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IDEAL PERSONAL

Patricio Rodríguez S.
Febrero de 2001

I. Introducción

El Ideal Personal está presente en lo más profundo de nuestra vida como schoenstattianos. No
solo influye en nuestra vida personal, sino que además está presente como una tarea que, como
educadores debemos realizar acompañando a los que nos son confiados y, a través de la
pedagogía del ideal, con toda la Familia de Schoenstatt.
Mi interés personal por este trabajo nació de la oportunidad de profundizar más en el tema de la
sicología en el Padre Kentenich y posteriormente se especificó en este punto, pues creo que
recorre como un hilo rojo nuestra vida, en las fibras más profundas que marcan nuestra relación y
nuestro camino hacia Dios.
Vemos en el Padre Kentenich, al realizar su primer trabajo con juventud (1912-1913), interpela a
los jóvenes a ser auténticos, a no sacrificar su identidad original:
“No queremos despojarnos de nuestra naturaleza ni sacrificar nuestra identidad original...No es
bueno medir a todos con una misma vara, ni convertirnos en la mera imitación o copia de un
modelo. Cada cual ha de forjar un modelo original...” 1. Vemos como, desde el principio, el Padre
realza la importancia de la palabra “original”. Este ideal, en la concepción kentenichiana
concentra el núcleo de la personalidad. Responde a los jóvenes que necesitan unidad y armonía
en su mundo interior, especialmente en la edad de la adolescencia, donde nosotros realizamos
nuestro trabajo apostólico generalmente.
Como educadores debemos encontrar el punto con el que vibra la persona, el núcleo de la
personalidad. Es el principio para poder hablar de Dios. Es decir, a la persona le hablamos de
Dios desde lo más básico de su personalidad. En el proceso de toma de consciencia de ese núcleo,
de parte nuestra y del educando, debemos fijarnos con especial delicadeza en cosas como
ocupaciones, pasatiempos, libros, poesías, frases, cosas predilectas en general. De aquí se puede
descubrir lo que brota de las preocupaciones pre y subconscientes. Los anhelos que se descubren
se pueden expresar en una frase o lema que sintetice el proyecto de vida del individuo.

II Génesis del Concepto

El término ideal personal probablemente fue forjado durante la dirección espiritual realizada por
el Padre Kentenich en su trabajo de director en el seminario menor. En 1917 lo usa en una carta al
prefecto de la Congregación Mariana, pero lo usa sin realizar todavía una sistematización del
tema. En eso vemos que para el Padre la vida se impone a la teoría, esta última es determinada
por la primera.
La novedad del ideal personal está en la integración de la religión y la vida. Además, llama la
atención el amplio campo de experimentación que tuvo el Padre en el Movimiento de
Schoenstatt.
El nacimiento del término Ideal personal se da en el contexto de la crisis del siglo XX, donde
cambia la cultura y la sociedad. En la cultura vemos la mayor consciencia que tiene el hombre de
sí mismo. La opinión del Padre al respecto se ve reflejada en lo siguiente:

1
Padre Kentenich, Bajo la Protección de María, Tomo 1

1
“La sique del hombre contemporáneo se caracteriza por una actitud subjetiva, en contraste con el
hombre medieval, que tenía una actitud objetiva. En otras palabras, el hombre moderno se
caracteriza por una mentalidad antropocéntrica, mientras que el hombre de la Edad Media era
teocéntrico”2.
En segundo lugar, el cambio en la sociedad se nos aparece en la desaparición de un ambiente
cristiano. Volvemos a citar al Padre:
“En la actualidad la actitud fundamental ya no es específicamente católica. Es la razón porque
necesitamos una reforma de la actividad pastoral a través de la creación de una atmósfera, de una
mentalidad católica en la Iglesia, en sus comunidades de base, o dondequiera que sea. Involucra
ante todo la preocupación por la formación de actitudes en lugar del mero entrenamiento a través
de actos aislados. ¿Cómo se logra? Depende del educador, quien debería trabajar con el ideal de
su respectiva comunidad, por el cual orientará toda la actividad, en lugar de limitarse a exponer
un tema tras otro. Todos los esfuerzos deben apuntar en la misma dirección, a la creación de una
atmósfera católica.
Ese ideal comunitario no puede determinarse en forma arbitraria. Debe surgir de la corriente de
vida del séquito. Las prédicas concebidas en el escritorio no son, muchas veces, las más
apropiadas, porque no se relacionan con la situación del instante. Si quieren forjar una
mentalidad, deben mantener el contacto permanente con la realidad del séquito. Deben saber lo
que sucede en la parroquia y acentuar eso. He aquí la razón por la que debemos preocuparnos por
el ideal personal”3.
Todo lo visto anteriormente plantea desafíos a la educación y a la pastoral. Eso sí, la problemática
que significa este contexto no se resuelve con actos aislados ni en factores organizativos, sino en
la creación de atmósferas que faciliten la creación de actitudes y mentalidades que contrasten las
tendencias despersonalizantes. Para esto, el éxito depende de la formación de líderes y
comunidades de base. El término Ideal personal, por lo tanto, no es solo individualista, sino que
también apunta a una atmósfera comunitaria renovada. Las comunidades, entonces, poseen
también un ideal comunitario que facilita a los miembros el encuentro con su propia identidad.

