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CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS

«« T U T O re vrw ja"

MAM ALES Y ANEJOS DE "E M E R IT A " JÍXXIII

INTRODUCCION
A LA
LEXICOGRAFIA GRIEGA
POH

F. R. ADRADOS, E. C A XC tJTIA .
J. M P K Z I A C A L V C. SERRANO A Y BAR

M ADRID
1977
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS
MANUALES Y ANEJOS DE "EMERITA" XXXIII

INTRODUCCION
A LA
LEXICOGRAFIA GRIEGA
POR

F. R. ADRADOS, E. GANGUTIA.
J. LOPEZ FACAL Y C. SERRANO AYBAR

MADRID
INSTITUTO "ANTONIO NEBRIJA”
1977
© C.S.I.C.
Depósito legal: BI. 527-1977
ISBN: 84-00-3609-3

Impreso en España
Printed in Spain

Artes Gráficas Grijelmo, S. A. Uribitarte, 4. Bilbao (España)


INDICE

P ró lo g o ....................................................... - ................................................

I. B ases h is t ó r ic a s d e l a L e x ic o g r a f ía g r i e g a ............................................

1. Teorías semánticas en ía Antigüedad. E l v ir a G a n g u t ia E. . .


2. Historia de la Lexicografía griega antigua y medieval. C o n c e p c ió n
S e r r a n o .............................................................................................................
3. Historia de la Lexicografía griega moderna. Ja v ie r L. F a c a l . . ..

II. Los d ic c io n a r io s g r ie g o s : p a n o r a m a general y p r o b l e m á t ic a . . .

1. Tipos de diccionarios en general y griegos en particular. J a v i e r L. F a c a l


2. Los diccionarios de autor. Tipos, metodología y estado actual. Ja v ie r
L. F a c a l .........................................................................................................
3. Diccionarios de papiros. Problemas, existencias, deficiencias, Ja v ie r
L. F a c a l ..........................................................................................
4. Léxico de inscripciones y dialectal. F r a n c is c o R. A d r a d o s . . . .
5. Micénico. F r a n c is c o R. A d r a d o s .........................................................
6. E tim ología . F r a n c is c o R. A d r a d o s .........................................................
7. Ordenadores y Lexicografía griega. El Banco de Datos. Ja v ie r L. F a c a l .
8. Problemas prácticos que plantea un diccionario griego: Grafía, Gramá­
tica, Lemas, Prosodia. F r a n c is c o R. A d r a d o s ...............................

III. L a n u e v a S em á n tica y la L e x ic o g r a f í a g r i e g a ........................................

1. Problemas de Lingüística general en relación con la Lexicografía. A p l i ­


cación a la lengua griega. F r a n c is c o R. A d r a d o s .................... . . -
2. Organización de los artículos del diccionario. Criterios a seguir. F r a n ­
cisco R . A d r a d o s .........................................................................................
PROLOGO

La idea de escribir el presente libro surgió en el curso de la redacción del


gran Diccionario Griego-Español que los autores del mismo, junto con una
serie de colaboradores, tienen en marcha en el Consejo Superior de Investi­
gaciones Científicas. Echaban de menos, en efecto, muchas veces, la existencia
de obras informativas spbre la Lexicografía griega en sus aspectos históricos,
prácticos de «estado de ía cuestión» y teóricos también. Pensaban, además,
que tanto en los aspectos prácticos com o en los teóricos se podía avanzar más
lejos de lo que hasta ahora se había hecho en Lexicografía griega, apoyándose
en puntos de vista generales que se han desarrollado en los estudios de
Lexicografía y de Semántica en general.
En realidad, los mismos autores, así como otros estudiosos españoles de
la misma escuela, habían realizado ciertas aportaciones a la Lexicografía, ía
Semántica y la Sintaxis griegas en diversas publicaciones, algunas todavía
inéditas, y parecía oportuno obtener, a partir de ellas, algunas conclusiones
de validez general o amplia. El trabajo en el Diccionario, por o tra parte,
suministraba todos los días una ejem pliíicación y una problemática abundan­
te de los problemas pendientes.
El libro ha sido escrito como un todo, aunque los capítulos se hayan
distribuido entre los colaboradores según sus especialidades respectivas. Una
primera parte, de carácter histórico, da por primera vez, pensamos, un pano­
rama general de los estudios de Semántica y Lexicografía griegas en la A nti­
güedad y de Lexicografía griega en la edad moderna. Los capítulos 1, 2 y 3
de que consta esta parte son obra, respectivamente, de la Dra. Gangutia, la
Sra. Serrano y el Dr. Lóp ez Facaí.
La parte II presenta, a su vez, una visión de conjunto de lo que es hoy la
Lexicografía griega, con sus logros y sus deficiencias; y profundiza en aspec­
tos parciales de la misma, com o son los distintos tipos de diccionarios según
el material a que se refieren o el método con que se realizan, la etim ología y
la resolución de una serie de problemas prácticos. Esta parte no aspira a
comprender exhaustivamente una problemática que es amplia en exceso, pero
creemos que aporta una documentación útil, reunida aquí poi primera vez.
X PROLOGO

Los capítulos de esta parte han sido escritos p or los Dres. L ó p e z Facal (1 ,2 ,
3, 7) y R. A d ra d os (4, 5, 6, 8).
Finalm ente, la parte I I I — obra íntegram ente del Dr. R. A d ra d o s— ab or­
da el grave problem a de la incidencia de la m oderna Semántica en la L e x ic o ­
grafía griega. En vez de recoger datos de hecho, esta parte es teórica y
p rogram ática; justifica, en suma, aquello que se intenta hacer en la redacción
del D iccion ario G riego-Español.
Pensamos que, con la publicación de esta obra, que es en parte exposición
crítica de la labor de nuestros predecesores y en parte program a de trabajo,
los autores de la misma prestamos un servicio a la L exicografía y la F ilo lo g ía
griega en general, pero que al tiem po aportam os cosas que pueden tener
interés desde el punto de vista de la Semántica y la L ex ico gra fía generales y
de otras lenguas. N o se nos oculta, de otra parte, que se trata de una obra
«a b ie rta », que espera am pliación y m ejora p or parte de todos los interesados
en estos temas.
H em os de indicar, para terminar, que el plan original de la obra com pren­
día com o parte últim a o Apéndice dos aportaciones que razones puramente
económ icas nos han im pedido publicar: una bibliografía de la L exicogra fía
griega (en realidad, dos bibliografías; una de obras com plexivas, otra de
estudios sobre palabras griegas ordenadas alfabéticam ente); y un suplemento
al R epertorium Lexicographicum Graecum de H. y B. R iesenfeld (U psa-
la 1954), que se ha quedado notoriam ente atrasado. Este trabajo ha sido
realizado ya, en este m om ento, p or colaboradores nuestros y verá la luz en
m om ento oportuno, com o útil com plem ento de este libro.
Las abreviaturas que usamos para citar obras y revistas son las habituales
y pensamos que no ofrecerán dificultad. Q uizá sean más inusuales D G E =
D iccion a rio G riego-E spañol; E C ~ Estudios Clásicos, M a d rid ; L S J — L id -
d elí-S cott-Jon es; R O = Revista de O ccidente, M ad rid ; R S E L - Revista
Española de Lingüística, M adrid.
Sólo nos queda hacer constar que la realización e im presión de esta obra
ha sido posible gracias a la ayuda que nos prop orcion ó una aportación del
tercer plan de D esarrollo.
I .

Bases históricas
de la
Lexicografía griega
I.L
Teorías semánticas
en la Antigüedad

I. E L S IG N IF IC A D O E N E P O C A S P R E V IA S A L A R E F L E X IO N L I N ­
G Ü IS T IC A T E O R IC A

1. L O S C O M IE N Z O S DE L A E S C R IT U R A . L O S ID E O G R A M A S

Las primeras reflexiones sobre el significado no se basan en consideracio­


nes teóricas. A veces es la exacta comprensión de un texto religioso, oral o
escrito, o la definición semántica en relación con la aplicación de las leyes, lo
que lleva a reflexionar sobre la lengua desde el punto de vista del significado.
En los momentos previos a la teoría lingüística histórica tendremos que
acudir a los primeros documentos escritos. L a estructura de la lengua condi­
ciona en principio cualquier progreso en la historia de la escritura y a su vez
ésta es un prim er intento de análisis y segmentación del fenóm eno de la
lengua, además de su único resto arqu eológico1. El estudio del m od o según
el cual la escritura refleja el análisis y el conocimiento de la lengua hablada,
es un problem a que atañe a la lingüística. M e ille t2 hace justicia a los primeros
escribas como los grandes lingüistas avant la lettre. Tam bién R ob in s3 recuer­
da que la existencia de un sistema de escritura que lleva consigo el estableci­
miento de palabras, im plica el com ienzo del análisis gramatical del lenguaje.
Por nuestra parte intentaremos en este primer capítulo estudiar en qué medi­
da las primeras escrituras reflejan una segmentación del significado y una
clasificación semántica.
L a historia de la escritura ha tendido a hacerse separando una serie de
estadios4:

' Meillet, A ., « L a langue et l’écríture», Scieniia 26, año 16, 1919, n. 90 (D ic ie m b re ), p. 293.
P a ra Saussure 3a escritura tiene un valo r revela d o r para la lengua, pues responde al principio de
existencia de ésta: la diferenciación en unidades. V. el Curso de lingüistica general, Buenos A i­
res 1967 (tradu cción española de A . A lo n s o ), p. 191 ss. y 71 ss.
2 M eillet, A ., reseña a B a u d o u in de C ou rlen ay , B S L , 1912-13, p. 70.
3 R o b in s, R . H ., Ancient and M edieval Grammatica! Theory in E urope, Lon dres 1951, p. 12 (en
adelante R obin s, Anc. M ed . Granan.)
4 C ohén, M .j L a grande invention de fécriture et son evalution, Paris 1958.
4 ELVIRA GANGUTTA ELICEGUi

1. Pictogramas o dibujos que relatan un suceso, que no tiene por qué


corresponder a ese mismo relato en palabras.
2. Ideogram as o jeroglíficos; dibujos de formas en principio reconoci­
bles, cada una de las cuales corresponde a una unidad semántica.
3. Silabarios y. finalmente, letras que corresponden a unidades fonéticas
mínimas.

Este planteamiento y su orden han sido puestos en cuestión1. Cohén, a lo


largo de su libro, pasa también p o r dificultades para mantenerlo en un orden
cron ológico claro y sin interferencias.
D e todas formas, tanto las expresiones pictográficas com o las form adas
por signos no gráficos, com o nudos, objetos reunidos según un orden
convencional, etc., tienen algo en común con la escritura: el análisis de
operaciones o nociones que se intenta sim bolizar2. Su uso extendido
resulta, en la práctica, muy poco económ ico. T am p oco los pictogramas,
aunque se pueda creer lo contrario desde un punto de vista ingenuo, son
evidentes en su significado; también son signos convencionales que gene­
ralmente hacen referencia a un mundo muy lim itado, frecuentemente el
de sociedades tribales: el mundo de la caza, ía guerra etc. Se trata ya de
una codificación dibujada de los objetos y actividades de estos pueblos,
que desde el prim er m om ento tienden ya a ía repetición y el esquematis­
mo. Es este todavía un estadio «sem asiográfico» que expresa significados,
no basado en último lugar en la lengua. D e aquí se pasa a un estadio
«fo n o g r á fic o » que intenta reproducir unidades lingüísticas, sean palabras,
sílabas o fonem as3.
Casi todos los historiadores de ¡a escritura ven com o evidente una equi­
valencia «unidad mínim a de significado» = «p a la b ra » = «id eo g ra m a ». L a
cosa no es tan fácil4: es seguro que en este punto nos encontram os ante el
final de un largo proceso de reflexión si no conscientemente teórica, por lo
menos práctica y en la que puede haber habido una interacción de las suce­
sivas técnicas de escritura.
Desde el primer m om ento el ideogram a no se libra de problem as que son
inherentes a la lengua misma: la polisemia y la hom onim ia. Adem ás, desde
muy antiguo el ideogram a se auxilia de signos que son ya puramente fon éti­
cos. P or ejem plo, cuando los hetitas usan ideogramas sumerios, a veces Ies

1 V. diversas críticas gn M ou n in , G .. Historia de la lingüística desde los orígenes a! siglo x x ,


M a d r id 1968, p. 36 (en adelante M o u n in ).
2 C ohén, M ., Op . cit. p. 14.
3 G e lb , I. J., A Study o f writing, C h ica go 1963 (1 9 6 9 ').
4 G e lb , I. J„ Op. cit., p. 35 critica con razón la term in ología «id e o g r a m a », «id e o lo g ía »,
etcétera, pues el signo no responde a una idea sino que trata de representar una «p a la b r a » ,
pro p o n ien d o en su lu g a r «lo g o g r a m a ». Seguirem os en general la p o p u la riz a d a «id e o g r a m a », aun
estando de acu erd o con G e lb . R esu lta m uy interesante p o r su im portancia en et fu tu ro la especula­
ción de G e lb sobre el signo jero g lífic o com o id entifícador en origen del «n o m b re p r o p io », v. p. 36 ss.
L a necesidad de representaciones adecuadas de nom bres propios íleva en seguida al d esarrollo de
la fonetización, p. ej., en Sum er, v. p, 54.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 5

añaden sufijos y desinencias, con lo cual el ideogram a queda reducido a


representar la raíz. Otras veces, en hetita je r o g lífic o 1, se pone el ideogram a y
a continuación se escribe toda la palabra fonéticam ente, con lo cual ei id eo ­
grama queda reducido a lo que en estas escrituras se llam a «determ inativo de
ciase». Estos ejem plos demuestran que la ecuación «u n idad m ínim a de signi­
ficado = «p a la b ra » — «id e o g ra m a » no es tan ciara.
Estos «determ inativos de clase» son aígo común a estas lenguas y uno de
sus aspectos más interesantes en relación con un estudio de las diferentes
concepciones semánticas. Se trata de signos mudos o claves que no se leen
pero que indican la categoría semántica a la que pertenecen los restantes
ideogram as del texto. P o r la presencia de uno de estos determinativos el
campo semántico es una estructura com pletam ente fo rm a l2. Este procedi­
m iento es común, con variantes, al egipcio, sumerio y chino y probablemente
es una necesidad de la escritura ideográfica, que lleva a form alizar el macro-
contexto para que pueda ser inteligible.
Sin em bargo, com o dice M e ille t3 «ningún dibujo, pictogram a o ideogram a
es capaz de traducir gráficam ente una lengua p or simple que sea su estructura
gramatical o léx ica »: ¿C óm o dibujar, por ejem plo, un significado que se
expresa por una alternancia vocálica?
Sóio los ideogram as chinos han podido mantenerse hasta h oy en día,
porque tienen com o soporte una lengua m onosilábica sin alternancias, flexión
ni sufijos y donde el orden de los signos tiene por sí solo valor m o rfo ló gico
y sintáctico. Es decir, aúna en sí, por la estructura de la lengua que reproduce,
también las ventajas de un silabario.
Es interesante observar que la escritura china no ha tenido más camino
que el de aumentar el número de signos conform e avanza la historia y
necesariamente se amplía el léxico y se reclasifican los campos semánticos:
3.000 signos el I I I a. C . ; un diccionario del I d. C. cataloga unos 9.000 signos,
otro del V I d. C. 24.000; en el X V I I I hay 50.000. En la actualidad, sin
em bargo, se realiza un gran esfuerzo para reform ar la lengua china y a la vez
sim plificar la escritura4.

2. D e s a r r o llo de la l e n g u a e s c r it a y p o s ib l e l in g ü ís t ic a p r á c t ic a . Los
P R IM E R O S D I C C I O N A R I O S B I L I N G Ü E S

E l principio de la fonetizacíón de los ideogram as com ienza en época muy


temprana y se extiende rápidam ente5: la palabra se analiza prim ero en sus

1 M eriggi, P., M anuale di E teo G erogüfico, R o m a 1966, I, p. 11.


2 M o u n in , G ., p. 57.
3 M eillet, A .. « L a langue et Fécriture», O p . cit., p, 291.
4 G e Ib. I. J., Op. cit. n. 208, pp. 280-281.
5 G e lb , I. J., Op. cit., p. 67 ss.
6 ELVIRA GANGUHA ELICEGUi

c o m p o n e n te s s ilá b ic o s y fin a lm e n te se lle g a al a lfa b e to . C o n e s to se


avanza cada vez más en la desemantización de la unidad aislada previa­
mente, llegándose a una facilidad cada vez m ayor en la escritura que hará
que en E gipto, Sumer y A n atolia desde una época m uy rem ota haya una
inmensa literatura escrita, muy especializada y exacta. N o se trata sola­
mente de la lengua adm inistrativa propia de] tem plo y los palacios, aun­
que esta p rá c tic a h aya s id o d e c is iv a p a ra el d e s a r r o llo de la p r o p ia
escritura, sino de auténtica obra literaria y científica, poemas, himnos,
tratados, legislación escrita, que hacen parecer m uy prim itivas las listas y
cuentas micénicas en griego.
L o s escribas form an una casta im portante, cerrada y especializada, que se
encuentra con lenguas antiguas que hay que interpretar. En Babilonia existía
una lengua sagrada, el Sumerio, totalmente diferente de la hablada, el A ca-
dio, y había que entenderla. Tam bién los escribas egipcios se encuentran con
una lengua arcaica que ya no se entendía bien. L o mismo ocurre con los
tratados científicos que suelen llevar ai final una serie de glosas de los térm i­
nos difíciles de entender.
Este mundo anatolio, egipcio y mediterráneo es además totalmente multi-
lingüe; pudo haber sugerido al entonces pastoril Israel el m ito de la torre de
Babel. El desarrollo de los tratados, ei com ercio, etc., lleva al de los intérpre­
tes y la traducción; y todo esto lleva a la aparición de los diccionarios. N os
encontram os con diccionarios, no ya bilingües, sino trilingües y cuatrilingües
(H etita-S u m erio-A cadio en Boghazkoy, Su m erio-A cadio-H u rrita-U garítico
en U garit, etc.). Los diccionarios sumero-acadios destinados a la interpreta­
ción de la prim era lengua, considerada lengua sagrada, son aún más perfec­
tos; se da el ideogram a sumerio, su transcripción fonética al acadio, y traduc­
ción a esta lengua, figurando incluso una explicación mediante un sinónim o
o definición.
Tam bién hay que señalar una especie de diccionarios de sinónim os: enu­
meraciones de signos cuneiform es polisémicos. Tam bién aparece « io que se
denom ina ciencia de las listas y vocabulario de gru po», «u n em brión de
clasificación semántica de base lingüística fo r m a l»1; clasificaciones de nom ­
bres de dioses, de oficios, de ganado m ayor y menor, etc., objetos determ ina­
dos p or kus ‘ cuero’ , za 'piedra1, etc., o bien todos los animales cuyo nom bre
deriva dei signo P e rro (león, chacal, zorro, etc.).
Estos signos están clasificados según su número de trazos y ía posición de
los rasgos: horizontal, vertical, oblicua: es una form ulación que es un ante­
pasado de nuestro orden alfabético. Tiene también cierta relación con el
sistema de las listas de diccionarios chinos antiguos, basados también en
clasificaciones parcialm ente semánticas (las 214 claves o «determ in ativos de
cla se») y parcialm ente gráficas según el número de rasgos2.

1 M o u n ín , p. 56.
2 Id , p. 67.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 7

Los estudiosos en general son unánimes en negar a estos pueblos el


haber llegado a un análisis reflexivo lingüístico, a una gramática. Es lástima
que los manuales de lingüística no hayan sacado tod o el partido que
debieran de la incipiente gramática sumeria. Generalmente, se dice que tan
ingente masa escrita no produjo reflexiones lingüísticas que pudieran con­
vertirse en una gramática, solamente una naciente filo lo g ía 1. Pero los textos
gramaticales sumerios publicados en el tom o I V de M aterialen zum sume-
rischen L e x ik o n 2 son justamente reivindicados en la nota introductoria de
Th. Jacobsen com o «w ith ou t question the m ost im portant single group o f
sources both fo r the history o f grammatical studies generally and for our
understanding o f Sumerian grammar specifically so far know n». En estos
textos es posible ver cóm o a partir del estudio y clasificación del léxico y
de la necesidad de la traducción (p or ej., el tener que acoplar las diferentes
categorías gramaticales del Sumerio y el acadio) se llega al establecimiento
de ciertos paradigmas, reglas sintácticas e incluso al nacimiento de una
term inología gramatical propia, todo ello muchas veces entremezclado con
estudios puramente léxicos. Es curioso cóm o en la primera mención de la
existencia de un gramático griego, Teágenes de Región, se oponga su arte
a una gramática «anterior a los tiempos T ro ya n o s» (v. I.1.II.2) y en rela­
ción con «sonidos y letras», lo que apunta probablemente a la invención
y desarrollo del alfabeto.
Cuando un ideogram a polisém ico se usa combinado con otro u otros para
representar fonéticamente una palabra, estamos al borde de desembocar en el
silabario. P or un lado, ya se ha descompuesto la «p a la b ra » en ciertas unida­
des fonéticas y por otro se representan estas unidades con signos que se han
vaciado de significado. D e una sim plificación en el silabario se llegará más
tarde al alfabeto.
Cabría pensar que la introducción del alfabeto contribuye incluso a una
pérdida de relevancia de la unidad «p a la b ra » como unidad de significado.
C om o caso extremo debe citarse el de los hebreos que, hasta el siglo xi,
cuando se descubre el triliíeralismo, tienen dificultades para aislar «palabras»
con seguridad3.
La simplificación del silabario y su conversión en alfabeto se origina entre
los fenicios por la necesidad de la práctica comercial, afectando también a
pueblos vecinos, como los griegos, que a su vez perfeccionarán el alfabeto
añadiendo las vocales. Es interesante comparar este proceso con el de la

\ M ou n in , pp. 62, 54.


2 L andsberger, B., H allo ck , R., Jacobsen, T h ., Falkenstein, A ., M aterialen zum sumerischen
Lexikon. 1 Emesal Vocabulary. 2 O íd Babylonian grammatical texts. 3 Neobabylonian grammatical
texis, R o m a 1956, p. 1. A fortunad am ente, últimamente se le está dando un lugar en la historia de
la Lingüística. V. en Studies in the History o f Linguisiics. Traditkms and Paradigma {ed, p o r Hymes,
D .), B lo o m in gto n -L o n d re s 1974: Jacobsen, T h ., «V e r y ancient texts: B aby lo n ian G ram m atical
T ex ts», pp. 41-74.
3 V . Reider, J Prolegomena to a G re ek -H e b rew and H ebrew -G reek In d ex to Aquila, Filadelfia
1916, p. 38, n. 71.
ELVIRA GANGUTIA ELICEGU1
8

aceptación de la numeración arábiga y con la aparición de los sím bolos


m atem áticos m odernos, que surge también de la necesidad de facilitar las
operaciones matemáticas en la época del auge de la burguesía renacentista y
an terior1.

II. P R I M E R A S R E F L E X IO N E S G R A M A T I C A L E S E N L E N G U A S C O N
L I T E R A T U R A O R A L . L U G A R Q U E O C U P A E L E S T U D IO S O B R E
E L S IG N IF IC A D O E N E L L A S

1. P a n in i . L as e sc u e la s g r a m a t ic a l e s in d ia s p o s t e r io r e s

Es en el ám bito del aprendizaje, manejo y conservación oral de una lengua


sagrada donde aparece la prim era gramática form alizada de una lengua, el
sánscrito, bastante antes de que se establezca para ella una escritura. A partir
del i v a. C. Panini no sólo analiza y sistematiza la lengua sagrada cuyos textos
se mantienen oralmente, sino que presenta esa misma gram ática en versículos
de form ulación casi algebraica destinados a la dicción o ra l2. El p ro p io texto
de Panini ha llegado casi intacto hasta nosotros por tradición oral3. Adem ás,
él es el ñnal de una larga tradición oral de gramáticos, cuyas teorías resume.
M u y probablem ente, la no utilización de la escritura ha hecho necesaria la
creación de conjuntos de reglas que form en una gramática, de form a que el
total de la lengua sea dom inable.
A l tratarse de una gram ática que es un análisis form al de la segunda articu­
lación lingüística, la unidad de significado, ya desde la escuela A in d ra anterior
a Panini, es algo parecido a lo que nosotros llam am os m o rfem a 4; se trata del
pada, la palabra con flexión, la form a m ínim a de significado que puede ser
descrita p or la descripción exhaustiva de su entorno, es decir, su distribución.
Pada es lo que acaba en una desinencia, opuesto p or un lado a la 'base* y por
otro a la vakya o 'frase*. Pada es un térm ino gram atical p or oposición a sabda
que en origen es cualquier unidad lingüística; palabra, sufijo, desinencia, sílaba,
o incluso unidad más larga. Es un largo proceso hasta que se aísla sabda com o
'palabra’ y sabdartha com o 'sentido de las palabras’ , diferenciado tam bién de
padartha 'sentido de la palabra’ y vakyartha 'sentido de la frase’ 5, siendo estos
térm inos ya más filosóficos que gramaticales.
Según com entadores posteriores, Panini rechaza el que el significado
pueda ser un criterio determ inante: el significado de una palabra no puede

1 F eb re, L ,, L e problém e de Vincroyance au 36* siécle. L a religión de Rabelais, P a ris 1968, pp.
362-365.
2 R e n o u , L „ « L e s co n n exio n s entre le rituel et la g ram m aire en S a n s k rit», Journal Asiatique
233, í941-1942¡ pp. 105-165 (cit. p o r p. de A reader on the Sanskrit Gram m arians, ed. p o r J, K .
Sitcal, C a m b rid g e M a ss. 1972); V id y a N i w a s M is ra , The D escríptive Tech ñique o f Panini. A n
introduction, L a H a y a , P a ris Í966, p. 17.
3 V id y a N iw a s M is ra , O p . cit., p. 19.
4 Id . id. id. id., p. 16, n. 33.
3 R e n o u , L „ O p . cit., p. 451.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 9

ser form alizado gramaticalmente. Según V. N . M isra1 la innovación de Pani-


ni reside en definir los antiguos términos gramaticales no p or criterios semán­
ticos sino en términos que podríam os llamar estructurales. Por eso, por
ejem plo, su descripción de la conjugación según M isra no está basada en un
. criterio temporal, es decir, semántico. T od avía Aristóteles no será capaz de
abandonar eí criterio semántico en el proceso de segmentación de las partes
de la oración. A q u í entra también una cuestión de estructura de lengua en el
verbo in d io : el «tie m p o » no es tan relevante en antiguo indio com o lo es en
el verbo de ía xoivr¡ de Aristóteles.
Después de Panini hay un inmenso vacío en la gramática india, que tiende
cada vez más a convertirse en pura filología. La tradición etim ológica india
es también extraña a Panini por su especulación sobre el significado, aunque
puede provenir de una tradición incluso anterior a Panini.
L os Nirukta analizan el samhitá o texto tal com o se expresa en la recita­
ción en sus «p a la b ra s» constituyentes. El crucial problem a de resolver la
relación entre sentido de la palabra y sentido de la frase hace que surja la
escuela Mimámsá, que pasa a los lógicos indios. En esta escuela la «fr a s e » se
define estructuralmente en la cadena hablada: existe una «fra s e » cuando una
palabra o palabras dentro de una serie depende de otras para com pletar su
sentido: esto.es lo que diferencia una «fra s e » de una simple secuencia como
vaca, caballo, hombre elegante. A su vez la «fr a s e » no debe precisar de otras
palabras fuera de ella para com pletar su sentido. Según otros comentadores,
es evidente que una «fra s e » tiene que depender en ocasiones de palabras
incluidas en «fra ses» anteriores. H ay que decir que en estos dos casos unos y
otros admiten la existencia de la unidad «p a la b ra » (p a d a ), a la que puede
atribuírsele un artha o 'significado’ : es curioso que la traducción de artha está
muy cerca del griego tó ítu ¡iov 'la realidad’ , 'lo verdadero’ .
La escuela Mimámsa se desdobla en d o s: Bhatta, que acoge la idea, fósil
según Brough para la gramática india, pero propuesta p o r los filósofos, de
que cada palabra tiene adherido un significado individual, o, en el caso de los
nombres, de que la palabra es el nom bre de la cosa. Para esta escuela cada
palabra tiene un significado propio e individual y al pronunciarse en una frase
ésta expresa la suma de significados individuales.
Para la escuela Prábhákara las palabras no tienen significado hasta que
no son expresadas en la frase. Las palabras según esta escuela, son detectadas
por m edio del análisis gram atical; las raíces y sufijos se analizan en relación
con los paradigmas y las palabras completas, conmutándolas dentro de la
frase. Se basa en cóm o un niño aprende el lenguaje: al oír frases com o /trae
la vaca!¡trae el caballo!, el niño llega gradualmente a entender de qué animal
se trata y de qué acción2.
Más tarde, para el gramático Bhartfhari ( V I I d. C.) este análisis represen­

1 V id y a N iw a s M isra, Op. cit. pp., 14-16.


2 B rough, J., «S o m e indian theories o f m e a n ín g », T P S 1953, pp. 161-165.
10 ELVIRA GANGUTíA ELICEGUI

tará una cierta descripción de la lengua, pero no servirá para explicar el


significado lingüístico. Para él y su escuela las palabras son abstracciones
ficticias de los gramáticos. Las palabras y su significado form an parte del
aparato creado p or los gramáticos para describir la lengua, pero no existen
com o realidades lingüísticas. H a y un significado de frase unitario que Bhartp-
hari com para a la impresión producida por una pintura: se contem pla com o
una unidad, aunque alguna vez pasemos a analizar sus diversos colores. El
significado se capta instantáneamente p o r un pratibhü o 'golp e de vista’ .
Estas teorías tuvieron la oposición cerrada de los filósofos aferrados a la
idea de que cada palabra tiene un padártha o 'sign ificado’ individual o, en el
caso de los nombres, la palabra es un «n o m b re » del objeto. C om o dice
Brough en su interesantísimo artículo, esta opinión se mantiene fosilizada en
los filósofos, no en los gram áticos1.
M ás tarde, en el siglo ix A ñ ad a tratará de sintetizar estas teorías del significa­
do individual de las palabras/significado de la frase, postulando que la frase,
además, tiene un significado alegórico. Esta será la base de la exégesis poética,
con lo que la teoría del significado lingüístico pasará a teoría p oética2.
Las teorías gramaticales indias proceden del análisis de textos rituales
orales y no pierden de vista, aun en la época más tardía, estos orígenes. C om o
podem os ver, en G recia se darán elementos y situaciones semejantes en parte,
aunque la generalización de la escritura alfabética y la ilustración del siglo v
producirán desarrollos diferentes que supondrán progresos, pero también
fosilizaciones, en los análisis del significado.

2. L os P R E D E C E S O R E S D E L O S P R IM E R O S L I N G Ü I S T A S G R IE G O S

A pesar de que conozcam os el silabario micénico desde el xm a. C., sus


prolongaciones en la posteridad parecen haber sido puramente locales, com o,
por ejem plo, el silabario chipriota. Puede decirse que hasta el siglo v i i i y
principios del vil, no había en G recia mas «litera tu ra » que la oral, aunque se
em pezara a utilizar el alfabeto derivado del fenicio en inscripciones con listas
y leyes, no todas ellas escritas. U n pueblo puede conocer y usar el alfabeto,
aunque no en todos sus géneros literarios. P o r ejem plo, hasta hace 200 años
el cuento de niños (a lg o parecido al Aóyog en H o m ero ) era un género pura­
mente o r a l; desde entonces es parcialmente escrito. Esta situación hemos de
im aginarla para Grecia, sólo que para géneros mucho más im portantes hasta
el siglo v a . C. L a experiencia se guarda en series narrativas que sé1mantienen,
manejan y exponen mediante ciertas técnicas formularias, rítmicas, etc. Estas
series narrativas (en verso ínr\, en prosa Aóyot, ¡i06oi etc.) equivalen a unidades
lingüísticas muy amplias. L a única unidad aislada equivalente a nuestra
«p a la b ra » es ovofia, el 'nom bre p ro p io ' de una persona. Estas unidades apare-

1 B ro u gh , J., Op, cit., pp. 163-Í67,


3 Id. id., p. 173.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 11

cen opuestas a ípyov y a npay¡ia 'la acción’ y con frecuencia a la acción


guerrera, p or ser éste el tema de los poemas épicos (jSííj, eyx0?) y lo que
es muy interesante, a eru/ia *lo real, lo verdadero’ . Cf. Od. 19.565. Estas series
lingüísticas todavía no tienen límites definidos (salvo Svo^ia, que se op on e a la
«p erson a» en sí); se oponen a « lo que se realiza», a «lo que está», o a « lo que
es». Tót £Tu¡ia (de la misma raíz que eifií) durante mucho tiempo (y comenzan­
do precisamente en el ambiente jó n ic o ) será el objeto de investigación lingüís­
tica, puramente etim ológica, anterior y luego paralela a la filosofía de t ó 6v ,
del «ser».
Los predecesores de la ciencia filosófica y lingüística griega son los pro­
pios poetas arcaicos, que se encuentran con que hay que reinterpretar pala­
bras que ya se entienden mal. Incluso los grandes poetas épicos com o H om e­
ro y H e s ío d o p a ra fra s e a n y e t im o lo g iz a n sob re sus p ro p ia s p ala b ra s
procedentes de una tradición oral a veces m al entendida. N o se trata sola­
mente de pretensiones eruditas, sino que esto form a parte de la técnica
poética1. En la explicación etim ológica semántica de los ovófiara, esencialmen­
te los de los dioses, hay un recurso poético que utilizan los rapsodos, los
poetas líricos y los trágicos3. La idea de que bajo cada ovo^a subyace la cosa
y su Aóyo£ o 'explicación’ llegará hasta Aristóteles y más adelante.
H acia el siglo v i a. C. se supone que el período creador de la poesía épica
está cerrado3. En el corpus form ado por los poemas épicos y los himnos
homéricos tenemos en parte un equivalente a los textos sagrados de tradición
oral para los que se crea un m étodo gramatical como el de Panini. Pero en
Grecia no existe la casta sacerdotal a la que iba destinada ese instrumento
lingüístico. Los intérpretes y guardianes de ese corpus son los rapsodos y los
poetas mismos, que muchas veces se permitirán poner en tela de ju icio los
textos épicos.
A través de un proceso de selección en el que intervienen muchos factores4"
queda H om ero com o el texto más im portante y antiguo sobre el que se
fundarán y debatirán las primeras filología, lingüística y crítica literaria
griegas.
Y a en el siglo v i hay críticos de las contradicciones entre el H om ero
m odélico cuyos poemas representan una sociedad arcaica y la mentalidad más

1 Pfeiffer, R ., A History o f Classical Scholarship, O x fo rd 1968, p. 5 (en adelante Pfeiffer).


2 D esp ués de H o m e ro y H esío d o , y a desde A rq u ílo c o Fr. 117. Es curioso que en Eurípides,
que tiene ideas lingüísticas bastante evolucion ad as, este procedim iento está ex tendidísim o, aunque
ya puede entenderse com o recurso retórico m ás lucimiento erudito, v, p, ej., ’Afipo6íTí) / átppoaúvtj, E.,
Th. 989, ¡ItvBcúq j név&oq, E. JS., 367, etc. E n ciertos casos se inventa el n o m b re que con ven ga a un
p ersonaje: jíqAoCoív aÚTtjv ©eovótjv tq: 0eía yáp r á r ’ ovtoí « a i fiéXÁovra návr' morara E., H el. 13.
s Pfeifíer, R ., p. 6.
4 «O rp h e u s an d M usaeu s o w e d their a k n o w led ged p riority, no d o u b t, not so m uch to the
genuine antiquity o f their poem s as to the p ro p a g a n d a o f their devoíees. It w as from a sim ilar cause,
the p ro p a g a n d a o f the H o m erid ae , w h o were devoted to spread ing H o m e r ’s fam e an d to ld stories
a b o u t his life, that the order H e s io d -H o m e r w as reversed in later antiquity as has rem ained to the
present day. H e s io d h ad no correspon d íiig b o d y to w o rk after iiis interests», W est, M . L ., Hesiod,
Theogony, O x fo rd 1966, p. 47.
12 ELVIRA GANGUTIA EL1CEGUI

m oderna de poetas y filó so fo s com o Solón o Jenófanes. L a frase de Solón


Fr. 21 ttoAAóí ifiEúóovrat áoidoí es un lugar com ún que puede entreverse en
H esíodo, Th. 27 y reaparece frecuentemente en la posteridad. M ás apasiona­
damente aún, Jenófanes muestra esas contradicciones en relación con la
religiosidad en creciente racionalización de su época V. Fr. B. 11:

Trávra Bzdia ávédi]aav “ 0¡ir¡póq 0’ 'Ható5óq te,


óaaa nap’ ávQpüjnoi(Jiv ÓvsíÓsa xai ipóyoq écrrív,
HkéTTTELV ¡J.01XSÚELV TE HCU áXXfjXoUq áTTCXTEÚELV.

Opuesta a la crítica del corpus épico ya sistematizado aparece la figura de


Teágenes de R egión. Efectivam ente, los dioses hom éricos, aun p o r el patrón
del siglo vi, resultan inmorales, pero según Teágenes de R egión, del que
sabemos m uy poco, en H om ero hay un signiñcado oculto que resulta ser el
verdadero. H ay que encontrar lo verdadero, toc srufia. A p o lo , H efesto, H elios
son en realidad el fu ego; Posidón y Escam andro son representaciones del
agu a1. Teágenes, el prim er gram ático, resulta ser tam bién el prim er alegoris­
ta 2 etim ológico. Es curioso cóm o en el fragm ento en que se le cita com o
inventor de la G ram ática se opone su disciplina a otro tipo de G ram ática
anterior a los tiem pos de Troya, que se ocupaba de letras y fonem as3 :

Sitti] 5é rj ypd¡ifiajiycfj: r¡ ¡sév yáp nspi rouq x aPa^T^Pa(^ * ai- tcíc


oroixdijjv éHtpuivfjaEiq aaTayíverat, f\Tiq xai ypafx/iaTixfj Aéyrrai
naXaiá oüaoc xal upó tcüv Tpujixójv, axeSóv 5é nal á¡ia t cpúoEi
nposXQoüaa: f] Sé rtspl tov f]\\r¡vtopóv, r¡Tiq xai vecorépa éorív, áp^a-
¡iévr¡ fiév ánó Qsayévovq, T£X£o9elo(x (Sf> napa tcov riEpinaTrjTinüv
ílpa^icpávouq te xal *AptaroTéXouq.

L a gram ática se divide en d os: una en relación con las letras y la


expresión de los sonidos y que se llam a gram ática antigua y ante­
rior a los tiempos troyanos, que llega casi a los orígenes. L a otra,
en relación con la lengua griega, que es una gram ática m ás m o­
derna y habiendo em pezado con Teágenes fue perfeccionada por
los peripatéticos Praxífanes y Aristóteles.

A sí, los rudim entos de la investigación semántica están unidos en Teágenes a


lo que se entenderá más tarde com o ypaiifiarutri, perfeccionada p o r los

1 Frs. A l a y 2.
3 E ste m étod o alegorista, au n q u e m uy antiguo, d eb ió de recibir o tro n o m b re . ’ AAXtjyopía,
áXfojyopixóq. etc. son p a la b ra s usad as a partir de la ép o ca helenística. P lu tarco dice en 2 .19c q u e «la s
llam a d as antiguam ente ¡movoíai a h o ra las dicen a le g o ría s ». E l m étod o seria p ro b ab lem en te m ás
an tigu o que el p ro p io Teágenes. Su éxito y renovación constante suceden cu an d o textos m uy
arcaicos sem irreligiosos em piezan a estar en contradicción evidente con la realid a d . E s el caso del
m o m en to en q u e ap arecen el p ro p io T eágen es y M e tr o d o ro de L á m p s a c o y los alegoristas p o sterio ­
res. E n la exégesis de la B ib lia em pieza incluso antes que F iló n de A ie ja n d ría y sigue con los Padres
de ia Iglesia en las d ebatidas cuestiones de las escuelas alejan d rin a y an tio q u en a. (V . in fra 1.1. V I I I . 1)
3 Fr. A la . L a actividad étim o ló g ic o -a le g ó ric a está u n id a p ro b ab lem en te a las listas de « g lo s a s »
o p a la b ra s ra ras e ininteligibles de los p o e m as épicos. C o n el tiem po esas dispersas glo sa s se
con vertirán en d iccionarios. L a elucidación del sign ificad o de las glosas h o m éricas fo rm a p arte de
la ed u ca ció n tra d ic io n a l: P feiffer, p. 15 cita en relación c o n esto un eje m p lo m u y d ivertido de A r ,
Fr. 222.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 13

aristotélicos y opuesta a un estudio de segmentación de la segunda articula­


ción lingüística que distinguía entre letras y fonemas. Esto último probable­
mente es una fonética práctica en relación con los avances de la escritura
alfabética a partir de la escritura siro-palestina y fenicia1.
El relacionar un ovo¡ia, en principio 'nom bre propio’ , con otra palabra
tenía para aquellos etim ólogos el sentido de una ciencia, p or lo que no es raro
que a Teágenes se le llame autor de la Gram ática nueva. Tam bién a este
m étodo se le daba validez científica en otros campos que no estaban todavía
demasiado deslindados. A sí, Hecateo de M ileto intentaba extraer hechos
históricos del significado verdadero de los nombres de personas y lugares2.
Com o veremos, las posibles teorías lingüísticas de los filósofos tampoco
trascienden de esta teoría del significado oculto de ovop.a, que sin embargo
tenía cierto fundamento en la propia lengua griega; com o ya hemos dicho,
ovofia 'nom bre p ro p io ’ en H om ero se oponía a la «persona real». W o o d b u ry 3
progresó algo más en este concepto y en el hecho de que en toda la literatura
griega se cree que el ovofia de una persona tiene un ornen particular. H eródoto
nos dice en V I .50.3 que Cleómenes preguntó a C iro cuál era su nombre. Ciro
le dijo róéóv, le dijo ‘el nom bre verdadero, el que era1, su 'nom bre real’ . A lgo
parecido puede decirse de otros usos herodóteos com o ó éwv Aóyog, tó erng
dpr]fiévov éóvrog; piénsese aquí en la relación etim ológica entre £<rrí y srujiog,
éTéoq, etog; etc.
Sigamos viendo cóm o en la filosofía presocrática se encuentran indicios
de estos gérmenes de teoría semántica.

3. H e r á c lito y P a r m é n id e s

a) H eráclito

En H eráclito y Parménides se supera el ovojLia como algo más que nombre


prop io’ y se am plía considerablemente a otros aspectos de la lengua. Se ha
hablado bastante de la preocupación lingüística de estos filósofos. N o se debe
hablar todavía de una «lingü ística» separada de las cuestiones filosóficas que
se plantearon. Tanto el uno com o el otro están inmersos todavía en la
tradición oral4 y en la tradición «e tim o ló g ic a » y «a legórica ». Ellos tratan de
descubrir un orden comprensible en una «re a lid a d » que no se distingue en
nada de su «sign ificad o».
Para H eráclito, a pesar de presentar, igual que Solón y Jenófanes, una
postura crítica frente a la tradición poética anterior (contra H om ero, Hesíodo

1 E l fr. A 11 de Teágenes está sacado del escolio a D io n is io Tracio, p. 164.23. E n p. 448.13 de


la m ism a ed. se repite casi exactam ente con la diferencia de que al estudio de «letras y s o n id o s » se
le llam a yporfificrnoTixij.
2 Pfeiffer, R ., p. 12.
3 W o o d b u r y , L ., «P a rm en id e s on Ñ a m e s », Harvard Studies in Ckissical PhiloJogy, 63, 1958,
p. 155.
1 V. H av elo ck , E ., «P re -líte ra ry and the Preso era Lies», B I C S 13, 1966, pp, 44-67.
14 ELVIRA GANGUITA ELÍCEGUi

y A rq u ílo c o ), la filosofía es una búsqueda del significado «o c u lto », que es a


la vez la «rea lid a d ». E l hecho de la polisem ia lleva a H eráclito a una expre­
sión de la oculta identidad de los contrarios, a veces forzan d o las palabras:
en el fragm ento B 48 jfíog que p or su ovoy.a parece V id a ’ , p o r su acción resulta
'muerte*. ¿Cabría pensar que el carácter forza d o de este ju ego de palabras
filo só fico se debiera a ser un calco semántico de otra yvú>pr¡ de origen orien­
tal? Es curioso que el signo sumerio ti se origine del ideogram a T I que es
'flecha* y 'vid a ’ 1. En el fragm ento B 25, (íópog, que significa el destino cala­
m itoso del hombre, la ‘ m uerte’ , tiene en ¡solpa (esta vez aceptablemente
etim ólogizad a) su contrapartida de 'suerte*, 'parte adjudicada’ . Para H erácli­
to (F r. B 67) el dios es fjt¿épr} eú<ppóvr¡, xsifiúv Oépog, nóXsp.og dpévr¡, xópog Xipóg.
A sí, feó? viene a ser el archilexem a de una serie de términos aparentemente
antitéticos y opuestos entre sí: Bsóg es idéntico a los demás términos, es decir,
es el «verd a d ero sign ificad o» de la serie de opuestos. Incluso el Zqvóg ovo¡ia 'el
nom bre de Zeus’ , aunque imperfectamente, representa eí contenido Sv t ó aocpóv
en Fr. B 32.
En el poder de este Qeóg está la explicación inexpresable en la lengua
norm al de lo que subyace a lo que elemental e incom pletam ente se dice o se
percibe p or los sentidos: 6 áva?, oü tó ¡mxvtsTov scti tó iv AsXqióíg, outs Xéyst oOts
ytpÚTTTEt áXXá ar¡p.aív£t (F r. B 93, cf. B 92) « E í Señor, del que hay un oráculo,
el que está en D elfos, ni expone ni oculta, sino (sim plem ente) s ig n ific a »2.
A q u í subyace un concepto del significado un tanto ingenuo. L a realidad o su
interpretación auténtica, no se diferencia de un «s ig n ific a d o » exacto, de la
misma form a que Xóyog (cuasi-sinónimo de 6eóg) 3 es ía explicación de la
realidad, la doctrina del propio H eráciito y también su peculiar expresión
fo rm a l4. A la vez es algo casi «c o rp ó re o ». H eráclito no sólo se ha fijad o en
la expresión form al oracular, sino que creyendo firm em ente com o hom bre de
su época en los oráculos, está convencido de que éstos usan un m etalenguaje
que, libre de las trabas de la lengua ar¡paívsi, es decir, expone libremente el
«s ig n ific a d o »5. M ediante una expresión polivalente y polisemántica, que
resulta críptica6, .cree H eráclito que es posible expresar el «s ig n ific a d o » total.
Sin em bargo, fue capaz de superar estos conceptos lingüísticos un tanto
prim itivos: ovofia, el ‘ nom bre p ro p io ’ , se puede utilizar para tod o tipo de
cosas (jBíog, pióg)7 y al tiem po puede oponerse ya a ipyov la 'acción ’ en vez de
a la «persona real» com o ocurría en H om ero. Este ovojita / ípyov estará en la

1 V . G e lb , op. cit., p. 110.


2 V . Frs. B J07, B 34.
3 R. A drad os, F., « E l sistema de H erá clito . E stu d io a p artir del lé x ic o », E m érita 41,1973, p. 4.
4 R. A drad os, F., id .; M a rc o v ic h , M . «P r o b le m a s heracü teo s», Em érita 41, 1973, pp. 448-472;
H a v e lo c k , E., O p . cit., p. 58; G an g u tia , E., «C o m ie n z o s de análisis en u n id ades lingüísticas. L a
p a la b r a », R S E L 5, 1975, p. 337,
5 E l o rá c u lo (y los signos celestes en gen eral) no Áryei sino aquaíva, cf. L S J s. v. ar¡^iaivoj I 3 ;
v, tb. s.v. etc.
6 V . A x e lo s , K ., H éracUte et la Pkiíosophie, París 1962, p. 69.
7 V . Fr. B 48.
TEORÍAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 15

base de la incipiente lingüística sofística hasta el m om ento en que spyov se


convierta en Súvafiu;, evvoia, etc., varias form as para expresar más o menos
.'significado*. H eráclito, además, entre la realidad y su contrapartida en la
lengua introduce el im portante factor de la mente humana, capaz de interpre­
tarla superando los sentidos. V. el Fr. B 114 uüv vóí^j Aéyziv y también el B 1.2.

b) Parménides

Para Parm énides yAcjcroa, el 'habla’ , es algo semejante a un tercer sen tido1:
6fip.a xai f¡xf]£oc¡av ámur¡v
xai yX&oaav, y.pivai óé Áóycjj noXúórjpiv eXeyxov
ép-éQev pT}6évroc.

Tam poco para Parm énides existe un significado que sea diferente de la reali­
dad; es posible pensar (o conocer la realidad): Fr. B 3 tó yáp aCnó voelv éanv T£
xai eívai; y aunque muy oculta por la 5ó£a es posible expresarla realm ente:
Fr. 6.1 xpff Aéyeiv te voeiv r'ébv tfifievai, mientras que del «n o -s e r» se dice: Fr.
B 8.7
oú5' é x /ir) ¿óvrog éáoauj
tpáoGai a' oüdé voeiv: oü y á p <pcrróv oúSé voi-jtóv
e a n v onctig oúx i a r i.

El cam ino del «n o ser» (sigue Fr. 8.17) es oü yáp áXr]Bf¡q (cf. B 2.7). « L o
que e s » tiene que ser forzosam ente pensado y también tiepe que tener fo rzo ­
samente una expresión lingüística2, aunque ésta no sea unitaria sino en
diferentes ovó/iara. Siguiendo a W o o d b u ry 3, el significado de las líneas
B 8.38 ss.
tcj Trávr’ ovopiaraL
Óaaa fipoTÓi xaTéQevro nenotdÓTsq dvai á\r¡Qr¡,
yiyv£<j&aí te xa t ókXuodaL dvaí re kcu oüxU
nal TÓnov áXXáoaeiv Siá te /póar q>avóv áfisípsiv.

puede ser: 'R eferen te a ello (e l m undo real, el que es) son todos ios nombres
(1. óvójuara) cuantos los m ortales han puesto convencidos de que son verdad,
nacer y perecer, ser y no ser y cam biar de lugar y el aparente cam biar de
color'. Sin salir de la única doctrina lingüística existente, la del ovojia, los
nombres, aunque engañosos, no son puramente ilusorios. Son «a cco u n ts» del
mundo real, aunque están unidos a la doxa y resulten a veces contradictorios.
«S e r » (en sus variadas expresiones form ales (néXeiv, aven, tó ¿óv, etc.4), como
0£Óv en H eráclito (v. supra y Fr. B 67), pero con un m ayor grado de abstrac­
ción, viene a ser el archilexem a de toda la realidad, teniendo en esos óvójLtorra

1 V . Fr. B 7.4-6.
2 P a ra to d o esto v. W o o d b u r y , L ., «P a rm e n id e s o n Ñ a m e s » , Op. cit., p. 153.
3 Op. cit., p. 149,
4 O p . cit., p. 154.
16 ELVIRA GANGUTTA ELICEGUI

su expresión form al lingüística, igual que tam bién tiene un forzoso aspecto
sensible: eüHúxÁou oq>aípr¡g évaÁíyxiov oyxui, B 8.43. W o o d b u r y 1 cita el Fr. de
Parm énides descubierto p or C o rn fo rd en P la tó n 2
olov, ámvT]Tov TskéQsi. tú¡ navrí
ovo¡i earai

con la siguiente traducción: 'S ólo, inm óvil es el nom bre del to d o : ser’ . «B ein g
in its various verbal form s is the correct ñ a m e »3; W o o d b u ry se da cuenta de
que la conclusión parm enídea de que existen 'nombres* que son los 'verdade­
ros* está basada en un concepto de la lengua todavía p rop io del «unsophisti-
cated p eop le», aunque «Parm énides* philosophy o f ñames leads directly into
his o n to lo g y 4» . En ese voeív = eívatt de Fr. B 6.Í está tam bién (c o m o en el tj£/v
vócjj kéysiv del Fr. B 314 de H eráclito) el com ienzo de una teoría del «s ig n ifi­
ca d o ». Más tarde, ya en el V a . C., voeív será ya ‘ significar’ .

III. D I F U S I O N D E L A E S C R I T U R A A L F A B E T I C A Y C O M IE N Z O D E
L A S T E O R IA S L I N G Ü I S T I C A S 5

1. Demó g r i t o

En el siglo v está todo preparado para la difusión y espectacular explosión


intelectual de ía cultura literaria griega. P o r la im portancia que tiene en ella
la literatura escrita, el libro en fin 6, sólo tendrá parangón con la generaliza­
ción de la im prenta y el Renacim iento. Tres siglos antes se había p erfeccio­
nado el alfabeto fenicio añadiéndole las vocales y una serie de consonantes
propias del griego, sintetizando todo esto en una serie de rasgos gráficos o
Ypáp.p.aTa que se llam an aroixeia «rasgos gráficos en ren glón » en la época de
Platón.
L a im portancia de la difusión del alfabeto com o fijación de la lengua
segmentada en unidades fónicas elementales es crucial a la hora del análisis
lingüístico. Se concibe la lengua en la escritura alfabética com o algo com ­
puesto por unidades mínimas. Este conocim iento real y ob jetivo de que la
lengua humana es algo articulado y que puede ser fijado en la escritura a base
de sus unidades mínimas será la gran adquisición ob jetiva de la Lingüística
durante varios siglos y los autores griegos, siempre que emitan una opinión
sobre la lengua, harán referencia a la escritura alfabética. E l que estas unida­

1 Op. Cit., p. 154.


2 C o r n fo rd , F. M ., « A n e w F ragra en t o í P a rm e n id e s», C R 49, 1935, pp. 122-123, a ñ a d id o en
M o u re la to s , A ., The R oute o f Parm enides, N e w H a v e n -L o n d o n , Y a l e U n iv ersity Press, 1970, textos
finales en p. 284.
3 W o o d b u r y , L ., O p . cit. p. 154. E sta in diferenciación fo rm a l está u n id a a la n o existencia
to d a v ía de u n a gra m á tic a que h a y a d istin guido y clasificad o clases de p a la b ra s . T o d a v ía n o se h an
establecido siquiera los p a ra d ig m a s ; v. P feiffer, p. 12.
4 W o o d b u r y , L ., O p . cit., p p . 155, 157.
3 U tiliz o p a ra los sofistas la ed. de Untersteiner, M , Sofisti. Testimonianze e fram m enti,
F lo ren c ia 1949, 2 vols.
6 Pfeiffer, R ., p. 22 y ss.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 17

des mínimas no sean semánticas ob liga precisamente a reflexionar sobre ei


signo lingüístico en general y salir de concepciones prim itivas com o la unión
significado/realidad. E l intento de reducir los hechos humanos a unidades
mínimas observables está relacionado desde antiguo con los primeros análisis
de las artes. C om o es bien sabido el descubrimiento de ía escritura, ju n to con
el de otras artes, es uno de los estadios que aparecen en los mitos de historia
social de la época influidos por Protágoras y probablem ente D e m ó c rito 1. El
Fr. B 10 de H eráclito es introducido p o r Aristóteles en D e Mundo 396b7 con
una descripción de la com posición de los colores en la pintura. Este análisis
pictórico es evidentem ente anterior a Aristóteles, pues ya aparece en el Cra­
tilo de Platón, en relación con la com binación y análisis de fármacos, utiliza­
do para sus teorías de la segmentación de los óvófiacra en unidades semánticas
minimas = CToixeía o unidades fonéticas y gráficas mínimas. E l emplear
términos m édicos (com o p o r ej. (pápiiaxa) en relación con la lengua tam poco
es ajeno a las teorías lingüísticas de la sofística, com o hace G orgias en el
Encom io de Helena 12 (94). Tam bién las teorías pitagóricas están basadas,
com o es bien' sabido, en el análisis del arte musical y de ello dependen
estrechamente sus teorías lingüísticas, tan m al conocidas2.
Es entre los atomistas donde encontram os una m ayor relación entre
descom posición en unidades elementales y descom posición alfabética de ia
lengua. Leucipo y D em ócrito analizan la realidad en sus unidades mínimas,
las ápx«í o átomos. Adem ás, introducen o tro gran progreso al tratar de
explorar las líneas universales de clasificación de esas ápxoú. Es interesante
hacer notar cóm o la escritura alfabética ha p odido dar la idea de las estruc­
turas atom istas3, por un lado, y la de la clasificación fo rm a l y sintáctica por
o tro : en Arist., Metaph. 486b13 se nos dice que Leucipo y su éraípog D em ó­
crito (Leu cipo A 6) mantenían que los átom os o áp^aí difieren en pvojióg,
5ta9iyf¡ y Tpour¡. A ristóteles traduce a su mivr¡ estos dialectalismos co m o oxq^oc,
rá^ig y Béaig: 'form a*, 'orden* y 'posición3 y sigue: Siayépei yáp tó ¡iév A toO N
oxq/ian, tó 5é AN toü NA rá^ct, tó S e i t oü H Béoei 'la A se distingue de la ,1 por
su form a, AN de NA por su orden, i de H por su posición.’ N o s hallamos
ante un germen de «g ra m á tica » fo rm a l4 no semántico ni etim ológico que

1 P ro tágo ras en Pl., Prt. 321 considera la articulación de sp(¿>vf¡ nal óvó^ara p or m ed io de una
TÉx',f| uno de los estadios de la sociedad h u m an a. El m ito de historia social que ap a re c e en D .
S. 1.8.3, atribuible a D em ó c rito o P ro tágo ras, considera lo m ism o : rñq ipwvrj? áafjiiou x a i auywxu-
fiívr)5 oúarjq éx roO itar óAíyou Siapdpovv TCtq ké&iq xai npóq áÁAfjÁoig Tidévraq trúfj/JoAa TTEpi énáaroij rü v
ÜTT0H£i|i£vtJV yviüpijiov aipímv avroiq noifjoaí rjjv nepi ánávjíov ép^veíav. C f. C o lé , Th., Dem ocritus and
the So urces o f G reek A n th ro p o b g y , W estern R eserve U niversity, 1967.
2 P a gliaro , A ., «II C ratilo di P la to n e », D io niso 15, 1952, pp. 182-183.
3 S o b re D e m ó c rito y sus posibles teorías de las p a la b ra s estructuradas an álogam ente a la
estructura atóm ica, v. P a gliaro , A ., O p . cit., p. 83 y n. 7; G entinetta, P. M ., Z u r Sprachbetrachtung
bei den Sophisteñ und in der Stoisch-hellenistischen Z e it (D is s . Z u ric h ), V e r la g P. G . K e ll, W in terth u r
1961, p. 31 ss.
4 L a utilización de letras p a ra sim bo liza r unidades elem entales no debe ser re ch az ad a como
sim ple ejem plo sin relevancia: cf. P a gliaro , A ., Op. cit., n. 8. D e m ó c rito investigó las letras o
(rrai/eTa, con sid eradas c o m o u n id ades m ínim as d e la lengua. A ello pertenecerían los Fr. B 1a, B 20
y el título TTepi sútpúivojv « a i 5uc<púvoov ypa/ifióTíjv. H a y que añ adir tam bién los Fr. B 298 b y 299a.
18 ELVIRA GANGUHA ELICEGUI

solamente en nuestros días ha vuelto a ser relevante. Las repercusiones


semánticas son evidentes. L a diferencia AN y NA puede ser semántica, unida
a la correcta segmentación lingüística. U n reflejo de esto puede haber en el
Fr. B 156: biopi&Tai ¡±f¡ ¡lákkov tó 6tv fj tó jurj&sv sívai; 5kv ¡iév dvofiá^cov tó acop.a,
fjrjóév 6é tó xevóv.
D em ócrito investigó probablem ente con los mismos m étodos las unidades
de significado. Existe el título nepi pr¡páruv al cual tal vez perteneció el
Fr. B 20 a sobre el plural y singular de ufieiq, ocpeiq etc. Las unidades de
significado aisladas (óvójiaTa 'nom bres’ , ya no sólo ‘ nombres propios’) son
clasificadas de acuerdo con unos ciertos parámetros, lo mism o que en Leuci-
po A 6 veíam os para las ápxaí o unidades elementales. Estos ám/api^ara son
(F r. B 26) el Tro\úor)fiov, tó 5i Seúrtpov loopponov, (ró 5s TpÍTOV ¡i£TÚ)vup.ov'). t ó oé
réraprov vúvunov. Es decir: ‘ Polisem ia’ 'sinonim ia’ 'cam bio de significado5 y
'falta de nom bre’ . C om o puede verse en el mismo fragmento, los ovóiiara no
se producen tpúast sino Qéoei 'p o r institución o convención’ 1 o com o dice algo
más abajo túxu ‘ arbitrariam ente’ y probablem ente están unidos a un proceso
evolutivo en el que se produce e l cam bio semántico y el acto de nom brar lo
que en un m om ento dado no tenía nombre (vwvujuov)2. Esta investigación
sobre unidades significativas está unida a un probable progreso en la investi­
gación y descubrimiento de paradigmas y clases gramaticales. En cuanto a
qué es el ovopta en sí, parece ser que D em ócrito, com o Pitágóras, consideraba
los óvófiaTct ( t w v decóv) com o áyáX^aTa (pojvr¡£VTa (B 142), com o ‘simulacros
parlantes’ . Probablem ente el fr. citado está enraizado en la antigua línea
etim ológica que explicaba los «nom bres de los dioses». En relación con ella
habría que aducir los fr. B 2 (sobre la etim ología de 7ptToy¿veia),las indudables
alegorías homéricas de B 24, B 25 y la etim ología de yuvj] en B 122; tal vez
también B 283.
Queda por decir algo de la concepción materialista de la lengua com o
oCj¡icl: q>ojvri es un oújia ( A 127). Tam bién Í5éa: popcpf}, EÍboq >¡at tó ékáxiorov aü)¡ia
B 1443; Aóyo<; es epyou omf\ 'la sombra de la acción*. E l intento de m aterializar
Aóyog se ha visto ya en H eráclito4. Volverem os sobre ello al hablar de los
sofistas y algunos de sus seguidores.

1 Es ló g ico que los pensadores griegos del s. v a. C. im a gin a ran com o verosím il la im posición
consciente de n o m bres desde su concepto de la lengua y desde su p ro p ia sociedad, no ya sólo com o
un o de los estadios en el proceso evolutivo de com unidades prim itivas com o es la p ro p ia reducida
según puede verse en el Cratilo de P la tó n 385a,
2 C f, C olé, Th., Op. cit., p. 67.
3 L a p a la b ra aOna en esta ép oca ya utilizada com o «o b je to físico o m a terial», sign ificad o que
no recogerá P latón . V . G a n g u tia , E ,, V id a /M u erte de H om ero a Platón, M a d r id i 977. L o s áyáXjiaTa
(ptJviíEYTa de los dioses, el hecho de que (puivij sea un ad¡xa y la teoría atóm ica son re lac io n ad o s p o r
Gentinetta, op. cit., pp. 29-35.
4 C f. su p ra y R . A d r a d o s , F., « E l sistema de H e rá c lito », Op. cit., p. 5 ss.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 19

2. Los S O F IS T A S

a) Introducción. Gorgias

La aparición del etim ologism o o alegorism o se debió al intento de salvar


la contradicción entre textos poético-religiosos y una incipiente racionaliza­
ción. E l siglo v i llegó a los griegos junto con el racionalismo y la ciencia física,
el resquebrajamiento de todo el edifio religioso-poético del mito. P o r otro
lado, la ciencia hasta los sofistas era todavía algo propio de un círculo
aristocrático de escogidos, com o la escuela Pitagórica, no accesible a todos.
Los sofistas traen la vulgarización de la cultura, se interesan por el conoci­
miento en sí, tocan todos los temas y dan a luz nuevas ciencias: una de ellas
es la incipiente gramática. U n o de los problemas fundamentales en la génesis
de la ciencia lingüística, surge de la observación de un desajuste lengua/rea­
lidad.
L a ávccyM-q de la lengua (aunque sea deficiente, hay que em plearla) y el
problem a del desajuste lengua/realidad, están entre los temas más tratados
por los sofistas, iniciadores de la Lingüística. D el buscar la exactitud, surge
la duda de que tal vez la lengua no sea un m olde de la realidad. H asta aquí
hemos hablado de una necesidad más o menos científica, pero desde esta
crítica se pasa a ver este desajuste lengua/realidad desde el punto de vista de
sus consecuencias morales. Se em pieza a ver esta inexactitud de la palabra
respecto a la realidad com o lo «fa ls o » opuesto a lo «verd a d ero ». En este
sentido habremos de estudiar principalmente la oposición Xóyoq / É'pyov que,
con variantes, se ha heredado desde el siglo anterior (cf. H eráclito ovofioc} epyov
£9-10.).
C om o ya hemos dicho en otro sitio, siguiendo a P fe iffe r 1, los sofistas
fueron decisivos a la hora de la difusión de la literatura escrita. En los sofistas
encontramos algunas de las primeras y más interesantes observaciones sobre
la lengua. Sofistas y seguidores suyos se fijan en la relación entre lengua oral
y escrita2. A ellos se deberá probablemente, a Protágoras o Hipias, la primera
clasificación fonética en consonantes y vocales conocida, que reproduce
Eurípides en el fr. 578, del Palamedes.
Las teorías de los sofistas presentan rasgos asombrosos de modernidad,
com o iremos vien d o3. Unos, como G orgias y Protágoras, aunque con dife­
rencias entre ellos, supieron sacudirse la teoría y práctica anterior lingüística,
librarse de la reducida teoría de los’ óvó^iara y sus consecuencias etimológicas,
y se fijaron en el Aóyog considerado com o la «le n g u a » en general. Se expresa­

* Pfeiffer, R ., p. 30.
2 G an gu tia, E., «C o m ie n z o s del análisis en unidades lingüísticas: la p a la b ra », R S E L 5, 1975,
p. 339.
3 A d ra d o s , F. R . s «L e n g u a , o n to lo gia y lóg ica en los Sofistas y P la t ó n », R O 96, Í971, pp,
340-365 y 99, 1971, pp. 285-309 (en adelante iíO ).
20 ELVIRA GANGUHA ELICEGUI

ban precisamente en Aóyoi, no sólo discursos epidícticos sino tam bién cuente-
Cillos o m itos desarrollados para ilustrar tesis de historia social com o el que
nos cuenta Protágoras en Platón P rt. 320c ss. o La defensa de Palamedes, en
el que G orgias se aproxim a a los problem as de la traducción, o m itos m ora­
lizantes com o el de P ró d ico en su H ércules entre la virtud y e l vicio. Para estos
sofistas Aóyog, la 'lengua’ , es un «s ig n o » (G o rg ia s ) convencional organizado
de una form a especial (que luego se llam ará gram atical), tal vez perfecciona-
ble (P rotágoras). A estos hay que añadir A n tifo n te el Sofista y el anónim o
autor dé la Téxvrj hipocrática, probablem ente un sofista im p ortan te1.
E l o tro grupo de soñstas (P ró d ico , L icofrón , H ipias y seguidores suyos
com o Antístenes) se ocupa de la lengua desde el punto de vista de su
m anejo y enseñanza y usa la antigua term in ología de los 6vó\iara2, que
han i d o . pasando de ‘ nombres propios’ a 'nom bres’ . A h o ra incluirán
también los verbos y los adjetivos. Estamos a punto de queovofia se convierta
en 'palabra’ , pero esta teoría así com o la de la lengua com o signo organizado
y organizable será solamente aceptada a retazos a lo largo de ía historia; en
su conjunto las teorías de los sofistas encontrarán 1a más trem enda oposición
y silenciamiento.
L o que nos queda de G orgias consiste fundam entalm ente en discursos del
espectacular género epidíctico. P ero no se trata de simples naíyvia o m eros
ju egos de ingeniosidades o sutilezas retóricas, sino del único procedim iento
del que se podía valer G orgias en aquella época, anterior todavía al tratado
filo só fico en prosa, para expresar sus ideas filosóficas o lingüísticas.
En el rispt toü ¡if] ’óvrog, G orgias discute la validez del conocim iento y su
com unicación p or m edio del Xóyog.
L leg a a tres famosas conclusiones: 1. N a d a existe.— 2. Si algo existiera
sería incognoscible para nosotros.— 3. Si algo fuera cognoscible sería im posi­
ble el com unicarlo a otro.
Son las dos últimas conclusiones las que interesan a nuestro estudio.
Después de argumentos más o menos convincentes llega a la conclusión
de que nada existe. N o es este el lugar para discutir esta prim era con ­
clusión, ni sí verdaderam ente pertenece al discurso auténtico. Si algo
e x is tie r a , n o p o d r ía ser p e n s a d o : G o r g . B 3 (7 7 ). A b r e co n e s to una
drástica escisión realidad/pensamiento, que se hace aún m a yor al llegar a
la oposición realidad/lengua. Porqu e para G orgias no hay más realidad y
conocim iento que la experiencia sensible: G o r g B 3 (83); eí yáp rá óvra ópará
éori ua¡ ámucrrá m i xoivQg aio&rjrá, ánep éxróg irnóxsiTai, toútojv te tcz ¡iév opará
hpáaei xaTa\r¡Trrá éari, roe Sé ámucrrá áytofj nal évaXká^, n ú g ouv 6úvqit(xl tccütcí éiépu>
[iT]vÚ£o6ai;
Si algo fuera cognoscible, no p od ría ser com unicado a otro. Esto es lo que
se propone dem ostrar nuestro sofista, contra las teorías tradicionales sosteni-

1 M o rris o n , J. S., «T h e T ru th o f A n t ip h o n », Phronesis 1963, p. 42,


2 !V . p. ej., ABtístenes, Fr. 38: ápxi] r¡ai5¡útJ£ug f¡ t£>v óvo/m-rtjüv ¿mamtjiiq.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 21

das en Grecia antes que Gorgias. En primer lugar demuestra la heterogenei­


dad del Aóyog frente a la realidad; por otro lado, la relatividad humana
constribuye a hacer im posible la com unicación; G org. B 3 (84): yocp pr¡vúo-
fiEV, con Xóyoq, Xóyoq de oüx eon tóí unoxsípsva x a i ovra • oúx apa tcü ovra pr¡vúop£v
TÓtg néXaq áXXá Xóyov, dq 'érspóq éari t O v bnoasifisviov. xaOánep oüv tó oparóv oüx áv
yévoiTO ám uorbv x a i ávánaXtv, oOnoq érrei ÜTJÓMsnat t ó ov éxróq, oüx áv yévono Xóyoq
b fjpérspoq.
C on lo que jurjvúo^v es el Xóyoq, pero la palabra no es la realidad exterior
(B 3 (83) a m p bnóxEiTat éxTÓq), sino que es algo muy diferente. Nuestras
percepciones sensibles todavía están en contacto con la realidad que uTráxecrai
éxTÓq, pero el Aóyog ya no.
D e las dos relaciones que nos han quedado del discurso /"tepi toü jur) ovTog
en la de Aristóteles se equipara explícitamente Xóyoq a or¡pdov G org. B 3 bis
(22): o oüv Ttq pf) évvoei, ncoq aÜTÓ rrap' áXXou Aóyco rj aTjpeítj tiv í érépui toü npáyparoq
évvofjUEt, áXK tj éáv ¡ie v xpw/ia iñújv, éáv 5k (\¡ió<pov, áxaú^aaq', ápx?)v yáp oü (ipótpov)
Xéysi <ó Aé>ytüv oü5é xp£>Fa ; dAAá Aóyov: 'E l que habla, no trasmite ni un color
ni una experiencia’ . L o que uno tiene en su mente, ¿cóm o lo comunicará a
otro por m edio de la palabra o de otro signo diferente a la experiencia
sensible? El que trata de com unicar algo, una experiencia, no puede comuni­
car ésta, sino un mero signo. Así, pues, el Aóyo^ no es más que un mero ar¡p£Íov
srepov toü TTpáypaToq. C om o dice G orgias, lo que comunicamos no es más que
un sonido o rumor. A h o ra bien, este simple fyótpoq ¿cómo se hace algo /j^vun-
xóq, cóm o se llena de significación, adquiriendo su va lor de signo? En la
relación de Sexto Em pírico se nos dice: G org. B 3 (85): pr¡ wv 5é Xóyoq oüx áv
ór¡ÁU)9EÍr¡ srépLú. o ys prjv Xóyoq, <pr¡oív, ánó jxüv e^u í Qev npocrnirrróvTtJV fjptv TrpaypáTíov
ouvíoraTai, [ toutéoti tcüv cacrflrjTWv] éx yáp rrjq toü xuAoü éyxupqaEuq lyyívfrai fj/iív ó
Motrá Taúrrjq rfjq noióTr¡7oq éxyspópsvoq Xóyoq, «a i éx rfjq toü x p ú p a ro q únonTÚiosojq
o x a rá toü ^ tú p a r o q . « L a lengua se form a de las experiencias externas que se
presentan a nosotros». A lg o parecido dice Ferdinand de Saussure cuando
explica que la lengua no llega a depositarse en nuestro cerebro más que al
cabo de innumerables experiencias1.
Sigue G orgias algo más adelante: B 3 (85): si 5é to ü to , oüx b Aóyog to ü éxTóq
Ttapaarartxóq Icrnv, áXXá t ó éxróq
Aóyou pr¡vuTixbv yíverat: 'S i esto es así, no es
to ü

la palabra reproducción de la realidad externa, sino que la experiencia es lo


que da un sentido a la palabra1. Es la experiencia siempre anterior a la
palabra y sin ella el Xóyoq no sería sino puro \f)ó<poq desprovisto de todo
significado; tam poco se le puede llam ar significante, ya que sólo se le puede
llamar así en función de ir unido á un significado. D irá Saussure al hablar
del soporte m aterial de la lengua: « L a unidad material de la lengua n o existe
más que por el sentido, por la función de que está revestida... Inversamente,
un sentido, una función, sólo existen por el soporte de alguna form a mate­
ria l.»

1 Saussure, F ., p, 64.
22 ELVIRA GANGUTTA ELICEGUI

G orgias, insistiendo en el fo so lengua/realidad, nos perm ite hacernos


pocas ilusiones, según lo que acaba de decir, de que la lengua pueda ser una
expresión natural de la realidad: G org. B 3 (8 6 ): m i jirjv oú5e evecrrt Aéyetv ÍSt i ov

TpÓTTov rót bpaTOi xai áxouoTÓt bnoHEtrat, oürcjg xai ó Aóyog, &ot£ óúvaodai (jttohei-
¡iévou auToO xai ovrog rá Unoxeífieva xai óvra pr¡vÚ£odai. d y dtp xai ürróx£iTau q>r¡oív, ó
Aóyog, áAAát ótacpépSL tú v Xoittojv unoxeifiévoiv, xai nAeícrrw 5ievf)vox£ rá ópará odü¡iaTot
tc ü v Aóyiov. 5i STépou yócp ópyávou Arjnróv ¿ o t í tó oparóv xa't 5C áXXou o Aóyog. oüx apa
é v ó e ÍK V L r r a t tóc rroAAa t g j v u t t o j ís ij íív g j v 6 Aóyog, ücmep oüSé éxcivct rr¡v áXXr¡Xcov óiaSrjAoí
«púatv. A u n qu e el Aóyog tuviera un fundam ento real, es diferente de las restantes
realidades y sobre todo de los cuerpos visibles.
En la relación de A ristóteles y sólo en ella, aparece el tem a de que el Aóyog
además de ser un m ero orjpeTov, incapaz de trasladar la experiencia tal com o
puede ser, presenta el desdoblam iento característico de la palabra: hablar/en­
tender: G org. 3bis (23). A q u í se encuentra G orgias de nuevo frente al m isterio
de la com unicación, que se hace aún más d ifícil cuando nos encontram os con
que las subjectividades son diferentes: G org. 3bis (2 4 ): sí 5é xai Eír¡, <pijoív, év
ttXeíooi yod tcluróv, oü8lv xuiXúei ¡if¡ ójiolov tpaíveoBai auTOÍq ¡ii] nctvTf) bfioíoig éxeívoiq
oúcsl xai év rQ aúrcr eí yótp év tQ aÚTtd fjoav, ( t f q ) áv áXX' ou Súo eIsv. (25) tpaívsrat
dé oüS’ auTÓg aü-rü dfioia aio6avó¡íevog év rcp aürco XP^vy, dAA’ rrepa tí] áxor¡ xai rfj
oifiei xai vüv re xai náXai Siayópug. coore oxokfj áXXu y’ áv tcxütó aíoO onó ng.
En esta im posibilidad de com unicación a causa de las diferentes subjeti­
vidades de cada uno se nota la influencia de la teoría de la,relatividad humana
de Protágoras. Es aquí donde de nuevo se encuentran am bos sofistas desde
su coincidencia en que ei conocim iento no es otra cosa que la experiencia
sensible o la sensación.
¿En qué consiste ese Aóyog? C o m o veíam os ya en D em ó crito (cf. su­
pra 1.1.III. 1, y v. tam bién sobre H eráclito supra 1.1.11.3) es un oü ^ a : G org.
B 11 (8 ): Aóyog óuvácrrjg fiiyag écrrív, óg afiMpoTcmo ogjjliocti xai átpavecrráTüj 9siórara
ípya ánoTsXsi: 'la lengua es un gran poderoso, que con un cuerpo pequeñísim o
e invisibilísim o realiza las obras más divinas’ 1. Se trata de una m ateria sutil
e invisible que actúa com o algo tiránico con un p oder casi m ágico, más
potente a veces que otras fuerzas naturales: puede acabar con el m iedo, o el
dolor, p rovoca r la com pasión. Produce en el alm a ti Tiádr¡fia: las palabras
oportunas basadas en un conocim iento de los fallos psicológicos del o tro son
¿rrcpóüú 'hechizos’ que cambian (pETéorqoev) el alm a de la persona afectada. L a
verdad o b jetiva no interviene para nada y la palabra persuasiva actúa com o
la violencia. H elen a convencida con palabras sufre una violen cia igual que si
hubiera sido raptada p or la fuerza. A d e m á s : B 11 (12) ó ¡xév veioag cóg ávayxá-
aag áSiXEÍ, f] dé nsíodeioa á¡g ávacyxaodEiaa toj Aóyt¡j ¡i&Tr¡v áxoúet xaxQg.
Se llega a la conclusión de que el que convence, en cuanto ejerce esa ánárrj

1 C re o un e r ro r trad u cir afUHporáTío c rú ja n xai ar<pav£aráTC¡) p o r 'c o n la len gu a’ h u m an a co m o


hace Im m isch , O ., Gorgiae H elen a , Beriín 1927, p. 23, lo que ie o b lig a a in tro d u cir un (o ú ^ a r i ) tras
díipocvecFTáTifj p a r a d arle sentido, U n terstein er en Sofisti, O p . cit. 11, n. en p. 98, acepta esa trad ucción
am bigu am e n te au n q u e n o sigue el texto de Im m isch sino el de D iels.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 23

injustamente, abusa de su fuerza y obra mal, pero la persona convencida,


aunque com eta una acción aparentemente mala, está exim ida de culpa, ya
que es com o sí fuera obligada por la violencia.
ElAóyog en la persuasión es algo semejante a variados (pápuaxa que hay
que emplear según las distintas enfermedades y distintos enfermos. Para cada
caso hay que usar la palabra exacta según el xm póq y se producirá el deseado
efecto persuasivo.
Las ideas de G orgias sobre el significado se unen en una doctrina general
sobre la Traficó y las artes, incluso las plásticas. Y a hemos dicho algo de cómo
el análisis de las artes en general está unido estrechamente a los comienzos
de la lingüística1. L a v ¿l6üj y el arte tratan de provocar una ilusión. El arte
en general viene a ser una dulce enferm edad de los sentidos (ti mierda) y
también un intento de expresar una realidad que nunca se consigue, de lo cual
participa la lengua en sumo grado.
« L a belleza singular de algo escondido se muestra cuando sabios pintores
no lo pueden representar con sus probados colores, y su mucho esfuerzo y
trabajo muestra en m aravilloso testimonio cóm o es m aravillosa su interiori­
dad... L o que ninguna m ano puede tocar, lo que ningún o jo puede ver, ¿cómo
lo puede expresar la lengua o sentirlo el o íd o ? » (F r. B 28).
L a búsqueda de una garantía de verdad está condenada al fracaso. En la
lengua no se puede intercambiar ningún awpoq (v. en el Palamedes, Fr. l i a
(8 )) de la verdad sino que estamos inevitablemente obligados a valernos de
ella y aceptar ías consecuencias. N o hay posibilidad de conocer la verdad a
través de las palabras, que ia cubren com o un velo, pero no hay o tro instru­
mental y tam poco cabe pensar que pueda progresar hasta convertirse en algo
ideal. Es curioso que G orgias no profese el optim ism o de todos los demás
sofistas que se ocuparon de estos temas y que más o menos pensaron que la
lengua era algo perfeccionable a voluntad. G orgias no dice nada a favor ni
en contra de si sería m ejor este progreso u tó p ic o ; sencillamente presenta los
hechos: B l i a (35) sí jiév oóv 5iá t£>v Aóywv rrjv tcjv gpycov naOotpáv te
vsvéoQai Toig áxoúouoi (n a l) <potvspáv, sünopoq av £Ír¡ upímq r¡5i] dnó tuív sipr]pévw
énsiúrj óé oúx 0UT(jjq é'xet.

b) Protágoras. Pródico

Protágoras fue uno de los hombres más admirados de su tiempo, eí ríÁsoq


oo<pioTf}<;. Se le dio también el respetuoso y admirable sobrenom bre de «e í
Aóyog», pero al mismo tiem po que se le recuerda como un npúnoq süpsrfjq de
muchas cosas, com o uno de aquellos personajes que entraron en el m ito casi
llegando a identificarse con dioses, la reacción contra él debió de ser muy
fuerte, hasta el punto de que es uno de los primeros de quien se recueda

1 C f. supra, 1.1.111.1.
24 ELVIRA GANGUTIA ELICEGUI

haberse hecho un auto de fe con sus obras. Estas fueron quemadas pública­
mente en el agora de Atenas.
En ia filo so fía jon ia había antecedentes de posturas relativistas1, pero es
Protágoras en sus xarapáWovTeq Aóyoi «D iscu rsos d em oled ores» quien sienta
las bases de un m étod o relativista que tiende a deshacer conceptos prim itivos
de valores absolutos, reorganizados dialécticamente p or P latón a continua­
ción con efectos que han llegado hasta nuestros días. Su ttócvtgov x p w á ríjúV
jiérpov éoriv áv$puinoq (Prt. B 1. 7) «tien e una traducción lingüística. El signi­
ficado del signo está en función de aquel individuo o grupo humano que lo
enuncia... El pasaje protagórico del Teeteto (166 d) en que aparece esta
doctrina niega a las palabras un valor universal de verdad. Esta es una
consecuencia de la epistem ología protagórica cuya base lingüística consiste en
la adm isión de la existencia de diversos significados de una misma palabra
para diversos hom bres o sociedades hum anas»2.
Estas palabras quedan confirm adas p or otro sofista: A n tifo n te el Sofista,
cuyo Fr. B 1 corrupto en D iels-K ran z, es legible en la relativam ente reciente
versión de M o rris o n 3: iv tc ó 2 Xéyovri oü5é y£ voüq síq, ev t e oüóev aura) o ü t s oov oijist
opqi <o bpü>) v (íaHpÓTara o ü te úv yvcbjdr] yiyvibayisi ó tiaxpÓTara yiyvCiOKióv: 'P a ra
el que dice una sola palabra no hay un solo sign ificado4, tam poco hay una
sola cosa de las que con la vista vea el hom bre que m ejor vea o que con la
inteligencia conozca el más inteligente con ocedor/ Se declara que no hay un
«s ig n ific a d o » unitario de la «p a la b ra » (nótese que no aparece óVojua), ni una
cosa real única que corresponda a una unidad lingüística5. Esta doctrina
subyace a la term in ología semántica que veíam os en el Fr. B 26 de D em ócri-
t o 6.
A pesar de su relativism o, Protágoras creía que había un bp&oq Aóyoq, un
'razon am ien to o b je tiv o ’ . E l sofista es el «ú n ico capaz de establecerlo, el capaz
de llevar de significados que pueden ser verdaderos pero que deben descar­
tarse, al significado correcto. El que puede, según la frase tan repetida com o
alterada muchas veces, «co n vertir en fuerte el argum ento d é b il», es decir,
hacer aceptar el significado que a algunos les parece incorrecto. E l ló y oq es
común a todos los hom bres y de ahí la posibilidad de un significado con
valor, a pesar de todo, g e n e ra l»7.
L a especulación sobre el Xóyoq centrada en la búsqueda del ópQóq kóyoq,
razonam iento ob jetivo capaz de persuadir, le lleva a descubrir en la lengua
un sistema más o menos lógico, que él se esforzará en perfeccionar. G orgias

1 V . H erá ciito B 61 BáÁaooa tíSwp xaGapóTarov nal ¡iLapúraTov, etc., o J enófanes B 15.
1 R. A d r a d o s , F., R O 99, pp. 302 y 303.
3 M o rris o n , J. H ., Op . cit., p. 40.
4 S o b re voeív 's ig n ific a r5 v. 1.1.11.3.
5 M o r ris o n . J. S., Op. cit., p. 44; lo m ism o p a ra P ro tá g o ra s y otros sofistas en A d r a d o s , Op.
cit., R O 36, p. 345 y ss.
6 M o rriso n , J. S., O p . cit. pp. 37 y 45 c o m p a ra varias veces a A n tifo n te con D e m ó c ríto p ero
n o con el Fr. en relación con los sinónim os etc.
' A d r a d o s , F. R ., Op. cit., R O , pp. 303-304,
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 25

se dio cuenta del carácter de signo de la lengua, Protágoras se fijó en el


sistema. En la teoría de la persuasión protagorea la palabra casi m ágica de
G orgias está substituida p o r el óp8óq Aóyoc, el argumento objetivo ló g ico que
persuade por ser un xpe'ntojv Aóyog. Protágoras se nos aparece com o el npcoroq
eupsrfjq de la ópdoerrsía, que más tarde se convierte en la gramática.
T o d o esto va unido, com o en D em ócrito, a un progreso en el campo
estrictamente gramatical; Protágoras sigue haciendo la critica de los poetas
antiguos, pero no desde un punto de vista etim ologizante o alegórico sino
gramatical (cf. Fr. B 28, 29). N o se piensa ingenuamente que los óvójiarm y los
textos arcaicos tienen un «sign ificado evid en te» y otro «en cu b ierto» (úrróvoia)
que es el «v e rd a d e ro » (aunque estas teorías en eí futuro seguirán teniendo
vigencia por m otivos religiosos y filosóficos) sino que el significado plantea
problemas que los sofistas y luego Platón abordarán cada uno a su m anera1.
L a dpQÓTTjq es a la vez la correción form al más la oportunidad en la
selección del término, algo así com o form a más función; eso equivale a
«sig n ifica d o » para casi todos los sofistas; en algún caso podemos encontrar
opQóir¡g — óúvajLug. Sócrates cita entre las actividades de H ipias la nepi puQuüv
xai áp/ioviwv xai ypa¡ifiáT(jjv ópdórqToq en Hp. M in . 368 d, un posible título del
sofista. En Hp. M a. 285 b se repite esto com o nspl ypa¡ifjiáTU)v 5uvap.éojq m i
ouXXa¡5&v mch pu0pcl)v. Cabe pensar que al identificarse opOÓTrjq con dúvapiq se
daba a cada letra un «sign ifica d o», siguiendo tal vez una doctrina de D em ó­
crito o Leucipo, en un sentido que desconocemos, pero que probablemente
Platón aprovecha en el Cratilo.
Protágoras em pieza por reprender a los antiguos poetas el uso incorrecto
de palabras, tiempos y modos, etc. V. Prt. A 25-29, Esto está dentro de las
sistematizaciones que introdujo en la ópOocmía, entre las que también figuran
la división de los tiempos del verbo y las form as del discurso. M uy interesante
es también su división de los géneros, en appeva xai dr}Xeia, que se ha mante­
nido casi sin m odificaciones hasta nuestros días. Basándose en una interpre­
tación sexualista y por lo tanto, semántica, se advierte que lo buscado es una
corrección form al que se m anifiesta sobre todo en ía concordancia. C o m o en
el fon do la lengua es una convención humana, es una obligación el mejorar
y rehacer esta convención en favor del ópQog Xóyoq.
C o m o v e m o s , la le n g u a no es e x p re s ió n d el p en sa m ien to o de la
re a lid a d sino qu e m a n tien e su c a rá c te r de sistem a c o n v e n c io n a l que
puede, si no m odificarse a voluntad, por lo menos perfeccionarse hasta
el punto que sea x a r á t ó v ó p Q ó r a T o v Aóyov. Basándose en este rigor formalista,
no le im porta forzar la lengua: iirjviq y Trf¡Xr¡% son fem eninos en griego, pero
según Protagoras debieran ser masculinos. D e nuevo incurre H om ero en un
aoXoimafióq cuando dice juí^viv oüXofiévr¡v. Según Protágoras, esta frase de H om e­
ro a los ojos de la gente no es un solecismo y sin em bargo si dijera jurjvig

1 V . algo de esta polém ica en relación con Antístenes en Tate, J., «A n tisten es w a s not an
allego rist», Eranos 51, 1953, pp, 14-22.
26 ELVIRA GANGUTIA ELICEGUI

oüXoiiEvoq, que sería lo correcto según la ópdoEusía, parecería ante los demás
una cosa incorrecta. Pero al fijar Protágoras su atención en el aspecto pura­
mente form al de la lengua y desdeñar el «sig n ifica d o » unitario que prim itiva­
mente se creía que unía «c o s a » y «n o m b re», dio un paso que llam ó la aten­
ción de los antiguos: Prt. A l : (51) npCiToq iq>r¡ 8úo Xóyouq elvoa nspi navróq
TTpáy/JOtTO^ ávTMeipévouq áXXr¡Xotq ... (52) kot rrjv óiávoiav rrpóq Toüvo¡j.a 6iéXe x ^ -
Sólo Pródico se aparta de los demás sofistas por su creencia en un «s ig ­
n ifica d o » unitario tras de cada «p a la b ra ». D eb ió de ser el único y el prim ero
que hizo de form a sistemática un estudio semántico. Esto lo sabemos, más
que por las diversas Siaipéoetq óvojuártuv que figuran en varios diálogos de
Platón, por tres citas reunidas en el Fr. A 19 de la edición de Untersteiner1.
En una de ellas se nos dice q u e : é n s i p á T o éxáoru) t ó j v óvo/iárcuv W ió v tí or}fiaivóii£vov
únoTáowtv. Cada ovofia debe tener asignado un «sign ificado p r o p io »: se une
óvopa a una unidad de significado.
Pródico considera esta investigación un ¡iá6r¡fj.a nepi tc ü v óvofióroov áp6órr¡Toq.
D e ahí la m al llamada sinonimia de Pródico, que es todo lo co n tra río : según
Pród ico no existen sinónimos totales; cada óvo¡ia (que ya puede incluir adje­
tivos, adverbios, verbos) tiene su ídiov t i orjuaivófievov, encontrándonos así ante
una de las cuestiones cruciales de la semántica, desde que em pezaron, casi en
nuestros días, los tratados de esta disciplina.
Las diferencias entre aparentes sinónimos, son hechas p o r Pródico no p or
m edio de etim ologías2 (aunque algunas veces sí ocurre: cf. F r B 4 sobre
(pAúyoj / <p\éyfia), sino por restricciones de tipo sem ántico: áficpioBriTétú sólo
puede aplicarse al 'discurrir* entre amigos, épí^co entre personas que son
enem igos; eüfppaíveoQai es 'alegrarse’ de form a elevada o espiritual, rjóeaÉJai es
por com er u otro placer corpóreo, etc. Según M o m ig lia n o 3, e l intento de
demostrar que los sinónimos son sólo aparentes, cosa que se demuestra en
cuanto se les aplica e l m étodo semántico citado, responde a un intento de
refutación de la teoría de D em ócrito sobre el convencionalism o de los n om ­
bres. El que cada palabra responda a una cosa o acción inequívocam ente
tiene im pacto en Antístenes, que convierte la teoría de la no existencia real
de sinónimos en la de la im predicabilidad del sujeto y rechaza así la noAu T p o n í a
Xóyou de su maestro G orgias representando una reacción contra la gran
sofística en general4.

1 A d r a d o s , F. R ,, Op. cit., R O , pp, 299-300: « L a sinonim ia de Pró d ico ... está en la línea
socrática de p ostu lar un a realidad articulada en entidades a cad a u n a de las cuales responde u n a
p a la b ra distinta».
2 Sobre la discusión de si P ró d ic o usó el m étodo etim ológico o n o s v. U ntersteiner, Op. cit.,
nn. 41 y 42, capítulo X I.
3 M o m ig lia n o , A ., «P r o d ic o di C eo e le dottrine del lingu aggio da D em o c rito ai C in ic i», A n i
della Accademia di S cié m e di Tormo, 1Í5, 1930, p. 102.
4 M o m ig lia n o A ., Op. cit., pp. 104-107.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 27

IV . P L A T O N

1. E t im o l o g ía , a n á l is is c o m p o n e n c ia l y s ig n if ic a d o

L o s análisis lingüísticos-de Platón decidirán siglos de orientación, aunque


sus clasificaciones de frases y clases de palabras no sean tan claras y sistemá­
ticas com o se ha deseado ver. Platón consideraba el problem a de la lengua
com o im portante pero difícil ( tó rrepí rwv ovofiáruiv oú crpixpóv ruyxóívei ov /iá0r]/ia,
Cra. 384b) y que no se dejaba abordar cóm odam ente, dado el nivel de
conocim ientos gramaticales de su época. En el C ra tilo1 se barajan teorías
muy generales de H eráclito, D em ócrito y los sofistas; otras veces se rechazan
para intentar acoplar las ideas alegorizantes y etim ologizantes propias de la
educación anterior a la Sofística.
E l propio personaje C ratilo defiende que hay una cierta óp0órrjg o 'correc­
ción* natural en la relación entre el nom bre y t o : ovtoc nombradas. Esto ocurre
igualmente en el griego y las lenguas bárbaras {Cra. 383a). Para o tro perso­
naje, Herm ógenes, no hay mas ópQóTr¡g del «n o m b re » que la que pueda existir
por acuerdo y convención (C ra. 384c.) Esto se basa en que los nom bres de
los esclavos pueden ser cam biados voluntariam ente. El ovo¡ia puede ser dado
por un í5kótt]£ un 'particular’ o colectivam ente p o r «a c u e rd o » (auv8r¡ur¡) de la
ciudad.
Cuando habíamos ahora del significado com o algo «c o n v e n c io n a l» esta­
mos bastante lejos de la auvQqxr] y ójuoAoyía de la época platónica, en la que
todavía se piensa que se podría llegar en una nóAi^ a nom brar las cosas por
un «a cu erd o » encabezado por un v o /i o 0 ¿ tt ] £ tam bién dvofiotToupyóg y conocedor
de algunos de los puntos de. apoyo del nom bre en la realidad. Pues para
Platón el nom bre será una ¡íí^ o ig del objeto parcialm ente apoyada en ía
realidad.
En Cra. 385c se com ienza la aproxim ación a la lengua em pezando por un
intento de segmentación en unidades mínimas. Platón insiste también en que
el proceder del lingüista debe ser com o el del pintor que llega a conseguir
colores a través de la síntesis de oíros (Cra. 4 24e)2. Aóyog es una secuencia
más o menos larga, con una cierta organización (p. ej., el diálogo C ra tilo es
también un Aóyog, Cra. 383a) y virtualmente, toda la lengua. E sto ya se

1 P a ra el Cratilo hem os u tilizad o la edición de M éridier, L ., París ( B ) 19502.


- L a im agen del pintor o d ibu jan te vuelve en el Filebo, d onde se gen eraliza m ás q u e en el
Cratilo sobre la relació n entre pensam iento y le n g u a : las cosas q u e se dice u n o en su in terio r (Phlb.
38e) se desarrollan en « v o z » (<puvr¡) al contárselas a otro y así, en ese m o m en to , lo q u e es 8ó%a se
convierte en Aóyog. Sócrates sigue diciendo que nuestras (fwxffí se parecen a un libro (o ro llo ). En
este pufiXíov el co njunto de m em o rias y reflexiones escribe Aóyoi verdad eros o falsos. A su vez hay
u n a especie de ^wypáipog que pinta en nuestra alm a las im ágenes correspondientes a lo d ich o (39b).
P ro bablem en te en este pasaje se encuentra el antecedente inm ediato d el Aóyog ivdiádíioq / Aóyog
npotpopíxóq estoico, que tendrá tal influencia en la literatura ju d e o cristiana.
28 ELVIRA GAN GUITA ELICEGUI

encuentra en los sofistas (v. supra I.2 .III.2 ). A esa altura del d iá logo se llega
a la conclusión de que 6vo¡ia es la unidad más pequeña del Aóyog. "Ovojua es el
opyavov del acto de hablar, Aáyetv, del que es parte óvofiá^Eiv ( C ra . 387e, 388a).
D e todas formas, esa cierta relación entre nom bre/nom brado es d ifícil de
captar. ¿Qué se puede hacer? Ir a los sofistas es caro y poco eficaz, com o dice
Sócrates y hace decir a H erm ógenes. Considera, pues, Sócrates que hay que
volverse a la garantía de lo tradicional, a H o m ero y a la elucidación de sus
yAcDaoai. Es decir, hay una vuelta a las etim ologías y a la teoría de los óvó/iara
en relación con una teoría general de los «n om b res p ro p io s ». L e llam an la
atención tam bién los dobles nom bres de H o m e r o ; palabras de los dioses y de
los hom bres, diferentes nom bres de las personas, faceta en verdad curiosa de
H om ero. Para ello Sócrates sigue los pasos más tradicionales: 1., se hacen las
etim ologías de los nom bres de los dioses, 2., las de los astros y fenóm enos
naturales; el sol, el fuego, etc., considerados tam bién com o dioses, 3., los
nom bres de nociones intelectuales y m o ra les: (ppóvr¡aiq, vóijaig, etc. En total son
ovófiara los nom bres propios, los comunes dentro de la jerarqu ización semán­
tica de clases de palabras y los adjetivos substantivados, tó áya0óv, tó xa-
Aóv, etc.
Estas etim ologías proceden de una inspiración com parable a las genealo­
gías hesiódicas de tip o aédico que dice Sócrates le han sido infundidas por
Eutífrón, una especie de sacerdote que aparece com o la antítesis de los
sofistas (C ra . 396d, e).
Las etim ologías son desde el punto de vista m odern o en el 95 % de los
casos acientíficas y descabelladas: P latón insiste en que para hacerlas da lo
m ism o quitar un ipflóyyog, un 'so n id o ” o una letra, o ponerla a voluntad. Igual
que un m édico da diferentes fárm acos a un enferm o pero su 5úva(iiq, su
'virtu d ’ es la mism a (C ra . 394a), laSyvajutg, aquí ya el 'sign ifica d o’ , de un ovo¡ia
es el m ism o aunque se le quite o se le añada una letra. Y es que en principio
el ovofjia es una unidad exclusivam ente de significado que ni siquiera debe
tener una representación form a l fija, que se étim o logiza o define p o r m edio
de otros términos. N o sólo, se puede con toda tranquilidad substituir una letra
por otra sin que cam bie la oüaía o la Súva¿iig del ovoftot (C ra . 393d), sino que
tam bién supone que se puede substituir un ovofia dentro de un Aóyog y un Aóyog
dentro de otro Aóyog. Tenem os aquí una jerarqu ización de unidades que no es
tan fácil de diferenciar com o tradicionalm ente se cree: i. ¿Qué es lo que no
es ovofia y sirve para defin irlo? Son prfrxcn-a ‘ series de palabras’ : alguna vez
una, otras dos (áArjSeia p. ej., viene de áArj y Seía 'peregrinación divina’ ) ; otras
veces se definen p o r m ed io de palabras totalm ente inventadas p o r Platón, p or
frases enteras, etc. Se nos ha dicho con frecuencia que ía división entre ovo¡ia
/ prjfia es sustantivo/verbo, pero esto solam ente stá algo claro en un d iá lo go
posterior, el Sofista 262a ss. C o m o bien dice R . A d ra d o s 1, «trad u cción

! A d r a d o s , F. R „ R O 96, 1971, p. 363.


2 Steinthal, o b . cit., I, pp. 137-142.
TEORIAS SEMÁNTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 29

equivocada». H ay que seguir todavía a Steinthal2 en este caso, en la suposi­


ción de que pr^ara es para Platón todo lo que no es óvójuaTa, es decir, los
futuros adjetivos, pronombres, verbos que serán aislados p or Aristóteles y los
Estoicos. O, com o dice también R. Adrados, siguiendo a Prauss, «sintagma
o grupo de palabras en función de una p a la b ra »1. A sí se advierte en ía Carta
V I I (342b): para llegar aí conocim iento de toc ovtoc hay que servirse forzosa­
mente de cuatro elem entos: 6vo¡ia, Aóyog, £Í5guAov, éniaTfjprj. Existe algo llamado
KúkAog cuyo nombre es precisamente ése. Viene después su Aóyog 'explicación’
o «e l hecho de dar cuenta de la cosa», compuesto a su vez de ó v ó ( i a r a y p r¡¡ia T < x ,
L a «exp lica ción » de KÚxAog e s : t ó y á p é a t c ú v é a x á r o j v é r r i t ó p é o o v 'ía o v ú t j é x o v
návTft. A lg o parecido puede encontrarse en Lg. 895d: los elementos del cono­
cimiento son o u a ía , Aóyog rrjg o u o ía q , t o o v o f i a . Está claro que el Aóyog no está
form alizado com o sujeto + verbo sino com o sujeto + una serie de palabras
o sintagmas relacionados, válidos para explicar una oóoía, lo que también se
ha llamado «determ inaciones p redicativas»2.
A h ora bien, al indagar por qué se dice un ovo¡ia hay que hacer una
«e tim o lo g ía » a base de p r ¡ p .a T a ; a su vez hay que étim o logizar esos pifiara
¿Cuándo habrá de acabar esta cadena sin fin? Fijándose en la escritura
alfabética y en que es el resultado de un análisis en unidades fonéticas
mínimas llamadas cn-otxeia 'rasgos gráficos en renglón’ 3, Platón supone la
existencia de unos óvójuara que sean com o otoixeíoi, es decir, rasgos mínimos
semánticos componenciales de un o v o p a . Es lástima que este curioso intento
de análisis com ponencial semántico4 esté basado en dar a cada letra o sonido
un valor semántico o casi on om atopéyico5. Este m étodo se justifica con la
aplicación de la teoría de los nombres propios griegos, método que usará
Aristóteles y que no desaparecerá hasta los Estoicos. Si el prjjua «A ú píAog»
puede ser reescrito en el nombre propio ÁúptAog con elim inación de una i y
alteración del acento, será posible aplicarlo a tod o tipo de piípcrrof
(C ra. 399a, b).C ada letra o fonema tendría una nota semántica prim aria (la p
la m ovilidad, la i la ligereza, etc.) que combinándose en sílabas com pon­
drían el significado de un ovojua dado. Es interesante esta insistencia de Platón
en el conjunto ypá/i/iara xai ouÁkapaí que busca tener su correlato en ovófiara
xai pf)fuxTa en Cra. 424e.

