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Como experto director de Ejercicios,

a cuya difusión ha dedicado gran parte


de su ministerio sacerdotal, el padre
Mendizábal ha logrado en este libro
entretejer magistralmente, dentro
del esquema ignaciano, los aspectos
fundamentales y las nuevas
aportaciones de la encíclica
Redemptoris Mater, de Juan Pablo 11,
con intuiciones propias, de gran
solidez teológica, expuestas con
sencillez y profundidad.
La lectura y aplicación de los
contenidos tan vitalmente expuestos
en sus páginas logrará revitalizar la
vida cristiana en la indispensable
dimensión mariana que ha de tener.
Crecerá así la relación filial con
María, haciendo más sólida la
devoción a ella y más eficaz su
influjo materno.

r
~ BIBLIOTECA
~, DE AUTORES CRISTIANOS
Con María
LUIS MARÍA MENDIZABAL, S.J.

,
CON MARIA
Meditaciones de Ejercicios Espirituales

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS


MADRID • 2014
ÍNDICE GENERAL

Págs.

Introducción .......... .................. ....... ............... .. . IX

l. a Meditación: María: plenitud de gracia ....... 3


2.a Meditación: La pureza de María ................ 25
Homilía 1.a: Misericordia de Dios y corazón
cristiano....................................................... 47
3.a Meditación: María en el misterio de Cristo
vivo ............................................................. . 55
4. 3 Meditación: El pecado y la misericordia
desde María ................................................ . 75
5 .a Meditación: La Anunciación ....................... . 95
© Luis María Mendizábal 6. 3 Meditación: La Encarnación ...................... . 119
© 2014, Biblioteca de Autores Cristianos
Añastro, l. 28033 Madrid Homilía 2.a: El mandamiento nuevo del amor .. . 135
www.bac-editorial.com 7.a Meditación: Las dudas de san José ............ . 141
8.a Meditación: El Nacimiento ......................... . 163
Depósito legal: M-10992-2014 9. 3 Meditación: La Presentación ...................... .
ISBN: 978-84-220-1724-0
181
1o.a Meditación: La huida a Egipto y la pérdida
Preimpresión: BAC . . en el Templo ................................................ . 201
Impresión: CLM Artes Gráficas, Eduardo Marcom, 3, Fuenlabrada (Madnd) Homilía 3. 3 : Mirada deje ................................. . 223
Impreso en España. Printed in Spain
11.a Meditación: Las bodas de Caná ............... . 231
12.a Meditación: Mira a tu Hijo ....................... . 253
Ilustración de cubierta: Virgen rezando ( 1640-1650), de Il Sassoferrato (National 13.a Meditación: María en la vida de la Iglesia
Galery, Londres)
Diseño: BAC
y en nuestra vida ........................................ . 271
Homilía final: María Reina y Madre ................ . 293
ro

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de esta obra solo puede ser realizada con la autonzac10n de sus titulares, salvo exc~p­
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com; 91 702 19 70193 272 04 47).
INTRODUCCIÓN

Vamos a comenzar una pequeña introducción a los


Ejercicios, a los que estamos ya acostumbrados la ma-
yor parte, y que este año vamos a encauzar por la línea
del Año Mariano. No se trata de hacer un curso de ma-
riología, pero voy a tener ante los ojos la encíclica del
papa Juan Pablo JI, Redemptoris Mater, no para hacer
una exposición parte por parte, haciendo de cada una de
ellas una especie de lección, sino para tenerla presente
en una meditación de la vida de la Virgen, es decir, del
misterio de Cristo a la luz de María.
Iremos recogiendo algunos misterios y sobre ellos
iremos desentrañando lo que Juan Pablo II en su encí-
clica nos enseñó, hacia donde nos quiso orientar.
Hay aspectos fundamentales muy importantes, pues-
to que él da la razón de por qué se proclamó Año Maria-
no el año 2000. Es muy interesante un aspecto que quie-
re subrayar, a saber: así como Pío XII proclamó Año
Mariano el año 1954 por ser centenario de la definición
dogmática de la Inmaculada Concepción y quiso que
fuera al mismo tiempo una celebración de la entonces
reciente proclamación dogmática de la Asunción -dos
misterios marianos: Inmaculada Concepción y Asun-
ción-, así Juan Pablo II tuvo interés sobre todo en su-
brayar en el adviento del año 2000, la presencia ejem-
plar y activa de la Virgen en la historia de cada uno de
nosotros y del mundo (cf. RM 48). Es una visión más di-
námica, en cierta manera. Y me parece importante, por-
que nuestra misma vida hay dos maneras de entenderla:
Introducción XI
X Introducción

Podemos hablar de la santidad a la que estamos lla- tipo para nosotros. Nos enseña las condiciones de esa
mados, ¡importantísima! Pero así como la Inmacula- redención plena y de esa colaboración a la redención
da y la Asunción vienen a indicamos la santidad de la con los demás.
Virgen, la elevación de María, y la Redemptoris Mater
recalca, evidentemente, presupuesta esa santidad y esa Como introducción voy a presentar dos puntos: el
elevación, su colaboración a la obra salvadora de Cris- comienzo y el final de la encíclica de Juan Pablo II, en
to, también nosotros tenemos que considerar esta ver- cuanto nos orienta en este camino y nos da unas ciertas
tiente, no solo fijamos en que tenemos que ser santos, pautas. Después volveremos nuestra atención directa-
cristianos «a carta cabal», sino mirar también nuestra mente sobre la figura de María, para ir viendo en Ella
colaboración a la salvación del mundo. Primero lo que los rasgos que nos ayuden a proceder en el itinerario de
recibimos de Cristo y de la Virgen; pero no es puramen- nuestra fe, de nuestra santidad y de nuestra colabora-
te pasivo, es un empeño de colaboración. ción a la redención.
El final de la encíclica Redemptoris Mater da la ra-
El Concilio dedicó un capítulo entero de la Consti- zón del Año Mariano, y en ese sentido, para nosotros
tución sobre la Iglesia a la Virgen y presentó su mario- puede ser muy útil para ver también la razón de ser de
logía, llamémosla con este nombre, como: «María en el esa marianidad de nuestros Ejercicios. Iremos tocando
misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia». Desta- los puntos vitales que son inevitables: veremos que es
có que la Virgen es para nosotros «modelo-tipo» de fe, Madre de los pecadores, Madre de la misericordia, ve-
esperanza y caridad, y nos precede en el itinerario de la remos en Ella el ejemplo del seguimiento total de Cris-
fe. Un tema que Juan Pablo II desarrolla ampliamente to. Lo iremos viendo, pero con ese matiz mariano. Y al
en su encíclica, lo toma de estas palabras del Concilio: explicar esto, Juan Pablo II viene a dar esta idea en los
«María precede al Pueblo de Dios en el itinerario de números finales: «La Iglesia tiene con la Madre de Dios
la fe». María es tipo de la Iglesia. María es redimida un vínculo» (RM 47), está muy unida. Cuando decimos
excelsamente, santísima, la santísima Virgen; pero así Iglesia es la Iglesia en su misterio, no solo en su orga-
siendo santísima, siendo redimida es colaboradora de la nización o en sus prácticas, en su misterio. Y cuando
Redención. Este es el matiz que vamos a tratar de ver. hablamos de misterio se entiende siempre cada uno de
A veces nos puede parecer que el tema de la santidad los fieles, en el que se realiza el misterio de la Iglesia.
es casi un tema de estética, y no lo es ciertamente. Es el Pues bien, «la Iglesia está vinculada con la Ma-
tema de la obra de Cristo en nosotros, pero inseparable dre de Dios con un vínculo que abraza el pasado, el
de nuestra inmersión en la ayuda de la salvación de los presente y el futuro». ¿En qué sentido? Adelantamos
demás. El principio que debe estar muy dentro: «todo esto: porque en el origen de la Iglesia está la Virgen.
redimido por Cristo tiene que ser redentor con Cristo», La Virgen es la primera, el primer miembro perfecto
es lo que aprendemos en María y de lo que María es de la Iglesia. En el pasado, en el origen mismo de la
XII Introducción Introducción XIII

Iglesia, la encontramos en cuanto que interviene en la el misterio de Cristo, ejerciendo una función que nos
Encarnación, en cuanto que colabora con Cristo y en lleva más plenamente a Cristo.
el misterio de Cristo hasta la oblación de la cruz, y en Este vínculo o relación con la Iglesia, esta presen-
cuanto que ora con los apóstoles esperando el don de cia real, verdadera y activa de María en la Iglesia, dice
Pentecostés. Por lo tanto, está vinculada en el pasado, Juan Pablo II, esta realidad es la que le ha movido a
y en el pasado de la historia de la misma Iglesia: la proclamar el Año Mariano. No se trata de florituras, de
Iglesia se ha distinguido siempre por una veneración cuestiones simplemente de cultura especializada, sino
de la Virgen y, la Virgen ha actuado en la Iglesia. En de algo vital. María está presente en nuestra vida en el
el presente, porque la Virgen es formadora del corazón misterio de Cristo, y esto lo debemos cuidar. Y el Año
de los fieles, actúa continuamente. No solo es un mo- Mariano viene a esto.
delo al que miran los fieles ahora, sino todavía inter- «Deseo destacar, -dice Juan Pablo II- la especial
viene, actúa en nuestra vida. Y en el futuro, porque la presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y
Iglesia mira a María gloriosa en el cielo como ya ob- de su Iglesia». Lo veremos en los ejemplos del evange-
tenida su situación final, como seguridad y esperanza: lio y también en la doctrina de la Iglesia sobre la verdad
vemos que nos espera. Por eso, miramos también hacia de su presencia en la Iglesia y en nuestra vida, en nues-
el futuro de la Iglesia: la Iglesia tiende hacia Ella. Ya tra persona. Es la dimensión fundamental que brota de
iremos matizando estos aspectos y desarrollándolos en la mariología del Concilio, que el Sínodo extraordina-
nuestras meditaciones. rio del año 85 recomendaba cordialmente: ¡que se viva
«Y la Iglesia venera a la Madre de Dios -dice Juan la doctrina del Concilio! El objetivo de este Año Maria-
Pablo II-, como Madre espiritual de la humanidad», no es promover una nueva y profunda lectura de cuanto
como Madre espiritual de cada uno de nosotros. Vere- el Vaticano II dijo sobre María en el misterio de Cristo
mos en Ella los cuidados de su corazón materno, que se y de la Iglesia. Este va a ser también nuestro objetivo
vislumbra y se diseña en los mismos pasajes del Nuevo en los Ejercicios: promover esa profunda y nueva lectu-
Testamento, pero que después aparece en la historia de ra de la enseñanza del Concilio que Juan Pablo II hace
la Iglesia. Recordemos sus intervenciones en Lourdes, más cercana en la encíclica, que tiene continuamente el
Fátima, etc., donde muestra su solicitud materna como fondo de la doctrina conciliar. No se trata solo de una
Madre espiritual de los hombres, preocupada por su doctrina, que serían clases, sino de vida de fe con su
salvación. Y abogada de la gracia. Es medianera, abo- tinte mariano, que es parte del misterio de Cristo y parte
gada que interviene e intercede por nosotros, para que esencial en el plan divino. Es la espiritualidad mariana
se nos conceda la gracia. Este vínculo de la Virgen y la tradicional y conciliar.
Iglesia es fundamental para que lo vivamos. No es des- «Esa espiritualidad mariana y su correspondiente
viarnos o separarnos del misterio de Cristo, en ningún devoción -lo que llamamos devoción a la Virgen, bien
caso es aislarnos, sino que la vemos inserta siempre en entendida como espiritualidad mariana, llevada desde
XIV Introducción Introducción XV

el fondo del ser, vivida cordialmente-, tiene su fuente tiempo fijado por Dios desde la eternidad para enviar a
en la experiencia histórica de las personas y comuni- su Hijo; es la Encamación del Verbo; es el momento en
dades cristianas que viven en los diversos pueblos de que el Espíritu Santo plasma en el seno virginal la na-
la tierra». Y hace mención a san Luis M.a Grignion turaleza humana de Cristo; es el tiempo mismo redimi-
de Monfort, este santo que tiene el famoso Tratado de do, se convierte ya en tiempo de salvación. Y finalmen-
la verdadera devoción a la Virgen, que se ha extendi- te -a esto le da mucha importancia-, es el comienzo
do mucho recientemente y al que Juan Pablo II tuvo misterioso del camino de la Iglesia (cf. RM 1). La ple-
especial devoción, quizás porque le marcó en su ado- nitud de los tiempos es el tiempo eclesial, el inicio del
lescencia y juventud. Lo llevaba en el bolsillo cuando caminar de la Iglesia, porque en María se da el principio
trabajaba de albañil, y le marcó en su totus tuus, que el de la Iglesia. María es miembro de la Iglesia. En Ella
santo destaca en sus escritos. Entonces menciona lo que la Iglesia es perfecta y en Ella comienza ya la proyec-
significa «la consagración a Cristo por medio de María ción de la gracia salvadora de la Pascua. Y Juan Pablo II
como medio eficaz para vivir fielmente el compromiso muestra unidos indisolublemente a Cristo y a María, al
bautismal». Y cita también a san Alfonso M.a de Ligo- que es Cabeza de la Iglesia y a la que al dar su fiat pre-
río con su libro sobre Las glorias de Maria. Son formas figura la condición de esposa y madre de la Iglesia. Esa
experienciales. Todo esto tenemos que recogerlo -no plenitud de los tiempos comienza con el misterio de la
puede ser de una manera extensa-, y tenerlo presente Encamación y la Iglesia es el signo de esa plenitud.
para poderlo aplicar. No solo hablaremos -«la Virgen Ahora bien, esta Iglesia ha iniciado su peregrina-
en su misterio aparece así»-, sino que tendremos que ción en fe hacia la eternidad desde Pentecostés. En me-
tocar el tema de cómo vivir esa espiritualidad, cómo dio de los pueblos está la Virgen caminando. Es su iti-
interviene la Virgen en mi vida, qué requiere de mí esa nerario de fe, su peregrinación en la fe. María, presente
intervención de María y cómo mi vida se debe sellar en la esfera orante de los discípulos en el comienzo del
con ese carácter mariano que debe tener. tiempo de la Iglesia, le precede constantemente en ese
camino a través de la historia. Su proceso de fe ha sido
Juan Pablo II explica por qué el Año Mariano co- anticipado en el itinerario de fe de la Virgen, y ahora la
mienza el día de Pentecostés y tetmina el 15 de agosto, Iglesia sigue ese itinerario. Queremos fijamos en Ella
e indica su valor ecuménico, de unión de las iglesias. La para saber caminar en la fe, como la Virgen que nos
razón de su comienzo el 7 de junio, día de Pentecostés precede. Pero no solo precede en ese itinerario de fe,
es porque en la Virgen, «con la Encamación del Verbo sino que coopera sin cesar como esclava del Señor en
en Ella, la historia de la humanidad entra en la plenitud la obra de salvación de Cristo. Por eso quiso Juan Pa-
de los tiempos». Esto lo explica en la primera parte de blo II que comenzase en Pentecostés. Esa fiesta tiene
la encíclica, en toda la riqueza de su significación. Esa una razón de ser: celebra el comienzo del caminar de la
plenitud de los tiempos respecto de las promesas, es el Iglesia con María, que está ahí, en el comienzo de ese
XVI Introducción Introducción XVII

itinerario de la Iglesia, y le acompaña en su caminar. arrancando con la Virgen cada mañana, acompañándo-
Y nosotros nos dirigimos así hacia Ella. nos Ella con su acción materna, cooperando para intro-
El Año Mariano, por tanto ·-y para nosotros tam- ducimos en el misterio de Cristo; y mirando hacia Ella
bién los Ejercicios marianos-, son una llamada a re- como término del día para recogemos bajo su manto,
memorar la especial y materna cooperación de María que nos espera como signo de seguridad y de consuelo.
en la obra de Cristo en el pasado, a recordar que Ma-
ría ha actuado, ha cooperado con una de una manera Todo esto, nos dice Juan Pablo II, tiene una nota
esencial. Y no solo recordar, sino preparar cara al fu- ecuménica. ¿Por qué? Primero, porque es un elemento
turo los caminos de esa cooperación -ahora que esta- de unión, sobre todo con los ortodoxos. Este Papa se
mos en el segundo milenio-, aprender a realizar esa caracterizó en su visión eclesial por una atención muy
cooperación y contar con ella, y a ver cómo la Virgen marcada hacia los ortodoxos. En este sentido, tal vez,
va a continuar, y disponemos a ella. Preparar esa coo- ha cambiado el ritmo. Es interesante esta observación.
peración. El movimiento ecuménico, que a raíz del Concilio se
desarrolló mucho, quizás en los condicionamientos hu-
El Año Mariano termina el 15 de agosto. También manos, debe mucho a la figura de los insignes ecume-
expresa Juan Pablo II por qué ha escogido esa fecha. nistas de aquel momento que pusieron todo lo mejor
Podía haber dicho: un año a partir de Pentecostés has- que tenían en esta causa. Y quien marcó muchísimo ese
ta el Pentecostés siguiente. La razón es «para hacer re- carácter ecuménico fue el cardenal Agustín Bea, rec-
saltar el signo grandioso en el cielo» del Apocalipsis: tor del Instituto Bíblico y hombre de gran confianza de
«Una señal en el cielo: una Mujer con doce estrellas Pío XII, creado cardenal por Juan XXXIII. Este hom-
y la luna a sus pies» (Ap 12,1 ), que es la glorificación bre realmente competente, de mucho celo, encauzó ese
de la Virgen. Es el signo al cual miramos. Es el futuro, movimiento ecuménico. Pero, él era alemán y tuvo pri-
hacia ahí vamos. «Conforme a la exhortación del Con- mariamente presente el mundo protestante, luterano,
cilio, tenemos que mirar a María como signo de espe- etc., y se caracterizó con una preeminencia de esta ver-
ranza segura y de consuelo para el Pueblo de Dios pe- tiente. Obtuvo pocos frutos porque es muy difícil esta
regrinante» (RM 50). Por lo tanto, está en el origen, nos tarea, ya que el movimiento protestante no tiene lo que
acompaña activamente en ese itinerario de fe con una podríamos llamar interlocutor válido. No hay una per-
presencia viva, ejemplar, y está ahí como signo de segu- sona que de alguna manera represente la corriente pro-
ridad hacia el que nosotros miramos. Y por eso, hacia el testante y sea cabeza de ella, con quien se pueda esta-
15 de agosto, ¡vamos hacia allá! Es lo que tanto le gusta blecer un diálogo; sino hay tantos cuantos pensadores,
a la Iglesia: el itinerario de la vida hecho litúrgicamen- tantos cuantos teólogos.
te. Es como toda la vida vivida en un año. Y en último El papa Juan Pablo II viene del ambiente eslavo y
término, toda la vida vivida cada día. Todo el proceso, tiene muy presente la iglesia oriental, la iglesia orto-
XVIII Introducción Introducción XIX

doxa, a la que hace continuas referencias. Hablaba a voción a María: «Nos sentimos verdaderos hermanos y
veces de «los dos pulmones de la Iglesia de Europa», hermanas ante la Madre de Cristo».
la iglesia de oriente y la de occidente. Él desde el prin-
cipio marcó esta dimensión hacia el oriente, hacia los Ya que Juan Pablo II nos indica en su encíclica Re-
ortodoxos, y ha dado pasos de gigante en este camino. demptoris Mater el sentido de esta visión cristiana ma-
La visita del patriarca Dimitrios a Roma fue un he- riológica, vamos a procurar nosotros en los Ejercicios
cho muy notable, después de aquellos contactos con atender a esta riqueza, a esta presencia activa y materna
Atenágoras que ya había habido con Pablo VI, pero de la Virgen en nuestra vida, animarnos a ello no aisla-
con este de manera más marcada. Y cuando habla del dos solamente en la historia de las almas, en el camino
ecumenismo, de ordinario subraya más, porque ve una de fe personal, sino también en el itinerario de la co-
posibilidad más real, la línea de oriente, que se carac- munidad, de los pueblos, de nuestra Iglesia en España,
teriza por una devoción a la Virgen muy superior a la etc. Recunid a Ella de manera especial con un texto que
nuestra, como línea mayoritaria. Los orientales vene- redacta en la conclusión y con el que quiero terminar.
ran a «la toda Santa» con un culto extremo, con una Recoge como oración final de la encíclica, el famo-
gran veneración. so saludo a la Madre del Redentor: «Madre del Reden-
Entonces Juan Pablo II indica que esto tiene una tor, que eres puerta abierta del cielo, Estrella del mar, tú
nota ecuménica: nos sentimos más íntimamente liga- que concebiste con admiración de la naturaleza al Hijo
dos, nos sentimos hermanos y hermanas cuando vene- de Dios, ayuda al pueblo que cae, cadenti, pero que se
ramos a la Madre de Cristo. Esta línea marianapPue- esfuerza por levantarse» (RM 51). Primero resalta la
de ayudar a que se superen los obstáculos hacia una admiración de que la Virgen haya llevado en su seno al
unión. Y como Juan Pablo II era muy inclinado a los Hijo de Dios, que haya engendrado a su Creador. Esto
recuerdos, centenarios, etc., por su gran persuasión de va a ser para nosotros la unión al misterio de Cristo. Y
que los pueblos tienen que enraizarse en su pasado, en después explica lo que es la naturaleza de nuestra vida.
su tradición -«Europa tiene que ser Europa si respeta Tenemos que acercarnos como somos. Y ¿qué somos
sus raíces cristianas»; llamaba también «las raíces cris- nosotros? Un pueblo, personas que caen. Es decir, esta-
tianas de Europa», con una mirada continua hacia esas mos, o caídos y tratamos de levantarnos, o en posibili-
raíces-, y este año 2000 era precisamente el milenario dad de caer, como en el borde, cadenti. Es el pueblo que
de la conversión de san Vladimiro, el gran príncipe de cae, que es frágil, pero que se esfuerza por levantarse.
Kiev, que tuvo tanto influjo en el territorio que entonces Ahí tenemos que pedir ayuda a la Virgen para cada uno
era la Rus, Juan Pablo Il animaba a esta celebración. de nosotros. Somos así, seres frágiles que por mucho
Fue una coincidencia con el Año Mariano, y de ahí que que tratemos y nos esforcemos por evitarlo, cada uno
deseara una unión de plegarias con católicos y ortodo- siente en sí su fragilidad, y siente en sí caídas, y siente
xos, con ese renovado sentimiento de gozo por su de- en sí casi admiración de no caer de nuevo; y quiere es-
XX Introducción

forzarse. Y la Virgen tiene que venir en ayuda nuestra,


como verdadera Madre, en esa actividad suya de cola-
boración en la obra de Cristo, para introducirnos, para CON MARÍA
disponernos, para llevarnos a la intimidad del Señor y a
la fuerza de Cristo.
A la Virgen pues, le vamos a pedir una gracia espe-
cial y una ayuda en estos días, en este tiempo de me-
ditación, de recogimiento, en el cual queremos fijar
nuestra mirada en Ella, en su vinculación al misterio
de Cristo, en su vinculación al misterio de nuestra vida,
esperando que sea de veras para nosotros la Estrella de
la mañana y la Estrella del mar que nos guíe con segu-
ridad y serenidad hacia el Corazón de Dios.
l.a MEDITACIÓN
MARÍA: PLENITUD DE GRACIA

Hacíamos una introducción a los Ejercicios, tomá-


bamos el tema de la Virgen siguiendo las orientaciones
del Año Mariano, y nos fijábamos, como decía Juan Pa-
blo II que era su intención, sobre todo en la presencia
ejemplar y activa de la Virgen. Quiere decir que hemos
de tomar conciencia de que nuestra devoción mariana
no es simplemente sentimental, si no se funda de ver-
dad en una realidad dogmática, en una realidad que es
vida, y que tiene que tener esa doble característica que
se realiza en cada uno de los misterios que celebramos
de la Virgen: en cualquiera de ellos podemos ver un as-
pecto ejemplar para nosotros, porque María es tipo de la
Iglesia, y tipo excelente al que podemos acercarnos, y
un camino hacia Cristo por su misma realidad personal.
Por lo tanto, tenemos que ver siempre en esos misterios
cómo podemos realizarlos en algún grado en nuestra
vida. Junto a eso, tenemos que contar con su cercanía,
con su ayuda, con la colaboración de su corazón mater-
no y de su intercesión poderosa en nuestra vida.
Recientemente la Virgen se ha mostrado más próxi-
ma a nosotros de muchas maneras en la vida de la Igle-
sia. Importantes por su resonancia, podemos recordar
las intervenciones de Lourdes y de Fátima. Siempre
llama la atención en ellas la actitud de María que lle-
va hacia Cristo. Sea en Lourdes, sea en Fátima, Ma-
ría conduce a la adoración, a la celebración eucarística.
Lourdes es hoy uno de los lugares más grandes de ado-
l.a MEDITACIÓN
MARÍA: PLENITUD DE GRACIA

Hacíamos una introducción a los Ejercicios, tomá-


bamos el tema de la Virgen siguiendo las orientaciones
del Año Mariano, y nos fijábamos, como decía Juan Pa-
blo II que era su intención, sobre todo en la presencia
ejemplar y activa de la Virgen. Quiere decir que hemos
de tomar conciencia de que nuestra devoción mariana
no es simplemente sentimental, si no se funda de ver-
dad en una realidad dogmática, en una realidad que es
vida, y que tiene que tener esa doble característica que
se realiza en cada uno de los misterios que celebramos
de la Virgen: en cualquiera de ellos podemos ver un as-
pecto ejemplar para nosotros, porque María es tipo de la
Iglesia, y tipo excelente al que podemos acercarnos, y
un camino hacia Cristo por su misma realidad personal.
Por lo tanto, tenemos que ver siempre en esos misterios
cómo podemos realizarlos en algún grado en nuestra
vida. Junto a eso, tenemos que contar con su cercanía,
con su ayuda, con la colaboración de su corazón mater-
no y de su intercesión poderosa en nuestra vida.
Recientemente la Virgen se ha mostrado más próxi-
ma a nosotros de muchas maneras en la vida de la Igle-
sia. Importantes por su resonancia, podemos recordar
las intervenciones de Lourdes y de Fátima. Siempre
llama la atención en ellas la actitud de María que lle-
va hacia Cristo. Sea en Lourdes, sea en Fátima, Ma-
ría conduce a la adoración, a la celebración eucarística.
Lourdes es hoy uno de los lugares más grandes de ado-
4 Con María MI. María: plenitud de gracia 5

ración eucarística. Lo mismo que Fátima. Ella siempre presión tan genuina y espontánea de san Estanislao de
lleva a construir una iglesia donde se venere a su Hijo. Kostka, cuando a sus dieciocho años le preguntaban:
Es siempre camino hacia, lleva a Jesús. La figura de «¿Quieres mucho a la Virgen?», y él contesta: «¡Cómo
María que lleva en sus brazos al Niño, a quien encuen- no la voy a querer, si es mi Madre!». Pero esto dicho de
tran los magos -«a Jesús con María, su Madre»-, es veras, porque la vida de fe no es montaje, es aceptar la
algo que se mantiene siempre. Pero en esos fenómenos realidad y vivirla, simplemente.
es bueno reflexionar en que no son hechos extraordina-
rios, sino parte de la actuación de su función de madre. El Concilio enseñaba, en la Constitución sobre la
María es Madre, esto es verdad. Es Madre de la Iglesia Iglesia, cuál es el verdadero culto de los santos, defen-
como comunidad, como Pueblo de Dios; es Madre de diendo ese culto esa veneración porque son hermanos
los Pastores; es Madre de cada uno de nosotros e in- nuestros, son amigos de Jesús. Pero ponía en guardia
terviene en nuestra vida. Es su función, su misión. Esa sobre lo que debe ser un culto auténtico a los santos. Y
intervención podrá tener características en algunos ca- explicando lo que era ese verdadero culto decía que no
sos extraordinarias, pero son matices en último térmi- consiste tanto en la multiplicidad de actos exteriores:
no accidentales. Lo fundamental es que nos sigue, nos una novena que se hace, una oración que se le dirige o
ayuda y nos alienta en nuestro caminar; está presente, una procesión en que se le lleva -«no tanto», no es que
acompaña a la Iglesia en su peregrinación con corazón diga que no hay nada de eso-, cuanto en la intensidad
materno. Por eso, nuestra devoción hacia Ella no puede de nuestro amor activo. Es nuestro amor a ellos, amor
reducirse a unas prácticas exteriores. Debe ser una ver- verdadero, activo, por el que buscamos «en la conver-
dadera «devoción» en el sentido teológico de la pala- sación, el ejemplo; en la comunión, la familiaridad; y
bra: entrega amorosa, actuación de nuestra relación per- en la intercesión, la ayuda» (LG 7).
sonal verdadera para con Ella. ¡Es vivir lo que somos! Toda la vida cristiana es una comunión. Nosotros,
Así como el amor que tenemos a nuestra madre, a en este orden visible en el que nos movemos tenemos
nuestro padre, no es algo sentimental, puramente ima- que estrechar esa comunión y vivirla. Uno de nuestros
ginativo, sino que es acoger vitalmente la relación que fallos puede ser nuestra falta de comunión. Eso es error,
tenemos con ellos y, por lo tanto, tenerlos como ver- es defecto. Entonces, nos ayudamos unos a otros. Nos
daderos padres, igual aquí. Con Dios tenemos relación hace bien el encontramos aquí reunidos, el participar
de hijos, somos hijos de Dios y somos hijos de María. de unos ideales comunes, el conversar unos con otros,
María es Madre. Tenemos que vivir esa relación perso- el alentamos. Quizás, desgraciadamente, lo hacemos
nal, distinguiendo la actitud cordial habitual, la actitud poco. Deberíamos alentamos más, ayudamos más. Es-
estable, permanente para con Ella, de lo que pueden ser toy seguro de que las familias irían mejor si tuvieran
actos explícitos de culto o veneración. Lo estable es esa verdaderos lazos en comunión de ideales, no simple-
actitud de corazón: «¡Es mi Madre!». Como aquella ex- mente de diversión o de meras vinculaciones cultura-
6 Con María MI. María: plenitud de gracia 7

les, sino de aliento de ideales. Estamos hechos para una sentimos cercanos de corazón con la Virgen. Y su inter-
vida de comunión. cesión es especialísima, ejercita con nosotros una ayu-
Pues bien, con los santos tenemos que mantener da materna.
también lazos de comunión. Son verdaderos los lazos Pero respecto de María tenemos que decir lo mismo:
con los santos. Ellos no dan la espalda a la realidad de no basta multiplicar algunos actos exteriores o prácti-
nuestra vida, sino que se interesan por nosotros y de- cas de devoción, es necesario atender a esa devoción
sean también que nosotros establezcamos contacto con del corazón, a esa relación con Ella, relación de vida
ellos, comunión. Esto es a lo que se refiere el Concilio que afecta al sentido de nuestra existencia, que luego
cuando dice que «busquemos con la conversación, el se manifestará en las prácticas. Es verdad; el afecto que
ejemplo». Solemos usar este dicho: «Dime con quién puedo tener a mi madre se expresará en el obsequio que
andas y te diré quién eres». Sabemos muy bien que la le puedo hacer el día de su fiesta, de su cumpleaños, o
persona con la que tratamos nos influye en la conver- en cualquier otra oportunidad que pueda encontrar fa-
sación: si tenemos una persona amiga ejemplar nos le- vorable. Y no será muy verdadero ese afecto si no en-
vanta, nos eleva también a nosotros. Con los santos es cuentra esas ocasiones donde se exprese en prácticas.
igual, hay que conocerlos. No se trata de figuras pasa- Pero es verdad que por mucho que yo haga una prác-
das que se perdieron en la vida y quedaron como sim- tica y el día de su santo le mande un regalo, si no vivo
ples recuerdos históricos, sino que son seres que están, filialmente con ella, es escaso lo que hago como hijo y
que viven, que existen, con los que podemos entablar no corresponde a lo que debe ser el corazón filial. En
un contacto interpersonal. Esta es la verdadera devo- toda la vida cristiana siempre tenemos que atender al
ción a los santos, la familiaridad con ellos. corazón: el corazón filial para con María, como corazón
«Enriquece copiosamente el culto debido a Dios», filial hacia el Padre, cada uno en su grado, en el orden
dice el Concilio. Ahí tenemos pues, todo un campo querido por el Señor.
abierto: variedad de devociones, variedad de vínculos Por eso es tan importante conocer a María y su
con cada santo. Esta es la vida y esta es la realidad de puesto en el misterio de Cristo y de la Iglesia, en el
nuestra «comunión de los santos». misterio de nuestra vida, de la vida eclesial, de la de
cada uno, su relación con nosotros, su función en nues-
Ahora, todo esto tenemos que aplicarlo a la Virgen tra historia. Porque si la Virgen no tuviera nada que ver
y a nuestra vida. Esta realidad se realiza en Ella en gra- con nosotros ni tuviera ninguna relación vital, sería ma-
do sumo: la conversación con la Virgen pone en noso- teria de pura curiosidad. Yo puedo hacer una investiga-
tros el ejemplo de María, nos eleva, nos levanta. En la ción sobre su figura, la gracia que tiene, etc. Pero me
medida que la conversación es verdadera, su ejemplo dejaría muy lejos. No, esto hay que hacerlo como con
es más íntimo, más eficaz para nosotros. Lo mismo, en un ser vivo y amante junto a nosotros: yo la conozco, y
la comunión con Ella adquirimos una familiaridad, nos conociéndola la admiro, vivo su intimidad; y Ella está
8 Con María M l. María: plenitud de gracia 9

cerca, presente y me ayuda. Es lo que nosotros quere- a estar estos días reflexionando, y puede uno tener la
mos hacer en estos días. impresión de que me desentiendo de lo demás. Después
«En el caso de la Virgen, se trata de aquella que, haré un esfuerzo para acercarme más. Se hacen muchas
después de Cristo, ocupa en la santa Iglesia el lugar más veces en nuestra imaginación como dos magnitudes que
alto y a la vez el más próximo a nosotros» (LG 54). en cierta manera se contraponen. El Concilio, hablando
Esta es la posición de María. Es miembro de la Iglesia, de la Virgen, propone un principio que tiene una apli-
es verdad. ¿Es Madre? Sí, es verdad. Pero, ¿cómo si cación mucho más universal: «cuanto más cercano a
es miembro de la Iglesia es Madre? Sí, es lo que suce- Dios, más próximo estoy a los hombres». Este principio
de con una entidad como el Cuerpo Místico de Cristo: es importante. Es cierto que si no estamos cerca de los
cada uno de nosotros es hijo de la Iglesia, ha sido en- hombres es porque estamos lejos de Dios. Y cierto que
gendrado y formado por la Iglesia; y cada uno de no- quien está identificado con Dios, está muy cerca de los
sotros es madre de la Iglesia porque cada uno tiene que hombres. ¿Por qué esto? Primero, porque en el misterio
colaborar al aumento de esa Iglesia y a la generación de de Cristo se revela el misterio del hombre.
nuevos hijos de la Iglesia, y eso no es obstáculo. Pues Nosotros somos soberbios. El hombre tiende a ser
bien, María es miembro de la Iglesia. Pero hay un mo- soberbio y autosuficiente. El gran pecado nuestro está
mento en que toda la Iglesia es solo María: es el mo- en la autosuficiencia, y una autosuficiencia que sabe-
mento de la Anunciación, el momento de la Encama- mos que es insensata. ¡Lo sabemos!, pero queremos
ción del Verbo. María es sola Ella toda la Iglesia, y Ella mantenerla. Porque ningún hombre ignora que él no
de esta manera engendra la Iglesia. Es miembro insigne puede nada, que él pasa, que va a ser absorbido por la
de la Iglesia. María es la Iglesia ideal, «la santa e inma- muerte, que está lleno de deficiencias, no lo puede ig-
culada». Como dice san Pablo en la Carta a los Efesios: norar. Y sin embargo pretende una permanencia, inclu-
«Jesucristo amó a la Iglesia y dio su vida por ella, para so en la memoria del tiempo, pero por sus fuerzas. Y le
hacerla santa e inmaculada» (cf. Ef5,25-27). Pues bien, molesta el recurrir a Dios como salvador suyo. Quiere
en María es la Iglesia «santa e inmaculada», lo es ya. Es ser él su propio salvador. Ahora bien, cuando se coloca
anticipación de lo que será la Iglesia toda al final de los en esta actitud establece inmediatamente una especie •
tiempos. María es un miembro perfecto. Y esta Virgen de muro respecto de los demás, porque se tiene uno que i
ocupa en la Iglesia el lugar más alto, pero, interesante, levantar apoyándose en los demás como sea. Y viene
a la vez el más próximo a nosotros. todo el desorden de la dimensión horizontal de nuestra
Es bueno que reflexionemos sobre algo importante vida que queda malherida por nuestra falta de dimen-
en nuestra vida: una de las cosas que nos puede hacer sión vertical: soy yo el que me impongo. Y el hombre
daño es establecer una especie de separación de nues- para el hombre pierde su carácter de dignidad, por mu-
tra santidad, nuestra entrega a Dios y nuestra cercanía cho que lo anuncie con palabras. Al hombre anciano, al
a los hombres. Por ejemplo, ahora nos retiramos, vamos enfermo, no se le reconoce dignidad, como no se reco-
10 Con María M l. María: plenitud de gracia 11

noce dignidad al niño que no ha nacido. ¿De qué vie- Y María es la más alta de las criaturas y por eso es la
ne esto? De la visión egoísta del mundo. El hombre, al más cercana a cada hombre, porque es la que más par-
afirmarse así, se distancia de los otros; únicamente los ticipa del Corazón de Dios. Así es nuestra Madre y así
manejará como elemento útil, pero nada más porque no tenemos que entrar en Ella. Este principio, como digo,
reconoce en nadie, en ningún otro, una dignidad seme- es importantísimo.
jante a la suya; él es más que todos. Vamos a procurar ir viendo la función de María y
Entonces ¿qué sucede? Que el misterio y la digni- su tipología; las dos cosas: cómo es la Virgen, su inser-
dad del hombre se encuentra en la revelación de Dios, ción en el misterio de Cristo, y qué significa esto para
en eso tan impresionante que significa el amor y la elec- nosotros, qué nos enseña, qué aplicación tiene junto a
ción que Dios ha hecho de él. Pero no del hombre abs- la cercanía que Ella tiene en nuestra vida.
tracto, ¡de ese hombre con el que yo me encuentro!, ha
sido elegido por Dios desde toda la eternidad, es objeto Podemos partir del primer pasaje del evangelio que
de un amor infinito. Ese hombre que está enfermo es nos habla de la Virgen que es, en el evangelio de san Lu-
como una cosa santa. Y esto vale en todas las aplica- cas, el pasaje de la Anunciación, donde aparece una lec-
ciones. El mismo padre de familia que tiene un niño ción grande: la Virgen en su absoluta humildad, pobre-
pequeño, fácilmente hace de él una especie de jugue- za y sencillez social. Los exegetas y teólogos creen que
te con el que se entretiene, se encuentra a gusto y está los dos primeros capítulos de san Lucas tienen como
bien. Ese niño es hijo de Dios, tiene una dignidad que fuente los relatos de la Virgen y es muy probable que
merece un respeto sumo. sea así. Llama la atención la humildad y la sencillez de
Nada hay más cercano al hombre que Dios, nadie María, esas virtudes tan profundas y tan esencialmente
está tan cerca del hombre, nadie ama tanto al hombre, cristianas. Porque cuando habla de otros personajes los
¡nadie! Por lo tanto, cuanto más sintoniza con Dios y presenta según la riqueza de su generación, de su dinas-
se identifica con Él y se eleva a Dios, más cerca se en- tía. Por ejemplo, cuando presenta al sacerdote Zacarías:
cuentra del hombre. Esa es la paradoja de la verdadera de qué tribu era, de qué ciudad, cuál era su timbre de
cercanía de Dios y donde se nota que es verdadera. Por- gloria humana; incluso de san José lo dice. De sí mis-
que hay algunas representaciones de Dios que no acer- ma no dice nada. La impresión que produce ese texto
can al hombre, porque no es verdadero acercamiento a de san Lucas es de gran sencillez, es una especie de in-
Dios, sino una construcción del hombre que, en cier- nominación: «Fue enviado por Dios el ángel Gabriel, a
ta manera, construye un ídolo, algo suyo, que es, en un pueblo de Galilea llamado Nazaret». El pueblo que
·el fondo, una proyección de sí mismo; entonces no se no aparece en la Sagrada Escritura, es la primera vez
acerca al prójimo. Pero cuanto más alto es el hombre y que aparece. No tiene ninguna carga de tradición, de
más cercano a Dios, más cerca está del hombre. Nadie nobleza, no tiene nada de eso. «A un pueblecito de Ga-
, como el que sintoniza con el Corazón de Dios. lilea llamado Nazaret, a una virgen, a una joven virgen
12 Con María MI. María: plenitud de gracia 13

que estaba desposada con un joven, José, de la casa de nos marca es el de la acción, hay que trabajar con toda
David -este sí, de la casa de David-, y el nombre de la resonancia que necesite la obra que uno hace; pero
la virgen era María, Miriam». Y no dice más de Ella. saber que el sentido de la vida no se reduce a eso. Tene-
¿Cuál es la lección importante? La mayor riqueza mos que aprender que la profundidad de los misterios
de los misterios de Dios se ha vivido en un ambiente se vive muchas veces en lo imperceptible de la vida.
exteriormente insignificante. Estos grandes misterios Este es el caso de la Virgen. María está ahí como
de la Virgen, la realidad de lo que va a ser María, so- Estrella de la mañana, esperando. Está llegando el mo-
' cialmente pasa desapercibido. Es algo que nos cuesta mento y, sin embargo, no lo notan los que están alre-
i muchísimo. Quizás nosotros ponemos siempre como dedor. Pero sí lo nota el Señor. A los ojos de Dios es el
ilusión hacer notar nuestro paso por donde vamos, y momento grande. Así lo dice Juan Pablo II en este pa-
casi, cuando no ha quedado esa huella que hubiéramos saje: «María apareció antes de Cristo en el horizonte
deseado, nos consideramos fracasados. Y sin embargo, de la historia de la salvación. Es un hecho que mien-
la grandeza de los misterios y de la obra de salvación tras se acercaba definitivamente la plenitud de los tiem-
se realiza casi en el anonimato, pasa desapercibido. pos, o sea, el acontecimiento salvífico del Emmanuel,
; Pero María está ahí. Juan Pablo II lo hace observar en la que había sido destinada desde la eternidad para ser
el prólogo al hablar de la preparación del milenio con su Madre, ya existía en la tierra. Este preceder suyo
unas frases muy bellas, cuando dice cómo se adelanta a la venida de Cristo se refleja cada año en la litur-
María. María es la que aparece antes de la llegada de gia del Adviento [... ]. Su presencia en medio de Israel
Jesús. Y la presenta de esa manera, como diciendo: era -tan discreta que pasó casi inobservada a los ojos de
desconocida para los que tenía alrededor, era conocida sus contemporáneos-, resplandecía claramente ante el
para Dios. Eterno, el cual había asociado a esta escondida hija de
Tenemos que aprender a amar. No quiere decir re- Sión al plan salvífico que abarcaba toda la historia de
ducimos a esto, cada uno tiene su misión que tiene que la humanidad. Con razón pues, al término del segundo
cumplir. Pero una de las grandes tentaciones del hom- milenio, nosotros los cristianos, que sabemos cómo el
bre es cifrarlo todo en hacer cosas visibles. Es un hecho plan providencial de la Santísima Trinidad sea la reali-
que hay menos viudos que viudas, y he oído dar esta dad central de la revelación y de la fe, sentimos la ne-
, explicación: que la mujer está más acostumbrada, por cesidad de poner de relieve la presencia singular de la
lo menos hasta ahora, a no ser tan protagonista; en cam- Madre de Cristo en la historia» (RM 3). Sin embargo,
, bio el hombre, si deja de ser protagonista se muere, por- muchas veces pasa también desapercibida.
que acaba por no ver razón de ser de su existencia. Por El hecho es ese, es así. Esto es el comienzo, es lo·
eso se habla de que hay que educar al ocio, etc. No hay primero que se nos presenta de María: es una suma dis- ,
que ir por ese camino, sino hacer entender dónde están creción, un ambiente que pasa desapercibido donde
los verdaderos valores. Cuando el camino que el Señor se encuentra. Pero los ojos del Señor se fijan en Ella,
14 Con María M l. María: plenitud de gracia 15

como le dirá el ángel: «Has encontrado gracia a los ojos puesto que en el mismo Génesis, en el anuncio de la
de Dios». Esto es un fenómeno que se repite, que im- redención se hace mención a que «pondré enemistades
presiona, por ejemplo, en el anciano Simeón. Es un an- entre ti y la mujer». Ahí aparece «la mujer». Y en el tex- ·
. ciano que pasa desapercibido, que quizá tendría esas to de los Gálatas dice: «nacido de mujer», de nuevo la
· <~orobillas» que tiene un anciano con sus achaques, figura de la mujer, la mujer, esa concreta. A lo largo de
· sus rarecillas las tendría también. Pero nos cuesta com- las predicciones de Isaías también está siempre vincu-
prender que, incluso en las rarezas que puede haber en lada la Encamación a la Madre del Mesías, del Hijo
una edad humana, puede darse la plenitud del Espíritu de Dios. María está unida así para siempre, para toda
Santo. Nos impresionan demasiado ciertos factores. En la obra de Jesús, hasta el final, en que aparecerá en el
el caso de Simeón se nos dirá que «estaba lleno del Es- Apocalipsis de nuevo «la mujer». Ahora bien, el texto
. píritu Santo», que el Espíritu le hablaba, le consolaba, más completo para indicamos el sentido profundo de la
que le prometió que vería al Mesías, y le conducía tam- función de María, su vinculación a Cristo, al Salvador,
bién. Junto con esos aspectos humanos está la acción de es el de la Carta a los Gálatas.
Dios, la acción del Espíritu Santo. Así, pues, encontra-
mos a la Virgen. La Carta a los Efesios -también citada por Juan
Pablo II-, en su capítulo primero, presenta un pasaje
Y a esta Virgen se le dirige un mensaje cuya palabra delicioso que nos puede iluminar sobre el sentido de
clave es: «Alégrate, Dios te salve». «Alégrate, llena de ese «llena de gracia», porque está unido «llena de gra-
gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las muje- cia» con «bendita entre las mujeres», con las bendicio-
res». Esta es María. Sea el Concilio, sea Juan Pablo II nes. La «llena de gracia» significa que tiene plenitud de
en su encíclica, toman como punto de partida lo que es la gracia que brota de la Trinidad, del amor trinitario,
María. Se refieren los dos a la Carta a los Gálatas, don- y que se le transmite al hombre. ¡Esa es la gracia!, ese
de se recalca que la predestinación de María está unida es el don divino: comunicación del mismo Dios aman-
a la predestinación de Cristo, y se dice desde el comien- do. Ahora, Dios ama, y ama a cada uno de nosotros y le
zo: «Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su ama como es. No solo, diríamos, dirige su amor hacia
Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a esta persona, sino que le pone dentro una riqueza de do-
los que se hallaban bajo la ley, para que recibieran la fi- nes que llamamos plenitud de gracia.
liación adoptiva» (Gál4,4-5). Quiere decimos: cuando La plenitud de gracia se puede entender: la elec-
Dios pensó en Jesús, pensó en su Madre. María entra en ción y predestinación de Dios para ser Madre. Y puede
el decreto mismo de la redención; en el mismo decreto entenderse toda la riqueza que en consecuencia de esa
por el que un hombre va a ser Redentor, Hijo de Dios, predestinación pone en Ella para que pueda cumplir esa
aparece la Virgen, unida desde el comienzo. Así apare- misión. Porque es Madre se le han dado las riquezas in-
ce de hecho a lo largo de la historia y de la preparación, teriores necesarias para que sea Madre; viviéndolo en
16 Con María M l. María: plenitud de gracia

una apariencia exterior absolutamente sencilla y humil- alrededor, que nos hace olvidar esto, personalmente y
de, pero la riqueza está dentro. respecto de los demás.
Este tema, «la plenitud de gracia como amor», nos Pero la palabra de la Carta a los Efesios es pro-
ayuda también a nosotros, porque el texto de la Carta a funda: «nos ha elegido en Él antes de la fundación del
los Efesios es más general. Hay que aplicárselo a la Vir- mundo». Y también: «nos ha bendecido en Cristo».
gen, pero habla de nuestra elección en Cristo, habla de ¿Qué significa ese «nos ha bendecido»? La bendición
nosotros. Todos hemos sido elegidos en Cristo, somos de Dios es el amor que nos tiene. Nos ha amado, somos
objeto de ese amor, de esa predilección, y todos somos objeto de ese amor. Quisiera expresarlo de esta mane-
hijos. También María es hija del Padre, pero evidente- ra porque me parece que no es salir de la realidad. Uno
mente su relación de maternidad es única, su plenitud nota la vida y hablamos así: ¡qué vida hay alrededor de
de gracia es única. Por eso se llama «bendita entre las nosotros! La vida no está en la vegetación, la vida no es
mujeres». En Ella tienen una riqueza especial las bendi- una energía. La vida es un amor, y la vida es personal,
ciones que nos han venido a nosotros por Cristo, de las comunicación de una realidad personal que es Dios. La
que habla la Carta a los Efesios. vida no es la física porque, ¿qué sería la vida si fuera
En esta carta dice san Pablo: «Bendito sea el Dios simplemente vibraciones? Eso no es la vida. ¡La vida
y Padre de nuestro Señor Jesucristo» (Ef 1,3s). Las pa- es Dios!, es la fuente trinitaria. El amor del Padre y del
labras de bendición se llaman también palabras de ac- Hijo que comunican ese amor, que dan el Espíritu que
ción de gracias y también de confesión. En el fondo son lo vivifica todo, es la vida. ¿Qué quiere decir cuando
sinónimas. Decir: bendito sea Dios, es decir: gracias a nosotros al levantamos por la mañana decimos: «vol-
Dios, o también significa: alabado sea Dios. Confesión, vemos a la vida»? ¡El amor!, que estamos en la corrien-
bendición y acción de gracias son sinónimas. Es como te del amor, es Dios. Su amor personal nos sostiene, se
una elevación hacia Dios agradeciéndole: «¡Bendito nos comunica, está manteniendo todo lo que tenemos a
sea Dios!». «Padre de nuestro Señor Jesucristo» es la nuestro alrededor, es la vida. Lo que llamamos vida es
designación. Es Yahvé, el Padre a quien Jesús se dirige amor, es el amor del Señor.
con esa palabra: «Abbá». «Padre de nuestro Señor Je- Todos hemos sido objeto de ese amor. San Pablo lo
sucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendi- pone en esa forma universal: «nos ha bendecido con
ciones espirituales en los cielos, en Cristo». La fuente toda clase de bendiciones en Cristo; nos ha elegido en
de todo nuestro enriquecimiento es nuestra unión con Él antes de la fundación del mundo». Este es un mis-
Cristo, es el habemos visto el Padre en Cristo. Y dice: terio que teológicamente se explicará de diversas ma-
«nos ha elegido en Él antes de la fundación del mun- neras, pero hay una verdad que es esta: Dios nunca ha
do». Esta visión, que es la visión de fe, es la que nos sido Dios sin pensarme y amarme a mí. No ha habido ni
muestra nuestra dignidad, lo que somos, ¡que se nos bo- un momento de Dios en que Él no me haya amado, co-
rra! Nos coge tanto la corriente de lo que nos envuelve nociéndome, y amándome, es verdad. En este sentido
18 Con María M l. María: plenitud de gracia 19

yo soy eterno. No es que empezó a pensar en mí en el eso desde el Génesis aparece la mujer. Es verdad, y se
tiempo. No, me amó desde la eternidad: «Con caridad anuncia que todos seremos redimidos y que se aplastará
perpetua te amé» (Jer 31,3). Por eso dice: «antes de la la cabeza de la serpiente; pero se anuncia y destaca el
fundación del mundo me eligió». La bendición consiste papel de la mujer que estará ahí. Por eso aparece «llena
en esa elección: me amó y me eligió, antes de la funda- de gracia» y «bendita entre todos». «Bendita más que
ción del mundo. todas las mujeres», bendita más que todos los hombres
¿Para qué me eligió? «Para que seamos santos e in- porque en Ella concurre la plenitud de la bendición de
maculados en su presencia en el amor». ¿Para qué me Dios. Esa es la «llena de gracia», la «bendita entre to-
'ha creado? Para que viva en la plenitud de la vida, en su das las mujeres», en quien se realiza en cierto sentido
•amor «santo e inmaculado». ¿Por qué? Porque la falta «toda la gloria de su gracia», en María. Y Ella tiene
de santidad y la mancha son negación del amor, y eso una bendición singular entre todas las bendiciones en
no puede permanecer en su presencia. Nos ha elegido Cristo y es amada eternamente en ese Amado de una
para ser «santos e inmaculados en su presencia», es la manera única. Ha sido amada como nadie y es la que
entrega. Es el amor que da la vida, que se entrega en su concentra esa «gloria de su gracia». Pero es interesante,
presencia en el amor. «Eligiéndonos de antemano para la presentación de la Virgen en esa plenitud de su gra-
ser sus hijos adoptivos, por medio de Jesucristo, se- cia se refiere a la lucha con la serpiente. En esa lucha
gún el beneplácito de su voluntad», para que llegado el María está con un papel central. Y en medio de esa lu-
tiempo nosotros tuviéramos la filiación en Cristo, «para cha se muestra también en la Iglesia en el Apocalipsis,
alabanza, para esplendor de la gloria de su gracia, con cuando aparece la mujer en medio, objeto del odio, de
la que nos agració en el Amado». Estamos en la fuente la enemistad del dragón que trata de apoderarse de Ella,
del amor. El Amado es Jesucristo, su Hijo. Ahí es donde de vencerla. María aparece siempre con una particular
nos ha introducido. Esa es la gloria de su gracia con la riqueza de gracia.
que Él nos ha elegido, nos ha agraciado en el Amado. ¿De dónde le viene esta gracia? Simplemente de su
Nos ha metido en esa relación del Padre con el Hijo. Y elección para Madre del Hijo de Dios. Ahora bien, todo
«en Él tenemos, por medio de su sangre, la redención, lo que es relación personal es perpetua: María es defi-
el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia». nitivamente Madre de Jesús y tiene con Él una relación .
única, que no tiene ninguna otra criatura. Es la Madre ..
Este pasaje vale de todos nosotros, pero tiene una ¿Qué nos quiere decir esto?, pues tenemos que aplicár-
fuerza especial en el caso de la Virgen. Así como en noslo, como decíamos antes. Es Madre y va a hacer fun- •
Gálatas hay una mención especial de la mujer, también ción de madre con Cristo y con nosotros. También tiene
aquí tenemos que hablar de algo semejante: tiene un algo de ejemplaridad. ¿Cuál sería la lección que quisiera
lugar particular la mujer, que es la Madre de aquel al que nos aplicáramos nosotros? La aplicación sería esta:
cual el Padre ha confiado la obra de la salvación. Por todo lo que es relación personal con Cristo es eterno. Po-
20 Con María M l. María: plenitud de gracia 21

demos hablar de todos los redimidos, objeto de ese amor se desgasta. No podré tener ciertas formas, ciertas ener-
de Dios, elegidos en Él, pero no hay masa, sino cada gías, ciertas actividades. Pero mi vida, en lo que es ver-
uno de nosotros ha sido elegido, ha sido amado. Por lo dadera vida no decrece, en lo que es verdadera pose-
tanto, es necesario que nos sintamos bajo ese amor, bajo sión no mengua. San Pablo lo expresa de esa manera:
esa elección de Dios que es verdadera: yo he sido elegi- «Mientras se desmorona nuestra tienda terrena, vamos
do antes de todos los tiempos y he sido agraciado en el creciendo de claridad en claridad» (2 Cor 5,1), ese es el
Amado. El amor del Padre al Hijo se ha extendido a mí contraste. Y es verdad que a lo mejor no soy capaz ni
personalmente, y esa relación de amor es eterna. Las co- puedo conectar bien las ideas, todo eso es verdad. Pero
sas que son meramente funcionales pasan. El que yo sea lo que es vida en mí, mi persona no se ha degradado,
sacerdote para consagrar el Cuerpo y Sangre de Cristo va creciendo de claridad en claridad. Pero es verdad
pasa. Una vez que estemos en la Visión ya no hay lugar que esto es muy duro. Comprende uno perfectamente
para el Sacramento. Pero lo que no pasa es mi relación que, de hecho, no le importa a nadie. Mientras pueden •.
¡personal con Cristo, eso es eterno. Mi intimidad con Él, tener utilidad de mí se me acercan; cuando ya ven que
con lo que yo soy, es lo que a mí me sella. yo no puedo ser útil, pues no intereso a nadie. Esto es
durísimo, pero es verdad. Nos consideran simplemente
En medio del mundo en el que nos encontramos, la como un número, como algo que toleran en cierta ma-
vida se nos va de entre las manos, es un hecho. Traba- nera, es así.
jamos, es verdad, pero son cosas que pasan, se superan, Ahora, ¿qué nos enseña este misterio de María, pre- •
viene otra detrás, ¡esto es así!, se nos escapa de entre destinada así, «llena de gracia» porque es «bendita entre
los dedos. A medida que uno va viviendo, va compren- las mujeres»? Que ante Dios somos importantes. Esta
diendo cada vez más, a fuerza de desengaños de la vida, es la gran cosa, no es un consuelo imaginativo, sino es ,
lo frágil que es. Eso lo entiende uno tan bien. Suele la verdad. Y es una verdad tan grande, tan consolado- '
ser así: al principio uno es más idealista, cree que va a ra, que yo para Dios soy importante, que Él no pasa
transformarlo todo. Después va viendo, no solo la des- de largo. Aun cuando yo esté casi avergonzado de mi,
ilusión de los demás sino la propia, uno se va como vida, Él no la desprecia. Dios no me desprecia nunca. ,
desinflando. Esto es duro, cuando uno va comprendien- Esto es grande, esta es la verdadera dignidad humana. !
do que, en el fondo, yo no intereso a nadie, que aun las Pero solo la conocemos en este misterio que se nos ilu-
personas queridas nos van arrinconando más o menos. mina en el misterio de María: María predestinada, Ma-
Al principio parece que uno arrebata, arranca, pero lue- ría llamada a ser Madre, María que pasa desapercibida
go va decreciendo. Y es importante considerarlo, por- en el ambiente donde se encuentra y, sin embargo, es
que la verdadera vida no debería decrecer nunca. objeto de esa mirada y de las bendiciones de Dios, las
Nosotros tenemos un cuerpo con unas energías, bendiciones celestiales en Cristo Jesús. Para Dios pues,
unas fuerzas que se van desgastando, pero la vida no somos importantes. Es aprender el sentido de mi vida.
22 Con María Ml. María:

Igual que la Virgen fue predestinada, escogida para una zones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom
relación concreta con Cristo, que es su maternidad, y 5,5). Al estar vinculados a Él, por la infusión del Espí-
fue predestinada, no escogida, entre las que ya iban a ritu, pone en nosotros un corazón de hijos que nos mue-
existir, pensada para eso; igual has sido tú escogido por ve a dirigirnos a Él confiadamente y decirle: «Padre».
Cristo para una relación personal con Él, no sustituible Decirle Padre es reconocer: «bendito sea Dios, Padre
por otro, no indiferente. Es tu vinculación como perso- de nuestro Señor Jesucristo», que nos ha permitido lla-
na con Él la que te constituye en persona. marle Padre por Jesucristo.
Siempre lo que somos aparece por nuestra rela-
ción con Cristo. Cuando Jesús pregunta a Simón Pe- Este es el punto importante y fundamental, inicial
dro: «¿Quién soy yo para ti?, dice: -Tú eres el Cristo. para nosotros: contemplando a la Virgen y viéndola lle-
-Pues Yo te digo que tú eres Pedro» (cf. Mt 16,15- na de gracia, reflexionar sobre el plan de Dios, el plan
18). Tú eres Pedro por lo que has captado de mí, por la de su gracia sobre nosotros. Y en ese espíritu, unidos a :
luz que el Padre te ha dado, eso es lo que te hace ser lo la Virgen, dirigirnos a Él llamándole con ese término: •
que eres. Pues bien, aquí es igual: nuestra relación con ¡Abbá, Padre! Y si yo sé que cada uno de los que tengo •
Cristo nos marca en la dignidad de lo que somos porque alrededor son hijos también del mismo Padre, que le ;
hemos sido elegidos para eso. llaman conmigo: ¡Abbá!, eso me llevará a una cercanía.
de amor, a situarme en mi vida desde el fondo del co-
Jesucristo siempre habla con sumo respeto. Él nos razón en la actitud de quien ha recibido las bendiciones
ha enseñado que Dios es Padre, nuestro Padre, en esa de Dios y de quien junto a María, proclama esas mise-
llamada que decíamos en la Carta a los Efesios: «nos ha ricordias del Señor.
elegido en la persona de Cristo para ser sus hijos». Es
la llamada, para que le llamemos Padre de verdad, sea-
mos hijos. María lo llama. En esto nos podemos sentir
hermanos de la Virgen pues también Ella se dirige al
mismo Padre diciéndole: «Padre». Y nosotros también:
¡Padre! Y Jesús nos enseña a llamarle «Abbá» con in-
finito respeto y amor: ¡Abbá! «Porque somos hijos ha
enviado al Espíritu para que digamos: ¡Abbá, Padre!».
Este ha sido el plan de Dios. Jesucristo enseña a los dis-
cípulos a que ellos también se lo digan y le llamen «Pa-
dre», y ellos lo hacen con ese sumo respeto. Para eso
tenemos el espíritu filial que Cristo nos ha comunicado:
«La caridad de Dios se ha difundido en nuestros cora-
2.a MEDITACIÓN
LA PUREZA DE MARÍA

Vamos adelante con nuestra contemplación maria-


na, en la que revisaremos toda nuestra vida a la luz del
ejemplo de la Virgen, contando con su ayuda. Hablába-
mos de la plenitud de gracia, primer tema que el papa
Juan Pablo II propone en su encíclica Redemptoris Ma-
ter, y con el que nos encontramos en la primera escena
de la Anunciación. No se alarga demasiado en el aspec-
to de la Inmaculada Concepción porque, como ha di-
cho, se celebró ya ampliamente. Él quiere referirse más
a su presencia ejemplar y activa. Pero podemos hacer
alguna reflexión sobre la pureza de la Virgen como pre-
paración previa para la contemplación de ese momento
de la Anunciación, dentro de lo que ha de ser la aplica-
ción a nosotros.
Hablábamos de cuál es el sentido de nuestra vida y
lo poníamos en esa relación personal con Cristo, inserto
en el plan de Dios: «hemos sido elegidos en Él» y «he-
mos sido llenos de bendiciones en Él». En el caso de!
María, la clave de todo es su relación personal con Cris-
to. Ahora bien, ese es un punto de partida para ver tam- i
bién nuestra vida, nuestra in:filíacióri~ la necesidad de un ·
corazón filial para con el Padre, la persuasión de que no
soy un simple número para Dios sino que soy importan-
te para Él. Me ha pensado y amado desde toda la eter- 1

nidad en Cristo, quiere que yo le llame «Abbá, Padre», 1

pero no solo por una fórmula, sino que sea por mi dis-
posición interior, la de hijo ante el Padre: ¡Abbá, Padre! .
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26 Con María M2. La pureza de María 27

