia y el
ministerio pastoral existen para la proclamación del Evangelio, para anunciar la palabra
de Dios al mundo, dar a conocer al mundo y exaltar a Cristo, proclamar su Señorío y
anunciar Su reino.

e. Hay un ministerio separado.

Dentro del ministerio general hay ministerios representativos del mismo, ejercidos por
personas llamadas por Dios, apartadas y ordenadas o consagradas por la Iglesia para
funciones específicas dentro de la misma y en su nombre. Un pastor o pastora es un miembro
de la Iglesia apartado por ella para cumplir las siguientes funciones (Cf. Art. 706 de la Const. y
Reg. De la IMP):

1. El ministerio del Culto.

2. El ministerio Docente.

3. El ministerio del Cuidado Pastoral.

4. El ministerio de la Administración.

5. El ministerio del Servicio.

En el Antiguo Testamento tenemos los antecedentes del ministerio separado en los levitas
(Números 3:3.6-12; 8:10-11; Deuteronomio 12:9; 18:1-8;) y en los sacerdotes (Génesis 14:18;
Éxodo 19:6; 28:1; Levítico 4:3).

En el Nuevo Testamento desaparecen las funciones del levita y del sacerdote, únicamente se
mantienen el profeta y en forma genérica el ministro. Jesucristo es el Ministro por excelencia
de la Iglesia, es el Supremo Pastor (1ª Pedro 5:2-4; 2:25). Vinculada al ministerio apartado,
aparece la noción de autoridad y obediencia (2ª Corintios 10:8; 13:10; Hebreos 13:17; 1ª
Pedro 5:5).

En conclusión diríamos que el ministerio separado se da por razones prácticas, ante la


necesidad de contar con personas especialmente preparadas para realizarlas; por otro lado,
es Dios quien llama a esta tarea especial, y la Iglesia reconoce este llamado (Hechos 13:2-3;
Hebreos 5:4; Efesios 3:7-9; 4:7.11-13).

4. El marco de la pastoral.

El ámbito de la pastoral es concreto; terrestre; en medio de las alegrías y el dolor; personal y


comunitario.
Si hiciéramos una radiografía del ámbito pastoral encontraremos lo siguiente:

 La complejidad y dinamizidad del medio;


 El universalismo y la aldea global;
 Las comunicaciones masivas;
 La secularización;
 La escatología vigente;
 La carencia de valores;
 El relativismo de las cosas;
 Lo empresarial antes que el servicio;
 El profesionalismo del servicio;
 El conformismo en la tarea;
 Lo estructural antes que la persona;
 El racionalismo antes que la fe.

Estos son algunos aspectos que nos pueden dar una idea del marco en el que se desarrolla la
pastoral. Para ello debemos estar preparados a enfrentar cualquier situación y saber dar una
respuesta adecuada y no evasiva. Recordemos que la palabra de Dios es para todo tiempo y
lugar; es viva y eficaz (Hebreos 4:12).

II. PASTORAL PERSONAL

1. La pastoral hacia los demás y hacia uno mismo.

La responsabilidad hacia el otro deviene desde la Creación. A Adán se le encargó la vida de


su compañera Eva y viceversa (Gen. 2:18.24-25), a Caín la vida de su hermano Abel (Génesis
4:9-10). En los diez mandamientos está planteada la responsabilidad hacia el otro (Éxodo
20:12-17). Jesucristo nos recuerda esta responsabilidad (Mateo 22:39-40; Juan 13:35; Lucas
10: 25-37).

La tarea pastoral tiene como meta principal que toda persona, cualquiera sea su condición,
alcance la plenitud de vida a través de la persona de Jesucristo. Todos tenemos que alcanzar
esa meta (Efesios 4:13).

Para que nuestro asesoramiento pastoral sea eficiente es necesario que conozcamos con
exactitud la situación de la persona hacia la cual se dirige nuestra acción pastoral. Ahora bien,
este conocimiento resulta complicado por dos razones: primero, por la complejidad de la
personalidad humana; segundo, porque el ser humano es tan dinámico que jamás llegamos a
conocer a una persona en su real dimensión. Sin embargo, es posible alcanzar un mínimo de
conocimiento que nos permita ejercer el ministerio pastoral con eficacia. Por otro lado, en esta
tarea no estamos solos, trabajamos en el nombre de Dios y Él nos asiste con su gracia. Esto
debemos tenerlo siempre en cuenta.

Todo lo anterior es muy importante para poder realizar una tarea eficaz y de calidad hacia el
otro. Sin embargo, ésta no se podrá realizar de esa manera si es que no nos colocamos
nosotros mismos como sujetos de la pastoral. Difícilmente podemos comprender a otras
personas si nosotros no hemos alcanzado una exacta comprensión de nosotros mismos. El
refrán griego: "conócete a ti mismo" refleja el interés del hombre por llegar a alcanzar un
conocimiento pleno de si mismo.

Conocernos a sí mismos, requiere de una serie de mecanismos conscientes e inconscientes


que nos permitan autoanalizarnos y llegar a saber quiénes somos realmente. Para ello es
necesario controlar nuestras emociones, tales como: el temor, la ira, el sentimiento de culpa,
los conflictos, los complejos, etc. Asimismo, experimentar en nuestras vidas el amor de Dios,
el amor cristiano, el amor al prójimo y la reconciliación. De esa manera, nuestra autoestima
estará al tope, la que nos permitirá ejercer la tarea pastoral con gozo y alegría, con eficiencia
y calidad (Colosenses 3:23-24).

2. La comunicación pastoral.

En la pastoral, la comunicación del mensaje se realiza a través de palabras, gestos y


símbolos. No hay evangelización eficaz si la comunicación del mensaje no llega a lo profundo
del ser y motiva un cambio de actitud de quien escucha el Evangelio. Hoy en día las técnicas
de la comunicación han evolucionado rápidamente y debemos adecuar nuestro trabajo
pastoral acorde a nuestros tiempos y costumbres.

Por ejemplo, ¿qué de nuestro lenguaje?. En muchos casos nuestro hablar con gente no
creyente está en otra onda; es repetitivo, monótono, puras citas bíblicas, carece de una
secuencia lógica, es improvisado muchas veces. Mejor dicho, no es el tan deseado bálsamo
para una vida agitada y angustiada. Generalmente nuestro lenguaje no es actualizado,
pareciéramos que hablamos con una generación de la década del 50. La mayoría de la
población es joven y debemos llegar a ellos con el Evangelio de acuerdo a su manera de vivir
y de expresarse. Nuestra comunicación con el mundo debe ser de tal manera que el que nos
escucha, se quede con las ganas de querer seguir oyendo la palabra de Dios.

Otro aspecto en nuestra comunicación son los gestos, muchas personas no entienden por qué
y para qué hacemos ciertos movimientos o gestos, que antes que invitar a quedarse a
escuchar, ahuyenta al no creyente; ese tipo de comunicación está bien para nuestra feligresía.

Por último, los símbolos que usemos deben ser fáciles de identificarse, que de un simple
vistazo comunique un aspecto de nuestra fe viva en Jesucristo. Es bueno tener en cuenta las
formas, los colores y la variedad.