1 A d ra d o s , F. R., RO 96, p. 363; Prauss, G -, Platón und der logischer Eleat.ismua, B er­
lín 1966.
2 Pasquali, G ., L e lettere di Platone, F lo ren cia 1938, p. 95. 'Ptjfiara equivale indiscutiblemente
a dem ostrativos (toüto, tó 5c , tótoioütov) y no Verbos en 77. 49e. V. otros usos m uy generales de pfjfiaTa
en Rep. 462c, Stnp. 198b. A ñ á d a s e entre otros textos extraplatónicos Iso cr. 15.166. A u n q u e , como
verem os, en un d iá lo g o tardío, el Sofista, se aislará dentro de p r io r a el « v e r b o » com o u n a unidad
que indica acción frente al n o m b re (Sph. 262a ss., v. in fra).
3 E l recurrir a las letras com o CTcuxeia y com o ypáfificna y al v alo r que tiene su ord en en la
secuencia o ral o escrita, reaparece en Platón : v. Sph. 253 a y n. 1 en la ed. de D iés, A . ; Paris (B )
1925. V . tb. Ph lb 18b.
4 T a l vez procedente del Sofista H ip ias y antes de D e m ó c rito ; v. su p ra y Pfeiffer, R ., pp. 53
y 60.
5 V . Belardi, W ., «P la to n e e A ristotele e la dottrina sulle lettere e la silla b a ». Proble m í di cultura
lingüistica nella ¡a Grecia classica, R o m a 1972, pp. 21-102.
30 ELVIRA GANGUTIA BLICEGUT

2. O rden , c o m b in a c ió n y s ig n if ic a d o

Piensa probablem ente Platón que alguna solución pueda darse a la exis­
tencia del significado resultante de la com binación de ypájj.¡j.aTa xai cuÁÁafioú
p or el orden en el que se producen. Platón se da cuenta de que la suma de
rasgos semánticos no produce un todo que sea una fórm ula o Aóyog an álogo
a lo nom brado, problem a que sigue planteándose hasta nuestros días. Cuan­
do C ratilo reprocha a Sócrates el carácter p oco científico de quitar y poner
letras a voluntad para llegar a hacer las etim ologías a su manera (C ra . 432a),
Sócrates dice que, efectivam ente, con un numeral, si se quita o se añade algo,
es otro número, pero para los ovófiara no se puede aplicar este rigor. En el
Teeteto se vuelve sobre ello, hablándose indistintamente de cnoixeia 'elem en­
tos prim arios gráficos y fonéticos’ a la vez que simples ‘ elem entos prim arios’
constitutivos de tod o ser. Los urotxeTcc son aAoyot 'no dan cuenta’ de lo n om ­
brado, mientras que su com binación en ouÁkafiaí. Aóyov exouoi 'd an cuenta’
(T h t. 203a). Sin em bargo, este Aóyog de lo nom brado no es la suma de los
oToixñcc. Para Sócrates hay aquí un xakóg Aóyog pero que se nos escapa (T h t.
203d). H ay que pensar que una cosa es la com binación en la sílaba (tiene idéav
¡iíav), otra los elem entos p or separado (203e). Pero igualm ente la descom po­
sición del nom bre en sílabas tam bién tiene áAoyía 'n o es una exp licación ’ , no
da cuenta real de lo nom brado (T h t. 207c).
En el Tht. 208b se espera que alguna solución pueda darse a través del
orden o el sentido en que van realizadas las com binaciones de GToixtia / tJuAAot-
paí. Este orden casi aroixr]Sóv' que ya se expresa en Cra. 422a, se extiende en
Sph. 261 d a unidades más grandes: los óvóimxtoc dichos en un cierto orden n
5rjAoüvtcí, indicando algo, se acuerdan entre sí pero los óvójitara rfj ouvexsíol ¡irjóév
orifiaívovra. son discordantes. Para explicar o dar cuenta de la olktíoe hay dos
tipos de drjXújiaTa.: ovalara y picara. En cuanto a los ovó/jara, en el C ra tilo se
llega a la conclusión de que son SrjAw/xoíra tou npáyporrog y están com puestos
de oToixsícf prim arios o sea unidades de significado primarias. En el Sofista
los SrjAíúpotTOf, ya más claram ente com o «n om b res»/ «verb o s», pueden form ar
Aóyog sólo en un cierto orden y com binación (Sph. 262a ss.): decir
Tpéxsi, ¡'tctQsúósi etc., o Aéwv, skatpog, irmog, no es una secuencia lingüística: el
germen de un Aóyog es p. ej., áv6pu>nog padí^ei. Este tipo de Aóyog es el elem en­
tal, « e l más pequeño y p rim e ro » (ÉAótxtffTÓg te nal npCÓTog Sph. 262c). Puede
pensarse pues que pitorra es una unidad com binatoria de unidades de signifi­
cado que unas veces incluye a ovófiara, otras se le opone hasta llegar, con el
progreso gram atical, a ser algo totalm ente diferenciado, el « v e r b o » frente al
« n o m b r e » 1.
L a im portancia del desglose del Aóyog o frase en ovo/iot / pij/iar ejercerá una

1 Sobre este p ro ceso v. P a g lia ro , A ., « L a n o zío n e di prjjua » en « I i c ap ito lo lingüístico delia


« P o é t ic a » di A risto te le », cap. II, Rtcerche Língutstiche 3, 1954, pp. 51-55.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 31

importancia decisiva en el futuro. Aristóteles precisará cada vez más píjpa


com o el verbo, aunque, com o veremos, todavía se encuentran en él restos de
la antigua indiferenciación previa a la distinción nombre/verbo, A filósofos y
gramáticos futuros les será difícil salir de esta división que, aún hoy, con la
gramática generativa, se reconoce com o la N P y V P de la primera regla de
rescritura: Aóyog A-s- ovcym N P + ptyia V P J.

V. A R IS T O T E L E S

1. T e o r ía s s e m á n t ic a s g en er ales y t e o r ía s d e l s ím b o l o y e l s ig n o

Generalmente se suele decir que a Aristóteles las cuestiones lingüísticas le


interesan sólo com o estudioso y sistematizador de la lógica. En realidad no
se puede precisar todavía qué es lógica y qué es gramática. L a verdad es que
las sistematizaciones aristotélicas llevan en últim o lugar a una semántica ai
servicio de frases verdaderas/falsas, afirmativas/negativas, para las que tienen
que definirse más claramente realidades existentes en la lengua, preparando
así el campo para casi todos los lógicos y gramáticos posteriores. Es más, el
análisis lingüístico de Aristóteles está también destinado a ser una aproxim a­
ción a gran variedad de campos, el ético, el político y muy notablemente el
poético2. L o que es importante desde nuestro punto de vista es que estas
aproximaciones y sus sistematizaciones están basadas en una teoría semánti­
ca, aunque dispersa y a veces inconsistente aparentemente. Según ha investi­
gado B elardi3 los campos semántico-lingüistico y lógico están en Aristóteles
más claramente deslindadas de lo que nos han hecho creer siglos de especu­
lación sobre categorías aristotélicas forzosam ente mal traducidas y fosiliza­
das. TpayéXaípoq no existe y sin em bargo su nom bre dq/jmvet ¡lév t i , Int. 16a,
com o también todo Aóyog es o7¡poíVTwóg aunque no necesariamente áTTotpavTixóc;.
Solamente cuando TpayéAa^og está inserto en un juicio con éarí pasamos a un
grado ontológico desde el puramente lingüístico. « A lg o significa su definición
(Aóyog) o nombre (ovojua) cuando digo Tpayéhaupoq pero, qué cosa es, es im po­
sible saberlo» ( A P o . 92b 6). La ciencia de los nombres y la del conocimiento
objetivo son cosas diferentes, con la curiosa particularidad, que supera las
concepciones lingüísticas anteriores, de que la lengua provee un conocimiento
que se prolonga incluso en el no-ser. Otras veces la lengua muestra carencias
y despilfarras notables: no hay correspondencia exacta entre cosas y nom­

1 R obin s, R . H ., «T h e developm ent o f the W o r d C lass System o f the E uropean gram m atical
trad itio n », Fom dations o f Language 2, 1966, p. 7.
2 V . M e K e o n , R ., «A r is ío t le ’ s conception o f langu age an d the A rt s o f L a n g u a g e », Classical
Philology 4 Í, 1946, pp. 193-206 (continuado en 42, 1947, pp. 21-50).
3 Belardi, W ., I I linguaggio nella filosofía di Ansíatele. R o m a 1975, 291 pp. (e n adelante
B elard i), v. pp. 110 ss.
32 ELVIRA GANGUTIA ELICEGUI

bres. En unos casos hay varios nombres para una cosa { T o . 103 9) o nom bres
diferentes para cosas que evidentem ente tienen algo en c o m ú n : las espinas deí
calam ar y el pescado (arímov, acHocv0a), el hueso de otros animales ó g to ü v A Po.
98a 22, o el caso de géneros literarios semejantes ( P o . 1447b 10). Sin em bargo,
la lengua en su conjunto debe de ser capaz de representar y m anejar sim bó­
licam ente toda la realidad: el núm ero de los ó v ó / ío e tc í, el léxico, es fin ito
mientras que el núm ero de las cosas es algo in fin ito ; debe darse una p o liv a ­
lencia necesaria de los nombres (y las definiciones, los Aóyot) v. S E 165a l l 1.
Las cuestiones de hom onim ia y sinonimia, pues, están en la base de las
concepciones semánticas de A ristóteles (y siguen siendo una de las más
elementales aproxim aciones a la cuestión). El principio del nepi épfipveíag 1. 1
ss. consiste en la definición de los ójucjvu^a: son aquellos que tienen el mism o
nom bre pero diferente Aóyog rfjg oúaíag 'd efin ición ’ o 'explicación*. T o d o esto
va unido a una cierta dependencia de la form a al con ten id o2, com o ya
veíam os en P latón ; tam bién se ha dicho que las categorías aristotélicas son
abstracciones a partir de categorías puramente gram aticales de la p rop ia
lengua g rie g a 3. Pero hay que hacer notar que esas categorías tod avía estaban
m uy p oco precisadas dado el nivel del m om ento de la gram ática griega: eí
prop io Aristóteles contribuyó a esa fijación y precisión. U n ejem plo, pueden
ser los diez m odos del ser en T ó p ic a 103h 20 ss. y C a te g o ría s l b. 25 ss. Se parte
de categorías parcialm ente m orfológicas, aunque definidas sem ánticam ente;
pero otras son irreductibles a categorías m orfológicas com o el npóg t i, el
Heladat y el ex£LV Que sc refieren exclusivamente a rasgos sem ánticos generali­
zados.
L a parte más sistemática de la teoría de Aristóteles puede encontrarse
en el nepi épfi/vdag, caps. 1-3. Parece evidente que A ristóteles em pieza por
poner orden én las teorías heredadas de Platón fundam entalm ente. L a im pre­
cisión ovo¡ia prjpa queda definida com o nom bre/verbo, pasando a continua­
ción a consideraciones ya puramente lógicas: In t. 16a 1, f l p& rov 5e l 6éo8ai tí
ovo¡j.a xoci t í píjpot. £TT£xrot tí éoTtv ánóyacnq Mal x a rá y a a iq x a i ánóyavoiq «cti Aóyog.
"Ecftí ¡íév oúv tol év Tf¡ (pojvi) tüív év rfj iffuxü Tra8r¡p.áTuv oúp.fioka, hoíi tdc ypccyó¡leva
twv év rf¡ (puivj). ycái dionep úüdé y p á j a r a rráoi Tá a urá, ou5l (pijjvat al aÜTaí. wv
¡lévTOL ra u T a ar^eía npwrcov, toíütoc n á a i nocdrjftaroc t í jg <f)uxijg, « a i ro tu ra
ófioiú^aTot Trpáypara f)5r} Taúrá. Qwvf] es la vo z humana o anim al y puede
analizarse en elem entos que son crúp/JoAa tcov év tí ) ipuxrj; los elem entos lingüís­
ticos son, pues, sím bolos de los TTaSrjpaTa del alma. Qué son estos na0r¡¡nara
ha sido y sigue siendo una ardua labor de interpretación. B elard i4 interpreta

1 S o b re las m últiples interpretaciones de este pasaje v. B elard i, p. 138 ss.


2 B elard i, pp. 167-168.
3 A p artir de T re n d e le n b u rg , A ., D e Áristotelis ca tegorlh , B erlín 3833. V . en B e la rd L pp. 38-61
y n. 6 ss. un resum en de esta cuestión e im p o rtan tes conclusiones.
* S o b re las gran d es d ificultades de este pasaje con la referencia del p ro p io A ristó teles a l D e
Anim a, v. B elard i, pp. 89-116, p ero v. A c k riil, J. L ., C ategoñes and de Interpretatione, O x fo r d 1974,
com . a 16s 3 en p. 113.
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 33

estos «a fe c to s » del alma com o el prim er nivel psíquico, seguidos de las


«im ágen es» y finalm ente de los «con cep tos». Pero ciertas interpretaciones de
este pasaje han llevado a la definición por muchos siglos (casi hasta el X V I I I )
de la lengua com o expresión del pensamiento, a pesar de que esos Tra6r¡jiara
son un término tan vago com o podrían ser los pr¡fiaTa de Platón. A continua­
ción ejem plifica la relación de los elementos lingüísticos, símbolos de év Tfj tjiuxfj
naQrjiictTa con las letras «s ím b o lo s » de twv ¿v t/j <ptúvrj, poniendo las cosas en
su sitio respecto a la confusa relación lengua/escritura que puede observarse
con frecuencia en los escritos de Platón. E l hecho de que los alfabetos difieran
entre sí es utilizado también para apoyar su teoría del carácter convencional
de las unidades lingüísticas1. E l esquema puede sintetizarse así: los nadr^iara
interiores son los mismos para todos los hombres. Tam bién los TTpáyjuara
externos, de los que los T r a b a r a , son ójuottá/iaTa o 'semejanzas’ , son iguales
para todos. En m edio queda la lengua y su ulterior sím bolo o m ayor forma-
Iización, la escritura, diferentes para cada pueblo.
P ero ¿qué son estos aújujSoAa y cnj/ista que form an lo esencial del fenóm eno
lingüístico? Y a desde la sofística se identifica la lengua con un ur^pslov (G o r­
gias B 3 bis (22)) y en el discutido m ito atribuido por unos a D em ócrito, por
otros a Protágoras ( V o r s o k r D em ocr. B 5.1) se dice que los hombres primi­
tivos, llegado cierto m om ento en la creación del lenguaje, al com enzar a
distinguir las Ac^tig, rfjq (pcovíjg 6' áor)p.ou Hat CH/yKexujuÉvrjg oüar¡g éx toü holt óAíyov
5iap8poüv ráq Aé^stg, «a i áAA^Áoug nQévraq oújifioka mpl éxáarou rcjv ünoxsifiévojv
yvtopi/iov oepíoiv aÜTolq Troif¡oai ttjv rrepi ocirámov épp.r]vdaq. Aristóteles recogió la
teoría incipiente del signo, que tanto desarrollo tendrá en la época posterior
helenística (v. in fra). B elardi2 recuerda para la interpretación de este denso
pasaje del ncpi épp-évdaq el significado etim ológico de aújifíokov, que en griego
es mucho más frecuente que el abstracto de «s ím b o lo »3. Iiíp/JoAov es en prin­
cipio cualquiera de las partes o matrices de un astrágalo, placa de arcilla o de
otro elemento partido intencionalm ente a efectos de futura identificación o
contraseña; la palabra es la otra m itad que en el nspi épusveíaq encaja con un
ná6r¡pa ¿v Tfj ijiuxf} previo un acuerdo o auvdf¡mj. En S E 165a 11 se dice que los
óvóficcTa se usan com o uúfi¡3oÁa o contraseñas convencionales en lugar de las
cosas. M anejam os estas contraseñas en lugar de las cosas de igual m anera que
los que hacen cuentas manejan i¡if)tpq o piedrecillas o fichas para contar. La
com paración de los dvófiara con los calculi tal vez sea intencionada también
en el sentido de que el «s ig n ific a d o » numérico de los ijrtfaíj usados para contar
viene dado por representar estos valores sim bólicos polivalentes que se preci­
san por su posición relativa dentro del ábaco4.

1 K retzm an n , p. 362. V . C oseríu , E.¡ « L ’arbitraire du sign e: Z u t Spatgeschichte eines aristote-


lischen B egriffes», Archiv 204, pp. 81-112.
2 Belardi, v. pp. 82, 83, 198-202.
3 V. L S J s.v.
4 V . H eath, T h ., A H istory o f Greek M athem aücs, O x fo r d 1921, I, p. 46 ss.
34 ELVIRA GANGUTTA ELICEGUI

A ristóteles en el m pl éppévsíag pasa a hacer una definición sistemática de


los elem entos lingüísticos significativos. En ía P o é tica hará lo m ism o también
con elem entos lingüísticos no significativos, para lo que tendrá que apoyarse
en criterios sintácticos o de posición en la cadena hablada.

2. U n id a d e s l in g ü ís t ic a s s ig n if ic a t iv a s

a) ovopa

En el In t. 16a 19 (v. tb. Po. 1457a 10) se dice: "Ovofia pév oúv éurl <pojvf}
or¡¡iavTLMr¡ Mará ouvQfjxrjv aveu xpóvou, f)q pqSév pépoq éorl orjpavTixóv x£X(*)piapévovmév
yáp tw KáAAimrog tó 'ínnoq oübtv xaQ' a uro or¡paívzi, Qonep év t í o Aóyto r ü xakóq ÍTrnog.
oü fiijv oü5’ Cjcrnsp év rolq ánAoíg ovópaoiv, oürujq ex£i nai év rolq mTrXeypévoiq' év
éxeívoiq pev yáp oü&apCbq tó jiépoq or¡pavrwóv, év 5é roúroiq (iauXarat pév, áAA’ oüSevóq
Htxwptofiévov, olov év r ü énay.rpoMéXriq tó xshjg. tó 5é xará cuvQr¡Hr¡v, on q>úaci tü v
óvopártov oüSév éanv, áAA’ orav yévr¡rcct oúpfioXov ene i 5r¡Xoücjí yé ti «a i oí áypápparoi
ijiótpoi, olov 9r¡pícüv, üjv oüoév éanv ovopa.
Después de esta definición A ristóteles explica en prim er lugar la últim a
con d ición : el sentido unitario de ovopa frente al análisis com pon en cial que
ofrecía Platón en el C ratilo. N i siquiera los nom bres com puestos tienen un
significado com puesto: ímrog no es autónom o en el nom bre p ro p io KáÁÁinog,
m ientras que en xakóq mnoq cada una de las palabras tiene su significado
autónom o. E l hecho de que en la lengua la suma de los elem entos no da el
resultado que sería de esperar, es algo que ya preocupaba, com o hem os visto,
a Platón. A ristóteles tam bién lo tiene en cuenta, u tilizán dolo para ejem p lifi­
car sus teorías de la fo rm a y ía sustancia ( M eta p h . 104 l b 16-19).
Para Aristóteles, el nom bre recubre de form a unitaria, no analítica, lo que
puede descom ponerse en un Aóyog o 'explicación ’ o en el ya form a liza d o
bpiopóq o ‘ defin ición ’ con los que sería -permutable (v. Ph. 184a 24). E l nom bre
Húxkoq abstrae de form a unitaria y global un Aóyog o bpiapóq xa & motor a.
“AvQpíovoq puede ser sustituible, aunque no en la cadena hablada, p or ov
$vt]róv, úrrórTouv, Sírrouv, ánrepov A P o . 92a l 1. Frente al ovopa que recubre una
realidad definible y es lo m ism o que su definición (tó ovopa xai ó Aóyog tó oíútó
ar¡paiv£i, Top. 162b 37), A ristóteles coloca ovx avBpLúmq {Int. 16a 30), del que
no puede decirse que sea un ovopa sino sólo un áópiorov ovopa que puede
recubrir de manera indefinible todo lo que no es avBpwnoq.
L a definición del nom bre en A ristóteles recuerda tod avía la tradición
lingüística basada en teorías sobre los nombres propios (v. supra 1), que sirve
tam bién para apoyar la teoría del «n o m b r e » « a r a uuvBfixqv 'con ven cion a l5,
cosa que ya se discutía en eí C ra tilo ejem plificán dolo con los nom bres

1 V . B elard i, p p . 138, 143, 174-178; P a g lia ro , A ., « II cap ito lo lingüístico d ella P o ética di
A ris to te le », R icerch e Linguistiche 3, 1954, p. 37 n. 2 (en ad elan te « C a p . L in g . P o e t » )
TEORIAS SEMANTICAS EN LA ANTIGÜEDAD 35

propios que se «p o n e n » por simple «a c u e rd o ». A ristóteles afirm a que el


nom bre es «co n ven cio n a l», no habiendo ninguna relación natural entre el
nom bre y lo n om brado: la única relación consiste en que el prim ero es
sím bolo del segundo.
Tam bién subraya el carácter específicam ente lingüístico del ó'vojia com pa­
rándolo con los ipóqsoi áypá/¿juaToi,.los*sonidos inanalizables fonéticamente*, de
los anímales que significan algo, pero no son óvófiara.
Otra condición im portante es el hecho de que el nom bre no expresa
tiem po, es áv£u xpóvou, lo que prepara la definición del verbo. Esta definición
negativa tendrá una im portancia gigantesca y m antendrá durante siglos el
protagonism o del nom bre en la semántica, la filosofía y la teoría de las partes
de la o ra c ió n 1.

b) E l verbo

Int. 16b^ 6 : ‘Pfjfia Sé éan tó npooar¡(iaivov xpóvov, oü p-épog ouSev orjjiaívsi


¿orí Sé tQ v 'a <x& ETÉpou ksyofiévojv ar¡ii£iov. Aéyco 6' óti npooor¡¡iaív£L xpóvov, olov üyíetcc
fiév óvo¡ia, tó 5’ üyiaív£i prj/icr npooornicúvzi yáp tó vüv úttápx£iv. wai ásl tcjv unap-
XÓvrcov ürjjietóv éanv, otov t¿ov xaO’’ ünoxeiiiévou.
El verbo cumple la condición de significado unitario (ninguna parte de él
tiene significado aparte) que afecta tam bién al nom bre y 'adem ás indica
tiem po’ . E l significar 'adem ás’ de las condiciones generales de tod a unidad
significativa, tendrá en el futuro las enorm es consecuencias en las teorías
semánticas m edievales donde eí concepto de la «c o n sig n ifica ció n » será uno
de los temas más debatidos. En Aristóteles, la consignificación «tie m p o »
viene aplicada explícitam ente al p a s a d o : en la definición de pfjfíot de la Poética
1457a 14 se aclara que áv&pu)Tioq XEunóq o oü or¡f±aív£i tó tjóte, mientras que la.
oposición presente/pasado en el verbo se ilustra con el paradigm a jSaSí^a / fe tf
5m e que ha servido para ilustrar el hecho de que ya en época de A ristótelés
presente/perfecto indicaban una oposición de tiem po en lugar de la más
antigua de aspecto2.
El verbo lleva tam bién una definición paralela en In t. 16b 7, eotl tüv xad’
etepov Xsyojiévuv or}¡i£iov ‘ es tam bién signo de lo dicho sobre otros’ . A s í com o
el áveu xpóvou del nom bre preludia la definición del verbo com o 'c o n tiem po’ ,
la segunda definición del verbo prepara la del Aóyog o frase. A q u í el verbo
hereda propiedades de los plisara que están aún imprecisas y a veces indefi­
nidas en Platón (salvo en el Sofista 262 a )3 pr\[ia.Ta son elem entos que sirven
para expresar los atributos inherentes al nom bre). A ristóteles aísla para el
verbo fin ito esta propiedad.

J Stankiew icz, E., « T h e D ih ty ra m b to the verb in 18th an d Í9th C e n tu ry L in g u is tic s », Studies


in the H istory o f Linguistics, op. cit., p. 159 ss.
2 A d r a d o s , F., R. E volución y estructura deí verbo ind oeuropeo2, M a d r id , C S IC , 1974, p. 84 ss,
3 E s m ás, en Int. 1(? 20 A ristóteles dice ovo/xa refirién d o se a n o m b re s y verbos, c o m o hacía
P ró d ico .
1.2
Historia de la lexicografía
griega antigua y medieval

I. IN T R O D U C C IO N

E l planteamiento de los problem as de la lengua surgió m uy tempranamen­


te entre los griegos aunque de estos inicios conozcam os m uy poca cosa. Si
tenemos en cuenta que durante tres siglos (d el 600 al 300 a. C .) los poemas
hom éricos fueron objeto de estudio y que estos poemas tenían ya para los
griegos de esos siglos problem as de com prensión de ciertas parcelas del
lé x ic o 1, se com prende fácilm ente que p o r razones escolares surgieran léxicos
o glosarios para entender muchas de sus expresiones. Esta es la tarea que
llevaron a cabo oí yXooaaoypátpoi (los escoliastas de H o m ero ) a los que tan
duramente ataca el gram ático y también escoliasta hom érico Aristarco
(III/ II a. C .) porque dichos yXojoaoypátpoi se basaban en el contexto y no daban
los verdaderos significados de las palabras2.
E l caso de no com prensión de un texto p or los propios griegos no ocurre
sólo con H om ero sino también con los antiguos textos legales com o son las
leyes de D racón y Solón y las en piedra en general3.
Cuando en el siglo v surge la especulación científica en torno a la lengua,
ésta corre a cargo de filósofos y sofistas. Surgen entonces problem as de
lingüística general com o es el del origen de la lengua. Para unos las palabras
son púoEi mientras que para otros son Oéoei, pero nuestro conocim iento sobre
esta especulación es muy escaso: se reduce a unos pocos fragm entos transmi­
tidos de form a indirecta4. Q uizá la m ejor fuente sea el C ratilo de Platón

1 E n el Fr. 222 de A ristó fan es de la edición de E d m o n d s, u n o de los personajes de la o b r a


pregu nta a o tro p or el sign ificad o de mpujjifia (II. 9. 241) y de áfxevrjvá xáprjva ( O d . 10. 521).
2 C f. K . Lehrs, D e Aristarchi studiis homericis. L eip zig 18823, p. 37 ss.
3 E n ei m ism o fragm en to de A ristó fa n e s tam bién se p regu n ta p o r el sign ificado de ífiuíoi.
4 ’ O t o ív u v é v t< £ K p a T Ú A c f) l i ú x p ó m ¡ g S i a i T Ú v t<¿> t í K p a t ú á í^ i x a i t ú *E p f i o y é v E i S L t x f e p o f jié v o ig ánó
ó ia jiÉ T p o u rrepi toü ipúoei elvai r á ovófiara rj déasi Seíxvuaiv tí>g oüre otírwg éot\ Béast (bg'Bpnoyévijg fj^íou...
oüt£ oú’rojg (piiúEL, ¿jg ó °Hpán\£irog IkEyev, A m m o n io , In Aristotelis de Interpretatione commentarius,
C I A G V 1. Pars V , p. 37. Oüx apa, <pr¡al üuBayópag, toü Tuxóvroq ¿ari tó óvoparoupydv, áXXá toü tóv vo uv

bpCivToq x a i t i)v ipúaiv tO v ovtcjv' fúaei apa tú óvóp.aTa. 6 &r¡uóxpnog 8écsi kéyu v t q óvg¡joítoí óiá Tsaaápojv
ém xíípw áT uv toüto xareaxsúa&v, D em ó crito B26. C f. p a ra este p ro b le m a H . Steinthal, Geschichte
der Sprachwissenschaft bel den Griechen und Róm ern, Berlin 1890, I, p. 168 ss.
62 CONCEPCION SERRANO AYBAR

donde los tres interlocutores H erm ógenes, C ratilo y Sócrates m antienen una
discusión sobre la naturaleza y el origen de la lengua y en la que cada uno de
ellos es el defensor de una de las posturas. H erm ógen es m antiene que la
lengua es Béoei, C ratilo, seguidor de H eráclito, que ésta es cpúasi y Sócrates
m antiene una postura interm edia en la que sostiene que la lengua se funda en
la naturaleza, pero que la m o d ifica la convención. G racias al C ra tilo tenem os
algo más de m aterial para form arn os una idea de lo que P la tó n pensaba a
este respecto. P la tó n es desde luego el prim er especulador sobre la naturaleza
de la lengua y el prim ero asim ism o que intenta hacer una filo s o fía del lengua­
je aunque para él la lengua está subordinada a la im p ortan cia de la dialécti­
c a 1.
Esta discusión sobre la naturaleza de la lengua continúa en la A n tigü ed ad .
A ristóteles rechaza la op in ión de que las palabras son yüoet y sostiene que su
significado es puram ente co n ven cio n a l2. Epicuro m antiene que las palabras
en prin cipio surgieron de fo rm a natural, pero que después fu eron p o r co n ­
ven ció n 3. L a postura Qéoei tam bién la adopta el filó s o fo m egárico D io d o r o 4.
P ero no se im pon e esta postura y los estoicos vuelven a la teoría de la lengua
<púoei5 que incluso sigue m anteniendo en e l siglo i a. C. el gram ático latino
N ig id io F íg u lo 6. Sobre tod o esto, véase 1.1.
P ero com o ya hem os aludido más arriba H o m ero , co m o edu cad or de
G re c ia 7, es ob jeto de estudio p o r parte de los sofistas (los educadores de la
época). Entre estos prim eros estudios de H o m e ro hay que citar la ob ra de
D e m ó c rito de la cual sólo conocem os el título nepi ‘ Ofiqpou i) ópBoeneíriq x a i
yAcjccécjv8. A u n qu e D em ó crito tiene tam bién una aportación lexicográfica
varia, según nos dice D iógen es L a ercio en la lista de obras adscrita a D e m ó ­
crito bajo el epígrafe de las llam adas ¡louatxá, entre las que se encuentra un
óvofiacmHóv. Toaaüra x a i f á fiouaixá. D e obras semejantes y de la m ism a época
tenem os n oticia p or la m ención de G orgias autor de un óvofiaartxóv10, y de
Antístenes, autor de varias obras m ás: nepi Xé^etog fj nepi xapaxrrípcuv11, nepi
natSeíag f) nepi óvo/iároüv y nepi óvofíárwv xPÚa£CJG é p io rix ó g 12.

1 P a r a los p ro b le m a s que p lan tea el Cratilo de P la t ó n so bre las teorías de la le n g u a y que,


creem os, s o b re p a s a n los lím ites de nu estro estu dio , cf. el to m o co rre sp o n d ie n te a P la t ó n d e la o b r a
de Z e lle r -M o n d o lfo , L a filosofía dei G re ci nel suo sviluppo storico, F lo re n c ia Í932. Y ta m b ién
J, A . E. S an dy s, A history o f Classical Scholarship, N u e v a Y o r k , 1967, I p. 92 ss.
2 ... Stí <púff££ tójv óvofiáríjv oóSév éotiv , áAA’ orav yévr¡Ta aúfifíoÁov, Int. 16a27.
3 Tá aven ara ápxrjg Oéasi yevéoBai..., Epicuro., Epistula a d H ero d o tu m 75.
4 ’ o ü x árroSe^ófisOa t ó v óiaXexrimv A ió ñ u ip o v n á a a v oíó/líevov or¡fiavnxriv elvai nal n p ó q t t ío t iv

naXÉaavra tcüv éa uToü riva oíxetcív « ’AAAá fif¡v» xai céAAov aAAy auvóécr¡xu), F r. 112, K . D o r in g , D ie
M e g a rik er. K o m m en tierte Sam m lung der Testimonien, A m s t e r d a m 3972.
5 5 F F I I , p. 44.
6 A u l o G e llio 10.4.
7 Tf)v 'EAAáóa TTEmxídeuMEv, P la tó n , R epú blica 606e.
8 D e m ó c r it o B20a.
D . L . 9.48 = D e m ó c r it o B25b.
10 P o li. 9 Praef.
11 D . L . 6.1 .
12 D . L , 6.17.
LEXICOGRAFÍA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 63

A parte de la noticia de estos trabajos puramente lexicográficos, preocu­


paron también en esa época problem as que llam aríam os ahora de semántica,
com o ocurre con Pródico, interesado en el uso correcto de las palabras y en
la existencia de sinónimos según nos cuenta P la tó n 1; o Protágoras, que critica
el verso prim ero de la ¡liada, ¡irjviv aeide 8eá por usar una form a de orden en
lugar de un ru ego2; o Hipias, que hace la observación de que TÚpavvog no se
emplea hasta A rq u ílo co mientras que H om ero al tiranuelo Equeto le llama
fjaoiÁeúg3.

II. L O S P R IM E R O S G L O S O G R A F O S

Sin em bargo, la lexicografía propiam ente dicha se inicia en Alejandría


com o una rama más de la filo lo g ía que surge con toda su fuerza a partir de
una literatura que no es más que el reflejo de la de época clásica y que carece
de una verdadera espontaneidad creativa así com o de un auténtico genio. La
literatura de esta época no atrae ya a todos los hombres libres, com o ocurría
en Atenas, sino a un pequeño grupo de intelectuales. Se com prende fácilm en­
te que estos hombres de espíritu crítico muy cultivado hayan pasado no sólo
a la H istoria de la literatura sino a la de la F ilo lo g ía (es el caso de Calim aco
o A p o lo n io de Rodas). La época alejandrina se puede definir com o la de la
erudición y la crítica.
Este com ienzo de la lexicografía lo abre A n tid o ro de Cumas, autor del
que no se sabe nada y que incluso ha tenido graves problemas de datación4
para situarlo en el siglo iii. En los escolios a la rpa¡i¡iaTixf] téxvt} de D ionisio
Tracio cuando está tratando de dar una definición del título de la obra de
D ionisio, el escoliasta d ic e : tó npórepov 5é ytpiTtnr¡ ¿Aéy£To, nal oi Taúrrjv ¡isTióvreq
ytpiTiMoí' ’AvTÍSbjpoq Sé t ig Ku¡iaioq ouYYpatftá¡j.£vog «Aé%iv» énéypaips « ’AvnSúpou
Ypa¡x¡ianKoO Áégig», nal én toútou fj rrote Hpninf\ ypa/jjjartKrj XékenTai KCti ypajjjuomxoi
oiraÚTrjvfi£TióvT£gs. Y más adelante nos lo presenta com o eí prim er gram ático:
tpaai 5é ’AvTÍSíúpov tov Ku¡iaíov rtp&TOv emyeypapévat aüróv ypa/ijicmKÓv aúyypaju/iá ti
ypátpavTa ílspi '0¡dr]pou kckí ' Haiódou.
Pero el más temprano de los poetas y filólogos alejandrinos es Filetas de
C os6 (340-285 ó 283 a. C.), que no sólo fue preceptor de P tolom eo Filadelfo
sino de Z en ód oto y Hermesianacte. Es el autor de unos "Atoiktoi yAüxjaat al
parecer más antiguas que las de A n tid o ro de Cumas según la opinión de

1 Platón , Cralilo 384b.


2 Cf. A ristóteles, Poética 1456” 15 ss.
J Od. 18.85.
4 B. A . M ü lle r, R E Su ppl. III, col. 121 ss. dem uestra que no se puede situar a A n tid o r o en
el v a. C.
5 Schol. D . T ., Gr. Gr. III, ed. H ilg a rd , p. 3.24, cf. 7.24.
6 L a m ejor designación de este au to r nos la conserva E stra b ó n 14.2.19, que al d a r u n a lista de
los hom bres ilustres de C o s le d enom ina mtr¡Ti)g áfia nal xpinHÓg.
64 CONCEPCION SERRANO AYBAR

W . K u ch en m ü ller1 frente a las de C o h n 2, Im m isch 3 y L a tte 4. N o s han sido


conservadas p o r diversas fuentes5 puesto que fue obra muy fam osa en la
A n tigü ed ad y usada por autores contem poráneos que se aprovechan del
acopio de glosas de Filetas6. L exicógra fos posteriores com o Jenócrito de Cos
(vid e in fra ) y F ilin o de C o s 7, com entadores de los escritos hipocráticos con
recensión e interpretación de palabras, nos dan ejem plos basándose precisa­
mente en la autoridad de Filetas. Incluso siglos más tarde P á n filo (I d. C .),
autor de la ob ra más im portante de la lexicografía antigua, sigue citando a
Filetas de fo rm a concisa: 0tXf¡raq év ’ A-ráKTOig. Esta concisión en la cita se
explica porqu e yXGyaaai había muchas, pero áram oi yAwaaai, excepto la obra
de Filetas, ninguna.
Estas áTccHToi yX&aaai consistían al parecer en las notas que Filetas iba
tom ando de las palabras raras de H o m e ro y otros autores líricos en sus
lecturas, así com o de las palabras dialectales y de ios térm inos técnicos.
N u n ca las orden ó Kara aroixsTov y de ahí su nom bre áraxToi, p o r el que son
con ocid as8.
L a fam a que alcanzó Filetas en todo el m undo griego es evidente. En el
fragm ento conservado® de una com edia de Estratón (m a .C .) el cocinero usa
arcaísmos hom éricos para cosas corrientes y su am o se ve ob liga d o a usar el
libro de Filetas para ver su sign ificado: ''D ore 5elv / t ú v toO <Pt\ná XauPávovra
¡5i(3Xíuv /ohotteTv exaorov t í 5úvarat tw v pr}(iátcov.
E ite m ism o pasaje figura en una an tología de poesía para uso escolar de
fines del siglo n i10.
T o d a v ía más, siglo y m edio después A ristarco se sentía ob liga d o a escribir
Tjpóq 0iXr¡Tav11 para deshacer errores en cuanto a la lectura de ciertos textos
hom éricos, puesto que la autoridad de Filetas seguía siendo válida. En una
nota m arginal a Estrabón 3.5.1 se cita 0iXr¡Táq ¿v 'Ep¡ir¡veía que no sabemos
bien que quiere decir, pero parece se trataba de un libro en el que se discutían
variantes del texto h o m érico 12. Se sabe que una de las glosas discutidas es
¡íeXayupávivov, p or eso cuando se publicó un ’ ovo¡iaoriKóv de térm inos poéticos
en P H ib e h 172 en el año 1955, que em pezaban p or \íe\ol- y con fecha del
270-230 a. C., surgió ía discusión sobre si este óvoj¿aoTMÓv era parte de las

1 C f. W . K u c h e n m ü lle r, Philetae C o l Relíquiae, D iss. B erlín 1928, p. 112.


2 L . C o h n ap. B ru g m a n n -T h u m b , Gr. G ra m m 4,) p, 682.
3 O . Im m isch , Jb. f . Philol. 141, 1890, p. 695 ss.
4 K . L a tíe , Philologus 80, 1925, p. 159.
5 A te n e o , E t. M a gn u m , los escolios de A p o lo n io R o d io , O rio n , H e s iq u io , E s tra b ó n y los
escolios hom éricos. '
6 C f. Fr. 43 y 44 de la edición de K ü ch en m ü ller.
7 F ilin o de C o s (v iv ió p o r el 250 a. C .) es el m édico fu n d a d o r de la escuela em p írica (G a le n o
14.683) y com entarista de H ip ó c ra te s según E ro tia n o , p. 5 de la ed ició n d e N a c h m a n s o n .
8 No está de acu erd o con esta in terpretación de a ram oi yAwacai B lu m en th al en RE 19.
c o l 2169.
9 C . A u stin , C G F 219.
10 D . L . P a ge, Greek Literary Papyri I, 1942, n. 57, p. 266.
11 Fr. 54 y 55 de K ü c h en m ü ller.
12 Fr. 56 y 58 de K ü c h en m ü ller.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 65

árctxToi yXC)ooai de Filetas. E l hecho de que las palabras no estuvieran alfab e­


tizadas corrob orab a esta opinión, pero el hecho de que no trajera exp licacio­
nes de las palabras parecía contradecir lo que dice el personaje de la com edia
de Estratón. D e cualquier fo rm a no es un glosario hom érico típico de la
época de los prim eros P tolom eos com o son los del P F reib u rg 10 y el del
PH eidelb, 180 V + 5V o del p ro p io P H ib e h 175, ordenados todos ellos
alfabéticam ente, sino algo más esp ecial1.
A unque p oco sabemos de los contem poráneos de Filetas, cabe citar aquí
a Simas de Rodas, que escribió poem as y glosas durante e l reinado de P to lo -
m eo I. Simas pasa p or ser el creador del género technopaegnion que causaba
gran sensación en la Antigü edad, pero curiosamente los antiguos lo designan
únicamente p o r ypa¡ifxaTtHÓg2 y Suda encabeza sus obras p o r las yAcoaam antes
que los poem as3. D e sus tres libros de glosas sólo se nos han conservado
cuatro palabras en A ten eo.
Z e n ó d o to de E feso (325-234), discípulo de Filetas y prim er bibliotecario
de la biblioteca de A lejandría, pasa p o r ser tam bién el prim er ed itor de
H o m e ro 4 que usó varios Mss. de este autor. D e su obra com o ed itor y
com entarista de H o m ero nos ha quedado m ucha docum entación, sobre todo
en los escolios. D e él se ha dicho que escribió Poesía épica de la cual no nos
ha llegado n a d a 5, pero de lo que sí hay seguridad es de que inició los estudios
de H o m ero en gran escala con un trabajo m etód ico en dos vertientes com o
ed itor y com o lexicógrafo. Indudablem ente, este léxico fue de m enor exten­
sión que el de su m aestro Filetas, pero más cóm od o de m anejo puesto que
esta obra viene ya alfabetizada6.
Creem os que es aquí lugar adecuado para citar la obra que con el título
ZrjvoSórou 0 iÁ£t aípou íle p i Óiaipopág <pcjvcov o con títulos similares se con­
servan en varios Mss. y que ha sido falsam ente atribuida a Z e n ó d o to de
Efeso, con cuyo glosario no tiene nada que ver. E l error arranca de una
confusa nota en Schmid-Stáhlin, Geschichte der Griechische L ite ra tu r I I 16,
1920, p. 260, n. 4, en la que parece interpretarse que el glosario de Z en ó d o to
de Efeso tiene coincidencias con otros glosarios editados p o r W . Studemund,
Anécdota varia, Berlín 1886, pp. 102-105 y 288-290, pero no es así sino obra
de un h om ón im o o varios.
C on C alim aco de Cirene (310-240) vuelve a darse la com binación que ya
se dio en Filetas de gram ático y poeta, pero de entre ellos Z en ó d o to había

1 C f. p a ra to d o este p ro b le m a el P H ib e h 172 y R . P feiffer, A H is to ry o f Classical Scholarship,


O x fo r d 1968, p. 91. C o n respecto a to d o s los glo sa rio s a p a re c id o s en p a p iro s cf. Pack.
2 E s tra b ó n 14.2.13 entre los ro d io s fam o so s.
3 S u d a s. v. hp/jtcxq dice ypafiíiaTixóq. sypa$,E ¡"Xúaaaq j3¿/3Aía y .
4 S u d a s.v. Zr¡vó5oToq. A u n q u e p arece ser que A n tím a c o de C o lo fó n hizo la p rim e ra a finales
del s. V ., si bien su o b r a n u n ca fue lla m a d a ÓwpQoxstq. C f. Fr. 131-148, 178, 190 y p. X X I X de la
edición de B. W y s s .
5 S o lam en te la S u d a s. v. Zr¡vó5oToq le llam a énomtóq.
6 Cf. H. Pu sh, Quaestiones Z enodoteae, D issertatio n es P h ilo g ic a e H allen ses X I, 1890,
p, 188 ss.
66 CONCEPCION SERRANO AYBAR

dado un gran avance creando una nueva filo lo g ía . D e C alim aco es p ro b a b le­
m ente una de las obras filológicas más im portantes de la A n tigü ed ad , los
ü ív a x e g , una especie de catalogación general de las obras de la ép oca clásica.
Entre estos n ív a x e g se encuentra uno de sumo interés para nosotros. Se trata
al parecer de una lista de glosas, con lo cual C alim aco parece seguir la
tradición de g lo só g ra fo com o Filetas y Z en ó d o to . Se trata de níva% tw v Áqfxox-
pírou yAcüaacüv xoct crcfvrayjLíáTUJv1, que al parecer consistía en una lista de las
obras de D e m ó c rito y de palabras raras. E sto ú ltim o es sorprendente p orqu e
aunque D em ó crito es un in n o va d o r del lenguaje filo s ó fic o , no se caracteriza
p o r el uso de palabras extrañas, sino que más bien él ha sido un g lo só g ra fo
de H o m e ro (vid e supra).
O bra tam bién de C alim aco son las iQvmái óvofiaoíai que parece ser
estaban redactadas p o r materias, com o los nom bres de peces y otros diferen ­
tes. Es posible que títulos com o nepi ávépaov (F r. 404), nepl ópvégüv (F r. 414-428)
sean subtítulos de esa obra, así com o /utjvoÓv npoor¡Yopía xa rá edvog xai nóksig
(p. 339 ed. P fe iffe r). Esta obra, prim era en su género, fue m uy usada p o r
A ristófan es de B izancio y generaciones posteriores. M ás d ifícil es decidir si
títulos conservados tales co m o xríosig vqoojv xai nóXecjv xai p.£Tovojuaoíai3 ó nspi
tw v év rfj oixoufj.évr] rroroc/idiv4 pertenecen a las obras sobre las antigüedades o a
los estudios de lengua, aunque la prim era de ellas parece más bien apuntar a
esto últim o. M en os podem os decir aún sobre algunos títulos o com ien zos de
obras que incluso no sabem os cóm o traducir. Es el caso de nepi AoyáScjv5,
hAouoelov,6 nepi vu/i<pcáv7, unop.vr¡¡iaTa8 e incluso los fragm entos en prosa 465 y
466 (ed. P fe iffe r).
O b ra tam bién de gran influencia en las posteriores es la de D io n is io
Y a m b o nepi dictÁéxruv, de la que sólo se nos ha conservado lo que relata
A te n e o en 284b, así com o la n oticia de que fue m aestro de A ristófa n es de
B izancio, dada p o r la Suda s.u. ’ApLorotpávrjg Bu£ávriog, y la de que fue tam bién
poeta según Clem ente de A lejan d ría, Strom . 5. 569.
Es tam bién de esta época Jenócríto de Cos, que es el prim er autor de un
glosario de H ipócrates. N o s ha conservado la n oticia E rotian o (s. i. d. C .) en
su tüjv nap’ *Innoxpárei Xé^eiov auvocyojy?].9
P ero donde se puede rastrear influencia de las ’ EQvixal óvo/iaoíai de C a li­
m aco así com o de la o b ra de D io n isio Y a m b o es en la ob ra del autor al
parecer alejandrino y de la segunda m itad del s. iii, llam ado N e o p tó le m o de

1 Fr. 456 p feiffer..


2 Fr. 406 P feiffer.
3 P á g . 339 P feiffer.
4 Fr, 457-459 P feiffer.
5 Fr. 412 P feiffer.
6 P á g . 339 P feiffer.
7 Fr. 413 P feiffer.
a Fr. 461-464 P feiffer.
6 E rotiani Vocum H ip pocra íica rum colíectio cum fragm entis, ed, E- N a c h m a n s o n , U p s a l a 1918.
E ro tia n o cita a J enócrito d os veces e n la in tro d u c c ió n a su léxico (p . 4 y 12) y u n a vez m á s en los
esco lio s fra g m e n ta rio s al P rogn osticon (p. 99, ed. N a c h m a n s o n ).
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 67

Paros1. Su obra más im portante com o gramático es un tratado de poesía que


fue una de las autoridades seguidas por H oracio en su A rs Poética, pero fue
también autor de un gran poem a m itológico Aiovuoiág, de una obra que
parecía tener carácter de poem a didáctico y de epigram as2. M uy im portante
en la Antigüedad y es por lo que la traemos a colación fue su obra nepi yAcüaawv
'Opfjpou en tres libros al m enos3; de su fam a en el siglo i nos conserva la
noticia todavía Estrabón4. Tam bién se encuentran referencias, prueba de la
im portancia de su obra, en los escolios de H om ero e incluso en los de
H esíodo y Teócrito. Tam bién es el autor de un diccionario griego-frigio
donde usa el frigio para explicar palabras griegas5.
Contem poráneo de Calim aco es Filem ón de A ten as6, que llevado de un
interés patriótico escribe una obra lexicográfica que ha pasado con varios
títulos, todos muy parecidos: nepi 'Attimúv óvopárcjv fj yAoücaüv y con el que
pone las bases para el posterior m ovim iento aticista, puesto que con su obra
Filem ón pretende lo que los aticistas preconizaban: el uso de una lengua ática
«p u ra » frente a la mivfj. Tam bién es autor de otra obra de carácter lexicográ­
fico : navTGÓarrá xp^Tripía, que no se sabe si realmente era una obra aparte o
simplemente un capítulo de la obra anterior. Problem a más grave nos plantea
su producción com o editor, ya que la obra lúfifiixTa nepi 'HpoóoTsíou óiopdiúfiatTog
rrpóq ’AÁégavdpov no se sabe si es obra suya o de un autor posterior del mismo
nombre.

III. A R IS T O F A N E S D E B IZ A N C IO Y SUS D IS C IP U L O S

H eredero de las tres generaciones del s. m es Aristófanes de Bizancio


(257-180), ya que se le considera discípulo de Z en ódoto, Calim aco y Erastós-
tenes así com o también de D ionisio Y a m b o, E ufronio y M acón. Aunque esto
parece imposible lo que sí es cierto es que es el heredero de la tradición
filológica del siglo anterior. Sucede en la dirección de la Biblioteca de A leja n ­
dría a Eratóstenes (195 a. C.) y es el primer bibliotecario que no es poeta a
la vez que filólogo, siendo con Aristarco uno de los fam osos filólogos de la
Antigüedad.
D entro del cam po que nos interesa, es decir, el de la lexicografía, hay que

1 E l estudio m ejor sobre este au to r se encuentra en la o b ra de C. O. B rink, H ora ce on Poetry,


C am b rid ge 1963, d on de dedica un capítulo com pleto a N e o p tó le m o , pp. 43-78.
2 C f. Collectanea Alexandrina, ed. J. U . P o w ell, O x fo rd 1925, pp. 27-28 y C. O . Brink, Op . cit.
3 H . J. M ette, R E 16 (2), cois. 2456-70.
4 E stra b ó n 3.1.19: e x íla p io u pé v ouv b yX o ja a o yp á ip o g xX r¡6eiq f¡v NeoTTTóXepog p vrjfirjg á ^ io q .
5 A chilles, Isagoga 5 (E . M ass, Com m enlarium in Aratum , p. 36: en oú p a v óg a p artir de opog~ éná
á v c o ra ró g ie rre too 6s opc¡j t ó a v io Sr/Áoüv & p u y ü v tóiov, (b g N s o m ó X s p o q áv r a i g 0 p uyíctig ipuivaic).
6 R . W e b e r, D e Philem one Atheniensi glossographo. C om m en tariu m p h ilo lo gicu m in honorem
O. R ibbecki, L eip zig 1888, pp. 441-450.
68 CONCEPCION SERRANO AYBAR

señalar que su obra muestra un vastísim o conocim iento de los dialectos y


rastrea el significado de las palabras hasta su sentido origin ario. Se ha dicho
de él que elevó la glosografía al nivel de la lex ico g ra fía 2. Su gran obra
lexicográfica titulada cubre todos los cam pos y épocas de la literatura
griega. En él hay referencias a historiadores, oradores, poetas líricos y a la
épica. E llo se explica com o hemos dicho más arriba porque para su ob ra de
ed itor tiene a su disposición toda la labor realizada durante el s. m y es
sucesor de Z en ó d o to com o glosógrafo y de C alim aco com o com p ila d or de
diferentes onomástica organizados según temas o lugares (v. supra). P ero esto
no es t o d o ; para darnos cuenta de la posición histórica de A ristófan es tene­
m os que ir más atrás y ver cóm o desde el m ism o com ienzo de la épica el poeta
parece preocupado en la aclaración de expresiones difíciles o ambiguas bien
p o r m ed io de exégesis bien de añadidos etim ológicos. Esta conciencia filo ló ­
gica se continúa a lo largo de toda la literatura griega cuando surge, p. ej., la
com paración entre los diversos dialectos griegos o del griego con otras len­
guas extranjeras com o hacen los sofistas. En el s. m estos estudios em piezan
a cobrar su propia entidad, pero las Aé^eig de A ristófan es representan el
cuerpo hom ogéneo en el que se resume tod o el tipo de trabajo realizado con
anterioridad. Las yAcoaam se solían lim itar a térm inos raros u obscuros,
mientras que las Aé&ig de A ristófan es daban cabida a todas las palabras que
fueran raras tanto en form a com o en significado, no im portan do que sea un
arcaísmo o una palabra que mantenga su uso. Pero además de esta valoración
de A ristófan es hay que destacar también lo que su obra supone para el futuro
de la lexicografía: es el hecho de que su m étod o de exégesis y su ordenam ien­
to en secciones se convierte en el m od elo a seguir en la A n tigü ed ad greco-ro­
m ana para este tipo de trabajos.
U n a de las secciones más interesantes de las Aé^eig es el prim er capítulo
que aparece en el códice del M on te A to s 4 titulado n$pl tcóv ünonTeuoiiévcjv fj.r¡
siprjadai rotg nakaiolg (palabras que se suponen desconocidas para los anti­
guos). En esta sección podem os observar cóm o con dos ejem plos diferentes
a á w a g 5 (la 1.a palabra) y saxá^oaav (d el m ism o ap a rta d o)6 A ristófan es trata
de resolver el m ism o problem a: una distinción cron ológica entre un uso

1 A te n e o es el q u e nos co n serva m ás noticias de F ilem ó n . P a r a ver sus fuentes cf.W e b e r, O p .


cit. y Susem ihl, Op. cit., pp. 373-374.
2 J. E. Sandys, A H istory o f Classical Scholarship, N u e v a Y o r k , 1967, f, p. 129.
3 A . N a u c k , Aristophanis Byzantii gram m atici Alexandrini fragm enta, H a lle 1848 (2 .a,1963).E n
este lib ro de N a u c k el cap ítu lo I V está d ed icad o a los fragm en to s c o n serv ad o s de las Aé^siq.
E . M ille r en « M é la n g e s de litterature g r e c q u e » 1868, pp. 427-34, p u b lic ó u n os fragm en to s m u y
sustanciales de las Aé^tiq (en L éx ica Graeca M in o ra c o m p ila d o s p o r E. K. L atte y H . E rbse,
H iid esh e im 1965). E sto s nu evos fragm en to s de A ristó fa n e s ap areciero n en un códice del m onte A t o s
del siglo xiii/xiv.
4 M ille r, L G M , p. 273.
5 E u stacio , p. 1761. 23: '0 6é tov a á v v a v toütov ■napocar¡p.r¡vápsvoq ' Apiaroipávrjq 6 Ypctp.¡icmxoi; xai
ákkaq énTÍSeraí mxivoipúvouq ké& ig, y L G M p. 273, s.u. aávvag.
6 E u sta cio 176Í.30: napaSíSuiot Sé xai 6n ró éc¡xá^oaav napa Auy.ótppovi xai nap’ áÁAoiq tó ékéyoaav
nal tó o í 5é nXrjmov yevofiÉvaiv fsúyoaav, ipajvíjg XaAmóéwv1 ’CSiá éortv, y L G M , p. 274, s.u. iqteúyooav.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 69

antiguo y m oderno y el posible origen local de éoxá&oav. Es com o se ve un


trabajo preparatorio para eí estudio del desarrollo de la lengua griega.
Los siguientes capítulos de las Aé^eig son óvo¡iaanxá, es decir, vocabularios
ordenados según temas. E l más largo de ellos es el titulado ”Ovófiocra fjkimüv
(según el Ms. del m onte A t o s )1 o ¡lepi óvo¡iaoíag f¡kimQv (según los fragm entos
de N a u c k 2), textos que al ser com parados demuestran lo difícil que resulta
decidir cuál es el texto originario de Aristófanes, ya que lo que se nos
conserva por tradición indirecta suele estar lleno de interpolaciones — en este
caso de Eustacio— . L o mism o hemos de pensar que ocurre con los siguientes
capítulos ílepi ouyyeviHÚv ovopártúv y flepl nokirwOv ovo ¡lá ru v3.
N au ck añade 4 capítulos más a las Aé^eig, pero son meramente conjetura­
les. El titulado /lepi pkao<pr¡iiiCóv ha resultado ser de Suetonio4 y para los otros
tres el editor ha rastreado a través de diversas fuentes estos fragmentos. (lepi
npootpojvqoeojv5 es uno y los otros dos ’ Amxcri Aérete;6 y AaHuvwcá ykojooai1, que
tal vez fueron secciones de una obra m ayor, pero que son testim onio evidente
del conocim iento e interés de A ristófanes p or las form as dialectales en la
literatura y dé la lengua hablada de su propia época.
D entro del grupo de los llam ados ’Apiurotpáveioi, es decir, de los discípulos
de Aristófanes de Bizancio, Calístrato y A rtem id o ro de Tarso son los únicos
que se dedican a la lexicografía propiam ente dicha. Poca cosa sabemos de
ellos, eclipsados probablem ente p or el m ayor de todos los discípulos de
Aristófanes, Aristarco, sólo que Calístrato es el autor de unos oúp.¡jnma, al
parecer de contenido exegético y lexicográfico, y A rtem id o ro de Tarso, según
nos cuenta A ten eo, es autor de unos ’Oipaprunxai Aé^eig o rküooai8, tratado
sobre el léxico culinario muy interesante porque además recoge gran número
de fragm entos de los cóm icos. Tam bién es autor de un tratado lexicográfico
sobre el dialecto dorio según nos cuenta A te n e o 9: cog 'ApT£¡ií5ojpog toropel b
’Apioroyáveiog év ¡3’ nepi Acoptdog. L o que resulta más confuso de A rtem id o ro es
la época auténtica en que v iv ió 10. Parece ser que es más un discípulo espiri­
tual que real de Aristófanes, puesto que es padre del gram ático T eón que
vivió en la época de Augusto, p o r lo que parece sensato situarlo en los finales
del s. i a. C .11.

■ L G M , p. 274 ss.
2 A . N a u c k , Aristophanis Byzantii..., p. 87 ss.
3 Estos títulos aparecen respectivam ente en la ed. de N a u c k , Op. cit., p. 128 y en la de
A. Fresenius, D e Aé£ewv Aristophanearum et -Suetoniarum excerptis Byzantinis, A q u is M atti
1875, pp. 12 y 123-7. P e ro en la ed.de M ille r, L G M , p.277, lin.13y en la p. 278,lín.23aparece
sin título a contin u ació n de los óvójjaTa rjAín(£>v.
4 C f. M iller, L G M , p. 259 ss.
5 N auck, Op. cit., p. 151 ss.
6 N auck, Op, cit., p. 181 ss.
7 N auck, Op. cit., p. 188 ss.
8 A ten eo 5b, 387 d, 485 d, 662 d.
9 A ten eo 182d.
10 U n p ro b le m a semejante plan tea D io d o r o de T a rso (v. in fra).
11 C f. R E II, col. 1331.
70 CONCEPCION SERRANO AYBAR

IV . G L O S O G R A F O S D E U N G E N E R O L IT E R A R IO Y DE L E X IC O
T E C N IC O

C o m o llevam os visto en nuestra pan orám ica histórica de la lex ico gra fía
antigua desde su nacim iento hasta los albores del i a. C , a pesar de los
esfuerzos de A ristó fa n es de B izancio que, co m o dijim os más arriba, supera la
etapa de glosas para hacer auténtica lexicografía, sin em b a rgo, la n o ció n de
un d iccion a rio general a la m anera que se hace a partir del i d. C. no ha
n acido todavía. A sí, pues, vam os a dedicar unas páginas a m en cion ar una
serie de autores y obras de los siglos m y n a. C , pertenecientes a la escuela
alejandrina p o r el tipo de le x ico g ra fía que cultivan.
A u n q u e n o son trabajos intencionadam ente lexicográ ficos creem os dignos
de m en cion ar aquí los que sobre com edia realizan L ic o fró n , E u fro n io y
Eratóstenes.
L ic o fr ó n de Calcis en Eubea viv e en el s. m y pertenece c o m o au tor trágico
al brillante gru po de la Pléyade. C o m o ypafifiankóg se esp ecializó en com edia
antigua ática y de ahí nace su tratado llepi xcoficjóíag1, al parecer escrito en
n o m enos de nueve libros y en el que trata de explicar las palabras raras tan
frecuentem ente usadas en la com ed ia ática antigua. C o n este tip o de trabajo
continúa en o tro cam po la la b o r glosográñ ca in iciada p o r F iletas de C os años
antes2. Este interés p o r las palabras raras nace p o r otra parte no só lo de sus
añciones glosográflcas sino dei uso que él m ism o hace de una term in ología
nada usual que está m uy de m od a a principios del ni a. C. con el nacim iento
de los Technopaegnia3.
Perteneciente tam bién al escogid o gru po de los dram aturgos de la Pléyade
que flo re c ió en la época de P to lo m e o II, pero de ép oca un p oco p o s te rio r4,
es E u fron io, que sigue el trabajo en com edia antigua in iciad o p o r L ic o fró n .
L o s m ateriales de este trabajo de E u fro n io son escasos e incluso lo es su
m ención. Parece ser que escribió unos ynonvr¡fjLocTa, que tendrán com o el
estudio de L ic o fr ó n un carácter glosográ fico. Precisam ente en el L e x ic ó n
Messanense se aduce la au toridad de E u fro n io : ipáoTov' éxTsívouai tó á, ú q
E0<ppóvioq 6 YpafjLiiaTLMÓq ¿v ürro¡ivf¡¡iaTi /Iáoútou 'Apiorcxpávoug3, pero las

1 C . Strecker, D e Lycop h ron e, Euphronio, Eratosthene com icorum ¡nterpretibus, D iss. G r e ifs -
w a id , 1884. E s ta o b r a sum am en te ú til h a de ser u tiliz a d a c o n cau tela, y a q u e g ra n c a n tid a d de glo sa s
a n ó n im a s Streckert se las a trib u y e a c u a lq u ie r a d e lo s tres filó lo g o s .
2 V . sup ra. F iletas b a s a b a sus “A-raxTot yAcÓaaai en las p a la b r a s ra ra s q u e se e n c o n tra b a en sus
lectu ras de H o m e r o y los líricos, m ie n tras L ic o fr ó n hace esto m is m o c o n las p a la b r a s ra ra s d e la
c o m e d ia an tigu a.
3 C f. s u p ra S im as de R o d a s . .
4 S o b r e los p ro b le m a s de d a ta c ió n d e E u fr o n io cf. R . P fe iffe r, A H is to ry o f Classical..., p. 160.
5 « L e x ic ó n M essa n en se de io ta a s c r ip to », ed. H . R a b e , Rheinisches M u s e u m 47, 1892, p. 411.
E ste L e x ic ó n M essa n en se d el q u e y a h a b la r e m o s m ás ad elan te, es del s. x m , y p arece q u e está en
p arte c o m p u e s to a b ase d el ílepi ópBoypaqiíaq d e O r o (cf. R . R eitzenstein, Geschichte der griechischen
E tym olog ik a , L e ip z ig 1897 [A m s t e r d a m 1964], p. 290 ss.).
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 71

fuentes de este autor son escásísimas com o ya hemos dicho. Otra cita seme­
jante a la anterior: Eü<ppóviog év rotg ímo¡JLvf]fXaai aparece en Aristófanes,
Sch. in Au. 14031 y en Ath. 495 c 2.
El tercero de los filólogos alejandrinos que se dedica a realizar estudios
sobre la com edia antigua es Eratóstenes (276/3-181/0). Probablem ente su
interés naciera en Atenas donde v ivió hasta después del 246, fecha en que
Ptolom eo I I le manda llamar a Alejandría. En Atenas asistiría a representa­
ciones de com edia y los libros que sobre com edia circulaban en la ciudad, de
la escuela peripatética y de la Academ ia, serían la base para que iniciara este
tipo de trabajo tan apartado de su básica labor científica, puesto que Eratós­
tenes es el prim er filó lo g o y poeta al que se puede considerar básicamente y
en realidad un científico. Pero precisamente su obra más im portante en
materia literaria es Ilepi rfjg ápxatag xco/itydíag3 en doce libros al menos. En
esta obra demuestra un m ayor interés por la lengua cóm ica que sus predece­
sores, fijándose incluso en detalles de lengua para deter determinar si una
obra es espúrea.
Estas obras de Licofrón , E u fronio y Eratóstenes fueron m uy usadas
posteriorm ente por los lexicógrafos para estudiar la xo/iLxf} Xé^ig y los m ate­
riales procedentes de estos autores son de riqueza inapreciable.
Hasta el m om ento, todos los trabajos citados de los siglos m/ii a. C.
pertenecen a la escuela de Alejandría, preocupada sobre tod o por la filo lo gía ;
pero también la escuela de Pérgam o, que dio cabida a un tipo de estudios más
variado, tiene en la figura de Polem ón de T r o y a 4, más conocido p o r Periege-
ta, un estudioso de algún m od o filo ló gico , ya que se dedica no sólo a viajes
sino también al estudio de las inscripciones. Inaugura con este tipo de activi­
dad algo nuevo, ya que no se dedica a un tipo de descripción geográfica com o
hizo H ecateo de M ileto a principios del v a. C., sino que sus viajes son más
bien de tipo arqueológico y artístico, sentando las bases del tipo de trabajo
que siglos más tarde en la segunda m itad del n d. C. realiza Pausanias. De
Polem ón conocem os el m om ento más im portante de su vida, cuando fue
hecho npó^evog en D elfos probablem ente en reconocim iento por su nepi tcüv év
AeXcpoig dr)oaupióv5 en el 177/6 a. C .6: es decir, es contem poráneo de A ris tó fa ­
nes de Bizancio y de Aristarco. D e sus estudios epigráficos dimana probable­
mente su obra ílepi tcüv óvo/uáTuv émoroXf}, citada expresamente p or A te n e o 7 y
a la que p e rte n e c e sin du da el fr a g m e n to ta m b ién c o n s e rv a d o por

1 Fr. 77 Strecker.
2 Fr. 107 Strecker.
3 E d. C. Strecker, Op. cit.
4 P a ra la o b ra de P o le m ó n ver la ed, de L. Preller, Polem onis Periegetae Fragmenta, L e ip ­
zig 1838, A m ste rd a m 1964 y C . M ü lle r, Fragmenta historicorum gracorum, Paris (D id o t ) 1841-70,
vol. III, p. 108. Y p a ra su p e rso n a lid a d y m ás b ib lio g ra fía R E X X I , col. 1288 ss.
5 Fr. 27 Preller.
6 S I G 3 585.114: ríoAÉ/iwv MíArjaíou ’IXisúq.
1 A th e n eo 409 d (F r. 11 Preller).
72 CONCEPCION SERRANO AYBAR

A te n e o 1 sin cita expresa de la obra. En el fragm ento aquí citado trata del
sentido de la palabra m váq entre los lacedem onios — es decir, de uno de los
cam pos predilectos de los glosógrafos antiguos: los dialectalism os— , y en el
otro, del sentido de napámToq en las inscripciones antiguas. Esto es lo único
que se nos conserva de la obra glosográflca de Polem ón, pero creem os m erece
ser aquí citado.
T am b ién de N ica n d ro de C o lo fó n , del n a. C. aunque su datación es harto
dudosa2, y al que es im posible adscribir a ninguno de los dos grandes centros
culturales de la época — A lejan dría y Pérgam o— , se nos han conservado unas
ÍÁcoacai de variada procedencia y con ten ido3; y es autor de un nepi xp^orqpíojv
TTávrcjv (sobre utensilios) en tres libros, cuya única fuente de conocim iento es
la Suda4, que tal vez lo utilizase, pero del que sólo conocem os el título.
E nlazando con la obra de A rtem id o ro de Tarso (v. supra), dedicado a
estudios de un léxico tan técnico com o es el culinario, hay un gran número
de autores de ios que únicamente conocem os de nom bre y com o autores de
’OipapTUTiná que evidentem ente son tratados de cocina, pero que por el carác­
ter de la obra tendrían un gran interés lexicográfico. Se nos ha conservado su
m ención en A ten eo, Pólu x y la Suda y son entre otros E p en eto5, M iteco,
autor de un tratado de cocina siciliana6 y considerado p o r la Suda com o
ypajijianKóg7; Páxam o, que A ten eo cita com o una autoridad en el arte culi­
n a rio 8 y que la Suda9 expresamente nos dice que escribió unos ’OtpapTUTixá nará
otoixsTov, lo que nos pone en la pista no de un tratado de cocina corriente
sino de un léxico de term in ología culinaria que conllevase recetas de cocina;
Heraclidas de Tarento (v. infra), G lauco de L o c ro s 10 y una larguísim a serie
que citan en bloque A ten eo y P ó lu x 11.
P o r últim o, sólo nos queda citar un cierto A p o lo n io , que p or la cita que
se nos conserva en A te n e o 12 parece el autor de un léxico técnico de gran
interés com o es el n a ú tico: ílepi TpitjpiMcjv ovofiárcov, pero del que no sabemos
nada más.

1 A ten eo 234 d (F r . 78 Preller).


2 C f. Ia ed. de A . S. F. G o w y A . F. Scholfield, Nicander, C a m b rid g e , 1953, p. 3 ss., d o n d e se
nos d an todas las fuentes de la v id a de N ic a n d ro .
3 Fr. 120-145 de la edición de O . Schneider, Nicandrea, L e ip z ig 1856.
4 S u da, S. v. NíxavSpoq.
5 A te n e o 662 d, 516 c, P o llu x 6:71.
6 A ten eo 112 d.-c., 516 c, P o llu x 6.71.
7 S u d a s. v. MíBaixoq.
s A te n e o 376 d.
9 S u da, s. v. ná^afíoq.
10 A te n e o 661 e, 516 c, P o llu x 6.71.
11 Sin o tro interés que la en u m eració n de n o m b re s cf. A ten eo 516 c y P ó lu x 6.70, 71.
12 A te n e o 97 d : ’ArroAAdmog ¿v TpirjpinQ.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 73

V. A U T O R E S D E ’Edvtxai Xé^etg

Sin duda alguna uno de los cam pos de la lexicografía por el que los
antiguos glosógrafos alejandrinos1 se sintieron atraídos fue el de los dialecta­
lismos (¿ÉJvtxcd Xé&ig). A barca una gran baraja de dialectos griegos aunque
lógicam ente por el prestigio literario que tenía el dialecto ático fue el más
estudiado (v. infra).
H erm onacte es el autor de unas Kpr¡Tixal íXcóaaai muy citadas p o r A teneo,
unas veces bajo el nom bre c o m p le to : 'Ep¡iüva% y la obra év Kprjnnalg rXüaoaiq2,
otra sin citar la o b ra 3 y otras veces citado de una form a abreviada 'Epjucov 4
(no hay cuestión de que sea otro, ya que la obra viene citada a continuación).
A parte de estas glosas que nos conserva A ten eo no sabemos más, ni siquiera
la fecha en que v ivió exactamente.
O tro tanto nos ocurre con M osco, del que no se conserva ni se sabe nada
fuera de una cita de A ten eo que lo presenta com o autor de una 'E%f}yr¡aig
'Po5íO£KÓ)v Aé^ecúv5.
C o m o autor de un tratado sobre el dialecto siciliano tenemos, también
com o los anteriores, sin saber su datación exacta, a Parm enio, con ocid o en
unos escolios a H om ero com o Bu^ávnog6 y en otros com o f7arp/¿evítov... ó
yXojoooypácpog1. D e este autor incluso hay un problem a en cuanto al nombre,
puesto que A te n e o 8 lo llama ílapiiévuv aunque por el título de la obra a la
que se refiere, ¡lepl óictXéxTou, no puede ser más que el m ism o de los escolios
y el error de A teneo, puede basarse en la existencia de un yam bógrafo más
temprano llam ado n<xp¡iévcjv Bu^ávnog.9
Problem as más graves de identificación presenta D io d o ro de Tarso,
puesto que para algunos autores el autor denom inado ó ’ApiarocpáveLog es
diferente del ó ypa¡iiianm g10, pero creemos que son la misma persona y que
el equ ívoco de pensar en dos, uno com o discípulo de Aristófanes de Bizancio
y otro de la primera m itad del siglo i a. C., viene de ese título ó ’Apiorocpáveiog.
Esto no nos debe sorprender, ya que en el sentido de discípulo espiritual de
Aristófanes se usa tam bién de A rtem id oro de Tarso (v. supra), no siendo
discípulo real de A ristófanes de Bizancio. Pues bien, de D io d o ro de Tarso son

1 P a ra to d o el tema de la g lo so g ra fía de este p e río d o , cf. K . Latte, « G lo s s o g r a p h ik a », Ph ilolo-


gus 80, 1925, p. 136 ss.
2 A th . 76e, 53c.
3 A th . 502b.
4 A th . 81f, 267 c.
5 A th . 485e.
6 Sch. II. 16.259, 262.
7 Sch. II. 1.591 del códice V enetus M a rc ia n u s 453, d en o m in a d o s com únm ente co m o escolios B.
8 A th . 500.
9 C f. R E , P a rm en o n 4.
10 R E D io d o r o s 51 y 2.
74 CONCEPCION SERRANO AYBAR

unas ’lraXixai rxú ooa i 1 que aparecen siempre citadas en m ezcla con las de
A p ió n , autor de época im perial, cosa que ocurre porqu e A te n e o 2 usa com o
au toridad a P á n filo (v. in fra) que da siempre las citas de am bos juntos.
P ero com o ya hemos dicho más arriba el dialecto que más interés despertó
entre los alejandrinos p o r el enorm e prestigio literario que llevaba consigo fue
el ático. A s í se explica que se reunieran diferentes ’A m x a i Xégeig y que el
dialecto ático fuera estudiado en profundidad. Este interés que nace y vive
durante los s. m y o a. C , será el em brión que siglos más tarde dará pie al
m ovim ien to aticista (v. infra).
D e algunos de los autores que escribieron glosas del dialecto ático ya
hem os hablado previam ente, com o es el caso de F ilem ón de Atenas, con tem ­
poráneo de C alim aco (v. supra) o el p ro p io A ristófan es de B izancio, si hem os
de dar fe a la edición de N a u ck que incluye entre las Aé^eig, unas ’Attmoú y
Aaxuvixai FA(baaai (y. supra). En cam bio no hem os dicho nada de Istro ó
KaXXi{iáx£ioq auyypaipeúg o de P a fo s 3, que por los dos nom bres se le conoce en
ía filo lo g ía . Este autor ha pasado com o uno de los atid ógra fos que han
seguido esta corriente dentro de la escuela de C alim aco, p o r lo que el nom bre
de ouYYpot(p£Úq en vez de ypa^aTíMóg p or el que es con ocid o en la filo lo g ía
p osterior: A ten eo, Suda, Plutarco y los escoliastas así com o F o c io y H a rp o-
cración. D e la época en que v iv ió es suficientem ente claro el ap od o KaXXt¡iá-
X£iog, que indica que perteneció a este círculo (la Suda lo llam a SoüAog xai
yvoopi/Líog4, con lo cual nos lo sitúa en la 2.a m itad del iii a. C .) Su ob ra ’ A ttih ó 5,
vista desde una perspectiva arqu eológica, especialm ente en cuanto a las
historias locales, es antecesora de Pausanias. D e todas form as, co m o hem os
dicho más arriba, el nom bre ypa/j/aaríxóg p o r el que es co n o cid o en tod a la
tradición inm ediatam ente posterior a él se debe a que fue un ypa^juomxóg en
el m ism o sentido que C alim aco, es decir, com o com p ila d or de literatura
clásica. A sí, es autor de libros típicos de misceláneas com o "Atcixtol6, Zú/dfiix-
tol1, 'Ynonvf}¡iaTa8. Desgraciadam ente, de la obra p or la que traem os a co la ­

1 A th . 479 a.
2 A th . 501 d, e y 642 e.
3 L a ed ició n q u e segu im os p a ra este a u to r es F. J aco by , D ie Fragm ente der griechischen
H isto rik er (F G r H is t .), L e id e n 1964, n. 334. E n esta ed ició n se d an los testimonia de S u d a , A te n e o ,
P lu ta rc o , y los esco lio s a A ris t ó fa n e s A v e s y a contin u ació n 77 fra g m e n to s cla sific a d o s p o r las o b ra s ,
d a n d o , co m o es natu ral, la fuente. E n cu anto a la p e rs o n a lid a d del p ro p io Istro y a u n estudio de
los fragm en to s, cf. el p ro p io F. J aco by , corpus de F G r H is t, v o lu m e n I I I b (S u p p ie m e n t ): d iv id id o a
su v ez en d o s tom os, un o co n ten ien d o el texto y o tro de notas, addenda, corrigenda e índices, está
d e d ic a d o a h ac er u n co m en tario de los a n tigu o s h isto ria d o re s de A te n a s (el su b títu lo es: A
com m entary o f the ancient historians o f Athens (n o s. 323 a 334) y fue p u b lic a d o en 1968. L a s págs.
618-661 son las q u e tratan de Istro. A estos fragm en to s y págs. h acem o s referen cia e n nuestras líneas
d e d ic a d o s a Istro.
4 n.
5 Fr. 1-16.
6 Fr. 17-22.
7 Fr. 57.
8 Fr. 58.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 75

ción a Istro, ’Attihou Xé&tg, sólo se nos ha conservado una cita en Eustacio
1627.12 que recoge tam bién la Suda s.u. quvóv1.
D e época incierta aunque del período alejandrino tenemos la m ención de
tres glosógrafos con muy escasas noticias incluso sobre su personalidad.
Citarem os en prim er lugar a N ica n d ro de T ia tira 2 en Lidia, que parece ser de
fines del m, autor de dos obras, una sobre el dialecto ático ’E^rjyrjTixá ’Am íífjg
5íaAéííTou en no menos de 18 libros citada p o r H arpocración , p or el escoliasta
al Cármides de Platón y p or A ten eo con el título áv ro lg ’A t t m o Ti; óvófiaoi.
Tam bién H esiquio s. u. áyu)voOéTr¡g cita una glosa ática cog 5é NÍKctvópog que no
está nada claro si se refiere a N ican d ro de T ia tira o al de C o lo fó n , aunque
parece apuntar a nuestro autor com o glosista ático, cosa que el de C o lo fó n
no es. L a otra obra, de carácter histórico, se titula íle p i t o jv órjficjv3, sobre la
historia de los dem os áticos.
D e época tam bién incierta, aunque F. Susem ihl4 lo incluye en el capítulo
de los alejandrinos tardíos, es Heracles de Efeso, autor de unas glosas m uy
citadas p or A te n e o 5 pero de las cuales no sabemos ni el el título. A ten eo en
52b lo cita entre los escritores de glosas áticas, p or lo cual lo traem os en este
apartado.
E l tercer autor de una ob ra titulada ’A m n a l ÍXiooooti o & ojva í es T eo d o ro ,
al que parece hay que situar un p oco más tardíamente, después de la época
alejandrina6, aunque no creem os que tan tardíam ente com o hace A . Gude-
m a n 7, que lo sitúa en pleno apogeo del aticism o varios siglos después (v. in-
fra). A ten eo nos lo cita sólo de nom bre en 496 e y 691 c y con un título que
oscila, unas veces Qoovctí 677 b y otras rXüacsm 678 d y 646 c. Este T e o d o ro tal
vez sea el m ism o que el autor de íle p i to ü Krjpúxu>v y évoug, en no menos de dos
volúm enes8.
P roblem a m uy grave plantea a la m oderna filo lo g ía una obra titulada íle p i
rrjg ’ÁTTwfjg SiaÁéMTou o Xé^ecog en 5 libros, que se ha atribuido al más im p o r­
tante personaje de la escuela de Pérgam o, Crates de M a lo s 9 (s. n a. C .), pero
que no parece resistir p or más tiem po esta atribución a pesar de los esfuerzos
de M ette y de su gran autoridad en este cam po. Esta obra, m uy citada por
A te n e o 10, es más norm al atribuírsela a un Crates de Atenas del que

1 Fr. 23.
2 S eguim os p a ra N ic a n d r o de T ia tira la ed. de F. J aco by , F G H is t n. 343. L o s fragm en to s de
las ’ Efr/yrjTtxá rfjq ’ ATnxfjq SiaXé>íTou son los c o m p re n d id o s entre el 3 y el 20, cf. tam bién los tom os
de notas de esta o b ra.
3 Frs. 1-3.
4 F. Susem ihl, Geschichte der Griechischen Literatur in der Alexandrinerzeit, L e ip z ig 1892,
vol. II, p. 190.
5 A ten eo 52b, 76a (citad o con N ic a n d r o de T ia tira ), 303b, 308e, 503a, 647b y l í l c , d on de
A te n e o sólo cita H eracles sin decir origen.
6 C f. F. Susem ihl, Geschichte... vol. II, p. 188.
7 R E , s.v. Theodoros 36.
8 C f. F o c io s.v, rj/isponaXÁsg.
9 H . J. M ette, Parateresis. Untersuchungen zur Sprachtheorie des Krates von P ergam on , H a lle
1952, p. 48 ss.
í0 A ten eo 114a, 23 5b-d, 495 a-c, 653b, 497f, 366d, 640c-d.
76 CONCEPCION SERRANO AYBAR

no sabem os prácticam ente nada y al que se sitúa en el i a. C., au tor tam bién
de un rispl tg jv ’Adqvqai Q u o ilú v . T o d o s estos fragm entos han sido recogid os y
com entados p or J a co b y1 con m ayor fundam ento. Este autor, p o r el tipo de
ob ra que presenta, parece ser, com o los citados más arriba, un precursor de
los aticistas.
T a m b ién podem os considerar precursor de los aticistas al gram ático de
época im perial D em etrio ’ /^ítov, aunque respecto a la fecha en que v iv ió hay
una gran vacilación entre la ép oca alejandrina y la de A u gu sto. Es com en ta­
rista de H o m e ro , etim ologista, autor de un tratado sobre los p ron om bres y
de dos obras de lexicogra fía ’ATTmai y un ¡Is p l Trjq ,AÁ£%otv6péíúv ÓiakéM-
to u 3, de las que sólo se nos ha conservado una m ención de ca d a 4. Fue
discípulo tardío de A rista rco y oponente suyo en sus teorías sobre H o m ero .

V I L E X IC O S D E A U T O R E S

1. H omero

P o r lo que respecta a los autores antiguos que los alejandrinos hicieron


ob jeto de sus estudios lexicográficos podem os situar en cabeza a H o m ero .
rktúcoai' Ofir¡pixaí de diversos autores aparecen citadas en los escolios que nos
sirven de fuente. C o m o es natural los com entaristas y editores de H o m e ro son
los que com pon en dentro del cuerpo de su ob ra ÍXtooocti ' 0 ¡irjpixaí: así ocurre
con Filetas de C os (v. supra) y su discípulo Z e n ó d o to de E feso (v. supra).
Pero, sin em bargo, el más im portante de los com entaristas antiguos de
H o m e ro , A r is ta r c o 5, discípulo de A ristófa n es de B izancio, no escribe en el
sentido estricto del térm ino ni rxúaaai ni Aé^eiq de H o m e ro , aunque en los
escolios de este autor aparezca con frecuencia el térm ino Aé^siq ’ Apiarápxou6:
lo que sí cabe distinguir en la p rodu cción com o crítico literario de A rista rco ,
es la diferencia entre üno¡ivf]¡iaTa y auyypáfi/iaTa. Estas últimas son interpreta­
ciones de obras pero en un aspecto estrictam ente m o n o grá fico de un pasaje
de un autor (en eí caso particular que nosotros consideram os, de algún verso
de la II. o de la O d .); incluso a veces con carácter p olém ico (ílpóq ^tAírav)7.
M ientras que los bnoiivr}¡iaTa son com entarios continuados y de to d o tip o que

1 F . J aco b y , F G r H is t ., n. 362.
2 Sch. A ris tó fa n e s , A v e s 1569.
3 A te n e o 393b.
4 C f. T . Staesche, D e D e m e trio Ix io n e gram m atico, D iss. H a lie , 1883.
5 S o b r e la c o n tro v e rtid a fig u ra de A ris t a rc o en el c a m p o de la crítica h o m é ric a , su p o sic ió n
h istórica, su o b r a y su b ib lio g r a fía cf. el cap ítu lo q u e R . P fe iffe r, H istory o f Classical Scholarship,
O x f o r d 1968, pp. 210-233, d ed ica a n u estro au tor.
6 C f. sch. I I . 1.424 del g ra m á tic o D í d i m o : t e & i q ’ A p ia r á p x o u ¿ x t o ü A n j g 'IX ía ó o q ú n o fivfj/ ic tro g .
1 V . supra.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 77

se pueden considerar incluso com o ediciones de H om ero hechos de form a


continuada y así se explica que en estos bnoiivrjfjLaTa se encuentren explicacio­
nes léxicas que aunque no com pongan unas genuinas yAcücwm son de un gran
valor para el léxico de H om ero. Así, pues, no podem os decir con W o lf que
Aristarco no escribió sobre H om ero «n ih il aliud quam C o m m en ta rio s»1,
interpretando mal la Suda, puesto que evidentemente hay que interpretar esto
en el sentido de que A ristarco no hizo una edición independiente de H om ero.
P o r uno de esos golpes de fortuna que algunas veces ocurren en la filo lo gía
clásica, largos resúmenes de los b-no¡ivf¡¡iaTa de Aristarco se nos han conserva­
do en un códice veneciano, el Venetus Marcianus 454, por m edio de cuatro
gramáticos antiguos, D ídim o, Aristonico, H erodian o y N ican or, que han
transmitido estos resúmenes de materiales auténticamente aristarqueos a
partir de fuentes helenísticas y de los com ienzos del Im perio Rom ano. En el
citado manuscrito, juntamente con el texto de la Ilíada hay gran cantidad de
escolios marginales o interlineales de la antedicha procedencia2 que creemos
necesario citar aunque no sea más que de pasada por considerarlos básicos
en los estudios sobre el léxico de H om ero.
En un Ms. del M on te A to s del siglo xiii/xiv del que ya hemos hablado a
propósito de Aristófanes de Bizancio (v. supra), se encuentra un opúsculo
titulado Zrjvodojpou tüjv nepi auvr¡9eíaq ’ EnLToprj3 que es un resumen de una gran
obra en 10 libros del gram ático Z en od oro sobre la lengua de H om ero (¡lepi rf¡g
*0¡jif)pou auvrjdeíag), según nos cuenta P o r fir io 4". N a d a podem os decir sobre la
personalidad de este gram ático, ya que incluso se ha cuestionado su existen­
cia, atribuyendo esta obra a Z en ód oto (v. supra). Pero todas las conjeturas
que suponen un error en los Mss. son falsas, ya que los gramáticos y los
escolios ponen siempre estos nombres en abreviatura con los mismos elem en­
tos paleo gráficos, pero en este Ms. no hay posibilidad de error ya que el
nom bre viene com pleto. D el opúsculo conservado diremos que no sigue
orden alfabético, cita a la vez el sentido ordinario de una palabra ( 0uv^0cug)
y el sentido hom érico (xad’ " Ofiqpov, aaia tov noir/Tijv, noiqnxcog). N o cita más
que a D ionisio de Halicarnaso entre los autores antiguos y cabe destacar que
hay algunas explicaciones que no se encuentran ni en los escoliastas ni en
Eustacio ni en los lexicógrafos.
Tam bién creemos merecen ser citadas aquí las dos fuentes principales de
las que parece se sirvió A p o lo n io Sofista (v. infra) siglos después para com ­
poner su L e x icó n H om ericu m ; nos referim os a los com entarios a H om ero de

1 F. A . W o lf, Prolegom ena ad H om erum , H a lle 1795 (reim pr. de G . O lm s. 1963 s ó b r e la 3.a
edición de 1884), p. 229. E sta o b r a m arca la base de los estudios de la crítica m o d e rn a so bre H o m e ro
y su com entarista A ristarc o , secu ndada años m ás tarde p o r K . L eh rs, D e Aristarchi studiis H orne­
rías, L eip zig 1833.
2 Cf. Scholia Gra eca in H o m e ri Iliadem (scholia vetera ), ed. H . E rbse, B erlín 1969-1974, 4 vois.,
a falta de p u b lic a r un quinto.
3 C f.'E . M iller, M élanges de littérature grecque, Paris 1868, pp. 407-412 (K . Latte y H . E rbse,
L G M , H ildesh eim 1965).
4 Sch. II. 17.263, 18.22.
78 CONCEPCION SERRANO AYBAR

H e lio d o ro discípulo de Aristarco y sobre todo al glosario hom érico de prin­


cipios de la época im perial debido al gram ático A p ió n 1, sucesor de T e ó n (v.
infra) com o cabeza de la escuela de A lejan d ría y discípulo de D íd im o (v.
infra), que enseñó en R o m a en la época de T ib erio y Claudio. A p ió n con
ayuda de los trabajos de Aristarco compuso un glosario hom érico m uy
utilizado tam bién p or H esiquio y Eustacio, del que sólo se nos ha conservado
un pequeño resumen bajo el título ’Anícjvog yAcáaaou 'O/irjptHaí2. Creem os que
debem os m encionar aquí también unos E xcerpta Apionis glosarum H om erica -
rum que se encuentran en un Ms. de Darm stadt publicado p or Sturz3 a
continuación de la ed. del Etym ologicum Gudianum. Esto ha sido negado p or
Lehrs4 y defendido por K o p p 5, pero sin gran éxito frente a eminentes filó lo ­
gos especialistas en la materia com o C o h n 6 a la hora de redactar el artículo
correspondiente a A p ió n en R E . Para com plicar más el asunto, N ic h o ls o n 7
publicó en Classical Review el fragm ento de un papiro con la indicación de
que puede ser perteneciente al L e x icó n H om ericum de A p o lo n io Sofista en un
estado más prim itivo que el que ha llegado hasta nosotros; y hace la indica­
ción en una nota, aunque sin com prom eterse, de que este fragm ento no
prueba que se trate de citas de A p ió n . En este estado de cosas, la publicación
de un p a p iro 8 del siglo i d. C. que es parte de un glosario en el que se explican
ófKpakóq, qv£lpoq y onkov, coincidiendo que ottAov es tam bién glosado en el
glosario m edieval, hace que Hunt, editor del papiro, concluya que éste es de
una obra de A p ió n espécimen en form a original de lo que aparece en el Ms.

2. P o e ta s t r á g ic o s y c ó m ic o s

Au tores tam bién muy estudiados por los antiguos gram áticos fueron los
poetas trágicos y cóm icos, no en form a m on ográfica sino en los com entarios
a sus obras com o se nos han conservado en los escolios. El estudio de estos
autores com ienza de todas form as más tardíamente que el de H om ero. R e ­
cordem os los estudios sobre com edia de L icofrón , E u fron io y Eratóstenes
(v. supra) en los siglos m y n a. Q , y así podem os apuntar que los estudios
en este cam po no com ienzan hasta finales de la época alejandrina. Destaca
en ellos el que podríam os llam ar últim o discípulo de Aristarco, D íd im o, muy

1 C f. so b re la ap o rta ció n de A p ió n a los estudios h om éricos K . L eh rs, Quaesíiones epicae,


K o n is b e rg 1837, p. 1 s s .; H . B aum ert, A pionis quae ad H om e ru m pertinent fragm enta, K ó n ig s -
b e rg 1886.
2 C f. H . B aum ert, A pionis..., pp. 18-52.
3 E tym ologicum Guadianum, ed. F. W . Sturz, L e ip z ig 1818. L o s E x cerp ta Apion is Glossarum
H om ericarum , cois. 601-610.
4 K . Lehrs, Quaestiones,.., p. 33.
5 A . K o p , « A p i o n is H o m e rle x ic o n », H erm es 20, J885, pp. 161-180.
6 L . C o h n , R E , s.v. A p ion.
7 W . B. N ic h o ls o n , «F r a g m e n t o f an earlier edition o f A p o llo n iu s ’ s H o m e ric L e x ic ó n », The
Classical R eview 1 1, 1897, pp. 390-393.
8 P R y L 26 ( Catalogue o f the G reek papyri in the John Rylands library, V o l. I, ed. A . S. H u n t,
M an ch ester 1911).
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 79

criticado por el poco rigor de sus estudios, no sólo por la .crítica m oderna
sino tam bién por sus contem poráneos, que lo bautizaron con apodos que han
llegado hasta nosotros caracterizándolo para siempre: X a X x é v r e p o g 1 o Bt{3foo\á-
Q a g 2, p or lo mucho que escribía, que le hacía olvidar lo que había escrito
previamente. Este personaje nació y v iv ió en Alejandría, y tal vez estuviera
alguna tem porada en R o m a 3, en la segunda m itad del i a. C. y com ienzos del
i d. C. Es im posible, y creemos que aquí innecesario, dar una com pleta panorá­
mica de las obras de D íd im o ; para la lexicografía son im portantes todos los
com entarios que dedicó a la más varia literatura griega clásica. C u ltivó la
lexicografía de form a específica ya con léxicos generales (f l e p i dietpdopuíag, flepi
ánopoufjíévr¡g Xé^scog, Aé^ig Tp o m n f¡)4, y sobre todo con léxicos especiales (Aé^tg
kcü^ukí] y Áé^ig Tpaytxr¡), basados estos léxicos en obras com o las de Aristófanes
de Bizancio (v. supra) y en otras obras exegéticas. D e lo que no sabemos nada
cierto es de qué form a estuvieron organizados estos léxicos. Hesiquio, en la
carta dedicatoria de su léxico, nos habla de un orden x a r á oroixeíov, es decir,
alfabético, pero H a rp o cra ció n 5 y M a c ro b io 6 parecen darnos una versión
diferente de esto. Parece más sensato inclinarse a creer que las obras lexico­
gráficas de D íd im o son un gran almacén de materiales, pero sin orden.
Tam bién H esiq u io 7, en la carta dedicatoria ya m encionada, cita al gram á­
tico T eón de Alejandría, que vivió en tiem pos de T ib erio, com o autor de un
léxico de la tragedia y la com edia que suponemos confeccionados a partir de
los de D ídim o.
D e la prim era m itad del s. i d. C. es también la obra de Epiterses de N icea
¡lepi Aé^ecov ’ A t t i h ü v xai n u j f n n ü ) v xai T p a y ix o iv 8; y de época aún más tardía, el
s. ii, tenemos a Palamedes de Elea9, autor de una K cü ¡i l x t ) X é ^ i g citada en los
escolios de A ristófa n es10 y de una Tpayixr¡ Áé^ig, puesto que en la aclaración
que se da a la expresión áp/j-áreiov ¡íéAog, Eurípides, Orestes 1384, en el E M
145 ed. G aisford se cita a Palam edes11 también com o autoridad.

1 « D e tripas de b r o n c e » p o r lo in can sable de su p ro d u cció n literaria. C f. A m ia n o M a rc e lin o


22.16.16.
2 C f. Q u in tilian o , Instituciones Oratorias 1.8.20; n a k e l 5s to Ot o v ( A í6 u ¡io v) A r¡p r¡Tp io g ó Tpoi% ijviog
fh p k io Á á d a v S iá ró nXfjQ oq d jv ¿ k í í ó o j k e a u y y p a / i/ iá T W V t a r i y á p T p io x & ia n p ó g r o lq n s v T a n o a ío iq , A ten eo
139c; Quattuor tniliq librorum D idym us grammaticus scripsit. M isererer, si tam multa superuacua
legisset, Séneca, Epístolas 88.37.
3 C f. F. Susem ihl, Geschichte..., v o l. II, p. 195, n. 264.
4 C f. D id y m i Chalcenteri gram m atici Alexandrini fragm enta, ed. M . Schm idt, L e ip z ig 1854, pp.
15-111.
5 C f. D íd im o , Fr. 6.1 Schmidt.
6 M a c ro b io , Saturnalia 5.18.9, 11.
1 H esiq u io , Epistula ad E u log iu m : oí 5é rá c xojfiixág ¡6a nal rág rpayitiág (auvTeQeínam Aé^siq),
Oéiov nal Aídujuog.
8 E steban de B izancio, s. u. Nínaia, ed, A . M ein eke, B erlín 1849 ( G r a z 1958) y E ro tia n o s.u.
áfifirjv, ed. E. N a c h m a n s o n , U p s a la 1918.
9 C f. A ten eo 397a, S u d a s.v. r/aAa/Li^Srjg ’ EÁeaTixóg y Etymologicum. M a g n u m 145, 44 ed. T.
G a is fo rd .
10 Cf. p. e. Sch. A risto p h a n es, F a x 916, Vespae 710, 1108, etc., ed. Fr. D ü b n e r, P a ris 1877
( G . O lm s 1969).
11 / la A a | u ^ 5 r)5 ó r í j v x c o f¡ m ¡ ) v k é ^ i v ¡ j u v a y a y w v .
80 CONCEPCION SERRANO AYBAR

3. P r o s is t a s

M en os atención lexicográfica dedicaron los gram áticos alejandrinos a los


prosistas clásicos, siendo una excepción el caso de H ip ócra tes p o r tratarse
realm ente de un vocab u lario técnico que estudian no sólo los gram áticos y
lexicógrafos, sino tam bién los m édicos.
Esta falta de atención a los prosistas pod ría justificarse p o r ser poetas
los fundadores de la filo lo g ía en A le ja n d ría ; naturalm ente, sus inclinaciones
iban hacia los poetas. A sí, pues, tuvo que ser un filó lo g o co m o A rista rco
(v. supra) sin intereses p oéticos personales el que iniciara los estudios sobre
los prosistas y así con ocem os que A rista rco escribió unos ünofivqfiara a H e-
ró d o to , tal vez atraído p o r tratarse de un autor ' O ^ p in ú T a roq , L a existencia
de estos estudios sobre H e ró d o to no fue descubierto hasta com ien zos del
presente siglo con la publicación de los P A m h e rs t1, uno de los cuales es un
fragm en to de los ¡jno¡ivf¡fiaTa de H e ró d o to firm ad o ’ Apiorápxou / 'HpodóTou / á /
imófivqiua (com en tario del lib ro prim ero de H e ró d o to p o r A ris ta rc o ). L o s
puntos más im portantes de este p ap iro son la aparición de una varian te hasta
entonces descon ocida en los Mss. de H e ró d o to ánirmoi p o r ávinnoi (H d t. 1.215)
y una nueva cita del lloifiéveq de Sófocles (F r. 500 Pearson).
En cuanto a los estudios lexicográficos sobre H ipócrates, son m ucho más
antiguos. Y a hem os citado a Jenócrito de C os (v. supra), del iíi a. C . ; tam bién
de m ediados del m a. C., es Baqueo de Tanagra, perteneciente al prestigioso
grupo de oí 'HpoyíÁeioi2: es de los prim eros com entaristas de H ip ócrates y de
los escritos pseudo-hipocráticos y autor de un léxico de H ip ó c ra te s 3, 5iá rpiwv
auvrá^scov, que incluye tam bién citas de poetas clásicos sacados de A ristófa n es
de Bizancio.
Epicles de C reta hizo años más tarde un resumen del léxico de B aqueo
que nos ha qu edado perfectam ente caracterizado p o r E r o tia n o : tcjv áAAcov
’ £mxXrjg ¡jlév, ó Hará oroixaov Troit]oá[i£vog Tr¡v ávaypa<prjv, fiaraíou auvro/Jtag éyéveTo
%r¡\u)Tf)q. npoq t ú yáp ¡xi) náaag é^rjyfjaaoQai, et¿ xai rá auvráyiiaTa év olg aÜT&v
énótoTTj Ha.T£yéypotnTo, aiuufjq ixavfjq aínoq éyévero roiq ávaytyvúamuat, náXiv yáp
é5ér}QE nad’ éyiáarrjv ypa<pf}v ¿^rjyacrdai ¡if¡ rfjv áváyvcoaiv, ei vorjrq ríq éotlv, dAAá xai
tt¡v Aé%tv, f] xararéTayiTai4.

1 P A m h . 12 (A m h e r s t P a p yri, ed. B. P. G r e n fe ll y A . S. H u n t, vol. II, L o n d r e s 1901).


2 A s í lo lla m a G a le n o n u m e ro sa s veces, cf. 8.744, 912, 929, etc.; ta m b ié n oí ánó ’ Hpo<píÁou,
G a le n o 8.274; ta m b ié n oí ¡is8 HpotpíXou, G a le n o 8.911; ta m bién oí ánó Tf¡g ’ HpotpíXou oúpéosojg, G a le n o
19.347; ta m b ién 6 ánó rfjg ’ HpotpíXou o¡níag, E ro tia n o , p. 4 N a c h m a n s o n . Se lla m a b a H e r ó filo s a los
d iscíp u lo s de H e r ó ñ lo d e C a lc e d o n ia , fa m o s a m é d ic o de A le ja n d r ía q u e creó u n a escu ela de
m ed icin a q u e p e rd u ró a lo la rg o de los re in a d o s de lo s P to lo m e o s I y II, cf. F . S u sem ih l, G eschich-
te..., v o l. I, p. 785 ss.
3 C f. E ro tia n o , s. u. áXucr¡ióv, p. 10 N a c h m a n s o n .
4 E ro tia n o , p. 7, 8 N a c h m a n s o n .
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 8]

Tam bién lo hizo A p o lo n io Gfis según nos cuenta E rotiano: xoánep ’ Em-
nXéoug toü Kpr¡TÓg éntT£¡iofiévou rág fiax^eíou Xé^eig 5iá ... auvrá^ECov, ’AnoXXiovíou re
t oü ~0<pecog roturó noifjacxvrog1..
F ilin o de Cos, otro de los médicos de la escuela de H e ró filo que vivió a m edia­
dos del iii a. C. y que es el fundador de la escuela em pírica2, no está de acuerdo en
cam bio con las aclaraciones de Baqueo a Hipócrates, y lo com bate en una obra
en 6 litros que debía de tener un carácter lexicográfico tam bién3.
Glauquias Em pírico vive a principios del n a. C. y según nos cuenta
G a len o 4 com entó diferentes tratados hipocráticos com o los seis libros de las
Epidemias o el Ilepi x^ficóv. Pero lo fundamental de su obra desde nuestro
punto de vista es que ahora por prim era vez se hace un diccionario de autor
por orden alfabético5.
Tam bién glosógrafo de las obras de H ipócrates y m édico él mismo es
D ioscórides <PaHág (el de las verrugas)6, que vivió a ñnales del período
helenístico, en Alejandría, más concretamente en la época de A n ton io. Fue
m édico muy reputado y considerado por el padre de Cleopatra y parece que
estuvo en R o m a com o ministro si es a este D ioscórides al que se refiere
César7. Entre sus 24 libros de medicina, 7 están dedicados a un glosario sobre
las obras hipocráticas; en ellos com bate las glosas y com entarios tanto de
Baqueo com o de Epicles de Creta y A p o lo n io O íls 8,
Heraclidas de Taren to presenta problem as de datación precisa9, aunque nos
inclinamos a pensar que es de la 2.a m itad del s. i a. C. Discípulo del H eró filo
(v. supra) M an tias10, se hace más tarde del grupo de los médicos em píricos11.
Su gran producción médica se nos ha conservado en numerosas citas a través de
G aleno y de Celio Aureliano. C om o la m ayoría de los em píricos escribe com en­
tarios sobre las obras de Hipócrates y un escrito contra las Aé^eig de Baqueo
en tres libros que son también de carácter léxico (npbg Bewx¿iov nepi tcüv Vnno-
HpáTouq Aé^ecüv)12 L o que ya no está claro es si este Heraclidas es el autor de
unos Osj/cipTUTíMá (v. supra), también de carácter léxico.