Si volvemos nuestra mirada hacia la Virgen, ve- do yo pregunto: ¿qué tal tu vida cristiana?, no me re-
mos que su relación personal con Cristo lleva consigo fiero a la oración o a la lectura espiritual o al examen
el cumplimiento de una misión: la misión de su mater- de conciencia, sino a cómo vives tu vida como hijo de
nidad, la misión de su colaboración a la redención con Dios. Vivir tu vida como hijo de Dios es vivir la vida
Cristo. Pero quiero marcar una cosa: esa misión está real a la luz de esa relación con Dios que nos coge todo
empapada por el sentido de esa relación personal. Esto el ser, todo lo que somos.
me parece importante para entender la aplicación a no- Nos fijamos para ello en María, en cómo se dispone
sotros y a nuestra vida cristiana. No es simplemente una o la dispone el Señor al cumplimiento de esa misión,
proyección hacia fuera, el cumplimiento de su misión es para luego aplicarlo a nuestra preparación, cómo nos
su respuesta íntima en esa relación personal con el Pa- tenemos que preparar nosotros. No es que inventemos,
dre y con Cristo. La respuesta de María siempre es una lo deducimos de esa postura de María en el momento
entrega. No es simplemente un «hacer», sino una entre- de la Anunciación: «He aquí la esclava del Señor», es .
ga. Lo veremos, por ejemplo, en la Anunciación cuando la preparación de disposición total. Si yo no entregara
se le comunica: este es el proyecto de Dios, ¿das tu con- todo mi ser al Señor, podría disponer de lo que no entre-
sentimiento? Respuesta de María no es: «Sí, colaboro», go. Pero si entrego todo mi ser, todo tiene que brotar de
sino: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según la entrega total. En María esto no es solo palabra. María
tu palabra». Pero el «hágase en mí» es como conclu- se siente servidora del Señor, evidentemente en amor;
sión, término del ser esclava del Señor, de su entrega. es hija, indudablemente, pero hija que sirve, que ayuda,
«He aquí la esclava del Señor». Es lo que Juan Pablo II que colabora, que está disponible para los planes del
llamará «la entrega como obediencia de fe». Padre, y así es modelo para nosotros. En María hay una
De esta manera María es modelo de nuestra misión preparación a lo largo de toda su vida escondida para
y del sentido de nuestra vida. No hay dos frentes: la re- nosotros. Solo vemos el momento de la Anunciación a
lación con Dios y nuestra proyección social, política o sus diecisiete, dieciocho años, pero ha sido todo un pro-
económica, sino que esta proyección es fruto de nues- ceso de preparación en el que podemos humildemente
tra filiación, tiene que estar impregnada de esa filiación. investigar, acercarnos para aprender.
Esta unión es fundamental, si no tendremos siempre la
· impresión de una especie de artificialidad en nuestra Partimos de nosotros: nos encontramos en medio
vida. El trato con Dios se queda reducido a un cierto del mundo, en las circunstancias concretas de la vida de
campo: bueno, trato con Dios, como una veneración y cada uno, en un ambiente, en una familia, en unas em-
culto hacia Dios; y luego, la vida política, económica, presas, en unos problemas, en un mundo concreto. Ese
social, la vida familiar la llevamos a nuestra manera. mundo, cualquiera que sea donde nos encontramos, te-
¡No puede ser así! Toda mi vida es expresión, es una nemos que mirarlo siempre con ojos abiertos, tenemos
unidad. La vida cristiana es unidad, no dualidad. Cuan- que andar siempre con una mirada abierta. No se trata,
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28 Con María M2. La pureza de María 29

como cristianos, de desentendemos de ese mundo, no venimos a lo que ha de ser tan fundamental en nues-
podríamos hacerlo en ningún caso. Yo puedo quizás, si tra vida: lo importante es la calidad de nuestra vida y.
el Señor me llama, retirarme incluso a una. soledad a la no las actividades que realicemos, que pueden ser muy!
cartuja, pero nunca desentendiéndome del mundo, no variadas, sino la manera de actuar, el corazón con que
puedo. «No puedes desentenderte de tu hermano», ya las vivimos, las disposiciones con que nos movemos en
no sería postura cristiana. Y si el Señor no me llama a medio de ese ambiente, de esa cultura, de esas circuns-
retirarme del mundo, tengo que ocuparme de él donde tancias. Esto es lo específicamente cristiano, personalí-
Él me coloque. Esto hemos de tomarlo siempre como simamente cristiano, que hemos de vivir con fidelidad
misión y como postura. al Señor. «Como el alma en el cuerpo», la calidad. «Por
La famosa Carta a Diogneto, de autor desconocido, sus frutos los conoceréis», dice el Señor.
citada en el Concilio en la Constitución Lumen gen- En la Carta a los Gálatas, san Pablo, contraponien-
tium, recalca: «Los cristianos viven en medio del mun- do las obras de la carne y el fruto del Espíritu, las obras
do pagano, del imperio romano, donde se encuentran las propone en plural, «las obras»; el fruto lo pone en
en medio de aquella cultura y se acomodan del todo y singular, no son los frutos del Espíritu sino «el fruto del
en todo a la manera de ser de los demás, a las costum- Espíritu». La diferencia no es el ser obras distintas, sino
bres y usos, siempre que no sean opuestos a la gracia su calidad, la calidad de la actuación del hombre. «Las
de Dios, a la voluntad de Dios, siempre que no sean pe- obras de la carne -enumera- son: los adulterios, crí-
caminosos». Esto es obvio, no es una novedad. Por lo menes, luchas, enemistades, hechos malos, malvados.
tanto, recalca: los cristianos se mezclan con vosotros en En cambio, el fruto del Espíritu: la cordialidad, bondad,
todo, mientras no sea pecado. No tienen, pues, un modo benignidad, mansedumbre, paciencia» (Gál 5,23). Eso
de vestir especial propio de los cristianos; no tienen un es el fruto del Espíritu, que se refiere a esa calidad de la
modo de comer propio de los cristianos. Mientras no vida en la que nosotros tenemos que insistir mucho. La.
toque una cuestión de pecado, se acomodan. Y así, son calidad de la vida: «Donde no hay amor, pon amor y en-
griegos o romanos como los demás. contrarás amor». El hacer lo que hacemos poniendo ahí
Ahora, añade: «El cristiano está en el mundo como nuestra entrega, este viene a ser el punto clave que te-
el alma en el cuerpo» para elevarlo. Es como una acti- nemos que aprender: el amor que da la vida. Y al decir
tud. En el momento reciente se ha repetido y lo ha re- que da la vida, no me refiero al martirio de un momento
petido el papa Juan Pablo II después de Pablo VI, que sino, en cualquier acto, en cualquier servicio, en cual-
la misión es crear una «civilización del amor». Enten- quier actividad profesional da la vida con amor. Amor
diendo siempre por amor el amor cristiano, el amor que que da la vida, que se da a sí mismo en amor. Esto es
Cristo nos ha traído. Formar la civilización del amor lo que constituye la calidad cristiana de la vida y es
es «el alma en el cuerpo», es el fermento que tiene que lo que fundamentaría una civilización que, sean cuales
afectar a la masa entera. Este es nuestro deber. Con esto fueren las culturas -tanto se habla de inculturación-.
30 Con María M2. de María 31

Mientras no sean opuestas a la voluntad de Dios pueden extraordinaria, todo lo vive en su relación íntima, per-
ser muy diversas, pero habrá una cosa.común: el amor sonal, con el Padre y con Cristo. En el escondimiento
que da la vida. Ahí está lo característicamente cristiano. de su vida, Ella tiene ese diálogo de la Anunciación, de
Porque si es verdad que existe el problema y la exigen- resonancia universal, pero que pasa desapercibido. Es ;
cia de una inculturación, existe también la necesidad de un diálogo íntimo, vivido en el secreto de una vida que
una cristianización de la cultura, una cristianización de a los ojos de los demás no ha sufrido ningún cambio.
las costumbres. La cristianización es esa calidad que Ha pasado totalmente desapercibida. Lo mismo sucede
acompaña, que sabe eliminar lo que se opone a la vo- con nosotros: nuestro diálogo íntimo con Cristo tiene
luntad de Dios y vive lo que no se opone a ella según resonancia universal, tiene resonancia en la vida de en-
las costumbres del lugar, pero con esta profundidad in- señanza, de familia, de trabajo, tiene resonancia cuando
terior, fruto de la presencia del Espíritu Santo. esa vida es fruto de ese diálogo íntimo. No debemos di-
«El cristiano está en el mundo como el alma en el sociarlos nunca: saber vivir el diálogo íntimo con Cristo
cuerpo, para levantarlo y vivificado». La imagen es en medio de nuestra vida, en el centro de nuestra vida,
esa: el alma está en todas partes, en todas las culturas, y vive uno así. He ahí pues, el ejemplo de María, que es
en todos los ambientes, infundiendo una calidad de la actuación de una relación interpersonal en la misión
vida, una elevación. De esta manera tenemos que estar que realiza, hecha con toda sencillez. La sencillez, esa
nosotros en medio del mundo, tenemos que tener res- dote tan importante. Nosotros también miramos al mun-
pecto de ese mundo una simpatía cordial, por lo que de- do con una actitud participada de María, como la vemos
bemos tener el amor con que Dios ama a ese mundo, a a Ella, uniéndonos a Ella. Lo que a María le daba esto
las personas, a cada uno de los pecadores; un amor que era su pureza, que arranca desde su Inmaculada Con-
entrega a su Hijo, el amor con que el Padre se entrega a cepción. Vamos a tratar de decir algo sobre la pureza de
sí mismo entregando a su Hijo. Pues bien, tenemos un María, hasta el momento de la Anunciación.
gran ejemplo en María. Partimos de la Inmaculada Concepción. Este dog-
ma fue definido por el papa Pío IX, está contenido en
A María la vemos en esa sencillez, suma sencillez tal la Iglesia, indudablemente, pero hay que fijarse bien
como está en el relato de san Lucas. La vida de María dónde estaba el punto que necesitaba de una aclaración
desde el punto de vista humano es sencillísima, escondi- o definición dogmática. Era conocido y aceptado por
da en la monotonía de una vida doméstica en el trabajo. todo el mundo que la Virgen había sido «toda Santa».
Y sin embargo, es la Madre y Socia del Redentor, la co- La definición no se dirige directamente a definir que
laboradora número uno de la redención. Esto es lo que María no pecó en su vida y no tuvo sombra de pecado.
no aprendemos: que no se mide por las dimensiones so- Estaba ya aceptado, no entraba en el campo de las dis-
ciológicas del comportamiento que uno tiene, sino por cusiones. El problema estaba en si, dado el misterio y
1otras dimensiones interiores. Porque tiene una calidad el dogma de que María tenía que ser redimida porque
32 Con María M2. La pureza de María 33

Cristo es el Redentor único de todos, eso se podía de- creación. Dicho de otra manera, con términos que quizás
fender admitiendo, por otra parte, la Inmaculada Con- nos iluminen un poco para entender lo que es esta reali- •
cepción. Ese era el punto difícil. Por eso los mismos dad: María no es una mujer posible que Dios ha escogi-
que no aceptaban o les parecía que no se podía acep- do para hacerla Madre. Esa podría ser nuestra manera de
tar la Inmaculada Concepción, estaban de acuerdo en pensar, son medios humanos de pensamiento: imagine-
que el tiempo en que María estuvo con pecado original mos todas las mujeres del mundo, Dios las ve y escoge a
era el mínimo, centésimas de segundo, pero lo suficien- una de ellas para que sea Madre de Jesús; es una descen-
te para poder decir: «se le ha redimido del pecado». diente de Adán que escoge para ser Madre de Jesús. Pero·
Pero, ¿cómo se le va a redimir si no ha estado en el pe- si no hubiese sido escogida, tendría su razón de existir •
cado? El problema verdadero en el caso de la Virgen porque era una de las que se veía corno posibles.
por parte de la teología era este: por un lado, salvar que Otra postura que defienden muchos Padres es: Ma-
María es la toda Santa; por otro, salvar que María es re- ría no está escogida entre las que iban a existir, sino
dimida. Venían ahí ya los distintos puntos de vista: para que su razón de existir es su maternidad. Cuando Dios
que sea redimida parece que tenía que haber estado de pensó en Cristo, concibió en su mente a la Virgen, en
algún modo en el pecado, porque solo entonces habría la línea de la redención. Por lo tanto, es más Madre de
sido redimida; y en todo caso sería lo mínimo. Cristo que hija de Adán. Es claro que no puede ser Ma- .
La respuesta, que fue valiente y muy bella, particu- dre de Cristo sin ser miembro de la humanidad; pero
larmente de la escuela franciscana, consistió en la pro- en cierta manera, esto es posterior. Es más estrecha su
pugnación de lo que llamarnos «la redención preven- vinculación a Cristo que su vinculación a Adán. Ha
tiva». Diríamos que hay más misericordia de Dios en sido más pensada en relación a Cristo que en relación a
evitar que uno caiga en el barro que en limpiarlo des- Adán. Entonces, al ser introducida entre la descenden-
pués de haber caído. Este fue el chispazo, la ilumina- cia de Adán, es preservada del pecado original. Dicho
ción, la respuesta teológica: María es eximida del pe- en términos para nosotros vitales: a María nunca la ha'
cado original en previsión de los méritos de Cristo. Es tenido el Señor, ni en su mente ni en su proyecto, sepa-
redimida de manera más perfecta, es la rnej or, la más rada de su Corazón, ¡nunca! La ha tenido siempre en su
plenamente redimida, porque ha sido redimida impi- intimidad. Ahora bien, esto significa que la ha preserva- •
diendo que caiga en el pecado original, que hubiera do, puesto que esto no ha sido por sus méritos persona-
sido el camino normal. Entonces, aquí viene la defini- les, sino por los méritos de Cristo, por la redención de
ción de la Inmaculada Concepción. Cristo. Y en este sentido es redimida, pensada así, pero
En esa definición, en esa verdad de la Inmaculada corno fruto de la redención de Cristo.
Concepción, naturalmente lo que destaca es que María
está más unida a Cristo que a Adán. Podríamos decirlo Para nosotros lo que importa es que María desde
así: María está más en la línea de la redención que de la el primer instante está llena de gracia. Esa plenitud de
34 Con María M2, La pureza de María 35

gracia que se anuncia en el momento de la Encama- Y ese amor es el que pone dentro una imagen viva que
ción, se refiere al momento mismo de su concepción. Y irradia. Es como si el sol refleja en un espejo e irradia.
María llena de gracia significa que Dios se complace O sea, que Dios, amando, pone en el centro del corazón
en Ella inmensamente, desde el principio, que Dios la su imagen viva, ser vivo dentro, y ese ser se convier-
¡mira con amor. te en centro de vida, en irradiación de obras. Las obras
El término de la gracia a nosotros nos resulta di- arrancan de ese corazón. Por eso dice el Señor: «del
ficil. Juan Pablo II, en la Redemptoris Mater, cuando corazón brotan las obras, lo bueno sale de dentro», de
habla de la gracia y de la plenitud de gracia, dice estas dentro salen las acciones buenas. Y el comportamiento
palabras: «En el lenguaje de la Biblia, gracia significa de la vida misma entonces se configura a esa imagen de
un don especial, que según el Nuevo Testamento tiene Dios que está en el centro del corazón.
la propia fuente en la vida trinitaria de Dios mismo, de Esto sucede en María desde el primer instante de
Dios que es amor» (RM 8), eso es la gracia. La gracia su concepción; está así, refleja el rostro de Dios que le
es algo que es participación de Dios, que viene de Dios ama, y le ama con una plenitud de amor. Eso lleva con-
a nosotros. Fácilmente lo imaginamos demasiado cosi- sigo un don pleno del Espíritu Santo. María está llena
ficado: «se le da la gracia». Los teólogos suelen discutir del Espíritu Santo desde el momento de su concepción;
dónde y cómo hay que considerar esa gracia: que hay Esto le da una pureza. Y esa pureza lleva consigo otra
,algo creado sí, pero si es algo que se le da al hombre y nota: se acepta, se admite en la Virgen la superación
en fuerza de lo cual se une a Dios, o si es una unión con de toda concupiscencia. Por eso es «la Purísima», así
el alma, que al unirse produce algo dentro del alma mis- la llamamos. Cuando veneramos a la Virgen como «la
ma pero que fundamentalmente es la unión con Dios. Purísima» no nos referimos a un hecho biológico, como
Quizás hoy predomina este segundo aspecto. una especie de curiosidad. Nos referimos a que la vida.
¿En qué consiste esa gracia? Podríamos expresarlo de María lleva ese esplendor de la mirada de Dios en su
de esta manera: si nosotros tuviéramos un artista de tal corazón. Es un esplendor que destella en todo su com-'
fuerza, creador, que solo mirando un lienzo, y mirán- portamiento. María es luminosa en su comportamiento
dolo así con atención, grabara en él lo que lleva dentro, porque no hay en Ella egoísmo, como consecuencia de'
pero no solo lo grabara así sino lo grabara vitalmente, la inmaculada concepción en su vida.
esto nos daría una imagen de lo que es la gracia. La Ahora bien, la superación del egoísmo es superación
gracia es una mirada de amor de Dios al alma, un beso de la concupiscencia. La concupiscencia es algo que to-,
de Dios al alma que, dándose le da su imagen, le pone dos sentimos dentro. No se nos quita, queda a pesar de·
su imagen viva. Esto es lo que llamamos la gracia san- que se nos da la gracia por el Bautismo, por los Sacra-
tificante. Evidentemente, siempre es el amor personal mentos. La podríamos definir como «la morbosidad de
de Dios a esa persona. No es algo hecho en serie, no nuestro egoísmo». Tenemos dentro algo morboso. A ve-
es una simple fábrica de gracia, sino es amor personal. ces hacemos obras buenas, pero parece que van como •
36 Con María M2. La pureza de María 37

¡impregnadas de egoísmo; hay algo, una recurva sobre Señora. Pero ¿«la Virgen»? ... Juan Pablo II recordaba
~nosotros mismos. Es el aspecto de la concupiscencia. en el Pilar cómo había marcado en España en la devo-
Hay dentro un deseo, una búsqueda de sí mismo, un ción a Nuestra Señora ese carácter de la virginidad.
apropiarse, que no siempre es pecado ni mucho menos, Es verdad, la Virgen es purísima en este campo, sa-
pero que empaña en cierta manera la limpidez de nues- bemos que en Ella no hay concupiscencia. Pero no es
tra acción, de nuestra proyección. En María no hay nada solo esa pureza. Hay gente que tiene pureza carnal, se
! de eso. María es la Purísima. Es la pureza de la Virgen. puede decir que son realmente ejemplares, íntegros,
pero tienen una serie de mecanismos de defensa, de
Voy a fijarme un poco en esa pureza de María, la compromisos, unas actitudes psicológicas de reserva.
Madre inmaculada. Es una cosa sorprendente en Ella, Ahí falta pureza. La pureza debemos entenderla más
que destaca en toda su vida, en todos los rasgos que profundamente. Se decía de aquellos de Port Royal,
aparecen en el evangelio. Cuando nosotros hablamos que eran «puros como vírgenes y soberbios como de-
de pureza, la pureza, «la Purísima», muchas veces nos monios», ahí falta pureza. Hay una limpidez en locar-
fijamos sobre todo en la pureza carnal, en todo lo que nal, pero falta algo, hay unas actitudes psicológicas de
se refiere al sexto mandamiento, a la sexualidad, a la defensa, de reserva. La pureza pues, no es solo la mate-
venereidad, etc. Y en María realmente hay una plena rialidad en el campo sexual, es mucho más.
limpidez en este campo. Es «la Virgen»; así la llama- La pureza cristiana, a imagen de María, se refiere
mos. Como nos recordaba Juan Pablo II en su discurso también a la generosidad del amor, a un amor que no sea
del Pilar: «La Iglesia española destaca por la venera- nido de egoísmo sino oblativo, un amor que sabe darse
ción de la virginidad de María», «la Virgen». La defen- y que no se rebusca a sí mismo en el darse. Ahí hay una
sa que hizo san Ildefonso de la virginidad de María ha limpidez. Es la pureza, es transparencia. Nosotros nunca
marcado nuestra espiritualidad de tal manera que, qui- llegaremos a esa transparencia plena sin un don especia-
zás, es el único país donde se la llama así. Se ha llevado lísimo del Señor, porque eso lo lleva nuestra misma con-
también a América, pero entre los europeos, italianos dición creatural humana. Pero sí podremos advertir que
o franceses, por ejemplo, sorprende mucho el que no- a medida que vamos madurando -y aquí es donde sue-
sotros hablemos siempre de «la Virgen». Para nosotros le notarse el verdadero progreso cristiano espiritual-,
es normal. Eso no existe en Italia; a lo más tendríamos se va haciendo más límpido el corazón, más transpa-
que decir «la santísima Virgen» o alguna cosa así. Lo rente. Esto lo advertimos en los santos: se nota en ellos
que se usa más es la Señora, «la Madonna», pero no «la una sencillez, una generosidad, una transparencia, una
Virgen». Nosotros cuando vamos allá, como estamos pureza, que no se rebusca a sí mismo en el darse. Pero,
acostumbrados, traducimos literalmente y al hablar de entretanto, nos encontraremos con ese pequeño empa-
la Virgen decimos: «la Vergine», y les sorprende porque ñarse nuestra vida y nuestro corazón, que no nos tiene
no es el uso. Y en francés igual: «Nótre Dame», Nuestra que desalentar, pero nunca debemos hacer paces sino
38 Con María M2. La pureza de María 39

esforzamos siempre más, porque ahí es donde iremos nalidad, la mezcla de posesividad, de concupiscencia,
creciendo en la transparencia del corazón. por un lado, con el don de sí y el idealismo por otro.
Hay esa mezcla, y ahí se entiende. María era espontá-
En María encontramos esa oblatividad, esa genero- neamente dócil a Dios por su Inmaculada Concepción y
sidad. María no tiene ningún complejo de ese tipo de vuelta hacia Él por toda la riqueza de amor que el Espí-
reservas, ¡no tiene nada de eso! María nunca aparece ritu Santo ponía en Ella. Miraba a los otros, se refería a
. retraída. Mira con simpatía la realidad tomando la pos- todas las cosas con sentimientos humanos de ternura, de
tura que a Ella le toca. Esto es lo propio de la pureza compasión, no turbados por el veneno de la concupis-
· del corazón: mirar la realidad con la mirada de Dios, cencia. No podemos imaginar a la Virgen como separa-
como Dios la mira en la creación. Nos dice el texto del da de la tierra, de la vida de los hombres, tenía preocu-
Génesis: «vio Dios que todo era bueno». Esa mirada pación real. Recordemos las bodas de Caná: «No tienen
límpida, «era bueno». Nosotros en nuestra mirada po- vino», le llega al alma, le llega todo lo que Ella va vien-
nemos el corazón: cuando el corazón no es bueno, la do. Sus posturas, en la Presentación del templo con el
mirada no ve todo bueno; y cuando el corazón es bueno anciano Simeón, y en la huida a Egipto, no aparece nin-
ve todo bueno, tiene una tendencia hacia eso. No es que gún gesto que no sea esta mirada generosa.
no reconozca los errores que haya, pero no pone esa La Virgen era libre, se sentía libre. Se le ve así, lle-
especie de malicia, sino que tiene esta bondad. ¡Lo que na de amor, irradiando sin temor a su alrededor, con
es pecado no puede llamarlo bueno! Pero, fuera de lo alegría, a causa de Dios que ama y bendice las alegrías
que es pecado, mira todo con cordialidad, con simpatía, y las obras de la vida. Ella participa de eso, se le nota
con amor. En esto hemos de crecer siempre: evitar el transparente. En su cántico del magnificat se ve una
replegamos, el amargamos, evitar una disposición de limpidez, una elevación. Era su personalidad espiritual
crítica previa de todo, una postura negativa respecto del la que expresaba y hacía amar su apariencia corporal,
mundo. Necesitamos limpieza de corazón para poder se hace atractiva. No se buscaba a sí misma en lo que
mirar con amor y simpatía a todos. ¡Hay que empezar amaba, los sentimientos de María eran sin mezcla de
por dentro! N o es que uno pueda pretender actuar hacia egoísmo. Cuando es Dios lo que el corazón busca, en-
los demás, tenemos que hacerlo en nosotros. La raíz de tonces la pureza se vuelve divina, y tal es la de María.
muchas de nuestras miradas amargas somos nosotros, No se encierra en ese tesoro con espíritu de posesivi-
es el corazón que nosotros tenemos amargo. dad. Ese espíritu de posesividad que amenaza al cora-
De hecho, la pureza del corazón de la Virgen no pue- zón paterno y materno, en Ella estaba superado. En Ella
de comprenderse del todo sino en contraste con lo que no existía ese afán, por ejemplo, de poseer a los propios
caracteriza la mayoría de los sentimientos humanos, en- hijos. Desde el principio sabe que recibe al Salvador '
tonces se comprende mucho más en Ella. Y lo que ca- para darlo al mundo, y lo abre al mundo y lo entreg;a
racteriza esos sentimientos humanos es la excesiva car- desde la Presentación en el templo. Y aunque unida a El•
40 Con María M2. La pureza de María 41

mucho más de lo que una madre puede estar unida a su mira a las personas como personas, no como cosas. Todo
hijo y una esposa a su esposo; no lo mira como propie- lo que sea este esfuerzo de acoger a quien se acerque a
dad s,uya sino como entregado a todos, y a Ella misma nosotros con mirada cordial, es mucho, y es difícil, pero
con El. Esto es lo que aparece en Ella muy claramen- es algo que tenemos que hacer. Tenemos que aprender a
te: es una elevación continua, un profundizar cada vez estimar y querer a cada uno, viéndolo en su realidad per-
más, una superación de lo visible y solo humano hacia sonal con un movimiento de simpatía previa, de acerca-
lo más misterioso. Y Cristo le ayudará en este camino. miento cordial. Nosotros defendemos nuestro egoísmo,
Uno de los aspectos que veremos en Ella será cómo de tal manera que sabemos las caras que tenemos que
su maternidad espiritual se realiza a través de una, po- poner a cada uno. Pero en el fondo es porque ya los dis-
demos llamar, purificación del corazón: cuando Jesús tribuimos y no los consideramos en su dignidad de hijos
le haga sentir la cumbre de su amor en el ofrecimiento de Dios, sino en otras relaciones con nosotros. Entonces
del Calvario, y entonces es cuando la proclamará Ma- no somos tan acogedores. Solo la realización de esta mi-
. dre nuestra. sión, de que Cristo en nosotros les acoja, esa mirada, es
En María encontramos esa pureza de corazón. Todo lo que más haría transparentar en nosotros al Señor.
esto nos enseña una lección muy difícil: la de la lim- En María, esa calidad espiritual de su vida es lo que
pidez de nuestro corazón -tenemos que trabajar en hacía que Ella acercara los hombres a Dios. Diríamos
ella-, es la de nuestra disposición interior. que en su apariencia corporal misma se manifiesta y se
expresa una personalidad espiritual que arrastra y ele-
Vamos a hacer esta reflexión sobre lo que es el sen- va. Esta es la unidad. No ensombrece con desviaciones
tido de las disposiciones que hemos de procurar para o con pasionalidades, sino levanta. Dice santo Tomás
vivirlo en su profundidad. Aquí hay un campo inmen- que «María era de tal pureza, que infundía pureza». Te-
so. Y no digamos que son finuras, yo creo que es la nemos que pedirlo mucho al Señor, ser de tal riqueza
exigencia cristiana. El cristianismo es religión de cora- de espíritu que infundamos espíritu, de tal delicadeza
zón, no es religión de simples observancias. El cristia- y generosidad de amor que infundamos generosidad de
nismo no es el cumplimiento de un conjunto de leyes o amor a quienes están con nosotros. No es una teatrali-
preceptos, que los hay y hay que observarlos, pero no dad. Lo de María es en la sencillez de la vida cotidiana,
se reduce a eso, sino el cristianismo es de corazón. El ¡que es donde más cuesta! En los otros momentos ya se
cristianismo es vivir de veras con Cristo vivo y dejar- pone uno «en trance». Pero mantener esa transparen-
se transfmmar el corazón a semejanza del Corazón de cia, esa limpidez en la convivencia real, ahí tenemos un
Dios. Tiene que estar aquí nuestra atención, no abaratar campo precioso, el campo que nos enseña el proceso de
lo que es nuestra vida cristiana. maduración de María hasta el momento de la Anuncia-
Tenemos que mirar también nosotros a este mundo ción. Nos sucede igual con otras cosas. Tenemos que
con esa mirada cordial, con esa mirada con la que Dios pedir mucho esto: no se trata tanto de hablar de pureza,
42 Con María M2. La pureza de María 43

cuanto de infundir pureza. Hay gente que habla mucho es una misión que tenemos que cumplir y no una pura
de pureza pero no la infunde. Y hay gente que quizás construcción nuestra según nuestros criterios. Aquí sue-
no habla de pureza, pero infunde pureza. Los santos son le estar la raíz de nuestros fracasos y desalientos. De or-
así: infunden amor de Dios, infunden espíritu, infunden dinario suelen venir de que las cosas no nos salen como
elevación. Son gracias que tenemos que pedir. nosotros las habíamos proyectado. Ahí está la clave: yo
había propuesto que esto ... ahí suelen venir los grandes
Quiero notar una cosa: todo esto que voy diciendo, disgustos. No digo nada de un partido de fútbol, cuando
que es importante, según el ejemplo y la colaboración sale al revés de lo que uno había proyectado. Pero inclu-
de María, formadora de nuestro corazón, son gracias so los planes que me había hecho para esta tarde o lama-
que no podemos obtener a fuerza de puños. Porque uno nera, cómo me iba a salir una negociación, lo tenía todo
dice: bueno, y ¿cómo hago yo eso? ¡Mire, no se obtiene ordenado así. ¿No se hace? Se hunde uno. Porque nos
a fuerza de puños! Es verdad que tenemos que colabo- aferramos a lo que hemos proyectado y ponemos nuestra
rar y tenemos que poner esfuerzo, colaboración nece- felicidad en su realización. Cuando cualquier cosa ajena
; saria, pero es don del Señor. El corazón así es obra del a nuestra voluntad, dependiente o independiente de ella,
Espíritu Santo. La pureza de María es don de Dios, la nos la echa por tierra, nos sentimos fracasados porque no
inmaculada concepción es don de Dios. Notemos siem- ha salido. ¡Todo el desaliento del fracaso!
pre que lo más grande de nosotros es el don de Dios, En cambio, si tenemos esta visión clara, que la me-
más que lo que nosotros hacemos. Lo que nosotros ha- tamos muy dentro: que tu vida es una misión recibida de ,
cemos es objeto de nuestra vanagloria, pero no nos le- Cristo. La vida de familia tómala como misión recibida
vantará mucho. El don de Dios, el que Él se dé a no- de Cristo, que Él te confía para que colabores con Él,
sotros, es lo que nos eleva. Tenemos que pedirlo pues, como María colaboraba a la obra de la redención, la que
acompañándolo con nuestro esfuerzo de oración y de sea: la educación, el trato, la santificación de aquellas
colaboración, pedir esa calidad personal para poder personas con las que vivimos. Y si tu camino, como lo
transmitir bondad, corazón generoso, y transmitirlo por es, es el camino de la construcción de la ciudad terres-
la presencia del Señor en nosotros. Es lo que tenemos tre, tienes que construirla, es un deber; pero construirla
que aprender de la Virgen. como misión recibida del Señor, en docilidad a Él.
Es fundamental que en nuestra vida sintamos la de-
pendencia de Dios en cualquier actividad, es esencial: El Concilio habla de este punto en la Constitución
que estamos bajo Él, que le servimos, que ante Dios no sobre la Iglesia y dice una cosa que es clave cristiana
· hay servicios especializados y solo por horas, sino que importante y quizás descuidada, dice así: «No se puede
es toda nuestra vida esa transparencia y servicio de Dios, entender ni la vida de la Iglesia ni nuestra vida si no es
sin alejarnos del mundo, pero comprendiendo perfecta- mirando al cielo». Decíamos de la Virgen que aparece al
mente que el sentido de nuestra vida en todo momento final de los tiempos como Estrella a la que miramos. Di-
44 Con María M2. La pureza de María 45

ríamos también: sin mirar a la Virgen, sin mirar al cielo orientados hacia el cielo. ¡Nos espera nuestro Padre, es
no se puede entender, porque nosotros y la Iglesia esta- verdad! Entonces, ¿eso le quita vigor a su vida sobre
mos ordenados a la bienaventuranza celeste. Para enten- la tierra? No. Conviene que hablemos del cielo, con-
demos tenemos que miramos en esta proyección. Noso- viene que hablemos de la esperanza de la bienaventu-
tros vamos «hacia», es verdad. La vida de cada uno es ranza eterna. Eso nos dará seguridad, confianza, pero
ininteligible sin la proyección hacia la bienaventuranza no nos arranca de nuestra obligación sobre la tierra.
que nos espera. Es como si yo le digo a una persona: ¡Qué nos va a arrancar! ¿Por qué? Porque tú tienes una
mira, esos esfuerzos que tú haces están ordenados a tal misión sobre la tierra, la misión la tienes que cumplir
puesto que tienes seguro y que vas a conseguir. No es aquí. Lo que hemos dicho de disposición del corazón,
que me desfigura, es que sé que está ordenado, sé que va de misión que cumplir en esa unión con Dios se refiere
hacia eso. Pues bien, estamos ordenados hacia la bien- a una misión que tengo que cumplir sobre la tierra. Yo
aventuranza, bienaventuranza que sabemos que vamos no puedo decir simplemente: lo más importante que tú
a conseguir por la gracia de Dios. Esto nos da serenidad, tienes es salvarte, con que te salves ya está todo hecho.
nos da confianza y nos da firmeza, y hace que tengamos No señor, porque yo no he sido puesto sobre la tierra
la mirada dirigida hacia ese premio final. Y al mismo solo para salvarme; para eso el Señor me hubiese pues-
tiempo esa realidad de alguna manera se hace presente to en el momento de la muerte y yo tomaría una deci-
en nosotros. Esto es lo que da un tono único al compor- sión en ese momento. Cada uno de nosotros tiene una
tamiento del cristiano, porque vive de la verdad. misión que cumplir ¡sobre la tierra!
A algunos, cuando oyen esta proposición, les da Fijémonos en el caso de Jesús: «El Verbo se hace car-
miedo y dicen: pero ¡esto nos desencarnará de la tierra! ne», ¿para qué? «Para ser glorificado». ¡No! Se ha hecho
Si usted nos pone así, que tenemos que mirar al cielo ... carne para redimimos con su vida sobre la tierra y con su
Mire, hay que ser realistas, hay que actuar aquí; eso nos muerte, y así ser glorificado, entrar en la gloria. «El Hijo
desencarna de la tierra. ¿Qué pasa aquí? Que a fuerza del hombre tenía que padecer todo esto y así entrar en la
de repetírnoslo o quizás de falsa inteligencia de nuestra gloria». Pero vino para esto, como Él mismo dice cuando
parte, se ha filtrado, se ha contagiado una concepción llega el momento de la oscuridad: «Pase este cáliz, pero,
de que «la religión es el opio del pueblo»; y por lo tan- ¡si he venido para esto!». Para esto he venido, para dar
to, si hablamos del cielo no conseguiremos las mejoras mi vida, para entregarla, para redimir al mundo. Esto nos
necesarias sobre la tierra. Es una grave equivocación, sucede también a nosotros: tú no has venido a la tierra·
no es verdad. Es una deformación, pero a la gente le solamente para salvarte, sino para cumplir una misión en
impresiona: ¡no hablemos del cielo! ¿Cuánto hablamos ella, en esta sociedad humana, para colaborar a la reden-
hoy del cielo?, ¡si no nos atrevemos casi!, no sea que ción de esta sociedad. Y redención entendámosla siem-
nos digan: usted está desencarnado. Pero si vamos ha- pre no simplemente como la salvación al final, que todo
cia el cielo, ¡si esto no tiene vuelta de hoja! Estamos el mundo al final muera en gracia, sino para establecer
46 Con María

una humanidad regida por una civilización del amor. En


esto tenemos que trabajar todos, y si no, no somos fie-
les. De ninguna manera nos arranca del cumplimiento de HoMILÍA l.a
nuestro deber. Precisamente cumpliendo la misión nos MISERICORDIA DE DIOS
preparamos para esa bienaventuranza, pero a través del Y CORAZÓN CRISTIANO
cumplimiento de esa misión. Esta es la visión de nuestra
vida, que hemos de aprender de la Virgen.
Es verdad que aun las fuerzas jóvenes que nosotros Vamos a hacer algunas reflexiones sobre estas lec-
tenemos en la juventud de hoy, es una misión. Y a la ju- turas que nos pueden ser útiles en nuestro esfuerzo de
ventud le impresiona cuando se le dice de verdad: mira, recogimiento y de renovación de estos días, y vamos a
tú has recibido un corazón joven para amar a Cristo, procurar aprovechar su contenido, que nos lleve a un
para amar a Dios, para amar a los hermanos. Si ese co- examen de conciencia o a una revisión de nuestras pos-
razón joven tú no lo empleas para esa finalidad, aun turas espirituales.
cuando al final te salves, será eternamente verdad que Nos acercamos al sacrificio eucarístico. Es el mo-
lo mejor de tu vida no fue para lo que se te dio, no fue mento de la oblación de Cristo al Padre y de nuestra
para Cristo. Eso será eternamente verdad ¡y no tiene re- oblación con Cristo al Padre. Cuando se ofrece una víc-
medio! Si lo mejor de mi vida no se lo di a Cristo, será tima no es solo el acto de ofrecer «algo», sino ese ofre-
eternamente verdad que nunca fue para Cristo. Yo le cer algo es signo y símbolo de nuestro propio ofreci-
daré después, yo volveré a Él, de acuerdo. ¡Siempre es- miento: queriéndome ofrecer, ofrezco de lo que tengo.
tamos a tiempo! Y siempre, lo que tenemos en ese mo- En el caso eucarístico, evidentemente, lo que ofrece-
mento es lo que Él nos ofrece y la misión que Él en ese mos es mucho más grande, nos asociamos al ofreci-
momento nos encarga. Y la misión puede ser glorificar miento de Cristo porque Él se ha unido a nosotros, se
la misericordia de Dios, y yo la puedo cumplir. Pero, mi ha solidarizado con nosotros, se ha ofrecido a sí mis-
misión también era aquella que no cumplí. mo por nosotros y es necesario que nos sumemos a ese
Por eso, tenemos que habituamos a una visión muy ofrecimiento y sumemos nuestro ofrecimiento al de ÉL
empeñativa, comprometida, saber: yo estoy aquí no por Es la gran ofrenda del altar.
suerte, para una misión, y una misión que tengo que
cumplir en esa relación personal con Cristo, con un Pues bien, en orden a este ofrecimiento, en orden a
corazón así, en la pureza de corazón, con una calidad esta Eucaristía que queremos vivir, y vivir no como un
de vida con la que tengo que vivir. La misión no es la rito simplemente sino como el gran misterio del amor
materialidad de unas cosas, sino una consagración del redentor de Jesucristo y de nuestro amor a Él, reflexio-
mundo que se vive a través de ese corazón identificado nemos sobre la primera lectura de Ezequiel. ¿Dónde
con Dios. está el punto que nos puede sacudir en esta lectura?
48 Con María H. l. Misericordia de Dios y corazón cristiano 49

Dice así: «Si el malvado se convierte vivirá y no mo- del castigo y de la pena eterna, lo expone con esta ex-
rirá» (Ez 18,21 s), primera cuestión. Y explica por qué: presión tan hermosa: «La Iglesia cree que serán eterna-
«No se le tendrán en cuenta los delitos, por la justicia mente arrojados al fuego del infierno quienes hasta el
que hizo, por la santidad que tiene vivirá». Razón: «Yo fin rechacen la misericordia de Dios». La misericordia
no quiero la muerte del malvado, sino que se convierta de Dios es como una continua invitación, es un conti-
y viva». Es el Corazón misericordioso de Dios. Tene- nuo llamar al corazón: ¡que acoja la salvación!, ¡que
mos que alejar de nosotros toda representación de un acoja el perdón de Dios!, ¡que mire la sangre de Cris-
Dios que se complace en atormentar, de un Dios que se to!, ¡que no se pierda esa sangre de Cristo! Si hasta el
complace en condenar y castigar. Ese no es Dios. Para fin la rechaza y la pisotea, es el hombre el que se niega
nosotros es clarísimo después de la redención de Cris- la salvación.
to: la voluntad de Dios es salvadora, ciertamente salva- Entre los israelitas había ciertas interpretaciones o
dora. Podemos decir más; en un sentido verdadero po- visiones, como que la misericordia con el malvado era
demos decir que no es Dios el que condena, como dice injusta. Decían: aunque el malvado se haya arrepenti-
Él mismo: «El Hijo del Hombre no ha venido a conde- do, tendrá que pagarlo; al malvado había que castigar-
nar sino a salvar» (Jn 3,17). Ha venido a salvar. Quien lo. El Señor dice: no, «si el malvado se arrepiente y
no acepta la salvación se pierde. Pero nunca debemos hace obras buenas y guarda mis preceptos y practica el
presentar a Dios como complaciéndose en castigar a su derecho, será hijo de la vida», recibirá la vida. En cam-
enemigo. Dios es amor de verdad. Es amor exigente, bio, al revés: «Si el justo cambia de camino y se aparta
es justo, es verdad. Pero estos dos términos nos crean de su justicia y comete maldad, no se tendrá en cuenta
una cierta confusión a nosotros, y muchas veces al de- la justicia que hizo». Quiere decir: mientras él esté en
cir <~usto» parece que estamos considerando severo. Es esa actitud no se le tendrá consideración porque fue jus-
un Padre justo. ¡Es un Padre! to, sino que por la iniquidad que perpetró morirá. Quie-
Cuando habla de estos dos términos, del amor y de re indicar: cada uno como es. Y aquí es donde viene al
la justicia en la encíclica Dives in misericordia, el papa encuentro de ciertos comentarios que se hacían entre
Juan Pablo II repite: «El amor es anterior a la justicia ellos: ¡no es justo el proceder del Señor! «Escuchad,
y más grande» (n.4). Quiere decir esto: no se trata de ¿es injusto mi proceder?, ¿no es vuestro proceder el que
un pleito entre dos personas que no tienen relación en- es injusto?». Y lo vuelve a repetir: «Cuando el justo se
tre sí, sino del Padre con el hijo. Se trata del amor del aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere
Padre, que es previo. Es el Padre del hijo pródigo que por la maldad que cometió. En cambio, el malvado si
marcha, y es el Padre que quiere que el hijo se salve y se convierte, ciertamente vivirá y no morirá». No hay
que cuida para que el hijo se salve. como condiciones previas. También en otra ocasión les
Por eso el papa Pablo VI, cuando habla de la verdad volverá a decir: no es que los hijos pagan los pecados
del infierno en El Credo del Pueblo de Dios, y habla de los padres, sino cada hombre es querido por Dios y
50 Con María H. l. Misericordia de Dios y corazón cristiano 51

buscado por Dios. No son una masa que unos pagan por sino quiere decir: si no tenéis una santidad más alta, si
otros, sino que Dios busca a cada uno de nosotros. no tenéis una santidad desde dentro del corazón, no es-
Tenemos que sentimos muy empeñados en este táis en el reino de los cielos. ¡Esa santidad del corazón,
gran drama del amor y misericordia de Dios. Es nuestra esa bondad de la que hablábamos, esa pureza!
propia vida la que tenemos que poner en su presencia El reino de los cielos se caracteriza por la transfor-
y empeñamos en transformarla. Y tener una confianza mación en el orden de la gracia, y la gracia es la que nos
suma: no es obstáculo la vida pasada, no es obstáculo da un corazón nuevo y una mente nueva, para vivir una
las debilidades, no es obstáculo los pecados, para que vida nueva. Esto nos lo repite también a nosotros: tene-
ahora seamos santos. Recordar la doctrina del Conci- mos que aceptar la doctrina del Señor, su mensaje. Y no
lio: «Todo fiel, sea cual fuere su estado, circunstancia y solo su mensaje, sino el don de su Espíritu con el que
condición, está llamado y aun obligado a la santidad». Él nos transforma interiormente. El Señor lo pone en
Hemos de tener ánimo y confianza. Y ahí está el recurso concreto, va poniendo varios ejemplos. Aquí solamen-
a la Madre de la misericordia. te aparece el primero, el aspecto de la relación con los
demás y les hace ver el contraste. Ellos eran muy fieles
Vamos a la segunda lectura, se refiere al cristianis- en lo que estaba preceptuado: si se había dicho «noma-
mo. Es parte del Sermón de la montaña. Jesús está ex- tarás», lo que estaba prohibido era el matar, «y el que
poniendo la nueva ley, la ley del Nuevo Testamento, la mata será procesado». Esa era la ley. «Yo os digo: el
que Él ha venido a traer. Y se puede decir que es una ley que esté peleado con su hermano», va al corazón.
del corazón. Su característica es que es ley del corazón. Pero notemos esto: cuando se habla del corazón, se
Comienza por la proclamación de las Bienaventuranzas, habla del corazón en cuanto el hombre es responsable
y en esas Bienaventuranzas lo que se proclama es el co- de él naturalmente, no en cuanto broten sentimientos.
razón bueno del Nuevo Testamento. Y una vez ha hecho Tenemos que distinguir muy bien eso. Es posible que
esa proclamación va recorriendo, haciendo caer en la yo pueda tener sentimiento de enemistad o me venga
cuenta de que realmente esa santidad del corazón bue- un sentimiento de odio o de amargura, eso no es mío si
no, santidad que no es una mera observancia exterior no lo hago mío. Pero hacerlo mío en el corazón, aun-
de unos preceptos, sino la transformación interior de un que no lo diga con palabras. Cuando mi corazón es un
corazón según el Corazón de Dios, es más exigente que corazón que está podrido, cuando es un corazón que
la santidad de los escribas y fariseos, como lo es de ve- está lleno de odio, de enemistad, cuando quiero mal
ras la santidad del corazón. Por eso dice Jesús a los dis- a esa persona y le quiero mal deliberadamente desde
cípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos dentro, yo ya no soy fiel a la ley del Nuevo Testamen-
no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 5,20s). «Si no to, aun cuando no le haya hecho daño, pero el corazón
sois mejores» no quiere decir «si no sois más observan- no es cristiano. Esto es lo que Jesús recalca: tenéis que
tes», porque lo eran sumamente los escribas y fariseos, ser más exigentes.
52 Con María
H. l. Misericordia de Dios y corazón cristiano 53

Me da pena que nuestro cristianismo muchas veces to, y esto de manera consentida, porque es tu postura.
está demasiado adocenado. Curiosamente, primero lo Entonces el ofrecimiento se hace mentiroso porque no
reducimos a observancias, y luego decimos que como corresponde a la entrega del corazón. Y, por tanto, pri-
cristianos tenemos que superar las observancias. ¡Pero mero arregla eso. Puede ser que no tenga yo la posibili-
las superamos eliminándolas! Eso sí que no tiene sen- dad de arreglarlo, pero yo primero pongo el corazón en
tido. Porque si todavía la superación fuese porque no su sitio: con la gracia de Dios yo rechazo lo que pueda
necesito esas normas porque soy más exigente desde ser corrupción de mi corazón, y entonces ofrezco. Pero
dentro del corazón y no me tiene usted que decir que no puedo mantener un corazón que está corrompido in-
vaya los domingos a Misa, porque voy todos los días, teriormente por la presencia de lo que deshace la cari-
¡pase! Pero no, primero el corazón no se toca, y luego dad. Esto hay que cuidarlo en todo, ser diligente. Hay
se quitan las observancias porque el cristianismo tiene que cuidar que las relaciones con los demás sean según
que ser un cristianismo sin tantos legalismos. Entonces el Espíritu de Cristo.
resulta que ahí no hay ningún cristianismo. Tenemos
que cultivar mucho el corazón cristiano, vivir con cora- Todo esto puede llevamos a una revisión de nuestra
zón cristiano. A esto nos exhorta el Señor. vida. Hablábamos en la última meditación de la pure-
Luego, más en concreto habla de las palabras: «Si za, entendida no en un sentido simplemente sexual o
llama a su hermano imbécil -que tampoco es hacerle venéreo, sino la pureza como transparencia, como ge-
un daño físico, pero es una injuria- o renegado, mere- nerosidad del amor que no se recurva sobre sí mismo.
ce la gehenna». Y viene una observación: hay que cui- Esa pureza incluye, evidentemente, la caridad, incluye
dar mucho cada ofrecimiento nuestro de la Eucaristía, la eliminación de lo que son las sombras del odio, del
«cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar», cuando egoísmo o de la amargura. Así tenemos que acercamos
nos acercamos a la Eucaristía conscientes de que no al Señor. Y la Virgen será siempre nuestra Madre en
vamos a un mero rito sino a poner la ofrenda sobre el la formación de ese corazón. Su ejemplo y su presen-
altar, y la ofrenda es Cristo y la ofrenda es mi corazón, cia activa en nuestra vida es la que puede disponemos,
la ofrenda es mi vida. «Te ofrecemos estos dones ... », uniendo nuestra oración a la suya, para que nos prepare
«que seamos aceptados por ti, Señor». Y ves que ese el corazón para una ofrenda digna del sacrificio de Cris-
corazón está podrido, «porque tu hermano tiene que- to y de nuestro sacrificio con Él.
jas contra ti». No digo que tenga quejas simplemente,
quiero decir que en ti existe una animadversión con tu
hermano. Tu hermano tiene quejas fundadas contra ti y
tú tienes con tu hermano también una falta de relación
de amistad y de amor, entonces existe una actitud que
no corresponde al corazón bueno del Nuevo Testamen-
3.a MEDITACIÓN
MARÍA EN EL MISTERIO DE CRISTO VIVO

Seguimos con la mirada fija en María, que es para


nosotros como la Estrella de la mañana y la Estrella del
mar. Estrella de la mañana que precede la aparición de
Jesús, y que en los caminos del Espíritu también suele
preceder esa manifestación del Señor. Estrella del mar,
como punto de referencia continuamente hacia el cual
miramos porque es para nosotros, para la Iglesia, para
el Pueblo de Dios, como el signo visible de la elección
de Dios y de la permanencia de esa elección.
Hablábamos de la misión de María y de su compor-
tamiento siempre desde su relación personal, desde su
vinculación al misterio de Cristo. Al fin y al cabo, el
fundamento de todo lo que se le ha dado, de la plenitud
de gracia, es su misión de ser Madre de Cristo. Tiene
una relación única con Jesús, es su Madre. Es la única
que le puede llamar: «Hijo mío» a Jesús. Y a quien Él se
dirige con esa palabra: «Madre mía». De ahí viene todo
el resto, de ahí vienen sus privilegios, sus dones, su pre-
paración. Porque la realización de esa misión presupo-
ne toda una riqueza, presupone esos dones de Dios, la
dádiva del Señor. Si se puede decir que la bendición
suprema es su elección, luego esa elección es causa de
que se le enriquezca de dones.
Algo semejante nos sucede a nosotros: cada uno de
nosotros está elegido en Cristo para una misión y reci-
be los dones, la riqueza necesaria para el cumplimiento
de esa misión. Tenemos que tener una gran confianza,
56 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 57

el Señor sabe lo que quiere de nosotros y no nos pide visita que hago, igual, yo me encuentro con Cristo. Y
nada sobre nuestras fuerzas. Si nos pide alguna misión hasta qué punto esa oración mía es de verdad o una es-
o algún sacrificio nos prepara. Podemos estar absoluta- pecie de artificialidad, un «como si» ...
mente confiados en esa preparación del Señor, que no Decía: esa vinculación lleva unas relaciones inter-
permitirá que seamos tentados sobre nuestras fuerzas. personales verdaderas, en María y en nosotros. Desde
Nos movemos pues, en un campo en que deberíamos el fondo de la fisonomía espiritual de María, la raíz de
esponjar el corazón en la confianza y, lejos de tentamos su modo de proceder espiritual es su amor a Jesucristo.
a nosotros mismos, más bien abandonamos confiada- Entraríamos así en un misterio maravilloso: el misterio
mente en la seguridad del amor del Señor. de la intimidad entre María y Jesús, una intimidad vivida
en la fe ciertamente, pero una intimidad de intercomu-
La vinculación de María con Cristo en el orden real, nicación que, sí es verdad, tenía el velo de la oscuridad
objetivo -y todavía estamos en los pasos previos-, la de la fe, pero tenía también la viveza de la intercomuni-
vinculación al misterio de Cristo tiene en Ella una re- cación personal. ¡Quién podría describir aquellos colo-
percusión, lo mismo que en nosotros. Es lo que llama- quios! Conocemos, y nos podría quizás servir de punto
mos las relaciones interpersonales, que son verdaderas de referencia, los coloquios de san Agustín con su ma-
relaciones interpersonales, no son imaginación, no son dre poco antes de su muerte, cuando él, ya convertido,
ficción. Desgraciadamente, a veces nuestra vida de ora- vuelto a Dios y con deseos de hacerse sacerdote, está
ción adolece de una cierta artificialidad. hablando con ella de lo que será la visión de Dios, la
Un compañero mío que murió tenía escrito: «En la vida eterna, allí apoyados en la ventana mirando hacia
vida se puede bromear, pero no se puede bromear cou el horizonte de Ostia Tiberina, y nos describe él cómo
la vida, porque lo más serio que existe es la vida. Y reaccionaba su madre.
hay muchos que bromean con la vida y esto es into- ¿Esto no sucedió entre María y Jesús? ¿María no
lerable». Y en una de sus últimas notas antes de morir fue la discípula de Jesús de tantas maneras? No solo
decía: «Yo quiero ofrecer mi vida por los que bromean cuando Jesús predicaba, sino en el mismo Nazaret, qui-
con la vida». Estas palabras, que me impresionaron en zás no con una revelación formal de lo que anunciará
ese compañero mío de otro tiempo, las aplico a otras después en su vida pública. Pero, ¿cómo podía no con-
cosas de la vida espiritual. Me da a veces la impresión tagiarle su intimidad con el Padre, su vida de oración,
de que bromeamos con las cosas de Dios. Es decir, no su visión de la realidad, su deseo de la salvación de las
sé hasta qué punto tomamos en serio, por ejemplo, la almas? Todo esto era intercomunicación: María-Jesús.
oración, o si es para nosotros una fórmula, algo que re- Es el misterio de la intimidad entre María y Jesús. No
citamos. Pero, ¿que sea encuentro, relación interperso- era la simple intimidad de una madre con su hijo, sino
nal con Cristo?, que Él me acoge, que yo me encuentro en su Hijo, Ella ve al Hijo de Dios. Y por lo tanto en ese
con Él aquí como me encuentro con un amigo en una misterio, que será también el misterio de la Encama-
58 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 59

ción para nosotros, se cumple lo que Jesús nos dirá: «El de san Beda el Venerable. Este monje británico tiene
que me ve a mí, ve al Padre». Esto se realiza en toda la un comentario tan hermoso sobre la Virgen, dice: «Ma-
vida espiritual cuando, entrando en Cristo, percibimos ría es bienaventurada por haber sido Madre físicamen-
en Él, sentimos, creemos, como que tocamos una reali- te del Salvador, pero más bienaventurada todavía por
dad muy superior a la que los sentidos pueden captar en haber sido constituida custodia perpetua del amor de
la figura de Jesús, de ese Jesús que camina por nuestras Jesucristo». Esa es la función de la Virgen, dice bella-
tierras de este mundo, por las tierras de Palestina. Y así mente san Beda. Su función es guardar en los corazo-
nosotros en Cristo realizamos nuestra unión con el Pa- nes de los hombres el amor de Jesucristo como Madre
dre. «El que me ve a mí, ve al Padre. ¿No crees que el cuidadosa, es decir, encender los corazones de los fieles
Padre está en mí y Yo en el Padre?» (Jn 14,9-10). en el amor de Jesucristo, hacer que sea amado.
Ese es el misterio de la Virgen, misterio que Ella no Pues bien, el misterio de su amor a Cristo, del que
nos ha querido descubrir y que ha vivido con una ex- Ella va a quedar constituida custodia perpetua, va a ser
traordinaria sencillez dentro de la oscuridad de la fe, a también el que va a desarrollar en nosotros: custodia de
la que haremos referencia y será para nosotros modelo nuestro amor a Jesucristo. Ahí estamos tocando en el
de ese peregrinar en el misterio de la fe. núcleo de nuestro ser cristianos. Así como san Pablo in-
Ese misterio lo vive María, y vive arrancando de siste en los creyentes, y «el justo vive de la fe», e insiste
esa intersubjetividad de los dos todo el misterio de la en lo que es creer, la obediencia de la fe; san Juan por
caridad comunicada por Cristo a los hombres. Cuando su parte, más que del creyente suele hablar del que ama:
María escucha aquella palabra: «Amaos unos a otros «para los que aman al Señor», «¿me amas tú más que
como Yo os he amado» (cf. Jn 13,34), es la única que estos?», haciendo entender que el amar a Jesucristo es
ha penetrado en la profundidad de esta palabra del Se- la actitud estable, fundamental del cristiano. Cristiano
ñor, porque Ella estaba en el misterio. Ella comprendía es «el que ama a Jesucristo», el que vive en el amor de
el amor del Padre que entregaba a su Hijo, Ella había Jesucristo. Y así María es Madre nuestra poniendo en
estado en el centro de esas vivencias, de ese misterio de nosotros ese amor, suscitándolo, encendiéndolo cada
la Encamación de amor. Y cuando Jesús dice, y llega a vez más, sosteniéndolo, manteniendo ese amor del cual
los oídos de la Virgen esa palabra: «Lo que hacéis a uno Ella es modelo supremo y maestra; ejemplar y al mis-
de estos, a mí me lo hacéis» (cf. Mt 18,5), le llega tam- mo tiempo es educadora de ese gran amor a Jesucristo.
bién a lo más profundo de su ser. «Lo que hacéis a uno
de estos, a mí me lo hacéis». Así pues, esta relación entre María y Jesús nos lleva
La raíz de su vida de intimidad, de su misión cum- a reflexionar en este momento en el misterio de nuestro
plida en esta dependencia, está en el amor a Jesucristo, amor a Jesucristo, que tiene que ser el fondo de nues-
y en Cristo al Padre, ese amor a Cristo del cual Ella tra misión: ese gran misterio del amor mutuo, que Él
va a quedar constituida custodia perpetua. Es una frase me ama y yo le amo, ese amamos, ese recibir en noso-
60 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 61

tros la caridad del Padre, porque hemos sido elegidos de su sensibilidad. Muy frecuentemente se fomenta la
en el Hijo amado. Hemos sido elegidos en ese amor con sensiblería o la sensibilidad, pero no se fomenta la ad-
el que el Padre se dirige a su Hijo amado, ese es el amor hesión desde el corazón. Toda verdadera adhesión desde
que se extiende a nosotros. el corazón es respetuosa, es de entrega servicial cordial-
Decíamos que la misión es una relación que hay que mente vivida. Y este paso de la sensibilidad a ese cora-
vivir en dependencia y en diálogo interior. Vamos a ha- zón interior es difícil. En la misma vida cristiana hay
blar de ese diálogo interior con el Padre en Cristo. Es mucha gente que tiene sensiblería religiosa, pero poca
lo que se sintetiza en la imagen del Corazón de Cristo. que tenga corazón de entrega religiosa a Dios. Corazón,
¿Qué queremos destacar en esa imagen? El amor deJe- es decir, hay que llegar hasta el fondo del ser.
sucristo, pero no un amor sensiblero. Queremos recal- En Cristo lo que se nos muestra, y tenemos que lle-
car primero que Dios es amor, queremos recalcar que gar a Él, es su actitud. San Pablo repite hablando del
Jesucristo tiene Corazón, y que nuestra relación con Él cristiano: «El cristiano no se justifica y no se santifica
no puede detenerse en la exterioridad sino tiene que lle- por las obras, sino por la fe». Cuando él habla así de la
gar a ver en Él el Corazón, que es lo constitutivo del fe no se refiere solo al acto de creer, sino a la entrega
hombre. El hombre a veces confunde los elementos. de sí mismo en amor creyente. Quiere decimos esto:
Una de las crisis de la vida de amor del matrimonio Jesucristo no nos salva por sus obras: por su Pasión,
está en que no se ha llegado al corazón. Es decir, hay por su muerte como tal, por el hecho de sufrir, sino por
un paso en toda vida humana, y también en toda vida el corazón con el que sufre, por el corazón con el que
cristiana, que consiste en pasar de la sensibilidad al ca-' da la vida. Esto es lo que significa el Corazón de Cris-
!razón. Quizás uno de los pasos más difíciles que hay to. Por eso nosotros nos dirigimos a Cristo, evidente-
que dar con una cierta oscuridad, con una cierta aridez, mente no con una intención de artificialidad, sino con
con una cierta dificultad, un desierto. Pero es necesario la intención de que nunca nos quedemos en los rasgos
porque hay en nosotros como capas diversas. Hay una exteriores o en las obras que hace, sino que atendamos
exterioridad fría, diríamos; es la persona despreocupa- siempre a la actitud de corazón con que las vive. Y esto
da. Hay una zona que podríamos llamar de sensibilidad, es lo que nos presenta el Corazón del Señor. Al mirarlo
más o menos aguda que es muy mudable, muchas veces así, al contemplarlo así sabemos que se trata del Jesu-
un terreno pasional, pero es sensibilidad. Y hay una pos- cristo del evangelio, de Jesucristo el de Galilea, el de
tura fundamental, central, esencial para la madurez del Nazaret, el del Calvario, pero queremos recalcar al mis-
ser humano, que es el corazón. El corazón no es pura- mo tiempo una cosa: ese Cristo es Jesucristo resucitado
mente la razonabilidad. El hombre que no tuviera más vivo, de Corazón palpitante ¡ahora!, que es cercano a
que inteligencia y voluntad no sería hombre. El hombre nosotros, que nos estima, que nos quiere, que nos sigue,
necesita un corazón, si no, no es el hombre. Pero nece- que establece con nosotros unas verdaderas relaciones
: sita un corazón en el centro de su ser, no en la superficie de amor. Jesucristo resucitado está vivo. Dicho de otra
62 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 63

manera, el cristianismo no es una serie de observancias to ante el rey Agripa. Lo cuenta así: «Vino a Cesarea
con el fondo de un recuerdo de un Cristo que pasó, sino el rey Agripa, uno de los descendientes de Herodes, y
es una vida verdadera con Cristo vivo, de corazón a co- fueron a saludar al gobernador romano, que se llamaba
razón. Y es lo que la Virgen vivió, de corazón a cora- Pesto; y cuando se vieron los dos, Pesto le contó al rey
zón. Y la Virgen vive en la etapa actual, el Concilio lo Agripa lo que le había sucedido con un prisionero que
recalca, asociada al Cristo glorioso Rey, que conduce tenía -era Pablo-, y le dice así: Hay aquí un hombre
el gobierno del universo. Está asociada de corazón a que mi antecesor Félix me dejó en la cárcel prisionero.
corazón. Asociada no quiere decir simplemente inscri- Estando yo en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los
ta, sino que está en sintonía, solidarizada, en unión que ancianos de los judíos presentaron contra él una acusa-
! solo se realiza por la unión del corazón. Notemos bien, ción, pidiendo sentencia condenatoria contra él. Yo les
la verdadera unión de persona a persona solo se realiza respondí que no es costumbre de los romanos entregar
1en la unión del corazón, porque es por el centro de la a un hombre a la muerte sin que el acusado tenga ante
persona misma. Esta verdad es la clave de la vida cris- sí a los acusadores y se le dé la posibilidad de defen-
tiana, es la que tenemos que vivir nosotros. derse de la acusación». Como diciendo: yo no hago
Por eso vivimos en el amor de Cristo. San Pablo así, no me pliego a eso; que me vengáis a acusar a este
lo dice en la Carta a los Gálatas: «Vivo en la fe del hombre y que yo lo condene sin más, no, señor. Hay
Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por que presentar acusaciones y hay que dejarle la posibi-
mí» (Gál 2,20). ¡Vivo ahora en la fe del Hijo de Dios lidad de defenderse. «Ellos vinieron aquí juntamente
que me amó! Es decir, ese Corazón de Cristo nos indi- conmigo y enseguida, me senté en el tribunal al día
ca la calidad de su amor. Quiere indicamos que dio su siguiente, y mandé que trajeran al hombre. Los acusa-
vida amándonos, por eso vemos en Él los signos de la dores comparecieron ante él y empezaron a acusarle.
Pasión. Quiere expresamos que el amor que late en Él Pero no presentaron ninguna acusación de los críme-
-que evidentemente no tiene de suyo, ni mucho me- nes que yo sospechaba». Pedían la pena de muerte y
nos, todos esos signos vitalmente, pero queda simbo- empezaron a acusarle. Yo no veía materia, no veía una
lizado en ellos-, es el amor redentor de Jesucristo, el acusación digna de una condenación así. «Solamente
amor misericordioso con que me ama. tenían entre sí unas discusiones sobre su propia reli-
Ver así a Jesucristo resucitado vivo de Corazón gión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo
palpitante que ama al mundo, que sigue amando a los afirma que está vivo» (cf. Hch 25,13-19).
hombres de hoy, es presentar el Jesucristo del Nuevo ¡Qué curioso es esto!, ¡qué bonito es este pasaje
Testamento. Así tenemos que vivirlo. Es lo que anun- como testimonio de la predicación de Pablo! La discu-
cian los apóstoles. Lo vemos descrito, por ejemplo, sión no era de grandes problemas, no se le acusaba de
en los Hechos de los Apóstoles: presenta a san Pablo crímenes. Simplemente eran cuestiones de la observan-
arrestado y presentado por el gobernador romano Fes- cia de la religión judía y sobre todo, el punto central era
64 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 65

este: «un tal Jesús, ya muerto», dice Festo. Constaba tos se da esa comunicación, ese abrirse al Señor y el
en mis archivos que había sido ajusticiado, constaba el Señor que se les abre a ellos. Y los santos no son una
testimonio del centurión que dio fe de su muerte, estaba excepción. Estarnos habituándonos ahora a santos que
muerto. «Del que Pablo afirma que está vivo». Esta es han convivido con nosotros, que han vivido en circuns-
la verdadera visión cristiana: Jesús, muerto por noso- tancias muy semejantes a las nuestras. Yo estoy bien
tros, está vivo. Y consiguientemente, el ser cristiano es seguro de que el Señor tiene deseos, que nosotros no
vivir con Cristo vivo. Él nos acompaña, Él está junto a entendernos quizás, de comunicarse con nosotros. Lo
nosotros, Él es el que rige nuestra vida. Esto es impre- desea, pero no nos prepararnos. Muchas veces no te-
sionante. Y de hecho, dice el mismo Festo: «Yo estaba nernos ni tiempo, porque en el fondo tampoco nos in-
perplejo ante estas acusaciones». ¡Y no era para me- teresa demasiado, hay cosas que nos interesan más. Y
nos!, que este señor diga: ¡que está vivo, que está vivo! entonces, ni cuidarnos la preparación ascética, ni cui- 1
¡Pues señor, si murió! Estaba perplejo. darnos el recogimiento de los sentidos, ni cuidarnos la '
Esta es la verdad del cristianismo, es así: Cristo vi- atención interior del corazón. No nos da tiempo porque
ve, Cristo está vivo. Y la gran clave para toda nuestra tenernos otras cosas que hacer y, «no estoy yo para oír
vida es considerar y tratar con Jesucristo corno perso- esas cosas». Pero es verdad, es Cristo vivo que quiere
na viva. Así tenernos que tratar con Él ¡porque lo es! vivir con nosotros.
No es corno si fuera, sino corno persona viva que es, ¿De dónde deduzco esto? Pues de las mismas pala-
¡que es! Y estarnos llamados a esa intimidad con Cristo. bras del Señor: «Si alguno me ama, mi Padre le amará
Uno podría decir: bien, estarnos llamados a esa intimi- y Yo le amaré, y vendremos a él y haremos nuestramo-
dad con Cristo, ¿por qué entonces no se me manifiesta rada en él». En otro lugar: «Si alguno me ama, Yo me
el Señor? La respuesta me parece bastante clara: no por manifestaré a él». Es claro que con esto no quiere de-
falta de deseos de parte del Señor, pero Él no hace mi- cir que todos han de tener visiones o cosas semejantes,
lagros, requiere una preparación del corazón, oficio que que no son importantes. Pero es verdad que el Señor se
realiza por el instrumento de la Iglesia. No basta el solo comunica con nosotros de manera para nosotros indu-
hecho de darle a uno los sacramentos, el Bautismo. Eso dable, no con sonido de palabras, sino que habla en el
es mecanizados excesivamente. Los sacramentos nos fondo del corazón, sin que yo pueda dudar de lo que me
dan la gracia, pero hay que educar la gracia, hay que dice lo he entendido; entiendo, y no son palabras. Las
introducir al trato vital con Cristo. palabras son un modo de comunicarse de nuestra natu-
Ese proceso, ese introducir es el que vernos, por raleza corruptible, son un recurso. Se dan a través de las
ejemplo, en un desarrollo a la manera de los escritos ondas, de los medios materiales en que nos movernos.
de santa Teresa. En ella vernos un ejemplo de cómo va Pero hay muchas maneras de comunicarse que no es la
adentrándose en el trato personal con Cristo. Y es sor- palabra: el contacto de corazón a corazón de dos perso-
prendente, es admirable ver cómo realmente en los san- nas que están cerca, la mirada ...
66 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 67

