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N O S O C O M I O

a l o n s o t a p i a a .
NOSOCOMIO
2004 - 2008
a l o n s o t a p i a a .

NOSOCOMIO
Postlogo de Ricardo Tolosa

Pequod Editores
Diseño y encuadernación
Belén Droguett

Diagramación digital
Rodrigo Zúñiga M.

© Alonso Tapia A., 2010

ISBN: 978-956-332-418-1

IMPRESO EN CHILE
A Domingo Antonio Tapia, por la honestidad, por la trágica premura.
In memoriam.
<< Cette vie est un hôpital où chaque malade est possede du desir de changer
de lit. Celui-ci voudrait souffrir en face du poêle, et celui-la croit quîl guerirat
â côtè de la fenêtre>>

Charles Baudelaire
De la enfermedad como decisión propia

Alguien dice que viaja.


Y entonces lo hace.
Deja, aproximadamente,
Toda una vida, un gran estanco,
Una bacinica que pesa
Como los mil demonios.

“somos gatos salvajes


Quedamente adornados
en el traspatio”,
le dice su amigo
al oído.
Entonces lo hace.

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1ª visita

De blanco impecable.
Abrieron lentamente sus carpetas de colores.
El diagnóstico en los ojos,
Mientras hablaban de exámenes secundarios.

-mi familia espera afuera


que le diga que estoy sano
Que no me voy a caer a pedazos,
No aún, no hoy.-

Señor; dice él,


yo escucho;
“me temo que tendrá que acompañarnos un tiempo indeterminado”

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Día uno

Una mandíbula Desvencijada


Como una ciudad
Cayendo

Dientes si,
Dientes no,
Esa es la vista al frente.
El pasillo que pierdo
Ahora
Es mi mejor espejo.

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Fichas

me hicieron una ficha,


mi número
el
un millón
de huesos
antes que yo.

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“yo mismo me eché a perder en esta ciudad. No me daba cuenta, pero los días
venían uno tras otro y así pasaron dos años, y paso todo, y pasé yo”

Francis Scott Fitzgerald

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Ejercicios I

Cuando la observas. Cuando la observa desde su distancia, la piel no parece la


grieta que es, el filón sin fondo que recorren cuando se encuentran mal.
Él tiene una camisa nueva que merece un halago, ella camina por la calle
adoquinada.
Un aroma a café recorre sus ropas, el último café tranquilos.

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De lo que escaseamos

Ni hablar de las condiciones del


Recinto.
Una precariedad sin fondo,
No hay anestesia,
Sobre todo, sin anestesia.

Faltan machis y médicos,


Pero tantos enfermos hay
Que no faltan los que viven
en el hospital.
Siempre tendremos problemas
Para dormir por ellos,
Se quejan, bufan la extensión de todo un día.

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Mil camillas para dos mil enfermos.
Hubo que compartir la cama.
Así, la principal enfermedad
Se propagó,
Noche a noche, a la velocidad del semen.
Todas las tardes miles tomaban mate,
veían tv, escuchaban radio.
Los otros, los más, follaban para no morir de pena,
A veces, alguien hacía el amor

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Concesiones

Mi estadía aquí
Se ha dado, inicialmente,
Por una estupidez
Y ha continuado
Por una estupidez aún más grave.
Digamos, que me hice El enfermo.
Por su parte, ellos,
Se hicieron los Doctores.

22
“Tu est degaulasse”
Jean Paul Belmondo.

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Bitácora uno

La noche cero
Tiene un tiempo que no se mide
En horas o en días
O en lunas.
De ubicarlo en un mes,
Mejor olvidarse.
Comienza cuando ella desciende del tren
Y dice que aún no llega

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Fantasmas

Sí, también penan acá,


Cuando nos dormimos
Reconocemos a los sonámbulos,
Entonces, les caemos a palos
Para dormir en paz.
Por los siglos de los siglos.
Por que su silencio nos molesta

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Ejercicios II

El escrito parte con el mal augurio, la enfermedad, la cantidad de farmacias


que existen.
Píloro, cariátides, nervio ciático, la fractura del isquiotibial, las sanas crestas
iliacas.
El inconveniente de su pérdida de foco, la mirada en reposo tras el lomo del
libro.
De una vereda a otra, el pavimento y los edificios, su disposición al sosiego.
Una ruta de adoquines en dirección más allá de sus calles.

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Salas de espera

Recorrí millas en pasillos,


En sillas de ruedas,
En muletas,
En bastón
En bata,
En pelotas,
Enamorado,
Pero nunca vi un doctor.
Lo que se dice un doctor, “un doctor”,
Nunca.

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I

Había un par de
Enfermeras
Muy putas.

