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DOCTOR GRADUADO BN CIENCIAS EXACTAS ,

PROFESOR DE ARQUITECTURA, CATEDRÁTICO NÜMERAHIp

DE MATEMÁTICAS EN EL

3itstitttta proüiitcittl íic Ceoit,


fte., etc.

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LCON.—1878.

IMPRENTA DE ÁNGEL J. GONZÁLEZ,


Conde Luna, 6.

V.
gosssssssssssssssss»

Este primer libro de la Meto-
o dolopi'a, se halla de venta al o
«9 precio de tres* pesetas en León,
a casa del Autor, calle del Conde o
o de Luna—13—2," y se remite á
V) quien lo pida, si acompaña la
antedicha cantidad en l/tra de
< fácil cobro.
csícsüssssí^nsQsssssoa
METODOLOGÍA
POR
s

Dow 3o$é De Castro IpxüiDcr,


DOCTOR GRADUADO EN CIENCIAS EXAC i'Ab ,

PROFESOR DE ARQUITECTURA, CATEDRÁTICO NUMERARIO

DE MATEMÁTICAS EN EL

INSTITUTO DE LEÓN, ETC., ETC.

LIBRO I.

BEL MÉTODO EN LAS CIENCIAS ABSTRACTAS E \ GENERAL ,/<


Y ESPECIALMENTE EN LA MATE5IÁTICA.

Este libro,
aunque formando de por sí un cuerpo de doctrina acabado
y completo, puede considerarse como la introducción á una
serie de otros, respectivamente dedicados á tratar de los artifi-
cios ó métodos particulares
que en cada ciencia matemática determinada se emplean.

•tm «•»<« •

LEÓN.—1878.

IMPRENTA DE ÁNGEL J. GONZÁLEZ ,


Conde Luna, 6.
PJs propiedad.
PROLOGO.

0.os tendencias se dibujan hoy perfectamente en


]a.s personas que al cultivo de las ciencias exactas
so dedican. Unas pretenden imprimir á la Mate-
mática un carácter eminentemente metafísico y
en su afán de criticar denuncian un error en ca-
da definición y un absurdo en cada teoría; en su
concepto los cimientos sobre que aquella descan-
sa, son polvo vano que urge aventar; el método
seg-un el cual se edificó nada tiene de racional y
la obra de tantos siglos es quimérica ilusión, que
idéntica pudieran.haber forjado sobre principios
reconocidamente ñilsos sus ilustres inventores. (*)
Otras desdeñan como inútil todo estudio supra-
sensible, dedieanse á desarrollos de detalle y ate-
niéndose á lo que llaman carácter positivo de la
ciencia, procuran extirpar de ella hasta los más
insignificantes asomos filosóficos, pues de esta
manera—dicen—queda simplificada y asequible
á todas las inteligencias. En verdad que si el em-
peño de estos por lo que rebaja á la Matemática,
(•) El célebre Lobatsshewski, partiendo de la
proposición falsa «la suma de los ángulos de mi trián-
^•ulo 69 menor que dos rectos» construyó una geometría
que él declara estar tan perfectamente organizada como
la deEuclides.
IV
por lo que perjudica á su enseñanza y por lo que
embota la inteligencia es incalificable, las decla-
maciones de aquellos adolecen de todos los in-
convenientes de la exageración. Nosotros sin caer
en ella y colocándonos en un justo medio tene-
mos por evidente, que si las ciencias llamadas de
razonamiento por excelencia han de ocupar entre
las demás el distinguido puesto que les corres-
ponde, fuerza es que marchen intimamente enla-
biadas con'la filosofía; ésta y aquellas mutuamen-
te se complementan y robustecen, pudiendo de-
cirse que la Matemática es la Lógica de la Natu-
i'nleza y la Lógica es la Matemática del Espíritu,
Y lo que decimos de las exactas debe extenderse
á toda otra ciencia, con tanto mas motivo cuanto
más en ella se acentúe al carácter racional; la fi-
losofía aplicada á un orden cualquiera de conoci-
inientos déla manera que debe serlo, esto es: es-
tudiando los procedimientos que emplea el espíri-
tu para investigar, comprobar y exponer la ver-
dad, es un estudio no solo útil, sino también im-
])rescindible. «Un buen método es an telescopio,
con el cual se descubre lo que 'se ocultaba á la
simple vista,» ha dicho un ilustre filósofo, y la.
(>omparacion no puede ser mas exacta. Arquími-
des pedía un punto de apoyo separado de l;i
tierra para moverla á su arbitrio; un método CÍCUT
tífico perfecto, pudiera demandarse para hacer
que nuestros conocimientos alcanzaran brevemen-
te el bello ideal de la humanidad en la Naturale-
za: la omnisciencia.
Pues si lo referente al método es tan im-
portante, no llegamos á comprender, como no se
le atiende con preferente solicitud. No basta que
se dé á.los alumnos de los Institutos un ciu^so de
Filosofia que á voluntad estudinn antes, después
V
<) siniulíáneamente con la Matemática y sin nin-
guna relación con ella; es indispensable que una
vez aprendida esta paseen su espíritu con mirada
retrospectiva sobre el camino que han recorrido,
se fijen en la interior estructura del edificio que
fonstrujeron y conozcan el órganum que para el
efecto les sirvió, pues «no se comprende el méto-
do hasta después de haberlo aplicado» según con
razón afirma el Jefe de la escuela positivista. P:]s-
to es lo racional y en nada puede por lo tanto
oponerse al carácter sencillo que distinguir dclit;
;'i. la segunda enseñimza, si es que se la há AK;.
considerar «no solo como fruto SÍEO también co-
mo semilla» (*) pues su objeto no se limita á pro-
porcionar á la juventud estudiosa un cierto cau-
dal de conocimientos referentes á determinados
ramos del saber, sino que también aspira al pro-
gresivo desarrollo del entendimiento, preparán-
dolo para la fácil y elegante investigación de
otras superiores verdades.
Convencidos de la duplicidad de objetos
de que llevamos hecho mérito, y habiéndonos en-
señado la experiencia, que si bien todos los que
la Matemática cultivan han oido hablar del an¿i-
lisis y de la síntesis, pocos seguramente se han
formado cabal idea del modo como so aplican di-
chos procederes, hemos procurado esclarecer el
asunto en el presente trabajo. Y no se crea que
al afirmar la oscuridad que reina en tan impor-
tante asunto, partimos de ligero; ya Lacroix en
su «Ensayo sobre la enseñanza» así lo decía {*"")
(*) Balmes, Criterio.
(•') Pág-ina 2 0 4 = 3 . ' edición. «Me lia parecido^
nue en g-eneral no se entiende la diferencia entre ]os
procederes de la Síntesis y del Análisis, y que no se lia
jleg-ado á formar de cllog idea bastante clara.)^
VI
Y por lo visto el mal no ha tenido hasta hoy r e -
medio, toda vez que comparando las conclusiones
(le este sabio con las de otros que posteriormente
sobre lo mismo escribieron, se notan diferen-
cias do tanto bulto, antimonias tan pronun-
ei;idas que es imposible resolverlas en armonioso
.'¡cuerdo, pues si de los matemáticos-filósofos pa-
samos á los filósofos-matemáticos, las contradic-
ciones son tan absolutas, las negaciones tan r o -
tundas que el espíritu suspenso no encuentra
criterio á que acogerse ni precepto que asimi-
larse. (*) •
Por nuestra parte, confesamos que aún des-
pués de llegados á las funciones del profesorado,
hemos tenido que meditar bastante sobre el asun-

(*) Para que se vea que no exag-eramoa, compá-


' rense los párrafos siguientes:
«Hasta ahora, el verdadero análisis no ha sido
aplicado á la Matemática, que no parece tampoco sus-
ceptible de esta aplicación, por lo menos en el estado
¡'.ctufil de la ciencia.» (Lacrois, Ensayo sobre la enseñan-
y.a, pág-. 217.)
«El análisis metafísico y el análisis matemático,
son pues precisamente la misma cosa.» (Condillac—El
lenguaje de los cálculos—pág. 218.)
«El análisis tal como Condillac lo concibe, sien-
do la descomposición de un todo en sus partes, difiere
esencialmente del método que lleva el mismo nombre y
que se aplica á la solución de los problemas de razona-
laiento.» (Duhamel.—De los Métodos—^pág. 92.)
Compárense también entre silos dos siguientes:
«Este método de descomponer los objetos y de re-
componerlos á seguida para abrazar perfectamente las
relaciones se llama análisis.» (Laplace.—Diario de la
E;ícuela politécnica.—Tomo 2."—pág. 71.)
«I?l análisis, no es la descomposición de nn todo
en sus partes es necesario emplear métodos que en
nada se parezcan á la descomposición.» (Duhamel, obra
citada—pñg. 82.)
vn
to, porque no podíamos aquietarnos con ninguno
de los pareceres tan diametralmente opuestos que
leíamos en los libros á la materia consagrados y
escuchábamos de los labios de personas compe-
tentes. Ni nos era posible concebir á priori, que
filósofos y matemáticos, cada uno resolviese pro-
blemas iguales en esencia, de ün modo tan dife-
rente, cuando todos los hombres sin escepcion
razonan necesariamente en estado de salud con
arreglo á las mismas leyes, ni quedábamos saíis-
feclíos áposteriori con las razones que en defensa
de sus teorías cada cual presentaba. Y que la
cuestión no debía quedar en semejante estado era
para nosotros evidente, pues en nuestro profundo
convencimiento de que nadie puede afirmar quo
posee medianamente una ciencia, sin conocer el
enlace y trabazón íntima de sus teorías, y aún
menos nadie puede tranquilamente enseñai^la sin
poseer sus métodos de investigación y exposición,
estábamos obligados á penetrar en la materia in-
tentando poner en luz el acuerdo que existir de-
be entre el ramo de conocimientos á que nuestra
afición nos llama, y la sana filosofía. Tal ha sido
el origen de este humilde trabajo que, á falta do
otro mérito, tiene el de estar dictado en obsequio de
la juventud estudiosa, con la cual naturales simpa-
tías, auestra profesión y un trato ya largo nos
unen de por vida.
CAPÍTULO PRIMERO.

P r e l i m i n a r e s . (I)

Razón, Jui-I 1. Entre las diferencias que separan al hombre del


CÍO, Juzgar, /i.ggto délos seres animados, ning-una tan importante co-
to°^oñceptó(™° ^^ ™^°"-•^'^^^'^ ^^ ^^ facultad de formar juicios.
é idea. \juicio es la operación, en virtud de la cual, percibimos y
afirmamos una relación entre dos términos. Esta rela-
ción, se llama en general conocimiento, voz que por un
tropo muy natural, se sustituye frecuentemente por la de
Juicio. Formar juicios es/2/2,i7í?r; juzgando entre dos co-
nocimientos se llega á un tercero.
Razón como ájente, juicio como medio, y conoci-
miento como término final, son pues los tres elementos
indispensables de Ja función de juzgar.
Como nuestra actividad intelectual, puede ejer-
cerse expontánea ó voluntariamente, los juicios se clasi-
fican en involuntarios y reflejos; en los primeros, los
términos relacionados son la inteligencia por una parte
y el objeto del conocimiento por otra; cuando conozco
que llueve, que es de dia, ó que hace calor, es porque in-
voluntariamente hó juzgado; en los segundos se relacio-
nan dos conocimientos anteriormente adquiridos; cuando
afirmo que Dios es justo, es porque voluntariamente he
(1) Aunque este capítulo encierra solo una materia
tratada por todos los que lian escrito sobre Metodología, la for-
ana en que lo presentamos lo hace útil para la perfecta inteli-
gencia de los siguientes, de los cuales, por otra parte, debe ser
antecedente obligado.
relacionado el conocimiento de Dios con el de justicia.
En adelante, nos referiremos exclusivamente á estos
últimos.
Aunque el resultado de todo juicio se llama en
general conocimiento, se suele reservar esta denomina-
ción para cuando aquel lo miramos al través del objeto
sobre que versa, y se adoptan las de concepto é idga-pa-
ra e¡ caso en que se le vea al través del sug-eto, pues es .
evidente, que sin objeto conocido y sugeto que conozca,
no puede existir conocimiento.
Los conocimientos, conceptos é ideas pueden ser
simples ó coínpy.cftfris. Son simples, cuando como sucede
en la de línea recta no pueden descomponerse en otras
dos ó más. Son compuestas, si como la de triángulo re-r
sultán de la agregación de otras.
Silogismo 2. Para formar un juicio, son necesarios dos conoci-
sus clpmeii- |mientos adecuados y anteriormente adquiridos; las pro-
tos; su legiti- .posiciones que los expresan se llaman premisas y la
m i d a d ; su ique traduce el juicio se denomina conclusión; entre to-
empleo en la
Matemática. 'das forman el silogismo que por lo tanto, es la reunión de
tres proposiciones tales que de las dos primeras se sigue
necesariamente la tercera.
Todo euL'ppo es poroso)
Ejemplo: „ , . El hierro esporosoíconcliisioii)
El liierro es cuerpo )
El sugnto de la conclusión se llama término me-
nor porque en efecto, la idea que expresa es aplicable á
menor ó á lo sumo á igual número de individuos que la
idea i'epresentada por el predicado de la. misma, y este se
denomina término mayor; por razón análoga el término
con el cual aquellos dos se comparan se adjetiva medio.
Así en el ejemplo anterior, el liierro es el término me-
nor, la jwro.?íVW es el mayor, y el cwer/JO es el medio.
En cuanto á las premisas, se denominan mayor ó menor
según contengan á uno ú á otro término.
Un silogismo puede ser vicioso por la falsedad de
las premisas ó por la^ ilegitimidad de la conclusión una
vez aceptadas aquellas, lo cual está fundado en que se
puede j u z g a r bien con datos falsos, y discurrir mal con
datos verdaderos; lo último rara vez sucede, lo primero
tiene l u g a r con harta frecuencia y no es necesario añadir
que las dos imperfecciones pudieran tener al mismo tiem-/
po lugar.—No existen reglas para formar buenos silo-
gismos porque esta operación es la mas elemental de lag
—3—
que nuestra razón practica y por lo tanto no puede refe-
rirse á otra mas sencilla; tampoco son imprescindibles,
pues si el que juzga está en el pleno goce de sus facul-
tades mentales y presta al asunto la atención debida, es
dificilísimo que se engañe. Lo único que puede decirse
con objeto de hacer una comprobación, es que la premisa
mayor debe contener á la conclusión, como un caso par-
ticular de la proposición que ella exprese, y que la me-
nor debe indicar que allí está contenida. Este pre-
cepto está basado en que la fuerza del silogismo consiste
evidentemente en esta verdad clarísima: «Lo que se dice
de todos los individuos de un grupo, se afirma de cada
uno de ellos.»
En Matemáticas los juicios se suelen expresar por
medio de igualdades ó desigualdades, las cuales, ó son la
traducción fiel de relaciones dadas k j^i'iori ó son conse-
cuencia de otras dos admitidas de antemano; en este úl-
timo caso, se forma un verdadero silogismo, expresado
con ese lenguaje breve y compendioso, que constituye
una de las mayores ventajas de las ciencias exactas.
W Ejemplos:l.-^:^JA=C; '¿•^^^^t.enG^^''^^^-''-''-
Uazona-j 3. Muchas veces para relacionar dos conocimientos,
miento, ' no basta un silogismo único; entonces procede la razón
por una serie de ellos, de tal suerte encadenados, que
la conclusión de cada uno sirve de premisa al si-
g'uiente, y en tal caso se dice que se razona ó que
se hace uso de un razonamiento, voz que por lo
tanto es específica respecto á la de juzgar: Ejemplo:
A=BU_(

) ' >A=]S!. Si nuestro objeto era rela-


D=N)
ciouar la idea ó conocimiento A con la idea ó conoci-
miento N, lo hemos conseg-uido.
En las ciencias exactas cuya escritura con objeto
de simplificar, hemos adoptado en el anterior razona-
miento, usando el signo = uno de los que sirven para
las comparaciones, se dá comunmente á la serie de silo-
gismos la forma que los lógicos apellidan sorites, y que
consiste en dejar de repetir el término medio en cada dos
premisas haciendo tomar al razonamiento la forma de
-4—
una cadena, cuyos eslabones iguales 6 desiguales rela-
cionan indirectamente al primero con el último. En el
ejemplo anterior tendríamos: A = B = ; C = D = N , de don-
de legítimamente concluiríamos A=]S!.
Ciencia, su J 4. Cuando razonamos con objeto de adquirir conoci-
concepto. ' mientos relativos á un solo orden da cosas, podemos lle-j
g a r á construir Ciencia, la cual, como quiera que todo
conocimiento supone sugeto que conoce y objeto conoció'
do, podrá verse á través de este ó á travos de aquel. De
aquí las denominaciones de ciencia siihjetiva y ciencia
objetiva para designar con distinta forma una cosa idén-
tica eu esencia. (1)
Objetivamente considerada es la Ciencia «un sis-
tema íntegro de verdades de un mismo orden y depen-
dientes de un solo principio.» Este principio que se •A'^Z-
Didíí fmídamental. es en Matemáticas el concepto de
cantidad. La palabra sislemí vale tanto como reunión
ordenada, integro significa que comprende todos los co-
nocimientos ó verdades que en g'érmen están contenidas
en el principio fundamental; la frase: ds verdades, quie-
re dar á entender que la verdad y no el error constituye
la materia, objeto propio de la Ciencia; de un mismo or-
den indica, que las verdades que la integran, han de ser
las que naturalmente se derivan del principio funda-
mental y nada más; por último: como este principio ha
de ser único para cada ciencia particular, se añade lá
condición: dependientes de wi solo principio. Ya se
comprende que la Ciencia así definida es la Ciencia tipo,
aquella á la que el hombre tiende, y se acerca sin cesar,
aunque sin esperanza de alcanzarla completa. Por eso á
medida que nuestras investigaciones van enganchando el
horizonte científico, el número de las verdades funda-
mentales va disminuyendo y se comprende que en el lí-
mite, si fuere dado alcanzarlo, todo se reduciría á un solo
principio; el concepto de Dios.
Clasftca-) ^" ^ ° ^ conocimientos que constituyen la ciencia,
cion de las ip"^*^^^'^ pertenecer al orden abstracto, como la Aritméti-
ciencias. •'ca, Algebra y Geometría, al orden espiritual como l a
Psicología y Etica, ó al orden material comió a Física

(1) Por esta causa y siendo nuestra intención reducir


estos preliminares á los más pequeños límites posibles, hacemos
caso omiso del aspecto subjetivo.
—5—
Química y Fisiología. Los primeros los adquirimos me-
díante uu trabajo de nuestra razón, en que esta marcha
mas allá de lo que nos presentan los sentidos, y especu-
lando sobre los resultados, establece leyes que ninguna
realidad tienen en el mundo externo, aunque á él se apli-
can con provecho; los segundos se originan en la esperi-
meutacion interna, por la que atentamente examinamos
nuestras facultades y el modo que tienen de funcionar,
estableciendo en consecuencia reglas para el mas prove-
choso uso de aquellas; los terceros nacen de la observa-
cian y experiencia externas. Tienen de común los dos
primeros grupos el que sus verdades son eternas, necesji-
rias y perfectísimas, al paso que las del tercero son co//.s'-
tanfes, solamente dada, la in variabilidad d é l a s leyes de
la Naturaleza.
De aquí resulta que con arreg-lo á la clase de ver-
dades deque se ocupanlasciencias,estas pueden dividirse
en racionales, espirituales y naturales. (1) Ni en las unas
ni en las otras campea esclusivamente ninguno de los
dos elementos razón y experimentación, por mas q\ie en
las dos primeras predomina la razón y en la tercera la
experiencia sensible, y tanto es así que aún en las racio-
nales llamadas también exactas por escelencia hay que,
admitir intuiciones que traen su origen de aquella: tal
sucede en el concepto que tene;nos formado de línea
recta.
Principios 6. Además del principio fundamental, uno para cada
formales; da- ciencia pxrticnlar y probablemente idéntico para todas,
tos primeros) necesitan las ciencias para desarrollarse otros principios
que se adjetivan formales y que puede ser ó axioinas ó
leyes ex])erimentales; los axiomas son verdades evidentes
por sí mismas, comunes á todas las ciencias y que tienen
su origen en la observación espontánea. Ejemplo: «lo
que se dice de una cosa, se dice de su igual.» Los princi-
pios ó leyes experimentales son privativos de las ciencias
naturales y toman origen de la observación y experi-
mentación voluntarias; están fundados en el llamado
principio de inducción, que se expresa así: «En la Natu-

(1) Tibergien distingue dos clases de ciencias solamente:


