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OCASO DE LOS PARADIGMAS

Por: Quispe De La Torre, Daniel*

Ideas preliminares

En esta ocasión, voy a referirme al ocaso de los paradigmas en términos de no haber


atendido los viejos retos humanos; desafíos que hasta el presente no han sido
resueltos, como son las necesidades elementales a las que no se tienen acceso.

Se entiende que los paradigmas y sus métodos para la reproducción teórica de las
realidades han sido invalidados por la potencia de la realidad, mientras que los
mortales comunes y corrientes siguen caminando en medio de sus tragedias
milenarias. Esta constatación no es exclusividad de tal o cual disciplina científica sino
de todas aquellas que gravitan en el mundo del saber humano.

En este marco, hay quienes ensalzan una y otra doctrina y su método de investigación,
aun sabiendo que la doctrina y el método al que defienden han envejecido y muerto
por no tener suficientes argumentos para seguir con vida.

Impulsado por estas ideas preliminares, voy a mostrar el decurso de las


doctrinas, principalmente de los métodos de investigación que han tenido algún
significado en la historia de la ciencia, pero que ya necesitan ser rejuvenecidos.

Insostenibilidad de las tesis

En el campo académico, se sabe sobre la existencia de dudas respecto a que


la observación, la experiencia y las inferencias constituyen las columnas
vertebrales del método científico; sin embargo, los gurús de la investigación
científica (GIC) insisten con sus ideas, que realmente estamos sostenidos y
arrimados a la columna vertebral de la actividad investigativa.

Por tal razón, es menester señalar que la observación no es tan objetiva, por
no ser exhaustiva y porque desde aquí se pueden lanzar diversas hipótesis
amparadas en datos raleados que dan pocas posibilidades de confirmar lo
supuestamente asumido con orgullo y sabiduría otoñal.
De igual forma, los razonamientos inductivos no son formalmente correctos; las
generalizaciones de las que están plagadas pulverizan las inferencias. En
realidad, sería suficiente la existencia de una paloma negra para deslegitimar e
invalidar la norma de que todas las palomas son blancas.

A lo mejor, por esta constatación elemental, haya surgido la alternativa


popperiana del razonamiento deductivo como confrontación al método de la
inducción, haciendo sonar la melodía de la falsación que tampoco ha sido la
más indicada para el desarrollo de la ciencia, ni para comprometerse con los
retos humanos. Esto se debe, a que la falsación en sí misma es errónea, por lo
que su práctica es peligrosa y arriesgada para el científico que se atreve a
romper los paradigmas. Estas son las razones por las que el mundo académico
se ha envuelto en la duda cartesiana, al no saber distinguir la importancia
respecto a qué camino debemos seguir, si realmente queremos aportar al
desarrollo del país vía la actividad científica en las universidades y afrontar los
retos milenarios de la humanidad.

Estando así el escenario académico, los GIC siguen recomendando desarrollar


las actividades descriptivas y no descriptivas alejadas de la lógica dialéctica,
mientras que otros más astutos, indican seguir el camino de una nueva
epistemología para ver coronada la metaciencia, circunstancia en que la
ciencia se estudia así misma. ¿A caso con objetividad?

Aun fuera divertido seguir el camino hacia la metaciencia, no olvidemos que


muchos GIC actúan bajo el manto del pragmatismo. Los investigadores en las
diversas disciplinas científicas, siguieron y siguen con una pasión frenética la
melodía del positivismo; hasta convertirse en defensores acérrimos con casco,
espada, corbata y también con la pluma. No está demás mencionar que esta
música y todos los preceptos doctrinarios y epistemológicos llamados modernos,
empezaron a sonar en 1922 y venían desde el Círculo de Viena, con el nombre
de la universalización del método único para la ciencia. En el camino, no quedó
otra música para ser escuchada, salvo el falsacionismo popperiano incorporado
en la Lógica de la investigación científica (Popper, 1962).

De allí para adelante, solo quedaron los huesos rotos del inductivismo y los
científicos dispusieron de un método de procedimiento no objetivo sin alcance
universal, que garantice la aproximación a la verdad. Esta circunstancia ha
propiciado el imperio del relativismo grotesco, pero también ha contribuido al
nacimiento de nuevos modelos explicativos en la ciencia contemporánea a la
que denominan paradigmas de la complejidad (Echevarría, 1995). Si poco sirve
para afrontar los retos humanos, para la investigación profunda de los
fenómenos y discriminar si la ciencia está en crisis o el hombre, por lo menos ha
abierto el camino de la ebullición de nuevas formas de aproximación a la verdad.
Claro está, asociar ciencia y verdad no es correcto, eso no es sino un rasgo del
dogmatismo a ultranza.