1 E ro tian o , p. 5 N ach m an so n .
2 G a le n o 14.683.
3 E ro tian o , p . 5 N a c h m a n so n : 4> (Baux^ií^) ^ T° v énneiptxbv auyxpovfjaavTa <PiXtvov 6 iá ÉqafüpAou
npay/Jareíag ávTsinetv.
4 C f. G a le n o 17(1) 794, 17(2)94, 16.1, 196, 324.
5 C f. E ro tian o , p. 5 N a c h m a n s o n : íXauxíou toü ép.n£ipixoü 5c’ évóq rroAuaríxou návu xai xará
aroíxsiov mnotq/xÉvou' E ro tian o , p. 8 N a c h m a n s o n : ÍÁccumoiq te ófioíojq tó xará OTOi/e'iov £r]Acócrag,
¡íaxpÓTcpoq áspávrj xad’ ixáorrjv <pwvr¡v napari8ép£voq ráq év aiq naToyeypajiiiévai Tuyxávoumv ai yXÜTTai
auvrá^eiq.
6 Su da confu nd e a D io scó rid es Q a xá q cón el m ás fa m o so ’ Ava^apjSeúq, m ezclan do la é p o c a y
las vidas. C f. S u d a s. v. Awoxopí5r¡q ’ Ava^appeúq.
7 C ésar, D e bello civili 3.109.
8 E ro tian o , p. 5 N a c h m a n s o n : hoí¡ áioauoupí&ou toü ® a x á nárn roúroiq ávrsínovToq.
a C f. M. W e llm a n n , «Z u r Geschichte der M edicin im A lterth u m e », M erm es, 23, 1888,
pp. 556-566.
10 Cf. G a le n o 13.462.
11 Cf. G a le n o 12.989.
12 E ro tian o , p. 5 N a c h m a n s o n : tü toü Tapevrívou (" HpaxXddou) t pía rrpóq Bqhxe Tov óiaypái/iavrog;
E ro tian o F r .25 (p . 106 N a c h m a n s o n ): b 5¿ TapevTÍvoq *HpaxÁEí5r¡q iv t y p ’ npóg Saxxslov nepi rwv
'innoxpáTouq Xé^e ú v <pr¡oiv...
82 CONCEPCION SERRANO AYBAR

A p o lo n io 6 KiTieúq v iv ió hacia el 50 a. C. en A leja n d ría y fue discípulo del


m édico Z o p iro . C om entarista tam bién de H ip ócrates escribió 18 libros npdg rá
to O Tapevrívou, es decir, H eraclidas, y tres npóg Baxxeiov1, que co m o todas las
anteriores diatribas se basaban en m uchos casos en interpretaciones léxicas.
H asta el m om en to todos los com entaristas y lex icó gra fo s de H ip ócra tes
han sido m édicos que llevados de un interés p rofesion al estudian la lengua
del m éd ico clásico p o r excelencia, pero tenem os dos ejem plos en los que el
interés es puram ente lingüístico. Es el caso de E u fo rió n de Calcis y de D i elimo
(v. supra).
E u fo rió n de C a lcis2 en Eubea, poeta épico y b ib lioteca rio de A n tio c o en
S iria 3, es autor en el s. iii a. C. de una Aé£ig ‘Innonpároug en seis volú m en es4.
Tratán d ose de un autor trem endam ente m anierista com o E u fo rió n , cuya
activid ad filo ló g ic a se ha lim itad o a coleccion ar m ateriales antiguos para sus
obras, autores com o L. C o h n 5 y R . P fe iffe r 6 dudan de que sea el autor de
ob ra tal y piensan que se trata en cam bio de un autor que coin cide en el
nom bre.
C o n respecto a la Aé^ig ‘Inno^pároug 7 de D íd im o (v. supra) tam p oco hay
ninguna seguridad y la fuente es E ro tia n o 8, pero frente a la o p in ió n del ed itor
de E rotia n o están las de L . C ohn9y K . Strecker10.

4. T r a b a j o s l e x ic o g r á f ic o s e n o tro s cam pos

O cupam os este epígrafe con la am plísim a ob ra del gram ático T r ifó n de


A leja n d ría , con tem porán eo de D íd im o aunque un p oco más jo ven , h ijo de
A m m o n io , que nada tiene que ver con el discípulo de A r is ta r c o 11. P od em os
fija r su áM¡ir] en la época de Augu sto. T o d a su ob ra es de pura gram ática y

1 E ro tia n o , p. 5 N a c h m a n s o n : : AnokÁiüvíou re roO Kirie toe; ómuinaíSexa npóg rá to ü TapavTÍvou rp ía


Tipoq Bauxdov Óiaypá^/avToq.
2 L . A . de C u e n c a , E u forión de Calcis, M a d r id 1976.
3 S u d a , s. v. Eúipoplcjv.
4 Fr. 49, 50 ed. de C u en c a.
s L . C o h n , Griechische L ex icog ra p h ie en voi. II de K . B ru g m a n n y A . T h u m b , Griechische
Gram m atik, M u n ic h 1913, p. 687,
6 R . P fe iffe r, H is to ry ..., p. 150, n. 5.
7 Fr. 1.4 (p . 24 ss.) ed, Schm idt.
8 E ro tia n o , p. 5 N a c h m a n s o n .
9 L . C o h n , Jahrb. f . P h ilo l, S u p p l. 12, p. 325 ss.
10 K . Strecker, H e rm e s 26, 1891, p. 262 ss.
11 Tryphonis gram m atici A lexan drini fragm enta , ed. A . de V e lse n , B erlín 1853 (H a k k e r t 1965).
D e esta e d ic ió n los fra g m e n to s 130-134 c o rresp o n d ie n te s al tra ta d o Hepi iraQüjv rf¡q Áé^sug h a n sid o
re ed itad o s en m a y o r n ú m e ro p o r R . Sch n eider, E x cerp ta riepi mxdüv, L e ip z ig 1895, a cu ya in tro d u c ­
ción nos re m itim o s p a r a la h isto ria de estos fra g m e n to s a p a re c id o s p o sterio rm en te en u n cód ice
G a le a n o de la B ib lio te c a del C o le g io de la S a n tísim a T r in id a d de C a m b rid g e , p u b lic a d o p o r p rim e ra
vez p o r B lo o m fie ld en Ca m brid ge Classical Researches, 1826. E n cu an to a lo s d os tra ta d o s flspl
TpóíTwv I y II, el I está e d ita d o p o r L . S p en g el, R h etores G ra eci, L e ip z ig 1853-6, vol. I I I , p. 189; y el
I I h a sid o e d ita d o p o r M . L . W e s t, « T r y p h o n D e T ropis», The Classical Q u arterly, n. s. 24; 1965,
pp. 230-248, d o n d e se a trib u y e a T r ifó n esta o b r a a t rib u id a p o r W a lz y S p en g el a G r e g o r io de
C o rin to .
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 83

filo lo gía y se ha conservado fragm entariam ente en gram áticos com o A p o lo -


nio D íscolo, H ero diano, A ten eo y el A m m on io, del s. iv d. C.
Entre sus obras de carácter lexicográfico cabe destacar las tituladas ílepi
' EXÁrjvta/jioü1, donde se estudia el. uso de palabras estrictamente griegas y es la
prim era vez que aparece este título, en 5 libros; ílepi óvofiaoiüv2, que es una
colección de explicaciones p o r materias al estilo de Aristófanes de Bizancio
(v. supra); nept <putihQv o ^utcüv iaropía3, sobre los nombres de plantas y
expresiones y palabras poco conocidas en este c a m p o ; ílepi £c¿)oüv4, del mism o
tipo que la anterior pero sobre los animales. D e otro grupo de tratados
lexicográficos, relacionados con dialectos y con la lengua de una serie de
autores clásicos, sólo se nos ha conservado la m ención de la Suda5: ílepi tíúv
nap' 0¡xr¡pop 5iaX¿mtcüv nal Ii/j.cjvl6t] nal ílivSápcp HdVAÁHfiávi nal rotq áXXoiq Aupixoíq,
ílepi Ti¡q *E\kf)vu)v StaÁéxTou «od 'Apyeítúv xai tl¡iepaícav xai 'Prjyívcdv «a i ácoptéojv Kai
lupanouaíuv.
D el discípulo o hijo de T rifó n , D ion isio ó Tpútpcjvoq sólo nos ha conservado
m ención de su obra, de no menos de diez libros ílepi óvopároüv con referencia
a unas pocas citas, A te n e o 6. C om o siempre lo llam a Aiovúaioq b to ü Tpú<pwvoq
y los datos que hay sobre este autor son escasísimos, no se sabe si se trata de
su hijo o su discípulo7.

V II. E T I M O L O G I A

Los estudios de etim ología nacen con los de gramática, pero ya en la


misma poesía épica los nombres propios no sólo eran agradables al oído del
poeta sino que le recordaban sonidos similares de las palabras de la misma
fam ilia; el resultado eran las asonancias e incluso etim ología s8. A h o ra bien,
en el sentido en que entendemos «e tim o lo g iz a r» ya los filósofos lo hacían en
la escuela en los siglos v i y v a. C. D e esta form a trataban de buscar el origen
de ciertas expresiones y de probar la coincidencia de palabra y cosa; así la
etim ología les servía incluso para corrob orar doctrinas de la física y de la
ética. D e esto el C ratilo de Platón nos ofrece muchos ejem plos9. Tam bién los
filósofos de la A cadem ia y del Perípato concedieron una gran im portancia a
esta actividad.
Pero hasta el s. iv a. C., no aparece una obra con el título expreso ílepi

1 Fr. 105-108 V elsen.


2 Fr. 109-115 Velsen.
3 Fr. 116-120 Velsen.
4 Fr. 121 V elsen.
5 Suda, s. v. Tpüiptjúv.
6 A ten eo 255c, 503c y 641a.
7 Cf. A . de V elsen , Tryphonis..., p. 2.
8 E l ejem p lo m ás fa m o s o es el de O d iseo , n o m b re en el que se puede o ir 65úpo¡iat ( O d . 1.55), u
óSúcrffofiai (O d . 1.62).
9 Platón , Cratilo 404e, 405e, 406a, etc.
84 CONCEPCION SERRANO AYBAR

eTUjLtoAoytcóv de Heraclidas P ó n tic o 1 (de Heraclea), que vivió en torno al


350 a. C. y fue discípulo prim ero de Platón y luego de Aristóteles. Este
filó s o fo fue pronto olvidado com o tal, mientras que su producción com o
gram ático es la que le ha hecho perdurar en el recuerdo. Esta obra flepi
¿Tu/ioAoyicZ)v parece ser un capítulo de una obra más general ¡1epi ovo iiá n ov2. L a
alusión al ÍIspl ¿Tu/ioÁoyicDv se encuentra dentro de uno de los etym ologica3 de
los que hablarem os más adelante, el de O rion el Teban o (s. v d. C.), que,
parece ser, tom a com o una de las bases de su obra ésta de Heraclidas P ón ti­
c o 4. En ella se nos han conservado fragm entos numerosos de esta obra de
Heraclidas.
E l tratam iento filosófico de la etim ología fue continuado por los estoicos,
que llegaron a la conclusión de que un análisis de la lengua les abriría el
cam ino al conocim iento de las cosas, ya que la lengua para los estoicos es <púoei,
no Qéaei (v. supra). Crisipo (m a. C .) es el prim ero de los estoicos que escribe
varios libros titulados ¡lep i éTu¡xoXoyiQv5, y la form a £Tu¡ioXoyía no está atesti­
guada antes de C risipo6.
N o creemos que sea una casualidad el hecho de que A p o lo d o r o de Atenas,
que vivió en torno al 144 a. C., tenga entre su amplísima obra de carácter
gram atical no sólo unas ÍXtúaocu1, sino u n o s 5ETu¡ioXoyou¡iévu)v8 en dos libros al
menos. A p o lo d o ro fue discípulo de Aristarco en Alejandría, lo cual no marca
carácter en cuanto a su interés p or la etim ología; pero fue discípulo también
del estoico Panecio y la m ayor parte de su labor científica la desarrolló en
Pérgam o a cuyo rey A ta lo I I le dedicó su m ayor obra, Xpovm á. En Pérgam o
se estableció com o prim er bibliotecario Crates de M alos (v. supra), de la
escuela estoica, que aunque en el terreno de la gramática pertenece más al
grupo de los alejandrinos, no por ello se deja de ver la influencia de Crisipo
en las explicaciones que da de los nombres de los dioses9.
T a l vez p o r toda esta serie de coincidencias es por lo que se explica que
A p o lo d o ro sea el prim er gram ático que escribe una m on ografía sobre etim o­
logía. A h o ra bien, en los escasos fragm entos que nos han quedado de esa
obra no hay la más pequeña evidencia de que siguiera en el terreno gram atical

1 H erackleid es Pontikos, ed. F. W e h rli, D ie Schule des Aristóteles, H e ft 7, Basel-Stuttgart,


19692.
2 Fr, 164 W e h rli.
3 L o s Etym ologica, de los que h ablarem o s m ás adelante, son los que tienen u n a orientación
abiertam ente léxica, asi pues, p o d em o s p ensar que H era clid a s Pón tico representa la transición entre
lo que se entiende p o r etim o lo gía en sentido llan o (el origen de las p a la b ra s ) y lo q u e es un
etym ologicum (d iccion ario o léxico).
4 D e todas fo rm a s debem os decir que hay o tro H era clid a s Pón tico de la" escuela de D íd im o
que no p o d em o s separar de este nuestro, y a que O rio n cita en b lo q u e ’ HpayrÁsíSrig sin distinguir de
cuál de los dos gram áticos se trata.
5 Stoicorum Velera Fragm enta , ed. v o n A rn im , L e ip z ig 1923, vol. II, p. 9: n epi t ú j v ÍTUjLioAcyixtüv
n póq áioxkéa a 'f ? y '5’ e ' q ' g y ¿rufioAoyiMcóv n póg Atoxkéa a ’ f fy '5 '.
6 I. von A rn im , S K F Í I , p. 44 (F r . 146).
7 F. Jacoby, F G r H is t., n. 244, Fr. 221.
8 Fr. 222-225 Jacoby.
6 C f. H . J. M ette, Sphairopoiia. Untersuchungen zur K osm ologie des Krates von Pergam on.
M u n ich 1936, Fr. 2 y 3.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 85

las extravagantes teorías que ya hemos visto propugnaban los estoicos en este
campo, sino que le ocurre lo que a Grates en este aspecto, y sigue más bien
a Aristófanes de Bizancio que en sus Aé^eig usa la etim ología com o una simple
ayuda para la interpretación de la poesía.
El gram ático alejandrino F iló x e n o 1 (i a. C .) es el que crea un sistema
propiam ente e tim o ló g ic o 2. Su técnica gram atical se centraba en los verbos,
especialmente los pifiara ¡iovooúXXaf3<x, a partir de los cuales derivaba otras
form as de verbos e incluso nombres. Los m onosílabos com o ápxaí, p ro to ti­
pos, tenían un va lor gramatical, según él creía, para el reconocim iento de los
ETupa, y servían también com o criterios para el uso correcto del griego (¿XXrjvta-
póg). A p arte de fundar esta teoría, es autor de obras lexicográficas en las que
puso en práctica sus teoría s: ¡lepi Tfj<; tüjv lupamuaígjv 61aXémou, fíepi éAArjviGfioO,
ílepl yAuxjocov e\ üepl toov rrap’ '0¡ir¡pco yÁtoejacov, ílepi rfjg hancüvcüv StaXéMTou, ¡lepi
rfjg 'lá5og 5ia,XéxTou3.
Pero entre los tratados sobre dialectos el que representa algo realmente
nuevo y que la Suda om ite es el flepl rfjg 'Pcüfxaícjv 5io¡Xéhtqu4, en el que estudia
el latín com o un dialecto del griego, no estableciendo com paraciones entre las
dos lenguas.

V III. S I N O N I M I A

El estudio de la sinonimia em pezó pronto con finalidad retórica. E l sofista


Pród ico enseñaba a sus discípulos el correcto uso de las palabras (ílepl 6vo-
fiáru)v ópdóTTjTog) que tenían form as diferentes, pero más o menos el mismo
significado. A esta sutil diferencia entre las palabras la llam aba Siaípeaig5.
A estas palabras Aristóteles las llam ó auvúvujia6, utilizando por primera vez
esta palabra inventada por él o utilizando fuentes desconocidas para nosotros
y recom endando su uso a los poetas. Más tarde, también se preocuparon por
los diferentes matices de los sinónimos la escuela peripatética representada
por A ristóxeno y la estoica representada p or Crisipo. Después, a lo largo de
todo el período alejandrino se han ido haciendo estudios marginales de este
tema, especialmente p or los dos grandes gram áticos de esta época: A ris tó fa ­
nes de Bizancio y Aristarco.
E l prim ero que hace un estudio m on ográfico sobre el tem a es un personaje

1 C f. C . W e n d e l, R E , s.v. Ph iioxen us 27, y C h. T h eo d o rid is, D ie Fragm ente des Gram m atiker
Philoxenos, Berlín 1976.
2 C f. R. Reitzenstein, Geschichte..., p. Í80 ss. y 338 ss.
3 Suda, s.v. ®tÁá%evog, ’MsgavSpsúg ypa^fiaTimg.
1 C f. Grammaticae Rom anae Fragm enta, ed. H . F u n a io li, L eip zig 1907, vol. I, pp. 443-446.
5 C f. H . D ie ls y W . K ra n z , D ie Fragm ente der Vorsokrattker, B erlín 19547, P ró d ic o Fr. A
17-19; cf. P lató n Protágoras 358a: rr¡v 6t fípoSmou toü5e 5i aípsaiv r.cuv 6vo¡jtátw v napaiToOfiai y 341 c.
U n a lista com pleta de los sinónim os de P ró d ic o la da H , M a y e r, Prodikos von K eos und die Anfange
der Synonymik, Diss. M u n ic h 1913, p. 22 ss.
5 A ristóteles, Tópica 158b38, 163a24, Categoriae í a6.
86 CONCEPCION SERRANO AYBAR

del que nada sabemos, Sim aristo, autor de un ílepi auvojvúfiuiv, cuya referencia
nos ha conservado únicamente A te n e o 1, y del que ni siquiera p od em os dar la
fecha en que vivió.
P to lo m e o A s c a lo n ita 2, discípulo de A ristarco aunque más p ró x im o en su
tipo de trabajo a Grates de M alos, v iv ió en los finales y com ien zos de los
siglos i a. C. y d. C. Entre sus obras gram aticales, dedicadas la m a y o r parte
a la crítica y análisis de H o m ero , caben destacar dos, sólo citadas p o r la
Suda3: ílepi ékkr¡via¡ioü rjrot ópQoeneíag {hfikía t£, y la que propiam en te hace que
le traigam os a este apartado, ílepi diacpopág Aé^ecov4, sin que p od am os añadir
nada al título.

IX E P O C A I M P E R I A L . L A L E X I C O G R A F I A E N E L S IG L O I D . C.

H em os citado ya algunos gram áticos o lexicógrafos que realm ente son


de este p eríod o, pero que se han incluido con los alejandrinos p o r estar
el espíritu de su ob ra más con corde con aquéllos que con el siglo en que
viven. E fectivam ente, en los com ienzos de la ép oca im p erial la investiga­
ción lexicográfica, hecha directam ente sobre e l autor o el cam p o que se
estudia, cesa. Y a no se hacen obras lexicográficas de prim era m ano, sino
que estas obras se basan en estudios de gram áticos anteriores iniciando
así algo que ya se venía gestando a lo largo del p eríod o alejan d rin o: una
tradición lexicográfica que va pasando de obra a ob ra y que hace dificilísim o
deslindar lo que en un léxico hay de origin al del au tor y lo que hay de
heredado, esto sin entrar en el posterior p roblem a de las in terpolaciones en
los m anuscritos. Pues bien, con el trabajo realizado p o r los lexicógrafos
antiguos se hacen ahora diccionarios alfabéticos, para m a yo r co m o d id a d de
m anejo, y nuevas colecciones léxicas ordenadas p o r m aterias con fines estilís­
ticos. T o d o esto se acentúa con el nacim iento de la nueva sofística y el
m ovim ien to aticista, que buscan el «á tic o p u r o » en los lexicógra fos antiguos
para im itarlo (ánim ^eiv).
D e principios del im p erio hay algunas colecciones im portantes com o es la
ob ra de D o r o te o A scalon ita, que v iv ió en tiem pos de A u gu sto y T ib e rio . Se
trata de la Aé%stov ouvayuyyfj o ’Arrixai Xé^eig citada p o r A t e n e o 5 (seguram ente
a partir de P á n filo , (v. in fra), que constaba de 108 libros o según el escolio a

1 A te n e o 99c ly roiq Iuvtovi>\ioiq‘, 395f iv y ’I uvlovú^ uiv xai rerápTtfj; 399a iv Tpírcp Z uvu ) vú /ju >v ;
496c ¿v TsrápTty luvcjvú/ituv; y en 478e, 48I d y 483a, só lo cita el n o m b re Iifiápioroq.
2 C f. M . B aege . D e P to lo m a eo A scalonita, D iss. H a lle 1884.
3 S u da, s. v. ílTokefimog ó ’ Aoaa\u)vÍTr¡q.
* G . H e y b u lt, «P t o lo m a e u s riepi Siapop&q H e rm e s 22, 1887. p p . 388-410. E sta o b r a
parece cierto q u e es un resu m en y falsificació n b iz a n tin a a p a rtir de u n a o b r a de H e re n n io F iló n (s.
ii de C ).
5 A te n e o 329d: Acopódsoq 5’ 6 ’ Aoxa\u>v'nr¡q iv tc¡j óyáócjj rrpóq Toiq én a ró v rfjq Aé^etov a u va yo jyrjg
citad o m ás ad elan te sin titulo de la o b ra , 4 I0 a , 497e, 658d.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 87

la litada 10.252 de 31 libros1. Probablem ente uno de estos libros estaría


dedicado al estudio prosódico y ortográfico de la palabra hom érica kAujíov2.
U n capítulo de esta gran obra, nepl rcov ^évcog elpr¡¡iévtov Xé^eojv xará orotxsíov,
es recogido por F o c ío 3 (v. infra) en el siglo ix d. C. entre los léxicos de los
aticistas Elio Dionisio, Pausanias, Tim eo, Boeto y M oeris (v. infra), aunque
D oroteo no pertenece a este m ovim iento, que es de casi un siglo más tarde.
Contem poráneo de D o ro te o es el alejandrino Seleuco b "Ojiqpimg4, que
cultivó diferentes campos dentro de la lexicografía. Sus obras, casi todas ellas
perdidas, sólo se han conservado por la tradición indirecta a la que en
muchos casos han servido de fuente. Según nos cuenta la Suda, fue com en­
tarista de casi todos los poetas (eig návra á¡g eimTv ttoujtjív), y es también autor
de unas yküiaaaL de todos ellos, especialmente de H om ero (de ahí su n o m b re);
pero también cultiva los dialectalismos (iOvinai Aé^sig), y es autor de dos obras
lexicográficas que son características de este siglo y especialmente de los
gramáticos griegos que desplegaron su actividad en Rom a, ffepi rrjg év auvoovú-
fioig Siacpopág y nepi éÁÁr¡viafioü, término este acuñado en el siglo anterior por
Filóxeno (v. supra), y que em pezando por un purismo del griego, acabará
desembocando en un purismo del ático.
U n poco posterior que los anteriores, puesto que vivió en la época de los
emperadores Flavios, es E pafrodito de Q ueronea5, autor de gran cantidad de
uno¡j.vr¡fiaT<x a diferentes autores, com o H om ero, el Escudo de H esíodo o los
AÍTia de Calimaco. Es también autor de unas Aé^eig citadas por primera vez
en los escolios a Aristófanes6, lo cual ha hecho pensar a Lünzner7 que se
trataba de unas ké&ig Hüj¡j.ixaí. A parte de los fragmentos encontrados en los
escolios la m ayor parte de ellos se encuentran en los Etym ologica medievales,
para los que sin duda E pafrodito ha sido una fuente: el Gudianum, el M a g -
num y el de O rion (v. infra). E pafrodito a su vez se ha servido para su obra
de la de Dídim o.
Pánfllo de Alejandría, también llamado ypajifiartKÓg ’ApioTápxsioq por la
Suda8, escribe la obra general de lexicografía más im portante de la A n tigü e­
dad a mediados del siglo I d. C., por lo que es im posible que fuera discípulo
de Aristarco. L a obra, escrita alfabéticamente, estaba compuesta de 95 libros,
de los cuales una pequeña parte (la comprendida entre la a y la 6) fue
redactada por el gramático Zopirion, y el resto por Pánfilo. A te n e o 9, que
es el autor que nos ha transmitido fragmentos a veces muy largos esta obra,

1 AupóBeot; év T p ia x o o rfy rrptoT<p r íjg ’ A rT txfjg ÁÉ^ecjq.


2 P o rfirio Sch, I I 9.90: olou ¡StfiXíov éñérjoz AcopoBécp t¿¡> ’ AoxaÁuvírri eig é^f¡Yr¡oiv t o O rrap' ’Ofiffpí¡j
xXioíou.
3 Fo cio, Biblioteca, C ód ice 156.
4 M . M ü ller, D e Seleuco H opierico, Diss, G o tin g a 1891, y B .A . M üller, R E , s. u. Seleukos 44.
5 E. Lünzner, Epaphroditi gramm aíici quae supersunt, Diss. B onn, 1866.
6 Sch. A ristoph an es, Equites 1158 y Vespae 352, é d .F r. D ü bn er.
7 E. Lünzner, Epaphroditi..., p. 21.
8 Suda, s. v. r¡áp.q>ikoq.
Suda, s. v. ¡lá jiip iX oq ... rá y á p á n ó to ü a fié x p i to O 6 Z o jn u p íu tv ém noifjytsi.
» A ten eo 387d, 8 d, 121b, 360b, 472e, 677b, etc.
88 CONCEPCION SERRANO AYBAR

p or haberla con ocido de prim era m ano, la titula ílepi yAwaawv nal óvo/íótcüv,
otras veces ílspi óvojiáToov moeí yAoaaacüv, y a veces de fo rm a abreviada ílepi
óvo/iárcov o simplem ente íXCjoaai. L a obra, que es una m agna recopilación de
toda la ciencia lexicográfica del períod o alejandrino, se d ivid ía en dos partes:
la prim era, flepl ykojooüv rjrot Áé%eu>v, recoge m aterial de los lexicógrafos
anteriores y conjuga las antiguas Aé^etg con las éBvinaí y 'A ttimcíí Aé^sig. M ien ­
tras que la segunda parte tiene un carácter más enciclopédico, al estilo de los
onomástica de los alejandrinos, es decir, seguía una ordenación p or materias.
L a ob ra es, pues, una síntesis de un diccionario — con explicación de palabras
y de expresiones difíciles e interesantes— , y una enciclopedia — con todos los
conocim ientos de la A n tigü edad— . En ambas partes los artículos eran am ­
plios e incluían ortografía, prosodia y citas de autores clásicos; y aunque no
se nos ha conservado nada, por A ten eo, com o y a hemos dicho, nos podem os
hacer una idea de lo que era la obra.
E l gran tam año de este libro hizo que pronto, en época de A d ria n o , se
hiciera un epítom e en cuatro libros p or Julio V e s tin o 1 y o tro en cinco p o r
D iogen ian o, que lo tituló Aé^iq navro5anf¡ Hará otoixslov, y que, realizado con
la idea de que fuera fácil de m anejar y barato para los estudiantes pobres, fue
pronto con ocid o con el nom bre de ílspispYOTTév^Tsg. E l epítom e de D iogen ia n o
tiene además el va lo r de acumular conocim ientos de léxicos posteriores al de
P ánfilo, com o son el de H o m ero de A p o lo n io Sofista y eí de H ipócrates de
E rotiano. Esta obra de D iogen ian o, prim era en su especie, puesto que se la
puede considerar com o un manual, fue utilizada hasta m uy entrada la Edad
M edia. A finales de la Edad A n tigu a la obra de D iogen ia n o fue reelaborada
p or H esiqu io (siglo v ) (v. infra), que pretendió ser más am plio que D io g en ia ­
no, pero que disponía de menos materiales que este autor. H e s iq u io 2 a su vez
fue reelaborado en época bizantina y se le añadieron artículos de un glosario
de C irilo. P o r otra parte los copistas de H esiqu io resumieron, corrigieron y
m utilaron su obra, de la que a nosotros han llegado los Mss. recientes y
malos.

1. L é x ic o s d e a u t o r

a) H om ero

Durante el s. i del im perio se hicieron gran número de léxicos de autor.


A finales del s. i v iv ió A p o lo n io Sofista, hijo de A rq u ib io , que con la ayuda
de los com entarios de A ristarco y otras obras de este tipo de la escuela de
Aristarco, así com o las ÍXcoaoat ‘O/dr/pinaí de A p ió n (v. supra), hizo un léxico

1 S u da, s. v. Oürjoñvoq.
2 C f. K . Latte, H esychii Alexandriní L ex icó n , C o p e n h a g u e 1953.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 89

de H o m e ro 1 en el que por primera vez se ordena alfabéticamente según


las dos primeras letras. H a llegado hasta nosotros de form a muy mutilada
en el Códice Coislinianus 345, que contiene además del léxico de A p o lo n io
obras tardías publicadas por I. Bekker. Adem ás de este códice hay que
citar el fragm ento de un papiro (v. supra p. 78, n. 7) publicado por E. W . B.
N icholson en la Classical Review con la indicación de que puede ser un
fragm ento perteneciente al L exicón H om ericum de A p o lo n io en' un estado
más originario que el del Códice. Este léxico junto con los escolios de
H om ero son sin duda la fuente mejor para una exégesis dé H om ero en
la Antigüedad.
A u to r también de un ílspi Tfjq 'O/irjpwfjg Aé^ctog es un tal Basílides deí que
no sabemos la época y del que sólo sé nos ha conservado la m ención de un
epítom e que hizo de su obra un tal Cratino, según nos cuentan el Etym ologi-
cum M agnum 2 y el Genuinum.
Tenem os ya que pasar al s. iii d. C. para encontrar una obra en 4 libros
titulada ¡lepi tcüv nap’ 'O/ir/pcp rcoAAot ar¡¡iaivouaá}v ké^ecov3, obra de un eminente
retórico, Casio Lon gin o, neoplatónico, pero que en o p in ió n d e l propio Ploti-
no más que filósofo es un piAóAoyog4. Según la Suda, además de esta obra
lexicográfica sobre H om ero escribió otra sobre el dialecto ático ('Attmüív
ké^euiv) y unas Xé^eig 'Avnfiáxou nal 'HpaxXéoúvog. C om o filó lo g o y crítico
escribió diversas obras sobre H om ero y en este campo influyó decisivamente
en los tratados hom éricos de su fam oso discípulo P o rfirio 1T irio , también del
iiid. C., que escribió unas Quaestiones H om erica e 5 influenciadas por L o n g i­
no, y además un ílepl tüjv napaXekEi¡i¡iévu)v tú noiTjTfl óvo^árojv6.

b) Prosistas

Y a en época im perial los prosistas clásicos, sobre todo los historiadores e


Hipócrates, son objeto de m ayor número de estudios que en época anterior,
aunque, com o ya habíamos visto al final del helenismo, los estudios sobre el
léxico de Hipócrates están hechos por otros médicos principalmente.
D el uso de la lengua de H eród oto conservamos por los Etym ologica unas
citas de un A p o lo n io desconocido de otra form a y de su obra *E%r¡yr¡oig rwv

1 K . Steinicke, Apollonii Sophistae L exicón H om ericum , Diss. 1957. S ó lo de la a a la &, pero con
un a gran in troducción y puesta al día del p ro ble m a. P a ra el resto del L ex icó n , L . L ey de, D e Apollonii
Sophistae léxico H o m é rico , Diss. L eip zig 1885 y I. B ekker, A pollonii Sophistae L ex icó n Hom ericum ,
Berlín 1833.
2 O u tw K pañ voq ¿ v t fj ¿ m T o p r j r ü v fi a o i A r í á o u m p i '0 ¡ir ip M f ¡q k é ^ s u q , E t. M a g . 142.27 G a is fo rd ;
y lo m ism o s. v. a p rn o g en Et. Gudianum, ed. A . de Stefani, L eip zig 1909.
3 C f. Su da, S. v. Aoyyivoq.
4 í ’iAóAoyog fiév ... b Aoyylvoc;, qiiXóaofoq 5é ou5<x^lüq, P o rfirio , Vita Plotini 14 (en Plotini Opera,
ed. P. H en ry y H . R . Schw yzer, Paris 1951).
5 Porphyrii Questionum Hom ericarum ad Iliadem (O d y s se a m ) pertinentium reliquia, ed.
H . Schrader, L eip zig 1880-1890.
6 Cf. Sch. II. 3.250, 314.
90 CONCEPCION SERRANO AYBAR

HpodÓTou yAwacrwv1. Tam bién se conservan dos recensiones anónim as de un


glosario de H e ró d o to de esta é p o c a 2.
En cuanto a Tucídides tenemos una obra de Claudio D íd im o , que vivió
en R o m a en la época del em perador Claudio, de la que sólo con ocem os una
m ención en la Suda3, ¡lapl tojv f]¡jLapTT]p.évíjjv n apa rfjv ávaXoyíav Oouku6í5t}. Y lo
m ism o nos ocurre con una obra de E vágoras de L in d os titulada nepi tw v napa
Qouxu5t5r¡ £r¡TOU¡iÉvcúv H ará Xé^tv4.
D e Partenio, autor que v iv ió entre los reinados de N e ró n y T rajan o,
tenemos un léxico de los historiadores en general, Üepl rcóv napa T o lq la ro p im iq
Xé^ecov ^rjToufiévcov, citado por A te n e o 5, por el que tam bién sabem os que fue
discípulo del alejandrino D ion isio hijo de G la u c o 6. T a m b ién cita esta ob ra de
Parten io Esteban de B iza n cio 7.
L o que aparece p or prim era vez en la época im perial son los léxicos sobre
Platón, fácilm ente explicables com o una preparación al neoplatonism o. Sabe­
m os que un tal H a rp ocra ción de A rgos, pariente de César, hizo un com enta­
rio a Platón en 24 libros y dos de esos libros fueron dedicados a hacer unas
Aé^etq ÜXáTCúvoq. Clem ente es autor de un ü ep l tw v napa HXáTCúvi ánopoufiévcov
Xé^süjv, y ya en el iii d. C. B oeto, gram ático y filó s o fo de A lejan d ría, es autor
de un Aé%£cov nXarujvtxcüv auvaycjyf] xocrá OTOixeiov. A m b o s léxicos son muy
citados en los escolios de Platón y F o c io 8 los m enciona en su Biblioteca.
Considera el de B oeto más interesante que el de T im eo, de que hablam os a
continuación. P ero desgraciadam ente no se ha conservado nada de estos
léxicos.
D e T im eo Sofista, del que no sabemos la época exacta de su vida, n ó m
d. C.. sí se nos ha conservado en cam bio una obra9 que ha llegado hasta
nosotros bajo el título Tijjaíou Icxpiarou én tojv toü nxáriovoq Xé^ecjv. Las pala­
bras en TCjjv parecen indicar que se trata de un extracto de una obra más
am plia en su origen, pero, con todo, el léxico no deja de carecer de v a lo r ya
que está alfabetizado aunque lleno de interjeciones y de palabras ajenas a
P latón (p, e., a<paÓá£eiv).
En un Ms. del M on te A to s ha aparecido tam bién un léxico titulado ílepl
toüv ánopou¡iévoúv napa nXáru>vi Xé^sujv10, atribuido falsam ente a D íd im o en el
p rop io Ms. Este léxico no es alfabético, pero sus artículos son más am plios
que los de T im eo , basándose a veces en la autoridad de autores antiguos.

1 O rio n , E tym ologicu m 134.34, 170.29, ed. F. W . Sturz, Orionis T h eba nt-E tym ologicon, L e ip ­
zig 1820 y Et. M a g n u m 552. 2, 722, 22 G a is fo rd .
2 H . Stein, ’ HpoSórou Aé^eiq, en H erod ot, B d. II, B erlín 1871, pp. 441-482 [L G M , pp. 191-230].
3 S u d a, s. v. &í5u{io$ b KÁaúSiog.
4 S u d a, s, v. Eúayópag Aívdtog.
s A te n e o 467c y de fo rm a a b re v ia d a la o b r a en 680d.
6 A te n e o 467c, 501a, 680d.
1 E steb an de B izan cio, s. v. Nínma, ed. M eineke.
8 C f. S. A . N a b e r , P h otii patriare/m e lexicón L eid en 1864-65 [H a k k e rt 1965], p. 54.
9 C . F. H e rm a n n , Platonis D ia lo g i,L e ip z ig 1927, vo l. V I , p. 397.
10 C f. M ille r, M é la n g e s de littérature grecque, Paris 1868, pp. 385-463 [K . L a t t e -H . E rbse,
L G M , p. 245 ss.]
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 91

Tam bién tiene el valor de que parece haber manejado Mss. de Platón que no
conocemos y que pueden servir para corregir el texto de Platón. Incluso el
autor del léxico se fija en el hecho de que a veces Platón usa palabras no
áticas.
N o podían faltar en este siglo trabajos sobre la lengua de Hipócrates, y así
hay uno del i d. C. y otro del n debidos a la m ano de Erotiano y © a leñ o respecti­
vamente. Bajo el título rtov rrap’ IrmoHpáTei ké^ecúv ouvayuiyfj1 se nos conserva
de finales del i d. C. la obra que escribió E rotiano y que se puede considerar
un auténtico índice, ya que tiene la cita de todos los pasajes. D e todas formas
hemos de decir que lo que ha llegado a nosotros es un epítome. A pesar de
ello nos podem os dar cuenta del gran valor de E rotiano ya que conocía y
citaba a todos los médicos y gramáticos de la A n tigü edad2, de los cuales
evidentemente se ha servido, sobre todo de Baqueo de Tanagra (v. supra).
G aleno es también autor de una Twv 'InnoMpárroug yXuoaQv ét^fiyqmg3, alfabe­
tizada, que parece basada en la de Erotiano, en una de Dioscórides (no el
Anazarbense) y en una obra de un tal Pánfilo, que se duda si será el mismo
autor que el del gran léxico, titulada npay¡xaTEía nspi t w v fioravü>v. Galeno
además de m édico es prolífico escritor en temas tales com o la gramática y la
crítica literarias, por lo cual no es de extrañar que, aunque no conservado,
haya escrito un léxico en 48 libros en el que incluía palabras usadas p or los
primeros escritores áticos. De todas formas aunque contem poráneo del m o­
vimiento aticista (v. infra), no se siente atraído por él e incluso lo critica por
sus exageraciones en su obra ílepi rrjg rá^eojg tcIiv tSícov j3i/3Aíojv npog Eüysviávov4.
Pues bien, parece que su léxico tenía por objeto determinar el exacto sentido
de las palabras usadas por los antiguos y que sus contemporáneos confun­
dían. Otra obra de carácter léxico atribuida a G aleno y también perdida es ílepi
icXTpLXOüV ÓVOflá.T(jJV.

c) Léxicos varios
D e la época de Adriano es también el prolífico gram ático T élefo de
Pérgam o5, autor de dos obras de lexicografía general de las que nada se nos
ha conservado fuera de la mención de la Suda: nepl xpqcrscjg r¡Toi óvofiárcjv
éadr¡Tog hai tcüv áAAojv olg XPC^)M£®0Í xará utolxelov) ; y de un ’Q mutóhiov en
diez libros, que hace decir a Suda: egtl auvaycoyr/ émdéTcov eig ró ceúró npáy¡ia
ápjio^óvTusv TTpóg erotjiov eunopíav tppáoecog. Este último tipo de obra es lo que
hemos venido llamando un onomasticon.
Tam bién de la época de Trajaño y Adriano, del cual fue su secretario, es
C. Suetonio Tranquilo (75-160 d. C.), autor de numerosas obras en latín (D e

1 Erotiani vocutn Hippocraticorum colleciio, ed. E. N ach m an so n , U p s a la 1918.


2 V . supra los lexicógrafos de H ip ócrates del p eríod o alejandrino, p ara los cuales la única
fuente que conservam os es E rotiano.
3 G a le n o 19. 62-157.
4 G a le n o 19. 48-61,
5 Suda, s. v. Tf¡\£foq da una larguísim a ennum eración de o bras de todo tipo.
92 CONCEPCION SERRANO AYBAR

vita Caesarum, D e viris Mus trib u s...), y autor también de dos obras de carác­
ter lexicográfico en griego, flepl 5ua<pf¡¡iu)v Xé^euv rftoi fiXaofr¡iiiü)v nal nódev
éxáoTr] y flspl ttcxiSiuív 1. L a prim era de ellas es un diccionario de insultos, y se
ha conservado, aunque no entero, en un Ms. del M on te Atos. D e todas
form as, este léxico fue conocido a lo largo de toda la A n tigüedad porque la
Suda cita esta,obra entre los escritos de Suetonio. E l Et. M agnum tam bién la
cita, y Eustacio también lo hace, aunque sin nom brar al autor, ya que para
él Suetonio es un «a n tig u o » (naAaíóg n g ) com o cualquiera de la escuela de
Alejandría. Es Eustacio precisamente el que por la profusión con que lo cita
nos hace pensar que tuvo en sus manos el original de esta obra y no el
epítom e que ha llegado hasta nosotros; cita incluso palabras que no están en
el Ms. que nosotros manejamos. O tro punto muy im portante de esta obra es
que ha servido para aclarar y justificar lemas de H esiquio, que al ser coinci­
dentes hacen pensar que proceden de una misma fuente griega, probablem en­
te el léxico de Pánfilo. E l otro tratado üepi tw v rrap’ " BXXr¡ai naiSiúv j3i/3Aíov a'
(según lo titula la Suda) también está en el mismo Ms. antes citado, y aunque
le falta el principio y no figura el nom bre del autor, el hecho de que Eustacio
lo cite y reproduzca casi enteramente el texto descarta cualquier duda sobre
esta obra. N o es un léxico propiam ente dicho, pero se le puede considerar un
onomasticon.
U n a de las obras del n d. C. que han llegado hasta nosotros en su
totalidad es el O nom asticon2 de Julio Pólux (¡loXudeúnrjg), que vivió hacia el
180 d. C. D edicó su obra a su discípulo C ó m o d o 3, y aunque los diez libros
se han considerado un trabajo sobre palabras y frases áticas y la obra fue
utilizada p or aticistas y puristas, a Pólu x no se le puede considerar un aticista:
entre otras cosas, porque recom ienda el uso de solecismos y barbarism os que
condenan E lio D ion isio o Pausanias, incluso con Frínico tuvo una auténtica
controversia4. Se basa en las obras de D ídim o, T rifó n y Pán filo en sentido
general, pero además, por ejem plo, el libro IV , sobre música y danza, lo tom a
parcialm ente del rey Juba de M auritania; el libro V I I I sobre tribunales y
funcionarios de Atenas se basa en la Constitución de Atenas de A ristó te­
les, etc.
Tam bién del siglo n d. C. es una obra sobre sinonimia debida a la fértil
m ano de Erennio Filón de Biblos, ¡lepi Siacpopág arjjiaaíag, que se nos ha
conservado en parte en los E tym ologica posteriores, ya que sus redactores
utilizaron epítom es tanto de la obra de Pólux com o de la de Erennio, espe­
cialmente los del Gudianum y el de Simeón. Tam bién de esta época es la obra
de A m m o n io üepi bfioluv nal 5iaq>ópu)v Xé^ecjv5.

1 E. M ille r, M élanges de littérature grecque, Paris 1868, pp. 385-436 [L G M ,pp. 231-282]; I.
T aillard at, Suétone fíepi ¡ikaa(pr¡¡iiCjv, ¡lepi ncuátwv (extraits byzantins), Paris 1967.
2 Pollucis Onom asticon, ed. E. Bethe, L eip zig 1900-1937,
3 'loúAiog noXu5súnr¡<; KofifíóSc^ Kaíaapi /aípsív em pieza su libro.
4 M . N aech síer, D e Pollucis et Phrynichi controversiis, Diss. L eip zig 1908.
5 Am m onius de adfinium vocabulorum differentia, ed. K . N ic k a u , L eip zig 1966, pp. 156-159; hay
un Supplementum Glossarum perteneciente a la o b r a de E ren n io , en parte.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 93

X . E L A T IC IS M O

Este com plejo m ovim iento es no sólo lingüístico, sino también cultural a
todos los niveles. Filóstrato, en la Vida de los Sofistas, llam ó a l,p e río d o
ampulosamente «segunda sofística», y aunque no es éste el lugar para com ­
paraciones y valoraciones, sí nos parece un tanto exagerado el nombre. En lo
que culturalmente representa el aticismo no entraremos a q u í1; sí queremos
decir en cam bio que entendemos el aticismo ante todo com o una reacción
contra la am pulosidad asiánica. A h ora , no deja de ser un signo de debilidad
y anquilosam iento el hecho de que frente al asianismo lo único que tenían
que oponer los aticistas era una form a de lengua y un estilo que muchos siglos
antes habían servido para expresar contenidos realmente densos y ricos, pero
que carecía de ellos a 1a sazón. A sí, pues, no es que este m ovim iento sea el
com ienzo de un proceso para dar nueva vida a las antiguas formas, sino que
la obsesión p or cuidar el estilo llega a ser cultivada de tal manera que éste
llega a convertirse en una pieza de museo.
Se explica así que se pueda considerar que la expresión extrem a del
aticismo es la elaboración lexical del m aterial lingüístico consagrado. L a
labor del helenismo en la búsqueda de glosas, m otivada p or otras razones, se
continúa ahora con gran ímpetu, pero con un sentido especial. Y a hemos
visto a lo largo de toda esta exposición que de todas form as este m ovim ien to
no surge de im proviso, sino que se ha venido gestando a lo largo de los siglos
y que el prestigio literario y cultural, en general, del ático hace que el n d. C.
sea cam po abonado para esta eclosión del aticismo.
Esta obsesión por la lengua ática lleva a los gram áticos a coleccionar
palabras y frases de uso ático, y tam bién a explicar términos descono­
cidos que encontraban en los escritores clásicos áticos2. Es el m om ento
de redactar 'AmnaX sacadas de los alejandrinos com o m odelo para
puristas.
C om o prim er aticista tenemos que citar al alejandrino Ireneo (su
nom bre en latín era Minucius Pacatus)3, de ñnales del i d. C . ; O rion y
el Et. Gudianum lo citan com o autoridad, cog Elprfvaloq ó ’ATTimarfjg. Reitzens-
tein 4 nos presenta incluso un fragm ento que puede ser de su obra ílepi ’ArTixqq
auvrj8síaq rijq év Áé^si nal npoai^óígc. El resto de las obras que nos presenta la
Suda son claramente lexicográficas y del cam po del aticismo. Citémoslas

1 Una breve p a n o rá m ic a la tenem os en F . R. A d rad os, «S o b r e el m o vim ien to aticista»,


Estudios Clásicos 14, 1970, pp. 433-457.
3 W . Schm id, D e r Atticism us, 5 vols., Stuttgart 1887-1897 [H ild e sh eim 1964], E s u n a o b ra
to d av ía útil so bre to d o en cu anto a aticism os en con trad o s en au tores de este p e río d o que n o sean
lexicógrafos.
3 Se entiende que la S u d a dé su b io g ra fía b a jo dos entradas, Eiptjvaloq y flaxárog.
4 R. Reitzenstein, Geschichte..., p. 3 ,3.
94 CONCEPCION SERRANO AYBAR

a q u í: üepl Tfjq 'AXe<*otv5pé<jjv SiaXéxTou r¡ m pi éXXr¡vio¡ioü ( éorl 5é xará aroi/eíov). rrepi


’At t m Ójv ovo¡uártov, ílspi ’ArTmopLOÜ y ílepi iStcofiárcov rfjg ’ ATTixfjg xai rrjg AoptSog
S ia X é x T O U 1 .
D e la época de A d ria n o es Julio Vestino, autor del epítom e de P a n filo (v.
supra), y del cual la Suda2 nos da tam bién una colección de títulos de obras,
de las que nada se ha conservado, de m arcado tinte aticista: ’£>íAoy?í óvojuárcjv
éx tcüv Ar¡¡ioo9évoug pifíXíuv, y ’ EttAoyr/ éx tójv Qouxu5í 5ou ’laaíou ’looxpáToug xai
QpaaLfiáxou toü prjTopog xai rcov áAAcav prjrópwv.
D e la misma época que el anterior es V alerio Folión , autor de una luvaycayrí
’Attíx ü v Xé&uiv xará aroixeiov según nos dice la Suda3. F o cio con oció esta obra
y la com para con la de D iogen ian o, considerándola de m enor interés p or
tener m enor número de términos poéticos y ser de m enor extensión4.
Pero en el cam po de la lexicografía aticista hay dos personajes que desta­
can sobre tod os: E lio D ion isio y Pausanias. E lio D ion isio es prim ero en el
tiem po, del s. i d. C., y Pausanias posiblem ente v iv ió en la época de A n to n in o
P ío y llegó a alcanzar la de M arco A u relio. E lio escribió unos ’Attíxójv óvofiárcov
Aóyoí en cinco libros, escribiendo una segunda edición más am pliada sobre
tod o en cuanto a citas de autores clásicos, según nos cuenta F o c io 5. V an por
orden alfabético com o la obra de Pausanias, ’Attlhcov óvofxáTu>v exuvaycoyi^;
prácticam ente no se pueden separar porque han sido las obras aticistas de
m ayor influencia en el período bizantino y la E dad M ed ia com o un tod o
unitario, cosa que ya com enta F o c io 6. Evidentem ente E lio D ion isio y Pausa­
nias han sido la fuente principal de Eustacio, com o bien ha visto E rb se7, y en
el p rop io Eustacio es donde se encuentran la m ayoría de los pasajes de los
léxicos aticistas. Tam bién se encuentran en los escolios de P latón y en Hesi-
quio. Pero para tod o el problem a de los aticistas rem itim os a los capítulos
introductorios del libro de Erbse.
Bajo el reinado de M a rco A u relio y C óm od o (hacia el 180 d. C .) v iv ió
Frínico, uno de los más interesantes aticistas cuya obra ha llegado hasta
nosotros. E nem igo de Pólu x con el que tuvo discusiones p or la lengua8, a
Frín ico tenemos que considerarlo el purista m áxim o, mientras que P ólu x no
es un aticista en rigor. Fue además derrotado p or éste en la consecución de
la cátedra de retórica de Atenas. Su obra de tipo enciclopédico Io<pioTixf¡
TTponapaaxeufj en 37 libros es com o un «Th esau ru s» de la lengua ática con fines
e s tilís tic o s . E sta o b r a está en p a rte b a sa d a en la de E lio D io n is io y

1 C f. L. C o h n , R E , s. v . E iren aio s 7,
2 Suda, s. v . Oúr¡aTLvog.
3 Suda, s. v. /IcoAtcjv ’ AXe^avSpeúg,
4 F o cio, Bibliotheca, C ó d ic e 149.
5 F o c io , Bibliotheca, C ó d ic e 152.
6 F o cio . Bibliotheca, C ó d ic es 152-153,
7 H . E rb se, Untersuchungen zu den Attizistischen L éx ica , B erlin 1950. E s u n a o b r a fu n d a m en ta l
no só lo p a ra el p ro b le m a del aticism o, sino tam bién p a r a in vestigar so bre los fu n d a m e n to s de los
Etym ologica m edievales.
8 C f. M . N aech ster, D e Po¡lucís...
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 95

Pausanias, reconoce com o únicas autoridades del ático a Platón, los autores
de la com edia antigua y la tragedia, Tucídides, Dem óstenes y los oradores
áticos; critica, por ejem plo, el ático de Jenofonte y M enandro. L a obra tal
com o era nos la describe F o c io 1, que tam bién nos ha conservado un resumen.
Era aún mucho m ayor que el corto epítom e que se encuentra en el Ms.
Coislinianus 3452. Otra obra que los críticos consideran de juventud y que ha
llegado a nosotros, pero más com pleta aunque ello era más fácil p o r la
brevedad de la obra, es la que la Suda llam a ’Attihicttííg, y que nosotros
conocem os por el título ’ ExAoyfi prjjiárüjv k «í ovofiárcov ’Attihlúv, y que consiste
en una larga lista de reglas y prohibiciones que dicen al estudiante qué
palabras debe evitar y cuáles u tilizar3.
E lio H erodiano, hijo del tam bién gram ático A p o lo n io D íscolo, vivió en
R o m a bajo el reinado de M arco A u relio. Su labor com o gram ático se basa
sobre todo en A ristarco y T rifó n (v. supra), y el rigorism o gram atical que
cultiva le da pie para poca originalidad. Efectivam ente, lo que tiene de
significativo su figura reside precisamente en su rigor gramatical, aunque esto
no im pide que sus obras — algunas de ellas al menos— estén impregnadas de
un aticismo, muy bien observado por Reitzenstein4, que se da en su obra
ZujjiriÓGiov. Adem ás, tiene dos obras gramaticales claramente dentro de la
corriente aticista ílepi fjjiapTrjfjtévojv Xé^eojv y 0iÁéraLpog5. En la prim era da las
reglas para una correcta flexión de nombres y verbos, y en la segunda para
escribir y expresarse correctam ente6.
H acia finales del n d. C. v iv ió A lejan d ro C otiaeo, al cual Arístides el retor
nos lo presenta com o maestro de M arco A u relio y lector y profesor de ios
clásicos7. Este gram ático fue autor tam bién de un ¡lepl navTodanfjg üXr¡q, que
tenía que ver con el uso del á tico 8.
D e esta época es un pequeño léxico titulado ílepi ’ATTixrjc; ávriAoyíag Tfjg év
ralg ké^eaiv, del que se ha conservado un epítom e en trímetros yám bicos de
época bizantina, que publicó prim ero Reitzenstein9 sin atribución. C o h n 10
se lo atribuye a un Filem ón de esta época que no tiene nada que ver con
el Filem ón contem poráneo de Calim aco, que fue un precursor del aticismo.
Estos excerpta nos los ha conservado Tom ás M agister, y también se en*

1 F o cio, Bibliotheca, C ó d ic e 158.


2 Anécdota Graeca, ed. I. Beker, Berlin I S 14 [G r a z 1965], vo l I, pp. 1-74; G . K a ib e l, De
Phrynico sophisia, G o tin g a 1899; J. de B orries, Phrynicus. Praeparatio Sophistica, L e ip zig 1911.
3 W , G . R u th erfo rd , The N e w Phrynichus, L o n d re s 1881; E. Físcher, D ie E k log e des P h ryn i-
chos, B e rlin -N u e v a Y o r k 1974.
4 R . Reitszenstein, Geschichte..., pp. 371-397.
5 A . D a in , L e «P h ü é ta e r o s » attribué á H erod ien , P a rís 1954.
6 L . C o h n , «U n e d ie r te F ragm ente aus der atticistischen L ittera tu r», Reinisches M u seu m 43,
1888, pp. 405-418.
7 A ristides, O ra d o 12. T o d a la O ra d o está dedicada a A le ja n d r o C o tiae o a m o d o de ep itafio.
8 R . Reitzenstein, Geschichte..., p. 389. Reitzenstein ad uce u n os textos de E ustacio p a ra p r o b a r
su aserto.
8 R. Reitzenstein, Geschichte.,., p. 392.
10 L . C o h n , « D e r A tticist P h ile m o n », Phitologus 57, 1898, pp. 352-367.
96 CONCEPCION SERRANO AYBAR

cuentran en un Ms. Laurentiano y en otro Vindobonense del s. x iv.


D e la época de E lio D ion isio se nos ha conservado el léxico aticista de
M oeris, del que no sabemos nada. Este léxico, de tipo m uy purista, contra­
pone lo auténticamente ático (árríKoog) a la lengua Hoivrj (éAÁrjvíxcüg), que
rechaza pedantem ente1.
P o r últim o dos aticistas más, citados por la Suda, son L u p e rc o 2, del
iii d. C., autor de unas 'A ttixcli Xé^aiq, y Mnaseas de B erito 3, del cual la Suda
no nos da ni la época, autor de un flepl ’Attixüjv óvojiárcjv.
P ero el m ovim ien to antiaticista no se hizo esperar y ya en el m ism o s. n
el m édico G alen o atacó y ridiculizó a los aticistas p or los excesos a que
llegaban. Y así, aunque no se nos han conservado estas obras en ¡lepi rcüv íSícov
jSíjQAcov ypaqir}4, G alen o nos ha conservado una lista de aquéllas en las cuales
com batía el aticism o: T¿>v napa Tolq 'ATTixoiq ouyYpot<peüaiv óvofiáTCJv, Tüjv rrap’
EúnóAtSt ttoAitwwv óvo/iárcüv, TQv napa Kparívu) noXmnüv óvo/uárcov, Tüjv ióíojq
HGOjLUMCüv óvo¡iáTüúv napaÓsíyfiaTa, üpoq TOüq éniTifiüJVTaq róiq aoXoixí^ouatv Tfj cpcovfj.
Incluso en obras suyas que no tienen un carácter polém ico con respecto
al aticism o se pueden observar alusiones contra esta corrien te5.
Antiaticista es O ro de M ileto, autor según la Suda6 de una ob ra Kara
0 puvíxou xará otoix¿íov en la que polem iza con el aticista. T a l v e z p o r esta obra
se situó a O ro durante muchos años en el n d. C a p e r o Reitzenstein dem ostró
que es del v d. C .7.
Probablem ente sigue a O ro un breve léxico anónim o titulado ’ Avtioítti-
MGTr¡q que apareció en el Coislinianus 345 y que ha sido editado por B ek k er8.
Este léxico da autores clásicos com o autoridad para palabras condenadas por
Frín ico y otros.
P o r últim o, F rín ico es la fuente principal de una obra del s. iv d. C. de
H eladio, hijo de Besantinoo, titulada ¡lay/iaTEía xptja-rofiadsiójv en cuatro li­
bros, según nos cuenta F o c io 9; com o la obra de Frínico tiene carácter de
«T h esa u ru s» para tod o cuanto guardase relación con la lengua y la retórica.
Este H elad io ha sido a m enudo confundido con otro del s. v, H e la d io de
A lejan dría, del que fuera de la m ención de la Suda10 y el resumen que de su
léxico Aé^eojq navroíaq xPñaiS xoirá crro¿xetov hace F o c io 11, no nos ha quedado
nada12.

1 M o e rid is Atticistae L ex icó n A tlicum , ed. J. Pierson, L e ip z ig 18312.


2 Suda, s. v. AoúnspHoq.
3 Suda, s. v. Mvaoéotq.
4 G a le n o , 19.48.
5 C f. W . H erb st, Galeni P erga m en i de atticisantium sto.diis testimonia, L e ip z ig 1911.
6 Suda, s. v. 'Dpoq.
7 R . Reitzenstein, Geschichte..., pp. 287-350.
8 I. B ekk er, Anécdota Graeca, pp. 77-116.
9 F o c io , B iblioteca , C ó d ic e 279.
10 Suda, s. v. 'EAAáÓtoq.
11 F o c io , Bibiiotheca, C ó d ic e 145.
12 S o b re a m b o s H e la d io s, cf. G u d e m a n , R E , s. v. H e lla d io s 2 y 3.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 97

X I. L O S L E X IC O S D E O R A D O R E S

U n a vez que el canon de los diez oradores fue fijad o, los léxicos retó rico s1
se sucedieron, no sólo desde el punto de vista gram atical y estilístico, sino
tam bién para la explicación de las instituciones políticas, el derecho y los
realia que se daban en los oradores. E l prim ero de los com entaristas lexicó­
grafos sobre oradores es el p ro lífico D íd im o (v. supra), al final del helenismo,
que escribió com entarios a Dem óstenes, Esquines, H ipérides y otros o ra d o ­
res2 en los que hacía com entarios de tipo lingüístico y tam bién histórico,
utilizando obras literarias com o la ’Adrjvaíojv noXireía de Aristóteles o la ’Ardíg
de F ilocoro. Adem ás de estos com entarios fragm entarios se han conservado
en un papiro sus ünoidvfj^aTa a las Filípicas de D em óstenes3. Evidentem ente,
estos com entarios han sido la fuente obligada para los léxicos de oradores de
la época im perial.
En la época de A u gu sto (s. i a. C .) escribe tam bién en R o m a com entarios
a los oradores D ion isio de H alicarn aso4, que colab oró a un auténtico m an­
tenim iento de la prosa ática. C ontem poráneo suyo es C ecilio Caleactino, del
que además de un tratado sobre la form a de caracterizar a los diez oradores,
la Suda nos da el título de dos obras de carácter lexical: de una de ellas sólo
conservam os el nom bre xará otoixsíov ánoSet^iq toü EÍpf¡o8ai náoav ké^iv, m ien­
tras que de la otra sí tenemos unos fragm entos, KaXXipptjfioaúvt}, sari 5é éxXoyf)
Xé%£(*)v xará oroixdov5.
F o c io 6 nos habla de otros tres léxicos de oradores, uno de un personaje
inidentificable y los otros dos más o menos situables en el tiem po. E l
prim ero del que habla es el de Juliano7 : su A e ^ lh ó v t Q v n a pá r o ig i ’ pr¡Topai X é & u tv

nará vToixeíov, del que dice que es m uy interesante porque explica térm inos de
la lengua jurídica, de fiestas y de la historia antigua. E l segundo es de Filós-
trato de T iro, que tal vez pueda ser identificado con el que v iv ió en la época
de N e ró n entre cuyas obras la Suda8 cita una, % r jT o ú ¡ ¿ E v a n a p a r o l g p r ¡ T o p o t v , que

1 T e n e m o s que distinguir a q u í estos auténticos léxicos de o ra d o re s de los que en el p e rio d o


b izan tin o se llam a n Xe^ixá prjToptMá, y a q u e se d en o m in a n de esta m a n e ra a los d iccio n ario s que co n
fines retóricos y estilísticos h a b ía n co m p u esto los aticistas; y así, p. ej., los bizan tin o s lla m a n pqrujp
a P a u sa n ia s o E lio D io n is io , p ero n a d a tienen que ver estos léxicos co n los que a h o r a v a m o s a tratar.
2 C f. M . Schm idt, D id ym i..., pp. 310-320,
3 Didym os. K om m én tar zu D em osthenes (P a p y ru s 9780), ed. H . D ie ls y W . S c h u ba rt, B erlin er
K lassíkertexte I, B e rlin 1904.
4 Dionysius Halicarnaseus. Q uae exstant opuscula, vol. V y V I, ed. H . U s e n e r y L . R a d e r m a -
cher, L e ip z ig 1899-1929 [Stuttgart 1965]
5 Caecilius Caleactiijus Fragm enta, ed. E . O fe n lo c h , L e ip z ig 1907 [Stuttgart 1967], p p . 138-193.
6 F o c io , Bibüotheeá, C ód ic e 150
7 C f. G u d e m a n , R E , s. v, Io u ü a n o s 2.
8 Suda, s. v. &iXóoTpaTog ó npihroq.
98 CONCEPCION SERRANO AYBAR

puede ser esta m ism a que nos describe F o c io aunque suponiéndola de peor
calidad que la de Juliano. E l tercer lexicógrafo, que F o c io llam a D io d o r o es
V a lerio D io d o ro , hijo de uno de los prim eros aticistas, V a le rio F o lió n (v.
supra): su léxico lleva p or subtítulo 'E ^yqoig T¿)V ^rjroufiévuv napa roiq i
pfjTopeiv1.
U n o de los léxicos de oradores más im portantes es e l de H a rp ocra cíón
Ae^imóv twv dina prjTópcjv2. Sobre la fecha de H a rp ocra ción se ha dudado
m ucho, especialm ente por el tipo de fuentes que utiliza, ya que no cita
gram ático o lex icó gra fo posterior a Augu sto. P o r ello se le situaba en tiem pos
de T ib erio , pero finalm ente parece seguro poder situarlo en la ép oca de los
A n ton in os. Para su obra utiliza H arp ocración tod a la literatura procedente
de gram áticos y rétores de la época alejandrina y de com ienzos del Im p erio,
aunque probablem ente su fuente más im portante sea D íd im o 3 y para los
térm inos relacionados con instituciones de la ciudad A ristóteles, F ilo c o ro y
tal vez el m ism o onom asticon que sirvió de fuente a P olu x para el libro 8 de
su obra.
C on tem porán eos casi de H a rp ocración y, si no son resúmenes de su
léxico p o r lo m enos en él inspirados, son una serie de léxicos de oradores
que han aparecido en diferentes Mss. m edievales y que enum eram os a
continuación. E l prim ero es el que hace el núm ero cinco en los Anécdota
de Bekker, titulado Aé^eig prjTopiHaí4. E l segundo apareció en los m árgenes de
un Ms. de la B iblioteca del T rin ity C ollege de C am b rid ge; desde su publica­
ción p o r D o b ree en 1822 se ha llam ado L e x ic ó n rhetoricum Cantabrigiense5.
T am b ién está el L e x ic ó n Palm ense 6, utilizado en ép oca bizantina p o r F ocio,
la Suda, el E t. M agnum y los escolios de Platón. P o r últim , en el Ms. del
M o n te A tos, que ya hem os citado varias veces (v. supra), ed itad o p o r M ille r
ha aparecido un glosario titulado ’Ek tcov KXavdíou KaaíÁoúvog napa Toig ’Attm olg
pr/ropai £rjrou¡lévojv1 , que tal v e z sea de la misma m ano que el L e x ic ó n Canta­
brigiense o tengan am bos la m ism a fuente. D e l ^utor no sabem os nada puesto
que es la prim era vez que aparece su nom bre C lau dio Casilón, bastante raro
p o r cierto y con aire latino.
D e un r é t o r lla m a d o E u d e m o , la .Suda8 n os c o n s e r v a ta m b ié n e l
título de una obra de este carácter ordenada alfabéticam ente, ilspl Áégecov
alg néxpqvrai pfjTopég ts nal rcDv auyypaqjécúv oi ÁoyiúiTaToi; y la Suda vu elve a
citarlo s. v. aúysvéoTEpog Kóópou diciendo EOdrjjiog év tcJj nepl Xé^eiov pr¡Topiyt&v.

1 C f. S u d a, s. v , ü o j X í w v ’ AXe ^a vS p e ú g .
2 H arpocrationis L ex icó n in decem oratores Atticos, ed. W . D i m i orí', O x f o r d 1853,
3 C f. C . B oysen , D e H arpocrationis lexici fontibus, K ie l 1876.
4 I. B ek k er, A nécdota Graeca, vol. I, pp. 197-318.
5 E. O . H o u ts m a , L e x ic ó n Rhetoricum Cantabrigiense, D iss. L e id e n 1870 [ L G M , p, 61],
6 I. S a k k e lio u , Aé&iq ¡i¡6. íaropicóv. L e x ic ó n P a lm en se , Bulletin de Correspondence H ellénique 1.
1877, pp. 10-16 y 137-154 [ L G M , p. 140],
1 E. M ille r, M éla n g es... [ L G M , p. 231],
8 S u d a , s. v. EüSrjfiog.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 99

D e finales del v y principios dei v i es el rétor Zósim o de G aza o ascola-


nita, autor de unos comentarios a Demóstenes y a Lisias y de una Aé^iq ptjTopinfj
Mará aroL)(eiovl .

X II. E T I M O L O G I A

Los fundamentos creados por los estoicos para la etim ología, de los que
hablamos más arriba, llegan hasta época im perial inclusive. Seleuco (v. su­
pra), cuyos escritos fueron muy utilizados en el período bizantino en ios
Etym ologica, está decididamente bajo el influjo estoico2, com o se puede ver
en lo relativo a los nombres de las partes del cuerpo y en los m itológicos.
A h o ra bien, en los albores de la era Cristiana de manos de algunos
gramáticos, especialmente T rifó n y Filoxeno (v. supra) nace una nueva teoría
sobre la etim ología. A partir ya exclusivamente de métodos form ales se hace
derivar a cada palabra de una raíz (npcorórunov) y se explican sus cambios
(rrapayuyaí). Se tiene en cuenta, pues, la analogía y por supuesto los cambios
fonéticos (ná 6r¡)3.
A m bos m étodos son tenidos en cuenta para la com posición de una
obra sobre la etim ología de los nombres de las partes del cuerpo com ­
puesta por el m édico Sorano de Efeso y conservada en parte en la obra
de M elecio /lepi rfjg t o ü ávQpúnou napaoxEufjg y en el E tym ologicon de O rión el
tebano4.
L a obra más im portante en etim ología de este período y que ha sido la
base para posteriores trabajos es la del gram ático H erodiano (v. supra) ÍIspl
notdüjv5, que tiene todas las características de un diccionario etim ológico.
Tenem os que pasar ya al s. v para encontram os la última gran obra
de etim ología de la A ntigüedad; nos referim os al E tym ologicon 6 de O rión
de Tebas en Egipto, uno de los maestros de Proclo en A lejandría y de la
emperatriz Eudocia, esposa de Teod osio II, en Constantinopla7. L a obra
de O rión prueba que está fundada en autores y escritores más antiguos
utilizados en form a de excerpta y conservados dentro de la obra de Orión.
Las fuentes más destacadas son: com entarios sobre gran número de autores

1 Suda, s. v. Zwdifiog. C f. H . G ártn e r, R E , s. v, Z o s im o s 7.


2 R. Reitzenstein, Geschichte.,,, p. 157 ss. y 188.
3 Cf. J. W a c k e rn a g e l, D e pathologiae veterum initiis, B asilea 1876.
4 P. V o igt, Sorani Ephesii líber de etymologiis corporis humani quatenus restituí possit 1882; L.
Scheele, D e Sorano Ephesio medico etym ologo 1884.
5 H erodiani Technici Reliquiae, ed. A . Lentz, L eip zig 1867, vol. II, pp. 166-389.
6 Orionis thebani Etym ologicon, ed. F. W . Sturz, L eip zig 1820; ílept £7<;|ioAoyuI>v xará aroix.eíov kx
to ü nará 'D pícjva tó v Qr/Paiov, ed. G . H . K . K o é s en col, 173 de F. W . Sturz, O rion is...; '’Qpííovoq to ü

9r¡f}aíou, ed. F. K . W e r fe r en col. 611 de F, W . Sturz, Etym ologicum Gudianum, L eip zig 1818.
7 Cf. R . Reitzenstein, Geschichte..., p. 348 ss.
100 CONCEPCION SERRANO AYBAR

clásicos, especialm ente H o m ero , el ílspi ¿rufxoÁoyicjv toü acjfiarog toO ávdpúnou
de Sorano, el Üepl éru/jíoÁoYÍocg de H eraclidas P ón tico, el ilspl /uovoauAAájScov
prjjdárojv y otros escritos de F ilóxen o, el lu^xnóaiov y los ’ Empepiojioí de H erod ia-
no. Este lib ro ha sido m uy utilizado p or el E ty m ologicu m Genuinum, el
Gudianum y Zonaras.

X III. L A L E X IC O G R A F IA E N L A A L T A E D A D M E D IA

V am os a iniciar este apartado hablando prim eram ente de una com p ila­
ción m u ltiform e denom inada generalm ente L é x ic o de C irilo y que encierra
uno de los problem as más graves de la lexicografía griega m edieval. H a y para
el estudio de este problem a dos estudios esenciales, de D rach m an n 1 y L a tte 2,
a los cuales nos rem itim os, puesto que estos dos grandes filó lo g o s han tenido
acceso a los grandes archivos lexicográficos reunidos p or el p ro p io D rach ­
mann, A . A d ler, K . Bar, C. Boysen, K . A lp ers y otros. E l hecho de recurrir
a estos dos docum entos nos pone en la pista de que hay dos form as funda­
m entalm ente opuestas de acceder a este problem a: p or un lado, al léxico de
H esiqu io — donde hay una enorm e masa de m ateriales procedentes de C iri­
lo — y p or otra, al léxico de C irilo. En el caso de H esiqu io, p o r una de esas
casualidades de la transm isión manuscrita, nos encontram os ante un único
testim onio, el M arcianus Graecus 622, del s. x v ; m ientras que del léxico de
C irilo existen más de 70 versiones (y se siguen descubriendo más en las
bibliotecas de G recia y A sia M en o r). D rachm ann se dedicó a distinguir las
fam ilias de Mss. entre la enorm e profu sión de ellos que se extienden desde el
s. x al x v , sin contar un papiro de N essana3 del v il publicado en 1951; y La tte
ha afinado aún más esta clasificación con el stemma de la p. L I de su edición
de H esiqu io, donde se ve la ram ificación de esta tradición cirílica además de
las conexiones con los otros léxicos antiguos im portantes conocidos, com o
son, además del de H esiqu io, la Suda, Zonaras, F o c io y los E ty m ologica . N o
creem os que haga falta entrar en detalles que caractericen estos Mss. para
persuadir y persuadirse uno m ism o de que el hacer una edición del L é x ic o de
C irilo es algo im posible prácticam ente. L o m ejor que en m ateria de «e d i­
c ió n » 4 de C irilo se puede aportar hasta la fecha es la edición de H esiqu io de

1 A . B. D ra c h m a n n , D ie U eberlieferung des Cyrillglossars, C o p e n h a g u e 1936.


2 K . Latte, H esychius..., P ro le g o m e n a .
3 P N e s s . 8 ss. (E x ca va tion s at Nessana, vo l. II, 1950, L ite ra ry p a p y ri, ed. L . C a s so n y E. L. H e t-
tich).
4 P o d e m o s señ alar co m o ediciones p arciales del Glossarium Cyrilli, K . Latte, H esych ii A le x a n -
drini L ex icó n , C o p e n h a g u e 1953-66, p a r a las glosas de la A - 0 (m a rc a d a s en esta e d ic ió n co n un
aste risco ); M . Schm idt, H esych ii L ex icó n , Jena 1862, vol. IV., p. 339; H . T ittm a n n , Z on a ra e L ex icó n ,
L e ip z ig 1808, v ol. I, p. X C V I I ; J, A . C ra m e r, A naecdota Graeca, O x fo r d 1841 [H ild e sh e im 1967],
vol. I V , p. 165.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 101

Latte, donde gracias a diversos artificios tip ográficos se señalan las coin ciden ­
cias con C irilo, aunque forzosam en te esto es in com pleto porqu e los m ateria­
les cirílicos tienen una gran p ro p o rció n de glosas originales que no figuran en
la obra de H esiquio.
O tra cosa es el título b ajo el que, con pequeñas variantes, los Mss. en buen
estado a los que no les falta los prim eros folios, presentan el fam oso glosario.
T o d o s atribuyen si no la com posición sí el patrocin io a San C irilo, obispo de
A leja n d ría (s. v d. C .). U n o de los títulos más corrientes es Toü év áyíoiq ílarpóq
fjficov Kuptkkou ápxi£Tncwónou 'Ake^avSpeíaq ke^imv. Para D rachm ann y Latte no
ofrece dudas el hecho de que este glosario tiene su origen en C irilo o p o r lo
menos en el círculo eru dito que em anaba de él y constituye una especie de
auxiliar de lectura para la consulta de textos p o r un público ansioso de cultura,
pero que necesitaba esta ayuda para com prender la evolu ción de la lengua
griega entre la época clásica y el s. v d. C. E fectivam ente, el m aterial esencial que
com pone el léxico de C irilo son glosas hom éricas, trágicas y en general literarias
con muchos detalles aticistas; pero estos dos grandes filó lo g o s encontraron en
el léxico gran cantidad de term in ología cristiana, p or lo que no podem os adm itir
que el aserto que G. W e n tze l hizo en 1895 en una com unicación a la A ca d em ia
de Berlín, de que el L é x ic o de C irilo era un auxiliar para la lectura de las obras
del p rop io santo, sea totalm ente fa lso ; y esto lo hace cierto el hecho de que
muchas palabras de la ob ra de C irilo de A leja n d ría sólo aparecen en él y en
H esiqu io com o glosas de C ir ilo 1.
E xcerp ta del léxico de C irilo se puede considerar la luvaycoyí) ké%eu)v
Xpr¡oí¡iiúv éx dtcxcpópcov oocpQv re nai pr¡TÓpu)v rroAAaiv, con ocid a p o r su ed ito r com o
L e x ic ó n Bachm anianum 2, y que no es según N a b e r 3 un resumen del léxico de
F ocio. Este L e x ic ó n se encuentra en el Coislinianus 347 (s. ix ) y entre otras
fuentes se encuentran glosas de los oradores, H o m ero , Tu cídides y Jenofonte.
D e l s. v i es tam bién Juan F ilo p o n o , autor de un pequeño léxico titulado
ílepi tü v npdq díácpopov arjfiaaíav 5ia<pópu>q tovou/
uévljv ké^euv4, que se inserta en
la serie de léxicos sobre sinónim os del tipo de P to lo m e o A scolon ita, de
A m m o n io o de E rem nio F iló n (v. supra).
En el s. v i aparece un diccion ario titulado ’ E9vixás con feccion ado p or
Esteban de Bizancio. Esteban hace uso de todos los conocim ientos históricos
y geográficos de H e ró d o to , P o lib io o Estrabón así com o de obras perdidas
com o la de F iló n de B iblos ílepi nókecov xai oüq éxáarr¡ acitlúv év5ó^ouq fjveyMe6.

1 C f. la serie de artícu los de P. B u rgu iére, « C y r il li a n a » I, II y I I I , R evu e des E tu des Anciennes


63, 1961, pp. 345-361, 64, 1962, pp, 95-108 y 72, 1970, p p . 364-384, especialm ente este últim o.
2 L , B a c h m a n n , Anécdota Graeca, L e ip z ig 1828 [H ild e sh e im 1965], vol. I, pp. 3-422.
3 Ph otii patriarchae lexicón, ed. S. A . N a b e r , L e id e n 1864-65 (A m s t e rd a m 1965], P r o le g o m e n a ,
p. 127 ss.
4 P. E g e n o lff, loannis P hilopon i collectio vocum, quae p ro diversa significatione accentum
diversum accipiunt, B re sla u 1880 [ L G M , p. 359]
5 Stephan v o n B y zan z, E thnika, ed. A . M e in e k e , B e rlín 1849 [G r a z 1958]
6 B. N ie s e , D e Stephanii Byzantii auctoribus, tCiel 1873.
102 CONCEPCION SERRANO AYBAR

Tam bién utiliza Esteban el libro de O ro ¡lepl édvixü.jv1, en el que están


tam bién los com entarios de H om ero, Calim aco, A p o lo n io de R odas, L ico -
frón, de los que se vale. Para los problem as gram aticales utiliza la obra de
H ero d ia n o ílepi H<xdoXixi)g npoac^Síag2 y üepi ópdoYpoKpíaq3. E l hecho más im p o r­
tante de la obra de Esteban de Bizancio es el de que muchas veces tiene
coincidencias en conocim ientos de personas y lugares con la Suda (s. x ), lo
cual se justifica porque am bos utilizaron el ’ OvoiuaToÁóyog de H esiqu io de
M ile to 4 (s. v i) que fue una gran ob ra de tipo enciclopédico de la cual la Suda
dice que su ob ra es un epítom e.

X IV . E L R E N A C I M I E N T O D E F O C IO Y L A B A J A E D A D M E D I A

En el s. ix F o c io 5, patriarca de Constantinopla, con una visión genial fijó


su atención sistemáticamente sobre el inmenso tesoro de la A n tigü ed a d C lá ­
sica que estaba a punto de desaparecer, ya que la m ayoría de las obras
estaban a punto de perderse o andaban dispersas. Q uedaba en la vid a inte­
lectual de la época un contacto con los áridos manuales de gram ática y de
retórica, así com o subsistían unas antologías de los poetas antiguos, los
historiadores y los oradores, pero tod o ello de una manera m uy pobre. En
este ambiente las dos grandes obras de F o c io son providenciales para la
historia de la filo lo g ía . U n a es la Biblioteca, dedicada a su herm ano Tarasio,
en la que resume códices leídos p or él o en las reuniones de su círculo. D e
esta manera, resúmenes de obras de la A n tigü edad perdidas en la actualidad
han llegado a nosotros al menos de esta form a.
Para nuestro estudio m ayor interés tiene el L é x ic o (Aé^eojv auvaytoyfí),
escrito en fecha más tardía que la Biblioteca y com puesto a base de diferentes
fuentes com o verem os más adelante. Hasta el s. x ix esta obra de F o c io era
sólo con ocida p or el llam ado Ms. Galeanus del s. xi, del que hay p or lo
m enos 24 copias m odernas directas o indirectas, conservado en la B iblioteca
del T rin ity C ollege de C am bridge y en el que al m enos un tercio del texto
fa lta 6. En 1896 algunos nuevos fragm entos fueron editados a partir de un Ms.
de A te n a s 7. M ás im portante resultó la aparición en 1901 de un M s. en Berlín
que Reitzenstein p u b licó 8. Este estado de cosas se ha m antenido hasta 1959

1 R . Reitzenstein, Geschichre..., p. 316.


2 A . L en tz, H erodiani..., vol. I, pp. 1-547.
3 A . Lentz, H erodiani.,.., voi. II, pp. 407-611.
4 U n fragm en to se co n serva en el C ó d ic e P a latin o de H e id e ib e rg n. 398 ed. p o r F . Jacoby,
F G r H is t ., n. 390.
5 C f. K . K ru m b a c h e r, Geschichte der Byzantinischen Litteratur, M u n ic h 18972, p. 515 ss.
6 S o b re este M s. está hecha la ed ició n de S, A . N a b e r , Photius...
7 C . F red e ric h y G . W en tzes, « A n é c d o t a aus einer athenischen H a n d s c h rift, Nach. v. d. Konigl.
Gesellschaft d. Wiss. zu Góttingen 1896, p. 336 ss.
8 R . Reitzenstein, D e r A nfang des L ex icon s des Photius, L e ip z ig -B e rlin 1907.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 103

en que eí profesor L. Politis descubrió en el m onasterio de San N ican or en


Zavord a (M aced on ia) el texto com pleto del L é x ico en un Ms. del s. x iii o
x i v 1. Desgraciadamente no se ha hecho todavía una edición que utilice este
Ms., aunque hay una com isión nom brada para preparar una nueva publica­
ción de F ocio y la obra de K . Tsantsanoglou2 se puede considerar la in tro­
ducción a la futura edición.
Entrando ya en el contenido del L é x ic o de Focio, las fuentes de las que
se ha servido para su com posición son las siguientes: las obras de los aticistas
E lio D ionisio y Pausanias, la lofLarixi] Trponapaaneufj de Frínico, un epítom e
de H arpocración, A l h u iv d v ó / ja r a y A é g e ig p r ¡T o p i x a í del Coislinianus 345, que
son léxicos retóricos m edievales3, los glosarios de Platón de Boeto y Tim eo,
y el L exicón H om ericum de A p o lo n io Sofista. A parte de estas fuentes princi­
pales, la lectura de un gran número de códices para la B iblioteca aportó
im portante material para el L é x ico .
D el círculo lexicográfico de F o cio dimanan varios E tym ologica , con lo que
se siguen así a lo largo de toda la Edad M edia una larga serie de trabajos que
se van apoyando unos en otros. E l más antiguo de estos trabajos anónim os
puede que sea el Etym ologicum Genuinum, del s. ix, del que partirán los más
importantes Etym ologica. Sobre esta obra hay una bibliografía bastante
amplia, pero falta una edición com pleta de ella a pesar de no ser más que dos
los Mss. conservados4.
D el mismo círculo es el Etym ologicum Parvum, llam ado así por M ille r5
frente al Magnum , que luego sería conocido por Genuinum. Este E tym o­
logicum tiene com o fuentes principales los Epim erism os a H om ero y a los
Salmos (probablem ente escritos por el gram ático Querobosco en el si­
glo v i) com o novedad, además de las fuentes tradicionales que hemos
visto hasta ahora6.
Tam bién en estrechísima relación con F ocio está el L e x icó n Sabbaiticum 1,
aparecido en los márgenes de un Ms. de Jerusalén del siglo x iv y que después
del descubrimiento del Ms. Zavordensis hecho por Politis parece una copia
de una porción de ese M s 8.
Dependiendo en sus fuentes directamente del Genuinum está el E ty m olo­
gicum Gudianum, llam ado así por el nom bre del poseedor de uno de los Mss.

1 L. Politis, « D i e H an d sch riften sam m lu n g des K losters Z a v o r d a und die neu aufgefu n d en e
P h o tio s-H a n d sc h rift», Philologus 105, 1961, pp. 136-144.
2 K . T san tsa n o glou , Tó A to ü «P c j t ío u . X p o v o Á O Y ¡jc r r ¡, x ^ ‘ p ó y p o i< p r¡ n u p á ó o o r ), Saló n ica Í967.
3 E. Bekker, Anécdota..., vol. I, pp. 181-194 y 195-318.
4 Cf. R. Reitzenstein, Geschichte, pp. 1-69; A . C o lo n n a , Etym ologicum Genuinum. Littera A,
R o m a 1967; C . C aíam e, E tym ologicum Gennuinum: les citations de poetes liriques, R o m a 1970;
G . Berger, Etym ologicum Genuinum et Etym ologicum Symeonis (jS), M eisenh eim am G la n 1972;
F. L aserre y N . L iv a d a ra s. E tym ologicum M a gn u m Genuinum. Symeonis Etym ologicum . E tym olog i­
cum M a gn u m A uctum , vol. I, á-á^w ayéncjg, R o m a 1976.
5 E. M iller, M élanges..., pp. 319-340.
6 C f. R . P in ía u d i, E tym ologicum Parvum quod vocatur, M ilá n 1973.
7 A . P a p a d o p u lo s -K e ra m e u s , L ex icó n Sabbaiticum, P etersbu rgo 1892-93 [ L G M , pp. 39-60],
s Cf. K . T san tsa n o glo u , Tó A£Ít«o...
104 CONCEPCION SERRANO AYBAR

más m odernos, el danés M . Gude. E l Gudianum es del xi y sus fuentes están


anotadas en el m ejor de los Ms. conservados, el Barberinus I 701.
D el s. x ii es el Etym ologicum Magnum, basado en el Genuinum con adicio­
nes del Gudianum y de Esteban de Bizancio y T rifón . Fue editado p o r prim era
vez por Callierges en 1499 y él fue el que le dio el nom bre de M agnum con el
que se le conoce en la actualidad. En estos m om entos está siendo editado
nuevamente por Lasserre y L ivadaras2.
O bra un poco anterior al M agnum y que depende directamente del Genui­
num y del Gudianum es el E tym ologicum Symeonis 3 que también tiene glosas
procedentes de Esteban de Bizancio.

Et. Genui num

C on este gráfico creemos que se aclara la form a en que se interrelaciona-


, rían los diferentes E tym ologica medievales.
Tam bién del siglo xn es el que la moderna crítica ha dado en llamar
Zonarae L e x ic ó n 4', que tiene la particularidad de estar ordenado alfabética­

1 A . de Stefani, E tym ologicum Gudianum, L eip zig 1909-20 [A m s te rd a m 1965]; F. Z . Sturz,


E tym ologicum Gudianum, L eip zig 1818 [H ildesh eim 1973].
2 F. Lasserre y N . L iv ad ara s, E tym olog icu m ...; T. G a is fo rd , E tym ologicum M a gn u m , O x ­
fo rd 1848 [A m sterd am 1967],
3 F. Lasserre y N . L iv a d a ra s, E tym olog icu m ...; H . Sell, D as E tym ologicum Symeonis (a -áíiú),
M eisenh eím am G la n 1968.
4 H . A lp e rs, R E s. v, Zonarae L e x ic ó n ; frente a este trabajo , m u y actualizad o, las ediciones
son antiquísim as: J. A . H. Tittm an , lohannis Zonarae Lexicón , L eip zig 1808; J. A. C ram er,
Anécdota Graeca e Codd. Manuscriptis Bibliothecae Regiae Parisiensis, O x fo r d 1839 (H ild e s ­
heim 1967), vol. IV , p. 83.
LEXICOGRAFIA GRIEGA ANTIGUA Y MEDIEVAL 105

mente pero p or apartados ápoevinóv, OrjAunóv, ouSétepov, pr¡pa, émppqpa. Las


fuentes son el E tym ologicu m Genuinum, com o se ve en el gráfico, y el glosario
de C irilo, además de la Suda (v. in fra) y escolios y com entarios a gran número
de escritores clásicos.
V o lvien d o de nuevo al siglo x, nos encontram os con la actividad en ciclo­
pédica desarrollada en la corte del em perador Constantino V I I Porfirogéneta.
D e esa época es una obra sobre cuyo nom bre mucho se ha discutido; se va
desde creer que se refiere a alguna persona en concreto, a la opin ión que
interpreta «S u d a », pues a esta ob ra nos estábamos refiriendo, com o un
nom bre en una lengua que no nos es conocida y que indica «c o le c c ió n » o
«en ciclo p ed ia ». E fectivam ente la Suda es una com binación de léxico y enci­
clopedia cuyos artículos sobre historia de la literatura nos son fundamentales.
L a obra se autodefine com o un epítom e de la de H esiquio de M ile to (v.
supra), pero abarca una serie de conocim ientos de tod o tipo, p o r lo que sus
fuentes son m uy numerosas; entre otras citarem os el epítom e de H arpocra-
ción, E lio D ion isio, Pausanias, H e la d io ; los escolios a H o m ero , Sófocles,
Aristófanes y Tucídides y los com entarios a A ristóteles; prácticam ente todos
los historiadores y los excerpta de Constantino P orfirogén eta. E n la actuali­
dad sus fuentes y glosas marginales han sido m uy bien estudiadas p o r A.
A d le r 1.
Aunque no es propiam ente un lexicógrafo, no podía faltar en una historia,
por breve que ésta sea, de la lexicografía griega la figura de E ustacio2,
arzobispo de Tesalónica en la segunda m itad del siglo xn, ya que en sus
com entarios a H o m ero se encuentran num erosos fragm entos de trabajos
lexicográficos de época antigua que se hubieran perdido definitivam ente si no
hubiera sido p or su labor de com pilador. Es el caso de las Aé&ic; de A ris tó ­
fanes de Bizancio, los léxicos de los aticistas E lio D ion isio y Pausanias y
muchos o tro s 3.
D e época ya m uy tardía, de principios del siglo x iv, es el L e x ic ó n Vindo-
bonense4, del cual figura com o autor un tal A ndreas L o p a d io te s 5. El interés
de este léxico tardío radica en que además de utilizar glosas de fuentes
conocidas, com o los oradores o padres de la Iglesia, gracias a él se han
conservado fragm entos de poetas que de otra form a se hubieran perdido.
C ontem poráneo del L e x icó n Vindobonense es M anuel M oscópulos, entre
cuyas obras escolares se encuentra una Xi/AAoyr) ovo¡iárgüv ’Attihcov6.

1 A . A d le r , Suidae L ex icó n , L e ip z ig 1928.


2 K , K ru m b a c h e r, Geschichte.,., p, 536 ss.
3 Eustathii C om m entarii ad H o m e r i Iliadem et Odysseam ad fidem exem pli Rom ani, 7 vols.,
L e ip z ig 1825-30 [H iid esh e im 1960]; M . V a n D e r V a lk , Eustathii com mentarii ad H o m e r i Iliadem
pertinentes, L e id e n 1971.
4 L ex icó n Vindobonense, ed. A . N a u c k , San P e tersbu rgo 1867 [H iid esh e im 1965],
5 E l título co m p leto d ice: Te^vo Xoyía nepi yp a lp a r ixfjq xará at o i x e í g v auvTíBeiaa napa to ü ypa^ifia-
tih w tq íto u xvpíou ' Avópéa to ü A o n a fiic Ü T o u .

6 E l título en los M ss. es ' Ovofiárojv A ttlm ü v auÁÁoyrj éxÁeyelaa ánó rrjc TíxvoÁoyia^, tcüv eíxóvwv toü
0doaTpáTpou, rjv s^ é Soto Ó oocpÚTaTaq xúptoq Mavouijk ó MoaxónouKoq, xai ánó tü s v (Sifikítúv tQ v noirjrQv.
auvETédq 6é évraüBa nara crroixeíov, ed. F. A s u la n u s , V en ec ia 1524.
106 CONCEPCION SERRANO AYBAR

P o r otra parte, surgió en Bizancio una tradición lexicográfica dedicada a


la interpretación de diversos autores cristianos. A sí, citam os la carta de
T eo d o sio eí G ram ático, que en la Sicilia bizantina del s. ix redacta un léxico
exp licativo de los Cánones de S. Juan D am ascen o1.
Aunque ya es de plena E dad M od ern a (finales del x v , principios del x v i)
querem os cerrar esta breve historia de la lexicografía griega con la figura del
humanista italiano V a rin o F ayorin o Camers, con ocid o por F a vo rin o , ya que
sus obras están en la línea de la lexicografía m edieval. U n a de ellas es un
com pendio, resumen principalm ente de E u sta cio: ’Ek tcüv Eüaradíou j-ícü áÁÁcov
évSó^oov ypa/jfiartKCüv Bapívou Káprjrpog ¿MÁoyai xarrá oroixztov2. Es tam bién autor
de un diccionario com p ilad or del E ty m ologicu m M a gn u m , la Suda, Eustacio
y otras conocidas fuentes3.

1 C f. G . de A n d ré s , « C a r t a de T e o d o s io el G r a m á tic o (s. ix ) so bre el léxico de los C á n o n e s


de San Juan D a m a sc e n o según el códice com plu tense V illa a m il, n. 30 », E m érita , 41, 1973, pp.
377-395.
2 E d . A ld u s in TJtesaurus Cornucopiae et horti Adonidis, V en ec ia 1496.
3 M a g n u m et perutile Dictionarium , quod quidem Varinus Phavorinus C am ers N ucerinus episco-
pus ex multis variisque auctoribus in ordinem alpha.beti collegit, R o m a per Z . C a llie rg i 1523.
1.3
Historia de la
lexicografía griega moderna

1. L O S PRECURSO RES

Después de las invasiones de los bárbaros, com o es sabido, se abandonó


en gran m edida el estudio del griego en Europa Occidental. El graecum est,
non legitur puede ser la frase que resuma la situación de ignorancia de las
letras griegas que existió entre nosotros durante siglos.
L a situación em pezó a cam biar poco a poco en Italia durante la Baja
Edad M edia. E l renovado interés p or el mundo clásico rom ano hizo que los
estudiosos italianos sintiesen cada vez más la atracción por la cultura griega
y estuviesen cada vez más ansiosos por aprender la lengua de H om ero y de
Platón. Es conocida la escena de Petrarca llorando de im potencia ante un
códice griego que no conseguía entender...
En 1360 un tal Leon cio Pilato, griego de Tesalónica (¿o de Calabria?),
llegaba a Yenecia. P o r iniciativa de Bocaccio, a quien le dio clases particulares
de griego, acabaría convirtiéndose en el primer profesor público de griego en
Europa Occidental. Esta primera experiencia fue efím era: L eon cio Pilato se
v o lv ió a su país y cuando intentaba regresar a Italia murió trágicam ente1. En
las décadas siguientes todo aquel que quería aprender griego tenía que ir
forzosam ente a Grecia, lo cual, evidentemente, resultaba muy caro y muy
engorroso.
Y a hacia finales del siglo em pezó el «b ra in drain » de sabios bizantinos
hacia Italia (M a n u el Crisoloras) que a partir de la conquista de Grecia por
los turcos adquiriría carácter de desbandada (T e o d o ro de Gaza, A n d rón ico
de Calisto, M iguel A p ostolio, Constantino Láscaris, D em etrio M osco, D em e­
trio Calcóndilo, M arco Musuro, Juan Láscaris, etc.).
Estos eruditos com ienzan enseguida la producción de gramáticas, edicio­
nes, etc. En 1476 se edita en M ilán el prim er libro impreso en griego: la
Gram ática de Constantino Láscaris. D os años después se publica el prim er

1 C f. L e g ra n d , E ., Bibliographie Hellénique des X V S et X V I e siécles. P a ris 1962, p. X V I I I .


108 JAVIER LOPEZ FACAL

diccionario ( D ictionarium Graecum , M ediolani 1478)1 y es tal la dem anda de


diccionarios griegos que en un siglo escaso se editan no menos de m edio
centenar.
T o d o s estos diccionarios, anteriores al Thesaurus de Stephanus, tienen hoy
un m ero interés arqueológico. Se trata de obras generalmente m uy heterogé­
neas que incluyen los opúsculos de lexicógrafos o gram áticos antiguos que
iban apareciendo, com o las obras de F ilop on o, A m m on io, C irilo, etc. A d e ­
más de estas obras antiguas solían incluir apéndices gramaticales com o la
cornu copia que A ld o M anucio incluyó en su diccionario y que los demás
copiaron. En este sentido fueron muy utilizados los Com m entarii linguae
graecae de G uillaum e Budé, por poner un ejem plo célebre.
L e o p o ld Cohn en su Griechische L exik ogra p h ie2 inventaría 32 de estos
diccionarios publicados entre 1478 y 1568. A éstos habría que sumarles 14
más (desde la prim era edición del Crastoni, quizá de 1476, hasta el del célebre
Calepino D ictionarium hexaglottum cum C. Gesneri onomástico, Basilea 1568)
que recoge A . Autenrieth en edición anterior del mismo Handbuch d. K.
Altertum sw .3 Este autor además incluye, a mi juicio con buen criterio, cinco
diccionarios más que, si bien son casi todos ellos cronológicam ente posterio­
res al Thesaurus de Stephanus, son de hecho prestephanianos en su concep­
ción y envergadura. R em ito a las obras de Cohn y Autenrieth para la relación
de estos diccionarios.
En tod o caso, insisto, el interés de estos léxicos anteriores a 1572 es hoy
m uy escaso: se trata de obras que nupíu>g 5év rjoav áXXo ti j) aveu Mpíoeojq xarqp-
Tia¡iéva YXtjüoaápia, év oig eig tó Afjju/ia npoaeTÍdevTO pía rj 5úo Xanvtnal aqpaoíai com o
dice la bella traducción de Soteriadis de la obra de A u ten rieth 4.

2. El T hesaurus y s u s s u c e s iv a s e d ic io n e s

E l verdadero com ienzo de la lexicografía griega m oderna lo marca el


Qr}oaupóq rfjg ‘ EXXrjvtxfjg ÍXúaarjg. Thesaurus Graecae Linguae ab H en rico Ste-
phano constructus. In quo,praeter alia plurim a, quae prim uspraestititJ (paternae
in Thesauro latino diligentiae aemulus) vocabula in certas classes distribuit,
m ultiplici derivatorum serie ad prim igenia, tanquam ad radices unde pullulant,

1 Este diccionario parece ser de G io v a n n i C ra sto n i o C restoni. T u v o éste varias ediciones en


el siglo xv, y es p ro b a b le que la 1.a sea de 1476, con lo cual h a b ía que re b a ja r en d o s añ o s la fecha
de ap arició n del p rim er diccionario griego de é p o ca m oderna.
2 L e o p o ld C o h n . «G rie c h is c h e L e x ik o g ra p h ie » en Handbuch der Klassischen Altertumswissen-
schaft II, 1 hrsg. v o n Iw a n M ü lle r, 4.a ed. a carg o de A . T h u m b , M u n ich 1913, pp. 681-730; cf.
especialm ente pp. 706-720.
3 R e p ro d u c id o tam bién en el p ró lo g o del Méya ae ^ m ó v rfjg 'EXXrjvixfjg rAwaarjg, trad u cció n del
L id d ell-S c o tt ai griego m o d e rn o , A te n a s 1901-1904. A d e m á s de estos 14 que d a A uten rieth co n o ce­
m os otros d os no recogidos en n ingun a historia de la lexico grafía griega (lo s de Ph avo rin us,
R o m a 1523,2.® ed. B asilea 1538 y J. T u san u s, Paris 1552) reco gid o s en W . Z a u n m ü lle r, Bibliogra-
phisches Handbuch der Sprachwórterbücher, Stuttgart 1958, p. 170.
4 Cf. supra, n. 3.
HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 109

revócala... París 1572. Esta obra monumental en 5 tomos tamaño folio, que
pretendía emular al Thesaurus latino del padre de Henri Estienne, Robert,
habría de ser mucho más im portante para la lexicografía griega que el de
R obert para la latina. En realidad hasta el Passow y el Liddell-Scott no fue
superado, y aún hoy, después de sus ediciones decimonónicas en Londres y
París, sigue siendo una obra de consulta obligada1.
El Thesaurus, al contrario de los diccionarios anteriormente mencionados,
se basa en una labor de investigación de fuentes de prim era mano, a base del
despojo de muchos autores que el mismo Stephanus había editado. Adem ás
no se limita a dar el «equ ivalen te» latino de la palabra griega en cuestión sino
que organiza ya el artículo conform e a las acepciones de las palabras,
ofrece ejemplos y cita a los autores y obras en que aparecen las palabras.
L a organización del artículo se basa en un criterio etim ológico o histórico
según el cual se da en primer lugar la «U rb ed eu tu n g» o significado origi­
nario y, a partir de éste, se desarrollan las otras acepciones. Con frecuencia
cuando se trata de palabras difíciles, Stephanus nos ofrece los datos de los
lexicógrafos antiguos, com o Pollux, H arpocración, Hesiquio, la Suda, los
Etym ologica, etc., que él conocía bien, así com o los escolios. Por todas
estas razones el Thesaurus supone un inmenso paso adelante y resulta
^increíble que una sola persona2 haya sido capaz de realizar en tan pocos
años una obra semejante. Nuestra admiración es m ayor cuando considera­
mos que prácticamente carecía de precursores y de trabajos"previos en que
basarse. Aparte los Comm entarii de Budé, que cita con frecuencia, casi todo
lo demás es obra suya, incluidas muchas de las ediciones de autores que
da en su lista inicial.
C om o deficiencias más claras del Thesaurus hay que notar que su manera
de citar es muy incom pleta: no dice más que Homerus o Hesiodus in Theogo-
nia, por ejemplo. En este punto los lexicógrafos antiguos, que a veces citan
por obra y libro o capítulo, o canto, son más com pletos3. O tro inconveniente
de esta obra es el orden de las palabras: no sigue el orden alfabético, sino el
etim ológico, de acuerdo con las raíces de las palabras, y así hay que mirar,
por ej., noAAayópacrog s.v. áyopá o TTspiocyxum^oo s.v. áyncóv. Esta ordenación
resulta muy incóm oda y haría muy difícil de manejar el diccionario si no
fuera por un índice alfabético que da al final. Tam bién en esto, y aún con
todas sus imperfecciones, el orden xará aroixsíov de los antiguos era mejor.

