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«Quentin Helassouxabreen la historia deals, eoneeide e+ ste punto como historia de lo qu es concer, un caine nes ‘Alain Badiow “fara ver os encontramos can un bro que no sol6 aan los eles ms oltos det pensaniento, sino que estableceestnaares rues, tarsfemando por entero el camo en el gs itendene ‘ert Melassoux hace exetamente eso Sava} Eifel 1a posmaenidad es autotimitacién dea los que a abtenene de toda deni absluta nvlurtanamentesceba por estat (o religiso bajo todas sus formas, neue ls is gsicaters fs también confinamiento. det ser det-murdo 2 un ceulo conelcional que fo ata 2b concienciay as lengues no ees humane sin mundo ni mundo sin -hinano, sino un vireo Brimigenio ente ambos. fl ingreso de Hellasour a ls escera flssca mare el comienzo de une nueva Epos inde punta de vista tascendartal yl retora ele ontologies. Precursor de un mviniento flesdcoconcisa munlmente como realism especlatio", Melassoux se lansh en estes piner lr, ta los oases de Locke y de Descartes Io coneust defo solu por el pnsamlento Fra elsbelitarecobraao més li Ge la fntud humana earece yu de toda eniecn creel y Ce ‘cualquier vestiio de geruidady nostalgla re-kananes: es 3osy met fate, snranbny cantngencla cigs de tn logue exists Publicado originamente en 2006, Despue del fred evluions apenas apareis toda (a escene conerprene, Las ieplcs del teremota gue provoc no cesan abn, porque ts ames gue tvte apora a ua citca de Ls feclogisy dl ratorna ee lo ralgoco se wslven cada dia mas inaspersble: el gosto mismo de 8 espeelacon welt por primera ver en mucho Tempe al ‘omprensin, sin ms, del Unersa, evita el pene deslado (que Fabian dejado tas de steno cannets lose as vce Aesaparcons de Giles Oeeuzey Jacques Dera, Prefcio / Alan Badiou cours Tradocion / Nara Matinee cus ticn a sada de Florencia Nowe es I ia DesPuts DE LA FINITUD x 8 g 3 = z g 5 3 i QUENTIN MEILLASSOUX DESPUES DE LA FINITUD Ensayo sobre a necesdad de a contngencia DESPUES DE LA FINITUD Ensayo sobre la necesidad de fa contingencia Stee aye eit (QUENTIN MEILLASSOUX scent tte ln ve ‘See io tro be as i Bape ce. ‘ Bodo ahi py Mons er, bo et cage abet soutien ‘xe Programmes dale 3 pubcaton sCenurfansiee DESPUES DE LA FINITUD Ess cre ens 9 Pog te la tan Gate Pacts SE Ensayo sobre la necesidad dela contingencia “ul erga Ase fitade, Es sr a plead acorn Geese tarnue tors Seu, 2005 je og Eos 2035 i Profacio / Alain Bagiou Traduceién / Margarita Martinez (aja Negra Eattora Edicion al cuidado de Forencio Noceth HL, | sms tm fageee 8231 | intgcaenegnedtoracomar EYEE | steiner comar Hu ELE | icin estriats PELE | blego esters /Ezeaue Fanego 2324 | produccin: Malena Rey ELEt | piseno de Coleccion: Consuelo Parga E i Jal TEAL | Higtacon ot reminder jin TaHARE ‘Baas Correcci6n; Mariana Leer. ROMRBS a inoice Nota ala presente ele por Frenco Nooet 15 | Preacto or Alain Bad 23 | La ancstratdaa 53 | Metafice,sdte,expecslacion 87 | B principe de fctustidnd 4133 | problema de tame 179 | ta revancha de Pctomeo | | | NOTA A LA PRESENTE EDICION En un taspati dela calle Saran, noe dijo una tarde ‘que 5 l putea i al campo y tenders al mediodia en ‘a tena cenar los os y comprender, distayéndose de las circunstancias que nos distraen, podtia resolver Jnmediatamente el enigma del universo. No sé esta ‘felicidad te fue deparada, pero sin dda entrevi, Borges, sobre Macedonio Fernandez Hace ya casi un siglo, antes de que el torbeltino origina- ‘do en Europa con el “giro lingiistico” apagase en estas, periferias la Uama de la especulacion filosofia, el gran ‘Macedonio Fernéndez ~maestio o precursor de Jorge Luis Borges y corresponsal invicto de William James- inici6 1a aventura metafisica que desembocaria en la produc- cién de su obra cdlmine: Museo de la Novela de ia Eterna. 10. ELnallaego central de aquella empresa esté contenido en tuna formula que deja entrever La via por él escogida para, la resolucion del enigma del universo: “Lo no-idéntico est exento de muerte’ He aqui que a la vuelta de los aos, con mucho mayor gor, pero igual genio, Quentin Meillassoux reali26 -esta vvez en el centro mismo de Europa~ un descubrimiento equivalente: “lo dnico que no podvia nacer ni perecer, lo nico que estaria exento de todo devenir seria el Ente contradictorio”. El argumento de Meillassoux coincide con el de Macedonio y es igual de inapelable; to contra: dictorio (como lo no-Idéntico) no tendria ninguna alte- ridad en la cual devenir: “,Qué podria sucederle? ;Podrfa pasar al no-ser? Pero es contradictori: si le ocurtiera no ser, continuaria siendo al mismo tiempo que no es... HL alcance de esta segunda conquista filosofica es sin embargo- inconmensurablemente mayor que el de la primera. A través del ensayo de Meillassoux, la ver- dad absoluta del principio de no contradiccién, funda- da asi en la necesidad de la contingencia, se convierte en la primera de una serie de proposiciones tendientes a la produccién de un saber igualmente absoluto acerca de esa contingencia radical que constituye en definiti- vva el enigma del universo que se trata de comprender més alld de la finitud humana. Por este expediente, y segin lo anticipa Alain Badiou en el prologo de la obra: “Quentin Meillassoux abre en la historia de la filosofia, concebida en este punto como historia de lo que es co- nocer, un camino suevo", 4 lo largo del nuevo camino, lo absoluto -ligado irtemisiblemente a la contingencia~ esta lamado a perder todo resto de eminencia axiol6- gica, para recuperar su plena legitimidad ontolégica. uw Ahora bien, lo que presumiblemente ni Badiou, ni el propio Meillassoux pudieron anticipay al momento de la ppublicacion de Después de la finitud, hace ya casi una década, fue el impacto masive que esta tendria en la historia inmediata de la filosofia, concebida o no come historia de to que es conocer. due a nadie engafie el caricter tardfo y relativamente marginal de esta prime- ra edici6n castellana (este obedece a causas que seria odioso enumerar aqui); el libro de Neillassoux, apenas aparecido, revolucions toda la escena contemporanea. Y las réplicas del terremoto no cesan ain, porque las armas que el texto aporta a una critica de las ideologias| ¥y del retorno de lo religioso se vuelven mas indispen- Sables cada dia, pero ya antes de eso, el gesto mismo de esa especulacién vuelta por primera vex en mucho tiempo a la comprensidn, sin més, del universo, revita- liz6 el paisaje desolado que habian dejado tras de af en, el continente filoséfico las sucesivas desapariciones de Gilles Deleuze y Jacques Derrida. Histéricamente, la publicacién en Francia de Aprés la finitude, y la répida traducci6n al inglés realizada por Ray Brassier motivaron, en abril det 2007, la cele- bracién de un coloquio en el Goldsmiths College de la Universidad de Londres. Bajo la moderacién de Alberto ‘Toscano, Brassier y Meillassoux intercalaron alli sus po- nencias con las de Tain Hamilton Grant y Graham Har- man. El nombre del evento, “Realismo Especulativo”, se aplicaria luego a toda la corriente de pensamiento que tendrfa allf su origen, y que acabaria convirtiéndose en, el movimiento fleséfico mas prolifco y mejor organiza- do de nuestra generacién. ‘A un nivel mas anecdético, cabria acaso detenerse en el hecho de que el nombre “Realismo Especulati- yo" fue concebido independientemente por Brassier. A cierta distancia, porque no se dira aqul, tan luego, que los traductores sean traidores..., a cierta distancia, entonces, del mas originarlo -y tal ver més preciso “materialisma_especvlativo” det que habla en cambio Meillassoux. Y se podria sefialar que esa fue solo ta pri- mera entre muchas divisiones que se sucederian luego al interior del movimiento filos6fico asi bautizado. Pero ‘To que importa es que a pesar de todo to que llegé a se- pararlos, los participantes de aquel coloquio, y euantos después siguieron sus pasos, han intentado individual y colectivamente aquello que Hegel lamaba “asumir el esfuerza del concepto”, y esto con miras a una renova- cin del pensamiento especulativo y de su pretensién de acceso a lo absoluto, justo en et momento.en.que a historia de la filosofia parecta replegarse.cémodamente, hacia su propia autolimitacién relativista. En lo sucesivo, a lo largo de esos intentos, este en sayo de Neillassoux sobre la necesidad de la contingen- cia funcionarfa siempre como disparador y catalizador de las potémicas suscitadas tanto al interior del movi- miento, como entre sus distintos miembros y el resto de la escena filos6fica mundial. Las intervenciones de los fundadores det Realismo Especulativo incluyen, por 2s, el libro de Harman, Quentin Meillassoux: Philoso~ phy in the Making, hasta hoy la recension mas seria y Aetallada del nuevo camino abierto en la historia de la flosofia, pero junto a ellas son dignas de mencién tam- bin a titulo ejemplar las publicaciones de Martin Hig- ‘glund en Suecia y Adrian Johnston en los Estados Uni- dos, asi como la airada polémica entre Nathan Brown y Peter Hallward, todas ellas inspiradas en la lectura de la obra de Meillassoux. Fuera de Francia, en lengua inglesa, pero con un alcance global, editoriales como Zero Books o Urbano mic y journals como Collapse o Pli, dieron extensa difu- si6n 3 las variadas