las ciencias de principios y las ciencias de hechos. Las de prin-
cipios comprenden los dos primeros grupos de la clasiflcacion
que nosotros dejamos apuntada; las de hechos soij las del tor-
cer grupo.
—6—
raleza todo fenómeno, se produce en virtud de leyes cons-
tantes y generales.» Ejemplo: «la luz se propag-a en lí-
nea recta.» Los principios formales desempeñan respecto
al fundamental en cada ciencia determinada, análog-o
papel que el calor y la humedad respecto al gormen de
cada planta que ha de desarrollarse, y puede decirse que
la única diferencia que separa los axiomas de las leyes ex-
perimentales consiste en que los primeros las comproba-
ciones se presentan por sí mismas, y en los segundos, te-
nemos que trabajar para buscarlas. Cuando decimos: «dos
cosas iguales á una tercera son iguales entre sí» se pre-
sentan instantáneamente á nuestra memoria multitud de
ejemplos que sin escepcion corroboran la universalidad
del principio. De esta cuestión, íntimamente ligada con
el origen de nuestros conocimientos, volveremos á tratar
mas adelante.
De la observación expontánea, ayudada de la re-
flexión, se sacan en cada ciencia particular, ideas gene-
rales, que determinan completamente la naturaleza de
las cosas encerradas en el principio fundamental. A es-
tas ideas las llamaremos datos primeros y el número de
ellos es tanto menor cuanto mas se.acerque la ciencia al
tipo de las abstractas, que es el que en todas convendría
alcanzar, á ser posible. Así en la Aritmética serán datos
primeros las ideas de unidad, pluralidad y totalidad, y
en Geometría las de cuerpo geométrico, superficie, li-
nea y punto, forma, posición, equivalencia, semejanza ó
- •/ igualdad.
Dc'íluicion. 1 7. La verdad no se define: es su concepto tan gene-
],a verdad es fral, que por la misma sencillez que le distingue no pue-
"/|!"fl"'''|<'- íde descomponerse en otros que lo sean más, condi-
^/.yj/jjj" jcion indispensable á que debe satisfacer todo objeto
definible, pues definir una cosa es «igualarla á otra mas
general de antemano conocida, la cual por la adiccion de
algún nuevo carácter se convierta en aquella que se quie-
re definir.» Así cuando pai-a definir el triángulo deci-
mos que es el polígono que consta de tres lados, ligamos
su concepto al de polígono que conviene á infinito nú-
mero de figuras, y luego particularizamos el triángulo,
añadiendo que debe tener precisamente tres lados. Tam-
poco es imprescindible el definir la verdad, pues como su-
cede con todas las ideas simples ó indescomponibles, es-
tá tan grabada en nuestro espíritu, que no hay persona
^7—
que no la distinga y aún de ella no se haya creido algu-
na vez en posesión. (1)
Respecto á la certidumbre de poseerla en cada
caso determinado, hay que distinguir entre las verdades
que pertenecen al mundo del espíritu y las que corres-
ponden al universo material; las primeras no admiten
probabilidad alguna de duda; de lo que nuestra con-
ciencia nos afirma, de lo que nuestra i'azon nos evidencia,
estamos absolutamente ciertos; no hay necesidad de cri-
terio ó señal alguna para establecer semejante linaje (!»>
verdades, sopeña de convenir en que Dios ha querido
burlarse de nosotros haciéndonos juguetes de una cons-
tante ilusión.
Pero si en las afecciones de nuestra alma y en lo^
productor de nuestra inteligencia no podemos equivocar-
nos, no sucede lo mismo con la causa de estos conoci-
mientos; el testimonio de ios sentidos es falible, aunque
no debe recusarse por sistema; no debe dudarse de todo,
sino examinar atentamente todas las pruebas, sometién-
dolas á un rigoroso contraste. (2)
Caracteres ( 8. Definida la ciencia como lo hemos hecho, fácil e-í
lie la ciencia, {asignar sus caracteres. En efecto; pues que há de radicar
de un solo principio, há de sar una, há de tener unidwh
y pues que há de formar un sistema íntegro, há de sor
universal, há de tener universalidad, la cual lleva co-
mo corolario la variedad, así como la unidad, entraña
la arnionia. Sin embargo, ya hemos indicado, que dada
la imperfección de la humana inteligencia, no hay ni
habrá ciencia alguna que en que la parte determinada ó
descubierta, alcance por completo al tipo perfecto qut*
hemos definido.
(1) A. los que intentan definir la verdad, diciendo q'ae es
«la conformidad de una n»c¡on con su objeto» pudiere pregun-
társeles qué entienden por conformidad de una noción con su
objeto y seguramente se verían para responder en gran emba-
razo. Cometen un círculo vicioso, diciendo con muchas palabras
lo que puede decirse con una sola: la verdad.
(2) El escepticismo que en las escuelas, griegas, liabia
degenerado en una ridicula cliarlatanería, despojado por los
modernos de sutilidades pedantescas, ha llegado á ser la verda-
dera fllosofia, y consiste no en dudar de todo, sino en pesar to-
das las pruebas, sometiéndolas á un rigoroso análisis; no en
probar que el hombre nada puede conocer, sino en distinguir
bien, y en elegir por objeto de su curiosidad lo que es posible
.descifrar. (V. Conaorcet.—Elogio de Franklin.)
—8—
Concreción. I 9. ^ poco que reflexionemos soLre la manera según
Abstracción.) ]g^ g^^^l gg^¿jj g^ mjgg|.j.g^ mente clasificados los conoci-
mientos, veremos que á semejanza de lo que sucede en la
Naturaleza, donde muy pocos cuerpos simples, dan orí-
gen á esa infinidad de materias, que bajo tan distintas
formas se nos presentan, asi un número relativamente pe-
queño de ideas elementales ó indescomponibles, forman
todos nuestros conocimientos. De aquí resulta, que coló-'
cados en uno cualquiera de ellos, podemos proceder á la
consideración de otros distintos dentro del mismo orden,
por dos caminos diametralmente opuestos: el primero,
que pudiéramos llamar ^Oí'co«Cívc/o?i, consiste en la
sucesiva agregación de nuevas ideas, que van haciendo al
conocimiento cada vez mas complejo, particular y deter-
minado; el segundo, que pudiéramos adjetivar _por ais-
tracción, consiste en la sucesiva sustracción de caracte-
res, que nos vá conduciendo por unasériede conocimien-
tos, cada vez más sencillos, generales ó indeterminados.
Del primer proceder tenemos ejemplo en el paso
del concepto de línea al de ángulo, de este al de políg-o-
no, de este al de triángulo y de es!e al de triángulo equi-
látero, ó en la sucesiva consideración de los números, en-
tero, quebrado ordinario y quebi-ado decimal. El segundo
camino se nos presenta en la sustitución del concepto de
triángulo equilátero, por el de triángulo en general, del
de este por el de polígono, ángulo y línea, ó en la de el
de quebrado decimal por el de quebrado ordinario y nú-
mero entero.
Se comprende que la primera vía, es en el orden
racional, la única que emplea nuestra inteligencia para
enriquecerse con nuevas verdades, porque está en su dé-
bil naturaleza el marchar siempre de lo simple á lo com-
puesto, en cuanto al orden según el cual aquellas deben
encadenarse, pero no sucede lo mismo con el estudio de
cada conocimiento individual, pues en este, con el obje-
to da estudiarlas separadamente, atacando las dificulta-
des en detalle, abstraemos las ideas componentes si se
trata de un conocimiento racional ó separamos física ó
mentalmente las partes que integran su objeto si se tra-
ta de un conocimiento sensible. Así, en Algebra, separa-
mos la cantidad de la cualidad de los números; así en
Geometría consideramos un cuerpo material cualquiera y
prescindiendo de todas sus propiedades menos de su ex-
—9—
tensión, nos resulta lo que llamamos cuerpo geométrico,
de este abstraemos una dimensión y ee nos presenta la
superficie, hacemos lo mismo con esta y nos queda la lí-
nea, repetimos con ella idéntica operación y llegamos al
punto, del cual no podemos pasar por no ser su concepto
susceptible de sustracción alguna.
Generaliza-1 iQ. Esta disgregación de un todo, en sus partes rea-
°^' ^ les suele ser provechosa, pero la resolución de un conoci-
miento complejo en sus elementos ideales es de todo pun-
to necesaria, pues que por gu medio, recogemos los ma-
teriales indispensables para la generalización ó forma-
ción de ideas generales, función importantísima, median-
te la cual «totalizamos en un tipo ideal común, las cua-
lidades ó caracteres que hemos abstraído de los conoci-
mientos particulares.» Asi adquirimos las ideas abstrac-
tas del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, de los
colores, de los placeres, de los dolores, etc., después de
haber presenciado varias acciones buenas y varias malas,
algunas justas y otras injustas, después de haber experi-
mentado repetidas sensaciones producidas por tal ó cual
modo de reflejarse ó refractarse la luz, después de haber
sufrido muchas impresiones de placer y otras muchas
de dolor. Desde aquel momento, dichas ideas permanecen
en nosotros, nuestro espíritu se las apropia y las aplica
en el acto del conocimiento de cualquier x)bjeto particu-
lar sometido á su actividad, pero guai'dómonos de creer
que tienen en sí existencia real fuera de nuestra inteli-
gencia, sino queremos caer en errores parecidos á los que
cometió la antigua física, materializando la luz, el caló-
rico, la electricidad y las fuerzas en general.
CÍQ abstrae- \ 11. Resulta que la abstracción es función previa para
Pe^sabíe*^^^' (^^ generalización, y ahora vamos á probar, que es indis-
"•a adquinr' (pensable para la adquisición de la ciencia. Esta en efec-
<^iencia. )to, no versa sobre conocimientos concretóse individuales,
como serían el de un cierto número entero, el de un trián-
gulo determinado, versa sobre abstracciones, sobre cono-
cimientos generales, sobre aquellos caracteres que por
ser comunes á las cosas todas de un mismo ói*den cual-
C[uiera son aplicables á todas ellas, á todos los enteros
imaginables si se trata de números enteros, á todos los
triángulos trazables si estamos en Geometría. Sobre estos
materiales es sobre losfc[uela Ciencia se asienta y espe-
3
—10—
cula, y claro está que sin ellos, jamás llegaríamos á
construirla.
Síntesis, I 12. Las dos vías que hemos Uam6.áo por concreción,
Análisis. ^ y. ^ ^ abstracción, únicas que nuestra inteligencia puede
recorrer, dan origen á los dos procederes únicos también,
que aquella emplea para investigar y enseñar la verdad,
y que respectivamente toman élnoxahve/Sínlesis y Análi-
sis. En la Síntesis, se pasa de lo simple á lo compuesto,
y como lo más simple es lo más general, también se pue-
de decir, que se pasa de lo general á lo particular. En el
Análisis, por el contrario, se ínarcha de lo compuesto á
lo simple, de lo particular á lo general; pero hemos vis-
to, que la concreción y la abstracción pueden recaer lo
mismo sobre los conocimientos i-acionales que sobre los
sensibles, luego habrá síntesis y análisis que denomina-
remos subjetivas porque no existen fuera del sugeio, que
conoce, y síntesis y análisis objetivas porque versan so-
bre el objeto que fuera de nosotros se presenta.
Así, si prescindimos de uno ó varios atributos de
un todo cualquiera, habremos hecho un análisis subjeti-
vo, como sucedería si del enunciado de un teorema ó
problema descartásemos alguna de sus condiciones, ó si
de la idea de triángulo rectángulo pasáramos á la de
triángulo en general; pero si descomponemos una cosa
cualquiera ya sea material ya sea ente da razón en sus
partes constitutivas, habremos efectuado un análisis ob-
jetivo, como acontece cuando en la extracción de la raiz
cuadrada de un número entero, distinguimos dos casos, ó
cuando pasamos del concepto de cuerpo geométrico al de
superficie, ó finalmente, cuando descomponemos una má-
quina en sus órganos para mejor estudiarla. En suma: el
análisis subjetivo, versa sobre cualidades de la cosa pen-
sada, que no tienen de por sí existencia propia ni aún en
idea, mientras que el objetivo se opera sobre partes que
pueden concebirse separadas. Creemos muy importante
esta distinción, porque el no tenerla presente es en nues-
tro sentir, la causa de que geómetras ilustres se empeñen
en no ver la identidad entre los métodos por ellos em-
pleados y los que usan los filósofos.
Extensión;) 13. Ya que la Ciencia se funda sobre ideas genera-
comprensión (les, obtenidas mediante abstracción, conviene determi-
-Sus límites; nar exactamente el valor relativo de ellas. Para verifi-
carlo, atenderemos á su extensión y á su comprensión.
—II—
Extensión de una idea es el numeró de individuos á que
se estiende ó es aplicable, por ejemplo: la idea de núme-
ro, es aplicable á los enteros, á los quebrados y á los in-
comensurables; á los positivos, á los negativos y á los
imaginarios; la idea de polígono se estiende á los trián-
gulos, cuadriláteros, etc., ya planos, ya alaveados, ya
rectilíneos, ya curvilíneos. Comprensión de una idea es
el número de atributos ó caracteres que la integran; así
la idea de número, comprende las de cantidad y cuali-
dad ; la de polígono comprendía la de lados, ángulos y
espacio cerrado.
Entre la extensión y la comprensión de una idea,
h a y cierto antagonismo, en virtud del cual, tanto au-
menta la una cuanto disminuye la otra, y esto se com-
prende sin esfuei'zo, pues si nos fijamos en una idea cual-
quiera que no sea indescomponible, podremos operar con
ella por via de concreción ó por via de abstracción.En el
primer caso, iremos agregándole nuevos caracteres, y
por lo tanto ganando en comprensión; p^X'o los nuevos
estados porque irá pasando, serán cada vez mas particu-
lares y determinados, y por lo tanto cada vez, aplicables
á menor número de individuos; es decir: dichos estados
irán menguando en extensión. Así, si á la idea de Arit-
mética, considerada como ciencia que se ocupa exclusi-
vamente del cuantum ó cuantidad del número, le agre-
gamos la idea de cualidad del mismo, resulta el concep-
to del Algebra que trata del número bajo todos sus aspec-
tos esenciales. La Aritmética, tiene pues mayer exten-
sión, es mas .9'(??ier^? que el Algebra, la cual á s u vez tie-
ne mayor comprensión, es mas compleja que la Aritmé-
tica. (1)

(1) Lo contrario se viene afirmando desde el origen del


Alg;ebra, á quien llegó á calificarse en sus primeros tiempos' de
Aritmética universal, tal vez p )rque la diferencia entre ella y
la Aritmética, se hacia consistir en que el número estuviese
representado de un modo indeterminado, por medio de signos
generales, ó que lo estuviese de una manera estremadamente
especial, por medio de cifras ó guarismos particulares. Se con-
fundid el representado con el representante y los autores do
Aritmética por ser consecuentes en su error renunciaron hasta
hace poco á la sencillez que á sus demostraciones, podía dar el
empleo de las letras del alfabeto para figurar la cuantidad de
un número cualquiera. Nosotros que ciframos dicho carácter, en
que se consideren simultáneamente las categorías de cantidad
—12—
Por el contrario: en el segundo caso, iremos abs-
trayendo caracteres, y por lo tanto irá menguando la
comprensión, pero los nuevos estados por los que la pri-
mitiva idea irá pasando, serán cada vez mas generales é
indeterminados, y consiguientemente aplicables cada vez
á mayor númei-o de individuos. Así, muchos problemas
que son imposibles en Algebra por no acomodarse la
Cíialidad déla, aolucion, alas condiciones impuestas en
el enunciado, quedan perfectamente posibles sino se
atiende mas que á la cuantidad del resultado.
Si después de haber operado por abstracción cdn
una idea cualquiei'a, continuamos haciendo lo mismo con
las resultantes, llegaremos necesariamente á una, que
por no constar más que de un solo carácter, será indes-
componible. Esta idea que podemos adjetivar, simple,
ele7n'!ntnl ó generalísima, tendrá el máximum de exten-
sión y el mínimum de comprensión; tal sucede con las de
punto j tmidad absoluta. Viceversa: si procedemos por
concreción, podremos seguir nuestro camino, sin otros lí-
mites que los impuestos por la Naturaleza si de un objeto
material se ti*ata^ ó de los que quiera poner nuestro libre
albedrío, si de entes puramente racionales nos ocupa-
mos; entonces el resultado será una idea individual, co-
mo la de el niimero 358.
Fuentes de i 14. Ya hemos indicado que la adquisición de nuestros
coDocimien- jconocimientos, se verifica siempre ó por intermedio de los
sentidos ó por intermedio de la razón y que en uno y otro
caso la conciencia nos lo acusa; estos son pues los únicos
conductos por donde llega á nosotros todo lo que sabe-
mos, pero cada uno de ellos debe tener y tiene su pecu-
liar origen ó causa. Respecto á los sentidos todo el mun-
do está de acuerdo en atribuir á la observación y al es-
periraento, cuanto nos comunican, y relativamente á lá
razón, pueden suceder dos casos: ó se trata de conoci-

y cualidad en el número, ó que se prescinda en lo posible de es-


ta última, no tenemos por contradictorio, el que el Algebra,
siendo más particular que el Aritmética, sea sin embargo apli-
cable á todas las cuestiones que en esta se tratan y algunas
más, pues precisamente, este es uno de los caracteres distinti-
vos de lo particular respecto á lo general. Las aplicaciones, por
ejemplo, del hierro son lis mismas que corresponden á todos los
metales en general, j algunas más, debidas á las condiciones
que lo particularizan entre ellos.
—18—
mientos más 6 menos individuales ó se trata de conoci-
mientos elementales; si de los primeros, no hay duda que
los antecedentes son otros conocimientos, también más ó
menos individuales que sirven de datos al razonamiento,
si de los segundos las opiniones se dividen. Unos siguien-
do á Platón, confiesan que dichos conocimientos elemen-
tales tienen su origen en la observación, pero recusan
el que de ella directamenie se deriven, pues admiten que
nuestra inteligencia lleva en sí misma ciertas nociones y
ciertas formas, que solo están aguardando la occisión de
un heoho empírico de su especie respectiva que les sirva
de antecedente cronológico indispensable para manifes-
tarse á nuestra conciencia; tal es hoy la opinión más g-e-
neralizada. Otros, adoptando la máxima Aristotálica-.
«Nihil est in intellectu quod non priús fuerit in sensu.i)
adicionada posteriormente por Leibnitz con la frase «sed
intellectus ipse» dan á la observación cuotidiana como
la causa pi'imera y única de todo conocimiento; finalmen-
te, la escuela de Descartes afirma que para nada inter-
viene la experiencia en la adqujsicion de semejantes ver-
dades, que son innatas en nuestro espíritu.
Naturaleza \ 15. La palabra Método, se deriva de las dos griegas
0*1 Método yy^^gtd y odos etimología, que vale tanto como en camino
en general.), J . i ^ i^ • i ^
Suselemen-Í'^i'^^ ^^^'^^'^^'' pero el que está en cammo ó el que va
tos. \por un camino, marcha, anda, dá una sárie de pasos or-
denados ó dirigidos á un fin propuesto, es decir: que el
método en general, y según la composición de la voz
que lo expresa, es «una sárie ordenada de operaciones
para llegar á un fin» de aquí se deduce: Primero: que no
pudiendo conseguirse fin alguno sino por sus medios
propios y adecuados, el Método es aplicable á todo, es
necesario para todo y efectivamente, método es necesario
para construir las ciencias, método para enseñarlas, mé-
todo para la consecución del fin más vulgar y sencillo y
método para la operación más trascendental é importan-
te. Segundo: que habiendo de ser los medios proporcio-
nados á los fines y siendo estos tantos y tan diversos,
muchos y muy diversos tienen que ser los métodos. Pero
en medio de esas diferencias, todos tienen y no pueden
menos de tener ciertos elementos comunes, los elementos
generales de todo método; pasemos pues á determinarlos.
Según hemos definido el método, tres son sus ele-
mentos constitutivos: el ser v.una sériei) lo cual supone
—14—
principio 6 punto de partida; el constar de «operaciones
ordenadas» lo cual exige pluralidad de medios adecua-
dos, y el estar estos «encaminados á nn;?».» Punto de
partida, medios y fin, son pues las tres notas generales,
comunes á todos los métodos.
Método cien-1 IQ. Entre la inmensa variedad de métodos, cada uno
titico. Su na-^(jggtinado á conseguir un fin diverso, el que sirve para
yes particu- investigar y exponer la Ciencia, se llama ('-Método cien-
Inres. ]ti/icoii y evidentemente quedará determinado, siempre
que se conozca su principio, sus medios y su fin. Del
principio nada decimos, porque es distinto para cada
ciencia particular; el fin es, la adquisición y enseñanza
de la misma ciencia; los medios son lo que nos interesa
estudiar, pues rigorosamente hablando, ellos caracteri-
zan al método, y ya que han de ser apropiados al objeto
que se há de conseguir, deberán estar conformes con la
ciencia, ó lo que es igual, se referirán al entendimien-
to, única potencia cognoscitiva. Diremos pues, que la
inteligencia es el agente, las operaciones intelectuales
son los medios y la cisncia es éífin de todo método cien-
tífico, y por lo tanto, lo definiremos como «una sárie or-
denada de operaciones intelectuales, conducentes á la
adquisición de la ciencia.» De aquí se sigue: 1." que sien-
do imposible á nuestra inteligencia el pasar de uno á otro
conocimiento sin que aquel sea más fácil que éste, se
debe proceder siempre de lo más á lo menos conocido;
2.° que estando las verdades de cada ciencia, encadena-
das de un modo continuo, esto es, sin soluciones de con-
tinuidad y no siendo posible á nuesti'a inteligencia obrar
per saltum, no se debe intentar el paso de un conoci-
miento genérico á otro individual sin recorrer uno por
lino y en el orden natural todos los conocimientos espe-
cíficos. En descubir este orden natural, está todo el se-
creto de la ciencia.
Dificultad escalonada y gradación suavísima, son
pues las leyes peculiares del.método científico.
Doble proce-'\ l7. Pues que el Método científico, como auxiliar de la
dimitinto del /inteligencia, debe acomodarse á su naturaleza, es claro
Método cien-íqyg gyg procedimientos serán análogos á los que aquella
' ^'^°' ' puede practicar para adquirir y exponer la ciencia; pero
esta tiene por único objeto el Ser. luego sus procedi-
mientos deberán acomodarse á el orden y respectiva dis-
tribución según la cual están colocados los Seres. Ahora
—15—
bien: estos, ya sean naturales ya pertenezcan al mundo
del espíritu están dispuestos en forma de escala, ascen-
dente de lo particular ó lo g-eneral, de lo compuesto A
lo simple; descendente desde lo general á lo particular,
de lo simple 4 lo compuesto, y pues el paso de un cono-
cimiento cualquiera á otro de su mismo orden, hemos di-
cho que no puede verificarse, más que por concreción ó
por abstracción de partes materiales si se ti'ata de un co-
nocimiento sensible y de caracteres ó notas si se opera
sobre ideas suprasensibles, es evidente que la intelig-en-
cia humana, y por consiguiente el Método, sólo puede
recorrer dos caminos: ó bajar de lo general á lo particu-
lar, ó subir de lo particular á lo general; al primero, le
hemos llamado síntesis ó procedimiento sintético; al se-
gundo, andlisis ó procedimiento analítico.
Beduccion. ) 18. Si se sigue la primera vía sacamos del conoci-
Iflduccion. * miento de que partimos, otro menos extenso, menos ge-
neral, de este otro con las mismas condiciones, y así
continuando, hasta llegar á aquel que forma el término
de nuestro viaje intelectual; si marchamos por la segun-
da, el conocimiento de que partimos, ingresa se intro-
duce en otro más extenso, más general; este lo efectúa
á su vez en otro con las mismas condiciones, y así conti-
nuando hasta llegar á aquel en que debemos detenernos.
A la primera se la ha llamado deducción (deduco-is;
sacar), á la segunda inducción (induco-is; introducir).
Parece inútil añadir, que el ejercicio de ambas, como el
de toda función anímica, puede ser voluntario ó invo-
luntario.
Paso de la 19 Para terminar este capítulo haremos observar: 1.'
'Verdad ó fal- Que de la verdad de lo general, se deduce la verdad ne-
sedad de lo
general á la cesaria de lo particular, pues lo que se dice de todos los
<*e lo particu- individuos de un grupo, se afirma necesariamente de
lar y yicg. cada uno de ellos, y al tomar nosotros dicho principio ge-
^ersa. neral por verdadero, es porque no admitimos escepcion
para ninguno de sus casos particulares. Así, cuantos
pi'eceptos y cuantas reglas sean verdaderas para los que-
brados ordinarios, lo serán para los decimales, que for-
man el caso particular de que el denominador de aquellos
sea una potencia entera de diez. Cuando admitimos como
verdadera la proposición: «La suma de los ángulos de un
polígono plano y rectilíneo, es igual á tantas veces dos
rectos, como lados tiene menos dos» la admitimos también
—16—
implícitamente para el triángulo, cuadrilátero, pentág-o-
no y todo otro polígono especial.
2." Que de la falsedad de lo general no se injiere la
falsedad necesaria de lo particular, pues lo que se nie-
g a con razón suficiente de un conjunto de individuos, pu-
diera no ser racionalmente negable de alguno ó algunos
de estos. Así de que sea falso que «todos los hombres son
buenos» no se deduce necesariamente que sea falso el que
tal ó cual hombre sea bueno; de que sea falso que «todos
los números son quebrados» no se saca el que sea falso
3 •
que el número—sea un quebrado; de que sea falso que
«las caras de todo poliedro son cuadrados» no se sigue
que las del cubo dejen de serlo. (1)
3.° Que de la verdad de lo particular no se signe
forzosamente la de lo general, pues lo que se diga de
uno ó varios individuos de un grupo, pudiera no convenir
á los restantes. Por eso, cuando se quiere establecer una
propiedad general, es necesario patentizar que es exacta
para cada uno de los casos particulares que comprende,
ó lo que es más elegante, pero más difícil, remontarse de

(1) Dubamel, en su obra acerca del Método, expresa es-


te segundo priucipio diciendo que «de lo falso puede sacarse lo
verdadero» y da á entender que hú pasado desapercibido, para
cuantos filósofos se lian sucedido desde Aristóteles. Tomándolos
de \o%<í'principios anah'ticostde este sabio, copíalos ejemplossi-
guientes: Tod!o hombre es piedra 1 ^ ^ „ ^ -L . •
_, , . j • 1 í Luego todo hombre es animal
Toda piedra es animal » "
Todo caballo es animal. )^ • i v u ii
T,.. , , . , > Luego mngun hombre-es caballo.
Isingun hombre es animal, i
Lo que le conduce á esplicar el hecho afirmado: «que puede
»suceder que el conocimiento de que se trata sea una mezcla do
»verdad y falsedad»—lo cual no tiene lugar en ninguno de di-
chos ejemplos ni puede acontecer jamás, pues que cada premisa
es y há de ser, ó completamente verdadera ó absolutamente fal-
sa,—«d también que en las aplicaciones repetidas que de él se
»han hecho se hayan introducido errores que se compensen des-
»truyéndose los unos con los otros» lo que ni en la resolución de
problemas, ni en la demostración de teoremas puede nunca su-
ceder, porque la cuestión con quien enlazamos á aquel y el
principio con el que ligamos á este tienen siempre de antemano
adquirido el carácter de certidumbre, sin lo cual el razona-
miento debiera recusarse como ilegítimo.
Por lo demás, basta abrir cualquier tratado de Lógica pa-
ra encontrar en la parte relativa á la comparación de las propo-
siciones, el principio á que esta nota se refiere.
—17—
un solo vuelo y abarcar en un solo razonamiento cuantos
puntos de vista puede ofrecer la cuestión, ó finalmente:
adoptur un temperamento medio entre los dos anteriores,
examinando uno ó más casos particulares pero no todos,
y haciéndolos en seguida servir de apoyo y obligado an-
tecedente al razonamiento en virtud del cual el enunciado
toma el carácter de general.
Del primer proceder son ejemplos las demostra-
ciones que más ordinariamente se emplean para eviden-
ciar la regla de la multiplicación de un polinomio por un
monomio, y el teorema trigonométrico de Carnot; del se-
gundo nos los ofrecen, la teoría algebraica de las fraccio-
nes, que comprenden á las de términos errtferos quebrados,
incomensurables, positivos ó negativos, y la proposición
relativa á la suma de los ángulos de un polígono plano
y rectilíneo cuando para demostrarla nos servimos sola-
mente de la suma de los ángulos externos que resultan
prolongando los lados en un mismo sentido; del tercero
podemos citar la deducción de la fórmula del binomio de
Newton, cuando el exponente es entero y Ift. de el teorema
geométrico antedicho cuando el razonamiento se apoya
en el valor de la suma de los ángulos del triángulo.
4 " Que de la falsedad de lo particíilar se concluye
inelndihlemente la de lo general, porque lo que no con-
venga á una de las partes de un todo, aunque convenga
á las demás, nunca podrá afirmarse de todas ellas. Por
eso, si lo que se busca es poner en luz la falsedad de una
proposición. Instará evidenciar la de uno siquiera de los
casos especiales que compendia.
CAPÍTULO SEGUNDO,

P l a n de las Ciencias abstractas.

