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Muerte por homicidio

Víctor
Antes de la muerte de Víctor eran muy, muy felices. Sin embargo, no lo reconocía o no lo
apreciaba como tal, ya que siempre existen pequeños motivos para estar disconforme. Su
familia estaba compuesta por Claudio, su marido, ella y sus cuatro hijos, maravillosos, sanos
e inteligentes.
El más pequeño era Víctor o “Vitoco”, como le decían con cariño. Muchas veces dicen que los
padres tienden a idealizar a los hijos que ya no está presente. A pesar de su corta edad, tenía
condiciones extraordinarias para el deporte, la música, el piano era su instrumento favorito y
el estudio. Pero por, sobre todo, Víctor era un niño tierno y cariñoso al que todos querían. Al
vivir solo 9 años, nunca conocieron el lado difícil o complicado que pudiera aparecer en la edad
de la adolescencia o juventud. Como Mamá tuvo una relación muy estrecha con el. La herencia
que dejo su hijo Víctor a sido un recuerdo de amor y ternura, y un vacío enorme y el dolor
desgarrador de no tenerlo a su lado.
Le cuesta mucho recordar como ocurrió la muerte de Víctor, ya que las imágenes le suceden
en forma desordenada y no le resulta fácil ordenar las ideas.
Recuerda perfectamente aquel 31 de diciembre de 1992, cuando el segundo de sus hijos,
Alejandro los despierta y los mira con error diciéndoles: “¡Algo le paso al Vitoco!”
inmediatamente se apodero de ella y de su marido un miedo como nunca antes habían sentido
en sus vidas era demasiado terrible lo que inconscientemente se anunciaba: Su pequeño hijito
estaba tendido sobre la cama sin vida, y ella obedecía las ordenes de Claudio para tratar de
reanimarlo.
Recuerda que se fueron inmediatamente a una clínica donde les confirmaron muerte por causa
violenta. Es decir, su hijito había sido asesinado.
El shock era demasiado grande. Ni siquiera fue capaz de darle un beso de despedida a Víctor.
El horror, el miedo a toda esa situación es indescriptible, y le resulta tremendamente difícil
volver a enfrentarla cuando debe hablar sobre ella ¿Qué paso? ¿Qué enemigo había sido
capaz de cometer un hecho de tal magnitud?
Su caso era un homicidio, y como tal fueron sometidos a largas horas de interrogatorio e
investigación por parte de la justicia. Su niño “se guardo en un cajoncito en sus mentes”, ya
que su primer objetivo era encontrar al o los culpables de tan horrendo asesinato. Durante esa
primera etapa lo que mas recuerda es el miedo pavoroso de lo acontecido, la negación de los
hechos, la confusión mental y un dolor horrible en el corazón.
Dos meses después de la muerte de Víctor, su caso judicial se resuelve. Cuatro delincuentes
ingresaron a su casa a con el fin de robar, armados y dispuestos a todo. Uno de ellos, asesina
a su hijito al interponerse éste en el camino. Al resolverse el crimen, el dolor más agudo del
corazón le desaparece. En ese momento se presenta, en primer plano, el niño que había
estado “guardado en sus mentes”. Poco a poco va asumiendo la realidad. Se da cuenta de
que el milagro de la “reaparición” no es tal: nunca más, en este mundo, podrá ver a su hijo. La
añoranza es horrible y quiere besarlo, tocarlo, sentirlo. Para lograr sobrevivir debe someterse
a tratamiento psiquiátrico con fuertes antidepresivos. El mundo siguió su curso, pero su familia
estaba destruida, cada uno trataba de sobrevivir en forma independiente, a su propio ritmo, ya
que nadie era capaz de ayudar o apoyar a otro con tanto dolor. En el caso de muerte por
homicidio la rabia y la impotencia es incontrolable y existe una sed de venganza personal y
continua en contra de los criminales. Su vida se transformo en antes y un después de la muerte
de su hijo.
La sombra de la muerte amenaza continuamente. Esto nos convierte en padres muy
sobreprotectores, ya que el miedo y el terror nos impide vivir tranquilos y dejar vivir…
Tiene la certeza de que lo que le queda de vida tiene que recorrerla “con la mochila a cuestas”
Su pequeño niño permanecerá por siempre en sus vidas. El existió, fue una realidad que les
deja muchas lecciones, pero por sobre todo el amor de aquel niñito de solo nueve años.
