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tema 2 La impulsividad

Son numerosas las definiciones y descripciones que se han realizado acerca del
constructo de impulsividad. Cada autor y definición ha hecho hincapié en determinadas
características de este tipo de comportamiento. Expresiones como las de menor previsión de
las consecuencias, actuar sin reflexionar, nula autorregulación, actuar rápido, escasa o nula
atención concentrada, delay aversion (aversión a la espera), ausencia de control inhibitorio,
empleo rudimentario o inadecuado de estrategias cognitivas de procesamiento de la
información, escasa tolerancia a la frustración y escaso control de los impulsos, incapacidad
para resistir un acto; forman parte de los diversos acercamientos a la conceptuación de
este importante comportamiento que es motivo de honda preocupación por parte de
los padres, de los profesores y de los profesionales de la educación y la paidopsiquiatría.
Veamos, pues, en las líneas que siguen diferentes descripciones del constructo.

1. La Impulsividad y sus características


Un acto impulsivo es aquel que se realiza sin reflexionar, a consecuencia de
una imperativa y arrolladora necesidad limitadora de la libertad (Scharfter, 1997). El
comportamiento impulsivo se caracteriza por la ausencia del control reflexivo y por la
ausencia de previsión de las consecuencias que acarrea. En el acto impulsivo el sujeto se
ve imposibilitado de controlar la tendencia que lo arrastra a la ejecución de la conducta.
La impulsividad es una propensión a actuar con una menor previsión de las
consecuencias de nuestros actos (Dickman, 1993). Es un estilo cognitivo de respuesta
caracterizado por la conducta motora incontrolada y fallos en el control inhibitorio.
Los niños impulsivos son excesivamente rápidos en sus respuestas y, habitualmente con

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Tema 2. La impulsividad
imprecisión e inexactitud, presentan pobreza de percepción y de análisis de la información.
No prevén las consecuencias de sus acciones, demandan gratificaciones inmediatas y no
reflexionan suficientemente antes de emitir sus respuestas ante situaciones o tareas que
implican una resolución de problemas.
Desde el punto de vista de la autorregulación, Bornas y Servera (1996) explican
la impulsividad como un fallo o daño en dicho sistema. El sujeto impulsivo falla ante
determinadas situaciones, siendo su comportamiento ineficaz e irreflexivo. En la medida
en que se reiteren dichos comportamientos ante condiciones ambientales semejantes se
estará evidenciando la presencia de un rasgo estable por lo que se puede inferir la existencia
de anomalías en el sistema autorregulatorio del sujeto.
Más recientemente, Moeller et al. (2001), definen la impulsividad como una
predisposición a actuar rápido, sin planificar las reacciones ante estímulos internos o
externos, y sin valorar las reacciones impulsivas individuales o de los otros (Martín, 2005).
La impulsividad no está asociada solamente al TDAH, sino que numerosos alumnos
solamente presentan este rasgo comportamental sin que sufran dicho trastorno. La
impulsividad de los niños con TDAH es fundamentalmente de carácter motor. Asimismo,
los niños impulsivos no necesariamente presentan problemas comportamentales o sociales
(Servera y Galván, 2001), sin embargo, sí es muy común que la impulsividad, al afectar a la
concentración y a la atención produce dificultades en el aprendizaje y rendimiento escolar.
Los niños impulsivos tienen aversión al tiempo de espera en su respuesta. Douglas y
Parry (1994) postulan la teoría denominada delay aversion, fundamentada en componentes
motivacionales, y en la que el sujeto no se siente motivado por demorar su respuesta y
manifiesta una menor sensibilidad al refuerzo, requiriéndolo de manera más inmediata,
con mayor frecuencia y con más intensidad para que éstos fueran eficaces. Algunos autores
como Solanto et al. (2001) conceptúan la impulsividad como una búsqueda aprendida de
estímulos para paliar el bajo nivel de activación del sistema nervioso central (SNC) (arousal).
Esta dificultad para esperar está relacionada con las funciones ejecutivas (Moreno et al.,
2005):
a) Memoria de trabajo.
b) Regulación de los afectos.
c) Nivel de activación.
d) Internalización del lenguaje.
e) Capacidad de analizar y sintetizar situaciones vitales.
Las manifestaciones de esta impulsividad son evidentes, el sujeto se muestra
distraído, perseverante, hiperreactivo, con desinhibición motora y con dificultades en
la estimación temporal (Moreno et al., 2005). La consecuencia de todo ello, es pues, un
bajo rendimiento en la calidad de las respuestas emitidas: errores, inexactitudes, efectos
secundarios en los interlocutores, etc.