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Sonda

El suero; dicen,
Nos da vida.
Yo creo; nos gotea.
Me amarraron a un pedestal
con ruedas.
el suero está siempre
sobre mí
Me observa y gotea
Me controla y gotea
Me alimenta y gotea.

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Bitácora dos

La noche cero comienza


Pero no termina.
En ese espacio que es un rizo del tiempo,
Caben:
Los visajes oscuros que nos es dable imaginar a solas,
Las frases gastadas de una despedida,
Los poemas infernales que hacemos.

33
Meditabundo

Digamos que han cometido


Negligencias conmigo,
Por eso ya no existo.
Me cortaron ambas manos,
Me han dejado ciego
Y no camino,
Respiro con dificultad
Y de seguro nunca volveré
A estar erecto del todo.

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Ejercicios III

Que un perro lloré en Europa no se acerca al llanto de un animal en casa.


Seis de la mañana, hoy no hay trabajo o el trabajo no te corresponde. La tarea
es llevar vasos de agua, comida a tu padre.
La escasez de dinero es sólo una anécdota, pero no ríes.
Las pecas de una espalda son como el futuro que te espera, las relaciones que
los cuerpos prefiguran.

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Mata

Perros
en el establecimiento,
vagos,
de tanto andar por los pasillos
sin mendrugos, pergeñando por ahí.
Incubaban, las autoridades decían:
La rabia entre vos.
Difamando así, nos clavaron
La antirrábica en el rabo
Nos inocularon la inopia.

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Anza

Sin espuma
Porque no había mar,
Por que no existían los dentífricos
Y nuestros perros, que si follaban
Y mataban perras con el ansia,
Nunca babearon nada parecido.
Sin espuma en sus hocicos
Fueron muriendo uno a uno
Porque nos hacían bien,
Porque nos visitaban.

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Sin recados

Ayer Los guardias


Me pasaron una llamada,
Era un amigo muerto, me hablaba de temas muertos.

Y sí, por supuesto


Que la voy amar por siempre, le dije,
y le colgué.
Estaba al otro lado del mundo,
Pero ya no importa, por que yo estoy también muerto ahora.

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Ejercicios IV

Es de día, temprano en la mañana, el sol acude a la ventana como quien va


pagando deudas.
Atábamos los cabos sueltos de la jornada, por eso discutíamos, un kilo de pan
o un kilo y medio.
Disponíamos del ánimo para salir adelante, aunque nada nos sacaba del foso
cotidiano. Ni un brazo, justamente no ese brazo magro adelgazado. El sol
entrando era algo bueno.

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De mis compañeros

Bajo ruedas,
Bajo mesas,
Bajo sillas,
El mundo de los gatos se desarrolla
A la velocidad de la pelusa.
Aquí, en la pieza de los terminales,
Bajo los catres de bronce
Duermen los felinos,
En vigilia a veces.
Nos acompañan más que nadie,
Y con sus pulgas.

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Bitácora tres

Aunque nos preocupamos


Siendo cuidadosos,
Esa noche a la
Que no quiero llamar cero,
Nos robaron.
De sus gabardinas a la mía
Tejieron sus manos invisibles
Sus murmullos afilados
Un camino de ausencia
Lo que hubo,
Lo que fue tocado,
Se hizo ausente
Olvido su peso
Y pertinencia.
Ellos eran la niebla
Esa noche.

41
II

Había un par de
Enfermeras
que nos bajaban la fiebre

42
Ante la salud

Me perdí tanto en la maraña


De túneles,
Escaleras y pasillos,
Que fui a dar a muchas salas erróneas.
Tengo a causa de mi extravio:
Treinta diagnósticos,
Veinticinco medicamentos al día,
Quince exámenes pendientes,
Siete operaciones inútiles
Y aún espero que él hablé,
Y me diga,
Y escriba un papel con su nombre.
“estás de alta, estás vivo”
-puedes marcharte-

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Bitácora cuatro

Por otro lado


No hay una contraparte
No hay algo como “el día cero”
Que me sea aciago.
No hay mes cero,
No hay semana cero,
No hay año cero,
Solo una noche que se abrió
Como un grifo olvidado

44
Haikú

Luego del quinto homicidio


Decidimos quemar la televisión
Y olvidarnos del control remoto.

45
III

Había un par de
Enfermeras
Muy atentas

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Antitelepatía

Queríamos que nos visitaran,


Algunos tenían suerte
Y recibían cartas muy cortas.
(hola, que estés bien)
Cada vez más cortas.
(hola, aguanta)
Todavía más cortas
(quihubo)
Entonces dejaban de recibir
Cualquier cosa.
Nunca nos visitaron justo cuando quisimos.