Plan de las \ 20. Considerando ya al Método científico, solamente


ciencias abs- (g^j relación con las ciencias abstractas, se trata de saber
^^^g^^^'^^^'iúQs el andlisis 61a, síntesis el procedimiento que en
•' ellas conviene adoptar.
Para responder á esta cuestión, debemos distin-
guir dos casos: ó se trata de hallar cual es el orden se-
g-un el que deben estar colocadas las verdades, ó se quiere
conocer el mejor camino para la investig-acion y exposi-
ción de cada una de ellas aisladamente pensada; si lo
primero, tendremos lo que se llama plan de la ciencia;
si lo segundo habremos llegado á lo que especialmente
se conoce con el nombre de método de la misma. Cierto,
que si á la palabra método la tomamos en su acepción
más lata y general, el plan no será más que el método
en lo que al orden se refiere, con lo cual nada en la esen-
cia de su concepto habrá cambiado. Pasemos á ocupar-
nos del primer extremo.
Las ciencias abstractas tienen por objeto lo supra-
sensible, las relaciones necesarias y universales que son
independientes del sistema que rige al mundo; sus verda-
des son eternas, necesarias é inmutables, como fundadas
en la esencia misma de las cosas y no están por consi-
guiente escritas en el libro de la Naturaleza donde todo
es temporal, contingente y mudable. De aquí que la ob-
servación y la experiencia no hayan contribuido á for-
marlas con otra cosa que con la indispensable ocasionali-
—19—
dad de la excitación del raciocinio á cuya propia virtud
están encomendadas, y por lo tanto se pueda y deba em-
pezar su estudio por los principios más universales y
concluir por sus más particulares verdades.
Ahora bien; pues que hemos llamado plan al or-
den según el cual aquellas se suceden, podremos por lo
dicho establecer, que el plan sintético es el único que
Üebe emplearse en las ciencias abstractas.
Los lógicos sustituyen á veces la palabra^?í7íipor
la mas general de método y entonces resulta una anti-
nomia, que no es mas que aparente, entre el principio
que dejamos sentado y el tan vulgar cuanto verídico
aserto de que el método analítico es la gran palanca con
que se han removido y i'emueven las mayores dificulta-
des de la Matemática.
De lo que llevamos expuesto resulta, que la cons-
trucción y estudio de toda ciencia abstracta habrá de
principiar por las verdades más universales siguiendo
por las que lo sean menos y concluyendo por las mas
particulai'es, y ahora añadimos que para descubrir este
orden es indispensable valerse tanto de la síntesis cuanto
del análisis, pues mal podríamos comenzar y proseguir
nuestro camino sin estudiar el principio fundamental y
todos los demás que de él, próxima ó remotamente se de-
riven bajo todos sus aspectos y en todos sus elementos
sucesivamente.
En lo que no hay conformidad de pareceres, es en
la pauta lógica que conviene adoptar en semejante cons-
trucción, por lo cual nosotros únicamente aconsejaremos
la más en armonía con nuestro modo de pensar, y que
consiste en estahlecevprimero cual es el verdadero con-
cepto de la ciencia de que se trate, descubriendo los ele-
mentos componentes de su objeto y una vez aislados,estu-
diar á cada uno de ellos en sí mismo y apreciar las modi-
íicacionesde que es susceptible,ú^eíjíMi?^ relacionar á cada
uno con los demás y por último reconstituir el todo ha-
ciendo la síntesis final; repetir las mismas operaciones
sobre cada elemento de los descubiertos por el análisis y
continuar de un modo semejante el doble camino em-
prendido, descendiendo desde el objeto de conocimiento
al problema mas complejo, y ascendiendo desde cada nu-
do de la ciencia á sus últimos elementos.
—so-
Como ejemplo de lo dicho, intentemos principiar
el trazado de! plan ea la Matemática.
Plan do la^ ^ 1 . Si nos fijamos en una cosa determinada cualrjuie-
Ciencia Ma ra (1) podemos mirarla bajo dos aspectos esLMiciales úni-
temática
cc!s (|ue son: 1." independientemente de las diTni'is de su
g-ánero. '2." en relación con las demás ile su ¡-••.'ñero.—lis-
tos puufos de vista, son si empíric-ünente se les conside-
ra, siempre, simultáneos ó inseparaljies.—Asi al pi-nsar
en una circunfenMicia de círculo puedo ver en ell;;.- 1."
ai[uello ([ue constitu3'e su esencia en el sentido viilg-ar
do la palabra, aquello por lo que es circunferencia y no
otra cosa, aquello que si se, modiíicas;; desa]>ai'ece-
ria la circunferencia; 2." aquello que en (día liay de ac-
cidental y variable, aquíiilo que puede modincarse suíi-
sistieudo la circunferencia. Así también al considerar un
número quebrado puedo por un bulo pijusar, que es
(inu totalidad dt! partes ii^-ual(>s cualesípiiera de la inii-
dad y por otro puedo ver aípiello que le liacc; más ó me-
nos grande; si lo supon^-o solo, aisiido, se me aparece lo
primero, si eu relación con otros quebrados veo lo se-
g'undo; el que sea un quebrado y no otra cosa, es inss-
parabKí del objeto pensado, el que sea mayor ó menor, es
se])arable, ¡mes bien pudiera tener otra cualquiera forma
sin dejar por eso de existir como quebrado.
llesuita pues que desde el ¡¡rimer punto de vista
se descubre todo lo (pie la cosa tiene d(f coman con las
demás de su o-¿nero y á esto se llama su ci(,al¡d:i(l y des-
de el s(;;:^-un ¡o se percibe todo lo que la sopara y distin-
gue de las demás cosas de su g-énero que es lo que se de-
nomina su c«/^'/i//V///^^ ó c/7«//V^'/^/,-todo lo que, pudiera
expresai'se de la manera sif^'uiente; ((Las cosas se deter-
minan por su cnnlidad en faeneros y dentro de cada fae-
nero se individualizan por ÜU cantidad.» La cualidad y
la cantidad, son pues, (ui cierto modo lo que vulg-ar-
mente so denomina materia y forma,sustancia y acciden-
te de las cosas.
l'i! concepto de WJií'/(Í7í/, siendo orig-inado siem-
pre por la relación entre cosas de un mismo g-ánero, con
objeto de individualizarlas, se comprende (pie dicha corn-

il) Entendemos por cMsta todo lo que puedo ser sujeto ú ob-
jeto (íe un acto mitorial ó inmaterial, y porcosa líatural aípiu-
ila (jiiu uu el muudo de la Naturaleza existe.
—21 —
p a r a c i o n liabrá por necesidad de efectuarse m e d i a n t e los
límites de l a s cosas c o m p a r a d a s , pues que estos limites
son lo único que d i s t i n g u e y separa á cada u n a de e l l a s
d e l a s d e m á s cong-éneres: el fondo es idéntico p a r a todas
y no serviría por lo t a n t o p a r a d e t e r m i n n r l a s . (1)
Si pues p a r a obtener ]n cantidad de u n a cosa, so
La de c o m p a r a r inodiauti; Vniiites con on-a cosa, no h a -
b r á c a n t i d a d en l a s ilimitadas ó infinitas. Xo debo ver-
se u n a contradicción entre esto y el «lae s ; considorcn en
l a M a t e m á t i c a canti'lades ¡njia.'i'is pues el iníinito (¡ue
a l l í so estudia no t's ol intínito alisolnío ó m(>tnfísico. sint)
el f|ue con más propiíídad debiera l l a m a r s j ¡níJ/'fi.ndo. es
decir: aquello líuyosi límites nuiv j^-rauíb's ó m u y ]ie(iuc-
ños se roiicihcn [lero no se pueden i m a g á n a r . ¡li") A'á
p u e s diremos: qa(! «cantidad infinita es a(|nella cu-
yos límites se, eouciben, pero no se pueden i m a g i -
nar» t a l sucedo con el n ú m e r o da tárminos de la serie:

-^-"+-T+ir+T(í+ ~ 1 ; y con el n u m e r o de p u n -
tos de u n a r e c t a de lonj^itud d e t e r m i n a d a : u n a recta de
doble long-itud t e n d r á n e c e s a r i a m e n t e doble n ú m e r o de
puntos.
La c a n t i d a d y l a c u a l i d a d , son cosas nat>ir:iles y
finitas; son n a t u r a l e s porque en l a N iturale:ía se d a n co-
mo a t r i b u t o s ; son finitas, poríjue eir cosas finitas solo
a t r i b u t o s finitos.se pueden en(!ontrar. Laeí^-o h a b r á c a n -
tidad y c u a l i d a d en l a c a n t i d a d , c u a l i d a d y c a n t i d a d

(1) Cu;uido se com])aran dos cosas do lürercnto g;'¡i(íro ó


cvialidail, es menestci- ijuf.liaya utro [ji'aíM-i) superior en ([ue am-
bas estén eoiiipríuiditlas, y solo Irijo esta eoniüeioa soa c inpa-
rables; así las e.autidules positivas, las uef^ativas y las imajxina-
rias, son comparables bajo el eoiicepto coimiu de eaatidados, un
triánl^iilo y iiucírealo son comparables como superllcies so!a-
moute, ua'iniaeral y un vefjetal son comparables como euor]>os
físii'O-qiüiilicos únicamente, US decir cu cuanto á su extensión,
densidad, composición, etc.
2) Didme una cosa fliiita, tan prodip;iosa como qnerais,
lipciía do tal modo (jue á fner/.a de exceder ii to la m ídida apre-
ciabl(',se presento como infinita á mi ima^''nadou; ella será
siempre linita en mi concepto, yo concilio sns límites aunque no
los piíedo ima;,'in ir. No puedo soñalar don le se, liallan, ]>TO S.'
claramente (juü existen, y lejos de confundirla con el iníinito,
cono/.co evidoutenu'ute, que está aún intínitamente distante de
la idea que tongo del infinito verdadero.—Feneloa.—Do la e>;is-
teücia de Dios, parte 2,", uúni. 28.
-22—
en la cualidad, sia que sea posible aislar estas dos mani-
festaciones de la esencia de las cosas. Si se pretende pues
estudiarlas completamente separadas, se pretende un ira-
posible; lo único que puede hacerse es considerar con
preferencia á cualquiera de ellas. (1)
En resumen, resulta: I."que cualidad es una pro-
piedad tal de las cosas, que si desapareciera se auulurian
también aquellas: 2.° que cantidf/de,s una propiedad de
las cosas, mediante la cual se determinan, relacionán-
dose por sus límites con las demás de su género: 3.° que
uo es posible separar completamente la cantidad de ia
cualidad: 4." que en las cosas ilimitadas no se dá más
que cualidad.
Como toda propiedad de las cosas, puede ser obje-
to de conocimiento científico, habrá una ciencia de can-
tidad y esta es la Matemática que por sí misma se nos
presenta. La Matemática, así designada en singular p a -
ra expresarla con más vigor en su unidad, se subdivide
en varias ciencias matemáticas, atendiendo á su g r a n
desarrollo y poderoso crecimiento. Para descubrir cuales
sean estas ciencias, claro está que deberemos atender á
los diversos modos de ser de su objeto genei-al: la canti-
dad. Procede pues hacer un examen detallado de esta.
Atendiendo á la definición que de la cantidad he-
mos dado, se vé que dicho examen se debe reducir á ave-
riguar los modos como pueden relacionarse las cosas con
las demás de su género mediante límites, y es claro que
estos modos serán tantos, cuantas sean las clases de l í -
mites de las cosas y cuantas sean las combinaciones que
con ellos pueden hacerse: pero estos límites que pueden
afectar ó no afectar á nuestros sentidos, se reducen siem-
pre para el efecto de su determinación directa ó indirec-
ta á los primeros (2) los cuales en la Naturaleza solo pue-

(1) Tal vez habrá quien niegue que la cantidad y la cuali-


dad sean cosas naturales, porque aceptará que son conceptos.
que existen en el Yo, y que este los aplica en el acto del cono-
cimiento. Aunque así fuera y se clasiñcaran como cosas espiri-
tuales, nuestro razonamiento quedaría subsistente, pues todo
cuanto decimos de las cosas naturales, es aplicable á las es-
pirituales.
(2) En efecto: si son de velocidad, la velocidad es un espa-
cio; sisón de calor, se aprecian por la variación de un espacio
que es función de aquel, en el termómetro; si son de peso, redu-
cimos la relación entre estos límites ala relación entre los brazo»
—23—
den ser de espacio y de tiempo (1) luego siguiendo la
pauta lógica que nos hemos impuesto, habrá:
1.° Cantidad en general, sin particulai* determina-
ción en el Espacio ni en el Tiempo. La ciencia que á ella
está dedicada es la Algoritinin, j es tética porque fija
y estudia en si el objeto general del conocimiento mate-
mático; sus conclusiones llevarán por tanto el sello de la
generalidad que la distingue y serán en consecuencia
aplicables á todas las demás ciencias matemáticas.
2." Cantidad en cuanto al espacio de las cosas. La
ciencia que se ocupa de su estudio se llama Geonietria,
y en relación con su origen será analítica, por cuanto se
presenta estudiando solo una de las dos formas de rela-
ción de que hemos hecho mérito.
3.° Cantidad en cuanto al tiempo de las cosas. La
ciencia que de ella trata se denomina Cronomeíria, y es
en lo que á su origen se refiere tan analítica como la
Geometría.
4." Cantidad en cuanto al espacio y tiempo de las
losas. La ciencia que sobre ella versa se conoce con el
lombre de Forononüa ó ciencia del Movimiento, y es
lintética porque en ella se resumen los dos elementos an-
edichos.
Procedía ahora efectuar con el principio funda-
nentaldecada una estas cuatro ciencias, las mismas
eres operaciones que hemos llevado á cabo con el capital
de toda la Matemática y proseguir de esta manera con los
nuevos sucesivos elementos hasta llegar á las últimas
conocidas ramificaciones de la ciencia, pero como nues-
tro objeto actual es solamente presentar un ejemplo de
cómo se debe trazar el plan de las abstractas no iremos
«n este asunto más adelante.
de una palanca de primer género; si son de humedad, se evalúan
por la yariacion de la longitud de un cabello, ó por la diferencia
de dos indicaciones termométricas, ó por el efecto de una combi-
nacionjpudieiido decirse que el problema universal que en cual-
quier ciencia, y en cualquier momento de la vida nos propone-
mos, consiste siempre en '¡.relacionar directa ó indirectamente
los limites de dos cosas.» Este problema que en ocasiones se pre-
senta sencillísimo,resulta otras en extremo difícil y aún inaccesi-
ble al espíritu humano.
(1) Toda cosa natural lleva en sí coma propiedades insepa-
rables aún en idea un espacio y un tiempo que en vano inten-
taríamos definir. Las cosas espirituales solo tienen como atribu-
to eseacial un cierto tiempo.
CAPÍTULO TERCERO.

Métodos generales p a r a la investigación


y demostración de teoremas.

