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LA ACCION DE TUTELA EL ESTADO SOCIAL DE DERECHO Y EL PAPEL QUE DESEMPEÑA

EL JUEZ CONSTITUCIONAL

TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………………….4

OBJETIVO GENERAL……………………………………………………………………….7

OBJETIVOS ESPECÍFICOS………………………………………………………………….8

CAPITULO I. EVOLUCIÓN DE LA ACCIÓN DE TUTELA ………………………………9

CAPITULO II. LOS DERECHOS FUNDAMENTALES EN COLOMBIA………………..25

CAPITULO III PRINCIPAL JURISPRUDENCIA DE LA TUTELA QUE GARANTIZA EL

ACCESO A LA ADMINISTRACION DE JUSTICIA……………………………………...27

CAPITULO IV. RELACIÓN ENTRE LA ACCIÓN DE TUTELA, EL JUEZ CONSTITUCIONAL

Y EL DERECHO FUNDAMENTAL DE ACCESO A LA ADMINISTRACIÓN

DE JUSTICIA……………………………………………………………………………….39

CONCLUSIONES……………………………………………………………………………45

BIBLIOGRAFÍA……………………………………………………………………………..46
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INTRODUCCIÓN

La acción de tutela, en armonía con la perspectiva constitucional y el desarrollo emanado por el decreto

2591 de 1991, es un instrumento procesal de naturaleza constitucional que puede ser utilizado por toda

persona para reclamar ante cualquier juez, en todo momento y lugar a través de un proceso preferente y

sumario, la protección inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales cuando quiera que estos

sean vulnerados o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública o particulares,

conforme lo determine la ley. Esta acción surge como consecuencia del estudio realizado en la Asamblea

Nacional Constituyente de 1991, la cual tuvo como resultado la Constitución Política que actualmente rige

nuestro Estado, donde surgen un conjunto de derechos de distinta naturaleza, y una variedad de

mecanismos procesales destinados a garantizar la efectividad y con el fin de materializar la protección de

esos Derechos que empiezan a surgir denominados de rango constitucional. Como consecuencia de lo

anterior nacen a la vida jurídica una serie de garantías fundamentales, amparadas con una protección

reforzada, como lo son: la Acción de Tutela, la acción de grupo, las acciones populares, la acción de

cumplimiento, etc.

La constitución política de Colombia proclama ser un Estado social de Derecho, en donde la tutela puede

ser considerada como la consecuencia lógica de las libertades individuales y los derechos fundamentales,

este cambio obedece principalmente a la necesidad de promover la protección por parte del Estado de los

derechos sociales y asegurar que todas las personas tengan un acceso efectivo a unos bienes y servicios

básicos tal como lo expone la Corte Constitucional (Sentencia T-406, 1992). Esta nueva configuración del
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Estado tiene como característica principal que es salvaguardar y garantizar la vida, la justicia, la libertad,

la igualdad, la seguridad y la solidaridad, dimensiones básicas de la persona que giran en torno a uno de

los pilares fundamentales del Estado Social de Derecho que se basa como lo dice la Carta en el principio

de la Dignidad humana, entendiéndola como una condición intrínseca del ser humano, como la base de

todos los Derechos fundamentales y como el fundamento esencial del Estado Social de Derecho (Sentencia

T -381, 2014). La dignidad humana es una cualidad intrínseca, irrenunciable e inalienable de todo y a

cualquier ser humano, constituyendo un elemento que cualifica al individuo como tal, siendo una cualidad

integrante e irrenunciable de la condición humana. Ella es asegurada, respetada, garantizada y promovida

por el orden jurídico estatal e internacional, sin que pueda ser retirada a alguna persona por el

ordenamiento jurídico, como quiera que es inherente a su naturaleza humana (Sentencia T 812 , 2002).

Así las cosas, la acción de tutela desarrollada dentro de un Estado Social de Derecho no va a proteger

únicamente los derechos consagrados como fundamentales que se encuentran plasmados dentro de la

constitución, sino que también protege todos aquellos derechos que estén interrelacionados con la

dignidad humana es este factor el que se ha venido desarrollando jurisprudencialmente por la Corte

Constitucional por intermedio de sus pronunciamientos, es decir , La Corte logró discernir la no

taxatividad de dichos derechos fundamentales, lo que conllevó a la ineludible y propicia conclusión de la

introducción de otra gama de derechos que también ostentarían ésta categoría especialísima de

fundamentales.

En esta medida, empieza a configurarse una estrecha relación entre los derechos fundamentales,

desarrollados dentro de un Estado Social de Derecho, que van de la mano para hacer efectivos realmente

los postulados que fueron acogidos en el año 1991.

De estas consideraciones y de la relevante misión que se le endilga al juez constitucional al conocer de

dichos litigios, se derivan una serie de exigencias que por vía jurisprudencial han sido impuestas a través
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del tiempo a los juzgadores, todo con el fin de permear el sistema jurídico colombiano con un garantismo

encaminado a cumplir los axiomas imperantes.

Es así como de las manifestaciones precedentemente expuestas se desprende que el objetivo principal del

presente trabajo, se enfoca en examinar la relación que existe entre la acción de tutela, y su desarrollo

dentro del Estado Social de Derecho.


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OBJETIVO GENERAL

1. Examinar la relación que existe entre la acción de tutela y el desarrollo de la misma dentro de un Estado

Social de Derecho; y qué papel desempeña el Juez Constitucional.


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OBJETIVOS ESPECÍFICOS

1. Analizar la evolución histórica de la acción de tutela en Colombia.

2. Señalar la principal jurisprudencia que ha sido emitida por la Honorable Corte Constitucional

colombiana, en relación con la Tutela.

3. Estudiar el papel que desempeña el juez constitucional, cuando conoce de aquellas acciones de tutela

en las cuales se controvierta la presunta amenaza o vulneración de un derecho fundamental.


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CAPITULO I.

EVOLUCIÓN DE LA ACCIÓN DE TUTELA

AUSTRIA

La Constitución para Kelsen (KELSEN, 1920) es la Base indispensable de las normas jurídicas que

regulan la conducta reciproca de los miembros de la colectividad estatal, así como de aquellas que

determinan los órganos necesarios para aplicarlas e imponerlas, y a la forma como estos órganos habrán

de proceder. Es decir, la Constitución es, en suma el asiento fundamental del ordenamiento estatal (Kelsen,

La Garantía Jurisdiccional de la Constitución ). En Austria, la Constitución del imperio, estuvo integrada

por cinco leyes fundamentales del Estado. Para el tema en estudio la segunda de esas leyes No 142,

reconocía los derechos generales de los ciudadanos y la tercera ley No 143 versaba sobre el Tribunal del

Imperio. En este ordenamiento imperial se halla la gestación en Austria de una tutela directa de derechos,

al haberse reconocido al Tribunal del Imperio una competencia para conocer de recursos sobre violaciones

a los derechos políticos garantizados por la Constitución. Los “derechos políticos” de los ciudadanos

fueron entendidos por la jurisprudencia de ese Tribunal como “los derechos garantizados

constitucionalmente”, esto es, todos los derechos que la Constitución reconocía a favor de las personas

frente al Estado, establecidos en la ley fundamental núm. 142. Pese a su evidente interés histórico, este

recurso adolecía de importantes limitaciones, principalmente la relativa a los efectos meramente

declarativos (no constitutivos) de las sentencias del Tribunal.

El modelo que Kelsen diseño en la Constitución Austriaca, se ve reflejado en los trabajos de la Asamblea

Nacional Constituyente que concluyeron en el otoño de 1920. En ese momento fue posible observar que

el Tribunal del Imperio (1879) había legado algunas de sus competencias al recién creado Tribunal

Constitucional. En parte, esta situación explica el amplio espectro de su actuación competencial que le
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quedó finalmente reconocida en la Constitución federal. Entre estas competencias, el recurso por violación

de “derechos constitucionalmente garantizados” se estableció en el artículo 144 así: “(1) El Tribunal

Constitucional conoce de recursos por violación de derechos constitucionalmente garantizados mediante

la decisión o resolución de una autoridad administrativa, tras el agotamiento de las instancias en la vía

administrativa y 2) El acceso al conocimiento del Tribunal Constitucional provoca la anulación de la

decisión o resolución inconstitucional. La opinión jurídica del Tribunal Constitucional será vinculante

para la nueva decisión o resolución de la autoridad)”. No puede dejarse de mencionar que la pervivencia

de este recurso tiene un precedente de interés en la defensa del canciller RENNER (Renner) por mantener

esta antigua competencia del Tribunal del Imperio, que era considerada como la más importante de todas

las que había tenido ese Tribunal.