II. Definición de Ideal Personal

El Padre Kentenich asume esta definición desde una triple perspectiva, pues constituye una
realidad humana que no puede ser explicada desde un solo aspecto. Lo hace desde el ámbito
filosófica, donde se acentúa el uso de la razón, desde el teológico, donde el rol principal lo juega
la revelación, y finalmente desde el sicológico en el cual nos centraremos. Este apunta a la
observación e interpretación de la vida cotidiana.
1. Definición Filosófica: Es la “idea preexistente que Dios tuvo de cada ser humano desde toda
la eternidad. Idea única que Dios Padre ha tenido de mi, mi comunidad, de cada ser y grupo
humano. Responde la pregunta por el ‘sentido de la vida’. ¿Quién soy? ¿De donde vengo? ¿a
dónde voy?. En todo el transcurso de la historia el hombre intuye que tiene un destino
personal y único. Estas preguntas se contestan desde distintas perspectivas, como la
determinación por parte de la naturaleza, por la herencia genética, por el devenir de la
historia, etc. Para el creyente, el destino es una concreción de una idea que Dios tuvo
conmigo, un pensamiento de amor. La historia es un desarrollo del plan de amor de Dios,
donde cada hombre tiene un papel original e insustituible que, en nuestra libertad, aceptamos
2
Padre Kentenich, Oktoberwoche 1949 (Semana de Octubre)
3
Padre Kentenich, Principios Generales del Movimiento de Schoenstatt.

2
o rechazamos. A pesar de la muerte y las dificultades, tenemos la intuición de que la vida
tiene sentido.
2. Definición Teológica: Dios nos ha pensado en Cristo como miembros de su Cuerpo Místico.
El Ideal Personal, desde este punto de vista, es la identificación original y creativa del hombre
con algún rasgo de Cristo que de manera consciente o inconsciente, refleja lo que él es
(autoconcepto) o lo que quiere ser (proyecto de vida)4.
3. Definición Sicológica: Para adentrarnos en esta definición del Ideal Personal, debemos tomar
en cuenta el siguiente presupuesto del Padre Kentenich:
“Si Dios nos ha pensado a cada uno desde toda la eternidad, es lógico también que nos hubiese
dotado con las disposiciones que permitan la realización de esa idea. Se trata, desde luego, de
rasgos sicológicos, particularmente de las energías que nos impelen al despliegue de nuestra
personalidad y el modo peculiar y habitual como respondemos a los estímulos. De ahí que la
definición sicológica de Ideal Personal esté expresada en términos de impulsos y actitudes
fundamentales característicos de la persona, ya sea por disposición genética, ya sea por la
influencia del medio.”5
Tomando en cuenta lo anterior, veamos ahora la definición sicológica de Ideal Personal que hace
el Padre:
“Es el impulso y actitud fundamentales queridos por Dios, del alma en gracia, que conservados
fielmente, maduran orgánicamente, bajo la inspiración de la gracia, hasta desembocar en la plena
libertad de los hijos de Dios.”
Pasaremos ahora a explicar en forma más detallada cada uno de los puntos de esta definición.
Actitud Fundamental
Es la manera pre y subconsciente por la cual percibimos, sentimos y reaccionamos ante el
entorno. Es fundamental por tres razones: se manifiesta desde los primeros años de la vida y nos
acompaña a lo largo de toda ella, se define como el conjunto de rasgos sicológicos más o menos
estables, relacionados con manifestaciones somáticas, por lo tanto los cambios en la vida
manifiestan un crecimiento o deterioro de la actitud fundamental o del impulso fundamental.
Nadie escapa a su disposición fundamental, solo se educa o se es víctima de ella. El Padre
Kentenich comienza a trabajar con ambos conceptos apenas iniciado en su trabajo como director
espiritual y comprende todo el potencial motivacional y pedagógico que hay detrás de ellos. Esto
lo lleva a afirmar que “el hombre suele realizar más bien lo que anhela el corazón, se orienta más
bien por lo que vive y surge desde la vida síquica subconsciente.” Tomando algunas distinciones
de la sicología de su época, especialmente de E.Spranger, las traduce en su propio lenguaje:
“Spranger distingue dos tipos de hombre: el estético y el ético. Yo prefiero otra terminología: el
hombre reflexivo (ético) y el hombre afectivo (estético). El afectivo se caracteriza por una
marcada forma de vida que empuja con fuerza al despliegue y desarrollo de su personalidad.
Tales personas no saben que hacer con los propósitos.
Actualmente hay más personas de este tipo de lo que se cree. El que tiene disposición afectiva, no
debe reflexionar tanto, de lo contrario se vuelve demasiado escrupuloso, arrojando, a la postre,
todo esfuerzo por la borda. Para tales personas, el ideal sería vivir inmersas en un clima
adecuado, donde su propia forma de vida pueda madurar. En ese caso, bastaría exponerse a esa
atmósfera. Después de mucho tiempo, he llegado a la convicción de que, dado que somos tan
nerviosos, todos tendemos a esta actitud afectiva.