Cuatro ra- I 22. Demostración es todo razonamiento que pone en


"^í-ff™"*"
trativas. i[evidencia
. n ,un teorema.
. . Esta evidencia. se consig-ue
^^ rela-
i
Clonando la proposición que se examina, con otra ya ad-
mitida, bien porque sea clara de por sí, bien porque se
haya esclarecido de antemano; entonces la luz que aque-
lla irradia, se esparce por toda la cadena de razonamien-
tos, llega á la que se há de demostrar, é iluminándola la
hace evidente á su vez.
Para llegar al encadenamiento apetecido, pode-
mos valemos de cuatro medios distintos elementales ó
sencillos que resultan del análisis siguiente:
Si nos íijamos en una proposición cualquiera T
que se há de demostrar (1) podemos imaginar que tiene
sobre sí las que la superen en generalidad y debajo las
que sean más particulares que ella.
Unas y otras, podrán ser verdaderas V, V ó fal-
sas F . F ' y la razón, podrá marchar: 1.° ascendiendo
á V y F desde T por los caminos A, B; 2." descendien-
do desde V ó F por los C y D hasta T; 3..° bajando
desde T á V' y F' por los A' y B'; 4.° finalmente: ele-
vándose desde V'F' hasta T por los D', C'.
Rama 1,* Si asciende la razón desde T por las vías A, B, el
(1) Véase lafiguraque puesta alfinalde estas páginas, sir-
ve para hacer en cierto modo sensibles nuestros pensamientos.
—25—
mecanismo consistirá en partir de la proposición que se
há de demostrar y descubrir de cuál otra pudiera consi-
derarse como consecuencia; hacer lo mismo con esta y
continuar así hasta lleg-ar á una anteriormente «admitida
como verdadera V ó como falsa F; si se reconoce como
verdadera, la demostración estará hecha, porque tendre-
mos seguridad de que partiendo de aquella podríamos
por un camino reg^resivo llegar á la propuesta de deduc-
ción en deducción, y pues que ude la verdad de lo gene-
ral se infiere la de lo particular,» la proposición T será
verdadera; si el punto de llegada se tiene por falso F
nada podremos afirmar del teorema propuesto pues que
«de la falsedad de lo general no se deduce la falsedad ni
la verdad necesaria de lo particular;» de aquí se sigue,
que de los caminos A y B solo el primero nos puede ser-
vir para el esclarecimiento que intentamos de la cuestión.
Como ejemplos de dicho proceder pondremos los siguien-
tes: 1." Demostrar que: si la suma de los valores absolu-
tos de las cifras de un entero es múltipa de 3, dicho en-
tero también lo será. Esta pi'oposicion pudiera ser conse-
cuencia de que «todo entero es igual á un múltiplo de 3,
más la suma de los valores absolutos de sus cifras» y su-
cesivamente diríamos lo mismo de estas otras: «la reunión
de varias unidades de un orden cualquiera, es igual á un
múltiplo de 3 aumentado en el valor absoluto de dichas
unidades.» «Una unidad de un orden cualquiera es igual á
un múltiplo de 3 aumentado en una unidad simple.»Si
este teorema lo tenemos como cierto, podemos afirmar
que el propuesto también lo será.
Ejemplo 2." Demostrar que «el máximo común divi-
sor de dos enteros, se encuentra dividiendo el mayor por
el menor, este por el resto, este por el nuevo residuo, y
así sucesivamente.» Transformaciones déla cuestión pro-
puesta: «en toda división, el máximo común divisor del
dividendo y divisor, es el mismo que el del divisor y el
residuo.» «En toda división, todo divisor del dividendo y
divisor es divisor del resto, y todo divisor del divisor y
del resto es divisor del dividendo.» «La condición nece-
saria y suficiente para que un entero divida á la suma ó
á la diferencia de otros dos, es que divida á estos, y si un
entero divide á otro, divide ásus múltiplos.» Si las tres
partes que comprende esta última proposición son verda-
deras, también lo será la penúltima; siéndolo esta, tam-
5
—26—
bien lo será la anterior, y así sucesivamente, luego la
propuesta es verdadera.
Ejemplo 3.° Demostrar que: «la suma de los ángulos
de todo ti'iángulo rectilíneo es igual á dos rectos.» El
teorema pudiera ser consecuencia de este otro: «la suma
de los ángulos de un polígono rectilíneo convexo, es
igual á tantas veces dos rectos como lados tiene menos
dos» el cual ingresa* en el siguiente: «la suma de
los ángulos externos que resultan prolongando en un
mismo sentido los lados de uu polígono rectilíneo conve-
xo, es igual á cuatro rectos» que á su vez es consecuenr
cía de que: «la suma de los ángulos foi-mados por todas
las rectas que parten de un mismo punto en un plano,
vale cuatro rectus» el cual por último: es un corolario de
que «la suma de los ángulos adyacentes es igual á dos
rectos.» Siendo este teorema cierto, el propuesto lo será
igualmente.
Advertencia: esta vía es evidentemente inductiva
y por lo tanto el método será analitico.
Rama 2.* ^^ P^"^" '"^^ caminos C, D, se dirige nuestra razón
desde V ó F á T, el artificio consistirá en partir de una
proposición reconocida como verdadera ó como falsa,
y sacar de ella una consecuencia, hacer otro tanto con
esta y continuar así hasta llegar al teorema que se há da
demostrar; entonces si hemos partido desde V la demos-
tración estará hecha, porque «de un principio verdadero,
solo consecuencias verdaderas pueden deducirse» razo-r
nando bien, como se supone que lo haremos; pero si
nuestra salida fué desde F nada puede afirmarse de T
pues de lo falso puede deducirse lo falso y también lo
verdadero.
De aquí resulta que de los procederes O y D solo
aquel debe emplearse.
Ejemplo 1." Demostrar que: «si la suma de los valo-
res absolutos de las cifras de un entero, es un múltiplo de
3, dicho número también lo será.» Partamos de la si-
guiente proposición que suponemos conocida: «una uni-
dad de un orden cualquiera, es igual á un múltiplo de
3, aumentado en una unidad simple.» Consecuencia: «la
reuHÍon de varias unidades de un orden cualquiera, es
igual á un múltiplo de 3, aumentado en el valor absolu-
to de dichas unidades.» De aquí resulta que «todo entero
es igual á un múltiplo de 3, aumentado en lá suma de
__27—
los valores absolutos de sus cifras,» De donde se sig-ue el
teorema propuesto.
Ejemplo 2." Demostrar que: «el máximo común divi-
sor de dos enteros se obtiene dividiendo el mayor por el
menor de ellos, este por el resto, dicho resto por el resi-
duo siguiente y así sucesivamente hasta encontrar cocien-
te exacto.» Tomemos-corno punto de partida,las siguientes
proposiciones que tenemos por ciertas: «Ja condición ne-
cesaria y suficiente para que un entero divida á la suma,
ó á la diferencia de otros dos es que sea divisor de am-
bos;» «si un entero divide á otro, divide á sus múlti-
plos.» Consecuencia: «todo entero que divide al dividen-
do y al divisor de una división cualquiera divide al res-
to» y «iodo entero que divide al resto y al divisor, es fac-
tor del dividendo.» Coi'olario: «el máximo comundivisor
del dividendo y divisor, es el mismo que el del divisor y
el residuo, en una división cualquiera.» Consecuencia:
«el máximo común divisor, de dos enteros, es el último
divisor que resulta de dividir el mayor por el menor, el
menor por el resto, este por el residuo siguiente y así
continuando, hasta llegar á una división exacta.» Da
donde se sigue la verdad que queríamos demostrar.
Ejemplo 3." Demostrar que: «la suma de los ángulos
de un triángulo rectilíneo, es igual á dos rectos.» Demos
por admitida la proposición siguiente: «la suma de dos
ángulos adyacentes es igual á dos rectos.» Consecuencia:
«la suma de los ángulos formados al rededor de un pun-
to en uij plano, es igual á cuatro rectos.» Consecuencia:
«la suma de los ángulos estemos que resultan de prolon-
gar en un mismo sentido, todos los lados de un polígo-
no, es igual á cuati-o rectos.» Consecuencia: «la suma
de los ángulos de un polígono rectilíneo convexo es
igual á tantas veces dos rectos como lados tiene me-
nos dos.» Consecuencia: «la suma de los ángulos de
nn triáng'ulo rectilíneo, es igual á dos rectos» que es lo
que queríamos demostrar.
Advertescia: evidentemente este proceder es de-
ductivo y por lo tanto, sintético.
Rama 3.* gi desde T nos dirigimos por el camino A', podrá
suceder que lleguemos de consecuencia en consecuencia
hasta V , sin embargo de lo cual nada podremos afirmar
respecto del teoi'ema que T representa, pues ya este sea
verdadero ya sea falso, siempre hay posibilidad de dedu-
—28—
ciruna consecuencia verdadera V ; pero si por B' lleg-a-
mos por una serie de consecuencias á F' no hay duda que
T es falso, porque si fuera verdadero no podíamos haber
llegado más que á una proposición verdadera.
De aquí resulta: que si se quiere averiguar si una
proposición es verdadera ó falsa, se deducirá de ella una
consecuencia, de esta se sacará otra y así sucesivamente;
si llegamos á una reconocida de antemano como verdades
ra, nada podremos afirmar respecto á la propuesta, pero
esta será necesariamente falsa, si llegamos á una conse-
cuencia que lo sea.
Ejemplo 1.' Averiguar si es verdadera ó falsa, la si-r
guíente proposición: «si los dos términos de una fracción
irreducible, no son cuadrados perfectos, su raíz cuadrada
es comensurable.» Consecuencia: «Ó el quebrado irredu-
cible propuesto, es igual al cuadrado de un entero, ó es
igual al cuadrado de otro quebrado irreducible.» Conse-
cuencia: «ó el quebrado irreducible propuesto es igual á
un entero, ó sus términos son cuadrados perfectos.» Pero
la primera parte de esta proposición, es evidentemente
falsa por contraria á la naturaleza de las cosas, y la se-
gunda es falsa porque es contrai'ia á la hipótesis de la
propuesta, luego esta también es inadmisible.
Advertencia: cuando se trata de enseñar la false-
dad de una proposición, si de antemano la conocemos co-
mo tal, se acostumbra á presentarla como teorema, qui-
tando á su enunciado la forma pi-oblemática. Así en el
caso anterior diríamos: demostrar que es falsa la siguien-
te proposición: «si los dos términos de una fi-accion irredu-
cible no son cuadrados perfectos, la raíz cuadrada es co-
mensurable.»
Ejemplo 2.° Demostrar la falsedad del siguiente enun-
ciado: «el error cometido en la estraccion de la raíz cua-
drada de un entero, puede ser igual á -g-.» Consecuencia:
llamando ^ á la raiz entera por defecto, y S' á la raiz
entera por exceso tendremos: ( R + - ó " ) =^ entero; ó bien
(R' - \ =entero. Consecuencia: R'-j-E-f—j-=entero;
ó R"—^R'-l—T-= entero. Consecuencia: en ambos casos
1 *
« - j - = entero» lo cual es falso, luego la propuesta tam-
bién lo será.
—29—
Ejemplo 3." Evidenciar que es falsa Ja siguiente pro-
posición: «la suma de !os ángulos de un cuadrilátero, es
ig-ual á seis rectos.» Consecuencia: «la suma de los ángu-
los estemos que resultan, prolongando en un mismo sen-
tido los Lados de un cuadrilátero, es igual á dos rectos.>»
Pero esto es falso, luego aquello también lo será.
Advertencias: 1 / Este proceder como deductivo que
es, tiene el carácter de la síntesis.
2." Aunque á primera vista, parece iuúti) pararse á
demostrar la falsedad de una proposición, mas adelante
sin embargo veremos que tal procedimiento forma la ba-
se de un método demostrativo de la verdad, que es fre^
cuentemente usado,
ííama 4." Partiendo de V ó F' podrá suceder que nuestra
razón llegue por los caminos C ó D' de inducción en in-
ducción á la propuesta T; con lo cual, nadase podrá afirr
mar de esta en el primer caso, porque «de la verdad de
lo particular no se infiere la verdad de lo ganeral» pero
si partiendo de F' llegamos por inducción á T, el teorema
que esta letra representa será falso necesariamente, por-
que «de la falsedad de lo particular se sigue de un modo
^ineludible la de lo general.»
Ejemplo 1.* Demostrar que es falsa la siguiente pro-
posición: «si los dos tárminos de una fracción irreducible
no son cuadrados perfectos, su raiz cuadrada es comen-
surable.» Tomemos por punto de partida las siguientes
que tenemos por falsas: «el quebrado irreducible cuyos
dos términos no son cuadrados perfectos, es igual á un
entero:» «el quebrado irreducible cuyos dos tárminos no
son cuadrados perfectos, es cuadrado perfecto.» Estas
pueden considerarse como consecuencias respectivas de
las siguientes: «el quebrado irreducible propuesto es
igual al cuadrado de un entero:» «el quebrado irreduci-
ble propuesto, es igual al cuadrado de otro quebrado ir-
reducible.» Las cuales á su vez ingresan en las estas
otras: «la raiz cuadrada del quebrado propuesto, es igual
á un entero:» «la raiz cuadrada del quebrado propuesto,
es otro quebrado irreducible»; estas en fin reunidas pue-
den espresarse así: «la raiz cuadrada de un quebrado irre-
ducible cuyos dos términos no son cuadrados perfectos,
es comensurable» y como esta es la propuesta, quedií
germinado el razonamiento y conseguido nuestro objeto.
Ejemplog." Evidenciar la falsedaddel siguienteenun-
—so-
ciado: «el error cometido en la estraccion de la raiz cua-
drada de un entero puede en alg^un caso ser igual á me-
líia unidad.»
Valiéndonos de la escritura simbólica para
abreviar, llamemos i2 á la raiz entera por defecto,
R' á la raiz entera por exceso y salgamos de las
siguientes igualdades falsas: R'-f-R-f--4-= entero;
R"-^R'+ -7-=entei'o que pueden ser consecuencias de ca-
tas otras respectivamente:^,-]—^) =entei'0; ( R ' g-j
=entero; yestasde las siguientes:R-|—;--= '•'^eDtero;R'—
' - ^ - = ^entero; las cuales juntas constituyen la propues-
ta, luego esta es falsa.
Ejemplo 3." Demostrar la falsedad de la siguiente
proposición: «la suma de los ángulos de un cuadriláte-
ro, es mayor qus cuatro rectos.» áuporgamos que se tie-
ne por falsa esta otra: «la suma de los ángulos externos
que resultan prolongando en un mismo sentido los lados
de un cuadrilátero, es menor que cuatro reotos»; pera
esta puede considerarse como consecuencia de la pro-
puesta, que por lo tanto resulta también falsa..
Advertencias: 1 .* Como la marcha de esta rama es
inductiva, el método será aualítico.
2.' De lo dicho en los cuatro últimos párrafos, resul-
ta que los caminas exteriores dé la parte superior de la
figura, son los únicos que directamente nos llevan á de-
mostrar la verdad áe una proposición, y los interiores
de taparte inferior de la misma, son los únicos que nos
conducen á poner en evidencia \a, falsedad &.Q ella.
Procedamos á la comparacioude todas cuatro vias.
Desde luego los superiores no podrán relacionar-
se con los inferiores,, porque como sirven para cosas de
naturaleza tan distinta, cuales son la demostración de la
verdad y la investigación de la falsedad de una proposi-
ción dada, ellos mismos serán heterogéneos y por lo tan-
to incomparables, como lo son siempre los instrumentos
que para usos enteramente diversos se destinan; el exa-
men deberá por lo tanto limitarse á relacionar entre sí
primero los unos y después los otros. Fijémonos por el
momento en los destinados á demostrar la verdad,.
—31 —
Compara- 23 La vía analítica A tiene la ventaja de que conocc-
ción de los Imos el punto T de partida y como se supone que posee-
procederes A 'mos un buen caudal de verdades relativas al asunto, ae-
y C cuando
Se t r a t a de >rá fácil aunque no sea seguro el llegar á una de ellas V.
investigar la ,E1 proceder sintético C tiene el inconveniente de que
verd ad de \mientras el analítico no nos haya descubierto, la verdad
una proposi-
ción. 'V, ignoramos el punto de partida, pues entre los teore-
mas que relativos al objeto propuesto existen, no sabe-
mos cuál tomar; además entre las consecuencias del que
hayamos arbitrariamente elegido, ignoramos cuál pre^
ferir y la misma dificultad se presenta en cada paso que
demos en nuestra marcha vacilante, siendo casi seguro
el que nos alejemos cada vez más de el punto deseado
T. También es verdad que en la analítica hay igualmente
cierta indeterminación desde el segundo anillo en ade-
lante, pues una misma proposición puede ser consecuen-
cia de otras muchas y muy distintas, pero como aún así
ellas serán siempre en menor númei'o que las deduccio-
nes que pueden hacerse de cada uno de los eslabones de
la sintética,—ya que el número de antecedentes siempre
es menor que el de consecuentes,—la indeterminación
será también menor, en aquella que en esta ruta.
En cambio, la via analítica tiene la desventaja de
que nuestrai'azon la sigue más trabajosamente que cuando
marcha por la sintética, porque es más sencillo sacar una
consecuencia de una pi'oposicion, que examinar de quien
ella puede serlo; es más fácil la operación deductiva que
la inductiva; aún así sin embargo el conocimiento del
punto de partida hace á esta muy preferible, siempre
que se trate de la investigación de la verdad ó falsedad
de un teorema sujeto á nuestro examen. Pero sucede á
veces que el pensador, se propoíie únicamente, ensan-?
char los límites de la ciencia, enriqueciéndola con nue-
vas verdades, que deja al capricho de la suerte fijar, sin
que él se proponga de antemano evidenciarlas. Enton-
ces ya es practicable la via sintética C, pues que empe-
zando por una proposición cualquiera V reconocida co-
mo verdadera, y combinándola de un naodo arbitrario con
otras que también lo sean, llegaremos seguramente por
deducción, á alguna que se halle en el mismo caso, y
que podrá ser lo suficientemente importante para que
desde aquel momento entre á formar parte de la ciencia
escrita. En la infancia de la Matemática, cuando los mÓ7
—32—
todos de que hoy disponemos se ignoraban, y el número
de verdades conocidas era pequeño, debió ser este proce-
der muy usado, y aún más adelante, en el siglo XVII,
Gregorio de San Vicente y otros geómetras hicieron de
él una feliz aplicación; hoy sin embargo, todos reco-
nocen la ventaja de atacar de frente ln parte no descu-
bierta de la ciencia y dejando tal camino adoptan como
más conveniente el proceder analítico A, que ni requiere
id golpe de vista, ni la intuición ni la suerte que pide al
Matemático el método sintético C. Para practicar aquel,
no hay más que partir de la proposición T cuya verdad
se investiga y procurar subir por inducción, hasta otra,
V ya de antemano reconocida; si no se logra, se vuelve
á T y se hace la escursion, por otra serie de verdades,
siendo fácil que si en realidad T es verdadero, logremos
descubrirlo al cabo de pocos tanteos.
Compara-'\ 24. Todo lo que hemos dicho en el párrafo anterior
'^'.°'! H^?. í*\* \^^ refiere solo á la investigación de la verdad; una vez
v'^^^ciumciol^^^l^^*^' podremos enseñarla por el método que para
sf ti-íUiide la\ello nos ha servido, suprimiendo como es natural, todos
('vsefiaiiza, /los tanteos infructuosos, pues su exposición ^aunque útil
en ocasiones, ó intex-esante siempre bajo otro punto de
vista, no es entonces pertinente al objeto determinado
que nos proponemos. También s.omos dueños de adoptar
el método sintético, lo cual lograremos con solo invertir
los puntos de partida y de llegada, y por lo tanto el ca-
mino todo que antes habiamos seguido al hacer el descu-
brimiento. Roverbal, Newton y otros sabios matemáticos
hacían sus descubrimientos por el método analítico y los
exponían por el proceder sintético, tal vez porque se pro-
fesaba entonces, la errónea opinión de que solo la sínte-
sis podía dar evidencia á las demostraciones, sin reflexio-
nar que procedimientos que satisfacen al investigador,
deben satisfacer necesariamente al qne aprende. Pero le-
jos de ser provechoso el método sintético en la enpeñanza
de una verdad determinada, tiene respecto al analítico la
desventaja de que el alumno dá el primer paso y los su-
cesivos en la serie de razonamientos por donde se le con-
duce, sin saber por qué dá aquellos y no otros; se aseme-
ja á una persona que con los ojos vendados es llevado de
la mano al sitio donde se proponía. Por lo tanto, sola-
mente cuando deseemos herir con súbita é inesperada luz.
la mente del Discípulo, debemos empjear dicho proceder;
—33-.-
el analítico tiene además la inapreciable ventaja, 4e ;que
elalwpwKT^e hace la ilusión de que asiste: al .descubri-
Bjien'to deja cienQia, cosa que escitando su j^úciosidad y
hasta su amor propio, dá como natural conseóueúcia, que
el trayecto le sea agradable, que se aficione al estudio y
sobre todo,, que seapodevede dicho método el,, cuál' más
tarde le há de servir para solveútar por sí mismo las difir
cuitadas que en Matemáticas y aún én otros órdenes, dé
investig.acío.n se le presentarán.
Compara- 25. Relacionemos ya entre SÍ los procederes que sirven
cion de los , para investigar y exponer la falsedad de la§ proposiciones,
y *B^ ora''se i La vía D''acumula á, todos IQS inconvemeñt*^ que
trate de ¿«-(hemos señalado para la.I),.él ser ipductiya y por To'tanto
wstigar ora rmás penosa de recorrer que si fuera deductiva; l a B' tie-
de enseñar \^Q todas las ventajas que para la A heñios enumerado y'
de una^V^ jademás lá de que siendo deductiva, la marcha por ella
posición. yes inás desembarazada. Omitimos en gracia de la breve-^
dad y dejamos al cuidado del lector, el probar estoa'
nuestros asertos, que están fundados en razones semejan-
tes á las dadas ea 1<58 dos. últimos párrafos, y resumimos,
admitiendo en consecuencia que elcamino B'^es^el único
que debemos emplear ya se trate de investigar, ya de-
enseñar la falsedad de un anunciado cualquiera,
• Advertencia: Este proceder complementa al A
cuando ^ trata de examiñfír sí una proposición es ver-'
dadera ó falsa; despUres d« Haber recorrido el uno ipifruc-
," tuosaroente debe intentarse el otro,, .siendo c»nvejiiente
empezar por el supei'ior, puésque el inferioi* solo nos dá
conocimientos negativos, aprovechables siempre para
que nuestro espíritu, quede trag^^quilo y satisfecho en su
natural deseo de saber, pero* nunca incorporableS; á la
parte de ciencia ya anteriormente constituida..
»iütos-°Mé-) ^^' '^^^^^^^ Vi^^'^^^^'^^^^fS:^^ '^ verdad de. una pro-
todo ánaUti-| posición, caso'elrñás^fré'cüénte que ocurre en nuestros
co-sinte'tico. jestudios, ei proceder-atialítíco^ es el más aceptable,
veamos si podemos anular el inconveniente que en.'cuañ-
to á sü_/oríW«,presenta; páía eso es útil hacer (íonstar
la e-sisteticia de prápoáMoóéá: -tales, que la^ -verdad de
cada una de ellas supone necesariamente la verdad de la
otra, es decir: que cada una es consecuencia necesaria
dé látiti-a;, por ejemplo: «si un númei'O es la raiz cua-
drada d,eoti;o, este es el cuadrado de aquel;» «si un nú-
mero es el cuadrado de otro, este es la raiz cuadrada de
6
—Sé-
aquel.» Lo que se puede abfeviadaiñeate escribir así: si
r = / n resulta n = r ' ; si n=^T*, resulta ri= F^ñTLas pro-
posiciones que se hallan en este caso, se denominan equi-
valentes, porque efectivamente valen lo mismo una que
otra..(1) Ahora bien: si saliendo de T nos dirigimos por
la via A' yllegamos á V, ya sabemos que nada se podrá
afirmar acerca de T, pero si al mismo tiempo que la i'e-^
corremos, nos aseguramos de la equivalencia de cada
dos proposiciones consecutivas, esto producirá el mismo
efecto que si marchásemos simultáneamente por los ca-
minos A' y A 7 por lo tanto tendremos la facilidad de
aquel, unida al rigor lógico de este. El mecanismo con-
sistirá, en partir de la proposición cuya verdad se quiere
demostrar y deducir de ella una consecuencia, sujeta á la
condición de equivalencia con la propuesta, sacar de
aquella consecuencia, otra sujeta al mismo contraste, y
continuar así hasta llegar á una verdad admitida de an-
temano.
Ejemplo I." Averiguar si es verdadera la siguiente
proposición: «un quebi-ado no se altera, multiplicando ó
dividiendo sus dos términos por un mismo número.» En
obsequio de la brevedad nos valdremos de la escritura
simbólica y tendremos, propoposiczon dada; -^ = w " ; con-
a
secuencia equivalente: bmX-? = am; corolario equiva-
lente: bX'^¡=a; id. id.: a==a; que quiere decir: «todo núr
mero es igual á sí mismo» y como esto es evidente, la pro-
posición dada es verdadera y se puede colocar entre los
teoremas de la ciencia.
Ejemplo ^.^ Demostrar que «un entero será divisible
por 7 ó por 13, si quitando de sus decenas el producto de
sus unidades por 9, el residuo es respectivamente múlti-
plo de7 ó de 13.»
Designemos el entero ppr iV", sus unidades por %
y el número de sus decenas por d; la hipóteais sítrá:

(1) A veces una proposición-comprende en sí como partes


otras v,arias, y es claro que toda la que le sea equivalente,debe
necesariamente abrazar otras tantas respectivamente equiva-
lentes. ' • •
—35—
d—9. u = m. 7.13, y la conclusión podrá expresarse así:
N = l ^ 7. 13 ó bien: " ^ 7 . 1 3 = N = ^ . 10 + u = 9 l . u-f
+ d. 10—90. u = 7 . 13. u + (d — 9 u ) 10, de donde
resulta: m. 7. 13 = 7 . 13.u + (d — 9. u) 10; pero esta
igualdad es verdadera, ya que por hipótesis d — 9. u y
por lo tanto (d — 9. u) 10 es un múltiplo de 7 y de.13,
luego el teorema es cierto. Después de discutido puede
servir para asignar los caracteres de divisibilidad de un
entero cualquiera por dichos dos factores.
Ejemplo 3." Probar que «si un triángulo tiene dos
ángulos iguales, los lados opuestos también lo son.w El
supuesto, designando loa elementos de la figura de que
se trata, del modo acostumbrado en Geometría, es: A = B ;
la tesis, a = b ; de esta se van deduciendo por su orden y
con equivalencia las siguientes roJaciones: a ' = V ; —a*=
=—b'; —a*4- b" =—b" + a*; _ a * + b ' + c - = — b ' - f a ' +
4- c'; —a' + b ' +c» —b» -|- a. +c»
.= ; eos A = eos B;
2bc 2ac
A=B; lo que hemos admitido como cierto, luego tam-
bién lo es que a = b .
Ejemplo 4." Evidenciar que «si dos triángulos tienen
dos lados iguales y el ángulo comprendido es desigual,
el tercer lado será mayor en el triángulo cuyo ángulo
opuesto sea mayor.»
Hipótesis: b = b ' ; c = c ' ; A>A'; conclusión: a > a';
su consecuencia equivalente: a':.a'°; id. id.: b'-j-c"—
—2 b c eos A ^ b"-f c"—2 b' c' eos A'; pero en virtud de la
hipótesis, esta relación se convertirá con equivalencia en
esta oti'a: 2 b o eos A <2 b' c' eos A' y sucesivamente:
eos A <cos A'; A>A', lo cual tenemos por verdadero,
luego efectivamente a ? a'.
Advertencias: 1 .* Denominaremos analitico-sintético
á este pi'oceder, ya que participando de la naturaleza de
ambos métodos puros, el punto de «alida en la marcha
de la razón, es como en el analítico la cuestión que se
desea esclarecer, y el de llegada es también como allí
una proposición admitida como evidente.
2.* Esta proposición admitida como cierta, puede ser
la hipótesis del teorema,propuesto, cual .sucede en los
dos últimos ejemplos, 6 ser otra verdad cualquiera evi-
denciada de antemano corneo acontece en el primero, ó
ónáliÜeñté, -pu^de-participar d&aiufeias tjosas • como tiene
iug'a'p en'ei-áfegündCT,'-•; '!" - ' ' ' ' —' •'•''.•••-
3." Si tomando por.punto de salida la conclusión y
por puBPío:&é itegkda íá Hipótesis'ÓJÍ)<?Í'/Í de ella, no se
Hafte üso'de ésta en el tegido de razonamientos emplea-
áoi^,ícoffioVsüoede en élcuartOf éjém^pló',estaremos seguros
dé ¡enie^lareclpíoca del teorema en-cuestión es también
vwdadei'áí eiiinecesidad de detnosfrárfá, pues entonces
es evidente la posibilidad de fétornaí por dicha serie, con-
virtiéndo la hipótesis en conclusión y yice-vérsa; así en
dicho tíjetíiplo tendríamos: hipótesis dfe la recíproca:
b=isb'-, c=i=ci'; á'-a'; conclusión:' A » A' y de esta deduci-
ríamos: "eos A > eos A'Í 2'b c coa A> 2 b' c' eos A';
b* •-j-c'—S b c coi A P. b" +c"—2 b' c' eos. A'Í a" > a"';
a => ár lo que es cierto, luego también lo es que A> A'.
Método sin-\". 27 , Si tomando á una verdad cualquiera admitida V
tétioo- analí-1 como primer anillo ,de razonamiento llegamos por C, me-
tico. ; diante una no jnterruüipida cadena de dediicóiones á T
ya sabemos que el teorema propuesto, queda perfecta-
mente demostrado por el método sintético furo, más sí
nos aseguramos de Ja equivalencia de cada dos eslabones
consecutivos.elpíoceder participará del carácter de la
síntesis y del del análisis, y .como además principiará y
concIuií'^doQd^-aquel, podremos adjetivarle sintético^'
analítico. ííada en general habrenjoa adelantado con,
ello, jnás que-dificultar,los aiovimieolos de nuestra ra-
zón, poi'; la cual,,no acostumbramos, á formar empeño.
en qué ¿icha eqviiválencia tenga lugar.
Ejemplo].' 'Demostrarque «en toda división, el co-
ciente completa es igiualá un\Jiúmero cualquiera, más
una fr&cciau'cuyomumeradbr.es <ál, dividendo iBeno& ¿el
producto del divisor por dicho n'iinaero, y cuyo deiwmi*;
nador es'el: divisor;»rDesig-nándo por ^,él:dividepdo. por
d el divisor y.poí A'uoiBámero cualquiera,- és • evidente
que D=D; de dtsndé por sücesivass consecueneiaS eqaiva-
<•••- ' • j> dh H-'D —dh
lentes resulta?: D=ídk >-f< i* f—áh;! r^ =•: --, ,-
^,-^ 1 P~~^^: que es lo (i^e spdebía probar.
d ~ d " '" "
—"37—
" Ejemplo 2." Probar que: «el número ÍJ de caras que
"forman un vértice de un poÜedTO regular cualquiera, es
menor,, que el resultado de dividir el duplo del número
'de lados ?i de lá misma cara por dicho número de lado;
mfentiS dos, y maj'or que el tercio de este cociente.«
Designemos por a el valor del ángulo del polígo-
no coTÍ"eápoñdiente en la superficie esférica ' ciropnscrita
al poliedro, y piiés'que sabemos qiie (ih¿c stimá^ de los
árignló's de im polígono'esférico, es menor'qdetantas ve^
ees dos rectos y mayor que tantas veces seis rectos como
lados tiene menos dos» podremos escribir: , '_
\ 2 (n—2) 1
y poB . la > .' .1 ,
1 ' fi í,f 9\ fcomo a v = 4 , divir
! . 1 . • n • ;
4n
diendo ordenadamente resultaj - ' ^ ^ . }, finalmente
V. 2n ^ . V • 6(a-2).
^ n } ?"° ^3 ^^ 1^^ debia demostrarse.
3 (n—2),
. Córalafio: «Los poliedros regulares son cinc<5.»
í)em'os á íi valores eijteros sucesivos^ empezando por el
menor posiiale que es 3. Si ,n=;3 resultan ffarft v los nú-
meroso', 4, y 5; si n=í=4, ó n = 5 , óbtenémps para.» en
ambois casos los valores 2 y 3; si n=6,el poliedro no pue-
de existir, porque entonces y < 3; tampoco p.odrá existir si
ít se convierte en un entero mayor qiieG, puesque á me-r
didaqueíeaumenta, el quebrado "^~¿^^—f-r- disminuye.:
n'
y como -p há de ser<8ieiapre'menor <jiie él,siémpresé con-
servará menor que 3: • '
Adwrtencia: Cuaiido se-sigue -el-método sintético ^
ya puro ya misto, es'iiiuy frecuente el agregar á un ani-.
lio cualquier» de la- serie de razonamientos una nueva
verdad ya demostrada; tal sucede con elantepemiitimo'de
este ejemplo, toda vez que'le hemos añadido la igualdad
conocida av=4;. no sé fcrea que por ello desaparece la
eqüivaieociá, pues, podemos suponer que dipha .verdad se
ba ido 8wíÍQCÍoaaijdo: á todos los-eslaboneB d é l a cadena,
á contar desde el pf imero.
—38—
Aunque en la mayoría de las ocasiones la via sin-
tética pura ó sencilla es muy preferible 4 J a mixta, hay
ciertos casos particulares en que el empleo de esta repor-
ta algunas ventajas, y son los siguientes; 1 ."Si ¿ seme-
janza de lo que hemos hecho en algunos ejemplos del
párrafo anterior, pudiéramos descomponer el teorema (1)
y colocando la hipótesis en V.saliéramos de ella y llegá-
ramos por una serie de consecuencias equivalentes á la
conclusión que imagináramos en T, adquiriríamos si-
multáneamente la evidencia de la propuesta y de su re-
cíproca, pues estai'íamos seguros de que trocados los pa-
peles de los juicios que expresan aquellas,podríamos con-
tramarchar desde la nueva hipótesis á la nueva conclu-
sión.
Ejemplo 1." «En toda proporción, el producto de
dos términos ó puestos, es igual al producto de los otros
dos.»
Hipótesis: r^^-:? I consecuencias equivalentes
ad eb ^ '^
bd db ad=eh; que es lo que debíamos demostrar.
T, , . , , ad eb a e
Kecíproca: si ad=eb; -r v - = - T T " ;'::' = - ? .
' bd bd b d
Ejemplo 2.° «Para que una imaginaria sea cero, es
necesario y suficiente que su módulo sea cero.» Es nece-
sario, porque si h ± k / — 1 = 0 , resulta con equivalencia
h=: =Fk / — 1 y sucesivamente: h"=—k'; h°+k*=0 ; y
y'h'-hk'=0. Recíprocamente, es suficiente, porque si
/ h ' + k ' = 0 se sigue: h'-fk*=0; h'=—k"; h ~ — k / ^
h i k (/ZT=0;
Ejemplo 3.* «Si un triángulo tiene dos ángulos igua-
les, los lados opuestos también lo son.»
De la hipótesis A = B pasamos con equivalencia á
las siguientes, pues que los ángulos son ambos necesa-
1 > T. sen A. , a , ,
ñámente agudos: sen A = s e n B; -== 1; -r = 1; a = b .
sen B b
(1) No pretendemos con esto decir que las proposiciones
hipotéticas,—como son las que sirven ordinariamente para ex-
presar los teoremas matemáticos—puedan ser descompuestas
sin destruir la unidad del juicio que traducen, pero esto no es
obstáculo á la consideración aislada de cada una de las otras
dos proposiciones que en ellas se relacionan.
—39—
T. ' • T. * , sen A i T,
Reciproco: si a=D; r = l; •——=1; senA=:senB;
'- D sen B
y pues que los ángulos no puedeü ser suplementarios, se'-
rán iguales.
Ejemplo 4." , «Si dos triángulos tienen dos lados res-
pectivamente iguales y el ángulo comprendido es des-
igual, el tercer lado será mayor en el triángulo cuyo
ángulo opuesto sea mayor.»
Hipótesis: b = b ' ; c=:c'; A=-A'; consecuencias
equivalentes de la relación A>A"; eos A < eos A';
2be cosA<2b'c' eos A'; b'-Vc'—2b ecos A> b"-]-c'"—
—2 b' c' eos A"; a' > a,''; a > a'
Recíproco: hipótesis: b = b ; c=c';a:>a'; de esta
última relación, se infiere: a* > a'»; b'-f c*—2 b c eos A >
>b*-J-c"—2 b' c' eos A'; 2 b c eos A<2 b e eos A';
eos A < eos A'; A > A".
De lo antecedente se desprende la siguiente reg-la:
«si partiendo de la hipótesis de un teorema, se llega á la
conclusión, por sucesivas consecuencias equivalentes, el
recíproco es cierto »
2." caso particular: si la proposición que se hade
evidenciar puede traducirse en una igualdad, cuyos
miembros representen el primero la hipótesis y el segun-
do la tesis, es claro que esta y aquella serán iguales en
esencia, aunque desiguales en la forma y que tomando á
una cualquiera de las dos, y transformando!^ en la otra,
la demostración estará hecha, pero si las consecuencias
han sido equivalentes, se habrán probado simultánea-
mente la directa y su recíproca. Ordinariamente se parte
de la hipótesis, lo cual será indispensable si se. trata la
cuestión por el método sintótico-analítico, como acontece
en los siguientes ejemplos:
1.° «Si se considera la potencia de un grado cualquie-
ra de un quebrado, ella será igual al cociente de las del
mismo grado del dividendo y divisor» ó abreviadamente:
/'aV a
Ib / = Tbn '
Primer miembro: l-^| ; transformacipnes sucesivas:
a . .a .,a ^^ a. a. a a" j • i
t r X b - X f e X - - ; b.b.b •' - . s e g u n d o miembro.
• Los razonamientos se escriben ordinariamente
en forma de sém • de ig-uajdades, de este, modo:
/'^\»_a I a , a, .ü.a. a. •...._ a °
\ b ^ -b'^b'^'^"*^**" :ii. b-. b.....,~~n;
2.° «Los cosenos de dos. arcos suplamentarios son
iguales y de signo contrario.»; Siendo a un arco cual-
quiera su suplemento es 180°—a, y hay que demostrar la
siguiente igualdad eos (180°—a)=—cosa; lo cual podrá
hacerse del modo siguiente: cos(l 80''-a)=co8(90''-j-90°-a)=
=8enj—(90°—a)j=—8en(90°—a)=—cos.a. .
líscoliosge-') 28". 1.° íío hay necesidad dé que durante el curso de
llórales á to-| una demostración cualquiera el proceder permanezca vmi-
<los los meto-/fQ].jjjg pyede el razonamieuto dividirse en dos ó más sec-
uüh nemos-1 . ' K- , • • ^ i j< -i-j i i
trativos. ^ Clones SI .asi convmiere a la mayor facilidad, y emplear
para cada sección un método distinto, pues que siendo to-
dos irreprochables, no habrá inconveniente en hacer alto
eu uno de los estados porque sucesivamente va pasando la
proposición que sirvió de punto de partida, y si de él de-
pende la existencia de^la que se ha de demostrar, susti-
tuir á esta por aquel, evidenciándolo mediante; otra via
distinta. Así en el ejemplo 2." del párrafo 28^ siguiendo
el método analítico-sintótico, hicimos depender la,verdad
del teorema propuesto, d é l a cei'teza de está igualdad;
m!7. 3.—7. 13. u. -}-(d—9. u) 10, la cual demostramos'
sumariamente por la via sintético-analítica de esta ma-
nera-. . \^ \ , .
Hipótesis:'d—9u.—:.in.7.l3; conáecuencias equivalen-
tes: (d—9, u) 10 —ST-t.-rS;. 7.13.u+(d—9.ti) 1 0 - ^ 7 . 1 3 .
2." Tambieú se |>u^áén relacionar entre sí dos propo-
siciones, ligando cada ^una de' ellas sucesivaráentexen '
una ter-cerá,,la misgiajara ambas, ,y aun emplear, para
cada operación un,ñi^ípáo distinto: • •', \ . ' '
Ejetiipló 1.°; (lÉl* residuo r d é l a raíz cüadrádiS'' de un
entero JV, es menor-que el duplo de la raiz entera á, mas
la unidad.» ,,
Poruña parte: N=:a*-|-r; de^ondeN—a°=:r. Por
otra: N ^ (a+1 )';y deaqoí N ^ a'+?a-f^ I ,-TSÍi-a* ^ 2a-f 1 lue-
go r<2*-|-l que es lo que.se debia, demostrar.
Ejemplo 2'. "• «Si dos triángulos tieíieiisus lados res-
pectivamente proporcionales, tendrán sus ángulos res-
—41—
pectivamente iguales.» Supongamos que se quiere de-
mostrar que B=B', bastará hacer ver que cos.B=co8,B".
Tomemos como punto de partida el teorema de Carnot:

cos.B='
a'+o—V
2a c
,» , .i ,„> hagamos alto en este estado y salga-
cos.B =
2' a' c'
b c
mosde la hipótesis . = r r i = — ' de la cual sacaremos
^ a b' c'
a' b* c' a c . a'+c*—V
—-=—T-,=--Ti=- y sucesivamente: . , ..—r-.=
a' b* c \ a ' c "^ a ' + c —b'
2 a c a»-|-c —b» a'»4-c''—^b"^' . ,, ,
^ 2 ^ '• - n r ^ = ~ ^ I V - ' ^' ''^ ^8-ualdad y
de las anteriormente evidenciadas resulta eos. B=cos. B';
de donde B=B'. Del mismo modo se demostrarla que
C=C' y A = A ' .
3.° Si el teorema es susceptible de sei* descompuesto
en dos ó más partes, ya sean estas casos particulares del
propuesto, y oñ-ezcaa más facilidad que este, ya consti-
tuyan de por si otros tantos teoremas diversos cuyo con-
junto ponga en luz el que se ha de demostrar, ya por úl-
timo sean partes reales en que se divida la figura ó el
número sobre que versa la coestion, convendrá general-
mente operar dicha descomposición—que será un verda-
dero análisis objetivo—pues dichas partes serán enla ma-
yoría de las ocasiones más fáciles que el todo y aún algu-
nas veces podrá escalonarse su estudio de tal manera,que
el de las unas sirva de fundamento al de las otras.
Ejemplo 1." Si se desea demostrar la regla de la
multiplicación de un polinomio por un monomio, conven-
drá considerar sucesivamente á este: 1." como positivo,
2." como negativo, 3.* como imaginario; el primer caso
se dividirá en otros tres según que dicho monomio sea
entero, quebrado ó incomensurable.
Ejemplo 2." Cuando se quiera demostrar que «los án-
gulos alternos internos entre paralelas son iguales» se
puede comenzar por hacer ver que lo son los dos triángu-
los que resultan trazando desde el punto medio de la se-
cante una perpendicular á una de las paralelas, llevando
7
—42—
la distancia quo media entre el pió de esta y. el de dicha'
secante, sobre la otra paralela á partir del punto de sec-
ción en sentido contrario al anterior y uniendo el punto
que resulta con el medio de la secante; continuar eviden-
ciando que las dos paralelas son respectivamente perpen-
diculares á las dos rectas auxiliares trazadas y concluir
probando que estas forman una sola recta. De esta ma-
nera habremos hecho depender el teorema propuesto de
este otro que suponemos admitido: «dos rectas que estan-
do en un mismo plano, son perpendiculares á una terce-
ra son paralelas.))
Ejemplo 3.° Demostrar que «el área 5 de un cuadri-
látero plano, es igual á la mitad del producto de sus dia-»
gonales, por el seno de uno cualquiera de los ángulos
que estas forman entre sí.» Supongamos que la figui'a
sea convexa y designemos por a jblos segmentos de una
de las diagonales y por c y d los de la otra; el poligono
queda naturalmente dividido en cuatro triángulos cuyas
áreas integran la de aquel, y pues que todos los cuatro
ángulos formados por las diagonales tienen senos igua-
les, designemos auno de ellos por 0;en consecuencia ten-
1 1 1
dremos: s= -^ ad. sen. O -|-;;d b.sen.O-j-;;b c. sen. 0-j^
-f-r c a.sen.0=-(ad-f db-|-bc -}-ca)sen.O='^ua-|-b)d-|-

-f (b -1- a) c sen. 0 = " (a -j- 1^) (<5 + d) sen. O. que es lo


que se quería probar.
Si el cuadrilátero fuera cóncavo, su área sería
evidentemente igual á la diferencia entre las de los dos
triángulos mayores, y las délos dos menores, que resultan
prolongando la diagonal interior hasta cortar á la este-
rior, y por medio de un razonamiento análogo, vendría-
mos á parar á una fórmula idéntica á la ya encontrada.
El artificio usado en este último ejemplo es muy
empleado en Geometría, donde se le conoce con el nom-r
bre de «Método de división de figuras.))
CAPÍTULO CUARTO.

Clasificación y estudio de las demostraciones,


atendiendo á su forma.

Demostra- f 29 Todo cuanto hasta aquí hemos dicho relativamen-


cíoa mediata (^^ ¿ j^g demostraciones, se refiere á su esencia especial-
mente; en lo que nos resta que añadir, atenderemos en
particular á ^wforma. Bajo tal concepto,la demostración
puede ser mediata (^inmediata, si se tiene en cuenta la
mayor ó menor distancia que separa al teorema que se
ha de demostrar, de los datos primeros de la ciencia de
que se trata; directa ó indirecta, si se mira al través del
modo como se liga la proposición que se ha de eviden-
ciar, con el cuerpo de doctrina anteriormente construi-
do; y kpriori ó é,posteriori, sise examina el papel que
en ella juega la experimentación.
Demostración mediata, es aquella en A>ie se toma
por punto de partida una verdad, que á su vez se hizo
evidente por otro ú otros principios, ya axiomáticos ya
fundamentales, ya teoremáticos. Tal sucede á la genera-
lidad de las que se dan en las ciencias abstractas; sirvan
de ejemplos todos los que hasta aquí hemos expuesto.
Inmediata, 30 Demostración inmediata, es la que solo se apoya
en axiomas ó en datos primeros de la Ciencia á que per-
tenece el teorema. Ejemplo I." «La serie de los números
enteros es ilimitada» pues añadiendo la unidad á un en-
tero cualquiera, lo que siempre es posible, resulta el in-
mediato siguiente. Ejemplo 2.* «Si una recta tiene do-
ble longitud que otra, tendrá doble número de elemen-
—44—
tos lineales» pues la segunda ha de estar dos veces con-
tenida en la primera y por lo tanto las partes de aquella,
sean cuales fueren, habrán de guardar la misma propor-
ción con las de esta.
Directa. 31 Demostración directa, es aquella en que nos va-
lemos de una relación necesaria entre el teorema que se
ha de probar y una verdad ya admitida; tal sucede cuan-
do hacemos ver que «la raiz de un grado cualquiera de
un quebrado es igual al cociente de las raices del mismo
grado de sus términos» valiéndonos del principio ya sa-
bido «la potencia de un grado cualquiera de un quebra-
do, se obtiene dividiendo la del mismo grado del nume-
rador por la del denominador.» Tal acontece también,
cuando demostramos que «los áng'ulos que tienen sus la-
dos paralelos y dirigidos en el mismo sentido son igua-
les» sirviéndonos de la verdad anteriormente eviden-
ciada: «los ángulos correspondientes entre paralelas son
iguales.»
Indirecta, 32 Demostración indirecta es aquella, en que no
pudiendo nuestra inteligencia, ver relacionada la cues-
tión que se ha de demostrar, con una vei-dad ya admitida,
la resolvemos sin embargo en un sentido determinado,
haciendo ver que está en la naturaleza de las cosas que
aquello sea así y no de otra manera. Así tiene lugar,
cuando demostramos que A=rB; á causa de no poder ser
A> B, ni A ^B; ó cuando queriendo hacer verque «si dos
enteros son primos entre sí, sus potencias también lo se-
rán» recurrimos al artificio de demostrar que si las po-
tencias no son primas entre sí, los números dados tam-
poco lo serán.
La iímostracion indirecta, puede hacerse de dos
maneras; ó por la antitesis ó por el absurdo.
Por la antí-1 33 La demostración por la antitesis, está fundada
tesis. ) en la consideración de dos proposiciones categóricas con-
trarias, es decir: tales que la una es la simple negación
de la otra, y que ambas por lo tanto mutuamente se ex-
cluyan, como por ejemplo las siguientes: A = B ; A 4 = B ;
una de ellas es la que se ha de demostrar, y el artificio
consiste en considerar la otra y demostrar directamente
que es falsa, en cuyo caso la propuesta será verdadera, ó
en hacer ver de una manera directa que aquella es ver-
dadera y entonces esta será falsa. Ejemplo: «existen infi-
nitos números primos.» Contraria; «no existen infinitos
—45—
números primos.» Sea n el mayor de ellos, la suma
1. 2. 3. 5 n + l evidentemente mayor queí^, no es di-
visible por ningún primo, luego ella representa un nú-
mero primo, luego la contraria es falsa; luego la directa
es verdadera.
Si la contraria comprende dos ó más casos dife-
rentes, liabrá que distinguir entre cuándo se haya de
demostrar la verdad, y cuándo la falsedad de la propues-
ta; si se hade evidenciar la verdad, habrá que probar la
falsedad de todos Jos casos particulares que encierre la
contraria, pues que si uno siquiera fuera verdadero,
aquella podría ser falsa; pero si se há de demostrar la
falsedad, bastará probar la verdad de uno solo de los
casos que comprende la contraria. Así, si se quisiese de-
mostrar que A:=B, habría de probar que A<j;B, y que
A<ÍB; pero si se quisiei-a hacer ver que A4=B, bastaría
evidenciar que A>B, ó que A<B.
En resumen: el mecanismo de esta demostración
admite dos formas, según que se quiera hacer ver que
una proposición es vei-dadera ó falsa. El primero consis-
te en demostrar directamente que todos los casos que
comprende la contraria son falsos; el segundo está redu-
cido á poner de manifiesto que uno siquiera de aquellos
es verdadero, ligándolo con una verdad ya evidenciada.
De estos dos mecanismos, el segundo raras veces
se emplea, pues cuando se quiere demostrar que una
proposición es falsa, es mas expedito mai'char desde T á
F' por la vía B' de la figura. El primero, cuando la de-
« mostración de la falsedad de la proposición contraria se
hace por dicho camino B' recibe el nombre de demostra-
ción ad aisíirdum, apagógica ó ad inconveiiienti.
^n'T ^^ } ^^ La demostración apagógica se funda, en que si
"" °' bien de lo falso puede deducirse algunas veces lo verda-
dero, de lo verdadero nunca puede deducirse lo falso
si legítimamente se discurre. Por lo tanto, para demos-
trar la falsedad de una proposición, bastará hacer ver
que admitiéndola provisionalmente como verdadera, lle-
gamos por una serie intachable de deducciones á otra
proposición falsa, por incompatible con la hipótesis
hecha, por serlo con otra ya admitida como verdadera, ó
por contraria á la naturaleza de las cosas, es decir: ai-
surda en la verdadera acepción de esta palabra. De tal
suerte se hace ver que la contrariíi de la proposición da*
—46—
da es falsa y entonces aquella resulta verdadera.
Ejemplo 1." «Dos constantes que difieren infinita-
mente poco de una misma variable son iguales entre sí.»
Sean a j blas constantes, a? la variable, y admitamos
por el momento que «las constantes no son iguales entre
sí.» Esta proposición contraria comprende tres casos,
pues que podrá ocurrir que á? sea mayor que ambas cons-
tantes, que sea menor que ellas, ó que sea mayor que la
una y menor que la otra, es decir: que si para fijar las
ideas suponemos a> b, habrá que patentizar la falsedad
de las I-elaciones a7> a> b; a> b> ce; y a> a;> b .
En efecto: de la primera de ellas se desprende que
X—b <T- (a—b), ya que la diferencia entre a; y 5 siendo
infinitamente pequeña por hipótesis, siempre será menor
que g- (a—b) que es una cantidad finita. Restando de la
igualdad evidente a—^b=a—b,la expresión anterior resul-
ta: a—b—x-j-b> •- (a—b) de donde sigue: a—x> - (a-b),
que contra el impuesto, dá: a> x, luego la relación pri-
mei'a es inadmisible.
De la segunda, por razones análogas á las ante-
riormente expuestas obtenemos: a—x<--(a—^b) que res-
tada de a—b=.a—b, produce a—^b—a-|-x> -^(a—b) y por
consecuencia x—b> -^ (a—b) lo que supone contra la hi-
pótesis, que x > b , luego la segunda relación es absurda.
Finalmente: de la tercera se saca x—b <•-; (a—b) y
sucesivamente a—b—x-f-b> 'T(a— b); a—x> ^'(a—b) lo
que nos dice, que la diferencia a—x no es infinitamente
pequeña, y como esto es falso, la tercera relación
también lo sei-á.
Resumiendo: los tres casos particulares que cora-
prend» la proposición contraria de la propuesta, son fal-
sos, luego esta lo es igualmente y por lo tanto, aquella
es verdadera.
JVota: El teorema que en Algebra se conoce con
la denominación: nde los.Umites^^ es un corolario del que
—47—
acabamos de demostrar, pues dos variables que en sus
diferentes estados permanecen siempre iguales entre sí,
no son propiamente hablando, más que una sola canti-
dad, que aquí hemos representado pora?.
Ejemplo 2." Sabiendo que «todo punto de una cir-
cunferencia de círculo, está del centro á una distancia
igniil al radio, todo punto perteneciente al círculo está
del centro á una distancia menor que el i-adio, y todo
punto que situado en el plano de dicha figura es esterior
á ella, está del centro á una distancia mayor que el ra-
dio» se trata de probar que «todo punto situado en el
plano de un círculo, 1." si está del centro á una distan-
cia igual al radio se encuentra en la circunferencia;
2." si dista del centro una cantidad menor que el radio
está dentro del circulo, y 3.° si dista del centro una can-
tidad mayor que el radio está fuera del círculo y de la
circunferencia.»
Demostración de la primera parte: Si el punto no
está en la circunferencia, estará dentro del círculo ó
fuera de él; si está dentro distará del centro una canti-
dad menor que el radio, lo cual es contra la hipótesis; si
está fuera distará del centro una cantidad mayor que el
radio, lo cual pugna con el supuesto; luego es falso que
no esto en la circunferencia y por lo tanto es veMadero
que esté en ella. De un modo semejante se pondrían en
evidencia las dos proposiciones restantes.
Generalizando el método usado en el anterior
ejemplo, supongamos que en un juicio hipotético, a es el
sujeto, del cual pueden afirmarse solamente un determi-
nado número de cosas, á saber: que a es i, que a es c y
que a es d; admitamos que del primer supuesto, necesa-
riamente se deduzca que m es n, del segundo resulte que
m es p, y del tercero se saque que m es g^, siendo además
incompatibles todas tres conclusiones; digo que las recí-
procas de esta sárie de teoremas, serán todas ciertas.
Efectivamente, 1.": si m es n, a es h, por que si
a no es b, a será c, t a será d; si a es c, según las direc-
tas, m esp, lo que es incompatible con la hipótesis; si a
es d, m es ^, lo cual pugna con el supuesto, luego es
falso que ano es b j por lo tanto, verdadero que a es i.
Las otras dos recíprocas se demostrarían de idénti-
ca manera, por lo cual podemos ya establecer la siguien-
te regla general: «Si en una proposición ó serie de pro--
—48-
posiciones, se han hecho todas las hipótesis admisibles
sobre un sujeto determinado, y todas han conducido á
conclusiones incompatibles entre sí, las recíprocas son
ciertas;» por lo tanto no hay necesidad de evidenciarlas,
Corolario: «si dos proposiciones hipotéticas con-
trarias son verdaderas, sus recíprocas también lo son.»
Notemos ante todo, que á diferencia de lo que sucede en
las proposiciones categóricas, que son aquellas que es-
presan una afirmación ó neg-acion independiente, en las
hipotéticas esto es: en aquellas que «representan un jui-
cio dependiente de alg-un antecedente que se supone» la
verdad de la una no conduce á la falsedad de su contra-
ria y vice-versa, sino que antes bien, se complemeotan:
así en las proposiciones: si « es ¿, c es d; si a no es J, c no
es d, la hipótesis de la primera dá la condición siificien~
te para que c sea d, y la de la segunda manifiesta la
condición necesaria; pero en dichas proposiñones se
hacen sobre el sujeto a las dos únicas hipótesis admisibles,
y las conclusiones que resultan son incompatibles, lue-
go según la regla antedicha, sus recíprocas serán ciertas.
Advertencias: 1." Por un razonamiento análogo
al empleado en evidenciar dicha regla probaríamos que
dsi una proposición hipotética y su recíproca, sou cier-
tas, las contrarias también lo serán»
2.' De todo lo dicho acerca del método apagógico re-
sulta, que aunque en esencia es intachable, tiene en
cuanto á la forma, el inconveniente, de que si bien in-
corpora las verdades, al cuerpo de doctrina anteriormen-
te construido, no descubre la genuina filiación y entron-
camiento de este con aquellas, que apareciendo como ra-
mas desgajadas del árbol científico, ijo participan de su
vitalidad y dejan poco satisfecho al espíritu estudioso
que en su insaciable sed de saber, no se contenta coa po-
seerlas sino que aspira á conocer de donde se originan.
Por esta razón, el proceder se adjetiva indirecto y no se
emplea más que en los primeros teoremas y en los recí-
procos; en aquellos, porque como las demostraciones son
casi inmediatas, con dificultad se encuentran principios
convenientes para hacerlas directas, y en estos, porque
nuestro ánimo está ya pi-eparado á recibirlos con cierta
especie de intuición mediante el estudio de sus directos,
con los cuales en cierto modo se enlazan.
A priori. 35 La demostración «j!?non es independiente de t o -
—49—
do experimento, es aquella, que en el orden físico proce-
de á evidenciar la existencia de algüü efecto, partiendo
de ciertas causas, de antemano conocidas, y en el inte-
lectual, llega á establecer la verdad de una proposición,
apoyándose como primero ó último escalón en otra pura-
mente especulativa y ya anteriormente evidenciada. Sir-
van de ejemplo en el primer orden, la demostración rela-
tiva á la ley de la intensidad de la luz, admitiendo que
se propaga en línea recta y en todos sentidos y conside-
rando dos superficies esféricas cuyo centío común ocupa
el punto luminoso. En el segundo orden pueden citarse
como ejemplos todos los que hasta aquí hemos expuesto.
A posteriori. 36. La demostración á posteriori, no puede existir
sin el expeiimento ya sensible ya psiquico y racional;en
ella se procede tanto en el mundo corpóreo cuanto en el
del espíritu, á evidenciar las causas conocidos los efec-
tos; y en el intelectual, á establecer una ley, sometién-
dola aciertas pruebas sacadas bien de la naturaleza
misma del asunto, bien de la consideración acertada de
' lo que en sus casos particulares acontece. Sirvan de
ejemplo en el primer orden, la demostración de las le-
yes de la caida de los cuerpos por medio del aparato de
Atwood; en el segundo, la de la existencia de las faculta-
des anímicas dados los hechos de conciencia, y en el ter-
cero, la de la fórmula del binomio de Newton para
cuando el exponente es entero; la que hace ver que el
resultado obtenido en la rectificación de la circunferen-
cia por el método de Mascheroni es eiTóneo en menos de
media centésima, evidenciando que por dicho proceder
la longitud de la circunferencia cuyo diámetro fuese la
unidad, sería 3'1424; la que demuestra la regla de la di-
visión de un polinomio por un monomio, probando que
si se multiplica el divisor por el cociente resulta el divi-
dendo, y por último, la siguiente, que tiene por objeto
n1
establecer la fórmula Sr^aX—^^^ expresiva de la suma
de los términos de una progresión por cociente.
n
Desde luego tenemos: a X - ~ - = a ( l + < l + q ' + . . .
n—2 n—1\ n—2 n—l
...+q +q j=a-faq-f-aq*-[-....-j-aq -^aq =
-so-

=ía-fb-f-c+ 4-1+0; de donde se deduce quea—SnL
, " q—1
es yei'daderamente la suma de los términos, y llamando JS
á esta suma, la fórmula queda verificada.
De lo dicho resulta, que en las ciencias de lie-
dlos, que por su naturaleza se ocupan de la materia, la
experimentación se efectúa por el intermedio de nuestros
sentidos, mientras que en las abstractas dicho experi-
mento es puramente racional; por eso Chevreuill adjeti-
va al método empleado en aquellas, ff posteriori expe-
rimental. No necesitamos añadir, que en las últimas,
como independientes que son del sistema que rige al uni-
verso corpóreo, podemos lanzarnos de un solo esfuerzo á
los principios cardinales, que traducidos en teoremas ó
en definiciones, en sí comprendían como en gormen, las
verdades particulares, y procedemos seguidamente á en-
lazar estas con aquellas ya analítica ya siutéticamente;
por lo cual el método d priori es el órgano propio de esta
clase de investigaciones.
Las ciencias de hechos por el contrario; como en-
cierran solo verdades contingentes, y mudables con las
leyes por que el mundo material se gobierna, se fundan
casi esclusivamente en el llamado principio de inducción
y su adelantamietito requiere que se consulte una y mil
veces al libro de la Naturaleza, en el cual solo por es-
cepcion y á talentos de primer orden es permitido en
ocasiones, leer sin gran esfuerzo; por ello estas ciencias
tienen un poderoso instrumento de investigación en el
método d posíeriorí, único que adoptarse debe para dis-
latar sus horizontes. El método d priori es sin embargo
un buen auxiliar constructivo y didáctico, á condición
de someter las conclusiones que con él se obtengan al
más rigoroso contraste por la via esperimental, pues
aunque los razonamientos en aquel empleados sean inta-
chables, los datos de donde se originan son á menudo
tan complejos y dudosos que es indispensable no aban-
donarnos á una ciega confianza á cuyo término irremisi-»
blemente encontraríamos un cosmos fantástico, sin rea-
lidad,
Advertencia I 37 No se crea que lo que respecto de los métodos an-
general. ^ tecede, se aplica únicamente á las ciencias exactas; si los
ejemplos que hemos presentado y los signos que hemos
—51—
empleado pertenecen en su casi totalidad á la Matemáti-
ca, ello es debido á que esta nos ofrece el más provisto y
adecuado arsenal para elegii-los y el más sencillo, breve
y compendioso lenguage para expresarlos; fuera parte
de que el carácter y clase de alumnos á quienes joaríícw-
larmente dedicamos este trabajo así lo aconsejaba y el
objeto especial que nos proponemos así lo exigía. Por lo
demás, si bien es cierto que el matemático y el filósofo
emplean distinto modo de espresarse, no por eso se há
de creer que i'aciocinan y demuestran de diversa manera;
las ciencias de principios, ya se llamen lógica, psicolo-
gía ó ética, ya se honren con la calificación de abstrac-
tas por antonomasia, todas usan y no pueden menos de
emplear los mismos procederes en su desarrollo; basta
en las adjetivadas naturales, una vez admitidos los fun-
damentos empíricos indispensables, se induce y se deduce
con arreglo á los mismos métodos que hemos presentado,
y buen ejemplo de ello nos ofrece la teoría física de la
luz donde de muy pocos principios sacados de la observa-
ción y del esperimento, se desprende toda esa multitud
de verdades que constituyen la parte mejor organizada
de dicha ciencia. No podía suceder de otra manera, sope-
ña de admitir que filósofos, matemáticos y naturalistas
tienen inteligencias diversamente organizadas.
CAPÍTULO QUINTO.

