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Módulo 2

Unidad 3
Lectura 3: La Psicología Forense

Materia: Psicología Forense


Profesor: Pablo Rivarola Padros

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 1


Unidad 3: Psicología
Forense
La Psicología Forense es un campo de actuación en el cual es posible
reconocer la convergencia de dos ciencias: la Psicología y el Derecho.
En el caso del derecho su aporte ha sido, primordialmente, en
relación a su marco de acción-actuación. No así en su contenido, para
lo cual ha sido la Psicología, especialmente desde el área clínica, de
donde ha abrevado sus herramientas iniciales y principales.

En este sentido, de la Psicología clínica, su principal aporte ha sido


recibido desde la Evaluación Psicológica, definida por Fernández-
Ballesteros como la disciplina de la Psicología científica que se ocupa
de la exploración y análisis del comportamiento de un sujeto con
distintos objetivos básicos o aplicados (descripción, diagnóstico,
Por otra parte, podemos
selección/predicción, explicación, cambio, y/o valoración) a través de
decir que la Psicología
un proceso de toma de decisiones en el que se incardinan la
Forense se encuadra
aplicación de una serie de dispositivos, test y técnicas de medida y/o
dentro de la Psicología
evaluación. El psicólogo forense es en este sentido un profesional
Jurídica, pero teniendo
clínico y, por tanto, debe tener formación, conocimientos y
campos de acción
habilidades en evaluaciones y diagnósticos clínicos, más allá de que
diferentes. La Psicología
su tarea se enmarque en el ámbito de la justicia, su actuación está en
Jurídica abarca: la
Psicología Policial relación a conductas/comportamientos del ser humano.
(cuerpos y fuerzas de La Psicología Forense se encuentra al servicio del poder judicial,
seguridad) a la siendo un instrumento técnico de la administración de justicia y, por
Psicología Penitenciaria tanto, responde a demandas específicas de Jueces, Fiscales y otros,
(cárceles, centros con la finalidad de prestar asesoramiento y orientación sobre la
penitenciarios) y a la realidad psicológica de aquella/s persona/s que han de ser evaluadas
Psicología Forense. o diagnosticadas en relación a un hecho legal concreto. Por ello, el
campo de acción es bastante amplio, en tanto su participación está
relacionada y orientada a los diferentes fueros de competencia
judicial: Civil, Familia, Penal, Minoridad, entre otros. Así, pueden
requerirse los servicios del psicólogo forense para temas relacionados
con adopciones, por ejemplo; con la credibilidad del testimonio (en
casos de testigos, de víctimas, de niños, y otros casos); con la
valoración diagnóstica de menores (tanto sobre aquellos que han
cometido delitos como los que se encuentran en situación de riesgo o
desamparo); sobre la determinación del deterioro mental e
incapacidad (por ejemplo en casos de personas de edad avanzada)
entre otros. A pesar de la amplitud de temas a la que nos referimos, es
posible reconocer que, donde la intervención del psicólogo forense es
más habitual y, por tanto, requiere de una gran celeridad, es en el
ámbito penal, ya que la información que ofrece a los tribunales, sin
ser vinculante, forma parte de las consideraciones que se han de tener
en cuenta para el propio proceso judicial y las decisiones ulteriores de
éste.

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Con respecto al ámbito penal, la participación del psicólogo, en la
mayoría de los casos, será para la elaboración de un perfil psicológico
de la persona a la que se le ha imputado un determinado acto
delictivo y se pretende determinar su estado mental, el estado de sus
capacidades (volitivas, intelectuales), sus motivaciones, la existencia o
no de trastornos psicóticos, de la personalidad, demencias u otro tipo
de trastornos. También demanda la intervención que puede
producirse sobre la víctima, que en este caso podrá ser sobre la
detección de secuelas psicológicas, sobre la fiabilidad del relato, y
puede tratarse tanto de víctimas mayores como de menores de edad
que hayan sufrido abusos o agresiones sexuales, malos tratos u otro
tipo de acciones u omisiones presentes en el código penal.

El conocimiento de los diferentes códigos y la legislación vigente en


relación a la materia en que interviene el Psicólogo forense es
fundamental. Así, si su campo de acción es sobre minoridad ha de
conocer, entre otras cosas, las diferentes leyes sobre el menor, la
imputabilidad y las diferentes edades, el proceso, las medidas que se
pueden imponer.

Interdisciplina
El trabajo interdisciplinario en este ámbito es fundamental,
especialmente el que se puede realizar junto a trabajadores sociales y
psiquiatras, en tanto existen una gran cantidad de variables que
pueden ser determinantes al momento de elaborar un informe
pericial y que no pueden ser abordadas únicamente por un
profesional especializado, más allá de su especialización.

En la actualidad, los avances que se han desarrollado en materia de


comportamientos violentos y específicamente, sobre aquellas
tipologías de personalidad que pueden realizar actos delictivos nos
llevan a la necesidad de considerar múltiples factores de la
personalidad, entre los que se encuentran los de contexto social
(entorno familiar, educación, sexualidad, relaciones afectivas,
laborales), neuropsicológicas (memoria, inteligencia, lenguaje,
pensamiento) y las psicológicas. Es indudable que ante el
requerimiento de un informe pericial psicológico, los tiempos y
recursos suelen ser escasos y por tanto es difícil que pueda realizarse
un estudio pormenorizado del caso en cuestión, pero indudablemente
–como sucede en países como Canadá, Estados Unidos o algunos
países de la Comunidad Europea- con mayor información se posibilita
la investigación y de ella se derivan tanto las valoraciones de riesgo
como los programas de prevención a nivel de la comunidad.

3.1 El perito psicólogo


Es el asesor del juez y auxiliar de la justicia. Su condición de auxiliar
es en carácter de tercero que colabora en la investigación de los
hechos. Tiene autonomía en sus acciones -que deviene de su propia
ciencia- para poder brindar aportes pertinentes derivados de la
especificidad de sus conocimientos.

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Definición de Perito: Necesita poseer un repertorio de metodologías y técnicas a las que
“del latín peritus, es el pueda recurrir en cada situación particular y asimismo, poseer
sabio, experto, hábil, conocimientos del campo jurídico.
diestro, práctico en la
materia. Quien por sus El perito psicólogo proporciona al tribunal elementos válidos para el
especiales conocimientos, sustento de las conclusiones del dictamen final. Dado que desarrolla
prácticos o bien teóricos, su tarea en la intimidad de un vínculo generado en el diálogo con el
informa bajo juramento a causante, está obligado a adoptar una actitud ética. (Tkaczuk, J.
la persona o autoridad que (2006) Peritación en Psicología Forense. Editorial Quorum. Pág. 21)
juzga, sobre puntos
litigiosos en cuanto a su
especial saber”. (Cueto y
Carbajo, Ceptecoy Espill Informe pericial
1999)
Al tratarse de un proceso psicodiagnóstico, donde se involucra a
personas, y en relación a la toma de decisiones fundamentales como
puede ser la guarda y custodia de niños o la privación de libertad, se
ha de proceder de una forma técnica y del modo más objetivo posible.

En primer lugar, se debe considerar que la persona que se presenta


como sujeto de una valoración o prueba pericial no ha solicitado estar
ahí. Así las personas pueden prestar colaboración en estos espacios,
pero debe ser el perito quien debe comprender la situación de la
persona ante la prueba y, por tanto, crear un clima de adecuada
serenidad, para que no tenga una vivencia negativa o como una
amenaza.

Por otra parte, en la mayoría de los casos, el informe tendrá como


destinatarios a personas que no sean del ámbito de la Psicología, sin
conocimientos sobre los conceptos o terminologías propios del área.
Por ello, es un error pensar que cuanto más técnico sea el informe
más nivel tendrá, ya que si el informe es inaccesible para sus lectores,
el trabajo habrá sido en vano.

Si no nos es posible escribir y dejar en claro, con precisión, los


resultados obtenidos, por más detalles que allí expongamos, nuestra
intervención no tendrá valor. En este sentido sólo podemos afirmar
aquello que hemos logrado evaluar o diagnosticar de forma objetiva
mediante protocolos o instrumentos adecuados y que además
tengamos la formación y el conocimiento necesario para aplicarlos.
En éste sentido si tomamos un test que no sabemos aplicar, por más
que los resultados sean claros, nuestra evaluación puede ser refutada
por otro perito. Sobre ello, es fundamental conocer el código de ética
del profesional.

Otros aspectos a tener presente:

No abusar del uso de abreviaturas si éstas no han sido


consignadas previamente (el uso de códigos como los del DSM
deben ser explicitados).

El informe debe limitarse a transmitir las conclusiones de los


resultados y a las valoraciones lo más objetivamente posible,
evitando hacer conjeturas o emitir opiniones que no puedan ser
contrastadas.

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Siempre se debe priorizar señalar la presencia de rasgos el
comportamiento, más que hablar de su ausencia (salvo que éstos
sean un rasgo objeto de estudio).

Siempre se debe revisar el informe y controlar que no existan


errores gramaticales u ortográficos que puedan dificultar su
lectura y correcta comprensión.

Informe psicológico-pericial
Para el presente apartado, tomaremos como referencia el caso de los
informes periciales, que se desarrollan a partir de las valoraciones que
el psicólogo realiza en casos de abusos sexuales a menores,
valoraciones que posiblemente son los que presentan mayores
dificultades para los profesionales por la propia problemática en sí
misma.

Informes psicológicos sistematizados e informatizados en


abusos sexuales

La creciente conciencia social sobre el problema de abusos sexuales a


menores, hasta no hace pocos años en el más absoluto anonimato, ha
hecho que la preocupación por el menor y la atención al mismo sea la
base principal en la mejor atención y cuidado de nuestra infancia”
(Urra y Vázquez, 1993; Vázquez, 1995; López, 1995, y Pérez y Borrás,
1996). Hacer un buen informe pericial que con prontitud confirme o
descarte un abuso sexual a un menor puede ser la mejor llave para
evitarle una segunda victimización.

De forma tradicional, el peritaje psicológico en el ámbito jurídico se


ha realizado en el campo de la Psicología clínica (imputabilidad de un
acusado, responsabilidad en enfermos mentales, valoración de
secuelas y déficits intelectuales). El eje central en el informe pericial
en abusos sexuales es la propia víctima y las cuestiones relacionadas
con ella. A partir de lo expuesto por Alonso-Quecuty, podremos
discutir sobre la Psicología del testimonio donde analizar, demostrar
y establecer la fiabilidad y validez del testimonio del menor, es
considerado como el elemento básico en la elaboración del informe y
donde ha de fundamentarse su desarrollo y conclusiones.

La sistematización en el desarrollo de los Informes Psicológicos es lo


que nos ha llevado a la búsqueda y elaboración de un tipo de estándar
informatizado en materia de abusos sexuales. Con esto se pretende
unificar criterios con relación a los informes periciales en abusos
sexuales mediante el uso generalizado de un modelo de informe
donde se lleven a cabo de forma estructurada y estandarizada todas
las posibles variables que pudiera tener un informe pericial en abusos
sexuales a menores.

Siguiendo el trabajo de (Cueto, Carbajo, Cepteco y Espill, 1999), ellos


plantean que el desarrollo del software con programas combinados,
vinculados e interconexionados permite desarrollar una serie de
estructuras y diseños que simplifican el trabajo, en cuanto a la

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elaboración de este tipo particular de informe psicológico. Gracias a la
sistematización, los informes se realizan en menor tiempo, arrojando
resultados claros, expresando los resultados de una manera cordial,
sin ofender a los clientes/pacientes, impidiendo las inferencias
arbitrarias. Siguiendo con lo expuesto por los autores, con la
estandarización de los informes se pretende el consenso entre las
diversas corrientes psicológicas, en post de aunar criterios objetivos
(observable, medible y cuantificable) mediante el proceso científico,
obteniendo valor como dato. Sólo desde la sistematización de
contenidos, conceptos y estructuras consensuadas y validadas
podremos hacer ciencia. La protocolización e informatización de los
informes, nos permitirá poder realizar comparaciones estadísticas
entre diversos estudios. Sólo desde la sistematización de contenidos,
conceptos y estructuras consensuadas y validadas podremos hacer
ciencia.