1 C f. in fra p. 112, n. 1.
2 L a in form ación de Autenrieth, o b. cit., de que le h a b ía ay u d ad o B udé es falsa: B u d é se h ab ía
m uerto treinta años antes, en 1540. Sin e m bargo , en realidad no p odem os decir que hubiese
trab ajad o absolutam ente s o lo : en prim er lu gar h ab ía heredado de su p ad re R o b e rt un a gran
cantidad de m aterial p rep ara d o p ara co m p ilar un Thesaurus griego. E n segundo lu g a r nos consta
que le ay u d aron su alum no F. Sylburgius, p ersona m uy competente, y el m ism o J. Scapula. T o d o
esto, sin e m b argo , no dism inuye el m érito de H . Stephanus a quien se le debe el Thesaurus casi en
exclusiva. V éase la divertida historia de la lexicografía griega p u blicad a p o r el o bisp o B lo m field en
Quarterly Review 20, 1819, p. 302 ss., especialm ente la p. 318.
3 Cf. supra en Serrano A y b a r «H is t o r ia de la lexicografía griega antigua y m ed ieval».
110 JAVIER LOPEZ FACAL

P o r lo demás, la influencia de Stephanus fue tan grande en la lexicografía


griega posterior que aun en este siglo el D iccion ario de C ronert (cf. infra)
sigue un orden no alfabético y no cita con precisión.
A h o ra bien estos fallos son peccata minuta com parados con la m agnitud
de la obra que ha seguido vigente casi hasta nuestros días y aún h oy im pre­
siona. P o r lo demás el Thesaurus ha sido la fuente en donde han bebido,
directa o indirectamente, todos los diccionarios griegos hasta el de Passow.
T en ía razón el autor cuando en la prim era página de la obra decía: nunc alii
intrepide vestigia nostra sequantur / me duce plana via est quae salebrosa fu it.
En la B iblioteca N a cio n a l de M ad rid se conserva un ejem plar de la
prim era edición del Thesaurus... expurgado p or la Santa Inquisición. En la
prim era página en donde dice Thesaurus Graeeae Linguae ab H en rico Stepha-
no constructus el funcionario del Santo oficio añadió auctore damnato. Opus
cum expurgatione permissum. Y a continuación, ya dentro del diccionario se
encuentran aquí y allá las expurgaciones del celoso inquisidor. Sin em bargo,
no es ésta, para desgracia de Stephanus, la única expurgación que se hizo a
su obra. M ientras el libro se estaba im prim iendo, su corrector, Iohannes
Scapula, se quedó con unas pruebas y en el año 1579 publicó con su nom bre
un epítom e de la obra de Stephanus en un solo tom o y en cuarto, con el índice
alfabético incorporado. Esta obrita fraudulenta, p or su tam año y su precio se
había de hacer muy popular, robándole a su verdadero autor la fam a y frutos
de su ingente tarea. Y así, mientras Stephanus se arruinaba, Scapula veía
editar su diccionario escolar una y otra vez con el descarado título de L e x icó n
graecolatinum novum... Johannis Scapulae opera et studio.
A l año siguiente, 1580, publicó Stephanus una segunda edición, apenas
m odificada de su Thesaurus. En la prim era página ofrece al lector un dístico
en el que alude a Scapula con un ju ego de palabras:
quídam éniréiivouv me, capulo tenus abdidit ensem:
aeger eram a scapulis, sanus at huc redeo
y a continuación nos presenta una H en rici Stepkani admonitio de Thesauri sui
epitom e, quae titulum le x ici graecolatini novi praefert.
Pero esta admonitio no consiguió desprestigiar al diccionario de Scapula
(que siguió im prim iéndose nada menos que hasta 1820, en O x fo rd ) ni enri­
quecer a Stephanus, tan injustamente tratado por sus contem poráneos: de él,
a quien debe tanto la filo lo g ía griega, decía Julio César E scalígero que no era
más que un «co rru p to r de textos a n tigu o s»1. E l léxico de Scapula se reeditó
muchas veces: entre 1579 y 1820 nos encontram os con algo más de una
docena de reediciones, alguna de las cuales incluye diversos apéndices y
suplementos.
P o r su parte el Thesaurus siguió siendo la base y la fuente de los diccio­
narios griegos hsta el siglo xix, o quizá m ejor hasta el xx , si consideram os el
m alogrado proyecto de Cronert que es deudor del Thesaurus en gran medida.

1 J. E. Sandys, A H istory o f Classical Scholarship II, C a m b rid g e 1908, p. 176 y n o ta 4.


HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 111

A dem ás de ser la fuente de los diccionarios griegos entre el siglo x v i y


el xix, el Thesaurus acaparó de nuevo la atención de los helenistas en el
siglo xix. En efecto, mientras que en A lem a n ia p o r los años 20 del siglo
pasado existían ya diccionarios griego-alem án de gran difusión, en otros
países se seguían utilizando los diccionarios griego-latín, y en general n o se
había superado el nivel m arcado por Stephanus. D eb id o a ello tanto en
Inglaterra com o en Francia se proced ió a poner al día el viejo Thesaurus no
con fines eruditos o para b ib liófilos, sino porque se carecía de un instrumento
m ejor de trabajo. En este sentido el librero inglés A . J. V a lp y (1787-1854)
encargó a los helenistas Barker (1788-1839) y D ib d ín que hiciesen una nueva
edición del Thesaurus. L a idea era respetar tod o el m aterial de Stephanus,
corrigien do sus errores y añadiéndole los descubrim ientos posteriores, tales
com o el m aterial de léxicos de autor que entonces em pezaban a publicarse,
las parcelas de léxico que Schneider había aportado, el léxico de los diferentes
Anécdota que iban apareciendo, etc. U n a serie 'de helenistas en viaron sus
ejem plares del Thesaurus o el Scapula con sus anotaciones m arginales, así
com o m on ografías (c o m o la Disputatio de P a rtícu la áv que G o ttfrie d Her-
mann, qui ín ter eruditos fa c ile est princeps, les enviara). U n a cosa que salta a
la vista en esta edición p o r el tipo de letra em pleado, es el m aterial hebreo y
copto que se in corp oró. E l resultado de este esfuerzo — onus Aetna gravius
según sus autores— fue una editio nova a u ctior e t emendatior del Thesaurus
en 8 volú m enes1 tam año fo lio , publicada en Londres in aedibus Valpianis
entre los años 1816 y 1828. E l m aterial añadido es m uy considerable y aún
h oy es una obra de consulta obligada. Sin em bargo, com o señaló Passow en
una reseña a la o b r a 2, se trata de una rudis indigestaque moles, una mera
acum ulación de m ateriales y estratos sin m ayor selección crítica ni reelabora­
ción a fon d o. Las reseñas a la ob ra fueron bastante negativas, com o la de
G . H erm ann en Classical Journal 35, 1818. D e hecho el m anejo de esta obra
resulta e n o jo s o : el m ism o orden de palabras no alfabético, sino etim ológico
(respetando la p o co afortunada elección de Stephanus) d ific ú lta la andadura
a través del bosque im penetrable de erudición p o c o práctica. P o r o tra parte
todos los opúsculos y m on ografías añadidas están de sobra en un diccion ario;
hubiera sido preferible publicarlos aparte com o ediciones o estudios.
P o c o después de terminarse la publicación del Thesaurus valpiano, se
p rocedió en París a una nueva reelaboración del m ism o, con m a y o r fortuna.
En 1830 un fo lleto de un equ ipo de la Académ ie des inscriptions e t belles lettres
anunciaba el pian y trazaba las dem arcaciones y m ejoras con respecto a la

1 A u ten rieth , o b. cit., dice que son 6 vo lú m en es p u b lic a d o s entre 1818 y 1820 lo c u a l es un
e r r o r ; C o h n p o r su p arte dice q u e son 9 (1816-1828). Y o no c o n o z c o m á s que 8 y en el 8.° hay un
g ra n d esb araju ste co n las fech as: en la p rim e ra p á g in a dice 1825, en la 2.a 1816-1826, la d e d ic a to ria
— al b a r ó n de G re n v ille — y el p r ó lo g o están fec h ad o s en 1828 y en c o lo fó n tras el Finis vuelve a
ap arecer 1826.
2 E n Jahrb. fú r Wissenschaftl. Kritik 1831, p. 708 ss. M u c h o m ás larga , p r o lija y llen a de
an écdotas (c o m o el n ú m e ro de gu ineas q u e co s ta b a la su scrip ció n de c a d a v o lu m e n ) es la larg u ísim a
reseña p u b lic a d a en Q u arterly R eview 21, 1819, cit. s u p ra p. 109, n. 2.
112 JAVIER LOPEZ FACAL

ed ició n londinense que había que conseguir. E l erudito; lib rero A m b ró is e


F irm in D id o t (1790-1876) se en cargó de la ed ición . L a la b o r cien tífica se
en com en d ó a una serie de especialistas com o K a r l B enedict H ase, L u d w ig
v o n Sinner, T h e o b a ld F ix, los herm anos D in d o r f (K a r l W ilh e lm y L u d w ig ) y
Johann F ried rich D übner. E l p rim er volu m en salió y a en 1831 y en los
34 años siguientes fu eron aparecien do los 8 tom os restantes (P a rís 1831-1865).
E l títu lo rezaba... Thesaurus Graecae linguae ab H e n rico Stephano constructus.
P o s t editionem A n g lica m novis additamentis auctum ordineque alphabetico
digestum ... E sta ob ra respetaba e l m aterial o rigin a l de Stephanus p ero supri­
m ía sus errores, orga n iza b a alfabéticam ente los artículos (esto es una gran
ven taja a la h ora de m an ejarlo frente al de V a lp y ) y, lo que es más im p o rta n ­
te, co m p leta b a las citas con o b ra y n u m eración correspon dien te, frente a las
vagas referencias de Stephanus del tip o Hesiodus in Theogonia. E l m aterial
n u evo va entre paréntesis (en la ed ición de L on d res le precede un asterisco)
y lleva la firm a del autor al estilo del L e x ic ó n des frühgriechischen E pos de
B. Snell. Sin em b argo, a pesar de la reorga n iza ción alfabética y los m uchos
añ adidos (p rin cip alm en te de autores cristianos, n om bres p rop ios, gram áticos,
datos de p rosod ia, etc.) esta o b ra resulta tam bién bastante indigesta. M ás que
un d iccion ario, cuya ra zón de ser es la u tilidad, es un m on u m en to de eru d i­
ción escasam ente útil y d ifícilm en te m anejable.
Esta es, a grandes rasgos, la historia del Thesaurus de Steph an u s: m o n u ­
m ento gran dioso al co m ien zo de la lex ico g ra fía griega m odern a, c o m o una
Ilía d a , ha sido casi insustituible hasta bien en trado el siglo x ix . Y , co m o
decíam os antes, to d a v ía en este siglo C ron ert acude a él con frecu en cia 1.

3. L o s e p íg o n o s d e S t e p h a n u s

D u ran te los siglos x v n y x v m la le x ico g ra fía general griega no ofrece


progresos notables. E ntre Stephanus y Passow no es exagerad o decir que
prácticam ente tod os los diccion arios que se publican son m eros resúm enes de
la ob ra de Stephanus o Scapula, si bien con frecuencia tienen el buen criterio
de o rga n iza r el m aterial alfabéticam ente, p artien do d el índice de Stephanus-
Scapula. P o d em o s m en cion ar (sin con tar las reedicion es) las obras de J. Cris-
pinus (1581), D . H oeschelius (1589), J. Gretserus (1596), C. Schrevelius (1665),
W . R ob ertson u s (1676), J. C. Suicerus (1683), J. R utgersius-F. Strunzius
(1719), B. H ed erich (1722), D . Scott ( A p pen d ix ad Thesaurum Graecae L in ­
guae ab H e n rico Stephano constructum et ad L é x ic a Constantini et Scapulae,
2 vols., Lon d res, 1745-46), J. Sim onis (1766), Ch. Z im m erm an n (1771),
I. B. P ick el (1792) adem ás de otros diccion arios m enos im portan tes y obras
m enores c o m o glosarios tri- o plurilingües, índices, etc. T o d o s ellos están en

1 T o d a v ía m u y recien tem en te C . O . B r in k en su H o r a c e on P o e t r y , C a m b r id g e 1963, p. 76


d e c ía : « A s o fte n in th at d ic tio n a ry (se. the L .S .J .) the raean in gs are n o t clearly d e lim ita d a n d they
are in su fñ c ie n tly illu stra te d b y e x am p les. I t is in effec t still necesary to consult Stephanus’ Thesaurus
a n d the in d ex e s to the re lev a n t w r it e r s ...» (c u rs iv a s m ía s).
HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 113

latín com o lengua de salida. Entre estos diccionarios quizá el más conocido,
y el que más difusión alcanzó, quizá p or tratarse del prim er diccionario
organizado alfabéticam ente, fue el L e x ic ó n manuale graecolatinum , Lugduni
Batavorum 1665 (y otras ediciones) de C orn elio Schrevelius que no es in fre­
cuente encontrarse en bibliotecas españolas. Tam bién es interesante destacar
el Graecum lexicón manuale de Benjamín H ederich (L e ip z ig 1722) que si bien
carece de im portancia en sí mism o, sirvió de base al diccionario de Schneider
y en este sentido es un eslabón de la cadena que llega hasta nuestros días.
Finalm ente es interesante señalar cóm o a finales del siglo x v iii el latín deja
de ser la única lengua de salida y em piezan a aparecer las lenguas europeas.
L a prehistoria de este proceso, a nuestro ju icio, son los glosarios plurilingües
en donde tím idam ente al lado del latín em piezan a aparecer las lenguas
modernas. Tam bién contribuyen a rom per el m on op olio del latín las explica­
ciones que se dan en lenguas m odernas com o las del diccionario de G regorio
Constantino (V en ecia 1754) con expücaciones en latín e italiano.
Sin em bargo el paso adelante decidido en este terreno se da en Alem ania.
En 1784 aparecen dos diccionarios con el alemán com o lengua de salida: el
Griechisch- Deutsches Handwdrterbuch zum Schulgebrauch, L e ip zig 1784, de
J. Ch. V ollb ed in g y el Griechisch-Deutsches W órterbuch fü r d. Jugend, L e ip ­
zig 1784, de F. W . J. Dillenius. En años siguientes, y siempre con fines
escolares, aparecen nuevos diccionarios griego-alem án por obra de Reichen-
bach (L e ip zig 1801-1802), R iem er (Jena 1802-1804) etc. de los que se suceden
las ediciones en un breve plazo.

4. L e x i c o g r a f í a e s p e c ia l g r i e g a d u r a n t e l o s s ig lo s x v ii y xvm

Si bien es verdad que durante los siglos x v ii y x v m los diccionarios


generales griegos no supusieron un progreso apreciable con respecto a Ste­
phanus, sin em bargo, el conocim iento general del léxico griego creció, gracias
a una serie de léxicos especializados de la literatura neotestamentaria, tardía
y técnica. N o s referim os a obras com o el Thesaurus graecus latinus ecclesias-
ticus de J. C. Suicerus — al que nos hemos encontrado ya anteriorm ente— ,
publicado en Am sterdam en 1632, el L e x ic ó n graecum latinum in N ovum
Testamentum de G regorius Pasor (1636) y, sobre todo, el Glosarium ad scrip-
tores mediae et infimae graecitatis de Charles du Fresne, Sieur du Cange
(L y o n 1688), en dos volúmenes, con un apéndice sobre la latinidad tardía
(G lossarium mediae et infimae latinitatis) y un breve diccionario etim ológico
francés, además de una serie de índices de autores, de léxico botánico, etc.
Esta obra es la única de que han dispuesto los helenistas sobre léxico tardío
y bizantino hasta la publicación del diccionario de Sophocles (cf. in fra), y aun
a pesar de éste, todavía se ha m anejado el D u Cange hasta nuestros días.
Y a en el siglo x v m podem os m encionar un diccionario de términos m édi­
cos griego-latín-alem án de Blancard (H a lle 1718), el L e x icó n technologiae
Graecorum rhetoricae de Johann Christian G ottlieb Ernest, L e ip zig 1795
[Olms 1962] con una breve lista de autores, índice de palabras griegas e índice
114 JAVIER LOPEZ FACAL

de palabras latinas. V ollb ed in g, a quien ya hem os m encionado, pu blicó en


L e ip z ig en 1787 unas Geographische Zusatze und Erlauterungen zum griech.
W órterb. y a principios de este m ism o siglo el m aestro de escuela Benjam ín
H ederich (ya m en cion ado tam bién) publicó un léxico de m ito lo g ía que tuvo
m ucho é x ito 1.
T od a s estas obras son independientes del Thesaurus y suponen un p ro g re ­
so en el con ocim ien to del léxico griego. D e ellas sin duda la más im portante
es la de D u Cange.

5. F ranz P a sso w . Sus antecesores y c o n t in u a d o r e s

En el á rb ol gen ealógico de nuestros actuales diccionarios un eslabón


im portante es el K ritisches Griechisch-Deutsches Handw órterbuch de Johann
G o ttlo b Schneider, Züllichau 1797-1798, en dos volúm enes. Esta ob ra supone
a la vez un pequeño progreso con respecto al Thesaurus y un cierto retroceso.
E l progreso se circunscribe al léxico técnico y de ciencias naturales que el
autor había investigado personalm ente en su calidad de naturalista (había
ed itad o p o r ejem p lo las obras zo o ló gica s de E liano y A ristóteles). Sin em bar­
go, aparte esta parcela del léxico griego, en lo demás es in ferio r a la o b ra de
Stephanus. En efecto, Schneider no se había basado directam ente en la ob ra
de Stephanus o en el ep itom e de Scapula, sino en uno de sus epígon os, el
diccionario de B. H ederich (cf. supra). D e b id o a ello le falta m ucho m aterial
que estaba ya en el Thesaurus com o palabras de H o m ero , H esíod o, Pín daro,
los trágicos, A ristófanes, H e ró d o to y Tucídides, Platón , D em óstenes, etc.
A d em ás de estas lagunas, desaprovechó el léxico técnico de Ernesti, recién
publicado. N o da la prosod ia de las palabras y su m anera de citar no es más
precisa que la de los diccionarios anteriores (d a sólo el n om bre del autor o
com o m ucho, de la obra, sin ninguna num eración). Cuando se trata de
pasajes de autores antiguos conservados en gram áticos o lexicógrafos, no
m enciona a los autores originales, sino al gram ático o lex icó gra fo en cuestión.
En realidad este diccion ario es bastante im perfecto y su m érito prin cipal es
haber servido de base al diccion ario de Passow.
En efecto, e l d iccionario de Schneider estaba consiguiendo un gran éxito
y se sucedían las ediciones (2.a ed. 1805-6, 3.a ed. 1819, Suppl. 1821). R iem er
(cf. supra) b a jo la supervisión del m ism o Schneider h izo un resumen escolar
de este diccion ario que se con virtió en la ob ra standard en A lem an ia.
Sim ultáneam ente Fran z Passow, discípulo predilecto de Jacobs y H er-
mann, era n om b rad o profesor en Breslau. En el año 1812 este jo v e n helenista
publicaba un célebre opúsculo de teoría de la lexicografía titulado Ueber
Zw eck , Anlage und Ergánzung griechischer W órterbücher (B erlín ). E n él criti­

1 R ea lm en te B. H e d e ric h p u b lic ó d o s d ic c io n a rio s de m ito lo g ía y realia. E l q u e m ás éxito tuvo


fue el R eales S ch u l-L ex icon ... L e ip z ig 1717 (1731, 1748). E l o tro se titula Griindliches Antiquitáten
L e x ic ó n , L e ip z ig 1743.
HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 115

caba las deficiencias del diccionario de Schneider y exponía los criterios en


que debía basarse una lexicografía griega científica. Schneider se enteró de
que el jo ven Passow había escrito sobre un ejem plar del diccionario escolar
de R iem er la in form ación prosódica que faltaba y le p id ió a Passow que se
encargase de una nueva edición del diccionario. Este exigió libertad de acción
y no sólo añadió la prosodia sino tam bién grandes cantidades de léxico,
principalm ente hom érico y hesiódico, que faltaban en su m odelo. D e esta
m anera en 1819 salió el Johann G ottlob Schneider's Handwórterbuch der
griech. Sprache. N ach der dritten Ausgabe des grosseren G riech.- deut. W 'órter-
buchs m it besonderer Berücksichtigung des Hom erischen und Hesiodischen
Sprachgebrauchs und m it genauer Angabe der Sylbenlangen ausgearb. von D r.
Franz Passow (L eip zig , dos vols. 1819-1823). C om o vem os p o r el título en este
prim er trabajo Passow había añadido la prosodia y el léxico hom érico y
hesiódico. A dem ás su tratam iento de las preposiciones y conjunciones era
mucho más com pleto que en el Schneider. L a ordenación de los artículos era
estrictamente cronológica, com o la de Stephanus, y su m anera de citar, a
pesar de lo que él había postulado en su opúsculo program ático, no era
mucho más com pleta que la de sus predecesores. Fran z Passow pensaba
seguir haciendo sucesivas ediciones del d iccion a rio1 y en ellas pensaba ir
revisando y aum entando p o r orden cron ológico el léxico de los autores
griegos. N o pudo hacerlo del tod o p o r la rapidez con que se sucedieron las
ediciones: la 2.a y 3.a del Schneider-Passow son de 1825 y 1827 respectivam ente
y en ellas se ocupó de los líricos y prim eros prosistas. En 1831 sale la 6.a ed i­
ción del Schneider, 4.a del Schneider-Passow, en la que ya no aparece el
nom bre de Schneider en la portada. C om o dice el p ró lo g o del L id d ell-S co tt2
«th e w ork, thus rem odelled, he considered so com pletely his ow n child, that
he dropped the ñame o f Schneider fro m the title-page». A s í nació el Hand-
worterbuch der griech. Sprache von D r. Franz Passow (2 volúm enes, L e ip ­
zig 1831). D esgraciadam ente Passow m urió enseguida (el 11 - I I I - 1833) y no
pudo continuar su empresa, que dejó a sucesivas generaciones de filólogos.
H a y que advertir que el hecho de haber prescindido Passow del nom bre
de Schneider en su 4.a edición no es un robo intelectual com o el que perpetró
Scapula contra Schneider. Passow superó con creces a su antecesor y es a él
a quien debem os el indudable progreso que hizo la lexicografía griega en tan
pocos años, después de más de dos siglos de estancamiento. Su influencia,
com o verem os, había de ser m uy grande.
E l diccionario de Passow com o tal es una obra excelente para su época.
L a lástima es que su autor no hubiera tenido tiem po de desarrollar su p r o ­
gram a y aplicar su concepción teórica de la lexicografía griega.
Su in form ación gram atical (principalm ente en los verbos) y etim ológica es

1 V éase su carta a J aco bs en Franz P a ssow 's L aeben und Briefe, B reslau 1839, re p ro d u c id a en
el p ró lo g o de la 1.a edición del d iccio n ario de L id d e ll-S c o tt, O x fo r d 1843.
2 C f. n o ta anterior.
116 JAVIER LOPEZ FACAL

generalm ente nueva y correcta. Las traducciones de los ejem plos son precisas
(cf. «yóvu youvóq ájueí/Jcov ein knie m it dem andern wechseln lassend, Um sch-
reibung des Einherschreitens, II. 11.546» s.v. áneípu}, p o r pon er un ejem p lo ) y
la organ ización de los artículos es m uy aceptable. En cuanto a la precisión a
la hora de citar, el criterio seguido es m uy heterogéneo y m uy p o c o satisfac­
to rio : en los verbos generalm ente da citas precisas (p o r ej. el artículo áfisípoo
es a s í: «áfieípu, fut. ápepco (/.isípofiai) untheilhaft machen, entziehn, berauben,
m. d. gen. d. sache, Pind. P. 6, 2 7 »). E n cam bio en los sustantivos no da cita
de ningún autor (así: «á/iéXeia, (áfieXrjg) S orglosigk eit: Charakter, Betragen
des áfieXrjq.»)
A la m uerte de Passow continuó su tarea V alen tin Christian F riedrich
R ost, quien ya había publicado un diccion ario escolar (griego-alem án y
alem án-griego, en 1818-1820), con la ayuda de F. Palm , O. Kreussler, K . K e il,
F. Peter y G u stav E duard Benseler. L a nueva edición, que hace el núm ero 5
de la ob ra passowiana, apareció entre 1841 y 1857, en cuatro fascículos
(L e ip z ig 1841, 1847, 1852 y 1857).) L a aportación de R o st y sus colaboradores
es notable y realm ente los artículos del diccionario de P a ssow -R ost son
m anifiestam ente superiores a los del sim ple Passow. Q u izá lo p eor de este
diccion ario es el prim er fascículo, de la a a la 5, que da la im presión de haber
sido rehecho más apresuradamente y cuyas etim ologías, en concreto, son
anticuadas e inutilizables. Esta ob ra sufrió en A lem a n ia la com petencia del
Pape-Sengebusch (es decir la 3.a ed ición del diccionario de W ilh elm Pape,
Braunschweig 1842-3, realizada p o r M a x Sengebusch en 1880). A u n qu e no es
m uy fiab le el testim onio, en una nota ed itorial de la edición de 1914 del
Pape-Sengebusch se dice que « v o n alien W orterbüchern... ragt das W ó rter-
buch von W . Pape noch inm er ais das beste hervor, um so m ehr ais das
W órterb u ch v o n Passow in der dritten L ieferu n g Stecken b lie b », lo cual es
una prueba de la rivalidad existente entre ambas obras.
E n to d o caso, a partir de Passow, la antorcha del progreso en lexicogra fía
general griega pasa de A lem a n ia a Inglaterra, a pesar de la poca atención que
los historiadores de la lexicografía griega alemanes dedican al L id d e ll-S c o tt1.
A n tes de pasar a estudiar este diccionario, conviene sin em b argo que nos
detengam os en un intento m uy interesante de puesta al día del Passow -R ost.
N o s referim os al diccion ario inacabado de W ilh elm C ron ert Passow's W ó r­
terbuch der griechischen Sprache, vóttig neu bearbeitét von D r. W . C., G ó ttin ­
gen 1912-14. Este autor com en zó en solitario un am bicioso plan de puesta al
día del diccion ario de Passow y no pudo llegar más que hasta ává. Este
diccionario, p o co con ocid o, es a la v e z una obra maestra de la lexicogra fía

1 L e o p o ld C o h n , cf. o. c., n o dedica al L id d e ll-S c o tt m ás q u e las siguientes p a la b r a s : « I n


E n g la n d ist stark v erb reitet das G r e e k -E n g lis h L e x ic ó n v o n H . G . L id d e ll u n d R . Scott, O x fo r d 1843
u. ó. (ein e fü r die G riech isch en beso rgte N e u b e a rb e itu n g , Méya rfjq 'EAArjvtKÍjg rxójaar¡<;
erschien in A th e n 1901-1904)». P o r su parte lo s au to res de esta trad u cció n del L id d e ll-S c o tt
co n sid e ra n que su o b r a es nokü n X o u o iú T s p o v to ü n p u iT o T ú n o u (o b . cit. p. X I I I , n o ta ), de d o n d e se
in feriría q u e el fiéya Xe^inóv es el m e jo r d ic c io n a rio del m u n d o , en su época.
HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 117

griega y un frustrante suplicio para el que lo maneja. N o existe ningún


diccionario griego publicado que ofrezca tal riqueza de m aterial entre a y ává.
E l m ism o Jones en el p ró lo g o a la 9.a edición del Liddell-S cott decía: «T h is
present volum en w ill not challenge com parison in scale w ith the revisión o f
Passow ’ s W órterbuch... by W ilh elm C rónert ... This m onum ent o f Herculean
toil w ill, i f and when it is com pleted (...) bulk about three times as lar ge as
Lid d ell-S cott». En G lotta V I, p. 300 ss. Paul Kretschm er dice de él, p or
e je m p lo : «S o steht es in der M itte zwischen einem Thesaurus und einem
provisorischen W órterbuch. Es kann und w ill nicht einen Thesaurus ersetzen,
aber es hat den N ach teil eines Solchen - die voraussichtlich sehr lange D auer
des Erscheinens». Y más adelante continúa «W a s hilft es uns, dass w ir jetzt
29 Spalten über áv erhalten, wenn w ir für O und I und ¡1 Z e it unseres Lebens
au f die alten Lexik a angewiesen sin d?». En definitiva Kretschm er era parti­
dario de una obra más humilde, más realista y más útil, algo así com o lo que
había de ser la 9.a edición del Liddell-Scott. D e hecho C rónert se m urió y dejó
su obra apenas com enzada: disponem os de tres fascículos publicados: a-aí/na-
TÓppuTog (1912), odf¿atTooTió5r}Toq-á\<pLTov (1913) y áAqoóq-ává (1914), de 50 en que
se calculaba la totalidad de la obra. Adem ás hay una parte inédita hasta casi
el com ienzo de la épsilon (? ) que está bástente trabajada y no habría exigido
demasiado esfuerzo term inarla y enviarla a la imprenta. Finalm ente hay una
serie de anotaciones manuscritas, obra de Crónert, en los márgenes del
Passow a lo largo del corpus de toda la obra. Estas anotaciones m arginales
en letra gótica son h oy casi ilegibles, e incluso la parte trabajada pero no
publicada a partir de ává, no ha debido de ser utilizada por nadie, a pesar de
que se conserva en el Sem inario de G riego de G óttingen. A unque todo esto
parece darle la razón a Kretschm er, a nuestro ju icio no es la fieyofAonpcfyjuoaúvr/
de C rónert lo más criticable, sino una serie de deficiencias concretas. A sí, su
p ró lo g o tiene apenas unas líneas que no dicen nada de su m étod o de trabajo,
concepción del léxico, fuentes utilizadas, etc. Su lista de autores es enorm e­
mente incom pleta (unas 200 entradas, es decir m enos que los autores que
em piezan p or A - en la 9.a ed. del L id d e ll-S c o tt): de hecho incluye muchos
menos autores de los que luego cita en el corpus del diccionario, y a que, p or
ejem plo, en su lista una entrada es A P ( A nthologia P a la tin a ) y otra es F H G
(Fragm enta hist. g ra e c .), cuando luego dentro del diccionario distingue in d i­
vidualm ente entre los historiadores de F H G y los poetas de A P . Casi nunca
especifica la edición que sigue o, com o mucho, da sólo el nom bre del editor
sin más (así p o r ejem plo, puede decir «M a x im . M axim us (L u d w ic h )» sin
m ayores detalles). L a lista de inscripciones y papiros es mucho más in com ­
pleta todavía, de m anera que nunca sabemos qué textos ha u tilizado realm en­
te o qué ediciones ha seguido. Su m anera de citar es m uy incom pleta y
bastante caótica: puede decir simplemente S p (a te r) o K S (Kirchenschriftste-
11er) o IChrys. (Juan C risóstom o) sin m ayores precisiones. Cuando dos auto­
res tienen el m ism o nom bre o com ienzan p or las mismas letras, no sabemos
generalmente a cuál se está refiriendo más que tras deducciones p or exclusión.
Cuando sus citas son precisas — lo cual es infrecuente— utiliza las form as más
118 JAVIER LOPEZ FACAL

arcaicas de hacerlo: tal es el caso de A ristóteles o H ipócrates a quienes cita


p or las iniciales en griego de sus obras (sin haberlas presentado, naturalm en­
te, en la lista inicial). Esto ob liga a una penosa lab or detectivesca para
averiguar de qué ob ra se tra ta : evidentem ente Arist. Zt no puede ser más que
Arist. H A , es decir, H istoria animalium (Zc^cov loropíá), pero otras veces, sobre
to d o tratándose de H ipócrates, al usuario del diccionario no se le ocurre tan
fácilm ente la equivalencia. Es pues, una lástima que p o r no haber hecho bien
la lista de autores, obras, papiros e inscripciones y abreviaturas, resulten
inlocalizables, y p or lo tanto se pierdan docum entaciones, palabras y acep­
ciones que sólo están recogidas en el Cronert. En efecto, si tras un hápax nos
pone sin más QS ( = Quintus Smyrnaeus) no tenemos form a de com p rob ar y
localizar esa palabra, a no ser que revisem os los 8.700 y pico versos que
escribió este autor. G om o este caso es frecuente y a veces se refiere a autores
de obra más extensa, com o Juan Crisóstom o, el resultado es que el gran
esfuerzo realizado se pierde muchas veces.
Otras críticas que se le pueden hacer a esta obra es que no sigue un orden
alfabético, sino una solución de com prom iso m uy p oco satisfactoria entre
orden alfabético y etim ológico. Es de lam entar tam bién que con frecuencia
no traduce las palabras que constituyen los lemas, lim itándose a dar los
contextos. Esto en las palabras cortas. En las largas a veces da una traducción
al principio y después una larguísim a relación de docum entaciones, muchas
de las cuales no tienen nada que ver con la traducción inicial. P o r ejem plo,
en á¡i£vr¡vóq tras una única traducción inicial «K r a ftlo s , schw ach» incluye una
serie de pasajes entre los cuales aparece «x<xn}yopía Simpl. 0 832». E viden te­
mente de una «c a te g o r ía » no puede decirse que sea « K r a ft lo s » o «S ch w a ch ».
Liddell-Scott-Jones dice, acertadamente, «(a s i f fro m á-priv., ^¿voj) not per-
manent, xaTr¡yopíai Simp. in Ph. 832.12». Es decir, no siempre establece las
acepciones de las palabras, ni siempre da traducciones. Pero si un diccionario
general no sirve para dar las traducciones de las palabras, ¿para qué sirve?
Tam bién es muy llam ativa la exclusión de todos los nom bres propios, aun de
los más conocidos e im portantes que Bailly, y en m enor m edida L.S.J.,
incluyen. C reo que no es necesario insistir en que un nom bre p ro p io es
tam bién una palabra de la lengua ob jeto de estudio y com o tal debe incluirse.
A d em ás un diccionario general debe servir fundam entalm ente para resolver
dudas de traducción y ante un nom bre p rop io podem os no saber si se trata
de un nom bre de lugar o un nom bre de mes, p or ejem plo.
Finalm ente, y no tanto com o crítica cuanto com o constatación, el C ronert
utiliza sobre tod o los autores más raros, desconocidos e inasequibles de la
literatura griega. L a enorm e cantidad de datos que aporta no proceden tanto
de la literatura arcaica, clásica o de xoivfj, cuanto más bien de escritores
tardíos, escoliastas, com entadores de obras antiguas, etc. Es en esto en donde
más adm iración suscita C ronert ya que con mucha frecuencia se trata de
autores que carecen (o carecían a principio de siglo) de léxico o índice. En
este sentido no es infrecuente encontrar en C ronert m aterial patrístico que
falta en el A P a tris tic Greek L e x ic ó n de Lam pe.
HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 119

N o s hemos detenido, quizá en exceso, en criticar la obra de Crónert. Sin


em bargo quiero que quede claro que, a pesar de sus limitaciones, es una obra
maestra de la lexicografía griega y aunque su autor no hubiera escrito otra
cosa en su vida, merecería ocupar sólo p or estos tres fascículos un lugar de
honor entre los helenistas que en el mundo han sido.

6. E l L id d e l l -S c o t t

D os años después de la muerte de Passow parece ser que un librero de


O xford, de nom bre M r. Talboys, propuso al joven « fe llo w » R ob ert Scott (a
la sazón de 26 años de edad) que le hiciese un diccionario griego-inglés
basado en la obra del lexicógrafo alemán. Téngase en cuenta que los diccio­
narios griegos hechos en Inglaterra por aquellas fechas (los de D onnegan
que iban por la 4.a edición, D unbar y G iles) eran muy p oco satisfactorios
para las demandas de la época. Según una versión, R ob ert Scott puso com o
condición para aceptar el encargo de Talboys que se incluyese en el p ro ­
grama a su coetáneo H enry G eorge Lid d ell del Christ Church. Existen otras
versiones del com ienzo de la empresa, pero lo cierto es que estos dos
jóvenes debieron com enzar su obra hacia 1835 y la terminaron en 1843.
En la prim era página se puede leer A Greek-English L e x icó n based on the
Germán W ork o f Francis Passow by H . G. Liddell... and R. Scott. O xford.
A t the University Press 1843. .
Cuando salió la obra unos estudiantes escribieron unos versitos, no dema­
siado inspirados, que clavaron en la puerta de Liddell. Estos decían:

A b ook has been written


by Liddell and Scott,
the one o f them learned,
the other was not.
The one w ho was learned
was certainly Scott
and L id d ell the one
who was certainly n o t.1

En el p rólogo em piezan justificando el uso del inglés com o lengua de


salida: « I t may be asked, whether such a Lexicón should not be in Latin, as
in the oíd times; whether the other (se. English) is not an unworthy condes-
cension to the indolence o f the age». Téngase en cuenta que, salvo en A lem a ­
nia, lo frecuente era todavía utilizar el latín com o lengua de salida de los
diccionarios griegos.-Concluyen que si bien « a Frenchman may have reason
fo r using a G reek-Latin Lexicón ; an Englishman can have n on e», dada la
riqueza y «lib e rta d » del inglés, com parado con el latín.

’ N o re sp o n d o de la exactitud del texto p o rq u e lo recibí p o r transm isión o ra l del R ev. Joseph


M .-F . M ariq u e, S. J., director de la revista Classical Folia.
120 JAVIER LOPEZ FACAL

Se consideran a sí mism os continuadores de Passow : «w e proposed to


ourselves (...) to carry on what Passow had begun». Confiesan que en un
principio habían pensado en una simple traducción del diccionario alemán,
pero que habían decidido posteriorm ente m ejorarlo, llevando la lexicografía
griega un paso adelante. Les hizo tom ar esta decisión el incom pleto trata­
m iento del léxico posthesiódico p or parte de Passow. Este, com o sabemos,
había despojado concienzudam ente H om ero y H esíodo, pero lo posterior lo
había hecho m uy superficialmente porque no había tenido tiem po. D eb id o a
ello L id d e ll y Scott se repartieron el trabajo y uno despojó H e ró d o to y otro
Tucídides, así com o tam bién dedicaron más atención a los líricos, prim eros
prosistas, trágicos y cóm icos, etc. Adem ás de lecturas directas incorporaron,
previa com probación, el m aterial de los léxicos e índices que habían ido
apareciendo com o el de Esquilo de W ellauer, Sófocles de Ellendt, Eurípides
de Beck, Aristófanes de Caravella, Platón de A st, Jenofonte de Sturz, Plutar­
co de W yttenbach, O radores de Reiske y M itchel, Píndaro de Bóckh, P o lib io
de Schweigháuser, T eofrasto de Schneider, etc.
Prescindiendo de este considerable aumento de material, la ob ra en sí
m ism a está m uy bien hecha. Frente a los diccionarios alemanes en general
(Passow, Pape) su manera de citar suele ser más com pleta (A p . Rh. 3.147,
Opp. H . 5. 636) y además más fiable: apenas hay erratas en las citas ya que
todas ellas fueron corregidas y com probadas una y otra vez en pruebas. H a y
que advertir, sin em bargo, que no todos los autores tienen cita precisa (p o r
ejem plo con frecuencia nos encontram os con Arist., Anth., H dt., H ipp., etc.
sin m ayores precisiones), ni todas las palabras llevan su docum entación
correspondiente (así: «áváppuoiq, eusq. r¡ (ávapifípúoHíú, ppcoao¡iai) an eating
up» ) A veces en vez de citar un autor se da una indicación vaga del género
com o M edie. ( = autores m édicos), etc.
A pesar de estas imprecisiones el paso dado con respecto a Passow es muy
grande. En cuanto a la concepción teórica subyacente y a la organ ización de
los artículos, se siguen las ideas del Ueber Zw eck, Anlage... de Passow.
D e esta prim era edición se tiraron nada menos que 6.000 ejemplares,
que se vendieron a tod a velocidad, a pesar de que costaban 42 chelines.
D o s años después salía la 2.a edición que increm entó el m aterial a base
del diccionario de Pape, ya m encionado, a quien los autores expresan su
gratitud en el p ró lo go , a la vez que critican su escasa fiabilidad a la hora
de citar y la gran cantidad de erratas en los números. Adem ás perfeccio­
naron y aumentaron la lista de autores y obras que ya desde la 1.a edición
era la más com pleta hasta la fecha.
En los años subsiguientes apareció la tercera edición (1849) y la cuar­
ta (1855). Esta m arca un progreso notable, principalm ente en los escritos
hipocráticos y los oradores áticos. A partir de esta edición desaparece el
nom bre de Passow de la 1.a página. Se vendieron 8.000 ejemplares de esta
edición, habiéndose reducido el precio a 30 chelines. L a 5 .a edición «co rregid a
y aum entada» salió en 1861 y en ella se utilizó mucho la5.a edición de Passow
hecha por R ost y Palm. A sim ism o se m od ificó totalm ente la parte etim o ló g i­
HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 121

ca, que desde la prim era ed ició n se había basado en las E tym ologisch e F o r-
schungeñ de P o tt (1833-36), inspirándose ah ora en la Griechische E ty m o lo g ie
de Curtius que acababa de publicarse (1858). En la 6 .a edición, de 1869, m uy
aum entada, con unas 220 páginas más, se in co rp o ra ro n las form as verbales
de m anera más com p leta gracias al lib ro de W . Veitch, G reek Verbs, irregu la r
and defective (2.a ed. 1865). E n tre esta ed ición y la siguiente m uere Scott cuyas
relaciones con L id d e ll parece que no eran m uy am istosas en los últim os
tie m p o s 1. E n 1882 sale la séptim a ed ición revisada y aum entada p o r L id d ell.
E l diccion ario, que hasta entonces había aparecido en 4.°, aum enta de tam año
alcanzado su actual aspecto. D e b id o a ello se reduce algo el núm ero de
páginas a pesar de los continuos añadidos. En con creto en esta ú ltim a ed ición
se in c o rp o ró m aterial del In d ice de A ristóteles de B on itz y del In d ice del C IG
de R o eh l. A sim ism o se in trod u jeron añadidos que habían en via d o profesores
am ericanos com o G ild ersleeve y otros, referidos principalm ente a tecnicism os
ju rídicos. En 1897 salió la octa va ed ición con sólo pequeños retoques, con
vistas a no alterar la paginación. D e b id o a e llo se com en zaron los Addenda y
Corrigenda del final, que in co rp o ra ro n la 'AQrjvaíojv noAireía de A ristóteles
recién descubierta, y m aterial ep igráfico. En 1898, a los 87 años, m oría
L id d e ll2, p ocos meses después de aparecer la octa va ed ición del diccion ario.

1 L id d e ll, c o m o es s a b id o , lle g ó a d e c a n o en O x f o r d y a p e rs o n a im p o rtan te . R e c u é rd e s e que


fu e a su h ija A lic ia a q u ien « L e w i s C a r r o l l » d e d ic ó su A lic ia en e l País de las maravillas. R ec u é rd e se
ta m b ié n la estatu a suya q u e h ay en O x fo r d . D e s g r a c ia d a m e n te n o he p o d id o m a n e ja r la L if e o f
H . G. L id d ell de H . L . T h o m p s o n , cf. n. siguiente.
2 A la m u e rte de L id d e ll, tras la o c ta v a ed ició n T h o m a s H a r d y p u b lic a b a los siguientes v e rso s :

« W e l l , th o u g h it seem s
B e y o n d o u r d re a m s »,
S a id L id d e ll to Scott,
« W e ’ ve re a lly g o t
T o the v e ry end,
A l l in k ed a n d p en n ed
B lo tless a n d fa ir
W it h o u t tu rn in g a hair,
T h is sultry su m m e r day, A . D .
E ig h te e n h u n d r e d a n d fo rty -th re e ».

« I ’ve o ften , I o w n ,
B e lc h e d m a n y a m o a n
A t u n d e r ta k in g it,
A n d d re a m t fo rs a k in g it.
— Y e s , o n to Pí,
W h e n the e n d lo o m e d nigh,
A n d frie n d s s a id : « Y o u 'v e as g o o d as d o n e »,
1 a lm o st w is h e d w e ’d n o t b egu n .
E v e n n o w , i f p e o p le o n ly k n e w
M y sink ings, as w e s lo w ly d re w
A l o n g th ro u g h K a p p a , L a m b d a , M u ,
T h e y ’ d b e co n c e rn e d at m y m isgivin g ,
A n d h o w I m u s e d o n a C o lle g e liv in g
R ig h t d o w n to S igm a,
B u t fe a re d a stigm a
122 JAVIER LOPEZ FACAL

Esta es la historia del L id d ell-S cott durante el siglo x ix , una ob ra que no sólo
se había con vertid o en el m ejor diccionario griego-lengua m oderna, sino que
tam bién había ejercido una notable influencia en la lexicogra fía inglesa m o ­
derna1.

I f I su ccu m bed , a n d left o íd D o n n e g a n


F o r w e a ry fresh m en ’s eyes to con a g a in :
A n d h o w I o ften , o ften w o n d e re d
W h a t c o u ld h ave led m e to have b lu n d e re d
So fa r a w a y fr o m s o u n d th eo lo gy
T o dialects a n d e ty m o lo g y ;
W o r d s , accents n o t to be bre ath e d b y m en
O f an y co u n try e v er a g a in !».

« M y h eart m o st failed,
In d eed , quite q u a ile d »,
S a id Scott to L id d e ll,
'L o n g ere the m id d le !...
’T w a s o ne w et d a w n
W h e n , slippers on,
A n d a c o la in the h ea d anew,
G a z in g at D e lta
I tu rn ed a n d felt a
W is h fo r b e d anew ,
A n d to let supersedin gs
O f P a s s o w ’s readin gs
In dialects go.
'T h a t G e r m á n has read
M o r e th an w e !’ I said ;
Y e a , several tim es d id I fe e l s o !...»

« O that ñrst m o rn in g , sm ilin g b lah d ,


W it h sheetS o f fo o ls c a p , q u ills in h an d,
T o w rite áácrrog a n d áayr¡q,
F o llo w e d b y fifteen h u n d re d p ages,
W h a t nerve w a s o u rs
S o to b a c k o u r p ow e rs,

A s s u r e d that w e s h o u ld re ach ijcüfirjg


W h ile there w as b reath left in o u r b o d i e s !»

L id d e ll re p lie d : « W e l l , th at’s past n o w ;


T h e j o b ’s d on e, th an k G o d , A n y h o w » .

« A n d yet it’s n o t,’


C o n sid e re d Scott,
'F o r w e ’ve to get
S u b scrib ers yet
W e m ust re m e m b e r;
Y e s ; b y S e p te m b e r».

«O L o r d ; dism iss that, W c 'l l succeed.


D in n e r is m y im m e d iate need.
I feel as h o llo w as a fidd le,
W o r k i n g so m a n y h o u r s », said L id d e ll.

1 S egún H a n s A a r s le ff, « T h e E a rly H is to ry o f the O E D » , Bulletin o f the N e w Y o rk P u b lic


L ib r a r y 66, 1962, p. 417 ss., el O x f o r d English D ictionary d e b e m ás a P a s s o w y a las técnicas
le x ic o g rá ñ c a s de L id d e ll y Scott q u e a d ic c io n a rio s ingleses anteriores. V é a s e R o n a ld A . W e lls ,
D ictionaries and the authoritarian tradition, L a H a y a 1973, p. 28, n o ta 81.
HISTORIA DE LA LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 123

En los últim os años del siglo pasado y prim eros de éste se suscitó la
cuestión de la conveniencia o posibilidades de hacer un nuévo Thesaurus
griego. L a idea se fue abandonando (cf. infra) y ya con un criterio más
realista, tras algunos tanteos iniciales, la C larendon Press encargó en 1911 a
H en ry Stuart Jones que hiciera una revisión del Lidell-S cott. En un principio
se pensaba en hacer una revisión superficial que había de estar lista en cinco
años. Posteriorm ente, se cam bió de idea y se siguió el plan más am bicioso de
poner realm ente al día el diccionario, creando así un instrumento de trabajo
acorde con el nivel de la F ilo lo g ía griega del siglo xx . M u ch o es lo añadido
y m ejorado p o r Jones y M cken zie (qu e se m urieron sin ver term inada su ob ra)
con respecto a la 8.a edición, pero no podem os bajar a detalles1.
Q uizá lo m ejor de esta edición (prescindiendo de la enorm e cañt-idad
de m aterial nuevo in corporado, la corrección de errores y el perfeccion a­
m ie n to de la r e d a c c ió n ) sea qu e p o r p r im e r a v e z se dan r e fe r e n c ia s
precisas de todos los pasajes citados, frente a ediciones anteriores de L . S.
en que con frecuencia se daba sólo el nom bre del autor o una vaga
referencia. Esto es «o n e o f the features which distinguish the new edition
fro m C ro n e rt» com o dice Jones2.
P o r el contrario, lo menos conseguido, a mi ju icio, es la exclusión volu n ­
taria del léxico patrístico basándose en razones p oco convincentes. Si los
editores se ponen com o lím ite el año 600 d.C., es arbitrario discrim inar a
ciertos autores nada más que p or su religión : tan autor griego del siglo iv es
D íd im o A lejan d rin o com o A d am an cio F isiogn óm ico o H efestión A s tró lo g o
y no hay razón para excluir al prim ero e incluir a los segundos. E l caso
extrem o es N o n n o de quien se recogen las Dionysiaca y en cam bio se rechazan
las Paráfrasis del Evangelio de S. Juan. D ecía L. H jelm slev3 que e l «te ló n de
a cero » no es más que una fron tera semántica entre dos poderosos cam pos
lingüísticos. Si esto es así, y si la id eo lo gía produce cam bios semánticos
apreciables (co m o creem os), im agínese el interés que tiene estudiar el léxico
de los autores cristianos anteriores al año 600. U n diccionario, y m enos uno
de griego antiguo, no puede perm itirse el lujo de ser purista a estas alturas,
so pena de con vertir una actividad científica (la lexicografía, com parable a la
botánica) en una actividad artística o estética, semejante a la jardinería.
O tro aspecto no m uy conseguido del L.S.J. es su tratam iento de la term i­
n ología métrica. D ice D o v e r 4 que «in L.S.J. (...) the principal articles on
m etrical terms are characterised by the highest degree o f confusion and
erro r». Sin ser tan radical com o D o v e r lo cierto es que nosotros hemos
encontrado algún error n o to rio com o el artículo «áócjvápta, rá kind o f shoes

1 P a r a m ás detalles de esta ed ició n véase H , S. Jones, « T h e m a k in g o f a L e x ic ó n », C .R . 1941,


p. 1 ss., y el p r ó lo g o de la 9.a ed ició n del L.S.J.
2 A rt . cit., p. 10.
3 E n u n a co n feren cia p ro n u n c ia d a en la U n iv e r s id a d de C o p e n h a g u e en 1953. C f. B. M a lm -
b erg, L a lengua y el hom bre p. 107 s.
4 C f. « T h e p oetry o f A rc h ilo c h u s », pp. 185-186 de los Entretiens sur FAntiquité Classique, X ,
G en év e 1963.
124 JAVIER LOPEZ FACAL

(prob . w ith play on á-priv., Lat. donarium, worthless g ifis ), P ro co p . G az. Ep.
146» cuando realm ente es un tipo de verso, al que se alude despectivam ente:
ójSoAotv xciiv Eüpinídou pam cov rrjv éf¿r¡v oixía v ávénÁrjaacg, ádcjvápia néfiifiag áppu9¡ia
( me has llenado la casa de harapos euripideos de a dos óbolos, enviándome
ver suchos sin r itm o ). Evidentem ente áóojvápia es un térm ino despectivo creado
sobre dScóvtov y se debe referir a cancioncillas versificadas de baja especie.
P o r lo dem ás los errores, aun incluyendo las erratas m ecánicas de cita, son
escasos. En el artículo de Jones m en cion ado anteriorm ente, éste recogía y
criticaba una serie de errores del antiguo Lid d ell-S cott, de C ro n ert y del
Thesaurus. C o n realism o y hum ildad recon ocía que ningún lex icó g ra fo puede
evita r estos fallos c o m o así es en efecto : la novena ed ición de L.S.J. tiene
tam bién sus errores com o s.v. dcyvoLTTTog I I donde dice not cleansed, unawashed
Plu. 2. 169 c y debe decir estera, arpillera (p o r lo tanto un substantivo y no
un a d jetivo), o s.v. aifiovón g que dice «ep ith . o f H ecate P M a g . P a r. 1.2864;
o f the M o o n H ym n. M a g . 5.53» cuando realm ente el pap iro m á gico parisino 1
y e l him no m á gico 5 son el m ism o te x to ; o s.v. áAírrjg en donde cita un «L u d w .
Anecd. 175» no recogid o en sus listas iniciales, o s.v. áAwprjTai que traduce
«w atchers o f S a lí... E M 72.48» y debe traducir «vig ila n tes de las e ra s » (roüg rá g
áÁcog fuÁáTTOvrag), o s.v. áfiévqTog, ov ... H dn. G r. 2.684 que es palabra que no
existe, sino que se trata del gen itivo de áfiévrjg, etc: E n to d o caso, estam os de
acuerdo con Jones, estos son errores que todos los lexicógrafos están o b lig a ­
dos a com eter en obras con tantos datos com o son los diccionarios, y en
ningún caso hacen desm erecer al L.S.J. que, sin duda, es el m ejo r d iccion ario
griego existente.
Esta 9.a edición , que se pu blicó entre 1925 y 1940, tu vo una serie de
reim presiones (en 1948, 1951, 1953, 1958, 1961, 1966 y 1968). En este últim o
año apareció además el Supplem ent editado p o r E. A . Barber, P. Mass,
M . Scheller, y M . L . W est, tras 12 años de «con tin u ou s w o r k » 1. E l suplem ento

1 V é a n s e las reseñas a esta o b r a d e J. B in g en , Chr. d E g ., 1968, p. 433 s., A . G r illi, Paideia


1969, p. 273 ss. (m u y d o c u m e n ta d a ), G . M e ssin g , C L Ph. 1969, p. 238 s., D . M . P ip p id i, Stud. Cías.
1969 p. 331 s., M . B a rr o s o d e A lb u q u e r q u e , Euphrosyne 1969, p. 283 ss., J. P e g u e ro le s , Stud. Pap.
1970, p. 67, J. L . F a c a l, E m érita 1970, p. 463 ss. y ta m bién J. A . L . L e e « A N o t e o n S e p tu agin t
m aterial in the S u p p le m e n t to L id d e ll a n d S c o tt», G lotta 1969, p. 234 ss. L a reseñ a de G . M . M e s s in g
te rm in a co n los siguientes versos del re cen sen te:

S a ys Scott to L id d e ll,
« I s there so m e j o t o r tittle
o f G r e e k that w e ’ve n o t
In o u r lexicó n got?
E d itío n s reach nine
A n d I w a n t to re s ig n ;
I ’m ju st skin a n d bones,
T h o u g h w e d id b r in g in J o n e s .»
S a y s L id d e ll to Scott,
« D e s p it e all o u r sw ot,
B y nineteen sixty- eigh t
G r e e k w o r d s are in spate—
P a p y ri, p otsh erd s,
L o r d , all the n e w w o r d s ! »
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 125

aporta bastante m aterial nuevo, incorpora los addenda y corrigenda que se


habían ido acumulando desde 1925, y en este sentido es una obra m uy de
agradecer. Sin em bargo, com o decía yo en m i reseña (cit. en nota anterior)
no se trata de un com plem ento sistemático de los sectores del léxico menos
estudiados p or L.S.J. sino de un m ero añadido asistemático y bastante anár­
quico. Puede haber, por poner un solo ejem plo, nuevas palabras (m arcadas
con asterisco) procedentes de los P a pyri Graecae M agicae, pero eso no quiere
decir que se haya despojado esa obra sistemáticamente; de hecho en ella
aparecen tod avía docenas de hápax que los autores del Suplem ento no reco­
gen. Es decir, aporta bastante material, pero da la im presión de que se lim ita
a incluir palabras que le han ido enviando diversos especialistas y que han
recogido sus autores saltuariamente. E l Suplemento, en definitiva, nos deja
con las ganas de una 10.a edición, hecha con ia misma profundidad de que
dieron pruebas Jones y M ackenzie. P o r lo demás, para m ayores datos acerca
de esta obra, véase su p ró lo go y las reseñas que m encionábam os en la nota
anterior.

7. L e x ic o g r a f ía e s p e c ia l d e l s ig l o x ix

N o es nuestra intención historiar aquí en detalle la aparición gradual de


léxicos, índices y concordancias de autores griegos. T a m p o co podem os ser
muy explícitos en el tratam iento de los diccionarios especiales com o los
etim ológicos y gramaticales, los de griego cristiano y tardío, etc. Nuestra
intención es hacer la historia de los diccionarios generales griegos para tratar
de ver cóm o ha progresado la lexicografía en este cam po desde el siglo x v i
hasta nuestros días.
Sin em bargo, y a pesar de que en otros capítulos de este libro se trata de
los diccionarios de autor bajo otras perspectivas, debem os detenernos, aun­
que sólo sea brevemente, en el fenóm eno de la aparición de léxicos o índices
y otros diccionarios especiales durante el siglo xix.

A . D iccionarios de autor

En últim a instancia, com o es bien sabido, la confección de diccionarios de


autor se rem onta a la A n tigü edad: las yAü x j o g u *Ofirjpixaí dé Filetas, Zen ódo-

Says Scott to L id d e ll,


« I ju st w o n ’t ñ d d le
w ith m o re Addenda
Ñ o r yet Corrigenda.
O u r laurels are a g e -p ro o f,
I w o n ’t re ad m o re p a g e -p ro o f,
N o m o re errant glosses,
L e t’s cut o u r losses—
I f w e ’ve m issed a couple,
W e ’ll leave them fo r Suppl. .'»
126 JAVIER LO PE Z F A C A L

to y A ris ta rc o , e l nepi rfjq *0¡ir)pou ouvrjQeíaq de Z e n o d o r o , e l 'Aníuivoq yAüxraai


cO pr¡pixaí de A p ió n , e l ’Apicrrápxou 'HpoSóTou ümfj.vr]fia de A ris ta rc o (c o n s e rv a d o
en los P . A m h e rs t I I . 3), las Aé^eiq ’!Tmoupárouq de E u fo rió n en 6 libros, e l tüv

n ap a OouxuSíótj %r¡TOujuévuv x a r á Áé&v de E v á g o ra s de L in d o s, y un la rg o etc.,


pu eden ser ejem p lo s de d iccio n a rio s de au tor de la antigüedad. T a m b ié n
durante la E d a d M e d ia se h icieron obras de este tipo, c o m o las C on cord a n tia e
M o ra le s de S. A n to n io de Padu a, o las C oncordantiae S a cro ru m L ib ro ru m ,
tam b ién llam adas S a n cti J a co b i d el d o m in ic o H u g h de St. C h e r 1, Y , n atu ral­
m ente, en la ed a d m o d ern a se con tin u a ron h acien d o d iccio n a rio s de au tor
co m o , p o r eje m p lo , y sin salirse de H o m e r o , los de Seber, W . ( In d e x vocabu-
lo ru m in H o m e ri non tantum Ilia d e atque Odyssea... H e id e lb e rg 1604), D a m m ,
C. T . ( N o v u m lex icó n ... et elucidationes H o m e rica e e t P in d a rica e, B erlín 1765),
B erndt, J. G . ( L e x ic ó n H o m e ricu m ... Stendal 1795-1796).
Sin em b a rgo , es en e l siglo x ix cu an do se com ien zan a h acer léxicos,
índices y con cord an cias de una m an era m ás sistem ática y cien tífica. U n a
rela ció n exh au stiva de este tip o de d iccio n a rio s está fu era de lu gar a q u í2.
V a m o s pues a m en cio n a r sólo algunos d iccio n a rio s de los au tores m ás im p o r ­
tantes de la literatu ra g rie g a :

H o m e r o : Prendergast, G . L ., A C om p lete C oncordance to the Ilia d o f H o m e r,


L o n d re s 1875.
D u n bar, H . A ., A C om p lete C oncordance to the Odyssey and H ym n s o f
H o m e r, O x fo r d 1880.
G eh rin g, A ., In d e x H om ericu s, L e ip z ig 1891.
E b elin g, H ., L e x ic ó n H o m e ricu m , L e ip z ig 1885.
H e s io d o : Pau lson , J., In d e x H esiodeus, L u n d 1890.
P ín d a ro : R u m p el, J., L e x ic ó n P in d a ricu m , L e ip z ig 1883.
E s q u ilo : W e lla u e r, A ., L e x ic ó n A eschyleum , L e ip z ig 1830-31.
S ó fo c le s : E llen dt, F. T ., L e x ic ó n S ophocleum , K o n ig s b e rg 1835.
E u ríp id es: M a tth ia e, A ., C. y B., L e x ic ó n E u rip id eu m , L e ip z ig 1841.
A ris tó fa n e s : C ara vella , J., In d e x A rístoph a n icu s, O x fo r d 1822.
H e r ó d o t o : Schw eigháuser, J., L e x ic ó n H erod oteu m , O x fo r d 1825.
T u c íd id e s : Bétant, E .-A ., L e x ic ó n Thucydideum , G in e b ra 1843-47.
J en o fo n te: Sturz, F. W ., L e x ic ó n X enophonteum , L e ip z ig 1801-4.
P la tó n : A st, F ., L e x ic ó n P la to n icu m ..., L e ip z ig 1835-8.
A ris tó te le s : B on itz, H ., In d e x A ris to te licu s , B erlín 1870.
T e ó c r it o : R u m p el, J., L e x ic ó n Th eocriteu m , L e ip z ig 1879.
P lu ta rc o : W ytten b a ch , D ., L e x ic ó n P lu ta rch eu m , L e ip z ig 1 43.

1 C f. s u p ra en S e rra n o A y b a r , cit.
2 E l in v e n ta rio m á s c o m p le t o y p u e s to a l d ía d e d ic c io n a rio s g r ie g o s de a u t o r es e l R ep e rto riu m
L ex ico g ra p h ic u m G ra ecu m de H a r a ld y B le n d a R íe s e n fe ld , E s t o c o lm o 1954, q u e v in o a su stitu ir al
s u p e r a d o de H . S c h o n e , L e ip z ig 1907.
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 127

B. D iccion a rios de griego cristiano y tardío

Los textos bíblicos, sobre todo los neotestam entarios, atrajeron desde
antiguo la atención de los lexicógrafos. A partir del siglo x v i encontram os
docenas de concordancias, índices y léxicos del nuevo testam ento1. Y a en el
siglo x ix la selección es difícil dada la gran cantidad de m aterial. Piénsese que
incluso en lenguas con escasa tradición lexicográfica griega com o el sueco2 y
en lugares tan poco céntricos com o A b o u O rebro se publicaban sendos
léxicos neotestam entarios en 1840 (F atten borg, H .H , G rekiskt hand-lexicon
ófver N ya Testamentets S k rifte r) y 1853 (M illé n , J. A -, G rekiskt och svenskt
hand-lexicon ófver N ya Testamentets S k rifter).
P o r lo tanto m encionarem os sólo tres ejem plos bien con ocidos de finales
del x i x :

Thayer, J. H ., A G reek-English L e x ic ó n o f the New Testamenta being G rim m ’s


W ilk e ’ s Clavis N o v i Testamenti translated, revised and enlarged, Edim bur­
go 1886.
Hatch, E., Redpath, H . A ., A Concordance to the Septuagint and the other
Greek Versions o f the O íd Testament, O x fo rd 1892-1906.
M ou lton , W . F., Geden, A . S., A Concordance to the Greek Testament...
E dim burgo 1897.

En cuanto a diccionarios de griego tardío la ob ra fundam ental es la de


E. A . Sophocles, A Glossary o f later and Byzantine Greek, Cam bridge 1860,
hoy m ejor conocida p or el título de la 2.a edición Greek L e x icó n o f the Rom án
and Byzantine Periods (F ro m B. C. 146 to A . D . 1100), 2 vols., N u eva
Y o r k 1887. Esta obra, com o dice C ohn (cf. o.c.), es el D u Cange del siglo xix,
y todavía no ha sido superada para desgracia de sus usuarios, ya que, com o
es lógico, está basada en ediciones antiguas, muchas de ellas inaccesibles, y
en numeraciones arcaicas, no siempre fáciles de localizar. Tiene una lista de
autores bastante com pleta, con indicaciones de fecha, una larga introducción
sobre historia de la lengua griega, unas tablas cronológicas de autores cristia­
nos en relación con los escritores paganos, un estudio sobre «T h e foreign
elements o f the G reek lan gu age» y unas «gra m m a tica l observation s» en las
que incluye la métrica tardía y una breve an tología de textos tardíos. Sin duda
es un buen diccionario a pesar de que hoy, com o hem os dicho, resulte cuando
menos in cóm od o que cite a D ioscorides p o r K ü h n (L e ip z ig 1829) o por
Saracenus (L y o n 1598) p or poner un ejem plo.

1 E n esta p a rc e la del léxico griego los precu rsores so n los au to res de la P o lig lo ta C o m p lu te n se;
cf. el p ró lo g o de la versió n in glesa del B a u e r q u e c o m ie n za : « T h e history o f d ictionaries specifically
intented fo r the G r e e k N e w T estam en t o pen s w ith a G r e e k -L a t in glo ssary o f seventy-five u n n u m -
b ered p ages in the flrst v o lu m e o f the C o m p lu te n sian P o ly g lo t o f 1522...»
2 E l prim er d iccio n ario su ec o-griego de que tengo noticia es el de V . L in d e r y K . A . W a lb e r g
de 1862.
128 JAVIER LOPEZ FACAL

C. D iccio n a rio s etim ológ icos y gram aticales

A u n q u e existen diccion arios e tim o ló g ic o s griegos desde antiguo, realm en ­


te no p od em os hablar de etim o lo gía , tal co m o h oy entendem os esta ciencia,
antes de la lingüística com parada o qu izá con más rig o r aún, antes de los
neogram áticos. E n este sentido carecen de interés obras com o las de Len n e-
pius (1808), H o o g e v e e n (1800, 1810), N i z (1806), Buttm ann (1818-1825),
etcétera. L o s prim eros diccion arios etim o ló g ico s que pueden m erecer el n o m ­
bre de tales son los de W ilh e lm Pape (B erlín 1836), J. K a ltsch m id t (L e ip ­
z ig 1839-1840) y T . B en fey (B erlín 1839-1842). Son tam bién im portantes las
E tym ologisch e Forschungen de P o tt (1833-1836) que L id d e ll y Scott u tilizaron
en las 4 prim eras ediciones de su diccionario.
C o n to d o la o b ra fundam ental del x ix en este terreno son los Grund-
züge der griechischen E ty m o lo g ié de G e o rg Curtius, L e ip z ig 1858-1862,
c o n v a r ia s e d ic io n e s en e l s ig lo p a s a d o 1. Se c o m p o n e de un e s tu d io
inicial teó rico («G ru n d s á tze und H a u p tfragen der griech. E t y m o lo g ié ») b ajo
un b ello lem a de S. A gu stin (U t S om niorum in terpreta tio ita verborum
o rig o p ro cuiusque ingenio iu d ica tu r), un segundo lib ro de «R eg elm á ssig e
L a u tvertretu n g » en don de estudia las etim ología s griegas siguiendo n o un
orden alfabético sino fon em á tico (em p ieza p o r las guturales: h, y, x etc.) y
finalm ente una serie de índices («R e a lid e n x », e índices de palabras griegas,
itálicas, rom ánicas, sánscritas, iranias, armenias, germ ánicas, balto-eslavas y
célticas). Es p o r lo tanto, n o sólo el antepasado del Frisk, sino tam bién del
P o k o rn y . E l lem a de la segunda parte está tan bien eleg id o co m o el de la
p rim era : ¿yo» uu/ipáAAo/jaí rdiai é/utpavéoi toc fii) yiyvcoa^ójufva re^fíaipójisvoq H dt. 2.
33.
A n tes de term inar el siglo se p u blicaron tod avía, p o r lo m enos, otros dos
diccion arios etim o ló g ico s p o r ob ra de A . V an icek (L e ip z ig 1877) y W . Prell-
w itz (1892). Este ú ltim o tiene la ventaja de seguir el orden alfa b ético de
palabras griegas. Es decir, es un E ty m olo gis ches W órterbuch der griech. Spra-
che tal com o h o y entendem os este térm in o (la o b ra de Curtius, al fin y al
cabo, era una especie de estudio p o r fonem as de las palabras griegas). Si no
hubiera sido p o r la aparición del B oisacq a principios del siglo x x , sin duda
la o b ra de P re llw itz habría tenido una m a y o r acogida.
E ntre los diccion arios gram aticales del x ix lo más destacable es el lib ro de
W illia m V eitch , G reek Verbs Irre g u la r and D e fe cti ve, their fo rm s , meaning and
quantity, em bracing a ll the Tenses used by the G reek W riters... O x fo r d 1848
(1865, 1871, 1879, etc.) usado, co m o sabem os, p o r L id d e ll y S c o tt2.

1 Y o he u tiliz ad o , p o r e je m p lo , la «F ü n ft e , u n ter M it w ir k u n g v o n E rn st W in d is c h u m g e a rb e i-
tete A u f l a g e » , L e ip z ig 1879.
2 A d e m á s d el lib ro d e V e itc h q u e sigue sien d o h o y la o b r a s ta n d a rd , se p u e d e n m e n c io n a r o tro s
d o s de m e n o r d ifu s ió n : W . H e n se ll, Griechisch V e rb a l- Verzeichnis..., P r a g a 1881 y G . T r a u t , L e x ik o n
iiber die F o rm en der griech. Verba, G ie s se n 1867.
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 129

Existen otros varios diccionarios de S in on im ia1, P ro s o d ia 2, Présta­


mos, etc., de m enor interés.

D . D iccion a rios de nombres propios, m itológicos y realia

U n a vez más nos encontram os con el problem a de la selección de títulos


y el escaso espacio. M u y brevem ente vam os a citar las obras principales de
este epígrafe del x ix :

G . Ch. Crusius, Griechisch-deutsches Wdrterbuch der mythologischen, histori-


schen und geographischen Eigennamen, nebst beigefügter K urzer E rklarung
und Angabe der Silbenlange, H an n over 1832.
A . Pauly, R eal-Encyclopádie der classischen Altertumswissenschaft, 6 vols,
1839-52.
W . Pape, W drterbuch der griechischen Eigennamen, Braunschweig 1842. R e e ­
laboración de G. Benseler, L e ip z ig 1862.
A . Fick, D ie griechischen Personennamen, G óttin gen 1874. R eelab oración de
F. Bechtel, G óttin gen 1894.
W . H . Roscher, Ausführliches L e x ic ó n der griechischen und rómischen M y th o -
logie, L e ip z ig 1884 y ss.

C ualquiera de estas obras exigiría un com entario p o r lo largo (y en


concreto el Pau ly-W issow a m erecería una tesis de licenciatura o de d o cto ­
rado). Sin em bargo, los diccionarios de realia tienen un interés muy tan­
gencial para nosotros y es p o r ello p o r lo que nos lim itam os a m encionar
los más conocidos.

E. L a L e x ico g ra fía en Francia

L o s diccionarios griego-francés merecen un epígrafe aparte p or la influen­


cia que han ejercido en España y en los otros países latinos.
L a prim era obra im portante es el D ictionnaire Grec-Frangais, composé sur
un nouveau plan, oü sont reunís et coordonnés les travaux de H enri-E tienne, de
Schneider, de Passow e t des m eilleurs lexicographes et grammariens anciens et
modernes de C. A lexan dre, París 1830, obra excelente para su época.
Sin em bargo, la ob ra más im portante y que hem os m anejado todos en

1 E ntre los d iccio n ario s de sin o n im ia, recuérdense las o b ra s de. J. T h . V ó m e l, D éutsch -griech i-
sches synonym isches W drterbuch, F r a n k fu rt 1819; J. H . H . Schm idt, Synonym ik der griechischen
Sprache, L e ip z ig 1876-86 (4 v o ls .); F. B o isso n ad e, L ex iq u e de synonym es grecs, P a ris 1883 y
G . H ein e, Synonym ik des neutestamentlichen Griechisch, L e ip z ig 1898.
2 E x istían d iccio n ario s p oéticos (c o n vistas a la versific ació n ) y a desde el siglo xv i. E n el
siglo x ix los m ás c o n o c id o s so n los de J. F . C . G r á ffe , Prosodisches L e x ic ó n der griech. Sprache, aus
den heroischen D ichtern Zusam m engetragen, G ó ttin g e n 1811, J. Plan ch e, Dictionnaire du style
poétique dans la langue grecque, avec la concordance des trois poésies grecque, latine et frangaise,
P a ris 1849 y E. M a tt b y , G reek Gradus, with a L a tin and English translation, L o n d re s , 3.a ed. 1850 (la
1.a ed. de esta o b r a h a b ía sid o h echa p o r T h . M o r e e l en E to n , 1762).
130 JAVIER LOPEZ FACAL

España es el D iction n a ire Grec-Frangais, rédigé avec le concours de M . E.


E gger, a Fusage des éléves des Lycées et des Colleges, comprenant... par M . A .
Bailly, París 1894 (26.a edición revisada p or L. Séchan y P. Chantraine, 1963).
Se trata de un diccionario escolar, pero excelente: quizá el m ejor que exista1.
E l m ism o autor se confiesa «m oin s étendu que les volum ineux répertoires de
Passow ou de Pape en A llem agn e, de Liddell-S cott en A n g leterre». E n este
sentido suprime, p o r ejem plo, las glosas y palabras raras que un alum no no
suele necesitar. N o obstante esto, en algunos aspectos es más com p leto que
los diccionarios gran des: p o r ejem plo, en el tratam iento de léxico cristiano y
tardío, en la especificación de m étrica y prosodia, en la etim o lo gía (sigue a
Curtius), en la inclusión de nom bres propios, en sus apéndices de realia (los
«ta b le a u x » del final), en la traducción sistemática de los ejem plos. T am b ién es
más preciso y com pleto a la hora de citar que sus predecesores y con tem porá­
neos: en un prin cipio pensaba ofrecer sólo el nom bre del autor griego, pero
aprovechando un proyecto de cam bio de planes de estudios, no publicó ensegui­
da el diccionario, sino que — esperando a tiem pos más favorables a los estudios
griegos— lo com pletó con las menciones expresas de ob ra y num eración precisa
de cada cita. R eco ge la in form ación aparecida últim am ente en las obras de
Sophocles, K ou m a n u d is2, Veitch, M eisterhans3 y Curtius.
L o s artículos del diccionario están m uy bien hechos y tienen un aspecto
unitario que se echa en falta en diccionarios m ayores (se nota que son obra
de una sola persona). Se com ponen de fo rm a del lema, cantidad (entre
corchetes), sentidos organizados a partir de la «G ru n d b ed eu tu n g» e tim o ló g i­
ca, in form ación m o rfo ló g ic a y dialectal y, finalmente, etim ología.
Su lista de autores es bastante com pleta pero las ediciones que sigue están
hoy superadas en su m ayoría. Adem ás, las sucesivas revisiones no las han
m od ificad o y h oy resultan muy incóm odas. P o r otra parte, y ya desde la prim era
edición, es frecuente que para un solo autor dé varias ediciones sin que sepamos
cuál sigue en cada caso ya que el criterio es bastante arbitrario. T a l es el caso,
p or poner un ejem plo, de Platón, para el que da las ediciones de Baiter, O relli y
W inckelm ann (1839-74), de Stalbaum (1827-77), de C. F. H erm ann (1873-74) y
de M . Schanz (1875-87). A dem ás el fa llo principal de no haber tenido en cuenta
las nuevas ediciones que han aparecido en este siglo, es que los textos antiguos
cam bian y un estudiante que m aneje el B ailly se encontrará con muchas pala­
bras que no aparecen en su diccionario, lo cual le crea problem as. R ecu erdo que
en m i ejem plar del B ailly de mis tiem pos de estudiante, iba anotando en los
márgenes las palabras que m e encontraba en los textos y no estaban docum en­

1 C o m o es s a b id o existen versiones «in te rm e d ía te » y «lit t le » d el L .S .J ., p e ro son a m i ju ic io


in feriores al B a illy a p esar de su in discutible calid ad . U n a o b r a m u y interesante de tipo e sc o la r es
el D iziona río Ilústralo G reco-Italiano, «e d iz io n e a d attata e a g g io r n a t a » del Interm edíate (F lo r e n ­
cia 1975), re alizad o p o r Q . C a ta u d e lla , M . M a n fr e d i y F. di Benedetto.
2 X u va yw yí) Xé^ eojv á9r¡aau p íaru v év t o ií- éXAr/vimig A e ^ in o íg , ím d A. K o u fia vo u ó r j, A te n a s 1883,
3 Gram m atik der attischen Inschriften, 2.a ed., B erlín 1888.
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 131

tadas en el d iccio n a rio : son un núm ero considerable a pesar de los no muchos
autores que maneja un estudiante de clásicas.
P o r lo demás el diccionario es excelente no sólo para su época, sino
incluso hoy día para los estudiantes de Francia, Italia, España, etc. M ientras
sigan estando inexplicablem ente ausentes de nuestras licenciaturas los textos
! ■
papiráceos documentales y, en m enor m edida, los epigráficos, el B ailly segui­
rá siendo un diccionario casi perfecto.

8. El s ig l o xx: p o l é m ic a a p r o p ó s it o d e u n nuevo T hesaurus

A finales del siglo pasado se fundaba en V ien a el A rc h iv o de L ex ico gra fía


latina con su revista correspondiente, con vistas a com enzar los trabajos de
edición de un nuevo Thesaurus Linguae Latinae. Esta obra se in ició en el
año 1900 y, com o es sabido, todavía está inconclusa.
E l ejem plo de los lexicógrafos latinos estimuló a los helenistas a plantearse
la conveniencia de iniciar tam bién un verdadero Thesaurus Linguae Graecae.
En este sentido, en 1904, Sir R ich ard Jebb lanzó la propuesta en la Asam blea
general de la A so cia ción Internacional de Academ ias: el Thesaurus griego
abarcaría el léxico com prendido entre H o m ero y el siglo vn d. C. Se nom bró
un com ité encargado de p rom over la empresa, com puesto p o r Jebb, H, Diels,
G om perz, H eiberg, Krum bacher, L e o y Perrot. En 1905 entró a form ar parte
del com ité P. Kretschm er, quien propuso la fundación de un « A r c h iv » p erió­
dico y un centro para el alm acenam iento de material.
Sin em bargo Herm ann Diels abrigaba serias dudas con respecto a la
viabilidad del proyecto. Ya en 1899 en su introducción a Elem entum
(p. I X ss.), dirigida a W . v. H artel, había publicado sus puntos de vista
referentes a esta cuestión. D ecía que el com enzar p o r un Thesaurus latino en
vez de uno griego, era un u a re p ov rrpÓTepov ya que no se podía estudiar el léxico
latino sin conocer previam ente el griego, que tanto había influido sobre aquél.
Sin em bargo, adm itía ya que la empresa, tan necesaria, había que dejarla para
generaciones futuras.
En 1905 en un artículo publicado en Neue Jahrbücher (p. 692 ss.) insistía
Diels en la im posibilidad de la tarea. Según él la literatura griega era, p or lo
menos, diez veces más extensa que la latina y además tenía la dificultad de
las variantes dialectales, la enorm e riqueza léxica, la extensión tem poral,
carecía de ediciones críticas para muchos autores, faltaban ediciones de
fragmentos, etc. P o r otra parte — continúa Diels— aun suponiendo que
disponem os de todas las ediciones, que éstas son despojadas y papeleteadas
p o r un ejército de colaboradores, archivadas las fichas en un inmenso local,
¿de dónde sacaremos el dinero, el tiem po y el poder para organizar este
material, introduciendo N ou s en el Caos? M ás aún, si las Academ ias pudie­
ran reunir los 10 m illones de m arcos necesarios para redactar un Thesaurus
de unos 120 volúmenes, ¿qué helenista tendría dinero para com prar esta obra
que podría costar 6.000 m arcos? Y si pudiese com prarla, ¿quién podría leer
y usar semejante m onstruosidad? P o r todas estas razones D iels era partidario
132 JAVIER LOPEZ FACAL

de hacer no un Thesaurus, sino 10 (id ea que ya había expuesto E. A . W o l f


casi un siglo antes1), es decir, uno p o r cada una de las ramas principales de
la literatura griega: épica, lírica, tragedia, com edia, filosofía, historia, m ate­
m ática y técnica, m edicina, gram ática y literatura judeo-cristiana, cada uno
de los cuales sería, en su opin ión , igual que el Thesaurus latino.
A pesar de estas críticas de Diels, la idea no se abandona de m om ento.
En este m ism o año muere Sir R ich ard Jebb y es sucedido p o r B yw ater que
cede el puesto a G om p erz. A l año siguiente hay una reunión en V ien a para
tratar del problem a. En ella, y en otras reuniones posteriores, se decide
abandonar la idea de los 10 Thesauri p or antieconóm ica e in có m o d a : había
que m anejar sim ultáneam ente diez obras y repetir en cada una de ellas las
mismas palabras y las mismas traducciones, con lo cual se desaprovechaba
tiem po, espacio y dinero. Existían además problem as teóricos que desaconse­
jaban esta solución, com o el hecho de que la lengua es unitaria ya la use un
trágico o un cóm ico.
Se rechazó asim ism o la propuesta de K ru m bach er de incluir el griego
bizantino y m edieval, y las propuestas de filó lo g o s griegos de incluir el griego
m oderno. Se encargó a la A ca d em ia británica que hiciese cálculos econ óm icos
y estudiasen el modus operandi. Estos decidieron que el m ejor m o d elo n o era
el Thesaurus latino sino el New English D iction a ry on H is to ric a l P rin cip ie s 2.
Se planteó e l p roblem a de cuál había de ser la lengua de salida (en el com ité
había anglo- franco- y alem ano-hablantes) y otras muchas cuestiones3.
En tod o caso eí tem a fue m uriendo p or consunción, com o asim ism o el
p atriótico p royecto lanzado p o r filó lo g o s helenos de hacer un Thesaurus cuya
publicación había de com enzar en 1921, coincidiendo con el prim er centena­
rio de la independencia de G recia. Finalm ente la 1.a G uerra M u n d ial acabaría
p o r dar la puntilla al proyecto.
D e esta m anera se abandonó — quizá ya para siempre— la idea de hacer
un Thesaurus griego.
H o y en día, en el ú ltim o cuarto del siglo xx, es quizá un anacronism o
plantear la necesidad de un Thesaurus griego c lá s ic o : los ordenadores electró­
nicos, com o verem os, han revolu cion ado los m étodos, y el con cepto m ism o,
de este tipo de obras.

9. D ic c i o n a r i o s e s p e c ia l e s d e l s ig l o x x

L a lexicografía griega del siglo x x continúa los mism os m étodos y fines


que la del xix. R ealícen te el cam bio de siglo no supone solución de continui­

1 F . A . W o l f , Vorlesungen über die Altertumswissenschaft, 1, p. 187.


2 12 v o ls., O x fo r d 1888-1961. A p ro p ó s ito de esta o b r a m aestra de la le x ic o g ra fía p u e d e n verse
su « I n t r o d u c t io n », escrita p o r Jam es A . H . M u r r a y en 1933, o el artículo de H a n s A a r s le ff, citad o
en p. 122, n. 1, entre o tr a ab u n d a n te b ib lio g r a fía . V e r W e lls , o b . cit.
3 P a r a esta cuestión es interesante (a u n q u e reiterativo y a lg o c o n fu s o ) el artíc u lo d e P. K re ts c h ­
m er, « D e r P la n eines T h e sa u ru s der griechischen S p ra c h e » p u b lic a d o en el p rim e r n ú m e ro d e Glotta
(19 09) p p . 339-348.
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 133

dad en este cam po, y sólo a partir de la década de 1950 a 1960 em piezan a
cam biar las cosas con la aplicación p rogresiva de ordenadores electrónicos a
trabajos lexicográficos. E videntem ente el siglo x x supone un progreso con
respecto al precedente, p o r cuanto se opera con ediciones m ejores, se hacen
diccionarios de autores y géneros que el siglo x ix había pasado p o r alto y se
dispone de un andam iaje teórico (desarrollo de la sem ántica) más depurado.
Sin pretensiones de exhaustividad, veam os ahora los logros principales de
nuestro siglo en esta parcela.

A . D iccion a rios de autor

R em itim os una v e z más al R ep ertoriu m L éxicogra p h icu m Graecum de


Riensenfeld y al P r ó lo g o del D iccio n a rio G riego-E spañol para un in ven tario
de los diccionarios de autor. N o obstante vam os a exam inar ahora algunos
de éstos.

H o m e ro : en 1955 salió el prim er fascículo del elefantiásico L e x ic ó n des


frühgriechischen Epos... herausgegeben vo n Bruno Snell. V eran tw ortlích er
R ed a k to r H ans Joachim M ette, G óttin gen 1955. Esta obra, que incluye
tam bién a H esíod o, H im nos, Vitae, Certamen y fragm entos, se enm arca
dentro de un vasto plan que, de acuerdo con las propuestas de H erm ann
D iels (cf. supra), pretende ir haciendo un Thesaurus Linguae Graecae en
porciones. C uando esté term inado el L fg rE , a pesar de su reducido cam po
de estudio, abarcará «e tw a a u f den anderthalbfachen U m fa n g des G reek-
English L ex icó n v o n L id d e ll-S c o tt...» (p. IX ). U n a o b ra tan am biciosa
exigiría un com entario detenido, ya que resuelve en la práctica una serie
de cuestiones que se habían suscitado y discutido a principios de este siglo.
N o es este el lugar para hacerlo. R em itim os al lector a la ob ra m ism a y a
la reseña larguísim a y enorm em ente crítica que publicó B. M a rzu llo en
Philologus 101, 1957, pp. 169-216 con el título «Z u m L ex ik o n des F rü h ­
griechischen E p o s».
H e s ío d o : L e x ic ó n Hesiodeum cum Índice inverso par M . H o fin g er, tom o 1
(a-5), Leiden 1975, In d ex inversus, Leiden 1973. Excelente léxico que viene
a sustituir al superado In d ex de J. Paulson (L u n d 1890).
L ír ic o s : Ind ex Verborum zur frühgriechischen L y r ik vo n G. Fatou ros, H eidel-
berg 1966. A pesar de sus frecuentes errores y om isiones y de lo m al
editado que está, es la única obra de conjunto de que disponem os. Véase
la larga y crítica reseña que hizo de esta obra M . F ern án dez-G alian o en
Gnomon 41, 1969, pp. 1-9.
P resocráticos: e l tom o I I I de la con ocid a obra de D ie ls -K ra n z D ie Fragm ente
der V orsokratiker contiene un W ortind ex realizado p o r W . K ra n z bastante
aceptable. L a 1f ed ición es de 1903. C arecem os de léxico de estos filósofos.
P índaro : L e x ic ó n to by W illia m J. Slater, Berlín 1969. O bra excelente.
E squ ilo: disponem os de un In d ex general, realizado p o r G. Ita lie (L e i­
den 1955) y una serie de C oncordancias hechas con ayuda de ord en ad or
134 JAVIER LOPEZ FAC AL

p or H . H o lm b o e ( Persas, P ro m e te o Encadenado, A arh u s 1971). Este autor


piensa hacer posteriorm ente unas concordancias generales de E squ ilo.
E u rípides: A Concordance to Eurípides by J. T. A lie n and G . Italie, L o n ­
dres 1954. C. C o lla rd está haciendo un léxico eu ripideo (cf. « A p rop osa l
fo r a lexicón to E u ríp id es» B IC S 18, 1971, pp. 134-143).
A ristó fa n es: In d e x Aristophaneus de O. J. T o d d , C am b rid ge (M a s s .) 1932.
H e r ó d o to : L e x ic ó n to H erodotus de J. E. P o w ell, C am b rid ge 1938. E xcelente
obra.
P o lib io : P o ly b io s -L e x ico n ... bearb. vo n A . M auersberger, Berlin 1956 ss.
F ilo d e m o : L e x ic ó n Philodem eum , C. J. V ooys, Pu rm eren d -A m sterd am
1934-1941.
F iló n A le ja n d rin o : Indices ad P h ilon is A lexa n d rin i O pera com p osu it I. Leise-
gang, Berlin 1926-1930. M ás com p leto en cuanto a lem as y con más
docum entaciones (aunque carece en absoluto de con textos) es el In d e x
Philoneus de G . M a yer, Berlin 1974.
J osefo: A L e x ic ó n to Josephus, H . St. John T h ack eray y R . M arcus, P a ­
ris 1930 ss.; A C om plete Concordance to Flavius Josephus, K . H . R en gsto rf,
L eid en 1973 ss.
N o n n o : L e x ic ó n zu den D ionysiaka des Nonnos, W . Peek, H ild esh eim 1968 ss.

H a y que m en cion ar tam bién el In d ice H ip o c rá tic o que se está haciendo en


H a m b u rg o b ajo la dirección de U . Fleischer y del que to d a v ía no se ha
pu blicado nada, aunque está bastante avan zado (n o so tro s hem os m an ejado
una fo to c o p ia del origin 1 de a a ánpocpámoroq). T a m b ién debe recordarse la
benem érita la b or de G e o r g O lm s y A d o l f M . H a k k ert que reim prim en obras
del X V I I I y X I X difíciles de conseguir.

B. D iccio n a rio s de griego cristiano

Se ha p rogresado m ucho en este cam po durante el siglo x x , a pesar de lo


m ucho que se había trabajado y a en el x i x : el descubrim iento de la p a p iro ­
lo g ía supuso una ayuda fundam ental para con ocer el léxico eva n gélico y
patrístico. Las obras principales de este siglo son:

W. Bauer, G riechisch-D eutsches W órterbuch zu den S ch riften des Neuen


Testaments und der übrigen urchristlichen L ite ra tu r. L a prim era ed ición
de esta o b ra (G iessen 1928) era una revisión del d iccion a rio de E rw in
Preuschen, al que m ejorab a m anifiestam ente. E n 1937 salió la 2.a ed ición
(3.a de Preuschen). L a 4.a ed ición supuso un gran paso adelante (1952).
D e ésta se hizo una versión al inglés (A G reek-E nglish L e x ic ó n o f the
New Testam ent and other early Christian L itera tu re, p o r W . F. A r n d t y
F. W . G rin grich , C h icago 1957) que es, h oy p o r hoy, la ob ra m e jo r en
su género. A ñ a d e bastante m aterial al origin a l (palabras nuevas, etc.) e
incluye etim ología .
M o u lto n , J. H . y M illiga n , G ., The Vocabulary o f the G reek Testament,
Londres, 1930 (p rim ero se había pu blicado en fascículos y sólo en 1 30
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA MODERNA 135

apareció editado en un volum en). Este diccionario hace un gran uso de


los papiros (dedica la «G e n e ra l In tro d u ctio n » casi exclusivam ente a este
tema, incluyendo una breve historia de la p a p irología y un estudio del
papiro com o m aterial de escritura, entre otras cosas) y del léxico más o
menos contem poráneo al N . T. L o s artículos son muy a típ icos: contienen
prolijas explicaciones de las palabras y con frecuencia se lim itan a dar las
traducciones de los editores de papiros, inscripciones, etc. Es una obra
útil, pero no tan precisa y tan rica com o el B auer-Arndt-G ingrich.
G. K ittel, G . Friedrich, Theologisches W drterbuch zum Neuen Testament,
Stuttgart 1933 ss. (traducción italiana Grande Lessico del Nuovo Testamen­
to, Brescia 1965 ss.). Esta obra m onum ental (en italiano se publicaba el
volum en 9.°en 1974, y la obra está aún inconclusa) no es tanto un d iccio­
nario léxico cuanto un diccionario teológico de realia. Los artículos son
largos y p rolijos: estudian la palabra en el m undo griego y helenístico,
trazan su historia en el A n tigu o Testam ento y pasan después al N . T ., en
donde insisten en los aspectos teológicos. E l artículo aytoq, p o r ejem plo,
redactado p or O. Prokosch, ocupa de la colum na 234 a la 298 de la
edición italiana.
G . W . H . Lam pe, A P a tristic Greek L e x ic ó n , O x fo rd 1961-1968. Este d iccio­
nario útilísim o y utilizadísim o tiene, a nuestro juicio, un defecto grave:
haber sido concebido com o un com plem ento del L. S. J. (cf. p. I X : «n o
w ord which is w ell attested in the latter — e. d. el L.S.J.— and has no
particular interest fo r the reader o f the Fathers is included in this b o o k »).
O tro defecto es el m encionar varias ediciones para un m ism o autor y citar
p or la que m ejor parezca en cada caso. A propósito de su exhaustividad,
me hace sospechar que no sea m uy grande el que a veces se encuentran en
C ronert palabras — incluso hápax— de literatura patrística que no están
documentadas p or Lam pe. A pesar de estos fallos, es una obra insustitui­
ble y útilísima y en la m edida en que se solapa con Sophocles y D u Cange
ha convertido a éstos en meras curiosidades históricas.

C. D iccionarios etim ológicos, gram aticales e inversos

E l prim er diccionario etim ológico que se publica en este siglo es el


Handbuch der griechischen E ty m ologie de L e o M eyer (L e ip z ig 1901-1902,
4 vols.), del que dice Boisacq en su p ró lo g o «q u i n’est pourtant pas un
manuel, car ce livre ne contient ni régles ni préceptes, et n’est pas autre
chose qu’ un dictionnaire bizarrem ént ordonné et aussi peu étym ologiqu e
que possible: la plupart des m ots y son suivis de la m ention «d u n k e l» ou
«u n erk la rt» ou «etym o lo gisch nicht verstándlich», alors que des solutions
définitives ou du moins satisfaisantes ont été trouvés pour un gran nom bre
d ’entre eu x...»
En 1916 salía en H eid elb erg (W in ter) y Paris (K lin ck sieck ) el D ic tio n ­
naire étym ologique de la langue grecque... de É m ile Boisacq. Este autor
constata en el p ró lo g o que «les vues se sont profondém ent m odifiées depuis
136 JAVIER LOPEZ FACAL

Fim portan t ou vrage de G e o rg Curtius, Grundzüge der griechischen E ty m o -


logie, 5.e éd ition (1879). U n principe dom ine la n éo gra m m a ire: « L e s lois
phonétiques ne souffrent pas d’e x c e p tio n »; seule, l’ analogie tend á n iveler les
p arad igm es...» Este d iccion ario está hecho, pues, dentro de la o rto d o x ia
neogram ática y dentro de esta concepción y de las lim itaciones que tienen
todos los diccionarios etim ológicos, es una ob ra excelente a la que e l Frisk
no ha arrinconado.
A lo largo del siglo se publicaron otros varios diccionarios más o m enos
escolares en los que no vam os a detenernos.
En 1954, tam bién en la W in te r de H eidelberg, aparecía la L ie fe ru n g .1 del
Griechisches Etym ologisches W órterbuch de H ja lm a r Frisk, que se term inaría
de publicar en 1970 {Lieferu n g 22). Posteriorm ente, en 1972, se rem ataba la
ob ra con un to m ito de N achtráge, W ortregister, Corrigenda y N achw ort. Este
es, sin duda, el d iccion ario más com p leto de la actualidad. Su m érito principal
es la concisión, la abundancia de referencias bibliográficas y de m aterial en
general. Su inconveniente más grave es quizá un exceso de cautela y conser­
vadurism o aunque se utilizan los datos del m icénico — -con m ucha pruden­
cia— , se ign ora la teoría laringal y en general las nuevas concepciones de la
indoeuropeística, lo cual, a estas alturas, lo con vierte en una especie de
ep ígo n o de los neogram áticos.
Pierre Chantraine, que a lo largo de su fecunda vida había publicado
m uchos trabajos sobre vocab u lario griego, sacó en 1968 el prim er fascículo
de su D iction n a ire étym ologique de la langue grecque. H istoire des mots
(París, K lín ck sieck ). Esta obra atiende más a la historia de las palabras
que a la etim o lo g ía propiam ente dicha. T ien e com o m od elo el E rn ou t-M ei-
llet de latín, haciendo especial hincapié en la parte de pura diacron ía de
Ernout. Sus concepciones teóricas son m enos cautas que las de Frisk:
acepta sin recelos el m icénico y la teoría laringal, y está de acuerdo con la
sem ántica estructural («le s élém ents du vocabu laire appartiennent á un
systéme et se déñnissent par o p p o sitio n entre eux. M a is ils cou vren t chacun
un certain cham p sém antique...», p. X I). D ed ica especial atención a la
onom ástica (lo cual es un acierto a nuestro ju icio ), a los com puestos y al
vocab u lario ep igrá fico y de glosas.
En to d o caso el D iction n a ire... es más interesante para estudiar diacróni-
cam ente los significados de las palabras que para la e tim o lo g ía propiam en te
dicha.
L a ob ra ha quedado in com pleta a la muerte de Chantraine: el fascículo
segundo (e-n) apareció en 1970 y el tercero (A-rr) en diciem bre de 1974. C han­
traine había dejado un m anuscrito term inado hasta <paívco. Sus colegas y
alum nos continuarán su ob ra y parece ser que no tardará en salir el últim o
fascículo.
Q uizá m erece la pena m encionar brevem ente el 'ETUjioXoyMó Áe%inó rfjg noivfjg
NeoeWrjviHiíq de N . P. A n d rio tis (A ten a s 1951), que deberían m anejar los
autores de diccionarios etim ológicos de lenguas m odernas para aprender que
« fo t o g r a fía », p o r ejem plo, no viene «d e l griego (püq, (pcjTÓg ’ luz’ y ypácpw ’y o
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA M ODERNA 137

escribo’» , sino del francés photographie, n eologism o acuñado sobre un posible


tpioTOYpoupía, y otros útiles datos de este tip o 1.
Entre los diccionarios gram aticales publicados en este siglo puede m en cio­
narse el de John J. B odoh , A n In d ex o f G reek Verb Form s, H ild esh eim -N u eva
Y o r k 1970, escolar, pero útil.
En este siglo se han publicado tam bién varios diccionarios inversos del
griego y griego m odern o. Su utilidad es evidente, p o r ejem plo, para llenar las
lagunas de los textos papiráceos, averiguar el sentido de com puestos hápax,
etc. Entre ellos son m uy u tilizados el R ücklaufiges W órterbuch der griech.
Sprache, G o ttin gen 1944, de Paul K retsch m er (ausgearb. vo n Ernst L o ck er).
H a y una segunda ed ición de 1963 «m it Ergánzungen v o n G e o rg K isser».
T am b ién es con ocid o A Reverse In d ex o f G reek N oun and Adjectives... de C a ri
D a rlin g Buck, C h icago 1945, que a diferencia del anterior m enciona los
autores, papiros, inscripciones, etc., que docum entan las palabras. Este lib ro
no está organ izad o alfabéticam ente (m ejo r dicho, antialfabéticam ente) com o
un diccionario, sino p o r temas (vocales, nasales, líquidas, etc.). R ealm en te se
com plem enta con el Kretschm er.
H a y adem ás un d iccion ario inverso de nom bres propios, de D o r n s e iff y
Hansen (B erlin, 1957), de textos papiráceos (d e O tto vo n G raden w itz, B er­
lin 1951), de autores (H e s ío d o , cf. supra), etc.
En griego m od ern o se ha pu blicado tam bién un ’Avríarpoipov Xe^imv Trjg véaq
¿AArjviwjg de G . I. K ou rm u lis, A ten as 1967.

D. D iccion a rios de realia y nombres propios

L a produ cción de enciclopedias del m undo clásico es m uy abundante en


casi todos los países de E u rop a en este siglo.
L a ob ra más extensa es, naturalm ente, el P au ly-W issow a que si bien se
com en zó a finales del siglo pasado, es en este siglo cuando se publican más
volúm enes y se termina. C on tan do sus volúm enes físicos (es decir, contando
cada H albband com o un to m o ) tiene 67, más 14 de Suplem entos, lo cual
la convierte no y á “'en la enciclopedia clásica más extensa, sino incluso en
una de las enciclopedias más extensas que se hayan hecho en cualquier
especialidad (L a grande encyclopédie tiene 31 volúm enes, la B ritannica en
su últim a ed ición de tres partes — M icrop a ed ia , M acrop aed ia, P ro p a ed ia —
tiene 30 volúm enes, etc.).
D e esta ob ra se ha hecho una especie de resumen llam ado D e r K lein e
Pauly. L e x ik o n der A n tik e... bearb. und hrsg. von K . Z ie g le r und W . Sonthei-
mer. Se pretendía hacer una ob ra de 4 volúm enes de 800 páginas, a dos
colum nas p o r página, pero se ha llegado a 5 vols. de más de 1.500 pp. cada

1 E l p o r lo d em ás excelente D iccionario crítico etim ológico de la lengua castellana de J o a n


C o r a m in a s es u n eje m p lo d e im p re cisió n y fa lta de a c rib ía en eí trata m ien to de la s etim o lo g ía s
griegas.
138 JAVIER LO PEZ F A C A L

uno. E l p rim er fascícu lo carece de fecha, el 2.° trae 1962 en el C o p y rig h t; e l


ú ltim o es de 1975.
T a m b ié n en A le m a n ia se pueden m en cion ar el R e a lle x ik o n f ü r A n tik e und
C hristentum (T . K lau ser, Stuttgart 1950 ss., 8 tom os in c o m p le to s ; la L ie fe ru n g
69, de 1975, llega hasta « G e l d » («G e ld w ir ts c h a ft»). E l R A C , c o m o suele
citarse, es la o b ra standard p ara los p rim eros siglos del cristianism o.
D e las obras en un solo to m o sin duda la m e jo r es el L e x ik o n der A lte n
W e lt de la e d ito ria l A rte m is de Z ü rich y Stuttgart (1965), en la que han
c o la b o ra d o , entre otros, H a rtm u t Erbse y O l o f G ig o n .
D e n tro del ep íg ra fe de n om bres p ro p io s el estudio in evitab le es la P ro s o -
pogra p h ia a ttica de J. E. K irch n er, 2 vols., 1901-1903, que inclu ye los n om b res
aparecidos en fuentes literarias y ep igráficas del A tic a hasta la é p o c a de
A u gu sto. T a m b ién es útil el L e x iq u e de géographie ancienne de M . Besnier,
Paris 1914. A p a rte de las en ciclopedias alem anas, es m uy u tiliza d a para
estudios de a rq u e o lo g ía y arte la E nciclop ed ia delFarte antica classica e o rié n ­
tale (G . Treccan i, R o m a 1957-1966, 7 vols.).
E ntre las obras m enores p o r su tam año destaca e l The O x fo r d C lassical
D ic tio n a ry (O x fo r d 1949, 2.a ed. 1970) ed ita d o p o r N . G . L . H am m ond y
H . H . Scullard que en sus m il y p ico páginas a dos colum nas, o fre c e una
increíble riqu eza de in fo rm a c ió n co n una gran clarid ad y a un p recio m u y
asequible incluso para estudiantes.
F inalm ente, en España, d eb em os record ar el D ic c io n a rio del mundo clásico
d irig id o p o r el P. I. E rran don ea, M a d rid , L a b o r 1954, en dos volú m en es que
no descuella p o r su exactitu d y rigor.
E n cuanto a d iccion arios de papiros, a pesar de fo rm a r parte de la le x ic o ­
gra fía especial d el siglo x x , nos ocu p arem os de ellos en o tro cap ítu lo de este
lib ro (cf. in fra I I . 3).