Métodos generales
para la resolución de problemas.

Definiciones | 38 Problema es todo fia científico, propuesto á la


preliminares inyestig-acion. La proposición que lo expresa se llama su
enunciado. Propuesta es aquella parte del enunciado
que se refiere esclusivamente al fin.
El objeto de todo problema, es determinar ciertas
cosas desconocidas, mediante relaciones apropiadas y
suficientes que las liguen con otras conocidas; á las co^
sas conocidas se las llama datos, y las desconocidas reci-'
ben el nombre de incógnitas.
'EXJín conseguido, es aquella cosa ó aquel sistema
de cosas que satisfacen á la propuesta; el medio es la ca-
dena de razonamientos que nos conducen al fin designa-
do; aquél, luego de descubierto recibe el nombre de solu-
ción y este después de formado constituye la resolución;
por lo tanto: resolver un problema, es bailar su solución
ó soluciones; si el problema tiene una solución única, se
dice que es determinado-, si tiene dos ó más, se adjetiva
indeterminado; si no tiene ninguna, se denomina impo-
sible y su enunciado será absurdo. Algunos dicen, que
un problema es determinado siempre que sus soluciones
no sean en número ilimitado.
Los problemas pueden ser de dos clases, de las
cuales la una tiene por objeto investigar si una proposi'
cion es verdadera ó falsa, y la otra está destinada á
buscar reglas mediante las que ciertas incógnitas que-
III I " W Q Q I W " I

den determinadas en funeion de los datos; del primer gru-


po nos hemos ya ocupado; al segundo se referirá espe-
cialmente cuanto ahora digamos.
Problema particular, en di(\ü€\. en que los datos
están expresados de un modo eminentemente detemiina-
3 5
do y concreto. Ejemplos: «multiplicar •-' por--;)) ((recti-
ficar una cii'cunferencia de círculo cuyo radio tiene 10
metros de longitud.»
ProUema general, es aquel en que los datos, es-
tán expresados de una manera indeterminada. Ejemplos:
ahallar la regla para multiplicar dos quebrados cuales-
quiera» «encontrar el modo de rectificar una circunfe-
rencia de radio E.» Se comprende que lo que aquí se pi-
de, es un proceder, ó como se dice en matemáticas, una
yoVm^íA/,-para multiplicar entre sí todos los infinitos
quebrados imaginables, y para rectificar todas las infini-
tas cii'cunfei'eneias concebibles^ mientras que allí solo se
preguntaba por un námero especial y, por una recta
única.
Las denominaciones Aeparticulares y generales
que hasta aquí hemos dado á los problemas, colocándo-
nos en puntos de vista extremos, pueden también apli-
cárseles de un modo relativo si nos situamos en lugares
intermedios, originándose de ello las calificaciones de
piás general y menos general.
uUn ^problema es mdsgeneral que otro; cuando
las condiciones impuestas á las incógnitas en su enun-
ciado, son únicamente algunas pero no todas las de este
otro» de donde se deduce que «un problema es menos ge-
neral ó más particular, que otro, cuando las condiciones
impuestas á sus incógnitas son las mismas que las de ^es-
te otro j algiinas mas.•»
Ejemplos.: el problema: «hallar dos números cu-
ya suma sea 30» es más general que este otro: «hallar
dQS. números cuya suma sea 30 y cuya diferencia sea 16;»
y consiguientemente, este es más particular que aquel.
El enunciado: «hacer pasar una circunferencia de cír-
culo por, dos puntos dados» es más general que el si-
guiente; «haoer pasar una circunferencia de círculo por
tres puntos no situados en línea recta» y por lo tanto,
íBste es ciás particular que aquel.
—54--
Generaliza-1 39 A medida que de un enunciado cualquiera (pro-
eíüanzackín'f^^®™^) ^® van separando ó abstrayendo caracteres {CQU-
(leimproble^i^i*^ioi'6s impuestas), aquel enunciado va ganando en <?á?-
ma. \tensioii lo que va perdiendo en comprensión, j por con-
secuencia, vá siendo aplicable á mayor número de indi-
viduos (soluciones), de donde se sigue: 1.° que «sustitu-
yendo á un cierto problema, otro más general, y resol-
viendo este en vez de aquel, encontraremos las mismas
soluciones que resolviendo el propuesto hubiéramos en-
contrado, y algunas mds.t> 2° que «sustituyendo á un
problema dado, otro más particular, y resolviendo este,
hallaremos solamente algunas de las soluciones que re-
solviendo el primitivo hubiéramos obtenido». Kn el pri-
mer caso habrá pues soluciones extrañas á la cuestión,
y en el segundo, habrá soluciones que quedarán desco-
iiocidtis, es decir, perdidas para el investigador.
Ejemplos de lo 1.° Resolviendo el problema «ha-
llar dos números cuya suma sea 30» en vez de resolver el
de «hallar dos números cuya suma sea 30 y cuya dife-
rencia sea 16» encontraremos la solución 7 y 23 que
convendrá indudablemente á este, pero también hallare-
mos las 8 y 22, 9 y 21, y otra porción de ellas que le se-
rán extrañas. Resolviendo la cuestión: «hacer pasar una
circunferencia de círculo por dos puntos dados» en lu-
gar de resolver esta otra: «trazar una circunferencia de
círculo por tres puntos no situados en línea recta» en-
contraremos forzosamente entre las soluciones, la cir-
cunferencia particular que pasa por dichos tres puntos,,
pero también hallaremos otra infinidad de ellas que con-
teniendo á dos no contengan al tercero y estas sei'án las
soluciones extrañas á la cuestión.
Ejemplos de lo 2." Resolviendo el problema «hallar
dos números cuya suma sea 30 y cuya diferencia sea 16>).
en vez de resolver el de «hallar dos números cuya suma
sea 30» encontraremos por solución única, la 7 y 23,
que también conviene á aquel pero habrán quedado a r -
didas las soluciones 8 y 22, 9 y 21, y otra porción de
ellas. Resolviendo la cuestión «hacer pasar una circnn~
ferencia de círculo por tres puntos no situados en línea
recta» en lugar de resolver la siguiente: «hacer pasar
una circunferencia de círculo por dos puntos dados» la
solución que para la primera encontremos, satisfará se-
guramente á la segunda, pero esta también lo quedaría,.
—55—
por otra infinidad de circunferencias qué pasando por
dos de los tres puntos no pasarán por el 3." y consiguien-
temente resultarán perdidas.
Advertencia: en la práctica, no siempre se pre-
sentan soluciones extrañas por la sustitución de un pro-
blema general en vez de uno particular, pues si uno y
otro lo son en grado máximo, es decir: si forman los dos
puntos estremos de la escala á que nos hemos referido
en el párrafo anterior, la misma particularidad de los
datos del segundo excluirá las soluciones que no sean
pertinentes á su enunciado.
Ejemplos: 1." «Hallar el valor de x en la espre-
sion x'—6x-|-8=;o» Sustituyendo á este problema el si-
guiente: «hallar el valor de x en la expresión x°-j-s x-f-
•4-p=0)) encontraremos la solución, que traduciremos
en regla, y aplicada esta á la cuestión primitiva nos
dará los números 2 y 4, únicos que satisfacen á la
propuesta.
2.° «Trazar una tangente común á dos circunferen-
cias determinadas que se tocan exteriormente.» Sustitu-
yamos á este problema el general en que está comprendi-
do: «trazar una tangente común á dos circunferencias»
y obtenida la regla que en sí comprendía cuatro solu-»
ciones, apliquémosla al caso concreto de que se trata; de
este modo quedarán de manifiesto las tres soluciones úni-
cas de que es susceptible; la cuarta solución que convie-
ne al problema general, habrá sido excluida por la mis-
ma particularidad de los datos.
Problemas) 40. Dos problemas son equivalentes, cuando las con-
equivalentes'(jjcJQues impuestas en los enunciados respectivos son
esencialmente las mismas, pero se presentan bajo formas
distintas; de donde resulta, que las soluciones de ambos
habrán de ser idénticas.
Ejemplos: 1.' «Hallar un entero, que multiplicado
por 4 produzca 32» «hallar un entero, que dividido por
4dó2)) condiciones que simbólicamente se espresarán
así: X X 4 = 3 2 ; -j = 2 : la solución 8 conviepe á ambos y
ninguno de ellos tiene otra.
2.'' «Hacer pasar una circunferencia de circulo por 3
puntos no situados en línea recta.» «Circunscribir un eir-
culo á un triángulo.» La regla para resolver ambas cues-
tiones es la misma,
—56—
Advertencia: como en un orden cualquiera de co-
sas, lo más general contiene en la estension de su esfera,
á lo menos general, se sigue, que al sustituir en vez de un
problema, otro más general, el primero podrá conside-
rarse como consecuencia del segundo; que al sustituir en
vez de un problema otro más particular, este será uua
consecuencia de aquel, y que al reemplazar un problema
por otro equivalente, cada uno de ellos podrá considerar-
se como consecitencia del otro.
En resumen: 1." Si á un problema cualquiera se
sustituye otro de quien él sea una consecuencia, resol-
viendo este, encontraremos todas las soluciones de aquel.
y tal vez algunas más, que serán extrañas. 2." Si á un
cierto problema se le sustituye otro que sea consocuencia
suya, hallando las soluciones de este, todas convendrán á
aquel, pero podrá suceder que algunas de las del prime-
ro queden para nosotros perdidas. 3 ° Si á un problema
cualquiera se sustituye otro equivalente, resolviendo
este habremos resuelto aquel, pues que por lo visto no
habrá ni soluciones extrañas, ni soluciones perdidas.
Método ana- > 41. En la i'esolucion de problemas, como en toda
lítico. cuestión en que nuestra inteligencia especula, pueden
seguirse dos caminos solamente: el inductivo y el deduc-
tivo, los cuales sirven de fundamento á dos métodos ex-
clusivos también: el analítico y el sintético.
El método analítico puede revestir dos formas: en
la primera nuestra razón sube desde la cuestión propues-
ta á otra más general; en la segunda asciende hasta el
problema propuesto desde otro más particular; ambas
vías están figuradas y llevan las letras A y C en el es-
chéma que ponemos al final de estas páginas. En él, T
representa el problema que se ha de resolver, V un pro-
blema más general cuya solución se conoce, y V' una
cuestión más particular, que se sabe satisfacer.
Primer procedimiento. Partiendo del problema
propuesto, se pasa á otro más general, este, se sustituye
por otro que lo sea más, y se continúa de la misma ma-
nera, hasta llegar á uno, que por depender únicamente
de operaciones que sepamos ejecutar, estemos seguros de
resolverlo si lo intentamos. Ésto equivale á examinar de
que otro problema pudiere el propuesto ser consecuencia^
hacer lo mismo con este segundo y continuar del mismo
modo hasta llegar á uno resuelto de antemano; resol-
—57—
viendo entoncesieste, entíe sus soluciones estarán forzo-
samente las del dado; pero como además podrá haber al-
gunas que le sean extrañas, estaremos en la obligación
de eliminarlas ó demostrar que no existen.
Ejemplo 1." «Hallar tres númei-os tales, que restando
del primero la suma de los otros dos, el residuo sea cero,
quemultiplicados produzoad6.000yque sumados don 60.»
Si prescindimos de la penúltima condición, el problema
se liabril generalizado, y podrá considerarse como una
consecuenfia del siguiente: «Hallar tres niimeros cuya
suma sea 60, y tales que restando del primero los otros
dos el residuo sea cero.» Resolviéndole enconti'aremos las
soluciones. 30, 20 y lO; 30, 12 y 18; 30, 17 y 13; y otra
infinidad de ellas, entre las cuales solo la 1." conviene á
la cuestión propuesta; las demás le son extrañas.
l^emplo 2." «Trazar una tangente común á dos cir^
cunferencias secantes.» Prescinditíudo de que las circun-
fefencias se corten, el enunciado sé habrá . trasformado
ea este otro: ttTrázar una tangente coman á dos circun-
ferencias» y resuelto este problema encontraremos cuatro
soluciones de las cuales dos no convienen al propuesto.
Advertencia.^ Propongamos resolver la siguiente cues-
tión: «Una persona reparte con igualdad 30 reales entre
varios pobresí si estos,fueran 3 menos, cada uno recibirla
2 reales más.; ¿cuáútos son los pobres?» El Algebi'a, nos
dice que sOn 9;: ó ~ 6 , pero esta última solución es inad-
misible,, pues no puede concebirse uu primero negativo
de personas. Procede preguntar: ¿por qué el cálculo nos
ha dado una respuesta extraña al asunto? .
•' - \ Observemos, que no todas las condiciones á que de-
ben estar sujetas ¡las incógnitas de un problema cual-
quiera pueden traducirse por medio de los signos del Al-
gebra y si se deja de expresar alguna de ellas generali-
zamos la cuestión, siendo entonces natural el encontrar
soluciones extrañas. Así al traducir las condiciones del
enunciado anterior por medio de la ecuación {-2=—^,
hemos dejado de expresar que el número de ios pobres
habia deser positivo; tampoco hemos expresado que ha-
bla de ser entero, y por lo tanto, hubiera podido resultar
quebrado; la ecuación en realidad, es la traducción del
siguiente problema más general. «Hallar un número
tal, que dividiendo por él á 36 y añadiendo al cociente
9
—58—
dos unidades, el resaltado sea igual al que se obtendría
dividiendo 38 por dicho número después de quitarle tres '
unidades»; la solución podrá por lo tanto ser positiva ó
negativa, entera ó fraccionaria.
Segitndo procedimiento: Partiendo de un problema
que de antemano sepamos resolver, se pasa á otro más
general, prescindiendo de alguna condición; se hace lo
mismo con este y se continúa así hasta venir á parar al
propuesto, lo cual equivale á examinar de que otro pu-
diera ser consecuencia uno que sepamos resolver, efectuar
la misma operacian con este, y proseguir la marcha has-
ta llegar al propuesto; si lo conseguimos, se resuelve el
que nos sirvió de punto de partida, y sus soluciones con-
vendrán indudablemente al dado, pero este podrá además
tener otras, que ({\xeA&xka.perdidas y será necesario bus-
carlas si en realidad existen, ó demostrar que no las hay
en caso contrario.
Ejemplo 1." «Hall ar tres números cuya suma sea 60.»
Supongamos que sabemos resolver el siguiente: (X)«Ha-
llar tres números tales, que restando del primero los dos
últimos el residuo sea cero; que multiplicados produzcan
6.000 y que sumados don 60.» Partiendo de él le conside-
raremos como consecuencia de este otro: «hallar tres nú-
meros cuya suma sea 60, y que restando del primero loa
dos últimos el residuo sea O» el cual á su vez será conse-
cuencia del propuesto; resolviendo el (X), la solución 30,
20 y 10 convendrá al enunciado, pero habrá otra infinidad
de ellas que quedarán para nosotros perdidas.
Ejemplo 2." «Trazar una tangente común á dos cir-
cunferencias.» Supongamos que sabemos resolver el si-
guiente', (Z)aTrazar una tangente, común á dos circunfe-
rencia» secantes.» Como este es una consecuencia de «tra-
zar una tangente á dos circunferencias que se tocan ex-
teriormente» y este lo es á su vez del propuesto, hallan-
do las soluciones del (Z) ellas» convendrán á la cuestión
dada, pero de esta manera habremos perdido dos solu-
ciones, según nos demuestra la Geometría,
Advertencia. Por lo qtje antecede se vé, que en
general este procedimiento es inconveniente bajo dos as-
pecto*; primero; porque está en la naturaleza de la ra-
igón humana el marchar en las ciencias abstractas desde
Jo simple que es también lo njáf conocido,fácil y general,
á \o compuesto que es lo más desconocido, difícil y par-
—59—
ticiilar, cosa opuesta á lo que en esta vía se eje-
cuta ; seg^undo: porque entre los infinitos problemas
que pueden ser consecuencia del propuesto, no siem-
pre es fácil ver cual conviene elegir, repitiéndose la
misma dificultad en las sustituciones sucesivas. Al-
gunas veces sin embargo cuando se quiere descubrir
una ley general, conociendo otra particular, se em-
plea, auxiliado de ciertos artificios, entre los cuales
es notable el siguiente: propongamos, «averiguar 4 que
ley está sujeto el producto de un número cualquiera de
factores binomios, cuyos primeros términos sean igua-
les» si es que tal ley existe. Al efecto, formemos el pro-
ducto de un cierto número de factores que se encuentren
en las condiciones antedichas, cuatro de ellos por ejem-
plo; la simple inspección de eate producto particular, y
de los auxiliares que para llegar á él hemos formado, nos
dá una ley aplicable á todos ellos. Ahora, pai'tiendo de
esta ley particular, tratemos de generalizarla para un
número cualquiera de factores; al efecto se emplea el
artificio, áe demostrar dposteriori que verificándose pa-
ra n bimonios se cumplirá también para n-\-\, de don-
de concluiremos que aplicándose á 4 factores se aplicará
5, y por lo tanto á 6, y así sucesiva é indefinidamente,
luego el problema queda resuelto y la solución es la ley
general pedida.
I^ota 1.* Parece á primera vista que en el ante-
iñor ejemplo, se procede por adiccion de condiciones, en
vez de marchar por sustracción de ellas, pero debe notar-
se, que las verdaderas condiciones del problema de qua
se parte no son los factores, sino que estos sean precisa-
inenteáos, ó tres, ó cuatro, condición deque seprescin-
de al pasar á la ley general. 2." El mismo método se en-
saya siempre que tratándose de averiguar si un hecho
cualquiera se verifica en general, podemos probar que
sucede en varios casos particulares colocados en sárie
ordenada.
teti>o'^° *"°' { ^^ -^^ método sintético en la resolución de proble-
* mas, puede revestir dos formas: en la primera nuestra
razón desciende al problema propuesto T desde otro más
general V de antemano conocido (rama C déla figura); en
la segunda, baja nuestra mente desde la cuestión propues-
ta á otra más particular que se sepa resolver, (rama A')
Procedimiento primero. Saliendo de un probíe-
—60—
ma más general que el propuesto, y qne se supone que
sabemos resolver, se pasa á otro itienos general, añadien-
do alguna condición que lo particularicé, para lo cual
no hay más que buscar otro problema que de él pueda
considerarse como consecuencia, hacer lo mismo con este
y continuar aál hasta llegar al dado; si lo conseguimos,
sustituiremos á este con aquel el cual resolveremos, pero
podremos encontrar soluciones (?.r^/'«?I'?í, (párrafo 40-^
advertencia) que será preciso eliminar.
Ejemplo 1." «Hallar 3 números tales que res-
tando del primero los dos últimos, el residuo sea cero;
cuyo producto sea 6.000 y que sumados den 60.» Si sali-
mos del problema «hallar 3 números cuya suma sea 60»
que se supone sabemos resolver, pasaremos á otro que sea
su consecuencia, añadiendo la condición de que «restan-
do del primero los dos últimos el residuo sea cero» y de
esta descenderemos al propuesto, agregando la condición
de que «el producto sea 6.000.» Resolviendo aquel, en-
tre sus infinitas soluciones se encontrará forzosamente la
única que corresponde á este y que es 30, 20 y 10, pero
también hallaremos otras que como la 40, 15 y 5 no le
convienen.
Ejemplo 2.° «Trazar una tangente común á dos cir-
cunferencias secantes.» Si partiendo de la cuestión más
general: «trazar una tangente común á dos circunferen-r
cias» lo cual admitimos que se sabe hacer, pasaremos á
una consecuencia suya, agregando la condición de que
dichas circunferencias «se toquen exteriormente» y desde
esta descenderemos á el enunciado dado, añadiendo la.
condición de que «los puntos comunes á las circunferen-
cias sean dos» éñ vez de resolver esta hallaremos las
soluciones del más general que nos sirvió de punto de
partida, y entre las cuatro que obtengamos, habrá dos
que convendi-án á la cuestión propuesta y otras dos, que
le serán extrañas. '
Advertencia. Cuando por este procedimiento, re-
solvemos un problema, cuyos datos estáii'completamente
fijos y determinados, está determinación excluye por sí
misma las soluciones extrañas. Tal sucede en el segundo
ejemplo; tal acontece Cambien en el siguiente: «multi-
3 5
plicar '-' por -^w pues partiendo del general «averi-
guar como se multiplican dos quebrados cualesquiera»
-^61—
cuestión que se supone saljemos resolver, la respuesta ú
, 3X5
: el enunciado será .
4X6
Procedimiento 2.° Saliendo del problema propuesto,
se pasa á otro mas particular; este se sustituye con otro
<iue á su vez sea más particular que él, y sé continúíi de
la misma manera hasta llegar á uno que por no depen-
der más que de operaciones que sepamos ejecutar, este-
mos seguros de resolverlo si lo intentamos. Esto equivale
ú deducir del problema dado otro que sea su consecuen-
cia, liacer lo mismo con este, y seguir asi hnsta llegar ú
uno que de antemano hayamos resuelto; hallando sus so-
luciones, estas convendi'án forzosamente al dado, el cual
podrá tener además otras que quedarán p'irdidis (párra-
fo 40), y será preciso buscarlas si es que existen, ó de-
mostrar que no las hay en caso contrario.
Kjemplo 1 .* «Hallar 3 números cuya suma sea 60,»
Si á este enunciado le agregamos la condición de que la
difex'encia entre el primero y la suma de los dos últimos
sea cero, se habrá particularizado y será una consecuen-
cia del propuesto; las soluciones 30, 20 y 10; 30, 20 y
18; 30, 17 y 13; y otra infinidad de ellas convendrán á
este pero quedarán ignoradas otras infinitas, entre las
cuales citaremos la 40, 15 y 5. Si al segundo problema
le añadimos la nueva condición de que el producto sea
6.O00 la solución del huevo enunciado, será 30, 20 y 10.
Respecto %1 anterior, quedarán perdidas las soluciones
30, 20 y 18; 30, 17 y 13; etc. y pOr lo tanto,
con relación al propuesto serán perdidas las 30, 20 y 18;
SO, 17 y 18;;.... etc. y las40, 15 y 5,.,... etc.
Ejemplo2.' «Trazar una tangente común á dos cir-
cunferencias dadas.» Si á este problema le sustituimos
por el que resulta de añadirle la condición de que dichas
circunferencias se toquen esteriormente, habremos per-
dido una solución; si á este le adiccionamos la condición
de que las circunferencias tengan además otro punto co-
mún, habremos perdido otra solución. Resolviendo pues
este último problema en vez de resolver él propuesto ha-
Adverteneias\^''^^08 perdido dos soluciones.
comunes al j 43. Antes de termiilar lo concerniente á Ids métodos
método ana-(que para la resolución de probleinas, hasta aquí hemcg
tJt?IJ,^jJ|¿Q'(examinado, conviene hacer notar; 1." que al pasar do
dos mixtos. /
—62-
uno á otro enunciado en cualquiera délos procedimientos
antedichos podrá acontecer que alg"una ó alg-unas condi-
ciones sean comunes á dos de ellos consecutivos y enton-
ces estaremos en el caso de elegir entre espresarlas en
ambos con las mismas palabras, ó traducirlas desde el
primero al segundo con leng-uage de forma distinta, pa-
ra lo cual será preciso convertirlas de antemano en otras
equivalentes,
2.' Que seguu se ha visto, los cuatro procedimientos
esplicados, tienen el inconveniente de no proporcionar
todas y solo todas las soluciones de la cuestión que se ha
de resolver; unas veces habrá soluciones extrañas, otras
las habrá perdidas, y aunque eii ocasiones las circunstan-
cias del problema escluirán á aquellas, nunca estaremos
dispensados de un trabajo pesado al hacer la discusión,
con objeto de eliminar los resultados extraños, descubrir
los ignorados, ó demostrar que no existen los unos ó
los otros.
Veamos si hay medio de obviar tales imperfecciones.
Si cualquiera que fuese el proceder adoptado, en
vez de pasar de un pi'oblema á otro más general ó al
contrario, sustituyésemos cada uno de ellos con otro
equivalente, es decir: si hubiese equivalencia entre cada
dos sistemas consecutivos de coBdiciones, es claro que
nunca habría soluciones peiviidas ni soluciones extrañas,
pues cada enunciado podría considerarse á voluntad, co-
mo consecuencia del siguiente y vice-versa. (V. párrafo
40.) Entonces la marcha de nuestra razón participaría
del doble carácter del análisis y de la síntesis y el méto-
do, en contraposición á los anteriormente esplicados que
denominaremos j!>2<rüí, debería adjetivarse mixto, pu-
diendo ser sintético-anaUtico ó anolitico-siniético según
que aquella discurra por las vías A.' y C ó por las A y C'.
Examinémoslas una por una.
Métodos sin-1 44 R'jma A' En esta partiremos del problema pro-
tetieo-anali-|p^jgg^Q T cuyas condiciones sustituiremos por otras que
sean sus consemíencias equivalentes, sacaremos de estus.
otras sujetas al mismo contraste, y así continuaremos
hasta llegar á un sistema de ellas V' que estenios segu-
ros de satisfacer si lo intentamos, bien porque el modo
de hacerlo sea intuitivo, bien porque de antemano lo ha-
yamos aprendido; verificadas estas, las propuestas lo es-
tnri^n igualmente.
-63-
Ejemplo 1." «Hallar el valor de la diferencia de los
cuadrados de dos números, en función de estos.»
Las sucesivas consecuencias reciprocas de la con-
dición a'—b' que traduce al enunciado son:
a'-f-Kb—ab—b*; (a+b)a+(a+b)(—b); (a+b) (a—b); luego
«la diferencia de los cuadrados de dos números cualquie-
ra, es igual á la suma, multiplicada por la diferencia do
dichos nVimeroswque es lo que deseábamos enconti-ar.
Ejemplo 2." «Buscar un número, que sumado con
33, equivalga al duplo del resultado que se obtendría
añadiéndole 11 unidades.» Las condiciones propuestas se
espresarán así, llamando x & la incógnita : x + 3 3 =
=2(x+l 1) v las consecuencias ordenadas en equivalencia
mutua serán: x+.33i=2x-)-22; 33=;;.x4-22; 33—22 = x;ba-
ilando pues la diferencia entre 33 y 22 habremos resuel-
to el problema.
Ejemplo 3." «Encontrar los caracteres que debe pre-
sentar un entero iV en sus cifras para ser divisible por
otroíi.» Designemos por a, b, c, d, á las cifras de
iVprincipiando por la derecha; llamemos q, q', q",
á los cocientes enteros que X'esultan de dividir la base del
sistema de numeración y sus potencias enteras sucesivas
por n; sean r, r', r", los restos, algunos de los cuar
les pueden ser cero; la condición propuesta es que — sea
un entero; valiéndonos del signo de igualdad para indi-
car el paso de una condición á una consecuencia cuya
equivalente, podremos escribir:
N l.a-flO.b-t-lO.'c-hlO.'d-f 1 10 10"
——: ;:=; a-{ b-j C-{r
n fi n n n
10' 1 / r\ / r'\
+-d+ = - a - f ( q 4 ~ ) b-h ( q ' 4 ~ c-\-
n n \ n / \ n/
r"\ 1 r.b r.'c
+ q"-|— d4-....=:-a4,qb-h—+q'c-l~---+q"d-|.
\ ny n n
r."d La r.b .. .(. ..j
-h +...=qb+q'c-fq"d-f...^-—j-—-i----- + _ - ^ +
n ' u n " »
—64—
l.a-j-r.b4-r.'c+r."d-f....
4-....=qb+a'c+q"d-l-:...+— ^-^- ;
de suerte, que la condición propuesta se ha transfor-
mado'en esta otra equivalente: qb-|-q'c-}-q"d-{- +
l.a+r.b-|-r/c4-r"d-l-...-; ^ , ^ ,
4 • debíj ser un entero, con lo
n
cual la solución se bá Iieclio intuitiva, pues siendo evi-
dentemente un entero lasuma,qb+q*c-f-q"d-j^..., basta-
,; I.a4-r.b.-t-r.'c+r"d4- ,
ra que lo sea también ; de
n
aquí se deduce la siguiente: Regla para determinar
los caracteres que debe presentar un entero en sm
cifras cuando sea divisible por otro: «se divide la
base del sistema de numeración y sus potencias- su-
cesivas por el factor de que se trata; se multiplica
la cifra de las nnidades Jel número propuesto por
uno, la de las decenas, por el residuo de la primera divi-
sión, la de las centenas por el residuo de la segunda, y
así correlativamente; la suma de estos productes deberá
ser divisible por el divisor que se. ensaya,'». . . . •,
Ejemplo 4." «Trazar un plano tangente en un punta
de la superficie convexa de un cono de revolución» con-
secuencias sucesivas equivalentes: Trazar las tangentes
á todas las líneas que situadas en la superficie pasan por
dicho punto; determinar dos de dichas tangentes y hacer
pasar por ellas un plano;. l^acer pasar un plano por el
lado y por la tangente á la base en el punto en que aquél
lacoTfa; sáTiSfecha esta condición última, la propuesta
lo quedará también.
Ejemplo 5.° «Hallar gráficamente el radio de una
esfera.') Consectjencias equivalentes: dibujar sobre un
plano una de las circunferencias máximas de una esfera
conocida; dada una esfera, encontrar sobre su superficie
tres puntos situados aobre una misma circunferencia má-
xima; buscar en la superficie de una esfera determina-
da, tres puntos equidistantes de otros dos ái'hitrariamente
elegidos sobre ella; fijos dos puntos de una superficie es-
férica, encontrar otra sobi'e ella que equidiste de. los
dados.
La resolución de este problema que se supoae co-
nocemos no nos á&vk inmediatamente la del propuesto,
pero nos proporcionará la del que le precede,- la de este
nos llevará á la del que respectivamente le antecede; y
fesi sucesivamente hasta llegaíf por último al primitivo.
Cosa semejante sucede en muchas ocasiones, y entre ellas
es de notar aquella en que el planteo de un problema dá
lug-ar á un sistema determinado de ecuaciones; estas se
van trasformando en otras equivalentes, hasta venir á
parar á un'sistema que contiene una ecuación con una
sola incógnita, otra con dos, otra con tres, y así sucesi-
vamente; las incógnitas se van hallando entonces una á
una, formándose la columna de valores por serie regre-
siva.
Ejemplo 6." «Determinar el área de un triángulo
rectilíneo en función de sustres lados.» El área pedida,
debe ser equivalente á la dada por la base b y altura k del
triángulo, por lo cual designando aquella por s tendré-
moss=-<bh, fórmula que se supone conocida; ahora, si
llamamos c á uno de los lados contiguos á la base, A al
ángulo comprendido entre esta y aquel y p al semi-pe-
rímetro las consecuencias sucesivas y equivalentes po-
drán espresarse por la siguiente serie.

