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La muerte

Cuando era pequeño alguien me tomó fuertemente por los brazos y sin cuidar
sus palabras se lamentó de que yo hubiera nacido, dijo que yo era un monstro ─ No
estaba muy equivocado─y tiempo después de esto, me enviaron a vivir lo más lejos
posible, como si estuvieran intentando sacar una plaga de su casa, a cambio me dieron
una nueva familia.
Quien haya hecho esto no cometió un error aunque él tampoco era un santo,
también podía llamarlo un monstruo. Éramos no-humanos o más sencillamente lo que
los humanos llaman demonios. Un demonio, es un ser que no se rige por la naturaleza
humana, es alguien que usa todo su encanto externo y su inteligencia interna para
obtener lo que quiere, para hacer daño indiscriminadamente al otro, todo con tal de
obtener algo a su favor. Los demonios, incluso nos devoramos a un humano con tal de
sobrevivir, usamos todo de ellos, desde la carne y la sangre hasta quizá su propia alma y
otra cosa distintiva de un monstruo como nosotros es que esta decadencia ha hecho de
nuestra sangre un espeso liquido de color negro.
Sin embargo, conociendo todo esto sobre mi especie hoy yo apenas cumplía
diecisiete años, era verdaderamente joven en relación con otros que incluso habrían
vivido toda la historia humana y esta familia con quienes yo vivía iban a celebrar éste
cumpleaños tan humanamente como les fuera posible, porque sí, como vivíamos entre
humanos habíamos adoptado muchas de sus prácticas, por ejemplo cantar feliz
cumpleaños, vendar los ojos, dar felices sorpresas, querer que el otro esté feliz por
haber nacido, porque amar y querer no eran sentimientos lejanos para ningún ser vivo
en el mundo.
Ellos susurraban a mis espaldas y reían como si esta situación fuera
verdaderamente graciosa, yo no podía ver ni entender nada, cuando unos brazos me
agarraron fuertemente y una risa estrepitosa inundo mis oídos, comenzaron a cantar
entre ligeras risotadas y sin ningún tipo de afinación ni coordinación
─ Feliz cumpleaños a ti…─ entonó uno de ellos junto a mí. Ariel, mi hermano
menor, también la mente maestra detrás de ésta sorpresa.
De pronto me quitaron la venda y pude ver un pequeño pastel de crema frente a mí con
diecisiete pequeñas velas
─apágalas─me instó con una brillante mirada verde oscura, bosque pantanoso y
aunque me sentía muy estúpido las soplé, aquella sensación era producto de la edad
en la que estaba, mi tío y mi tía con quienes vivía aplaudieron alegremente.
─¡Muchas felicidades! ─dijeron a coro.
─Y justo cuando ya teníamos la misma edad… te me adelantaste de nuevo─exclamó
Ariel revolviéndose el cabello castaño claro. Trate de sonreír aunque seguía
sintiéndome fuera de lugar.
─Lian ¿no vas a exigir tu regalo? ─preguntó mi tío. Luego caminó hacia las puertas que
conectaban el comedor con la sala
─En realidad no esperaba ningún regalo─ dije con cierto nerviosismo.
─Bueno, todo fue idea de Ariel, nosotros solo le hicimos caso… en que éste sería
un gran regalo─dijo mi tía sosteniendo una sonrisa traviesa. Mire a Ariel sospechando
lo peor, y pregunté:
─¿de qué hablan? ─mi tío abrió la puerta del comedor, justo enfrente de
nosotros había algo que parecía un mueble nuevo, un piano de caja , con una madera
café oscuro envejecida y unas teclas amarillentas como huesos, me acerqué para verlo
mejor, no me sentía desagradecido o molesto por esto, al contrario, estaba más feliz
que nunca pues era esto lo que yo más amaba, hacer música, hacer algo con mis
propias manos que no había pasado por los dedos ni los ojos de nadie más que los
míos, algo único que solo iba a sonar en mi cabeza como verdaderamente yo deseaba
que lo hiciera, tanto así que esto me dejaba sin palabras, nada más que un gracias.
Toqué algo porque ellos me lo pidieron, porque no había nada más que yo
pudiera hacer que agradecerles de una u otra forma a pesar de que Ariel parecía estar
satisfecho, no tanto porque fuera el ser más altruista del universo, si no que yo jamás le
había agradecido por ningún regalo de los que él me había dado. Nosotros habíamos
estado viviendo separadamente desde pequeños, cuando vine a ser el hijo de mis tíos
pensé que lo normal era olvidar que había tenido hermanos —Ariel no era mi único
hermano, también estaba Lan— cuando ambos fuimos un poco mayores, el comenzó a
enviarme obsequios de navidad y cumpleaños, pero yo los tiraba a la basura apenas
veía en la etiqueta su nombre, también seguidamente él me llamaba por teléfono pero
yo me negaba a hablar con él o simplemente le colgaba en la cara, hice todo lo que
estuviera en mis manos para negarme a establecer una relación con él, yo solo quería
fingir que no existía para él hasta que hace dos años en vez de un repartidor de correos
llego el con una maleta y un bolso, con todo lo que tenía y aunque en un principio fue
difícil para ambos ahora teníamos una buena relación.
Pero quizá aunque esto pudo ser lo mejor de este día, había alguien a quien yo
estaba esperando, ella era mi prima, pero yo nunca la había considerado como tal,
tampoco como una hermana, yo la amaba. Esa noche ella llego a casa en un taxi, la vi
desde la ventana de mi dormitorio; tenía el cabello largo y de un tono ceniza, su piel era
rosada, viva y sus ojos de un tono pardo y felino, era delgada y vestía unos jeans
azulados y una blusa suelta de color damasco, en la mano sostenía un bolso de color
azul rey como sus zapatos, hacía una semana que no nos veíamos, ella era como estar
de cumpleaños todos los días para mí. Bajé las escaleras casi corriendo cuando la vi
atravesar la puerta, antes de que saludara a cualquiera en esa casa ella tenía que
saludarme a mí, la estreché en mis brazos, aquello me hacía pensar que las cosas no
tenían por qué ser de otra manera, nunca.
Hasta esa noche.
Todo comenzó con una pesadilla en la cual todo estaba oscuro a mi alrededor,
podía escuchar mi aliento como si algo me oprimiera impidiéndome respirar
apropiadamente, intentaba moverme pero el espacio era estrecho, entonces ponía los
brazos topando con algo frente a mí, una especie de puerta, la golpeaba y sentía un
pinchazo en la palma de la mano, entonces la acercaba hasta mis ojos para poder
distinguir y una gota de sangre escurría por mi brazo y luego un dolor que atravesaba
todo mi cuerpo. Ese día pensé que había terminado en una simple pesadilla y me
levanté para ir a la escuela. Este día comenzaba el último año antes de hacer algo más
con mi vida aun cuando yo mismo no estaba seguro de que hacer. Mientras
caminábamos calle arriba hacía la escuela vi un auto rojo ir despacio junto a nosotros, el
sujeto que conducía llevaba puesta una capucha y no podía verle la cara
─¿Lian?—dijo Ariel poniendo su mano sobre mi hombro, lo miré distraído.
─¿Qué? —Respondí, de inmediato volví a mirar hacía el auto, este acelero de
pronto levantando un golpe de aire a nuestro alrededor. Ariel parecía impaciente por
culpa de mi comportamiento soñoliento, pero aún me sentía como si no hubiese
podido dejar atrás esa pesadilla
─¿Iras a la charla?─insistió con impaciencia
─¿charla? ¿Qué charla?─respondí confuso.
Jane suspiró y se detuvo frente a mí: —la charla vocacional… llevamos todo el
camino hablando de lo mismo. No nos estas escuchando… ¡Lian a tierra!
Desvié la mirada con cierta culpa: ─bueno, ya entendí ¿y que opción hay?
─Solo quedar ausente o no, nada nuevo para ti─dijo Jane con una sonrisa
divertida. Torcí la boca, mi comportamiento no era el mejor, en general no me quedaba
a esas actividades, tampoco hacía muchos esfuerzos por estudiar o mostrar interés y en
general no obedecía a ningún profesor y aun así obtenía buenas notas y no podían
expulsarme por eso.
Yo creí que esa conversación tan normal era signo de que las cosas nunca
cambiarían, esa mañana de primer día pareció como los mismos del semestre pasado y
la hora de almuerzo igual a todas las veces que habíamos comido juntos hasta la hora
de la charla a la cual no planeaba ir. Mis recuerdos de ese momento están algo
disociados, antes de ir a reunirme con Jane, Ariel se me colgó por la espalda
─Es que esperas ser mantenido y por eso no te preocupas por las charlas─chilló
en mi oreja como un niño
─¡¿Qué?! Claro que no, simplemente tú y yo sabemos que en esas charlas no hay
ninguna silla con mi nombre
─¿y donde la hay Lian? ─Me preguntó seriamente Ariel, evité responder a eso,
esta era una de esas cosas de las que no quería hablar jamás
─Solo digan que estoy enfermo o algo así ─dije en lo que Ariel refunfuñaba
─Algún día tendré una novia y espero que me pagues todos estos favores─
agregó.
Sonreí y asentí dándole la espalda, el entró en el auditorio oí la puerta cuando se
tambaleó debido a su peso, luego de que fui por mis cosas me dirigí por el pasillo del
jardín de la escuela hasta la entrada donde Jane me estaría esperando, sin embargo ella
no estaba allí, pensé que quizá algo la habría hecho tardarse pero luego de un rato de
mirar la pantalla del celular oscurecerse sin ningún indicio de ella comenzó a hacer que
me impacientara, entonces volví a ver el auto rojo, esta vez se detuvo frente a la
escuela, tenía los vidrios arriba y no se veía al ocupante de la mañana, estuvo allí hasta
que de pronto oí claramente un grito, no venía exactamente del auto pero se escuchó
en toda la cuadra, entonces el auto rojo aceleró perdiéndose calle arriba. El pecho se
me apretó y marqué al teléfono de Jane, solo salió una grabación de que el teléfono
estaba apagado o fuera de servicio, miré hacía la escuela y corrí en la misma dirección
del auto.
Una cuadra más arriba el auto rojo volvió a detenerse, parecía como si me
estuviera guiando, atravesé la calle sin pensar y fui hasta él entonces los vidrios
volvieron a descender, no logro recordar bien el rostro del sujeto pero tenía en la cien
unas marcas como si hubiera sido zurcido de mala forma, también recuerdo, que él me
miró y se sonrió de una forma extraña, entonces volvió a acelerar y a doblar hasta una
vieja casa al final de la calle. Cuando la vi se me hizo extrañamente familiar, fue como si
hubiera vivido allí, hubo algo que hizo que mi pecho se recogiera. La cerca a su
alrededor estaba oxidada y desgastada, además mala hierba se le trepaba por todos los
recovecos, estaba además entre abierta como si fuera una invitación a entrar, allí volví
a sacar mi móvil y a llamar a Jane pero el teléfono continuaba estando desconectado.
Decidí entrar siguiendo una sensación de que allí estaba lo que buscaba. El jardín
estaba destruido por el tiempo, había sido abandonado y por su aspecto, llevaba
mucho tiempo así. Por la pared del costado se trepaba una enredadera llena de flores
rojas, sentí que casi no podía mirarlas ya que la cantidad que había era tal que se
colaban por las grietas de las ventanas y los muros. Empujé la puerta, había una
escalera central, sus abrazaderas estaban llenas de ramas cubiertas por espinas que se
arrastraban hasta la segunda planta y mientras subía la madera de los peldaños crujía
en medio de todo ese silencio.
─Jane…─llamé esperando una respuesta, pero nada sucedió.
Por el pasillo de arriba había un pequeño puente rodeado por vidrios el cual
dejaba entrar toda la luz del día, se veía desde allí el auto rojo estacionado a un costado
de la propiedad con los vidrios abajo y la cajuela abierta, aquello me estremeció,
entonces volví a mirar al frente, había allí una puerta doble de color oscuro recubierta
por hojas de enredadera y por aquellas flores rojas, fui hasta allí y puse mis manos en el
pomo, la moví un poco y algo de tierra cayó al suelo hasta que se abrió con un sonido
metálico detrás de ella, había otro ambiente allí y una ventana que daba al costado,
estaba tan sucia que apenas dejaba entrever algunos rayos de sol, sin embargo lo
suficiente para dejarme ver que había alguien más allí; se trataba del sujeto del auto
que estaba sentado sobre una caja de madera alargada, pude ver que sus ojos
resplandecían en un tono amarillo y vacío.
─Creí que nunca vendrías, y como siempre llegas tarde─dijo secamente.
─¿Quién eres?─pregunté, parecía como si el esperaba que yo lo supiera y
respondió:
─Espero que me disculpes por haber entrado aquí, sé que no te gustaba recibir
extraños en tu casa
─¿mi casa?─estaba confundido, la casa me era familiar, sin embargo no
recordaba haber estado aquí nunca y tampoco me parecía importante, solo quería
encontrar a Jane e irnos de allí.
─No es a ella a quien estas buscando─sonrió: ─es lo que tratas de pensar, que es
Jane a quien necesitas…
─Sólo dime donde está─gruñí. El sujeto bajó de la caja luego me indicó con la
mano. Me lancé sobre la caja para quitar la tapa, por un momento me olvidé de aquel
sujeto, solo pensaba en quien podía estar tan enfermo como para hacer algo como
esto y peor aún fue cuando vi a Jane allí dentro con la ropa manchada en sangre,
agujereada totalmente, las manos me temblaron, solo entonces noté que por el otro
lado de la tapa había muchos clavos enormes y ensangrentados, cuando me volví para
ver al tipo ya no estaba allí.
Estaba muerta.
No sé cómo es estar en shock solo oyes el llanto de los demás pero… ¿Qué hay
del tuyo? Ni una sola vez pude soltar una lágrima o si quiera tener una reacción
desesperada de algún tipo porque el dolor de la soledad era tal que no se sentía y eso
era peor que nada. Mientras los demás caminaban por el cementerio para regresar a
sus vehículos yo me senté en una de las banquetas y me quede mirando los adoquines
que formaban el camino por todo el lugar
─Lian vámonos a casa─dijo Ariel poniendo su brazo sobre mi hombro. Me negué
moviendo la cabeza
─Quiero quedarme un rato…
─No te sentirás mejor aquí, solo estarás torturándote más y más, además los tíos
te necesitan no podemos dejarlos solos
─Tu puedes ir con ellos Ariel, tu siempre has sido mejor que yo…
─No digas eso─me regaño Ariel ─eso no es cierto…
─quiero que me dejes solo, quiero estar solo…
Ariel suspiró con cansancio y se levantó, lo oí alejarse. Esto lo había hecho yo,
quizá toda esta historia la invente porque no tenía ningún sentido ¡claro que no! ¿Quién
querría hacerle daño a alguien como Jane? A un chica tan hermosa como ella, quién
podría si quiera herirla más que quien la amaba, tenía que haber algo mal conmigo, algo
muy malo.
Regresé muy noche, mi tía no me miraba y era normal ella debía pensar que yo
había matado a su hija, mi tío en cambio era más amable él pensaba bien de mi aún.
Debo ser un ser horrible para hacer algo así.
Pasó una semana antes de que me atreviera a pisar la escuela de nuevo y me
convencí de que no debí haberlo hecho, ese mismo día en que no me sentía cómodo
para estar allí. No estaba cómodo ni con el uniforme, ni oyendo a los maestros, ni en
ningún lugar en los que usualmente solía estar y tenía razón.
Comenzaré por arrebatarte todo lo que amas.
─¿Lian y Ariel Savard? ─dijo el profesor mirando entre todas las cabezas pegadas
a los libros, cuando mi hermano y yo dirigimos la vista hacia el inspector, traía el rostro
pálido y una expresión asustada
─chicos, acompañen a un auxiliar ─dijo el profesor bajando la tiza que sostenía
en las manos. Ariel se levantó primero y yo lo seguí cuando salimos fuera del salón mi
hermano preguntó:
─¿Qué pasa?
Pero no respondió de inmediato. Nos hizo seguirlo hasta la oficina del director,
Ariel y yo nos mirábamos pensando en que cosa mala podríamos haber hecho para que
nos sacaran de clase. El director, intentaba mantenerse sereno, nos hizo sentar y luego
explicó:
─Ha habido un accidente en su casa ─comenzó a decir. Ariel y yo nos miramos
con horror de inmediato
─No ha sido nada grave…─dijo Ariel con la voz temblorosa
─Ha sido un incendio, pero no tengo toda la información. Pero estén tranquilos,
la policía vendrá y…
Antes de que él pudiera siquiera terminar de explicar la situación yo me levanté
y salí de la oficina, dejé todo allí y abandoné la escuela, corrí a casa usando el camino
que recorría todos los días, yo mismo no podía hacerme esto, no podía arrebatarme a
la única gente a la que podía llamar familia con todas su letras porque entonces ¿Quién
seguiría? ¿Le sucedería lo mismo a Ariel? Y cuando llegué allí vi que de aquella casa solo
quedaban los restos carbonizados, fuera había una ambulancia fui hasta allí y note que
las puertas de ella estaban cerradas
— ¡Oye muchacho aquí no puedes estar…!—dijo un sujeto al que no miré, solo
abrí las puertas esperando que ellos estuvieran bien, pero dentro solo había dos bolsas
negras sobre unas camillas
Ese día Ariel dejo de hablarme, no sé si porque él en realidad había comenzado a
pensar como todos los demás o porque lo había dejado solo en la escuela o por ambas
cosas. Ambos terminamos en la estación de policía, supuse que Faris vendría a buscarle
a él pero no sabía muy bien que sucedería conmigo, entonces me pregunté qué haría
sin Ariel aquello me ponía muy mal, hacía que la ansiedad me subiera por las venas y
que me pusiera en cientos de escenarios porque una cosa era clara, Faris no me quería
en su casa con su familia.
Mientras esperábamos allí alguna noticia de aquel sujeto que supuestamente
era mi padre, pensé en todas las posibles soluciones al problema, pero la idea que me
estremecía era que estaría solo ¿Qué haría? Extrañaba a Jane más que a cualquier otra
persona y no quería seguir sintiéndome así de vacío
─Lian Savard─dijo el oficial desde la puerta de la sala de espera
─¿si?
─Acompáñame por favor─le seguí por un pasillo detrás de la puerta hasta su
oficina, donde me senté frente a su escritorio mientras el revisaba los expedientes de la
carpeta. Tenía varias detenciones, por peleas callejeras y una por violación a la
propiedad privada
─Sobre la muerte de tu prima, el informe dice que fuiste tú quien la encontró
¿verdad?─Asentí
─Íbamos a irnos a casa juntos pero ella nunca llegó a donde dijo que nos
reuniríamos
El policía asintió: ─la declaración dice que un sujeto que se transportaba en un
automóvil rojo estuvo acosándolos… ─asentí─por otro lado, tu informe psicológico
dice que sufriste un shock debido al evento ¿tienes algún otro antecedente psiquiátrico
que desconozcamos?
─¿disculpe?─dije confundido
─lo siento, pero dos muertes tan seguidas hacen que revisemos todos los
expedientes para poder hacer una buena investigación
Baje los ojos diciéndome a mí mismo que solo era una investigación, una tonta
investigación y también me preguntaba en que forma podría explicarle al sujeto que de
hecho esto quizás salía de su entendimiento
─Además tu hermano me indico que tus tíos eran quienes poseían tu custodia
legal, y que fue tu padre quien se las dio de manera voluntaria
Asentí: ─si es verdad…
─entonces, sería normal si tuvieses algunos resentimientos hacia ellos, o hacia tu
padre…
─en realidad tenía cuatro años, apenas recuerdo bien lo que pasó para que ellos
tuvieran que adoptarme, pero siempre me trataron como a su hijo, y de todas formas si
tuviera que estar resentido con alguien no serían ellos…
La tristeza que sentía en ese momento comenzó a mezclarse con otra sensación
muy extraña, algo que se había dormido dentro de mí pero que ahora estaba
empezando a extenderse por mi cuerpo poco a poco, rabia, una rabia y odio inmensos,
un deseo de que todo el mundo tenía alguna responsabilidad por lo que yo estaba
viviendo y tuvieran que pagar por ello.
El policía se reclinó en su asiento, estaba pensando en lo que le había dicho, y
luego de unos segundos de silencio exclamó: ─De acuerdo, no te preocupes puedes
volver a la sala de espera ahora.
Ariel estaba sentado mirando el suelo, me acerqué hasta él y exclamé:
─¿¡porque le dijiste a la policía que fui regalado por tus padres?!
─ellos querían muestras de sangre, ¿Qué les iba a decir?
─nada, simplemente debiste callarte
─¿Por qué Lian? ¿Te da miedo que alguien lo sepa?─dijo con cierto sarcasmo en la
voz
─cállate ─le gruñí. El me miro dolido y volvió su cabeza en otra dirección como si
no quisiera verme nunca más.
Desde esa pelea Ariel y yo no volvimos a hablarnos, no lo hicimos cuando Faris
se comunicó con la estación y pidió hablar únicamente con él, no lo hicimos para decidir
quién se sentaría del lado de la ventana en el tren de regreso a casa, ni tampoco lo
hicimos cuando al llegar a la estación un hombre de cabello negro y profundos ojos
verdes nos esperaba en el andén listo para llevarnos a casa. Ese hombre era mi padre
biológico.
Por un momento cuando le vi y noté que seguía siendo la misma persona que
me trato como monstruo deseé poder salir huyendo de allí, decir que lo sentía y solo
marcharme, en momentos latentes más que eso me sentía lleno de rabia y odio
incontrolables, luego volvía a desear meterme entre las mantas de una cama y
esconderme allí una vida entera y así sentía que mi mundo interno era una maldita vieja
bipolar. Ariel se lanzó sobre Faris diciéndole que no volvería a abandonar la casa nunca
más y el por su parte le revolvió el cabello como si tratara de un niño, luego cuando mi
hermano se hizo a un lado, el me miro de pies a cabeza
─has crecido ─dijo como si hablara con un extraño
─eso es lo que pasa en la infancia ─dije irónico. Torció el gesto entonces y nos
indicó que lo siguiéramos fuera de la estación, luego nos metimos entre distintos
modelos de auto hasta uno de color negro. Ariel dedujo de inmediato que el asiento del
copiloto era suyo y a mí me hizo una señal para que le quitara los seguros a las puertas
de atrás, luego pude subirme, en el camino habló de cuanto lamentaba todo lo
sucedido y lo mal que se sentía por ello.
Demasiado amable y falso para mí.
Viró por una calle que era atravesada por un parque de paseo, estaba rodeado
por árboles y se veía uno que otro ciclista feliz pasear con la correa del perro amarrada
al manubrio. Las casas eran todas distintas, rodeadas por cercas de madera y jardines
mientras la calle se ampliaba y subía por una colina en dirección a una “u”, recordaba
ese lugar, había sido mi antigua casa antes de ir a vivir a la costa con mis tíos. El auto se
detuvo frente a una casa de color blanco compuesta por dos plantas, arriba estaban los
dormitorios y una sala común y abajo había un comedor y una sala separadas, además
la cocina conectaba con un pequeño departamento amoblado con una cocinilla y un
baño independientes del resto del lugar, la casa no se veía muy distinta de lo poco que
recordaba, las flores del jardín simplemente eran otras y ahora el árbol que deje recién
plantado cuando me fui tenía un tronco un tanto más gruesos y se había vuelto más
frondoso.
Faris estacionó el auto a un costado del jardín de la casa y nos indicó que nos
bajáramos, Ariel se quedó mirando largamente el lugar como si no lo hubiera visto en
cien años, mientras que yo evité cualquier contacto con algún recuerdo que pudiera
tornarse doloroso. Antes siquiera de que pudiéramos abrir la puerta principal Lan, el
mellizo de Ariel aunque diferenciados porque Lan era un par de centímetros más alto y
su cabello era castaño cobrizo, se asomó en compañía de una mujer bastante guapa,
ella tenía el cabello castaño y ampliamente ondulado, su figura era delgada y su espalda
recta, tenía una forma de reloj de arena, sus pestañas eran largas y sus ojos grises,
idénticos a los míos, yo no la había olvidado; ella era mi madre, su nombre era Jade.

─¡Ariel!─dijo ella llenando de besos y abrazos a su hijo: ─no sabes cuánto te he


echado de menos
Vi como una pequeña sonrisa se asomó por su rostro, seguramente por mi culpa
llevaban mucho tiempo sin verse y por la personalidad infantil de Ariel también la había
echado de menos.
─también te extrañe─le respondió. Después de ese momento mama-hijo, Lan le
revolvió el cabello a su mellizo y le dio una pequeña sonrisa, era su forma de darle a
entender que se alegraba de verlo de nuevo y hasta aquí había comenzado a sentir
bastante invisible para todos ellos, sin embargo de pronto sentí que los ojos de Jade se
posaron sobre mí, me estudio unos momentos como si estuviera haciendo funcionar
su radar de madre y luego exclamó poniendo sus manos en mi cara:
─¡No puedo creer cuanto has cambiado!─exclamó. Creí que ella me odiaba y que
tampoco querría tenerme en su casa, pero actuó exactamente como tendría que
hacerlo una madre. —Me alegro tanto de tener a todos mis hijos en casa—dijo
mirándonos a los tres llena de satisfacción, sin embargo, la mirada que Lan me lanzó
fue de “lárgate pronto” y Ariel si quiera se molestó en sonreír, Faris por su parte nos
instó a entrar a la casa.
Los muebles habían cambiado, había cosas que no recordaba y la disposición de
la habitación no era la misma, de inmediato Jade corrió hasta la cocina para destapar
una torta que había comprado para recibirnos, me hizo preguntarme que tan buena
idea había sido todo esto si ninguno de nosotros se hablaba o al menos no lo suficiente
ni de la forma correcta, lo cierto es que cuando me puso el plato al frente apenas pude
probarlo, puesto que antes de que pudiera pensar en nada mas Faris sacó de su bolsillo
algo bastante interesante y lo dejó frente a mí. Lo tome en mis manos, era un
informativo de una escuela, un internado. Jade le miró muy feo
─Quiero que te prepares para dar el examen, he oído que es una buena escuela y
como tú tienes buenas notas, no creo que sea muy difícil para ti…
—Faris, hemos hablado de esto y habíamos quedado con que Lian iría a la
misma escuela que Ariel y Lan…—dijo Jade poniendo el tenedor de postre con
molestia sobre la mesa
─solo quiero ver qué le parece a él la idea, quizás no quiera quedarse aquí ─le
respondió mientras me observaba fijamente
─supongo que tampoco es como que hayan más opciones, si no, no te
habríamos molestado en hablar con algún amigo tuyo para deshacerte de mí…
─nadie quiere deshacerse de ti ─respondió fijamente ─pero han pasado muchas
cosas y también mucho tiempo, pensé que esto te facilitaría las cosas
─te lo pondré fácil, haz lo que tú quieras…
Empujé el plato lejos de mí y me levanté en dirección a las escaleras, sabía que
mi habitación seguía allí estuviera como estuviera, la puerta del centro junto a la
entrada al desván, no obstante, Faris se levantó y se detuvo frente a mi impidiéndome
el paso
—Tu madre compró ese pastel para ustedes dos, lo mínimo que puedes hacer es
probarlo…
—el maldito pastel me importa una mierda, si me ibas a traer aquí para echarme,
haberlo hecho en el auto… —me soltó una bofetada colosal y sonó como si alguien
diera un aplauso, no me sorprendía e incluso estaba en los posibles escenarios que mi
cabeza imaginó de camino aquí. Desde el principio supe que no me quería en su casa,
pero nunca creí que ni siquiera me iba a dar un día desde mi llegada para proponer su
solución inmediata a sus problemas y cuando se miró la mano y notó que se había
excedido me dejó pasar en dirección a mi vieja habitación.
Cerré la puerta con seguro y noté que ninguna de las cosas que tuve estaban allí,
ahora solo eran cuatro paredes blancas, cortinas blancas y una cama con un juego de
sabanas y frazadas dobladas perfectamente a la orilla de la cama, además había un
armario pero la maletas estaban hechas como si todo fueran carteles de “Por favor
vete pronto”. Lo primero que hice fue armar la cama y lo segundo que hice fue revisar
en alguna de las maletas si había un chándal o algo así, una vez que encontré unos
pantalones sueltos de tela y una camiseta roñosa, me metí entre las mantas y me tape
hasta la coronilla no dejando pasar siquiera un rayo de luz. Dormí toda esa tarde y
cuando desperté sentí un fuerte martillazo en la cabeza como si hubiese estado
despierto toda la noche y era irónico por que los demonios no enferman y no mueren o
al menos no así y porque sí, hace falta una acción premeditada como las sucedidas
anteriormente, pensé que no teníamos que vernos, que podría no ir a la escuela más y
quedarme allí escondido como un troll por siempre, nadie tenía que interactuar
conmigo y yo no quería interactuar con nadie, sentí un poco de curiosidad y asomé la
nariz; había anochecido y la casa estaba silenciosa pero yo sentía que dentro de mi
había mucho ruido, entonces oí unos golpeteos en la puerta, luego el pomo se movió,
pero la puerta estaba con seguro
─Lian ¿vas a cenar?─dijo Faris desde el otro lado, decidí fingir que estaba dormido
─¿Lian estas despierto?
─tú qué crees─dije dentro de mi cabeza
─te guardaré algo por si te da hambre
No salí de allí en toda la noche y en la mañana Jade estaba preguntando
cariñosamente si quería desayunar, tampoco respondí quería seguir fingiendo que
dormía
─¿estás bien? ─preguntó con un tono angustiado en la voz. Caminé a la puerta y
la abrí un poco
─estoy bien, no tengo hambre, no te preocupes─le dije
Ella hizo una morisqueta de molestia y respondió: ─pero anoche no cenaste
─estaré bien, comeré más tarde ─insistí. Ella asintió y se marchó, entonces volví a
cerrar la puerta, sin embargo ni en el almuerzo, ni la cena otra vez asomé la nariz hasta
la mañana siguiente, a eso de las siete de la mañana
─¿Lian podrías abrir la puerta por favor?─dijo Faris desde el otro lado de la
puerta a lo que yo no respondí, entonces el volvió a tocar e insistir, así que me levante y
me acerqué hasta ella
─¿Qué? ¿Ya te decidiste? ¿Tomo mis cosas y me voy?
─Escucha, sé que no hice las cosas de la forma más adecuada y sé que
probablemente te he hecho sentir mal, por eso quería disculparme, tampoco tienes
que dejar de comer y de salir de la casa por eso. He hablado con el director de la
escuela de Lan y no tiene problemas con aceptarlos a Ariel y a ti allí, así que no tienes
que irte a ninguna parte, todos estaremos más tranquilos. Así que podrías por favor
abrir la puerta para que hablemos cara a cara, siento que estoy hablando con una
pared—guarde silencio un momento, era más que el simple hecho de ir lejos o no, era
la sensación de estar solo como una isla en todo el maldito mundo: ─¿estas
escuchando?
─Estoy escuchando… ya te dije que me daba igual, haré lo que ustedes digan, si
quieres que me vaya me iré y si quieres que me quede, me quedaré. Pero ahora mismo,
no tengo ánimos para discutir nada o mucho menos para comer algo, así que déjame
en paz…
─si estas deprimido podemos…
─solo déjame en paz
Aquello cerró la conversación, fui claro, quería estar solo y que nadie me
molestara, quería hundirme lentamente en mi dolor, llorar a quienes me habían criado
todo lo más que pudiera y extrañar a Jane hasta que el corazón se me rompiera en
miles de trozos. Solo salía de la habitación en la noche y mi dieta se estaba basando en
manzanas o naranjas y tazones de café negro, en la noche no dormía mucho pensando
en por que Ariel me había tratado así y en el día prendía la vieja televisión pudriendo mi
cabeza con películas malas donde generalmente el protagonista se volvía un inútil e
insulso justo como yo y fue así por aproximadamente dos semanas, hasta una mañana.
Sorpresivamente la puerta se abrió, yo asomé la cabeza por entre las mantas,
Ariel vestía un uniforme, unos pantalones grises, camiseta piqué con una insignia; una
especie de flor gótica, un suéter con capucha y un saco, ambos azul marino, traía las
manos en los bolsillos del suéter y me miraba con cara de pocos amigos, no supe que
decirle, solo le observé esperando alguna reacción
─Las clases empezaron el lunes pasado para nosotros dos—comenzó diciendo:
— hasta aquí llevas una semana de contenidos perdida ¿Por cuánto tiempo más
pretendes estar aquí auto-compadeciéndote? ¿Quién te crees que eres? ¡Tan
importante para darte el lujo de decidir todo lo que quieres y no quieres hacer! ¡Ve a
bañarte de una maldita vez y vámonos a la escuela!
Guarde silencio, no negaba que tenía razón pero aun así me sentía sin fuerzas
para continuar, tanto que sentí que no había nada que pudiera hacer o decir para que el
dejara de sentirse tan desdichado como lo había hecho ese día
—Lo siento…—musité bajando los ojos, Ariel simplemente gruño con fastidio y
se marchó de la habitación dando un portazo.
Todo el tiempo, Ariel tenía una actitud en extremo paciente y conciliadora, no
era el tipo de persona que uno vería gruñendo entre dientes o buscando pelea, era
totalmente diferente a mí, porque él haría cualquier cosa por complacer a quienes
amaba, incluso cosas que lo dañarían, y aunque me doliera admitirlo, él tenía razón;
todo lo que hacía era auto compadecerme de mi dolor, y no solo eso, estaba
provocando lastima en personas a las que no quería atraer, como Faris.
Tal vez eso me impulso a levantarme de la cama y aunque llegué tarde a la
escuela, aparecí en el salón para sorpresa de ambos, Lan y Ariel. Dejar de auto
compadecerme ayudó, porque dejé de pelear con la única persona que me quedaba.

