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Luií^ascual Estevill

Doctor en Derecho y Abogado

HACIA CONCEPTO ACTUAL RESPONSABILIDAD CIVIL

UN

DE LA

TOMO

I

PARTE GENERAL

BOSCH, Casa Editorial, S. A.

-

Comte cTUrgell, 51 bis

-

BARCELONA

A mis padres.

ÍNDICE

Prólogo

IX

 

\

PARTE GENERAL .

SKCCIÓN PRIMKRA

HACIA UN CONCEPTO ACTUAL DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL

 

CAPÍTULO I GENERALIDADES NECESARIAS

  • 1. a la temática propuesta

Introducción

7

  • 2. Concepto de responsabilidad, versus libertad

18

  • 3. Su significación

25

  • a) nuestro Ordenamiento civil

/://

27

  • b) los Códigos civiles continentales

En

30

  • 4. Concepciones doctrinal y jurisprudencial del momento presente

34

CAPÍTULO II

LA ASUNCIÓN DE UN MAYOR COMPROMISO FRENTE A LOS ACTOS Y OMISIONES PROPIAS COMO COLOFÓN DE UNA MÁS EFICAZ PROTEC-* CIÓN DE LOS UIENES PATRIMONIALES Y EXTRA PATRIMONIALES

Vül

Luis l'iiscual Kstcvill

 

tos de dinámicas oblij;;iciimes diferentes, generadoras de resi)()nsal)ilidades más acordes del níomento económico de a^í>ra

43

  • 6. El (lcl)or do n;>r!irifín en las relaciones de resultado y de

 

nv.dios. 1.a

inversión de la car);a de la prueba en las

ül)!it;i(ciünes de prudencia y dilij^encia, en sede de res- ponsabilidad contractual

53

  • 7. El principio «Neminem I.aedere» y su polivalencia en el campo de la responsabilidad civil

68

H.

responsabilidad civil por riesgo como instituto media- dor entre el ben-.-ficiado del progreso y el perjudicado por este. La responsabili-iad objetiva contemplada en ambas esferas de la respo.Labilidad civil

74

CAIMIULO 111

LA (DMi'LlJlUAl) •>• VAKILDAL) DLLMOMLN'lO LaC)NÓMK"0 ACTUAL KLn.AMAN tONCLl'nONl S AMlM-llTCADORAS 1)11 SKiNll ICADC) DL LA IMI'L) 1 AlilLlDAl) DLL DAÑO

9.

Una a!*vn> •' MÍ de 'os presui)isestos let;islativos, al ampa- ro de unas modernas realidades económicas, clama por la actualización de los elementos configuradores de la responsabilidad civil, delictual

85

  • 10. íSu a-Jecuación al nunienf) económico actual

93

IL La cu';»!! !j¡?<'iicion;íl y la negligencia como elementos

 

subjetivos agravatorios de la responsabilidad de indem- nizar los daños y perjuicios, por el incumplimiento defi- nitivo o defectuosamente realizado, en las obligaciones convencionales

102

  • 12. El dolo y la negligencia como fuentes generadoras de obligaciones de reparar el daño causado por actos delic- tivos

115

Sui^ereiicias hihliográjk-a.s

122

PRÓLOGO

Nosotros, desde un principio, hemos siüo conscientes de las dificiiUadcs que, por su complejidad, habla de orrcccrnos el estu- dio detenido de la responsabilidad civil y, en mayor medida, ya lo sospech.ibamos, y ahora lo constatamos, la exposición de la temática a quienes, por su formación intelectual y práctica diaria, conocen el mar de las inconveniencias por el que ésta navega. Pero, aun así, y habida cuenta de los csfuer/.os que la tarca había de significarnos, no ha resultado fácil, como se comprueba, renun- ciar a la tarea de explicar al lector la idea que tenemos del institu- to, en el momento presente. La responsabilidad convencional, en nuestro Código civil, vie- ne articulada por la mediación del precepto l.lOl; la dcUclual se relaciona con los artículos 1.089, 1.093, 1.902 y siguientes del mismo Ordenamiento civil. Tampoco es menos cierto que sus pre- supuestos ideológicos se fundamentan en el axiomático principio culpabilista, que antaño dejaran establecido los redactores del Có- digo de Napoleón, y nuestros Proyectos recogieron para que, en definitiva, informaran al que sería el concluyeme Texto legal, hoy aún vigente. El indicado elemento subjetivo, al constituir la piedra de esquina para, en su apoyo, determinar la responsabilidad, en ambas esferas, no acogía ya, desde un principio, la realidad que se vivía, y renunciaba, a priori, a la regulación de tantas,,otras situaciones que la convivencia en una sociedad que se moderniza- ba día a día iba a depararnos.

X

Luis Pascual Kstevill

Aun así, ios códigos civiles de la época sientan la tesis de que no hay responsabilidad sin culpa. El legislador del siglo pasado estaba mucho más preocupado por mürali/.ar comportamientos i-iue atender aquello que debiera haber sido su verdadera ocupa-

ción, cuíU sería la de reparar el daño

causado. A esta linea de

política legislativa se adhieren las doctrinas científica y jurispru- dencial de nuestro continente, a las que hacemos referencia en el cuerpo de esta obra, siendo así que las cosas se tornan más difíciles por mor de los adelantos técnicos. Las posibilidades de causar perjuicios aumentan geométricamente, dice LACKLI/., cuando el hombre quiere cncau/.ar las fucr/.as de la naturakva, cada ve/, más poderosas y peligrosas, a su servicio. Ll desarrollo de la gran in- dustria, del maqumismo en general, y de todo el sistema económi- co, en dcüniliva, despla/.an el régimen basado en el principio cul- pabil'Sla y, en su consecuencia, vendrán en producirse daños que

su cauóición nu será imi)ulable a la ilicitud de la acción u omisión

de un determinado ind

esleía del inicies ajeno

liduo, sin embargo la intromisión en la se produciría, l'or tales razones, y para

csias ciicunsiancias, el legislador promulga concretas leyes, con el carácter de especiales y iialurale/.a proobjetivisla. Así se formulan las que vcrsai.^n sobre la responsabilidad civil pov los accidentes de trabajo, por los daños acaecidos en la circulación viaria, maríti- ma y aérea. También se preocupa el legislador ilc regular, a virtud de la Ley de Ca¿a, los perjuicios que pudieran producirse por el ejercicio de la actividad a la que dicha Ley se refiere; igual interés legal se denota, aunque con posterioridad, cuando se articula en leyes la reparación del daño que traiga ra/.ón de la enegía nuclear, o en aquellos otros supuestos en los que, por Ley, se garantiza la posibilidad de que el consumidor o usuario puedan exigir las con- secuencias de una defectuosa fabricación del producto.

La disfuncionalidad que se opera, entre el derecho de daños codificado y la realidad social, se hace patente al filo de la propia necesidad que inspira la actividad legislativa que se ha dicho. Con todo, los Textos legales continentales seguían, y siguen, aferrados a la tarea moralizante, como si de reparar conductas pecaminosas se tratara, y no de procurar el equilibro patrimonial o moral de«í>-

I lacia un concepto actual de la responsabilidad civil

XI

justado por la acción perturbadora del dat"io. Las doctrinas cientí- fica y jurisprudencial de los países influenciados por el derecho de las Pandectas apoyan a sus respectivos Códigos civiles hasta finales del siglo xix, momento temporal en el que se contempla una novedosa desviación jurisprudencial, de reducid;^; alcan- , que, en el ámbito de la responsabilidad por razón de las obliga- ce clones que se contraen sin convenio, fundamenta sus exigencias, en las ocasiones en las que res ipsa loqueiur, en el módico deporte

procesal

de invertir

la carga

de la prueba,

sin

que

así,

y de

este

modo, pueda predicarse que la imputabilidad no tiene como pre- supuesto dcierminante el principio de la culpa. Siendo así que ni

el generoso desarrollo jurisprudencial del niimcro 1.", del artículo [.^M, del Código civil francés, contradice la tesis subjelivista que viene manifestándose en la Europa del pasado. Los acontecimientos tecnológicos y cicnlíficos, propulsados por la era de la industrialización, con todo, comprometen los sen- timientos del momento. Los movimientos sociales forjados a la

luz de los modernos avances claman por la puesta en práctica de un derecho de daños cimentado en un principio pro damnato, inspirado en la principal idea de la causación del perjuicio, y no,

empero, dejando al daño sólo frente

a su suerte, y al albur de que

el lesionado pueda demostrar quien es el culpable de su aminora- ción patrimonial o extrapatrimonial. En la medida en que los sis- temas de producción y comercialización van generando pingües beneficios, se comprende mejor que la excesiva prolección del sistema industrial y técnico invade la esfera de otros intereses, qi.tc también son dignos de la protección del Derecho. Se intuye, gra- dualmente, que si bien el progreso multiplica los accidentes desfíf- vorables, brinda, también, la posibilidad de su prcvisibilidad por. parte de quienes aprovechan el desarrollo tecnológico y científico en interés propio, lo que, si bien reclama aquel complejo de cuida- dos y cautelas que toda persona debe emplear normalmente, para no causar perjuicios a nadie, pone en evidencia, a contrario impe- rio, que determinadas actividades, aunque lícitas, crean riesgos, que al guardar relación directa con el daño que producen obligan ,T su resarcimiento.

XII

Luis l'ascual Estevill

Las necesidades del tráfico jurídico distan en mucho de avenir- se con las posibilidades codificadas, en materia de responsabili- dad civil, lo que deu; minará la crisis del sistema del derecho de daños. Y así será, ereclivamerUe. La diversidad y calidad de los nuevos elementos que configuran, primero, la producción de bie- nes y. después, la de servicios determinarán una alteración de los presupuestos legislativos, que impondrá la actualización de los elcmeiitos eonfiguradores de la responsabilidad civil, tanto dclic- tual como convencional, desplazando, así, el elemento moral ha- cía los conüiies ciue le son propios, cuales se advierten, en la esfera convencional, aciuellos que agravan el conlenido del daño deter- minado por el incumplimiento, mientras en el ámbito de las obli- gaciones que se coiuraeii sin convenio la culpabilidad se concreta- rá en la propia ilicitud de la acción u omisión. Aun siendo así que la complejidad y \ariedad del momento económico de principios de siglo ya no era comi)arable con el iiue se contemplaba y corres- pondía al siglo .wiii, al que corresponden los presupuestos ideoló- gicos que impregnan nuestro derechos de daños codificado, nues- tras doctrinas científica y jurisprudencial, por lodos CA.SIAN, y la Sentencia del Tribunal .Supremo de 31 de octubre de 1931, lian venido ignoraiidt), en materia de reparación de daños, las transfor- macion''s socioeconómicas que durante la primera mitad de este siglo se operaban día a día y, en este sentido, han mantenido con admirable firmeza la idea que un día jireconizaba el derecho justi- nianco, «sin culpa o negligencia no se está obligado a reparar nin- gún daño». Nosotros nos preguntamos: ¿Cuántos perjuicios ha- brán quedado desamparados en base a esta mágica fidelidad al derecho de Pandectas? Lstanios seguros de que esta telcológica creencia es anfibológica y que, por su propia naturaleza, no podía ser aplicada como remedio para todos los males, so pena de que muchos de ellos quedaran solos frente al mal.

Si contemplamos el Derecho como exigencia vital de la socie-

dad, es lácil deducir que las cuestiones que haya de decidir po.stu- lan soluciones dictadas a la luz de normas que sean producto de la razón práctica, y no, sin embargo, de elucubraciones de la razón

pura {C'Jr.

a C

..

\RNr;t.UTTi,

«Teoría General del Der.», trad. csp.

Hacia un co^^pto actual ilc la responsabilidad civil XIII

de Carlos G. Posada, Madrid, 1941). Así es, y no lo sería si los preceptos que constituyen el entramado principal de nuestro siste- ma del derecho de daños no los entendiéramos en relación al con- texto económico del momento, conforme con sus antecedentes históricos y legislativos, y acordes con la realidad social del tiempo que han de ser aplicados, número 1." del artículo 3." del Código ' civil, y no es así cuando se pretende determinar el daño proceden-

te de av.ciones u omisiones lícitas, y su contenido, en ba

..¿

al siste-

ma subjetivista

de siempre y que se empleaba y utiliza para la

concreción de la responsabilidad por razcín de la individual discri- minación de la comisión de un acto culposo. * '' ' listando así las cosas, el Tribunal Supremo, en sentencia de 10 de julio de 1943, marca un giro de noventa grados, en relación a la linea doiti inal que hasta aquel entonces había venido sostenien- do, en el sentido de admitir la presunción de culpa en contra del causante del daño, o lo que es la inversión de la carga de la prueba, «en los casos en los que resulte evidente un hecho que por sí solo determine probabilidad de culpa». Es evidente que la admisión iSc la citada corriente doctrinal cuenta con innegables ventajas sociales y que, en mayor o menor medida, como dice LUIS DíliZ- Pic.\Z(), protegerá mejor a las víctimas de los hechos lesivos, faci- litándoles sus reclamaciones y, lo que es más importante: por su mediación puede constatarse la ruptura con aquella granítica idea de poner a cargo y cuenta del perjudicado el agobio de tener que probar que el agente dañador observó un comportamiento contra- rio a la diligencia que exigía la obligación, o el deber infringido, cual prohibición postula el principio alleruin non luedere, o no haber cooperado, en lodo caso, como lo hubiera hecho un buen padre de familia o un ordenado comerciante, cual postulan los códigos civil y mercantil.

Con ser importante la variación jurisprudencial de referencia, habida cuenta del fin que se persigue, cual es el de que sean repara- dos todos los perjuicios que la vida social ocasione, con la excep- ción de unas especiales circunstancias que obliguen a dejar al daño solo frente al daño, lo cierto es que la meritada sentencia, y las (lue de inmediato seguirán sus razonamientos, no abandonan el

XIV

l.uis Pascu^Kstevill

axioniáueo principio culpabilisia como recurso niorali/.aale, cuando no el único válido, ajuicio de las docirinas, para dirimir, en lotlas las ciicunslancias, 'odo tipo de exigei cias, sin reparar en las esferas que las enmarcan, y dando mayoritariamcnte como válidas, cienliricamenle, aquellas tesis que determinan la respon- sabilidad coiUH'Ciual en base a la culpa intencional o negligencia y no, sin embargo, en el simple y único motivo que la concreta, el incuinpliiiuctilo. Amén (.le que en los confines de la responsabili- dad aquiliana queden sin resarcir muchos de aquellos perjuicios que su causación trae razón de actividades conformes con el Dere- cho, siendo así que al faltarle el requisito de la ilicitud culpable, como soporte del daño producido, quede el propio daño en el desamparo, siendo la consecuencia que se deduce, si se da, la de una situación francamente injusta, y cuya sinrazón se explica por e! estancamiento ideológico, cuando no por la descolocación tem- poral, de quienes se em|)eñan en detener el curso del tiempo, y vivir en la creencia de que puede servirse a la moderna sociedad de ahora con los mismos iiisirumentos que lo hicieran con la socie- dad de finales del siglo wiil, con unos ntodelos económicos rudi- mentarios, en competencia con los sofisticados métodos de pro- ducción en cadena y adelantados sistemas electrónicos de servicios.

I-rente a la panoránuca legislativa, doctrinal y jurisprudencial que hemos dejado expuesta, la que se constata en toda la Europa continental, especialmente en nuestro país, brota una realidad tec- nológica y científica que al filo de las citadas ventajas configurará un complejo sistema socioecoiutnico que ya no podrá gobernarse bajo las directrices culpabilistas úc\ momento, por mucho que se lo propongan la doctrina cientíl'ica, la jurisprudencia de nuestro Alto f ribunal y los razonamientos que construyan los Tribunales (.le instanci.is inferioics. Será necesario rcciclar los criterios jurídi- cos y uKicvconómicos para hacerlos compatibles con los princi- pios lie la justicia distributiva, lo (jue reclamará el abandono de aquellas ideas individuales, obsoletas por virtud de los progresos sociales y técnico-científicos. Son tiempos que exigen una más generosa redistribución de las cargas sociales, implicando y com-

IhlWu n concepto actua^jila responsabilidad civil XV

prometiendo en mayor medida a aquellos que se benefician de la moderna producción de bienes y servicios, lo que se logrará con e! corrimiento del sistema subjetivista en favor de una concepción del derecho de daños más objetiva, scgiin la cual se at' buirá una responsabilidad, y consiguiente obligación de reparar, a quien causa solamente un perjuicio, y en tanto exista una relación física entre la acción u omisión (aunque en el ejercicio de una actividad lícita) y el daño producido.

Con lodo, nuestra civilística, con escasas excepciones, repre- sentadas ,p. ir todos, por JORIMNO FRAGA y DítLZ-PlCAZO, y en el eAlranjero por BfilTl y LARIIN/, mantiene el principio individua- lista de la cul|xi como determinante de la responsabilidad conven- cional y aquiliana, consintiendo, con CASTÁN, los profesores AL- ii.\i At)tJO y LACRU/, por todos. Las resoluciones del Tribuna! Supremo, en su mayor parte, salen al paso de las situaciones quC el progreso les plantea y, al efecto, dejan constancia de que «es preciso atemperar el principio de la responsabilidad por culpa a impulsos de los imperativos que surgen de la realidad presente, de los avances de la técnica y consiguiente creación de riesgos», dice la Sentencia de 16 de mayo de 1983, añadiendo que, al efecto, habrá de relacionarse el artículo 1.902 con el número 1." del pre- cepto 3.", ambos del Código civil. Pero a renglón seguido advierte el Alto Tribunal que «en modo alguno cabe prescindir de que el principio de la responsabilidad por culpa sigue siendo básico en nuestro Ordenamiento positivo», Sentencia de 18 de mayo de 1984. Panorámica, la que se viene exponiendo, que incita al inte- resado por la temática de la responsabilidad civil a seguir desarro- llando aquellas ideas que, hace una década, el profesor Lui.S DÍEZ- PiCA/.o plasmara brillantemente en un trabajo titulado «la responsabilidad civil hoy» y que, con posterioridad, en cuestión de responsabilidad contractual, el profesor i-rancisco JORDANO rR.\GA, ofreciera su insustituible monografía, trabajo al que ahora y desde aquí reconocemos por sus méritos.

Al principiar este Prólogo ya hemos dejado constancia de las dificultades que la empresa había de comportarnos, pero hemos creído que, por la mediación de nuestro trabajo, podríamos con-

XVl

Luis l'asciuil Kstevill

inlniir a la sistcmaii/aci.'-i del derecho de daños en una sola obra, compuesta por esta i'arlc Cicneral. en un solo 'l\)mo y Sección, y oua Parle l-special, ariiculada en dos Secciones, constituyendo, cada una de ellas, kis volúmeriC^ i." y 2.", del lomo II, que estu- diaran, el I." Miluiuen, la compleja |")ioblemática de la responsabi- lidad contractual por el incumplimiento de la obligación preesta- blecida, y el 2." de los volúmenes la responsabilidad delictual o aquiliana, y aquella olía de ámbito más amplio, cual es la extracon- tractual, con una exposición, c|ue ju/gamos completa, de las cues- liunes tpie le son propias, diseñada en diez, capítulos, y contenien- do, el propio vubimen, la Subsccción Tercera, que en tres capítulos más. tratara de la responsabilidad en la que se puede incurrir por ra/ón (.le las llamadas negociaciones prcjiaratorias de un comíalo, o lo que es la ¡uculpa coníralicndo. La (ireiensión i.iue lUis anima no se agola en la idea de sislcma- ti/.ar el elenco de cuestiones inherentes al instituto, con ser impor- tante; prelendeinos !"uncionali/.ar la responsabilidad civil al servi- cio de los renómcnos socioeconómicos de ahora, con la ilusión puesta en el pensamiento de que no quede ningún perjuicio sin mdcmm/ar o reparar, desplazando, para ello, al principio moralis- ta de la culpa del preeminente pajjcl que se le viene atribuyendo como elemento determinante de la responsabilidad, artículos l.lOl, 1.9Ü2 y siguientes del Códii'.o civil, y situar a dicho ingre- diente en los confines de la discusión resarcitoria que les corres- pondan, cuales habrán de ser, en el ámbito de la responsabilidad convencional, aquellos cjue coadyuvaran a empeorar el daño que se haya producido al derecho de crédito, por razón del incumpli- miento de la relación obligación.il. Ln la esfera de la responsabili- dad e.xtracontractual, dicho principio culpabilista merece ser colo-

ca> ..o

en el marco que dejen establecido las acciones u omisiones

culpables, cual fue el diseñado por la !c.\ Aquilia, posición,de he- dió que posibilitará la impulabilidad en base al dolo o ncíílii^cncia del agente dañador, que con la concurrencia de los demás requisi- tos de rigor, implícitos en el artículo 1.902 del Código sustantivo civil nuestro, y demás preceptos concordantes de los Códigos con- tinentales, y jurisprudencia del Tribunal Supremo, sentencia, en-

1 lacia un concepto actu;>l

de la responsabilidad civil

XVII

tre otras, de 28 de febrero

de

1950, y, en igual sentido, de la Corte

de Casación italiana, de 16 de junio de 1951, fundamentará las exigencias reparatorias por la causación de perjuicios. Siendo así que, si el mentado elemento psicológico concurriere en la oportu- nidad de la producción de un daño objetivo, intervendrá, sólo, en

la agravación de la determinación del contenido del perjuicio y no, empero, en su concreción L'ÍÍ/., al efecto, la sentencia de nues-

tro .Mto Tribunal de

10 de junio de

19K8.

Al filo de las ideas que nos preceden y de los acontecimientos tecnológicos de presente, a los que hay que adicionar un sorislica- do sistema de servicios, acreditado en esta segunda mital del siglo, se convierte en una aspiración legítima actualizar el concepto de iesponsabil'.,lad civil; y en linca de pensamiento con esta exigen- cia, en esta Sección 1.' de la obra, que conforma la l'artc General, hemos dejado expuesto que cuando la injerencia a la esfera del interés ajeno tenga lugar a virtud del ejercicio de una determinada actividad liciui, o se trate de la causación de daños anónimos, la responsabilidad por los perjuicios causados se determinará en ^ base al propio rc.suliaJo lesivo, o al /7('.v,i,'o creado por la actividad, relacionada con el daño, operándose, así, el necesario concepto objetivista del derecho de daños, y no, empero, presuponer que la aminoración ha tenido lugar por la ausencia de la diligencia pre- ceptuada en el artículo 1.104 del Código civil, cual práctica proce- sal sigue, mayoritariamente, la doctrina científica y la jurispru- dencia de nuestro Alto Tribunal, contribuyendo, de esta manera, a la multiplicación de los supuestos de daños sin reparación, y en la proporción directa en la que el proceso tecnológico y científico amplíe su radio de incidencia, siendo así que aumentarán las difi- cultades para la identificación del culpable (presupuesto de h res- ponsabilidad para los culpabilistas) del perjuicio, a la vez. que se incrementarán los casos sin responsable, llegando al injusto resul- tado, en apoyo de este estático sentimiento, de dejar al daño solo

frente al daño. Es esta línea de pensamiento, precisamente, la que dejamos consignada en esta l'arie General de la obra, y en armonía con esta manera de ver las cuestiones de la responsabilidad civil segui-

XVlll

Luis Pascual Estcvill

rán los otros dos volúmenes anunciados para, con ellos, concluir el estudio de la publemáiica de referencia, con la preocupación enfilada hacia el interés de que sea útil para los demás.

El Autor

1>ARTE

GENERA L

SKCCIÓN PRIMKRA

HACIA UN CONCEPTO ACTUAL DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL

CAPÍTULO 1

,:

GENERALIDADES NECESARIAS '

  • 1. INTRODUCCIÓN A LA TEMÁTICA PROPUESTA

  • 2. CONCEPTO DE RESPONSABILIDAD, VERSUS LIBERTAD

  • 3. Su SIC.NUTCACIÓN

    • a) En nuestro Onlenamienío civil

    • h) En los Códiíios civiles conlinentales

  • 4. CONCEPCIONES DOCI RINAL Y JURISPRUDENCIAL DEL MOMEN- TO PRESENTE

    • 1. INTRODUCCIÓN A LA TEMÁTICA PROPUESTA

    Es bien cierto que la complejidad y variedad del momento económico del presente reclaman concepciones amplificadoras del significado de responsabilidad civil y, no lo es menos, por su consecuencia, que la diversidad y naturaleza de los nuevos ele- mentos que configuran la producción de bienes y servicios deter- minan dinámicas obligaciones diferentes de las que se hun venido contemplando hasta ahora, lo que genera modalidades de daños que, aun perseguible su reparación por las consabidas esferas que los enmarquen, contractual o exlracontractual, demandan ya, de las doctrinas científica y jurisprudencial, la asunción de un mayor compromiso frente a los actos y omisiones propios, o de aquellas personas p6r las que ha de responderse, como remate de una más eficaz protección de los derechos de crédito, de cualquier ín- dole.

    En la misma dirección de pensamiento que hemos dejado tra- zada en el anterior párrafo nos producimos al hacer someras refe- rencias, por ahora, a los institutos de la responsabilidad conven- cional y aquiliana, contemplados, con carácter general, en los artículos 1.101 y 1.902, respectivamente, del Código civil. En lo que concierne a la primera de las esferas vale la ocasión para anti- cipar que la indemnización de los daños y perjuicios, cr> el supues- to caso que estos últimos se irrogaran, fueren de presente o de futuro, inmediatos o mediatos', tendrán su causa y razón de ser

    • 1. Cfr. art. 1.106 del Cod. civ. y Sentencia del T.S. de 30 de

    marzo de 1926,

    entre otras. Vid., también, la doctrina sentada al respecto por el Tribunal de Cass.

    8

    Luis Pascual Estcvill

    euando listos se iniajiinen como la consecuencia de haber incum- plido el progranu) pres'.alorio al que hacía referencia IllICK y con- sagra el párrafo primero, iii fine, del articulo 1.107 de nuestro Ordenamiento civil vigente.- Es la contravencicSn del tenor de la obligacicin, incumpliéndola o pagando la prestación debida defec- luosamente, lo que determina el deber de tener que soportar la reacción ciue el Ordenamiento jurídico vincula al acto dañoso.'

    lin este sentido lo dispone el inciso primero del artículo 1.218 del

    Código civil italiano y el párrafo segundo del artículo

    1.101

    de

    nuestro Código sustantivo civil,'' siendo ambos textos legales con- secuentes con el concepto que de cuntplimiento se viene teniendo,

    desde Roma, D. 4t),3,61, a nuestros días. Sentencia del Tribunal

    Supremo de

    12 de

    mai7.o de

    1924, 16 de diciembre del propio

    año, y doctrina sostenida por nosotros, BULIRÁN Di; HüREDIA,

    DÍI:Z-PKA/.O,

    11I.RNAN!:)1;Z-GIL

    y

    CRISTÓBAL

    MONTLS,

    entre

    otros.'-.

    fin definitiva, pues, ''n el campo de las relaciones obligaciona- les, cuya noción se concreta en el terreno doctrinal, y no en el precepto 1.US8 del Código civil, la responsabilidad civil se deter- mina en base al inctiinpliniicnio, lo que es lo mismo tiue dejar de

    iialiaiio. en sciiieiicias, eiure olías, de 12 de junio de l')-17, 10 -;e mayo de 1951,

    lU de sepnenibre de

    1952. h de abrü de

    1952 y 1 5 de dicienihíe de

    195.^, y la lesis

    sostenida,

    en

    esie

    sentido,

    poi

    Di

    (.'iii'is. «Ll D.mo». Id. lUiseh, liarcelona,

    1975.