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Tema 2. La impulsividad
Hay situaciones de incertidumbre en las que la tarea a resolver requiere una debida
organización y concentración, lo cual exige un control inhibitorio que los niños con el estilo
impulsivo de respuesta no realizan. Este control depende de la naturaleza de la tarea con la
que se interactúa. En las tareas complejas, los niños impulsivos actúan antes de entender el
problema que deben resolver, responden antes de procesar debidamente la información que
deberían haber obtenido previamente. En las tareas simples responden de modo repetitivo.
Este control inhibitorio que debe darse ante la tarea depende también de variables
personales como la capacidad cognitiva general (atención, memoria, razonamiento…).
Los niños impulsivos no emplean estrategias cognitivas adecuadas de procesamiento
de la información; utilizan estrategias más ineficaces, presentan una alteración en la
capacidad de procesamiento de las tareas de complejidad elevada. La principal dificultad con
la que se encuentran estos niños ante las tareas no es la latencia demorada de respuesta,
sino lo que hacen mientras responden (Smith y Kemler-Nelson, 1988; citados por Buela-
Casal et al., 2001; p. 35). Estos alumnos no pueden establecer planes de respuesta, lo que
constituye una severa alteración de la competencia cognitiva. Son incapaces de inhibir
sus respuestas. Así, por ejemplo, al realizar una exploración visual en una actividad gráfica
de atención, se detienen menos veces en la observación de cada dibujo, recogen menos
información y utilizan menos comparaciones en los elementos gráficos.
En la impulsividad podemos distinguir tres componentes fundamentales:
1. Emitir respuestas sin el suficiente procesamiento de la información percibida.
2. Demora de respuesta prácticamente inexistente entre la percepción del
estímulo y la emisión de la respuesta.
3. Ansiedad por responder con extrema rapidez.
Desde la perspectiva emocional el alumno impulsivo presenta escasa tolerancia a
la frustración, incapacidad para demorar reforzadores, escasa resistencia a la tentación
y escaso control de los impulsos que le incitan a responder con extrema rapidez. En este
sentido, Hollander et al. (2002), entienden la impulsividad como una dimensión de la
personalidad que se caracteriza por la incapacidad para resistir un acto o pensamiento
que puede resultar dañino para uno mismo o para los demás.
Desde la perspectiva estimular, la impulsividad constituye una incapacidad
para controlar los estímulos y prever las consecuencias de la propia conducta, siendo
característico el perfil de:
1. Responder con extrema rapidez antes de finalizar la intervención del otro
interlocutor.
2. Interrumpir muy a menudo las conversaciones de los demás.

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Tema 2. La impulsividad
El estilo de respuesta ante la resolución de tareas atencionales presenta las siguientes
características:
-- Procesan la información de manera global.
-- Tardan menos tiempo en contestar. Latencia de respuesta más breve y con
mayor número de errores.
-- Algunas opciones de respuesta no son analizadas.
-- No planifican las acciones.
-- No comprueban sus análisis.
-- Dejan sin observar algunas variantes de la tarea.
-- No comprueban las respuestas antes de emitirlas.
-- Dificultades en mantener la atención.
-- Dificultad en inhibir su primera respuesta.
-- No soportan el tiempo de espera en situaciones de incertidumbre. No toleran
la demora de respuesta.
-- No prevén las consecuencias de sus decisiones.
-- En los juegos se arriesgan a emitir respuestas.
De acuerdo con lo expuesto, la impulsividad forma un constructo cuya entidad es
evidente que puede manifestarse por sí misma y asociada a otros trastornos como el TDAH,
y otros de carácter neurológico como la corea de Huntington, el síndrome de Gilles de la
Tourette, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo-compulsivo y la agresividad.

2. TIPOS DE IMPULSIVIDAD
La impulsividad ha sido clasificada a lo largo de las últimas tres décadas en función
de diversos criterios. Así, por ejemplo, las teorías de la personalidad la han explicado en
función de la descripción de los rasgos, sus componentes y la relación entre ambos. Otras
clasificaciones han tenido en cuenta el grado de adaptación, la perseverancia en la tarea,
las dimensiones del comportamiento, etc. Algunos de los tipos más relevantes se reseñan
en las líneas que siguen.
Ya Eysenck (1980) señaló en su modelo de la personalidad (constituida por los rasgos
introversión-extroversión, neuroticismo y psicoticismo) que la dimensión psicoticismo
estaba constituida por los siguientes subrasgos:
a) La agresividad.
b) La frialdad emocional.
c) El egocentrismo.
d) La impulsividad.
e) La inconmovilidad.

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Tema 2. La impulsividad
Desde esta subclasificación identificó dos tipos de impulsividad. La impulsividad
como un estilo de actuar sin reflexión y sin conciencia del riesgo que comporta actuar
de ese modo, y la impulsividad entendida como una búsqueda de sensaciones nuevas y
de riesgo. En este sentido, tanto las aportaciones realizadas previamente por Gray (1973),
el propio de Eysenck (1980) y las posteriores de Cloninger (1987) se encuadran en los
modelos personológicos.
Asimismo, se han empleado otros criterios para establecer los diferentes tipos de
impulsividad, como el considerarla como una conducta (Patton et al., 1995), quienes
entendiéndola como tal, la subdividen en tres componentes:
1. Estímulo activador de la conducta impulsiva.
2. Desatención en la tarea.
3. Irreflexión y falta de planificación en la emisión de la respuesta.