10. E l D ic c io n a r io G r ie g o -E s p a ñ o l (D G E )

L a 9.a ed ició n de L.S.J. de 1940 supuso un gran avance con respecto a la


8.a de 1897, c o m o ya hem os dicho. Sin em b a rgo , el suplem ento de 1968 no
m arca un p rogreso com parable. E sta tarea de hacer dar a la le x ic o g ra fía
griega un d ecid id o paso adelante desde la co ta alcanzada p o r L.S.J. corre a
ca rgo actualm ente del D .G .E . Se trata de una o b ra com en za d a en 1962 p o r
D . Fran cisco R o d ríg u e z A d ra d o s y un gru po de colab orad ores, en el In stitu to
« A n t o n io de N e b r ija » del C on sejo S u p erior de In vestigacion es C ien tíficas. En
el m o m en to de redactar estas líneas está en im pren ta el p rim er fascícu lo que
com p ren d e un a m p lio p ró lo g o , las listas de autores y obras, pu blicacion es
p a p irológica s, pu blicaciones ep igráficas y lista general de abreviaturas, así
c o m o los artículos del d iccion a rio hasta áAAá inclusive.
E l p ro greso que supone esta o b ra con respecto a L.S.J. es grande. P ara
em pezar, los autores con que trabaja son 1000 (un m illa r) más que los de
Liddell-S cott-Jon es, el núm ero de coleccion es p a p iro ló gica s du plica las de
L.S.J. y el de inscripciones es tam bién bastante más com p leto. D e to d o e llo
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA M ODERNA 139

procede una m asa de m aterial d ifícilm en te cuantificable pero que en to d o


caso supera al d iccion ario inglés entre un 30 % y un 50 %. A diferen cia del
diccion ario oxoniense incluye nom bres p rop ios (to d o s los de la literatura
griega antigua y los de H ispania antigua) y el léxico cristiano y patrístico.
Las razones para incluir estas parcelas del léxico son obvias y y a las hem os
expuesto de pasada: un d iccion ario no es un fin en sí m ism o, sino un m edio.
E l criterio fundam ental que debe presidir su e la b o ra ció n es la utilidad, y
en este sentido es m uy útil y necesario disponer de los nom bres p rop ios en un
diccion ario general para no tener que acudir a uno especializado a cada paso.
A d em ás los nom bres p rop ios son tan palabras de una lengua c o m o el resto
del voca b u la rio y con frecuencia ofrecen una in fo rm a ció n m uy ú til (cf. supra
eí tratam iento de los nom bres p rop ios en el diccion ario de Chantraine). P o r
lo qúe respecta al léxico cristiano y a hem os dicho que es de to d o punto
arbitraria su exclu sión p or razones de purism o o de cualquier o tro tipo. El
tratam iento que hace L.S.J. del léxico de N o n n o (cf. supra) es un ejem p lo de
ío que no debe hacer un d iccion ario general griego.
E l D .G .E . tiene adem ás la ventaja sobre L.S.J. de haberse em p eza d o a
hacer en 1962. Esto le perm ite op erar con ediciones m odernas, más asequi­
bles para sus usuarios y m ejores. L e perm ite adem ás disponer de léxicos,
índices y concordancias realizadas en este siglo. L e perm ite tener acceso a
nuevas publicaciones de textos principalm ente p a p iro ló g ico s y epigráficos
(piénsese en M en a n d ro, o en el nu evo fragm en to de A r q u ílo c o publicado
p o r M erk elb ach y W e s t en Z P E 14, 1974, p. 97 ss., etc.). A d em á s puede
op erar a partir de los presupuestos de la sem ántica y la lexicogra fía m o ­
dernas, disciplinas sobre las que su director y colab orad ores han escrito
estudios m o n o g rá fic o s 1.
P o r to d o ello el D .G .E . es el d iccion ario griego a la altura de nuestra
época, co m o lo era el de Passow a principios del x ix o e l L.S. a finales del
siglo pasado. E l D .G .E . se basa en sus predecesores, continúa su tra d ición y
avanza en el cam ino que ellos m arcaron. D em ostrar este progreso es m uy
fá cil: no habría más que co p ia r uno al la d o de o tro una serie de artículos
del L.S.J. y el D .G .E . N o p od em os hacerlo porqu e ocuparían m ucho espacio
(piénsese, p o r ejem p lo, que el artículo á\f¡6sia que en L.S.J. tiene unas 50 d o ­
cum entaciones en el D .G .E . tiene unas 150, lo cual ocu paría varias páginas
con esta tip o gra fía ). Sin em b argo, vam os a reproducir, p o r curiosidad, el
prim er artículo de am bos diccionarios, ya que es breve:

L.S.J.9: A , a, áA<f>a (q .v .) tó indecl., first letter o f the G r. alph abet: as


N u m eral, a ’ = e lg and npÓ JTog, but ,a — 1000
D . G . E . : A , a, tó indecl. I en e l sistema gráf. y fo n o ló g ic o alfa ópag ... o t i t o ü

a... Pl. Cra. 393 e, etc. II c o m o num eral 1 uno, p rim e ro , I G 9 (1). 334.11
(L ó c rid e V a. C .), etc. (se distingue de la letra p o r diferente p osición y

1 A p ro p ó s it o de las co n c e p c io n e s teóricas so bre las q u e descan sa el D . G . E . y d e la o r g a n iz a


ción sem án tica de sus artícu los, v éase la 3.“ p a rte de este lib ro y s o b re to d o e l cap . I I I . 1.
140 JAVIER L O P E Z F A C A L

signos d ia crítico s: < : A : , Á á , A ' a’). 2 c. o tro s signos d ia c rític o s (,a ’A,
A ’) m il Tihároq xai nfjxoq ópyuitúv, á noioQoai kírpaq 5 H e r o G eom . p. 198. 3.
fig. p r in c ip io ¿ycL> eipl tó A nal tó O A p o c . 1.8 (v a r.), e f .P M a s p . 4.21 ( V I d .C .).
III 1 p a ra represen tar en n o ta ció n , a lgeb ra ica o no, cu a lq u ier n ú m ero o
m a g n itu d x Tpelq ávákoyov earcjoav opot oí A B Í sean x y z tres térm in os en
p ro p o rc ió n g e o m é tric a P ap p . p. 88, corto aúp.fi£Tpa ¡íeyédea AB, <I)v xévrpa AB
sean x y m agnitudes com m ensurobles, cuyos centros son x y A rc h im . A e q u il.
6. 2 p a ra rep resen tar un pu n to g e o m é tric o A é'crrcó Tpíyuvov ópfloycüvtov tó ABÍ
ópdrjv é'xov Tfjv uno B A Í yuivíav sea A B C un triá n g u lo rectá n gu lo que tiene e l
ángulo re c to B A C Eu. 1.47. 3 c o m o s ím b o lo de un á to m o óiaqtépsi y dtp t ó fiév
A to ü N o x w q ti L eu cip p . (o D e m o c r .) A 6. 4 c o m o n o ta m u sical a « a i
jBapeía la n o ta m ás agu da en e l m o d o h ip e re o lio según e l g én ero d ia tó n ico ,
A ly p . 6.31. IV c o m o s o n id o m á g ic o (inclu so, tal vez, en una especie de
n o ta c ió n m u sical) en ab racad ab ras P M a g . 1.13, etc., y otras fó rm u la s
m ágicas, rep etid a aa a a a a P M a g . 2.96, 13. 79, etc., frec. en series a lfa b é ­
ticas y vo cá lica s aerjtouoj, etc., P M a g . 13.905. V p ara rep resen tar una
sílaba b reve en un esqu em a m é tric o jSajSa jSaa/J ajSj3a (e l e p ic o riá m b ic o o
en d eca síla b o s á fic o ) H ep h . M e t r . 14. 1, cf. 14.3-7.

H e m o s e le g id o este artícu lo un p o c o al azar y p o r cu riosidad. N a tu r a l­


m en te e l au m ento n o es siem pre tan grande, p ero co n frecu en cia se d u p lican
y aún trip lica n los artícu los de L.S.J. A d e m á s eí n ú m ero de p alab ras nuevas
(gen era lm en te h á p a x) d el D .G .E . que aparecen p o r v e z p rim era en d ic c io n a ­
rios es m u y n otab le. O cu rre a veces que e l D . G . E trae palabras o a cep cion es
d el léx ico p a p ir o ló g ic o n o docu m en tad as en los d iccio n a rio s esp ecia liza d os,
e tc .1 P o r to d o e llo y aunque nem o esse iud ex in sua causa p o te s t n o parece
a ven tu ra d o a firm a r que hasta d o n d e llega e l D . G . E es e l m ás c o m p le to
d ic c io n a rio de g rie g o a cu alqu ier len gu a m odern a.

11. E l TLG d e C a l if o r n ia

A p rin cip io s de este siglo n o p o d ía p rever H erm a n n D ie ls la solu ción que


los helenistas h ab ían de dar, 70 años después, a la a p o ría de crear un Thesau­
rus de la len gu a griega.
E n e fe c to , desde que se han e m p e za d o a a p lica r los o rd en a d o res a tareas
de le x ic o g ra fía grieg a y la tin a 2, ex istía la p o s ib ilid a d de p rocesa r to d o el

1 P a r a m a y o r in fo r m a c ió n s o b re e l D . G . E v éase « E l D ic c io n a r io G r i e g o - E s p a ñ o l : E s t a d o a c tu a l
d e lo s t r a b a j o s » , E m é r ita 39, 1971, p p . 1 -3 3 ; « L e traitem en t d u le x iq u e p a p y r o lo g iq u e d a n s le
D . G . E » , M u s e u m P h ilo lo g u m L o n d in e n se (e n p r e n s a ); « A n e w G r e e k L e x i c ó n » , L iv e r p o o l C la ssica l
M o n th ly , O c t. 1976, y e l p r ó lo g o d e l D . G . E .
2 C f. « P a n o r a m a g e n e ra l de los tra ta m ie n to s p o r o r d e n a d o r en F i lo l o g í a y L in g ü ís t ic a g r ie g a
y la t in a » , R ev ista de la U n iversid a d C o m p lu ten s e de M a d r i d 25, 102, M a r z o - A b r i l 1976, d e J a v ie r
L ó p e z F a c a l y E m ilio F e r n á n d e z G a l i a n o , en d o n d e e x p o n e m o s la h is to ria d e la a p lic a c ió n de
o r d e n a d o r e s a estas d is c ip lin a s y lo s c a m p o s q u e se h a t r a b a ja d o , e infra c a p ít u lo I I . 7.
HISTORIA DE L A LEXICOGRAFIA GRIEGA M ODERNA 141

léxico de la literatura griega en cuestión de meses y era factible realizar esto


con ayuda de unas pocas personas. E l inm enso ejército de lexicógra fos d iri­
gidos p o r una especie de general, trabajan do durante decenios, que se im a g i­
naba D iels, se reducía a una docen a de especialistas en literatura griega y
orden adores que en un par de años despojan veinte m illones de palabras.
C o n esta p osib ilid a d en la m ano, en m a yo de 1971 se co m en zó a plan ificar
un Thesaurus Linguae Graecae en la U n iversid ad de Irvin e (C a lifo rn ia ), y en
ju lio de 1972 se com en zó a trabajar en el p royecto.
L o que se p ro p o n e el eq u ip o californ ian o, que dirige el p ro fe s o r T h e o d o re
F. Brunner, no es, en realidad, p rodu cir un Thesaurus sem ejante al latin o que
va ya a ser pu blicado en m astodón ticos e innum erables volúm enes. L a fin a li­
dad lex ico grá fica es sólo una entre las m uchas que persigue el T L G , y es m uy
p rob ab le que nunca llegue a publicarse, al m enos en la fo rm a a qúe estam os
acostum brados.
E l eq u ip o ca lifo rn ia n o persigue, en cam bio, crear un banco de datos de
tod a la literatura griega antigua (d e H o m e ro al año 700 d .C .) que pueda ser
consultado y u tiliza d o p o r m uy diferentes especialistas y con fines m uy
v a rio s: lexicógrafos, p a p iró lo go s, epigrafistas, editores de ediciones críticas,
lingüistas, d ia lectólogos, estudiosos de religión , filo s o fía , historia, etc. Es
decir, frente a los d iccion arios clásicos que son obras term inadas y cerradas,
el banco de datos del T L G p o d ría definirse com o un «Thesaurus a b ie r to » que
perm ite tratam ientos y utilizaciones m uy dispares. L o s autores d el T L G han
calculado que tod a la literatura griega antigua contiene unos 90 m illon es de
palabras. A u n con orden adores esta cifra es excesivam ente alta para operar
con ella desde un p rin cip io. D e b id o a esto han fra ccio n a d o el p ro y ecto en
varias etapas, la prim era de las cuales, actualm ente en ejecución, abarca desde
H o m e ro al año 200 d.C. y asciende a 20 m illones de palabras.
E l proceso de creación del banco de datos fu n cion a de la siguiente m an e­
r a 1 : el eq u ip o d el T L G ha hecho una «M a s te r L is t » que contiene unos
1900 autores y obras del p e río d o actualm ente en estudio. En consulta con un
com ité de la «A m e r ic a n P h ilo lo g ic a l A s s o c ia tio n » selecciona una ed ició n para
cada ob ra que va a ser procesada. U n a v e z adqu irida ésta la prepara página
a página («p r e - e d itin g ») y la en vía a una com p añ ía de proceso de datos de
C orea. L o s coreanos (¡qu é diría H erm an n D iels de to d o e s t o !) transcriben los
textos al c ó d ig o com pren sible p o r la m áquina, p o r du plicado y p o r dos
personas diferentes. Se colacion an las dos versiones codificadas y se p erfora n
en tarjetas tam bién p o r duplicado. L as tarjetas p erforadas son pasadas a dos
cintas que una vez grabadas sufren una colación de la que resulta una cinta

1 H e s a c a d o esta in fo rm a c ió n de u n a c o n fe re n c ia p r o n u n c ia d a en M a d r id (e l 2 8 -IV -7 5 ) p o r T h .
F . B ru n n e r en el m a rc o de u n « C o l o q u i o s o b re U t iliz a c ió n de O rd e n a d o re s en p r o b le m a s de
lin g ü ís tic a » o r g a n iz a d o p o r la U n iv e r s id a d C o m p lu te n s e . L a c o n fe ren c ia se h a p u b lic a d o (c f. n o ta
a n te rio r) en la R evista de la U niversidad Com plutense de M a d r id c o n el títu lo « E l tra ta m ie n to del
léxico g riego co n o r d e n a d o re s en e l Thesaurus L in g u a e G ra eca e» . A d e m á s el T . L . G p u b lic a unas
N ew sletter de p e r io d ic id a d v a r ia b le e n las q u e se in fo r m a de la m a rc h a d el p ro y ecto .
142 JAVIER L O P E Z F A C A L

única. E sta c in ta se e n v ía al T L G qu e c o m p ru e b a su e x a c titu d (s e g ú n e l


c o n tr a to la p r o p o r c ió n de e rro re s n o p u ed e e x c e d e r de 1 p o r 25.000 p u ls a c io ­
n es) c o n u n os m é to d o s de v e r ific a c ió n m u y in g e n io s o s (c f. fu en tes cita d a s en
n o ta a n te rio r). U n a v e z v e r ific a d o e l te x to en cu estió n pasa al b a n c o d e d a tos
de d o n d e p u ed e sacarse b ien e n la in c ó m o d a fo r m a c o d ific a d a o e n un
a lfa b e to g r ie g o g e n e ra d o p o r p r o g r a m a c ió n y que se d e ja leer m u y bien .
E ste b a n c o de d a to s c o m e n z ó a h acerse en fe b r e r o de 1974. Se h a p r o g r e ­
sa d o a un r itm o de un m illó n de p a la b ra s p o r m es, p o r lo cu a l está p rá c tic a ­
m en te te r m in a d o (e n la p rim e ra e ta p a de 20 m illo n e s de p a la b ra s ). U n a v e z
c re a d o el b a n c o de d a to s (fa s e 1) se pasará a la fase 2, con sisten te en la
« c r e a t io n o f a C om p u ter p r o g r a m d esig n ed to s o rt the ru n n in g te x t in to
a p p r o p r ia te w o r d g ro u p s (in c lu d in g le m m a n tiz a tio n )». A c o n tin u a c ió n v ie n e n
las fases m ás p r o b le m á tic a s d el p r o y e c to . E n la fase 3 se e n v ía e l m a te ria l a
h elenistas, le x ic ó g r a fo s , etc. p a ra su o r g a n iz a c ió n sem án tica. E n la fa se 4 e l
e q u ip o c a lifo r n ia n o reú n e y e d ita e l m a te ria l e la b o r a d o p o r lo s d ife re n te s
c o la b o r a d o r e s e s p o n tá n e o s de t o d o e l m u n d o . F in a lm e n te en la fase 5 se
p u b lic a n los resu lta d o s en fa scícu lo s « o n a firs t-c o m p le te d firs t-p u b lis h e d
basis w ith o u t in m e d ia te em p h a is o n a lp h a b e tic a l p r o g r e s s io n ». A c o n tin u a ­
c ió n se p a s a ría a la segu n d a e ta p a (lo s 70 m illo n e s d e p a la b ra s restan tes).
D ig o qu e las fases 3, 4 y 5 de la e ta p a p rim e ra son p ro b le m á tic a s p o r q u e
su p o n en una d esin teresa d a c o la b o r a c ió n y un v o lu n ta r io s o m e tim ie n to a una
e m p re s a c o m ú n de los esp ecialistas en filo lo g ía g riega , y está p o r v e r qu e se
p ro d u z c a n éstas. N o o b sta n te, au n qu e las fases 3, 4 y 5 n o se cu m p la n , o
fu n c io n e n s ó lo a m ed ias, e l b a n c o de d a to s en sí es y a un Hrij/ja éc¡ áeí de
p o s ib ilid a d e s in sosp ech ad as.
A d e m á s e l e q u ip o c a lifo r n ia n o está e m b a rc a d o en una serie de a c tiv id a d e s
a u tó n o m a s y su b sid iarias d e l T L G qu e serán d e gra n u tilid a d : e l ín d ic e d e los
m é d ic o s g rie g o s qu e tien e en p r o y e c to es una n ecesid a d a p re m ia n te p a ra
le x ic ó g r a fo s , h is to ria d o re s de la m e d ic in a a n tig u a y filó lo g o s e n g en era l, y las
c o n c o rd a n c ia s o ín d ices de au tores a n tig u o s q u e p e rm ite re a liz a r c o n fa c ilid a d
e l B a n c o de d atos, c o lm a rá n las m ú ltip les lagu n as existen tes en la le x ic o g r a fía
es p e c ia l g riega . L o m is m o p u ed e d ecirse d el ín d ic e de las B e ric h tig u n g s lis te
(c u y a u tilid a d n o h a y que p o n d e r a r ) y otra s o b ra s de este tip o .

* # *

A d e m á s de la b ib lio g r a fía m e n c io n a d a a lo la r g o d e l c a p ítu lo y s o b re to d o


en n otas, he m a n e ja d o d os re p e r to r io s m u y ú tiles (a u n q u e m u y in c o m p le to s
p a ra n u estra d is c ip lin a ): .
W o lfr a m Z a u n m ü lle r, B ib lio g ra p h is ch e s H a n d bu ch der S p ra c h w ó rte rb ü c h e r,
S tu ttg a rt 1958.
G e r t A . Z is c h k a , In d e x L e x ic o r u m . B ib lio g ra p h ie der L e x ik a lis c h e n N a ch s ch -
lagew erke, V ie n a 1959.
Los
diccionarios griegos:
panorama general
y problemática
II.l
Tipos de diccionarios en general
y griegos en particular

A pesar de que en los últimos veinticinco años se ha dedicado a la lexico­


grafía una serie de estudios teóricos y especulativos, ésta sigue siendo todavía
una actividad tan empírica y práctica que carecemos de una definición válida
del hecho «d iccio n a rio » y de una tipología de los diccionarios. A lain R e y 1
critica las definiciones y tipologías existentes y ofrece unos m odelos tip ológi­
cos tan teóricos y «cartesianos» que apenas tienen utilidad práctica. L. Zgus-
ta 2 acepta una definición bastante inhábil y nos da una tipología muy pobre,
aunque quizá suficiente para los propósitos de su manual. Gert A . Zischka3,
por citar un solo ejem plo de repertorios de diccionarios, nos presenta una
tipología exclusivamente práctica, por temas (R eligión, Filosofía, Pedago­
gía, etc.) que si bien puede valer para este tipo de obras, es insatisfactoria por
sus carencias m etodológicas y su clasificación de diccionarios diferentes
dentro de un mismo apartado. Joseph H. Friend en la enciclopedia Britanni-
ca4 (s. v. D ictionary) constata que los «dictionaries vary widely in size,
comprehensiveness, purposes, and quality, as in auspices, dates o f compila-
tion and publication, and price», con lo cual tendríamos que dividir los
diccionarios en gordos/delgados (size), buenos/malos (quality), viejos/nuevos
(dates o f com pilation and publication), caros/baratos (price). En la cita
anterior de Friend podíamos, además, sustituir «diction aries» por «c a rs » o
«houses» o mil cosas más. Por lo demás este autor da una definición muy
estrecha de los diccionarios y una clasificación que incluye casi únicamente
los diccionarios ingleses monolingües. Y así podíamos seguir5.
Realmente definir y clasificar la realidad «d iccio n a rio » no es fácil. Es un

1 «T y p o lo g ie génétique des dictionnaires» en L a Lexicographie, Langages 19, 1970, p. 48 ss.


2 M anual o f Lexicography, L a H a y a 1971, capítulo 5.
3 Index lexicorum, V ie n a 1959.
4 E dición de 1973.
5 E stando en pruebas este libro me llegó el volum en colectivo Problem s in Lexicography,
In d ian a 1975, en el que h ay un interesante capítulo de Y . M a lk ie l sobre tip o lo gía: « A T y p o lo gica l
Classification o f Dictionaries on the Basis o f Distinctive Features». N o he p o d id o utilizarlo para
este capítulo, aunque su lectura no influye m ucho sobre él.
146 JAVIER LOPEZ FACAL

hecho muy polisém ico (si se me permite la m etáfora) con infinidad de varian­
tes, con una larga diacronía y una ancha sincronía. P o r todo ello nosotros en
este capítulo no vam os a tratar de ofrecer una nueva definición, ni vam os a
aventurar una tipología general. Nuestro propósito es más m odesto y más
pedagógico: tratamos de presentar los diccionarios griegos que hay y, com o
son centenares, recurrimos a agruparlos en tipos más o menos hom ogéneos.
Para hacer estos tipos recurrimos a una serie de rasgos distintivos que crean,
a veces, oposiciones binarias, otras veces árboles y otras veces oposiciones
multilaterales o cadenas. Esto quiere decir que los rasgos distintivos que
proponem os no son mutuamente exclusivos, lo cual es una lástima desde el
punto de vista estético, ya que, caso de ser rasgos mutuamente excluyentes,
nos resultaría un árbol muy hermoso.
A sí pues, los diccionarios que poseemos se pueden clasificar de la siguien­
te manera:

1. D iccionarios de realia frente a diccionarios léxicos o lingüísticos. Los


diccionarios de realia no recogen el léxico común griego sino sólo las «cosas»,
lugares y personas (históricas o de ficción) de la cultura griega. Estos diccio­
narios pueden no estar organizados alfabéticamente, sino p or temas. E jem ­
plos clásicos de este tipo son las enciclopedias (Pauly-W issow a, Artem is,
O x fo rd Classical D ictionary, e tc .)1, los diccionarios de m itología (W . H . Ros-
cher, P. G rim al), de instituciones, etc.
P o r oposición a éstos se pueden definir los diccionarios lingüísticos o
léxicos que se ocupan del léxico común de una lengua, en nuestro caso el
griego. Pueden darse, sin em bargo, y de hecho se dan tipos mixtos que no son
exactamente de realia ni puramente léxicos. T a l es el caso de los diccionarios
filosóficos, teológicos, científicos, etc., que si bien recogen y explican lexías
de la lengua, lo hacen con una cierta insitencia o preponderancia de los
aspectos de realia sobre los lingüísticos o lexicográficos. Un ejem plo caracte­
rístico de este tipo mixto sería el Theologisches Wdrterbuch... de Kittel.
2. Los diccionarios lingüísticos o léxicos, a su vez, se pueden dividir en
dos grupos: generales y especiales. L os generales recogen las palabras de
la lengua con un criterio pancrónico, pantópico, pansistémico... Es decir
intentan recoger todo (o lo más sobresaliente de) el léxico de la lengua a
lo largo de un período muy am plio; por ejemplo, de H om ero a Justinia-
no, etc. Ejem plos clásicos de diccionarios generales griegos serían el L id ­
dell-Seo tt-Jones, el Bailly, el Passow, etc. N i que decir tiene que la oposi­
ción general/especial no coincide con la oposición exhaustivo/selectivo: hay
diccionarios generales muy selectivos (com o los escolares, tipo Pabón-
Echauri o el Slownik G reck o-P olsk i de Z. A b ram ow icz) y diccionarios
especiales exhaustivos. Frente a los generales, los diccionarios especiales

1 N o d am o s aq u í los d atos com pletos de los diccionarios p o rq u e en o tros cap ítulos de la


segu nda parte (cf. sobre to d o I I . 2) se describen con m ás detalle.
TIPOS DE DICCIONARIOS 147

atienden sólo a un subsistema del léxico griego. Este subsistema puede ser
un autor, una obra, un género literario, etc.
3. D ado que los subsistemas que se pueden aislar dentro del sistema léxico
de una lengua son muchos y muy variados, los diccionarios especiales pueden
adoptar form as muy diversas. D entro de la lexicografía griega los principales
tipos de diccionarios especiales son los siguientes:
3.1 Diccionarios de autor u obra. Son aquellos que recogen todo (o
prácticamente tod o) el léxico de un autor o una obra. D entro de ellos se
distinguen tres tipos clásicos: índices (de Aristófanes de T odd, A p o lo n io de
W ellauer, Lisias de Holm es, índices de la colección Teubner, etc.), léxicos
(H eród oto de Pow ell, Píndaro de Slater, H esíodo de H ofinger, etc.) y concor­
dancias ( litada de Prendergast, Odisea de Dunbar, Esquilo de H olm boe, etc.).
Existen también tipos mixtos de diccionarios de autor que incluyen los m éto­
dos de los dos o tres tipos básicos. A estos diccionarios les dedicamos más
adelante un estudio (cf. infra I I . 2) por lo que no vamos a detenernos más en
ellos.
3.2 Existen diccionarios especiales dedicados a un género literario, gene­
ralmente circunscritos además a una determinada época. T a l es el caso del
m onum ental1 L exik on des frühgriechischen Epos de Bruno Snell y Hans
J. Mette o el no muy afortu nado2 Index Verborum zur frühgriechischen L y rik
de G. Fatouros. En este apartado se pueden mencionar también obras com o
el índice de los presocráticos de W . K ranz, de los estoicos de V o n Arnim , de
los oradores áticos de Reiske, etc. Obsérvese que sobre este tipo de dicciona­
rio especial de género literario se superpone la división del apartado ante­
rior (3.1) y según esto tenemos un léxico de la épica arcaica, un índice de la
lírica, por ejem plo, y podríam os tener una concordancia de la comedia, pon­
gamos por caso.
3.3 Quizá com o una manifestación especial del apartado anterior deban
entenderse los diversos diccionarios neotestamentarios y de literatura cristia­
na y patrística. Sin em bargo, los agrupamos en una categoría aparte porque
en primer lugar este tipo de literatura no es propiam ente un género literario
y, en segundo lugar, tienen una larga tradición3. A este grupo pertenecerían
diccionarios del N u evo Testam ento com o el Bauer o el M ou lton and M illi-
gan, o diccionarios de la patrística com o el Lampe. Tam bién, p or afinidad,
podríam os incluir en este apartado a los diccionarios de los L X X com o la
Concordance to the Septuagint de Hatch y Redpath.
3.4 O tro grupo de diccionarios especiales es el basado en el m aterial de
escritura. N o s referim os a los diccionarios de inscripciones y papiros. Entre
los primeros pueden mencionarse al L exicón Graecum suppletorium et dialec-
ticum de H. van H erwerden (Leiden 1902) que aunque recoge también papiros

1 C f. reseña de B. M a rz u llo en Philologus 101, 1957, p. 169 ss.


2 Cf. reseña de M . F e rn á n d e z -G a lia n o en Gnom on 41, 1969, p. 1 ss.
3 Cf. in fra I I .4 a p ro pó sito de los orígenes de las concordancias y I I . 2 p a ra la historia de los
diccionarios neotestam entarios.
148 JAVIER LOPEZ FACAL

y autores literarios, atiende sobre todo al léxico de inscripciones, y sobre todo


a los índices de colecciones y antologías com o las de IG , S IG , etc. En cuanto a
los diccionarios de papiros la situación es — com parativam ente— muy buena:
recuérdese las obras de Preisigke, Kiessling, Daris, H ohlw ein, Forabos-
chi, etc. así com o los índices de colecciones1.
3.5 Existen también diccionarios especíales de determinadas épocas. En
realidad había que hablar con más propiedad de diccionarios generales pero
circunscritos a una época concreta, ya que se trata de obras más o menos
sincrónicas pero que en todo caso recogen léxico de distintos autores, géne­
ros, estratos, etc. Ejem plos clásicos de este apartado son los diccionarios de
griego tardío com o el Sophocles, el D u Cange, el Ae^ixó rrjg necaKjJvinfjg
éÁÁrjviHfjg... de E. K riará, etc.
3.6 Existen parcelas del léxico griego más o m enos especializadas que a
veces han llegado a crear un léxico técnico en sentido estricto. A ellas se les
han dedicado una serie de estudios y, a veces, también diccionarios. T a l es el
caso de las obras de Th om pson sobre nombres de pájaros ( A glossary o f
greek birds) o de peces (A glossary o f the greek fish es), del libro de F. E.
Peters Greek philosophical terms. A H istórica l Lexicón , de los de Ch. M u gler
( D ictionnaire historique de la term inologie optique des grecs, id. de la term ino-
logie géom étrique des g re cs ), etc.
4. Adem ás de estos diccionarios generales y especiales que hemos m en cio­
nado en 2) y 3) existen otros indiferentes a esta oposición. Esto quiere decir
que todos los diccionarios que vam os a m encionar en 4) pueden referirse a
un subsistema restringido (un autor, una obra, un género, etc.) o al sistema
general. Entre ellos los más im portantes son los siguientes:
4.1 D iccionarios etim ológicos. Generalm ente son diccionarios generales
com o el Frisk, Boisaq, Chantraine, etc. pero también existen diccionarios
especiales etim ológicos, com o el D ictionnaire étym ologique des noms grecs de
plantes de A . C arnoy o el Snell de la épica arcaica, p o r ejem plo, que incluye
tam bién la etim ología. Existen también diccionarios etim ológicos plurilin­
gües, que abarcan otras lenguas además del griego, com o el P ok orn y (In d o -
germanisches Etym ologisches W órterbuch) entre otros.
4.2 D iccionarios de nombres propios o de onomástica. D isponem os de
diccionarios de toponom ástica generales com o el Pape-Benseler o especiales
com o el Namenbuch de Preisigke o los numerosos índices de nom bres propios
de ediciones, inscripciones, etc.
4.3 D iccionarios de sinónimos. Desde diccionarios plurilingües com o el
de Buck ( A dictionary o f selected synonyms in the prin cipa l indoeuropean
languages) a diccionarios generales griegos com o la Synonymik der griechi-
schen Sprache de H.- Schmidt, a diccionarios especiales com o el New Testament
Synonyms del arzobispo R. Ch. Trench, también esta parcela ha sido traba­
jada por la lexicografía griega. Sin em bargo, no se ha dedicado mucha aten-

1 A p ro p ó sito de los d iccion arios de p a p iro s véase el capítulo I I . 3.


TIPOS DE DICCIONARIOS 149

ción a este aspecto del léxico (los dos últimos no son, en puridad, ni siquiera
diccionarios) quizá por su escaso interés lexicográfico.
4.4 Diccionarios inversos. Tenem os diccionarios inversos generales com o
el Kretschm er-Locker, el Buck-Petersen o el Kourm oulis de griego m oderno,
y especiales com o el Index Inversus de Hesiodo, hecho por H ofinger, o el
' AvTÍOTpotpoq mvaxag twv ¿mpprj/nÓTcov aé -cog rfjg ápxccíag éÁÁrjviHfjg de Y . D. Fo-
ris, entre otros. A propósito de los papiros, véase el capítulo correspondiente.
5. Para terminar conviene aludir al hecho de que existen diccionarios
— escolares— en que el griego no es lengua de entrada, com o es costumbre,
sino lengua de salida frente a otras lenguas europeas. T a l es el caso del
Dictionnaire Fran^ais-Grec... Hatier, París 1956, entre otros. Tam bién podría­
mos aludir al hecho de que para hacer una tipología de los diccionarios

D iccionarios griegos
150 JAVIER LOPEZ FACAL

griegos podríam os establecer otras series de oposiciones diferentes a las que


hemos utilizado. P o r ejem plo, se podrían proponer oposiciones tales com o
diccionarios sincrónicos/diacrónicos, alfabéticos/no alfabéticos, m onolin-
gües/bilingües, normativos/descriptivos, ilustrados/no ilustrados, etc. Los
parámetros que hemos elegido nos parecen, sin em bargo, más didácticos, y
en resumen nos ofrecerían un cuadro tip ológico com o el de la página anterior.
C om o decíam os al principio este árbol no es, ni con mucho, perfecto.
Piénsese que los tipos «ín d ic e », «lé x ic o », «co n co rd a n cia » no se dan sólo en
los diccionarios de autor sino que afectan a otros grupos, o repárese en la
falta de género para definir los etim ológicos, sinonímicos, inversos, etc. En
todo caso, insistimos, la finalidad de esta tipología es de tipo práctico y
didáctico.
Los diccionarios de autor.
Tipos, metodología
y estado actual

1. L O S O R ÍG E N E S

Los diccionarios de autor o género literario no son un hallazgo reciente


de la lexicografía griega. Y a en la A n tigü edad encontram os glosarios e inclu­
so auténticos léxicos de una serie de autores y géneros, de alguno de los
cuales, paradójicam ente, carecemos hoy de repertorio léxico. T a l es el caso,
con algunas reservas, de las obras de E u fron io y L ic o fró n nepi H0j¡iu>5íag, del
TTEpi á p x a ía q Hop¡iu)5íaq de Eratóstenes,Tas yX üooai ' Ofirjpixaí de Filetas, Zenó-
doto y Aristarco, el nepl Tr¡g 'O^r/pou ouvqQsíag de Z en od oro, el ’ Anííovog yXüooai
'Ojur/pwaí de A p ió n , etc. Tam bién se ocuparon los lexicógrafos antiguos de los
prosistas, com o puede ser el caso de A ristarco con su ’ Apiorápxou ' Hpoóórou
üm¡ivr¡iia que nos han conservado ios PAm herst, y los numerosos índices y
glosarios de H ipócrates com o los de Baqueo de Tanagra, Epicles de Creta,
A p o lo n io O fis y Heráclides de Tarento, que ataca al prim ero de estos autores
en su libro npdg BaxxzTov n epi tc ó v '¡TmoMpárouq Xé^eojv. A este últim o a su vez
lo ataca Glauquias E m pírico, que es el prim ero en hacer un léxico alfabético
(H a r á o r o ix e ío v ). E u forión escribió X é^ eig ' In n o H p á ro u g en 6 libros. Esto p o r lo
que se refiere a la prim era época de la lexicografía griega. En la segunda
época, bajo el im perio, la actividad lexicográfica en este cam po es ya muy
im portante y las obras ofrecen un rigor y una calidad que las asemeja a las
modernas. Podríam os citar de esta etapa a A p o lo n io el Sofista, que compuso
un léxico hom érico ordenado alfabéticam ente por las dos primeras letras
(conservado en el Codex Coislinianus 345), a Casio Lon gin o, que escribió n ep l
tw v nap' Q/jfipcfjTToXXá aqfiaivouaójv en- 4 libros, a un tal A p o lo n io que, compuso
una é%fiYr}oiq tcüv ‘ H poS órou y X u ioo & v, a Claudio D íd im o, que se ocupó de
Tucídides en n e p l tü v fifiapTTj¡j.évu¡v napa ttjv ávaXoyíav OouxuSídr]. al igual que
Evágoras de Lin dos en su tcüv rro¡pá QouHu6í5r¡ %r¡Touiiévu)v naja. Xé^iv. D e los
historiadores se ocu pó Partenio en el nepl t ú v napa r o l g t oTopixoiq Xé^scov
t¡r)Toufjiévojv. D e Platón com puso H arpocración de A rg o s un com entario en 24
libros y unas Xé^sig nXáTuivoq en 2 libros. Sobre este autor trabajaron también
Clemente y Boeto. D e H ipócrates se ocuparon nada menos que E rotiano y
152 JAVIER LOPEZ FACAL

Galeno. L a obra de Erotiano era un auténtico «in d e x » con citas precisas de


todos los pasajes. Conservam os un epitom e de él: t g j v nap’'In m xp á T ei K é ^ e c o v
auvayvúyf]. P o r su parte G aleno asumió los trabajos anteriormente citados de
Baqueo y Erotiano, así com o las obras de Pánfilo, Dioscorides y una serie de
Onomástica y publicó r w v ' Innoupároug yAcjacrcov é^r¡yqoiq y rrepi iarpixtúv óvo-
fiúTojv entre otras obras.
Podíam os citar más ejemplos pero sin duda no son necesarios ya que en
este mismo libro (cf. supra capítulo 1.2) hay un capítulo que trata de este
tema. En todo caso de lo dicho parece desprenderse que los diccionarios
especiales y de autor no son un invento reciente de la lexicografía.
En cuanto a las concordancias, su origen es muy posterior pero anterior,
en todo caso, a Henricus Stephanus. N acieron en el ambiente de cultura
monacal de la Edad M edia europea, dedicándose exclusivamente al estudio
de la Biblia. Partían del supuesto de que unas partes de la Sagrada Escri­
tura eran solidarias de otras, debido a la inspiración divina, y por lo tanto
em pezaron a confecionar listas de loci paralleli para poder seguir las p ro­
fecías. L a primera de la que se tiene noticias se atribuye a S. A n to n io de
Padua ( Concordantiae M orales de com ienzos del siglo x i i i ) pero la primera
conocida es la del dom inico H u go de St. Cher ( f 1264) titulada Concordan­
tiae Sacrorum Lib roru m o Sancti Jacobi. P o r cierto, apenas m edio siglo más
tarde el español Juan de Segovia hizo unas nuevas concordancias que
sustituyeron a las de H u go de St. Cher y gozaron de gran éxito en su
época. Evidentemente estas concordancias estaban hechas sobre la Vulgata
latina: hasta la Edad M oderna no aparecen las concordancias hechas sobre
los L X X .
Para terminar esta breve introducción histórica conviene insistir en una
cuestión teórica que no ha sido subrayada por la lingüística moderna. N o s
referim os al hecho de que la existencia de léxicos e índices (y posterior­
mente concordancias) presupone la conciencia de la noción de idiolecto, de
una form a empírica, mucho antes de que se formulase este concepto en
Lingüística. En efecto, de la misma form a que la escritura ideográfica
supone un análisis im plícito de la lengua en palabras (análisis lexicológico),
y que la escritura alfabética presupone también im plícitamente la noción
de fon em a 1, la existencia de diccionarios de autor (que, entre otras cosas,
serían para hacer centones e im itar el estilo del autor en cuestión) es una
manera em pírica de llegar al concepto de idiolecto form ulado por H ockett
no hace muchos años2. Este hecho nos demuestra por una parte el carácter
eminentemente práctico y em pírico de la lexicografía y por otra el olvido
o desinterés que la lingüística teórica ha tenido p or la actividad lexicográ­
fica.

1 P a ra to d o esto cf. supra el capítulo 1.1.


2 E n su o b ra A course in modern linguistics, cap. 38, T h e M a c M illa n C o ., N u e v a Y o r k , 1958.
LOS DICCIONARIOS DE AUTO R 153

2. T ip o s d e d ic c io n a rio s de a u to r

H em os m encionado tres tipos diferentes de diccionarios de autor: índices,


léxicos y concordancias. A u n qu e no suelen aparecer en estado puro, sino que
con frecuencia una ob ra es a la vez léxico e índice o concordancia e índice,
sin em bargo vam os a definir cada uno de los tipos.
U n índice es un inventario exhaustivo de las palabras de autor, obra,
género literario, corpus de inscripciones o papiros, etc., con citas m uy precisas
de los pasajes en que aparecen, ordenadas generalm ente p o r orden alfabético
y (esto es lo más característico) sin traducción. Teóricam ente, los índices no
deberían tener en cuenta criterios m o rfo ló g ico s o semánticos en su orden a­
ción ; es decir, form as com o Aú0rjri, éAuaáfirjv, etc., n o deberían aparecer s.v.
Aúw sino en el lugar en que les correspondiese p o r orden alfabético. Sin
em bargo esta estricta ordenación alfabética raram ente se sigue y, com o m u­
cho, en las form as m orfológica m en te raras hay una referencia que rem ite al
lema en cuestión. L o s índices incluyen las palabras plenas y las relaciónales
aunque no es raro que prescindan de palabras muy frecuentes (tip o naí, eijií,
etcétera) según el grado de exhaustividad que persigan. Cuando se trata de
un autor con restos papiráceos los índices suelen incluir tam bién los fragm en ­
tos de palabras incom pletas. En cuanto a la fo rm a de publicación, los índices
pueden consistir en libros autónom os o en apéndices de obras varias, com o
ediciones de autor (cf. los frecuentes índices de la colección Teubner, los
índices de los Poetae M e lic i G raeci de Page, de los lesbios el L ob eí-P a ge,
C alim aco de P feiffer, etc.), colecciones de inscripciones ( I G , S IG , etc.) o
papiros ( P O x y ., P S I, etc.). En cuanto a los prim eros (libros au tón om os) la
relación pod ría ser m uy larga. P o r poner algún ejem plo reciente, piénsese en
el Index Philoneus de G ünter M ayer, W a lte r de G ruyter, Berlin, 1974, o en
los realizados con ayuda de orden ador que m encionam os en el capítulo
dedicado a esta cu estión 1.
C om o decíam os los índices pueden ser exhaustivos o (más o m enos)
selectivos. Pueden incluir o excluir los nom bres p rop ios; pueden d ivid ir el
léxico en diferentes parcelas y establecer subapartados para léxico literario,
léxico docum ental, nom bres propios geográficos, de meses, de reyes y em pe­
radores, etc., com o suelen hacer, p o r ej., los índices de las colecciones de
papiros. Finalm ente pueden seguir un orden alfabético directo (d e izquierda
a derecha) o inverso (de derecha a izquierda).
En resumen los índices son un instrum ento de trabajo fundam ental para
el editor de un texto, el papiro lo go (piénsese en la utilidad del Sp oglio de
D aris para los editores de papiros), el filó lo g o , el lingüista, el lexicógra fo y a
partir de ellos se pueden hacer una serie de investigaciones sobre estadística
lingüística, atribución y datación de textos, etc.

1 C f. infra cap ítu lo I I . 7.


154 JAVIER LOPEZ FACAL

Otra form a que adoptan los diccionarios de autor es la de concordancias.


U na concordancia es, aproximadamente, un índice con contextos, es decir,
una relación alfabética de las palabras de un autor u obra precedidas, segui­
das o en m edio de un contexto significativo. Quizá el problem a principal que
se plantean las concordancias sea precisamente el de aislar el contexto real­
mente significativo. Esta cuestión es «resu elta» por los autores de concordan­
cias con ayuda de ordenador en base al cóm odo procedim iento del K W I C
(K ey-w ords-in-context) que mecánicamente ofrece un número de caracteres
variable antes y después de la palabra clave. Este expediente ha sido criticado
por los autores del Centro de L ie ja 1 y los autores de índices que defienden la
m ayor utilidad de éstos frente a las concordancias. Puestos a tom ar partido
en este enfrentam iento yo me inclinaría del lado de los autores de índices y
en contra de los de concordancias por las razones que expondré a continua­
ción. En efecto, com o hemos dicho, una concordancia es aproxim adam ente
un índice de palabras plenas dentro de un contexto. E l problem a *es, sin
em bargo, aislar ese contexto. Dadas las necesidades de concisión y brevedad
este contexto a veces es muy incom pleto e inútil para la com prensión correcta
de la palabra. Cuando se trata de poetas xa rá o t í/ o v los autores de concor­
dancias suelen zanjar la cuestión citando el verso com pleto en el que aparece
la palabra clave. A h o ra bien, el hipérbaton y los encabalgamientos son causa
de que un verso aislado de los demás resulte, con frecuencia, incomprensible.
D e esta manera el que utiliza una concordancia tiene que tener delante
constantemente la edición, ya que el contexto le resulta insuficiente e inútil.
Y si el contexto es inútil, ¿qué razón hay para darlo? Adem ás una concor­
dancia p or la servidumbre del contexto suele renunciar a dar una relación
exhaustiva de las palabras del autor u obra, con lo que acaba resultando más
incom pleta que un índice, a pesar de ser más voluminosa. P o r otra parte dar
el contexto necesario es muy difícil (piénsese en un diálogo platónico en el
que, a veces, el contexto semántico necesario son varias páginas) y los autores
de concordancias siguen criterios tan subjetivos para delim itarlo que cuando
poseemos dos concordancias de un mismo autor no suelen coincidir casi
nunca en la fijación del contexto. Esto es lo que ocurre, por ejem plo, en dos
concordancias del Corpus Tibullianum aparecidas casi simultáneamente (Ed-
w a rd O ’ N e il, A C r it ic a l C o n co rd a n ce o f the T ib u llia n C orp u s, N u e v a
Y o rk , 1963 y A drian a della Casa, L e concordance del Corpus Tibullianum,
Génova, 1964) que discrepan sistemáticamente en este punto.
Adem ás, las concordancias p or su misma disposición y presentación del
material carecen de datos estadísticos del em pleo de las palabras y en este
sentido son poco más útiles que los textos mismos. T am p oco suelen señalar
las veces que sale una palabra en un verso, contentándose con recogerla una

1 C f . infra capítulo I I . 7, así co m o el n. 1 de Revue (1965), pp. 1 y ss. y el artículo de


J. J. D u g g a n , « T h e valué o f C om p u ter-gen erated C on co rd an ces in linguistics R e se a rc h », R evue 3,
p. 51 ss., ju n to con la b ib lio g ra fía citada en él.
LOS DICCIONARIOS DE AUTOR 155

vez. N o establecen distinción en el caso de hom ónim os y hom ógrafos de


manera que cum preposición y conjunción o tempus 'tiempo* y 'sien’ aparecen
anárquicamente mezclados. Finalmente, cuando siguen de manera mecánica
el orden alfabético y no el criterio m orfológico-sem ántico resulta desconcer­
tante encontrar form as nominales y verbales desperdigadas, separadas de la
form a base.
Por todas estas razones, de los diccionarios de autor son las concordancias
las que presentan m ayores deficiencias prácticas y sus funciones pueden ser
desempeñadas igual por los índices, si exceptuamos la de los locip a ra lleli y la de
la colección de frases que presenta una concordancia, útil para la fabricación de
centones y retro versiones y para hacer citas eruditas de autores clásicos.
L a tercera form a, sin duda la más completa, que adoptan los diccionarios
de autor es la de léxico. U n léxico es un diccionario de un autor, obra o
género literario que, dependiendo de su grado de exhaustividad consistirá en
una especie de índice con los significados de las palabras y con una ordena­
ción al menos parcialmente morfosemántica. En efecto, en la m edida en que
un léxico pretende dar los significados de las palabras, no tiene más remedio
que agrupar bajo un mismo artículo todas las formas de un verbo, substan­
tivo o adjetivo ya que su significado es el mismo aunque alfabéticamente no
debieran ir unidas. Sin em bargo, esta dificultad que surge de la distinta
finalidad de un léxico y un índice puede se resuelta de manera bastante
aceptable. En efecto, si tom am os com o ejem plos el léxico herodoteo de
P ow ell (C am bridge 1937) o el de Píndaro de Slater (Berlín 1969), que en
muchos aspectos son paradigmas de los léxicos de autor, vemos que dedican
artículos independientes a sítjov, d n a , d p ó ¡ir¡v (el Pow ell) y Aéyoj y que s.u. Aéyco
se limitan a remitir a s ln a . Asim ism o el léxico de Powell, s.v. ei/ií da todas las
formas de este verbo com o si fuese un índice. Hasta cierto punto, pues, es
factible hacer a la vez un léxico y un índice y es, quizá, el desiderátum.
Siguiendo con Pow ell vem os que pretende incluir absolutamente todas las
palabras herodoteas excepto hoú, que recoge todas sus ocurrencias, que da
sistemáticamente el número de veces que aparece cada una (entre paréntesis
y al com ienzo del artículo). Su única diferencia con un índice es que si lo fuera
en puridad, debería dar las palabras dos veces: una por su form a y otra por
su contenido. N i que decir tiene que para la inmensa m ayoría de los usuarios
la form a ideal de los diccionarios de autor es la de léxico-índice o léxico
exhaustivo.
Para terminar hay que advertir que la diferencia entre estos tres tipos de
diccionarios no suele ser clara: los léxicos suelen incluir m aterial más propio
de índices (p or ej., el de P ow ell) o de concordancias; los índices pueden
incluir contextos com o si fueran concordancias (p o r ej., el Index Aeschyleus
de Italie) y así sucesivamente. Es decir, lo que suelen darse no son índices,
concordancias o léxicos en estado químicamente puro sino «uneasy com pro-
mises between any tw o or even all three categories»1.

' C . C o lla rd , « A p ro p o s a l fo r a L exicó n to E u ríp id e s » B I C S 18, 1971, p, 136.


156 JAVIER LOPEZ FACAL

3. M e t o d o l o g ía d e lo s d ic c io n a r io s d e a u t o r

El carácter em pírico de la lexicografía en general y más especialmente de


la lexicografía de autor hace que exista una bibliografía escasísima sobre
m etod ología de los diccionarios de autor. Se puede decir que prácticamente
todo lo que se ha escrito sobre esta materia aparece recogido en la bib liogra­
fía del artículo citado en la nota anterior. N osotros vam os a seguir funda­
mentalmente las ideas expuestas por W . A . Oldfather en «Suggestions for
Guidance in the Preparation o f a Critical Index Verborum fo r Latin and
G reek authors» ( T A P h A 68, 1937, pp. 1-10) a pesar de que a veces discrepe­
mos de él, y por lo tanto suprimamos algunos de sus puntos y añadamos
otros. En definitiva los principios que deben presidir la confección de un
diccionario de autor son los siguientes:

a) P o r tratarse de un autor, obra o género literario, con un vocabulario


más o menos reducido, pero en todo caso asequible, deben recogerse absolu­
tamente todas las palabras con todas sus ocurrencias (al menos en el caso de
los índices). L o s léxicos y concordancias podrían desechar alguna palabra
muy frecuente y conocida (com o hace P ow ell con xaí, etc.) aunque ni siquiera
esto es aconsejable ya que dificulta o im posibilita investigaciones ulteriores
de tipo estadístico-com parativo. En caso de que se decida prescindir de
alguna palabra, por demasiado conocida, deberían incluirse sin em bargo sus
usos más anóm alos o infrecuentes. Cuando no se sigue este principio los
resultados son insatisfactorios: ta le s el caso de los dos diccionarios de F ilón
que poseemos, los Indices ad Philonis Alexandrini Opera de J. Leisegang,
Berlín 1926, que es muy selectivo (le faltan infinidad de palabras) pero da con
frecuencia contextos, y el Index Philoneus de G. M ayer, Berlín 1974, que es
un puro índice, sin contexto alguno y sin em bargo pone passim, en vez de cita
precisa, en las palabras más frecuentes. D ebido a ello para estudiar el léxico
de F ilón hay que utilizar forzosam ente los dos y aún así se echa en falta a
veces una obra realmente exhaustiva.
b) E l diccionario debe seguir una edición com o base y atenerse a sus
lecturas, a pesar de lo cual debe dar también otras lecturas de manuscritos,
variae lectiones e incluso falsae lectiones y conjeturas com o hace, p o r poner
un ejem plo reciente, el Indice de la edición de Píndaro de Snell-M aehler
(Teubner 1975). E l progreso de la crítica textual hace cam biar una serie de
lecturas tenidas com o canónicas y si el diccionario no cumple este requisito,
su suerte iría ligada peligrosam ente a la de la edición básica, que puede
quedar anticuada en pocos años. Sin em bargo, estas variae, dubiae, falsae
lectiones deben ir marcadas de alguna manera que las distinga del texto base
(Pow ell, p or ejem plo, indica las variantes con paréntesis redondos y las
conjeturas con corchetes).
c) Las palabras dudosas de pasajes corruptos deben ir asimismo m ar­
cadas con un obelos o de alguna otra manera. P ow ell reserva el obelos, en
LOS DICCIONARIOS DE AUTOR 157

cambio, para marcar las voces prim um dictae. Asim ism o, las palabras
nuevas-(hápax procedentes de papiros, por ejem plo) deben ser indicadas
convenientemente por m edio de un asterisco o quizá con dobles corchetes,
com o propone Oldfather. En cuanto a fragm entos de palabras incompletas
aparecidas in frustulis papyraceis es evidente que sólo podrían ser recogidas
por un léxico cuando son traducibles, p o r una concordancia cuando son
comprensibles en su contexto y p o r un índice en cualquier caso. Sin em­
bargo, el sentido común decidirá cuándo estos restos son desechables.
C om o ejem plo de buen proceder en estos puntos a), b) y c) véase, p o r ej.,
el L e x icó n Hesiodeum de M . H ofin ger, Leiden 1975, que tam bién es un
ejem plo de cóm o se debe hacer un léxico, y el excelente L é x ic o de los
Him nos de Calim aco de E m ilio Fernández-G aliano (M a d rid 1976).
d) Las citas deben ser muy precisas: libro, capítulo y línea, o lib ro y
número de verso, etc. (cf. por ejem plo numeración de P ow ell), de manera que
no sea preciso leer un largo pasaje para localizar una palabra (com o es el
caso, por ej., del L e x icó n Xenophonteum de Sturz). Si es necesario se puede
añadir una num eración supletoria a la de la edición base. En tod o caso deben
seguirse las numeraciones tradicionales (d el tipo Platón-Stephanus, A ristóte­
les-Bekker, etc.) so pena de que localizar una palabra sea una tarea engorrosa,
com o ocurre con el Index Philoneus citado anteriormente que ignora la clásica
numeración de M an gey (y la de C ohn-W endland) y se inventa una de su
cosecha a base de dar un número a cada una de las obras de este autor.
e) En el caso de los léxicos deben recogerse las variantes de colom etría y
orden que im pliquen cam bios de sentido.
f) N o parece oportuno recoger las ünodéaeig, fiíoi t o ü auyyponpéojs, didasca-
lias, títulos, T á r o O Spáptarog npóacona, testimonios, etc., excepto en la medida
en que alguno de estos textos marginales pueda proceder del m ism o autor y
pertenezca por lo tanto a su léxico. En el caso de recoger este tipo de textos
convendría distinguirlos de alguna manera.
g) Si una palabra tiene dos o más form as (áéAtog / ákiog, aedXog / áQXog
etcétera) deben recogerse las dos bajo la prim era alfabéticamente, o la más
frecuente, y en la otra poner una referencia cruzada. Las referencias cruzadas
son asimismo obligadas para los polirrizos, sígase con ellos el criterio que se
siga (partirlos por raíces com o P o w ell o aunarlos bajo un solo lema). L o que
no se debe hacer en ningún caso es inventar una form a no atestiguada por
m or de la regularidad, com o hace Bailly con el verbo Aéyca-eAE^a 'acostarse’ o
el Liddell-Scott con presentes fantasmas com o eíSco.
h) L o mism o puede decirse de los adverbios en -cóg, adjetivos verba­
les, etc., que deben tener referencias cruzadas con la form a base si no están
incluidos bajo el lema.
i) C om o hemos dicho ya las palabras flexionadas deben recogerse p o r el
orden gram atical y no p or el alfabético. Que Aúeiv aparezca antes que Aúgj es
un trastorno al que el lector nunca se acostumbrará. Las form as verbales
deben ir bajo el presente de indicativo activo, si existe, y las nominales bajo
el nom inativo singular (m asculino). Y a dentro de los artículos del diccionario
158 JAVIER LOPEZ FACAL

es preferible seguir el orden gramatical al alfabético. C onviene desambiguar


las form as hom ógrafas indicando brevemente su función. A s í: áyaOóv (nom .
sing. neutro).
j) Las perífrasis y epítetos de nombres propios (áva£ áv5pwv, ó 'ArpeWrjq,
etcétera) deben darse en su lugar correspondiente pero con una referencia en
la form a base (en este caso s. v. ’ Aya^é/ivcdv).
k) Las personificaciones y prosopopeyas deben hacerse constar y quizá
conviene incluirlas al final de cada artículo. Igualm ente los adjetivos sustan­
tivados deben ir bajo el lema del adjetivo en cuestión (qu izá con alguna
excepción en el caso de los ya acuñados com o los abstractos en -kíj, tipo
Ypa/jL[iaTinr¡, que suelen usarse com o sustantivos, sin réxvr}).
1) Las enclíticas pueden mencionarse dos veces (en el caso de los índices),
unidas a las tónicas correspondientes y separadas.
m ) Es muy útil ofrecer el número de ocurrencias de cada palabra (tras el
lema, por ejem plo) p or las posibilidades de estudio que ofrece este dato.
n) Tam bién son útiles todas las inform aciones suplementarias de métrica,
prosodia, etc.
ñ) U n problem a más grave, y que exigiría un estudio por sí solo, es el de
la estructura del artículo propiam ente dicho. P or tratarse de un autor u obra
en el que difícilm ente caben organizaciones diacrónicas de los artículos, quizá
el criterio más correcto sería el de organizar la palabra griega conform e a dos
principios, a prim era vista contradictorios, pero en la práctica com plem enta­
rios : nos referim os a la distribución de la palabra griega y a sus traducciones
a la lengua de salida. Es decir, se trataría de form alizar, si ello es posible, en
qué distribuciones de la lengua de entrada se basan las traducciones a la
lengua de salida, entendiendo por distribución el contexto gram atical (singu­
lar-plural, activa-m edia), semántico (clases y subclases de palabras) y aun
situacional o de contexto muy amplio.

Adem ás de estas cuestiones más o menos concretas o técnicas (y de otras


que m enciona Oldfather, com o tipografía, puntuación, etc.) existen otras más
generales que deben tenerse en cuenta también a la hora de hacer un diccio­
nario de autor. Así, p or ejem plo, al hacer un léxico, el traducir determinadas
palabras, com o Xóyog, supone haber tom ado partido en la interpretación
global de la doctrina de un autor filosófico, por ejem plo, interpretación que
debe indicarse en algún lugar, com o el p rólogo de la obra. T a l puede ser el
caso de P ío tino, o Proclo, o de los autores técnicos, matemáticos, m édi­
cos, etc. El autor de léxicos o índices también tiene que plantearse a veces
cuestiones de autenticidad, datación y atribución de un texto nuevo a un
título conocido por la traditio medieval, reconstrucción de una obra a base
de disponer los fragm entos en un orden determinado, etc. Piénsese en M e-
nandro del que por una parte conocem os los títulos de más de dos docenas
de obras y por otra parte disponemos de fragm entos — a veces largos— de
ocho o nueve fabulae incertae. ¿Qué títulos de los que conocem os por la
traditio casan con esas fabulae incertae? ¿Es la Fabula incerta I I el Apistos?
LOS DICCIONARIOS DE AUTOR 159

¿Es la Fabula Incerta I V el M isogy n esl ¿Es el. papiro de O xirrineo 2020, por
ejem plo, de M enandro o de otro autor cóm ico? Si es de M enandro, ¿de qué
obra es? A todas estas cuestiones — que Oldfather ignora— debe buscar
solución el autor de léxicos y quizá influya en el hecho de que carezcamos de
diccionarios de M enandro, Plotino, Proclo, etc., el que estos autores planteen
problemas tan espinosos.
P or lo demás, en una actividad tan em pírica com o es la lexicografía
especial, el m étodo nunca es predecible al ciento p or ciento: cada autor, cada
obra o cada género plantean unas exigencias m etodológicas própias. Adem ás
el m étodo variará mucho también según las ambiciones de la obra a realizar :
es evidente que el L e x ik o n des frühgriechischen Epos de B. S n e ll'H . J. M ette
y otros seguirá unos criterios diferentes al L exicón Hesiodeum de H o fin ger a
pesar de tratarse en ambos casos de léxicos de autores griegos arcaicos, y a
pesar de ser obras excelentes las dos.
II.3
Diccionarios de papiros.
Problemas, existencias, deficiencias

1. A n t e c e d e n t e s h is t ó r ic o s

E l derrum bam iento de la estructura social que se p rodu jo a finales de la


A n tigü edad trajo consigo, entre otras cosas, el abandono paulatino del siste­
ma de riegos que estaba tan m inuciosam ente organizado en el E gipto greco-
rom ano. D eb id o a ello, el desierto avanzó sobre el valle del N ilo y em pezó a
ocupar ciudades en o tro tiem po prósperas. L a p ob lación al abandonarlas
dejaba tras de sí infinidad de objetos, inútiles en una mudanza más o menos
apresurada, pero que hoy constituyen tesoros inapreciables para los investi­
gadores. C on frecuencia, en las afueras de estas ciudades se habían acumula­
do escom bros y materiales de desecho entre los que abundaban textos escritos
que, quizá p o r el respeto que se siente ante la letra, no fueron quemados.
T an to las ciudades com o las escom breras se fueron cubriendo de la fina y seca
arena del desierto llegando a form ar pequeñas colinas de aspecto caracterís­
tico. H asta donde no alcanzan las aguas del N ilo el desierto actuó co m o la
m ejor caja de caudales para conservarnos lo que el p a p iró lo go finlandés
H. Zilliacus llam a una «m in a de o r o » 1. C o m o dice C ari G rim b e rg 2, «la arena
y el clim a seco de E gip to han contribuido a com pensar los daños causados
p or el hom bre a fines de la A n tigü edad y principios de la E dad M e d ia ».
Se dice que en la segunda m itad del siglo x v m los beduinos com enzaron
a excavar estas colinas en busca de. tesoros. Se dice tam bién que cuando
encontraban rollos de papiros los quem aban p or el buen arom a que despren­
dían, pero M illigan y G ood sp eed quem aron experim entalm ente trozos de
papiro y albergan serias dudas a p ropósito de la parte arom ática de esta
historia3. En to d o caso lo cierto es que en 1778 un m ercader italiano adquirió
en E gip to un texto papiráceo que regaló al cardenal B orgia para su museo de

1 H e n rík Z illia c u s , N y a Vagar till Antiken, H e lsin g fo rs 1948, p. 110.


2 G recia, D a im o n , B a rc e lo n a 1&73, p. 331, trad. esp. de la serie Varldhistoria, Folkens L i v och
Kultur.
3 C f. G . M illig a n , Seleciions fr o m the G reek papyri, C a m b rid g e 1910, p. X X I V , n. 2.
162 JAVIER LO PEZ FAC AL

V elletri. Este texto, de 685 líneas en 13 colum nas y algunos fragm en tos más,
es una lista de trabajadores de los diques y puede leerse h o y en Sam m el-
buch 5124.
A finales del m ism o siglo la exp ed ición n apoleón ica a E gip to , con su
coh orte de sabios, a v iv ó el interés eu rop eo p o r la antigüedad egip cia y p o r
los papiros. D u ran te la prim era m itad del siglo x ix los cónsules de las p oten ­
cias europeas, los com erciantes y los eruditos em pezaron a ad qu irir grandes
cantidades de papiros a anticuarios y cam pesinos egipcios. D e esta m anera se
fu eron in ician do las grandes colecciones europeas c o m o la del A rch id u q u e
R a in iero de A u stria que contiene más de 100.000 textos, de los cuales 70.000
g rie g o s 1.
U n a vez que se com p ren d ió la gran im p ortan cia de estos textos los sabios
m ism os em p ezaron a hacer excavaciones sistemáticas. En 1888 F lin ders Petrie
se traslada a E g ip to y em p ieza a excavar, en 1897 G re n fe ll y H u n t dieron con la
«m in a de o r o » de O xirrin co, y de otros países acudieron tam bién p ro gresiva ­
mente tod a una legión de p a p iró lo g o s que desenterraron m illares de textos.
Sim ultáneam ente se había p ro ced id o a la pu blicación de los p ap iros y a
su estudio sistem ático. D esde el prim er tercio del siglo x ix se habían ven id o
publicando estos textos pero es a finales de siglo cuando la a ctivid a d se
institucionaliza, se con vierte en ciencia y em pieza a p rod u cir sus fru tos de una
fo rm a m asiva: los P R a in ., P O x y ., P G re n f., B G U , etc., com en za ron a p u b li­
carse a finales del siglo pasado y algunos de ellos han seguido publicándose
a lo largo del presente. Fin alm en te con nuestro siglo aparecieron las revistas
especializadas (e l A rch iv f ü r Papyrusforschung es de 1900), las cátedras y
sem inarios de p a p irología , los congresos, los diccionarios, etcétera.
Es d ifíc il calcular con exactitu d el núm ero de textos papiráceos publicados
o conocidos. En to d o caso son m uchos m illares: piénsese que los P O x y .
publicados son más de 3.000, los B G U más de 2.000 y el Sam m elbuch (qu e
com o es sabido incluye tam bién inscripciones, óstraca y textos ya pu b licad os)
pasa de 10.000.

2. C o n t e n id o d e lo s p a p ir o s

T ra d icion a lm en te se han ven id o clasificando los textos papiráceos en dos


grupos: papiros literarios y papiros docum entales.
L o s papiros literarios nos han p ro p o rcio n a d o una gran cantidad de obras
y fragm en tos de la literatura antigua de la que n o teníam os n oticia o de* la
que sólo sabíam os que había existido. D esd e la C onstitución de Atenas de
A ristóteles, aparecida en un p ap iro de Lon d res ( P L it.L o n d A Q S ) y o tro de
Berlín y publicada ya en el siglo pasado, al nu evo fragm en to de A r q u ílo c o

1 P a r a u n a h isto ria de lo s d escu b rim ie n to s p a p iro ló g ic o s p u e d e verse e l m a n u a l d e A . C a ld e -


rini, M a n u a le di Papirología... M ilá n 1938, c a p ítu lo s 5 y 6, de la que existe tra d u c c ió n e s p a ñ o la a
c a rg o d el P. O ’C a lla g h a n , B a rc e lo n a 1963, o el excelente m a n u a l L a Pa pirología de O r s o lin a
M o n te v e c c h i, T u r ín 1973.
DICCIONARIOS DE PAPIROS 163

aparecido en un papiro de C o lo n ia ( P C o lo n . inv. 7511) y publicado p or


M erkelbach -W est en Z P E 14, 1974, m ucho es lo que las arenas de E gip to nos
han salvado de la catástrofe sufrida p or la literatura griega a finales de la
antigüedad: piénsese que el repertorio de P a c k 1 inventaría más de 3.000 tex­
tos de autores identificados o anónim os (dram a, lírica, épica, libros de agri­
cultura, química, astronom ía, botánica, cocina, ep istolografía, gram ática,
historia, matemáticas, oratoria, taquigrafía, etc.) y desde la fecha de publica­
ción de este repertorio han sido publicados muchos textos literarios nuevos,
alguno de ellos tan im portante com o el m encionado de A rq u ílo co .
A dem ás los papiros no sólo nos ofrecen textos de los grandes autores de
la literatura griega, com o H om ero, del que han aparecido centenares de
fragm entos, sino que tam bién nos han perm itido con ocer .la interesantísima
literatura popular de los m im os, la lírica popular, etc.
Sin em bargo, para lo que nos interesa ahora, tienen m ayor im portancia
los textos documentales. G racias a «u n a de las m ayores indiscreciones de la
historia del m u n d o», com o se la ha denom inado, nos hem os p o d id o enterar
de las intim idades de los ciudadanos greco-egipcios de la A ntigüedad. Se ha
encontrado de to d o : invitaciones a banquetes, listas de la com pra, actas de
d ivorcio, cartas de recom endación, de am or, de reprensión, com erciales,
proposiciones deshonestas, borradores de docum entos, ejercicios de escritura,
denuncias, recibos, órdenes de arresto, multas, listas de trabajadores o solda­
dos, leyes, albaranes, oraciones, giros... to d o lo que una sociedad letrada,
organizada y m uy burocratizada ponía p o r escrito sobre las chartae de papiro
y otro m aterial de escritura.
Estos llam ados «d o cu m en to s» fueron escritos, evidentem ente, sin ninguna
pretensión literaria y sin conciencia de que fuesen a resistir el paso de los
siglos. Precisam ente en ello radica su interés ya que nos reproducen unos
niveles de lengua que la literatura no utiliza. G racias a los papiros podem os
conocer la xoivi) popular, reflejo más o menos fiel de la lengua hablada en la
época. Después de su descubrim iento se han derrum bado una serie de mitos,
com o el de la existencia de un llam ado griego bíblico que, hoy sabemos, no
es otra cosa que la noivrj popular que reproducen los papiros documentales,
con algún escaso sem itism o1.

3. L É X IC O D E L O S P A P IR O S

L o s papiros documentales, com o se desprende de lo anterior, están escri­


tos en holvti popu lar (naturalm ente hay papiros escritos en otras lenguas com o
el latín, cop to o árabe, pero aquí nos referim os sólo a los griegos). Sus
características lingüísticas y léxicas son las de este dialecto y pueden verse en

1 R oger A . Pack, The G reek and Latín L itera ry T exis frorn G re c o -R o m a n E g y p t, Seco n d
R evised an d E n la rg é d E d itio n , A n n A r b o r Í965.
2 C f. el lib ro de A . D eissm a n n , The P h ilolog y o f the G reek Bible, L o n d r e s 1908 en el q u e se
trata d espacio este punto.
164 JAVIER LOPEZ FACAL

cualquier m anual de historia de la lengua grieg a 1. Sin em bargo, vam os a


resumirlas m uy brevem ente.
Es frecuente en la xoivi) popular una gran sim plificación y regu larización
de los paradigm as que trae consigo la sustitución de las flexiones atem áticas
(n om in al y verb a l) p o r la más fá cil y regular fo rm a temática. E ncontram os,
p or ejem p lo, ícrrávco o iaráoj en vez de íotíjíu, xúvgj en vez de rraióíov, ápvíov,
ttóóiov en vez de nalg, áprjv, noOg, etc. Obsérvese que tam bién en latín vu lgar es
frecuente esta extensión del dim inutivo a expensas del p ositivo ( apicula,
aurícula, ovicula p or apis, auris, ovis).
En el ám bito del vocabu lario ocurren varios fenóm enos im p o rta n tes: en
prim er lugar desaparecen los sustantivos atem áticos dando paso a palabras
de la flex ió n tem ática (oíg > Tipófiarov, üg > x 0iP°S> vaüg > nAoíov) sobre to d o
cuando podían producirse casos de colisión h om ofón ica p o r efecto del iota-
cism o (üg I olg). En segundo lugar se sustituyen una serie de palabras gastadas
p o r térm inos más expresivos (ní/jinXqiii > nXqpóco, óvívrjfii > dxpeAéco;
enofiai > ámXouQéuy; ópáoj > fSXénoj; epxo/jai > ttapsúopaí). Estas sustituciones
tienden a elim inar los m on osílabos (üei > /3péx^i, veo > xoXu¡jí(í &, eü > xaXóóg)
y a introducir en la lengua escrita habitual térm inos procedentes d el argot
fam iliar (éaQíoo > rpoáyco, xopévvufi > /opTá^w, [íioQóg > ótpdjvLov). En tercer
lugar se producen una serie de desplazam ientos semánticos en los significados
antiguos de las palabras (xoprjyéco > «avitu allar, p ro v e e r» vpo^Evt]Tf¡g > « p r o ­
x e n e ta ») y una serie de calcos de traducción y préstam os de lenguas extran­
jeras, com o en latín (cf. infra).
Se crea el sufijo -laoa que había de tener tanto éxito en las lenguas
europeas y se extiende el ju ego de sufijos -í£oj, -iorf¡g, -tofióg sobre el m od elo
tipo mQapí^ui, mQapiorqg, mdapiayióg.
Se sustituye o p o r a en los aoristos del tipo sida, fj\6a. A sim ism o se
producen una serie de hipercaracterizaciones com o la -v que se añade a los
acusativos atem áticos OpAéjSav).
Finalm ente, es característico del léxico de los papiros la confusión ei / 01 ¡
u / 1 a que ya hem os aludido (io ta cism o ) y la de 5 / t ( 5éyrru)v / téhtwv, (¡adí^eiv
¡ patí^eiv), esta últim a p or efecto del substrato copto. Estos dos fenóm enos
deben ser tenidos m uy en cuenta p o r el lexicógra fo so pena de recoger voces
nihili (co m o ocurre a veces en el diccion ario de Preisigke y otros) p o r no caer
en la cuenta de la falta de ortografía, enm ascarada a veces p o r efecto de
hipercorrecciones.
A d em ás de estos rasgos más o m enos form ales el léxico de los papiros se
caracteriza p o r reproducir una serie de parcelas léxicas que no eran conocidas
p o r la literatura: los térm inos técnicos de la adm inistración, e l regadío y los

1 P a r a estu d iar la le n g u a de los p a p iro s la o b r a fu n d a m e n ta l es la G ram m atik der griech. P a p y ri


aus der P tolem áerzeit mit Einschluss der... Ostraka und... Inschriften de E. M a y se r, B e rlín -L e ip -
z ig 1 1923 ss., co n varias ediciones y re e la b o ra c io n e s posteriores. Se trata de u n a o b r a de in creíble
riq u e z a d e d a to s p e ro co n u n a d isp o sic ió n n o m u y clara y p o r e llo m en o s útil de lo q u e p o d ría ser.
DICCIONARIOS DE PAPIROS 165

trabajos en los diques, etc., exigen un estudio porm enorizado p or parte de


especialistas. D ebido a ello ya desde el com ienzo de la papirología se sintió
la necesidad de disponer de repertorios especializados del léxico papirológico
y hoy en día esta parte del léxico griego está m uy satisfactoriamente trabaja­
da, si la com param os con el léxico procedente de inscripciones.

4. D ic c io n a r io s d e p a p ir o s y o tro s e s t u d io s l e x ic o g r á f ic o s

El léxico de los papiros documentales, com o hemos dicho, está bastante


bien trabajado. En prim er lugar las colecciones de papiros suelen disponer
de índices exhaustivos organizados en varios epígrafes (R eyes y E m perado­
res, Meses y Días, N om bres de personas, geográficos, términos militares y
administrativos, léxico religioso, oficios y com ercio, pesas y medidas, e
índice general de palabras). En este punto los papirólogos son un m odelo
a imitar por otros editores de textos antiguos y, en especial, por los
epigrafistas.
Adem ás de estos excelentes índices de colecciones (que, p o r otra parte, son
los únicos despojos lexicográficos de los papiros literarios) disponemos de
una serie de diccionarios, índices y estudios clasificables en varios apartados:

1. D ic c io n a r io s g e n e r a le s

L a obra standard es el W órterbuch der griechischen Papyrusurkunden...


von Dr. Friedrich Preisigke, Heidelberg-Berlin 1925-1927, cuyo autor no llegó
a verlo publicado ya que la muerte íe sorprendió recién terminada la obra. Es
el único diccionario de papiros, en sentido estricto, de que disponemos.
Incluye además algunos corpora de inscripciones (C IG , O G I ) , óstraca y
documentos menores. Su lem atización no siempre es correcta ( voces nihili
debidas a iotacism o y otros errores) y sus traducciones son, con frecuencia,
muy revisables. En tod o caso esto puede ser debido a que es el prim er y único
diccionario de léxico papirológico y los precursores están expuestos siempre
a incurrir en fallos que luego el progreso de la disciplina va subsanando. Es
molesto que se dé la referencia del papiro antes de la cita griega (esto ha
inducido a errores ya que generalmente los diccionarios suelen poner la
referencia al autor u obra después de la cita).
Frente a esto es de agradecer que se ofrezca la fecha del papiro, bien p o r
siglo: [III v], bien por m edio de alguna indicación del tipo [arab.]
E l continuador de la obra de Preisigke ha sido E, Kiessling quien, todavía
en plena guerra (1944), publicaba el I V Band, 1.a Lieferung (a-áprog), en 1958
con apoyo de la Unesco la 2.a Lieferung ( áprog-óévdpov), en 1966 la 3.a Lieferung
(Sévdpov-Elpqvijg énoímov) y en 1971 la 4.a ( Eiprivíntog-éninónrcj). K iessling p or su
parte, con ayuda de W . Rübsam publicaba un índice de Suplemento a la obra,
en 1969 ( oe-h).
En 1968 apareció el volum inoso índice de S. Daris titulado Spoglio Lessi-
cale P a p irologico, publicado en M ilán en 3 volúmenes, de 1750 pp. en total.
166 JAVIER LO PEZ FAC AL

Esta ob ra fue con cebida c o m o un suplem ento al Preisigke y sin duda rinde
servicios útiles en este sentido. Sin em bargo, es una o b ra en ojosa de m anejar
p o r el p o c o cuidado con que parece estar h ech a : em p ieza p o r tener una
encuadernación tal que se le desprenden las hojas al m anejarla. L a lista in icial
de textos despojados es m uy incom pleta, m uy heterogénea, y tiene unas
abreviaturas bastante arbitrarias que no coin ciden con las de L.S.J., ni P re i­
sigke- K iesslin g-R ü b sam , ni las colecciones de papiros m ism as, ni siquiera con
otras publicaciones de D aris c o m o su larguísim a reseña al K iesslin g-R ü b sa m
(A egyptus 1968, p. 167 y ss. y 1969, p. 203 ss.). A d em ás, a veces las citas no
coinciden con el lem a sino con o tra palabra de las cercanías (¿traspapeleo de
fichas?) e incluso se com eten errores c o m o entender el a d verb io aieí de
Sam m elbuch 7648.4 c o m o una fo rm a del verb o aíto (ver S p og lio s. v.). C reem os
que al Institu to di P a p iro lo g ia delF U n iversitá C a tto lica del Sacro C u ore le
sobra com petencia para hacer una ob ra m ejor. Es una lástim a pues que a la
altura de 1968 se haya hecho un índice, y no un diccion ario, y adem ás con
tan p oca acribía. P o r lo demás, la obra es útil y de hecho es m uy m anejada
p o r p a p iró lo g o s y lexicógrafos.

2. D ic c io n a r io s e s p e c ia l e s

A . N o m b re s propios. A p a rte de los índices de las coleccion es los d ic c io ­


narios de nom bres p rop ios más im portantes son el Nam enbuch de F. P reisig­
ke, H e id elb erg 1922 (H a k k ert, A m sterd a m 1967) de nom bres de persona, con
su suplem ento O nom asticon A lte ru m P a p y rolog icu m de D . F orab osch i, M ilá n ,
sin fecha, pu blicado en 3 fascículos (e l últim o llega a naTü/j.ig). E n el año 1901
ya se publicaban unos Aegyptische und Griechische Eigennam en... m anuscrito
a dos colum nas, d ifícil de m anejar, p or ob ra de W ilh e lm S p iegelb erg (L e ip ­
z ig 1901).
D e nom bres geográ ficos la o b ra clásica es el D iz io n a rio dei nom i g e o g ra fici
e to p o g ra fici d e lf E g itto G reco-R om a n o de, A . C alderini, p u blicado p o r v o lú ­
m enes en diferentes lugares y épocas (C a iro 1935, M a d rid , G S IC 1966, etc.)
y actualm ente reeditado en M ilá n p o r C isa lp in o -G o lia rd ica (ristam p a anas-
tática 1972).
B. Inversos. D a d o el estado fragm en tario e in co m p leto de los textos
papiráceos, un tip o de estudios m u y útiles en p a p iro lo g ía son los d iccion arios
inversos. Sin em b argo, a pesar de que ya en 1900 hacía G ra d en w itz un intento
en este sentido en su Einführung in die Papyruskünde, no es m ucho lo que
tenem os de léxico p a p iro ló g ic o ord en ad o de esta m anera: apenas si dispon e­
m os de m ás que el H eid elberg K on tra rin d ex der griech. Papyru s-U rku n d en ,
B erlín 1931, del m ism o O tto G ran den w itz. Esta laguna se puede suplir con
los diccion arios inversos del léxico com ún griego que existen, p ero en el caso
de los nom bres p ro p io s sería m uy útil disponer de un índice inverso. H o y esto
o frece m enos d ificu ltad debido a la ayuda que p ro p o rcio n a n los ordenadores.
Esperem os pues que esta laguna se colm e pron to,
C. D iccio n a rio s especializados. D a d o el léxico técnico esp ecializad o tan
DICCIONARIOS DE PAPIROS 167

frecuente en los papiros documentales, los repertorios y estudios de estos


cam pos son fundam entales tanto para el especialista com o para el lego en la
materia.
C o m o obras más puram ente lexicográficas podem os m encionar aquí el
R ecueil des termes techniques relatifs aux institutions politiques et administra-
tives de l'E gy p te romaine, suivi d u n choix de textes papyrologiques, Bruse­
las 1912, de H . H o h lw ein ; las dos obras de F. Preisigke, Fachw órter des
offentlichen Verwaltungsdienstes Aegyptens in den griech. Papyrusurkunden der
ptolem áisch-róm ischen Z e it, G óttin gen 1915, y el I I I Band del ya m encionado
W orterbuch... herausgegeben von D r. E. Kiessling, Berlin 1931, d ivid id o en
23 Abschnitte y dedicado to d o él a térm inos técnicos (préstam os latinos,
nom bres propios, indictiones, eras, meses, días, oficios, títulos, etc.). Especí­
ficam ente de préstam os latinos poseem os un estudio de S. Daris, I I lessico
latino nel greco d E g itto , Barcelona 1971, que es lo más com p leto en este
cam po.
Tam bién es interesante m encionar el Inventory o f Compulsory services in
P tolem a ic and R om án Egypt, de N . Lewis, N u eva Y o r k -T o r o n to 1968.
P o r lo demás, aunque no en form a de diccionario o índice, la b ib liogra fía
especializada es m uy extensa, tanto en lo que respecta a estudios de realia
com o el con ocid o de F. O ertel sobre la «litu rg ia », los de Taubenschlag sobre
las leyes, el de Preisigke sobre los giros, etc., com o sobre estudios de palabras
de los papiros. Para no extendernos sobre este punto rem itim os a los m anua­
les de papirología, las revistas especializadas1 y aun las colecciones mismas
que suelen incluir abundantes repertorios b ibliográficos.
Finalm ente conviene recordar la progresiva utilización de los ordenadores
en e l cam po de la lexicografía p ap irológica: el Thesaurus Linguae Graecae de
Irvin e (C a lifo rn ia ) ha hecho un índice de las Berichtigunsliste que es de gran
utilidad (ver C a lcu li, p. 193). Se han hecho además índices de colecciones y
estudios varios. Para tod o ello, cf. C a lcu li, In dex II, G eneral s. v. P a p y ro lo g y
y passim, y en este m ism o libro mi capítulo sobre ordenadores y lexicografía
griega.

1 E s especialm ente útil la sección b ib lio g rá fic a de la revista A egyptus, en d o n d e se p u ed en


segu ir las p u b licac io n es so bre p a p iro lo g ía .
II.4
Léxico de inscripciones y dialectal
Existencias y problemas

I. E L L E X IC O D E L A S IN S C R IP C IO N E S

1. I n s c r ip c io n e s y d ia l e c t o s

Si em pleam os el térm ino «d ia le c to » en el sentido convencional en que


suele emplearse en la Gram ática griega, a saber, referido a todas las variantes
no áticas y no de koiné de la lengua griega, nos encontramos con que las
inscripciones son una de las fuentes principales para su conocim iento. A h o ra
bien, los problem as que el léxico dialectal presenta en cuanto que es dialectal
son fundamentalmente los mismos que los del léxico dialectal transm itido por
vía literaria: por tanto, dejam os su estudio para un segundo apartado, en que
nos ocupamos del léxico dialectal, sea cual sea la vía de su transmisión hasta
nosotros.
Pero desde ahora mismo conviene hacer dos observaciones, que son espe­
cialmente pertinentes para el léxico dialectal transmitido a través de las
inscripciones:

1. M ientras que, con pocas excepciones, los textos literarios están escritos
exclusivamente en el alfabeto jónico, las inscripciones conservan abundantes
huellas de otros alfabetos, lo que crea problem as de transcripción, que serán
estudiados infra II. 8. Tenem os incluso inscripciones escritas en silabario
micénico, de las que nos ocupam os en I I . 5, y en silabario chipriota, de cuya
transcripción hablam os en I I . 8.
2. C on más frecuencia que los textos literarios, las inscripciones nos
ofrecen dialectos locales, no literarios. Es, p or ejem plo, más variable y menos
norm alizado el griego de las inscripciones áticas del s. V que el de la prosa;
es más auténtico, menos influido por H om ero, el lesbio de las inscripciones
que el de Safo o A lc e o ; y observam os en las inscripciones m ejor que en los
textos literarios el proceso p o r el cual se pasa de los antiguos dialectos a la
koiné; esto ha sido estudiado, por ejem plo, para las inscripciones de M agn e­
170 FRANCISCO R. ADRADOS

sia, M ile to , D e lfo s y otros lugares. E n lo que respecta al vocab u lario, éste se
presenta con m enos m ezcla de elem entos litera rio s1.
Sin em b argo, hay que m atizar esta observación :

a) Existen inscripciones que transm iten textos literarios dialectales, tales


los fragm en tos de A r q u ílo c o procedentes de inscripciones del H e ro o n erigid o
en h on or del p oeta en ép oca helenística en su Paros natal; o el óstracon de
S afo de que procede su fr. 2. En realidad, éstos son textos literarios com o
otros cualesquiera, incluidos en las ediciones de los autores respectivos.
b ) Otras inscripciones tienen de p or sí carácter literario, pertenecen a un
determ inado género. A sí, los num erosos epigram as, sepulcrales y v o tiv o s
sobre tod o, que encontram os en inscripciones a partir de finés del s. v iii y que
están escritos en las lenguas literarias usuales en los m etros que em plean
(hexám etros, dísticos elegiacos, incluso trím etros yám bicos). P ero no sólo
aquí. C onservam os, p o r ejem p lo, num erosos oráculos hexam étricos d el orácu­
lo de D íd im a, en M ile t o 2: están escritos en lenguaje épico, dentro natural­
m ente de una tradición que ha id o evolu cion an d o y en la cual es notable la
aparición de palabras que, en la literatura, no aparecen hasta textos m uy
posteriores c o m o son los O racula Sibyllina. Y tam bién hay inscripciones en
prosa de tipo lite r a r io : citem os, p o r pon er un ejem plo, la fam osa inscripción
de A n tío c o de C om agene, que ya citaba N o r d e n 3 com o ejem p lo de prosa
retórica asiánica, fuertem ente poetizan te en su vocabu lario, entre otras cosas.
c) P o r el con trario, determ inadas inscripciones tienen un carácter suma­
mente vulgar, con grafías que reflejan pronunciaciones que nunca alcanzaron
difu sión general, con léxico m ezclad o usado p o r las capas más bajas de la
pob lación , form adas p o r gentes de varios orígenes. Esto es lo que ha hecho
ver, p o r lo que respecta a los vasos áticos, el excelente lib ro de K retsch m er4;
se añaden datos de las D e fix io n u m tabellae, tablillas de p lo m o con m a ld icio ­
nes5 y algunos de fuentes literarias. A partir de aquí Th u m b -S ch erer6 han
p o d id o escribir un capítu lo sobre e l ático vulgar, que no sólo presenta toda
clase de variantes fonéticas (epéntesis, asim ilaciones, disim ilaciones, m etáte­
sis, etc.), sino tam bién hechos léxicos esp eciales: naddídq/ii 'encadeno* ju n to a
naraSéoj, p or ejem plo.

1 S o b r e el ático de las in sc rip cion es cf. K . M eiste rh an s, E . S ch w y zer, Gra m m a tik der A ttischen
Inschriften, 3.a ed., B e rlín 1900, c o m p le ta d o p a r a la F o n é tic a p o r L . L u p a s , P h o n o lo g ie du g rec
attique, L a H a y a 1972. S o b re las de M a g n e s ia , E. N a c h m a n s o n , L a u te und F orm en der magnetischen
Inschriften, U p s a la 1903. S o b r e las de M ile to , B. B o n d e s so n , D e sonis et fo r m is titulorum M ile s io ru m
D id ym a eoru m qu e, D iss., L u n d 1936. S o b r e las de D e lfo s , J. J. M o r a lííjo , Gram ática de las inscrip­
ciones délficas, S a n tia g o 1972.
2 E d ita d o s p o r T h . W ie g a n d , D id y m a I I : D i e Inschriften, ed. A . R e h m , B e rlín 1958.
3 E. N o r d e n , D i e antike Kunstsprache, S tu ttgart 1958 (2 .a e d .).
4 C f. P. K re tsch m er, D ie griechischen Vaseninschriften ihrer Sprache nach untersucht, Güters-
lo h 1894.
5 C f. R . W ü n s c h , D e fix io n u m tabellae in A ttiea regione repertae, I G III 3, A p p e n d ix , B e r­
lín 1897; E . Z ie b a r th , N e u e attische Fluchtafeln, N G W G 1899, pp. 105-135.
6 O b . cit., p. 306 ss.
LEXICO DE INSCRIPCIONES Y DIALECTAL 171

d) D e todas maneras, las inscripciones tienden a desarrollar una lengua


de cancillería que las aleja de la realidad de los dialectos vivos. E sto es lo que
suponemos que ocurre con el dialecto micénico, prácticamente uniform e en
Pilos, Cnosos, Micenas y Tebas. Es también la explicación de que el dialecto
jón ico de Asia, tal com o aparece en las inscripciones, sea esencialmente
uniform e y no nos perm ita confirm ar la afirm ación de H e ró d o to I 142 sobre
diferencias de lengua entre las ciudades jónicas. P o r otra parte, las oscilacio­
nes del délfico de los siglos iv y m a.C. entre la tendencia a diluirse en la koiné
jónico-ática y la contraria a estabilizarse dentro de un tipo dialectal del N .O .
de Grecia, dependen de corrientes políticas en pugna.

Así, la relación entre dialectos e inscripciones no es simple. E l vocabulario


dialectal de las inscripciones debe juzgarse dentro de estas coordenadas.

2. E l l é x ic o d e la s in s c r ip c io n e s e n g e n e r a l

Prescindiendo ya de su carácter dialectal o no, en el sentido restringido


atribuido más arriba a esta palabra, hemos de añadir que el vocabulario de
las inscripciones en general presenta rasgos que derivan de las características
generales de la lengua de las inscripciones. N o s referim os ahora a las que no
son de carácter literario, pues el estudio de éstas debe hacerse, com o hemos
apuntado, en conexión con el de las lenguas literarias en general.
En líneas generales, no es acertada la idea de que las inscripciones son
un buen testigo de la lengua popular. Son ciertamente, con las excepciones
a lu d id a s, no lite ra ria s y así nos sirv e n de c o n t r o l p a ra d e s ta c a r las
características de ciertas lenguas literarias. Es lo que hace, p or ejem plo
Ch. F a v re 1 cuando estudia el vocabulario de H eró d o to , tan lleno de tér­
minos épicos, com parándolo con las inscripciones jónicas. Igu al se podría,
por ejem plo, destacar los poetism os de ciertos diálogos de Platón (pasajes
del Fedro y Banquete, sobre to d o ) o los dorismos de Jenofonte o los
vulgarismos de H iponacte, com parando las inscripciones contemporáneas
áticas o jónicas, respectivamente.
Pero, con excepciones, tam poco representan propiam ente las inscripciones
la lengua popular. Estas excepciones se refieren sobre todo a inscripciones
«vu lg a res» arriba aludidas, tales las de ciertos vasos y óstraca y las de las
defixionum tabellae. P o r otro lado, el concepto de «v u lg a r » no coincide
exactamente con el de «p o p u la r »: el ático popular es reflejado mucho m ejor
p or Aristófanes que p o r las inscripciones. Aunque en éstas, en todas ellas en
general, haya una gran variedad de construcciones sintácticas y de form as
flexionadas, m enor rigidez en esto que en los texto's escritos.
A h o ra bien, por lo que al vocabulario y la fraseología se refiere, hay que

1 Thesaurus verborum quae in titulis lonicis leguntur cum H erod oteo sermone comparatus,
H e id e lb e rg 1914.
172 FRANCISCO R. ADRADOS

hacer constar que la m ayoría de las inscripciones pertenecen a la que p o d ría ­


m os llam ar «len gu a de can cillería», que ha fijad o fórm ulas y usos que se
repiten con m on oton ía. Las inscripciones «p a rticu la res» son escasas y b re v e s :
sobre to d o sepulcrales y dedicatorias (p ero las más extensas están en verso),
tam bién llenas, p o r lo demás, de fórm ulas. A p a rte están, decíam os, las esca­
sas y breves inscripciones «v u lg a re s ».
E l grueso de las inscripciones griegas son, efectivam ente, inscripciones
oficiales, de las ciudades, tem plos, etc. E ncontram os tod a clase de listas
(m uertos en las guerras, vencedores en Juegos y Certám enes, servidores de
santuarios, listas de inventario, e tc.); de cuentas (ingresos y pagos, arrenda­
m ientos, e tc .); de contratos (para la construcción de ed ificios públicos y
tem p lo s); de decretos, leyes, tratados; de actas de m anum isión; etc. D om in a n
casi siempre el léxico arcaico, las fórm ulas fijas.
Sucede, de otra parte, que así co m o es cierto que las inscripciones están
libres en general de préstam os literarios y de lengua vulgar, no es m enos
cierto que en e l d om in io legal se crea una especie de léxico griego com ún, es
decir, que no es nada seguro que el vocab u lario de una inscripción dialectal
contenga solam ente térm inos dialectales. E llo es sobre to d o claro cuando ese
léxico legal, de origen ático, se expande conservando sus características fo n é ­
ticas. A veces, hay casos m ixtos; en el dom in io dórico encontram os 5a¡ióoioi
(lac. ba^ohioq), con asim ilación ática de la -t- ante -i-, pero con alfa. C o n
frecuencia la interpretación es dudosa: R u ijg h 1 p o r ejem p lo supone que en
beoc. TTSTparri y are. rerparoq es aticism o la voca liza ción de / en pa. E sto es
sumamente dudoso.
T o d o esto está en relación con e l hecho de que nuestras inscripciones
anteriores al s. iv a.C. son m uy escasas; y precisam ente en ese siglo tiene lugar
la gran expansión de las form as del ático, que da origen a la koiné. In versa­
mente, com ienzan a penetrar en el ático palabras jónicas y de otros dialectos,
dentro del m ism o fen óm en o de la unificación de la lengua griega. T o d o ello
hace d ifícil ju zga r los hechos.
En tod o caso, resulta claro que la utilización del léxico de las inscripciones
com o contraste para definir dialectalm ente y desde el punto de vista de los
niveles de lengua el léxico de los textos literarios, debe hacerse con sumo
cuidado, teniendo en cuenta en cada caso el carácter y fecha de las inscrip­
ciones com paradas.
C on tod o, es im portante la con tribu ción de las inscripciones a nuestro
con ocim ien to del léxico griego, tan va rio y extenso. A p a rte de lo que se
deduce de las consideraciones anteriores, añadam os que el carácter con creto
y técnico de numerosas inscripciones nos ofrece palabras que nos son desco­
nocidas p o r vía literaria. H a y incluso m ucho hapax procedentes de inscrip­
ciones. Y hay un vocab u lario que es p ro p io de determ inadas inscripciones : así

1 « L e traitem ent des sonantes vo y elles d a n s les dialectes grecs et la p o sitio n d u M y c é n ie n »,


M n e m o s y n e 14, 1961, pp. 193-216.
LEXICO DE INSCRIPCIONES Y DIALECTAL 173

la term in ología sepulcral que encontram os en A s ia M e n o r 1, con palabras


com o nvi)(i£Íov, rácpoq, aopóq, oojfiaTo$f¡nr¡, eiaúcrrr).
A h o ra bien, estos térm inos técnicos o especializados, que figuran en listas
y relaciones, no siempre son fáciles de definir. Pienso, p o r ejem plo, en los
objetos que figuran en los inventarios del tem plo de D élos com o el de 1G 1.
(2) 161 B o en S E G 24.361 (b eo cio Qpáyava, Fayávto, noúpaufia, Cimag ); en los
pescados citados en una inscripción beocia que los tasa2. Muchas veces la
traducción de estos términos es aproxim ada o conjetural.

3. P r o b le m a s d e l l é x ic o d e la s in s c r ip c io n e s

U n m aterial con frecuencia fragm entario de lectura dudosa com o son las
inscripciones presenta al lexicógrafo numerosos problem as de ed ición ; si una
determ inada form a es un error del lapicida o si tiene una interpretación de
orden fon ético o dialectal o de form ación de palabras; cuál es la restitución
correcta de las palabras transmitidas fragm entariam ente. T o d o esto com porta
problem as de interpretación. P o r otra parte, en lo relativo a la manera de
citar las inscripciones el lexicógrafo se encuentra ante un dilem a; sí seguir las
grandes colecciones o bien nuevos tratam ientos m onográficos, en las revistas,
del texto de inscripciones determinadas. Estos nuevos tratam ientos suelen
contener cosas de interés, pero en cam bio el riesgo está en que una misma
inscripción sea considerada alternativam ente según varias ediciones.
Este riesgo no es pura im aginación. En E m érita 39, lo ejem plificábam os
con la inscripción deifica que nos ha conservado las leyes de la fratría de los
Labiadas, la cual es citada diversam ente p or L S J según las diversas palabras:
para Foíxco cita Schwyzer 323, para dapárai M ic h e l 995, para áfiquXXéyu} G D I
2561, para áyaioq S IG 438. M u ch o más grave es que L S J da dtAexrópiov tradu­
cido com o poultry-yard , con la referencia IG R o m 4.921 (C y b ira ) y su Supple-
ment cita a su vez áXXexTópiov, prob. = Lat. adlectoriujn, reading-room , S E G
6.277 (C ybira, I I a. D ., written áXex-). Pues bien, conviene saber que se trata
de dos lecturas, en dos ediciones, de la m ism a palabra, traducida una vez p or
'corral de gallos’ y otra p or 'sala de lectura*.
En nuestro, D G E hemos establecido un orden jerárqu ico respecto a las
citas: I G y grandes co rp o ra ; colecciones m on ográficas; Supplementum E p i-
graphicum G raecum ; publicaciones originales. Pero, aunque cuando se cita
por una edición es elem ental dar exactam ente el texto de esa edición, es fuerza
recoger también, con las indicaciones pertinentes, el texto de las nuevas
lecturas y conjeturas: las del citado Supplementum I - X X V Leiden, Brill,
1923 ss.; las de una gran b ib liografía dispersa en revistas sobre todo. D en tro
de ella destacan las publicaciones de L . R o b e rt: el «B u lletin E p igrap h iqu e»

1 J. K u b in o k a , L e s monuments funéraires dans les inscriptions grecques de Í A s i e M in e u re ,


V a rs o v ia 1968.
2 F. Salviat et C . V atin , Inscriptions de la G rece centrale, P a rís 1971, p p . 95-109.
174 FRANCISCO R. ADRADOS

que publica la Revue des Etudes G recs; sus Opera M in o ra Selecta, I- I I I ,


A m sterdam , 1969-74; H ellenica I - X I I I , París 1940-65. H a y que añadir los
artículos de D rew -B ear en G lotta, a partir del vol. 46, 1968, m ejora n d o L S J
desde el punto de vista e p ig r á fic o ; las diversas revisiones de inscripciones p or
Peek en la Zeitsch sch rift f ü r P a pyrologie und E p ig ra p h ik ; y muchas pu blica­
ciones más.
L a dificultad del trabajo en ep igrafía griega se m u ltiplica p o r causa del
m ín im o m aterial auxiliar que en general presentan nuestras ediciones. Es lo
más frecuente que éstas no ofrezcan com entario in terpretativo alguno (así las
IG , las Feuilles de Delphes, las Inscriptions de D élos , etc.) o que este com en ­
tario sea extrem adam ente parco.
H a y ciertam ente excepciones com o, entre otros ejem plos, L . et J. R ob ert,
L a C arie, París 1954 ss., A . et E. Bernard, Les inscriptions du Colosse de
M em non, París 1960.
E n cuanto al léxico, algunas ofrecen listas de nom bres p rop ios y de
palabras escogidas, sin m ás; así, p o r ej., las IG . Otras veces ni siquiera
contam os con esta ayuda.
Y no existen léxicos de inscripciones apenas. L a principal excepción es
bien parcial, el L éx ico contenido en el vo l. I I I de la S ylloge Inscriptionum
Graecarum de D itten b erger1, es decir, de una an tología de inscripciones.
T a m p o c o se trata, propiam ente, de un L éxico, sino de un índice que da, eso
sí, el con texto de las palabras.
A sí, aunque insuficiente, el m ejor rep ertorio d el léxico de las inscripciones
es el contenido en L S J , que h izo a este respecto una ob ra m eritoria. El
Supplem ent despojó algunas colecciones más, pero m uy saltuariam ente, com o
hem os hecho ver en el p ró lo g o al D G E . Es im prescindible, pues, acudir a las
propias colecciones y a los estudios m on ográficos, lo m ism o para las colec­
ciones no m encionadas, p or ser posteriores, en el L S J y el Supplement, que
para las contenidas en éste. Y carecem os de dos instrum entos auxiliares que,
en nuestra opin ión , serían del mas alto v a lo r:

a) U n a tabla de correspondencias que diera todas las ediciones de cada


inscripción. Según están las cosas es m uy difícil, p o r ejem plo, ver si ciertas
inscripciones que aparecen en viejas publicaciones com o el C IG , G D I, O G I,
IG R o m . han vu elto a ser publicadas y dónde.
b) U n a lista de correcciones (sem ejante a la que existe para los papiros)
que nos ofreciera todas las nuevas lecturas y conjeturas (e incluso todas las
nuevas interpretaciones) de todas las inscripciones, con un índice que la
hiciera utilizable.

L a fo rm a desorganizada en que se ha trabajado en E p igra fía griega ha


hecho que el m aterial léxico de las inscripciones nos sea más difícilm ente
accesible que ningún otro y que haya sido u tilizado m enos de lo debido.

1 3.a ed., L e ip z ig 1915-24, 4 vols.