    2.

    (7' .liiKinNd IKM.A. «la lespoiis.ibilidad eoiUiacUial». ed. Civilas, S.A.,

    Madnd

    I9S7; Dli7-l'i( AZD. «luiidamenlos de DeieelioCivil l'aulmonial», tom. 1,

    Madiid 1979, y Miclii.l.l. GIÜKOLXNNI, «La Oglitaeión», uad. de Verdera Tuells,

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    .1

    Roma, 1951, IJelli, « l'eoiia Clenerale delle t)bbliga/.ione», lomo. II, Milano, 1953, liav iratl. esp. de J. Luis ur iiis Mo/os, Madiid, 1970, y JURDANÜ 1"KAGA, por

    lodos,

    i)h.

    íii.

    •1. «II deliiioie ehe non esegiie esallameiue la piesta/lone dovuta é tcnulo al risaieinieiilo del daiino» (1.218 Ce . italiano, párrafo I."), «y los que de cualqueir modo contiavniiereii el lenor de aquélla» (ineiso 2." del art. l.lül del Ce . espa- ñol).

    5.

    CJi. «Ll pai;o», üaieelona. 1986; «Ll eumpliniicnlo de las obligaeiones»,

    Madiid, 195<i, <d uiidainentos de Dereehoei\¡l patrimonial», Madrid, 1979, «De- reelio de Obligaeiones», Madrid, 19(}0, «Ll pago o eumplimienio de las Obligacio- nes», Madrid. 1986.

    llucia un conrppto actual de la responsabilidad civil

    9

    actuar el contenido de la prestación comprometida en el negocio preexistente. Otro orden de consideraciones en razón de las cuales

    quiera fundamentarse

    el (laño coiuiaclual, cual seria el dolo o cul-

    pa intencional, amén de incidir con posterioridad, en el tiempo, en el núcleo del instituto obligacional y, por su consecuencia, ha- berse desencauenado ya el mecanismo de la responsabilidad por el mero incumplimiento de la obligación, no sería determinante por su propia naturaleza de elemento perteneciente al fuero inter- no del obligado; siendo asi que la responsabilidad convencional requiere, para su asentamiento, la producción del nominado in- cumplimiento de la relación de referencia. Sin que, al respecto, quepa argumentar, en contra de nuestra tesis, que la mismísima contravención, en que el incumvilimienlo consiste, conlleva ingre- dientes de virtualidad subjetivista, cual sería la negligencia o falta de diligencia en orden a la satisfacción del fin de la obligación, l^ara tal eventualidad, y desde ahora para entonces, vaya por de- lante nuestro razonamiento: la propia construcción del mero aclo del incumplimiento conlleva como necesarias, cuando es imputa- ble al deudor y por ende generador de responsabilidades, eviden- tes dosis de falla de diligencia y prudencia que configurarán la ilicitud del aclo conculcador del derecho de crédito, sin que sea de rigor su considcraeitSn para concretar la responsabilidad.

    Dedicados, aún, a las cuestiones de la responsabilidad civil contractual y con el pensamiento ordenado hacia el incumplimien- to de una determinada obligación, como colofón del daño contrac- tual a indemnizar por el obligado al pago, y todo ello en correla- ción con el anterior párrafo que nos precede, habida cuenta de las consideraciones que hemos dejado consignadas en orden al cJolo o culpa intencional, como elementos no decisivos para la exigencia de las consecuencias de la contravención obligacional, valga la oportunidad, ahora y aquí, para situar, en los confines en los que nos movemos, el instituto de referencia. Al amparo del número primeu. del artículo 1.107 del Código civil el deudor de buena fe''

    _..

    de

    • 6. rx-be colegirse por deudor de buena le, en el contexto de los dos párrafos l precepto en cucítuSn, aquel obligado al pago que no habiendo cumplido, empc-

    lü

    Pascual E.stev¡II

    sólo responderá de los daños y perjuicios previstos o que se hayan podido prever en el niomenso di' constituirse la relación y, natu- raliiienie, que sean causados por ra/.ón de haberse cumplido la obligación. Sin embargo, cuando en la conducta contraventora concurra delibcrala voiunlns violandi Icgcm o actus intendonis ad ¡ci;cni lüi'dcndüín el .VO/VCZ/.N responderá de todos los que conocida- mente se deriven de 1;'. falla de cumplimiento de la relación, de lo que se inílere que el elemento doloso o culposo conllevara una ui^ríivücióii de la responsabilidad contractual pero no, empero, de- terininará la misma.' De 1^' que hasta aquí se intuye, y al amparo de los artículos

    1.089,

    1.091, l.lül del Código civil y 355 del de comercio, entre

    otros preceptos de ambos cuerpos legales, las funciones y exigen- cias sociales de cooperación encuentran reconocimiento legislati- vo en la forma de relaciones obligatorias y con ellas se armoni/.an un juego de intereses de los que surge la obligación correlativa, el

    contrato, lín su contra, y en contadas ocasiones, la Ley prescinde cuál sea la conducta ('e las parles y se aviene a proteger situaciones de hecho, relaciones cualificantes o circunstancias en las que el equilibrio ha sido alterado; de las obligaciones que se contraen sin convenio podrá el lector extraer los ejemplos suficientes para con ellos ilustrar nuestras referencias. En otras ocasiones la propia Ley reacciona cuando a un miembro del cuerpo social se le infiere un daño que por su consitleración de injusto lesiona aquellos intere-

    ses que la propia norma legal

    protege, imponiendo al agente la

    obligación de reparar el perjuicio causado, artículo 1.902 del Có- digo civil nuestro y, en esta misma línea, artículos 1.382 y 1.383 del Código civil de Francia, 1.151 y 1.152 del Código civil abroga- do de Italia de 1865, parágrafo 823 del Código civil de Alemania,

    41 del Código de las Obligaciones suizo y 2.043 del Código civil italiano, iioy en vigor."

    mi dctxT.

    VitJ. el art.

    1.269

    dfl

    Cód. civ. español

    y

    el

    art.

    ilaliano, en lo referente a la conlralación.

    1.439

    del CóJ.

    civ.

    • 7. Osri. «Desvia/.ioni doctrinali iii lema di rcsponsabililA per inadcmplmento

    dclle ubhligu/.ioiu», Rev. trun. dir. Proc. civüe, 1954, n." 59.5.

    8.

    Cóú.

    C'/r. en

    el mismo semillo la

    l'art. 7.",

    civ.

    de

    1851, de GAKCÍA GOYtNA.

    15,6

    y el

    art.

    1.900 del Proyecto de

    Hacia un con -cpto actual de la responsabilidad civil

    ,

    11

    efectuadas las anteriores precisiones se impone una más am- plia referencia a aquella clase de responsabilidad que se contrae por consecuencia de actos u omisiones que, aun interviniendo el elemento doloso o negligente, no están penadas por la Ley penal, artículo 1.093 del Texto legal civil. En la precitada esfera contrac- tual se afirmaba que la responsabilidad surge al dejar.incumplida una obligación preestablecida por las partes de la relación. En el campo de los daños aquilianos también se infringe una obligación, no paccionada con un miembro del cuerpo social sino que genéri- camente cr^a omiies. Y es, pues, la violación del principio alterum non lacdcic el que actúa el contenido del instituto de la responsa-

    bilidad extracontractual o aquiliana, consagrado, este principio ele Derecho, en el articulo 1.902 del Código civil español y concor- dantes de otros textos legales citados en el párrafo que nos prece- de, in fine. Las consecuencias del acto infractor, bien sean por acción u omisión, si producen un daño injusto, se ordenarán a la reparación íntegra de los perjuicios ocasionados, y en esta direc-

    ción

    resarciloria

    hay

    que estar al tenor

    de lo que se dispoiie

    en el

    artículo 1.107 del Ordenamiento civil español y sentencia, entre otras, del Tribunal Supremo de 9 de mayo de 1934 (en sintonía con dicha corriente legislativa y jurisprudencial pueden citarse, también, los artículos 1.149 del Código de Napoleón, 1.223 del Código civil italiano de 1942, parágrafos 1.292 y 252, n." 2.°, de los textos legales de Austria y Alemania, respectivamente),' en relación con el número segundo del artículo 1.107 de nuestro pro-

    pio Código civil y Sentencias del Tribunal Supremo de 15 de julio de 1983 y 23 de octubre de 1984, para cuando concurra aquel elemento cual es la culpa intencional a que hace mención el 1.902 del mismo Texto legal.'" Cuando, al filo de la cuestión, la pertur- bación del derecho subjetivo absoluto comportase daños de los

    llamados extrapatrimoniales o morales el quantum

    pecuniario a

    percibir por el acreedor lo será en concepto de «indemnización

    9.

    10.

    Cfr.

    D. 46, 8,

    13, l'r.,

    Paulo.

    ) de dolo O culpa intencional la Sentencia del Tribunal

    Cfr. para el supuesto i

    de Cass. italiano de

    20 de junio de

    1951.

    12

    uai Kstevill

    compensatoria», por razón de su imposibilidad reparatoria dada la naturaleza intrínseca del bien lesionado, en este sentido es de obligado estudio la doctrina sentada por la importante Sentencia !cl Tribunal Supremo de 6 de diciembre de 1912, entre otras de posterior pioiumciamiento. Una concepción actualizada del derecho de daños, por su pro- pio sigiiiricado, rec|uierc distinguir las responsabilidades por sus l'ueines de origen y no ha de ser óbide para su clasificación el hecho de que determinadas normas aplicables a la esfera de la responsabilidad contrac'ual sean preceptos idóneos en supuestos de responsabilidad delictual, artículos 1.104, 1.105, 1.106, 1.107, entre otros, del Código civil. La ilicitud ciue se determina por el incumplimiento de una relación coiiiporta, como se ha dicho, el electo indemnizatorio de los daños y perjuicios causados. La ilici- tud, también, que se produce por méritos de violar la genérica obligación de no causar daño a nadie genera el deber de reparar los i/crjuicios ocasionados, siendo la obligación reparatoria, en este caso, con.sccuencia de la comisión u omisión del ilícito; lo que en el campo contractual sucede es que la obligación preexistente puede ser la causa de la ilicitud en que el incumplimiento consiste. Aun al filo de la misión clarificadora que nos proponemos viene al caso advertir que muchos de los llamados elementos comunes de la responsabilidad aquiliana lo son, también, de la contractual, cuales la omisión de la diligencia, el daño, como efecto inmediato del incumplimiento, la causalidad, relación entre el daño y el obli- gado al pago, y la iliciiud o anlijuricidad, como significado jurídi- co del incumplimiento. El dolo y la negligencia son elementos sub- jetivus propios del sistema subjetivista que dejan configurados los preceptos qi;e regulan la responsabilidad extracontractual, artícu- los 1.902 al 1.910 del Ordenamiento Civil, alrededor délos cuales planea, casi sin excepción, el elemento culposo."

    Retomando la idea ciue dejamos consignada en el primero de los párrafos de este epígrafe es propio del actual momento la asun-

    • 11. Cfr. a Ro(iUL ViDE, «UT Kcs|X)n<>abilidaü Civil Extracontractual», cd. Ci-

    vuas, S.A., Madiiü, 1977.

    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    13

    ción de un mayor compromiso por parte de la doctrina científica y jurisprudencial, compromiso que en el marco de la responsabili-

    dad aquiliana o por culpa habría de consistir, en lo que a la prueba del elemento culposo se refiere, en considerar que, producido el acto ilícito, constatado el daño y establecida la relación de causali- dad adecuada debería ser al agente al que se le imputen los perjui- cios que se reclaman el que cargara con la prueba, en lodo caso, de que el resultado lesivo se ha producido sin que de su parte hubiese habido dolo ni negligencia, artículo 1.902 del Código sus- tantivo civil, mas al contrario, que en el tiempo, lugar y circuns- tancias observó los cánones de la diligencia apropiada, artículo 1.104 del propio Texto legal, o, a contrario imperio, que están a su favor razones que le exoneran de la responsabilidad corrcspon- diente, conforme a las reglas del artículo 1.105 del Código civil, referente al caso fortuito y fuerza mayor.'- Compromiso qiiasi- objetivisia que asume la doctrina jurisprudencial en scntencns,

    las que cita LACRU/,

    de

    23 de junio

    de

    1900,

    18

    entre otras, de de febrero y

    17 de diciembre de

    1914, 23 de octubre de

    1930,

    11

    de abril

    de

    1935,

    10 de marzo

    de

    1936,

    10 de julio

    de

    1943, 24

    de marzo de 1953, 3 de abril de 1957, 14 de mnyo de 1978 y 20

    de diciembre de 1982, y parte de la corriente científica, represen- tada, por todos, por el citado civilista y Díuz-PiCAZO, siendo de resaltar la contraria opinión sostenida por PANTALEÓN en cuanto hace referencia a la tradicional práctica ordenada en el inciso 1." del artículo 1.214 en relación al 1.902, ambos del Código civil.

    El Derecho tiene como fin último regular, para remediar, las situaciones en las que hay confiicto, de la manera más justa posi- ble, y en aras a esta confianza es por lo que creemos que transcu- rridos ya cien años desde la promulgación del Código civil se pro- tegerían con mayor eficacia actual los derechos de crédito dimanantes de la infracción de! principio de la no intromisión en la esfera de los intereses ajenos, o violación del implícito precepto

    • 12. ('/)•. en esta propia linca el arl. 1.148 del Cód. civil francés y Sentencias

    del 1 .S. de 2 de

    lebrero de 1926, 10 de diciembre de 1963 y 25 de marzo de lyó-S,

    cnire otras.

    \4

    allcruin non ¡ncJcn\ si al respecto se repartieran más equitativa- mente las cargas que el daño y su reparación conllevan, por su propia iiaturale/.a. Tesis, la que nos precede, que sin contravenir las directrices que coi^ carador general establece el 1.902 de nues- tro Código civil, vendría a paliar el doble esfuerzo que al acreedor acjuiliand se le viene imponiendo, cual es el de soportar el daño y probar que tal perjuicio fue por dolo o negligencia del propio agciHc "iran:;giesor; inversión del oiius probandi, por otra parle, i-iue ya se concreta er. c! veneno de la responsabilidad contractual cuando se irala de la exigencia de cünsecueiieias razonadas en el

    mcumiílimieiUo de obligaciones de diligencia y |)rudencia (conoci- das por la doctrina científica como obligaciones de medios), sien- do así (.¡uc, en este caso, es el acreedor el que liabrd 'e probar que la satisfacción del iiUerés obligacional se hubiera podido dar si el deudor hubiese empleado l:i ililigeiicia que exigía la naturaleza de la obligación y correspondía a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar, número I." del artículo 1.104 del Código civil, y parágrafo 276, luimeio I.", del BGB alemán, línea de pen- samiento que, en igual sentido, sigue nuestro Tribunal Supremo

    en

    Sentencias, entre olías, de 9 de abril

    de

    19V4 y 18 de septiembre de 1984."

    1963, 14 de junio de

    Para una más completa concepción del derecho de daños es preciso hacer, aunque breves, unas relerencias a la responsabili- dad civil que tiae causa de actos u omisiones penadas por la Ley, de acios antijurídicos, dice la Sentencia del Tribunal Supremo de 13 de noviembre de 1934, que por su mayor gravedad y carácter antisocial se considera que violan el derecho subjetivo público del listado, y a los que se les impone una sanción punitiva, además de la sanción civil, consistente en reparar, si se ha causado, el daño. De lo que se induce que la responsabilidad civil, cual fuere su génesis, articulo 1.089 del Ordenamiento civil, sus consecuen- cias serán de orden rcparulorio o indcinniziilorio, artículos 1.902 y 1.101 del Código civil.

    Hacia un concepto actual uc

    la re Sl)UII>UUIilu<ivi

    VII ><

    1 5

    La responsabilidad civil que se concreta por razón del ilícito penal tiene su punto de referencia en el ilícito civil, cuando óste se origina al tiempo que el delito o falla penal, siendo su naturale- za de orden exlracontractual, aunque la ilicitud lleve aparejada una sanción penal. En esta problemática acierta el profesor Panta- león al considerar que la acción reparatoria se persiga en el supues- to de referencia ante los Tribunales de lo penal o de lo civil, no por este motivo nos encontramos ante un concurso de acciones sino que, por razones de economía procesal, estamos frente a la elección de cuáles puedan ser las normas que han de regular la acción reparatoria del daño civil injustamente causado, preferen- cia que el articulo 112 de la Ley de Enjuiciamiento criminal reser- va al perjudicado para ante el Juez de lo penaU''' Con la misma finalidad y en el marco de los prolegótncnos al que se contrae el presente epígrafe o número es oportuno hacer una escueta referencia a la responsabilidad que se puede contraer en el tiempo y por razón de las llamadas negociaciones preparato- rias de un contrato o «culpa in coníralwndo». Los supuestos datlos por culpa iii contialiendo traen causa de la infracción de los princi- pios de la buena fe y corrección consagrados, genéricamente, en el número 1." del artículo 7." del Código sustantivo civil español y 1.175 del Texto legal italiano y, con específico carácter, en los artículos 1.258 y 57 de nuestros Códigos civil y mercantil y 1.374 del Código civil de Italia. La responsabilidad, pues, a la que veni- mos haciendo referencia será, forzosamente, de naturaleza extra- contractual por la fuerza de las propias circunstancias en las que la misma se genera. Las relaciones preparatorias del negocio, por su significación, no configuran, por el momento, obligación de clase alguna en el campo contractual, lo que, en oposición a la idea de IHERING, excluyen su concreta consideración al tenor de la máxima quod nullum est, nullum effectum producit, y s¡, empe-

    • 13. (//., jiarü esta ocasión, las scnltMitias de la Corte de Ca.ss. italiana de

    de julio de

    1945 y 1.^ de mayo de 1946.

    • 14. Cfr. los arts. 19 al 22

    y 101 al

    111 del Cód. Penal y 101 al 117 de la Ley

    Rituaria Criminal, en relación al núm. i." del art. 4." del Cod. eivil, y vid., lambién,
    1.1

    a r.ouARiX) FuNT, «Rellexiones sobre la resix)nsabilidad.civ\l en el proceso penal», RJC, 1988, págs. 99y ss.

    16

    Luis Pascual Estevill

    ';»

    ro, pueden violar el deber de no causar daño a otro, por infracción del principio de la buena fe, de donde surgiría, er^a omnes, la obligación de reparar el daño proferido, siendo el perjudicado el obligado a cargar con la prueba de que por culpa de la otra parte se le causaron unos determinados perjuicios, acción de daños que habría de fundamentar al amparo del 1.902, en caso de tratarse de actos propios y en el 1.903 por hechos ajenos o, lo que es lo mií-Jio, por responsabilidad indirecta.'* Nosotros creemos-y así lo deseamos, que por la mediación de las explicaciones que nos anteceden el lector podrá cerciorarse del concepto actual del derecho de daños. En igual medida pensamos que lo habremos introducido en la temática de la responsabilidad civil, campo este, sin embargo, de confines bien delimitados, pero de casuística dispersa y variada. La responsabilidad civil se genera poi el incumplimiento de una obligación prcexislenle (la contrac- tual), o bien surge a virtud de la lesión de un interés c inobservan- cia de un deber de respeto y de conservación de la estera de intere- ses ajenos (la exlracoiUi actual o aquiliana). Las circunstancias y maneras en las que allora el daño en la vida real son tan plurales como los comportamientos del hombre en sí mismo y en relación a las demás personas, íinimales y cosas de las que ha de responder, indemni/ando o reparando el interés lesionado.

    Sentado que se tenga el concepto de obligación, que no se ad- quirirá por la mediación del artículo 1.088 del Código civil, sien- do así que dicho precepto puntualiza en qué consiste, pero no su noción, y asumida que esté la doctrina del cumplimiento de las obligaciones, frente a uno o más sujetos determinados por la pro- pia obligación, o crga omnes, artículo 1.156, en relación al 1.157, del Código civil, y principio general del Derecho consistente en t|ue alieium non laedere, procede imaginar las consecuencias del incumplimiento de las obligaciones contractuales y de la violación

    1 i.

    (,'/;. lob traliajos de MAN/ANAKES SIXADI S, «L^ naturaleza de la responsa-

    liilidad contractual o culpa in-conlrahendtr», ADC, 1985, pág. 979 y ss., y «L.a

    resixiiisabiliilad precontraclual en lu hipótesis de ruptura injustificada de las nego- ciuciunes preliminares», en la propia Revista, año 1984.

    líacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    17

    del deber de respeto y conservación de la esfera de los intereses ajenos, para, en definitiva, estudiar la responsabilidad que se pue- de contraer al tenor de los artículos 1.101 y 1.902 y siguientes del Ordenamií-nlo r-ivil, en estrecha relación con el artículo 1.911 del propio Texto legal y artículo 2.740 del Ordenamiento civil italiano de 1942, siendo el texto de ambos preceptos, el español y el italia- no (aris. 1.911 y 2.740) tan poco afortunados, hasta el extremo de que puedan confundir que la responsabilidad patrimonial está funcionalmente vinculada con el cumplimiento del obligado. Debe, sin embargo, entenderse que lo está con el fenómeno opues- to, es decir, con el incumplimiento. Es preciso, pues, interpretar el artículo 1.911 del Código civil en el sentido de que el patrimo- nio del deudor i^aranüza el cumplimiento y responde del incum- plimiento, tesis que puede hacerse extensiva al citado precepto del Código civil de Italia, el 2.740."' En los epígrafes que en adelante nos proponemos desarrollar, estando ya introducidos en las cuestiones de la responsabilidad o derecho de daños, podrá el lector opinar si hemos acertado en transmitirle con claridad los mensajes que este capítulo se propo- ne, como necesarios para una mejor comprensión de los otros que conforman esta Parte General, si no fuere así estaría en juego - nuestra responsabilidad, que traería razón de nuestras limitacio- nes y no, empero, de culpa o ncglicencia, pues nos ocupamos en ' la tarea con toda la diligencia que la naturaleza de la obligac, i\ requiere y corresponde a las personas que lean esta obra. •

    • 16. Cfr. en este sentido a MICHF.LE GIORGIANNI, ob. cit., pAg. 149 y ss.; y RICAR.

    IX) ix; ÁNora., «Ij responsabilidad civil», Deusto, 1988, pág.s. 82 y ss.

    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    19

    • 7. CO.NCl!;'.''! O DE RESPONSABILIDAD, VF.RSUS LIBERTAD

    La impulabilida'i de las consecuencias del acto lesivo se afir- nió, ya desde la Escuela Clásica del Derecho penal, representada por CAKKAKA, en la libertad del individuo,'^ la que se presuponía en lodo ser cjue no tuviera peiiurbada su razón ni su corla edad le impidiere aquilatar convenientemente sus decisiones. Cuestión diferente es aquella que al amparo de los artícuios 20 y 220 de los Códigos penal y civil permitan, en circunstancias de excepción, perseguir con cargo al erario del ininmpulable la reparación del daño tiue éste hubiere causado, amén de la peculiaridad del moti- vo, al que haremos relerencia oportuna en el lugar adecuado de esta obra, no se desvirtúa, sin embargo, la tesis científica que un día trazara la ciencia penal del puNudo. LlSTZ, dice QUINTERO ()i.iVAK!-s, acercó '.-• ¡dea de aduar lihre a aquello que por la gene- ralidad de las personas se entendía como tal. La libertad, pues, se transformaría en un concepto .vt>cv<;/y no filosófico, renunciando, de este modo, a la averiguación de su origen.

    La imputabilidad, presupuesto de la culpabilidad en la ciencia penal, se predica de aquel que al tiempo de la acción u omisión posee las psopiedades exigiblcs para la imputación a título de cul- pa, k) que requiere, según ML/.ca.K, que la doctrina de la imputa- bi!id:.'d enfile su punto de mira hacia el estatuto de la personalidad

    • 17. C'lr. ii CioN/Aio QiiiNTiKO. «IX'rccho Pena! Parle General», Barcelona,

    l^Kí). Mi./(.iu. «liauídi) de IXiccIio penal», edic. puesta al día por QUINTANO Kii-oiills. cd. Rcv. de IX-r. Pnv., Madii I. l';57.

    del autor del ilícito. En el campo de la civilistica, y en concreto de la esfera de la responsabilidad civil, aun cuando se trate de un sistema de daños basado en el elemento subjetivo, cual c; el que se deja establecido en los artículos 1101 y 1.902 a 1.910, del Códi- go civil (aunque en alguno de los preceptos citados pudiera apare- cer alguna connotación objetivista), la im^utabili^lad se intuye de la relación casual. Aun con las variantes apuntadas, por razón de los heterogéneos fines que se persiguen en el uno y otro ordena- miento jurídico (penal y civil) la convergencia, sin embargo, se produce cuando ambos requieren, para que se opere la responsabi- lidad del agente y obligado a soportar sus consecuencias, cual fue- re la naturaleza de las mismas, que éste se encuentre c/i un estado de conciencia y de salud del espíritu que garantice su lihre determi- nación de voluntad.^* Libre albedrio que se hará extensivo para los supuestos de responsabilidad civil indirecta, habida cuenta del papel que el dolo y la negligencia juegan en esta esfera del derecho

    de daños. La responsabilidad civil como deber del deudor y sometimien- to de los bienes patrimoniales del mismo, con la finalidad de que éstos satisfagan el interés del acreedor, artículo 1.911 del Código civil, no podría comprenderse como reacción del ordenamiento jurídico vinculándola al daño sin atender y aceptar el concepto sociológico que se tiene de la libertad en la vida ordinaria de las relaciones humanas. Tampoco se podría asumir el concepto de pena como reacción del Estado si no tuviera una relación directa con un acto libre de un ser responsable. Como advierte el profesor QuiNTi-RO el positivismo iusnaturalista no ha demostrado s.or una corriente científica superadora del clasicismo que aceptamos, FE- RRi, con su determinismo, más bien contribuye a la propedéutica de la anterior Escuela Clásica que a construir una referencia segu- ra acerca del concepto de responsabilidad versu libertad.

    • 18. Tesis, esta, que en modo alguno contradice lo que se establece en los arts.

    20 y 220 de los ordcnamienios penal y civil, pues el uno y el otro preceptos hacen

    referencia, precisamente, a la imputabilidad del agente c insolvencia del obligado, siendo la excepcional operativa pensada para cuando se den circunstancias que

    claman por una reparación equitativa del daño.

    .

    .

