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Hace algunos días me fui de paseo a las cercanías del Lago Rapel, con el fin de

descansar y de conocer un poco una región un tanto distinta a la nuestra, ya sea en clima,
tradiciones y costumbres, no más lejos que 200 míseros kilómetros, que pese a ser tan
pocos, en nuestra geografía se hacen notar.
Para variar un poco, el GPS nos mandó para donde quiso, cuatro de la madrugada, en
vez de estar cómodamente aposentados donde nos íbamos a quedar, estábamos
encumbrados en la Presa de la Hidroeléctrica del lago, a más de 40 minutos de nuestro
punto correcto… Hermoso panorama, pese a ser de noche, un camino plagado de curvas,
conejos y zorros, verde, de un verde que ya no se ve por nuestra zona, un verde vivo.
Luego, de paseo, adonde nos llevara el auto, (esta vez el GPS estaba solo en modo
mapa), llegamos a Larmahue, donde nos asombraron las Ruedas de Agua o Azurdas,
antiguo método para captar agua de las acequias y llevarlas a los surcos para regadío,
mas tarde, noche ya, llegamos a San Vicente de Tagua Tagua, donde, frente a la Plaza
de Armas, (Verde también, con estatuas, juegos, Bebederos de agua…. Todo muy de
campo), campeaba triunfante una escultura de, adivinen quién?.... si el mismísimo
monstruo de la Laguna de Tagua Tagua, de dos metros de alto, colmillos afilados, alas
correosas, realizado hace dos años por el artista Yoel Pardo Clarke, y que fuera
financiada a través del Proyecto FNDR del Gobierno Regional, de la Región de O'Higgins,
otra muestra de la cultura y tradiciones de la zona.
Llegamos luego a Las Cabras, donde las bicicletas, los caballos y los autos compartían
amablemente las calles de la comuna, donde un muro blanco, impoluto daba la
bienvenida a la ciudad, y otro a la salida, los despedía.
Ya de vuelta a La Ligua, miraba nuestras obras, las agujas a la entrada de la ciudad, la
máquina de tejer, frente al terminal de Buses, al hermoso mural que hay en el Museo, y
ahí me quedé, con gusto a poco, con ganas de gritar, de exigir un monumento a la
Quintrala, en la Plaza, un ovillo gigante, de bronce, cobre o lata, de lo que sea, a la
entrada o salida de la ciudad, que haga juego con las agujas, de árboles que formen un
túnel como el Algarrobo…. En fin, de mas obras de arte que nos den una identidad, que
hablen de nosotros al turista, que no sea solo dulces y tejidos, que hablen de nuestros
temblores cotidianos,( aquí si que tiembla, pues…), del campesino, del pescador de
nuestras costas, del buzo mariscador, del minero, en fin de todos y cada uno de nuestros
habitantes, representados de una u otra forma de una manera permanente.
Sería hermoso ver una estatua en la plaza de armas, del diablo colgado de la barba, y con
una tumba abierta al lado, “ El diablo murió en Petorca y el La Ligua lo enterraron”, o de la
Catrala, o de Domingo Ortiz de Rozas o quien sabe cuántos personajes más, derrotados
por el tiempo y olvidados en un oscuro desván.