En conclusión, diríamos que, toda comunicación es un mensaje y tiene dos direcciones: Yo-El
y El-Yo.

3. El encuentro cara a cara.

Este aspecto en la entrevista pastoral es muy importante ya que nos permite estar en contacto
con la persona quien viene en busca de una atención pastoral o en su defecto con la persona
a quien hemos ido en su búsqueda. Es en esa circunstancia en que podemos detectar la
situación real de la persona, sus angustias, tristezas, sufrimientos, enfermedades, alegrías y
aspiraciones. Podemos observar sus gestos, su manera de sentarse y conversar, sus
lágrimas sus contradicciones; sus balbuceos; sus debilidades; sus pecados; sus necesidades;
así como sus fuerzas y talentos. No es un sujeto imaginario, es un ser real. No lo hemos
extraído de algún libro de consulta, ni es alguien de quien nos han contado.

Jesucristo realizó su ministerio hablando cara a cara con las personas; caminaba de aldea en
aldea, de pozo en pozo, de ciudad en ciudad, de sinagoga en sinagoga, de campo en campo,
de barca en barca, de monte en monte. Es así como Jesús podía ver y comprobar la
verdadera realidad de quien se le acercaba. El no se imaginaba un sujeto sufriente o alegre,
con problemas o sin ellos, enfermo o lleno de salud, angustiado por su vida espiritual o
satisfecho de ella.

El peligro de la modernidad es usar todos los medios técnicos de la comunicación para


nuestras atenciones pastorales, dejando de lado el contacto personal, la visita personal de
casa en casa, en los hospitales u otro lugar. El teléfono, el correo electrónico, el Internet, el
satélite, no podrán nunca reemplazar el calor humano de una entrevista pastoral. No hay
pastoral a distancia. Nosotros tenemos que ejercer una pastoral personal. Sólo así nuestra
tarea pastoral será enriquecida y con olor a humano.

4. El aporte del Pastor(a) en la entrevista.

He aquí algunos rasgos generales de la contribución del Pastor(a) en la entrevista:

 Contacto-empático-manifiesto.- Posibilidad de ponerse en lugar del otro y tratar de


comprenderlo desde su perspectiva.
 La calidez.- El que entrevista demuestra que el otro no le resulta indiferente y siente por
él un afecto no de lástima, sino de amor.
 Clima de espontaneidad.- El pastor(a) contribuye a crear un clímax de libertad, de
creatividad y de permisividad. No significa que el que entrevista es un cómplice.
 Iniciativa.- El rol del pastor(a) es un rol esencialmente activo, que estimula la tarea y a
la persona. No significa hablar todo el momento. Hay que saber escuchar.
 Actitud docente.- Significa encuadrar la actividad de la entrevista en un marco
pedagógico, lo que implica movilizar todos los recursos didácticos para facilitar el
aprendizaje. Se debe clarificar los objetivos: ¿qué es lo que la persona necesita
modificar?. No tener actitudes paternalistas. Claridad de expresión. Claridad de
métodos. Tener en cuenta otros recursos.

En todas las entrevistas pastorales debemos tener en claro lo que esperamos obtener al estar
en contacto con la persona, de lo contrario estaremos divagando y perdiendo el verdadero
objetivo de la entrevista. Toda acción pastoral debe procurar lo siguiente:

 Mayor ajuste de la persona con el medio que lo rodea.


 Incremento de la autoestima y el bienestar personal.
 Tomar conciencia del significado de sus problemas y dificultades personales.
 La ampliación de perspectivas personales.
 Reemplazo de defensas más regresivas por otras más adaptativas.
 Ayudar a tener un encuentro personal con Jesucristo a través de un proceso de fe más
genuino, que conlleve a una conversión.

Hagamos una comparación entre la visita social y la visita pastoral:

La conversación social enfoca... La conversación pastoral enfoca...

 Situaciones "externas" (tiempos,  Involucra a las personas mismas y


acontecimientos "ajenos", un escamoteo envuelve en una interrelación e
mutuo). interdependencia.
 Procura una atmósfera "congenial"  Acepta y asume zonas de tensión o no
evitando desacuerdos o disidencias. resueltas, o conflictivas.
 Un bienestar o facilidad donde cada uno  Ayuda a afrontar la vida para una mayor
se evade mutuamente de sus propias responsabilidad (sin cobardías,
responsabilidades. egoísmos, soberbias, miedos).
 Un montón de superficialidades (más o  Ayudarse a compartir y compenetrarse
menos jocosas) donde nada compartimos en profundidad, auténticamente, con
en profundidad, ni nos "tocamos" todos los riesgos y aventuras que
verdaderamente. implique.
 Apariencias y conductas "agradables" sin  Comunicación "cara a cara",
encuentros frente a frente, comprensiva, abierta, donde nos
soslayándonos, yendo por las hallamos auténticamente, una
"tangentes". compenetración profunda,
 Partiendo de lo que "debiera ser", anhelos transformadora.
o sueños, sin vernos en lo que somos o  Un encontrarnos y vernos en lo que
estamos. somos para avanzar hacia lo que podría
 Abordando generalizaciones, vagas, que o podrá ser.
no nos conciernen directamente.  Aborda y especifica lo que hacemos,
 Busca afabilidad, entretenimiento "a flor pensamos, decimos, concerniéndonos.
de piel", al costo de...  Recrea auténticamente con un compartir
 Concentrarnos en incoherencias o y participar en profundidad.
deficiencias que no nos conciernen  Coloca a Jesucristo como el centro de
(ajenas). nuestra vida, aún en las fallas y
 Hablar de la "gente" en forma genérica, deficiencias que nos conciernen.
no ahondando ni creciendo en relación  Estableciendo relaciones significativas,
humana. valiosas, profundamente humanas (cf.
Juan 3 y 4).

Como pastores(as) tengamos siempre en cuenta las siguientes excusas de las personas a
entrevistar:

 Ir al templo no me hace mejor: los que van son peores.


 Oigo cultos por radio, TV, Internet y me satisfacen.
 Entre los que van al Culto hay hipócritas y deshonestos.
 Estamos muy ocupados: no tenemos tiempo para nada.
 Tengo mi propia vida religiosa, sin necesidad de asambleas, que nada me aporta.
 Puedo ser un cristiano auténtico, servicial, decente, sin necesidad de ir al Culto.
 El domingo se hizo para descansar, recrearse o divertirse.
 La vida se hizo para "vivirla", gozarla, divertirse, "ser hombres".
 Si Dios existiese...no habría tantas crisis y catástrofes...o no me hubiese pasado tal... o
cual circunstancia...no me sentiría tan solo o aislado...no padecería tanto...no habría
tantas tensiones-conflictos-crímenes-despojos-violencias...

Para todas esas excusas, recordemos que el Señor no necesita "abogados" defensores (que
terminan siendo abogados del diablo): a lo sumo bastaría con que fuésemos testigos de lo
que el Señor Jesucristo está diciendo y haciendo...poniéndole la menor cantidad de
obstáculos.

