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Mercado Mundial, Crisis y Revolución.

X~W

Dr. JORGE VERAZA URTUZUÁSTEGUI

México, D. F., 2008


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MERCADO MUNDIAL, CRISIS Y REVOLUCIÓN

MERCADO MUNDIAL, CRISIS Y REVOLUCIÓN .................................................... 1


1. Competencia y Fascismo, Posmodernismo Neoliberal y “Gobierno Despótico de
la Producción” .................................................................................. 1
2. Cuatro Puntualizaciones Sobre la Crisis Económica y su Relación con la
Revolución y el Mercado Mundial ............................................................ 4
3. “El Gobierno Despótico de la Producción” o la Especificidad Histórica y
Estructural de la Revolución Comunista .................................................... 5
4. Del mercado mundial dominado por el capital industrial a las crisis y la
mercancía........................................................................................ 9
5. Un punto de inflexión histórico universal. El Mercado Mundial en el Plan de
Noviembre de 1857 o la enajenación extrema que se enajena respecto de si y la
esperanza objetivamente fundada de la revolución comunista........................13
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1. Competencia y Fascismo, Posmodernismo Neoliberal y “Gobierno Despótico de la


Producción”

Nuestro primer comentario dice así: La competencia realmente existente en


tanto relación entre capitales genera una “ideología de la libertad de los individuos
como competencia” para validar a través de los individuos humanos la libertad del
capital. Misma que en su desarrollo muestra ser ya por esencia contraria a la libertad
humana. Y de hecho, es “la abolición más plena de toda libertad individual” dice Karl
Marx (p. [545]) i

De hecho, el desarrollo histórico del capitalismo patentizó esta determinación


inherente al capital y su concepto bajo la forma de fascismo, nazismo y stalinismo.
Todos ellos variantes de lo que Karl Marx denominó “Gobierno Despótico de la
Producción” (p. [71]) y sobre todo el stalinismo, porque fue gestado al perseguir un
ideal pseudo revolucionario cual es el que Karl Marx critica en el proudhoniano Alfred
Darimon. En efecto, los revolucionarios rusos de 1917 no lograron transformar realmente
el modo de producción capitalista –aunque ese fue su objetivo- por otros motivos que los
proudhonianmos avocados conscientemente a muy otra finalidad: sólo modificar el modo
de distribución a través de la reforma bancaria estatal.

El desarrollo del capital es un desarrollo contradictorio en el que unos capitales


con otros se oponen en la competencia y unos países capitalistas con otros; y a tal grado
el capital se muestra en este proceso contradictorio como el límite del capital, que el
choque de unos capitales con otros y de unos países capitalistas con otros los transforma
brutalmente. Pues bien, esta contradicción histórica y la consiguiente transformación
brutal sin que realmente ocurra una revolución socialista constituye un aspecto
inherente al mercado mundial, en tanto figura histórica del máximo desarrollo
estructural y funcional de modo de producción capitalista. El fascismo, el nazismo y el
stalinismo, así como el franquismo etcétera son figuras ya no sólo posibles sino ya
ocurridas, propias del mercado mundial capitalista y de la modernidad.
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No son figuras excepcionales “Estados de excepción”, como se dice de los


gorilatos en América Latina sino figuras regulares, aunque no generales del desarrollo
capitalista, expresiones de su esencia cuando se obstaculiza o traba la relación entre
competencia capitalista, mercado y expresión política y social adecuada a dicha relación
competitiva y a la libertad mercantil.

El neoliberalismo, en especial el de George W. Bush hijo, como régimen


totalitario imperialista bajo aspecto democrático y con una ideología pro democrática en
verdad careta justificatoria de su designio imperialista, como lo demostró “la guerra
contra Irak en 2003”.

El neoliberalismo, dice expresar política y socialmente la estructura del mercado en


correspondencia con la competencia entre capitales. Pero en realidad, hace valer el
monopolio de empresas transnacionales contra capitales nacionales y estados
nacionales; además, hace valer el mercado exterior contra el Estado nacional y contra
el mercado nacional para favorecer a EU y sus empresas transnacionales en primer lugar
y en segundo lugar al G8 y sus empresas transnacionales. Mientras que al interior de EU
el neoliberalismo mantiene formas proteccionistas y un gasto estatal cuantioso;
reduciéndolo sólo en lo que a gastos sociales (capital variable) se refiere. De tal manera,
bajo careta liberal mercantil usa el mercado como instrumento para transformar
Estados nacionales y mercados nacionales a favor del monopolio hegemónico capitalista.
La pseudodemocracia valida el despojo, la explotación salvaje y las guerras; así como a
la anti democracia, el atropello de las soberanías nacionales y el retroceso histórico de
las conquistas sociales de la humanidad.

No se trata del mercado como forma general de regulación de la forma


particular: competencia entre capitales, sino de que ésta, monopólicamente torcida, usa
al mercado a su favor y contra la ley de equivalencia económica y de equidad social y la
democracia política correspondiente.

El neoliberalismo muestra, pues la impostura inherente a la relación entre


competencia entre capitales e ideología de la liberación desarrollada a la tercera
potencia. Pues la propia realidad es dual. Pseudodemocracia/democracia y anti
mercantil pero estatal y monopólico, imperialista bajo aspecto material o bajo
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simulacro estructural de libre mercado y respecto a la autodeterminación de los


pueblos.

La expresión meramente ideológica de éste magno simulacro estructural


materialmente determinado –inclusivo de segmentos ideológicos justificatorios- la
expresión meramente ideológica, la tenemos en Francis Fukuyama con su Fin de la
historia, obra en la que se abole por decreto el socialismo al tiempo en que la sociedad
burguesa totalitaria es coronada con la realización de la democracia. La debacle de la
URSS –en tanto “Gobierno Despótico de la Producción” tenido por socialismo, esto es, la
debacle del simulacro epocal socialimo=capitalismo- la debacle de la URSS en 1991, fue
el momento de consolidación del neoliberalismo, gestado a partir de 1982, en tanto
simulacro estructural de la competencia capitalista totalitaria. A partir de ese año sin
careta epocal (sin la cual confundir al socialismo con el capitalismo, la sociedad
burguesa mundial se encubrió estructuralmente con sus propias instituciones estatal,
mercantil, competitivas y sus expresiones ideológicas correspondientes ii

El mercado mundial y las crisis tiende a desencadenar la revolución localista, es


la tesis de Karl Marx; el máximo desarrollo burgués anuncia su hundimiento. Esta
dialéctica esencial sin embargo, se complejiza por su propio despliegue contradictorio;
pues cada vez que la tendencia a la revolución socialista se abre paso el capitalismo
suscita una formidable contratendencia. Y ante la ley de la revolución y sepultura del
capital por el proletariado (Manifiesto del Partido Comunista) se levanta la ley
contratendencial de torcimiento o falseamiento creciente de la revolución y del
proletariado en tanto clase revolucionaria.