La chica de los dèjá vu

Creo que pasaron dos meses desde que vinimos a vivir con Faris y Jade, lo supe
porque en la escuela me hicieron rendir exámenes retrasados y porque, un día llegué a
casa y mi habitación se vio mejor amoblada que cuando llegue, ahora había un
escritorio, y también una computadora en una caja sellada, también se había encargado
de poner otras cortinas y cambiar la ropa de cama, por cosas menos insinuantes del
“vete ya” y más algo como “ponte cómodo”, incluso al abrir el armario me encontré
con ropa nueva, cosas que eran muy típicas de mi madre; hacer todo sin consultar a
nadie creyendo que hacía lo mejor, porque incluso se habían encargado de comprar
algunos pares de zapatos nuevos. Solo pude sentarme en la orilla de la cama a mirarlos
desde lejos y notar que sobre la mesa de noche, también había un teléfono móvil
nuevo. Y antes de que pudiera siquiera tomarlo, Ariel entró corriendo a mi cuarto y
gritando: ― ¡Hay regalos!
Giré la cabeza y lo miré sin ninguna expresión y el exclamó haciendo un puchero:
― ¡pero si te armaron la habitación entera!... a mí solo me compraron un par de
camisetas…
―Bueno, la mitad de tus cosas no se quemaron en el incendio―le dije―porque
la mitad de tus cosas estaban sanas y salvas aquí…
―Sí, pero yo también quiero mi propia computadora ¡cámbiamela!―chilló
tomando la caja sin abrir sobre el escritorio. La observé solo por un segundo, era claro
que el dinero había salido del bolsillo de Faris, pero ya me bastaba con comer de la
comida que se pagaba de su bolsillo
―Te la doy―dije sin pensarlo más. No quería deberle nada, incluso si
legalmente tenía que ser su obligación. Pero a pesar de que Ariel hizo un alboroto por
ello, no me la cambio como tanto quería, solo la instalo y la dejó sobre el escritorio,
luego me miró con una sonrisa
―Le pondré tus datos de usuario más tarde―dijo. Luego vino a sentarse a mi
lado y preguntó: ― ¿en qué piensas tanto?
En realidad no estaba pensando en nada, porque no había nada que pensar,
sentía que todo lo que había pasado antes había sido solo un sueño. Jane, los tíos, la
casa, esos momentos que habían sido tan preciados, sentía que se estaban borrando
poco a poco, porque solo había soñado todo y como tal tenía que tener un final poco
convencional, y además era más fácil de sobrellevar para mi si pensaba que nunca
pasó, era menos doloroso, si en realidad nunca pasó.
―Si no estás pensando en nada, acompáñame a un lugar―dijo rodeándome el
cuello con su brazo
― ¿un lugar? ¿Dónde?―pregunté.
―Vamos al cementerio mañana después de clase… han pasado dos meses, lo
más lejos que estuviste de ellos fue dos días―dijo Ariel con cierto dejo de tristeza en la
voz. No quería ir, pero no pude decir que no, me los imaginé mirándome muy mal solo
por verme pensar en que no quería ir, sin embargo, esas tumbas eran la única cosa que
demostraban que todo había sido real, que inexplicablemente paso.
Al día siguiente, después de clases Ariel y yo fuimos al cementerio. Tomamos un
bus, que nos dejó afuera del lugar. No parecía un cementerio, era demasiado bonito y
tranquilo, no era como se supone que tenía que ser, no era un lugar para personas
muertas. Ariel iba caminando adelante cuando se detuvo de golpe y me miró
― ¡No hemos comprado flores! ¿Qué clase de horribles personas somos?―dijo
sobre exagerando sus expresiones con sus brazos. No pude decir nada, antes él se me
adelantó y exclamó: ― Adelántate, iré a comprar un ramillete…
Salió huyendo, tan rápido que no alcancé a decirle que no creía que fuera
importante, al fin y al cabo, ya estaban muertos. ― ¿entonces porque estoy
aquí?―pensé, mientras seguí caminando, ¿porque intento visitar tres cuerpos vacíos y
putrefactos que ni siquiera puedo ver porque están bajo tierra?, me lo pregunté varias
veces mientras me acercaba a la tumba, pero mi cabeza se calló cuando vio una
persona frente a la tumba. Era una muchacha, usaba el cabello corto y lo tenía de color
castaño, de contextura delgada, había limpiado la tumba y había dejado flores, y ahora
solo miraba fijamente la lápida. La miré fijamente pensando en si la conocía, pero jamás
la había visto, aun así había algo extrañamente familiar en ella, cuando se dio la vuelta
vi que tenía los ojos café claro, una mirada seria pero agradable y unos labios gruesos y
bonitos, me pregunté donde la había visto para que me sonara tan familiar su cara,
pero estaba seguro, jamás la había visto. Iba a hablarle, pero ella pasó junto a mi sin
siquiera mirarme, con una sensación tan fría que tampoco me atreví a hacerlo. Ella se
me escapó, sin poder yo saber si era amiga de Jane, o quizás alguien que mis tíos
conocían.
―Se nos adelantaron―dijo Ariel arrodillándose junto a la lápida: ― ¡oh! Y
parece que es reciente ¿no viste a nadie?
Y no se lo conté a Ariel: ―No…, ya estaba así cuando llegué
No sé qué aspecto tenía, pero debía verme muy desdichado para que Ariel
tomara una postura más seria y dejara de actuar por un rato como alguien mucho
menor. Me arrodille junto a él, mientras arreglaba las flores junto con los de la chica y
entonces pensé sobre qué pasaba si ella tenía algo que ver con todo esto, como una
cómplice, como si conociera a los asesinos, como si ellos pudieran venir a la tumba
todo el tiempo y burlarse de la cosa más horrible que un demonio podía hacer a otro,
porque solo podíamos matarnos entre nosotros, pero esa chica, ni siquiera olía como
demonio, supuse que debía ser una humana cualquiera. Me agarré la cabeza, empecé a
sentirme muy confundido y muy enojado: ―Mátalos, mátalos…― decía alguien en mi
cabeza, alguien dentro de mí, que se veía y sonaba exactamente como yo: ―mátalos,
véngate y mata a todos los que te han hecho daño… empieza por quien asesinó a Jane,
y luego sigue… sigue…
― ¿Lian? ―abrí los ojos, Ariel se veía preocupado: ― ¿Qué tienes? ¿Te sientes
mal?
Bajé los brazos lentamente y volví a mirar la tumba, era tan real como aquella
voz en mi cabeza que había empezado a gritar tan fuerte “véngate de todos ellos”
―Estaba pensando―dije fríamente: ― sobre quienes hicieron esto…
―No se sabe aún quienes son…papá ha investigado pero…
―Lo sé, no es tan fácil…―dije:―pero yo, quiero encontrarlos… y vengarme…
―Lian―insistió Ariel
―Si no lo hago, si yo no me vengo… me volveré loco ¿lo entiendes?
Ariel me miró seriamente, y asintió, no se opuso, él sabía que no podía
oponerse, que era importante para mí que tenía que hacerlo tarde o temprano.
Quizás esa sed de venganza fue la que empeoró mí ya difícil carácter, esa voz no
se había callado después de todo, diría que más bien, se había sincronizado del todo
con mis pensamientos y se había fusionado conmigo, así que en las semanas siguientes
no me tranquilice, solo actué más como bestia que de costumbre. Aquella mañana iba
caminando detrás de los mellizos, aunque no les iba prestando atención, ellos solo
hablaban de cosas que les incumbían a ellos, así que realmente no alcance a darme
cuenta, aunque ahora me cuestiono si quizás no quise darme cuenta, porque en
realidad debería haberla sentido venir, porque fue como un torbellino, esa chica, pasó
corriendo y aunque Lan y Ariel si la esquivaron, yo iba mirando al piso, así que no
reaccione, ella solo dijo “con permiso” muy bajito, lo suficiente para que alguien que va
metido en sus cosas no se diera cuenta, alguien como yo, que va planeando como
empezar una venganza.
Su “con permiso” no hizo eco en ninguna parte de mi cabeza, así que ni siquiera
me moleste en moverme y continúe bajando o más bien rodando escaleras abajó
enredado con una persona a la que ni siquiera conocía, pero que por algún motivo evité
que se golpeara demasiado, y acabó arriba de mí en el suelo, con toda la gente mirando
y murmurando “un accidente” “vayan a buscar un encargado de la estación” y ese tipo
de cosas. Abrí los ojos, estaba debajo de mí, mi mano estaba en su cabeza y sus brazos
estaban agarrando fuertemente mi saco del uniforme, ella también abrió los ojos
temiendo estar muerta o algo así y me miró, solo fue un momento antes de explotar de
rabia y gritarle, pero a esta chica la había visto antes, era la del cementerio, pero no
solo eso, de verdad que la había visto antes ¿pero dónde? ¿Por qué no podía recordar?
― ¡Acaso eres estúpida! ¿Quién corre por las escaleras en contra de la gente en
el horario punta?
Mientras Ariel y Lan trataban de que no hiciera un escándalo: ―Va…vale, Lian si
solo fue un accidente. Esperaba que ella actuase como todo aquel que se cae de una
escalera y se disculpara pero, a cambio ella podía gritarme más fuerte
― ¿A quién llamas estúpida? Te dije que me dieras permiso, es tu culpa por ir
mirándote los pies
― ¿Cómo que mirándome los pies? No puedes ir corriendo con toda esta gente
―Puedo hacer lo que quiera, este es un país libre
―Libre mis pelotas, es cuestión de educación―Gruñí.
Ella se levantó del suelo y se arregló el uniforme, solo entonces noté que traía el
mismo uniforme que yo, era de la misma escuela, entonces ¿Por qué iba en dirección
contraria?
―No se puede ser educado con bestias como tú―respondió recogiendo su
mochila del suelo, yo me levanté también, noté que me llegaba más o menos un poco
más arriba de los hombros, podía eliminarla de un golpe si quería
― ¿a quién estas llamando bestia? No debí preocuparme de que te golpearas
con la caída…
―Nadie te pidió ayuda…―dijo dándome vuelta la cara― no te daré las gracias
―Vale chicos, está bien, fue un accidente… vamos a disculparnos todos
―Que se disculpe él/ella― dijimos los dos al unísono, eso pareció enfurecerla
más, así que sin decir nada más pasó junto a mi empujándome levemente con su
hombro y perdiéndose escaleras arriba en la estación, iba a seguirla y a forzarla que se
disculpara pero Ariel me agarró del brazo
―Ya vale Lian, solo fue un accidente… ―dijo deteniéndome:― Además es una
chica, que más puedes hacer…
Asesinarla, dijo una vocecilla en mi cabeza, una muy real la cual me produjo un
leve escalofrío, diría que casi placentero, como si aquella fuera la mejor idea que podía
tener. Lan por su lado, me dio un golpe en la parte trasera de la cabeza y exclamó:
―Vamos a llegar tarde… solo vámonos ¿sí?― dijo arrastrándonos a ambos hacia
el andén de la estación. Miré un momento en la dirección en que ella se fue, buscando
alguna pista, algo que se me hubiese pasado que me dijera algo más, algo concreto
porque sospechaba de ella, creía que tal vez después de todo, si tenía algo que ver.
Ariel suspiró con alivió cuando las puertas del tren se cerraron y miró a Lan,
luego exclamó:
―Menos mal que ella te plantó cara, si no estaríamos recogiendo lágrimas con
una mopa― eso era lo que lo tenía aliviado
―Sin embargo, ella era bastante linda ¿no crees?―dijo Lan, mientras suspiraba:
― ojalá la veamos en la escuela ¿en qué curso irá? ¿Tal vez es de primero?
Cierto, el uniforme, la tonta falda tableada con la blusa blanca y el saco gris que
usaban las chicas, yo los miré a ambos con fastidio y exclamé: ―Pues espero no volver
a verla nunca…
Nunca digas nunca, o algo así dicen los viejos. Cuando llegamos a la escuela
había una lista colgada en el pizarrón, y todos estaban reunidos alrededor viendo. Ariel
corrió a preguntar que se trataba y desde lejos oí que estaban reordenando los cursos,
debido a los alumnos sin buen comportamiento. Miré la lista, se suponía que quienes
estaban allí debían dirigirse a sus nuevos salones, nos estaban “reagrupando” para no
concentrar el foco del mal. Aunque por mi parte, mi falta máxima en esta escuela había
sido escaparme una que otra vez, no era “tan” malo
―La idea es poner a los chicos más conflictivos en clases con alumnos más calmados,
para que se sientan fuera de lugar y se calmen…―dijo un muchacho a otro en la parte
de atrás.
Lan miró la lista buscando a alguno de nosotros y de pronto soltó un “¡Ah!” Ariel se
acercó a mirar, mi nombre estaba escrito al final de la lista con lápiz tinta, siquiera
estaba tipiado de computadora como los demás, probablemente había sido agregado
recientemente
―Profe, ¿qué es esto?― dijo Lan indicando mi nombre
―Se me paso en la impresión… pero estaba en la lista oficial… ― dijo el sujeto
mientras miraba el libro de clases
―Pero…―dijo Ariel perplejo
―Pero nada… Lian apúrate o llegaras tarde a clases…―dijo. Era ridículo, fue lo
que pensé, una completa estupidez, sin embargo estaba sucediendo y no tenía más
opción que irme. Mis hermanos me miraron, Lan con suficiencia y Ariel con desgracia.
Al menos él lo lamentaba, Lan no me importaba, jamás nos llevamos bien. Me encogí
de hombros y me dirigí a mi nuevo salón. Todos eran muy callados, hablaban entre ellos
y me miraban como bicho raro. Me senté al final, en la fila de la ventana y miré a mi
alrededor otro momento, pensando en que realmente podía hacer sentir a alguien
fuera de lugar si querían. Suspiré, no era mi problema, no esperaba hacer amigos.
Aquella chica entro corriendo unos segundos después de que el maestro cerró la
puerta del salón, venía jadeando y traía las mejillas rojas, además se había soltado la
corbata, parecía un verdadero desastre caminante. Nuestras miradas chocaron solo un
momento, porque ella volvió a dar vuelta la cara mostrándome que yo no era de su
agrado
―Otra vez tarde señorita Catherine―dijo el profesor.
―Lo siento― respondió ella tratando de no parecer nerviosa.
―Rápido ve y siéntate―insistió el profesor. Y como nunca digas nunca, su
asiento estaba justo junto al mío. No obstante ella tenía mucho orgullo, porque se
sentó sin dirigirme siquiera una mirada más, aunque yo tampoco la miré.
La clase fue larga y aburrida, larga y en pares, aunque acabe trabajando solo
porque éramos un número impar de personas en el salón gracias a mi llegada. No era
problema, no me intimidaba tener que hacer las cosas yo solo, mucho menos en algo
tan humano como la escuela. Al terminar, primero fui a mi antiguo salón a mostrarle a
Ariel que había sobrevivido y también para decirle que almorzáramos. Después de eso,
fui a la cafetería a esperarlo, entonces lo noté, a pesar de que ella pudo trabajar
perfectamente con otro compañero en la clase, no tenía amigos, de otra forma no
estaría almorzando sola en una mesa, sentí unos brazos agarrándome por la espalda,
era Ariel que miró por mi hombro y exclamó:
―Ahí está la chica de esta mañana… ¡deberíamos ir pedirle disculpas!―estaba
lleno de energía
―Sí, deberíamos disculparnos, después de todo fuiste muy grosero con
ella―dijo Lan pasando junto a mi
― ¿Quién fue grosero?― gruñí: ― ella fue la que cometió el error, no yo.
―Ah, solo cállate y síguenos―dijo Lan agarrándome del brazo y arrastrándome hacía
ella. ¿Desde cuándo tan interesado con la educación? Solo está actuando de esa forma
porque cree que es linda. Pero, estoy seguro de que debe ser una arpía, una loba con
piel de oveja. Me llevaron hasta su mesa, y ella alzo la vista de su plato para vernos a
los tres, apenas nuestras miradas chocaron de nuevo, yo le di vuelta la cara,
mostrándole todo lo hostil que podía llegar a ser, aunque estábamos claros en que
esto no era nada.
— ¿Qué? —dijo reaccionando a mi forma de actuar. Era un poco divertido porque era
obvio que yo le caía mal.
Ariel y Lan se miraron un momento, entonces sin preguntar, el primero se sentó y
exclamó: — veníamos a disculparnos por lo que pasó esta mañana en el metro…
La expresión de ella cambió cuando Ariel terminó de hablar y se tornó en algo mucho
más amable. Incluso dejo de apretar el tenedor con fuerza entre los dedos y lo dejo
descansar lentamente sobre la bandeja.
—Está bien, realmente ya no importa…—dijo hablando en un tono de voz más amable
que en realidad no me esperaba, lo suficientemente sorpresivo como para que la
mirara un poco. Lan me obligó a sentarme y luego me imitó haciendo lo mismo.
Entonces ella dijo, con aires de suficiencia: — de hecho, el que tiene que disculparse
por lo sucedido es él… no ustedes, no es justo que carguen con las faltas de su amigo
—Es nuestro hermano mayor—corrigió Lan. Ella nos miró a los tres estudiándonos, y
pareció tener sentido para ella que fuéramos hermanos aunque no nos pareciéramos
mucho. Como ellos eran mellizos tenían muchas similitudes, pero yo nací un año
antes, así que no tenía nada que ver con ellos dos. Yo tenía el cabello negro y revuelto,
tenía la piel pálida y los ojos color gris, aunque había veces en que se veían un poco
azules. Yo era unos centímetros más alto que ellos y además, mi expresión era más
bien introvertida, que la de ellos dos que generaba confianza en las personas.
—bueno, espera sentada a que me disculpe. Eres tú la que debería perdón —dije
cruzándome de brazos.
— ¿ah, sí? — musitó con fastidio
—sí, deberías hacerlo de rodillas enterrando la frente en una piedra— agregué.
Ella parecía divertirse con mi reacción, e hizo una mueca como si estuviera
considerándolo y luego respondió: —pues, tú también espérate sentadito
Aquello desató una guerra interminable entre nosotros, había decidido que la odiaba y
a su vez, Ariel y Lan obtuvieron una amiga. Ella se había trasladado hacia poco a esta
escuela, por lo que aún no conocía a nadie lo que la hacía almorzar sola. Decidí que si
Ariel y Lan se sentían tan emocionados por haber hecho una amiga, podían quedarse
con ella, pues no era de mi agrado y en ese caso prefería estar solo. Esa era mi idea en
teoría, porque si Ariel podía hacer algo muy bien era meterte a la gente por los ojos, y
eso no era todo, ella era tan consciente como yo de que no nos llevábamos bien y que
probablemente jamás conseguiríamos algún nivel de entendimiento, por lo cual
mantenía su distancia, aunque poco a poco se fue transformando en una distancia
amable, de alguien que compartía su comida y sus libros, y que ahora al menos podía
usar como compañera de tareas.
Pero no era suficiente para Lan y Ariel con obligarme a relacionar con ella todos los
días, sino que también, empezó a venir a nuestra casa invitada por Lan, la razón
obvia, ella le gustaba. Por lo mismo empezó a venir a casa de vez en cuando, o el
empezó a venir a la suya, y empezó a molestarme, a molestarme mucho más de lo que
ya me molestaba.
Los únicos que aún no la conocían en nuestra casa eran Faris y Jade, bueno, ella creo
que sabía que estaba viniendo a casa con regularidad, pero Faris, que le gustaba
meterse en todo, no la había visto aún. Esa tarde, cuando ellos estaban estudiando en
la sala y yo bajé silenciosamente, entre en la cocina y solo me asomé un momento y la
mire; de verdad había algo en ella que era familiar y me molestaba mucho, como si no
fuera solo por el accidente que habíamos tenido en el metro, como si fuera algo más.
El sonido de un auto interrumpió en la casa, y pude ver las luces apagándose y luego el
sonido de la puerta. Faris saludo como si nada, pero cuando entro en la cocina su
actitud no fue tan buena
― ¿es amiga tuya?― fue lo primero que dijo mientras me agarraba fuertemente del
brazo, no parecía contento, de hecho, parecía alarmado. Lo miré un poco extrañado
― ¿Que? Es solo una compañera de clases
―Si solo es una compañera que está haciendo aquí―dijo apretándome el brazo, a lo
que yo me solté y exclamé:
―No tengo idea, Lan la invitó…
Faris me miro con una expresión que no pude entender, era como si estuviera
preocupado por algo más, era claro que había algo que no le gustaba en ella, de otra
forma, no estaría haciendo preguntas
―Ve a dejarla a su casa ahora―dijo empujándome a la sala, de hecho me llevo hasta
ellos con empujones y exclamo: ―Chicos, ya es tarde, es mejor que su amiga se vaya a
casa…
Lan nos miró a ambos, yo me crucé de brazos y desvié la mirada, no quería llevarla a su
casa, ni tener que presentarme con su familia, si alguien estaba interesado, era Lan, así
que era su trabajo.
―Bueno, la llevaré ahora…―dijo Lan levantándose
―Tu no Lan, quiero que me ayudes con algo…
―Pero…―dijo desconcertado―es tarde para que se vaya sola
―Lian la llevará―dijo empujándome hacía la puerta
Cathy me miró con fastidio y exclamó: ―Esta bien, puedo ir sola, no es muy lejos…
―No, como crees, que le diremos a tus padres si algo te pasa… ¡Lian, apresúrate!
A pesar de que los tres pusimos toda clase de excusas, acabe caminando junto a ella en
dirección a la parada de buses. Ambos íbamos en silencio, hasta que de pronto dije:
―Esto fue idea de mi padre, en otras circunstancias jamás habría venido
Ella suspiró: ―Lo sé, no tenías que venir, de hecho puedes simplemente
volver…
Pero ya estaba aquí y sentía curiosidad, mucha curiosidad por saber dónde vivía
y quienes eran los miembros de su familia, tal vez porque quería ver que ella era una
humana tan normal como cualquier otra, al menos parecía una, pero… Faris una vez
me dijo cuando era más pequeño “con el tiempo te darás cuenta que todos los monos
huelen igual” refiriéndose a los humanos, y era cierto, cuando crecí me fui dando
cuenta que me costaba un poco diferenciarlos, olían igual, actuaban igual,
reaccionaban de manera similar a las mismas cosas, no obstante los demonios
teníamos muchas más formas de reaccionar a un único estimulo, y todos teníamos
aspectos que nos diferenciaban unos de otros. Los humanos, se creían únicos y lo
mostraban en sus películas, televisión, etc. Como si quisieran marcar una diferencia
clara con el resto de los seres vivos, pero ¿porque ella no? ¿Porque había algo en ella
que seguía pareciendo no humano y que se volvía confuso?
―Si veo a su humana familia, entonces me quedaré tranquilo y Lan podrá hacer con
ella lo que le plazca―pensé. No es que me preocupara que Lan pudiera fijarse en una
humana, de hecho, no me importaba lo que le pasara porque nunca, ni en la cuna,
logramos llevarnos bien, pero las consecuencias de todo eso, para todos nosotros,
podían ser realmente complicadas y ya había tenido suficiente de consecuencias y
hechos complicados y además, mis planes de venganza también tenían mucho de eso.
―En serio Lian, déjame aquí, mi casa no está muy lejos―insistió deteniéndose a
la mitad de la vereda, parecía un poco nerviosa y supuse que era porque quería ocultar
algo.
―Si regreso ahora me meteré en problemas por haberte dejado sola. Solo te
dejaré en tu casa, no pediré usar tu baño o algo así…―rezongue, y pase caminando
junto a ella, luego agregué: ― a menos que haya algo que no quieres que vea…
Ella se quedó callada: ― Muy bien, como tú quieras― gruñó entre dientes.
Suponía que no necesitaba entrar a su casa, ya que era tarde, seguramente su mamá o
su papá saldrían a recibirla a la puerta, uno de ellos sería suficiente, eso también les
mataría las ilusiones a mis hermanos, que seguramente imaginaban mucho de ella, pero
en el fondo desconocían casi todo. Esto también, me ponía en cierta ventaja por sobre
ellos.
Su casa en la oscuridad, no se veía muy bien, de hecho el jardín delantero estaba
como muerto y vacío, solo había un contenedor de basura que parecía de poco uso. Las
paredes se veían mucho más oscuras, porque no había luces prendidas, estaba todo a
oscuras y en silencio absoluto, ni siquiera una luz de jardín encendida.
―Bueno, ya estamos aquí―dijo mientras rebuscaba en su mochila por sus
llaves, pensé en tocar el timbre, porque esta familia invisible eran una gran decepción,
pero apenas me moví un centímetro ella dijo con un semblante más triste: ― no te
molestes, no hay nadie en la casa…
Nos quedamos viendo un segundo y no pude evitar preguntar: ― ¿Vives aquí
sola? ―. Y me falto agregar “en una casa que parece sacada de película de terror”, ella
miro un momento a su casa y luego se volteó a quitar el seguro de la puerta de su casa,
sin responderme nada, la puerta se abrió pero no pude ver hacia adentro, estaba más
oscuro de lo que podía estar una casa… un momento, yo debería haber podido ver, en
la casa de cualquier humano, generalmente esta oscuro, pero nunca con este tipo de
oscuridad ¿ella lo habría notado? ¿Qué estaba viviendo literalmente en la boca de un
lobo?
―Gracias por traerme―dijo mientras ponía un pie adentro, y algo en mi cabeza
me grito “no la dejes entrar allí” y no pude controlar mis movimientos, la tome del
brazo y la saque de su casa, ella me miro con sorpresa e intento soltarse, pero parece
que de verdad el loco que se estaba apoderando de mi tenía muchas ganas de que no
entrara allí
― ¿Vas a entrar allí?―dije sin filtrar ni uno solo de mis pensamientos. Ella
pareció extrañada y respondió:
―Es mi casa ¿Qué bicho te picó ahora?
Me quedé en silencio y la solté poco a poco, ella retrocedió de vuelta hacía la
puerta, me miró un momento y me pregunté qué cara le estaría poniendo, que ella
preguntó:
― ¿quieres pasar? Estas actuando un poco raro…
Contrólate, me dije a mi mismo y sacudí mi cabeza: ― ¿Por qué querría entrar?
Lo mejor era volver a mi hostilidad habitual, ella simplemente se encogió de
hombros y luego agregó: ―Vale… entonces, gracias de nuevo Lian…
Creo que era la primera vez que me llamaba por mi nombre, pero antes de que
pudiera decir nada, ya había cerrado la puerta. Una luz se encendió poco después en el
segundo piso, supuse que debía ser la de su dormitorio, me pregunté si ella lo habría
notado, lo anormalmente oscuro que estaba adentro, que no era una oscuridad por
falta de luz, sino que, de otro tipo.
Al volver a casa Lan estaba esperándome como una madre controladora, el
mismo me abrió la puerta cuando me sintió entrar, me quedo mirando como si fuera el
culpable de algo o hubiese cometido un crimen, estaba cruzado de brazos, viéndome
como lo peor
― ¿Y? ¿Supongo que conociste a su familia?―dijo molesto.
―En realidad no había nadie en su casa―dije dirigiéndome a la escalera, pero el
volvió a hablar:
―Pudiste haber puesto más empeño en decir que no podías llevarla―estaba
celoso, muy celoso― pero parece que no te molestó demasiado hacerlo…
―Uuuhm, parece que eso te molesta…
―Creí que ella no te gustaba―dijo, entonces me voltee a verlo y dije sin pensar:
―Tal vez me interese un poco…
Aquello lo molestó bastante, porque a él le gustaba mucho y no era bueno que
yo también estuviera interesado pero hasta me pareció divertido, hacerlo sufrir de esa
manera.
Había empezado a atar cabos, primero Cathy se había aparecido en el
cementerio, aunque debido a nuestras constantes discusiones y peleas, no le había
preguntado si conocía a mis tíos o Jane, mucho menos había podido preguntar de
donde, eso no era todo, su casa, era un lugar bastante sospechoso y hasta pensaría que
peligroso para una chica ordinaria como ella. En ese caso, no paraba de preguntarme
todo el tiempo si quizás ella no sabría algo sobre sus muertes que estábamos pasando
por alto, lo más raro era la actitud de Faris, que comenzó a decir en la mañana que esa
chica no le gustaba, que no la conocía, que quería saber quiénes eran sus padres, como
si alguna vez le hubiese importado algo de lo que hiciéramos, agregando que además
no la quería en casa ni cerca nuestro, siendo que el mismo me obligó a llevarla hasta su
casa.
―Ah… yo creo que es injusto―dijo Ariel mientras se robaba la comida del plato
de Cathy: ―Es injusto que hayas déjalo a Lian ir a tu casa, y nosotros no hemos sido
invitados ni una vez…
Ella sonrió incomoda y respondió: ― Pero él solo me dejo en la puerta, no lo
invité a entrar…
―No estamos tan seguros de eso, porque el sí puede saber y nosotros
no…―insistió.
―Yo también quiero ser invitado a tu casa―dijo Lan dejando claro que estaba
celoso, pero aun así ella no los invitó, entonces Ariel recurrió a la única estrategia que le
quedaba:
―Lian, llévanos a la casa de Cathy ¿sí? ¿Por favor?―insistió colgándoseme del
brazo. Aun pensaba, en como con esa oscuridad por toda su casa, ella no había
enfermado aun, en porque estaba en el cementerio ese día, dejando flores para
personas que posiblemente no conocía.
―De acuerdo, los llevaré― dije sin pensarlo un poco más.
Cathy me miró perpleja, era claro que estaba enojada porque estábamos yendo
a su casa sin siquiera considerar si ella nos quería a los tres allí. Así que esa tarde fuimos
a su casa. Si de noche se veía bastante abandonado, de día era peor, el jardín estaba
definitivamente muerto y la tierra estaba tan seca que se resquebrajaba, las paredes
estaban manchadas con humedad y restos de pintura, de algún día en que fue una casa
gloriosa, los vidrios de las ventanas tenían una tonalidad gris que no dejaba ver hacía
dentro y la puerta tenía manchas de que estaba dañada por la humedad. Ella nos echó
una mirada a los tres y luego metió la llave en el cerrojo de la puerta, lo giró lentamente
y luego empujó como si le pesara todo el cuerpo, al abrir la puerta lo noté, no estaba
oscuro ahora porque era de día, pero el aire se veía un tanto viciado, miré de reojo a
Ariel y Lan, y a pesar de que lo habían notado fingieron muy bien que no era nada, que
todo estaba bien, que de hecho era una casa como cualquier otra y que no había nada
de lo cual preocuparse, o al menos no frente a ella.
Aunque su casa por fuera se veía muy mal y a pesar de que el aire estaba muy
viciado, por dentro estaba en buen estado, de hecho, estaba muy limpia y ordenada. Al
entrar había un librero enorme repleto de libros, luego al lado estaba la sala, que se
veía como un lugar muy cómodo, con un sofá mullido, una televisión y algunos cojines,
allí mismo había dos puertas, una conectaba con el comedor y la otra con la cocina, del
otro lado de la casa había un baño y las escaleras que daban al segundo piso. Supuse
que si la casa se veía así al menos por dentro, debía ser porque ella se preocupaba
bastante ya que no podía hacer más arreglos que esos, entonces pensé que debía pasar
mucho tiempo sola en esta casa.
―Uoh ¿tu leíste todo esto?―dijo Lan mirando la enorme estantería de cerca.
Cathy puso sus cosas sobre el sofá y miró hacía la estantería:
―No, yo no, son de mi hermano…― respondió un poco nerviosa, como si le
preocupara algo
― ¿ósea que la gente como tu tiene familia?―dije sarcástico, mientras echaba
una mirada a su impecable cocina. Ella hizo una morisqueta, y me empujó para que
saliera de su camino, luego abrió la nevera y sirvió unos refrescos, luego los puso en
una bandeja y los llevó a la sala. No quería que lo notara pero estaba revisando su casa,
buscando el lugar de donde venía toda se sensación agria que había por todos lados,
pero era como si no tuviera su origen allí.
A pesar de que ella no nos quería en su casa, nos trató a los tres muy bien,
entonces fue la primera vez que me di cuenta de que se sentía sola, de que quizás esto
era lo más que había estado con gente en mucho tiempo.
― ¿Dónde está tu hermano? Nunca habías hablado de él―dijo Lan sin siquiera
pensar que podía ser un tema complicado. La cara de ella se ensombreció un poco, y
respondió sin muchas ganas:
―Él trabaja mucho, así que no viene a casa, se queda en la oficina o a veces
viaja…―respondió. Antes de que pudieran seguir haciendo preguntas incomodas, me
levanté de mi puesto:
―El jugo estaba rico, ahora vámonos, dejemos de molestar―luego tomé mi
bolso y caminé a la puerta: ―Rápido, que no tengo todo el día
Me paré en la puerta y la abrí para que salieran. El primero en venir fue Ariel, que
me arrastró a la calle y me dijo en voz baja: ―Dale a Lan un momento…
Claro, porque no era lento, con lo que le había dicho la otra noche lo había
puesto nervioso y no quería que le fuera a ganar la partida, incluso si no era real. Creo
que pasaron cinco minutos, cuando Lan salió de la casa:
―Vámonos―dijo secamente y comenzó a caminar adelante a paso rápido. Lo
que hubiese pasado, ella lo rechazó de algún modo, y tenía sentido porque los trataba
a los dos por igual, la verdad me sentí extrañamente aliviado de que lo rechazara, y
volví a mirar a la vieja y triste casa.
Me encerré en mi cuarto como habitualmente lo hacía desde que habíamos
venido a vivir aquí, y no pasó mucho rato hasta que Lan entro de golpe en él, viéndose
nada feliz, de hecho, furioso
―Tenemos que hablar―dijo con la misma sequedad con que se había ido de la
casa de ella esa tarde.
― ¿puede ser mañana? Estoy tratando de dormir…―dije tratando de no darle
importancia, pero él realmente venía dispuesto a pelear, por lo que empujó la puerta
cerrándola de un golpazo como si eso fuera intimidarme
―tenemos que hablar ahora―insistió. Me senté en la cama y lo miré a los ojos
esperando que hablara, entonces el preguntó: ― ¿Por qué dijiste eso el otro día?
― ¿de qué hablas?
―el otro día dijiste que Cathy te interesaba un poco ¿Por qué lo dijiste?
Él estaba determinado, y por algún motivo yo también estaba determinado a no
dejárselo fácil: ― es obvio no, después de todo la lleve a su casa… realmente creíste
que solo la deje en la puerta y que no pasó nada más
Quizás estaba manchando un poco lo que había pasado en realidad, que no
había sido nada, excepto que ella tenía algo muy sospechoso que yo iba a averiguar a
cualquier costo
― ¿Cómo te atreves a decir una estupidez como esa?―masculló entre dientes.
―Ah, ¡Por favor! No sé porque te empeñas tanto en hacerla ver como la virgen
o algo así, es una chica, estúpida como cualquier otra, fácil de engatusar como todas las
del colegio, no tiene nada de diferente
Mentira, yo estaba mintiendo terriblemente y sin dejar de mirarlo a los ojos, a lo
que se enfureció y levantó varios decibeles la voz: ― ¿Y acaso Jane era diferente?
También era una chica de un colegio, que se enamoró de ti y seguramente murió por tu
culpa, y ahora quieres repetirlo con alguien más…
Qué tenía que ver Jane en todo esto, fue lo que pensé porque estaba
relacionando su muerte con que a Cathy fuera a pasarle lo mismo, porque tenía que ser
mi culpa, porque se atrevía si quiera a hacer esa comparación como si todos supieran
algo que yo no. Cuando volví en mí, entre Ariel y Faris me estaban agarrando para que
dejara de golpearlo, ni siquiera supe en que momento me perdí en mí mismo y
empezamos a pelear, quizás cuando mencionó su nombre ― ¿había siquiera sido real
mi historia con ella?― susurré.
―Te mataré―le dije poseído por esa voz, por ese yo mismo que era tan oscuro
y terrible, tanto que ninguno de ellos podía imaginarlo, tanto que no me había dado
cuenta de cuanto me habían consumido todos esos sentimientos de odio que parecía
que siempre habían estado allí esperando a salir: ― te juro que lo haré, te separaré los
brazos y las piernas del torso parte por parte y no te dejaré desmayarte hasta que
acabe
―Lian ¡basta!―dijo Faris con cierto horror en la voz: ― tienes que parar ahora
Miré a Faris: ― después seguirás tú, tú y todos los que me han traicionado
Porque sentía todo el tiempo que no era la primera vez que me escondían cosas,
intente forcejear y aunque logré que Ariel me soltara, Faris me dio un puñetazo en la
cara que me dejo sentado en el suelo, un golpe que me hizo gritar de rabia y
frustración, porque él quería que volviera en mí mismo, pero ya era tarde. Entonces
miré a la puerta, mientras sentía como mi acelerado corazón iba bajando sus
pulsaciones, mi mamá estaba arrodillada junto Lan, sonreí fríamente
―Después de todo, siempre lo preferiste a él sobre mi…― dije. Me levanté del
suelo, y me limpie la sangre de la boca, Ariel quiso agarrarme pero Faris lo sostuvo, la
habitación estaba hecha un desastre, libros en el suelo, la silla tirada por un lado,
realmente había sido una pelea, y cuando salí de la casa y me marché nadie me detuvo.
Caminé durante horas en la calle sin ningún destino, me pregunté sobre lo que
pasaría si no volvía jamás a la casa y también me pregunté porque me había enfurecido
tanto con Lan, después de todo la muerte de Jane, si tenía que ver conmigo y ahora
Lan me estaba diciendo que si no mantenía mi distancia de esta chica, entonces ella
tendría el mismo final.
Toqué a su timbre, y me apoye en el dintel, yo le había pegado bastante, pero él
a mí también y estaba bastante adolorido, entonces la luz de la sala se encendió y ella
abrió la puerta, traía puestas una camiseta y pantalones de dormir que no hacían juego,
y que de hecho parecían más ropa cómoda que un pijama, su expresión de sorpresa fue
acallada por un exaltado:
― ¿Qué fue lo que te pasó?―de inmediato se hizo a un lado y me dejó entrar en
la casa, como si fuéramos los amigos más cercanos y de toda la vida. Fui hasta el sofá y
me dejé caer sobre él, ella miró para todos lados como si no supiera que hacer primero,
entonces yo dije:
―Estoy bien, solo necesito un lugar donde pasar la noche
―Deberíamos llamar a tu casa, estas muy golpeado, quizás necesitas un
hospital, déjame que pida ayuda… creo que tengo banditas en el baño, voy a buscar el
botiquín o quizás quieres agua o…
―Cathy―dije callándola, ella me miro quedándose en absoluto silencio y yo
agregué: ― de verdad estoy bien, esto no es nada…
No era la primera paliza de mi vida, ella por su parte, al parecer era la primera
vez que estaba cerca de una persona en mis condiciones, se acercó y se sentó en el
suelo de rodillas junto a mí, como para verme más de cerca, acercó su mano a mi cara y
no sé porque mi primer instinto fue detener su mano con la mía, como si el contacto
con ella fuera fatal ― “no dejes que te toque”― me dije, entonces ella comentó:
―tienes morado el labio
―estoy bien, no me duele
Ella se levantó en dirección a la cocina, no tardó mucho en volver con una bolsa
con hielo, luego se sentó junto a mí en el sofá y lo acercó a la zona
― ¡Me duele!―le grité, pero ella se mantuvo tranquila como si no le afectara
que yo la tratara así, luego poco a poco dejó la bolsa de hielo en el moretón hasta que
acabé sosteniéndolo por mí mismo.
― ¿Qué fue lo que sucedió?―preguntó tomando distancia nuevamente en el
sillón, yo no quería hablar mucho, pero si estaba soportándome en su casa al menos se
merecía una explicación:
―Lan y yo peleamos, me descontrolé y me fui…―respondí.
―Deberíamos avisar que estas aquí ―dijo tomando su teléfono móvil, pero la
detuve “no los quiero cerca de esa chica”― fue lo que dijo Faris, y a lo que no
estábamos haciendo caso, ninguno de los tres
―Ellos saben que me fui, no es como que estén preocupados exactamente
― ¿de que estas hablando?―dijo confundida.
―Mis padres me vieron salir, nadie me detuvo ¿necesitas más
detalles?―rezongué. Ella suspiró y miró un momento la hora en su teléfono, era tarde
ya, casi las dos de la madrugada. ―si te estoy molestando me iré
―Está bien, solo creo que deberíamos llamarlos, pero si dices que está bien, no
tengo problemas con que te quedes… solo, no traspases mi metro cuadrado, ni entres
en mi habitación mientras duermo…
― ¿Quién querría atravesar tu metro cuadrado? Entérate, no tienes muchos
atractivos físicos como para tentar a alguien como yo
Ella sacudió su cabeza como si estuviera acostumbrada a que la tratara así, e
inmediatamente se levantó del sofá. Creí que me dejaría solo sin nada con que
acomodarme, pero estaba siendo una vez más, sorpresivamente amable conmigo,
dándome mantas y una almohada para que durmiera allí, incluso me preguntó si había
cenado y si me apetecía, por supuesto, no quería deberle más, así que solo me
acomodé para dormir.
En la mañana desperté con el olor a pan tostado que venía de la cocina, estaba
vestida con el uniforme y encima se había puesto un delantal de cocina, si quería podía
ser bastante linda, pero quizás solo lo era, porque se trataba de una situación forzada
―Buenos días―dijo medio mirándome:― ¿quieres que te de algo de desayuno?
― ¿tienes leche?―pregunté sentándome en el pequeño comedor de diario, ella
me hizo una morisqueta que creyó que no vi y respondió:
―Creo que sí, te la calentaré
―Fría está bien―ella se encogió de hombros, y tomo el cartón y un vaso, que
puso frente a mí:
―sírvete cuanto quieras―sonrió forzosamente
―Si te estoy incomodando dímelo y me iré…―gruñí, mientras llenaba el vaso
de leche, ella puso un plato frente a mí con un par de tostadas cubiertas de
mantequilla, a lo que dije: ― ¿es todo lo que tienes? ¿Crees que esto es alimenticio para
alguien?
Ella suspiró: ― Joven amo, si hubiese sabido que vendría a dormir hubiese
destapado el caviar…
―El caviar no es un desayuno―musité. Ella gruñó, y yo me engullí una tostada,
la verdad tenía hambre porque no había comido nada desde el almuerzo del día
anterior, así que en voz baja agregué: ―Gracias…
La expresión de fastidio de ella se suavizó, como si me perdonase ser tan
desagradable, así que solo se sentó frente a mí y se sirvió un poco de leche también
―Sobre tu familia…―empezó a decir, pero no la dejé acabar
―No les digas a mis hermanos que estoy aquí―interrumpí
―Ariel debe estar preocupado―me rebatió ella.
―No le digas o tú también estarás metida en esto
Ella me miró perpleja, era obvio que estaba pensando en que ya estaba metida
en esto, pero ella en realidad no sabía que me estaba refiriendo a Faris.
― ¿entonces tampoco irás a clases?―preguntó, a lo que respondí negando con
la cabeza y luego agregué:
―No te preocupes, no te causaré molestias me iré luego de desayunar…
Ella suspiró y dijo tranquilamente: ―Puedes quedarte aquí si no tienes donde ir,
solo o urges en mis cosas e intenta mantener la casa como está…
No pude ocultar mi sorpresa, porque me acababa de dar cuenta de que ella ya
había olvidado el incidente del metro, pero aún quedaba una cosa, el cementerio…
podía preguntarle ahora, pero me di cuenta que no sabía exactamente como
preguntar, sin parecer que la estaba haciendo cómplice o sospechosa de algo.
Luego de que ella se fue a clases, exploré su casa incluso aunque ella me pidió
que no lo hiciera, subí las escaleras y me encontré con una sala de estar donde había un
futón ―Tacaña―pensé, pero seguramente no me lo ofreció porque no confiaba tanto
en mí, y también una televisión. De un extremo había dos puertas, la primera que
exploré resultó ser el dormitorio del hermano de Cathy, aunque el lugar parecía la
habitación de un hotel. La cama del tipo estaba impecable, parecía que jamás había
sido usada, el armario contenía algunos juegos de toallas y sabanas y también unas
pocas camisas y pantalones; el sujeto no debía venir mucho a casa, porque aparte de
esos objetos personales, acababa de darme cuenta que no había nada más, era como
un cuarto vacío que no te dejaba claro a quién podía pertenecer, ni te dejaba imaginar a
quien pertenecía. La segunda puerta era un baño más grande que el del primer piso,
tenía una tina y un pequeño armario para guardar artículos de limpieza, la ventana daba
al jardín de atrás que también estaba muerto como el de adelante. Detrás del futón
había otra puerta, era el dormitorio de ella, se notaba, porque había libros sobre el
escritorio, la computadora estaba entre abierta y con una luz parpadeando. El
cubrecama tenía pequeños círculos de colores, y todo olía exactamente como ella, el
armario era un poco desastroso, estaba lleno de ropa y cosas que creo que jamás
usaría, además dentro había un espejo alargado. Junto a la cama había dos mesitas de
noche, una de cada lado, encima de la de la izquierda había unas libretas y lápices, que
no me atreví a revisar. A diferencia del hermano, en esa habitación había mucha más
vida y parecía mucho más habitable que la otra, la cosa más llamativa en esta
habitación fue el frasco de capsulas negras que encontré bajo la cama, un frasco sin
etiqueta que estaba a la mitad y mal cerrado. Saqué una de ellas, fuese lo que fuese
siendo yo no humano, no me harían nada así que me la metí a la boca, pero la escupí de
inmediato con cierta sensación de asco, era un tipo de sangre que no podía tolerar en
ese estado, era sangre de demonio en capsulas.
Bajé rápidamente las escaleras, y empecé a revisar el resto de la casa buscando
algo más, algo que me explicara por qué razón una chica aparentemente normal estaría
bebiendo con su primer vaso de agua del día una capsula de ese tipo ¿para qué? ¿Qué
efecto produciría en ella que se veía aparentemente normal? Pero a pesar de que revise
todo, no había nada más que pudiese darme una explicación, a excepción de ese
frasco, la casa era “normal”.
Ella regresó por la tarde y yo estaba sentado en el sofá con los pies arriba,
mirando fijamente el frasco, tratando de darme una explicación a mí mismo. Al
principio ella no se dio cuenta, entro saludando alegremente y diciéndome lo
preocupados que estaban mis hermanos por mi e intentando darme razones para que
llamara a casa, hasta que su voz se fue apagando poco a poco
― ¿Por qué tienes eso allí?―dijo un poco nerviosa
―Es la misma pregunta que yo me hago…―respondí. Ella corrió a tomar el
frasco y guardarlo en su bolsillo y me miró enfurecida:
―Te pedí que no hurgaras en mis cosas
―Lo siento pero desde un principio supe que había algo sospechoso con todo
esto
Ella trato de guardar la calma y respondió: ― son solo vitaminas, no veo porque
tanto alboroto, a lo que me refiero es que…
―Es sangre de demonio en capsulas―dije fríamente. Ella se quedó callada
mirando al suelo.―Y yo soy un demonio, así que explícame ¿Por qué te tomas eso
como si fueran vitaminas? ¿Estas tratando de suicidarte?
Ella no respondió lo cual me ponía furioso, me acerque y la agarré por los
hombros e insistí: ― ¿si entiendes de lo que estoy hablando?
Ella me miró a los ojos, entonces lo noté, de hecho ella no era humana, pero
entonces que era, porque no podía darme cuenta de lo que era con facilidad como con
cualquier otra persona en estas circunstancias
―Deja de bromear, los demonios no existen―dije fingiendo una sonrisa tonta
Me llevé un dedo a la boca y me lo mordí, unas gotas de sangre salieron de él, un
líquido muy negro que no era humano
―Tu deja de mentir― dije. Ella me empujó y respondió:
―Solo déjalo en que son vitaminas y no sigamos hablando de ello
―Cathy, necesito saber…―insistí. Ella se llevó las manos al pecho como si
estuviera tratando de decidir qué hacer, entonces sin mirarme a los ojos y tratando de
alejarse de mí respondió:
―Hibrido
― ¿Qué?
―Hibrido de demonio y humano
Por eso no podía descubrir que había de diferente en ella, porque entre
demonios, se decía que un hibrido, era como no ser nada, ni humano, ni demonio, no
eres aceptado por ninguno de los dos, demasiado aterrador para uno de ellos, y
demasiado débil, delicioso e indefenso para los otros. La empujé contra la pared y ella
de inmediato escondió la cabeza entre sus brazos
― ¿me tienes miedo ahora?―pregunté
―No exactamente―respondió:― pero, me mantengo alejada de los demonios,
por cuestiones obvias…
Me alejé entonces, dándole suficiente espacio para moverse y escapar si quería,
me crucé de brazos y dije: ―No te haré nada, yo no tengo esa estúpida creencia que
tienen los más viejos…
Ella pareció calmarse entonces y aproveché de preguntar: ― ¿Dónde la
consigues? No es como que haya un banco de donadores para los tuyos…
―Mi hermano me la consigue, realmente no sé de donde…
― ¿Tus padres?― pregunté
―No tengo, supongo que es obvio… yo también me habría abandonado
Nunca conocí a nadie más cruel consigo mismo que Cathy, lo suficientemente
cruel como para creer que el hecho de que sus padres la abandonaran estaba bien, y
que de hecho era lo correcto.
―Me quedaré aquí unos días más―dije dándole la espalda y regresando al sofá,
ella bajó los brazos un poco sorprendida: ― y no volveré a revisar tus cosas…
Creo que aquello me hizo olvidar en cierta forma el incidente del metro y quizás
darle una excusa débil al cementerio. Jane, era una chica que no tenía prejuicios con los
demás y supuse que quizás por eso la estaba visitando, porque debieron ser amigas
antes de que todo esto pasara. Aquello nos permitió dejar de tratarnos como
enemigos, y vernos un poco más como iguales, un poco más como amigos.
A la mañana siguiente me encontré en la cocina con la radio encendida,
haciendo toda clase de melodías, mientras cocinaba, me vi demasiado cómodo en su
casa e incluso en su presencia y pensé en Jane, y me detuve ―“yo amaba a Jane”―
pensé, pero parecía muy lejano.
― ¿Cuándo llamaras a tu familia?, está bien si no quieres volver, pero al menos
necesitan saber dónde estás quedándote ¿no?―dijo Cathy quitándome una de las
cucharas de las manos
―No regresaré―respondí:― no puedo
―No seas tonto, es tu familia… te perdonaran cualquier cosa que hayas hecho
―Cállate, no tienes idea de cómo es mi familia―gruñí dejando caer
estrepitosamente la otra cuchara sobre el lavaplatos
―No, no los conozco tanto pero, tu papá se preocupa por ti… si no, no me
habría echado de la casa tan rápidamente, habría fingido mejor…
Claro, Faris no la quería cerca porque probablemente con sus años, se había
dado cuenta rápidamente de lo que ella era, pero además de mí, ni Lan ni Ariel tenían
sospechas.
―Hablando del demonio―dije apoyándome en uno de los muebles, mientras
ella continuaba el trabajo culinario que yo había dejado a medias: ― corrígeme si estoy
equivocado pero, ese día que vine con mis hermanos, Lan se te lanzó verdad…
Ella se quedó congelada, a veces tenía problemas para filtrar o usar palabras
más suaves para decir lo que pensaba, pero lentamente volvió a incorporarse y
respondió: ―dijo que yo le gustaba y preguntó si podía venir el solo a verme…
―creo que por cómo se puso ese día conmigo, le dijiste que no―comenté
cruzándome de brazos pensativo
―Le dije que lo veía como un amigo, exactamente como tú y Ariel―, Algo en mí
se estremeció cuando dijo “amigo” para referirse a mí, porque alguien en mi cabeza
dijo ―“no quiero ser tu amigo”― pero esa voz, tenía vida y voluntad propia, la misma
que se había apoderado de mí y me había hecho golpear sin control a Lan: ― Espera,
¿Por qué contigo?
No le respondí, en caso de que pudiera sentirse culpable por algo o en caso de
que pudiera sentirse demasiado importante, solo me encogí de hombros e ignoré su
pregunta, porque era más fácil.
Era difícil seguir ocultándoles a los chicos que Lian estaba quedándose en mi
casa estos días, me sentía como una mentirosa y me sentía peor cuando comentaban
cuando empezaban a comentar que ya había pasado una semana desde que se había
ido y no los había contactado, ni siquiera para avisar que estaba bien. Me ponía mal ver
la cara de tristeza de Ariel y la de culpa de Lan, porque por lo poco que me habían
explicado, él y Lian se habían peleado, y por eso se había ido de casa.
―Es tan difícil, Cathy. Mamá esta todo el día pegado al teléfono por si llama, y
aunque mi papá ha estado fingiendo que no le preocupa todos estos días se ha estado
acostando a eso de las 4 de la madrugada esperando por si aparece en la casa… y Lan,
se siente tan culpable que ni come
―Pero… exactamente ¿Por qué pelearon?―pregunté mirándome los pies. Ariel
miró a su alrededor, como si esperase que nadie lo vigilara o escuchara lo que iba a
contarme
―No sé, si te lo conté… Sobre Jane, la novia de Lian―guardé silencio, sabía
mejor que nadie sobre Jane, pero no podía decir nada tampoco, tenía mucho que
callarme:― bueno, Lan se fue enojado de tu casa ese día y creo que Lian lo estuvo
provocando, el caso es que Lan se salió de sus casillas y dijo unas cosas horribles sobre
Jane… Lian se enfureció, en realidad nunca lo vimos así, no escuchaba razones, perdió
el control y se pelearon, casi destrozan toda la habitación de Lian, al final papá y yo
logramos separarlos, pero Lian seguía enojado y se marchó…
― ¿y tu papá no intento detenerlo?―pregunté. Ariel sacudió la cabeza con ese
aspecto de niño que tenía a veces
―Bueno, digamos que mi padre y Lian se parecen más de lo que creen… y
cuando ambos están enojados es como una reacción química peligrosa…
Imaginé que el padre de los chicos debía ser una persona difícil, Lian ni siquiera
lo llamaba “papá” se refería a él como Faris todo el tiempo y me imaginaba que tenían
una relación muy compleja. Ariel suspiró, y comentó:
―Lian nunca había hecho algo así, pero creo que todo es por la muerte de los
tíos, desde entonces ha estado muy inestable e irritable
―Lian es como un niño gruñón ¿no?
Ariel sonrío tristemente, tanto que me pareció más maduro que todos sus
hermanos: ― Si, eso es…
Me mordí el labio inferior pensando en lo mal que estaba todo esto, en porque
le estaba haciendo caso a Lian y no estaba haciendo lo correcto. Cerré los ojos
apretándolos con fuerza y exclamé: ― Está quedándose en mi casa… no les dije nada
porque él dijo que lo solucionaría, pero creo que no tiene pensado llamarlos
Ariel me agarró por los hombros, fue como si hubiese descubierto oro. El
problema es que ahora también me sentía terriblemente culpable con Lian por haberle
dicho la verdad a su hermano.
Miré el frasco de vitaminas. Cuando Cathy se iba a la escuela me tendía en su
cama y usaba tu televisión y computadora, después de todo no había mucho más que
hacer y cuando ya estaba cercana a la hora en que regresaba de la escuela, yo volvía a
sentarme en el sofá como buen chico, porque me había advertido en varias
oportunidades que no me metiera en sus cosas, como si tuviera algo que ocultar. Me
voltee boca arriba en la cama y seguí mirando el frasco, preguntándome quien de todos
los demonios que conocía podría ser tan generoso como para prestarse para algo así,
pero no se me ocurría ninguno. Recordé, que una vez mi tío dijo que para los híbridos,
era mejor estar muertos porque nadie los aceptaba, que su destino era estar solos y
que por eso nadie hacía muchos esfuerzos para que sobreviviesen, pero ahora yo tenía
muchas preguntas, sobre quien era su hermano, de qué color era la sangre de ella,
quienes habían sido sus padres ¿ella lo sabría? ¿Cómo se sentiría con eso? Tantas
preguntas que me abrumaba. Me senté en la cama y miré las libretas, moví una de ellas
y otra resbaló al suelo cayendo abierta y soltando un montón de papeles por el suelo,
rápidamente empecé a recoger todo antes de que ella se diera cuenta de que había
estado allí, había un papel, una especie de esquela que tenía escrito Jane, con una letra
que yo conocía, pero oí la puerta así que solo pude esconder el papel entre mi ropa y
dejar todo como estaba y sentarme en el futon para que nada se viera demasiado
sospechoso.
Ella me traicionó, les dijo a Ariel y Lan que me estaba quedando con ella. Primero
Ariel me dio una bofetada y me grito sobre cuanto se había preocupado por mí, poco le
faltó para llorar y Lan me dijo que se había excedido y luego me culpó por todo lo que
pasó después, algo que era típico de él, pero aun quería desmembrarlo y que estuviera
despierto, apenas pude controlar mis puños porque el corazón parecía que se me iba a
salir por la boca, apenas podía controlar esas extrañas ansias de herir a alguien, quien
quiera que fuese
―Lo siento Lian, pero de verdad estaban preocupados por ti―dijo Cathy
bajando la cabeza. Mi corazón se estremeció extrañamente como preguntándose
porque ella era tan buena con nosotros, si en algún momento le hicimos tanto daño
Ariel se me colgó del cuello como un mono y exclamó: ― por favor no te enojes
con ella, solo estaba tratando de ayudar
Luego me zamarreo fuertemente para que reaccionara de alguna forma y el
papel que había guardado como algo precioso, cayó al suelo, todos lo vimos caer y
Cathy lo levantó, pero antes de que pudiera reaccionar, se lo quité de las manos. Ella
pareció congelarse, se puso pálida
―Dámelo―dijo, tratando de recuperarlo, pero yo lo levante lejos de su alcance
y lo desdoblé, estaba escrito con la letra de ella, con la preciosa letra de la persona que
más había amado hasta ahora
No sé por dónde empezar, pero tú y yo no nos conocemos. Deja que me presente
primero, mi nombre es Jane y hay una persona a la que amo, sé que ahora piensas que
esto no tiene que ver contigo, pero hay unas cosas muy importantes sobre esta persona y
tu familia de las que necesito hablar contigo ¿puedes venir a verme? El día 14 del mes xx te
estaré esperando en xxx las 17:00 pm. Te pido que no me falles.
Jane.
La fecha y horas que mencionaba Jane, coincidían con el momento exacto en
que la vi desaparecer, alrededor de las cinco de la tarde afuera de nuestra escuela, el
papel se me cayó de las manos. Cathy soltó un grito, cuando yo sin pensar levante la
mano y la golpee en la cara, ni siquiera hice una pregunta solo podía pensar que ella
tenía algo que ver con su asesinato ¡y todavía se atrevía a dejar flores en su tumba! No
me jodas… no me jodas: ― ¡No me jodas!
Le grité, perdí el control, y aunque Lan y Ariel trataron de pararme, primero le di
una paliza a aquella chica, que fue extremadamente paciente, que fue amable, que no
se defendió y solo cuando ellos lograron pararme dijo con un hilo de voz: ―Yo no la
maté…
Pero yo no podía creerle.