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De augurios

¡Sueño con vikingos de traje!,


¡Sueño con perros salvajes!,
¡Sueño con pistoleros a sueldo
Que vienen por mi!,
Más cuando despierto
Son mis médicos de cabecera
Que vienen por mí.

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Ejercicio V

Dispone de tiempo para pensar, aunque el verbo es otro.


Una mala elección continua crea este texto. Pensar es muy limpio y claro para
ser el verbo.
Guarda silencio para después de las lluvias, cuando todo entre en calma y una
visita al mes sea lo más cercano, lo más correcto para decir adiós.

49
Arte

Por la noche,
Hicimos un coro:
De toses,
De gritos,
De quejidos.
Creo que tan sólo un villancico
Nos salió del todo afinado.

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IV

Una de las enfermeras


está preñada.
Ese hijo,
Si bien, nadie lo ha dicho,
Es de todos los terminales.

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Ejercicios VI

La reflexión lo ha llevado hasta acá. Un punto en que el cuerpo se crispa y


tuerce para dar forma a la espera.
Lo que en tierra, en vida, en pie ha de ocurrirnos.

¿Así se siente, entonces? ¿Es está la mala racha, el derrumbe, el huevo que se
quiebra como el alma?
El sonido seco que a la imaginación es dable.

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Nostalgia

Hablaste de una foto


(Me habías hecho una promesa)
Octogenaria
Antes de partir,
Antes de bajar,
Aún la noche de ausencias
Como una cometa sin hilo,
No caía, no había cifras, números neutros.
Y yo esperaba,
Sentado allá o acá,
Por mi correo, ¡que llegará!
Un extravío que intuía.

Yo mismo había perdido tu boca de grieta.


Una imagen que lleno de olvido mi busca

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Memento Mori

Soñaba con paquidermos


haciendo el amor
de güata
cuando vino mi vástago
a hablar de temas medio muertos
se va, me dice, una temporada
a África a hablar con los naturales,
a cazar rinocerontes
en extinción,
a jugar ajedrez con sus cuernos.

el muy hijo mío será me dice:

es lo que me salió de los cojones,


mi madre murió ayer
y tú me importas un carajo.

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Ejercicios VII

El silencio ha hecho de la distancia el misterio que no es.


Por qué así, por qué no, por qué entonces.
La bóveda es a un rostro lo que a un rostro un hueco para cargar con lo
muerto.
El radio de la ciudad es como una sábana, de cotidiano todos duermen en ella
una vez al día, sin horas, sin noches, luego harán de cuenta que poco o nada
les importa, sin verse.
La ley tácita del orgullo.

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V

La enfermera ha muerto en el parto.


El niño ha sido adoptado
Por los terminales.
-un padre menos cada día-
-un padre nuevo al otro-
(Nada de cartas).

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Bitácora cinco

A pesar de que he buscado


Y estoy cierto de haber visto
Sus rostros
No recuerdo, no recuerdo
Que la ciudad sea
De tal manera desierta
Ni que sus ladrones sean fantasmas
Tampoco recuerdo ese sonido de grifo irreparable

57
Patologías

Hoy dejaré de estar enfermo,


pero tú no vendrás
a buscarme,
¿cierto?.

...

-hoy he desistido, sigo


Enfermo, en cama-

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Continúo en el camastro,
En ocasiones,
Camino por los pasillos
Buscando el regalo
Que me prometiste:
“Una foto de tu abuela”
Para imaginar como serías
Un siglo más tarde.

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Ítaca

¿Como se llama el
Perro de Ulises,
Como se llama
Su mujer?.
Durante veinte años
Seré yo volviendo
Mientras teje un su mente
Una cura para todos los males

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Bitácora seis

Se abre la noche cero a mi


Como una baraja o
Ramillete de enamorados
A través de un ciclo secreto
Cae y no sé gastarla,
Ni como avanza,
Hasta que pierde y cede terreno
Al alba.
Y Es entonces
Que la aguardo todavía un segundo.

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De la decisión propia

“me han dado de alta”


Yo no haré recibo
De tal orden.
Entiéndase que me haré el tonto.
Ya nada me impide
Circular libre, me han quitado el suero.
Robaré comida a los viejos más débiles,
Quitaré el catre a los niños más tímidos,
Copularé con las enfermeras de práctica,
Cagaré en las escaleras subterráneas,
Seré una sombra entre los delantales,
Seré una pelusa entre los gatos,
Me quedaré a vivir aquí.
Ergo, me quedaré aquí.
Buscando la foto de una vieja que no conozco.