México Acción o Recurso de Amparo:

El amparo es el instrumento procesal más eficaz y adecuado para la tutela específica de los derechos de la

persona humana consagrados constitucionalmente. Es el medio judicial más importante que tienen los

ciudadanos contra las arbitrariedades de los órganos del poder público, incluso judiciales.

Es una institución más completa de protección de los derechos y libertades fundamentales, incluidos en

los primeros 29 artículos de la Constitución de 1917.

Además de constituir defensa de los derechos este medio se utiliza como instrumento fundamental de las

libertades fundamentales así:

 Medio de control constitucional contra leyes contrarias a la ley suprema en casos concretos.

 Recurso extraordinario de Casación contra Sentencias.

 Acción Contencioso-Administrativa.
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 Recurso de Habeas Corpus (Amparo de Libertad), cuando se presentan detenciones ilegales o

amenaza de detención arbitraria.

El juicio de Amparo apareció en la Constitución Federal de los Estados Unidos de México el 05 de Febrero

de 1857, con el fin de amparar, dentro del Juicio de garantías, al individuo ante los tribunales federales,

contra actos legislativos, administrativos o jurisdiccionales violatorios de las llamadas garantías

individuales incluidas en los 29 artículos de la ley suprema; desarrollado en esa constitución de la

siguiente forma: Art 101 Constitución Federal de 1857, Los Tribunales de la Federación resolverán toda

controversia que suscite: I. Por leyes o actos de cualquier autoridad que violen las garantías individuales.

II. Por Leyes o actos de la autoridad federal que vulneren o restrinjan la Soberanía de los Estados. III. Por

Leyes o actos de las autoridades de estos, que invadan la esfera de la autoridad federal. Así las cosas, el

recurso de Amparo se convirtió en juicio de las garantías individuales, pero también se utilizaba como

recurso análogo al habeas corpus, contra detenciones ilegales en un procedimiento ágil, rápido y sencillo.

Sólo puede ser promovido por la parte a quien perjudique el acto o ley que se reclama o agraviado, la

autoridad responsable el tercero perjudicado y el ministerio público federal.

La sentencia no produce efectos erga-omnes.

Los únicos recursos que admite son: Revisión, Queja y Reclamación.

El juicio de Amparo mexicano, es considerado como una de las acciones más completas, y no solo se

utiliza para la salvaguarda de los Derechos Fundamentales Individuales, sino que también reúne varios

mecanismos de protección de diferentes jurisdicciones en una sola acción o juicio:

o Penal: Amparo-Libertad, contra detenciones ilegales y confiscaciones ilegales.

o Control Constitucional: Amparo-Indirecto, contra leyes reputadas de inconstitucional.


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o Casación todas las Jurisdicciones: Amparo-Casación, contra sentencias judiciales, penales, civiles,

administrativas y laborales.

o Administrativo: Amparo- Administrativo.

o Agrario: Amparo-En materia Agraria.

Colombia

Emana en Colombia en el año 1991, una nueva Constitución Política integrada de un conjunto de

prerrogativas totales, junto a otros derechos de carácter económico, social, cultural y colectivos, con los

cuales se buscó permear el ordenamiento jurídico interno, de garantías encaminadas a la protección de la

integridad y la dignidad de las personas, imponiendo éste derecho humano como un pilar del Estado Social

de Derecho naciente.

Primariamente el proyecto de acto reformatorio de la Constitución Política de Colombia que propuso el

presidente Cesar Gaviria Trujillo se denominó “Derecho de Amparo”, esta institución corresponde a un

nuevo régimen constitucional que fue tomado del ordenamiento mexicano, “que es un mecanismo jurídico

especial para la protección procesal de los derechos constitucionales”. No se consideró como un recurso

extraordinario de acceso a otra instancia judicial, su función sería la de garantizar que los derechos y

libertades constitucionales recibieran una efectiva protección. Fue el Jurista Juan Carlos Esguerra

Portocarrero, en su ponencia uso la expresión de “Acción de Tutela”, para presentar una figura específica

para el modelo colombiano que de manera complementaria con el sistema de control de legalidad

constitucional, se encuadre dentro de sus principios generales con una identidad claramente definida,

como un mecanismo ágil y eficiente, al alcance de cualquier persona en todo momento y lugar con el fin

de proteger los derechos constitucionales cuando ellos sean vulnerados o amenazados.


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Es así como el constituyente, con el fin de no hacer quimeras las disposiciones plasmadas en la norma

fundamental, implantó una diversidad de mecanismos de protección procesal, con los cuales se buscó de

manera directa la materialización y efectividad de los derechos allí estatuidos, y de contera, en lo atinente

a la acción de amparo de derechos constitucionales de carácter fundamental, cumplir con el mandamiento

y compromiso supranacional que surgió de la ratificación de la Convención Interamericana de Derechos

Humanos (Pacto de San José de Costa Rica).

En la precitada norma internacional, se estableció lo siguiente: “Artículo 25. Protección Judicial 1. Toda

persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o

tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos

por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por personas

que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales”, mandato que fue ratificado por el Estado Colombiano,

pero que vino a hacer parte de la legislación interna, hasta el año 1991, en el artículo 86 de la carta magna,

con la cual se buscó proteger de manera inmediata los derechos fundamentales de las personas, cuando

estos se encontraran en amenaza o vulneración, por parte de una autoridad pública, o en casos especiales,

por parte de los particulares, comenzando de esta manera el trascurrir de un mecanismo procesal

constitucional que desde el inicio y a pesar de los incesantes cambios que se le quisieron implantar, en la

actualidad ha sido de gran utilidad pública.

En efecto, históricamente se determinó la primera acepción jurisprudencial de la acción de tutela como

“un instrumento jurídico confiado por la Constitución a los jueces, cuya justificación y propósito

consisten en brindar a la persona la posibilidad de acudir sin mayores requerimientos de índole formal y

en la certeza de que obtendrán oportuna resolución, a la protección directa e inmediata del Estado, a

objeto de que, en su caso, consideradas sus circunstancias específicas y a falta de otros medios, se haga

justicia frente a situaciones de hecho que representen quebranto o amenaza de sus derechos
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fundamentales, logrando así que se cumpla uno de los fines esenciales del Estado, consistente en

garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución.” (T-001,

1992), teniendo como precedente importante que, como institución jurídica, el derecho de amparo se

estableció por primera vez en la Constitución del Estado de Yucatán, México, de 1841 (Ferrer Mac-

Gregor, 2010).

Por esta misma línea, concerniente al primer referente territorial histórico, se manifestó por parte del

doctrinante Ernesto Rey Cantor que “Este mecanismo de protección procesal se corresponde con el de

amparo constitucional mexicano, consagrado en otras Constituciones de Estados del continente y de las

islas del Caribe, y es un mecanismo sencillo, rápido y efectivo”(Rey Cantor, 2010), de lo que se colige la

dimanación de dicha acción, aunada a las características que fueron consagradas desde la Convención ya

mencionada.

Desde éste punto de vista, se llega a generar una concepción de la acción de tutela establecida para la

protección de los derechos constitucionales fundamentales, que en su mayoría son de aplicación inmediata

(selfexecuting), art. 85, Constitución (Rey Cantor, 2010), concebida únicamente para dar solución

eficiente a situaciones de hecho creadas por actos u omisiones que implican la transgresión o la amenaza

de un derecho fundamental, respecto de las cuales el sistema jurídico no tiene previsto otro mecanismo

susceptible de ser invocado ante los jueces a objeto de lograr la protección del derecho (C-543, 1992);

alcanzando así a generar, de cierta manera, un mecanismo de alivio al cual puede acudir cualquier persona,

y hasta el punto de llegar a ser considerada como el ángel guardián del pueblo colombiano; a ella recurre

desde la más humilde hasta la más encumbrada de las personas que habitan nuestro territorio (Henao

Orozco, 2007).
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Así, se expresa y deja plasmado groso modo, el derrotero del que ha sido parte el mecanismo de protección

procesal de tutela que aun impera en nuestra legislación y que en gran medida juega un papel prístino para

garantizar los derechos constitucionales establecidos en la norma fundante.

Acción de Tutela: Es un derecho subjetivo público de la persona o individuo, del cual emana la acción

procesal de rango constitucional de tutela y el proceso judicial correspondiente, que tiene por objeto

proteger los derechos constitucionales fundamentales de la persona, ante un agravio o amenaza de agravio

por un acto u omisión de una autoridad pública, o de un particular.

Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante los jueces, en todo momento y lugar, mediante

un procedimiento preferente y sumario, por sí misma o por quien actúe a su nombre, la protección

inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales, cuando quiera que éstos resulten vulnerados o

amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública.

La protección consistirá en una orden para que aquel respecto de quien se solicita la tutela, actúe o se

abstenga de hacerlo. El fallo, que será de inmediato cumplimiento, podrá impugnarse ante el juez

competente y, en todo caso, éste lo remitirá a la Corte Constitucional para su eventual revisión.

Esta acción solo procederá cuando el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial, salvo que

aquella se utilice como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable.

En ningún caso podrán transcurrir más de diez días entre la solicitud de tutela y su resolución.

La ley establecerá los casos en los que la acción de tutela procede contra particulares encargados de la

prestación de un servicio público o cuya conducta afecte grave y directamente el interés colectivo, o

respecto de quienes el solicitante se halle en estado de subordinación o indefensión.

Esta acción se encuentra reglamentada por el Decreto 2591 de 1991, así:


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Objeto:

Reclamar ante los jueces en todo tiempo y lugar, mediante un procedimiento preferente y sumario, la

protección inmediata de sus Derechos Constitucionales fundamentales que la Corte ha interpretado de la

siguiente manera “que el derecho sea esencial para la persona, todo ello partiendo del supuesto según el

cual la división en títulos y capítulos de la Constitución y el orden del articulado no es una norma

constitucional vinculante sino indicativa para el intérprete”; además la interpretación se hará de

conformidad con tratados internacionales sobre Derechos humanos ratificados por Colombia.

Esta acción se desarrollará con arreglo a los principios de publicidad, prevalencia del derecho sustancia,

economía, celeridad y eficacia, y se utilizará cuando no exista otro mecanismo para garantizar la

protección solicitada.

Revisión en la Corte; Tendrá prelación para efectuar la citada revisión cuando se encuentre frente a una

decisión de tutela se refiera a un Derecho que no se encuentre señalado expresamente en la Constitución

como fundamental, pero que su naturaleza permita su tutela para casos concretos.

Protección del derecho tutelado: El fallo que conceda la tutela tendrá por objeto garantizar al agraviado el

pleno goce de su derecho y volver al estado en el que se encontraba antes de la violación del derecho sin

ello fuera posible.

Procedencia:

1. En Estados de excepción: Tal y como lo define el numeral segundo del art 214 “No podrán

suspenderse los derechos humanos ni las libertades fundamentales. En todo caso se respetarán

las reglas del derecho internacional humanitario”. La tutela podrá ejercerse para defender el

contenido esencial de los Derechos.


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2. Contra toda acción u omisión que haya violado, viole o amenace violar cualquiera de los Derechos

fundamentales Constitucionales:

a. Contra autoridades públicas o el representante del órgano que presuntamente violó o

amenazó el derecho fundamental, en caso de que el presupuesto anterior se realice en el

cumplimiento de una orden, se entenderá dirigida contra los dos. Si se ignora la identidad

pública se entenderá contra el superior.

b. Contra Particulares: cuando se encuentre a cargo de la prestación de un servicio público,

servicios públicos domiciliarios, cuando el solicitante se encuentre en una relación de

subordinación o indefensión respecto de aquel en contra del que se dirige la acción (caso

en el cual se presume indefensión del menor que interponga la acción), cuando viole o

amenace violar el art 17 C.P.(tratos crueles e inhumanos), cuando se vulnere el derecho a

la intimidad personal y familiar; y lo que respecta a los datos personales (Habeas Data),

cuando se solicite rectificación de información inexacta o errónea, cuando actúe o deba

actuar en ejercicio de funciones públicas.

Protección Alternativa: La providencia que inadmita o rechace deberá indicar el procedimiento idóneo

para proteger el derecho amenazado o violado.

Improcedencia:

1. Cuando Si existan otros mecanismos de defensa judicial (recursos o medios de defensa judicial).

Excepción: Puede utilizarse cuando exista otro mecanismo únicamente para evitar un perjuicio

irremediable (que solo puede ser reparado mediante indemnización).

2. Cuando para proteger el Derecho pueda invocarse el Habeas Corpus.


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3. Protección de Derechos Colectivos.

4. Cuando se evidencia que la violación del Derecho origino un daño consumado.

5. Actos de carácter impersonal y abstracto.

Medidas Provisionales:

1. Suspender la aplicación del acto concreto: Cuando el Juez lo considere necesario y urgente; se

notificará de manera inmediata.

2. Disponer la ejecución o la continuidad de la ejecución para evitar perjuicios ciertos e inminentes

al interés público.

3. Hacer Cesar, bien sea la autorización de ejecución o las medidas cautelares que hubiere dictado.

Como mecanismo transitorio:

1. Se da cuando el afectado si dispone de otro mecanismo judicial de defensa, pero se admite la acción

con el fin de evitar un perjuicio irremediable y la sentencia que la resuelva tendrá vigencia durante

el término que la autoridad judicial competente tarde en resolver de fondo sobre la acción

instaurada; el accionante solo dispone de cuatro meses para ejercer la acción correspondiente a

partir del fallo de tutela, so pena de que cesen los efectos del mismo.

2. Para evitar un daño irreparable, donde la acción de tutela se instaura en conjunto con la acción de

nulidad y/o demás procedentes ante la jurisdicción de lo contencioso administrativo y como

medida cautelar podrá el Juez ordenar que no se aplique el acto del que se solicita la protección,

mientras dure el proceso.


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Vía Gubernativa: No es requisito de procedibilidad.

Legitimidad:

1. Cualquier persona vulnerada o amenazada, bien sea por si misma o a través de representante.

2. Cuando el titular no se encuentre en condiciones de ejercer su defensa.

3. Defensor del Pueblo y personeros Municipales.

Caducidad de la Acción:

1. En todo tiempo.

2. La que se dirige contra sentencias o providencias judiciales caduca a los dos meses de ejecutoriada

la providencia.

Contenido de la Solicitud:

La solicitud se hará con la mayor claridad posible, deberá contener la acción u omisión que la motiva el

derecho que se considera violado o amenazado, el nombre de la autoridad contra quien se dirige.

Contendrá el nombre y el lugar de residencia del solicitante. No será indispensable citar la norma

constitucional infringida siempre y cuando se determine con claridad el derecho violado o amenazado, no

será necesaria ninguna formalidad o autenticación, No se necesitará abogado.

Cuando se trate de una emergencia o el solicitante no sepa escribir o se trate de un menor de edad, la

acción podrá ser ejercida verbalmente, a la cual el Juez deberá atender inmediatamente para lo cual

después podrá pedir presentación personal para acoger la declaración u ordenar al secretario levantar un

acta sin algún formalismo.


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La Tutela goza de un trámite preferencial, para lo cual tendrá prelación, salvo en caso de Habeas Corpus.

La forma por medio de la cual se notifican las decisiones dentro del trámite de la acción de tutela será

aquella que el Juez considere la más eficaz y expedita.

Corrección: Casos en los que se necesita corregir la solicitud:

 Cuando no se pueda determinar el hecho o la razón que motiva la acción; caso en el cual el

accionante goza de 03 días para corregir dicha solicitud, si no presenta la corrección podrá ser

rechazada de plano.

 En el evento de ser interpuesta de forma verbal, el Juez procederá a corregirla de inmediato si es

necesario solicitara la información adicional.

Alcance y Protección:

El juez podrá tutelar el derecho y prescindir de la averiguación previa cuando el fallo este sustentado o se

funde en el medio de prueba por medio del cual se deduzca una grave e inminente violación o amenaza,

caso en el cual ordenará el restablecimiento inmediato.

Requerimiento de la autoridad accionada: El Juez podrá requerir informes de la entidad, solicitar el

expediente administrativo o los documentos que considere necesarios donde consten los antecedentes del

caso, la omisión de allegar la información requerida por el juez acarrea responsabilidad. El plazo para

allegar dichos documentos será de uno a tres días (depende del asunto, distancia, medios de

comunicación), los cuales se declaran rendidos bajo la gravedad de juramento.

En el caso de que los documentos aportados nos constituyan información suficiente a la ya suministrada

el Juez podrá requerir información adicional a las partes de lo cual se dejara la respectiva constancia.
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Fallo: El Juez dictara el fallo una vez se encuentre convencido aun sin necesidad de practicar las pruebas

solicitadas.

Contenido:

 Identificación de las partes

 Determinación del Derecho tutelado

 Orden y definición de la conducta a cumplir

 Plazo perentorio para el cumplimiento, no podrá exceder de 48 horas

 Si se trata de una norma que va en contra de los Derechos fundamentales deberá ordenar la

inaplicación de la norma.