4
Cf. Rom8,22; Ef4,7ss;Col1,13ss)
5
Padre Kentenich, Principios Generales..., p.116 y 119

3
¿Qué hay respecto a las naturalezas éticas o reflexivas? Ellas también experimentan una forma de
vida muy marcada, que puja con fuerza elemental a la expresión. Sienten la necesidad de
comprender su propio modo de ser en forma reflexiva y analizar cada manifestación síquica antes
de lanzarse en forma consciente al logro de su meta. Estos dos tipos humanos jamas se
encuentran en forma químicamente pura. Siempre se dan mezclados.”6
Impulso Fundamental
Para el Padre Kentenich, los impulsos son una tendencia, más o menos consciente, que nos incita
a actuar. La relaciona con dos escuelas de la sicodinámica:
“¿Cuántos impulsos o pasiones hay? Solemos citar dos: el ansia de dar y recibir amor, y el ansia
de valer o conquista. La práctica confirma el valor de esta doble clasificación. La hemos
adoptado porque está avalada por la ciencia. Sobre esta doble clasificación, se construyeron dos
sistemas de la sicología contemporánea: la sicología individual (de Adler) se basa en el ansia de
valer; el sicoanálisis, en el ansia de dar y recibir amor.
Los sicólogos profesionales se quiebran la cabeza preguntándose si el Ideal Personal es
alcanzable o no. He aquí la respuesta. Hasta cierto punto lo es, porque el impulso fundamental ya
es el ideal (en gestación). Por otra parte, el ideal siempre tiene algo de inalcanzable a lo largo de
toda la vida, hasta la eternidad.
Si la actitud fundamental es un hábito, estado o atmósfera anímica, el impulso es la inclinación
dinámica hacia esa actitud. Es el anhelo actualizado del yo, para emprender la marcha en una
dirección determinada. La definición de Ideal Personal no solo abarca la actitud fundamental,
sino también el impulso fundamental, que ya es Ideal Personal (en gestación). Por otra parte, el
ideal siempre tiene algo de inalcanzable a lo largo de toda la vida hasta la eternidad.”7
Estos rasgos son fundamentales porque caracterizan a la persona desde pequeña y también porque
la persona tiene que aprender a comprenderlos y utilizarlos para llegar a la madurez de la libertad
auténtica.
Impulso y Actitud queridos por Dios y el Alma en Gracia
El Padre Kentenich reconoce el peligro de ser catalogados de sicologistas al remarcar la
importancia de este tema, pero destaca la realidad sobrenatural que hay detrás de todo esto. No
cualquier impulso es expresión del Ideal Personal, sino solo un impulso querido por Dios,
refiriéndose a la dirección que pueden tomar nuestros impulsos. Es el mismo Dios el que suscita
las aspiraciones en la persona. Con esto no significa que no haya que reconocer los impulsos ni
ser sincero sobre ellos, esto él lo tiene claro por su labor de director espiritual y confesor, sino
que supone que los excesos de los impulsos no forman parte de una auténtica identidad personal.
Los impulsos, para el Padre Kentenich, son éticamente neutros, ni buenos ni malos. Son un hecho
humano, sano y necesario, pero no hay ningún sicólogo que diga que los excesos pertenecen a la
realización óptima de la propia identidad.
Identidad, Gracia y Dios
Para el Padre Kentenich, la incorporación del elemento religioso en la dimensión sicológica es
una característica esencial. Para él, el sicólogo debe guardar el máximo respeto ante las creencias
y convicciones del cliente. Esta posición es avalada por otros sicólogos como Karl Stern:
“Durante la sicoterapia, es tentador adoptar una posición religiosa. Sin embargo, es el instante
preciso en que el terapeuta debe resistir la tentación de convertirse en predicados. La experiencia
clínica demuestra que es mucho más efectivo que el mismo cliente se proponga la explicación,
que la intervención directa del sicoterapeuta. Existe el peligro de que el paciente explote el plano

6
Padre Kentenich, Principios Generales..., p.119-121
7
Padre Kentenich, Principios Generales..., p.116-117

4
religioso con el fin de escapar de su conflicto en el plano natural. A veces, se vale de la discusión
filosófica como instrumento de resistencia para camuflar otros aspectos.
En el proceso sicoanalítico, lo que trasciende la palabra hablada es tan importante como lo que se
dice. La actitud ética global del médico, aunque jamás se explicite, constituye la roca sobre la
cual se construye la relación terapéutica. He aquí la razón por la cual los procedimientos
sicoterapéuticos, no importa de la corriente que sean, son una cosa, cuando se conducen en una
atmósfera hedonista de ‘laissez faire’ y otra muy distinta cuando se conducen en la atmósfera del
evangelio, aunque ninguna de las dos posiciones metafísicas forman parte de la agenda.
En este punto surge el problema del enjuiciamiento moral. Es una tradición antigua y universal
que el médico no ha de juzgar al paciente desde el punto de vista ético, cualquiera que fuese su
convicción filosófica personal. Para el siquiatra, el principio es básicamente el mismo. El
siquiatra trabaja permanentemente en esa penumbra peculiar, en que es imposible distinguir entre
libertad y necesidad. Tarea suya es ampliar el espacio de libertad. Jamás ha de proyectar una
sombra de duda sobre la persona del enfermo. Los pacientes neuróticos son extremadamente
sensibles para percibir cuando se asoma una sombrea de condenación en la profundidad de la
mente del siquiatra, aunque nunca lo exprese. En ninguna parte, es más revelador el poder
salvador de la caridad”8
Asimismo, para el Padre Kentenich, la libertad de la persona, obrar a partir de convicciones
propias de acuerdo a la consciencia personal, pero de una consciencia bien formada, es la esencia
del hombre. Plantea, al igual que Stern, la necesidad de una atmósfera ética global en la
orientación del interlocutor, pues está en juego la realización de una imagen de hombre y
sociedad. La sicología considera como requisito científico necesario para la investigación y para
la terapia la “neutralidad religiosa”. Esta neutralidad es de por si una posición metafísica, por lo
tanto es todo menos neutral. Todo educador o sicólogo tiene una cosmovisión, aunque no sea
implícita, la cual debe cuidar de no proyectar en el otro. La proyección en el otro puede lograr
que el cliente o el educando, según sea el caso, tome sus decisiones por complacer al terapeuta o
educador, o por algún grado de coacción.
La tarea del educador y del sicólogo es conducir al educando a un sentido de objetividad con
respecto a si mismo y al entorno. Pero los distintos sicólogos tienen distintas visiones sobre la
realidad, tomando el fenómeno de la religiosidad desde variados puntos de vista: proyección de la
imagen paternal-maternal, es decir, una estructura de coacción al individuo, o vínculo con la
realidad del mundo sobrenatural.
Aceptando esta realidad última, especialmente la realidad de un Dios-Amor, es impensable que
este no entregue todo su apoyo al hombre. Ese Dios se hizo hombre en Jesucristo y murió en la
cruz para reparar la contradicción que existe dentro de nosotros: “hacemos lo que no queremos y
dejamos de hacer lo que queremos”. Pero Cristo no solo vino a reparar esta separación, sino que a
ofrecernos mediante esa unión la vida divina por medio de la gracia, que es la infusión de la vida
diaria en la vida síquica del hombre, y en todo su ser, que es elevada a un plano superior. Así el
mundo religioso tiene una profunda unión con lo sicológico, no solo al nivel de la fe, consciente,
sino que también a nivel pre y subconsciente.
Pero hoy día reina un clima de escepticismo y de experiencias religiosas negativas en muchas
personas, por lo que es útil recordar la relación que nosotros vemos entre Dios y el hombre. Para
esto citamos al Padre Kentenich:
“Es un hecho indiscutible que el hombre no tiene derecho a renunciar a la gracia. No puede
afirmar, como los socialistas, que ‘el cielo se lo dejamos a los ángeles y a los gorriones’. En el