III. PSICOLOGÍA PASTORAL

1. Análisis de la iglesia como institución.

Para empezar diremos que la iglesia como institución realiza una psicología pastoral grupal,
cuyo fin es la proclamación del Evangelio de Jesucristo y como resultado de ello: la
conversión de las personas y el crecimiento de los creyentes. De ahí que la iglesia deba
favorecer el proceso de ese crecimiento. Procurar en todo momento la conversión
permanente.

Sin embargo, hoy en día la iglesia como toda institución social se ha burocratizado y como
consecuencia de ello, quienes ejercen la pastoral también. El peligro de ello es que las
personas llamadas a realizar la tarea pastoral hacen a la institución depositaria de muchos
problemas o elementos enfermantes, y todos los que integran la institución son afectados. La
tarea depende de estructuras, jerarquías, planes, presupuestos y personal especializado.

La iglesia que propicia el cambio de las personas debe a su vez propiciar el cambio estructural
de la misma. La evangelización debe ser una tarea personal y social de la iglesia. Una
persona restituida o sanada por el Evangelio debe congregarse en una institución sana, de lo
contrario la persona llegará a enfermarse nuevamente. Muchas iglesias siguen con sus
problemas y estructuras obsoletas, no se han abierto a la nueva realidad. Por lo tanto, no hay
credibilidad en su proclamación, ni menos es un espacio de restauración espiritual y social.

Debe tenerse en cuenta que todo cambio de una institución a otra afecta la identidad de la
persona que la integra. Este proceso de transición algunos no lo tienen claro y la iglesia lo
suple, bloqueando su desarrollo.

De ahí que se deba tener en cuenta para el proceso de desarrollo de los creyentes lo
siguiente:

 El Culto dominical.- Este debe ser un encuentro comunitario de los creyentes y apuntar
a su crecimiento espiritual.
 Relación entre sí.- Preguntarse ¿cómo se relacionan entre semana?, ¿Conocen sus
problemas?, ¿Oran por el uno por el otro?, ¿Se pueden alegrar por el otro?.
 Actitud frente a los nuevos creyentes.- ¿Cuál es la actitud de los hermanos y hermanas
frente a los nuevos creyentes?, ¿Son integrados plenamente los nuevos creyentes?,
¿Se reciben con buena disposición y alegría a las visitas?.
 Liderazgo en la Iglesia.- ¿Qué tipo de liderazgo tenemos?, ¿Está lo suficientemente
preparado?, ¿Saben resolver sus propios problemas personales?.
 Relación entre los medios y los fines.- Saber clarificar los medios para realizar la tarea
y no dejar que los fines se confundan.
 Objetivos y responsabilidad asumida.- ¿Hemos establecido cuál es la relación entre
ambos?, ¿Hacia dónde vamos o que queremos hacer?, ¿Quiénes lo harán?.
 Proyección hacia la comunidad.- ¿Cómo se proyecta la persona hacia la comunidad?,
¿Qué responsabilidad tiene en su comunidad?, ¿Cómo nos ve la comunidad?.

Es bueno que la iglesia se tome un tiempo y haga un alto en el camino para examinarse a sí
misma y corregir los errores que generan malestar y enferman a los que la integran. El
proceso terapéutico pastoral debe ser una constante, para lograr una salud interior y contagiar
a quienes vienen en busca de sanidad.

2. Psicoterapia y fe cristiana.

Para abordar este tema es necesario contestar la siguiente pregunta: ¿es posible una
colaboración entre la Psicoterapia y la fe cristiana?. Aparentemente son dos campos
diferentes, sin embargo, apuntan a un mismo fin: la restauración de la persona. Ante un
mismo problema, los lenguajes se bifurcan, difieren, se separan. Enfrentando a condiciones y
situaciones humanas variadas, extraen significados diferentes. Entre lo que la Psicología
califica de trauma o dificultad psicológica, mantiene una diferencia profunda con el término
pecado acuñado por la Teología. Una realidad es la catarsis y otra la conversión (metanoia).
Hay diferencia entre una liberación psicológica y una salvación o liberación del Evangelio. De
igual manera entre una reconciliación consigo mismo y una reconciliación con Dios.

La Psicología y la Psicoterapia componen una disciplina y una técnica de investigación


científicas reconocidas. El objeto de la investigación así como de la terapia correspondiente,
es la naturaleza psicológica del hombre. Procuran restablecerlo y sanarlo de sus
desequilibrios, sacudidas y "complejos" psíquicos. También para afrontar positiva y
exitosamente los traumas, dificultades, bloqueos e impedimentos que obstaculizan vivir de un
modo libre, realizado, plena y gozosamente.

El ministerio evangélico de la PASTORAL -en un intento y esfuerzo científico y humanizador-


ofrece un servicio basado en la autoridad y poder de Jesucristo. Se fundamenta en el
Evangelio liberador, transformador y renovador de la humanidad y de la sociedad. El
Evangelio es el anuncio positivo a hombres y mujeres pecadores, rebeldes, oprimidos,
alienados. Involucra un juicio profundo y radicalmente crítico y positivamente transformador en
Jesucristo. Simultáneamente se trata del anuncio de un perdón asombrosamente activo,
efectivo y eficaz, que oferta (don, regalo, carisma) Jesucristo, un compartir una nueva vida, un
nuevo nacimiento, una humanidad nueva, un mundo nuevo, una libertad y un poder nuevos.
¿Es acaso posible conciliar estas posiciones teológicas de la fe cristiana con las técnicas y
teorías científicas de la Psicoterapia? Los contactos entre Psicoterapia y fe cristiana son
inevitables.

Es necesario reconocer casos de hombres y mujeres que padeciendo psicológicamente y


espiritualmente han recurrido a los servicios de un psicoanalista. Más aún, debieron, algunos,
después de frustraciones que les hicieron comprender que la PASTORAL nada podía hacer
por ellos ni ayudarles. Existen numerosos casos de pacientes que fueron humillados,
juzgados o anulados por una apatía indiferente o por una inhumana hipocresía. Es cierto, sin
embargo, que ese paciente pueda ser que halle soluciones superficiales en la Psicoterapia,
diferente a lo que el Evangelio nos desafía y provoca. En estos casos el anuncio del Evangelio
apunta a una penetrante reprobación, una aguda crítica y una profunda corrección del hombre
y de la mujer en su totalidad. Por lo tanto, la PASTORAL no puede aceptar cualquier tipo de
Psicología que pretenda construir una humanidad partiendo de presupuestos que ignoren,
amortigüen o neutralicen al Evangelio.

La PASTORAL debe estar abierta a un uso de la Psicología y su preciso instrumental


científico, buscando un constante diálogo y colaboración. En un mundo donde todo es relativo,
la verdad y una fe genuina basadas en el Evangelio, es aún una alternativa vigente para la
transformación de la persona y de la sociedad. El Evangelio irrumpe en esa realidad. Llama
pecado (imposibilidad de ser persona) a todas las desesperadas resistencias psicológicas.
Llama idolatría (profundamente deshumanizante) a todas las imágenes absolutas que el ser
humano construye de Dios y la religión. Califica como falsas cualquier tipo de justificación o
autoafirmación como absoluciones autónomas. Anuncia por todos los medios, instrumentos o
canales, la noticia gozosa-liberadora-transformadora del amor de Jesucristo a través del
perdón.