No podrá ser Inhibitorio. La notificación se hará por telegrama u otro medio más expedito que asegure su

cumplimiento.

Prevención: Cuando no se pueda restablecer al solicitante el goce del derecho vulnerado por encontrarse

el acto impugnado con el cese de sus efectos, o que se encuentre consumado al concederse la tutela, en el

fallo se prevendrá a la autoridad pública para que, en ninguna circunstancia, en caso de no acatar el fallo

será sancionada además de las responsabilidades en las que hubiere incurrido.

Indemnizaciones y Costas

Cuando se trate de la violación del Derecho como consecuencia de una acción clara e indiscutible

arbitraria, siempre y cuando el afectado no disponga de otro medio judicial. El Juez de oficio tiene la

potestad de ordenar en abstracto la indemnización de daño emergente causado si ello fuere necesario para

asegurar el goce efectivo del derecho y el pago de las costas contra la autoridad o entidad de la que dependa
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el accionado. Este trámite se hará ante la autoridad contencioso administrativa, mediante tramite

incidental, para lo cual el Juez de tutela remitirá copia de toda la actuación.

Si el Juez rechaza la acción condenara al accionante el pago de las costas.

Cesación de la actuación impugnada:

Si en el transcurso del trámite de tutela se dicta resolución administrativa judicial que revoque, detenga

o suspenda la actuación impugnada se declarará fundada la solicitud, únicamente para efectos de

indemnización y costas.

Desistimiento

Lo podrá hacer el accionante caso en el cual se archivará.

Cumplimiento del Fallo: Dentro de las primeras 48 horas el Juez se dirigirá al superior del responsable,

lo requerirá para que haga cumplir el fallo emitido y comunicado; para que proceda a iniciar el proceso

disciplinario.

48 horas después de las anteriores, ordenará abrir proceso contra el superior que no procedió conforme lo

ordenado y adoptará las medidas para el cabal cumplimiento del mismo.

El Juez podrá Sancionar por Desacato al responsable. El Juez establecerá los demás efectos del fallo.

Competencia del Juez

La mantiene hasta que esté completamente restablecido el derecho.


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Alcances del Fallo

El fallo no impide que se adelanten otras acciones que procedan contra la autoridad que incurrió con la

acción u omisión que genera responsabilidad.

Tratándose de factor de responsabilidad la denegación de la tutela no puede invocarse para excusar la

responsabilidad.

Impugnación

Tendrá que realizarse dentro de los 03 días siguientes a la notificación del fallo.

La impugnación la podrá realizar:

 El solicitante

 El Defensor del pueblo

 Autoridad pública

 Representante órgano correspondiente.

Sin perjuicio del cumplimiento inmediato del fallo.

Tramite: Dentro de los dos días siguientes el Juez remitirá al superior jerárquico correspondiente.

El juez de segunda instancia estudiará el contenido de la impugnación, cotejarla con las pruebas, solicitar

informes si lo considera ordenará la práctica de las pruebas.

Termino para decidir: Proferirá el fallo de segunda instancia dentro de los 20 días siguientes a la recepción

del expediente:
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 Revocará: Cuando considere que el fallo de primera instancia carece de fundamento, caso en el

cual comunicará de inmediato.

 Confirma: Si considera que el fallo impugnado se ajusta a Derecho.

En cualquiera de los casos enunciados deberá remitir el expediente a la Corte Constitucional para su

eventual revisión.
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CAPITULO II. LOS DERECHOS FUNDAMENTALES EN COLOMBIA

Teniendo como base la acción de tutela avante en el ordenamiento jurídico colombiano, se hace necesario

entrar a examinar la materia trascendental de la que se encarga principalmente dicha herramienta, esto es,

los derechos constitucionales fundamentales.

De esta manera el constituyente de 1991 implantó en el TÍTULO II, CAPÍTULO I, de la normatividad

superior, un acápite denominado “DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES”, en los cuales se efectuó

la constitucionalización de una gama de derechos humanos, a los que se les atiborró una especial

protección reforzada, en el Estado colombiano.

Concatenado a lo anterior, se manifestó por parte de la alta corporación de la jurisdicción constitucional

que “La consagración de derechos fundamentales en la Constitución busca garantizar las condiciones

económicas y espirituales necesarias para la dignificación de la persona humana y el libre desarrollo de

su personalidad” (T-426, 1992), vinculando de manera estrecha dichas garantías fundamentales (Ferrer

Mac-Gregor, 2010), a la persona, razón por la cual la Constitución de 1991, según la jurisprudencia

constitucional, no enlistó de manera específica, única y concreta, en el capítulo mencionado en apartes

anteriores, los derechos de carácter fundamental, puesto que esta denominación -la del capítulo I-no es

taxativa, sino indicativa (Barrero Rodríguez, 2001), para lo cual se dispuso en el Decreto 2591 de 1991,

desarrollando el artículo 86 superior, que “La acción de tutela garantiza los derechos constitucionales

fundamentales. Cuando una decisión de tutela se refiere a un derecho no señalado expresamente por la

Constitución como fundamental, pero cuya naturaleza permita su tutela para casos concretos, la Corte

Constitucional le dará prelación en la revisión a esta decisión.”, desprendiéndose de esta manera la

magnitud de garantías constitucionales que pudieron surgir en la legislación, con el fin de enriquecer el

concepto de persona y su dignidad humana, y que hacen nugatoria cualquier teoría encaminada a enhebrar
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en la taxatividad de los derechos fundamentales, al existir para la guardiana de la integridad y supremacía

de la Constitución, otros criterios de interpretación de los mismos. Por ende, para la Corte hay criterios

principales y subsidiarios de interpretación. Acoge como principales: el que se trate de un derecho esencial

de la persona y el reconocimiento expreso de la Constituyente (un caso ejemplificativo es el artículo 44

que se refiere a los derechos de los niños como derechos fundamentales); acoge como criterios auxiliares,

los cuáles no bastan por sí solos: la inclusión del derecho en tratados internacionales, que se trate de un

derecho de aplicación inmediata; que posea un "plus" para su modificación (se refiere a los que requieren

de referendo para ser reformados) y por último la ubicación y denominación (Los Derechos

fundamentales); concluyendo así que lo que se plantea de un modo más amplio, es que no solo los derechos

que están consagrados en la constitución con el calificativo de fundamental, serán susceptibles de la

protección a través de la acción de tutela, pues se deben estudiar circunstancias del caso concreto para la

consolidación de fundamentalidad con posterior examen de su naturaleza (Bechara Llanos, 2011), lo que

abre las puertas para hacer efectivos derechos que adquieran en determinado momento el status de

fundamental.
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CAPITULO III. PRINCIPAL JURISPRUDENCIA DE LA TUTELA QUE GARANTIZA EL

ACCESO A LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA

Siguiendo con la secuencia de la finalidad del presente escrito, en relación con el tema mencionado en el

capítulo anterior, referente a los derechos fundamentales, y más específicamente en la no taxatividad de

los mismos, se trae a estudio una prerrogativa total que no se encuentra enmarcada dentro de los

artículos11 al 41 de la carta política, sino que por el contrario, se encuentra consagrada en el canon 229

constitucional y que es uno de los principales objetos de estudio. En efecto, se estableció en la precitada

norma, que “Se garantiza el derecho de toda persona para acceder a la administración de justicia”,

constituyendo una potestad en cabeza de todas las personas, destinada a tener la posibilidad de poner en

funcionamiento el aparato jurisdiccional colombiano, en el momento que lo considerare necesario;

facultad ésta que vino a extenderse con la entrada en vigencia de la Ley de Administración de Justicia,

270 de 1996.

No obstante lo anterior, la construcción jurisprudencial que ha sido realizada por parte de la Corte

Constitucional, llega a profundizar de manera concreta en el contenido del derecho en mención, al punto

de asignarle la categoría de fundamental, tal y como se vislumbró en el año 1992, cuando se pronunció

acerca de que “El derecho fundamental de acceso efectivo a la administración de justicia impone a los

jueces el deber de actuar como celosos guardianes de la igualdad sustancial de las partes vinculadas al

proceso” (T-006, 1992), imponiéndole por primera vez el carácter de protección de reforzada, lo cual más

adelante se sumó para dejar claro “que el acceso a la justicia no significa, la simple presencia muda y

pasiva de las partes sino la posibilidad concreta de utilizar plenamente todos los instrumentos

enderezados a hacer conocer del fallador los intereses y derechos en conflicto sobre los cuales habrá de

producir su decisión.”(T-597, 1992).