Características generales del Informe

Es fundamental el cuidado en la utilización del lenguaje al momento


de realizar un informe, espacialmente porque no sólo debe ser leído y
comprendido por personas del ámbito judicial, sino que también es
de acceso a las partes implicadas. La terminología a implementarse ha
de ser clara, evitando tecnicismos que lo hagan incomprensible ya que
su función principal es ofrecer claridad sobre una cuestión en la que
el tribunal solicitante no es experto y por ello lo ha solicitado. Jueces
y fiscales deben ser capaces de entender aquello allí manifestado,
como así también tener en el documento la información sobre los
procedimientos realizados para evitar que parezca simplemente una
apreciación subjetiva del profesional.

Modelo de Informe
El modelo de informe pericial debe estar compuesto por los siguientes
apartados:

I. Descripción de la persona. Datos personales y de filiación,


como así también el motivo que lleva a realizarse tal intervención
diagnóstica.

II. Relación de las valoraciones practicadas y de los


resultados obtenidos. Aquí hacemos referencia a la metodología y
valoración personal de los sujetos estudiados.

III. Conclusiones en función de los datos obtenidos de las


entrevistas y pruebas suministradas.

Datos de identificación y motivo del


Informe

“En la primera página de un informe pericial irán reflejados los

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Datos de Identificación de la persona o personas a las que se les lleva
a cabo dicho informe. Posteriormente se indicará el tipo de
procedimiento judicial de que se trate, así como la clasificación
jurídica. Más abajo se hará constar la fecha en la que el magistrado-
juez encarga la pericial, así como el tipo de informe que se demanda.

Más adelante se indicará la institución o personas que lo solicitan.


Con posterioridad se citará en el informe al perito o peritos que lo
hayan llevado a cabo y se pondrá la fecha de la aceptación del
cargo, elaboración y finalización del mismo”1.

Siguiendo con lo expuesto por los autores (Cueto, Carbajo, Cepteco y


Espillol) en otro apartado se expondrá el Motivo del Informe con el
fin de explicitar de forma entrecomillada las motivaciones legales y
jurídicas dados por el propio juzgado.

Metodología
“Otra parte importante para considerar es la metodología utilizada,
siendo esta considerada como el segundo gran bloque de contenidos,
esta se encuentra reflejada en la segunda hoja donde se explicará la
Metodología con la que se ha llevado a cabo dicho informe. Se
realizará inicialmente una breve referencia sobre el modelo y
corriente fenomenológica a la que pertenece el propio perito. Luego
se expondrá cómo se ha llevado a cabo la valoración del caso,
personas con las que se ha mantenido contacto para recabar los
datos que completen el mismo, con las fechas, tipos de entrevistas y
la duración dedicada a cada entrevista. En la misma tabla se
expondrá las pruebas psicológicas aplicadas con el tiempo de
realización de las mismas.

Por otro lado, si ha existido una entrevista o sesión de debate (en


equipos de trabajo privados o de la propia Administración de
Justicia) se hará constar la fecha y duración de la misma. Se podrán
incluir las observaciones directas en el medio de la persona/s que
hayamos evaluado si éstas se han realizado.

Por último, se hará constar, si la ha habido, el tipo de grabación de


los datos obtenidos durante las entrevistas para poder añadirlo con
nuestro informe, si es preciso, como prueba pericial y así evitar
nuevas declaraciones del menor, en lo que se ha venido
denominando segunda victimización. Se justificarán igualmente las
ausencias personales y entrevistas que no se hayan podido realizar
arguyendo el motivo de las mismas”. (Cueto, Carbajo, Cepteco y
Espill) 2

1
Cueto, M.A. y Carbajo, E. Cepteco (León) y Espill (Valencia) Revista Terapia Sexual y de pareja 4, 58-
75, 1999. España.

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Sobre la valoración personal
En este punto es donde se detallan aspectos del sujeto/individuo de
pericia. Podemos decir que es una fotografía y la descripción que lo
más objetivamente podemos hacer, evitando al máximo las
valoraciones inferenciales (es decir las suposiciones que no posen un
sustrato claro de soporte para ser afirmadas).

Al tiempo que es una fotografía, es también una descripción que


realiza un especialista, es decir: si un arquitecto mira y describe una
casa, su descripción no será igual a lo que puede hacer una persona
sin esa formación profesional. Por ello es importante “no hablar sobre
lo que no se sabe”, lo que implica no dar lugar a la opinión de terceros
que no están formados en ésta temática: así, no podemos dejarnos
influir por las acotaciones del personal del juzgado, del policía, de los
familiares, etc. ya que nuestra mirada ha de ser desde la especialidad
y no del sentido común.

De este modo nuestras valoraciones han de orientarse sobre: aspectos


de la personalidad, desarrollo evolutiva (cada edad posee sus
características que nos permiten establecer pautas dentro o fuera de
la normalidad), los procesos psicológicos básicos: atención, memoria,
lenguaje, percepción, motivación, aprendizaje, para así orientar
nuestra mirada sobre aquellos aspectos que pueden presentar alguna
anormalidad o que hayan sido afectados por la situación que estamos
valorando (abusos, maltrato, violencia, etc.)

“La historia y conocimientos sexuales son datos pertinentes y


fundamentales en un informe de este tipo. Así indicaremos los
modelos educativos recibidos y por quién, el conocimiento que ha
adquirido sobre las diferentes funciones, reproducción y conductas
sexuales y la forma que éstas se han ido integrando en su desarrollo
físico y afectivo. Con relación a los aspectos psicológicos, apoyados en
tests, debemos valorar la capacidad intelectual, el estado mental en el
que el menor se encuentra y aquellos rasgos o estilos de
comportamiento que le sean característicos.”2

Instrumentos de evaluación
psicológica
El apoyo de pruebas psicológicas ha de ser una constante cuando
alguien se encuentra valorando un caso de abusos sexuales.
Coincidimos con Albarrán (1991) que los instrumentos psicológicos
que se utilicen han de estar estandarizados de acuerdo con el grupo
normativo del sujeto al que se aplica, poseer un nivel óptimo de
fiabilidad, ser de utilidad predictiva o clasificatoria para expresar los
resultados de forma congruente en función de la persona y la
situación a la que se aplica y adecuados a los conceptos legales y

2
Cueto, M.A. y Carbajo, E. Cepteco (León) y Espill (Valencia) Revista Terapia Sexual y de pareja 4, 58-
75, 1999. España.

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psicológicos para validar sus resultados.

“La variable capacidad intelectual y de desarrollo serán los ejes


donde basarse con el fin de justificar la adaptación de la descripción
de los abusos por parte del sujeto. Así tendremos como apoyo las
famosas escalas de Wechsler, dibujos de figuras humanas, escalas
observacionales o de desarrollo y otros de lápiz y papel”. (3)

Todas las técnicas, pruebas, cuestionarios, etc. utilizado son


seleccionadas y adaptadas en función de la edad de los sujetos a los
cuales se les administran las distintas técnicas.

De acuerdo a lo expuesto por (Cueto, Carbajo, Cepteco y Espill), en


general en las pruebas psicológicas y la valoración de la entrevista
personal, se pueden distinguir dos tipos de enfoques según la
validación de los testimonios, estos son: el enfoque de los estándares
y el enfoque de los indicadores.

Como elementos específicos existen una serie de pruebas que valoran


el grado de fiabilidad y de validez que presenta el testimonio del
sujeto con el que estamos. Dichos cuestionarios han podido ser
utilizados debido a lo específico y poco conocido que suelen ser los
abusos sexuales para el público en general.

Entre los más utilizados los autores destacan: el SAL (Sexual Abuse
Legitimacy Scale) de Gardner (1987). Se trata de una Escala de
Legitimación de los Abusos Sexuales en la que figura un listado de
síntomas que discriminan casos reales de inventados o ficticios de
abusos sexuales. Otros cuestionarios que estudian la validez de las
afirmaciones son el SVA (Statement Validity Analysis) utilizados en
varios países y su elemento central, el CBCA (Crietria-based Content
Analysis) de Yuille (1988), Horowitz (1991) y Raskin y Esplin (1991).
“Mención aparte merece el desarrollo de la Entrevista Cognitiva
(Memon y Bull, 1991 y Diges y Alonso-Quecuty, 1995). Este último es
el primer desarrollo sistematizado en España por lograr un corpus
Por ejemplo, en metodológico con relación a la fiabilidad al entrevistar/interrogar a
casos de abuso testigos y víctimas en el campo de la Psicología forense. Dicho método
sexual, consiste en valorar procesos y conceptos cognitivos (memoria, scripts,
consideraremos los modelos mentales) y se desarrolla mediante cuatro técnicas:
lugares donde se Reinstauración cognitiva del contexto, énfasis en la recuperación de
han realizado, la todo tipo de detalles, recuerdo desde diferentes perspectivas y desde
frecuencia, las diferentes puntos de partida.”3
personas
intervinientes, las
emociones
experimentadas, los Anamnesis
testigos, las
estrategias La Anamnesis es el recuerdo que elabora el paciente/sujeto/individuo
personales, entre sobre el que nosotros tomamos conocimiento, son los recuerdos o
otras cosas. experiencias que, dependiendo el caso que estamos analizando, será
focalizado sobre determinados hechos o situaciones puntuales.

3
Cueto, M.A. y Carbajo, E. Cepteco (León) y Espill (Valencia) Revista Terapia Sexual y de pareja 4, 58-
75, 1999. España.

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Sobre ello es que se ha acentuado en la actualidad los análisis de
credibilidad de los relatos o verosimilitud de las declaraciones, en
tanto no sólo se trata de manifestar o denunciar una situación, sino
que el forense debe poder valorar si aquello que está recibiendo como
información es verídico o no, si está motivado a ello o no, si hay
influencia, miedo, sugestión, olvido o invención.

Una de los protocolos más utilizados es el denominado CBCA:

Raskin y Esplin, plantean que este protocolo es aplicado directamente


al contenido de la declaración persiguiendo el propósito de
determinar si la calidad y sus contenidos específicos son indicativos
de que la narración proviene de la memoria o de la intervención, la
fantasía o la influencia de otra persona, es fundamental poder realizar
esta distinción con el fin de probar la veracidad de lo declarado. Los
análisis realizados con el protocolo CBCA se ven influenciados por las
características de la entrevista tomada y por lo que el sujeto pudo
haber experimentado. A lo largo de este proceso, es importante que el
entrevistador tome en cuenta la edad de la persona, su experiencia y
el nivel de sus habilidades cognitivas.

Una de las mayores limitaciones que destacan los autores en el CBCA


es la dificultad que presenta al ser aplicado a situaciones en las que el
testigo tiene información a partir de la cual puede inventar una
acusación que incorpore algunos de los criterios. Para comprender lo
anteriormente expuesto (Raskin y Esplin, 1999) exponen el siguiente
ejemplo, un niño que ha sido abusado sexualmente con anterioridad
puede suministrar un testimonio falso pero que parezca convincente
derivado de registros de memoria originados de otras experiencias.
Este aspecto debe ser considerado cuando se lleve a cabo la revisión
del caso a través de la Lista de Validez. El contenido verbal de la
declaración es analizado mediante la aplicación de una serie de 19
criterios (véase Tabla 1), los cuales están organizados dentro de cinco
grandes categorías y tienen como finalidad diferenciar entre
declaraciones verdaderas y declaraciones fabricadas. Se parte de la
idea de que un testimonio veraz contiene un mayor número de
criterios (para una descripción detallada de estos criterios véase
Steller y Köhnken, 1989).