Lian
Lan y Ariel cayeron en tal estado de pánico que no pudieron hacer más que
llamar a Faris y pedir ayuda, como yo no me calmaba me encerraron en el cuarto de ella
que por supuesto hice añicos, rompí ventanas, aplaste su computadora con la silla del
escritorio, rompí sus cuadernos, creo que también le di muchas patadas a la puerta del
su armario y a la del cuarto, con tanta rabia y desesperación que en un momento me
sentí vacío y solo caí sentado, en blanco en medio del caos que yo mismo había
formado. ¿Por qué los chicos le creían con tanta facilidad que ella no tenía que ver?
Porque había sonreído y sido amable una o dos veces, cualquiera podía hacer eso,
cualquiera podía mentir de esa forma ¿Por qué a Jane? ¿Por qué ella le pidió reunirse?
¿La mató porque iba a hablarle de la familia que la abandono? ¿Por qué Jane quería
hablarle de mí? Me agarré la cabeza y me apreté las sienes hasta que alguien dentro de
mí pensó en que todo estaba conectado con migo, ese sujeto ese día me dijo que
Jane… que Jane…
Golpee el suelo con rabia tanto que mis nudillos se pusieron morados, entones
oí las escaleras y a alguien murmurar desde lejos, me acerque hasta la puerta y pegué el
oído:
―Ella necesita ver un doctor, un poco más y la habría matado…―era la voz de
Jade
―Estoy tratando de contactarme con Lexis, pero no atiende…― esa era la voz
de Faris
― ¿y Adán? puede que esté con él―insistió Jade.
―No esos dos no se hablan hace años, dudo que él sepa dónde está…
―respondió Faris.
Me miré las manos, entonces lo noté tenía sangre en ellas, sangre que no era
mía de color rojo muy oscuro, que podía confundirse perfectamente con negro,
entonces se me encogió algo en el pecho ― “de verdad casi la mate”―.
―Jade, llévala tu a la clínica de Lexis y yo me encargo de Lian. Si sigue
perdiendo sangre así…
Oí los pasos de alguien alejarse, Jade se la llevó entonces retrocedí alejándome
de la puerta, pero no se abrió, solo oí la voz de Faris
―Lian, soy yo…―Pero no pude decir nada, no me salió ni una palabra― voy a
entrar…
Retrocedí hasta la ventana, era como si no pudiera gobernarme, y me estaba
preguntando constantemente ¿este era yo realmente? Sin ningún escrúpulo,
totalmente controlado por la sed de venganza y también por mi deseo insaciable de
matar a cualquiera que se opusiera a mí… como una especie de villano. Faris giró del
pomo, y abrió lentamente, estaba tratándome como si fuera un animal peligroso, y
sentí que no estaba tan lejos de eso. Poco a poco fue asomándose en la habitación
hasta que estuvimos cara a cara, no escapé de él ni intenté hacerlo solo me quedé
como una estatua
― ¿Estas bien?―fue lo primero que preguntó pero yo no respondí. Entonces
quiso acercarse y yo retrocedí
―No, no vengas―le dije, estaba temblando de nuevo, también quería hacerle
daño a él
―Escucha, sé que esto es difícil, pero tienes que tratar de controlarte…
―Lo viste verdad―dije.― la carta que le envío Jane…
El asintió pero de inmediato agregó: ― pero eso no la hace la asesina… ni la
cómplice, mucho menos la autora psicológica de lo que pasó
―Entonces explícame porque tenía esa carta…―dije alzando poco a poco la
voz, a lo que él respondió:
―Si te calmas, te prometo que te diré todo lo que sé hasta ahora…
Ósea que si sabía algunas cosas, que me había ocultado cosas. Apreté los puños
y Faris insistió: ― pero de verdad tienes que enfriar la cabeza y dejar que me acerque
Me costó varios minutos hacer que mi corazón dejara de saltar, hacer que me
bajara la adrenalina y de apretar los puños con tantas ganas de desatarme contra él,
solo entonces cuando logre llegar a un estado medianamente calmado Faris se acercó a
mi puso una de sus manos en mi hombro y la otra en otro, entonces me guio fuera de la
habitación escaleras abajo y me subió al auto.
También acabé en la clínica donde trabajaba el tal Lexis, pero en un pabellón
totalmente diferente al de Cathy. No me hospitalizaron ni nada de eso, solo me dieron
un tranquilizante en una dosis como para caballo, para que no fuera a atacar a nadie en
el lugar, lo suficientemente fuerte como para que me dejara estar cómodo en un sofá
en una solitaria sala de espera de la que no me dejaban salir, lo suficiente como para
permitir que Ariel se me acercara sin estar en peligro.
Él se acercó y se sentó junto a mí, yo lo miré un segundo pero me sentía lo
suficientemente calmado como para no armar ni una sola frase, aunque quería
preguntar si ella estaba bien
―Se recuperará, pero le tomará un par de días, aquí la cuidaran… ―Asentí y
cerré los ojos, entones Ariel agregó: ― Ella no lo hizo…
―Lo sé― respondí con las pocas fuerzas que tenía y con todo lo desinhibido
que me había puesto esa droga: ―pero llevaba tiempo queriendo hacerle daño… solo
tomé mi oportunidad… ni siquiera sé porque tengo estos deseos tan extraños
Ariel me miró muy raro, no estaba enojado, tampoco asustado pero se acercó a
mí y me abrazó fuertemente, como si estuviera teniendo lastima por mí.
Pasó una semana en que me mantuvieron calmadito con los sedantes de
caballo, hasta que Faris me dejó ir y venir solo de la escuela y de vigilarme
exageradamente como lo estaba haciendo desde el incidente. Entonces me colé en la
habitación de ella en el hospital, sabía que no lo había hecho, pero necesitaba que ella
lo dijera una vez más con su propia boca y que me explicara porque Jane le había
mandado esa nota. Cuando entré ella estaba dormida, tenía una botella de líquido
negro conectado al brazo y el labio roto de la misma forma en que Lan me lo había roto
a mí, casi como si yo hubiese tratado de hacerle lo mismo a ella, aunque con una
resistencia menor. Se veía adolorida y cuando abrió los ojos y me vio junto a ella, no se
asustó, solo se vio terriblemente triste y antes de que yo dijera nada, ella exclamó
sentándose de golpe en la cama:
―Lo siento, de verdad lo siento, no debí ocultártelo… lo siento―ella era la que
se estaba disculpando por no haber hecho nada
―cállate―le dije. Entonces ella me miró sorprendida
―Sé que no lo hiciste, pero necesitaba un culpable y parece que a ti te queda
bien ese papel… pero me excedí y quizás, también estaba enojado porque le dijiste a
los chicos donde estaba, cuando yo… solo quería estar en tu casa y no volver a la mía…
―Perdóname… ―dijo bajando la cabeza. Pero incluso drogado y
extremadamente calmado, me di cuenta que esta sensación de querer utilizar a la
gente no desaparecía, pero específicamente, quería usarla a ella
―No te perdono… ―respondí― y quiero me expliques porque Jane te escribió
Ella me miró a los ojos, se veía enferma, lo estaba por mi culpa, dijeron que se
recuperaría en dos días, pero ya llevaba una semana aquí por mi culpa: ― no conocía a
Jane, cuando recibí su nota dude hasta el último momento si reunirme con ella o no, y
cuando tome una decisión, y fui al lugar donde ella me citó, no había nadie por lo que
supuse que se había cansado de esperarme. Me arrepentí mucho tiempo de no haber
ido, porque ella tenía algo importante que decirme sobre ti, pero no podía entender
que tenías que ver con mi familia e incluso ahora, sigo sin encontrar la conexión…
―Pero sabias donde estaba su tumba e incluso fuiste a visitarla―inquirí
―Lo hice porque vi la noticia por internet y me sentí muy mal… entonces fui a
visitarla… y te vi allí, y me dio miedo y decidí ignorarte…
―Y te empezaste portar amable conmigo en la escuela―continué.
―Tu tampoco dijiste nada y pensé que estaba bien… ―respondió con cierta
impaciencia. Eso me hizo agarrarla de los hombros, ella hizo una mueca de dolor
―Eso no es suficiente―dije ―di algo más, di que no quieres volver a hablar
conmigo o que soy un ser terrible, di que me tienes miedo y que nunca más nos
volveremos a ver
―Lo siento, perdóname―repetía constantemente
― ¡¿quieres que te perdone?!―le grité: ― ¡entonces ayúdame a vengarme, de
las personas que me hicieron esto!
¿Por qué se sentía tan culpable si en estos momentos ella solo era una víctima
más, una víctima mía? Seguramente por no haberlo dicho, por haber dejado que esto
llegara hasta aquí. La solté y volví a sentarme, entonces le dije sin mirarla
―Ellos eran mi familia, las personas más importantes para mí y fueron
asesinados por alguien que en el fondo dijo que me estaba haciendo un favor… mato a
la persona que más amaba, porque según él era el orden adecuado de las cosas…
Ella guardó silencio un momento, como si estuviera decidiendo algo dentro de
ella y luego, luego se miró las palmas de las manos, parecía como si quisiera decir algo,
pero pronto cerro las manos como puños sin decir nada. No había nada que pudiera
decirme o hacer que pudiera ayudarme, era inútil para mí. Abandoné la habitación, y
me quedé en la sala de espera, pensando en que quizás no debí haberle dicho nada,
tampoco era capaz de disculparme, era como si estuviera perdiendo todas esas
capacidades; tener piedad, pedir perdón aunque fuera de mentira y a cambio se había
instalado un enorme vacío en mí.
Ariel me encontró en la sala de espera cuando ya estaba anocheciendo, se sentó
junto a mí sin mirarme y preguntó: ― ¿nos vamos a casa ahora?
Miré hacía el pasillo de donde estaban las habitaciones, no quería irme, ni
quedarme, solo quería estar sentado ahí en silencio mientras dejaba de hacer efecto la
droga
―Voy a quedarme un rato más―respondí. Faris apareció desde el pasillo, Ariel
lo miró preocupado y le dijo:
―Lian quiere quedarse―casi como acusándome, porque para todos yo no
estaba actuando como debería, lo que me hacía preguntarme todo el tiempo sobre
cómo había vivido hasta ahora si en realidad siempre había sido de esta forma. Faris tan
solo me miró, otra vez con una cara que no conocía, como si tuviera lastima por mí o
algo así, pensé que me arrastraría de vuelta a la casa, pero por el contrario solo dijo:
―No llegues muy tarde―luego miró a Ariel y le dijo: ― Ven, vámonos
Ariel lo siguió, de lejos lo escuché que le preguntaba si estaba seguro de que era
buena idea que me quedara aquí , a sabiendas de que en unas horas tendría que volver
a drogarme para no empezar a enojarme con cada cosa en movimiento cerca de mí.
Ellos se fueron, las enfermeras cambiaron de turno, y las luces de emergencia se
encendieron y yo aún no me iba a casa, empecé a quedarme dormido cuando entre la
calma de aquella clínica, oí algo como vidrios rotos, solo alcé la vista un momento,
había silencio otra vez, quizás alguna enfermera había tirado algo, pero luego oí unos
gritos, un golpe sordo y otras enfermeras gritando con terror, tratando de huir o
buscar ayuda. No sé qué me poseyó, pero nunca en mi vida excepto cuando Jane se
perdió, me moví más rápido, la habitación de donde había venido el escándalo era la de
Cathy.
Era ese sujeto, el mismo que dejé escapar ese día, al que debí perseguir hasta
encontrarlo, el que me congeló y mató a Jane. Ahora estaba agarrándola a ella del
cuello, la tenía contra la pared, sorprendentemente con todo lo que había pasado aún
no se había desmayado, con un hilo de voz, mientras él la asfixiaba la oí pronunciar mi
nombre. El tipo volteó a verme, los ojos amarillentos, fue lo primero que reconocí,
entonces me di cuenta de algo bastante peculiar, era como si tuviera un rostro, y
ningún rostro a la vez, como si pudiera hacerse pasar por cualquiera.
Él sonrió y comentó: ― Así es fácil entrar a cualquier hospital, solo tengo que
fingir que soy alguien “respetable y de confianza”
Sin pensarlo un segundo más, lo embestí para que la soltara, ella cayó al suelo
de rodillas, y mientras yo empujaba al otro sujeto, unos frascos que estaban sobre un
estante cayeron y se rompieron en pedazos, la oí toser estrepitosamente mientras
intentaba recuperar el aliento. Él tipo me golpeo, parecía divertido como me hecho a
golpes de la habitación y luego vino tras de mi
―No puedo creer que con todas las veces que nos hemos encontrado ni
siquiera te acuerdes de mi nombre―exclamó mientras caminaba hacia mí y yo
intentaba torpemente levantarme del suelo: ― en serio es como si fueras una persona
nueva, tu familia de verdad se esforzó esta vez
― ¿De qué diablos estás hablando?― le dije mientras me limpiaba la sangre de
la boca
―Ah, que tristeza… ni siquiera entiendes de que estoy hablando―luego vino
violentamente hacía mí y me golpeo nuevamente en la cara y luego en el estómago: ―
¡Haré que lo recuerdes a golpes!
La vez anterior, cuando paso lo de Jane, también él había mencionado que las
cosas no debían ser de esta manera, pero no había terminado de captar que era lo que
estaba mal. Me levanté del suelo nuevamente tosiendo el golpe que me acababa de
dar, lo miré a los ojos y exclamó:
―Es patético, no te acuerdas de nada, no te acuerda de Len, ni de ella, ni de
como tu familia te traicionó, eres tan patético, que ahora ni siquiera te has dado cuenta
de que nuevamente estaban traicionándote… deberías estarme agradecido―
¿Quiénes? Fue todo lo que pensé y el agregó: ― esa chica que heriste, se está volviendo
importante para ti ahora ¿me preguntó sí debería tomarlo como que estas recordando
algo?
Me obligó a ponerme erguido y me empujo contra el muro, se le daba bien
arrinconar a las personas. Sonrió, entonces y sacó un cuchillo de entre su chaqueta:
―me preguntó si debería acelerar el final de esta historia antes de que tus
sentimientos se hagan más profundos…
Creí que me mataría y una parte de mi lo estaba agradeciendo, después de todo
había hecho demasiadas cosas terribles por las cuales no sentía remordimiento, ni
arrepentimiento, era como si estuviera disfrutando de esta nueva cara de mí mismo
que se había mantenido dormida por tanto tiempo, pero entonces él se quedó
paralizado. Soltó el cuchillo que cayó al piso haciendo un ruido metálico entre el pánico
de las enfermeras que no sabían que hacer ni a quien pedir ayuda, Cathy le estaba
agarrando de la pierna, algo le estaba pasando, era como si él estuviera viendo algo
verdaderamente aterrador. Poco a poco fue aflojando su agarré hasta que me soltó,
gemía y gritaba vagamente, como si algo se lo estuviera comiendo por dentro, hasta
que ella lo soltó y el cayó de rodillas al suelo. Tomé el cuchillo, mirándolo fijamente,
ahora si lo estaba pensando, matarlo o no que sucedería entonces, si me entregaba a
eso, que parte de mi terminaría de perderse para ganar otra, deslicé el cuchillo por su
garganta y un líquido negro y espeso comenzó a brotar, el empezó a toser, se llevó las
manos al cuello intentando parar la hemorragia, pero era muy tarde para el ahora.
Cathy y yo nos miramos, ella intento ponerse de píe pero apenas podía
sostenerse un poco con los brazos, deje el cuchillo caer al suelo y me acerqué a
ayudarlo. Aquel sujeto, apareció un instante más como un espectro y dijo en un
susurro: ― Esto no termina aquí…
Él había mencionado a una persona, Len… a quien aparentemente no recordaba
y tenía que recordar, él dijo que a Cathy la conocí antes, pero nunca la había visto. La
ayudé a ponerse de pie, solo dio un par de pasos con la intención de ir a la cama, pero
algo no estaba bien con ella, de pronto se llevó las manos a la cabeza
―duele, duele―empezó a decir―duele mucho
Se llevó las manos al cuello, como si estuviera buscando algo o como si estuviera
perdiendo algo, empecé a llamar a las enfermeras, parecía que se estaba ahogando
―“ayuda, alguien que me ayude” ―por qué yo no sabía que tenía que hacer.
Él pudo haberme matado, yo no iba a defenderme y a pesar de todas las cosas
horribles que le dije y que hice, ella decidió protegerme a costa de sí misma. Las horas
pasaron rápido, luego de que todo se calmó en la clínica y Faris llegó luego de que me
obligaran a llamarlo. Estaba sentado en el suelo, junto a la habitación al lado del
cadáver de la persona que mate, a quien habían cubierto con una sábana, un lugar del
que no me había movido desde que habían cerrado la puerta de su habitación y habían
dicho que tenía que descansar. Cuando él llegó, se acercó al cuerpo y movió un poco la
sabana para ver de quien se trataba, vi su expresión como si lo conociera
―Parece que él nos conocía a todos muy bien―dije mirando a algún punto en la
pared. Faris me miró y se encuclilló a mi altura en el suelo
― ¿fue difícil? ―me preguntó
―de hecho, creo que fue demasiado fácil―respondí. Tenía las manos ásperas
por la sangre seca que no me pertenecía, no paraba de sentirla penetrando por mis
poros como si estuviera humectándome la piel
― ¿tu estas herido?―preguntó nuevamente intentando evadir el tema principal
―él dijo que mi familia me había traicionado antes, y que ahora lo estaban
haciendo de nuevo―respondí:― pero no puedo entenderlo, tu y yo lo único en común
que tenemos es que me engendraste, pero no te considero familia… no sé de qué
familia estaba hablando, yo nunca he tenido familia
La expresión de Faris se frunció: ― Lian, el tipo solo lo dijo para provocarte…
―Habló de un tal Len, dijo que lo conocía, que debía recordarlo… que también
conocía a Cathy antes… cuando el mató a Jane, dijo que ella no era la persona con la
que me correspondía estar…
―Lian…―insistió Faris intentando hacer que dejara de hablar de eso, pero yo
continúe, necesitaba decirlo todo en voz alta o no sería real, como fue con la muerte de
Jane, no fue real, porque nunca dije nada en voz alta
―Dijo que me habían engañado antes, y que ahora estaban traicionándome
otra vez…lo más curioso, es que él sabía el final de todo eso―Faris se mantuvo en
silencio y yo volví a mirarlo a los ojos: ― él sabía que todo esto terminaba en muerte
una y otra vez…
―Las cosas que él dijo no son ciertas―insistió Faris
―El mató a Jane, probablemente él mato a los tíos y ahora yo lo maté a él, y no
sé si lo hice porque vi una oportunidad, porque Cathy me alentó a hacerlo cuando me
salvo o porque realmente quise hacerlo…y sabes que, no terminó con su muerte―dije
pensando en el espectro
―Termino aquí Lian, ya te has vengado―dijo Faris poniendo una mano en mi
hombro, como si quisiera tratar de animarme:― debes dejar de pensar en eso
―él dijo que no terminó aquí―La cara de Faris se desfiguró, se puso pálido y
preguntó:
― ¿de qué… estás hablando?
―Lo vi, antes de que desapareciera… después de que le corte el cuello “no
terminó aquí” fue lo que dijo―Faris me obligo a pararme del suelo, como si estuviera
asustado de que lo que acababa de decirle y me llevó tirando del brazo lejos del
cadáver, hasta la sala de espera donde me hizo sentar y luego me abofeteo
―No pienses en ello, en nada de lo que él dijo― empezó a decir: ― quiero que
lo olvides, que olvides todo lo que pasó ahora
Pero no le haría caso, no podía olvidar nada de hecho más que nunca quería
poder recordar vívidamente todo lo que había pasado aquí. Lo hice a un lado y caminé
hacía la salida de la Clínica y no regresé en días, ni allí ni a casa.
Esos días que desaparecí decidí que no volvería a vivir con ellos, con quienes
supuestamente eran mi familia, no podía confiar en ellos aunque estuvieran de mi lado,
ni tampoco podía confiar en quienes si eran mis enemigos, tenía que irme lejos, donde
no pudieran encontrarme.
Me negaba a pasar un día más con el título de damisela en peligro, me negaba a
ser incapaz de protegerme a mí misma, lo hacía con todas mis fuerzas, ya había pasado
una semana y no me dejaban ir de esta clínica, así que ese domingo, simplemente me
levanté de la cama y empecé a quitarme cable por cable del cuerpo. Luego, empecé a
rebuscar por la habitación donde estaban mis cosas, ropa, zapatillas, artículos de aseo
― ¿Señorita que está haciendo?― dijo una enfermera desde la puerta
imperativamente
―Me voy de aquí ¿Dónde están mis cosas?―le dije en el mismo tono mientras
movía cajoneras aun buscando mis objetos perdidos
―Usted no ha sido dada de alta, no puede irse…
―No me importa, ya estoy cansada de estar aquí, me siento bien me voy
Ella se acercó diciendo: ― vamos, necesita descansar
La empujé, y use esa inútil mitad de mí que asustaba a los humanos, ella
retrocedió un paso o dos y exclamó de mala gana: La clínica, ni el doctor se harán
responsables si…
―No me interesa, dime donde están mis cosas ¡ahora!―mascullé. Ella abrió un
armario que se encontraba con llave y sacó un bolso que se me hizo muy conocido,
dejándolo sobre la cama, de inmediato me lancé sobre él y empecé a sacar lo que
necesitaba, jeans, camiseta, zapatillas, cepillo de dientes, desodorante… no me
importaba si no me había recuperado, no podía seguir estando en este lugar. Pensé en
Len, y me pregunté si podía ser posible, que mi hermano, la persona a la que tanto
admiraba estuviera metida en algo como esto y también me sentía culpable, porque
debía decirle a Lían que tal vez, yo también estaba muy metida en esto, pero Lan me
había dicho que desde el incidente Lian no había vuelto a casa y nadie sabía dónde se
había metido ni si regresaría algún día o no.
La enfermera se marchó y a los minutos entró Lan a la habitación traía una
bandeja con comida que ignoré, no tenía tiempo para estar comiendo y fingiendo que
todo estaría bien
― ¿Qué estás haciendo? ―dijo poniendo la bandeja sobre la mesita de noche
―Me voy a casa―respondí
― ¿estás loca? No te has recuperado aun…
―Lan, me iré a casa, ya me siento bien
Lan suspiró, se acercó hasta mí, me tomó del brazo y me puso contra la cama,
puso una gran cara de suficiencia, parecía que hasta lo disfrutaba
― ¿Qué estás haciendo?―dije sin alterarme en lo más mínimo
―Tienes que descansar, no sé porque no lo puedes entender
―Porque ya no quiero estar aquí, necesito regresar a mi casa―respondí. Creí
que Lan haría algo más, pero Ariel llegó para salvarme y lo odiaba, entro sin mirarnos y
se sentó en la cama junto a mí, no parecía realmente preocupado por lo que Lan estaba
haciendo, pero al menos su indiferencia provocó que me soltara. Ariel continuó sin
vernos, estaba revisando su teléfono, como si allí fuera a encontrar a Lían
―Ya ha pasado una semana―dijo poniendo cara de gatito abandonado―y él ni
siquiera ha llamado
―No deberías preocuparte tanto, debe estar bien… es Lian, ¿recuerdas?―dijo
Lan tratando de animarlo
―lo sé pero, ¿ya leíste esta noticia?―dijo mostrándole el teléfono a su hermano
como si hubiera descubierto un tesoro y Lan leyó en voz alta:
―Hombre gana la lotería luego de encontrar a su esposa…―pero Ariel lo
interrumpió
― ¡esa no! ¡La de abajo!
―Conductor de camión es encontrado con el pecho abierto y sin corazón a
metros de parada de descanso― tomó el teléfono en sus manos y empezó a leer: ―
Aun no se ha podido confirmar si el hombre de 49 años fue la víctima de un animal o si
hay terceros implicados en su muerte…
― ¿Insinúas que Lian…?―dije un poco sorprendida, imaginaba que era capaz
pero supuse que podía tener alguna razón
―Bueno, creo que es obvio que esto no lo hizo un animal… al menos, si hubiese
sido eso, se habría comido el corazón y aquí dice que el órgano fue encontrado en el
camino a metros del camión…―dijo Ariel― creo que Lian está fuera de control
― ¿Le enviaste esto a Papá?―dijo Lan devolviéndole el teléfono, Ariel asintió
― Está investigándolo ahora… ―entonces me miró a mí: ― ¿Qué haces fuera
de la cama?
No sé qué cara puse, pero tomé mi ropa y me encerré en el baño, tenía que irme,
también había cosas que necesitaba averiguar.
Me había ido tan lejos de casa que casi me costaba descubrir donde estaba.
Luego de que herí a ese hombre, caminé sin rumbo fuera de la carretera, sin ninguna
dirección y empapado en sangre que no me pertenecía, sangre humana. Me detuve un
momento a mirar el lugar, pero no había nada que me dijera que hacer, me había ido
porque sabía que me estaba perdiendo a mí mismo, o más bien ellos estaban
perdiéndome, en esta semana lo único que había descubierto que este era realmente
yo, alguien muy aterrador y salvaje que no necesitaba razones para matar. Quería
pensar que con la muerte de ese tipo, todo había terminado pero estaba
engañándome, era apenas el principio de algo más.
Caminé otro poco entre la hierba y los árboles, entonces oí voces de personas, el
estómago me gruño y me di cuenta que no había comido nada en una semana, pensé
en acercarme pero con cómo me veía solo acabaría por espantarlos y su reacción me
haría matarlos, por lo cual no era bueno si nos encontrábamos, preferí seguir
caminando y alejarme todo lo posible de ellos, pero me encontré esta persona de
frente, de hecho era un humano, pero me sorprendió ver que no se asustó, al contrario,
creo que él me conocía
― ¿Lian Savard?―dijo acercándose lentamente, a lo que yo di un par de pasos
hacia atrás, aun así el no dudó y vino hacía mí, me miró a los ojos ― ¡eres tú!
Él estaba sorprendido y por alguna razón se alegraba de verme, pero yo no lo
conocía o al menos creía no conocerlo. El sujeto me llevó fuera del bosque, vivía en una
casa más arriba detrás del lugar donde oí voces de personas en una cabaña de madera,
con un muchacho que al parecer tenía mi edad o quizás era un poco menor. El viejo
estaba torcido de la espalda por la edad y tenía arrugas en los ojos y la boca, me hacía
pensar en una momia, aunque no se veía tan viejo. Tenía la piel morena por el sol y
usaba un bastón que parecía un palo que había recogido por ahí cerca. Su nieto si
desconfió de mí apenas me vio, de hecho adoptó una actitud defensiva apenas crucé la
puerta de su casa
―Preséntate mocoso―le dijo el viejo dándole un golpe suave con el bastón en
las piernas, el chico me miró de pies a cabeza y murmuró “acaso eso es sangre, huele
terrible” y luego agregó: ―Soy Nairí
Asentí, el viejo hizo un gesto torciendo la boca y luego le ordenó a su nieto que
fuera a la cocina y preparara comida, cuando el muchacho se fue, el viejo me obligo a
sentarme, fue muy amable conmigo, como si yo también fuera su nieto o de su familia.
Recordé lo que él dijo “tu familia te traicionó y ahora lo están haciendo otra vez”
― ¿Tienes hambre Lian?―dijo el viejo mirándome como si fuera un
descubrimiento. Asentí sin responder, luego él se asomó a la pequeña cocina y le dijo a
Nairí que se apurará a lo que el chico solo refunfuñó, él estaba en lo correcto con
reaccionar así, yo no era una persona digna de confianza, de hecho quizás ellos dos
estaban en peligro ahora mismo
― ¿Quién es usted? ¿Cómo me conoce?―le pregunté
―Ah, eso no importa… ¿Por qué no te bañas en lo que está lista la comida? , ven
te mostraré el baño―me agarró con brusquedad del brazo y me llevo detrás de la casa,
el baño estaba separado del resto del lugar, dentro había una bañera bastante grande,
un inodoro y un lavamanos, el anciano abrió la llave de la tina y esta empezó a llenarse
con agua caliente rápidamente
―Al menos dígame como se llama―dije mirando el agua que se iba juntando en
la tina
―Ah, solo llámame viejo o abuelo como lo hace Nairí―me obligó a quitarme la
ropa y se la llevó toda diciendo que la reemplazaría con ropa limpia, además dijo: ―
supongo que la de Nairí te servirá, él es más o menos de tu tamaño
Mientras veía como la sangre teñía el agua de la tina, oí al chico decirle afuera a
su abuelo que tenía la comida lista entonces el viejo le dio una tarea nueva: ― Nairí, ve
al motel y pídele a la señorita que te deje usar su teléfono, toma…
―Pero abuelo…―dijo el chico con desconfianza
―Cuando hables con él, dile que tu abuelo encontró algo que le pertenece y
que venga a verlo
―Abuelo, porque no lo hacemos mañana…―insistió el chico
―Nairí, no te preocupes, yo confío en él
Al rato el viejo volvió a venir con ropa limpia y a decirme que ya había comida
preparada que comeríamos a penas terminara en el baño. Solo asentí nuevamente. Al
rato salí del baño y me puse la ropa que el dejo, solo era un pantalón sencillo y una
camiseta que me quedaba ligeramente ajustada. Volví a entrar a la casa, y me encontré
con que el anciano ya tenía todo listo para que yo comiera, parecía muy animado y diría
que hasta feliz de verme. Me guio hasta mi asiento y empezó a disponer todo lo de la
mesa para que comiera, pero aunque había pasado una semana en que mi único
alimento fueron unos chocolates que le robé al camionero que asesiné, realmente me
costó mucho lograr comerme una porción de todo lo que él tenía en la mesa para mí.
Sopa, pan, unos trozos de carne asada, queso y leche apenas bebí un sorbo de leche y
le dije:
―Mate a una persona hace unos días―él sonrió como si le estuviera hablando
de conejos y arcoíris
―Lo sé―dijo tranquilamente
―Un humano, no me había hecho nada, pero yo lo mate ―dije mientras ponía
el tenedor nuevamente en la mesa como si estuviera reviviendo el momento
―Te fuiste de casa porque sientes que ya no eres quien ellos conocían ¿no?―
dijo el viejo poniéndome en el plato varios trozos de carne para que comiera más.
Parecía como si de verdad me conociera mucho y muy bien, pero yo no lograba
asociarlo a nada y estaba cansado de sentir que no sabía nada sobre mí mismo, aun así
el viejo continuo hablando: ― El problema Lian, es que siempre fuiste esa persona, y tu
familia no tiene nada de que sorprenderse…
Aquello me sorprendió, era un viejo muy sabio que no merecía ser asesinado y al
cual no le haría daño: ― espero que no te molestes conmigo y quieras irte, pero ahora
en esta época eres menor de edad y es mi obligación decirle a tu familia donde estas,
además deben estar preocupados por ti…
―Lo oí cuando le dijo a Nairí ― dije removiendo la comida sin probarla
―Me gustaría preguntarte algo―dijo el viejo, yo asentí: ― ¿ya la conociste?
Lo mire un poco confundido: ― ¿a quién?
― A Catherine―aclaró el viejo: ― siempre pensé que si algún día te aparecías
por aquí, sería de la mano de ella…
¿Por qué tendría que ser con ella?― pensé, aunque no lo dije y el viejo continúo
hablando: ― al menos antes, cuando esto te pasó, ella lograba ponerte en calma
El viejo se levantó de la mesa tomando algunos platos para llevarlos a la cocina,
pero antes de que se fuera yo lo interrumpí: ― ¿a qué se refiere? ¿Por qué debería ser
Cathy? ¿Qué hay de Jane?
El viejo me miró, pero no dijo mucho más que: ― tan solo digo, que deberías
confiar más en ella
En una semana que tanto te logras alejar de casa caminando y pidiéndole a
desconocidos que te lleven lo más lejos posible, lo suficiente como para que Faris
apareciera aquí a la noche siguiente, y no vino solo, tenía colgados del cuello a Ariel y a
Lan, pero lo que más me sorprendió fue que también habían traído a Cathy con ellos.
Ariel se me lanzó encima gritándome que no volviera a desaparecer así, Lan no me
regaño con ninguna de sus típicas frases de antaño, sobre porque estaba mal mi
actitud, Faris tampoco se molestó en regañarme, pero me quedaba una persona, ella
solo entró y se posicionó en un lugar estratégico del que no tuviera que moverse
―Con permiso…―fue lo máximo que la oí decir en voz muy baja, pero el viejo
la conocía, parece que tan bien como a mí, porque también la trato como a una nieta y
ella también pareció confundirse al mismo nivel que yo
―Porque ella…―quise preguntar, pero Ariel se me adelantó
―Bueno, tuvimos una pelea porque no quería quedarse en el hospital, papá
trato de obligarla, pero ella es muuuuuuy cabeza dura, entonces para evitar un
desastre mayor, papá decidió que era mejor que viniera con nosotros
Faris agregó: ― además, supongo que ya está metida en esto hasta el cuello
Cathy y yo nos miramos, y algo en mi pecho se sobre salto, ella me había salvado
de morir, había soportado que la golpeara, insultará y presionara, y ahora estaba aquí
soportando todo esto ¿Cuánto más tendría que hacerle? ¿Cuánto daño más?
―Además, ella también estaba preocupada por ti―dijo Lan sin mirarme:―
porque ese tipo pudo matarte…
El viejo y mi padre se fueron a hablar a otra habitación y yo me quedé con los
chicos, yo no sabía cómo mirar a Cathy y al parecer ella no sabía cómo mirarme a mí o
mucho menos tratarme, al final me sentía sofocado y solo pude salir de la cabaña y
alejarme, Ariel salió detrás de mi
― ¡no te atrevas a desaparecer de nuevo! ―me gritó. No tenía pensado irme,
solo necesitaba aire. Pero nadie podía entender eso, Lan, Ariel y Cathy me siguieron
hasta que me detuve y les dije:
―no voy a irme, solo quiero estar solo
―Lian sobre lo que paso…―dijo Cathy― yo quería decirte que
Me acerqué hasta ella, que estaba detrás de los chicos y le dije indicándole con
el dedo: ― No te atrevas a disculparte… de hecho, no te atrevas a decir ni una sola
palabra. Vete, regresa a tu casa y finge que nunca nos conocimos
Porque no podía pedirle perdón al menos podía hacerla a un lado de esto, antes
de que las cosas que todos habían dicho se hicieran reales y ella se arrepintiera. Sin
embargo, ella no se movió ni un centímetro, ni volvió a evitar mirarme a los ojos, pero
sostenerle la mirada de era difícil para mí, porque la sangre me hervía y el pecho me
saltaba
―Yo tengo algo que no te he dicho―dijo sin tambalear. Ariel y Lan se acercaron
y ella dijo: ―Creo que la persona que ese sujeto mencionó… Len, es alguien que
conozco
La tome de la mano y le dije fríamente: ― ven conmigo.
―Lian que estás haciendo―dijo Lan siguiéndonos. Yo me detuve de golpe,
sentía una ferocidad incontrolable, voltee y les dije
―Si vienen la mataré
―Lian…―dijo Ariel tratando de apaciguar los aires, pero yo no lo deje seguir
hablando
―Saben que lo haré, no me temblara la mano―dije.
No nos siguieron, la arrastre bosque adentro sin pensar si quiera en lo que
estaba haciendo, era como si quisiera alejarme un mundo completo con ella de la mano
sin pensar en nada más
― ¡Lian!―la sentí agarrarme del brazo y tironearme para que la soltara, pero la
ignore: ― ¡Lian que estás haciendo!
Entonces la empuje contra un árbol y puse mis brazos haciendo una prisión para
que no pudiera escapar y le dije: ― acaso lo estás haciendo de adrede ¿te gusta acaso
estar metida en esto? ¿Crees que es divertido?
―Lo sient…―la interrumpí
― ¡Te dije que dejaras de disculparte!
―es que no puedo hacer otra cosa―respondió casi llorando: ― no quería que
esto fuera así, no quería reunirme con Jane, no sé porque mencionó a mi inexistente
familia, no sé qué quería decirme sobre ti, ni siquiera sé si es la misma persona que el
mencionó
Golpee el tronco detrás de ella y le dije: ―entonces aléjate de esto antes de que
ya no puedas salir…
―Ya no puedo salir―respondió dejándose caer al suelo, la miré y ella agregó: ―
¿está mal? Ni siquiera sé porque estoy aquí ahora en realidad, solo creo que debo estar
aquí, incluso si tu padre no me hubiera traído, habría venido…
Caí de rodillas junto a ella y le dije: ― no entiendo porque todo el mundo me
relaciona automáticamente contigo, no quiero estar relacionado contigo…
―Yo tampoco―dijo ella fríamente: ― incluso aunque no quiera estar aquí, lo
estoy de todos modos porque me siento culpable, muy culpable, tú me haces sentir
culpable, como una mala persona ¡te odio! ¡Te odio de verdad!
Ella me golpeo con el puño en el pecho, empezó a golpearme y a golpearme
mientras que yo no opuse ninguna resistencia, ella lloró y dijo: ―no quiero que sea Len,
no quiero estar aquí contigo, ojalá nunca hubiese recibido esa estúpida nota de tu
novia, ojalá no te hubiese salvado…
Le agarré los brazos y la atraje hacía mí, ya daba igual, ella me odiaba esas
palabras me hacían sentir una extraña resignación, como si una parte de todo este
drama ya estuviera perdida. Si ella me odiaba, entonces ya no podía ir más lejos que
eso, no podía transformarse en nada más, ni amistad, lealtad, nada. La puse contra el
suelo sosteniéndola con fuerza para que no pudiera escapar
― ¿Qué estás haciendo?―preguntó
―Ni idea―le dije fríamente. Pase mis labios por su cuello y la sentí
estremecerse
―No lo hagas―dijo
―Da igual porque esto no puede convertirse en nada más―respondí. Le di un
pequeño mordisco. En mi cabeza, había una pequeña confusión mientras metía mis
manos debajo de su ropa y tocaba lo que allí había. Tenía que matarla o comerla,
violarla o dejarla ir, ser bueno con ella o ser muy malo
― ¡Lian!―gritó poniendo sus manos en las mías para que me quitara de encima,
la miré entonces y le pregunté:
―Dime que preferirías… ¿Qué te haga esto a ti o que mate al viejo o a su nieto?
¿Qué te haga esto a ti o que separe los brazos y las piernas del cuerpo de Lan? ¿Qué te
haga esto a ti o que vaya casa por casa de todas las personas que conocemos y les haga
cosas terribles a ellos? Solo porque tú, te negaste en este momento…
Ella se congeló, le estaba hablando en serio y ella lo sabía, la estaba
condicionando y obligando a ser mi esclava con una amenaza que podía parecer tonta,
pero pensé que si ella se negaba entonces la obligaría a mirar como hacía cada una de
las cosas que había dicho recién. Pero ella no respondió nada, solo cerró los ojos, y yo
no le hice nada más que tocarla y pasar mis labios por cada rincón que me pareció
deseable en ese momento. Cuando volvimos a la cabaña ella iba caminando adelante,
estaba cubierta de restos de pasto al igual que yo, entro en la camioneta en la que
habían venido y puso seguro a las puertas, se veía afectada y asustada, pero trataba de
mantener la cabeza en alto y de tragarse las lágrimas, como si estuviera tratando de
mostrar lo fuerte que era, lo poco que necesitaba que alguien la consolara
― ¿Qué sucedió?―dijo Ariel mientras yo me acercaba a la puerta de la cabaña
―Llegamos a un acuerdo de negocios…―respondí.
Al entrar a la cabaña le dije a Faris: ― tenemos que hablar…
―Hasta que por fin―dijo apoyando su cabeza en mano, como si estuviera
cansado
―Yo me controlo y dejo de darte dolores de cabeza, pero no es gratis―el
suspiró, tenía que concedérmelo, no éramos tan diferentes después de todo: ― dejaras
que me vaya de la casa y no te meterás en mi vida ni en lo que haga con ella…
―tienes diecisiete años…―empezó a decir
― ¿lo harás o no?―dije sin dejarlo terminar de hablar
― ¿y qué pasará con la escuela y todo eso?―dijo levantándose de su asiento
con cierto enojo en la voz
―Si eso es lo que te preocupa quédate tranquilo, eso seguirá como siempre,
solo no quiero vivir contigo nunca más, no estoy dispuesto a soportar ni una mentira
más, y si tú no vas a ser directo conmigo solucionaré esto yo solo
―Hey, calma…―dijo Ariel
―Tu cállate―dijimos al unísono.
Lan entró en la cabaña junto con Cathy, yo la miré un momento de reojo y luego
dije: ― ¿aceptas o no?
Faris me miró con fastidio, parecía que se estaba resignando a que no le
quedaba más opción que la que le estaba dando yo, entones preguntó:
―si hacemos esto que estas pidiendo ¿regresaras con nosotros?―miré a
Cathy de reojo y respondí:
―Hay una cosa más que necesito… no, no es que la necesite, pero si la quiero
―dije cruzándome de brazos, me acerqué a Cathy, me di cuenta que mi corazón estaba
completamente muerto y por eso no me importó cuanto pudiera dolerle a ella lo que
estaba a punto de hacer― Ya que al igual que ustedes, ella también me ha ocultado
cosas, quiero que digas en voz alta que serás tú a cambio de todos ellos…
― ¿a qué te refieres?―dijo Lan mientras Ariel lo agarraba para que no me
golpeara, ella levantó la cabeza y miró a Lan, tenía mucho orgullo y me iba a divertir
mientras lo pisoteaba
―Dile a ella que te lo explique…―dije divertido.
―Está bien Lan, no es importante― luego ella se dirigió hacia mí y dijo: ― pero
tienes que decir en voz alta que seré yo y no los demás
Sonreí: ― Vale, no le haré nada a nadie más a cambio de tu cuerpo ¿contenta?
―No tenías que decirlo de esa forma―dijo con fastidio: ― Bien pues, mi cuerpo
a cambio de las vidas de los demás…
―Una ganga―le dije bromeando, pero para ella no fue gracioso.