8
Stern, Karl, The third Revolution

5
mejor de los casos, nos contentamos con una felicidad natural eterna. Por el contrario,
sostenemos firmemente que si el hombre pierde su fin sobrenatural, también pierde su fin natural.
Porque la gracia también es una realidad. El que no está en gracia, no es hombre en el sentido
pleno de la palabra. Si la naturaleza humana no está inmersa en la gracia, la persona enfermará
más aún. ¿Acaso no está aquí la explicación de las múltiples patologías síquicas que aquejan al
hombre moderno? Se ha liberado de la religión para convertirse en anfibio en el campo religioso.
Según la intención de Dios, el hombre redimido pertenece al orden de la naturaleza y al orden de
la gracia. Para el individuo, la relación entre ambos órdenes es originaria, obligatoria, eficaz y
unitiva.”
El Padre Kentenich también explica los efectos plasmadores de la fuerza de la gracia en el
consciente y subconsciente, donde no expresa ningún sobrenaturalismo, sino, por el contrario, un
acentuado realismo:
“Estoy convencido de que muchos tienden a un concepto errado de la redención. Hablan de la
gracia cuando, en realidad, se refieren a la actividad propia. Podríamos invocar las fuerzas
inherentes a la naturaleza humana para realizar nuestra redención. Sin embargo, Cristo padeció
para que recurramos a Él. Si Dios permite los sufrimientos, es porque quiere enseñarnos el
concepto auténtico de redención. Cuando Dios permite que caigamos muy hondo, lo hace para
tenernos totalmente para Él, y porque no existe otro medio para desasirnos de nuestro yo. Por
otro lado, también es cierto que con la ayuda de la gracia alcanzamos cierto grado de autonomía
personal, lo que también pertenece a la aspiración a la santidad. La condición para llegar a esa
meta es la conquista de la liberación de nuestro propio yo.”9
Es importante notar que el Padre Kentenich cuando toca el tema sicológico lo hace inserto en el
contexto en el cual se mueve, en este caso el alemán. Veamos lo certero de su comentario al
respecto, hablando según las personas a las que se dirige:
“Dada nuestra manera de ser, nosotros los alemanes debemos acentuar el extremo opuesto, la fe
fiducial de los protestantes. No me entiendan mal porque me he expresado en forma un tanto
extrema. Ciertamente, desde el punto de vista teológico, la fe fiducial es errónea. Sin embargo, el
que nuestros esfuerzos apunten en esa dirección, no significa que abracemos la fe fiducial”.
El alemán tiende a confiar más en el esfuerzo propio, por lo que la invitación a orientarse por el
espíritu del protestantismo, donde solo la gracia redime, no el hombre, es una acentuación
pedagógica, no significa que acepte la doctrina luterana.
Es otro el caso de los latinos, donde se acentúa más el sentimiento que las obras. Para ver la
acentuación pedagógica del Padre Kentenich, tomemos el caso de los chilenos en que dijo que
debemos vivir con el corazón en el cielo y los pies en la tierra. Aquí vemos dos acentuaciones: el
abandono a la gracia o el esfuerzo por responder a ella. Es necesario, por lo tanto, ver en que
sentido centraremos nuestros esfuerzos como educadores.
Impulso y Actitud Conservados Fiel y Orgánicamente
Escuchemos la explicación del mismo padre:
“La definición sicológica del Ideal Personal estipula que el impulso fundamental debe ser
conservado fielmente, de lo contrario no se convierte en actitud fundamental. No es lo mismo
conservar algo fielmente que conservarlo conscientemente. Es bien distinto hablar de intención
consciente de perseverar en el ideal como tarea que del impulso subconsciente de perseverar en el
ideal por función subconsciente del impulso sublimado. Ambas modalidades se condicionan.”

