Está en la página 1de 49
Traduccién: Maria Laisa Felis y Suntiago Jonlén Traduecidn ee Gani Vattinwo: Marin Merlin | Primera eicidn, febrero de 1994) ‘Edixoral Pablo Mante Esquina, $9, 28010 Madi ISBN: 8 1-85691-57-! Desi Sagal: M6598 Diseiade ba cubist Poe a Realizacidn gritea: Carien Ferminalee de la Hinz, 60 28010 Madi SA INDICE PROLOGO. JORGE SEMPREN INTRODUC LON, JOSEEINA CANADO = A LABTICA, EMMANUEL LEVINAS { G2 1 cEXISTE REALMENTE UNA CULTURA FURC ALAIN TOURAINE [KS = 3 EL CONSUMIDOR CONSUMIDO, GiANnt vaTTINO Qf = y LA REVOLUCION DE LA AUTONOMIA, GitutsripoyEiséy { LA CUESTION DEL SUJETO EN LA FILOSOFIA CONTEMPORANEA, LUC FERRY ~ 6 IDENTIDAD E IDENTIFICACION EN LAS SOCIFDADES CONTEMPORANEAS, MICHIEL MAFHSOL vir x PROLOGO Quiero agradecer a la Fundacién Pablo L propuesto inaugurar este seminario, y agracdever al wear, 4 la ca Sualidad, el que la primera confereacia este 9 «. Lévinas, no sélo por In importancia de su obra sino por wns razén muy personal que quisiera evocst En el aio 1941, escudiando en Paris ef chillerato, y en cla profesor Lévinas que habi menos, en la Rete phitorphigae ce Sobre la obra de Edmund Husserl. Lo lei y me anteres gue intenté leer to que eta asequible Obra de Husserl; y tuve fa gran suerte de que me tue san tei Gque, al final de aguel afo, ua poco ances lel bachillerate oe fh Tosoffa, fui designado para lo que se Tama en Francia un Com cours Géaral, wn concutso general entre los mejores akumnos de jas clases de filosofia de codos los liceos y colegios le Franca. Y resulté que uno de los temas de ese ato ens sobre Ia flosotit le Husserl, con lo cual, gracias al profesor Lévinas, obruve el se undo premio de ese concurso ea el aio 19.41, porque es Le Finas el que me indujo, el que me Tlevd a empezar a conocer ¥ x Sseudhiar desde enronces, y he intentado seguir haciéndolo, la bbbra de Hlusserl. Pocas semanas después de ese concurso general Se producia la invasién de la Unién Soviética por las erops de Hitler, y no sélo el destino de Europa sino también el de mis studios de filosofia cambi6, y por consiguiente ¢s un recuerdo baceante alejado, pero bastance fuerce el que me ha hecho aceptar con placer fa inauguracién de este concurso con la pre- sencia del profesor Lévinas ‘La segunda raz6n, en 1a cual yo queria insiscit, de satis- faccién por estar aqui y estar con el profesor Lévinas, ¢5 que quiero destacat uno de sus libros; un libro que es una recopi- osolia, descubei un Large articale « sido publicade on aie en saquel moment cn et RE AS TE Jacivin de ensayos reves y de articulos que se Huma Diffiite t- best. no eraducido al espa inl, y que tiene como subcitulo Eu- ayes sobre ef judetino. Un libro al cual recurro a menuide porque cn dl hay una reflexidn écica sobre los problemas y el mundo Contemporines desde el punto de vista del judaismo, que me parece inceresante, apasionante. En ese libro, Emmanuel Lé- Yinas consigue, en cuatro o cinco piginas de un articulo bre Visimo que se llama «Heidegger, Gagarin y nosotros, escrito en 1961 en el periddico Liinformation jut. hacer una presen- tacién ceitica de In opinién heideggeriana sobre la récaica, del nihilismo heideygeriano en relacién con la técnica, una presen tacidn critica de Ja idea heideggeriana del entaizamieneo en el lugar, en el terruiio. Y presenta, a través de ejemplo de Ga- sgarin, desgajudo de odo lugar y de todo terrutio cn su primera uelta en satéite al mundo, una posici6a en funcidn de la flo~ Sofia judia, que es la de solear las amarras y solear las raices y fenconcrarse con la universalidad. En ese arciculo hay esta frase que me parece bellisima, cuando dice, y lo traduzco a boee pronto, «la implancacién sin los cunles el universo seria insignificance, existiria apen Gta es 1s opinisn Heid misma de fa humanid perspeceiva. la técnica es mis peligrosa que fos genios del hs cca, carbi ery de la nevesidad de incor pra a eraves de la eéenica y a través de wn lista, al hombre a su destino ¢tico, Creo que tun paisaje, los lazos con el lugar eriana—, representa la escisin ‘en aueSctonos y extranjeros». En esta los dioses lares. Y a partie de ahi hay una c visima. del paganism de Heidey re €5 uno de los prmncos esenciales, aqui, en este breve asticulo expuesco por Lé- Ninas, de su comportumiento y de su teoria filositico-étiea, Yo {reo que era importance recordaelo en este momenco en que fa critica de la técnica, In critica de la democracia, van on tun pensamiento nihilista que Levinas estudi tan bien desde sus ¥en todas sus evoluciones, del pensamiento de Hei- Y, por imo, y aunque parezca contradictorio, Ia rere estar agradecida y satisfecho es estar presencando este seminario en este lugar, Digo lugar en este sentido, aunque pa: fezca conttadictorio con lo ancerior, pera es que la Residencia de Estudiances no es an lugar heideggeriano, no es un terruho to Sempron rs al cual nos apeguemos para apartarnos del mundo, sina al con- trario. Es un lugar donde podemos abrirnos y podemos recordar la apercura de todas las generaciones intelectuales espafiolas al mundo, precisamente, y eso es Io que da ese encanto particular, no s6lo nostilgico sino también activo, a la Residencia de Escu- diantes, JORGE SEMPRUN INTRODUCCION ws juzga el siglo XX a pecho abierto, Detrés de la ‘brane historias la Historia Oftcial—~ y las épicas de as conquistas, laten miseria, hambre, paro. El fildsofo judio _arremete contra los estragos de la Universalizacién (concepto et- rnocéntrico) que terminaron por diezmar la Diferencia (as micro- diferencias éenicas). Y ahi cenemos el saldo: dos guerras mu diales, el genocidio... El Campeén de la Razén se carga a 6 mi- ones de judios. ;leresponsabilidad humana? ¢Perversin meta- fisica? ¢Arrogancia écnica? ;Miedo a la libertad? ¢Resaca del New Deal? En cualquier caso, se procedié a aniquilar al Otro, al Dit rente, al que no tiene perfil ario, al que carece de domicilio fijo cn la historia, Por algo les cocari a otros pensaclores alemanes (los frankfurtianos) focalizar sus fantasmas de culpa en torn al slog de la manipulacidn’viceimizacién de las masas (esta vez en el sus- trato/marco de la sociedad de consumo): ga modo de mecanismo de deculpabilizacidn colectiva? Paradigma del pensamienco de la fundamentacisn, fil6soti de la ética, Emmanuel Lévinas propone reinstaurar la metafisica de la subjecividad. Desde la legitimacién del Nuevo Testamento, pro- pugna L inacign. hacia el Orso. é ‘Otro ciene un precio infinito, sea quien sea ese ottu: «tar wttentv Santini. La vie -autrui, inporte avant Faffemation de ta pre vs ‘avant Uaffrmation de ton geste vital, avant tonte eninpise Bumscine Jankelevicch remataré el axioma alcruisea: «Dios sdlo tiene «1 ‘cuenta la humanidad del hombre... prescindiendo de la pigmen- tacién de st piel y de la forma de su nariz. Porque él esti por en cima de toda mezquindad, de toda prosopolepsia (J. FL rechare de la prosopolepsia se craduce en los Ev diferencia hacia toda distincién social, profesional o etnic @® Nattimo, paladin del pensamienco débil, opta pur wea in velios en Ia absolut a © version de enfoque: no se trata de embestir contra el regimen de lu totalidad, sino de ver en qué nos vemos beneficiados en Ia de sintegracidn de las estruccuras opresivas. En su concepcisn s€ ¢ treve un halo leibnitziano (el mundo en que vivimos es malo, peto es el mejor de los posibles), a ka vez, que registra el prest puesto nietascheano de la conversién del dolor en afirmacién po- Sitivisea (alo que po me mara me hace mis fucrter, dixie Nietzsche), De mado que queda roralads una cosmovisién onto- lgico-teleoligice: acién de otro orden en aras a insttu- mental ide la beatieud, Mas que suscribir la critica franks in administzado, Vattimo apuesta pot poner en tela de juicio los fundamencos mismos de la critica: ppuesto que se trata de cuestionar {os fundamentos rotalizances (como es posible olvidar las experiencias escaraldgicas que arrancan de los sistemas toralitarios?), : lidez el pensamiento critico que habla en nombre de wn funda- De ahi que formule a rajatabla: gen nombre de qué tipo de critica hablar despues de de legicimacién? ¢Cuiles serfan los criterios predicativos de una critica debil? Matriz: el nihilismo activo, Secuencia: la oncologia de la actualided. Por mucho que los pensadores débiles intenten socavar los fundamentos fear del sujeto La i autor siempre esti presente en To que Ine. T subjetividad cartesiana con la arriculacicn stor de sus propia i disoluciéin de los grandes relatos tin sujeto consciente ) ¥ con voluncad (duefio de auracion de an bu demos esta- partidario de ia manismo no sMeCaHsICO, post-heidegger iblecer juicios de valor sin tener en cuenta que yo soy quien habla aro que sue, : Bien, 4y qué sujeto? Seyin Ferry ke incumbe ioner poricuares le naturale, sexo cna, para accede ‘Av universafiacion (a ibercad) en ef marco de ara cica inter subjeiva, Fry zana la transgresin de los partcularismos con la Jmplantacin de u iniversalsta, Vatcino se pron Eontnt ls parciculatismos etnicos em tango que enquisads e ideologias cocalicaris YVarimo trata de recomponer la historia de fa disolacién del sujeto. aunque no podamos pescinlir de a Fiosata de la his tori, cabe preguncarse spara gue seve una filosofla de la hiscria aperar las de- Josefina Cent aque nos narre el fin de las filosofias de la historia? Reco retsrico, :aésico instrumental, en cuanco que anamnesis de los que Occi- dence yest6ldeconstruyé filoséficamence... En cuanto a Ferty, se aferra con nostalgia 4 rescatar lo grandioso y la estétiea barroca.. Orra figura alegériea de la Melancolia Como contrapunto tenemos a los socidlogos posmodernos, que se han recielado en factotnms de Ia Buena Nueva, en cl Ambieo del posicivisme dight. Gilles Lipoveesky ha retomado los anslisis que fetes en su ia Daniel Bell gue Habermas considera eh mas brillante de los pensadores neoconservadores. nortcamericanos dde Christopher Lasch, de Richard Sennett, sobre el fin de las ide- ologias, Ia sociedad de consumo, el proceso de pessonalizacién. Ha hecho suyos conceptos que utilizara en los 70 Jean Bauch llard: revolucién del bienestar, democracia del standing. enistica de la igualdad, minima diferencia marginal en el marco del proceso de personalizacién, jungla personalizada de ia mercancta Opcional, produecisn induserial de la Diferencia..., éeminos-clave que Lipoversky tuerce, recicla, desarrolla de otto moo. Micneras los Arcanos del Logos -0 sea los fldsofos sélidos-si- iguen batallando sobre el estatuto del ser, el asunto Heidegger, 0 la disyuntiva entre historicismo y erascendentalismo, Lipoversky habréa perpettado una fisuea cpistemoldaica: se ha puesto a des- cribir los efectes/mecanismos de la Segunda Revolucién Indivi- lita, Seguin él ya no estariamos supeditadas a un Orden Dog- ico, toralizante, a una farsa de la representacién, que con- trolara 3 los individuos por medlio de una disciplina férrea, rigida, impuesta por los eenticulos de Ia Adminiseracién de la Mano de Acero, sino que se ha instaurado un proceso de personalizacién que va de par con Ja fraevurs de la socializacién disciplinariay Se eraca pues de una inc scidn y sobre mulkiphicacion de ofertas, «se oftecen cada ver mis opciones y combinaciones a medida». recalea Lipovetsky, © Michel Maffesoli, que era considerado en el afio 78 un «Nuevo Secislogo~ en abierta ruptura con los anlisis macropoliticos de Henri Lefebvre, abunda, en parte, en el sentido de Lipoversky al cstablecer las bases de las modalidades de reapropiacis aio social y de recuperacion de parcelas de autonoinias tmeteo, emblema de la ideologia del erabajo, habria mucrco, lamas @ Al xiv Innate tomado el relevo, Con la cultura def ocio la gente quiere vivir, aqui, en seguida La gente se reagrupa en funcidn de sus afinidades profesidn, su sexo, su ideologia... Uno utiliza una mascara w otra sewiin la identificacién 2 da carte. Hay, pues, fragmentacign cle la personalidad coral, y rasgos de esa misma personalidad que se proyecean en una wotra tribu urbana. ) I , un soci6logo politico que se dio a conocer por ‘sui defensa a uliranza de los Hamados movimientos sociales, punta a las actas de constirucién de una identidad cultural eu- ropea que regulara axiolégicamente el registro de la politica. Y si bien no levanea Ja espada concra la hermenéutica utilitarista, viene a enfatizar de qué modo el indiv me su funcién critica, su capacidad de resistencia... consticuyéndlose en sujeto cartesiano, de estirpe sartreana, que proyecta una Aleeridad Cons- tractive ‘Jostrtna Casapo. LA BTICA MMANUEL LEVINAS er, el acontecimiento del ser, el ser en el sentido verbal del ino y no en su sentido sustancivo: el ser como esse y no como ens ni como el conjunto de los entis, este acontecimiento dle ser independientemente del anilisis ontolégico que se haga de sus articulaciones, significa, ante todo, la inquietud por ser, un esfuerzo que tiende a ese mismo ser, 1o que se ha designado mediante la expresidn spinozista de conatns essendi, Comat «5- sendi o esfuerzo por ser, la perseverancia en ser, perseverancia de este apego del ser por este ser mismo, deceeminante para el acontecimiento de ser incluso para Heidegger, que alude cons- tancemente a que, en el hecho de ser, para el ser lo que esté en juego es el propio ser: «Bs geht she bn seinem Sein san dieses Sein rellst», Como si, en todas lis fases del desarrollo del ser, no pu diera tratarse més que de este mismo ser, como si el ser fuera Lt inguietud por ser. Por consiguience, 1 ser serfa, ante todo, inter-ecaniento, Y descompongo la palabra en dos partes porque Drecisamente, estar em ef iuerior del ser. En Gltimo término, ¢s el orden de It naturaleza. Pero, en tanto que natural y, por lo tanto, en su volverse hacia si, en su obstinacién por ser, este orden seria violencia. Como si, para quienes son, en el verbo ser estuviera siempre presente, de algiin modo, la amenaza de no ser. De ahi que en el ser en canto ‘gue verbo, en tanto que vida, se dé una contraccién sobre sé, un spat sis de los sivadns, que son sis en hx medida en que son siendis del ser, se dé ya el instineo de conservacidn en lucha por ont Fabius fk Disciple de Huser » Heidegger a menologis alemans a Rll 1 fn y Det ne bao a fen li, lasextgeis alvaans,Autr se Toads sll cde ta es | : hammered Levis scent er onan umsggese ames Jace de cal es subdivide en especies y que desemboca | Ta vida © ine tec dl SE Mtaterialismo & pro J anidad divi, en ht Wentidad gicamente slime del in- ae taal cae pregunr s In mae P| Gividuo sieuado enere los datos empirices y reconocible mediante signos determinados del espacio y del tiempo en que esta unidad se posiciona como sands en su peculiaticad y que, segin Aristé- reles, slo existe mis alld de la existencia, Un individuo es otro para ba 1 cual Gileimos reductos —objeto de estudio materia en sus s ie Fane, bajo la solidez del étomo mismo, ne set al sanilogos Te Imanera de absorberse en sf que conserve psec nei i | parm‘el otro —alteridad formal: a vaeren, Una manera de absorberse em sf ques 4 modo deego, | P uno no es otro sea cual sea su | Jo lier fe to sdlido, durcza de Jo duro; y ya me | Se uno €s otro para cads uno, cacls uno excluye & Tifora de la crueldad de lo cruel, de la duteza de lo duro : 2 a id atros ee Soars cee ous eae Negati- armas dS i de posiconase ve 1 positividad Asi pues, atenicndosea Ja sabiduria, Ja ceudicin y el pensa- | Fate del ace, Posicividad del ser que se Be posido y negatic mien cccidenaae, los indwiduos conseguiran superar bt vi- mi daca pacman oh NC een y desu oposicion alos oTos Pad el et or dele ee PSUS, dae del ber et die l gran descube- dad de Ia exclusidn en el individuo ajar yes como una miento grigo a craves del saber en la raza que sustenca la ei peo ac eread que excuye la Tibertad de tos demés, verdad. Los individuos humanos serfan humanos a través de fa que podrian timirar esta Hibertad inicial, He aqui el des va gue port ras vials cays cbstnaci por se 9? tl espiritu, Los diversos egos concuerdan en la verdad racional veo infatigable por ser, cuyo coats eswendi conducen, ; particular Face