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CATEQUESIS PARA SEMANA SANTA

Asociación Civil Huellas


Oficina Nacional
RIF: J-30526892-4
NIT: 0269678720

SEMANA SANTA CON LOS ADULTOS

PRIMER MOMENTO:
JUEVES SANTO, LLAMADO A LA CONVERSIÓN

Aclaramos juntos la palabra “conversión”, viene del griego “metanoia” que significa “cambio” de
mentalidad, de vida.

Experiencia de vida

Preguntas al grupo:
¿Acostumbran comer juntos? ¿Todos los días o en ocasiones especiales?
¿Alguna vez, han sido invitados especiales en alguna ocasión? Hablarla entre todos:
¿Cómo se sintieron ellos y la persona que los invitó?
¿Te consideras instrumento de unión o de división en tu familia?

Reflexión:
Todos hemos tenido experiencia de compartir nuestros alimentos con seres queridos. La
comida nos une y a veces parece que nos divide. No comen lo mismo los que se sientan
alrededor de una mesa, ésta varía según las posibilidades de cada familia, ni tampoco todos
se sientan alrededor de la misma mesa. Una persona que come sola ha de sentirse muy triste.
Nunca gozamos tanto una comida como cuando a nuestro lado está sentado un amigo.
Siempre que celebramos un día feliz en la vida (el matrimonio, el cumpleaños, un
aniversario, etc.) invitamos a nuestros amigos y familiares a comer con nosotros, y su venida
alegra nuestra fiesta.
En este momento se invita a los presentes a compartir espontáneamente: ¿cuál ha sido la
experiencia que han tenido cuando al comer han estado solos o al celebrar alguna fiesta no
haya llegado su invitado especial?

Iluminación

Preguntas al grupo:
¿Qué se celebra el Jueves Santo?
¿Actitudes que hay que tener en ese día?
¿Consideras tu participación en este día, igual o diferente a los otros días?
¿Haz considerado que es Jesús quien te invita a su mesa todos los días? ¿Cuál ha sido tu
respuesta?
Reflexión:
En torno a los acontecimientos que celebramos en estos días santos enmarcados en la
celebración jubilar, el Señor nos invita a vivir una experiencia de vida nueva que nos lleve a
conocerle mejor, a amarlo y a servirlo en nuestro prójimo. La misión de este día nos mueve a
mirar a un Jesús que anhela entregar su vida por nosotros aún cuando esta entrega le sea
difícil y dolorosa. Quiere compartir estos momentos con sus amigos, en el marco de la
Última Cena, que para los cristianos será la Primera de tantas otras cenas que nos reúne a
Cristo muerto y resucitado. Es en torno a la Cena donde Jesús instituye el sacramento del
Orden Sacerdotal, el sacramento de la Eucaristía, y el mandamiento del amor.
También Dios, desde el Antiguo Testamento, invitó a sus amigos a su mesa. Cuando reveló a
Moisés el motivo por el que había liberado a las tribus esclavas en Egipto estableció con ellos
un pacto que se firmó con el sacrificio de la alianza: como aún no había sacerdotes, Moisés
hizo que 12 jóvenes (uno por cada tribu) degollara a un becerro en honor de Yahveh. Desde
ese momento la víctima pertenecía a Dios. Pero luego éste los invitó a subir al monte y a
“comer con Él” de lo que ya le pertenecía (Ex.24, 9-11).
Así se acostumbraron los Israelitas al sacrificio de comunión, es decir, de unión con Dios y
con sus hermanos. La comida en común es para los orientales garantía de paz, de confianza,
de confraternidad; comunidad de mesa es comunidad de vida. La comida con Jesús es
todavía más significativa. Esto se ve especialmente claro cuando come con los pecadores y
los despreciados por la sociedad.
La comida en común tenía un significado muy profundo en Israel: unía a un Judío en la
amistad y en la familia. Era muy dolorosa para él la infidelidad de un hermano y de una
esposa o la traición de un amigo que había compartido con él la mesa. El salmista se quejaba
amargamente: “Hasta mi amigo íntimo, en quien yo confiaba, el que compartía mi pan, me
traiciona” (Sal. 41,10).
A los Escribas y Fariseos, en tiempo de Jesús, les provocaba rabia pensar que gente pequeña,
humilde, despreciada y pecadora, se sentara a la mesa con Jesús. Les repugnaba que Jesús
hablara de Dios como Padre que acepta a todos los seres humanos, aún a los pecadores, como
un papá hace sentar a todos los hijos a su alrededor en la mesa, sin un lugar preferido, sin que
uno sea más que el otro.
Jesús quiso corregir de esta manera a los hipócritas. Invitando a los pecadores a comer con
Él, y aceptando la invitación de ellos para que compartiera su pan, les devolvió la esperanza
de volver a sentarse a la mesa de Su Padre. Así lo hizo Él siempre. Se sentó a la mesa de Leví
el Publicano, y se ganó un apóstol. En otra ocasión también compartió la comida con un
publicano llamado Zaqueo, y lo conquistó para el Reino de Dios: “Señor, la mitad de mis
bienes se las doy a los pobres, y si engañé a alguno le devolveré cuatro veces más” (Lc.19,8).
Y ésta fue su conducta hasta el final de su vida.