9
Padre Kentenich, Principios Generales..., p.118

6
Vemos que actuamos en función de lo que somos. El que es, por ejemplo, simpatizante de un
equipo de fútbol, no se propondrá actuar como tal, de manera que se note, sino que será algo
realizado en forma irreflexiva. Esto mismo se aplica al Ideal Personal.
Esta conservación fiel depende, para el Padre Kentenich, de los distintos tipos de hombres, como
todo en el tema del ideal:
“Las personas predominantemente afectivas deben conservar fielmente ese impulso fundamental
porque, en ellas, opera siempre como función. Por esto, no digo que el impulso fundamental deba
conservarse conscientemente, sino fielmente.
Después de habernos dedicado largo tiempo a nuestra autoeducación, todos nos convertimos, en
cierto modo, en naturalezas afectivas. En este caso, el Ideal Personal opera como función,
vivimos sumergidos en el Ideal Personal, realizando nuestras actividades en función del ideal.
Más aún, nosotros mismos seríamos la constante reiteración del Ideal Personal. Con esto no digo
que no debemos renovar reflexivamente el ideal. Sería extremar las cosas.”
La persona reflexiva, por otro lado, tiende a proceder conscientemente y a través de propósitos.
Este alcance nos ayuda en nuestro trabajo apostólico con grupos, pero también con la dirección
espiritual personal. Vemos, en forma repetida, que el Padre da a cada persona lo que necesita, que
es también como actúa Dios. Parte primero del vínculo personal desarrollado anteriormente.10
Pero esta conservación fiel de la actitud y el impulso no son un paso automático en nuestras
vidas. Como todo en schoenstatt, nos necesitamos unos a otros, necesitamos de esa red de
vínculos. Debemos rodearnos de personas y atmósferas que nos ayuden en esta tarea.
La conservación orgánica hace mención a la incorporación gradual, armónica y equilibrada de
todos los vínculos queridos por Dios.
Hasta alcanzar la Libertad de los Hijos de Dios
¿Qué significa para el Padre Kentenich la libertad de los hijos de Dios?
“El don de la libertad con la doble dimensión de decidir y ejecutar lo decidido, es digno de reyes.
Involucra el valor y la dignidad de ser dueño de las propias decisiones. Significa asumir la
responsabilidad por los actos, dominar las circunstancias, crecer por medio de ellas, en lugar de
andar a la deriva.”
En pocas palabras, es el prototipo de ideal de todo hombre y comunidad.

III. Buscando el Ideal Personal


Tradicionalmente ocupamos tres vías para la búsqueda del Ideal Personal: las “voces del tiempo”,
las “voces del alma” y las “voces del ser”.
a. Voces del Ser: Significa confrontar los anhelos y la inteligencia con “lo que es”, con la
estructura de la realidad. Esta constituye una objetivación de la persona.
b. Voces del Tiempo: Escuchamos y comprendemos a Dios mediante las voces del tiempo para
afirmar nuestra misión.
c. Voces del Alma: Se refiere a nuestro mundo de anhelos de verdad, generosidad y superación
sentidos y percibidos.
El Padre Kentenich nos propone algunos medios para descubrir el núcleo de nuestra persona:
“Pregúntese por su ocupación predilecta, porque refleja el elemento subconsciente de la
personalidad. ¿Tienen algún lema que repentinamente surge en la mente, una palabra que
inflama? Miles pueden haberla escuchado, pero sólo enciende a aquel que perciba en ella una
respuesta a su actitud fundamental. Pregúntese por su oración predilecta. Si brota de las
profundidades del alma, compromete a la persona entera. Si ya no tentemos una oración

10
Cf. Charla P.Mario Romero

7
predilecta, nos hemos convertido en un hombre masa religioso. ¿Tienen alguna devoción
predilecta, aunque parezca totalmente periférica, sobre todo, a los ojos del crítico
11
contemporáneo?”

IV. Evaluación Sicológica del Ideal Personal

Vemos que en el mundo del Ideal Personal, y de los ideales en general, entra en juego el tema de
la voluntad. El Padre Kentenich, en su labor pedagógica fue testigo de un sistema pedagógico que
entrena la voluntad. El rol del educador, era inculcar principios, morales e intelectuales, que el
educando debía conocer. El mero hecho de conocer estos principios, unidos al cumplimiento de
propósitos, suponía la captación de los principios que se traducen en hábitos virtuosos. Todo el
mundo de lo subjetivo debía ser superado por la voluntad, como un obstáculo. Es cierto que la
voluntad influye en el camino hacia la virtud, hacia la santidad, pero...¿cómo concibe la voluntad
el Padre Kentenich?
“...La capacidad para decidir y realizar lo decidido, el ser dueño de las propias decisiones, el
asumir la responsabilidad por los actos, el dominar las circunstancias, el crecer por medio de ellas
y no andar a la deriva y, finalmente, el derecho y deber de la decisión y responsabilidad
personales.
...La sicología contemporánea enseña que la disposición y la capacidad de la voluntad radican en
último término en un tono anímico determinado. El énfasis está en los términos ‘tono’ y
‘anímico’.12
La voluntad no es un simple medio, por lo tanto, para llegar a un hábito, a una conducta. Para el
Padre Kentenich está unida a la aprehensión de un mundo valórico que se basa en lo objetivo,
pero que busca centrarse en una perspectiva subjetiva de intereses, en valores que forjen mi
personalidad, según lo que yo soy, creo y siento:
“...Willmann concibe la educación como un movimiento de valores. Todo depende de que, a
partir del gran movimiento objetivo de valores, sepamos identificar los motivos y valores que
respondan a la personalísima perspectiva de intereses naturales y sobrenaturales de cada
educando.
La sicología contemporánea de la voluntad destaca que las ideas no son efectivas en cuanto ideas,
sino en la medida en que se convierten en valores. El pedagogo analiza la receptividad valórica
del educando para que un complejo objetivo de valores se transforme en un complejo subjetivo.
Cada persona tiene una receptividad valórica específica que se convierte en realidad valórica
cuando el valor externo se presenta al alma. En lo esencial, damos el sí a las teorías
contemporáneas sobre los valores.”13