El proceso histórico de esta contratendencia es ni más ni menos que lo que


podemos denominar la subordinación real de la clase obrera no como fuerza de trabajo
sino como fuerza revolucionaria puesta al servicio del desarrollo histórico capitalista.

El mercado mundial ha mostrado estos fenómenos; y, por su parte, el tema


general del mercado mundial en la Crítica de la Economía Política los contiene, como lo
demuestran sorprendentemente las páginas [545] y la [71].
Sobre la base de lo expuesto podríamos llevar a cabo las siguientes
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2. Cuatro Puntualizaciones Sobre la Crisis Económica y su Relación con la


Revolución y el Mercado Mundial

I. En la crisis nos topamos con las contradicciones capitalistas que estallan. Por
lo tanto situación relacionada con la revolución. Así que la crisis se ofrece
como momento propicio para la revolución. Pero

II. El capitalismo es un sistema contradictorio. Por lo tanto su desarrollo ocurre


por contradicciones y aún sobre todo por el estallamiento de las
contradicciones. De tal manera que la crisis no es sino la forma característica
del desarrollo capitalista. Por lo tanto las crisis son el momento privilegiado
del dominio capitalista sobre el trabajo. Por tanto

III. La crisis es el momento esencial para problematizar e investigar el capital y el


momento esencial para problematizar la revolución. Es decir, problematizar la política
revolucionaria que sí revoluciona al capital y la política pseudorevolucionaria que no lo
logra (p. [71]). De ahí las reflexiones de Karl Marx en los Grundrisse en la página [71]
que culminan en el concepto de “Gobierno Despótico de la Producción”. Además, las
crisis es el momento propicio para problematizar acciones revolucionarias que
desarrollan al capital y las acciones revolucionarias que lo destruyen.
De donde dos grandes versiones de crisis: Crisis cuya explosión de contradicciones el
capital todavía puede canalizar en favor y crisis cuya explosión de contradicciones lo
rebasan

III. En general las crisis de mercado mundial por ser más complejas y
desarrolladas son más propicias que las crisis de etapas menos desarrolladas
de capital para efectivamente propiciar un rebasamiento revolucionario del
capital.

Pero las crisis del mercado mundial son también en las que se despliegan los más
complejos mecanismos de defensa, encubrimiento, simulación y dominación del
proletariado y la humanidad por el capital.

Por lo que se pone a la orden del día recuperar los argumentos de crítica de la economía
política de Karl Marx y desarrollar la desfetichización y descosificación de las relaciones
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sociales capitalistas contemporáneas llevando adelante la crítica de la economía política


más allá de donde Karl Marx lo hizo pero con base en sus principios, conceptos y
arquitectura.

3. “El Gobierno Despótico de la Producción” o la Especificidad Histórica y


Estructural de la Revolución Comunista

No debe de sorprendernos el hecho de que Marx trata el tema del “Gobierno


Despótico de la Producción” reiteradamente a lo largo de los Grundrisse y no sólo en las
p. [71]-[73] en donde entra en escena por vez primera. Pues se trata de un tema
esencial del desarrollo capitalista y por tanto de las relaciones entre economía y política
así como, en particular, de la relación entre crisis y revolución. Finalmente, es un tema
que singularmente posibilita la distinción crítica entre revolución auténtica del
capitalismo y procesos pseudorevolucionarios.

Pues bien, después del título “Emisión de Bonos Horarios” de las páginas [71]-[73]
donde aparece por vez primera el tema del “Gobierno Despótico de la Producción” como
forma culminante y enrevesada de capital, el tema vuelve a aparecer al inicio del
capítulo sobre El Capital (p. [152]) en el contexto de la crítica de la ideología de la
igualdad y de la libertad que emana de la circulación mercantil simple y que sirve para
hacer la apología de la circulación específicamente capitalista inclusiva de la
explotación de plusvalor a la clase obrera; al respecto Marx sugiere que los
proudhonianos se han visto confundidos en sus propuestas socialistas –y les puede
suceder a otros revolucionarios- por estas significaciones ideológicas básicas propias de
la circulación mercantil. Los proudhonianos atacan al dinero pero no al valor de cambio,
creyendo que aquel provoca las crisis y las desigualdades sociales mientras que éste
garantiza la igualdad etcétera. Por eso reitera Marx “Mientras las medidas [de los
revolucionarios] se dirijan contra el dinero como se trata tan sólo de un ataque a
consecuencias cuyas causas subsisten; de ahí una perturbación del proceso productivo,
que posee la base sólida y también la fuerza para enfrentar y dominar meras
perturbaciones pasajeras mediante una reacción más o menos violenta” (p. [352]). De
suerte que la crisis capitalista se abre paso o, bien, ante dichas reformas –o meras
“revoluciones monetarias” y, en general, superficiales- la producción capitalista
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reacciona en forma más o menos violenta sacando adelante su despotismo bajo nueva
forma. De nueva cuenta Marx alude aquí implícitamente al “Gobierno Despótico de la
Producción”; tema que volverá a aparecer sólo hasta el tomo II de los Grundrisse en la
página [545] a propósito de la crítica de la ideología y de la realidad –ya no de la
circulación mercantil simple sino- de la competencia capitalista en tanto estructura
intrínsecamente despótica, según hemos comentado ésta página. Pero antes de concluir
el tomo II, todavía podemos registrar dos apariciones más del tema, además de las tres
referidas.

Así que la cuarta entrada ocurre en las páginas [716]-[717] a propósito de


discutir Marx un tema teórico de la relación entre el modo de producción capitalista y el
modo de distribución y circulación correspondiente. Como sabemos, él conceptualiza la
revolución comunista en relación a la transformación de las relaciones de producción y
no de las meras relaciones de distribución y circulación. Error en el que cayeron los
proudhonianos.