LEXICO DE INSCRIPCIONES Y DIALECTAL 175

H em os intentado de todos m odos dar una idea tanto del. carácter de este
léxico c o m o de nuestro conocim iento de él. Aunque algo añadirem os al
hablar del léxico d ialectal

II. E L L E X IC O D I A L E C T A L

1. G e n e r a l id a d e s

U n D iccion ario griego recoge un diasistema, es decir, una serie de siste­


mas léxicos, ya contem poráneos, ya sucesivos; sistemas, p o r otra parte, que
se interpenetran sobre la base de un núcleo común. Tenem os, p or ejem plo:
a) U na serie de dialectos locales, con diferenciaciones internas: el beocio,
por ejem plo, tiene variedades locales (de Tebas, Tanagra, Tespias...) y a su
vez es una variedad del eolio.
b) U n a serie de dialectos literarios, que suelen tener su base en un dialecto
local, con influjo de otros dialectos locales o literarios: hemos m encionado
esto para H eró d o to y Safo, pero igual puede hablarse del cuasi-dorio (con
elementos hom éricos) de la lírica coral, del cuasi-jonio (con jonism os y ho-
merismos) de la elegía, etc. En el caso de H om ero, el origen de la m ezcla de
elementos dialectales que presenta es un problem a de H istoria literaria.
c) U n a serie de niveles de lenguaje: lenguaje de cancillería, popular,
vulgar, técnico y científico, etc. Esto es sobre tod o cierto para la época
helenística. A q u í encontram os el griego popular del N u e v o Testam ento y
ciertos papiros privados, al lado de la koiné literaria más antigua (P olib io,
Filón el M ecánico, etc.) y de la koiné literaria posterior, que va incluyendo
dosis cada vez más fuertes sea de aticismos, sea de poetismos.
Puede decirse que si bien el léxico es más bien un dato accesorio, al lado
de los fonéticos y m orfológicos, en la caracterización de los dialectos locales,
su papel es absolutamente decisivo en la de los dialectos literarios y los niveles
de lenguaje, verdaderos «d ialectos sociales». En todos los casos hay que
insistir en que el léxico pertenece a una zona de la lengua especialmente
permeable. Existen, ciertamente, palabras excluidas de ciertos dialectos o
niveles y otras exclusivas de ellos, caracterizadoras de los m ism os; los poetas
épicos de edad helenística y rom ana reintroducen homerismos, a veces con
interpretación defectuosa; los aticistas de edad im perial reintroducen térm i­
nos áticos hacía tiem po caídos en desuso. Pero al lado de estas palabras y de
las comunes a todo el griego hay otras propias de varios dialectos o niveles,
aunque aparezcan en ellos con frecuencias variables. Proceden ya de los
orígenes mismos, ya de préstamos posteriores; en uno y otro caso adquieren
un valor de estilo o género. Así, surgen, p or ejem plo, las llamadas «palabras
poéticas» que, sea cualquiera su origen, caracterizan ciertos estilos, desde el
discurso de D io tim a en el Banquete de Platón a un autor com o H im erio.
N o existe, pues, un léxico absolutamente fijo en cada dialecto, sino que
hay una gradación. Aunque tuviéramos, que no lo tenemos, un despojo
176 FRANCISCO R. ADRADOS

exhau stivo de los distintos dialectos locales o literarios, los distintos géneros
y estilos, con e llo no tendríam os m ás que un instrum ento para com en za r la
in vestigación de los distintos léxicos especiales en cuanto a su o rigen y en
cuanto a su v a lo r de estilo.
E stando c o m o están las cosas se puede to d o lo más tratar de dis­
pon er

a) L éxicos, con cordan cias e índices de autores o grupos de autores, d ia ­


lectos locales, etc., a que nos hem os referid o en II. 1 y 2. Y , p o r supuesto,
estudios sobre estos diferentes léxicos desde los puntos de vista m encionados.
b ) U n D ic c io n a rio general en que se dé la m áxim a d ocu m en tación de
cada palabra a lo la rgo tanto de la c ro n o lo g ía c o m o de los dialectos locales
y literarios. E l id ea l sería docu m entar la palabra en tod os aqu ellos en que esté
presente, de m o d o que, p o r ejem p lo, la falta de citas de prosistas áticos
significara la no aparición de la m ism a en ático.
A este id ea l quiere responder en alguna m ed id a el D G E .
C on vien e hacer algunas indicaciones de carácter p ráctico sobre la in clu ­
sión en un D ic c io n a rio general del léxico dialectal. C u an do la diferen cia es
solam ente fon ética, n o hay o tra solu ción que dar todas las form as b a jo un
lem a con ven cion al, que suele ser el del ático (e l D G E da la fo rm a jó n ic a y de
otros dialectos para los verb os en -croco y los en -áoo, -éio, -ów, para e l grupo
-p a -). P o r supuesto, cuando form as c o m o iepóg, ia p ó g jp o g quedan m u y sepa­
radas, es preciso dar referencias. P e ro cuando una fo rm a fo n ética dialectal no
tiene correspon den cia en ático, es absurdo reconstruir una fo rm a ática: hay
que dar la prim era tal cual. Y lo m ism o con las m o rfo ló gica s.
E n cuanto a la transcripción, cualquier criterio es adm isible (véase in-
fra I I . 8 el del D G E ) con una c o n d ició n : que no altere los rasgos fo n ético s y
m o rfo ló g ic o s p ro p io s de los dialectos. N o se puede, p or ej., transcribir p o r et
la e de ciertos dialectos que carecen de q : se sugiere así que dichos dialectos
poseen la op o sició n e / f , lo que no es verdad.

2. El lé x ic o de lo s d ia le c t o s lo c a le s

L o p rim ero que hay que decir de este léxico es que está insuficientem ente
recogid o. H a y algunas colecciones de m ateriales, pero incom pletas, en:
H. V a n H erw erd en , L e x ic u m G raecum S u ppletorium e t D ia le cticu m , L ei-
den 1910, 2 vols.
Fr. Bechtel, D ie griechische D ia le k te , tres vols., Berlín 1921-24 (a p r o p ó ­
sito de cada dialecto da su léxico más característico).
L o s índices de obras de D ia le c to lo g ía c o m o Thu m b-Scherer, Handbuch
der griechischen D ia le k te , Z w e ite r T e il, H eid e lb e rg 1959 o E. Schw yzer, D ia ­
le ctoru m gra ecoru m exem pla epigraphica p o tio ra , L e ip z ig 1923. A u n q u e resul­
te extraño, en índices co m o éstos se encuentran cosas que faltan en L S J .
E n segundo térm ino, no está hecha la historia del léxico de lo s dialectos
griegos. Si la fragm en tación de los dialectos en lo que respecta a sus caracterís-
LEXICO DE INSCRIPCIONES Y DIALECTAL 177

ticas fonéticas y m orfológicas está som etida a discusiones, en las que no p o d e­


m os entrar aquí, un elem ento mucho más flu ido y sujeto a préstam os com o es el
léxico, es lógico que históricam ente sea mucho menos seguible todavía.
D e un lado, hem os dicho que nuestras inscripciones dialectales, proceden­
tes en su m ayor parte del s. i v a. C., contienen préstamos del ático, asim ilados
o no a la fonética de los respectivos dialectos. Y que en los textos dialectales
literarios no siempre es fácil separar entre el léxico propiam ente dialectal y
los préstamos de tipo lite ra rio ; insistiremos sobre este punto.
P o r otra parte, habríam os de plantearnos el problem a de los orígenes del
léxico de los dialectos locales dentro de un panoram a más am plio. C om o en
cualquier otro nivel de la lengua, en el léxico hay que distinguir entre arcaís­
mos, elecciones e innovaciones, aunque no siempre sea fácil decidir:

1. Arcaísm os. P o r ejem plo, las coincidencias entre el léxico de H o m e ro y


el del m icénico y tam bién a veces el del arcadio-chipriota, sobre las que
decim os algo infra, I I . 8, deben interpretarse com o arcaísmos dentro de un
grupo dialectal, ya sea el G rieg o O riental del segundo m ilenio, ya un sector
dialectal de él.
L a no aparición de este sector del vocabu lario en otros dialectos debe
atribuirse, simplemente, a pérdfdas sufridas p or los mismos. A sí, si ávor?
'señor* se encuentra en H om ero, m icénico y chipriota, pero no en otros
dialectos, salvo com o hom erism o en lengua poética, la prueba de que tam bién
existió fuera de allí es el nom bre "Avaxeq de los D ioscuros (y ’ Avaxdov de su
tem plo) en el A tic a y otros lugares.
M u y concretam ente, sobre la base de la topon im ia del A tic a y de diversas
frases hechas y arcaísmos del ático hem os establecido en otros lugares 1 que el
ático con oció en fecha antigua, hasta el s. v i a. C. inclusive, palabras que luego
fueron elim inadas del m ism o o reducidas a un em pleo m ín im o : palabras com o
áyaAjua, áyopá 'asam blea’ , aí0co, xpouvóq, £loorrip , 9éyaq, ¡léyapov, etc.
A sí, en una cierta m edida al menos, las diferencias léxicas entre los
dialectos locales provienen de pérdidas de palabras radicales o derivadas.
Estas pérdidas tuvieron lugar sin duda en áreas progresivam ente más reduci­
das, según avanzaba la fragm entación dialectal. P ero ello no es todo.
2. Elecciones. C on frecuencia, la caracterización léxica de un dialecto de­
pende de que se ha llegado a una elección entre pares de térm inos más o menos
sin ón im os: aipé u y áypécú, ne5á y jurrá, áv y m . Sucede que, a veces, el térm ino
no elegido en un dialecto aparece ocasionalm ente en él com o arcaísm o: en
ático hay derivados de áypéco como.£coypécu, xcjÁaHpérrjq < -ypÉrrjq, etc.; en
arcadio se halla sin, lo que es una huella de x e en un dialecto que generaliza
áv. Otras veces, hay dialectos que todavía no han hecho lay elección: en
m icénico hay ntSá y fierá, m ientras que los demás dialectos eligen.

1 C f. F ran cisco R . A d r a d o s , « L a to p o n im ia y el p ro b le m a de ias Ursprachen» , A ctas del V


Congreso Internacional de Ciencias Onom ásticas, S a la m a n c a 1958, II, pp. 3-12; Estudios de Lingüís­
tica General2, B a rc e lo n a 1974, pp. 207-219; y «O r íg e n e s d el v o c a b u la rio á t ic o », E m érita 22, 1954,
pp. 123-162, 25, 1957, pp. 81-121.
178 FRANCISCO R. ADRADOS

3. Innovaciones. SÍ bien las raíces indoeuropeas que se encuentran en


griego hay que suponer que estaban presentes desde el principio en todo
él y que si faltan en un dialecto ello se debe a elim inaciones secundarias
(aunque quizá, en algún caso, desde fecha muy rem ota), no todos los
derivados y com puestos han de ser p or fuerza pangriegos, sino que pueden
haber surgido en tal o cual dialecto o lugar, difundiéndose posteriorm ente
en un área más o menos vasta. L a cron ología es variable y difícil. A veces,
se trata ya de extensiones que presagian la creación de la k oin é, com o
hemos d ic h o ; otras, pueden ser más antiguas. Es éste un dom in io en el que
se ha trabajado m uy poco. H aría falta disponer de la totalidad de los
datos; dispersión dialectal de las palabras, su frecuencia en cada dialecto,
cron ología de los testimonios.
En estas circunstancias, y mientras esta labor exhaustiva no se realice, un
D iccion ario general debe aspirar a recoger todas las palabras dialectales, con
la m áxim a docum entación respecto a su localización y cron ología. Salvo
frecuencia alta en un dialecto am plio que justifique que la palabra es, p or ej.,
beocia, es más recom endable dar las localizaciones precisas.

3. E l l é x ic o de l o s d ia l e c t o s l it e r a r io s

C o m o hemos dicho, las lenguas literarias de G recia no tienen, en términos


generales, un léxico dialectal «p u r o », sino que contienen siempre una cierta
dosis de léxico «lite ra rio ». Procede muchas veces de H om ero, en ocasiones
introduciendo m odificaciones diversas, conservando otras incluso la fraseolo­
gía; así en la elegía, el yam bo de un A rq u ílo co incluso, en H e ró d o to , en
H eráclito, Esquilo, mélica, etc. Pueden encontrarse datos abundantes en
obras sobre H istoria de la lengua griega: M eillet, Apergu (fuñe H istoire de la
langue grecque1, París 1948; O. H offm an , A . Debrunner, A . Scherer, H istoria
de la lengua griega, trad. esp., M adrid, 1973; R. Hiersche, Grundzüge der
griechischen Sprache, W iesbaden 1970. A ñ adim os en nota alguna b ib liografía
especializada, referente al conjunto de los problem as del lé x ic o 2.
Naturalm ente, este elem ento hom érico aparece en gradaciones diversas.
En ocasiones, desciende a un m ínim o o desaparece y entra, en cam bio, léxico
popular o vu lgar; así en A rq u ílo co , en H ip o n a cte3, en la Com edia. Y no es,
tam poco, la única fuente del léxico literario y poético.
En artículos arriba citados he hecho ver que una parte del léxico de la

1 O b . cit., p. 306 ss.


2 D . P a g e «A rch il'o ch u s a n d the O r a l T ra d itio n », Fondation Hardt, Entretiens X . Archilochus,
G in e b r a 1964, pp. 117-181; M . U ntersteiner, L a lingua di E rodoto, B a ri 1949; H . B. R o sén , Eine
L aut und Form enlehre der Herodotischen Sprache, H e id e lb e rg 1962; B. Snell, Tyrtaios und die
Sprache des E p o s 2, G ó ttin g e n 1969; E. M . H a m m , Gram m atik zu Sappho und Alkaius, B e rlín 1958;
E. Risch, « D i e Sprache A lk m a n s », M H 11, 1954, p p . 20-37; A . Sideras, Aeschylus H om ericus,
G ó ttin g e n 1971; etc.
3 C f. C . N e n c io n i, Jpponatte nelT am biente culturale e lingüístico delFAnatolia Occidentale,
I parte, N á p o le s 19 0.
LEXICO DE INSCRIPCIONES Y DIALECTAL 179

tragedia griega considerado com o «p o é tic o » proviene, en realidad, del v o c a ­


bulario común del ático del s. vi, en que nació la tragedia en Atenas. C om o
este léxico coincide ya con el hom érico ya con el jón ico, de ahí que posterior­
mente haya entrado léxico de estas procedencias en una función de m ero
léxico poético o literario.
Por otra parte, una nueva fuente de léxico poético fue la lírica coral. H a y
que hacer constar que las lenguas literarias griegas arrancan, unas de los
dialectos locales (jónico, lesbio, ático, laconio de A lem án ), incrementados
luego con léxicos hom erizante; otras, de lenguas que fueron literarias desde
el principio, difundidas por aedos y poetas viajeros; caso de la épica, la elegía
y la lírica coral. Sobre un fon do, respectivamente, jón ico y dórico, el influjo
externo, literario, fue aquí mucho mayor. Concretamente, el dorio de la elegía
fue un ligero barniz, unos cuantos fenóm enos fonéticos aplicados solamente
a un repertorio léxico muy lim ita d o ; esto es lo que ha hecho ver claramente
para la lengua de los corales de la tragedia el libro de G. Bjórck, Das alpha
impurum und die tragische Kunstsprache, U ppsala 1950.
C on elementos de varia procedencia e historia, las lenguas literarias de
G recia tenían p or función prim ordial dar una definición form al y un tono
em ocional prop io a los distintos géneros literarios o a distintas unidades
literarias dentro de una misma obra. Esto es lo que hemos hecho ver para el
teatro ático (tragedia y com edia, diálogo y corales) en un trabajo titulado « L a
lengua del teatro á t ic o »1.
En términos generales puede decirse que en época arcaica y clásica tiende
a desarrollarse en G recia un léxico internacional, propio tanto de la poesía
com o de la prosa jónica. H ay, desde luego, determinadas excepciones y zonas
aparte: léxico propiam ente hom érico, vulgarismos del yam bo, etc. A sí, surge
el concepto de «voca b u la rio p o ético », muy útil para caracterizar los distintos
estilos de la koiné; desempeña esa función independientemente de su origen.
P o r otra parte, la existencia de este dom inio léxico, sobre todo relativo a la
vida humana, el pensamiento y eí sentimiento, permite hacer estudios de
campos semánticos que operan con un material relativam ente hom ogéneo.
Esto ha sido probado en estudios com o el de E. G angutia sobre E l campo
semántico Vidal M u erte de H om ero a Platón, M adrid 1977. Y en otros trabajos
más, dirigidos p or nosotros.
En cambio, la prosa ática, tras un m om ento inicial, el de G orgias, fuerte­
mente poetizante en lo relativo al léxico y en otros aspectos, nace en los años
veinte del s. v a. C. com o una fuerte reacción contra to d o este ambiente
léxico. D ado que la prosa ática (e incluso la C om edia) está caracterizada por
la ausencia de una serie de palabras presentes en varios dialectos anteriores
así com o en poesía, presentes incluso en ático del s. v i a ju zgar p o r nuestro
estudio antes citado, y presentes luego también en koiné, surge la hipótesis de
que el origen de esta prosa ha consistido, entre otras cosas que afectan a la

1 E n Estudios sobre los géneros literarios, S alam an ca, U n iv e rsid a d , 1975, pp. 29-48.
180 FRANCISCO R. ADRADOS

sintaxis, etc., en una elim inación de un am plio sector del léxico. Es m uy


im portante que la falta en los autores áticos de una palabra, en un D iccio n a ­
rio general, signifique precisamente que no la usan (salvo, a veces, en pasajes
que buscan un tono poético, com o ya hemos dicho).
Pero, al tiem po, la prosa ática com porta otro rasgo im portante. E l m o v i­
m iento de la Ilustración aporta el desarrollo de una serie de hechos léxicos:
creación de nuevos abstractos en -fia, -aig, de sustantivaciones con artícu lo;
extensión de los adjetivos m ediante el sufijo -móg sobre todo, constituyéndose
series correlativas del tipo -Tr\g / -tikíí / - t ia¡ióg, enorm e desarrollo de la com ­
posición y derivación. Es el origen del léxico intelectual del griego de la koiné
y, a la larga, de todas las lenguas del mundo. Es im portante señalar las
prim eras apariciones de estas palabras, cuya historia no está escrita exhaus­
tivamente.
H ay, sin em bargo, que hacer constar que la creación de un léxico filo s ó ­
fico y científico es anterior a la prosa ática, que no hizo más que continuar
el m ovim ien to. Precisam ente cuando estudiamos el léxico de autores com o
H erá clito y Parm énides nos encontram os con que las mismas palabras, Xóyog
p or ejem plo, están usadas ya en sentido vulgar, ya con especializaciones que
responden a su pensamiento. En H ipócrates, que escribe en jó n ico , palabras
jónicas norm ales y palabras hom éricas son usadas con sentidos m édicos muy
p recisos; e incluso palabras com o las de las com idas o las estaciones tienden
a tom ar sentidos absolutam ente precisos, carentes de tod a am bigü edad1. Y a
desde ahora la lengua científica tiende al ideal que la caracteriza, una palabra
para cada concepto, un concepto para cada palabra. P ero con frecuencia
quedan, incluso en unos mism os autores, huellas de los usos antiguos ju nto
a los nuevos.
A sí, a partir del jó n ico y otros dialectos de los filósofos y científicos y a
través del ático, se va form an d o un nuevo sector del vocabu lario griego que
llega a época helenística y se desarrolla am pliam ente en ella y en la rom ana.
Es este un factor de continuidad. Pero no hay que olvidar, al tiem po, un
factor de discontinuidad. Si, tras H o m ero y H esíod o, la lengua poética y
jón ica fo rm a un conjunto aproxim adam ente uniform e apto para el estudio de
ciertos cam pos semánticos, la prosa ática es la tercera lengua griega a p ro x i­
m adam ente uniform e. C on mucha frecuencia un mismo cam po semántico se
estructura de m anera m uy diferente al de la lengua jó n ica y poética. C on
precedentes en la ciencia jo n ia surge ahora un nuevo universo m ental, que en
lo esencial ha continuado sin grandes rupturas. L a estructuración del cam po
sem ántico de la V id a y la M uerte, a que aludíam os arriba, p o r ejem plo, está
en P latón m ucho más p róxim a al de nuestro vocabu lario com ún que al del
vocabu lario griego precedente. A partir de esta época los conceptos que las
palabras griegas revisten están m ucho más próxim os a los nuestros en sus
definiciones y sus oposiciones.

1 C f. C , R o u r a , E l campo semántico « tiem po» de H o m e ro al ático del siglo v, M a d r id 1970.


LEXICO DE INSCRIPCIONES Y DIALECTAL 181

4. E l «G R IE G O C O M Ú N » O K O IN É

A lo largo del siglo iv, sobre todo en su últim a parte, se va creando el


griego común o koiné, que dom inará la escena durante las épocas helenística
y rom ana y del cual nacerá el griego m oderno; los dialectos antiguos van
quedando arrinconados, convertidos en puramente locales.
L a koiné nace, com o es sabido, en torno al ático, usado com o lengua
franca desde el s. v en todo el Egeo, dom inado políticam ente p o r Atenas, y
también en la corte de M acedonia. Es, en sustancia, un ático que ha perdido
algunos de sus fenóm enos fonéticos más llam ativos y provinciales (tt en vez
de era, pp en vez de pa); que ha desarrollado ciertas evoluciones com o oíSa/jev,
¿Orina)lev, con frecuencia con perfecta concordancia con otros dialectos; y que
ha desarrollado asimismo un nuevo vocabulario, ya de origen dialectal, jón ico
sobre todo, ya integrado p or toda clase de derivados y compuestos que
continúan precisamente la lengua de la ilustración y el pensamiento ateniense.
A lo largo del s. iv vem os cóm o las inscripciones de D elfos o Magnesia,
p or ejem plo, van siendo cada vez más invadidas p o r elementos áticos y que
al vocabulario ático administrativo, legal e intelectual se extiende por do­
quier. Vem os también, en el dom inio de la literatura, el proceso in verso: la
entrada en la prosa ática del vocabulario extra-ático. Esto se ve, por ej., en
Jenofonte, hom bre que v iv ió casi siempre fuera de Atenas y que presenta
términos dóricos y jó n ico s1. Pero se ve también en Platón, cuyos últimos
diálogos, Las Leyes sobre todo, presentan un nuevo vocabulario que anticipa
el de la koiné; precisamente su aparición gradual hace posible fechar relati­
vamente los últimos d iá logos2. Y es interesante notar cóm o en M enandro, a
fines del s. iv, son numerosísimas las palabras no testimoniadas en la litera­
tura ática anterior3.
Es con frecuencia difícil fijar si este nuevo vocabulario procede de tal o
cual dialecto. L o más frecuente es que esté, al tiempo, en jón ico y en poesía,
pero puede faltar en tal o cual género poético o estar también en dorio.
Sospechamos, en ocasiones, que parte de este vocabulario ha perm anecido en
ático en estado latente durante la época de la prosa anterior, proscrito por
así decirlo de ella.
En cuanto a la koiné propiam ente dicha, a partir del s, i i i a. C., para hacer
el estudio de su vocabulario hay que distinguir tres sectores del mismo, por
lo demás a veces entremezclados.
1. L a koiné popular, conocida sobre todo por los papiros privados y por
el N u evo Testam ento que desde el libro de A . Deissm ann 4 sabemos que está

1 C f. G au ttier, L a langue de Xenophon, G en e ve 1911.


2 C f. A . D ia z T ejera, «E n s a y o de un m étod o lingüístico p a ra la c ro n o lo g ía de P la t ó n », Emérita
29, 1961, pp. 241-286.
3 C f. B. D . D u rh a m , The Voeabulary o f M en a n d er1, A m ste rd a m 1969.
4 Licht vom Osten, 4.a ed. 1923.
182 FRANCISCO R. ADRADOS

escrito fundam entalm ente en el griego hablado de la época. D esde el lib ro


de T h u m b 1 sabemos que el léxico de la lengua popular está lleno de
dialectalism os, jonism os sobre todo. L a gram ática de M ayser ofrece largas
listas de estas palabras1. H a y que añadir la flora ción de un nuevo léxico,
incluso en koiné popular, al que y a hemos hecho referencia. Y la presencia
de latinism os1.
L a m ayor parte del léxico de la koiné popular está recogida críticam ente
en el libro de M ou lto n -M illiga n , The vocabulary o f the Greek Testament,
Lon dres 19304-.
2. E l griego judaizante, no estrictamente distinto del anterior. Sobre tod o
para ju zgar leí griego de la versión de los L X X es necesario con ocer los
originales h ebreos1, entre otra bibliografía. E l Theologisches W drterbuch zum
Neuen Testament de K it t e l 1 es m uy útil para el estudio del vocab u lario griego
com o transcripción de un vocabu lario y una id eo lo gía judías y cristianas.
3. L a koiné literaria. En el s. in a. C. los escritos de los estoicos y otros
filósofos, de tratadistas de M ecánica, Poliorcética y Ciencia N atu ral, de
eruditos diversos, de historiadores, se escriben en una prosa que, aproxim án­
dose a la de la koiné popular p o r rechazar ciertos sectores de la gram ática y
el léxico áticos, está de todas maneras más próxim a a la prosa ática. Y a
partir del s. i a. C., con D ion isio de H alicarnaso y C ecilio de Caleacte, surge
el m ovim ien to aticista, que gradualm ente vuelve a reintroducir la gram ática
y el léxico áticos, más ciertam ente en unos autores que en otros. E l m ovim ien ­
to culmina con la segunda sofística, en el s. ii d. C . : D ió n C risóstom o,
Luciano, Arístides, etc. Pero prosigue hasta el s. iv y aun hasta el v, aunque
a partir de un cierto m om ento no es sólo el vocabulario ático el que es de
nuevo usado, sino incluso el vocabu lario poético. H im erio, en el s. iv d. C.,
tom a a Safo p o r m odelo.
M ucho más que p o r la gram ática, los distintos géneros de la koiné
literaria se caracterizan y diferencian p or el léxico. H arían falta estudios
exhaustivos, de tipo estadístico, para establecer las diferentes dosis de
vocabu lario ático y p oético según la cron ología (hay un aumento constan­
te), los géneros literarios, los autores. N o so tro s hemos utilizado este recurso
para caracterizar estilísticamente y fechar las varias colecciones de fábulas
esópicas anónim as1. E l problem a es semejante al de lenguas de vocabu lario
m ixto, com o el antiguo inglés (léxico germ ánico y latin o) o el ruso (ele­
m entos del antiguo eslavo).

1 D ie Griechische Sprache im Z eita lter des Hellenism us, E s tra sb u rg o 1901,2.a ed. 1974, p. 210 ss
2 C f. E. M a y se r, Gram m atik der griechischen P a p yri aus der Ptolem áerzeit, B e rlín 1926-70.
3 C f. S. D a ris , 11 Lessico latino del greco d?Egitto, B a rc e lo n a 1971.
4 C f. tam bién W . B au e r, A G reek-E nglish L e x ic ó n o f the N e w Testament and other early
christian Literature, C h ic a g o 1957.
5 D . H ill, G reek W ords and H e b re w M eanin gs, C a m b rid g e 1967; S. D a n ie l, Recherches sur le
vocabulaire du cuite dans la Septante, P a rís 1966. :
6 Stuttgart 1932-70; trad. italiana, M ilá n 1965-74.
7 F ran cisco R . A d r a d o s , Estudios sobre el léxico de las fábulas esópicas, M a d r id 1948.
LEXICO DE INSCRIPCIONES Y DIALECTAL 183

Pero mientras estos casos han sido objeto de algunos estudios estadísti­
cos1, el cam po en griego está prácticamente virgen desde este punto de vista.
Y apenas contam os con instrumentos auxiliares. L o más notable es la obra
de W . Schmid, D e r Átticism us in seinen H auptvertreter2, H ildesheim 1964, que
da listas de palabras áticas que vuelven a aparecer en los distintos aticistas.
Pero, com o se ha visto en I I . 2, apenas contamos para el griego de época
helenística y rom ana con léxicos e índices.
D e todas maneras, mientras esta deficiencia se subsana, es claro que un
D iccionario general que quiera dar una imagen aproxim ada del léxico griego
deberá registrar la reentrada en la literatura griega del vocabulario ático y
poético desaparecido anteriormente. L os D iccionarios existentes son m uy
pobres a este respecto; un autor tan im portante com o Plutarco, p o r ej., está
a este respecto muy poco utilizado. M ás útiles son, sin em bargo, para recoger
las nuevas palabras derivadas o compuestas que constantemente se fueron
creando en la literatura de la época helenística y romana.
En lo relativo al vocabulario específico de la literatura cristiana, presta un
gran servicio el léxico patrístico de L a m p e2, aunque se concentra más en
la term inología teológica que en el léxico general de la lengua griega que se
va creando y del que los autores cristianos participan igual que los demás.

1 C f. p o r ej., G . H e rd a n , Quantitative Linguistics, L o n d re s 1964, p. 133 ss.


2 O x fo rd 1961-1968 (2 .a ed .)
II.5
Micénico

1. L O S T E X T O S M IC É N IC O S : SUS C A R A C T E R ÍS T IC A S Y SU E S C R IT U R A

A partir del desciframiento de las tablillas micénicas el año 1953 por obra
de M ichael Ventris, tenemos a nuestra disposición textos griegos del s. xm
a. C. (los de Cnosos, en Creta, del x v según la opinión dominante), lo que
por fuerza no puede dejar de aumentar, entre otras cosas, nuestro conoci­
miento del léxico griego. Aunque es cierto que el vocabulario de la épica, de
H om ero concretamente, conserva numerosos arcaísmos de fecha contem po­
ránea a la de las tablillas micénicas; es sabido que la épica es una poesía
tradicional que se transmitió durante mucho tiempo por vía oral y que
conserva vocabulario, hechos gramaticales y datos culturales de fecha muy
anterior a aquella, el s. vm , en que se convirtió en obra literaria escrita. Así,
numerosos rasgos de la Gram ática y del vocabulario hom éricos han sido
reencontrados en las tablillas.
Pero, naturalmente, el vocabulario de las tablillas debe ser estudiado por
sí mismo. Junto a los términos también conocidos por H om ero contiene otros
muchos que luego fueron propios de varios dialectos o que son conocidos
ahora por primera vez o con un significado nuevo. Otras veces, es muy difícil
lograr la interpretación griega de una palabra micénica, por razón ya de la
grafía ya de problemas generales de interpretación de las tablillas. A veces es
seguro o probable, por lo menos, que se trata de un topónim o (y podemos
incluso proponer una localización aproxim ada) o de un nombre de persona
o un étnico o de una palabra referente a un determinado dom inio (nombres
de oficios, de plantas aromáticas,’ etc.)
H o y día, tenemos a nuestra disposición, bien editadas en general, varios
miles de tablillas micénicas, procedentes de los palacios de Pilos, Cnosos,
Micenas, Tebas y Tirinto. Están escritas en un silabario, el llam ado linear B,
aunque éste se com plem enta con una serie de signos:

a) Ideogram as o jeroglíficos: a veces son un dibujo que expresa claramen­


te lo que representa, otras son más convencionales y difíciles de inter­
pretar; en ocasiones se liga al ideogram a un signo silábico para dife-
186 FRANCISCO R. ADRADOS

ren dar entre varios significados del mismo ideogram a: así en el caso
de los ideogram as de la «te la », la «p ie l», etc. H a y ideogram as de
personas, animales, unidades diversas de m edida y peso, arras, mue­
bles, vasijas, textiles, productos vegetales, metales, carros y sus piezas,
etc. Sucede con frecuencia que en la misma o en distintas tablillas se
dé, además de la transcripción por ideogram as, la norm al p o r silabo-
gramas.
b) Num erales y unidades diversas: m edidas de áridos, de líquidos, unida­
des de peso. En realidad, son ideogramas. En ocasiones conocem os las
palabras griegas a que corresponden, en otras no.
c) Signos silábicos usados com o ideogram as (acrón im os): puede escribir­
se, por ej., ko, en vez del nom bre com pleto del coriandro o culandro
Oko-ri-ja -d o-n o). Otras veces preceden com o adjuntos a un ideogram a:
así o- que indica que se trata de algo adeudado ( o-pe-ro 'deuda’ ).
d) M on ogram as: son especie de ideogram as cuyo origen, sin em bargo,
parece estar en la com binación o ligadura de silabogramas, no en una
representación figurada de la cosa.

En definitiva el sistema, aunque posee desarrollos propios, es esencial­


mente el m ism o que se encuentra en las lenguas del p róxim o Oriente
escritas en cuneiform e: junto a estos silabogramas poseen ideogram as que
son los mismos trátese de cualquier lengua (sumerio, acadio, asirio-babi-
lonio, hetita, etc.). Es también el mism o sistema del m inoico, escrito en
C reta en la llam ada escritura lineal A , predecesora de la lineal B que ya
nota griego, en fecha anterior a la de ésta (prim era m itad del segundo
m ilenio a. C.).
Desde el punto de vista de la lexicografía hay que notar que no sólo los
grupos de silabogramas, separados unos de otros p o r una rayita vertical, sino
tam bién los ideogram as y sus variantes, incluidos los numerales y demás y los
m onogram as, corresponden a unidades lexicales. E l problem a es que las más
de las veces desconocem os su trascripción silábica, en escritura fonética a
base de silabogramas, y más aún su transcripción en alfabeto griego. Pero
aunque sea con un tratam iento especial, aparte, estos signos deben entrar en
un diccionario griego: el desconocim iento de su fonética en ocasiones no
estorba a que tengamos una idea, a veces muy precisa, sobre el significado.
A sí, en el caso de las unidades de capacidad para áridos podem os fijar
aproxim adam ente la equivalencia con las nuestras; y cuando se refieren a la
m edición del grano, conocem os las áreas o superficies que representan, es
decir, aquellas sembradas con tal cantidad.
C onviene que pasemos ahora, sin em bargo, a ocuparnos de nuestros tema
central: las palabras escritas en silabogramas. Pero para que el lector pueda
apreciar m ejor el estado de la cuestión de un tem a que incluso a los helenistas
de form ación tradicional les es con frecuencia poco fam iliar, conviene decir
algunas cosas sobre el carácter y contenido de las tablillas y sobre el sistema
gráfico de la escritura lineal B.
MICENICO 187

Las tablillas que, procedentes de los palacios citados (en el caso de


Micenas, de instalaciones exteriores), poseemos son de arcilla y están
secadas al sol: sólo el incendido de los palacios, en el m om ento de la
destrucción de éstos, ha hecho que se cocieran y ha posibilitado su con­
servación. Schliemann no las encontró en Micenas en sus excavaciones
de 1876; sin duda las arrojó inadvertidamente con los escombros. Pero sí
las halló Evans en sus excavaciones de Cnosos a partir de 1900 y las
publicó, aunque incompletamente, en sus Scripta M inoa, I, de 1909 (sólo
14 tablillas) y otras publicaciones de 1935 y 1952. Las halló sobre todo
Blegen en Pilos en 1939, siendo publicadas por Bennet en 195.1. Sobre la
base de estas tablillas, más explícitas que las de Cnosos, tuvo lugar el
desciframiento de Ventris, que se apoyó tanto en el estudio de ideogramas
y numerales com o en un m étodo com binatorio. Desde entonces ha aumen­
tado progresivam ente el número de inscripciones halladas en estos lugares
y en Micenas, últimamente también en Tebas y T ir in to ; y se han m ejorado
las lecturas, se han unido fragmentos, en suma, se ha hecho un importante
trabajo editorial y, también, de interpretación.
Las tablillas proceden de los archivos de los palacios y se refieren a la
administración de los reinos micénicos, estrictamente centralizados bajo el
mando de sus reyes. Son la obra de un cuerpo de escribas, cuyas manos
podem os en gran parte reconocer, y que usan un sistema gráfico, una lengua
y unas convenciones que son en lo esencial las mismas.
Su contenido es nada literario, puramente administrativo. H a y listas de
personal (de los santuarios, de los talleres textiles, de las fuerzas m ilitares...);
inventarios (de armas, muebles, vasijas, carros, rebaños...); relaciones de
impuestos o prestaciones y su pago; otras referentes a las entregas de tierra
por parte del palacio al personal, religioso y otro, del m ism o; estipulaciones
sobre ofrendas que deben hacerse en determinadas fechas a santuarios y
dioses; etc. Estamos ante Estados muy centralizados en que lo político y lo
religioso y económ ico se unen, a la manera de m odelos orientales, desde
Sumeria a la Creta m inoica. Pero el detalle de las instituciones debemos
deducirlo de las tablillas, más algunos datos de la arqu eología; y a su vez
estas tablillas debemos interpretarlas a partir de dichas instituciones. Hay,
pues, un círculo vicioso, no siempre fácil de romper.
A q u í está la razón profunda de la dificultad de la interpretación del léxico
micénico, sobre todo si se añade que se trata de anotaciones para personas
que conocían perfectamente el contexto institucional. Estaban destinadas,
parece, a ser destruidas, sólo consérvamos las del último año de la vida de los
palacios y eso gracias a la circunstancia del incendio. O sea, son anotaciones
abreviadas que, una vez desaparecido el contexto institucional, resultan con
frecuencia oscuras.
Pero la oscuridad aumenta, sobre todo, por causa del sistema gráfico. La
escritura lineal B, deducida de la línea A , que notaba una lengua no griega,
está muy m al adaptada a la lengua griega: a una misma notación pueden
corresponder fonéticam ente, con frecuencia, varias palabras griegas: y si el
188 FRANCISCO R. ADRADOS

contexto no es claro, es d ifícil elegir entre ellas. C on más razón en el caso de


los nom bres de persona y, sobre tod o, los de lugar, que sin duda era frecuen­
temente de origen no griego.
H e aquí algunos rasgos de dicho sistema grá fico:

a) N o distingue oclusivas sordas, sonoras y aspiradas ni distingue entre l


y r ; no nota m, n ni, generalm ente, i ante consonante, ni /, m, n, r, i en final.
b) En cam bio, n ota con una serie especial las labiovelares y conserva en
ocasiones la y o d indoeu ropea (n otada j ) , a más de la wau (w ).
c) N o distingue las cantidades de las vocales.
d) C o m o es im posible notar una consonante sola, hay que escribir un
silabogram a con una v o ca l puram ente gráfica, que suele ser la de la sílaba
siguiente.
e) H a y una serie de h om ófon os, dos signos que tienen o parecen tener el
m ism o valor. L a nueva investigación ha resuelto a veces el problem a, redu­
ciendo, p o r ej., a 3 a ai y aA a au, con lo cual ciertas interpretaciones anteriores
quedan descartadas. Otras veces el problem a subsiste. Y continúan existiendo
algunas silabogram as no interpretados o no interpretados con unanim idad.

En consecuencia, a -k e -ra 2-te puede equivaler, entre otras cosas, a dcyydAav-


o áyeípavTeg, prescindiendo de que la fonética jón ico-ática de estas dos
transcripciones no es m icénica; ra -q i-ti-ra z puede ser pampía 'm u jer que cose’
o KajjLTTTpía 'p o rta d o ra de una antorcha’ , entre otras cosas; etc. Si se añade que
podem os im aginar palabras no conocidas p o r el griego posterior y aun pala­
bras no griegas (sobre todo en los topónim os, p o r lo demás no siempre fáciles
de aislar), las dificultades del tratam iento del léxico m icénico son evidentes.
A u nqu e no conviene exagerar: wa-na-ka es a todas luces Fáva%, te-o-jo es
fteoío, k o-to-n a o k o -to -i-n a es la HToiva a que se refiere H esiqu io en su glosa:
HToivaC 5rj/iog /j.sfi£pio/jévog.

2. C ó m o t r a t a r e l l é x i c o m ic é n ic o

Estas circunstancias son las que hacen que el tratam iento del léxico m icé­
nico deba ser especial, aparte del del resto del griego. Esto nos resultó claro
desde el principio en cuanto decidim os in corp orar el léxico m icénico al D G E .
U n a cosa es evidente: no se puede in corp orar directam ente el léxico
m icénico dentro de un D iccion ario griego norm al com o el D G E , N o sólo una
mism a palabra m icénica puede tener varias interpretaciones griegas, entre las
cuales a veces se duda, sino que puede no tener ninguna o puede tenerla
puram ente conjetural. P ero tam poco parece justo dejar de tom ar en cuenta
en el D iccio n a rio griego aquellos datos de interés que el léxico m icénico puede
aportar.
P o r ello, en el caso del D G E hem os adoptado un sistema doble.
a) E l D G E incluye referencias al D M ic . (D iccio n a rio M icén ico ) en aque­
llos lemas de los cuales se consideran transcripción determ inadas palabras
micénicas. P o r ejem plo, en la palabra áyeípco se añade una referencia del
MI CENI CO 189

tipo D M ic . a -k e-ra 2-te (un part. de aor. de: ese verbo, que es lo que se
encuentra en las tablillas y es a su vez lema del D M ic .). A h o ra bien, cuando
la propuesta de que el lema griego reproduce una palabra mícénica es sola­
mente verosím il, la referencia añade una (?). P o r ejem plo, no sólo en áyeípco
sino también en óyyéAAou se da una referencia a a -ke-ra2-te, sólo que aquí se
añade (?). Naturalm ente, este proceder supone una serie de tomas de posición
que pueden tener un grado variable de acierto, com o cualesquiera otras.
b) E l D M ic . se redacta ordenando los lemas micénicos p or orden alfabé­
tico, con independencia de cuál sea la transcripción griega o de si hay una
transcripción griega segura o verosím il. Cuando hay varias form as flexionales
de un mismo nom bre o verbo, se agrupan; pero cuando hay sólo una, sea
cualquiera, es esa la que se da, sin recontruir nom inativos de singular o
primeras personas también de singular.
U n D iccion ario M icén ico debe, por lo demás, atenerse a las normas
generales de los D iccionarios bilingües, haciendo referencia al contexto y
clasificando las acepciones de acuerdo con él. Solamente, el cam po del M ic é ­
nico es a veces tan problem ático, que es justo que aquí se mencionen las
diferencias de opinión, dando la bibliografía pertinente; incluso pueden tener
acogida propuestas de transcripción al griego que no es lógico sean citadas
en un D iccion ario griego (el D G E en nuestro caso) para no dar una falsa
impresión de seguridad.
D ada la naturaleza de los textos micénicos, el concepto de contexto no es
idéntico al del resto del griego. En él entra el tipo de la tablilla: la serie a que
pertenece (en relación con los ideogram as), el set o conjunto (e.d., la perte­
nencia a un m ism o escriba com o parte de un conjunto de documentos) y,
sobre todo, la com paración con otras apariciones de la palabra: dada la
escasez de los datos, el estudio debe ser exhaustivo. Piénsese que el estado
fragm entario de muchas tablillas hace la tarea m uy difícil, aparte de los
problemas comunes a todas, ya mencionados.
Resultaría conveniente disponer de un D iccion ario M icénico que, m edian­
te signos especiales, notara todo lo que aporta de nuevo el M icénico al
conocim iento del léxico griego: en palabras nuevas, variantes fonéticas o
m orfológicas nuevas, sentidos nuevos. Que diera una prosopografía micénica
completa, sean transcribibles o no los nombres al griego y p or muchas dudas
que haya, que las hay, sobre si dos apariciones de un mism o nom bre se
refieren al mism o individuo o no. Que diera, igualmente, todos los datos de
los topónim os, incluidas las propuestas de localización y prescindiendo, otra
vez, de cuál puede ser la transcripción, para lo cual lo lógico es dar las
propuestas sin garantía alguna sólo exem pli gratia. H ay que añadir que el
D iccionario debería ir acom pañado, p o r razones expuestas más arriba, de una
relación de ideogram as y sus variantes, m onogram as y signos numerales o de
unidades diversas, con las interpretaciones que para ellos disponemos y la
equivalencia griega, cuando nos es conocida.
H ay que añadir que la tarea del autor de un D iccion ario M icénico no
termina cuando com prueba que tal palabra micénica es considerada com o
190 FRANCISCO R. ADRADOS

transcripción de tal palabra griega. P o r ejem plo, qa-si-re-u es reconocidam en­


te paotXeúg, pero traducir 're y ’ es poca cosa; hay que diferenciarlo del wa-na-
ka o Fáva%, hay que decir algo sobre su papel com o funcionario local, su estar
som etido a contribuciones, etc. A veces la interpretación es controvertida, así
hay dudas sobre la función de los te-re-ta (gr. te Ae o t u í ) o los e-qe-ta, sobre lo
que es en realidad la tierra ki-ti-m e-n a y la ke-ke-m e-na (transcritas unánim e­
mente com o HTifiéva y meheihevo). E l lexicógrafo, aquí com o en tantas ocasio­
nes, debe tom ar posición sobre cuestiones de fon d o y debe dar, además, una
idea sobre las opiniones emitidas en cuanto presentan posibilidades serias.
Tam bién debe señalar, en el caso de significados peculiarm ente micénicos, la
huella de su parcial perduración en el griego posterior.

3. E s t a d o a c t u a l d e l o s e s t u d io s so br e e l l é x ic o m ic é n ic o

Propuesto este ideal, al que en alguna form a trata de aproxim arse nues­
tro D M ic ., es llegado el m om ento de hacer una exposición del estado actual
del estudio del léxico m icénico. D isponem os de varios léxicos y diccionarios,
útiles pero ya anticuados p o r la existencia de nuevas y más com pletas ed icio­
nes de los textos y de estudios m onográficos, filológicos y lingüísticos poste­
riores. D am os a continuación referencia de los mismos, para indicar seguida­
mente las obras que deben estar en la base de la confección de un nuevo
D iccion ario M icén ico:
J. Chadwick y L . Baumbach, «T h e M ycenaean G reek V o ca b u la ry », G lotta
41, 1963, pp. 157-271, com pletado por L. Baumbach, «T h e M ycenaean G reek
Vocabulary, I I » , G lotta 49, 1971, pp. 151-190. Estos dos artículos recogen las
palabras griegas que con m ayor o m enor verosim ilitud se propone encontrar
en los textos micénicos, para lo cual se da la docum entación pertinente.
Anna M orp u rgo, Mycenaeae Graecitatis Lexicón . R om a, E dizion i
dell’ A ten eo, 1963, 465 pp. Es nuestro léxico m icénico fundamental. Es obra
realizada con mucho cuidado filo ló g ico , aunque quizá en exceso escueta. D a
las propuestas existentes, con b ib liografía; no transcribe al alfabeto griego
más que en casos de gran verosim ilitud. Pero ha quedado m uy anticuada.
M ichel Lejeune, Index inverse du grec mucénien. París, Centre N a tio n a l
de la Recherche Scientifique, 1964, 116 pp. Está escrito sobre la base del
Léxico de A . M orp u rgo, con ciertas adiciones; su utilidad principal es
com parar, para la reconstrucción o interpretación, palabras cuyo com ienzo
se ha perdido.
Anna M orp u rgo, «Id eo gra m m a ta M ycen aea», A tti e M e m o rie del
1. C o n g r. In t. di M ic e n o lo g ia , I I , R o m a , E d iz io n i d e ll’ A t e n e o , 1968,
pp. 513-555. M e jo ra y pone al día, p or lo que se refiere a este apartado, el
Lexicón .
A n n a Sacconí, « G li ideogram m i micenei per le cifre ed i segni di m isura»,
Kadmos 10, 1971, pp. 125-134.
H ein z Geiss (ed.), Indices to Abbreviations and Adjuncts in the Knossos
Tablets. Berlín, A kadem ie der Wissenschaften, 1970.
MICENICO 191

O. Landau, M ykenisch-Griechische Personennamen. G otem bu rgo, U n iver­


sidad, 1958, 306 pp. Indispensable todavía para los antropónim os, pero
terriblemente anticuado. Las propuestas de transcripción son con mucha
frecuencia meras posibilidades, otras veces son im posibles p o r las nuevas
lecturas o interpretaciones de silabogramas.
J. P, O livier, L. G odart, C. Seydel, C. Sourvinou, Index Généraux du
Lineaire B. R om a, E dizion i dell’ A teneo, 1973, 407 pp. Es la base para cual­
quier D iccion ario que pueda realizarse. P ero está ya parcialm ente anticuado
por la publicación posterior de tablillas de Tebas y Tirin to, de nuevas edicio­
nes de las de M icenas y de los vasos y de uniones y añadidos a las de Cnosos.
H ay que advertir que se refiere no sólo a los textos en silabogramas, sino
también a los ideogramas.
A cta Mycenaea, I : M inutes, Resolutions and Reports. Salamanca, U n iver­
sidad, 1972, 205 pp. En pp. X V I - X X I I I se incluyen las «F in a l R esolu tions»,
con las decisiones del C o lo q u io m icénico de Salamanca sobre la transcripción
de silabogramas e ideogramas.
A sí, en definitiva, carecemos de un Léxico micénico com pleto, a la altura
de nuestro conocim iento de los textos. L os que poseem os no incluyen los
últimos hallazgos, ni son suficientemente explícitos. E l atraso es especialmen­
te notable por lo que respecta a los topónim os y más aún para los antropó­
nim os; no hay ningún léxico especial de los mismos.
D e todas maneras, hay que hacer constar que contamos hoy con ciertas
ayudas para m ejorar el tratam iento anterior del léxico m icénico. Prescindien­
do de los estudios m on ográficos relativos a cada palabra o á grupos de textos,
hay que llam ar la atención sobre los siguientes puntos:

a) L a existencia de repertorios prosopográficos com o son para Pilos el de


M argareta Lindgren, The People o f Pylos. Prosoprographical and M eth od olo-
g ica l Studies in the Pylos Archives, Upssala 1973; y el de D. Ferrin Sutton,
An analytical Prosopography and statistical Guide to the La n d Tenure Tablets
fro m Pylos, m icrofilm , U niversity o f W isconsin, Í970.
b) El desarrollo de los estudios sobre las «m a n o s » de los escribas, que
ayudan a clasificar éstas en sets, con ventaja para su interpretación. Esto es
lo que, para Cnosos, ha hecho J. P. O livier en sus Les scribes de Cnosos
R om a 1967; ha sido utilizado en la edición cuarta de estas tablillas. Sobre las
de Pilos ha hecho estudios Bennet, estudios utilizados en la nueva edición de
Bennet y Olivier. L a nueva edición de las tablillas de M icenas de A . Sacconi
incluye también estudio de las manos.
c) E l avance sobre la localización de los topónim os, en buena m edida en
conexión con los estudios sobre los sets y las manos. Para esto conviene
referirse a nuevos estudios de W as, Palm er, H iller, Shelmerdine y Chadwick,
entre otros.

H e aquí ahora la situación de las obras generales sobre Gram ática. Ten e­
mos :
E. V ilb org, A tentative Gram m ar o f Mycenaean Greek, G otem burgo, 1960,
192 FRANCISCO R. ADRADOS

169 pp. U til para su tiem po, esta G ram ática ha quedado anticuada ante ios
nuevos textos, las nuevas ediciones y las nuevas interpretaciones.
A n tó n Scherer, «M y k e n is c h » en Handbuch der griechischen D ialekte, II,
2.a ed. H eidelberg, W inter, 1959. Buena exposición, pero esquem ática y con
los inconvenientes de la obra anterior.
M ich el Lejeune, Phonétique H istorique du M ycénien et du G rec A nden.
París, Klincksieck, 1972, 398 pp. O bra más al día, pero referida sólo a la
F onética y no exhaustiva.
H a y que anotar que el trabajo de detalle realizado sobre problem as con ­
cretos de G ram ática micénica, que afectan a todo L éx ico m icénico que pueda
redactarse, es m uy am plio. N o está recogido sistemáticamente en parte algu­
na: hay que buscarlo, así com o trabajos especiales sobre el L éxico, en los
repertorios bibliográficos de que hablarem os más adelante.
A sí, pues, puesto que la L ex ico gra fía micénica debe hacerse, en definitiva,
a partir de las ediciones de textos y de los trabajos de interpretación de los
mismos, resulta a todas luces conveniente presentar el estado en que se
encuentran dichas ediciones, así com o la bibliografía. C om encem os p or las
primeras.

4. L a s e d ic io n e s d e t e x t o s m ic é n ic o s

Para cada grupo de tablillas tenemos una edición standard, que m en cio­
naremos junto con la indicación de la b ib liografía suplementaria. Para las
tablillas de Pilos:
E m m et L. Bennet Jr., Jean-Pierre O livier, The Pylos Tablets transcribed,
R om a, E d izion i d ell’A ten eo, 1973. 287 pp. Incluye todas las tablillas que
han id o añadiéndose, en las nuevas campañas, a las prim eram ente pu bli­
cadas, así com o nuevas lecturas. Las notas son un verdadero aparato
crítico. L o s autores prom eten la publicación de un segundo tom o, con el
estudio sobre las manos, un Indice y apéndices. L a edición no com prende
dibujos (para lo cual hay que referirse a la anterior edición, de Ben­
net, 1955), ni fotografías.
Para las de Cnosos:
J. Chadwick, J. T. K illen , J. P. O livier, The Knossos Tablets, fourth
edition. C am bridge U niversity Press, 1971, 472 pp. Esta edición supera en
mucho a las anteriores, aunque sigue sin com prender dibujos ni fotografías.
A h o ra bien, posteriorm ente a la publicación de la misma, se han publicado
uniones de tablillas ya conocidas, así com o fragm entos nuevos, m aterial todo
él que falta tod avía en Ind ex Généraux... citado arriba:
L. G odart, J. P. O livier, «N o u v e a u x fragm ents de tablettes en Linéaire B
de Cnossos», B C H 9 1 , 1973, pp. 5-22.
J. Sakellarakis, J. P. O livier, «D e u x fragm ents de tablettes en Linéaire B
de Cnossos au M usée N a tio n a l d’ A th én es», A A A 5, 1972, pp. 289-292.
L. G odart, J. P. O livier, «119 raccords et quasi-raccords de fragm ents
dans les tablettes de Cnossos», S M E A 15, 1972, pp. 33-50.
MICENICO 193

L. G odart, J. P. O livier «98 raccords et quasi raccords de fragm ents dans


les tablettes de C nossos», M in os 13, 1972, pp. 113-129.
Para las tablillas de M icenas:
A n n a Sacconi, Corpus delle iscrizioni in lineare B di M icene, R om a , E d i­
zioni dell’ A ten eo, 1974, 150 pp. Es la edición más al día: además de una
nueva lectura y un aparato crítico, com p orta dibujos y fotogra fía s de las
tablillas. D a además una clasiñcación p or escribas.
Para las tablillas de Tebas:
Th. G. Spuropulos, J. Chadwick, The Thebes Tablets I I . U niversidad de
Salamanca, 1975, 120 pp. Au m enta mucho el m aterial de la anterior edición
(es posterior a Ind ex Généraux...)
Para unas pocas inscripciones de T irin to, aparecidas últim am ente (y, p or
tanto, no incluidas en Ind ex Généraux...)'.
L. G od art, J. P. O livier «N o u v e a u x Textes en Linéaire B de T y rin te »,
A A A 7, 1974, pp. 25-26.
Para las inscripciones en los va so s:
A n n a Sacconi, Corpus delle iscrizioni vascolari in lineare B. R om a, E d iz io ­
ni d ell’ A ten eo, 1974, 246 pp. Esta edición sustituye con ventaja a la de
Raison, utilizada en Ind ex Généraux... Está hecha con criterio ep igráfico y
com portaba más de la edición, aparato crítico, dibujos, fotografías y tablas.
A ñ ade inscripciones nuevas y elim ina otras que no son de lineal B.

5. B ib l io g r a f ía M ic é n ic a

Siendo im posible intentar aquí una B ib liografía M icénica extensa, añadi­


mos a la dada más arriba, relativa a Léxicos, Gram áticas y Ediciones, alguna
de la más fundam ental, dividida en cuatro apartados: obras generales y
colecciones de artículos; A ctas de Congresos, H om enajes; R evistas; y R ep er­
torios bib liográficos:

a) Obras generales y colecciones de artículos. Las dos obras generales más


notables son Docum ents in M ycenaean Greek de M . Ventris, J. C hadw ick
(2.a ed .d e J. Chadw ick, C am bridge 1973) y The Interpretation o f M ycenaean
Greek Texts de L. R. Palm er (2.a ed., O x fo rd 1969). H ay que añadir los tres
volúm enes en que se recogen los artículos científicos de M . Lejeune, titulados
M ém oires de P h ilolog ie M ycénienneQ . .a serie París 1958, 2. R o m a 1971,3.aR o ­
m a 1972); el volum en de C. J. R uijgh, Études sur la Gram m aire et le Vocabu-
laire du Grec M ycénien, Am sterdam i 967; y el tom o de hom enaje a J. Sund-
w all titulado M in o ica y publicado en Berlín, 1958.
b) Actas de Congresos. Están en prim er térm ino las A ctas de los cinco
coloquios celebrados en París 1956, P avía 1958, W in gspread 1961, C a m b rid ­
ge 1964 y Salamanca 1970; han aparecido, en los lugares citados, en los
años 1956, 1958, 1964, 1966 y 1972. Se añaden los Studia M ycenaea,
Brno 1965, actas de un congreso celebrado en dicha ciudad en 1966; y los A tti
del C ongreso de R o m a de 1967, publicados en 1960.
194 FRANCISCO R. ADRADOS

c) Revistas. Se dedican a la M ic e n o lo g ía y dom inios conexos las siguientes


revistas: Kadm os (M anchester, W a lte r de G ru y ter); M in o s (U n iv e rs id a d de
Salam anca); Studi M ic e n e i ed E g e o -A n a to lic i i = S M E A , R o m a , Istitu to di
Studi M icen ei). Se ocupan con frecuencia de estos temas otras muchas revis­
tas filo ló g ica s y arqueológicas.
d ) R epertorios bibliográficos. H a y el de E. G rum ach, B ibliographie der
K retisch 'M y k en isch en E p igra p h ik , M unich y Berlín 1963; hay un suplem ento
para la b ib lio g ra fía de los años 1962-1965, publicado en 1967. A p a rte de esto,
existen cuatro publicaciones utilizadas, que aparecen p erió d ica m en te:
N éstor, ed itad o p o r Bennet en la U n iversidad de W iscon sin y en via d o p o r
páginas sueltas, según aparece.
Studies in M ycenaean Inscriptions and D ia lect, que salen anualm ente (c o n
un cierto retraso) en el Institute o f Classical Studies de Lon d res, editados p o r
J. J. D . Richardson. Es una publicación m uy útil que contiene lista de
autores, lista de palabras m icénicas estudiadas (con in dicación de las nuevas
propuestas), índices de tablillas estudiadas. L . Baum bach ha pu blicado en un
tom o (R o m a 1968) los volúm enes correspondientes a 1953-64.
E pigra fía Jurídica M ic é n ic a , ob ra de Francisco R. A d ra d o s y Francisco
A u ra J orro y publicada cada tres o cuatro años en la revista rom an a
Studia et D ocum enta H istoria e luris. H a salido cinco veces. Presenta y
com enta las publicaciones fundam entales sobre epigrafía, ediciones, gra­
m ática, arqu eología, etc., y, más detenidam ente, to d o lo rela tivo a In sti­
tuciones micénicas.
D ie Aegaische Frühzeit, una serie de inform es (han salido seis) firm ad os
p o r F. Schacherm eyr sobre progresos en el estudio a rq u eo ló gico e histórico
del m undo egeo. A p arecen en el A nzeiger f ü r die Altertum sw issenschaft, de
Viena.
N atu ralm ente, se encuentran tam bién datos en publicaciones b ib lio g rá fi­
cas generales, sobre to d o L 'A n n é e P h ilolog iq u e de París y la B ibliographie
Linguistique publicada en U trech t p o r la U N E S C O .

9. A l g u n o s r a s g o s d e l l é x ic o m ic é n ic o

L o prim ero que hay que notar es que con ocem os e l léxico m icénico p o r
unos docum entos m uy especiales, según hem os d ich o: de ahí que dicho
con ocim ien to sea fragm en tario y nos dé una idea im precisa sobre el léxico
m icénico en general. P o r ejem plo, con ocem os m uy pocos verbos y éstos en
m uy pocas form as flexion ales; y es paupérrim a la docum entación del
vocab u lario abstracto y del de tip o intelectual en general. En cam bio,
conocem os bien el de tod a clase de productos animales, vegetales, m inera­
les, etc., armas, utensilios, etc., y el vocab u lario p o lítico y adm inistrativo.
A u n qu e en la interpretación de esta zon a léxica encontram os, ya dijim os,
grandes dificultades.
P ero aun en estos dom in ios hay sin duda lagunas. Piénsese que nuestros
docum entos son los archivos de palacio, y que instituciones, dioses, etc., que
MICENICO 195

caen fuera de la esfera del palacio real, no se recogen o se recogen sólo


indirectamente.
D e todas maneras, todas estas zonas léxicas aumentan grandem ente nues­
tro conocim iento del léxico griego, aunque el detalle del significado difiera a
veces del que tenían las mismas palabras en época clásica. Tam bién es suma­
mente im portante el enriquecim iento de nuestro conocim iento de los antro-
pónim os: el encontrar usados p or personas comunes nom bres com o los de
Teseo, Eteocles, A lectrión , etc., que sólo conocíam os atribuidos a personajes
del m ito o de la leyenda épica. Y el dato de la existencia de una am plia serie
de topónim os que apenas podem os reducir a los griegos posteriores; sean
griegos o no, es claro que eran usados en la época y, quizá, en fecha posterior
también.
H ay que añadir un criterio que explica las anom alías del léxico m icénico;
su carácter dialectal. E l m icénico es el único dialecto griego que conocem os
directamente en su estado del segundo m ilenio a. C. Y a hemos dicho que
pertenece al grupo dialectal griego oriental, a una fase previa a los dialectos
del prim er m ilenio, tal com o quedaron constituidos, y al mismo dialecto
hom érico. Es decir, tanto en H o m ero com o en ciertos dialectos del grupo
oriental se conservan palabras micénicas, sin que esto quiera decir que sean
exactamente derivados del M icénico. H o y más bien vem os al M icénico com o
una lengua de cancillería, al lado de la cual habría variantes cuya relación con
los dialectos posteriores sería fluyente. P o r otra parte, dado el arcaísmo del
M icénico es aceptable en principio la idea de que contenga arcaísmos léxicos
conservados sólo en tal o cual dialecto oriental o incluso occidental y desa­
parecidos de otros, incluso de H om ero. A p a rte de que el distinto carácter de
la E popeya y de unos docum entos burocráticos es suficiente para explicar la
solo parcial coincidencia entre una y o tro s 1.
C on todas estas cauciones y la ulterior de que el léxico es el elem ento de
la lengua menos estrechamente ligado a las divisiones dialectales, no deja de
ser im portante estudiar las coincidencias entre el léxico m icénico y el de
H om ero y los dialectos posteriores. H a y que estudiarlas, p o r supuesto, al
tiem po que hechos de Fonética y M o rfo lo g ía . Estas coincidencias aparecen
con la m ayor frecuencia entre M icénico y dialecto hom érico, M icén ico y
A rcadio-C h ipriota, M icénico y E olio. O entre más de dos de estos dialectos:
5énag 'co p a ' y <páayavov 'espada’ , por ejem plo, que a nosotros nos suenan
com o palabras poéticas de H om ero, son los términos norm ales en M icén ico
y, según los glosarios, tam bién estaban en C hipriota. O bien coexisten en
M icénico palabras entre las que luego eligen los dialectos posteriores, así las
preposiciones ¡lerá yneóá. P o r supuesto, el M icénico tam bién puede estar, p o r
su arcaísmo, com pletam ente aislado. A s í p a -ro o sea nápoq funciona aquí
com o preposición, m ientras que los dialectos posteriores dejan rrápog com o
adverbio y generalizan com o preposición npóg y otras form as. Ocurre en

1 V éan se detalles en F ran cisco R. A drad os, «M ic é n ic o , dialectos p aram icén ico s y a q u e o
é p ic o », Em érita 44, 1976, pp. 65-113.
196 FRANCISCO R. ADRADOS

otras ocasiones que la con trapartida griega de la fo rm a m icénica sólo m uy


tarde está docum entada, lo cual no quiere decir que no haya existid o antes:
así k e-d o-si-ja 'ta ller textil’ pertenece a la fa m ilia de yépóioq, ‘ tejed o r’ no
testim oniada hasta fecha tardía p o r su carácter técnico.
N o p od em os entrar aquí en el detalle, pero es claro que el estudio del
léxico m icénico en este m arco y teniendo al tiem po en cuenta las diferencias
de fecha y el carácter docum ental de nuestras tablillas, es susceptible de
m ejorar nuestro con ocim ien to de los dialectos griegos y de su historia, inclui­
da la historia del dialecto hom érico. Y , tam bién, el con ocim ien to del léxico
griego en gen eral: voca b u la rio técnico, antropónim os, top ón im os, etcétera.
II.6
Etimología

1. L e x ic o g r a f ía y E t im o l o g ía

L a consideración de la etim ología en un libro de lexicografía se justifica


porque es nuestro instrumento para penetrar en la prehistoria del léxico de
una lengua, en nuestro caso del G riego.
Efectivam ente, un D iccion ario griego de corte tradicional suministra los
materiales a partir de los cuales podría escribirse la historia del vocabulario
griego; desarrollo y cron ología de las nuevas form aciones, de los nuevos
significados de las palabras, de la nueva estructura de los cam pos semánticos
y de las subclases de palabras. Es lo que, para los dos prim eros de los cuatro
apartados que acabamos de mencionar, intenta hacer en alguna m edida el
D ictionnaire E tym ologique de la Langue Grecque. H istoire des mots, de Pierre
Chantraine1. Pero esos mismos D iccionarios tradicionales no ofrecen la
posibilidad de reconstruir en algún m odo la prehistoria del léxico griego si no
van acom pañados de una parte propiam ente etim ológica.
L a etim ología del griego no debe limitarse a dar el entroque indoeuropeo
o no indoerupeo de las diferentes raíces. A veces es posible etim ologizar no
sólo las raíces, sino las palabras de ellas derivadas, anteriores a la creación
del G riego propiam ente dicho. Y es im portante ver, dentro del dom inio
indoeuropeo, cuáles son las lenguas que com parten con el G riego esas pala­
bras o raíces: éste es el instrumento que permite decidir a qué área dialectal
indoeuropea pertenecía el griego, qué relaciones tiene con tales o cuáles
lenguas indoeuropeas. A p oyán d ose sobre tod o en el vocabulario P o r z ig 2 ha
establecido un estrecho parentesco 'del grupo del In do-iranio, el G riego y el
A rm en io, grupo ligado a su v e z de una m anera a veces más laxa con e l del
Báltico y Eslavo. N o se trata sólo de que estas lenguas conserven las mismas
raíces, sino tam bién de que han desarrollado derivados comunes y aceptado
evoluciones semánticas también comunes.

1 París, K linck sieck , 1968 y ss.


2 D ie Gliederung des Indogermanischen Sprachgebietes, H eid elberg , W ín te r, 1954.
198 FRANCISCO R. ADRADOS

E l estudio e tim o ló g ic o es útil tam bién para establecer las conexiones no


in doeuropeas del G rie g o , ya se deban a razones de substrato, de adstrato o de
préstam o. Este estudio tiene un v a lo r m uy grande para establecer una serie de
hechos de gran significado histórico o histórico-cultural, relativos a las rela cio ­
nes de los griegos con las distintas poblaciones que conquistaron o con las que
entraron en contacto y que in flu yeron poderosam ente sobre ellos. E l id ea l es
establecer una c ro n o lo g ía de estos contactos y precisarlos lo más posible.
Estos contactos son en ocasiones con lenguas in doeuropeas no g rie g a s : a
veces es seguro, otras es en to d o caso una hipótesis. A u n q u e el lím ite entre
lo que es G rieg o , lo que es In d oeu rop eo no griego y lo qu es no in d oeu rop eo
es con frecuencia m uy d ifícil de trazar y está som etido a teorías y opiniones
sobre las que tratarem os de dar una idea.
Finalm ente, en el caso de cualquiera de estos sectores d el léxico queda
pendiente la cuestión de si se trata de raíces o palabras pangriegas o de si
están lim itadas a ciertos dialectos (qu e eventualm ente tienen relaciones direc­
tas con ciertas lenguas indoeuropeas vecinas). Pero con frecuencia estos
hechos dependen de innovaciones de fecha griega, tales co m o la elim in ación
de algunas palabras en ciertos dialectos; hablam os de ello en II.4 .II.2 . E n
to d o caso, el e tim ó lo g o está o b lig a d o a dar la e tim o lo g ía de todas las palabras
griegas, en la m edida en que esto es posible, y luego el D iccio n a rio ha de
reseñar su difusión dentro del cuadro de los dialectos.

2. E stado a c t u a l de l a e t im o l o g ía g r ie g a

U n a serie de D iccion arios sucesivamente aparecidos y que recogen lo


esencial de la investigación, desperdigada en libros y artículos de revista, nos
ofrecen el cuadro de lo que sabem os sobre e tim o lo g ía griega palabra p o r
p alab ra; hay que añadir los estudios generales sobre problem as que afectan
al tota l de la e tim o lo g ía del léxico griego y a los que más adelante harem os
referencia. L o s D iccion arios e tim o ló gico s son, p o r orden c ro n o ló g ic o , los
siguientes:
G . Curtius, Grundzüge der griechischen E ty m o lo g ie ,l.a ed., L e ip z ig 1858-62,
5.a 1879.
W . P rellw itz, Etym ologisches W órterbuch der griechischen Sprache, G o t-
tingen 1892,2.a ed. 1905.
E. Boisaq, D iction n a ire étym ologique de la langue grecque, H eid e lb e rg 1907,
con varias reediciones.
J. B. H ofm an n , Etym ologisches W órterbuch des Griechischen, M u­
nich 1950.
H . Frisk, Griechisches Etym ologisches W órterbuch, H eid elb erg 1954-72.
P. Chantraine, D iction n a ire E tym ologiqu e de la Langue Grecque. H is to ire
des mots. Paris, K lin cksieck, 1968 ss.
Junto a los D iccion a rios etim o ló gico s del G rie g o son de u tilidad los del
In d o eu ro p eo y los de lenguas indoeu ropeas diversas. D estacam os entre e llo s:
J. P o k o rn y, Indogerm anisches Etym ologisches W órterbuch, Berna 1959-69.
ETIMOLOGIA 199

A . W alde, J. B. H offm ann, Lateinisches Etymologisches Wdrterbuch, H e i­


delberg 1938-54.
Mientras que los Diccionarios de Curtius y Prellw itz pueden considerarse
superados, todos los demás son dignos de ser utilizados. Concretamente, el
de Frisk, que está más al día en cuanto incluye la nueva b ib lio gra fía 1 y
elimina hipótesis hoy generalmente desechadas, no anula enteramente a los
deBoisacq, H ofm ann, P ok orn y y W alde-H ofm ann. Estos ofrecen con frecuen­
cia bibliografía más am plia y una m ayor explicitud; no todo lo que ha dejado
fuera Frisk carece de interés. En cuanto al D iccionario de Chantraine, si bien
con frecuencia se lim ita a extractar a Frisk,.contiene algunos datos nuevos y
observaciones agudas relativas al significado de las palabras.
Puede decirse, resumiendo el panorama que ofrecen estos Diccionarios,
que no hay entre ellos demasiadas diferencias. T od os presentan un corpus de
palabras griegas con etim ología indoeuropea clara o aceptada com o tal; la
verdad es que son relativamente escasas." Para una zona muy grande del
vocabulario griego o no existe etim ología en absoluto o se dan etim ologías
griegas a las que no se atribuye gran seguridad. H ay luego un gran número de
palabras para las que existen propuestas de etim ología ya a partir de lenguas
indoeuropeas no griegas (el «p elá sg ico » y lenguas minoraisáticas sobre tod o)
ya a partir de lenguas no indoeuropeas, por lo demás difíciles de precisar. Los
límites entre estas interpretaciones son fluyentes. Así, lo más común es que
los D iccionarios califiquen ciertas palabras com o «m editerráneas» o «pregrie-
gas», simplemente: palabras com o los nombres del ciprés (nunápiatioq), el
olivo (¿Ama), el vino (olvog) y tantas otras. Esto es poco com prom etido, pero
no nos lleva muy lejos. L o que no existe en ninguna parte es un repertorio
que recoja la totalidad de adscripciones atribuidas p o r los diferentes lingüistas
a este vocabulario no griego.
D entro del vocabulario propiam ente griego pensamos que existe un gran
desfase al manejar los autores de D iccionarios la teoría laringal en una form a
insuficiente. N o sólo se hace imposible establecer relaciones internas entre las
que son, pensamos, variantes de una misma raíz, sino que no se llega a
establecer correctamente la form ación de las palabras (grados de alternancia,
etc.) D e esto nos ocupamos infra, 3. A llí hablamos también de otros puntos
en los cuales una concepción más realista de la evolución fonética es suscep­
tible de m ejorar nuestro conocim iento sobre la etim ología y las relaciones
internas de muchas palabras. El influjo de la etim ología neogramática, en
suma, es todavía omnipresente; a él se debe el que, com o decimos, de Boisacq
hasta aquí se haya progresado, en realidad, poco.
Tam bién debe aumentarse la utilización del micénico, muy tímida en
Frisk, algo m ayor en Chantraine. Y es lamentable que los Diccionarios
etim ológicos simplemente no mencionen muchísimas palabras, sobre todo

1 H a y que tener m uy en cuenta el tercer tom o, ap arecid o en 1972, que contiene u n a im portante
serie de « N a c h t r a g e » o A d d e n d a .
200 FRANCISCO R. ADRADOS

glosas de H esiquio, que perm iten a pesar de todas sus dificultades establecer
una relación con otras palabras sí mencionadas. P o r ejem plo, el D iccion ario
de Frisk tiene un artículo relativo a urjynov, pero no a f3r¡MÚ)viov, evidentem ente
em parentados. Basta echar una ojeada al Indice de palabras del lib ro de
Furnée m encionado abajo, en 4, y a otra b ib liografía sobre el vocab u lario no
griego, para encontrar en nuestros D iccionarios etim ológicos numerosísimas
lagunas.
O tro problem a grave es el de la toponim ia, m uy explotada en las investi­
gaciones sobre las lenguas pregriegas, pero que nunca ha sido som etida a un
tratam iento sistemático. N o es fácil recoger los datos relativos a hipótesis
sobre los distintos topónim os. Y , sin em bargo, la decisión sobre los elem entos
no griegos del vocabu lario griego pende en buena m edida de lo que se opine
sobre el origen de la top on im ia griega.

3. Palabras d e o r ig e n g r ie g o

A ) Avances en la teoría laringal

E l avance m ayor que puede lograrse en lo relativo a estas palabras es, en


opin ión de los autores de este libro, la aplicación de las conclusiones sobre la
evolu ción de las laringales en G rie g o antiguo en Estudios sobre las sonantes y
laringales indoeuropeas, de uno de los autores del m ism o 1.
Son estas ideas las que han sido aplicadas en la parte etim ológica del D G E
p or Francisco R od rígu ez A d ra d o s y Francisco V illar. Resulta im posible dar
aquí el detalle de las mismas, que en definitiva se centran en adm itir la
existencia de seis larin gales; tres palatales, con los timbres e, a y o (laringales
H\, H\ y H \), y tres velares, tam bién con esos mism os tres tim bres (H 'i, H\
y H f ). L a fecundidad de los resultados alcanzados se deduce no solam ente del
lib ro citado, en que se establecen relaciones etim ológicas entre raíces antes
consideradas independientes y se explica la relación entre variantes de las
mismas, sino tam bién de diversas obras sobre la m o rfo lo g ía del In d oeu rop eo,
que es susceptible de ser renovada p or esta v ía 2.
En líneas generales, de todas maneras, los principales resultados de esta
nueva versión de las laringales son los siguientes:
a) En inicial ante v o c a l las dos series se neutralizan, con lo que las
laringales tiñen la voca l que sigue con su tim bre respectivo, sin m á s : en esto
se continúa la teoría tradicional (oíycü < * H 2egd, etc.)

1 F ran cisc o R o d ríg u e z A d r a d o s , Estudios sobre las sonantes y laringales indoeuropeas, 2.a ed.,
M a d r id , C .S .I .C ., 1973. C f. ta m bién A lb e r t o B e rn a b é , H etita y laringales indoeuropeas, tesis d o c to ra l
inédita, M a d r id 1973, «R e s u lt a d o s en griego de las raíces con d os larin gales (tip o H E H - ) » , R S E L 5,
1975, « A C ritica l R e v ie w o f som e in terpretation o f the I E lo n g d ip h th o n g s », A rch ivu m Linguisticum
N S 7, 1976.
2 C f. F ran cisco R o d ríg u e z A d r a d o s , E volución y estructura del verbo indoeuropeo 2,® ed.
au m en tada, M a d r id , C .S .I.C ., 1974; F ran cisco V illa r, O rigen de la fle x ió n nom inal indoeuropea,
M a d r id , C .S .I.C ., 1974; F ran cisc o R o d ríg u e z A d r a d o s , Lingüistica Indoeuropea, M a d r id , G re-
d o s 1975.
ETIMOLOGIA 201

b) Tam bién en el grupo vocal + laringal + consonante, en pronuncia­


ción tautosilábica, desaparecen los apéndices: el resultado es una vocal larga
del timbre de la laringal. Tam bién aquí se siguen ideas anteriores ( tí 9t¡¡í i <
*-d h e H 1-).
c) En cambio, los apéndices dejan huella de su existencia entre consonan­
te y vocal (5épF a < g^erH l ; páMaj < paX¡w < guelH{); tras vocal cuando hay
tratamiento disilábico (nÁéu) al lado de ttAoj-, de *pleH% ; 5moo al lado de 5rj-,
de *d e H [ ); en vocalizaciones entre consonantes (£uyóv, grado cero de *HieH\
junto al pleno £ ú > w u fu ; m v w , grado cero de *peH\ , junto al pleno ttcóvgü). C on
esto damos sólo los casos más notables.
Esta teoría supone una regularidad en la evolución fonética siempré que
se dan las mismas circunstancias. A dm ite, por supuesto, regularizaciones
de tipo analógico, com o la que hace que en yévog no se halle huella de la u
que se esperaba. A p arte de ello, admite la existencia de alófon os libres en
estos tres casos:

a) Diferencias de silabación. D ebido a ellas, encontram os junto a


form as con á (tautosilábicas) otras con eu o ou dísilábicas, en las que la
laringal es H -2: deja huella el apéndice, pero el timbre de la vocal precedente
no es afectado, según hemos visto. En otras raíces, junto a formas con a, las
hay con ei o o i: se trata de raíces con H\. Paralelamente, hay alternancias
éjeu, ei (y ou, o í); ojeu, ei (y ou, oi). Sólo así es posible explicar la relación
entre form as com o enXeuaa / enku>oa, / x^vvu/ii, nQ¡ia / neí/iai y tantísimas
otras más.
b) Gem inaciones de la laringal. A ellas se deben alternancias del tipo á/au
(y eu), con otras paralelas. Así, junto a váv hay vaüg, váFcj y también véFoj, de
*neH\.
c) Vacilaciones de timbre en las vocalizaciones. Cuando la laringal vo ca ­
liza entre consonantes ya hemos dicho que puede dejar una voca l de igual
timbre que su apéndice; es decir, u o i. Pero también existen vocalizaciones a
(e incluso au y ai) de las mismas raíces; hay yévuq junto a yvaQoq, ¡ioáúvu} junto
a fiéXag, ho/ií^ui junto a xá fia rog , los dos primeros casos de raíces en H* (el
timbre es indiferente), el tercero en H s. Estas vacilaciones, dependientes de
tendencias contrapuestas, ya asimilatorias de los fonemas vecinos, ya a la
máxima diferenciación de abertura entre los elementos de la sílaba, se dan
también en el caso de la vocalización de las demás sonantes, véase más abajo.
Las regularizaciones posteriores no afectaron a palabras que habían quedado
semántica o m orfológicam ente disociadas.

A plican do esta doctrina, aquí sólo mínimamente desarrollada, se puede


introducir una racionalidad m ayor en las etim ologías habituales del griego.
P or ejem plo, es bien conocido el parentesco etim ológico de las palabras que
son sin em bargo lemas independientes en Frisk. Pero sólo mediante la teoría
laringal, com binada con el estudio de las alternancias, se puede seguir la
derivación exacta de estas palabras a partir de una misma raíz * g e r B Otras
veces, la ganancia consiste, com o decíamos, en etim ologizar com o de una
202 FRANCISCO R. ADRADOS

misma raíz palabras consideradas de etim ología diferente, según se hace ya


con frecuencia en E studios...; o en evitar hipótesis azarosas y artificiales com o
las que hace Frisk para derivar x (*}vvu¡JLI- de la raíz de x¿,rw- Es esencial,
también, en la explicación del origen, a partir de gram aticalizaciones secun­
darias, de elem entos m o rfo ló gico s de tantos y tan variados usos com o -u-,
-a-, -e- y otros.
N ótese que con frecuencia, las etim ologías que gracias a la nueva
teoría pueden proponerse, se basan no sólo en la existencia de correspon­
dencias regulares, clave del m étod o com parativo, sino tam bién en los
datos del hetita, que conserva h en el lugar de la laringal. L o s datos del
hetita, efectivam ente, han sido hasta el m om ento menos utilizados de lo
que m erecen para la etim ología del G riego. P o r ejem plo, el het. sanh-
establece que la raíz de gr. avu/icu, es *senH~\ warfyunu- 'hacer fro n d o s o ’
establece que hay una i/ H ( H más exactam ente) en el origen de gr.
slpoq < epFoq, cf. mic. we-we y Fpfjv; het. haliya- 'arrodillarse’ explica la
alternancia de gr. óAe- < * H 3el-, djXévr) < * e H 3l-, aÁa% < H 21-; het. eh.ur- y
gr. ú g , *oFaroq etc. rem ontan a *e¡óH%-, etc.

B) O tros avances en e l campo del Indoeuropeísmo

L o s D iccionarios etim ológicos de que disponem os deben ser increm enta­


dos, com o decimos, con las nuevas investigaciones sobre la etim o lo gía del
hetita; cito entre otras la obra de E. Benveniste, H ittife et indo-européen,
París 1962; la E ty m ologie der H ettitischen Sprache de H . Kronasser, W iesba-
den 1962; y los trabajos de A . Bernabé citados anteriormente.
P o r dar un pequeño ejem plo de la repercusión de estas investigaciones
en la etim o lo gía del griego en un caso en que no intervienen laringales,
citam os un trabajo reciente de uno de los autores de este lib r o 1. M ediante
la aducción de una serie de paralelos hetitas, en este trabajo se hace ver
que las tres raíces en que los D iccionarios etim ológicos reparten los deri­
vados de gr. xaP_5 se reducen a una. A sí, se logra establecer el parentesco
etim o ló gico de xapxapóóouq, xoftpoj, x^PM ^ X^pnct, x aP0TTóq, x a Pl0t> X“ PMH 'punta
de lanza’ j x^P^pa, yápai^, etc.
E llo im plica, p or lo demás, el reconocim iento de un hecho de fonética
expresiva: la aspiración facultativa de las sordas en ciertas palabras. Las
palabras referidas son, pues, de la misma raíz que nápxapov, etc.
Esto nos lleva a la necesidad de prestar m ayor atención en la etim o lo gía
indoeuropea a los fenóm enos de fonética expresiva, a saber, aspiraciones,
gem inaciones, etc. A las primeras ha dedicado un artículo F. V illa r 2. M u y
im portante es tam bién la existencia de vacilaciones de cantidad, otras entre
oclusivas y en los timbres de las vocales dentro del sistema de las raíces

1 F ran cisco R o d ríg u e z A d r a d o s , « G r i e g o napxaípu) y hetita hahharlia-, fcahhars-, hitri-,


Irars- » , H o m e n a je a A ntonio Tovar, M a d r id , G r e d o s , 1972, pp. 39-45.
2 « E l p ro b le m a de las so rd as a sp ira d a s in d o e u ro p e a s », R S E L 1, 1971, pp. 129-160,
ETIMOLOGIA 203

pronom inal-adverbiales1. Tenem os ahora un instrumento para com prender


dobles form as del tipo vúv / vu, ye ¡ ya etc.
Tam bién hemos aludido, más arriba a las fluctuaciones en la vocalización
de las sonantes, recogidas e interpretadas en Estudios... mediante la com bina­
ción de una consideración fo n o ló gica (m uy necesaria en tod a la fonética del
Indoeuropeo, cf. Lingüística Indoeuropea del mismo autor) y de una conside­
ración realista de lo que es la evolu ción fon ética 2. L a etim ología indoeuropea
puede ahora interpretar directamente form as del tipo de áyupiq, cpúÁXov, húAí£,
*/3pú£, pí%a, cuya relación con raíces conocidas o no se da o se explícita
vagam ente en los D iccionarios al uso.
En suma, la etim ología del G riego a partir del In doeu ropeo es un cam po
que continúa abierto y ofrece buenas perspectivas, una vez que se aumenta el
m aterial de base con los datos del hetita y otros, se penetra en la historia de
laringales, aspiradas, raíces pronom inal-adverbiales, etc., y se aplican puntos
de vista fon ológicos y otros basados en una superación del concepto neogra-
m ático de ley fonética. En puntos com o la evolución de las labiovelares, por
ejem plo, la Lingüística griega permanece todavía presa de esos antiguos
prejuicios, que tienden a oscurecer la interpretación de la etim ología y fo n é­
tica micénicas, también. Las relaciones entre los dialectos tienden, en virtud
de los mismos prejuicios, a colocarse a una luz falsa, com o si el panoram a
fuera siempre el de una perturbación secundaria de antiguas fronteras fo n é­
ticas absolutamente nítidas y regulares.
C on esto sólo hemos intentado hacer ver que en este cam po un estanca­
m iento derivado de una falta de renovación teórica puede ser superado y que
es mucho lo que en etim ología griega, es decir, de las palabras propiam ente
de origen griego, queda todavía por hacer.

4. Palabras d e e t im o l o g ía p r e g r ie g a

Según hemos indicado, tanto en el vocabulario común com o en los to p ó ­


nimos del griego se encuentran numerosísimas palabras que no son o no
parecen ser estrictamente griegas. Si descontamos los préstamos de lenguas
conocidas, semítico y egipcio sobre todo, a los que luego aludiremos, se trata
de un vocabulario cuyo origen es difícil de interpretar. Se han propuesto
numerosas hipótesis, ya sosteniendo la existencia en Grecia, cuando los
griegos llegaron, de un substrato indoeuropeo no griego, variam ente definido
p or lo demás; ya de un subtrato no indoeuropeo. P o r supuesto, estas hipóte­
sis no son incom patibles; podía haber varias lenguas en Grecia, indoeuropeas
o no. Otras veces se postula que tal o cual palabra ha sido tom ada en
préstamo de lenguas vecinas, es decir, no del substrato. En cuanto a los

1 C f. Julia M e n d o z a , E volución y estructura del sistema pronom inal indoeuropeo, tésis d o c to ra l


inédita, M a d r id , 1974, p u b licac ió n abre v ia d a , M a d r id 1974.
2 C f. vario s artículos re co gid o s en Estudios de Lingüística General, 2.a ed., B arc elo n a , P la n e ­
ta 1974.
204 FRANCISCO R. ADRADOS

recursos m etodológicos que se siguen, son de dos órdenes, que a veces se


com b in an : ya se trata de encontrar paralelas a las palabras griegas en las de
otras lenguas o en topónim os de diversas zonas próxim as a G recia ; ya de
descubrir en una determ inada zon a del vocabulario griego una serie de regu-
lariades fonéticas que lo refieren, supuestamente, a una misma lengua, in­
doeuropea o no.
Según decíamos, no existe solución unánimemente reconocida y lo más
verosím il es que el griego haya experim entado el influ jo de distintos substra­
tos y adstratos indoeuropeos y no indoeuropeos. Los D iccion arios e tim o ló ­
gicos suelen dar referencias vagas y cambiantes («térm in o m editerrán eo»,
«p a la b ra quizá m inorasiática», etc.)
Conviene dar una idea sobre las distintas teorías existentes y, luego,
algunas indicaciones sobre los problem as fonéticos que van im plicados en
ellas. Puede encontrarse un estado de la cuestión muy aceptable en un artículo
de Luis G i l 1 que se com pleta con la introducción del libro de Furnée sobre
el P regriego 2.
U n a prim era serie de teorías es la iniciada p or Kretschm er con su «P r o -
to in d o e u ro p e ó »3, continuada p or G eo rgiev y van W indekens con su «Pelás-
g ic o » y seguida p or el «P s i-g r ie g o » de M erligen. En todos los casos, se
propon e que el G riego posee un abundante vocabulario y num erosos to p ó n i­
mos procedentes de una lengua indoeuropea o un conjunto de lenguas in­
doeuropeas consideradas com únm ente com o de substrato (aunque la teoría
de D e v o to del Peri-indoeu ropeo habla de adstrato)4. Se trataría de lenguas
indoeuropeas desconocidas, siendo la denom inación de «P e lá s g ic o » tentativa;
se reconstruyen por los recursos m encionados, a saber, la coherencia fonética
de los térm inos en cuestión y su difusión p or un área mediterránea, m inora­
siática sobre todo, más am plia que Grecia.
L a teoría llegó a su culm inación con los trabajos de G e o rg ie v 5 y van
W indekens 6 que, continuando las intuiciones de Kretschm er, creyeron
reconocer en una am plia zon a del vocabulario griego la presencia de unas
leyes fonéticas que actuarían sobre el fon d o indoeuropeo de un m od o
diferente a com o lo hacen las leyes fonéticas del griego. P o r ejem plo, habría
una m utación consonántica parecida á la del germ ánico, palatalización de
las oclusivas, vocalización de las sonantes con tim bre u, paso de o a a,
de u a b etc. Serían pelásgico, p or ejem plo, TÚpLpoq (gr. rá(pog), <púAa£ (gr. rruAr}),
áoáfiivQog (gr. a w / iw v, originalm ente 'piedra*), épéjiivdoq (cf. lat. eruum ), ácrru (de
*ostu, cf. ai. vastu), etc.

1 L u is G il, « E l su bstrato p re g r ie g o ; o je a d a histórica y p a n o rá m ic a a c tu a l», Estudios Clásicos


12, 1968, pp. 249-285.
2 E . J. F u rn ée, D ie wichtigsten konsonantischen Erscheinungen des Vorgriechischen, L a H a y a ,
M o u to n , 1972, «E in le itu n g », p p . 29-98.
3 C f. u n a ex p o sició n de sus ideas p o r M a n u e l F. G a lia n o « L o s estratos lingüísticos y étnicos
p re g rie g o s », Em érita 14, 1946, pp. 273-316.
4 C f. G . D e v o t o , «P e la s g o e p e ri-in d o e u ro p e o », St. E tr. 17, 19.43, pp. 359-367.
5 V . G e o rg ie v , Vorgriechische Sprachwissenschaft I, S o fía 1951.
6 A . J. V a n W in d e k e n s , L e P élasgique, L o v a in a 1952, entre otras publicaciones.
ETIMOLOGIA 205

E l im pacto que ocasionó esta teoría se ha difum inado progresivam ente.


En parte opera con argum entos circulares y puede pensarse que las palabras
com paradas no tienen relación entre sí ó que son griegas (caso sin duda de
Túfifiog). En ocasiones nuestros conocim ientos actuales nos llevan en otra
dirección: áaá/div6og es com parado h oy día con el sum erio-babilonio asam
'recipiente para agua’ . Y , sin em bargo, sufijos com o -v0og y -aaóg, atribuidos
a esta lengua y presentes en form a más o m enos m odificada en topónim os de
A sia M enor, parecen claramente indoeuropeos.
P o r otra parte, parte del vocabulario no griego del G rie g o se ajusta mal,
a veces, a estas leyes fonéticas; de ahí la teoría del «P s i-g r ie g o » de M erlin-
gen 1, quien propuso la existencia en el substrato del G riego, de una lengua
con una m utación consonántica p or la cual k, t, p > £, a, ifi: gr. ij/áÁAcj tendría
que ver con lat. pello, tpuxri con aesl. puchati 'soplar’ , etc.
Esta teoría no ha tenido gran aceptación y, al perder tam bién aceptabili­
dad la del pelásgico, el ambiente general se dirige más bien a las teorías que
hablan vagam ente de substrato m editerráneo; así, en el caso de romanistas
cóm o Alessio, Hubschm id, etc,, ya sin precisar la adscripción a una ram a
lingüística concreta ya a lenguas no indoeuropeas. Sin em bargo, en los ú lti­
mos tiempos ha surgido otra teoría que relaciona el substrato no in doeu ropeo
del griego (incluyendo los sufijos -v 9 - n d - , -ss-) con lenguas indoeuropeas de
A sia M enor, y concretam ente con el lu vita2. Incluso el L in eal A de C reta
pertenecería, según algunos investigadores, a este área lingüística. E l m aterial
de topónim os y sufijos aducido es interesante, pero eí de nom bres comunes
adolece de escaso.
Parece claro que, de cualquier m anera que se le califique, hay en G riego
vocabulario indoeu ropeo entrado en él p or vía de substrato o de adstrato y
presente tam bién fuera de G recia ; algunos de los térm inos en cuestión, tal la
palabra Xafiúpivdog, aparecen ya en L in eal B, es decir, los préstam os son m uy
antiguos. Pero este hecho no excluye la posibilidad de que otros térm inos no
griegos del G riego sean de origen no indoeuropeo, incluso en el caso de que
lleven sufijos indoeuropeos.
Precisamente el lib ro de Furnée a que hemos hecho referencia más
arriba sostiene la hipótesis del carácter no indoeu ropeo de lo que él llam a
el Pregriego y que ejem plifica con una larga serie de palabras del v o c a ­
bulario griego. Sin negar la posibilidad de que tam bién haya en G riego
vocabulario in doeu ropeo no griego, en la práctica tiende a interpretar
com o no indoeu ropeo todo el vocabulario no griego. Encuentra en él una
serie de alternancias consonánticas que explica bien por hechos expresivos,
bien com o destinadas a facilitar ciertas articulaciones. A sí, alternancias
entre oclusivas sordas y aspiradas y entre b / m, b / F, m ¡ F: tipos yAóyog /

1 C f. M erlin g en , Eine altere Lehnwortschicht im Griechischen, V ie n a 1963 y 1967.


2 C f. entre o tros trab ajo s L. R. P a lm e r « L u v ia n a n d L in e a r A » , T P h S 1958, pp. 75-100;
A . H eu b e ck , Praegraeca, E rlan ge n , 1961; E . L a ro c h e , «E t u d e s de to p o n im ie an a to lie n n e », R H A 19,
1961, pp. 57-98.
206 FRANCISCO R. ADRADOS

nXáyog, pr¡xL0V / /3^>í¡ov, nápxapog j xápxapov, fiudóg / áfiuóóv, cmápog / afiapíg,


épéfiivdog / lat. eruum , etc.
L a verdad es que el m aterial de Furnée es tan abundante com o dudoso.
En gran m edida se trata de glosas difícilm ente controlables; en otra, se asume
relación entre palabras que nada indica la tengan; en otra todavía, se trata a
todas luces de palabras indoeuropeas, griegas o no (casos de épéf3ivdoq, nápxa-
pog, etc.) Las aspiraciones de oclusivas, p or ejem plo, son con frecuencia
claramente indoeuropeas, en palabras expresivas. L a alternancia sonora/sor­
da aparece a veces tam bién en lenguas indoeuropeas y precisamente los
partidarios de la hipótesis luvita destacan la unificación de las oclusivas en
lenguas minorasiáticas y L in eal A , lo que daría lugar en los préstam os a
notaciones varias.
En definitiva, el G riego presenta una abundante cantidad de palabras
difíciles de etim ologizar y de atribuir a una lengua definida, pero en
ocasiones relacionables entre sí dentro de grupos. E s im portante el fijar las
variantes fonéticas que se presentan, para p oder así más fácilm ente esta­
blecer estas relaciones; con ello y teniendo en cuenta los criterios estable­
cidos en 3 no es im posible m ejorar nuestro conocim iento del sector «g r ie ­
g o » del G riego, más am plio, creemos, de lo que se piensa y, también, de
otros sectores indoeuropeos o no.

5. O tro s préstam o s

Tenem os, luego, los préstam os de lenguas m ejor o peor conocidas, d ifíci­
les a veces de separar de la zon a anterior del vocabulario. SÍ el p ro to tip o del
áaáfitvdog 'bañera’ lo encontram os, según decimos, en sumerio y babilon io, el
del 'le ó n ’ (A é F gjv) aparece en asirio labbu, egip. labu, etc.
A l estudio de los préstam os semíticos del griego se han dedicado varios
trab ajos1. Sin contar con la teoría de G o rd o n según la cual el L in ea l A
es semítico, es claro en todo caso que los préstamos semíticos son m uy
antiguos; ya en L in eal B aparecen palabras de origen sem ítico tan claras
com o el 'o r o ’ (ku-ru-so, XPU°°g ), el 'c o m in o ’ (k u -m i-n o, núfiivov), el ‘ m a rfil’
(ie-re-pa, ¿Aéqoag), etc.
Existen luego préstamos de otros varios orígenes: egip cios2; orientales en
general3; iranios4; tracios, etc. En época helenística y rom ana el vocabu lario
griego se acrece con un gran núm ero de préstamos latin os5, pero no sólo

1 C f. O . M a s so n , Recherches sur les plus anciens emprunts sémitiques en grec, P a rís 1967;
M . C . A s to u r , H ellenosem ítica, L e id e n 1965.
2 C f. M a c g re a d y , «E g y p t ia n W o r d s in the G r e e k V o c a b u la r y , Glotta 46, 1968, p. 247 s s .;
R . H o lt o n Pierce, « E g y p t ia n lo a n w o rd s in A n c ie n t G r e e k », S O 46, 1971, p p . 96-107.
3 O. Szem erényi, « T h e origins o f the G r e e k L e x ic ó n : ex oriente lu x », J H S 94, 1974, pp.
144-157.
4 H e m m e rd in g e r, «15 8 nom s co m m u n s grecs d ’o rigin e iranienne, d ’E schyle au G r e c m o d e rn e »,
Byzantinoslavica 30, 1969, pp. 18-41.
5 C f. S. D a ris , I I lessico latino nel g feco di E g itto, B a rc e lo n a 1971.
ETIMOLOGIA 207

latinos; los hay tam bién coptos y de otros varios orígenes. A u n qu e más
im portante es en esta fecha e l in flu jo que ejerce el léxico griego sobre el copto,
etíope, arm enio, siriaco, gótico, etc., y, p o r supuesto, sobre el latino.

6. C o n c l u s io n e s

Si el G rie g o nos presenta un inm enso despliegue de palabras siempre


nuevas, en gracia a sus m últiples dialectos y a su facilid ad para la derivación
y com posición, y ofrece asimismo múltiples evoluciones semánticas que am ­
plían cada vez más la capacidad expresiva de su vocabu lario, no es m enos
claro que el punto de partida, las diversas palabras y raíces que presenta el
inventario inicial de la lengua, es m uy am plio.
El estudio etim o ló gico de este vocab u lario «in ic ia l» del griego se ve d ifi­
cultado p o r diversas causas: deficiente con ocim ien to nuestro del G rie g o
histórico, con frecuencia a través de glosas o citas p oco seguras; falta de
con ocim ien to directo de las lenguas, indoeuropeas o no, con las que los
griegos se encontraron al llegar a G recia ; insuficiencia de los m étodos de
reconstrucción neogram áticos, tod avía en boga, y de la im agen tradicion al de
la F o n o lo g ía del In d oeu rop eo. A pesar de todo, operan do a partir, sobre
todo, de una m ejora de estas últim as circunstancias y de una crítica de las
teorías sobre el «p r e g r ie g o », es posible, pensamos, m ejorar nuestro co n o ci­
m iento de la etim o lo g ía del G riego.
Esta m ejora es susceptible de tender un puente entre el vocabu lario
in doeu ropeo y el del G rie g o ; ya adscribiendo éste a una determ inada zon a
del In d oeu rop eo, ya vien do sus puntos de partida, desde los cuales se puede
trazar con una cierta exactitud una línea hasta el vocabu lario del G riego
histórico. Puede así com prenderse y seguirse m ejor la evolu ción del léxico
de éste. En definitiva, la reconstrucción etim o ló gica continúa hacia una
fecha más antigua la investigación sobre la historia del léxico griego, de
igual m anera que la reconstrucción de la m o rfo lo g ía griega en fecha pre­
histórica facilita la com prensión de la evolu ción del total de la m o rfo lo g ía
griega. Insistim os en que, en el cam po del léxico, que incluye la form ación
de palabras, es posible, con nuestros instrumentos actuales, un progreso en
esta dirección. Y que este progreso aumentará, sin duda, e l sector del léxico
considerado propiam ente griego y dism inuirá el que suele designarse com o
in d oeu ropeo no griego, no indoeu ropeo o, simplemente, de origen desco­
nocido.
II.7
Ordenadores y lexicografía griega.
£1 Banco de datos

1. I n t r o d u c c ió n , h is t o r ia y estado de l a c u e s t ió n

E l m undo de los ordenadores para la F ilo lo g ía Clásica y, en general, para


los estudios de Hum anidades es todavía poco m enos que ánóppr^Tov. Q uizá
pronto deje de serlo; desde hace algunos años estas máquinas han irrum pido
en las Facultades de Letras y están provocan do tal revolución que es probable
que en un futuro más o m enos próxim o su utilización p o r parte de los
humanistas sea un hecho banal.
E l fenóm eno es reciente pero ha adquirido ya grandes proporciones.
Repasem os brevem ente la historia de los últimos años. En 1944 H o w a rd
A ik en term inaba su orden ador M a rk I, un arm atoste electrom ecánico que
puede considerarse el prim er ordenador sensu stricto. D os años después y por
necesidades de la política de defensa norteam ericana se creaba el prim er
ordenador electrónico. A pesar de sus servidumbres basadas en la fragilidad
de sus válvulas y en el consumo exagerado de electricidad (es con ocid o el
hecho de que cuando entraba en funcionam iento dejaba casi a oscuras barrios
enteros de Filadelñ a) este ordenador, el E N I A C , supuso un gran avance
sobre el M ark I.
A l año siguiente, en Inglaterra, se conseguía un ordenador que podía
cam biar de program a sin necesidad de m odificar los circuitos de ia m áquina,
con lo cual se había superado el inconveniente principal del E N IA C .
L a década de los 40 es, pues, la de los diferentes prototipos que van
superando las dificultades técnicas hásta conseguir un ordenador com erciali-
zable. En los años 50 em pieza la fabricación en serie; en 1951 aparece el
U N I V A C I y en 1956 el 705 de IB M , ambos de válvulas, es decir, pertene­
cientes a la llam ada prim era generación. En esta misma década al sustituirse
las válvulas p or transistores se da paso a la segunda generación de orden ado­
res que ya obtienen un gran éxito en el m ercado; las series 1400 y 1700
de IB M , el 1107 de R an d y el 3600 de C D C se colocan p or m illares en
empresas públicas y privadas.
210 JAVIER LOPEZ FACAL

El em pleo de circuitos integrados y el desarrollo del «s o ftw a r e » se consi­


deran com o las características defm itorias de la tercera generación.
T o d o esto es m uy con ocid o y no vam os a detenernos más en ello. Adejnás
existen en español una serie de libros introductorios sobre este tem a 1, en
donde se pueden encontrar inform aciones más porm enorizadas sobre la his­
toria y características de los prim eros ordenadores. L o que sí es im portante
subrayar es que a pesar de antecedentes heroicos y bien conocidos, es a partir
de la tercera generación cuando los ordenadores entran p or la puerta grande
de la investigación científica. Evidentem ente esto no es e x tra ñ o ; los prim eros
ordenadores trataban únicamente problem as numéricos y no com prendían
más que su lenguaje. Sólo al ampliarse su cam po de aplicación y, sobre todo,
desarrollarse el «s o ftw a r e » pudieron aplicarse cóm odam ente a la investiga­
ción científica.
En nuestro cam po concreto, la F ilo lo g ía griega (y latina), el m aridaje
ordenador-investigación se consuma en los 60. Sin em bargo ya en la década
de 1950 a 1960 se habían fundado centros de aplicación de ordenadores al
estudio de las Humanidades. Los pioneros en este cam po, según mis in fo r­
maciones, son el P. Busa con su Centro p e r la Autom azione de ir Analisi
Lingüistica de Gallarate, Várese; el Laboratoire cPAnalyse lexicologiqu e de
Besangon y el Centre cfAnalyse documentaire pour CA rchéo lo gie (C .A .D .A .)
de M arsella. A h o ra bien, com o es sabido estos centros no se dedican exclusi­
vam ente a F ilo lo g ía G reco-latina. En este terreno el prim er centro específico
es el Laboratoire cfAnalyse statistique des langues anciennes (L .A .S .L .A .) con
sede en Lieja. Realm ente este organism o es un poco el pionero y norte de la
nueva filo lo g ía clásica realizada con ayuda de ordenador. Tendrem os ocasión
de m encionarlo más veces por su revista y la im portancia de sus investigacio­
nes y m étodos de trabajo.
A partir de 1961, año en el que se fundó el L A S L A , se produce una
eclosión de este tipo de centros.
D ebem os distinguir, sin em bargo, dos tipos de organ izacion es: los centros
de cálculo universitarios polivalentes y dedicados a diferentes disciplinas
(com o el m ism o centro de cálculo de la U niversidad de M a d rid ) y los que se
ocupan específica o prim ordialm ente de filo lo g ía y lingüística greco-latinas.
Entre éstos cabe m encionar el Departm ent o f Classics del D artm ou th College,
H annover, N e w Ham pshire que dirige Stephen F. W aite, «e d it o r » de la
Utilísima revista Calculi, el Center f o r Com puter Research in the Humanities
del C ollege Station de la U niversidad de Texas, el m alogrado Institute f o r
Com puter Research in the Hum anities de la N e w Y o r k U niversity, U niversity
Heights, y finalm ente el im portante proyecto de Thesaurus Linguae Graecae
de la U niversidad de California, Irvine.
A dem ás de estos centros, hay otros de contenido más general que también

1 V éase p o r ej., el lib ro de H o llin g d a ie y T o o till, Com putadores electrónicos, A lia n z a E d ito rial,
M a d r id 1967,
ORDENADORES Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 211

han trabajado en nuestra especialidad. Recordem os el In stitu í f o r Lingvistik


de la Universidad de Aarhus (D inam arca) en donde el profesor H olm b oe ha
publicado las concordancia .8 de Esquilo, el Zentrum fü r Datenverarbeitung
donde W , O tt desarrolla sus trabajos sobre métrica latina, el Harvard Com­
puter Center donde D avid Packard ha hecho las monumentales concordancias
de T ito L ivio, el Department o f Computer Science de Edim burgo en donde
A ndrew Q. M orton y Sidney Michaelson han trabajado, entre otras cosas, en
lexicografía griega, etc.
A medida que se creaban los centros y progresaba el volumen de trabajo
realizado con ayuda de ordenador, se hizo necesario publicar revistas espe­
cializadas que informasen de la marcha de los trabajos para evitar duplica­
ciones, poner en contacto a los cada vez más numerosos especialistas y
exponer el cuerpo de doctrina y métodos que se iban creando paulatinamente.
U na vez más abrió fuego en este campo el L A S L A de Lieja, que lanzó su
primer volumen de la ya célebre Revue el año 1965. Su director es Louís
Delatte y hasta la fecha han salido 11 volúmenes de 4 fascículos cada uno
(cuatro fascículos por año, excepto el l . er año que sólo salió un fascículo).
En segundo lugar es de justicia mencionar la benemérita labor desarrolla­
da por Stephen W aite, cuya revista Calculi mantiene al día sobre proyectos,
publicaciones, conferencias y otras útiles informaciones. Adem ás de su utili­
dad Calculi tiene una característica digna de m ención: es gratuita.
Existen otras muchas revistas más o menos periódicas y de finalidad
diferente. Frente a la concepción de Calculi, que inform a sólo de trabajos
publicados o en curso de publicación, pero no publica originales, la revista
Computers and the Humanities editada por Joseph Raben, del Queens College
de N .Y .U . Flushing, publica artículos sobre nuestra disciplina.
T od os estos centros y publicaciones periódicas 1 recibieron el espaldarazo
deí reconocim iento oficial en el V Congreso Internacional de Estudios Clásicos
de Bonn (1969). En él p or primera vez hubo una sesión dedicada a los
«P rob lem e der elektronischen D atenverarbeitung» que presidió L. D elatte y
en ía que se trataron cuestiones de m etodología y su solución por el equipo
de L A S L A (Etienne Evrad), problemas de métrica estudiada con ayuda de
ordenador (W . O tt), así com o otros temas de aplicación de las máquinas.
Adem ás, una vez terminado el congreso un grupo de personas se trasladaron
a Lieja para asistir a un «C o llo q u e International sur la Recherche Computa-
tionnelle en P h ilologie». P o r otra parte ya desde 1965 en V A n n é e Philologique
los filólogos clásicos encontraban entre las siglas de las revistas una nueva,
R E L O , con !a que se designa en este anuario a la Revue de Lieja. Sin embar­
go, todavía hoy no han entrado en U Année Philologique revistas tan im por­
tantes com o las dos americanas últimamente citadas.