V. Críticas Académicas al Ideal Personal y respuestas del Padre Kentenich

Los temas sobre los cuales se desenvuelven las críticas son principalmente dos: el peligro que la
persona se forme una imagen romántica de sí misma, en forma ajena a la realidad, es decir,
alienación y segundo, que la búsqueda del Ideal Personal centre a la persona demasiado en sí
misma.
11
Padre Kentenich, Pedagogía para Educadores Católicos, p. 168-169
12
Padre Kentenich, Ethos und Ideal, p. 207-208 y Educación Schoenstattiana de la Juventud, p. 165-166, traducido
por W. P. Siegel
13
Padre Kentenich, Pedagogía para Educadores Católicos, citando a Willmann, Otto: Didaktik als Bildungslehere,
p.135ss y 145

8
a. Alienación
P. Lindworsky: “ensoñamiento alienante”
“... Existen dos tipos de hombres, hombres centrados en el desarrollo de la propia personalidad y
hombres centrados en la tarea. Los primeros aspiran al perfeccionamiento máximo de sí mismos.
Los segundos no quieren morir sin haber realizado una gran obra. No está en juego cual de estas
metas sea más valiosa. La más difícil y más expuesta al autoengaño, es la del perfeccionamiento
personal. ¿Acaso no se esconde detrás de esta aspiración una buena dosis de hedonismo? Por el
contrario, la obra bien realizada forja también la personalidad. Por lo tanto, parece aconsejable
orientar al educando ante todo hacia la obra por realizar. Se trata de descubrir el ideal vocacional
que Dios le tiene destinado.”14
El Padre Kentenich responde que el Ideal Personal se caracteriza por vincular estrechamente la
formación personal y la formación para la tarea. Señala el peligro de que las obras no sean
expresión del núcleo de la personalidad. Así, no se realizaría en forma original a partir de los
dones que hemos recibido de Dios. Esto puede conducir al activismo, tan presente en la
actualidad.
b. Egocentrismo
H. E. Hengstenberg:
“El egocentrismo es un movimiento circular peculiar del yo alrededor de sí mismo. Lo que el
individuo haga y piense solo tiene valor en la medida que corresponda a la idea que se haya
formado de sí. La orientación ‘eticista’ puede convertirse en un acalambramiento egocéntrico. Se
aspira al bien solamente por ambición ética, con el fin de enaltecerse a sí mismo. Surgen el
fariseismo y la autojustificación.”15
El Padre Kentenich responde tajantemente:
“La pedagogía del ideal siempre se mueve en el marco de un organismo universal natural-
sobrenatural de vinculaciones querido por Dios e incluye la dimensión de altura (hacia Dios), de
profundidad (hacia el subconsciente) y horizontal (hacia el mundo y los demás). No se limita a la
vinculación a ideas, sino que incluye el lazo con personas y lugares. Por lo tanto, rompe el
predominio de la mera idea y protege del peligro de la construcción arbitraria de ideas, de
compulsiones, de ideas fijas y de un exceso de autoanálisis. La pedagogía de las vinculaciones
recibe un énfasis y refuerzo adicional por la pedagogía de la alianza, que implica el diálogo
permanente con Dios como el gran tú personal.
Hengstemberg intuye en nuestra pedagogía del ideal exactamente aquello que creíamos haber
superado, un remanente subrepticio de idealismo filosófico, el cual cree su deber combatir.
Percibe en el ideal una construcción antinatural de ideas generadas arbitrariamente que violenta a
la naturaleza humana, porque la sustrae a la influencia soberana de Dios.”16
c. Individualismo:
Aquí veremos las respuestas del Padre Kentenich, donde él explica las críticas recibidas y
posteriormente las contesta, rechazándolas rotundamente.
“ En la década de los treinta, Przywara nos consideraba como representantes del personalismo.
Urs Von Balthasar sostuvo otro tanto en una conferencia en la universidad de Friburgo. Por muy
honroso que sea el título de personalismo en contraposición con impersonalismo, lo rechazamos
cuando excluye la dimensión solidaria de la persona, o cuando solo se le concede un derecho

14
Linworsky, J, Psychologie der Aszese, traducido por W. P. Siegel
15
Hengstenberg, H. E., Christliche Ascese, p. 308-309
16
Padre Kentenich, Amerikabericht, 1948, p.192