Por último, el Evangelio es el anuncio y la oferta concreta de una reconciliación con Dios, con
el ser humano y extendida a toda la Creación. Es el genuino generador de la paz (Shalom),
del verdadero amor (ágape) entre los que creen: y creer es comprometerse, es fidelidad, es
trabajar, es dedicación (santificación). En ese ámbito la PASTORAL desarrolla su servicio.
Servicio a todo hombre y mujer. En ese terreno ningún tipo de Psicología podrá substituirla.

3. La salud del encargado de la pastoral.

Este punto es importante tenerlo en cuenta, especialmente quienes ejercen la tarea pastoral.
Es necesario haber alcanzado la madurez espiritual como la emocional e intelectual. Es decir,
debe ser considerado sano (espiritual y corporalmente). Los conflictos son muy comunes en la
vida cotidiana y por lo tanto determinan en gran parte nuestra conducta. Debemos saber llevar
una vida en paz, armoniosa, dominar nuestros impulsos y llegar a controlar los conflictos. De
lo contrario se producirán las tensiones y el descrédito de nuestra labor.

Para lograr ese estado de salud es necesario tener momentos de relax personal, de reflexión
personal, de oración, de convivencia familiar. Por lo menos, una vez al año, hacerse un
chequeo médico y psicológico. Tener una dieta balanceada, no estaría de más. Realizar una
evaluación al final de la jornada. Procurar hacer un autoanálisis de uno mismo. Mirarse ante el
espejo al comenzar el día y al final del mismo.

Llegar a un estado de madurez y mantener una buena salud es lo que permitirá realizar la
tarea de una manera eficaz. Tal vez una pregunta que se hace todo encargado de la pastoral:
¿Cómo estar en paz con Dios, conmigo mismo y con mi prójimo, en medio de un mundo tan
convulsionado y materialista?. En la Biblia encontramos muchas maneras de resolver este
asunto y para lograr un crecimiento espiritual y el ajuste mental de la persona. En ella se nos
describe una serie de conflictos humanos y los medios para resolverlos (Josué 1: 6-9; 1ª
Samuel 17; Daniel 7; Mateo 11:28; Juan 8:32; Hechos 26 y 27; Romanos 8: 28.31-39;
Filipenses 4:13).

Siempre debemos contagiar alegría y vitalidad en nuestras entrevistas pastorales, evitar


contagiar situaciones enfermizas. Una vida en paz sirve mucho como testimonio. Nosotros
somos instrumentos del Señor y debemos reflejar en nuestras vidas la verdadera plenitud de
la vida, que es en Cristo Jesús.

4. La tarea pastoral de Jesús.

Todo el ministerio de Jesús podría ser dividido en dos tareas fundamentales: Una kerigmática,
la proclamación del Evangelio y la otra terapéutica. Jesús, por un lado es el predicador y por
el otro el pastor, el que cuida y cura las ovejas. Al enviar a sus discípulos, la misión es idéntica
a la suya: "Predicar el Reino y sanar a los enfermos" (cf. Mateo 10: 7-8; Marcos 3: 14-16;
Lucas 9:2). Después de la resurrección, Jesús recuerda a sus discípulos que tiene que
cumplir con la doble misión de predicar y pastorear: "Paz a vosotros. Como me envió el
Padre, así también yo os envío" (Juan 20:21). Este encargo de Cristo a sus discípulos no es
diferente hoy en día. No todos podemos predicar desde el púlpito, pero todos podemos
predicar el Evangelio con nuestras vidas y todos podemos asumir una actitud pastoral con
nuestro prójimo. Todos podemos dar frutos, de lo contrario somos como un árbol seco.

A lo largo del ministerio de Jesús se podrá observar que Él manejaba el psicodiagnóstico, la


psicodinámica y la psicoterapia. Él podía descubrir la condición de la mente humana, podía
comprender las causas internas o motivos de la persona y al mismo tiempo lograba sanar los
conflictos psíquicos. Pero bien sabemos que Jesús fue mucho más que un psicólogo, fue un
pastor: "Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11).

Brevemente veremos la actitud pastoral de Jesús que nos sugiere el Dr. Jorge A. León en su
libro "Psicología pastoral para todos los cristianos", la cual nos puede servir de ejemplo para
nuestra tarea pastoral:

 Dominio propio.- Este tipo de valor es practicado por Jesús en muchas oportunidades.
Él sabía en qué momento debía frenar la agresividad de sus enemigos. No respondía
con violencia a quienes pretendían sacarlo de sus casillas. Una blanda respuesta
desbarataba toda mala intención. El libro de los Proverbios nos dice: "la blanda
respuesta quita la ira; la palabra áspera hace subir el furor" (Proverbios 15:1). Si Él se
hubiese propuesto usar la violencia, recursos no le faltaban. Jesús era el pastor de
todos (amigos y enemigos). No en vano había enseñado: "Amad a vuestros enemigos"
(Mateo 5:44). Guardar silencio es muchas veces una actitud blanda, permite calmar los
ánimos airados, para dar lugar a la reflexión. Para Jesús era muy importante ganar al
que quería discutir con él, que ganar la discusión. Para lograr este tipo de dominio
propio es necesario conocernos a nosotros mismos y que realmente amemos al
prójimo. El ejemplo dado ante la mujer adúltera, dice mucho del carácter de Jesús
(Juan 8:1-11).
 El perdón.- Tomando el ejemplo del texto anterior, Jesús le dice: "¿Dónde están los que
te acusaban?. Ni yo te condeno; vete y no peques más". Ante los ojos de Jesús esta
mujer necesita ayuda, consuelo, comprensión, está arrepentida y quiere oír al Señor.
Habría algo más para obtener el perdón divino?. En muchas ocasiones nos falta
aprender de Jesús, el Maestro. Si Dios perdona, ¿por qué no nosotros?. Nos dejamos
dominar por los prejuicios, del que dirán. De esa manera arruinamos nuestro ministerio
pastoral, haciéndonos incapaces de ayudar a las personas que buscan solución a sus
problemas cotidianos.
 Amar sin prejuicio.- El amor de Jesús por el prójimo se da en su máxima expresión a lo
largo de todo su ministerio pastoral. Él supo romper los prejuicios que se mantenían
durante siglos. Un ejemplo real lo constituye el diálogo en el pozo con una mujer
samaritana (Juan 4:1-42). Él se liberó de todo prejuicio, sea éste social o cultural, para
recibir a la gente tal como eran, con el propósito de ayudarles a ser mejores. ¿Cuánto
de ello practicamos diariamente?.
 Dinamicidad de la vida.- La vida como tal tiene un proceso dinámico: lo que hoy es
nuevo, mañana ya es viejo. La vida sigue su curso, no se detiene en el tiempo ni en el
espacio. Después de la muerte, la vida continúa inexorablemente hacia un destino
trascendente, va al encuentro con su Creador. Jesús entendía la vida como un proceso
dinámico, nada la detiene. Si se detiene, no tiene sentido, pierde su valor y su razón de
ser. En este proceso los cambios son señales de la dinamicidad de la vida, son
necesarios para una renovación plena. La iglesia debe estar preparada para ello. En
nuestra tarea pastoral debemos tener esta actitud pastoral de Jesús. Él es el agua viva
del manantial que ha de correr en nuestro ser (Juan 7:38). Bebamos de esa agua
ahora.
 Fe y conducta.- Jesús se caracterizó por orientar la fe de la gente hacia un Dios único y
verdadero. Esta fe genuina genera un tipo de conducta ejemplar. Él fue el ejemplo
viviente para todas las personas. El mensaje de Jesús tenía como propósito llegar a las
raíces del mal y modificar la conducta de la persona. Ante diversas situaciones no le
importó las diferencias individuales o sociales, ni el tipo de pecado cometido, sino la
persona como tal y su situación real, para acercarla a Dios, a Su reino, como la nueva
noticia teológica. No basta afirmar que somos cristianos porque observamos buena
conducta. Tenemos buena conducta porque somos cristianos. Somos fieles a la
persona de Jesucristo y eso nos hace verdaderos cristianos. Este asunto es importante
tenerlo en cuenta, ya que el hombre contemporáneo no es que haya dejado de creer en
Dios, sino que ha dejado de creer en la Iglesia como institución. Nuestra tarea
fundamental es comunicar el Evangelio al hombre y a la mujer, cualquiera que sea su
situación. El mandato de Cristo no es moralizar, sino predicar el Reino con nuestras
vidas y palabras. En esto consiste el ministerio pastoral.
 Reconocimiento de la realidad de Satanás.- Jesús se encargó de demostrar que el Mal
existe y está personificado en Satanás. En ningún momento Él soslayó esta realidad.
Enseñó que este Mal se mantiene activo en el mundo y pretende esclavizar a la
humanidad entera. En nuestra tarea pastoral nos vamos a encontrar con personas que
niegan la existencia del mal y de Satanás. Ante esta situación debemos salir al frente y
desenmascarar la patraña del maligno.

