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Ética

Ministerial
Guía para el profesor
Curso de Formación Ministerial
por Eduardo Velázquez
Índice

PRESENTACIÓN .......................................................................................................................... 7

INSTRUCCIONES PARA EL USO DE LA GUÍA ..................................................................... 9

ORIENTACIÓN PARA EL DOCENTE .................................................................................... 13

SÍLABO ......................................................................................................................................... 17

INTRODUCCIÓN ....................................................................................................................... 27

Unidad i: LA IDENTIDAD VOCACIONAL DEL MINISTRO ......................................... 29

Actividad No. 1: Lecturas complementarias ................................................................. 30


El llamamiento al ministerio: perspectiva vocacional .................................................. 31
El significado de profesional ............................................................................................ 35
El ministro desde una perspectiva profesional ............................................................. 37
Actividad No. 2: Material de apoyo - Un llamado especial ........................................ 42
Actividad No. 3: Lectura y análisis - El ministerio y la ética en crisis ....................... 47
Actividad No. 4: Material de apoyo -
¿Has reflexionado en el llamado que Dios te hizo al ministerio? ............................... 54

Unidad ii: PARADIGMAS ÉTICOS DEL MINISTRO ....................................................... 57

Actividad No. 5: Lecturas complementarias ................................................................. 58


La ética del carácter ........................................................................................................... 60
La ética de la conducta ...................................................................................................... 64
La ética de la integridad ................................................................................................... 68
Actividad No. 6: Material de apoyo - Cuida bien lo que se te ha confiado .............. 71
Actividad No. 7: Material de apoyo - Las exigencias del ministerio ......................... 75
Actividad No. 8: Material de apoyo - El carácter del líder .......................................... 77
Actividad No. 9: Lectura y análisis - La ética de la conducta ..................................... 87
Actividad No. 10: Material de apoyo - Santidad y ética social ................................... 92
Actividad No. 11: Material de apoyo - ¡He cometido adulterio! ............................. 100
Actividad No. 12: Material de apoyo - Integridad ...................................................... 105
Unidad III: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS: SU VIDA PERSONAL ...... 109

Actividad No. 13: Lecturas complementarias .............................................................. 110


El ministro y su persona .................................................................................................. 111
El ministro y su familia .................................................................................................... 117
El ministro y las finanzas ................................................................................................. 120
El ministro y la sexualidad .............................................................................................. 123
Actividad No. 14: Material de apoyo - La autoestima ................................................ 129
Actividad No. 15: Lectura y análisis - El agotamiento ................................................ 132
Actividad No. 16: Material de apoyo -
Cuando la familia pastoral necesita ayuda ................................... 135
Actividad No. 17: Material de apoyo - El dinero de la iglesia ................................... 142
Actividad No. 18: Material de apoyo - El ministro y la tentación sexual ................. 145
Actividad No. 19: Lectura y análisis - El adulterio y la sociedad .............................. 148

Unidad IV: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS:


SU VIDA CONGREGACIONAL ................................................................... 153

Actividad No. 20: Lecturas complementarias .............................................................. 154


El liderazgo ministerial: autoridad y poder ................................................................. 156
Los deberes ministeriales: funciones y responsabilidades ......................................... 159
Las transiciones ministeriales: Inicio y cierre ............................................................... 165
El accionar ministerial: éxito o fruto .............................................................................. 167
El relacionamiento denominacional: nivel distrital, nacional,
de área, regional y general .............................................................................................. 168
Actividad No. 21: Material de apoyo - ¿Líderes u hombres de Dios? ...................... 173
Actividad No. 22: Material de apoyo - Cuando la predicación no es su fuerte ....... 176
Actividad No. 23: Lectura y análisis - La sucesión pastoral ....................................... 179
Actividad No. 24: Material de apoyo - Cuando un pastor tiene que irse ................. 185

Unidad V: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS:


RELACIONES CON OTROS MINISTROS ..................................................... 191

Actividad No. 25: Lecturas complementarias .............................................................. 192


Líderes ministeriales: ministros asociados, equipo pastoral ...................................... 194
Personal de la iglesia: administrativo, de servicio, voluntarios, etc. ........................ 195
La relación con otros ministros: predecesor, sucesor, ministros jubilados ............... 196
La relación con otras iglesias .......................................................................................... 198
La relación con otros profesionales ................................................................................ 200
Actividad No. 26: Material de apoyo - La amistad ministerial .................................. 201
Actividad No. 27: Trabajo en grupos pequeños - Pruebas inesperadas
a causa de la anterior pareja pastoral ............................................ 203

Unidad VI: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS:


RELACIÓN CON LA COMUNIDAD ........................................................... 207

Actividad No. 28: Lecturas complementarias .............................................................. 208


Participación significativa en la comunidad: vigilancia ética, servicio a la comuni-
dad, participación organizada, etc. ................................................................................ 209
Responsabilidades legales: consejería, conducta impropia, difamación,
confidencialidad y privacidad, protección a los menores, etc. .................................. 217
Actividad No. 29: Trabajo en grupos pequeños - ¿Dónde están los campos? ......... 220
Actividad No. 30: Material de apoyo - Los límites del aconsejamiento pastoral .... 224

BIBLIOGRAFÍA COMENTADA .............................................................................................. 227

APÉNDICE:
Guía para el análisis crítico de lectura ........................................................................... 233
Guía para La realización de un ensayo .......................................................................... 235

NOTAS ......................................................................................................................................... 237


Presentación

E
ste material ha sido diseñado con el propósito de ser una herramienta de
trabajo en la enseñanza del curso “Ética Ministerial” a estudiantes adultos
que están preparándose para la ordenación en la Iglesia del Nazareno.
El contenido de este curso está basado en la descripción propuesta en la Guía
de Desarrollo Ministerial 2009-2013 de la Iglesia del Nazareno para las regiones de
Sudamérica (SAM) y México, América Central y Panamá (MAC).

El propósito específico de la presente Guía es proveer algunos recursos di-


dácticos para el cumplimiento de la tarea docente. Se incluyen notas de clase,
sílabo del curso, sugerencias de lecturas complementarias, ayudas didácticas para
usarse durante la clase, preguntas para discusión grupal, materiales de apoyo,
actividades y tareas que usted podrá usar a lo largo del desarrollo del curso. Sin
embargo, no se pretende que este material sustituya la investigación personal que
todo profesor debe realizar al impartir un curso.

El Libro para el estudiante (Notas de clase) fue escrito por Eduardo Velázquez,
y la Guía para el profesor, por el Equipo Editorial, a quienes agradecemos su va-
liosa contribución.

Es nuestra oración que el Señor le continúe usando en el ministerio de la


formación ministerial para la edificación de su Reino. Esperamos que este material
sea de ayuda en el cumplimiento de esta tarea tan especial.

Dr. Jorge L. Julca Dr. Rubén Fernández


Coordinador Regional de Educación Coordinador Regional de Educación
REGIÓN SUDAMÉRICA REGIÓN MESOAMÉRICA
Ética Ministerial

Instrucciones para
el uso de la Guía

E
sta Guía ha sido escrita con el propósito de ayudarle en su tarea de enseñar el curso
“Ética Ministerial”. Al escribirla hemos tenido en mente a los pastores-profesores que
están enseñando en diferentes lugares de nuestra región con recursos limitados, pero con
el deseo de ser fieles a la misión que Dios les ha encomendado.
Obviamente, este material no es exhaustivo; sólo pretende ser una herramienta que le
provee de algunos recursos didácticos que usted puede usar en su ejercicio docente. Antes de
usarlo, le sugerimos tener en cuenta las siguientes instrucciones:

• El material está dividido en seis unidades de estudio. Queremos darle la libertad para
que según los días y horas de clase disponibles, usted divida estas unidades en varias
lecciones. Está claro que cada unidad de estudio no debe agotarse en una sola sesión, sino
que debería extenderse a lo largo de varias clases.

• Necesitará preparar con anticipación cada clase y tener listos los materiales que va
a utilizar. Le sugerimos que revise detenidamente esta Guía antes de dictar el curso y
que lea cuidadosamente todas las notas de clase e instrucciones correspondientes para
cada actividad. Si encuentra que las instrucciones no están suficientemente claras ni
comprensibles, es mejor que no utilice esas actividades para su clase. Por supuesto, la
posibilidad siempre está abierta para que usted agregue sus propios recursos y enriquezca
este material. No dudamos que su aporte creativo imprimirá características especiales a
su curso.

• Asegúrese de incluir un tiempo de oración al empezar cada clase. Invite al Espíritu Santo
para que presida ese tiempo y para que su presencia les guíe en todo momento. Pregunte
las necesidades de sus estudiantes y ore específicamente por cada una de ellas.

• Antes de las unidades de estudio encontrará un sílabo básico para el curso. La descripción
ha sido tomada de la Guía de Desarrollo Ministerial 2003-2007 de la Región Sudamérica y 2004-
2008 de la Región México y América Central; pero también se han incluido: la fundamentación
del curso, los objetivos generales, los objetivos específicos de cada unidad, el desarrollo
temático, la metodología para el dictado del curso, algunas sugerencias para las tareas
asignadas y una bibliografía básica. En este sentido, tenga la libertad de introducir las
modificaciones que considere pertinentes.

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Ética Ministerial

En las seis unidades de estudio correspondientes a este curso, usted encontrará diferentes
secciones como:

Notas de clase
El material de las unidades de estudio está dividido en dos columnas.
En la columna más ancha usted encontrará las notas completas de clase
preparadas por el profesor Eduardo Velázquez, las cuales coinciden con
el material que sus alumnos tienen en sus manos. Este es un material
(que se concoce como el libro para el estudiante) que debe haber sido
leído por el alumno previamente al inicio del curso. Por este motivo no
es necesario ni aconsejable que usted lea porciones del mismo en clase,
sino, más bien debe ser expuesto creativamente, recibiendo además
el aporte de las reflexiones que resultaron de la lectura anticipada del
libro por parte de los estudiantes.

Lecturas complementarias
Al inicio de cada unidad encontrará una bibliografía relacionada
con la temática que se va a exponer. Según la disponibilidad de los
recursos a su alcance, utilice estas lecturas para la profundización de
sus conocimientos antes de presentar la clase respectiva.

Ayudas didácticas
En la columna más angosta que aparece en cada unidad usted tendrá
espacio para escribir sus notas personales sobre los temas presentados,
pero también encontrará algunas preguntas y dinámicas que pueden
ser utilizadas en el desarrollo de la clase. No obstante, usted puede
agregar otras más; las que le presentamos son sólo sugerencias para
hacer la clase más participativa y dinámica.

Actividades
En toda esta Guía usted encontrará diferentes actividades enumeradas,
sugeridas para el curso como por ejemplo: Trabajos individuales; trabajos en
grupos pequeños, preguntas para discusión en clase, entre otras. No tiene que
usarlas todas. Puede escoger las que mejor le sirvan a los objetivos de cada
clase, puede modificarlas y también puede incluir otras bajo su criterio.
Algunas de ellas puede usarlas durante la clase, otras puede asignarlas
para que sean hechas extra-aula. Para usar las actividades, es indispensable
que revise bien las instrucciones antes de presentarlas a sus alumnos.

Material de apoyo
El propósito de este material es reforzar los contenidos presentados en
las notas de clases. Hemos incluido algunas lecturas relacionadas con
los temas abordados que esperamos le ayuden en su preparación de las
clases y profundización del curso.

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Ética Ministerial

Asimismo, al finalizar las seis unidades, encontrará dos secciones principales adicionales
que también pueden servirle en su tarea como profesor.

Bibliografía comentada

Está formada por una lista de libros básicos que pueden ser utilizados para este curso. Para
cada libro hemos incluido un breve resumen del contenido y el enfoque del autor para que
le oriente en su lectura y en sus posibles líneas de investigación personal.

Apéndice

En esta sección estamos proveyéndole un bosquejo sobre cómo presentar un “Análisis


Crítico de Lectura” y una “Guía para la extracción de ideas principales” que usted puede
compartir con sus estudiantes para que hagan sus informes de lecturas requeridas.

Le animamos a seguir adelante en su tarea docente. Es nuestra oración que esta Guía sea
una herramienta que Dios pueda usar para acompañarle en su ministerio.

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Ética Ministerial

Orientación para
el docente

I
nicialmente necesitamos tomar conciencia de que en el proceso docente teológico ponemos
en práctica nuestros presupuestos pedagógicos que hemos asumido en forma conciente o
intuitiva a lo largo de nuestra vida. De la forma cómo hemos sido instruidos así enseñamos
o de la forma cómo hemos escuchado que debemos hacerlo, así lo hacemos. Los modelos edu-
cativos que ponemos en ejercicio en el aula son el reflejo de nuestros postulados pedagógicos
adquiridos.
Además de concientizarnos del ejerci-
cio de nuestra tarea docente y auto-anali- TRIANGULO INTERACTIVO
zarnos sobre ella, algo que puede sernos
de valiosa ayuda es tener en cuenta el Alumno
Triángulo Interactivo que está formado por
tres elementos claves que intervienen en
el aprendizaje: el rol mediador del alum-
no, los contenidos y el rol del profesor Proceso
como facilitador. Este triángulo interac- Educativo
tivo dinamiza el proceso educativo y nos E A
Enseñanza Aprendizaje
ayuda a comprender que el aprendizaje
se construye en la interacción compleja
entre estos tres elementos. Contenidos Profesor

1. EL ROL DE LOS ALUMNOS

Este elemento está referido a la actividad mental constructiva de los alumnos que juega un
papel decisivo como mediador entre la enseñanza y aprendizaje. El alumno es el protagonista
en el acto de aprender y no un mero espectador. Todos los recursos que se usen, incluso la
intervención del mismo profesor son sólo ayudas para el proceso educativo y no sustitutos del
lugar del alumno.
El Cono del Aprendizaje, de la Experiencia o de Dale muestra claramente que en la medida
que los estudiantes hacen uso de sus sentidos se involucran más en el proceso educativo y eso
incide directamente en un crecimiento porcentual de su aprendizaje.

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CONO DEL APRENDIZAJE

EXPERIENCIA Y APRENDIZAJE
NUESTRA TENDENCIA NUESTRO NIVEL DE
ES RECORDAR ... INVOLUCRAMIENTO

10 % de lo que leemos Leyendo Recepción Verbal

Escuchando
20 % de lo que escuchamos palabras

Mirando cuadros
30 % de lo que vemos o fotografías

PASIVO
Viendo un video
o película

50 % de lo que Mirando una exhibición


escuchamos
y vemos Presenciando una
demostración

Estando presente en el Recepción Visual


lugar de los hechos

Participando en una discusión


70 % de lo Recibiendo y
que decimos participando
Exponiendo una clase
ACTIVO

Haciendo una dramatización


90 % de
lo que Simulando experiencias reales
decimos o
hacemos
Haciendo cosas reales Haciendo

1Cono de la Experiencia. Tomado de Audio-Visual Methods in Teaching (Métodos Audiovisuales en la Enseñanza). Tercera edición, por Edgar
Dale. Derechos de propiedad intelectual, Copyright 1969, por Holt, Rinehart y Winston, Inc. Reimpreso con permiso de la casa publicadora.

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Ética Ministerial

2. LOS CONTENIDOS
En el acto educativo, los alumnos se aproximan a los contenidos no como “hojas en blanco”
o “tábula rasa” sino con un trasfondo que los predispone para el aprendizaje, positiva o nega-
tivamente. Cuando los contenidos, conceptos o los nuevos conocimientos se relacionan con los
elementos que ya existen en las experiencias previas del alumno, se produce un aprendizaje
significativo.
Tomando en cuenta este principio, la motivación juega un papel determinante en el proceso.
Los alumnos son selectivos en relación con lo que les interesa aprender, es decir, aprenden lo
que les motiva aprender.
Pero, este elemento del Triángulo Interactivo está referido también a los objetivos que quere-
mos alcanzar en un curso o materia. El aprendizaje no sólo consiste en potenciar la actividad
mental constructiva de los alumnos sino en lograr que dichas elaboraciones o construcciones
alcancen los contenidos educativos que nos hemos propuesto alcanzar para determinado nivel
de estudios.

3. EL ROL DEL PROFESOR


El profesor es un compañero, motivador/facilitador del proceso de aprendizaje. Su rol es
clave en el acto de aprender pero no protagónico. Su papel es favorecer la actividad mental
constructiva del alumno para que pueda aprender y, a la vez, ser un guía para alcanzar los
contenidos propuestos para el curso.
Tener en cuenta estos elementos nos obliga a replantearnos nuestra tarea docente, que
tradicionalmente ha sido concebida como la trasmisión de contenidos unilateralmente desde
el profesor hacia los alumnos. El esquema que se presenta a continuación puede ayudarnos
a ubicar nuestro rol como docentes-guías del proceso educativo propiciando la organización
de un equipo interfuncional que incluya a los propios alumnos. Esto exigirá que el profesor
establezca un clima de aceptación y cooperación como una herramienta didáctica en el acto
educativo.

EL PROFESOR COMO FACILITADOR

Profesor Interacción en clase


Alumnos Adquisición de conocimiento

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Ética Ministerial

Finalmente no olvidemos que el proceso educativo tiene dos caras indivisibles como en
una moneda: ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE. Ambas son indispensables para que el proceso
se complete efectivamente. No podemos dar por hecho que el aprendizaje es una consecuen-
cia automática de la enseñanza. Por ello, en nuestro ministerio docente tenemos que incluir
algunos filtros que nos permitan autoevaluarnos y asegurarnos que el proceso educativo se
está dando completamente.

Educar es compartir nuestra propia vida. Es una experiencia que se construye entre todos
y nos permite crecer a cada uno de los que participamos en ella. Cuando educamos también
aprendemos, porque aprender es un proceso integral que involucra todas las dimensiones
humanas y que no finaliza con la graduación sino que nos acompaña a lo largo de nuestra vida.

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Ética Ministerial

Sílabo

CURSO : Ética Ministerial


CRÉdiTOS : Tres (3)
HORaS : 45 horas académicas de 45 minutos cada una (34 horas de reloj aproximadamente)
ÁREa : Pastoral
PROFESOR : __________________________________________

Descripción del curso


Comprende el estudio de la naturaleza de la ética del ministro en sus aspectos bíblicos,
teológicos y contextuales. Incluye una derivación especial orientada al estudio de casos
referidos al ejercicio profesional del ministro.

Fundamentación del curso


En uno de los ejercicios de introspección más dolorosos que se haya publicado, un
ministro hacía la siguiente afirmación sobre lo que denominó la “integridad consensual”:

Hombres y mujeres pueden vivir una mentira, los adolescentes pueden vivir una mentira, las familias
pueden vivir la gran mentira, las instituciones pueden vivir una mentira, una iglesia, una universidad
o un ministerio puede estar viviendo una gran mentira, y no hacemos nada. Al parecer, consentimos
con eso mediante las acciones que no tomamos. Asentimos moralmente con nuestro consentimiento e
inconscientemente apoyamos lo que está sucediendo. En nuestro deseo de estar en armonía perdemos la
visión de lo que en realidad está ocurriendo (Dortch, 1994: 311) .

Por otro lado, dos renombrados autores, en la introducción de un libro sobre ética
ministerial afirman: “La nuestra es una época de incertidumbre ética... Ésta no es la Edad
del Esclarecimiento, sino la edad de no saber qué hacer... Hoy día los fracasos morales
en el ministerio son demasiado comunes.” (Trull y Carter, 1997: 9, 10, cursivas nuestras).

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Ética Ministerial

Al tratar de ubicar esta situación en el contexto actual, los autores señalan que:

La crisis presente en la ética ministerial es tanto un reflejo de nuestro tiempo como una influencia en nuestra
sociedad. El fracaso ético en el púlpito afecta a quienes están en las bancas. Al mismo tiempo, la moral de los
ministros parece reflejar la declinación general en la moralidad entre los laicos. Nuestro día está cargado de
enredos políticos, tratos secretos en el mercado de valores, escándalos en entidades de ahorros y préstamos,
y juegos ilegales de figuras del deporte. Insensibilizada por todo esto, la gente pocas veces se conmueve
cuando escucha de un ministro inmoral (Ídem.).

Lo anotado antes nos confronta con un tremendo desafío: el ser y el hacer del
ministro, requiere con urgencia un tratamiento a fondo para delinear su perfil acorde
con las Escrituras y para orientar su pertinencia en un contexto cada día más complejo
y relativista. Esta es la razón por la que nuestra Iglesia considera un curso como éste, de
fundamental prioridad en la formación de sus ministros.

Objetivos generales
Al concluir este curso, el alumno estará en capacidad de:

1. Saber explicar la identidad vocacional del ministro.


2. Conocer los paradigmas éticos que sirven de referencia al accionar del ministro.
3. Conocer los desafíos que implican las decisiones éticas en la esfera de su vida personal.
4. Saber definir las implicaciones éticas de su ministerio en el contexto de la vida
congregacional.
5. Comprender los principios que norman sus relaciones con otros ministros.
6. Apreciar las oportunidades y parámetros para una participación significativa, como
ministro, en la comunidad a la que sirve.

Desarrollo temático
UNIDAD I: LA IDENTIDAD VOCACIONAL DEL MINISTRO

Objetivos específicos:

Al terminar esta unidad, el estudiante estará en condiciones de:

A. Definir la naturaleza del llamamiento al ministerio.


B. Delimitar el significado de la categoría “profesional”.
C. Relacionar las categorías “vocación”, “carrera”, “profesión” con “ministro”.