implicancias del “giro especulativo” producido ~en parte al menos- en torno a la obra de Meillassoux. En castellano, y en nuestro medio, su cir~ culacion ha sido alarmantemente escasa. Mas alla de ata x ca rasente corte la conferencia del propio Meillassoux titulada “Contin 4gencia y absolutizacién de lo uno”, que Adriana Canse- co tradujera para el nimero 25 de la revista cordobesa Mombres, y de otras aportes correlativos e igualmente ‘encomiables de la misma publicacién, la presente edi- cion constituye el primer gesto tendiente a subsanar semejante omisién. Florencio Noceti Buenos Aires, 2015 re PREFACIO a vocacién de la coleccién “EL orden filoséfico” (de la edi- torial Du Seuil, donde este libro aparecié originalmente) es ppublicar no solo obras contemporéneas maduras y consu- rmadas, no solo documentos filosdficos esenciales de todos los tiempos, sino también ensayos en los que se lea el sen- tido de un comienzo, Textos que responden a la siguiente pregunta: “ZEs para curar qué herida, para extraer qué as- tilla de la came de la existencia, que yo me he convertido cen lo que se denomina un filsofo?". Quizas ocurra, como sostenfa Bergson, que un filésofo nunca derarrlle més que una idea. En todo caso lo que es seguro es que nace de tuna sola pregunta, la que se hace presente en tun momen to dado dela juventud interceptando el pensamiento y la vida, y es la pregunta para la cual es necesario encontrar el camino de una respuesta a cualquier precio. Bajo esta rabrica hay que colocar el presente libro de Quentin Meillassoux. Este ensayo breve, fragmento de una empresa filséfica (0 “especulativa”, para emplear su vocabulario) parti cularmente importante, retoma desde la raz el proble- ma que dio movimiento a la filosofa critica de Kan, gue de algin modo, por la solucidn que Kant le con: fu, prin ds Ut hstra del pensnient. te problema, planteado en su forma mas clara por Hume, trata sobre In necesidad de las Leyes de la naturalezs. De dénde puede provenir esa pretendida necesidad, én la medida en que, indiscutiblemente, la experien- cia sensible, de la que proviene todo lo. que sabemes 0 creemos saber sobre et mundo, no puede gerantizar ninguna? La respuesta de Kant, como sabemos, concede a finme que toda proviene de la experiencia, Pero al no eer acerca de la necesidad de tas leyes de a natura- leza, cuyas forma matematica y concordancia con ta observacién empirica son conocidas a partir de Newton, Kant debe conclu en efecto, que eta necesidad a n0 poder provenir de nuestra rcepcion sensible, debe. te- tuyente de un sujeto ‘niveral que Kant denomina el “sujeto trascendenta™ Esta distincion entre la recepcién empirica y la cons- titucin trascendental es en apariencia el marco obligado de todo pensamiento moderno, y en particular de todo pensamiento de ls “modalidades”, como la necesidad y {a contingencia, Incluso Deleuze o Foucault refleionan sobre ela, Pero tambien la encontrames en la distincion entre ciencias formales y cencis experimentales,fun- damental para Carnapy la tradicién analitca. ‘uentin Meilassoux muestra con una feerza sor- prendente que otra comprension del problema de Hume, que aun siendo mas “natural” habe quedado de algin todo disimulad, desemboca en una particion por com- pleto distinta. Como Kant, Meilasoux salva la nece- sidad, incluida la necesidad togica, Pero, como Hume, admite que no hay ningin fundamento aceptable para la necesidad de las leyes de la naturaleza, La demostracion de Meillassoux ~porque se trata de una demostraci6n- establece que hay una sola cosa ab- solutamente necesaria: que las leyes de la.naturaleza sean contingentes. Este anudamiento totalmente nuevo fentze modalidades contrarias instala al pensamiento en una relacién en todo diferente con la experiencia del mundo, una relacién que deshace al mismo tiempo las pretensiones “necesitantes” de la metafisica clasica y 1a Particin “critica” entee lo empirico y lo trascendental. Quentin Meillassoux extrae luego algunas de las consecuencias de su modo de retomar el problema fun- damental (";qué-es lo que puedo.conocer?”) en direc cién a otros dos problemas: zqué debo hacet?, zy qué puedo esperar? Ahi se despliega, para los contemporé- eos, el mas alla de la finitud. Wo es exagerado decir que Quentin Meillassoux abre en la historia de la filosoffa, concebida en este punto como historia de lo que es conocer, un camino nuevo ajeno a la distribuci6n canénica de Kant entre “dogmatismo”, “escepticismo” y “critica”. Si, hay_una necesidad.logica absoluta, St_hay_contingencia radi- cal, $i, podemos pensar lo que es,.y este pensamiento no es para nada dependiente de _un_ supuesto. sujeto sonstituyente Esta notable “critica de la Critica” se introduce aqui sin florituras, yendo a lo esencial en un estilo particu- lamente claro y demostrativo. Autoriza nuevamente a que el destino del pensamiento sea el absoluto, y no los fragmentes y las relaciones parciales en las cuales nos complacemos, a pesar de que el “tetomo de to relia so” sirva de suplemento ficicio para el alma. “0 Alain Badiow DESPUES DE LA FINITUD Ala memoria de mi padre LA ANCESTRALIDAD lose La teorfa de las cualidades primarias y secundatias pa- rece pertenecer a un pasado filoséfico irremediablemen- te perimido: es tiempo de rehabilitarla, Semejante dis- tinein puede aparecer ante el lector de hoy como una sutileza escolastica sin una apuesta filoséfica esencial. Sin embargo, como veremos, lo que esta en juego es la relacién misma del pensamiento con el absoluto, Pero antes que nada, Zde qué se trata? Los mismos términos de “cualidades primaras” y de “cualidades se- ‘cundarias” provienen de Locke; pero el principio de la diferencia ya se encuentra en Descartes." Cuando me que~ 4. Ense los psp teat qe rotan ext diferena,podames meno at Rant Deteares, Dio del modo y Nedtaones mets, Ma (di, ence 2002 Lr prnpan doa Pls, Mad Aan, 196: Sahn Locke raeyo sre leone Ruano, Minio or, Fondo de Guitar Eel, 1009, Seda por sadn gue Descartes y Locke no en ‘Sedan est tinctn Ge mde tin, pero al nos deems eno (ue pite serum neo comin de geal ® t t a u ‘mo con una vela, considero esponténeamente que la sen- saci6n de la quemadura est en mi dedo, y no en la vela. Wo toco tun dolor que estaria presente en la llama, como tuna de sus propiedades; el brasero no se quema cuando quema. Pero to que admitimos para las afecciones debe decirse de igual modo para las sensaciones: el sabor de un alimento no es gustado por el propio alimento, y entonces no existe en él antes de que sea consumido, Del mismo modo, la belleza melodiosa de una secuencia sonora no es escuchada por la melodia; el color deslumbrante de un cuado no es visto por el pigmento coloreado de la tela, cetcétera. En sintesis, nada sensible ~cualidad afectiva o perceptiva- puede existir tal como se da a mi en la cosa sola, sin relactén conmigo mismo o con otro ser viviente Si se considera en el pensamiento a esa cosa “en si", es ecis, indiferentemente de la relacién que sostiene co migo, ninguna de estas cualidades parece poder subsistir. uitese al observador y el mundo se vacta de sus cualida- des sonoras, visuales, olfativas, etoétera, como la llama se “vacia” del dotor una vez que el dedo ha sido retirado, Sin embargo, no se puede decir que lo sensible sea inyectado por mi en las cosas a la manera de una alu- cinacién permanente y arbitraria, Porque existe por cierto un lazo constante entre las 1ealidades y su sen- sacién: sin cosa capaz de suscitar la sensacién de rojo, no hay percepcién de cosa roja; sin un fuego bien real, no hay sensacion de quemadura. Pero no tiene sentido decir que el rojo o el calor de la cosa existiran de igual modo, a titulo de cualidades, tanto sin mi como conmi- 490; sin percepcién de rojo, no hay cosa roja; sin sensa~ ign de calor, no hay calor, Sea afectivo o perceptiva, lo sensible soto existe como relacisn: relacion entre el mundo y el viviente que soy. Lo sensible, en verdad, no esta simplemente “en mi” al modo de un suefio, ni simplemente “en la cosa’ al modo de una propiedad in- ‘erinseca: es la relacion misma entre la cosa y yo. Estas cualidades sensibles, que no estén en las cosas mismas sino en mi relacion subjetiva con ellas, estas cualidades corresponden a lo que los clésicos denominan las cua- lidades secundarias. Ahora bien, no son estas cualidades secundarias las que descalificaron la teoria clisica de les cualidades. ‘Que no tenga sentido atribuir a la “cosa en si” (que fs, en el fondo, la “cosa sin mi") propiedades que solo pueden resultar de una relacién entre la cosa y su apre- hensién subjetiva se convirtié, en efecto, en un lugar coman que poces filésofos cuestionaron. Se discutiré sin duda con vigor, en la tradicion fenomenolégica, el modo en que Descartes o Locke pensaron una relacién semejante: como modificacion de la sustancia pensante ligada a la accion mecénica de un cuerpo material y no, por ejemplo, como correlato noético-noemético. Pero la ‘cuestion no es volver a relacionarse con la manera se- gin la cual los clisicos determinaron la relacién consti- tutiva de la sensibilidad: solo nos importa aqui el hecho de que lo sensible sea una relacion y no una propiedad inherente a la cosa. Desde este punto de vista, acordar con Descartes o Locke no plantea ninguna dificultad a un contemporsneo. Pero no sucede lo mismo cuando hacemos interve- ni el nficleo de la teoria clasica de las cualidades: a saber, el hecho de que habria dos tipos de cualidades. Porque lo que descalifico decisivamente la distincion entre cualidades secundarias y cualidades primarias fue el hecho mismo de la distincion: es decis, la creencia segin la cual la “subjetivacion” de las cualidades sen- sibles (la puesta en evidencia de su lazo esencial con la presencia de un sujeto) no deberfa extenderse a to- das las propiedades concebibles del objeto, sino solo a las determinaciones sensibles. En efecto, entendemos por cualidades primarias propiedades supuestamente inseparables, esta vez, del objeto: propledades que se supone que pertenecen a la cosa, incluso cuando dejo de aprehenderla. Propiedades de ta cosa sin mi tanto como conmigo ~propiedades del en-si, En qué con- sisten? Para Deccartes, son todas las propiedades que resultan de la extension, y que entonces pueden ser objeto de demostraciones geométricas: largo, ancho, profundidad, movimiento, figura, tamafo.