    20

    Luis Par.ciMl Estcvill

    lin el ámbito de la responsabilidad jurídica, garantizada la li- bre determinación del individuo, ¡as wnsecuencius son ¡a medida de .sus dccisiotu-s. y es esta moral de la responsabilidad la que mejor cuadra con las exigencias de! Ordenamiento civil. Sin em- bargo, quien actúa conforme a una ética de la convicción, some- tiéndose asi a los impeK.;ivos kantianos, no se. rcsponsabili/.a del resultado, antes bien, actúa con referencia a unos preceptos o valo- res absolutos, lili su consecuencia es bien cierta la tesis de MAX WLtíLK expuesta txir la prolesora CAMI'S al advertir que «si a la moral de la responsabiüdad no le importan los cosfos personales, singulares, de su acción u omisión, a la ética de la convicción le llenen sin cuidado los costos .sociales». De todas Ibrmas, dice la escritora cily.da, el propio WhiiUR reconoce que nadie actúa con- forme a una estricta ética de la responsabilidad careciendo en ab- soluto (!•: convicciones. Nadie, empero, firmemente convencido de ciertos valores se declara íanáticamente irresponsable de las consecuencias de sus actos. Es, precisamente, la madurez del hom- bre, con lo que tal adjetivo coniporta, la que determinará ta res- ponsabilidad por sus consecuencias, aunque inmerso en la lucha de aquellas dos éticas, la de la convicción y la de la responsabilidad, que aun siendo diferentes se complementan.

    Nuestra tarea ha de ser la búsqueda de la identidad del derecho de daños en relación directa con el presupuesto de la libertad indi- vidual de! hombre (a la que haremos mayores referencias) en los conrmes del Derecho. Así, pues, ser responsable significa afrontar, frente a los demás, las consecuencias del incumplimiento de una obligación que se hubiere dejado preestablecida, de medios o de resulíadu. en definitiva responder genéricamente de la violación del pnneipso ulicrum non lucdere, que en la una y otra esfera de los daños constituye la piedra de esquina del instituto de la res- ponsabilidad. Ello es así de cierto tanto en el terreno de los perjui- cios contractuales como en el de los aquilianos, pues infringiendo la obligación convenida se vulnera, también, aquel otro más gene- ral deber ci-a! es el de no causar daño a nadie. Saliendo al paso de la concepción que NiETZSCnc tuviera acer- ca úc la responsabilidad lllosófica en el sentido de afirmar que

    Hacia un concepto actual de la rcspcasabilidad

    civil

    21

    venía a ser «esa larga tarea de crear un animal al que le sea lícito hacer promesas», lo cicito es que el ordenamiento jurídico es un pcí^Oado de la convivencia social. La razón de ser del Derecho

    c¿

    ..

    -:.

    rrzón vital. Por ello las cuestiones vitales que ha de decidir

    ei Derccno pasíul£:n soliiciones dictadas a la luz de normas que sean el producto de la razón práctica, y no de elucubraciones de la razón pura. CARNELUITI, en esta línea de pensamiento, advirtió

    de su afectada ignorancia de la Filosofía, lo que no era óbice para que le impidiera trabajar en la Ciencia o Teoría General del Dere-

    cho.'''

    ».'

    El concepto de responsabilidad, cuyo presupuesto indispensa- ble es la libertad del sujeto al que el Dercho vincula los efectos perniciosos del acto u omisión, reclama la concurrencia de normas concretas y principios generales para subvenir, a guisa de modus vivendi. a las necesidades que la sociedad demanda del instituto de la responsabilidad, artículos l.lOl, 1.903, 1.904, 1.905, 1.906, 1.907, 1.908, 1.9C9, 1.910 y 1.902, del Código civil, además de otros preceptos dispersos por éste y otros códigos y leyes especiales de puntual aplicación.

    El Derecho, como fenómeno social, dice el insigne profesor MANS,^" es paralelo al lenguaje, ambos son hechos biológicos y se deben a exigencias ineludibles de la vida en sociedad. El lenguaje es para el tráfico de las ideas lo que el Derecho es al de los intere- ses. Si el lenguaje es imperfecto, dice el doctor MANS, de suerte que ciertos matices del pensamiento resultan prácticamente inefa- ^^ bles, la imperfección de las leyes positivas y de la justicia legal, deja también un margen de insatisfacción de la conciencia, que sólo puede llenarse por la equidad, extendiéndose tal paralelismo, también, a su evolución histórica.

    Siendo, pues, como se ha dicho, el Derecho una ciencia tenden- te a la regulación práctica de la convivencia social, necesitada, por ende, de normas que acomoden los comportamientos de los

    • 19. Cfr. «Teoría General del Derecho», trad. al csp. de Posada, Madrid, 1941.

    • 20. Cfr. «Hacia una ciencia general del Derecho», cd. líosch, 2.* edic, Barce-

    lona, 1962.

    T-)

    Luis í'i a! Estcvill

    micoibros de aquel cuerpo al dictado de aquellas dichas normas, es por lo que la responsabilidad jurídica, no su noción, consiste en tener muy prcscnlcb las verdades y valores que se comprenden en las-enirañas de los preceptos que la ordenan, siendo que la idea

    de NililzsCliL, amen do ser incompleta en cuanto al moJus opc- randí que predica, pyr su exclusión del libre albedrío, no cor. tru- ye su naturaleza. La responsabilidad, ;<1 servicio del interés contra- venido, indemnizándolo o reparando el daño que se le ha causado, cumple la finalidad preceptuada por ley y se aviene a los dictados de la ra/óii práctica, cual es el aforismo priinum vivere de indefdo- sujaie.

    Nosotros, ahora y aquí, planteamos el imperativo de la libertad en relación al de la responsabilidad y lo hacemos no, precisamen- te, como si de una situación de conllicto se tratara, más bien como institutos concatcüc'düs. En definitiva, pues, !a libertad como pre- supuesto de la responsabilidad y ésta consecuencia de aquélla.-' Hasta aquí hemos venido planteando la naturaleza de la libertad en base a aquel actuar del individuo que la sociedad, en general, ent'cnde como un desenvolverse libremente, conformando así, de cbta nu'.aera, un concepto social de la libertad. Otras construccio- nes que nos asistieran en nuestro empeño de la búsqueda de la naturaleza de la libertad podrían fundamentarse en aquellas disci- plinas que estudian los estados de conciencia y la salud del espíri- tu, para con la finalidad de estar en lo cierto, en materia de liber- tad, cuando por el hombre se produzcan unas determinaciones de voluntad. Otro enfoque .sería el de confiar el estudio de la inimpu- labilidad, por carencia de libertad, a las ciencias sicofisiológicas para, así, encontrar una explicación científica del porque de aque- lla supuesta incapacidad para responder de sus actos u omisiones,

    • 21. SICIKIÜ, en el lerrcno jurídico, de obligada presencia los elementos objeti-

    vos y subjetivos cuales son el acto

    ilícito, la realidad del daño y la relación de

    causalidad, Sentencias del Tribunal Supremo, entre otras, de 22 de diciembre de

    s

    1928, 5 de abril de 1913, 22 de lebrero de 19'16, 2S de lebrero de 1950, 2 de

    |

    diciembre de 1964, 20 de junio de 1984 y Sentencia del Tribunal de Cassazione italiano de .^ de febrero de 1953.

    §

    ")•)

    rir

    ./Piir;i

    rriiSiic» V niiliiici». cd. Alian/.i

    l'ilil. S. A

    ..

    Madrid, 1988.

    Jl.

    llaci- un concepto actual de la responsabilidad civil ,

    23

    siendo así que se evidenciaría la constante confusión entre incapa- cidad y pro.lrhición, de suerte que la primera surge de las entrañas del propio individuo y la segunda le viene impuesta por voluntad del legislador, lo que induce a creer que se trata de una perdida de libertad que se recuperaría con la derogación de la norma que la restringe. Es evidente que al ser el Derecho, por su naturaleza, una ordenación de la razón práctica los presupuestos en los que fundamentar la libertad del responsable han de ser, también, ase- quibles al comiin entender. Una concepción de la libertad más amplificadora, que permi- tiera la imputabilidad de responsabilidades plurales pertenecien- tes a esferas diferentes es la que puede extraerse de la obra de VICTORIA CAMI'S al estudiar, y después comentar, un interesante artículo de ISAlAU BcRLlN («Two concepts of Liberty»). De las dos distinciones que del concepto de libertad hace Berlín, libertad positiva y libertad negativa, sólo aquella idea que imai^ina y conci- ' be fines y programas propios para llevarlos a cabo, cual es la cara positiva de la libertad de Berlín, es la que nosotros traemos a capítulo, convencidos de que la naturaleza intrínseca de su propia • construcción interesa al Derecho, y en especial a las doctrinas de la imputabilidad, sea civil o penal. El hombre que quiere ser cons- ciente de sí mismo como ser pensante, deseante y activo, respon- sable de sus decisiones y capaz de explicarlas con referencia a sus ideas y propósitos, se siente libre en la medida que cree que esto es cierto; concepción de la libertad, la de Berlín, que a poco que se mida convergerá con la idea kantiana acerca de la persona hu- mana con fin en sí misma. En definitiva el aspecto positivista de

    la libertad, ajuicio de VICTORIA CAMPS, BERLÍN y JOHN STUART

    MiLL, maximiza los poderes del individuo en bien suyo y en el de

    la comunidad social. En último término conviene dejar claro que el ejercicio de la libertad no consiste solamente en la ausencia de incapacidades biológicas, de intenciones coercitivas, de imaginación y concep- ción de fines y programas para con la intención de llevarlos a la práctica. Ser libre es poder serlo y esc poder ha de venir garantiza- Ho V refrendado núblicamcntc. Los derechos básico*; son un deber

    para el Estado, cual es el de procurar la satisfacción de las necesi- dades indispensables para que el ejercicio de la libertad sea una f;ilid;í<!. En su consecuencia, el Estado de derecho quedaría en una mera decl-iración de principios con un Estado mínimo como el que preconizara NOZlCK. También los principios ravvlsianos de la igualdad precisarían del compromiso de una jerarquía de nece- sidades ü derechos básicos. De entre todas las posibilidades de libertad hay que convenir qué libertades deberían ser subvencio- nadas, aniojándosenos la justicia material, como presupuesto de !a libertad, la llamada procedimental no siempre es satisfactoria. La ¡dea liberal de la libert;ii' puede ser superfina si carece de ga- rantías o condiciones que permitan enarbolar de verdad el princi- pio de «igual libertad para lodos ante la Ley.»

    • 3. SU SIGNIFICACIÓN EN NUESTRO ORDENAMIENTO CIVIL Y EN LOS CÓDIGOS CIVILES CONTINENTALES

    En principio, como dice GlORGlANNl," la violación de cual- quier derecho a oportunidad para la exigencia de responsabilidad al que lo haya trasgredido, se trate de un derecho de crédito prees- tablecido, artículo 1.101 del Código civil, o de la infracción de aquellos deberes de prudencia y diligencia que se hallan implícitos en el precepto 1.902 del mismo Cuerpo legal civil, encontrándose ambos artículos en linca de correspondencia con aquellas otras normas que se consignan en otros tantos ordenamientos civiles de nuestro entorno cultural, y con finalidad de regular situaciones de igual naturaleza; siendo oportuno citar, para el momento, los,ar- tículos 1.218 y 2.043 del Código civil italiano de 1942, actualmen- te en pleno vigor, 1.146 a 1.155 y 1.38?. a 1.383, del Código de Napoleón, parágrafos 276 a 280, 286, núm. 1.", y 823, del '"Jdigo civil alemán, artículos 97 y 41 y siguientes del Código federal de las obligaciones suizo, etc. Entendido de este modo el derecho de daños, éstos vienen a ser como las consecuencias de las propias decisiones del sujeto- agente, las que sufragará, como afirma LARF.NZ, con la sumisión de todo su patrimonio a los efectos de la ejecución forzosa del acreedor, artículo 1.911 del Código civil y cuyos precedentes son el 1.920 del Proyecto de Código civil de 1851, Ley 8.', Tít. 3." de la 7." Partida y Dig. de verhorum significatione. Ley 39, párrafo

    • 23. Cjr. ob. cii. anleriormente.

    26

    Luis Pascual Esícvil!

    I.";-"" con las excepciones que se dejan establecidas en los artículos 1.023, 1.857, 1.807, 1.920, todos del Código sustantivo civil, y 1.448 de la Ley de Ritos civil, tas modificaciones convencionales a la responsabilidad civil universal del solvens son poco admisi- bl'ís, auYi teniendo presente el precepto 1.255 del Código civil, pues aquellas exoneraciones o limitaciones convencionales, como acertadamente expone SANTOS URIZ,-' colisionarían con la norma

    que preceptúa

    el 1.256 de! mismo Texto legal, en el sentido de

    i|ue quedaría a la exclusiva voluntad del ohlii^ado al jiago el cum-

    plimiento del interés del accipicns.

    L:. definitiva, asumida la tesis unificadora de aquella idea pro-

    veniente de la doclrii

    ..;

    alemana, consistente en afirmar que la

    obligación estarí.i coni.puesla por dos elementos diferenciados, el iU'biii) y la rcs¡iüii.Mbilidad, no es nada extraordinario que nos en- comiemos en aquella línea de pensami'.-nto c|ue haga derivar ''el acto constitutivo de una determinada obligación, primero, una relación de débito en favor del sujeto activo de dicha relación y, en segundo lugar, si la prestación en que el mismo consiste no se activa, la propia obligación que vinculaba al solvciis al cumpli- miento pacífico se transforme en relación de responsabilidad ex- clusivamente, por ra/.ón del instituto del incumplimiento o viola- ción, (T,i,'u utniíf.s, del principio ncmiiicm laeJerc. Ello, por sí solo, comporta la afirmación de la interdependencia del débito y la res- ponsabilidad, lo primero como presupuesto de la segunda y esta consecuencia de la prestación incumplida, defectuosamente reali- zada o contravenidos los deberes de prudencia y diligencia que generaran el deber de reparar el daño supuestamente causado.

    La responsabilidad civil, cualquiera que sea la esfera que la enmarque y el supuesto que la conforme, subjetiva u objetiva o por riesgo, viene a ser para el titular o titulares de lo-; derechos de

    • 24. C'/r. r. GARCÍA GOVINA, «Concordancias, motivos y comentarios del Có-

    digo civil c.-.pañol>>. Zara^ií/.a, l')74.

    • 25. Cjr. «I.a Kcspoiisaliilidad Civil», 4.'' cdic, cd. Montccorvo, S. A., Madrid,

    Hucia un concepto actual de \a responsabilidad civil

    27

    crédito, concretos o abstractos, preestablecidos o a establecer,^* la real garantía de la efectividad de la prestación a \a que puedan tener derecho. Una concepción de la relación obligacional, cual- quiera que fuere su génesis, artículo 1.089 del Código civil, enlaza- da exclusivamente con el débito, como se ha dicho, dejaría al arbi- trio de una de las partes de la obligación su cumplimiento y, en su consecuencia, degradaría la consideración que de tal derecho tienen los ordenamientos jurídicos, de presente y del pasado.

    El derecho a exigir la indemnización o reparación de los daños causados al acreedor, cuestión que conccptualmentc no es lo mis- mo, conforme tiene reconocido el Tribunal Supremo, en sentencia de 24 de junio de 1969, en base al incumplimiento o infracción del deber de no causar perjuicios a nadie, es asunto que el solvens habrá de afrontar, unas veces en relación a un accipiens concreto y, otras, erga omnes. Esta línea de pensamiento, configuradora del derecho obligacional como instrumento coactivo al sc.vicio de los derechos de crédito, en las ocasiones en las que éste se contraven- ga, garantiza al sujeto activo de la relación con los bienes patrimo- niales del deudor, que concebidos en su totalidad, responderán,

    si

    .'iniere al caso, de los compromisos económicos a los que se

    halle implicado. Sii \do la tesis que venimos sosteniendo la que

    mejor cuadrará con nuestro Ordenamiento civil y demás códigos civiles del continente.

    • a) En intcslio Ordenamiento civil

    Compendiando mucho de lo que hasta ahora se ha dicho, la responsabilidad, como deber del deudor y sometimiento de los bienes patrimoniales del mismo con la finalidad de que satisfagan el interés del acreedor, no es otra cosa, dice BETTI," que la expre-

    26.

    Cfr. arts. 1.101, 1.902

    y ss., 19 a 22 y 101 a 111

    del Código penal y 101

    a 117 de la L. de t. Crim., y demás preceptos de obligada aplicación, iKrtenecien- les a otras leyes promulgadas para la ocasión, cual es, a guisa de ejemplo, la Ley reguladora de la Navegación Aerea.

    • 27. C'/r «Teoría general de las obligaciones», cd. Rev. Dcr. Priv., lom. 11,

    28

    Í_,U!>

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    il>l»J

    ¿'-.SltT.tL

    sióp de una relación jurídica entre la persona en favor de la que se ha constituido y el titular del bien objeto de la obligación. El sujeto acl'vo de la trama liene una expectativa o posibilidad que recae sobre el bien, el solvens corre el riesgo de perder una parte ü el iodo Je su patrimonio, articulo 1.911 del Código civil español y 2.740 del italiano de 1942. La construcción del instituto no dific- rc, para nosotros, de como la viera el citado civilista. Efectivamen- te, se trata de que el acontecimiento esperado «o se produzca, o de cualquier muñera se contradiga el tenor de la obligación exis- lenle entre dos siijetos," o, en otro caso, aconteciera el suceso temido, cual sería la violación del principio neinincín lacderc?'* En último termino, como dice ADRIANO DE Cui'is, le son de obli- gada presencia a esta arquitectura los elementos «subjetivo y obje- tivo» representados, el primero, por el suceso esperado o temido por una de las partes y, el segundo, por el bien perteneciente al otro sujeto de l.-^ relación de responsabilidad. La extinción del de- recho de daños podría predicarse en función de si se produce el acontecimiento ;'sperado, o cumplimiento de la obligación, cuan- do el suceso temido no ha tenido lugar, por no haberse dado la transgresión de los deberes de respeto y diligencia, cuales hubieran invadido ilícitamente la esfera del interés ajeno y causado los con- sig',!ientes daños, o bien a virtud de la pérdida de la cosa debida, sin culpa o negligencia del obligado, en las obligaciones de entre- gar cosa determinada, artículo 1.182 del Ordenamiento civil, y ari ículo 1.184 del mismo Texto legal, para cuando se trate de rela- ciones u obligaciones de hacer, y éstas resultasen legal o físicamen- te imposibles de realizar, Sentencias del Tribunal Supremo de I de m,.yo de 1912 y 2 de octubre de 1984, entre otras.

    Esta obligación de 'ndemnizar los daños y perjuicios a causa de haber incumplido la relación preestablecida, en cualquiera de sus extremos, o la ciue surge de tener (.¡ue reparar el daño por infracción, de los deberes consagrados en el genérico principio aUe- niin non luedere, resulta, también, clara y evidente de nuestro

    2H.

    CJi:

    d

    aii.

    I.IOI del Código civil

    y 1.218 del de Italia de

    1942.

    29.

    Cjr. el mi.

    I.W2 del Cóiliijo civil y 2.043 del de Italia de 1942.

    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    39

    van produciendo a causa del desarrollo de actividades humanas, o por la puesta en acción de máquinas o instrumentos, fruto de las técnicas modernas, que de por sí son generadoras de riesgos. Las instituciones jurisprudenciales italianas comprendieron que la tesis de la culpabilidad resultaba insuficiente para la protección de los intereses que se ponían en juego por el devenir de aquellos adelantos y, saliendo al paso de aquellos que pudieran entender que tal criterio jurisprudencial podía significar un retroceso en el tiempo, advirtieron que las nuevas doctrinas de la responsabili- dad, sin culpa o por riesgo, más bien que una involución conte- nían el acogimiento de las exigencias de reparar un daño en base a situaciones nuevas, propias, también, de tiempos nuevos.''^ En definitiv;\, pues, y dando por concluidas las referencias he- chas a las legislaciones civiles, nuestra y foráneas, con las progra- maciones culpabilislas que les hemos atribuido, con escasas excep- ciones entre su articulado, vale decir que las doctrinas científica y jurisprudencial se han venido debatiendo, en el campo y esferas de la responsabilidad, acerca de cuál habría de ser el principio imperante para una ajustada fundamentacióu del derecho de da- ños, de entre las corrientes viilpahilisla, de responsabilidad por ñes)io o sin culpa, o basando el resarcimiento en el concepto de íiaraníizar la ohtiiiación, siendo significativas, al filo de estas co- rrientes, las tesis de MAZLAUÜ, DIL Cums y STARCK.'"' Sin entrar a examinar, ahora, la estructura y significado de la obligación de garantizar la relación de débito y responsabilidad, la.independcn- cía de cuyos elementos de la obligación defiende EMILIO BETTI, y no, sin embargo, GIORGIANNI y nosoiros,''^ sí, por otra parte, que es oportuno advertir que los defensores de la culpa lo hacen en su consideración de piedra angular para la determinación de cual- ciuicr tipo de responsabilidad, haciendo de este método una defcn-

    • 41 CJr. UüNASSi UcNiícci, «La responsabilidad civil», ed. Bosch, Barcelona,

    l')!>8 y Üomcnico IUKHLKO, «Sistema del Derecho privado», lom. IV, uad, esp. de Seiilis Mcleudro, Buenos Aires, 1967.

    • 46. CJr. las obras de MAZtAD y Dt Cui'is, ya citadas en este cap., y la STARCK.

    «Essui d'unc Ihcorie genérale de la responsabililé civilc», París, 1947.

    • 47. BLRI y GiDiuiUNNi en las obras citadas por nosotros en este capitulo.

    40

    t^ui 3

    •.

    a:>>4.i-í«ii

    A^.^iv *

    sa a ultranza de la libcuad moral del hombre y negando, en su consecuencia, que la ley física de la causalidad pueda ser instru- mento idóneo para la reparación o indemnización del daño, atri- buyéndole a este hábito el retroceso histórico cual es el que com- portaría retornar a los tiempos de Roma. La promoción de la exigencia de responsabilidad sin culpa, causal u objetiva, tiende a consagrar lu idea de que no quede ningún daño sin reparar en

    base a la propia existencia de éste y su entronque

    físico con la

    causación del acto u omisión, siendo la pretendida responsabili- dad por el riesgo la que crea aquella filosofía jurídica que defiende la actuación del derecho de daños cuando, dice Di Cui'lS, la socie- dad ü alguno de sus miembros se benefician de los progresos técni- cos y científicos propios de los actuales tiempos modernos, pro- porcionándoles ventajas, aun generando riesgos de daños para terceros. En tales eventualidades es justo que quienes se aprove- chen de los beneficios producidos por las ocasiones de riesgo car- guen con los daños y perjuicios que aquellas supuestas situaciones puedan ocasionar, no siendo del momento el examen detallado del elemento subjetivo, cual es el motivo o presupuesto de la res- ponsabilidad por culpa, a la que hacen expresa referencia los artículos 1.089 de nuestro Código civil, 1.173 del italiano de 1942, el 1.101 y 1.902 a 1.910. todos de nuestro Texto legal citado.

    CAPÍTULO II

    LA ASUNCIÓN DE UN MAYOR COMPROMISO FRKNTE A LOS ACTOS Y OMISIONES PROPIAS COMO COLOFÓN DE UNA MÁS EFICAZ PROlECClÓN DE LOS BIENES PA- IRIMONIALES Y EXTRvVPATRlMONlALES

    • 5. LA 15IVERS1DAD Y CALIDAD DE NUEVOS ELEMENTOS QUE CON- l-lCiUKAN LA PRODUCCIÓN DE IMENES Y SERVICIOS COMO DE- ll.RMlNANTES DE DINÁMICAS 01\L1GACI0NALES DIFERENTES, GENERADORAS DE RESI'ONSAHILIDADES MÁS ACORDES AL MO- MENTO ECONÓMICO DE AHORA

      • 6. E L DEBER DE GARANTÍA EN LAS RELACIONES DE RESULTADO Y DE MEDIOS. LA INVERSIÓN DE LA CARGA DE LA PRUEUA EN LAS OliLlGAClONES DE PRUDENCIA Y DILIGENCIA, EN SEDE DE RES- PONSAlilLIDAD CONTRACTUAL

        • 7. E L PRINCIPIO «NEMINEM LAEDERE» Y SU POLIVALENCIA EN EL CAMPO DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL

          • 8. LA RESPONSABILIDAD CIVIL POR RIESGO COMO INSTITUTO ME- DIADOR ENTRE EL BENEFICIADO DEL PROGRESO Y EL PERJUDI- CADO POR ÉSTE. LA RESPONSABILIDAD OBJETIVA CONTEMPLA- DA EN AMBAS ESFERAS DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL

    • 5. LA DIVERSIDAD Y CALIDAD DE NUEVOS ELEMEN- IOS QUE CONFIGURAN LA PRODUCCIÓN DE BIE- NES Y SERVICIOS COMO DETERMINANTES DE DI- NÁMICAS OBLIGACIONALES DIFERENTES, GENE- RADORAS DE RESPONSABILIDADES MÁS ACORDES AL MOMENTO ECONÓMICO DE AHOIU

    En la actualidad, la variedad y naturaleza de los nuevos ele- mentos que conforman el mercado de los bienes y servicios, del momento económico de presente, determinan formatos contrac- tuales, reacciones humanas ' y morfologías o dinámicas obligqcio- nales que en tiempos pasados no se daban, o a lo sumo eran (Jife- rentcs. En su amparo surgen responsabilidades, convencionales o aquilianas, cimentadas en el incumplimiento y agravadas por la culpa intencional o negligencia, en ocasiones; basadas en el princi- pio axiomático de la culpabilidad; fundamentadas en la existencia del propio perjuicio o determinadas por el riesgo creado por el sujeto pasivo de la relación rcsarcitoria, surgida de la contingencia misma, que reclaman su delimitación, aun en los confines de sus esferas de incidencia, y están necesitadas de un reconocimiento doctrinal, jurisprudencial y, finalmente, legislativo para una me- jor salvaguarda de los intereses que se quieren. „mparar y una mayor fluidez del tráfico jurídico-económico de ahora.

    • I. Generadoras de comportamientos que pueden dar lugar a las responsabili-

    dades enmarcadas en una u otra csl'era del derecho de daños, según se haya ptcesta-

    blccido la relación o violado el genérico deber de respetar el interés ¡yeno, configu- rado con la intervL.ición de aquellos modernos elementos y naturalezas de ahora.

    44

    En los tiempos presentes los elementos que intervienen en el proceso piuductivo de bienes y servicios, y que son objeto del tráfico jurídico, son muchos y diferenciados. Estas favorables cir- cunstancias, propias de la era postindustrial, han proporcionado al hombre de ahora la posibilidad de entablar una variada gama de relaciones de índole diversa que, sin duda, habían de favorecer el desarrollo económico-social.-

    A los consabidos clcmcnios de la producción, recursos natura- íes, cLipitul y trabajo, se les adicionarán las innovaciones de la técnica y de la ciencia, con las ventajas propias de los efectos siner- géticos de rigor, y, también, con los inconvenientes disfuncionales inherentes al crecimiento del ritmo de la producción, y consustan- cial problemática que plantearía el adiestramiento del personal para el aprovechamiento de aquellos nuevos elementos. Estos adc- Luitos, en el campo de la producción de bienes, con ser trascenden- tes, hasta el punto de determinar la llamada producción en masa, y así, y de este modo, incidir en las reglas reguladoras de la oferta y demanda del mercado, no han imaginado, sin embargo, tanta diversidad, en número y calidad, como lo hiciera la producción en lo que a .servicios se rcHere.