Otros autores como Daruna y Barnes (1993) clasifican a la impulsividad en función


de la adaptación, distinguiendo:
a) Impulsividad inadaptada. Caracterizada por conductas precipitadas,
expresadas con excesiva antelación y rapidez, arriesgadas e inapropiadas para
la situación, y con consecuencias desagradables o negativas para el sujeto.
b) Impulsividad adaptada. Cuando las anteriores características tienen
resultados favorables y positivos para el sujeto. Cuando esto es así, la
“calificación” que se les atribuye a estas conductas impulsivas son las de
“audacia”, “rapidez”, “espontaneidad”, “valentía” o “inconformismo” (Martín,
2005).
Una clasificación actualizada de los diferentes tipos de impulsividad la encontramos
en Servera y Galván (2001):
a) La impulsividad conductual o manifiesta. Constituida por el componente
motor, el componente afectivo y el componente social. Se produce una
desorganización de los procesos inhibitorios respecto a las tendencias a
responder. Como consecuencia de ello, se produce una baja tolerancia a la
frustración y reducción de la capacidad para prever las consecuencias de la
propia conducta. El grado extremo lo encontraríamos en los trastornos graves
de conducta.
b) La impulsividad cognitiva. Es la impulsividad del procesamiento de la
información. La percepción y el análisis de la información son muy pobres,
se realiza un procesamiento rápido e inexacto y se tiene la tendencia a
emitir respuestas precipitadas en tareas que exigen una incertidumbre,
produciéndose frecuentes errores.

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Tema 2. La impulsividad
c) La impulsividad personológica. Constituida por elementos del estilo
cognitivo y biofactoriales. Es una tendencia a actuar con una menor previsión
de las consecuencias de los propios actos (Dickman, 1993). Por su parte,
Eysenck (1997; citado por Pichardo et al, 2004), identifica dos componentes
de la impulsividad que forman parte de las variables de personalidad. Cita
a la falta de previsión y carencia del control de impulsos como elementos
integrantes del psicoticismo.

Otra clasificación es la propuesta por el propio Dickman (2000), en función del


grado de funcionalidad. Hace referencia al comportamiento impulsivo.
a) Impulsividad funcional. Constituida por conductas de falta de previsión
reforzadas habitualmente de modo contingente por el medio (personas
y situaciones). Las personas con este tipo de impulsividad suelen ser muy
activas y las conductas que les caracterizan son la búsqueda de riesgo y la
experimentación de fuertes sensaciones. Asimismo, también Eysenck (1997)
identifica al atrevimiento, la osadía y el riesgo formando parte del rasgo de
personalidad de la extroversión.
b) Impulsividad disfuncional. Es una impulsividad caracterizada por la
comisión de numerosos y reiterados errores de exactitud y de eficacia en el
comportamiento. Tendencia a actuar con menor premeditación o previsión.
La consecuencia es que el sujeto se encuentra ante situaciones difíciles.
También, Barrat y Stanford (1996) (citados por Pichardo et al, 2004) establecieron
la siguiente clasificación de la impulsividad:
a) Impulsividad atencional. Se produce una inestabilidad cognitiva en centrar
el foco de atención a los estímulos.
b) Impulsividad motora. Tendencia a perseverar en la realización de una tarea
atencional.
c) Imprevisión. Ausencia de previsión y de autocontrol en la realización de una
tarea.
En el tramo de edad de los 6 a los 12 años que se corresponde con la etapa escolar
de la Educación Primaria es frecuente encontrarnos con alumnos impulsivos. Se trata
de una impulsividad cognitiva, referida al procesamiento de la información que tiene
especial relevancia en las fases de la resolución de problemas: identificación, generación
de soluciones, previsión de consecuencias y toma de decisiones. Asimismo, hemos de
diferenciar los aspectos cognitivos de la impulsividad de los aspectos comportamentales.
Algunos niños con trastornos de conducta muestran una impulsividad más relacionada
con la escasa o nula tolerancia a la frustración. Un temperamento hiperexcitable que
favorece las respuestas inmediatas explicaría este tipo de impulsividad (Moreno et al.,
2005), ya que todavía no se ha producido la maduración evolutiva de los distintos sistemas

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Tema 2. La impulsividad
neurofisiológicos y psicológicos para hacer posible el aprendizaje de la reflexividad. Estos
aspectos guardan relación con el desarrollo de las habilidades emocionales o Inteligencia
Emocional (tolerancia a la frustración, empatía, demora de la gratificación, etc.) (Goleman,
1995; Bar-On, 2000; Salovey, Mayer y Caruso, 2002).