vealed, er veurateza buena a luchar por la ex del individuo accede a la autonoria de ta persona en la que el todos os Cages de Uo Kvumnand ia ides a poe: 60820 ideal eu- Jictica, Se trata, sobre todo, de las modalidades de la di ‘vg ‘ordena el cese de weet e la autonomia y de la libertad a partir de la razén. ros Lgtgmaman fete etlinsicie Yona nathan ts Hee ja violencia, Por supuestongms7 Gogo gue la pa €3 Ut ileal eur de que se efectde 0, cuande menos, se busque 1a unidn libre- (LO TSE et navn y sain SS Se particular, a a Ley. BL individo se tRopendencta osu Herta, des neo tone dependencl ferad como aucormonia en lsat de TAT se deni, a xrdad cama con BURA 89 bee ala paz humana desde el Estado, las instituciones y la polities ¢~ in Tso, la religidn: la autoridad se impone por medio de has to ius. La verdad de la razén se opone a la libertad del cy Tas vias que busean srrla prioridad de la verdad del sab ; z ee va elamar; y; por lo tanto, la filosofia, en el sencido griezo de | mera que ésta sea, EL individuo hum P 5 : tide gee por somera que 4 4° seo en el marco formal del Estado ef abea, madre de toda ciencia y de toda politi cener-que-pensit aE ine género, un género humano, forma * tualidad misma del individuo humano. seria Ja espir Bhat eurpe La humanidad del hombre, la persona en el individuo, es el origen de los derechos humanos y principios de coda justifi- cacién, und espiricualidad que significa la igualdad encre per sonas en paz. Paz del individuo humano en tanto que existencia para sf, en tanto que seguridad del hombre sacisfecho en el bie- nestar ¥ la libertad. Tranquilidad del reposo en su positividad y en su situacién. Sustancialidad de la subsistencia de la Historias yen la que, a eravés de la raz6n, se promete a los individuos hu- manos, tan desigualmence dotados por la oaturaleza, la igualded formal de los individuos dentro de_un_género. En el _género humano, los individuos humanos se arrogan la capacidad de juzgar y se someven a la objetividad necesaria para el cjet~ cicio de la justivia que restablece, en su caso, la paz quebrantada por las violencias accidentales. Planceamiento al que también se remiten, para nosotros los europeos, originalmente la condicién humana y los famosos derechos humanos, principio y ctierio de toda justficacién. la referencia del derecho fumano al Estado y a la légica de lo universal y de lo particular, son las dos categorias del derecho humano. Es particular en ei sentido de que la eleccién del hombre es sin lugar a dudas el orden ineluctible en vias de la hhumanizacién del individuo, de su justicia y de su paz. Pero, ef montento original? Esta es, precisumente, la cuestion {es esta espiritualidad del saber la que nos conduce al momento original de Ta humanizaciGn del individuo? EL individuo ceya esencia 65 se Gn a ser, en su eonatas esondi. en su obstinacidn a ser contra los otros: debe conseguir restaurat la paz en el saber, Un fundamenco de paz, por consiguiente, cn la verdad. Un fundamenco de lo humano en la verdad pero, ser en su aspiraci también, sin duda, cierto indivieualismo en la vivencia de esta paz, Una paz que ¢s posibilidad de un aislamienco, de un «para sivy y-donde se revela To que el ser busca en su aspiracigi a se en su contraccidn sobre si mismo: el aislamiento, un «pata st tun reposo. Con a buena conciencia de una concurdia con los Cttos, la posibilidad de olvidar a esos otros desde Ia seguridad Ge la contemplacisn en sf y para si. Aristdteles dice que, en disimo término, el hombre puede ser feliz si sabe eontemplar las esencias evernas en completa soledad. Repose, tranquilidad con respecto a sus conviceiones y una concordia con el oreo Emad Levinas s hombre que quizés fuera fuandamentalmente Ia paz: no ser mo- Iestado por el otro. Su existir en paz consiste, +a puettas ce rradas», en no ser molestado. Alegria de tener huen asiento, de estar bien instalado en el ser y empleo kt voz «asiento» en los dos sentidos del eérmino. Alegria aucosuficiente: los que estin junto a mi no son mis enemigos, pensamos lo mismo. Paz ideal de una Europa que existe para si misma, y de los hombres, que ‘exiscen cada uno para sf "Pero ante la modernidad que es hoy, por casualidad, esen 20 de haces balance, la ala conciencia tras varios bajo et imperio de la razin gloriosa, de fa razén eritun- fance del saber, pero igualmente después de milenios de luchas fracricidas, politicas pero sangeientas, de imperialism tomado por universalidad, de desprecio humano y de explotacisin: in Cluso ei’ nuestro siglo, dos gucrras mundiales, la opre: xenocidias, el Holocausto, el terrorismo, el paro, la miseria cada dia mayor del Tercer Mundo, las despiadadas doctrinas del tas- Cismo y del nacionalsocialismo, hasta la suprema paradoja de la defensa de la persona que degenera en estalinismo. Podemos pprequncarnos si la fazén ha convencido, efectivamence, a las vo= Tuntades. {No ceme Europa la insuficiencia social de st fo a una ciencia que, en su apogeo, amenaza al individuo hhumano en su ser en tanco que ser, problema cuyo plantea- miento vitalizé ¢ ilaming la filosotia griega? Pero también cabré pregunearse si estos elementos de mala con- Giencia no revelan y denuncian de por sia la humanidad eu- Topea, por cuanto ésta concede al individuo humano wn sentido ge no es exclusivamence helénico, por necesario que sea st al- cial, Despojos de la universalidad de In razén tesrica, tue se habia revelado en el «condcete a ti mismo» para asentar tl universo entero en la conciencia en sf, Esta conciencia de risis, esta mala conciencia conlleva el testimonio de una vo- caci6n que procede de un espiritu cuyo amor de la sabidusfa no agota tados los poderes del amor y ai siquiera, quizis, sus po- eres en lo human, Segunda evidencia: la mala conciencia de Europa, al término de una larga historia que se reduce sin em- 4 bargo a la sabiduria helénica 0, cuando menos, que recurre a para Europa y que es también el mon ‘europea no ests en pa, 6n, los de su propia verdad, 6 Etats europe dicha sabidurfa como el {nico criterio Gltimo que conserva cierta Logics. ¥ ello en su modernidad, que es probablemence el momento de mayor lucidez y, por ello, cl momento de crisis de toda civilizacién, Pero el hecho de que slo Europa tenga el pri- vilegio de la crisis y de la modernidad, confirmaria también que las lecciones de Grecia, pese a su insuficiencia, son inolvidables. El europeo, en su modernidad, tiene mala conciencia al pensar en su hiscoria, Seria facil enumerar todas las decepciones que ja- onan nuestra brillance historia: una historia milenaria, bimile- aria, trimilenaria de sangre y lgsimas. En el interior, miseria, esclavicud, explotacién, paro, diferencias de clase y lucha de Clases. Universalizacién que fue colonizacién, materialismo y dlesprecio del hombre. Y, durante el presente siglo XX, que em- pezaba tan orgulloso de una cifea can redonda, hemos visto dos guerras, genocidios, racismo y la Shoah —el Holocausto— Tambien hemos sufrido, y es muy importante a la par que para- déjico, ama gran decepcién con respecto a una idea socialista ge~ nerosa: Jo que ocurrié bajo Stalin y que no podrd olvidarse jamés, lo que comenz6 siendo un socialismo generoso y desem- bocé en el rotalitarismo estaliniano. ¥ no solo ello, sino que la magaffica ciencia producto de esta civilizacién mediterranea sid de la busqueda de Ja verdad, desemboca en amenazas apocalpticas y en la negacidn de este ser en tanto que ser del que hablaba hace poco; civilizacién en que la raz6n, oti inalmente soberana, conduce a fa posibilidad de la guerra nu- Clear, Nos encontramos asf ance un mundo dirigido por grandes ppotencias, consecuencia légica de esta unidad de la verdad y de su lenguaje universal, en donde Europa duda de sf misma y percibe su destino como si dependiera de contingencias ideolé- gicas ¢ intereses ajenos. Fin de Ia posicién central de nuescra Europa, no sélo coma consecuencia de su extensida, sino tambien por cierta desconfianza en la propia cultura de la que procedian sus verdades, y por considerar como casos particulates Ge todo un orden o desorden exdtico aquellos pensamientos til- dados de «salvajesm, pero que no por ello son menos cultura, Contradiccién que no deberia afectarnos desde el momento en que las crueldades de nuestra historia occidental parecen hu- manas so pretexto de que proceden del rigor dialéctico, desde la prestigiosa perspectiva hegeliana. La evolucién de Is razén es Emmanuel Linas 1 perfecta pero, con todo, esta conciencia de crisis va més alld de la descripcién hegeliana de estos tiltimos compases de nuestca historia. Nos hallamos pues ante una crisis de esta idea de paz consolidada tan sélo en corno a li contemplacién de Ia verdad, Toque me sugiere el tercer comentario. ») ese a la dialécrica y sus certezas, existe una conciencia de ctisis como si, a pesar de la excelencia de la verdad y a libertad ‘que proporciona, en las bases de nuestra paz hubiera algo po- drido u olvidado. O, mejor, como si tras la paz que empieza por nuestra ruptura con el exterior y nuestro repliezue en n0- Sotros mismos, o en Ia verdad, como si, incluso nuestra con- cordia, incluso la evidencia de certezas con discretas apa- riencias de universalidad, en el Ambito soberano de nuestzo ‘ogito, hubiésemos olvidado el «buenos dias, algo tan sencillo como dar los buenos dias como respuesta al rostro del otro, antes de todo Zngito, lo que, en términos de lenguaje, se dice a flguien a quien, ante todo, hay que saludar. Buenos dias, deseo © bendicidn, interés por el destino del otro hombre, inquiecud original por su vida y por su muerte. Los buenos dias ances del ugito. «No mataris», principio tan sumamente exigente, preo~ cupacién tan sumamente urgence como el fundamento y la pre~ focupacién por la verdad. No pretendo en absoluto afirmar que lo uno impide lo ott0, sino que lo uno tiene prioridad sobre lo cro: los buenos dias antes del cogitr, aunque cl amor del prdjimo se haya olvidado por culpa del amor de la verdad. Sin duda, el amor de la verdad es indisociable de la técnica y de 1a nocidn de poder. Esta nocién de poder ha podido hacernos ol- vidar los limites impuestos por el «no mataris». Y «no mi aris» no significa, por supuesto, «no sacards la navaja para asesinar a tu projima», sino «atento a lo que haces y cuida de ‘no macar a nadie». Ta respeco al projimo, a st vida, es més im- portante que la afirmacién de tu propia vida, que la afismacién de tu rer vital, que € proyecto, tu proyecto humano. Eso es lo ‘que significa «no matarés». Creo que la idea de paz ya no puede limitarse al marco que le asigné la civilizaci6n griega: la pptz prometida a partir de la verdad que, al parecer, une sia vio~ lencar. Esce es, a mi modo de ver, el momento caracteristico de nuestra época. Teas la autocritica del ser caracteristica del siglo XX de gue acabamos de hablar, y tras Ia angustia provocada por 8 Et jereum nuestra experiencia reciente de la violencia, se impone, como debate esencial, una prioridad normativa: la solicitud hacia el ‘orto como un primer paso para consteuir La paz y el concepto ide paz, mas alld de la idea de reposo, de tranquilidad y de in- dependencia perseguidas para si. Es licito enconces preguntarse si la paz no debe responder a un llamado més urgente que el de la verdad comdn, O quizis me pregunte si es posible que el deal mismo de la verdad comtin se imponga en el marco de ‘una paz més primigénea y més profunda gue la del saber. Paz dde una responsabilidad de cara al otto, por no Hamarla paz del amor. Dicho de otra manera, serfa la nocién de que una espiri- tualidad que comienza por la idea del saber, de la verdad, no es la primera significacién —ni siquiera una significaci6n ino- cente— del espiritu, Pezo en ese case la paz no se viviria como gjercicio de una libertad sin erabas, desde la tranquilidad y el reposo, con lis puertas y las ventanas cetradas ante el otro, cada Cual ~-pueblos e individuos— en su casa y en paz. Por el con~ trario, es el fin de esta prioridad del «en casa, de la ambicién filtima del europeo: disponer de «una casan, Fin del ideal de paz burguesa, de la paz del bienestar y de la propiedad; paz en- Simismnada, paz de las subjetividades reflexivas, que sélo existe a través del pronombre reflexivo, a través del «sie. Nueva paz del hombre, paz de «para el otron, paz que ya no tiene La ima- nencia de lo vivido: paz que es una trascendencia. La ruptura de esta priotidad de la inmanencia que vivimos hoy. Nueva po- litica de la paz donde ésta se convierte en una basqueda de co- municacién culeural y econémica en relacién. Consideraci6n por las dificultades y los problemas, el hambre y la miseria del que esté enfrente, aleruismo que, superando la ética de lo indi- vidual, alentatia las relaciones encre naciones, Aletuismo y res- ponsabilidad de un Eseado hacia otro. Responsabilidad plasmada en la distribucién de las responsabilidades que com- porta la justicia ineernacional, como la justicia de las leyes in- ternas, pero que regula el derecho original del otro hombre, principio de todo derecho, Desde este punto de vista, cl prin~ Cipio de todo derecho se encuencra en el derecho original del ‘otro hombre, Esta prioridad de «para el orton. en lugar de prioridad del «para si», en la relacidn trascendente interper- Sonal ¢ internacional, quizis sea contraria a fa propia estructura net Levinas ° escena-realidad», a Ia oncologia tradicional que nos fensefa que codo ser persiste en su ser y que toda aspiracién, que todo «para el otto», hasta el amor mismo, no seria, em Siltimo cérmino, mis que un defecto, una carencia, una degra~ dacién y una suerte de unidad fallida, Pero zno se opone lo humano, precisamente, a esta ontologia filosofica griega? Pues quiizis sea precisamente en el hombre, que en el ser es siempre Inter-esade a priori —ser intetesado, abocado a si mismo, ser jgue aspira a ser, siempre inquieto por ser, siempre preocupado por ser— donde se produce la excelencia de la ética, la esencia misma del esamiento, que descompongo siempre en tres palabras (cianiento es el hecho de ser; a la hora de traducir «des Sein des Seiendon», liceralmente el esaniento del ser, carezco del cérmino adecuado, que no existe en ninguna lengua latina). Bl inceresamiento es la figura sein la cual existir consiste en entrar en el ser, en aspirar a ser, en concentrarse en el ser, y el tdes-inter-samiento seria. el momento privilegiado, el momento humano. Pues el hombre es el tinico ser que puede des-inter- tiarse como un loco. El hombre es el primer animal no razo- able. Pero entonces, me replicarén ustedes, cy el amor de la verdad? Sea: el desiaterésamienco, cuyo nombre positive se construye con estas tres palabras, es la bondad; y aqui me permico sacar a colacién, para quienes no la conozcan, la famosa novela de Vassili Grossman (no sé si esté traducida en. ‘spafol) en la que cuenta la «verdad» a través de su experiencia estaliniana, cuando Io nico que sigue siendo humano pese all desaliento provocado por todos los desastres y codas las decep- ciones humanas es lo que llama «la pequefia bondad menor», 1a pequeiia bondad menor que va de uno a otro. La idea extrema- tlamence audaz de esta novela consiste en que Io tinico que per~ manece es la pequefia bondad menor: pequetia porque no con- Sigue vencer el mal. Pero el ma tampoco consigue vencerla, Sino que, al contrario, se vuelve peligrosa y terrible al conver~ cisse en insticucién, al convertirse en sistema, al convertitse en politica, Es la experiencia estaliniana, en la que la pequena hondad menor debfa erigisse en principio politico, en lenguaje politico, Grossman llega incluso a decit -y es una formula may hudaz para los cristianos-, que «cuando Jess habla del + projimo, de la bondad, es la personificacién de la verdad; pero 0 Bale ergo desde el momento mismo en que lo dice empieza a construit sistemas y eso supone, precisemente, el final de dicha bondad Es una expresién muy audaz: en cuanto se empieza a predicar Ja bondad se esti construyendo una Iglesia, lo que el autor con- sidera peligroso, como cualquier otra