Precisamente es la “Enajenación de las Condiciones Laborales del Trabajo con el


Desarrollo del Capital” ([716]) el tema en el que Karl Marx reintroduce la alusión al
asunto ya tratado del “Gobierno Despótico de la Producción”. Señalando en el subtítulo
de éste apartado que “En la inversión se funda del modo capitalista de producción, no
sólo el de su distribución”, entendiendo como inversión a la enajenación.

De tal manera, el asunto del “Gobierno Despótico de la Producción” se


contextualiza en el curso del desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad y en el
del paso de las formas precapitalistas de producción a la sociedad burguesa (Formen)
como un proceso de objetivación creciente de las capacidades humanas pero bajo la
forma de la enajenación, según reza la tesis del Karl Marx en los Manuscritos de 1844
(Tercer Manuscrito, “El Dinero”). Asimismo el tema de la especificación histórica y
estructural de la revolución comunista –pues que de eso se trata precisamente ni más ni
menos- lo ha puntualizado Karl Marx hasta su raíz en términos metodológico-
epistemológicos en la Introducción de 1857, como base de la metodología práctico
revolucionaria. Por eso la referencia a la Introducción de 1857, en cuanto a las
relaciones entre producción y distribución reaparece en la página [716] el tomo II de los
Grundrisse que estamos explorando.
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Es precisamente a propósito de ésta puntualización metodológica epistemológica


con implicaciones metodológicas práctico revolucionarias, que se apersona el asunto que
nos ocupa en el último párrafo (ya en la página [717]) y como conclusión del apartado
sobre la enajenación de las condiciones de producción que sufre el trabajador en el
curso del desarrollo capitalista.

Donde Karl Marx dice con toda la fuerza lo siguiente:

“[1] No se requiere una sagacidad fuera de lo común para comprender que, por
ejemplo, si partimos del trabajo libre o el trabajo asalariado que reconoce su origen en
la desaparición de la servidumbre de la gleba, las máquinas sólo podían surgir en
oposición al trabajo vivo como propiedad ajena a este y que le es hostil; es decir, que se
ltenían que contraponer en cuanto capital. [2] E igualmente fácil de captar es que las
máquinas no cesarán de ser agentes de la producción social cuando, por ejemplo, se
conviertan en propiedad de los obreros asociados. [3] en el primer caso, sin embargo, su
distribución, es decir, el que no pertenezcan al obrero –es igualmente condición del
modo de producción fundado sobre el trabajo asalariado. En el segundo caso la
distribución modificada partiría de una nueva base de la producción, de una base
modificada, sólo surgida del proceso histórico” (p. [396]).

La primera idea de éste párrafo retoma las tesis de los Manuscritos de 1844 tanto
del pasaje de “El Dinero” (Tercer Manuscrito) como del inicio de “Propiedad Privada y
Comunismo”. La segunda tesis de Karl Marx [2] sustenta la crítica que éste dirige a los
levellers ingleses en El capital, capítulo XIII que en su rebeldía destruían las maquinas,
cuando que el asunto fundamental de la revolución es la transformación de las
relaciones de producción.

La tercera tesis [3] concentra la referencia a la página [71] con la puntualización


de en dónde debe incidir el proceso revolucionario para transformar realmente a la
sociedad burguesa en una socialista o de “obreros asociados”. La formulación es por
demás precisa:
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“… la distribución modificada [de la propiedad sobre los medios de producción, aquí de


las máquinas] partirá de una nueva base de la producción”, así que la nueva distribución
no es premisa como en el modo de producción capitalista sino resultado del nuevo modo
de producir acordado por los sujetos sociales conscientemente. Ahora, la distribución
socialista –digamos- deriva correspondientemente “de una base modificada sólo surgida
del proceso de producción histórico” (p. [717])

Tesis decisiva que no sólo prioriza a la producción por sobre la distribución sino a
la gestión colectiva de los sujetos asociados (autogestión) con base en el cálculo de
necesidades y capacidades –mejor que en el de costo-beneficio propio de la sociedad
burguesa- por sobre la distribución de las cosas y la “fuerza de las cosas”. Pero por ello
mismo en tercer lugar, prioriza la experiencia histórica para completar la razón
estructural que señala la necesidad de transformar el modo de producción y sobre de
esta base el modo de distribución.

En efecto, además de hacer esto que modifica la relación entre producción y


distribución en el socialismo, y modifica al tipo de distribución, Karl Marx insiste en que
la propia modalidad de la base productiva es una “base modificada” en el caso “Del
proceso histórico” con base, entonces, en la experiencia de los productores directos. Lo
que indica que la relación del obrero con la máquina –relación esencial constitutiva del
modo de producción inmediato- habrá de variar en acuerdo a la experiencia de los
propios trabajadores. Y con base en esta transformación de la máquina misma en cuanto
a su configuración material, de la cual depende la relación entre el obrero y la maquina,
sí, con base en la transformación técnico material de la máquina es que se transforma la
forma de la distribución.

De tal suerte, la máquina producto de la subordinación real del proceso de


trabajo inmediato bajo el capital es necesariamente la base técnica del modo de
producción socialista; pero las nuevas relaciones sociales de producción deberán
transformar la estructura técnica de la máquina junto con la relación de los obreros con
ella y la forma de distribución. Según lo cual Karl Marx no es a crítico a la subordinación
real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital ni por tanto a la subordinación real
de la maquinaria bajo el capital. Por lo tanto la revolución socialista se ocupa de
transformar la subordinación real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital
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también en cuanto éste queda codificado en la estructura material de la maquinaria. Por


supuesto sobre la base de operar primero la transformación de la relación capitalista de
producción y por tanto la subordinación real del proceso de trabajo inmediato bajo el
capital.

Karl Marx no endiosa idiotamente al desarrollo de las fuerzas productivas técnicas


como se le achaca falazmente, sino que especifica históricamente el desarrollo de las
fuerzas productivas y mediante éste determina objetivamente el desarrollo histórico de
la sociedad y de la revolución en sus pasos precisos.

La quinta ocasión que en que en los Grundrisse se toca el tema del “Gobierno
Despótico de la Producción” ocurre diez páginas después en la página [728] a propósito
de criticar a Proudhon así como la p [71] criticaba a su alumno, Alfred Darimon. Por
cierto Karl Marx ahora critica a Proudhon al lado de Bastiat iii a propósito de la
“Necesidad del desposeimiento de los obreros” como parte del proceso de producción y
reproducción del capital.