Temas:

A. EL LLAMAMIENTO AL MINISTERIO: PERSPECTIVA VOCACIONAL


B. EL SIGNIFICADO DE “PROFESIONAL”
C. EL MINISTRO DESDE UNA PERSPECTIVA PROFESIONAL

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Ética Ministerial

UNIDAD II: PARADIGMAS ÉTICOS DEL MINISTRO

Objetivos específicos:

Al terminar esta unidad, el alumno estará en condiciones de:

A. Determinar la centralidad del carácter en la articulación de las decisiones éticas.


B. Delinear el rol crucial del comportamiento ministerial en el ejercicio del ministerio.
C. Definir lo fundamental de la integridad en el desarrollo del rol ministerial.

Temas:

A. LA ÉTICA DEL CARÁCTER


B. LA ÉTICA DE LA CONDUCTA
C. LA ÉTICA DE LA INTEGRIDAD

UNIDAD III: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS: SU VIDA PERSONAL

Objetivos específicos:

Al terminar esta unidad, el alumno estará en condiciones de:

A. Explorar los desafíos que la integridad plantea a la vida personal del ministro.
B. Analizar los principales retos a la vida familiar del ministro.
C. Delinear el marco para las decisiones éticas del ministro en el área de las finanzas.
D. Definir los parámetros de la ética de la integridad para el ministro en el campo de la
sexualidad.

Temas:

A. EL MINISTRO Y SU PERSONA
B. EL MINISTRO Y SU FAMILIA
C. EL MINISTRO Y LAS FINANZAS
D. EL MINISTRO Y LA SEXUALIDAD

UNIDAD IV: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS: SU VIDA


CONGREGACIONAL

Objetivos específicos:

Al terminar esta unidad, el alumno estará en condiciones de:

A. Delinear el perfil de liderazgo que, basado en la Escritura, ha de encarnar en


el ejercicio ministerial.

Guía para el profesor 19


Ética Ministerial

B. Delimitar los deberes ministeriales que han de forjar relaciones saludables entre el
ministro y la congregación en la que sirve.
C. Definir los criterios que han de orientar los procesos de transición ministerial.
D. Definir los indicadores de una acción ministerial congregacional saludable.
E. Determinar los parámetros de su relación con el liderazgo denominacional, en los dife-
rentes niveles.

Temas:

A. EL LIDERAZGO MINISTERIAL: AUTORIDAD Y PODER


B. LOS DEBERES MINISTERIALES: FUNCIONES Y RESPONSABILIDADES
C. LAS TRANSICIONES MINISTERIALES: INICIO Y CIERRE
D. EL ACCIONAR MINISTERIAL: ÉXITO O FRUTO
E. EL RELACIONAMIENTO DENOMINACIONAL: NIVEL DISTRITAL,
NACIONAL, DE ÁREA, REGIONAL Y GENERAL

UNIDAD V: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS:


RELACIONES CON OTROS MINISTROS

Objetivos específicos:

Al terminar esta unidad, el alumno estará en condiciones de:

A. Delimitar los parámetros de relación con los otros líderes ministeriales de


la congregación local.
B. Definir las relaciones ministeriales con el personal no ministerial de la congregación
local en la que sirve.
C. Establecer el marco para una fructífera relación con los otros ministros que tienen
alguna vinculación con la congregación que ministra.
D. Determinar los valores que han de regir su relación con las iglesias de la jurisdicción
en la que sirve.
E. Perfilar los principios que han de guiar su relación con otros profesionales en su
comunidad.

Temas:

A. LÍDERES MINISTERIALES: MINISTROS ASOCIADOS, EQUIPO PASTORAL


B. PERSONAL DE LA IGLESIA: ADMINISTRATIVO, DE SERVICIO,
VOLUNTARIOS, ETC.
C. LA RELACIÓN CON OTROS MINISTROS: PREDECESOR, SUCESOR,
MINISTROS JUBILADOS
D. LA RELACIÓN CON OTRAS IGLESIAS
E. LA RELACIÓN CON OTROS PROFESIONALES

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Ética Ministerial

UNIDAD VI: EL MINISTRO Y SUS DECISIONES ÉTICAS: RELACIÓN CON


LA COMUNIDAD

Objetivos específicos:

Al terminar esta unidad, el alumno estará en condiciones de:

A. Identificar los fundamentos para una participación significativa, desde su rol,


en la comunidad civil dentro de la cual ministra.
B. Determinar las responsabilidades legales que implican el ejercicio de su ministerio en la
comunidad.

Temas:

A. PARTICIPACIÓN SIGNIFICATIVA EN LA COMUNIDAD: VIGILANCIA


ÉTICA,SERVICIO A LA COMUNIDAD, PARTICIPACIÓN ORGANIZADA, ETC.
B. RESPONSABILIDADES LEGALES: CONSEJERÍA, CONDUCTA IMPROPIA,
DIFAMACIÓN, CONFIDENCIALIDAD Y PRIVACIDAD, PROTECCIÓN A
LOS MENORES, ETC.

Metodología del curso


A. En el cómo se desarrollará esta asignatura, deberán incluirse tres aspectos interrelacionados:
1. Metodología de enseñanza
2. Responsabilidades de los alumnos
3. Sistema de evaluación

B. La profesora o el profesor del curso diseñará estos aspectos de acuerdo a los criterios y recur-
sos que disponga, integrando las cuatro dimensiones de la preparación ministerial (4 “C”:
CONTENIDO, CAPACIDADES, CARÁCTER Y CONTEXTO).

C. La Asamblea General de 1997 dispuso que el Sistema de Educación Nazarena integre estas
dimensiones en cada curso. El Manual de la Iglesia del Nazareno 2001-2005, pp. 182-184 (Art.
424.3), registra esta disposición de la siguiente manera:

. . . El carácter del instructor, la relación de los estudiantes con el instructor, el ambiente, y las
experiencias previas de los estudiantes se ligan al contenido del curso en la creación plena del currículo. . .
Las diferencias culturales y la variedad de recursos requerirán detalles en las estructuras curriculares. . .
Sin embargo, todos los programas que suplan los fundamentos educativos para la ordenación al ministerio,
. . . deben dar atención cuidadosa a su CONTENIDO, CAPACIDADES, CARÁCTER Y CONTEXTO. ESTOS
CUATRO ELEMENTOS ESTARÁN ENVUELTOS, EN MAYOR O MENOR GRADO, EN TODOS LOS
CURSOS. . .

D. Las cuatro dimensiones de la preparación ministerial (Contenido, Capacidades, Carácter y


Contexto) que estarán integradas natural e intencionalmente en cada curso del programa edu-
cativo, deberán ser entendidas y aplicadas por cada docente.

Guía para el profesor 21


Ética Ministerial

E. El CONTENIDO se relaciona con el “CONOCER” (dominio de un cuerpo de conocimiento


básico). Las CAPACIDADES tienen que ver con el “HACER” (desarrollo de habilidades y
destrezas profesionales para la práctica ministerial). El CARÁCTER se refiere al “SER” (desa-
rrollo del ministro en carácter, ética, espiritualidad, y relaciones interpersonales y familiares).
El CONTEXTO se relaciona con el “LUGAR DE MINISTERIO” (contexto en el cual sirve el
ministro; se incluye el ambiente social, político, religioso, cultural y denominacional).

El curso está dividido en cinco unidades que deben ser desarrolladas en cuarenta y cinco
horas académicas de cincuenta minutos cada una, distribuidas según la disponibilidad de
tiempo del grupo de estudio.
Las clases se desarrollarán dentro del marco de una dinámica de participación en la
cual se intercalarán conferencias del profesor con intervenciones, preguntas, comentarios,
trabajos individuales, grupos pequeños de discusión y exposiciones de los estudiantes. La
interactividad es un elemento clave en todo proceso educativo porque nos permite compartir,
dialogar y construir el aprendizaje juntos.
Como dijimos antes, las responsabilidades de los estudiantes requeridas para la aprobación
de este curso y el sistema de evaluación, serán asignadas por la profesora o el profesor, tomando
en cuenta las cuatro dimensiones de preparación ministerial y la disponibilidad de materiales.
Las actividades sugeridas a lo largo de esta Guía podrán ser utilizadas como tareas del curso,
pero ninguna de ellas, necesariamente, es de carácter obligatorio.
Es recomendable no dejar la asignación de las tareas para el final del curso, sino
distribuirla a lo largo de las clases. Esto permitirá que los estudiantes vayan construyendo su
proceso de aprendizaje al integrar los contenidos expuestos en clase con los adquiridos en las
tareas extra-aula.
El alumno debe haber leído el “Libro para el Estudiante” con anticipación a la clase,
de una forma reflexiva a modo de “diálogo con el texto”, resaltando las ideas centrales de
cada Unidad y tomando notas de comentarios o preguntas surgidas de la lectura para luego
exponerlas en la parte presencial del curso.

Tareas sugeridas
1. ANÁLISIS CRÍTICO DE LECTURA. Utilizar las lecturas sugeridas que se incluyen al ini-
cio de cada unidad de esta Guía o el material de apoyo que aparece al final de cada unidad.
(Para la presentación del informe escrito utilice el bosquejo provisto en el apéndice).

2. TRABAJOS EN CLASE. Puede utilizar algunas de las actividades propuestas en esta


Guía para dinámicas en clase (por ejemplo: preguntas para discusión, cuadros, lecturas
breves etc.). Evalúe el nivel de participación, integración grupal y creatividad de sus
estudiantes.

3. TRABAJO ESCRITO. Escribir un trabajo individual, que puede ser una monografía, lec-
ción, sermón, artículo o ensayo sobre algunos de los temas estudiados en clase u otros
sugeridos por el profesor. Se requiere precisión en cuanto a la gramática y la ortografía.
Los trabajos escritos serán evaluados según la siguiente escala:

22 Guía para el profesor


Ética Ministerial

a. Comprensión de los temas estudiados 25%


b. Originalidad y creatividad 25%
c. Aplicación práctica a la vida cristiana actual y a la iglesia contemporánea 25%
d. Proceso de investigación (metodología, formato, estilo y bibliografía) 25%

Algunos temas posibles serían:

- El carácter del líder cristiano.


- Los peligros de la hiperactividad en el ministerio pastoral.
- La ética ministerial y los desafíos para el ministro del siglo XXI.
- La ética sexual en el ministerio cristiano.
- El modelo ético de Jesús.
- Perspectiva wesleyana de la ética y la moral.
- La influencia del comportamiento pastoral en el testimonio público de la iglesia.

6. EXÁMENES ESCRITOS (una evaluación creativa del nivel de comprensión de los conteni-
dos expuestos en clase). Pueden ser al final de cada unidad, a la mitad y al final del curso
o sólo al final.

Bibliografía Básica
Atiencia, Jorge. Hombres de Dios: Elías, Ezequiel, Daniel, José,
Esteban. Buenos Aires: Ediciones Certeza ABUA, 1995.

_______________. Cómo pastorear y ser pastoreados. Buenos


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Yoder, John H. y otros. Iglesia, ética y poder. Buenos Aires:


Ediciones Kairós, 1998.

Guía para el profesor 25


Ética Ministerial

INTRODUCCIÓN

Inicie la lección pidiendo


a sus estudiantes que
compartan, con sus propias
palabras, qué concepto
tienen del significado de
“ética ministerial”.

L
a ética es una ciencia, parte de la filosofía, que trata de la
moral y las obligaciones de los hombres. La palabra viene del
griego ethiké y significa “costumbre”, y, al dedicarse al estudio
de la conducta del hombre, busca en su ser íntimo el origen de las
motivaciones que lo llevan a actuar de una determinada manera.
Desde una perspectiva cristiana, la Palabra de Dios nos enseña
a fundamentar nuestras vidas sobre una ética bíblica basada en el
compromiso con Dios y con el prójimo (Mt. 22:34-40), y encarnada
en el modelo vivo de Jesucristo. Aunque, tanto en el contexto
histórico de Jesús, como en el actual, la carencia de modelos éticos es
predominante.
Formamos parte de una sociedad alejada de Dios y gobernada
por un relativismo moral alarmante en todos los ámbitos de su
estructura. Existe una falta total de modelos de ética en todas las
esferas, por lo que es necesario, hoy más que nunca, que los cristianos
asumamos el compromiso de ser sal y luz de la tierra.
Uno de los factores de cambios urgentes descansa en que los
ministros de nuestras congregaciones vivan de acuerdo con las
demandas divinas que determinan el comportamiento y la conducta
de los mismos.
Pregunta para la clase:
¿Existen fundamentos
escriturales para decir
que debe existir una “ética
ministerial”? Justifique su
respuesta.

En conclusión, se define a la Ética Ministerial como el conjunto de


normas escriturales que rigen la conducta de los ministros cristianos.
Esta abarca las normas que deben dirigir la vida de los ministros

Guía para el profesor 27


Ética Ministerial

tanto en la esfera de las motivaciones como en la de sus acciones


privadas o públicas, por eso la ética ministerial tiene que ver tanto
con las intenciones como con las acciones que determinan su
conducta en relación con Dios, la sociedad, la familia, la iglesia que
pastorea, la denominación a la que pertenece y con las instituciones
cristianas y no cristianas con las cuales tiene alguna relación.
Es fundamental que los pastores y lideres evangélicos vivan
éticamente como modelo de conducta cristiana a seguir por sus
congregaciones, como el apóstol Pablo, deben estar en condiciones
de decir “hermanos sed imitadores de mí, y mirad a los que así se
conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Flp. 3:17).
Elabore en el pizarrón,
junto con sus alumnos,
una lista de las acciones
en las que el ministro
debe ser ejemplo a seguir
por la congregación.
Nuestra responsabilidad es grande, y nuestro compromiso es con
el Señor que nos ha llamado y con la iglesia a la cual ministramos,
que espera que la guiemos viviendo delante de ellos en la calidad
de vida digna de un siervo de Dios. Nos urge entonces estudiar
y vivir la Ética Ministerial para ser ejemplos de nuestras iglesias
en autoridad y conducta tal que nos permita presentarnos como
ministros competentes.

28 Guía para el profesor


Unidad I:
La identidad vocacional
del ministro
Ética Ministerial

Actividad No. 1:
Lecturas complementarias

Criswell, W. A. El pastor y su ministerio. Una

S
egún la disponibilidad de los recursos guia práctica. El Paso: CBP, 1998 (“La tarea
bibliográficos a su alcance puede divina del pastor-predicador”, pp. 22-23).
escoger entre las siguientes lecturas
complementarias con el fin de profundizar Martínez, José. Ministros de Jesucristo,
su estudio personal sobre esta unidad. Tomo I. Barcelona: CLIE, 1977. (Capítulo II
Asimismo, puede utilizar alguna de estas “Requisitos del ministro - Vocación”, pp. 37-48).
lecturas para que sus estudiantes hagan
un análisis crítico, siguiendo el formato que
Trask, Thomas E. El Buen Pastor,
aparece en el apéndice.
Tomo I. Miami: Editorial Vida, 1997.
Obviamente la lista para cada caso no
es exhaustiva ni obligatoria. Usted puede (“Introducción”, pp. 15-19).
escoger libremente éstas u otras lecturas
que considere importante usar para obtener Trull, Joe E. Ética Ministerial. Sea un buen
un mejor aprovechamiento de esta unidad ministro en un mundo que no es tan
de estudio. bueno. El Paso: CBP, 1997 (Primera parte:
“La vocación del ministro”, pp. 19-46.).

30 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Unidad I:

La identidad vocacional
del ministro

Lea, para comenzar la clase,


las siguientes definiciones
tomadas del “Diccionario
enciclopédico multimedial
Larousse”(Editorial
Larousse, 2004):
Vocación: inclinación natural
de una persona por un arte o
profesión o un determinado
género de vida. Profesión:
actividad permanente que
sirve de medio de vida y
que determina el ingreso
en un grupo profesional
determinado.

L
a vocación del ministerio cristiano ha de considerarse por
separado. Es tanto un llamamiento como una profesión. Por
eso, una correcta identificación del ministro con esa vocación y
llamamiento a servir a Dios y a las personas, serán determinantes en
la construcción de su personalidad.

El llamamiento al ministerio:
Perspectiva vocacional
El ministerio no es elegido por el cristiano, como si de un oficio se
tratara (por conveniencia o interés personal), sino que es una respuesta
obediente a un llamamiento que el mismo Dios realiza. Un prerrequi-
sito básico para un ministerio ético es el entendimiento claro de este
llamamiento y del papel a desempeñar dentro de la vocación.
Quien pretende iniciar un ministerio dentro de la iglesia debe
estar convencido que el Señor lo llamó y que le proveyó los dones
del Espíritu Santo para realizar la tarea. Es importante que el minis-

Guía para el profesor 31


Ética Ministerial

tro desarrolle el ministerio con humildad, procurando que Dios sea


glorificado siempre, y siendo ejemplo en todos los aspectos de su vida.
Un ministro que acepta el llamamiento divino al ministerio pero
que no está dispuesto a ser ejemplo en integridad de vida puede ser
de gran tropiezo en la vida de muchos creyentes.
Desarrollar un ministerio sobre la base de integridad requiere
que el sentido del llamamiento y el concepto de servicio de un minis-
tro sean bíblicos, éticos y semejantes a Cristo, por lo tanto el ministro
debe ser:
1. Nacido de nuevo. El nuevo nacimiento y sus implicaciones
bíblico-teológicas representan un requisito fundamental para de-
sempeñar un ministerio por dos razones fundamentales, la primera
es que nadie puede hacer la obra de Dios, sólo Él la hace a través
nuestro. Sólo el nuevo nacimiento nos habilita para ser morada del
Espíritu Santo e instrumento suyo para glorificar a Dios en sus pla-
nes de gracia.
Pida a sus alumnos que
compartan brevemente su
testimonio de conversión
con el resto de la clase.

En segundo lugar, el nuevo nacimiento representa el fundamento


para que seamos testigos del poder del evangelio. La autoridad del
mensaje del ministro está respaldada tanto por sus conocimientos
teológicos y escriturales como el de su propia experiencia.
2. Santo. El hombre de Dios debe ser santo, apartado de toda
especie de mal. No es infalible, pero si una persona que vive
agradando a Dios porque encuadra su vida dentro de la voluntad de
Dios, apartándose del pecado tanto en la esfera de sus acciones como
de sus motivaciones y sentimientos. No guardará en su corazón malos
sentimientos como la envidia, el rencor o el odio. La santidad abarca
toda la vida del cristiano y debe ser evidenciada en toda circunstancia
y lugar. Se debe insistir que la santidad de vida no es opcional, sino
una obligación para todo cristiano, especialmente para todos los
ministros, y responde al hecho de que Dios es Santo. “Sed santos,
porque yo soy santo” (1 P. 1:15). El Manual de la Iglesia del Nazareno
especifica entre sus cláusulas con relación a este punto lo siguiente:

“La perpetuidad y eficacia de la Iglesia del Nazareno dependen en gran


parte de las cualidades espirituales, el carácter y la manera de vivir de sus
ministros. El ministro debe ser ejemplo en todo a su grey -en puntualidad,
en discreción, en diligencia, en sinceridad, en pureza, en conocimiento, en
tolerancia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra
de verdad, en poder de Dios y con armas de justicia a diestra y a siniestra
(2 Co. 6:6-7).

Es menester que el ministro del evangelio en la Iglesia del


Nazareno tenga paz para con Dios por medio de nuestro Señor

32 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Jesucristo, y que haya sido enteramente santificado por el bautismo


con el Espíritu Santo...”1
Tome un tiempo de la clase
para explicar los beneficios
de la entera santificación
y, si es necesario, ore por
aquellos que aún no han
recibido esta bendición.
3. Servicial. Dios llama a los ministros no sólo a ser salvos y
santos, sino para que cooperen en extender su reino llevando gloria
a su nombre como siervos suyos, enviados a cumplir con la tarea
que Él les asigna, de acuerdo con su voluntad soberana. El ministro
del evangelio de Jesucristo es apartado y enviado por Dios para
una misión divina. El ministerio es una vocación, un “llamamiento”
de Dios. Al mismo tiempo, el ministro generalmente cumple este
llamamiento a través del servicio a una congregación del pueblo
de Dios. Este cuerpo de creyentes paga el salario del dirigente de
la iglesia y espera a cambio un cierto tipo de servicio ministerial.
Aunque la primera lealtad del ministro es a Dios, esta devoción
nunca debe ser una excusa para eludir los deberes pastorales.
El ministerio implica tanto privilegio como responsabilidad. El
llamamiento de un ministro siempre debe traducirse como servicio
en una comunidad de creyentes, generalmente en una congregación
local. Uno no puede servir a Cristo sin servir a la gente, porque
servir a la gente es servir a Cristo (Mt. 25:31-46).

EL LLAMAMIENTO PERSONAL

De las palabras del apóstol Pablo “Palabra fiel: si alguno anhela


obispado, buena obra desea...” (1 Ti. 3:1) se puede deducir un
aspecto ético importante a tener en cuenta: que el cristiano llamado
por Dios al ministerio pastoral debe desear en su ser interior el
querer realizar la obra. Su entusiasmo y anhelo por trabajar para el
Señor, e involucrarse con las personas, son aspectos éticos que darán
cuenta de su llamamiento, no sólo ante Dios sino también ante las
personas de la comunidad cristiana donde se encuentre ministrando.
Así como el Señor llama de una manera personal, así también
deberá ser la respuesta del hombre o mujer de Dios. Respuesta que
nace en el corazón del hombre y comienza a manifestarse con el
anhelo de llevar adelante la obra encomendada por Jesucristo.
No obstante, para un ministro el predicar el evangelio debe ser
tanto un deseo como una obligación (1 Cor. 9:16). Tal vez, estos
sentimientos varíen durante el trayecto de su ministerio, pero
siempre deberá imperar en él ese deseo inicial de anhelar el servir a
Jesucristo obedeciendo a su llamamiento.

1 Iglesia del Nazareno. Manual 2001-2005. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, p.168-169.

Guía para el profesor 33


Ética Ministerial

Presente y explique el
estudio bíblico sobre el lla-
mado de Dios al ministerio
público, que le ofrecemos
en la Actividad Nº 2.