forma de organizaci6n de la bondad cuyo prototipo es el estalinismo, Desde la idea de lo humano pensado a partir de los griegos irrumpe una idea de fo humano pensado a partir de la Biblia: el didlogo entendido como discurso original y Ja modalidad con- creta cel ser para el otro 0 la incompletud. La paz no pertenece aun tipo de discurso ni a un género literario, no es una pre- caucién de un autor para hacerse entender ni una manera de deamatizar el pensamiento pare darle interés: Io que cuenta en cl discurso, en la medida en que se dirige al otto, es «el hecho de decir», esto es, «dirigirse al otro», algo mucho més impor- ante que lo dicho que, en definitiva, se convierte en un ele- menco de la estructura Iogica. Y todos los discussos se dirigen al otro, hasta el de la ciencia, que resume los didlogos olvi- dados, pero que, en el aparente monélogo de su enunciado, ya ha encontrado un rostro, ya ha sido dislogo. Fl pensamienco Jnumano no busca su cosificacin en la expresiOn: es, de enttada, arencién al otto, respuesta a su rostro, trascendencia 0 socia- lidad. De entrada, el pensamiento humano es una Hamada al ‘otro tna preocupacién por el 0:40, didlogo y llamada de paz, siempre mds alld de la suficiencia y en el fulgor de la evidencia, No sélo es esencial dirigirse al otto; sino que esta bondad es precisamente lo que constituye la propia espiricualidad En efecto, esta mala conciencia no traduce una mera de- cepei6n debida a la contradiccién entre un proyecto de cuteura ‘cémoca y tranquila y la insuficiencia de los resuleados obce- nidos. No se puede condenar desde estos supuestos, como Zampoco explican éstos el escepticismo desde el que la dia- léctica escénica denuncia en vano, en cualquier crisis de la culeura, la pereza de pensar y el miedo a mori. En el descon- cierto de Ja humanidad europea hay algo més que pereza y miedo: hay una especie de horror de los muertos, una coma de conciencia de todo el horror de los muertos, de ese matar coti- iano con respecto al otro. Hay cierta inguiecud acerca de la le- gicimidad del suftimicnto infligido a algunos por la Iégica irre- Emmanuel Léon " fcable de las cosas. Aunque se asuma el consencimiento de los Fildsofos con respecto a este suftimiento. Inquietud acetca de la legitimidad de todo lo que es aparentemente légico y acerca de la legitimidad del sufrimiento infligido sencillamence desde ¢l punto de visea de lo que Hegel llama identidad: lo idéntico y cuyo nombre es idéntico. Es I6gico, pero puede ser hottible. ‘Angustia de la responsabilidad que incumbe a los supervi- vientes. Esta es la experiencia, cal vez concreta, de hoy: los su- pervivientes que tienen conciencia de sw propia supervivencia Una suerte de escrdpulo de sobrevivir al peligro que amenaza al ‘0sf0, como si todos y cada uno, el hombre impuro y con st ino- cencia cierta 0 presunta, como si tuviera que responder del hambre y de los homicidios. El temor de cada cual para si ante Ja mortalidad de cada cual no consigue acallar el escindalo de la indiferencia al sufrimiento ajeno. En nuestra vocacién de hombres de Europa, ;acaso no oimos/'cras la buena nueva de que el conocimiento podria disponer de auescra voluntad sin forzarla y orientarla hacia la paz, el imperativo del Decilogo: «No mataris»? Imperativo que consticuye el conjunto de la aportacidn de la espiritualidad basada en la Biblia, la esencia de ln espiritualidad judeocristiana. Decris de ta alteridad reciproca constituida por los individuos que conforman un género, detris de stu negatividad recipeoca en el género humano, devtés de su mutua semejanza por la pertenencia al mismo género y st capa cidad de raciocinio, tienen, cada cual por stt parte, su «cada cual» prometido a la paz por la rxzén. ‘Nos enconeramos ante otra importante ulteridad, como si, en Ja multiplicidad humana, el otro hombre se enfrentata brusca y paraddjicamente a la logica del género, &e que me ataiie por angonomasia, Como si, hombre entre las hombres, me viera, precisamente yo o ego, aquel que asigna, «asignado am, en tendido como principio activo y destinarario exclusive. Quiero decir que esta idea de responsabilidad con respecto al otro es fu tigen de Ia unicidad del ego. En mi responsabilidad con respecto al otro, en la conciencia de esta responsabilidad, hay conciencia de la responsabilidad cuando existe al_ mismo tiempo la sensacién y Ia certeza de que nadie me puede sus- tituir Certeza en Ia responsabilidad? el ego es yo, en canto que 4+ unidad insustituible, experiencia radicalmente diferente de Ia 1 ee 2 et emp experiencia de la individualidad a partir de un género que se subdivide en especies y de las especies que se subdividen en in- dividuos. El yo ha dejado de constituirse a eravés de la plenicud de su poder, de su persiseencia por ser, de su contraccién sobre si mismo, de la afirmacién de que nada existe fuera de ese yo. La constitucién de la unicidad del yo se constituye a través de su cualidad de insustituible, a través de la responsabilidad hacia lotro. La responsabilidad hacia el otro es la conciencia de que nadie puede susticuirme; ¢ una conciencia de la eleccidn del yo que es, precisamente, la constitucién del yo en tanto que elegide ‘Aqui se percibe la gran importancia de lo que es necesario ‘oponer a la oncologie puss. Aqui, la ética, la priotidad de la res- ponsabilidad, ¢s el acto constitutivo de la unicidad misma del yo: la verdadera experiencia del yo. En esta responsabilidad hacia c! otto, responsabilidad que reposa en el fondo del amor, responsabilidad que es el verdadero amor, el amor al que Pascal lama «amor sin concupiscenciay, también en esta responsabi- lidad el otro es tinico. Y la relacién entre el yo y ti no es senci- ITamente un toque de atencidn, sino Ia fuente de lo que pudiers renovar esta ontologia del ser preocupado por su propia exis- tencia y que, en esta preocupacién pot fa propia existencia y en su exclusividad, se presenta como el célebre yo constiturivo del ego. Estas son pues las estructuras iniciales en las que se bast la {ica al alcanzar una prioridad sobre la ontologia que es la preo- cupacion del ser por su existencia, de la que procede la onto- logia tradicional y la ontologia encendida como la filosofia ori- inal. La ética, a través de esta responsabilidad para con el otro, se convierte en la filosofia original ‘Me gustaria afiadir atin dos observaciones. A partir del mo- mento en que el yo se consticuye mediante esta responsabilidad, su primer acto, la famosa bondad, no es ni mucho menos un buen sentimiento cuya conciencia sea extremadamente impor ante, sino que es, justamence, esa responsabilidad dleima, En la ondad se encuentra todo lo que el pensamiento biblico ha de- nominado catidad y conocimiento, no ya como compasién, sino como compreasién sentimental del otro, como preocupacién por esa alteridad. Lo dicho ng implica que todo lo demas esté acabado: queda todavia lo que debe completar esta reconside- Pare vines b racién de la prioridad de la ética, es decir, no nuestra sefle- xiones sobre los oros en general, sino sobre el plural de los forros. Resulta evidente que el otto esta por completo en mi, y el otro es mi otro pero también una tercera, cuarta y quinca persona: es la multiplicidad humana. Y cada uno de todos ellos fs también mi otto: mafiana y ahora mismo, seré mi otro. El cuarto, el cuarto hombre, el «Cuarto Mundo»: todo ello es igualmente primordial y mediato, posee la misma alteridad que cl ocro, Y en ello reside la novedad: zcémo decancarse en nombre de ese derecho del otro, en nombre de esa bondad? 7Cémo conciliar las diferentes necesiclades? ;Todo el mundo ‘otro tiene acaso més importancia que el ego? Pero, ¢qué re- lacién se da entte el otro y lo cuyo? Y nos vemos abocados a juzgar. Adin més, y esto es algo que considero esencial desde este punto de vista, al existir los otros, la justicia nace en Funcidn de mi relaciéa con el otro. La relacién con el otro no &s tun caso particular de la justicia: es precisamence mi relacién con cl otro, mi responsabilidad para con el otro lo que me conduce a este problema de la justicia, donde me veo obligado a rng limicarme @ esta unicidad del otro, la unicidad que el otro tiene siempre en el amor -el amor es el hecho de pensar la uni cidad de alguien—. Pues bien, es necesatio que esta unicidad, y ‘vuelvo ala comparacién anterior, devuelva los seres tinicos a ese _género en el que los conceptuaban los griegos. Tengo que sepa~ rarme, abandonae la unicicad del otro para considerar breve- mente su individualidad en el interior de un género, haciendo por consiguiente una concepcién al rigor de la légica griega y al recuerdo de Grecia, a lo que hay que afiadir el hecho de que no somos tan s6lo hijos de la Biblia sino también hijos de los _gtiegos: se produce el retorno de la légica griega, un hecho ca- pital en este sentido. Y, por consiguiente, deducimos que para Comparar a los ocros ¢s necesario que alguien juzgue, para juzgat hace falta una insticucién y, para que haya una insti- tucién, se requiere un Estado. Y, por lo tanto, estas estruccuras, cuya exclusividad, cuya prioridad y cuya condicién de ser las primeras quedan rebatidas por mis palabras, recuperan el lugar {que les correspond. He ahé nuestto mundo tal y como deberia ser, porque volvemos a saber que seguimos siendo hijos de los 1 griegos hasta el final, omy rs Etat ep Pero conviene recalcar que la justicia del Estado es una menguia de la caridad y no, como crefa Hobbes, una atenuacién del hecho de que e! hombre es un lobo pata el hombre. Segiin Hobbes, el Estado y la justicia del Estado son una manera de refrenat, puesto que el hombre es un lobo para el hombre, su temperamenco de lobo. Ea el contexto al que me refiero, es la spracuidad del efecto «por el otro», la gratuidad de la caridad, fa gracuidad del amor al oreo lo que debe determinar la li- bertad limicada por el Estado, por las instituciones y la sabi- duria griega. Y s6lo afiadiré que estamos ance un cierto mo- ‘mento que conviene destacar. La justicia del Estado peasada desde el supuesto de la responsabilidad para con el otro es una justicia que, incluso una vez pronunciado el veredicto, no impide la caridad. En un Estado que se atenga a la ética de que hablo, existe la posibilidad de proceger o interesarse por quien ha sido condenado con rigor, por quien ha sido declarado cul- pable. En la sociedad, en codo lo gue Ia sociedad conserva de profético, existe la posibilidad de inceresarse por él antes y después del veredicto, En segundo lugar, en un Estado fiel a la justicia existe la preocupaci6n constante de revisar la Ley, Y ua Estado en el que puede revisarse Ia Ley se lama una demo- crucia. Un Estado liberal y democratico es algo sumamente im- portante: es el Estado y la Ley en que triufan los universales principios griegos, donde eriunfa la logica griega; sin embargo, és una Ley que se mejora constantemente, que exige Una ‘mejora permanente, que se pone constantemente en tela de juicio. Y también aqui se crasluce el recuerdo del origen del Estado, de Ia ética, que no es una mera consecuencia del racio- nalismo griego, sino su raiz: ella lo que atraviesa y eehabilia la teadicién griega de nuestra sociedad. Cuando se me pregunta qué es Europa, respondo siempre que Europa es la Biblia de los {griegos, en ese preciso sentido, Y quertia terminar con estas palabras: al evocar la Biblia, pienso en el valor primordial de la relacién con el otro hombre gue el Libro ensefa al ego. Al ego proclive a situarse firme- mente y a mantenerse en la condicién original de su primera persona. El ego como primera persona y, por lo tanto, el yo. Importancia del otro hombre, imporcancia de los demés, del projimo y, para empeaar, de mi projimo que, ipso facto, deja de mana! Léinas is serme indifecente y que, en este sentido, me concierne y de quien cengo que responder; ése que, en su aleeridad humana, es para mi Ginico entre todos, otro y, precisemente por ello, amado. En la Europa que se est forjando, el nuevo concepto de Estado que se vislumbra tras la tentativa de suprimir las fron- teras por limitado que sea, tiene cabida, a mi modo de ver, lo aque yo llamo esta subordinacién de la justicia y del Estado a la idea de caridad. (EXISTE REALMENTE UNA CULTURA EUROPEA? ALAIN TOURAINE a wien wero & Tab Fk Conver aia, a cca como Sn pose, We fexidn de cardcter general sobre el «tema europeo» con las prvocupaciones mide Inmediatas Telarivis a la conscrucciGn de la tinidad europea que también debe constituir la afirmacion de tint Mlontidad es decir de una cultura europea. Hoy por hoy «5 evidente que si Europa se Hega a edificar no sera sobre una base txelusivamente econemiea y que, mis al del mercado comén, © incluso Ginico, que se esta organizando, el sistema econémico hho es europeo sino mundial y las grandes empresas no pueden Gesarollate si no se asiencan en por lo menos dos de las eres potencias —Japén, Fstados Unidos, Comunidad Europea— ayes intercambios comerciales dominan el sistema econémico mundial. Con razén J. Delors ha dicho que, sin una voluntad Fultica, la ineegeaign econémica en lugar de svancat rero- eter, Per en este erteno el futuro es incierto. Si bien fa snce- cctcidn va progeesand havi el terreno politico a partir del eco- némico a través de la unién y de la armonizacién de los sistemas fscales, sin embargo, una imporcante divergencia se ha pro- Uucido entte los dos paises cuya alianza ha constituide la base y principal fundamento de la construcci6n europea, a saber, Ale- ow Francia, Los gobernances franceses quieren mantener \a(politica de defensa nuclear sobre ta cual existe desde hace tiempo un consenso, mientras que Alemania se ve a s0 Vez neucralista de hecho 0, cuando menos, de desnuclearizacién Wan Taro socilogo. Disecor de eseuios de la Ecole de Hautes Etudes en Sitsues Swistes, Autor de Poli sided om Andris Latina: El Postsiatimos La Slap indi “+ | nuevo complejo pol Ws Eh letoeopeo total de Europa, Esta diferencia entre posiciones eseratégicas feleja claramente la difereacia de situaciones entre dos paises cuya sensibilidad y cuya concepcién geopolitica son radical- mente opuestas. Ante la carencia patente de unién econémica ¥ de voluntad politica, suplancada, hoy por hoy, por un debate Gue se halla apenas en sus inicios, y frente a situaciones sociales ue siguen siendo, a pesar de todo, relativamente dispares de un pais a otto, ZcOmo no otorgar una importancia preponderance & fa unién cultural de Europa como fuerza generadora deun tico y econdnico? De hecho, la unidad cul- tural de Europa es, para muchos, referencia obligada. Pues ‘acaso, en las ecuelas de todos los pafses europeos, no aprenden fos nifos el nombre de Leonardo da Vinci, un italiano que murié en Francia, junto con el de Descartes, un francés que se jnsealé en Holanda y murié en Suecia, 0 el de Cervantes, un es- pafol herido frente a las costas griegas? ZNo se tepresencan caso, en los ceatros de codas partes, obras de Shakespeare, Mo- litee y Lope de Vega? ZNo es acaso plenamente internacional la haiseoria de la filosofia? Y, al fin, Ia herencia grecocomana, las cradiciones cristianas, las ideas del siglo de las luces y el im- pacto de la Revolucién Francesa, cn0 son acaso visibles por do- Guier en una Europa que no se reduce, por supuesto, a la Coma Aidad Europea y en la que Suecia, Polonia y Hungesa estén en su lugar como Alemania Federal y Grecia? Dero estas referencias son demasiado previsibles para ser con~ vincenees. En un mundo én el gui aparecen nuevos problemas so Ciales y en el que las formas de vida, desde la alimencaci6n hasta los hibitos sexualeg>32 modifican tan répidamente, ¢quién puede ‘creer gue una herencia comin, sean cuales fueren su vitalidad y Sr magnificencia, baste para crear una unidad? En la vida de los Béutos de millones de europeos de hoy, zcuinto tiempo ocupan ‘estas obras maestras? Ya no es posible conformarse con unas imé- fenes tan sumamente tradicionales de la culeusa. Observemos fante todo con mayor atencién en_qué consiste Ja unidad deta ara europea, y preguntémonos luego silos eurapeos son