    En el ámbito de la producción de servicios, con evidente apoyo de los indiscutibles puntos de referencia, cuales eran y son los recursos naturales, el trabajo y capital, aquellas innovaciones tcc- nico-cicptíficas han hecho estragos en el terreno de la imaginación programática, primero, y, en segundo termino, poniendo en ac- ción servicios que han convulsionado los viejos moldes en ios que se asentaba la práctica económica de antaño, ofreciendo, a su vez,

    • 2. i'cfo, sin cniliaryo. lodo no liahía ilc ser l'avoralilo. La rclaiiva l'aciliilad con

    la que el lu)ml)rc había de oblencr aquellos elementos, valiéndose de la máquina, deierininaMles de la moderna produeción de bienes y servieios, serian los que, en breve lienipo, le eonl'igurarían eonu) engranaje de una produeción en masa, lo que (avoreceria una excesiva especiali/acióii i|ue le conduciría a una sobrevaloración de la léciiica que liabri.i de elevarla a la categoría de lln, siendo así que se configu- raria como el «hombre-masa» de Onega y Gasscl. La consecuencia más inmediata, que a lales supuestos le son de ainbuir, seria lo que ha venido en llamarse la <V7.v/,v Jí' lí¡ itioiu-iüiión, elemento disloisioiiador de las relaciones, l.inlo sociales como jurídicas.

    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    45

    nuevas y sugestivas perspectivas a la ciencia económica actual. Siendo esto así, no es cuestión de que pueda pasar desapercibida al quehacer diario del jurista, pues el servidor del Derecho está condicionado por las necesidades vitales de la sociedad a la que sirve, y requerirán su atención aquellas dinámicas obligacionalcs que traen causa de los prof^rcsos tecnológicos, en la producción de bienes y del éxito científico-técnico, en la de servicios, pues, al electo, el derecho de daños viene contemplando una concepción más amplificadora tanto de la imputabilidad como de las esferas en las que la responsabilidad puede exigirse, viniendo al caso, y a titulo de ejemplos, la que el consumidor pudiera exigir al fabrican- te, por defectos en la producción de la mercancía' o el perjudica- do por un servicio informático al deudor de la prestación.

    Al filo de los razonamientos que nos preceden es obvio que los compromisos que se adquieran, paccionados o por infracción del principio üllerum non laederc, en ocasiones, tendrán su punto de referencia en actos u omisiones que con anterioridad al Cüdigo civil francés (de 1804), c incluso en el momento temporal en el que se inició nuestro compromiso de codificar el Derecho civil,'' no podían darse, pues la revolución tecnológica, por sus escasos progresos, no configuraba situaciones nuevas, y los modernos ser- vicios a los que venimos haciendo mención tienen incidencia en nuestro sistema jurídico-económico desde mediados de este siglo, por cuyas razones las dinámicas de la relación obligacional no presentan alteraciones, y ello hasta que los nuevos elementos de la producción de bienes y servicios no entren de pleno en el ámbi- to del tráfico económico, momento este que, potencialmente, se podrá afirmar que estamos a la espera de que se produzca la lesión al interés ajeno, socialmcntc protegido. Y, ercctivamcntc, la prác- tica forense diaria se ve involucrada en la tarca de resolver cues-

    • 3. Clr. la Ley General DCU, de 19 de julio de l')85; Directiva de la CEE, de

    25 de julio de 198.S, publicada en el D.O. de la CEE de 7 de agosto de 1985; ROJO

    Li KNANi)i/-l<io, «La resiHmsabilidad civil del fabricante», Barcelona, 1974, y ÜAKi IA /\Mu.o, «La defensa de los consumidores, desde el üereclio privado, RDP,

    1985.

    ,

    46

    BUS i'ascual Estcvl

    llenes que versan acerca de la indemnización de aquellos daií y perjuicios que han sidu causados por el incumplimiento de oh gaciones que s 'han configurado con la concurrencia de aquel modernos y sofisticados elementos, que determinan buena pa _dc la actual producción, sobre todo de servicios; sin que puí decirse que sean de menor importancia y número aquellas olí infracciones que lo son del deber de no causar daño a nadie, que se da por el descuido doloso o poco diligente de una cade de producción industrial, tolerando la puesta en venta, por cii quicr sistema, del producto defectuosamente fabricado,^ o al tando a la eficacia de una programación de imagen, persona comercial, puesta en acción por una delerminada persona en nelicio de otra y siendo un tercero el causante del daño.

    El instituto de la resiwnsabilidad tiene como fin último el restablecer o compensar, con cargo a la masa de los bienes y de clios del autor del daño, el equilibrio patrimonial o moral ( hubiera sido perturbado en base a la infracción del genérico pi cipio de iiu causar perjuicio a nadie,''^"'' precepto polivalente p; todos los ámbitos o esferas, cual pueda ser su origen. Concreta el objetivo final del derecho de daños y convencidos, por la fue de la realidad, que el momento económico de ahora determina precslablecimicnto de relaciones que antaño no se fijaban, como que se producen comportaniientos cuya noticia o referen ha de relacionarse con el novedoso mercado de bienes y servid para, de esta manera, entender la causación del perjuicio, confi me a las reglas del sano criterio procede afirmar que al ainp! de estas nuevas circunstancias, relacionadas con los nuevos tie pos de la técnica y de la ciencia, surgirán responsabilidades ac des con los bienes y servicios que son objeto de la obligación indemnizar o de reparar, y cuyo entronque habrá que buscaí en cada caso, en las esferas contractual o aquiliana.

    La modernidad de los instrumentos que determinan la predi ción han configurado un mercado de bienes y servicios que, coi

    5.

    Cfr. Semencia ilel T

    S.

    de 14 de noviembre de 1984, entre otras.

    5 bis.

    Cfr. D.

    Hacia un cuacepto actu;^K

    la responsabiUüaü civil

    H/

    se ha dicho, por su propia calidad y diversidad, ha'n provocado alteraciones en los formatos contractuales. Dinámicas, en definiti- va, que vienen impuestas por la propia complejidad de lo que se quiere que sea el objelo de la relación, cual sea su naturaleza, de- terminada o de resultado, o bien se trate de una obligación de diligencia y prudencia. Si bien es cieno que para la efectividad de todo tipo de relacio- nes es necesaria una considerable dosis de ética social, cual podría ser la que en el plano moral exigiera KANT, al proponer, dicho pensador, un «comportamiento tal que la norma de tu obrar pue- da llegar a ser parte integrante de una legislación universal», no lo es menos que en el ámbito de las relaciones jurídicas convencio- nales, como en otras esferas, sigue en pleno vigor aquel principio que sellaron los romanos con la expresión allerum non laeeder.?, y que perpetuaron en la Ley 10,1, Dig. 1, Tit. 1, máxima, por otra parle, elevada a rango de ley general de la responsabilidad civil por virtud del artículo 1.902 de nuestro Código civil, y lo p.opio se encuentra establecido en los Códigos civiles del entorno cultu- ral más cercano a nosotros.' Complementando, pues, aquellas exigencias que se contiene en ' el g.Uí.eral principio del neminem ¡aedere, con aquellas otras, tam- ' "ien, que reclaman «la eficaz cooperación» entre los que partici- ^ pan de la misma trama obligacional, son distingos en cual pueda ^" ser su situación en la relación, vale esta oportunidad para hacer notar al estudioso de la temática que traemos a capítulo, que las relaciones acerca de cuestiones en las que intervengan bienes y, especialmente, servicios, fruto de las nuevas técnicas de la econo- mía actual, requerirán, para su cumplimiento, no sólo una con- ducta negativa de respeto hacia la esfera del interés ajeno sino, además, todo un comportamiento colaboracionista, inler parte áQ la obligación, tendente a la conservación de la integridad del pro-

    6.

    C/f. la pan. 7.», tít. 15. ley 6, y los arts. 1

    ..

    182y

    1.383 del Cód. civil francés.

    1.151 y 1.152 del abrogado de Italia de 1865. 823 del IJGU. 41 y ss. del Cód. federal

    de las obligaciones sui/.o y 2.043 del Texto legal en vigor italiano.

    lltócia un concepto actual ue la rcspunsuuuiuau M»

    ..

    29

    pío marco jurídico. Interés, este último, dice EMII.IO Binri,' «que viene satislccho, no tanto en una coiukicla positiva sino, más bien, con una conducta negativa por la que se abstiene de lesionar la esfera de intereses de la otra parte», responsabilidad que se contrae cuando aquella queda a nuestro alcance e injerencia."

    La responsabilidad que pudiera ser exigible, por razón de ha- ber cumplido la obligación de üar. hacer o i») liaccr alguna cosa, lo será, en todo cas'.\ en base al piopio incumplimiento y agrava- da, ai¡u¿'l/ü, por el concurso del elemento subjetivo (dolo o negli- gencia), sin que la complejidad de naturalezas del objeto o Jhi de la relación tenga otra incidencia que la rigurosa exigencia de la presencia, en las parles implicadas, del principio de la buena./<','' en la constitución y ejecución de lo pactado, conforme al artículo 1.258 de nuestro Código civil, artículo 57 del de Comercio, 1135 del Código de Napoleón, 242 del 13GB alemán, artículos 1.175 y 1.375 del Código civil de Italia de 1942, y Sentencia del Tribunal Supremo de 3 de abril de 1968.

    Del mismo modo que en base a los nuevos adelantos de ahora se pueden establecer relaciones concretas, acerca de bienes y servi- cios, también, concretos, que con anterioridad no se podía, de ig al forma determinados comportamientos producen específicos daiios, cuya referencia habrá de localizarse en aquel novedoso mercado de bienes y servicios, para, con ello, entender mejor la causación de los mismos, y en marcarse, dichos perjuicios, en la esfera de la responsabilidad extra-contractual, por exclusión, en este caso, de relaciones preestablecidas, y siendo su punto de mira

    • 7. Cfr. la «Teoría general de las übligaciones», lom. 1, trad. csp. de J.L. de los

    Mozos, ed. Kev. Der. Pnv., Madrid, 1969, pág. 72.

    • K. Cjr. lo.s arli. 7.", iiúm.

    I, y 1.258 del Cód. civil, 57 del Cód. de com., .S.

    del

    r.S. de 3 de at)ril de 1968 y arts.

    1.175,

    I

    ..

    375

    y I

    ..

    t66

    del Cód. civil italiano

    de

    I9'l2 y 1.12-1

    de! derogado ( od. vivil de Italia de

    1865.

    • 9. Conforme a esle gran principio del Derecho, la relación obligacional impli-

    ca exigencias que se exlienden más allá del compromiso de la mera diligencia en el cumpliiniemo y, conlórine al arl, 1.258 del Cód. civil niicslro, ensancha su perimetio más ullá, lambióii, del lenor iKeial de los pactos que sean objeto de la

    obhyacióii.

    Código civil vigente, artículos 1.101 y 1.902 y siguientes, precep- tos de imperiosa referencia en las esferas de la responsabilidad civil, contractual y aquiliana, pues ambos seí\alan los 'imites a la libertad personal de aquellos individuos que, en sus comporta- mientos, con referencia a sus scrnejantes, no han procurado respe- tar los compromisos adquiridos, o la prudencia y diligencia debi- das para no originarles ninguna aminoración o alteración de situaciones que, en el momento temporal anterior a la producción del daño, l.-s son favorables. La responsabilidad patrimonial del deudor la establece nuestro Texto legal en el artículo 1.911, del que habrá de inferirse que los bienes presentes y futuros del solvens garantizan el cumplimiento de la obligación y responderán de su incumplimiento, tesis que sostiene GIORGIANNI cuando al artículo 2.740 del Código civil italiano se refiere, y que nosotros invoca- mos para explicar con mayor propiedad el 1.911 de nuestro Códi- go sustantivo civil, cuyo texto no ha sido afortunado de expresarse como lo hace, «Del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros».

    Efectuadas, pues, como necesarias, las precisiones que nos an- teceden, lo que comporta la fijación de la significación, en térmi- nos de extensión, de la responsabilidad civil en nuestro Código civil, es oportuno abordar la problemática que hace referencia a cual sea el principio que nuestro Texto legal consagre como deter- minante de la imputabilidad de la responsabilidad por dataos. Del examen de los preceptos 1.101, 1.902 y siguientes de aquel Código no ha de resultarle dificil al lector comprobar que la realidad legis- lativa es la de la responsabilidad por culpa, aun cuandp de los postulados de los artículos 1.905, 1.908, mimero 3.", y 1.910 se infiera una cierta tendencia objetivista,"* pues, al respecto, recuer- da HERNÁNDEZ-GIL que el origen de dichos artículos se remonta

    al Derecho romano y, por ende, excluida su tipología de la lex aquilia, en su apoyo cita las obras de BOFANTE y BARASSI, con- frontar la nota 1 de la página 260 del «Derecho de obligaciones»,

    Madrid, 1960. De la excgesis de los

    artículos l.lOl y 1.902 de

    30

    LUÍS rastíiai ILSICVIU

    nuestro Código civil se advierte que para el establecimiento de la responsabilidad por los daños causados no son bastante la concu- rrencia de los elementos objetivo y subjetivo, es necesaria la culpa, en su cualiñcación de inlencional o de mero comportamiento iw- ^ligciiiL't para la exigencia de las consecuencias a las que hacen mención aquellos preceptos.^' Aun siendo -^atente el principio de culpabilidad que establecen los citados artículos, eso sí, como dice l'UlG BRUTAU,'- en térmi- nos de acusada abstracción, no lo es menos que este sistema subje- livista, ya desde un principio no atendió las exigencias sociales de! momento de la piomulgación y del Código civil, no satisface en la actualidad la demanda de justicia distributiva de los perjui- cios que los progresos de la técnica y la ciencia reclaman para cuando una determinada actividad que sea generadora de riesgo; para una equitativa socialización del derecho de daños, cuando éstos hayan de lundameiUarse en la mera causalidad. Sentencia del 'l.Mbunal Supremo de 14 de mayo de 1963, o para los supues- tos en los que haya de 'or el simple incumplimiento de una rela- ción preconcebida la determinante de la responsabilidad contrac- tual, artículo 1 lÜl de nuestro Ordenamiento civil, no vendrá al caso la individual discriminación de la comisión de un acto u omisión negligente, siendo propicio, eso sí, para un resarcimiento integral, aniculo 1.107, núiuero 2.", del Código civil.

    • b) En los Códigos civiles continentales

    De v:n somero examen de los preceptos que regulan el derecho de daños en los códigos civiles continentales, podr? extraerse que el instituto de la responsabilidad tiene idéntica significación para aquellos textos legales cu.'.! es la cue tiene para nuestro Código civil. Para los Ordenamientos civiles de nuestro entorno la respon-

    CJr

    Ui Seiilciicia Jcl TiiliuiuJ Supremo ele 11 de felircro de 1975 que, en

    csla linca, y para la responsabilidad exlraconlraclual, lo establece.

    • 32. CJr. «r-iindanieiuos de derecho civil», tom. 11, vol. 111, ed. Uúsch, Barcelo-

    na, 1983.

    sabilidad civil se predica de aquel a quien se le endose definitiva- ' mente el daño realizado, a éste se le considerará el verdadero res-

    ponsable de la lesión que haya sufrido el interés ajeno. La idea de que una persona es responsable civilmente cuando queda obligada a indemnizar o reparar un daiio a otra, es una creencia legislativa compartida por la totalidad de los Códigos, nuestro y extranjeros. Ello sucede con independencia de los avances que hayan podido experimentar las doctrinas cienlifica y jurisprudencial, tendentes, en circunstancias determinadas, a restringir la libertad moral del individuo y abrir, en su consecuencia, una brecha socializante en

    el campo de los daños y perjuicios.

    , La legislación civil extranjera regula los dai-^os civiles en base al principio constatado por HARTMANN, y consistente en que la responsabilidad es un hecho real de la vida moral, lo que se aviene a reiterar que las consecuencias del acto o de la omisión del sujeto- agente son la medida de sus propias decisiones. El mismo sistema subjeti\i?,ia que dejaba establecido el entramado de los artículos que disciplinan la responsabilidad civil en nuestro Código sustan- tivo es de comprobar en el Código de Napoleón, tanto en la esfera contractual cómo en la exlracoiUractual, artículos 1.146 a 1.155 y 1.382 a 1.383; también se intuye la propia línea de pensamiento en los parágrafos 276 y siguientes y 823 del BGB, lo que se advier- te, también, de los artículos 97 y siguientes y 41 y siguientes, de los Títulos 1 y Xll, Capítulos segundo, de cada Título, del Código federal suizo de las obligaciones, y de los artículos 1.218 y 2.043, respectivamente, del vigente Ordenamiento civil italiano de

    y

    1942."

    Los Códigos civiles de nuestra circunscripción cultural, a la que puede adicionarse el portugués de 1966, han hecho suya la expresión nulla indemnitas sine culpa y ello, naturalmente, sin perjuicio de cohabitar con aquellos principios que contemplan el

    • 33. Cfr. \üs arts. 1.225 y 1-151 del Cód. civil italiano de 1865, abrogado, que

    en concordancia con el de Francia de 1804 y como coprcccdenle de sus posteriores, fundamentaba, también, la responsabilidad en la libertad moral del c.iusanlc del daño.

    Hacia un concepto actual de la rcsponsabiliUací civu

    33

    32

    Luis Pascual Estevill

    derecho de daños con renuncia al examen pormenorizado del ele- mento culposo.^'' El principio que con carácter general diseña la responsabilidad civil en las más importantes obras legislativas cu- ropeaj es el de la culpahilidad, que por su relación directa con la libertad confiere una íjran significación al patrimonio moral del hombre y se constituye como presupuesto indispcnsnblc de la res- ponsabilidad que acogen, genéricamente, los citados Códigos sus- tantivos civiles. Los redactores del Código civil francés, con el que hemos de relacionar a los demás Códigos representativos de nuestro entorno cultural, por su manineL:.a inlluencia directa, unas veces, c indi- recta, otras, en el ámbito de la responsabilidad, de la teoría general de las obligaciones, como en la mayoría del resto de las materias, se conformiiron a seguir a DOMAT ^* y al amparo de las concepcio- nes; que éste tenía, acerca del derecho de daños (Leyes civiles, lib. 11, Til. VIH, sec. IV), construyeron la explicación que se infiere de los artículos 1.3o2 y 1.383, para la responsabilidad aquiliana, y la de los preceptos 1.146 al 1.155 para cuando se tratara de la exigencia de perjuicios en el campo de la obligación preexistente, cuya vaiicdad de momentos no unificaron por su heterogeneidad de situaciones, quedando la necesaria presencia del elemento cul- poso, como soporte de la iniputabilidad, y ésta presupuesto para la exigencia de la responsabilidad, para las oportunidades del daño aquiliano. listando así las cosas es impensable extraer de los Códigos civiles citados otra significación de la responsabilidad que no sea aquella que establecen sus preceptos insignia, siendo significativo de cuanto afirmamos, y a título de suerte, en la esfera extracontraclu.'.', !a identidad de exigencia que se preceptúa en los

    artículos

    1.382 y

    1.383 del Código de Napoleón en relación al

    1.151

    y 1152 del derogado Código italiano de 1865, 1.902 del

    nuestro, 823 del Código civil alemán, 41 y siguientes del federal

    de las obligaciones suizo y del artículo

    2.043

    del

    de Italia

    de 1.942. Aun siendo cierto cuanto antecede no es de t\egar que los Cuer- pos legislativos, en sus respectivas áreas de compctericia, han he- cho esfuerzos para desmarcarsc del reducido campo de juego que los respectivos Códigos ofrecieron a sus intérpretes, y en lo menes- ter han promulgado leyes •"• que, sin socabar los fundamentos o pilares del principio culpabilista, han venido a remediar situacio- nes que hubieran podido aflorar desequilibrios patrimoniales y morales que al Derecho, en su empeño de re'gular la convivencia humana de la manera más justa posible, le hubiere.'.' repugnado. Serán, como siempre, la doctrina científica y la jurisprudencia de los diferentes Tribunales de Casación los que, en mayor medida, se esforzarán para acercar los Códigos civiles a las realidades dia- rias y, en este sentido, pueden citarse, como ejemplo significativo, las extensivas intci^retacioncs a los artículos 1.902 del Código civil español y al número 1." del 1.384 del de Francia, que bien podrían calificarse de precepíos-fíoma, amén de un sinfín de nor- mas impliciías que en los confines de la responsabilidad sin culpa, o por riesgo, los Tribunales Superiores han ido elaborando, día a día, en la interpretación del Derecho vivido.

    .14.

    (>. loscuis. 1.3K'l,iuim. 1." ilcl Cód. civil <Jc Ti;iiH-ia, párag. 829 del BGB

    aleiuAii, 5.S y 58 del Cód. Icdcral de las olilig. sui/.o, 2.05Ü al 2.054 del Cód. civil ilalianodc l.'J42y I.W.S, I.WK, luim. 3." y 1.910 de nuestro Texlü legal, coiUodas lab reservas, en lo '¡uc al Código civil español se refiere, de que, como se ha dicho en el anlerior apañado, cslas indicadas normas sean puras relereiicias a la objetivi- dad,

    i

    • 35. CJr. iihNKi, l.LóN y JhAN MAi-hAUi), «Lcccioncs de Derecho civil», part. •

    2.'', vul. II, Huenos Anes, ly:,0.

    • 36. Cfr. la Ley que disciplina los accidentes de trabajo; la Ley de Régimen

    Jurídico de la Adm. del Estado; la Ley que regula la Navegación Aérea; la Ley sobre Uso y Circulación de Vehículos de Moior; la Ley y Reglamenlos que regulan, en los diversos países, la responsabilidad por los daños causados por la Energía

    Nuclear; la Ley que hace referencia a la Caía, etc.

    ,:

    Hacia

    un concepto actual dcTT responsabilidad civil 35

    • 4. CONCEPCIONES DOCFRINAL Y JURISPRUDENCIAL DEL MOMEN lO PRESEN 1E

    La signincución que las legislaciones civiles, nuestra y extran- jeras, atribuyen a la responsabilidad civil" es la misma que le sefialan las doctrinas científica y jurisprudencial de los países res- pectivos. Coinciden los Códigos civiles con las ideas jurispruden- ciales y lincas del pensamiento de las doctrinas científicas en lo que hace relerencia a la ¡ndcintüzación o reparación del dai'io que realmente se haya producido, y por quien venga obligado a ello, conforme a los artículos 1.101, 1.902 y siguientes del Código sus- tantivo civil español, y preceptos concordantes de aquellos otros Textos '.chales citados aquí, en nota a pie de la página anterior. Lo qi-.e ya no es lo mismo es la concepción o entendimiento que la Ley civil mantiene del instituto. La uniformidad culpabilista se quiebra frente a la perspectiva de la doctrina y jurisprudencia; en hcde a la responsabilidad, contractual o aquiliana, se tiene otra dimensión de la problemática jurídica, posiblemente sus concep- ciones más acluali/adas de la variada fenomenología y sus diver- sas consecuencias le provengan de sus naturaleza., iransmutable; en función de las realidades técnico-económicas que el con'inuadc progreso y la vida en sociedad nos depara diariamente.

    La idea graiiílica de la culpa, sostenida por los Códigos civiles

    .'57. ('/'. Códigos civiles tie I'MIICUI, Lspafui, Alemania, Sui/.a, Italia, el de 1^-12, y l'ortugal, piuiiiulgiiüo en 1V6(). lid., también las leyes especiales qne al tenor del auge industrial se lucion piomulgando, cuales son, por ejemplo, desde la Ley reguladora i'c los accidentes del trabajo a la ciue ordena el derecho de daños

    por accidentes nucleares.

    como determinante de la responsabilidad, en la extensión prevista por el mimero 1." del 1.107 del Texto legal civil español, o precep- tuada por el párrafo 2.° del mismo artículo, no implicaría a la totalidad de los daños y perjuicios que la realidad vivida aflora. Las relaciones de los hombres en sociedad son más ricas en mati- ces y el advenimiento tócnico y con él lo económico que se pone. de manifiesto, a finales del siglo pasado, habrán de generar sitúa- > clones de riesgo que clamarán por una justicia distributiva en fa- vor de aquellos otros miembros del cuerpo social que reciban los efectos perniciosos del progreso de referencia. Estas cuestiones sensibilizarán a la doctrina, en especial, y decidirán los ánimos de los Tribunales de justicia en busca de soluciones que sin abdi- car de los mandatos legales vinieran en reconocer que el id quod imerest y los daños y perjuicios presentes o futuros, determinados o indeterminados, pero detcrminablcs, habían de ser reparados o indemnizados, según se regularan en el marco de la esfera contrac- tual o cxtracontractual. La civilística, sin ignorar la incidencia que el elemento subjeti-

    vo habrá de ejercer en la determinación de la responsabilidad aquiliana en especial, cuando el dan. se produ7,ca mediando el dolo o la nciiligcncia, en la mayoría de los casos que se contemplan en el artículo 1.902 y siguientes del Código civil nuestro, y los ^ concordantes de los textos francés, alemán, suizo, italiano del 42

    ,,

    y portugués del 66, en aras a la libertad intelectual que la caracteri- za, no le pasan desapercibidas, empero, ac\ucllas otras situaciones que aun observando el obligado la diligencia y prudencia que le son del caso, artículos 1.104 del Código civil español, 1.137 del Código de Napoleón, 1.224 del Texto derogado italiano de 1865,

    parágrafo 276 del BGB y 1.176 del

    Código de Italia de 1942 y

    Sentencias del Tribunal Supremo de 12 de enero de 1928 y 27 de noviembre de 1931, se causa un perjuicio al acreedor del derecho subjetivo que pueda hacer valer erf^a omncs, violando el sujeto- agente de la falta los límites de su libertad, consistiendo el ilícito, pues, en la indebida invasión de la esfera de intereses ajenos. En este sentido, y a propósito de un sentir critico de los dogmas tradi- cionales del Derecho civil, RUGGIERO se aviene a dejar paso libre

    36

    Luis P'.'.srual Estevil!

    a la concepción objetivista de la responsabilidad, que advierte re- flejada en el principio de riesgo y en el de los perjuicios sin falta. En Alemania, KARL LARUN/. engarza con la anterior corriente, cienijfica de la responsabilidad objetiva para, desde este momen- to, afirmar que «entre la responsabilidad objetiva y subjetiva no existe una exagerada diferencia, sino una moderada gradación, que hace mención solamente a la consideración de cada especial individualista». También la doctrina científica, aún consciente de la gravedad de la culpa intencional o negligencia, contempla, en el campo con- tractual, el significado del incumplimiento de la obligación con- traída "* en su naturaleza intrínseca, que, conforme a la idea de GiusiiPi'E OsTl,''' actuaría el derecho de daños, siendo el elemento moral agravatorio de la responsabilidad y no fundamento directo de ésta, antes bien indirecto o mediato,'"' trazando, así, una linca más acorde a los intereses que se protegen en la relación obligacio nal.