La muerte por suicidio
Luis Patricio y María Alejandra
Sus dos hijos se quitaron la vida con un año y tres meses de diferencia, nunca pensó que ella
los sepultaría. El golpe fue tan inmenso que la desequilibró, no sabía como podía seguir
viviendo sin sus hijos. Se quedo sola, con la única compañía de las cuatro perras que su hija,
la mayor María Alejandra, fue llevando a su casa.
El segundo de sus hijos se llamaba Luis Patricio, nació dos años y medio después que su
hermana, y era un niño precioso, juguetón, inquieto, desordenado y un poquito payaso. A él le
hizo mucha falta su padre, del que se separo cuando lo esperaba. Crio a sus dos hijos sola,
haciendo grandes esfuerzos para que no les faltara nada.
Rita es una mujer hermosa, de ojos verdes y pelo color rubio, su rostro es delicado y su sonrisa
encantadora. Nada en ella delata el tremendo esfuerzo y la gran batalla que ha tenido que dar
para salir adelante en la vida.
Cuenta que Luis Patricio presentó en el colegio los primeros problemas; dificultad en el
aprendizaje y falta de concentración. Aconsejada por los profesores lo puso en manos de
especialistas, quienes le diagnosticaron inmadurez neurológica que le producía un retraso
escolar y problemas psicológicos debidos a la carencia afectiva paterna.
Alrededor de los dieciséis años empezó con los intentos de suicidio tomando sobredosis de
pastillas en tres oportunidades. Luis Patricio se iba sintiendo cada vez más vacío, más inútil a
su edad ya se sentía viejo, ella le insistía que su problema tenía solución y que lo ayudaría
siempre, aunque se demorara en salir adelante. A los 17 años se enamoró de una niña de
trece, de ese único amor nació, años más tarde, Javierita, su nieta.
Para colmo de males, su hijo vivió experiencias límites para cualquier joven, pero qué a él, por
sus características, les fueron imposible de superar.
El día de su santo, el sábado 21 de junio, un día de torrencial lluvia, fue a dejarle pañales a su
hija y cuando llegó a su casa le dijo a Rita que quería conversar con ella. Se amanecieron
hablando y esa fue su despedida. Aunque siempre le había tenido confianza, esa noche le
hablo con el corazón. Alrededor de las 8 se despertó sobresaltada porque sintió un golpe seco,
se acercó a él y solo entonces se percató que alrededor de su garganta tenía un cordón, tenía
la frente llena de pequeñas protuberancias y sus labios morados, y aunque su cuerpo todavía
estaba tibio, su hijo había partido. Empezó la odisea de los tramites policiales.
Ella se sostenía porque sentía a su hijo apoyado en su hombro que le decía: “mamá, esta todo
bien, tranquila por favor”. Era como si él quisiera que ella aceptara su muerte porque eso
constituía su alivio, su tranquilidad, su paz. Su cuerpo estaba tibio, pero su espíritu se había
trasladado a ella. Cuando se llevaron a su hijo, María Alejandra llamó a su padre y él le
prometió que iría a verlos, pero nunca apareció ni siquiera en el funeral.
María Alejandra hablaba de su hermano como si estuviese vivo. Su estado de shock e
incredulidad permaneció en ese año y tres meses que ella espero para ir a encontrarse con él.
Un día le conto que había soñado con Luis Patricio y que le decía que él estaba vivo y que
regresaría. Cuando llego la navidad las dos creyeron que ese era el día en que tenia que
aparecer Luis Patricio, y como lógicamente aquello no ocurrió. A medida que pasaba el tiempo,
su hija empezó a sentir una total desmotivación por su trabajo y por la vida. Después de la
muerte de su hijo, les pasaron cosas buenas, pero María Alejandra estaba mal, completamente
sintonizada con su hermano. Se le hizo un estudio psicológico que arrojo el mismo diagnóstico
de Luis Patricio: depresión bipolar. Mas que en su duelo, ella pensaba en el de su hija.