* Por nuestra arte, evitaremos hacer intervenir aqui la nocién de extensién, porque esta es indisociable de la representa- cién sensible: no se puede imaginar una extensién que no esté coloreada, y por lo tanto que no esté asociada a una cualidad secundaria. Para reactivar en términos contemporéneos la tesis cartesiana, y para enunciarla ‘en los mismos términos con los que creemos defender 1a, sostendremos entonces lo siguiente: tiene sentido pensar como propiedad del objeto en si a todo lo que puede ser formulado del objeto en términos matema- ficos. Todo to que, del objeto, puede dar lugar a un pensamiento matemético (una formula, una traslacién a niimeros), y no a una percepeién o a una sensacién, es lo que tiene sentido convertir en una propiedad de la cosa sin mf tanto como conmigo. La tesis sostenida, entonces, es doble: por una par~ te admitimos que lo sensible no existe sino: como re- lacion de un sujeto con el mundo; pero por otra parte consideramos que las propiedades matematizables del objeto estan exentas de la constriccién de dicha rela- cién, y que estan efectivamente en el abjeto tal como las concibo, tenga yo relaci6n con dicho objeto 0 no. Antes de justificar esta tesis, hay que discemnir en qué puede parecerle absurda a un filésofo contemporéneo, ¥y develar la fuente precisa de este absudo aparente. 2, Lode, por zones gut na podomoterminar asi, agrgn a eta ta tase me Si esta tesis tiene todas las chances de parecer vania aun contemporineo, es porque es decididamente precri- tioa ~porque representa una regresion a la posicion “in- sgenua” de la metafisica dogmatica. Acabamnos de suponer, fen efecto, que el pensamiento podia discriminar entre las propiedades del mundo que surgen de nuestra rela- cién con él, y las propiedades de un mundo “en si", que subsistirla en sf mismo indiferentemente de la relacion que mantuvigramos con él. Ahora bien, sabemos que esta tesis se convirtio en insostenible desde Kant, e incluso desde Berkeley:" insostenible porque el pensamiento no podria salir de él mismo para comparar el mundo “en si" y el mundo “para nosotros", y entonces discriminar lo ‘que se debe a nuestra relacién con el mundo y to que solo pertenece al mundo. En efecto, semejante empresa es autocontradictoria: en el momento en que pensamos que tal propiedad pertenece al mundo en sf, lo pensa- ses, en efecto, y semejante propiedad se revela entonces. —& ella misma come esencialmente ligada al pensamiento {que podemos tener del asunto. No podemos hacemos una representacion del en-si sin que se convierta en un “pax ra-ntosotros" 0, come lo dice de un modo agradable Hegel, no podemos "sorprender” al objeto “por detrés", de modo de saber qué seria en él mismo:* lo que significa que no podemos conocer nada que esté mas allé de nuestra re- laci6n con el mundo. Las propiedades matematicas det ‘objeto no podrian entonces constituir la excepcion a la subjetivacion precedente: también deben ser concebidas 3. fn ste pt, oe oleimoe a ans do Alen Renaud ata de ants Mts Beno 21 on Soro de 3772 en fat neural Pac, aby, 1297, Sobre ce de Bete Ge anion de as colder feundainy pinata: Pins del covocinint mane, Buenos Ae, Tata, 2004 {LGC Haga, Fomomeelgt dl ep, Wisco a, Fond de Cute como dependlientes de la relacién que un sujeto mantiene con to dado, como una forma de la representacin, si soy tun Kantiano ortodoxo; como un acto de la subjetividad, soy un fenomendlogo; como un lenguaje formal espe- citico, si soy un fil6sofo analitico, eteétera, Pero en todos los casos, un filésofo que ratifica la legitimidad de la re- volucién transcendental -un filésofo que se quiera “pos- exitico", y no dogmatico- sostendr que es ingeno creer que podtiamos pensar algo asi sea una determinacion matemética del objeto haciendo abstraceién del hecho de que siempre somos nosotros las que pensamos algo Observemos ~porque tendremos que volver a ello- gue la revolucion trascendental consistié no. simple- mente en descalificar el realismo ingenuo de los me- tafisicos dogmaticos (de eso ya se habia encargado el idealismo subjetivo de Berkeley) sino también, y so- bre todo, en redefinir la objetividad fuera del contexto ogmatico. En el marco kantiano, la conformidad de un enuneiado con el objeto no puede definirse, en efecto, como “adecuacién” o “semejanza” de una representa cién a un objeto que se supone “en si", porque dicho en-si es inaccesible. La diferencia entre’ une represen- tacion objetiva (del tipo: “el sol calienta la pledra”) y tuna representacion “simplemente subjetiva” (del tipo: “la habitacién me parece calurosa”) debe entonces pa- sar por la diferencia entre dos tipos de representacio nes subjetivas: las que son universalizables ~es decir, experimentables en principio por cualquiera y, a ese titulo, “cientificas", y las que no son universalizables, y no pueden en consecuencia formar parte del discur- so de la ciencia. Desde entonces, la intersubjetividad, el consenso de una comunidad, ha estado destinada a sustituir la adecuacién de las representaciones de un sujeto solitatio a la cosa misma, a titulo de criterio auténtico de ta objetividad, y mas especialmente de la objetividad cientifica. La verdad cientifica ya no es 10 que se conforma a un en-s{ que se supone indiferente a su donacién, sino lo que es susceptible de ser dado a tuna comunidad cientifica para compartir, Semejantes consideraciones nos permiten capturar en aque aspectos Ia corelacidn parece haberse convertico en la nocion central deta filosofia moderna a partir de Kant. Por “corelacén® entendemos ta idea segan la cia mo onan sco geal oetcon ene encamiento y er, y munca a alguno de estos términos fomatos aisladamente. En lo rucerivo denominaremos correlcionismo a toda comiente de pensamiento que Sostenga el cardcter insuperable de la correlacin i entendida, De allen més se hace posible dcie que toda filsofia que no se pretenda un relismo ingento ee ha convertido en una variant del coreelacionismo. Examinemos més de cerca el sentido de dicho flo- sofera: “correlacén, conelacionismo” Tl corelacionismo consist en descalificr toda pre- tension de consider ls esfras do la subjetivigady dela ovjetividad independientemente tna de la ota. to ola hay que decir que nance aprenendemas in objeto “en 5" aislado de su relacion con el sujet, sino que debemoe fostener también que munca aprehendemos un sujeto que ho ests siempre en relacin con un objeto. Si podemos denominar “cirevlo corelacional” al azgumento segin ft cual no podemoe pretender pensar el ens entrar fn un crculo vicosp, sin contadecimos de inmediato, podemas denominar “paso de baile conelacional” a esa otra figura del razonamento ala cual los flsofes se han fcostumbrado tan bien: esta figura, que encontramos en las obras contemporaneas con tanta frecuencia, sotie- ne que “serla ingenuo pensar al sujeto y al objeto como dos entes que subsistcan cada uno por sf mismo y als uals ta relacién que mantienen entre si sels agTegaria devde afuera. Por el contiario, la relacién es en certo ‘modo anterior: el mundo no tiene sentida de mundo més ‘que porque se me aparece como mundo, y el yo no tiene su sentido de yo sino porque es respecto del mundo aquel para et cual el mundo se devela... De modo general, el “paso de baile” del moderno es ‘esa creencia en la primacia de la relacién por sobre los ‘términos vinculados, ereencia en la potencia constitutiva de la relacién mutua, El “co-" (de co-donacion, de co-rela- cidn, de co-originariedad, de co-presencia, etcétera), ese “co-" es la particula dominante de la filosofia moderna, su verdadera “formula quimice’ Asi, se podtia decir que ‘hasta Kant uno de tos problemas principales de la flosofia consistié en pensar la sustancia, mientras que a partir de Kant se trata mas bien de pensar la correlacion. An- tes de lo trascendental, una de las preguntas que podia desempatar de modo decisivo a dos fil6sofos rivales era la siguiente: zcudl es el que piensa la verdadera sustan- cia: es el fil6sofo quien piensa la Idea, el individuo, el ‘tomo, Dios, qué Dios? Después de Kant, y desde Kant, desempatar a dos filésofos rivales ya no resulta de pre- guntarse cual piensa la verdadera sustancialidad sino de preguntarse cual piensa la correlacién més originaria. Es el pensador de la correlacién sujeto-objeto, del correlato noético-noematico, dela correlacion lenguaje-teferencia? La pregunta ya no es cual es el sustrato justo? sino: geudl es el justo correlato? La conciencia y et lenguaje fueron los dos “medios” prin- ipates de ta correlacién en el siglo x, dando sostén respectivamente a la fenomenologia y a las diversas co- rientes de la filosofia analitica. Francis Wolf los earac- teriza con mucha justicia cuando hace de ellos “obje- tos-mundo"® La conciencia y el lenguaje son en efecto abjetos Gnicos, porque “hacen mundo’. Y si esos objetos hacen mundo, es porque, para ellos, “todo est adentro”, ‘pero también “todo esta afuera...”