Godoy-Cervera, Higueras describen que “el análisis de la entrevista a


través de los 19 criterios del CBCA, esto se realiza otorgando
puntuaciones numéricas a cada uno de los criterios. Según indica
Steller (1989), se asigna 2, 1 ó 0 puntos en función de si el criterio se
encuentra fuertemente presente, presente o ausente en la declaración.
Otros autores (Lamb, Sternberg, Esplin, Hershkowitz, Orbach y
Hovav, 1997) proponen se puntúe 1 ó 0 si el criterio está presente o
ausente en la declaración. Ni la entrevista ni los resultados obtenidos
a partir de los criterios son completamente válidos hasta que hayan
sido puestos en contexto por medio de la Lista de Validez, la cual, está
compuesta por cuatro categorías generales de información (Steller y
Köhnken, 1989):

a) Características psicológicas. En esta categoría es importante


evaluar la adecuación del lenguaje y el afecto y la susceptibilidad a la
sugestión.

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b) Características de la entrevista. El evaluador deberá realizar
un análisis sobre la calidad de la entrevista valorando el tipo de
preguntas formuladas (preguntas sugerentes, directivas o coactivas) y
la adecuación global de la misma.

c) Motivación para realizar acusaciones falsas. Esta categoría


pretende descartar aquellos aspectos de índole motivacional que
pudieran estar influyendo para que la persona proporcione una
declaración falsa. No hay que olvidar también que el menor podría
estar presionado por una tercera persona para falsear su testimonio.
Un aspecto importante de esta categoría es hacer una valoración del
contexto en el que se genera el informe.

d) Aspectos relacionados con la investigación. Este apartado


está diseñado con el fin de valorar la consistencia entre las
declaraciones e investigaciones previas y partes médicos.

El evaluador deberá analizar la información relacionada con las


cuatro categorías antes mencionadas y en función de ello determinar
si dicha información apoya el testimonio de la persona. Asimismo, la
Lista de Validez tiene por objetivo valorar varias hipótesis explicativas
examinando toda la información del caso con la que se cuenta. Raskin
y Esplin (1991) plantean que son cinco las hipótesis que deben ser
comprobadas por el evaluador:

a) La declaración es válida, pero el menor ha remplazado la identidad


del agresor por la de una persona distinta.

b) La declaración es válida, pero el menor ha sido influenciado o ha


inventado información adicional que no es verdadera.

c) El menor ha sido presionado por una tercera persona para que


formule una versión falsa de los hechos.

d) Por intereses personales o para ayudar a terceras personas el


menor ha presentado una declaración falsa.

e) A consecuencia de problemas psicológicos, el menor ha fantaseado


o inventado su declaración.

Es importante resaltar que el propósito del SVA es realizar una


evaluación de la credibilidad del contenido de la declaración, no
realizar una valoración sobre la credibilidad de la persona en sí
(Steller y Köhnken, 1989).

“Una de las grandes limitaciones del CBCA es que hasta ahora no se


ha fijado una regla de decisión que nos ayude a establecer cuántos
criterios determinan que una declaración sea clasificada como
creíble o no creíble. Menos aún se ha precisado el peso que cada
criterio debe recibir. Alonso-Quecuty (1999) plantea que el peso de
cada criterio debe ser asignado tomando en cuenta diversos
factores, tales como: el número de entrevistas previas por las cuales
ha atravesado el niño, la complejidad del incidente, la edad del
menor y el paso del tiempo. Una vez aplicados los criterios del CBCA
y la Lista de Validez, el resultado final del análisis nos permite
clasificar cualitativamente la declaración según cinco categorías
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(Alonso-Quecuty, 1999; Steller, 1989):

o Creíble.
o Probablemente creíble.
o Indeterminado.
o Probablemente increíble.
o Increíble.”4

Conclusión y orientaciones
Debemos tener muy clara nuestra función al momento de elaborar
una conclusión, en el sentido de que no es un espacio terapéutico,
clínico, educativo ni sanitario, sino una instancia dentro de un
proceso judicial. Por ello nuestra respuesta ha de estar orientada
concretamente a la pregunta del Juez o fiscal que la ha solicitado,
evitando que el propio tribunal en lugar de obtener claridad reciba
mayores dudas sobre el caso. Es preferible que si no tenemos una
respuesta certera o fiable, lo manifestemos directamente o
explicitemos que no ha sido posible reconocer aquello que se nos ha
solicitado, siempre que logremos asumir que la nuestra no es una
ciencia exacta (aquí 1+1 no siempre es 2).

Por ejemplo, puede haber habido abusos sobre un menor, pero si su


vivencia no ha sido traumática, difícilmente encontremos secuelas
psíquicas de ello (como suele suceder en los abusos intrafamiliares) y
por el contrario, puede ser que no haya habido ningún abuso y el
menor manifieste situaciones claras de ello pero que en realidad haya
habido una manipulación por parte de otro adulto a que su
declaración así lo sea (si se le dice: ¿cuando tu padre te bañaba te
tocaba la cola? seguramente la respuesta es afirmativa. Y si se le
pregunta: ¿te tocaba mucho la cola? el niño dudará, entonces se
genera en él una ambigüedad sobre las vivencias y posiblemente su
relato sea creíble pero el hecho no haya sucedido como un abuso).

¿Qué se puede y no se puede decir en un Informe Psicológico-Judicial?

Cueto, Carbajo, Cepteco y Espill,(1999) 5, describen al informe


pericial como un documento público en donde el perito debe respetar
el secreto profesional y debe cometer intrusismo profesional. En este
sentido, cuando el “cliente” es la judicatura, se les debe informar a las
personas sometidas a la evolución de entrevista, sobre la libertad con

4
Verónica Godoy-Cervera, Lorenzo Higueras. El análisis de contenido basado en criterios (CBCA) en la
evaluación de la credibilidad del testimonio. Revista Papeles del Psicólogo, 2005. Vol. 26, pp. 92-98

5
Cueto, M.A. y Carbajo, E. Cepteco (León) y Espill (Valencia) Revista Terapia Sexual y de pareja 4, 58-
75, 1999. España.

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la que cuenta el perito a partir de la información brindada en sus
declaraciones. Es en carácter de obligatoriedad informarles tanto a las
personas como así también a sus representantes legales de los
objetivos, metodología, fines de la evaluación a la que van a ser
sometidos.

Siguiendo con los autores recientemente citados, se debe tener


presente que la redacción de los informes debe ser lo más clara
posible dejando de lado toda la información que nos fue dada sin ser
pertinente para los fines perseguidos. Es pertinente poder detallar los
niveles de confianza de la información obtenida como así también de
las conclusiones, predicciones y descripciones hechas por las
personas evaluadas.

Continuando con lo expuesto por Cueto, M.A. y Carbajo, E. Cepteco y


Espill (1999). En la redacción del informe no se deben indicar
diagnósticos que puedan ser estigmatizadores para la persona, no se
debe patologizar la situación, como así tampoco los juicios de valor
deben ser expuestos, los datos injuriosos, las conclusiones no
probadas se obviarán y no ha de valorarse la imputabilidad en los
hechos. Como dice el adagio, en las explicaciones ha de darse la
“máxima observación, media descripción y mínima inferencia”.

3.2 Los agresores


sexuales
Presentación de algunos aspectos relevantes sobre las personas que
cometen agresiones sexuales y/o abusos sexuales.

Se sabe que sólo una parte de los delitos que se cometen llegan a ser
detectados por la policía y que, además, no todos los autores de
dichos delitos acaban siendo acusados o cumpliendo condena
(Brown, 2005; Luque, Ferrer y Capdevila, 2005).

En tanto que se conocen estas dificultades, puede parecer que las


cifras sobre la reincidencia informan poco sobre la realidad del
fenómeno. No obstante, sabemos que son los delitos más graves o
significativos los que preferentemente aparecen en las cifras oficiales
(Harris y Hanson, 2004; Luque y cols., 2005). Quizás ésta es una de
las razones por las que en la mayoría de estudios revisados sobre
delincuentes sexuales se toma como indicador de reincidencia el
hecho de haber sido acusado o condenado por un nuevo delito,
aunque hay otros estudios que utilizan criterios más amplios,
tampoco libres de limitaciones. Soler Iglesias, C. y García Díez, C.
(2009) 6
6
Soler Iglesias, C. y García Díez, C. (2009) “Análisis de las variables relacionadas con la reincidencia de
los agresores sexuales” Investigación realizada desde el Centro de Estudios Jurídicos y Formación
Especializada del Departamento de Justicia de Cataluña. Versión consultada:
www.gencat.cat/justicia/cejfe/ (16/04/11)

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 13


Soler Iglesias, C. y García Díez, C. (2009) Hacen referencia a otro
punto importante referido al tipo de delito cometido después de salir
de la prisión. Ellos citan una serie de trabajos que consideran que la
repetición de 10 delitos sexuales el principal criterio de reincidencia.
Sin embargo, también se han analizado otros tipos de delincuencia.
Entre los trabajos mencionados por los autores encontramos los de
Quinsey, Harris, Rice y Cormier (1998) quienes señalan la
importancia de los delitos violentos en el estudio de la persistencia de
la actividad delictiva de los delincuentes sexuales.

De esta manera, la gran mayoría analiza la reincidencia en delitos no


sexuales aparte de la delincuencia sexual. Al contrario de lo que se
podría suponer, los delincuentes sexuales, tanto adultos (Hanson y
Morton-Bourgeon, 2004) como jóvenes (Worling y Langström,
2006), cuando reinciden lo hacen en mayor medida en otro tipo de
delitos.

“La categoría del delincuente sexual incluye una gran


heterogeneidad de delitos y de tipologías de delincuentes. Los
numerosos intentos de establecer una taxonomía de delincuentes
sexuales han dado pocos frutos por lo que respecta a la explicación y
a la predicción de este tipo de conductas (Garrido, Redondo, Gil,
Torres, Soler y Beneyto, 1995). La excepción podría ser la
diferenciación de los agresores según el tipo de víctima elegida.
Parece ser que la frecuencia de los delitos y la probabilidad de la
reincidencia están intensamente relacionadas con el tipo de víctima
y con la relación entre ésta y el agresor. Los padres que abusan de
sus hijas (sin tener otras víctimas) son los que presentan tasas más
bajas de reincidencia; aquéllos que agraden a niñas y a mujeres
adultas fuera de la familia tienen una tasa intermedia; y los que
abusan de niños son los que tienen las tasas de reincidencia más
altas (Harris y Hanson, 2004; Quinsey et al., 1998).” 7

El inicio de la vida delictiva del delincuente sexual suele iniciarse muy


pronto, es decir en la juventud más que en la edad adulta. La mayoría
de ellos eligen víctimas del otro sexo, son extraños los casos de
agresores sexuales homosexuales (sí es reconocible en casos de
agresores sobre menores de edad).

Sus ámbitos de acción son con mayor frecuencia en zonas urbanas


más que en zonas rurales.

En su apariencia son personas normales, es decir, no presentan


características psicopáticas o enfermedades mentales que puedan ser
las originarias de tales comportamientos (ello es cuando hablamos
como en este caso de los delincuentes sexuales típicos, no así cuando
son casos excepcionales o atípicos y circunstanciales como los que
pueden producir por ejemplo las personas con retraso mental severo

7
Soler Iglesias, C. y García Díez, C. (2009) “Análisis de las variables relacionadas con la reincidencia de
los agresores sexuales” Investigación realizada desde el Centro de Estudios Jurídicos y Formación
Especializada del Departamento de Justicia de Cataluña. Versión consultada:
www.gencat.cat/justicia/cejfe/ (16/04/11)

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 14


o con Síndrome de Down, en cuyo caso la valoración es sobre la
enfermedad y sus limitaciones más que sobre el cato en tanto no suele
existir una conciencia clara de los hechos ni de la motivación de
ellos). Pero estas patologías y trastornos de la personalidad pueden
estar presentes, como lo expondremos a continuación.

