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¿Qué es la Humildad?

La humildad es una virtud que se basa en el punto de vista divino y está relacionada
con la persona y la mente de Jesucristo. La humildad es un estado de mente donde uno no
se eleva. Es la forma más alta de la autoestima porque significa que uno esta dispuesto a
admitir errores y hacer los ajustes apropiados. La humildad no quiere decir que
escondemos talentos o virtudes, sino quiere decir que poseemos un conocimiento claro de
nuestras áreas de fuerzas y debilidades. La humildad es el reconocimiento de la autoridad
del Señor Jesucristo y sumisión a la autoridad delegada por el Señor. Esto quiere decir que
aceptamos la autoridad de los padres, los maestros, y todos los que tienen autoridad. La
humildad nos hace enseñables y causa obediencia a los mandatos de Dios. El ser enseñable
también quiere decir que reconocemos dos cosas, la autoridad del pastor-maestro y el
contenido de su mensaje.

La humildad crea en nosotros el potencial para la intimidad más cercana con


Dios. La humildad verdadera es la manera en que preparamos nuestras mentes para todos
los cambios posibles en la vida. La humildad más la volición positiva hacia la doctrina
Bíblica es igual a una manera de vivir que es más importante que la manera del
mundo. Cuando tenemos la humildad, también tenemos gratitud hacia Dios. La persona
humilde se da cuenta que lo que sea que tiene viene de Dios, y él es agradecido. Únicamente
la humildad allana el camino para nosotros así apreciamos lo que Dios ha hecho por
nosotros. Donde hay agradecimiento por Dios, hay cortesía e interés por los demás. Donde
hay humildad, la persona misma ya no es el tema. En la Biblia, la humildad quiere decir
dependencia en el poder y la habilidad de Dios. Cuando tenemos la dependencia máxima
del poder de Dios, podemos tomar ventaja de Su gracia.

La humildad comienza cuando uno es feliz con sí mismo y con quien Dios lo ha
diseñado ser. Eres la obra de Dios, y como tal no hay ninguna razón por la cual debes estar
infeliz con quien Dios te ha diseñado ser. Cada uno de nosotros tenemos un llamado en la
vida, y la humildad nos motiva a estar en paz con ese llamado. El respeto para el Señor
quiere decir que queremos ser instruidos por Su sabiduría. Y es Su sabiduría que nos guía a
la humildad y el honor. La humildad tiene tres partes en que está dirigida hacia uno mismo,
hacia otros, y hacia la autoridad legítima en la vida. En el reino espiritual, la humildad es el
método por el cual el creyente lleva a cabo el plan prediseñado de Dios para su vida.

1 Pedro 5:5 nos manda a vestirnos con humildad. ¿Por qué? Porque Dios sólo puede
dar bendición y tratar con misericordia a los que en realidad tienen humildad ya que la
humildad ofrece la capacidad para ser de bendición. Cuando tenemos humildad, el logro
pertenece a Dios y la felicidad pertenece al creyente. El creyente arrogante trata de lograr las
cosas por su propia habilidad y por sus propias reglas. Por otro lado, el creyente humilde
espera para que Dios allane el camino en Su tiempo aunque las circunstancias actuales tal
vez no tengan sentido. El servicio cristiano hecho sin humildad glorifica a la persona,
mientras que el mismo servicio cristiano hecho en humildad y el poder de Dios glorifica a
Dios. Entonces el tema no es lo que tú haces, sino en cual poder tú funcionas.

El sistema cósmico puede ofrecer poder (el poder humano) y puede ofrecer lo que tu
piensas que quieres, pero el plan de Dios para tu vida va más allá de lo que te puedas
imaginar. La humildad y paz que acompañan las bendiciones de Dios son cosas que el
mundo nunca te puede ofrecer y nunca puede entender. A resultado de ser humilde, las cosas
que tú haces tienen mucho más significado. La humildad orienta todo en la vida a la gracia
de Dios, mientras que la arrogancia orienta todo en la vida a la promoción de ti mismo. La
humildad no viene naturalmente, debe ser aprendida bajo algún sistema legítimo de
autoridad. Es importante entender cual es la verdadera autoridad en la vida, y luego
someternos a esa autoridad. Las personas arrogantes aprenden igual como aprenden las
personas humildes, pero las personas arrogantes aprenden del sistema que los desorienta a la
vida. Nadie nace con la humildad genuina; es una virtud que se debe adquirir y desarrollar.
Dios ha proveído para cada persona una manera para aprender la humildad
genuina. El primer sistema que enseña la humildad es la autoridad en el hogar. En el hogar,
los padres son la autoridad diseñada para proveer la humildad impuesta. Dios ha establecido
la autoridad como una manera de controlar la libertad ilimitada. La libertad y la autoridad
deben obrar juntas. La libertad sin la autoridad resulta en caos, y la autoridad sin la libertad
resulta en tiranía. Cuando a los chicos se les da mucha libertad, no desarrollan el respeto. La
libertad debe ser dada gradualmente mientras aumenta la confianza y la virtud. Los padres
les enseñan a los hijos los principios del autocontrol, autodisciplina, aplomo, y compostura
como el método para tener la humildad genuina en la vida.

Esto no quiere decir que cada hogar ofrece las circunstancias ideales de autoridad,
pero Dios lo ha hecho posible que, en los hogares donde haya la autoridad injusta, los que
estén bajo esa autoridad puedan vivir en virtud. Hay situaciones donde el niño aprende el
concepto de la virtud más rápido por medio de la autoridad mala e injusta que por medio de
la autoridad justa.

Dios sabe lo que será la situación más efectiva para cada uno de nosotros. Dios no
crea la autoridad injusta, pero de acuerdo con el principio del libre albedrío, Él la permite y
la usa para Su gloria. El ambiente en el hogar nunca es el tema; el tema es que se debe
respetar la autoridad en el hogar. El rechazo de la autoridad produce resentimiento,
amargura, reacción, e implacabilidad hacia toda autoridad y esto es una garantía que el
niño será un perdedor en la vida. Todo comienza con tu actitud hacia tus padres, nación,
pastor, etc.

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