Luces Nocturnas

Faris me dio las llaves del departamento una vez estuvimos en la puerta de este.
Era un lugar que él había comprado con la idea deponerlo en renta, pero que nunca lo
llevó a cabo, al contrario el lugar estaba amoblado pero con todo cubierto por sabanas
para que el polvo no dañara los muebles. A pesar de ser un lugar bastante amplio, solo
tenía dos habitaciones del mismo tamaño, la cocina era pequeña y el baño también,
pero era para mí solo y no estaba en mis planes quedarme aquí para siempre. Faris se
quedó en la puerta viéndome mientras yo levantaba una sábana y descubría un sillón
de cuero negro que jamás había sido usado, parecía preocupado pero también
resignado, así que solo abrió la ventana del balcón para que el olor a encierro
desapareciera, luego volvió a verme mientras yo iba acumulando todas las sabanas en
un rincón para deshacerme de ellas
―Lian…―dijo de pronto. Me sorprendió, en realidad nunca habíamos tenido
mucho de qué hablar porque nos odiábamos, bueno… más bien, yo lo odiaba a él, pero
aunque lo miré con cara de pocos amigos el continuó: ― ¿estás seguro de que esto es
lo que quieres?
―Estás loco si crees que aceptaré el cuarto de servicio en tu casa y fingiré que
está todo bien―respondí sin titubear.
―Lo sé, pero… ―no lo deje seguir hablando.
― ¿te estas acojonando? Tenemos un trato ¿recuerdas? Así que cumple con tu
parte, yo cumpliré con la mía…
―Te parece fácil ahora con toda la emoción de irte de casa, pero cuando estés
solo, vas a seguir pensando en ello y dándole vueltas, y estoy seguro de que no vas a
poder cumplir… ―se refería a mis tendencias asesinas marcadas, pero parece que él
estaba omitiendo algunos detalles, no era la primera vez que yo dejaba esa casa, la
única diferencia entre antes y ahora, es que esta vez era mi decisión, no suya
―No es la primera vez que hacemos esto por si no te acuerdas― suspiré: ― de
hecho, la primera vez fue porque tú quisiste que me fuera y nada pasó
― ¡Lo hice porque…!―pero le di la espalda, estaba siendo claro ya era tarde
para las explicaciones, varios años tarde
―Además, considéralo esto es mejor para ti en todo sentido… ya sabes, hablo
de tus actividades sociales―y él tenía muchas, y también era importante para él
mostrar a sus impecables hijos “normales” ― yo por mi parte ya encontré algo más en
que entretenerme, así que si lo que estas tratando de decir es que me aburriré aquí
solo y empezaré a hacer locuras, pues no creo…
Se rindió después de eso porque sabía que no era la persona indicada para tratar
de hacerme cambiar de parecer. Así que solo bajó al estacionamiento a buscar mis
maletas que aún no habíamos subido. Una vez trajo todo, se paró en la puerta,
realmente estaba esperando a que le dijera algo, aunque sea adiós, pero yo no podía
tener deferencias con él después de todo lo que había hecho conmigo. Sentía que si
tenía que culpar a alguien un poco por mi fría forma de ser, él era la persona a la que
había que apuntar. Se marchó en silencio, igual que la primera vez que me fui de esa
casa.
Nadie se cansa del sexo, es una cosa que aprendí con Jane. No, ella no lo dijo,
fue algo de lo que me di cuenta solo cuando estuvimos juntos por primera vez, y me di
cuenta de que podría pasarme la vida en esa única actividad y nada más. Era como
drogarse con éxtasis, te eleva lo suficiente para perder la noción de lo que pasa a tu
alrededor, te permite cerrar los ojos y ver con el cuerpo, pero sin todo lo terrible de las
agujas. Cathy no me gustaba, o al menos no sentimentalmente, no tenía ese tipo de
sentimientos por ella, además me había dicho que me odiaba y si no podía ser de otra
forma, yo podía hacer que me odiase más, pero cuando fui a buscarla a su casa, me
encontré con una desagradable sorpresa, la casa estaba vacía y desamoblada, se había
ido, había escapado.
Mi primera reacción fue hacer todas las cosas terribles que le dije que haría,
pero cuando llegué al departamento se sintió muy grande, a lo mejor estaba
agradecido con ella porque me había salvado ese día, pero entonces porque se sentía
tan grande y todo empezó a ser tan aburrido, incluso pensar en hacerle daño a alguien
más aunque era tentador y había posibles víctimas en todos los lugares que visitaba,
sentía que si ella no estaba allí para verlo y pedirme que parara, entonces no iba a ser
tan emocionante. ¿Había sido emocionante antes porque ella era consiente de mí?
¿Estaría pendiente de las noticias ahora que se había ido? ¿Tendría miedo de mí? Le subí
el volumen a la música ¿estaría pensando en mí? ―pero que tonterías digo― pensé,
claro que no, ni siquiera debería imaginar una cosa como esa.
Paso una semana más o menos, era día sábado. Lan y Ariel estaban todo el día
mandando mensajes para asegurarse de que todavía no me volvía loco, pero se
excedían si empezaban a las cuatro de la madrugada, ni un asesino serial pone tanto
esfuerzo― gruñí― mientras tomaba el teléfono que alumbraba mi habitación, miré la
pantalla pero no estaba identificado el número, abrí el mensaje, había un archivo
adjunto que contenía una fotografía pero había sido tomada en sitio oscuro, apenas se
lograba divisar algo como unas cadenas. El mensaje no tenía texto, pensé que quizás
era un bromista y me tape hasta la cabeza y seguí durmiendo.
En la mañana tenía dos mensajes pendientes más del mismo número el primero
enviado decía algo en francés. No sé francés, me quejé y lance el teléfono al sillón, pero
aún me quedaba otro mensaje. Volví a tomar el teléfono y revisé el segundo mensaje,
era otra foto eran manchas de sangre en el suelo, era sangre roja pero se veía
oscurecida, quizás por la poca luz… los mensajes ya no eran tan aburridos después de
todo. A medio día llamarón de conserjería
―Hay dos muchachos aquí, dicen ser familiares suyos―dijo el tipo de la puerta.
Rodé los ojos, ósea que tenía que acostumbrarme a esto. Una cosa por otra
―Que suban―dije. Y colgué el auricular del citófono con un poco de enojo. Me
había notado desde que había ido a la casa de ella que estaba bastante más irritable de
lo normal. A los segundos estaban en mi puerta, al menos habían traído una pizza para
pagar su estadía de una tarde. Ariel se dedicó a explorar el lugar y Lan se quedó
conmigo en la sala mientras yo cortaba ponía unos vasos y unas bebidas para poder
comer
―Lian―dijo de pronto Lan, con cierta amabilidad poco común conmigo. Solo
respondí con un “¿mmm?” y el continuó: ― ¿no estás preocupado?
Me alteré bastante y respondí: ― ¿preocupado? ¡¿Por qué tendría que estar
preocupado, por quién?!
―Bueno, solo digo que no es algo que ella haría―dijo Lan apoyando su cabeza
en la superficie de la barra de la cocina: ― siento que si hubiese tenido que irse, al
menos nos habría avisado, éramos amigos después de todo…
Amigos, para mí la amistad no significaba mucho, yo no tenía amigos y me
enojaba pensar que había sido amigo de ella, o siquiera creer que una persona como
esa me habría importado al menos una vez, y quebré un vaso de rabia cuando me di
cuenta de eso
― ¡Lian!―dijo Ariel corriendo a ver si estaba bien.
―No quiero que sigas hablando de ella frente a mí, si se fue es porque ella lo
decidió así por no cumple los tratos y es egoísta y malvada―me quejé, pero antes de
que Lan pudiera discutir nada mi teléfono volvió a sonar, esta vez era una llamada.
Tome el teléfono, creo que era el mismo número, así que contesté tenía la intención de
decirle que no se atreviera a mandar un mensaje más o lo buscaría hasta matarlo, pero
cuando presioné el botón oí gritos, muchos gritos que al parecer eran de una persona y
risas, creo que eran de un hombre… los gritos de mujer se oían tan fuerte, que Lan y
Ariel se alarmaron de inmediato y los oí hasta que la llamada se cortó.
Algo en mi pecho se sobrecogió, aun sentía algo cuando oía una cosa así, aun
me alteraba bastante incluso aunque yo disfrutaría provocarle eso a alguien más, pero
por algún motivo no soporte esos gritos, era como si los conociera
― ¿Qué es? ―dijo Ariel quitándome el teléfono de las manos
― ¿acoso telefónico?―comentó Lan desperezándose de su lugar en la barra.
―Debe ser un bromista―dije tratando de aparentar calma― lleva todo el día
mandando mensajes raros y ahora una llamada… debe ser algún tonto
Pero mis hermanos se miraron como si ellos sospecharan algo más, Ariel que me
tenía más confianza preguntó: ― ¿puedo ver esos mensajes?

Sentía que llevaba aquí la vida entera, pero por más que intentaba irme ya no
me quedaban fuerzas para tirar de la cadena y de todas formas, el carcelero me había
dicho que era inútil que lo intentara. Me costó convencerme de que era inútil, aún
estaba convencida de que tenía la fuerza suficiente para salir de allí yo sola, pero este
lugar estaba hecho para que seres como yo no escaparan. Mi hermano, la supuesta
única familia que tenía me había traído aquí. Al principio no lo sospeche, porque él me
había mantenido lo bastante ignorante de todo esto para que cuando llegara este día,
yo misma me entregara como un cordero. Cuando entramos me pareció un lugar
bastante bonito, diría que hasta familiar, me hizo seguirlo hasta una habitación en el
segundo piso, allí me pusieron unas cadenas, una en el cuello y otras dos en manos y
pies, como si yo realmente fuera alguien peligroso, luego me llevaron pusieron una
bolsa en la cabeza y me llevaron a empujones hasta otro lugar, entre las voces de las
personas que hablaban a mi alrededor, oí una conocida además de la de mi hermano,
creo que era la voz del padre de Lian. Pero él no me tuvo piedad cuando dijo que me
pusieran un grillete en los pies para que no escapara, ni tampoco cuando le dijo a mi
hermano que podían hacer lo que quisiesen pero que no quería involucrarse. Después
de eso no volví a escucharlo y me quitaron la bolsa de la cabeza. No volví a ver al padre
de Lian aquí, pero a cambio mi hermano había vuelto a venir, uno de mis captores
intentó aprovecharse de mí y lo mordí en la oreja hasta arrancarle parte de ella, a
cambio me castigaron, me golpearon tanto en las pantorrillas y los pies, pero aun así
me preguntaba porque no me desmayaba, me preguntaba porque era fuerte para esto,
pero no tanto para irme de allí, me amenazaron con hacerlo de nuevo si volvía a
“portarme mal”. Mi hermano lo disfrutaba, tomaba fotografías y se reía mientras me
golpeaban
― ¿Por qué estás haciendo esto?― le pregunté cuando se acercó luego de la
golpiza a limpiarme el sudor de la cara
―Porque me lo debes―fue todo lo que respondió.
¿Qué? ¿Qué era lo que debía? ¿Qué cosa tan mala le había hecho para que ahora
tuviera que pagar de esta forma? No lo entendía, porque todos parecían odiarme tanto,
incluso el padre de Lian, incluso pensé que quizás él también sabía que estaba aquí y
como no le importaba, no venía. Luego de que Len se fue me dejaron sola varias horas,
cada vez que oía el ruido metálico de la puerta me ponía tensa, estaba asustada aunque
trataba de fingir que estaba bien. Oí unos pasos avanzaban un poco y luego se
detenían, y así todo el rato, hasta que los oí encima, era un chico, de unos 24 años
quizás, tenía el cabello castaño y un aspecto muy amable y familiar, como en esta casa
cuando entré. Traía una libreta y tomaba notas, me senté de rodillas para verlo mejor,
él también me vio pero no dijo una palabra, hasta que pareció comprobar algo en sus
apuntes, de pronto sacó unas llaves y entro en la celda, retrocedí estaba lista para
arrancar otra oreja si era necesario, no me importaba si me castigaban de nuevo, pero
el solo me quería ver de cerca
― ¿Cómo te llamas? ―dijo, pero dude en responder y el insistió: ― ¡no te haré
nada! Solo dime tu nombre
―Catherine…―respondí aun dudando. El chico puso una extraña cara de
sorpresa, se levantó de su lugar y salió de la celda cerrándola nuevamente
―No te vayas de aquí―dijo mientras salía corriendo por donde vino. Me
arrastré hasta los barrotes y le grité:
― ¡Espera! ¿Quién eres tú?
Pero él se había ido, y no pude preguntarle nada más.

Incluso si Lan y Ariel me regañaron porque no me ponía más nervioso con esos
mensajes y la llamada, no pensé que fuera algo importante, me parecía que era la
forma de actuar de un tonto sin vida y no me preocupé mayormente y ellos me
regañaron, así que los envié a casa, Ariel dijo que quería quedarse, pero yo prefería
estar solo. Me fui a dormir temprano, y volví a revisar el teléfono, como si estuviera
esperando algo. Recordé la conversación que había tenido con los chicos
―No te parece raro, primero Cathy desaparece como el aire y ahora estos
mensajes ¡ella podría estar en problemas!― fue lo que dijo Lan
―Al menos podrías ponerte nervioso, al final si ella está metida en esto es culpa
nuestra―agregó Ariel
Quizás fue eso lo que me molesto, que estuviera metida en esto por culpa
nuestra o más bien mía, pero ella dijo que conocía a Len y ahora que se había ido, esa
persona también estaba más lejos, y más difícil se hacía localizarla, eso hacía todo más
difícil y me hacía estar más enojado con ella. Por qué ese tipo que maté menciono a esa
persona, porque todo el mundo actúa como si me conociera desde antes, como si
tuviera una vida pasada o algo así. Casi pase la noche en vela, creo que solo abrí y cerré
los ojos cuando el citófono empezó a sonar, de las once y media que fue más o menos
la última vez que vi mi teléfono hasta que eso sucedió solo me parecieron minutos,
pero eran las 2 de la madrugada.
Me salí torpemente de la cama y fui a levantar el auricular
―Hay una persona que lo busca… dice que se llama Adán―dijo el conserje: ―
¿lo hago subir?
―Lo siento pero no conozco ningún Adán―respondí. Iba a colgar el aparato
cuando hubo un ruido como de interferencia y alguien más se apoderó del
comunicador
― ¡Tu no me conoces pero yo a ti si te conozco! ¡Tienes que dejarme subir es
urgente!
Pensé en la única cosa posible y le dije que subiera y el número del
departamento. El chico llegó muy rápido hasta mi puerta, supuse que era mayor que
yo, tendría unos 24 años quizás, el cabello castaño y los ojos también, había una
extraña familiaridad en él que no me dejó dudar en dejarlo entrar al departamento. Lo
primero que hizo fue tratar de recuperar el aliento
―Hay un ascensor, no era necesario que usaras las escaleras―dije cruzándome
de brazos.
―Lo siento, realmente no estaba pensando en eso, solo quería subir rápido
―se quejó. Luego agregó: ― En fin, no hay tiempo que perder tienes que venir
conmigo
Me agarró del brazo con la intención de llevarme afuera pero yo me negué
―Un momentito―le dije zafándome― explícate que es tan urgente como para
venir a estas horas a interrumpir a la gente
Él puso una mirada seria y respondió: ― Cathy…
A lo mejor me importaba un poco entonces lo que tuviera que decir. Para
resumir, ella estaba metida en graves problemas
―La están acusando de matar a un demonio, interferir en conflictos entre
clanes y también de hibridación. La tienen en el calabozo de la mansión.
La mansión Luces Nocturnas, era una casa donde se congregaban todos los
demonios de la zona, había distintas sedes, pero tenía entendido que esta era la sede
central. En esa mansión los distintos clanes se reunían a solucionar “diplomáticamente”
sus conflictos internos, aunque era una excusa para derramar sangre educadamente
entre ellos y sin rencores. En lo personal, además de odiar a Faris odiaba a ese lugar, era
como estar obligado todo el tiempo por reglas tontas a fingir ser alguien que no
puedes ser. Pero había cosas que entendía muy bien y que de hecho yo evitaba para no
terminar encerrado en un calabozo, hibridar significaba juntarte con una humana o ser
humano y juntarte con un demonio, con intenciones en extremo amistosas, pero
suponía que esa regla no funcionaba con híbridos, sobre matar a un miembro de clan,
bueno… si era quien estaba pensando, lo había matado yo, e interferir con conflictos
entre clanes. Bueno… tal vez ahí se podía discutir un poco más, aunque tampoco era
culpable de eso, de hecho, la estaban culpando por mis crímenes
―Espera un momento―dije:― si la viste allí porque no la dejaste salir…
Adán bajo la cabeza, se mordió el labio y respondió: ― si la dejo salir meto a
toda mi familia en un problema, y es menos grave si tú la sacas de allí
¿De qué estaba hablando? Si poníamos una lista por orden de importancia en ese
lugar, yo estaría casi cayéndome del papel, sacarla de allí era como poner mi cuello en
un tronco y pedir por favor a alguien que lo corte con un hacha, y aunque lo sabía no
me costó mucho tomar una decisión
― ¿puedes llevarme allí?―pregunté tomando las llaves del departamento para
cerrar. La cara de Adán se iluminó cuando le pedí eso, lo seguí hasta el
estacionamiento, allí había aparcado su auto un Chevrolet Cruze de color negro. No
recordaba la última vez que había estado la mansión, quizás era muy joven cuando Faris
nos llevó a mis hermanos y a mí. Pero el lugar lo podía reconocer cualquiera, porque era
una enorme propiedad a las afueras de la ciudad, la gente normal creía que se trataba
de un club campestre utilizado por la elite porque de esa forma estaba disfrazado.
Adán me indicó que fuéramos a la parte de atrás de la casa, allí me llevó por la entrada
del servicio, cruzamos una cocina de tipo industrial y luego bajamos unas escaleras
hasta el sótano
― ¿cuán avanzada está su relación?―preguntó Adán sin ocultar su curiosidad
― ¿de qué relación estás hablando? Ella es un dolor en el trasero…―me quejé,
pero Adán sonrió satisfecho
―Ah, así que así de avanzada está
― ¿puedo preguntarte algo?―dije mientras esperaba a que el encontrara la
llave de las jaulas, el asintió mientras probaba torpemente con una llave
― ¿de dónde nos conocemos?― el me miró un poco perplejo, luego sonrió
tristemente y preguntó: ― Así que después de todo es verdad…
― ¿Qué cosa?― pregunté
―Que les borraron esas memorias―respondió. Entonces la puerta se abrió, no
pude preguntarle a que se refería, a cambio lo seguí por un pasillo oscuro, el me indico
con unas señas que no hiciera ruido, se alejó un momento de mí y luego hubo un ruido,
como de electricidad y las luces se encendieron. Era un pasillo estrecho rodeado por
celdas, Adán me mostró una de ellas que estaba más o menos cerca del final del pasillo.
Me aferré a los barrotes
― ¡Cathy!―exclamé y tontamente traté de abrir la puerta que se encontraba
cerrada con seguro. Miré a Adán que empezó a buscar la llave que correspondía a esa
celda
―Li…Lian…―dijo ella. Me pareció que temblaba, traía el uniforme del colegio,
pero estaba sucio y destrozado, tenía las piernas llenas de rasguños y también los pies.
Adán abrió la puerta y yo entré rápidamente. Me pregunté porque ahora me sentía tan
preocupado y también furioso con quienes le habían hecho esto, tomé la cadena que
tenía agarrada al pie y la tiré hasta que se cortó y quedó libre
―Nos vamos de aquí―le dije intentando hacer que se pusiera de pie
―No, espera…―dijo ella negándose a ponerse de pie
Adán miró hacía la puerta y exclamó: ―veré que no venga nadie…
Lo vi ir hacía la entrada, y yo volví a mirar a Cathy
― ¿esperar que? ¿Acaso te gusta la tortura exprés o algo así?
Ella sacudió su cabeza, parecía que buscaba algo o alguien entonces susurró en
voz baja: ―Len…
―Chicos, creo que viene alguien―dijo Adán desde su sitio.
―Hablamos de eso después, primero tenemos que irnos de aquí o los dos
terminaremos en una celda―le dije levantándola en brazos. La saqué de la jaula y seguí
la ruta que Adán nos indicó, una distinta a por donde entramos y que nos sacó por una
alcantarilla a los jardines de la mansión.
Adán nos llevó de vuelta a mi departamento, puse a Cathy en mi cama y le
ordené que no se moviera de allí. Luego me despedí de Adán, él dijo que no dudara en
avisarle si necesitaba algo y anoto su número de teléfono en un papel que pegó en el
refrigerador. Solo pude darle las gracias, pero no pude preguntar por lo que él dijo
sobre nuestras memorias. Cuando fui a mi habitación ella estaba haciendo todo lo que
le había dicho que no hiciera, levantarse de la cama e intentar caminar con esas heridas,
la levanté y volví a lanzarla a la cama entonces ella me gritó:
― ¡No puedo estar aquí!―parecía muy asustada, pero no de mi sino de las
circunstancias
― ¿y a donde pretendes ir en este estado?― le dije casi regañándola. Ella
guardó silencio, entendía exactamente de que tenía tanto miedo, no tenía ni que
mencionarlo, sabía que Faris no me había dicho que sabía de la situación de ella,
inclusive sabiendo que la estaban culpando por cosas que yo había hecho. ―… no te
preocupes por eso, si te quedas aquí no puede tocarte
―Lian―dijo ella como si estuviera revelando una traición: ― Len y mi hermano,
son la misma persona
― ¿Tiene sentido no crees? ― dije lanzándole unos pantalones de pijama y una
camiseta que me pertenecían: ― este drama no podría ser de otra forma si no hubiera
algo que nos conectara a los dos…
No necesitaba que me lo dijeran, que Faris se había puesto entre la espada y la
pared y que tenía que decidir si ella o yo, conociéndolo habría sido capaz de seguir
lavándose las manos con esto, y permitiendo que la torturaran todo lo que quisieran
con tal de protegerme de los otros demonios, sabía que aunque me había abandonado
muchas veces en una situación como esta, él iba a optar por salvarme la vida. Me
acerque para revisarle las heridas, supuse que se iban a tardar días en sanar, así que no
lo pensé mucho primero se las limpie con un poco de algodón y agua y después le puse
un poco de mi sangre
―No tienes que hacerlo, solo deja que se curen normalmente―dijo intentando
sacar el pie
―Olvídalo, esto es más divertido―respondí, había otra razón también: ―
Además no sería un crimen completo si no mezclamos tu sangre con mi sangre
Presione un poco una de las heridas y unas gotas de sangre salieron a flote,
entonces deje caer la mía sobre la de ella. No era solo porque la sangre de demonio
fuera curativa, sino que también, lo era porque quedábamos mezclados, de esa forma
no podría irse de mi lado de nuevo.
Me recosté junto a ella cuando sus heridas estuvieron totalmente cerradas, ella
estaba mirando hacia el techo del cuarto, y yo estaba de lado viéndola a ella. De pronto
me miró y dijo: ―Ese chico que fue buscarte…
― ¿Que hay con él?
―Creo que lo conocía de alguna parte
― ¿tú también lo crees?―comenté mientras tomaba un mechón de su cabello
entre mis manos, ella asintió.― él dijo algo interesante cuando íbamos a buscarte
― ¿Qué dijo?― preguntó ella curiosa. Pero no le respondí, solo me volteé y me
dormí, ella insistió en su pregunta, pero no quise decirle no sabía porque pero no quería
decirle.
Despertamos en la mañana con los gritos de Faris, estaba vociferando afuera del
departamento que le abriera la puerta y que no me atreviera a escapar de él. Estaba
furioso, tenía que estarlo, sabía que su hijo mayor había roto las reglas del lugar que el
adoraba, me senté en la cama y miré a Cathy, parece que no se había dado cuenta del
escándalo, así que solo me levanté a abrir la puerta
― ¿Dónde está?― fue lo primero que dijo mientras entraba sin siquiera saludar.
―Duerme… ¿quieres un café?― dije mientras encendía la cafetera
― ¡no es momento de café! ¡Tú! ¿En serio piensas que vas a salir librándote de
esta como si nada? ¿Acaso piensas que todo es un juego?
― No, pero creo que está mal culpar inocentes… esos crímenes que le estaban
poniendo encima son mis crímenes, es a mí al que tienen que poner en una jaula…
―Lian la hibridación es un crimen también para los híbridos― me riñó
―Ella no pidió nacer así― respondí sin preocuparme por su escándalo. Le serví
un café y luego agregué: ― además, ya superamos la etapa del “comportamiento
criminal”
Faris se puso pálido: ― ¿de qué estás hablando?...
―Buenos días―dijo Cathy saliendo del dormitorio mientras se pasaba las
manos por los ojos para poder desperezarse. Cuando la Faris la vio, se dio cuenta de
inmediato, ella no lo sabía, pero no debes ir y mezclar tu sangre con cualquiera, menos
con la excusa de que las heridas se te curaran más rápido, incluso si eso es verdad, el
costo es más alto. Era como anexarte un tercer brazo, o tener un órgano de repuesto.
Los humanos le llamaban “pacto de sangre”, entre demonios se hacía todo el tiempo, y
la verdad es que había tenido curiosidad sobre que pasaba si lo hacías con alguien que
era mitad demonio, solo que no le dije esa parte a ella. No le dije que ahora estábamos
unidos por algo que no se podía romper, ni admití sentirme secretamente aliviado de
haberlo hecho, ella no podría huir de mi ahora. Sin embargo, si ella moría yo también…
y si sucedía al revés…
― ¡Acaso te volviste loco!―me grito Faris mientras me zarandeaba para tratar
de hacerme regresara mis sentidos
―estoy perfectamente―respondí y más que eso, pensaba en que por más que
intentara arrepentirme para darle el favor a él, no podía encontrar ninguna parte de mí
que se sintiera mal por mi decisión.
―Disculpen pero… ¿Cuál es el problema?―pregunto Cathy. Entonces Faris se
dio cuenta de que de hecho no le había explicado nada, sino que solo vi una
oportunidad y la tomé mientras pude. Se acercó a ella y le dijo:
― ¿no te llama la atención que tus heridas se hayan curado así de rápido?
―Lian las curó…―dijo ella como si nada estuviera pasando
―Bueno, disfruta tu buena vida manteniendo un lazo de sangre con este
sujeto…―dijo el dejándose caer sobre el sillón como si ya estuviese resignado.
―Lian… ¿de qué está hablando este señor?―dijo Cathy cerca de alterarse.
―Ah, no te preocupes, solo un pequeño costo por curar tus heridas ¿café?―le
dije ofreciéndole una tasa
― ¿costo?―ella miró a Faris y este se lo explico pedagógicamente:
―Lian te engañó. Tus heridas si se sanaron cuando el uso su sangre contigo,
pero a cambio mezcló tu sangre con la suya, ahora están amarrados por un lazo más
fuerte que cualquier cosa en esta vida, ya sabes dicen “la sangre es más espesa que el
agua” o “la sangre tira” se cumplirá de manera literal contigo, ya que él fue el que te
hizo el favor a ti… y si el muere, morirás también y viceversa… estas, términos
sencillos, conectada con este imbécil…
Ella no reaccionó de inmediato, fue como si se hubiese quedado congelada, yo
miré a Faris y le dije: ― ¿tenías que sonar tan apocalíptico? Nada malo va a pasar…
Pero él murmuró: ― eso dijiste la última vez…
Recordé lo que dijo Adán e iba a preguntarle pero Faris se me adelantó diciendo:
― en fin, ahora no puedo llevarme a ninguno de los dos… pero no te quedes tranquilo,
esto no se queda así
Se bebió el café y se marchó, todo esto sería mucho más fácil si la gente no
saliera huyendo cuando se trata de cosas importantes, Cathy me agarró del brazo y
preguntó:
― ¿Qué tan malo es?
―No es malo, tómalo como lo que es… un seguro de vida para
ambos―suspiré:― no es como si te hubiese quitado la voluntad o algo así
Ella suspiró y miró a su alrededor, luego comentó: ― tengo que irme de aquí…
―Quédate, hay una habitación disponible…―respondí volviendo a servirme
café
―No sé si te das cuenta pero, estoy literalmente en la calle…
―Lo sé, pero acepto distintos métodos de pago―sonreí malicioso. No me
refería a algo pervertido, pero quería que lo pensara, porque eso también iba a pasar
― ¡¿de que estas hablando!?― chilló
―Me refiero a que este sitio da mucho trabajo ¿Qué estás pensando? Ya sabes,
puedes pagar cocinando, lavando, planchando y encargándote de que este sitio no se
desmorone, además yo odio las tareas domésticas y no me vendría mal que alguien lo
hiciera por mí…
Ella asintió yo tomé la taza de café y me dirigí a mi cuarto
―Lian…―dijo de pronto, me detuve en la puerta y ella agregó: ― Gracias…

