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UN AÑO DE SOCIALISMO

No hay duda: el país ha cambiado de cara. Mitterrand ha cumplido sus promesas en el campo
social. Pero subsisten dos serios problemas: la inflación y el desempleo.
Ni catastróficas como lo había pregonado la derecha, ni revolucionarias según los cánones d| la
izquierda ortodoxa, las transformaciones que ha habido en Francia después de un año de
"socialismo" merecen ser inscritas, más bien, dentro de la "continuidad" que caracteriza este
país.
No obstante, el cambio político, después de 23 años de poder ininterrumpido de la derecha, ha
suscitado un dinamismo que parece fortalecer la democracia.
Hay un nuevo clima en las calles. Jóvenes y obreros sonrientes, mientras que los ricos no
terminan de rabiar contra la administración, a la que despectivamente denominan "gobierno de
profesores". Los periódicos que ayer estaban en la oposición hoy defienden el régimen y los que
siempre han sido baluartes del oficialismo, hoy son encarnizados disidentes. Activismo, y buenas
dosis de improvisación en varios ministerios, en un ambiente festivo. No es sino imaginarse a la
severa Comédie Française haciendo representaciones gratuitas en el tren subterráneo de París,
ante una bulliciosa audiencia de obreros y oficinistas, y a un ministro de Cultura impulsando
festivales de dibujos animados y de rock en la televisión.
Por su parte, los partidos de la antigua mayoría se están viendo forzados a actualizar sus
programas, mientras que a nivel estatal se ha podido comprobar un cambio en la manera de
gobernar y un rejuvenecimiento de la clase política. En efecto, de 43 ministros, 41 no había
desempeñado jamás ese cargo y, en el parlamento, un 40% de los diputados han sido elegidos
por primera vez.

MAS TOLERANCIA
El "pueblo de izquierda", es decir, todos los grupos a través de los cuales se cristalizó la
oposición al presidente saliente, Valéry Giscard d'Estaing, ha visto atendidas gran número de sus
reivindicaciones y ampliadas sus posibilidades de acción y de proposición.
Las feministas, por ejemplo, han podido obtener el reconocimiento jurídico de numerosos
derechos reclamados desde hace años. Las condiciones jurídicas y psicológicas de los obreros
extranjeros, que en Francia suman 4 millones, han mejorado.
Asimismo fueron anuladas las leyes discriminatorias contra los homosexuales, y ahora hasta una
emisora tienen. Cerca de otras 600 "emisoras libres" han surgido por toda Francia, de tal suerte
que desde los anarquistas hasta los fanáticos de la salsa, tienen sus propias estaciones.
Los ecologistas, en cambio, no han obtenido satisfacciones. El gobierno ha proseguido, casi
sinceramente, el programa nuclear del antiguo gobierno. Los nuevos responsables tampoco
mantuvieron su promesa de reducir, a seis meses, el servicio militar y se han mostrado
reticentes, por no decir opuestos, a las disposiciones que figuran en su programa, tendientes a
ampliar los derechos de los comités de trabajadores en las empresas. La razón esencial parece
ser la crisis económica. Los socialistas, sin abandonar lo básico de sus promesas, han
comprobado en este primer año de gobierno, que muchos de sus discursos no coinciden con los
imperativos económicos de la tercera potencia nuclear mundial.
El paquete de medidas votadas por el parlamento, o decretadas por el gobierno es
impresionante. Después de la posesión de Mitterrand, el 21 de mayo, el gobierno decidió
aumentar el salario mínimo en un 10%; los subsidios familiares en un 25% y el subsidio a los
arriendos en un 50%. Fueron revalorizadas, además, las pensiones acordadas a los
minusválidos, a los jubilados y a las mujeres solas con niños, viudas o no.
Aparte de estas medidas destinadas a ayudar a las categorías más desfavorecidas, el gobierno
decretó la semana de trabajo de 39 horas, en vez de 40, sin reducción de salario; la quinta
semana de vacaciones; la jubilación a los 60 años, o después de 37 años y medio de trabajo
efectivo, y la supresión de la "Corte de Seguridad del Estado", organismo represivo creado en
1963 después de la guerra contra Argelia.
El parlamento, por su parte, abolió la pena de muerte -que sólo Francia conservaba en toda
Europa- y votó, entre otras, la ley sobre "descentralización", tendiente a aumentar el poder
administrativo de los departamentos y un vasto programa de nacionalizaciones.

EL DESEMPLEO PROBLEMA No. 1


Estas ampliarán el sector público de tal manera que el 25% de los salarios industriales y el 30%
de las ventas quedarán comprendidos en dicho sector. Hasta el momento no han sido tocadas
por la nacionalización las empresas controladas por el capital extranjero.
Pero la economía francesa sí se ha vigorizado. Su tasa de rendimiento alcanzará 2.5% este año,
contra el 0.5% del año pasado. El aumento del costo de vida, en cambio, se situará
probablemente por encima del 10%, contradiciendo las previsiones del gobierno.
El desempleo, por su, parte, sigue siendo el principal problema nacional. El número de
desocupados ha aumentado en 250.000 en este último año superando los dos millones de
personas.
Francois Mitterrand que, según los últimos sondeos, conserva un gran capital de confianza ha
realizado de nuevo la síntesis: "Yo sé que quedan muchas cosas por hacer -dijo- pero ni el
tiempo ni la voluntad me faltan para cumplir con mis promesas".
En materia internacional, los socialistas han mantenido las grandes opciones definidas por el
general De Gaulle. Los nuevos responsables han mostrado una vocación tercermundista que se
ha puesto de manifiesto en la "Conferencia sobre los 31 países menos avanzados" y la reunión
franco-africana que reunió mas de 20 jefes de Estado de ese continente -organizadas en París en
septiembre y noviembre pasado respectivamente- o en la conferencia cumbre Norte-Sur de
Cancún (México).
Francia ha reafirmado su adhesión al bloque occidental y parece aprobar el análisis del
presidente norteamericano sobre el equilibrio nuclear en favor de la Unión Soviética. Mitterrand
ha emitido, sin embargo, "serias reservas" sobre la legitimidad de la política del señor Reagan en
América Central. "Cuando los pueblos gritan ¡socorro! -dijo el presidente- me gustaría que
Castro no fuera el único en oírlos".

Edición: 1
Fecha: 1982-07-13