Para las fiestas patrias, fueron Rita y su hija a una convivencia familiar y apenas termino de
comer se puso a llamar a todas sus amistades porque quería salir a bailar, pero nadie estaba
disponible, finalmente ubico a una amiga de Rita que estuvo dispuesta a acompañarla. La notó
algo ansiosa porque quiso irse sola a la casa para arreglarse.
A las nueve y media le dio una inexplicable desesperación por volver a su casa y le pedi a una
sobrina que me acompañara, llegaron a su casa, todo estaba oscuras, su sobrina le dice “tía,
venga a ver a María Alejandra”, su hija estaba colgando igual que Luis Patricio, de la misma
protección de fierro de la ventana donde había hecho el nudo. Ella intento revivir a su hija
haciéndole respiración boca a boca, pero ya no había nada que hacer.
Al contrario de lo que le pasó con su hijo, se desgarro gritando, no entendía esa catastrófica
decisión, se hizo tantas preguntas dolorosas, tenia tantas dudas, tanta culpa. Saber que su
amor no había sido suficiente para salvar a su hija le produjo un poderoso sentimiento de
fracaso. La sostuvo una sola cosa: el convencimiento de que sus hijos habían hecho era en
primer lugar una decisión de ellos y que debía respetarla.
Tiempo después soñó a sus hijos, como dos niños que entraban corriendo a la casa y le decían;
“Mamá, estamos contigo, estamos juntos, estamos felices, por favor perdónanos, quédate
tranquila, no llores”. Porque ella lloraba desconsolada, que motivo tenia para seguir viviendo,
ya nada le importaba, nada le ataba a este mundo, sin embargo había una frase que la
mantenía viva y que se encontraba repitiendo a menudo:” Déjalos partir, suéltalos, déjalos
libre. Ellos ahora están juntos y son felices. Encontraron la paz eterna”.
Después de la muerte de María Alejandra se reintegro a las reuniones que sostenía en un
grupo de padres de Renacer. Compartir el dolor constituye un buen aprendizaje para saber de
que manera canalizar ese sufrimiento que estará siempre presente en nuestro corazón.
A dos años de la muerte de María Alejandra y y a tres de Luis Patricio, ha comprendido que
por inconmensurable que sea su amor por ellos, sus hijos tienen derecho a esa otra vida, a
esa paz que no tuvieron en esta tierra.
La muerte del hijo único
Felipe
Desde el día que vio a Óscar supo que era el hombre de mi vida. Se casaron muy enamorados
y 29 años mas tarde su amor les ha permitido sobrevivir a la muerte de su único hijo; Felipe.
Se sometió a numerosos tratamientos médicos, y luego de cuatro años de casada nació por
fin su primer hijo, el único que tendrían. Felipe se convirtió en la razón de sus vidas, en el
centro de sus existencias. Todos sus anhelos y proyectos estaban puestos en él. Desde el día
de su nacimiento, el 20 de septiembre de 1975, se dedicó plenamente a él, postergando
cualquier otro rol que hubiese desarrollado como mujer. Felipe lo llenaba todo, era la
culminación del matrimonio, un jardín con flores. Eso era Felipe.
Cuando él creció le costo mucho adaptarse a su independencia, sintió eso que llaman “el nido
vacío”. El apoyo y la compañía de Óscar fueron fundamentales para que ella aceptara que
Felipe se había convertido en un hombrecito y que la libertad que reclamaba era justificada.
Óscar también cuenta su visión, cuando por fin nació Felipe, el se sintió realizado como hombre
y ser humano. A ese niño se dedico por entero, aunque siempre le demostró una imagen de
hombre recio, no tan sentimental, a pesar de que, si lo es, puesto que veía a Rocío que lo
mimaba y consentía demasiado. Para criar a su hijo, con su mujer hizo un pacto de honor
respecto de nunca desautorizarse delante de él, lo que les sirvió mucho para educarlo. Debido
a su buen rendimiento en la universidad, decidieron regalarle un auto en la navidad de 1997.