s = - i b c s e n A = b c s e n - A c o s l A = b c i /(P—^Xp—g)x
2 V 2 2 V be

X • / P (P~^^" = he / P (P—^) (P^^) (P—c) _


V b& V b'c
= >^I^(p-a)(p.-b)(p-c); ' "fV ,
Satisfaciendopues á las condiciones exigidas en la
espresion V pfp^-^a) (p—rb) p—c), cosa que sabemos
efectuar, la propuesta queda resuelta. •
Advertencias: l / . E l problema quedó resuelto desde
el antepenúltimo ahillo,,pero se continutj.l^ trasforma-
ciou con objeto de siipplificar. la solución^.
2.* Si en vez de proceder por cadena de igualdades,
se hubiese querido poner, de manifiesto la serie de sllo-
gisnios se hubiera hecho del modo siguiente:
10
—S6—
^ "2 ^ [ luego s=-^ b c sen. A
pero h = c . sen. A J ^ j
pero sen. A = 2 sen. ^ A eos. - A'

luego s = b c sen. .--Acos.-^A I

pero sen. \ A eos. - A = 1 / ( p — b ) (p—c)[ / P (P—») [


. '^ ^ «^ Iw l^ be )
luego s ^ b c |/(P—^)(P—t^) í / p (P—a),
l^ be \/ bo
3.^ La equivalencia entre cada dos sistemas consecu-
tivos de condiciones es evidente, pues al silog-ismo
1 1
s==5-bh, pero h = c sen. A, luego s==f--bc sen. A; cor-
responde el s = ^ b c s e n . A, pero h = c sen. A; luego
8:?=.- bh, y asi de los demás.
«
Rama C. Aquí el artificio consistirá en tomar como
punto de partida un problema V qué de antemano se^
pamos i'esolver ó un teorema para nosotros conocido, y
deducir de él otro equivalente sistema de condiciones,
hacer lo mismo con estas y continuar así hasta llegar
al propuesto T que resultará equivalente al primero; re-
solviendo este, habremos resuelto aquel. ,
Ejemplo 1." «Hallar el valor dfe la diferencia de loV
cuadrados de dos números en función de estos.» Parta-
mos del problema multiplicar a-}-b por a—b que sabe-
mos efectuar; las sucesivas consecuencias equivalentes de
su espresion que es (a-j-b) (a—b) serán las siguientes:
(a+b) a-f- (a-|-b)(—b); a'-f-ab—ab—b'; a*—b°: que es la
propuesta, luego «multiplicando la suma por la diferen-
cia de dos números cualesquiera, habremos encontrado la
diferencia de sus cuadrados.»
Ejemplo 2." «Determinar el área de ^n, triángulo
rectilíneo, en función de sijs tres lados.» Adoptando la
notación del ejemplo 6.°, rama A', tomemos por pri-
>^^p(p_a)(p-^b)(p-rC>cuyas
mer eslabón de nuestro condiciones
razonamientopodemos satisfar
la espresion
—Í57—
Cer pues que sabemos efectuar con los datos las operacio-
nesenellaindicadas, y trausformémoslaspor consecuencias
equivalentes del modo siguiente: •^píp—a)(p—b)(p—c)=
p(p-a)(p—b)(p—c) (p—b)(p—c
=bc[/ )X
b'c' be
P.(P f l = b c, sen.^ A eos. ^ A = ' 5 ' b c sen. A =

=:-H bli=:s, luego llevando á efecto los cálculos indica-


dos en la espresion i/'p (p—a) (p—b) (p—c) obtendremos
el área s del triángulo.
Advertencia. Por lo dicho se comprende que este
proceder es regresivo respecto del anterior, y por lo tan-
to cuantos ejemplos se pongan i'elativos al uno serán
aplicables al otro con solo invertir los puntos de salida y
de llegada.
Procederes 45 Ramas A y C . Los procederes analítico-sintóticos
analítico-siií- representados por las vías A y C' de la figura, se dife-
téticos. rencian respectivamente de los sintético-analiticos Cy A;
solo en que en estos, la marcha de la razón es inductiva
con equivalencia y en aquellos es deductiva con la mis-
ma condición; aquí se procede examinando de quién pu-
diera sev consecuencia una cierta proposición, asegurán-
donos después de la equivalencia de ambas y allí se saca
de ella una consecuencia que se somete luego al antedi-
cho contraste, de donde resulta que cuantos ejemplos se
pusieron para la rama A' serán aplicables á la 6'' y los
que se resolvieron para la C servirán para la A siu
j cambiar nada en su escritura.
I Adverten- 46 Respecto á los procederes mixtos, tenemos que ad-
jcias comunes vertir: 1.° que si los razonamientos como suele acontecer
|á los proce- en la Matemática, se van traduciendo en serie de igual-
Ideres mixtos
dades, esta representa á la vez después de escrita, una
I marcha sintético-analítica y su correspondiente analíti-
co-sintética, pues que tomando dos expresiones consecu-
tivas cualesquiera, cada una puede considerarse como
consecuencia de la otra ya que son equivalentes. 2.* Que
en el caso de la serie antedicha, la solución del proble-
ma puede cambiarse á voluntad en propuesta y vice-
versa, con solo tomar el último anillo por primero y al
-.68—
cantravio, pero el nuevo problema, que pudiéramos adr
ieúv&v recípi'oco del antiguo, nada ese,neialmente niievo
nos enseñaría; así el primero del párrafo,44se camljiarla
en este otro: ¿,á quiénes i-gual la suma' multiplicada por
la diferencia de dos números? Y la solución será: «á la
diféFencia dé sus cuadrados.» Esta transformación siu
embargo, es algunas veces útil y en ocasiones ne?esa-T
ria, pues en los cálculos es conveniente dar á una misma
cosa formas distintas según las circunstancias; tal suce-
de por ejemplo con el producto de un número por un -en-
tero, relativamente á una suma cuyos datos son todos
ig-uales; en el cambio de una potencia entera de un nú-
mero por un producto de factores iguales y al contrario;
en las reglas que nos sirven para restar expi-esiones aK
g-ebráicas y para mudar de signo á uno ó vaiños términos
de un polinomio; en las que nos dan el medio de multi-
plicar un polinomio por un monomio y el de separar el
factor común de los términos de este, etc.
Compara-'l 47 Pasando ya á la comparación de los procederes
"?'^ '^fpl"! [mixtos, no hay duda que los sintético-analíticos son muy
iiiixtos > preferibles á los aualítico-sintáticos, porque es más fácil
deducir que inducir, y á parte de esta diferencia, nada
encontramos que los distinga. Descartados- pues estos,
examinemos cuál de las dos vías C y A' ofrece mayor
ventajas, y para ello observemos ante todo que los des-
cubrimientos pueden clasificarse en dos grupos: solucio-
nes de ^vohlfunna jiropuestos j resultados obtenidos c<í-
.92¿«?»¿e«fe. A la primsra pertenecen las cuestiones que
ordinariamente investigamos proponiéndonos un objetivo
prefijo; á la segunda, las que resolvemos cuando posee-
dores de algunos materiales científicos, los combinamos
á voluntad sin objeto determinado, y de esta suerte lle-
gamos al descubrimiento fortuito de verdades y solucio-
nes hasta entonces ignoradas. Algo parecido sucedió á
aquellos antiguos geómetras, que aunque discurrieron
con el objeto,pi'econcebido de encontrar la cuadratura del
círculo, no lo consiguieron, pero en compensación lle-
garon á enriquecer la ciencia con descubrimientos im-
previstos acerca de las cónicas, proporcioimndo la base
que más adelante había de servir para fundar los porten-
tosos adelantos de la Mecánica Celeste.
Ahora bien: si tratamos de resolver probleinas np
propuestos de antemano, el proceder C es el único que
—69—
ilebemos emplear, pues que el punto de partida está si-
tuado entonces en V, y el de llegada en T; pero si los
eouociniientos que se han de conseguir están designados
con antelación, es siempre preferible la via A ' .
Én efecto: en el camino C;ig'noramos el punto de
partida, porque entre la multitud de problemas y teore-^
inas conocidos que como primer eslabón de la cadena de
razonamientos podemos tomar, no existe criterio seg-uro
de elección acertada;si por Cí?5«rt/'?V7-7íí empezamos por el
mejor, se nos presentará seguidamente la misma dificul-
tad para elegir entre sus consecuencias la más apropósi-
to, y el mismo inconveniente tendremos en los sucesivos
tránsitos, á menos que el camino sea muy corto j acerte-
mos á ver el problema dado, como una consecuencia ó
caso particular de otro ya resuelto, ó de un teorema ya
demostrado, pero aún entonces, sin darnos cuenta de
ello, habremos previamente recorrido la vía A ' . Sin em-
bargo, la costumbre de usar el procedimiento C, puedn
dotarnos con cierta especie de intuición para verificar el
paso de uno á otro anillo de la cadena de razonamientos,
y desde luego, en la generalidad de las ocasiones debe
principiarse por una verdad congénere con el asunto de
que se trate, manteniéndose la misma prescripción, para
cada tránsito de uno á otro sistema de condiciones, pues
de este modo queda algo limitada la indeterminación de,
nuestra vacilante marcha.
Por el contrario: si adoptamos la vía A' conoce-
mos desde luego el puuto de partida, dado en las condi-
ciones mismas del problema, y si poseemos abundante
número de verdades relativas al asunto, SQi-d fdc¡I lle-
g a r transformando aquellas á una de estas, con el auxi-
lio de las demás.
Si después de seguido tul camino queremos ense-
ñar á otra persona el modo de resolver la cuestión, en-
tonces, pues que hay equivalencia entre cada dos siste-
teraas de condiciones, se puede á nuestro arbitrio recor-
rer aquel, empezando por cualquiera de sus estreñios, es
decir; comenzar por la proposición conocida que V' re-
presenta y terminar por la que T simboliza, lo cual
.equivale a marchar por la vía C, ó usar el mismo proce-
dimiento que en la investigación nos sirvió, después de
haber suprimido como es natural las tentativas inútiles.
Ordinariamente se haie uso del primer artificio por más
—To-
que el segundo sea irreprochable, pues las pruebas que
satisfacen al indag-ador, deben necesariamente dejar
convencido al que aprende, pero tal costumbre no es la
más conveniente, porque el procedimiento A' tiene en s\\
abono el que la luz de las condiciones dadas, acompaña
ú la razón, trasmitiéndose paulatinamente de anillo en
anillo hasta dejar indirectamente enlazado el propuesto
con otro ya conocido y posee además la grandísima ven-
taja, de que el discípulo al connaturalizarse con él, va
prácticamente apoderándose del modo como debe usar-
lo, llegando por último á hacerse dueño del verdadero
método de investigación,^.?iprinctj):'?! aunque no úni-
co á que debe dirigir sus esfuerzos.
La via C tiene en su favor la sola circunstancia
de que por su medio se hiere súbita y profundamente
con la luz de la sorpresa la mente del que aprende, lo
cual aunque siempre y sobre todo en los problemas más
elementales es conveniente, no compensa ni con mucho
las ventajas del procedimiento A'. Además sus trámites
tienen algo de misterioso, pues que al recorrerlos, el
discípulo no sabe por quá se toma por punto de partida
y por consecuencias sucesivas, tal ó cual verdad y no
otra distinta, lo que trae como natural resultado, el que
la memoria juegue un papel importante.
Eesumiendo: si se trata de inquirir lo desconoci-
do, y el problema no está propuesto de antemano, Jbr-
íosmnenh hay que seguir la marcha indicada por C,
pero si la cuestión está prefija, pueden intentarse cual-
quiera de las simboliisadas por C j A" aunque esta ulti-
ma es preferible. Si se trata de enseñar lo ya inquirido,
cualquiera de dichos procederes es aceptable, pero espe-
cialmente el segundo.
Por último, lo dicho, solamente se refiere á los
problemas generales, y á los particulares en que no se
conozca la fórmula que los resuelve, pues si esta hubiera
sido encontrada anteriormente, no habría que hacer otra
cosa más que aplicarla á los casos determinados que se
y)re9entaren,con lo cual se haría uso de la viaC. Si dicha
fórmula no hubiese sido investigada, será muy conve-
niente hacerlo, generalizando el enunciado, porque de
esta manera tendremos mucho adelantado para la solu-
ción de todos sus infinitos análogos.
—71 —
A todo lo dicho en este capitulo son -aplicables los
escolios que siguen:
Escoliosge-\ 48. Escolio 1." Si el enunciado es susceptible de re-
nerales á la (solverse en dos ó más problemas que ofrezcan mayor fu-
problema^ i^^^^*^*^^' '^'•'^^ "'"*® todo procederse á tal descomposición,
' que siempre será tm análisis objetivo.
Ejemplo 1." «Treinta y seis soldados penetran en una
plaza fuerte, después de haber ido dejando en cada uno
Áe tres cuerpos de guardia por que sucesivamente pasa-
ron, la mitad más medio de los individuos que eran al
llegar á él. De cuántos hombres se componia el grupo,
antes de verificarse la primera susti'accion"?»
Descompongamos la propuesta en otras tres, que
tendrán por objeto averiguar los que quedaron en cada
cuerpo avanzado, pues si esto conseguimos, una sencilla
adiccion nos proporcionará el valor de la incógnita. Lla^
mando x. y, z, los que respectivamente ingresaron en
cada guardia á contar desde la tercera, tendremos que en
esta quedaron la mitad y medio de los soldados que hasta
ella llegaron, y pues que entraron después en la plaza 36,
X 1
será:---—-=36; de donde X—1=72, y x=:73; del mis-
mo modo, para el segundo cuerpo de guardia tendremos:
-—•^==73; luego y—1=:146; y=.147; finalmente, para
? 1
el primero será: •-—^^=^14^; z—1=?94; z=295; en re-
si'imen, la incógnita del primitivo enunciado valdrá:
295+147-^-73+36=551.
Ejemplo 2." «Hallar las i-aices cuartas de la unidad
positiva.» Lla,maudo x ¿ una cualquiera de estas raices,
1 tendremos: x = 1 ; de donde x —•] ==0; y valiéndonos de
\ la propiedad relativa á la divisibilidad de la diferencia de
las potencias semejantes de dos números, por la diferen-
cia de estos, operaremos la descomposición de la manera
ix=:-f 1
^x_l=0J^^_^
íSiguiente: x:—IssO-

ix=-i/ZT
Ejemplo 3." ^^Con un radio conocido, trazar una cjr-
-—72—
eunferencia de circulo que sea tangente á una recta y á
otra circunferencia dada » La cuestión se descompone
naturalmente en estas otras dos: 1.* «con un radio de-
terminado, trazar una circunferencia tangente á una
recta fija.» El conjunto de dos paralelas á esta, trazadas-
á una distancia de ella, ignial al radio dado, proporcio-
na la solución. 2." «Con un radio conocido, trazar una
circunferencia tangente á otra prefija.» La reunión de
otras dos circunferencias concéntricas con la dada, y
distantes de esta'una cantidad igual al radio conocido
resuelven el problema. Finalmente: los puntos en que
las rectas y las circunferencias trazadas se corten, serán
los centros de otras tantas circunferencias, que respon-
derán al enunciado primitivo; en cuanto á sus radios
respectivos se determinan seguidamente con gran fa-
cilidad.
Nota. La descomposición objetiva, es muy convenien-
te cuando el problema tiene dos ó más incógnitas, y es-
tas son tales que por él intei-medio de las unas puede ve-
nirse fácilmente ert conocimiento de las otras. Entonces
se eligen aquellas ^^vprincipales, y se procuía despe-
jarlas, dejando para después el hallar el valor de las
restantes. •
Escolio 2." No es indispensable que al sustituir en la
serie de razonamientos un problema por otro, las incóg-
nitas de ambos sean las mismas, pues evidentemente bas-
tará que el conocimiento de las dersegundo, lleve en sí
el de las del primero, para lo cual es suficiente; que es-
tas estén ligadas por una relación cualquiera Con aque-
llas. Si dicha relación és fácil de aplicar, convendrá
hacer uso de las nuevas incógnitais, que en atención al
papel que representan en la investigación de las propues-
tas, se denominan auxiliares. ,,
Ejemplo 1." «Hallar un núinero que dividido p o r ' 8
d e l de residuo, y partíd'o por 7 deje 4 por resto, sien-
do el cociente entero igua| en ambas operaciones.»
Sustituiremos á la incógnita del problema por el
cociente x de que trata el enunciado-, pues conocido
aquel, como se nos, dá el divisor y el\resto, el dividendo
será fácil de hallar. , ' ;
Las condiciones del problertia se traducen así:
8 x-}-l=7 x-|-4; y sucesivamente,'xi=4—1; x=íÍ3'; luego
-73-
el número pedido será 8X3-f 1=25, que también pudiera
averiguarse por la operación 7x3-f-4=25.
Ejemplo 2." «Trazar un trapecio, conociendo sus
cuatro lados, y entre ellos cuáles son las bá^es.» Si con-
sideramos un triángulo, cuyos tres lados sean, los dos
no paralelos del trapecio, y la diferencia entre las bases,
este triángulf» será una incógnita auxiliar, pues prolon-
gando el lado igual á la diferencia, tomando en su con-
tinuación una magnitud igual á la base menor, y hacien-
do lo mismo en idéntico sentido con una paralela previa-
mente trazada por el vértice opuesto, tendremos después
de unidos los dos puntos resultantes, el trapecio pedido.
Finalmente, cuando en geometría se nos pide la
construcción de una figura cualquiera, podemos tomar
por incógnitas auxiliares, elementos de aquella, que bas-
ten para determinarla; si es un triángulo, sus tres lados,
ó sus tres medianas, ó dos lados y el ángulo comprendi-
do, etc.; si es una circunferencia, su centro y su radio,
ó tres de sus puntos; si es un cuadrado su lado, ó su dia-
gonal, y así de las demás.
Escolio 3." No siempre el proceder adoptado para la
resolución de un problema, es desde su principio hasta
su terminación el representado por una de las ramas de
la figura; á veces se comienza la serie de silogismos por
«na de aquellas y sé concluye por otra, pues luego de ha-
laer reducido la cuestión por medio del artificio A', por
ejemplo, á otra más fácil, se puede hallar la solución de
esta, valiéndose de otra cualquiera via.
Escolio 4." Tampoco es siempre posible, obtener la
equivalencia entre cada dos sistemas de condiciones du-
rante toda la serie de razonamientos empleados, y enton-
ces será indispensable hacer lo que se llama la discusión
del problema, para averiguar si existen soluciones per-
didas y cuales sean estas, para descartar las soluciones
estrañas caso de haberlas, para lo uno y para lo otro, ya
que ambas cosas pueden suceder, ó para convencernos
de la compensación entre aquellas y estas, que algunas
veces tiene lugar. Dicha discusión, puede efectuarse por
partes, examinando uno tras otro los anillos en que no
exista equivalencia, pero es mejor evidenciar después de
resuelta la cuestión, que las soluciones halladas convie-
nen todas al enunciado y que no existen otras que le sa-
tisfagan.
11
-74-
Ejemplo 1.' «Hallar el valor de á? en la ecuación
x'4-sx=o.» Este problema puede considerarse como una
consecuencia del siguiente que supongo ya resuel-
to. «Encontrar el valor de la incógnita, en la ecuación
x.''-f9x-|-p=o. La fórmula conocida x = — ' - ± 1 / ^ 5 p