Y precisamente teniendo este proceso cíclico un carácter ilimitado que Karl Marx
puntualiza al comentar al economista iltaliano Galiano señalando: “el infinito en el
proceso”. Ese infinito liberado de la enajenación capitalista que es el tiempo abstracto
del desarrollo de la humanidad socializada. (Formen, la riqueza).

Karl Marx dice: “Bella frase del Galiano [y lo cita en italiano:]”esa infinitud que
[la cosa toda, la riqueza] no alcanzan en la progresión, la alcanzan en la rotación” [p.
731]. Y más abajo, lo cita cuando dice: “Así que el [el hombre] es la única y verdadera
riqueza”

En lo que antecede hemos presentado el tema general [ad.1] y hemos


puntualizado la crisis (en relación con la revolución) [ad. 2], así como la correspondiente
a la especificación crítica de la revolución comunista (ad. 3). Ahora pasemos al mercado
mundial
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4. Del mercado mundial dominado por el capital industrial a las crisis y la


mercancía

En la página [755] encontramos el título “Dos naciones pueden intercambiar entre si


conforme a las leyes del beneficio, de tal modo que ganen ambas, aunque una resulte
siempre perjudicada” así que Karl Marx se ubica de lleno en el mercado mundial. En
particular, en su introducción: El comercio exterior entre las naciones, en este caso dos;
la relación elemental constitutiva del comercio exterior inclusivo de múltiples relaciones
complejas de intercambio. Es como si en el libro del comercio exterior, el libro V de la
Crítica de la Economía Política, nos encontráramos al inicio. Y si lo relacionamos con el
capital, estaríamos en el tomo I en el capítulo II, El proceso de intercambio, en donde
Karl Marx analiza en acuerdo a la ley del valor la relación elemental de intercambio
entre dos poseedores de mercancías: el segmento M-D de la fórmula del intercambio
mercantil simple. Y precisamente antes del capítulo III “Las metamorfosis de la
mercancía y el dinero” en donde Karl Marx analiza el conjunto de relaciones de
intercambio mercantil simple expresadas en la fórmula M-D-M que alude a una serie
abierta de relaciones de intercambios mercantiles.

En la página [755] de los Grundrisse A Karl Marx le interesa situarse al inicio del
libro del Comercio Exterior no para tratar sólo del tema de la relación de intercambio
entre dos naciones, sino porque de ese modo establece puntualmente la paradoja
constitutiva de todo el mercado mundial y por lo tanto del comercio exterior. A saber,
que la contradicción entre la ley del valor (mercantil simple) y de su fórmula M-D-M, con
la ley del valor que se valoriza o ley mercantil capitalista (“ley del beneficio”) propias
del modo de producción capitalista, sí, que ésta contradicción entre lo mercantil simple
y lo mercantil capitalista, entre M-D-M y D-M-D` expresada dicha contradicción en los
términos de los capítulos III y IV de el tomo I de El capital, sí, que ésta contradicción
inherente a la sociedad burguesa tiene una presencia desglosada, escenificada
externamente volviéndose patente como forma paradójica de funcionamiento, como
mecanismo explotador entre naciones aunque ocurra intercambio equivalente y no aún
un proceso de producción en el que se explote a los obreros o una nación explote
productivamente a otra. Aún sin eso, el mercado mundial capitalista o en acuerdo a las
leyes del beneficio –contradiciéndose con la ley del valor- es ya de por si un mecanismo
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sometiente que siempre perjudica a las naciones más débiles a favor de las más
desarrolladas.

Karl Marx se encuentra, entonces, fundando en esta estructura paradójica


elemental del mercado mundial el carácter polarizado de éste, su carácter
intrínsecamente injusto e inequitativo o “desigual” –como dijera Arguiri Emmanuel 1 en
su teoría del intercambio desigual- el carácter imperialista del mercado mundial y ya
desde la forma de las relaciones de intercambio.

Dos naciones intercambian entre si de acuerdo a la ley del valor equivalente pero
de mercancías que contienen ya plusvalor explotado a las respectivas clases obreras; así
que en acuerdo a las leyes del beneficio, en las que el precio de producción se construye
con arreglo a la competencia entre capitales al interior de cada nación no en torno al
plusvalor o su relación con el capital variable sino en torno a la tasa de ganancia y por
tanto a la relación de plusvalor con el capital constante y el variable; de suerte que el
valor de la mercancía se transfigura en el precio de producción y difiere en magnitud de
valor respecto de aquel.

El resultado es que los capitalistas de cada nación ganan en el intercambio que


realizan monetariamente del plusvalor que le explotaron a sus respectivas clases
obreras: “ambas naciones ganan” dice Karl Marx; pero, añade, una siempre resulta
perjudicada. Porque el precio de producción de la nación más desarrollada y por lo tanto
con mayor medida de capital o composición orgánica de capital (C+V) es un precio mayor
aunque contiene menos valor objetivado que el precio de producción de la nación menos
desarrollada y por lo tanto con una Composición Orgánica menor (C+V); de suerte que la
nación menos desarrollada le transfiere valor a la más desarrollada y precisamente
valor objetivado por su clase obrera.

Esta paradoja del mercado mundial se realiza a través de los pagos en dinero y
por lo tanto del dinero funcionando en su tercera determinación (Capítulo III del tomo I)
o como medio de pago en metálico por parte de cada una de las naciones. Y como ese
dinero está constituido por valor y éste está siendo continuamente transferido de la
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nación menos desarrollada a la más desarrollada, entonces, aquella se verá en


dificultades periódicas para pagar. Con lo que se suscitaran periódicamente crisis
monetarias. Karl Marx habla de la sucesión regular de crisis monetarias en 1825, 1839,
1847 y 1857 (p. [756]). La última de las cuales se generalizo como crisis de
sobreproducción y lo impulsó a él a redactar estos Grundrisse.

Se entiende que en el Comercio Internacional se compensan continuamente las


contradicciones entre la ley del valor y las del beneficio en detrimento de las naciones
menos desarrolladas; así que la compensación hincha a las naciones más desarrolladas
primero de plusvalor transferidos de las clases obreras de las naciones menos
desarrolladas pero luego de sobreproducción porque estas ya no les pueden comprar y
pagar; así que se suscita la crisis necesariamente. Mercado Mundial y crisis están
intrínsecamente relacionados porque en aquel se exteriorizan las contradicciones
inherentes del modo de producción capitalista, se hacen patentes ya desde el
intercambio mercantil, aún sin entrar a la producción como ocurriera en el Tomo I de El
capital con la transformación del dinero en capital y por tanto en el contraste entre
circulación y producción. Ese contraste ya está implícito en el intercambio internacional
capitalista por eso ya desde la circulación –sin tener que explicitar el contraste con la
producción capitalista- la contradicción ya ocurre y aún estalla en crisis.