Compromiso

En base a la experiencia de vida que hemos compartido y la reflexión que hemos escuchado
responde lo siguiente (se forman grupos de 4 personas):

™ ¿La celebración del Jueves Santo en este Año Jubilar tiene para ti algún valor o
significado especial?, ¿por qué?
™ Jesús Sacerdote nos invita a participar de su mesa ¿cuál será tu participación con tu
familia?
™ El encuentro con Cristo Eucaristía siempre nos invita a un cambio de vida ¿qué estás
dispuesto a cambiar para permanecer en su amor?
™ El encuentro con Cristo Hermano y Amigo nos exige mirar a nuestro alrededor para
descubrirlo en los demás ¿qué estás dispuesto a hacer a favor de tu familia, tu sector, tu
parroquia para que sea comunidad de vida y de amor?

Celebración

™ Material: Biblia, un pan grande, algo para beber, mesa, grabadora o libro de cantos.
™ Se prepara una mesa, se sientan todos alrededor. Una persona con voz fuerte y clara lee el
texto de Lc. 22, 14-23
™ Una persona representa a Jesús que parte y comparte con los demás el pan, signo de
entrega y de comunión para todos.
™ Mientras cenan ponen un canto que hable de la Eucaristía.
™ Recordarles el compromiso de participar en los actos litúrgicos del Jueves Santo con la
comunidad.

SEGUNDO MOMENTO:
VIERNES SANTO, LLAMADOS A LA COMUNIÓN EN LA ENTREGA

Experiencia de Vida

Es común sentirse agradecidos cuando en la vida nos ha ido bien, cuando hemos tenido
oportunidades de superarnos, de encontrar un buen trabajo, de gozar de salud, de contar con
buenos amigos, de tener pocos problemas en la familia, de pasarla bien en nuestra comunidad.
Pero cuando vemos perdido lo anterior o para lograrlo resulta difícil ¿seremos capaces de dar
gracias a Dios?, más aún ¿entregar la vida por aquellas personas que necesitan de nosotros sin
importar quienes son?, ¿hasta dónde estamos dispuestos a compartir con los demás sus penas y
problemas para ayudarles a resolverlas?
Compartir en grupos las preguntas anteriores.

Iluminación

Por muchos motivos nos es difícil ahondar en el misterio de la Cruz. Entre ellos los más
importantes son que nosotros no sabemos amar hasta la muerte como Jesús (Jn. 15,13). Otra
razón no menos importante es que nosotros buscamos nuestra gloria en vanidades externas que en
apariencia nos eleven sobre los demás, con un espíritu no muy distinto de aquel que Jesús les
recriminó a los Fariseos: “¿Cómo van a creer ustedes, si los que les preocupa es recibir gloria
unos de los otros y no se interesan por la verdadera gloria que viene del Dios único?” (Jn.5,44).

Los Escribas y Fariseos mantenían una religión muy postiza, y por eso no eran capaces de
comprender a Jesús, es que buscaban aparentar lo que en realidad no eran; y como de esta
falsedad habían hecho el modo de actuar propio de su vida ya ni se daban cuenta de que llevaban
puesta una máscara vacía. Jesús era auténtico, porque no buscaba su gloria de modo artificial y
externo, sino que era su Padre quien se la daba.

En la Cruz el Padre glorifica a Jesús, porque es ahí donde, junto con la Resurrección, de modo
privilegiado nos lo revela como su Hijo que lleva estampada la perfecta “imagen de Dios
invisible” (Col. 1,15). Pero nosotros, en el fondo nos resistimos a creer en un Hijo de Dios
crucificado. Es que no sabemos amar hasta la muerte. Queremos amar, pero el sacrificio nos da
miedo. Nos decimos cristianos, y aún pensamos con la mente mundana de los discípulos cuando
no entendían todavía al Maestro: mientras lo acompañaban de camino a Jerusalén para llevar a
cabo la obra que el Padre de había encomendado (es decir dar su vida por nosotros) iban soñando
en un reino temporal y poderoso que Jesús iría a conquistar, y discutían quiénes de ellos tendrían
los mejores puestos. O como los Judíos que, instigados por sus jefes, gritaban a Jesús crucificado:
“Ha puesto su confianza en Dios; que lo libre ahora si es que lo quiere, pues ha dicho: Soy Hijo
de Dios” (Mt.27-43). Tal vez pensamos como ellos: “Si es verdad que Dios es Padre y que Jesús
es su Hijo, debería haberlo librado de sufrir”. En el fondo estamos rechazando el misterio de la
Cruz de Cristo, porque es la más perfecta imagen de nosotros mismos, que rechazamos el dolor
mientras peregrinamos en un mundo tan limitado e imperfecto.