ca~ de edificar una nueva culgura y, sobre todo, de inventar una ‘del hombre y de la sociedad, o si estén con- denados a consumir poco a poco el capical.culvural de que dis- pponen para sazonat a su gusto los modelos consumistas que Alan Touraine i vienen de fuera, y que se encargan de difundir los sistemas co- merciales cuya penetracién es mil veces més masivi we la de las grandes obras de la inceligencia humana. UNA HERENCIA DE UNIDAD Y DE DIVERSIDAD. Si, cuando la observamas «desde arriba», es decie deh’ la perspec- tiva que ofrecen las obras maestras de la creacién |'"atia, pic- t6rica 0 musical, Europa aparece como el mbiro It_lo wniversa, cuando la observamos «desde abajor g¢ nos presrita como el Ambito de la diversidad. Incluso un pais como Waits [a po- tencia, frecuentemente avasalladora, de cuyo Estado 1«ntral se ba nentado con harta insistencia, esta de hecho comw"3t0 POF Pe quefios «paises», y no oftece, desde el punto de viit# antropo~ I6gico, gran unidad. Y poca gente sabe que, a princ4j#08 del siglo X, més de la micad de la poblacién francesa no haliluba francés ecientemence, el historiador y demégrafo E, Tock! lemoseré ta influencia duradera, incluso perceptible en los comroramientos politicos actuales, de la oposicidn entre las regiones las que la familia es de tipo nuclear y las regiones, situadas rn el sur de Francia, en las que es més excensa, Peemitasenos rec lar que este mismo pai, tan famoso por su cocina, se divide, de «cho, tradi- cionalmente en tres zonas a cada una de las cuales «##¢9ponde un fondo culinario» distinco: la Francia de la mancilla, ls del aceite y la de la grasa constituyen en realidad cres grvj4 cultural mente distintos. En Gran Bretafa, pero més asin en ha, a falca de onda cultural nacional es evident: enfin y sl ‘ado, no es posible ignorar la divisién de Europa en zonas lingis.1#88. ¢Cémo habla de una cltre cuando xis el dversidad er liomas? Por Uleimo quizas se podré objetar la peneesacién, dur" un largo perioda de tiempo, de la influencia del cristianisme « » Europa; lo cual, sin lugar a duddas, es cierto. Y sin embargo, de" finales del siglo XIX, la oposicién enere el mundo de cradicid: tlic, 9 ppuestamente mis cautivo de unas formas tradiciona 2 de ofg Tacién social y cultural un tema constancemence ; “sence ef él pensamiento social Por encima de esta diversidad extrema se sitéa yi Gspide de ‘alta culeura>, sin duda alguna poderosamente inee "24. Lo fue, 2» ft st carpe ca primer Iugae, por el uso de un idioma comin, el lati lengua roa ety Deno esos no eran muy numer, MB cea sje nuestra epoca, el mundo de los artistas y esritores se Th incet- Gionalizado considerablemente, Han sido consrantes Las in~ Pusencias de unos paises y otros, y en particular, durance et Renae eercnte- de Tealia hacia el resto del consinente. Hubo incluso wn periodo en el que el francés se convirtié en lengua de comin’: Pevign en las cortes y entee fa gran ariscocracia de muchos paises Curopeos. Pero sea cual fuere la importancia de tales inet” caeyree. no permicen en modo algo la evocaciéa-de_un fond cuttin comin que pueda consticuir un medio de uni [rEavopar actual. Por una parte, porque esta culture c Tomine por el mundo encero y no existe raz6n particular Siguna para considerar fos europeos de hoy como les propie- os de una herencia que también han hecho suya los japaneses, Tetimoamericanos, norteamericanos, ec, Pero, por otra parte, sobre todo, 5 esta herencia culgural permanece can viva, ¢ nehts9 soi viva que nunca, gracias @ la clevacidn general del nivel de eve jos medios de difusiéa de masas de las obras culeu- ea mada permite afirmar que esta valta cultura» mantenga un sominio absoluto sobre el mundo inmenso y oscuro de quienes Tlevan tna vida local sin acceso a os libeos © poses capacidad He informar y de orientar lo que llamamos la cultura de mass. os : re una cultura local y una ‘que Europa se haya oriencaciones culturales que 0 curaleza peculiar &$ \ Esta oposicién, esta cultura universal, no impide sin embs isco fuertemente marcada por una se pueden calif rs, pero Cu q preciso aclarar. Fue Europa, y Europa sola, au {W Razén como principio fund el 5 ue por encima de la afirmacion de Tos derechos de I que la obs de modernizacién consistia ecion de codo cuanto pudiese ser consi signi Razin, Europa consid ante codo en Ia dese ee dy como irracional o tradicional. La Filosoffa del siglo de las aces, y més tarde la ideologia del progreso que la proton, durance el si @sfirmaron el ficaciéa, fo XIX. fueron revolucionarias en Ia medida en que ocipio de la tabla rasa. es deci, a nec jc nueva pl Sere as casual si muchos de los grandes nombres de Ia ;,ineroducen binomios de oposicin encre tradicién y oe Jel mundo modern, rompiendo cone moclernidad. Durkheim opuso solidaridad mecdnica y silidaridacd trginica, Tories opuso conuunidad y sociedad, y Tos antsopsloges foponen los status transmitides a los stats adgnirides, Yo que un in ividuo es por obra de su medio social y cultural de nacimiento y Jo que alcanza a ser por sf mismo, Este orguilo de la Razén ce sempemia tuna funciéa fundamental en la historia europea, por jr _estaorientacin cultural ha tenido consecuencias sociales dicts JLa modernidad europea, po sélo se ha edificado sobre binomios ‘oposicién sino también Sobre mecanismos de dominio y de re ppresidn, Cuanto més moderna ha sido Europa, mas ha intent Gliminar o someter, ¢ incluso exclu, a todos cuantos eran consi- derados como inferiores por irracionales: los nies, las mujeres los trabajadores a quienes se acusaba de estar apegados a sus tra diciones o de ser perezosos y, nacuralmente, los pucblos coloni- zados a los que Europa debia Hevar ja civilizacién definids a la luz de la Razén, de sus técnicas y de sus armas. La fuerza, a la vez modetnizadora y conquistadora, de la cultura occidental se apoya en la confianza, si no generalizada si en cambio presente casi por doguier durante los sighos XVIII y XIX, en el reino de la Razén. La influencia que Europa ejercis sobre el mundo entero esté di rectamente relaciotiada con la fuerza de este modelo racionali- zador que se manifiesta canto en la amplia difusién aleanzuda por él marxismo cientifico como en las conguistas colonials y en los excraordinarics progresos realizados por la ciencia occidencal, ejemplo Gnico que no se repite ni en ninguna otra Epoca ce} pasado ni en ningin oro lugar dle la tierra. ‘Asi como la creaciéa de un ntimero considerable de obras maeseras, aun siendo éste un aspecto esencial de Is historia eu~ ropea, que hoy parece casi extraordinaria, de que sélo se puede cedificar el porvenie mediante la ruptura con el pasado es. en cambio, caracteristica de Europa. Se podré objetar que quien {igui habla es un francés, y que esta represencacién de la moder hidad y de la Razén es mis propia de Francia que de cualquier fro pais europea, Pero esta impresi6n es superficial, Por sus fix lésofos, sus pensadores politicos y sus economnistas Gran Bretaiia ha defendido, Bajos unas formas apenas distintas, la misma filo sofia enciclopedista. A lo largo del siglo XIX, ninguna corriente intelectual alcenz6 canta iafluencia como la filosoffa alemana cuyo eje central va de Hegel a Marx y constituye ua himno a Is 2 tae carenee Ravén eriunfance a ceavés de 1a hisroris. Los pales recha- Ras erinitaron. la penetracién del encicloped ses del co- “aticio y de la industria modesnos y de 1a secularizacin, soo “paves gue se han ido guedando PrOgsesVAT al margen del {Prose europeo dominance y cuya Vida 1200 social como po- motele ateleccval se ha visto dominada, durante [es sigos XIX y Sx, por las mis violentas censiones sociales e00¢ Tas fuerza t88- spe Petriseas y las fuerzas de ls modernidad a veces politica mente radicalizadas. Plantearse el porve ‘crear una cultura europea €, anke Cte I ibidad de una supervivenca del modeo COOP d sea PE decir, Ta asociacion de wna Vids Tora orienta al eto de unas estructuas scisles Y culeurics tradicio- a eearel mundo abierto de la Razéa. La cuesn saber si teen inmensa distancia entre el Ambico deo privado y el dmbito Feo pablico, que simboliza en cancos pases 1a ‘media entre fe religin y ia politic, si, en wna palabra, esta dualidad funda- ‘mental puede 0 n0 manrenerse, Jn cultura europea la posibilidad de odo y_concreramente, pla®: {UNA DOBLE TRANSFORMACION Lo que se percibe con mayor evidencia 1a desaparicién de las calearas y de las diferencias locales, la Thomogeneizacién de la cultures ¥ gna, Mids concretamente, tos usos cembian, os vida corecucncin de Ta cultura de masas que @ 10% de unas comme dr ongenizacion socal a su ver definidas Por Ww" Fr de formas oe gindel Estado, El hecho més notable de la Europa ae ree imporcancia de la rediscribucién por ¢L Estado de una parte del prodcco nacional, que en alguaes P Jcanaa el 50 % mares det Ea para La educacion y 1a acenci6n sanicara, 564 Pr las de Cae, Malidates de procercién soci, amén de ios tradicio- cies gastos para la adminisracion general, Boro mecanismos se nales gesttado con cal irapecs, sobre codo espace de la tt tae Mundial y las primesas grandes creacioney com) el Plan Guerra Man Gran Brecaia y la Seguridad Sieh 0” 1945, en Bere Aye es de justicin considerar este hecho £0 cl ele- tanto central de la creacidn de una sociedad europe peculiar en Ain oie » la que economia de mee libertad politica y proteccié social estin ais estrechamente vinculadas entre sf que en euslquic quai, as iio Tocales han dejado de regir y, en ade~ fancy interven del poder ceneral In. que no sélo trans~ forma a vid soil sino ue ‘puede Hegar incluso 2 constituie toon nueva cultura de la modernidad, Esta cultura se apone a la gue scans de eo de dos maneras: por una parce mediante upresién de los particularismos locales que van quedando arginados, y por otra, mediante la superaci6n de la opesicién, gue considero esencial, entre modernidad y eadicion, To que sein mi pee in que oe agers educativos, sanitatios ¥ de asistencia social no s6lo pretenden sabrie» [a sociedad 50 También esteabilizarla, es decic, garantizar tanto la ineegraciGn, a ee rmacign, has politicas sociales, epito, haa tjercido mayor influencia sobre la vida europea en su globalidad ” ‘que cualquier ocra transformacién. 7 sale Panalclamente-cl ricionatismo de los siglos XVI y XIX, dis receamente telacionado con el auge de fo Fisica, fue el principal Sa gee a magne bor de dominat la martes Ppor con que Europa se identifies al convertisse-en-una.s0- tjedad de produccidn. En el siglo XX, en cambio, el ejemplo Fronerd-dz Facador Unidos demostes que 1 sociedad de peor duces send progseseancn Suseiéuida por una s0- ces Se et pant que, hoy, Alvin Tolller ha Fido crear To excrafia palabra =proswmiclosese (Prostves) Pong quis seamos canto o mis los agentes le nuestro sistema {le produccidn molerno cuando estudiamos en la universidad ° cmos ete no piel a, Cuando trabajamos como eer gio Xvi apunciaa aes emacin l P0- resi sustiucidn del racionalismo cartesiano por OF Ermas y que li Goce fuer wroblemas, em fa ve de Ja doble referencia a Ia ssmucie, ES 1eual- re objetivo, es decit “fos procesos sociales fini, Ceasanre Tos CoaTer un grupo Soci “lig ambiente, canto in- Ala Pin a dividual y biol6gico como social y econémico. Y en este punto, como na ceder a la inguietud? ;Cémo no advertir que ciertos feleceusles se resisten a cumplir la tarea que se les presenta, ange prestos # davaguardar su monopolio de la expresiOn cul- tural que 4 introducir sigaificados ouevas en la experiencia Mics}? De In misma manera que gran parte del clero intenté Gponerse a la imprenta que difundia el saber, aceualmence y ba- peecexto de defender el libro y la cultura superior, frecuente ve dnee los intelectuales se oponen a los medios de comunicacién de masas condenéndoles por vulgares y de mala calidad. Esta tendencia ha adquirido gran auge en Francia, onde tanto Régis Debrry como Piette Bourdiew han escrito libros en defeasa del ronopolio de los herederos de la alta culeura y en los que con- Geman una culeura de masas que, segin ellos, no «s més que un Samenso mecanismo para notmalizar, jetarquizar y manipalar. Esta acti de critica radical seduce fécilmence. Tgual qué; €n tLsiglo XIX, quienes denunciabaa la corrupciga de la prensa de shaves no caretan de argumencos. Y sin embargo, :quién osaria hoy sostener que la imprenta primero, y mis tarde la prensa po~ Polar barata, han sido una catistrote? Y segan esta 16gica, por ee no certar las escucls, para asi preservar a las mais preclaras iifeligencias y consagrarlas a la carea de preceptoras de una dice, cuya seleccign, por descontado, nadie sabe cémo se de- bests llevar 2 cabo. Yo aficmo, al conctario, que los problemas ts importantes, a craves de los cuales se configura nuestra e- preseneacién del individuo y de la sociedad, se hallan més pre rates en las pantallas de celevision que en los escaios de los Farlamentos, ¥ auizis habsia que tenet el valor sufiviente para Rhudirs y que en las universidades. Lo cual no debe hacernos ol- vtdar en moe alyuno que el mundo de la television y de los vhedios de comunicacign en general se encueners invadide por i Comeccializacion. Nadie lo nicga, pero también es preciso llecie gue los medios de comunicaciéa, como cualquier otro as- ecto de la vide pablica, consceuyen un campo de baralla en el ie ae enfrenean fuerzas antagénicas y en ningdn caso donde tos Mecaniamos de integracion y de dominio de un nuevo tipo | feden desplegarse sin encontrar resistencia alguna, como han | crema, de un modo excesvo ¢ inacepeable, lo F6sofes de } # tscucla de Francfort o Michel Foucault. ¢Por qué abandonar el po . 2 Law emopeo ef & geb}Ferreno al enemigo sin combacir cuando existen posibilidades wok SEND cals, de wencer y cuando son cada vex mis numerosis las voces due (oeh- Peon Kee. elevan para pedir libertad y para defender al sujeto personal bode Contta el imperio del dinero y de los signos? ‘Los inteleccuales deben por lo tanto abandonar una acticuel ex lusivamence critica y adopear otra que les permita ser més prole Seos'y mis Innovadores, Pero frente a la poderosa organizac See ryp comercial, es necesario que la defensa de los derechos Gel hombre y de los principios éticos en los que se apoyan, esté a se ver arraigada en unas instituciones igualmente poderasas, En Skee contexta, ze6mo no otorgar una funcién cencral a la_univer= Sided? A ello nos incita el ejemplo americano, ya que este pals ¢s sed inico donde las universidades han sabido convertirse et centtos de creacidn cultural, a Ia vez que de produccidn cientifica Soy francés, y aqui y ahora me dirijo alos espaoles. -Acaso 00 cogemos en comiin, unos y otFos, asf como con Ios italianos y con Canes otros, cierta incapacidad para desarrollar unas universi- ddades que sean centros de discusién y de creacién cultural? “Cémo hablar de la defensa de la culeura europen cuando somos facapaces de mantener estas instituciones que desempefaron una Ennién determinance para la creacién de la culeurs europea mo~ iderna durante los siglos XIII y XIV? "h estos objetives generales habré que afiadir otros mas inme- dliatos, La Comunidad Europea acaba de vivir un debate, cuyas canelusiones han sido negativas, a propésito de la proteccin de Ie produccién televisiva europee mediante wn sistema de cuoras Quisis nuestra teflexién deba movilizarse al servicio de esce uestign urgente, a saber: cémo acabar con Ia extraordinaria <> ‘eacia europea en materia de creacion de progeamas clevisivus. Y Smo explicar que, al igual que un pais inmensamence Fico como Estudos Unidos, Brasil, cuya riqueza es muy inferior a la de los pafses europeos, sea capaz de vender sus progatmas en cincucnes paises, mientras que ninggin pais europeo ha conseguido isu Bide. De modo que micntras los intelectuales evocan emocio~ hades la necesidad de salvaguardar un partrimonio culeural, casi hadie reflexiona sobre este problema cuya importancia es mayor y Cuyo significado aleanaa idéncica magnitud, @ sabes, por quéne Sebbemos fabricar programas celevsivos. Yo sugerisia que la exp TS cipal ese Feaémeno reside en cl