. Wolff continaa ast Todo esta adentro porque, par poder pensar lo que sea ‘que pensemos, hay que ‘poder tener conciecia de ello hhay que poder deci, y entonces estamos encerraos en lengua o en una conciencia, sin poder salir de all. En fexte sentido no tienen exterior. Peo en et sentido, es ‘tin completamente vustos hacia el exterior, son la venta- za misma del mundo: porque tener conciencia es siempre tener concienca de algo, hablar es necesariamente hablar de algo. Tener conciencia del bel es tener concieneia det ‘rbol mismo, y no de una ide de dvb, hablar del drbot no es decir una palabra sino hablar de la cos, a pesar de aque conclenciay Lenguaje solo encieren el mundo en sf rmismas porque, a la knversa, estan por completo en €l Estamas en la conciencia 0 el lenguale como en una jaa transpatente. Todo ets afuera pero es imposible sax” Lo que es notable en esta descripcion de la conciencia. y el lenguaje de los modernos es que exhibe el carécter pparadéjico de la exterioridad correlacional: por una parte cl cortelacionismo insiste en el lazo originario tanto de la conciencia como del Lenguaje con wn afuera radical (la con- iencia de la fenomenologia se trasciende, “estalla", como dice Sartre hacia el mundo); pero por otra parte, esta inss- ‘tencia parece disimular un extrafio sentimiento de encie~ ro, de enclaustramiento en wn afuera semejante (la “jau- la transparente"). Porque estamos bien encerrados en el en-afuera del lenguafe y la conciencia, puesto que estamos 5. olppe Huneman y Balle Kuck Igoducton& la phénomdraloi. Pac, Aman Clin, 1997. 6: rane Wall De e monde, Fc, 1997 Ten om sae ali siempre-ya (otra locucién esencial, con el “co-", del comelacionismo), porque no disponemos de ningin punto de vista desde el cual podamos observar desde el exterior a estos “objetos-mundo", donadores insuperables de toda cexterioridad, Ahora bien, si ese afuera nos aparece como un afuera claustral, un afuera en elcual tiene sentido sen- tirse encerrado, es porque un afuera semejante es, a decir verdad, por completo relativo, puesto que es ~precisemen- te- relativo, relative a nosotros mismos. La conciencia y su lenguaje se transcienden, por cierto, hacia el mundo, pero mundo hay solo en tanto que una conciencia pueda transcender respecto de él, Este espacio del afuera solo es, entonees, el espacio de to que nos enfrenta, de lo que no existe ms que a titulo de “respecto a” nuestta propia exis- tencia, Por eso, en verdad, no nos transcendemos demasia do leos sumergiéndonos en dicho mundo; nos contentamos con explorar las dos earas de lo que sigue siendo un frente a frente ~como una medalla que no conaciera sino su reverso. Y silos modernos ponen semejante vehemencia en sostenet que el pensamiento es pura orientacion hacia el exterior, podria suceder que sea, en verdad, en razén de un duelo smal asumido ~por denegacion de una pérdida inherente al abandono del dogmatismo. Podria suceder, en efecto, que los modeznos tuviesen la sorda impresion de haber perdido inremediablemente el Gran Afuera, el Afvera absoluto de los pensadores precrticos: ese Afuera que no era relativo a no- otros, que se daba como indiferente a su donacién para ser lo que es, al existir tal como es en él mismo, lo pensemos © no; ese Afuera que el pensamiento podria recorter con cl sentimiento justificado de estar en tierra extranjera, de ‘estar, esta vez, plenamente en otra parte. Subrayemos, para finalizar esta breve exposicién del f- losofema poscritico, que la conelacién pensamiento-ser no se reduce a la conelaci6n sujeto-objeto. Dicho de otra ‘manera: el dominio de la comrelacin sobre el pensamnien- to contemporéneo no implica el dominio de las filosofias de la representacién. En efecto, es posible crticar a estas, filogofias en nombre de una correlacion mas originaria entze el pensamiento y el sex. ¥, de hecho, las crticas de la representacion no significaron una ruptura con la conelaci6n, es decir un simple retorno al dogmatismo. Contentérionos con dar un ejemplo acerca de este punto: el de Heidegger. Por una patte, se trata por cierto para Heidegger de sefialar, en todo pensamiento metafi- sico de la representacion, una obliteracién del ser 0 de la presencia en provecho snicamente del ente-presente, considerado como objeto. Pero por otva parte, pensar se- mejante velamiento del set en el seno det develamiento del ente que él hace posible supone, para Heidegger, tomar «en consideration la co-pertenencia (zusammengehor ‘originaria del hombre y el ser, que él denomina Ereignis. La nocion de Ereignis, central en el iiltimo Heidegger, sigue siendo entonces fiel a la exigencia cortelacional heredada de Kant, y prolongada por la fenomenclogia hnusserliana: porque la “co-apropiacion” que es el Ereig- nis significa que tanto el ser como el hombre no pueden ser planteades como dos “en-sf” que no entrarian en re~ lacién sino en una segunda instancia. Los dos términos de la apropiacion, por el contrario, estan constituidos originariamente por su relacién mutua: “El Ereignis es la ‘conjuncién esencial del hombre y el ser, unidos por una pertenencia mutua de su ser propio" Y el pasaje que 1 Matin Heidegoe Herida y fren, Sarlona,AnErape, 1990. 1. Inde. Heeger insite, por cleo el haco Ge qe, en el trina oeprtennnet, el “o~'(l“rsamnerr debe ser compre a parse sos dea patency nol petanenci apa a co" Fees {sna lamented err enter arid del pereanento yl tra manera delete, como nexus conned, yeu de tad xe al Cen da tems ove wat de abuonar ele" ino delve 2 pear Im ovsiraidad po fuera de os eoquaras la epreerace, sigue muestra con claridad el mantenimiento riguroso, fen Heidegger, del “paso de baile” correlacional: “Deci mos siempre del ‘Ser mismo’ demasiado poco, sial decir ‘el Ser’, omitimos la pre-sencia para la esencia humana, y con ello desconacemos que esa esencia misma forma parte de ‘el Ser. Decimos también siempre demasiado ‘poco del hombre, si al decir ‘el Ser’ (no el ser humano), ponemos el hombre para sf, y lo asf puesto lo ponemos entonces otra vez en relacién con el ‘Ser”. " Contamas desde entonces el niimero de decisiones que todo filésofo debe ratificar -cualquiera sea la dimensién de su ruptura con la modernidad- sino quiere hacer una regresién a una posicién simplemente dogmética: cfculo 1y paso de baile cortelacionales; sustitucién de la adecua- ‘idn por la interstibjetividad en la redefinicion de la obje- tividad cientifica; manteniniento de la corrlacién hasta cen la critica de la representacion; afuera claustral. Estos ppostulados caracterizan a toda filosofia “poseritica", es decir, que todavia se pretende lo suficientemente fiel al kkantismo como para recusar todo retorno puro y simple a 1a metafisica precritica. Al sostener la existencla de las cualidades primarias faltamos al conjunto de estas decisiones, ¢Es que estamos decididos, entonces, a hacer una regresin hacia el dogma- tismo con tos ojos abiertos? Y antes que nada, zqué nos in- cita a romper de este modo con el circulo de la correlacion? 4" Es una Uinea simple, Puede tener muchas tonalidades, un_ poco como un espectro de colores separados por trazos 20, Manis Heesgery Hs Dinger, “aca a pregurta dl seen Aoeea irsmo, Baan, Pi. 1984 | | | | | | -verticales carts. Sobre estos, cifras que simbolizan can- tidades inmensas. Es una linea como se puede ver en cualquier obra de divulgacion cientifica. Las cifras desig- nan fechas, y esas fechas son en lo fundamental las. «el origen del Universo (13,5 miles de millones de afos); «la formaci6n dela Tiera (4,46 miles de millones de aftos); + elorigen de a vida terestre (3,5 miles de millones de ais); + eLorigen del hombre (Homo habilis, 2 millones de afos). Hoy, la ciencia experimental es capaz de producir enun- ciados que atafien a acontecimientos anteriores al adve- nimiento de la vida tanto como de la conciencia. Estos fenunciados consisten en la datacién de “objetos” a veces ras antiguos que toda forma de vida sobre la Tierra. De estos procedimientos de datacién ee decia que exan rela- tivos mientras no concernieran més que a las posiciones. cen el tiempo de los fosiles unos en relacién con ottos (se obtenian, particularmente, por el estudio de la profun- didad relativa de los estratos rocosos en los cuales estos fisiles eran descubiertos). Las dataciones se convirtieron, en “absolutas” a parti del momento (es decir, en lo esen- cial, desde los aos treinta) en el que se perfeccionaron, ‘éenicas capaces de determinar la durecion efectiva de los objetos medidos. Estas técnicas se apoyan en general en la velocidad constante de la desintegracin de tos nécleos radiactivos, asf como en las teyes de la termoluminiscen- cia, ya que estas dltimas permiten aplicar las técnicas de la datacién radiactiva ala luz emitida por las estrellas."