Mas si el Padre hubiera librado de la Cruz a su Hijo, como la multitud de los Judíos gritaba, sólo
hubiera probado una cosa: que ni “el amor es más fuerte que la muerte”, ni Jesús nos hubiera
amado hasta la última gota de su sangre; es decir, que el Señor no sería la imagen perfecta del
amor infinito del Padre. Jesús no sería el Hijo de aquel de quien San Juan reveló: “Dios es amor”
(I Jn.4,8.16).

Como en ninguna otra ocasión, Jesús revela desde la Cruz, de la manera más clara, quién es el
Padre: obedeciéndolo. Y el modo más total de mostrarse Hijo, que en nuestro mundo no podía ser
superado por ningún otro, es haberse hecho “obediente hasta la muerte y muerte de Cruz” (Fil.
2,8).

Durante la última cena, cuando Jesús se despedía de los discípulos para entregarse a la muerte por
nosotros, después de que anunció la traición de Judas y éste salió del cenáculo, el Maestro les
dijo: “Ahora va a manifestarse la gloria del Hijo del Hombre, y Dios será glorificado en Él. Y si
Dios va a ser glorificado en el Hijo del Hombre, también Dios lo glorificará a Él” (Jn. 13,31-32).
Es decir, la pasión y muerte de Jesús también revelan lo que Dios es como su Padre y nuestro
Padre.

Es claro que a Jesús lo condenaron por haber revelado que Dios es Padre. ¿Y porqué podía
estorbar tanto una revelación tan liberadora como el hecho de que Dios sea el Padre de Jesucristo
y nuestro Padre? iPues precisamente por eso! iporque es la doctrina más liberadora!. Los Escribas
y Fariseos tenían que cambiar la idea que predicaban acerca de Dios según su propia e interesada
interpretación de la ley dada a Moisés: un tipo de Dios que les permitía dominar sobre el pueblo y
obtener sus propios intereses religiosos. Pero también el imperio Romano perdía todo su
cimiento, pues estaba construido sobre la idea de un emperador que es u dios al que hay que
adorar, con derecho de someter como esclavos a los pueblos. Si todos somos hijos de un mismo
Padre, ni el emperador es dios, ni tiene ningún poder de esclavizar a otros. Es la ruina del
imperio. Por eso Jesús, que predicaba ser Hijo de Dios y nosotros hermanos e hijos de un mismo
Padre, definitivamente estorbaba (como sigue estorbando) a los intereses mundanos de los
hombres.

Compromiso

™ Como padres de familia debemos darnos a nuestros hijos en el servicio y entrega ¿qué
tipo de entrega nos pide Dios?
™ ¿A qué situaciones de pecado tenemos que morir para ser fuente de vida para los demás
(en la familia, en la pequeña comunidad, en el sector, en la parroquia)?
™ Para manifestar la gloria de Dios necesito estar en comunión con mis hermanos ¿qué
estoy dispuesto a hacer para vivir más unidos demás (en la familia, en la pequeña
comunidad, en el sector, en la parroquia)?

Celebración

Realizar un Vía Crucis comunitario.


Recordarles el compromiso de participar en los actos litúrgicos del Viernes Santo con la
comunidad.

TERCER MOMENTO:
SÁBADO DE GLORIA, LLAMADO A LA SOLIDARIDAD

Experiencia de Vida

Se cuenta de una familia, en la que el papá enfermo por el alcoholismo decide abandonar a su
esposa y a su única hija. Al poco tiempo la Mamá se enfermó gravemente, por el vecindario se
corrió el rumor de que tenía SIDA. Ella ya en agonía y angustiada por la suerte de su hija, le dio
la bendición y murió.

Las familias vecinas se alejaron llena de temor por miedo a contagiarse y las puertas se cerraron
para esa pequeña, llegó al pueblo un sacerdote, que acercándose a la niña ¿Por qué lloraba? Ella
le contó la historia y el sacerdote fue a pedir caridad para hacerle el ataúd a la madre. Al fin pudo
conseguirlo y sepultaron a la madre. La única presente era su hija. Mientras que el pueblo
miraba asustado a distancia. Cuando terminó de sepultarla le habló a la gente del pueblo
diciéndoles ¿si alguien de buen corazón quiere recoger a esta niña? lo único que pido es que sea
la más pobre, pero la más pobre del pueblo. Todos se quedaron sorprendidos ante esta petición y
después de un rato de silencio, se ofreció una mujer viuda con cuatro hijos, y le dijo: Padre si
comen cuatro, podrán comer cinco y a ella se la entregó. Cuando el Padre se retiró conversó con
algunas familias de clase acomodada, para decirles que en el pueblo de hoy en adelante una mujer
que en lugar de dormir cinco horas, dormirá seguramente cuatro, para luchar por alimentar a una
creatura más que Dios le ha confiado. Y les narró la historia. Ellas reflexionaron y pronto se
decidieron a colaborar con ellos, la mujer recibió beneficios, ya no solo para la niña, sino para
todos sus hijos.