Por lo general suelen presentar problemas de neuroticismo,


introversión, inmadurez, socialización y serias carencias en valores
sociales. Por lo general no pretenden iniciar ni solicitan tratamiento
ya que coexiste sentimiento de culpabilidad en ellos por ende el nivel
empático con las víctimas es prácticamente nulo.

En la actualidad se ha elevado el número de casos de delitos sexuales


que son realizados por adolescentes. Ello nos lleva a considerar
diferentes cuestiones relevantes: el pensamiento actual sobre el
dominio sobre unos y otros (la anulación volitiva del semejante), la
proximidad sobre la intimidad de los demás por medio de las nuevas
tecnologías (desvirtuando los límites), el consumo de sustancias
alcohólicas de forma habitual para divertirse, etc.

Psicópatas
El agresor sexual psicópata puede atacar tanto a adultos como a
niños, prefiriendo niñas y mujeres (por razones de superioridad física
e intimidación psicológica hacia ellas). Por lo general la víctima será
El agresor sexual
desconocida, la motivación sexual aparece en segundo plano, ya que
psicópata pude
su interés es la dominación de la víctima. Hay una negación absoluta
mantener su actividad
de sus actos, hasta que si las pruebas en su contra son irrefutables, se
delictiva al margen de
produce en él un cambio y no sólo admite aquello sino que se jacta de
su vida oficial (la que
es del conocimiento de su proceder e inteligencia por sobre los otros.
familiares, vecinos y
compañeros de El problema de la sexualidad del psicópata no deviene a raíz de una
trabajo). ausencia de actividad sexual, por el contrario su actividad sexual suele
ser superior a la media, pero sucede que suele ser que no hay
satisfacción en ella porque precisamente son relaciones consentidas y
su interés está en la dominación del otro.

Oportunistas
Son aquellos que, sin padecer alguna enfermedad o trastorno, llegan a
cometer una violación sexual, siendo las bases de éstas las falsas
creencias o distorsiones sobre la sexualidad y las mujeres,
prevaleciendo en ellos la idea o concepción que las relaciones sexuales
se deben basar en el dominio sobre el género femenino y que aquello
es lo normal y que es un pensamiento compartido.
Estas personas actúan habitualmente ante circunstancias de
desinhibición de la conducta (por ejemplo bajo efectos de alcohol o
drogas), siendo así un delito no premeditado y por ello circunstancial.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 15


Utilizan el mínimo de fuerza necesario (no hay violencia desmesurada
o la crueldad del psicópata), difícilmente es reincidente y hay
sentimiento de culpabilidad y de voluntad de tratamiento en la
mayoría de los casos.

Asociales
Personas criadas o educadas en ambientes marginales, con un estilo
incorporado de relación violenta en su ambiente. En estas personas,
la agresión sexual se producirá en el marco de otro delito, por ejemplo
en robos o robos a domicilios.

Si estas personas no padecen un déficit afectivo que les es típico a los


psicópatas, sino más bien presentan su conducta dentro de un
comportamiento antisocial, puede decirse que muestran una reacción
positiva al tratamiento y la reeducación. Por lo general evidencia
procesos empáticos y se reconocen dentro de ciertos grupos sociales
(no así los psicópatas).

Patológicos
En estos casos, generalmente utilizan la agresión como un mecanismo
de compensación, existiendo una gran dificultad para establecer
relaciones normales (sexuales y satisfactorias). La agresión, en estos
casos, suele aparecer de modo no premeditado sino más bien
explosivo, manifestando luego sentimiento de vergüenza o
culpabilidad.

Siguiendo a Vázquez Mezquita8, presentamos un cuadro con las


características de cada perfil destacado:

Psicópatas Oportunistas Patológicos Asociales


Patología Arousal físico Arousal físico Arousal Arousal físico
Trastorno de Hostilidad/poder físico Aprendizaje social
personalidad Desinhibición Conflicto intrapsíquico
Necesidad Psiconeuróticos
Estímulos
Uso de Sí No/sí No Según la situación
violencia Sádico y peligroso No gratuita La mínima Lo que es aprendido es
Fuerza física Sin intención real de tomar por la fuerza lo
dañar ajeno
Reincidencia Sí No/según situación Sí, si el acto es compulsivo Según la situación. En
ante estrés la misma medida que
los otros delitos
Tratamiento No No/según situación Sí Si en la medida en que
el perfil de
personalidad no sea
psicopática
Violación
T con Víctima conocida Violación con conocida o Desconocida
lesiones
i u Violación desconocida (actos de Violación
homicidio
p exhibicionismo o abusos Conocida (dentro del
8
Vázquez Mezquita, B. (2005) Manual de psicología forense. Editorial Síntesis. Madrid. pág. 76

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 16


Desconocida/conoc
o deshonestos) ámbito de la pareja)
ida
d
e

a
g
r
e
s
i
ó
n

La reincidencia de los delincuentes


sexuales
“Las tasas de reincidencia en este tipo de delitos son bajas,
especialmente si las comparamos con la reincidencia de los
delincuentes en general (Grubin y Wingate, 1996). Efectivamente, la
tasa para el conjunto de tipologías delictivas está próxima al 50% y,
en el caso de los delincuentes sexuales, cuando registran nuevos
delitos de cualquier tipo ronda el 20%” (Redondo, 2002; Sánchez-
Meca, 1996).

Con una muestra de 1.555 internos de los centros penitenciarios de


Cataluña, y después de cinco años de seguimiento, Luque y cols.
(2005) concluyeron resultados similares: un 37,4% volvieron a
ingresar en prisión acusados o condenados por un nuevo delito y, en
el caso de los delincuentes sexuales, la tasa fue de un 22,2% en
cualquier tipo de delito. Cuando se trata de la comisión de nuevos
delitos sexuales, la proporción se reduce a un 13,7% en la revisión de
Hanson y Morton-Bourgon (2004) y a un 14% en el trabajo de Harris
y Hanson de 2004. No obstante, estas cifras pueden variar según las
características de las investigaciones o también según las muestras y
el contexto social de éstas (Brown, 2005).

A fin de detectar las características que diferencian a los sujetos con


mayor reincidencia, y de esta manera poder mejorar la evaluación del
riesgo, la investigación ha analizado la relación entre numerosos
factores de relevancia criminológica y la reincidencia sexual. Durante
los últimos años se han llevado a cabo dos extensas revisiones
cuantitativas sobre esta cuestión (Hanson y Bussière, 1998; Hanson y
Morton-Bourgon, 2004). En dichas revisiones, a partir del análisis de
61 y 95 estudios de seguimiento, se evaluó la capacidad predictiva de
un gran número de variables que tienen relación con factores
demográficos, de personalidad y de conducta antisocial, de historia
delictiva sexual y general, de actitudes sexuales, de características de
los delitos y de las víctimas, de desviación sexual, de respuesta al
tratamiento, de desarrollo y de problemas o trastornos psicológicos”
(Soler Iglesias, C. y García Díez, C. (2009) 9

9
Soler Iglesias, C. y García Díez, C. (2009) “Análisis de las variables relacionadas con la reincidencia de
los agresores sexuales” Investigación realizada desde el Centro de Estudios Jurídicos y Formación

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 17


Siguiendo con las revisiones antes mencionadas, Soler Iglesias, C. y
García Díez, C. (2009) plantean en su investigación que la
reincidencia sexual y la reincidencia general no tienen la misma
configuración de factores de riesgo. En cuanto a la reincidencia sexual
los marcadores de riesgo son aquellos de los cuales podemos
establecer relación con una la orientación sexual desviada Si
hablamos de la reincidencia sexual, los marcadores de riesgo de
primer orden son aquéllos que tienen relación con una orientación
sexual desviada (destacando el interés por los niños de sexo
masculino, medido con pletismógrafo) y la carrera delictiva sexual.
En segundo lugar se destaca la importancia de incluir los factores que
tienen relación con el estilo de vida delictiva y la personalidad
antisocial, como por ejemplo rasgos de psicopatía, dificultades de
autocontrol y violación de las medidas de supervisión.

Continuando con la misma línea de investigación, si nos centramos en


la reincidencia general, se puede destacar la importancia de aquellos
factores vinculados al estilo de vida criminal y a la historia delictiva
del sujeto. En tanto que los factores relacionados con la desviación
sexual tuvieron un valor predictivo bajo, aunque variables como una
excesiva preocupación por la sexualidad tienen relación con este tipo
de reincidencia.

3.3 Delincuencia -
Violencia juvenil
Aunque posiblemente la delincuencia juvenil no sea uno de los
terrenos más trabajados desde la Psicología Forense, consideramos
que es necesario hacer una breve referencia a ella. El motivo es que el
fenómeno de la violencia juvenil y en sí los delitos cometidos por
jóvenes, son una realidad social y no es extraño que al estar un joven
implicado en un delito, éste requiera de una valoración por parte del
perito psicólogo.

Por lo general, la intervención del forense en estos casos es cuando el


delito ha sido de una elevada gravedad (por ejemplo: homicidio,
agresiones sexuales o robos con violencia) y el tribunal requiere de un
diagnóstico sobre la situación del joven orientada hacia sus
posibilidades de tratamiento y reeducación.

La violencia juvenil
“La violencia surge como una estrategia de resolución de conflictos y
los jóvenes, por su estatus madurativo y en desarrollo, se enfrentan,
con una experiencia limitada, a conflictos variados. No es extraño

Especializada del Departamento de Justicia de Cataluña. Versión consultada:


www.gencat.cat/justicia/cejfe/ (16/04/11)

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 18


que en numerosas situaciones se presente la violencia. Consideremos
que cambios vitales y sociales acontecen a lo largo del proceso de
maduración, propio de la juventud, en cuanto que período de
importantes cambios individuales y sociales. Veamos un listado de
problemas que los jóvenes tienen con motivo de su proceso de
convertirse en adultos: cambios de vivienda/residencia, cambios en
su salud, formación de red de amigos y de pareja, dejar los estudios
e iniciar una profesión o empleo, utilización de coche o moto para su
autonomía personal, cambios en los hábitos de ocio y el
entretenimiento, nuevas actividades sociales, gestión del dinero y
afrontamiento a nuevas responsabilidades financieras, inserción
completa en el mundo del consumo. Muchos cambios, muchos
problemas, muchos retos y por tanto muchos riesgos de
conflictividad y, por ende, de violencia”. (Pueyo, A.) 10

Continuando con lo anteriormente expuesto por Pueyo, se podría


decir que los jóvenes están cortantemente enfrentados a las
necesidades, siendo estas similares a la de los adultos con ciertas
salvedades ya que los jóvenes, se enfrentan a necesidades de
hándicaps, tales como escasez de recursos para poder hacer frente a
las necesidades, sin perder de vista la falta de experiencia con la que
cuentan como para resolver problemas, viéndose condicionados por
su corta edad. Esto puede traer aparejadas una serie de consecuencias
que los dirijan directamente a implementar estrategias inapropiadas
socialmente como única salida o medio posible para resolver sus
problemas.

Los jóvenes por su situación, siguiendo el argumento anterior de las


necesidades y recursos, son los individuos que tienen más razones
para ser violentos. Según el detective Poirot, se cumple que: tienen
medios (fuerza, capacidades mentales, etc.) oportunidades (ocio, falta
de supervisión, pocas responsabilidades) y motivos (necesidades) que
justifican el porqué estos individuos tienen mayores probabilidades
de comportarse más violentamente que los adultos. Los estudios
longitudinales indican que los adolescentes, casi todos ellos en algún
momento, realizan conductas anti-normativas y violentas, pero
solamente una pequeña proporción de ellos (un 6%) se convierten en
agresores o violentos persistentes. Estas carreras "violentas" se
constatan a los 12-13 años y se continúan más allá de los 17 y 18 años
(Fonagy, 2003).