La oración es un dejarse mirar por Dios. La postu- perfectamente a este don de lo alto». ¡Estar abiertos!
. ra de oración es abrir nuestras posibilidades, nuestros Pero no hablo de unas aperturas de carácter psicoló-
sentidos interiores espirituales al Señor para poder es- gico, estoy hablando de la apertura interior del cora-
tablecer con Él esa verdadera comunicación en la que zón limpio, del corazón libre, del corazón que está dis-
interiormente me hace sentir lo que Él quiere. Al fin y al puesto. Hay una postura de ofrenda de sí, de oblación,
cabo, la palabra es como un sobre, como un correo con abierto a este don de lo alto. Como enseña el Concilio:
el que yo envío el contenido personal que quiero dar a «María sobresale entre los humildes y pobres del Se-
esa persona. Sobre todo en lo que se refiere a la pala- ñor que de Él esperan con confianza la salvación». Los
bra verdadera que es palabra de intercomunicación de pobres y humildes que tienen los ojos en las manos de
amor. Yo no solo digo la cosa, sino me expreso en esto su Señor, esperan de Él la salvación. Nosotros no te-
que digo. El sonido llega a través del oído a la persona nemos tiempo porque la salvación la queremos sacar
que me escucha, y esa persona deja el sonido, se queda de nuestro esfuerzo, de nuestros proyectos, de nues-
con el contenido. El sonido ha pasado. Si yo pudiera tros planes, y no nos queda tiempo para esperar pobres
pasar el contenido sin usar ese sobre obtendría el mis- y humildes. Aquí está la clave: «Aprended de mí, que
mo efecto. El Señor lo hace de mil maneras: comunica soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). Y alaba
el contenido sin necesidad de ese sobre con el que yo al Padre: «porque has escondido estas cosas a los que
lo transmito y tengo que dejar a un lado después. Pero se las dan de sabios y de entendidos, y las has revelado
una cosa es necesaria para ello: que el corazón se abra a los humildes». Esos pobres y humildes de los que ha-
a la palabra de Dios, que se cumpla aquel deseo de Sa- bla Juan Pablo II, con cita del Concilio: «María sobre-
J lomón, cuando al Señor que le preguntaba qué deseaba sale entre esos mansos y humildes que están abiertos al
,para su reino, contestaba: «Señor, un corazón que escu- Señor para recibir el don de Dios». Pues bien, es ver-
.che». Nos falta el corazón que escuche. Estamos endu- dad, toda nuestra vida tiene que estar abierta al Señor,
recidos, no escuchamos. Hay que ponerse en onda en y la Virgen es modelo.
una receptividad, en una postura de quien se da. ¿Por
qué no nos ponemos en onda? Porque eso supone que El Apocalipsis es el libro de la teología de la histo-
yo me abro, me entrego. ria: refiere en una dimensión de carácter descriptivo-
Es una postura muy bonita de la Virgen que ns re- apocalíptico lo que es la lucha de la vida y la victoria de
cuerda Juan Pablo II cuando habla de las bendiciones Cristo en la vida humana a través del combate que hay
que Ella recibe. Dice así: «María está unida a Cristo de que realizar, donde tiene un lugar eminente la oración.
un modo totalmente especial y excepcional; e igual- Punto clave es la oración de los santos que desencade-
mente es amada en este Amado eternamente, en este nan la solución de la victoria definitiva. Pues bien, en ·
Hijo consustancial al Padre en el que se concentra toda el Apocalipsis destaca desde el comienzo que el Señor
la gloria de la gracia. A la vez, Ella está y sigue abierta se presenta y es «el que es, el que era y el que viene»
68 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 69

(Ap 4,8). Ese es Cristo, que abarca toda la historia: el nomine Domini, «en el nombre del Señor». «En el nom-
que era, es ahora y viene, porque está siempre viniendo. bre de Jesucristo vivo», esto lo deberíamos tener den-
Por eso se pide una postura de recepción, de querer re- tro. A esto nos lleva María, a esta realización de nuestra
cibirle. Está viniendo a nosotros. Nuestra vida cristiana relación personal con Él, a esa fuerza que yo recibo de
es una continua venida de Cristo, de Cristo con su Co- Cristo. Y la misma vida de la Iglesia no es más que la
razón. «El que nos ama», el que continuamente viene a vida de Cristo en nosotros. Y podríamos hacer verdade-
· nosotros, es «el testigo fiel, el Primogénito de entre los ras maravillas en el apostolado, en la familia, en el trato
muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra». Así lo con las almas, de manera prodigiosa, porque Cristo está
describe: «el que está vivo y nos ama, nos ha lavado los en nosotros.
pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino Fijaos en una palabra que Jesús dice: «Si creéis en
de sacerdotes para su Dios y Padre. A Él la gloria y el mí, haréis las obras que Yo hago y mayores, porque Yo
poder por los siglos de los siglos» (Ap 1,5-6). voy al Padre» (Jn 14,12). Las obras no son precisamen-
Este es Jesucristo. Y todo el Apocalipsis desarrolla te los milagros. Los milagros los llama san Juan «sig-
la victoria de ese Cristo que es el testigo de lo que pasa, nos»; obras, son obras de salvación. Jesucristo quiere
el que está en relación personal con cada uno, el que indicamos que cuando Él haya realizado la redención,
vela por las iglesias concretas, que Él está custodiando, «vosotros, si creéis en mí», creer en Él es creer en su
siguiendo la conducta de cada una, corrigiéndola. Así persona, no creer solo las palabras que ha dicho, sino
es como Cristo sigue la vida de cada uno de nosotros. creer que Él es lo que es, que Él es la revelación del
¡Cristo resucitado vive! amor del Padre, que Él es el Hijo ofrecido por el Padre
San Pablo también vuelve tantas veces sobre esta que ha dado su vida por nosotros. «Si creéis en mí ha-
idea: «vivís para Cristo», «sea que vivamos, sea que réis las obras que Yo hago y mayores». ¡Mayores!, esto ·
muramos, somos del Señor». Pero no para un Cristo es verdad. No quiere decirse que todo cristiano si cree
que ya no existe, sino para un Cristo que está vivo, para en Cristo tenga que hacer milagros; no digo eso, pero
un Cristo que está presente. Por ejemplo, cuando en los que tiene una eficacia de redención, más de la que Cris-
Hechos de los Apóstoles, Pedro y Juan van al templo, to realizaba en su vida pública cuando todavía no esta-
se encuentran allí con un tullido y él les pide limosna, ba consumada la redención y no existía aún la comuni-
Pedro le dice: «Míranos, no tengo plata ni oro, pero lo cación del don del Espíritu a su instrumento, que es la
que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo Nazareno Iglesia. «Cuando estéis llenos del Espíritu de vida, en-
echa a andar» (Hch 3,4-6). «En nombre de Jesucristo tonces lo comprenderéis interiormente». «Vivo en la fe
Nazareno», ¡no es la invocación de un muerto! Quiere del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte
decir: en la fuerza de Cristo que vive, camina. Tendría- por mí». Hacia esto tenemos que tender nosotros. Vida
mos aquí una fuerza enorme, «en nombre de Jesucris- cristiana es vida de amistad con Cristo, de intimidad con
to». El lema de Pablo VI en su escudo pontificio era in Cristo, de apoyamos en la fuerza de Cristo, de contar
70 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 71

con Él como consolador íntimo, como amigo personal rrentes de agua viva, puede entenderse perfectamente.
que está siempre con nosotros. Y cuando vivimos así Porque hay una cosa que para los que tenemos que pre-
. las cosas nos salen desde dentro, que es lo importante. dicar, enseñar, es un reto continuo: yo puedo hablaros
citando textos. Entonces, lo que yo os doy es lo que re-
Hay un pasaje de san Juan que ha admitido varias in- cojo: san Juan Crisóstomo dice esto, tal otro dice esto ...
terpretaciones, dice así: «Si alguno tiene sed, que venga y muchas veces hablamos así. En las cosas que son de
a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, teología o de espiritualidad, uno más bien hace de co-
de su seno brotarán torrentes de agua viva» (Jn 7,3 7- lector de ideas que transmite. Pero cuando uno cree en
39). En los textos anteriores era frecuente que se leyera Cristo, «de su seno brotan torrentes de agua viva», na-
de esta manera y se puntuara así. Desde hace unos años, cen como desde dentro. Y es una cosa tan grande que
el P. Hugo Rahner, hermano del teólogo Karl, patrólo- salgan desde el corazón los torrentes de agua viva,
go y especialista en cuestiones de Historia de la Iglesia, ¡desde dentro! No estoy transmitiendo un artículo, no
sugirió y se impuso que se puntuara de esta otra mane- estoy resumiendo un discurso, estoy hablando desde el
ra: «Si alguno tiene sed, que venga a mí; y beba el que corazón. Si uno cree en Cristo «de su seno brotan to- •
cree en mí. Como dice la Escritura, de su seno brotarán rrentes de agua viva». Necesitamos mucho que, llenos:
torrentes de agua viva». Él da sus razones para ello y a de la fe en Cristo, esa fe que es fe amante, que cree en
muchos les ha parecido razonable. Con todo, otros no el amor de Jesucristo, en el amor personal que Él le di-
lo admiten sino se atienen a como estaba antes. Las dos rige, acepta ese amor, vive en ese amor, bebe -«el que
puntuaciones tienen sentido dentro de lo que es la doc- tenga sed, que venga a mí y beba»-, salgan desde den-
trina de la Iglesia y la interpretación de san Juan. tro los torrentes, porque todo lo que nos sale desde den-
. Pero la clásica, como podríamos llamar, acen- tro tiene una eficacia, una fuerza excepcional. Es lo que
\túa este aspecto: «Si alguno tiene sed, que venga a mí le sucede a María. Las palabras de la Virgen no son ci-
beba». Beber de Cristo, eso queda igual, «venga a tas de uno u otro texto, le salen del corazón, «de su senol
mí y beba». Beber quiere decir metérselo dentro, quiere brotan torrentes de agua viva».
decir que el agua y sangre que brota del costado de Cris- Es lo que dice Jesús mismo: «Mis palabras no son
to me penetre dentro, que el don del Espíritu me pase, mías sino del Padre que me ha enviado». Él lo dice des-
entre dentro. No es un lavarse desde fuera. «Que beba», de dentro de su Corazón, pero al mismo tiempo son del
que se le meta dentro. Beber la palabra de Jesús, beber Padre. Y por eso dice: «Entonces conoceréis que Yo
la vida de Jesús, beber la sangre de Jesús, beber el don estoy en vosotros y vosotros en mí y Yo en el Padre»,
del Espíritu. «Quien tenga sed, que venga a mí y beba». cuando estéis llenos del Espíritu Santo, llenos de este
Ahora añade, y leo como antes: «El que cree en mí, amor, llenos de esta caridad. Es lo que el Corazón de
como dice la Escritura, de su seno brotarán torrentes de Cristo nos trae, lo que nos presenta: poner dentro de no-
agua viva». Del seno del que cree en mí brotarán to- sotros el Corazón del mismo Cristo como fuente inte-
72 Con María M3. María en el misterio de Cristo vivo 73

rior, porque quiere que vivamos en su amistad. Tenemos de que Cristo me amara! Pues bien, aquí estamos en el
:que pedirlo mucho. Es la Virgen la que funda y consoli- punto fundamental de lo que hemos hablado, de esa re-
da esta amistad con Cristo. Hay que acudir mucho a Ella lación de amor.
:para que nos enseñe a amar a Cristo como Ella le amaba. Dice san Juan: «Nosotros hemos creído en el amor».
¡Creído!, ¡fe! Hemos creído que Cristo nos ama. Hace
Para nosotros es difícil entenderlo, porque nos cues- falta una luz extraordinaria, fuerte, para creer que Cris-
ta mucho creer en el amor personal de Jesucristo. A ve- to me ama. Y sin embargo es tan clave y tan fundamen-
ces es una manera como de torearlo, con una cierta ele- tal. La verdad es esta, y yo no puedo decir otra cosa sino
gancia: pues sí, Dios es bueno, Dios cuida de nosotros. que es así, y que cada uno le siga. En la vida cristiana
Pero se refugia uno en la universalidad de la Iglesia, de nos pasa que muchas veces no acabamos de vivirla del
los cristianos. Y es verdad que Cristo ama a la Iglesia y todo porque vivimos de escuchar más que de vivir.
ama a su pueblo, pero ¡te ama a ti personalmente! Este Creo que lo he contado alguna vez porque me im-
aspecto es el que nos cuesta aceptar, porque no tenemos presionó. Dos monjes del desierto, de la zona de Gaza
idea de lo grande que es el amor del Señor y lo verda- y alrededores, se preguntaba uno a otro: ¿por qué vie-
dero que es ese amor. Nos cuesta aceptar que el hombre nen tantos a nuestra vida monástica y luego se marchan
es objeto de ese amor porque no amamos demasiado al tantos? Es algo curioso, pasa como en las vocaciones al
hombre ni lo estimamos. Y nos cuesta aceptar que nos seminario: vienen muchos, pero se van muchos, ¿a qué
ame a nosotros porque tenemos una idea muy pobre de se debe eso?, ¿cómo son tantos los que abandonan? Y
nosotros mismos, y en el fondo la rehuimos. la explicación la daba muy bonitamente el otro monje:
Muchas de esas posturas que podríamos llamar un pues yo creo que pasa esto: cuando un perro sigue una
tanto secularizantes, que «pasan» de lo espiritual, de lo liebre o una pieza, ladra; entonces todos los perros que
religioso, de lo cristiano, en el fondo es timidez, es no le oyen se van detrás. Empieza a correr y todos los pe-
tener el valor de afrontar la grandeza del amor de Dios, rros detrás corriendo. Pero ¿qué pasa? Que poco a poco
y se le da la espalda. No acaba uno de creer que Dios se van cansando y se van retirando. Solo quedan los que
pueda amarme a mí. Porque nos da miedo incluso que han visto la pieza. Esto pasa mucho. Es decir, yo sigo
nos conozcan como somos, y por eso lo rehuimos tam- a Cristo pero no porque lo veo, sino porque me han di-
bién. Y se nos va la vida casi en una especie de car- cho. Y es buen camino, ¡pero me han dicho para que yo
naval de disfraz, de disimular lo que somos y simular le vea! La relación de vida cristiana no se funda simple-
lo que no somos, porque tenemos miedo de que si nos mente en que «me han dicho». Ese es el punto de par-
conocen como somos, no nos quiera nadie. Entonces, tida, pero tengo que vivir la fe. Es cuando uno lo ve y
ante un Dios, ante un Cristo que me conoce como soy vive ese amor, como una santa Teresa. Ya no dice sim-
y como yo mismo no me quiero ver, nos da miedo. plemente: «Me han dicho que Jesucristo es así». Ese ha
¿Cómo me puede amar Cristo? ¡Sería demasiado gran- sido un punto de partida y yo he creído y voy detrás.
74 Con María

Hay un pasaje en el evangelio de san Juan, el de la


samaritana, cuando la mujer de Samaría experimenta
a Cristo, Él le dice lo que ella es y se queda asombra- 4.a MEDITACIÓN
da; después le habla de lo que han de ser los verdade- EL PECADO Y LA MISERICORDIA
ros adoradores. Deja el cántaro y se va a llamar a sus DESDE MARÍA
compañeros, compatriotas de Samaría y les empieza a
decir: «¡Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo
lo que yo he hecho!, ¿no será el Mesías?». Y la gente Exponíamos la relación personal íntima de María
enseguida se va. Es lo del perro que viene ladrando y con Jesús, y reflejábamos sobre nuestra vida esa misma
que se unen todos y se van. Entonces se lo llevan allá y luz, intentando ver nuestra vida como relación personal
lo tienen tres días. «Y al cabo de tres días, le decían a con Cristo resucitado vivo, en la amistad íntima con Él
la mujer: ya no creemos por lo que tú has dicho; noso- a la cual nos invita. Esa amistad que debe ser el núcleo
tros hemos visto y creemos que este es -le llaman- el de la vida cristiana.
Rey de Israel». ¡Hemos visto que este es!, ya no cree- San Pedro, cuando explica lo que es su mensaje, se
mos por tu palabra. Este suele ser el proceso: yo he vis- refiere a los fieles y dice de ellos: «Vosotros creéis en
to, no puedo menos de anunciar, no puedo menos de Cristo, a quien sin haber visto amáis» (1 Pe 1,8). Esa es
«ladran>, y al «ladrar» le digo: mira que es así, que este la definición: es un amar, un presente estable de conti-
Cristo es una cosa fantástica, maravillosa. Pero, no para nuidad, que significa la actitud predominante que cons-
que te quedes así porque te cansas, sino para que tú tituye a uno discípulo de Cristo. Podríamos decir así:
mismo veas y creas que ese es Jesucristo. vosotros, sin verle, vivís en su amor. Y esto es para él
Pues bien, me parece fundamental en nuestra vida. un punto de sorpresa. Pablo había visto corporalmen-
Y tiene que ser a través de esa preparación, de ese ejer- te a Jesús, había estado en su escuela, lo amaba, se le
cicio, de la superación de nuestro obstáculo, de una había mostrado resucitado. Pero los fieles no le habían
cierta barrera. Rehuimos pasar de lo humanamente ra- visto así, sin embargo, vivían en su amor. «A quien vo-
zonable y controlable. Y sin embargo, se necesita una sotros, sin haber visto amáis», vivís en su amor. Esta
generosidad de nuestra parte, una búsqueda del Señor, debe ser la actitud.
una vida sacramental, una vida de oración. Tenemos Naturalmente esa amistad, como verdadera que es,
que ir desarrollando progresivamente ese contacto per- tiene las características de toda relación interpersonal y
sonal con Jesucristo, para que podamos también decir hay que cuidarla como tal. Debemos hacer un esfuerzo
nosotros que ese Corazón no es simplemente que nos personalísimo, como indicábamos, continuo: tratar con
han dicho, sino que hemos gustado. «Venid y gustad Jesucristo como persona viva, tratarle así porque lo es.
cuán bueno es el Señor». Y tratarle así, sea en la vida personal, sea en nuestro
contacto con los demás en la formación, en la educa-
76 Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 77

ción, en la ayuda de los otros. «Jesucristo en la Euca- co que nos dice: esas cosas yo no las admito, hay que
ristía -decía el papa Pablo VI- verdaderamente vive actuar demostrando las cosas; ahí puede haber campo
y actúa», ahí en el sagrario. Y por lo tanto, llevar a las para muchas imaginaciones o subjetivismos. ¿Cómo
almas no solo a actuar, a rezar delante de la Eucaris- me defiendo yo de esto? Pues muy mal, me defiendo
tía, sino a recibir. Y tratarlo así como persona viva, que muy mal, porque el campo de las relaciones interperso-
cuando me acerco a Él se alegra de mi presencia como nales escapa a los controles demostrativos de la ciencia
se alegra un amigo de la visita de su amigo. Es vital, y de la razón. Tenemos que distinguir claramente en-
es evidente que se alegra, con unos matices que noso- tre lo que es «raciocinio» y lo que es «razonable». La
tros no podremos captar nunca del todo por el aspecto vida humana y las relaciones interpersonales humanas
que tiene la resurrección del Señor y su gloria. Pero son razonables, pero no son fruto de un raciocinio ni se
es verdad que Él se alegra de que nosotros nos pon- pueden someter a un raciocinio. El hombre se desharía,
gamos bajo su alcance, que vayamos a Él. Desarrollar quedaría destruido como hombre si se redujera a ra-
todo esto debe ser el cuidado constante de un cristiano, ciocinios, si no admitiera más que lo que él demuestra
vivir esta relación personal con Cristo. Y la Virgen, de- y raciocina. Sin embargo, todo lo demás es razonable.
cíamos, es la que nos introduce. La Virgen es maestra, Explico esto un poco porque me parece importante, ya
tiene como oficio ser custodia perpetua del amor deJe- que tocamos el punto de la fe y de las relaciones ínter-
sucristo. personales de la fe.
En el orden humano, la mayor parte de las cosas no
Ahora bien, lo que llamamos relaciones interperso- son demostrables en lo que son humanas, son razona-
nales tienen ciertas características que debemos tener bles. Que yo crea en el amor de mi madre es razonable,
también presentes. Porque cuando se trata de esta ver- no es demostrable ni por ciencia ni por demostración
dad, de esta realidad verdadera que es nuestra vida con física. No es demostrable, ¿por qué? Porque llegamos
Cristo, se nos puede quizás ocurrir objetar: ¿cómo sé a un campo en que no hay control de ello. Si un señor
yo que es auténtico? Es el problema. Vendríamos a de- es muy exigente y dice que no admite más que lo que
cir: pero, ¿eso no es un montaje o una imaginación?, demuestra, nada más, y yo le encuentro a él de paseo
¿cómo sé yo que mi relación con Cristo es verdade- con su novia y muy entusiasmado, dispuesto a casar-
ra? Porque Él ciertamente me ama, eso digo yo, pero se, y le digo: pero ¿usted acepta el amor de su novia?,
¿cómo sé que el momento de la oración se desarrolla de ¿usted puede demostrarme que ese amor es verdadero
verdad y no es una construcción subjetiva? Sobre todo y que existe? Y no puede demostrarlo, ni hay máquina
en ciertos ambientes o con ciertas personas que son más ni aparato ni demostración física posible de eso; no hay.
exigentes desde el punto de vista de la racionalidad, si Y sin embargo este hombre es razonable al ir por ese
nos urgen, ¿cómo podemos dar razón de que se trata camino, porque hay unos valores que no es posible so-
de una realidad verdadera? Un profesor o un científi- meter a una demostración, pero son razonables. No es
Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 79
78

posible someter a una demostración por una razón muy muchos años juntos y que han vivido con verdadera
sencilla: porque lo que es estrictamente humano como mutua entrega, están seguros de ese amor. Y es verdad,
tal -no de lo que es compuesto humano y está en el es una certeza, pero no es la misma certeza que la de
reino de lo material-, no está sometido a medidas. El una demostración física; no porque sea menor, sino es
hombre domina lo inferior a él, pero no domina lo que de otro tipo.
es de su nivel o superior a él. Entonces se comprende La vida cristiana es relación interpersonal de amor
que en todo lo que es el reino físico se demuestre, se que Él ha querido establecer con nosotros, como la ha
mida, se domine. Pero apenas entramos en lo que es hu- establecido con María, su Madre, escogiéndola para esa
mano, sobre todo en el campo del amor que es lo más relación interpersonal específica que es la relación de
alto del hombre, la entrega inteligente de sí mismo, nos maternidad con Él. Y así ha vivido esa maternidad en la
encontramos con que escapa a lo que puede ser una de- verdad. Porque vivir la maternidad no es lo mismo que
mostración, una prueba, un raciocinio puro, porque es la mera generación biológica. Eso sería demostrable.
vital, es personal y no se puede reducir. Lo mismo de- Me refiero a la maternidad como aportación de relación
cimos de cómo escoge un marido a su mujer, ¡es vital!, interpersonal, de verdadero amor materno, de verdade-
no es fruto de unas medidas. En un concurso de belleza ro contacto de amor en la profundidad de su unión.
podrá recurrirse a medidas, pero lo que es relación de
amor personal no es fruto ni resultado de un marketing. En este campo de las relaciones interpersonales, de
Es vital, es encuentro, es humano, va por otro lado. la amistad, de esa comunión de amor por la gracia, por
Es importante comprender esto porque nuestro esa mirada de amor que decíamos, que mirando graba
mundo de la fe es mundo de relaciones interpersonales, su imagen, y esa imagen vitalmente se irradia en noso-
en el que no existen esas demostraciones. ~o que es el tros como el sol en un espejo, que despide esos rayos
amor a Jesucristo, la mutua relación con El, todo esto arrancando del espejo. En esas relaciones interpersona-
entra en lo que son relaciones interpersonales, y por lo les existe lo que llamamos la ofensa. La palabra ofen-
tanto, no caen bajo lo demostrable de una manera que sa es un término difícil de explicar, y con mucha faci-
podríamos llamar científica. Y por eso también en ese lidad se plantean cuestiones: ¿qué es? Y se pide y se
campo, en el orden humano mismo nos encontramos exige: dígame usted, ¿qué añade la ofensa?, ¿qué hace
con la misma dificultad de la imposibilidad de demos- la ofensa?, ¿es que constituye algún mal en esa perso-
trar, y sin embargo, son verdaderas las relaciones. Este na? Es muy difícil porque nos movemos en el campo
señor que tiene esas relaciones con esta joven no se- de las relaciones interpersonales. Así como es muy di-
ría razonable si dudara de la autenticidad de ese amor fícil explicar en qué consiste el aliento que se da a una
después de suficientes manifestaciones, conocimiento, persona, qué le doy yo con eso. Es algo muy real, que
etc. Es perfectamente razonable, tiene una verdadera todos conocemos y sabemos, pero muy difícil de expli-
certeza de ese amor. Y un matrimonio que han vivido car, porque nunca se puede confundir la ofensa con lo
Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 81
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que puede ser el daño de esa persona. Puede ser que no nes interpersonales del hombre con Dios, del hombre
le haga daño, pero le ofende. Es difícil de matizar, nos con Cristo. Y así entendemos mejor lo que es el pecado:
movemos en ese campo. Todo lo que llamamos «el rei- ruptura de la relación de amor con Dios. Es acción del
no del pecado» se mueve en lo que es la ofensa de Dios, hombre que rompe esa relación, que se niega al amor,
la ofensa al amor que Dios nos tiene a nosotros. se cierra; del hombre que se hace impenetrable a ese
Ofender no es lo mismo que molestar. A Dios no le amor y de hecho «se marcha de casa», según la parábo-
molestamos con nuestro comportamiento, pero le po- la del hijo pródigo, y eso ofende al Padre, por el modo
demos ofender. ¿Cuál es la diferencia? Cuando un mu- de comportarse el hijo.
chacho, por ejemplo, está jugando y su padre está en
la siesta, tira el balón contra la ventana donde está su La Virgen no ha conocido el pecado por experien-
padre, rompe el cristal y le despierta, le ha molesta~o, cia de pecadora, Ella no ha tenido pecado. Pero conoce
no le ha ofendido. No ha sido ofensa, porque ha s1do más que nadie lo que es el pecado y nos puede ayudar
enteramente casual, no ha pretendido nada ni ha pen- mucho; porque quizás nos falta el caer en la cuenta, el
sado en ello. Ahí no puedo hablar de una ofensa. Pero conocimiento de lo que es. Al comienzo de la Euca-
le ha molestado y quizás le castigue. Pero tampoco es ristía solemos decir: «Antes de celebrar los sagrados
razonable en castigarle, simplemente es la reacción de misterios, reconozcamos nuestros pecados», es el pri-
una molestia. mer paso. La primera gracia que Dios concede no es
Dios nunca reacciona porque le han molestado. Lo el perdón, sino el reconocer su pecado, y como conse-
que llamamos santidad de justicia de Dios no es nunca cuencia de ese reconocimiento viene el perdón, la gra-
reacción de Dios molesto. La ofensa va por otro capítu- cia. Porque es una condición previa. Dios no perdona,
lo, por otra línea. Sería bueno que dedicáramos tiempo diría más, ni puede perdonar, si el hombre no reconoce
a pensar y reflexionar un poco sobre estas realidades, su pecado. Quizás se podría plantear la cuestión de si el
porque nos ayudaría a nuestra vida de relación con el hombre perdiera la memoria del mal que ha hecho, le •
Señor. podría perdonar. Probablemente sí. Pero conociendo lo:
Las relaciones interpersonales son susceptibles de que ha sucedido y no reconociendo su pecado, no hay
lo que llamamos ofensa. Quiere decirse: esa relación posibilidad de perdón.
puede romperse y constituir eso que se denomina ofen- Me parece importante que pidamos luz para enten-.
sa de la otra persona. La ofensa, en el sentido más es- der lo que es reconocer nuestro pecado. Reconocer no'
tricto presupone la existencia, o al menos la propuesta es simplemente confesar que uno ha hecho una cosa.
de relaciones interpersonales. Donde no hay ni pro- A veces en el lenguaje de judicatura, etc., ha reconoci-
puesta de relaciones interpersonales no hay ofensa. do que hizo eso, ha confesado, es «convicto y confeso».
Aquí está otra de las realidades, que es el misterio del Pero, en el sentido teológico quiere decir, no solo afir-
pecado. Este misterio viene a insertarse en las relacio- mar que uno ha hecho una cosa, sino caer en la cuenta
82 Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 83

de la gravedad que ha hecho. Si una persona ha cometi- más que nadie la monstruosidad cometida por su hijo
do un crimen, un parricidio, y dice: lo he hecho ¿y qué para con su padre, cómo se ha portado; porque ama a su
tiene de malo? Sí, es verdad que lo hice, pero eso no ... , esposo, conoce la bondad que tiene, lo que merece ser
no es reconocer. Reconocer el pecado es como quedar- amado, y ve cómo se comporta con él, cómo lo despre-
' se asombrado de la monstruosidad que uno ha hecho. cia, y le llega al alma.
'valorar el pecado, es reconocer. La Virgen nos puede introducir en el reconocimien-
Es lo que hace el profeta David cuando, a instancias to del pecado. Es una de sus grandes acciones en las
de N atán, cae en la cuenta de la monstruosidad que ha almas. Ella es la gran ayuda para la conversión. Esos
hecho, por el ejemplo que él le pone de aquel hombre grandes santuarios, como el santuario de Lourdes o el
que teniendo tantos rebaños, había ido al vecino a qui- de Fátima, el de Pompeya en Nápoles, etc., son lugares
tarle la única oveja que tenía, matarla y presentarla a su de grandes conversiones porque son lugares donde, a
huésped. Viendo así el hecho tan monstruoso, no puede la luz de María y contemplándola, por la gracia de Ella
menos de decir: «Quien ha cometido tal cosa es reo de y su intercesión, cae uno en la cuenta de lo disparatado
muerte». Y le dice Natán: «Ese hombre eres tú». En- de su vida, con una condición que es fundamental para
tonces reconoce: «He pecado contra Dios» (cf. 2 Sam que sea saludable, que es: lleno de confianza en el per-
12,1s). No dice simplemente: yo he hecho este acto, dón. Porque ver la monstruosidad vertiginosa del peca-
sino ¡he pecado contra Dios!, yo he procedido de mane- do sin esperanza le hundiría en la desesperación. Pero,
ra monstruosa contra Él. Ese reconocimiento es necesa- precisamente se mezclan esas dos cosas: la mirada a la
rio. Porque, si solamente con decir: «Yo he hecho esto Virgen, su cercanía materna, el Niño que tiene en sus
y pido perdón, que no se me castigue», se le perdonase, brazos; la comprensión de María al pie de la cruz, su
significaría que uno no da importancia al mal. Porque si dolor, el recuerdo de todo lo que Ella ha hecho por el
se le perdona sin reconocer que ha sido una monstruo- pecador, por nosotros, todo eso lleva a una atracción ·
sidad lo que ha hecho, vendría a significar que, por lo que hace entender la gravedad de lo que uno ha hecho,
mismo que se le castiga, se le puede perdonar. Y esta- confiando al mismo tiempo en el perdón y en la mise-
mos en el mismo campo de una valoración falsa, de una ricordia y refugiándose en la misericordia. Esto lo po-
intrascendencia de las cosas. Por eso, muchas veces lo demos pedir a María para nuestra vida, sería excelente.
que nos falta a nosotros es, más que confesar lo que he- Son pues, dos cosas distintas: la experiencia perso-
mos hecho, reconocer lo mal que nos hemos portado. nal de pecado y el conocimiento de lo que es el pecado,
Es un gran don de Dios. y el reconocimiento del pecado. María, socia del Re-
La Virgen entiende la gravedad del pecado como dentor en esa obra de redención y salvación del pecado,.
',nadie. Precisamente porque no tiene experiencia perso- de ese pueblo que cae y trabaja por levantarse, tiene un .
nal, comprende lo que es la ofensa de Dios. Como sin conocimiento más profundo, más preciso, más vital de 1
duda ninguna, la madre del hijo pródigo comprendería lo que es la ofensa que se comete contra el Señor. Y es
84 Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 85

, que, el ser pecador lleva consigo tales mezclas de amor Ignacio. Leemos en su vida que él tuvo una juventud un
·propio, tal mezcla de ceguera de la propia afectividad, tanto desgarrada, «soldado desgarrado y vano», y era
que en el asunto de materia del pecado se embrolla y muy frágil en materia de sexualidad y en otros campos
acaba por no tener visión limpia de la gravedad del pe- de honor, de vanidad, etc. Ahora, lo que leemos en el
cado por los intereses personales que uno mismo tiene. momento de su conversión o de su entrega a Dios, en la
Y por eso, con mucha facilidad tendería hacia el des- convalecencia de su herida recibida en Pamplona, en
aliento o la desesperanza y no se atreve a afrontar esa aquella estancia de Loyola, es que recibió la visita de
:realidad. En el fondo es una cobardía, huye de mirar la Virgen: «Una noche se le mostró la Señora. Y dice
cara a cara su pecado. él mismo en su Autobiografia, que aunque no se atre-
ve él a afirmar que fuese verdad esa aparición, por los
Pero no es solo eso, hay otro aspecto interesante so- efectos que produjo en él para siempre, definitivos, se
bre la acción de la Virgen en nuestro pecado. Es laMa- inclina a creer que sí, que fue verdadero». Es la Virgen
dre de los pecadores. «Ruega por nosotros, pecadores, la que, a manera de Enfermera viene a curar a Ignacio,
ahora y en la hora de nuestra muerte», es nuestro recur- pero más enfermedad moral que física, y viene a qui-
so a María, la Madre de la misericordia y Esperanza de tarle las reliquias de toda su carnalidad anterior, de tal
los pecadores. San Ignacio en los Ejercicios introduce manera que ya en adelante no tuvo el menor consenti-
la presencia de María por primera vez en la repetición, miento en cosas de carne. Esto es un milagro en él.
después de hacer dos meditaciones de los pecados y ha- Analicemos esto: el pecado puede entrar en noso-
ber llevado al ejercitante al encuentro del Calvario, de tros y podemos arrepentimos. Pero una vida de pecado,
Cristo redentor que muere por él, y llevarle a caer en sobre todo en ciertas materias como es el aspecto de
la cuenta de lo que debe a Cristo. Al repetir, dice que la carnalidad, aunque uno se arrepienta deja dentro del
se haga un triple coloquio pidiendo primero a la Vir- alma muchas imágenes, reliquias, como pegajosidad,
gen, luego a Jesús y luego al Padre. A la Virgen, «que que es lo que empaña el corazón en esa materia. De tal
le dé reconocimiento de su pecado». Segundo, «reco- manera que luego hay una especie de herida, de cicatriz
nocimiento del desorden de su vida», de su modo de dolorosa en esa materia. Esto es muy frecuente, estos
comportarse, para echar fuera el desorden. Y tercero, pecados, sobre todo en el campo de la carne dejan hue-
«reconocimiento de la mundanidad que se mezcla en lla, y dejan dentro del alma esa como suciedad, algo así
su vida». Son tres aspectos: pecado, desorden, munda- pegajoso.
nidad, para purificar. ¿Qué significa esa gracia que pe- La Virgen, según los Padres, es Ella Virgen y rege-
dimos a Dios, y que hoy podemos pedirle a la Virgen neradora de virginidad. Muchas veces el mal de esas
para nuestra vida? experiencias está en la huella que dejan: la debilitación,
El origen de la introducción de la figura de María los recuerdos que en determinados momentos pueden
en los Ejercicios se debe a la propia experiencia de san volver y molestar. Queda ahí algo que es estorbo. La
86 Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 87

vida de pecado en ese campo y en otros, deja una es- hay nada más liberador que el reconocimiento del pe-
pecie de secuela, de reliquias dentro de nosotros que cado en la confianza.
crean un peso interior, una falta de transparencia, que Frecuentemente, hay personas que parece que lle-
no se van simplemente con el arrepentimiento y la ab- van un cadáver en el corazón, a la vista de los propios
solución. Y es una gracia especial de la Virgen en el pecados pasados, de las experiencias de su vida que les
caso de san Ignacio, que le devolvió a la limpidez ante- pesa, del que no consiguen nunca liberarse del todo por
rior, restauró en él la limpidez de la mente y de la carne. muchos esfuerzos que hacen, porque se les ha queda-
Es el don que él recibió. Entonces Ignacio quiere que do dentro. Es un peso que les impide volar. En cierta
el ejercitante al llegar a este momento, en cierta mane- manera, tienen la impresión de una frustración irreme-
ra renueve su experiencia de la acción beneficiosa de la diable. Hay mucha gente joven, por ejemplo, que está
Virgen. Y le lleva a que pida, que la Virgen sepa, que en una situación interior inquieta, agitada, que aparen-
actúe; no digo siempre de manera milagrosa ni momen- temente pasan de todo. Pero en realidad llevan dentro
tánea ni instantánea, pero que Ella se ponga en acción una especie de tormento que no acaban de formular,
para limpiar el corazón, para limpiar la mente, para re- pero quizá si se lo sugerimos, lo reconocen como ex-
novar interiormente, para alejar esas consecuencias del presión de su estado interior. Vendría a ser esta idea: si
pecado que dejan dentro una vivencia más fuerte de la yo pudiese hoy todavía salvar mi pureza, mi inocencia,
. .
concupiscencia. mi virginidad, me esforzaría con toda el alma por con-
Podemos ver esta función de María. Ella, la toda servarla; pero una vez que la he perdido, ¿para qué?, to-
Santa, la que no conoció ningún pecado, ni mortal ni tal, si ya la he perdido ya no tiene remedio ... Es el caso
venial, la que siempre fue fiel, es colaboradora de la de muchos jóvenes aparentemente despreocupados; en
redención, colaboradora de la santificación y purifica- realidad llevan un cadáver en el corazón.
ción. A Ella justamente podemos pedir esas dos gra- Pero lo mismo puede pasar en otros ambientes. Te-
cias: el reconocimiento del pecado y la restauración de nemos que tener presente que la mayor parte de los que
la inocencia, de la limpidez interior del corazón. se pierden, se pierden por desesperanza, en el ambien-
te religioso, sacerdotal, matrimonial, juvenil, en todos.
Decía antes que nos cuesta porque se nos mezclan Hay gente que ha pasado experiencias muy dolorosas y
tantos intereses cuando llegamos al campo del peca- difíciles en el matrimonio y han tenido caídas, quizás
do, tantos intereses de nuestro amor propio, de nuestros son interiores nada más, y tienen la impresión de que
egoísmos, que acabamos por no tener la visión limpia su vida matrimonial se ha frustrado para siempre, que
de la gravedad del pecado y lo desenfocamos. Por eso a ya no puede ser un buen marido, una buena mujer; ya
veces no lo llegamos a reconocer. Se admite en muchos no puede pretender nada después de los fallos que ha
ambientes que ciertas actitudes de culpabilidad morbo- cometido, y se desanima. Tenemos el mismo caso: si
sa se deben a que no se reconoce el pecado. Quizás no yo hoy pudiera recomenzar mi matrimonio me esforza-
88 Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 89

ría con toda el alma, pero ya que lo he estropeado todo, Reconciliación y Penitencia, en los dos grandes ejem-
¿para qué esforzarme? Son deformaciones contagiadas plos del Génesis, el pecado de Adán y Eva y el de la
de egoísmo, de ceguera, de visión centrada en uno mis- Torre de Babel, se hace notar que la tentación va a des-
mo. Por eso decía que la mayor parte de los que se pier- figurar el amor de Dios, pretende marginar a Dios. Si
den, se pierden porque en la línea por la que van piensan analizamos ese diálogo de la tentación del paraíso, que
que ya no pueden ser buenos, no pueden ser conformes merece nuestra consideración porque es como el «tipo
al ideal que se habían propuesto. Es una visión del pe- de la tentación», vemos que es la gran mentira del «pa-
cado materialmente considerada y muy desde el pro- dre de la mentira» que es el demonio. Y la gran menti-
pio yo, que es lo que a muchos les hiere en particular, ra que pretende alienar al hombre de Dios, es alienante
y tratan de superarlo con la ayuda de los demás, de la de verdad; es presentar a Dios como valor que aliena al
sociedad, etc. Es la visión del pecado como deshonor, hombre. Ese es el pecado. La tendencia del pecado, de
como fracaso personal, sin referencia a Dios, sino como las tentaciones de todo tipo, es presentar a Dios enemi-
algo que hay que ver si se puede subsanar y se conse- go de la felicidad del hombre. Nuestra lucha, en el fon-
guir que la opinión popular de la sociedad no le con- do, está ahí, en el aspecto social y personal. En todo lo
dene, pues parece que se rehace, que queda uno mejor. que llamamos hoy legislación atea, etc., en el fondo lo
Tenemos que superar esta visión. No podemos que- que está en juego es: nos hemos librado de Dios, ya por .
darnos en una visión egocéntrica, porque una visión así fin hemos alejado ese fantasma de Dios, ¡era el estorbo ·
no es la del corazón de la Virgen, Ella no lo ve así. Lo de la felicidad del hombre!
más grave del pecado no es precisamente lo que yo lla- «Dios, estorbo de la felicidad del hombre», es como 1
mo «mi deshonor, lo que he estropeado de mi vida», presenta el demonio la tentación a Eva, cuando le pre- :
que muchas veces no es para tanto, sino «Dios ofendi- gunta: «¿Por qué Dios no os deja comer de los frutos del
do». Ahí es donde tenemos que tener luz, ¡Dios ofendi- paraíso?» (cf. Gén 3,ls). La presentación es esa: pero
do! Lo grave del pecado es la amistad rota con Dios, el Dios, ¿es que quiere atormentaros?, ¿por qué no os deja
amor de Dios que uno desprecia, que pasa uno por en- comer, una cosa que tenéis pleno derecho?, ¿por qué os
cima de él. No digo que lo desprecie formalmente, pero limita en eso?, ¡porque tenéis derecho! Y cuando tími-
desvalora, margina, lo deja de lado. Gran parte de las damente Eva le dice: «Podemos comer de todos, solo de
caídas en el pecado es más bien por eso, no por un des- este nos ha dicho que no», viene lo siguiente: «¿Y por
precio formal. Hay que tenerlo muy presente porque, qué de eso no?». Dios cruel, Dios enemigo de la felicidad
sin embargo, es verdadera ofensa de Dios aunque uno del hombre. Este es para nosotros el punto del pecado.
no lo pretenda como ofensa. Fijaos que nosotros vamos al pecado porque pensamos
que está ahí la felicidad y que la prohibición de Dios nos
En los casos que tenemos en la Escritura, y que Juan estorba, y pasamos por encima. Hacemos que predomi-
Pablo II recoge en esa exhortación tan hermosa sobre la ne esa visión de Dios cruel. Y cuando Eva le dice: «Nos
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90 Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 91

ha dicho que sí comemos de este fruto moriremos», el cuando en la parábola del hijo pródigo parece todo muy
demonio contesta: «¡Mentira!», Dios mentiroso, Dios os sencillo y el hijo vuelve a la casa del padre, en realidad
está engañando. ¡Nada de eso!, ¿qué vais a morir? Sabe es un aspecto el que quiere recoger ahí, pero tenemos
bien que seréis como Él y es lo que Él no quiere. Dios es que poner como camino medio la otra parábola del pas-
envidioso del bien del hombre. Esta es la tentación con- tor que va a buscar la oveja perdida. Es el Padre el que i
tinua: ver a Dios como envidioso, porque empieza a co- sale a buscarle, a través de la Encamación, de la Pasión
nocer algunas de las cosas que Él ha hecho, se cree que y Muerte, a través de la entrega del propio Hijo para
Dios le estorba, que Dios es obstáculo para él. que vuelva. Este es el gran drama de la Redención.
Tenemos que meditarlo mucho porque realmente Tenemos que pedir al Señor esta luz: reconocimien- •
está ahí la clave, es nuestra postura ante Dios: el hom- to de nuestro pecado. ¡Nos cuesta tanto reconocer! La
bre quiere ser feliz por sí mismo y cree que no necesita postura cristiana respecto del pecado no es una postura
de Dios. En ese caso salta por encima de las normas que que podríamos llamar de severidad de Dios, de angus-
Dios le da porque cree haber encontrado el camino de tiosidad. Es la postura de la verdad. Reconocer la gra-
la verdadera felicidad. vedad, reconocer el amor vulnerado de Dios, reconocer
En la torre de Babel lo que se pretende es hacer una que eso ha sido una puñalada a Dios, no porque le he
torre que sea memoria para todas las generaciones futu- molestado con lo que he hecho sino por el amor que me
. ras, sin contar con Dios; de nuevo, marginando a Dios. tiene. Y es lo que explica cómo el pecado llega al Co-
Marginar a Dios de la vida del hombre es alienar al razón de Dios. Si algo aparece en esa parábola del hijo
hombre porque es engañarse pensando que uno no debe pródigo es la gravedad del pecado, cómo llega al Co-
depender de Dios y creerse que no es contingente, se razón del Padre. El Señor quiere manifestamos la gra- i
absolutiza a sí mismo. Y es tan contradictorio con lo vedad del pecado como ruptura de relaciones y como
que es él, que es una mentira ontológica el querer ha- desprecio. Porque cuando llega el momento en que el
cer al hombre absoluto. No lo puede ser, el hombre es joven anhela la libertad y el desenfreno, se presenta a su
contingente. padre y le dice: «Padre, dame la parte de herencia que
me corresponda» (Le 15,12s), y su padre les distribu-
Pues bien, esto nos puede dar luz para reconocer ye la herencia. Al padre le llega al alma por esa postu-
nuestra soberbia. Sí, es soberbia, es altanería, insolen- ra insolente de exigencia. Es verdad que no exige nada
cia respecto de Dios. Y Dios aguanta y Dios ama. Esta más que lo justo, es decir, no pide cosas injustas, pide la
es la gran imagen del padre del hijo pródigo: Dios no parte que le toca de la herencia. Pero es que, no solo se
cierra la puerta de la casa cuando se va el hijo, Dios le ofende con la injusticia, hay otras cosas que son ofen-
espera. Es el padre que espera al hijo y le espera con sa aunque no sean injusticia. Pero el padre le da, y al
los brazos abiertos. Él es el que sufre de la ausencia del poco tiempo se marcha. Ahí está la gravedad del peca-
hijo, el Corazón del Padre, y lo espera y lo sigue. Y aun do, porque esa postura es como decirle al padre, como
92 Con María M4. El pecado y la misericordia desde María 93

· disposición suya del corazón: «Padre, por mí te pue- peca. Y aun cuando uno sabe lo que es su propia vida,
des morir; no quiero enterarme ni de si vives, me voy». le quieren convencer de que no peca, de que es bue-
' «Y se fue a una tierra lejana». Es la postura del corazón. no, y no puede ser nunca camino de verdad. Jesús re-
Nosotros, en el fondo, muchas veces decimos: por pite esa palabra: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).
mí, si Dios no existe me da igual. Es evidente que no Hemos de tenerlo muy claro, nunca nos hará libres el
tiene razón de ser ni explicación tal postura, pues- engaño ni la mentira. El único camino es la verdad, y
to que sin Dios no habría nada. Pero mi valoración es la verdad es que somos pecadores. «Ruega por noso-
eso que decimos: eliminar a Dios, quitarlo. Ese quitar tros, pecadores». Cuando lo aceptemos así iremos por
a Dios no es solo palabras, en el fondo quiero quitarle, el camino bueno, cuando no solo digamos «somos pe-
que no exista, no contar con Él. ¡Es una cosa tan mons- cadores», sino cuando comprendamos cuán pecadores
1 truosa en sí! Y como Él nos ama y quiere hacemos feli- somos. Reconocerlo envueltos en la misericordia; reco-
ces y se propone derramar sobre nosotros los torrentes nocerlo como bajo el manto de la Virgen, que nos aco-
de su amor, esa negativa nuestra le llega al alma porque ge con su manto de misericordia, nos sigue llamando
nos ama. Esa es la explicación de por qué el pecado lle- hijos, nos considera hijos. Ella misma nos busca, nos
ga al Corazón de Dios. presenta a Jesús, nos obtiene el perdón del Señor, por-
En todo el Antiguo y Nuevo Testamento aparece que ha hecho crecer en nosotros el reconocimiento de
siempre Dios herido por el pecado del hombre, pero no nuestro pecado.
de esa manera como si le molestara; lo repite muchas Es la postura que nos enseña san Juan en su pri-
veces, incluso por el profeta Jeremías: «Pero, ¿creéis vo- mera Carta. Ahí explica y habla de lo que es el peca-
l sotros que me hacéis daño a mí cuando no me ofrecéis do, dice: «Si alguno dice que no tiene pecado miente y
sacrificios?», como si eso fuese para mí un daño. No me la verdad de Dios no está en él. Pero si caminamos en
molesta, vosotros sois los que os hacéis daño a vosotros la luz, bueno y justo es Él para perdonar nuestros pe-
mismos. Pero no quiere decir que no le llegue al alma, cados. La sangre de Jesucristo nos los perdona». Aquí
porque les ama; que amándoles tanto, ese amor no sea hay algo sorprendente: diciendo que «caminamos en la
correspondido, esa es la gravedad del pecado. Por eso luz», dice «la sangre de Jesús nos perdona los peca-
tenemos que tener la serenidad de reconocer el pecado. dos». ¿Cómo nos perdona los pecados si vamos por el
¡1 camino de la luz? La gran lección del Nuevo Testamen-
Estamos en un mundo que quiere eliminar el senti- to es esta: no se pierde el camino de la luz por el hecho
do del pecado como ofensa de Dios, ciertamente, no lo de pecar siempre que se reconozca el pecado. Porque si
admite, no lo acepta; y se insiste en que todo el mundo yo reconozco que he hecho mal, estoy en la luz; la luz
es bueno, que nadie peca, todo el mundo tiene buena es la que me hace reconocerlo. Y al reconocer el peca-
i voluntad. Esto no puede damos nunca la paz. Es una do recurro a la sangre de Cristo y me perdona, porque
tendencia que pretende tranquilizar diciendo que nadie recurro a la misericordia del Señor. Pero si no reconoz-
94 Con María

co mi pecado, entonces estoy en la mentira: «Si algu-


no dice que no tiene pecado, miente. Si reconocernos
nuestro pecado, bueno y justo es Él para perdonamos 5.a MEDITACIÓN
nuestros pecados». LA ANUNCIACIÓN
La postura cristiana es pobre y humilde, abierta a
la misericordia de Dios, que sabe recibir misericordia
tras misericordia y gracia tras gracia, está humildemen- Vamos a seguir con el modelo de María que iniciá-
te abierto a esa misericordia. Y tan serena es esta postu- bamos para vivir nuestra vida cristiana. Hablábamos de
ra, que san Juan tiene miedo de que le entiendan mal, e nuestra relación personal con Cristo, lo que lleva con-
inmediatamente añade: «Hijos míos, os digo esto para sigo el aspecto de la amistad, en la que tiene lugar la
que no pequéis». No lo tornéis a broma, ¡para que no posibilidad de la ofensa; y del sentido del pecado en
pequéis! Esforzaos por no pecar. Os digo esto para que esa relación, que es proporcional a la amistad que se
seáis fieles a Dios. «Pero si alguno peca, tenernos un establece.
abogado ante el Padre, Jesucristo el Justo; no solo es
expiación de nuestros pecados, sino del mundo entero». La vida cristiana es vivir esta realidad, que se llama
la Nueva Alianza, una Alianza Nueva de amistad que
La Virgen ha de conseguimos esta gracia, la gracia Dios establece con su pueblo y con cada uno de noso-
de la verdad que nos libera. Que no busquemos nues- tros. Es vivir la autenticidad de esa relación personal
tra justificación en una aparente inocencia que no tene- con Cristo, no tiene otras complicaciones; las otras las
rnos. El Señor en el evangelio nunca acentúa o mitiga la montamos nosotros. Lo que el Señor quiere de nosotros
gravedad y seriedad del pecado, sino la misericordia de es una vida a su servicio, vivida en su amor lealmente.
Dios. Este ha de ser nuestro camino: recurrir a la mise- Tenemos que vivir en medio de las circunstancias en
ricordia del Señor, sentir la fuerza del perdón de Dios. que el Señor nos ha colocado, ha dispuesto en nuestra
Y entonces, reconociendo el pecado refugiamos, con vida, por itinerarios para nosotros muchas veces ines-
1 eso que leemos en el salmo 50, que es tan precioso, el crutables, donde las cosas se nos han ido complicando
salmo del Miserere, donde dice: «Señor, ten piedad de y nos hallamos quizás en situaciones que nunca había-
mí; por tus entrañas de misericordia perdona mi peca- mos soñado. Pero ahí estamos. Entonces se trata de vi-
do, porque yo reconozco mi pecado». Es admirable ese vir esta relación personal donde Él ha dispuesto. Vivir
argumento. Uno diría: Señor, si yo reconozco mi peca- de veras con el Señor, simplemente.
do me castigarás. Pues no, «perdona, porque reconozco Nosotros somos los que multiplicamos observancias
mi pecado», porque tengo conciencia de lo mal que he y desenfocamos las cosas. Tenemos una cierta tenden-
procedido, y no huyo de ti sino quiero refugiarme en tu cia a establecer, por ejemplo un programa de vida. Hay
misericordia, de la mano de la Madre de la misericordia. gente que es en eso muy cuadriculada: se pone un pro-
96 Con María M5. La Anunciación 97

grama, una norma, y está muy feliz porque ha cumplido do su misión muy sencillamente, muy lealmente con
la norma. Pero notemos que eso puede marginamos de Él. Cada día ha cuidado de Él, ha conversado con Él,
la relación con Dios porque el programa lo construyo le ha servido, le ha ayudado. Jesucristo quiere esto de 1

yo, lo vivo yo y ya está. Es como una tarea propuesta y nosotros.


realizada más que una vida vivida con Jesucristo, vivir
con Dios, y esto no sería exacto, no sería lo cristiano. Quiero añadir una nota: el Señor no es minucioso, .
Si reducimos el cristianismo solo a unas prácticas le no es agobiante, y en toda su manifestación del Nuevo
hemos quitado el alma. Ha resultado un cristianismo Testamento y de la Nueva Alianza no infunde temor. Lo
puramente regular, exterior. que destaca en la misma Anunciación es: «no temas».
El cristianismo es vivir con Cristo. Claro está que Es una de las características importantes en la que sue-
tiene sus obligaciones, es verdad, pero hemos de estar le notarse la acción de Dios en nosotros. Tenemos que
muy atentos al sentido de lo que vivimos, y el sentido prestar atención continuamente a esa vivencia con Dios
es vital. Es como una vida de familia; es claro que tiene en nuestra vida. En cualquier circunstancia a lo largo
que haber unas ciertas observancias y unas pautas; y en del día, en cualquier decisión, saber detenemos un poco
una vida matrimonial tiene que haber también un orden para escuchar en receptividad, para sentir el criterio y
y un cierto programa, pero todo ello está impregnado la invitación de Dios sobre lo que se nos presenta. Una
del amor matrimonial que los une, de la vida llevada en de las grandes ciencias de nuestra vida es distinguir en
común, de la unión de los corazones. Eso es también nosotros lo que viene de Dios, de lo que son tenden-
la vida cristiana, es vivir con Cristo, siempre con Él. cias o temores nuestros. Muchas veces, si Dios me pide
Así como dice san Pablo: «seremos felices y estaremos esto ... , hay personas un tanto angustiosas que apenas
siempre con el Señor», pero empezamos a estarlo des- hay algo que les gusta, se preguntan enseguida: ¿será
de ahora, estamos siempre con Cristo. Jesús lo repite: que Dios me pide que lo sacrifique?, ¿será que Dios me
«Mirad que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta pide que renuncie a ello?, como teniendo continuamen-
la consumación de los siglos» (Mt 28,20). Y «si alguno te temor de tener algo grato. No está bien, no es bueno,
me ama, mi Padre le amará y Yo le amaré, y vendremos no es sano eso. A veces es una expresión del propio yo,
a él y haremos nuestra morada en él». Hacer la morada del temor que uno fonnula de esa manera. Está uno a
en Él no es en un momento de adoración o de contacto gusto y enseguida se le ocurre: ¡mira que si tengo que
sino tener la morada, vivir con Él, estar dentro de Él. E~ renunciar! Ya vive inquieto pensando en que Dios pue-
nuestro ideal. de pedírselo, y eso no es sano. Así como no es sano vi-
Con esto tocamos el elemento más vital del cristia- vir la vida pensando todo el tiempo en la muerte: mira
nismo. El cristianismo es vida. Lo vemos también en el que tengo que morirme, a lo mejor dentro de poco me
·ejemplo de María. ¿Qué ha hecho la Virgen? Ha vivido muero ... , eso no es bueno y Dios no lo quiere. Dios nos
. con Cristo, esa es su aportación y su misión. Ha vivi- ha dado la vida para vivirla con Él, no para pensar en
98 Con María M5. La Anunciación 99

la muerte; y nos moriremos cuando llegue el momento no la tolera, la doblez la aborrece. Él dice: «Que tu ojo
1 ofreciendo esa vida que sabemos es temporal. Tampoco sea sencillo. Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo será
quiere que estemos siempre pensando en que tenemos luminoso». Vivir de verdad nuestra fe, a eso tenemos
·. que perder el gozo que tenemos. que tender. Es lo que vemos en la Virgen, una viven-:
Cuando Dios invita, su invitación tiene una carac- cia de fe.
terística: ensancha el corazón. ¡Dios no agobia nunca!
Cuando invita a algo, abre el corazón, pone un anhe- En efecto, la fe no es un montaje. Es vivir la reali-
lo. Puede ser que yo note que me cuesta, pero por otro dad en su sentido verdadero y profundo, tal como existe
lado hay un empuje, un ensanchamiento, el corazón a la luz de Dios. Ahora, la realidad es que tenemos que
se dilata. Y cuando uno conoce este lenguaje y esta vivir de fe, no solamente hacer actos de fe. María es «la
experiencia, percibe cómo las almas, aun sin saberlo, que vive de fe», en la obediencia de fe y a la luz de la fe:
lo describen. Me ha llamado la atención por ejemplo, ha vivido siempre así. San Pablo repetirá también: «MI
Juan Pablo II en su encíclica hablando de la Virgen, justo vive de la fe», no solo hace actos de fe. No se tra-
una y otra vez la presenta con esta característica del ta de creer en Jesucristo teóricamente sino, si creo que
corazón abierto; por ejemplo dice así: «María, que por Jesucristo es mi todo, mi salvación, que yo experimente
la eterna voluntad del Altísimo se ha encontrado en el la salvación de Cristo, que viva de la fe. Vivir la fe y vi-
centro mismo de aquellos inescrutables caminos y de vir las gracias que me vienen de la fe, es lo fundamental
los insondables designios de Dios, se conforma a ellos para nosotros. Es la visión de toda la realidad a la luz
en la penumbra de la fe, aceptando plenamente y con de esa experiencia de fe, dándole el lugar que le co-
corazón abierto todo lo que está dispuesto en el desig- rresponde. Y eso es ser cristiano, el cristiano vive de la
nio divino» (RM 14). Esta palabra «corazón abierto», fe. Por lo tanto, es vivir con Cristo a la luz de la fe. No.
es como la indicación de la acción de Dios. Dios ensan- solo creer, sino realizar vitalmente lo que uno cree por i
. cha el corazón. Dios no es minucioso, no es agobian- la fe. Y para esto, uno de los puntos importantes es la
te. Cuando interviene, ensancha el ser desde el fon- oración. Por eso nos recogemos también.
do, lo dilata, lo abre al amor. Solo el amor abre, solo Orar es entrar en contacto con Dios: «Olvido de
el amor ensancha de verdad el fundamento de nuestro lo creado, memoria del Creador, atención al interior y
ser. Nosotros somos los minuciosos a veces, Él es leal. estarse amando al Amado». O como dice santa Tere-
Y cuando ve en nosotros lealtad y nobleza, Él se porta sa: «No es pensar mucho, sino amar mucho, y estar-
como caballero. Debemos decir así: Jesucristo es un se largamente tratando de amistad con quien sabemos
caballero siempre y se porta como caballero. El Señor nos ama». Es vivir esta vida. Y es importante porque
•no tolera la doblez en nuestra vida, esa especie de que- el mundo sensible nos absorbe y necesitamos sintoni-
.•rer estar en comunión con Él y seguir el camino de las zar con Dios, sintonizar con la realidad verdadera. Eso
tinieblas y del mundo. Esa duplicidad, esa ambigüedad es orar. Ese estar con el Señor es muy importante para
100 Con María M5. La Anunciación

nosotros. A veces no lo hacemos porque nos aburrimos: ción. Es como una meditación en voz alta sobre aspec-
yo voy allí a la capilla delante del sagrario y no sé qué tos del evangelio que nos pueden ayudar a todos.
pensar o qué decir, se me acaba ... N o se trata de ir a de-
cir cosas, a hablar mucho. Juan Pablo II usa una expre- Cuando el Señor nos da una vocación -es lo que
sión hablando a los religiosos y religiosas que me pare- aquí se aprende-, nos da la gracia para cumplirla.
ce muy feliz: «Tenéis que tener largos ratos delante del Cuando da a uno la vocación de la enfermedad, que es
Señor en el sagrario para reparar, para amar y para deja- la más cierta, la enfermedad crónica, incurable, es vo-
ros aman>. Necesitamos dejamos amar. Tenemos prisa, cación indudable, siempre da la gracia para vivirla. No
somos muy activos, parece que la iniciativa viene de permite que seamos tentados más de lo que podemos.
: nosotr~s, que somos nosotros la salvación de todo, y no Más aún, la misión de cada uno viene a resultar como
nos dejamos amar. Dejarse amar. Hace falta más amor la maduración connatural de las gracias con que Dios
.para dejarse amar, que para amar. nos ha enriquecido, que en el fondo, se ordenan a esa
' Una persona de gran relación con la gente y de gran misión. Por lo tanto no es algo violento normalmente.
don de gentes, preguntándole cuál era su secreto por el Hay un proceso de preparación. El Señor madura a la
que era tan querido de todos, me dijo algo que mella- persona, y en su madurar, es lo que sucede en todo de-
mó la atención, parece una tontería y sin embargo es sarrollo de la naturaleza. La maduración del niño le lle-
m~y profundo: «Yo creo que el secreto está en que me va espontáneamente a su estado de adultez, a la misión
dejo querer». Es verdad, es difícil dejamos querer. Nos que va a cumplir. Tiene sus cualidades, se le va prepa-
molesta en cierta manera que nos quieran. Lo que él rando para todo, se le va instruyendo y llega así, paso
quería decirme con esto es: yo procuro evitar aquello por paso como connatural hasta la profesión que tiene
que al otro le sería dificultoso para quererme. Es de- que ejercitar y al desarrollo de esa profesión. Es así,
cir, no s?y arisco, porque entonces no me dejo querer; la misión que Dios nos da lleva consigo la gracia para
condesciendo, sé aceptar lo que me ofrecen; sé no po- cumplirla. No son dos cosas separadas, la misión y la
ner obstáculo a que me quieran, con mis disposiciones riqueza espiritual de uno, están unidos.
contrarias, etc. Pues bien, la oración tiene mucho de
~se dejarse querer por el Señor, ir allí para estar con En el caso de María, está destinada a ser Madre de
• El, esos baños de Eucaristía, sabiendo que Jesucristo Cristo, Madre del Hijo de Dios. Esa finalidad de lama-
vive y actúa sobre nosotros. Así nos iremos entonando ternidad divina es la que condiciona las gracias que Ella
en la vida de fe. recibe. Porque Dios no hace milagros: tú vas a hacer tal
cosa; eres igual hasta ese momento, y en ese momen-
En este ambiente de oración, dilatándonos a la di- to te pido un salto espiritual grande, y al otro no se lo
m_ensión de Dios, vamos a entrar en el ejemplo de la pido, y la preparación era la misma para los dos. Dios
VIrgen, en la escena del pasaje precioso de la Anuncia- no hace así las cosas, prepara al sujeto para el salto que
~-······