    La jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo, al igual qui la emanada de los Tribunales de Casación de los países extranjera citados,'" no abandona con facilidad aquel principio axioniatia culpabilisla recogido por la totalidad de los códigos europeos,] «r^cuñado en el venerable troquel del Derecho romano, que aúi

    sirve, dice la Sentencia de 31

    de octubre de 1931, de molde a lí

    legislaciones modernas, como patentiza el artículo 1.089 del Códi go civil vigente, para que pueda exigirse de los demandados cn(

    ia. CJr. Dii./-I'i( A/o, «l.ii icíípoiisabilidad civil hoy», ADC, 1979, págs. 7! y siguiciilcs.

    • 39. Cji: «DcMa/ioiii doUriiiali inlciiia di rcs(X)nsalnlilá per inadcmpimeiil

    dcllc obligacioni», ensayo jurídico en honor del piol. Uniberlo Horsi, Rev. trii

    di dir. e proc. civ., I9.S4, páp. 594 a 616.

    Ai).

    (•//.

    a JllKDANO r-l<,\liA, <//). ilí .

    §

    • 41. Si bien es cierto que la docli ina jurisprudencial del Tribunal de Casacir*

    de l'arís IKI socializado los daños por riesgo, no lo es menos niic siguiendo la ckí de IXmíal ha pretendniü moralizar dichos derechos de daños, no cediendo anlt» pura leoria del riesgo. i'iJ. a los hermanos MA/.I.AIID y TuNí', «Tratado teóricoS| pr.i (ico de la responsabilidad civil, delictual y contractual», lom. I, vols. I yíi

    .

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    nccpto actual de la rcsponsa

    ii

    pleito el cumplimiento de las obligaciones nacidas de culpa o ne- gligencia de los artículos 1.902 y 1.903 del citado Código». Aun con la línea cicntínca que acabamos de transcribir, el Alto Tribu- nal no podía excusarse de las realidades vivas que la doctrina cien- tífica tenía reconocidas y la legislación civil nuestra había recogi- do para concretas ocasiones y, en este sentido, desde mediados de la presente centuria vienen produciéndose resoluciones que si bien no abandonan el principio de la causación por culpa. Sentencias de 27 de junio de 1953, 18 de mayo de 1984, 17 de diciembre de 19.86 y 17 de julio de 1987, sí, crnpcro, que admiten los avances de la corriente objetivista, acogiendo el principio prodamnato, sentencias, entre la que fue de oportunidad del momento, de fecha

    10 de julio de 1943, las citadas por PuiG BRUTAU, de 14 de mayo de 1963, 14 de marzo de 1968, y 14 de octubre de 1969, y LACRUZ üi-RDrJü •*- de 11 de enero de 1979, 16 de mayo de 1983, y 14 de junio de 1984. El Tribunal de Casación de París, en lo concernien- te a la responsabilidad por causa de las cosas inanimadas, en base al número 1." del artículo 1.384 del Código civil, muestra toda una rnanera progresista de exigir las consccci\cias del daño que, como se ha dicho, choca con el viejo principio de la culpabilidad, mas, vale la ocasión para resaltar la preocupación de los Tribuna- les franceses para la equitativa y justa protección del perjudicado,

    aun a costa de la libertad

    moral de la persona y en beneficio de

    la idea de que ningún daño ha de quedar sin reparación, según lo entienden, entre otros civilistas, PuiG BRUTAU, Dii:7.-riCA7.0 y la Sentencia de la Cour de París de 15 de marzo de 1910, entre otras pronunciadas por jurisdicciones diferentes del propio país ve- cino.

    En Alemania el elemento psicológico está profundamente arraigado en la legislación vigente y pese a la comprensión, por parte de la doctrina, de la evidente evolución, en el terreno indus- trial y mecánico, con todas sus disfunciones, lo que exigirá una

    • 42. Cfr. «Derecho de obligaciones», vol. 1, 2." cdic, cd. Librería Bosch, Barce-

    lona, 1985. \'id., también, las sentencias citadas al respecto por Ricardo DE ÁNGf.L

    en su importante obra, «La responsabilidad civil», Universidad de Deusio, págs.

    59 a 68, Bilbao.

    •-V

    38

    regulación de los daños confornv? a tesis más acordes con la reali- dad social del momento presente, sin embargo, afirman ENNl£CCi:- kUS-LiiiiMANN que la jurisprudencia se ha opuesto a generalizar el ' aluí normativo de aquellos principios de responsabilidad por nesgo que regulan situaciones concretas en el país de referencia,'" siendo así que la temática sigue teniendo su punto de noticia en la CLiljKi. El Código federal de las obligaciones de Suiza es, tam- bién, culpabilista, pero ello no obsta para que la responsabilidad objetiva o causal, con independencia de encontrarse recogida en leyes especiales, se introduzca por las arterias de la costumbre y penetre en el entramado de la doctrina jurisprudencial Helvéti- ca.''•' En el Código sustantivo de Italia, en lo referente al daño exiracontractual, el derecho que lo regula, con miras de amplitud, está fundamentado en el elemento subjetivo, sin perjuicio de la adopción de la teoría de la inversión de la carga de la prueba, artículo 2.050 del Código, respecto a la actividad peligrosa, así que la jurisprudencia italiana no ha abandonado aún el principio

    de la culpa y, en tal sentido, se desprende de la sentencia de Casa- ción de 16 de junio de 1951 al afirmar que: «No todo acto dañoso obliga al lesaicimicnlo, sino sólo aquellos que sean consecuencia de una conducta dulo.su o culposa, incumbiendo, por lo general, la prueba de tales requisitos al actor». Lo cierto es que tal línea de pensamiento jurisprudencial, al Tribunal de Casación, le hu- biera venido apoyado con anterioridad al 1942 por los preceptos

    1.151 y 1.152 del abrogado

    Código y, en la actualidad, por el ar-

    ticulo 2.043 del Texto legal vigente. Aún, así las cosas, y habida cuenta que el elemento culposo no ha perdido su preferente posición, si, empero, que con el instituto han competido supuestos y situaciones en las que la responsabili- dad necesita de otras fundanientaciones, para con la finalidad de restai^lecer con prontitud y eficacia las posiciones de desequilibrio palriuionial y exlrapatrimoniales, por razón de los daños que se

    4.^.

    C'7'' J. SANK»

    tÍKi/, lili. cil.

    •i4.

    Cjr. l'iciic

    l:N(iLL «1 raité des obligalions en drüit

    Suissc». cil. Idees el

    Calendes, Neucháicl, 1973, SuisiC.

    la responsabilidad civil

    4V

    la violación del principio de no causar males a nadie, de orden patrimonial o cxlrapalrimoniales. Siendo cierta, pues, en nuestros mercados de contratación, la presencia de aquellos modernos bienes y soristicados servicios, para con ellos desarrollar con mayores ventajas el tráfico jurídico de intereses económicos y sociales, no ha de ser menos realista que por sus propias consecuencias se produzcan mayores, en nú- mero y complejidad, irans};resiunes del principio alíerum non lae- clere, pudiendo tener su punto de referencia en el axiomático fun- . damenlo culpabilista, por dolo o ne}(liííencia, programado en el artículo 1.902 y siguientes de nuestro Código civil, admitido,por

    la doctrina científica y contemplado por la jurisprudcitcia del Tri- bunal Supremo, sentencias, entre otras muchas, de 22'de lebrero de 1946, 28 de febrero de 1950, 2 de diciembre de l';>4, 23

    de marzo de

    1968, 10 de octubre de

    1975, 26 de mayo de 1976,

    10 de febrero de 1984, 18 de mayo de 1984, 31 de enero

    de 1986

    y 19 de diciembre de 1986. Los requisitos de la ilicitud del acto,

    o elemento subjetivo, del daño real y la física relación causal, como formalidades objetivas, son de exigencia reiterada, tanto en el Texto sustantivo civil como en las doctrinas científica y juris- prudencial, cuando se trata de configurar la responsabilidad civil en base al elemento moral del individuo, que, tratándose de nues- tro Código civil no contempla otra clase, aunque se haya queri- do ver un entronque con la responsabilidad objetiva de un exa- men de los artículos 1.905, 1.908, número 3.°, y 1.910 del citado

    Código. Al propio tiempo que la intrínseca naturaleza de los bienes y servicios del momento económico no excluyen el nacimiento de un derecho de años, determinado por el elemento culposo, tampo- co eliminan que la responsabilidad se asiente en aquella tesis que sostiene que no ha de quedar un solo perjuicio sin reparar, retor- nando, así, al derecho de Roma, y estableciéndose un principio pro damnaío o de responsabilidad sin culpa.'"

    lü. Cfr. a Dli z-lMcAZo, «La responsabilidad civil hoy», ADC, 1979, págs. 727 y ss., y a l'uic. HRUTAU, «Fundamentos de Derecho civil», lom. 11, vol. lU, ed. Bosch. Uarcclona, 1983.

    50

    Luis Pascual EsteviU

    La corriente científica y jurisprudencial que, desde un tiempo a esta parle, lia seguido el criterio de que el marco culpabilisla no encasillaba la totalidad de las situaciones nocivas al interés prote- gido por el Derecho, es una creencia tamo más acertada cuanto más sofisticados sean los elementos que contribuyen a la confor- mación de los bienes y servicios puestos a disposición del hombre, y en lunción de su aprovechamiento para el mayor y mejor desa- rrollo de sus actividades comerciales c industriales. Sentencias del Tribunal Supremo de 10 de julio de 1943, 24 de marzo de 1953,

    23 de marzo do 1954,

    14 de mayo de 1963, 14 de octubre de 1969,

    11 de enero de 1979 y 14 de junio de 1984-,' entre muchas otras

    de igual consideración. Cn situaciones determinadas se ha acepta- do la tesis, en beneficio del perjudicado, de abandonar la conside- ración del elemento psicológico y buscar la razón resarcitoria del daño causado en la propia coitlini;encia y su relación de causalidad con ésta, sincdo así que se contribuirá, en mayor medida, a funcio- nalizar la distribución equitativa del daño, en especial cuando la causación de perjuicios, dados unos determinados medios técni- co-científicos, puedan infiltrarse en la esfera del interés ajeno sin mediar culpa, en definitiva, pues, no siendo la ilicitud del acto el deierniinanle del deber de reparar el daño cn que la obligación reparaioria consiste.

    El tradicional principio de la culpa, que un día pudiera satisfa- cer las necesidades sociales del momento, ya no es suficiente para hacer fieme a las exigencias de restablecer, con prontitud y efica- cia, las numerosas situaciones de desequilibrio económico por los daños que se producen en el ejercicio de actividades humanas pel¡};rosas, o que se generen por los adelantos técnicos o científicos de este momento actual. En tales situaciones el elemento subjetivo es insuficiente, por mucho que los Códigos, nuestro y extranjeros, afirmen el . rincipio culpabilista, y la doctrina jurisprudencial, cn tal sentido, lo constate, sentencias, entre otras muchas, de 17 de diciembre de 1986 y 17 de julio de 1987, citadas por RICARDO DE ANÜEL." La producción en cadena puede crear, en el consumidor,

    II.

    Cjr. «La responsabilidad

    págs. 60 y siguientes.

    civil», Universidad

    de Deusto, Bilbao 1988,

    el riesgo de que el producto le llegue defectuosamente acabado. Los sofisticados y complejos servicios informáticos puestos cn ac- ción para con la intención de facilitar el sistema de pagos, por ejemplo, puede crear riesgos para el acreedor o persona extraña en la relación, sin que en su realización haya mediado culpa. Fren- te a tales supuestos de daños, y tantos otros que el maquinismo o la persona pueden causar, '.o que sí es cierto que alguien se ha beneficiado de la puesta en circulación de aquellos bienes y servi- cios, y habrán de ser éste o aquélla los que carguen con la obliga- ción de reparar los perjuicios habidos, al amparo de las ventajas que la modernidad técnica de presente les ha proporcionado. Pues los postulados libcralistas del articulo 1.902 de nuestro Código sustantivo no se podrán interpretar conforme a las circunstancias habidas cn el momento temporal de su promulgación, y menos del de su concepción, este genérico precepto habrá de ser Com- prendido al tenor de la realidad social del tiempo presente, aten- diendo, fundamentalmente, a las circunstancias tecnológicas y progresos científicos de ahora, artículo 3.°, número 1.", del Código civil, y Sentencias del Tribunal Supremo de 21 de noviembre de 1934, 23 de octubre de 1963, 23 de febrero de 1976, y del Tribunal Constitucional de 14 de julio de 1982 y 20 de diciembre de 1985,

    entre otras. En el sentido

    que lo dejamos

    expuesto lo han entendido la

    doctrina científica '' y la jurisprudencia de nuestro Alto Tribunal,

    Sentencias de

    16 de mayo de

    1983, 14 de febrero de

    1985, 22 de

    • 12. CJr. por lodos, LACRUZ, «Derecho de obligaciones», Elementos de Der.

    civ. 11, 2." edic, cd. Bosch, t$arcclona, 1985; l'uiG IIRUTAU, oh. iit.\ De ÁNÜEL

    YACÍÜLZ, ob. (•/(.; Santos BRIZ, «La responsabilidad civil», cd. Monlecorvo, 4." edic. Madrid, 1986; Dícz-l'icaz.o, truJ. vil.; Fr.RNÁNDtz MARTÍN-GRANIZO, «LOS daños y la responsabilidad objetiva cn el Derecho positivo cspai\ol», ed. Aranzadi, Pam- plona, 1972; Rocnu VIDE, «La responsabilidad civil exlraconiraclual», ed. Civiías, Madrid 1977; VIANS A. FISCHER, «Los daños civiles y su reparación», irad. al csp. por W. Roces, Madrid, 1928; A. Dt Cui'is, «El daño», cdl. Bosch, Barcelona, 1975; lloNASl, «La responsabilidad civil», edil. Bosch, Barcelona, 1958; A. CALIN-H.- CAI'ITANT, «curso clemenial de Derecho civil», edil. Reus, Madrid, 1960; MA- /lAiio y TuNC. «Traiado teórico y práctico de la Rcsp. civil delictual y conltac- lual». Ionios 1 y 11, vols. 1. trad. esp. de ALCALÁ-ZAMORA, Buenos Aires, etc.

    i.uis 1 ascua! Mslcvil!

    diciembre de 1986, 19 de febrero de 1987, 20 de marzo del propio año y 27 de junio de 1987, cnlre otras de oportuna cita. Estos expedientes paliativos de la responsabilidad, que un día se funda- mentara, única y exclusivamente, bajo los tres consabidos requisi- tos de la ilicitud culpable, el daño real y consiguiente relación causa!, habían de ser acogidos por la fuerza de la realidad diaria, pues, como se ha dicho, el Derecho es el producto déla razón práclica y enfilar la cuestión por los derroteros de la razón pura hubiese significado una especulación intelectual, que aun com- prendiendo las ansias moralizantes de la doctrina francesa, y sus seguidores, no hubiera atendido, empero, las realidades de presen- te, las que el jurista ha de satisfacer.

    ).

    EL DEBER DE GARANTÍA EN LAS RELACIONES DE

    UESULIADO Y DE MEDIOS. LA INVERSIÓN DE LA CARGA DE LA PRUEBA EN LAS OBLIGACIONES DE PRUDENCIA Y DILIGENCIA, EN SEDE DE RESPONSA- BILIDAD CON IRACrUAL

    A priori la prestación consiste, simplemente, en la garanlia del riesgo de un supuesto incumplimiento en relación con la seguridad que debe darse al acreedor y, a postcriori, en el resultado útil de un obrar o bien en una actitud que se valore de acuerdo con la diligeiKia, la prudencia y la habilidad técnica. Así es, efectivamen- te. El sujeto activo de la obligación consiente en base a la máxima social que constituye en fiarante de sus actos y omisiones al indivi- duo obligado al pago. El mero recelo de que pudiera infringirse este implícito precepto, que tiene su fundamento en el principio de la buena fe," hubiera determinado al accipiens, con anteriori- dad, a no sostener relaciones patrimoniales con el supuesto infrac- tor y, con posterioridad, a exigir los perjuicios inflingidos al dere- cho de crédito, garantizado por aquella importante máxima social que el incumplimiento del solvens convirtiera en letra muerta, de- fraudando, así, la confianza que en el campo de la contratación es necesaria para que las relaciones de obligación surtan los efec- tos socioeconómicos que les están asignados. El deber que el obligado al pago tiene de garantizar el riesgo que supone para el acreedor la contravención del tenor de la obli- gación,''' cualquiera que sea la manera en la que ésta se manifieste.

    !."(.

    (;/). los ans. 1.258 del CcSd. civil español

    1.375 del de Italia de 1942.

    • 14. ('//•. el inciso úUinio del arl. l.lül del Cód. civil.

    54

    es un sentimiento de orden ético, correlativo a las expectativas qui: el üccipiens \\\.\b\\\ depositado en aquella relación, y en base a una ra/.onable confianza que el sohx'iis había generado en aquél. La viulaci'Sn de este compromiso moral, asumido a priori por el sujeto pasivo de la relación, vendrá a defraudar al acreedor, frus- liando si>s perspectivas y causando un daño a la obligación que por virtud del instituto del incumplimiento actuará, por sus pro- pias niciilos, el mecanismo de la res|>onsabili».lad. La dinámica del deber de asegurar al acreedor toda la coopera- ción necesaria para que éste consiga el fin de la relación, cual es la obtención de la prestación que se prefiere, es una cuestión de seguridad jurídica que tiende a proteger el resultado de un negocio jurídico, que habrá de producir un cambio en la situación patri- monial de las parles de la relación obligacional, cual sucede con la sujeción de la cosa hipotecada cuando se quiere que sirva para el pago de un crédito. La pretensión de que el obligado al cumpli- miento de una obligación asuma, con carácter previo, el deber moral de garantizar el riesgo de un posible incumplimiento, tiene como entramado teleológico la idea de que el t/i'/v/está más cerca de la obligación que un supuesto de derecho real que la asegure, al tiempo que se intuye un contacto o relación social que induce a creer, o a lo menos a presuponer, que el individuo obligado por la concreta relación lo está, también, por aquella otra más genérica obligación de respetar el interés ajeno. Comportamiento, este, que s',' conjugará, por igual, tanto en los casos en los que se trate de relaciones determinadas o de resultado, como cuando estemos frente a supuestos de cumplimiento de obligaciones de medios o de prudencia y diligencia, a los que hizo notoria referencia Di;MO-

    La corriente doctrinal "• que sostuvo la tesis de que la rcsponsa- bi'idad aquiliana debía su efectividad material al principio de ase-

    l-S.

    CJi. «Tiiiilc des obligalions». U)ni. V y VI, números 1.237 y .'Í99 rcspccti-

    vamciuc.

    10.

    ('//•. a SiAUí K, «l:ss:'.i il'unc lliconc gcncialc de la icsponsahililc civilc»,

    Paiis, 19^7.

    Hacia un concci; ito actual de la responsabilidad civil

    55

    Kurar el daño causado y su determinación a la infracción del implí- cito precepto de «no causar perjuicios a nadie», cuya norma de derecho positivo se consigna en nuestro articulo 1.902 del Código civil, y concordantes de los Códigos extranjeros de nuestro entor- no, encaja, también, en el instituto de la responsabilidad conven- cional, artículo 1.218, párrafo 2.", del Código civil italiano de 1942, provenga ésta de una obligación determinada o tenga su

    origen en una relación

    de prudencia

    y diligencia

    o

    de

    medios,

    pues, tanto

    en

    la una

    como en

    la otra

    se estará

    a la

    cualificación

    del grado de la diligencia que la obligación reclame,'^ las partes hayan convenido o la prudencia aconseje, que no será de clase inferior a la que desarrollaría un buen padre de familia o un orde- nado comerciante, párrafo 2." del artículo 1.104 del Código civil, y Sentencias del Tribunal supremo de 27 de noviembre de 1931 y 28 de noviembre de 1986, y que bien puede parangonarse con la idea que desarrolla el 1.167 del propio Texto legal. Es esta esfera de relevancia de la diligencia, en el plano del objeto de la obliga- ción, dice JORDANü FRAGA,'" la que permite establecer la distin- ción entre relaciones determinadas y de medios. Y, por su medi- ción, se conforma una aproximación de las dos consabidas clases de responsabilidad, dicen los MAZEAUD, que convergen en una singular clasificación.''' Efectivamente, el régimen de responsabili- dad que dimana de la obligación determinada o de resultado, esta- blecida en el artículo 1.088 de nuestro Código civil, es comparable al que regulan las reglas 2.", 3.' y 6.' del artículo 1.903 del Código civil, las del 1.908 y demás supuestos previstos en el artículo 1.910, ambos del propio Texto legal civil. A la relación de medios, ubicada en el seno de aquellas obligaciones que tienen por conte- nido el deber de hacer, le corresponde aquella otra recomendación

    17.

    Cfr. el p.-irrafo

    1." del art.

    1.104 del Cód. civil español; Dig. 19, 2, 9, 5; y

    parágrafo 276, núm. 1." del Cód. civil alemán, entre otras reglas.

    • 18. Cfr. la «Responsabilidad contractual», edil. Civitas, Madrid, 1987, pági-

    na 172.

    • 19. C7''- VAN RVN, «Rcsponsabililé aquilienne et contrats», núm. 17, París,

    19.1.1.

    56

    Luis l'iisrru' ?; s«?v:!l

    Icjiul L'ue deja establecida, con caiácter general, el precepto 1.902 del Ordenamiento civil, cual es la de comportarse con prudencia, diligencia y habilidad para no perjudicar la estera del interés aje- no. Al respecto, es bien cierto, no cabe esperar situaciones jurídi- cas idénticas; pues, las exigencias deberán tener presente que los supuestos sujetos responsables se encuentran situados en ángulos dilcrenles, aunque en los propios confines que delimitan el campo del Derecho de daños.-" l£sia clasificación de las obligaciones contractuales, en relacio- nes de resuliadu y de medios, concretada en la naturaleza y exten- sión de lo que será el objeto o fin de la relación obligacional,-' fue méruo de DLMOGUI;, que en su obra, «'fraité des obligations», ciilrentó las unas con las otras, precisamente por la amplitud de la prestación debida y alealoricdad de la misma, cuando el propó- sito de la obligación se nutre del comportamiento, activo o pasivo, del deudor. La doctrina francesa acoge, mayoritariamcnle, la cla- si'"icación propuesta por DiiMOGUiI, y, a cuya corriente científica, se adherirán, también, las doctrinas belga, italiana, sui/.a y españo- la.-^

    20.

    CJr.

    a

    HUNKI-LKON

    pág.

    141 y ss.

    MAZLAUII

    y

    ANi>Kt TUNC,

    oh.

    cil.,

    tom.

    1,

    vol.

    I,

    • 21. \nicn de acallar dilercncias con el sistema de responsabilidad dclictual,

    como se explica en el párrafo que nos precede, pretende, como bien hace notar el

    Prolesor J<JRUANO TRACIA, explanar la construcción del sistema de la responsabili-

    dad convencional, no siempre comprendido a virtud de la conl'usióii entre contrato y esfera de los daños. ViJ. a MA¿I;AUD-TUNI', oh. cil., tom. I, vol. I, pág. 126 y ss.;

    H.I ..

    y Jr.AN MA/IAIID, «Lecciones de derecho civil», parte 2.^, vol. 11, trad. csp.

    de ALÍALA ZAMORA, Uuenos Aires, 196Ü, (iLNOvi;vA-ViNrY, les obligations; la res-

    ponsabilitc civilc; conditions, París, 1982.

    • 22. C'Jr. a I'LANIOL, «litude juridique de la profcssión libérce» Rev. crit. de

    Icgis. et de Juris. 18S8, págs. 270 y ss.; SALi.iLLrs, «Rev. trim. droit civil», 1907,

    pág. 740, Jo.SsLRANl), «Cours de droit civil positif franjáis», ."5.^ cdic, tom. II, niini. 11 i. TiJNt, «La distinctiüii des obligations de lésultat et de obligations de diligen- ce», cu Sem. Jiir. 1945, 1, mim. 449; H. MA¿I;AUI), «Ilssai de classificalion des obligations: obligalion contractuellcs et extraconlractuelles, obligations dclermi- nées et obligations gcntirale de prudence et diligence», en Rev. trim. dorit civil, 1936, págs. 1 y ss.; VAN R'IN, oh. cil.; Luiiil MLNÍIONI, «Obliga/.ioni di resultato e olihga/.ioni dime/zi, 1954; l'URRr l'ACiir. «La distinción des obligations de mo-

    Ilacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    5*7

    Habida cuenta, pues, de la importancia de la ordenación de las relaciones contractuales, sin que la misma sea extraña para con la esfera de la responsabilidad deliclual, sino más bien compara- ble, al tenor de lo que tenemos expuesto, acorde con la corriente científica que sostuvieran los hermanos MAZEAUD, ob. cit., página 141 y siguientes, es de obligada referencia cual sea la relevancia de la distinción propuesta y, en este sentido, creemos que el punto de mira enfoca la cuestión hacia el marco del cumplimiento, no siendo de la oportunidad del momento entrar a examinar la pro- blemática procesalista que se plantea en ocasión de que sea una u otra la naturaleza de la obligación, en lo referente a la determi- nación de la carga de la prueba, y que se intuye de interés funda- mental para la doctrina francesa, MAZEADtJ-TuNC, ob. cit., niimc- ro 103-3, nota 2. Y es esta referencia al pago de aquello que se debe exactamente. Sentencias del Tribunal Supremo de 12 de marzo de 1924, 16 de diciembre del mismo año y artículo 1.157 del Código civil, lo que nos obliga científicamente a tener presente que, si bien es cierto que toda obligación conlleva una prestación, para con ella realizar la finalidad que le es propia, cual es la satis- facción del interés activo de la relación, será la naturaleza y ampli- tud de aquella Í estación la que nos permitirá comprobar que, ; electivamente, se ha pagado la deuda contraída, porque se ha en- tregado la cosa o hecho la prestación en que la obligación consis- tía. En este sentido, pues, es en el que se desplaza la clasificación del terreno meramente teórico al campo de la práctica de la solu- '; tio, y es en este estadio en el que se hace necesario cornprender, por virtud de su individualización, el significado de las relaciones ' determinadas o de resultado de aquellas otras de medios o de pre- • caución y diligencia.

    ycns et des obligations de rcsultat en droit franjáis et son applicalion en droit

    • I suisse», Lausana, 1956; Hi;RNANt)i.z-CiiL, «Derecho de obligaciones», Madrid,

      • 1960. pág. 123-124; Diuz PICAZO, «l^undamentos del derecho civil patrimonial,

    Madrid, 1979, págs. 442-443; LACRUZ, «Derecho de obligaciones», vol. I, ed.

    Bosch, Barcelona, 1985, pág. 82; JORUANO FRAGA, «La responsabilidad contrac- tual». Madrid, 1987, págs. 172 a 181.