Dado que los conflictos surgen en casi todas las interacciones que los
individuos humanos tienen a lo largo de su vida, con otros individuos,
con las organizaciones y los sistemas sociales, la violencia puede
aparecer en todos y cada uno de los momentos del desarrollo vital en
relación con todos sus interlocutores: padres, iguales, maestros,
parejas, grupos, entidades, etc. de ahí que la violencia aparezca con
múltiples formatos y tipos. Lo que une a todos estos tipos es que son
las personas quienes la ejercen y que siempre tienen una finalidad
más o menos patente y consciente por parte del agresor.

10
Pueyo, A. Violencia juvenil: realidad actual y factores psicológicos implicados. (Dep. de Personalidad -
Facultad de Psicología - Universidad de Barcelona) www.ub.edu/personal/violencestudies.htm (16/04/11)

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 19


Hemos visto que la violencia juvenil tiene varias acepciones aunque
aparentemente tienen un significado unívoco y que todos
comprendemos en el lenguaje cotidiano. Pero cuando analizamos con
más detalle el significado de la violencia juvenil, entonces, aparece en
toda su magnitud la heterogeneidad de hechos que agrupa. En la
violencia juvenil se incluyen actos violentos que realizan niños,
menores, adolescentes, jóvenes y adultos-jóvenes. Así ¿supone lo
mismo (o tiene los mismos determinantes y consecuencias) que un
niño pegue a otro en el patio de un colegio de primaria o que un
muchacho de 19 años, interno en un centro de menores, golpee a otro
en el patio del centro?. Naturalmente que las diferencias son obvias
pero ambas, en un sentido amplio, son fenómenos que se acogen a la
etiqueta de "violencia juvenil”.

En el caso de los adolescentes y jóvenes (especialmente cuando éstos


son imputables, es decir a partir de los 16 años según las leyes
vigentes en Argentina) desde los juzgados siempre se posee una
mirada especial hacia la reincidencia, al tiempo que, la posible
reeducación de ellos. Es por estos motivos que en la actualidad y a
raíz de los diferentes estudios que se han hecho con poblaciones
adolescentes en el ámbito correccional, se han valorado factores
relevantes que intervienen en sus conductas y que en la mayoría de
casos pueden detectarse con claridad. Así es posible diferenciar
factores de riesgo (como por ejemplo: aspectos personales, sociales o
familiares) que pueden facilitar la reincidencia delictiva como así
también las conductas violentas o transgresoras. Como, por otra parte
los factores de protección que son precisamente aquellos sobre los
cuales es posible reforzar las conductas pro-sociales y que servirán de
soporte preventivo para evitar conductas inapropiadas (contención
familiar, escolarización, actividad deportiva, grupo de pares pro-
sociales, personas de referencia positiva.)

Los factores de riesgo son considerados como una serie de variables


que influencian de modo objetivo y causal, la conducta. En este caso
en particular hablar de factores de riego en los jóvenes, lo podemos
relacionar directamente con la violencia.

La probabilidad de cometer un hecho violento está condicionada por

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 20


una serie de factores, ya sea un delito, una falta, un comportamiento
anormal.

“Dos expertos en este campo de investigación criminológica, los


psicólogos canadienses Andrews y Bonta (1995) describen los
factores de riesgo de los comportamientos delictivos. Identifican los
factores principales:

1.- Actitudes antisociales / pro-violentas, valores, creencias y


estados emocionales alterados en sintonía con comportamientos
violentos.

2.- Agrupaciones pro-criminales y delictivas (bandas).

3.- Factores de personalidad (temperamento) que facilitan la


aparición de comportamientos violentos (psicopatía, TDAH, mala
socialización, impulsividad).

4.- Historia de comportamientos antisociales individuales: variedad


de delitos y faltas, número e intensidad de conductas violentas.

5.- Factores familiares: criminalidad familiar, falta de cuidados y


atención, baja estructuración familiar, abandono y malos tratos, etc.

6.- Bajos (nulos) niveles educativos, desempleo, falta de recursos


económicos

Y los secundarios:
7.- Clase social, etnia o grupo racial (emigrantes, barrios-
dormitorio, etc.).

8.- "Malestar" o "estrés" personal producido por razones variadas:


anomia, ansiedad, depresión, adicción a tóxicos, etc. características
cercanas a lo que entendemos por enfermedad mental y, por último,

9.- Factores de naturaleza biológica neuropsicológica: alteraciones


hormonales, lesiones cerebrales, intoxicaciones, etc.

Además de estos factores de riesgo, de los cuales es fácil deducir los


que afectan más específicamente a los jóvenes, hay que añadir los
llamados factores de protección. Los factores de protección, son
aquéllos que potencialmente reducen la probabilidad de realizar
conductas de riesgo. Estos factores pueden influenciar los efectos de
las experiencias individuales que facilitan la adquisición de factores
de riesgo o pueden moderar la relación entre el riesgo y el
comportamiento violento.” (Pueyo, A.) 11

11
Pueyo, A. Violencia juvenil: realidad actual y factores psicológicos implicados. (Dep. de Personalidad -
Facultad de Psicología - Universidad de Barcelona) www.ub.edu/personal/violencestudies.htm (16/04/11)

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 21


Los factores de protección frente a la
conducta antisocial
En el siguiente texto, se presentan los aspectos más destacados de una
investigación coordinada por la Dra. Raquel Bartolomé12 de la
Universidad de Castilla sobre la conducta antisocial y violenta en
adolescentes, mostrando a través de la misma cómo los chicos
conforman un grupo de riesgo. Se plantean dos hipótesis:

a) Que chicas y chicos estén diferencialmente expuestos a los mismos


factores de riesgo/protección y b) que el efecto de esos factores sea
diferente en cada grupo. El objetivo de la investigación es indagar
sobre las semejanzas y diferencias de comportamiento entre chicas y
chicos adolescentes intentando dar respuestas a las hipótesis
anteriormente planteadas. Para ello se realizan auto informes entre
642 adolescentes escolarizados de Albacete.

Introducción

Actualmente se observa un interés creciente por conocer las


conductas antisociales de adolescentes y jóvenes, este conocimiento
tiene como fin realizar acciones preventivas y tratamientos más
exitosos sobre el problema.

Al respecto, se plantea una línea de investigación dedicada a


identificar los factores de riesgo y protección frente a la conducta
antisocial y violenta. A pesar de lo que se vienen poniendo en
práctica, todavía se pueden observar fallas en las investigaciones de
delincuencias en cuanto a la diferencia de sexos/género (Belknap,
1996; Pollock, 1999).

Teniendo en cuenta las conductas antisociales y violencia, es


fundamental destacar la importancia que conllevan las variables tales
como sexo y edad, destacando que los varones están sobre
representados en los valores estadísticos sobre delincuencia.

Siguiendo con (Belknap y Holsinger, 1998; Chesney-Lind, 1997).


podemos destacar: ¿por qué los chicos delinquen más que las chicas?
Y también ¿por qué delinquen las chicas que lo hacen? Lo que se
conoce en la criminología como sexo/género. En general la mayoría
de las investigaciones y teorías sobre la “delincuencia juvenil” se
realizan sobre chicos. Este estado de cosas coloca a las chicas
antisociales y delincuentes en una clara situación de desventaja, ya
que los programas de prevención y/o intervención no se han diseñado
atendiendo a sus características y necesidades, sino a la de los chicos.

Retomando las hipótesis planteadas anteriormente, la primera


plantea la existencia de una exposición diferencial de chicos y chicas a
los mismos factores de riesgo /protección, haciendo referencia con
esto a la socialización diferencial. Señalando que las chicas tienen más
vínculos pro sociales con la escuela, los amigos y están más

12
Bartolomé, R. (Coord.) (2009). Los factores de protección frente a la conducta antisocial. ¿Explican las
diferencias en violencia entre chicos y chicas? .Revista Española de Investigación Criminológica Articulo
3, Número 7.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 22


supervisadas por los padres, factores que sirven para proteger frente a
la conducta antisocial de acuerdo con las teorías del control social.
(Chapple, Maquillan, Berdahl, 2005).

La segunda hipótesis plantea, las variables de riesgo/protección que


tienen efectos diferentes en chicos y chicas y que el sexo/género no es
una variable más, sino que afecta sustancialmente al impacto que las
experiencias, sucesos, etc. que tienen sobre los individuos (Heimer y
De Corser, 1999; Steffensmeier y Allan, 1996).

Para pensar lo anterior, a los investigadores les pareció clave entender


la conducta antisocial y violenta de los jóvenes, desarrollando como
motor de su investigación tres objetivos fundamentales:

a) comprobar las diferencias y semejanzas entre chicos y chicas en sus


patrones de conducta antisocial,

b) analizar si existe una exposición diferencial de chicos y chicas a los


mismos factores de protección y

c) estudiar si los efectos de las variables de protección identificadas


tienen efectos diferentes en chicos y chicas.

Participantes:

La muestra está compuesta por 642 estudiantes de educación


secundaria obligatoria y post-obligatoria de tres centros de Albacete,
de los cuales 319 (49,7%) son chicos y 323 (50,3%) son chicas, con
edades entre los 12 y los 21 años (media de edad: 15,20 años).

Se seleccionaron centros de zonas con características


socioeconómicas distintas, dos de ellas en el ámbito urbano y uno en
el ámbito rural.

Instrumentos:

El instrumento utilizado fue un cuestionario auto-aplicado


denominado encuesta sobre estilos de vida de los adolescentes,
diseñado por el centro de investigación en criminología de la UCLM
(Albacete). Para su diseño se ha utilizado ítems del ISRD I en lo
referido a las conductas antisociales y violentas (Rechea, Barberet y
Montañ´s, 1995), y de Encuesta de muchachos y muchachas
saludables de California (California healthy kids, 2002), en especial a
la parte dedica a resiliencia (RYDM) y a factores de protección. Los
ítems que miden protección y resiliencia en el CHKS fueron
seleccionados por su relevancia en la literatura y elaborados por
expertos en este tema (Bernard, 1999; Constantine, Bernard y Días,
1999).

Loa factores de protección y resiliencia incluidos son: Factores


protectores externos como la familiares (relaciones con padres, altas
expectativas, oportunidad para la participación y supervisión), la
escuela (alta vinculación escolar, participación significativa y
percepción de trato justo por los profeso) y los amigos (nivel alto de
apoyo, amigos pro-sociales). Factores protectores internos apoyo
social en la resolución de problemas, empatía, auto- eficacia,
autoconocimiento, objetivos y actitudes hacia el futuro, resolución
pacifica de los problemas.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 23


Procedimientos:

Los datos fueron recogidos en marzo y abril de 2004. El cuestionario


se administró en grupos, en horarios de tutoría para no interferir en
el curso normal de las clases. Se pidió a los adolescentes que
constatasen de forma individual y sincera, asegurándoles el
anonimato y la confidencialidad de los datos.

Resultados:

Teniendo en cuenta el primer objetivo, se llevó a cabo el análisis de la


prevalencia, la frecuencia y la variedad de las conductas antisociales
cometidas por chicos y chicas. Los datos obtenidos por los
investigadores en cuanto a la prevalencia muestran que el porcentaje
de chicas y chicos que han cometido las conductas estudiadas es
similar en ambos grupos. En el caso de consumo de drogas legales es
ligeramente superior en las chicas. En cambio en conductas tales
como expulsión del centro escolar, vandalismo, llevar armas,
participar en peleas y comprar algo robado, los chicos arrojan
porcentajes superiores. Aquí podemos ver que los chicos llevaron a
cabo conductas violentas alguna vez en su vida, diferenciándose de las
chicas.