26

Aunado a lo anterior, se pronunció la alta corporación de manera directa y concisa acerca de que “El

acceso a la administración de justicia es un derecho fundamental cuyo alcance no puede concebirse

dentro de los estrechos moldes de una posibilidad formal de llegar ante los jueces, o en la simple

existencia de una estructura judicial lista a atender las demandas de los asociados. Su núcleo esencial

reside en la certidumbre de que, ante los estrados judiciales, serán surtidos los procesos a la luz del orden

jurídico aplicable, con la objetividad y la suficiencia probatoria que aseguren un real y ponderado

conocimiento del fallador acerca de los hechos materia de su decisión.”(T-004, 1995), generando

diamantinamente la existencia de un ámbito mucho más amplio al señalado en el artículo 229 superior,

pues para ese momento el hecho de tener la posibilidad de ejercitar el derecho de acción, como aquel

poder jurídico autónomo para poner en funcionamiento el aparato jurisdiccional, era rebozado por un

conjunto de derechos que se adherían directamente a dicha prerrogativa.

Esta inicial determinación del núcleo esencial del derecho de acceso a la administración de justicia puso

su acento, sobre todo en el derecho a fallo, en el derecho a la valoración del material allegado, tratando de

impedir de esta manera, el suceso de los fallos inhibitorios, negación misma del derecho (Quinche

Ramírez, 2005), con lo que hacían cada vez más efectivos los fines del Estado y la materialización y

efectividad de los derechos consagrados en la carta magna a favor de todas y cada una de las personas,

que esperanzadas en dirimir sus controversias acudían al órgano judicial.

Desde este punto de vista, y atendiendo las circunstancias sociales y económicas del país, anexas a las

desavenencias que a diario se presentaban y que desembocaban en litigios judiciales, se fue ampliando

jurisprudencialmente el contenido del referido derecho fundamental pluricitado, hasta llegar a determinar

que “La omisión de una actuación judicial de la cual depende el ejercicio de un derecho fundamental,

escapa a toda justificación y desnaturaliza lo jurídico para convertirlo en una mera práctica de poder y

en ejercicio anormal de la función jurisdiccional. El acceso a la justicia, como derecho fundamental, no


27

se entiende como simple posibilidad de ser parte de un proceso judicial. Integra dicho derecho la facultad

de hacer uso de los recursos legalmente establecidos, de modo que la persona pueda hacer valer sus

derechos e intereses.”(T-055, 1994), dejando sentado una nueva ampliación del derecho cardinal

planteado, por lo que con los pronunciamientos jurisprudenciales, vino a ser superada esta consideración

meramente formal del derecho y del proceso, al entenderse que el derecho de acceso a la administración

de justicia debía ser considerado integralmente durante las diversas etapas del proceso, y muy

especialmente cuando el usuario, enfrentado a decisiones de fondo, contara con la posibilidad eventual de

impugnar los proveídos (Quinche Ramírez, 2005).

De esta manera fue avanzando a pasos largos, una garantía especialísima, íntima con otros derechos

constitucionales fundamentales e incrustada al modelo propio de Estado Social de Derecho reinante.

Con todo, viene en el año 1998, después de presentarse una transgresión de derechos con protección

reforzada, el transcurrir de un caso particular en el cual la Corte Constitucional dejó sentado

palmariamente un nuevo progreso y aún más, un llamado de atención dirigido a buscar la preservación y

materialización del derecho fundamental de acceso a la administración de justicia, señalando “El acceso

a la administración de justicia, se constituye para el individuo en una necesidad inherente a su condición

y naturaleza, sin él los sujetos y la sociedad misma no podrían desarrollarse y carecerían de un

instrumento esencial para garantizar su convivencia armónica, como es la aplicación oportuna y eficaz

del ordenamiento jurídico que rige a la sociedad, y se daría paso a la primacía del interés particular

sobre el general, contrariando postulados básicos del modelo de organización jurídica-política por el

cual optó el Constituyente de 1991. Así, el acceso a la administración de justicia se erige en nuestro

ordenamiento superior como un derecho fundamental de los individuos, que como tal prevalece y goza

de protección especial por parte del Estado. Ahora bien, la realización de dicho derecho no se agota en

la posibilidad real que debe tener cualquier persona de presentar sus solicitudes o de plantear sus
28

pretensiones ante las respectivas instancias judiciales, ese es apenas uno de los componentes de dicho

derecho, el efectivo acceso a la administración de justicia, como lo ha precisado esta Corporación, se

logra, "...cuando, dentro de determinadas circunstancias y con arreglo a la ley, el juez garantiza igualdad

a las partes, analiza las pruebas, llega a un libre convencimiento, aplica la Constitución y la ley y, si es

el caso, proclama la vigencia y realización de los derechos amenazados o vulnerados. Es dentro de este

marco que la Corte Constitucional no ha vacilado en calificar al derecho al que hace alusión la norma

que se revisa -que está contenida en los artículos 29 y 229 de la Carta Política- como uno de los derechos

fundamentales, susceptible de protección jurídica inmediata a través de mecanismos como la acción de

tutela prevista en el artículo 86 superior."(T-476, 1998), lo que indudablemente en esta nueva oportunidad

y de manera incesante, sirvió para permear a ultranza la definición hasta a ahora concretada del derecho

mencionado.

Seguidamente, en una situación reciente que data del año 2011, se acogió la posición de que el

cumplimiento de las providencias judiciales emitidas por las autoridades correspondientes, hacían parte

integral del aludido derecho medular, ampliando en mayor proporción su campo de acción, para lo que se

manifestó que el derecho de acceso a la administración de justicia “no se agota en la posibilidad que

tienen los ciudadanos de acudir y plantear un problema ante las autoridades judiciales, sino que su

materialización implica que el mismo sea resuelto y que, si hay lugar a ello, se cumpla de manera efectiva

lo ordenado por el operador jurídico. Como corolario lógico de lo anterior esta Corporación ha aceptado

la procedencia de la acción de tutela para reclamar el cumplimiento de las decisiones judiciales

ejecutoriadas. No obstante, en relación con la procedencia de la acción de tutela para proteger derechos

fundamentales vulnerados como consecuencia del incumplimiento de un fallo emitido por una autoridad

que ejerce funciones jurisdiccionales, la Corte ha tenido presente la obligación contenida en el mismo,

diferenciando entre las obligaciones de dar y hacer.”, por ende a las decisiones a las que les fuera
29

impuesta óbice o talanquera alguna, con el fin de no materializarlas y hacerles ilusoria, se les abría la

puerta para exigir su cumplimiento y así no dejar en el limbo jurídico determinado derecho.

Como corolario de lo anterior, se desprende que el derecho de acceso a la administración de justicia no

juega un papel totalmente autónomo e independiente, sino que por el contrario, en la mayoría de las veces

va ligado de un derecho fundamental, que se incrusta en su contenido y el cual es el debido proceso,

establecido en el artículo 29 superior, los cuales van de la mano, a favor de la persona.

DESARROLLO JURISPRUDENCIAL

Acción de Tutela contra decisiones Administrativas

T-706 de 2012 MP, LUIS ERNESTO VARGAS SILVA

Problema jurídico: Determinar si la acción de Tutela procede para cuestionar actos administrativos.

Como principio fundamental la acción de Tutela es improcedente como mecanismo principal y definitivo,

para proteger derechos fundamentales que resulten amenazados o vulnerados con ocasión de la expedición

de actos administrativos, ya que para controvertir la legalidad de ellos el ordenamiento jurídico prevé las

acciones contencioso-administrativas en las cuales se puede solicitar desde la demanda como medida

cautelar la suspensión del acto.No obstante, la jurisprudencia constitucional ha trazado dos subreglas

excepcionales en las cuales el carácter subsidiario de la acción de tutela no impide su utilización a pesar

de existir mecanismos alternos de defensa judicial al alcance del interesado. Esas subreglas se sintetizan

en que procede excepcionalmente la tutela contra actos administrativos (i) cuando el accionante la ejerce

como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable, el cual debe cumplir con los requisitos

de ser inminente, de requerir medidas urgentes, de ser grave y de ser impostergable; y, (ii) cuando el medio

de defensa existe, pero en la práctica es ineficaz para amparar el derecho fundamental cuya protección se
30

invoca y que en caso de no ser garantizado con prontitud, se traduce en un claro perjuicio para el

accionante.