Otro aspecto ético importante acerca del llamamiento personal


del ministro, es ese sentimiento de debilidad y total dependencia
de Dios que debe tener para realizar la tarea. Una sumisión total a
su voluntad, que le haga llevar una vida de entera consagración,
devoción constante al Señor, y santidad.

EL LLAMAMIENTO DE LA IGLESIA

Al hablar de llamamiento de la iglesia, se está refiriendo a la


aprobación que la iglesia hace del llamamiento divino que un
cristiano expresa tener. Porque es en medio de la congregación de
creyentes, donde las acciones del candidato evidencian la veracidad
del llamamiento.
No es ético que un cristiano sea aceptado por la congregación
como candidato al ministerio, cuando su testimonio deja mucho que
desear o cuando da evidencias concretas de desinterés por el servicio
a Dios y a las personas.
Quien tiene graves problemas en sus relaciones interpersonales o
le falta el deseo de crecer en su comunión y obediencia al Señor, así
como tampoco da muestras de querer cambiar su actitud en pos de
seguir al Maestro, y dice tener un llamamiento divino al ministerio,
deberá ser confrontado con este aspecto ético del llamamiento de la
iglesia.
Pablo le dice a su discípulo Timoteo que sea un ejemplo “en
palabra, conducta, amor, espíritu, fe, y pureza” (1 Ti. 4:12). Y ese “ser
ejemplo” no es otra cosa más que la evidencia de un llamamiento
divino, ante una iglesia que lo aprueba imitando sus buenas obras y
dando cuenta de su buen testimonio.
Pregunta para la clase:
¿Cuáles son algunos de
los comportamientos que
evidencian que una per-
sona ha sido llamada al
ministerio cristiano? Dé
ejemplos.

Un correcto entendimiento, por parte del ministro, de que el


llamamiento que Dios le hace es personal y también es confirmado
por la iglesia de Jesucristo, le permitirá iniciar su vida ministerial de
una manera ética.

34 Guía para el profesor


Ética Ministerial

LAS DEMANDAS ÉTICAS DE DIOS

Cuando un ministro responde afirmativamente al llamamiento


divino al ministerio, también está de alguna manera aceptando las
demandas éticas que Dios le realiza a través de su Palabra.
Si bien estas demandas sobre el ministro cristiano abarcan un
amplio panorama de valores y prácticas, lo esencial de estas se puede
resumir en las palabras de Jesucristo al decir “Sed, pues, vo-sotros
perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt.
5:48), que en el contexto en el que fueron pronunciadas nos hablan
de un amor desinteresado por los demás, inclusive por aquellos que,
en apariencia, no lo merecen.2
Pida a sus alumnos que,
en hoja aparte, realicen
un estudio exegético de
1 Ti. 3:1-7, y que luego
respondan: 1.¿Está el
apóstol Pablo haciendo una
sugerencia de conducta, o
está presentando requisitos
a quienes anhelan el
obispado? 2. La falta de
cumplimiento de uno de
los puntos mencionados
¿opaca todo lo bueno que
uno podría hacer en las
otras áreas?
Otro pasaje importante para comprender estas demandas, se
encuentra en 1 Pedro 1:15-16: “sino, como aquel que os llamó es
santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir...
porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”. Santidad que
implica una vida ética, que permita al hombre o mujer de Dios,
recibir el poder para vivir y servir a los demás, en sujeción a los más
altos valores morales bíblicos. Pida a sus alumnos que
realicen un Ensayo acerca
de “La santidad que implica
una vida ética”.
El significado de “profesional”
Un profesional, en un sentido tradicional, es una persona
ampliamente educada, de habilidades y conocimientos muy
desarrollados, que trabaja en forma autónoma bajo la disciplina
de una ética desarrollada y hecha valer por otros profesionales,
que brinda un servicio que es esencial y único, quien hace juicios
complejos que implican consecuencias potencialmente peligrosas. El
profesional está interesado principalmente en el interés público más
que en el suyo, y más interesado con el servicio que presta que con
las recompensas monetarias.

2 Nonini, Rogelio. Conducta Ministerial. Para que sepas cómo conducirte en la iglesia. Bs. As.: Alianza,
1995, p. 53.

Guía para el profesor 35


Ética Ministerial

Pida a sus alumnos


que respondan los
cuestionamientos que se
ofrecen a continuación.

Surgen entonces los siguientes cuestionamientos ¿Se ajusta la


vocación del ministro a esta caracterización general de una profesión?
¿Es un ministro del evangelio un profesional en un amplio sentido
de la expresión?
Debemos admitir que las respuestas a estas preguntas no son
fáciles de articular, sin embargo debemos tener en cuenta dos
aspectos fundamentales a la hora de tratar este tema. Por un lado
debemos destacar que el concepto de “profesional” no se ajusta
nítidamente a los ministros por algunas razones:

- Muchos ministros ordenados tienen un poco menos que


educación superior. El entrenamiento intelectual teológico
entre los ministros varía grandemente.
- El papel social del ministro es tan amplio que trasciende la
tarea pastoral, abarcando también áreas administrativas y de
relaciones públicas, entre otras, para las cuales su preparación,
ante estas demandas vocacionales, es superficial e incompleta.
- El ministerio es tan heterogéneo que es imposible argumentar
que es una ocupación o profesión, aunque debemos admitir
que no se descarta o niega la posibilidad de que ministros en
forma aislada e individual sean profesionales, ni que puedan
desarrollar pericias que los hagan sumamente hábiles.

Por otro lado debemos considerar un sentido opuesto al tratado


anteriormente, en el cual el ministro de una iglesia cristiana es “algo
más que” o diferente de otro profesional: la vocación del ministro
no es de este mundo. Esta distinción subraya la autoridad única
del ministro que no se basa fundamentalmente en competencia
técnica, sino en tradición religiosa y moral, quizás por esta razón
Jaques Ellul contrastó la vocación y la profesión como “un divorcio
total entre lo que la sociedad pide incesantemente de nosotros y la
voluntad de Dios. El servicio a Dios no puede inscribirse dentro de
una profesión”3.

3 Ellul, Jaques. Work and Calling, in Callings (Trabajo y llamamiento, en llamamientos). Por W.D.
Campell y J.Y. Halloway. New York: Paulist Press, 1974, p.33.

36 Guía para el profesor


Ética Ministerial

El ministro desde una


perspectiva profesional
Durante muchos años, las personas confiaban en los profesionales
que ponían su trabajo al servicio de la sociedad. Ser médico, maestro,
o pastor, era una señal de prestigio y reconocimiento social.
Pero en la actualidad las profesiones tradicionales se encuentran
en crisis. Los numerosos casos de mal desempeño de sus funciones
llevaron a los profesionales a ser vistos por la sociedad como
personas que deben demostrar, a través de acciones concretas ese
profesionalismo que dicen poseer.
James Glasse presenta la defensa clásica del ministro como
profesional en su libro “Profession: Minister” (Profesión: Ministro).
En el mismo, el autor insta a los dirigentes de iglesias a reafirmar
su identidad vocacional como profesionales. Glasse sugiere que
un profesional religioso debe incorporar cinco características
importantes. El ministro cristiano es:
1. Una persona educada que domina algún cuerpo de
conocimientos. Este conocimiento no es ni esotérico ni
mundano, sino información esencial al ministerio y accesible
por medio de instituciones educativas acreditadas.
2. Una persona experta, que domine un grupo específico de
habilidades vocacionales. Estas habilidades, aunque requieren
algún talento, pueden aprenderse y refinarse a través de la
práctica y con supervisión.
3. Una persona institucional, que se relacione con la sociedad y
sirva a las personas a través de una institución social, de la cual
el ministro es en parte siervo y en parte señor. Los ministros son
también parte de una asociación de religiosos, generalmente
una denominación a la cual pertenecen y son responsables de
su representación en el lugar que se encuentren.
4. Una persona responsable, alguien que “profesa” actuar
competentemente en cualquier situación que requiere del
servicio del ministro, que incluye las normas éticas más altas.
5. Una persona dedicada, quien también profesa proporcionar
algo de gran valor para la sociedad. La dedicación del ministro Para discutir en clase: Un
ministro con una educación
a los valores del ministerio cristiano es la base fundamental
general avanzada ¿tiene
para evaluar el servicio ministerial.4 más herramientas para el
ministerio que otro que sólo
posee la educacion general
básica? ¿Qué opina acer-
ca de la postura que dice
que el ministro no necesita
mayor educación porque
“el Espíritu habla por él” y
“la letra mata”.

4 Glasse, James D. Profession: Minister (Profesión: Ministro), Nashville: Abingdon Press, 1968, p.38.

Guía para el profesor 37


Ética Ministerial

En los tiempos de individualismo, relativismo y secularización


en que vivimos, seguramente a muy pocos les interesará conocer
la “vida privada” de su médico o de su abogado, y con tal que
desempeñen sus tareas con eficacia será suficiente para decir que son
profesionales en su área. Sin embargo la vida del ministro, expresada
a través de la aplicación práctica de lo que predica y enseña, es
para la sociedad el factor de mayor peso a la hora de juzgar si es
un profesional o no. Demostrando así que no puede existir, en el
ministro cristiano, una línea divisoria entre las acciones que él realiza
en la esfera de una supuesta “vida pública” y de otra “privada”, sino
que, tanto persona como ministerio, son juzgados por la sociedad de
una manera integral.
No es suficiente, ante las personas, que el ministro tenga una
alta preparación teológica, ni siquiera que exprese públicamente un
llamamiento divino. Es muy probable que sólo cuando los valores
éticos bíblicos formen parte del ministro en todas las áreas de su
vida, entonces la sociedad lo reconozca como un profesional.
Cada vez que el ministro se levanta en la congregación para
exhortar a una vida de altos principios morales, también está
haciendo un compromiso de llevar una vida ética.
Y dentro de la designación del ministro cristiano como profesional,
también está comprometido con ciertos ideales que incluyen normas
de la práctica profesional que aplican al ministerio cristiano y que
incluyen las siguientes obligaciones éticas:
1. Educación. El ministro se preparará para el servicio cristiano
Pregunta para la clase: ¿Por haciéndose con una educación general amplia, seguido por un
qué cree que es importante entrenamiento especializado en el área de la teología y el desarrollo
que el ministro se capacite
permanentemente?¿Qué
ministerial. Los ministros estarán también comprometidos con
situaciones se pueden un proceso de estudio de toda su vida y un crecimiento que los
presentar que requieran prepare para un servicio continuado (2 Ti. 2:15).
de esa capacitación? Dé
ejemplos.

En relación con este tema la doctora Eunice R. Bryant expresa:


La Ética Ministerial demanda una preparación muy seria y continuada.
Es muy fácil pensar que cuando un hombre o una mujer se gradúa en
el seminario que ya haya cumplido con los requisitos más importantes
de su preparación. Y ciertamente el seminarista, quien ha invertido tres
o cuatro años en los estudios avanzados, tiene mucho que ofrecer a los
laicos que estén en su iglesia. Pero en un sentido este líder escogido de
Dios está por comenzar sus estudios más esenciales. Al pastor o pastora
le toca la responsabilidad de alimentar espiritualmente a los miembros de
su congregación. Y uno no puede proveerles con la alimentación necesaria
sin hacer provisiones frescas de acuerdo a las necesidades espirituales de
los feligreses...5

5 Bryant, Eunice R. Serie Ministerio: Tomo III. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 2000, p. 79.

38 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Tampoco se trata de estudiar solamente para elaborar mejores


sermones. El ministro cristiano debe prepararse para poder
llevar adelante situaciones conflictivas características del
ministerio pastoral que, de no ser por el estudio y la lectura, le
resultarían muy difíciles de superar. Si bien el Espíritu Santo es
quien obra a través de la vida del ministro, es el siervo de Dios
quien debe ocupar su tiempo en prepararse constantemente
para ser una herramienta más útil.
Tanto en el campo de la teología como en el de las ciencias
modernas, se pueden encontrar instrumentos importantes para
ayudar a las personas de una manera integral. Es una actitud
ética que el pastor busque estar preparado constantemente
para atender las necesidades de la congregación. Si su nivel
intelectual aumenta, esto motivará a los creyentes a buscar
una mejor educación también. Y en esto, el pastor tiene que ser
ejemplo.
2. Competente. El pastor de la iglesia desarrollará y refinará
dones pastorales y habilidades vocacionales, para actuar
competentemente en cualquier situación que requiera los
servicios del ministro (Ef. 4:11-12; 1 Co. 12:7 y ss.). Actuar
adecuadamente ante cualquier situación que requiera de su
participación, es un aspecto ético esencial en la vida del ministro.
No sólo en la educación y la preparación ministerial están los
puntales del hombre o mujer de Dios, sino también en las
propias experiencias que irá adquiriendo durante toda su vida
ministerial. Aprovechar cada situación que el ministerio le
presente para poder aprender más sobre la tarea y las personas,
le permitirán bajar las probabilidades de error ante futuros
conflictos, lo que, a su vez, le permitirá mejorar su capacidad
de respuesta.
3. Autonomía. El ministro es llamado a una vida de toma
de decisiones responsable que implica potencialmente
consecuencias peligrosas. Como dirigente espiritual, el
Divida la clase en grupos
ministro tomará decisiones y ejercitará autoridad pastoral a la y asigne a cada uno de
luz del modelo líder-siervo, ejemplificado por Cristo (Jn. 13:1- ellos un modelo de líder-
siervo bíblico (puede ele-
16). gir entre Moisés, Elías,
Nehemías, Pablo, o el
mismo Jesucristo). Luego,
pida a sus alumnos que
busquen por lo menos dos
ejemplos de toma de deci-
siones que les implicaron,
a estos hombres de Dios,
afrontar consecuencias
peligrosas, y que luego los
compartan con el resto de
la clase.

Guía para el profesor 39


Ética Ministerial

Es en esta toma de decisiones que el ministro deberá tener en


cuenta los siguientes puntos:
1. Que la autoridad, para ayudar al pueblo a crecer en la fe, le ha
sido delegada por Dios mismo
2. Que la Palabra de Dios y una vida de plena comunión serán la
guía más importante a la hora de tomar decisiones
3. Que muchas veces en la congregación existen personas que
resisten los principios bíblicos y la autoridad pastoral, ante
lo cual el ministro no debe desanimarse ni dejar de lado sus
valores éticos bíblicos en pos de conformar a todo el grupo de
creyentes.
4. Servicio. La motivación del ministro para el ministerio no será
posición social ni recompensa monetaria, sino el amor agape
para servir a otros en nombre de Cristo (1 Co. 13).
Servicio que no es servidumbre, sino que es seguir el modelo
que Jesucristo enseñó con autoridad y amor. Porque con el
mismo amor con que Jesucristo amó a la humanidad, el pastor
debe poner su vida en servicio de amor a los demás.
Un ministro que no ama a las personas, no sólo ha tomado
una responsabilidad que no debería llevar, sino que muy
probablemente colaborará al mal testimonio de la iglesia y sus
ministros en general con esta actitud no ética.
5. Dedicación. El ministro manifiesta proveer a la sociedad las
buenas nuevas de la salvación en Jesucristo como algo de gran
valor y la demostración del amor divino a través del ministerio.
A estos valores está dedicado el llamado de Dios (Ro. 1:11-17).
6. Ética. En relación con la congregación, los colegas y la comunidad,
así como en la vida personal, el pastor vivirá bajo la disciplina
de una ética que sostiene las normas más altas de la moralidad
cristiana (1 Ti.3:1-7).
Es la ética ministerial la que permitirá al ministro ejercer con
eficacia su tarea de servicio a Dios y a las personas. Sin una vida
ética, el ministro es sólo alguien que habla muy bien, ya que al no
vivir lo que predica sólo trabaja en el terreno de las palabras.
Reparta, entre sus alumnos,
una copia del documento
que le ofrecemos en la
Actividad Nº 3 y pídales
que realicen un análisis
critico de lectura.

Para concluir entonces preguntemos: ¿Debe el ministro de estos


tiempos aceptar el título de profesional o debe rechazarlo? Una
respuesta poco comprometida pero acertada sería aseverar que
hay más que ganar que perder para el ministro que asume esta
designación de “profesional”.

40 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Esto no quiere decir, reiterando, que este título encaje nítidamente,


o que no hay otros inconvenientes a la propuesta. No obstante,
como muchos observan, hay dos razones principales para concluir
que los ministros son profesionales: La identificación tradicional
y la definición racional. Por un lado muchos ministros hoy sí
llenan los requisitos tradicionales en el sentido histórico: educación
universitaria, dedicación a tiempo completo, residentes, ocupación
del puesto y asalariados. Por otro lado, aún en las denominaciones
que permiten menos que estas normas, las expectativas para los
ministros continúan elevándose hacia normas profesionales en
todas las categorías. Pero, sin dudas, serán los aspectos éticos de
la vida ministerial los que permitirán al pastor, en tiempos en que
los valores morales bíblicos son percibidos por la sociedad como
obsoletos, ser considerado como un genuino profesional en su área.
Puede utilizar el bosquejo
que le ofrecemos en
la Actividad Nº 4 como
resumen de los temas
tratados en clase.

Guía para el profesor 41


Ética Ministerial

Actividad No. 2:
Material de Apoyo - Un llamado especial

E
n la siguiente página encontrará un estudio bíblico, tomado del sitio web Adorador.com,
acerca del llamado que Dios hace a las personas para realizar una tarea especial. Puede
completar el estudio respondiendo las preguntas propuestas en la actividad, y luego expo-
ner el estudio completo en clase, o puede realizar fotocopias y repartirlas entre sus alumnos para
que ellos lo realicen en el aula, finalizando con la elaboración de una conclusión en conjunto.

UN LLAMADO ESPECIAL
Estudio Bíblico

Base bíblica: Éxodo 3:1 al 4:17

Verdad central: Dios llama y equipa a la gente para una tarea especial.

Texto áureo: “Lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió:
Heme aquí”. Éxodo 3:4

Objetivo: Reconocer que Dios escoge a las personas para una tarea especial, y apreciar su
dirección divina.

Bosquejo
I. El encuentro divino

A. El llamado divino

B. La comisión divina

II. La respuesta humana


A. “¿Quién soy yo?”
B. “¿Quién eres tú?”

III. La promesa de ayuda

A. El Dios de acción
B. El Dios de poder
C. El Dios que provee

42 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Introducción

Una de las experiencias más solemnes y trascendentes de la vida del cristiano es el llama-
do específico de Dios a hacer algo. La historia de Israel y de la Iglesia nos presentan nume-
rosos relatos de personas a quienes Dios llamó para cumplir una tarea especial. El llamado y
las respuestas dadas fueron tan diversas como los individuos que fueron llamados. Algunos
fueron llamados a ser líderes, otros fueron llamados a un servicio simple. Algunos huyeron,
otros discutieron, y aún otros respondieron en obediencia inmediata. El elemento compartido
por todos ellos fue la toma de una decisión. El relato del llamado de Moisés nos describe la
asombrosa experiencia de un hombre. Este relato anima a los que ven sólo sus debilidades
a enfocar en un Dios que sólo ve Su poder.

Comentario Bíblico

I. El encuentro divino (Éxodo 3:1-10)

A. El llamado divino

Uno de los principios fundamentales del servicio a Dios es que la tarea asumida se origina
en el llamado de Dios. Nadie, sean cuales sean los talentos o la posición que tenga, podrá
establecerse ante la presencia de Dios. Los puestos de servicio espiritual son dados por Dios
soberanamente.
El relato de la vida de Moisés en Madián (v. 1) hace hincapié en esta verdad. La frase
“apacentando Moisés las ovejas” en el idioma hebreo indica que éste era el oficio de Moisés;
era pastor. Estaba viviendo tranquilamente en el exilio, lejos del puesto de príncipe que tuvo
en Egipto.

Pregunta: ¿Qué diferencia hay entre los criterios que empleamos los seres humanos para
determinar el potencial de una persona, y los criterios que usa Dios?

La gente a menudo juzga las cualidades de los demás según su inteligencia, habilidades,
y capacidad para tomar decisiones. Las normas que Dios usa son diferentes. Moisés, un
hombre que mató a un egipcio y huyó al desierto, no califica dentro de las normas humanas
para una tarea especial. Pero Dios vio algo en Moisés que Él pudo usar.
Dios no llamó a Moisés cuando éste gozaba de los deleites del palacio de Faraón o de su
preparación en la escuela de los egipcios. Más bien, este llamado de ser profeta nos mues-
tra una rotura radical con todos los lazos del pasado. Cuando Moisés tuvo ese encuentro
con Dios en forma de la zarza ardiente, no lo vemos preocupado con la situación del pueblo
hebreo, ni con un deseo de ser su libertador. Más bien, todo el relato del llamado de Moisés
se presenta como algo iniciado por Dios.
Aunque Dios es responsable de la preparación que mucha gente recibe aun antes de con-
vertirse, sus talentos personales no desempeñan parte alguna en prepararlos para recibir el
llamado de Dios a hacer su obra. Dios puede usar las habilidades y la educación de uno como
lo hizo con Moisés, pero no juegan un papel importante en ser llamado o usado por Dios.
Los medios y los eventos que Dios utiliza para llamar a sus siervos escogidos son tan
diversos como la gente a quien Él llama. Lo importante de la zarza ardiente es que esto era un
evento nuevo y extraordinario en la vida de Moisés. Marcó un nuevo período en la interacción
entre Dios y Moisés. La vida de pastor para Moisés había terminado; la nueva vida de ser un
libertador y profeta estaba por comenzar.