La maldición

La frase que ignoré por tantos días en mi teléfono, era la única pista que tenía
sobre Len, por lo que reescribí el contenido en un traductor de internet “Le paiement
de la dette sera une malédiction cent ans et un jour” pero lo que salía no tenía mucho
sentido. Me senté en la sala con la computadora y anoté las palabras pero aun así no
parecía tener sentido. Aquello me molestaba porque tenía la sensación de que debía
saber lo que significaba sin tanto esfuerzo, pero no tenía idea de cómo pronuncia hola
en francés, mucho menos iba a poder traducir esa frase por mí mismo. Sabía que
aprender un idioma requería mucho esfuerzo y dedicación, pero cuando siquiera quería
decir una palabra en voz alta, sentía algo raro en la garganta, como si me hubiese
cortado las cuerdas vocales para ese idioma.
Cathy tampoco sabía nada respecto a la frase y le pasaba como a mí, aunque su
traba era peor, ni siquiera podía escribir la primera palabra correctamente, como si la
frase estuviera maldita o nosotros estuviéramos malditos
― ¿no estás cansado de esto?―preguntó de pronto. La miré un poco
sorprendido y ella continuó:― yo si estoy cansada de sentirme perdida en esta
situación, al menos me gustaría saber porque Len hizo esto conmigo… dijo que yo le
debía algo, pero no puedo entender a qué se refería y siento que debería saberlo ¿no te
pasa lo mismo?
Ella tenía razón, yo también estaba cansado de no saber, estaba cansado de vivir
una vida aparentemente ficticia lejos de los problemas que nos abrumaban a nuestro
alrededor.
―Acompáñame a la Mansión Luces Nocturnas―dije:― Alguien allí de todos los
que nos han tratado como viejos amigos, debería saber algo por mínimo que sea…
La idea no le agradaba demasiado a ella, al fin y al cabo era el lugar donde la
habían torturado y la habían encerrado, era el lugar al que su hermano la había llevado
engañada y donde mi padre le mostró su peor cara y aun así, vino conmigo.
La entrada principal de la mansión era una enorme puerta con pequeños
cuadrados de vidrio, alrededor estaba lleno de jardineras con flores y enredaderas que
se trepaban por los muros delanteros como si se tratara de una casa inglesa. Al entrar
había un recibidor donde podías dejar tus pertenencias, y luego había un umbral
enorme que estaba lleno de zonas llenas de sofás y mesas, el aire allí era pesado, todo
mundo tenía un cigarrillo prendido, y todo el mundo sostenía un vaso de whisky o una
copa de vino. Todo el mundo allí actuaba con finura, como si cuidar los modales fuera
muy importante para ellos. Del otro costado había una especie de restaurant que
conectaba a una terraza donde había más mesas de café, había también un corredor
vidriado que se ensombrecía por la enredadera que invadía los muros de la mansión,
ese era el camino hacía las oficinas, le dije a Cathy me siguiera y atravesamos el
restaurant, mientras todos murmuraban que estaba con un “medio” demonio, la tomé
de la mano porque fui sintiendo como poco a poco ella fue disminuyendo la velocidad,
como si se sintiera avergonzada de existir
―No prestes atención, aquí no hay nadie que tenga los papeles limpios―le dije.
Lo cierto era que un medio demonio sin un clan que lo protegiera era carne fresca, en
general quienes eran abandonados terminaban en el calabozo, y nunca había oído de
ninguna familia que se hiciera cargo de sus vergüenzas de la manera correcta.
Odiaba este lugar, no sabía porque, pero lo odiaba mucho por lo que era.
Cuando encontré la oficina donde Faris estaba generalmente iba a simplemente entrar
pero alguien nos interrumpió
― ¿Lian?―una voz conocida, pero aquí todo mundo era extrañamente
conocido, volteamos a ver, era Adán: ― ¿Qué hacen aquí?
Adán era quizás el único demonio que se comportaba de forma honesta en todo
el lugar, el único que parecía digno de confianza
― estamos buscando a Faris―le dije.
―No está aquí― comentó: ― debe haber salido hace una hora más o menos…
no dijo si regresaría
Cathy y yo nos miramos, aun seguíamos tomados de las manos, Adán se dio
cuenta y comentó: ― ¿su relación sigue progresando?
Nos soltamos de las manos bruscamente y ella le respondió: ― ¿Quién tiene una
relación con quién?
Adán sonrío, su sonrisa siempre era como si añorará el pasado, era como si
fuéramos buenos amigos o hermanos que estuvieron alejados por mucho tiempo, pero
no era solo algo que se manifestara conmigo, con Cathy también.
―Jamás podríamos tener algo en común―agregué, ― te falta nacer de nuevo y
sin tantos defectos
Ella me miró como si la hubiese insultado gravemente, casi como si fuera una
calumnia lo de recién ¿lo era? Adán se acercó a ambos y exclamó: ― Vale, vale…
¿quieren tomarse un café conmigo?
A pesar de que ya estábamos peleando otra vez, ambos accedimos a compartir
la mesa para estar con Adán un rato, era raro estar con él, era como estar en casa, una
mullida y cómoda, muy cálida casa llena de gratos momentos que me hacía olvidar
todas las cosas horribles que habíamos vivido hacía atrás ¿le pasaría igual a ella? Supuse
que sí, era todo sonrisas con él
―Así que buscaban a Faris ¿necesitan su aprobación para algo?―dijo divertido
―Nadie le pediría jamás su aprobación para nada―dije fríamente
―Aun no olvido que me dejo caer en esa celda, ni siquiera arrugo un milímetro
la cara para decir que no quería estar involucrado―se quejó Cathy
― ¿entonces? ―dijo Adán tranquilamente. No le había dicho a ella, el
comentario que me hizo el a mí, el comentario sobre cómo nos habían borrado algunos
recuerdos a ambos, ni sobre como el esperaba que nuestra supuesta “relación” se
hiciera real.
―La vez pasada, cuando nos ayudaste…―dije, ― dijiste algo muy raro
La expresión de Adán se tornó un poco sombría y respondió.― podrías ignorar
eso, yo solo hable de más
―el problema es que todos hablan de más y no nos dicen nada―dijo Cathy―
tal vez no estuve ahí pero, cuando me viste en la celda, supe que nos conocíamos, y te
fuiste sin decir nada… exijo saber que es, lo que todo el mundo esconde
―Lo entiendo, pero…― Adán parecía sentirse en aprietos
― ¿Cuál es el problema?―me quejé: ― soltaste la mitad del cuento de sopetón
hace unos días, porque no puedes hablar de eso ahora
― ¿y porque no hablan con el responsable?―comentó.
― ¿el responsable?―dijimos Ella y yo al unísono. Adán sorbió un poco de su café
negro y sencillo, justo como él lo era
― ¿No es Faris el responsable?―preguntó Cathy, a lo que Adán respondió:
―La verdad, Faris no es el responsable material de esta historia, es solo el
responsable intelectual, creo que si van con esta persona, es casi como si fueran con
Faris, así que no deberían tener problemas, además él no se mueve jamás de su trabajo,
así que no es como si fuera a escapar… como lo hace Faris cuando sabe que vienen…
¡Ya sé! yo mismo los llevaré.
Adán estaba interesado en ayudarnos, pero también estaba interesado en visitar
a esa persona. Nos subimos al auto de Adán y él nos llevó a un edificio elegante en el
centro de la ciudad, en la zona cara la cual mi familia visitaba a menudo. Subimos en el
ascensor, Adán ni siquiera se anunció, supuse que visitaba a esta persona a menudo
―Disculpa Adán…―dijo Cathy: ― pero a quien hemos venido a ver…
Adán nos miró divertido y respondió: ― si se acordaran, con lo que te voy a
decir ahora estarías muy sorprendida…
Ella me dirigió una mirada y Adán continuó: ― A mi ex…
En el momento, pensé en una chica, pero era muy raro ¿Qué clase de chica sería
la ex de Adán? Me imaginaba a una mujer seria e imponente por el lugar en el que
estábamos, quizás una encargada de negocios o algo así, pero cuando el ascensor se
detuvo y caminamos por el elegante pasillo el sacó una llave de su bolsillo
― ¿Quién guarda las llaves del departamento de su ex?―dije sorprendido
― ¿estás seguro de que funcionan?, debió cambiar el cerrojo si ya
terminaron―comentó Cathy, pero Adán no estaba tan seguro de eso,
― él es demasiado perezoso para ir a buscar un cerrajero
Ah, así que se trataba de una persona perezosa… espera, ¿él? Cathy y yo no
pudimos evitar mirarnos y notar que cada quien estaba un poco sorprendido, aunque
de verdad no podía imaginarme ninguna mujer. La persona que vinimos a visitar era lo
bastante perezosa como para acumular cajas y bolsas llenas de desperdicios, no
pudimos evitar cubrirnos la nariz hasta me cuestione si entrar aquí era salubre para
cualquier ser vivo, parecía que a medida que avanzabas el olor se impregnaba en ti
―Voy a necesitar un baño sanitario después de esto―dijo Adán poniendo las
llaves sobre la mesa del comedor.
―Todos vamos a necesitar un baño sanitario después de esto―dije:― estás
seguro que esa persona sigue viva aquí dentro, huele como si hubiera un cadáver en
descomposición
―Tal vez haya uno―dijo Adán.
Cathy y yo nos quedamos en la sala, mientras que Adán se asomaba a una de las
habitaciones
―Lexis ¿estás aquí?― dijo moviendo la puerta con el pie para no infectarse con
la suciedad que había por todos lados. Pero no hubo respuesta, Adán salió del cuarto y
miró el lugar con detenimiento mientras se cruzaba de brazos, era como si estuviera
buscando a algo en detalle
―Tal vez se vio superado por el vertedero y escapó―dijo Cathy cubriéndose la
boca y la nariz con las manos para no respirar el aroma nauseabundo del lugar
―Nada de eso, debe estar aquí, en alguna parte― dijo Adán y tomo un palo que
estaba apoyado en una de las paredes de la sala. Empezó a golpear y a patear el cumulo
de bolsas que estaban amontonadas allí, aunque nosotros no entendíamos muy bien si
estaba desatando su ira o intentando desenterrar algo
― ¡Okey! ¡Ya vale!―dijo de pronto una silueta levantándose de entre la basura.
Era un sujeto de cabello castaño ceniza, tenía la piel morena como tostada por el sol,
aunque se notaba que era natural, sus ojos eran verde olivo y a pesar de que si se
bañara y se vestiría de forma más pulcra provocaría más confianza, ahora mismo era
como si hubiéramos sacado un monstruo de la basura. Adán lo golpeo con el palo y
exclamó:
― ¡Ahí estas!
Su grito de dolor debió oírse en todo el departamento, luego volvió a intentar
enterrarse en la basura pero Adán lo agarró de la ropa y le dijo: ―deja de huir…mira
quienes vinieron a visitarte…
Lexis nos miró y luego nos apuntó con el dedo como su estuviera tratando de
comprobar algo, luego miró a Adán como si le estuviera jugando una broma
― ¿esto es por lo de la vez pasada? ¿No crees que estás siendo cruel?―se quejó.
Pero fuera lo que fuera que Lexis no podía creer, nosotros éramos reales y estábamos
allí asfixiándonos
―Lexis, no es broma son los de verdad―dijo Adán sonando más amable esta
vez. Lexis se levantó del suelo, y caminó hacia mí parecía como si estuviera viendo un
fantasma y yo tenía una extraña sensación de que confiaba mucho en esta persona,
quizás mucho más que en cualquier persona en toda mi vida, como si fuese mi
hermano, mi cabeza sentía que estaba a la altura de Ariel en mi nivel de confianza
aunque ni siquiera lo conocía. Aunque toda confianza tiene un límite, me miró
fijamente hasta que al parecer estuvo seguro de que Adán no se estaba burlando de él
entonces me abrazó
― ¡No puedo creer que estés aquí!― casi muero del asco, porque de verdad
estaba muy sucio, pero dejando eso a un lado, sentí que esta persona de verdad me
había extrañado mucho.
Casi desfallezco del mal olor y luego de que me pude recuperar de eso, Adán
abrió una ventana antes de que muriésemos allí y todo nuestro viaje fuera en vano.
Lexis nos pidió que nos sentáramos, pero ni Cathy ni yo encontramos un lugar, todo
estaba tan lleno de basura que era imposible
―Estamos bien de pie―dijo Cathy tratando de aparentar que todo estaba bien,
aunque de hecho ya queríamos irnos. Luego Lexis nos ofreció algo de beber, pero se
disculpó inmediatamente, nada de lo que tenía en la nevera estaba en buen estado y
además tampoco tenía vasos limpios
―Estamos bien sin beber nada―dije alejándolo lo más posible de mi metro
cuadrado
Lexis miro a Adán y le reclamó: ― ¿Por qué no has venido a hacer la limpieza?
Adán lo miró con cara de pocos amigos y respondió: ― porque ya no vivo aquí

―Pero…―insistió Lexis
―Ya vale, dejen eso para después―me quejé. Lexis y Adán dejaron de discutir,
entones le explicamos a Lexis porque habíamos venido buscándolo, al principio se
negó
―Prometí que no diría nada―fue lo que dijo mientras se quitaba el polvillo de la
ropa, lo cual era inútil, porque no se veía más limpio
―Pues rompe la promesa―le dije: ― necesitamos que nos digas como es que
nos conocemos…
―Faris me dijo que no te dijera nada―dijo sin mirarme:― prometió que no
volvería a pasar si no lo sabían…
― ¿Qué cosa?―dijo Cathy. Lexis la miró, parecía que se sentía culpable por algo,
parecía exasperado del asunto, como si necesitara huir de él.
―Perdónenme, de verdad perdónenme pero no puedo…no puedo―dijo
levantándose de su lugar, de verdad iba a escapar.
―Lexis, no hagas esto―le dijo Adán. El parecía realmente afectado por algo,
algo que ni siquiera lo dejaba mirarnos a los ojos. Huyó a la puerta de pronto, y
exclamó:
―Tengo que salir―luego salió corriendo del departamento. Adán lo siguió, lo
vio alejarse desde la puerta, parecía preocupado también y exclamó:
―Esperen aquí, lo traeré de regreso…
Salió corriendo detrás de él y cerrando la puerta, dejando que nos asfixiáramos
con ese desagradable olor a basura. Nos cubrimos la nariz en silencio mientras
esperábamos en ese departamento enorme que me parecía inhabitable
― ¿y ahora qué?―dijo ella, yo me encogí de hombros y respondí:
―Podemos irnos si quieres―me acerqué a la puerta, sin embargo ella no se
movió de su lugar, parecía determinada a salir de todas estas dudas ahora. Al contrario,
removió la basura con él pie, luego empujó un poco uno de los sacos de basura
―Quien puede llegar a este nivel de abandono―había sonado como una
pregunta, pero parecía que estaba pensando en voz alta sobre todo esto,
―Si te sientes incomoda nos vamos―repetí, pero ella volteó a verme un poco
preocupada
―… pero, ¿y si Adán lo trae de regreso? ¿Y si decide contarnos su secreto? ―se
llevó la mano al mentón como si estuviera pensando y continuó hablando: ― ¿y si se
molestan porque solo nos fuimos dejándolos así?
Suspiré ruidosamente tratando de entender que era lo que exactamente ella
quería hacer, pero incluso así intentando leerla solo estaba tratando de cumplir
exactamente con los deseos que ella tenía en ese instante en vez de solo tomar una
decisión, me encontré pensando en lo que ella quería antes de lo que yo quería, como
si de pronto eso me hubiese empezado a importar mucho más. Quise darme de golpes
contra las paredes para castigarme, diciéndome a mí mismo ―en que rayos estás
pensando― pero antes de que pudiera tomar cualquier decisión ella interrumpió la
tormenta que se estaba formando en mi cabeza
―Tal vez deberíamos limpiar un poco, ya que estamos aquí―resolvió mientras
empujaba una bolsa
―Olvídalo ya te deje claro que odio el trabajo doméstico ―Me quejé
cruzándome de brazos. Sin embargo, ella me ignoró y poco a poco empezó a llevar la
basura al dispensador que estaba en el pasillo del edificio. Por mi parte, no sé en qué
momento empecé a ayudarle, ni tampoco supe exactamente que estaba pensando,
pero entre los dos dejamos el lugar nuevamente habitable, ahora el piso se veía y había
platos y vasos limpios en la cocina. Además nos deshicimos de la comida en mal estado,
incluso la espera nos dio tiempo de desinfectar los baños y poner algo de ropa dentro
de la lavadora.
Me sorprendí un poco de mí mismo, porque jamás había hecho ninguna labor
doméstica, de hecho lo odiaba y ahora, lo estaba haciendo para alguien más. Al final
nos sentamos en el sofá que había estado oculto entre la basura, ella suspiró al menos
ya se podía respirar
―Ahora tengo hambre―dijo ella llevando sus manos a su estómago, la miré un
momento, el lugar estaba limpio, pero nosotros apestábamos
―Parece que te cayó un camión de basura encima…―le dije mirando mi
teléfono
―Tu tampoco te vez muy limpio―me dijo
― ¿de quién será la culpa?―gruñí
―no te obligue a ayudarme, tú lo hiciste porque quisiste
―con esos bracitos esperabas deshacerte tu sola de toda la mierda de este
lugar
―Ah, solo cállate― dijo girando la cara para ya no verme. Me acerqué hasta ella
y le dije:
―Hazme callar…
Ella me miró: ― estas muy cerca, hueles mal quítate
―quítate tú
Nos quedamos callados un momento, ella trato de escapar pero la tenía
prisionera, acerque un poco mí cara a la suya, ella trato de sostenerme la mirada, pero a
ambos se nos empezó a hacer un poco difícil: ― ¿Lian que estás haciendo?
― ¿tú que estás haciendo?―dije mientras ponía mi mano en su mentón. Estuve
a punto de hacer algo, algo como besarla, solo porque me apetecía, por ninguna otra
razón, pero la puerta se abrió estrepitosamente, lo que apenas nos dio tiempo de
mantener la distancia normal otra vez y mirar cada quien a otro lado, fingiendo que no
estaba pasando nada
― ¡Lo atrape! ¿Siguen aquí?―exclamó Adán mientras arrastraba a su presa
desde la entrada hasta la sala, luego miró a su alrededor: ― ¡Ah! Está limpio y bonito
como cuando lo compraste…
Cuando dijo eso miró a Lexis que venía enfurruñado y cruzado de brazos como si
se negara a cualquier forma de interacción: ― Lexis, los chicos limpiaron tu
departamento… deja de estar así de enojado
Lexis miró a su alrededor, extrañando las toneladas de basura acumulada con la
que vivía y con la cual sorprendía que no le hubiesen puesto una multa de convivencia
en el edificio
―No tenían que molestarse―dijo bajando la vista al suelo: ―yo tenía planeado
hacerlo algún día…
Yo no dije nada, no había sido mi idea, sin embargo ella tampoco le dijo nada,
pero entendí exactamente porque lo habíamos limpiado, no tenía que ver con un favor
por otro, incluso si después de esto rompía la promesa que le había hecho a Faris, tenía
la sensación de que esto se había vuelto apestoso exactamente porque sea lo que sea
que había pasado antes, Lexis debió sufrir mucho con ello, hasta el punto de
abandonarse a sí mismo.
―Ustedes no entienden―dijo Lexis arrastrándose hasta el sofá donde puso su
cabeza sobre el regazo de ella: ― hueles a basura…
Ella le sonrió: ―lo siento
El negó moviendo la cabeza y cerró los ojos, entonces dijo: ― Fue hace mucho
tiempo, una vida antes para ustedes… se conocieron, se enamoraron pero no les
dejaron estar juntos, sus familias los obligaron a estar con otras personas y por tratar
de ir en contra de las reglas ambos acabaron muertos. Cuando volvieron a nacer en
esta época, por miedo a que se repitiera la maldición otra vez, Faris dijo que lo mejor
sería borrar las memorias pasadas de ambos, de esa forma no se volverían a
encontrar… pero Faris se puso muy paranoico con eso, y busco una excusa, cualquiera
para sacarte de la ciudad… sobre todo después de que se enteró de que…
Lexis miró a Cathy a los ojos, como si estuviera comprobando algo, puso su
mano en la mejilla de ella y la acarició lentamente y luego continuo hablando: ― La hija
de un amigo muy querido de tu padre fue robada del jardín de su casa… sus padres no
pudieron recuperarla, porque la persona que se la robó, borró todo rastro de ella, y
luego les mando a sus padres un trozo de tela manchada con sangre diciendo que si
continuaban buscando la próxima vez sería algo más que sangre… Faris temió que a ti
pudiera pasarte lo mismo, así que el mismo se encargó de borrarte de la familia…
―esa persona...―dijo Cathy con un hilo de voz: ― es Len
Lexis asintió y respondió: ― Se está vengando de ustedes, el prometió que se
vengaría 100 veces de ustedes, que se vengaría por 100 años y un día, desde el
momento en que mató a Lian la primera vez
― ¿el me asesinó?―pregunté
―Le robaste a su esposa, en esa época esas ofensas se pagaban con sangre…
bueno, ahora igual pero es menos común ―dijo Lexis apoyando la cabeza en sus
muñecas
― Le paiement de la dette sera une malédiction cent ans et un jour ―dijo Cathy
mirando a la nada y luego lo dijo en claro español: ― el pago de la deuda sera una
maldición de cien años y un día
― ¡Esa es la traducción del mensaje de texto!―dije sorprendido, me sentía
como si me hubiese desecho de un nudo enorme en la garganta que no me dejaba decir
lo que tenía que decir, muchos menos entender lo que necesitaba entender
―Ese fue exactamente el mensaje que les hizo llegar a sus familias cuando
ambos estuvieron muertos―explicó Lexis: ― como una forma de protegerlos, cuando
cada uno nació nuevamente, yo mismo fui y les borré toda la información que trajeran
desde antes de nacer, así nunca se arriesgarían otra vez y se supondría que Len no
podría cumplir con su amenaza
―Por eso él dijo a los otros demonios que yo había matado a esa persona,
aunque yo solo lo detuve―dijo Cathy pensativa
―lo que pasara le serviría, si yo no te sacaba de allí y te ejecutaban o si yo iba y
me cambiaba por ti…
―o le hacían el juego más interesante haciendo lo que siempre hacen cuando
están juntos―dijo Lexis: ― al final la idea de borrar todos esos recuerdos de sus
cabezas, era que ustedes nunca más volvieran a estar juntos, incluso ahora, es riesgoso
para ustedes intentar siquiera estar juntos…
―Y eso significa que Len no va a parar… ―dijo Adán.

Los amantes

Adán nos llevó al departamento en el viaje más incómodo en auto que tuve
nunca. Era incomodo que alguien te saliera con un cuento así y quedarte sin palabras,
sin poder decir nada al respecto, como si no pudieses negarlo siquiera porque no tenías
ningún argumento para hacerlo. Me sentía como en una historia de chicas y temía que
me salieran partes de mujer, peor aún era no poder ni siquiera mirar a los ojos a la
persona que tenías al lado sin sentir vergüenza, como si hubieses ido a una fiesta te lo
hubieses bebido todo, luego hubieses hecho toda clase de cosas estúpidas y ahora no
pudieras recordar nada.
Adán nos dejó en la entrada del edificio en el que vivía ahora, lo miramos un
momento, mientras el revisaba la hora
―En fin…―dije rascándome la cabeza con nerviosismo: ― ¡adiós y gracias!
―Esperen―dijo Adán mirándonos un poco divertido: ― ¿van a estar bien?
―claro que sí, pasado pisado―dijo Cathy y luego murmuró en voz baja: ―
aunque no me acuerde de nada…
La miré queriendo decirle que estaba actuando como estúpida, se notaba
demasiado que estaba tratando de mostrar una actitud normal que no podía tener, era
claro que esto perturbaba a cualquiera, pero su sonrisa nerviosa indicaba que se estaba
diciendo que luchara contra eso
―Bueno, no hagan cosas de adultos―dijo sacándonos la lengua, luego aceleró
y escapó calle arriba. La miré a ella de nuevo, parecía que había perdido el alma del
cuerpo y casi entro tambaleándose en el edificio, y cuando abrí la puerta del
departamento y me hice a un lado para que entrara, ella dudó… se atrevió a dudar en
entrar o no.
―Sabes, no tengo toda la noche para estar aquí parado esperando―me quejé.
Ella se sobresaltó como un gato asustado y entró en el lugar rápidamente, yo la seguí
cerrando la puerta. Ella se quedó de pie en el pasillo mirando a la nada y yo decidí que
no me quedaba más que actuar con normalidad aunque no tuviera nada que decir, y a
la vez quisiera decir muchas cosas y hacer muchas preguntas
― ¿te bañaras primero o qué?―dije parándome junto a ella, parecía ida, como si
no me estuviera escuchando: ― ¡Hey!...
―Ah… me bañaré primero si no te importa―dijo y fue a encerrarse en el baño.
Al minuto oí el agua caer y una pequeña nube de vapor salir por la parte superior de la
puerta, me acerqué y solo por un momento me sentí incomodo, como si tuviera la
sensación de que no era la primera vez que había esta clase de silencio incomodo entre
nosotros, como si no fuera la primera vez que quería entrar y bañarme con ella. Estiré la
mano para ponerla en el pomo, pero no pude girarlo ― ¿desde cuándo?―pensé, desde
cuando había empezado a tener esta clase de respeto solemne por ella, había sido
cuando Lexis nos contó su historia o quizás antes, cuando ella me salvó de ser
asesinado por ese sujeto ¿Cómo lo había hecho? ¿Había sufrido mucho después de eso?
¿Había sido mi culpa?
La puerta se abrió frente a mí, ella salió vistiendo la ropa que le presté el primer
día que se quedó conmigo y se estaba secando el cabello con una toalla
― ¿me demoré mucho?―ahora ya me estaba hablando con normalidad, como si
recién no hubiese pasado nada: ― perdón, deja que saque mi ropa, voy a lavarla
¿quieres que lave la tuya? Dejaré el canasto fuera del baño para que la pongas allí
No le importaba lo que había pasado recién, pensé e incluso, tal vez solo
actuaba así porque era el silencio lo que la ponía incomoda, porque nuestra relación no
es de amigos, pero tampoco es otra cosa, es como si solo fuéramos dos conocidos
compartiendo un piso con absolutamente nada en común más que todas estas
personas que decían conocernos y esa idea no me gusto
―vale…―dije, entrando en el baño mientras ella salía. Solo cuando cerré la
puerta y le puse pestillo me di cuenta de algo muy raro, me dolía el corazón de una
forma muy rara, y me dejé caer al suelo mirando a la nada, como si me quedara sin
fuerzas en las piernas, como si ya no quisiera seguir peleando y esperara a que todo
acabara pronto. Porque ella actuó como nada, ¿no le importaba?
Para cuando me fui a la cama, el único ruido era la lavadora limpiando nuestros
uniformes, me di vueltas de un lado a otro intentando dormir y no pensar más en ello,
porque estaba mentalmente cansado pero también estaba tan enojado… que, me
senté en la cama, miré a la puerta cerrada. Me levanté y caminé de un lado a otro, hasta
que al final salí de la habitación, y casi a patadas abrí la puerta del cuarto de ella
― ¿¡porque no dices nada!?―me quejé mientras ella encendía la lámpara del
velador y me miraba un poco confundida
― ¿decir que?―se quejó: ―son las 3 de la mañana
En serio eso era todo ¿de qué?, me acerqué hasta ella y la empujé de regreso a la
cama, ella intento zafarse y yo le agarre los brazos para que no luchara
―Lian no es gracioso, suéltame, déjame ir…―dijo con nerviosismo mientras
corcoveaba debajo mío para poder escapar
―Si no vas a decir nada, entonces bien, no digas nada…pero no te quejes
luego―le dije y la besé. La besé, porque quería hacerlo desde ese momento en el
departamento de Lexis, la bese porque estaba enojado, porque sentía rabia, porque no
soportaba ser el único al que le importara, no soportaba no poder actuar cínicamente
como ella lo hacía, con esa maldita calma que la rodeaba a todo momento, incluso
ahora en que parecía que no le quedaba nada. Ella lucho porque la dejara, pero yo no la
deje, lucho hasta que se cansó y empezó a ceder poco a poco, hasta que pude soltarle
las manos y una de ellas se posó en mi cuello y las yemas de sus dedos viajaron por mi
yugular, luego volvieron a subir hasta mi cabeza detrás de mi oreja y luego
descendieron hasta mi clavícula, pero si volvía a repetir esa caricia yo no iba a poder
parar después y al menos quería poder detenerme cuando yo lo decidiera, no cuando
esa voz en mi cabeza me lo ordenara, me separé de ella y la miré
―No sigas―tomé su mano, de pronto me sentí muy mal, muy triste como si
acabara de recuperar algo muy importante: ―no voy a poder parar si haces eso otra
vez…
Ella asintió, me acomodé sobre ella y la abracé, nos besamos intensamente,
como si no importara nada más, lo hicimos hasta que nos quedamos dormidos, hasta
que olvidamos todo y solo éramos nosotros dos.
No desperté como generalmente lo hace la gente luego de vivir una situación
así, no fueron unicornios ni arcoíris, si no que más bien un chichón en la cabeza, y una
mujer enfurecida de pie junto a la cama, la luz del sol dando junto hacía la cabecera
impidiéndome ver del todo, porque estaba amaneciendo
― ¿¡Por qué tienes que hacer eso!?―dije sentándome y poniendo mi mano en
mi frente para evitar el dolor del golpe
― ¿¡Por qué entras en la habitación de la gente e intentas aprovecharte de
ella!?―me regañó. La miré sin poder creerlo, todavía tenía cara para decir que casi que
me había aprovechado
―Claro, pobre de ti… victima mía―dije quitando mi mano de mi frente, ya
había dejado de doler, luego me aclaré la garganta y dije casi imitándola: ― ¡Lian por
favor no pares!
Ella enrojeció y empezó a lanzarme todo lo que tenía a mano, yo salí huyendo y
ella salió tras de mi
―Te recuerdo que teníamos un trato― le dije escondiéndome detrás de la
barra de la cocina
― ¡El trato se anula!―dijo intentando alcanzarme para golpearme
―No puedes anular el trato―me quejé.―deja de negar que te gustó lo que
paso anoche, no es un pecado
―Jamás estaría con una persona como tú―se quejó. Asomé la cabeza para
verla, al menos se había calmado con intentar matarme
―La historia para atrás dice lo contrario ¿será que tenemos que ponernos al
día?―me estaba burlando de ella, porque reaccionaba escandalosamente a todas las
barbaridades que yo decía, aunque solo esta vez me miró con cierta culpabilidad en los
ojos
― ¿En serio lo crees…?―preguntó:― ¿Qué pudiste ser esa persona?
―No sé si fui esa persona, pero al menos explica porque toda esa gente nos
conoce ¿no crees?
―Me rindo―dijo ella en voz baja y levantándose de su asiento, dio la vuelta por
la barra y preparó café, me levanté del suelo y la miré, no pude evitarlo pasé mis brazos
alrededor de su cintura, creí que me rechazaría, pero se quedó quieta y puso su mano
en mi brazo
―No es que me gustes… solo me siento bien haciendo esto, así que no te hagas
ilusiones conmigo, yo jamás me enamoraría de ti, ya no puedo enamorarme de alguien
más―le dije al oído. Tuve la rara sensación de que le estaba mintiendo en alguna
parte, de que en realidad solo no quería liarla en esta vida solo en caso de que
efectivamente la hubiese cagado antes, tanto así como para arrebatarle su vida
― ¿entonces que soy?―dijo bajando la mano nuevamente
―Una distracción―respondí, creo que mi respuesta la hirió en alguna parte,
porque de inmediato se separó de mí dirigiéndose a otro lugar de la cocina
―Como quieras entonces…―si, en realidad la había herido.
Creí que la reina de hielo no se me presentaría, pero ella podía ser muy fría si
quería, la había herido tanto que parecía que me estaba ignorando con todas sus
fuerzas, al llegar a la escuela dijo que iría a solucionar lo de su beca, porque sin beca no
podría seguir aquí y tendría que trasladarse a un colegio público, pero tampoco podía
pagar las ridículas mensualidades que cobraban aquí. La seguí, ella se detuvo y
fríamente me dijo
―Quiero hacerlo sola
―Si no funciona, vamos a tener que pensar en otra solución para que te quedes,
déjame acompañarte
―No tenemos que pensar ninguna solución, si no me dan la beca, entonces
simplemente seré digna e iré a cualquier escuela donde pueda acabar de estudiar, al
final solo son dos meses, realmente no me importa―respondió, sonando enojada
aunque intentaba disimularlo
―Pero es peligroso que te vayas a otra escuela justo en estos
momentos…―insistí
― ¿Peligroso? ¡Todo ha sido peligroso desde que te conocí, estaré mejor en un
lugar donde tú no estés!―me sorprendió, realmente me estaba odiando en estos
momentos, lo suficiente para creer que eso me heriría aunque pareció que de
inmediato se arrepintió de lo que dijo, quizás por eso creí que no me afectó tanto
porque parecía arrepentida, pero antes de que siquiera pudiera decirle que sabía que
no era en serio, ella me empujó haciéndome a un lado y agregó: ― tengo que irme…
Escapó, nunca vi a alguien tan hábil escapando y cuando la vi salir de la escuela y
dar la vuelta a la calle se me apretó el pecho, pensé en que Jane había dado la vuelta a
la calle y no la había vuelto a ver y ahora me sentía culpable por eso y que si ella no
regresaba, entonces no me sentiría culpable si no que no podría resistirlo, la seguí pero
cuando puse un pie en la calle, una motocicleta se estacionó casi no dándome tiempo
para hacerme a un lado. Un sujeto de chaqueta negra y lentes oscuros miró en la misma
dirección en que ella se había ido, luego sacó un cigarrillo tranquilamente y se lo puso
en la boca, mientras buscaba entre sus ropas un encendedor, entonces me vio, se quitó
el cigarrillo de la boca de nuevo y se levantó las gafas oscuras para verme.
“No te daré a mi hija, antes prefiero caminar sobre hierro ardiendo”
―“Yo odio a esta persona” ―pensé apenas tuve ese flechazo, lo odio con todo
mí ser. El sujeto me miró de pies a cabeza y luego encendió al fin el cigarrillo, le dio una
aspirada y luego dejó salir el humo justo en mi cara. Después de eso, encendió la moto
y se marchó.