Aún más, las relaciones entre el interés de prestamos -para compras internacionales por
ejemplo- se involucran en el intercambio internacional por lo que nuevas
contradicciones se acumulan. Karl Marx va exponiendo cada aspecto puesto en juego en
el comercio exterior. Resolviendo que los problemas ocasionados por el pago de
intereses y por lo tanto del capital financiero, no se resuelven mediante la circulación
sino que provienen del plusvalor explotado a la clase obrera en la esfera de la
producción, provienen, pues, del capital industrial.

Este ha suscitado el problema que se expresa en el capital financiero; y es, también,


quien puede resolver los problemas del interés.

El capital industrial es dominante dentro de la nación y por sobre la clase obrera; pero,
también, es dominante a nivel mundial, aunque los problemas del interés y del capital
financiero pasen a primer plano y parezcan dominar. Es lo que concluye Karl Marx en la
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página [761]. De hecho, señala que el capital a interés funciona como mercancía para el
prestamista aunque aparece como dinero para el prestatario, suscitándose en esta
apariencia el espejismo de que será el dinero el que resolverá los problemas del interés
y no más bien el capital industrial productor de mercancías que contienen plusvalor. Karl
Marx discute al respecto con Folullarton, Garnier, TUC y Ricardo. Recuperando las tesis
positivas de todos ellos para integrarlas en la construcción teórica de la dinámica del
mercado mundial; por ejemplo, el desarrollo del mercado interior a la par del mercado
externo (p. [762]).

Este subtítulo (“Dos Naciones Pueden Intercambiar…”) concluye la argumentación de los


Grundrisse, poniendo las bases para la exposición del Mercado Mundial y las Crisis; así
como convalidando la pertinencia del punto de partida expositivo de la Crítica de la
Economía Política en las relaciones de intercambio mercantil que son las que se
confunden en el comercio exterior y que participan en su funcionamiento y crisis. Así
que éstas relaciones ponen en el centro las contradicciones esenciales entre el valor y el
valor de uso. Por ello Karl Marx concluye los Grundrisse con una nota al respecto que
titula “1) Valor” como quien indica que va a recomenzar la exposición correspondiente a
las 763 páginas previas pero de manera ordenada precisamente a partir de éstas
contradicciones entre el valor y el valor de uso; es decir, habrá de comenzar por la
mercancía: inicio de El capital (1867) y de la Contribución (de 1859). Pues sólo desde
éste punto de partida podemos avanzar continuamente, coherentemente, hasta las
formas más desarrolladas de la sociedad burguesa: el mercado mundial y las crisis; sólo
éste punto de partida nos permite una visión de totalidad del capitalismo y, aún, de
cómo trascender o negar realmente esta totalidad: de las crisis pasar a la revolución.
Veamos por tanto el plan de Karl Marx.

5. Un punto de inflexión histórico universal. El Mercado Mundial en el Plan de


Noviembre de 1857 o la enajenación extrema que se enajena respecto de si y la
esperanza objetivamente fundada de la revolución comunista

El primer plan de Crítica de la Economía Política en sietes apartados, último de


los cuales es el del Mercado Mundial, lo encontramos en la página [175] de los
Grundrisse como parte de las páginas del cuaderno que Karl Marx numera como “II”
(mientras que en el Plan de la Introducción de 1857 de septiembre es de cinco apartados
y está incluido en el cuaderno “M” y data de noviembre de 1857).
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Karl Marx divide en seis libros –y así llama lo que antes eran apartados- su plan de
Crítica de la Economía Política del Prólogo de 1859, pero en todos los casos el último
libro es el del Mercado Mundial: forma concreta de la totalidad del desarrollo
capitalista. Y la secuencia de temas es la misma aunque varie la división y comparación
internas de los apartados o libros.

En septiembre de 1857 (Introducción de 1857) el Mercado Mundial, aparece como


“5) El Mercado Mundial y las Crisis” después de las “4) Relaciones Internacionales de
producción” sintetizados en el “Cambio Internacional” (p. [29]) mientras que en
noviembre de 1857, en el Plan del Cuaderno II el Mercado Mundial aparece mencionado
del siguiente modo, también después del “Comercio Exterior”:

“Mercado Mundial. Dominio de la sociedad burguesa sobre el Estado. Las crisis.


Disolución del Modo de Producción y de la forma de sociedad fundados en el valor de
cambio. El trabajo individual puesto realmente como social y viceversa (p. [175]).

He subrayado los rubros mencionados en el Plan de la Introducción de 1857 para


diferenciarlos de los restantes añadidos por Marx en noviembre de 1857 que matizan lo
que Karl Marx quiere tratar en el último libro de Crítica de la Economía Política y que se
incluye como contenido de lo que objetivamente es el Mercado Mundial Capitalista.
Resaltan cuatro relaciones constitutivas del Mercado Mundial:

1) Mercado Mundial y Crisis

Es la relación estructural más general englobante del Mercado Mundial pues


relaciona su estructura con su dinámica, los múltiples capitales y su desarrollo
precisamente bajo la forma de crisis cíclicas. Instrumentos de desarrollo, las crisis, que
sin embargo ponen en peligro a la sociedad burguesa. Muestran su autocontradictoriedad
patente y por lo tanto revelan el carácter histórico limitado y relativo de esta sociedad
tendiente a desaparecer. De donde se desprenden o se hace necesario pasar a
particularizar en las ulteriores relaciones constitutivas del Mercado Mundial:
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2) Relación de la política y de la economía en la sociedad burguesa o de la sociedad