Guía para el profesor 43


Ética Ministerial

B. La comisión divina

Moisés fue parte de un momento especial y sobrenatural. Estaba ante el Dios de sus
padres (v. 6).
La repetición en los versículos 7 y 9 expresa que Dios estaba muy consciente de las
aflicciones de su pueblo. Él había escuchado sus clamores y conocía sus penas. Este es
un ejemplo de la gran compasión de Dios y de su entendimiento de la condición y las nece-
sidades de su pueblo. El llamado de Moisés no se basaba en el corazón y las pasiones de
él; ese llamado estaba basado en la compasión de Dios por Israel.
Moisés serviría como el representante de Dios. En el versículo 8, Dios expresó clara-
mente sus intenciones: librar al pueblo de la esclavitud y llevarlos a “una tierra buena”. En
el versículo 10, Dios le dijo a Moisés que Él sacaría al pueblo de Egipto.

Pregunta: ¿Qué peligros enfrentan los cristianos si creen que el éxito o el fracaso en la
obra de Dios depende de ellos en lugar de Dios?

Los cristianos nunca deben olvidar la solemne responsabilidad de ser representantes


de Dios. De la misma manera, nunca deben olvidar que después de todo, es Dios que
cumple las tareas que Él les asigna. Son sólo instrumentos en sus manos. Ellos actúan
como necios cuando empiezan a confiar en sus propias habilidades. Tengan por seguro
que siempre fallarán, y hasta posiblemente desilusionarán a quienes sirven.

II. La respuesta humana (Éxodo 3:11-13)

A. “¿Quién soy yo?”

Mientras que el llamado de Dios a una tarea especial se basa en la soberanía y la


gracia de Dios, la voluntad e iniciativa humana también están presentes y activas. Este
pasaje nos enseña que al principio Moisés resistió el llamado de Dios en su vida. Su
caso no es el único en las Escrituras. Otros dos ejemplos son Gedeón (Jueces 6:11-40)
y Jeremías (Jeremías 1:1-12). Pero estos ejemplos muestran que, a pesar de la reserva
humana. Dios puede transformar vidas. Moisés con el tiempo sería el gran líder de Israel
durante este período formativo de la historia del pueblo.

Moisés resistió el llamado de Dios presentando cinco razones distintas (3:11; 3:13; 4:1; 4:10;
4:13). Dios consideró cada una seriamente y las contestó en forma completa y maravillosa.

La reacción inicial de Moisés es común a todos los que se encuentran ante la presencia
y persona de Dios (lea Isaías 6:5). A diferencia de su resistencia demostrada más tarde,
la primera pregunta de Moisés demuestra una legítima reacción inicial de un individuo que
es confrontado por Dios al ser llamado para hacer su obra.

Pregunta: ¿Cuáles son algunos de los beneficios que los cristianos recibirán al tener una
correcta perspectiva de sí mismos delante de Dios?

La primera pregunta que Moisés hizo es una de dos preguntas críticas que todo
cristiano debe hacer. Una correcta perspectiva de sí mismo en relación con Dios y su obra
es fundamental para que el servicio espiritual sea efectivo. Esto nos recordará de quién es
la obra, y refuerza el conocimiento de que Dios es el que realmente cumple la obra.

44 Guía para el profesor


Ética Ministerial

La respuesta de Dios a Moisés fue directa y poderosa; el asunto no era quién era Moisés,
sino quién era el que lo llamó. Mientras más íntimamente conocemos a Dios, mejor nos
entenderemos a nosotros mismos. Con una certidumbre absoluta. Dios le prometió a Moisés
que Él iría con él. Para reforzar esta promesa. Dios le dio a Moisés una señal. Esta señal (la
zarza ardiente) tuvo dos funciones: (1) Era una señal visible del poder y de la santidad de Dios
que ha irrumpido en la escena de la experiencia humana; y (2) señaló el futuro seguro de un
pueblo redimido adorando a su Dios en su santuario.

B. “¿Quién eres tú?”

La segunda reacción de Moisés refleja una segunda pregunta fundamental para todo
cristiano: “¿Quién es Dios?”. Más específicamente la pregunta debe ser: “¿Realmente sé
quién es el que me llamó?”. Para Moisés y los cristianos que buscan ser sinceros consigo
mismos, ésta hacía las dudas de Moisés. Hasta le ofreció a Moisés tres señales—la señal
de la vara, la mano leprosa, y la descripción de las aguas del río convirtiéndose en sangre-.
Estas servirían de señal al pueblo y a Moisés.
Para que un cristiano realmente sea efectivo en llevar a cabo los planes de Dios, debe
asegurarse internamente de que el poder de Dios operará en su ministerio. Este poder sirve dos
propósitos mayores: (1) como un medio para confirmar al cristiano y a los que él sirve que Dios
verdaderamente está obrando (4:5); y (2) para los que no son creyentes, una demostración del
poder y autoridad de Dios (4:8,9).

C. El Dios que provee

Moisés debió estar satisfecho desde un principio, cuando tuvo la experiencia de la


zarza ardiente. Debió creer que Dios estaría con él y que cumpliría todas sus promesas.
Pero a Moisés le faltaba crecer más. Con el transcurso de los años su relación con Dios se
desarrollaría aun más mientras ministraba a Israel. En este momento de su vida, vemos que
Moisés era como la mayoría de nosotros. Él tenía dudas también.
Al rogarle a Dios por última vez que enviara a otra persona en lugar suyo, es evidente
que Moisés buscaba una razón para no responder al llamado de Dios. Una vez más, Dios
demostró su paciencia tratando con las debilidades del hombre. Sin embargo, Él permitió que
Moisés conociera Su ira también. La respuesta a cada pregunta sirvió para decirle a Moisés
que Dios está consciente de las limitaciones del hombre, y escoge llamar a individuos a pesar
de sus protestas. Dios le afirmó la misma verdad a Pablo cuando dijo: “Bástate mi gracia;
porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).
La última protesta de Moisés recibió una reprensión severa de Dios. Este pasaje muestra
a Moisés muy desesperado. Moisés ya no podía postergar su decisión de ir o no. Dios le
concedió una petición a Moisés, pero no lo libró de su responsabilidad. Si bien Aarón fue
señalado como el portavoz, fue Moisés quien fue comisionado como el intermediario de Dios
(4:16). El servicio a Dios es un asunto de sumisión: la sumisión de una voluntad humana y
finita a un Dios paciente y todopoderoso.

Aplicación

La vida de Moisés demuestra que el llamado de Dios es tan único como la gente a quien
Él llama. Dios no llama a un cristiano según sus talentos o dones naturales, aunque puedan
ser importantes. Más bien, la comisión se basa en la elección soberana de Dios de un
individuo para llevar a cabo Su plan. No vamos a imponer las normas de la sociedad secular

Guía para el profesor 45


Ética Ministerial

de cualificaciones estrictas para un servicio espiritual al punto que no podamos reconocer la


obra de Dios en la vida de ese individuo.
La experiencia del llamado de Dios puede traernos a una etapa crucial de reconocer
quiénes somos nosotros y quién es Dios. Debemos reconocer que no tenemos ningún poder
para traer cambios permanentes y significativos sin el poder de Dios. Moisés no fue llamado
debido a sus talentos, preparación, o éxitos personales. Moisés fue llamado porque Dios
sabía lo que Él podía lograr por medio de él. Así como fue importante para Moisés saber quién
lo llamó, así también el liderazgo espiritual y efectivo requiere tener un conocimiento creciente
de Dios cada día.
Los que responden al llamado de Dios tienen la promesa de su presencia, poder y
providencia. Sólo aquellos hombres y mujeres llenos “de fe y del Espíritu Santo” (Hechos
6:5) pueden ejercer liderazgo espiritual. Las poderosas manifestaciones del poder de Dios
operarán en la vida de sus siervos para que los que no creen puedan creer y tener fe, y los
que creen puedan ser fortalecidos y alentados.

46 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 5:
Lectura y Análisis -
El ministerio y la ética en crisis

E
n la siguiente página encontrará un artículo de Robert J. Young, el cual fue extraído del
sitio web http://ag.org/enrichmentjournal_sp/ . Fotocopie la cantidad correspondiente de
esta nota y distribúyala entre sus alumnos para que realicen un informe crítico de lectura.

EL MINISTERIO Y LA ÉTICA EN CRISIS


por Robert J. Young

Una crisis ética existe en el ministerio. Algunos días parece que los lideres religiosos no son tan
religiosos. Con los escándalos y abusos sexuales, homosexualidad, e irregularidades financieras
frecuentemente en las noticias, el mundo ve un problema ético. De más preocupación son los asuntos
éticos menos visibles que tientan a los ministros diariamente en sus opciones, metas, y obligaciones. La
creciente crisis ética en el ministerio se puede ver en el aumento del número de recursos disponibles.
Hace veinte años se hablaba muy poco de la ética. Hoy, un estudio rápido del Internet revelará cientos
de páginas con declaraciones de su política, descargos, y recursos para las éticas ministeriales.
Cuando definamos la ética y evaluemos sus fundaciones teológicas, podríamos formular razones
para explicar por qué la crisis es importante. La naturaleza de la crisis —sus factores contributivos
internos y externos— y sugerencias bien informadas para recuperar el ministerio ético basado en la
fundación bíblica también necesitan la consideración del ministro.

Definición

¿Qué es la ética? “La ética cristiana es el estudio del bien y del mal, lo correcto y lo incorrecto. ¿Qué
constituye un carácter bueno, virtuoso, y saludable? ¿Cómo se puede discernir y hacer el bien en varios
dilemas éticos? ¿Cómo se puede realizar los valores morales cristianos en un mundo diverso, multicultural,
y de diferentes creencias? ¿Cómo se puede enseñar y promover el carácter y acción moral?”1
Cada cristiano es un moralista en una búsqueda moral de virtud y carácter. No es suficiente el solo
identificar y apoyar la conducta ética. Como Aristóteles indicaba, un temprano moralista, ética viene de
ethos, que se refiere a prácticas, costumbres, y hábitos. La ética evalúa la conducta y pregunta por qué
es que actuamos así. ¿Cómo podemos determinar las acciones correctas?
La mayoría de nosotros sabemos lo que significa ser virtuosos. Sabemos cuando somos personas
de carácter y cuando no somos. Nunca debemos estar satisfechos con la moralidad legal (técnicamente
yo sigo el código moral). La ética no solamente se trata de la moralidad, sino también de carácter y virtud.
Los ministros están llamados a tener virtud.

Fundamentos

Tenemos que reconocer las fundaciones bíblicas de la ética cristiana. Algunos se preguntan si ser
un moralista cristiano es todavía una posibilidad en un mundo postmoderno que duda la validez de los

1 Editado del plan de estudios de David Gill, “Christian Ethics” Fuller Seminary.

Guía para el profesor 47


Ética Ministerial

principios organizados de la ética cristiana. Hauerwas observa que la ética cristiana está llamada a existir
en un mundo fragmentado y violento.2 Lo absoluto todavía se necesita en un mundo que generalmente
lo ha rechazado.
La privatización de la religión ha causado que la conducta ética sea frágil. Hay necesidad para una
nueva veracidad en la convicción cristiana. La ética abstracta es imposible. Un modelo de conducta
común dice que las conductas están basadas en valores, y los valores están basados en los principios
o creencias que juntos producen una perspectiva del mundo. En la crisis ética, está en juego la base
teológica de la conducta cristiana.3
Algunos mantienen que nuestro mundo necesita redefinir la ética para que no desaparezca la
moralidad y virtud.4 No hay duda que existimos en un mundo donde el postmodernismo ha debilitado
mucho de lo que antes era firme. Tenemos que identificar una ética normativa de hacer y también una
ética de ser.5 En medio de las preguntas acerca de las fundaciones bíblicas de nuestros comportamientos
tenemos que reestablecer los morales, normas, obligaciones, y valores.
La verdadera ética cristiana está fundada en la teología sólida, la soberanía de Dios, la señoría
de Cristo, la nueva justificación posible en el nuevo reino. En contraste a la ética filosófica, el carácter
cristiano nunca puede estar considerado aparte de su naturaleza cristiana conectada con Dios, personal,
interna, orientada hacia el futuro, y universalmente aplicable.

Importancia

La importancia de la crisis se puede notar al preguntar, “¿Qué es lo que está en juego para el
ministerio, la iglesia, y el mundo?”.
Mucho está en juego para los que predican y ministran. Entender el cómo y el por qué los ministros
actúan de cierta forma no es fácil porque los humanos son propensos a la racionalización, las
personalidades luchan por poder, y la auto-evaluación honesta es difícil. Tenemos que reconocer que
las preguntas difíciles existen, identificarlas, y animar la reflexión personal.
El ministerio no está limitado a ministros de tiempo completo o a los obreros de la iglesia. El interés en
la ética ministerial extiende también a muchos profesionales y voluntarios que sirven en la iglesia de una
manera ministerial: ancianos, diáconos, administradores pastorales, ministros del cuidado pastoral, directores
espirituales, ministros de jóvenes, ministros universitarios, directores de educación religiosa, y maestros.6
Mientras el mundo secular da cada vez más atención a la ética profesional, la iglesia no puede quedarse atrás.
Aunque la ética y etiqueta están conectadas,7 la ética en el ministerio se trata en el fondo de la
integridad. Lo que está en juego es la integridad del ministerio. ¿Cómo pueden los que no son sanos
espiritualmente ayudar a otros hacia la sanidad espiritual? El ministerio eficaz no requiere la perfección;
requiere la integridad.
Ningún tema es más relevante en el ministerio que la exploración de cómo la verdad, creencias, y
valores se integran en la vida cristiana. Ningún ministerio es fiel si no está ayudando a las personas
a vivir cada vez más virtuosamente en medio de los desafíos éticos de estos tiempos. Los ministros
tienen que hacer más que guiar a otros hacia los comportamientos éticos; tienen que ser ejemplos. Las
normas éticas se aplican a todos los cristianos, pero los líderes espirituales tienen un nivel más alto de
responsabilidad ética.

2 Stanley Hauerwas, The Peaceable Kingdom: Primer in Christian Ethics (Notre Dame: Notre Dame Press, 1983), 1.
3 Walter E. Wiest y Elwyn A. Smith, Ethics in Ministry: A Guide for the Professional (Minneapolis: Fortress, 1990).
4 Vigen Guroian, Ethics After Christendom: Toward an Ecclesial Christian Ethic (Grand Rapids: Eerdmans, 1994).
5 Stanley J. Grenz, The Moral Quest: Foundations of Christian Ethics (Downers Grove, Ill: InterVarsity Press 1997).
6 Richard M. Gula, Ethics in Pastoral Ministry (Mahwah, N.J.: Paulist Press, 1996), habla de la amplitud del ministerio. Él investiga al ministerio
ético con títulos como fundaciones bíblicas, carácter y virtud en el ministerio, y los problemas de poder, sexualidad, y confidencialidad.
7 Nolan Bailey Harmon, Ministerial Ethics and Etiquette (Nashville: Abingdon, 1987).

48 Guía para el profesor


Ética Ministerial

¿Qué es lo que esta en juego para las iglesias?

Las iglesias pocas veces tienen un nivel más alto de normas morales y enseñanzas que la
persona que regularmente está proveyendo los alimentos espirituales. Si la iglesia moderna enfrente
un obstáculo espiritual que prohíbe que la iglesia ayude las vidas en necesidad, entonces el obstáculo
viene del liderazgo. La iglesia necesita liderazgo espiritual que encarna la vida de Jesús antes
de poder entender el desafío de vivir una vida a la imagen de Jesús en nuestro mundo. La virtud
influencia nuestras opciones, metas, papeles, y comportamientos. La virtud genuina conecta la fe y
comportamiento. La virtud es un esfuerzo durante toda la vida. La moralidad cristiana no está basada
solamente en guardar reglas. Los cristianos formados por la comunidad de la iglesia deben tener una
forma moral.
Lo que está en juego para la iglesia se puede resumir en tres preguntas: ¿Seremos espirituales
o seculares? ¿Seremos la presencia de Dios en este mundo con una palabra clara de Dios, o
simplemente otra canción sirena? ¿Seremos luz y sal?

¿Qué es lo que está en juego para el mundo?

Sólo necesitamos observar la catástrofe de los ministros que han caído para reconocer que el
mundo está mirando de cerca a los que proclaman seguir a Jesús, especialmente a los que sirven
en el ministerio. Para el mundo, la salvación, eternidad, evangelio, moralidad pública, y finalmente la
sociedad misma está en juego.
Las sociedades funcionan y son seguras porque un cierto nivel de moralidad existe. Generalmente
mis vecinos no hablan de robarme, matarme, o aprovechar de mí. Estoy seguro en la sociedad porque
ciertas normas morales dominan. Sin embargo, el aumento de la violencia al azar señala la decadencia
de las normas morales generalmente aceptadas. El número de presos aumenta. La dignidad de la vida
humana está reducida en una variedad de maneras.

La naturaleza de la crisis

La crisis ética no está limitada al ministerio. Nuestra nación está en una crisis moral. La crisis de
la ética ministerial es una parte de una crisis moral más grande en nuestra nación.
La crisis en el ministerio es evidente en tres áreas principales —la espiritualidad falsa, la evaluación
del ministerio falsa, y las expectaciones falsas de parte de los ministros, iglesias, y el mundo.
El ministerio espiritual es fácil de falsificar. Los predicadores predican y enseñan con poco o ningún
estudio.8 Las presiones de tiempo animan el plagio de sermones y clases. Los artículos en el boletín
son copiados sin poner los derechos del autor, o aun peor, presentados como los esfuerzos de uno
mismo. Los ministros pasan muy poco tiempo en la oración, en platicar con Dios, en escuchar a Dios,
todo bajo el pretexto de hablar para Dios. Algunos envueltos en el ministerio secretamente se dedican
a un estilo de vida poco ético y claramente inmoral.
Para agravar la crisis, nuestra sociedad contemporánea no sabe valorar que el ministerio
genuino no depende de las apariencias externas ni de las circunstancias externas. Las transiciones
rápidas de la sociedad contemporánea han hecho borrosas las definiciones del ministerio. De
hecho, el mundo de hoy muchas veces mide el ministerio con valores mundanos. Esto anima la
hipocresía y la falta de la integridad ministerial. El ministerio está en una crisis ética. Aumentando
el dilema aun está el hecho de que la crisis generalmente no está notada, aun por muchas iglesias
y ministros.

8 Aunque el ministerio involucra más que la predicación, las enseñanzas y predicación serán usadas intercambiablemente para describir la obra
del ministerio en este artículo. La mayoría del ministerio involucra la una o la otra de alguna forma.

Guía para el profesor 49


Ética Ministerial

Factores internos

¿Cómo es que llegamos a este punto? Varios factores internos han contribuido.
Falta de un enfoque espiritual
Las entrevistas ministeriales pocas veces preguntan acerca de la salud espiritual y crecimiento
personal. Pocos programas de capacitación ministerial requieren un componente de formación espiritual.
El requisito importante de la reflexión y formación espiritual en la capacitación ministerial es la excepción
no la regla. ¿Nos hemos olvidado que los líderes espirituales tienen que ser espirituales? ¿Estamos
tan ocupados persiguiendo el trabajo de Dios por métodos aprobados en los negocios que nos hemos
olvidado que el trabajo de reino de Dios es espiritual? ¿Cómo ministrarán eficazmente las personas
pocas espirituales la presencia de Dios en la iglesia cuando Dios apenas está presente en sus vidas?
Sin el enfoque espiritual, la escasez espiritual vendrá. El ministerio genuino está lleno de debilidad,
frustración, y aun fracaso. El fracaso más grande, sin embargo, puede ser el buscar el poder para el
ministerio en lo físico en lugar que en lo espiritual.

La evaluación equivocada
¿Cómo debemos medir el ministerio? Hay dos extremos opuestos. Por un lado, las normas
mundanas de éxito frecuentemente reemplazan la evaluación espiritual. Algunas iglesias no saben
apreciar el ministerio eficaz porque exigen los resultados numéricos. Los profetas de Dios del Antiguo
Testamento les hubiera ido mal en muchas iglesias modernas.
Por el otro lado, algunas iglesias y ministros fallan en entender el poder y el potencial del ministerio
eficaz y sufren por sus bajas expectaciones. La medida final en el ministerio es la fidelidad a Dios. El
ministerio que sea fiel a Dios nunca fallará. El ministerio fiel trae el poder de Dios a este mundo, y Dios
promete al aumento. Su palabra nunca vuelve vacía.

Expectaciones mundanas
Nuestra sociedad e iglesias muchas veces se adhieren a las ideas del mundo más de lo que
queremos admitir. Frecuentemente tenemos expectaciones que no aprecian la naturaleza elástico y
flexible del ministerio. No sabemos con certeza si los ministros trabajan por Dios o por las iglesias.
Afirmamos el primero, pero frecuentemente practicamos el último. Tendemos más a clonar los
predicadores que permitir el ministerio válido que es consistente con la personalidad del ministro.

Factores externos
¿Cómo es que llegamos a este punto? La crisis ética es también una crisis de la verdad. Cambios
significativos en los comportamientos, creencias, y valores de la cultura occidental han contribuido a esta
crisis, incluyendo la privatización, humanismo, relativismo, secularización, y pluralismo. El resultado es
la crisis moral en nuestra nación. Los líderes en el gobierno, negocios, y deportes reciben cargos por
varios diferentes actos ilegales e inmorales. Los líderes de las iglesias están descubiertos participando
en comportamientos y actividades pocos éticos. Nuestra nación ha perdido su base moral. Claramente,
la crisis en la ética del ministerio es parte de una crisis más grande. Una evaluación de los efectos de
la privatización, humanismo, relativismo, secularización, y pluralismo explicará cómo ocurría esta crisis
moral.

Privatización
La privatización en nuestro mundo occidental cambió la religión y el ministerio de un ruedo público a
uno privado que resultó en la pérdida de la responsabilidad.9 La inhabilidad de hablar de la religión en
el ruedo público es una de las consecuencias. Una vez que la religión sea limitada al ruedo privado, el

9 Para un buen tratamiento de esto, vea Leslie Newbigin, Foolishness to the Greeks (Grand Rapids: Eerdmans, 1986).

50 Guía para el profesor


Ética Ministerial

compartir la fe llega a ser más difícil y la responsabilidad es negada. “Lo que yo hago es mi problema.” Esta actitud
ha contribuido a la pérdida de las éticas cristianas en el ministerio y en los bancos de la iglesia.

