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Yo, Tonya

CRÍTICAOSCAR 2018REVIEW

Margot Robbie logra una de sus mejores


actuaciones a la fecha, con Tonya Harding
consigue darle una profundidad a un personaje
crucificado por los medios en Estados Unidos.
Título original:I, Tonya
Año:2017
Director: Craig Gillespie (Horas contadas)
Actores: Margot Robbie, Sebastian Stan, Allison Janey
Fecha de estreno:23 de febrero de 2018 (MX)

Uno de los escándalos deportivos norteamericanos más mediáticos


de finales de los 90, fue el drama entre las patinadoras Tonya
Harding yNancy Kerrigan. La historia (supuestamente) real, es
ahora es llevada a la pantalla grande a través de la versión de la
vencida: Harding.
Margot Robbie produjo y alzó este proyecto que, a pesar de tener
una distribuidora nueva (Neon, cuya primera película fue Ingrid
Goes Westcon Aubrey Plaza), logró obtener tres nominaciones al
Oscar: Margot Robbie a Mejor actriz, Allison Janney a Mejor actriz
de reparto, y Mejor edición.
La cinta nos presenta la versión de los hechos desde la
perspectiva de los personajes más folclóricos del escándalo. Es así
que tenemos no sólo a la propia Harding –interpretada por una
Margot Robbie agresiva, de carácter fuerte pero vulnerable cuando
se trata de patinaje–, sino a su su madre, LaVona Golden (Allison
Janney), una mujer amargada que busca en su hija la perfección.
Esta presión por la perfección, sin embargo, no es presentada bajo
el tono de un filme como Cisne negro. Más bien estamos ante una
madre que ve en su pequeña hija aquello que tanto odia: un
rencor escondido que sólo ella conoce.
Mientras en otra de las películas mencionadas en esta temporada
de premios, Lady Bird, tenemos una conflictiva pero honesta
relación madre e hija, en Yo, Tonya lo que vemos es uno de los lados
más oscuros de aquellas relaciones. Esto no sería posible sin el
duelo de actuaciones que entregan sus protagonistas.
La trama nos va presentando el “plan maestro” de las personas
alrededor de Harding. Nuevamente –como hemos visto en
producciones como La gran apuesta (2015) o War Dogs (2016)–
estamos ante una aproximación cómica, es decir, a partir de lo
real vemos lo absurdo. Sin duda alguna las interpretaciones están
a la altura de lo que podríamos esperar ante tal evento.
Una de las cosas que destaca a Yo, Tonya sobre las otras cintas
basadas en hechos reales con toques de comedia, es su nivel
edición. La cinta es rápida y cada corte nos recuerda al cine de
Paul Thomas Anderson (específicamente Boogie Nights) o Martin
Scorsese en Buenos muchachos. En aquellas, la esquizofrenia
provocada por las drogas es reflejada en el lenguaje audiovisual,
mientras que en Yo, Tonya lo que se representa a través de las
edición es el carácter explosivo de todos y cada uno de sus
protagonistas.
Sin embargo, es en el nudo del segundo acto donde la película se
inclina hacia el lado del melodrama. Aquí su director, Craig
Gillespie, aborda el lado más vulnerable de Harding y Robbie logra
darle una dimensionalidad con la que los espectadores podemos
empatizar.
El apoyo que da el soundtrack a muchas de las escenas es
fundamental y nos lleva a través de este viaje de nostalgia que
además sirve como rutina de patinaje para la misma Tonya
Harding
. Object 1

Muchos patinadores profesionales se han lanzado en contra de la


película al ser un objeto que enaltece a Harding (la villana del
cuento para todos los atletas), pero no debemos olvidar que, al
final, fue uno de los eventos mediáticos más comentados en
Estados Unidos antes de la llegada de internet. En aquel entonces
se crucificó a Harding frente a nuestros ojos, mientras ella lo único
que deseaba era patinar y ser la mejor.