102 Con María M5. La Anunciación 103

tiene que dar. De tal manera que en su vida ese salto es ciación. Si una mujer, por ejemplo, concibiera en estado
tan natural como el otro mucho menor en quien ha re- de embriaguez, no sería una maternidad humana perfec-
cibido menos gracias y ha sido preparado para ese salto ta. La maternidad humana plena es cuando se concibe
menor. el hijo en acto deliberado de amor, entonces es madre
María tiene que ser Madre de Cristo y ha de serlo de verdad. Esto es muy importante, incluso para la con-
de manera plenamente consciente humano-divina, pero cepción misma de lo que es la línea cristiana del ma-
plenamente humana, no como un milagro simplemente. trimonio, del verdadero amor cristiano. María es Ma-
Ella va a ser digna Madre y plenamente Madre. Lo re- dre así en la plenitud de su maternidad humana. Por eso
pite la liturgia: «que preparaste el corazón de la Virgen se le pedirá su consentimiento, como dice el Concilio y
para que fuera digna Madre del Hijo de Dios» (cf. Ora- Juan Pablo II nos recuerda: «Dios quiso para la materni-
ción colecta del Inmaculado Corazón de María). To- dad pedir previamente el consentimiento de María». No
dos los privilegios que recibe no son como caprichos es solo el consentimiento, sino su actuación materna de
de parte de Dios sino preparación de su misión, a la que verdadera Madre de ese Hijo de Dios que iba a nacer.
Ella va conespondiendo y de esta manera disponiéndo- Por eso las riquezas espirituales de María, todas: su
se. Porque la maternidad en María no va a ser algo que fe, su amor, su humildad, su virginidad, no son elemen-
Ella padece simplemente, como si fuese asunto de la- tos accidentales, como adornos, sino integrativos de su
. boratorio, sino una actuación suya humana. La Virgen maternidad. Su maternidad es de fe, de amor, de hu-
va a actuar humanamente en la maternidad y de manera mildad. Es Madre de Dios precisamente en cuanto en- '
digna, con el amor que conesponde a esa maternidad riquecida con esa fe, con esa entrega, con esa caridad
' que va a actuar. Y así el Señor la prepara. virginal, ofreciéndose así a Dios. Es lo que la constitu-
El Señor ha querido la colaboración de María en su ye Madre en el sentido humano pleno. Diríamos que el
función de maternidad plena. Es lo obvio. No podría- Señor, a esa jovencita la ha preparado con la abundan-
mos concebir: el Señor podía haber hecho nacer a su cia de sus dones, y con la respuesta de Ella a esos dones
Hijo de una deficiente. No es la manera de actuar de que Dios le iba dando. Porque al ser María Inmaculada,
Dios, hay una preparación. «No, es que el milagro lo Ella ha ido respondiendo y el Señor se le ha ido comu-
podía haber hecho igual». Hay una intervención nece- nicando.
saria de Dios para obtener un fin, pero con una prepa- Ahora bien, al decir: «María es impecable, va res-
ración digna de lo que se va a obtener, aunque sea de pondiendo», algunos dicen: ¡ah!, pero no es imitable
manera milagrosa en su momento final por una inter- para nosotros, porque María era impecable, era inma- ,
vención única de Dios. culada, no tenía la concupiscencia. Es verdad, María no ·
La maternidad humana debe ser siempre consciente, podía pecar, pero ¡atención!, que no entendemos quizás
en un acto de entrega y de amor. Es la maternidad hu- bien lo que se entiende por «no poder pecan>. Puede dar
mana perfecta. Lo veremos en el momento de la Anun- la impresión como que no tuviera libertad, que a María
104 Con María M5. La Anunciación 105

no le costaran las cosas, como si se le diera todo hecho tu fidelidad, todo lo espero de tu bondad, de tu fortale-
y no es verdad. La impecabilidad de María es porque' za. Así es María. De ahí le viene ese tono de humilde
Ella ha sido preservada por la continuidad de la gracia sencillez. María es humilde, es la Inmaculada. Y cuanto
con la que Dios la invita y Ella responde. Pero no como más santa es una persona, menos se cree a sí misma y 1
algo físico que está ahí, por lo que no puede pecar. No es menos se apoya en sí misma.
ese el sentido. Ella se siente frágil. En todos los relatos Uno de los procesos que va a realizar Jesús para
que vamos a ir recorriendo, María aparece con una per- madurar a Simón Pedro será darle la experiencia de su
•sonalidad estupenda, con una serenidad, con una lim- fragilidad cuando en la noche de la Pasión reniegue del
; pidez, con una sencillez admirable, humilde, la esclava Señor. Eso será aprovechado por Jesús como el último
; del Señor. María va respondiendo plenamente en cada retoque en la formación de su discípulo predilecto. Y
uno de los pasos que el Señor le va comunicando, pero más adelante, cuando le pregunte si le ama más que es-
tenemos ese dato de la consciente fragilidad de María. tos, ya no se atreverá él a asegurarlo, sino se confiará al
Esa humildad parece reflejarlo igualmente. La luz de Corazón del Señor y le dirá: «Tú sabes todo, Tú sabes .
fe del conocimiento de Dios que Ella recibía, le daba que te quiero», pero no me fío nada de mí. Y aun cuan- •
. un sentido muy claro de la fragilidad de la naturaleza do Él le dice: «Extenderás tus manos y otro te atará» ·
·. creada, y esa fragilidad la percibía en sí misma, como y le confirma en que dará su vida por Cristo, él no se
• naturaleza creada. María se debía sentir muy frágil, sa- fía de sí mismo, se sabe muy frágil; pero confía en esa
bía que la fortaleza le venía de Dios. Y confiando ple- fuerza que el Señor le ha prometido y le ha garantizado.
namente en esa fuerza de Dios, crecía. ¡Pero la garantía no le da a uno autosuficiencia! Estas
. En nosotros pasa algo parecido, tenemos que ir res- son las disposiciones espirituales importantes. No es
·pondiendo al plan de Dios. No conocemos sus caminos que yo sé que puedo y aguanto. No, no lo sé, me siento
inescrutables, pero nos los va marcando y nosotros va- frágil; cuento con la ayuda del Señor.
mos respondiendo. Y a medida que crece en nosotros la Así vive María, porque el Señor está con Ella. Así
gracia, crece el conocimiento de nuestra fragilidad. Nos va respondiendo María, y así tenemos que aprender no-
¡ sentimos más frágiles; casi nos asombramos de que nos sotros a confiar en el Señor. Cuando llegue el momento,
mantengamos en el camino de Dios. No es una pura toda decisión nuestra no nos tiene que hacer temblar;
broma lo que decía san Felipe Neri, cuando saliendo de cada paso es preparado por Dios.
··.casa le decía al portero: «Si esta noche no vengo, que
··me busquen en alguna casa mala, que a lo mejor me Vamos ahora al momento de la Anunciación. El pa-
¡¡he ido para allá». O cuando le decía al Señor: «Señor, saje de san Lucas es precioso. Voy a dar algunas pistas
tenle de la mano a Felipe, que si no Felipe se hará mu- respecto a este momento. Empieza el anuncio de la En-
sulmán». No es pura broma, es el sentimiento de fragi- carnación. Hay de interesante que san Lucas comienza
lidad. Todo lo temo de mi fragilidad, todo lo espero de el evangelio con dos cuadros que están relacionados:
106 Con María M5. La Anunciación

la anunciación a Zacarías de Juan Bautista y la Anun- salén, Ain Karim, su tía emparentada con el sacerdote,
ciación a la Virgen del Nacimiento de Jesús. Hay una cerca del templo. La impresión que uno recibe del re-
semejanza: un anuncio de que tendrán un hijo, que será lato del anciano Simeón, cuando se encuentra con la
grande; pero hay unas desemejanzas importantes, que Virgen en la Presentación, es que Simeón la conoce. Se
llaman la atención. acerca con la sencillez con la que se acerca uno a una
Estos dos capítulos están llenos de semitismos. Es- persona conocida y la bendice. Son detalles: la casa del
' crito en griego por san Lucas, se ve en el fondo, como nacimiento de la Virgen, el templo, el sacerdote, la cer-
:uno que dominara una lengua, y que cuando hablara en canía ... Y Ella está en N azaret.
· otra, lo hiciera con los giros de la nativa. Aquí pasa algo ¿Qué explicación puede tener? No la tenemos. Es
parecido, el griego está escrito con los giros semitas. leer entre líneas y unir cabos. A mí me sonríe la idea·
Esa fuente de san Lucas, en parte al menos, es la mis- de que María estaba en Nazaret, por su propósito del
ma Virgen, la que ha contado esto, directa o indirecta- virginidad, por la acción de la gracia. Porque la virgi- 1
mente, pero es Ella. Y una de las cosas que destaca es la nidad era desconocida. Ahora se han descubierto en los
humildad de María: María aparece, porque desaparece. esenios y con los escritos de Qurnrán, que había israe-
Llama la atención en primer lugar, la postura de litas que practicaban el celibato. Puede ser que en ese
María: está en una postura de escondimiento, en un ambiente hubiese algún ejemplo. Pero creo que las co-
pueblecillo insignificante, Nazaret. Se puede plantear: sas van por otro lado, no son causantes unas de otras.
¿por qué está allí? Es curiosa la convergencia de datos Lo que sí era cierto es que la virginidad y el propósito
que hay ahí. Hay que leer entre líneas y conocer un de virginidad en el ambiente sacerdotal era difamante,
poco el ambiente del momento. María aparece como porque el no tener hijos era como un signo de esterili-
una figura de linaje sacerdotal, emparentada con el dad y de falta de bendición de Dios, o de maldición, si
templo. Fijémonos solo en este detalle: después de la queremos. Por lo tanto, el propósito de virginidad de
Anunciación va a visitar a su tía, aunque se suele lla- María no era tolerable en el ambiente sacerdotal. En-
mar «la prima», prima es pariente, que está como en un tonces, quizás tenemos aquí la explicación de que Ma-
barrio de Jerusalén, Ain Karim, cuyo esposo es sacer- ría, en fuerza de su propósito de virginidad tiene que
dote que está de tumo en el servicio del templo. Es un desterrarse, se va a Nazaret y allí se pierde. Está allí en
poco extraño en las costumbres de entonces: Ella ir a una casa modesta, pero con una vida interior inmensa,
ver a su tía a Jerusalén. Es ambiente sacerdotal. Los profunda. Y está en un pueblecito que no tiene ninguna
sacerdotes tomaban esposa de linaje sacerdotal. Otro resonancia y no aparece nunca mencionado en toda la
detalle: según la tradición, la casa de santa Ana donde Sagrada Escritura, Nazaret. Y allí conoce a José; tam-
nació la Virgen está en Jerusalén. Y uno dice: pero ¡qué bién un joven, su familia es originaria de Belén. El está
extraño!, Ella aparece en Nazaret en el evangelio y la también allí, y se establece esa relación entre María y
casa donde nació está en Jerusalén ... Tenemos: Jeru- José. Tenemos que verlos así.
108 Con María M.5. La Anunciación 109

María ha ido desarrollando su vida envuelta por el brir su virginidad, de ser de esta manera su compañero
amor de Dios que le penetra interiormente, siempre en en su itinerario de respuesta al amor de Dios.
una visión de fe. En esa fe que todavía es la fe de Abra- Eso es lo que ahí se iba madurando, en una ley de
hán, la esperanza en el Mesías que ha de venir, pero ac- escondimiento, podríamos llamar, que caracteriza todo
tuada ya, aunque no sea re:flejamente, por la presencia este primer pasaje; una ley de gratuidad, es don de
del Espíritu Santo en Ella, que la dilata cada vez más en Dios; una ley de interioridad, en medio de un ambiente .
el amor, y al que Ella responde con una entrega total. Se exteriormente común, una riqueza de interioridad; y de :
va entregando, va viviendo esa entrega, con una ley que una universalidad que va a aparecer enseguida. No es!
podríamos llamar de la gratuidad. No tiene títulos para en el templo, es en un pueblecito de Galilea, de la Ga-1
ello, no es de una familia que podía gloriarse de tener lilea de los gentiles, allí se va a realizar todo esto. Pues/
en su descendencia al Mesías. No hay nada de eso en bien, María está ahí.
Ella, es como una familia sin antecedentes. Así como
de otras sí se dice: «era hija de tal señor», de María no El contraste entre los dos anuncios es muy grande.
se dice nada de eso. Tiene mucho parecido con Mel- La anunciación de Zacarías se realiza en el templo, di-
quisedec, que aparece como sin generación. La Iglesia ríamos en la cumbre de la acción litúrgica del templo, y
después ha venerado a sus padres, Joaquín y Ana, pero la anunciación se hace a un sacerdote a quien ha toca-
en el texto bíblico no aparecen. Es como una jovencita do de tumo ofrecer el incienso. Es como la cumbre de
sin raíces, sencilla, ahí en Nazaret. Va desarrollándose su propio sacerdocio, ya que se echaba a suertes quién
su vida, se encuentra con José. De él nos dirá que es de era el que tenía que llevar la ofrenda e incensar, pero no
la casa de David. Entonces María, que no podría ser se admitía que le tocara al mismo hasta que no hubie-
comprendida en el ambiente sacerdotal del templo, em- sen pasado todos los demás. Con lo cual, prácticamente
pieza a relacionarse con José. Si el evangelio nos dice le tocaba a uno una vez en la vida, dado el número de
que «estaba desposada con él», probablemente ya casa- sacerdotes que existían. Y le tocó a Zacarías, quizás la
da, y no nos dice más, es claro que tuvieron que tratar- única vez en su vida, la cumbre de su sacerdocio. Y en
. se los dos, que María encontró en José comprensión, él el templo precisamente, junto al «sancta sanctorum»,
la entendió. Y es claro que conversaron de las cosas de en el momento de la incensación, cuando había un si-
Dios, de los deseos, de las ilusiones interiores. Y María lencio en toda la multitud porque se estaba ofreciendo
se sintió comprendida por aquel joven de poca cultura, el incienso a Dios, en ese momento tiene lugar la anun-
de poca preparación humana, pero leal, fiel, justo. Ella ciación, con una gran solemnidad, en el lugar de la ado-
fue modelando su corazón en aquella conversación, ración de Dios.
dándole ese temple de justicia, hasta que convinieron En cambio, en el caso de la Virgen es en un pue-
en una convivencia virginal. José, con la misión de ayu- blecito. El ángel de Dios va allí. No es en el lugar del
dar a la Virgen en la realización de sus ideales, de encu- templo, va a aquel pueblecito. Es una indicación de la
Con María M5. La Anunciación lll
110

nueva época que se abre, Dios que baja al mundo, del nada. Quiere recalcar esa gratuidad del don de Dios; no .
nuevo Templo del que hablará Jesús a la samaritana: es fruto de méritos del hombre como algo merecido que
«ya no aquí ni en el templo de Garizín, sino en todo lu- se esperaba, es la gracia de Dios.
gar», en Cristo. Cristo va a ser el Templo. Es la venida
· de Dios al hombre. Y María va a ser en ese momento Ahí va a tener lugar ese diálogo, como coronación
ese templo. Es una nueva economía, una Nueva Alian- de toda la preparación hecha por la gracia del Espíritu
za. Y el ángel viene a una joven de la que no se nos dice Santo en Ella desde el momento de su concepción. «El
nada. ángel entrando junto a Ella». Hay un detalle importan-
Pero fijémonos cómo recalca esto: «En tiempo de te, realmente hay que destacarlo: la actitud del ángel
Herodes había un sacerdote de nombre Zacarías, de la Gabriel que viene a María da la impresión de ser una
clase de Abía, que tenía una mujer», se dice de dón- actitud muy distinta. La fórmula que se usa: «entrando
de provenía, cuál era su genealogía, y de ella también: el ángel a Ella», es distinta de cuando «se le dio a ver a
«descendiente de Aarón, llamada Isabel». «Ambos eran Zacarías un ángel del Señor, en pie a la derecha del al-
justos ante Dios, guardaban irreprochablemente todos tar del incienso».
los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hi- En el caso de la Virgen la impresión es del mensa-
jos porque Isabel era estéril y los dos de avanzada edad. jero que viene a su Señora: «entrando donde Ella». Es
Y estando él de servicio en el turno de su clase, le tocó el ángel que viene como a su Señora. No es un ser su-
en suerte conforme al uso litúrgico entrar en el santua- perior a Ella sino como un servidor. Indica también que
rio a ofrecer el incienso». cuando Zacarías lo vio, «al verlo se turbó y se llenó de
El otro cuadro dice: «Al sexto mes, el ángel Gabriel miedo». De María no dice que al ver al ángel se turbó.
-es el mismo ángel- fue enviado por Dios a una ciu- La palabra del ángel producirá en Ella un sentimiento
dad de Galilea llamada Nazaret, a una jovencita», una de interrogación y una cierta inquietud; la palabra, no
virgen. N o insistamos en este momento en la fuerza de la visión, ni dice que lo vio siquiera. La entrada en Ella
esa palabra «virgen», como se la damos nosotros, que es a través de una palabra que Ella escucha; es discre-
de hecho es. Pero ahí significa: «a una jovencita, des- ta, hecha con esa suavidad como del servicio prestado.
posada con un varón llamado José, de la casa de David, La palabra del Señor a Ella es: «Salve, llena de gra-
y el nombre de la Virgen era María». No dice de la casa cia». Aquí hay una cuestión que en castellano hemos
de Aarón, de tal familia ... Y no dice: ambos eran jus- traducido: «Dios te salve, María, llena de gracia»; en el
tos, eran santos. Nada de eso. Se ve ahí el rasgo de la latín dice: «Ave Maria, gratia plena»; en francés dicen:
humildad de María que cuenta: en todos los demás ve «Je vous salue, Marie», que es como: «Buenos días,
• valores, ve virtudes, comportamientos admirables, y de María, yo te saludo». Es la eterna discusión sobre el
Ella no hace caso. No cuenta más que el hecho; no sa- significado de ese <~aire». Se ha dado muchas veces
bemos más, ni de dónde venía ni de qué familia o tribu, como consabido que se trata de un simple saludo, de
112 Con María M5. La Anunciación 113

un «buenos días», «ave», saludo. Pero, con razón, se tiene un sentido mucho más fuerte porque abre una pre-
ha creado una reacción en contra, de decir que no es sencia nueva del Señor en el mundo. «El Señor conti-
verdad, que este <~aire» no se usa de hecho como salu- go». Hay una alianza que se está viviendo entre María
do. En muchos pasajes lo que se usa es «paz», «la paz y Jesús, entre María y el Padre, una alianza que tiene
contigo». Es saludo: paz contigo. Pero <~aire», «alégra- un carácter totalmente nuevo, en la manera como Dios
te», no se usa como saludo, es muy raro. En los pasajes se le está dando y la está preparando para que se realice
bíblicos siempre se usa el «alégrate» como indicación una presencia nueva, el Emmanuel, el Dios contigo, el
del saludo que se hace a Israel o a Sión por la veni- Dios-con-nosotros. «El Señor contigo». Y parece que
da del Mesías. Cuando el profeta anuncia lo que está no dijo más. El «bendita entre las mujeres» es de Isabel.
profetizado de la entrada de Jesús en Jerusalén: «¡Alé- «Ave, llena de gracia, el Señor contigo». «Alégrate, el
grate, hija de Sión!, mira que tu esposo, tu Rey viene a Señor contigo».
ti», ahí aparece ese «alégrate». Por lo tanto, parece que
habría que poner la fuerza del «alégrate», es «alegría, Ante estas palabras, María se turba. ¿Cuál es el sen- 1

llena de gracia». ¿Por qué? No porque lo pretenda el tido de esa turbación? No el simple temor de la visión
evangelista, es el anuncio mesiánico del gozo. La sal- o encogimiento del corazón, sino se pone a pensar con
vación es alegría, es gozo, es amor gozoso. ¡Alégrate!, serenidad. Pero, se pone a pensar ¿por qué? Le coge de
«alégrate, llena de gracia». sorpresa. Ella nunca se había comparado con nadie. Le
Ayer hablábamos de la significación de ese «llena parecía que lo que hacía -palpaba su fragilidad-, no
de gracia», en la que Juan Pablo II insistía. «Llena de era más que lo que tenía que hacer, y vivía ese amor lle-
gracia, bendita entre las mujeres», con las bendiciones na de gracia. Y ante esto, por qué ese saludo de alegría,
de Dios, porque es la misma palabra que usa la Carta a por qué ese saludo tan cordial.
los Efesios cuando dice: <<todos hemos sido agraciados El ángel le tranquiliza: «No temas, María». Le lla-
en el Amado» (Ef 1,6). Es la misma palabra: «llena de ma ya por su nombre: «María». Ese «no temas», que
gracia», «agraciada en el Amado». Y «llena de gracia» quiere ser ser¿hante, lo usa Jesús muchas veces: «No
con toda la riqueza que tiene el significado de esta pala- temáis». Es una invitación a la confianza. Caracteriza
bra. «Alégrate, llena de gracia». Las palabras como esta la nueva Alianza, la nueva época, que no es de temor. 1

•en el griego significan siempre exuberancia, plenitud: La presencia y la acción de Dios no debe causarte te-
«aimatóo», ensangrentado; engraciada, llena de gracia. mor. «No temas», confía, no tengas miedo, tranquilí-
· Y es como nombre: «llena de gracia». zate, «porque has hallado gracia a los ojos de Dios».
«El Señor contigo»: es un saludo de confortación, Dios se complace, te mira con amor. No es que ha ha-
es decir: mira, la fuerza del Señor te acompaña. Como llado gracia previamente, como si esa gracia fuera de
cuando se le dice a Gedeón: «El Señor está contigo, Ella, sino Dios la ha llenado de gracia y ha encontrado
Él te acompañará, no temas». «El Señor contigo», aquí acogida ante Él. Dios la mira con amor. Dios te ama, te
114 Con María M5. La Anunciación 115

acompaña con su protección y con su cariño. No temas, Y como decimos, no dice que Ella vio al ángel, sino el
eres objeto del amor de Dios. ángel se le comunica. Es una manifestación delicada,
Entonces le anuncia: «Vas a concebir y dar a luz un fina, interior, para dar a entender lo que le decía. Y le
Hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Será grande, dice esto que luego el evangelista expresa en unas pa-
llamado Hijo del Altísimo y el Señor le dará el trono de labras con una gran resonancia del Antiguo Testamen-
David su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los to. Pero evidentemente María entiende. Cuando Dios
siglos y su reino no tendrá fin». Es un anuncio que tie- envía un mensaje para pedir consentimiento, hace en-
ne todas las resonancias de las esperanzas mesiánicas tender el mensaje que comunica. Ahí está la acción de
del pueblo. No podemos entender a la Virgen sino bien Dios, por eso pide consentimiento. Porque si me pide
impregnada de la lectura de la Escritura, en la práctica consentimiento para algo que yo no entiendo, sería a lo
fiel de la asistencia a la sinagoga, a la enseñanza de los más engañarme. Dios es muy leal, Dios es un caballero.
profetas de la ley; en un ambiente que estaba todo lleno Por lo tanto, Ella entiende: se trata del Mesías, descen-
de esperanza mesiánica. Y la esperanza mesiánica era diente de David. María lo sabe.
triunfal. Por lo tanto, lo que aquí se le dice es de unas
resonancias reales: «Será hijo de David, ocupará el tro- Ante esto, ¿cuál es la respuesta de María? Es de una
no de su padre, su reino no tendrá fin, reinará en la casa serenidad estupenda, admirable, serena. Zacarías se tur-
de Jacob por los siglos». Y eso se le propone a María. ba ante la visión y como que pierde la sensatez; duda
María realmente destaca entre los pobres y sencillos de lo que le dice el ángel, le parece imposible. En María
que esperan el reino. Su misma virginidad le ponía en no hay ninguna señal de duda, lo entiende; pero es res-
una situación de pobreza, en una renuncia a su descen- ponsable en su respuesta. No es una objeción, sino una
dencia, en actitud de pobre que está apoyada solo en pregunta de los caminos. Es decir, no de los caminos
Dios. Pero vibraba con toda esa esperanza, a la que ha- que Dios se reserva en su itinerario futuro, que quedan
bía renunciado en el momento en que aceptaba la virgi- inescrutables, sino de su comportamiento, de su misión.
nidad. Porque la ilusión de toda joven israelita era tener La respuesta de María es simplemente esta: «¿Cómo
en su descendencia al Mesías. Y Ella al abrazar la vir- será esto, pues no conozco varón?». No es admiración o
ginidad renunciaba a ello; entraba entre esos pobres de duda como diciendo: ¿qué va a ser esto?, ¿cómo es po-
Yahvé, pobres de Dios. sible que suceda así si no conozco varón? La pregunta
María escucha lo que se le anuncia y lo entiende. es: ¿por qué camino?, ¿de qué manera? ¿Cómo va a ser
Tenemos que tener muy claro que estos pasajes y es- esto, pues el camino de la generación carnal está exclui-
tos diálogos del evangelio no son tomados taquigráfi- do?, «no conozco varón».
camente. A veces lo interpretamos así: «estas fueron las Aquí es donde aparece el propósito de virginidad de
palabras, ahora interprételas usted». No es que así fue- María: «yo no conozco varón». Es absurdo decir «no.
ron las palabras, lo que el ángel le dice y Ella entiende. conozco varón, pero lo conocerá». Pues, sería tonta
M5. La Anunciación 117
116 Con María

para decir: ¿cómo va a ser esto? Pues engendrando un mente de un descendiente de David, de un mesías-rey
hijo. ¡Mira que sería luminosa la pregunta! No has teni- terreno-, sino serás Madre del Hijo de Dios.
do todavía contacto con tu marido, lo tendrás, ya está.
Eso a nadie se le ocurre. Ninguno en el Antiguo Testa- Admirando esas virtudes, esas actitudes de la Vir-
mento al que se le haya anunciado un hijo, como a Ana gen: su sencillez, su prontitud, su disposición, podemos
en el libro de Samuel: vas a tener un hijo, dice: ¿cómo pedirle una apertura grande de corazón para cumplir
va a ser esto, si hasta ahora no lo he tenido? No tendría nuestra misión, la que sea. Porque a veces nos cerra-
sentido. María quiere decir: cómo va a ser esto no lo mos a los caminos de Dios, nos cerramos en nuestros
dudo, pregunto solamente cuál debe ser mi comporta- proyectos personales. Nos parece más seguro el cami-
miento, por qué camino se va a realizar. ¿Qué tengo yo no que nosotros trazamos, y entonces no cumplimos
que hacer, pues está excluida la generación carnal?, «yo la misión. Nos da miedo a veces el cumplimiento de la
no conozco varón». misión del Señor.
Esta postura en María no es de autosuficiencia. Ella
ha abrazado la virginidad en su sentido pleno no por
soberbia o por decisión suya personal, caprichosa o ar-
bitraria, sino por fidelidad al amor de Dios en Ella. No
puede dudar de que Dios la quiere así y eso le da una
firmeza total. En ningún caso está dispuesta a renun-
ciar a la maternidad con tal de conservar su virginidad,
no va por ahí. Ella está segura de que Dios la quie-
re Virgen; le anuncia que va a ser Madre y pregunta:
¿y esto?, ¿cómo tengo que hacer?, ¿cómo se une esto?,
¿qué camino ... ? Es lo que Ella pregunta: «¿Cómo va
a ser esto?». Es un preguntar por el camino a seguir,
«pues yo no conozco varón».
Y viene la respuesta del ángel: precisamente porque
eres Virgen, vas a ser Madre. No va a ser por comercio
carnal, sino que «el Espíritu Santo vendrá sobre ti, la
fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso
lo que nacerá de ti será Santo, Hijo de Dios». Es la in-
dicación de que realmente es a través de su virginidad
el camino de la maternidad. «El Espíritu Santo vendrá
sobre ti», y serás Madre del Hijo de Dios. No simple-
6.a MEDITACIÓN
LA ENCARNACIÓN

Estábamos meditando la Anunciación y el diálogo


de María con el ángel, en este comienzo de una nue-
va relación de Dios con la humanidad. Y llamaba la
atención en ese encuentro, que el trato de la Virgen
y del ángel se hace de una manera discreta, sencilla,
humilde, con esa ley de la interioridad que es el valor
profundo, íntimo. Más que las circunstancias exterio-
res notables en las que se realiza en contraposición, el
diálogo de Zacarías. Hablábamos del anuncio que se
le hacía de la maternidad del Mesías y de la respuesta
de la Virgen. Poniendo de relieve su actitud, llamé-
mosla así, no hablemos de voto, suele plantearse la
cuestión de si María tenía voto de virginidad. Esa for- ·
mulación es equivocada, no existía entonces. Yo hablo
más bien de actitud, propósito en cuanto es una dis-
posición firme y definitiva, como es la actitud de vir-
ginidad. Vamos a contemplar esta actitud, quizás nos
puede ayudar para entender en el momento presente a
la Madre-Virgen, porque también la Iglesia tiene esa
actitud de Virgen Madre, esa actitud de amor, propia
de la virginidad.

Si nos fijamos en el proceso de santidad de María,


veremos en Ella un desarrollo progresivo de su amor
a Dios. Dios la envuelve desde el momento de su con-
cepción con una predilección que nosotros no podemos
ni siquiera imaginar, cómo mira Dios a aquella criatura
120 Con María M6. La Encarnación 121

en la que ha puesto sus dones más preciosos y la hace trega total, absoluta de sí misma. Aquí tenernos la raíz
objeto de su amor. Y corno la ha hecho inmaculada, sin de la virginidad.
esa recurva del egoísmo y de la concupiscencia, Ma-
ría responde al amor con el que el Señor la inunda con El concepto de virginidad se ha desarrollado mucho
una entrega total, ilimitada. Se da a sí misma al Señor. en la vida cristiana, pero no siempre se entiende en su
Hasta qué punto es consciente de que ese amor que Ella sentido cristiano de verdad. La virginidad en sentido!
tiene viene de una acción del Espíritu Santo, no es esen- cristiano no es el pudor ni es la continencia. No es 10:
cial, no es necesario. mismo la continencia de una persona a la manera de nd
Nosotros podernos estar movidos por el Espíritu sé qué ejercicio ascético brahmán, que dice que es ca~
del Señor sin saberlo. Concretamente en el evangelio paz de contenerse, de renunciar. La virginidad no es,
hay un caso en el que aparece, cuando Jesús pregun- una renuncia, la virginidad es un tesoro. ¿Cómo lo ex-1
ta: «¿Quién dicen los hombres que soy Yo?», le con- plicaríarnos? De esta manera quizás se podía entender:'
testan: «unos que Juan Bautista», etc. Él les pregunta: la virginidad es semejante a lo que Jesús habla en una
«Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?», Simón Pedro de sus parábolas, del hombre que «encontró un tesoro
contesta: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». en el campo, y por la alegría de haber encontrado ese
Y Jesús le dice: «Dichoso tú, porque esto no te lo ha tesoro, lo cubrió otra vez, lo escondió de nuevo y fue
revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está y vendió todo lo que tenía para comprar aquel campo
en el cielo» (Mt 16, 15s). Simón Pedro se quedaría y hacerse con el dinero» (Mt 13,44). A este gesto no le
asombrado: pero ¡cómo!, ¿que me ha revelado el Pa- llamaríamos nunca «una renuncia». Este hombre no ha •·
dre que está en el cielo?, ¡no tengo ni noción de que renunciado a sus bienes, sino ha adquirido un tesoro,
el Padre me haya revelado a mí eso! Y sin embargo, para lo cual ha vendido los bienes. ¡Eso es una inver-
era la luz del Padre. Hay que distinguir muy bien lo sión, no una renuncia!
que es ser movido por Dios, de lo que es tener con- La virginidad no es una renuncia. A veces se defi-
ciencia de ser movido por Dios. Muy frecuentemente, ne así: «la renuncia o la negación de los placeres de la
si somos fieles a la luz de la fe, con la cual actuamos, carne». No es estrictamente, no está bien definido. Es
somos movidos por el Espíritu, aun cuando no lo sin- verdad que lleva consigo esa renuncia, pero no simple-
tamos refiejarnente. mente. De hecho, se está más cerca, al hablar de «re-
María es movida por ese amor de Dios. ¿Hasta qué nuncia a la sociedad conyugal», corno hace el Concilio
punto era consciente refiejarnente de que eso era un en alguno de sus documentos. Es más acertado, porque
amor de predilección por parte de Dios? Ella lo hacía ya se comprende que se trata de renunciar no simple-
como lo más natural del mundo. Ella percibía ese amor, mente a un placer, sino a la sociedad conyugal de amor.
r caía en la cuenta de que era objeto de amor, que Dios la Pero en todo caso, siempre que se plantee la virginidad .
amaba, y respondía sin recurva de egoísmo, con una en- corno renuncia no se ha llegado a su aspecto cristiano. ·
122 Con María M6. La Encarnación 123

! La virginidad es un tesoro que uno ha encontrado. ¿Y el Cuando existe este amor y esta tendencia creada
tesoro cuál es? Es un amor, un amor a Cristo, un amor por la presencia de ese amor, tenemos una llamada a
í a Dios, que lleva consigo la renuncia de la sociedad la virginidad que, consiguientemente, lleva el ser ente-'
~onyugal, por su carácter, por su calidad. La virginidad ro. Tiene una consecuencia en la totalidad del ser hu-
tiene su raíz no en la parte física del hombre sino en el mano, que es lógica. Por eso repetía: la virginidad no'
corazón, y brotando del corazón, se extiende al ser en- es el simple pudor. El simple pudor puede ser una ti-'
tero. Pero es cuestión del corazón. midez o una reserva. Tampoco es la mera integridad
En una frase que creo feliz, el cardenal de Turín física. Una persona puede ser íntegra físicamente por¡
,' Ballestrero, decía: «Solo ama así a Dios el que es ama~ vanidad, por soberbia o por puro dominio de sí, y eso:
1 do así por Dios». Ahí está la clave, la virginidad es una
no es la virginidad cristiana. La virginidad cristiana es¡
forma de amor. Lo podríamos expresar de esta mane- amor y lleva consigo el ser entero. Cuando el corazón;
ra: Dios, de tal manera envuelve el corazón humano en se pone en solo Dios, lleva consigo la entrega del ser\
algunas ocasiones, que le hace entender en su mismo entero a Dios.
amor, que lo quiere solo para Él y le urge a que pon- En el orden antropológico humano querido por
ga lo indivisible del corazón en solo Dios. Cuando se Dios, la actuación de las fuerzas sexuales solo es legí-
da este amor, cuando Dios ama así, en ese amor con el tima como signo e instrumento de la entrega de lo in- ;
que ama al hombre hay una llamada a la virginidad. Por divisible del corazón. Ese es el plan divino. La actua-
eso, la virginidad no es un sacrificio, es un amor, que ción sexual-venérea, la unión camal es actuación, signo
lleva consigo un sacrificio. Pero, así como en el orden e instrumento de la entrega de lo indivisible del cora-,
del amor humano el matrimonio no es una renuncia zón. Lo lleva consigo y es perfectamente ordenado. No
aunque lleve consigo la renuncia a otros afectos, sino es' es nada indigno, ni mucho menos. Es algo querido por
1
un amor que se establece y que lleva consigo el corazón Dios, dignísimo del amor humano. ·

entero; y lleva consigo en consecuencia, el renunciar a Pero, ¿qué pasa? Cuando el corazón se pone en solo
otros afectos que han brotado o pueden brotar. De una Dios por esa llamada interior de amor, lleva consigo el
manera parecida, hay una forma de amar de Dios que sacrificio de la actuación de las fuerzas sexuales, ló- ·
no es el simple amor de caridad, sino Dios ama de tal gicamente. Y entonces, la integridad física se convier-
maner,a que suscita en el corazón esa entrega indivisi- te en signo corporal de la virginidad del corazón. Es
ble a El. Entrega de lo indivisible del corazón. lo que constituye la virginidad en el sentido pleno, la
. Este _es el caso de la Virgen. María es amada así por totalidad: es el corazón puesto en Dios, expresado en
DIOs. DIOs la mira con un amor, con una predilección, un cuerpo que se mantiene continente no por una mera
que pone en Ella una tendencia al don indivisible de su fuerza de voluntad, sino como exigencia de la entrega
cor~zón a Él. Ama tanto a Dios, de tal manera, que pone de lo indivisible del corazón. Esta es la virginidad en el
en Ello indivisible del corazón. sentido cristiano. Entonces se comprende su grandeza y
124 Con María M6. La Encarnación 125

se comprende que diga la Iglesia: «La santa virginidad, esa pobreza donde Ella se encuentra, en aquel puebleci-
como tal, es más digna, más santa que el santo matri- to perdido de Galilea. Y ahí vive este momento de tanta
monio». ¿Por qué? Porque esa vinculación de amor su- trascendencia para la historia de la humanidad. Ella se
pone esa forma de amor y esa llamada a la totalidad del entrega a Dios, Dios viene a Ella y, por medio del ángel
ser entero ofrecido como holocausto de amor a Dios, le saluda y le pide su consentimiento. Pero no un mero
por la fuerza del amor que Él ha puesto en el corazón. consentimiento de voluntad, le pide su colaboración de
Es lo que sucede en la Virgen, lo hemos de conside- maternidad. Hay que tener esto muy presente, la acción
rar en Ella. María ama así al Señor, le ama con todas sus de María no es simplemente decir «SÍ», y luego Dios
fuerzas, le ama de tal manera, con una entrega tan total, actúa en Ella como un médico podría actuar en su cuer-
que ni siquiera reflexiona en si ama a Dios. Cuando nos po, en una acción de laboratorio. Su colaboración es la
ponemos a problematizar una cosa, quitamos fuerza a de una madre en la generación del hijo. Es una madre¡
la cosa misma. Una madre no reflexiona en si ama a su que amando, engendra. ¡Es Madre! Tenemos que ver;
hijo, ¡le ama! Si empezase a reflexionar y a darle mu- en este diálogo su consentimiento, que no es una pura
chas vueltas perdería fuerza su amor. Y cuando mejor pasividad. Es una colaboración que Ella está dispuesta
va un matrimonio es cuando no reflexiona en la filoso- a prestar, y presta, y que Ella va a realizar.
fía del amor, sino que ama simplemente y se entrega a
sí mismo en amor. Así es María, se entrega a sí en amor. Así venimos a ese momento, cuando María contes-
ta: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?». María
Ahora viene un hecho bien curioso: Dios, que pre- es Virgen no por elección suya o por capricho, sino por
para a María para ser su Madre, le da el instinto de ser ese amor de Dios que la envuelve, y está dispuesta a
virgen. Es sorprendente, y sin embargo es maravilloso, ser Virgen. Y el ángel le contesta lo que acabamos de
es verdad. Entramos en el misterio de la generación, de indicar: no será obra de varón, será precisamente por-
la maternidad y del amor. Vamos a verlo así en la Vir- que eres Virgen. Ahí tiene su origen tu maternidad. «El
gen, veremos su respuesta y su entrega de amor, expre- Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo
sada precisamente en su aceptación. te cubrirá con su sombra». «El poder del Altísimo» es
María ama a Dios, se entrega a Él plenamente. Esa un repetir lo mismo porque el poder ya solía significar
entrega suya de amor se convierte en una oración, como la divinidad, pero ha añadido san Lucas del Altísimo
es siempre la entrega de amor. Y la oración, por la sin- como aclaración. Precisamente en el juicio ante el sa-
tonía con Dios, es el deseo de la salvación del mundo. Y nedrín, Jesús responde: «Desde ahora veréis al Hijo del
Dios, que la ha preparado de esta manera para que Ella hombre venir a la diestra del poder sobre las nubes del
sea la que esté «en el centro de los caminos inescruta- cielo». No dice «del poder del Altísimo». «A la dies-
bles de Dios, en el punto culminante de la historia», le tra del poder» se entiende a la diestra de Dios. Por eso
hace vivir este momento en la sencillez más total, en «el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder te cubrirá
126 Con María M6. La Encarnación 127

con su sombra», el Altísimo te cubrirá con su sombra. un amor especial, amor materno. Diríamos que en ese
«Por eso, el Niño que nacerá será Santo y llamado Hijo momento forma en Ella el corazón materno generador,
de Dios». Aquí viene la indicación del camino. En su que engendra maternamente al Hijo de Dios.
grado, lo vamos a aplicar a cada uno de nosotros. Pero Esto nos introduce en el misterio interior que vive
veamos la acción del Espíritu en María. María, sin duda, en el momento de la Encarnación. Es
Se puede preguntar: ¿cómo es que el Espíritu Santo la altura espiritual de unión con Dios con la que Ma-
vendrá sobre ti, si María está llena del Espíritu? ¿Qué ría ama en este momento engendrando al Hijo de Dios,
quiere decir? La venida del Espíritu no supone que no que es fruto de ese Espíritu Santo. «El Espíritu Santo
exista el Espíritu. Sabemos bien que, por ejemplo, en vendrá sobre ti, la fuerza del Altísimo te cubrirá con su
la Ordenación sacerdotal se imponen las manos y se da sombra». Te cubrirá, como cubría el Arca de la Alianza
el Espíritu Santo; lo mismo en la Consagración epis- con la gloria de Dios. Serás como el Arca de la Alian-
copal viene el Espíritu sobre quien ya lo tiene, puesto za. Y por eso, «el fruto será Hijo de Dios, será Santo»,
que vive en gracia de Dios. La venida del Espíritu San- tu Hijo será el Hijo de Dios. Esta es la proposición que
to viene como ayuda, como asistencia para una misión María entiende.
concreta que se le confía a la persona; entonces se le De nuevo, aquí no se trata de una frase como miste-
imponen las manos. El mismo Jesús, Hijo de Dios, des- riosa, dicha así y tomada taquigráficamente. A veces al-
pués del Bautismo en el Jordán ve cómo viene el Espí- gunos exegetas creen que ellos la entienden hoy mejor
ritu Santo en forma de paloma y se posa sobre Él. de lo que lo entendió la Virgen entonces: porque toma-
María, por lo tanto, está llena del Espíritu Santo, da esta frase ... No, esta frase es expresión de lo que Ella
y sin embargo se le anuncia: «El Espíritu Santo ven- captó, y no la entendemos nosotros mejor que la Virgen
drá sobre ti». ¿Quiere decir que Dios actuará milagro- asistida por el Espíritu Santo. María entiende que es in-
samente? No solo, es mucho más matizado. El Espíritu vitada y llamada a ser Madre del Hijo de Dios. ¿Hasta
Santo viene sobre la Virgen, la acción es directamen- qué punto llega su conocimiento del Hijo de Dios? Es
te sobre Ella. «Vendrá sobre ti», ¿para qué? Para darle conocimiento en fe. Es conocimiento lleno, al mismo
amor materno digno de la generación del Hijo de Dios. tiempo, de la nube de la oscuridad, pero profundo, ver-
Diríamos que el amor que Ella tiene a Dios es el amor dadero, que se irá iluminando indudablemente, porque
de esposa, el amor virginal. El Espíritu Santo ha for- estamos en el campo de la luz de la fe. Pero ya entonces
mado en Ella ese corazón virginal de entrega a Dios. es suficientemente captado por Ella como para saber
i Ahora Ella va a engendrar amando, pero amando como que va a ser Madre del verdadero Hijo de Dios. Es algo
corresponde al Hijo de Dios. «El Espíritu Santo vendrá así como nosotros entendemos cuando se nos explica el·
sobre ti» para que ames con amor materno y engendres misterio de la Eucaristía y aceptamos esa presencia. No
maternamente al Hijo de Dios. Para eso recibirás el Es- captamos todo, ¡ni mucho menos!, pero sí lo suficiente.
píritu Santo, recibirás una asistencia especial de Dios, Sabemos lo que veneramos: el misterio de la presen-
128 Con María M6. La Encarnación 129

' cia real, eucarística de Cristo, Dios y Hombre verda- de colaboración al plan que se le propone. La respuesta
dero. María capta también: va a ser Madre del Hijo de de la Virgen es su obediencia de fe. «La obediencia de
Dios. Cuando Dios pide el consentimiento, hace enten- fe es la respuesta del hombre a Dios que se le comu-
der para qué lo pide, para que sea verdadero consenti- nica, que se le revela». Porque en el mensaje, Dios no
miento. Y María entiende. solo le hace una afirmación para que Ella crea que es
verdadera, sino, en el fondo es una declaración de amor
Y en ese momento grandioso de la Virgen, llevada que pide ser acogido. Por lo tanto, la respuesta es aco-
a esta madurez de amor, a esta relación tan única y per- ger al Dios que se le revela, y al Dios que se le reve-
sonal con Dios, ante esta propuesta por parte de Dios la en su condescendencia de Encarnación, y de Encar-
que se le está comunicando, donde ya se le ha expresa- nación precisamente en Ella. No es solo creer que eso ,
do el misterio del Verbo hecho carne -por lo tanto, se puede suceder, sino prestarse a que suceda ofreciéndo-
encuentra ya en el campo de la revelación de la Nueva se a sí misma al plan de Dios, colaborando a ese plan de
Alianza, del Verbo que baja a la humanidad de una for- Dios. A la palabra de Dios que se nos dirige, tiene que
ma definitivamente nueva-, María tiene que respon- responder el hombre con la entrega total e irrevocable
der. Hasta este momento es la gracia de Dios que viene de sí mismo, dice el Concilio. Esta es la respuesta que
sobre Ella, el amor de Dios que la inunda, la invitación se llama la fe. Es la fe en sentido pleno. No es solo la
de Dios que se le ofrece y se le quiere entregar. Y en ese afirmación de una proposición, sino la entrega de sí al
momento queda pidiendo la respuesta de la Virgen, que aceptar lo que Dios le revela en la palabra que le dirige.
Dios respeta. María lo piensa serenamente, no se toma Esto sucede en el momento de la Anunciación. Ma-
días para hacerlo. Es admirable, en una decisión de tal ría, ante esta propuesta, dice simplemente: «He aquí la
trascendencia, Ella cae en la cuenta. Y en este momen- esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra», o
to, la salvación del mundo depende tanto del sí de la «Dios haga en mí según tu palabra». Es notable esto, es
Virgen, como de la voluntad del Padre. Porque cuando una gran lección de la Virgen: la obediencia y la entrega ,
Dios pide consentimiento, lo pide de verdad; si uno no de sí misma en fe.
se lo da, no se hace. Dios no juega, no bromea. Estima La respuesta obvia humanamente sería: el Señor me
al hombre y tiene tal respeto de su libertad, de su dig- propone este plan y yo le digo: «Señor, hágase en mí se-
nidad dada por Él, que sin su consentimiento no actúa gún tu palabra; Señor, yo doy mi consentimiento, juego,
en el mundo. Dios le pide su consentimiento en el or- colaboro», sería la respuesta lógica. Pero como María
den de la salvación. Y la respuesta que da María es su sabe que en esa propuesta que Dios le hace hay una en-
entrega de amor. trega de Dios mismo a Ella, al mismo tiempo lo com-
En el Concilio y en la encíclica Redemptoris Mater prende y se entrega. Es lo que sucede en la fe: cuando yo
de Juan Pablo II se destaca que la respuesta de la Virgen creo en el Verbo, en el Hijo de Dios que está en la cruz,
contiene dos aspectos: una entrega de sí misma y un sí lo que creo se en el amor de Dios que se me ha entrega-
130 Con María M 6. La Encarnación 131

do en Cristo. Creo no solo un principio, un artículo; creo Nacimiento de Jesús, María dirá: «He aquí la esclava
en Dios que me ama, en el amor de Dios, en la entrega del Señor», ¡vamos allá! Es importante este renovar:
de Dios a mí. Y entonces, si creo tengo que aceptar esa «He aquí la esclava del Señor», voy allá. Siempre se
entrega de Dios a mí; si no, no creo. Y consiguiente- entrega. Y en ese momento, «el Verbo se hace carne».
mente, aceptar la entrega es dejarle paso a través de mi Esa entrega de obediencia será la constante de María, la
entrega a Él, entregarme a Él como respuesta de amor. obediencia en fe será todo su itinerario.
Esto hace la Virgen en este momento. Ella entiende
el amor de Dios, entiende el amor de un Dios que se le Pero esto pasa también en nosotros, y quiero recal-
da en amor, que no solo le pide una colaboración ex- carlo en dos aspectos para nuestra vida: en el aspecto
terior, se trata de la colaboración de una entrega de sí personal y en la vida familiar.
misma. Y su respuesta: «He aquí la esclava del Señor», En el aspecto personal, Juan Pablo II repite en la
es la proclamación de la posesión de María por parte de Redemptoris Mater, y lo decíamos desde el principio
Dios. «Soy tuya, soy tuya», y renueva su entrega. Es el de los Ejercicios, que tenemos que ver en María una
amor que se entrega, el amor que se goza de ser pose- Madre educadora, formadora, y un ejemplo. Ante este
:sión del amado. Algo que se nos ha olvidado a noso- misterio de la Anunciación, con toda esta riqueza que le
1tros, que me parecería importante de reflexionar y que acompaña, tenemos que aprender, primero, una estima
vamos a aplicar a nuestra vida. Por lo tanto, consagra- de la virginidad, una fidelidad a la llamada de amor que
ción a Cristo, consagración a Dios: «He aquí la escla- el Señor puede hacemos, que es progresiva, y donde no
va del Señor». Evidentemente, esa esclavitud no es una pocas veces el Señor va insistiendo, purificando, ele-
esclavitud despótica, es de amor, pero es posesión de la vando nuestra relación de amor con ÉL Se trata de una
.persona. «He aquí la esclava del Señor», soy tu esclava. fidelidad a esa acción progresiva de su amor dirigido a
\No soy mía, soy tuya, como diciendo, «haz de lo que es nosotros.
1
tuyo, lo que Tú quieras». Y ese hacer es: yo colaboro a Viniendo al diálogo de la Anunciación, tiene tam-
! ello, pongo toda mi vida según esa voluntad tuya. bién una repercusión en nuestra vida: nuestro diálogo
Y consiguientemente, porque «he aquí la esclava interior con Dios tiene una repercusión en la sociedad,
del Señor», añade: «Hágase en mí según tu palabra». en los demás, aunque se viva en el escondimiento, en
Puedes hacer conmigo y a través de mí, lo que Tú quie- el templo, ese lugar donde se manifiesta la gloria de
res, «según tu palabra». «Haz en mí según tu palabra». Dios y la presencia eucarística. Pero, como en el caso
Nos indica un camino que hemos de seguir siempre: de Galilea, también puede realizarse en el ambiente de
María, en todo lo que es colaboración a Dios siguiendo familia donde yo me encuentro, es lugar de diálogo. El
su voluntad, renueva su entrega en cada momento de Señor viene a nosotros en todas paties, y tenemos que
su itinerario de fe, que se le va manifestando. Cuando saber hacer de nuestro corazón el lugar de encuentro
se le diga, por ejemplo, que tiene que ir a Belén para el con Dios, el templo en el que Él viene a visitamos. Tra-
132 Con María M6. La Encarnación 133

tar de mantener la escucha, el corazón siempre abierto en Jesucristo? ¿Renuncias a satanás?, ¿prometes esto?
al Señor, mientras damos un sí a lo que Él nos propone. Prometo ... Pero no se renueva la entrega del Bautismo.
En todas partes puede mantenerse ese diálogo. Pero en Sería muy bueno renovar el ser posesión de Dios, el
cualquier cosa que el Señor nos vaya pidiendo, a través «he aquí la esclava del Señor», otra vez, ~e entrego. "'f
de inspiraciones interiores, de sus normas, de sus pre- como expresión de la entrega, el compromiso. Es decir,
. ceptos, de sus mandamientos, de las circunstancias en habituamos a que en toda obra que hagamos ¡nos en-
las que nos coloca o permite que nos encontremos, que treguemos!, renovemos nuestra entrega. Eso es vivir en
vayamos más allá del mero cumplimiento de lo que nos amor, el amor se da a sí mismo.
pide y nos habituemos a renovar nuestra entrega. Esto respecto a nuestra vida personal. Pero ¿me per-
mitís que lo diga también respecto a la vida del ma-
En el Apostolado de la Oración enseñamos el ofre- trimonio? Me llama la atención que cada vez más el
cimiento diario de sí mismo en la fuerza del Espíritu matrimonio deja de tener el sentido de entrega, de ser
Santo: «Me consagro a tu Corazón y me entrego con- posesión del otro, para ser una especie de contrato de
tigo al Padre, en tu santo sacrificio del altar». Esto re- convivencia, en ciertas maneras de actuar, pero no pasa
fleja lo que es el cristiano. Como dice el Concilio: «El de ahí. Nos falta entrega, en nuestro amor nos falta en-
cristiano por el Bautismo ha hecho ofrenda de sí mismo trega. Queremos hacer cosas, colaborar, consentir, coin-
a Dios, gracias a su función sacerdotal y al sacerdocio cidir, planear, pero escapándonos del «dejar de ser nues-
común» (LO 10). Y esa entrega de sí la vive en el cum- tros». Ahí hay un fondo que no corresponde a lo que
plimiento de las voluntades concretas de Dios, pero hay es de verdad el amor cristiano. Es verdad que eso no
una entrega de sí. Es muy importante el renovar esa significa arbitrariedad. Pero hay una dimensión de en-
entrega nuestra, propia del Bautismo, en todo cumpli- trega, que en la Virgen aparece respecto del ~eñ~r.e~ el
miento de la voluntad de Dios. Por ejemplo, digo: hoy momento de la Encamación como fruto de lo mdivisible
es domingo, hay que ir a Misa, pues vamos a Misa. del corazón puesto en Él; y que se está perdiendo, como
No es solo eso. «Señor, soy tuyo, voy a Misa». Voy a se pierde en el aspecto n;ismo de la entrega religiosa a
dar una limosna a una persona, no solo doy la limosna; Dios: que se trabaja por El, pero no se entrega uno.
«Señor, soy tuyo, yo sé que te agrada, hago esto que Tú
quieres». Renovar la entrega, es decir: «He aquí la es- Pues bien, esto nos puede hacer reflexionar, fijamos
clava del Señor». Mantener esa postura es importante, en María y aprender de Ella ese amor que se consagra.
y se descuida mucho. Que nos renueve interiormente en la fuerza de un am~r
Hay una cosa que me llama la atención: el Sába- que sea capaz de darse porque ama, en amor. ~ consi-
do Santo se renueva el compromiso del Bautismo, es guientemente se conforme con la voluntad de Dws, con
una renovación litúrgica. Llega el momento de renovar la voluntad de la persona amada, a la que ama veneran-
y se renuevan los compromisos del Bautismo: ¿Crees do, a la que ama sirviendo, a la que ama dando su vida
134 Con María

en amor. Es lo que el cristianismo ha traído y lo que nos


enseña. No se trata de abuso, de arbitrariedades. Se tra-
ta de una dimensión interior: el amor que se entrega y 2.a
HoMILÍA

que sabe dar la vida. EL MANDAMIENTO NUEVO DEL AMOR

Vamos a hablar de esa oblación de la Virgen a Dios,


que aparece en el misterio de la Anunciación, como
base de su consentimiento. El consentimiento es expre-
sión de la entrega. Este concepto de entrega es para no-
sotros fundamental como cristianos. El cristiano es el
que se ha entregado a Dios, porque ha aceptado y creí-
do en el amor con el que Dios se le entrega. El vivir esto
es dificil porque aquí está la clave del amor y de la cari-
dad. La caridad verdadera que nos trae Cristo es la de la
entrega: el amor que da la vida. Y por eso se establece
una Alianza nueva; a ella se hace referencia en la lectu-
ra del evangelio que acabamos de leer.

La primera lectura, tomada del libro del Deute-


ronomio, dice cómo «Dios manda que cumplas estos
mandatos con todo el corazón, con toda el alma» (Dt
26,16-19). Se habla de unos preceptos; hay que cum-
plirlos. Pero enseguida añade: «Hoy te has comprome-
tido a aceptar lo que el Señor te propone». En realidad,
la alianza del Antiguo Testamento no fue única, sino
una alianza continuada: primero, ya desde el Génesis,
después de la salida del paraíso, hay un pacto de Dios
con el hombre. Después del diluvio nos recuerda cómo
Noé hizo también un pacto con Dios. A través de los
Patriarcas ... , hasta llegar al gran pacto de la cumbre del
Sinaí. A este se refiere el Deuteronomio. En ese pacto
se repite siempre lo que era el contenido fundamental:
136 Con María H.2. El mandamiento nuevo del amor 137

«Te has compromet~do a aceptar lo que el Señor te pro- plo el modo, «como Yo os he amado». Pero además,
pone». ¿Qué es? «El será tu Dios, tú serás su pueblo. el como del evangelio suele significar participación.
Tú irás por sus caminos, guardarás sus mandatos y es- «Amar como Yo os he amado», participando del amor
cucharás su voz. Serás el pueblo santo del Señor». La con que Yo os he amado. Él nos da su amor para que
alianza es muy sencilla. Todo lo que es de Dios es muy amemos con ese amor.
sencillo. No podemos quejarnos de que es complicado Nuestro amor como cristianos es, por otra parte, hu-
seguir a Dios, ¡no es nada complicado! Es difícil preci- mano. Es decir, no se trata de esa falsa inteligencia que
samente porque es muy sencillo, pero muy comprome- tenemos a veces y que aplicamos muchísimo de decir:
tedor. Es simplemente esto: «Yo seré tu Dios y tú serás mira, yo te amo porque soy cristiano o como cristiano,
, mi pueblo. Yo estaré contigo, tú respetarás mi habita- que vendría a ser como decirle: no hay quien te aguante
ción. Yo te daré mi ley, tú cumplirás mi ley». Ya está, porque eres realmente insoportable. Te amo solo por-
ese es el pacto. que Dios lo quiere, por amor de Dios. Eso no es amar.
Este pacto, en la Nueva Alianza se realiza con unas Amar quiere decir amar. Esa fórmula que he dicho es
características nuevas que comienzan ya con la Vir- injuriosa a la persona, es decirle: tú no eres digno de
gen. La relación es nueva, Dios es nuestro Señor de una ser amado. Te amo solo por amor de Dios. No, no le
manera nueva. A través del amor que nos ha revelado amo, invoco que soy correcto con esa persona, digo
en Cristo, nosotros vemos ya al Padre como Padre de «por amor de Dios» a lo más, pero eso no es amar, si ,
nuestro Señor Jesucristo, que nos ha buscado, que nos yo lo trato de esa manera. Amar lleva siempre consigo
ha redimido, que ha entregado a su Hijo por nosotros. estima, respeto, servicialidad.
Ese es el Señor, ese es el que busca nuestra entrega de Este es el gran misterio, que Dios nos pide que ame-
amor y nosotros aceptamos tenerlo como Señor y ser mos hasta a nuestros enemigos. Evidentemente, no po-
suyos. Eso que decíamos de la consagración, ser suyo. drá ser con amor de complacencia, no podrá ser con un
Y esta entrega es la que tenemos que renovar continua- amor de correspondencia porque él no quiere mi amor
mente: queremos ser suyos, somos de Él. y rechaza mi amor, ese es el enemigo. Pero a quien ha
Esto hemos de vivirlo en la Eucaristía, donde se re- sido enemigo y se arrepiente de haberlo sido, yo no pue-
nueva esa Alianza. En la Eucaristía celebramos la Nue- do guardarle una especie de resentimiento. Y a quien es
va Alianza de Dios. Consecuencia de esa Nueva Alian- ahora enemigo, yo no puedo desearle el mal o la muerte
za es, consigui~ntemente, el seguir la nueva ley. La o la condenación, sino lo que le deseo es la conversión,
nueva ley que El propone, el nuevo mandamiento es lo cual es bueno. Yo tengo que amar al enemigo.
el mandamiento del amor nuevo: «Amaos unos a otros Esto es lo que dice el Señor: «Habéis oído que se
como Yo os he amado». En el evangelio veíamos exi- dijo: amarás a tu prójimo, aborrecerás a tu enemigo. Yo,
g~ncias de este amor. Amar como Él nos ha amado sig- en cambio, os digo: amad a vuestros enemigos, rezad
mfica dos cosas: una, semejanza, tomando como ejem- por los que os persiguen» (Mt 5,43-48). Hay un para-
138 Con María H.2. El mandamiento nuevo del amor 139

lelismo, por lo tanto, una referencia como de interpre- mos de vivir esta Alianza, que tiene de hecho toda esa
tación, amad al menos en esto: «rezad por los que os trascendencia para nuestra dimensión humana, que no
persiguen», «amad a vuestros enemigos». Realmente se puede quedar solo en teorías, esto lo hemos de cuidar l
en esto se nota la presencia de ese gran amor de Dios. en nuestro corazón. ·
Para explicamos Jesús por qué tenemos que hacer
esto, dice que hemos de hacerlo «para ser hijos de vues- Vamos a la Eucaristía. La Eucaristía es el sacramen-
tro Padre que está en el cielo». En efecto, hemos me- to de la caridad y del amor, el sacramento de la obl,ación
ditado la Encamación. Lo que ahí llama la atención es de Cristo, el sacramento de nuestra entrega con El. En
que Dios se hace hombre para salvar a su enemigo. No- este momento eucarístico, bajo la mirada de la Virgen,
sotros somos enemigos de Dios, el hombre abon-ece a la Virgen de la Eucaristía, la «toda Santa», tenemos que
Dios, el hombre injuria a Dios, rechaza a Dios. ¿Cuál pedirle al Señor que viniendo a nosotros, nos infunda
es la respuesta de Dios? Lo voy a salvar. ¿Y cómo lo ese amor de entrega. La Eucaristía es el sacramento que
voy a salvar? Entregando a mi propio Hijo. Como dice nos da el amor de entrega, porque en sí lo que viene a
san Pablo: «Si cuando éramos enemigos entregó a su nosotros es el Cristo que nos dice: «Toma y come, esto
propio Hijo por nosotros, ¿cómo no va a damos con su es mi Cuerpo entregado por ti». Es el Cuerpo entrega-
Hijo todas las cosas ahora que no somos ya sus enemi- do, que no es solo dado así de manera afectuosa, sino ·.
gos?» (Rom 5,8-10; 8,32). ofrecido en la cruz, «el cuerpo entregado por ti». Y con-·
Esto es lo que nos abre un horizonte de confianza. El siguientemente me dirá: «Haz esto en memoria ~ía». •
Señor me ha amado primero, me ha amado cuando yo Él me abraza, Él me infunde su Espíritu Santo, El me
era su enemigo. Y ahora lo que Él quiere es que yo ame da ese amor, para que luego yo viva de ese amor. En-
también a quien es quizás mi enemigo, que le ame, que tonces se establece, por otra parte, la alianza de amor
esté dispuesto incluso a dar mi vida para que él vuelva, con Cristo, con nuestra entrega a Él, que se irradia en la
para que él se convierta. Evidentemente, yo no puedo caridad fraterna, según las exigencias del amor.
perdonar a nadie que no reconoce lo que ha hecho. Yo
. estaré dispuesto, estaré con los brazos abie1ios, estaré
pronto, pero perdonar no puedo, porque Dios mismo no
. perdona a quien no reconoce su pecado, eso es verdad.
¡ Pero otra cosa es que yo suscite en mí sentimientos de
odio, eso ya no es cristiano. Nunca es cristiano un amor
. que termina en odio de alguien. Al contrario, tenemos
i que desan-ollar en nosotros el verdadero amor.
Todo esto requiere siempre la entrega de nosotros
mismos, de nuevo, la superación del egoísmo. Si he-
7.a MEDITACIÓN
LAS DUDAS DE SAN JOSÉ

Juan Pablo II cuando habla de la Encarnación, hace


notar la sintonía de la postura de la Virgen con la pos-
tura de Jesús al entrar en este mundo, la sintonía de los
dos corazones; y esa sintonía nos enseña que se trata de
una actitud fundamental.
La Carta a los Hebreos dice: «Jesús, al entrar en este
mundo dijo: No has querido holocaustos ni sacrificios
por el pecado, pero me has dado un cuerpo. Aquí vengo
para cumplir, oh Dios, tu voluntad» (Heb 10,5-9). En
la Virgen, la frase correspondiente es: «He aquí la es-
clava del Señor, hágase en mí según tu palabra». En los
dos hay una oblación en orden al cumplimiento de la
voluntad de Dios. Desde el primer instante, la Madre y
el Hijo están unidos en oblación y en docilidad a lavo-
luntad del Padre. Sabemos que esa voluntad fundamen-
talmente, aun cuando puede referirse a detalles concre-
tos, es la voluntad de la redención: «Vengo a cumplir
tu voluntad». La voluntad del Padre es que el mundo
sea salvo. Y la voluntad de la Virgen: «Hágase en mí
según tu palabra», es la voluntad de la Encarnación, el
comienzo de esta nueva etapa de la redención. María y
Jesús están en una entrega a disposición de la voluntad
de Dios, que luego renovarán, y nos marcan a nosotros
el camino. Jesús enseñará continuamente esta entrega a
la voluntad del Padre, y la Virgen en las bodas de Caná .
repetirá también: «Haced todo lo que Él os diga». Es ·
pues, una enseñanza que procede de una actitud.
142 Con María M 7. Las dudas de san José 143