Humanismo
Nuestras enseñanzas de la ética no se han mantenido al día con los avances rápidos en nuestro
mundo. Nuestro mundo y nuestras iglesias han experimentado la pérdida de los valores por medio
del humanismo. En el pasado, la iglesia generalmente enseñaba la ética con el enfoque en los
comportamientos más que los valores o creencias. Por ejemplo, cuando mis hijos eran pequeños, yo
les enseñé a no jugar entre el andén, o banqueta, y la calle (comportamiento). Después, yo les enseñé
cómo distinguir entre los lugares y actividades seguros y no seguros (valores). Si yo sé lo que es malo
pero no por qué es malo, yo no puedo tomar decisiones válidas cuando se presenten nuevas opciones.
Los cambios de los valores en nuestra sociedad tienen que ser tratados.10 La disponibilidad privada
de materiales inmorales ha aumentado. Anteriormente, el temor de estar descubierto en el ruedo
público era un elemento disuasivo en cuanto a la pornografía o otras actividades ilícitas o no éticas. En
el ruedo privado, tales elementos disuasivos están quitados. Restaurar la ética cristiana requerirá que
conectemos claramente los comportamientos (ética), valores y creencias de verdad.

Relativismo
Nuestro mundo y nuestras iglesias han experimentado una pérdida de la verdad, un desgaste de la
base principal por medio del relativismo. Si la verdad es relativa, entonces no hay una verdad objetiva. Si
no hay una verdad objetiva, entonces nadie puede decir con certeza que un comportamiento es bueno
o malo. A pesar de la incomodidad de proclamar una verdad que mostrará que otras religiones, o aun
otros grupos cristianos religiosos, son falsos, la iglesia no puede permitirse negar la verdad. David Wells
ha resumido el impacto sobre una sociedad y su futuro cuando la proclamación de la verdad falta.11 La
iglesia tiene que regresar a la proclamación clara de la verdad objetiva.

Secularización
Hemos experimentado la pérdida de lo misterioso en la continua secularización de la religión. Un enfoque
espiritual deficiente es el resultado de una falta de entrenamiento espiritual. El resultado final es una versión
totalmente secular del cristianismo, un resultado, yo temo, que no está lejos para algunos grupos.

Pluralismo
Nuestras iglesias han perdido parte de su identidad por causa del pluralismo. En un mundo de
verdades relativas, religión secularizada, falta de misterio, y pérdida de valores, apenas sabemos quiénes
somos y por qué existimos. Tenemos una habilidad limitada de identificarnos como una colonia cristiana
caracterizada por los comportamientos cristianos en nuestros esfuerzos de ser discípulos de Cristo.
La iglesia solamente perderá si esta crisis de verdad no es corregida.

Sugerencias para recobrar el ministerio ético

Encontrar una solución para la crisis en la ética ministerial no será fácil. Ninguna panacea existe.
Animar el ministerio ético requiere un enfoque en dos áreas - ministros y ministerios. ¿Cómo podemos
desarrollar ministros y ministerios éticos? Para empezar, tenemos que reconocer que la ética no
es solamente un asunto de ministros, sino también es un asunto de la iglesia. Las iglesias edifican
ministros tanto como los ministros edifican iglesias. Las iglesias forman los ministros y ministerios por

10 Tex Samples, U.S. Lifestyles and Mainline Churches (Louisville: WJKP, 1990), tiene información útil sobre los cambios de valores.
11 David Wells, God in the Wasteland (Grand Rapids: Eerdmans, 1994).

Guía para el profesor 51


Ética Ministerial

sus expectaciones y exigencias. Las iglesias tienen que creer en un ministerio poderoso. Los ministros
tienen que desarrollar ministerios con propósito.
No vamos a poder restablecer la ética en el ministerio hasta que entendamos la razón por la cual
se perdió. La ética está en la cumbre de una pirámide de principios-valores-éticas. Nuestra perspectiva
del mundo (base de principios) informa y apoya nuestros valores que a su vez determinan nuestros
comportamientos. La perspectiva del mundo de alguien son las suposiciones que uno hace acerca del
universo y cómo funciona. La fundación de la ética son las creencias de uno. Cambios de perspectiva
ocurren lentamente en las culturas o sociedades por medio de un proceso complicado. No es muy
probable que redefinamos la perspectiva de nuestra sociedad rápidamente o que invirtamos la caída en
la relatividad.
Entonces se pregunta cómo los ministros y ministerios tienen que cambiar y cómo el cambio
requerido podrá ser realizado. Restaurando la ética en el ministerio requiere creencias claras para los
ministros e iglesias, y la identificación y reafirmación de los valores cristianos. Tenemos que aprender a
pensar como Cristo para desarrollar los valores y comportamientos cristianos.

El ministro

Primero, tenemos que proveer mejor capacitación para los ministros. La iglesia tiene que exigir
ministros suficientemente preparados. ¿Qué es un modelo de capacitación ministerial adecuado para
producir ministros capaces y competentes? Aunque es cierto que cada cristiano puede servir, y muchos
pueden pararse y hablar en una clase, el ministerio exige más. Noyce12 resume la responsabilidad triple
del ministerio - cumplir nuestras promesas, cumplir nuestros compromisos, y mantener un estilo de vida
moral. Un paso hacia estas responsabilidades es la inclusión de la ética en los modelos de capacitación
ministerial. Nuestros seminarios de capacitación ministerial tienen que enseñar que el ministerio está
basado en los principios e impulsado por los valores. Tenemos que ayudar a los ministros a que
desarrollen actitudes cristianas y aprendan a vivir por los principios y valores cristianos. Tenemos que
exigir la capacitación que trata con la vida espiritual personal; desarrollar una perspectiva cristiana que
define y capacita para pensar como Cristo; y conectar creencias, valores, y éticas. Los ministros deben
llegar al final de su capacitación con un compromiso firme a la espiritualidad personal, un carácter sin
mancha, y una moralidad sin tacha.
Segundo, los ministros deben ser responsables para su ministerio. El ministerio no siempre produce
los resultados deseados, pero los ministros deben ser responsables para sus vidas, estudios, y
actividades ministeriales. Tenemos que animar que haya una franqueza más amplia en los que ministran
y una buena disposición en la iglesia para permitir que sean humanos, confiesen debilidades, y reciban
apoyo amoroso de la iglesia.
Finalmente, el ministerio ético requiere ministros comprometidos al ministerio, que sepan que las
recompensas que el mundo ve como éxitos pueden ser pocas, pero que el trabajo vale la pena y
puede ser logrado. Solamente cuando creo en lo que estoy haciendo, puedo encontrar la fuerza para
desarrollar la mente de Cristo y vivir según los principios y valores de Cristo.

La Iglesia

Las iglesias tienen que comprometerse a desarrollar mejores sistemas de apoyo para el ministerio
y un mejor entendimiento del ministro. Las iglesias edifican ministros más que los ministros edifican las
iglesias. El interés de la iglesia en el ministerio ético extiende a cada siervo cristiano. ¿Qué pasos debe
tomar la iglesia para ayudar a recobrar el ministerio ético?

12 Gaylord Noyce, Pastoral Ethics: Profession Responsibilities of the Clergy (Nashville: Abingdon, 1988).

52 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Primero, la iglesia tiene que exigir la integración de principios, valores, y éticas en las vidas de los
que ministran. La ética es concreta; cada cristiano es responsable de su carácter.
Segundo, la iglesia debe enfocarse en y exigir más responsabilidad para la obra del ministerio en
lugar de los resultados. Las iglesias tienen que estar preparadas para apoyar el ministerio y ayudar a
establecer expectativas razonables para lograr.
Tercero, las iglesias deben esforzarse para desarrollar un ambiente abierto que anima la honestidad
y vulnerabilidad entre todos los cristianos, incluyendo los que ministran, permitiendo que todos sean
humanos. El ministerio ético requiere que los miembros y ministros vayan al mundo guiados por la ética
cristiana.
Cuarto, tenemos que desarrollar mejores sistemas de apoyo dentro de la iglesia para los que
ministran.
Quinto, las iglesias tienen que desarrollar un mejor entendimiento del ministerio. Cada otoño, predico
por lo menos un sermón sobre la naturaleza del ministerio. Mi iglesia necesita entender el ministerio y
entender mi ministerio. Yo soy responsable ante ellos; ellos son mi sistema de apoyo.
Sexto, la iglesia tiene que desarrollar un compañerismo que permite que el ministro sea una parte
auténtica de la congregación local.
Finalmente, la iglesia tiene que ser siempre ética en su tratamiento con los ministros, miembros, el
uno con el otro, y el mundo.
Estos pasos sencillos no resolverán cada problema, pero pueden ser un punto de partida para que
la iglesia pueda restaurar confidencia en el ministerio. Los ministros vivirán mejor, predicarán mejor, y
enseñarán mejor. Los ministros serán mejores ministros. Las familias de los ministros beneficiarán. Los
ministros encontrarán apoyo de los líderes de la iglesia, un mejor entendimiento de su papel, y serán
más capaces de enfrentar los desafíos de su congregación. La iglesia disfrutará de mejores enseñanzas
y predicaciones. La iglesia se beneficiará de los ministerios poderosos que tocan vidas. Finalmente, el
mundo estará animado por el ministerio ético para creer en Jesús.
Cuando los ministros creen en sí mismos y las iglesias creen en el ministerio, el resultado será un
mundo que cree en Cristo.

Conclusión

Los ministros tienen que actuar de una manera responsable al luchar con nuestra teología y ética
en el ministerio. Somos llamados a ser guías morales para ayudar a formar una gente moral.13 Esto
involucra formar de nuevo la iglesia y transformar la cultura, pero principalmente involucra la formación
de personas morales, empezando con nosotros mismos.

13 Rebekah L. Miles, The Pastor as a Moral Guide (Minneapolis: Fortress, 1999).

Guía para el profesor 53


Ética Ministerial

Actividad No. 4:
Material de Apoyo -
¿Has reflexionado en el llamamiento
que Dios te hizo al ministerio cristiano?

E
n la siguiente página encontrará un bosquejo de Fernando A. Jiménez, el cual fue
extraído del sitio web http://www.heraldosdelapalabra.org/. Puede realizar fotoco-
pias del texto y repartirlas entre sus alumnos, a modo de resumen de los temas
tratados en clase.

¿HAS REFLEXIONADO EN EL LLAMAMIENTO QUE DIOS


TE HIZO AL MINISTERIO CRISTIANO?
por Fernando A. Jiménez

Base Bíblica: Marcos 3:13-19 y 6:6-13.

Introducción:

El día que hablé con Simón, me dijo que se retiraba de su empleo secular. “Siento el llamado
de Dios para comenzar una obra en Jamundí (una ciudad a pocos kilómetros de Santiago de Cali).
Intenté que razonara. “Creo que debes primero orar a Dios, no sea que estés moviéndote en tus
emociones”. Rechazó tal idea y, contra todo consejo, renunció a su trabajo de asesor en una gran
empresa. Un mes y quince días después se lamentaba: “Dios me dejó abandonado a mi suerte. Nada
ha ido bien. Tengo deudas. Definitivamente no prosigo”. Sobra decir que culpó al Padre celestial por
su fracaso.
A Oscar, un joven con quien también cursé la formación teológica en el Seminario, le ocurrió una
situación diametralmente opuesta. Trabajaba en el centro de la ciudad vendiendo mercancías. Cuando
sintió el llamado de Dios al pastorado, oró bastante tiempo hasta que sintió paz en su corazón, la
confirmación de que el llamamiento provenía de Aquél que todo lo puede.
¿Por qué algunos hombres y mujeres atraviesan períodos de derrota cuando creían que iban a
de-sarrollar un ministerio poderoso para ganar millares de almas para el reino de Dios? La respuesta
gravita en torno a un hecho ineludible. En la mayoría de los casos no tenían un auténtico llamamiento
divino y obraron en sus fuerzas.
Vamos a continuación a estudiar algunos pasajes bíblicos para que estudiemos un asunto de capital
importancia: el llamamiento de Dios al ministerio cristiano.

I.- DIOS ES QUIEN NOS HACE EL LLAMAMIENTO A SERVIR EN SU OBRA (Marcos 3:13-19)

1.- El Señor Jesús hizo el llamamiento a los discípulos. Ellos no se llamaron a sí mismos al servicio
(v. 13).
a.- El Señor Jesús los llamó para que aprendieran de Él (v. 14 a).
El Señor Jesús escogió a un número reducido: doce.
El Señor Jesús vio en ellos sus enormes potencialidades, no lo que eran en ese momento,
sino aquello que llegarían a ser.
b.- Una vez que aprendieran del Maestro, serían enviados (vv. 14 b, 15).

54 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Es necesario cumplir el proceso. ¿Has cumplido tú el proceso de estar con Cristo y aprender de Él?

¿Acaso por el afán de servir a Dios aquí y ahora, interrumpiste el proceso?


2.- El Señor Jesús escogió de entre la sociedad a los que Él quiso (vv.16-19).
a.- Aquellos que fueron llamados, estaban en el propósito eterno de Dios (2 Timoteo 1:8-10).
b.- Aquellos que fueron escogidos, en casos como el de Judas, no tenían claro su llamamiento.
Sus motivaciones eran erradas.

¿Tienes claro el llamamiento que Dios te ha hecho?


¿Has contemplado la posibilidad de renunciar al ministerio cristiano al pensar que el llamamiento al
ministerio cristiano no era para ti?

II.- DIOS ES QUIEN CONCEDE AUTORIDAD EN EL MINISTERIO CRISTIANO (Marcos 6:6-9)

1.- El Señor Jesús los envió en equipos de dos discípulos (vv.6, 7).
a.- Dios no nos llamó a trabajar solos. Todos trabajamos para Su obra. No estamos llamados a
crear “repúblicas independientes”.
b.- Cuando trabajamos en equipo, no llevamos solos toda la carga. Trabajar en equipo significa
volcar nuestros esfuerzos hacia un objetivo común. No puede tener cabida en la iglesia un
“espíritu de competencia”.

2.- El Señor Jesús les concedió autoridad (v. 7) sobre las dimensiones:
a.- Material: para cambiar las circunstancias.
b.- Espiritual: sobre los demonios.

3.- El Señor Jesús es quien envía la provisión (vv.8, 9).


a.- Si has recibido de Dios la visión para desarrollar una misión grande, confía que Él dará la
visión, la provisión y la bendición.
b.- ¿Acaso has renunciado a tus sueños tan solo porque piensas que la visión que recibiste de
Dios es demasiado grande e irrealizable?

III.- A DIOS ES A QUIEN EL MINISTRO REPRESENTA ANTE EL MUNDO (Marcos 6:10-13)

1.- La presencia de Dios iba con los apóstoles, y acompaña hoy a sus representantes: los ministros
del evangelio (vv.10, 11).
a.- ¿Eres consciente de tu condición como representante de Dios?
b.- ¿Has sido fiel a tu condición de ministro delante de Dios?

2.- Si nos rechazan al ejercer como ministros delante de Cristo, no nos rechazan a nosotros sino a
Dios porque somos quienes lo representamos como ministros (v.11).
a.- ¿Has sentido rechazo por proclamar el evangelio?
b.- ¿Estuviste tentado a renunciar al ministerio cristiano cuando te rechazaron?

3.- Quien tiene conciencia de su llamamiento divino, vuelca todos sus esfuerzos para cumplir la
misión que le ha sido encomendada (v. 12).
4.- Desarrollar confianza plena en Dios nos llevará a ser instrumentos de poder en las dimensiones
física y espiritual (v.13).
a.- ¿Eres consciente del poder que fluye en ti?
b.- ¿Has puesto el poder que fluye en ti al servicio de la extensión del reino de Dios?

Guía para el profesor 55


Ética Ministerial

Conclusión:

Hay una enorme diferencia entre ser un profesional predicador, es decir quien teniendo una
ocupación secular debe renunciar a ella para entrar en el ministerio cristiano, y el predicador profesional,
es decir, quien hace de la proclamación del Evangelio su trabajo y llega a ser tan rutinario, que pierde la
pasión por ganar las almas para Jesucristo.
Dios es quien hace el llamamiento. Si bien no somos indispensables, sabe el aporte que podemos
hacer a la extensión de las Buenas Nuevas en el mundo. Quien ha sido llamado por Dios, está preparado
para afrontar dificultades y, si tiene conciencia plena del alcance de su llamamiento, no se dará por
vencido ante las primeras dificultades.
Si nuestro llamado proviene de Él, nos concede la autoridad para ejercer ministerialmente, poniendo
en derrota las fuerzas de Satanás que en ocasiones quieren ponernos tropiezo.
Todos aquellos que trabajamos en el ministerio cristiano debemos evaluar constantemente nuestro
llamado y fortalecernos en Dios. Él comprende los problemas y frustraciones que podamos enfrentar, y
nos concederá la fuerza necesaria para vencer los problemas.

56 Guía para el profesor


Unidad II:
Paradigmas éticos
del ministro
Ética Ministerial

Actividad No. 5:
Lecturas complementarias

Criswell, W. A. El pastor y su ministerio.

S
egún la disponibilidad de los recursos Una guía práctica. El Paso: CBP, 1998
bibliográficos a su alcance puede (“El pastor enfrentando el desánimo y el
escoger entre las siguientes lecturas fracaso”, pp. 309-321).
complementarias con el fin de profundizar
su estudio personal sobre esta unidad. Martínez, José. Ministros de Jesucristo,
Asimismo, puede utilizar alguna de estas
Tomo I. Barcelona: CLIE, 1977. (Capítulo
lecturas para que sus estudiantes hagan un
análisis crítico, siguiendo el formato que III “Requisitos del ministro - Un carácter
aparece en el apéndice. santificado”, pp. 37-48).
Obviamente la lista para cada caso no
es exhaustiva ni obligatoria. Usted puede Nonini, Rogelio. Conducta Ministerial. Buenos
escoger libremente éstas u otras lecturas Aires, 1995. (Capítulo IV “El carácter y las
que considere importante usar para obtener motivaciones del ministro”, pp. 85-104).
un mejor aprovechamiento de esta unidad
de estudio. Trask, Thomas E. El Buen Pastor, Tomo I.
Miami: Editorial Vida, 1997. (“El carácter
del siervo del Señor”, pp. 180-194).

Trull, Joe E. Ética Ministerial. Sea un buen


ministro en un mundo que no es tan
bueno. El Paso: CBP, 1997 (Segunda parte:
“Las opciones morales del ministro”, pp. 47-
74.).

58 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Unidad II:

Paradigmas éticos
del ministro

Inicie la clase con la


siguiente pregunta:
¿Cuáles cree usted que
son los planteos éticos
más comunes que le hace
la sociedad a los ministros
evangélicos, y cómo se
debería responder a ellos?

C
ada día los ministros deben tomar decisiones que afectan a otras
personas, así como las suyas propias. Algunas decisiones son
comunes, como escoger entre recreación familiar o preparación
de sermones, otras a su vez son muy complejas. Pero incluso al decidir,
a menudo surge la pregunta “¿Se hizo lo correcto? ¿Cómo se sabe?”.
O mucho más importante aún “¿Se puede mejorar la habilidad para
mejorar las elecciones correctas?”.
La Biblia aparece como el recurso primario para los lineamientos
éticos, no obstante decir sencillamente “sigan la Biblia” no resuelve
todas las cuestiones morales. Algunos problemas éticos como el
divorcio y la guerra parecen estar tanto aprobados como condenados
en las Escrituras. También un número de asuntos morales modernos,
como la inseminación artificial, la eutanasia y otras cuestiones de la
bioética no existían en los tiempos bíblicos. La correcta aplicación de las
enseñanzas éticas de las Escrituras a estos y otros problemas, requiere
una exégesis hábil y una sana hermenéutica. La Biblia contiene una rica
veta de oro ético que puede extraer el ministro que se dedica a trazar
bien la Palabra de verdad (2 Ti. 2:15).6
Pida a sus alumnos que,
como tarea para la próxima
clase, busquen al menos
cinco ejemplos bíblicos de
ética ministerial.

6 Trull, Joe y Carter, James. Etica Ministerial. Sea un buen ministro en un mundo que no es tan bueno.
El Paso, Tx.:CBP, p. 50.

Guía para el profesor 59


Ética Ministerial

Junto a la Biblia resaltamos la obra del Espíritu Santo, el medio


subjetivo de la revelación. El apóstol Juan escribió: “Y cuando venga el
Espíritu de Verdad, Él os guiará a toda la verdad” (Jn. 16:13). La palabra
“verdad” incluye supuestamente la verdad moral, la ayuda y dirección
del Espíritu en opciones morales. Así como Cristo es el modelo para
la moralidad, el Espíritu Santo es el poder que hace posible vivir en
la novedad de vida resucitada en Cristo. Asimismo el apóstol Pablo
recordó a los primeros cristianos que el Paracleto de Dios es la guía
moral que mora en nosotros (Ro. 8:9-14; 1 Co. 6:19-20).
Pida a sus alumnos que
realicen un Ensayo acerca
de “El Espíritu Santo como
guía moral del ministro
cristiano”.
Otros recursos disponibles a la hora de enfrentar decisiones éticas
por parte de los ministros son la reflexión moral, la capacidad de
analizar situaciones, la tradición cristiana tanto en la esfera de nuestra
herencia como en la comunidad actual; y la oración que nos vincula con
la mente divina, que es la forma vital para confirmar la voluntad del
Padre en asuntos morales.
Esta lista de recursos plantea una distinción importante: ¿es la ética
un asunto de carácter o de conducta? ¿Qué son más importantes? ¿las
virtudes o los valores? ¿Lo que uno es, determina lo que hace, o lo que
uno hace determina quien es? La respuesta a estas últimas preguntas
es, “sí”. El ser afecta el hacer y el hacer determina el ser. “Ser bueno”
(carácter) y “hacer bien” (conducta) son necesarios, ambos elementos
son interdependientes.
El proceso de aprendizaje de lo que es moral para el ministro
de Dios, así como el desarrollo de la fortaleza para hacer lo correcto
es un reto de toda la vida. Crecer en la capacidad de analizar
cada situación correctamente; aplicar los principios y perspectivas
cristianos con sabiduría, y caminar en la senda que conduce hacia la
voluntad suprema de Dios, esa es la meta para las opciones morales
del ministro.
Pida a sus alumnos que
realicen la lectura que se
encuentra en la Actividad
Nº 6 y que luego expongan
sus conclusiones al resto
de la clase.