IV. PASTORAL Y SALUD

1. La Psicopatología y la Pastoral.

La Psicopatología es el estudio descriptivo, etiológico y sistematizador de los cuadros de


patología mental. Un estudio realizado sobre la enfermedad mental, ha demostrado que ésta
constituye uno de los mayores problemas de América en lo referente a la salud. No tener en
cuenta esta realidad en nuestra tarea pastoral es dejar que las personas afectadas opten por
el abandono o finalmente por el suicidio.

Debemos recordar que los trastornos mentales atacan igualmente a los cristianos y a los que
no lo son. Nadie es inmune: ni pastores, ni laicos; niños ni adultos; ni casados, ni solteros; ni
muy piadosos ni los tibios en la fe.

La Psicopatología nos ha de dar pautas para orientarnos ante diversos casos que se nos
presente en el ejercicio de nuestra labor pastoral.

2. Concepto de enfermedad y salud.

La salud es el estado armonioso en que se encuentra nuestro organismo, nuestro ser.


Mientras que la enfermedad es la ruptura, el desequilibrio de ese estado armonioso.

Todos de alguna manera pasamos de un estado de salud a una situación de enfermedad y


viceversa. En todos los casos hay que saber distinguir el límite entre lo sano y lo enfermo.
Cuando nuestro organismo está sano expresamos vitalidad, alegría, sentimientos positivos;
mientras que en una situación de enfermedad expresamos dolor, tristeza, angustia. Jesús
sabía cuál era la condición humana, las causas de la enfermedad, los límites entre la salud y
la enfermedad. Nuestro trabajo pastoral debe también conocer los márgenes o fronteras,
frágiles y flexibles entre la salud y la enfermedad, la existencia y la muerte, la humanización y
la deshumanización.

Por último, debemos precisar que toda enfermedad se debe a tres posibles causas:

es una consecuencia natural de un proceso bio-psico-somático; es resultado de un desarreglo


que hemos originado en nuestro organismo; o finalmente es una prueba que Dios nos da para
mostrar su gloria y poder en nuestras vidas.

3. Tipos de enfermedades.
Analizaremos las enfermedades psicopatológicas de la personalidad más comunes en forma
general: psicosis, neurosis, psicopatías, perversiones, toxicomanías y enfermedades
psicosomáticas.

3.1 Psicosis.- Trastornos psiquiátricos más generales, afecta los modos de conducirse y
funciones mentales en general e impiden la sociabilidad. Se caracteriza por la
desorganización y regresión del yo a niveles inferiores. No se compromete toda la
personalidad. Además de la pérdida del sentido de la realidad, se vive un mundo propio
cargado de delirios a autoreferencia. Brevemente describiremos los siguientes cuadros de
esta enfermedad:

a) Esquizofrenia.- Es la más frecuente de las enfermedades (3 al 8 o/oo), es una enfermedad


del adulto joven (15 a 35 años de edad), muy difícilmente antes de los 15 y después de los 45
años de edad. La recuperación es variable entre el 50% (clínica y social). Se da más en los
solteros y en clases más bajas, en ambos sexos. Los síntomas de esta enfermedad son:

- Sonorización del pensamiento;

- Oír diálogos de voces autoreferentes;

- Comentarios desfavorables;

- Vivencia de influencia física;

- Robo y difusión del pensamiento;

- Percepción y ocurrencia delirante;

- Alucinaciones olfativas y visuales;

- Trastornos del pensamiento.

El cuadro general es un clímax persecutivo con vivencias paradisíacas.

b) Psicosis-maniaco-depresiva.- Se manifiesta entre los 30 a 40 años de edad, más en la


mujer que el hombre. Se caracteriza esta enfermedad por la exaltación de las funciones
psíquicas; agresividad manifiesta; disminución de los valores morales; pérdida de las
facultades centrales; sensación de auto reproche, desvalorización muy grande, disminución
de la actividad sexual; tendencia al suicidio. Existen tres tipos de grupos en los que se
clasifican a las personas enfermas:

1er. Grupo: enfermos con marcado cambio depresivo (25%);

2do. Grupo: melancólicos (94% del 75% del total)

3er. Grupo: maníacos (6% del 75% del total).


c) Delirios crónicos.- Este tipo de enfermedad puede presentar dos formas: paranoia, que es
un tipo de "locura razonante" y se caracteriza por: delirio lógico, coherente, monotemático. No
se advierte un deterioro del yo intelectual, está bien constituido y es difícil detectar. Los
síntomas de esta enfermedad son: deseo de reivindicación, conducta agresiva, marcado
sentimiento pasional; parafrenia, es un delirio encapsulado, viven normalmente pero tienen
un delirio disociado del resto de la personalidad.

d) Demencia.- Deterioro progresivo, generalmente irreversible de las funciones intelectuales y


regresión de la conducta. Conductas extrañas.