En este orden de ideas, el autor de Metodología de la ciencia, señala que:

Negar que exista un método universal no significa negar la racionalidad


científica, pero si es cierto que, la irracionalidad como criterio epistemológico
en el acercamiento a la ciencia se ha extendido como un virus tóxico entre
muchos filósofos, es un batiburrillo de puntos de vista posmodernos donde
la incertidumbre reina como la única certeza admisible (Echevarría, 1995).

En el tiempo, estas ocurrencias han conducido irremediablemente a la imperiosa


necesidad del estudio de la ciencia por sí misma; es decir, ha señalado el camino
de la metaciencia. Este camino, a mi parecer, ha sido allanado por La estructura
de las revoluciones científicas (Kuhn, 1962), pues apareció como la nueva
melodía que esperaban los nostálgicos perdidos entre el relativismo y la
objetividad. La música se extendió para trastocar los pensamientos y las
actividades científicas en los años 70 del siglo pasado.

La aparición del pensamiento kuhniano hizo posible que se dieran las


generalizaciones y con ello se revirtiera a la epistemología. A todo eso se
denominó la ruptura de paradigmas y se introdujo las nociones de las
revoluciones científicas en plena guerra fría, con lo que el positivismo quedó
caminando sin cuerpo y con el alma resquebrajada, pues el naturalismo, el
relativismo y el pragmatismo se impusieron, y ahora forman parte de la nueva
sinfonía con la que danzan los gurús de la investigación en los distintos campos
del saber.

A todo esto, no pudieron resistir los eufóricos y voluntariosos hombres reunidos


en el Círculo de Viena ―huyeron en desbande por la inconsistencia de sus
postulados y por el miedo al azote nazi en apogeo―, tampoco el realismo casi
dogmático popperiano y su inconmensurabilidad, ni mucho menos la ansiada
idea de la unidad y universalidad del método científico aguijoneados por los
positivistas.

Kuhn (1962) enterró todas las pretensiones, por lo menos hasta este momento.
Ya no estaba la idea paterna de la ciencia acumulativa y el método único para
todas las disciplinas científicas. Pero acaso resolvió el dilema “¿crisis de la
ciencia o crisis humana?” ¿Acaso los retos de la ciencia ante las necesidades
humanas han sido resueltos? Lo cierto es que el ocaso de los paradigmas ya era
manifiesto y los retos humanos se mostraban con exigencia galopante.

Estando el problema vigente, con el positivismo y el racionalismo que tocan


hondo, los gurús del saber han planteado la integración de las disciplinas
científicas para darle un tratamiento interdisciplinar, el mismo camino ineludible
de la metaciencia. Mientras los mortales comunes y corrientes, soportarían con
estoicismo, el vendaval de las políticas neocolonizadoras que con ayuda de las
máquinas vienen agotando la naturaleza y la riqueza de los países del tercer
mundo; seguro, hasta que llegue la demarcación entre progreso y decadencia,
que no será pronto; pues allí están los mismos esquemas del pensar y abordar
problemas en el horizonte humano, la misma melodía con la que los GIC
entretienen a La multitud solitaria. Es decir, la ciencia alejada de los retos
milenarios, de atender los problemas cruciales de la humanidad: pobreza,
corrupción, violencia.

Sostengo estas ideas, pues el mismo Echevarría ha señalado que:

Las diferencias entre los diversos paradigmas son de orden ontológico,


epistemológico, conceptual lo cual necesariamente los convierte en
irreconciliables e inconmensurables; por tanto la inconmensurabilidad de
Kuhn es global. A pesar de eso, la irracionalidad y la inconmensurabilidad
son las acusaciones de las que no pudo salir Kuhn, tal vez la dudosa
calificación de progreso a su idea de revolución científica; por ello algunos
señalan que no hay demarcación certera entre ciencia y seudociencia entre
progreso y decadencia intelectual (Echevarría, 1995)
Pero también es cierto reconocer, sin mezquindad, que Kuhn no solo ametralló
la concepción acumulativa del progreso científico proponiendo una visión
discontinuada de la historia de la ciencia; tenía suficientes argumentos en las
manos para mostrar tal tesis a la comunidad científica, en tanto que los
paradigmas siempre contienen anomalías empíricas y no por ello los dejamos
caminar solos en las tinieblas. Bien dicen los académicos: una teoría científica
nunca es refutada ni dejada de lado por haber sido falsa empíricamente. Ahí,
estamos tolerando ideales de todo tipo. Kuhn, sin trasnocharse, había aportado
a la filosofía de la ciencia, la idea de la importancia de los estudios históricos
producidos por una comunidad científica que tiene los mismos valores y los
mismos ideales, como antesala de la producción de las teorías generales sobre
la ciencia. Ideas a las que se consideran erróneas en el campo científico.

No habiéndose cerrado el telón del teatro, apareció el falsacionismo ingenuo


(Lakatos, 1993), una especie de espada reluciente apuntando contra Popper,
acusándolo de una práctica y postura falsacionista sofisticada, que no es más
que el racionalismo crítico, con el único objetivo de insertar el falsacionismo
refinado que lanza al auditorio, la tesis: las teorías más admiradas no prohíben
ningún acontecimiento observable; con lo que sorprende a la comunidad
empirista. En tanto que esta postura abarca todo el campo del saber, los que
hacemos sonar otra melodía nos mantenemos en batalla permanente, para
deslegitimar aquello que no sirve en el campo académico y sin olvidar que los
autores referidos forman parte de la modernidad; sino más bien, con la
convicción de que, ser moderno es encontrarnos en un entorno que nos promete
aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo
y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que
sabemos, todo lo que somos (Berman, 1998).

El camino heurístico neuro-genético

En este marco de la inconmensurabilidad entre los paradigmas rivales, los GIC


deberían distinguir los problemas derivados de las diversas formas de
conceptualización y la visión del mundo de cada quien, con el propósito de que
se marchen en soledad y al fin evidenciar la responsabilidad de la ciencia o de
los humanos, en el complejo horizonte de nuestra existencia. Los GIC per se
deben llegar al convencimiento respecto a la solidez de la tesis del ocaso de
los paradigmas ante los viejos retos de la humanidad; y nosotros, sin la mochila
pesada de los autores aludidos, deberíamos seguir el camino de la heurística
para no perdernos en el mar de las confusiones y anomalías evidenciadas en
el campo de la investigación científica. Sin olvidar que a la luz de la neurociencia:

Los humanos tenemos la capacidad de la metacognición; es decir, la


capacidad para monitorear y controlar nuestra propia mente y
conducta. Esta última función nos ha permitido dar un paso gigantesco
en términos evolutivos: hemos logrado volvernos la especie que se
propone a estudiarse a sí misma (Manes, Niro 2014).

Como epílogo de esta travesía, parafraseando a Piscoya (2000) puedo afirmar


que la crítica más vehemente se dispara desde la orilla de los pensadores
comprometidos con la condición humana y desde las organizaciones
vinculadas con el pensamiento de progreso y desarrollo; los modelos en ocaso
deben ser complementados con los estudios neuro-genéticos del conocimiento
que ha logrado la humanidad, pero sin desembocar en el cerebrocentro y
olvidándonos del manto social y cultural que lo cubre. Solo así, el paradigma del
pensar, podría tener algún grado de utilidad y mejor aún, si se inscribe y asienta
en el marco de la lógica dialéctica, con el objetivo final de colocar a la ciencia al
servicio de la humanidad.

Referencia bibliográfica

 Berman, Marshall (1988). Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de


la modernidad. México: Siglo XXI.
 Echeverría, Javier (1995). Filosofía de la Ciencia. Madrid: Akal S.A.
 Kuhn, Thomas S. (2005). La estructura de las revoluciones científicas. España:
Fondo de Cultura Económica.
 Lakatos, Irme (1993) La metodología de los programas de investigación científica.
Madrid: Alianza.
 Manes, Facundo & Niro, Mateo (2014). Usar el cerebro. Buenos Aires: Planeta
 Piscoya, Luís (2000).Tópicos de epistemología. Perú: UIGV.
 Popper, Karl (1962). La lógica de la investigación científica. Madrid: Tecnos.
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(*) Dr. Quispe de la Torre, Daniel. Miembro de la Academia Iberoamericana de Doctores
en Educación, docente de la UNAC y la UPLA-Maestría