En esta investigación se realizaron pruebas t, para conocer la


diferencia que hay entre chicos y chicas que representan a la
frecuencia de conductas, obteniendo como resultado que la incidencia
en conductas antisociales es semejante en ambos grupos, sólo que los
chicos presentan un grado ligeramente mayor. Sólo se pueden notar
diferencias bastante mayores por parte de los chicos en expulsiones
del centro educativo y en haberse emborrachado.

Para tener conocimiento de la variedad de conductas de cada uno de


los jóvenes de la muestra, se han demarcado tres índices: índice de

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 24


violencia, índice de conducta anti- normativa e índice de consumo. No
se observó gran diferencia en lo que respecta a la variedad de
conductas antisociales cometidas, ni de sustancias consumidas, pero
sí hubo diferencias en la variedad de conductas violentas,
presentándose un mayor grado en los chicos.

Al obtener los resultados antes expuestos, los investigadores


centraron su atención en la diferencia entre chicos y chicas en
conductas violentas, comenzaron analizando si las chicas están más
expuestas que los chicos a las variables protectoras frente a la
violencia. Los datos arrojados sobre la exposición diferencial
muestran que las chicas tienen una mayor supervisión paterna, más
interés en seguir estudiando y su estilo de resolver problemas se
centra más en la comunicación y es más pacífico. Asimismo,
presentan relaciones pro-sociales con amigos, que hacen lo correcto.
Las chicas están más expuestas a factores de protección, tales como
una mayor supervisión familiar y vínculos con amigos pro sociales,
que los chicos.

En relación a lo planteado, los investigadores se preguntaron ¿explica


esta exposición diferencial la menor tendencia de las chicas a
participar en conductas violentas? Respondiendo a esto, realizaron un
análisis de regresión logística, esto permite pronosticar la pertenencia
a un grupo a partir de diversas variables independientes. Tiene una
función similar al análisis discriminante, permitiendo trabajar con
datos que no cumplen los requisitos del análisis discriminante y con
variables dicotómicas. En este estudio, interesa saber cuáles de las
variables estudiadas, incluyendo el sexo, tiene un peso significativo
para discriminar entre sujetos de alto y bajo riesgo de conducta
violenta.

Los resultados a los que arribaron, fueron que sólo tres variables
tienen efecto protector significativo tales como sexo (ser chica), la
supervisión familiar y la solución pacífica de problemas, mientras que
buscan apoyo social frente a los problemas. En contradicción a lo que
se esperaba, se incrementa significativamente el riesgo de ser
violento. Por lo tanto ser chica tiene un efecto protector que es
independiente de su mayor exposición a ciertos factores protectores.

Sin perder de vista el último objetivo del trabajo de investigación,


pretendieron aclarar si las diferencias respecto a las conductas
violentas entre chicos y chicas, se deben al efecto diferencial de los
factores protectores, entres los que se pueden rescatar alguno de ellos
como por ejemplo: vínculo escolar, participación significativa en la
escuela, trato justo de los profesores, participación significativa en
casa, expectativas familiares, relación con la madre, empatía,
autoeficacia, entre otros.

Lo anterior sirve para establecer que factores protectores tienen una


relación significativa con el índice de violencia en chicos y en chicas y
analizar si existe realmente diferencias en el efecto de estas variables,
hallándose correlaciones bivariadas entre las variables estudiadas con
el índice de violencia.

En esta investigación pudieron destacar que existen más factores que


tienen un efecto protector en los chicos que en las chicas y que la
fuerza de la relación es, en general, también mayor en los chicos.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 25


Los factores que tienen efecto protector en los chicos son: la
participación significativa en la vida escolar, la supervisión familiar y
tener una buena relación con el padre. El factor que se relaciona más
fuertemente en chicas y chicos es la forma pacífica de resolver los
problemas, hablando o escribiendo.

Los resultados arrojados indican que sólo hay dos factores que tienen
mayor efecto en las chicas, ellos son: tener amigos pro-sociales, que
no se metan en problemas y tener objetivos de futuro.

Conclusiones y Discusiones:

En la investigación realizada, se obtuvo información interesante pero


a la vez controvertida, sobre los factores protectores existentes frente
a la conducta violenta en chicas y chicos.

A modo de síntesis, se arrojaron los siguientes resultados: los chicos y


chicas presentan más semejanzas que diferencias en sus patrones de
conducta antisocial. Como muestran los resultados, y en consonancia
con estudios anteriores sobre el tema (Bartolomé, 2001), existe
actualmente una notable equiparación de las chicas respecto a los
chicos, destacándose las conductas de consumo y no de violencia.
Estas semejanzas entre ambos sexos se podrían explicar desde la
Criminología Evolutiva, que plantea que implicarse en conductas
antisociales es algo propio, incluso normativo, de la adolescencia
(Moffit, 1993 y 2006). A partir de esto, podríamos pensar la que la
conducta que las chicas comparten con los chicos es una forma
normativa en los jóvenes, sobre todo en contextos de ocio y con los
pares, que incluye la participación en conductas antisociales.

A pesar de las semejanzas encontradas entre ambos sexos en lo que


respecta a las conductas antisociales, se puede visualizar que las
chicas participan menos en conductas violentas. Los chicos presentan
una mayor incidencia y variedad de conductas violentas, lo que
estaría relacionado con una mayor probabilidad de continuar una
carrera delictiva. (Tolan y Gorman- Smith, 1998).

En esta reflexión sobre los resultados, surge la pregunta: ¿cómo


explicar estas diferencias? Según lo que demuestran los datos, las
chicas están más expuestas a factores de protección que los chicos.
Sin embargo, el análisis indica que las diferencias en las conductas
violentas, no se explica sólo por una exposición diferencial, sino que
también se pone en juego el sexo, variable de la cual se puede
pronosticar significativamente la conducta violenta. Las diferencias
en la violencia pueden estar relacionadas con la existencia de
diferencias tempranas bio- sociales que hacen que las chicas sean
menos activas y agresivas y que muestren una mayor tendencia a
desarrollar problemas de internalización como respuesta a ciertos
riesgos (Keenan y Shaw, 1997; Leadbeater, Kupermine, Blatt y
Hertzog, 1999), la socialización también contribuye con esta
diferenciación.

Para finalizar, según Bartolomé, 2001; Chapple et al., 2005; Weiler,


1999, se pudo observar que si existe un efecto diferencial, pero en
contradicción a los que se podría esperar, hay más factores
protectores sobre los chicos, quedando en contradicción con
investigaciones antes realizadas (Alarid et al., 2000). Teniendo en

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 26


cuenta que los factores estudiados en esta investigación tienen efecto
protector, ¿por qué no están finalmente los chicos más protegidos
frente a la conducta antisocial? Los investigadores piensan que estos
resultados pueden ser consecuencia del escaso conocimiento sobre la
conducta violenta en las chicas que conlleva que los factores que las
protegen a ellas todavía no están bien identificados. La literatura se
está haciendo eco de que existen tantas contradicciones en los
resultados obtenidos sobre la cuestión género/delincuencia que es
necesario mejorar el conocimiento sobre las chicas, pero también
cambiar cómo se plantean las investigaciones.

Se deberían tener en cuenta a la hora de armar programas de


intervención y prevención dirigidos a las conductas violentas de las
chicas y los factores de protección que presentan.

3.4 El daño psíquico


Otro de los temas que deben destacarse en las valoraciones que puede
realizar el psicólogo forense dentro de su especialidad es la del daño
psíquico.

El daño psíquico es un perjuicio producido por un evento no


previsible o inesperado por la persona, a la que se le producen ciertas
perturbaciones modificando su interacción con el medio y le originan
alteraciones en el área afectiva, volitiva o ideativa.

Si el concepto de salud engloba lo orgánico con lo psíquico


entendemos al ser humano como una unidad. La salud implica el
normal funcionamiento de sus aparatos orgánicos y funcionalidades
psíquicas en adecuada disponibilidad para su interacción con el
medio.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 27


En muchas ocasiones, el daño psíquico está asociado a situaciones de
malos tratos, en el caso de los niños. Las situaciones de violencia
familiar o maltrato, suelen desencadenar graves alteraciones en el
correcto desarrollo psicológico de éstos. Aunque no se trate de
situaciones “sorpresivas” o “inesperadas” son situaciones en las cuales
se presentan como víctimas vulnerables, donde no tienen la
posibilidad de modificarlas o hacer frente a ellas y por tanto quedan
expuestas e indefensas.

El Código Penal hará referencia a ello en los siguientes artículos:

“ARTÍCULO 89 – Se impondrá prisión de un mes a un año, al que


causare a otro, en el cuerpo o en la salud, un daño que no esté
previsto en otra disposición de este código.

ARTÍCULO 90 – Se impondrá reclusión o prisión de uno a seis años,


si la lesión produjere una debilitación permanente de la salud, de un
sentido, de un órgano, de un miembro o una dificultad permanente de
la palabra o si hubiere puesto en peligro la vida del ofendido, le
hubiere inutilizado para el trabajo por más de un mes o le hubiere
causado una deformación permanente del rostro.

ARTÍCULO 91 – Se impondrá reclusión o prisión de tres a diez años,


si la lesión produjere una enfermedad mental o corporal, cierta o
probablemente incurable, la inutilidad permanente para el trabajo, la
pérdida de un sentido, de un órgano, de un miembro, del uso de un
órgano o miembro, de la palabra o de la capacidad de engendrar o
concebir.

ARTÍCULO 94 – Se impondrá prisión de un mes a tres años o multa


de mil a quince mil pesos e inhabilitación especial por uno a cuatro
años, el que por imprudencia o negligencia, por impericia en su arte o
profesión, o por inobservancia de los reglamentos o deberes a su
cargo, causare a otro un daño en el cuerpo o en la salud.”

Al considerar al daño psíquico como un acontecimiento traumático,


de carácter imprevisto, es posible considerar que a mayor
imprevisibilidad, mayor será la intensidad del daño. Es decir si la
persona está por ser víctima de un robo y está viendo al agresor e
inicia una comunicación con éste, el daño de aquella situación no será
la misma que si la persona está durmiendo y una persona aparece en
su habitación y la golpea de repente para robarle.

Ante la aparición del episodio desencadenante, será la capacidad


predisponente de la persona la que permitirá o no absorberlo y
canalizarlo adecuadamente, determinando el nivel de tolerancia o de
frustración. El umbral de la tolerancia o frustración está en relación a
la organización yoica. A mayor o menor grado de fortaleza yoica
corresponden mayores o menores posibilidades del individuo para
reorganizarse psíquicamente.

Los síntomas del daño psíquico


En los casos de existir daño psíquico se reconoce:

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 28


bloqueo o disminución de las diversas funciones del yo,
accesos emotivos incontrolables,
ira,
ataques convulsivos,
insomnio,
perturbaciones oníricas,
crisis de ansiedad,
confusión mental y
estados depresivos

Es de destacar la sintomatología del daño psíquico que se presenta en


víctimas de delitos violentos:

sentimientos negativos: humillación, vergüenza, culpa o ira;


ansiedad;
preocupación constante por el trauma, con tendencia a revivir
el suceso;
depresión;
pérdida progresiva de confianza personal como consecuencia
de los sentimientos de indefensión y desesperanza
experimentados;
disminución de la autoestima;
cambios en el sistema de valores, especialmente la confianza
en los demás y en la creencia de un mundo justo;
hostilidad, agresividad, uso de drogas;
modificación de las relaciones (dependencia emocional,
aislamiento);
aumento de la vulnerabilidad;
cambio drástico de estilo de vida, con miedo a acudir a lugares
habituales;
disfunción sexual;
alteraciones en el rimo y contenido de los sueños.