9
limitado a la existencia. Para el que entienda correctamente la relación entre pedagogía del ideal,
pedagogía de las vinculaciones y pedagogía de la alianza, nuestra posición no admite duda.
¡Que poco entienden nuestro concepto de Ideal Personal! Siempre lo sacan violentamente de
contexto. Queremos superar el colectivismo por medio de la fuerte acentuación de la
personalidad. Sin embargo, el Ideal Personal, en contraste con cualquier matiz del personalismo
exagerado, abarca simultáneamente la dimensión personal y la dimensión solidaria.”17

VI. Experiencia Personal en la Búsqueda y Conquista del Ideal Personal

La experiencia con la que cuento para desarrollar este punto, se refiere principalmente al trabajo
realizado en la búsqueda del Ideal Personal en el Noviciado. El factor positivo que tiene este
objeto de trabajo es que fue realizado en forma sistemática, por lo que es fácil seguir los pasos
que se fueron dando, y, en segundo lugar, es que es el sistema que estamos usando en nuestra
comunidad en la actualidad (fue realizado el año 1998) y nos permite hacernos una idea de los
acentos que como comunidad estamos tomando en la formación de nuestras vocaciones. El factor
negativo radica en que esta filtrado a través de mi experiencia personal, por lo que está cargado
de mi apreciación subjetiva al respecto.

a. Presentación Cronológica del Proceso de Búsqueda de Ideal Personal en el Noviciado:


1. El proceso de búsqueda del Ideal Personal en el noviciado, de hecho, creo que empezó con el
trabajo en torno al tema de la autoeducación que hicimos antes. Este trabajo estaba
enmarcado en torno al tema del acta de prefundación y el trabajo que hace el Padre como
director espiritual de los jóvenes en una experiencia nueva para ellos. Lo definimos como:
“desarrollo integral e integrador de las facultades naturales y sobrenaturales de la persona
que, con la ayuda de la gracia y a través de la propia actividad, forjarán el hombre nuevo
schoenstattiano.
2. Posteriormente realizamos un tiempo de autoconocimiento, con un trabajo de nuestra historia
personal a fondo, con sus puntos altos y bajos, con nuestras heridas e hitos más importantes
que nos hablan del paso de Dios por nuestra historia. Todo este proceso anterior fue
acompañado especialmente de dirección espiritual pues abría muchas heridas que teníamos
abiertas y nos disponía marcadamente a un estado más sensible. Acto seguido nos adentramos
en el mundo de las caracterizaciones sicológicas, herramientas que otorgan un instrumento
para asomarse al mundo del núcleo de la personalidad. En este contexto vimos: los 4
temperamentos de Hipócrates, sanguíneo, colérico, flemático y melancólico, seguidos de sus
respectivas formas de educación; los ocho temperamentos de Le Senne, con los factores
energéticos emotividad y actividad, y los modales que se dividen en resonancia y campo
consciencial y terminamos con la caracteriología de Jung, que tiene su punto de partida en la
relación entre el yo (consciente y subconsciente) con el ambiente, marcando dos dimensiones
principales, la del extrovertido y la del introvertido. Este trabajo, que marca mucho una
definición personal en un trabajo que muchos realizábamos por primera vez en forma
exhaustiva, se realizó con la opinión de todos los hermanos sobre quien pertenecía a que
grupo. Así, creo que en esta etapa de la formación y sus especiales características, la visión
del entorno puede determinar mucho las intuiciones personales. Finalmente, esto terminó en
una síntesis personal que nos daba una idea general de lo trabajado.

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Padre Kentenich, Amerikabericht, 1948, p.198 y 205 y Krönung Mariens (La Coronación de María), 1977, p.101ss.

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3. Pasamos a un proceso de autoaceptación, centrado principalmente en las posiciones frente a
la vida, mostrando las maneras típicas de enfrentarla y las formas de tender hacia la mejor
posición: “yo estoy bien, tú estás bien”. Este proceso se definió así: “autoaceptación y
autoconocimiento de la propia persona que nos facilita una posición frente a la vida que me
ayuda a reconciliarme conmigo mismo y con mi historia y que me ayuda con mi proceso de
autoeducación y santidad.
4. Este tiempo fue acompañado por la presentación de vida y obra de distintos santos, donde se
remarcaba el proceso personal de la persona y el testimonio de crecimiento personal hacia la
santidad, como motivación para nuestras propias vidas.
5. Comenzamos “oficialmente” con la búsqueda del Ideal Personal como el principal camino de
conquista de sí mismo, tema que seguía al de autoconocimiento. En forma introductoria se
nos presentaron las falsas concepciones que hay en torno al Ideal Personal, que coinciden con
las presentadas en el trabajo y contestadas por el Padre Kentenich. Asimismo, se nos
presentaron imágenes que nos acercaban a la realidad del Ideal Personal como semilla, nervio
central, nombre, etc. La introducción terminó con las definiciones del padre, que están
expresadas más arriba en este trabajo.
6. Al enfrentarnos a los métodos de búsqueda nos encontramos con dos posibilidades: el método
objetivo y el método subjetivo. En el ámbito de lo subjetivo, la temática giraba en torno al
hecho de que el campo de observación en la búsqueda del Ideal Personal somos nosotros
mismos. Pone de manifiesto la importancia que tiene la intuición en este proceso,
definiéndola como una “visión directa de la verdad de las cosas”. Para ayudar concretamente
al proceso de elaboración del Ideal Personal se plantearon 5 preguntas que nos confrontaron a
temas como las líneas fuerza que surgen en nosotros, los anhelos de nuestro corazón, las
voces de Dios en nuestra historia con respecto a nuestro Ideal Personal, etc. En torno al
método objetivo, nos centramos en el ideal del varón, que fue tratado en forma extensa y
minuciosa desde un punto de vista natural y sobrenatural, el ideal del sacerdote, desde el
punto de vista schoenstattiano y de la Iglesia en general y el ideal de la Comunidad de Sión,
con un acercamiento desde el punto de vista histórico y de su mística. Sin duda, de estas dos
aproximaciones la que ocupó un lugar más destacado, por lo menos en extensión, fue la
objetiva.
7. Como último paso se propuso una síntesis de todo el trabajo realizado para llegar a una
formulación. En esta búsqueda se procuraba evitar el perfeccionismo y usar, más que nada, la
intuición y dejar lo analítico-racional para más adelante. Toda la búsqueda se sintetizaba en
tres preguntas: ¿Cuál es el rasgo que más me define en mi relación con Dios? (Ideal de Ser),
¿Qué es lo que más me gustaría realizar? (Ideal de Misión) y ¿Cómo voy a lograr esa misión?
(Actitud Fundamental)
8. El epílogo de este trabajo es la conquista de nuestro Ideal Personal. Para esto formulamos la
pregunta: ¿cómo realizamos nuestro Ideal Personal? Lo que se ofreció en este sentido fueron
los medios “schoenstattianos”: el Examen Particular, el Horario Espiritual y el Cuaderno
Personal.
Creo que la búsqueda del Ideal Personal en el noviciado mostró modelos de personas e ideas
perfectas en el momento en que estamos propensos a un estado de ánimo más sensible. En una
situación como la del noviciado en que estamos especialmente receptivos al tema religioso y que
la figura del maestro de novicios se alza como autoridad absoluta, la cantidad de ideales
presentados que son todos “santos y loables” me marcó mucho en la formulación de mi Ideal
Personal. Quizás sería bueno acentuar también otros puntos que desarrollen lo más propio de la