Pensado, reflexionado y asimilado en lo posible este previamente lo que va a suceder. María ciertamente en el
misterio de la Encamación, vamos a ver otro aspecto momento de la Anunciación entendió sustancialmente la
también importante para nuestra vida: «las dudas de voluntad de Dios sobre Ella, lo que se le pedía. Pero, in-
san José». dudablemente también, esa comprensión debió estar ma-
Uno de los puntos difíciles de nuestra vida es hacer- tizada y coloreada por la imagen que el pueblo de Israel
nos a los caminos inesperados e inescrutables de Dios. en general se había formado del Mesías. Esto es muy
Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris Mater hace claro, al decir: «Será Hijo del Altísimo, ocupará el trono
referencia más de una vez a que los caminos de Dios de David, su padre, reinará para siempre en la casa de
son inescrutables, son impensados para nosotros, y esto Jacob», tiene unas resonancias triunfales, que sin duda
muy frecuentemente nos desarticula todo. No sabemos en la Virgen las tuvo también. Dios no nos quita mu-
por dónde va el Señor, nos gustaría llevarle por nues- chas cosas que nosotros añadimos. Pero es importante
tros caminos. Ahora bien, ya desde el Antiguo Testa- que nuestra adhesión no sea a elementos connotados por
mento, Dios repetía a través de los profetas: «Mis ca- nosotros, sino al fondo de la voluntad del que nos habla.
minos no son vuestros caminos». Voy a poner un ejemplo, porque esto suele repetir-
Muchos problemas espirituales, angustias, turba- se en muchas de las determinaciones humanas: viene el
ciones, en personas que quieren sinceramente seguir momento del matrimonio, se da un sí al matrimonio y a
· al Señor, vienen de que solemos pensar: si yo fuera la persona con la que se casa; pero muchas veces lleva
bien espiritualmente, debería proceder así y así y así; una connotación de una vía de felicidad, de bienestar, de
si yo tuviera una verdadera oración no me pasaría esto comodidad, de inteligencia «muy de primavera», muy
o esto. Eso lo sacamos de nuestra cabeza, porque no es bella, es inevitable. Pero el sí que se da no debe estar
verdad. Puede ser que yo esté muy unido a Dios y pue- condicionado por ese contorno, sino por la sustancia a la
da sufrir tentaciones muy fuertes. Y no se puede decir: que uno da su sí. Luego llega la vida real que va desmo-
· si yo estuviera unido a Dios no me atraerían estas co- chando, quitando ciertos matices y colores, y es necesa-
1 sas. Por eso digo que construimos nuestros caminos. En
1 rio que entonces se reavive la afirmación sustancial, el
• cambio, es importante plegarse a los caminos de Dios,
1
sí central, y se renueve esa entrega aceptando el camino
:!captarlos pronto y conformarse a ellos. que precisamente rompe muchas de las ilusiones que ro-
· Una de las lecciones en el itinerario de fe de la Virgen deaban al punto central. Esto es lo que quiero indicar: el
es precisamente que la intervención más grande de Dios sí nunca es total, es decir, es un sí a lo sustancial, no con-
en el mundo, como es la Encamación, a través de una dicionado por esos márgenes, por esas connotaciones.
preparación de la más excelsa de las criaturas y de la más Incluso en el orden de la redención, el Señor pare-
querida de Dios, como es la Virgen, no produce un ca- ce proceder de esta misma manera. A María le pide su
mino sereno y libre de dificultades. La intervención de la consentimiento para la colaboración a la redención. Ella
Encamación no ilumina los pasos posteriores ni declara entiende quizás un Mesías «que ocupará el trono de Da-
144 Con María M 7. Las dudas de san José 145

vid», se siente Madre del Mesías real, pero no está con- que han de hacer. Porque les podía haber dicho: en este
dicionada por eso. De hecho, el Señor no declara todos momento vais a pasar algún apuro, no os preocupéis;
• los pasos posteriores, habrá tiempo para ello. Y ahí es dile a José ... o, Yo me muestro a José y le diré que te re-
donde comienza el itinerario de la fe, que irá rompiendo ciba, que no hay problema ninguno. No lo hace. Quizá
algunos de esos adornos que quizás María había imagi- nosotros imaginaríamos así: si es intervención de Dios
nado en ese momento. La intervención de Dios no acla- tiene que haber declarado eso. Y no, en muchas cosas
ra todo, no resuelve todo, no es un «Deus est machina». yo sé que el Señor quiere esto, pero no sé más por el
Simplemente pide de nosotros una colaboración hacia momento, y no me pongo en movimiento o no deten-
unos caminos que siguen siendo inescrutables. go mi movimiento hasta saber. ¡Tengo que seguir! El
Es el ejemplo de la fe de Abrahán, cuando se le cumplimiento de la voluntad de Dios es una garantía
pide: «Sal de tu tierra, de tu parentela, y vete a la tierra de nueva iluminación de Dios. Pero, no he de pretender
que Yo te mostrar~» (Gén 12,1), pero no se le explica que me ilumine previamente, sino saber fiarme y seguir
ni se le determina, sino «¡sal!». Ahora, no quiere decir lo que el Señor me va mostrando.
que nosotros hemos de salir y hemos de movemos de Pero no solo no declara, sino que la intervención de
una forma incierta. Quiere decir que cada paso que de- la Encamación les sumerge en la tempestad de las du-
mos debe ser conforme a Dios, pero sin exigir que se das, y es intervención de Dios, y no se lo ha resuelto.
inos declare de antemano el paso siguiente. Hay que sa- Nosotros pensaríamos otra cosa.¿Veis cómo son miste-
,ber seguir el itinerario de la fe. Y sin duda ninguna, si riosos los caminos de Dios? Es más, no mejora su situa-
mantenemos la apertura del corazón y nuestro sí a los ción social. También esto es importante: no servimos
planes de Dios, confiándonos a Él que nos conoce, se- de los valores religiosos o de fe como instrumento de
remos bienaventurados y se nos podrá aplicar también mejora social. No mejoran. Ellos estaban en una vida
a nosotros la bienaventuranza de la Virgen: «Dichosa la más bien estrecha, de trabajo, y siguen igual. Se va a
que ha creído», la que se ha fiado de Dios. Como dice realizar el designio de Dios: María será Madre de Je-
el mismo Jesús a Marta, la de Betania: «¿No te he di- sús, pero sin salir de su situación social, no la mejora.
. choque si te fías verás la gloria de Dios?». Es saberse Ni les conduce tampoco a unas condiciones espirituales
1
plegar a los caminos de Dios, ahí está. Nosotros somos que imaginaríamos ideales para esperar el Nacimiento.
rígidos, nos falta flexibilidad, nos aficionamos a los ca- A María no le lleva a una soledad, no le libra de nin-
minos, a los elementos accidentales de los caminos; guna preocupación sino, al contrario, le hace ir a servir
y no siempre somos capaces de mantener el corazón a su pariente Isabel, la pone en camino, como vamos a
abierto a las voluntades del Señor, dando el sí al Señor. ver. ¡Caminos de Dios! Tenemos que aprenderlo. Ca-
minos de Dios, según esa expresión de la Iglesia: «Por
Podemos notar que la intervención única de la En- tus caminos llévanos a donde vamos. Por tus caminos,
camación no ilumina los pasos posteriores ni declara lo no por los míos».
146 Con María M 7. Las dudas de san José 147

Seríamos muy felices si siguiéramos los caminos el protagonista que sufre enormemente en este momen-
del Señor, ¡muy felices! Nadie desea tanto nuestra feli- to. ¿Por qué sufre? Fijémonos en él, en su figura.
cidad como Dios, y nadie conoce mejor los caminos de
nuestra felicidad que Dios. Pero como decíamos en el Hay dos interpretaciones sobre este episodio: una
caso del pecado, queremos «corregir la plana a Dios» clásica, la que hemos oído muchas veces, y otra más
y hacer lo que Él ha prohibido porque lo consideramos actualizada. Se han presentado frecuentemente las du-
estorbo de nuestra felicidad. En su grado, nos pasa en das de san José como si se refirieran al origen del Niño,
este nivel de los caminos de Dios: nos fiamos más de cuya existencia había empezado a percibir en el seno
lo que pensamos nosotros y del camino que trazamos, de su esposa. Voy a exponer lo que realmente es más
que de aceptar los caminos de Dios. Qué hermoso es el probable. Ante todo creo, con muchos Padres, que Ma-
espíritu que, apenas el Señor tuerce el camino, da su sí ría estaba ya casada con José, no solo prometida. Des-
y dice esa frase tan hermosa, ojalá la podáis repetir mu- de luego, los planes de Dios, como dice san Jerónimo,
chas veces: «Señor, mejor así, ¡gracias!». Yo había pla- eran proveer a la misma fama de María. Indudablemen-
neado esto para esta tarde, se me ha estropeado: «¡Se- te tenemos que pensar lo que significaría en un pueblo
ñor, mejor así, gracias!». pequeño como es N azaret, que María sin estar casada
tuviera un hijo. «Bien, pero podía decier que había con-
Vamos a ver pues, este misterio, a continuar así cebido virginalmente». Sí, pero eso es muy difícil de
con María, y vamos a detenemos en este episodio para explicar también. Previendo esto, piensan algunos que
aprender las virtudes que María y José ejercitan en este María y José estarían ya casados, no solo prometidos.
momento. Esto lo entiendo por la figura extraordinaria de María y
Ya está ahí la figura de José, hemos de tenerla muy de José, por esa inteligencia de los dos, José se aviene a
presente, que es estupenda. José es el hombre justo. Pre- ser el protector de la virginidad de María, en ese plan de
cisamente en este episodio el evangelista lo llama «va- ayuda espiritual, social. El matrimonio viene a ser un
rón justo». San Mateo dice de él: «siendo hombre jus- modo de proteger esa virginidad de María, que no tenía
to» no quería publicar la situación de su esposa. ¿Cuál entonces como razón de ser resultar un signo visible, en
es el sentido del misterio de las dudas de san José? En cuanto virginidad, sino que era el plan de Dios que es
este pasaje, María, desde luego, no figura apenas; es la así, y se realiza, pero con esa discreción.
que se deja conducir. Es ejemplar cómo aparece en ese
momento Ella misma como problema, serena. Y des- Y estando así en un matrimonio virginal, tiene lu-
pués, en el cántico del magnifica! se muestra ya como la gar el momento de la Anunciación. A veces se ha di-
gran profetisa, «la gran proclamadora de su fe», como cho: María calla, no dice nada a José; pero quizá es
la llama Juan Pablo II, que precede a la Iglesia en esa poco comprensible, por lo menos no tenemos argumen-
proclamación que es el magnifica!. José, en cambio, es to para pensar así. Más bien podemos pensar que Ma-
148 Con María M 7. Las dudas de san José 149

ría, con la confianza que tiene en José y la seguridad del Espíritu Santo», no es que José descubrió que esta-
de su inteligencia, refiere lo que ha visto. Así la madre ba encinta, sino sucedió el hecho de la Anunciación, sin
de Gedeón, Manu, cuando vio al ángel enseguida fue a haber tenido ningún contacto camal entre los dos. Ma-
contarlo a su marido: «he visto al ángel del Señor y me ría se lo refiere, José lo cree.
ha dicho que vamos a tener un niño, etc.». Lo cuenta, Y ahora, ¿dónde están entonces las dudas de José, si
parece que entra dentro de lo que es la relación de con- él sabe que es del Espíritu Santo? La duda de José, con
fianza y de comprensión que reina entre los dos. María toda probabilidad es «porque era justo». Ahora sí. ¿Qué
probablemente, después de esa Anunciación se lo refie- significa el ser justo? Justo es el hombre conforme a
re a José, y José cree. Dios, el hombre recto, honrado, fiel, con la santidad que
, Esta es la línea que hoy va predominando como brota desde el fondo del corazón. José es justo, con la
''interpretación. Ninguna de ellas está definida. Pero la justicia del Nuevo Testamento, con la justicia del co-
que pone la duda de José en el origen del Niño, como razón recto, del corazón ilimitadamente bueno. José,
si, sin que Ella hubiese dicho nada, él hubiese caído en hombre justo, fiel a Dios, santo, cuando conoce este he-
la cuenta y se hubiese puesto a cavilar sobre el origen, cho, porque es justo tiene una duda tremenda: ¿yo qué:
y no queriendo pensar mal y no sabiendo qué hacer, «pinto» aquí?, ¿cuál es mi papel?, ¡estoy fuera de mi'
«siendo justo decide por fin mandarla escondidamente» puesto!, todo esto me sobrepasa, ¡yo no soy digno! Esta
(Mt 1, 18s), me resulta difícil de entender. ¿Sabéis por es la duda del hombre justo: yo no soy digno, yo debo
qué? Porque no acabo de entender que José sea justo desaparecer de aquí, esto hay que arreglarlo de alguna
haciendo eso. Porque si de verdad su problema viene manera. Y no sabe cómo. Es lo propio de los justos ante
del interrogante sobre el origen del Niño: «Y José, su la intervención de Dios, cuando Dios mismo no les in-
marido, siendo justo, no queriendo difamada, atormen- troduce positivamente en su misterio.
tado por esto, decidió enviarla en secreto», dice el tex- Recordemos algunos pasajes: cuando Moisés ve la
to. Ahora, yo no entiendo: si él creía que era inocente, zarza que arde sin consumirse, se acerca y Dios le dice:
¡¿cómo la deja?, ¿es justo eso? Y si él dudaba de verdad, «Quítate las sandalias porque el lugar que pisas es san-
¿es justo dejarla simplemente? No acabo de entender, la to» (Éx 3,5), es el respeto ante la intervención de Dios.
verdad, me crea problema desde ahí. Bien, yo lo acepto, Tenemos que pensar que el hombre justo que es José
muchos lo han interpretado así y no lo critico, es posi- intuye, ve que esa intervención de Dios es superior a
ble, es una manera correcta de explicarlo. todas las del Antiguo Testamento. No hay intervención
De esta otra manera me satisface más, me parece ninguna que se pueda equiparar a la Encamación del
más honda, más según el estilo bíblico: José, su mari- Verbo, ni cuando baja Dios en el Sinaí ni cuando está
do, se entera. ¿Por qué se entera? ¡Porque Ella misma en el arca la gloria de Dios. Y José lo percibe: yo soy in-
se lo cuenta! Cuando dice: «Estando desposada María, digno, ¿qué hago yo? Ante toda manifestación de Dios,
antes de que convivieran se encontró encinta por virtud la posición del hombre justo es de respeto, de no in-
150 Con María M 7. Las dudas de san José

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troducirse donde no es llamado. Esta actitud es buena. y ¿qué? Es exponerla a la fama pública. Eso no quiere
Quizás la hemos perdido en nuestro sentimiento reli- hacerlo, y le tortura: ¿qué diría la gente? ¿Qué hacer?
gioso, hemos perdido el respeto a la presencia eucarís- Esta es la duda angustiosa de José, no por ignorancia
tica, al modo de tratar la Eucaristía. Y es bueno que nos del misterio, sino por respeto a él y por ignorancia de su
examinemos de ese respeto de hombre justo, que no papel respecto del misterio. Y ¡él es tan enormemente
. quiere decir que esté con una especie de miedo de Dios, respetuoso! Es hombre justo, hombre santo.
• sino de respeto y tratar las cosas de Dios con respeto. Es lo que nos enseña en este momento el compor-
Pues bien, esto era común. Eran así los santos en el An- tamiento de la Virgen y de san José, lo tenemos que
tiguo Testamento. Y José siente de esta manera. aprender: el respeto de los planes de Dios, no introdu-
Para ellos ha sido una intervención de Dios que ha cimos donde no somos llamados, esperando siempre un
roto los planes de aquel matrimonio virginal. Se ha- signo que por lo menos dé unidad al relato y una cier-
bían predeterminado un camino a seguir, y he aquí que ta explicación. Probablemente, de esta situación arran-
interviene Dios, deshace esos proyectos, los supera. có el que María fuese a casa de su pariente Isabel. Es
Los deshace superando. Va a ser aquello mismo, pero una construcción, no hay que poner demasiado acen-
mucho más elevado. Y José, cuando ve que Dios ha to como si fuese la explicación única, pero ayuda, es
intervenido y se encuentra con que Dios se ha hecho como saber leer entre líneas. En efecto, dice: «quiso
Hombre en el seno de María, como postura suya siente: enviarla secretamente», hacerla desaparecer un poco.
yo debo retirarme, no soy digno; yo no puedo tratar al Es la solución que él ve. ¿Cómo discurren aquí José y
Hijo del Altísimo; yo no soy digno de tener en mi casa María? Creo que la manera como actúan es pidiendo
a la Madre del Señor. Esta va a ser la palabra de Isabel, mucha luz al Señor, que no ha dicho nada más. Dios
la pariente, cuando vaya la Virgen, al llegar Ella dirá: es muy escaso en palabras. Cuando se leen algunas re-
«¿De dónde a mí que venga a mi casa la Madre de mi velaciones y manifestaciones, uno dice: ¡aquí Dios ha-
Señor?» (Le 1,43). Esto lo dice Isabel por inspiración bla demasiado! No es su costumbre. Dios habla poco,
y luz del Espíritu Santo. José lo ha conocido también, es más bien escaso de palabras. Él dice la gran palabra
por indicación de María y luz del Espíritu Santo, y se sustancial de su amor, pero no es charlatán, no prodiga
cree indigno de recibirla en su casa, él no es sacerdote. las palabras, da lo justo y después ayuda, asiste.
Quiere decir que el Señor ha intervenido con planes En este caso Él ha dicho la palabra justa, no ha expli-
superiores, ha roto los planes trazados por él, y él se cado más. Y ellos, probablemente confrontando ejem-
va a retirar. plos de la Escritura, intervenciones de Dios en ella,
Naturalmente la situación era sumamente complica- comportamientos de los hombres santos, van tratando
da, porque era exponer públicamente a María y eso era de ver qué es lo más conveniente hacer. Y rumiando y
torturador. Para él la cosa era clara: yo no soy digno, pensando, José encuentra esta solución, recordando
me retiro y dejo a María sola, y María tendrá el Hijo ... quizás el ejemplo del arca, como se lee en el libro de
152 Con María M 7. Las dudas de san José 153

Samuel (2 Sam 6,1s). Cuando el arca había sido recu- una vida de matrimonio o de familia surgen problemas,
perada por Israel y David quería llevarla a Jerusalén; la signifique de alguna manera disminución del amor. No
iban llevando con gran solemnidad y, porque tocaron el es verdad. Las circunstancias adversas, dudosas, son
carro donde iba, contra lo que estaba mandado, simple- más bien ocasiones de consolidación del amor, que hay
mente porque los bueyes se habían turbado y la habían que superar con la fuerza del amor para forjar más ple-
puesto en peligro de caer, queriéndola sujetar, murie- namente la unión de amor. Pero hay que saberlas lle-
ron, como indicación de ese respeto al arca. Ellos co- var y ahí es donde hay que acudir mucho a la oración.
nocían perfectamente lo que requiere el arca del Señor. Muchas veces lo que falla es que en esos momentos se
Entonces, recordando toda aquella escena se acuerdan abandonan los resortes, cuando es el momento en que
sin duda, de que cuando David vio lo que había suce- hay que hacer más recurso a ellos: resorte de la oración,
dido a quienes habían tocado el arca, temió introducir- de la Eucaristía, la comunión, resorte de la búsqueda de
la en su palacio y mandó que fuese a casa del sacer- la voluntad de Dios, resorte del sacrificio, de la auste-
dote Obededón. Allí estuvo tres meses, curiosamente ridad, de la búsqueda mutua de ese camino de unión.
los mismos que María en casa de su pariente Isabel. Y Esos caminos se van a presentar. Entonces, lo que •
.cuando David vio que había llenado de bendiciones a Dios pide de nosotros es acentuar nuestro abandono
la casa de Obededón, se animó a introducir el arca en y nuestra disponibilidad interior, sea cual sea la deci- .
Jerusalén. Pues bien, estas son lecciones que ellos de- sión que hemos de tomar; y servirnos de las lecciones
bieron leer para ver cuál debía ser su comportamiento. de la Escritura, de los ejemplos del Evangelio, de la\
Y María, que ya lleva en su seno al Hijo de Dios, que práctica de la Iglesia, de las normas que han seguido
es lo admirable, está disponible, esperando lo que deci- quienes nos han precedido en los caminos del Señor,
dan de Ella; sufriendo, porque los dos están sufriendo, de las palabras de la Virgen, de los ejemplos de María,
pero abandonados confiadamente a la providencia del para tratar de tantear una solución que sea del agrado
Señor. Es impresionante esa postura de pobreza de la del Señor.
Virgen, de humildad, de sencillez, esperando. Esto es lo que hace José: viendo esos casos de la Es-
Tenemos que aprender a recurrir en los momentos critura, ese comportamiento de David con el arca, ilu-
d de angustia de nuestra vida, a la palabra de Dios. Mu- minado también por el Espíritu Santo de manera más
chas veces nos encontraremos con oscuridades y no sa- o menos refleja y consciente, «decidió enviarla ocul-
.. bremos cómo proceder, no son casos excepcionales. Es tamente». Probablemente fue José el que aconsejó a la
. ; normal en la vida humana y cristiana que surjan mo- Virgen que ocultamente desapareciera como solución,
1 mentos de incertidumbre, de dudas, de modos de com- es decir, que fuera a casa de su pariente Isabel, de la
portarse, en el proceso mismo de la vida de amor. Una que le había hablado el ángel. El ángel le había dicho:
de las deformaciones de hoy es pensar que el amor no «Mira que tu pariente Isabel está en el mes sexto». En-
• tiene oscuridades, o que, desde el momento en que en tonces, uniendo esto, el pensamiento era: si el ángel ha-
154 Con María M 7. Las dudas de san José 155

bía hablado de Isabel sería por alguna razón. Y por lo adocenarse, tenemos que seguir adelante. No es que ya
tanto ahí se abría una puerta: Zacarías era sacerdote, hemos llegado a una cumbre y ahora no nos queda más
sabría cómo tratar al arca del Señor, él estaba habituado que descender. «Si nuestro cuerpo se desmorona, nues-
al culto del templo, allí le tratarían dignamente, y Dios tro espíritu tiene que crecer de claridad en claridad».
abriría otros caminos. La solución inmediata es esta: Tenemos que caminar siempre sin detenernos, con la
resolver algo que les tortura por si trasciende. Enton- luz que hemos recibido, ¡aunque sea tanteando! Pero no
ces, que vaya a casa de su pariente, a casa de Zacarías, quedarnos nunca con los brazos cruzados, sino seguir
sacerdote, y así lo hacen. adelante según la luz recibida.
De María se nos dice: «Se levantó y se fue depri-
En medio de aquella angustia enorme de los dos, sa por los montes». Deprisa indica un caminar rápido.
María sale a visitar a su pariente Isabel, a casa de Zaca- Verla así caminar. No sabe lo que le espera en casa de
rías, se va. Lo cuenta el mismo san Lucas: «En aquellos su prima, porque para Ella todo es desconocido: ¿qué
días se levantó María y se fue deprisa a la región mon- será?, ¿cómo la recibirán?, ¿lo entenderán?, ¿no lo en-
tañosa, a una ciudad de Judá». Se suele señalar como tenderán? Va incierta, no tiene casa fija en este momen-
lugar donde vivían Ain Karim, el pueblecito que está to. Va por los montes, indicándonos cómo hemos de pa-
cerca de Jerusalén. sar por el mundo, corriendo, deprisa, ir a lo que vamos.
Podemos pensar cuál es la situación interior de la Es lo que nos cuesta tanto. Muchas veces somos lentos
Virgen en este momento. Cómo se le ha complicado la para ir a nuestro deber y prontos para ir a lo que nos di-
vida por la intervención de Dios, siguiendo dócilmente vierte o nos entretiene. Ella va a su deber, pasa por el
la voluntad del Señor. ¡Cómo ha resultado Ella en este mundo casi sin caer en la cuenta. La frase tan bonita de
momento un problema! Sin haberlo pretendido míni- san Agustín: «Amemos, corramos», ¡amemos corrien-
mamente, es como un estorbo. Eso que nosotros tan- do!, que la vida es breve y tenemos poco tiempo, y hay
to tememos, que se nos complique la vida. Y el Señor que amar mucho y hay que coiTer. «Amemos, coiTa-
no interviene, calla. ¡Los silencios de Dios en nuestra mos», que el tiempo es breve. María va deprisa a casa
vida! Silencios que a veces se nos hacen insoportables: de su pariente Isabel.
uno busca, llora, pide, y Dios calla, calla. El silencio María en este momento es la imagen de lo que ha·
de Dios. Así nos deja muchas veces el Señor. Intervie- de ser nuestra vida cristiana: lleva en su seno al Hijo i
ne en un determinado momento, luego desaparece, para de Dios y, movida por esa presencia camina corriendo 1
que seamos fieles a aquel momento de luz en que se ha a servir, va a ayudar, aunque sea hacia una región des-
manifestado, aun cuando después, se ha vuelto a os- conocida, pero siempre en postura de un amor que se
curecer todo. Pero, que seamos fieles a ese momento. entrega a servir. Ella anticipadamente ya poseída por
Él nos dio la luz, ahora hay que seguirla. Tenemos que el Espíritu del Señor, a quien lleva dentro, puede de-
aprender a no detenernos nunca. Nuestra vida no puede cir la palabra de Jesús: «Yo no he venido a ser servido,
156 Con María M 7. Las dudas de san José 157

sino a servir y a dar mi vida» (Mt 20,28). Ella va a ser- Lo mismo que nos pasa en la fe, nos pasa de la ac-
vir corriendo. Así tenemos que caminar en los brazos ción de Dios. Pensemos lo que tenía que ser para Isabel,
de Dios, llevando dentro de nosotros la presencia de aquella mujer ya anciana, pensar que su sobrina es la
Cristo. Y caminar así a través del mundo, a donde el Madre del Mesías: ¡si la ha visto jugar!. .. Es impresio-
Señor quiera llevamos. Caminar llevando a Cristo, lle- nante. Es lo que nos pasa a nosotros: cuando vemos que
varlo siempre, acercándonos a todos siendo portadores ha actuado Dios en un hombre y se dice: es un santo,
de Cristo. le llevan al honor de los altares. ¡Pero si yo le veía ju-
gar! Pero, ¿Dios ha hecho realmente esas maravillas en
«Entró en casa de Zacarías y felicitó a Isabel». Es esa persona? N os cuesta. Y por eso en la misma ciudad
delicioso el pasaje de Lucas. Son detalles de la Virgen. de Nazaret dice Jesús: «Nadie es profeta en su tierra».
Llega y es Ella la que se adelanta a felicitarla. Tenemos Esa es la dificultad: como se le ve, creer en la acción de
que hacemos presentes a esta realidad: Isabel es parien- Dios en esa persona nos cuesta especialmente.
te, la conoce. María es jovencita, diecisiete, dieciocho
años; Isabel es ya mayor, anciana. A nosotros nos cues- Este encuentro de María con su tía Isabel es tan pre-
ta reconocer a Dios en lo que conocemos. La dificultad cioso. Llega María y se adelanta a felicitar a su tía Isa-
más fuerte de la fe está en lo que palpamos. bel porque ya espera próximamente un niño. Y habría
Estoy seguro de que cualquiera de nosotros cree en que oír a la Virgen, en su delicadeza, porque no viene
la posibilidad de un milagro, Dios lo puede hacer. Lo a contar lo de Ella, viene allá de esa manera escondida,
que nos cuesta es creer que «este enfermo» se puede y se adelanta. Habría que oír los argumentos, las frases
curar, porque es lo que conocemos: conocemos vital- con las que pediría que le perdonaran su servicialidad.
mente cuál es su estado, cómo está el cáncer que le de- Es lo propio de un alma servicial, casi pide perdón de
vora, y nos parece muy dificil. Le pasa a Marta, cuando venir a servir, que le perdonara el que viniera a ayudar
le pregunta Jesús: «Yo soy la Resurrección y la Vida, a aquella pariente suya que tenía necesidad en aquellos
¿crees tú? -Sí, creo». Y cuando llega a la tumba Jesús momentos. Son los detalles de la Virgen: llega a la casa,
dice: «Quitad la piedra», y ella contesta: «Señor, ¡que se apresura, «se adelanta, le felicita», sin esperar a que
lleva cuatro días!, ¡que huele mal!» (Jn 11,25-26.39). Isabel le felicite a Ella, y encontraría esas razones para
Ya es la realidad concreta. Nos pasa en todo: creemos excusar la prontitud con la que venía a servir.
en teoría, nos cuesta en el momento concreto. Y cuando Pero cuando felicitó a Isabel, esta sintió en su inte-
esa realidad concreta es la nuestra, aún nos cuesta más. rior el efecto de la palabra de María: «El niño que lleva-
¿Creer que Dios puede cambianne?, me cuesta mucho ba saltó de gozo en su seno». Notó, notó que eran saltos
creerlo porque me conozco. En el fondo esa fe nuestra de alegría. «E Isabel quedó llena del Espíritu Santo».
no es fuerte porque es muy teórica, no se apoya en una Es maravillosa la acción de la Virgen, como antici-
confianza plena, sino sobre la realidad concreta. pación de la que continuamente visita a su Iglesia y ac-
158 Con María M 7. Las dudas de san José 159

túa llevando a Cristo, es portadora de Cristo. Es imagen bendiciones de que hablábamos, de la Carta a los Efe-
de lo que ha de ser el apostolado del cristiano, el verda- sios. En ti se realizan las bendiciones en Cristo de una
dero apostolado de la Iglesia: comunicación de Cristo a manera especial. Es la totalidad de la gloria de su gracia
través de nuestra palabra. Porque llevamos a Cristo, al la que reside en ti.
hablar transmitimos a Cristo. María va llena de Cristo. «Y bendito el fruto de tu seno», es la primera ben-
No ha intentado ni se ha propuesto comunicar el Espí- dición a Cristo que nos consta en la Escritura, a Cristo1
ritu Santo, simplemente ha hecho lo que era razonable, ya en la nueva economía. «Bendito el fruto de tu seno».
lo que el Espíritu interiormente le movía en la caridad Es la alegría que la Iglesia mantendrá siempre y la que
y en el amor. Ha hablado con una palabra que arranca nosotros renovamos en el rezo del Avemaría: «Bendi-
de la presencia del Señor en su seno. María viene a ser- ta tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre,
vir, y desde que lleva a Jesús en su seno es más servi- Jesús». Y sigue repitiéndose de generación en genera-
cial que antes, porque lleva al que ha venido «no a ser ción, alegrándose, alabando, dando gracias, bendicien-
servido, sino a servir». La Virgen, llena de gozo porque do a María y al fruto de su seno. La considera dichosa.
lleva dentro de sí al Salvador, lo va a proclamar. Y al Y viene la proclamación de su indignidad, que co-
expresar las palabras de felicitación, esas palabras es- rresponde a aquella indignidad que sentía José: «¿De
tán impregnadas de la presencia y de la alegría de Cris- dónde a mí que venga a mi casa la Madre de mi Se-
to en su corazón. Y solo felicitando a Isabel es instru- ñor?». Se siente indigna de tenerla en casa. Recordemos
mento de comunicación del Espíritu Santo. Así sucede cuando dirá el centurión: «No soy digno de que entres
muchas veces en nuestra vida. Para comunicar a Cristo en mi casa, pero di una palabra». Es ese sentimiento:
no siempre hace falta que uno pronuncie palabras de «¿de dónde a mí?», y es mayor que Ella. Pero es el mis-
comunicación del Señor. A veces son los gestos, es la terio de la acción de Dios en el hombre. «¿De dónde a
delicadeza de trato, el saludo cordial, pero lleva algo mí que la Madre de mi Señor venga a mi casa?» Y se lo
que transmite la riqueza interior. Nuestro apostolado es explica: «Apenas llegó a mis oídos tu saludo, tu felici-
eficaz en la medida en que estamos llenos de Cristo y tación, saltó de gozo el niño en mi seno». Ha compren-
así somos portadores del Espíritu Santo. dido el significado de una presencia superior.
«Feliz, le dice entonces, dichosa tú, que has creí-
«Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó, di- do que se realizaría lo que el Señor te anunciaba». Es
ciendo con gran gozo: Bendita tú entre las mujeres». la clave de toda la bienaventuranza de María: «Feliz
¡Bendita tú!, decirle eso a una sobrina suya jovenci- la que ha creído». Si de una parte, María es bendita por-
ta. Recalca el evangelio de san Lucas que lo dijo bajo que ha recibido toda esa cantidad de dones de Dios, a
la inspiración, «llena del Espíritu Santo». Con una luz esa plenitud de gracia responde Ella con la fe y la entre-
interior intuye lo que allí sucede. Ha sido iluminada ga: «He aquí la esclava del Señor». «Dichosa la que has
y dice: «Bendita tú entre las mujeres», con todas esas creído». Esa bienaventuranza proclamada por Isabel se
160 Con María M 7. Las dudas de san José 161

refiere primariamente a haber creído a la palabra del llama «la expresión de fe de la Virgen». El responder
ángel, palabra de Dios, palabra de anunciación. Pero se con el magnificar a la palabra que Dios le ha dirigido es
extiende también a toda la vida de la Virgen, que es una anunciar solemnemente, es su expresión de fe.
continua obediencia de fe. Y esa bienaventuranza tiene ¿Cuál es esa expresión de fe? Reconocer la revela-
que extenderse a todos nosotros: dichoso el que se fía ción y la acción de Dios en Ella: «Mi alma proclama
de Dios, el que cree en el Señor. Ella ha creído. la grandeza del Señor». ¿Qué grandeza? La concreta,
Esa fe de Maria es comparable a la fe de Abrahán: la de la Encamación. Y «se alegra mi espíritu en Dios,
así como Abrahán es el comienzo de la fe, el comienzo mi Salvador». Le había dicho el ángel: «Alégrate, llena
de la alianza del Antiguo Testamento, la fe de María es de gracia», y Ella dice: «Mi espíritu se alegra, salta de
el comienzo de la Nueva Alianza. Porque es una fe en la gozo». Es admirable ver así a la Virgen, en ese momen-
revelación nueva de Dios en Jesucristo. Ella ha creído to en que su futuro es incierto, no sabe dónde irá a pa-
que era posible ser Madre del Hijo de Dios, que es más rar, pero ¡tiene una alegría que no se la quita nadie! Y la
fuerte que la fe de Abrahán. Es más difícil creer en ser alegría es «en Dios, mi Salvador», «en Dios, mi Jesús»
Madre del Hijo de Dios virginalmente, que en tener una en el texto original. «Mi Jesús», porque es suyo, lo lle-
descendencia numerosa, aunque fuese ya mayor de edad. va dentro, es su propio Hijo.
Y María ha creído: «Dichosa por haber creído». «Mi espíritu se alegra», ¿por qué? «Porque mirando
la bajeza de su esclava», proclamación de nuevo de su
A este saludo de Isabel, María responde con toda ser de esclava, de su entrega de posesión de Dios. Mi-
sencillez. Ha dicho que Isabel fue llena del Espíritu rando la fragilidad, la humillación de su esclava, «des-
Santo, que entonces profetizó; cuando Ella responde no de ahora me felicitarán todas las generaciones porque el
dice más que: «Y María dijo: Glorifica mi alma al Se- Poderoso ha hecho obras grandes por mí». Como sue-
ñon>, el magnifica!. No dice: y María fue llena del Espí- le suceder cuando una orquesta tiene una actuación bri-
ritu Santo. Ella es la fuente, lo refiere, y en lo que toca llante y le aplauden, que el director pasa la ovación a los
a sus intervenciones no «carga las tintas» de alabanzas, intérpretes, como diciendo: es a ellos. Cuando a María
de plenitud de Espíritu, sino «y María dijo», y canta el le dice Isabel: «Dichosa tú, que has creído», Ella lo pasa
magnifica t. a Dios: «Mi alma engrandece al Señor», a Él la gloria.
Juan Pablo II se refiere a este cántico y dice que es «Él ha hecho obras grandes por mí, a través de mí, en
el que canta la Virgen en el itinerario de la Iglesia: «El mí. Su nombre es Santo, y su misericordia -que se ha
cántico que, salido de la fe profunda de María en la Vi- desbordado de una manera nueva- llega a sus fieles de
sitación, no deja de vibrar en el corazón de la Iglesia a generación en generación», es inagotable. La misericor-
través de los siglos». Y realmente la Iglesia pone en la- dia de Dios da paso a la nueva generación, y esta procla-
, bios de sus sacerdotes, de sus religiosos en las Vísperas mará eternamente la misericordia del Señor. «Su mise-
de cada día el cántico del magnifica!. Juan Pablo II lo ricordia llega a sus fieles de generación en generación».
162 Con María

¿Cuál es, diríamos, la táctica de Dios en esta gran-


deza de su manifestación? Aquí viene el principio que
Juan Pablo II llama de la verdadera liberación cristia- 8.a MEDITACIÓN
na, el amor preferencial por los pobres, dice: «El senti- EL NACIMIENTO
do cristiano de la libertad y de la liberación es la opción
en favor de los pobres». Aquí es donde aparece ese sen-
tido cristiano de la libertad y de la liberación: «Él hace N os hemos detenido en el magnificat. «María se
proezas con su brazo, hace prodigios. Dispersa a los quedó tres meses en casa de su pariente Isabel, y a los
soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos tres meses volvió», nos dice san Lucas. ¿Por qué vuel-
y enaltece a los humildes. A los hambrientos colma de ve a los tres meses? No se nos da la razón. Coinci-
bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, de de hecho con el tiempo que el arca estuvo en casa
su siervo, acordándose de su Misericordia, corno lo ha- del sacerdote Obededón. En cierta manera es un poco
bía prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y sorprendente porque, haciendo los cálculos, es el mes
su descendencia por siempre». sexto cuando Ella va, a los tres meses vuelve. Quizás
después del momento del nacimiento es cuando más
necesidad de ayuda tiene la madre. Por lo tanto sor-
prende un poco que vuelva en ese momento, sin que-
darse más tiempo. Según la hipótesis que manejába-
mos con su probabilidad relativa, podríamos pensar
que vuelve porque José la ha llamado, porque ha sali-
do ya de sus dudas terribles.
Le atormentaba esta duda interior, que procedía de
su conciencia de hombre justo: que no podía introducir-
se en un templo santo, corno era ya su esposa, no la po-
día tener en su casa: «¿Quién soy yo para que esté en mi ·
casa la Madre de mi Señor?». Y sale de dudas porque se
le muestra el ángel y le anuncia. Y en esta hipótesis con
la que estarnos jugando, de que las dudas no son sobre
el origen del Niño sino sobre su función y su misión, la
interpretación de las palabras del ángel, que creo que
es correcta y corresponde al valor de los textos de san
Mateo, tal corno están en su original, sería esta: cuando
estaba dando vueltas a estos pensamientos y atorrnen-
164 Con María M8. El Nacimiento 165

tado por ellos, pensando en ello, «un ángel del Señor se querida por Dios para él: tú tienes que ponerle el nom-
le apareció en sueños y le dijo ... ». bre, aun cuando es del Espíritu Santo y es verdad, por lo
Es curioso cómo todas las manifestaciones de san tanto te impone ese respeto y es legítimo; pero tú estás
José son en sueños. ¿Qué significado puede tener esto, llamado por Dios para ser el custodio de la Virgen y el
que hay que creer en sueños? No, pero me atrevería a de- padre de ese Niño. «Tú le pondrás por nombre Jesús», tú
cir que yo tomo en serio algunos sueños; algunos, no to- eres el que legítimamente le tienes que poner el nombre.
dos. Creo que Dios se comunica muchas veces, como se Y el nombre será «Jesús-Salvador, porque Él salvará a
comunica a través de inspiraciones que pueden venir. La su pueblo de sus pecados», es el nombre de Jesús.
misma estructura del sueño nos hace entender cómo la Esto es decirle a José que, contra cuanto él podía
inspiración y la luz de Dios no viene como fruto de nues- imaginar o esperar, Dios lo quería como custodio del
tro pensar, sino como intervención de Dios en nuestra Mesías Salvador, ¡cosa que le viene a él tan grande! Sin
psicología. Por eso en la misma oración, a veces la inspi- embargo, José no objeta, no empieza a decir: «¡ah, es
ración de Dios viene a manera de sueño, viene como una que yo no valgo para eso!, es que yo no soy capaz; pero
luz de tipos diversos, o intelectual o imaginativo, que se ¡eso es una misión que me sobrepasa!, ¿cómo lo haré
presenta a nosotros. Pero cuando el sueño es muy cohe- yo?». No hay nada de eso en José. Es una figura pro-
rente, tiene una cierta luminosidad de realidad, con una digiosa de serenidad, silencio. No conocemos de él ni
fijación en la mente, acompañado de unas actitudes de una palabra. En ese sentido, bromeando un poco, digo
esponjamiento del corazón, de consuelo interior, etc., por a veces que es más que la Virgen. N o que queramos
mi parte yo los tomo en serio. Es decir, considero que compararlos, pero hay un matiz que es muy de José y es
pueden ser caminos por los que el Señor nos quiere co- muy bello. Tenemos que aprender en la vida espiritual
municar algo o nos ilumina de alguna manera; no que cristiana a realizar la voluntad de Dios e ir superando
sean definitivos, ni que uno ponga la mano sobre el fue- las dificultades «a lo tonto», es decir, sin darles impor-
go, pero sí como algo que puede dar luz a nuestra vida. tancia. ¿Que sucede una cosa que es gravísima? Mire,
De hecho, en José tenemos que se le muestra en sue- desmonte eso, vamos a lo tonto. Hay que resolver esto,
ño, las veces que aparece en el evangelio. Aquí dice: vamos a tratar de resolverlo. Ese «a lo tonto» es precio-
«Un ángel del Señor se le apareció en sueño y le dijo: so. José es como el que va realizando todo a lo tonto.
José, hijo de David, no temas recibir contigo a María» Se ha presentado esta dificultad, a él le ha sobrecogido,
(Mt 1,20s). En vez de «recibir contigo» pongamos: «no es hombre justo: «esto no me toca». Le dicen: sí, tú tie-
temas tener contigo a María, tu mujer», que él había en- nes que ser el que le ponga el nombre de Jesús. ¡Punto
viado secretamente. «Pues, aunque lo que Ella ha con- en boca! No objeta, no dialoga siquiera. Muy bien. No
cebido es del Espíritu Santo -como tú sabes es verdad empieza a proponer obstáculos, ¡nada!
es Hijo de Dios-, dará a luz un Hijo al que 'tú pondrás' Fijaos la diferencia: le dice el ángel a la Virgen: «el
el nombre de Jesús». Es decir, se le confía la misión que va a nacer será Santo, Hijo de Dios», y Ella contes-
M.8. El Nacimiento 167
166 Con María

ta: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según atención que le llamó aparte y le dijo: oiga, le veo tan
tu palabra». Muy bien, ¡maravilloso!, es verdad. Indica sereno en un puesto de tanta agitación, ¿qué hace usted
la estructura de entrega y de cumplimiento de la volun- para estar tan sereno? Y él contestó: muy sencillo, yo
tad de Dios. Le dice a José: «Tú le pondrás el nombre hago lo que puedo; lo demás lo hace Dios, que lo puede
de Jesús», y él no dice: he aquí el servidor de Dios, así todo. Lo que puedo, ya está. Esta es la gran figura de;
haré como tú dices. ¡No dice ni palabra! Lo hace, nada José en este misterio de las dudas de san José.
más. Callando, lo hace. Le ha dicho: «Haz esto», pues
lo hace. Esto es lo que leemos: «José, habiendo desper- Pero vamos a seguir adelante y hacer una reflexión
tado del sueño hizo lo que le había mandado el ángel sobre el Nacimiento de Jesús, sobre la Virgen en Belén,
del Señor, recibió a su mujer, y Ella dio a luz un Hijo, en el Nacimiento. Vamos a fijamos en Ella, lo mismo
sin que la hubiera conocido, al que puso por nombre Je- que en José, en la preparación, en el Nacimiento y en
sús». ¡Sencillamente! Lo mismo le sucederá más ade- la adoración. Nos servirá como introducción a nuestra
lante: «José, toma al Niño y a su Madre y huye a Egip- adoración eucarística, porque de una manera verdade-
to. Él al punto se levantó, tomó al Niño y a su Madre y ra se puede decir que la Virgen en Belén es modelo de
huyó a Egipto», sin decir ni pío, nada, allá va. Hombre adoración eucarística. Lo explicaremos enseguida. Va-
· callado, hombre sacrificado, bueno hasta la médula de mos a este misterio del Nacimiento.
los huesos, ese es José. No pone dificultades. En el evangelio no solo se nos revela el misterio de
Tenemos que aprender a desdramatizar. Yo puedo Cristo en sus diversas formas, aspectos y escenas, sino
presentar una cuestión si se presenta algún problema, también se nos enseña la manera de preparamos a la asi-
.no sé si Dios lo quiere, pues pregunto: ¿qué voy a ha- milación del misterio, a la participación en él. Así en el
. ~er? Haré lo que pueda. El Señor me lo confía, pues caso del Nacimiento, en María y José nos enseña cómo
El cuidará de lo suyo. Es la postura estupenda de José. preparamos al encuentro con Jesucristo, al encuentro
¡Somos poca cosa!, es verdad. Es desmontar eso, es con el misterio del Verbo hecho carne que se nos presen-
· aceptar desdramatizando. Confiando en el Señor pon- ta para que lo adoremos. La vida espiritual es como u~
dré lo que esté de mi parte. Así nos confía a veces tan- nacimiento continuo del Señor en nosotros, y ese naci-
tas personas que son mucho mejores que nosotros, las miento requiere de nuestra parte una preparación, en el
pone en nuestras manos. Así pone en vuestras manos a itinerario de la fe, esperanza y caridad. No olvidemos que
vuestros hijos, etc. Y ante eso, no se an-egla la cosa con de hecho, el Concilio nos repite que «la Virgen es mode-
decir: ¡pero cómo voy a hacer esto! No, sino, bueno, el lo ejemplar de la Iglesia en la fe, esperanza y caridad; de
Señor me confía esto, pondré todo lo que yo pueda y la Iglesia que, como María, es Madre y Virgen», es así.
lo demás lo hará el Señor. Era la actitud tan bonita del María y José en ese período practican una serie de
hermano Gárate. Cuando el P. Boeto, luego cardenal, virtudes que vamos a tratar de describir. Fundamental-
visitando Deusto, le veía tan sereno, le llamó tanto la mente destaca sobre todas el abandono a la providen-
168 Con María M8. El Nacimiento 169

cía de Dios, una virtud importante, que no significa un lo mejor que podían preparar para suavizar la entrada
abandono descuidado, sino una confianza en la provi- en el mundo del Hijo de Dios.
dencia d~ Dio~, y una confianza segura porque sabe que Y cuando estaban así, confiando y preparando lo
esa providencia es una providencia amorosa del Dios que ellos podían, aparece el decreto del emperador ro-
todopoderoso; providencia amorosa que exige de nues- mano: que las familias tenían que ir a inscribirse en el
tra parte una entrega a ella con garantía y seguridad. lugar de origen de la familia. Luego, José con María te-
nía que ir a inscribirse a Belén. ¡Qué caminos de Dios!
Si consideramos con sentido realista la situación en ¡Cuándo aprenderemos esta confianza! Confianza que,
que se encuentran María y José, la veremos como una repito, no es abandonarse, dejarse. No es descuidarse,
situ~ci~n ~ifícil, porque estaban en Nazaret, en un pue- sino actuar confiando, y poniendo de su parte lo que
blo msigmficante que no se menciona en la Biblia, y uno puede, confiando en que se realizarán los planes
se.~cerca,ba el momento del Nacimiento del Niño, y el de Dios. Llega un decreto del emperador pagano dando
Nmo tema que nacer en Belén, y no había ninguna ra- esa orden que les hacía ir a Belén a los dos. ¡Qué poco
zón para que estuviera en Belén. Se acerca el tiempo. les debió costar a María y a José ver en ese decreto el
Juan Pablo II habla mucho de que en el proceso de la dedo de Dios! ¡Qué poco les debió costar!, dicen: ¡Mira
vida de la Virgen, en el inicio mismo, se nota en Ella por dónde tenemos que ir a Belén!
una fatiga del corazón. Ahí sí se nota algo, se lee entre Si uno considerase esa realidad del decreto con ojos
;línea~ la fatiga del corazón de la Virgen, que es callada, humanos, con criterios y razonamientos humanos, ¡ha-
que sigue, que es fiel. Pero la fe es dura también. Y para bría que oír las críticas que se hicieron de ese decre-
• :Ella tenía que ser una prueba de fe saber que es el Me- to, la molestia de la gente, las murmuraciones! María y
sías que debía nacer en Belén, y que están en Nazaret y José ven el dedo de Dios. ¿Por qué ven el dedo de Dios?
se acerca el momento del Nacimiento. ¿Cómo interpre- Jesús dice en las Bienaventuranzas: «Bienaventurados'
tar esto? Es como una aporía. Es el momento del aban- los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». Los,
dono en la providencia. Ellos no tienen motivo ninguno limpios de corazón quiere decir los que no tienen el
para cambiar de lugar, de vivienda. ¿A qué van a ir a corazón egoístamente sucio. Los limpios de corazón,
Belén?, ¿y cómo?, ¿con qué excusa? No tiene sentido los transparentes de corazón. «Porque ellos verán a •
el ir solo porque está anunciado esto, nada más que para Dios», no solo a la muerte, cuando llegue el momento
que se cumpla la Escritura. Eso se cumplirá de hecho, de la bienaventuranza eterna, sino que, los que tienen !
pero no porque uno provoque el cumplimiento de una el corazón limpio ven a Dios en todas las cosas. Pero
manera artificial. Entonces María y José se abandonan hace falta tener un corazón muy limpio para ver a Dios.
a la providencia, y se preparan lo mejor que pueden Cuando el corazón se embrolla, se ciega y no ve más
a ese Nacimiento ya próximo del Señor. Prepararían, que los manejos de los hombres, no ve más que los ca-
pues, lo que podían preparar dado su nivel económico minos humanos. Deja de ver la huella de Dios, deja de
'
170 Con María M8. El Nacimiento 171

ver la presencia de Dios. Hace falta mantener el cora- nos, ya renunciamos a cualquier proyecto de Dios. Nos
:zón limpio. «Bienaventurados los limpios de corazón, hemos asentado, ya no estoy yo para moverme, ¡déjese!
porque ellos verán a Dios» en el detalle de cada día. Ellos renuncian a su quietud, al bienestar relativo que
María y José, limpios de corazón, ven en ese decre- tenían allá, renuncian a las pequeñas cosas que habían
to el dedo de Dios, no les costó mucho. Nuestras difi- preparado, renuncian para ir a donde Dios les marca el.
cultades de ver no suelen venir de ordinario de las co- camino. Siempre esa postura como la de Abrahán: «Dej~
sas, sino del corazón. Ahí está la raíz: tenemos intereses tu casa y vete al lugar que Yo te mostraré». Esa movili-!
creados, planes hechos; no encajan las cosas que resul- dad de servicio: allá voy, donde el Señor quiera. 1
tan con los planes que teníamos. «Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». Hace Tenemos unas disposiciones, son estas tres que he-
falta corazón puro, humildad verdadera, por la cual, la mos marcado: dentro del abandono a la voluntad de
madurez nos llevará a asumir la responsabilidad que Dios, la obediencia y la renuncia. Son disposiciones
nos toca, porque está uno dispuesto, porque está limpio. fundamentales. Nos cuesta mucho. Encontramos razo-
Así les prepara Dios a María y José para este mis- nes para no renunciar. Nos cuesta tanto, nos apegamos
terio, en este abandono a la providencia y en esta obe- a lo que nos agrada de tal manera, que con la excusa de
diencia al decreto del emperador. Aun en vuestra vida que lo hemos buscado por Dios, de que no es pecado,
-es verdad que la vida de un seglar es distinta-, hace de que lo pensamos una vez, de que ya lo hemos con-
1
falta tener espíritu de obediencia. Hace falta obedien- sultado, etc., nos parece que Dios mismo no nos puede
cia para seguir las indicaciones de Dios, y para saber hacer renunciar a lo que hemos emprendido por servi-
aceptar las señales de los caminos de Dios y obedecer cio del Señor. Nos agarramos a ello. Es necesario tener
a esos caminos. En ese caso, obediencia a los decretos una gran libertad del corazón. No sabemos los caminos
legítimos. El cristiano tiene que obedecer a las leyes que han de conducimos al encuentro progresivo con Je-
válidas y legítimas, y no pensar que cuando se las pue- sucristo. San Juan el Bautista, cuando predicaba la pre-
da «torear», las salta porque eso no va con él. No es paración de los caminos del Señor, decía: «Yo soy la
verdad, el cristiano tiene que obedecer. En este caso, la voz del que clama en el desierto: preparad en el desier-
obediencia de María y de José es una obediencia costo- to los caminos del Señor, enderezad en la soledad sus
, sa, en circunstancias difíciles tienen que hacer un largo sendas» (Mt 3,3). Y el Señor suele llevar a esto, de una
camino. Es pues, la obediencia sincera, no esclavitud manera o de otra. Como que nos lleva al desierto, nos
humana, pero obediencia verdadera. despoja de cosas quizás donde habíamos puesto mucho
Y al obedecer -tenemos: abandono, obediencia-, cariño, mucho egoísmo, mucho interés, y nos quita, a
renuncian a lo poco que podían tener en Nazaret. Renun- veces casi a la fuerza. Nos cuesta, pero de hecho son
cian yendo hacia lo desconocido, eso que nos molesta delicadezas de Dios, pero hay que entenderlas. Es la
tanto. Nos gusta asentamos. Y muchas veces al asentar- preparación que Él hace para dársenos a nosotros.
172 Con María M8. El Nacimiento 173

Tengamos esto muy claro: obediencia, renuncia, la tierra». Pero el hombre responderá ante Dios de su i
abandono a la voluntad de Dios. «Por tus caminos lié- egoísmo. Por lo tanto, es verdad, es voluntad de Dios
vanos a donde vamos». que no haya pobres de necesidad. Esta es la misión cris-
tiana, trabajar por este ideal. Ayudamos, cumplimos la
¿Y por qué los prepara así? Para llevarles a la pobre- voluntad del Señor cuando tratamos de superar la po-
za absoluta de Belén. Les hace trabajar «para nacer en breza, cuando tratamos de elevar a una dignidad huma-
suma pobreza», dice san Ignacio, «y después de todos na el nivel de la vida. Esto hay que decirlo claramente.
los trabajos de su vida, para morir en cruz». Este sí que Aun así, dado el pecado del hombre habrá pobreza
es un contraste con la mentalidad puramente mundana: y habrá siempre campo para asistir y ayudar a esa po-
en el mundo se trabaja para enriquecerse, para tener des- breza. Jesucristo, en su medida, siempre ayudaba a los
canso, para tener una jubilación brillante. Jesús hace tra- necesitados.
bajar para nacer en suma pobreza. ¡Trabajar!, realmente Pero, en la Iglesia siempre habrá una llamada del
muchas veces hay que trabajar para ser pobres. Señor a una pobreza voluntaria. Esto es otra cuestión,
Dos palabras sobre esta pobreza: Jesucristo no quie- habrá siempre. La pobreza voluntaria no es en sí misma
re que todos los hombres sean pobres. Jesucristo quiere la mera ausencia de bienes, sino un amor a Cristo, que
que los pobres desaparezcan. Y todo el esfuerzo de la le tiene a Él como único tesoro, y es una necesidad. Así i
humanidad, de la Iglesia, tiende a elevar la vida de los como la virginidad, decíamos, es un amor a Cristo que
pobres, y es legítimo, es justo. Hemos de cooperar a esa lleva intrínsecamente la polarización de lo indivisible
voluntad y ese esfuerzo de que dominemos la tierra y del corazón en el Señor, y la renuncia a la sociedad con-
de que no haya pobres de necesidad. Si hay tanto pobre yugal; hay un amor a Cristo que lleva a la renuncia de la
de necesidad es por nuestro egoísmo, indudablemen- riqueza, de los bienes de este mundo, y que se contenta
te. Hay cosas que son incomprensibles. Nos escudamos con tener con qué comer y vestir, como dice san Pablo.
¡siempre con que no nos tocan directamente a nosotros, Pero no es para unirse a los pobres, ¡aunque no hubiese
''pero hay cosas que claman al cielo: hay gente que mue- pobres! Así como la virginidad no es una condición del
:re de hambre, mientras los alimentos se echan al mar apóstol para predicar a los solterones, no es por eso por
1para que no baje el precio. Hay unas manipulaciones, lo que uno abraza el celibato; así también la pobreza o
que Dios tiene que juzgar indudablemente. Eso no pue- la condición por la que yo quiero vivir en pobreza es
de ser, no es esa la voluntad de Dios. No es voluntad de por tener a Jesucristo como único tesoro, y consiguien- 1
Dios que haya tanta hambre en la tierra. Es fruto de la temente, corresponde a una especie de necesidad inte- .
desobediencia de los hombres a la voluntad de Dios, rior de pasar con lo mínimo, de no querer más, no tener\
que Dios no castiga quitando la vida y no remedia ac- su morada en este mundo.
tuando milagrosamente, porque el hombre es responsa- Ahora bien, nos quiere recalcar limpiamente el Se-1
ble del mundo y tiene que hacer él el mundo: «dominad ñor que para entrar en el reino de los cielos no hay que:
174 Con María M8. El Nacimiento 175

ser rico ni esperar a serlo. Él nos muestra con su misma das ante ellos. Y ahí están, como abandonados de Dios,
· vida, que por amor a nosotros ha querido que sea pobre, y son los más queridos por Dios. Esto hay que tenerlo
como diciendo que su tesoro es el Padre y su tesoro so- muy presente. Hay que comprender que nuestras humi-
mos nosotros. Como dirá san Pablo: «No busco vues- llaciones, muchas veces imaginarias, pero eso que nos
tras cosas sino a vosotros». El Señor nos está mostran- parece de haber quedado a la vergüenza pública, no es
do aquí el valor de esa pobreza voluntaria, y ha querido señal de que Dios nos ama menos, sino que muchas ve-
preparar también a María y a José. Les despoja de lo ces son los caminos que nos traza el Señor en su amor, .
poco que tenían y les hace que le lleven a Belén, donde los caminos inescrutables.
va a nacer en suma pobreza. Si miramos el corazón de la Virgen, tenía que ser
para Ella una fatiga del corazón: pensar que ese Hijo
Llegan a Belén en ese caminar pobre. Y «en Belén es el Mesías, «el que ocupará el trono de David su pa-
no hay lugar para ellos». La preparación del corazón de dre, el que reinará en la casa de Jacob para siempre», y
la Virgen y de san José llega a su momento culminante. ¡qué caminos! ¡Qué prueba de fe para Ella!, ¡qué oscu-
Diríamos que, desde una consideración humana, todo ridad de su fe!
les está saliendo al revés. Solía decir san Alonso Rodrí- En la vida podemos pasar momentos muy oscuros.
guez, el portero de Montesión en Mallorca: «Bienaven- Si el Señor nos quiere, nos llevará muchas veces por
turado aquel a quien todo le sale al revés». Es una bien- esos caminos. Y esos caminos de fe son muy oscuros ..
aventuranza que no nos gusta, ciertamente, y que causa Pero no olvidemos una cosa: tratemos de mantener la
dolor aun físicamente. Pero se puede entender bien. En fidelidad al Señor en cada paso y tengamos presente
este momento a María y a José todo les sale al revés. que lo más oscuro de la noche está a pocos minutos de
Llegan a Belén, llaman a una puerta, no les reciben; lla- la aurora. Y es así, la aurora está quizás cerca, hay que
man a otra, no les reciben. No hay sitio para ellos, se aguantar, aun cuando no se vea nada, hay que soportar
encuentran los dos en la calle, extraños en aquella ciu- y, adelante. Esa tendencia tiene que haber en nosotros si
dad, desamparados, sin saber dónde ir. ¡Es lo supremo queremos llegar al éxtasis, al encuentro del Nacimien-
de la humillación!, es comprender y sentir que nadie se to. Es un camino duro, camino de fe, camino de oscu-
interesa por ellos y que a nadie le importan nada. La hu- ridad, pero ¡estamos cerca! Tenemos que vivir en esa ·
millación nos cuesta tanto a nosotros, eso que decimos, actitud de desprendimiento.
1 el ser tratados de manera indigna de hombres.
María y José se sienten así. Sobre el abandono Tienen que retirarse a una gruta donde se recogen
en la providencia, sobre la obediencia, sobre la renun- los animales, una gruta desapacible, como un voladizo
cia, la humillación, y se encuentran sin salida. La ac- de roca donde el ganado se protege de la lluvia. Al lle-
titud en que se encuentran es: ¿a dónde vamos?, ¿qué gar a ese lugar, la Virgen debió sentir profundamente
\hacemos? Todo cerrado. Es ver todas las puertas cerra- lo terrible de aquella situación y el plan de Dios. Y al
176 Con María M8. El Nacimiento 177

entrar debió pensar y exclamar: «¡Oh pobreza, pobre- que Ella tiene en sus manos temblorosas, que envuelve
za!, ¡ahora lo entiendo todo! Esto es lo que venía bus- en pañales y coloca en el pesebre.
cando mi Hijo con tanto hacerme abandonar, renun- Reflexionemos en esta palabra: «lo coloca en el pe-
ciar, humillarme. Me ha quitado todo, me ha dejado sebre». ¿Por qué lo dice así?, ¿simplemente como una
solo Jesús». Para la Virgen es el único tesoro. Le ha
i, anécdota, como un detalle sin trascendencia? Podía ha-
quitado todo lo demás, le ha dejado solo Jesús. Esta ber dicho: lo puso allí en el suelo. «Lo puso en un pese-
suele ser la disposición última para el éxtasis del Na- bre». Yo tengo para mí, no tengo unas demostraciones,
cimiento: tener a Jesucristo como único tesoro delco- tengo para mí que indica algo muy hermoso, una cosa
razón. Parece que me quita todo, y son los caminos de muy bella en María, y es esta: ese colocarlo sobre el pe-
Dios, por donde nos lleva a su encuentro, al éxtasis del sebre es ofrecerlo, como el sacerdote coloca sobre los
Nacimiento, al goce de la adoración y del abrazo de corporales la Hostia consagrada, apenas consagrada, la
Cristo encamado. deja sobre el corporal. María lo deja sobre el pesebre,
Y ahí, en ese silencio y en esa pobreza, nace el Hijo como entregándolo, ofreciéndolo. Así como Jesús no
de Dios, nace de verdad. La Virgen lo da a luz, eso ha existido ni un momento de su vida sin ofrecerse, la
está claro en el texto del evangelio; milagrosamente en Virgen no ha tenido ni un momento a Jesús sin ofre-
cuanto no viola su virginidad, en cuanto que esa virgi- cerlo. Lo ha ofrecido, lo coloca ahí, lo entrega. Y en-
nidad queda íntegra, y en ese sentido «como un rayo tregándolo, lo adora. Aquí está la Virgen, modelo de
de sol sale por un cristal sin romperlo ni mancharlo». nuestra adoración eucarística. Arrodillada ante su Hijo
Pero no imaginemos que el Nacimiento es de esa mane- y su Dios, lo adora, y lo adora como un volcán de amor. ·
ra que, de repente lo encuentra en sus brazos. La Virgen Adora a la Palabra hecha carne, al Verbo hecho carne,
da a luz a su Hijo de verdad, mantenida milagrosamen- como no lo habían adorado los ángeles desde toda la
te su virginidad. eternidad, con ese fuego de amor. Lo adora, adora a la
Y dice el texto: «Lo recoge», lo mira. La mirada de Palabra que no habla.
la Virgen se fija para siempre en Jesús. Ya nunca deja- Este es el gran misterio de Belén: el misterio del
rá de mirarle, sus ojos se han fijado en Él. «Lo envuel- Verbo infante, del Verbo que no habla. Quiere decir que
ve en pañales y lo coloca en el pesebre». Si prestamos ese Niño no habla y es Palabra. No habla porque se en-
atención a esos rasgos, que estamos acostumbrados a trega sin hablar, al contrario de nosotros, que hablamos
leer en el evangelio, si reflexionamos un poco veremos sin entregamos. Él se entrega sin hablar. Su palabra es
que estos detalles no se nos dicen de ningún nacimiento su amor que se entrega. Y si es infante, y si es silencio,
de ningún personaje. Se dirá que nació en tal sitio, pero no es por falta de contenido, sino porque tiene toda la
estos detalles no se refieren así. Revelan toda la delica- revelación, todo el contenido. Como en una sola pala-
deza, todo el amor de la Virgen, toda la impresión que bra de una sola sílaba, que sería un silencio, eso es la
· le causa ese misterio del Verbo de Dios hecho carne, Palabra. En el fondo, parece que no cae en la cuenta de
178 Con María M8. El Nacimiento 179

nada de lo que pasa alrededor, está ahí como insensible. tuado, con la altura que corresponde a ese corazón ma-
En realidad, es el centro de todo lo que está pasando: terno, que es mucho más de lo que describe san Juan de
Él es el que mueve a los pastores que van a venir; Él es la Cruz en las altas elevaciones del Cántico espiritual o
el que enciende el corazón de su Madre, el de san José de la Llama de amor viva, hemos de pensar que María
que le está cuidando. Él lo mueve todo. Como dice la se entrega adorando. La adoración lleva a una entrega,
Iglesia, refiriéndose al anciano Simeón que tiene en sus adorar es un darse. Y podemos pensar que la Virgen en
brazos al Niño, en esa frase tan bonita: «El anciano lle- ese momento haría su entrega al Señor. Sabemos que se
vaba en los brazos al Niño, pero el Niño era el que regía entregó, «se consagró a Cristo y a su obra». Y Ella di-
al anciano». ría, sin duda, en ese momento:
Pues bien, eso mismo sucede: Él es el centro de
todo, pero es la Palabra que no habla, la Palabra que «Hijo mío, mis ojos para mirarte,
tiene dentro toda la revelación; pero toda la revelación mis manos para cuidarte,
en una sola palabra de una sola sílaba, que es el silen- mis labios para besarte,
cio, el Verbo que no habla. A lo largo de su vida irá des- mi corazón para amarte».
granando el contenido de esa revelación, irá pronun-
ciando las palabras de esa Palabra, manifestando esos Y ahí se sumergiría en una entrega de adoración y
misterios, como desgranándolos. Y al final de su vida, de amor.
después de haber revelado la plenitud de su revelación Tenemos que mirar a María cómo adora, cómo ama,
en la cruz, será glorificado, y de nuevo recogerá todo cómo se entrega, mientras el mismo Niño se entrega
en una sola palabra de una sola sílaba, que es la Euca- también, renueva esa entrega al entrar en este mun-
ristía. La Eucaristía es la Palabra que no habla. Toda la do: «No has querido holocaustos ni sacrificios; me has
revelación de Cristo, toda la vida de Jesús está ahí, pero dado un cuerpo. Vengo, ¡oh Padre!, para cumplir tuvo-
1
; hecha Palabra que no habla. Por eso, creo que la Vir- luntad». Y eso mismo tenemos que hacer nosotros en la
gen nunca revivió tanto el misterio de su adoración en adoración eucarística. En ella Cristo se sigue entregan-
¡Belén como cuando adoraba la Eucaristía consagrada do de la misma manera. Y en ella tenemos que adorar-
•por Juan el Evangelista y tenía en sus manos la Hostia le entregándonos, como María se entregaba, diciéndole
consagrada, que era la Palabra hecha carne, la Palabra también nosotros que queremos ser suyos de verdad,
infante. y queremos adorarle y amarle, y acoger como María,
Podemos ver de hecho en Ella el modelo de nues- con espíritu de fe, con entrega sincera, su revelación de
tra adoración eucarística y pedirle a la Virgen que nos amor, su obra de amor, su obra de redención.
enseñe a adorar como Ella adoraba al Verbo infante, al Así vemos el modelo de María para nosotros, según
Verbo que está en el pesebre sin hablar. Podemos pen- las exigencias del Señor sobre cada uno de nosotros.
[sar que su adoración altísima, con su amor de madre ac- Pero modelo que nos ha de llevar a esa generosidad de
180 Con María

entrega, aprendiendo y siguiendo los caminos del Se-


ñor, caminos inescrutables que no son los nuestros; y 9. a MEDITACIÓN
acercándonos al misterio de Cristo, donde María nos
enseña a adorarle. Y si quizás por un ímpetu de nuestro LA PRESENTACIÓN
. corazón comenzáramos a hablar y a decir cosas, quizás
la Virgen nos diría con una palabra eficaz suya: «¡Ca-
• lla, calla!, aprende a adorar en silencio, no lo despier- En la tercera parte de la Carta Juan Pablo II, habla
tes; aprende a adorar, aprende a entregarte sin palabras, del corazón materno de María. Es la insistencia en Ma-
• superando tantas palabras que se pronuncian sin entre- ría corredentora con Cristo, María medianera de todas
las gracias. Hacia ahí va la orientación de la Iglesia.
• garse».
Que de veras para nosotros este momento de hoy, Puede ser interesante para nosotros notar que cuan-
de la adoración que hagamos, sea un momento verda- do Pío XII el año 50 definió la Asunción de María el
'
dero en nuestra vida, de aceptación del amor que Dios objetivo hacia donde tendía la teología, marcado ya de
nos ofrece y de entrega, reparando al mismo tiempo al antemano, era la mediación de María. Hacia eso iba, di-
ríamos, la atención y la intención. Se quería ver la reali-
Amor que no es amado.
dad de esa mediación, y se trataba de preparar la procla-
mación dogmática de la mediación universal de María.
Y la dificultad mayor no estuvo en el hecho de la media-
ción universal, sino en caracterizar en qué consiste esa
mediación. Y en vista de que no se aclaraba del todo ni
se podía iluminar suficientemente, se optó por la Asun-
ción, que es camino de ese proceso, porque la Asunción
viene a indicar la coronación de la Virgen como Reina
Madre que está participando del gobierno de su Hijo;
pero no se proclamó ni se definió la mediación univer-
sal. La dificultad, pues, estaba en el carácter de esa me-
diación. ¿Por qué? Se hacía notar que en el Apocalipsis
aparecen todos los santos como mediadores: los santos
interceden ante el trono de Dios, y Dios escucha la ora-
ción de los santos e interviene en la historia, movido
por ella. Y esa mediación es universal. Venía a decirse:
si todos los santos tienen una mediación universal, ¿qué
es lo específico de la mediación de María?
182 Con María M9. La Presentación