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Bitácora VII

Tomé un bus en la estación de la nada


Para escapar del peso que
Atiere
De la saudade cero, el spleen.
Un lugar al que los teléfonos no llegan
Y cuando repican
Es para darle a uno,
Al oído, un estilete
Un sonido hueco
De grifo y de ciudades.

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Ante una camilla sin nombre

“Hypocrite lecteur, - mon semblable, - mon frère!”


Charles Baudelaire.

El revés de amor, el revelador equívoco de la enfermedad, la inservible ilumi-


nación de la poesía: ¿Qué más podríamos esperar de este ensombrecido bufón apostado
en el museo de la memoria?
¡Ay, y como no vamos a enfermarnos, de verdad, un día de estos!, dirá algún
avezado, luego de aducir al absurdo juego de entrar en el universo de la enfermedad.
Y sí, hipocondríaco lector, esta es la prueba, en el mejor de los contrasentidos,
de una melancolía que apacigua, de un viaje que a fuerza de inmovilidad nos remece,
de una enfermedad que nos cura de la hipocresía y sus aspavientos. Sí, a nosotros, que
somnolientos nos desplazamos por los erráticos pasillos del mundo; nuestro bien ama-
do hospital.
La paradoja se abre entonces con la severidad de una bofetada, de una “noche
que se abrió/Como un grifo olvidado”.
¿Historia de amor, historia de enfermedad, diario de una derrota? Infinito de-

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seo de disolución, es lo que se siente trasegando por esta inquietante sinfonía de som-
bras. Aquí el amante, coronado de su pasiva desdicha, allí el enfermo, tan lúcido como
terminal, aquí el padre, magro, crepuscular, bello en la invocación de un único gesto,
allá el hijo, yaciendo a la sombra de todos. De cualquier forma, creemos distinguir siem-
pre un rostro único, quizás el hijo como el lugar de todos, y el pasado como su sólo
espejo posible; el maravilloso lugar del reconocimiento.
El arte es la visión de una visión. Es lo que constata el moribundo, acercándose
más que nunca al umbral en que toda trascendencia se viste de quietismo, en que toda
condena hace reír a carcajadas “Somos gatos salvajes/ Quedamente adornados/ en el
traspatio”. El desacuerdo primero del sujeto con su creador radica aquí, en su concien-
cia extremada de la inmovilidad de su rol al mismo tiempo que del impulso natural que
lo moviliza; de allí su abdicación voluntaria del quehacer del mundo, de allí su destie-
rro inevitable hacia un tránsito todavía anterior desde el cual le sea dable levantar su
hospital, trazar su derrotero de cartas, pasillos, corredores, diagnósticos, decir su con-
dición de enfermo, cargando siempre “Una bacinica que pesa/Como los mil demonios”
a la manera de sus aperos.
La humorada de Dios está aquí, y aquí también el bufón que sabe leer entre las
absurdas líneas del mandato divino, ataviándose de un dolor sutil, que se sabe secun-
dario, carente de importancia, y él lo quiere así, es el objeto primero de su expresión.

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¿Comprendes hipocondríaco lector? Ausencia total de ¡¿Señor, Señor, por qué me has
abandonado en medio de este Nosocomio?! El hablante es demasiado astuto para se-
guir la ruta del llanto latinoamericano. Sus problemas se enraízan en sus certezas y du-
das cotidianas: la carencia de los afectos, la ruptura amorosa, la indiferencia, la escasez
de dinero, la muerte acosando a los que ama, los pequeños derrumbes que le dicen, en
un tono neutro y autoconsciente, “¿Así se siente, entonces? ¿Es esta la mala racha, el
derrumbe, el huevo que se quiebra como el alma? El sonido seco que a la imaginación
es dable”.
La emoción ha descartado de antemano toda posibilidad elegíaca, todo ele-
mento que materialice directamente la estupefacción del poeta hacia el elemento in-
compresible. Lo hermoso radica en la pura constatación, en la inquietante capacidad
para aceptar la derrota o el absurdo como si se tratase de un fenómeno cualquiera “Y sí,
por supuesto/Que la voy a amar por siempre, le dije/y le colgué/Estaba al otro lado del
mundo/Pero ya no importa, porque yo estoy también muerto ahora”.
Lo que vuelve al mismo tiempo extraña y perfecta la experiencia de este bufón
es entonces su singular quietud, la misma que ha de enseñarnos que nada es definitivo,
que “El sol entrando por la ventana era algo bueno”, que nadie es el Dante regresando
del infierno.
Que la paradoja de Baudelaire resguarde a este hermoso Nosocomio del fatal

67
destino colectivo.

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69
Indice
Esta edición de 60 ejemplares se
tertminó de imprimir en ... en el mes
de febrero de 2010