Diagnosis del Daño Psíquico


El proceso habitualmente utilizado y recomendado para realizar una
valoración de daño psíquico es:

A) realizar una anamnesis exhaustiva para reconocer patologías


previas;

B) detectar el grado de debilitamiento psicofísico anterior al evento


traumático;

C) explicar el estado premórbido existente;

D) examinar se existe estado agravado posterior;

E) establecer la posible relación entre causa y concausa, entre la


sintomatología del individuo y el hecho determinante del
padecimiento;

F) verificar el daño;

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 29


G) estimar el daño, permanencia o transitoriedad;

H) considerar las secuelas dañosas del individuo y

I) evaluar el contexto ambiental del individuo.

Individuo Suceso o Modificaciones


situación que se presentan
inesperada o a raíz de la
violenta vivencia

¿Qué se ha
alterado en él?

3.4.1 Violencia familiar


Malos tratos hacia la mujer
Para comprender la actuación del psicólogo forense en relación a la
valoración de situaciones de violencia familiar, específicamente la
dirigida hacia la mujer (violencia de género) es imprescindible
destacar algunos aspectos que ordenan su actuación y a su vez la de
los juzgados que solicitarán su intervención. En este sentido
transcribimos aquí algunos artículos de la Ley provincial (Córdoba):

LEY Nº 9283 - LEY DE VIOLENCIA FAMILIAR

“CAPÍTULO I
Del Objeto

ARTÍCULO 1º- Las disposiciones contenidas en la presente Ley son


de orden público e interés social y tienen por objeto la prevención,
detección temprana, atención y erradicación de la violencia familiar,
definiendo tanto el marco preventivo como los procedimientos
judiciales para lograr tal cometido.

ARTÍCULO 2º- Los bienes jurídicos tutelados por esta Ley son la
vida, la integridad física, psicológica, económica y sexual, así como el
desarrollo psicoemocional de los integrantes del grupo familiar.

ARTÍCULO 3º- A los efectos de la aplicación de la presente Ley, se


entenderá por violencia familiar, toda acción, omisión o abuso
dirigido a dominar, someter, controlar o agredir la integridad física,
psíquica, moral, psicoemocional, sexual y/o la libertad de una
persona en el ámbito del grupo familiar, aunque esa actitud no
configure delito.
Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 30
ARTÍCULO 4º- Quedan comprendidas en este plexo normativo, todas
aquellas personas que sufriesen lesiones o malos tratos físicos o
psíquicos por parte de algunos de los integrantes del grupo familiar,
entendiéndose por tal, el surgido del matrimonio, de uniones de
hecho o de relaciones afectivas, sean convivientes o no, persista o
haya cesado el vínculo, comprendiendo ascendientes, descendientes y
colaterales.

ARTÍCULO 5º- Se considera afectada toda persona que sufra alguno


de los siguientes tipos de violencia:
a) violencia física, configurada por todo acto de agresión en el que se
utilice cualquier parte del cuerpo, algún objeto, arma, sustancia o
elemento para sujetar, inmovilizar o causar daño a la integridad física
de otra persona, encaminado hacia su sometimiento o control;
b) violencia psicológica o emocional, originada por aquel patrón de
conducta, tanto de acción como de omisión, de carácter repetitivo,
consistente en prohibiciones, coacciones, condicionamientos,
intimidaciones, amenazas, actitudes devaluatorias o de abandono,
capaces de provocar, en quien las recibe, deterioro o disminución de
la autoestima y una afectación a su estructura de personalidad;
c) violencia sexual, definida como el patrón de conducta consistente
en actos u omisiones que infrinjan burla y humillación de la
sexualidad, inducción a la realización de prácticas sexuales no
deseadas y actitudes dirigidas a ejercer control, manipulación o
dominio sobre otra persona, así como los delitos contra la libertad y el
normal desarrollo psicosexual, respecto de los cuales esta Ley sólo
surte efectos en el ámbito asistencial y preventivo, y
d) violencia económica, provocada por acciones u omisiones cuya
manifiesta ilegitimidad implique daño, pérdida, transformación,
sustracción, destrucción, ocultamiento o retención de bienes,
instrumentos de trabajo, documentos o recursos económicos, por las
cuales las víctimas no logran cubrir sus necesidades básicas, con el
propósito de coaccionar la autodeterminación de otra persona.”

“Así es posible reconocer dentro de lo establecido en la Ley tres tipos


de violencia que se interrelacionan dentro de las situaciones de
malos tratos: el maltrato físico, el maltrato psicológico y el maltrato
sexual, cuya severidad y frecuencia varían de una situación a otra,
pero cuyo objetivo común es el control de la víctima.
En el contexto de la violencia de género, las agresiones físicas casi
siempre producen consecuencias psicológicas. Se puede dar,
únicamente, violencia psicológica, provocando numerosas secuelas
tanto a nivel físico como emocional. Entendemos pues la violencia
psicológica, tanto como proceso violento en sí mismo, como efecto de
cualquier tipo de agresión violenta.
El ciclo de la violencia (Walker, 1979) pasa por un estado de tensión,
inmovilidad y culpabilidad en la mujer víctima que refuerza todavía
más el comportamiento del agresor, una fase de explosión violenta,
de descarga de toda la tensión acumulada que provoca en la mujer
un estado de indefensión aprendida que le impide reaccionar, y una
fase de arrepentimiento o “luna de miel” que, básicamente, es un
proceso de manipulación afectiva. Una vez conseguido el perdón, el
maltratador se siente seguro y empezará de nuevo con las
agresiones y abusos, provocando cada vez mayor dependencia y
falta de control en la mujer, produciéndose una escalada de la
Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 31
violencia, siendo el agresor quien tiene el control de estos ciclos”
Laura F. Asesi Perez.(2008)13.

Fase de calma y
Reconciliación

Fase de Tensión
Acumulada

Fase de Maltrato Agudo

La violencia psicológica aparece muy habitualmente en estas


situaciones, siendo más difícil de identificar. La violencia psíquica es
inherente a la violencia física o puede ser un anuncio de la misma, o
bien se puede dar independientemente de las agresiones.
Es una forma de maltrato, un conjunto heterogéneo de actitudes y
comportamientos, en todos los cuales se produce una forma de
agresión psicológica, pero a diferencia del maltrato físico, es sutil y
más difícil de percibir, detectar, valorar y demostrar. Se desvaloriza,
se ignora y se atemoriza a una persona a través de actitudes o
palabras. La violencia psíquica se sustenta a fin de conseguir el
control, minando la autoestima de la víctima, produciendo un proceso
de desvalorización y sufrimiento.

La violencia psicológica actúa desde la necesidad y la demostración


del poder por parte del agresor. Se busca la dominación y sumisión
mediante presiones emocionales y agresivas. Este tipo de violencia
“invisible” puede causar en la víctima trastornos psicológicos,
desestructuración psíquica, agravar enfermedades físicas o, incluso,
provocar el suicidio. En todos los casos es una conducta que causa un
perjuicio a la víctima, siendo el tipo de agresión más frecuente en los
contextos de malos tratos en el ámbito doméstico, aunque pueda estar
oculta o disimulada bajo patrones y modelos culturales y sociales que
la invisibilizan.

13
Laura F. Asesi Perez. (2008) La Prueba Pericial Psicológica en Asuntos de Violencia de Genero.
Revista Internauta de Práctica Jurídica. Número 21, año enero-julio, Pág. 15-29.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 32


Como principales manifestaciones de la violencia psicológica, según
diversos autores podemos clasificar diferentes conductas de violencia
psicológica habituales en las situaciones de malos tratos:

Abuso verbal: rebajar, insultar, ridiculizar, humillar, utilizar juegos


mentales e ironías para confundir, poner en tela de juicio la cordura
de la víctima.

Abuso económico: Control abusivo de finanzas, recompensas o


castigos monetarios, impedirle trabajar aunque sea necesario para el
sostén de la familia, haciéndole pedir dinero, solicitando justificación
de los gastos, dándole un presupuesto límite, haciendo la compra
para que ella no controle el presupuesto, etc.

Aislamiento: Control abusivo de la vida del otro, mediante


vigilancia de sus actos y movimientos, escucha de sus conversaciones,
impedimento de cultivar amistades, restringir las relaciones con
familiares, etc.

Intimidación: Asustar con miradas, gestos o gritos. Arrojar objetos


o destrozar la propiedad. Mostrar armas. Cambios bruscos y
desconcertantes de ánimo. El agresor se irrita con facilidad por cosas
nimias, manteniendo a la víctima en un estado de alerta constante

Amenazas: De herir, matar, suicidarse, llevarse a los niños, hacer


daño a los animales domésticos, amenazar con irse o echar al otro de
casa.

Desprecio y abuso emocional: Tratar al otro como inferior, tomar


las decisiones importantes sin consultarle, utilización de los hijos,
prácticas de privilegios masculinos.
Se la denigra intelectualmente, como madre, como mujer y como
persona.

CONSECUENCIAS PSICOPATOLÓGICAS MÁS FRECUENTES DE


LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA EN SITUACIONES DE MALOS

“Trastorno por estrés postraumático (TEPT)


Depresión
Trastornos de ansiedad (ansiedad generalizada, ataques
de pánico, agorafobia...)
Trastornos de la alimentación
Alteraciones del sueño
Abuso y dependencia de sustancias
Problemas psicosomáticos
Baja autoestima
Problemas crónicos de salud
Inadaptación. Aislamiento.
Problemas de relación social/familiar/laboral
Suicidio”14

14 Asensi Pérez, L. (2008) La prueba pericial psicológica en asuntos de violencia de género. Revista
Internauta de Práctica Jurídica. Núm. 21, págs. 15-29.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 33


Características de la víctima de la
Violencia Doméstica
Establecer características de quien sufre la violencia en el ámbito
doméstico (violencia intrafamiliar), ha originado diversas críticas
negativas y positivas, dependiendo del ámbito, disciplina, política o
pensamiento desde el cual haya sido contemplado. Las críticas están
dirigidas, más que a la creación de un perfil determinado, a la
utilización que pueda hacerse de éste. De ello, más allá de las
particularidades de cada postura particular podemos decir que
existen dos de mayor preponderancia:

1- por una parte quienes sostienen los beneficios de conocer cómo es


dicho perfil para poder establecer estrategias preventivas (reconocer
aquellos indicadores de riesgo que ante determinadas alarmas o
señales posibiliten una intervención previa y evite consecuencias
graves), crear programas de capacitación y sensibilización
direccionados hacia un objetivo-público concreto que brinde
herramientas de alerta y denuncia, como también posibilitar un
tratamiento o atención terapéutica especializada que refuerce
aquellos aspectos vulnerables que pueden originar nuevas situaciones
de violencia como también para la intervención sobre las secuelas que
aquello episodios hayan generado.

Por otra parte quienes se posicionan desde una oposición a la


conformación de una caracterización de ésta naturaleza, afirman que
ello no deja de ser un etiquetamiento de la víctima y por tanto ejerce
un poder condicionante sobre ésta y sobre quienes habrán de
intervenir directamente, judicialmente: poniendo en duda la
credibilidad de la víctima; psicológicamente: sosteniendo un
determinismo de difícil modificación; socialmente: cuestionando su
modo de proceder, etc. Ello puede reconocerse, por ejemplo, en los
diferentes servicios de atención a la víctima, cuando ésta no posee un
perfil esperado, la credibilidad y los mecanismos de protección que se
determinan son más elevados y rápidos.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 34


Además, los detractores de tales perfiles, cuestionarán que es sobre el
agresor que se deben reconocer indicadores de riesgo y no sobre las
víctimas, que es sobre quienes habitualmente se recaba la mayor
información debido a que acuden a los diferentes servicios y
organismos de atención.

Más allá de ello y como sucede en la presente investigación15, se


puede afirmar que, como implica el propio espíritu de la ley, si la
finalidad de reconocer tales características es que a través de su
conocimiento, se posibilite reducir al máximo las situaciones de
violencia, sus contraindicaciones se relativizarían en beneficio de un
fin superior.