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relación personal con Dios, que es lo que se está buscando, como la oración en este período y la
importancia de la dirección espiritual.
Lo anterior me afecta hoy, esto es de mi experiencia personal y subjetiva, en la efectividad o en lo
operativo que mi Ideal Personal es hoy en día. La objetividad del proceso y la confrontación a los
ideales me hicieron formular un ideal que está muy marcado por el momento presente que viví,
que no cuenta con muchos de los desafíos que tengo ahora. no siento que el Ideal Personal me de
muchas herramientas para el día a día, para tensiones que la vida si o si nos presenta. Al notar
esta dificultad me costó mucho tomar la decisión de irlo adaptando un poco. El proceso de
búsqueda fue tan sólido, con ideas tan hiladas entre sí, que para llegar a una nueva formulación,
más cercana a mi vida, me encontré frente al problema de que contara con todos los elementos
que el Ideal Personal “debe tener”.

VII. Conclusión:

A lo largo de este trabajo, especialmente en sus citas, hemos visto que el Padre Kentenich resalta
principalmente las actitudes fundamentales y los impulsos fundamentales de cada persona. En
este “arte” del descubrimiento del núcleo de la personalidad, se sumerge en lo más propio y
estructural de la persona donde se encuentra el “Ideal Personal en germen”. Pero esta búsqueda
del núcleo personal, para el Padre Kentenich, coincide bastante con la búsqueda y encuentro con
Dios. Nos muestra la figura de un Dios que habita en nosotros, del Dios de nuestra vida.
Creo que en nuestro acompañamiento en la búsqueda del Ideal Personal es peligroso el presentar
ideales o modelos objetivos de santidad o “perfección” al mismo tiempo de la búsqueda en que la
persona está repasando su historia, heridas, estructura, en fin, lo más propio e íntimo. A mi
parecer se asoman dos peligros: en el caso de una persona afectiva, de tendencia más
melancólica, puede crear un “deber ser” inmenso, un ideal a alcanzar para ser bueno, para agradar
a Dios. Aquí se alza la figura del acompañante, autoridad moral que al proponer los modelos
dispone a la persona hacia ellos sin hacer el necesario proceso consciente personal. En una
persona más reflexiva, existe el peligro de presentar metas, ideales objetivamente buenos, que se
alzan como desafíos a alcanzar. El riesgo de caer en un voluntarismo es inminente.

En nuestro ejemplo preclaro, el Padre Kentenich, vemos que trabaja con la gente que tiene. A los
alemanes los trata como alemanes, los latinos como latinos, seminaristas menores como tales, etc.
En la línea de lo personal, creo que sería valioso cultivar el tiempo de búsqueda y conquista del
Ideal Personal, como uno de vinculación a sí mismo y, desde sí, alas realidades que nos rodean,
las voces del tiempo. Una vez “cerrado” (en la medida en que este proceso se puede cerrar
alguna vez) este capítulo, complementar y enriquecer lo descubierto con los ideales más
objetivos. La cantidad de elementos que el Padre Kentenich nos dejó no significan que debamos
poner todo el entarimado para que la persona pueda decidirse, sino tengamos la pericia de
encontrar que es lo adecuado para ella, que es lo que más la acerca a Dios, que es lo que Dios
quiere. Destaco la importancia que tiene, por lo tanto, el conocimiento de rudimentos de sicología
para este proceso de escrutar los corazones y orientarlos
El Ideal Personal es un momento de gracia de la persona al que Dios nos da el regalo de asistir,
pero como espectadores de un milagro, no como arquitectos de una obra.

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