    5H

    59

    Las obligaciones ilviernunadas compelen a la entrega de una cosa concreta, indeterminada o íic/iérica, artículos 1.096, 1.166 y

    • 1.167 del Código civil, y cumproDiclcn al obligado en tanto el

    acreedor no reciba la prestación, pues no se entenderá pagada una

    deuda sino cuando complementariamente se luibicrc entregado la

    cosa, inciso 1." del articulo 1.157 del Ordenamiento civil. Las rela- ciones que lo sean de resulluJu el deudor lo es de este, precisamen- te, en ti'nto en cuanlo no se haya producitlo la alteración física, que el comportamiento de hacer conlleva, en favor del accipiens, y no se entenderá por cumplida la obligación, párrafo 2.", del pre- cepto citado anteriormente y número 2." del 1.166 del mismo Tex- to legal, siendo así que cuando la calidad y circunstancia de la persona del deudor se hubiesen tenido en cuenta al establecer la obligación, un tercero, artículo 1158 de Código civil, no podrá realizar la prestación, precepto 1161 del mismo texto legal. Cuan- do la cuestión versa sobre aquel tipo de obligaciones de prudencia y diligencia, o de incdius, sólo está in obligalione aquella precau- ción y diligencia que el solváis deberá observar para coadyuvar a que el acreedor consiga su finalidad principal, que, por su natura- leza aleatoria, no está al alcance del deudor, y debe considerarse dicho objetivo apartado de aquello que fue el objeto de su contra- to. La realidad práctica de la vida diaria puede, justamente, con- cretarse en el ejercicio profesional del Abogado, por ejemplo; este, al defender una causa ante los .luzgados o Tribunales no debe un resultado del agrado del cliente, a lo sumo está comprometido a desplegar toda la diligencia y precauciones que el asunto requie- ran, y a esgrimir, ante los magistrados, todos aquellos razonamien- tos jurídicos que, fruto de su estudio, posea y, en la ocasión, ven- gan al caso; siendo el supuesto de la prestación medica aquella situación que obliga al profesional de la medicina a prestar al en- fermo todos los cuidados que la prudencia aconsejen, empleando, también, la diligencia que la situación requiera y derive de su específica preparación científica y práctica, y, en igual sentido, lo sostenían las sentencias de nuestro Alto Tribunal, de 13 de julio de 1987, considerando 4.", y de la Corte de Casación de París, de

    20 de mayo de

    1936.

    Para agotar la sistematización de las relaciones determinadas o de resultado y de actividad cabe anotar que las obligaciones con prestaciones de dar o de no hacer son relaciones determinadas, pues el fin del instituto forma parte del mismo, como lo constituye en el caso de las obligaciones de resultado, que se distinguen del bloque que conforman las anteriores por el importante motivo de que el resultado es algo nuevo, ni prccxiste ni coexiste, como dice lU.RNÁNi)U/.-Gli.,-' con la actividad, será el producto conseguido por dicha actividad; DLMOGUE cita, como prototipo de obligacio- nes de resultado, el contrato de obra, la del depositario, comodata- rio, etc. La responsabilidad por el incumplimiento de unas y otras relaciones obligacionales se actuará en base a éste y al amparo del articulo l.lOl del Código civil, y su imposibilidad liberatoria ha- brá de fundamentarse al tenor de los artículos 1.105, 1.182 y 1.184 • del Texto sustantivo civil. Cuando se está frente a un compromiso de tomar ciertas medidas de prudencia y diligencia, para con-la finalidad de llegar a un cierto resultado, el obligado al pago no lo está a la obtención primaria del fin que se propuso el acreedor, sólo responderá, con arreglo al 1.104 de nuestro Código ci'Oil, de la negligencia e imprudencia que le sea imputable por el accipiens, a cargo del que correrá la carga de la prueba. En definitiva, pues, la obligación de medios no garantiza el resultado o consecución, al acreedor, del fin de la relación, cual sentir ético reclaman las vinculaciones determinadas o de resultado. Prestaciones como las que integran el contrato de arrendamiento de servicios de un Abo- gado, Medico, el de trabajo, de mandato, por ejemplo, son empre- sas demasiado arriesgadas para que el sujeto activo de la relación pueda presumir responsabilidad de la otra parte por no haber ob- tenido el resultado que se había propuesto. La afirmación de la violación de lo que fue el objeto de débito es cuestión que deberá probarla el acreedor del comportamiento supuestamente infringi- do. En materia de exoneración de responsabilidad, en esta clase de obligaciones, como en las determinadas o de resultado, el dcu-

    • 2.1. CJr. «Derecho de obligaciones», ob. dt., pñg. 124, y L^ Cruz Bcrdcjo, oh.

    III

    ..

    pág. 80.

    60

    de la responsabilidad

     

    civil

    61

    dor podrá ampararse en los postulados de la imposibilidad sobre-

    ter

    general, regula

    la

    que

    se contrac

    y

    se

    enmarca

    en sede

    venida no imputable, de los artículos Código civil.

    1.105,

    1.182

    y

    1.184, del

    convencional.

    GUE, no se liberó, tampoco, de la critica de algunos civilisti

    ..'

    pero,

    Como dicen MAZKAUD-TUNC,-'' los que, como MARTON,-' in-

    La clasificación, pues, surgida de la preclara mens de DEMO-

    sisten en oponerse a la ordenación de las relaciones de obligación en relacwnes de medios y de rcsitíiado, son aquellos que indislin- gucn el resultado como fin de la relación y lo que es la realización de una prestación, cuya naturaleza se caracterice por su aleatorie- dad. Dicen, estos escritores, que todas las obligaciones son de re- sultaJo y de diligencia, pues la mera realización de la prestación, por integrar su finalidad, produce un resultado al acreedor, y afir- man, otros, que no hay ninguna obligación que para su cumpli- miento no reclame cicrtt) grado de prudencia y diligencia; con

    los más, aceptaron sus tesis y, lo que es importante, la doctrina jurisprudencial francesa la asume en sus razonamientos, siendo bien recibida por el acierto que significa, precisamente, la idea ordenadora de las obligaciones en relaciones de resultado y de medios,-'' división que aceptó en su articulado el Código de las obligaciones polaco de 1934, artículo 240 de dicho Texto legal. La diferenciación que puede establecerse entre obligaciones de ií'<//(».v y de rcsiiliado no está tanto en contraponer los regímenes de la responsabilidad, que les es común, a ambas clases de relacio-

    indeperdencia de la confusión que significa la no distinción de cuál sea el verdadero contenido de una y la otra obligación (las de resultado y las de medios), lo que si es cierto que aún en las obliga- ciones deienuiíuidas o de rcsuliadü, para un exacto cumplimiento, es necesaria la observancia de un cierto grado de diligencia y pru-

    nes, el establecido por los preceptos 1.105. 1.182 y 1.184 del Códi- go civil, sino, más bien, como se ha dicho, el quid de la cuestión está en cuál sea el criterio que haya de tenerse de la exactitud del '

    en

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    cumplimiento, habida cuenta de los requisitos de la identidad de la prestación (D. 43, 3, 50, Part. V, Tít. XIV, Ley lll, arts. 1.243,

    dencia, conforme a las concepciones que se intuyen del artículo 1.104 del Ordenamiento civil nuestro. Sentencia del Tribunal Su- premo de 27 de noviembre de 1931, y la consignada por la Corle de Casación italiana en Sentencia del 13 de julio de 1945. La

    1.245 y 1.246 del Código de Napoleón, 1.245 del abrogado Código civil de Italia de 1865, etc.),-' artículos 1.166 y 1.167 del Texto legal civil y Sentencias del Tribunal Supremo de 10 y 16 de agosto

    relación, sea determinada o de resultado, requiere de un obrar del

    de 1848, 9 de noviembre de 1859, 4 de marzo de 1872, 11 de

    deudor para la entrega de la cosa o realización de aquello que se

    febrero y

    18 de abril de 1874, 12 de marzo de 1924, 15 de octubre

    debe, pues ésia es la realidad concreta del pago o solitlio. Y esta

    de 1946 y 30 de enero de 1975, y de los de la integridad cíndivisili-

    realeza, para que sea correlativa al cumplimiento exacto de la obli- gación, requiere toda la precaución y diligencia necesarias para

    • 26. Cfr. las sentencias de la Corte de Casación de Francia y, entre otras, las

    que no se opere una falla de diligencia (negligencia), que si com-

    de 20 de mayo de

    193b, 23 de junio de

    1936. 18 de enero

    de

    1938, 17 de marzo

    portara un retraso en el pago determinaría un daño a la relación

    de

    1947.

    22 de noviembre de

    1930,

    16 de enero de

    1951,

    12 de julio de

    1954, 9

    de enero de 1957, ele. Inierés pueden ofrecer, también, las resoluciones dictadas

    y al derecho de cródilo, ingredientes, todos ellos, que por sus pro-

    por otras jurisdicciones inferiores, citadas, todas, por MAZLAUD-TUNC, oh. cii.,

    pias consecuencias determinarían la exigencia de responsabilida-

    ;om. 1, y vol. 1, pág. 135; l'aris. sen!, de 9-1-1957, Riom. Scnl. de 18-7-1938; Gre-

    des, al amparo del articulo 1.101, del Código civil, que, con carác-

    noble, senl. de 11-3-1941. Fonlainehleau. scnl. de 10-1-1945. Lyon. scnl. 20-12-

    • 1948. Nancy.scnl.de .30-11-1949. Aix.sem. 14-2-19.50. Ctiambery. scnl. 4-2-1952,

    • 24. C!r.

    oh. iií., pág. L'i4. del lom. 1, vol. I.

    íi.

    Cjr. «Übligauons ilc IUONCIIS d

    ol)lig;UÍous Je résultal n.'' 1 i

    Uim. dorll civil, 1935. pügs. 499 y ss.

    4, en Kcv

    Biianson. scnl. de 8-7-1952. Pau. senl. de 12-.3-1953. Marsella, senl. de 26-11-

    1953, Monipcllicr. scnl. de 4-5-1954, Trib. civ. del Sena. Scnl. de 22-6-1955, Paris.

    scnl. 9-2-1956,. etc. Tribunal de l'a/ de lUuselas. senl. 10-9-1953. Trib. civil de

    Bruselas, scnl. 30-6-1956.

    • 27. (;//, a l'oriiu K. «Tratado de las obligaciones» irad. csp., Madrid, 1872.

    62

    JüJ (D. de

    Usor, Til. 1, Ley 4!, aris. 1.244 y 1.220. número 1.",

    del Código civil francés, 1.246 del Código civil italiano de 1865 y Semencia del Tribunal de Pau, de 3 de mar/o de 1890),-" artícu- los 1.157 y 1.169 del Código civil luiesiro, parágrafo 266 del HGB alemán, 1.181 del Código civil de Ilalia de 1942, y Semencias de nueslro Alto'Tribunal de 28 de abril de 1906,21 de mayo de 1910, 18 de junio de 1914, 20 de marzo de 1925, 14 de mayo de 1926, 30 de enero de 1958 y 26 de octubre de 1977, entre otras,-'' en

    correlación con la esencia y cxíensión de la prestación que ha de ser el objeto del cumplimiento. El interés fundamental, pues, de la distinción tiu reside, como prciendería la doctrina francesa, en una distribución diferente de la carga de la prueba del incumpli- miento, cuando se trate de una obligación determinada o de resul- tado y de una relación de precaución y dilií;encia.

    La persona que se crea con el derecho de reclamar la prestación que se intuye a su favor, artículo 1.162 del Código civil, dimanan- te de una supuesta relación de obligación, lo primero que le com- pete es acreditar la existencia de ésta, su incumplimiento, que determinará la responsabilidad, y los perjuicios sufridos, artículo 1.214, en relación al l.lOl, de nuestro Código sustantivo civil, en concordancia con los preceptos 1.315, en relación, éste, con los

    artículos 1.147, 1.148 y siguientes del Código de

    Napoleón, y

    2.697. en correspondencia con el 1.218 del Código civil italiano de 1942. Situación procesal que deviene necesaria en ambas clases de obligaciones, de resuliadü y de cli¡ií;encia. Cuando las partes se encuentran inmersas en el proceso de responsabilidad será necesa- rio que concreten a la Autoridad judicial el carácter o tipo de relación en la q'^e basan su derecho de crédito, en función, este, de la naturaleza y amplitud de la prestación que debía haberse realizado, o que se ejecutó defectuosamente. Y, efectivamente, si la problemática en cuestión se configura como propia de una rela- ción Jeicnninada o de lesullaJo, por estar /'/; ohlif^aiionccl mismí-

    • 28. Cli: G \K( lA G()> LNA, «Motivos y ("oncordancias ili."l Cód. civil csp.», Za-

    ragoza. 1974. pág, 586.

    • 29. fy;. nucbíra obra. «El pago», edil. Ut)sch. Harct-lona. 1986. págs. 70-85.

    concepto actual de la responsabtiiciaa civil

    63

    simo compromiso de satisfacer el fin primario de la'rclación, sien- do asi que la prestación se identifica con la fina.'.dad de la obligación, bien podrá afirmarse que será el propio fracaso del resultado el que, a la vez que determina el incumplimiento actua- rá, sin más requisitos, el instituto de la responsabilidad. El deudor de aquella obligación insatisfecha podrá oponer ÍL \a presunción de responsabilidad, conforme al párrafo 2.", del 1.214, de nuestro Có- digo sustantivo, la excepción de que la realización ya se extinguió por alguna de las causas de cancelación a que hace referencia el artículo 1.156 del Código civil, no siendo este precepto limitativo de los modos y maneras por medio de los cuales se pueden extin- guir los compromisos obligacionales, Sentencias del Tribunal Su-

    premo de 25 de octubre de 1925, 5 de diciembre de 1947, 23 de

    abril de 1956, 20 de noviembre de 1963 y 13 de

    enero de 1965,

    entre otras; o alei^ar la imposibilidad liberatoria sobrevenida, por causa de no poder efectuar la prestación, y sin que le sea imputa- ble, al amparo de lo preceptuado en las reglas de los artículos 1.105, 1.182 y 1.184 del Ordenamiento civil, que no es lo mismo que la alteración de circunstancias que dificultan el cumplimien- to, y hasta la hacen iiTiposible, Cfr. al respecto, a PÉREZ SERRANO,

    CANDIL, ROCA-SASTRE y DUALDE, por todos.

    Efectuadas las precisiones anteriores es apropiado entrar en la temática que versa sobre la inversión de la carga de la prueba, aun tratándose de expedientes de responsabilidad que habrán de en- cuadrarse en el ámbito de la esfera contractual. Nos referimos a las obligaciones que demandan prestaciones que se nutre-i, exclu- sivamente, del comportamiento, activo y omisivo, del deudor. De aquellas relaciones obligacionales en las que el interés primario del acreedor no está in oblií^atione.^ Los postulados que se predi- caban al filo de las relaciones determinadas (de dar y de no hacer) o de resultado (se avienen mejor a las obligaciones de hacer) no se conjugan con la naturaleza y ámbito que se intuye con las de medios (o de precaución y diligencia).

    .^0.

    Cfr. JoRDANo FKACIA, oh. cii., pág. 73; HERNÁNDEZ-GIL, oh. cii., página

    12.V124.

    65

    El carácter aleatorio, cual es el calificativo más apropiado que las distingue, como diíercntcs de las determinadas o de resultado, de la prestación de prudencia y diligencia hace difícil comprender una imputación de responsabilidad contractual por virtud del me- canismo de las presunciones, imponiendo al deudor la carga de la prueba ^que acredite la extinción de la obligación, cuyo cumpli- miento se le reclama, número 2." del artículo 1.214 del Código

    civil, y sentencias del Tribunal Suiíremo de 19 de enero de 1948,

    23 de diciembre de 1954, 1(J de junio de

    1959, 2Ü y 22 de febrero

    de 1963, etc., como se predica en los supuestos de prestaciones determinantes del fin de la obligación. La prueba del incumpli- miento de la obligación de comportarse prudente y diligente es cuestión que en esta clase de relaciones incumbe al acreedor. Lo cierto es que bU instrumentación resultará de mayor complejidad que en las relaciones de resullado, se carece de la ayuda de un hecho fácil de demostrar y de presunciones que guarden un enlace preciso y directo, según las reglas del criterio humano, entre el hecho demostrado y aquel que se trate de deducir, artículos 1.253 del Código sustantivo nuestro y 2.729, párrafo 1.", del Texto legal vigente de Italia. La inversión de la carga de la prueba del incum- plimiento habrá que deducirla no del campo de las concesiones procesales sinu del áiubiio de las realidades prácticas, porque a ellas atiende el Derecho. Y así es, electivamente. Tomando como ejemplo fácil el de la prestación medica, cuyo fin último de la obligación, cual es la curación del enfermo, no está iii ol)li};aliünc', siendo el comportamiento medico un instrumento para su conse- cución, sería arbitrario presuponer un hacer poco prudente y dili- gente sin antes analizar cuidadosamente todos y cada uno de los extremos de la conducta del Médico que, en definitiva, configuran la prestación comprometida. Cuando, a priori, y más frecuente de lo que se debería, se imputan al Médico responsabilidades, éstas suelen tener su punto do referencia en la falta de un resultado satisfactorio para el acreedor de la relación. Si ello fuera así, esta precipitada imputabilidad, fundamentada en la culpabilidad (ele- mento subjetivo que, por otra parte, no sería determinante sino agravatorio, pues presupuesto de toda responsabilidad contractual

    lo es el incumplimiento en el sentido material, articulo 1.101 del Código civil),^' vendría a desconocer la extensión de la prestación

    y su ámbito de eficacia, que, como se ha dicho, se mantiene exter-

    na al marco de lo que sería el

    resultado perseguido por el acci-

    piens,^- y requiere, solamente, que el profesional ponga en su ac-

    v^i ...

    oda la atención y Jilifiencia que derive de su específica

    preparación científica y práctica, Sentencia del Tribunal Supremo de 13 de julio de 1987, constituyéndose, así, la diligencia y la precaución en el objetivo de la relación." Relacionando aquella obligación general de prudencia y dili- gencia, que dejarán establecida las leyes de Roma y el Derecho de Castilla, Digesto Lib. 1, Tít. 1, Ley 10,1 y Part. 7, Tit. 15, Ley^ 6.', consistente en el principio allerum non lacdere, asumido, con pos- terioridad, por nuestro Código civil, artículo' 1.902, y preceptos concordantes de los Códigos civiles de nuestra área cultural,''' con aquella otra relación convencional de mediox, podrá observarse que la una y la otra carf^an a la cuenta del acreedor la demostración de la responsabilidad del deudor, en base al sistema culpabilista, la primera, y determinada, por el mero incumplimiento, la segun- da; igualmente se podrá intuir que, frente a la anterior convergen- cia, se da la divergencia por virtud de la diferente esfera a la que pertenecen, aquiliana y contractual. La diligencia y prudencia que con entendimiento general se predica en el área cxtracontractual tiene la naturaleza de un deber, y sólo su violación hará surgir la obligación reparatoria, siendo la infracción de la precaución y dili- gencia convencional, por su propia preexistencia, la que determi- nará la responsabilidad resarcitoria, pues estas maneras de com- portarse eran el objeto convenido en la relación de medios.

    31.

    32.

    Cyr.

    Cfr.

    ;i JORIMNO FRAGA, o/). (7í., pág.

    a

    MAZKAUO, ob. cii.,

    lom.

    I,

    vol.

    176.

    11, págs. 404

    y ss

    ..

    BONASÍ BENUCCI,

    «La responsabilidad civil», edil. Uosch, Barcelona, 195K, págs. 307 y ss.

    • 33. Cfr. La sentencia de la Corte de Casación de París de 20 de mayo de 1936.

    • 34. CJr. Losarls. 1.382y 1.383 del Cód. de Napoleón, 1.151 y 1.152 del abro-

    gado Cód. civil de Italia de 1865, 823 del BOB alemán, 41 y siguientes del Cód.

    federal de las obligs. sui/o y 2.043 del italiano de 1942.

    66

    l.uls l'ascual bs'.cvill

    Al filo de concluir la tcniálica que nos ocupa se ha objetado por algunos autores de la doctrina francesa, que la tesis de la inver- sión de !a carga de la prueba, en sede de responsabilidad contrac- tual, es contraria al número 2." del artículo 1.315 del Código civil de Francia, corriente científica que a nosotros se nos antoja de aplicación al caso español, por la mediación del inciso 2." del pre- cepto 1.214 del Código civil de aquí. A este reparo, dicen los MA- /i.AiJi), se le oi>one la circunstancia de cine la distinción entre obligaciones de resultado y obligaciones de diligencia y prudencia es de reciente consideración,'^ razón por la que los codificadores no pudieron tenerla presente y se imponga, ahora, el necesario acoplamiento de nuestro artículo 1.214 del Código a las realidades de presente, que, como sabemos, no son las que inspiraron la codi- tlc- ,;ión. Abundando en la problemática que plantean las dos ciases de obligaciones, las determinadas o de resultado y las de medios, que como decíamos se nutre del comportamiento del deudor, y hacen cuestión primordial, para la acreditación de sus respectivos pagos, de la naturaleza de la prestación y de la extensión del compromiso obligacional que se haya asumido, vale la ocasión para tratar del significado que tiene la calidad de la prestación, para que pueda calificarse de exacto el cumplimiento realizado. Cuando de rela- ciones de resultado se trata, por ser puramente materialista su comprobación, es muy fácil constatar que la cosa entregada es la misma que la que se había convenido, o que la obra o producto que se da en pago es el resultado del hacer paccionado. Las pers- pectivas son otras las que se nos ofrecen cuando el asunto se con- trae a relaciones de pura diligencia y prudencia. En tales supuestos la «calidad constituye el todo de la obligación»; si una diligencia conforme a las exigencias del momento no excluye el aleas del resultado pretendido por el sujeto activo de la relación obligacio- nal, a buen seguro que una diligencia poco afortunada lo compro- meterá. En esta hipótesis nada hay más peligroso que un amigo

    3X

    Aunque las conocía el Derecho romano y las presintió PLANIOL y ROBlN,

    lo cierto es que fue Di.Mociui el anificie de la clasificación.

    Medico o Abogado ignorante. No sería razonable que por asiduas que fueran las visitas al enfermo, o vehemente el alegado, se qui- siera intuir una calidad de los cuidados o un acertado razonamien- to jurídico, ello sería confundir lo principal por lo accesorio. Esto sería invertir el orden lógico de la prueba, cual comportaría probar la existencia o realización de lo que sólo son condiciones del cum- plimiento en sí mismo. Si, en realidad, lo que interesa probar es la buena calidad de los medios empleados en pago de la prestación comprometida, será de rigor acreditar, por parte del Médico, que ha cuidado al enfermo bien y, al Abogado, le incumbe la prueba de que su defensa se avenía a los cánones de la ciencia y práctica, adquiridas, la una y la otra, fruto del estudio y el quehacer diario de la profesión que acredita. Probar que la calidad ác los servicios profesionales comprometidos no eran los apropiados al caso con- fiado, es la problemática que la doctrina y la jurisprudencia cargan a la cuenta del acreedor para, así, acreditar el incumplimiento de la obligación de medios, que, por su propia constatación detcrni- nará la responsabilidad a la que se contrac el general principio establecido en el artículo 1.101 del Código civil.

    Advierte el profesor JORDANO FRAGA, y lo hace con a /icrto, que ni la falta de resultado en las relaciones de este tipo, ni tampo- co la negligencia en las obligaciones de medios, dejarían estableci- da una responsabilidad, al amparo del artículo 1.101 del Ordena- miento civil, si al supuesto obligado al pago le asistiera el recurso de la sobrevenida imposibilidad liberatoria, o el recurso a la invo- cación de la alteración objetiva de las circunstancias, por causas que no le fueran imputables, pues dicha imposibilidad de cumplir con los compromisos preadquiridos establece el límite de la res- ponsabilidad contractual. En sus méritos pues, el incumplimiento, como presupuesto de responsabilidad, y la imposibilidad liberato- ria, como límite de la misma, por sus efectos extintivos de la obli- gación y consiguiente liberación del deudor, alcance que le está atribuido por el Derecho vigente, artículo 1.156, número 2.°.

    • 7. EL PRINCIPIO «NEMINEM LAEDERE» Y SU l>OLI- VALENCIA EN EL CAMPO DE LA RESI'ONSABILIDAD CIVIL

    El principio general de la responsabilidad civil, consistente en que a nadie ha de serle pennilido invadir la esfera de los intereses ajenos, es cuestión que se lia convertido en el punto neurálgico y común de todas nuestras instituciones; en este sentido, afirma JüS- stNl<A^.'D,^'' la responsabilidad es la gran vedette de lodos los Orde- namientos Jurídicos. Y ello es así, dicen MA/I;AUD y ANDRE TVNC." porque en la actualidad se liace de los principios de la responsabilidad civil la sanción ¡general de todas las /'C.i.'/u.v de dere- cho. Al derecho de daños, además del papel que le es propio, cual es el de reparar e indemnizar los daños y perjuicios, en base al deber violado y obligación infrini^ida, se le atribuyen, también, las tareas rei;uladoras y coi>iplementarias de aquellas aminoraciones que se discuten, siendo así que el principio general de la responsa- bilidad civil tiende a absorber el derecho en su totalidad. Esta tendencia, con ser práctica y resolver alguno que otro problema, en situaciones concretas y empíricas, olvida la naturaleza .VM/AV/J/ÍI- ria que tiene la acción de derecho común por daños y perjuicios, margina la aplicación de la norma precisa o particular del caso en litigio y, en nuestro caso, recurre a la utilización de un precepto " con evidente infracción del número 1." del artículo 4." del Código

    • 36. Oí. «l-voluiions el aclualitcs», Sircy. 1936, pag. 29.

    • 37. CJi. «Tral.iJo teórico y práclicü de la responsabilii.la(J civil, dclictual y

    cümiaclual». loiii. 1. trad. esp. de .Alcalá-Zamora. Buenos Aires, págs. 16 y ss.

    38.

    Cli: el art. 1.902

    del Cód. ci\ il español.

    '69

    civil, que autoriza el recurso analógico de las normas cuando éstas

    no conleniplen el supuesto cspccirico.''' La razón fundamental del preeminente papel que juega elpr//]- cipium alterum non laedere en el campo de la civilística de ahora, y, en especial, en el ámbito de la responsabilidad civil actual, ha- brá que intuirla de la lex aquilia. La preocupación con la que la ley Aquilia persigue los quebrantamientos que causan el daño •*" ha hecho tránsito, por la mediación del articulo 1.382 del Código de Napoleón, a nuestro Código sustantivo, artículo 1.902. La raiio legis enfila su punto de mira en la existencia misma del daño, como causa, y en su reparación, como efecto (Ley 27,5; Dig. 9,2). En el campo en el que nos debatimos, y momento temporal de referencia, importa al legislador que queden claros dos extremos; a) que no se debe violar la genérica obligación del respeto al inte- rés ajeno, protegido por el derecho, y b) que si se produce la infrac- ción, sin más requisitos, se determinará la responsabilidad. Sien-' do de época posterior la concepción del elemento moral como requisito para la exigencia del daño, cual reza la máxima de GAYO , (3.211): ¡mpunitus est qui sine cul pa el dolo casu quodam dam- , num commiíiil. Tanto en la esfera contractual como en la nquilia- na, en la era del Derecho romano clásico, era el incumplimiento del deber de no causar daño a nadie, o de la obligación preestable- cida, lo que actuaba la responsabilidad. Siendo así, que la lex aqui- lia.red no reclama la concurrencia del elemento culpabilista, y en lo concerniente a la responsabilidad convencional se estaba lejos de conferir a la culpa un lugar preferente en el concierto de las

    39. Abogados y Tribunales, y en menor medida los escritores, han venido

    adquiriendo el hábito, ciertamente cómodo pero poco elaborado, de.resolver todas

    las cuestiones de responsabilidad, tan antes se observe un perjuicio, en base al

    elemento subjetivo, al amparo del aaiculo 1.902 del Cód. civil, lo que se asemeja,

    funcionalmente, a lo que puede ser un «cajón de sastre», depositándose en su

    interior las reclamaciones de daños y perjuicios que tienen su precepto especifico

    para el caso, aquellas otras, que en mAs de una ocasión vienen enmarcadas por la

    esfera contractual y, en ocasiones, lambiin se acogen a los postulados del articulo

    1.902 lo que son verdaderos daños exiracontracluales.