1 P a r a m ayor in fo rm ació n sobre revistas y centros de aplicación de ordenadores p u ed e verse


el artículo «P a n o r a m a general de los tratam ientos p o r o rd e n a d o r en filo lo g ía y lingüística griega y
latin a» p u b licad o p o r E m ilio F e rn á n d e z -G a lia n o y p or mí en la Revista de la Universidad Complu­
tense de M a d rid 25, 102. 1976, así com o la Revue, Calculi y otras publicaciones especializadas.
212 JAVIER LOPEZ FACAL

2. T r a b a jo s le x ic o g r á f ic o s c o n o r d e n a d o r

Con ayuda de ordenador se han realizado estudios sobre parcelas muy


variadas de la filo lo g ía grecolatina, com o la arqueología, p apirología, crítica
textual, métrica, cuestiones de autenticidad, cron ología y fuentes, prosodia,
bibliografía, etc. Es evidente que el área específica de aplicación del ordena­
dor es aquella en la que hay que manejar miles o aún m illones de datos
aislados, susceptibles de clasificación siguiendo una serie de criterios muy
varia. El ordenador no piensa, ordena datos. En este sentido no es extraño
que la disciplina que antes y con mayores frutos haya usado esta nueva
técnica sea la lexicografía.
Es claro que un ordenador solo no puede hacer un diccionario o un léxico
ya que ni siquiera «s a b e » lem atizar sin la ayuda de un lexicógrafo. A lo más
que llega es a hacer un índice o una concordancia de una manera mecánica.
Es decir, el ordenador resuelve las tareas primeras o previas a las que tiene
que enfrentarse el lexicógrafo, tales com o la recogida de m aterial (papeleteo)
y prim era clasificación (alfabetización). Las tareas subsiguientes com o la
lem atización o el análisis y clasificación semántica deí léxico escapan ya al
ordenador y son tarea del le x ic ó g ra fo 1.
L im itad o pues el em pleo del ordenador a un mero papel de desbrozador
de terreno, la p olém ica 2 suscitada entre defensores y detractores de la m áqui­
na creemos que resulta irrelevante; el ordenador com o ayuda para el lexicó­
grafo es m uy útil, com o sustituto de éste es inviable. D e todas formas, aun
en los casos en que se publica en bruto el material salido del ordenador, sin
ulterior reelaboración, el resultado puede merecer la pena cuando se trata de
autores que carecían de despojos lexicográficos; el hecho de que en las
Concordancias de L iv io de D. Packard se confundan el cum preposicional y
el cum conjunción no descalifica a esta obra ya que la volum inosa producción
literaria de T ito L iv io resulta ahora más asequible y estas Concordancias
rinden un servicio inapreciable. Sin em bargo, desde nuestra perspectiva de
lexicógrafos no vem os la utilidad de seguir publicando índices o concordan­
cias de autores que ya disponían de excelentes diccionarios realizados «m a ­
nualm ente». P o r ejem plo, cuando ya disponem os de los léxicos de Píndaro de
Slater o de H esíodo de H ofin ger, obras casi insuperables, ¿qué objeto tienen
los índices o concordancias electrónicas de estos autores realizados p or Hans

1 « T iie lab o riu s, yet utterly u n a v o id a b le task o f p rocessing lexical m aterials w ill be relegated
to the C om puter an d o th er au tom atizing equipm ent, thus en a b lin g the linguist ío de vote his ful)
attention to the cieative an d o rga n iz in g aspects o f s c h o la rsh ip », H a r r y H . Josselson, «L e x ic o g r a p h y
an d tile C o m p u t e r» en To H o n o r Rom án Jakobson, L a H a y a , M o u to n , vol. II, p. 1048.
2 A p ro p ó sito de esta polém ica entre L . D elatte y Pierre G r im a l, con in clu sión de otros autores
posteriorm ente, véase L . D elatte, « A p ro p o s d’une c o n c o rd a n c e », Ü Ántiquité Classique 34, 1965,
p. 536 ss., P. G r im a l, ibid., p. 534 ss., R E L 44, 1966, p, 108 ss., P. T o m b e u r, R evu e 1967, 2, p, 15 ss.,
L. D elatte, R evu e 1967, 3, p. 97 ss., etcétera. V éase tb. la b ib lio g ra fía , m uy útil, citad a en
C . C o lla rd , « A p ro p o sa i fo r a L e x ic ó n to E u rip íd e s », B I C S 18, 1971, p. 134 ss.
ORDENADORES Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 213

A . Pohlsander (concordancia de Píndaro) y M argaret Thom pson (C o n c o r­


dancia de H esíodo)? L o mismo podríamos decir de H om ero, Esquilo, Eurí­
pides, Filón de Alejandría y muchos autores más. D a la impresión de que los
que trabajan con ordenadores no tienen en cuenta lo que se ha hecho antes
de ellos y que pretenden partir de cero haciendo borrón y cuenta nueva. Esto
es un error muy grave: de los tres millares de autores de la literatura griega
antigua hay muchos centenares que carecen de índice, léxico o concordancia,
o que disponen de alguno muy incom pleto o muy anticuado (casos de Jeno­
fonte, Sófocles, Teócrito y otros bucólicos, G aleno y otros médicos, los
padres de la iglesia, etc.)- U rge pues que algún organism o internacional
establezca una lista de deslderata y que se siga un orden de prioridades con
el fin de que, a la vuelta de pocos años, dispongamos de diccionarios de autor
de toda la literatura griega. H abría que replantear el plan de Hermann Diels
de principios de s ig lo 1 para acabar con este caos de espontáneos que se lanzan
a hacer repertorios léxicos sin saber si ese autor está estudiado o no, si
conocem os bien su léxico o si es necesario realmente un índice o una concor­
dancia de él.
Antes de ofrecer la relación de diccionarios realizados con ayuda de
ordenador vamos a exponer una característica de estos trabajos que constitu­
ye una ruptura con todo lo anterior.
Hasta ahora cuando se hacía un diccionario, léxico, índice o concordancia
se comenzaba estableciendo un fichero con ayuda del cual se hacía la o b ra en
cuestión. U na vez que el fichero se copiaba en páginas seguidas y se enviaba
a la imprenta, dejaba de tener utilidad y se tiraba o se conservaba sólo por
razones sentimentales o pensando en una hipotética utilidad futura para
escribir una historia de ía lexicografía o algo p or el estilo. Es decir, hasta
ahora lo im portante era el resultado, el léxico de tal autor u obra, y el fichero
era el medio, el instrumento. Esta situación ha cambiado radicalmente cuan­
do se trata de trabajos realizados con ayuda de ordenador; actualmente lo
importante es el fichero en sí, ya que es susceptible de usos muy variados, y
lo de menos es tal o cual resultado que no es más que uno de los posibles
empleos del fichero. Hasta tal punto esto es así que con frecuencia los índices
o concordancias están hecho pero no publicados (com o es el caso de las
concordancias antes citadas de Pohlsander y Thom pson). Si alguien desea ía
concordancia se solicita de su autor o del centro que la haya realizado y le
pueden enviar al interesado una cinta magnética, p or ejem plo, a partir de la
cual se puede sacar la concordancia. Este hecho ha m odificado copérnicamen-
te los presupuestos sobre los que se basaba la galaxia gutembergiana y afecta,
naturalmente, a las obras que relacionamos a continuación; estas obras están
hechas o haciéndose, pero ello no quiere decir que estén publicadas o vayan

1 N o com parto en este punto el parecer de D eiatte (R evu e 1965, p. 3) de que «tous les Indices
existants devront étre recom m encés sur ord in a teu r». A p ro pó sito del plan d e H . Diels, cf. supra
cap. 1.3.
214 JAVIER LOPEZ FACAL

a publicarse en la form a a que estamos acostum brados desde la invención de


la imprenta.
Finalm ente y aunque sea m uy brevem ente hay que aludir a tres form as
que adoptan ios índices o concordancias griegos realizados con orden ador: o
bien ofrecen el griego transcrito en mayúsculas latinas (sobre los sistemas de
transcripción, véase Calculi), sistema muy in cóm odo de m anejar para el no
iniciado, o bien lo editan en griego a base de acoplar al orden ador una
im presora convencional (solución de L ieja ) o bien com ponen el griego con un
«p lo tte r » (solución del Thesaurus de C aliforn ia).
Indices realizados con ayuda de ordenador. Se han hecho índices de
H o m ero (directo e inverso, p or obra de A . Q. M orton ), H im nos H om éricos
(C o ra A . Sow a), Platón (el general, obra de Leon ard B ran d w ood y el del
C ritón de J. Schiff), Lisias (A , Q. M o rto n y A . D . W inspear), Anábasis de
Jenofonte (C ord elia M . Birch), Poética de Aristóteles (W . T. M e K ib b e n y
J. Crosset), M enandro (A . H . K ro m h o lz), Cartas de Tem ístocles (N o rm a n
A . D oenges), L o n gin o (W . T . M cK ib b en y J. Crosset), D io d o ro Sículo
(J. I. M cD o u ga ll), D e O p ificio mundi y Legum allegoriae de F iló n (P. Borgen
y R. Skarsten), Basilio de Cesarea (A . Smets y M . van E sbroeck), Juan-Ori-
sóstom o (A . M . M aíingrey). Se ha com putadorizado tam bién en la U n iversi­
dad Libre de Bruselas el Mycenaeae Graecitatis L e x icó n de A . M o rp u rgo con
lo que se le ha sacado un m ayor rendim iento ya que, p or ejem plo, ahora
disponem os de un índice inverso de m icénico más com pleto. Tam bién se
puede m encionar entre los índices el índice acum ulativo de las Berichtigungs-
liste realizado por el equipo del Thesaurus Linguae Graecae de Ir vine. C ali­
forn ia com o un eslabón más de la cadena de textos que form arán el banco de
datos del T L G .
En cuanto a las concordancias realizadas con ordenador hay que recordar
las de H esíod o (M a rga ret Th om pson ), Píndaro (H ans A . Pohlsander), A g a ­
menón, Suplicantes, Persas, Prom eteo y Siete de Esquilo (H . H o lm b o e ), Iseo
(R . W eavers), tom o I V de Inscriptiones Creticae (D . Packard y G. N a g y ),
Y á m b lic o (J. M . D illon ), el L ib e r Antiquitatum Bihlicarum del Ps. F ilón
(D . J. H arrin gton ), diversas concordancias de los Evangelios y H echos de los
Apóstoles (J. A . Baird, A . Q. M orton , etc.), las Epístolas Cínicas (H . A ttird -
ge), el Poimandres del Corpus H erm eticum (D . G eorgi, J. Strugnell), el D e
o p ificio mundi de F iló n (P. Borgen y R. Skarsten), etc. H a y además una serie
de proyectos para hacer concordancias de autores com o A rtem id o ro D aldia-
no, Clemente A lejandrino, F la vio Filóstrato, Juliano, Fragm entos G n ósti­
cos, etc. Es muy im portante tam bién el proyecto del equipo del T L G de
C aliforn ia de hacer un diccionario de los escritores m édicos griegos, autores
de obra muy extensa y muy deficientem ente estudiada desde el punto de vista
lexicográfico. Para m ayor in form ación acerca de estos índices, concordancias
y proyectos, rem itim os a la revista Calculi en la que se relacionan las direc­
ciones de sus autores a las que se pueden pedir estas obras.
H ay que advertir, una vez más, que con frecuencia estos trabajos no están
publicados, sino en cinta o fichas perforadas y que una vez procesada la cinta,
ORDENADORES Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 215

el resultado es un índice o concordancia a menudo con el griego transcrito.


Tam bién hay que añadir que si bien el ordenador se ha em pleado hasta la
fecha predominante en la confección de índices y concordancias, existe tam­
bién el proyecto de hacer un léxico con ayuda de ordenador. Este es e l caso
del léxico de Platón de K on rad Gaiser que se está haciendo en Tübingen.
Finalmente conviene recordar la existencia del banco de datos (cf. su-
pra 1.3.11) que progresivamente y desde diferentes países se va enriqueciendo
con nuevos textos de la literatura griega. D e seguir este ritmo se puede
añrmar que dentro de pocos años se dispondrá de toda la literatura griega
antigua en form a legible por la máquina, con los incalculables servicios que
este hecho puede rendir a la lexicografía y a la filología en general.
IL8
Problemas prácticos que plantea
un diccionario griego:
Grafía, Gramática, Lemas, Prosodia

I. G R A F I A

I. O r i g e n d e l a l f a b e t o g r ie g o u s a d o m o d e r n a m e n t e

T o d o el que trabaje en lexicografía griega, y en Lingüística griega en


general, tiene que darse cuenta antes que de ninguna otra cosa de que nues­
tras letras griegas son una standardización más o menos convencional de las
letras de un determinado alfabeto griego, entre varios que existieron: el
alfabeto jónico.
En definitiva, nuestras mayúsculas provienen en líneas generales de la
form a de las letras griegas del alfabeto jónico, que se hizo oficial en Atenas
el año 403 a. C. después de haberse generalizado poco a p oco su uso. Estas
letras las encontram os en las inscripciones griegas a partir del m om ento en
que aparecen, en los papiros literarios a partir del s. iv a. C. (p a p iro de
Tim oteo, papiro órñ co de Salónica, etc.) y en la llamada uncial de nuestros
más antiguos códices griegos, desde el s. v d. C .: códice Sinaítico del A n tigu o
Testamento, D ioscórides de Viena, etc. Luego esta uncial se m odifica en el
s. ix d. C. y, por otra parte, una vez desarrollada la minúscula, se usa
precisamente en la función de mayúscula. Este es el uso que se fijó en los
textos reproducidos por la imprenta, a partir de fines del s. xv, y el que
mantenemos.
En cuanto a la minúscula, proviene de una standardización por la im pren­
ta de la minúscula griega, que se desarrolló en Bizancio a partir del s. ix d. C.
Es un tipo de letras más claro que la cursiva ya usada en ép oca helenística en
documentos privados; carece de ligaduras y, en su form a de minúscula anti­
gua (siglos ix y x ), posee una gran belleza. Es en la minúscula antigua y en
ia m edia (s. x i) más que en la m oderna de los siglos xn -xv (p ero tam bién en
ésta a veces) en la que se inspiraron los tipógrafos de la imprenta recién
descubierta para llegar a tipos de alfabetos standard, como los que, con pocas
variaciones, usan nuestras imprentas.
Así, pues, nuestra com binación de mayúsculas y minúsculas que rem ontan
al alfabeto jón ico es usada en nuestros diccionarios para notar los diversos
alfabetos griegos y, dentro del jónico, las diversas maneras de escribirlo a lo
218 FRANCISCO R. ADRADOS

largo de los tiem pos: variantes diversas de la capital o uncial, de la cursiva,


de la minúscula, taquigrafía. L a usamos incluso para transcribir al griego los
textos chipriotas en silabario e incluso, cuando ello nos es dado, los textos
m icénicos escritos en un silabario predecesor del chipriota.
Sin em bargo, hay que notar que nuestros signos de puntuación y acentua^
ción no proceden del antiguo alfabeto jón ico, que escribía las palabras segui­
das (s crip tio continua) sin acentos ni puntuación, Proceden de la filo lo g ía
alejandrina, que trataba de facilitar así la interpretación de textos poéticos y
dialectales difíciles; y fueron perfeccionados p or los escribas bizantinos. Es
sabido que hay mucho de convencional en ia puntuación de nuestras ed icio ­
nes de textos griegos. Y que incluso la división de las palabras presenta
problem as para el lexicógrafo. D os ejem plos:

a) C on frecuencia es dudoso si nos hallam os ante un verbo com puesto


con tmesis o ante un grupo de adverbio + verbo separados p or otras pala­
bras. A veces esto es especialmente grave para el le x ic ó g ra fo : si adoptam os la
segunda interpretación el verb o áfítpicppá^ojLiai en II. 18. 254, deja de existir y
con ello debe desaparecer el verb o de los diccionarios, pues es el único
ejem plo que se cita.
b) T am b ién frecuentem ente los editores vacilan en si dar com o una o dos
palabras un grupo tónica + átona; en si escribir, p or ej., xaím p o xaí nep. Si
el lexicógrafo elige la segunda solución, desaparece la palabra hcúttep de su
d iccio n a rio ; aunque es ló gico que, dentro de nocí, establezca un apartado m í
nsp. Si se lim ita a seguir la grafía de las distintas ediciones en cada pasaje,
introduce con ello en su diccionario criterios contradictorios.

En cuanto a la acentuación, e) sistema que se ha generalizado y que


rem onta también a época alejandrina, tiene bastante de convencional. A sí, las
preposiciones m onosilábicas no llevan acento, com o proclíticas que son; si las
disilábicas, igualm ente proclíticas y otras proclíticas más lo llevan tes p o r una
decisión arbitraria. Está tam bién som etida a dudas la regla de acento concer­
niente a las sinenclíticas (se acentúan todas menos la últim a), pues los manuscri­
tos discrepan a veces: hay dudas sobre la acentuación sari tras oü, nací, si, áÁXá,
¿jg, toüto ; es difícil de interpretar la baritonesis de los oxíton os en la frase. Y
así podríam os seguir. En realidad, com o en tantos otros casos el lexicógra fo
debe atenerse al uso de las ediciones que m aneja, si no quiere perderse en
teorizaciones que exceden de su com petencia, debe limitarse a dar ios datos.
P o r otra parte, la falta de acentos en las inscripciones hace que, cuando existe
la m enor duda, lo m ejor sea dejar las palabras en cuestión sin acento.

2. La r e p r e s e n t a c ió n d e lo s d is t in t o s a l f a b e t o s

Transcribir en nuestro alfabeto jó n ic o las palabras que conocem os escritas


en otros alfabetos no siempre es tarea fá cil; en realidad, nos vem os forzad os
en ocasiones a am pliar el alfabeto jó n ico con signos especiales, si no quere­
m os ser infieles a la fonética y fo n o lo g ía de los dialectos.
GRAFIA, GRAMATICA, LEMAS, PROSODIA 219

Este proceder no es nuevo. La escritura de las palabras áticas con espíritu


representa una am pliación del alfabeto jónico, por obra de alejandrinos y
bizantinos, para no dejar de notar un rasgo fon ológico del ático que el
alfabeto jónico (que había dado a H el valor de é ) era incapaz de notar. Por
otra parte, los alejandrinos escribían convencionalm ente la digamma com o y
y ¡S, sobre todo, a juzgar por glosas que nos han llegado.
Para estudiar convenientemente este problem a hemos de distinguir las
cuestiones puramente gráficas de las que son al tiem po fonéticas; y de unas
y otras hay que separar las concernientes a la alfabetización y lematización.
1. Cuestiones puramente gráficas.
En el alfabeto del Sur, arcaizante, que encontramos en Creta, M elos y
Tera y a veces en otros lugares, faltan las consonantes O, X, ^ y Z : se escribe,
respectivamente, fí, K, Í1I y K I. Podríam os convencionalm ente transcribir por
las letras jónicas correspondientes, pero parece preferible respetar ia grafía,
aunque la alfabetización se haga por el alfabeto jón ico (cret. dfxm-, áSeAnóg se
dan bajo áfifi-, ádekyóg, por ej.) Ello, sobre todo, porque puede presentarse
algún caso de duda; cuando hay uq por por ej., no sabemos exactamente si
la h representa k o kh , pues en ático arcaico encontramos ya x, ya x-
En otros casos las variantes puramente gráficas de una misma letr deben
transcribirse, com o usualmente se hace, por la variante standard del jónico.
Así, cuando esas variantes proceden de dos letras fenicias, que el griego hace
coincidir fonéticam ente; caso la sigma, que se escribe ya M (sadé fen icio) ya
I (áin fenicio, es decir, j). Otras veces, las variantes, procedentes de m o d ifi­
caciones locales de las letras fenicias o las nuevas que se crearon, tam poco
tienen por qué reflejarse en la labor del lexicógrafo. N o s referim os a variantes
com o estas:

épsilonEH '
eta: B H
zeta: ® ® G
lam bda: V T A
x i: Z X + 2
ji: X V Y \k

Algunas de estas letras denotan según los dialectos distintos fonem as o


grupos de fonem as; ahora no tocamos este punto, sólo decimos que n o se
toman en cuenta las variantes gráficas.
Pero este uso diferente de las letras según los dialectos también debe
ocuparnos. Es sabido que en los dialectos occidentales la x nota ks, la ip ( o sus
variantes), kh, faltando la 5. En este caso se pueden usar las grafías jónicas,
puesto que el problem a es más bien gráfico. Con todo, no estamos absoluta­
mente seguros de que x note ks y no khs; es más neutral usar la grafía local,
siguiendo, eso sí, la alfabetización del jónico.
Otro problem a de este tipo nos lo ofrecen Paros y otras islas, que intercam ­
bian los valores de O y fí. N o parece que haya ninguna im plicación fonética
ni que, por tanto, el lexicógrafo haya de tener en cuenta este fenóm eno.
220 FRANCISCO R. ADRADOS

2. Cuestiones con implicaciones fonéticas.


El que una letra tenga o pueda tener varios valores fonéticos según los
lugares o épocas (así la Z, por ejem plo) no debe preocupar al lexicógrafo;
salvo en algún caso com o el de la 0 y O en Paros, debe dar la transcripción
usual y es cosa del gram ático entrar en el problem a fonético. Su papel se
lim ita a no dar los datos en form a tal que creen dificultades de interpretación.
D e ahí, la im portancia de la lem atización. Si nuestras fuentes vacilan en
transcribir, por ejem plo, una palabra lesbia con o con IA , deben darse ambas
transcripciones, pero haciendo referencia de una a otra y estudiándolas bajo
el mismo lema, para que no falte el dato útil en el m om ento oportuno.
D e ahí, que las grafías de los alfabetos locales, en su form a estandardiza­
da, deban respetarse siempre que tienen im plicaciones fonéticas.
Así, debe mantener el uso de la F, propio de tantos d ialectos; el de la 9
que, al menos en una fase antigua, se escribía ante vocales posteriores, lo que
im plica un valor fonético especial; el de la N (tsadé de M antinea) y el de t
(sampi de Efeso, etc.), que tienen tam bién valores fonéticos propios. Y si en
ático arcaico se escribe ya K I ya X I en vez de Z, ya I I I ya <t>I en vez de deben
respetarse dichas grafías, que no son idénticas fonétic mente entre sí. Escribir
Z y Us es descartar la existencia de form as con aspiración. L a aspiración, allí
donde la haya, debe notarse con h.
E l más im portante de todos es el problem a planteado p o r la épsilon y la
óm icron. A q u í se suelen com eter errores graves, transcribiéndolas en cada
palabra de acuerdo con las correspondencias del ático: E, El, H según en este
dialecto correspondan e, e o e ; 0, OY o Q de una manera paralela. Si sólo se
tratara de distinguir entre breve y larga, la cosa sería justificable; sería
introducir una precisión en e) alfabeto jónico. Pero al distinguirse entre larga
abierta y cerrada en dialectos que no presentan esa distinción, se falsean ios
hechos.
Efectivam ente, es sabido que el jón ico a partir de un cierto m om ento
usó la H para notar una e que nacía de la a y sólo luego su uso se extendió a
toda i de origen indoeuropeo; y que en un área dialectal algo más extensa
que el jónico-ático se creó un fonem a e notada en dicho dialecto p or EL Pero
hay dialectos con sólo E y otros en que H se introdujo para notar la continua­
ción de la e indoeuropea y a veces la e de alargamiento, pero no la de
contracción, y en ningún caso se usó la El para notar e. Cosas parecidas
sucedieron con la 0 y la Q. En estas circunstancias si una o o una e nota una
larga, puede indicarse esto escribiendo E, ó, pero no debe escribirse ni H, Q ni
El, OY.
En suma, debe escribirse notaiyveTT] en una inscripción arcaica, de N a x o s;
escribir naatyvrjTT] es perder un rasgo fonético. Debe escribirse éxaifiriv en
cretense, no form as de eí/ií ni fftií, que introducirían una distinción abierta/ce­
rrada que dicho dialecto no conoce.
P o r supuesto, cuando se hace la transcripción al griego de palabras micé-
nicas o chipriotas, no deben introducirse grafías que prejuzguen hechos
fonéticos en el sentido del jónico-ático.
GRAFIA, GRAMATICA, LEMAS, PROSODIA 221

3. Cuestiones de alfabetización.
H ay que insistir en que el lexicógrafo, igual que debe evitar dar transcrip­
ciones que prejuzguen, y sobre todo que prejuzguen en un sentido falso, los
hechos fonéticos y fonológicos, debe usar una alfabetización y lematización
adecuadas, que impidan que por hechos de grafía queden sin conexión formas
de la misma palabra.
L o más práctico es que la F y la h se consideren com o no existentes a
efectos de alfabetización; que K y Í1 en alfabetos del Sur, cuando son aspira­
das, se alfabeticen bajo X, F; 9, N y t , bajo K, I y TT, respectivamente; X y i p
en alfabetos occidentales, bajo E y X; £ y 0 bajo El o H, OY o Q, según
el dialecto. Son recursos convencionales que en nada afectan a la conserva­
ción de los datos fonéticos, como tampoco afectan a ellos la lematización
sobre la base del ático, a que nos referiremos.

3. V a r ia n t e s d e g r a f ía d e n t r o d e l a l f a b e t o j ó n ic o

Es claro que las variantes de grafía que se deben a evoluciones fonéticas


de fonemas o grupos en determinados dialectos o fechas, deben registrarse en
un diccionario griego. A sí, las formas dorias y de otros dialectos en -a junto
a las jónico-átic s en-rj; las palabras en -éwoq frente a las jónico-áticas en
-sivóg; yívojuat en jón ico y griego tardío junto a yíyvofiai; variantes áticas y de
otros dialectos ttoiégj / ttoéw, etc.
T o d o esto no ofrece discusión y el único problem a es el de lem atizar en
form a que sea fácil reencontrar las diversas variantes. Pero conviene hacer
algunas observaciones:

a) En ocasiones estas grafías dependen de las ediciones: el texto de Heró-


doto o el de Teócrito, por ejemplo, difieren mucho de editor a editor a este
respecto. Para H om ero, la fijación dialectal de las diversas formas depende
de una larga tradición que no es seguro que siempre respete el estado origi­
nario.
b) Carece posiblemente de interés el registrar en cada palabra variantes
fonéticas dependiente de fenómenos muy ampliamente atestiguados. Muy
concretamente, en griego helenístico ios frecuentísimos fenómenos de iotacis-
mo y los de la confusión de vocales largas y breves caen dentro de esta
categoría. Aunque a veces existen dudas de interpretación: si hay una palabra
con iotacismo u otra diferente. Así ¡i£TÓx^r¡Giq ' a p alan c am ien to 5 que da el
editor de Hefestión Astrónom o ¿recubre fisTÓx^iPig, de un juetoxAí^íj homérico
y poético, o es una creación en -qcjig? Sin embargo posiblemente el mayor
interés que existe para notar estos hechos, es el de orientar al lector del
Diccionario sobre la interpretación de una palabra: hacerle ver, por ej., que
íAavro es aoristo de otipéu> en S. D ow , Hesperia, Sup. 1, p. 186.
c) Con frecuencia, en inscripciones y papiros, ciertas grafías son simple­
mente errores; el darlas en un Diccionario, cuando sean difícilmente corregi­
bles, tiene igual finalidad. Pero no siempre es fácil trazar el límite entre los
222 FRANCISCO R. ADRADOS

errores y los hechos fonéticos. P o r ejem plo, para vo lv e r al griego helenístico,


el frecuente em pleo de o en vez de a, la confusión de oclusivas sonoras y
sordas, etc., pueden responder a pronunciaciones ocasionales, bien p o r ten­
dencias internas del griego que luego fueron rechazadas, bien p o r influ jo
egipcio. E l que no haya quedado rastro de esto en griego m od ern o no quiere
decir que no haya tenido una realidad fo n é tic a ; aunque ta m p o c o podem os
afirm arlo siempre.

C on cierta frecuencia, form as oscuras son interpretadas com o errores en


la transcripción de palabras conocidas. Incluso si estas interpretaciones apare­
cen dadas ya en las ediciones usadas, en cuyo caso son de la responsabilidad
del editor, es más riguroso acom pañar tam bién la grafía original.

4. P ro blem as en t e x t o s m u t il a d o s o p o c o l e g ib l e s

Sucede que palabras p o r lo demás bien conocidas se encuentran mutiladas


o p oco legibles en ciertos textos, tanto transm itidos p o r m anuscritos m edie­
vales com o papiráceos o ep igráficos; la cita de esos pasajes, cuando se da in
extenso, debe hacerse introduciendo los signos diacríticos pertinentes que
indican la parte de la palabra que está seguramente transm itida y la que se
debe a restitución del editor, propuesta de lectura de letras dudosas, etc.
N aturalm ente, cuando se trata de palabras raras o hapax, esta exigencia es
enteram ente indispensable.
P o r ejem plo, una palabra dTepjnovírj existe solam ente gracias a una lectura
que en mis L íric o s G riegos, I, M a d rid 1956, hago de T irte o I, 54. E l lex icó ­
grafo que eventualm ente recoja esta palabra deberá hacer constar que sigue
mi e d ic ió n ; debe, de otra parte, citarla en la fo rm a árepjiovíT], que indica que
la lectura de tres letras es dudosa.
O tro ejem plo tod a vía : áycoviortíp existe solam ente en virtud de una con je­
tura de M erkelbach en Z P E 6 , 1970, p. 270 a IG II. 4. 1053. 30; donde la
lápida da Í1APA ...ÍQ N il/TH PQ N según IG , él lee y com pleta i!APA [TONA]
rQNiZTHPON. Es preciso hacer constar claram ente que se trata de una lectura
y restitución de dicho autor.
Los signos críticos que se usan en nuestras ediciones han adqu irido una
generalidad bastante grande, pero a veces no total. P o r ello resulta con ven ien ­
te indicar aquí los que parecen más adecuados; si una edición usada p o r el
lexicógrafo em plea otros diferentes, es conveniente sustituirlos p o r éstos, que
tom am os de las Norm as para los Colaboradores, M a d rid 1974, de la C olección
H ispánica de A u tores G riegos y L a tin o s :

{ } C orchetes: m arcan interpolaciones que el ed itor elim ina.


[ ] Corchetes verticales: m arcan lagunas o partes que faltan. Se pueden
suplir o dejar en blanco o llenar con el núm ero aproxim ado de
letras.
O Corchetes angulares: marcan adiciones, esto es, suplem entos del
editor.
GRAFIA, GRAMATICA, LEMAS, PROSODIA 223

*** Tres asteriscos: indican lagunas sólo-probables.


11 Cruces: indican pasajes corruptos.
— Puntos bajo las letras: indican que la lectura es dudosa.
[ 1 D obles corchetes verticales: indican borraduras, tachaduras, etc.
LJ M edios corchetes verticales con la parte in ferior com pleta: indican
partes lagunosas suplidas con ayuda de la tradición indirecta,
r 1 M edios corchetes verticales con la parte superior co m p leta : indican
las partes de una palabra transmitidas p o r un p ap iro secundario.

Para más detalles, rem itim os a dichas N orm as. Es im portante la regulari­
dad en el uso de los signos, pues, por ejem plo, los paréntesis cuadrados son
usados con significado diferente en ediciones com o la de L a tte de H esiquio.

II. G R A M A T I C A

Tradicionalm ente, el estudio de la Gram ática va separado de la L e x ic o ­


grafía. L o s límites son, sin em bargo, m enos fáciles de definir de lo que podría
pensarse.
1. Fonética. E l lexicógrafo debe aspirar a recoger todas las variantes
fonéticas que aparezcan en los diferentes dialectos, épocas y niveles de lengua.
T o d o lo dicho anteriorm ente sobre la transcripción de los diferentes alfabetos
y las grafías en general está basado en el principio de que los hechos fonéticos
quedan registrados y no encubiertos. Incluso hechos no propiam ente dialec­
tales, sino paneronicos en ciertos niveles, com o son epéntesis, asimilaciones,
metátesis, etc., deben quedar registrados. Aunque no sea preciso recoger
todas las veces que aparecen fenóm enos muy repetidos del griego helenístico
y aunque, pensamos, los fenóm enos de fonética sintáctica que se producen en
inscripciones y papiros (tam bién en manuscritos), en que es frecuente, por
ejem plo, la asim ilación de ia -v final, no es fo rzo so que sean recogidos
sistemáticamente por los D iccionarios.
2. M orfo lo g ía . E l estudio de la M o rfo lo g ía encuentra tradicionalm ente
su lugar en las G ram áticas; en realidad, precisa de un sistematismo del que
carece un D iccionario. Y , precisamente por este asistematismo, no parece
necesario que un D iccion ario general registre todas las form as flexionadas
de cada palabra o indique la falta de testim onios sobre algunas de ellas;
sólo un Thesaurus exhaustivo de la lengua griega podría aspirar a este ideal.
Parece lo más prudente que en la parte m o rfo ló g ica de los artículos de un
D iccion ario general queden excluidas las formas flexionales de tipo «re g u ­
lar», es decir, las comunes en ático y que no pertenezcan al grupo de las
form aciones de m enor sistematismo (aoristos radicales, form as de verbos
polirrizos, etc.)
Las exigencias mínimas de un D iccion ario general en cuanto a M o rfo lo g ía
debería ser, en nuestra o p in ió n :
224 FRANCISCO R. ADRADOS

a) R ecoger, p or supuesto, ía totalidad de las palabras compuestas y


derivadas, suministrando así datos com pletos para cualquier estudio sobre
com posición y derivación.
b) N o restituir form as inexistentes o no atestiguadas. U n verb o oí8a debe
lematizarse com o tal y n o bajo *a5cj, p or ejem plo. N i deben darse form as
flexionadas no atestiguadas. Cuando las distintas form as que se agrupan en
un paradigm a conservan huellas semánticas de su independencia, deben tra­
tarse una a una independientem ente del criterio de lem atización que se a d o p ­
t e : así, p or ejem plo, en el caso de los com parativos y superlativos de áyaGóq.
V olverem os sobre esto al hablar de la lem atización.
c) R ecoger todas las form as flexionales anómalas en el sentido ya indica­
do; tanto de época arcaica y clásica com o de época helenística y posterior. Es
m uy frecuente, en efecto, que en los apartados m o rfo ló gico s de los D iccion a ­
rios griegos haya datos bastante abundantes del griego dialectal en general,
pero no de la koiné: que falten, p or ejem plo, form as éfiév, aév en los p ron om ­
bres personales o form as com o é^iaSúnaiisv, e ¡ jíe Xkí], rjÁQajisv en el verbo, que
testimonian una fusión de los dos tiempos aoristo y perfecto.

El lexicógrafo puede, al tiem po que despoja los textos buscando léxico,


prestar una gran ayuda al lingüista recogiendo form as flexionadas olvidadas,
elim inando otras puramente fantasmas, etc. A su vez recibirá ayuda no
solamente de los Indices de Colecciones y Gram áticas de los textos dialecta­
les, epigráficos o literarios, sino también de Gram áticas generales (véase, por
ejem plo, el tom o II I , de Indices, de la de Schwyzer), de otras muchas espe­
ciales (p o r ej., la de M ayser sobre los Papiros Ptolem aicos) y de una abun­
dante b ib liografía lingüística. En lo relativo al verbo, que es el capítulo más
com plicado, conviene tener siempre presentes tres repertorios que, si no
com pletos, sí resultan muy útiles:
W . Veitch, Greek Verbs irregular and defective, Hildesheim , Olms, 1967.
J. J. Bodoh, A 17 ín d ex o f Greek Verb form s, Hildesheim , Olms, 1970.
B. M andilaras, The Verb in the Greek N o n -L ite ra ry Papyri, Atenas 1973.
Finalm ente, hay que insistir que, lo m ism o que en lo que se refiere a la
tarea lexicográfica propiam ente dicha, en lo relativo a las form as flexionales
existe siempre una cuestión previa de edición. E l ideal consistiría en recoger
no sólo las form as tai com o las dan los editores, sino sus variantes en los
diversos manuscritos, inscripciones, papiros. Pero esto, aparte de ser im posi­
ble, no solucionaría tam poco la cuestión; habría que separar los errores, lo
que im plica una tarea de edición. E l lexicógrafo (y el gram ático) sólo en casos
especiales pueden convertirse tam bién en editores. L o esencial, entonces, es
que las referencias sean claras y unívocas, haciéndose ver qué edición se sigue
en cada caso; y, cuando se propone otra cosa, bajo la autoridad de quién se
hace.
3. Sintaxis. Indirectam ente la Lexicogra fía incide sobre la Sintaxis:

a) U n D iccion ario recoge palabras em inentemente sintácticas; artículo,


preposiciones, áv, etc. Es im posible redactar estos artículos sin hacer al
GE A H A, GRAMATICA, LEMAS, PROSODIA 225

tiempo una descripción sintáctica del uso. Por otra parte, dentro de un mismo
artículo hay que distinguir, con frecuencia, entre el uso de la v o z activa y ei
de la media, el del aoristo y el perfecto, etc. T o d o esto lleva al lexicógrafo al
terreno de la Sintaxis; en realidad, es un terreno m ixto o común. N o se puede
hacer lexicografía desentendiéndose de los problem as que surgen de aquí.
b) El estudio distribucional de las acepciones de las palabras nos lleva
otra vez a la Sintaxis, al describim os las construcciones de cada palabra y la
repercusión de estas distribuciones en el significado de las mismas.
L a lexicografía griega puede aportar materiales im portantísim os a la
Sintaxis, que en ocasiones recibe tratamientos demasiado esquemáticos, por
trabajar con escaso m aterial o dejar en la penumbra alguno. U n estudio
inductivo, a partir de los datos, de las categorías y funciones sintácticas, de
las construcciones, debería ir precedido de un riguroso despojo de los d a tos1.
A h ora bien, también en este terreno hay que tener presente que el lexicó­
grafo debe por fuerza de trabajar sobre ediciones y que éstas, a veces, regu­
larizan la sintaxis. H ay un círculo vicioso; ciertas ideas sintácticas llevan a
regularizar indebidamente los textos, y estos textos regularizados llevan a su
vez a confirm ar las ideas regularistas en Sintaxis. N o es el lexicógrafo el
llamado a rom per este círculo. Pero, de todas formas, aun dentro de las
limitaciones que le son impuestas, puede aportar muchísimo a un plantea­
miento más realista y menos esquemático de los problem as sintácticos, sobre
la base de una descripción más exacta y completa.

III. L E M A S

Deben agruparse dentro de un mismo lema las formas flexionales perte­


necientes a un mism o paradigma. Es decir, es lógico que se den bajo el mismo
lema en un D iccionario las variantes dependientes del uso de varios alfabetos
o de evoluciones puramente fonéticas, con la única condición de notar estric­
tamente los datos. Pero no pueden pertenecer al mismo lem a variantes m or­
fológicas de la form a notada convencionalm ente com o lem a: el nom inativo
de sg. de los nombres, adjetivos y pronom bres y la 1 . pers. sg. del presente de
indicativo activo de los verbos. T o d o lo más, cuando los lemas así resultantes
quedan distanciados en el D iccion ario, es lógico incluir referencias de unos a
otros.

1 V éase un tratam iento p ro gra m ático del tem a en m i com un icació n al X I C on greso de L in g ü ís­
tica, «P r o b le m a s y m étodos de la descripción sintáctica» {en los Proceedings II, B o lo n ia , 1975,
pp. 793-798 y en Estudios de Semántica y Sintaxis, B arc elo n a 1975), d onde a m p lío cosas d ichas en
Lingüística Estructural1, M a d r id 1974, p. 582 ss. E l m étodo está em pleado en J. L ó p e z F a c a l, L os
usos ad ver bales del acusativo, dativo y genitivo en la lengua de H e rú doto, M a d r id 1974, y en la tesis
inédita de A . M a rtín e z V a lla d a re s, E t sistema de las preposiciones en Tucidides, M a d rid 1972, con
anticipos p u b licad o s en R S E L 3, 1973, pp. 185-194 y Emérita 38, 1970, p p . 53-4.
226 FRANCISCO R. ADRADOS

L a inclusión de form as de alfabeto o grafía diferente bajo un solo lem a y


tam bién de las de diferente fon ética sólo puede obtenerse siguiendo un crite­
rio convencional. En el D G E ha sido adoptado ei de seguir el alfabeto jón ico
y la grafía y fon ética del ático, con algunas excepciones: escribir sin contraer
los verbos contractos y dar los grupos no áticos per y ao en vez de pp y tt .

A veces el sistema ob liga a dar referencias del tip o : áápuj v , ctípu, dándose
dentro de atpco la form a ásípu>. Pues to d o lema debe incluir una parte inicial
referente a esta clase de variantes.
A h o ra bien, cuando conocem os una form a dialectal, pero no existe o no
se ha transm itido la correspondiente ática, es la form a dialectal la que cons­
tituye el lema, no deben reconstruirse form as inexistentes.
En cam bio, cuando intervienen diferencias m orfológicas es ló gico que se
conviertan en lemas independientes form as c o m o :

aídojiai y al6éo¡iat
ájinéxto y áfiníaxoj
áxsúuj, áxéco, áxofiai, áxvuptai y áxa/í^oj
et'AAto, fíAAéoü, í'AAcü y fíAAcj
ÓtarrÍTVfjjit, Sianérafiai, Óianérofíat y SiarrsrávvLf/ii

El problem a principal está en los verbos. Con frecuencia a dos o más


temas de presente, que corresponden a distintos lemas, corresponde un solo
tem a en otros tiem pos: ápnsaxov frente a ápnéxoj y ájiníax^ p o r ejem plo. En
casos com o éste parece que ese otro tiem po debe incluirse bajo el presente
más antiguo o frecuente o el que dé la relación más regular; p or supuesto,
siempre que la semántica no aconseje una adscripción concreta. En tod o caso,
un sistema de referencias es indispensable.
Estos problem as derivan de que el verbo griego sólo en m edida reducida
com porta un sistema de conjugación regular y sistemático. En buena m edida
los temas son todavía independientes y su relación recíproca, defectiva o
indefinida. E n estas circunstancias hay algo de arbitrario en la lem atización.
Esto se ve bien, sobre todo, en el caso de los verbos polirrizos, donde nos
encontram os con problem as com o el de si incluir eí/ii, com o futuro, en el
paradigm a de ’épxopcxi o el de sí dar a Aéyco un aoristo dnov o lem atizar éste
independientemente. El problem a es, en el prim er caso, que £Í¡ii es con fre­
cuencia presente; en el segundo, que Aéyco conserva a veces el significado
‘ recoger’ y elnov no lo tiene. Son casos de sem iintegración, que pueden resol­
verse en los dos sentidos (el D G E lo hace en e! de la independencia).
Otras veces, inversamente, una form a verbal tiende a independizarse; así
L S J lem atiza ápékst independientem ente de á/jsAéco, nosotros lo incluim os en
este verbo.
El problem a no es sólo de verbos. Veam os algunos casos más:

a) Los com parativos y superlativos de distinta raíz que el positivo tienen


en buena m edida sentidos independientes. Lem atizar bajo áyaOóq el gran
número de com parativos y superlativos que se le asignan ob ligaría o a perder
GRAFIA, GRAMATICA, LEMAS, PROSODIA 227

los matices significativos de éstos o a asignarles apartados independientes,


casi com o lemas.
b) H ay el problem a de la relación de nombres y adjetivos. L o habitual,
es dar dentro de los adjetivos las form as sustantivadas, en apartados indepen­
dientes, cuando se trata de form as neutras. Pero las formas femeninas sustan-
tivizadas se dan a veces en artículos independientes; otras veces no, r) o<xpicmxr¡
va dentro de coquaTLmq. En ocasiones la separación en lemas ocasiona proble­
mas : hay djuépeiot ‘indivisibilidad’ y sólo un ejem plo de uso adjetival (á^spEíqv)
que, al darse com o lema independiente, obliga a «in v e n ta r» un masculino
ájiépsLog.
c) Tam bién ocasiona dificultades la separación de adjetivos y adverbios.
H ay una cierta tradición de incluir los adverbios en -ojg dentro de los lemas
de los adjetivos en -o$, com o si fueran formas flexionadas, y tam bién los
neutros adverbiales en -ov; en cambio se suele dar lema independíente a los
adverbios en - i o :£Í. Y , por supuesto, a un adverbio com o tóg. T o d o esto es
bastante convencional. Y también el tratamiento que se dé a los adjetivos
derivados de adverb ios: de áyx¡ hay áaaov (usado adverbialmente y ayxíorog,
también áaaorépw y doaoraTto y nuevos adjetivos ácaórepoq y áaoÓTtxroq. En
todo caso, un buen sistema de referencias es indispensable.

Una buena lem atización es indispensable y no siempre fácil. Por no hablar


de errores groseros, com o rré/iTrcov ‘ cinco’ lem atizado bajo en el Index
Verborum zur frühgriechischen L y rik de Fatouros (H eid elb erg 1966), la verdad
es que en este dom inio se encuentran una porción de cosas que deben m ejo­
rarse: ghost-words o «palabras fantasm a» que desaparecen en las nuevas
ediciones o en las nuevas lecturas de inscripciones y papiros (en ei p ró lo go a
nuestro D G E las ejem plificábam os con aW£po\a¡inf¡g); inconsecuencias como,
por ej., la de dar junto al nombre en -r/jg los en - T p í q o -rpía ya com o lemas
independientes, ya com o variantes de género del mismo lem a: unión arbitra­
ria de dos lemas en uno ( ávooícx 'falta de enferm edad’ , de vóooq, y ‘m aldición’ ,
de daiog, com o un solo lema en L S J ) ; etc.
H ay que hacer constar que, con cierta frecuencia, sobre todo en inscrip­
ciones y textos papiráceos, la aparición de nuevos lemas o la atribución de
una form a a un lema u otro depende de una interpretación filológica nada
fácil. Y que otras veces, el proceder usual de dar junto a un nom bre su
genitivo y junto a un adjetivo las form as con m oción, sólo por conjetura
puede seguirse, por faltar datos.
A l hacer la lem atización, insistimos, nunca debe perderse de vida el punto
de vista del que vaya a usar nuestro D iccionario o recolección de form as;
debe encontrar fácilm ente todo el m aterial que le interese. P o r otra parte, una
atención a la econom ía de espacio es a veces comprensible, evitando referen­
cias a formas que aparecen inmediatas o, incluso, relajando ciertas normas.
N osotros damos, por ej., en lo relativo a étnicos en un solo lema las formas
’AkXóppiyeq, ’AXXóppovsq y ’AMófipuysg. Fuera de los étnicos, es a veces im posible
separar adjetivos en -eioq y -ioq, que mezclan los manuscritos.
228 FRANCISCO R. ADRADOS

IV . P R O S O D I A

U n D iccio n a rio griego debe recoger las cantidades de las vocales allí
donde el alfabeto no es suficiente para notarlas y tam poco se deducen de los
hechos m o rfo ló g ic o s : una a y una a son distintos fonem as, c o m o puedan
serlo una 17 y una s. C laro está, que sólo pod rá hacerse cuando haya datos
suficientes para ello.
T am b ién es indispensable notar hechos prosódicos no ya generales del
griego, sino dependientes de un uso establecido p o r tal o cual dialecto, género
literario o p oeta ; así, en el caso del grupo de voca l seguida p o r muta cum
liquida. Y las irregularidades o arbitrariedades m étricas de los diversos p o e ­
tas, en este caso y en el más general de las cantidades de las vocales en final
o sílaba abierta.
Efectivam ente, la prosodia consiste en una serie de hechos lingüísticos
generales y en un aprovecham iento particular de posibilidades de la lengua.
Es tan digna de estudio com o las variantes fonéticas. Solam ente, no podem os
hacer otra cosa que recoger con e l m áxim o cuidado los hechos existentes, no
generalizar ni inventar. D ebe darse bien en el m ism o lema, bien, cuando esto
crea problem as tipográficos, a continuación. E llo es indispensable para estu­
dios etim ológicos, m étricos y lingüísticos en general; también, para separar
lemas y establecer fam ilias de palabras.
III.
L a nueva Semántica
y la
Lexicografía griega
Problemas de lingüística general
en relación con la lexicografía.
Aplicación a la lengua griega

I. L A P A L A B R A C O M O U N I D A D L IN G Ü IS T IC A

1, L a U NID AD «P A L A B R A »: EL in v e n t a r io

T o d o Diccionario de una lengua, un autor, un período, etc., trata de


recoger un inventario com pleto de las palabras existentes; con excepción,
claro está, del caso de los Diccionarios normativos, com o el de la Real
Academ ia Española, que dan solamente las palabras y acepciones que consi­
deran «d e buen uso». Adem ás del inventario, un Diccionario no norm ativo
trata de dar la definición semántica de todas las palabras que recoge, con
todas sus acepciones. La diferencia entre el Diccionario monolingüe y el
bilingüe es que el primero da esa definición mediante perífrasis en la misma
lengua y el segundo mediante palabras o perífrasis en la lengua «de salida»,
a la cual se traduce.
Hemos visto que en la Antigüedad existen precedentes tanto de los D ic­
cionarios normativos (léxicos de los distintos aticistas) como de los de finali­
dad puramente descriptiva. Son éstos los que, con las excepciones referidas,
continúa la Lexicografía moderna. Pero la ambición de recoger todo el
vocabulario de una lengua no es sin problema, aun prescindiendo de m om en­
to del problema semántico.
Por lo que se refiere a la Lexicografía griega la realización de un
inventario com pleto de las palabras griegas es una empresa utópica. Hay
una parte importante de la Literatura griega, según el lector podrá ver en
diversos capítulos de II, para la cual carecemos de despojos exhaustivos de
vocabulario: de léxicos, índices, estudios lexicográficos. Cada nueva publi­
cación de esta índole nos ofrece nuevas palabras: el caso más notable lo
ofrece el A Patristic Greek Lexicón de Lampe (O xford, 1961 ss.), que a
cada página de Liddell-Scott-Jones añade aproximadamente 10 palabras
nuevas. Se encuentran sobre todo en gran número en los nuevos fragmentos
poéticos que nos transmiten los papiros y también en inscripciones poéticas
232 FRANCISCO R. ADRADOS

com o las del oráculo de D ídim a. Pero también en toda suerte de textos en
prosa no patrísticos, com o, por poner dos únicos ejemplos, en los Papyri
Graecae M agicae editados por Preisendanz (2.a ed., Stuttgart, Teubner
1973-74) o en Hefestion al astrólogo, editado ahora en la colección Teubner
(ed. Pingree, 1973-74), pero ya conocido desde antiguo.
E llo se debe a una característica de la lengua griega sobre la que llam ába­
mos la atención en un trabajo publicado hace años1. Esta característica
consiste en que el G riego, dentro de las unidades significativas, da una gran
preferencia a la palabra. A llí donde, en otras lenguas, se recurriría a sintag­
mas o perífrasis para notar un nuevo significado, en G riego se recurre a la
creación de nuevas palabras, derivadas o compuestas. D e ahí el número
grandísimo de hapax, palabras testimoniadas una sola vez, que se encuentran
en los Diccionarios griegos: a veces, por causa de la pobreza de nuestra
documentación, otras, sin duda, porque son creaciones momentáneas de un
autor. Las palabras con una sola referencia (lo que normalmente quiere decir
que o no hay otra o no es conocida) que aparecen en LSJ son muchos
millares. Y la extensión del léxico griego antiguo, excluidos los nombres
propios, se evalúa en más de las 80.000 palabras (aproxim adam ente) de LSJ.
P o r otra parte, la lengua griega se ha desarrollado durante un período
de tiem po muy extenso: tenemos testimonios de la misma desde el s. xm
(o el x v , quizá) a. C. hasta nuestros días. Aunque nos quedemos sólo con
el G riego antiguo, hasta el 600 d. C., son de todos m odos 2.000 años. Y
su literatura se escinde en géneros muy diferentes, que usan precisamente
un vocabulario en buena parte diferente, característico de. los mismos. U n
D iccionario griego representa, pues, un diasistema, un conjunto de voca ­
bulario de distintas épocas y géneros o con significados diferentes en las
distintas épocas y géneros.
Pero este inventario, más o menos incom pleto, nos será siempre difícil
asegurar que sea exacto. Es muy grave el problem a del establecimiento de los
lemas de un D iccionario y ello debido a que a veces están som etidos a dudas
los límites de la palabra y también existen dudas sobre las form as flexionadas
que deben atribuirse a una misma palabra y sobre si dos form as idénticas
pertenecen a una misma palabra o n o 2. Esta parcial indeterm inación de la
palabra es, por lo demás, un simple caso dentro del más general de la inde­
terminación de todas las unidades lingüísticas. La indeterminación no tiene
im portancia al nivel de la lengua realizada, en que la interpretación semántica
es total o de conjunto, pudiéndose prescindir ocasionalmente de la delim ita­
ción exacta de las unidades inferiores, la palabra en este caso3. En realidad
estas unidades, com o todas, son abstracciones que subsumen casos particula­

1 «Id e a s para u n a tipo lo gía del g rie g o », Estudios Clásicos 12, 1968, pp. 225-248, re co gid o en
Estudios de Lingüistica General, 2.a ed., B arcelo n a 1974, pp. 111-135.
2 Cf. Lingüistica Estructural,2 .a ed., M a d rid 1974, p. 246 ss.
* C f. « L e s uní tés linguisliques et !e principe d 'i n d e termi nació n », Folia Lingüística 1, 1967, pp.
146-152 y reco gid o en español en Estudios de Lingüística Gener I cit., pp. 101-110.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 233

res, es decir, ios distintos usos: éstos no tienen problemas, pero sí la abstrac­
ción. Y es ésta, sin em bargo, lo que, p o r lo que a la palabra se refiere, ha de
recoger un D iccionario. Este no puede ahorrarse el tomar decisiones, aunque
sean en ocasiones decisiones arbitrarias, no justificadas p o r todos los casos
de uso o todos los casos paralelos.
Encontramos, pues, respecto al establecim iento de los lemas de un D ic­
cionario, los siguientes problem as:

a) Problem as del corte de palabras. Aunque habitualmente se da entre


los rasgos de la palabra el de ser irrom pible y el orden de sus elementos
invariable, el hecho es que históricamente se han producido fenóm enos de
aglutinación y que resulta dudoso en griego en ocasiones si estamos ante
dos palabras o ante una. Este es el caso, sobre todo, de los verbos con
preverbio, que en H om ero pueden a veces interpretarse de otro m od o:
com o un adverbio y un verbo simple, separados p or otra palabra (tmesis).
Se da también el caso de la anástrofe (verbo seguido del preverbio, por
otra parte interpretable a veces com o un adverbio). Otras veces es dudoso
si nos hallamos ante uno o dos adverbios o partículas: la decisión depen­
de de que se acepte que hay aglutinación o no. En I I . 8 .I I I encontrará el
lector ejem plos concretos.
b) Problem as de la clasificación de formas. Nuestro concepto de pa­
labra admite que existen algunas palabras, llamadas flexionadas, que
com portan una serie de variantes gramaticales: de género, caso, v o z , etc.
Históricam ente nos hallamos, unas veces, ante formas alargadas de anti­
guas formas no flexionadas; otras, ante antiguas form as independientes
que luego se han considerado com o form ando parte de una misma pala­
bra: así, en el caso de los llamados temas temporales de los verbos,
antiguos verbos independientes. A h o ra bien, en uno y otro caso han
quedado a veces vacilaciones en la clasificación, de lo que se deducen
ciertas incertidumbres en el establecimiento de los lemas. Tam bién de esto
hablamos con ejem plos en I I . 8.III.
c) Problem as del significado. U na palabra es la unión de una form a
dotada de determinadas características y de un contenido que se presume en
principio que es unitario. Ciertas dudas o vacilaciones sobre la definición
form al son las que plantean los problem as de lem atización de los tipos a ) y b).
En cuanto al contenido, la existencia de dos significados absolutamente
diferentes unidos a una m ism a form a o significante testimonia en principio
que nos hallamos ante dos palabras. Es un problem a de hom inim ia: dos
palabras con igual significante.

A h o ra bien, el problem a de distingjir entre hom ónim os y acepciones de


una misma palabra no es siempre fácil. En alemán Glas es ‘ cristal’ y *vaso=;
en gr. es 'vencer, m atar’ (a un guerrero), 'v io la r” (a una mujer),
'd om ar’ (a un anim al): pero no sería adecuado establecer sobre esta base
hom ónim os, palabras independientes. H a y pese a tod o una unidad de signi­
234 FRANCISCO R. ADRADOS

ficado, los sentidos no se concretan en esas lenguas del m od o tan tajante que
sugieren las traducciones. H ay contextos en que más de una traducción es
p o sib le: así en el caso anterior de al. Glas, en el de gr. j3tog 'v id a ’ y 'hacienda’ .
Cf. más detalle infra.
El lexicógrafo necesita operar con criterios prácticos y desechar las inter­
pretaciones subjetivas. L a tradición generalmente aceptada es la de adm itir
que hay palabras diferentes cuando varía la clase de palabras: ingl. bear es
com o nom bre una palabra ('o s o ’), com o verbo otra ('lle v a r’ ). Tam bién,
cuando la etim ología es diferente: caso de gr. dvotría, cf. I I . 8 , I I I ; de átpuXaxTéui
'ladrar (ácp-ukaxTécj) y 'n o vigilar’ (á -rp u Á a x T é u )). En los demás casos se suele
dar un lem a único, sin duda por pensarse que en un tiem po los h om ón om os
eran acepciones: el concepto de banco 'institución de crédito’ viene, efectiva­
mente, del de banco 'asiento*. Este criterio historicista no es aceptable en una
descripción sincrónica, pero en D iccionarios que describen una lengua a ío
largo de toda su historia y cuyo m aterial ofrece toda clase de transiciones
entre la hom onim ia y las acepciones es, sin duda, el único posible. P o r otra
parte, a veces se incluyen en un mism o lema dos palabras de etim ología
diferente, pero que han coin cidido form alm ente y se han fusionado semánti­
camente: así gr. é'xoj, de *segho 'retener, dom inar’ y *uegho 'condu cir un
vehículo’ , etc.
Finalm ente, un D iccion ario deberá incluir, en principio, todas las varian­
tes flexionales de las palabras que recoge. A h o ra bien, com o estas variantes
están estudiadas en las G ram áticas — la G ram ática se refiere, precisamente,
a los elementos más sistemáticos y regulares de la lengua— , en la práctica los
D iccionarios pueden prescindir y prescinden de recoger esas variantes. Sin
em bargo, en el caso de form as menos regulares o propias de tal o cual
dialecto o época, es usual que los D iccionarios las recojan. Este es el criterio
que se ha seguido en el D G E , cf. I I . 8 ,

2. La u n id a d palabr a : e l s ig n if ic a d o e n r e l a c ió n con otras u n id a d e s

H acem os abstracción, de‘ m om ento, del problem a de la hom inim ia y del


de las acepciones en que se diferencia el significado de una palabra; también,
de las organizaciones superiores (cam pos semánticos, clases y subclases de
palabras) en que se integra dicho significado. H a y otra clase de problem atis-
mos referentes a él de los que queremos ocuparnos.
L a palabra es una unidad integrada por otra u otras inferiores (m orfem as,
aunque tam bién puede suceder que un m orfem a sea al tiem po una palabra)
y que, a su vez, se integra en otras superiores (sintagmas, oraciones de
diversos tipos). Su significado puede ser, pues, enfocado, bien com o una suma
de significados parciales, bien com o una parte integrante de un significado
superior. Veam os los dos puntos de vista separadamente.
D ad o que el m orfem a, llam ado p or otros m onem a, es la unidad significa­
tiva elemental, hay quien ha postulado que el análisis semántico debería
hacerse a partir de él y que, incluso, sería conveniente hacer diccionarios de
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 235

m o rfem a s1. P ero éste es, a todas luces, un proceder eq u ivoca d o, al m enos en
lenguas com o las indoeu ropeas que atribuyen a ía palabra un papel m ucho
más relevante que el del m orfem a.
Las objeciones son numerosas:

a) L a segm entación en m orfem as de la palabra es con frecuencia m uy


difícil, pues varían en las diversas form as flexionales y existen hechos de
am algam a. P o r otra parte, es m uy frecuente el sin cretism o: un m orfem a tiene
simultáneam ente varios sign ifica d os: indica a la vez, por ejem plo, fem enino,
nom in ativo y sg. (caso de la -a final en G rieg o ).
b) E l significado de los m orfem as se degrada con frecuencia, hasta hacer­
se puramente distin tivo: caso muchas veces citado, en español, de re-, con-,
di- etcétera, seguidos de -fe rir. En diversos usos, el que form alm en te es el
m ism o m orfem a, tiene significados m uy diferentes o no tiene ninguno. Esto
es frecuente en elem entos m o rfo ló g ic o s c o m o la v o c a l tem ática y alargam ien­
tos diversos.
c) A u n en los casos en que la segm entación en m orfem as es clara y el
significado de éstos es in equ ívoco, siem pre queda que el significado de la
palabra no es la suma de los significados de los m orfem as. Estos están entre
sí en diversas relaciones (determ inaciones sucesivas y otras).

En realidad, la com prensión del sentido de la palabra es tota l; las unida­


des inferiores que en globa con frecuencia no acceden a nuestra conciencia
más que al nivel distintivo o cuando, m ediante un acto de reflexión, realiza­
m os un análisis del significado. L o m ism o sucede respecto a las relaciones
entre esos m orfem as.
Continúa, pues, siendo m ucho más práctico definir el significado de la
palabra bien p o r paráfrasis dentro de la m ism a lengua bien p o r traducciones
a otra, aunque en ocasiones lo que se haga es exponer, directa o indirecta­
mente, significados parciales de los m orfem as y relaciones entre los mismos.
L a insuficiencia de con vertir en general y sistem ático este proceder se ve
porque el análisis com pon en cial del significado, al que en otro lugar nos
referirem os, trabaja independientem ente de la división en m orfem as, dem a­
siado obscurecida en nuestras lenguas.
C on esto tenem os contestada 1a prim era cuestión: si analizar el significado
de la palabra en significados parciales, de los m orfem as que la form an. L a
segunda cuestión parte del hecho de que, a su vez, la palabra es un c o m p o ­
nente de un significado más am plio, el del sintagm a o la oración e incluso
unidades superiores.
Es absolutam ente evidente, desde luego, que e l significado de la palabra
con m uchísim a frecuencia no queda com pletam ente d efin ido hasta qu e lo
integram os dentro de las unidades de que fo rm a parte. A l hablar de las

! C f. p o r e je m p lo L . A n ta !, Questions o f M e a n in g , L a H a y a 1963, «S o b r e el sign ificad o d e las


u n id ad e s lin gü ísticas», Estudios de Lingüistica G en era l cit., pp. 91-100.
236 FRANCISCO R. ADRADOS

acepciones, el uso ñgurado, el valor de estilo, etc., esperamos poner en claro


la gran im portancia de este punto de vista. A h ora bien, el problem a consiste
en que nos apoyam os en el significado de la unidad inferior, palabra, para
establecer el de las superiores; y nos apoyam os en ja visión global de este
significado para establecer analíticamente el de la palabra. N o s hallamos ante
un círculo vicioso: toda definición que se dé desde un punto de partida o
desde otro es solamente provisional.
El partir de la palabra obliga, ciertamente, al D iccion ario a especificar
significados diferentes en función de las unidades superiores: es decir, de la
distribución dentro de la frase. Pero aun así es el recurso analítico más
práctico. Es lo contrario de lo que veíamos antes: el significado de la palabra
es precisado analíticamente mediante el de los morfemas, pero es más prácti­
co partir de la palabra.
La palabra es, en nuestras lenguas, el centro de cristalización más claro
del significado, aunque sólo se com plete con la referencia a las unidades
inferiores y superiores; aunque, de resultas de esta última referencia, según la
distribución el significado variará y el significado total o general de la palabra
com o abstracción se tornará problem ático. L a palabra en sí, aislada, no tiene
existencia; lleva una serie de referencias a su integración en unidades superio­
res y a su división en inferiores y solo a partir de ellas se concreta el sentido
en cada uso particular. Pero com o instrumento de análisis del significado es
el más real y v iv o de que disponemos. En todo caso, su estudio en los
D iccionarios y en obras de Semántica no es obstáculo al estudio de los
significados de otras unidades en otras parcelas del estudio lingüístico.
Conviene, sin em bargo, especificar que el D iccionario es el lugar adecuado
para tratar casos en que los límites entre la palabra y el sintagma tienden a
borrarse y otros en que la palabra es, al tiempo, una oración.
E l prim er caso es el de sintagmas cuyo significado es unitario y dentro de
los cuales las palabras funcionan, en realidad, com o morfem as con va lor a
veces puramente distin tivo; pero que desde el punto de vista form al (existen­
cia de junturas intermedias, de acentos independientes, etc.) están constitui­
dos por dos o más palabras. Estos sintagmas son ios que Pottier ha llam ado
lexías y equivalen a casi todos los efectos a una palabra: tipo diente de león
para designar una planta. En realidad, un D iccionario debería considerar a
las lexías com o lemas independientes: pero hay casos de transición que hacen
que resulte generalmente más práctico incluirlas, a m odo de apéndice, en los
lemas de una u otra de las palabras que las componen. Aunque no se trata
de que el sentido de una palabra sea precisado en un contexto especial,
sino de una síntesis total.
Tam bién se recoge dentro de los lemas normales de las palabras el caso
en que una palabra es usada com o una oración. Que una unidad funcione al
tiem po com o equivalente a una superior es norm al: de igual m odo que hay
m orfem as que son al tiempo palabras, hay palabras que en ocasiones al
menos, son al tiem po oraciones (fu e g o !). Esto puede notarse dentro del lema
respectivo, cuando no resulta innecesario por resultar ob vio en el contexto.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 237

3. L a u n id a d palab ra : s ig n if ic a d o s e m á n t ic o y s ig n if ic a d o g r a m a t ic a l

H ay que hacer algunas observaciones y que sentar algunas precisiones en


relación con el carácter semántico o no semántico de los significados a que
se refieren los D iccionarios. Pues sobre esto suele haber bastantes confu sio­
nes.
M ás que con el término «sem á n tico» conviene operar con el térm ino
«le x ic a l». Efectivam ente, carácter semántico se atribuye a ciertos usos grama-
ticales que no por ello dejan de ser tales: un caso locativo o un genitivo de
precio tienen, en definitiva, iguales significados que determinados adverbios
o determinados nombres. P o r supuesto, un D iccion ario no se ocupa de nada
de esto. Inversamente, una palabra com o padre tiene p o r lo m enos dos
niveles de significación: uno lexical y otro gramatical, el de «m a scu lin o » y
«s g .». El D iccion ario podrá hacer constar (explícitam ente o por exclusión)
que se trata de un mase, y un sg., pero no definirá qué es el masculino o el
singular, sólo se ocupará del significado lexical.
En suma, significado «le x ic a l» quiere decir «sign ificado de las p a la b ra s »:
de esto es de lo que se ocupa un D iccionario. Y , concretamente, del signifi­
cado de las palabras una a una, per se, y no com o parte de un grupo de
palabras o form as (nom inativo, fem enino...) En una palabra com o madre el
significado lexical que interesa al D iccionario es un significado semántico:
este térm ino designa no ya lo específico o concreto, sino, sobre todo, lo no
generalizado, no usado con carácter sistemático, P ero en una palabra com o a
el significado lexical que interesa al D iccion ario es un significado gramatical.
Mientras que un D iccion ario de una lengua de casos, com o el griego, no se
ocupa del significado del acusativo o el dativo, el de una lengua sin ellos,
com o el español, se ocupa del significado de la preposición a, más o menos
próxim o al de esos casos. Y un D iccion ario del griego se ocupa del significado
de otras palabras gramaticales com o preposiciones, artículo, etc.
H ay, pues, una cierta arbitrariedad en cuanto al significado estudiado por
los D iccionarios: arbitrariedad que se justifica mediante su referencia a lo
propiam ente lexical. Las cosas son aproxim adam ente com o sigue1.
U n te x to de u n a len g u a c o m p re n d e , si to m a m o s la p a la b ra c o m o
unidad, a) una serie de unidades, b) una serie de clasificaciones de esas
unidades, c) una serie de relaciones entre las primeras. L a s unidades son,
según nuestra posición de principio, palabras, que son estudiadas en su
significado lexical.
A h o ra bien, las clasificaciones de las palabras sólo en cierta m edida son
realizadas con ayuda de otras palabras, así por el artículo cuando sustantiviza
un adjetivo: estas palabras gramaticales son ciertamente estudiadas, pero

1 R esp ecto a los conceptos q u e m an ejam os, cf. « R a s g o s semánticos, ra sg o s gram aticales y
rasgos sintácticos», R S E L 2, 1972, pp. 249-258 y Estudios de Sem ántica y Sintaxis, B a rc e lo n a 1975,
pp. 197-207.
238 FRANCISCO R. ADRADOS

cuando la clasificación o categorización se realiza m ediante la fo rm a de la


palabra o m ediante elem entos ajenos a ellas (concordancia, orden de p ala­
bras, etc.) no es estudiada p o r los D iccion arios que, todo lo más, indican de
un m o d o u otro si se trata de un fem. o un pl. o un verb o trans. o un n om bre
o un adjetivo, etc. En las palabras flexionales, de otra parte, los D iccion arios
eligen arbitrariam ente una form a en representación de la palabra: p o r ello ni
siquiera indican que la form a que dan es un nom . sg. o una I. pers. sg. de
ind. pres. act. Y m enos se ocupan de decir nada sobre el significado gram a­
tical de las form as que no se dan com o lema.
H a y que hacer, sin em bargo, alguna restricción sobre lo que acabam os de
decir. U n D iccio n a rio G riego-E sp añ ol dará en ocasiones un tratam iento
especial, dentro de un verbo, a las form as de v o z m edia o de aoristo, p o r
ejem plo. E llo se debe a que el anisom orfism o del griego respecto al español
hace que categorías com o éstas no sean directam ente traducibles p o r otras
categorías gram aticales y se traduzcan m ediante el recurso ai léxico. E l aor.
É'yvwv de ytyvwawco se traduce bien, con frecuencia, p o r 'darse cuenta’ en vez
de ‘ con ocer’ , e o ttjo a es 'deten er’ frente a Eo ttjv ‘ detenerse’ .
P o r lo que respecta al punto c) de arriba, las relaciones entre las
unidades, hay que decir cosas semejantes. En la m edida en que se notan
m ediante palabras, estas palabras serán estudiadas p o r el D iccion ario,
aunque sus significados lexicales sean puramente gramaticales. En cam bio,
cuando la relación se m arca m ediante sufijos o desinencias de las palabras
o m ediante el orden de palabras y otros recursos, quedan fuera del estudio
del D iccion ario. Puede suceder así que una palabra tenga tres niveles de
sign ificado: lexical sem ántico; categorial o cla sifíca to rio ; propiam ente
sintáctico: así, cuando la m arca de género es al tiem po, en virtud de la
concordancia, indicio sintáctico de relación. Pues bien, sólo lo lexical es
estudiado.
Queda fuera del centro de estudio del lexicógrafo el elucidar problem as
del significado gram atical, tales com o los elem entos de este que son puram en­
te clasificatorios o relaciónales en general. Pero cuando un significado lexical
es gram atical, es estudiado igual que sí fuera semántico. Y ello con buena
razón, puesto que los principios del significado gram atical son los m ism os del
significado sem án tico: se accede a él, en la m edida en que se accede, m ediante
la misma com binación de la consideración paradigm ática y la sintagm ática,
el m ism o recurso a distinguir centro y márgenes, etc .1.
L a separación del estudio del significado gram atical encarnado en pala­
bras y de aquel o tro que es un segundo nivel de significado de palabras
lexicales o de las diversas form as de las mismas es, pues, cosa de conveniencia
m etod ológica, de división práctica del trab ajo: nada más.
Esto está de acuerdo con las ideas que cada vez en m ayor m edida se
im ponen sobre las relaciones entre Sem ántica y Sintaxis (G ra m á tica diríam os

J C f. en gen era] Lingüística Estructural cit., caps. V I I I y IX .


LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 239

nosotros). Efectivam ente, las más antiguas form ulaciones de la G ram ática
Generativa, prim ero las de C hom sky en sus Sem antic S tru ctu res 1 y luego las
de K a tz y F o d o r 2, sostenían que la estructura profunda de una lengua (las
oraciones nucleares, se decía en un prim er m om en to) estaba constituida p o r
una serie de m arcadores sintácticos que establecían relaciones entre una serie
de términos definidos p o r su clase de palabras; luego intervenían, para llegar
a la estructura de superficie, unas reglas de transform ación y una interpreta­
ción semántica. Es decir, la semántica com enzaba allí donde term inaba la
gram ática: las palabras de las distintas clases y subclases se introducían allí
donde la Sintaxis lo perm itía y con las acepciones que esa Sintaxis y, luego,
las distintas palabras, aceptaban com o compatibles. Pues bien, esta teoría 3 se
encuentra hoy -prácticamente rebasada en los nuevos estudios de G ram ática
Generativa.
Encontram os, efectivam ente, en estas corrientes algunos puntos de vista
que nos interesan desde el que ahora nos ocupa:

a) Tiende a abandonarse la idea de una estructura profunda dom inada


por las clases de palabras y los tipos de relaciones y oraciones de las lenguas
indoeuropeas y, más concretam ente, del inglés. L a tendencia a considerar la
estructura profunda de las lenguas com o universa! choca, en efecto, con la
adopción com o tal de una basada, en el fon do, en una lengua particular4. D e
ahí la reacción de autores com o L a k o ff y F illm o re 5 que encuentran en la
estructura profunda de todas las lenguas una serie de estructuras derivadas
de la lógica natural. Piénsese lo que se quiera de esto 6 resulta claro que la
época de la absoluta separación de Sintaxis y Semántica y de la preminencia
de la prim era sobre la segunda ha pasado.
b) A u n sin llegarse a esto, ya desde Chom sky, Aspects (1965) se veía claro
lo problem ático que resulta el trazar los límites y las dependencias entre
Sintaxis y Semántica. En otro trabajo posterior el mismo a u to r 7 accedía a
incluir en la estructura profunda ciertos rasgos semánticos. L a k o ff, Film ore,
W ein reich 8 y otros autores más han insistido en que o bien hay elem entos
sintácticos en la estructura profunda o bien Sintaxis y Semántica constituyen

1 L a H a y a 1957.
2 « T h e Structure o f a Sem antic T h e o r y », Language 39, 1963, p p . 170-202.
-1 E specificad a y d efen d id a p o r K a tz , J. J. y ' P o sta l, J. A ., An integrated Theory o f J.inguislíc
Description, C a m b rid g e , M ass., 1964, C h o m sk y , N ., Aspects o f ¡he Theory o f S i n t a x , C a m b rid g e ,
M ass., 1965; K atz, J. J., Semantic Theory, N e w Y o r k 1972.
4 C f. nuestra crítica en Lingüística Estructural cit.. p. 480.
5 L o s m ás im portantes trab ajo s de L a k o f f están recogidos en Semántica y Sintaxis en la
Gramática Transformatoria, ed. V . S ánchez de Z a v a la , M a d r id 1974. P a ra F illm o re véase entre otros
« T h e C ase fo r C a s e », en E . B ach y R .T . H a rm s, Universals in Linguistic Theory, N e w Y o r k 1968.
6 C f. Lingüistica Estructura! cit., p. 943 ss.
7 C f. C h o m sk y , Studies on Semantics in Generative Grammar, L a H a y a 1972.
8 Explorations in Semantic Theory en S e b e o k ed., Curren¡ Trends in Lingttistícs, I I I , L a
H a y a 1966.
240 FRANCISCO R. ADRADOS

un solo com ponente o, incluso en que el com ponente más p rofu n do sería de
ín d ole semántica. Sánchez de Z avala ha form u lad o e s to 1 diciendo que la
sintaxis introduce una serie de cortapisas al com ponente semántico- P o r su
parte J a ck en d o rff 2 opina con razón que al hacerse m uy abstracta la estructu­
ra profunda, de naturaleza sintáctica, se hace im posible fundar en ella la
totalid ad de la interpretación sem ántica: debe proceder de varios niveles de
transform ación.
N o s o tro s pensam os que tod o esto es, todavía, insuficiente: que Sintaxis y
Sem ántica se refieren a una misma cosa, aunque tengan transiciones y una
tendencia a la p ola riza ción ; la clasificación es en buena parte cuestión de
conveniencia, cosa arbitraria. Y que, igualmente, la distinción de una o varias
estructuras profundas y la atribución de los distintos elem entos a unas u
otras, depende de criterios de clasificación nuestros, no de cosas que existen
en sí. Véase nuestro trabajo «R e fle x io n e s sobre Semántica, Sintaxis y Estruc­
tura P ro fu n d a », R S E L 6 , 1976, p. 1 ss.
c) A lu d am os tam bién a la hipótesis, de que más adelante nos ocu pa­
rem os, de que existen universales semánticos en la estructura p rofu n d a:
universales que luego cada lengua organ iza a su m anera en un léxico
propio.

En defin itiva y volvien d o a lo que más de cerca nos interesa: las


relaciones entre las palabras se deducen de su prop ia coexistencia dentro
de la palabra. A h o ra bien, aquellas que son más frecuentes y regulares,
las relaciones (y tam bién las clasificaciones) gramaticales, tienden a fo r ­
m alizarse, expresándose m ediante m arcas com o el orden de palabras, los
sufijos, desinencias y, tam bién, m ediante palabras especiales. N o siempre
es así, hemos visto que en ocasiones una palabra tiene «n iv e le s » de sentido
sem ántico, categorial y puram ente sintáctico: el segundo y tercero deriva­
dos, sin du da3.
L a G ram ática es, sin duda, un n ivel secundario, creado para clasificar
unidades y relaciones y para crear significados sistemáticos. Se expresa de
varias maneras y es convencional estudiarlas en un D iccion a rio o una G ra ­
m ática: en el fo n d o todos estos significados operan sobre unos m ism os
principios, aunque han introdu cido secundariamente algunas diferencias,
com o es el caso de los significados gram aticales puram ente clasificatorios que
no hallan paralelo en lo lexical.

1 H acia una epistemología de! lenguaje, M a d r id 1972, p . 90.


1 Semantic Interpretación in gencrative Grammar, C a m b r id g e , M a s s ., 1972,
3 D e s d e el p u n to d e vista estructuralista se llega ta m bién a conclusion es sem ejantes, así en
N a g y , G . O ., A b riss elner funktionellen Semantik, L a H a y a 1973,
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFÍA GRIEGA 241

II. P A L A B R A Y C A M P O S E M A N T IC O

1. G e n e r a l id a d e s

U n D iccion ario ordena las palabras en un orden alfabético, es decir, en


un orden convencional que no tiene más justificación que su caracter prácti­
co. En realidad, nosotros distinguimos el significado de las palabras p o r su
oposición al de otras palabras que conocem os y que poseen idéntica o análo­
ga distribución. Las palabras que son capaces de conmutarse cam biando el
sentido de to d o el pasaje constituyen un cam po semántico. O, si se quiere, un
cam po semántico es un paradigm a lexical que fragm enta y organiza en un
sistema com plejo de oposiciones un continuo semántico. En consecuencia, el
significado de una palabra solamente puede establecerse con ayuda de las
oposiciones que contrae dentro de su propio cam po semántico. Es ésta una
concepción que contrasta con la de la antigua escuela que estudiaba las
palabras en m on ografías independientes: escuela que produ jo una abundante
bibliografía a partir del estudio de H ein ze sobre Fides 1 y que, concretamente,
ha dedicado mucho trabajo al estudio de diversas palabras de im portancia
cultural dentro del léxico g r ie g o : cf. infra. p.
E l estudio de los cam pos semánticos arranca del libro de J. T rier, D er
deutsche W ortschatz im Sinnbezirk des Verstandes2 y ha sido y es im portante
en las escuelas lingüísticas europeas. Continúa en realidad la consideración
paradigm ática de los «v a lo r e s » de las palabras inaugurada por Saussure.
A esta orientación paradigm ática del estudio de los contenidos responden
trabajos numerosos de Coseriu, Pottier, G lin z, Lyons, Geckeler, Lehrer.
A lin ei, Apresjan, Tru jillo, de mí m ism o. D o y la b ib liografía más fundam en­
tal: Coseriu, E., «P o u r une Sém antique diachronique structurale», T L L S , 2,
1964, 139 ss. y trabajos posteriores, cf. P roble me der strukturellen Sem antik,
Tübingen 1973; Pottier, B., Linguistique Générale. Théorie et Description,
París 1974 (últim a exposición, después de otras varias); G lin z, H., Grundbe-
griffe und M ethoden inhaltsbezogener T ext- und Spra.cha.nalyse, D u sseldorf
1965 (tendencia emparentada, solam ente); Lyons, J., Stru ctu ra l Semantics,
O x fo rd 1963; Geckeler, M ., Strukturelle Semantik und W ortfeIdtheorie, M u ­
nich 19713 (doctrin a de Coseriu, casi exclusivam ente); Lehrer, A ., Sem antic
Fieíds and L e x ic a l Structure, A m sterdam 1974; A lin ei, M ., L a struttura del
Lessico, B olon ia 1974; Apresjan, O., «A n a ly s e distributionnelle des significa-
tions et champs sémantiques structurés», Langages 1, 1969, pp. 44-74 y
Principies and M ethods o f Contem porary Structural Linguistics, L a H a y a 1973
(sobre todo p. 274 ss. «M o d e ls o f Semantic Analysis and Synthesis»); Truji-

1 1929. R e c o g id o en Vom G eist des R om ertum s, L eí p n g -B e r lín 1939, p p . 25-58.


- H e id e lb e rg 1931.
3 T ra d . esp., M a d r id 1976.
242 FRANCISCO R. ADRADOS

lio, R .. E l campo sem ántico de ¡a valoración intelectual en español, L a L a g u ­


na 1970; la exposición de conjunto de R. H o b erg , D ie Leh re vom Sprachlichen
Feld, D ü sseld orf 1970. M is trabajos (qu e arrancan de 1964) están recogid os
en ios dos libros Estudios de Lingüística G eneral y Estudios de Sem ántica y
Sintaxis, así com o en la L in gü ística Estructural. Véase varios trabajos de
diversos autores recogid os en A . R ey, L a L e x ic o lo g ie , París 1970.
A h o ra bien, hay que hacer constar, de una parte, que dista de existir en
este m om en to una teoría general del cam po sem ántico y de las oposicion es
en él contenidas; y que, de otra parte, no contam os en absoluto con descrip­
ciones de cam pos sem ánticos particulares que hagan posible tener en cuenta
sistem áticam ente este punto de vista al redactar un D iccion a rio. E llo es
especialm ente cierto en el caso del G rie g o antiguo. A u n así, tratarem os de
expon er el estado de la cuestión y las posibilidades, para un futuro más o
m enos p ró x im o , de utilizar sistem áticam ente el estudio de los cam pos sem án­
ticos para la redacción de artículos en los D iccionarios, y concretam ente, en
el D iccio n a rio del G rie g o antiguo.
N o s apoyam os, de una parte, en estudios m on ográficos nuestros 1 o de
nuestros discípu los2; y tam bién, en datos procedentes del D G E ; además,
en nuestras tom as de posición teóricas en los libros ya m encionados, más
una serie de consecuencias obtenidas de libros y artículos a que hem os
hecho alusión y que, en ocasiones, son posteriores a la redacción de
nuestros trabajos.
Pensam os que la totalid ad d el léxico de una lengua debe considerarse
com o interrelacionada, com o ha propuesto explícitam ente A lin ei. U n a p ala­
bra puede entrar alternativam ente en dos cam pos semánticos, según e l sema
o rasgo distintivo que se constituye en f o c o : con lo cual, añadim os nosotros,
se crean dos acepciones. U n a palabra puede reclasificarse, pasando de un
cam po a o tro ; y ello según la fecha, el dialecto, el n ivel de lengua, especial!-
zaciones diversas en lenguas especiales o p o r efecto de in n ovacion es in d ivi­
duales.
P o r o tra parte, los cam pos se opon en y jerarqu izan entre sí. A lin e i distin­
gue entre dom inios, con un solo rasgo distintivo com ún, así el del «c a b a llo »,
y sistemas, con dos rasgos, así el del «s o n id o del c a b a llo ». L a jera rq u ía sube
hacia arriba y, tam bién, baja hacia abajo si cortam os en algún punto el árbol
del «s o n id o del ca b a llo ». Lateralm en te los cortes que p od am os hacer son
bastante arbitrarios. N o s o tro s preferim os, com o A lin e i y al co n tra rio de
Apresjan, in trodu cir dentro de un m ism o cam po clases y subclases de pala­
bras diferentes; in trodu cim os tam bién antónim os, sinónim os, etc., cosa p o r
lo demás habitual.

1 C f. m is tres tra b a jo s « L e n g u a , O n t o lo g ía y L ó g ic a en los sofistas y P la t ó n », « E l c a m p o


sem án tico d el a m o r en S a f o » y « E l sistem a de H e rá c lito : estu dio a p a rt ir del lé x ic o », re c o g id o s en
Estudios de Semántica y Sintaxis.
2 T r a b a jo s de E . G a n g u t ia ; C. R ou ra; J. L , C a lv o ; O. G u n tíñ a s citad o s m ás adelante.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 243

Sólo dentro de este tejido y, más concretamente, de las oposiciones que


en él se dan, puede comprenderse cóm o actúa la función significativa de la
lengua. C on frecuencia es descrito con excesiva simplicidad; no se habla de
la posibilidad de que una palabra pertenezca a dos campos ni se relaciona eí
tema de los campos semánticos con el de los distintos tipos de semas: es decir,
se rehúye el tema de la existencia de acepciones al tratar de los campos.
Tam poco se insiste apenas en la mutabilidad de éstos dentro de una misma
lengua, en la existencia de campos «p aralelos» o parcialmente coincidentes,
de que hablaremos, en la multiplicidad de organización de los campos:
árboles, cadenas, paradigmas sobre más de un rasgo; campos simétricos y
asimétricos, con expresión o no independiente de los géneros, con o sin
neutralizaciones. Para todo esto remitimos al capítulo anterior y a anteriores
exposiciones nuestras.
Pienso, de todas maneras, que con todas las diferencias existentes, la
noción de campo semántico ha alcanzado un nivel de generalidad suficiente
para poder intentar utilizarla al redactar un Diccionario. Es claro que repre­
senta una abstracción: que si en principio las oposiciones son en igual distri­
bución, las asimetrías y otros fenómenos han hecho que el conjunto de
palabras de un campo formen una entidad aunque las oposiciones sólo en
ciertas circunstancias tengan lugar. Igual sucede en paradigmas gramaticales
complejos, como, por ejemplo, el de los casos: un acusativo y un genitivo no
pueden oponerse en todas las distribuciones, pero no por ello dejan de
pertenecer al mismo paradigma. Pues bien, esta abstracción, com o todas las
abstracciones lingüísticas, se justiñca por la utilidad de la clasificación que
engloba: ía de una serie de palabras y acepciones de ias mismas que actúan
en un espacio distribucional suficientemente homogéneo.
Hablemos ahora ya de las oposiciones de las palabras dentro de los
campos, haciendo abstracción de momento del caso en que una palabra
aparece alternativa o simultáneamente en dos campos o aparece en dos
formas diversas adoptadas en el mismo campo: cosas ambas que se traducen
en la existencia de acepciones. Lo que nos interesa aquí ver es cóm o se
traducen a nivel de Diccionario los rasgos distintivos o, si se quiere, los semas
que actúan en las oposiciones.

2. Palabras d e n t r o d e u n c a m p o s e m á n t ic o

Las oposiciones que las palabras contraen dentro de un campo semántico


son, según es sabido, de varios tipos1. Encontramos fundamentalmente:

a) Oposiciones restrictivas (privativas) en que los dos términos tienen


sentidos diferenciados por un rasgo distintivo pero, además, uno de ellos (el

1 Cf. supra así com o Lingüistica Estructural, p, 498 ss. y Estudios de Semántica y Sintaxis,
p. 123 ss.
244 FRANCISCO R. ADRADOS

n egativo) puede tener, en determ inadas distribuciones, un sentido neutro


respecto a Ja oposición.
b) O posiciones distintivas (equivalentes), en que el uso neutro aparece en
am bos términos.
c) O posiciones exclusivas, sin uso neutro en ningún térm ino.
d) O posiciones graduales.

Es bien claro que en todos estos casos los sentidos polarizad os o neutros
deben entrar en un D iccio n a rio al nivel de acepciones, pero lo lógico sería
que una vez que se hiciera la descripción com pleta del sistema de cam pos
semánticos de una lengua, se hiciera referencia a la situación de las acepciones
en el cam po sem ántico respectivo. Se introduciría, p o r ej., en ávr¡p una acep­
ción « v a r ó n » (co m o opuesto a yuwí) y otra «h o m b r e » (con neutralización de
la oposición, en frases com o ncm/p ávdpCiv re QeQv re). Para defin ir Satftwv es
preciso hacer referencia al térm ino opuesto Bzóq. con indicación de la diferen­
cia: Saífiuv se refiere a un dios no personal; pero hay que hacer referencia
igualm ente a los hechos de neutralización de este sistema p o r los cuales 5aí¡iu}v
puede aplicarse, p o r ej., a A fr o d ita (11. 3.420) o, al revés, 6eóg es una divin idad
cu alqu iera1.
Pensam os que una atención a estos hechos opositivos es necesaria para
dar una buena descripción de las acepciones de una palabra. H a y que hacer
constar, por ej., en yiw ) que, com o térm ino p ositivo de una oposición , no se
neutraliza; o al hablar de 65e hay que hacer referencia a su op osición con oóroq
y a que el rasgo distintivo de la misma puede variar, ocasionando dos acep­
ciones de ambas palabras: ya apuntan a personas diferentes (o 6f «yo»/oüTog
« t u » ) ya a segm entos diferentes del discurso (o8e referid o a lo que sigue, oOrot;
a lo que precede). En oposiciones graduales es conveniente, igualm ente, la
referencia al sistema. N o es indiferente, en efecto, hacer constar que vsavíag
ñgura situado en una escala en que le rodean nocíg y ávijp.
O tro punto de interés es el relativo a los térm inos genéricos que, en
ocasiones, subsumen el signiñcado de dos o más térm inos opuestos, lo
que evita e l recurso a la neutralización. ,rAvQpcúTrog subsume ávrjp y y uvr¡, p or
ejem plo, y de aquí hay que partir para entender ciertos em pleos estilísticos de
la palabra, cuando se dice, p o r ejem plo, íj cfvSpujnog de una esclava. Tam bién
las cadenas presentan térm inos genéricos. P o r ejem plo, en el m om en to en que
en griego los nom bres de las cuatro estaciones, ia p , 6épog, ómóprj y /eijugOv
form an una cadena, Qépoq al tiem po que com o térm ino específico funciona
com o térm ino genérico del «n o -v e r a n o » y Tu cídides puede escribir (5.40) á¡ia
óé tój f¡pi eúdüg toO ÉniytYvofiévou dépoug. Es im portante notar esto explícitam en­
te.
A h o ra bien, estas oposiciones se dan dentro de cam pos semánticos de
estructuras muy varías, que nunca han sido descritas exhaustivam ente. P o r no

1 C f. m ás detalles e n Estudios de Lingüistica G enera l cit., p. 44.


LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 245

hablar de los «cam pos paralelos», a que haremos referencia en seguida, hay
que apuntar a las graves asimetrías que se observan en los cam pos y no sólo
a las referentes a la existencia o no de términos genéricos. N o sólo hay árboles
(ram ificados muy diversamente) y cadenas, así com o com binaciones de lo uno
y lo. otro, sino también paradigmas en que entran simultáneamente más de
dos rasgos, tipos concéntricos en que se escalonan oposiciones en que se
añade siempre un nuevo rasgo, etc. H e aquí unos pocos ejemplos.
El sistema de los términos económ icos de H om ero, tal com o ha sido
estudiado por E. G an gu tia1, puede representarse mediante un árbol en el que
M irlara es término genérico de ht e ó l t e o o i y píoroq, los cuales a su vez son
términos negativos frente a, respectivamente, nsiiiffha y oiToq, fiéQu. Hasta aquí
todo está en orden. Pero rrpó^aaig «g a n a d o » está subordinado tanto a ureársocL
com o a jSíoto^ que funcionan, ambos, com o térm inos negativos frente al
primero. D e donde se deduce que xTEáreooi puede ser tanto «o b je to s de m e ta l»
com o «g a n a d o », f í í o T o q tanto «g ra n o », « v in o » com o «g a n a d o ». Es bien claro
que todo esto tiene im portancia semántica y que al analizar cada térm ino
debe hacerse referencia a los demás.
A los paradigmas hemos de referirnos a propósito de las palabras que se
encuentran simultáneamente en varios cam pos: se trata del caso en que el
rasgo semántico con que un término se opone a otro es al tiem po común a
un segundo campo semántico. Pero aquí vamos a hacer referencia a los
campos concéntricos, com o el de los verbos de acción sacral en griego,
estudiados por J. L. C a lv o 2. U n verbo téAélu relativo a la acción sacral en
general, funciona com o término negativo frente a 5páuj, que acentúa el rasgo
«m ovim ien to físico » en ciertos contextos; éste a su vez es térm ino negativo
frente a opxéo}iai «d a n z a r »; y en otros más reducidos este verb o com porta a
su vez un término negativo ¡j.i^.éo¡iat «rea liza r m im éticam ente».
L o que acabamos de decir nos hace entrar en o tro punto que también es
im portante: el del contexto. H em os dicho que las palabras contraen o p o si­
ciones dentro de contextos determ inados: y precisamente esos contextos son
el m ejor recurso para definir la base de las oposiciones. En estudios nuestros
sobre el am or sáñeo o la filo so fía heraclítea 3 hemos puesto de relieve este
punto de vista. N o son definibles los verbos de «a m a r » en Safo si no se
explícita que sólo admiten com o sujeto al agente o amante; ni es definible el
kóyogy sus cuasisinónimos en H eráclito si no se describen sus distribuciones y
se dice que excluyen el que sean sujetos de un verbo transitivo.
Finalmente, dentro de este apartado, resulta interesante aludir a palabras
que se refieren a lo mismo (al menos en'algunos de sus usos) pero a partir de
campos semánticos diferentes. A sí, junto a spapai y otros verbos aparece en

1 «S o b r e el v o c a b u la rio econ óm ico de H o m e ro y H e s ío d o », Emérita 37, 1969, pp. 63-92.


- T esis d octo ral Investigaciones estructurales sobre ei vocabulario religioso griego, M a d r id 1971
(inédita).
3 « E l cam p o sem ántico del a m o r en S a fo » y « E l sistema de H erá c lito : estu dio a p artir del
léxico», recogid os en Estudios de Semántica y Si nía is cit., p. 247 ss.
246 FRANCISCO R. ADRADOS

Safo (píAr^ijw exactam ente en las mismas distribuciones; pero tam bién en otras.
L le v a no sólo el sujeto de la relación am orosa, sino tam bién e l o b je to ; lleva
un com plem en to no personal (la áj3pocrúva p or e je m p lo ); se refiere tam bién a
relaciones fam iliares. A sí, la relación am ante-am ado expresada p o r gpapm
tiene un m atiz diferente (d eseo) de ia expresada p o r (ptAíftijiu (in tim id ad de
gru p o ); parece útil m en cion arlo. Y m ás que, dado el carácter en el fo n d o
artificioso de la separación de los cam pos semánticos, p od em os m uy bien
incluir el uso que nos interesa de (píAíjjujui en el cam po d el ipog: estaría, pues,
sim ultáneam ente en dos cam pos, situación que es la que estudiam os en 4.

3. Palabras en c a m p o s se m á n t ic o s a l t e r n a t iv o s , p a r a l e l o s o

S IM U L T Á N E O S

L a existencia de un cam po sem ántico fijo en el cual está definitivam ente


integrada una palabra es en el fo n d o una ficción, sobre to d o si nuestro ob jeto
de estudio es una lengua con una larga historia y una rica diferenciación
dialectal, literaria y sociolingüística, caso del griego.
U n a palabra puede estar integrada alternativam ente en varios sistemas
paralelos. P o r ejem p lo, es frecuente la oposición naXg¡ávr¡p, pero no lo es
m enos la que presenta un térm ino interm edio, natg/veavíaq/ávfjp; si a ello se
añade la existencia de una op osición paralela véogfyépcjv que reparte en form a
diferente el tiem po y que en cierta m edida está neutralizada p o r veavíag se
verá lo com p lejo de la situación. Néog opuesto a yépcov y na\aióg se refiere a
personas y cosas, pero en otra op osición alternativa, frente a yrjpatóg y npéa-
fiug, se refiere sólo a personas. Y hay que añadir que estas oposiciones no
coexisten todas en griego, algunos de los térm inos m encionados son sólo
h o m érico s1.
P o r otra parte, los cam pos sem ánticos evolu cion an con el tiem po. D e l
sistema de las dos estaciones, una de ellas subdividida, se pasa en griego
antiguo al sistema de las cuatro estaciones, con oposiciones exclu sivas: am bos
sistemas con viven durante cierto tiem po. D el com p lejo sistema «m u erte/ vid a »
descrito p o r E. G an gu tia para la ép oca h om érica y arcaica 2 se pasó a partir
de P la tó n a uno que tenía ya un térm ino específico, para la « v id a » , que
op on ía Gtóiia/tjjuxri c o m o «c u e rp o »/ «a lm a », etc.
Es precisam ente la creación en G recia del pensam iento filo s ó fic o y cientí­
fico la que llevó a la creación de térm inos técnicos de sentido in equ ívoco, con
oposiciones exclu sivas: es decir, a la refección de m uchos cam pos semánticos.
Es notable, p o r ejem plo, ver cóm o en H ip ócrates se crean sistemas de estos
para los nom bres de las com idas, las estaciones; cóm o H erá clito hace entrar
el térm ino Aóyog en nuevas op osicion es; cóm o Platón altera to d o el sistema

J C f. C . R o u r a , E l cam po semántico « tiem po» de H o m e r o a ! ático del siglo V , tesis d o c to ra l en


extracto , M a d r id 1970.
2 C f. E l cam po semántico «m u e r te ¡v id a » de H o m e r o a P latón, C .S .I.C . en prensa.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 247

de los adjetivos y nom bres de valor, para crear una clara oposición exclusiva
dentro de cada uno de cuyos términos tienden a convertirse en sinónimos,
respectivamente, a y a Oóq, xaXóg, Síxaioq y koímóc ;, aiuxpóg, á5ixog, contrariam ente
al uso común de la lengua g rie g a 1. N o menos interesante es ver, por ejem plo,
cóm o evoluciona el sistema de los verbos de «d e v e n ir» del griego com ún a
Platón y de éste a A ristóteles: la evolución del pensamiento se refleja en una
evolución del cam po sem ántico2.
A estas creaciones hay que añadir las que proceden de grupos sociales,
como, por ejem plo, las que tendían a identificar á y a 0 o í ya con los aristócratas,
ya con los demócratas (cf. Lisias 31.30); las tendencias a especializar ciertas
palabras en sentido religioso, en el de diversas ciencias, etc.
D e todo ello resulta una situación bastante confusa, que el D iccion ario
debe esforzarse en reflejar. P o r ejem plo, en nuestro trabajo arriba citado
sobre el vocabulario de H eráclito hemos hecho ver cóm o no solamente Aóyog,
sino también otras palabras tienden a integrarse en su sistema. N o es posible
una buena definición del sentido de ¡íérpov, 5í>frj, ápiiovíri, etc. en H eráclito sin
relacionarlo con el de Aóyog y separarlo de los usos «n o rm a le s »; nüp debe
referirse a sv, etc. Pero estos términos guardan huellas de su antiguo uso
«n o rm a l», así su carácter divinizado en ocasiones.
T o d o esto ha de estudiarse por fuerza, al nivel del D iccionario, m edían­
te el establecimiento de acepciones. D e un m odo paralelo podrem os estu­
diar así, por ejem plo, la especialización de una serie de térm inos en usos
religiosos diversos, junto a los cuales continúan vivos los profanos: así en
los verbos reAéco, etc. aludidos arriba, pero también en otros casos más. E n
verbos de «sa crifica r» com o Buto, ayá^ui, x¿<^, etc. es fácil separar los usos
profanos de los sagrados; y dentro de éstos establecer las especializaciones
respectivas, dentro de un árbol encabezado por 6úcj, de v a lo r puramente
sacral. La indicación de los contextos hace ver claramente si se trata de
ofrendar animales o vegetales, o bien líquidos, y éstos bien en el culto ctóni-
co-funerario, bien no, etc.
Claro está, apuntábamos arriba que hechos com o éstos pueden ser descri­
tos bien a base de dos campos semánticos, bien de uno solo en el que, en un
nodo del árbol, entra una nota nueva: en este caso ía del «sa crificio ». L a
separación es más bien cuestión de conveniencia.
P o r otra parte, cuando en una palabra coinciden dos notas o rasgos
propios de dos cam pos semánticos, podem os concebirla com o un punto de
enlace entre los mismos. Así, en el cam po «vida/m uerte» aludido arriba
hallamos que en aidtv, que es « v id a » o "«principio v ita l», aparece en ciertos
contextos una dim ensión tem poral: hay enlace con el cam po del tiem po,

1 Cf. la b ib lio g ra fía antes citada y «L e n g u a , O n to lo g ía y L ó g ic a en los sofistas y P la t ó n »,


reco gid o en Estudios de Semántica y Sintaxis cit., p. 267 ss.
2 Cf. O . G u n tiñ as, E l cam po semántico deI devenir en Platón y Aristóteles, tesis d octo ral in édita,
M a d r id 1975.
248 FRANCISCO R. ADRADOS

com o en ftiog lo hay con el de la econom ía. En el sistema de los nom bres de
edad de las mujeres, en napdévog se entrecruza una nueva nota, la de «n o
casada», con lo cual napQévog y yuvf] se oponen sobre dos notas diferentes.
Nuestra idea es que una palabra puede oponerse a varias otras sobre notas
diferentes que engendran acepciones: escrictamente, cada una pertenece a un
cam po semántico. Pero hay que distinguir los casos de hom onim ia, en que
los significados son sentidos com o totalmente diferentes, sin puente alguno,
de los de la simple existencia de acepciones. En este caso la palabra se siente
com o perteneciendo simultáneamente a ambos campos (así aiúv, fiíoq) o
bien com o subordinándolos bajo una idea común (ía de violencia en el caso
de Sctfívrjfii, cf. infra). Sería equ ivocado rom per la unidad del lema. Pero la
atención a los campos semánticos en que simultáneamente está la palabra o
los que subordina es tan im portante para fijar las acepciones com o la aten­
ción a los campos semánticos alternativos.