Iluminación

Reflexión

™ Muy comúnmente nos damos cuenta de las necesidades tanto familiares como sociales, y
la providencia de la Santísima Trinidad no nos abandona, siempre pone en nuestro camino
a personas que inspiradas por él actúen en su nombre para remediar nuestras necesidades,
así también Dios nos pide ser dóciles y flexibles para escuchar su voz y hacernos
solidarios con los que lo solicitan. Tomado en cuenta que las obras buenas que claman en
nuestro interior son mociones que Dios nos inspira para impulsarnos a actuar como sus
instrumentos, así él se manifestará providente por medio de nosotros para los demás.
Jesús nos recuerda no valen más Uds. Que todos los pájaros, ellos no siembran ni trabajan
y el Padre las alimenta, cuanto no hará Dios por Uds. Sólo busquen el Reino de Dios y lo
demás se les dará por añadidura.
™ En grupos leer en voz alta: Lc. 12, 22-34. Dejar un momento de silencio. Volverlo a leer
y luego preguntar:
¿Qué personajes participan en el texto?
¿Cuál es la idea principal del texto?
¿Qué nos pide Dios como respuesta a nivel personal y a nivel comunitario?
¿Qué relación tiene este texto con el hecho de vida presentado con anterioridad?
¿Por qué crees que el Padre pidió que recibiera a la niña, una familia pobre?
En nuestra comunidad ¿Se dan situaciones similares? ¿Qué me pide Dios?
En Base a estas reflexiones ¿cuál sería nuestra actitud de verdaderos resucitados?
™ Buscar en el grupo alguna actitud que nos lleve a vivir como comunidad de resucitados la
solidaridad en nuestra comunidad. Escribirla en un papel para ofrecer en la celebración
final.
™ Plenaria
™ Conclusión: ¿Pero qué es el Reino de Dios?
El Reino de Dios es Jesús, que es camino, verdad y vida, camino que conduce al Padre, o
sea, el testimonio de vida que vino a darnos para transmitirnos al Padre, no solo en
conceptos teóricos, sino en vivencia plena; verdad que proclama, anuncia y denuncia lo
que Dios quiere del hombre, pero respetando su libertad para que el hombre se de con
generosidad; vida, esa vida de comunión a la que nos invita a ejemplo Dios Trinidad, y
que gira, no en un plano meramente terrenal, sino en una dimensión de eternidad, en la
que no solo seremos uno con Dios, sino una familia real, al lado del Padre amoroso.
Este Dios que es Trinidad, nos pide que formemos una comunidad y que ella todos nos
ayudemos y nos apoyemos. Es decir que seamos solidarios.

Celebración

™ Preparar un altar: Cirio, Biblia y un plato vacío. Todos deben tener una vela.
™ Canto: Busca primero el Reino de Dios.
™ Motivación: Dios Trinidad es un Dios providente con nosotros. Nos da casa, vestido y
sustento, todos los días. Nosotros su comunidad, debemos repetir este mismo signo,
como señal de que hemos entendido su mensaje. El compartir y compartirnos lo que
tenemos y somos, es una señal de nuestra resurrección. El Cirio representa a Cristo que
es la luz que ilumina con su Palabra (Biblia) y que nos envía a servir al hermano
necesitado. El plato vacío nos recuerda que en nuestra comunidad hay muchos que no
poseen lo necesario para vivir; ese plato representa al pobre que confía en la providencia
de Dios. Por eso les invitamos a que Uds. En los siguientes días inviten a alguna familia
pobre a comer a su casa.
™ Oración a la Divina Providencia: Divina Providencia, concédeme tu clemencia por tu
infinita bondad, arrodillado a tus pies, a ti de toda caridad y por tanto te pido para los
míos y para mi comunidad la gracia de: casa, vestido y sustento, y a la hora de la muerte
los sacramentos. Amén.
™ Mientras se canta Busca primero el Reino de Dios, pasan a poner sobre el plato vacío sus
compromisos. Se recuerda el compromiso de invitar a una familia pobre a comer a la
casa.
™ Avisos: Motivar a la participación en la celebración de la Vigilia Pascual.