    • 40. CJr.

    D. 9, 2, 27, 17, y parágrafo

    5.", de la misma Ley romana.

    10

    responsabilidades;'" es obvio que el actual tránsito del sistema subjctivista, axioma de nuestros Códigos, a la concepción objeti- vibta de la responsabilidad no tiene otra lectura que el retorno a posiciones que un día fueron abandonadas para con la finalidad do moralizar conduelas, ejercicio que imaginaron los bizantinos, al tenor áe las inlluencias helenísticas, y para con la finalidad unificadora de las motivaciones de la responsabilidad, que amén de anur.'ciar una crisis del sistema habían de dejar sin reparar infi- nidad de perjuicios, cuy. 1 último recurso para el perjudicado era el de la resignación má<¿ica, imbuida por los postulados religiosos de la época.''-

    El principio general de Derecho neminen laeJere reclama, ac- lualmenie, una concepción amplificadora de aquellos, fines protec- cionistas que un día el Derecho romano le asignara. La tutela de un derecho subjetivo concieio o ubsolulo no sería efectiva si no extendiera sus miramientos a situaciones perjudiciales que se pro- ducen, en ambas esferas de la responsabilidad, sin el concurso del acto ilícito y elemento culpabilisla. Y es en este sentido que quere- mos ver un ensanchamiento de los confines de la lex acjuilia, por virtud de los conlliclos de intereses que se acogen en el marco del derecho de daños, extracontractuales, unas veces sancionados por el legislador, en leyes específicas, y las más de las ocasiones acogi- das por las tesis científicas de la doctrina y jurisprudencia,''^ nues- tra y extranjera. La ilicitud del acto humano, el inoíivo moral de

    • 41. Cfr. nsMEiN, «Le fonilcmcnt de la responsabilitc conlractuelle rapprochée

    de la responsabililé delicluclle», en l'ev. Iriiii. droit civil, 1933, pdgs. 627 y ss.

    42.

    Cfr.

    DIUZ-I'CAZÍJ, oh.

    cil.,

    pág.

    728.

    • 43. CJr. La ley de Accidentes de Trabajo, de Régimen Jurídicu de la Adminis-

    tración del Estado, Ley de Kcg. Jurid. de la Navegación Aérea, Mar/tima, Lxy del Automóvil, de la Energía Nuclear, Ley de Caza, etc.; Dit/.-I'ic'AZO, trab. cil., págs. 734-735, Puici BKÜTAU, «rundamenlos de Derecho civil», tom. II, vol. III, liarcelona, 1983, edil. Uoselí, págs. 137 y ss.; BAKUI;KO, «Sistema de Derecho priva- do», tom. IV, üuciiüs Aires, 1967; lit;rri, «Teoría General de las obligaciones», lomos I y 11, Madrid 1969 y 1970; Dt Cuns, «El daño», edil. Bosch, Barcelona,

    1975, págs. 140 y ss., y Sentencias d'.'l Trib. Supremo de 2 de marzo de 1956, 7

    de enero de

    1960,

    19 de octubre

    de

    1909,

    19 de enero

    de

    1928 y

    14 de mayo

    de

    1963. entre otras.

     

    il

    71

    los menoscabos, y hasta la relación física de causalidad, han sufri- do un evidente desgaste en su condición de formalidades necesa- rias para la exigencia de responsabilidad; la realidad aflora daños por razón de comportamientos que inicialmcntc fueron confor- mes con el Derecho, y se ajustaban a los cánones de la diligencia, establecidos por el artículo 1.104 del Código civil; también se han ejercitado derechos legítimos que han dado lugar a la reparación de daños por ser su ejercicio contrario a la máxima qui iure suo uiilur nemincín laedit, y, en este sentido, lo ha reconocido la Su- prema Corte italiana, sentencias, entre otras, de 6 de julio de 1948 y 26 de abril de 1951, y nuestro Tribunal Supremo, en Sentencias de 14 de febrero de 1944 y 23 de diciembre de 1952, entre otras. En definitiva, la calidad y variedad de los elementos que hoy con- forman la producción de bienes y, sobre todo, de servicios, en nuestro complejo sistema económico, hacen imprescindible (y ya fue así desde poco después de la codificación francesa), una con- cepción más realista de la fenomenología técnico-económica y hu- mana, la que el implícito precepto, alterum non laed>:'re, había de regular. Vistas así las cosas, y atendida la id -a de la necesaria correlati- vidad entre el daño causado y cuales son los bienes protegidos por el Derecho, habida cuenta de un precedente contacto social, o violación de un derecho absoluto, no es nada excepcional que a nosotros se nos ocurra promover la tesis de la ambivalencia, entre esferas de la responsabilidad, del principio de «no causar daño a nadie». La opinión sería científicamente sostenible con el solo recurso de traer a capítulo las obligaciones convencionales de me- dios, en relación con las que se generan, erga omnes, por la infrac- ción del genérico deber de no invadir la esfera del interés ajeno. Pero es que sucede, a mayor abundamiento, que en el campo del cumplimiento de las obligaciones que se han preestablecido, cual- quiera que sea la naturaleza de la prestación comprometida, y resulte ser la obligación, por su consecuencia, determinada o de resultado, el implícito principio alterum non laedere es de obligada presencia para un pago acorde con los postulados convenidos por las partes de la relación, conforme advertía HECK y establecen los

    72

    artículos l.lOl, inciso último, y 1.902, de nuestro Texto legal civil. Abstracción hecha de los elementos objetivo del injusto o ilíci- to y subjetivo de la culpabilidad del sujeto agente, que no son determinantes de la responsabilidad contractual in concreto sino, a lo sumo, ¡nabsiracto, y del daño extracontractual .sólo en las oportunidades prevenidas en el artículo 1.902 y siguientes del Có- digo civil, vale la ocasión para hacer notar que las obligaciones de prudencia y diligencia son de común observancia tanto para aque- llas conductas tendentes al cumplimiento de una obligación prees- tablecida como para aquellos comportamientos que, no estando inmersos en una concreta relación, están comprometidos, sin em- bargo, por un genérico deber enmarcado por el principio de Dere- cho nemmetti ¡adere. El cumplimiento de una relación convencio- nal, consistente, contórmc al 1.088 del Ordenamiento civil, en dar. hacer o no hacer alguna cosa, requiere, al tenor de lo dispuesto en el 1.104 del Código citado, la observancia de la diligencia que

    la naturaleza Je la obligación exija o, en su defecto, la que emplea-

    ría un buen padre de lamüia,

    la sumisión al implícito precepto

    .. de no causar perjuicios a nadie, consagrado por el articulo 1.902 del Código civil nuestro, comporta, también, las precauciones y diligencia necesarias para no violar aquel deber que se tiene, fren- te a todo el cuerpo social, de no inllingiiie daño alguno, s.o pena de Micurrir en la obligación de reparar el perjuicio causado, en su integridad.

    Al filo de los argumentos que nos preceden, a nuestro juicio, se torna incontravertible aquella aseveración, de principio, que extiende el imperio del nemuiem laedere a las esferas de daños, contractuales y cxtracontractuales. Del propio contenido del principio genera! de Derecho ''•' se intuye, con claridad, que el De- recho reprueba la idea y .sa"cíona el acto humano de causar daño a otro, imponiendo la obligación de repararlo íntegramente,''* cuando este perjuicio se haya dado sin la previa mediación de un contacto social o interviniendo culpa intencional o negligencia en

    CJr. üig. l.Til.

    • 44. Ley 10,1.

    I,

    CJr. Dig. y, Til.

    • 45. 5 y

    2, Ley

    I 7.

    73

    su causación, párrafos segundo y primero del artículo 1.107 del Código civil. Así, pues, que en el ámbito de los negocios cuando se incumplen, por sus méritos, se determina la responsabilidad y tiene ésta su razón mediata en el daño que el impago de la obliga- ción comporta para el acreedor de la relación, siendo la extensión de los perjuicios aquella que se previene en el número primero del precepto citado, pudiendo ser de mayor contenida conforme al párrafo segundo del propio artículo. Se impone concluir el razo- namiento afirmando, pues, que la coni avención del principio al- lerum non laedere es la piedra angular para la ocasión de exigir los daños y perjuicios, cual sea la esfera en la que se hayan produ- cido.

    • 8. LA RESPONSABILIDAD CIVIL POR RIESGO COMO INSinUl O MEDIADOR ENTRE EL

    BENEFICIADO

    DE' ..

    PRÜ'J'IESO Y E\. PERJUDICADO POR ÉSIE. LA

    RESPONSABILIDAD ÜBJEllVA CONTEMPLADA EN AMBAS í:SrEi^S DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL

    Frente al sistema culpabiiista de antaño,'" que no podía satisfa- cer por sí solo las exigencias sociales de la justicia distributiva, dando a cada uno lo que le correspondía, había de surgir, como dice DÍEZ-PiCAZO, la idea de que, por regla general, todos los per- juicios y riesgos que la vida social nos depara habían de ser repara- dos, con la sola excepción de que una especial circunstancia obli- gara a dejar al daño solo frente al daño, cual sería la fuerza mayor, el caso fortuito y la culpa exclusiva del perjudicado. Desde que el hombre comenzara a especular con las fuerzas de la Naturaleza, y las encauzara, para de esta manera servirse de ellas, se le plantea a la doctrina científica la necesidad, primero, de cuestionarse la extensión del derecho de daños, hasta ahora determinado por los actos y omisiones culpables, a aquellas otras actividades que aun con ser lícitas y diligentes producían perjuicios a terceros y, de inmediato, emprender la construcción jurídica de la obligación resarcitoria,'*'''" en base al daño causado o riesgo creado, al interés ajeno, protegidu por el Derecho, que, en definitiva, habría de con- figurar una exigencia i!e responsabilidad aunnuc el daño se produ- jera sin poderlo eviiar, pese a la observancia de los cánones de la

    • 46. Que y;i desde su construcción no atendió la totalidad de las situaciones

    perjudiciales que la realidad cotidiana ofrecía.

    46 bis.

    Cjr. FiikNANDtz MAKIIN-GKANIZO, «LOS daños y la responsabilidad

    objetiva en el Der. Positivo español», l'amplona, 1972, págs. 114 y 115.

    Hacia \Tm

    concepto actual de la responsabilidad civil

    75

    exquisita prudencia y diligencia, conformes al artículo 1.104 de nuestro Código civil, 1.176 del Texto legal civil italiano de 1942 ^' y Sentencias del Tribunal Supremo de 8 de abril de 1963, 23 de marzo de 1982 y 18 de septiembre de 1984, entre otras. Como ya hemos hecho referencia en anteriores páginas, el tra- dicional principio de la culpa no podía restablecer, con eficacia, el desequilibrio económico que habría de producirse por la utiliza- ción de tantos y diversos bienes y servicios que la técnica y la ciencia moderna ponían al servicio del hombre. Los tiempos de la postindustrialización clamaban por una más efectiva tutela de los derechos de los ciudadanos a la integridad física y a la de sus bienes, intuyéndose, ya desde un principio, que el axiomático principio moralista no los enmarcaría en su integridad, cuando los daños loquiíur por su propia naturaleza perjudicial o provinie- ran del ejercicio de una actividad que siendo provechosa para el individuo o empresa conllevara un riesgo para las personas, bienes y derechos (ubi emolumentum. ihi onus). Se hacía necesario imagi- nar la responsabilidad en base a otros supuestos diferentes, cuales podían ser los que apoyan la doctrina del riesgo o de la respoi.:.abi- lidad objetiva o, incluso, aquellas tesis que sostienen la presunción de una falta en el comportamiento del agente del daño, proponien- do la inversión de la carga de la prueba en el sentido que la deja establecida el artículo 1.214 de nuestro Texto legal, en relación al también precepto 1.315 del Código civil de Francia.*'

    Un principio pro damnaío había de salir al paso de la nueva concepción ético-social del Derecho. De una visión individualista del derecho de daños se pasaría a una noción social de los daños

    47.

    CJ'r. a BADOSA COLL, «La diligencia y la culpa del deudor en la obligación

    civil», Publicaciones del Real Coleg. de España en Bolonia, 1987, págs. 33 y ss ..

     

    Vid. la nota

    1 y la bibliografía que allí se cita.

    48.

    CJr. las Sentencias del Tribunal Supremo de 23 de junio de 1000, 23 de

    octubre de

    1930, 10 de marzo de 1936, 10 de julio de 1943, 30 de junio de

    1959,

    5 de abril de

    1963 y 25 de abril y 27 de diciembre de

    1979, entre otras, citadas

    por LACRUZ y SANTOS BRIZ. Vid., también, por todos, a CARLOS ROGEL VIDE, «La

    responsabilidad civil extracontractual», edil. Civiías, Madrid, 1977, págs. 92 y ss.; y art. 2.050 del Cód. civil italiano de 1942.

    76

    «scual Kstevill

    y perjuicios, más generosa en medios y fines, y que habría de con- llgurar, aun con las oposiciones de rigor en contra,'*'' la moderna teoría objelivisia de la ivr.ponsabilidad sin culpa o por el riesgo creado (en beneficio propio y perjuicio de terceros). Tanto la doc- trina científica como la jurisprudencial han sido contrarias, hasta bien entrado el presente siglo,^" a pasar y estar conformes con Ir tesis de la responsabilidad inculpable, aun cuando nuestro Texto legal civil contemplara situaciones no en relación directa a un cul- pable sino, ri'ás bien, en virtud de un nexo de custodia o vigilancia en determiriídas personas o cosas, artículos 1.905 y 1.910, este último en relación con el número I." del artículo 1.384 del Código civil francés; así, también, como otras responsabilidades en las que la mismísima causa del evento dañino reside en el daiio, ar- tículo 1.784 del Código civil español, en relación al 1.690 del Pro- yecto del 51, y en con-^ordancia con el precepto 1.783 y siguientes del Ordenamiento civil italiano.

    Asi, pues, la aplicación de los principios de la doctrina del riesgo, sintetizada por el aforismo cujus comnwda ejus dcunne, y funcionalizada como instituto mediador entre el beneficiado por el progreso y el perjudicado por éste, había de proporcionar inne- gables ventajas sociales, cuales serían una mayor protección frente a ios actos lesivos y una más eficaz acción reparatoria. Al derogar- se, por su propia esencia, la necesaria presencia del elemento sub- jetivo, en las ocasiones de daños por el riesgo creado, se confiaba al esfuerzo del agente dañador la posibilidad de que pudiera exo- nerarse, por las vías que el Derecho contempla, de la responsabili- dad que se le exigía en base a la propia existencia del perjuicio, y por virtud de los beneficios obtenidos, instrumcntalizándosc, así, el instituto de la compensación con fines sociales, acorde con los principios de la equidad y conforme con los propósitos de la justi- cia conmutativa.

    B-.SS,. en la «ZisÍt^^l^Z Í Í

    • 50. Cjr., por iodos cJZ

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    " e.und.che». XXIV, n."384

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    Madrid

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    d.c.emb.c de 1903 y ,y dcj'un.o de 1W7

    I

    Hacia un concepto a(J ^ de la responsabilidad civu

    La utilización de determinados bienes y servicios, que la cien- cia y la tecnología modernas han puesto al servicio de la persona, física o jurídica, han rentabilizado la empresa, haciendo posible la producción en masa y agilizando el sistema financiero, lo que, en ambos casos, conlleva el abaratamiento de los costos, incidien- do, pues, en el sistema económico en los siguientes aspectos favo- rables: mayores rendimientos por reducción del gasto* en la pro- ducción, más rápida y eficaz incidencia en el mercado consu- midor, lo que se traducirá en cuotas mayores de participación en las ventas, y, por último, y entre otra de las ventajas, se fun- cionalizará un sistema de pagos que amén de ofrecer al acree- dor más seguridades, pondrá a su disposición el importe de las ventas en un periodo temporal más corto, por la utilización de los complejos sisteitias electrónicos, entre otros medios. Estos adelan- tos industriales, comerciales y financieros, mientras aprovechan para unos crean riesgos para otros y, aun moviéndose en el terreno de la legalidad, en el sentido de no ser contraria a derecho la acti- vidad, por ser generadora de un bien social generalizado, se plan- tea el problema de quién haya de soportar el daño causado y rela- cionado con el riesgo. La doctrina científica no es dubitativa a la hora de afirmar que es responsable «aquel que conoce y domina en general la fuente u origen del riesgo», aunque no, sin embargo y por necesidad, el curso del acontecimiento productor del dafio," en definitiva, pues, el que aprovecha las ventajas es equitativo que cargue con los perjuicios que aquéllas llevan implícitos para los

    demás. Siendo así que los perjuicios relacionados con el riesgo creado han de parar a la masa patrimonial del que los ha creado, artículo 1.911 del Código civil, lo que es bien cierto que la mediación del instituto procura funciones de justicia distributiva entre el que

    • 51. Cfr. KARL LARENZ, «Derecho de obligaciones», tom. U, trad. esp. de JAIME

    SANTOS ÜRIZ, Madrid,

    1959, págs. 663 y ss.; SANIOS BRIZ, «La responsabilidad

    civil», 4.* ed., Madrid, 1986, págs. 483 a 521; BONASÍ UUNUCCI, «La responsabili- dad civil», edil. Bosch, Barcelona, 1958, págs. 279 a 286; A. VON TUHR, «Tratado

    de las obligaciones», irad. esp. de W. Koces, tom. I, 1.» edit. Reus, Madrid, 1934,

    págs. 291

    y ss.

    I

    u

    78

    Luis PascuaTÉsIcvill

    organiza el riesgo y quien resulte ser victima de la lícita actividad que procurará la transgresión de su esfera de interés, Sentencia del Tribunal Supremo de 15 de junio de 1967.

    Aun siendo así las cosas, nuestro Ordenamiento civil, al igual que el Código civil francés, alemán y suizo, y a diferencia del italiano del 1942 y el novísimo Código civil y portugués, de 1966, sostiene la exigencia de responsabilidades en base al elemento psi- cológico o moral, y ello dificulta la explícita comprensión de un derecho de daños en base exclusiva a los perjuicios surgidos en relación al riesgo creado, siendo nucesaria, como dice SANTOS BKIZ," para su reconocimiento, una vinculación a determinadas situaciones volitivas más o menos rcinotas," Sentencia del Tribu- nal Supremo, entre otras muchas, de 10 de julio de 1943. La doc- trina científica y jurisprudencial hacen el esfuerzo que la realidad diana postulu y, en sus méritos, sancionan con la indemnización de daños y perjuicios determi. -idas situaciones por el riesgo que originan en relación al daño causado, pero no explicitan que el resultado perjudicial se lundamcnta exclusivamente en base a la

    relación física entre la causa y el efecto, haciendo moneda corrien- te del recurso a la culpabilidad remota o al de la inversión de la ca'"'',a de la prueba (ViJ. las sentencias citadas por SANTOS BRIZ, al respecto, en la obra indicada en la noia 52). Nosotros creemos que a' amparo de la dinámica del complejo sistema industrial, comercial y financiero de nuestros tiempos, así como del respeto que nos merecen los desequilibrios creados por los riesgos provo- cados en beneficio propio, es suficiente para que, de una interpre- tación del artículo 1.902 del Texto legal civil, acorde con el núme-

    ro 1." del artículo

    3." del propio Código, se pueda intuir que los

    daños producidos por los riesgos creados, aunque en el ejercicio de actividades lícitas y permitidas, han de ser reparados por el agente de la acción peligro.sa, '""••¡'encías del Tribunal Supremo de 31 de octubre de 1931 y 9 de abril de 1963, entre otras.

    • 52. CJr. «La responsabilidad civil», Madrid, 1986, págs. 512 a 521.

    • 53. Qr. a BÜKKLLL MACIÁ, «Hacia la responsabilidad sin culpa», Rcv. de Der.

    Privado, 1951, pág. 108.

    La idea de la individual discriminación de la comisión de un acto culposo no es necesario que el jurista la abandone, para con tal recusación aceptar la tesis de la responsabilidad por el resulta- do perjudicial. El Código civil fundamenta sus presupuestos ideo- lógicos en aquel principio culpabilista, que hace responsable al individuo de todos sus actos y omisiones, artículos l.'\,02 al 1.910, del Código civil,^* con escasas excepciones que habrían de mati- zarse, artículos 1.905 y 1.908 del Ordenamiento civil. Se trataría de enmarcar por separado dos obras diferentes, que la vida ordina- ria de relación nos presenta, de confines bien diferenciados: la que construyera el derecho codificado, con el aplauso de la doctrina y jurisprudencia, fundamentada en el elemento psicológico, y con propósitos moralizadores, y la que imaginaran la obra de los escri- tores y la tarca diaria de los Tribunales d? justicia, extraída de la casuística del día a día. Sentencia del Tribunal Supremo de 19 de diciembre de 1986 y artículo doctrinal objeiivizando la responsa- bilidad, publicada en la revista La Ley, año 1987, ref. 1/87, que recoge el sentir jurisprudencial desde 1981, referentes a los perjui- cios inculpables, y ello por mor de la alteración de las circunstan- cias que configuraban, primero, el campo de la industria, después el del comercio y, finalmente, el sistema financiero, agilizando el cumplimiento de las obligaciones por medios electrónicos, o en la fabricación de productos haciéndolo en cadena."

    El sistema subjetivista no abarca, n' fue así, siquiera desde un principio, aquellas situaciones de dañoy en cuya causación no se adivina la culpa, la ilicitud del componamiento ni, tampoco, en ocasiones, la propia causa en relación al perjuicio. Hasta bien en- trado este siglo no comprendieron la doctrina y la jurisprudencia que el corsé legislativo (con algunas singularidades, por todas la Ley del Automóvil) les conducía, las más de las veces, a dejar al

    54.

    C/r. entre otras, las Sentencias del Tribunal Supremo de 21 de junio de

    1893,

    29 de mayo de 1915, II de noviembre de 1931, 24 de diciembre de 1941,

    30 de junio de

    1954 y 25 de octubre de 1968.

    55.

    CJi: el número l.° del articulo 1.384 del Código civil francés y el número

    1." del art. 3.", en relación al 1.902 y ss., de nuestro Código sustantivo civil.

    80

    Luis Pa.^ 1 Estevill

    daño sólo frente al daño, no se atrevían a imaginar una acción de daños y perjuicios con la sola evidencia del resultado lesivo y la concurrencia de la relación física de la causalidad. La imputabili- dad sólo se concebía en fijación a la culpabilidad, Sentencia del Tribunal Supremo de 31 de octubre de 1931. La preferencia del principio de la justicia distributiva,** en sede de responsabilidad civil, frente al axiomático dogma moralista, en nuestro país no se

    acoj¿e hasta los años 1943, Sentencia de 10 de julio, a la que le acompañarán, entre otras, las de 14 de febrero de 1944, 23 de febrero de :950, 23 de diciembre de 1952, 24 de marzo de 1954,

    8 de abril de 1958, 30 deju.Iio de 1959, 5 y 9 de abril

    de 1963,

    15

    de junio de 1967, 23 de marzo de 1968, 23 de febrero de 1969

    y 8 y 18 de mayo de 1984. Sin embargo, la doctrina científica del

    primer tercio de esta centuria, por todos, OSSORIO GALLARDO y JlMÍMüZ DE AsÚA," sí que se adhiere al modelo de la responsabili- d''d inculpable, cual sucediera en Italia, siendo su exponente cuali- ficado OS'f 1, lo que, con estas pocas excepciones, habían de preva- lecer hasta nuestros días las que sostuvieran autores tan prestigio- sos tales como las de CASTÁN, PLANIOL, COLÍN y CAriTANT, por todos.

    Entendidas así las cosas, en esta esfera del daño extracontrac- lual, y estando conformes con la distinción propuesta en esta sede, de perjuicios .subjetivos y objetivos, habida cuenta de si éstos recla- man el elemento culposo, o bien se conforman por la realidad de la propia aininoración, es la ocasión oportuna para afirmar que, en la esfera contractual, empero, será el incumplimiento material el que actuará la responsabilidad y, es este marco, no cabe la idea en otro sentido, como se veía en lo concerniente al daño aquiliano, pu;;s el dulu y la negligencia son ingredientes que si se producen

    56.

    Sostenido ya desde -Sanio Tomás de Aquino, preconizando dar a cada uno

    lo que le toiTcspondu.

    57.

    Cjr. «El hecho generador de las obligaciones. Contribución al estudio de

    la responsabilidad sin culpa», Rev. General de Leg. y Jurisp., núm. 164, 1934,

    págs. 257

    y ss.; y «luí

    resix)nsabilidad sin culpa», en Rev. de ciencias Juríd. y

    Sociales, II, pág. 200.

    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil'

    S1

    agravarán las exigencias de la responsabilidad, conforme al artícu-

    lo 1.101 delCódigociviI,'*y cuya medida del daño viene cni

    irca-

    .. da, para cada supuesto, en los postulados de los párrafos 1." y 2." del artículo 1.107 del Ordenamiento civil (en concordancia con el articulo 1.150 del Código de Napoleón, 1.225 del Texto italiano de 1942 y este en relación con el artículo 1.228 de su predecesor, hoy derogado, de 1865) y número 2." del mismo precepto, que dispone que «en caso de dolo " responderá el deudor de todos los que conocidamente se deriven de la falta de cumplimiento de la

    obligación».*" Así, pues, la responsabilidad contractual y la extracontrac- tual *' por el resultado o riesgo creado contluycn en el punto que determina la responsabilidad, cual es el incumplimiento de la obli- gación preestablecida, o la causación de unos perjuicios cuyo pun- to de referencia está en la materialidad de su propia existencia, o en la relación entre daño y riesgo por razón de la movilización de determinados elementos, en beneficio del que ha motivado la si- tuación de peligro. Cuando afirmamos que el derecho de daños puede regularse por los principios de la responsabilidad objetiva queremos decir que tal supuesto deviene realidad jurídica en el marco convencional,''^ y en los confines de la responsabilidad cx-

    • 58. C/Klosims. I.l46al 1,155 ddCóJ. civil de Francia, 1.295 del de Ausiria.

    parágrafos 276 ut 280 y en relación al niiiií. 1." del 286, del UGU ulcmán, art. I.il8

    del Cód. civil de Italia de 1942, cuyo precedente lo tiene en el 1.225 del Texto

    derogado civil del propio país, de 1865.

    • 59. Equiparable a la culpa intencional, en nuestro caso, no, empero en el BGB

    alemán, parágrafo 276.