Juan Pablo II, en su encíclica Redemptoris Mater obra de Cristo». María está asociada a Cristo a lo largo .
muestra por dónde va ahora esa aclaración y viene a de toda su vida, culminando en la asociación suprema ·
decir: ia mediación de María es una mediación mater- en la cruz, donde unida a Él, ofrece Cristo al Padre y se 1

na universal, de corazón de madre y actuación mater- ofrece a sí misma con Cristo al Padre con corazón ma-
na. Y es el título de la tercera parte de la encíclica, que terno. Entra en el título de un capítulo de la encíclica de
en el fondo viene a preparar el camino para la defi- Juan Pablo II: «Ahí tienes a tu Madre», «la Madre», «el
nición de la mediación. El título de esta tercera parte corazón de Madre».
no es mediación universal, sino «mediación materna». Nueva Eva, es el dogma fundamental de la Virgen.
María como Madre de Cristo y de la Iglesia, tiene una Nueva Eva, asociada plenamente a la Redención, con .
función y una actividad que se caracteriza por su cali- una asociación eficaz con la que contribuye a la salva-
dad materna: actúa como madre, con intervención de ción del mundo. Esa asociación eficaz, total, no para
·madre. Esto vamos a verlo en el ejemplo de las esce- ciertas gracias ocasionales sino para la obra de la sal-
nas diversas del evangelio, muy especialmente en la vación, se realiza en la época terrestre y en la etapa ce- :
mediación de María en las bodas de Caná. Ahí aparece leste. También en el cielo María está asociada a Cristo i
ejemplarmente. Rey Redentor y lleva adelante también Ella, con cora-
zón materno, la ayuda a la Iglesia que camina sobre la
Los estudiosos de la Virgen y de la teología mariana tierra. Esta es la visión.
suelen distinguir los dogmas marianos. Son cuatro fun-
damentalmente: el dogma de la Maternidad, el dogma La presentación de este punto así, tan clara en el
de la Virginidad, la Inmaculada Concepción y la Asun- Concilio, es en sí misma opuesta a la concepción de los
ción de María. Pero con razón insisten últimamente en protestantes, en concreto. Ellos ven en María y en la
que hay otro dogma mariano, en el que ha insistido el presentación que la Iglesia hace de Ella, colaboradora
Concilio: «María, nueva Eva»; dicho de otra manera, de la redención, el prototipo de lo que va a ser la cola-
ahí entra en juego María medianera, María Madre de boración de cada uno de nosotros en su grado.
los vivientes, María colaboradora de la Redención, co- La visión sobrenatural del hombre en la Iglesia no
rredentora con Cristo. Ese es el dogma que, de hecho, es la del puro receptor de dones de Dios, sino la del que,
está en toda la tradición de la Iglesia. La contraposición por don de Dios es llamado a colaborar, con el don de
Eva-María, Eva-Nueva Eva, está ya en los Padres a par- Dios y con la gracia de Dios, en la obra de la redención.
tir de san Justino, y es la que da como la raíz a todo lo El argumento por el que se oponen los protestantes,
demás. María ha sido asociada por el decreto divino a la y están contagiados de esa misma mentalidad no pocos
Encamación del Verbo, al misterio de la Redención, y católicos, es este: Jesucristo es el único Mediador. Si
J no para un momento en el que diera su sí en la Encama- Jesucristo es, y esto lo dice san Pablo escribiendo a Ti-
\ ción, sino, como indica el Concilio «se asoció a toda la moteo, «el Mediador único entre Dios y los hombres,
184 Con María M9. La Presentación

el Hombre Cristo-Jesús», quiere decir que no hay más Cristo; y aparece así también en sus manifestaciones de
mediadores, arguyen. Lourdes o Fátima, donde Ella se muestra orante. No es
¿Cómo responden a esta cuestión, sea el Concilio, Ella la mediadora, Ella orante, conduce a Cristo. Lleva
sea Juan Pablo II? Ambos aclaran el sentido de la pala- a las almas a la Eucaristía, a la comunión. Siempre su
bra de san Pablo. Lo que hace el Apóstol no es excluir mediación es así. Pero querida por Cristo, porque nos
mediaciones ulteriores, sino recalcar que toda media- ha hecho así, quiere que tengamos ayuda unos de otros
ción, si existe, se funda y pasa por la mediación de Cris- y que mantengamos siempre esa conexión.
to. Cuando decimos Cristo, es el Hombre Cristo-Jesús, La mediación hay que entenderla de esta manera:
Hijo de Dios, el único Mediador. Por lo tanto, si yo voy es verdadera su función, su actividad, su colaboración;
a afirmar claramente, porque lo vemos así en los pasa- pero no quita nada a la mediación de Cristo, al contra-
jes evangélicos y en la enseñanza de la Iglesia: «María rio, la potencia, la recibe de Él, de su mediación. Cristo'
es medianera, es colaboradora a la redención», esa me- es el Redentor, Ella es redimida por Él y constituida co-
diación de la Virgen no se sobreañade a la mediación de laboradora de la redención de Cristo.
Cristo, no se pone al lado de su mediación: hay quien A María lo que le sucede, para nosotros es ejemplar,
va a Dios por Cristo y hay quien va a Dios por María; o porque en nosotros tiene que darse, en su grado: redi-
de otra manera, la mediación de Cristo no es suficiente, midos por Cristo, somos constituidos colaboradores de
María viene a completar lo que falta a la mediación de la redención de Cristo y tenemos que cuidar esa cola-/
Cristo. Serían presentaciones falsas, iría contra la en- boración. Tenemos que procurar irradiar a Cristo, trans- i
señanza de Pablo y contra la fe de la Iglesia. Toda me- mitir a Cristo, comunicar a Cristo. Estamos llamados ai
. diación participa de la mediación de Cristo. Por eso se unimos a Él para ser portadores de Él, como es María. i
• inclina Juan Pablo II por la fórmula (no es la única): María nos trae a Cristo, en sus brazos lleva a Cristo yl
«mediadora para con el Mediador». Es la que nos lleva nos lo deja, nos lo presenta y nos pone en unión con)
a Cristo, y en Cristo se realiza la mediación al Padre. Es ÉL Es decir, Cristo y el Padre quieren que los unos nos•
una forma, es fórmula de san Bernardo: «mediadora al salvemos por los otros y nos ayudemos unos a otros. Es
Mediador», y Juan Pablo II la asume. Pero sea cual sea lo que es la humanidad, no somos seres aislados. Cada
la explicación, la mediación de María no añade valor a uno de nosotros tiene que sentirse también responsable
la mediación de Cristo, sino que participa de ella. de la salvación de los demás. Este sentimiento tiene que
Después él insiste en cómo de hecho, en los mo- entrar muy dentro, tenemos que aprenderlo de María.
mentos en que aparece María. Aparece siempre como A María la vemos portadora de Cristo, pero pronta a
pmiadora de Cristo y conductora a Cristo. Aparece así darlo siempre a los demás.
• en las bodas de Caná, en que envía a los servidores a Cuando decimos que nos tenemos que sentir así, res-
Jesús, preparándoles para su encuentro; aparece así en ponsables de la salvación de los demás, entendamos no
. la cruz, donde recibe de Cristo esa misión y lleva hacia de todos en general, que puede ser un escollo para noso-
186 Con María M9. La Presentación 187

tros. Nadie está excluido de nuestro influJ·o es verdad Jesús en los brazos de María, «con María, su Madre, y
' ' le adoran». Ella no lo retira, no dice: ¿a qué viene esta
pero tenemos que hacer el bien a quienes encontramos
en nuestro camino. Hay que crear dentro este sentimien- gente, a molestamos?, sino que sa:be que está puesta
to, esta actitud de un corazón redentor que esté siempre para acoger a los hombres, para llevarlos a la salvación.
pronto, que mire con amor a quienquiera que se acerca a Pues bien, nosotros lo tenemos que hacer, no solo
nosotros. Hay que cuidarlo, es la actitud de María. en esos momentos profesionales, sino siempre, en casa, 1
María aparece en todos los pasajes evangélicos con en la propia familia. También ahí hay ese peligro de que 1
una actitud de aprendizaje, de escucha. Cuando llegan uno se aísle, no quiera que le molesten: yo quiero estar ·
los pastores, cuentan allá en Belén lo que han visto, así, a lo mío. Hace falta que los miembros de la fami- i
y María aparece escuchando, «conservando esas pala- lia encuentren acogida, que no seamos hoscos. Porque
bras en su corazón» y acogiendo a los que vienen. Esta tenemos que ayudar a su salvación. Y acostumbramos
es postura nuestra. Aquí va a estar para nosotros la di- a verlos no simplemente en un momento de servicio,
ficultad, el egoísmo. Porque a veces sí, en determina- sino en la luz de Dios, como parte de nuestra aportación
dos momentos nos ponemos «a tiro», y tenemos que de salvación, de nuestra ayuda de salvación. De ahí, la
acoger, sobre todo si tenemos que tener relaciones pú- acogida cordial, que es muy difícil, es verdad. Es muy
blicas o si estamos metidos en una oficina se requiere difícil porque «no siempre está el horno para bollos»,
que haya una acogida porque si no lo despiden ... Pero y no está uno con ganas de acoger ni de interesarse por
termina eso y ya decimos: ahora para mí, y me desinte- los demás. Sin embargo, debemos hacerlo. Aquí está la
reso. El estar siempre en actitud de acoger, de ayudar, clave, aquí están las disposiciones fundamentales. Uno
de hacer bien siempre a todos, es una superación del podrá aprender técnicas, podrá aprender matices. Pero
egoísmo. Para ello no se requiere que uno tenga auste- debe poner desde dentro la raíz profunda de lo que es
ridades ni mortificaciones especiales. Hay una mortifi- una actitud de colaboración, de servicialidad y de en-
cación radical, costosa. Nos gusta replegamos, ordenar trega, y esto, con todos los que encontremos en nuestro
a los demás para nosotros y desinteresarnos de los de- cammo.
•. más. No puede el hombre desinteresarse de su herma- Hay una fuente de sacrificio real, verdadero, conti-
no, ¡de ninguno! Y hermano es aquel con quien noso- nuo, no buscado como sacrificio, sino como condición
tros nos encontramos. de nuestro amor, como condición de nuestra colabora-
Aquí tenemos un horizonte abierto inmenso, como ción. Tenemos que hacer el bien a quienes encontramos
el de María, que aparece así en todas las escenas evan- en nuestro camino. De modo que tenemos que estar
gélicas, como la que no es para sí. Es hermoso verla. pensando en el bien que podemos hacer, no solo en el
Es la que cree, la que vive de fe, pero vive de fe en una momento de la oración, sino en cualquier momento de
entrega de sí misma: en Belén, donde aparece en la ado- la vida, que debe ser universalísimo y debe tener un de-
ración de los pastores; con los Magos, que encuentran a seo de la llegada del reino de Cristo a la humanidad, a
188 Con María M9. La Presentación 189

todos. En el día de hoy yo puedo contribuir a la venida mediación tampoco es independiente, sino es actuación
del reino de Cristo en todas las personas con las que me de la mediación de Cristo: Cristo actúa en nosotros y
encuentre. Entonces, ¡tengo una ilusión! La promoción por nosotros.
del reino de Cristo no es para mí una especie de oficio
profesional para las horas de trabajo, sino es la obse- Vamos a fijamos, dentro de esta visión de María,
sión de mi vida: promover ese reino de Cristo, construir colaboradora a la redención, y de este campo que nos
esa civilización del amor. señala a nosotros, cómo se desarrolla el proceso de la
A veces la preocupación por gente muy lejana, por Virgen. Veíamos en Ella la aceptación de su misión a
problemas de unas dimensiones que nos superan, nos través de su entrega: «He aquí la esclava del Señor,
llevan a descuidamos de las soluciones que estarían en hágase en mí según tu palabra». Esa aceptación, esa
nuestra mano y que son las que tenemos que aplicar. respuesta en fe pone en Ella, en su revelación de En-
Debemos evitar ese espejismo. Estamos para salvar al camación, una obediencia de fe. Ahí está la fuerza de
mundo en la medida de nuestro campo de acción, en esa respuesta de María: es una entrega como esclava al
. la medida en que nos encontramos con ese mundo. Lo plan redentor de Dios, a Dios que se muestra en la re-
que yo debo cuidar siempre es el mundo de contacto, el velación de Cristo. Y ante ese anuncio y esa revelación,
mundo donde llego de hecho por contacto vital, eficaz, María se entrega: «He aquí la esclava del Señor, hágase
de vida. Ahí es donde tengo que saber actuar. Y de esta en mí según tu palabra».
manera remedio el mal del mundo y llevo la salvación a Cuando María dio su sí, un sí verdadero, un sí en\
ese mundo, pero según el grado en que el Señor me co- el que no hay no, como dice san Pablo, un sí total que ·
loca en él. Hay quien tiene grandes posibilidades y de no se contradice a sí mismo, María no conoce en deta- ·
hecho tiene contactos eficaces con una amplitud mayor; lle cuál es el camino de Dios, pero su totalidad es ver-
pero otros, en lo que es su ambiente en el que viven. dadera. Da el sí desde el fondo del corazón, da el sí al
Y no olvidemos nunca que nuestro primer campo proyecto de Dios, y camina adelante en lo que podemos
de acción y salvación es el de nuestra familia, siempre. llamar su característica de fidelidad al Señor. Ahí viene
Ahí hay que hacer el mayor bien posible, es donde uno la gran palabra, fidelidad al Señor. Una misión que será
tiene que agudizar el esfuerzo de caridad y de bondad. dura, como será quizás también la nuestra, en nuestro
No hay que considerarlo como algo sabido, que se des- grado, es verdad. Nunca imaginemos que nuestra mi-
cuida porque es lo que uno ya frecuenta y donde uno no sión tiene que ser sin obstáculos, sin limitaciones, sin
tiene que hacer esfuerzos especiales y puede mostrarse titubeos, sin incertidumbres. Todo eso vendrá. Pero la
en la aspereza del propio carácter. No es verdad. Hay palabra de orden ha de ser esa: fidelidad al Señor.
que poner amor en todo lo que es el mundo en el que Vamos a ver cómo continúa María. Decíamos que
el Señor nos ha colocado y colaborar con Cristo, reali- tenía una pureza inmaculada y recalcábamos que no era
zando toda esa tarea en dependencia de Él. Que nuestra solo en sentido camal, sino en sentido de libertad del
190 Con María M9. La Presentación

corazón, libertad del egoísmo. Era pura, transparente, Muchas veces se suele argüir de esta manera: si yo
¡ libre de todos esos condicionamientos. Decíamos que hubiese sabido esto, si hubiese conocido estos detalles,
' el espíritu de posesión amenaza continuamente el sen- yo no hubiera dado ese sí que me empeñara definiti-
timiento de maternidad y del amor humano que se de- vamente; porque en ese momento me impresionan. Lo
. forma, que se vuelve egoísta. En María no había nada peor que nos puede pasar en nuestro itinerario es po-
i de eso. María está unidísima a Jesús. Desde el principio ner de nuevo en duda nuestra línea aceptada una vez.
sabe que Jesús no es para Ella, es para redención del Cuando uno empieza a poner en duda la línea aceptada
mundo. Ella ha dado el sí cierto, pero en el cual no es- una vez, ha empezado a flaquear ya su fidelidad. Es ne-
taban incluidos y esclarecidos todos los aspectos de lo cesario cerrar el paso a toda duda. Hay que madurar la
que sería su trayectoria. Pero había dado su sí. propia decisión, es verdad. Pero no madurar de una ma-
Nosotros también hemos de tenerlo claro. En la nera que nos lleve a seguridad absoluta, que no existe
aceptación de nuestra misión y de nuestra vocación, en sobre la tierra. Una decisión tomada seriamente, hasta
la aceptación de la familia, del matrimonio, del hijo que llegar a la seguridad moral del camino que Dios quie-
yo amando he engendrado, doy un sí confiado al Señor re; una vez tomado ese camino, hasta la muerte. Esto
' y un sí a lo que todavía no sabemos qué será en concre- es fundamental. Lo demás es debilitar nuestra entrega.
1 to. Pero al que de antemano he dicho sí. ¿Es razonable
Desde el momento en que yo acepto, siquiera aunque
dar ese sí? Es razonable. ¿No es una aventura? Lo es. sea en sueño, la posibilidad de cambiar esa dirección,
Toda entrega de amor es una aventura. Pero se apoya se me debilita la fuerza para ser fiel a ella. No hay que
en el amor mismo, en el Señor, que me conduce por ese ponerlo nunca en duda. Tomo sobre mí todas sus con-
camino. Y como yo conozco el amor y la providencia secuencias.
de Dios, me fío de ella. Tengo que tomar mis medidas, María nos da ejemplo de esto. María es fiel, es la
tengo que mantener mi fidelidad, pero Él me sostendrá, Virgen fiel. En el momento de la Anunciación el Señor
y de ahí viene la fuerza de mi sí. no le reveló todos los detalles de lo que sería su colabo-
María lo da de esta manera; nosotros lo damos tam- ración con Cristo. Se le invitó a asociarse íntimamente
bién así, lo debemos dar. Por eso es conveniente reno- a la persona de Cristo y a su obra redentora. Ella dio su
var continuamente ese sí, en las circunstancias en las sí consciente y nunca se arrepintió de ello, ¡nunca! Juan
que nos vamos a encontrar, en los problemas que vayan Pablo II nos habla de «la oscuridad de la fe», de «la fa- :
surgiendo ... Sabemos que hay muchos obstáculos que tiga del corazón» que se advierte en María. Debió pa-
pueden insidiar nuestro camino en el amor matrimo- sar momentos terribles. No tenemos ningún signo para
nial. Todo eso no lo tenía yo presente explícitamente pensar que Ella hubiera entendido que su Hijo iba a
en el momento de mi sí, pero no lo excluía. Mi sí no lo morir en una cruz. Se le dijo de una manera un poco
daba por esos detalles, sino que lo daba por la sustancia brillante: «Ocupará el trono de David, la casa de David
de mi entrega, de mi aceptación. su padre», era un Mesías Rey. Y debió pasar momentos
192 Con María M9. La Presentación 193

muy oscuros: la huida a Egipto, cuando tiene que mar- cualquier camino que tomes. Y cambiarás de camino y .
char escapando, por la persecución de Herodes; cuando te volverá a pasar lo mismo.
lo ve crecer y que pasan los años, y tiene veinte, veinti-
;cinco años, y no se ve en Él nada que se parezca a una Pues bien, María humildemente va recibiendo a tra-
· descendencia de David, a una ocupación del trono de su vés de los signos, de las señales, de las circunstancias,
padre; no tiene ningún gesto, nada, en una vida modesta el camino, la orientación. Y la acepta con una fidelidad
de trabajo de carpintero ... ¡Cuántas oscuridades debió constantemente actualizada. Es lo que sucede en el mo-
pasar María! Es el itinerario oscuro de la fe. Pero Ella mento de la Presentación, que es el momento de ofrecer
nada excluía de su sí. ¡Todo lo que debía llevar consigo a Jesús en el templo. Es uno de los misterios en que se
el ser madre en sentido pleno del Hijo de Dios, lo abra- detiene de manera especial Juan Pablo II y lo llama «la
zaba! Y así lo abrazó, esta fue su decisión. segunda anunciación». Fijémonos un poco en ese mis-
Y así tenemos que hacer también nosotros. Acos- terio. Lo voy a exponer muy rápidamente, brevemente,
tumbraos a renovar continuamente vuestra entrega y para que acojamos esa lección:
aceptación de los planes de Dios, cada día. El ofreci- «Pasados los cuarenta días de la purificación de la
miento de la santa Misa que hacemos cada día, reno- Virgen, llevan al Niño al templo para presentarlo al
varlo de verdad, con todo lo que puede traemos. Y no Señor» (Le 2,22s). Es un gesto que supone el cumpli-
echar la culpa a los demás, y no creer que las cosas miento de todas las profecías, el comienzo del Nuevo
cambian modificando las circunstancias, como tantas Testamento. San Lucas, que lo cuenta, indica que es la
veces sucede. Cuántas veces hay que repetir eso. Cree plenitud de los tiempos: es el nuevo Templo con la nue-
uno que no le va bien aquí por las circunstancias, por va oblación de Jesús al Padre. El hecho es que María y
lo que tiene alrededor; voy a pasar a otra situación. Y José, obedientes a la ley, lo llevan para presentarlo. El
allí le vuelve a pasar lo mismo, porque «no se trata de gesto de la presentación es el gesto de la entrega, que
cambiar de caballo, sino de caballero». Lo que hay que lo realizan todas las madres, pero que María realiza de
hacer es cambiar el corazón. El caballo no tiene la cul- verdad. Es su característica. Para hacer las cosas autén-
pa, sino el caballero. Tenemos que ser nosotros los que ticamente no hay que hacer cosas raras. Lo que importa
nos entreguemos, y no pensar en reconquistar otra vez es hacer de veras lo que hacemos: orar de veras, expre-
lo que una vez hemos entregado. Hay que jugarse todo. sar de veras.
· Esto hay que aprender de María, el itinerario de la obe- María sigue el rito que usan todas las mujeres, pero
diencia de fe, sin admitir siquiera la posibilidad de un su ofrecimiento tiene un valor inmenso porque lo hace
cambio, de otro camino. ¡Está jugado todo! Es mi ca- de verdad y lo entrega de verdad con esa fónnula. Y ahí
mino, ¡eso está hecho! ¡Finne, firme! Quiere decir que está María levantando a su Niño en sus brazos, ese
el Señor te llevará por ese camino si sabes dar tu sí al Niño que parece que no cae en la cuenta de lo que pasa,
Señor. Pero si te rebelas, entonces vas a ser infeliz en diciendo al Padre: «¿si lo quieres?». Y Ella sabe que lo
194 Con María M9. La Presentación 195

quiere, que lo acepta. Es el verdadero Isaac, y Ella lo Y eso que ellos realizan en silencio, movidos inte-
ofrece de verdad: ¡si lo quieres!. .. riormente por el Espíritu, en cumplimiento de una ley
El sacerdote que lo toma de los brazos de la Virgen pero cumplida desde el Espíritu y por la fuerza del Es-
hace una ceremonia, quizás sin apenas prestarle aten- píritu, lo mantienen continuamente. Y realmente esa
ción, porque es la fórmula. Le ha tocado hacer esa ce- presentación de Jesús al Padre se convierte para el alma
remonia y está quizás inquieto, como nos pasa a veces, espiritual en la ocupación continua de su vida, es su
dando prisa: que vayan aprisa, que no hay tiempo que diálogo interior. El don que recibe del Padre lo devuel-
perder, que vienen en fila todas aquellas mujeres. Él lo ve al Padre: «Señor, te ofrezco tu Hijo y me ofrezco con
toma, lo ofrece, lo levanta y lo devuelve otra vez, sin Él, por manos de María, para la salvación del mundo».
caer en la cuenta de que por sus manos ha pasado el Hijo Esa es nuestra oblación, lo que es el meollo del ser cris-
de Dios. ¡Esto pasa tantas veces en nuestra vida! Sería- tiano: ofrecer Cristo al Padre, ofrecerse con Cristo al
mos santos si hacemos lo que hacemos de veras y ver- Padre, por María, para la salvación del mundo.
daderamente altos de espíritu, elevados espiritualmente,
solo con proceder en verdad: que voy a pedir la bendi- Hecho este ofrecimiento, que es como una reno-
ción, pedirla de veras; que adoro al Señor en la Eucaris- vación litúrgica del ofrecimiento inicial de la Encar-
tía, adorarlo de veras; que me ofrezco al Padre, ofrecer- nación, en el «he aquí la esclava del Señor», vuelven
me de veras; que ofrezco Cristo al Padre, ofrecerlo de por el atrio del templo y se encuentran con el anciano
veras; que me dirijo a María, dirigirme de verdad a Ella. Simeón. Ahí tenemos otra figura preciosa. No se nos
Es hacer lo que hacemos de veras. Mirad que se nos dice de él más que «un hombre llamado Simeón, lleno
pasa la vida en una especie de ficción, en una especie de del Espíritu Santo». La Iglesia lo ha presentado siempre
carrera de vértigo en la que no hacemos de verdad las como anciano, representante del mundo ya envejecido.
cosas. ¡Cumplimos!, cumplimos, pero no hacemos de De hecho nos dice el texto de san Lucas: «estaba lleno
verdad. Cumplimos con lo que dicen que hay que hacer, del Espíritu Santo» y el Espíritu conversaba con él.
pero no hacemos de veras. Muchas veces ni saludamos Este aspecto quisiera desarrollarlo siempre en con-
de verdad a la gente, ni le deseamos de verdad lo que le versación con personas de una cierta edad, que fácil-
deseamos en las fórmulas que empleamos. mente se consideran marginadas e inútiles. Esto no es
Ahí tenemos una fuente inmensa. María lo dice de verdad. Esa edad es especialmente apta para la acción
verdad, lo entrega de verdad, lo ofrece de verdad, y Je- de Dios. Yo he notado en personas en edad de jubila-
sús se ofrece. Este gesto de María levantando el Niño ción o prácticamente jubilados, aun cuando no sean de
al Padre y ofreciéndolo, es como una anticipación de una edad muy avanzada, que suelen decir: he tennina-
la Eucaristía, del gesto de la Iglesia elevando la Hostia do mi misión en el mundo. No es verdad. El Señor en
al Padre. María está como sosteniendo los brazos de la su providencia suele cuidar de irnos quitando del vérti-
Iglesia, que está ofreciendo Jesús al Padre. go del mundo para prepararnos a una mayor intimidad
196 Con María M9. La Presentación 197

con Él. Muchas veces el Espíritu llena esos corazones y él vivía en la esperanza de que encontraría al Mesías
cuando saben aceptar esa misión. Es un camino que hay antes de morir, y vivía así en esa tensión hacia el Señor.
que aceptar también, no simplemente con una resigna- Y cuando estaba así, el Espíritu en un determinado mo-
ción sino con una pregunta al Señor: «¿qué quieres en mento le movió -saber acoger las mociones interiores
este momento de mí?». Y el Señor muchas veces llama que dilatan el corazón-, le movió a ir al templo. Y fue
a grandes confidencias a esas almas, y en poco tiem- en el momento en que María y José llevaban a Jesús.
po se advierten grandes progresos, porque el Señor les ¡Qué bonito este encuentro!
ha liberado de muchos obstáculos que se oponían a su ¿Cómo pudo conocer ese anciano que ese Niño era
entrega ilimitada al Señor. Es el momento favorable. el Mesías esperado? Da la impresión de que Simeón co-
Ha ido preparando el camino con muchas alternancias, nocía a la Virgen. Quizás lo vio reflejado en el rostro de
pero ahora parece que se despeja el camino y el Señor su Madre. La vio, la conoció y tuvo luz interior para re-
está dispuesto a derramarse sobre ese corazón. conocer al Mesías. Lo difícil es reconocer la presencia
Recuerdo en una ciudad, un hombre jubilado que del Señor. El que había estado recibiendo la oblación
había trabajado en los tranvías, y vivía muy lejos de de los niños, quizás no le reconoció. El reconocer su-
la residencia de la Seguridad Social, a la cual una vez pone una preparación. Es la obra que ha hecho el Es-
había ido a visitar a un enfermo. Se perdió, fue a parar píritu Santo en el corazón del anciano para prepararlo
a una capilla, la encontró sola, con una lámpara encen- a reconocer. Porque estaba lleno del Espíritu Santo, era
dida, se puso allí de rodillas, y él contaba: yo fui allí y dócil al Espíritu, estaba preparado. Pero no es que le dio
le hablaba al Señor ¡y Él me contestaba! No me contes- unas luces especiales; le dio interiormente un instinto,
taba así..., pero me contestaba dentro. Estuve un lar- le dio una capacidad de reconocer. Y lo reconoció en
go rato muy a gusto. Y desde entonces, todos los días los signos exteriores que muchos otros vieron, pero que
desde el extremo de la ciudad cojo el tranvía, que me no descifraron. Y él lo reconoció, aunque se presentara
resulta gratis como jubilado, y me voy allí y me paso muy distinto de lo que habían descrito los profetas de la
un largo rato por la tarde: yo le hablo y Él me habla, y entrada del Mesías en su templo. Él no tenía una visión
allí estamos los dos. Y me va muy bien, y en mi casa mundana del Mesías. Tenía un corazón puro, preparado;
estamos muy bien, porque yo le cuento a Él todo lo que en medio de las pequeñas rarezas que podía tener por su
me pasa en casa. Esto es realidad en una persona muy edad, en medio de los achaques, que no dejaría por eso
sencilla, pero que había encontrado en ese momento al de tenerlos, pero estaba lleno del Espíritu Santo.
Señor y que sabía explotar lo que era la conversación Y reconociéndole, bendijo a Dios diciendo: «Aho-
con el Señor. Esto, en su grado, nos puede pasar. ra, Señor, puedes enviar a tu siervo en paz», ¡ya está, ya
puedo morir! «Porque mis ojos han visto al Salvador».
Al anciano Simeón le pasaba: el Espíritu le habló, le Y esto le hace presentarlo como luz de todas las gentes
hizo entender que no moriría sin haber visto al Mesías, y gloria de Israel.
198 Con María M9. La Presentación 199

Y María se lo deja en brazos. Es un gesto tan bonito: de contradicción», va a lucharse, va a haber una batalla
María da a Jesús. Nunca imaginemos a la Virgen egoís- en torno a Él, como se lucha por una bandera. Y en el
ta, como si Ella tratase como émula, casi con compe- centro de esa batalla estará Cristo y estará María: «Y
tencia de Jesús. No, en absoluto. María tiene como fun- a ti misma una espada te atravesará el corazón». En el
ción dar a Jesús. El fruto de su vientre lo quiere dar. Y fondo viene a decir: la misma espada que atravesará a
parece, cómo lo diríamos con todo respeto, como que es tu Hijo, atravesará tu corazón, la misma suerte. El sig-
\ una «manirrota»: a todo el que encuentra le da a Jesús. no de contradicción del Hijo será la espada que atra-
Parece que se le va de las manos. Quiere dar a Jesús. Es viese el corazón de su Madre. «Una espada atravesará
como el gesto de la comunión: después de haberlo pre- tu corazón». Le anuncia; por eso Juan Pablo II lo llama
sentado al Padre, lo da, lo comunica a los hombres. «Es la segunda anunciación, el camino doloroso de lo que
•feliz el amigo del esposo -como dirá san Juan-, que va a ser ese Mesías, que va a salvar a Israel a través del
oye la voz del esposo» (Jn 3,29). Se alegra porque él no dolor, a través del sufrimiento. Y María acepta calla-
es la esposa, es amigo del esposo. Así María se alegra damente; sin palabras, oye y lo acoge en su corazón,
de darlo y lo entrega. admirando cómo el Señor se manifiesta a quienes pa-
Entonces Simeón le anuncia a María el camino y le recía que no tendrían ninguna noticia del misterio de
dice: «Este es luz de las gentes, gloria de Israel». Co- Cristo. Y sin embargo, ese es enviado también como
rrespondía a lo que Ella había visto: «Ocupará la casa anunciador.
de David, su padre». Ella escucha en silencio, admira- Es interesante, Dios envía a los que aclaran el cami-
da de lo que decían del Niño, no porque no supiera que no. En el caso de la Anunciación se nos dice expresa-
es Hijo de Dios, sino de cómo le han podido conocer mente: «Un ángel fue enviado por Dios». En el Prólogo
como tal, porque no hay rasgos que lo estén delatando, del evangelio de san Juan se nos dice: «Hubo un hom-
no es distinto de los otros niños. Es la oscuridad de la bre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan» (Jn 1,6),
fe en la que Ella vive. Sin embargo el anciano, ilumina- el Bautista, para preparar el camino. Simeón es envia-
do por el Espíritu, canta a Dios y agradece a Dios por do por Dios también: el Espíritu Santo que le llenaba,
esa «gloria de Israel, luz de las gentes», luz de todos los le envió, le movió para que iluminase a María, para que
pueblos. iluminase sobre lo que era el misterio de aquel Niño y
El anciano bendijo a María y a José, y les dice: «Este el misterio del camino de la redención.
Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos y María lo acoge y renueva su entrega. En Ella pode-
será signo de contradicción». Matiza lo que María ha- mos ver la misma disposición, aunque no nos la descri-
bía oído en la Anunciación, a lo que había dado su sí. be el evangelio, pero aparece suficientemente: se admi-
Ahora le está indicando ya que su camino será un ca- ra de todas estas palabras, las recoge en su corazón, y
mino de contradicción, un camino de sufrimiento, de consiguientemente renueva su «he aquí la esclava del
obstáculos, de oscuridades. «Está puesto como signo Señor, hágase en mí según tu palabra». Ese camino de
200 Con María

dolor, de sufrimiento, que todavía es incierto, que no


sabe Ella en qué términos se formulará concretamente
es un camino que Ella acoge ya por su misma fideli-' 1Ü.a MEDITACIÓN
dad al Señor, de quien se siente de verdad la esclava de LA HUIDA A EGIPTO
amor y la colaboradora de su obra de redención. Y LA PÉRDIDA EN EL TEMPLO

El cumplimiento de la misión de María, como de-


cíamos, lleva las vicisitudes de la oscuridad y de los en-
cantos. María con Jesús, sin duda, tiene momentos de-
liciosos, en el mismo Nacimiento de Jesús; como los
tiene también en su adoración, en su encuentro con ÉL
Pero también hay momentos de gran oscuridad, la os-
curidad de la fe, de la que María será para nosotros
ejemplo, porque también nuestro camino está lleno de
luces y de sombras. El Señor conduce a María por ese
itinerario de fe que le debía hacer muchas veces pre-
guntarse cómo eran los caminos del Señor, cuáles eran
los planes de Dios sobre Ella.
Encontramos en el evangelio como puntos crucia-
les de esa vida de fe de María: el momento de la huida a
Egipto; el momento en que el Niño se queda en el tem-
plo, momento crucial de esa oscuridad de fe; el momen-
to de las bodas de Caná en cierta manera; y el momento,
sobre todo, de la cruz, cuando ve morir a su Hijo y se
encuentra con una terminación tan contraria a lo que
podía ser la visión del Mesías Rey triunfador. ¡Vida
de fe! La vida de fe que Juan Pablo II recalca, es vida
heroica de seguimiento de Cristo. La Virgen tuvo, sin
duda, luces interiores notables, porque su vida interior
es como la vida interior alta de una persona que ha lle-
gado a la cumbre de su desarrollo espiritual. Dice san
Juan de la Cruz:
202 Con María M 1O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 203

«¡Oh lámparas de fuego sigo corriendo. Yo no he dejado de correr, ¡sigo corrien-


a cuyos resplandores, do! Otra cosa sería si yendo corriendo, de repente digo:
las profundas cavernas del sentido dejo el camino, me vuelvo. Eso es dejar el camino, es
que estaba oscuro y ciego, volverse. Lo otro es caerse caminando, caerse en el ca-
con extraños primores mino, siguiendo el camino.
calor y luz dan junto a su querido!» Pues bien, esto nos puede pasar, todos lo hemos de
(Llama de amor viva, can. 3). tener. Vemos esos momentos de oscuridad de María
que nos alienta, en la Purísima, en la Inmaculada, en
Se refiere, sin duda, a esas luces e iluminaciones in- la toda Santa. Hay momentos en que aparece así: «Ella
teriores de extraños primores que vive un alma, lo cual no entendía esta palabra», «Ella rumiaba estas palabras
no quiere decir cosas raras. Quiere decir delicadeza de confrontándolas en su corazón», viendo cómo encaja-
caridad, delicadeza de penetración, delicadeza de servi- ban unas con otras. Se le nota esa fatiga del corazón en
cio y encanto interior, que no son cosas extraordinarias a el camino de la fe.
la manera espectacular humana, sino finura interior. Ma-
ría tenía una finura interior extraordinaria. Por lo tanto, ¿Cuándo se da en nosotros el verdadero momen- ¡
tuvo luces interiores notables. Tenía sin duda la riqueza to de oscuridad? Cuando nos parece que el punto en
de la caridad, los dones interiores de la docilidad. que nos encontramos no es camino de amor, que este
Ahora, esos dones interiores no excluían los momen- momento no está en la línea del amor. Ahí está. Si tu-
tos de angustia. Tenemos que comprender esto, algo tan viéramos luz suficiente para reconocer en el momen-
propio de nuestra vida, que es la alternancia en nosotros to presente un signo del amor, ya no estaríamos en
de luz y oscuridad, de momentos de encanto espiritual y oscuridad. La oscuridad viene de que, en el conjunto
de angustia o de oscuridad y tiniebla. En María tampoco de las circunstancias, se nos hace cuestionable o pro-
excluyeron esos momentos, que son los que tienen que blemático el que allí pueda afinnarse la presencia del
damos firmeza en el seguimiento de nuestra propia vo- amor. Ahora bien, como nosotros imaginamos que al
cación, en cualquier estado de nuestra vida. Todos esta- ser Dios lo que es debe actuar según nuestros caminos,
mos expuestos a depresiones, a momentos negros; qui- cuando de hecho son distintos de lo que hemos ima-
zás momentos en los que damos pasos en falso, puede ginado, se presenta el momento de la oscuridad. Es la,
ser. Eso no significa que hemos perdido el camino, sino ley general. Nosotros le reconocemos a Dios los atri-
hay que distinguir en el camino del Señor: la renuncia butos de bondad, de poder, de cuidado sobre nosotros,
del camino y las caídas en el camino. Pondríamos esta y pensamos que esos atributos ha de manejarlos según1
imagen: yo puedo seguir corriendo a Cristo que va de- lo que hemos concebido que debería hacer, y aquí está!
lante. Y cuando voy corriendo me tropiezo y me caigo la fuente de nuestra oscuridad. N o caemos en la cuenta 1
' y me embarro, y sigo corriendo; y vuelvo a tropezar, y de que Dios, que es infinitamente superior a nosotros,
204 Con María M 1 O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 205

tiene caminos que «no son nuestros caminos». Por eso ginemos necesario lo que nosotros creemos necesario.
repetíamos en la meditación del Nacimiento: «Por tus Una cosa es lo que yo juzgo que es necesario para mí,
caminos llévanos a donde vamos, porque tus caminos y otra, lo que realmente es necesario. Dios no nos priva
no son mis caminos». Y por eso nos decía también el de lo que realmente necesitamos, aunque a nosotros nos
Concilio hablando de la santidad, que «aceptando todo parece que nos vendrían bien otras cosas. Así nos suele
de la mano del Padre celeste, manifestemos en todo el guiar el Señor en nuestra vida, a través de consolacio-
amor que Dios tiene al mundo» (LG 41). Es lo que no- nes y desolaciones, de momentos de fervor y de aridez;
sotros debemos aceptar. momentos en los que nos hace sentir sus dones, y mo-
«Tened confianza, dice Jesús, el Padre sabe que ne- mentos de oscuridad de la fe. Es normal. Como existe
cesitáis de todo esto» (Mt 6,32). San Pablo decía en el día y la noche, existe en la vida espiritual esta alter-.
una de sus Cartas, que había momentos en los que él nancia de fervor y sequedad, fervor y aridez. Tenemos
tenía hastío de la vida, hasta tal punto que «tenía ganas que contar con ellos.
de morirme», y así estaba lleno de amargura. Y en otra Esto lo vemos en María, esa vida de fe, esa confian-
ocasión dice: «Llevo un dolor constante en el corazón» za en cada momento, de la que brota en Ella una paz que
(Rom 9,2), como una espina dentro. Son momentos os- redunda de las páginas del evangelio de la Infancia. Se
curos. Y sin embargo, entonces gritaba: «Sé de quién dicen cosas duras, hay experiencias costosas, y sin em-
me he fiado y estoy seguro» (2 Tim 1,12). Es la con- bargo, parece que sobrenada un sentimiento de paz que
fianza que brota de la certeza de que Jesucristo vela por rebosa del corazón materno de la Virgen. Esta paz no
él en cada momento. Es el cumplimiento de la exhorta- arranca en mí, que tengo que imitarle, de la seguridad
ción de Jesús: ¡tened confianza! de que yo le amo a Él, que muchas veces no lo sé, que
Jesús, antes de la Pasión, en el momento en que va muchas veces se me oscurece, sino de la seguridad de
a instituir la Eucaristía, narra san Juan: «Sabiendo que que Él me ama a mí: «confío en tu amor para conmigo».
todo lo había puesto el Padre en sus manos, que venía «Confío en tu amor para conmigo», incluso en mi peca-
de Dios y a Dios volvía» (Jn 13,3). Sabiendo esto es la do, incluso en mi flojedad, yo sé que vela por mí. ¡Tan-
seguridad que El '
tiene: puesto todo en mis manos,' ven- tas veces he experimentado cómo vela por mí!
. go de Dios, vuelvo a Dios. Y en la misma oscuridad de Así podríamos considerar esto, y voy a tratar de ha-
la Pasión repetirá: «El cáliz que me dio mi Padre, ¿no cerlo rápidamente en esas dos escenas: la huida a Egip-;
! lo voy a beber?» (Jn 18,11 ). Es la seguridad que tiene
to y el Niño que se queda en el templo. En ellas vamos
: que guiar nuestra misión: la seguridad de que es el cáliz a ver el dolor de la Virgen, el significado de cómo apa-
que me da el Padre, que es el Padre, el Padre a quien rece su corazón materno.
me dirijo con esa palabra llena de afecto y de cariño. El
Señor sabe mi fragilidad, sabe mi naturaleza, no me pri- La huida a Egipto es para María una prueba de fe,
; va de su luz necesaria en esos momentos. Pero no ima- sin duda ninguna. Ella sabe que Jesús es el Hijo de
206 Con María M 1O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 207

Dios, se lo ha anunciado el ángel. Esta huida a Egip- cumple al pie de la letra, en esa fidelidad obediente:
to habría que colocarla, tal como la cuenta san Ma- «Levantándose la misma noche, tomó al Niño y a su
teo, después de pasados ya algunos meses: los cuarenta Madre y huyó a Egipto». Esto desde un punto de vista
días de la Presentación en el templo y después, estan- humano es sorprendente. Cómo no se le iba a ocurrir a
do en Belén, surge esta persecución de Herodes. María María: ¿es que el Padre no puede proteger a su Hijo?,
ya en, ese contacto con Jesús, está viviendo como al ¿qué caminos son estos?, ¿no sería más fácil proceder
unísono con el velo del misterio. Vive con el misterio de otra manera?, ¿no puede esconderlo de otra mane-
de Jesús, en el misterio de Jesús. Pero al mismo tiem- ra?, ¿es que tiene que sufrir la humillación de una hui-
po, sus ojos ven a un niño como los demás, normal. da, de pasar por un emigrante escapado que huye de su
Actúa a través del velo de la fe pero en la cercanía del país a un lugar desconocido, sin saber dónde asentarse?
misterio. Sabe que es el Hijo de Dios. Al Nacimiento ¡Vamos a lo desconocido! ¿Así trata Dios a su Hijo?
y al Niño le acompañan ciertas manifestaciones que Nosotros nos sorprendemos enseguida, nos sacu-
Ella recibe. María todo eso lo escucha, lo refiere a ese de nuestra fe: ¡parece que a su Hijo debe tratarle de
Niño, lo ve iluminado por esas sucesivas manifestacio- otra manera! Es lo que nos pasa también: dice que soy
nes de lo que es. Ella sabía que es Hijo de Dios, pero su hijo, que Dios es mi Padre y, ¡mira qué enfermedad
esa fe suya se va iluminando con los datos que le apor- ha permitido que me venga! Pero, cómo es mi Padre y
tan; por ejemplo, los pastores cuentan lo que han visto, mira este problema familiar, mira este hijo mío que yo
lo que los ángeles les han dicho; con los datos que le tanto quería, y resulta que lo encuentro ahora hundido
ha aportado el anciano Simeón y que Ella ha escucha- en el vicio ... ¿no tenía Dios otros caminos? Es lo que
do con sorpresa y admiración. «Cuando llegaron los nosotros pensamos.
magos, encontraron al Niño con su Madre» (Mt 2,11 ), María participa de la suerte de Jesús, y porque Él es
momento de alegría, de gozo. También ellos cuentan perseguido, Ella también camina como perseguida, se
que han visto su signo en Oriente y han venido con une a Él en unión íntima.
dones a adorarle. Ella se asombraría también, porque Llama la atención en este pasaje el contraste en-
Dios manifestaba a su Hijo, le daba a conocer, glorifi- tre Herodes, a quien no falta nada más que Dios (tiene
caba a su Hijo. todo, pero le falta Dios), y María y José, a quienes fal-
Cuando estaban en medio de este gozo, en medio ta todo menos Dios. Santa Teresa dirá: «Quien a Dios
de este esplendor y bienestar, de repente, el ángel ha- tiene, nada le falta, solo Dios basta». Ese es el contras-
bla a José en sueños y le dice: «José, hijo de David, te: María y José tienen a Dios, Herodes no tiene a Dios.
levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto, María y José tienen paz, Herodes está sin paz, no es
porque buscan al Niño para matarle, y estate allí hasta feliz. La felicidad no se la pueden dar los bienes de la
que yo te diga». En medio del ambiente de felicidad, de tierra. Esa es una felicidad muy parcial, no la felicidad
repente una orden, una señal. E inmediatamente José de la persona. La felicidad la da «la paz que el mundo
208 Con María M 1 O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 209

no puede dar». «Üs doy mi paz, no la que da el mun- «Mándame lo que Tú quieras,
do». Así nos pasará siempre, ese suele ser el contraste en dame trabajo o quietud,
nuestra vida: a veces parece que no nos falta nada, solo que donde quiera que vaya
nos falta Dios y no hay paz. Y otras veces tenemos a esperándome estás Tú,
Dios y entonces tenemos la paz, la confianza y el amor. en la Hostia y en la Cruz».
Dios no recurre a un milagro, no suele salvar a los
suyos por medios milagrosos, de ordinario. Los mila- Y así salen de camino, camino difícil, camino duro,
gros suelen tener otra finalidad salvífica. El Señor res- pasan momentos de temor, cumpliendo la voluntad de
peta la autonomía de lo creado. Cuando interviene no Dios.
es por puro capricho de su omnipotencia, sino como En Egipto se dedican a una vida de trabajo, una vida
expresiones de su amor que quieren damos signos de lo que sin duda es también de buen ejemplo. Van de ma-
que Él es, de la vida eterna comunicada a nosotros. Son nera indeterminada, no saben hasta cuándo. Es como el
manifestaciones del amor personal de Dios. Por eso no Señor deja a los suyos: «hasta que Yo te diga». Serán
lo hace arbitrariamente, lo hace cuando conviene según meses, semanas ... , hasta que Yo te diga. Y allá están.
la voluntad del Padre. Así los lleva el Señor, son sus caminos. Son los cami-
Ante esto no hace milagros, no hace invisible aJe- nos mejores para crecer en el amor porque son los ca-
sús. Podía haberlo hecho en el momento en que venían minos del abandono en el Señor. Y no los aprovecha-
los soldados. Toma una intervención que respeta la ac- mos muchas veces. Los caminos mejores, en eso que
ción humana y pone ya de relieve el sufrimiento y la humanamente es incertidumbre, porque es el camino
cruz como camino del Salvador y de la salvación. Ya lo del abandono y de la confianza, del crecimiento en el
había dicho el anciano Simeón: «Será signo de contra- amor. Cuando nos abandonamos en Él, como no tene-
dicción», será perseguido, será combatido. Comienza mos que vivir más que cada día, somos felices esperan-
esa espada que atraviesa el corazón de la Madre. Lo que do la voluntad del Señor. Lo tenemos todo calculado
es persecución de Jesús es espada en el corazón de la cuando son planes nuestros, es razonable que lo haga-
Madre, que Ella ofrece y une al ofrecimiento de Jesús. mos. Pero que lo hagamos entonces manteniendo siem-
De hecho, nos parece indigno de Dios el huir, el ver al pre la apertura al Señor. Esto es lo que debe mantener-
Hijo de Dios huyendo y María huyendo con Él. se: la apertura hacia Dios. Si por el hecho de que tengo
De todas maneras, obedecen al punto, enseguida. A las cosas calculadas me cierro en mí mismo y pierdo la
María y José les queda el consuelo de llevar consigo a dimensión de dependencia de Dios, dejo de tener una
Jesús. Se le dice a José: «Toma al Niño y a su Madre». actitud cristiana. Se trata de mantener la dimensión
Y quizás tuvieron que dejar aquellos dones que habían abierta a Dios en el cumplimiento de nuestros deberes
traído los magos. Toma al Niño y a su Madre, son los profesionales y familiares. Esto es lo que siempre debe
verdaderos tesoros que hay que salvar. mantenerse. Cuando el Señor nos arranca de todo, muy
210 Con María M 1O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 211

bien, queda esa apertura y queda entonces ese confiado lia de Nazaret, también vividos en la oscuridad de la
estar mirando al Señor, esperándolo todo de Él. Pero fe, de ese tiempo largo que el evangelio divide en dos
lo normal es que, aun cuando tengamos que tener toda partes. Es interesante esto, cuando ya el ángel le dice a
esta ocupación y toda esta tendencia horizontal de tra- José: «Puedes volver de nuevo», vuelve, y vuelve go-
bajo, como debe ser nuestra inserción en el mundo real zosamente. Pero el ángel le manda volver a Nazaret, no
donde el Señor nos ha colocado, que eso no nos cierre a Belén como pensaba José. Él es el hombre prudente,
el corazón respecto de Dios. que ya había establecido una casita a la familia allí en
Belén, y cuando piensa en la vuelta otra vez, piensa
María vive su vida de fe, y la vive sin duda como en Belén naturalmente. El ángel le disuade indicándo-
una vida de reparación. Esto es un aspecto también le que reinaba el sucesor de Herodes, que era tan cruel
muy propio de la vida cristiana. Si alguno vive al uní- como su padre, y le dice: «Vete a Nazaret», donde ha-
sono del corazón de su hijo, María, viviendo con Él, bían estado ellos antes. Vuelve allá, a aquella región de
participando de sus sentimientos, vive psicológicamen- Galilea, y allí viven.
te lo que significan esas situaciones dolorosas por las Unas palabras sobre esta estancia en Nazaret. La vida
que pasa, sufre al ver a su Hijo perseguido. ¡Cómo no de Nazaret en cada una de sus etapas está precedida por
va a sufrir! Y al sufrir, al ver cómo el amor de su Hijo una oblación litúrgica. La primera es la Presentación en
no es amado, cómo el amor de su Hijo no es compren- el templo. Terminada la Presentación en el templo dice:
dido, Ella lo comprende, Ella lo ama, y lo ama por los luego fueron a Nazaret, estaban en Nazaret y «el Niño
que no le aman, lo ama con un sentido de reparación. crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia
María ama tanto a su Hijo que abrazándole, abraza en de Dios estaba sobre Él» (Le 2,40). La segunda vez, des-
Él a su Dios; identificada con Él, siente como hecho a pués de que Jesús se queda en el templo, cuando lo en-
sí misma la persecución hecha a su Hijo. Y viéndolo cuentran de nuevo, «Jesús se volvió con ellos a Nazaret
tan pequeño y ya perseguido a muerte, ama a su Hijo y y les estaba sometido» (Le 2,51-52), cosa que no decía
repara por todo el odio de Herodes, y le ama más pre- antes. «Y la Virgen conservaba estas palabras en su co-
cisamente porque lo ve perseguido de esa manera. Este razón. Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia». Pero ya
es el sentido de la reparación, sentido verdadero. No es no dice aquí «el Niño» sino «Jesús crecía en edad, sabi-
ninguna cosa de vinculaciones extrañas, no es más que duría y gracia». Hay unas variantes interesantes. Son dos
la reacción de un corazón amante ante la realidad de etapas, diríamos, en su contextura iguales, en su viven-
¡ Cristo perseguido. Así hemos de procurar vivir nuestra
cia interior distintas. Llaman la atención esas diferen-
i vida en ese amor, en esa relación personal. cias: En el primero no se dice que les estaba sometido,
se dice: «El Niño crecía en edad, sabiduría y gracia». En
Junto a esos momentos, tenemos que reconocer en la segunda etapa se recalca «les estaba sometido», y se
la Virgen los momentos deliciosos de la vida de fami- dice: «Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia».
212 Con María M 1 O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 213

¿Cómo podemos explicar esto como lección para vivir sometido a sus padres. Por eso no dice «el Niño»,
nosotros? El comienzo de la vida oculta en Nazaret es sino «Jesús crecía». No es el Niño ya, es Jesús. Es Je-
su Presentación en el templo en las manos de María: sús que se ha ofrecido al Padre en su permanencia en el
«Sus padres lo presentaron en el templo». Es su entre- templo. Es Jesús que se somete a sus padres libremen-.
ga, la oblación de la entrada en este mundo renovada te, después de haber mostrado su emancipación. Y ese :
como litúrgicamente por el ofrecimiento de sus padres. Jesús sigue «creciendo en edad, sabiduría y gracia», en
Y comienza la vida escondida, encuadrada por ese ofre- una vida de trabajo, de obediencia, de escondimiento,
cimiento, manteniendo la actitud interna suya de ofreci- de caridad y de familia. Son las dos etapas.
miento. Y crece integralmente, no solo en edad, no solo En esa etapa, María sin duda gozó mucho, pero tam-
en tamaño, sino en sabiduría y encanto, «sabiduría y bién sufrió la oscuridad de la fe. María va viendo cada
gracia ante Dios y ante los hombres». vez más el encanto de Jesús, se le va revelando. Ma-
La segunda etapa: hay otra oblación en el templo, ría es ese pobre a quien se revela el reino de los cielos
pero no se hace en este caso por manos de María. María como a nadie. Había aceptado con fe el momento de la
va a tener otra postura distinta, se va a sumar a la obla- Encamación, ahora se le iba expresando cada vez más,
ción, en una especie de anticipación del Calvario. Tie- conforme va creciendo. Va manifestando su bondad, su
ne mucha semejanza, de hecho, esa subida al templo. Y sabiduría, su prudencia, su encanto. Se le va revelando.
tendrá la semejanza, incluso, de los tres días que Jesús Y Ella lo va viendo como Hijo de Dios, que es su Hijo.
estará en el sepulcro, sin su Madre; aquí son tres días en María era testigo de ese crecimiento. Y si Jesús estaba
i los que también María sufre de, la ausencia de Jesús. La escondido, María estaba escondida con Él y vivía en el
· •diferencia está en que aquí es El el que se ofrece, ya es escondimiento ese misterio en la fe. Eso le llenaba de
. adulto. María se une a su ofrecimiento cuando le dice: satisfacción.
«¿Por qué has hecho así con nosotros? Tu padre y yo te
buscábamos con dolor». Hay un dolor asociado al ofre- Pero voy a detenerme en el gran dolor de la pérdida
cimiento de Cristo. de Jesús en el templo.
Terminado ese ofrecimiento que va a dar sentido a Para María, el único tesoro que Ella tenía era Jesús.
la segunda parte de su vida, Jesús, que había dicho que Vivía en una vida de familiaridad con Él, de amor, una
debe estar en las cosas del Padre, vuelve a Nazaret; lo vida ideal, ejemplar, de la familia cristiana. Es claro que
cual quiere decir que el estar en Nazaret es «las cosas son personalidades extraordinariamente equilibradas y .
del Padre», es la casa del Padre. El Padre lo quiere así, extraordinariamente altas, elevadas: María, José y Jesús. •
\y por eso, porque lo quiere así, comienza por decir: «les Pero nos dan ejemplo. Nos dan ejemplo de lo que debe
\estaba sujeto». Porque el niño no tiene que ponerse en ser el ideal nuestro, sobre todo en lo que podríamos lla-
)estado de sujeción, lo está porque es niño. Aquí es el mar la entrega de cada uno a los demás. En esa vida de
i adulto que se pone en estado de sujeción, que acepta el familia que ellos viven, el fundamento de una vida de fa- ,
M 1O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 215
214 Con María

milia así es, siempre, la abnegación de sí mismo. Es lo no estoy en la familia para ser servido: trabajo por ahí
que Jesús anunciará y predicará. Esto hay que entender- y, luego llego a casa y que me sirvan! No estoy para ser.
lo bien. A veces se piensa que la vida religiosa o la vida servido sino para servir, para hacer feliz al otro, para
' sacerdotal es vida de abnegación de sí mismo, y la vida hacer felices a los demás. Esto es lo que en la familia'
de familia se concibe como con menos abnegación, como de Nazaret está claro, y es lo que María con José y Je-
una vida de disfrute. Creo que es un gravísimo error, no sús viven. Cada uno de ellos sabe que no son los otros
puede haber vida cristiana sin abnegación. La verdade- los que le sirven, sino cada uno está al servicio de los
ra vida familiar cristiana, lo mismo que la vida cristiana demás. María repite: «He aquí la esclava del Señor».
simplemente tal, se funda en la abnegación. Porque la Jesús dice: «Yo he venido, no a ser servido, sino a ser-
abnegación es la cara o el reverso, si queremos, de la ca- vir». Y José es el que sirve a todos.
ridad, del amor, el amor que da la vida. Es el aspecto del
dar la vida, del amor. De manera que es el amor que da la Pues bien, viviendo ellos así, llega el momento duro
vida, es la abnegación. Y esto habría que enseñarlo muy en el que Jesús se queda en el templo. Decíamos, Je-
pronto a los hijos y también a los que van al matrimonio, sús es el tesoro de la Virgen, no tiene más que a Jesús.
en las conferencias prematrimoniales, que no deberían Llegan los doce años, Jesús sube con ellos a Jerusalén
ser simplemente de ilustración de ciertas dimensiones de a hacer la visita de la pascua al templo. A María por el
la familia y nada más, sino de iluminación sobre la base camino se le irían los ojos detrás de su Hijo, viéndolo
de esa vida de familia que es la abnegación cristiana. ya mayor, crecido en edad, sabiduría y gracia, centro de
¿Qué quiere decir abnegación? No tomar el egoís- la atención, del cariño de sus compañeros. Y caminan
mo como norma de vida. Eso es la abnegación. Es ne- así hacia Jerusalén.
gar el yo como determinante de nuestras decisiones y Llegan allá y, ¿qué hace Jesús en esos días? Lo que
: de nuestra conducta. Y esto lo tiene que vivir el matri- hacían todos los israelitas: primero, visitar el templo,
monio, y si no, no podrá durar mucho. Así, pues, no se subir al templo a adorar a Dios. Sube Jesús a ese lu-!
· casa uno para satisfacer su egoísmo. Entonces se com- gar escogido por Dios y adora al Padre en espíritu y en!
1

prende que el matrimonio cristiano es una vocación verdad. Adoración. En esa adoración Jesús se entrega
' por nosotros. Si nos acercáramos a los labios de Jesús'
y se comprende que es un camino de santidad de ver- '·
dad. Se abraza el matrimonio para amar superando el quizás escucharíamos nuestro nombre, porque Jesús re-:
egoísmo. Y esto lo vemos muy claramente en el ejem- petía su ofrenda. La ofrenda que dijo al entrar en este
plo de la familia de Nazaret. mundo, la vuelve a repetir ahora: «Eterno Señor, yd
¿Cómo se expresa esto? Se expresa de esta forma hago mi oblación. Yo vengo aquí, me has dado un cuer-
1
forma que luego Jesús predicará muchas veces, a saber:
' po, vengo para cumplir tu voluntad. Yo lo quiero, lo
¡«YO no estoy para ser servido sino para servir». Esto es deseo y es mi determinación deliberada entregarme así'
costoso, es la abnegación, es el amor que da la vida. Yo por ti», personalmente por mí. ·
216 Con María M 1O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 217