Caminé sin rumbo hasta llegar al parque, allí me senté en una banca y me miré
los zapatos. Estaba enojada, enojada por tener que pedir una beca, por no tener dinero
para pagar el colegio, enojada por lo que Lian había dicho esta mañana, me había
tratado como una cosa justo después de todo lo que había pasado, como si lo que Lexis
nos contó no hubiese importado nada, como si las cosas en general fueran una broma
para él, removí la tierra del suelo con los pies y ensuciando mis zapatos
―Estudiante ¿esto es tuyo?―oí la voz de un hombre junto a mí, que apareció de
pronto y casi provoca que se me salga el corazón por la boca. Apareció de la nada
sosteniendo una lata de café caliente, vistiendo una chaqueta de cuero y usando gafas
oscuras, montando una motocicleta en un aspecto claramente sospechoso: ― se te
cayó de la mochila
Pero yo no portaba ninguna lata de café, apenas tenía dinero para acabar el mes
por mí misma sin depender de Lian, a pesar de que a él parecía que ese tipo de cosas no
le importaban.
―N-no es mía señor―respondí. Era un hombre joven de ojos café claro y
cabello castaño oscuro, tenía pequeños reflejos rojizos repartidos por toda la cabeza,
pero era algo natural
El sujeto se bajó de su motocicleta y se acercó poniendo la lata sobre la banca en
la que yo estaba sentada: ― qué extraño, estoy seguro de que la vi caerse de tu
mochila
Luego se encogió de hombros como si realmente no importara y sonrió
amablemente: ― de todas formas no importa, puedes bebértela si quieres…
Habiendo dicho eso, volvió a montarse en su vehículo, oí el ronroneo del motor
y luego lo vi acelerar doblando una calle más arriba. Miré nuevamente la lata de café,
soltaba algo de vapor porque estaba caliente, la tomé en mis manos y no pude evitar
sospechar sobre si era un violador intentando drogarme, me pregunté si estaba bien si
solo me la bebía porque no parecía haber sido abierta o alterada de alguna forma y sin
pensarlo mucho más decidí dejarla en un bote de basura cercano, lo hice pensando en
lo que había pasado en la clínica y también pensando en todos los años en que confié
en que Len era una persona intachable que jamás me haría daño. Dejé la lata allí
pensando en Lian que me había llamado “distracción”, la dejé pensando en todas las
veces que había decidido confiar o entregar mi corazón y me habían hecho daño.
Mientras caminaba sin ningún lugar a donde ir, encontré una pequeña galería en la calle
de los libros. Era un sitio un tanto sombrío llenó de tiendas con objetos viejos, no tan
solo libros, también artículos decorativos y artilugios que alguien supersticioso
compraría. No me consideraba de ese tipo, pero en una de las vitrinas había un juego
de naipes muy bonito, no era como el típico juego de naipes que encontrabas en todas
las tiendas, tampoco el típico tarot que te regalaban por la compra de un manual.
Entré en la tienda y le pedí al dependiente que me lo mostrara, era realmente
muy bonito, los símbolos de las cartas eran diferentes de los que había visto, parecía
ser que representaban lo mismo que en las otras, pero estos estaban hechos de
manera diferente, con colores más vivos y otro tipo de escenarios
―Es una antigüedad…―dijo el empleado mientras yo contemplaba carta por
carta:― pertenecieron a una pareja rica que vivió en la zona hace mucho tiempo, se
dice que fueron hechas a mano especialmente para el esposo…
―Vaya, ¿entonces fue la esposa quien mandó a pintar esto?―pregunté. El
dependiente de la tienda asintió y luego comentó:
―Llevan mucho tiempo sin un dueño… ¿dígame señorita está interesada?...
―Puede ser…―respondí, eran realmente hermosas ― ¿Cuál es su valor?
―$100― dijo tranquilamente y sin siquiera pestañear, entonces lentamente fui
deslizándolas hacía el vendedor
―Creo que es más de lo que puedo permitirme…―le dije alegremente
―pero como nadie ha querido comprarlas… puedo dejárselas en
$10―respondió él deslizándolas nuevamente hacía mí, me dio la leve sensación de que
el realmente quería deshacerse del juego de cartas pero decidí ignorarlo. Quise
hacerme un regalo, un regalo de consuelo por todas las cosas malas que me habían
pasado últimamente, un regalo para decirme que no me rindiera y que luchara hasta el
final
―Vale, pues si están tan baratas…―sonreí, quizás por primera vez en días―
¡envuélvamelas para regalo por favor!
El dependiente de la tienda sacó una caja de madera que estaba forrada en
terciopelo blanco por dentro y puso el armazón que contenía las cartas dentro, luego
cerro la caja y la envolvió en un papel café con una cinta color rojo alrededor. Le di el
dinero y él puso el producto en una bolsa con el sello de su tienda, me despedí
alegremente, de vez en cuando no estaba mal hacerse un cariño y comprarse algo
bonito, sobre todo cuando parecía que el mundo se estaba desmoronando a pedazos
sobre ti. Mientras caminaba pensando en si debía volver a la escuela ahora o no volver
jamás, volví a encontrarme con ese hombre
―Estudiante…―dijo a mis espaldas, volteé a verlo, estaba sosteniendo un
papel doblado en dos: ― vi como esto se cayó de tu mochila
Lo recibí de sus manos y lo desdoble, era un cheque por el valor exacto de la
mensualidad que no tenía para pagar este mes y que probablemente no tendría para el
mes siguiente tampoco. Pero era sospechoso y se lo devolví:
―Señor esto no es mío, debió caérsele a alguien más
El sujeto miró el cheque, parecía que se había enojado por algo y respondió
como si fuera un tonto:
― ¿será mío entonces?―y lo redoblo y guardó en el bolsillo de su chaqueta. Hui
rápidamente, tratando de despistar por otras calles, considerando que el lugar más
seguro en un momento como éste era el colegio. Me detuve en un semáforo
decidiendo que definitivamente tenía que irme al colegio y entonces
―Estudiante… ¿este papel si es tuyo?―otra vez ese hombre, definitivamente
me estaba siguiendo. Volteé y recibí el papel nuevamente intentando ocultar mi
nerviosismo, lo desdoblé exactamente como la vez anterior y está vez, era el
equivalente a dos meses de mensualidad
―Señor, esto tampoco es mío―le respondí. Pero empecé a alterarme un poco y
arrugué el cheque en mis manos: ― no sé si será idea mía pero, ¿usted está tratando de
darme dinero por algún motivo?
El sujeto tragó saliva nervioso y retrocedió unos pasos entonces yo continúe: ―
porque no sé qué piensa usted ¡pero no soy esa clase de estudiante!
Acabé gritándole y le lancé el cheque de vuelta iba a irme, pensé en ponerle una
denuncia por acoso a menores de edad o también ponerme a gritar por ayuda para
humillarlo en medio de la calle, pero se alteró mucho, parecía preocupado
― ¡Lo siento! ¡Perdón!―fue lo primero que dijo sin siquiera preocuparse el
cheque que estaba en el suelo: ― mi intención no era esa… ¡en serio! No soy un
pervertido…
― ¿En serio?―pregunté. El asintió a punto de llorar parecía muy nervioso y
arrepentido
―Es solo que tengo mucho dinero… y no sé qué hacer con él―agregó. Una
parte de mi lo odió, como podía siquiera desperdiciar el dinero así, dándole a
cualquiera, además ofrecer cheques por sumas altas de dinero a cualquiera es muy
sospechoso, aunque de hecho…
―Deja que lo remedie…―empezó a decir: ― si te sentiste insultada ¿dime que
puedo hacer para reparar eso?
Sacudí la cabeza: ― está bien, fue un mal entendido…
― ¿puedo darte dinero?―dijo sacando un lápiz para hacer un cheque nuevo
― ¡por favor señor guarde su dinero para usted!―le grité nerviosa
―Entonces… deja que te invite un café―dijo rascándose la cabeza con
nerviosismo: ― podemos ir allí…
Apunto al centro comercial que no estaba muy lejos
― ¿dejara de ofrecerme dinero?―le dije con cierta resignación a lo que él asintió
como un niño pequeño.

―Así que se enfadó contigo y se marchó―dijo Lan con cierto triunfo en la cara.
Al menos a alguien le alegraba toda esta loca situación en la que estaba metido. Les
había contado a los chicos la mitad de la historia, hasta la parte loca en que Lexis nos
contó toda esa locura que ahora mismo parecía tener mucho sentido, omití la parte en
la que casi tenemos sexo porque no creí que fuera relevante y tampoco hable de la
parte en la que la llame distracción, y aunque en realidad no la consideraba eso
realmente, era mejor para ella si pensaba de esa forma de mí. Saltándome toda la parte
romántica de la historia, si les había contado como se había puesto conmigo por lo de
la beca
―Me preguntó si tendrá razón―dije en voz alta. Ariel y Lan parecieron sobre
exaltarse con mis palabras
― ¿Qué?―dije encogiéndome de hombros: ― si lo piensan, desde que nos
conoció, incluyendo la caída de las escaleras creo que no le ha pasado nada bueno
―Yo creo que deberías pedir perdón―dijo Ariel dándome un golpe suave en la
espalda: ― intenta que suene como que es de corazón para que ella te crea
―no me sorprendería que después de hoy decida irse de tu casa a vivir donde
sea, una persona en sus circunstancias haría cualquier locura para alejar el peligro―dijo
Lan, parecía que estaba pensando en algo: ― si es que ahora mismo luego de lo que
dijo no escapo
― ¡Ya sé!―dijo Ariel de pronto y sacó de su bolsillo un paquete de M&M: ―
¿Por qué no lo consultas?
Ah, ese juego… ese estúpido juego que siempre me acertaba y que Ariel me
obligaba a jugar por lo mucho que le sorprendía porque siempre acertaba, con
cualquier cosa que dijera. Una vez dije que un compañero del colegio se rompería la
cabeza por intentar parecer genial frente a la clase si el M&M que sacaba era rojo. El
chico terminó en urgencias y luego estuvo dos semanas recuperándose del golpe en el
hospital, por lo mismo, aunque jamás le había dicho a nadie, no me gustaba este juego.
A mi cabeza siempre venían flechazos de cosas malas que pasarían y que se cumplían,
como si fuera una habilidad muy mala y a veces inútil, a nadie le gusta saber qué cosas
malas le van a pasar
―Prefiero esperar…―dije alejando la bolsa de chocolates
―Oh! Vamos solo una vez―dijo Ariel insistiendo. Para él era divertido, el no
llevaba la carga de darle malos augurios a las personas y por eso lo tomaba muy a la
ligera
―si quieres saber el futuro, consulta el horóscopo o algo así―me quejé
― ¿Pero no estás interesado? Ni siquiera un poco en saber si ella va a volver ¿de
verdad no te importa?―dijo Lan
Miré el paquete de M&M y se lo quité de las manos a Ariel, metí la mano en su
interior intentando sacar uno de ellos y dije: ― Si sale rojo, Cathy no volverá a verme
Pero apenas saqué el chocolate me lo metí a la boca y me lo tragué. Ariel y Lan
parecieron confundidos porque no había mirado la respuesta, luego volví a sacar una
bolita de chocolate y dije: ― si sale azul, ambos serán regañados y tendrán que dar 10
vueltas a la cancha…
Dos segundos después de que lo saqué un profesor apareció muy enojado
regañando a los mellizos sobre porque no cumplían con las obligaciones de la clase,
como dejar el salón cerrado y entregar las llaves en la oficina de los profesores
―En castigo corran 10 vueltas en la cancha ¡ahora!―les gritó el profesor, ambos
chicos salieron disparados a cumplir el castigo mientras vociferaban lo malo que yo era,
volví a meter la mano en la bolsa de chocolates
―Si sale verde, todo se va a arreglar―dije, pero cuando saque la mano para ver
que había agarrado, había salido una bolita roja otra vez.

―Por favor deje de llamarme estudiante―le dije mientras me sentaba frente a


él en aquella cafetería a la que habíamos entrado. Nos sentamos junto a la ventana y se
podía ver cómo la gente se paseaba de aquí para allá por el centro comercial, una
mesera vino y nos tomó el pedido, dos cafés negros y galletas pidió aquel hombre,
como si supiera que me gustaba comer galletas junto con mi café
― ¿Cómo te llamas?―dijo el sujeto mientras metía sus gafas oscuras entre sus
ropas
―Catherine―respondí, hice silencio un segundo como si no supiera que decir
hasta que me di cuenta de que estaba viéndome como si fuera descortés: ― ¿y usted?
―Vaan― se acomodó en la silla y sonrió amablemente de pronto: ― bueno,
creo que ahora no somos desconocidos…
Asentí, pero no supe que más decir, no era buena entablando temas de
conversación con gente a la que no conocía más que de nombre
― ¿Por qué no estás en clases?―preguntó de pronto, en eso la mesera vino y
puse nuestra orden sobre la mesa
―He tenido algunos problemas supongo―dije bajando la cabeza, me sentía
mal, mal porque al menos debería aprovechar los pocos días que me quedaban si no
me daban la beca, trate de sonreír pero ya no me salía
―Parece que ha sido difícil―dijo Vaan, solo volví a asentir― porque no
comemos, al menos puedo ayudarte a sentirte mejor así…
No era solo la escuela, era todo, todo estaba mal.
Cathy no volvió después de todo, justo como predecí, pensé en irme al
departamento por si ella estaba esperando allí, al fin al cabo no tenía llaves y me
necesitaba para poder entrar, pero yo también estaba enojado ahora por haberse ido,
por haberme dejado preocupado, porque si, estaba preocupado
― ¿Te vienes o no?― dijo Lan empujándome con fastidio. Los miré un segundo
― ¿de qué están hablando?―en todo este rato, solo pensaba en que ella no
había vuelto a la escuela y que no sabía dónde podía estar
―Al centro comercial… a la tienda de juegos―dijo Ariel insistentemente
A la mierda, pensé, si está afuera del departamento que siga esperando. Los
seguí hasta el lugar y subimos al segundo piso donde estaba la tienda de juegos, por el
pasillo contrario a uno de los tantos café que había en este lugar, entonces la vi, muy
sonriente hablando con el tipo de esta mañana, el tipo de mis recuerdos. Empecé a
acercarme invadido por una sensación agria en la garganta ¿Quién era? ¿Cómo es que lo
conocía? ¿Había pasado todo este tiempo con él? Después de que estuve todo el puto
día preguntándome si ella estaría bien o no y ella le sonreía a cualquier persona que le
invitaba un café, ¿así que así era como esto iba a ser? Y de pronto, estuve dentro del
café y mi puño estaba en la cara del tipo y los vidrios de la ventana se rompieron por la
fuerza con que se azotó luego de que le pegué
― ¡qué estás haciendo!―me dijo Cathy un tanto asustada, pero la ignoré, el tipo
me miró con odio y me golpeo de vuelta, ella se llevó las manos a la cabeza y nos gritó:
― ¡Ya basta!
El sujeto se abstuvo de golpearme otra vez cuando ella lo pidió, mientras las
meseras y las personas se agolpaban a ver el escándalo, pero yo seguía enojado,
entonces la agarré de la mano y me la llevé de allí sin pensar en los destrozos que
acababa de hacer o en la persona que acababa de golpear. Corrimos fuera del centro
comercial y entramos en la estación hasta los andenes, nos subimos en el primer tren
que pasó, entonces la puse contra las puertas
― ¿así es como vas a actuar cuando te enfades?― le reñí: ― yéndote con el
primer tipo que te trata amablemente ¿Dónde pensabas ir con él después? ¡Si quiera te
fijaste que era mayor que tú!
Ella estaba un poco en shock por el golpe que el di al tipo, hasta que reaccionó y
me dio una bofetada, entonces yo la besé pero ella se resistió y me empujó
― ¡No tenías que ponerte así! Solo bebíamos café―me gritó
―No me importa si solo bebían café ¡no te quiero cerca de otros hombres!
―me sorprendí de mis propias palabras. Así que por eso era por lo que estaba enojado
exactamente, entonces traté de rectificar lo que acababa de decir: ― es por confiar en
cualquier persona que pudiste haber terminado muerta en una zanja
Ella bajó la cabeza y respondió: ― era una persona amable…
― ¡no sabes si lo era!―volví a reñir
― ¡Lo era! ¡Lo era! No como tú― me gritó.
Entramos al departamento gritándonos y riñéndonos, yo usando todo tipo de
excusas y ella sacándome en cara lo horrible que yo era, pero nuestras palabras no
tenían mucha relación con nuestros actos. De pronto dejamos de gritarnos, ambos
estábamos en mi cuarto medio desnudos, yo sobre ella, ella con la respiración agitada y
lágrimas en los ojos
― ¿Qué estamos haciendo?―dijo bajando el tono de su voz
―No tengo idea―le respondí pasando mis dedos por entre sus pechos, luego
pase mis labios por el mismo lugar, mientras ella se estremecía y ponía sus manos en mi
espalda
― ¿y porque no puedo negarme?―preguntó,
―tal vez porque te gusta lo que te hago―respondí. La miré a los ojos y le robe
otro beso de su boca, luego fui a su cuello, luego seguí bajando hasta sus pechos y
luego hasta su estómago, donde me detuve
― ¿Es mucho pedir?―le dije.―que al menos seas solo mía por un tiempo
― ¿para qué? Para que me trates como tu juguete…―me discutió ella. Volví a la
altura de su rostro para verla a los ojos y comenté con cierta suficiencia:
―Así que es por eso―le dije―porque te dije que no podía enamorarme de ti…
Ella me hizo a un lado y se sentó en la cama, solo tenía puestas las pantaletas y
yo estaba desnudo. Ella se metió en la cama cubriéndose con las sabanas y me miró:
―No me interesa que alguien como tú se enamore de mi―respondió, luego
bajó la cabeza, se veía triste y volvió a repetirlo con la misma sensación que aparentaba
sentir. Me acerqué y la besé en los hombros, la atraje hacia a mi hasta que quedo
sentada en mis piernas, viéndonos frente a frente
―Solo te lo voy a decir una vez, no esperes más que esto de mi ¿de
acuerdo?―ella no se movió ni un centímetro: ― me gustas, lo bastante como para no
querer que nadie se te acerque y lo siento si he tenido la culpa de las cosas que te han
pasado hasta hoy…
Ella bajó la cabeza y yo la abracé, luego agregué: ― no eres una distracción, así
que no vuelvas a beber café con tipos que no conoces… o me volveré un criminal…
Volvimos a besarnos, otra vez con más urgencia que la anterior. La empuje
contra las almohadas y le quite la única prenda de ropa que le quedaba encima, ella me
besó incluso si yo la dejaba después, ella me beso con todas sus fuerzas, quizás yo
también era importante para ella, lo bastante como para ser deseado por ella. La tomé
por las piernas y se las separé mientras nos besábamos, creí que podría ir así de lejos,
pero cuando estaba a solo unos centímetros de entrar allí, unos golpeteos terribles
invadieron todo el departamento. Cathy y yo nos miramos, era lo bastante escandaloso
como para alertar a cualquiera, entonces ella me empujó y empezó a tomar su ropa, yo
por mi parte empecé a buscar mis pantalones y una camiseta cualquiera, daba igual
¿Quién podía estar haciendo este escándalo? ¿A quién le apuraba tanto entrar al
departamento?

La Jaula

―Esto es culpa tuya desde el principio, así que ni siquiera te atrevas a mirarme a
los ojos―me dijo parándose en la puerta e impidiéndome salir detrás de los sujetos
que se llevaban a Lian del departamento. No puedo negar que me sorprendí, era la
primera vez que lo expresaba abiertamente, que yo no le agradaba, que de hecho, no
me soportaba.
Él se dio media vuelta para marcharse también, pero mi reacción fue extraña,
como un reflejo, como si no fuera la primera vez que tuviese que pasar por esta
situación, pero no había que olvidar que posiblemente no lo era, como todo lo demás,
solo eran las cenizas de un recuerdo que ellos estaban tratando de pisotear, y lo agarré
del brazo tratando de detenerlo, como si quisiera algún tipo de guía, como si él quisiera
ser amable conmigo
―Espere…―dije de forma precipitada, pero él no volteó a verme, a cambio
hizo un movimiento brusco para que lo soltara, pero yo traté de mantenerme firme―.
¿Qué tengo que hacer? Dígame ¿Cómo puedo sacar a Lian de esto?
El me miro de reojo, con superioridad como si estuviera diciendo una idiotez
― ¿salvarlo tú?―replicó.― ¿podrías ser más estúpida?
Habiendo dicho eso se marchó, dejándome sola y culpable, él me culpaba por lo
que fuera a pasarle a su hijo, porque quizás lo que viniera de aquí en adelante salía de
su poder, pero no podía quedarme así, estaba cansada de siempre quedarme así,
quizás desde una vida atrás venía quedándome en esta posición que me hacía darle la
razón.
Cuando me hallé en la entrada de la Mansión Luces Nocturnas me acobardé un
poco, que se suponía que podía hacer ―pensé― y traté de mantenerme firme, porque
sabía que sería rechazada por todo el mundo apenas pusiera un píe adentro, pero
también sabía que no podía dejar que eso me afectara.
No lo pensé ni un momento más, solo me fijé en lo grande que era, en lo lujoso
que era, obvie la presencia de cualquiera que mirara, de cualquier murmullo extraño,
como si no hubiera nadie a mi alrededor. Recordaba que cuando me trajeron aquí, me
llevaron escaleras arriba, así que supuse que podría conseguir algún tipo de
información si subía, entonces me dispuse a hacerlo aunque las piernas me temblaban
porque tenía miedo, les tenía miedo a ellos aunque me lo estuviera negando todo el
tiempo
― ¿Qué estás haciendo?―aquella voz tan conocida, era Ariel. Voltee sin pensar
tragándome las lágrimas que amenazaban con asomarse y lo miré, entonces el insistió:
― ¿Qué haces aquí?
Tragué saliva y con un hilo de voz respondí: ―…Lian
Ariel no tenía idea, el solo venía aquí porque Lan venía aquí, porque su padre lo
hacía, y su madre también, y cuando se lo explique, fue como si se transformara. Me
agarró del brazo y me llevó escaleras arriba, como si no hubiera problema en
mostrarme todo el lugar. Entramos en una habitación muy grande, era una oficina
cubierta de estanterías con libros, tres hileras enormes y una ventana que dejaba entrar
la luz del sol apenas, pues estaba un tanto mal ubicada, Faris estaba allí sentado frente
a su escritorio, había dos tazas de café y del otro extremo del buró estaba ese sujeto al
que Lian había golpeado, por un momento olvide su nombre a pesar de su cara familiar
― ¿Qué estás haciendo aquí?―dijo Faris mirando a Ariel como si quisiera
matarlo
―En serio todavía preguntas―se quejó― ¡¿Qué le has hecho a Lian!?
Faris me miró con cierto desprecio como si creyera que yo había ido corriendo a
contarle a todo mundo, pero todos sabíamos que tarde o temprano de todas formas se
iba a saber, que había encerrado a su propio hijo en una jaula, justo como lo había
hecho conmigo
― ¿No podías ir más rápido a contarle?―exclamó con cierto tono, como si
quisiera cortarme con las palabras, pero no le respondí
― ¡Tienes que sacarlo ahora!―dijo Ariel y antes de que Faris pudiera dar
cualquier respuesta, el otro sujeto… Vaan, interrumpió
―No puede sacarlo de ahí
―Claro que puede―dije. ―Faris tiene un cargo de poder… tiene que sacar a
Lian de allí
Pero Faris guardó silencio, porque Vaan tenía razón, no podía solo soltar a Lian y
hacer borrón y cuenta nueva
―Lamento que esta vez tu padre no pueda ir por encima de las reglas―dijo
Vaan con cierto aire de satisfacción: ―Pero Lian cometió una falta más grave que
simplemente golpear a alguien…
Me acerqué a Vaan, incluso aunque Ariel quiso que me quedará atrás y le
interrumpí: ― ambos vimos lo que pasó, es cierto que Lian lo golpeo pero no fue más
allá de eso, encerrarlo es demasiado, tienen que sacarlo
―El problema no es que me haya golpeado―dijo Vaan tranquilamente, como si
el hecho de que yo estuviera alterada no le importara en absoluto y sabía que no tenía
que importarle, pero aun así algo en mi cabeza decía que eso no era posible: ― el
problema, es que me golpeo a mí…
Faris hizo un ruido con su respiración, un resoplido fuerte como si algo lo
molestara demasiado, bebió algo de café y luego azotó fuertemente la taza contra el
platillo, parecía que apenas estaba controlando su rabia
―El problema con ustedes los Savard es que no saben controlar la ira, por eso
se meten en problemas que no pueden arreglar. Quisiera poder ayudarte con Lian, pero
ciertas personas tienen que aprender a no pasar por encima de las reglas. Para la mala
suerte de Lian, no golpeo a un don nadie de cualquier lugar, me golpeo a mí, Vaan Alais,
el líder de una casta asesina, y si ustedes no quieren más problemas de los que he
sabido que ya tienen, mejor manténgalo encerrado, porque los míos y yo, si lo vemos
dando vueltitas por ahí… pues…―Vaan removió su chaqueta un poco mientras decía
lo último y nos mostró un grueso cuchillo dentado de color plateado que tenía gravada
la palabra “Hate” en mayúsculas.
Por eso Faris no hacía nada por Lian, de cualquier forma en la que viéramos una
solución, Vaan lo tenía muy bien amenazado, lo suficiente como para que Faris
inmolara a su propio hijo para salvar al resto de su familia.
Vaan se levantó de su asiento y miró a Faris con cierto triunfo, como si hubiese
estado esperando esto:
―En fin, gracias por el café… ―luego nos miró a Ariel y a mí como si
estuviéramos hablando de frutas y verduras y agregó: ― De cualquier forma, sí Lian no
es castigado adecuadamente por el comité de Las Luces Nocturnas, y lo dejan
sueltecito por ahí, me voy a cargar a cada Savard del mapa y voy a decorar esta mierda
de mansión con sus viseras, y además voy a estar en mi derecho legal…
Si el mundo no supiera de qué estaba hablando, habrían pensado que nos
deseaba felicidad a todos. Faris me miró un momento como si me culpara en algún
nivel y la puerta de la oficina hizo un ruido sordo al cerrarse detrás de nosotros cuando
Vaan abandono la habitación. Ariel se acercó al escritorio lentamente entonces
―Dime que no era en serio lo que dijo ese tipo―dijo alarmado
―Oh, era tan en serio como que ya lo ha hecho antes…―le respondió.
―Si lo hubiese sabido, jamás habría cruzado una palabra con el―sentía que se
me acababa el aire, de repente la habitación era muy pequeña, o yo era muy
pequeña… no lo sé
―Por supuesto no lo sabias―dijo Faris sin mirarme―por supuesto como
siempre no lo sabías…
― ¿Qué le va a pasar a Lian?―Preguntó Ariel, pero Faris se quedó en silencio.―
¡Papá! ¡¿Qué le va a pasar a Lian?!
Pero Faris no le quiso responder, seguramente porque nada bueno iba a pasarle,
porque iba a ser más que un castigo sencillo, porque Vaan se estaba encargando de
que así fuera
―Voy a hablar con él―dije sin pensar. Porque pensé que a lo mejor podía hacer
que cambiara de opinión, porque él había sido amable conmigo antes
― ¿y de que vas a hablar con él?―Faris estaba dolido y furioso, impotente…
―Voy a tratar de convencerlo de que esto es demasiado…―respondí. Faris
soltó una carcajada, como si yo hubiese dicho un chiste, uno muy bueno
―Si para empezar, te hubieses quedado sentadita con el hijo de puta de Len,
Vaan ni siquiera habría venido hasta aquí… ―dijo Faris dándole un golpazo a su
escritorio: ― Solo porque tú estás aquí, hemos tenido todos estos problemas, así que
hacenos un favor a todos y vuelve al agujero de donde saliste para que todo vuelva a la
normalidad
Me quedé callada, aquello me sorprendió, sospechaba que no era del agrado de
Faris pero nunca me puse a pensar sobre a qué punto este hombre me odiaba
― ¡Papá!―dijo Ariel tratando de defenderme, pero Faris no le permitió hablar
― ¡¿quieres saber la verdad?!― exclamó furioso mirándonos a ambos: ― la
verdad, es que si ella nunca hubiese aparecido, si nunca hubiese venido a nuestra casa,
Lian no habría seguido metiéndose en problemas, si ella se hubiese quedado con Len,
justo como tenía que ser, todos estaríamos viviendo tranquilos, sin tener que
preocuparnos por la sobrevivencia completa de la familia, porque Vaan jamás habría
venido aquí… ¡tú mocosa! ¿Quieres hacer algo por Lian? Entonces regresa con Len y
nunca más vuelvas a mostrar tu cara por este lugar, nunca más te acerques a ninguno
de mis hijos, tu, ni a nadie de mi familia… eso es lo mejor que puedes hacer
Aquello me dejó lo suficientemente sorprendida como para dejarme sin nada
que responder, lo suficiente como para salir huyendo de la oficina, bajar escaleras y
alejarme al menos 100 metros de la mansión, lo suficiente como para cumplir una parte
de su petición, desaparecer y nunca más acercarme a nadie de su familia, nunca más
volver a ver a Lian.
Mi pecho dolió.
Ariel me siguió para detenerme antes de que decidiera irme de la mansión
―Si le haces caso ahora, vas a dejar que el gane―me dijo para que recuperara
la cordura: ―Tenemos que convencer a ese sujeto de que perdone a Lian, si él lo hace,
entonces el comité lo hará y Faris podrá hacer algo por Lian
―Pero…―dije ya dudando de todo lo que creía, porque aunque Vaan pudiera
fingir mucha amabilidad, no sabía que tanto iba a estar dispuesto a ceder
―Tú tienes razón, al menos tenemos que tratar de convencerlo―dijo Ariel
sacudiéndome un poco para que reaccionara
―Pero Ariel…―dije dubitativa. Él me soltó, parecía un poco decepcionado y su
aspecto era insoportable porque éramos amigos y me preguntaba si el me odiaría
también por esto. Pensé que quizás podía intentarlo al menos y sí no, quizás Faris tenía
razón y lo que tenía que hacer era desaparecer o como él dijo, quedarme junto a Len.
―Vale…―dijo Ariel tratando de esbozar una sonrisa amable: ― porque no
esperas en el café, y yo iré a llamar a Lan y haremos esto entre los tres ¿de acuerdo?
Solo pude asentir moviendo la cabeza, aunque le estaba mintiendo, tenía que
hacer esto yo sola. Cuando él me dejó, me dirigí de vuelta a la mansión y entré en el
café, miré por sobre las mesas, cuando vi a Vaan revolviendo su café tranquilamente,
como si justo recién no hubiésemos hablado de nada importante, me acerqué hasta el
sorteando las miradas furtivas de quienes eran demonios y creían que yo no valía nada.
Vaan me miró amablemente cuando me detuve frente a su mesa
― ¿Nos tomamos un café?―dijo como si nada más estuviera pasando. Me senté
frente a él, y de inmediato le hizo una seña al mesero, este se acercó rápidamente
preparando su libreta y lápiz: ― Sírvele un café a la señorita
El mesero me miró un momento como estudiándome y luego respondió: ―Lo
siento pero no servimos a…
No alcanzó a terminar de hablar, porque Vaan lo interrumpió apuntándolo con
su cuchillo: ―He dicho, tráele un café a la señorita…
Trate de que aquello no me intimidara, me concentré en lo pálido que se había
puesto el mesero, con la palabra hibrido en la punta de la lengua
―Por supuesto, ¿Qué tipo de café desea la señorita?―dijo cambiando
totalmente de actitud
―Un café negro está bien―respondí. El sujeto lo anotó rápidamente en su
libreta y salió disparado hacía la cocina, mientras Vaan puso el cuchillo sobre la mesa y
bebió algo de café como si cualquier cosa pasara
―Qué me dices de este servicio tan malo―dijo sonriendo: ― hace unos años,
daba gusto servirse algo aquí, pero ahora, creo que me bebo el café más por lástima
que otra cosa
― ¿No te gusta esta mansión?―pregunté
―La odio―respondió secamente, la actitud de Vaan era como un torbellino, era
cierta fiereza mezclada con amargura, como si tuviera puesta una máscara y no
pudieras saber realmente como se sentía o que era realmente lo que quería.
―sí la odias ¿Por qué vienes aquí?―Vaan era una persona extraña
―Por mi hija…―respondió y solo por un momento me pareció ver un destello
de tristeza en su cara, solo por un momento fue como si se le cayera la máscara
― ¿tu hija? ¿Tienes una hija?―pensé en que alguien como él podía tener familia
después de todo
―Dos en realidad, pero venir aquí me hace sentir cerca de una de ellas…
―Vaan parecía dolido: ― odio este lugar, pero a ella le encantaba, por eso vengo
aquí…
Nos quedamos en silencio hasta que vino el mesero y trajo consigo el café que le
pedí. Aquello rompió el silencio incomodo que se había producido, porque de repente
se sintió muy fuertemente una sensación de dolor y tristeza. Como hablo de su hija en
pasado, supuse que algo debió pasarle a ella, quizás la había perdido.
―En fin―dijo volviendo a actuar con esos aires de superioridad: ― supongo
que si estas sentada aquí ahora, es porque quieres que cambie de parecer…
―Dime que tengo que hacer―exclamé sin siquiera tocar el café: ― para que
puedas perdonar a Lian y a su familia
― ¿hacer?―Vaan parecía contrariado: ― Lian encerrado o libre, es igual para mí,
si tengo la oportunidad de deshacerme de él, la tomaré…
―Lo que pasó ese día fue porque Lian se estaba desquitando conmigo―le dije:
― de otra forma, el no habría actuado así, a la persona a la que quería golpear era a
mi…
― ¿y este bien con eso?―dijo Vaan: ― ¿estás bien con que él te trate así?
―No estoy bien con que él me trate así, pero eso es algo entre él y
yo―respondí:― es algo que yo tengo que solucionar, no necesito a nadie para que me
defienda…
Era cierto, estaba cansada de ser defendida, de ser tratada como una damisela
en apuros, quería salvarme yo misma y también quería salvarlo a él
― Esa necesidad de suficiencia que tienes no te va a llevar a ninguna parte―dijo
Vaan: ― eres muy inocente si crees que Lian puede ser salvado, incluso por ti… él está
condenado en todas las formas posibles…
―Vaan, haré lo que sea, lo que sea, con tal de que dejes a Lian en paz―dije, y
quizás fue precipitado, porque lo que me pediría sería difícil para mí, desde cuando me
había vuelto así de impulsiva
―En serio ¿cualquier cosa?―dijo Vaan con curiosidad
―Cualquier cosa―respondí con firmeza, ya no podía echarme para atrás con
esto, no iba a rendirme tan fácil.
Vaan tomó su cuchillo y deslizó sus dedos por sus afilados dientes.
―Desaparece pues, de la vida de la familia Savard, desaparece de la vida de
Lian, no vuelvas a verlo, no vuelvas a hablarle, no te acerques a él, haz que parezca
como si tu no existieses
Y aquellas palabras nos llevaban al principio de esto, cuando Faris me dijo que
regresara con Len y me alejara de sus hijos
― ¿Sí hago eso, dejarás a Lian y a su familia en paz?
Vaan asintió: ― Será perdonado por mí y su padre lo dejará salir, después de
todo él es la debilidad de Faris…
Mi corazón dolió y me pregunté qué tanto querría a Lian si estaba dispuesta a
esto, me pregunté si el resentiría mi ausencia, pero no recordaba haberlo hecho sonreír
o haberlo oído decir ni una sola vez que disfrutara estar conmigo, ambos éramos solo
una pelea constante, un tira y afloja entre la pasión de Lian y lo débil que yo era para
enfrentármele, y aun así sentía que estaba a punto de arrepentirme de esto, aunque
también parecía tan sencillo, a un paso de terminar tan fácilmente, ir con Len para que
todo esto acabara de una forma u otra.
―Tienes un trato entonces―dije tomando el aza de la taza de café
― ¿Y cómo sé cuánto vale tu palabra?―dijo Vaan reclinándose en su asiento
―Porque será como si nunca nos hayamos conocido… ―respondí y bebí un
sorbo amargo de café.


