Está en la página 1de 4

1

“… el nervio vivo de la patria se va a morir esperando la mentada reivindicación…”


“… mientras nos despojen y nos asesinen, mejor ni le hagan homenajes a Emiliano
Zapata…”
“… y que no crea el señor Presidente que vamos a pensar que él es honrado mientras
tenga achichincles rateros…”
Yo lo aplaudí larga y ostensiblemente. Tan ostensiblemente que el Diputado me cesó.
-¿No te das cuenta? ¡Imagínate si el señor Presidente se entera de que uno de mis
ayudantes aplaudió esa sarta de idioteces! Todos le debemos lealtad al señor
Presidente y no podemos estar con quien lo ataca.
-Pero si no lo atacó… dijo lo que debe hacerse…
-¿Y quién es ese huarachudo para decirle al señor presidente lo que debe hacerse?
-Bueno… es un ciudadano…
-¡Pues estaría jodido el señor presidente si le hiciera caso a todos los ciudadanos! ¿No
ves que son agitadores que viven criticando la obra de la Revolución? […]
Entonces recurrí a ti y dije con firmeza:
-Mi papá también hubiera aplaudido.
Como si te defendiera, el Diputado contestó rápido y categórico:
-¡Tu padre no era ningún pendejo! ¡Ya quisieras ser como él…!
Guarde silencio. Poco a poco fui bajando la cabeza. El Diputado me dio la espalda y
se alejó.
Todos lo siguieron. Me quede sólo.
Entonces ¿No era yo tú? (Vicens, 304 y 305).

El narrador poco fiable en la novela Los años falsos

La novela Los años falsos, escrita por Josefina Vicens, nos cuenta la historia de Luis Alfonso,

un joven cuya vida cambia de manera drástica tras la muerte de su padre, pues a partir de ese

momento debe asumir su identidad bajo la presión de su familia y allegados. Al tiempo que

rememora su pasado, Luis Alfonso nos dará a conocer la figura de su padre, mientras dialoga

en el presente cuáles fueron sus aciertos y errores, y le recrimina el hecho de haberle heredado

una vida bajo su sombra.

Inspirándome en el texto de David Lodge sobre el Narrador poco fiable procederé a hacer

un análisis de la obra, puesto que el protagonista de Los años falsos al momento de recordar

a su padre no parece tener una imagen del todo clara sobre él, puesto que esta se nos dará a

conocer conforme avance la historia.


2

Desde el momento en que inicia la novela, el lector ya podría desconfiar del narrador, puesto

que la frase inicial “Todos hemos venido a verme” (Vicens, 227) ya de por sí resulta extraña.

Poco a poco descubriremos el porqué de este inicio tan peculiar, pues al parecer nuestro

protagonista, Luis Alfonso, a veces tiende a hablar de su padre como si estuviera vivo o como

si ambos fuesen la misma persona y él hablara con su yo interno. La forma en que va

desentrañando su historia será de gran importancia, puesto que a veces nuestro narrador

pasará de una voz juvenil a una mucho más infantil, y es a través de esta como conoceremos

la figura de su padre.

David Lodge nos dice que “Un narrador poco fiable sirve precisamente para revelar de una

manera interesante la distancia que media entre la apariencia y la realidad, y para mostrar

cómo los seres humanos distorsionan o esconden ésta. No se trata necesariamente de una

intención consciente o maliciosa por su parte” (Lodge, 249). Luis Alfonso no parece del todo

seguro a la hora de hablar de su padre, puesto que su voz infantil parece formarse un ideal

erróneo respecto a él, y su voz de joven adulto se disputa entre los confusos sentimientos que

dejó tras su muerte, y estos a su vez nublan su juicio en diferentes ocasiones.

Desde pequeño Luis Alfonso ansía tener la atención de su padre. Lo ve con gran admiración

y aspira de manera impetuosa a ser como él. Esto es en extremo notable respecto a su

comportamiento, pues casi siempre lo imita o trata de persuadirlo con diferentes estrategias

para pasar más tiempo con él. Poco a poco, el lector se va dando cuenta del gran parecido

que hay entre ambos personajes, pero, a pesar de ello, también puede ver la enorme distancia

que los separa de ser la misma persona.

La mayor parte del tiempo la voz infantil predomina en la narración, ya que es de vital

importancia que las vivencias de Luis Alfonso durante ese periodo nos describan como
3

percibía a la figura de su padre cuando estaba vivo, y de esta manera logremos entender el

porqué de sus pensamientos en la actualidad, cuando visita su tumba. Los narradores

infantiles por lo general no pueden describir la realidad de forma certera, puesto que su visión

del mundo aún es muy inocente respecto a ciertos temas, y a veces tienden a asumir cosas

equivocas o se forman ideales erróneos, por lo que el lector se ve en la necesidad de

reflexionar y comprender aquello que su protagonista no es capaz de entender.

A partir de la muerte del padre la historia parece tornarse ligeramente oscura, puesto que

nuestro protagonista se da cuenta que la perspectiva de todos sus conocidos respecto a él ha

cambiado repentinamente, y él ha dejado de ser el pequeño Luis Alfonso y ha adoptado sin

querer la figura de su padre. Este hecho parece desequilibrarlo, pues se da cuenta de que su

antigua vida ya no existe, y para su madre y sus hermanas él se ha vuelto el hombre de la

casa, mientras que para los amigos de su padre él se ha vuelto parte de su grupo. En otras

palabras, su antigua vida ha muerto junto con su padre.

En cuanto Luis Alfonso inicia su transición hacia la adultez, poco a poco el ideal perfecto

que tiene con respecto a su difunto padre comienza a distorsionarse, pues conforme va

descubriendo más cosas sobre él se va dando cuenta de lo equivocado que estaba. Durante

esta etapa de la novela el lector parece desconfiar aún más de Luis Alfonso, pues cuando el

verdadero rostro de su padre va saliendo a la luz él se niega a develarlo por completo, y, tal

como dice Lodge, a veces tiende a disfrazar la realidad.

Sin embargo, hay un momento cumbre que consigue abrirle los ojos por completo, cuando

está en Morelos en la ceremonia a Emiliano Zapata, en el momento en que Luis Alfonso

comienza a aplaudirle a los campesinos disgustados y el Diputado enfurece ante su reacción.

Aquí es cuando el lector cae en la cuenta de que el protagonista, una vez que sabe la verdad,
4

al fin puede ver las cosas con claridad. En este momento parece haber un rompimiento, pues

el protagonista que tanto ha creído asemejarse a su padre al fin se da cuenta de la enorme

distancia que hay entre ellos, y una vez que descubre también a la amante tiene su gran

epifanía, pues ha desentrañado finalmente la verdadera cara de su padre.

En conclusión, Los años falsos es una novela en la que el lector se encargará de juzgar por

completo a la figura paterna, puesto que los sentimientos de nuestro protagonista y su visión

infantil nublan la verdadera identidad del personaje, que sólo podremos ver de forma clara

hasta el final, cuando Luis Alfonso consigue dejarlo atrás.

Bibliografía:

 Lodge, David. “El narrador poco fiable” en El arte de la ficción. Barcelona: Ediciones

Península, 2002.

 Vicens, Josefina. El libro vacío. Los años falsos. Pról. Aline Pettersson. México:

FCE, 2006.

Intereses relacionados