* ‘i: Domingue Lovo ends es damento enced a Mito de lar dtu abouts, en el contest plano del enoraloerais- ‘ode low Ean Us dele ea ohana argu ete a Beet Darwin, awe 1992 agpoco deste ena st Foe consti ‘natn franco de Sone Aran Pour le Sec as omg de at {ation enuo-murn de 2004, Pass ua noua mas een, Modes de dtation pr les hina ucts neces, pnts, Bath 78, oe: Entonces hoy la ciencia esta en condiciones de de~ terminar, precisamente -y aunque mas no sea a titulo de hipétesis a revisar-, las fechas de formacién de los fésiles vivientes anteriores a la emergencia de los pri- ‘eros hominidos, la fecha de formacién de la Tierra 0 las fechas de formacién de los astros, incluso la “anti- gliedad” del Universo mismo. a pregunta que nos interesa es entonces la si- guiente: zde qué hablan los astrofisicos, los geélogos. ‘© los paleontélogos cuando discuten la edad del Uni- vverso, la fecha de la formacién de La Tierra, la fecha Gel surgimiento de una especie anterior al hombre, la fecha del surgimiento del hombre mismo? ;Como captar el sentido de un enunciado cientifico que se refiere-explicitamente a un dato det mundo postula~ do como anterior a la emergencia del pensamiento, & incluso de ta vida, es decir, postulado como anterior a toda forma humana de relacién con el mundo? 0, para decislo con més precision: zc6mo pensar el sentido ée un discurso que hace de la relacién con el mundo =viviente y/o pensante- un hecho inscripto en una temporalidad en el seno de la cual esa relacién solo es un acontecimiento entre otros, inscripto en una sucesién de la cual no es més que un jalon, y no el origen? 2Cémo puede la ciencia simplemente pensar tales emunciados, y en qué sentido se les puede atri- Duir una eventual verdad? Establezcamos el vocabulario: - denominamos ancestral a toda realidad anterior a la aparicion de la especie humana, e incluso anterior @ ‘toda forma registrada de vida sobre la Tierra; = denominamos archifésil 0 materia fésil no a los ma- ony (i) Iplootlnane, Mason, 1985, ex, ap CPs of sia, E Rt) yep. (Ta thertumineran” Lab Yl). teriales que indican huellas de vida pasada, que son los fosiles en sentido propio, sino a los materiales que indican la existencia de una realidad o de un acon- ‘tecimiento ancestral, anterior a la vida terrestre. Un archifbsil designa entonces el soporte material a partir el cual se hace la experimentacion que da lugar a la estimacion de un fendmeno ancestral, por ejemplo un isotopo cuya velocidad de descomposicion se conoce a través de la radioactividad, o la emision de luz de una ‘estrella susceptible de darnos informacion acerca de la fecha de su formacion. Partamos una ver més de esta simple constatacin: hoy, la ciencia formula un cierto namero de enunciados ancestrales que refieren a la edad del Universo, a la formacton de las estrellas 0 a la formacién de la Tierra. Es cierto, no nos corresponde juzgar la fiabitidad de las técnicas empleadas para la formulacién de dichos enunciados, Lo que nos interesa, en cambio, es saber ‘a qué condiciones de sentido responden semejantes fenunciados. Y preguntamos con mayor exactitud: gqué interpretacién el correlacionismo es susceptible de dar die los enunciadas ancestrales? Se hace necesaria aquf una precision. En verdad hay (volveremos a ello) dos modalidades principales del pensamiento de la comelacién, asi como hay dos modalidades principales del ideatismo. La correlacién, fen efecto, se puede plantear como insuperable o bien esie un punto de vista trascendental (y/o fenome- nolégico), o bien desde un punto de vista especulati- vo, Es posible sostener la tesis segiin la cual no apre- hhendemos sino correlaciones, o bien la tesis segiin la ccual la correlacion es, por ella misma, etema. En este ‘timo caso, el de la hipdstasis de la correlacion, no estamos enfrentando un correlacionismo en sentido stricto, sino una metafisica que eternizaré al Ego 0 al Espiritu para hacer de ellos la contraparte perenne de ta donacién del ente. Para esa perspectiva, el enun- lado ancestral no plantea dificultades: el metafisico del Correlato-eterno podré sostener la existencia de un. “Teatigo ancestral”, un Dios atento que hace de todo acontacimiento un fendmeno, un dado-e, asi ese acon- tecimiento sea la formacién de la Tierra o incluso del Universo. Pero el cortelacionismo no es una metafisica zno hipostasia la correlacién, limita mds bien por medio de la correlaciOn toda hipéstasis, toda sustanciatiza- ida de un objeto del conocimiento en Ente existente por si mismo, Decix que no potemos sustraernos del horizonte correlacional no es afirmar que la correla- cién podrla existix por si misma, con independencia de su encarnacién en individuos. No conocemos ninguna conelacién que esté dada fuera de los seres humanos, y no podemos salir de nosotros mismos para descubrir si es posible que semejante desencarnacién del corre- Tato sea verdadera. Fl Testigo ancestral es entonces tuna hipétesis ilegitima desde el punto de vista de un correlacionismo estricto, La pregunta que hemos plan- teado se puede entonces volver a formular asi: desde ‘que nos situamos en el seno del correlato, negandonos al mismo tiempo a su hipéstasis, zeSmo interpretar un fenunciado ancestral? ‘Subrayemos primero que el sentido de los enuncia- dos ancestrales no plantea problemas para una flosofia dogmatica tal como el cartesianismo. 2Qué significa- ian, en efecto, esos acontecimientos para un fisico adepto a las Meditacianes? Este comenzaria por la si- guiente observacién: no tiene mucho sentido, en lo que respecta a un acontecimiento anterior a la emer- gencia de la vida terrestre -por ejemplo, el periodo de acrecién de la Tierra (es decir, el perfodo de acu- mulacién de materia que da lugar a la formacién de nuestro planeta)-, decir que entonces hacfa “mucho calor”, 0 que la luz era “enceguecedora”, o pronunciar ‘otzos juicios subjetives del estilo. Desde et momento fen que no conocemos a un observador que haya hecho experiencia directa de la acrecion de la Tierra, desde el momento mismo en que no podemos capturar como tun observador vivo hubiera podido sobrevivir a esa experiencia, de haber experimentado semejante calor, tentonces nos contentaremos con formulas, a propésito de ese acontecimiento, lo que las “medidas”, es deci, to que los datos matematicos nos permiten determina: por ejemplo, que comenz6 aproximadamente hace 4,56 miles de millones de afos, que no se produjo en un instante, sino que se destiz6 a lo largo de varios mi- llones de afios, incluso de varias decenas de millones de afios, que ocap6 un cierto volumen en el espacio, volumen que pudo variar en el tiempo, etcéters. Ast, habrla que decir que no tiene sentido sostener que las, ‘cualidades inhezentes a la presencia de un ser viviente color (pero no longitud de onda), calor (pero no tem- peratura), olor (pero no reaccién quimica), etcétera~, fentonces, que estas cualidades secundarias estaban presentes en el momento de la acrecién de la Tierra. Porque estas cualidades representan los modos de re: lacién de un ser vivo con su entorno, y no pueden ser pertinentes para deseribir un acontecimiento anterior a toda forma de vida registrada, e incluso incompatible com la existencia de un ser vivo. En cambio, sostendre- ros que los enunciados que tratan de la acrecién que son formulables en términos mateméticos designan, en lo que tiene que ver con ellos, propiedades efectivas del acontecimiento en cuestién (su fecha, su duracién, su extensi6n), incluso cuando ningin observador haya estado presente para hacer una experiencia directa de dicho acontecimiento, A través de esto, sostendremos una tesis cartesiana sobre la materia, pero no, obser- vémoslo bien, una tesis pitag6rica: ‘no diremos que el ser de la acrecién es intrinsecamente matematico, i t t ° u que los ndimeros o las ecuaciones involucradas en los enunclados ancestrales existen en si. Porque abria que decir, entonces, que la acrecion es una realidad tan ideal como un mimero © como una ecuacién, Los enunciados, de un modo general, son ideales en tanto que son una realidad significante: pero sus referen- tes eventuales no son necesariamente ideales (el gato en el felpudo es real, aunque el enunciado “el gato ‘esta en el felpudo” sea ideal). En este caso, dirfamos entonces: los referentes de los enunciados que tratan de fechas, volimenes, etcétera, existieron hace 4,56 miles de millones de aftos tal como esos enunciados los deseriben, pero no esos enunciados mismos, que nos son, por su parte, contemporéneos. ero seamos més precisos. Un hombre de ciencia no dir de modo categérico ~porque seria carecer de pru- dencia~ que un acentecimiento ancestral se prodyjo con total seguridad tal como lo describe. Bien sabemos ~al menos desde Popper que toda teoria propuesta por la ciencia experimental es revisable en pleno derecho: es decir, refutable en beneticio de una teorfa mas elegante ‘0 mas conforme a la experiencia, Pero