Tiré de las cadenas que tenía en los pies pero no hicieron más que formar un eco
molesto por toda la jaula, ― ¿estaría ella bien?― me pregunté mientras dejaba los
brazos descansar sobre mis rodillas. Esperaba que Faris no le hubiese hecho nada,
esperaba que solo fuera una situación invertida, y esperaba que no estuvieran tratando
de hacer nada para sacarme de aquí, porque esta era mi única oportunidad de
redimirme por completo, con ella y con todos.

Salí de la mansión y pude ver a lo lejos a Ariel hablando con Lan, ambos se veían
preocupados y no se habían dado cuenta de que los observaba. No esperaba que lo
hicieran, quería que siguieran hablando como si nada, pero de pronto Ariel se volteó,
me hizo una seña para que me acercara a ellos. Cuando fui hacía allí Lan me abrazó
―Lo siento, lamento todo lo que has tenido que pasar―dijo, en su voz sentí lo
sincero que estaba siendo
Me alejé de él: ― No tienes que disculparte, ninguno de ustedes me ha hecho
nada
―Ariel me dijo como te trató nuestro padre―replicó preocupado.
―No fue nada… Ariel, en serio no fue nada, ninguno de los dos tiene que
preocuparse por mí― insistí.
Los chicos se miraron entre ellos como si no entendieran que no estaba enojada,
incluso aunque sabía que tenía que estarlo, no sabía porque no lo sentía, ni una pizca
de resentimiento ¿acaso la sentiría después?
―Bueno, entonces ¿Cómo vamos a convencer a ese sujeto?―dijo Lan
cruzándose de brazos, como si no tuviera ideas
―No se preocupen por eso―dije antes de que pudieran pensar en nada, ambos
chicos parecieron sorprendidos: ― Ya lo he hablado con él, va a dejar a Lian en paz…
― ¿Qué? ¿En serio? ¿Así de fácil?―dijo Ariel sin poder creerlo
―Solo denle hasta mañana…―dije tragándome las lágrimas que se estaban
agolpando en mi garganta
Lan me agarró del brazo y me miro seriamente: ― ¿Qué te ha pedido?
No me esperaba que lo sospechara, ni mucho menos que se diera cuenta ― ¿tan
mala me había vuelto ocultando mis sentimientos?― pensé.
―No me ha pedido nada, en serio… ―respondí:― solo hemos hablado y ha dicho que
lo dejará, ustedes no se preocupen.
Y las despedidas tampoco se me daban bien.
No fue tan difícil convencerlos, pero al final accedieron a confiar en lo que les
decía, en creer que Vaan podía ser una buena persona ¿lo era? Me pregunté, y si lo era
porque me estaba obligando a hacer algo que de hecho me estaba costando
―Voy a irme al departamento ahora a coger algunas cosas para Lian y volveré
mañana por la mañana ¿nos encontramos aquí?―dije y hasta sonreí con satisfacción,
claro hasta yo quería creerme que Vaan estaba haciendo esto a cambio de nada.
Ambos chicos asintieron, parecían satisfechos, felices, a su hermano no le
pasaría nada. Todo iba a seguir como siempre.
― ¿quieres que te llevemos?―dijo Lan
―No, la verdad es que quisiera caminar hasta la parada de buses, aun me siento
algo agobiada con todo lo que ha pasado hoy―dije:― ¡pero nos vemos mañana! ¿Vale?
Ambos chicos asintieron y se despidieron con un movimiento de manos,
mientras yo me alejaba lentamente por la acera y mientras me iba alejando, más difícil
era negarme a mí misma, que esto era quizás lo más difícil que había hecho nunca. Me
acababa de dar cuenta que lo quería, más que a cualquier persona que había conocido
nunca y me sentía muy estúpida mientras me secaba las lágrimas en el bus e intentaba
de mantener un semblante sereno, más difícil fue entrar al departamento y darme
cuenta de que había prometido no volver a Lian nunca. No solo eso, había prometido,
no volver a tener amigos tan valiosos como los que habían hecho gracias a él, no solo
estaba arrebatándome a Lian, sino que también a Lan y a Ariel, a Lexis y a Adán. Las
únicas personas en la vida que pude llamar mis amigos.
Tomé mi mochila de la escuela, encontré la caja que había comprado esta
mañana, y parecía que había sido hacía días, la deje junto a la mesita de noche de Lian, y
luego metí mis cosas de la escuela, algo de ropa y me dirigí a la puerta nuevamente.
Miré el departamento por última vez. Lian había comprado dos de todo cuando
empecé a quedarme con él
“Sí necesitas algo en específico solo pídemelo”
Miré la cocina, las tazas del desayuno aún estaban ahí sucias. Las miré un
segundo y puse mi mochila en el suelo, pagué mi última renta dejándolas limpias sobre
la alacena.
Entonces abandoné el edificio sin mirar atrás.

Venganza
Dormí un rato, me pareció que fueron quince minutos pero la verdad es que
fueron alrededor de ocho horas y quizás habría continuado, si no hubiese sido porque
el inútil de mi padre apareció junto a uno de sus matones abriendo la puerta
escandalosamente, le miré de reojo pero no le dirigí ni una palabra, no fue necesario
―Estas libre―dijo secamente mientras me quitaba las cadenas de los pies y no
pude evitar decir en voz alta:
― ¿Qué? ¿Así de fácil?
Faris se cruzó de brazos y respondió: ― ¿Acaso quieres quedarte aquí?
―No, no es eso…―dije levantándome del suelo y sacudiéndome el polvo de la
ropa: ― solo esperaba algo más de drama…
Él no dijo nada, pero hubo algo raro en su cara, una expresión rara que no había
visto antes o al menos, no me acordaba reconocerla de nada. Los seguí a la salida,
donde Ariel se me lanzó al cuello como un perrito o algo así, Lan solo me miró con su
desprecio habitual
― ¡estábamos tan preocupados!―dijo Ariel sacudiéndome. No dije nada, más
bien, estaba buscando a alguien que faltaba en el cuadro
―Ella dijo que se encontraría con nosotros aquí esta mañana―dijo Lan mirando
hacía la puerta principal de la mansión: ― pero, no ha venido, ni nos contesta las
llamadas
Hice un ademán de fastidio y respondí: ― ¿Quién está preguntando por ella?
―Pues deberías…―dijo Ariel soltándome los brazos, pero no entendía a que se
refería: ― seguirías pudriéndote allá abajo si no fuera por ella
Justamente lo que no quería que hiciera.
Le pedí su teléfono a Ariel y la llamé pero nadie respondió, entonces empecé a
impacientarme
―para que tiene teléfono si jamás me contesta―gruñí.
―Intenta del tuyo―dijo Lan encogiéndose de hombros. Verdad, podía
intentarlo, pero lo había dejado en el departamento cuando ellos fueron a buscarme,
de igual forma no me habría servido de nada, porque Faris me lo habría quitado
―No te pongas nervioso―dijo Lan de pronto: ― ayer fue un día difícil, seguro
que se quedó dormida…
Claro, el departamento, ella tenía que estar allí. No lo pensé mucho y me fui sin
decir nada. Porque tenía una sensación rara, de que yo no tenía que haber salido de esa
caja y que ella tenía que responder el teléfono por muy dormida que pudiera estar,
porque si no era de esa forma, el mundo no estaba en orden entonces. Entré en el
departamento, lo primero que noté fueron las tazas limpias en la alacena y eso me
calmo un poco, porque si estaba aquí, había limpiado un poco, porque era lo que
siempre hacía.
Fui a mi habitación, pero estaba vacía― por supuesto que esta vacía, ella tiene
su propio cuarto―pensé, y fui a la puerta de enfrente, pero estaba vacío, más
desocupado que de costumbre, porque no había ningún cuaderno, y las mantas
estaban dobladas sobre el colchón, era una cama desarmada. Volví a mi cuarto y miré
todo con atención como buscando algo, una nota, algo que me dijera que todo estaba
como siempre.
Lo único diferente, fue una caja que estaba sobre mi mesita de noche, la abrí
buscando algo y solo vi un mazo de cartas, eran cartas de tarot que se me hizo
extrañamente familiar, pero no tenía tiempo para esto. Busqué mi móvil por el cuarto,
estaba metido entre las almohadas de la cama, empecé a llamarla incesantemente
hasta que luego de varios intentos ella atendió:
―Dime que estás en la mansión―dije tropezando por el cuarto y dirigiéndome
a la puerta, iba a ir a buscarla
―No Lian, no estoy en la mansión―replicó secamente.
― ¿Dónde estás? Iré a buscarte…
Pero ella no respondió, pareció como si no hubiera nadie del otro lado del
teléfono
―Lian…―dijo de pronto. Y yo esperé a que solamente estuviera enojada por
cualquier otra cosa, pero no era eso: ― no vuelvas a llamarme…
La llamada se cortó y pensé en todos los errores que cometí hasta hoy para que
ella hubiese decidido alejarse de mí, a pesar de que ella había prometido que se
quedaría conmigo, a pesar de que estaba pactado con sangre.

Len puso frente a mí una taza de té rojo y luego puso dentro dos cubos de
azúcar que fueron desapareciendo poco a poco en el líquido hirviente
―Aun te gusta con dos de azúcar ¿no es así?―preguntó sin mirarme, a lo que yo
solo respondí con un apagado sí.
―Me sorprende que estés aquí después de todo lo que ha pasado―comentó,
―sobre todo porque creí que habías tomado una decisión
―La última vez que nos vimos dijiste que te debía algo, desde entonces me he
estado preguntando que podría ser ―dije mientras revolvía el té, para que el azúcar se
mezclara con la esencia
― ¿Y pudiste llegar a alguna respuesta concreta?
Sacudí mi cabeza negándolo.
―Creo que te he hecho daño, antes y ahora― puse la cucharita sobre el platillo:
― y creo que por eso estás vengándote de Lian, en vez de vengarte de mí…
Len sonrío, pero había algo en su cara, una sonrisa vacía, dolida y con cierto odio
que calaba los huesos, porque hasta entonces no pensé en lo peligroso que podía ser la
persona que llamé hermano mayor por tanto tiempo
―No estoy vengándome de Lian, estoy vengándome de ambos… porque todo
lo que él sufra, tú lo sufres el doble y así mismo, todo lo que tu sufras, él lo sufre el
doble, es la mejor sinergia que vi nunca― fue como si hablara de nada, como si el
corazón de Len estuviera torcido, como su alma, torcida también.

Volví a la mansión pensando en exactamente qué había pasado mientras estuve


encerrado y la única respuesta que tenía más sentido en mi cabeza tenia nombre, se
llamaba Faris y estaba sentado en su oficina, viviendo su maldito mundo de unicornios y
arcoíris.
Fui como un torbellino y lo agarré del cuello de la camisa levantándolo de la silla
― ¿Qué fue lo que dijiste?―gruñí
― ¿a quién?―dijo sin siquiera inmutarse
―Cathy. Ariel me lo dijo, que la culpaste por esto―respondí
―Si ya sabes lo que pasó no entiendo que es lo que me estas preguntando
― ¡Quiero saber qué plan maquiavélico llevaste a cabo para que ella decidiera
que no quiere que la vuelva a llamar…!
―Bueno, vale―dijo soltándose y empujándome contra la silla: ― es cierto que
dije un par de cosas un poco bruscas, pero no hicimos ningún trato. El que te hayan
soltado es toda obra de Vaan
― ¿Vaan?―pregunté.
―Alto, cabello castaño, ojos cafés, motocicleta ruda…lo golpeaste y armaste
un escándalo en el centro comercial― dijo Faris
Lo recordaba, el sujeto raro, al que identifique como su padre, del que no dije
nada, del que no mencioné a nadie que tenía un recuerdo
― ¿Dónde está?―pregunté
―Buena pregunta… se estaba hospedando en un hotel cerca de tu escuela…
¿cómo se llama el lugar?
Faris se puso pensativo como si estuviera burlándose de mí, golpee el escritorio:
― ¡ya dime donde!
―Vale, vale… “La posada”―dijo buscando un papel entre sus cosas: ―puedo
apuntarte la dirección si te…
Pero no terminé de escucharlo y salí corriendo a buscarlo.
En el hotel no querían darme ningún tipo de información, incluso aunque
empecé a alterarme poco a poco y antes de que el lugar ardiera por su falta de
competencia para solucionar los problemas de los demás, aquel sujeto me agarró del
cuello y me arrastró fuera del edificio
― ¿Qué estás haciendo aquí?―dijo mirándome con cara de pocos amigos
― ¿Dónde está ella? ¿Está contigo?―le interrogué
― ¿Ella?―dijo Vaan: ― no, de hecho no la he visto desde ayer cuando
hablamos…creo que realmente lo hizo
― ¿hacer qué? ¿Tú también le dijiste que regresara con Len? ¿Tienes mierda en la
cabeza?
Vaan se puso pálido: ―Yo no le dije que regresara con Len, le dije que…
Pero no termino la frase, se mordió el labio pensativo. Lo tomé por la ropa y lo
sacudí: ― ¿Qué? ¿Qué le dijiste?
―Le dije que hiciera como que nunca se hubieran conocido, entonces yo dejaría
que Faris te soltara… pero no entiendo porque, sabiendo que Len es peligroso, ella
regresaría con él
―Porque Faris le dijo que estaríamos mejor así―respondí.

Len bebió su té con el mismo semblante elegante que recordaba de él antes de
que decidiera el mismo encerrarme en aquella cárcel ese día, para odiarme tanto como
decía hacerlo, se veía muy sereno, tanto que hasta parecía que disfrutaba mi compañía
―De cualquier forma, me sorprende que hayas venido hasta aquí después de
todo lo que ha pasado―comentó
―Me di cuenta de qué quizás nunca debí dejar la casa ese día en primer
lugar―respondí:― Ni relacionarme con Lian o su familia…
―Ni con nadie de las Luces Nocturnas― agregó.
Me quedé en silencio y el continuó: ―Porque de hecho, si hubieras seguido
siendo tan obediente y sumisa como te enseñé, tal vez habría considerado que no es
necesario matar a Lian… otra vez.
Sentí la piel de gallina
―Me pregunto, cuantas veces puedes matar a un demonio hasta que deje de
regresar en una encarnación nueva―dijo llevándose el dedo índice al mentón,
pensativo
―Len…―dije creyendo ilusamente que me escucharía: ―Yo me quedaré
contigo y a cambio tú dejaras a Lian y a su familia en paz…
Pero aquello lo enfureció, las tazas se hicieron añicos sobre el suelo y la mesa se
tambaleo hasta terminar en el suelo, lo próximo que vi fueron sus manos
abalanzándose sobre mi cuello, quedando el sobre mí, como si yo fuera la presa de un
depredador, presionando sus dedos contra mi garganta y cortando cualquier flujo de
oxígeno a mis pulmones, provocando un pánico instintivo de quien va a morir asfixiado,
obligándome a poner mis manos sobre las suyas en un intento inútil porque me soltara
―Me preguntó si es mejor matarte o conservarte viva y hacerte desear estar
muerta―dijo con un frío que aterraba: ― me lo preguntó constantemente, si debería
matar a Lian ahora o primero quitarle todo lo que ama, pero incluso así ustedes se
tendrían mutuamente, me lo preguntó tanto, que no sé cuál de los dos es útil muerto y
cual es útil vivo…
―L-Len…―dije con el poco aire que me quedaba en los pulmones, mientras
sentía como la fatiga invadía mis músculos y me impedía luchar contra él, incluso
intente usar eso, pero parecía que era inmune a ello. Bajé los brazos, y miré a mi
alrededor mientras el presionaba con todas sus fuerzas mi cuello, y sentía como poco a
poco mis huesos iban cediendo, entonces tome torpemente una de las cucharitas que
habían caído de la mesa, lo único que estaba pensando era que necesitaba aire y sin
dudarlo, la use para enterrársela en el cuello con las pocas fuerzas que me quedaban. El
me soltó mientras la sangre saltaba para todos lados y él se ponía la mano en la herida
maldiciendo a toda boca, yo me arrastré lejos de él tosiendo y tratando de recuperar el
aliento
―Lo siento―dije mientras las lágrimas saltaban de mis ojos: ―perdóname…
― ¿Perdonarte?―dijo acercándose a mí y tomándome por el cabello: ― Ojalá
fuera tan solo perdonarte, pero para eso tendría que arrancarte de mí, por eso no
puedo…
Cuando dijo eso, solo por un momento muy corto pude contemplar el corazón
de Len, uno que en algún momento me amó más que a cualquier otra persona, uno a
quién pisotee para proteger mis propios sentimientos de la forma más egoísta posible.
Él se quitó la cuchara del cuello y algo de sangre mancho sus manos. Con esas manos el
tironeó de mi cabello hasta que estuve a centímetros de él, tan cerca para ver sus ojos
azules y cada fibra de su cabello dorado, por ese instante parecía que sentía, parecía
que había mucho más que odio en él, parecía que iba a decirme algo
― ¿señor está todo bien allí dentro?―dijo su secretaria desde fuera, dando
golpecitos a la puerta. Len me soltó y se levantó del suelo con el cuello de su camisa
bañado en sangre, supe entonces que ese esbozo de corazón se había ido otra vez y
que eso me ponía en peligro de nuevo.
Len abrió la puerta, en lo que yo tomé mi mochila.
― ¿Señor, está bien? ¡Cielos, su camisa!―dijo la mujer
―No es nada―respondió él tranquilamente, entonces yo lo empuje y pasé
entre él y la mujer huyendo hacía las escaleras de emergencia, temiendo que donde
fuera el pudiera alcanzarme y hacerme daño de nuevo.
Empecé a sentirme confundida y corrí por las calles sin saber a dónde iba ni que
estaba haciendo, preguntándome sobre lo que yo le había hecho a Len y cuanta
responsabilidad tenía sobre la persona en la que se había convertido. ¿Cuánta justicia
habría en su venganza? ¿Cuánta razón tendría el para vengarse? ¿Pero que había de
Lian? ¿Él también tenía derecho a vengarse, porque Len le arrebató a Jane? Pero Lian y
yo antes…
Oí el ruido de una bocina que me aturdió y me hizo quedar congelada en medio
de la calle, era un taxi y una chica muy guapa bajó de él. Ella tenía el cabello negro y la
piel como de porcelana, cualquiera diría que era una muñeca viviente. Su expresión era
de preocupación, se acercó a mí y puso sus manos en mis brazos
― ¿cariño estas bien?―dijo con una voz angelical
Apenas asentí y ella preguntó: ― ¿y esa sangre? ¿Estás herida?
Ella pasó uno de sus dedos por mi rostro manchándose con la sangre de Len,
que de hecho era negra, como la de todos los demonios ¿Cómo sabía ella que eso era
sangre? ¿Cómo la había reconocido?
―Yo prometí que me alejaría―dije. Pero ella obvió mi comentario y me
llevo hasta el taxi, me instó a subir repitiéndome constantemente:
―Tranquila, todo estará bien…

Dimos varias vueltas a la ciudad antes de realmente empezar a preocuparme de
verdad. No solo yo estaba buscando debajo de las piedras, ya que me parecía que era el
único lugar donde no había mirado, sino que también había terminado llamando a cada
una de las personas que en estos días se habían acabado involucrando en esta historia.
Primero fue Adán, luego Lexis, luego mis hermanos. De pronto esto se había
convertido en una red telefónica de “alguien vio una chica parecida en tal lugar…”
incluso Vaan, se sentía tan culpable por lo que había provocado que me estaba
ayudando a buscar, porque sabía que tenía un porcentaje de culpa.
Todos la teníamos, Vaan pidiéndole que se alejara de mi para salvarme, Faris
diciéndole todas esas cosas sobre porque ella era de pronto la mente criminal más
peligrosa de la historia, y sobre todo yo porque no podía controlar la persona impulsiva
en la que me había convertido, estaba cerca de reconocerlo, que sí quería sobrevivir a
esta historia, tenía que empezar a usar la cabeza de forma más inteligente.
Pero permítanme una diligencia más.
Cuando entramos en la mansión fui directamente a buscar a Faris, quién no
mostraba ni una pizca de arrepentimiento, de hecho hasta parecía satisfecho
―Un problema menos, para tu lista ¿no?―dije enardecido por la rabia, pero él
no respondió: ― ¿de quién te vas a deshacer después? ¿De mí? ¿Acaso estas siguiendo
un plan de doce pasos?
―Lian tienes que bajarle ―dijo Lan poniéndose entre él y yo para que no fuera
a definitivamente írseme de las manos, las cuales me picaban por botarle todos los
dientes.
―él tiene que bajarle―respondí
―Seguramente está dando vueltas por la ciudad, no creo que realmente se haya
ido a meter a la casa de alguien que la quiere matar…
―No sabemos si realmente él la quiere matar―dijo Vaan pensativo: ― es decir,
ha tenido muchas oportunidades antes ¿o no?
Porque claro, aunque Vaan no me lo había dicho, la persona a la que le dijeron
que su hija estaba muerta era a él, así que ya no podíamos estar tan seguros. Estar
rodeado de tantos padres disfuncionales era realmente agotador
―He puesto a algunos de los míos a buscar―dijo Faris sin mirarme:―
esperamos que aparezca para el anochecer…
― ¿y qué pasa si no?―dijo Vaan
―Entonces ella ha ido con él después de todo… no tengo poder si lo ha
hecho―respondió Faris.
Eso era otra cosa que me molestaba, tener todos esos contactos, toda esa
gente que con una orden se dejaba cortar el cuello y así y todo, Faris no lo usaba para
nada ¿Qué era lo que tenía que pasar para que se decidiera a hacer algo en contra de
ese tipo? ¿Cuánta gente más iba a morir de forma inútil?
―Si esta con Len no hay nada que podamos hacer―comentó Vaan con cierta
resignación
―Sí está con él yo mismo averiguaré donde está eso y la buscaré― dije. Faris
iba a decirme algo, seguro iba a regañarme porque actuaba como si no me importara
nada.
Mi teléfono empezó a vibrar en mi bolsillo, la pantalla ponía Cathy y me
sorprendió porque ella no quería que la encontraran, pero estaba más preocupado que
dispuesto a pensar en una explicación
― ¿Dónde estás?―le conteste antes de que alguien pudiera hablar del otro lado
― ¡Por fin alguien contesta!―dijo una voz femenina del otro lado, una que
resultó no ser Cathy.
― ¿Quién eres?―dije un poco confundido
―Oye, he llamado a cada número de este teléfono y absolutamente nadie se ha
dignado a contestar, lo mínimo que merezco es un ¡gracias! O un disculpa… o algo…
un chocolate, lo que sea…
Guardé silencio y miré la pantalla solo esperando poder comprobar que era el
mismo número y que no me estaban gastando una broma
― ¡Hey! ¿Hay alguien ahí?―insistió la chica: ― Mi taxi casi arrolla a tu amiga,
ahora está en mi departamento, pero se nota que algo malo le pasó ¿puedes venir a
buscarla?
― ¡¿Ella está bien?!―pregunté haciéndole una seña a Vaan para que fuéramos a
buscarla
―Creo que está bien, solo ha pasado un susto bien grande… pero no tiene
ninguna herida ni nada que lamentar…
Sentí un alivio muy grande y fue en aumento a medida que nos acercábamos al
domicilio de la chica. Era un block de departamentos pequeño que tenía en la entrada
una hilera de casilleros con números y junto a ellos, dos contenedores grandes de
basura. Vaan se detuvo en la entrada un momento, mirando todo un poco extrañado
― ¿Qué te pasa?―pregunté, mientras el miraba todo a su alrededor
―Este lugar se parece a…―dijo mirando la pantalla de su teléfono: ― al sitio
donde vive mi hija…
― ¿tu hija?―pregunté
―sí mi hija mayor, va a la universidad en esta ciudad… me envió una foto de su
edificio, es muy parecido
―Bueno, por esta zona hay muchos edificios iguales―respondí.
Vaan asintió.
Mientras subíamos por las escaleras ya que el lugar no tenía ascensor tuve la
sensación de que si le ponía un poco de esfuerzo podía llevarme bien con Vaan, incluso
pensé que podía dejar de odiarlo
―La verdad es que has venido aquí buscando a tu otra hija―dije deteniéndome
en las escaleras.
― ¿Cómo te has dado cuenta?―preguntó sorprendido
―te recuerdo… recuerdo que tú me dijiste que no podía estar con tu hija―me
voltee a verlo en la escalera― al principio no estaba seguro, pero te has puesto
en evidencia siguiéndome para todos lados y buscándola junto conmigo…
Continuamos subiendo las escaleras, hasta el cuarto piso, allí atravesamos un
pasillo hasta el fondo, entonces antes de que tocara el timbre de la puerta de aquella
chica Vaan exclamó:
―No se lo digas―parecía nervioso: ― no le digas quien soy…
―No voy a hacerlo ―respondí.― eso no me corresponde…
Presioné el timbre dos veces y una chica muy guapa se asomó por la puerta,
tenía el cabello negro lleno de ondas, parecía una muñeca viviente
― ¿Papá?
― ¿Infinity?


Érase una vez, hace mucho tiempo…

Luego de haber recogido a Cathy en casa de aquella chica que resulto ser la otra
hija de Vaan, la llevé de vuelta a la mansión Luces Nocturnas donde Lexis le examinó los
moretones que formaban un collar alrededor de su cuello, mostrando como unos
alargados dedos le habían estado apretando con mucha fuerza. Lexis le revisó con
cuidado cuidando de no tocar las zonas enrojecidas por el apretón mientras ella
mantenía los ojos mirando hacia el piso, como si no se atreviera a verme. Quería que
me dijera, exactamente desde cuando sabía dónde estaba Len y también que me
indicara como llegar allí, porque de saberlo le arrancaría el hígado con los dientes, pero
ella continuaba protegiéndole como si él lo mereciera después de todo lo que nos
había hecho.
―La buena noticia es que no hay ninguna fractura ni nada de qué preocuparse
demasiado―dijo Lexis tratando de sonreír, como si quisiera bajar la tensión que se
había acumulado en la habitación:―lo malo es que tardará un poco en sanar, pero
estarás bien
― ¿y heridas?―dije acercándome:― Su uniforme tenía sangre
―Bueno, no encontré ninguna herida―dijo Lexis llevándose la mano a la boca
como si estuviera comprobando que nada se le hubiera pasado por alto.
―No era mía―dijo Cathy sin mirarme aun. Entonces, solo podía pertenecerle a
él, sin embargo, decidí no preguntar más porque me estaba costando mucho no
explotar de rabia con ella.
―Bueno, seguro que hay explicaciones para todo―dijo Lexis tratando de
mantener su sonrisa cálida, sin embargo la forma en que lo miré hizo que solo se
pusiera más nervioso.
―Creo que ya tengo que irme―dijo Cathy bajándose de la camilla y dirigiéndose
hacia la puerta.
Lo cierto es que me sorprendió, como tan descaradamente me estaba evitando
y también, evitando cualquier tipo de conversación que explicara donde había estado
en todo el puto día. La seguí rápidamente
―Oye, espera ¿¡es que acaso no vas a decirme nada?!―inquirí tratando de
alcanzarla por las escaleras
―No hay nada que decir―dijo ella sin mirarme.
Se iba a ir de nuevo, tenía planeado desaparecer otra vez de mi vista y que yo no
la volviera a ver. Pero menos mal, Ariel estaba en la puerta y la atrapó antes de que se
marchara otra vez
― ¡Maldita sea! ¡¿En serio vas a irte?!―pero ella no me respondió a cambio se
dirigió a Ariel
―Déjame pasar―le pidió, pero menos mal mi hermano tenía dos dedos de
frente y se negó
― ¿Acaso vas a ignorarme por el resto de tu vida? ¿Así va a ser esto ahora? ¿Estás
enojada porque me encerraron? ― insistí tomándola por el brazo para que volteara a
verme.
Pero incluso aunque la voltee y la tomé por los hombros esperando cualquier
cosa, ella no respondió nada simplemente mantuvo la vista pegada al piso y los labios
sellados. Era como hablar con una pared, una pared muy cabezota y terca
―En serio Lian, tengo que irme―dijo una vez más
― ¿Por qué? ¿Por qué tienes que irte? ¿Por qué no te puedes quedar conmigo?
¿Qué fue lo que pasó cuando fuiste a ver a Len? ¿Por qué no me miras a la cara?
¿Por qué no dices nada? ―insistí
―Cathy, solo queremos saber porque no quieres estar con nosotros ―dijo Ariel
en un tono mucho más amable del que yo estaba empezando a utilizar.
Pero ella continuó sin responder.
Y aquella sensación de que esta persona que de pronto significaba el mundo
para mí no me dijera que era lo que estaba pasando era tan desagradable como si miles
de agujitas se estuvieran clavando en mi pecho justo ahora. ¿Por qué me pasa
esto?―pensé, pero todas las explicaciones posibles apuntaban a sentimientos que yo
creía muertos en mí, muertos junto con Jane.
―Bien―dije soltándola― ¿estás enojada? ¿Es eso?
Pero ella no respondió
― ¿Qué tengo que hacer para que hables conmigo?―pregunté:― ¿arrodillarme?
Y ella siguió en silencio.
―Muy bien―repliqué:― puedo hacerlo si quieres…
Y sin pensarlo un segundo me arrodille: ― ¿si te lo pido así al menos te
quedaras?
―Lian basta―sí, ella hablaba después de todo, recuperó el habla cuando
me vio de rodillas ante ella
Ariel pareció sorprendido, hasta pensé que a él le hubiera gustado tener
una cámara para guardar esto para la historia de las veces en que me humillé, las
cuales no eran muchas, de hecho quizás esta era la primera vez.
―Solo quiero que me digas que es exactamente lo que está pasando
¿Por qué me pediste que no volviera a llamarte?―insistí:― ¿estuviste con Len?
¿Qué fue lo que pasó?
―Por favor no hagas esto―pidió ella desviando la mirada, como si no
soportara verme
―Chicos basta―dijo una voz desde el fondo del pasillo. Era Faris, quien
venía acompañado de Vaan. Ella intentó usar ese momento para marcharse,
pero Ariel la agarró a tiempo, parecía como si ella quisiera llorar
―Ella no te dice nada porque hizo un trato conmigo―dijo Vaan
acercándose hasta ella y quitándosela de los brazos a Ariel. ― Acordamos que
yo te dejaría en paz si ella se mantenía lejos de ti y está tratando de mantener su
palabra…
Aquello me sorprendió, en serio la habían obligado a hacer un trato tan
desalmado como ese, conociéndola como la conocía hasta hoy, me pareció que
tenía sentido su actitud, estaba tratando de mantenerse fiel a su palabra
― ¿de qué trato están hablando? ―preguntó Ariel
―En realidad fue algo que planeamos Vaan y yo―dijo Faris: ― desde un
principio nuestra intención fue separarlos… pero Vaan no le pidió que fuera con
Len, eso fue solo cosa mía…
Me abalancé contra Faris
― ¡Lian!―dijo Lexis desde las escaleras: ― ¡espera!
Que esperara, iba a desgarrarle la garganta a mi propio padre a menos
que tuviera una razón lo suficientemente buena como para que yo le diera unos
minutos más de vida. Faris me sostuvo la mano y me di cuenta de cuanta fuerza
tenía, por lo que matarlo no iba a ser fácil
―Desde el principio, mi intención era que ella fuera en busca de Len, tan
solo me aproveché de las circunstancias― continuo diciendo aquel hombre que
se hacía llamar mi padre.― Mi intención era devolverle a Len lo que perdió hace
años a cambio de tu vida…
― ¿Cómo te atreves?― dije entre dientes
―Porque eres mi hijo, y temo encontrarte muerto un día…―guardé
silencio y el continuó: ― y me aproveché de la situación de Vaan para usar la
debilidad emocional de Cathy a favor de mi familia…
Empecé a sentirme enfermo y lo solté: ― querías que ella corriera la
misma suerte que Jane
―Len no quiere matarme a mí―dijo Cathy interrumpiendo: ― el cree
que no está seguro, pero la verdad es que entre elegir asesinarte a ti o
asesinarme a mi, prefiere terminar contigo…
La miré sorprendido: ― es lo que queda de su corazón
―Sus sentimientos por ella―dijo Lexis bajando las escaleras: ― Faris
¿Qué diablos estás pensando en realidad?
―Lo cierto es que esta situación está fuera de control, por lo que creo
que lo mejor es devolverles sus recuerdos cuanto antes… al menos a los
chicos…
― ¿Por qué al menos a los chicos?― dijo Cathy haciendo a Vaan a un
lado, parecía enfurecida.
―Porque tu estado emocional está tan desgastado que devolverte tus
recuerdos acabaría por volverte loca―dijo Lexis
Devolvernos nuestros recuerdos, algo que debieron haber hecho hacía
un montón de tiempo, no esperar hasta ahora que toda la situación estaba así
para empezar a darse cuenta que esto se les había salido de las manos. Tenía la
rara sensación de que era imperativo que ellos me dejaran recordar
―Pero antes…―dijo Vaan mirándome con desprecio: ―Faris, cumple tu
parte del trato
La expresión de Faris se tornó en una mueca de rabia y tristeza,
rápidamente chispeó los dedos y cuatro sujetos aparecieron, todos demonios,
los había visto más de una vez en la mansión
―Encierren a Lian en el calabozo, usen las cadenas si es necesario―dijo
Faris
― ¡No!―pidió Cathy intentando interponerse, pero Ariel y Vaan la
agarraron, por un momento olvidé lo enojado que estaba con ella por haberme
ocultado todo eso
―Estaré bien―le dije, mientras los sujetos me agarraban y me
esposaban los brazos: ―Ariel…
―Sí, la cuidaré―respondió.
Miré sus ojos mientras los sujetos me sacaban a empujones hacía las
jaulas, y me pareció ver que estaba llena de dolor y desdicha, pero no era auto
compasión, era porque no quería que me hiriesen, porque quería cambiar de
lugares conmigo e incluso evitar que me hicieran daño, pero no me harían
daño… ya no podían hacerme más daño.

Ariel me llevó escaleras arriba, en la tercera planta de la mansión que estaba


lleno de dormitorios de todo tipo, no me pareció extraño, la habitación se me hizo
familiar de alguna forma. Había una cama enorme y mullida y las ventanas tenían una
extensión del techo al suelo
―Ponte cómoda―me dijo mientras abría una de las ventanas para que entrara
el aire nocturno, pero a pesar de que agradecía su amabilidad no podía parar de pensar
en Lian y en lo que le pasaría y eso me mantuvo quieta junto a la puerta
―Es mi culpa ¿verdad?―dije abrazándome a mí misma: ― lo que vaya a pasarle
ahora…
Ariel me miró amablemente y se acercó a mí: ― por supuesto que no es tu
culpa, Lian estará bien… con lo que hemos hablado ahora, no pueden hacer demasiado
Ariel me agarró de las manos y me llevo hasta la cama, me hizo sentar y sacó su
teléfono móvil:
― ¿Qué te parece si llamó a Lan y los tres esperamos aquí?―dijo con un
semblante de fortaleza envidiable: ― la pasaremos bien…
Asentí y el marcó en su móvil a su otro hermano. No sabía que era lo
confortante de esto, que ambos parecían perdonar cada cosa terrible que tenían que
vivir por nuestra causa.
―Ariel… ―dije mirándome las manos: ― ¿conoces a Adán y a Lexis?
―A Lexis le he visto hoy, pero a Adán no personalmente, pero… ―Ariel miró al
techo de la habitación mientras se sentaba junto a mí: ― ¿sabes? Cuando oigo hablar de
ellos, tengo la sensación de que les conozco mucho…
Él se volvió a mirarme:― y es muy raro, porque es la misma sensación que tuve
cuando te conocí, y la misma que tuve cuando conocí ayer a Vaan… y últimamente la
tengo todo el tiempo, pero…
Algo triste se tornó en su mirada
― ¿Pero?―pregunté preocupada
―Todo el tiempo he sentido que me falta alguien muy importante…y ese vacío
me produce mucha angustia
Quise preguntarle a que se refería y si podía imaginarse de que clase de persona
se trataba, pero cuando quise articular la primera oración alguien tocó a la puerta
Lan se asomó lleno de alegría intentando fingir que no estaba pasando nada y
que todo se iba a solucionar más temprano que tarde
― ¡Hola!― dijo entrando y moviendo una mano: ― gracias por invitarme a su
pijamada
― ¡que tonto eres! No es una pijamada ―dijo Ariel actuando otra vez, como el
mismo chico se siempre.
Nos dormimos muy tarde hablando de cualquier cosa, los chicos intentaban
animarme, y hacerme pensar en cualquier otra cosa que no tuviera relación con lo que
fuera a pasarle a Lian el día de mañana, sabía que solo un milagro podría sacarlo de
esta, que ya nadie podía ayudarle más que enfrentarse a lo que le esperara. Quise
preguntarle a Lan las mismas cosas que le pregunté a Ariel, pero sentía que necesitaba
estar sola con él para preguntar cualquier cosa de ese tipo.
La ventana se quedó abierta, y una pequeña brisa helada enfriaba la habitación,
pero entre estos dos chicos, era imposible que alguien pasará frío. Abrí un momento los
ojos en la oscuridad, Lan tenía su cabeza hundida en mi estómago y Ariel estaba
acostado detrás de él poniéndole el brazo derecho encima de la cabeza, su mano
rozaba levemente mi cadera y la almohada me incomodaba torcida en mi hombro.
Levanté un poco la cabeza y vi que ambos estaban destapados y estiré el brazo
buscando con que cubrirlos, entonces entre todos los lugares que miré, vi una silueta
en la ventana. Al principio creí que era mi imaginación, pero segundos más tarde me di
cuenta de que no lo era, de que había una silueta femenina mirándome, quise encender
la lámpara de la mesita de noche, pero pasé a llevar un vaso en los que habíamos
estado bebiendo refrescos y cuando este se rompió en el suelo, las alarmas de la
mansión invadieron cada rincón con su ruido y las luces se encendieron
automáticamente llevándose la silueta con ellas.