divoreio entre Tes Exo bs © cwic Palel a oh codon Aan Tourn inteleccuales y Ja sociedad. Tanto los intelectuales como los peo- uctores culeutales, frecuentemente protegidos por el Estado, ddesean ance todo el reconocimiento por parte del mando cul- tural tradicional y se preocupan mag por el lenguaje que ¢m- plean ae por loa on cl expres Nos resulta dificil la ere- acién de novelas, peliculas o programas televisivos porque ba forma y el contenido de nuestra cultura vital estén deat En Francia particularmente, cuintos escritores no habrin eserieo novelas sobre la novela y peliculas sobre el cine mientras que casi ninguna de las grandes experiencias culturales y sociales gue caracerizan Ja vida contemporsnea han sido wuizada Como argument de obras destinadas a un piblico amplio. Para~ déjicamente, con frecuencia los mas sensibles a la novedad de estas experiencias, y los que mejor saben dlarle forma y sentido, son poetas cuya obra es escasamente difundida; y cabe pregun- ‘arse por qué esta obra de vanguardia no goza de los me cenrins pra akanzar ste imbico cuya imprecisa apelacién ida mis lejos de nuestra mente que teivindicae un privi-! Y¥ menos atin una exclusiva, para Europa, Al contratio, sos tengo la idea, que quizés sorprenda, de que Europa acusa cierto) recraso con selaci6n a otros lugares del mi capacidad para crear una culeura ori original de-combinar To universal con To particular, la Ruz con) Ia historia, la ciencia con la moral. Pero inversumente, si su atraso fo debi al peso de la tradi exclusivamente racionalista que] pesa sobre ella, Europa, gracias a su doble oigen cristiano y criego, esté mejor sicuada que cualquier o del mundo| para inventar, con vistas al mundo de mafiana, una cultura nueva. Y esta combinacidn de la razon y del alma puede y debe reaTizarse cen eodas las partes del mundo, Actin canto en el drea del Bu- dismo como en Ia del Islam o la del Cristianismo, que fue también la del racionalismo del siglo de las Iuces. No se esata, pues, de defender un p: smo europeo sino de edificat an Culzua, ep decir una totalidad con aspiraciones univeesales y_ que resulte ejemplar, Europa es un continente abierto a fa vez que di- ‘verso y, tras abandonat sus viejos sueios de dominio y renunciar a la centacion de aucodestruisse, s6lo le faltarié volver a ser, de ‘nuevo, ejemplat Te EL CONSUMIDOR CONSUMIDO. Giant Varrino, Uno de los rasgos constitutivos del sujeco europeo accual ¢s tal Jez a hecho de que, en su actitad hacia la propia condi Vics, patce incapar de olfecee wresitenclan: es Ge el primer Seatido‘en al que, one pateces puede hablarse de un sujeto caractertias del eta 0 ve neeyptias precisamente porque son sevencas» del ser ato Pecrietentelgen, enor rssencia db eo rmovirno caro, st edebiidad», «3 un aspecto de To aue Wet: aaerrs enseaé a ver como [a culminacion y el fn de la mess- degaet os ener de Diose anunciada por Niersche, a diso eee Yel fundarnento y del pensamiento fundante, Y por no ode femitise Qa) a un fundamenco fuerte, el sujsto Bares eset nerdid da capacidad de resistencia, toda razdn pare cri teat tS coneicion de debi del sujeto-a0 cs aceprad nese oar a como un destino ineluctable y a ln vez positives no es arn pligais, en la perspectiva ontoldgica, a uns acitud apo creer puramence descriptiva, Es posible, ambien sf a teense ear ala condicion moderna. ard: sin em Dre, ac ese a una esencia humana ceivindicable, « wn de- no puede apes eenca restaurase, ua dicecciGn «¥et- aaa sande la bgtoria que pueda seguirs, aceprarse, promoverse Sacer ge modos de Fandar y ejercer erica srian rodavia in, faquel pensimicnto que individuaiza ¢ ble, necesaia: y necesaria recho aacural 4 rernos a la mecafisica, Jer como uina estructura profunda, es también en el sentide que se impone, fun cc sl en aida en gue se sustrae ella misma a cualquier ulcerior Jncers 2 la critica sélo en la songe dela mesic, y de su referencia & Ea rane Ta la luz de ls indicactones _ fn vac» Ps Ser ina la oncologia. y Niecche, con su anuncio de [a 0 ee S fe Dios, es decir, del nihilismo. En sintesis, el penss | one Vain : mienco critico (y por lo tanto también la Gnica forma de tencia) que le corresponde realizar al sujeto moderno tardio €5 yoq tuna ontologfa de fa actualidad que se despliegue como nihilisme acabado, Contrariamente a cuanto a meauclo se ha crefdo y alin se cree, Ia invitacién de Heidegger a rememorar el set en su dife- rencia con respecto a los entes no implica la exigencia de atrapar el ser como esencia y fundameno estable, mis allé del ence mévil, miltiple, accidental. Més bien la estabilidad, cardceer de- finido, organizacién racional en términos de razén suficiente, es decir de légica, es propia del ente en la forma que la metaffsica le ha otorgado, 0 sea, del ojeco comprobado por Ia ciencia experi- mental y que se ha vuelto totalmente calculable y disponible por la técnica que en ella se apoya, ‘Ahora bien, la posicién del ence como estable y cierto, es decic, como objeto, es posible en su forrna mas completa, la de la objetivacién cécnico-cientifica moderna, s6lo en la medida en que se efectia la especializacién de las ciencias y de las eécnicas, y mas cen general, s6lo en ei marco de vida de una existencia weberians- mente fragmentada en esferas auténomas, en horizontes espe ficos dotados de una Iogica que es rigurosa y da gatancias precisa mente porque es autéaoma. (Es también en este sentido como el cente se verifica, se da como algo definido y estable, s6lo al precio dde un solvido del set». La objetivacién rigurosa comporta la es- pecificacidn de las esferas, de los lenguajes, el aislamicato del nce individual, de la esfera individual de objetos, de Ja realidad cen general). En esta objetivacién que afsla y autonomiza las «te igiones» del ente-objero, la metafisica cumple su comerido: el Dbjeto de la ciencia-técnica realiza en efecto, finalmence, aquella racionalidad que Ia metafisica siempre habja proyectado y sofado. En este proceso, los entes se presentan en st especificidad ob- jetual, pero del ser como tal «ya no hay nada» (como dice Hei- eager describiendo el asbilismo en Niczscbe, vol. Hl, p. 338). To que se pierde en el cumplimiento de la metafisica como versal objetivacién del ente en las esferas individuales verifi- cadas por lus ciencias y calculadas y dispuestas por las cécnicas, es cl ser como seatido general de Ia realidad. EI hombre de la ciencia- cnica ya no tiene un wentidor general de que significa realidad © set (las dos palabras no tienen un valor equivalence, con ello 4 Heidegger no estaria de acuerdo, pero es necesario usarlas aqui i -—UmUm™—~—~—~—~—C—CON 8 Elan ere comb sinénimos). Hemos olvidado el set a favor de los ences; ¥ hemos olvidado también el olvido, el acto mismo de olvidar, lo cual, traducido del lenguaje de Heidegger al nuestro, significa {que ya no sabemos capear los eventos que conciernen y modifican at mundo de la objetividad como eventos que afectan al sentido del set. To que significa «ontologia de Ia realidad» deberia quedar lato con estas pocas observaciones: se trata de salir del_olvido netafisico del ser (que olvida el set, 0 sea, que To idensifica con Tor entes que se dan sélo dencro de las diferentes y especificas es- feras de objetividad definidas por los variados juegos lingtiis- ticos..), recuperando la capacidad de capear los azares de la obje~ tividad como eventos que conciernen al sentido general de {a rea~ Jidad. precisamence el ser; que se da en eventos y no, como es tructum, ya que pensarlo en estos términos significarfa pensatlo Min en la estabilidad del objeto, del ence... Oncologia, @n una perspectiva fiel a Heidegger pero escandalosa para muchos hei- Feggerianos, es el pensamiento que busca caprar qué pertenece al Ser (es decir, al sentido de la «realidad»; sentido también como Fignificado de las palabras ser, realidad, etc.) en la actualidad, 0 sea, en el modo de datse y de modificarse a objetividad en las condiciones de existencia presentes. "Asi medida, como tna especie de lectura del ente desde el punto de vista del ser (y, repicimoslo, ante todo desde el punco de Pista de lo que sigaifica la misma palabra «ser), la ontologia no puede ser mis quc onrologia de la actualidad: en los dos seacidos Bal genitivo: en lo que respecta al sentido del ser en la medida en ue dete senece actualmente (y no a un supuesto ser eterno), yea suanto no hay otro punco de vista sino aquel que la accualidad le permice ado esto configurarse cosavia como. un.pensamiento evita? Si, al menos en la medida en que rebisa dejarse aplastar fn los discursos especializados que confirman mecafisicamente al tie, Sin embargo, esto no es vélido porque el ser se puede Spropiar mejor de las cosas —seggin el clisico esquema de la profe ‘hilephia de a cradiciin— otoreandoles unica 2 ls vcistades fe la objetividad fragmencada en los diferentes campos 0 re- tgiones, Hay una diferencia entre la voluntad de poderio meta- fisico que reduce todo a si misma, y lo hace sobre todo con tas Gian nine » écnicas de la objetivacisn especializada, y el proseguir en los entes el sentido (unitario) del ser. Esta diferencia tal vee se puede comprender si se piensa en la primera seccién de Ef ser y ef temp donde «ante todo y por lo comtin» s¢ reconoce el ser de las cosas en su calidad de instrumentos. La instrumentalidad no alude a la voluntad de poderfo metafisico, que en cambio se despliega pre- Cisamente en la objetivacién y en el cflculo «desinteresado» de la CGencia; es mis bien una forma de proximidad que tiene muchas afinidades con la Lebenswelt (y también de ésta el set heidegge- riano, diferente del ente, conserva muchos rasgos), El sentido del ser gue el pensamiento fememorance busca es un sentido del ser para mi», no ya un concepro general, universal, estable, el de las cosas-objetos; en cambio, es una nocién que tiene mas que ver con la proximidad, el interés vivido, el mundo de la vida. Para el hombre europeo moderno tasdio se ha vuelto impracti~ cable (después de haber vivido la experiencia de Ia escuela de la sospecha) el camino de la critica que habla en nombre de un fu- damento (porque el mismo fandamento esti «puesto» por la vo- iunead de poderio..); el tinico término que parece atin 1 de una critica que consiste en la rememoracién del ser, en el es- fuerzo de captar el sentido de ser que se anuncia en las vicisitudes de los entes. El término nibilismo, que parece inescindible de la ontologia de Ia actualidad, no hace mas que enunciar la expe- riencia que el sujeto hace de la realidad en el mundo en que le critica se presenta como ontologia de la actualidad y ninguna otra cosa: vive el nihilismo ance todo en sf mismo, como disolucién de la resiscencia y de las resistencias. Pensada ontolégicamente, la experiencia del sujeto moderno tandio puede describirse como el debilicamiento del sentido del “sep, Bste cérmino, debilitamiento, tzaduce sélo el nihilismo de que hablaba Nietzsche, aquel proceso que él resumia en un ca pitulo de El erypiscnlo de tos fdolos: bulb se corna hacerlo desde un panco de cista unit hege- a Un punto de vista como ée es el que aca posible, el Fn, Iain de sna storia: cenealizada de vez 6h ‘cuando al Pade Mal imperio, de La Iglesia, del Oecidence vctviliadoy ree toy ta enerafizacion de fa conmunicacide tambicy ha fpromovido y hecho explicites los «conics de incerpeetacién, Promo como conflicto entre mundos cultursles diversoe el na ear Munda» ya no es s6lo cercero, no se define sélo «SEA sere omg fos birbaeos, los primicivos ete en reacign con deeargrnceecental), sno también como surgienento de cul- Ceci eres: de subculeuras, de Eins y edialectosy, £0 eh ta ee caleura cccieneal, a indsria culcural necesita Jar Ir palabra a todas estas culeuras locales» va Tas subculeurass ¥ ¢ i rin 2 cada una, no obstance lo que se dice demasiado a menudo, con un Sustancial respeto de sus diferencias y peculiaridades, ya que de tro modo no seria una mercanciainceresance, vendible, ue Es asi cdmo se multiplican los agentes de interpretacién, los puntos de vista, las «historiase; y se hace evidente que no hay Ventre vend por am el ea Sino incerpretaciones diferentes; por cierto no equivalences, pero tampoco discernibles tomando por base el ‘riterio de la corres. Perna Is aa como unto al conflicto de las interpretaciones, el. ora potente factor de fabulacién del mundo es Teli del consumo, En el universo del consumo generalizado se viene abajo aquel impor- tance sprincipo de reaidade que eta el valor de aso, ¥ qe ES" bla um wn cc fs productos de la cécnica y un sistema ileal de «necesidades» pensadas como natuctles. Tal principio se ie de coer Feuer n mercies Stace Te Cesidades que son inducidas por otras mercancias en un proceso el que se ha perdido todo hilo conductor; incluso porque el jeg se complica con el sigeificada de stats seas que los ob- Mtoe asumen, El término de necesidades simbélicas que adopean ha ver mas a menudo es s6lo una pidica metéfora para indicar ta disolucidn del valor de uso en el valor de cambio (es el proceso ge cafes ya bi do caret ‘descrito por Jean Baudri~ ned: pero con qué carga «merafisica», realista, con qué noscalia por el principio de edad.) ae La vondiciGn tardo-modcrna que es peculise det sujeto eu oan ee es pee ates dees ds faeores de efabulacién: a informacién y el consume de musts Es ete el significado del térmiao aihilismo; pero tambietr lo que xe enuncia, por ejemplo, en los versos de Héldedtin que muy snonudo ha comentado Heidegger: Voll Venienst, dich dicbrerisch tboduet der Memb auf dieser Erde, (Lleno de métitos, y todavia po~ Eciumenc habia Bl hombre en esa irs), El pase dee on ‘Ticion modema a la posmoderna, un paso de ninguna manera de ‘orto alcance 0 s6lo confiado al juego de las modas (como clema sine a menudo se dice), esté signado por el «codavian, por cl Tinbitha moderhidad occidental es la época del principio de. ret lad que se ha vuelto efectivo en la ciencia-técnica: de [a elect , de la exis- tencia humana fundada en el crabajo y la produccién, sino en ‘cambio desde el modelo det «consumo», que puede significar {no: necesariamente sigaifica) aligeramiento, atencion a la proxi- midad: y quiz también una relacién mas amigable con la exis~ wencia LA REVOLUCION DE LA AUTONOMIA Guuies Liroversky dernas a ce tafisica y la filosofia humanista consideran, teadicion la-cuestién del sujeco es Ia de la esencia del hombre como c- tfencia y como vohuntas dl dicho de otta manera, en la cuescién, precisamente, del indivi- dualismo democratico en Ia era de Ja abundancia tanto de consumo como de medios dé n a EL auge del afin de auronomia subjetiva constituye, sin duda alguna: ano de Tor Tenmenox socales Tis cracter‘sticos y con iis fururo de las sociedades democricicas contemporineas, todos los medios sociales y profesionales, en todas las clases de edad y de sexo aflora la fiebre de la independencia privada, y por doquier gana terreno la exigencia de depender_ menos de las rnormas colectivas, de liberarse de las normas impuestas desde fuera, de vivir mis acordes con la voluntad y los deseos propios. El movimiento, en forma de espiral, de la reivindicacién de auto- nnomia es tal, que acaba por imponerse la idea de que se inaugura tun ciclo, una nueva fase de la historia multisecular del individua- lismo democritico. Sin embargo, que hablemos de una nueva era del individua- lismo no significa que hayamos perdido toda relacién con nuestro Gilly Lip fsa, Pros de Filosofia eo el Instiuto de Grenoble. Autor de Law del ai 8 Etta ewape0 pasado histérico. Por muy nueva que parezca, !a autonomfa indi- ‘Vidualisca contemporinca no es sino la prolongacién del_movi~ miento que empez6 a arraigar durante los siglos XVI y XVI “eladvenimiento de la cultura individual y de la politica indivi- ‘dualista. Nos hallamos, por una parte, ante la tupcura con el ciclo anceriot, y por otra, ante la continuidad de la institucién demo- Critica de nueseras sociedades; es decir, de unas sociedades fc madas por unidades reconocidas como libtes y aurénomas, seje- ‘mances unas a ottas, en [ugar de una sociedad