3.2 Neurosis.- Comparada con la psicosis, los trastornos negativos son menos marcados, la
regresión es menor, menos masiva. No tiene alucinaciones, pero puede llegar a deformar la
realidad. Son un conjunto heterogéneo de trastornos centrados por la angustia. El juicio de la
realidad no está perturbado. Se manifiestan en las relaciones interpersonales, incluso
sexuales. Los cuadros que presenta esta enfermedad son los siguientes:

a) Obsesivas.- Se da más en los hombres. Ideas y actos compulsivos (ideas que surgen y
gradualmente se repiten. Ejemplo: fracaso en el estudio, etc.). Súper yo muy fuerte, muchos
prejuicios, escrupulosos de ciertas cosas, gran necesidad de exactitud, pulcritud, necesidad
de no ser interrumpido, rígido en su apariencia.

b) Histéricas.- Se da más en las mujeres. Tendencia a la teatralidad; exhibicionismo;


capacidad para las relaciones sociales; saben atrapar al público; gran capacidad para seducir;
hipersexualidad, como máscara de inhibiciones sexuales. Problema para aceptar su
feminidad. Gran ligazón con la madre.

c) Fobia.- Forma parte de un síntoma dentro de otro cuadro o puede constituirse en un cuadro
clínico. Es una protección dentro de una situación temida. Generalmente tienen que ver con el
espacio (agorafobia/claustrofobia). La persona se angustia y se protege de esa situación
(ejemplo: el ascensor). Se teme a cualquier cosa.

3.3 Psicopatías.- Tienen un sentido moral bastante débil y su conducta está constantemente
dominada por tendencias perversas y malignas. En general ausencia de, déficit intelectual, de
angustia o delirio; debilidad de reacciones frente a los imperativos sociales generalmente
recibidos; cierta rebeldía a los medios de educación o represión social; gran impulsividad;
inestabilidad afectiva. Tiende a actuar, a teatralizar; cleptomanía; piromanía; estafas; juegos y
acciones homicidas.

3.4. Perversiones.- Son comportamientos regresivos que sustituyen con predilección y a


veces exclusivisan las condiciones normales del orgasmo o en las conductas relacionadas
con él.

3.5. Toxicomanías.- Satisface una necesidad por medio de la absorción habitual específica de
una droga. El hábito puede ser adquirido en forma voluntaria. A veces el origen se produce
por la búsqueda, o por ofrecimientos, o a veces por mediaciones (morfina), que se transfiere
en hábito.
3.6 Enfermedades psicozomáticas.- Son trastornos clásicamente estudiados por la medicina,
donde los aspectos psicológicos conscientes e inconscientes tienen predominancia y cuya
importancia tiene que ver con un cuadro. Algunos de estos cuadros son: úlcera; asma;
hipertensión arterial. En todos estos casos, los síntomas físicos simbolizan lo psíquico.
Generalmente son originados por situaciones transitorias.

4. Curación por la fe.

Este tema ha sido tratado en todas las épocas y en cada caso ha habido personas que han
intentado curar las enfermedades, desde sacerdotes, pastores, exorcistas, brujos, curanderos
y médicos. Todos apelando a un tipo de fe. En la Biblia encontramos relatos de casos en los
que muchas personas enfermas fueron sanadas por su fe en el Señor, el Dios de la Vida.
Jesucristo restauró la salud de muchos que venían a Él, algunos estaban enfermos por causa
de su desobediencia a Dios y habían caído en pecado (cf. Marcos 2:1-12); otros por
enfermedad natural (cf. Lucas 8:43-48); y aún a los que iban a ser sujetos de la gracia y gloria
de Dios (cf. Juan 9:1-31). En todos esos casos la fe en el Señor hizo posible la curación total
del enfermo.

Jesucristo al dar la Comisión a sus discípulos les dio poder para sanar a los enfermos a través
de la fe (cf. Marcos 16:18b). Asimismo, Él era ejemplo de ese poder divino para restaurar
vidas enfermas; cada curación era el resultado de su fe y oración con su Padre. Por otro lado,
las curaciones practicadas por Él eran las señales evidentes del reino de Dios, es decir, la
prueba contundente de la nueva realidad salvífica de Dios.

Hoy en día muchos cristianos aún no están muy convencidos de las curaciones por la fe. No
aceptan que la medicina u otra disciplina que se relacione con la salud, tengan que apelar a la
sola fe en Jesucristo. ¡Cuántos casos existen en que la ciencia médica ha desahuciado a un
enfermo, y éste ha sanado por la acción misericordiosa y milagrosa del Señor de la Vida!.

La pastoral necesita recurrir a esta experiencia milenaria, llevar un mensaje de sanidad al


enfermo en su lecho de dolor y orar con él (Santiago 5:14); llevarlo a un encuentro personal
con Jesucristo o reafirmar su fe en Él (cf. Hechos 8:3-38; Filipenses 4:13.19). Mucha gente
sufre enfermedades y necesita ser restaurada. Como ciegos van de un lado a otro, buscando
sanidad; acuden a cualquier persona para ser "sanados". No hay quien les dé una mano y los
cure por la acción de la fe en Jesucristo. Nosotros estamos llamados a brindar esa ayuda por
medio del Evangelio de Jesucristo; a lograr que las personas enfermas confíen en Dios y en
su poder restaurador. Creando de esa manera condiciones de espíritu y de mente que
favorezcan la sanidad. Y todo esto sin ningún costo monetario alguno. ¡Sólo por la fe el justo
vivirá! (Habacuc 2:4b). Ante esta buena noticia, miles acudirán a Jesucristo para ser
restaurados plenamente y vivir en adelante las promesas del Señor (cf. Juan 6:47; 7:38;
10:10b; 11:25-26).

5. Visitación y contactos.

La visita del Pastor(a) a la persona que se encuentra enferma, ya sea en el hogar o en el


centro de salud, genera gran expectativa no sólo en el enfermo, sino en la familia y en el
médico de cabecera también. Esta actitud permite abrir oportunidades inesperadas para
compartir la fe en Jesucristo. Muchas personas enfermas se encuentran en una situación de
abandono espiritual, con miedo a la muerte, angustiadas al no sentir mejoría en su salud. De
igual manera la familia es contagiada por esta situación. De ahí que una visita pastoral al
enfermo debe tener como objetivo: generar alegría fecunda y auténtica para vivir a través de
la fe en Jesucristo. Para lograr este objetivo el Pastor(a) debe establecer una relación de
amistad a través de un contacto fácil y ágil (actitudes y gestos que provocan confianza-
confiabilidad). En el proceso de la visita es necesario mantener serenidad en la conversación
cuando se trate el tema de la enfermedad y no dejarse envolver o manipular por la persona
enferma. Unos momentos de silencio permite establecer un clima de reflexión. Tener un
momento para orar y pedir sanidad divina. Que nuestra presencia sea una ayuda, una
bendición, una oportunidad para generar el deseo de vivir a la persona enferma. Finalmente,
seamos un instrumento del Señor para que la persona enferma y la familia encuentren en
Jesucristo la sanidad divina. Él es el Señor de la Vida.

6. La pastoral ante la muerte.

Este aspecto de la pastoral es delicado, áspero, complejo, que requiere mucha fineza,
delicadeza, fortaleza y tacto. Hoy la muerte es rechazada por todos lados y esferas: desde un
hospital aséptico (inmunizado), como los cementerios (embellecidos) y hasta los ritos
funerarios que se vuelven insignificantes. Es decir, nadie quiere pensar en la muerte. Hay una
pérdida de sentido, de símbolo en su profundidad. ¿Pero qué hacer ante una persona que
agoniza o muere?. En primer lugar, recordar que Dios no nos promete que vamos a estar
exentos del sufrimiento, pero sí nos promete que estará con nosotros en nuestro sufrimiento.
Al confiar en esta promesa, se nos capacita para reconocer la presencia sostenedora de Dios
en el dolor, la enfermedad y la separación. La muerte es una realidad inevitable. En un
segundo lugar, Dios no nos promete que seremos curados de todas las enfermedades. Todos
tenemos que enfrentarnos inevitablemente a la muerte.