Felipe manejaba desde hace tiempo, por lo que confiaron plenamente en él, nunca temía a
que le pasara algo. Sin embargo, cuando salía ella sola respiraba tranquila cuando lo sentía
llegar. Cuando murió Felipe en un trágico accidente automovilístico, su vida y su casa quedo
aplastantemente vacía. El sábado primero de marzo de 1998, el ultimo día que paso con ellos,
Felipe fue en la tarde a jugar Futbol con unos amigos y llego contento y bromeando a su casa,
le pidió que si salía esa noche tratara de no llegar muy tarde. Curiosamente le dijo algo que
nunca le había dicho: “Mamá, tu haz echo todo lo que podías hacer por mi, me ha dado todo
lo que una madre le puede dar a un hijo. Déjame vivir mi vida y disfruta la tuya con mi padre”.
Antes de irse el abrazo y la beso. Ese fue su adiós.
Alrededor de la 1 de la mañana sonó el teléfono y pensó que era Felipe para negociar como
solía hacerlo llegar mas tarde o quedarse dormir fuera de casa. Cuando lo escucho decir algo
sobre un accidente no se le paso por la mente que podía haberle ocurrido algo a su hijo. Óscar
jamás olvidara ese llamado telefónico le informaron que había ocurrido un accidente y que
Felipe, su hijo había muerto.
Óscar Salió corriendo con su amigo al lugar del accidente y aunque le dijo que su hijo había
muerto, ella seguía pensando que se trataba de otro Felipe. No podía aceptar algo como eso.
No podía comprender que su hijo, al que unas horas antes había visto feliz y sano, hubiera
fallecido. Le rogó a Dios que le evitara cualquier dolor a su hijo que le dejara ese dolor a ella.
Cuando Óscar regresó a las 5 de la mañana vio en su rostro el dolor de la tragedia. Ese día
comenzó para nosotros un verdadero calvario. Como a Felipe ella nunca lo vio muerto, durante
su funeral ella lo seguía sintiendo vivo. Recuerda que le pidió a su marido que cerrara el ataúd
ya que no quería verlo así. Quería quedarse con la imagen de su hijo sano y feliz. Quería
recordarlo como lo había visto por ultima vez. Quería convencerse de que en su corazón su
hijo iba a estar siempre vivo, por que puede morir el cuerpo, pero el amor y los recuerdos
permanecen por siempre, a medida que pasaban los meses, siguió pensando que Felipe
estaba vivo, se imaginaba que estaba de viaje y buscaba mil excusas para justificar su
ausencia. Le costó más de un año comenzar el duelo, y tuvo que ir a un psiquiatra que le receto
antidepresivos, durante ese primer año le dolía el poder respirar y caminaba cuadras y cuadras
para poder llorar. Con la muerte de Felipe el proyecto de vida se terminó. Toda su existencia
giraba en torno a el, tras su muerte el vacío fue total. No sabían por quien vivir y para qué. A
pesar de que el dolor se le hacia insoportable, ella le tiene mucho apego a la vida y jamás ha
sentido ganas de morir. Esto y su amor por Óscar le obligaron a seguir adelante, a sacar
fuerzas para seguir viviendo. Cada vez que se ríe, canta o disfruta, piensa que esta honrando
su memoria. Aun cuando ya no lo puede cuidar, besar y abrazar si puede honrar su recuerdo
tratando de ser feliz en lo que le quede de vida. Y si hay algo de lo que está segura es que su
hijo quería por sobre todo que sus padres fueran felices y que permanecieran siempre juntos.
Él les envía las fuerzas necesarias para continuar y ellos no lo pueden defraudar.
El Renacer se dio cuenta que no se estaba volviendo loca y que la rabia y envidia son
sentimientos iguales a ella le costo dominar mucho la envidia que sentía por la felicidad de los
otros. La muerte del hijo único te deja sin nada de que aferrarte.
Óscar en cambio, cree que hizo un proceso de duelo normal luego de la primera etapa del
shock, en que lloro tanto a su hijo comprendió que su ausencia era definitiva en el trabajo lo
ayudaron mucho. La familia y los amigos estaba muy preocupados de Rocío y hacían cualquier
cosa para que ella no se derrumbara. De él esperaban que respondiera como hombre con
entereza. El respeto por el duelo del otro les ha permitido ir elaborando las distintas etapas
unidos. Si Felipe vivió en una casa donde se respiraba amor hoy mas que nunca deben
mantenerse unidos, para que él se siga sintiendo orgullosos de sus padres en esa otra vida,
tal como se sintió en esta tierra.

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