¿Qué más hace Jesús? Asiste a los sacrificios. Se sa- Se queda. Si lo vemos con realismo, quizá los ve mar-
crifica el cordero pascual que llevan por familias, y ve char, pero no se presenta porque es voluntad del Padre.
cómo el sacerdote den-ama la sangre del cordero. Él se Prevé el dolor de su Madre ¡y le duele!, porque la quie- ·
volvería pálido. Le preguntamos: ¿qué te pasa? Y nos re mucho a su Madre, la quiere mucho. Es lo que más
dice: me impresiona, es que es imagen de lo que van a quiere Jesús, su Madre. Pero, es la voluntad del Padre.
hacer conmigo, ese cordero soy Yo. Así voy a morir Yo Él dirá: «Quien no deje a su padre, a su madre, por mí,
también y a den-amar toda mi sangre por ti. Y renueva no es digno de mí».
su ofrenda, la ofrenda de dar su vida por mí. Se entrega Se marchan confiados. Nunca les había jugado una
por mí. Participa después en las lecciones de Escritura mala partida, era de absoluta confianza. Estaban segu-
que daban los maestros en las aulas diversas que había ros de su docilidad, de que Él venía con ellos. Y ha-
en las edificaciones del templo. Y hace su via crucis. cen la primera jornada, unos cuarenta kilómetros de
Esa es su ocupación. Está viviendo la pascua, anticipa- camino hasta el primer descanso, en el primer alber-
damente la que será la Pascua definitiva. gue. Y cuando se encuentran los dos, se pregunta uno a
Pasan los días de la celebración, y terminada la fies- otro: -Pero ¿no venía contigo Jesús? -Pues no, ¿no
ta, hay un sacrificio que Jesús ofrece porque se lo pide venía contigo? -No. -Pues vendrá entre los parien-
el Padre: el quedarse sin que lo supieran sus padres. tes. Examinan, miran, nadie lo ha visto. El dolor de la
¡Caminos misteriosos de Dios! Nosotros somos muy Virgen esta noche debió ser tremendo. ¡Tener que estar
fáciles en repetir el cuarto mandamiento, «honrar a sus allí esperando esa noche, con ansia de volver enseguida:
padres». ¡Y es verdad!, y desgraciadamente, a veces, a Jerusalén! ¡Cuántas imaginaciones tendría la Virgen!l
no se cumple demasiado. Pero, muy a la manera nues- Creen los teólogos que debió sufrir más que en laPa-
tra, nos parecería imposible que Dios pidiera a uno este sión, porque en la Pasión veía lo que estaba sucediendo.,
: sacrificio sin contar con sus padres. Porque aquí lo que Aquí imaginaba y no sabía, y podía imaginar las co)
' le pide Dios, en el fondo, es el dolor de su corazón al sas peores y más dramáticas. La Virgen sufre tremen-\,
ver las lágrimas de su Madre, por mí, por mí. Es lo damente. ¡:,
que es misterioso. Nosotros fácilmente establecemos Y esa noche en Jerusalén, Jesús quizás en las calles
las normas de Dios: Dios no puede pedir... Y cuántos o en el atrio del templo, tumbado en el suelo, no duer-
padres ponen obstáculos a la vocación de un hijo di- me de dolor, por el dolor de su Madre, porque la ama,
ciendo: «Dios no puede pedir eso, eso es sacrificio para la ama y su Madre ha caído en la cuenta de que Él no
nosotros», en esa posesividad que habíamos dicho. Y está. Caminos oscuros de la fe, ya anticipación del do-
no entienden que Dios pueda pedir a un padre el sacri- lor de la cruz. Ya está ahí «el signo de contradicción»,
ficio de su hijo. el camino misterioso: ¿y es este el Mesías?, ¿es este el
Jesús sabe que esa es la voluntad del Padre y llega el que va a ocupar el trono de David, su padre? ¿Me lo ha-
momento, y Él se queda cuando sus padres se marchan. brá quitado Dios porque yo no era digna de ello? Todo
218 Con María M 1O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 219

eso se preguntaría la Virgen. ¡Oscuridad tremenda de dirá más adelante aquella mujer: «Dichosos los pechos
su dolor de madre, de su corazón de madre tan unida a que te amamantaron y el vientre que te llevó».
Jesús! María muestra una serenidad espléndida en este
A la mañana siguiente, vuelta a Jerusalén, otra vez momento de oscuridad, y le dice: «Hijo». La primera y
los cuarenta kilómetros regresando. Llegan al anoche- única vez que en labios de María se pronuncia esa pala- 1
cer. Y esa noche están en Jerusalén, María y José por bra: «¡Hijo!». En las bodas de Caná no le llamará Hijo,
11
un lado, y Jesús por otro. Y Jesús no va a su encuentro. aquí sí, porque se le conmueven las entrañas de madre.
1
¡Esto es impresionante, cuando uno medita los caminos «¡Hijo!». Como llamó tambiénAbrahán a su hijo Isaac,,
del Señor. ¡No es falta de amor, fijémonos bien! A Él le cuando en el camino de la montaña le pregunta dónde
duele, no duerme pensando, pero es el sacrificio. Como está la víctima, y él le responde: «Hijo mío», ¡hijo!, con
le dolerá también ver sufrir a su Madre al pie de la cruz, sus entrañas de padre que se habían conmovido. Tam-
pero no le quita esa cruz. Es el camino de asociación: bién aquí es: ¡Hijo!, ¡Hijo! Y le dice una palabra que es
«una espada atravesará tu corazón». Y María recorda- una pregunta, que no es pregunta, en el fondo, es sim-
ría: esta es la espada de que hablaba Simeón, ya está, plemente una ponderación: «¿Por qué?, ¿cómo es que ,
es el dolor, el camino doloroso de asociación a mi Hijo. te has portado así con nosotros?», ¿por qué? Jesús cla-
mará en la cruz: «Dios mío, ¿por qué me has abando-
Y a la mañana siguiente Jesús, con la normalidad nado?». «¿Por qué nos has dejado así?, ¿por qué te has
de siempre: la adoración al Padre, la visita a las leccio- comportado así con nosotros?». Quizás no le pide ra-
nes de Escritura. Y estando allá, viene su Madre: «Lo zones, no le pide explicaciones. Es más bien la ponde-
encontraron en el templo, en medio de los doctores», ración: pero, ¿cómo?, pero ¿por qué esto, Señor?, ¿por
dice expresamente san Lucas. No es escuchando a los qué esto? «Mira que tu padre y yo, rotos de dolor, te
doctores, atendiendo a las lecciones de los doctores. Lo estábamos buscando». Es la indicación de cómo nues-
habían puesto entre ellos. «En medio de los doctores, tra vida debe ser una búsqueda de Cristo continua, con
preguntando y respondiendo», haciendo sus preguntas, dolor, con deseo. «Te buscábamos con dolor».
respondiendo a las que le hacían. Es como un momen- Pero junto al dolor profundo de la Virgen en esa
to del resplandor de la sabiduría de Cristo. Pero, con oscuridad de fe, en ese paso tan negro, anticipación
qué serenidad, mientras tiene ese dolor en su corazón, del paso del Calvario, Jesús muestra también un do-
el dolor de su Madre. Y ahí está respondiendo, con ad- minio absoluto del corazón; no una falta de amor, no
miración de la gente, que debía preguntar: ¿quién será una frialdad, sino dominio de su propio dolor, y le con-
, este?, ¿de quién será hijo? Y he aquí que se presenta su testa con otra pregunta de admiración: «¿Por qué me
\Madre, se abre paso, diría: ¡es mi Hijo!, ¡es mi Hijo! La buscabais?», pero ¿cómo es que me buscabais? «¿No
\verían, y se alegrarían de verla, la felicitarían por tener sabíais que Yo debo estar en las cosas de mi Padre?».
}m hijo así: «Dichosa madre que tiene tal Hijo». Como Aquí está el gran misterio de Jesús. Es como un fogo-
J
220 Con María M 1 O. La huida a Egipto y la pérdida en el Templo 221

nazo del misterio de Jesús ya en plena adolescencia, en de su unión con los hombres. Esto es lo que aquí sucede.
plena emancipación. Cuando María le dice: «tu padre Dice san Juan de la Cruz que en ocasiones, las gracias
y yo te buscábamos», Jesús contesta: «¿no sabíais que que Dios concede son de tal profundidad y de tal cali-
debo estar en las cosas de mi Padre?». Lo que predomi- dad, que la persona no las entiende, es decir, con frase
na es la voluntad del Padre, las cosas del Padre, la obra todavía más alambicada: «entiende que no entiende».
del Padre. Esto está por encima de todo y no hay nada El alma entiende que no entiende. No es un juego de
que objetar. palabras. Quiere decir que hay comunicaciones de Dios
«Pero ellos no entendieron esta palabra», ahí tene- que el alma capta pero sin entender conceptualmente,
mos una expresión sorprendente para nosotros. «No sin poderlo reducir a conceptos. Así nos pasa a veces,
entendieron esta palabra», ¿qué quiere decir? No en- que entiendo que queda mucho por entender, ¡pero en-
tendieron todo este comportamiento. No es que no co- tiendo eso! Entreveo que ahí hay un mundo. Entender
. nacieran que fuese el Hijo de Dios o que no entendieran que queda por entender es un gran don de Dios, porque
esta palabra «de mi Padre». Lo que no entendieron es es una inteligencia de eso que queda por entender, pero
todo lo que allí había pasado, porque era algo incom- que uno ha captado, por eso sabe que no entiende. Así
1 prensible. No lo entendieron. Y entonces «se vuelven lo expresa san Juan de la Cruz cuando dice:
·a Nazaret y María rumiaba estas cosas en su corazón».
Es impresionante, María aparece progresivamente «Y todos cuantos vagan
más separada de Jesús, como si hubiese una separación de ti me van mil gracias refiriendo,
progresiva. Primero es la separación del Nacimiento y todos más me llagan
mismo, del seno de su Madre. Luego, aparece aquí una y déjame muriendo
cierta separación: «¿Por qué me buscabais? ... las cosas un no sé qué que quedan balbuciendo»
de mi Padre». En las bodas de Caná le dirá: «Mujer, (Cántico espiritual, canc. 7).
¿qué tienes que ver conmigo?». Cuando una mujer le
diga: «Dichoso el vientre que te llevó», Jesús contes- Lo que me dicen los santos me entusiasma, me lla-
tará: «Dichoso más bien el que cumple la voluntad de ga, pero me deja muriendo ese no sé qué que quedan
mi Padre» (Le 11,27-28). Hay pues, como una separa- balbuciendo. Eso que veo, entiendo que no entiendo,
ción progresiva. ¿Es una verdadera separación? No, es eso que quedan ahí sin decir del todo, pero dice de al-
un progreso de María en la fe y en la unión con Jesús. guna manera. Pues bien, esto es la gracia que Dios co-
¿Cómo lo podríamos explicar? De esta manera, según munica, y esa gracia suele ser de comunicación de esos
algo que nos explica san Juan de la Cruz: el alma que va dones.
subiendo espiritualmente, cuando llega a ciertos nive- ¿Qué sucede, en realidad, en ese encuentro del tem-
les suele tener unas luces especiales sobre Cristo en su plo? Que Jesús revela a su Madre su misterio de filia-,
unión hipostática, en su filiación divina y en el misterio ción, que Ella conoce por la Encamación pero que Él•
222 Con María

. ahora se lo hace como tangible, visible. Él le dice: «las


cosas de mi Padre». Más allá de la Virgen y de José, HOMILÍA 3.a
«mi Padre». Es el verdadero Hijo de Dios. Y eso es
como un fogonazo que María entiende sin entender del MIRADA DE FE
todo. Entonces le pasa lo que en esas circunstancias,
que el alma queda como sobrecogida, no entiende, y
rumia para ir asimilando ese fogonazo de luz. Es lo que Hacíamos las reflexiones últimas sobre los caminos
hace María, «conserva estas cosas en su corazón». Y no de nuestra vida trazados por el Señor, sobre el itinera-
puede menos de proyectar sobre ese Niño que ve lue- rio de la fe, y recordábamos que son caminos que con-
go en la vida escondida de Nazaret, esa luz del templo. trastan con nuestro modo de pensar.
Está escuchando esa palabra: «Estoy en las cosas de mi Se suele decir de la fe que es oscura, se la repre-
Padre». Y lo ve así, unido al Padre en su filiación divi- senta con frecuencia con los ojos vendados. Pero esa!
na y ve que es su propio hijo, que su hijo es el Hijo de imagen de la fe con los ojos vendados no me satisface,
Dios. Y esto lo vive, le hace mirarlo con esa cercanía al la encuentro desafortunada, porque no se trata de ce-:
misterio del Hijo, bajo el velo de la fe, que volverá otra gar los ojos. Lo propio de la fe es una agudeza visualJ
vez a hacerse monótono: ver que está trabajando y su- no un tener los ojos tapados. La fe nos hace penetrar
dando ... Pero no puede menos de verle como el Hijo de en la realidad más allá de lo que captan los sentidos.
Dios que está en las cosas del Padre. Quiere decir que Lo que hay que poner es una mirada de fe, mirada
se ha hecho más estrecha la unión de María con su Hijo. penetrante, no oscuridad. No es ceguera. La fe por sí
Así va creciendo en el itinerario de la fe, a través de las misma no es oscura, la fe es luminosa. Todo lo que nos
luces y de las oscuridades de ese camino. dice la revelación del amor de Dios que se revela en
Cristo; toda esta visión de este Cristo transfigurado,
de ese Cristo que conversa con Moisés y Elías, que
quiere decir la culminación de la ley, del Pentateuco,
Moisés y los Profetas; todo lo que es el anuncio de la
venida del Mesías, todo converge en Cristo y ese Cris-
to es luminoso. Es el Hijo del Padre, el que el Padre
nos presenta diciendo: «Este es mi Hijo, el amado, es-
cuchadle» (Me 9, 1-9). Y ese Cristo que da su vida por
nosotros; la Eucaristía, alimento de vida, y la confian-
za en el amor que nos envuelve; como dice san Pablo:
«Si no ha perdonado a su propio Hijo, lo ha entregado
por nosotros, ¿cómo no nos va a dar todo con Él?»,
224 Con María H.3. Mirada deje 225

todo esto es luminoso. La vida de fe es una vida de ni le hagas nada, ahora sé que temes a Dios». ¡Claro
luz, de claridad. que Dios lo sabía!, pero en esto se ha manifestado que
¿Cuándo se vuelve oscura esa vida de fe? Cuando temes a Dios. No porque Dios no lo viera. Se te ha ma-
la miramos con la mirada de la razón pura, con unos nifestado, tú mismo has tenido una pmeba. «Ahora sé
ojos que no transparentan, que no penetran, sino se que- que temes a Dios porque no has ahorrado a tu hijo», tu
dan simplemente en el nivel de lo sensible. Entonces se único hijo, por amor a ese Dios; le has preferido por
me oscurece, claro está, me resulta todo oscuro. Como encima de tu único hijo y de toda la descendencia pro-
hemos dicho, cuando quiero comprender los caminos metida a ti de ese único hijo. Dios ha quedado por en-
del Señor con la concepción de mis caminos, entonces cima, tu confianza en Dios ha saltado por encima. Él ha
se me oscurece. Cuando decimos: Dios es Padre, Dios creído por encima de toda desesperanza moral, ha es-
es bueno, eso es consolador. Pero ¿si Dios es bueno, perado sobre todo motivo de desesperanza. Y entonces
. cómo permite el sufrimiento de esta criatura? Ya se me la palabra que le dice es: «Sé que temes a Dios», y aña-
ha oscurecido, porque estoy aplicando el criterio de la de: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor, por haber
bondad como yo lo entiendo, a mi manera, como yo ha- hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te
ría según mi modo humano de pensar, sin tener toda la bendeciré». «Por no haberte reservado», es decir, por
riqueza de providencia, conocimiento y amor de Dios no haberte agarrado a ese hijo único. Es lo que Dios a
en mí. Pues bien, esta es la realidad, a la luz de la fe es veces nos pide a nosotros, que no nos agarremos, que
luminosa. Hay oscuridad cuando perdiendo esa dimen- no nos ahorremos. Abrahán no ha ahorrado a su propio
sión interior, nos acercamos con nuestra razón humana. hijo, y es imagen de la ofrenda que el Padre hace de
Y la verdad es así: en nuestra vida hay momentos de Cristo.
luz, momentos de oscuridad, hay caminos luminosos y En efecto, en la lectura del apóstol san Pablo a los
caminos tenebrosos. Romanos hemos oído esta palabra: «el que no ahorró a
Tenemos que tener una confianza absoluta en el su propio Hijo». Dios es el verdadero Abrahán que de
misterio de Cristo que nos muestra el gran amor que tal manera nos ama a nosotros, que no ha ahorrado a
Dios nos tiene, que no ha ahorrado al propio Hijo. En su propio Hijo. Por eso es modelo para nosotros. Tene-
las dos primeras lecturas se nos presenta. mos que comprender hasta qué punto el Señor nos ama
y nos busca. Este es el fondo de nuestra fe: creer en el
La primera hablará del sacrificio de Abrahán. Abra- amor del Padre que se nos revela en la entrega de su
hán está dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac. Y al final Hijo. Y «el que no ahorró a su propio Hijo», el verda-
de esa pmeba que lleva de forma tan valiente, dispuesto dero Abrahán que sacrificó, a Él no se le ahorró, sino
a mostrar su amor a Dios a través del sacrificio del pro- que murió en la cmz, «que lo entregó por todos noso-
pio hijo, cuando está dispuesto a sacrificarlo el ángel le tros, ¿cómo no nos dará todo por Él?». Ahí está todo,
detiene y le dice: «No alargues la mano contra tu hijo si Él ha entregado a su Hijo, en Él nos dará todo. Por
226 Con María H.3. Mirada

eso tenemos una seguridad absoluta, que es la seguri- Esto nos gusta, es un momento de luz, es un mo-
, dad de la fe. Y entonces yo puedo abandonarme a esa mento de transfiguración, de consuelo, de paz, como
providencia del Señor y contar con ella. Y ese amor debe ser nuestra oración. Nosotros vamos a la oración,
de Dios me ungirá y me apretará siempre en medio de en ella muchas veces el Señor nos hace sentir algo de
esos momentos de oscuridad, pero también tendré mis su presencia y se está bien, se está a gusto. La oración
momentos de luz. es entonces nuestro descanso. Y de ahí viene la expre-
sión de Simón Pedro: «Maestro, qué bien se está aquí».
¿Cuáles son los momentos de luz? Aquellos en los Cuando el Señor nos consuela se está bien y uno se
que se me hace sensible el misterio del amor de Dios, querría quedar en esa tonalidad de la vida, querría que
del amor de Cristo. Es lo que sucede en el monte de la toda la vida fuera luminosa. Y para eso Pedro estaba
Transfiguración. dispuesto a hacer tres tiendas. Tenemos como un afán i
La escena de la Transfiguración sucede después de de retener la visión gozosa del misterio de Cristo, el
que Jesús había anunciado su muerte, después de que momento luminoso de nuestra vida. Quererlo retener
Él había anunciado cómo daría su vida: sería entregado es imposible, dice santa Teresa: «Así como nosotros no
en manos de los judíos ... Y al poco tiempo, a la semana podemos detener el curso del sol, aunque desearíamos,
Jesús subió al monte. Es como un retiro. Lleva consigo sino que vuelve a ocultarse y vuelven las tinieblas; de
a los tres predilectos, va a la soledad a hacer oración. la misma manera no podemos detener el consuelo de
Y allí, estando haciendo oración «se transfiguró delante Dios», no, supera nuestras fuerzas.
de ellos», es decir, puso su interior, lo que debe captar Entonces dice el evangelio: «Estaba asustado y no ;:
nuestra fe, a la vista de su sensibilidad. Es darle una vi- sabía lo que decía». Era una insensatez lo que estaba
sibilidad. Cristo es visibilidad del Padre, y Cristo dando diciendo. Si el Señor se muestra en momentos lumino-
su vida en el Calvario es visibilidad del amor de Dios sos es para esforzamos en el camino del seguimiento de
que entrega a su Hijo. Ahí, como que se ,abre el interior Cristo crucificado, reafinnamos en la visión de la cruz
de Jesús, se hace visible la gloria que El tiene dentro. y alentamos a ella. Ese es el objetivo. No debemos que-
«Se transfiguró: su rostro se volvió luminoso, sus vesti- damos en el momento luminoso. La iluminación de la
dos de un blanco deslumbrador», que no puede hacerse señal de dirección en una carretera no es para quedar-
con los medios terrestres, «y se les aparecieron Elías y se allí a la luz, sino para enfocar la carretera y meterse,
Moisés conversando con Jesús». Lucas nos dice: «con- aunque sea por el camino oscuro de una carretera llena ,
versando sobre su muerte», sobre el ténnino de su vida de curvas y de dificultades.
sobre la cruz. La conversación es la cruz, en lo que es Y por eso «se formó una nube». La nube es ima-
la presentación de un Mesías que es convergencia de gen del Espíritu Santo, la nube que envuelve la gloria
Moisés y Elías. El Mesías que va a venir es el Mesías de Dios. «Se formó una nube que los cubrió». San Lu-
predicho por Moisés y los profetas. cas dice: «Ellos sintieron temor al entrar en la nube».
H.3. Mirada deje 229
228 Con María

Que el Señor quiera, por intercesión de la Virgen,


En la oración entrarnos en la atmósfera divina. Entra-
rnostrársenos transfigurado. Es personal, el Señor lo
ron en ella y salió una voz, la voz del Padre que decía:
hace con cada uno de nosotros. Que al acercamos a la
«Este es mi Hijo amado». ¡Esta es la luz de la fe: «este
Eucaristía, a la Montaña Santa, al acercamos a ese Hijo
es mi Hijo amado»! Así corno Jesús había dicho a la
amado, el Señor nos haga sentir dentro de nuestro co-
Virgen: «debo estar en las cosas de mi Padre», ahora
razón esa misma palabra: «Este es mi Hijo amado», sí-
es corno repetir esa palabra en los oídos de la Virgen:
guele, escúchale, conforma tu vida según sus orienta-
«este es mi Hijo amado». «Estoy en las cosas de mi Pa-
dre», «es mi Hijo amado», ahí está el fondo de la filia- ciOnes.
ción divina de Cristo y de la obra de Cristo y de nues-
tra filiación divina. «Este es mi Hijo amado», es el que
el Padre ofrece. Es lo que le había dicho a Abrahán:
«Torna a tu hijo único -único indica lo mismo que
amado-, a tu hijo el amado, al que quieres, a Isaac, y
ofrécernelo». «Este es mi Hijo amado, este es el Isaac
que Yo ofrezco, escuchadle», atended lo que Él dice,
obedecedle, seguid las palabras que Él pronuncia. Es
el mensaje que nos quiere comunicar en el momento
de luz, en el momento de fe luminosa. Y el Señor nos
repite: «Este es mi Hijo, haz caso de lo que Él te dice
síguele, escúchale». '

Y de pronto, «al mirar alrededor no vieron a nadie


más que a solo Jesús». Cuando pasa el momento de la
luminosidad, vuelve uno a la realidad cruda de la vida
de cada día. Se encuentra uno con el sagrario de siem-
pre, con el Jesús de siempre, no el Jesús que le llena-
ba de gozo con esa visión, con esa transfiguración. y
vuelve uno a la realidad pero enriquecido interiormen-
te. Con fuerza interior para seguir el itinerario de la fe
. '
para Ir corno María siguiendo a Jesús con fidelidad has-
ta llegar a la cumbre en el ofrecimiento del Calvario
'
ese ofrecimiento que renovarnos en este momento.
ll.a MEDITACIÓN
LAS BODAS DE CANA

Vamos a reflexionar sobre el misterio de las bodas


de Caná, porque en ese misterio ve Juan Pablo II en su
encíclica Redemptor Hominis, la imagen, la presenta-
ción de la mediación materna de María, corazón mater-
no de María. De esta manera vamos a ver en Ella cómo
nos representa, cómo se interesa por nosotros.
Primero vamos a fijamos en una idea interesante en
el Nuevo Testamento, en la Carta a los Romanos con-
cretamente se habla de un sentimiento que se expresa
como gemido: «el gemido». En ese pasaje se habla de
tres grados de gemidos. En efecto, hablando de la situa-
ción del mundo en una visión impresionante, dice san
Pablo: «Nosotros gemimos en nuestro interior» (Rom
8,22s). Pero no solo nosotros gemimos, sino dice él que
«la creación entera».
¿Qué es el gemido? El gemido es como una impre-
sión fuerte interior, que tiende a expresarse, que se ex-
presaría en un grito, pero como que viene bloqueado,
casi diríamos, como que no tiene fuerza de expresarse
en toda su violencia y queda en un gemido.
Pues bien, dice así: «La creación entera está aguar-
dando en anhelante espera la revelación de los hijos de
Dios, ya que sabemos que la creación fue sometida a la
vanidad no por su voluntad, sino por el que la sometió.
Sabemos efectivamente que toda la creación gime», aquí
está el gemido, está gimiendo. «Gime y está en dolores
de parto hasta el momento presente». Hay un gemido de
232 Con María M 11. Las bodas de Can á

la creación. La creación está anhelando. La ve san Pablo a una utilización del cuerpo, diríamos, de forma espiri- '
como si gritara, como si deseara violentamente. Y ese de- tualizada, para que realmente sea instrumento de ese Es-
sear se queda en un gemido; un gemido como el que oye píritu; pero hay un peso. Y lo que esperamos nosotros es
una enfermera en un hospital, de un enfermo que no pue- la adopción filial, total, la redención de nuestro cuerpo.
de gritar pero tiene ese ay lastimero. Pues bien, «la crea- Gemido pues, de la creación, gemido nuestro.
ción gime y está en dolores de parto hasta el momento Pero hay otro más en este pasaje, continúa: «por-
presente; y no solo ella, sino también nosotros que tene- que en la esperanza fuimos salvados». Es decir, hemos
mos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de noso- sido salvados, pero no plenamente todavía, en esperan-
tros mismos esperando la adopción filial, la redención de za. La redención no es total en nosotros, tiene que lle-
nuestro cuerpo». Es una descripción bonita: la creación vamos a la superación de la carnalidad, a la superación
entera la ve toda ordenada hacia Dios, que tiende hacia del ser entero. «La esperanza que se ve no es esperanza,
Dios, y la siente como violentada por el hombre y desean- porque lo que uno ve cómo puede esperarlo; porque si
do llegar al cumplimiento de su objetivo. Gime la crea- esperamos lo que no vemos, en paciencia lo aguarda-
ción entera, como anhelando una vida nueva. Son los do- mos». Y añade: «<gualmente, también el Espíritu -y
lores de parto de una creación nueva, de una vida nueva. el Espíritu se entiende el Espíritu de Dios, el Espíritu
«Y nosotros también gemimos, aunque tenemos en Santo- viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque no-
nosotros las primicias del Espíritu», aunque hemos sido sotros no sabemos qué pedir para orar según conviene,
ya salvados, pero hay en nosotros un malestar. Y el ma- porque el mismo Espíritu intercede por nosotros con
lestar viene del anhelo, la necesidad de la redención del gemidos inefables». Es un pasaje bien hermoso este: la
cuerpo. ¿Qué quiere decir la redención del cuerpo?, ¿es creación gime, nosotros gemimos y el Espíritu nos ayu-
que hay una división: el alma ha sido salvada y el cuer- da con gemidos inenarrables.
po no? No es eso, sino siente el cuerpo como carnalidad, Si nosotros podemos captar el gemido de la creación
como peso. Y ese cuerpo con sus egoísmos, con su car- y el gemido de nuestro mismo ser, de nuestra corporei-
nalidad, con su sensualidad, etc., le impide que viva la dad, los gemidos del Espíritu son inefables. Es el Espí-
vida corporal como vida. Es peso de la vida, o sea, hay ritu el que en nosotros nos impulsa y produce un deseo
un gemido. Juan Pablo II habla mucho del sentido espon- que se convierte en un gemido del Espíritu, que nosotros
salicio del cuerpo, del sentido del cuerpo como expre- no somos capaces de expresar. Pero tenemos que prestar
sión de la persona, etc. Y es verdad, pero hace falta una atención, tenemos que abrimos para sentir ese gemido.
; gran purificación para que el cuerpo en nosotros realice Hay pues, podemos decir, un deseo de santificación en
esta misión que tiene; y entretanto nos pesa la carnali- nosotros. Es una primera idea esos tres gemidos.
dad. Por eso dice san Pablo que nosotros gemimos cuan-
do tenemos ya las primicias del Espíritu y porque las te- Pero los Hechos de los Apóstoles tienen otra refe-
nemos. Porque esas primicias del Espíritu nos impulsan rencia a unos gemidos en nosotros, es decir, los gemí-
234 Con María M 11. Las bodas de Caná

dos del pueblo oprimido. Es el discurso de Esteban que el gemido del pueblo, esta es su función. Vamos a este
cuenta cómo fue liberado el pueblo de Israel de Egipto, pasaje de la cananea, y después veremos cómo María es
dice así: «El Señor le dijo a Moisés: Quítate el calzado la verdadera cananea que intercede por nosotros, la ve-
de tus pies porque el lugar en que estás es tierra santa. remos así en el misterio de las bodas de Caná.
He visto bien la aflicción de mi pueblo en Egipto, he «Al marchar de allí Jesús se fue a los confines de
oído sus gemidos y he bajado a librarlo. Y ahora ven Tiro y de Sidón. Entró en una casa y no quería que se
que te envíe a Egipto» (Hch 7,33-34). Corresponde esta supiera, pero no pudo pasar inadvertido. En cuanto una
palabra del texto con el del libro del Éxodo en el que mujer, cuya hijita tenía un espíritu inmundo oyó hablar
se cita, no se llaman gemidos, sino grito, «el grito de de Jesús, fue y se postró a sus pies. Esta mujer era paga-
mi pueblo». Pero diríamos, es un grito expresado en na, siro-fenicia de nación, y suplicaba a Jesús que lan-
la esclavitud. Están dominados por el pueblo egipcio y zase de su hija al demonio» (Me 7,24s). San Mateo, re-
ese grito es sofocado por la violencia, por la falta de li- firiendo este mismo hecho nos formula la patria de esta
bertad. Y en los Hechos de los Apóstoles, en este relato mujer de esta manera: «He aquí que una mujer cananea,
se transforma en gemidos. Es el gemido de un pueblo siro-fenicia, salió de aquellos contornos y se puso a gri-
esclavizado, de un pueblo que ha perdido la libertad, tar -los gemidos de esta mujer-: Ten piedad de mí,
que está oprimido y clama a Dios desde esa situación, Señor, hijo de David, mi hija está atormentada por un
pidiendo su libertad, como implorando su ayuda con demonio» (Mt 15,2ls).
gemidos. Notemos algunos particulares que a nosotros se nos
Si unimos estos aspectos que hemos visto, Carta a pasan desapercibidos, naturalmente. Se dice de esa mu-
los Romanos y Hechos de los Apóstoles, podemos en- jer que es cananea. Los cananeos eran el pueblo ene-
contrar el gemido acompañado por la presencia del Es- migo de Israel. Por lo tanto, quiere indicar una nación
píritu y de su impulso; el gemido de la creación, de no- pagana, hostil. Jesús se encuentra en este momento en
sotros mismos que nos sentimos esclavizados por las esa zona gentil, diríamos de la oscuridad. Y por otro
pasiones, por las dificultades, e imploramos la libera- lado habla de Tiro y Sidón, que son ciudades que eran
ción. Y Dios escucha ese gemido. emporios de comercio, de riqueza. Si no dijera esto, se
perdería en la masa de un pueblo gentil. Pero además
Vamos a ver otra escena, que es el paso famoso de se añade que es un pueblo lleno de desmTollo económi-
la mujer cananea. ¿A qué viene esto?, ¿por qué vamos co, pero gentil. De ahí surge esta mujer cananea. Y la
a verlo? Porque son pasajes que presentan muy gráfi- característica de esta mujer es que se pone ante el Se-
camente una situación de intercesión, que luego apli- ñor, se arrodilla ante Él, le va a presentar al Señor una
caremos al corazón de la Virgen. Hay un pueblo sin li- necesidad, y grita.
bertad, esclavizado, que gime; una naturaleza nuestra ¿Cuál es esa necesidad? «Mi hija está atormentada
que gime. ¿María qué va a hacer? María va a recoger por un demonio». La característica que presenta la mu-
236 Con María M lJ. Las bodas de Can á 237

jer es una solidaridad con su hija, «mi hija». Ella está con su hija, porque la suerte de su hija le toca a ella,
como absorbida por su hija. ¿Qué podemos pensar de la porque ella está marcada por su hija. Y es valiente, y el
madre? Ella estaba avergonzada de su hija, ella estaba amor que le tiene y la esperanza de su salvación le lleva
bloqueada, estaba totalmente absorbida la hija, como a esa postura audaz, y obtiene de Jesús.
sucede cuando hay una persona así en casa. ¿Qué hacía Jesús le dice entonces: «Vete, por tus palabras ya
el demonio con la niña? Tenemos ejemplos semejantes: ha salido de tu hija el demonio. Ella marchó a su casa
la suele echar por tierra, la maltrata, es cruel. Y esa hija y encontró a la niña echada en la cama y que el demo-
muchas veces es dura con su madre también, y quizás la nio se había ido». Vuelve la paz, vuelve la serenidad.
ataca, le pega. Y la madre disimula, y la madre aguanta, Porque el tener así a una hija en casa, de esta manera
y está así. agresiva, violenta, que se hace daño a sí y hace daño a
Esta es la figura de esta mujer: una mujer que tiene quienquiera que se le acerque, hace que para disimular,
una hija endemoniada que la bloquea, que la ocupa en- su madre se cierre en casa con su hija y evite que salga
teramente, que la tiene totalmente ensimismada en ella. cualquier signo, cualquier grito. Pero ahora se encuen-
Y esta mujer es impertérrita, es valiente. Precisamente tra con que todo está en orden. Ella puede actuar ya, se
por su situación se lanza a Jesús, a pesar de que Jesús puede comunicar con los demás, ya puede dejar pasar
no es de la región, es israelita, judío. Pero ella se lanza, a la gente a su casa. ¡Su hija se ha curado!, y ella se ha
le pide, y le pide con una enorme tenacidad. Es otra de curado también. Se encuentra liberada cuando su hija
las características: es constante, tenaz, insistente. Y le se encuentra curada.
presenta la necesidad, como siendo ella expresión de Este es el paso muy hermoso, que nos introduce en
los gemidos de su hija: «Mi hija es atormentada por el María: María es la Madre que se ensimisma en nues-
demonio». Entonces, esta mujer se queda clavada a los tra miseria, que nos defiende, que nos protege; a la que
pies del Señor, de rodillas. muchas veces nosotros herimos con nuestra postura de
Jesús no le escucha: «Él le respondió: Deja que se egoísmo. Pero Ella nos protege, nos cuida e intercede
sacien primero los hijos, que no está bien tomar el pan ante el Señor, presenta nuestros gemidos. Así como se
de los hijos y echarlo a los perrillos». Ella, con esta pa- nos dice: «ha llegado el gemido del pueblo hasta mí»,
labra se sentiría herida, porque es despectiva, «¡los pe- María es, diríamos, la expresión de ese gemido, y lo es
rrillos!». Pero le contestó: «Hazlo, Señor, también los con su corazón materno.
perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hi-
jos». Jesús le dijo entonces: «Vete, por tus palabras ya Con este fondo podemos entender esa mediación
ha salido de tu hija el demonio». ¡Por las palabras de la materna de María. Para eso vamos al pasaje de las bo-
madre! Hay pues, como una identificación de las dos. das de Caná. Ese capítulo de san Juan está introducido 1
La hija no lo ha podido pedir, no se le ha podido ocurrir por una frase de mucha riqueza: «Tres días después». El
el ir donde Jesús. Ha sido ella porque está identificada tercer día es la plenitud del tiempo, tercer día, la Resu- •
238 Con María

rrección. Dentro del primer capítulo de san Juan se han ca en el lago de Tiberíades. No es un milagro en sentido
contado cuatro días; este es el capítulo segundo, y em- estricto, pero sí es misterio, tiene un sentido, una signifi-
pieza ahí: «Tres días después» se celebra el momento cación. En cambio, otros son verdaderos milagros.
de las bodas de Caná. Viene a significar, si lo vemos en De hecho, el milagro de las bodas de Caná lo llama-
comparación con los siete días de la creación, el día de rá él: «Este fue el primer signo que hizo Jesús», el proto-
la creación del hombre, la semana de la nueva creación. signo. Signo quiere decir algo que tiene como finalidad
Pues bien, «a los tres días -introduce así san manifestar la gloria de Dios. Y al manifestar la gloria de
Juan- hubo una boda en Caná de Galilea, en la cual Dios y ser percibida, produce fe en los discípulos. Así
' la Madre de Jesús». La figura de María en
se hallaba que juegan esos tres términos: signo, gloria, fe. Dice:
estas bodas tiene un lugar indudablemente central, por- «Este ~e el primer signo y manifestó su gloria, y creye-
que se nos dice: «Hubo una boda, y la Madre de Jesús ron en El sus discípulos». Para el evangelista san Juan,
• estaba allí». Diríamos que casi es, en cierta manera más Jesús crucificado es signo, ,en Él se revela la gloria, y
central que la presencia de Jesús, porque la presencia contemplándole se cree en EL Signo, gloria, fe. •
de Jesús se introduce así: «La Madre de Jesús estaba En todo el evangelio de san Juan hay que tener esa
allí; fue invitado también Jesús con sus discípulos», la mirada penetrante y estar seguros de que el evangelista
impresión que da es que María está más por título pro- al relatar hechos, y hechos verdaderos, ve en ellos un
pio. Sabemos que Jesús es el personaje principal, pero sentido más profundo: el sentido de la revelación de
llama la atención esa estructura del paso en san Juan. Cristo, el sentido del mensaje evangélico.
Concretamente en las bodas de Caná, el sentido de '
San Juan sabemos que utiliza los signos. Los mila- este pasaje es la redención y lo que significa es: las bo-
gros en san Juan son denominados signos. No tiene el das de la humanidad y la Divinidad, la reconciliación,
carácter de disminución del milagro, ni mucho menos, la Nueva Alianza de Dios y el hombre por la sangre de
se trata de verdaderos milagros. Pero quiere recalcar Cristo en el Calvario. Entenderemos mejor el misterio
que no son milagros hechos como por prestidigitación, de las bodas de Caná si ponemos como telón de fondo
no son milagros hechos como simple manifestación del el Calvario. Es lo que se está realizando en el Calvario,\
poder de Dios: yo puedo hacer eso y entonces siembro la redención.
milagros por ahí. No, son signos. Son milagros que pre- San Juan ha querido recoger en este hecho los as- '
tenden significar. Y él, en muchos de los pasos destaca pectos diversos de la obra de la redención; no solo de
que eso es un misterio. Los milagros son signo y otros la obra de la redención que suele llamarse objetiva: la
hechos que no son milagros, pero están llenos de signi- redención realizada en el Calvario por Jesús en la eta-
ficación. Son misterios que tienen una significación más pa de su vida mortal; sino la obra de la redención en la
profunda que la mera realidad que se percibe con los Iglesia y la asociación plena de María a la obra de la re-
sentidos. Por ejemplo, para él tiene significación la pes- dención. Por eso aparecerán: la Virgen, Jesús, los discí-,
Con María M 11. Las bodas de Caná 241

pulos, los novios, los ministros, que representan y están pierde. Lo podemos ver significado en ese vino que se
significando a los ministros de la Iglesia, a los apósto- acaba, el vino de la alegría humana se acaba.
les, a los colaboradores de la obra de la redención. Todo «Había unas bodas en Caná de Galilea. Estaba la
eso pues, tenemos que tenerlo como fondo. Madre de Jesús». Ese estaba nos está recordando una
Hay una obra que realizar, una salvación de una hu- expresión que usará el mismo san Juan en la cruz: «Es-
manidad que gime, de una naturaleza nuestra que gime, taba crucificado y estaba junto a la cruz su Madre» (Jn
con un Espíritu que con gemidos inexplicables pide esa 19,25). Estaba Jesús con sus discípulos y empieza a fal-
redención. Y ahí va a intervenir ahora el hecho de la tar el vino». Si nos hacemos presentes a ese misterio, a
redención, significado en este episodio de las bodas de ese momento, veremos que ese faltar el vino no hay que
Caná. entenderlo como que de repente se acaba, no se acaba
de repente. Tendríamos quizás que formularlo de esta
«Hubo pues, una boda en Caná de Galilea». Cuando manera: empezó a escasear el vino, escaseaba. Y eso se
se habla de la boda, se habla de un hecho real, históri- advierte en la manera de proceder de los servidores, de
co: se casaban dos en Caná de Galilea, que está a unos los que están escanciando el vino, que quieren aprove-
ocho kilómetros de Nazaret. «Y estaba allí la Madre de char, que no acaban de surtir con nuevo vino a todos ...
Jesús». Podemos deducir de esto que Jesús no elimina Esta es la postura y es la situación.
los gozos humanos ni mucho menos, no nos arranca del Vemos un signo, una realidad, una creación que
nivel humano, de las alegrías humanas. Lo que quiere gime, un pueblo representado por esos que están invita-
es ser invitado a ellas, y esto hemos de procurarlo. Ma- dos y por los novios que desean, que en el fondo tienen
ría está allí invitada, y Jesús es invitado también con una necesidad.
sus discípulos. Las alegrías humanas son buenas y au- En esto, le dice la Madre de Jesús a este: «No tie-
ténticas cuando soportan la presencia de Cristo y de la nen vino». Aquí está el corazón de la cananea, el cora-
Virgen. Por eso es buen ejercicio el invitar a Jesús y a zón materno de la Virgen. Juan Pablo II en la encíclica
María a nuestras alegrías, que estén presentes, que sean Redemptoris Mater insiste mucho en que María al lado i

1 patentes a sus ojos, a su mirada, a su presencia. de Jesús va afinando su caridad, su amor de madre. Ma-
Pero sucede una cosa: las alegrías humanas, con el ría tiene un sentido, como lo tiene una madre para es-
i ejercicio se deterioran. Así como hay una ley de la de- cuchar el gemido del hijo aun cuando esté durmiendo.
gradación de la energía, hay una ley de la degradación María es así, aparece como resonancia del gemido, de ,
del gozo humano. Cuando es puramente humano hay la necesidad del pueblo, está ensimismada en ella. Esa i
una exultación de alegría y luego se va desgastando y es su postura en las bodas de Caná, y en la Iglesia y en
se va perdiendo, se rebaja. ¡Tantos matrimonios que la vida de cada uno de nosotros, está al tanto. Es una
han languidecido! Hay tanto placer, deseos de placer en actitud preciosa. María aparece, no como quien está re-
una juventud hastiada luego del placer. Se degrada, se cogida, retirada, como quien está ahí con los ojos bajos.
242 Con María M 11. Las bodas de Caná 243

No, Ella tiene, como decía santa Teresita, «el golpe de ello. ¿Por qué entonces actúa así? Tengamos esto pre-
ojo». Ella decía que cuando estaba jugando con las de- sente porque en su grado, cada uno de nosotros tiene
más niñas se sentía que no se identificaba con nadie; se que ser también intercesor de su pueblo. Esto lo lleva-
1
retiraba bajo un árbol y entonces tenía una visión total, mos todos. Es lo que en el Apostolado de la Oración
un golpe de ojo, así, una ojeada. Pues María es así. Es- queremos suscitar en todos los corazones: la concien-
taría allí, tendría su ocupación. De ordinario las muje- cia de que cada uno de nosotros tiene que asumir los
res no se sentaban a la mesa, servían. Pero está atenta, pecados de los suyos, las almas de los suyos, las ne-
no se le escapa nada. Tiene la penetración del corazón cesidades de los suyos. Porque no es que solo es Ella
materno, con su sensibilidad especial. Y advierte que colaboradora. Todos los que hemos sido redimidos so-
allí falla, que algo empieza a faltar. Y cae pronto en la mos asumidos como colaboradores. Por eso tenemos '
cuenta: ¡ha empezado a faltar el vino! Entonces, con que aprenderlo de la Virgen.
esa intuición femenina, que no es un análisis de los he- María pues, interviene. ¿Para qué? No para infor-
chos sino una captación de corazón, no es Ella la que mar a Jesús de algo que Él no sepa. La oración no es
lo va a remediar, sino que acude a quien puede reme- para informar a Dios de lo que Él no sabe. Estamos se-
diarlo. E inmediatamente, sin que nadie le pida nada, guros de que el Señor lo sabe, Él lo ha dicho: «Vuestro
va donde Jesús y le dice: «No tienen vino», nada más. Padre sabe que necesitáis todo eso». No es esa la razón.
Aquí está el primer aspecto de la intervención de Tampoco es para mover a que haga algo que Jesús no
María, de su corazón materno. En todo momento du- quiere hacer, como si el Señor no estuviera decidido a
rante su vida sobre la tierra, como se ve en este mi- hacer y le cambiáramos la voluntad. A veces se des-
lagro y en la vida de la Iglesia, una de las vertientes prestigia la oración por estos capítulos, y el argumento
1
de su mediación consiste en presentar a Jesús, que lo es capcioso y falso.
puede remediar, las necesidades de su pueblo, el gemi- La verdad es que Dios quiere remediar muchas ne-
do de su pueblo, que en su corazón se ha hecho peti- cesidades, pero no lo hace si no hay petición, si no hay
ción. Essu función continua con nosotros. colaboración del hombre. Quiere hacer, pero contando
con la colaboración del hombre. Y la primera colabo-
Ahora, vamos a analizar un poco por qué interviene ración es la petición, el reconocimiento de la necesidad
María así, cuál es el sentido de la petición de la Virgen. que hay de la acción de Dios y la súplica de esa acción.
La petición de María es dignísima, es simplemente de Luego habrá otra colaboración, que será la petición de
, presentación. No le dice lo que tiene que hacer, única- actuar con la gracia de Dios. Pero ya la primera es cola-
mente le pone delante: «No tienen vino», nada más. Lo boración esencial. Entonces, nosotros no rezamos para
demás lo confía al Corazón del Hijo, que Ella cono- que Dios cambie su voluntad, sino para que se cumpla la
ce muy bien. Y además, tiene esa intuición de corazón voluntad de Dios: «hágase tu voluntad, en la tierra como
, materno de que su Hijo lo va a remediar, está segura de en el cielo». Y eso todos y, en la intercesión de todos.
244 Con María M 11. Las bodas de Can á 245

· Pero es muy cierto que Dios no concederá gracias si la lo entendió como algo positivo, como indicación de su 1
Virgen, Madre nuestra, solidaria con nosotros, sin que voluntad de realizar el milagro, puesto que a continua-
esa cananea -pongamos ahí el nombre de la mujer-, ción da por supuesto que va a intervenir. Por lo tanto, ·
se postre ante Él pidiendo por su hija, con la cual está Ella entendió correctamente como concesión ofrecida
identificada de tal manera que la enfermedad de su hija por Jesús. Pero en realidad la palabra es dura: «¿Qué
la marca a Ella misma en su corazón. Entonces concede- tienes que ver conmigo, mujer? No ha llegado aún mi .
rá. Esto es muy grande y muy importante. Juan Pablo II hora». Para su inteligencia nos ayudarán dos cosas: Pri-
lo recalca en la encíclica mencionada. Pero además, es- mera, que las bodas de Caná se trata de un signo de la
toy persuadido de que la insistencia actual en el desa- redención. Y «la hora» se llama al momento de la re-
rrollo de la doctrina de la salvación va por la persuasión dención. «No ha llegado aún la hora»; llegará la hora,
y la predicación de que Dios no concede nada si no se el momento de la cruz. En este sentido, no ha llegado
pide por intercesión de María; y que Dios lo quiere así la hora de la realidad de la redención. Pero, no hay di-
porque quiere glorificar a su Madre. Notad que estas co- ficultad en admitir que Jesús hace esa intervención por
sas no se suplen. Muchas veces decimos: «bueno, pues intercesión de la Virgen ahora. Y la Virgen entiende que
Dios suplirá», como si el pedir fuese algo de lujo. Yo la va a hacer, pero a manera de signo de lo que será la
· estoy seguro de que no obtenemos muchas cosas porque redención después.
no pedimos, y porque no pedimos de verdad por María. Hay una segunda cosa que hay que tener presente: .
Por eso hay que aprender este camino, que es camino Jesús quiere recalcar que su obra de redención, todo su
importante. ministerio no se mueve en el nivel de los lazos de carne ·
María, pues, interviene, no para informar, no para y sangre, es decir, que Él no actúa simplemente por vo- ·
cambiar la voluntad. ¿Por qué interviene? Por su fun- luntad de su Madre. Él tiene sumo interés en que apa-
' ción de madre, por su corazón de madre. Dada su ensi- rezca claro que la acción de redención y de salvación
mismación en sus hijos, lo que son necesidades de sus se realiza solo por la hora del Padre, por la voluntad
hijos, se convierten en el corazón de la madre en de- del Padre, por el tiempo marcado por el Padre, y no por ·
seo y oración. Esa es la intervención materna. Y esto lo influjos de carne y sangre. Y esto lo proclama: «¿Qué·
hace por su oficio de madre. Y Jesús quiere que lo haga, tienes que ver conmigo, mujer?, no ha llegado aún mi
¡quiere! Es la condición para su misma intervención. hora».
Pero hay que decir claramente que la intervención
A esta intervención de María, Jesús responde: de María no era de carne y sangre, esto es verdad. La
«¿Qué tienes que ver conmigo, mujer? No ha llegado intervención era en la fuerza de su maternidad espiri-
aún mi hora». Es palabra indudablemente enigmática tual, la cual el Señor había ido preparando en su cora-
J y misteriosa. No hay que quitarle nada. Pero hay que zón. Lo que pasa es que ante la gente que allí había, lo
añadir, al mismo tiempo, que la Virgen lo entendió, y que aparecía a sus ojos era la relación de carne y san-
246 Con María Mll. Las bodas de Caná 247

gre. Si, por lo tanto, Jesús no proclamara su libertad siente la necesidad del pueblo y prepara los corazones
respecto a esos condicionamientos, y sí, en cambio, su a la docilidad a Cristo. Y por eso Ella, intuyendo lo que
unión a los lazos de una maternidad espiritual, vincu- va a suceder, antes de retirarse se dirige a los servido-
lada a la voluntad del Padre, en cumplimiento de la vo- res, les vendría a decir así: estáis pasándolo mal, falta
luntad del Padre, se podía entender equivocadamente vino, ¿verdad?, ¿escasea? Pues mirad, ¿veis aquel que
su intervención, como si hubiera sido simplemente he- está allí? Id a Él y «haced todo lo que Él os diga». Esta
cha por lazos de carne y sangre. Entonces proclama: es la función de la Virgen, «mediadora al Mediador»,
«¿Qué tienes que ver conmigo, mujer?, no ha llegado lleva las almas a Cristo: «<da Él». Y prepara los cora-
aún mi hora». Es su postura pública clara. Si el Señor zones para la unión con Cristo, para la docilidad a ÉL
se hubiese dejado llevar en ese momento, digo si no Su función materna es esta, y la realiza.
hubiese aclarado esto y hubiese procedido simplemen- Se lo dice con una convicción tan fuerte, con una gra-
te porque le pedía su Madre, se podía interpretar que cia tan grande, que solo eso explica que ellos sean tan
siempre en la vida de la Iglesia podría haber un influjo dóciles para ser ministros de las obras divinas. Ser mi-
de carne y sangre de los parientes de los ministros de nistro de las obras divinas es algo muy difícil, porque es
Cristo. Y esto debe estar muy limpio. La acción en la algo que nos supera y que no se rige por los criterios de
Iglesia no debe estar condicionada por la carne y san- nuestra limitación. Es colaborar en obras a la altura de
gre, sino por la voluntad del Padre. Es un ministerio sa- Dios, y esto nos sobrepasa, nos causa vértigo interior-
grado que es glorificación del Padre. mente. Hay que tener un corazón muy fuerte, una fe muy
Jesús pues, aclara. No es que se niegue a hacer lo firme, para que uno se preste a colaborar en esas obras.
· que se le pide, porque la intervención de María es de su Y María prepara el corazón: «Haced todo lo que Él os
maternidad espiritual, no es de sus lazos de carne y san- diga». Con qué convicción debió decir esto la Virgen,
gre. Si María es Madre, si María interviene en esta obra con qué fuerza: «todo lo que Él os diga». Era como de-
es por voluntad del Padre, porque es la hora del Padre. cir: aunque os parezca difícil, aunque os parezca absur- :
do, «lo que Él os diga», «¡haced todo lo que Él os diga!» .
María lo entiende, y antes de retirarse, gozosa de Y una vez preparado el corazón de los servidores
haber podido aparecer así, por su apariencia exterior para la obediencia apostólica a Cristo, María se retira,
como reprendida por Jesús; gozosa también porque y se retira gozosa. Da la impresión de que se retira lle-
cumple su misión y se mantiene en la postura de una na de paz, como frotándose las manos, pensando lo que
Madre humilde, que no quiere aparecer en todo ni ser va a suceder: ahora va a ser el momento de la gloria de
, Ella el instrumento de todo; antes de desaparecer, pre- Cristo, ¡ahora va a actuar el Señor «a lo Dios»!
para. Es la segunda parte de su función materna, prepa- Y en efecto, aquellos servidores que andaban tan an-
ra el corazón de los servidores a la docilidad a Cristo. gustiados -tenemos que hacernos presentes de un mo-
Esta es su segunda vetiiente como corazón mediador: do realista a esta escena-, con apuro, llenando un poco
248 Con María M 11. Las bodas de Caná 249

a medias a ver si llega algo más... ¡Que no llega, que vino riquísimo; tanto, que se enfadó con los novios y
esto se está acabando! El mayordomo que está rigien- les gritó: «Pero, ¿qué es esto? Todo el mundo pone pri-.
do todo aquel escenario les urge a que llenen los vasos, mero el vino bueno, y cuando ya no distinguen un vino
que están muy lentos. Y ellos no quieren decir la ver- de otro, entonces saca el vino peor. Pero tú has guarda-
dad. La situación está muy tensa. Y María les dice: es- do el vino mejor para el fin», porque no sabía de dónde 1
1 táis mal, lo pasáis mal, id a aquel, «haced todo lo que Él había venido el vino. «Los que habían visto el signo sí ·
os diga», todo, por absurdo que os parezca, ¡todo, todo! que lo sabían», los servidores sí que sabían lo que había
Ellos se acercan y le dirían: Señor, aquella mujer pasado, pero él no. Aquí todo está lleno de significación
que va por allá, nos ha dicho que vengamos. Es que no y de misterio.
llega el vino, está escaseando mucho, ¿qué hacemos? Y ¿Qué quiere decimos esto? En primer lugar, que!
Jesús les dice: «¿Veis aquellas tinajas?, en que cabían esa agua transformada en vino significa los bienes 1
unos quinientos litros; llenadlas de agua». ¿Veis la im- de la redención, y particularmente el corazón bueno de
portancia de la preparación del corazón de la Virgen? la redención, la nueva creación, el corazón gozoso. El
Nosotros diríamos hoy fácilmente que es una orden sin corazón sereno, lleno de alegría, es el «vino bueno».
sentido. ¿A qué viene eso, si lo que falta es vino?, ¿que El Señor no crea de la nada ese vino nuevo, sino que
me digan que llene las tinajas de agua? ¡Si agua tene- transforma la naturaleza en gracia, transforma el cora-
mos toda la que queremos!, ¡si no está ahí el proble- zón egoísta en corazón generoso. Y esto es lo que es el
ma!, ¡esta persona no ha entendido! Y sin embargo, con milagro, verdadero milagro, más difícil que esa trans-
qué eficacia se lo dijo María, que ellos «las llenaron formación del agua en vino. Pero eso es lo que es sig- :
hasta el borde». ¡Si sería un espectáculo verles! Por un nificado por el milagro: la transformación del corazón
·lado el mayordomo gritando: ¡llenad esto! Y unos es- egoísta en corazón lleno de amor y de caridad, con lo
tán corriendo ... Y ellos venga a llenar de agua, venga a que lleva eso de gusto, de sabor, de riqueza, de alegría, ·
llenar de agua las tinajas, y dale y dale. «Las llenaron de energía, de ser germen de una civilización del amor.
·hasta arriba». Esa transformación no la hace el Señor por puro mi-
Terminan y se vuelven otra vez: ya están llenas, lagro, sino con el ministerio de los servidores del rei-
¿ahora qué? Puedieron decir: «Ahora, sacad de esas ti- no. Pero tienen que ser servidores dóciles a Cristo y
najas y llevádselas a aquel energúmeno que está gri- que crean en Él. Y la función de María es preparar esos
tando, al mayordomo que está de mal genio, llevádselo corazones dóciles a Cristo, que crean en Él, que estén :
para que lo pruebe». Eso ya es objeción de conciencia, dispuestos a hacer todo lo que Él diga, ¡todo! Aunque
obedecer en esas condiciones. «Pero, ¡si nos va a tirar humanamente parezca imposible. Nuestra acción dis-
con tinaja y todo! Pero ¡si hemos metido agua!, ¡si el minuye y es poco eficaz por falta de fe, porque no nos
señor ese pide vino!». «Llevádselo al mayordomo». Y dejamos modelar por María, porque no creemos en la
ellos se lo llevaron. Y él gustó el agua convertida en fuerza de la gracia. Si tuviéramos fe, «todo es posible
250 Con María M 11. Las bodas de Can á 251

al que cree». Pero esa fe es don de Dios. Tenemos que ley del crecimiento. Lo que yo he gustado del Señor es
colaborar, pedir, tenemos que ser consecuentes y seguir lo menos, Él guarda mucho más que me quiere dar. La
.la moción del Señor. Que la Virgen vaya educándonos paz que yo he gustado es insignificante al lado de la que
1
en esa docilidad. Él quiere darme, de la que Él quiere que sea el gozo
Ahora bien, cuando uno se encuentra con un co- de mi corazón; pero tengo que seguir ese camino. «Tú
razón así se queda sorprendido. Resulta tan grato en- guardas el vino mejor para el fin».
contrar un hombre de corazón ilimitadamente bueno.
Quien no ha intervenido y no le conocía antes, cree que Y María es la medianera. Es la artífice discreta, la
nació así. Entonces viene el asombro del mayordomo medianera llena de humildad, de sencillez, que se goza
que dice: «has guardado el vino mejor para el fin». Pero en esta progresión de nuestro amor, en esta progresión
el que ha intervenido sabe que este corazón tan lleno de los dones de Dios, que nos acompaña en todos ellos,
de bondad, de amor, tan ilimitadamente bueno, era un y que en todos ellos continúa realizando esa misión de
corazón egoísta, agua que se ha transformado en vino. intervenir por nosotros; la intercesora continua con co-
¡Era agua!, el que interviene sí que lo sabe. Y este es el razón de madre y la que va modelando nuestro corazón
. gran signo de Cristo y la gran gloria de Dios: la hilera está interviniendo constantemente a lo largo de la Igle-
·interminable de hombres transformados por Él, por la sia, preparando nuestros corazones para la sumisión, la
fuerza de su Espíritu, por la fuerza de la redención, y docilidad y la unión con Jesucristo. Es verdaderamente
que se han hecho buenos, ilimitadamente buenos. nuestra medianera de corazón materno.
El mayordomo, ante este sabor delicioso, como tie-
ne realmente el corazón bueno, fruto de la redención,
dice esa expresión que significa, sin duda, una especie
de ley: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y
deja el malo para el fin». ¿Qué expresa esto? La ley de
¡la degradación de la energía que hemos dicho, la degra-
i dación del gozo, de la alegría puramente humana. Es,
\todo el mundo pone primero gran entusiasmo, luego se
1

1 acaba. Una fiesta empieza con una gran ilusión, luego


;declina y acaba.
«En cambio, tú has dejado el vino mejor para el
1 fin». Esta es la ley del Nuevo Testamento, de la Alianza
¡1Nueva: en Cristo, en las cosas de Dios, lo que hemos
gustado de Él es lo peor; Él guarda siempre lo mejor
, \ para más adelante, siempre. Es una ley contraria, es la
12.a MEDITACIÓN
MIRA A TU HIJO