esto no impedira a un hombre de ciencia considerar que tiene sentido Suponer que su enunciado es verdade pudieron en efecto pasar como él las ha descripto y que, hasta tanto otra teoria no suplante su descripelén, es legitimo admitir la existencia del acontecimiento tal ‘como él lo reconstituye. Y, sea como sea, si su teoria ces refutada, no podrd ser mas que en beneficio de otra ‘teorfa que a su vez tenga alcance ancestzal, y que a su ‘vez se suponga verdadera. Los enunciados ancestrales son, entonces, segim la perspectiva cartesiana, enun- ciados cuyos referentes pueden ser planteados como reales (aungue pasados) desde el momento en que son considerados validos por la ciencia experimental en un ‘momento datio de su desarrollo. r | ‘Todo esto nos permite decir que el cartesianismo da cuenta, de manera completamente satisfactoria, de las concepeiones que un hombre de ciencia puede hacerse de su disciplina. Se podria incluso apostar, sin adelan- tamos mucho, que desde el punto de vista de la teorfa de las cualidades, los hombres de ctencia estarin en afinidad con el cartesianismo mas que con el kantismo: que estaran prestos a admitir, sin demasiada dificultad, que las cualidades secundarias no existen més que a ti tulo de relacion de un ser vivo con su mundo, pero que seran sin duda bastante mds reticentes a admitir que las cualidades primarias ~matematizables- no existen mas que a condicién de que nosotros mismos exista- mos, y no como propiedades de las cosas mismas. Y a decir verdad, su posicién nos resulta mas que compren- sible, desde el momento en que nos preocupamos seria- mente por determinar cémo el correlacionismo puede dar cuenta de la ancestralidad. Comprendemos bien, en efecto, que la interpretacion, precedente es imposible de admitir desde el punto de vista comrelacional, al menos imposible de admitir lite- raimente. Por cierto, los fil6sofos se convirtieron, en, materia cientifica, en modestos, e incluso en pruden- tes. Un filésofo comenzaré entonces por asegurar en. general que sus concepciones no interfieren en nada con el trabajo del hombre de ciencia, y que la mane- ra en que este ultimo se expresa a proposito de sus investigaciones es perfectamente legitima. Pero agre- ‘gard (o lo pensaré para sf): legitima, en su orden, Que se comprenda: es normal, natural, que el hombre de ciencia tenga una actitud espontanea realista, actitud que comparte con el “hombre comén’. Pero en lo que le concieme, el filésofo posee un cierto tipo de saber que impone una correccion a semejantes enunciados, conreccién en apariencia minima, pero que basta para, a abrimos otra dimension del pensamiento en su rela- cién con el ser. Sea el siguiente enunclado ancestral: “El aconteci- riento x se produjo tantos afios antes de la emergencia del hombre", El flésofo cozzelacionista no intervendra en nada acerca del contenido del enunciado: no dis- ccutiré que sea en efecto el acontecimiento x el que se haya producido, ni discutiré la fecha de dicho aconte- cimiento, No: s@ conformaré con agregar ~mentalmen- te quizés, pero lo agregaré- algo asi como un simple codicilo, siempre el mismo, colocado con discrecion at final de la frase. A saber: el acontecimiento x se produ tantos aos antes de la emergencia del hombre ~para el hombre (¢ incluso para el hombre de ciencia). Este codicilo es el codicilo de la modernidad: el codicilo a través del cual el filésofo modemo se cuida (o al me- nos asi lo cree) de intervenir en el contenido de la ciencia, preservando un régimen de sentido exterior al de la ciencia, y més originario que aquel. Entonces, et postulado del corvelacionisma, frente a un enunciado ancestral, es que hay al menos dos niveles de sentido en semejante enunciado: el sentido inmediato, realista; y un sentido més original, correlacional, inaugurado por el cadicilo. 2Qué es entonces una interpretacién literal del enun- ciado ancestral? La creencia en que el sentido realista det enunciado ancestral esau sentido dltimo, que no hay otro régimen de sentido susceptible de profundizar la compren- sin, que el codicila del filésofo no viene a cuento para estudiar la significacién del enunciado. Ahora bien, el co- nielacionista no puede aceptar esto. Porque supongamos por un instante que la interpretaciOn realista,cartesiana, nas dé acceso al sentido iltimo del enunciado ancestral. Entonces nos verlamos levados a sostener lo que no puede aparecer sino como una sucesion de absurdidades al filéso- fo poseritico, a saber, y la lista no es exhaustiva: - que el ser no es coextensivo a la manifestacién, pues- to que se han producido en el pasado acontecimientos que no se manifiestan a nadie: =que lo que es ha precedido en el tiempo a la manifes: tacién de lo que es: = que la manifestacién apareci6 ella misma, en el tiem- poy enel espacio, y que a ese titulo la manifestacion nto es la donacién de un mundo sino que es mas bien lla misma un acontecimiento intramundano = que este acontecimiento, ademas, puede ser fechado; = que el pensamiento esta entonces en condiciones de ‘pensar la emergencia de la manifestacién en el ser, y de pensar un ser, un tiempo, anterior a la manifestacion; = que la materia fésil es la donacién presente de un set anterior a ta donacin, es decir que un archifésil manifiesta la anterioridad’de un ente respecto de la ‘manifestacion Paro, pata el correlacionista, semejantes envncia. dos se esfuman desde el momento en que se actualiza la autocontradiccién, segiin él resplandeciente, de la definicign precedente del archif6sit: donacién ‘de un ser anterior ala donacién. “Donacién de un ser.” Todo el punto esta alli: el ser no es anterior a la donacién, alse dona como anterior a la donacién. Lo que basta para demostrar que es absurdo encarar una existen- cia anterior, cronolégicamente ademés, a la donacion misma, Porque la donacién es primera, y el tiempo rismo no tiene otro sentido que el de estar siempre ya comprometido en la relacion del hombre con el mundo. Entonees hay dos niveles de aproximacién a la ances- tralidad, para el correlacionista, que recortan el re- doblamiento del término “donacion” en el enunciado due esta en juego, a saber: el ser se dona (ocurtencia 1) como anterior a la donacién (ocurrencia 2). En el nivel inmediato, olvido el carécter originario de la do- nacién, me pierdo en et objeto y naturatizo ta dona- ion haciendo de ella una propiedad del mundo fisico, susceptible de aparecer y desaparecer a la manera de una cosa (el ser se dona como anterior a la donacién). En un nivel profundo (el ser se dona como anterior la donacién), comprendo que la cortelacién er-pensa- miento precede logicamente a todo enunciado empiri- co que trate sobre el mundo y las entes intramunda- nos. Asi, puedo articular sin perjuicio la tesis de una antetioridad cronolégica de lo que es respecto de to fue aparece ~nivel del sentido inmediato, realista, de- rivado- con la tesis -més profunda, més originaria, la ‘inica justa a decir verdad~ de una anterioridad logica de la donacion respecto de lo que se dona en el seno 4e la donacién (y de la que forma parte la anterioridad cronolégica precedente). Dejo entonces de creer que la acrecién de la Tierra habria isa y lanamente precedi- do ala aparicion det hombre en el tiempo, para captar aque elestatuto del enunciado en juego es mas comple- jp. Este enunciado, comprendido de mode riguroso, se formularé asi: "La comunidad presente de los hombres 4e ciencia tiene razones objetivas para considerar que la acrecion de la Tierra precedi6 la emergencia de los hominidos en x aftos". Detallemos entonces esta formula. Dijimos que la objetividad se definia desde Kant no en referencia al objeto en sf (semejanza, adecua-~ cién del enunciado a to que designa) sino en referen- cia ala universalidad posible del enunciado objetivo. Es la intersubjetividad det enunciado ancestral -que sea verificable en principio por cualquier miembro de la comunidad cientifica- lo que le garantiza la ob- jetividad, y entonces la “verdad”. No puede ser de otra manera: porque su referente, tomado al pie de la letra, es impensable, En efecto, si se rechaza la hipés- tasis de la comtelaci6n, hay que decir que el universo fisico no podria preceder realmente a la existencia i Gel hombre, o al menos a la existencia de los seres, vives. Un mundo no tiene sentido més que como da- do-a-un-ser-viviente 0 pensante, Ahora bien, hablar de “emergencia de la vida” es evocar una emergencia de la manifestacién en el seno de un mundo que la preexistiria, Desde el momento en que hemos descali- ficado este género de enunciados, debemos atenernos cestrictamente a lo que nos esta dado: no la emergen- cia impensable de la manifestacién en el ser, sino lo Gado universalizable del material-fosil presente: velo- cidad de la descomposicion radiactiva, naturaleza de la emisién estelar, etcétera. Un enunciado ancestral 5 verdadero, segiin el correlacionista, en el hecho de ‘que esta fundado en una experiencia presente ~ zada sobre un material-fosil dado- y universalizable (verificabte en principio por cualquiera). Se puede de- cir entonces que el enunciado es verdadero porque se ‘apoya en una experiencia en principio reproductible ppor todos (universalidad del enunciado), sin exeer in- genuamente