La PASTORAL en estos casos debe plantear el problema de la muerte como un proceso


natural que todo ser viviente debe experimentar, como parte del deterioro del organismo. Es
necesario tener en cuenta que fuimos creados por Dios del polvo de la tierra (Génesis 2:) y al
polvo de la tierra volveremos fruto del pecado (Génesis 3:19). Pero no todo se termina aquí en
la tierra, nuestro espíritu vuelve a Dios para vivir en una nueva situación: la vida eterna (Juan
11:25-26; 3:16; 14:1-4).

Por último, un detalle que no debemos descuidar es el hecho de que la mera presencia del
Pastor(a) en una situación de agonía o muerte, crea un clima propicio, tanto para la familia
como para los amigos, para la reflexión, el arrepentimiento, el valorar la vida como un don de
Dios y la oportunidad de acercarse a los pies de Cristo. En estos casos será oportuno tener a
la mano los textos bíblicos apropiados así como los momentos de oración.

V. LA PASTORAL A DIVERSAS EDADES

1. Niñez.- El niño desde el período de gestación en el seno de la madre, va asimilando todos


los procesos de cambios que experimenta (huevo, embrión y feto) y también la madre
(alegría, tristeza, dolor, cambios físicos y psicológicos). Cuando nace ya tiene internalizado en
su ser una serie de factores positivos y negativos que van a formar parte de su personalidad.
Todo niño es el reflejo de lo que su hogar y la sociedad son. Los valores que se le inculca a
un niño han de ser el tesoro más precioso que los padres pueden dejar como herencia a sus
hijos.

Desde pequeño el niño necesita experimentar el amor de la madre y del padre; ser educado
con el ejemplo; tener un ambiente positivo; Motivarles hacia cosas positivas y trascendentes;
enseñarles los caminos de Dios y practicar siempre lo bueno. Sólo así los niños tendrán un
carácter positivo y un alto valor de la vida. Pero la realidad es otra, la mayoría de niños no
viven esta experiencia y sus conductas, por lo tanto, son negativas. Muchos de ellos no tienen
familia completa (falta papá o mamá, en otros casos los dos); viven en un ambiente hostil,
familiarizados con el lenguaje soez; asimilan actitudes negativas por medio de la TV; sufren
agresión verbal, psíquica y física; abandono a temprana edad; son obligados a trabajar desde
muy temprana edad. Los resultados están a la vista todos los días.

La PASTORAL tiene una tarea muy importante con los padres y la familia del niño. Debe
procurar generar espacios de amor y de alegría, es decir, un ambiente positivo. Es urgente y
necesario orientar a la familia y a la sociedad sobre el rol que les toca en la educación del
niño.

La Iglesia no puede estar ajena a esta problemática; es en este campo que puede ejercer una
pastoral infantil a través de diversos programas: kindergarten, educación inicial, escuela
dominical, colegios, escuela para padres, etc. El futuro de un país y de la humanidad entera
está en la buena formación moral y espiritual de los niños. Ellos necesitan desde muy
pequeños ser orientados y educados en la Palabra de Dios. La Biblia tiene muchos
testimonios de niños al servicio de Dios.

2. Adolescencia.- Esta etapa de la vida es una edad difícil ya que es el período de los
grandes cambios físicos, sexuales, emocionales, ideológicos y vocacionales. Es la transición
entre la niñez y la juventud. El adolescente busca ubicarse en el mundo. No es un niño pero
tampoco es un joven. El centro del problema es la identidad. Esta situación genera crisis en su
vida. La gran preocupación del adolescente es saber cómo soluciona dicha crisis.
Lamentablemente muchos adolescentes recurren a diversas maneras para resolverla. Desde
las maneras adecuadas hasta las más peligrosas. La mayoría de adolescentes no saben qué
hacer y no tienen la confianza necesaria para conversar con sus padres o consejeros de aula;
lo más cercano que tienen a la mano son sus amigos. Ellos son lo que son sus amigos.

El adolescente necesita ser amado y ser comprendido; necesita un ambiente estable y


seguro; necesita ejemplos de valores positivos; necesita ser parte de un proyecto de vida que
lo desafíe a un compromiso concreto pero a la vez le dé la seguridad necesaria para
realizarse plenamente.

La Iglesia tiene aquí una tarea inmensa, debe brindar a los adolescentes ese espacio que no
le da el hogar, menos la sociedad. El evangelio debe ser para cada adolescente el
fundamento y razón de ser de su vida. Jesucristo es el modelo a seguir, el paradigma de
valores positivos, guía espiritual para los momentos de crisis, el amigo fiel.

Hoy en día hay muchas maneras de desarrollar programas con adolescentes. Todo está en
tomar la decisión de ejercer una influencia más agresiva en la familia y en la sociedad. Es un
tipo de pastoral que necesita el apoyo de otras disciplinas que tienen que ver con la conducta
humana. No hacerlo ya, es dejar que la TV, el cine, las drogas, los vicios y las malas
amistades hagan su parte a vista y paciencia de todos.

3. Juventud.- Comprender y orientar a las diversas generaciones no ha sido siempre fácil.


Los cambios sociales son tan rápidos que producen un desequilibrio en las relaciones de
padres e hijos. Esta situación genera un desencuentro generacional que conlleva a la crisis.
Los jóvenes son capaces de atreverse a dar saltos existenciales sin calcular las
consecuencias: tienden a ser activistas, sostenedores de una causa. Rara vez averiguan con
seriedad si esa causa es un fin digno de preocuparse o si su acción es el mejor medio para
lograrlo. La juventud es intrépida, ávida a los cambios, necesita ubicarse en el mundo y ser
protagonista del mismo. Las causas que generan esta crisis generacional son: a) La juventud
es consciente de ser un sector importante en la sociedad actual, y se siente responsable
como para participar más activamente en el mundo de hoy. b) Los jóvenes son muy críticos de
su sociedad y de sus valores morales, y por estar un poco "fuera de ella" se sienten capaces
de juzgarla. c) La tecnología de punta y el conocimiento acumulado producen distanciamiento
entre los jóvenes y los adultos, debido a que los jóvenes de hoy disponen de mayor
información que los adultos.

Muchos jóvenes al no poder superar esta crisis existencial se abandonan rápidamente,


recurriendo a los vicios, a las drogas y otras actividades negativas: queriendo buscar una
puerta de escape y lo único que logran es mayor frustración, dolor y muerte.

Una pastoral con jóvenes tiene que tener en cuenta esta realidad de la juventud de hoy. La
Iglesia debe involucrar en su misión éste aspecto, que es urgente. Se debe buscar nuevas
formas para dar lugar a la participación de los jóvenes en la vida de la Iglesia. Hay que
aperturar charlas de orientación hacia la juventud: festivales de música: campañas de
evangelización juvenil: momentos deportivos: campamentos juveniles: visitación a los hogares
de los jóvenes.

