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INTERNET

Cómo el 'streaming' está cambiando la


música (otra vez)
por Craig McFadden, Michael Luca
trad. Teresa Woods
16.12.2016

Beyoncé hizo historia con su álbum Lemonade: se reprodujo por streaming 115 millones de veces en


su primera semana. Fue un récord. Sólo una semana después, Drake rompió ese récord. Su álbum
Views se reprodujo 245 millones de veces.

El streaming musical funciona a pleno rendimiento y ya está arrinconando tanto a los soportes


ísicos (el CD) como a las descargas legales (por ejemplo iTunes). En Estados Unidos, y a medida que
la reproducción en línea se ha consolidado, las ventas de álbumes tanto en formato ísico como
digital se han desplomado: de 785 millones en el año 2000 hasta 241 millones en 2015. Detrás del
cambio se encuentran todas las personas que han sustituido la compra de álbumes completos,
fueran digitales o ísicos, para escuchar canciones concretas a través de plataformas
de streaming como Spotify, Tidal o Pandora (en la que trabaja uno de nosotros, no lo ocultamos en
aras de la transparencia).

Este cambio en el consumo musical tiene el potencial de dar una nueva forma tanto a la música que
escucha la gente como a la que crean los artistas. Por ejemplo, ¿sobrevivirá el concepto de álbum en
la era del streaming, o simplemente lanzarán los artistas sus mejores sencillos? (Aquí los expertos en
historia apuntarán que la idea del álbum grabado es en sí relativamente nueva).

Como amantes de la música, queríamos familiarizarnos con el panorama musical en evolución. Tras
estudiar las diferentes investigaciones acádemicas sobre el tema y nuestro propio conjunto de datos
con los 2.400 álbumes más vendidos entre 1992 y 2015, encontramos dos patrones sobre la calidad
musical.
1. La "larga cola" es más fácil de encontrar y más barata de producir

La digitalización ha supuesto para la industria musical nuevos retos estratégicos e ingresos


decrecientes. Pero también ha ofrecido nuevas oportunidades a un abanico más amplio de artistas.
Al reducir los costes de buscar y encontrar artistas, la digitalización de la música ha facilitado
descubrir nuevas canciones.

A pesar de los primeros temores por que la caída de los ingresos (y la piratería) redujeran la oferta
musical, una investigación realizada por los economistas Luis Aguiar y Joel Waldfogel ha
demostrado que el número de productos musicales creados entre 2000 y 2008 se triplicó. Los
escépticos podrían pensar que ha sido a costa de la calidad, algo que depende, por supuesto, del
gusto de cada persona; más de una creerán que está en declive desde la muerta de Tchaikovsky.

Sin embargo, y a partir de un segmento más pequeño de álbumes de música popular grabados entre
1960 y 2007, Waldfogel definió indicadores para medir y comparar la calidad de la música, como
por ejemplo si un álbum se había incluido en alguna lista con lo mejor según los críticos o si sus
canciones se seguían escuchando con el paso de los años. Son formas de medir aspectos como la
recepción crítica y la pervivencia de un éxito para comparar la música más moderna con la más
antigua.

Los datos recogdos sugieren que la calidad de la música ha mejorado en la era digital. Resulta más
fácil encontrar música nueva. También es más barato producirlo y distribuirla, lo que ha permitido el
éxito impredecible de artistas que quizá nunca se hubieran llegado a conocer unos años atrás.

Asimismo, y a pesar de que la industria musical sigue vinculada a las superestrellas, con los años un
abanico de artistas cada vez más amplio están generando grandes éxitos. Al estudiar los datos, las
ventas de los 100 álbumes más vendidos han caído un 20% durante los últimos 20 años, un beneficio
nada despreciable para otros artistas.

Con un precio por subscripción (en lugar de por álbum o canción, la norma hasta hace poco) y la
posibilidad de saltar fácilmente entre artistas, el streaming empuja a los usuarios a escuchar y
explorar nuevos creadores. Esto tiene el potencial de reducir la concentración de artistas líderes, a la
vez que ayuda a los amantes de la música a encontrar lo que los economistas denominan la "larga
cola" de la industria. En otras palabras, hoy es más fácil que nunca encontrar a una artista como Julia
Nunes, una ukelelista que versiona canciones de música pop y que fue descubierta inicialmente a
través de YouTube.

2. La duración media de los álbumes ha cambiado a lo largo del tiempo


La cantidad y calidad de la música no son las únicas cosas que están cambiando. En 1992, los casetes
eran el soporte predominante para música en Estados Unidos y los álbumes incluían una media de
12,5 temas. El alza de los CD dio paso a una mejor capacidad de saltar entre canciones y saber qué
tema suena en cualquier momento. Las canciones ocultas dejaron de estarlo tanto. A medida que los
CD se convertían en el estándar, el número de canciones aumentó hasta alcanzar su media más alta
en 2003 con 15,8 temas por albúm.

Para entonces, la música en línea empezó a popularizarse y la duración de los álbumes a reducirse.


Hoy cada disco contiene unas 14,7 canciones, una cifra que se ha mantenido estable durante unos
cinco años pero que podría seguir cambiando mientras los artistas averigüen cómo adaptarse a la era
del streaming.

Es cierto que muchos otros factores afectan a la duración total de un álbum, pero el hallazgo anterior
suscita el potencial de ajustar el contenido creativo para nuevos canales de distribución. Cuando
los álbumes sean menos populares que por ejemplo, las descargas de canciones, estos podrían
acortarse. Las canciones "de relleno", -menos populares y no lanzadas como sencillos- han perdido
su función. Por ejemplo, todas las 12 canciones de Lemonade debutaron en el Billboard Hot 100.

¿Y ahora qué?

Para la industria, estos cambios suscitan preguntas estratégicas, no sólo sobre contratos y precios,
sino también sobre qué tipo de artistas triunfarán y qué contenidos deberían generar.  Cantantes
como Drake y Beyoncé demuestran que el concepto de un álbum aún es relevante, en parte por
innovaciones como el álbum visual. El libro de partituras de Beck de 2013, Song Reader, fue
innovador de otro modo distinto: empujó a sus seguidores a publicar sus propias versiones del
álbum en línea. Por ejemplo, ahora hay docenas de versiones de la canción Old Shanghai en
YouTube, tocadas con instrumentos que van desde un piano de juguete hasta un ukelele.

El grupo Chainsmokers demuestra un camino alternativo al álbum. Conocidos primero por su éxito
de 2014 #Selfie, el grupo ha despreciado los álbumes completos a favor de lanzar 10 sencillos
independientes y remezclas oficiales. Ya han vendido 2,6 millones de versiones digitales y se han
escuchado más de 600 millones de veces por streaming sólo en Spotify.

Para los artistas, es un momento para la reflexión y un aumento de las opciones estratégicas. Y para
los amantes de la música, es un momento para recostarse y escuchar. 

Craig McFadden fue un miembro temprano del equipo de música de YouTube, y ahora
gestiona el licenciamiento de contenidos en Pandora. Tiene un MBA de la Escuela de Negocios de la
Universidad de Harvard (EEUU).

Michael Luca es un profesor adjunto de gestión empresarial de la Escuela de Negocios de la


Universidad de Harvard (EEUU).

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