constituida por una jerarquia de corporaciones dispares como sucedia en el Antiguo Regimen, Ahora, nuestras sociedades se caracterizan por la que Louis Dumont llama «ideologia individualista», entendiendo por cllo una nueva configuracisn de los valores consticucivos de la modetnidad, cuyo fundamento ¢s el individuo como valor casi absoluco; individuo soberano, duefio y juez de si mismo. En nuestros tiempos modernos, los valores que represencan Ia li- bercad y la igualdad figuean en primer lugar, La autonomia de cada ser se ha convertido, por primera vez en larhistoria, en el Pc bumenc, estamos asistendo hoy a Ta enarmacién social de este ideal de libertad en el Ambito de las coseumbres, Te mora- Tidadk Ia familia, el deporte o la relacién que establecemos con las esferas politica y religiose. Estamos presenciando la explosiéa y la generalizacidn de esta exigencia de autonomis individual que, Gurante casi dos siglos, se vio entorpecida pot las normas morales y seligiosas, por la rigidez de la educacién y de las conveniencias Sociaies y por las grandes ideologias politicas que, sin excepcién alguna, exhortaban al sacrificio, al cumplimiento del deber y a la orcodoxia, Hoy esta arraigando una nueva era del individualism. ‘La segunda revolucién individualista, que coincide con Ia exeraor- “dinaria escalada de la aspiracion a la autonomia privada en codos os aspectos de la existencia, esed en march HEDONISMO CULTURAL Y LIBERTADES INDIVIDUALISTAS, Et punto de arrangue del nuevo inclividualismo fue In revolucién de las necesidades, la explosién de la produccién y del consumo de masas, que alcanzé su maxima expresi6a después de la IT Gue- Gites tipoverss ” tra Mundial, Lo que hoy se conoce como individualismo total 0 individualismo narcisista procede de la era del consumismo. El universo de la abundancia, efectivamente, ha promovido un valor fundamental en las democracias y ha dado una nueva orien- tacidn a la existencia de cada cual: el hedonism, la busqueda i cesante de los placeres y de as satisfacciones materiales € in timas. Esto no constituye, indudablemente, una novedad: a partir del siglo XVI el hedonismo es moneda corriente en de- erminados ambientes culcos, pero lo peculiar de nuestra época es haberlo generalizado, haberlo convertide en un valor reco- nocido por las masas. La elevacién del nivel de vida, la incesante renovacién de los productos, el auge de las actividades recrea- tivas, el crédito, la publicidad, todos estos fendmenos en suma, convergen para que la satisfaccién inmediata de los deseos de cada cual se perciba como un comportamiento social ¢ indivi- dualmente legitimo, ‘La cultura hedonista del consumo ha exacerbado las aspira- ciones a disponer de més tiempo libre, mas vacaciones y mis di- versiones, a la vez que ha ido minando el culto al trabajo y la hnocidn de ahorro contemporineo de ta edad de oro del capita- lismo: el placer y el pleno desarrollo del individuo se han con- vertido en Ia finalidad maxima de la existencia, El universo todo Gel consumo incica a gastae mas, a disfrutar de los bienes de este mundo, a vivir al dia, como lo demuestran actualmente no sélo el caulto del acio sino también ef auge del crédito. Hoy por hoy, en Francia, la cuarta parte de los bienes de consumo se adquies crédito, y ni siquiera la crisis econémica ha conseguide modificar los comportamientos hedonistas: los comunistas, en lugar de e~ ducir el tren de vida, han recustido a sus ahorros. En 1975, los franceses ahorraban mds del 20 % de. sus in: _2res0s; en 1987, la proporcidn no alcanza mds que un 12 % casi toda Europa se percibe una evolucién a fa baja del indice de ahorto, Y si Espafia, donde el indice de ahorro de las familias ha suftido escasa modificacién en 1970 y 1985 ¢de un 10,7 a un 10,5%) consticuye en cierta medida un caso aparte, ¢8 porque antes de la ctisis dicho indice ya no era muy elevado. En auestras democracias nadie quiere privaciones, lo que se pretende s vivir para el dia de hoy y no para el fucuro hist6rico. He aqui, en rea +» lidad, la gran revolucién del neoindividualismo. 0 Frauen ewopeo La cultura hedonsta es y ha sido, en realidad, el vetor més imporeante de la revolucin de i auronomia. Como consccusncia de la legitimidad sleanzada por los valores hedonistas cada cual centra su interés fundamentalme en si mismo a la par que i iaci6n. ejercida por costumbres y tradi- clones, afandndose en_vivir més para si y, al cabo, abstrayéadose Zs y més en su propio espacio privado. La cultura de la felicidad 7 del placer geno Ie exigencia de menas depender de los demés, de ser en mayor medida duefios de si, de poder decidir cémo di- Tig la propin exstencia, Desde el punto de vista histérieo, el h donismo culeural no es, como se ha dicho exageradamente, un instrumento de masificacién y de supercontrol social, sino que, en tucks mayor medida, ha tide ua fucvor decermitance de la ttomicion de la sociedad, al propiciar la proliferacign de estilos de vida y al favorecer la emergencia de unos deseos més auté- nomos en el ambieo privado. “Todo esto, nacuralmente, se percibe en primer lugar en las transformaciones que afectan a la familia. Es un hecho patente que la frecuencia de los mattimonios contraidos disminuye mientras que la de los divorcios aumenta. En Francia la proporcién es ya de tin divorco por cada tes mactioonios. Vivi slo ha dejedo de ser tina excepcion: en Pari a mitad de los hogares convesponde a per= sonas aisladas, una de cuatro familias cuenta con un solo miembco. “Todos estos hechos raducen, en particular, la ficulted de coma: nicar, pero también los deseos de independencia, de no atarse ni ompromecsey de vvic mis par st. El deseo de auronomia se manifiesta también con respecto a Jos hijos: es ur hecho patente que, en Europa, la nataidad ise minuye notablemente. En Francia, ls mujeres en edad de pro- afios. En 1986, el indice de fecundidad de las mujeres espafiolas ya no era mas-que de 1,5 y, actualmente, Italia es el pais con el Tice de reproduccién (1.2 ijos por cala mujer) mas bajo del mundo. En Francia, el ntimero de familias numcrosas con cuatro ios por fo menos disminayé en un 50 % emvre 1968 y 1982, Queremos permanecer libres, poder seguir trabajando, viajar, tstar disponibles. La familia numevosa se considera una scl vieud, un obstéculo a las aspiraciones de libertad y de expresin Individual. Generalmente, las personas no desean teher mis de dos soem ile Lipoversky o hijos. Simultsneamente, el ntimero nacidos fuera de la insticucién, matrimonial aumenta: cerca de uno de cada cuatro, en Francia, en 1987, y cerca de ua 40 9 de los nifios nacidos en Dinamarca y en Suecia. Hasta la procreacién tiende a emanciparse de la instieu- cin mactimonial en beneficio de la libre voluntad de los suetos Esta exigencia de autonomia subjetiva se refleja también, con- csetamente, en el reconocimiento colectivo del derecho al aboreo y a la libre sexualidad de los j6venes, de las mujeres y de las mi- norias sexuales. ‘Tanto el uno como la otra son considerados masi~ ‘vamente como legitimos. Incluso en EE.UU., donde sin embargo se oponen a ella los movimientos pro-fife, un 60 % de la po- blacién aproximadamente es favorable a una legislacién liberal ppara el aborto. La emancipacién, relativamente a las imposiciones moralistas, es atin patente en el dmbico sexual: a nadie se le ‘ocurte ya condenar Is sexualidad femenina fuera del matrimonio, y un 65 % de franceses afirman que petmitirfan que sus hijas to- masen libremente Ia pildora. En los colegios de segunda ense- fianza franceses, una muchacha de cada tres ha dejado de ser virgen, Incluso la homosexualidad ha salido globalmence de su _gueto tradicional: un francés de cada cuatro la sigue considerando ‘como un vicio, pero uno de cada dos considera que «los homoxe- xuales son personas como las lems». ‘Aunque ya ha pesado ef momento mds dlgido del movimiento «le emancipacidn de las costumbres, ello no significa que hayamos aldo de nuevo en el conservadurisme cultural y en el Orden moral. El derecho de cada cual a evivie a su aire> en el ambito privado sigue siendo una aspiracién de masas: el fenémeno ya no ‘ocupe la primera fila de la escena informativa porque hs quedado ya completamente integrado, asimilado a los usos y costumbres individualistas posmodernos. Este proceso de autonomizacién individualista no se debe con- fundie, por sapuesto, con una libertad absoluta del sujeto, gene- racién ex nibilo del propio ser al margen de cualquier modelo social, Es evidente que los modelos y los roles sociales perma- rnecen y siguen influyendo en los comportamientos y orientin- Uolos. Lo radicalmente nuevo es que han dejado de Ser impera- ‘ivos: hoy en dia los modelos sociales son milriples, eldsticos y faculeativos. El modelo de comportamiento ideal o legitimo ha ‘Alejado de exiscir para dar lugar a una gama de opciones posibles: 2 lai ene vivimos uns era de profusién de normas socialmente legitimas En particular, los comportamientos de los individuos se eman~ cipan de las funciones escrictas y coetcitivas atribuidas a cada Sexo desde tiempos inmemoriables. Siguen existiendo netas dife fencias socioldgicas en materia de gustos, aspiraciones y profe Stones de ambos sexos, pero ya no son sino diferencias estads- tieas, En realidad, uno u otro sexo pueden legitimar y reivindicar Eualquier cosa sin que ello suscite reprobaciéa alguna. Las fun~ Ciones distintivas de lo masculino y de lo femenino no ban de ppareeido, pero se han vuelto movedizas, han perdido su rigider Eneetior y ahora es posible combinarlas en formas miileiples y a Glecei6n de cada cual. La auconomée posmoderna es inseparable Gel abandono colectivo de las normas que regian las funciones de ada sexo. Vivimos una época de self-service general; viempos en Gue las lentidades personales se modelan al gusto y elecei6n, de guna funcién social es imper Hiscéricamente, este proceso de auton ‘creciente de los comportamientos en materia de vida sexual y familiar es insepa- fable de los conflictos sociales, de las luchas colectivas de los afios 60 y 70. En particular, las tuchas de los movimientos feministas fen favor de les anticonceprivos y de la liberalizacién del aborto Coneribuyeron de manera esencial al proceso de individualizacién } de liberalizacin de nuestras sociedades. is innegable que las movilizaciones colectivas desempefiaron tun papel determinanee. Sin embargo, es muy probable que esta ‘acalada iadividualista se hubiese producido igualmente incluso Gungue este momento dlgido de oposiciGn no hubiese tenido TgarY ello en razén de dos grandes factores de tipo estructural En primer lugar, el hedonismo cultural de masas que 2 la larga acaba descalificando todo cuanto pueda entorpecer el pleno desa~ frollo subjetivo. En segundo lugar, las transformaciones de las pautas que rigen [a educaci6n influenciadas por el auge de te Piltara xpsi> y de las relaciones en las democracias. Con el desa- ftollo de las referencias psicoldgicas se ha ido estableciendo un ‘puevo modelo de relacién encre nifios y adultos fundado en le Comprensién, la atenci6n subjetiva y relacional, y comprende las ovipnes de inhibicién y motivacién: el autoritario sistema edu- taeivo de la primera revolucién individualista abrié el camino para una educacién de tipo psicoldgicn. Una educaciéa, ademé Gites tipovenky cada vex mas similar para nifios y nifias: ya no se crata de incul- carles unas funciones estricta, sino de permitiles expresar la ve- racidad y la autenticidad de si mismos como sujeros. Est tipo de edu ante al desarollo in contribuye de modo determinante al desarrollo de las aspiraciones a la autonomia de los jévenes ya que, a la lang, acaba por mins eraicons, as fanciones soils ind Viduales y a autoridad familiar en beneficio del propio deseo autoexpresiGn, oe ___El deseo de auconomia no slo afece ala familia y ala sexua- lidad, sino que también afecta al cuerpo y a los depoctes, En la mayorfa de las sociedades democréticas desarrolladas, se esti pro- duciendo un anténtico Joon deportivo. Y, entre todos los de~ ports, or que mis y mon prosperan Son preisaments los Ih mados deportes sindividuales» (esq jogging, wind surf, gim= nisin, cenig_: mas de un francés de cada tres practica un deporte individual, contra uno de cada cuatro en 1973. Parece como si los individuos deseasen por encima de todo poder elegir libremence sus actividades, practicar el deporte como se les antoje, sin tener que someterse ala exigencia de un lugar determinado, o de una dlisciplina rigida y colectiva impuesta desde el exterior. Cada cual pructica el deporte ante todo para sf mismo, [para mantenerse en. forma o para conservar la linea, para superarse en esfuerzo 0 cn vireucsismo, para progresar personalmente y, sobre todo, por gusto, El auge del deporte cossiderado como wt placety no como una actividad igus someride a una diseipling ejerciio de juntad y de moralidad, es otro de los sfntomas del sefsmo indi ualisca debscne in ‘De un modo mis general, el cuerpo ha dejado de ser algo d preciable en canto que ocasisn de pecado, o al que hay que so- meter mecénica y auroritariamente como en la época de las disei- plinas, El cuerpo se ha convertido en sujeto, swjero cuya belleza, juventud y desnudes es preciso exhibir. En esta época de narci- sismo, hay que cuidar del cuerpo medianee eéenicas suaves (reas menes dietécicos, homeopacta, relajacidn), es una persona, un es naciosbjeti que debe poder expresane mediante cl baile mo- deeno, el yoga, el alpinismo, la bioenergia: una persona perpecua~ ‘menee joven y dinémica ala que debemos amar por sf misma. La tevolucién de la autonomia se manifiesta incluso en el consumo, El Ambieo del consumo ciende a romper con la l6gica ” Elaxita cameo inmerorial del tango y del prestigio. Aunque muchos productos siguen siendo portadores de un elevado potencial de honorabi- lidad social, ésta ha dejado de ser la l6gica domimante. En una sociedad narcisista, e1 motor del consumo no ¢s tanto la exigencia de reconocimiento social como la satisfaccién personal; los hié- bitos de consumo obedece menos al objetivo de aleanzar un nivel social superior que a obtener gratificaciones y servicios de ca- Hicter privado. El consumidor se remite mis a su propio criterio ‘que @ la opinién clasificadora de los demas; la sacistaccién de ca- ricter ptivado prevalece por encima de la distincién social La moda, curiosamente, no permanece al margen: también ella hha quedado prendida en las redes de la auconomia subjetiva. Du- ante mucho tiempo, para cualquier mujer elegance era impres- Gindible adopcar cuanto ances el tiltimo grito, copiar inmediara- mente la cendencia de la temporada. Hoy en dia se estd produ- ciendo en cierta medida un hiato encre la vanguardia y el pit- bilico, entre la innovacién de la moda y la difusién. La creacién sigue siendo precipitada, pero el pablico se ha independizado, re- lativamente, de la moda oficial. Las mujeres siguen la moda, pero con mayor distancia, de una manera més irénica y menos ri- ‘guross, El mimetismo dirigista, que siempre ha caracterizado a Ia ‘moda, ha cedido su plaza a la libre combinacién, a la imitacién ersonalizada, al culco del « fook» y de la moda informal. El indi- Vidualismo ha inducico un tipo de mimetismo frivolo inédico: un ‘mimetismo flexible y « Ia carta, Macho més importance es que los pensamientos y las opi- iones campoco se salvan del proceso de auronomizacién indivi- dualisea, Las creencias comunes se desmoronan, la orcodoxia y Ia fidelidad a las creencias colectivas pierden terreno. Las iglesias, los partidos, las doctrinas «de peso» cuentan cada dia con menos seguidlores, cada cual tiende a formar sus opiniones «a la carta», como en un supermercado: ea Francia, un catélico practicance de cada dos no esta de acuerdo con la Iglesia sobre la cuestién de los preservativos y de la pildora para abortar, y uno de cada cuatro cept el principio del aborco. Las pricticas y las creencias reli- igiosas se van independizando de las Iglesias y de sus dogmas, el fiel se ha convertido en un creyente «a medida», Estamos abo- cados al