Los datos que se han obtenido en este sentido tampoco pretenden


definir una caracterización, sino más bien, reconocer algunos factores
que se han destacado por parte de la víctima en su historial de
convivencia y en aquellos aspectos que han resultado relevantes al
momento de tomar la iniciativa de denunciar una situación de
violencia en el ámbito familiar.

En este sentido podemos mencionar los siguientes datos:

el 98% de las víctimas han sido del sexo femenino;

el 58,5% han sido mujeres adultas jóvenes (edad 30-59


años);

el 86,6% posee un nivel académico de educación del ciclo


primario o superior;

el 48,4% de las víctimas es ama de casa y el 32,5% posee un


trabajo de relación de dependencia;

el 76,6% no ha acudido anteriormente a servicios médicos


por tales motivos;

los años de convivencia o matrimonio no representan una


cifra que pueda ser determinante en tanto la variación de
casos entre el año y los 15 años de relación entre víctima y
agresor es escasa. En ello la mayores cifras se encuentran
entre los primeros cinco años y cuando ha habido una
convivencia superior a los 15 años;

en el caso de las separaciones transitorias la cifra presenta


cierta homogeneidad, en tanto el porcentaje de separaciones
de esta naturaleza es el mismo (10,3%) en las franjas de
convivencia de los extremos de la tabla (entre 1-5 años y más
de 15 años). Sí es un dato a considerar que el mayor
porcentaje de no separaciones se ha evidenciado en las
parejas de más de 15 años de convivencia (14,2%);

15 Investigación realizada en la Provincia de Córdoba, por el Centro de Perfeccionamiento Ricardo Núñez


–Poder judicial- sobre 506 expedientes de violencia en la pareja del hombre hacia la mujer. El estudio se
realizó sobre un período de relevamiento entre marzo y junio del 2009. En la presente investigación el
autor del material ha participado como Consultor Especialista.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 35


la actitud de la víctima ante la violencia ha sido en un mayor
porcentaje (37,6%) de características pasivas, y en una
actitud defensiva también destacable (31,2%);

con respecto al nivel de gravedad se puede observar que hay


una mayor presencia del nivel 3 (+grave) en las relaciones de
convivencia o matrimonio de menor duración, en los
primeros cinco años de relación;

En los diferentes estudios e investigaciones al respecto, se destacan


los siguientes datos en relación a la víctima o características de las
situaciones en las que ha tenido lugar la violencia hacia la mujer:

el maltrato se inicia en las primeras etapas de convivencia


perdura a lo largo del tiempo, manteniendo dicha relación por
un tiempo superior a los 10 años;

la edad media se encuentra a los 37 años de edad;

la mayoría de las mujeres, víctimas de malos tratos, que


abandonan a su pareja, regresan nuevamente;

la frecuencia y severidad en el abuso y maltrato es el factor de


mayor peso al momento de decidir finalizar con la relación.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 36


la falta de empleo o trabajos no cualificados es recurrente en
las víctimas de violencia intrafamiliar. La ocupación como
ama de casa es la que posee un porcentaje más elevado;

la falta de apoyo social es un factor de gran relevancia para


que la víctima no abandone la relación;

en cuanto al nivel académico, se reconoce que en su mayoría


han realizado los estudios de ciclo primario (no se indica que
éstos hayan sido finalizados);

el nivel económico de las parejas se ha valorado como


suficiente en la mayoría de los casos (entre los extremos de
nivel alto hasta la dependencia de ayudas sociales).

Perfil del Agresor


En lo que respecta al agresor, los estudios e investigaciones poseen
una mayor historia que en el caso de las víctimas, especialmente
debido a que las características del perfil del sujeto violento en su
generalidad, comparte una elevada cantidad de factores con aquél que
ejerce la violencia en el ámbito intrafamiliar, especialmente en lo que
respecta a un perfil psicológico (dimensiones conductuales,
cognitivas, etc.). Siempre con la salvedad que en el ámbito donde se
desarrollan, tales comportamientos, ejercen una suerte de
condicionantes –que favorecen o limitan- el desarrollo o ejecución de
conductas violentas. Así, por ejemplo, no es extraño un diagnóstico de
trastorno antisocial de personalidad en aquella persona que ha
ejercido malos tratos hacia su pareja.

De acuerdo a las observaciones que se destacan de los estudios de


Unicef (2000), el Centro Reina Sofía (Sanmartín, 2006) y el Centro
de Estudios Jurídicos y Formación Especializada de Catalunya
(García y Ramírez, 2009) existen ciertos aspectos culturales que
favorecen diversas dinámicas de violencia contra la mujer, éstos se
encuentran signados principalmente por la desvalorización que existe
hacia ella y su papel en la sociedad (más allá del ámbito familiar), la
idea de que el hombre debe y puede resolver los conflictos familiares
por medio de la fuerza o la creencia de una superioridad innata de los
varones. Es por ello que existe un conjunto de acciones por parte del
agresor que, sin llegar a ser malos tratos físicos, hablan de una
dinámica de dominio o sometimiento que se ejerce hacia la víctima y
que se sostiene en éstos aspectos antes mencionados. Encontramos
así, una dominación desde lo económico, tratos amenazantes,
desvalorizaciones, la presencia de los hijos ente situaciones violentas,
etc.

De los datos obtenidos, es posible realizar una caracterización del


agresor:

el 94,7% son del sexo masculino;

en el 62% de los casos se trata de un hombre adulto entre los


30 y 59 años de edad;

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 37


la actividad laboral es mayoritariamente de relación de
dependencia (40,3%);

el consumo de alcohol es un dato de gran relevancia ya que


representa un 51% del total, en el caso de drogas es un
porcentaje mucho menor 18,6%;

se reconoce también una dinámica violenta a lo largo del


tiempo (previo a la denuncia) en tanto que el 59,3% ha
respondido afirmativamente a este ítem;

los medios violentos utilizados han sido principalmente:


amenaza, coacción (42,4%) y la violencia física (38,3%). Se
destacan entre los medios de amenazas verbales, las
desvalorizaciones y las amenazas de muerte; mientras que en
el caso de las agresiones físicas (golpes de puño, patadas,
amenazas con objetos), el porcentaje más elevado se ha
reconocido en un nivel medio;

en un 43,8 % se reconoce al agresor como quien posee una


personalidad violenta. Ello nos permite sostener lo que
manifestábamos en un comienzo con respecto a la
caracterización del agresor y su similitud con las personas
violentas en otros ámbitos. Por otra parte, y tomando la
precaución que es una información que no ha sido evaluada
en el propio agresor sino que es a partir de la víctima, se
infiere que la situación de violencia que lo lleva a denunciar
ha superado la dinámica habitual, en tanto el
desencadenante no ha sido un hecho fortuito o
circunstancial, sino que la valoración del riesgo por parte de
la víctima es de mayor credibilidad;

lo mencionado en el punto anterior se reafirma con el dato


elevado que se obtiene en el formulario, donde el lugar que
acude la víctima no es un organismo de la salud o de
asistencia, sino a la policía (67,8%).

De los diferentes estudios e investigaciones que han valorado los factores


que aquí nos interesan, se pueden destacar las siguientes características
del perfil del agresor:

Hombres jóvenes con edad promedio de 42 años.

Con respecto a lo laboral es un dato relevante el que sean


personas desempleados o empleados a tiempo parcial

Consumidores de alcohol -50 al 70%- y drogas-13 al 30%-


(Echeburúa, 2006). Se debe señalar que no es un dato de
escaso valor que, por lo general, las personas alcohólicas
presenten trastorno de personalidad antisocial o depresión
mayor.

Ejercen la violencia sobre los hijos.

Tipo de maltrato que se ejerce: físico (golpes de puño,


empujones, patadas), psicológico (desvalorización, insultos,

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 38


amenazas). En el estudio realizado por Echeburúa16 (entre
1991-1993 en el País Vasco) el abuso de alcohol está asociado
en mayor grado al maltrato físico que al maltrato psicológico.

Características de la violencia
doméstica
En lo que refiere a la violencia y sus modalidades, es decir, como tiene
lugar una situación de violencia por parte del agresor hacia la víctima
en el ámbito intrafamiliar y sus mecanismos más relevantes, resulta
inevitable considerar una de las teorías que más ha sido contrastada
por los diferentes estudios sobre esta temática. Dicha teoría es la de
los ciclos de la violencia (Walker, 1984), a la que podemos referirnos
como una modalidad circular, en la que la gravedad de las agresiones
se incrementan. El ciclo se origina habitualmente ante una situación
de tensión que no suele ser de gravedad (acontecimientos
domésticos) y derivan en algún tipo de agresión que no suele ser
físico, sino más bien de carácter amenazante.

Un segundo momento del ciclo implica una mayor tensión y es


seguida del maltrato físico. Por lo general, la víctima suele acudir a la
policía por el grado de veracidad que ha reconocido en la amenaza al
efectuarse un acto violento. Esta situación suele provocar en ambos
un malestar culposo, por tanto, el arrepentimiento y el perdón se hace
presente. Sucede que las situaciones de tensión no desaparecen, ya
que habitualmente éstas forman parte de una trama de la relación que
afecta los lazos vinculares y éstos pierden su capacidad de soporte. Así
el ciclo se activa en nuevas tensiones seguidas de agresiones.

De los datos que hemos obtenido, es posible reconocer algunas


aproximaciones a lo que podría ser un ciclo de violencia, aunque por
no ser un estudio longitudinal de casos definidos, es difícil aseverarlo
objetivamente. Aún así, son algunos indicios que pueden orientar
nuestra mirada en ciertos datos recabados.

Hemos visto que las separaciones, por ejemplo, se producen en una


cantidad similar en los primeros 5 años y entre los 10 y los 15 años de
convivencia, siendo por otra parte en los períodos donde el porcentaje
de nivel de gravedad 2 (la violencia física por medio del golpe) es más
elevado. Con ello, es posible aproximarnos a lo expuesto sobre el ciclo
de violencia, donde al aparecer la agresión física se produce un corte
en la relación. De lo contrario tendríamos un mayor número de
separaciones en el primer nivel de gravedad consignado en el
informe.

Los factores desencadenantes están vinculados a cuestiones


domésticas (46,9%), no a aspectos económicos, celos o aspectos
relacionados con la sexualidad (siempre teniendo en cuenta que los

16 Evaluación no publicada de Echeburúa, Corral, Sarasua, Zubizarreta y Sauca sobre modelo de


Entrevista Semiestructurada sobre Maltrato Doméstico. Se hace referencia a los datos parciales
publicados en: Echeburúa, E. (2006) Personalidades Violentas. Madrid: Editorial Pirámide.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 39


datos responden a una parte de la realidad, la de la víctima y por
tanto no se ha contrastado tal información).

El mayor número de denuncias previas se han producido ante la


existencia de lesiones (59,5%); no así en el caso de amenazas (24,1%),
que corresponde a lo que hemos visto como el inicio del ciclo de la
violencia.

Del análisis de datos expuesto, es posible afirmar una elevada


coincidencia con las conclusiones que se han observado en otros
estudios consultados, especialmente en lo que refiere al perfil de la
víctima y del agresor. En este sentido, podemos considerar que el
fenómeno de la violencia en el ámbito intrafamiliar trasciende las
fronteras culturales, geográficas y, preocupantemente, también las
temporales, ya que los estudios consultados datan tanto de la
actualidad como de más de 20 años atrás y las características
elementales son muy similares. Por otra parte tales similitudes nos
permiten la posibilidad de emplear algunos instrumentos que han
sido aplicados en otros países, como así también modificar, a partir
de las experiencias que nos preceden, los mecanismos y estrategias en
la valoración de riesgo de un fenómeno que cada vez está más
extendido o sobre el que se ha producido una mayor sensibilización
social.

Psicología Forense. Pablo Rivarola Padros 40