civil y el Estado

Karl Mar señala que el Mercado Mundial revela y se estructura según que ocurre el
“Dominio de la sociedad civil sobre el Estado”. Es decir, se revela lo que está oculto al
interior de una nación burguesa pero que constituye su esencia. A saber, que la sociedad
civil domina al Estado y no este a la sociedad civil. Es decir, que la relación entre los
múltiples capitales –esqueleto de la sociedad civil- domina al Estado. Y entonces, que los
intereses privados dominan al interés colectivo. Y aún más, que la economía –se
sobreentiende que la economía enajenada del capitalismo, sí, que en la modernidad la
“economía” domina la política. O en otros términos, que la gestión de las necesidades,
no las de la sociedad sino las del capital, la necesidad de plusvalor, domina la gestión de
la libertad de los individuos, no sólo la gestión de las necesidades de éstos; previamente
sometidos en el proceso de circulación de capital a través del cual éste se reproduce
(Tomo II sección III). Dichas las cosas así, se revela el carácter totalitario de la
Modernidad en la que tanto las necesidades como las libertades de los seres humanos
quedan sometidas a las de la acumulación de capital y por lo tanto enajenadas y
falseadas. Va de por medio la opresión de su psicología, de su fisiología y de sus
capacidades de consumo y de producción, de su conciencia histórica y, también, de la
naturaleza exterior con la que todas las necesidades sociales, individuales y las del
capital son satisfechas. El Mercado Mundial revela esta esencia totalitaria del capital
sobre los seres humanos y antiecológica al máximo contra la naturaleza. La enajenación
es absoluta en la modernidad. (Es la tesis final presente en los Formen). Las
contradicciones históricas llegan al extremo empujando activamente a una
transformación revolucionaria so pena de que si ésta no ocurre se llegue a la
autodestrucción de la humanidad y a la destrucción de la naturaleza. Esto sería lo
primero a decir sobre el Mercado Mundial y por lo tanto sobre la modernidad. Por eso lo
segundo es que se suscitan necesariamente “crisis”. Pero esto ya lo adelantamos ad. 1.
Así que pasamos a la tercera relación constitutiva de la Modernidad y el Mercado
Mundial.

3) Relación de la revolución con la sociedad burguesa


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Esta es una relación de esencia y necesidad. Es lo que revela el Mercado Mundial,


precisamente sobre la base del hecho de que en él dominan las necesidades del capital
por sobre las necesidades y libertades de los seres humanos. Y si esto suscita crisis
cíclicas, básicamente económicas pero que una y otra vez se desarrollan como crisis
políticas, y crisis culturales y crisis de civilización, no obstante que éstas crisis sean el
modo de desarrollo del capitalismo, no obstante que las contradicciones suscitadas hasta
el estallamiento en estas crisis puedan llegar a ser sofocadas una y otra vez, es forzoso
con la misma necesidad que llegue un momento imposible para el capital, un momento
en que ya no se puedan sofocar estas contradicciones. Es el momento de la revolución
de la sociedad burguesa y de la modernidad toda con su Estado y su cultura
correspondientes o el del hundimiento de las dos clases que la constituyen: el
proletariado y la burguesía iv ; es decir, prácticamente el hundimiento de la humanidad
como un todo.

La disyuntiva es socialismo o barbarie. Karl Marx formula sucintamente la


relación esencial y necesaria de la sociedad burguesa con la revolución del siguiente
modo:

“Disolución del modo de producción y de la forma de sociedad fundados en el valor de


cambio”. Y todavía existe una cuarta relación constitutiva del Mercado Mundial y la
modernidad:

4) La relación del capital con la relación entre “El trabajo individual” y el trabajo
social o en síntesis, la relación del Mercado mundial o de los múltiples capitales
geográficamente realizados y el trabajo humano en tanto principio esencial del
ser genérico de la humanidad.

Karl Marx señala que ésta relación se muestra como de realización. Es decir, que
ante la dialéctica de acumulación, crisis y revolución o de posible autodestrucción de la
modernidad que perfilan las tres relaciones constitutivas del Mercado Mundial
previamente expuestas, la cuarta relación señala un resultado netamente esperanzador
más allá de la ambigüedad histórica indecidida de “socialismo o barbarie”. El resultado
esperanzador positivo consiste en que en el mercado mundial “el trabajo individual [es
continuamente] puesto realmente como social y viceversa”, dice Karl Marx. Esto es, el
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Ser Genérico de la Humanidad, la praxis en su forma fundamental laboral, se ve


realizada no obstante en el contexto de una totalidad social completamente enajenada
y en desarrollo, la sociedad burguesa y la modernidad o como mercado mundial.

De tal manera, que ante la alternativa histórica objetiva irremisible de socialismo o


barbarie el fiel de la balanza se inclina históricamente a favor del socialismo. Este tiene
más posibilidades definitivas de triunfar por sobre la barbarie y autodestrucción, aunque
una y otra vez la barbarie capitalista salga adelante como mediación histórica del propio
desarrollo capitalista. Pero eso no es necesariamente el desenlace final obligado; el
socialismo no sólo es una alternativa frente a la barbarie capitalista en el momento
decisivo final sino que, como digo, tiene a su favor una posibilidad histórica más real que
la de la autodestrucción.

Lo que constituyen un factor objetivo positivo esperanzador para los seres humanos y
para el proletariado revolucionario en particular.

No obstante, la cuestión no está decidida destinalmente. Son los seres humanos


radicalmente puestos en cuestión por la modernidad los que deben demostrar que no se
autohunden sino que triunfan por sobre el capital revolucionando la sociedad burguesa
desde su raíz, desde su modo de producción inmediato y como totalidad histórica
económica, social, cultural y civilizatoria.

Quede esto dicho en general; pero la tesis de Karl Marx ofrece dos significados
particulares que hay que aclarar.

Se trata de los dos modos complementarios en que hay que interpretar la cuarta
relación constitutiva del Mercado Mundial, esa donde “el trabajo individual [queda]
puesto como social y viceversa”. Sí, ¿qué significa esto?

4.1) Existen dos pasajes en los Grundrisse donde se trata el problema con sendos
enfoques diferentes. Uno es el célebre pasaje de la página [592]-[594] sobre la
automatización del proceso de trabajo. El otro es el pasaje dedicado a los medios de
comunicación y transporte de las páginas [423] a [433] en donde Karl Marx explicita que
la presencia del trabajo individual está puesta como trabajo social y viceversa en el
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Mercado Mundial a propósito de tratar la correlativa presencia de las necesidades


individuales como necesidades sociales y viceversa, según ocurre en el Mercado Mundial;
pero no sólo, sino que esa es la propiedad de todas las necesidades y de todos los
trabajos efectuados a propósito del despliegue de las condiciones generales de la
producción como son los Medios de Transporte, los medios de comunicación o los
recursos hidráulicos; y a los que podríamos añadir el clima planetario y la biodiversidad
etcétera para añadir temas de virulenta actualidad.