estallido individvalista de los monolitismos y de la una- nimidad incluso en Ia esfera religiosa Gites potty ss De ahs radloja que no quieren ver los pensadores ceiticos de la modernidad, tanto marxistas como heideggerianos. Precisamente, cuando el entorno cotidiano est cada vez mis or sanizado y planificado desde fuera por las instancias burocraticas Spezia, cada cs se convere er mayor mech sujeto de su propia exiscencia privada, en ozganizador libre de su propia sida, En lugar de oponerse, Ta burocratiaacion det Muncy trau- tonomia de las personas se dan la mano: estamos en las antipodas del chombre unidimensional El avance hacia una mayor auronomia de las petsonas no debe suscitar_un optimismo sin FERGS, La wTeNr ere ineivichaalisca desinteggra los vinculos sociales, suprime las pautas familiares, de~ sseticula las referencias religiosas. En cambio, favorece la emer- xencia de las creencias més delirances, el resurgimiento del esore- rismo y da lugar a comportamientos descontrolados e irracio- nales. La era del neonarcisismo posmoderno ha visto nacer a los Inligans, la toxicomania, ol terrorismo de las minorfas nacionales, las sectas, los nuevos tipos de criminaliclad urbana: ha facilitado la desculpabilizacién del racismo y ha favorecido la implantacién, ropeos. Por una paree se beral, colerancia de la mayorfa en educacién, de religion, de politica, de sexualidad y de apariencia vestimentaria, Y por otra, prolifecan nuevas formas de agtesi- vidads de ineolaranets y de sectaismo entre Ts minors menos Tuertes, mas 0 menos marginales. Todos estos bierca en la que La “rar dejo pase a e esta mayor auco- nomfa de los sujecos conlleva una mayor fragilidad de los indi- viduos, un sentimiento cada vez mus gencralizado de estrés, de soledad, de la dificultad de vivir y de cormunicarse. La depresisn neeviosa se ha convertido en un fendmeno social; un francés de ada cinco padece una enfermedad nerviosa una vez durante su vida; un mimero creciente de enfermedades son de origen psico- somético, Se ha estimado que un 30 % de adultos padecea de in- somnio, y entre 1985 y 1987 el volumen de somniferos adqui ssidos ha aumentado en un 3 %. También €s sabido que la toxi- 6 El sjetoewopeo comanfa est aumentando considerablemente, igual que los sui- Cidios: 15 por 100.000 habitantes entre 1950 y 1976, 21 hoy en dia, Parece como si fos conilictos insostenibles se hubiesen des- plazado del ambito pablico al émbico privado; los conflictos pa- toxisticos se han intetiorizado, y el propio individuo se ha con vertido en el escenario donde se enfrentan las oposiciones més vi- rulentas PUBLICA DESILUSION El individualismo posmoderno no es slo sindnimo de una mayor autonomia de Te vida privada, sing que tambientmptica aia ‘nueva relacién con respecco a los valores y a las luchas colectivas {que se traduce mediance acciones colectivas a st ver eeestructt~ radas por los valores individualistas. Las luchs som, ca Yer mis, de tipo corporativo,centadss en Tebun del petsenee lchas carenter-de eoTouin, despoiczadas {al margea le lon sindieatos. Los movimientos coletivos surgen se otganizan independiencemente de los partidos politicas y de Josndicatoncmergen ela base al margene incluso en francs — jgana sicmpee la partida: auconomfa de los asalariados con res- aera grandes ongonitaciones sindcalts, exgencia de C—O surgen luchas coleccivas cuyo objetivo es que cada cual pueda es- coger, por ejemplo, el establecimienco escolar o la facultad de es- telus univertrioe que mds le convengs, Mosimiencos és it dividuslistas por definicién pues plantean ante todo la peimacta {de los derechos individuales por encima de la colectividad, ya que lov scores sciales tienden a parece consumidores ultras ‘AL mismo tiempo, la esfera politica ha entrado en una era de banalizacién y de desdramatizacion de masas. En las na mocrdticas, una gran mayoria de individuos se interesa escasa- mente por la vida politica, ha dejado de creer que existan solu- Ciones globales y, con frecuencia, ya ni se acerca a fas urnas para ouazr el abstencionismo aleanza proporciones nunca vistas en todas partes. Pero guardémonos muy mucho de hablar sin re- servas de «despolitizacién» de las masas. El fendmeno puede sociales que van Cites Lipovenks . variar segiin el momento y segxin las naciones. De vex en cuando cl ciudadano se interesa por las elecciones, aunque més o menos de la misma manera que por oteas cosas. El enfrentamiento entre la derecha y la izquierda permanece, pero ba perdido gran parce de su anterior radicalismo y sus puntos de referencia patecen con- fusos. Las campanas electorales rara vex suscitan pesiones colec- rivas o guertas santas. Fendmeno éste que queda plasmado en la mayor movilidad del electorado, en una adhesin menos sélida y ‘una menor identificacién con las familias politicas y una ‘mayor libertad con respecto a las consighas y la disciplina de los “partidos. Le logica del comunismo y del autoservicio se esté apo- derando del émbito politico Es un hecho aotorio que, al tiempo que se desmoronan los ideales revolucionarios, se est produciendo una crisis conside- table del sindicalismo, ranco desde el punto de vista de ia ad hhesién como desde el de reconocimiento social. Las grandes o nizaciones sindicales cada vez obtienen un tanto por ciento més reducido de afiliados: cerca de un 10 % de los trabajadores asale- riados en Francia, contra un 20 % en 1976, En Inglaterra cl indice de sindicalizacién durante los afios 60 era de un 50 9%, en 1987 no alcanzaba mas que un 38 %. En Francia, s6lo un 40 % de trabsjadores pertenece a un sindicato. La adhesién a un sin- ddicato ha perdido el caricter de participacisn global y de identi ‘aci6n con una comunidad social; esencialmente, los sindicatos se perciben como utilitarios, como un servicio. De la misma manera fn que se ha producido una desacralizacién de lo politico, se ha producido también una desacralizaci6n y una pérdida del caricter ideolégico del sindicalismo: las consecuencias del desastroso de- trumbamiento de las ideologias mesidnicas son las mismas en todos los dmbicos. Los individuos miran con desconfianza todo cuanto suene a enrolamienco y a dicigismo, todo cuanto diluye al ser individual en un dmbito colectivo y burocritico, globalizante y policizado. En la era del individualismo posmaderno, los seres Ianifiestan cada vez una menor tendencia a integrarse en organi- zaciones importantes, y desean en cambio ecciones y representa- ciones puntuales y pragméticas que respeten su autonomia para juzgar y para incervenit. Evocar la desafeccién de las ideologfas prometeicas y la des- movilizacién individualista no significa sin embargo que todo 1 st Et wee carpe ande a la deriva ante una indiferencia radical. El individualismo contemporéneo sélo es posible en una era democtética, cuando ‘existe un consenso y una adhesin fuerte y masiva relativamence a las instituciones y a los valores democtéticos. La desafeccién co- lectiva con respecto a las ideologias globalizantes es inseparable GE foerte egitmacia de Tos parton de eleencia de I de- a. Al repudiar la exaltacién revolucionaria y nacionalista, el individualism hedonista ha conseguido reconciliar la sociedad civil con ls insieaionespluralistas dela democracin. Ni tan si shies Tos exis flaivos de la extrema detec eh algunos pases europeos contradicen este diagndstico. Por primera vez a lo largo de su historia, las democracias han dejado de tener eriemigos ab- solutes y radicales, han desaparecido en ellas los proyectos ‘opuestos al orden democritico y parlamentario. Ya no queda rhingén partido que exponga en su progeama el odio y la des- ruceién de la democeacia, ninguno que incite a la violencia po- Tice ya ls insuteceign purifeadors Las democracias se han li Lr Pr ello es imposible asimilar ln emancipacién individualista con la anarquia egoista, con la libertad sin normas del sujeto, con fl reshaso dela eyes ye les normas cel espacio elective La basqueda de la independencia privada y el respeto legalista del arden colective derpceltico to son ancindmicosy san InSeps- Tables. El movimiento que conduce a valorar el Yo ante todo, pa- ——r—C—CS ties del ea democritic ‘Complejidad y ambigiiedad del_individualismo_posmoderno: por una parte no deja de plantear una serie “uestiones preocu- panies de cara al futuro, como la baja de la natalidad, la indife- rencia por la politica, el corbellino de las reivindicaciones de indole corporativa, el repliegue sobre si de los individuos, el de- LLrr—“——C—ss sarraiga as norms los comportamigntos adicionales3-de- ecumbariento de ls eologas tevolutonariss \_nacionalistas. El resultado es una individualidad sin rafces pr ee Serr igen actitudes flexibies y- mentalidades sin rigidez. Como con- ee Giles Lipoerty 9 conciencias se han convertido globalm ‘némico, a la modernizacién de la empresa, al ‘acién ya Ja movilidad pro No slo estamos viviendo cl momento de Ta consolidacisn deYorden democritico, sino que, a la vee, asistimos a la rehabilitacién de la economia de mercado, del lucro y de la empresa. Al tiempo que se ha dejado de asociar al paczono con el mal y con la explotaci6n sistemstica, Ja voluntad europea sigue adelante y reiine a la mayorfa de los cindadanos, aunque sea sin grandes entusiasmos ni pasiones desa- ‘adas. Menos patriética, es global- mente favorable a la siglos de imortiferos desgarramientos. Es la cara positiva del neoindividua- lismo. Los vicios de la pesmodgenidad son infinitss. pero por To menos cuenta con et mérito de reconciliannos con el liberalismo Polieica-¢ eronémico 5_con-la legitima demaparisitin de nueseras angostas fronceras. No fastigamos con excesiva ferocidad lo que peceMRcane aoe eda en una posicién favorable frente a las ine- ludibles exigencias del futur. FILOSOFIA CONTEMPORANEA Luc Ferry I En la moderna tradicién filoséfica, cuyos orfgenes se sitdan habi- tualmente en Descartes, el hombre se define mediante dos raszos caracteristicos fundamentales: la conciencia y Ta voluntad. Y pre cisamente en funcién de esta dicocomia, la Tilosoffa misma se divide en filosofia reérica y filosofia practica. El empefio en re- conciliar ambos momentos alimenta a su vez el progtama de! pensamiento alemin, desde la Critica del juicio de Kant hasta las ‘Tsis sobre Feuerbach de Marx. Heidegger lev6 a cabo un andlisis detallado de los motivos por los cuales esta definicién del sujeco cra parte constitutiva de una metafisica cuyos orfgenes remotos se encuentran en Platén y sus consecuencias dltimas en la reoria nietzscheana de la «volunead del poder». Sin insistit acerca de estos anlisis, me limitaré a decir, para comentarlos con entera li- cencia, que en ellos se sefiala, con coda razén, el hecho de que seatin este concepto mecalisico de la subjetividad, se representa al hombre ance todo como un autor: autor de sus propias ideas en primer lugar (ideas que dornina precisamente gracias a su con- ciencia), pero también autor de sus acciones (libres productos de su voluntad). - Sin duda alguna, si la filosoffa contemposinea se plantea ac- ualmente la «cuestién del sujeto», e incluso una «clispura del sujeto», no es s6lo porque esta representaci6n del hombre en Lc Foy, Geto. Disector del Colegio de Florofia, con sede en Pais. Autor de Hone Aeris, | que autor de sus propios actos ¢ ideas, con la nocidn de ‘esponsubilidad que ello implica, sufriera una pfofunda crisis durante los afos sesenta, sino también porque las numerosss cdes-construcciones» de la nacién de autor parecen, hoy por hoy. notablemente problemacicas, Hablando Hlanamente: tras varias puestas al dia de inconscente, nos es priticamence imposible seguir creyende cindidamence que podamos ser como creyé Descartes, perfecta~ mente tranparenel para bosotes mismos, La élebre Rormula de Rimbaud J est sm anoree, ha merecido, tanto por parte del psico- anilisis como por td la fosofia concemporina, de Nietsche Heidegger, apoyo e incluso confirmacién conceptual. El indi- vidoo encerado ens mismo y duo de sha tenido que cede plaza al sueto «fragmentado», abiereo a la infinita determinacién SeLinconstient. El pensamiento contemporineo ha asumido, poe Tecdlo asi a «gestidne,e incluso explocado, esta situacién por procedimiento de elevar la des-construccién de lz »metafisica de Ih subjetividad» al rango de género literario. La filosofia francesa de los afios sesenta y sezenta contribuyé sin lugar a dudas mis que cualquier orra a legitimar este t6pico intelectual: de distintas maneras, «le Foucault a Derrida, peto también de Alchusser a Barthes © Lacan, se trataba, ance todo, de acosar las ilusiones del humanismna clisic. de la nocién de la idea de «Sujeto» responde hoy la crisis ‘crucciones! nadie pone ya hoy en tela de jaicio que fa metafisica cartesiana ocultase 0 desconociese, por razones cle fondo, teas la problemivica del inconsciente (te In cored), Que este desconocimiento o esta ocultacién justifiquen empresas destinadas a liquidar cvalquier referencia a un posible dominio del hombre sobre sus ideas y sus actos es ya otra y muy distinca cuestidn, ule la que no serfa ers6neo decir que, también ella, hasta €l momento sido ulead 0 desconocid por ls der, tal debieta set ahora, sexfn mi ‘modo de ver, el programa de una reflexidn sin ilusiones, 2 Ts vez post-carresiana y post-heideggeriana, sobre la cuestidn del sujero, y haturalmence siendo el problema saber lo que de fecundo pueda Hevar en si este «nifni» ) toc Fer « Sin exceder con ello los limites de esta conferencia, quisiera simplemente someter a discusién tres tipes le consideracion. () En primer lugar, sobre la naturaleza de las eriticas de la i= losofia concemporainea contra el conce isico del hombre en tanto que «autor. B) En segundo lugar, sobre el contexto intelectual en el que estas criticas han podide eransformarse en la ideologia dominante ‘le los dos diltimos decenios (cuando aceptan gustosas, ¥ no sin tuna cierta coqueteria, presentarse a si mismas como subversivas y porlo canto «marginales»). timo, sobre los postulados de una critica de la critica, 3 positivos, sobre la necesidad de pensar en qué condi- ones puede darse hoy un humanismo no metafisico, ica_de 1a subjetividad, del concepto del hombre como “autor de sus actos y de sus ideas, no es de ayer, sino mas bien de anteayer: la crénica de esta «muerte del hombre» que tanto dis ‘que hablar all por los aftos setenta, se venia amunciando desde mucho tiempo atris; ya lo hizo por lo menos Nietzsche, luego Freud y, de otra manera, también Heidegger (de momento dejaré «un lado voluntariamente la funcién det marxismo en esta cuestién). En efecto, con Nietzsche la filosofia adopta decididamente la forma de una «xenealogia» cuyo postulado es que todos los dis cursos conscientes son, ea el fondo, sincomas que disimulan un inconsciente social o individual. A parcir de ahi, la carea del lsofo puede compararse con la del psicoanalista: en ambos casos se tratari de des-construir los discursos, de llevar a cabo la argueologia de éscos para descubrir, hasta donde sea posible, to que estin disimulando y se supone constituye su verdadero i rts de acuerdo con un proyecto que es, segtin la formula de P: frica. «No estés diciendo Io que Ricoeut, una «sospechar sister puareces decis, ni siquiera lo que crees decir»: éste es, en el fondo, l tema recurrence de la genealoga widente es un despoja del sujeto con re cto ¥ sus actos: por definicién ni es consciente deh que dice ni de lo que hace realmente. ¥ no slo €s0, sino 4 ficar que esta actieud genealégica, al democratizarse cn la viel inceleccual de los alios sesenea y setenea, en particular sen Francia y en los Estados Unidos, adopt6 una forma absoluta- 6 Et jet enpeo mente peculiar que consistia en radicalizar a ultranza el viejo tema nierascheano segiin el cual «no existen los hechos, s6lo cexisten incerpretacionese. EL principio de esa radicalizaci6n, que formula Lacan, pero al que también se refiere Foucault en su célebre articulo de 1946 Mars, Nietsche, Freud podria describitse sencillamente del modo Siguiente: ef genealogista (tanto si es analista como si es fildsofo, ‘que