3. Impacto de la impulsividad en la escuela


El estilo impulsivo de reaccionar ante las tareas que exigen cierta incertidumbre
ocasiona importantes problemas a los alumnos que así responden en diversas facetas de la
vida escolar, tales como en sus capacidades generales, en el aprendizaje, en las relaciones
interpersonales y en la adaptación al entorno.
Aunque no esté suficientemente contrastado, sí se ha podido comprobar en
numerosos estudios (Jackson et al., 1979; citados por Buela-Casal et al., 2001; p. 44) que
los alumnos impulsivos presentan puntuaciones significativamente inferiores a las que
consiguen los poco impulsivos en pruebas de “Cociente Intelectual (CI)”, en las escala
verbal y manipulativa del WISC-R.
Los alumnos impulsivos obtienen un peor rendimiento escolar frente a aquellos
otros que poseen un estilo cognitivo reflexivo y tienen mayores probabilidades de
presentar dificultades de aprendizaje (Servera, 1996). Así, por ejemplo, en el área de la
comprensión lectora los alumnos impulsivos, evaluados con la prueba MFFT20, presentaban
menores puntuaciones (Palladino, et al., 1997; citados por Buela-Casal et al., 2001; p.
56). Las evaluaciones del profesorado ponen de relieve estas evidencias en numerosas
investigaciones realizadas sobre estos estilos cognitivos (Buela-Casal et al., 2000).
En el ámbito adaptativo se ha constatado la influencia que ejerce la impulsividad
en trastornos como la depresión en niños (Buela-Casal et al., 2001). Los alumnos con
problemas emocionales son más impulsivos. La mayoría de estos niños, tanto en su
dimensión conductual como en su dimensión cognitiva, que en la edad escolar presentan
estas características, las mantienen en el período de la adolescencia, que corresponde a
la Educación Secundaria Obligatoria (esta impulsividad sólo desaparece en el 20-30 %
de los casos), lo cuál da lugar a conductas de riesgo importantes y al mantenimiento de
las escasas habilidades organizativas y de resolución ineficaz de problemas constituyendo
un riesgo de propiciar conductas patológicas (Moreno et al., 2005), siendo la falta de
modulación impulsiva (la referida a la dimensión conductual) un predictor de delincuencia
a los 13 años (Rutter, Giller y Hagell, 2000). Asimismo, la impulsividad que permanece en
la adolescencia puede predecir comportamientos disociales en la edad adulta (Bassarath,
2001). En esta misma línea se han desarrollado las investigaciones de Pichardo et al. (2005)
quienes hallaron que el alumnado “agresor” suele ser impulsivo en el nivel cognitivo con
relación al alumnado que desempeña otro rol diferente, ya que presenta mayor media
de errores y menor latencia media de respuestas (evaluadas con el MFF-20), coincidiendo

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Tema 2. La impulsividad
con anteriores estudios (Olweus, 1993; Cerezo, 2002; Justicia, 2001; citados por Pichardo
et al., 2005) que indican que el alumnado que desempeña un rol agresivo es impulsivo o
poco reflexivo, con dificultad para situarse en la perspectiva del otro (empatía), con falta
de autocontrol y de carácter difícil (p. 373).

4. Causas de la impulsividad
Se han postulado diversas causas que explican el estilo de respuesta impulsivo: las
biológicas, neuroquímicas, cognitivas, de aprendizaje y sociales. La influencia diferencial
que tiene cada una de ellas en la conducta impulsiva debe determinarse en cada caso.

4.1. Hipótesis biológicas.


Se ha explicado la impulsividad desde la base del temperamento como el conjunto
de variables individuales relativamente estables con dotación biológica en los primeros años
de vida. Un temperamento calificado como “difícil” ha sido puesto de relieve en estudios
con gemelos, en los que se postula una herencia de rasgos poligénica con diferentes
reacciones al medio. Este tipo de temperamento estaría constituido por los siguientes
rasgos (Moreno et al., 2005):
a) Inhibición/desinhibición conductual que se manifiesta en forma de miedo
o acercamiento a la interacción social, y cuya base biológica es un tono
adrenérgico o vagal inadecuado en el SNC.
b) Reactividad al medio. Es el umbral de respuesta sensorial que el sujeto
ofrece ante la presencia de los estímulos ambientales. Gran intensidad en la
respuesta ofrecida al estímulo.
c) Falta de control. Constituido por la debilidad emocional, inquietud,
dificultades atencionales y negativismo.
d) Irregularidad en la conducta.
e) Afecto negativo.
f) Adaptabilidad lenta.
Desde la perspectiva neuroanatómica, existen escasas evidencias de que el daño
cerebral o la disfunción cerebral sea el causante de la impulsividad. Asimismo, se ha
hipotetizado acerca de la funcionalidad diferencial de los hemisferios derecho e izquierdo.
Los niños reflexivos tendrían una mayor funcionalidad en el hemisferio izquierdo, mientras
que en los impulsivos tendría una mayor funcionalidad el hemisferio derecho. Sin embargo,
estas hipótesis no han recibido resultados confirmatorios. Se ha señalado, también como
causa, las alteraciones neuroquímicas. Un déficit enzimático de la monoaminooxidasa
(MAO), cuya baja actividad impediría la regulación de las catecolaminas. Sin embargo,
esta disfuncionalidad está más relacionada con la hiperactividad.