Corresponde al juez constitucional evaluar si el mecanismo judicial de defensa con que cuenta el

accionante, resulta ser idóneo e eficaz para ventilar y frenar la afectación de derechos fundamentales como

el debido proceso y también deberá corresponde al juez constitucional evaluar si el mecanismo judicial de

defensa con que cuenta el accionante, resulta ser idóneo e eficaz para ventilar y frenar la afectación de

derechos fundamentales como el debido proceso.

En este orden de ideas, (i) por regla general la tutela es improcedente para cuestionar actos administrativos

porque para controvertir su legalidad existen las acciones contenciosas administrativas; (ii) las dos

excepciones a esa regla general que terminan habilitando el amparo constitucional se presentan cuando

el accionante ejerce la tutela como mecanismo transitorio para evitar un perjuicio irremediable, o cuando

a pesar de contar con el medio de defensa judicial, el mismo se torna ineficaz para proteger el derecho

fundamental que se invoca, caso en el cual el amparo procede de manera definitiva; y, (iii) en los dos

casos excepcionales antedichos, corresponde al juez de tutela valorar la situación fáctica en procura de

impartir una decisión que se ajuste a la realidad y que garantice los derechos fundamentales del accionante.

ACCIÒN DE TUTELA PROCEDENCIA EXCEPCIONAL, AUNQUE EXISTAN MECANISMOS

DE DEFENSA JUDICIAL

T-052 2014 MP, ALBERTO ROJAS RIOS

El artículo 86 constitucional consagra la acción de tutela como un mecanismo de protección inmediata y

efectiva de los derechos fundamentales de las personas, cuando quiera que éstos resulten vulnerados o

amenazados por la acción u omisión de las autoridades públicas o de los particulares en los casos

establecidos en la Constitución y en la ley.


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En virtud del principio de subsidiariedad como requisito de procedibilidad de la acción de tutela, esta

Corporación ha sostenido que en los casos en que existan medios judiciales ordinarios de protección al

alcance del actor, el amparo será procedente si el juez constitucional logra determinar que: (i) los

mecanismos y recursos ordinarios de defensa no son suficientemente idóneos y eficaces para garantizar la

protección de los derechos presuntamente vulnerados o amenazados; (ii) se requiere el amparo

constitucional como mecanismo transitorio, pues, de lo contrario, el actor se vería frente a la ocurrencia

inminente de un perjuicio irremediable frente a sus derechos fundamentales; y, (iii) el titular de los

derechos fundamentales amenazados o vulnerados es un sujeto de especial protección constitucional.

La jurisprudencia constitucional, ha indicado con respecto a los requisitos para la inminencia del perjuicio

irremediable, que debe acreditarse en el caso concreto que dicho perjuicio es: (i) inminente, es decir, que

se trate de una amenaza que está por suceder prontamente; (ii) grave, esto es, que el daño o menoscabo

material o moral en el haber jurídico de la persona sea de gran intensidad; (iii) de tal magnitud que las

medidas que se requieren para conjurarlo sean urgentes; y (iv) de tal magnitud que la acción de tutela

sea impostergable a fin de garantizar que sea adecuada para restablecer el orden social justo en toda su

integridad”.

Ahora bien, por regla general la acción de amparo constitucional resulta improcedente para el

reconocimiento de pensiones, pues para reclamar esa pretensión existen otros mecanismos judiciales de

defensa judicial. No obstante, lo anterior, el amparo constitucional será viable excepcionalmente cuando

en el caso sujeto de examen concurran las siguientes condiciones: i) cuando no existan otras acciones

legales, (ii) cuando existiendo éstas no fueren idóneas para poner fin a la amenaza o vulneración de los

derechos fundamentales del tutelante, o (iii) cuando la acción de tutela resulte necesaria para evitar la

consumación de un perjuicio irremediable.


32

De manera reiterada la Corte también ha entendido que los medios ordinarios de defensa judicial no son

idóneos para la protección de un derecho fundamental, dada la condición de sujeto de especial protección

constitucional -especialmente en el caso de las personas de la tercera edad y de los discapacitados- así

como la circunstancia de debilidad manifiesta en la que se encuentre el accionante. De ahí que, por

ejemplo, cuando la pretensión se relaciona con el reconocimiento de la pensión de vejez, se estime que “el

mecanismo ordinario resulta ineficaz si es probable que la persona no exista para el momento en el que se

adopte un fallo definitivo tomando en cuenta el tiempo considerable que demora un proceso de esta índole

y la edad del actor. En este sentido, en concordancia con el carácter fundamental del derecho a la seguridad

social, se debe indicar que la condición de sujeto de especial protección constitucional refuerza la

necesidad de conceder la protección invocada de manera definitiva y de ordenar las medidas requeridas

para la efectividad del derecho, pero no constituye un criterio para examinar la procedibilidad de la acción

de tutela”.

Por lo tanto, se debe verificar en cada caso en concreto si no obstante existan mecanismos ordinarios de

protección judicial, estos resultan idóneos para la protección de los derechos fundamentales de sujetos de

especial de protección constitucional como las personas de tercera edad, ya que en ocasiones el trámite

por las vías ordinarias implica una carga desproporcionada para dichos sujetos.

Vale la pena anotar sobre el tema de la evaluación del cumplimiento del requisito de subsidiariedad que

existen ocasiones en las que, a pesar de existir mecanismos judiciales ordinarios para el trámite de las

pretensiones expuestas en sede de tutela, de manera excepcional, se hace necesario flexibilizar el alcance

del principio de subsidiariedad, la efectividad del mecanismo ordinario disponible y ponderar la situación

concreta del actor, de modo que no se le imponga una carga desproporcionada a quien no es capaz de

soportarla. Es así como “el amparo constitucional procede con el fin de salvaguardar bienes cuya

inmediata protección resulta necesaria, siempre y cuando los medios ordinarios de defensa judicial
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existentes, atendiendo a las condiciones del caso concreto, resulten insuficientes para lograr dicho

cometido”.

T 262 2014 MP NILSON PINILLA PINILLA

La acción de tutela es un mecanismo constitucional de carácter excepcional, orientado a la protección

directa, inmediata y efectiva de los derechos fundamentales de todas las personas, cuando resulten

vulnerados o amenazados por la acción u omisión de las autoridades, y de los particulares en los casos

definidos normativamente.

No obstante, de manera excepcional se ha reconocido, restablecido y ordenado pagar derechos pensionales

por vía de tutela, aún en presencia de otros medios de defensa judicial, si tales medios no son idóneos y

oportunos, o hay inminencia de un perjuicio irremediable, o cuando se advierte que de tal reconocimiento

depende la protección de otros derechos, fundamentales por su propia naturaleza.

De tal manera, al momento de efectuar el análisis de procedibilidad, el juez constitucional valorará las

circunstancias del caso concreto, para determinar la viabilidad de esta vía judicial excepcional, observando

si el asunto planteado trasciende del nivel legal para convertirse en uno de carácter constitucional, evento

en el cual la protección por este medio es adecuada.

ACCIÓN DE TUTELA CONTRA DECISIONES JUDICIALES

T- 137 2014 MP JORGE IGNACIO PRETELTCHALJUB

Toda autoridad del Estado en ejercicio de funciones judiciales es una autoridad púbica que debe ajustar

sus decisiones a la Constitución y a la Ley, así como garantizar la efectividad de los principios, deberes,

y derechos fundamentales reconocidos en el cuerpo constitucional. Es por esta razón que la Corte

Constitucional ha reconocido la posibilidad de ejercer la acción de tutela en contra de decisiones judiciales,


34

especialmente para proteger el derecho fundamental al debido proceso cuando las autoridades judiciales

se apartan arbitrariamente de los mandatos constitucionales.

El artículo 86 de la Constitucional Política, dispone que la tutela procede contra toda acción o la omisión

de cualquier autoridad pública, razón por la cual, el Decreto 2591 de 1991, en un principio previó en sus

artículos 11, 12 y 40 la posibilidad de ejercer la acción de tutela en contra de decisiones judiciales; no

obstante, mediante Sentencia C-543 de 19921, esta Corporación declaró inexequibles los artículos

mencionados al haber considerado que estos violaban los principios de autonomía judicial, seguridad

jurídica y cosa juzgada, y que además la acción de tutela no había sido concebida para impugnar las

decisiones de los jueces.

Sin embargo, la Corte no coartó en forma absoluta la posibilidad de ejercer la acción de tutela en contra

de decisiones judiciales, al haber construido el concepto de vías de hecho a partir del mismo año 1992, es

decir, decisiones manifiestamente arbitrarias porque: (i) se basaron en normas inaplicables; (ii) se

profirieron con inexistencia de competencia para ello; (iii) hubo una incorrecta valoración

probatoria; (iv) el juez incurrió en un defecto procedimental absoluto.