Veíamos en el milagro de las bodas de Caná la fi-


gura de María como mediadora materna. Juan Pablo II
hace referencia a Ella y hace ver cómo esa función la
mantiene en la vida de la Iglesia y en la vida de cada
cristiano. Ella está interviniendo constantemente, está
pidiendo para nosotros la caridad que nos falta, coopera
continuamente. Y dice así: «Con materno amor coope-
ra a la generación y educación de los hijos e hijas de la
Madre Iglesia». Es verdad, es una relación que existe
en nuestra vida. María está con nosotros, intercede por
nosotros, es medianera, con una mediación participa-
da del Mediador. La culminación de esa maternidad de
María se realiza en la cruz. Vamos a tratar de meditar
esta tarde en esa culminación, en la palabra de Jesús en
la cruz, que no es una mera palabra sino la proclama-
ción de la maternidad de María.
El proceso para ello lo presenta Juan Pablo II -y
es una línea realmente interesante, personal, original
en él-, a través de una serie de escenas de la vida de
Jesús, donde muestra un nivel superior de maternidad.
Viene a decir que el proceso es un continuo madurar
su corazón materno. En contacto con Jesús va crecien-
do en Ella la caridad y la sensibilidad de madre de los
hombres; acogiendo con fidelidad la palabra de Dios,
María crece en su maternidad. Y lo expone de esta ma-
nera: hay unos pasajes en que, cuando proclama aquella
mujer la bienaventuranza de María diciendo: «Dichoso
254 Con María Ml2. Mira a tu 255

el seno que te llevó y los pechos que te criaron, Jesús señalar que es mucho más bienaventurada que por eso.
contesta: Dichoso más bien el que escucha la palabra de Hay un nivel.
Dios y la pone por obra» (Le 11,27). Las palabras de la Lo mismo en otra ocasión, cuando le anuncian aJe-
mujer eran una alabanza de María, que brota de admi- sús: «Mira que tu Madre y tus hermanos están ahí fuera
ración por lo que ve en Jesús. Probablemente María no y te esperan, Jesús responde: Mi madre y mis herma-
era conocida personalmente por esta mujer, y a través nos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen» ·
de aquellas palabras le han hecho salir de su escondí- (Le 8,20s). De nuevo tenemos aquí el mismo esquema:
; miento, dice Juan Pablo II. La ha sacado fuera, porque está en la línea de lo que Jesús respondió a María y José
estaba escondida, no era conocida. Y pasa por la men- a los doce años: «Tengo que estar en las cosas de mi Pa-
te de las personas que le escuchan, el evangelio de la dre». En esa misma línea, Jesús está ahí ocupado en las
Infancia de Jesús, porque Ella es la que te dio a luz, es cosas del Padre.
la que te ha engendrado, es la que te ha alimentado. Y Estas bienaventuranzas: «Dichoso el que escucha la
•es verdad que el evangelio en que María está presente palabra de Dios», «mi madre y mi hermana es el que
como la Madre que concibe a Jesús en su seno, le da a hace la voluntad del Padre», se refieren más que a na-
' luz, le amamanta maternalmente, a esto le llama Juan die, a la Virgen. Es bienaventuranza de María, porque
· Pablo II «la madre nodriza». A Ella se refiere aquella María es Madre carnalmente de Jesús porque escucha
mujer en ese grito suyo. Gracias a esa maternidad de la palabra de Dios y la pone por obra. Eso se une. Su
María, Jesús es verdadero Hijo del hombre. Por esa ma- maternidad está impregnada de esta dimensión de bien-
ternidad de María es carne, como lo es todo hombre. aventuranza. Y es lo que la mujer sencilla no tenía pre-.
«El Verbo se hizo carne», es carne y sangre de María. sente, y Jesús quiere recalcar: hay una maternidad de:
Ahora bien, la respuesta de Jesús: «Dichosos más María que impregna su maternidad física, que le hace
bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan», que sea maternidad plena. Como decíamos hablando de
quiere quitar la atención de la maternidad entendi- la Anunciación, concibe con la fe y obediencia antes de
da solo como vínculo de la carne, para orientarla a un concebir en su carne al Hijo de Dios, porque lo ama,
vínculo del espíritu, que se fonna en el escuchar y en porque acoge la Palabra, porque es dócil a esa Palabra
. el observar la palabra de Dios. O sea, que hay en Jesús de Dios, porque se entrega en una entrega virginal en
una elevación. Notemos, no negación de lo uno, sino obediencia de fe a la Palabra de Dios. Ahí estamos vien-
atención a lo más perfecto. La palabra de Jesús es: «Di- do la dimensión más rica de la maternidad de María. De·
choso más bien ... ». No que no sea dichosa la Madre nuevo digo, no exclusivamente, sino otra dimensión, y
por ser madre camal, por haber dado carne y sangre al por cierto, es una dimensión más alta.
Hijo de Dios; pero «dichoso más bien». Sin negar lo En efecto, María por medio de la fe se ha converti-
uno, indica la elevación que tiene de hecho esa Madre do en la Madre del Hijo de Dios, del Hijo que le ha sido
de Jesús. No es quitarle a Ella esa gloria, sino más bien dado por el Padre. Y en la misma fe descubre y acoge
256 Con María Ml2. Mira a tu Hijo 257

la otra dimensión de la maternidad, explicada por Jesús dacio de Jesús, que nos va a servir para hacer una apli-
y revelada por Él durante su misión mesiánica. Esta di- cación a la Virgen.
mensión de la maternidad pertenece a María desde el En la Carta a los Hebreos, la carta que nos habla
: momento de la concepción y nacimiento de Jesús, por- del sacerdocio de Cristo, hay una serie de afirmacio-
que desde entonces era «la que ha creído». «Dichosa tú nes sumamente profundas, que en cierta manera nos
que has creído» (Le 1,45), es lo que le dice su parien- suelen sacudir y nos resultan novedades que nos dan
•te Isabel. Es la que ha creído. Su maternidad está im- una especie de latigazos interiores, que a veces que-
•pregnada de esta fe. Es una maternidad plena, nueva, remos superar no aceptándolas del todo, diciendo que
que es la que va a aparecer en la palabra de Jesús en la son maneras de hablar o cosas así. En realidad hay
cruz: «Ahí tienes a tu Madre», Madre con esa materni- unas expresiones muy claras, impresionantes, dice así:
dad nueva. «En los días de su vida mortal, habiendo presentado
Hemos visto en el momento de las bodas de Caná con violento clamor y lágrimas, oraciones y súplicas
la comprensión mutua que se da entre Jesús y María, al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por
la íntima unión espiritual entre los dos. «En ese hecho su piedad. Aunque era Hijo, aprendió por lo quepa-
-dice Juan Pablo II-, se delinea con bastante clari- deció la obediencia, y hecho perfecto, se convirtió en
dad la nueva dimensión de la maternidad de María». causa de salvación eterna para los que le obedecen;
Aparece en esa vinculación a Cristo, un significado proclamado por Dios sumo Sacerdote según el orden
que no está exclusivamente en las palabras de Jesús, de Melquisedec» (Heb 5,7-10). Esta es la gran frase.
pero que está ahí. María se pone en medio, se hace De modo que Jesucristo se presenta aquí: «En los días
mediadora, no como una persona extraña sino en su de su carne, ofreció preces y súplicas con clamor fuer-
papel de madre. Esto es lo propio de María en las bo- te, con lágrimas. Fue escuchado por su reverencia». Y
das de Caná: se introduce ahí no como desde fuera, ahora viene lo curioso: «Y aunque era Hijo, aprendió
no, ¡es la Madre! Dijo al Hijo: «No tienen vino», in- por lo que padeció la obediencia y, hecho perfecto ... ».
tercede por los hombres. Hay un desarrollo de la ma- Es muy claro en la Carta a los Hebreos: Jesús obtiene,
ternidad, y la culminación de esta se da en la palabra podríamos decir, la perfección de su sacerdocio por la
de Jesús en la cruz. Tenemos que admitir ese progreso Pasión. Es perfeccionado en su sacerdocio, hecho per-
de maternidad nueva en María. Está desde el princi- fecto. La palabra «hecho perfecto» tiene un doble sig-
pio, pero a medida que Ella crece en el itinerario de la nificado en el lenguaje ritual del Levítico: «consagrar
fe, asimila esa nueva maternidad de una manera más sumo sacerdote» y «hacer perfecto», y los dos tienen
plena, hasta el final. lugar aquí.
La idea viene a ser esta: Jesucristo es Sacerdote,,
Antes de entrar en la explicación de la palabra de pero es consagrado sumo Sacerdote al morir en la!
Jesús en la cruz, voy a hacer una referencia al sacer- cruz. La inmolación de la cruz es más bien el sacrifi-.
Ml2. Mira a tu Hijo 259
258 Con María

cio consacratorio. Había un sacrificio de consagración Tenemos esta idea en la Carta a los Hebreos: la Pa-
del sacerdote. Y ahora es cuando Jesús es plenamen- sión perfeccionó a Cristo como Sacerdote, lo llevó a
te Sacerdote ante el Padre. Es el sumo Sacerdote se- la cumbre, y entonces es consagrado sumo Sacerdote.
!gún el orden de Melquisedec. Ahora está ante el Padre Es una idea muy hermosa que podría expresar grá~­
intercediendo por nosotros, ha entrado en el santua- camente: yo voy a leer la vida de Cristo y veo en El
rio. Pero ese proceso le ha hecho perfecto. ¿En qué una obediencia estupenda al Padre: «hago la voluntad
le ha hecho perfecto? La Carta a los Hebreos pone del Padre», «lo que agrada al Padre lo hago siempre»
dos cualidades del corazón sacerdotal: la misericordia (Jn 8,29). Muy bien. Veo la misericordia: cómo s~ cm~­
y la obediencia. La obediencia en relación con Dios, padecía de las multitudes que estaban como oveJaS sm
1sacerdote fiel, sacerdote obediente; y la misericordia
pastor, cómo cuando llega a la tumba de Lá.zaro llora,
· respecto de aquellos por los que ofrece, por los que es llora porque tiene esa compasión. Y digo: SI Jesús era
, sacerdote. Y hace notar que es asumido uno, no que así de obediente, si Jesús era así de compasivo, en el
no tenga ninguna relación con aquellos por los que cielo lo es más todavía, porque aprendió por la Pasión
. tiene que ofrecer el sacrificio, sino un sacerdote que la obediencia y la misericordia. Y ahora es más compa-
pueda compadecer con nosotros. El concepto de fide- sivo, y ahora es más fiel, más obediente, más unido al
lidad y obediencia es una característica del corazón Padre. Ha llevado hasta la cumbre su obediencia y su
·que lo relaciona con Dios. El concepto de misericor- misericordia por la Pasión.
.dia es un sentimiento de solidaridad, una compasión Con esto entendemos la frase de la Carta a los He-
de los hombres, que sea sensible a sus males, a sus breos: «Hecho perfecto, se convirtió en c~usa de sal-
necesidades. vación eterna para los que le obedecen a El, pues fue
Entonces viene a decir: la Pasión perfeccionó la proclamado por Dios sumo Sacerdote según el orden de
obediencia y la misericordia de Cristo. Por eso indi- Melquisedec». Así, «hecho perfecto es proclamado».
! ca: «de lo que padeció, aprendió la obediencia». Quie- No dice: es constituido, «es proclamado sumo Sacerdo-
re decir, la obediencia de Cristo se consuma cuando da te según el orden de Melquisedec».
la vida por obediencia. Es la obediencia suprema, es la
perfección de la obediencia. El corazón obediente ha Pues bien, hay una gran analogía entre el sacerdocio ¡
llegado a su grado supremo. Y la misericordia, porque y la maternidad. La maternidad tiene también un doble
por lo que padeció comprendió nuestras miserias, nues- aspecto, que podemos llamar de obediencia, en cuan-
tros sufrimientos, nuestra debilidad, nuestro pecado, to que el amor virginal de María es escucha de lapa-
nuestras fatigas, nuestro dolor. «Tenemos un pontífi- labra y obediencia. Es lo que podemos llamar din:en-'
ce que sabe compadecerse de nuestras miserias, puesto sión virginal de la maternidad. Y luego, la maternidad:
que ha sido hecho semejante a nosotros en todo menos como generación: en ese amor virginal y en esa entrega¡
en el pecado». y obediencia virginal engendra, y engendra con la ca-
MJ2. Mira a tu Hijo 261
260 Con María

ridad misericordiosa hacia los hijos, hacia el hijo que lores de parto por su hijo. Ella ha pasado ese momento
engendra, hacia los hermanos del Hijo. Es una seme- de la muerte de Jesús en la Pasión, que Jesús asemeja
janza. Diríamos que así como hay una obediencia y mi- a la mujer que sufre dolores de parto, que llora en este
sericordia, en el corazón materno hay una dimensión momento de su hora, pero que luego se alegra porque
de amor virginal-esponsalicio y de amor materno, una ha dado al mundo un hombre más.
correspondencia.
Entonces, podemos decir esto en analogía: como Je- Vamos a ese pasaje cumbre del evangelio: «Junto a
• sús en su sacerdocio fue hecho perfecto como Sacer- la cruz -dice san Juan-, estaba su Madre, y estaba de
dote, María es hecha perfecta en su corazón materno pie, y la hermana de su Madre, María la mujer de Cleo-
: y es proclamada Madre en la cruz. En una correspon- fás y María Magdalena. Jesús viendo a su Madre y jun-
dencia a lo que dice «es proclamado Sacerdote», María to a Ella al discípulo a quien amaba, dice a la Madre:
es proclamada Madre y es proclamada Reina. Reina y Mujer, ahí tienes a tu Hijo; luego dice al discípulo: Ahí
Madre como resultado de la Pasión, en su asociación tienes a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la
a la Pasión d~Cristo. Esto es lo que nosotros escucha- acogió entre lo suyo». De este momento dice Juan Pa-
mos en la palabra de Jesús en la cruz. ¡Es proclamada blo II: «Si la maternidad de María respecto de los hom-
·Madre, porque es perfeccionada como Madre! Llega el bres ya había sido delineada precedentemente, ahora es
momento cumbre de su maternidad, un momento cum- precisada y establecida claramente». Es lo que llama-
bre que ha sido preparado por todo ese proceso. Al lado ríamos proclamada. «Emerge de la definitiva madura-
de Jesús, Ella ha ido creciendo en su caridad materna ción del misterio pascual del Redentor». Emerge, pode-
' mos decir, de la maduración definitiva del sacerdocio
ha ido creciendo en su unión, en su asociación a Cristo;
y ha ido creciendo también en su amor a los hombres a de Cristo por el misterio pascual, la maduración defini-
' tiva de la maternidad de María. «La Madre de Cristo es•
los redimidos por su Hijo, que serán sus hijos. Y de esta
manera llega a la cumbre. entregada a cada uno y a todos los hombres como Ma-
Así podemos entender ese momento culminante dre». Es entregada, veremos esto. ·
que es la palabra de Jesús en la cruz, llegamos así hasta «Este hombre junto a la cruz es Juan, pero no está
. ese momento supremo. Con una maternidad que va a él solo. Siguiendo la tradición, el Concilio no duda en
durar para siempre, como el sacerdocio de Cristo dura llamar a María Madre de Cristo, Madre de los hom-
para siempre, se mantiene y se actúa hasta el fin de los bres. Esta nueva maternidad de María es fruto del nue-
tiempos, y la maternidad de María también. Como dice vo amor que maduró en Ella definitivamente junto a la
el Concilio: «Esta maternidad de María perdura sin ce- cruz, por medio de su participación en el amor redentor
sar en la economía de la gracia hasta la consumación de del Hijo». Es el momento supremo, ahí culmina suma-
todos los elegidos» (LG 62). Y tiene con nosotros un ternidad para con los hombres. Su maternidad, diría-
amor, como el que tiene una madre que ha pasado do- mos, desde el punto de vista subjetivo, porque se reali-
262 Con María M 12. Mira a tu Hijo 263

za desde el punto de vista objetivo. Es donde se cumple dre» y luego dice: «Y dijo a la Madre: Ahí tienes a tu,
su maternidad. hijo». «A la Madre» con artículo, no «Su Madre». Lue-
go aquí hay un paso: «su Madre», «la Madre», «ahí tie-
Vamos a detenemos en estas palabras de la cruz. nes a tu Madre», es como un paso de propiedad. Pala-
Primero, tenemos que decir que María «está de pie». bras trascendentales que tienen un sentido no privado,
Estaban Ella y esas mujeres que la acompañaban, pero como si fuera un asunto privado de Cristo. Se ha podi-
pongamos la atención en María, porque es la que tie- do interpretar así y se ha podido decir cuando se llega
1 ne aquí un puesto central. Se dice de Ella que «estaba a este momento: eso era que Jesús estaba preocupado
de pie junto a la cruz». Ahora bien, ese estar de pie es porque quedaba su Madre, y para que no quedara sola,
postura sacerdotal del que ofrece. En la Carta a los He- le confía simplemente a Juan que la cuide. No, no es
breos se dice expresamente: «Los sacerdotes estaban asunto privado. ¿Por qué? Pues porque en este momen-
cada día de pie ofreciendo» (Heb 1O, 11 ). «María estaba to san Juan recoge textos de carácter mesiánico, todos
de pie». No simplemente estaba ahí arrodillada o cohi- los que él va recogiendo en estas escenas. Y este texto
bida o caída. «Estaba de pie junto a la cruz», es postu- ocupa un lugar central, es el punto central de los cinco
ra sacerdotal. Jesucristo está ofreciendo su sacrificio y pasajes mesiánicos de Juan.
María junto a Él. En María no hay un mínimo signo de Añadamos a esto otra razón: porque más que enco-
pretensión o voluntad de que Cristo baje de la cruz. Se mendar María al cuidado de Juan, encomienda a Juan
podían oír gritos que decían: «¡Baja de la cruz y cree- al cuidado de María. Se dirige a Ella primero y le dice:
remos en ti!». «Mujer, es tu hijo, ahí tienes a tu hijo», más que el con-
La postura de María es de aceptación, de ofreci- trario. Tercero: en primer lugar estaban presentes las·
miento, está ahí asociada a la Pasión. Si podemos pon- mujeres, «su hermana, María de Cleofás, María Mag-
derar justamente viendo en estéreo la cruz, veremos no dalena». Le encomendaría normalmente a alguna de sus.
solo que Jesús está ahí colgado, sino que el Padre lo hermanas. Probablemente estaba allí presente la madre.
ofrece, el Padre lo entrega a la muerte. El Padre nos de Juan. Y es bien extraño que estando allí la madre de
ha entregado a su Hijo, eso se está viendo. Pero esta- Juan, le diga a él: «Ahí tienes a tu Madre», de la Virgen,
mos viendo también y lo debemos ver, ¡que la Madre como cuidando él personalmente de Ella. Tiene un sen-'
entrega a su Hijo! María está entregando a su Hijo. En tido mesiánico, y tenemos que leerla en el sentido que
este momento culminante, María no solo está resignada Juan Pablo II recoge.
·sino ofrece a Jesús, no lo quiere retener; con una unión
inmensa, con una unión profundísima de amor, pero lo Orígenes fue un hombre que retrasó siempre el co-
está ofreciendo. Este es el momento, así está. mentario del evangelio de san Juan porque no tenía la
Y ahí es donde hay un paso en el texto griego pro- paz suficiente que, según él, debía tener para comen-
gresivo, en el que primero se dice que estaba «su Ma- tarlo. Pasaba persecuciones, problemas, y decía: para
264 Con María M 12. Mira a tu Hijo 265

comentar el evangelio de Juan hace falta una serenidad Entonces, en ese momento en que María está ofre-
absoluta. Y en el Prólogo dice estas palabras tan boni- ciendo Cristo al Padre, se está ofreciendo con Cristo
tas: «Digamos audazmente que las primicias de todas al Padre. Como dice Juan Pablo II, es cuando madura
las Escrituras son el evangelio; y las primicias de los definitivamente el nuevo amor de la Virgen por medio
evangelios, el evangelio escrito por Juan, cuyo sentido de su participación en el amor redentor del Hijo. Ma-
nadie puede percibir si no ha descansado sobre el pe- ría está participando en el amor redentor del Hijo, está
cho de Jesús, como Juan, o si no ha recibido de Jesús a identificada, compenetrada con Él, ofreciendo la vida
María como Madre suya». Y por eso añade: «Jesús dice de Jesús y la suya con Él, entregándose a sí misma.
a su Madre que Juan muestre que es Jesús, por lapa- La espada de dolor que atraviesa a Cristo, atraviesa
,labra misma de Jesús; porque si no hay ningún hijo de también su Corazón, está viviendo unida. O como lo
María sino Jesús, y Jesús dice a su Madre: "Ahí tienes a expresa Juan Pablo II, el Señor acoge la oblación de
tu Hijo" y no le dice: "Ahí tienes a 'otro hijo tuyo'", es los dos corazones, los dos corazones están unidos. Y
lo mismo que decirle: Ahí tienes a Jesús, al que engen- después que ha pedido el perdón: «Perdónales porque
draste. Y quien es perfecto ya no vive él, sino vive en él no saben lo que hacen»; después de que ha prometido:
· Cristo. Y si vive en él Cristo, se dice de él a María: Ahí «Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso»; ahora le
tienes a tu hijo Jesús, ahí tienes a tu hijo Cristo». Es una dice: «Mujer, mira a tu hijo». Esto es el testamento de.
exposición preciosa. Hay que descansar en el Corazón la cruz, en términos de Juan Pablo II. Es la palabra del
de Cristo para entender el evangelio de san Juan, o hay testamento de Cristo, es el testamento que Él deja.
que recibir de Cristo a María como Madre, de manera Indudablemente hay aquí un pandán del Génesis:
que Jesús nos muestre como a Él mismo: «Ahí tienes a la mujer en aquella lucha de la serpiente. Es el momen-
tu hijo», es decir «ahí tienes a tu Jesús». to culminante de esa lucha, momento central. Y María
está ahí, no solo porque ha dado a luz un Hijo, el cual
Es pues, una palabra mesiánica. Ante todo se trata de luego vence a la serpiente en una lucha, sino porque
«la hora» de Jesús. En las bodas de Caná Él había dicho: Ella está asociada como nueva Eva a ese Adán que va a
«no ha llegado aún mi hora». Ahora es «la hora». Y en formar la creación nueva, y va a estar como Madre de
esa hora de Jesús en que Él está redimiendo al mundo los vivientes en el acto redentor.
en el momento culminante -toda su vida es redentora Jesús entonces, que está ya ofreciendo, que está rea-
pero la cruz es la cumbre, la plenitud de esa redención, lizando la redención del mundo, ve a la Virgen y a Juan.
hacia lo que se ordena todo-, y en ese momento es Juan como discípulo representa en este lugar la Iglesia;
cuando Jesús, en las palabras que pronuncia está mani- es la humanidad que contempla con fe a Cristo reden-
festando los matices diversos de la redención: es perdón tor. Y María, Madre de la Iglesia, está ahí al pie de la
de los pecados, es creación nueva, es filiación, etc. Ahí cruz. Es momento culminante para Jesús porque está
vemos los matices diversos de esa redención. terminando su obra, dejando sobre la tiena la Iglesia
266 Con María Ml2. Mira a tu 267

que ha de continuar su labor, ha de ser instrumento de nidad y María es Madre de esa nueva humanidad, la
Cristo glorioso para llevar a término la redención. está engendrando con Cristo, asociada a Cristo como
Madre de la nueva creación. Mira, tu hijo, es Juan,
Y en ese momento, Jesús dice a su Madre, a «laMa- Juan que representa a todos y a cada uno de los miem-
dre»: «Mujer, mira a tu hijo». Hay que sacarle todo el bros de la Iglesia. Juan es el signo de la Iglesia. Está
jugo que tiene a esta palabra, porque a veces se dice: naciendo la Iglesia y María es Madre de la Iglesia, es
«Mira, he ahí a tu hijo», y se suele entender fácilmente así. «¡Mira a tu hijo!» Es ese amor materno de María,
como que se le encomienda a Ella. Ahora, encomen- amor generador que, como Cristo Sacerdote está redi-
dar a una persona como hijo no es que es madre, sino miendo al mundo, María Madre está engendrando con
suele tener el carácter de que le acoge, lo toma como Cristo Sacerdote a ese mundo nuevo, a esa humanidad
hijo. «He ahí a tu hijo, tómalo como hijo». Pero no es nueva. «Mira a tu hijo».
ese el sentido de la palabra, ni mucho menos. Es una Y luego le dice a Juan, al discípulo amado, repre-
palabra de una enorme fuerza. En el evangelio de san sentante de la humanidad nueva: «Mira a tu Madre».
Juan, la palabra griega que está aquí y que traduce el la- Lo mismo, no le dice: tómala como Madre tuya, sino
tín «ecce», es «idoú», mira. Es una invitación a mirar, «mira a tu Madre». Esa humanidad que nace tiene que
«mira». Y esa invitación a mirar es invitación a hacerlo levantar su mirada hacia la Madre que la engendra, que
con fe, a mirar más allá de lo que captan los sentidos. es la Virgen. Es Cristo el verdadero Mediador y Reden-
Entonces Jesús le viene a decir en ese momento: «Mu- tor. Pero María es asociada de verdad, por voluntad de
jer, mira a tu hijo», que es de una fuerza muy grande. No Dios, colaborando a esa redención, colaborando a esa
es: mira, considéralo como hijo, sino «mira a tu hijo». generación de la humanidad nueva. «Mira a tu Madre».
Cuando Juan el Bautista ve pasar a Jesús cerca del Y nosotros tenemos que oír esa palabra dirigida a cada
Jordán y él se encuentra con dos de sus discípulos y uno de nosotros: «Mira a tu Madre», ¡mira! ¡Es verdad,
les dice: «Mira el cordero de Dios», no les dice: mirad, es mi Madre!
consideradlo como el cordero de Dios, tomadlo como
cordero de Dios, sino les está diciendo: mirad con mi- «Y desde ese momento el discípulo la recibió entre
rada penetrante, que ese es el cordero de Dios. «Mira el lo suyo». ¿Qué significa «la recibió entre lo suyo»? Juan
cordero de Dios que quita, llevando sobre sí, el pecado Pablo II se alarga en esta explicación, y viene a concluir
del mundo». lo que ya en la exégesis actual se asume. Se traduce a
Pues bien, creo que tenemos que entender de la veces: «la recibió en su casa». Juan no tenía su casa, lo
1misma manera, Jesús en este momento le dice aMa- había dejado todo; por lo tanto, no podía recibirla en su
ría: «Mujer, mira a tu hijo». ¡Es tu hijo!, «mira». Viene casa. El sentido es este: desde aquella hora, dice el evan-
a indicarle la penetración en fe de la fuerza generado- gelista. Desde la hora de la cruz, desde la hora de la re-
ra de la redención. Está naciendo una nueva huma- dención, «la hora», el discípulo de Cristo -es todo dis-
268 Con María M 12. Mira a tu Hijo 269

cípulo, cada discípulo, el discípulo como representante Madre de cada uno de nosotros y en cierta manera llega
de la Iglesia-, recibe a María entre lo suyo. Quiere de- a nosotros en ese momento, en cuanto que se une a la
cir, entre los elementos que le constituyen discípulo. Di- intención redentora de Jesús. Y uniéndose a lo que Jesús
cho de otra manera, ya no puede ser discípulo de Cristo conoce y Jesús ve, ofrece también Ella su sufrimiento y
sin ser hijo de María. El ser hijo de la Virgen es consti- la Pasión de Jesús por mí, pero no conociéndome a mí,,
tutivo del ser discípulo de Cristo. El discípulo recibe a sino a través del Corazón del Señor que me conoce.
María entre lo suyo, lo que le constituye a él discípulo, Pero hay un segundo paso: la actuación en la histo-
con los sentimientos de hijo, con la actitud de hijo hacia ria de su maternidad respecto de mí. Entonces tenemos
María, con la confianza filial a Ella. Y María acompa- que decir: María, que sabe que es Madre mía, me acoge
ñará siempre al discípulo, que tiene ya como elemento personalmente a mí. Así como en el Bautismo nosotros
constitutivo suyo la actitud filial hacia Ella. Creciendo somos engendrados hijos de Dios, también en ese mo-
cada vez más en su misericordia de madre, en su amor mento somos engendrados por María, hijos de María.
materno, llega el momento culminante en que Ella mis- Tenemos que admitir en el Bautismo una presencia de!.'
ma madurada por la Pasión, por su compasión con Cris- la Virgen, porque no podemos ser hijos de Dios sin ser
to, es proclamada Madre de la humanidad nueva, Madre hijos de María, por lo que hemos dicho: «ahí tienes a
de la Iglesia, Madre de cada uno de nosotros. tu hijo». María, deliberada y conscientemente, ha apli-
cado a mí concretamente su maternidad de la cruz, y ha
Quiero terminar con una referencia a la maternidad sido por un acto libre. Su maternidad se actúa así, y por
personal sobre cada uno de nosotros. La maternidad de eso yo se lo tengo que agradecer.
(María en el momento de la cruz tiene una diferencia Así como yo agradezco a mi madre que me haya
: respecto al sacerdocio de Cristo y a la generación de querido tener como hijo, porque hay tantas madres que
Cristo, a saber: Cristo en el momento de la cruz me co- rechazan al hijo; pues de una manera parecida, más to-
noce y muere por mí. Eso tengo que afirmarlo con san davía, tengo que agradecer a la Virgen que me haya
Pablo, el cual dice claramente: «Vivo en la fe del Hijo querido como hijo. Y yo tengo que acogerla también, lo
de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí». mismo que Juan, como Madre, ¡porque es mi Madre!,
Y Jesús no se entrega a la muerte por mí si no meco- y siendo mi Madre tengo que acogerla. Por eso, «desde
noce; de lo contrario, no se entrega por mí. Es pues, co- aquella hora el discípulo la acogió entre lo suyo». Tam-
nocimiento personal de cada uno de nosotros. Lo dice bién yo tengo que acoger a María entre lo que me cons-
también en la parábola o en la imagen del buen Pastor: tituye discípulo de Cristo. Según la palabra de Pablo VI 1
«El buen pastor conoce a sus ovejas, las llama por su en uno de sus discursos en Cerdeña, decía así: «No po-
nombre, da su vida por ellas». demos ser cristianos sin ser marianos», no podemos ser
María, en cambio, en este momento no me conoce cristianos sin ser hijos de María. Es imposible, es cons-
a mí, no tiene conocimiento de lo que yo soy. María es titutivo de nuestro ser cristiano.
270 Con María

Así tenemos que recibir nosotros este testamento de


Jesús. Todo esto es un proceso, no es algo exterior, es la
obra de maternidad de María, es su asociación, a través 13.a MEDITACIÓN
de una preparación por parte del Señor, de esa nueva MARÍA EN LA VIDA DE LA IGLESIA
maternidad. No es la mera maternidad carnal. Es esta Y EN NUESTRA VIDA
nueva maternidad en la fidelidad de la fe, en el ardor de
la caridad, en el amor materno, en el cual le va madu-
rando el Señor hasta la cumbre del Calvario. Hemos ido viendo la figura de María, su itinerario
Y entonces, dirigir nuestra mirada hacia María, con- de la fe hasta la culminación de la proclamación de su
fiando en Ella como mediadora nuestra, y sintiéndonos maternidad en san Juan. Hay un proceso que podría-
íntimamente verdaderos hijos que la aman como verda- mos llamar de perfeccionamiento de su corazón mater-
dera Madre. no. Y en el momento de la cruz, por la Pasión también
María es hecha perfecta Madre y es proclamada Madre
nuestra desde la cruz por el Señor. Aquí va a empezar
la segunda etapa de la maternidad de María. Así como
en Jesús comienza la actuación de su sacerdocio pleno
por la resurrección y por la glorificación a la diestra del
Padre, también comienza esta etapa de la maternidad
de María, la que podemos llamar etapa eclesial. A ella
vamos a dedicar esta meditación: «María en la vida de
la Iglesia y en nuestra vida».

Juan Pablo II termina la primera parte de la encícli-


ca Redemptoris Mater, como paso a la segunda, hacien-
do ver que la persona de María une la Encarnación del
Verbo y el nacimiento de la Iglesia: María en Nazaret y
María en el cenáculo de Jerusalén. Hemos visto, María
interviene en la Encarnación del Verbo, luego continúa,
tiene su itinerario de fe. Es «bienaventurada porque ha
creído». Pero no es solo un momento, sino va creciendo
en esa fe y va realizando su itinerario. El itinerario de
fe de María en un determinado momento se sobrepone
y se une al itinerario de fe de la Iglesia, y el puente se
272 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 273

el puente se realiza en Pentecostés. En la Resurrección desierto. (Se ha hablado muchas veces de una espiri-
de Jesús y en Pentecostés María, en la cumbre de su tualidad del éxodo). De una manera parecida, la Iglesia
itinerario de fe, se une a la Iglesia y sostiene el itinera- en camino va a través de los pueblos, del desierto del
rio de fe de la Iglesia. Y la idea de Juan Pablo II en el mundo. Ese camino tiene también un carácter exterior:
fondo -reconozco que no siempre es fácil-, viene a hay una Iglesia que a lo largo de la historia aparece en
decir esto: La acción materna de María estará siempre medio de la humanidad y en medio de los pueblos ca-
interviniendo, matizando, marcando la fe de la Iglesia minando. Debe extenderse por toda la tierra, y por eso
en su itinerario hasta el fin de los tiempos. el camino de la Iglesia entra de hecho en la historia
Juan Pablo II de detiene en el cenáculo, en ese mo- humana rebasando el límite de los tiempos y de los lu-
mento de Pentecostés y en las consecuencias que deri- gares. Va caminando. Sin embargo, el carácter esencial
van de ese momento, dice así: «La que está presente en del camino de la Iglesia es interior. Se trata de peregri-
el misterio de Cristo corno Madre en la Anunciación y a nación en la fe, no solo de unos hechos, de una huella
lo largo de la vida de Jesús, por voluntad del Hijo y por que se ve a lo largo de la historia. Es un peregrinar en
obra del Espíritu Santo se hace presente en el misterio la fe, es un madurar en la fe, es un acercarse a la unión
de la Iglesia». También en la Iglesia sigue siendo una con el Señor por la fuerza de Cristo resucitado. Pere-
presencia materna. La Madre de Cristo corno tal tiene grinación en el Espíritu Santo que es Consolador de la
una presencia materna en la Iglesia, corno indican las Iglesia.
palabras de la cruz: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». «Ahí Y en este camino María está presente. O sea que, la ,
tienes a tu Madre». Vamos a fijarnos en ese momento Iglesia se va a desarrollar, va a crecer, va a extenderse.
histórico y luego la veremos en acción. Pero no olvidemos, el crecimiento de la Iglesia es in- •
terior. Es un camino de fe, el que lleva la Iglesia. Ma-
En el momento histórico del cenáculo, la Iglesia ha ría está presente porque es «dichosa por haber creído»,
;1 comenzado una peregrinación de fe, porque está cons- porque es la primera creyente, y su fe está influyendo
tituida por los hombres que han creído en Cristo, han en la fe de la Iglesia. Este es el argumento de Juan Pa-
mirado a Jesús, han reconocido en Él la revelación del blo II, su presentación: Es la que avanzaba en la pere-
Padre y han acogido el amor que el Padre les ofrece en grinación de la fe, participando corno ningún otro del
la cruz de Cristo. Por eso es «la congregación de todos misterio de Cristo. Por eso María, que entró en la inti-•
los creyentes que miran -mirada de fe- a Jesús corno rnidad del misterio de Cristo, entra en la historia de la
, autor de la salvación y principio de la unidad y de la salvación y refleja en sí las grandes exigencias de la fe ..
paz» (LG 9). Son palabras del Concilio Vaticano II al En Ella se han realizado las grandes exigencias por-
hablar de lo que es la Iglesia. que Ella es el modelo cumbre, es miembro supremo de
Ese caminar de la Iglesia es semejante al de la an- la Iglesia, el más eximio, y en Ella se ha agudizado lo
tigua alianza, cuando el pueblo caminaba a través del que es la revelación de Dios y lo que es la respuesta de
274 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 275

fe del hombre. Por eso para la Iglesia es como un mode- total ~ es~ palabra de Dios y abandonándose a ella por la
lo supremo. Está junto a ella, y no solo como una refe- obed1encm de la fe. Es la respuesta de María: «He aquí
rencia exterior a la que dirigir la mirada, sino como una la esclava del Señor».
presencia que continuamente está alentando su actitud Ahora bien, ese camino de la fe es más largo que
de fe, su actitud de vida interior. el de los que están allí en el momento de Pentecostés.
«Entre todos los creyentes María es, dice, como María llega ahí después de un itinerario más largo. Por
· •un espejo donde se reflejan las maravillas de Dios». eso María les precede, marcha delante de ellos en el
:«Como un espejo» uno mira, y en María está como pal- itinerario de la fe. El momento de Pentecostés ha sido, ·
pando las maravillas de Dios y eso le alienta. Entonces preparado pues, además de la cruz, por el momento de
su fe se robustece gracias al itinerario de fe de la Vir- la ~nunciación de Nazaret. Desde entonces les ha pre-
. gen. El itinerario de fe de la Virgen está sosteniendo la cedido. En la cruz estaba Juan, pero María venía desde
fe de la Iglesia, está cerca, está ahí junto a ella. mucho. más atrás, y Pentecostés se ha preparado desde'
La Iglesia se hace plenamente consciente de esas el comienzo, desde la Anunciación. '
maravillas de Dios el día de Pentecostés, cuando que- ~Qui~nes estaban en el cenáculo? Estaban los que
daron los apóstoles llenos del Espíritu Santo y se pu- hab1an s1do llamados por Jesús y habían sido constitui-
sieron a hablar en otras lenguas. Desde ese momento ~os. apóstoles. Les había enviado el Señor, les había ya
empieza la peregrinación de la Iglesia, que ha recono- 1~d1cado que tenían que ir por toda la tierra para ser tes-
cido las maravillas de Dios y las canta con la fuerza del tigos; habían recibido la misión de Cristo, que es la que
Espíritu Santo. Y ahí está presente María, implorando entonces les congrega para que den testimonio. María
el don del Espíritu Santo sobre la Iglesia. Ahí es don- no recibió esa misión apostólica. No está ahí por ese tí-
de se sobrepone la fe de la Iglesia a la fe de María. Es tulo. Ella no se encontraba entre los que Jesús enviaba
el momento puente, que María vive vitalmente, reali- a predicar el evangelio por todo el mundo cuando les
zando en Ella su itinerario de fe. Y ahí es donde María confirió esta misión. Entonces, ¿a título de qué estaba?
actúa. Cuando los apóstoles se preparaban para recibir la ve-
nida del Espíritu de la Verdad, «en medio de ellos Ma-
Es personal -quizás podemos decir, original en ría -dice el texto-, perseveraba en la oración como
Juan Pablo II- el desarrollo de algo que aparece en to- Madre de Jesús». La Madre de Jesús estaba con ellos
da la tradición y en el mismo evangelio: el hecho de que persevera~a en la oración. Ellos están a título de após-
María está presente en Pentecostés y el establecer esa re- toles enviados al mundo; María está con el título de
lación entre Pentecostés y la Anunciación. En efecto, por «Madre de Jesús». Y al decir Madre de Jesús tenemos
la Anunciación, María, que ha recibido el Espíritu Santo, que ~nte~der ya ahora, Jesús crucificado y resucitado,
se ha convertido en la esposa fiel del Espíritu, acogien- el m1~teno de Jesús. Aquel grupo, cuando habla y mira :
do al Verbo de Dios y prestando su homenaje de entrega a Jesus lo ve como Autor de la salvación; y cuando ha-
276 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 277

1
bla de la Madre de Jesús era consciente de que Jesús, un conocimiento único porque Ella es de los pobres a
el Autor de la salvación, era Hijo de María. Ella, como quienes se ha revelado el misterio de Cristo.
Madre era, desde el momento de la Concepción y del María está ahí en el grupo de aquellos que constitu-
Nacimiento de Jesús, testigo singular del misterio de yen, diríamos, «el cuerpo expedicionario» de la Iglesia,
Jesús. Ellos son portadores, testigos de Jesús; y está con que van a recibir el Espíritu Santo. Y está entre ellos re-
ellos un testigo especialísimo, único, de ese que es el zando, como testigo privilegiado del misterio de Jesús,
Autor de la salvación. Y María está rezando, orando no como quien es enviada a anunciar como ellos, con
con ellos, como ese testigo único, especial. una misión apostólica.
Y consiguientemente, dice Juan Pablo II, fue para
Y aquí viene una observación muy profunda, dice la Iglesia de entonces y de siempre, un testigo singular
así: «La Iglesia desde el principio mira a María a través de los años de la Infancia de Jesús y de la vida oculta
de Jesús». Ve a María como la Madre de Jesús, la con- en Nazaret, cuando «conservaba cuidadosamente todas
: sidera Madre del Autor de su salvación. «Pero al mismo esas cosas en su corazón». Y es de Ella el testimonio y
tiempo mira a Jesús a través de María, porque mira aJe- a Ella debemos el conocimiento de esos misterios de la
sús a través del testigo privilegiado que es María». Aquí Infancia. Evidentemente no son parte del «kerigma», del
hay una idea que, evidentemente, Juan Pablo II no desa- anuncio o mensaje lanzado a la multitud. A la multitud
rrolla, pero que está en su corazón, sin duda alguna. Es se le presenta el misterio de Cristo muerto y resucitado
la que promovió particularmente san Maximiliano Kol- por nosotros. Pero nos lleva y nos introduce por los mis-
be con su «Milicia de la Inmaculada». Juan Pablo II co- terios de la Infancia, al conocimiento contemplativo de
noció a san Maximiliano, tuvo contacto con esa Milicia la penetración más profunda del misterio de Cristo. Los
y en él se advierten rasgos de su espiritualidad. Él desa- misterios de la Infancia no son como la punta de lanza
rrollaba mucho esta idea, que es sólida y que Juan Pa- de la predicación, sino como la sustancia de la vida con-
blo II la presenta con toda la riqueza de una enseñanza templativa, de la penetración silenciosa en el misterio de
porque es sólida, no porque es capricho de uno. La idea Cristo y en las riquezas del Corazón del Señor.
de Maximiliano Kolbe, a la que él llevaba a sus fieles,
lera esta: «Amar a Jesús con el Corazón de la Virgen y Esa conexión que Juan Pablo II establece: el itine- •
· .r·amar a María con el Corazón de Jesús». Esa era su idea rario de fe de la Iglesia encuadra en el itinerario de fe •
·y es la que aquí aparece: «La Iglesia desde el principio de María, y María está en ese «puente» en el momento
mira a María a la luz de Jesús y mira a Jesús a la luz del de Pentecostés. María ha sido la primera en creer. En la
corazón de la Virgen, de ese testigo privilegiado que ha Iglesia de entonces y de siempre, María es la que sobre
tenido una fe excelsa, que ha sido bienaventurado por- todo es «dichosa porque ha creído». Así está asistien- .
que ha creído». Pero esa fe no es una especie de afirma- do a la Iglesia. María había recibido esa palabra, creyó,
. ción de sequedad. Ha vivido la fe, y por tanto, ha tenido tuvo las pruebas de la fe, como indicábamos en las me-
M 13. María en la vida de la en la nuestra 279
278 Con María

Alianza. de Dios, precede al testimonio apostólico de


ditaciones pasadas. Llega el momento culminante del
la Iglesi~. ~1 de~ir precede no es en sentido temporal
Calvario, de la cruz, y María aguanta. Y en la Resurrec-
o cro~ologico, smo que condiciona, está influyendo en
ción se revela ya Jesús como el triunfador de la muer-
el testimonio apostólico de la Iglesia y permanece en el
te, como el Señor «cuyo reino no tendrá fin», como se
corazón de la Iglesia como patrimonio de la revelación
le había anunciado en el momento de la Encamación.
d~ Dios. Po~ eso .podemos decir que todos los que re-
Pero el camino fue muy distinto del que podía imagi-
ciben el testlmomo apostólico participan de esa heren-
nar, fue a través de la contradicción que le había mani-
cia, participan en cierto sentido de la fe de María. Esta
festado el anciano Simeón. es un~ i.dea nad~ sup~rficial, muy profunda. Nosotros,
Y ahora vemos a María: «la Iglesia perseveraba
al reci?Ir el testlmomo de los apóstoles, lo recibimos
siempre constante en la oración junto a Ella», esta-
c.omo _Impregnado de la fe de María que está en el tes-
ba con los primeros, en los primeros momentos des-
timomo apostólico, toda la Iglesia participa así de la fe
pués de Pentecostés. En aquellos primeros pasos que
de María. El magnificat, cuando dice: «me felicitarán
daba la Iglesia, Ella está ahí siempre como testigo ex-
todas la.s generaciones», parece indicar que todas las
cepcional del misterio de Cristo. La Madre de Jesús
gener~cwnes perpetuarán por su vida, la felicitación de
está con la Iglesia, y eso pasará siempre: «persevera-
su ~anente Isabel que ha dicho: «Dichosa tú, la que has
ba constante en la oración junto a María», y al mis-
creido». «T~d~s las generaciones me felicitarán» por-
mo tiempo, la contemplaba a la luz del Verbo hecho
que han participado de mi fe.
Hombre. Contemplaba a Cristo junto a María, y con-
Es verdad que a medida que se penetra en el co-
templaba a María a la luz del Verbo hecho hombre.
nocimi~nto de Cristo, se entra en María, siempre.;
' Es lo que sucederá siempre en la Iglesia: nosotros es-
No olvidemos que la primera definición de Éfeso del
taremos orando con María, Ella se presentará siem-
la maternidad divina de María, era porque se esta-i
ba pro~ndizando en el misterio de Cristo; y al querer\
pre orante. Fijémonos en las manifestaciones a las que
voy a hacer referencia enseguida, cómo María aparece
p~ofun~Izar. y expresar el misterio de Cristo, se expre-
con las manos juntas orando, en Lourdes y en Fátima;
so el misteno de la Maternidad divina de María. Al de-
y nos une a su oración, oramos junto a Ella. Pero la
ci:: si e~ un hombre que es elevado a la dignidad de
contemplamos también en su gloria de Madre del Ver-
H~JO o SI desde el primer instante era Hijo de Dios, era
bo hecho Hombre. Siempre volvemos a esa idea: «ver
Dws, se proponía lógicamente el que María era Ma-
a Jesús desde el Corazón de la Virgen, ver a María
dre ~e Dios, no Madre de un hombre que es Dios lue-
desde el Corazón de Cristo». María está unida indiso-
go, smo es Madre de Dios. Y ahí vino la proclamación
lublemente al misterio de Cristo. ~e la «theótocos», de la Madre de Dios, del Concilio de'
Efeso. ~e p~netra en el misterio de la Virgen entrando ·
Se puede decir -Juan Pablo II lo afirma así-, que
en el misteno de Cristo.
esta fe de María, que señala el comienzo de la Nueva
Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 281
280

«María está siempre presente en la misión y en la Y aquí habla: «Este es el mensaje de los centros como
obra de la Iglesia, que introduce en el mundo el reino Guadalupe, Lourdes, Fátima, y de otros diseminados
de su Hijo». Tenemos que perseverar en oración con en las distintas naciones, entre los que no puedo dejar
María, la Madre. Ella está presente. Y ahí es donde hay de citar el de mi tiena natal, Jasna Gora. Se puede ha-
que vivir todo el camino de la Iglesia. Juan Pablo II blar de una geografía de la piedad mariana que abarca
aquí nos pone en plano inclinado para que me refiera todos esos lugares». Hay pues, una presencia constante.
de manera especial a algunas de las manifestaciones re- La forma como se habla de esa actuación de María en
cientes de la Virgen. Hace notar que realmente la Vir- la Iglesia indica que Ella está continuamente asistiendo
gen está presente en la misión y en la obra de la Iglesia a la Iglesia y a los fieles con su mediación materna: cui-
que introduce en el mundo el reino de su Hijo, y dice da de sus hijos sobre la tiena, colabora a su formación,
que esta presencia de María tiene muchos medios de a su educación, a la maduración de su fe.
expresión y un gran radio de acción, como lo ha tenido
a lo largo de toda la historia. «Por medio de la fe y la Voy a fijarme, ya que Juan Pablo II dice ahí: «Gua-
piedad de los fieles, por medio también de las tradicio- dalupe, Lourdes y Fátima», en las características de
nes de las familias cristianas o iglesias domésticas, de cómo suele ser esta intervención de María. Es una ma-
las comunidades panoquiales y misioneras, los institu- nera realista, práctica, de aplicar esta doctrina.
tos religiosos que se dedican a propagar la devoción a La Iglesia suele examinar los hechos, pero no cabe
la Virgen en medio del pueblo cristiano; por medio de duda que en ocasiones ha dado una aprobación, al me-
la fuerza atractiva de los grandes santuarios, que son nos implícita, en cuanto consiente y deja coner lo que
como puntos de apoyo de la actuación de esa presencia. allí se está realizando. En otras ocasiones Juan Pablo II
Los grandes santuarios marianos en los que no solo los ha tomado una postura aún más positiva, que en cierto
individuos o los grupos locales sino a veces naciones modo subraya, apoya la fe en esas apariciones. Nunca
enteras buscan el encuentro con la Madre del Señor, esas apariciones entran en el contenido de la fe pública
con la que es «bienaventurada porque ha creído». O sea de la Iglesia. El contenido de la fe está cenado con el
que, es la primera entre los creyentes, y por eso es Ma- último de los apóstoles. Por lo tanto, nunca propondrá
dre del Emmanuel. Este es el mensaje de la tien·a de Pa- una de estas cosas como objeto de fe católica. Ahora,
lestina, de tantos templos que en Roma y en el mundo no son objeto de fe católica, es verdad. Pero son objeto
entero, la fe cristiana ha levantado a la Virgen». de consecuencias de la fe católica. Se suele argüir: ¿es
Juan Pablo II ha expresado la técnica interior teo- de fe que Jesucristo está presente en esa custodia?, ¿en
lógica del proceso de la presencia y de la fe de María ese sagrario? Pues no, no es de fe, porque no es de fe
en el testimonio apostólico. Y esto se mantiene vivo de que eso fuera pan verdadero; no es de fe que el sacerdo-
todas estas maneras, por todo este resurgir, y al mis- te estuviera válidamente ordenado. Esto es claro. Cuan-
mo tiempo es instrumento para que se mantenga vivo. do se llega ya a la concreción no puedo afirmar que eso
282 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 283

es de fe católica. Pero es de fe el misterio de la Eucaris- amar a Jesucristo y yo sigo esa moción interior, la sigo
tía, y las otras cosas son parte de la certeza de nuestra porque es conforme al evangelio, no simplemente por-
vida. La verdadera certeza de que ese era un sacerdote, que es una moción.
de que fue ordenado válidamente, de que el pan era ver- A veces filosofamos demasiado con las cosas y las
dadero, que tuvo intención de consagrar, todo esto son desvirtuamos. En realidad es esto lo que pasa: hay una
partes. A veces puede decirse: -Mire, pues es que eso urgencia, y lo que me urge es el principio evangélico.
no es de fe. -¡Hombre, no es de fe!, hay que entender Entonces, es lo mismo que si hubiese leído el evange-
lo que quiere usted decir, entendámonos bien. lio. No, no es lo mismo, porque aquí ha habido una ac-
Lo mismo digo aquí: que la Virgen está con noso- ción que me ha hecho sentir profundamente esa moción
tros, que la Virgen es la que sostiene la fe de la Iglesia y evangélica, que es verdadera moción evangélica. Y me
ayuda, todo eso está bien, ¡es sólido!, está contenido en la ha hecho sentir con los signos de lo que es una acción
el depósito de la fe. Ahora, en este caso concreto, tiene que viene de Dios, porque viene con impulso, con dila-
uno la garantía suficiente para decir que aquí se aplica, tación del corazón, con aliento interior, con sentido de
es en el espíritu de fe que esto es. Pero no es el hecho gozo, de generosidad y de entrega.
en sí mismo contenido de fe católica.
Pues bien, la Iglesia, analizando los hechos, en al- De entre esos santuarios marianos, indudablemente
gunos de ellos ha dado su visto bueno, indicando que destacan Guadalupe, Lourdes, Fátima. Todos sabemos
no hay nada en ellos que demuestre una repugnancia que siempre es la misma Virgen, no vamos a reñir por
con la fe o una irracionabilidad de creerlos o de acep- los títulos. Pero ¿qué queremos decir cuando venera-
tarlos. Cuando después la Iglesia misma venera, por mos a la Virgen de Guadalupe, a la Virgen de Lourdes,
ejemplo, a la Virgen de Lourdes, Juan Pablo II va allí a la Virgen de Fátima? No solo que veneramos a la Vir-
a ese santuario, cuando va a Fátima y se an·odilla ante gen y reconocemos su teología y el fundamento de su
la Virgen, es algo más que una simple aprobación. No veneración porque, evidentemente, todos sabemos que
es un solo permitir que exista, sino que hay una cierta la Virgen de los Desamparados y de los Dolores es la
toma de posición del Vicario de Cristo que presupone misma Virgen. Pero en cada una de esas advocaciones
e implica un juicio sobre tales hechos, por lo que va a se presenta María subrayando cierto matiz de su rique-
venerar a la Virgen en ese templo, con lo cual acepta za teológica y cierto matiz de la repercusión de esa ri-
también el contenido. Claro que acepta el contenido, queza en nuestra vida. Cuando la Virgen nos dice en
y Juan Pablo II era muy claro en ello, porque es con- Fátima: «Yo soy la Virgen del Rosario», o en Lourdes:
forme al evangelio y porque de esta manera nos anima «Yo soy la Inmaculada Concepción», quiere decimos
a que aceptemos el contenido de ese mensaje evangéli- que nos urge precisamente subrayando el valor de ese
co que tiene un vigor especial de urgencia. Como cuan- Rosario, por ejemplo, y su trascendencia para la obra de
do el Señor me mueve interiormente a convertirme o a la redención y en el misterio de Cristo. Y eso es lo que
284 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 285

va vinculado a la veneración de ese título de María, su blar de la Virgen en la Iglesia. Después de decir que
insistencia. ¡Es la Virgen!, la misma Virgen, pero insis- contribuyó a la salvación y a la redención a lo largo de
tiendo en este matiz. la vida sobre la tierra, dice que María ejercita sobre no-
Así como Juan Pablo II nos ha dicho que en esta sotros una verdadera maternidad espiritual. Por eso es
encíclica no quiere insistir tanto en los privilegios de nuestra Madre en el orden de la gracia. Y añade: «Esta
santidad de María, cuanto en su presencia y acción en maternidad de María en la economía de la gracia per-
la Iglesia, de manera parecida pasa con esos títulos: no dura sin cesar, desde el momento del asentimiento que
son negación, no son ignorancia, quieren subrayar cier- prestó en la Anunciación y que mantuvo sin vacilar al
to matiz, cierto aspecto. Es muy curioso que los dos pie de la cruz, hasta la consumación perpetua de todos 1 :
grandes hechos marianos de estos dos últimos siglos, los elegidos» (LG 8). María es pues, Madre y ejercita
Lourdes y Fátima, se refieren precisamente al Rosario. esa maternidad desde el momento de la Anunciación
La Virgen de Lourdes indudablemente es la Virgen del hasta la consumación perpetua de los elegidos, hasta el
Rosario; la Inmaculada Concepción aparece con el ro- fin de los tiempos, sin cesar. Y dice textualmente: «Pues
sario y enseña a rezar el Rosario. La Virgen de Fátima asunta a los cielos no ha dejado esa misión salvadora,
es la Virgen de la Paz, pero con el rosario también. sino que con su múltiple intercesión continúa obtenién-
donos los dones de la salvación eterna». Así es María.
¿Qué hay que decir de estos fenómenos? Prime- Es muy importante caer en la cuelfta y esto lo podemos
ro, que no son extraordinarios; simplemente. En cier- afirmar de la vida de cada uno de.nosotros: también no-
to modo sí, pero no en la sustancialidad del mensaje. sotros tendremos que actuar nuestra colaboración hasta
Teológicamente se puede discutir ampliamente si esos el fin de los tiempos. No creamos que ahora tenemos
hechos implican una presencia real de la Virgen o no, o un corto período en el mundo, luego nos desinteresa-
si únicamente se ha servido de ciertos signos para trans- mos de él. No, también nosotros como miembros de la
mitir un mensaje. Habrá quienes defiendan una cosa o Iglesia ejercitaremos esa comunión con los fieles has-
defiendan otra. Cualquiera de las dos cosas es acepta- ta el fin de los tiempos. ¡Siempre trabajaremos todos,
ble. En el fondo, lo importante es el mensaje que nos nuestro empeño cristiano es para siempre! Lo que va-
transmite por una intervención particular del corazón mos haciendo ahora, con el mismo amor lo haremos
de la Virgen, y esto es indudable. Cómo se realiza esa el cielo, con una diferencia: que aquí podemos sufrir y
intervención de María, es otra cuestión; si lo ha hecho allí no podemos sufrir; aquí podemos prestar una cola-
a través de algo semejante a una televisión, eso me in- boración dolorosa, y allí nuestra colaboración no será
teresa menos. Hay un contacto verdadero, una acción dolorosa sino de intercesión, de ayuda.
personal de María es lo indudable. María no ha dejado esa misión salvadora, sino con-
En cuanto al contenido, ¿qué significa para noso- tinúa con su múltiple intercesión obteniéndonos los do-
tros? Es la actuación de lo que el Concilio dice al ha- nes de la salvación eterna. Quiere esto decir que tene-

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286 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 287

mos que sentirnos siempre muy cerca de la Virgen, en teresados sino con pura elaboración científica. Uno de
nuestra vida de santificación y en nuestra vida de apos- ellos es el colorido, la pintura, el tinte de la Virgen de
tolado. Es Cristo resucitado el que lleva toda esta obra, Guadalupe, inexplicable científicamente y está ahí, y se
pero la Virgen le asiste, la Virgen es instrumento suyo, lo dejan analizar a quien quiera. Lo que es bonito como
Í pero es en una colaboración de su corazón materno con en todas las cosas es el mensaje, es delicioso: aquel po-
este matiz especial, que nos llevará a nosotros también bre indiecito que está escapándose tímido; que una vez
a una gran eficacia de santidad y de apostolado si recu- se encuentra a la Virgen y lo pasa mal, y luego, a la si-
rrimos a María. guiente vez quiere evitar el encontrarse con la Señora
María tiene respecto de nosotros amor materno y la Virgen le sale al encuentro por el otro camino por
porque es verdadera Madre nuestra. Con ese amor ma- donde él iba. ¡Es delicioso!
terno cuida de los hermanos de su Hijo sobre la tierra, Mensaje de la Virgen del Tepeyac: los días 9, 10 y
esto es lo singular de María: su amor materno hacia 12 de diciembre de 1531, la santísima Virgen se dignó
Cristo y hacia nosotros. Como explica Juan Pablo II, aparecer al venturoso Juan Dieguito, y le dice primero:
María, en ese amor materno que Ella tiene, nos quiere «Sábete, hijo mío querido», es el aspecto cordial mater-
llevar a Jesús y quiere que Jesús sea conocido y ama- no. «Hijo mío, muy querido, que yo soy la siempre Vir-
do. «Con su amor materno se cuida de los hermanos gen María, Madre del verdadero Dios. Deseo vivamen-
de su Hijo», este es el hecho, haya o no una aparición, te que se me levante aquí un templo para mostrarme en
eso es secundario. Haya o no un signo extraordinario, él y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa».
la Virgen cuida con amor materno de nosotros, de los ¡Esa es la Madre! Hace falta una colaboración: quiero,
que estamos peregrinando en peligros y ansiedades so- pido esto, porque quiero ser eso. Ahora, lo puede ha-
bre la tierra. Es lo que veíamos en el momento de las cer sin un templo ... ¡Si yo no puedo poner condiciones!
bodas de Caná, María conoce, y es lo que destaca en Los santuarios no son construcción puramente humana.
todas esas apariciones. Esto hay que repetirlo mucho. Dios siempre ha esco-
gido momentos, lugares, porque Él lo quiere así. Teó-
Fijémonos en el mensaje del Tepeyac, de la Virgen ricamente podríamos decir: ¿por qué tengo que ir yo a
de Guadalupe. Es bueno encuadrarlo un poco temporal- ese sitio?, lo mismo d,a aquí. Pero no es ese el camino,
mente. Es el tiempo de los estudios de san Ignacio en no es ese el método. El quiere dar a ciertos lugares o a
París. En ese período, todavía no hacía cuarenta años la veneración de ciertas imágenes una eficacia espiri-
del descubrimiento de América, México no se había tual. Quiere desarrollar en esa aportación del hombre
convertido aún, y tiene lugar esa manifestación de Ma- una abundancia de misericordia por parte suya. Por eso
ría, que es preciosa. Merece la pena de leerse no solo el lugar de un santuario no es arbitrario. Yo puedo cons-
por los prodigios que han descubie1io los de la Nasa, truir un templo donde me parezca. El santuario no es un
con esas investigaciones hechas, no con objetivos in- simple templo, el santuario es un lugar de gracias, yo
288 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 289

no lo puedo señalar. Entonces se nota que, si hay que vez le dice: «Heme aquí, yo soy tu Madre. No se turbe
hacer parroquias, se calcula y se hacen. Pero, «¡vamos tu corazón, no temas esa enfermedad -de su tío Juan
a hacer aquí un santuario de gracias!». Eso no lo puedo Bernardino-, ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?» ..
hacer yo, suele venir designado de arriba a abajo: quie- Esto es lo que hay que suscitar, es lo evangélico pero
ro que aquí se me haga un santuario, donde yo quiero como hecho sensible, comunicación vital: «pues ¿no
derramar gracias. estoy yo aquí que soy tu Madre?». ¿No era esa la res-·
Así es aquí, es una llamada a una conciencia de la puesta de san Estanislao de Kostka?, cuando le decían:
maternidad de María, donde Ella aparece como laMa- -¿Quieres mucho a la Virgen? -¡No la voy a querer,
dre que cuida de sus hijos y pide un cierto esfuerzo hu- si es mi Madre! Pero, ¡¿no es mi Madre?! Es esta con-
mano de actualización de esa verdad de la maternidad vicción.
de María. Por eso es bonito. Y vienen luego las rosas del Tepeyac: «Sube a la
«Deseo vivamente que se me levante aquí un tem- cumbre del cerrito, hallarás diferentes flores, tráelas a
plo para mostrar en él y dar todo mi amor, compasión, mi presencia». ¡Es tan materna la Virgen! Tenemos que
auxilio y defensa. Pues yo soy vuestra piadosa Ma- tratar con Ella como verdadera Madre y verdaderos hi-
dre». Esto es puro evangelio. «Aquí, a todos vosotros jos. Y una Madre que es bondad, que es confianza, que
juntos, los moradores de esta tierra y a los demás ama- es ... -«¿no soy yo tu Madre?-. Y al desplegar el man-
dores míos que me invoquen y en mí confíen, oiré sus to con las rosas delante del obispo, se dibujó en la tilma
lamentos y remediaré todas sus miserias, penas y do- de Juan Diego y apareció de repente la preciosa ima-
lores; tú eres mi embajador, muy digno de confianza». gen de la siempre Virgen María, Madre de Dios». Ese
¡Qué cosas escoge la Virgen! «Tú eres mi embajador, es el caso de Guadalupe, y ahí está esa maravilla: «yo
muy digno de confianza». La Virgen se fía de nosotros, soy vuestra piadosa Madre».
nos hace mensajeros. Y uno si se mira a sí mismo no se
ve preparado para eso, que es lo que a él le pasaba: ¿y ¿Qué diríamos de la Virgen de Lo urdes o de la Vir-
yo qué hago? ¡El pobre tímido indiecito!: ¿a dónde voy gen de Fátima? En la Virgen de Lourdes se notan unas
yo y qué hago yo con todo esto ahora? «¡Tú eres mi ciertas características que más o menos se repiten.
embajador!» La Virgen nos puede escoger así, y cada Se nota en esta aparición: primero, un ruido sin que
uno de nosotros, como decía Juan Pablo II, es portador, se movieran las hojas de los árboles, es una llamada
es transmisor de esa fe de la Iglesia impregnada de la de atención, como una voz. Segundo, ve a una Señora, i
fe de María. Ella enseña a orar a la vidente. Es lo primero que hace
«Tú eres mi embajador muy digno de confianza. Ve la Virgen: enseña a orar. Y ¿cómo le enseña a orar? No
al obispo de México (le diría el indiecito: ¿y cómo voy por imposición: «reza», sino por imitación. Es muy im-
yo allá?), y le dirás cuanto has visto y admirado, lo mu- portante la fuerza del ejemplo, hay que aprenderlo para
cho que deseo que aquí me edifique mi templo». Y otra siempre: los padres enseñan a los hijos sobre todo por:
290 Con María M 13. María en la vida de la Iglesia y en la nuestra 291

la fuerza del ejemplo, no solo de un ejemplo que se portante: es el encuentro con la Virgen, el encuentro
hace forzado, no como algo parcial de su vida, sino del mensual. Es de una enorme importancia en nuestra vida
ejemplo de la vida convencida y vivida serenamente. esa asiduidad de renovar el encuentro. Y a través de la
María se pone a rezar, y por imitación ella reza también asiduidad, que es nuestra colaboración, se va realizan-
con la Virgen hasta que termina el Rosario. La Virgen do la maduración y nos va iluminando, introduciendo
se pone en actitud de oración junto a nosotros, junto poco a poco.
a la Iglesia, Ella se dirige a su Hijo. Es orante. Ella no Entonces les pide la capilla, lo mismo que pidió
' es la cumbre, no es Dios, y ora. Es María intercesora. el templo allí en Guadalupe. Lleva a Jesús Eucaristía,
Tercero, le pide asiduidad, cosa que suele hacer siempre: «una iglesia donde sea venerado mi Hijo»,
siempre la Virgen: «Ven aquí tales días sucesivos». Yo donde sea venerada la Eucaristía. Luego le muestra un
siempre, cuando hablo de esto y lo reflexiono y lo tra- agua, el agua, que es símbolo de la purificación, y le
to de trasponer a las dimensiones, no de característi- pide que beba del agua y se purifique. Desde el princi-
cas extraordinarias pero sí de las características vitales pio no le dice: tienes que beber o purificarte ... Llega su
: de nuestra vida, suelo decir esto, frente a la pregunta: momento, en el que debe hacerlo, le pide que haga pe-
¿pero cómo le dice la Virgen que venga tantos días su- nitencia por los pecadores.
cesivos?, ¿es que no le podía haber dicho la primera vez Oración, maduración, Cristo Eucaristía, colabora-
lo que tenía que decirle? Esa es nuestra manera, noso- ción a la redención a través de la purificación y peniten-
tros pensamos como que todo está en decir. Y en la vida cia. Y por fin le dice: «Yo soy la Inmaculada Concep-
de fe todo es una maduración de fe, no es un saber las ción». Pero no le muestra una Inmaculada Concepción
cosas y decirlas. Es evidente que es a través de un cul- estática, sino le manifiesta el Corazón inmaculado ma-
tivo espiritual como yo capto las cosas; pero no solo las terno de María, es la pura caridad, el puro amor, el puro
capto, las asimilo, y esto requiere una asiduidad. Esa cuidado materno.
asiduidad hace que la vida entera esté marcada por la Este es el comportamiento de la Virgen con noso-
constancia, porque está ahí en el fondo manteniendo tros. Pues bien, que nosotros sepamos acudir a Ella.
esa vida. Hablando de esto, tanto de Lourdes como de Que como fruto de estos Ejercicios, se renueve en no-
Fátima, donde la Virgen les dice: «Venid los trece de sotros la convicción de ese lugar de María en el miste-
. cada mes», yo suelo responder: les impone que hagan rio de Cristo, en el misterio de la Iglesia y en nuestra
retiros mensuales. Eso es lo que les pide la Virgen, un vida.
retiro mensual: «Üs espero el día trece, venid acá». Y
¡claro!, como se trata de un encuentro con la Virgen,
ellos lo apuntan y ese día no se lo saltan; no empiezan
a decir: pues no podemos ir, como ahora tenemos que
cuidar el rebaño este ... No, para ellos es una cosa im-
HoMILíA FINAL

MARÍA, REINA Y MADRE

Reflexionaremos sobre estas lecturas y vamos a ha-


cerlo refugiándonos en el manto de la Virgen, a la que
solemos saludar con las palabras de la Salve que en el
siglo IX formuló el obispo de Santiago de Compostela:
«Salve, Reina y Madre de Misericordia».
«Reina y Madre». Jesús es glorificado, es constitui-
do Rey, y María también es elevada al cielo y consti-
tuida Reina de cielos y tierra. El año 54 el papa Pío XII
establecía la fiesta de María Reina. Al final del Conci-
lio, el papa Pablo VI la proclamaba Madre de la Igle-
sia. Tenemos los dos títulos: Reina y Madre, no es que
se le haga, es proclamada. Es proclamada la fiesta, es
proclamado y reconocido el título de una realidad que
existe. En el fondo es una explicitación de una convic-
ción de la Iglesia. Podría parecer que el título de Reina
era más acomodado al momento de Pío XII y el título
de Madre fuera una especie de acomodación a un estilo
en el que no se recalca tanto el carácter de la realeza,
pero no es así. El título de Reina y Madre es perpetuo
en María. Como Cristo es Rey y Cristo es Señor, María
lo es también.
¡Reina y Madre!, estos dos títulos no se oponen. Es
Reina de misericordia como Jesús es Rey de amor y es
Madre de misericordia. Es verdadera Reina y verdade-
ra Madre. Puede ser que sea para nosotros interesante,
curioso el establecer la conexión entre los dos títulos de
Reina y Madre, porque existe una conexión.
~··

294 Con María Homilía final. María Reina y Madre 295

En los estudios que se han hecho sobre las costum- ría como Reina, como Madre, lleva las preocupaciones
bres de los pueblos orientales y del pueblo israelita, se y las propone a Jesús. Lo entendemos así, de esta ma-
ha destacado que en la tradición davídica, en la corte no nera: es la Mujer que intercede por el pueblo, que lleva
existía un título oficial de reina-esposa, pero sí existía en su corazón esas necesidades del pueblo y se presenta
el título oficial de reina-madre. La madre tenía un título a Jesús, que le hace sentar a su derecha. Entonces Ella
especial, que es el título que podríamos traducir como intercede en favor de todas las necesidades del pueblo.
«la gran señora». Y la gran señora, que era el título re- Estos aspectos pueden ser para nosotros interesantes
conocido, el título oficial, era la madre del rey. Es inte- para ver eso que hemos reflexionado en la última medi-
resante este matiz. María es la Reina, Madre de Cristo, tación, esa presencia y acción continuada de María en
Madre nuestra por ser Madre de Cristo. Y podríamos la Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros.
decir, tiene ese título, es la gran Señora. Es siempre María, «Reina y Madre de misericordia,
En el libro de los Reyes tenemos una confirmación vida, dulzura y esperanza nuestra». Y al verla así, cerca
de esto que, desde un punto de vista totalmente profa- de Jesús, con su corazón materno, tengamos presente¡
no, sin referencia ninguna y sin ningún afán apologéti- que cuando hablamos del corazón materno de la Vir-j
co, está expresado en los estudios sobre las costumbres gen hablamos de un corazón resucitado. Los dos úni-
orientales. Aparece David todavía como rey, anciano cos corazones que hoy palpitan vivos en el cielo -de
ya, y se acerca a él Betsabé, la esposa del rey, para pe- los que nos consta a nosotros al menos-, son el Cora-
dirle un favor. La reina-esposa se postra ante el rey y zón de Cristo y el corazón materno de María. Tenemos
el rey le hace levantar, y Betsabé le pide el favor. En el que saber acercamos, contar con él. Es el Corazón de la
capítulo segundo aparece de nuevo Betsabé, pero esta Reina-Madre, y Reina-Madre no precisamente por una
vez el rey es Salomón, el hijo de Betsabé. Él está senta- especie de edad avanzada. No, es la Reina siempre jo-
do en el trono y se acerca la reina-madre. Entonces es el ven, pero es la Reina-Madre, es la Reina que ocupa el
rey Salomón el que se levanta y se postra ante ella. Se Corazón del Rey, el Corazón del Hijo. Que es esposa sí, ,
sienta en el trono y manda poner un trono a su derecha pero en su maternidad.
y hace sentar en ese trono a su madre, a la reina-madre,
a la gran señora, y ella comienza a hablar en favor de Hemos ido viendo a lo largo de estos días cómo Ma-
Ananías. Le escucha, acoge su petición. ría está asociada al misterio de Cristo, cómo es la Nue-
Podríamos ver en esto una imagen humana que nos va Eva. En ese sentido es la compañera de la redención,
acerca un poco a la inteligencia y a la comprensión de pero compañera en una maternidad que sintoniza cada
lo que es María, Reina y Madre. María tiene ese título, vez más profundamente con el Corazón del Hijo, y que
diríamos, de gran Señora, tiene ese título de Madre del unida a Él hace la oblación de la vida, de la inmolación
Rey y tiene con Él, no un título de gobierno de la Igle- de Jesús en la cruz que Ella ofrece también. Y luego, es
sia, sino esa cercanía y esa fuerza de intercesión. Y Ma- glorificada con Él después de ser establecida Madre de
296 Con María

la Iglesia, sin perder nunca su solicitud materna por los


hermanos de su Hijo, a los cuales constantemente, de
una manera llena de cariño y amor, sostiene en el itine-
rario de su fe. Y la hemos visto en esas expresiones con
las que ha querido manifestarse también recientemente,
a lo largo de la historia.

Tenemos que sentirla siempre cercana, tenemos que


abrirnos confiadamente con ese amor y confianza con la
que tantos hijos suyos se han dirigido a Ella y han for-
mulado esas oraciones, como la del «Acordaos», como SE TERMINÓ DE IMPRIMIR ESTE VOLU-
MEN DE <<CON MARÍA>>, DE LA BIBLIO-
, la del «Üh Señora mía», en las cuales se trata de man- TECA DE AUTORES CRISTIANOS, EL
DÍA 21 DE ABRIL DE 2014, FESTIVI-
•tener de nuestra parte una consagración de todo nuestro DAD DE SAN ANSELMO, OBISPO
Y DOCTOR DE LA IGLESIA,
,ser a la Virgen. EN LOS TALLERES DE LA
IMPRENTA CLM ARTES
«Üh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco del GRÁFICAS. FUENLA-
BRADA (MADRID)
todo a Vos», es nuestra respuesta de confianza. Es la es-
clavitud mariana que enseñaba san Luis M.a Grignion
LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI
de Montfort, es la entrega que le corresponde a Ella, a
su carácter de Reina y Madre. Es mi Madre, es mi Rei-
na, entonces yo me profeso servidor, esclavo de amor,
'hijo entregado a Ella.
Esa devoción de la esclavitud mariana, de la con-
sagración, son aspectos, expresiones diversas de una
misma realidad que atTanca desde los tiempos de san
, Ildefonso y que se ha ido expresando a lo largo de la
' historia, en torno a las diversas devociones, pero que
coinciden todas ellas en un corazón enamorado de Ma-
ría, que quiere hacer a Ella la entrega de todo su ser, de
·todo su actuar, de todo su corazón, para que por manos
•de María se realice nuestra entrega a Cristo y en Él al
Padre.