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Tema 2. La impulsividad
4.1.1. Bases neuroanatómicas de la impulsividad.
Son tres las estructuras neuroanatómicas implicadas en la impulsividad (García-
Ribas, 2005):
a) Núcleo accumbens. Es el centro modulador de las conductas que intervienen
en la recompensa y el refuerzo. La lesión en esta estructura puede provocar
impulsividad continuada.
b) Núcleo amigdalino (región basolateral). Regula las conductas afectivas
inmediatas. La lesión bilateral produce ausencia de respuestas agresivas, y
la estimulación de la región basolateral produce agresividad no dirigida.
c) Corteza prefrontal (región orbitaria). Integra las capacidades de inhibición de
los impulsos y el cálculo de riesgos. La lesión en esta área produce respuestas
inmediatas y no reflexivas sin previsión de sus consecuencias (O’Doherty et
al., 2001).
d) Área ventral tegmental del mesencéfalo. Área que está relacionada con la
inhibición de conductas emocionales y agresivas.
e) Núcleos del Rafe. Modula las áreas encefálicas implicadas en la planificación,
recompensa, emociones y aprendizaje (Coccaro et al., 1997). La alteración
del circuito serotoninérgico está implicada en la impulsividad.
El retraso madurativo también se ha señalado como causa de la impulsividad, en el
sentido que a mayor edad existe una mayor reflexividad. Esta hipótesis está fundamentada
en los estudios que indican que, a medida en que el niño se desarrolla aumenta su
reflexividad.

4.2. Factores neuroquímicos.


La impulsividad está relacionada con disfunciones en los circuitos serotoninérgicos
en el control de los impulsos. Existen investigaciones de Stanley et al. (2000) que ponen de
relieve la existencia de una menor concentración de 5-HIAA en el líquido cefalorraquídeo
(LCR) en sujetos impulsivos. Otras hipótesis implican a la neurotransmisión noradrenérgica
como responsable de la impulsividad asociada a una activación anormal del estado de alerta
(Ros-Montalbán et al., 2005), así como una disfunción en los mecanismos fisiopatológicos
de la vía córtico-estriado-pálido-tálamo-cortical en los que intervendría el glutamato,
afectando al control de la afectividad, la impulsividad, atención y locomoción (Robbins,
2000).

4.3. Factores cognitivos.


La impulsividad es explicada también por disfunciones cognitivas en el procesamiento
de la información. Las operaciones mentales de planificación y reflexión no tienen lugar

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Tema 2. La impulsividad
o son muy deficitarias. No se produce el necesario autocontrol y la toma de perspectiva
social. La disfunción debe diferenciarse de la distorsión cognitiva, a juicio de Kendall et al.
(2002), ya que en esta última se produce una interpretación errónea o equivocada de los
estímulos ambientales, por ejemplo, la sesgada interpretación de la expresión facial que
hace un compañero de otro atribuyéndole actitudes hostiles y respondiendo con violencia.

4.4. Factores del aprendizaje.


El historial de aprendizaje del alumno determina el tipo de respuesta que ofrece ante
las tareas. A los niños impulsivos, cuando se les proporciona retroalimentación diciéndoles
que están equivocándose en la realización de la tarea afrontan más reflexivamente la
actividad. Un factor determinante en este aprendizaje es la ansiedad. El nivel de ansiedad
influye en el rendimiento en la tarea, de tal modo que una ansiedad muy baja disminuye
la motivación, mientras que una ansiedad elevada es perjudicial para la calidad de la
ejecución, ya que se cometen errores. Un nivel moderado de activación nerviosa (arousal)
es el indicado para una mejor realización de las tareas de aprendizaje.
La impulsividad en las respuestas del alumno puede ser modelada (generalmente
sin intencionalidad pedagógica) por la intervención del profesor en el aula cuando sus
instrucciones de realización de tareas se centran en la prisa, en la terminación rápida
de la actividad. Ante la pregunta tópica del docente cuando dice: “A ver quién es el que
sabe...”, los alumnos pueden interpretar erróneamente que se debe contestar con rapidez
sin necesidad de procesar la información (reflexionar sobre la posible respuesta).
Otro factor del aprendizaje es el modo de procesar la información. Los niños
impulsivos emplean unas estrategias más globales y menos analíticas, contemplan menos
detalles o elementos en sus “razonamientos”. La impulsividad, tal y como han señalado
Olson (1989), no guarda relación con la inteligencia, ni con la personalidad ni con la
inquietud conductual. Con respecto a esta última, no es lo mismo la impulsividad conductual
caracterizada por el hipermovimiento, que la impulsividad como un estilo de respuesta
ante la incertidumbre.