De hecho, es debido a que en el Mercado Mundial ocurre una circulación de


capital, dinero y mercancías generalizada e interconectada realmente con medios de
transporte y comunicación determinados, sí, porque en el Mercado Mundial ocurre una
reconexión que unifica socialmente a toda la sociedad así sea bajo condiciones de
producción privatizadas, si, porque esta unidad o unificación no sólo es resultado del
movimiento de los capitales individuales y nacionales sino que es premisa o condición
general de la producción capitalista, por eso es que también en el Mercado Mundial las
necesidades individuales y el trabajo individual se presentan realizados como sociales y
viceversa.
Por ejemplo, todo trabajo individual de transporte o de comunicación es al
mismo tiempo trabajo social, pues reconecta polos sociales; y todo trabajo social de
comunicación o de transporte es al mismo tiempo trabajo individual, porque no puede
ser efectuado sino en condiciones particulares y con una aplicación individualizada. Lo
mismo el trabajo individual desplegado en los recursos hídricos, es trabajo social y la
necesidad individual del líquido también es social, general, etcétera.

4.2) Pero hay, decíamos, otro factor para que el trabajo social se presente como
individual y éste como social en el Mercado Mundial. Las páginas [592] a [594] son ahora
la clave -de este señalamiento del Plan de Noviembre de 1857- y por lo tanto la
automatización del proceso de trabajo.

El trabajo individual de por ejemplo, el vigilante del sistema automatizado de


máquinas es inmediatamente social porque sólo puede desplegarse como trabajo
individual sobre la base de la ciencia objetivada en el aparato tecnológico
automatizado; y esta es “general intellect”, dice Karl Marx, pensamiento social, proceso
y producto de múltiples saberes y discusiones. A la inversa, este pensamiento social
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objetivado en el aparato técnico automatizado sólo puede efectuarse en tanto trabajo


social a través de trabajadores individuales.

De nueva cuenta es una condición general de la producción –aquí el “general


intellect” o la ciencia- la que posibilita la realización del trabajo individual como
trabajo social y viceversa; pero ésta condición general de la producción se ha vuelto
aparato tecnológico automatizado, esto es, medio de producción determinado rebasando
el estatuto básico de ser condición general de la producción.

Sin embargo, se trata de un medio de producción peculiar. Pues, tiene la


característica de posibilitar otra forma cualitativa del trabajo individual y social. Hasta
ahora inexistente en la historia humana.

En efecto, no se trata de un medio que es instrumento entre el obrero y la


naturaleza sino –como dice Karl Marx- en el que el obrero es puesto al lado del proceso
automatizado de producción en el que el objeto o la naturaleza es procesado por el
medio de producción automatizado.

De ahí que el trabajo individual no objetive ya valor y por lo tanto no pueda ya


ser el tiempo de trabajo socialmente necesario desplegado por el trabajo directo
individual la medida de la riqueza social como ocurre bajo el capitalismo.

Pues bien, el proceso de trabajo automatizado en tanto medio de producción


peculiar inédito y total es de por si una nueva condición general de la producción; de
una nueva forma de producción precisamente. Por eso no sólo la ciencia es condición
general de la producción en donde el trabajo individual se presenta como social y
viceversa sino también el aparato técnico automatizado producto de esa ciencia es otra
condición general de la producción históricamente producida.

4.3) Ahora bien, en este punto es que tenemos un doble resultado positivo que acerca la
posibilidad de la revolución socialista y aleja –aunque no anula- la posibilidad de
autodestrucción y barbarie capitalistas.
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En efecto, por un lado, la interconexión real de transporte y comunicativa de todo el


planeta –esto es, no la interconexión meramente formal circulatoria del capital, el
dinero y la mercancía- ésta interconexión real del género humano constituye una
realización positiva del ser genérico que el capital, que el Mercado Mundial, y la
modernidad no pueden sino llevar a cabo si es que quieren afirmarse en tanto entes
enajenados. Primera paradoja que ya cuestiona al capital y apunta a la posible sociedad
socialista más que a barbarie y autodestrucción aunque sin exorcizarlas sino viéndolas
verificarse a la par de la interconexión planetaria de la humanidad por la sociedad
burguesa. He aquí el aspecto básico de la esperanza objetivamente fundada acerca del
triunfo del socialismo.

Pero el aspecto suficiente de dicha esperanza objetivamente fundada lo constituye el


proceso de producción automatizado. Porque si la sola presencia de la interconexión
comunicativa y de transporte de la humanidad aunque es realización positiva del ser
genérico de la humanidad, puede convivir al lado del Mercado Mundial Capitalista y del
despliegue de la Modernidad en toda su complejidad, potencia y negatividad históricas,
ese no es el caso del proceso de trabajo completamente automatizado ni puede serlo.
Pues su sola presencia hace imposible al capital por hacer imposible al plusvalor, por
hacer imposible al valor en tanto que el trabajo directo individual ya no puede ser la
medida de la riqueza.

4.4) Además, aunque la automatización del proceso de trabajo vuelva objetiva y


absolutamente imposible la acumulación de capital, el modo de producción capitalista,
la sociedad burguesa, el mercado mundial y la modernidad toda montada sobre él, no
pueden sino precipitar su desarrollo hacia la automatización del proceso de trabajo
trágicamente.

De ahí que la sociedad burguesa como totalidad funcional económica y cultural esto es,
como Mercado Mundial y Modernidad, se revuelva contra si misma y revoque lo que pone
así como la revocación previa etcétera, en vista de alejar o falsear la automatización del
proceso de trabajo. Para que así el valor y el plusvalor existan y el trabajo individual
siga siendo medida de la riqueza. Lo que sólo puede ser posible sobre la base de
enajenar a las fuerzas productivas técnicas en cuanto tales; así que en lugar de ser
afirmativas, esto es, propiamente productivas, son intrínsecamente destructivas, nocivas
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para la naturaleza, el individuo y la sociedad, fisiológica y psicológicamente. Así que


cada vez que se objetivan crean una nueva escasez, y vuelven urgente un nuevo
despliegue de fuerzas productivas que viene a reparar los entuertos que produjo el
aparato técnico así sea que estuviera automatizado con lo que queda falseada su
gestión. Ya que reactualiza cada vez la necesidad de la producción en la que el trabajo
individual no es inmediatamente trabajo social y prosigue siendo la medida de la riqueza
social, en tanto ese esfuerzo de los trabajadores individuales se requirió urgentemente
para salir del contexto nocivo fisiológico, psicológico o ambiental provocado por la
gestión productiva en curso.

