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El Costo de la Seguridad (o su inversa, el

precio de lnseguridad)

La formación que tienen los contadores de las empresas, la formación gerencial y la


motivación de los altos directivos, sobre todo en Latinoamérica, está fuertemente
vinculada a la inestabilidad económica que rige en los diferentes países donde están
radicadas las empresas.

En otros términos: primero se debe tratar de subsistir a los avatares de estas economías
inestables y luego intentar prosperar y crecer.

Muchísimos problemas delictivos son producto de estos errores macroeconómicos: el


insider o delincuente interno, las redes de tráfico de mercaderías y materias primas
robadas, la violencia laboral, la virulencia sindical, y acciones más directas como los
robos, asaltos y homicidios.
Sumado a esto nos encontramos también a los desfalcos o delitos llamados “de cuello
blanco” causados por personal de alto rango en las empresas: gerentes, directores,
CEOS, y también los causados por los hackers que roban información para venderla a
organizaciones delictivas o al mejor postor y que superan en millones a los robo
hormiga de los que tanto hablamos.
Esto constituye, en conjunto, la inseguridad. Cualquiera de los factores mencionados
puede detener las operaciones de una empresa o, incluso, hacerla quebrar.

Cuando un gerente me pregunta los costos de determinada política de seguridad siempre


respondo: ¿y usted determinó cuánto le cuesta la inseguridad? ¿Por qué no prueba
primero con la inseguridad total, hace un presupuesto de base cero hasta que le roben
todo y después me vuelve a consultar?

Muchos dicen que la seguridad es muy difícil de contabilizar; para los que sostienen
esta postura la seguridad es, aparentemente, un gasto, no una inversión ya que no
reditúa ningún beneficio evidente. Evidentemente están aplicando de forma equivocada
las matemáticas financieras o la contabilidad.
Si se establece una ecuación básica del ROI o “retorno sobre la inversión”, se verá que
las curvas de riesgos decrecen en función de las curvas de inversión en seguridad, es
decir: son inversamente proporcionales. A mayor seguridad, menor riesgo y viceversa.
Es muy interesante observar que ambas curvas son similares pero inversas en su
polaridad o signo.

¿Podría, por ejemplo, una empresa funcionar sin contratar seguros –de vida, de
transporte, de incendio, patrimonial, de caución-? Imposible. Puede una empresa
funcionar asumiendo las inseguridades sobre la totalidad de sus activos? Imposible, es
una decisión suicida.

Lo que cualquier empresa debe hacer antes de malgastar su tiempo consiste en


plantearse el punto de equilibrio entre riesgo y seguridad y determinar, en consecuencia,
cuánto de distante está de él. El punto de equilibrio es el óptimo entre dos variables: la
inversión en seguridad y el riesgo mitigado en función de esas inversiones. Una vez que
se resolvió esta incógnita ya llegó al 50% de la solución.

Toda inversión de seguridad que se aplique en su empresa, en la medida que se ajuste a


un plan de seguridad financieramente justificado en cada una de sus etapas, producirá
una merma en el riesgo empresarial. Esto no es difícil de comprender, si mil dólares
invertidos en seguridad, previenen la sustracción de 20 mil dólares de mercadería en
stock con robo hormiga no hay que pensarlo dos veces: se debe invertir ese capital ya
que su rendimiento es 20 veces mayor que el de la inversión realizada.
La inseguridad se justifica cuando el empresario no tiene fe en su propia empresa, no
valora sus propios esfuerzos ni el de sus empleados ni valora a sus clientes. Inseguridad
es sinónimo de dejadez, de falta de visión empresarial y de concentración exclusiva en
la misión más parcial de una empresa: generar rentabilidad.

Para muchos, el problema surge cuando intentan, en vano, tratar de justificar una
ganancia directa al implementar un plan de seguridad cuando no existe una
amenaza identificada plenamente, ya que la inversión no ofrecerá un rendimiento
económico tangible.

Ya se habrá dado cuenta que este problema es un ejercicio inútil: es el problema del
huevo y la gallina. Toda empresa es, actualmente, víctima del delito sin excepción, tanto
el delito interno o de parte de los insiders como el delito externo como el robo o el
hurto. Su empresa siempre está siendo víctima del delito, de alguna u otra manera.
Negarlo es no querer ver la realidad.
Le daré un ejemplo simple: si 10 empleados llegan 10 minutos tarde todos los días, y
cada hora se paga 10 dólares, esto, tan sencillo y habitual, le causa una pérdida de 4 mil
dólares al año. Es decir: le sustraen de su rentabilidad 4 mil dólares.

Ahora imagine que, en promedio, son 15 empleados que llegan 10 a 15 minutos tarde
todos los días. Sume aguinaldo, vacaciones, faltas injustificadas, paros sindicales, robo
hormiga, destrucción de herramientas y daño de vehículos. El monto del delito asciende
geométricamente a decenas o cientos de miles de dólares.

Y en este análisis no estoy sumando el robo externo, sustracciones, mercado negro y


otros elementos más como acciones judiciales, robo de propiedad intelectual,
sustracción de clientes por insiders pagados por firmas competidoras, etc. Etc.

¿Sigue creyendo que su empresa no sufre robos? Sigue pensando que la seguridad es un
gasto? Tome cada dólar que invierte en seguridad, multiplíquelo por diez y luego haga
sus cálculos anuales del ROI real que tendría que tener su empresa. Seguramente tenga
una grata sorpresa tanto para el directorio como para los accionistas y socios del
negocio.

La ganancia en seguridad no es difícil de cuantificar, tome una calculadora, dedique un


par de días y se dará cuenta de cuánto está perdiendo por hora por haber preferido
suplantar un plan de seguridad por un simple reloj de asistencia biométrico o algunas
cámaras de vigilancia. Así de sencillo.