La ética del carácter


El carácter es básico para todas las decisiones éticas. Quienes somos
determina nuestro accionar o lo que hacemos. No es fácil definir el
término carácter, aunque todos tengamos una idea de lo que queremos
expresar. William Willimon lo llama la “orientación moral básica que da
unidad, definición y dirección a nuestras vidas, formando nuestros

60 Guía para el profesor


Ética Ministerial

hábitos e intenciones en modelos significativos y predecibles que


han sido determinados por nuestras convicciones dominantes”7.
Por su parte D. Glen Saul afirma que los individuos no se acercan
a una opción moral objetivamente; “mas bien cada persona trae las
disposiciones, experiencias, tradiciones, herencias y virtudes que él
o ella ha cultivado”8. Estos “hábitos del corazón” se desarrollan a
partir de las comunidades a las cuales pertenecemos: familia, iglesia,
escuela y nuestra sociedad toda.
El carácter determina cómo reaccionamos frente a distintas
circunstancias en la vida, sean estas buenas o malas, gratas o ingratas,
alegres o tristes. También el carácter determina cómo obramos frente
a los demás. El buen carácter embellece las relaciones humanas y
le da calidad al trabajo en equipo, características requeridas en los
ministros como dirigentes de su comunidad eclesial.
En la Actividad Nº 7
encontrará una lectura
que puede utilizar para
complementar las Notas de
Clase.

En las cartas que el apóstol Pablo les escribió a Timoteo y a Tito


encontramos que la mayoría de los requisitos para ser ministros tienen
relación con el carácter y la conducta que deben tener los mismos, mas
que con su capacidad técnica o intelectual.
Para desear la función de ministros debían ser irreprensibles
en su carácter y en su conducta; en la calidad de su familia y en su
relación con los demás, quienes debían dar buen testimonio de él como
persona. “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.
Pero es necesario que el obispo sea irreprensible… sobrio, prudente,
decoroso… amable, apacible, generoso. También es necesario que tenga
buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en
lazo del diablo” (1 Ti. 3:1-7).
El carácter es el factor más importante en la toma de decisiones éticas.
Las personas deben ser algo antes de hacer cualquier cosa. Las personas
de integridad no solamente dicen la verdad, sino que son veraces, de
allí la importancia de la ética del carácter en la ética ministerial. La
vestidura clerical no garantiza que el ministro tendrá una conducta
ética, porque lo que existe bajo ese atuendo afectará significativamente
cada opción moral. Esperidión Julca lo expresa de esta manera:

La formación integral de la personalidad es un desafío: aprender a dirigir,


saber ordenar y guiar, y obrar correctamente. La integridad moral en relación
con la carrera profesional del ministro es un reto: su capacitación progresiva,
tener control y disciplina de sus emociones, estar dispuesto a superar sus
deficiencias y no descuidar el sentido de lo correcto. Respetando criterios,

7 Willimon, William. El Servicio de Dios. Nashville: Abingdon, 1983, p. 28-29.


8 Saul, Glen D. La Ética de la Toma de Decisiones. Nashville: Broadman, 1988, p. 90.

Guía para el profesor 61


Ética Ministerial

interpretaciones y/o puntos de vista, decimos algo sobre importantes características


que atañen al ministro: 1) comprender la condición moral de otros; 2) demostrar
consideración positiva frente a los problemas morales por tratar; 3) tener
genuino interés en el trato que da, y que este concuerde con el sentimiento
de otros; 4) responder con integridad afectiva a sus interlocutores; 5) ser
congruente y transparente en sus modales y relaciones. En conjunto, la
madurez emocional y sus implicaciones, unida a sus prerrogativas benefician
positivamente al ministro: 1) se va edificando progresivamente; 2) comprende
aspectos de su propia persona; 3) se encuentra a sí mismo capacitándose
para desempeñar sus funciones con más efectividad; 4) logra comprenderse
para llegar a ser lo que deseaba ser; 5) es una persona más autónoma en
determinar su dirección de vida, ganando para sí más confianza; 6) está más
capacitado para encarar los problemas de su ministerio en forma adecuada
Busque, junto con sus
y con mayor facilidad.9
alumnos, ejemplos c o t i d i -
a n o s de las característi-
cas del ministro, menciona-
das por Esperidión Julca en
la cita anterior.
LA FORMACIÓN DEL CARÁCTER DEL MINISTRO

Así como el carácter se expresa a través de virtudes como el amor


y la sabiduría, el ministro encontrará que para fortalecer y construir un
carácter personal acorde a los principios bíblicos, deberá acudir al dador
de todas las virtudes, las cuales necesitará para ejercer éticamente el
ministerio: el Espíritu Santo, el único capaz de producir fruto de amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio
propio (Gá. 5:22-25), los cuales no expresan sólo buenas acciones, sino
que nacen en el interior mismo del hombre o mujer de Dios.
Un ministro que evidencia el fruto del Espíritu Santo en su vida
tomará también las decisiones morales correctas cuando sea necesario.
Decisiones basadas en aquello que la Palabra de Dios dice y también
respaldadas por un carácter alineado con el propio sentir de Dios.
En la Actividad Nº 8 le
ofrecemos un artículo
escrito por Ramón Sierra,
acerca del desarrollo del
carácter del líder cristiano,
el cual puede utilizar para
complementar el tema
tratado en clase.

MOTIVACIONES CORRECTAS E INCORRECTAS

Es importante, cuando de carácter se habla, que el ministro sea


sincero en cuanto a sus motivaciones respecto a su llamamiento y
desempeño ministerial. Las motivaciones son las razones internas
que lo impulsan a actuar, y por eso, es pertinente aclarar cuáles
son las correctas y cuáles las incorrectas, para que el ministro no se
engañe a sí mismo sino que sea íntegro también en este aspecto de
su carácter.

9 Julca, Esperidión Serie Ministerio: Vol.VII, N 1. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1993, p.5.

62 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Motivaciones correctas

En primer lugar, la motivación principal que debe regir el carácter


cristiano es el amor. Amor a Dios y al prójimo. Sentimiento que permite
que el ministro vele por la maduración y crecimiento de los creyentes,
que tenga la paciencia necesaria para llevar adelante la obra (aun con
las personas más difíciles), y sobre todo que le ayude a formar en su
persona un carácter de siervo, al modelo de Jesús.
Otra motivación correcta es el sentir de buscar agradar a Dios en
todo lo que se hace. Es decir, que en cada actividad que el ministro
realice lo haga con la motivación de agradar, honrar, y glorificar el
nombre del Señor, siguiendo el ejemplo y enseñanza del propio Jesús
(Juan 8:28-29).
También el servicio es una motivación correcta. No hay cargos ni
títulos que el ministro deba anhelar más que el ser siervo de Jesucristo,
y amar a las personas como Él lo hizo.
Y una última motivación correcta a mencionar es la obediencia.
Obediencia expresada a través de un compromiso del ministro con:
- El llamamiento de predicar el evangelio a todo el mundo y a
hacer discípulos (Mt. 28:19-20; Mr. 16:15-16; Hch. 1:18).
- Una vida acorde a las demandas divinas del ministro cristiano
(1 Ti. 3:1-7).
- La Palabra de Dios y la sana doctrina (1 Ti. 4:6; 16).
- La justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la
mansedumbre (1 Ti. 6:11).
Para reflexionar en clase:
Muchas veces los problemas
y conflictos que debe
enfrentar el ministro trabajan
en contra de sus motivaciones
correctas. ¿Qué medidas
prácticas deberá tomar para
resguardarlas y no permitir
que estas se pierdan o
cambien por incorrectas?
Anote en el pizarrón las
respuestas de sus alumnos.
Motivaciones incorrectas

Tal vez, una de las motivaciones incorrectas más notorias en los


ministros cristianos sea el orgullo. Es cuando el cristiano decide iniciar
un ministerio con el fin de recibir el aplauso y el reconocimiento de los
demás, antes que servir a su prójimo. El orgullo es un pecado que de
a poco va finalizando el ministerio pastoral. Aunque el ministro pueda
continuar haciendo las mismas actividades que realizaba cuando tenía
una buena motivación, aun así ya ha cerrado su corazón al accionar
del Espíritu de Dios en él, y la congregación progresivamente se dará
cuenta de su equivocada motivación.

Guía para el profesor 63


Ética Ministerial

Algunas evidencias de esta motivación incorrecta son: la


autosuficiencia, el mal carácter, el creerse superior a los demás, la
hipocresía, la utilización permanente de palabras hirientes, y distintas
actitudes que den muestra de una incapacidad para amar al prójimo
como a sí mismo.
Otra motivación incorrecta es el amor al dinero. Ver a la iglesia como
una fuente de ganancia, es un pecado que atenta contra los principios
más puros del anhelo de ejercer el ministerio pastoral. Es un mal que
acecha inclusive a aquellos que habían comenzado con motivaciones
correctas, pero que con el tiempo fueron cediendo ante la seducción
del dinero, dejando de lado el amor y el servicio, traicionando la
confianza que las personas tienen de la imagen pastoral, y utilizándolas
en beneficio propio, al punto de llegar a torcer las Escrituras para
manipularlas y extorsionarlas a cambio de supuestos “beneficios
divinos”.
Para finalizar, se puede citar al exitismo como otra mala motivación,
el cual hace que muchos cristianos se dejen llevar por los mismos
parámetros de éxito que la sociedad posmoderna tiene, en vez de
buscar los principios de éxito ministerial bíblicos. El exitismo incluye
también males como el activismo, la vanidad y la demagogia. Por eso,
el exitismo es una mala motivación que no debe ocupar lugar en la vida
del ministro cristiano.
Como introducción al tema,
pida a sus alumnos que
realicen una lectura crítica
del Artículo de Rogelio
Nonini que le ofrecemos en
la Actividad Nº 9.

La ética de la conducta
El comportamiento ministerial es un ingrediente crucial en el
ejercicio del ministerio. Actuar con falta de ética, como en forma
indiscreta, puede comprometer seriamente la capacidad de una persona
para servir a la Iglesia de Jesucristo. Así como el ser se centra en
virtudes, el hacer gira en torno a los valores, ¿qué queremos afirmar
con valores? Los valores son bienes morales que se realizan en sociedad.
Son los ideales y los conceptos que cualquier grupo considera de gran
valor. Por ejemplo, para los cristianos, la libertad y la justicia son valores
importantes y fundamentales para toda sociedad. Una de las funciones
de los valores es hacer ver las consecuencias del comportamiento en la
sociedad. Cuando alguien viola un valor aceptado, amenaza la creencia
unificadora de esa comunidad.
En la Actividad Nº 10 le
ofrecemos una lectura
que puede utilizar para
complementar las Notas de
Clase
Al considerarse el papel de los valores en la vida ética del ministerio
aparece una pregunta fundamental ¿Qué valores morales estabilizan

64 Guía para el profesor


Ética Ministerial

al ministro? Al considerar la ética cristiana, es básico comprender la


naturaleza moral de Dios. Levítico 19:2 se constituye como el norte
de nuestra creencia ética: “Sed santos, porque yo Jehová vuestro Dios,
soy santo”. La fe bíblica es una religión ética porque el uno y único
verdadero Dios es santo, recto y justo. El carácter moral de Dios se
revela a lo largo de todas las Escrituras, tanto en la forma en que Dios
se relaciona con su creación, como en la conducta que se espera de
aquellos creados a imagen de Dios. Los valores morales como el amor y
la justicia, son una guía principal para la conducta ética. Los escritores
bíblicos a menudo usan la palabra “bueno” para identificar los valores
morales y espirituales: “¡Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno!
¿Qué requiere de ti Jehová? Solamente hacer justicia, amar misericordia
y caminar humildemente con tu Dios.” (Miq. 6:8).
Desde esta perspectiva, el concepto de justicia se traslada a acciones
justas que el ministro debe llevar a cabo durante toda su vida. Justicia
expresada por medio del evangelio de Jesucristo, el cual incluye los
componentes esenciales para establecer una conducta ética amparada
bajo la voluntad de Dios, a través del amor y la misericordia. Y si la
conducta del ministro se encuentra ligada a estos principios bíblicos,
entonces el resultado será discernimiento conforme al deseo de Dios con
respecto a temas sobre los cuales el ministro deberá tomar decisiones.
Hacer bien, no solamente es dejar de hacer mal. La conducta del
ministro debe estar marcada con el ejemplo de Jesús en cada decisión
que realice, buscando siempre el bienestar para el prójimo y una
relación de obediencia y amor con su Señor.
Los graves trastornos de conducta, que se pueden observar en
algunos ministros en la actualidad, son en realidad la consecuencia
de malas decisiones que hicieron primero en su ser interior y que
derivaron en acciones erróneas y cambio de valores morales bíblicos
por relativismo moral. Por eso, discernir lo bueno es una tarea en la
cual el ministro deja salir a luz su comunión con Dios y obediencia a la
Palabra del Señor, antes que a opiniones personales.

En la Actividad Nº 11 le ofre-
cemos un testimonio pastoral
de caída y restauración. Pída
a sus alumnos que realicen
la lectura, y compartan sus
conclusiones con el resto de
la clase.

La Cuestión de las Obligaciones

Posiblemente una de las debilidades manifiestas de la ética del


carácter sea especificar con claridad lo que una persona debe hacer.
Hasta cierto punto esta deficiencia intenta ser cubierta, por la ética de
obligación (del griego deontos) conocida también en el ámbito de los

Guía para el profesor 65


Ética Ministerial

estudios seculares como la deontología profesional, la cual intenta tener


un acercamiento en la búsqueda de definir los principios morales o leyes
de necesidad que deben ser obedecidos. Surge entonces aquí la cuestión
¿Hay deberes que obligan al ministro?, ¿hay imperativos morales que
el ministro debe seguir siempre? En respuesta, debemos considerar que
la Biblia nos da varios ejemplos de deber deontológico. El decálogo no
fue ni diez sugerencias ni diez opciones de selección múltiple, fueron
expresados como absolutos morales (Ex. 20:1-7).
Los imperativos morales en el Nuevo Testamento, como la regla de
oro (Mt. 7:12) y el llamado a no vengarse (Mt. 5:38-39), son ideales éticos
y principios que están implícitos en esa nueva relación con Dios a la
cual entra un hombre cuando el Reino se establece dentro de él. Por otra
parte ciertos actos tienden a ser correctos por causa de la naturaleza del
acto mismo tal como se expresa en la siguiente lista que incluye algunas
responsabilidades aplicables a los ministros: cumplir las promesas,
decir la verdad, no hacer mal y practicar la beneficencia y la justicia.
Elabore en el pizarrón,
junto con sus alumnos, una
lista de obligaciones mora-
les que hacen a la conduc-
ta ética del pastor.

Las obligaciones también incluyen reglas. El ministro de Dios está


en contacto constante con reglas y normas que rigen su conducta y la de
la grey de Dios a la cual ministra. Entre ellas se encuentran las normas
bíblicas, los códigos de la iglesia y los edictos gubernamentales, que han
sido escritos para ser obedecidos. Las reglas tienen un valor positivo ya
que ellas describen y determinan la conducta de las personas dentro de
los parámetros aceptables de una sociedad. En el caso de las normas
bíblicas, describen la clase de personas que los cristianos deben ser,
estudian cómo actúan en ciertas situaciones quienes han sido captados
por Jesucristo y también informan al mundo incrédulo lo que deben
esperar de los discípulos de Jesús. Es sin embargo en este punto donde
el ministro debe considerar los peligros del legalismo. El legalismo
siempre ha sido un virus de la religión. En tiempos de Jesús las leyes del
Sábado se habían convertido en restricciones gravosas. En su celo por
mantener la letra de la Torá, los rabinos ortodoxos perdían el espíritu
de la ley, hasta incluso acusaron a Jesús de quebrantar la Ley de Moisés
(Mr. 2:23-24).
Los cristianos y aun los ministros corremos el peligro de ser
empujados sutilmente al legalismo. La mayoría de los evangélicos se
oponen a los pronunciamientos papales, los dogmas de la iglesia y los
credos autorizados de conducta que eliminan el sacerdocio de cada
creyente, pero es fácil para los ministros convertir la Biblia en un libro
de reglas, descansar en los juicios de un héroe religioso, o permitir que
alguna tradición de la iglesia se convierta en regla de fe y, aunque los
ministros deberían tener más conocimiento con relación a este tema, se

66 Guía para el profesor


Ética Ministerial

cae en la culpa de establecer una lista de “hacer y no hacer” en lugar de


buscar la voluntad de Dios.
El legalismo es una base inadecuada para tomar decisiones, por
varias razones. En primer lugar una lista de reglas es insuficiente para
cubrir todas las circunstancias posibles. Por otra parte generalmente
para mantener algunas leyes se requiere quebrantar otras, y finalmente
la debilidad más grande que tiene el legalismo es que casi siempre
estorba la madurez moral y estimula el orgullo egoísta. Ser un buen
ministro entonces resulta de aprender cómo hacer bien, y hacer bien es
asunto de valores, decidir qué bienes morales en la sociedad son dignos
de preservarse y qué reglas, principios e ideales, aplicar a cada cuestión
moral. Las perspectivas teológicas son fundamentales, lo que creemos
de Dios como Creador, Redentor y Gobernante influye en nuestra
capacidad para tomar buenas elecciones morales.
Pida a sus alumnos que
mencionen algunas de las
prácticas legalistas más
comunes encontradas en
las iglesias evangélicas.

DESAFÍOS DE LA CONDUCTA ÉTICA MINISTERIAL

A medida que la sociedad va asimilando una conducta cada vez


más alejada de las normas de conducta ética bíblica, mayor será el
desafío del ministro para sostener integralmente la proclamación de los
valores incluidos en el evangelio de Jesucristo.
Algunos de los pecados sociales que tienden a infectar rápidamente
la vida de los ministros son:
1. El soborno. Sobre todo en el contexto latinoamericano, donde
la corrupción es alarmante en todos los niveles de la sociedad,
es una práctica muy común el sobornar mediante pagos de
dinero a algún empleado del Estado (policía, juez, gobernante,
etc.) para que pase por alto alguna infracción a la ley vigente.
Además de extraviarse de los principios bíblicos sobre la
conducta cristiana, no es ético que un ministro permita,
incentive o participe del pago de sobornos a empleados
públicos con el pretexto de decir que es para “hacer un bien
a la iglesia”, como edificar un templo en algún lugar donde
esta prohibido, realizar obras de refacción o construcción sin
la aprobación del ente regulador correspondiente, mantener
empleados en condiciones de ilegalidad (sin recibo de sueldo,
aportes jubilatorios, ni obra social), etc.
2. La mentira, en ninguna de sus formas puede ser adoptada por
el ministro como parte de su conducta. Este pecado se encuentra
tan arraigado en la vida de la sociedad, que el ministro debe
prestar mucha atención a no caer en ella, inclusive cuando el

Guía para el profesor 67


Ética Ministerial

fin pareciera ser bueno. Por ejemplo, no es ético que el ministro


altere estadísticas de crecimiento de la iglesia para aparentar
una realidad ficticia, o que se copie en exámenes, etc.
3. Irresponsabilidad. El ministro debe ser cuidadoso de no ser
irresponsable en los ámbitos del trabajo, ministerio y la familia.
Los compromisos incumplidos suelen traer consigo deudas,
problemas de relaciones interpersonales y, sobre todo, una
alteración en la relación del hombre o mujer de Dios con su
Señor.
Puede utilizar el artícu-
lo que le ofrecemos en
la Actividad Nº 12 como
introducción al tema “la
etica de la integridad”.