que su verdad provendrfa de una adecua- ion a le realidad efectiva de su referente (un mundo sin donacién de mundo). Para decirlo de otro mado: para aprehender el sen- tido profundo de to dado fésil, segiin el correlacionista no hay que partir del pasado ancestral sino del presen- te comtelacional. Es decir que debemos efectuar una re- troyeccién del pasado a partir del presente. Lo que nos est dado, en efecto, no es algo anterior ala donacién, sino solo algo dado presente que se da por tal. La ante- loridad logica (constitutive, originaria) de la donacién respecto del ser de lo dado debe entonces conducirnos a subordinar el sentido aparente del enunciado ances- tral a un contrasentido mas profurdo, incluso el tnico capaz de entregar su significacién: no es la ancestrali- dad la que precede a la donacién, es lo dado presente gue retroyecta un pasado que parece ancestral. Para comprender el fosil es preciso ir, entonces, del presente al pasado, segin un orden logico, y no del pasado al presente, segiin un orden cronologico. En nuestra opinidn, entonces, todo rechazo det dogmatismo impone al filésofo.confrontado con la ancestralidad dos decisiones: el desdoblamiento del sentido y la retroyeccién. El sentido profundo de la ancestralidad reside en la retroyeccién Logica impuesta a su sentido inmediatamente cronolégico. En vano da- ‘mos vuelta las cosas en tados los sentidos posibles: no vemos cémo seria posible interpretar de otra manera cl archifésil permaneciendo fieles a los requisitos de la comrelacion. Ahora, gpor qué esta interpretaci6n de la ancestralidad es evidentemente insostenible? Y bien, para entenderlo| ros basta con plantear al corielacionista la siguiente pregunta: pero qué pas6 entonces hace 4,56 miles de millones de afios? ¢La acreci6n de la Tierra tuvo lugar sto no? En un sentido si, responder, puesto que los enun- ciados cientfficos que indican semejante acontecimien- to son objetivos, es decir, estan verificados de manera intersubjetiva. Pero en un sentido no, agregars, puesto que el referente de tales enunciados no puede haber existido del modo en que estd ingenuamente descripto, es decir, como no-correlacionado con una conciencia. Pero entonces desembocamos en un enunciado bastante extraordinario: el enunciado ancestral es un enunciado verdadero en el hecho de que es objetivo, pero respecto del cuales imposible que el referente haya podico efecti- vamente existir tal como dicha verdad to describe. Es un enunciado verdadero que describe sin embargo, como real, un acontecimiento imposible, un enunciado “ab- jetivo” sin objeto pensable. En sintesis, para decirlo de ‘un modo mas simple: es un sin-sentido. Es lo que tam- bién comprendertamos al sefialar que si los enunciados: ancestrales no extrajesen su valor sino de la universa- lidad presente de su verificacién, no tendrian ningiin interés para los hombres de ciencia que se toman el trabajo de establecerlos. No se establece una medida para demostrar que esta medida es buena para todos, los hombres de ciencia: se la establece en vistas a una determinacién de to medido. Es porque ciertos isétopos radiactivos son susceptibles de informarnos acerca de tun acontecimiento pasado que intentamos arrancarles la medida de su antigiiedad: si se hace de dicha ant giedad algo impensable, la objetividad de la medida deviene vacia de sentido e interés, al no indicar nada mas que a si misma. Pero la ciencia no apunta, a través de sus experiencias, a establecer la universalidad de sus experiencias: apunta, a través de una experiencia que se pueda reproducir, a referentes exteriores que dan su sentido a las experiencias. La retroyeccién que el correlacionista esta obli- gado a imponer al enunciado ancestral es entonces tun verdadero contra-sentido que comete respecte de @l: un enunciado ancestral no tiene sentido mds que a condicién de que su sentido literal sea también su sen- tido altima, Si se desdobla el sentido, si se inventa para el enunciado un sentido profundo conforme a la cortelacién, que vaya a contra-sentido del sentido re- alista, se suprimird el sentido, lejos de profundizarlo Es lo que expresaremos al hablar de realismo irreme- diable det enunciado ancestral: ese enunciado tiene un sentido realista, y solamente un sentido realista, © no lo tiene. Esta es la raz6n por la cual un corre. lacionista consecuente deberia dejar de “componer” con la ciencia, dejar de creer que puede articular dos niveles de sentido sin afectar en nada el contenide del enunciado cientifico con el que pretende tratar. No hay compromiso posible entre el correlato y el ar- chifosil: al admitir uno de los dos, el otro queda por ese mismo hecho descalificado. Dicho de otra mane- 1a, el correlacionismo coherente deberia dejar de ser modesto y atreverse a afirmar en vor alta que est en condiciones de ensefiar a priori al hombre de ciencia que sus enunciados ancestrates son enunciados iu- sorios: porque el cotrelacionista sabe que lo que se describe de ese modo nunca pudo haber tenide lugar tal como se lo describe, Sin embargo, desde ese momento todo sucede como si la frontera entre el idealismo trascendental idealismo de cierto modo urbano, educado, razona- ble~ y el idealismo especulativo, e incluso subjetivo ~idealismo salvaje, rudo, mas bien extravagante- todo pasa, entonces, como si esa frontera que habfamos aprendido a trazar ~y que separa a Kant de Berkeley-, ‘como si esa frontera se difuminara, se borrara a la luz de la materia-fosil. Frente al archifosil, todos los idealismos convergen y se convierten en igualmente ‘extraordinarios -todos los cortelacionismos se revelan, como idealismos extremos, incapaces de resolverse a admitir que esos advenimientos de una materia sin hombre de los que nos habla la ciencia pudieron pro- duclise efectivamente tal como la ciencia kabla de cellos. ¥ nuestro cortelacionista se encuentra entonces peligrosamente cerca de esos creacionistas contem- poréneos: de esos creyentes pintorescos que afirman hoy, segin una lectura “literal” de la Biblia, que la Tierra no tendrfa mis de 6000 afi, y que, al ver que se les objeta las dataciones més antiguas de le cien- ia, responden, impavidos, que Dios cre6 hace 6000 afios, al mismo tiempo que la Tierra, componentes ra- ‘iactivos que indican una edad de la tierra mucho mas antigua ~esto para probar la fe de los fisicas. 2El sen- tido del archif6sil seria entonces, de modo semiejante, probar la fe del filosofo en los correlatos, incluso en presencia de datos que indican un apartamiento abi- sal entre lo que existe y lo que aparece? Wy Comenzamos a aprehender que la ancestralidad cons- tituye un problema filasofico, susceptible de hacemos revisar decisiones que con frecuencia se consideraron inquebrantables desde Kant. Pero digémoslo de inme- diato: nuestra ambicién no es aquf resolver semejante problema sino solo intentar plantearlo bajo una forma rigurosa, y eso de modo tal que su resolucién deje de aparecérsenas como completamente impensable. ara hacerlo, es preciso antes que nada sefialar la verdadera encrucijada de lo que denominaremos de aqui en mas “el problema de la ancestralidad”. Nues- tra pregunta fue la siguiente: gen qué condiciones un enunciado ancestral conserva un sentido? Pero vemos $ bien que esta pregunta recubre otra, mas originaria, y que revela su aleance verdadero, a saber: ¢eémo pen sar la capacidad de las ciencias experimentales para producir un conocimiento de to ancestral? Porque cier- ‘tamente, y por el bies de la ancestralidad, lo que esté fen juego aqui es el discurso de la ciencia, y de modo mas especifico, lo que caracteriza semejante discurso: sa forma matemdtica. Nuestra pregunta se convierte tentonces en: zqué es lo que permite a un discurso ma- temético describir un mundo que el humano ha aban- donado, un mundo petrificado de cosas y de aconte- cimientos no-correlacionados con una manifestacién, tun mundo no-cortelacionado con una relacion con el mundo? Este el enigma que nos hace falta enfrentar: la capacidad de los matemdticos para discurrir sobre el Gran Afuera, para discurtir sobre un pasado que el hombre ha abandonado tanto como la vida, Para decirlo incluso bajo la forma de una paradoja (que denominaremos la “paradoja del archifosil”): :cOmo tun ser puede manifestar la anterioridad del ser sobre la manifestacion? zQué permite a un discurso mate- matizado poner en juego experiencias cuya materia nos informa acerca de un mundo anterior a la expe- Hlencia? No discutimos que esta paradoja tenga el as- pecto de una pura contradiccién: el problema temible ue nos plantea el archifésil consiste precisamente en, mantenerse con firmeza en el seno de esta contradic. cién para descubrir, al final, su cardcterilusorio. Para pensar el alcance ancestral de la ciencia nos es preci- 0, en efecto, develar en qué semejante contradiccion solo es aparente. Podemos reformular entonces nuestra pregunta: gen qué condiciones podemos legitimar los enunciados ancestrales de la ciencia moderna? Es una pregunta de estilo trascendental, pero cuya particularidad es que tiene por condicién primera el abandono de lo tras cendental. Exige que nos mantengamos a igual distan- cia del realismo ingenuo y de la sutileza correlacional, que son las dos