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ARQUETIPOS FEMENINOS

Cuando se habla de feminidad, se habla de misterio, de fuerza, de principio y fin de todas


las cosas; de vida y de muerte. Hay tres arquetipos que rigen estos conceptos. Arquetipo
según el psiquiatra suizo Jung, son imágenes recurrentes que aparecían en las fantasías
y sueños de sus pacientes, Jung los llamó “arquetipos”. Analizando sus componentes
“arque” antiguo y “tipos” típico, este término Jung lo utilizó, tanto para expresar la
antigüedad, como la naturaleza constante de ciertas imágenes. Estos arquetipos han
estado presentes, durante toda la historia evolutiva del hombre y es común a las distintas
culturas, es decir, los mismos arquetipos con distintos nombres, aparecen en las diversas
civilizaciones tanto orientales como occidentales, estando presentes en la India, China ,
países nórdicos y en los indios de la América –prehispánica.

Démeter, para los griegos, Venus –Afrodita para los romanos, el arquetipo de la Madre,
como principio de todo, la que ayuda, da seguridad, la que siembra y da a luz a Kore, la
diosa doncella y que al ser raptada esta, la busca por toda la tierra, y la llora; pero
también reconoce que amarla no es solo protegerla y cuidar de su bienestar. Amarla es
también dejar que descubra y viva sus propios infiernos

Kore, la diosa doncella, primera edad de la mujer. Hija de Zeus y Démeter. Es raptada por
Hades mientras juntaba flores con otras ninfas. Su madre Démeter la busca con
desesperación paralizando toda la vida sobre la tierra hasta encontrarla.
Hécate, reina de la noche, también llamada Eleuthera, Leto, Selene, relegada en el
transcurso de la civilización y conocida universalmente por el nombre de la bruja. Está
conectada con Poseidón dios de las tinieblas marinas.

Ésta diosa esta siempre presente en Démeter y en Kore, por eso se habla de dos edades
en la mujer, por que Hécate esta en ambas. Es la diosa más contrastante, ayuda a la
mujer a parir, pero también devora a sus hijos, tranquiliza a las mujeres encinta, pero sus
aullidos las asustan.

Es una diosa lujuriosa y atractiva, pero matadora, es la parte siniestra de las mujeres
encantadoras. Es también esa madre devoradora, matriarcal y severa; la venganza de lo
femenino traicionado.

Según el autor Leo Frobenius, refiriéndose a la masculinidad en contra posición con la


feminidad comenta: “Un hombre es lo mismo desde el tiempo de su circuncisión, hasta el
tiempo de su sequedad. El hombre es el mismo después de de su primer amor, a como
era antes; la mujer es otra desde el día de su primer amor y así continua para toda la vida.
El hombre pasa una noche con una mujer y se va luego; su vida y su cuerpo siguen
iguales. La mujer concibe. Como madre es otra persona distinta a la mujer sin hijos, ella
carga el fruto de la noche en su cuerpo por nueve largos meses, algo crece dentro de su
vida y nunca la abandona. Ahora es madre, es y será madre aunque el hijo muera,
aunque todos sus hijos mueran, por que en un momento dado cargó el hijo bajo su
corazón y no se irá de su corazón nunca más, ni siquiera cuando esté muerto.
De todo esto el hombre no sabe, el hombre no sabe nada; el hombre no conoce la
diferencia antes del amor y después del amor, antes de la maternidad y después de la
maternidad. El hombre no puede saber nada. Solamente una mujer puede saberlo y
hablar de esto.(1)