La juventud es un gran potencial que no podemos dejar de lado en la tarea pastoral, ellos
necesitan conocer a Jesucristo como el Amigo leal que nunca los abandona y que tiene un
plan para cada joven.

4. Adultez.- La adultez es una etapa de la vida que representa madurez y experiencia. Es un


período estable, de reflexión, de toma de decisiones bien pensadas: es un tiempo de pausas,
avances y retrocesos. Para algunos estudiosos esta etapa es una especie de segunda
adolescencia. Por ejemplo, el psicoanalista Edmundo Berler en su libro "The Revolt of the
Middle-Aged Mad" describe "la segunda adolescencia emocional" de la siguiente manera: una
rebelión por la cual pasan todos los hombres en los últimos años de la década de los
cuarenta, y que afecta todos los aspectos de sus vidas, incluyendo sus trabajos, y
compromisos sociales.

A pesar de ser esta etapa de la vida una situación privilegiada con respecto a las edades
anteriores, sin embargo, es la más descuidada por los sicólogos y sociólogos, debido a que no
hay acceso a grupos de la sociedad adulta que puedan ser investigados con mayor facilidad;
tampoco hay ritmos de crecimiento tan claros en los adultos que dejen huellas perceptibles.

Este período de vida no está exento de vivir su propia crisis de desarrollo (física, sexual,
emocional e intelectual). La crisis pasa por la tensión, preocupación, angustia, soledad, la
incomprensión y el temor del avance de los años. Sin duda que es una etapa de vida que
necesita de atención pastoral, en donde el evangelio pueda dar esa paz y tranquilidad
deseada en un mundo que vive en forma apresurada y llena de violencia.

La Iglesia tiene un ministerio que realizar con adultos y para ello debe buscar formas de
evangelizar a esta edad. No es fácil cambiar moldes de vida y maneras de pensar de la noche
a la mañana, pero sabemos que para Dios no haya nada imposible (Lucas 1:37). La labor es
lenta, pero necesita perseverancia y mucho amor.

5. Tercera edad.- Es un período existencial en el cual se tiene terror, nadie quiere imaginarse
"viejo". Más aún, sí la sociedad presta su mayor atención a la niñez que a la vejez. Hay una
sensación de decadencia, enfermedad, ruina, pérdida, separación, rechazo, abandono,
martirio, suicidio, asesinato y genocidio. Nadie quiere aceptar que se envejece, que el cabello
comienza a cambiar de color gris o que se han caído. En esta situación muchos recurren a
una serie de recursos artificiales para aparentar ser joven: el yoga, el yogur, dietas de moda,
lociones, lámparas de sol, cremas antiarrugas, vitaminas, cirugía plástica, preparados de
belleza, planchado del cutis, salones de gimnasia, máquinas rejuvenecedoras que devuelvan
la elasticidad juvenil a piel y a los músculos, curas para impotencia, técnicas sexuales, etc. El
tiempo es el mayor enemigo. Esta es la crisis de la tercera edad.

En realidad la vejez debería ser una etapa de tranquilidad, sosiego, reflexión madura,
experiencia al servicio, de la juventud, preparación para la etapa final. La sociedad debería
explotar la experiencia de las personas de este período de vida y brindar lugares propicios
para su descanso y recreación.

La Iglesia debería retomar la experiencia de Israel, en el cual los ancianos representaban


sabiduría, experiencia y autoridad. No eran relegados a tareas secundarias, sino que asumían
roles protagónicos. En una sociedad que ha desvalorizado el aporte de las personas de la
tercera edad, la Iglesia tiene la oportunidad de alzar su voz y propiciar espacios de amor,
alegría y descanso para estas personas. Esta labor es también la tarea pastoral.

6. La tarea con parejas.- La Iglesia es una comunidad terapéutica que procura generar
espacios que promuevan el desarrollo y felicidad de las personas, sea cual fuere la edad, el
género y la raza. Entre esas personas se encuentran las parejas. Para desarrollar una
pastoral con parejas tenemos que reconocer tres momentos:
a) Pastoral con los novios.- El noviazgo es el comienzo de la aventura de compañerismo que
debe llegar a su plena realización en el matrimonio. Es por eso importantísimo que el
noviazgo provea la oportunidad del encuentro y conocimiento mutuo, no sólo en situaciones
románticas. Habría menos divorcios y matrimonios infelices si el noviazgo fuera encarado con
más madurez y responsabilidad por parte de las parejas. El amor y la fe deben ser una
práctica constante en las parejas.

La preocupación pastoral de la Iglesia no puede esperar a que la pareja se acerque para pedir
la ceremonia nupcial. Debe proveer entrevistas, reuniones de jóvenes, de parejas, material
bibliográfico, que ofrezcan información, asesoramiento y reflexión sobre el noviazgo y una
decisión responsable frente al matrimonio, desde una perspectiva de la fe cristiana.

b) Pastoral prematrimonial.- La orientación pastoral habrá de estar dirigida a ayudar a la


pareja a comprender el momento que están atravesando y la nueva etapa que están por
comenzar, de un modo tal que sean sabiamente considerados todos los aspectos que hacen a
la salud total de la pareja y al sentido cristiano del matrimonio.

Ningún pastor debería celebrar una ceremonia nupcial sin ofrecer una preparación previa. Es
necesario procurar que en el momento de la ceremonia en que se afirma que "lo que Dios
unió, nadie lo separe", no sea tomado en vano.

c) Hacia una pastoral permanente del matrimonio.- La pastoral matrimonial no termina con el
casamiento sino que es permanente, continúa a través del tiempo. Por eso, la unión debe ser
alimentada por la Palabra de Dios a lo largo del matrimonio y se debe preparar para los
momentos críticos que debe recorrer. La unión de por vida de dos seres supone un riesgo que
los cónyuges cristianos aceptan correr en la fe, que los hace verdaderamente libres, capaces
de perdonarse mutuamente, dar un renovado sentido a la relación y guardarse una lealtad que
esté alimentada por el amor y no por el acostumbramiento y el miedo. Este es el propósito de
Dios para todo matrimonio.

d) Pastoral con los divorciados.- Si bien es cierto que en principio el matrimonio es para toda
la vida, se debe también tener en cuenta que el plan de Dios tiene el mismo propósito. De ahí
que la iglesia debe tener un asesoramiento posterior a la vida conyugal con el fin de generar
la armonía entre ambas parejas. Sin embargo, cuando una pareja casada se distancia y no
llega a la reconciliación, a pesar de haber tenido el consejo oportuno para superar el
problema, el divorcio es una alternativa lamentable en medio del dolor y sufrimiento. En estas
circunstancias la tarea pastoral debe velar por el bienestar de la pareja, el apoyo a los niños y
la custodia de los mismos. Si bien es cierto que el divorcio no se opone a un nuevo
matrimonio, se debe animar a la iglesia y a la sociedad a ejercer la comprensión y la
compasión con aquellos en el proceso del divorcio.

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