maneras de no ver la ancestralidad como un problema. Debemos tener en el espititu (al contrario del realista ingenuo) la fuerza en apariencia imparable del circulo correlacional, y (al contrario del correlacionista) su incompatibilidad irremediable con {a ancestralidad. Debemos comprender, en suma, que la ventaje del filosofo sobre el no-filésofo a este res- ecto es que solo el filésofo puede asombrarse, en el sentido fuerte del término, del sentido simplemente Uteral det enunciado ancestral. La virtud de lo tras- ccendental no es convertir al realismo en ilusorio, sino convertirlo en asombroso: en apariencia impensable y sin embargo verdadero, y en funcign de lo anterior, en ‘eminentemente problematico. EL archifésil nos invita a seguir la pista del pen- samiento, inviténdonos a descubrir el “pasaje secreto”™ que el pensamiento toms para tener éxito en lo que la filosofia moderna nos ensefta desde hace dos siglos como lo imposible mismo: salir de uno mismo, apode- sarse del en-sf, conocer lo que es, independientemente de que nosotros seamos 0 no. AA metaFisIca, FIDEISMO, ESPECULACION iv \ Pensar la ancestralidad nos Ueva a pensar un mundo sin pensamiento, un mundo sin donacién de mundo. Esta- mos en la obligacién, entonces, de romper con el re- Gquisito ontolégico de los modernos segiin el cual ser es ser un corelato. Por el contrario, tenemos que intentar comprender cémo el pensamiento puede acceder a lo no-correlative, a un mundo capaz de subsistir sin estar dado. Ahora bien, decir esto es decir también que debe- sos comprender cémo el pensamiento puede acceder a tun absoluto: a un ser tan bien destigado (sentido primero de absolutus), tan bien separado del pensamiento, que se nos ofrece como no relativo a nosotres, como capaz de existir mas alla de que nosotros existamos 0 no. Pero he aquf una consecuencia notable: pensar la ancestralidad {mpone, decimes, volver a atar lazos con un pensamien- to del absoluto; ahora bien, a través de la ancestralidad, o que intentamos legitimar y comprender es el discurso mismo de la cioncia experimental, y asi tenemos que decir que, lejos de comprometernos a renunciar a una sa Slosofa que pretenda descbrir por sus propos mediog una verdad absolute, lor entonees, come lo preteen los divers positvsmos, de hacerncsranuncir ale bn queda de un absolut, la cencta nos presribe deseubre 1a fuente de su propa absolut. Prgue wo pueda pensar nada absouto no puedo otorgar sentido ate are cestal yen consecasnca, no puedo da sentide sla Giencia gue permite su conocimiont, Nos es precise entonces volver ata lazoe con la exigencia de un conocimiento del absolute y roxas con lo trascendental que prohibe su posildad.rolne x esto decir que debemae convertimos nicvanente en filéofosprerticos: quiere esto dete que debeniog volver s ser dogmdtios? Toda la difeatal conse ee gue semejante retorno nos pareee precamente impose Ble: ya no podemos ser metaisicos, ye no Poem coy dogmatiess. No podemos, en este punt, ser mis que hetederos det kantiomo. Feeca sin embargo due es fendfamos una tess catesiana,dogmaticaeatOsees ta diferencia entre las cuaidades prinarasy secundaria contra su descaifcacin ertice, Peo est defence 9 ese ese punto, nose puede sostener a partir de a a gumentacin cartesiana, Esta parece, de modo intege ble, perimiga. fos es preciso comenaat por comprener la razon profanda de ertacaducdad porque, cove oe reno, slo comprendiendo la razon deta insuncene cartesiana podremos, en un mismo movimiento, cone biel posbitidad de ota telacion cone auolnts “ {mo justi Descartes la esis de una estonia ab- fnuta dela sstanca extent, y por lo tone Ee os alcane so-conelatonal del discus matematce for {ata Sobre tos cuerpos? Su razonments se Peete et tt, snes, dt siguiente mode 1) Puedo demostrar ta existencia necesaria de un Dios soberanamente perfecto. Sabemos que una de las tres demostraciones de la cexistencia de Dios propuestas en las Meditaciones meta- fisicas es la prueba que, de Kant en adelante, se conoce con el nombre de prueba (o argumento) ontolégica. Su principio consiste en inferir la existencia de Dios de su definicién como ser infinitamente perfecto: al ser planteado como perfecto, y al ser la existencia una per- fecci6n, Dios no puede sino existir. Puesto que piensa a Dios como existiendo con toda necesidad, exista 0 no exista yo para pensarlo, Descartes me asegura un acceso posible a una realidad absoluta, un Gran Afuera, no-coztelative a mi pensamiento. 2) Ese Dios, al ser perfecto, no podila engaharme cuando hago un buen uso de mi entendimiento, es decir, cuando procedo por medio de ideas claras y distintas. 43) Me parece que existen fuera de mi cuerpos de tos que me hago una idea distinta cuando solo les atribuyo existencia tridimensional. Estos objetos deben existir fuera de mi, efectivamente, porque de otro modo Dios no seria veraz, lo que repugnaria a su naturaleza.” Si pensamos en la naturaleza del procedimiento se- guido de este modo por Descartes, con independencia de su contenido, entonces vemos que la demostracién con- iste en: 1. Establecer la existencia de un absoluto, un Dios perfecto (denominémoslo un “absoluto primero"); 2. Derivar de él el aleance absoluto de las matemsticas (denominémoslo un “absoluto derivado"), haciendo valer el argumento de que un Dios perfecto no podrfa engaftar. “alcance absoluto” significa: lo que es matemsticamen- 4 Sobre eta demoscn, Rent Dents, Disa del tod y Had feconas mtn, a, Tacnos, 200 a enna Loe pipe de Flo, Wado, Alans, 1995 te pensable en los cuerpos (a través de la aritmética 0 la geometria) puede existir absolutamente fuera de mi ‘Ahora bien, considerando solo la forma de la demostra cién, no vemos cémo seria posible absolutizar de otra manera el discurso matematico: nos es preciso acceder a un absoluto que, si él mismo no es inmediatamente de naturaleza matematica (el Dios perfecto), entonces debe estar ala altura de permitimnas derivar de él la absolu- tidad (el Dios veraz que garantiza la existencia de los ‘cuerpos extensos). Nosotros deberemos estar a la altura, entonces, de producis una demostracién que obedezca a semejante forma. Pero para extraer su contenido, tene- mos que comenzar por explicar en qué el contentido de la demostracion cartesiana es, en tanto que tal, incapar de resistir a la critica del corzelacionismo. 2Cémo refutaria un correlacionista la demostracion Precedente? De hecho, existen (al menos) dos refuta- Giones posibles, segin el modelo de cortelacionisma que se adopte. En efecto, podemas distinguir dos tipos Ge correlacionismo: un modelo que lamaremos “débil”, que es el de Kant, y un modelo “fuerte”, que hoy parece dominante, incluso si no esta siempre tematizado de modo claro. Vamos a comenzar por exponer la refuta- cién de la prueba ontolégica a través del modelo débil la refutacion de Kant, entonces-, y luego mostraremos cen qué este modelo da asidero a la critica de un come. lacionismo mas estricto. Veremos entonces en qué ese modelo “fuerte” propone la refutacion més radical a todas las tentativas que pretenden pensar un absoluto. Pareceria, atendiendo a lo que hemos dicho més artiba, que la critica de Descartes fuera facil. Rasta en efec- to con aplicar a la prueba ontolégica el argumento del “cireulo correlacional’. Ditiamos entonces esto: “El argut- mento de Descartes es falaz incluso por su mismo pro- yyecto de acceder a una existencia absoluta, En efecto, su demostracién -segin la cual porque Dios es perfecto debe ser- reivindica la necesidad. Ahora bien, incluso si estamos de acuerdo en que esta necesidad no descansa fen un sofisma, no demuestra en nada la existencia de un absoluto: porque no podria ser necesaria mas que ‘para nosotros. Ahora bien, nada permite afirmar que se- mejante necesidad para nosotros sea una necestdad en si nada, para retomar un argumento de la duda hiper~ bélica, me permite saber si mi espititu no estaba origi- narlamente sesgado, haciéndome creer en la verdad de un argumento en si mismo sin alcance. Ahora bien, para decirlo de modo menos metafbrico: por el solo hecho de que una necesidad absoluta es siempre una necesidad absoluta para nosotros, una necesidad no es nunca ab- soluta sino solamente para nosotros”, Fl circulo correlacional consiste entonces en deve- lar el eliculo vicioso inherente a todo recorrido abso- lutorio®, y esto con independencia de la naturaleza de los argumentos propuestos. Hasta ahora no tuvimos ‘ninguna necesidad de examinar la prueba de Descartes, puesto que el nervio de la refutacion trata sobre la pretension misma de pensar el absoluto, y no sobre las smoalidades empleadas 2 tal efecto. j ‘Ahora bien, lo sabemos, esa no es la manera en ta que 1 propio Kant refuta la prueba ontologica en la dialéctica de la Ortica de la razén pura. En efecto, Kant propone tuna refutacion en regla del argumento de Descartes: ex- 2 Shee que context to inpee ots por on ternative mas utes hens nado “salatoze” por “abet Le delta ae ‘Gn en gue ete timo tring conta en lengua estlna ana eon- ftacn née 0 manos rina, vinclada 2a asa, queef vgal fate no bit, Delete en ted cas “abotteso™ como un a {hue reife asate como simplemente separa o indepesdiot ‘Speci sis hil “suits, que color cata ea de pee Sin ocomplin de OT]