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Curso: Historia Económica II

Responsable: Dr. José Antonio Serrano Ortega


Alumno: Maximiliano Abner Alarcón Martínez
El Colegio de Michoacán
Fecha: 22/02/18

Ernest Sánchez Santiró1 sostiene que la crisis económica y el estancamiento son dos
conceptos recurrentes dentro de la historiografía, al momento de describir el desempeño
económico de México durante la primera mitad del siglo XIX. El periodo de estudio de este
documento va de 1821-1870 y parte de dos discrepancias fundamentales; la primera de
ellas señala la necesaria división en dos subperíodos del marco temporal previamente
mencionado. El primer momento va de 1821 hasta la década de 1850; periodo marcado por
la revolución de Ayutla de 1854, la Constitución de 1857, la guerra contra los Estados
Unidos y un lento pero continúo progreso económico. Posterior a esto, vendría en la
economía, según menciona el autor, un verdadero estancamiento y recesión económica
provocada, en primer momento, por la Guerra de Reforma y la política imperialista durante
la intervención francesa y el Segundo imperio, que derivaron en pérdidas materiales y de
propiedad y aumentaron el nivel de seguridad para invertir en el territorio.
La segunda cuestión en debate es la ruptura en el período en 1821-1854 con relación a las
pautas económicas heredadas de las últimas décadas del dominio colonial. Entre los efectos
más destacados está la pérdida de la centralidad económica de la Ciudad de México; la
introducción de algunas nuevas tecnologías para la industria minera y textil, la inyección de
capital extranjero proveniente de Inglaterra, España, Francia y Estados Unidos, y a la
participación activa del Estado como agente dinamizador de las actividades económicas vía
inversiones directas o desgravaciones fiscales. Es decir, que a partir de este momento el
gobierno central dejó de ser el único referente por el cual se pudo vislumbrar la política
económica, paulatinamente los demás estados y departamentos de México despegaron
como actores de importancia en este aspecto.
Un punto importante a todo esto es lo relativo a las fronteras territoriales durante el periodo
que abarca este texto; si bien dentro de estos límites se encuentraban los espacios
correspondientes a las fronteras septentrional y meridional, lo cierto es que en estas zonas
no hubo un importante control político y económico. Por tanto, cuando Santiró hace
referencia al término de “economía mexicana” se refiere al territorio que abarca el norte
minero, los puertos de Sonora, Sinaloa y Jalisco, y los del Golfo de México conectados al
sur con Tabasco y Chiapas.
Uno de los problemas más importantes al momento de realizar estimaciones sobre el
desarrollo de la economía mexicana durante el periodo de 1821-1870 es la falta de
estadísticas básicas confiables. Buscando subsanar esta situación, el autor echó mano del
trabajo de recopilación y sistematización elaborada por diferentes instancias de
recuperación de información estadística y del trabajo de personas como José de la Cortina,

1
Ernest Sánchez Santiró, “El desempeño de la economía mexicana tras la independencia, 1821-1870: nuevas
evidencias e interpretaciones” en Enrique Llopis y Carlos Marichal (coordinadores), Latinoamérica y España,
1800,1850: un crecimiento económico nada excepcional, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María
Luis Mora, Marcial Pons, Ediciones de Historia, S. A., 2009, pp. 65-109.

1
Lucas Alamán, Miguel Lerdo de Tejada, etc. Santiró considera que a través de ellos es
posible realizar una estimación del PIB mexicano desde 1810 hasta 1877. A través del
estudio de estas estadísticas se refuerza su argumento inicial, indicando dicha información
muestra que la crisis generalizada que se presupone existió desde 1821 a 1870 debe
matizarse, ya que el PIB per capita a inicios de la década de 1840 fue 16 por 100 superior
al registrado en 1810. A partir de esto el autor arroja tres ideas principales: la primera es
que es posible pensar en un calmoso crecimiento económico y poblacional; asimismo,
señala que es evidente la diversificación de posibilidades de inversión alejados de la
agricultura y la minería, para cerrar con el proceso de descentralización del capital, que
estimuló el surgimiento de nuevos sectores sociales incorporados a una incipiente economía
de mercado.
El ocaso de este paulatino crecimiento económico surge durante la segunda mitad del siglo
XIX y se extendió tres lustros más a partir de la revolución de Ayutla de 1854, asentándose
en mayor grado con la guerra civil derivada de la Constitución de 1857. Dicho lo anterior,
el autor señala que fue, precisamente, en este periodo donde se pudo localizar el verdadero
estancamiento económico de México. Este retraso en la economía también puede ser
explicado en términos demográficos, considerando que la Guerra de Reforma mermó de
manera considerable a la población en los estados de Querétaro, Guanajuato, Oaxaca,
Guerrero y Yucatán. Este es un elemento más por el cual demostrar que fue a partir de la
segunda mitad del siglo XIX (1857-1870) que se generó el estancamiento.
El peso sobre la actividad comercial como un eje vital en el desenvolvimiento económico
de México como nación independiente es notable. Es decir, al momento de observar la
consolidación de nuevas áreas fructíferas en el campo económico y demográfico; por
ejemplo, Veracruz y el norte duplicaron su peso poblacional, mantuvieron la actividad
minera y multiplicaron las rutas mercantiles que conectaron a Tampico, Tuxpan y
Matamoros con el puerto jarocho y con Estados Unidos. Finalmente este crecimiento
financiero terminó por convertirlos en núcleos dinámicos de la economía que permitió
llamar la atención de contingentes de población que hasta poco antes estaban concentradas
en la capital del país.