En el año 2005, la Corte profirió la Sentencia C-590, mediante la cual replanteó la doctrina de las vías de

hecho y determinó que la jurisprudencia constitucional ha distinguido entre unos requisitos generales de

procedencia de la acción de tutela y otros específicos de procedibilidad. Los primeros hacen referencia los

elementos sustanciales y procesales que deben adecuarse y guardar coherencia con los valores y principios

constitucionales. Los segundos se relacionan con los defectos en que puede incurrir una decisión judicial

y que la hacen incompatible con la Constitución.

1. Requisitos generales de procedencia


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La jurisprudencia constitucional ha desarrollado los requisitos generales procedencia de la acción de tutela

como aquellos elementos que conservan la naturaleza misma de la acción. La Corte ha definido cinco

elementos que deben cumplirse para considerar que la solicitud es susceptible de ser analizada de fondo,

los cuales, podemos identificar así: (i) que el asunto sea de relevancia constitucional; (ii) que se hayan

agotado previamente todos los mecanismos de defensa ordinarios y extraordinarios; (iii) que la solicitud

sea presentada en un término razonable que demuestre la condición apremiante del actor; (iv)que las

irregularidades procesales que se aleguen tengan incidencia directa en la decisión; (v) que no sea

interpuesta contra otra sentencia de tutela.

Se tiene entonces, que los criterios generales para la procedencia de la acción de tutela, de acuerdo con

la jurisprudencia constitucional, son los siguientes: “(i) Se requiere, en primer lugar, que la cuestión

discutida resulte de evidente relevancia constitucional y que, como en cualquier acción de tutela, esté

acreditada la vulneración de un derecho fundamental, requisito sine qua non de esta acción de tutela que,

en estos casos, exige una carga especial al actor; (ii) que la persona afectada haya agotado todos los

medios ordinarios y extraordinarios de defensa judicial a su alcance y haya alegado, en sede judicial

ordinaria, y siempre que ello fuera posible, la cuestión iusfundamental que alega en sede de tutela; (iii)

que se cumpla el requisito de la inmediatez, es decir, que la tutela se hubiere interpuesto en un término

razonable y proporcionado a partir del hecho que originó la vulneración; (vi) en el caso de

irregularidades procesales, se requiere que éstas tengan un efecto decisivo en la decisión de fondo que

se impugna; y (v) que no se trate de sentencias de tutela”.

2. Requisitos específicos de procedibilidad de la acción de tutela

Estos requisitos hacen referencia a ciertos defectos en los cuales puede incurrir la apreciación judicial

al momento de tomar una decisión, los cuales la vuelven incompatible con la Constitución. Podemos
36

identificarlos como: “(i) defecto orgánico, que se presenta cuando el funcionario judicial que profirió la

providencia impugnada, carece, absolutamente, de competencia para ello; (ii) defecto procedimental

absoluto, que se origina cuando el juez actuó completamente al margen del procedimiento establecido o

vulneró de manera definitiva el debido proceso constitucional del actor; (iii) defecto fáctico, que surge

cuando el juez carece del apoyo probatorio que permita la aplicación del supuesto legal en el que se

sustenta la decisión o cuando deja de decretar o de valorar pruebas absolutamente necesarias –

imprescindibles y pertinentes - para adoptar la decisión de fondo; (iv) defecto material o sustantivo, que

surge cuando el juez decide con base en normas inexistentes o inconstitucionales; cuando se presenta una

evidente y grosera contradicción entre los fundamentos y la decisión; cuando hay absoluta falta de

motivación; o cuando la Corte Constitucional como intérprete autorizado de la Constitución, establece,

con carácter de precedente, el alcance de un derecho fundamental y el juez ordinario, sin motivación

suficiente, contraria dicha decisión;(v) Error inducido, que se presenta cuando el juez o tribunal fue

víctima de un engaño o error grave, por parte de terceros y ese engaño o error, lo condujo a la toma de

una decisión que afecta derechos fundamentales”..

Con esta conceptualización, podemos notar el carácter residual y subsidiario que el legislador imprimió a

la acción constitucional de tutela, con el fin de salvaguardar la competencia del juez natural y honrar los

mecanismos judiciales de defensa que el legislador previamente o simultáneamente ha establecido. En

este sentido, al analizar el principio democrático de la autonomía funcional del juez, esta Corporación

afirmó que el juez de tutela no puede extender su decisión para resolver la cuestión litigiosa, obstaculizar

el ejercicio de diligencias ordenadas por el juez ordinario, ni modificar sus providencias, o cambiar las

formas propias de cada juicio, lo cual sí violaría gravemente los principios constituciones del debido

proceso.
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CAPÍTULO IV. RELACIÓN ENTRE LA ACCIÓN DE TUTELA, EL JUEZ CONSTITUCIONAL

Y EL DERECHO FUNDAMENTAL DE ACCESO A LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA

En Colombia hay dos sistemas procesales; el inquisitivo y el dispositivo.

El sistema dispositivo se confiere a las partes el dominio del procedimiento y sus reglas son que: el juez

no puede iniciar de oficio el proceso, dando eso lugar el principio de demanda, según el cual: nemo iudex

sine actore, ne procedat iudex ex officio., se dice que en materia civil, el juez no puede iniciar el proceso

sin previa demanda de parte; tampoco puede el juez en el Sistema Dispositivo, tener en cuenta hechos ni

medios de prueba que no han sido aportados por las partes. Esto es lo que se conoce como principio de

presentación, por el cual Quod non est in actis nos est in mundo (lo que no esté consignado dentro del

proceso no está en el mundo del juicio) el Juez debe resolver de acuerdo a lo que este contenido en el

proceso es decir los elementos materia de prueba los cuales le dan la verdad del proceso.

Para Alvarado velloso el sistema dispositivo o acusatorio es “un método bilateral en el cual dos sujetos

naturalmente desiguales, discuten antagónicamente y pacíficamente en situación de igualdad jurídica

asegurada por un tercero imparcial que actúa al efecto en carácter de autoridad, dirigiendo y regulando el

debate para llegado el caso sentenciar la pretensión discutida”.

Sostiene Alvarado Velloso “como natural consecuencia de ello, el juez actuante en el litigio carece de

poder impulsorio, ha de aceptar como ciertos los hechos admitidos por las partes, así como conformarse

con los medios de prueba que ellas aporten y debe resolver de acuerdo con el mandato legal y ajustándose

estrictamente a lo que es materia de controversia en función de lo que fue afirmado y negado en las

respectivas etapas”.

El sistema inquisitivo: el juez investiga de oficio sin otras limitaciones que las que impone la ley, la verdad

material con prescindencia de la actividad de las partes. Esto se conoce como Principio de Investigación
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Judicial y no solo puede el juez iniciar de oficio el proceso sino que está facultado para averiguar los

hechos, descubriéndolos a través de los que ya conociere y buscando averiguar la verdad material. Entre

nosotros, en el aspecto civil, tenemos un procedimiento mediato, preclusivo y escrito. En penal, es donde

opera con mayor realización el Sistema Inquisitivo, pues los delitos de acción pública son investigados

directamente por el Tribunal, mediante autos de proceder, sin que prive previamente la actividad de las

partes.

Si observamos los dos sistemas, se advierte que en el Sistema Dispositivo corresponde a las partes el

ejercicio de la pretensión y ellas fijan la cuestión litigiosa, es decir, el tema decidendum; establecen los

hechos y utilizan los medios de prueba que estimen más ventajosos dentro de lo permitido por la ley. En

este caso el papel del juez es pasivo. En cambio, en el Sistema Inquisitivo el juez actúa activamente,

averigua los hechos y trata de descubrir la verdad material frente a la verdad formal. Sin embargo, los

sistemas en verdad no son absolutos, porque no hay un proceso puramente Dispositivo o Inquisitivo. En

el Sistema Dispositivo, se admiten ciertas facultades por las cuales el Juez puede completar su

conocimiento de los hechos. Por eso no puede hablarse de la prevalencia de un Sistema sobre el otro.

