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La educación en la época prehispánica

La época prehispánica comprende de la llegada de los primeros habitantes a


Mesoamérica y Aridoamérica hasta 1519, año en que Hernán Cortes desembarco
en Veracruz. A lo largo de tres grandes periodos (preclásico, clásico y posclásico)
se desarrollaron diversas e importantes civilizaciones como los fueron la Olmeca,
Teotihuacana, Zapoteca, Maya, Totonaca, Mixteca y Azteca o Mexica.

En los comienzos de las primeras asentaciones, la educación era difusa. Las


generaciones jóvenes se hallaban bajo una influencia heterogénea del medio
geográfico y étnico en que vivían. Observando, oyendo, palpando, aquí y acullá.
Todo cuanto se aprendía era concreto, específico y determinado por las
necesidades materiales que precisaba satisfacer.

En los pueblos sedentarios la vida educativa adquirió formas nuevas e inusitadas,


todo ello en desarrollo paralelo de una evolución progresiva que supone, entre otras
cosas, una embrionaria conciencia del tiempo.

Los pueblos sedentarios aprovechan cada vez mejor las ventajas que reporta el
convivir en un mismo lugar, ya que aparte de proporcionar al hombre sustento y
habitación; le aporta una convivencia estable de los hombres, la que trae consigo la
idea de propiedad de la tierra, llevando así a crear inéditas relaciones sociales y
culturales. Surgen las clases sociales, que permiten una más orgánica y eficaz
influencia política y económica sobre los individuos y sobre los grupos o pueblos
circunvecinos.

La educación en México tuvo características comunes en las culturas


mesoamericanas como es el caso de los templos-escuelas, instituciones
encargadas de transmitir a los niños y jóvenes bajo una rígida disciplina
conocimientos religiosos y militares.

Se trata de una embrionaria educación intencionada, que, al correr de poco tiempo,


traerá consigo la necesidad y propósito de organizarías en formas adecuadas y
permanentes, dando lugar así al nacimiento de rudimentarias instituciones
pedagógicas.
Los hombres tratan de conservar en la memoria determinados e importantes
hechos, y, a fuerza de intentarlo, terminan por representárselos de manera pictórica.
Cuando la pictografía se pone al servicio de esta rememoración, los conocimientos
del pueblo, conservados hasta entonces por mera tradición, llegan a adquirir una
forma más objetiva y consciente.

La escritura jeroglífica nace gracias a una inteligente estilización de los dibujos


rupestres, y a la intención de recordar y comunicar por ellos notables hechos de la
vida. No todos se instruyen en el conocimiento de los jeroglíficos: sólo quienes, por
las tareas sociales que desempeñan, necesitan estar informados de estos signos.

La clase sacerdotal inventa la escritura y es en los miembros de ella donde se la


enseña, de preferencia, en un principio

De esta suerte, la embrionaria educación ya intencionada se torna una educación


impartida en formas institucionales, bien que rudimentarias, las cuales se conservan
por obra de la tradición.

La tradición es el proceso en el cual se transmiten los bienes culturales (lengua,


conocimientos, costumbres morales, creencias religiosas, etc.) de generación a
generación; es un proceso interhumano (se efectúa entre personas). La educación
entre los pueblos precolombinos tiene un inconfundible carácter tradicionalista. En
todos ellos, el ideal educativo reside en mantener los usos y costumbres del pasado.

Toda educación, a decir verdad, se alimenta de la tradición cultural; pero trata de


fertilizarla para la creación de nuevos bienes, para superar el estadio de cultura ya
logrado. Desde este punto de vista, la tradición pedagógica es un peldaño en la
corriente progresiva de la vida. El progreso de la educación se realiza gracias al
equilibrio constante entre la tradición y la nueva aspiración.

Sin los bienes culturales ya alcanzados en ciencia y moralidad, arte y religión, los
nuevos avances pierden su base de sustentación.

La educación fue un producto de una tradición permanentemente actualizada, para


vivir el presente con miras al futuro.