4.5. Factores sociales.


En el control de la impulsividad influyen también factores culturales, sociales y
familiares (Taylor et al., 1996). Las características del estilo educativo de los padres y
las interacciones que éstos tienen con sus hijos pueden modular estilos de respuesta en
sentido negativo (impulsividad) o positivo (reflexividad). El perfil educativo de los padres
de niños impulsivos, suele caracterizarse, con mucha frecuencia, por ser excesivamente
controladores del comportamiento del hijo, por su actitud crítica y rígida, creándose
situaciones de estrés por la percepción de los progenitores de “falta de control” sobre el
comportamiento del hijo impulsivo, lo cual produce un modelo de imitación negativo para

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Tema 2. La impulsividad
éste. De este modo se constituye un ciclo interactivo entre el comportamiento filial y la
actitud ansiosa de los padres.

5. La reflexividad
La reflexividad es un estilo de respuesta que se caracteriza por el análisis detallado
de la información que se obtiene, su procesamiento adecuado y la posterior emisión de la
respuesta, siendo generalmente exacta. El concepto de reflexividad-impulsividad se generó
a partir de los estudios de Kagan y colaboradores (1964) como un modo de conceptuar
el estilo cognitivo que ponen en práctica los sujetos para procesar la información que da
lugar al aprendizaje.
El constructo reflexividad-impulsividad tiene un carácter bipolar, tal y como señala
Gargallo (1996; p. 226; citado por Pichardo et al, 2004; p. 538): la latencia de respuesta o
demora temporal es el tiempo que emplea el sujeto para analizar los datos disponibles en el
momento previo a la emisión de la respuesta en situaciones que presentan algún grado de
incertidumbre. En esta situación se pueden dar demoras de respuestas de mayor o menor
duración y, a su vez, la precisión de las respuestas dadas puede ser exactas o inexactas,
con mayor o menor número de errores, por lo que, a la vista de todo ello se puede evaluar
la calidad de la respuesta ofrecida.
Los niños reflexivos presentan las siguientes características:
- Planifican la estrategia.
- Distribuyen su tiempo.
- Analizan secuencialmente los elementos.
- Se fijan en un detalle y rastrean si está presente en los demás elementos,
siguiendo un orden de análisis.
- Realizan repeticiones de la secuencia visual.
- Repiten el proceso.
- Emplean estrategias de solución de problemas.
- Emplean menor tiempo en la resolución.
Como consecuencia de ello obtienen un mejor rendimiento escolar. Lo
verdaderamente importante en la demora de respuesta en el constructo es el procesamiento
de la información que realiza el sujeto para dar una respuesta exacta (Buela-Casal, et al.,
2002).

5.1. Los estilos cognitivos.


El estilo cognitivo se define como el modo habitual del sujeto de procesar la
información: percibir, recordar, razonar, comparar, resolver problemas. Los estilos cognitivos

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Tema 2. La impulsividad
hacen referencia a procesos y subprocesos que operan en la mente para que se produzca
el aprendizaje. Los modos en que se procesa la información se han descrito como:
a) Global: enfoque holístico de la información.
b) Analítico: división de la información general en sus partes integrantes.
c) Verbal: trabajar de un modo semántico, empleando significados.
d) Figurativa: empleando imágenes.
La información elaborada por este tipo de procesamiento se informa como output,
siguiendo patrones cognitivos de reflexividad-impulsividad, que son los estilos habituales
de responder ante tareas que se caracterizan por su incertidumbre, es decir, por las variadas
opciones de respuesta a elegir entre las que se encuentra la correcta (Bornas y Servera, 1996;
Cairns y Cammock, 2003). En este continuum de reflexividad vs. impulsividad cada uno
de dichos estilos se situaría en uno de los extremos. En el caso de la impulsividad, el niño
con este estilo de respuesta presenta una baja latencia de respuesta y un elevado número
de errores, mientras que en el otro extremo, el reflexivo, las respuestas se caracterizan
por emplear un mayor tiempo en ser emitidas y por cometer un menor número de errores.
Así, pues, son dos las variables que intervienen en estos estilos: eficiencia y latencia
de respuesta. La eficiencia se refiere a la calidad de la respuesta, es decir, el número de
errores producido; y la latencia se refiere a la demora en emitir la respuesta, de lo que se
puede inferir el tiempo dedicado por el sujeto a procesar la información percibida antes
de responder. De este modo, se pueden realizar las siguientes combinaciones:
a) Según el número de errores:
- Exactitud.
- Imprecisión.
b) Según la latencia de respuesta:
- Rapidez.
- Lentitud.