Esto nos lleva a adentrarnos en otro tema que es importante para el tema sub examine y es el activismo y

el garantismo judicial, como se dijo antes el sistema inquisitivo y dispositivo imponen un papel dentro del

proceso al juez, en un sistema el juez es activo, y busca la verdad material lo que se denomina la verdad

verdadera, y lo que la doctrina denomina activismo judicial, en el otro sistema el juez es pasivo, no

realiza ninguna actuación, ya que realizarla seria romper con el principio de imparcialidad, en este sistema

el juez llega a un convencimiento únicamente con lo que las partes le lleven al proceso, esto se denomina

verdad formal, y lo que la doctrina denomina garantismo judicial,


39

Garantismo procesal. Para Alvarado velloso el garantismo procesal es una corriente filosófica “donde los

jueces _insisto en que comprometidos solo con la ley- declaren la certeza de las relaciones jurídicas

conflictivas otorgando un adecuado derecho de defensa a todos los interesados y resguardando la igualdad

procesal con una clara imparcialidad funcional para, así, hacer plenamente efectiva la tutela legal de todos

los derechos”. Activismo judicial; El término activismo judicial hace referencia a la práctica y concepción

del juez como limitador de los demás poderes del Estado a través de la aplicación de la Constitución y los

derechos fundamentales. Reclama un mayor protagonismo de los tribunales y que las sentencias sean

creadoras de Derecho (yendo más allá de la mera interpretación), con la intención de generar un cambio

en la legislación, la jurisprudencia o la sociedad. Responde al fenómeno judicial manifestado de manera

tanto internacional como nacional. El primer uso del término se asigna al juez federal estadounidense

Wayne, el cual destaca dos formas de ver el fenómeno. La primera de manera jurisprudencial, al declarar

judicialmente ciertos valores o conferir determinados derechos a ciertos grupos sociales; o, de otra forma,

al tomar la decisión del juez para defender un derecho vulnerado al señalar que ese remedio judicial invade

la competencia de otros órganos, como el caso de la política. Ahora bien teniendo en cuenta lo anterior

podemos establecer dos cosas, la primera es que en la corriente filosófica del garantismo procesal, el juez

es un aplicador de la norma, el vela únicamente por que la ley es estricto sentido se aplique, esto dará a

las partes una igualdad ante la ley, ya que si este toma partido por alguno rompería con el principio de

igualdad e imparcialidad, es por esto que el juez en la corriente filosófica del garantismo no puede decretar

pruebas que aunque sean necesarias para llegar a la verdad estén por fuera de las aportadas por las partes.

Esta corriente creo se adapta más al estado de derecho donde prima la ley sobre los individuos. Lo segundo

que podemos establecer es qué dentro de la corriente filosófica del activismo judicial, el papel del juez es

más amplio el no solo aplica la ley, el juez va más allá, a este le importa llegar a una verdad material, y

hace parte activa dentro del proceso, el juez no solo se conforma con las pruebas allegadas al proceso si
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no que si evidencia que hace falta una prueba que es determinante para llegar a la verdad material la

decretara, esto crea un orden jurídico justo. A lo largo de este ensayo hemos establecido los sistemas

filosóficos que establecen el papel del juez dentro del proceso, sobre todo en lo relacionado a la parte

probatoria del proceso, y es de resaltar que lo que se busca mediante un proceso es llegar a la verdad,

verdad que se establece con las pruebas que se aportan al proceso por los interesados, esta puede ser una

verdad real, o una verdad material, en un sistema el funcionario se atiene a lo que las partes en materia

probatoria alleguen al proceso y con base en ello falla, en el otro sistema el funcionario judicial, no se

conforma con la verdad que refleja las pruebas aportadas al proceso por las partes, si no que busca la

prueba que lo lleve a la verdad real. En un Estado Social de Derecho como el Colombiano, el papel del

juez constitucional en los procesos, debe ser de activista, aplicando no solo la ley sino principios valores

y normas constitucionales, este debe dar una verdadera igualdad dentro de los procesos que como ya se

ha visto siempre hay una parte dominante y una débil, es papel del juez poner en igualdad de condiciones

a las partes del proceso, y esto lo ha entendido el legislador colombiano ya que con el nuevo Código

general del Proceso, estableció en el artículo cuarto una cláusula de igualdad de las partes, y le concede

un poder especial al juez y es usar todos los poderes que le sean útiles que estén contenidos en este Código

con el fin de lograr la igualdad real de las partes, y esto lo confirma con las normas contenidas en los

artículos 6,8,11,13,42,78,167,168,170,171,198,241 entre otros. Es así que el papel del juez constitucional

en materia probatoria, en el estado social de derecho, es el de dar y velar por asegurar primero la igualdad

de las partes y segundo llegar a la verdad real. Esto lleva a un cambio social, ya que se crea confianza en

las instituciones, y materializa el Estado Social de Derecho.

Profundizando en este momento en el examen de la relación existente entre la acción de tutela, el juez

constitucional y el derecho fundamental de acceso a la administración de justicia, se vislumbra de manera

diáfana, que cuando en ejercicio del mecanismo de protección procesal de tutela, en el cual se manifieste
41

la presunta amenaza o vulneración del derecho fundamental de acceso a la administración de tutela, el

juez constitucional en su carácter de protector de los garantías medulares y constitucionales, desempeña

un papel de inmensa relevancia, pues como se esgrimió en los capítulos anteriores, y que ha sido emitido

por la Corte Constitucional, el juzgador de amparo debe propender por conocer lo más próximo posible

la relación fáctica que se presenta, y coetáneamente, en virtud de los principios de oficiosidad,

informalidad y primacía del derecho sustancial sobre el procesal que rigen a la acción de tutela, lograr con

la suficiencia probatoria requerida, que se asegure el conocimiento de los hechos que sustenta la decisión

de fondo a proferir, sin limitarse simplemente a manifestar que el acudir a un estrado judicial es suficiente

para materializar un derecho de tan alta importancia para un modelo de Estado Social Constitucional y

Democrático de Derecho como el colombiano. Sobre éste punto, a través de la sentenciaT-348 de 1993,

Magistrado Ponente Dr. Hernando Herrera Vergara, se dijo “Los Jueces de la República tienen más que

una función, una misión que cumplir, y que cuando por su negligencia o por un hecho imputable a él,

como el error o la omisión injustificada no lo hacen, los afectados no deben ser sometidos a soluciones

que impliquen una carga adicional, pues ello contraría el espíritu y la filosofía que inspira la

administración de justicia como servicio público esencial.”, lo que exige una mayor relevancia en aquellas

situaciones en las que estén en juego derechos constitucionales de carácter fundamental, pues la misión

encomendada por la carta política y el espíritu del constituyente, al otorgar un protección reforzada a unos

determinados derechos, hace imperiosa la proactividad del desempeño de los jueces en sede de tutela.

Como colofón de todo lo manifestado, la estrecha relación que se presenta entre los tres puntos cardinales

del presente trabajo, deja entrever que las herramientas que fueron implementadas a través de la carta

magna de 1991, y que para el presente asunto hacen referencia a la acción de tutela, buscaron materializar

y efectivizar los derechos constitucionales fundamentales reconocidos tanto en el Título II, Capítulo I de

la norma superior, como todos aquellos que cumplieran con los parámetros así planteados, entre ellos, el
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derecho de acceso a la administración de justicia, imponiendo una inmensa e incesante labor en manos de

los jueces de tutela, de llegar al convencimiento necesario para hacer realidad los postulados del modelo

de Estado que nos rige en la actualidad.


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CONCLUSIONES

Se concluye entonces del presente trabajo lo siguiente:

1.Que el mecanismo de protección procesal de tutela establecido en la Constitución Política de 1991,

busca de manera directa la protección de los derechos constitucionales fundamentales,

independientemente de que estos se encuentren enlistados dentro de los artículos 11 al 41 ibídem, o se

hallen dentro cualquiera otra determinación de la que se puedan derivar.

2. Que el derecho fundamental de acceso a la administración de justicia, por medio de la evolución

jurisprudencial desarrollada por la Corte Constitucional colombiana, ha alcanzado un nivel más alto de

protección para las personas que en sede de tutela lo invocan o se denota afectado oficiosamente por el

juez, sin limitar sus efectos a la sencilla posibilidad de acudir a la jurisdicción.

3. Que los jueces constitucionales, al conocer de acciones de tutela en las cuales de invoque o denote la

amenaza o vulneración del derecho fundamental de acceso a la administración de justicia, desempeñan un

papel esencial para propender por la búsqueda de una justicia material y real, basada en la protección de

los derechos constitucionales.

4. Los Jueces de la Republica son Jueces Constitucionales.

5. El Juez Constitucional tiene dos funciones tiene dos funciones primordiales en el estado social de

derecho es llegar a la verdad real, esto fortalece el estado social de derecho, y garantiza que se concreten

los derechos constitucionales fundamentales y segunda llegar a la igualdad de las partes en el proceso

actuando conforme lo establece la constitución y la ley en pro de la parte débil del proceso.
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