La ética de la integridad
Tomar decisiones éticas es más que ser una buena persona y hacer lo
correcto, hay un tercer aspecto que debemos considerar.
Se ha escogido el término “integridad” como la mejor palabra para
describir la totalidad ética de vida demandada al ministro cristiano.
Este término aparece 16 veces en las Escrituras. La palabra hebrea es
tom o tummah y significa “completo, sano, ileso, perfección”. Se usa
para describir a los personajes bíblicos como David (Sal. 7:8), Salomón
(1 R. 9:4) y Job (Job 2:9). Ninguno de estos hombres fue perfecto
moralmente, pero cada uno modela una vida de integridad y madurez.
La integridad incluye lo que se es y lo que se hace. Es también lo que
se piensa, así como la forma en que se actúa. Es también santidad ética,
veracidad intelectual y excelencia moral. Quizá el aspecto a considerar
dentro del ámbito de la integridad de un ministro es el del intento por
ser consecuente en su pensamiento moral y acciones, ya que de otra
manera sería irracional y también daría lugar a serias dudas sobre su
integridad personal.
El vicio que Jesús condenó con sus palabras más duras y más severas
denuncias, fue la hipocresía (Mt. 23). La hipocresía puede significar una
falla en practicar lo que uno predica; también puede envolver una
actitud de escrupulosidad moral rigurosa en un área, en coexistencia
con una actitud de libertad indiferente en otra área comparable. La
hipocresía puede llevar al ministro a señalar permanentemente los
errores de los miembros de su congregación y la necesidad que tiene de
cambiar, pero no le permite ver sus propios errores ni sus falencias, ni
su propia necesidad de depender únicamente de Dios.
El ser íntegro ocupa distintos aspectos como el crecimiento en el
amor, y el compromiso social. Cuando el ministro vive en integridad,
puede crecer en amor en la misma medida que lo hace en otras áreas
de su vida como la misericordia, la paciencia, el gozo, etc. Y tampoco

68 Guía para el profesor


Ética Ministerial

permanecerá indiferente ante el sufrimiento de su prójimo, ni frente a


sus necesidades. Es por esto que su compromiso social también irá en
aumento con el correr de los años.
Un ministro íntegro buscará no dar lugar a pensamientos y acciones
que afecten la comunión con su Señor, todo lo contrario se mostrará
sincero ante Dios y solícito para responder con buenas obras en la
sociedad donde se encuentre ministrando.
Un ministro íntegro ha desechado el uso de máscaras de personalidad
en su vida. Se comporta de la misma manera ante diferentes tipos de
personas o situaciones, y tiene un único compromiso con Dios y su
Palabra.
Elabore en el pizarrón, junto
con sus alumnos, un cuadro
comparativo entre un minis-
tro íntegro y quien no lo es,
en las áreas de: espiritua-
lidad, finanzas, relaciones
interpersonales, y conduc-
ta ministerial en general.
Puede terminar la actividad
con una oración de compro-
miso a vivir una vida íntegra.

LA CREACIÓN DE INTEGRIDAD

En 1 Juan 2:6 se enseña a “andar como Jesús anduvo” en un pasaje


que sirve para resumir cómo se puede adquirir o crear integridad en la
vida del ministro. Si Jesucristo es el ejemplo y modelo de vida a seguir,
el andar con él también traerá integridad a la vida del ministro.
Andar con él, es vivir lo que él vivió, siguiendo sus pisadas
actuando como él lo haría. Jesucristo no sólo enseñó sobre distintos
aspectos del carácter e integridad del hombre, sino que también vivió
experiencias, hoy plasmadas en los evangelios, que le permitieron dar
cuenta verazmente de la posibilidad de llevar una vida íntegra aun
en un mundo corrompido por el pecado y la ausencia de decisiones
morales correctas.
Ser íntegro no es un imposible para el ministro cristiano, es un
desafío diario de comunión con Dios, que se refleja en cada acción que
realiza.
Concluyendo, se puede crear integridad en la medida que más se
busque ser como Jesucristo en carácter, conducta, moralidad y ética.

Guía para el profesor 69


Ética Ministerial

Actividad No. 6:
Material de apoyo -
“Cuida bien lo que se te ha confiado”

E
n la siguiente página encontrará un artículo de Harold Segura que fue publicada
en la revista Apuntes Pastorales volumen XXI, No. 1. Fotocopie la cantidad
correspondiente de esta nota y distribúyala entre sus alumnos. Asigne 20 minutos
para que hagan una lectura personal, y luego en la dinámica de la clase, compartan sus
conclusiones con el resto de sus compañeros.

CUIDA BIEN LO QUE SE TE HA CONFIADO


por Harold Segura

A Paul Antón, biblista del siglo XVIII d.C., se le atribuye haber sido el primero en denominar
“cartas pastorales” a las tres epístolas escritas por Pablo a sus íntimos colaboradores, Tito y
Timoteo. Esas cartas forman un grupo homogéneo de los escritos paulinos y, al igual que la
de Filemón, tienen como destinatarios, no a las iglesias, sino a sus pastores. Su contenido
abunda en recomendaciones acerca del ejercicio ministerial, pero agrega también orientaciones
pastorales para el crecimiento cristiano y el fortalecimiento de la fe de los servidores de “la casa
de Dios” (1 Ti. 3:15).
Estas cartas pertenecen a los llamados escritos tardíos del apóstol Pablo, quizá entre los años 62
y 67, cerca de su muerte. La ubicación de las fechas, al igual que la identificación de su autor, han sido
objeto de extensos y numerosos debates entre los especialistas del Nuevo Testamento. Al aceptar
las fechas indicadas y la autoría de Pablo nos acogemos a la tradición de la iglesia antigua, aunque
reconocemos las serias repercusiones de esta opción.
Los escritos están dirigidos a Timoteo y Tito. No obstante, se puede pensar que, aunque se
mencionan los nombres específicos, las recomendaciones tienen en mente a un grupo más amplio
de dirigentes de la iglesia. Los dos personajes eran conocidos cristianos del siglo primero, quienes
mantuvieron una relación de amistad y fraternidad con el apóstol Pablo. Timoteo fue uno de sus
colaboradores más íntimos y gozó de su plena confianza. Es mencionado en el libro de los Hechos
en seis ocasiones (16:1; 17:14 y 15; 18:5; 19:2; 20:4) y dieciocho en las epístolas paulinas. Fue
compañero inseparable del apóstol en sus viajes por Galacia, Troas y Filipos, entre otros lugares;
incluso durante la prisión en Roma. Pablo le encargó el gobierno de la iglesia de Éfeso, ciudad donde
se encontraba cuando recibió la primera carta (1 Ti. 1:3). Las referencias dejan ver una relación cálida
entre el maestro y el discípulo: en una ocasión lo llama “mi hijo amado y fiel hijo en el Señor” (1 Co. 4:17)
y en otra “mi verdadero hijo en la fe” (1 Ti. 1:2).
En cuanto a Tito, su nombre es mencionado en doce ocasiones en las epístolas paulinas (2 Co.
2:13; 7:6, 13, 14; 8:6, 16, 23; 12:18; Gá. 2 :1 y 3; 2 Ti. 4:18; Ti. 1:4). Estaba junto a Pablo en el concilio
de Jerusalén (Gá. 2:1–3). Era de origen gentil (Ga. 2:3) y probablemente pertenecía a la comunidad
de Antioquía. Pablo le confió delicados encargos ministeriales y, al final de la vida del apóstol, fue
constituido pastor de Creta (Tit. 1:5) y colaborador en la misión hacia Dalmacia (2 Ti. 4:10), territorio
de la antigua Yugoslavia.

70 Guía para el profesor


Ética Ministerial

En estas epístolas, sin duda, podemos encontrar algunas pautas en cuanto a la formación cristiana
y el desarrollo de creyentes fieles a su Señor y obedientes a la tarea del Reino. Pablo, al fin y al cabo,
procuraba que estos dos servidores de la iglesia se esforzaran por presentarse a Dios aprobados “...
como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad” (1
Ti. 2:15).

El valor de un modelo

Una de las características de las cartas pastorales es su exigencia moral y espiritual para los
dirigentes de las iglesias (pastores, obispos o diáconos), entre ellos Tito y Timoteo. Y a ese nivel de
calidad moral no se podía aspirar afirmando solamente la ortodoxia doctrinal. Pablo apela, en esta
ocasión, a su propio modelo de vida. Por eso, la primera lección de formación es él mismo como siervo
que ha “peleado la buena batalla, ha acabado la carrera” y ha “guardado la fe” (2 Ti. 4:7).
La formación por medio del ejemplo personal es un común denominador en casi todos los escritos
paulinos. De hecho, en uno de ellos afirma: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en
mí, esto haced” (Fil. 4:9). Todo aquello que el apóstol demandaba de sus discípulos cercanos ellos lo
podían ver en la vida y en la práctica del apóstol: había experimentado una genuina transformación
(conversión) personal (1 Ti.1:12–15), había sido valiente en los momentos de persecución y sufrimiento
(1 Ti. 4:10; 2 Ti. 1:12) y había perseverado cuando los demás lo habían abandonado y traicionado
(2 Ti. 1:15; 4:16–18). A partir de ese modelo de madurez cristiana es que exige a sus discípulos que
sean irreprensibles moralmente, comprometidos en su ministerio y limpios de conciencia. Esto explica
también que Pablo pida a Timoteo: “no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo,
ni de mí, preso suyo...” (2 Ti. 1:8).
Así, el ciclo formativo de Pablo es dinámico y tiene efecto multiplicador: primero, Pablo es
un imitador de Jesús, luego Timoteo y Tito hacen lo mismo con la ayuda del modelo de Pablo
y finalmente, se espera que las iglesias reproduzcan las conductas de Tito y Timoteo como
modelos en el seguimiento de Jesús (2 Ti. 2:7): “presentándote tú en todo como ejemplo...”
(Tit. 2:7)

Formación por medio de la acción

¿Cuál es el interés prioritario de estas cartas?: ¿el crecimiento personal de Timoteo y Tito
o la consolidación de las iglesias a su cargo? Los dos propósitos se conjugan bien y se inciden
mutuamente. Las iglesias se edificarán en la medida en que sus dirigentes sean creyentes maduros y
estos a su vez, lograrán la madurez mientras sirvan en las iglesias y se involucren en la proclamación
y defensa del evangelio.
La propuesta del apóstol es “formación en la acción”. De allí que las disciplinas que se mencionan
tengan que ver con el compromiso radical de seguir a Jesús en medio de las condiciones adversas del
mundo (2 Ti. 3:1), de la apostasía reinante (1 Ti. 4:1), y de los falsos creyentes (2 Ti. 4:14). Por otra
parte, a la acción ministerial dentro de la iglesia, se suman las buenas obras para con los de afuera.
La diaconía, expresada por medio de las buenas obras hacia los más necesitados es uno de los temas
centrales en las tres epístolas. Pablo exhorta a ocuparse en las buenas obras para que la fe tenga
fruto (Tit. 3:14).
La formación cristiana, desde esta perspectiva de la acción consecuente, se diferencia de las
falsas doctrinas (herejías), las cuales proliferaban por aquel entonces y que Pablo combate en sus
cartas. Esas son fábulas que conducen al debate retórico, pero no contribuyen a la “edificación de
Dios que es por fe” (1 Ti. 1:4). La “fe no fingida” (1 Ti. 1:5; 2 Ti. 1:5) es aquella que logra traducir
la piedad personal e íntima, en acciones concretas que expresan el amor de Dios al mundo
necesitado.

Guía para el profesor 71


Ética Ministerial

La iglesia, espacio vital de crecimiento

El ambiente de estas epístolas es eclesial y comunitario. Tan eclesial que algunos biblistas opinan
que no corresponde al contexto del primer siglo, sino de la primera mitad del siglo II d.C., cuando las
comunidades habían desarrollado ciertos grados de institucionalización jerárquica. De allí, concluyen
que son cartas escritas por el “movimiento sub-paulino”, entre los años 100 y 135 d.C.
En especial, en 1 Timoteo, Pablo expresa cuatro preocupaciones: las doctrinas heréticas, la
presencia de los ricos en la iglesia, la creciente participación de las mujeres en el ministerio local, y
la opinión de la sociedad greco-romana para los cristianos (el “qué dirán”). Para cada una de estas
preocupaciones ofrece alternativas que deben ser acogidas por el discípulo y aceptadas por la
iglesia. Aunque en 2 Timoteo y Tito los énfasis varían, se mantiene el interés por las iglesias y por su
desarrollo institucional.
Pablo escribe desde la distancia; ni Tito ni Timoteo están cerca (2 Ti. 4:9). Por lo tanto, la
maestra inmediata es la iglesia. Ella es la tutora y en su seno crecen los discípulos. La “iglesia del
Dios viviente”, es “casa de Dios” y “columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:15). La iglesia, aunque
imperfecta, es el medio natural para que crezca la fe y se proyecte hacia el mundo entero. En ella, el
amor es una exigencia que madura y las imperfecciones son un reto que afirman la confianza en la
gracia del Señor.
Este crecimiento que ofrece la iglesia no se produce gracias a la entera santificación de sus
miembros, pues Pablo reconoce con pesar que hay hipocresía, traición (2 Ti. 4:14), apostasía y
liviandad espiritual. Sin embargo, nada de eso lleva a desconocer el papel formativo que juega la
comunidad para sus miembros. Esa iglesia, a pesar de sus inconsecuencias, sigue siendo, por el
misterio de la gracia, “columna y fundamento de la verdad” (1 Ti. 3:15).

Ante todo el carácter

¿Cuál es la meta de la formación cristiana?, ¿cuál es su evidencia más palpable? A decir verdad,
la respuesta es diversa porque abarca tanto la solidez doctrinal (Tit. 2:1; 1 Ti. 1:4), como el desarrollo
de la piedad personal (1 Ti. 2:2, 19; 4:7; 6:6 y 11; 2 Ti. 3:5), el compromiso ministerial de entrega a
la iglesia -y por medio de ella a los necesitados de este mundo (1 Ti. 5; 2 Ti. 2; Tit 2)- y, de manera
especial, el desarrollo de un carácter integral que refleje la gloria de Cristo. Ese carácter se evidencia
por medio de la práctica de la justicia, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre (1 Ti. 6:11), la paz,
la amabilidad (2 Ti. 2:22–24), la sobriedad (2 Ti. 4:5), la integridad, la seriedad y el uso de la palabra
sana e irreprochable (Tit. 2:8), entre otras.
La diferencia entre los falsos maestros, tanto los que engañaban con “fábulas y genealogías
interminables” (1 Ti. 1:4), como los que vendrán en los últimos tiempos (2 Ti. 3), no es sólo su doctrina
diferente, sino su carácter. Estos son contumaces, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos,
desobedientes, ingratos, impíos, implacables, intemperantes, crueles y mucho más (2 Ti. 3:1–9). La
diferencia entonces se marca con una doctrina sana y un carácter íntegro, que les permita presentarse
a Dios “aprobados, como obreros que no tienen de qué avergonzarse” (2 Ti. 2:15).

Asunto de disciplina

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7), afirma Pablo
al final de sus días. Las figuras del soldado y del atleta son presentadas como metáforas del proceso
de formación cristiana y aparecen también en otras partes de los escritos pastorales (2 Ti. 2:3–5; 1Ti.
4:7–8), junto a la figura del labrador (2 Ti. 2:6). Estas referencias sirven para establecer una relación
entre formas de disciplina física y espiritual. La formación del carácter cristiano no es un asunto ligero
o frívolo, como sí lo pudieran ser las viejas leyendas judías o las fábulas gnósticas. La piedad cristiana
requiere que los creyentes se ejerciten con disciplina.

72 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Algunas disciplinas del “rigor atlético” de la fe son mencionadas por el apóstol a lo largo de sus
tres escritos. Entre ellas están: el discernimiento doctrinal o teológico (1 Ti. 1:4–7; 4:16; Tit. 2:1), la
oración (1 Ti. 2:1–2 y 8), la lectura (1 Ti. 4:13), el servicio y las buenas obras (1 Ti. 5:10; 6:2 y 18), la
aplicación de las Escrituras (2 Ti. 3:15–17), la proclamación del evangelio (2 Ti. 4:1–2), la fraternidad
y amistad cristiana (2 Ti. 4:10–13, 19–21, Tit. 3:12–13) y la denuncia profética (1 Ti. 6:17–19).

Dios es el autor

El crecimiento cristiano es una acción que descansa, finalmente, en la obra soberana de Dios por
medio de su Santo Espíritu. Tantas son las exigencias que hace el apóstol a sus jóvenes discípulos
que se corre el riesgo de leer las cartas como rígidos tratados de moralidad humana o religiosidad del
esfuerzo propio. Razones hay para ello, sobre todo si nos detenemos en aquellas ocasiones en las
que invita a esforzarse (2 Ti. 2–1) a pelear (1 Ti. 6:12) y a ser valiente (2 Ti. 2:8). Sin embargo, Pablo
acompaña cada exigencia con una verdad referente a la gracia de Dios que opera en nosotros por
la obra salvadora de Cristo y por su amor entrañable. Así, el esfuerzo que pide es un esfuerzo en la
gracia: “esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 2:1).
Aunque requiere de nuestro esfuerzo y del acompañamiento comprometido de la iglesia, la
formación cristiana es, en última instancia, obra soberana del Espíritu, quien actúa por su gracia en
nosotros. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación de todos los hombres” (Tit. 2:11).
Cristo es el único capaz de “redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso
de buenas obras” (Tit. 2:14).
Puesto que Dios es el actor de la purificación, Pablo anuncia su muerte y se prepara en paz para
ser sacrificado. “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano” (2 Ti.
4:6-7). No hay lugar para la ansiedad manipuladora, ni para el caudillismo clerical ya que de la gracia
de Dios proviene nuestra confianza y a él debemos nuestra fe.

Pablo, formador de creyentes maduros

La formación cristiana es, ante todo, un proceso dinámico y siempre inacabado por medio del
cual Dios nos imparte su vida mientras caminamos con la iglesia y nos sometemos a su voluntad,
“agradable y perfecta” (Ro. 12:2). Este es un proceso comunitario en el cual crecemos mientras
aportamos al crecimiento de los demás.
No es un programa que se transmite, sino una vida que se comparte. Es un peregrinaje que se
inicia con un modelo personal de seguimiento de Jesús, se acompaña con una estrecha relación de
fraternidad cristiana, se consolida con la práctica de las “disciplinas atléticas” de la fe y descansa en la
gracia soberana de Dios, quien es el único autor y consumador de la fe. “Timoteo, ¡cuida bien lo que
se te ha confiado!” (1 Ti. 6:20).

Guía para el profesor 73


Ética Ministerial

Actividad No. 7:
Material de apoyo -
Las exigencias del ministerio

E
n la siguiente página encontrará un artículo de Roger Wilmore que fue publicado en
la revista electrónica Puentes, volumen I, No. 4 (www.LifeWay.com/bhinternational).
Fotocopie la cantidad correspondiente de este artículo y distribúyalo entre sus
alumnos. Asigne 20 minutos para que hagan una lectura personal, y luego respondan
las preguntas que le ofrecemos al final del artículo. Finalmente pida a algunos de sus
alumnos que compartan con el resto de la clase sus respuestas, y concluya la actividad
con una reflexión.

LAS EXIGENCIAS DEL MINISTERIO


por Roger Wilmore1

El pastor de hoy enfrenta múltiples exigencias a causa del aumento del estrés social.
Stephen F. Olford realizó un informe donde señala que hay casi 70.000 púlpitos vacantes en los
Estados Unidos. Las cinco causas principales de esa frustración son: 1) Confusión vocacional;
2) quiebre moral; 3) esterilidad bíblica; 4) bancarrota espiritual y 5) confusión emocional.
H. B. London, Jr. y Neil Wiseman dicen: “La sociedad no puede florecer sin pastores llenos de
Dios. Las exigencias del ministerio asfixian el alma de los pastores. La pregunta es por qué deben
desperdiciar energía en temas triviales cuando el diablo amenaza con destruir a la humanidad”.
La mayor causa de estrés en los pastores es producto de la exagerada expectativa de la
gente. El pastor está atrapado entre lo que Dios lo llamó a hacer y lo que la gente espera que
haga. Se espera que sea administrador, experto en relaciones públicas, consejero, recaudador
de fondos, gran predicador, brillante docente y amigo personal.Tantas presiones lo paralizan y
debilitan su espíritu.
El pastor necesita controlar ejes claves: ¿Cuál es el origen de esas expectativas? ¿Son de
Dios? ¿Son de la gente? ¿Quién decide lo que los pastores deben hacer? Un pastor debe estar
por sobre las
expectativas de la gente y alinearse con las de Dios. Jesús fijó el modelo cuando dijo: “Mi
comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra” (Juan 4:34). Nuestro
Maestro tuvo que lidiar con las presiones del ministerio. En Lucas 8:22-56, Jesús enfrentó
algunas de las exigencias que enfrentamos hoy. En estos pasajes vemos:

La gente que requiere al ministro

En Lucas 8 Jesús busca un lugar dónde descansar. Los hechos ocurrían en su día libre.
Una de las mayores causas de estrés en la vida ministerial es la continua exposición ante la
gente. Lucas 8 revela cómo Jesús respondió a la gente que demandaba su atención. Cada
circunstancia es estresante:

1 Roger Willmore es pastor de la Primera Iglesia Bautista de Weaver, Alabama en E.U.A.

74 Guía para el profesor


Ética Ministerial

1. Jesús lidió con la incredulidad (Lucas 8:22-25). El primer encuentro fue entre Jesús y
sus discípulos. Jesús dormía cuando ellos enfilaron su barca hacia una zona de tormenta y se
encontraron en problemas. Cuando despertaron a Jesús, El calmó la tempestad y les preguntó
dónde estaba su fe. Lidiar con el descreimiento es estresante. Moisés es un ejemplo. Pastoreó
a una congregación que pasó 40 años segando las consecuencias de su poca fe.
2. Jesús ministró a deprimidos y desilusionados (Lucas 8.26-39). Cuando fue a la región de
los gadarenos halló a un hombre acosado por problemas mentales. El agotamiento emocional
sigue luego de ministrar a personas cuyas vidas están abrumadas.
3. Jesús enfrentaba la muerte todos los días (Lucas 8.40-42; 49-56). La Biblia describe
a Jairo, cuando una hija está muriéndose, apelando a Jesús. Los pastores conocen el dolor
de ministrar a gente cuando ronda la muerte. Los pastores pueden sentir que carecen de
herramientas o palabras para esos momentos. Es tremendamente estresante.
4. Jesús lidió con la desesperación (Lucas 8.43-48). La Biblia habla de una mujer que sufría
de flujo hemorrágico por años y había perdido la salud, el dinero y todas sus esperanzas.
Ministrar a los desesperados socava nuestra energía emocional y espiritual.