dará, haciendo en ellap±=o; x=—•^^{/^S-s.—— -^ -<-•-


y los dos números o y—s serán las respuestas á la
cuestión.
Ahora bien: pues que sin equivalencia, hemos
marchado por la vía A de la figura, solo deberemos de
temer que existan soluciones estrañas, lo cual averigua-
remos sustituyéndolas una á una en la ecuación propues-
ta, pero como esta en ambos casos se transforma en iden-
tidad, todas dos soluciones son legítimas.
Ejemplo 2." «Dividir en medio y extremo, una recta
de longitud determinada.»
Imaginemos dicha recta, cuyos extremos designa-
remos con las letras AjB.j con la J/, el punto busca-
do. El problema comprende dos condiciones, una de las
cuales consiste en que la distancia de dicho punto á uno
de los estremos, sea media proporcional entre su distan-
cia al otro y la recta entera; la segunda condición, es que
el punto incógnito esté situado precisamente en la recta
y no en su prolongación; si prescindimos de esta, habre-
mos generalizado la cuestión, y entonces, para traducir-
la con más facilidad por la escritura algebraica, podemos
llamar / á la longitud de la recta dada, x á la distancia de
uno cualquiera de sus estremos al punto buscado, y la
I X
ecuación será: - = r r - ; resolviéndola tendremos:
X i^x
I
I'±Ix=x'; x'qrZx—^=o; x = ± - ± . l / i ' i /.. 3;_+i-{-
'« 4 ' ' ~2~
Jl-^!/5;x=i(±/5±l) ; lo que dá las cuatro solu-
ciones siguientes: ^ í / 5 -f ] ) ; ^ | / 5 — ] j ; ^ / — j / 5 -f-l| =
— ^("M^ 1 (-•'r-l)=-i (•'B'+l y. la
primera y cuarta son extrañas al problema, porque esr
—75-
presan long-itudes mayores que la reeta dada,- la seg-unda
y tercera son legítimas evidentemente y solo es diferen-
cian en el signo, lo que debia suceder, ya que los puntos
A y B, pueden indiferentemente elegirse como origen pa-
ra contar el valor numárica de la media proporcional
buscada.
Escolio 5.' Se comprende, que cualquiera que sea el
proceder adoptado, al sustituir un sistema de condiciones
por otro, podrá suceder que nos alejemos en vez de acer-
carnos al fin propuesto; esto dependerá de la costumbre
que tengamos de ocuparnos de semejante clase de cues-
tiones, del caudal de conocimientos que relativos á la
materia poseamos, y finalmente, del talento del que in-
tente resolver el problema. Algo y aún mucho queda
también á la suerte, y por eso debemos confesar, que los
métodos, no dan ¡a seguridad de hallar Jas apetecidas
soluciones, pero sí, la manei'a de buscarlas con alguna
probaMlidad de éxito.
Conversión j 49. La diferencia entre problemas y teoremas es más
délosproble- /aparente que i'eal, pues que en términos generales, puede
masenteore- ^afirmarse que «todo teorema, antes de su descubrimiento,
versa"^ ^^ ' j ^ ^ debido afectar la forma de problema» j a que toda
vei'dad no evidente por sí misma, toda relación entre co-
sas de un orden cualquiera, ha debido ser investigada y
descubierta, ó por medio de un razonamiento hecho sin
objeto determinado, ó como sucede casi siempre, con
ayuda de una cadena de juicios, dii'igidos á investigarla;
en ambos casos se ha conseguido un fin científico, y por
lo tanto se ha resuelto un problema. Así los teoremas:
«El orden de los factores no altera al producto.» «Si dos
cuerdas de un círculo se cortan, los segmentos de la una
son recíprocamente proporciónalas á los de la otra» no es
verosímil que se presentasen de tal modo enunciados á la
mente de sus descubridores, sino que el simple examen de
dos productos, compuestos de iguales factores, en orden
diverso colocados, ó el de dos cuerdas que en una circun-
ferencia se cortaran, les llevaría naturalmente á pregun-
tarse: Si se cambia el orden de los factores, se altera el
producto? Si dos cuei-das de una circuuferencia se cor-
tan, los segmentos resultantes, guardan entre sí alguna
relación? Halladas las respectivas soluciones, los teore-
mas pudieron ser en el acto formulados.
De aquí se sigue, que «todo problema después de
—ve-
resuelto, puede enunciarse como teorema, y todo teore~
ma, luego de hallado, es susceptible de esponerse en for-
ma de problema.» Para lo primero, «basta cambiar el
sistema de condiciones propuestas en hipótesis y la solu-
ción en tesis» y viceversa para lo segundo, dejando in-
tacta la mai'cha de los razonamientos. Así, las condicio-
nes propuestas en los problemas anteriores, tienen por
soluciones correlativas: «el producto no se altera» «los
segmentos de la una, son recíprocamente proporcionales
á los de la otra» .y los teoremas correspondientes serán:
«Si el orden de los factores se cambia, el producto no se
altera.» «Si dos cuerdas de un circulo se cortan, los seg-
mentos de cada una son recíprocamente proporcionales á
los de la otra.» Sus demostraciones respectivas serían las
resoluciones de aquellos, y lo contrario se haría si se
quisiera transformar los teoremas en problemas.
Debemos guardarnos bien, de cambiar—según ge-
neralmente se aconseja,—la propuesta en tesis y la solu-
ción en hipótesis, pues los teoremas resultantes, serían
recíprocos de los que debiéramos haber obtenido, y lo
que es peor, pudieran carecer de sentido, ó no ser vei-da-
deros, cual acontece en el siguiente: «Si el producto no
se altera, el orden de los factores se ha cambiado.» Ade-
más, aunque dichos recíprocos fueran verdaderos, nunca
podría dárseles por demostración la cadena de razona-
mientos hechos para resolver el problema de que se trate,
á menos que cada dos sistemas consecutivos de condicio-
nes, sean equivalentes.
Por último, lo que hemos visto en los ejemplos
del presente escolio, no hay duda que se aplica de idón»
tica manera á todos los demás problemas y teoremas per-
tenecientes á cada ramo particular de conocimientos abs-
tractos, en su parte hasta hoy descubierta, y con mayor
razón en la que todavía está por determinar, siendo en
consecuencia evidente, que en su origen, todas las cien-
cias se han compuesto exclusivamente de problemas por
resolver; la sórie de estos disminuye de dia en dia, au-
mentando en cambio la de los teoremas, pero los límites
cero ó infinito que al número de aquellos y al de estos
respectivamente corresponde, nunca serán alcanzados
por la humana inteligencia, cuyas sucesivas generacio-
nes, hacen continuas y sorprendentes conquistas en el
campo de la verdad, pero nunca la alcanzarán completa.
CAPITULO FINAL.

i^ompandio. 50. Abreviado resumen de las principales afirmacio-


nes hechas en los capítulos que anteceden, son las si-
guientes:
1." En toda ciencia, de cuiilquier género que sea, dos
vias únicas le es dado á la humana inteligencia recorrer
en sus especulaciones, 7 son la analítica y la sintética;
se procede analíticamente, cuando se pasa de lo simple á
lo compuesto, y sintéticamente cuando de lo compuesto
á lo simple.
2." Tanto la análisis, cuanto la síntesis, pueden ser
métodos objetivos ó subjetivos; si son objetivos, consisten
en resoluciones y composiciones de las partes integrantes
de un objeto, cuyo conocimiento individual, se hace do
este modo más perfecto; si son subjetivos, versan sobre
abstracciones y concreciones de ideas, en las cuales, me-
diante la eliminación gradual de caracteres diferenciales,
se eleva nuestra razón de lo complejo á lo simple, ó des-
ciende desde lo sencillo á lo compuesto, adquiíúendo de
esta manera el verdadero saier, cosa muy distinta del
•vulgar conocer. En todas las ciencias, se emplean, a\m-
que en distintas proporciones, estas dos clases de análisis
y de síntesis, predominando grandemente la parte sub-
jetiva en las abstractas.
3." Tratándose de análisis y síntesis subjetivas, lo
más simple es lo más general é indeterminado, y también
suele ser lo más fácil y conocido.
4." En la resolución de problemas, y en la demos-
tración de teoremas, deducir de un principio ó sistema
de condiciones, verdadero ó falso, satisfecho ó por satis-
—78—
facer, otro que sea consecuencia suya, mediante la suce-
siva agregación de caracteres diferenciales, es proceder
sintéticamente, é inducir aquel en otro de quien él sea
una consecuencia, por medio de la abstracción de notas
específicas, es operar analíticamente.
5." Si el procedimiento es objetivo, el punto de par-
tida estará en el todo ó en las partes del objeto, según se
adopte la análisis ó la síntesis, pero si la operación es
subjetiva, el método no resulta caracterizado por dicho
punto de origen, que podrá situarse ya se trate de la aná-
lisis, ya de la síntesis, en la cuestión propuesta, en otr;i
resuelta de antemano, ó finalmente, en un principio ad-
mitido como cierto ó como absurdo.
6." El proceder analítico puro, es causa de solucio-
nes extrañas á la cuestión, si de problemas se trata, y el
sintético deja soluciones ignoradas ó perdidas para el in-
dagador.
7." Muchas veces, el método empleado para descu-
brir una verdad, ó para exponerla, es intermitente de
análisis y de síntesis y entonces,, si de problemas nos
ocupamos, podrá haber soluciones extrañas, y soluciones
perdidas; en este caso y en el del número antei'ior, una
discusión es indispensable.
8." Si cada dos sistemas consecutivos de condiciones
impuestas en la investigación de un fin científico, son
equivalentes, la discusión es inútil, porque las solucio-
nes halladas, son todas legítimas y no existen otras.
9.* Hay que distinguir cuidadosamente, entre el mé-
todo empleado para evidenciar cada Yciniad constitutiva
del todo científico, y el orden según el cual estas deben
ser estudiadasT dicha orden que hemos designado con el
nombre á&plan, hade ser forzosamente sintético en to-
da ciencia abstracta, y aquel método, puede á nuestra
voluntad ser analítico, sintético, ó ambas cosas á la vez.
10." La palabra análisis, indica un método de razo-
namiento, independiente de los signos que para ello se
empleen, pero ya sea por un tropo, siempre inconve-
niente en las ciencias exactas,, ya por una verdadera con-
fusión de ideas, se suele dar aquel nombre, á todo proce-
dimiento exclusivamente traducido por medio del cálcu-
lo, no obstante que muchas veces se practica una com-
pleta síntesis; hasta no falta quien reserva dicha denomi-
nación, para ciertas teorías, que esparcidas en el Algebra
—79—
y en el Cálculo infinitesimal, tratan del número en el
número, es decir: precisamente, de sintetizar los elemen-
tos numéricos.
Conse«uen-| 5 1 . \JQ igg anteriores conclusiones una vez admitidas,
cías y de cuanto llevamos dicho, se desprenden los corolarios
que sig-ueu:
1." Los Matemáticos, no solo Ijan pretendido dispo-
ner de un método de razonamiento para su uso particular
y exclusivo, sino que consideran como una desg-racia
científica el que todo el mundo no piense como ellos.
2.° No obstante, creemos liaber demostrado, que pai*-
tiendo de las definiciones que del análisis y de la síntesis!
dan los metafísicos, se llega á los procederes que em-
plean los g-eómetras para resolver sus problemas y evi-
denciar sus teoremas, con tal que la descomposición y
recomposición que aquellos preceptúan, no quede limiin-
da á los objetos, sino que recaig-a también sobre las ideas
del sujeto que conoce. Algunos tratados de lógica han
contribuido no poco á que se desconozca esta verdad, ha-
ciendo caso omiso de la análisis y la síntesis subjeti-
va, y poniendo ejemplos que como los tan conocidas del
reloj y de la construcción del vestido citado por Condi-
llac, se refieren solamente á análisis concretos y á sínte-
sis determinadas, con lo cual, más que doctrina apropia-
da para esclarecer el concepto de materia tan importan-
te, han sido aquellos libros, origen de prejuicios y con-
ducto de confusiones. Es cierto que los metafísicos com-
prendieron por intuición y enunciaron á priori, la iden-
tidad entre sus métodos y los empleados por los geóme-
tras, pero ni han logrado evidenciar esta verdad, ni los
conatos que al efecto practicaron han producido otro
fruto, que la división de las oposiciones, siguiéndoles al-
gunos matemáticos en sus asertos sin pruebas, y comba-
tiéndolos otros, apoyados en la consideración limitada
del asunto, por los mismos lógicos propalada.
3.° Se há confundido el orden según el cual deben
estar escalonadas las verdades integrantes de toda ciencia
abstracta, con el método propio para indagar y enseñar
cada una de aquellas verdades aisladamente pensada.
Así Lacroix en su «Ensayo sobre la enseñanza» (1) esti-
ma que los Mementos de Enclides están tratados por el

\l) Página 204,


—80—
método sintético, en el mero hecho de que «este autor,
«después de haber sentado los axiomas y formulado los
«postulados, establece proposiciones que prueba sucesi-
wvamente apoyándose en lo que precede.» Pero como
quiei-a que no puede ser otro el plan de cualquier obra
de matemáticas, según hemos demostrado, si en tal cir-
cunstancia hubiera de consistir lo que ordinariamente se
llama método, todas habrían de estar á forciori tratadas
por el sintético.
4." Los geómetras han tomado por análisis lo que es
una verdadera síntesis, pues el mismo Lacrois, Pappus.
Bnhamel, y todos los mejores y más recientes libros do
matemáticas, afirman que se practica el método sintático,
procediendo por sárie de consecuencias ó por cadena do
deducciones, y nosotros eremos haber probado, que tal
sistema es siempre de composición y por lo tanto sintáti-
co. El primero nos dice: (1) «Se atribuye á Platón el ha-
í)ber usado por vez primera el método analítico en los es-
ntudios geométricos. Por este método, se supone que el
«problema en cuestión está ya resuelto; sigúese de aquí
•»que cierta condición queda cumplida, ó lo que es' lo
«mismo, que hay igualdad entre muchas magnitudes,
•»las unas dadas y las otras incógnitas. Biíscando las
y^consecxiencins de la condición que se há supuesto cum-
wplida, ó de la magnitud que de ella se há seguido, es
Dcomo S8 llega finalmente á descubrir la cantidad incóg-
»nita, ó á trazar el proceder que es necesario seguir para
«ejecutar lo que se há pedido.» Y más adelante añade:
«La demostración de los teoremas, en la forma
«que se llama rednccion al absurdo, es hablando coa
«propiedad, un proceder analítico, porque se supone que
«la proposición enunciada es verdadera, y se buscan
«ciertas consecuencias, que encontrándose absurdas, h a -
«cen ver que la hipótesis que se examina^ también lo es.»
Pero ni el artificio apagógico está claramente expuesto
en la regla precedente, ni aplicándola haríamos uso de
la análisis, sino que por el contrario, practicaríamos una
síntesis perfecta.
Por su parte, Pappus, en las Colecciones mate-
máticas, (2) escribió los siguientes párrafos:

(1; Obra citada, pág. 205.


(2J Libro 7.°—Prefacio.
—81 —
((La análisis es el camino que partiendo de la cosa
«pedida, ó que se concede por el momento, lleva por una
»serie de consecuencias, á alg-una cosa conocida de an-
Mtemano.» E insistiendo, dice que en la análisis que tie-
ne por objeto reconocer la verdad ó la falsedad de una
proposición, dicho método consiste en que «teniendo por
«verdadero ó por ya existente el asunto de la proposición
«enunciada, marchamos por las consecuencias de la hi-
))pótesis, á alg-una cosa conocida, y si este resultado es
«verdadero, la propuesta también lo será.»
En cuanto á Duhamet, en su obra acerca del Mé-
todo (1) reitera la que en distintos lug-áres de la misma
tiene ya expresado, con las siguientes palabras: «Este
«método (el analítico) consiste en general, en partir del
«problema propuesto y llevarle á otro; después referir
«este á otro nuevo, hasta que se llegue á uno que se sepa
«resolver. Pero cada uno de los problemas que así se sus-
«tituyen al que le precede, puede estar con él ligado de
«dos maneras muy diferentes. Las condicienes que le son
«impuestas, pueden ser consecuencias del precedente ó
«llevar á estas como consecuencias.»
Por último—absteniéndonos por razones fáciles de
comprender de citar otros autores de fecha más reciente—
Vincent afirma en su geometría, que «en unasórie áede-
ducciones consiste el llamado análisis del problema.»
5." Los matemáticos, y entre ellos los dos últimos
que se citan en el párrafo anterior, han hecho consistir
la esencia de los métodos, según prueban sus palabras
en dicho corolario consignadas, en que el punto de par-
tida del i'azonamiento esté 6 deje de estar en la proposi-
ción enunciada ó en el problema propuesto, y nosotros
creemos'haber evidenciado, que en general, tal circuns-
tancia para nada influye en que el procedimiento sea
analítico ó sintético. También Euclides en sus Elementos
(2) dice que «El análisis es la admisión de la cosa
«buscada como si estuviera hallada, para deducir las
«consecuencias que desde ella conducen á alguna verdad
«admitida» y que «la síntesis al contrario, consiste en
Impartir de cosas admitidas y deducir consecuencias que
«conduzcan al conocimiento de la cosa buscada.«^ Lacroix^

(1) Parte 2.'^, pág. 367.


(2) Libro 13.
12
—82—
afirma que «en el primer método (síntesis) la proposición
enunciada es siempre la última consecuencia de la serie
de razonamientos que forman la demostración.»
6." Varios autores y entre ellos Vincent, pretenden
que el método sintético en la resolución de problemas
«consiste en prescribir al principio las opei'aciones que
deben ejecutarse, probando después, que su resultado sa-
tisface á las condiciones impuestas.» Por nuestra parte
debemos confesar, que no acertamos á ver aquí, ni el
método sintético, ni tampoco el analítico; vemos sí, la
conversión del problema en teorema y la demostración de
este. Cuando dicha demostración sea sintética, sintético
será el proceder, y analítico si analítica; no admitimos
que la esencia de los métodos, pueda jamás consistir en
cosa tan accidental y formalista, como la enunciación 4
priori ó á posteriori, de la regla que se pide, la cual será
siempre á priori, para el primero que analítica ó sintéti-
camente la descubrió, pero será susceptible de darse d vo-
luntad hntes ó después, cuando se trate de la enseñanza.
Por último, habida cuenta del objeto especialmen-
te didáctico de este trabajo, renunciamos á poaer de ma-
nifiesto otras antinomias de menor importancia, que entre
las opiniones generalmente admitidas y las que nosoti'os
sustentamos aparecen, pues lo basta aquí indicado basta
para poner en claro nuestro modo de pensar sobre asunto
de tan gran interés. Cerraremos por lo tanto este primer
libro, no sin antes expresar el vehemente deseo de que
filósofos y matemáticos, compi'endiendo los verdaderos
intereses de las ciencias que respectivamente les están
encomendadas, se dediquen á hermanarlas, buscando é
interpretando sus necesarias armonías, no inquiriendo
sus imposibles contradicciones; aplicando al orden de
conocimientos que cada cual profesa, la doctrina des-
cubierta por ios otros, no saliéndose de la propia esfera
pai'a invadir la ag-ena sin límite ni medida y á veces
hasta sin los más indispensables conocimientos; en una
palabra: tratando todos de aprovechar los materiales
acopiados por los que á diverso orden científico se dedi-
can, no intentando, llevados por el inmoderado afán de
celebridad, derruir con estériles esfuerzos, obras gigan-
tescas producto de muchas generaciones de sabios geó.-
metras y filósofos. Con esta reg-la de conducta que nr, se
opone, antes bien exige, que el matemático estudie ló-
—83—
gica y que el metafísico aprenda matemáticas, es como
en nuestro sentir desaparecerán esas recriminaciones
eternas y esas polémicas casi siempre infecundas; la ló-
gica teórica, crecerá lozana al lado de la Matemática que
no es otra cosa que la lógica en acción, y si por dicha
del humano saber florece uu nuevo Kant, no caerá en
errores semejantes al que este célebre filósofo cometió en
su «Crítica de la razón pura» afirmando que tan demos-
trada está la teoría del flojisto, como las leyes de la cal-
da de los cuerpos descubiei-tas por Newton, ni habrá un
talento de primer orden que como Heg-el, después de h a -
ber sostenido que entre Júpiter y Marte no existe plane-
ta alg-uno, tenga que contemplar merced á la perfección
del telescopio, la presencia de más de ciento.

—•» > 3> > • • <S>e-«-»


—85—

ÍNDICE.
Prólogo.

CAPÍTULO \.—Preliminares.
Párra-
fos.
1 Razón, Juicio, Juzgar, Conocimiento, Concepto é idea.
2 Silogismo; sus elementos; su legitimidad; su empleo on la
Matemática.
3 Enzonamiento.
4 Ciencia, su concepto.
5 Clasificación de las ciencias,
(i Principios formales; datos primeros,
7 Definición. La verdad es indefinible. Cr'terio do la verdad.
8 Caracteres de la ciencia.
9 Concreción. Abstracción.
10 Generalización.
11 La abstracción es indispensable para construir ciencia.
12 Análisis. Síntesis.
13 Extensión; Comprensión; Sus límites.
14 Fuentes de conocimiento.
15 Naturaleza del Método en general. Sus elementos.
16 Método científico. Su naturaleza y leyes particulares.
17 Doble procedimiento del método científico.
18 Deducción. Inducción.
19 Paso de la verdad ó falsedad de lo general á la de lo par-
ticular y viceversa.

CAPÍTULO II.—Plan de las Ciencias abstractas.

20 Plan de las ciencias abstractas en general.


21 Plan de la Matemática.
GkVY£\¡hO\ll.—Métodos generales para la investicja-
cien y demostración de teoremas.

23 Cuatro ramas demostrativas. Su examen sucesivo.


23 Comparación de los procederes A y C cuando se t r a t a do
investigar la verdad de una proposición
24 Comparación de los procederes A y C cuando se trata de
la enseñanza.
25 Comparación de los procederes B' y D' ora se trate de in-
vestigar, ora de enseñar la falsedad do una proposición.
26 Métodos mixtos.—Método analítico-sintético.
27 Método sintético-analítico.
28 Escolios generales á todos los métodos demostrativos.
—86—
CAPÍTULO IV.—Clasificación y estudio de las demos
traciones atendiendo d su forma.

Párra-
fos.
29 Demostración mediata.
30 » inmediata.
31 » directa.
32 > indirecta.
33 » por la antítesis.
34 » por el absurdo,
35 » a priorj.
36 » á posteriori.
37 Adverteacia general.

CAPÍTULO "V.—Métodos generales para la resolución


de problemas.

38 Definiciones preliminares.
39 Generalización y particularizacion de un problema.
40 Problemas equivalentes.
41 Método analítico.
42 Método sintético.
43 Advertencias comunes al método analítico y al sintético.
Métodos mixtos.
44 Métodos sintético-analíticos.
45 Procederes' analí tico-sintéticos-.
46 Advertencias comunes á los procederes mixtos.
4T Comparación de los procederes mixtos.
48 Escolios generales á la resolución de problemas.
49 Conversión de los problemas en teoremas y viceversa.

CAPITULO FINAL.

50 Compendio.
51 Consecuencias.
SE SUPLICA A L LECTOR
l a corrección previa de las siguientes erratas.

PÁG. LfíJ. DtCE. DEBR DECIR.

VI. 19 Matemática Metafísica


3 22 d = d . sen C h=i=d.seii C
4 —1 comió a «omo la
21 — 8 to la medida to-«Ja medida
23 5 Algoritmin Algoritmia
25 - 3 Si las tres Si las dos
29 — 9 en las estas en estas
36 . 16 1 eos A> eos A' eos A<cos A'
36 16 2 b e . c o s A > 2 F c ' eos A' 2 b e . c o s A < 2 b ' c* eos Á'
36 17 b--j-c" _ b"4-c'»__
38 — 7 h = — kj/—1 h = ^ k i/'—1
H b)H+Í+'S+
40
45 15
(i)
A < B y que A < 8 A>B.yqueA<B
46 18 contra el impuesto contra 3l supuesto.
50 1, a+b+c+ +l+n a4-b+e4-....-l-l.}-u
57 —16 primero número
67 16 CyA CyA'
79 —10 oposiciones opiniones
80 13 síntótico analítico
82 17 á priori á posterior!
ücurn tíintasis Síntesis