4. C ó m o d e f i n ir e l s i g n i f i c a d o

Sin haber llegado a penetrar a fo n d o en los distintos tipos de distribución


de las palabras, resulta claro desde ahora que estas distribuciones están en
relación con la posición de las mismas dentro de campos semánticos suma­
mente alternativos y variables, a veces organizados en torno a una misma
palabra, y que com portan oposiciones de distintos tipos, neutralizaciones,
variantes sociales o individuales.
T o d o esto hace, pensamos, que resulten sumamente insuficientes aquellos
ensayos de descripción del significado que se apoyan en relaciones fijas y
uniform es o en semas igualmente fijos y bien tipificados. Téngase en cuenta
que, en realidad, el operar con semas o con tipos de oposición es fa cu lta tivo :
son conceptos com plem entarios.
U n a prim era propuesta para lograr definiciones semánticas claras e ine­
quívocas es la consistente en dar, para una palara, la totalidad de los semas
o átom os semánticos que la distinguen de otras del cam po: taburete será,
junto a silla, sillón etc. un «a s ie n to » provisto de los semas «sin brazos», «sin
respaldo», etc. E l sema común será el archisemema, punto de cruce de los
sememas (conjunto de semas de las distintas palabras del cam po). Este es el
análisis bien con ocido de Pottier, al cual añade en un libro reciente 1 ejem plos
com o las palabras cuyo archisemema es «m anifestación sonora bu cal» (a bo-
yer, crier, glousser, m iauler...) o ías de «transporte de personas» (voiture, ta xi,
autobús, a u to c a r...). Estos sistemas en que cada palabra contiene varios
semas, form an paradigmas en los cuales las palabras contraen oposiciones
varias según los semas.
L a objeción que puede ponerse antes que ninguna otra a esta propuesta
es que se trata de ejem plos muy simples, de objetos concretos o actividades

1 Linguistique G enérale , París 1974. p. 61 ss.


LINGÜISTICA GENERAL y LEXICOGRAFIA. GRIEGA 249

también concretas: igual en el caso de otros autores, por ej., los sistemas de
semas propuestos p o r A . Lehrer en su libro antes citado sobre sistemas léxicos
en el cam po de los guisos o de los productos de pastelería en diversas lenguas,
o los de M. A lin ei, relativos al «c a b a llo » o al «so n id o del cab allo». Es mucho
más difícil establecer los semas de palabras relativas, por ejem plo, al reino
vegetal (manzana, pera, m elocotón ...) o animal (p erro, gato, caballo.,,) o al
dom inio de lo abstracto (belleza, fealdad...).
A la segunda objeción, consistente en la variabilidad del significado de las
palabras, ha respondido P ottier con su. teoría de los semas virtuales que sólo
aparecen en determ inados contextos. A su oposición de semas estables y
semas virtuales responde muy aproxim adam ente, en la Lingüística americana,
la oposición entre distinguishers y selection restrictions propuesta por K a tz y
F o d o r y seguida p o r Chom sky y otros autores1. L a teoría que subyace es la de
que, a pesar de todo, la palabra tiene un núcleo sénaico absolutamente fijo , por
lo que los rasgos distintivos en contextos especiales serían de un tipo especial.
Pero eso no es cierto, llámese a ios rasgos distintivos propios sólo de distribucio­
nes especiales virtuemas, selection restrictions o (co m o quiere W einreich) trans-
fe r fea tures. El núcleo común es borroso en grados diversos y no existe en los
casos de hom inim ia; con frecuencia las acepciones tienen igual nivel jerárquico
y son variantes de un núcleo central sumamente vago. En un cierto sentido,
todos los semas son virtuales: sólo aparecen en determinadas distribuciones.
Tod os pueden desaparecer: puede haber un hermano que sólo lo es figurada­
mente, un tigre de papel al que queda poco del tigre real. C oncebir los sentidos
«m a ta r», « v io la r » y «d o m a r » de óájivrjii (cf. I I I .1 .1-1) com o suma de un
semema «v io le n c ia » y semas particulares resulta artificioso.
Pero, sobre todo, aunque extendam os el análisis com ponencial a cada
acepción prescindiendo de diferencias de jerarquía, una serie de lingüistas han
presentado la objeción de que los semas que integran una palabra 110 se
suman simplemente, sino que entran en relaciones. L a estructura profunda de
una palabra, según esta concepción de W einreich. Heger, Parisi, Fillm ore,
A lin ei y otros2, com prende tanto unidades semánticas cóm o relaciones entre
estas unidades: es, en definitiva, una frase o una oración. Se ha intentado
explicitarla bien mediante diagramas (Parisi), bien mediante fórmulas (H e g e r)
bien mediante transposiciones a lenguas modernas (A lin ei).
Esta podría ser otra vía de ataque al problem a de la exposición del
significado de la palabra. Pero hay que observar que no carece, ésta también,
de inconvenientes. Realm ente, es un dom inio en que no disponem os de
instrumentos de control que aseguren la exactitud de los análisis que, unas

! V éase la crítica de U . W e in re ic h , «E x p lo ra t io n s in Sem antic T h e o r y », en Semántica ed. D.


D . Stein berg y L. A . Jak o bo vits, C a m b rid g e , M ass. 1971, p, 317 ss.
2 C f. U , W ein reich , art. cít.; D . Parisi, « U n m o déle com pon entiel d u sign ifié», Lingüistica
M atem atica e Cakolatori. F lo re n c ia 1973, p. 481 s s .; K . H e g e r, Teoría Sem ántica II. H a c ia una
Semántica M o d ern a , M a d r id 1974; J. F illm o re, «T y p e s o f lexical In fo rm a tio n », en Se man ti es cií.,
p. 370 ss .; M . A lin ei, o b . cit.
250 FRANCISCO R. ADRADOS

veces explícita y otras im plícitam ente, nos llevan a la existencia de una serie
de átom os semánticos universales y otra serie de relaciones también univer­
sales de tipo lógico. Es, simplemente, una hipótesis, que el análisis semántico
de dentist sea un conjunto de verbo y com plem ento (algo así com o f i x y teeth)
com o propon e W einreich; parece un análisis nuestro entre otros posibles, más
que una relación objetiva de los elem entos componentes. E igual los análisis
de A lin ei, de H eger, etc., que en realidad lo que hacen es analizar unas
palabras p or m edio de otras más relaciones gramaticales entre ellas.
Es evidente que toda teoría semántica tiende a la sim plificación, pero no
debemos dejarnos arrastrar excesivam ente por ella. En realidad existe la
tendencia a dos sim plificaciones contrarias entre sí y ambas peligrosas si se
aceptan con exclusivism o:

a) U n a de ellas es la que encuentra en los significados de las palabras


elem entos fijos y constantes com binados en form as fijas y constantes. Es
la que nos ha ocupado hasta aquí, en una derivación del análisis com po-
nencial. P ero en términos puramente opositivos tam bién aparece en las
obras de Lyon s y Lehrer citadas más arriba, cuando tienden a reducir las
oposiciones de las palabras a unas cuantas etiquetas: sinonimia, in com pa­
tibilidad, inclusión de clase, antonim ia, com plem entariedad, reciprocidad,
«p arte d e », segmentos que se solapan, grado o jerarquía. Estos conceptos
pueden ser útiles, pero es claro que no agotan las relaciones opositivas entre
las palabras.
b) Inversa es la tendencia a establecer una rígida separación entre las
oposiciones de palabras y las de una jerarquía superior. P o r ejem plo, P ottier
ha propuesto la existencia de clasemas, que caracterizan a clases de palabras
por rasgos del tipo «tra n s itiv o » frente a «in tra n sitivo », «h u m a n o » frente a
«n o hum ano», etc. Es paralelo el proceder de K a tz y F o d o r y de C hom sky al
separar entre semantic tnarkers, equivalentes a los clasemas, y distinguishers.
H o y día, sin em bargo, es general la respulsa a esta te o ría : véase lo que dicen,
entre otros, U . W ein reich 1 y V. Sánchez de Z a v a la 2. L a pura verdad es que,
si es cierto que hay rasgos más o menos abstractos, más o menos generales,
no existe una jerarquía absoluta entre los mismos. Rasgos idénticos a los
clasemas apareceij distinguiendo acepciones de una misma palabra; rasgos
concretos distinguen cam pos semánticos enteros y subclases de palabras3.

El tejido de relaciones en que están envueltas las palabras y sus acepciones


es muy com p lejo; hemos de insistir, a más de lo dicho, en las subclases de
palabras, en las distribuciones determinadas gram aticalm ente o no, etc. T ra ­
tar de hallar unas unidades mínim as fijas y finitas o, al contrarío, establecer
jerarquías que separen tajantemente los rasgos lexicales de los demás, no ha

1 L o e . cit., p. 317.
1 Ob. c i t , p. 150.
3 Cf. «S u b c la s e s de p ala b ras, campos sem ánticos y ace p cio n es», en Estudios de Semántica y
Sintaxis, c it, p. 177 ss.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 251

dado hasta el m om ento resultados decisivos. Da la impresión de que existen,


efectivamente, elementos universales o muy repetidos dentro de las lenguas,
pero existen también otros muy concretos y difíciles de definir. Se llega
siempre a la misma conclusión: es mucho más fácil captar las oposiciones que
los rasgos en que se basan o los semas que dibujan. Sigue siendo imposible
establecer un sistema de símbolos y fórmulas que dé cuenta de la sustancia
del significado. ¿Cóm o definir de esta form a los términos de la serie hermoso ¡
guapo j belfo j fe o o, com o decíamos arriba, pera ¡ manzana j melocotón,
etcétera? El trazar un foso tajante frente a la Sintaxis y a las agrupaciones de
palabras es igualmente irreal, por más que los Diccionarios, convencional­
mente, eliminen una parte del problem a al estudiar palabras y no campos
semánticos, significados lexicales y no otros.
¿Cóm o proceder entonces? N o existe una respuesta simple. En realidad
hay tres caminos, todos insuficientes:

1. E l significado de las palabras es captado por los hablantes de una


lengua gracias a la red de relaciones que se establecen entre ellas: a los
sistemas opositivos en que entran (campos semánticos), las clasificaciones en
que se integran (clases y subclases de palabras), sus distribuciones, su frecuen­
cia. El D iccionario ha de dar, pues, los máximos datos sobre todos estos
extrem os; en lo relativo a distribuciones y frecuencias y también transforma­
ciones hemos de precisar más aún. Si fuera posible recoger la distribución y
frecuencia exacta, los sistemas opositivos exactos, teniendo en cuenta que se
trata de un material cambiante, de un diasistema simplemente, tendríamos
ante nosotros los mismos datos que los hablantes de la lengua. Ello, eviden­
temente. no es posible; no sólo por insuficiencia de datos, sino también por
el fenóm eno de la abertura de las lenguas, de sus reclasificaciones constantes,
del factor que para la interpretación del significado representan los rasgos
propios de los diversos emisores y receptores. H ay un factor de ambigüedad
no resoluble nunca del todo.
2. Aparte de los datos que nos son accesibles sobre las relaciones de cada
palabra en el sistema léxico de la lengua estudiada, es claro que el Diccionario
debe sugerir una interpretación. Esta interpretación consiste en descripciones
tentativas de ias oposiciones, obtenidas de la consideración de la distribución
de los términos; a veces la transformación de la frase facilita la interpretación.
La diferencia de sentido entre dos variantes de una misma frase (o frases
transformables) con un solo término conmutado o entre un mismo término
en dos distribuciones diferentes, incluyendo en el concepto de distribución el
contexto extraverbal, sigue siendo el m ejor camino para la interpretación del
significado.
3. Junto a él está el de la traducción. N o es cuestión de insistir aquí sobre
sus insuficiencias por el hecho bien conocido del anisomorfismo de las len­
guas. Ello no im pide que ía traducción sea imprescindible: unas veces, tra­
tándose de cosas concretas, porque no es posible form ular en form a breve los
rasgos distintivos; otras, com o punto de partida.
252 FRANCISCO R. ADRADOS

E fectivam ente, es claro que un concepto com o el nuestro de « a m o r » no


responde exactam ente al ipog sáfico o que « a ir e » no es en todos los casos una
traducción suficiente de ár¡p. Son, sin em bargo, el punto de partida, al cual
se pueden añadir precisiones m ediante la aducción de las redes léxicas que
rodean las palabras respectivas en distribuciones dadas (pu n to 1 ) o la fo rm u ­
lación perifrástica de los rasgos distintivos (pu n to 2 ).
P o r supuesto, todo esto debe aplicarse tanto a los lemas en su conjunto
com o a sus acepciones o grupos de acepciones. Y es claro que en paráfrasis
y traducciones pueden entrar elem entos fijos o repetidos, ídentificables con
semas o rasgos op ositivos típicos. Son, solam ente, insuficientes, al m enos en
el estado actual de nuestros conocim ientos. Si no fuera así, no tendríam os
necesidad de introducir, com o elem ento no sólo de con trol, sino tam bién de
sugerencia de interpretaciones, el m áxim o de datos relativos a las relaciones
internas de cada lema con los dem ás de la lengua ob jeto de estudio.

III. CLASES Y SU BCLASES DE P A L A B R A S ,


T R A N S F O R M A C IO N E S

1. I d e a g e n e r a l

L a consideración paradigm ática, a base de cam pos sem ánticos y o p o s ic io ­


nes, no es suficiente para definir los significados de palabras y acepciones,
sobre tod o si operam os sobre una lengua, tal el griego antiguo, que sólo nos
es con ocid a de una m anera indirecta, a través de datos más o m enos co m p le­
tos. En realidad, el sistema de oposicion es y cam pos es algo que deducim os
y establecem os a partir del estudio de las distribuciones.
Este estudio se realiza a partir de una tipificación de las distribu cion es: se
establecen las distribuciones-tipo de una palabra y se estudia lu ego cuáles
otras son conm utables en las mismas. Es el procedim ien to que hem os seguido
en estudios nuestros y de nuestros discípulos arriba m encionados y es, tam ­
bién, el que independientem ente han precon izado autores com o A p re s ja n 1 y
N a g y 2, que operan, respectivam ente, sobre el inglés y el alemán. A h o r a bien,
la escasez de los datos puede com pletarse acudiendo a las transform aciones.
P o r ejem plo, al establecer las distribuciones de A ó yo g en H erá clito, el tipo en
que A ó y o g es sujeto de éarí es suplem entado con construcciones transform ables
en éstas: t o ü 5k A ó yo u to 05' éóvroq equ ivale a 6 Aóyog éarlv o5e. D e esta m anera se
lo g ra una m a yo r exhaustividad y sim plicidad en la descripción.
A h o ra bien, cuando vam os al problem a de tip ificar las distribuciones, nos
encontram os en prim er térm ino con rasgos sintáticos. Se trata de los distintos
regím enes o construcciones que pueden ad m itir ios verbos, ya en distintas

1 A rt . cit. en Langages 1.
2 A briss einer funktioneUen Sem antik, L a H a y a 1973.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 253

acepciones ya en una misma (neutralización); se trata también de ias fu n cio­


nes en que puede usarse un nom bre o un adjetivo, por ejem plo, explicitadas
con frecuencia por los casos.
Hem os hablando de verbos, nombres, adjetivos: con esto hemos in trodu ­
cido la noción de las clases de palabras. U n D iccion ario no sólo indica a qué
clase de palabras pertenecen sus lemas, sino que, dentro de ellos, indica con
qué clases de palabras se com binan o dejan de combinarse. U n adjetivo en
nom. sg. no se traduce igual si determina a un nom bre o a un verbo p or
ejem plo. Es decir, las clases de palabras son relevantes a efectos de la distri­
bución del lema, pero también a efectos de la distribución de las acepciones.
Naturalm ente, la diferencia de distribución no significa siempre diferencia de
acepción; dos distribuciones diferentes pueden corresponder a una m ism a
acepción o, al menos, a una misma traducción, según se ve en cualquier
D iccionario bilingüe. T o d o esto, así com o lo que sigue, será ejem plificado con
datos del D G E en I I I . 2.
Pero con esto no hace sino com enzar la tipificación de las distribuciones.
El segundo paso está en la intervención de las subclases de palabras, a las que
ya hemos hecho referencia. Es característico de ciertos adjetivos — y hemos
visto algún ejem plo— referirse sólo a personas, mientras oíros pueden ser de
persona o cosa; las acepciones de ciertos verbos difieren según el sujeto o el
com plem ento sean de persona o de nom bre de lugar o de nom bre de acción,
etcétera; otras veces el verbo sólo admite el sujeto o el com plem ento de uno
de estos tipos. Es decir: la subdivisión de las clases de palabras en grupos
(subclases) tiene trascendencia distribucional y deñne el significado bien de
las palabras que con ellas se combinan, bien de las acepciones que se co m b i­
nan. Esto quiere decir que el rasgo característico de la subclase de palabras
(clase ma para Pottier, se man tic marker para los semánticos americanos) y a se
adscribe a una palabra, ya a acepciones de la misma. Es m ás: una subclase
puede eventualmente abarcar palabras de varias clases. P o r ejemplo, los
cuantificadores pertenecen a un tipo distribucional único (el que define, p or
ejem plo, el genitivo p artitivo); pues bien, a ellos pertenecen tanto adjetivos
com o pronom bres com o numerales.
A partir de estas subclases se definen muchas de las nociones que inter­
vienen en las oposiciones de las palabras. P o r ejem plo, el m atiz tem poral de
c ü ú j v , que incluye a esta palabra en esa acepción en el cam po semántico

«tie m p o », aparece en contextos con subclases de palabras, del verbo sobre


todo, que designan tiempo. Igual sucede en Sintaxis: el acusativo de tiem po
se da en nombres que son régimen de verbos de tiem po. En definitiva, tanto
el léxico com o las categorías y funciones sintácticas se com patibiiizan en la
cadena hablada; y esa com patibilización es la que prom ueve una reclasifica­
ción de los campos semánticos y sus oposiciones y crea significados totales y
acepciones. Pero hay que advertir que este segundo grado de tipificación de
las distribuciones creado p or las subclases de palabras va seguido del repre­
sentado por grupos de palabras cada vez más reducidos, cada vez más laxos
y variables; el últim o extrem o es la distribución consistente en una sola
254 FRANCISCO R, ADRADOS

palabra, es decir, la que crea frases hechas o lexías. Y hay que recordar que
existen distribuciones no verbales: según las circunstancias en que se realiza
la com unicación lingüística, según quienes tom an parte en ella, según signos
extraiingüísticos que se acom pañan, el sentido de palabras y acepciones varía;
esto debe hacerse constar tam bién en un D iccion ario. Y debe añadir, fin a l­
mente, referencia a la distribución lejana.
R ecordem os, de otra parte, que un cam po sem ántico com pren de o
puede com prender palabras de varias clases. En trabajos de nuestra es­
cuela se ha p rocedido siem pre así, estudiándose sucesivamente, dentro de
un cam po, el plano del verbo, el del nom bre, el del a d jetivo ; son estu-
diables tam bién o tr o s 1. Se trata, si se quiere, de pequeños cam pos in de­
pendientes, pero estrecham ente relacionados porque actúan analógicam ente
unos sobre otros.
Estos pequeños cam pos son con la m ayor frecuencia asim étricos. En
griego antiguo frente a un verb o « v iv ir » no existe en fecha antigua un
n om bre « v id a » y sí varios abstractos con notaciones ajenas al verbo. En los
nom bres concretos hay en H o m e ro una op osición / v£upóq que op on e lo
anim ado a lo hum ano dentro de la n oción de «c a d á v e r », cosa extraña a los
verbos « v i v i r » y « m o r ir » ; pero la palabra «cu erp o v iv o » (óé/iag) ign ora esa
op osición y, es más, se extiende a estructuras sólo figuradam ente considera­
das com o vivas.
T o d o esto tiene relevancia a la hora de establecer el significado. Es
im portante, para cada palabra, saber las posibilidades de transform ación
que llevan a otras clases de palabras o directam ente a otras subclases
(varias subclases de nom bres, por ejem plo). H a y que tenerlas presentes
porqu e con frecuencia son un útil paralelo para establecer los sign ificados;
además, cuando nuestra docum entación en cuanto a distribuciones es esca­
sa, una transform ación nos da, com o hemos dicho, distribuciones eq u iva ­
lentes. En térm inos generales las distribuciones de los verbos son las m ejor
definidas gram aticalm ente, adm itiendo m ayor núm ero de construcciones; el
significado del nom bre, con sus acepciones, puede obtenerse, así, m ediante
una transform ación de este tipo.
P ero hay peligro p o r el hecho de la asim etría de las oposiciones dentro de
cada clase y aun subclase de palabras; del m ism o m od o que hay asimetrías
entre sectores del cam po ocupados p or una m ism a clase de palabras.
Esta com plicada red de relaciones en que se encuentran inmersas las
palabras de cualquier lengua se hará, quizá, más clara m ediante un diagram a
referente a ios hechos de sistema o paradigm áticos que, com o sabem os, tienen
a su vez un reflejo en hechos sintagm áticos o distribucionales. El diagram a
establece cuatro niveles, los de la C P (ciase de palabras), S C P (subclase de

1 C ie rto s lingüistas, co m o A p r e s ja n , se lim itan siem pre a u n a clase de p a la b r a s m ientras que


A lin e i p r o p u g n a explícitam ente la in tervención de varias clases; otros au to res n o se p ro n u n c ia n ,
a u n q u e se suele o p e ra r m ás bien con p a la b ra s d e un a clase.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 255

palabras), P (palabra) y A C (a cep ción ); indica m ediante líneas de trazos y


flechas las transform aciones; los trazos más largos delim itan un cam po se­
m ántico ; y hace ver la asim etría entre los elem entos de clases y subclases que
entran en un m ism o cam po semántico, y el hecho de que ya son palabras ya
acepciones las que entran en él. Es incapaz, en cam bio, de dejar ver qu e los
rasgos distintivos de subclases, palabras y acepciones son en ocasiones los
mismos, en otras n o :

2. M ÁS SO B R E L A S S U B C L A S E S D E P A L A B R A S

T o d o estudio de descripción gram atical o semántica debe arrancar, pues,


de un estudio de las distribuciones, que es precisamente aquel que con m ayor
claridad explícita un D iccion ario. Este es el program a que hem os descrito en
otro lu ga r1: com enzar p or un estudio de las distribuciones seguido de o tro de
las transform aciones y deducir a partir de ahí consecuencias sobre el sistema
opositivo. A ñ ad im os la necesidad de un estudio de frecuencias, destinado a
hacer ver el peso respectivo de las distintas acepciones (fundadas en distribu­
ciones) en el significado de la palabra.
D en tro de ese estudio distribucional es sumamente im portante la conside­
ración, después de los factores gramaticales, de los derivados de las subclases
de palabras. En dos tesis doctorales'dirigidas p o r nosotros, la del D r. L ó p ez
Facal sobre L o s usos adverbales del acusativo, dativo y genitivo en la lengua de
H e ró d o to 2 y la de la D ra. M artín ez Valladares sobre Estudios sobre ¡a

1 «P r o b le m a s y m éto d o s de la descripción sintáctica», re c o g id o en Estudios de Sem ántica y


Sintaxis cít., pp. 165-175.
2 M a d r id , C .S .I .C ., 1974.
256 FRANCISCO R. ADRADOS

estructura del sistema de las preposiciones en Tucidides 1 se ha aplicado siste­


m áticam ente el estudio de distribuciones sobre la base de las subclases de
palabras del griego, con resultados que creem os im portantes. N o s interesa a
este respecto preferentem ente e l trabajo de la D ra. V alladares p o r referirse al
significado de palabras que, aunque sean gram aticales com o las p rep o sicio ­
nes, no dejan de ser palabras de D iccion a rio.
Es un p ro gra m a absolutam ente factible, y realizado en el caso de Tu cídi-
des, tip ifica r la distribución de las preposiciones sobre la base de las subclases
de palabras del sujeto, verb o y régim en ; otras distribuciones que no encajan
a prim era vista en este esquem a se reducen a él m ediante transform ación.
A su vez, los tres factores decisivos de la distribución que hem os m en cion ado
y que sim bolizam os p o r A , B y C respectivam ente pueden ser referidos a un
núm ero fin ito de subclases, que se tabulan independientem ente para el sujeto,
el verb o y el régim en. Puede darse así una fórm u la para cada distribución
tipificada de una preposición.
P o r ejem p lo, el sujeto ( A ) puede ser 1 (n om b re de persona o asim ilado), 2
(n om b re de lu gar) o 3 (n om b re de acción o neutro). E l verb o (B ) tiene seis
núm eros (de m o vim ien to , de estado, de acción, de acontecim iento, intransitivo,
p asivo), cada uno de los cuales se subdivide, com pren dien do, p o r ejem p lo : el
tipo 1 (d e m o vim ien to ) ios de m o vim ien to real (a ) y figu rad o ( b ) ; el tip o 2 (de
estado) una serie de letras que van de a) (fíva i y estado en general) a k)
(£/£iv + a d v,), y así sucesivamente. E l régim en (C ) com pren de och o nú m eros:
nom bres de lugar, tiem po, acción, ob jeto concreto, persona, p ron om b res y
neutros, los cuales a su vez se subdividen en letras: p o r ejem p lo 5 (ñ om bres
de persona) se divide en a) de persona en sg., b ) de persona en pl. y étnicos,
c) nom bres de linajes. En ocasiones estas subdivisiones se subdividen a su vez.
Estas subclases de palabras no están establecidas caprichosam ente, sino
que se deducen de los hechos de distribución en cuando afectan al significado.
Es visible, p o r ejem plo, que palabras co m o nókq y vaüg entran co m o sujetos
de ciertos verbos en la misma clase que nom bres de personas y colectivos
c om o o T p a ró q . Sin em bargo, la división en subclases está determ inada p o r los
casos de m a yor restricción en cuanto a los sujetos o verb os o regím enes
posibles: otras veces las oposiciones se neutralizan, es decir, a una subclase
deí verb o responden dos o tres clases del sujeto o del régim en ; o inversam en­
te. T am b ién hay que notar que son posibles las reclasificaciones: TróAig o v o l v í;

se integran alternativam ente en la subclase indicada o en la de nom bres de


lugar, e tc .; y existen fenóm enos ocasionales de uso figu rad o que m o d ifica n el
sistema. E llo depende de la abertura general de la lengua y no es de extrañar.
P ero es interesante m edir la frecuencia de estos hechos para separar las
acepciones m arginales u ocasionales de las que ocupan el centro dei sign ifi­
cado o son acepciones norm ales.

1 P u b lic a d a en extracto , M a d r id 1973; cf. ta m bién E m érita 38, 1970, p p . 53-94 y R S E L 3, 1973,
p p . 185-194.
LINGÜISTICA GENERAL Y LEXICOGRAFIA GRIEGA 257

Insistamos, de otra parte, en que hay dos escalones en las subclases de


palabras, el que designamos con numerables árabes y otro in ferior indicado
con letras minúsculas. P o r ejem plo, en nuestro sistema llam am os 1 a los
verbos de m ovim ien to, siendo los a) de m ovim iento real y los b) de m o v i­
m iento y figurado. Es claro que los fenóm enos de recíasifícación son más
frecuentes cuanto más se desciende en la escala.
M ediante este sistema es factible establecer todas las fórm ulas posibles de
una preposición, dando asimismo la frecuencia absoluta de cada una. N o
menos claro es que a m ayor diferencia de las fórmulas, m ayor será la diferen ­
cia del significado. En cam bio, hemos considerado sinónimas fórm ulas que
difieren, dentro de uno de sus tres térm inos o de dos de ellos, p or subclases
de palabras cuya oposición hemos dicho que en este caso se neutraliza. E llo
se deduce de que, conm utando la preposición p or otra, cam bia el sentido de
la misma m anera: no hay, pues, dos distribuciones, sino una sola. Más difícil
es, para nosotros, captar la diferencia semántica entre dos fórm ulas de que
obtenemos igual traducción, pero que sería forzad o, sobre esta sola base,
com binar en una.
P o r otra parte, la división en subclases del sujeto es mucho más restringida
que la del régimen, siendo am bos nom bres: evidentem ente, su repercusión
sobre el significado se efectúa a través de un m enor número de matices.
Veam os unos ejem plos que aclararán lo dicho hasta aquí.

a) L a prim era fórm ula distribucional de ia preposición dnó con genitivo,


que llamamos I a 1 , es

Ai - Bl a drró - C ia/c

En ella el sujeto es de persona, el verbo de m ovim iento y el. régimen bien


de persona bien de lugar: entran en este tipo frases com o ánó-5é t rjg 1E<péoou ó
'A\m5ag sttXel A leídas pa rtió p o r mar de E fe so y com o Eüfioia árréorri án ' A8r¡-
vaíwv Eubea hizo defección de los atenienses. Parece que es justo en casos
com o éste adm itir la neutralización de las dos subclases «n o m b re de person a»
y «d e lu gar» del régim en y también, desde luego, del sujeto.
b) M u y diferente es el caso II a 1, fórm ula — B2j — dnó C ic/5a, que
com porta un verbo accipiendi y un régim en que ya es nom bre de persona, ya
pronom bre personal; el verbo es transitivo. A q u í en una frase com o ávrrruxeív
émmupíaq á<p' fjfiúv logra r ayuda de nosotros se traduce igualm ente con de, pero
esta equivalencia de la traducción no da garantía de que e l sentido de la
preposición sea el m ism o: más bien debería decirse que tanto árró com o de
tienen esos dos sentidos, próxim os p or lo demás, en distribuciones paralelas.
c) Si pasamos a I a 2, con fórm u la A , — B 3 — ánó — C 1; es decir, al tipo
con sujeto de persona, verbo de acción y régim en de lugar, vem os que se
im pone una traducción diferente, desde: ánó vecóv éu^ofiáxouv es libraban una
batalla de a pie desde ¡as naves. N ótese que la subclase «v e rb o s de a cció n »
neutraliza muchas subclases subordinadas e igual la de «n om b res de lu ga r».
Y que el m ayor alejam iento de esta fórm ula respecto a la prim era se justifica
258 FRANCISCO R. ADRADOS

p o r la presencia de un verb o de acción, frente al cual el de m o v im ie n to y el


accipiendi están relativam en te p róxim os, y p o r la ausencia de los n om bres de
persona del régim en.
Sin em b argo, con esto no está dicho tod o. Las tradu cciones no son
suficientes, insistim os, para darnos una idea de una lengua extraña. R e c o g ie n ­
do datos del p ian o p arad igm ático de la m ism a vem os que nuestras fórm u las
a) y c) tienen de com ún fren te a c) el que adm itan una con m u ta ción de ánó
p o r ég para in d icar una d irección con traria del m o v im ie n to : a eso se debe el
que las agru pem os c o m o I a 1 y I a 2. E fectivam en te una o p o s ic ió n com ún
hace ve ro s ím il una unidad de sentido. A h o r a bien, I a 1 y I a 2 se diferen cian
p orq u e la prim era adm ite una o p o s ic ió n ánó / ó í, dentro de la m ism a d irec­
ción del m o vim ien to , m ientras que ni I a 2 ni I I a 1 adm iten ¿h. E sto tiene
que ve r tam bién con el s e n tid o : la p osib ilid a d de in trod u cir éx se ju stifica p o r
un m o v im ie n to que puede arrancar desde dentro del punto de p a rtid a (én,
frente a ánó p o la riza d o o neutro). H a y , pues, en cada fó rm u la un punto de
vista diferente.
A s í, sin h aber in tro d u cid o los datos de las transform aciones ni de las
frecuencias, puede verse cuán d elicado es el p ro b lem a de deducir consecuen­
cias sem ánticas a partir de las distribuciones, pero, tam bién, que e l p rin cip io
es justo. A sim ism o, puede verse que ei p rob lem a de la in terrelación de las
palabras en una lengua, con sus con com itan cias sem ánticas, no es exactam en ­
te el m ism o que el de traducir a una segunda lengua, que es precisam ente el
p rob lem a del D iccio n a rio . P ero sob re esto hem os de insistir to d a v ía en 111.2.
A q u í nuestro tem a era el de los sistemas sem ánticos den tro de una lengua
dada c o m o pu n to de partid a — uno de los puntos de p a rtid a— para la
traducción.
II 1.2
Organización de los artículos
del diccionario.
Criterios a seguir

I. T E O R IA G E N E R A L

1. D ato s de p a r t id a

Los diferentes capítulos de la Parte Segunda habrán hecho ver al lector el


estado en que se encuentra actualmente la Lexicografía griega; ese estado ha
de ser por fuerza nuestro punto de partida, aunque intentemos mejorar la
situación aportando materiales directamente de los textos o revisando las
interpretaciones propuestas. P or supuesto, ese material ha de sufrir un trata­
miento fundado en puntos de vista de Lingüística G en eral; aunque en la Parte
Primera se habrá echado de ver, primero, que con frecuencia no se ha llegado
a soluciones unánimemente aceptadas y, segundo, que en la práctica, por
razones ya teóricas ya del escaso trabajo de detalle realizado, ese tratamiento
no es fácil de aplicar a nuestro material lexicográfico.
A h ora bien, no puede esperarse para realizar un Diccionario Griego a que
llegue el momento en que la totalidad del material esté convenientemente
recogido, en que se hayan alcanzado conocimientos teóricos suficientes y
seguros en el campo de la Lexicografía General y en que esos conocimientos
hayan sido aplicados a ese material.
En ese momento, sin duda muy lejano, podría realizarse un Diccionario
exhaustivo y completo de ía lengua griega. Pero de m omento es importante, a la
vista de unos materiales y unos conocimientos teóricos que son de todos m odos
importantes, realizar un Diccionario que dé una visión de conjunto del léxico
griego, más ajustada que ías actuales. Aunque para ello haya que incurrir en
ciertas desigualdades o acudir a determinados atajos o expedientes.
En lo relativo a los datos o material el ideal seria contar con un banco de
datos ya completado como el que está reuniendo el Thesaurus Linguae Graecae
de California; todas las palabras, bien lematizadas, con todas sus distribucio­
nes. N o sería tarea fácil, de todos modos, tipificarlas y deducir de ahí los
sistemas de clasificaciones y campos semánticos. En todo caso, con el material
de que disponemos, procedente de toda clase de léxicos e índices, de estudios
260 FRANCISCO R. ADRADOS

lexicográficos en libros y revistas, de despojos realizados directamente, es facti­


ble intentar en la m edida que cabe esa tipificación de los contextos. Y hacerse
una idea de su frecuencia, para no dar igual relieve a las acepciones centrales o.
en todo caso primarias y a las marginales, los usos figurados, los hapax semán­
ticos, las ambigüedades y juegos de palabras, los usos estilísticos diversos.
P or supuesto, los resultados son provisionales; no sólo no disponemos de
la totalidad de las distribuciones, con lo que todo estudio de frecuencias que
hagamos será provisional, sino que, dado el carácter fragm entario de nuestro
conocim iento de la lengua griega, incluso si tuviéramos esos datos totales los
resultados de su estudio serían provisionales todavía.
C on mucha frecuencia los resultados que se obtengan al redactar el D ic­
cionario superarán a los datos o puntos de partida. H ay demasiada deducción
precipitada para atribuir a tal o cual palabra carácter dialectal (de este o el
otro dialecto) o pertenencia a tal o cual nivel literario. Constantemente, se
han venido encontrando estrechas las definiciones que atribuían en exclusiva
ciertas palabras al jónico o al griego cristiano. El estudio del léxico de los
dialectos, de los distintos niveles de koíné, etc., debe, inversamente, progresar
a partir de los nuevos Diccionarios, que en lo posible es m ejor que se absten­
gan de poner etiquetas de uso a las distintas palabras. A l contrario, quedan
por definir los géneros propios de algunas palabras. N o está escrita la historia
detallada de la creación del vocabulario científico e intelectual, con su exten­
sión. O bien podemos adelantar que la aparición de ciertas palabras en los
Oracuia Sybillina y en escritos órficos tardíos, pero también en oráculos de
D ídim a y de Egipto mucho más antiguos de época helenística, hace suponer
la existencia de un léxico órfico especial ya desde el s. vi a. C .: un fragmento
de esta literatura, del siglo iv, apareció hace poco com o es sabido en un
papiro de Salónica.
Incluso sin aumentar o aumentando moderadamente los datos se puede
llegar fácilmente a definiciones de las palabras más exactas que las habituales.
Así ocurre con verbos y nombres relativos al culto, estudiados en la tesis de
J. L. C alvo arriba citada, y así ocurre también con adjetivos com o áyvóg o
áyto^, cuya adscripción y sentidos originales son fáciles de establecer, concre­
tando traducciones vagas com o las de 'pu ro’ o ‘ santo’ . Cf. infra.
Puede decirse, en general, que por escaso que sea nuestro conocimiento
de la Literatura Griega, unas veces por las pérdidas que ésta ha experimen­
tado, otras por el atraso de la Lexicografía griega, hoy podem os hacemos una
idea bastante aproximada del Léxico griego en sus diversas épocas y usos.
C on un tratamiento crítico y científico puede obtenerse del material existente
más de lo que es habitual.

2. P r o blem as d e l a n á l is is s e m á n t ic o y s o l u c io n e s

H ay cosas que pueden evitarse y cosas que no pueden evitarse en un


D iccionario amplio que aspire a abarcar toda la larga historia de una lengua
com o el G riego.
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 261

Puede evitarse que ios artículos contengan un amontonam iento caótico de


traducciones sin que el usuario tenga criterio sobre cuándo aplicar las unas o
las otras. U n D iccionario bilingüe debe suministrar datos para elegir entre
esas traducciones. Tam bién pueden evitarse soluciones que sólo aparentemen­
te ponen orden en ese caos; la de dar los ejemplos por orden cronológico o
la de darlos por un orden supuestamente «ló g ic o ». Para evitar estos errores
basta aplicar los criterios deducidos de las consideraciones de Lingüística
General recogidas en nuestra Parte Primera.
N o puede evitarse que el D iccionario recoja una lengua que en realidad
no ha existido nunca, es una suma de elementos existentes en distintos m o ­
mentos y lugares. U n gran D iccionario de una lengua como el griego recoge
inevitablemente un diasistema: palabras y acepciones antiguas y recientes, de
unos y otros dialectos, unos y otros géneros literarios, unos y otros autores.
L a falta de datos hace que ni siquiera podam os deñnir exactamente las
distintas partes del diasistema. L o más práctico es que se procure ejem plificar
las distintas palabras y acepciones en las épocas, dialectos y niveles en que
aparecen; a ser posible, con una representación proporcional a su frecuencia.
Pero este es un ideal difícil de alcanzar.
De todo esto se deduce que, sobre la base de un material lo más am plio,
diversificado y críticamente interpretado que sea posible, la organización de
los artículos debe establecerse según criterios distribucionales jerarquizados.
Es decir: tienen prioridad las distribuciones más amplias, menos específicas,
que dan el sentido central a los sentidos prim arios; luego van las distribucio­
nes más especializadas, hasta acabar con las lexías y los hapax semánticos,
que responden quizá a innovaciones individuales. A h o ra bien, dentro de una
distribución puede haber tipos distribucionales subordinados, que son con co­
mitantes con sentidos de la palabra estudiada subordinados al sentido general
que tiene en el tipo distribucional que subordina a estos otros.
Se impone, pues, una organización escalonada de los artículos: A, B, C...;
I, II, III...; 1, 2, 3...; a, b, c... Naturalmente, con la m ayor frecuencia son
suficientes sólo dos escalones (I, II, III...; 1, 2, 3...) o incluso solo uno (1, 2,
3...). Pero hay que insistir en que no se trata de jerarquizaciones arbitrarias,
sino condicionadas distribucionalmente. E l criterio cronológico puede acep­
tarse, todo lo más, com o subsidiario; para ordenar dos tipos distribucionales
jerárquicamente iguales o los ejemplos de un tipo distribucional D e igual
m odo que es un criterio subsidiario, com o decíamos, el introducir material de
fechas, lugares y niveles diferentes, incluso cuando distribucionalmente es
equivalente. Así, se logrará no sólo establecer las acepciones de las palabras
sino también, en cierta medida, referirías a su ambiente cronológico, local,
sociolingüístico o de estilo.
Los tipos distribucionales, por lo demás, no siempre son estrictamente
separables; no lo son sobre tod o cuando no se fundan en hechos de G ram á­
tica o en las subclases de palabras, sino en grupos léxicos restringidos y mal
definidos. Si a ello se añade que las variaciones dentro de una distribución
fundamental con frecuencia no se reflejan en la traducción, de ahí se deduce
262 FRANCISCO R. ADRADOS

que es más práctico darlas mediante separaciones menos tajantes que los
apartados antes citados. N o so tro s em pleam os el punto y com a en este caso e
incluso cuando dos distribuciones diferentes responden a un mismo sentido y
una m ism a traducción de la palabra estudiada. T o d o esto será precisado
luego m ediante ejem plos adecuados.
La distribución gram atical o fundada en el orden de palabras puede darse
en general en form a abreviada; indicación del caso regido o de la construc­
ción, del carácter intransitivo o transitivo del verbo, de ia clase de palabras
del nom bre sujeto, de la clase del verbo ( accipiendi, de m ovim iento, de
m ovim iento figurado, de «d e c ir»), etc. Pero en ocasiones se hace necesario el
em pleo de paráfrasis, sobre todo, cuando se trata de un contexto am plio
difícilm ente fo rm a liza b le; hablam os de «m o vim ien to hacia el su jeto» o «a le ­
jándose del sujeto», de «con texto a firm a tivo » o «n e g a tiv o », «p o s itiv o » o
«p e y o ra tiv o », etc. Otras veces eí contexto es demasiado com plicado o se trata
de usos raros o incluso hapax; resulta más práctico entonces dar, dentro del
apartado correspondiente, la frase textual con su traducción. P ero es un
recurso extrem o y ello no sóio porque consume espacio, sino, sobre todo,
porque hace más difícil de seguir el esquema de los tipos distribucionales.
C onviene recordar, al llegarse a este punto, que la distribución no es
solamente verbal. Eí contexto extraverbal decide con mucha frecuencia el
sentido de las palabras y a él ha de hacerse por fuerza referencia. Tam bién
im porta indicar el lenguaje científico o técnico al que pertenece un uso de una
determ inada palabra: música, astronomía, lógica, geom etría, etc. En el fo n ­
do, pertenece al mism o orden de cosas el indicar que un sentido de una
palabra es prop io, por ejem plo, del lenguaje cristiano, tal bautizar para
j3cmTÍ£tü. Se trata de un contexto o distribución muy am plio, concepto que
aquí llega a confundirse con el de dialecto o nivel lingüístico. P ero en este
terreno hay que proceder con prudencia. T o d o s los dialectos y niveles del
griego tienen com o común el centro del c ó d ig o ; y definir qué es lo que en el
código es central y qué es lo m arginal, así com o los distintos márgenes, ya
hemos advertido que no es tarea sencilla.
Ciertas distribuciones especiales tienen sobre el significado de las palabras
efectos que son, p or decirlo así, de tipo general. Crean, p o r ejem plo, los usos
figurados, caracterizados por la reclasificación de las palabras dentro de las
subclases de palabras y por el coeficiente de abertura y baja frecuencia. Las
distribuciones únicas y exclusivas crean las lexías. L a coincidencia de dos
distribuciones de una mism a palabra, por un hecho de am bigüedad, crea los
dobles sentidos, las alusiones, los juegos de palabras cóm icos; el autor de un
D iccion ario debe hacer alusión a tod o esto, incluso m ediante referencias
cruzadas de unos apartados a otros dentro del m ism o lema. L o s diversos
efectos de estilo también quedan inclusos en este apartado, aunque sea mucho
más difícil señalarlos en un D iccion ario; hacerlo exhaustivamente es im posi­
ble, selectivamente tiene problemas.
A l llegar aquí hemos de recordar que el sentido de las palabras accede a
la conciencia de los hablantes de una lengua no solamente a través de las
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 263

distribuciones y su frecuencia, sino también a través de su papel en el sistema


opositivo y- en las transformaciones. Pero el sistema opositivo hemos de
deducirlo del distribucional, así com o también el transformativo. Para el
autor de un Diccionario el sistema distribucional es la base de todo. Pero una
vez que, a partir de él, se han deducido consecuencias sobre los otros, es
importante hacerlas constar, para orientación del lector.
En III. 1 hemos indicado lo que puede hacerse a este respecto. Pueden
indicarse los usos neutros, las oposiciones, los términos genéricos, los siste­
mas de oposiciones paralelos (es decir, que nalg, por ejemplo, puede ya
oponerse a ávr¡p, ya a ve a vía g y ávffp), las oposiciones múltiples que crean dos
o más semas o rasgos distintivos (y uvr¡ com o mujer casada, por ejem plo), la
existencia de sistemas alternativos o simultáneos, com o los que crean usos
técnicos de ciertas palabras al lado de los comunes, etc. Tam bién puede
aludirse a las diferencias de uso o asimetrías entre sectores de un campo o en
las transformaciones, haciendo ver cóm o se subsanan en épocas posteriores.
T od o esto es sumamente interesante para captar el sentido de las palabras, al
referirlas unas a otras; el problema es el atraso en que se encuentra este
género de estudios, que sólo pueden avanzar sobre la base de estudios distri-
bucionales de todas las palabras del campo. Es decir, sobre Diccionarios bien
hechos y lo más exhaustivos posible.
Efectivamente, ensayos com o el de Alinei, ya citado, o el de A g ríc o la 1
para crear un Thesaurus o repertorio total de léxico de una lengua, con
indicación de las relaciones (en sentido am plio) de cada palabra con las demás
mediante un sistema form alizado, más que otra cosa nos hacen ver lo difícil
de la empresa, lo alejados que estamos de ella. En definitiva las relaciones se
fijan intuitivamente y se expresan mediante palabras de la lengua, las listas
de las mismas son abiertas, se reconocen los infinitos casos de abertura, etc.
Es, simplemente, tratar de circunscribir con la m ayor precisión posible los
hechos a que hemos estado aludiendo en este capítulo y en el anterior.
En suma: no existe hoy día posibilidad de dar una especificación directa,
exhaustiva y form alizada de las acepciones de las palabras. H ay que acudir a
los recursos que hemos mencionado, renunciando de todos m odos a la ex-
haustividad. Pero tenemos además a nuestra disposición otro recurso más, el
de las traducciones. Veam os sus ventajas e inconvenientes.

3. P ro blem as de l a t r a d u c c ió n y s o l u c io n e s

Hemos visto en III. 1 que el significado es captable, para los hablantes de


una lengua, por las relaciones entre las palabras; por coordenadas, p or
decirlo así, entre distribución y situación en sistema, todo lo cual implica la
consideración de clases y subclases de palabras, transformaciones y frecuen­
cias. Se captan, en suma, diferencias, que delimitan en cada casó el «c o n to r­

1 Semunlische Relationen im Text und im System 2, L a H ay a, 1969.


264 FRANCISCO R. ADRADOS

n o » de la palabra o acepción y precisan el detalle con que el referente es


aludido o captado. A sí accede a nosotros el significado de las acepciones, a
partir del cual sólo de una manera vaga e imprecisa construimos, a veces, un
significado total de la palabra; una abstracción que ha de precisarse en cada
caso. Aunque, a decir verdad, también el significado de las acepciones es una
abstracción, pues si hablamos de tipificación de referentes, de frecuencias,
etc., la verdad es que con ello introducim os generalizaciones, pues no hay dos
usos idénticos de una misma palabra. Y el límite del sentido de la palabra
dentro del total de la distribución es más bien un corte arbitrario que hace­
mos cuando practicamos la reflexión.
D e ahí la dificultad o im posibilidad, m ejor, de segmentar en semas,
universales o particulares, el contenido de las palabras; de ahí el carácter más
bien arbitrario de las clasificaciones de los semas, lo indem ostrable de los
análisis en semas.
H ay otra dificultad más grave. Esos semas no pueden enunciarse más que
con palabras de la lengua, usada com o metalengua. A n alizam os palabras
mediante otras palabras que a su vez necesitan ser analizadas y sentamos, por
hipótesis, una concepción circular en la que unas palabras por decirlo así
elementales se combinan variamente para crear las demás. Esto no pasa de
ser una hipótesis, com o la del carácter lógico de las relaciones entre las
mismas.
Y , sin em bargo, por impreciso que el procedim iento sea, no tenemos otro
para m artar las relaciones entre las palabras que definir esos rasgos opositi-
vos o distintivos mediante la propia lengua objeto de estudio (o una traduc­
ción a otra). Así procede la tradición lexicográfica griega, nacida para expli­
car las «palabras d ifíciles» de H om ero y otros autores y cuya larga tradición
hemos seguido en 1.2 y 3. Exponiéndose, por supuesto, a errores y distando
mucho de dar definiciones exhaustivas que precisen sobre los distintos signi­
ficados con todos los datos distributivos y oposicionales. H a y que observar
que cuando hablamos de semas o cuando acudimos a sim bolizaciones diver­
sas, en realidad no se varía de p rocedim ien to; se trata siempre de definir el
m áxim o de rasgos de la palabra o la organización de los mismos mediante el
uso de la metalengua, aunque a veces, para m ayor com odidad, sea traducida
previam ente a un inventario reducido de símbolos. H em os hecho notar que
no contam os con inventarios suficientes de los mismos ni creemos que pueda
encontrarse uno que satisfaga a todas las necesidades de la definición semán­
tica.
Este proceder continúa siendo absolutamente necesario y sobre ello hemos
de volver. Pero tiene que ser com plem entado, según hem os dicho, por datos
distribucionales, opositivos y otros que hablan al lector más clara y directa­
mente que las paráfrasis metalingüísticas y le llevan a deducir consecuencias
que sería largo y engorroso explicar en palabras. Estos recursos, además, dan
al usuario del D iccionario un m edio de control muy conveniente. Paráfrasis
e indicaciones directas se complementan y se controlan recíprocamente.
A h o ra bien, cuando se trata de un D iccionario bilingüe hay que añadir un
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 265

tercer recurso para definir el significado y es aquél al que queremos referirnos


en el presente a p artad o: la traducción a la lengua de salida.
Esta traducción tiene, ciertamente, inconvenientes muy graves; ya hem os
adelantado cosas y volverem os sobre ello. Pero también tiene ventajas consi­
derables y, además, responde precisamente a las necesidades y exigencias de
dichos Diccionarios. Veam os los dos puntos independientemente:

1. Las traducciones son, ciertamente, imprecisas: aire no es lo mismo que


áf}p, puro no es lo mismo que áyvóc, bueno no es lo mismo que áyadóg, ju sticia
no es lo mismo que Síkj], am or no es lo mismo que ipmq o ‘époq, pero nos dan
una primera aproxim ación, directa y no opositiva, al contenido. P or otra
parte, el uso del criterio distribucional en la redacción de los artículos perm ite
disminuir los riesgos; las traducciones responden a determinadas distribucio­
nes de las palabras griegas, no a todas; y las palabras españolas se emplean
com o traducción sólo en el sentido dado p o r la distribución que corresponde
en español a la de la frase griega a traducir. El problem a es que el sentido de
la palabra griega en esa distribución puede ser más restringido; el spog de Safo
es amor, pero un am or que va de un sujeto a un objeto, que es inspirado p o r
los dioses, etc. 'Ayvógespuro pero en sentidos diferentes; se dice de un hom bre
que no ha derramado sangre, de hombres o mujeres que no han tenido
relaciones sexuales incestuosas o que se han purificado tras el acto sexual, de
mujeres vírgenes, en literatura cristiana del que está libre de pecado, etc.
A h ora bien, estas precisiones pueden darse mediante el uso de paráfrasis,
obtenidas por vía distribucional y oposiciona!.
Por otra parte, un recurso útil es el de traducir una palabra en una
distribución no por una sola palabra española, sino por una serie de ellas;
una de sentido más genérico y otras de sentido más restringido, pudiendo
encabezar también la palabra genérica otra u otras distribuciones. En una
palabra com o áyvóq, que acabamos de mencionar, el D G E traduce en varías
acepciones:pu ro, santo, que no rompe ninguna ley religiosa, bueno, re cto ; puro,
no contaminado p or relación consanguínea; puro, purificado después de las
relaciones sexuales; puro, casto. Llam am os a éstas traducciones complejas.
Así, la traducción tiene sólo un carácter indicativo, debe ser com pletada
mediante las traducciones paralelas y mediante toda la otra serie de indica­
ciones ; datos sobre el sistema léxico, ya expuestos directamente, ya mediante
paráfrasis. Así, se supera el tipo de diccionario que da una serie desordenada
de traducciones no relacionadas explícitamente con los usos del original. La
traducción es una aproxim ación, un punto de partida para penetrar más
profundamente en el sistema sign ifica tivo! de la lengua origina! o en los
distintos sistemas de la misma, ligados a sectores de pensamiento, niveles de
lengua, etc.
2. U n D iccionario bilingüe trata, en definitiva, de superponer el «m a p a
sem ántico» de cada palabra de la lengua de entrada (el griego antiguo en
nuestro caso) y el de diversas palabras de la lengua de salida (el español). Esta
es su finalidad, lograda ya mediante traducciones, ya mediante indicaciones
266 FRANCISCO R. ADRADOS

diversas que apuntan a lo diferencial de los hechos griegos. P o r tanto, si


prescindiéram os de las traducciones, esta finalidad suya quedaría incum plida,
tendría que suplirla el lector. P o r ello, la organ ización de los artículos o lemas
del D G E (co m o de cualquier D iccion ario bilingüe) se realiza en función de
los significados de la lengua de salida, el español en nuestro caso. A h o ra bien,
si nos interesam os p or ia articulación de ios significados de las palabras
griegas, este proceder tiene ciertam ente un efecto distorsionante, pero tam ­
bién procura ayudas y ventajas. V eam os uno a uno los dos puntos.

a) Es un hecho bien con ocido, sobre el que no es cuestión de insistir aquí,


el del anisom orfism o de ias lenguas1. A llí donde una lengua ve unidad, otra
ve m u ltiplicidad; al bois francés responden en esp. bosque y madera, al cerdo
español responden en ingl. p ig y p o rk , etc. Es claro que al traducir de una
lengua a o tra se introducen distinciones, así al traducir del fr. al esp. y del
esp. al ingl. las palabras citadas; y al p ro p io tiem po se pierden distinciones,
así al traducir, inversamente, del esp. al fr. y del ingl, al esp. Otras veces las
correspondencias son sólo aproxim adas, así en los casos arriba m encionados.
O bien lo que en una lengua es gram atical en otra es lexical (véase ejem plo
supra) o al revés.
P o r tanto, organ izan do las distribuciones de una palabra griega de m odo
que cada grupo de ellas corresponda aproxim adam ente a una palabra españo­
la nos expon em os a dividir lo que desde el punto de vista del griego es una
unidad y, al tiem po, a unir en un solo apartado io que quizá presente d ife­
rencias de significado, pese a la traducción común.
P o r ejem plo, hemos visto más arriba dos distribuciones de ánó que se
traducen p o r de y una que se traduce p o r desde; pues bien, si las distribuim os
en dos apartados nos exponem os a englobar en uno de ellos dos cosas en
cierto m o d o diferentes, a ju zgar sobre todo por las oposiciones. O bien:
hemos hablado de las tres traducciones españolas de según el com ple­
m ento que lle v e ; pero nada nos indica que desde el punto de vista del griego
haya conciencia de la diferencia entre esas acepciones.
b) Y , sin em bargo, la com paración de un sistema sem ántico con otro
u tilizado com o metalengua para exponer el prim ero, que es lo que hacen los
D iccion arios bilingües aunque se auxilien tam bién con otros datos, p or muy
distorsionante que sea para el prim er sistema, es quizá el m ejo r o incluso el
único m o d o de expon erlo en form a tal que no sólo se refiera a rasgos o
relaciones, sino tam bién directamente a contenidos.

En palabras muy frecuentes y que, p o r tanto, se com binan con una gran
parte del léxico de la lengua, una exposición distribucional seguida de otra

1 C f. so b re este p u n to, entre o tra literatura. M o u n in , G ., L es prohlém es rhéoriques de la


traduction, París 1963, trad. esp. 1973; G ü ttin ger, F., Z iehprache. Theorie und Technik d e s 'U e b e r -
setzens, Z ü ric h 1963; N id a , E ., Towards a Science o f Translating, L e id e n 1964; L . J o d s k a n o v , A .,
Traduction humaine e t traduction mécanique, P a rís 1969; m i Lingüística Estructural cit,, p. 912 ss. y
passim ; K o lle r , W ., Grundprobiem e der Uebersetzung, B o n n 1972.
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 267

opositiva y de datos de frecuencia produce un número muy elevado de posibles


acepciones; acepciones que no son, por lo demás, otra cosa que abstracciones
de usos más diversificados todavía según las palabras de la distribución y
segmentaciones a veces sin clara" vigencia en la conciencia lingüística de signifi­
cados totales de las respectivas distribuciones. Por otra parte, el problem a de
cuándo las oposiciones representan una polarización de los sentidos o cuándo
hay neutralización (de ánó y ¿x, por ejem plo), es muy difícil.
Carecemos, en definitiva, de criterios claros para dibujar el mapa de la
significación agrupando distribuciones o, p o r el contrario, separándolas. Las
muy diferentes y con oposiciones muy diferentes es verosím il que se refieran
a significados diferentes; pero hay zonas de transición sobre las que es m uy
difícil decidir.
En cambio, la exposición de un sistema léxico por m edio de otro usado
com o metalengua suministra el instrumento para esa descripción. Puesto que
las traducciones se refieren a diferencias de distribución y sistema, es claro
que el m ayor daño que pueden hacer es dar un relieve excesivo o insuficiente
a la organización del significado en la lengua de en trad a; o bien atribuir una
traducción solamente aproximada. Pero permite agrupar hechos y trazar
líneas de organización. C onociendo los principios de la Semántica, sabiendo
interpretar además los datos sobre distribuciones y demás, las paráfrasis, etc.,
puede el lector interesado acercarse a la interpretación del sistema léxico de
la lengua de entrada. Quizá sea la m ayor aproxim ación posible, por ahora, si
no queremos caer en el atom ism o de las múltiples distribuciones que se
degradan; es desde luego preferible, pensamos, a sim plificaciones artificiales
a base de semas o rasgos opositivos fijos y universales.
Con todo, no hay que olvidar que la finalidad principal del D iccionario
bilingüe no es ésta. Su finalidad principal es indicar a qué traducciones
precisas (para m ayor precisión las palabras de la lengua de salida son c o m ­
pletadas con paráfrasis y otros datos) responden usos precisos de las palabras
de la lengua de entrada. Para llegar a conseguir este ideal, en la medida en
que es asequible, el D iccionario bilingüe p or fuerza ha de realizar un estudio
profundo de la estructura del significado de la lengua de entrada. Esta estruc­
tura es la que traduce, con una distorsión quizá inevitable, pero que, a d icio ­
nada con determinadas correcciones, deja en cierta manera reconocerla.
Así, el D iccionario bilingüe, a más de su finalidad propia, tiene la segunda
de ayudarnos a profundizar en la estructura semántica de la lengua estudiada.
Y a hemos dicho que suministra datos inestimables para e llo ; y que los
estudios sobre semántica de la lengua de entrada son valiosos para él. En
realidad, h oy por hoy, es un instrumento del que no podem os prescindir para
estudiar la estructura semántica de una lengua. Pues el carácter escurridizo
de los hechos semánticos obliga a utilizar para apresarlos todos los m edios
disponibles; y la traducción (relación con otro sistema) es, según hemos visto,
un medio importante, aunque evidentem ente no único. Pues precisamente el
suplementar las meras traducciones con otros datos es el m ayor progreso que
se puede aportar a la Lexicografía.
268 FRANCISCO R. ADRADOS

II. E J E M P L IF IC A C IO N A P A R T I R D E L D G E

1. C asos de d is t r ib u c ió n g r a m a t ic a l y por . su bc lases de p a la b r a s e x p l í­

c it a s

La organización de las acepciones de traducción de una palabra com o


dAAá revela un árbol muy claro, basado exclusiva o casi exclusivamente en la
consideración de las construcciones gramaticales y ciertos rasgos sintácticos
muy generales. Dan la clave para que el que vierte al español elija entre
traducciones com o p e r o ; sino; al menos, sin embargo, ea, así pues, pues
entonces, etc. H ay que notar, con todo, que en ocasiones las traducciones
del D G E son parcialmente iguales en dos acepciones: en B I 1 damos sino, en
B I 2 sino, no otro que; en C I 1 al menos, sin embargo, en C I I p o r lo menos;
en A I 1 pero, en D I 3 pues, pero. En estos casos acudimos al recurso, para
introducir una misma palabra española con dos matices, de acompañarla, en
alguna o algunas de sus apariciones, de otra. Tam bién hay que indicar que a
veces la traducción no puede darse para dAAá independientemente, sino para
una agrupación de palabras en que se incluye. Estos dos recursos, el de la
traducción múltiple y ei de la traducción por sintagmas o grupos, han sido ya
debidamente justificados.
L a ram ificación de dAAd es la siguiente, reducida a lo esencial y prescin­
diendo de ejem plificad o nes que serían fáciles de d a r:

A ) Introduciendo una adversativa, dependiente de frases afirmativas.


I. 1 pero (¿y ¿o ¡isvéca ... aAA’ erepov népncú). 2 áXX' oü pero no.
B) Id. id., dependiente de frases negativas.
I. 1 sino ( oü xam q dAA’ dyaOóg). 2. L a neg. expresada con ákXoq e
indefinidos sino, no otro que ( o l í t í ¡io i aaioq áXXoq ... áAAá t o h í j e ) .
3 Id. con advs. comparativos no tanto ... como (wai ecriv ó rróAejiog
oúx ottAlüv t ó ttAéov, dAAá óarrcmjt;)
II. id., introduciéndola con /irj (¡íáXXá) no ... sino más bien (fxcüv
fjXiaoTá; ¡íáXXá Qarépou rpórtou).
C ) Introduciendo principales de oraciones condicionales o causales.
I
1 Con subords. afirmativas al menos, sin embargo ( sí rrép yáp re
XóAov ... MaT<xrréi¡ir¡, áXXá re xal ¡lETÓniaBev ex£í hútov). 2 Id. negati­
vas de todas formas (a i 5k Scopot ¡si) Séxer dAAá 5có<m).
II. Con determinaciones temporales, p o r lo menos (r/ yvúiOErai yovv
áXXá Tr¡viMaü8‘ ) .
D ) Introduciendo frases simples.
I. En órdenes, ruegos, con idea de oposición. 1 C on im perati­
vo, etc. ea, así pues (cü véou dAAá 2 En respuestas de
varios matices pues entonces (narépa 8é poi 5bq eloióstv. -— oúx av
TÚxotq.— dAAá napBévouq ádsX<páq). 3 Introduciendo preguntas in­
sistentes pues, pero (oúx eotiv ... Zzüq.-—dAAá t í ;)
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 269

II. Id., con idea de asentimiento sí, bien, en verdad (épú)TCt r) árro-
xpívou.— áXXá n o ii) o ü j T a i n a ) .
III. En comienzos de discurso bueno , bien.
E) Grupos de áXXá y otras partículas (om itim os la descripción).

Com o puede verse, eí concepto de sintaxis es un tanto am plio; abarca


desde los tipos de oraciones (principales o subordinadas de varias clases) a las
palabras gramaticales (/ir), indefinidos), al concepto de «fra s e » que engloba ei
de oración y el de unidades inferiores a ésta; abarca incluso las unidades
literarias (diálogo, discurso). Estos rasgos sintácticos se jerarquizan en la
form a indicada, que corresponde aproximadamente con la jerarquización de
las traducciones. En efecto, las de A de centran en p e ro , las de B en sino, las
de C en al menos, las de D en así pues.
Veamos ahora un ejemplo en que la consideración de los hechos grama­
ticales se combina con la de sólo dos subclases de palabras, los nombres de
cosa y de persona, para dar un árbol de acepciones de traducción igualmente
deí tipo «d ire c to » con correspondencia, en principio, de una traducción para
cada acepción. N os referimos al verbo d/júvco. El esquema e s :

I A cí. y med., ac. de cosa o pers., alejar algo nocivo de alguien.


1 Act. y med., rechazar (SoúAiov ífyíap). 2 A ct., ac. de pers. y gen. de
cosa apartar algo de alguien (rpcliag vewv). 3 Act., d a t de pers. y ac.
de cosa librar a alguien de algo {Aavaóíoiv Aotyóv).
II. Act. y med., generalmente sin ac. ir en ayuda de alguien.
1 Act., dat. de pers. asistir, ayudar a alguien CApy^íoiaiV}. 2 A ct. y
med. abs. ayudar, socorrer (^ uvÓmcíotclí ... áfiúvocre). 3 Act. y med., gen.
0 prep. y gen. luchar p o r proteger a (vetov). 4 Ac. cosa beneficiar (véase
infra).
III. Generalmente med., corresponder a alguien con algo.
1 Ac. pers. vengarse de (ci8f}pt¡j... f¡¡uuváfiriv aúróv). 2 Id. agradecer ( tqu;
ófíoíoig r//iác).

En este esquema es muy clara la form alización de I y I I (en este falta eí


ac. salvo en 4) y muy claros los sentidos generales de I, I I y III. Es interesante
notar que, a más de la oposición de las dos subclases del nombre citadas,
entran factores nuevos com o son la oposición de voces y el régimen casual
del verbo. También hay que notar que es un hecho que caracteriza a las
acepciones el que en ellas las oposiciones puedan neutralizarse; la de las voces
se neutraliza en I 1, I I 2, 3, a veces en I I I : a efectos de traducción, pues puede
ser perceptibíe el matiz distintivo; la oposición cosas/personas se neutraliza
en I 1 y II 3.
U n problema que nos lleva a un terreno nuevo es el de la aparente
ambigüedad en parte deí cuadro; iguales construcciones con diferente traduc­
ción. Tenemos un régimen de ac. en I, II 4 y III, con sentidos muy distintos.
Y son muy distintos los dos sentidos de las acepciones I I I 1 y 2.
Esta ambigüedades sólo aparente. I I 4, con ac. de cosa, form a una excepción
270 FRANCISCO R. ADRADOS

dentro de íl, donde se clasifica por la traducción; es un uso muy raro y tardío,
sólo conocem os un ejem plo de N icandro, 77?, 868 (con vr¡5úv), de m odo que
sincrónicamente cae fuera del sistema y no procura problema. En cuanto a la
ambigüedad de III, en primer término hay que decir que es m enor de lo que
parece; I I I sólo tiene vo z media y sólo ac. de pers., y no está atestiguado en
H om ero y textos bélicos, a ios que se refiere la m ayoría de los ejemplos de I,
además faltan los regímenes de gen. y dat. característicos de I 2 y 3. Más
todavía: aunque no recogido en el cuadro, I I I suele presentar un segundo
régimen, que indica causa de la venganza o gratitud (üttép, etc.) Y , sobre todo,
el contexto am plio refiere esa causa al pasado y especifica si la acción pasada
es perjudicial o benéfica y, por tanto, si el verbo indica venganza o gratitud.
Así, pues, por primera vez en nuestros ejemplos interviene eí contexto lejano.
Pero dejemos de momento este tema, que nos aleja de las distribuciones
más simples que ahora estamos estudiando. Estudiemos el influjo de las SCP
en el establecimiento de acepciones, libre ahora de condicionamientos grama­
ticales o dentro de un único condicionamiento posible.
A sí com o en la organización de las acepciones de áfióvw intervienen los
diferentes tipos de sujeto (siempre es de pers.), en un verbo com o ¿Mfxá^co las
acepciones se organizan precisamente en función del sujeto. Señalemos algu­
nas: de frutos estar maduro , estar en sazón; de personas estar en pleno vigor,
alcanzar la madurez, tb. de animales; de ciudades y Estados alcanzar el mayor
florecim iento o pod er/ de abstractos indicando procesos o actividad estar en
su momento culminante o más violento (jiupETÓq, váooq, ttóAejuog, dupóq e tc .) ; del
N ilo estar crecido; de palabras de tiempo estar avanzado ( ’éap, ’é roq). Se trata
de SCP, válidas al menos para la distribución de casi todas, además,
de validez general. Claro está, pueden contribuir al sentido otros hechos
distribucionales: con sujeto de pers., ciudades, etc., un dat. instr. que procura
el sentido de abundar en (ttA oú tíjj, p w fiT j), sobre todo abundar en efectivos
militares ( cwjjIckti, voíuctí etc.).
Otro ejem plo simple es el de los adjetivos, que suelen organizar sus
acepciones según las SCP de los nombres que determinan; aunque en este
caso los matices suelen ser muy fluctuantes, igual que las SCP. Es claro, por
ejem plo, lo que ocurre con el término homérico y poético á^éyaproq: con pers.
es desventurado, con cosas, normalmente abstractos, lamentable, espantoso',
no son desventurados rróvoq, ávTfif}, sino los hombres im plicados en ellos,
calificados con eí mismo adjetivo.
D e un m odo paralelo, ánparog es, referente a cosas, sin mezcla, mientras
que para personas, se ha llegado a partir de la idea de falta de m oderación a
un sentido inmoderado, destemplado. La distinción es fácil. Pero con los
nombres de cosa hay muy varios matices. Es puro el vino y otros líquidos,
pu ro , vivo, intenso se dice de colores y olores; para cualidades, etc. interviene
un sentido figurado, puro, no contaminado, no adulterado, com o se ve hay una
gradación, usamos traducciones complejas.
A h ora bien, no debe creerse que los adjetivos se definen sólo mediante este
proceso. L o que sucede es que las relaciones gramaticales de un adjetivo
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 271

suelen estar, por así decirlo, latentes; el adjetivo es una simple determinación
del nombre y los tipos más generales (gramaticales) de determinación sólo se
reconocen por transformación. Una transformación verbal del adjetivo áxo-
nog por ejemplo, nos llevaría de un lado a un part. pasivo (ou n£m¡inévoq), de
otro a uno activo (oú hóutojv) ; de ahí los dos sentidos pasivo y activo de
nuestras dos acepciones I y I I de la palabra, que luego se subdividen según
las SC P del nombre (I no golpeado, cansado, m olido, cortado, apolillado; II
que no cansa, que quita el cansancio).
Pero dejemos de m om ento el criterio de las transformaciones, sobre el que
hemos de volver. Tam bién en el caso de los nombres es decisivo el criterio de
las SC P del contexto, salvo excepciones con un determinante que es gen. de
nombre o adjetivo.
U n nombre com o ánp.r¡, del cual es un denom inativo áx¡iá^tú estudiado
más arriba, se traduce de acuerdo con las SCP del gen., siempre subjetivo;
hay una relación estricta con el verbo. Nuestro grupo I se refiere a nombres
concretos (filo o punta de armas, instrumentos, extremidades del cuerpo); el
II a frutos, personas, conceptos que admiten gradación ( maduración de las
plantas, madurez o florecim iento de personas, culminación de la belleza, la
inteligencia, e tc .); el I I I a palabras de tiempo (época avanzada de una esta­
ción momento justo para, con inf.).
Hasta qué punto estas acepciones deben ocupar apartados independientes
o separarse con punto y com a dentro de uno o darse mediante el sistema de
«traducciones m últiples», es tema altamente subjetivo. C om o lo es e l de la
real unidad o grado de unidad de las acepciones; objeto de especulación más
para el semantista que para el autor de un Diccionario bilingüe.
U n problem a semejante se nos presenta con los usos figurados. Se basan
en determinar el nombre mediante una SCP anóm ala; por ello es claro que
merecen un tratamiento aparte, un número especial con la indicación fig.
Pero es discutible en qué medida se introduce una diferencia de traducción.
Cuando son frecuentemente determinados p or la misma SCP, tienden a
desgajarse, a perder casi su carácter de figurados y, entonces, la traducción
por una palabra distinta de la comúnmente usada es de regla. Otras veces hay
situaciones intermedias: áxpov, que es habitualmente pico, cima, cumbre (de
un monte, etc.) o cabo, punta, prom ontorio puede admitir en su uso fig. (con
determinantes abstractos) una traducción com pleja como eminencia, culmina­
ción, cumbre, que repite parcialmente la de I. El caso es favorable, porque
cumbre tiene, com o la palabra griega, los dos usos concretos y figurado.
Pero veamos atxfuí punta (de lanza, de flecha, etc.), lanza. Los usos figu­
rados equivalen objetivamente a guerra, valor, imperio, tropa, sentidos muy
distintos, que nosotros hemos preferido dar bajo apartados diferentes en
el D G E . Puede objetarse que se pierde precisamente el carácter figurado del
uso. A h ora bien, es admisible que un traductor del Agamenón de Esquilo, 483,
hable de la lanza de una mujer para referirse a la dominación de CHtemestra;
pero el autor de un Diccionario se ve obligado a precisar, en casos com o éste,
entre los varios sentidos figurados, porque si no deja de orientar a sus
272 FRANCISCO R. ADRADOS

lectores. P o r supuesto, esos varios sentidos se fundan en las S C P y en el


contexto más am plio, que deciden si se trata de la guerra (lacrim osa, de
A res...), el valor (de soldados, etc.) y así sucesivamente.

III. H E C H O S D IS T R IB U C IO N A L E S C O M P L E M E N T A R IO S
Y H E C H O S O P O S IT IV O S

En la exposición anterior se ha echado ya de ver que la distribución


próxim a y explícita presenta a veces problem as y que hay que echar m ano de
criterios adicion ales; hemos aludido m uy concretamente al de la transform a­
ción. Vam os a hablar de otros más.
Supongam os un nom bre cuya organización en acepciones está con dicio­
nada p or una serie de determinaciones en gen., según hemos expuesto. Es
claro que si en un pasaje dado falta la determ inación en gen., pero puede
suplirse por el contexto amplio, el efecto es el mismo. H a y que indicar el
hecho, naturalmente, mediante una paráfrasis.
A s í áuptxnépiov aparece en el sentido de cabo, prom on torio con determina­
ción de gen. en pasajes com o Hdt. 4.43, Th. i. 30, Plb. 16.29.13; pero sólo el
contexto am plio define pasajes sin gen. com o Arist. M etaph. 1024 a 25, donde
se trata del extrem o de una vasija o de usos com o mascarón de proa en M ichel
116 (D elfos V I a. C .) y acrótera en PL C riti. 116 d., etc.
L a palabra ár¡p, entre otras infinitas, nos suministra igualmente ejem plos
de este tipo, pero tam bién otros que nos permitirán avanzar más. Si un gen.
to O j3otAavdou determina el sentido sala de vapor de áf}p en Gal. 11. 14 y otro t o O
jScjjuou el sentido espacio superior de un pedestal en una inscripción en G lotta
50. 61, en cam bio tenemos que recurrir al contexto am plio o situacional para
ár¡p terraza, azotea en P M on a c. 8,12 (V I d. C.), etcétera. M ás tod avía; sólo
ese contexto am plio determina, en H om ero, si nos hallam os ante una nube
verdadera o ante una especie de niebla producida por los dioses para salvar
a sus protegidos en el m om ento del peligro. En cam bio, el sentido clima se
denota mediante determinaciones adjetivales.
E l concepto de contexto am plio es precisado y hecho más utilizable, en
ocasiones, mediante dos recursos. Uno, el género literario o especialidad
científica; en el caso de los textos filosóficos, aíslan y unifican entre sí una
serie de textos en que aire es uno de los elementos. El segundo recurso
confluye con éste; se trata de las oposiciones. Cuando árjp se opone a yala,
yíj, es aire, no nube o niebla; y cuando se opone tam bién a T r v e O j ia , <x\Qr\p, la
precisión de la definición, en textos filosóficos com o decimos, es mayor,
aunque el español siga em pleando la traducción aire. Esos términos opuestos
aparecen con frecuencia en el mism o contexto.
E l manejo de los opuestos, junto con el de distribuciones próxim as y
lejanas, sinónimos y transformaciones es decisiva en la organización de
acepciones de palabras de im portancia cultural; son necesarias también las
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 273

paráfrasis, pues con frecuencia la traducción pura y simple no resulta


suficiente.
En una palabra com o 5ó£oc la oposición entre I expectación, opinión y II
reputación, buena fam a es más claramente visible acudiendo a las transform a­
ciones (éycj 5oxút fiot doytzi ¡ boxti) que a una suma de distribuciones muy larga:
Só£a II va con íx u y verbos similares o se caracteriza por ciertos adjetivos, el
gen. objetivo, etc. P or otra parte, la distinción entre I 1, 2 y 3 se logra, tanto
por vía distribucional (I 1 expectación es con giros preposicionales o con fu t,
etc.) como por vía opositiva: I 3 opinión (desvalorizada) se opone a áAlífteia y
émarf¡fir¡; se trata, además, de textos filosóficos.
D e todas maneras, es lo más frecuente que en palabras difíciles haya que
manejar simultánea o alternativamente todos los recursos. Veam os algunos
tipos frecuentes de contextos amplios que intervienen en las clasificaciones y
que son ya previos, ya posteriores a la intervención de otros recursos:

1. Contexto neutro/positivo/peyorativo. Los hemos em pleado ya para jus­


tificar la oposición vengarse de ¡agradecer en ájiúvcó I I I 1/2. Es un fenóm eno
frecuente. Explica, p or ejemplo, la oposición reputación / buena fama en d6%a
I I 1/2; la de causante / culpable en aÍTiog I 1¡2, la de recompensar ¡ castigar en
á¡id^ea8ai II 1, las acepciones C de aiaxOvt] ( pundonor, heroísm o) frente a las B
( deshonra, vergüenza, etc.). En estos casos y en muchos más el que el contexto
amplio juzgue positiva o peyorativam ente o no juzgue la acción verbal sub-
sume una larga serie de hechos de distribución muy difíciles de form alizar.
2. Contexto temporal/atemporal. Esta clasificación es la que, por ejem plo
jerarquiza toda la organización de las acepciones de aicóv ( c f supra III. 1.I I . 3).
A q u í consideramos A como indiferente al tiempo, lo mismo los sentidos I (1
fuerza vital, 2 médula) que II mundo; sentido este proveniente de una traduc­
ción del hebreo y propio de los L X X y escritores cristianos, lo que hace ver
hasta qué punto una clasificación estructural difiere o puede diferir de una
sobre base diacrónica e histórica. En cambio, todo el vasto sector de las
acepciones 3 está condicionado por la idea del tiem po, presente directa o
indirectamente en el contexto. Son los valores etim ológicos de aítóv (vida,
edad, tiempo, etc.), pero al haberse creado los sentidos A l e introducido luego
los A II, sólo el contexto es el determinante del sentido. Las subdivisiones se
hacen por referencia a la vida humana o animal, a sus subdivisiones, a la vida
de los dioses (aquí interviene la oposición a la humana: vida inm ortal), a la
neutralización de estas referencias ( tiem po). Sólo así pueden clasificarse en
amplios grupos distribuciones muy numerosas, que luego escinden cada
grupo en varios hasta llegarse a las acepciones de traducción.
3. Contexto que opone la vida humana a otros niveles. Es lo que sucede
en áíxrj, pero vamos a presentar algún ejem plo más. A sí 5ínr¡, donde hay
contextos referentes al curso de las cosas en general (norma, realidad...),
recogidos en I ? y otros de la vida humana (I I y siguientes: justicia, etc.). P o r
supuesto, son útiles al tiempo otros recursos, tales la sinonim ia con íó ov en
I 3 la realidad y la oposición a pía, ü¡3piq en II 2.
274 FRANCISCO R. ADRADOS

4. Contextos referentes a aspectos de la actividad humana. En áÁ/70£ia por


ejemplo, señalamos dentro de II, referente a acciones, personas, cosas (en I
es com plem ento de verbos de «d e c ir»), acepciones que responden: 1 al plano
ético ( verdad, veracidad); 2 al epistem ológico ( verdad, lo verdadero) / 3 al
ontológico ( verdad, realidad). C om o se ve, usamos traducciones «co m p leja s»:
su posibilidad es lo que garantiza que estas subdivisiones se ajustan a los
hechos del español. Pero oposiciones y sinonimias dentro del griego (2 opues­
to a 5ó£a, 3 sinónimo de ró ov, en los mismos contextos) hacen ver que se
ajustan también a los hechos del griego1. M a yo r duda puede caber de esto
cuando este contraste falta, así en las acepciones IV castigo , satisfacción y V 1
sentencia de 6'wrj. En casos com o éste, es ei español el que da la pauta,
clasificando distribuciones: castigo suele ir com o régimen de 5i5óvm y sinóni­
mos, sentencia con síttsív, etc. y distribuciones lejanas comparables. En cam­
bio V 2 pleito, causa es una acepción más seguramente griega, a juzgar por
su oposición a ypct<pf¡.
5. Contextos de dirección y m ovim iento. Son ios que, relacionando al
m ovim iento con las personas de que se habla, crean las grandes acepciones o
grupos de acepciones en verbos com o cryco llevar ¡traer, slfit ir ¡venir. Pero hay
otras variantes. Por ejemplo, en ávaAa/i/iávcj y otros verbos con ává hay
«m ovim ien to hacia arriba» y «m ovim ien to hacia atrás». En las acepciones I
es luego fácil subdividir: es elevar cuando se trata de un m ovim iento que no
visa al sujeto (un muro, etc.); coger, cuando se trata de cosas de que se hace
cargo físicamente el sujeto, tomándolas del suelo, una mesa... (armas, etc.);
recibir„ acoger, cuando no se trata de un hecho físico ( un fugitivo, una ley...)

IV . D E S A J U S T E E N T R E A C E P C IO N E S G R IE G A S
Y A C E P C IO N E S E S P A Ñ O L A S

A lo largo de los distintos epígrafes de este capítulo venimos hallando una


y otra vez el problem a de que a veces no sabemos hasta qué punto las
clasificaciones de las distribuciones responden a hechos griegos o a hechos
españoles. El problem a tiene dos caras, la primera de las cuales nos va a
ocupar mucho más rápidamente, porque ya hemos hablado de ella más
despacio. Se trata de que, con frecuencia, dentro de una acepción con traduc­
ción única en español englobamos varias distribuciones. Puede tratarse, insis­
timos, ya de que esas distribuciones están unificadas en griego por hechos
opositivos de distribución lejana; ya de que la unificación del sentido es
propia del español; y hay hechos de transición.
L a segunda cara del problem a ha sido apuntada en este mismo capítulo

1 Cf. 1.3, III.


ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 275

(cf. 13). Consiste en que amor, bueno, pu ro, etc. son traducciones demasiado
imprecisas de palabras com o eptog, áya&óq, áyvóq. Prescindiendo, entonces, de
que nuestra división responda exactamente a la organización griega de las
acepciones, es claró que desde el punto de vista de la traducción y aun de la
comprensión misma de la palabra griega por el estudioso m oderno es nece­
sario establecer, mediante el uso de distribuciones de varios tipos, referencias
a hechos exíraverbales, otras paráfrasis, oposiciones, etc., a qué cosas o
situaciones concretas o abstractas se refiere el uso de las palabras estudiadas,
aunque desde el punto de vista griego las acepciones puedan simplemente no
existir. Las traducciones «co m p leja s» son también una ayuda.
El caso más simple lo encontramos, por ejem plo, en dju£íj3tj, donde el
principal problem a está en el régimen a introducir tras la traducción española
más frecuente, cam biar; o, si se quiere, precisar los sentidos en que se emplea
este verbo. Casi todos los usos A tienen relación con este concepto. C on ac.
de cosa es cambiar de; si se añade un gen. es dar A a cambio de B, sí £Íq y ac.
es cambiar A efí B ; si dvrí y gen., recibir A a cambio de B. Existen otras
acepciones, determinadas gramaticalmente o por SC P y también, algunas, por
el contexto lejano, que son muy diferentes: pagar, castigar, alternarse, etc.
Pero no es este caso el que más nos interesa; en realidad, no hacemos otra
cosa que traducir variamente con sintagmas que contienen las palabras cam­
biar, cambio. Com enzam os la ejem plificación con el verbo áyanáw, cuya
traducción amar es tan exacta, en general, com o insuficiente. Baste saber que,
con frecuencia, el verbo no es conmutable con épáu) y (piAétu, ni siquiera en los
períodos o autores en que los tres son posibles. Es necesario, pues, definir
cada uno de estos verbos m ediante un análisis distribucional, que se com ple­
menta, en el mismo m om ento o en otro posterior, mediante otro de tipo
opositivo. Sólo así podrá decidirse en la antigua controversia de si dycmáw
describe un am or cristiano, distinto del de tpón¿; o si tiene razón Joly1, para
quien todos estos verbos son sinónim os; o si hay puntos comunes y diferen­
tes, aparte de que la frecuencia de áyanáoj aumente en época helenística.
Pensamos que solo el m étodo estructural puede resolver problemas como
éste, generalmente m al planteados.
L os sentidos de deyanáw están determinados p o r un sujeto de pers. (rara­
mente de animal) y un com pl. dir. entre los muy varios que son posibles; de
este esquema sólo se destacan las construcciones con ínf. gustar de y con part.
contentarse con. P o r otra parte, hay unos pocos pasajes en que el contexto
am plio sugiere una manifestación física del am or o cariño: abrazos, caricias,
etc., es el sentido I del D G E .
Fuera de esto, hay que hacer las siguientes consideraciones:

a) En lo relativo al sujeto, no sólo lo hay de pers., sino también de


diversas divinidades orientales (Isis, etc.) así com o del D io s cristiano.

1 L e vocahulaire chrétien de Famaur, Bruselas 1968.


276 FRANCISCO R. ADRADOS

b) En lo relativo al objeto, puede tratarse de un o una amante, de perso­


nas de la fam ilia (hijos sobre tod o), reyes, benefactores, am igos, pueblos,
maestros, etc., tam bién de dioses, muertos. Las traducciones pueden ser,
según los casos, amar , apreciar, estimar , querer, simpatizar, rendir honores, etc.

Es claro que el verbo no pertenece, com o épácü, al cam po semántico deí


deseo, sino, com o <piAéw, al de las relaciones de grupo. Pero de un grupo más
am plio que eí de los amigos y fam iliares: tiene valores más am plios de
integración social, de relación hombre/dios; sobre todo, es generalmente una
reíación no en plano de igualdad, sino entre un superior y un in ferior o
viceversa. Era, sin duda, el verbo más cargado de posibilidades de am pliación
del sentido, a partir de una idea del amar o querer más que de la idea de la
relación sexual o el grupo de amigos. D e ahí su difusión.
Pensamos que de este m odo la simple traducción amar, querer, posible
ciertamente en ios tres verbos, queda especificada.
Si pasamos ahora a ocuparnos de un adj. ayvóq, verem os que la determ i­
nación del sentido tiene lugar casi exclusivamente mediante la distribución
próxim a, los nombres determinados mediante él, y una más lejana a veces
relativa al com portam iento de esos nombres si son de persona o a su perte­
nencia o función, si son de cosa. Surge así un concepto de puro que el español
ha de precisar mucho más y que se opone al sentido de adjetivos griegos que
form an sistema com o oe¡j.vóq, ayioq, Iepóq.
Es notable que ayvóg se dice de todos los dioses, así com o de fiestas,
templos, etc. de todos los dioses; pero que la frecuencia m ayor es la de usos
referidos a diosas ctónicas y agrarias, especialmente A rtem is y D em eter, y a
sacrificios y ofrendas no sangrientos. Pues bien, referido a hom bres los usos
norm ales son dos: en conexión con el respeto de los tabús sexuales (no
com isión de incesto, castidad de las mujeres) y el no derram am iento de sangre
(p o r parte de hom bres); claro está, mediante una purificación puede vo lver a
ser áyvóg eí que ha violad o uno de esos tabús o eí que ha derram ado sangre.
A sí los dioses y todo lo divino, incluidos ciertos elem entos naturales relacio­
nados com o el agua, el fuego, la luz, son p or definición áyvoí; los hom bres y
mujeres se asimilan a esa esfera solamente mediante ciertos com portam ientos
muy delim itados; el sacrificio óyvóg está en relación con ellos. En fecha
helenística eí sentido de áyvóg referido a hombres puede ser tam bién íntegro,
moral, honrado; la relación con la divinidad es enfocada de otra manera.
Encontram os, pues, una concepción del ser puro que lo circunscribe a
ciertos com portam ientos muy precisos, mientras que es consustancial con los
dioses y, sobre todo, con algunos de ellos no seguidores necesariamente de
esos com portam ientos. H ay aquí un punto de vista m uy distinto del de los
otros adjetivos aludidos y muy distinto también deí de la simple traducción
previa de puro.
A lg o parecido podem os decir de un adj. áyadóq, al que ya hemos hecho
referencia y que es, en términos generales, bueno. Sólo que aquí hem os de
echar m ano de referencias al contexto lejano y .al extralingüístico (hech s
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 277

sociales e ideológicos); y que, pensamos, la escisión semántica está más


acusada dentro del griego.
Una combinación de factores, a saber, las SCP del nombre concertado,
ciertas determinaciones próximas y el contexto lejano, crean un primer grupo
de acepciones, relativas a personas, que especifican proezas o habilidades (un
guerrero valiente, un artesano hábil), así como, en general, los sentidos de
benéfico, favorable (un vecino, un dios...) Pero a su vez la falta de determina­
ciones explícitas respecto a la actividad y la presencia de ciertas distribuciones
(■rto c T p b q é % á y a d o ü , o i á y a d o í etc.) crea el significado traducible por noble; y es

un contexto social más evolucionado y la referencia, a veces, a valores m ora­


les o intelectuales, a ios nombres de magistrados, funcionarios, etc., el que
crea el sentido de recto, honrado. Con la palabra referida a nombres de cosas,
existen una serie de divisiones más o menos paralelas. En este caso hay
referencias explícitas entre los griegos o diferencias de concepción respecto a
lo que es bueno o excelente; diferencias de sentido pues, lo que concuerda con
el carácter com plejo de la determinación de las acepciones, en la cual se
incluye una serie de oposiciones muy amplia.
Digam os algo finalmente, para no dejar a los nombres fuera de esta
consideración, sobre la palabra aícxúvr]. Aparte de los usos valorados positi­
vamente (cf. supra) en el sentido de vergüenza, honor, del uso subjetivo
escrúpulo, timidez (precisable sobre todo por transformación) y del uso con­
creto vergüenzas, partes sexuales, la palabra significa vergüenza, deshonor,
tanto en el sentido de sanción social, com o en el de la vergüenza que ello
implica; salvo en el caso de ciertos m ovimientos filosóficos no hay distinción
entre ello, lo cual supone una diferencia importante respecto al uso español.
En cambio, resulta importante la enumeración de las cosas que producen
aicxúvri; en relación con el valor guerrero, con la situación social, con el
comportamiento sexual de las mujeres, con comportamientos inadecuados
para la familia o los amigos, etc. Las traducciones españolas deshonra, ver­
güenza, infamia, ridículo, mala fama, etc., se adhieren variamente a estas
distribuciones. Así, la división en acepciones de todo el apartado B de aía/úv^
en el D G E responde más bien a una conveniencia práctica para dar idea de
a qué se refiere concretamente la vergüenza designada por aioxúvr], que a una
real parcelación del sentido dentro del griego. Si comparamos ahora el senti­
do de esta palabra con el de aí5tóg veremos que hay una zona común, relativa
a la sanción social de la falta de valor guerrero o de pudor en las mujeres,
pero que el sentido de atStóg rebasa al de aivxúvr¡ en cuanto establece relacio­
nes recíprocas de respeto en el entramado social, mientras que aloxúvrj a su
vez desborda a otióúg en lo relativo a compromisos adquiridos y al respeto de
normas ya moralizadas. H ay una oposición equipolente en cuanto a los
dominios a que se refieren ambos términos, una acentuación en otttrxívrj del
factor de presión social respecto al de respeto espontáneo, que sólo secunda­
riamente aparece.
278 FRANCISCO R. ADRADOS

V. A L G U N O S C A S O S E S P E C IA L E S

N o s ocupam os, finalm ente, de algunos casos especiales del establecim ien­
to de las acepciones.
Un prim er apartado es el constituido p or los hechos de am bigüedad, no
querida o querida, según los casos, por el autor an tigu o1. H e aquí algunos
tipos de esta am bigüedad:

a) H ay toda clase de casos de transición entre dos sentidos de una pala­


bra, que pueden incluso permanecer com o indistintos. Así, los dos sentidos
noble y hom bre honrado de la palabra áyaBóg pueden ya aparecer el uno o el
otro, ya darse p or supuesto que coinciden. El D iccion ario tiene que tener en
cuenta este problem a.
b) Otras veces hay sim ple.am bigüedad o duda sobre la traducción; con ­
viene entonces introducir indicaciones de que el significado que se da es sólo
probable o verosím il; o, simplemente, de que es dudoso.
c) L o s autores antiguos pueden indicar ellos mismos la existencia de dos
sentidos de una palabra: de Eris en H esiodo, Op. 11, de aiócóg- en E. Hipp.
385, etcétera. Estos ejem plos deben introducirse en dos apartados, con refe­
rencias cruzadas.
d) Pero el autor antiguo puede también ju gar con dos acepciones de la
misma palabra en situaciones en que el contexto perm ite ambas. A sí, en los
casos en que se hacen alusiones oblicuas o en los casos de ju ego de palabras
o chiste. L o s cóm icos, sobre todo, están llenos de hechos com o estos, pero
tam bién se dan en otros autores. E l D iccion ario tiene que ilustrar a su usuario
sobre estos hechos, explicando la referencia o chiste.

T o d o esto se refiere al ju ego de las distribuciones, incluidas las extraver-


bales, en ios casos de ambigüedad.
O tra aclaración que conviene hacer es la relativa a distribuciones amplias
de dialecto, hechos sociolingúísticos, lenguas especiales, etc., a que es absolu­
tamente necesario hacer referencia para determinar las acepciones.
P o r ejem plo, una palabra com o áxoo\iía sólo en Creta, en virtud de un
hecho institucional, tiene un sentido diferente: falta de unos m agistra­
dos.
Otras veces se trata de ios sentidos especiales de ciertas palabras en las
distintas lenguas técnicas. H em os aludido a sentidos especiales de áfjp y otras
palabras en la literatura filosófica. D e igual manera, hay que hacer alusión a

1 S o b re la a m b ig ü e d a d cf. Lingüística Estructural cit., p. 318 s s .; L . M ich e len a, «D e la


a m b ig ü e d a d sin táctica» R S E L 2, 1972, pp. 249-281; H . W e id í. « D i e sprachiiche A m b ig u lt a t », R S E L
4, 1974, pp. 347-71; J. G . K o o ij, A m bigu ity in N atu ral language, A m s te r d a m 1971. S o b re la
a m b ig ü e d a d có m ic a la tesis d o c to ral (in é d ita) de E . R o d ríg u e z , Estudios sobre la lengua de A ris tó ­
fanes, M a d r id 1972 y su estudio «C o m ic id a d ve rb a l y sistema de ¡a le n g u a », Actas del I I I Congreso
Español de Estudios Clásicos, M a d r id 1968, III, pp. 177-92.
ORGANIZACION DE LOS ARTICULOS DEL DICCIONARIO 279

las diversas ciencias y artes o técnicas (Astronom ía, Música, Matemática,


Retórica, Agricultura, etc.) en las cuales las palabras toman sentidos especí­
ficos. Es esta distribución general y no la verbal próxim a la que en estos casos
es necesaria. Piénsese que con frecuencia no se trata de palabras técnicas
propiamente dichas, sino sólo de usos dentro de ciertos ambientes; así diver­
sas acepciones de áxpóa¡ia y áxpóaoi<;.
En cuanto a ías palabras técnicas o científicas propiamente dichas, es
claro que una simple indicación del dom inio de que proceden, orienta sobre
su significado, aunque éste haya luego de ser precisado. Esta precisión, sin
embargo, no es siempre fácil.
Es sabido que en el mundo de la Biología, G eología, etc., las palabras
antiguas pueden responder a dos o más términos m odernos; a los antiguos
les faltaban distinciones que sólo las lenguas modernas o la Ciencia moderna
han introducido. Así, a veces el contexto nos hace ver si ánpiq es cigarra o
saltamontes o langosta, pero otras no es fácil o no es posible llegar a una
conclusión; los antiguos no diferenciaban allí donde nosotros diferenciamos.
En otras ocasiones (nombres de aves, plantas, peces...) tenemos simplemente
duda de a qué especie o grupo de especies se refieren palabras que para
nosotros son muy vagas. Puede suceder también, inversamente al caso ante­
rior, que el griego distinga allí donde nosotros no distinguimos; o que deter­
minada planta o pez no exista en nuestro país o en los países de los autores
de Diccionarios y estudios sobre el léxico griego. Así, áyaAAíg tal vez sea el
Iris a i tica, pero para m ayor seguridad (y porque la traducción de una poesía,
como el Him no a Dem eter 7 en este caso, no admite nombres científicos) hay
que traducir simplemente lirio o bien seguir un sistema mixto en que se indica
un nombre vulgar aproxim ado y uno o varios nombres científicos, con indi­
cación, si ello es preciso, de su carácter dudoso.
T o d o este campo es extremadamente difícil; dependemos de las descrip­
ciones que hagan los autores antiguos, cuando las hacen, así como de una
serie de conocimientos especializados.
A lg o parecido puede decirse de los nombres técnicos y de los de toda clase
de objetos, aunque aquí con frecuencia estemos en mejor situación. L a tra­
ducción de términos relativos a la construcción, a los barcos, a las armas, a
ias prendas de vestir, a las piezas de una cerradura, al mobiliario, etc., no
puede hacerse, con frecuencia, con una palabra española más que al precio
de introducir vaguedades o inexactitudes, errores a veces. Es absolutamente
imprescindible dar precisiones en form a de paráfrasis. Claro está, muchas
veces somos incapaces de introducir precisiones; así en palabras de los inven­
tarios (cf. II.4.I.2) o, por ejemplo, en términos relativos a la moda, que
cambian constantemente. ¿Qué es áp-n£xóvr¡, que generalmente es un quitón
femenino de tela muy ligera, pero que en D. H. 4.74 se refiere al manto de
un rey? ¿Qué es x a ¡i íoiov únoósikixóv ( ¿camisa de noche?, ¿traje de tarde?) en un
inventario de prendas empeñadas en P M ic h . 607. 31 ? Qué clase de calzado es
ápfíocpmpa que L S J traduce buttoned boots y nosotros preferimos leer ájU<pí<7<pij-
pa y traducir botas? H ay dudas infinitas de este tipo.
280 FRANCISCO R. ADRADOS

Es bien claro que en todos estos casos y en muchos otros de los vocabu ­
larios especiales, sólo un atento estudio de la B ib liografía m oderna relativa a
los distintos dom inios del mundo natural, las ciencias, técnicas, oficios, etc.,
pod rá servir de ayuda al redactor de un D iccion ario general que trata de
contribuir al conocim iento del léxico griego en su conjunto. H a y que señalar
que L S J supuso en estos respectos un avance considerable, pero el.esfuerzo
en este cam po debe continuarse. D e un lado, falta en L S J m ucho vocabulario
relativo a astrología, mecánica, administración de los reinos helenísticos, e tc .;
de otro, el conocim iento de la filosofía, matemática, m edicina, técnica naval,
etc., de los griegos ha progresado mucho.
En cuanto a los nombres propios, geográficos, étnicos, personales, m íti­
cos, etc., presentan igualm ente dificultades m uy graves. Tam bién en este caso
hay que referirse a la bibliografía especializada (G eo gra fía , M ito lo g ía , H isto­
ria, Prosopografías, etc.) y vo lver a estudiar de nuevo cada caso. C on frecuen­
cia, en los datos antiguos hay lagunas o bien contradicciones o bien nom bres
dobles. P o r supuesto, la labor de un D iccion ario general no debe confundirse
con la de un repertorio prosopográfico que pretenda ser com pleto y asignar
cada m ención de un nom bre a un personaje diferente (tarea p or lo demás
im posible). En realidad, un D iccionario de nom bres propios que intentara ser
exhaustivo a este respecto y al de los nombres geográficos tendría, para el
G riego, tanta extensión al menos com o un D iccion ario del léxico común. Los
puntos de partida, además, serían más difíciles, por ser incom pletas o estar
atrasadas las obras especializadas.
Para terminar, hagam os una nueva referencia a las lexías (cf. supra), las
frases hechas, etc. Es claro que en un artículo &xpa hay que introducir un
apartado especial para x a t’ áytpag (d estru ir) completamente, en uno áyaBoq
otro para xoíXbq Mayados, en uno aijua una serie de sintagmas aíjuat + gen. que
designan diversas plantas, etc. Existe, ya lo hem os dicho, el problem a de los
límites.
Y es preciso dar igualm ente las expresiones figuradas del tip o tiq áépa
fiáXÁsiv hablar en vano, etc. y las puramente proverbiales, indicando su signi­
ficado p rop io a más del literal.
Son, puede verse, muchísimos los problem as que esperan solución del
lexicógrafo, variadas las técnicas a que éste ha de acudir, enorm e y difusa, y
pese a todo, incom pleta la bibliografía que ha de m anejar. Sus conocim ientos
han de extenderse desde la Semántica a las más varias técnicas y especialida­
des. Si se trata de una lengua com o el griego antiguo, de un vocabu lario
extensísimo y lleno de enigmas, la tarea es más dura todavía, si cabe. P o r eso,
si todo autor de un trabajo científico tiene derecho a benevolencia siempre
que haya procedido m etódica y honestamente, ello es más el caso de los
autores de D iccio n a rio s; verdaderos tejedores de una tela de Penélope nunca
conclusa y en la que son más fáciles de ver los errores, en definitiva inevita­
bles, y las insuficiencias, que las aportaciones y aciertos ante tantas exigencias
com o se íes presentan.