6. EVALUACIÓN DE LA IMPULSIVIDAD
La impulsividad puede evaluarse en función de su conceptuación y tipología. La
impulsividad como estilo cognitivo de respuesta requiere de determinados instrumentos
evaluadores. La impulsividad conductual como ausencia de control, previsión y valoración
de consecuencias del riesgo requiere otros instrumentos evaluativos. En este apartado
se ofrecen algunos de los instrumentos empleados habitualmente en la evaluación de
los diferentes tipos de impulsividad, y que se han mostrado eficaces para identificar la
naturaleza del constructo.

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Tema 2. La impulsividad
6.1. Evaluación de la impulsividad como estilo cognitivo
Para la evaluación de la impulsividad como estilo cognitivo de respuesta se han
empleado dos instrumentos: “El test de emparejamiento de figuras conocidas”. MFFT-20, de
Cairns y Cammock (2003) en su adaptación española de G. Buela Casal, H. Carretero-Dios
y M. De los Santos-Roig (2003) y la “Escala Magallanes de Impulsividad Computarizada
(EMIC)” de Servera y Llabrés (2000). Un análisis detallado de ambas pruebas puede verse
en Buela-Casal et al. (2002).

6.1.1. Tests que evalúan la impulsividad


a) El Test de emparejamiento de figuras conocidas. MFFT-20.
Está dirigido a la población escolar con un rango de edad de 8 a 12 años. Mediante la
identificación de las figuras que son iguales al modelo ofrecido se pueden obtener valiosos
datos en el protocolo de registro, ya que permite obtener el número de tentativas erróneas
de respuesta dadas por el alumno, así como el tiempo que tarda en emitir, finalmente, la
respuesta correcta. Sobre la base de la estructura conceptual de dicha prueba Servera et
al, (2002) han desarrollado la prueba Escala Magallanes de Impulsividad Computerizada
(EMIC) que permite obtener una evaluación de la impulsividad e ineficiencia del alumno.
Se fundamenta en las pruebas de Tareas de Ejecución Continua (TEC) y la Tareas de
Vigilancia (TVI).
Los baremos del MFFT-20 contienen índices de impulsividad de ineficiencia, teniendo
en cuenta también la latencia de la respuesta, la calidad de la tarea y la suma de estos
dos componentes, de tal modo que se obtiene la siguiente información (consulte tabla 1).
b) La Escala Magallanes de Impulsividad de Servera y Llabrés (2000).
Está dirigida a evaluar la reflexividad-impulsividad en alumnos de Educación
Primaria. Se ha diseñado de acuerdo con los fundamentos del MFFT-20 y permite la
obtención de puntuaciones según los criterios de impulsividad e ineficiencia. Presenta la
ventaja de su informatización.
c) Escala de Impulsividad de Barrat (Barrat Impulsiveness Scale, BIS-11)
(Adaptación española de Oquendo, Baca-García, Graver, Morales, Montalván y Mann,
2001).
Esta escala evalúa los diferentes componentes de la impulsividad: la impulsividad
atencional, impulsividad motora y la no planificación. La escala está formada por 30 ítems
que se valoran de acuerdo con una escala de frecuencia. Se ha empleado en poblaciones
clínicas y generales (Estallo y Pedrido, 2005).

Tratamiento educativo DE ALUMNOS DESATENTOS, IMPULSIVOS E HIPERACTIVOS 41


Tema 2. La impulsividad
TIPOLOGÍA DE LA RESPUESTA
EFICIENTES INEFICIENTES
Sujetos caracterizados -- Poco tiempo invertido en
por: -- Tiempo elevado en contestar
la tarea
-- Elevado número de errores
-- Número bajo de errores
Latencia de respuesta
EN LA MEDIA --IMPULSIVO-- IMPULSIVO ALTO-- IMPULSIVO EXTREMO
EFICIENTE--EFICIENTE ALTO--EFICIENTE EXTREMO
Calidad de la tarea
EN LA MEDIA -- INEFICIENTE -- INEFICIENTE ALTO -- INEFICIENTE EXTREMO
EFICIENTE -- EFICIENTE ALTO -- EFICIENTE EXTREMO
Rapidez + calidad de la tarea
IMPULSIVO EFICIENTE -- IMPULSIVO INEFICIENTE
REFLEXIVO EFICIENTE -- REFLEXIVO INEFICIENTE

Tabla 1. Categorías en los tipos de respuesta del MFFT-20.