Me senté de golpe cuando la luz de la jaula se encendió, inmediatamente


después escuche unos estruendos que venían de la planta superior, supuse que debían
ser bastante fuertes para que se oyeran aquí abajo e hicieran que las paredes
temblaran provocando que piedrecillas y polvo cayeran sobre mí. Me acerqué hasta la
puerta y noté que el guarda se había puesto tensó y sostenía un cuchillo largo en sus
manos
―Hey, ¿Qué pasa?―pregunté, aunque no había que ser muy tonto para advertir
peligro inminente por todos lados, era como si un sentido extra se me hubiera
despertado, como aquella vez en el hospital cuando ese sujeto trato de matar a Cathy
Cathy. Pensé, y me alarmé
―Oye, déjame salir―dije moviendo incesantemente los barrotes de la puerta
― ¡Cállate!―me grito el sujeto y salió del calabozo cerrando detrás de sí,
pasados unos minutos oí sus gritos y me desesperé un poco.
Tenía que salir, como fuera, incluso me volvería aire si pudiera con tal de
atravesar esa puerta. Empecé pateándola y empujándola, esperando que cediera, pero
no fue necesario que al final yo la abriera. Un tipo entró en el calabozo, estaba
arrastrando un fierro por el suelo y dejaba salir pequeñas chispitas con el roce, se
acercó a mi celda y sonrió, parecía un enfermo mental retrocedí un poco y noté que
una baba negra le escurría por el costado del labio, los ojos los tenía como
desorbitados, y me pareció que no estaba pensando. De pronto levantó el tubo de
fierro con ambas manos y comenzó a golpear la cerradura de la puerta
―Muy bien Fido―murmuré mientras me preparaba mentalmente para lo que
venía ahora, la puerta se abrió de golpe y el tipo se vino sobre mí para golpearme
también, apenas tuve tiempo de evitarlo poniendo mi brazo entre el tubo y mi cabeza.
Era como si el sujeto no pensara, solo seguía agitando el tubo e intentando darme de
manera fatal, así que no me costó tanto huir de él dejándolo encerrado abajo en el
calabozo.
Cuando llegué arriba, me di cuenta que era más grave que un tipo loco
persiguiéndome con un fierro, era un grupo de sujetos que tenían la mansión hecha un
caos y que al verme parecieron cambiar el foco de su atención. Me retiré lentamente
hacía una pared pensando un poco sobre cómo hacer para deshacerme de ellos, hasta
que me di de espaldas contra el muro y sentí que estaba un poco perdido
― ¡Que creen que están haciendo! ¡¿No nos estábamos divirtiendo recién?!―dijo
Vaan desde una esquina de la habitación derribando cinco sujetos de una vez, gracias a
unos cuchillos que Dios sabe donde guardaba y la verdad no quería imaginar donde.
Pero aun así, quedaban algunos sujetos atacando a los demonios que aun se mantenían
en pie
— ¿Qué está pasando? — pregunte a Vaan quien parecía disfrutar el baño de
sangre, éste me miro como si preguntara algo estúpido
— ¿Qué no es obvio? —respondió: — alguien nos ataca…
Si, pero quien, era lo que yo quería saber. Mire a mis alrededores buscando alguna
otra cara conocida, pero me sorprendió ver que ninguno de los chicos estaba allí.
Porque quizás ya se habían ido a casa —pensé — y Vaan volvió a sacarme de mis
pensamientos
—Vas a ayudar o sólo te vas a quedar mirando como idiota— preguntó matando
a otro sujeto que venía a por mí.
Miré los cuchillos que estaban enterrados en cada cadáver que el plantó por el
salón principal de la mansión, sin dudarlo demasiado me acerque a uno de ellos que
tenía atravesada la parte de atrás de la cabeza de un cuerpo y le quite la daga, la
sangre que salpicó en mi rostro cuando aquella presión se liberó no me molestó
demasiado y cuando corte mi primer cuello noté algo bastante peculiar… de hecho,
esto era mas divertido y sencillos de lo que parecía.
La sangre escurrirse entre mis dedos y esa sensación de decisión sobre la vida de
los demás era de hecho placentera, con un dejo de seguridad y poder que no había
conocido por completo, matar o ser matado era la premisa mas interesante a la que me
había enfrentado en mi vida y además de la música, la sentí como un pequeño talento
que se acababa de revelar ante mi, solo estaba mal porque los demás lo creían, pero
que tan malo podía ser si no los mataría a ellos, no a menos que me dieran un motivo
—Oye mocoso, ¿no te interesaría trabajar para mí?— dijo Vaan acercándose a mi
mientras yo destazaba a mi cuarta víctima
— ¿Estás de broma, verdad?—pregunté un poco sorprendido
—Claro que no, hasta podría considerarte para salir con mi hija —comentó
sentándose sobre uno de los cadáveres. Me sorprendió mucho saber que buscaba esta
clase de características en un posible yerno. Sin embargo, no pude contestarle o
decirle que podía pensarlo si quiera, porque un fuerte olor a humo invadió toda la
mansión. El humo venía de la parte de arriba de la casa, ambos subimos buscando
quien lo causaba cuando descubrimos que la tercera planta ardía en llamas en varias
habitaciones.
― ¿sabes dónde está la alarma contra incendios?― dijo Vaan cubriéndose la
nariz para no respirar el humo
―Debería estar por aquí―contesté pasando las manos por los muros buscando
la cajita roja, oímos un estruendo y una puerta salió disparada de su lugar dándose
contra el otro muro, junto con ella una chica salió disparada también alcanzando a
detenerse a sí misma con las manos sobre el suelo. Era una mujer delgada y pequeña de
pelo corto, como en una melena que llevaba amarrado a la cintura una especie de
látigo y en la mano izquierda sostenía un trozo de vidrio. Ella me miró un instante y
sonrió, luego volvió a entrar en la habitación.
La seguí y encontré a Lan, Ariel y Cathy intentando defenderse de ella, se veía
tan pequeña y débil que no podía creer que se les estuviera complicando tanto hacerle
frente
― ¿en serio?―dije apoyándome en la puerta
―Está más loca de lo que crees―replicó Lan con cierto nerviosismo. La chica le
sonrió y volvió a ir hacía ellos como si quisiera asustarlos, pero antes de que pudiera
hacer nada, la agarré por la espalda, y puse el cuchillo en su cuello:
― ¿A esto le tienen miedo?―exclamé divertido
Pero los chicos me miraron con preocupación:
― Lian espera… ―dijo Ariel y de pronto vi que la chica estaba detrás de ellos,
¿entonces a quien estaba agarrando?, sentí la mano de Cathy en la mía.
―Es algo que a ella le gusta hacer―comentó Cathy mirándome con cierto
nerviosismo.
Aquella chica se lanzó contra Ariel, así que tuve que sacársela de encima, o
ayudarle a sacársela de encima, constantemente cambiaba su apariencia por la de
alguno de nosotros confundiéndonos y haciendo que nos hiriéramos entre nosotros, y
a cambio, cada vez que lo conseguía se burlaba con una risa estruendosa que hacía eco
entre las llamas. El humo empezó a afectarnos a todos, menos a ella, fue así como
pudimos diferenciarla de nosotros, porque no se veía cansada por la falta de aire.
Aquella chica rara empezó a ensañarse con Cathy, la atacaba a ella más que a
nosotros, en realidad la atacaba únicamente a nosotros, creo que lo hacía porque de
los tres ella era la más débil y con más probabilidad de acabar muerta
―Lian, tenemos que salir de aquí―dijo Lan, tenía razón estaba haciendo mucho
calor
―Váyanse ustedes―dije― me encargaré de ella
― ¿te volviste loco?―me gruño Cathy
―Sé lo que hago―respondí con poca paciencia, ― si no te vas de aquí esto
seguirá hasta que los cuatro seamos cenizas
―Pero Lian…―replicó Ariel
―Ayuden a Vaan a encontrar la alarma antiincendios―los chicos se quedaron
un momento como congelados― ¡ahora!
Lan tomó la mano de Cathy para salir de la habitación, pero a la persona que se
llevó en realidad fue a aquella chica
― ¡Lan No!―le grité, pero cuando se dio cuenta, la chica hizo desaparecer la
entrada, volviendo la habitación un lugar sin salidas posibles rodeado por las llamas y
lleno de humo. Cathy y yo nos miramos, las paredes empezaron a hacer un ruido, ella
corrió hacía mi e instintivamente nos tomamos la mano, como su ambos supiéramos
que la única forma en que podíamos soportar esta situación fuera, estando juntos.
Miré a mi alrededor, pensando en cómo sacarla de aquí, mientras la oía toser
por la falta de aire, las paredes y el piso seguían crujiendo y supuse que eso no era
bueno, observé a mis pies y noté que en algunas zonas la madera estaba tan
ennegrecida que empezaba a ceder
―Tenemos que movernos o nos caeremos―le dije a Cathy rodeándola con mis
brazos para que nos apegáramos a un muro, supuse que mientras más cercanos a la
pared sin fuego, más posibilidades teníamos de salir, y aunque estaba preocupado
porque el piso cediera con nosotros en la habitación, obvie que el techo también se
estaba derrumbando. Ella se pasó la mano por el cabello y notó algunas astillas,
entonces miramos arriba, había una viga enorme que estaba a punto de soltarse de un
lado, quise movernos a otro lugar, pero apenas alcancé a reaccionar lo suficientemente
rápido como para evitar que la viga la golpeara a ella.
A cambió sentí un fuerte dolor en la cabeza.
― ¡Lian…!― oí como si me hablara desde muy lejos.
Caímos al suelo, ella de espaldas y yo sobre ella de rodillas. Algo tibió me
recorrió la nuca y de pronto todo a mi alrededor se ennegreció.


―Lian…Lian ¿estás bien? ¿Estás despierto?―oí su voz hablarme en algún lugar.
Abrí los ojos lentamente, el techo estaba en su lugar, como si ningún incendio
hubiese asediado nunca, sin embargo esta era la misma habitación. La cama se sentía
cómoda y la luz dejaba saber que era más o menos medio día ― ¿dónde estoy?― pensé
mientras trataba de incorporarme
―Lian ¿me oyes?―intenté fijar los ojos en un punto fijo, los bonitos ojos de ella.
Era ella efectivamente, pero tenía el cabello largo, noté como caía por sus hombros y
cubría parte de sus pechos, estaba usando un vestido que solo habría imaginado que
alguien podría usar a principios del siglo XX, era color crema y las mangas apegadas a
sus brazos tenían pequeños detalles de broderie, note como el escote se insinuaba
desde el largo de su cuello hasta donde empezaba el vestido en una simple línea que
separaba todo lo que yo tanto deseaba de lo que ella no quería mostrar
―Creo que sigue inconsciente―comentó Cathy, era ella, pero parecía un poco
mayor
―Estoy bien―respondí entonces.
Empecé a sentirme un poco confundido ¿Qué exactamente me había pasado?
¿Qué era lo último que recordaba? Intente incorporarme, pero me di cuenta que
alguien me sostenía la mano, Cathy sostenía mi mano con la suya.
―Lian no te levantes―dijo otra voz familiar, luego le vi acercarse, era Lexis,
vestía distinto o siempre había vestido así, todo estaba revuelto en mi cabeza, usaba un
traje con un chaleco de vestir sin mangas, su chaqueta colgaba de una silla cerca de la
cama ― te diste un buen golpe allá abajo
Volví a mirar el techo. No, no era el mismo techo, no era la misma casa.
― ¿un golpe?―dije, miré a Cathy parecía severamente preocupada por mi
―Creímos que te habías partido la cabeza―me dijo ella en un tono severo
Pero me sentía bien, solo estaba muy confundido
―En serio, estoy bien―insistí e intente sentarme en la cama, Lexis trató de que
no lo hiciera, pero mi voluntad era más fuerte.
Me llevé la mano a la frente, mientras continuaba sosteniendo con la otra la
mano de ella, no me había dado cuenta hasta ese momento, pero era la más agradable
sensación que tuve nunca en la vida, era una sensación amplificada por mil que hacía mi
corazón quisiera salir por mi boca… ¿mi corazón…? Me quité la mano de la frente y la
miré a ella un momento más, contemplando lo hermosa que se veía, ella era mi
corazón.
―Parece que si es grave―dijo Cathy mirando a Lexis con nerviosismo. Él se me
acercó revisándome las pupilas, como si estuviera buscando algo en específico y luego
comentó:
―Estará bien―se alejó un poco dándonos la espalda: ― menos mal fue solo un
mal golpe…
No sé porque, pero entendí que nos estaba dando la espalda por una razón,
para que yo pudiera hacer esto. Me acerqué a ella y le robé un pequeño beso de los
labios.
Hasta ahora, quizás nunca había podido besarla sin que primero nos hubiéramos
estado gritando y diciéndonos cuanto odiábamos estar el uno con el otro, pero esto era
diferente, fue un beso consentido, fue como querer empaparme en miel. Tan rápido
como robe ese beso, me separé de ella, contemplando su rostro un segundo, el tiempo
suficiente para que Lexis volviera a voltearse a vernos mientras se ponía su chaqueta
―Bueno, creo que me voy… Lian está bien si te encuentras bien, pero no hagas
nada brusco por lo menos hasta mañana―dijo sonriendo con cierta picardía― en serio
tortolitos nada brusco…
En ese momento no capté el mensaje. Cathy se levantó de su silla y se acercó a
él diciéndole que lo acompañaría a la puerta, mientras el repetía una serie de
instrucciones sobre que no me moviera demasiado y no hiciera nada brusco, sobre
avisar si tenía algún dolor de cabeza o nauseas o cualquier cosa fuera de lo normal,
cerrando la puerta tras de sí. Me levanté medio tambaleándome y miré a mí alrededor,
sabía que era mi dormitorio, pero al mismo tiempo hacía mucho que no lo era, fue un
lugar importante en algún momento.
La pared frente a la cama tenía un espejo y una jarra con agua, me acerqué
torpemente hacia ella y me mojé un poco la cara, entonces me miré en el espejo y me
sorprendí bastante, porque no tenía diecisiete años como hasta hacía unos minutos,
tenía al menos 21 o 22 según juzgue por mi aspecto
―Sorprendido ¿no?―di un sobresalto y volteé rápidamente, la primera
pregunta que me hice fue ¿Qué hago yo mismo hablándome a mí mismo? Mi yo que me
miraba divertido se cruzó de brazos, era un yo mayor, de unos 25 años
―Esto es muy confuso―dije apegándome un poco al tocador con cierto
nerviosismo
―Es confuso que te tengas miedo a ti mismo―comentó mi otro yo.
―No es miedo―dije tratando de reincorporarme una vez más: ― pero no sé si
esto es por el golpe en la cabeza o si de hecho no hubo golpe en la cabeza
―Si hubo golpe en la cabeza―me respondió mi versión adulta: ― lo hubo
ahora y lo habrá en unos 100 años, cuando nos volvamos a encontrar con ella
― ¿Por qué me golpee la cabeza?―pregunté
―por protegerla…―sonrió:― la hemos protegido desde entonces, que te hace
pensar que no recibirías más golpes en la cabeza
― ¿Cómo llegué aquí?―dije entonces aún más confundido que antes, pero mi
versión adulta miró a la puerta y se desvaneció. La puerta del dormitorio volvió a
abrirse, Cathy entró en la habitación tranquilamente mientras decía:
―Lexis ya se ha ido, así que creo que es mejor que me vaya también, le he
pedido a la criada que mande a avisar a tu madre que…―me quedó mirando con un
poco de fastidio: ― ¿Qué haces levantado?
La quedé observando, deduciendo ella no vivía aquí conmigo y se iría
dejándome solo, desee que no lo hiciera, desee con todas mis fuerzas que se quedara
un poco más. Me acerqué a ella y la envolví en mis brazos, esperando que no pudiera
escaparse
―Lian…―dijo casi en un susurro
―No, aun no te vayas―le pedí. Le di un pequeño beso en el cuello y luego en
los hombros. Ella se estremeció entre mis brazos, entre besos la guie a la cama
subiéndome sobre ella y metiendo la mano debajo de su falda, robe otro beso de su
boca y sentí sus brazos rodeándome el cuello. La apreté contra mi cuerpo
―Solo un poco más―le rogué
―Alguien puede venir―dijo con nerviosismo
―Nadie vendrá ―le discutí.
―si vendrán―dijo mi versión adulta. Me separé de ella y levanté un poco la
cabeza. Mi fastidiosa versión adulta tenía razón y algo en mí no quiso meterla en esa
situación, me alejé lentamente y ella volvió a sentarse tratando de recuperar el aire un
momento, luego se levantó de la cama y removió las mantas indicándome que me
recostara
―Lexis dijo que descansaras―insistió.
Me metí entre las mantas y deje que ella me arropara un poco, entonces la tomé
del brazo y le dije: ― quédate un poco más…
―No está bien que me quede si Lexis no está, se verá mal…
―Oh, vamos… ¿me dejaras así? ¿Solo y herido?
Ella torció la boca como ocultando una sonrisa y pensé que a la Cathy de mi
tiempo jamás la había hecho sonreír, tan solo le había provocado dolor y sufrimiento,
me di cuenta de que yo era una persona horrible.
―Lo somos, pero aun así ellas nos quieren…―dijo mi versión adulta: ― es lo
bonito del amor verdadero, que el otro te quiera tal cual eres, incluso cuando eres un
engendro del demonio…
―De acuerdo, pero solo hasta que llegué tu madre…―accedió ella sentándose
nuevamente en la silla junto a la cama.
―No entiendes porque no puede simplemente quedarse todo lo que quiera
¿verdad?― comentó mi yo adulto sentándose en la orilla de la cama: ― es que en esta
época, se veía muy mal que una mujer visitara a un hombre en su casa sin un chaperón,
adivina a quien le pedimos que fuera su chaperón para que pudiera visitarnos todo lo
que quisiera…
―Lexis…―pensé.
Mi versión adulta sonrió amargamente y comentó: ―Es lo malo de esta época,
que a todo mundo le importa demasiado lo que pasa en la cama del otro…
Mi versión adulta tenía a su alrededor un aura de amargura que podía percibir a
simple vista, era la misma amargura que me invadía a mi todo el tiempo, en relación a
mi falta de recuerdos, a mi familia, a no poder mostrar todo lo que verdaderamente
pensaba y sentía, aquello era algo que había arrastrado de una vida a otra, como una
carga muy pesada.
De pronto comencé a quedarme dormido
― ¿Estás cansado?―preguntó Cathy removiendo cabello de mi rostro. Sacudí
lentamente la cabeza, no estaba cansado pero tenía tanto sueño y me dormí
manteniendo la imagen de su rostro en mi cabeza.
Cuando volví en mis sentidos, estaba parado junto a un altar, miré a mí
alrededor y vi a mi familia sentada en el lado derecho de las bancas de la iglesia,
mientras que en el lado izquierdo se encontraban familiares que reconocía como
cercanos a Jane… ¿Qué Jane?
―Sí, Jane―dijo mi yo adulto parándose frente a mí, estaba vestido de etiqueta,
como para un matrimonio
― ¿Qué está pasando?―musité
―Hoy te casas…―comentó mi versión adulta: ― te casas con Jane
― ¿con Jane? Pero Cathy y… recién nosotros…―empecé a sentirme muy
perdido en esto, con un nudo en el estómago y la sensación de querer salir huyendo.
Miré hasta el final de la fila derecha, y vi a Vaan acompañado de una mujer que reconocí
como su esposa y a Infinity, la chica que había rescatado a Cathy
―Se están asegurando, de que te cases con quien te corresponde
―Pero a mí me corresponde…―quise decir
―Pero tú ya no decides eso…―dijo mi versión adulta. Las puertas de la iglesia
se abrieron de par en par y Jane apareció con un vestido de novia que se parecía a
alguno que vi alguna vez en una película de época. Sostenía en un ramo de lirios
blancos y su rostro estaba cubierto por un velo
―Pero no quiero casarme con ella―dije en voz alta
―Pero ya le rompimos el corazón, ya no te puedes retractar, ya lo arruinaste
todo lo que podías y toda esa gente que ves allí confabulo para que lo arruinaras, y
aunque quieres culparlos a ellos, sabes que en el fondo esto es todo obra tuya―mi yo
adulto estaba furioso, furioso con ellos y conmigo, furioso consigo mismo por nuestra
falta de voluntad para acabar con esto cuando podíamos
― ¿Qué fue lo que le hicimos?―pregunté
―Nos acostamos con Jane. No, nos hicieron creer que nos habíamos acostado
con Jane… nos drogaron y cuando despertamos, pensamos que lo que habíamos
hecho había arruinado todo. Jane les dijo a tus padres que te casarías con ella, porque
la habías arruinado, pero tus padres le pidieron que se dejara arruinar, porque le
aseguraron que eras un caballero…
―Nunca he sido un caballero…
―Lo sabes ahora―me respondí a mí mismo.
La iglesia se oscureció.
Cuando volví a ver todo con claridad me encontré bañado en sangre, sentado en
el suelo de una habitación, frente a mí había un cadáver de una mujer, tenía el
estómago inflamado. Mi yo adulto se apareció del otro lado del cadáver y lo removió
con el pie, era Jane. Retrocedí arrastrándome unos centímetros, ella tenía el vientre
abierto y un pequeño brazo se asomaba entre la sangre y las vísceras
―No es tuyo―dijo mi yo adulto―Nunca consumaste el matrimonio, nunca te
acostaste con ella ¿Cómo podía serlo?
―Pero…
―Sí, esto nos transformó―comentó:― porque crees que hoy te has divertido
tanto matando a esos imbéciles… porque siempre nos obligaron a ser de una forma, y
lo único que somos en realidad es unos asesinos que amamos a la misma mujer. Te
divertiste mientras ella rogaba por la vida del bastardo, te divertiste cuando se le abrió
el vientre y salieron las vísceras, yo también me divertí, fue divertido… podríamos
hacerlo con toda nuestra familia, con todos los que nos hicieron esto…
Podíamos, de hecho siempre lo había querido. ¿Por qué nunca lo había hecho?
Cielo santo, tuve tantas malditas oportunidades de arrebatarles la vida a cada uno de
ellos que no podía explicarme porque no lo había hecho
―Porque ella podría dejar de quererte si lo haces―dijo mi versión adulta: ― ¿no
lo has pensado? Si lo haces, si los matas ¿Qué pensara ella? ¿Cómo se sentirá? Ella es
todo lo que nosotros no somos, no podemos decepcionarla así, no más de todo lo que
la hemos decepcionado
―Tu eres la voz…
Lian sonrió: ― sí, yo soy la voz en tu cabeza
La habitación se oscureció otra vez, oí un disparo y cuando la luz se encendió
estaba viendo mi cuerpo tendido en el suelo, esta casa si la conocía, esta habitación si
la conocía, la Mansión Luces nocturnas, más pequeña y con una decoración más
antigua, la misma habitación en la que me había quedado encerrado con ella, en la que
había intentado protegerla. Vi a Len estaba junto a mi cadáver, observándolo con
frialdad y a pesar de que había conseguido lo que buscaba no se veía satisfecho
―Venganza―me dijo mi otro yo: ― la tuvo hace un poco más de 100 años
―porque se la quité…
―no, porque nunca la tuvo, quiso poseerla en todas las formas posibles, pero al
final ninguna parte de ella le perteneció
Guardé silencio y comenté: ― Pero ella no le pertenece a nadie
―No, ella no merece esa clase de esclavitud… pero Len no entendía eso, y
cuando termino con nuestras vidas se dio cuenta que no importaba lo que hiciera, no
podía tenerla… por eso no nos ha dejado en paz ni una sola vez…
Lo decía como si esta no fuera la primera vez
―Esta es la cuarta vez que nos persigue para matarnos―dijo mi otro yo: ― lo
hará 100 veces. No sé cuánto le dure la imaginación, la primera vez, la mato a ella antes
que a nosotros, la segunda vez, nos instó al suicidio, la tercera vez, primero nos mató a
nosotros y la encerró hasta que eso la mato…se lo concedo, tiene imaginación…
―Y si las cosas siguen como están…
―Morirás hoy desangrándote en el suelo de la misma casa donde moriste la
primera vez.
― ¡No puedo morir ahora!―le dije mirándolo con cierta desesperación, una que
se reflejó en su rostro. Ahora mi yo adulto tenía 17 años, justo como yo, él se acercó a
mí y me abrazo rodeándome el cuello con sus brazos
― entonces no mueras esta vez.

La antítesis

Creí que despertaría en la realidad, pero me encontré con una última escena
rara. Estaba en la mansión Luces Nocturnas otra vez, pero esta vez estaba yo solo.
Había un montón de gente junto a la escalera, y en el primer descanso estaba un chico,
muy parecido a mí, no podía entender exactamente de que estaban hablando, pero las
personas al pie de la escalera, parecían furiosas por algo
―Bah, ¿qué está pasando?―dijo mi versión otra vez adulta. Le miré, estaba de
píe junto a mi mirando a su alrededor con cierta confusión
― ¿Cómo que, qué está pasando? Creí que tú eras el guía…―dije con
nerviosismo
―Creí que volveríamos a la realidad ahora… es decir, me agarré de un recuerdo
que se repitió en el futuro, y creí que volviendo a una escena de muerte, bueno,
volverías a tus últimos momentos, por ende yo también―dijo rascándose la cabeza
como si en realidad no le preocupara
― ¿Qué tratas de decir?
―Quizás hayas muerto antes de regresar…
―No me jodas―dije queriendo patearme el trasero a mí mismo.
―No, en serio. Planeaba darte el resto de tus recuerdos pero también me
arriesgaba a que murieras en el camino… supongo que fallamos otra vez…
Iba a gritarle que era un inútil, cuando la conversación airada del lugar se volvió
legible de pronto, como si alguien hubiera ajustado la frecuencia del radio o algo así
― ¡QUEREMOS QUE NOS ENTREGUES A LA HIBRIDA!― pedían aquellos
demonios unísono. Mi versión adulta y yo miramos al grupo y nos acercamos un poco
para entender mejor que estaba pasando: ― ¡no merece vivir! ¡Entrégala ahora!
― ¿Qué es esto?―le pregunté un poco sin entender nada.
Mi versión adulta tenía un aspecto serio, como si esto no fuera algo que hubiese
querido recordar: ― ah… la recesión…
―¿la que?―pregunté
―No sé suponía que ibas a recordar esto, no quiero ser parte de esto otra vez,
ni siquiera sé porque lo estamos recordando…
Mi versión adulta retrocedió unos pasos como queriendo huir del recuerdo,
como si buscase el interruptor de apagado y yo continué mirando
― ¿Qué es lo que no quieres recordar?―murmuré
―Si no la entregas, condenaremos a toda la familia Savard―dijo uno de los
sujetos: ― mataremos a cada miembro de tu clan
Volteé a verme a mí mismo, estaba dándole la espalda a la escena y al mismo
tiempo me estaba abrazando a mí mismo, como si quisiera darme consuelo por algo
que había pasado aquí, parecía perturbado y molesto
―dime…―insistí―tengo derecho a saber
―Fue una época en que todo el mundo estaba vuelto loco―comencé diciendo:
― Al principio, parecía como que solo era una diferencia tonta entre dos clanes, pero
de pronto se hizo tan grande, que no solo eran problemas entre clanes, querían que las
familias entregaran a cualquier familiar “vergonzoso”
― ¿un familiar vergonzoso?―dije confundido
―Ya sabes, como nosotros…alguien que se sale de las reglas, de lo esperado…
―Pero ella…
―Su nacimiento se salía de las reglas… no se supone que humanos y demonios
estén juntos. Si antes, la primera vez que la conocimos, ya se veía mal, en esta época
era un comportamiento criminal
―pero ahora también es…
―No lo es, seguramente alguien revocó esa regla, pero antes y ahora “la
hibridación” es delito
―Pero nadie pide nacer de una forma u otra…
―díselo a ellos―inquirí
― ¿la entregamos?―pregunté creyendo que me había traicionado a mí mismo
―No, nos hicimos responsables, que es peor―respondí
― ¿a qué te refieres?
―Bueno, observa…
Volví a mirar al grupo de personas, me acerque metiéndome entre la multitud,
observando como todos estaban demasiado dispuestos a hacerle daño a alguien solo
porque su existencia parecía ser desagradable
―No, no lo haré y no pueden obligarme―dijo aquella persona que parecía ser
yo
― ¡mocoso egoísta! Acaso no te importa que todo tu clan termine muerto―dijo
uno de los sujetos en aquel lugar
―no entiendo porque tienen que meter a mi familia en esto, no entiendo cuál es
el problema con que haya híbridos o no los haya y por eso, no voy a permitir que le
hagan daño…
―Entonces tenemos que quemar esta mansión con todos ustedes
dentro―gritó otro sujeto
― ¡No!―insistí ―tenemos que parar esto ¿Cuánto nos hemos reducido en
número por estarnos peleando? Quemaran esta casa y luego ¿Qué? Se quemaran entre
ustedes como llevan haciéndolo 17 años
― ¿Fueron diecisiete años? ¿Soportando esto?
―Te lo digo, cualquiera hubiera tomado esta responsabilidad
La gente se quedó en silencio cuando les pregunté si luego de matar a mi clan
seguirían destruyéndose a sí mismos. Comenzaron a mirarse entre sí, con cierta
preocupación y de inmediato, empezaron a culparse los unos a los otros por el
problema de fondo, no poder controlar nuestra naturaleza violenta
― ¿Qué supones que hagamos?
―Permítanme intentar una idea…
La escena se oscureció de pronto y mi versión adulta empezó a mirar a todos
lados aún más confundido que al principio. Caminó alrededor del espacio vacío donde
nos encontrábamos y de pronto comentó:
―Creo que después de todo si estamos un poco averiados por culpa de esa fuga
de recuerdos
― ¿a qué se refería con una idea?―pregunté
―En ese momento las Luces Nocturnas no existían, era solo una mansión bonita
que pertenecía a nuestra familia, a nosotros… esa gente, quería quemarla y
probablemente si se habrían matado entre ellos luego de hacerlo, nosotros solo
propusimos una opción alternativa
―No me digas que…
―Sí, esta idea de que los problemas se discutan y pasen por un consejo, fue
toda nuestra o mi idea, o tuya… desde la perspectiva que lo quieras mirar
―Pero el lugar apesta…―me quejé: ― ¿en serio somos responsables de que
apeste así?
―No era tan mierda entonces―dijo con cierta decepción― se empezó a echar
a perder después de que morimos esa vez, las nuevas generaciones fueron olvidando
ciertas cosas, como que juntos somos fuertes, o como que más que luchar contra
nuestra naturaleza, deberíamos usarla a nuestro favor… por eso hay gente como Len
que la usa cuando le conviene, pero cuando ya no le sirve, manda un grupito de gente a
destruir y quemar todo
― ¿dices que lo de hoy fue Len? ¡No podemos saber eso!
― ¿Quién sino? ¿Tienes algún otro enemigo que quiera tu cabeza servida con
papas fritas?―comentó sentándose en el suelo:― o se te ocurre otra razón, si la
mayoría de los demonios al menos de esta ciudad pasa la mayor parte del tiempo allí,
es como una segunda casa para ellos, no la destruirían, es el lugar donde se te permite
ser…
Cierto, de niño recordaba visitar mucho esa Mansión antes de que Faris me
enviara lejos, hasta recuerdo haber pasado fines de semana completos allá y también,
no recordaba un día en que no estuviera lleno de gente, en que la cafetería no tuviera
un horario tope, o en que no hubiese oído a alguien comentar sobre algo que sucedió
en aquella mansión, y luego me alejé y la odié porque me recordaba a esas personas
que se hacían llamar mi familia y me habían abandonado y juré que todos ellos eran así.
Mi versión adulta, solo reaccionaba a los sentimientos que yo había estado cultivando
durante toda esta vida, estaba reaccionando a todo el dolor que sentí cuando vi cómo
me abandonaban las únicas personas que tenían que hacerme sentir seguro, estaba
reaccionando a mi repudio hacia ellos y hacia todo lo que los representaba de una
forma u otra
― ¿Por qué no querías recordarlo?
― ¿Qué caso tiene?―respondí― menor de edad ¿recuerdas? No podemos
hacernos cargo de esto, no podemos arreglarlo, además a Faris no le importa, lo que
nosotros pensemos
―Entonces se trata de Faris―dije
―No, no se trata de…―suspiré―es que él…
―Pero si no hacemos nada estaremos como al principio…
―Pero siempre podemos…―sonreí― ya sabes, un cortesito por aquí y por
allá…
―Crees que ella estará feliz con eso
―No
―entonces no podemos―respondí.
Mi versión adulta se acercó a mí y me miró seriamente, como si le sorprendiera
que a pesar de mi forma de ser, aun pudiera decir una o dos cosas que sonaran
maduras y razonables. Puso su mano en mi cabeza, como si se tratara de un hermano
mayor y comentó
―Suena muy bien, pero no puedo hacerte regresar… hemos muerto
probablemente
―no me siento ya sabes, muerto…―respondí
―Créeme tengo experiencia…
― ¿Cómo fue?―pregunté, Lian me miró un poco curioso: ― Ya sabes, morir
―Justo como ahora, todo negro por un rato… y luego nada, y luego todo
empieza otra vez…
― ¿siempre igual?― pregunté curioso
Lian se quedó pensando, miró a su alrededor, como si mi experiencia con la
muerte le permitiera distinguir distintos tonos de vacío y oscuridad, aunque para mi
todo era exactamente igual, oscuro, vacío y frío
―No, recuerdo una vez…―comenzó a decir―fue diferente, en general morir,
es esto que vez aquí, solo una transición corta a la encarnación un maldito ciclo que
enloquecería a cualquiera… pero esa vez, recuerdo estuve sentado junto a mi cadáver
durante un buen rato, a mí me parecieron horas, pero… creo que solo fueron unos
minutos.
― ¿Quién te encontró?―pregunté
―Creo que fue Faris, intentó re-animarme―hizo el gesto con las manos cuando
te presionan el pecho para que vuelvas a respirar― ya sabes, 1, 2, 3 y revisar la
respiración… cuando presionaba mi pecho, sentía como pequeños cortes de corriente
en esta zona
Posó su mano en el centro de su pecho y comentó: ―de hecho, creo que no
estaba muerto del todo, porque sentía el dolor de la herida, la confusión y a la vez, no
estar confundido y saber todo lo que está pasando, creo que… quizás solo estaba
inconsciente o algo así, ya sabes esos momentos antes que significan una pequeña
oportunidad…
Me pregunté sobre cuál era la probabilidad de que ahora estuviera pasando por
una experiencia nueva, sobre todo porque me preocupaba morir ahora dejando a Cathy
a su buena suerte, cuando era obvio que tenía que encontrar una manera de acabar
con esto, una que nos dejara satisfechos a todos, y también nos permitiera vivir una
vida tranquilos
―pero esto es como todas las otras veces, cuando morí de verdad…
―Pero yo no me siento muerto— insistí
―¡Vale! Pero entonces si estas seguro de que no estas muerto, como le
hacemos para salir de este hoyo
Miré a mi alrededor, tenía que haber algo, una fisura, un interruptor… algo
―Un pestañeo―dijo Lian
― ¿Qué?
―si estas vivo del otro lado, deberías poder hacer un pestañeo―comentó
dándose vueltas por el lugar como si hubiera descubierto algo muy interesante― lo
recuerdo, esa vez, cuando Faris intentó reanimarme pude mover un poco la mano, pero
fue tan insignificante que él ni siquiera se dio cuenta…
―Pero como lo hiciste―dije
―Sé que va a sonar estúpido, pero yo solo quería ―dijo bajando los
ojos―quería que dejara de intentarlo y esa desesperación por no poder decirlo, creo
que me dejo moverme
Bien, necesito desesperarme, pensé. Necesito hacer algo que me permita
regresar. Mire a mi versión adulta y me acerqué a el y lo golpeé, sentí el dolor, esto es
muy raro, golpearse a sí mismo pero a la vez estar golpeando a otro exactamente
como tú
—¡hey¡ eso duele— me riño
—golpearme de vuelta —pedí
Mientras se pasaba la mano por la mandíbula un poco incrédulo respondió :—
no…
—¿tienes miedo de ti mismo?
Quería que me golpeara porque supuse que para poder salir de aquí, la parte de
mi que se resignaba a morir tenía que desaparecer o ser absorbida por mi
—no es miedo, pero no tiene ca…¡ouch! Ya para—dijo mientras le golpeaba
más fuerte esta vez
—que te da tanto miedo, que este lado de tu conciencia sea más fuerte que tu
—me desafíe a mi mismo
El me miró y noté como iba poniendo esa expresión cuando alguien me toca los
huesos lo suficiente como para quererlo muerto. Recibí una bofetada de vuelta, y yo a
cambio le di un puñetazo de vuelta, de pronto terminamos dándonos de golpes en el
suelo luchando por cual de los dos tomaría el control, el que quería vivir o el que quería
morir.
—date por vencido, es mejor que estemos muertos
—¡claro que no! —replique —tenemos que vivir y hacernos cargo de todo lo
que nos ha pasado hasta ahora
—pero muertos significa una oportunidad de hacer las cosas mejor —me
respondió mi otro yo :—una oportunidad para ser perdonados…
Dudé, ¿y si el tenía razón? Deje de golpearlo en el suelo, el sonrió y pareció
aliviado como si la muerte nos salvará de tantas cosas, pero solo nos salvaba a
nosotros, todo lo demás seguiría igual. Empecé a enfurecerme ¿y porque tenía que ser
una víctima? ¿Desde cuando era más valioso el papel de mártir? ¿Ser perdonado…? Este
sujeto tiene que morir. Sin alterarme, puse mis manos alrededor de su cuello y
presione con fuerza
—no quiero ser perdonado, quiero vivir y equivocarme una y otra y otra vez —
empecé a quedarme sin aire :—tu única opción es desaparecer, o subordinarte a mi, y
seguir siendo solo una voz en mi cabeza…
Mi otro yo, estiro su mano con la poca fuerza que le que le quedaba intentando
alcanzar mi cuello, hasta que me alcanzó a duras penas apretándome, queriendo aun
dominar. Sentía que no podía más, si el se asfixiaba yo lo haría también, entonces no
se que pasaría, pero aun así insistí. Lo hice hasta que tuve que cerrar mis ojos para no
volver a dudar.
Quieres matar a un demonio, la asfixia no les mata a menos que como yo, estés
en un espacio alterno entre la vida y la muerte. Pero si realmente tienes uno cerca y es
un dolor en el trasero, hay formas que si funcionan.
Cortar su cabeza o una bala son opciones rápidas aunque un poco sucias. Si no
quieres quitar manchas de sangre después, pues consigue un vale y córtala el cuello,
deja que se dé sangre poco a poco, eso lo matara, luchará un poco, pero morirá
igualmente. Si quieres que se vea accidental, entonces quémalo vivo.

Y se pronto empecé a toser, a toser con insistencia como si eso me fuera a


permitir recuperar el aire perdido. Abrí los ojos y note lo dañado que estaba el techo.
Claro, el incendio, la viga que cayó y casi nos aplasta, la que me rompió la cabeza y
me hizo quedar ¿inconsciente?. Trate de levantarme, pero unas manos me detuvieron
sosteniéndome por los hombros
—No Lían, no te levantes —me dijo Cathy, luego miro a su alrededor como si
buscará algo o a alguien. Advertí de inmediato que el humo se había disipado bastante
y la habitación ya no era un infierno, un lado de las ventajas que antes estaban
sofocadas por las llamas, ahora goteaban en un agua negra. Volví un poco mi cabeza a
mirar a Cathy que tenia ciertas manchas de hollín en las mejillas y en la cien cerca de su
ojo derecho
—está bien, puedo levantarme—dije a lo que Cathy interrumpió cualquier
intento inútil por demostrar que estaba bien. Una de sus manos estaba bajo mi cabeza
y presionaba con fuerza la zona a la altura del cerebelo
—¡Lexis! —llamó ella aunque no pude ver exactamente a donde, de pronto
como que todo me daba vueltas y luego volvía a estar bien otra vez:—Lían despertó