    • 60. Se deja establecida una indemnización integral. Vid., para el caso, Cass.

    civil de 20 de junio de 1951.

    • 61. \j\. circunstancia de la ilicitud que se contempla en la Lcx Aquilia, D.

    9,2,27,17, no se requiere en los supuestos de la responsabilidad exlracontraclual

    al entrar enjuego la consideración de objeiiva. para la exigencia del daño por el re-

    sultado.

    • 62. Cfr. a JÜRDANO FKAGA. «La responsabilidad contractual», Madrid, 1987,

    págs. 69 y ss. y el núm. l."dcl an. 1.107 del Cód, civil, que al decir que «Los daños

    y perjuicios de que responde el deudor son

    ...

    y que sean consecuencia necesaria

    de su falta de cumplimiento», establece, en relación al inciso úl ..

    mo del 1.101, un

    _sistcrna objetivo de responsabilidad.

    *•

    82

    Luis Pascual Estcvül

    tracontractual, cuando la lesión al iiitcrós ajeno se origine sin la

    mediación del elemento moral,'^ por el riesgo o resultado.

    CAPÍTULO

    lll

    LA COMPLEJIDAD Y VARIEDAD DEL MOMENTO ECO NÓMICO ACrUAL RECLAMAN CONCEPCIONES AMPLl PICADORAS DEL SIGNIFICADO DE LA IMPUTABILIDAl DEL DAÑO

    • 9. UNA ALTERACIÓN DE LOS PRESUPUESTOS LEGISLATIVOS, / AMPARO DE UNAS MODERNAS REALIDADES ECONÓMICAS, CL

    MA POR LA ACTUALIZACIÓN DE LOS ELEMENTOS CONFIOUR

    DORES DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL, DELICTUAL

    • 10. SU ADECUACIÓN AL MOMENTO ECONÓMICO ACTUAL

    • 11. L A CULPA INTENCIONAL Y LA NEGLIGENCIA COMO ELEMEl TOS SUBJETIVOS AGRAVATORIOS DE LA RESPONSABILIDAD L

    INDEMNIZAR LOS DAÑOS Y PERJUICIOS, POR EL INCUMPl

    MIENTO DEFINITIVO O DEFECTUOSAMENTE REALIZADO, I

    LAS OBLIGACIONES CONVENCIONALES

    • 12. E L DOLO Y LA NEGLIGENCIA COMO FUENTES GENERADOR DE OBLIGACIONES DE REPARAR EL DAÑO CAUSADO POR ACT

    DELICTIVOS

    • 63. Cfr., al rcspcciü, el ait. s12 del Cód. de Com, que recoge la Ley Rodia, al

    disponer la obliijitcióii de comnbuir al pago de las averias t;nu-su.<i todos los intere-

    sados en el buque y la carga.

    82

    Luis Pascual Estevül

    tracontractual, cuando la lesión al interés ajeno se origine sin la mediación del elemento moral," por el riesgo o resultado.

    • 63. Cfr., al respecto, el an. 812 del Cód. de Com. que recoge la Ley Rodia, al

    disponer la obligación de coniribuir al pago de las aw'/íi,vjí,'ruMí/.v todos los intere-

    sados en el buque y la carga.

    CAPÍTULO 111

    LA COMPLEJIDAD Y VARIEDAD DEL MOMENTO ECO»

    NÓMICO ACTUAL RECLAMAN CONCEPCIONES AMPLI- FICADORAS DEL SIGNIFICADO DE LA IMPUTABILIDAD DEL DAÑO

    • 9. UNA ALTERACIÓN DE LOS PRESUPUESTOS LEGISLATIVOS, AL AMPARO DE UNAS MODERNAS REALIDADES ECONÓMICAS. CLA- MA POR LA ACTUALIZACIÓN DE LOS ELEMENTOS CONFIGURA- DORES DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL, DELICTUAL

      • 10. SU ADECUACIÓN AL MOMENTO ECONÓMICO ACTUAL

      • 11. L A CULRA, INTENCIONA.L Y LA NEGLIGENCIA COMO ELEMEN- TOS SUBJETIVOS AGRAVATORIOS DE LA'RESPONSABILIDAD DE INDEMNIZAR LOS DAÑOS Y PERJUICIOS, POR EL INCUMPLI- MIENTO DEFINITIVO O DEFECTUOSAMENTE REALIZADO, EN L\S OBLIGACIONES CONVENCIONALES

        • 12. E L DOLO Y LA NEGLIGENCIA COMO FUENTES GENERADORAS DE OBLIGACIONES DE REPARAR EL DAÑO CAUSADO POR ACTOS DELICTIVOS

    86

    Luis Pascual Estevill

    BERTR.'SLND DE GREUILLE, dice: «Todo individuo es garante de su hecho», de donde se sigue que, «si ese hecho causa algún daño a otro, es pfL'^iso que esté obligado a repararlo aquel por cuya culpa se haya ocasionado». TERRIBLE concreta, ante el Cuerpo legislati- vo, la exieosión y medida del daño que será objeto de la repara- ción y advierte que basta para ello con una culpa cualquiera. TREILHAKD informa a la Comisión de la ¡dea que han de ser repa- rados los daños aunque se hayan causado sólo por negligencia o imprudencia; BERTRAND DE GREUILLE justifica e! principio y a la vez se pregunta: Si siendo involuntario el perjuicio que se haya podido infligir, no hay injusticia ai cargar todos los efectos al que

    por desgracia o debilidad fue su autor. La respuesta fue la de que la ley no puede vacilar entre quien se equivoca y el que padece. Los redactores del Código civil francés tenían muy claro que para la exigencia de la responsabilidad, tanto delictual, cuasidelicíual como convencional, era necesaria una culpa, y una culpa cualquie- ra, lo que resolvieron con la redacción del artículo 1.382, para el supuesto de dolo o culpa intencional, y del 1.383 en casos de culpa simple (negligencia o imprudencia). Para cuando se produzcan daños por el incumplimiento de una obligación preestablecida' el legislador no supo encontrar la fórmula para la redacción de un genérico precepto, como lo hiciera en la esfera aquiiiana o extra- contractual, aun así, deL examen de los trabajos pieparatorios, y exégesis de los artículos de rigor, una culpa cualquiera es necesaria para la imputabilidad del daño contractual, y ese fue el criterio

    de los codificadores.

    ,.

    TREILHAKD, una vez había quedado establecido el principio que, con carácter general, establecía la responsabilidad, dijo que faltaba una disposición en el proyecto de Código, que se trataba de un precepto que configurase la responsabilidad por hechos cau- sados por personas de las que se debía responder, o por las cosas que tienen en custodia, que nuestro Ordenamiento civil contiene en el artículo 1.093 y siguientes. Esta responsabilidad de los pa- dres, maestro, y amos, es una garantía, y con frecuencia la única.

    • 1. CJr.

    el cap. 111, del Tít. III, del Lib. III, del Cód. civil de Francia.

    Hacía un concepto actual de la responsabilidad civil

    87

    Los trabajos preparatorios que hemos traído a examen afirman que a aquellos a los que se les impone una responsabilidad, por hechos de otros, han de ser tenidos, unos, por débiles, otros por mala elección, y por negligentes todos. El citado Consejero de la Cornisión preparatoria del Código, añade: «Dichosos aún si su conciencia no les reprocha haber incubado malos principios y dado peores ejemplos». Expresiones como las que nos preceden, que se suceden en los trabajos preparatorios, hacen realidad aque-. Ha idea de GENOVEVA VENEY, consistente en que toda la discipli- na de la responsabilidad civil estaba encaminada, más bien, a mo- ralizar conductas individuales que a la reparación e indemniza- ción de los daños y perjuicios que las victimas hubieran sufri-

    do.2

    Los motivos de GARCÍA GOYENA ' no son muy otros que los que alentaron la Codificación francesa. En este sentido el artículo 1900 del proyecto de Código civil de 1851 (a la vista de cuyo texto bien podría decirse que el Código civil vigente quedó redactado en el 51) sintetiza en uno los dos preceptos del Texto legal francés, los artículos 1.382 y 1.383, en los que Florencio GARCÍA GOYENA está de acuerdo. Aun así vincula el artículo 1.900'' al texto de la Ley 6." y todas las del largo Título XV de la Partida 7.".^ El artícu- lo, dice GARCÍA G5YENA; Florencio, encierra-una máxima de ju- .. risprudencia universal,* fundada en un principio eterno de justi- cia, sua cuique culpa nocetr, la culpa no debe perjudicar a nadie más que a su autor, y es éste el obligado a reparar el daño causado

    • 2. Cfr. MAZEAUD y TuNC, «Tratado teórico y práctico de la responsabilidad

    civil», tomo 1, vol. 1, trad. esp. de la 5.' edic. por Alcalá-Zamora, Buenos Aires,

    págs;38 y ss.

    '

    '

    '

    ^

    -

    ;

    - —

    ,

    • 3. Cfr. «Concordancias, motivos y comentarios del Código civil español», Za-

    ragoza, 1974, pág. 968.

    • 4. Todo el que ejecuta un hecho en que interviene algún genero de culpa o

    negligencia, aunque no constituya delito o falta, está obligado a la reparación del

    perjuicio ocasionado a terceros.

    • 5. Tenudo es de facer emienda, porque, como quier que el non fizo á sabien-

    das el daño al otro, pero acaesció por su culpa.

    • 6. «Damnum culpa datum, etiam ab co qui nocere noluit». Ley 5.', párrafo

    1.° Digesto 9^2.

    Luis Pascual Estevill

    a un u/cero con ella, aunque no haya sido equiparada por la ley penal a la categoría de delito ó falta. Así, de este modo, el campo y la escala de la culpa o negligencia son vastísimos, y no podrán encerrarse en las leyes, por muy minuciosas que sean. Cada caso deberá decidirse p<jr las circunstancias particulares del hecho y las de las personas.

    Por todo lo expuesto se comprenderá, fácilmente, que el insti- tuto de la resposabilidad, que por la mediación de las codificacio- nes se deja articulado, es todo un sistema enfilado a sancionar la falca, presupuesto de la culpabilidad, como reza la máxima de Quinto MuCiO ESCÉVOLA, inpuniíus esí qui sine culpa el dolo malo cas'j quodam darnnum coininiílií, y cuyos miramientos últimos son los de querer moralizar conducías, muy propio de aquella épo- ca en la que tanto las relaciones sociales como las económicas eran, aún, muy primarias, contribuyendo a estos fines, además de razones genéticas, unas creencias religiosas que antes de procurar por la reparación del daño sufrido por la víctima preferían entrete- nerse en convencer al perjudicado de la bondad del estatuto del resinado, tesis teleológica que olvidaba el sentir popular, y no por ' ello menos cierto, de que a Dios rogando, sí, pero con el mazo dando.' Estos mágicos presupuestos coadyuvaban a la identifica- ción át la culpa con el pecado y así, y de este modo, todo perjuicio - que no tuviera un trasfondo moral no encajaba dentro del marco culpabiiista que (a codificación francesa había diseñado, y las pos- • tériores codificaciones continentales imitaron, entre las que se cuenta la nuestra. Las consecuencias se dejaron sentir de inmedia- to. Todo daño que no tuviera una relación moral directa con la culpa Qüediib. :in reparar y, a mayor abundamiento, cuando el perjudicado no podía demostrar la existencia del elemento subje- tivo y su relación directa con el daño, aunque evidente la relación de causa a efecto, tampoco veía satisfecha su justa demanda, ais- lando aquella aminoración patrimonial o moral del contexto que

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    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    89

    le era apropiado para dilucidar su reparación, y dejando al daño

    solo frente al daño. El sistema culpabiiista hace crisis. Y así es, efectivamente. Una alteración de los presupuestos legislativos, al amparo de unas mo- dernas realidades económicas, deja obsoleto el axiomático princi- pio de la culpabilidad. Las transformaciones socioeconómicas que se producen de la mano de las revoluciones industriakitamén de los cambios, de todo orden, que significarán las dos guerras mun- diales, reclaman una mayor flexibilidac' a la hora de determinar la responsabilidad civil por la causación de un perjuicio en la esfe- ra del interés ajeno, protegido por el Derecho. Se imaginan, frente a las numf^rosas oportunidades que padecemos de sufrir perjui- cios, las tesis del riesgo creado por la utilización, en beneficio propio, de las nuevas técnicas de la producción y de los servicios, y, en ocasiones, aquella otra manifestación doctrinal, más benig- na, cual es la que predica la inversión de la carga de la prueba en provecho de la victima. Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de junio de 1959, entre otras; en prevención de que no pudieran que- dar sin reparación infinidad de daños, a virtud de la lícita utiliza- ción de las nuevas técnicas de la fabricación, como sería la produc- .ción en masa de un producto, la puesta al mercado de los bienes fabricados en cadena, mediante las técnicas modernas dé la co- mercialización y la utilización de sofisticados servicios, el propio legislador, la doctrina científica y la jurisprudencial, han ideado un sistema de actuar el mecanismo de la responsabilidad en base a la existencia del propio daño, sin más requisitos que la relación fisica de la causalidad, recurso prodamnaío o del resarcimiento del daño que ha venido en llamarse teoría o doctrina de ¡a respon- sabilidad objetiva, reinterpretando el artículo 1.902 al tenor de los principios expuestos en el número 1.° del también artículo 3.°, del Código civil, como lo hiciera la jurisprudencia francesa con res- pecto al número 1.° del artículo 1.384 del Código de Napoleón, en el marco de las cuestiones a que la misma se concreta.

    Aun a pesar de la complejidad y variedad del momento tecno- lógico poslcodificador y, en especial, de las transformaciones del cictf-mn f-ronómico de ahora, que, sin duda, reclaman concepcio-

    90

    Luis Pascual Estevill

    nes amplificadoras del significdo de la impuíabiiidad del daño,

    nuestra legislación sustantiva civil,* al igual que la de los países

    de nuestro entorno cultural, está anclada bajo los principios recto-

    res establecidos por los redactores del Código civil y, sobre todo,

    'ar-

    que seguimos dominados por -Jl evidente principio que asevera que no hay resp'onsabilidad civil sin la concurrencia de la culpa.

    Y ello es así desde muy antes de nuestra codificación civiL' Convi-

    vía y cohabita con esta realidad jurídica otra realidad material,

    cut?! era y es «las conüccuencias lesivas», para las personas y sus

    bidés, que, como colofón de ios adelantos de la técnica y la cien-

    cia, se estaban produciendo ya, y sin posibilidades de remediar la

    si'i'.ación, pues se comprendía que los nuevos avances redunda-

    ban, y lo harían en mayor medida, en favor de un interés general,

    mientras que los perjuicios se concretaban en personas e intereses

    singulares. Las doctrinas científica y jurisprudencial, atentas a los

    beneficios que los riesos proporcionaban a quienes lícitamente los

    creaban, flexibilizaron aqu'"llos principios culpabilistas hasta con-

    seguir, por la mediación de una interpretación de los textos lega-

    les, íjue prevaleciera un sentimiento favorable en pro de la repara-

    ción de los daños y perjuicios, adquiriendo la exigencia el aspecto

    de un verdadero imperativo social.'"

    A medida que iba solidificándose aquella corriente prodamna-

    lo perdían importancia los elementos deterrninantes de la respon-

    sabilidad codificada," configurándose, así, una nueva especie de

    responsabilidad civil que basaría la atribución del daño causado

    en la materialidad de la propia existencia del perjuicio, o el riesgo

    creado y relacionado con éste, y habría de convivir con aquel dere-

    cho de daños que fundamenta su existencia y pervivencia en la

    realidad del elemento culposo, sin que la doctrina de la inversión

    de la carga de la prueba desvirtúe nuestro aserto, pues se trata,

    precisamente, de la prueba de la culpa. Sentencias del Tribunal

    • 8. Con la excepción de escasas leyes especiales, para casos singulares, cuales

    son la '-^> dei Auionióvil, de Ca¿a, de Navegación Aérea, Marítima, Ley General

    del Consumidor y del usuario, ele.

    • 9. Cfr. los arts. 1.382 y 1.383 del Código civil francés.

      • 10. Cfr. a DiEZ-PiCAZO. ob. al., pág. 732.

    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    91

    Supremo de 31 de octubre de 1931, 10 de febrero de 1984, 8 de

    mayo del propio año, 18 de mayo de

    1984 y 31 de ene ¿o de 1986,

    y, en este sentido, recuerda el Alto Tribunal, en la Sentencia de

    i 8 de mayo, que en manera alguna cabe prescindir de que el prin-

    cipio de la responsabilidad por culpa sigue siendo básico en nues-

    tro Ordenamiento jurídico, así es, efectivamente, y en esta direc-

    ción se intuye de los artículos 1.902 y 1.101 del Código civil, en

    concordf^ncia con los respectivos preceptos de ios Códigos de

    Francia, Alemania, Suiza e Italia, etc.

    Una conclusión de todo lo expuesto podría sintetizarse afir-

    mando que el marco subjetivista ya no respondía de la reparación

    de todos los perjuicios que, por consecuencia de los adelantos de

    la técnica y de la ciencia, podían producirse, a la persona o a sus

    bienes. Que los depurados sistemas industriales, comerciales y de

    servicios, en su lícito ejercicio, pueden generar riesgos que, aun

    relacionados con el daño, no podrían evitarse con el modelo abs-

    tracto de diligencia codificada, párrafo 2." del artículo 1.104 del

    Código civil, ni siquiera con la más exquisita prudencia que las

    circunstancias demandaran, cual significado debe intuirse del nú-

    mero 1.° del citado precepto. En definitiva, pues, se constata que

    la jurisprudencia viene amparando una doble construcción o siste-

    ma polivalente de responsabilidad civil delictual, para en el ámbi-

    to de la esfera extracontractual, constatándose, al efecto, como el

    ejercicio de una actividad lucrativa y creadora de riesgo obliga a

    responder de los perjuicios que por su causa sufran las personas

    y las cosas. Sentencias de 11 de enero de 1979 y 14 de junio de

    1984,'- entre otras, siendo preciso, también, atemperar el princi-

    pio de la culpa «a impulsos de los imperativos que surgen de la

    realidad presente, de los avances de la técnica y consiguiente crea-

    ción de riesgos», Sentencia de 16 de mayo de 1983. Advirtiendo,

    el Tribunal Supremo, al propio tiempo, que al tenor de lo precep-

    tuado en nuestro Ordenamiento civil no cabe prescindir del siste-

    • 11. El injusto, la culpa y la causalidad, como titulo de la imputación.

    • 12. Cfr. LACRUZ, «Derecho de obligaciones», vol. I, 2.' ed., edil, Bosch, Barce-

    lona. 1985, pág. 482.

    92

    Luis Pascual Estevill

    ma culpabilista, cuando el elemento moral sea el determinante de

    los daños y perjuicios. Así, pues, al filo de la línea científica segui-

    da por nuestro Alto Tribunal, podemos decir que la jurisprudencia

    francesa, interpretando el artículo 1.384, número 1.°, no ha trata-

    do tan sólo dfe asegurar una reparación, más frecuente, de los da-

    ños y, por tal motivo, socializar el derecho de daños, ha enfocado

    sus esfuerzos, también, en moralizar ese derecho, reprobando con-

    ductas que podían enfrentarse con la equidad o las buenas costum-

    bres.'^

    Esta doble vertiente reparadora, la subjeíivista y la de caracte-

    rísticas objetivistas, delineada, en los confines de la responsabili-

    dad extracontractual, la primera por el legislador de antaño y la

    segunda por la jurisprudencia de ahora, apoyada por la doctrina

    científica, son perfectamente compatibles tanto en el terreno em-

    pírico como en el campo de las ideas, siempre que se repare en

    los fines que la una y la otra persiguen. La responsabilidad que se

    atribuye en base a la culpa, artículo 1.902, ambiciona la restitu-

    ción del equilibrio económico perturbado y la moralización de los

    comportamientos culpables que fueron motivo del perjuicio. El

    derecho de daños que tutela las aminoraciones inculpables, por el

    riesgo creado en la manipulación de los modernos bienes y servi-

    cios,- o haciendo cuestión de la obligación dé reparar en apoyo al

    mismísimo daño, atiende, sencillamente, al principio de dar a

    cada uno lo que en justicia le corresponda, y no sería justo que el

    perjudicado cargara con el perjuicio que se le causó mientras un

    tercero obtuvo unos beneficios o, con su actitud o actividad, in-

    tentó conseguirlos, siendo así que se atiende a una socialización

    de los perjuicios entre quienes pretenden unos beneficios.'''

    13.

    C/r.

    a MAZEAUD, o¿.

    n'í.,

    pág.

    II1.

    • 14. Cfr. a Emilio BETri, «Teoría general de las obligaciones», tom. 11, irad. y

    ñolas de José Luis de los Mozos, edil. Rev. de Der. Priv., Madrid, 1970, págs. 171 a 180.

    • 10. s u ADECUACIÓN AL MOMENTO ECONÓMICO ACTUAL

    :

    Hasta bien entrado el presente siglo se tenía un concepto muy

    literalista del derecho de daños, acorde, en definitiva, con los pos-

    tulados del Derecho codificado y circunstancias del momento. Los

    pilares básicos en los que se apoyaba la responsabilidad delictual,

    sin perjuicio de algunos ensayos jurisprudenciales de inversión de

    la carga de la prueba, en relación al 1.214 de nuestro Código civil,

    y en armonía con el precepto 1.315 del Código de Napoleón, Sen-

    tencias del Tribunal Supremo, entre otras, de 30 de junio de 1959

    y 5 de abril de 1963,'^ eran y siguen siendo, la acción u omisión

    iliciía, realizada por un agente, mediando culpa o negligencia, una

    realidad perjudicial constatada y un nexo causal entróla conducta

    humana y el daño producido. Sentencias del Alto Tribunal, por

    tod'as.'de 22 de febrero de

    1946, 2P'de febrero de

    1950, 2 de

    diciembre de 1964, 12 de febrero de 1981, 3 de diciembre de 1982

    y 11 de febrero y 8 de mayo de 1986.'*

    Ahora bien, si el Derecho responde a una imperiosa necesidad

    social, ubi socieías, ibi ius,y por cuanto es la misma vida real la

    que reclama inaplazablemente su amparo, será improrrogable que

    en el momento económico actual se reconsideren los presupuestos

    en base a los que ha de fundamentarse la exigencia del daño extra-

    contractual, como así se lo ha planteado el Tribunal Supremo, en

    sentencias de, entre otras, 9 de mayo de 1986, 17 de febrero de

    • 15. Cfr., al efecto, a BARBERO, «Sistemas de derecho privado», tom. IV, trad.

    esp. de Sentís Melendro, Buenos Aires, 1967, pág. 728.

    16.

    Cfr

    ..

    también, la sentencia de la Corle Suprema italiana, de 3 de febrero

    de 1955, cita por Bonasí.

    9 4

    Luis Pascual

    ••

    E^ sWí

    ll l

    1986,

    8dei

    ..

    ayode

    I9'86, 11 de abril de 1985, 10 de julio de 1985

    y 2 de abril de 1986, sin la necesidad, como se ha dicho, de recusar

    el sistema subjetivista establecido por la Ley sustantiva civil," y

    jurisprudencia del Tribunal Supremo, sentencias, entre otras mu-

    chas, de 18 de noviembre de 1980, 28 de febrero de 1983, 24 de

    enero de 1986 y 30 de mayo del propio año, mas, al contrario,

    preservándolo para aquellas oportunidades en las que correspon-

    da su aplicación en base al elemento moral, y proceder a la reinter-

    pretación del artículo 1.902 dei Texto legal civil vigente, conforme

    al momento temporal socioeconómico de presente, a fin de que

    nuestro Ordenamiento civil, por vía jurisprudencial y con el apo-

    yo doctrinal, pueda ser útil a los intereses de la sociedad a la que

    sirve, cual legitima su existencia y no aquéllas otras posiciones

    ancladas en el lejano pasado, que mejor que ser útiles al cueipo

    social dificultan su evolución hacia lo;; tiempos de ahora, enfilan-

    do sus miramientos a la reparación de todos aquellos perjuicios

    que una sociedad de riesgos, como la que vivimos, nos pueda de-

    oarar; agilizando también, en su contra, aquellos métodos de pre-

    vención de daños, cual sentimiento se intuye de las sentencias de

    nuestro Alto Tribunal de 25 de abril de 1983 y de 12 de diciembre

    de 1984, consecuencia positiva de las modernas técnicas de la

    producción y de los servicios; investigando, en lo menester, la

    causación de nuevas infracciones de derechos absolutos, erga om-

    /!«, cual podría ser el principio neminem laedere, profundizando

    en la violación de deberes que antaño no se hubieran podido per-

    seguir, con sólo contemplarlos a la luz de una concepción abstrac-

    ta de la diligencia, aun irrumpiendo en la esfera jurídica del inte-

    rés ajeno y ello por no considerar que la sola producción del daño

    justificaba su reparación, sentencia de 11 de diciembre de 1981.

    Las cuestiones que ha de decidir el Derecho postulan solucio-

    nes acordes con la realidad social del tiempo en que han de ser

    aplicadas, y deberán ser construidas conforme a los dictados de

    la razón práctica. Esta sencilla argumentación nos conducirá a la

    :reencia que la fenomenología socioeconómica del momento pre-

    • 17. Cjr. el an. 1.902 de nuesiro Cód. civil, por todos los contineniales.

    Hacia un concepto actual de la responsabilidad civil

    95

    senté no puede ser contemplada con los mismos miramientos sub-

    jetivistas que lo hicieran los juristas del siglo pasado, y otros du-

    rante buena parte de éste, RIPERT, BARASSI, DÍAZ PEIRÓ, ESPÍN,

    CASTÁN, BORRELL MACIÁ, LACRUZ, ALBALADEJO, etc.

    Las

    mo-

    dernas técnicas de la producción en masa, las depuradas redes de

    distribución y comercialización del producto y el complejo campo

    de los servicios, generarán dinámicas obligacionales que en el pa-

    sado se desconocían y, a su vez, se producirán responsabilidades

    que con los presupuestos ideológgicos codificados no podrían

    atender la reparación del daño, de lo que se intuye que la configu-

    ración de la vida en sociedad, desarrollada en base a los progresos

    del maquinismo y de las ciencias de la economía, comporta ea sí

    misma unos riesgos para el individuo, que no siempre los puede

    asumir, siendo así que la más elemental justicia distributiva apre-

    mia un reparto de los perjuicios en base a criterios socialmente -

    más equitativos, y funcionalizados en relación a los adelantos del

    momento económico actual, clamando la ocasión por un derecho

    de daños por el resultado y no, sin embargo, por la culpaJ^

    Si los elementos básicos de la imputabilidad de la aminoración

    patrimonial han de traer causa, como así se reclama, para los casos

    de responsabilidad inculpable, de la idea de reparar todos aquellos

    daños en los que no se vea. una clara razón para que la víctima

    los soporte por sí sola, estamos admitiendo, abic^amente, que la

    ilicitud, la culpa y la relación de causalidad, izl como venía com-

    prendiéndose, po son puntales seguros para una acertada atribu-

    ción del daño moderno}'' Estos perjuicios se ampararán en el ries-

    go creado y en relación al daño producido, del que será

    resp