6.2. Evaluación de la impulsividad desde la perspectiva de la


personalidad
Para evaluar la impulsividad personológica se han empleado diversos cuestionarios
de personalidad que incluyen rasgos relacionados, p. ej. el Test de Eysenck, entre otros.
Sin embargo, se han desarrollado y adaptado pruebas específicas como las de Gray (1978)
y las de Whidside y Lynam (2001).
El “Cuestionario de sensibilidad al castigo y sensibilidad al refuerzo” (Gray, 1982)
evalúa la impulsividad desde el modelo motivacional de Gray, que incluye los siguientes
sistemas:
a) Sistema de inhibición conductual (SIC), que responde a las señales del
ambiente relacionadas con el castigo.
b) Sistema de activación conductual (SAC), que responde ante las señales que
impliquen esfuerzo.
c) Sistema de lucha-huida (Estallo y Pedrido, 2005).
De esta prueba en inglés existe una adaptación al castellano de Torrubia et al. (2001).

42 Tratamiento educativo DE ALUMNOS DESATENTOS, IMPULSIVOS E HIPERACTIVOS


Tema 2. La impulsividad
El cuestionario Upps Impulsive Behavior Scale (Whitside, 2001) es un instrumento
de evaluación de la impulsividad basado en los factores de personalidad del modelo BIG
FIVE de Costa y McCrae. Evalúa los siguientes componentes de la impulsividad:
a) Urgencia. Tendencia a experimentar fuertes impulsos en condiciones de
afecto negativo.
b) Falta de premeditación. Tendencia a pensar y reflexionar sobre las
consecuencias del propio comportamiento antes de llevarlo a cabo.
c) Falta de perseverancia. Evalúa la capacidad para el mantenimiento de la
atención sostenida en tareas aburridas o difíciles.
d) Búsqueda de sensaciones. Tendencia a disfrutar de actividades emocionantes
(peligrosas o no).
Una ampliación de la descripción de estos instrumentos puede verse en Estallo y
Pedrido, 2005).

7. INTERVENCIÓN PSICOPEDAGÓGICA EN LA IMPULSIVIDAD


Numerosos programas están centrados en la intervención específica sobre la
impulsividad, tales como el PIAR (Gargallo, 1997) y Aprendo a ser reflexivo (Vallés, 1997,
2000), entre otros. No obstante, esbozamos en unas breves líneas y a título introductorio
los diferentes tipos de tratamientos que se han mostrado eficaces para fomentar el
comportamiento reflexivo.

7.1. Intervención conductual.


Las técnicas de modificación de conducta se han mostrado eficaces para el control de
la impulsividad (Sonuga-Barke et al., 1992). El uso adecuado de las técnicas conductuales
(economía de fichas, costo de respuesta, contrato de contingencia) y el tipo y características
del refuerzo han permitido cambios en la conducta y la adquisición de patrones cognitivos
más efectivos y adaptativos (Moreno et al., 2005).

7.2. Intervención cognitiva.


Se han desarrollado técnicas cognitivo-conductuales como la solución de problemas
y las autoinstrucciones, consiguiéndose resultados irregulares debido a las dificultades
de generalización de los aprendizajes (Taylor, 1994). Las técnicas de Autoinstrucciones
(Meinchenbaum, 1981) han sido ampliamente utilizadas en el tratamiento de los niños
impulsivos. Son numerosos los programas de entrenamiento en reflexividad (Calderón-
Garrido, 2003; Gargallo, 1999; Vallés, 2000; entre otros) que han incorporado a sus
planteamientos metodológicos el “hablarse a sí mismo” con la adecuada monitorización
para autodirigir la conducta, modulando el lenguaje interno, según las teorías de Vygotski.

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Tema 2. La impulsividad
7.3. Tratamiento farmacológico.
Para el tratamiento de la impulsividad desde un abordaje farmacológico se han
empleado los psicoestimulantes que actúan en las vías noradrenérgicas. La utilización del
metilfenidato administrándolo en su formato de disolución retardada (sistema OROS de
ingesta cada 24 horas) ha conseguido buenos resultados (Wilens et al., 2003). También
se han utilizado otros fármacos para el tratamiento de la impulsividad en niveles graves,
tales como los antipsicóticos (son antagonistas del receptor de la dopamina) como la
ziprasidona, haloperidol o la clozapina.
Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina y agonistas
serotoninérgicos también se han empleado para el tratamiento de la impulsividad (Findling
et al., 2000). Otros fármacos empleados han sido el litio para la reducción de la labilidad
conductual y la agresividad, los betabloqueantes, los antidepresivos como el bupropión
(eleva el nivel de noradrenalina y la serotonina) que ha mostrado un efecto similar el
logrado con el metilfenidato.
En el tema correspondiente al tratamiento farmacológico del trastorno por déficit
de la atención con hiperactividad puede verse una amplia reseña respecto del tipo de
fármacos utilizados que intervienen sobre el componente impulsividad del trastorno, sus
principales características, sus efectos positivos y sus efectos secundarios.

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Tema 2. La impulsividad