He aquí una dialéctica infernal que retrata bien a la modernidad actual. Y pone
crecientemente en cuestión a la humanidad como para que corte de tajo mediante una
revolución socialista esta decadencia y degeneración cada vez más compleja y profunda.

5) Unas cuantas páginas adelante y todavía en el cuaderno II, Karl Marx bajo el
título de “Capital y moderna propiedad de la tierra. Wakefield”, Karl Marx,
ofrece un nuevo plan más pormenorizado del libro I y II, sobre el capital y sobre
la propiedad de la tierra respectivamente, con algunos señalamientos sobre el
libro III sobre el trabajo asalariado (p. [186] a [190]) En conexión con dicho Pan
ofrece en las páginas [191] y [192] un desglosamiento de lo que contendría el
concepto de mercado en sus diversos momentos de constitución, dedicando unos
renglones al Mercado Mundial que son pertinentes para observarlo como
condición de posibilidad para que en él ocurra la cuarta relación que nos ocupa.
La del trabajo individual y social en la que aquel se realiza como éste y éste
como aquel.

También el Mercado Mundial es a la vez Mercado Exterior pero que incluye a todos
los mercados exteriores, así que en él lo nacional e individual pasa a ser mundial y
social y viceversa. Karl Marx lo dice así hablando primero del mercado en general y
del mercado interior y del exterior en particular, pero, luego, pasando a
dialectizarlos en el seno del Mercado Mundial. Dice: “Así como el mercado, en líneas
generales, se divide en los home market y foreign market [mercado interior y
exterior], el mercado interno a su vez se divide en market of home shares, national
founds, foreing shores etcétera [mercado de acciones nacionales, fondos públicos
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etcétera y valores extranjeros, acciones extranjeras etcétera. Pero] en rigor –añade-


este desarrollo corresponde al mercado mundial que no sólo es el mercado interno
en relación a todos los foreign markets [mercados externos] que existen además v de
él [A], sino al mismo tiempo el mercado interno de todos los foreign markets
[mercados exteriores de cada país] como partes componentes a su vez del home
market [mercado interno que a todos los engloba] [B] (subrayado mío).

Es decir; que el Mercado Mundial sintetiza de doble manera la división del mercado
en interno y externo, por eso en la cita de Karl Marx subraye la palabra “divide”. El
primer modo en que el Mercado Mundial sintetiza esta división es formal como
Mercado Mundial que gira tangente a múltiples mercados nacionales:
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ENTRA FIGURA
Siendo un mercado interno que se alimenta de ellos como si fueran mercados
externos [A]. Pero también sintetiza realmente a los mercados internos y externos
como Mercado Mundial que engloba dentro de si porque determina en cuanto a
magnitud, sustancia y forma a los múltiples mercados externos que lo componen [B].

ENTRA FIGURA
De tal manera que el Mercado Mundial se ofrece según una doble funcionalidad en la
que lo interno se transmuta en externo (lo individual y nacional en social y mundial
[A]) y donde lo externo se trasmuta en interno (lo mundial y social en nacional e
individual [B])
ENTRA FIGURA
[A] Lo individual es social [B] Mercado Mundial
Lo interno es externo

[B] Lo social es individual Mercado Interno


Lo externo es interno
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Así que cada una de éstas dos funciones del Mercado Mundial en las que éste
sintetiza al Mercado interno con el externo se corresponden con la realización del
trabajo individual en social y viceversa y con la realización de las necesidades
individuales en sociales y viceversa, toda vez que el Mercado al revincular a los
propietarios privados de mercancías revincula las necesidades de consumo de unos
con las capacidades laborales de producción de otros. Y sólo en el Mercado Mundial
en tanto que el mismo supone la existencia de mercados locales previos cuyo
desbordamiento lo alimentan a él y lo constituyen pasando él luego a determinarlos
y aún regirlos. Sí, sólo en el Mercado Mundial está dualidad de reconexión implícita
en cualquier mercado simple que reconecta capacidades con necesidades y a la
producción con el consumo, sólo en el Mercado Mundial, se escenifica o pone como
suceso inmediato la conversión de lo individual en social y de lo social en individual;
mientras que en el mercado simple o local sucede la conversión pero mediadamente:
el producto social (de otro) se convierte en mío y el mío pasa a ser de otro pero el
consumo de ambos productores ocurre como un acto posterior a la circulación de
Mercancía y Dinero mediado por esta. Así que aunque es un mecanismo privatizador,
el mercado no puede sino realizar la revinculación de la sociedad y
consecuentemente de sus necesidades y capacidades, de su consumo y su trabajo
etcétera.

El mercado mundial deviene en potencia genérica en tanto condición general de


la producción de cada país y cada empresa. Alimentado por valor y plusvalor, su
propio desarrollo impulsa a la automatización del proceso de trabajo, de suerte que
socava su existencia como mercado de valor y plusvalor en vista de la conformación –
más allá de la modernidad, el capital y la sociedad burguesa- de un mecanismo
objetivo de distribución y circulación mundial que reconecte lo individual y lo social,
lo interno y lo externo en forma consciente, voluntaria y humanamente diseñado y
regulado.
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i
Las tesis correspondientes a la página [545] ya han quedado comentadas en el tema “automatización
tecnológica, comunicación, consumo y modernidad capitalista”, precisamente a propósito de comentar las
páginas [543] a [545] correspondientes al título “Competencia”
ii
Jorge Veraza U, El siglo de la hegemonía mundial de EU.
iii
Lo que nos remite al “Avant Propos” o “BAstiat y Carey” como inciso de los Grundrisse -pues redactado en
julio de 1857 mientras que la introducción de 1857 fue redactada en agosto-septiembre- y ese texto nos
conduce al desarrollo del mercado mundial a los equívocos sobre la revolución socialista y su necesaria
puntualización crítica. El “Avant Propos” apunta ya al libro VI sobre el Mercado Mundial, las Crisis y la
Revolución.
iv
K. Marx, Manifiesto del Partido Comunista (1848).
v
La traducción de siglo XXI dice “fuera de él”. Lo que mueve a equívoco por hablarse de exterior e interior
en relación a los mercados. Por ello me ha parecido mejor en este contexto traducir “ausser ihm” como
“además de él”.