para el caso poco importa) al iscurso como tun sintoma debe convertirse en_un intérprete que intenta res- ‘wir, o asi parece, la verdad oculea, Pero, en la medida en que un ‘genedlogista no es un sujeto absdito, en la medida pues en que también él posee un inconsciente, la interpretacién que propone y el discurso que expresa s nromas. En otras pa- labras: el discurso neutro no existe (0, como dice Lacan «el meta- lenguaje no existe») puesto que el propio discurso del genealo- sista es a su vez un lugar en el que se expresan veladamente inte reses inconscientes. Hasta tal punto que este discurso debiera ser inverpretado a su ver, y asf infinitamente. La consecuencia escris- tiana’Zno existird jamés verdad dilcima alguna que sea absoluta- mente cierta y que posea Ia objetividad de un hecho. No hay, en el sentido que Nietzsche atribuye a la expresion, mis que «pers- ‘pectivas» sobre un mundo, por consiguiente, infinito. Esta critica de Ia conciencia como un sintoma puro lleva en sf ‘misma dos explicaciones A)En primer lugar, la reducci6n de la actividad filoséfica @ una activided de incerprecacion gencalégica exige inevitablemente el rechazo de la idea clisica de verdad recusada, en el mejor de los casos por simplista, y generalmente por constituir una vielencia inceleceual, El concepto tradicional de la verdad que esta c: del sujeco pone en tela de juicio es, aaturalmente, el de ade- i6n del raciocinio a la cealidad. Ea efecto, ests clato que rejante idea no eiene sentido algtino en un contexto filosfico en el que se alirma que no existen hechos, sino can sélo interpreta- ciones que, como tales, no son en modo alguno capaces de verdad 6 de falsedad puesto que remicen a proseguir interminablemente la tarea de interpretaciOn. La critica nietzscheana del «prejuicio cientifico» segtin el cual se presume la exiscencia de un mundo objetivo, tiene aqui truccién heideggeriana de la raz6n, que Fo is ralces y, por varios conceptos, la des-cons- Ie hace suya d ba Ferg © ferentes maneras, no hari mis que seguir un camino abierco Nietzsche, — oes Pero la des-conscruccién de la metafisica de la subjecividad iced al pe orineo sobre Todo hacia una a de la tradicién humanita. En este sentido, es importante marxista del idealismo burgués y la des, construccidn heideggeriana pod, a pesar de todo cuanto separa 4 ambes, seguir durance algin tiempo una via comin EL neomarxismo contemporineo, de Althusser 0 Bourdieu {por lo menos hasta que este iltimo, percatindose como todo el mundo de la crisis del marxismo, iniciara varias esttategias de confusién que consiscen fundamencalmence en refetirse con mayor frecuencia a Max Weber 0, incluso, a la tradicién neokan. tiana..), asimila pura y simpleymenee el huimanismo moderno con la ideotogia burguesa, Harto cinocida es la vulgaca segin la cual {a valorizaci6n del Hombre como tal disimula las diferencias de clase, vulgata que también encontrames en el propio Marx plicada, en La euettén judie, con nocorio talento, a una crtica r= dlical de la Declaracién de los lerechos humanos de 1789. Como se conoce también, en asociacién con este primer tema, de qué modo el tema de una critica dr la raz6n instrumental se recogerd en coda la tradiciGn marxista. scuela de Frankfore incluida, por supuesco En el imbito de esta doble sitice del hombre abstracto y de la ‘az6n_ instrumental (0 técnica). 5 donde La des-construcciGn_hei- deggeriana de la metafisica de -s subjetividad podia acercase,e parce, al marxismo, en un com’ movimiento de rechazo del hu- ‘manismo. Los componentes nintScheoheideggerianos del pensi- tmiento contempordnco remiter. a Descartes los origenes del hu= manismo, en lugar de remitirl al advenimienco del capitalismo Incluso engloban frecuentemen* el marxismo en el proyecto me- tafisico de un sujero que se prevende «duefo y sefior de la natu raleza», y que no oculea la pretesién de creerse transparente para si mismo y de considerar ttans;~rente la realidad: ello no impide que, en los dos puntos que aci19 de evocar (critica del hombre abstracto y critica del racione.-smo inscramencal), las dos co: ttientes principales del pens+miento contemporineo hayan podido encontrar un eetreno “vmiin. Testimonio superlaciva- 4+ mente emblemitico de ello sor, os libros, simbolos en su época ‘6 Plas ope EL hombre unidimensional de Marcuse y Vigilar y castigar de Fou. caule. En efecto, ambos presentan la particularidad le poderse leer con una doble clave de interpretacién: para un marxisea son interesantes porque desarrollan una critica sin concesiones del Universo liberal de nuestras modernas sociedades industriales. Un nievescheoheideggeriano puede considerarios (lo que por otra parte son, realmente, en el fondo) como des-conscrucciones de aquel humanismo cuys manifestacién iiltima es el «mundo de Is técnican; des-construccién aplicada, por tna ver, fuera del campo habieual de la historia de la filosofia En otras ocasiones he desarrollado un andlisis cricico de escas corriences en la Francia de los afos sesenta y setenta. Pero lo gui nos interesa percibir es que la des-construccidn del sujeto del hombre en canto que conciencia y voluntad, es rigurosimen inseparable de una critica de a razdn y, mas atin, de una des- construccién del universo moderno en general. Por esto es conve~ niente situarse ambién desde el punto de vista de una historia inceleceual de Europa para comprender por qué exttaflos rodeos tales formas de antimodernismo tomaron, en los aflos setenta, el lugar de fa «ideologia dominance» que pretendian denunciar. @ Paca comprender el impresionance trauma pata los inreleccuales la. 11 Guerra Mundial, creo que es nece- sario volver a consideralo, Efectivamente, recién cerminada la guerra, no parece excesivo decir que las «sociedades civili- cidental, podian ser legitima- mente cachadas de haber engendrado 0, cuando menos, de no haber sabido impedir las dos principales catastrofes politcas que fueron el imperialismo colonialista y ef nazismo. De ahi que la idea de una «dialéccica de ta ilustracién» consiguiera adquirir, en el Ambito filoséfico, una legitimidad que no habia conse- guido nunca anceriormente, ni siquiera en tiempos de la contri~ rrevolucidn: en lugar de realizar la emancipacién de los hombres, la Hust Se transformé aparentemente en To con- tario, el universalismo adopt6 la imagen del eurocentrisimo y el racionalismo la de la irracionalidad inherente a un mundo aio le wn extreme al otro por esa razén ieracional que es la Este es el context cia, la ada por Ja teorfa marxisca, que, hasta los afios mportancia aleai sesenti, todavia pudo parecer la Gnica vision del mundo a la que, aungut Te podia achacar compro: L_nazismo. De otro modo re- “sulta imposible entender cémo pudo el Partido C ° z 5, pot lo menos se- convertir de los intelect cluci a TilGsofos @ quienes todo hubiera debido llevar a exieicar las eno que reduce al hombre a la histor 2 la propie historia & una sucesién légica de etapas orientada al advenimicato de una sociedad sin clases, ‘Me limicaré a referir una anécdota que demuestra perfecta- mente oJ dominio ejercido por el marxismo en los incelectaales de la prsjuerra: en 1956, Simone de Beauvoir publicd en Ia rc Vista Les Temps Mudermes uns articulo sobse el pensamiento de de- rechos «fel momento. He aqui, sencillamence y sin més comen- rari, las clos primeras lineas de aguel arcicule: premisas de un pent lad es wna, lo el error es miiltiple. No es cas clerecha jiesa el pluralismo (sic Tamluén durante esce periodo de nueseea historia intelectual (me refirr, por supuesto al contexto francés, pero estas observ ciones bier. pudieran valer para otros paises europeos) la ante: pologix “rructural de Lévi-Strauss, aunque también e: caso fui ompletamente extrafiae incluso hostl al marxismo, pudo sin embargo unirse a éste para denunciar el eurocen. cismo. rrauss criticaba firmemente Ja idea de ana celeo- logia d+. historia de la que ef marxismo seguia siendo por tador, ¢.- sransformabe a las naciones mis desacrolladas indus- stialmens #n el Gnico futuro posible para las sociedades primi- Sivas ur. snesicublemente, se percibfan desde al perspectva Como tianrolladas y no como stan odiferenes Sin errbargo, elener: j leatificaba con el colonialismo y el mar. xismo, j condicién de una revisién eseruccuralista de sus presup..r4s (revisin que, como es sabide, emprendié Alt- hhusser) .-2 vex despojado del economicismo y de la astucia de la razér -eeliana, pudo incorporarse cualquier tipo de legiti- o Pesieteaopen midad, No es necesario insistir mas en ello: el marxismo, hoy, se ha venido abajo. Los motivos de su derrumbamiento, que hoy ‘Por hoy, en Francia, alcanza tales proporciones que presagian el posible rerorno de un macxismo revisado, pocrian resumirse asi fen parte obedecen a las eransformaciones internas de una so- cciedad que, en treinta afios, se diga lo que se diga, se ha demo- cratizado considerablemente y que, en. 1968, vivi6 el despuntar de un nuevo accor politico, lt juventud movida por unos ideales a la ver individualistas y democraticos, incompacibles desde cualquier punto de vista con las imagenes y con los simbolos ‘autoritarios a los que politicamente e! marxismo estaba asociado y el discurso de los disidentes a propésito del Gulag alcanzé ‘pran audiencia, a través de la «nueva Filosofia», que por lo menos tuvo ese efecto «globalmente positivo». En este contexto igualmence, los acontecimientos de Afganistin y de Polonia Gieron seatender lo que ni Budapest ni Praga habian conse- guido revelar a los intelectuales feanceses: la verdadera Teza del «socialismo real», no un Estado obrero cuya accidencal Cegeneraciéa debie, en opinién de Sartre, ocultérseles a los chreros de las fabricas Renault, sino un Estado claramence cota- En este punto, la critica heideggeriana del sujeto toma el relevo de la ya realizada, pero a su modo de ver codavia insuf ciente, por el marxismo. A decie verdad, quienes desde hacia ya riempo concebian algo més que vagas sospechas a propésito del cariccer democricico del régimen soviético y de la critica comu- nista de las sociedades liberales, no aguardaron a que los tiempos fueran propicios para des-consteuir las dos caras del «mundo ad- miniscrado», capitalista al Oeste y burocrético al Este, La in- fluencia de la fenomenologia heidegueriana, canto la presence en In obra de Arendt como en la del dltimo Merleau-Ponty, aflors asi cen aucores, tan distintos por otra parte, como Claude Lefort, Cor- nelius Castoriadis 0 Michel Foucault. ‘Queda claro en ia obra de Foucaule, por ejemplo, quien por corre parte no pretendia ccultarlo, que la designacién de la razén cartesiana en tanto que norma metafisica a partir de la cual s6lo sea sin-raz6n, es decir, esta diferencia y otsedad que es la Locura, no pucde ser sino marginalizada, luego xencerradar, resulta difi- cilmente comprensible fuera del contexto de la «historia del Ser» sae Fer rs en la que Heidexget considera a Descartes como el principal im tigador del olvido de la diferencia. ‘La historia de la influencia de Heidegger en Francia esti ain, cen gan parte, por escribir y excede ampliamente el circulo de lox hyeideyerianos ortodoxos (Beaufrer y sus discfpulos) ¢ incluso ef dle los adisidences» (Derrida y los suyos)- Lo que, en cambio, est ya muy claro es que el retroceso ef marxismo ha permitido per tibir con mayor claridad la presencia del heideggerianismo en Francia, No hay que olvidar los efectos de purificacion politica “el pensamienco de Heidegger que tuvo su traduccién a un con- cexco intelectual «de izquierdas», fandamentalmence cn los casos conctetos de Derrida y de Foucault, pero también en los de Lefore «© Castoriadis: de este modo, los grandes temas del pesamiento de Heidegger no s6lo quedaron limpivs de las connotaciones poli- ticas que, por ser susceprtibles incluso en su escito, resulean evi- clentes para cualquier lector alemén, sino que, ademés, opuesto al totalitatismo del Este y a fa sociedad burocritica, «tepresiva edicdn, 1984, ce el expectacule intgeado, f G. Bebord, Conmarzcis sr dr rid ipsa ans, ed Ge Leboviei 198B, pp. 1718, y P. Anse, La gestion ds srs pines Lausina 1983, p. 299 8 Pons. Dl Taye, met mosh, Pais, Gallimard 1988, p21, 6 Leo expen tuna situacién excepcional, de un escaparate incitante, un grupo de miisicos, un altercado 0 un especticulo callejeto, poco hace al «aso: la pequefia deidad en cuestién crea un espacio de religio- sidad. Poco imporca el contenido: el interés reside de hecho en el continente. La ciudad es sensible, y en tal calidad es esencialmente rela cional. Sus lugares de reunién, sus sensaciones, olores y ruidos conforman esa veatralidad cocidiana que la convierte, en el sentido radical del término, en un objeto animedo, una materia~ lidad dotada de vida. Ya se ha dicho que la modetnidad de las, cosas es un signo permanente. Sobre lo que hay que insist es sobre el hecho de que esta «cultura de la calle» es el resultado de un cortocitcuito eneee lo objetivo y lo subjetivo. Al pie de la es- tatu del perro Hachika, en el barrio de Shibuya, en Tokio, de forma mas o menos consciente es el simbolo de la fidelidad lo que preside los encuentros. La fuente de Saint-Michel de Paris evocard mas bien la comunién en la cebelién. El «bloque n° 9» de Ipanema, en Rio, hard referencia por su parte a la socialidad he- donista de la playa, y el hecho de citarse en él ser un «sigao» en dicho sentido ". Lo significativo es el conjunto de todos esos Iu- gates; es el conjunco lo que delimita lo imaginario social, es el conjunro lo que hace de la ciudad el «lugar destacado» privile- iaco de la estética ineegrada, Simmel habla a este cespecto de «civilizacién suprapersonal» Muestra cémo los monumencos, los centros educativos, el do- minio de la técnica o las insticuciones «visibles» del Estado son «la marca concreta» en la ciudad moderna del espirieu vuelto im- _petsonal, Tal evolucién se ha acelerado en el caso de la ciudad jposmoderna, y se ha acencuado nocablemente lo que yo preferirfa llamar «desindividualizaci6n», Pero puede decitse al propio tiempo que el espacio englobador correlativo o la pérdida del in- dividuo en el conjunto no deja por ello de reafirmar el espirita del cuerpo, devuelve sentido al espirieu comunitario. Puede afia- dirse que la ceatralidad urbana a través de sus diversas manifesta- Sobre ete ca en general remitoal ensayo de P Sanit, Pig ile Pais Klinkseck 1972, a Les forme wild et ale, Pai, Presses Univesiaces de France 1986, Ch. simismo P, Posts, Dds d Toya op. cit, p- Sal yy p. 207. Ch también A. Mole, Leet e ots en preparci6, Michel Maes a Ciones o el imaginario social gracias a sus diferentes puntos de re- ferencia son justamente garantias de la continuidad social. Una sociedad sélo puede perdurar si tiene un alto grado de conciencia de si misma. Hay momentos en que dicha conciencia se elabora creando historia, mirando al porvenir: haciendo proyectos, en una palabra, En otros, send el espacio el que desempeie esta funcién: el espacio vivido en comin, el espacio en que circulan las emo- ciones, los afectos elementales y los simbolos, el espacio en que se inscribe la memoria colectiva; el espacio, en definitiva, que permite la identficacién ®. Asi, al parvicipar con otros en la tora- lidad ambiente, me convierto en una cosa entre las cosas, en un objeto subjetivo. Esco es, rolens nolens, coexisto en un conjunco en. el que todo forma un bloque: coexisto, por supuesto, con los demés, que me constituyen como lo que Soy, pero coexisto también con esa multiplicidad de objeros sin los que ya no puede concebirse la existencia contemporiinea. Todo ello no deja‘de pro- vocar una forma de solidaridad espectfica; el es posmmoderno va no se forja en la evoluci6n hist6rica, sino en la naturaleza_recu- _perada, en el espacio compartido, en la participacién colectiva en ‘el mundo de los objecos CES, Simmel, Les grandes wiles e¢ la vie de espe. em Caties de Hor 1983, p. 189. Ch. ssimismo, atta de ejemplo el emajo de T.Zannad, simage et usage’ del ile, Cai de Taxa, XML 1985, n° 135-134, p. 174,

Calificar