Los principios que sostienen al ministro

En Lucas 8.22-56 vemos cuatro cosas que Jesús hizo para resolver las demandas del
ministerio:
1. Descansó (Lucas 8.22-23). Jesús sugirió descanso para predicadores desalentados.
2. Jesús nunca estaba apurado. Ministraba con calma y de forma deliberada. No corría de
uno a otro. Trate de calmar su forma de ser.
3. Hacía una cosa por vez. No calmó la tempestad, echó fuera demonios, resucitó muertos y
restauró al enfermo, todo al mismo tiempo. Algunos ministros parecen prestidigitadores al tratar
de hacer demasiadas cosas.
4. Jesús se rodeó de gente positiva y de oración. Cuando fue a la casa de Jairo pidió que
salieran aquellos que cargaban dudas o críticas. Sólo Pedro, Santiago, Juan y los padres
de la niña recibieron permiso para quedarse en la casa. Tome distancia de los incrédulos o
dubitativos. Rodéese de gente positiva y de oración. ¡Pastores, no bajen los brazos! Hay fuerza,
esperanza, ayuda y estímulo para cada uno de ustedes por parte del Señor.
Practiquen estos principios que ayudan a sustentar el ministerio.

Cuestionario:

1. ¿Cuáles cree usted que son las principales causas del estrés en los ministros latinoamericanos?
2. ¿Se ha sentido agotado en algún momento del desempeño de su ministerio? Analice las
causas.
3. ¿Por qué cree que no se enseña tanto acerca del descanso que los ministros necesitan?¿Cómo
se podría revertir esta situación?
4. Si no lo tiene, elabore una agenda semanal donde el tiempo de trabajo esté en equilibrio con
el tiempo de descanso y esparcimiento.de la antigua Yugoslavia.

Guía para el profesor 75


Ética Ministerial

Actividad No. 8:
Material de apoyo - El Carácter del líder

E
n la siguiente página encontrará un artículo escrito por Ramón Sierra, extraído de
http://www.nazarene.org/ed_didache/index.html acerca del desarrollo del carácter
del líder cristiano. Puede utilizar este material como complemento a las Notas de
Clase.

EL DESARROLLO DEL CARÁCTER DEL LÍDER CRISTIANO


por Ramón Sierra

Introducción

Las siguientes palabras se encuentran escritas en la tumba de un obispo anglicano de la


Abadía de Westminster:
“Cuando era joven y libre, y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo.
Cuando me volví más viejo y sabio descubrí que el mundo no cambiaría, así que acorté mis
anhelos un poco y decidí cambiar sólo mi país. Pero este también parecía inmutable. Cuando
entré en el ocaso de mi vida, en un último y desesperado intento decidí sólo cambiar mi
familia, a los que estaban más cerca de mí, pero igualmente ellos no cambiarían. Y ahora,
mientras me encuentro en mi lecho de muerte, repentinamente me doy cuenta: Si hubiera
podido cambiarme a mí mismo, entonces por el ejemplo habría cambiado mi familia. Por su
inspiración y valor hubiera entonces podido cambiar mi país, y a lo mejor hubiera podido
cambiar al mundo” (Canfield/Hansen, “Comienza Contigo Mismo,” Sopa de Pollo para el
Alma, 72).
Hoy día, la importancia y el valor de la persona, quién ella es interiormente, y su necesario
desarrollo personal permanente, son resaltados en todos los ámbitos de la vida. Se reconoce
más y más, fuera de los círculos eclesiásticos, que los beneficios del desempeño de
funciones, tareas, trabajos y más específicamente, de métodos y técnicas en cualquier campo
del accionar humano dependen directamente de la calidad de persona que los ejerce, o sea,
de su carácter.
“Generalmente, carácter puede ser comprendido como el patrón de conducta que persiste
en el tiempo y ‘caracteriza’ o ‘define’ a una persona. El carácter de una persona indica los
rasgos y hábitos persistentes de un individuo. Específicamente, el carácter comúnmente
se refiere al comportamiento moral de una persona con relación a su patrón de conducta
que intenta hacer el bien o el mal a otras personas” (Cully/Cully, Encyclopedia of Religion
Education, 106). Por lo que el carácter de una persona, tiene que ver con patrones de
conducta, lo que nos caracteriza o define individualmente, rasgos persistentes, hábitos, hacer
el bien o el mal a otros.
En este sentido el carácter es algo que emana del interior del ser humano pero que se
evidencia o se refleja en sus actos exteriores, aunque los actos visibles ante otros puedan ser

76 Guía para el profesor


Ética Ministerial

malinterpretados. A pesar de que no podemos o no debemos separar el “ser” del “quehacer”,


lo que hacemos -la conducta, la realización de cualquier tarea- según las Escrituras, fluye o
emana de nuestro carácter (corazón = centro espiritual de decisiones, que incluye el intelecto
y la capacidad de escoger), nuestra calidad de persona interior y moral. Dicho de otra
manera, “la imagen moral de Dios en el ser humano tiene que ver con las disposiciones y las
tendencias que aloja en su corazón. Forman parte del carácter o la calidad de la persona,
se trata de la corrección o la incorrección con que haga uso de los poderes que le han sido
otorgados. Otorga al ser humano su naturaleza moral, y hace posible que posea santidad de
carácter” (Purkiser, Explorando la Fe Cristiana, 223). Por lo tanto, todos estos rasgos arriba
mencionados tienen que ver con nuestros fundamentos, los cimientos que nos sostienen en
el transcurso de la vida.
En este sentido, si la persona procura mejorar y desarrollarse como tal, no sólo podrá
realizar su labor con mayor eficacia sino que estará nutriendo la misma fuente, su propia
persona, que en última instancia es lo más significativo que puede compartir con y aportar
a otro ser humano. Tomemos dos ejemplos del mundo no-cristiano, uno del ambiente
empresarial y otro del campo de la educación.
David Fischman en su libro El Espejo del Líder sostiene constantemente que el problema
mayor del hombre o la mujer de negocios es que por lo general funciona en base del egoísmo,
la competitividad y el logro personal a toda costa, que a final de cuentas, le lleva al estrés y a
la insatisfacción personal lo que le impulsará a cada vez más y mayores logros. En el prólogo
de este libro nos dice:
Un ejecutivo estresado no sirve de mucho y, en realidad, sólo llega a ser una pérdida para
sí mismo y su empresa. ‘Soy trabajólico’, es una afirmación que quizá muchos han usado
sinceramente -las más de las veces- en sus entrevistas de trabajo, otorgándole a esa deliciosa
manía de trabajar -para que lo vamos a negar- el carácter de valor agregado al producto, de plus
a ese ejecutivo calificado. No obstante, olvidamos en forma constante que el principal activo de
nosotros mismos y de nuestras compañías es un gerente sano, con la mente despejada y los
sentidos intactos, listo para reaccionar frente a cualquier imprevisto (p. 14).
Fischman también afirma que “nos es imposible dirigir a otras personas si primero no nos
podemos dirigir a nosotros mismos” (p.20). Este libro se inicia con los conceptos de liderazgo
personal donde el autor profundiza los temas del equilibrio, control del ego, despego y
responsabilidad. Este autor no-cristiano sugiere que los empresarios para realizar su trabajo
efectivamente necesitan estar mirando constantemente a su “espejo interior”, su persona
interior, para remover los obstáculos internos, “quitarse las máscaras” y luego orientar su
profesión al servicio y amor hacia los demás.
En el contexto de la educación no-religiosa, Parker Palmer, uno de los autores
norteamericanos más leído y solicitado en la actualidad comparte con pasión:
Enseñamos lo que somos... La enseñanza como cualquier actividad verdaderamente
humana, surge, para bien o para mal, del interior de uno. Al enseñar, proyecto la condición de
mi corazón hacia mis estudiantes, hacia mi materia y hacia nuestra manera de estar juntos.
Los enredos que experimento en el aula a menudo no son más que las convulsiones de mi
vida interior (The Courage to Teach, El coraje de enseñar, 2).
Nos advierte Palmer que por importante que pueden ser los métodos, lo más práctico
que podemos adquirir en cualquier tipo de trabajo es la perspectiva de lo que está pasando
en nosotros al realizar una tarea. Entre más familiarizados estemos con nuestro terreno
interno, más segura será nuestra enseñanza y nuestra vida...la buena enseñanza no puede
ser reducida a la técnica; la buena enseñanza proviene de la identidad e integridad del
maestro(a)...al conocer más sobre quiénes somos podemos aprender técnicas que revelen
en vez de ocultar la persona de la cual la buena enseñanza procede (Ibíd., 5, 10, 24).

Guía para el profesor 77


Ética Ministerial

Este autor insiste que la pregunta más importante en la educación “secular” hoy es sobre
¿quién es el ser que enseña? Persiste en esta pregunta subrayando que “...es la pregunta
en el corazón de mi vocación. Creo que es la pregunta más fundamental que podemos hacer
sobre la enseñanza y sobre aquellos que enseñan para el bien del aprendizaje y de aquellos
que aprenden. Al contestarla abierta y honestamente, solos y juntos, podemos servir a
nuestros estudiantes más fielmente, enriquecer nuestro propio bienestar, hacer causa común
con nuestros colegas, y ayudar a que la educación traiga más luz y vida al mundo” (p. 7).
Sin embargo, esta es una verdad que la fe cristiana siempre ha proclamado pero que
en años pasados ha sido olvidada e ignorada, pues quienes somos en nuestro interior,
inevitablemente se reflejará en cómo hacemos las cosas cotidianas y especialmente en
momentos de tensión y en el ejercicio del poder en la iglesia.
Por eso, la fe cristiana enfatiza el cambio interior en la conversión y los cambios
posteriores y continuos al aceptar a Cristo como el Señor (dueño absoluto) de nuestras vidas
introduciéndonos al discipulado cristiano. De esa manera, le vamos permitiendo a Dios que nos
imparta y refine sus virtudes espirituales en nosotros, imprima en nosotros sus motivaciones y
estilo de vida de siervo (esclavo) en nuestras vidas y ministerios, que vaya moldeando nuestro
carácter, haciendo necesario un discipulado comprometido para toda la vida. Es a partir de esta
forma de ser y de ser transformados profunda y radicalmente que atraemos a otros a Cristo, y
luego les podemos compartir con autoridad “la esperanza que hay en nosotros”.

I. Un Déficit Personal y Eclesial en la Experiencia Pasada

Creo que a la luz de lo que acabamos de compartir podemos afirmar como pastores y
líderes cristianos que ministramos a partir de quiénes somos. Que la realización del ministerio
cristiano no es tanto una tarea sino mucho más un ser el ministerio, o sea, el ministerio es la
integración consciente y permanente de quiénes somos, y estamos siendo en Cristo, en el
tipo de servicio abnegado, motivado por su amor, al cual Él nos ha llamado.
Tenemos que hacernos algunas preguntas que nos podrían incomodar: ¿Quién
realmente soy, en este momento, en Cristo? ¿Qué estoy revelando a otros sobre mi
persona al desempeñar mi ministerio? ¿Habrá algunas grietas o asuntos no resueltos
correctamente en mi interior que quizá nadie más conozca pero que me están afectando?
¿Son puros mis móviles o intenciones para estar en el ministerio e incluso para alcanzar a
otros? ¿Quién debo ser a la luz de los valores y conocimientos que tengo? ¿Estoy mirando
permanentemente mi “espejo interior” para ver lo que hay en mí? ¿Estoy involucrado en
un plan o proceso para el desarrollo de la totalidad de mi persona, o sea, desarrollándome
espiritualmente?
Sin afán de excusarnos o justificar nuestra carencia en esta dimensión de nuestra vida,
debemos reconocer que, en términos generales la mayoría de nosotros, venimos arrastrando
un déficit que no nos ha ayudado a enfocar esta imperiosa necesidad personal y ministerial.
Por un lado, nuestra capacitación teológica-ministerial no se ha orientado en desarrollar
nuestro ser como ministros. Hemos sido expuestos a una enseñanza dirigida más bien a
ser entrenados, es decir, a hacer cosas, realizar tareas ministeriales. Por ejemplo, en los
mejores de los casos, se nos ha enseñado cómo interpretar las Escrituras, cómo predicar
y enseñar, cómo visitar, cómo llevar a cabo la administración de la iglesia, cómo aconsejar,
cómo evangelizar, etc. Todas estas cosas son buenas y necesarias, pero ha habido un
descuido (quizá no intencionado) de enseñarnos cómo crecer internamente como personas
que ministran ante las tensiones y desafíos del mismo ministerio.
Se ha tomado por sentado que esto es un asunto netamente personal y que cada uno
debe resolverlo como mejor crea conveniente. En algunos casos se ha asumido que con

78 Guía para el profesor


Ética Ministerial

algunos cultos de capilla, con algunas expediciones esporádicas haciendo algunos trabajos
en algunas iglesias locales, o con un curso de teología pastoral es suficiente.
Pero la experiencia nos ha demostrado que hay una cantidad significativa de pastores
y líderes cristianos (y que a veces incluso alcanzan logros importantes) que no han crecido
espiritualmente en sus ministerios. Esto tiene consecuencias directas y a veces dramáticas
con la iglesia y el cumplimiento de su misión, pues, el crecimiento de la iglesia depende del
crecimiento personal del pastor y de su habilidad de proveer una atmósfera de crecimiento
mutuo y recíproco de la iglesia como comunidad de fe.
En síntesis, requiere de una iglesia y un pastor saludable en cuanto a su carácter que
reproducirán su salud y no su enfermedad al realizar los ministerios de la iglesia (adoración,
enseñanza, servicio, predicación, evangelismo) y al comenzar nuevas iglesias.
Más impactante aún en la experiencia es que los reveses y fracasos más notorios y difíciles
de revertir dentro del seno de la iglesia son aquellos relacionados con conductas inmorales e
inapropiadas de pastores y laicos, que son fallos en el carácter del líder. William Willimon, en
su libro Calling & Character: Virtues of the Ordained Life (Llamamiento y Carácter: Virtudes
de la Vida Ordenada), hablando de pastores menciona que “el carácter es esencial” (pp. 38),
le atribuye los fracasos morales de pastores “no a una propensidad dramática al pecado
sino principalmente a una debilidad de carácter, el fracaso en perseverar, el permanecer con
los desafíos del ministerio cuando las cosas se ponen difíciles”. Interesantemente agrega,
“un número de laicos ha sido dañado profundamente por actos sexuales impropios de sus
pastores. Pero uno apenas puede concebir los millones de laicos que han sido expuestos
a los atropellos morales de malos sermones, una administración descuidada y un cuidado
pastoral sin preocupación genuina por las personas” (p. 51).
Otro déficit que muchos tenemos como pastores es que la orientación de nuestros
ministerios e iglesias ha sido a eventos, a veces a espectáculos: el culto, lo emotivo, decisiones
por Cristo sin seguimiento alguno. Nos hemos desatendido del trabajo pastoral enfocado en el
crecimiento día a día de nuestras vidas y de la de los hermanos. Nos llenamos con actividades
y compromisos para luego no encontrar tiempo para desarrollarnos como hijos de Dios, así que
como iglesia y pastores esperamos con ansias el próximo concierto, la conferencia con el pastor
de “éxito” de turno, la más ingeniosa nueva “moda evangélica” que cruzará nuestras fronteras.
Nos preparamos para la próxima gran “inyección espiritual” de vitalidad ministerial y anímica.

II. Una Necesidad Actual en el Ministerio

El tomar tiempo y dedicarle esfuerzo intencionado a tratar el desarrollo del carácter del
pastor y de los líderes cristianos es una urgente necesidad en la iglesia hoy. Además de
intentar suplir las deficiencias que vamos arrastrando en este área ministerial ya mencionadas,
también lo hace imperativo la naturaleza misma del ministerio pastoral en la actualidad.
Thomas Oden, autor contemporáneo hablando del ministerio pastoral comenta:
“Supongamos que uno se topa con un perfil vocacional en que las horas de trabajo son largas,
el pago es el mínimo, los riesgos altos, los logros son principalmente ignorados y el nivel de
conflictos a menudo es intenso. ¿No sería razonable evitar esto a todo costo?” (Classical
Pastoral Care, Vol. 2 “Cuidado Pastoral Clásico, Vol. 2”, p. 10). Esta declaración subraya
que realmente, las demandas del ministerio pastoral son grandes y complejas. Si a esto le
añadimos las expectativas irrealistas que a menudo algunas personas de una congregación
ponen sobre su pastor y su familia, se torna en una situación crítica que va requerir de una
persona de gran calidad interior.
En adición a esto, el ministerio trae consigo sus tentaciones propias. Si el ministerio le
va bien uno se expone al orgullo y la vanagloria. Si el ministerio no va como uno esperaba

Guía para el profesor 79


Ética Ministerial

le vienen sentimientos de menosprecio personal, de culpa, fracaso y a veces hasta de


hastío. A menudo uno es tentado a usar su poder indebidamente para “arreglar a alguien”
o terminar definitivamente una situación. Oden comenta que “debido a la cercanía única
de conversaciones confesionales que une a hombres y mujeres en un plano confidencial y
personal, el clero es acercado a la posibilidad de irresponsabilidades sexuales” (Ibíd., 25).
Interesantemente, Oden observa que “hay una fuerte tentación antinominiana (rechazo de
la necesidad del cumplimiento de la ley moral para los cristianos) única al sagrado ministerio,
que creyendo que Dios ha escogido de manera especial a los ministros, como consecuencia
tiende a verlos como personas en una posición sobre y más allá de la ley de Dios,” además,
añade, “el clero es capaz de hacer racionalizaciones elaboradas” para justificar su conducta
impropia (p. 26, 27). Todas estas situaciones ponen a prueba constantemente nuestro
carácter como ministros.
A menudo, por el excesivo activismo que tiende a caracterizar nuestros ministerios más
la falta de renovación en nuestras vidas, relaciones y en el propio ministerio se asoma la
fatiga ministerial. Nos pasamos dando e invirtiendo o vaciando nuestras emociones, nuestra
energía intelectual y aun la actividad física intensa al punto de que nos agotamos y pasamos
por períodos, a veces prolongados, de desmoralización pero igual nos forzamos a “poner una
buena cara” y seguir adelante hasta que quedamos “en pana”, exhaustos. Un peligro del cual
tenemos que cuidarnos cuando experimentamos el cansancio ministerial; es que nuestras
defensas morales y espirituales tienden a decaerse y nos exponemos a ceder más fácilmente
a la tentación en lo secreto.
Uno puede caer en una depresión crónica o sencillamente perder el idealismo del ministerio
que gozábamos cuando más jóvenes y resignarse a vivir con la idea de que la vida y el ministerio
son tan sólo lindas metas inalcanzables en este mundo. A veces le damos paso al cinismo, al
sarcasmo y al pesimismo ministerial. Podríamos también llegar a la conclusión equivocadamente
de que no somos aptos para el ministerio y quizá no hemos escogido la vocación correcta. Luego
podríamos abrigar el deseo de retirarnos del ministerio, aunque estoy seguro que por diversas
razones todos hemos considerado, aunque sea mentalmente, esta opción.
Finalmente, otra serie de tentaciones nos la provee la libertad de acción que tenemos
en la realización diaria del ministerio. Normalmente, manejamos nuestros propios horarios,
itinerarios y prioridades. La mayoría de nosotros no marcamos tarjeta en el ministerio, ni
pasamos 40 horas con un equipo de oficina o bajo supervisión directa de alguien todos los
días. Nuestros horarios son flexibles y rara vez le rendimos cuentas a alguien por el uso de
nuestro tiempo y por las actividades privadas y públicas a las que asistimos. Aun la supervisión
que recibimos esporádicamente está cimentada en la confianza, haciendo sumamente difícil
prevenir situaciones, muchas de las cuales nos enteramos cuando han estallado. A esto le
añadimos que suele ser nuestra costumbre realizar nuestros ministerios pastorales solos
sin ser acompañados o aconsejados por otros colegas, pues nos cuesta mostrar nuestras
debilidades, y hemos captado que esto es innecesario e inconveniente, pues estamos en
competencia uno con el otro y mi próximo “ascenso” puede estar en juego. Esto hace que la
disciplina diaria nos la tengamos que auto-imponer y para esto se precisa de un ministro con
un carácter firme y limpio.
El autor citado previamente, Oden, admite que “involucrarse en el ministerio sin
sucumbir a varias tentaciones es como andar en una cuerda fina extendida en el vacío,
como balancearse en el filo de una navaja” (Ibíd., 11). Esto nuevamente enfatiza que
“cuidar el rebaño no se puede hacer a menos que primero nos cuidemos a nosotros
mismos como ministros, velando por el bienestar propio, nutriendo y alimentando
nuestro propio cuerpo y alma” (Ibíd., 7). Cuidarnos a nosotros mismos no es un acto

80 Guía para el profesor


Ética Ministerial

de egoísmo, sino que es un hábito necesario de sobrevivencia y desarrollo personal


ministerial.

III. Un Desafío Imperativo para el Futuro de la Iglesia

Nos debe ser obvio que el desafío más importante para el futuro de la iglesia es cuidar y
desarrollar “el alma de la iglesia”. Esta “alma” se cultiva mediante el desarrollo del carácter
de los componentes humanos de la iglesia, es decir, de sus pastores y por medio de ellos(as)
de sus laicos. El encarar este desafío hoy es prepararnos para un futuro glorioso y fructífero
como iglesia, es traspasarle una “nueva” iglesia a las generaciones venideras.
Pero, ¿cómo podemos concretar este desafío presente-futuro? Deseo sugerirles tres
principios que considero que son vitales, y varios enfoques complementarios desde la
perspectiva cristiana contemporánea que nos pueden asistir en esta aventura de fe.
Primero, tenemos que gozar de una honestidad reflexiva (que nos podría aterrorizar)
respecto a nosotros mismos. Necesitamos mirar con sinceridad y gracia hacia atrás y hacia
dentro en nuestras vidas para descubrir lo que realmente somos con nuestras virtudes, valores,
vicios (limitaciones, trabas, obstáculos). Willimon nos hace recordar que para Aristóteles el
auto-conocimiento es sumamente importante para personas que ocupan funciones de poder,
es el requisito supremo para un buen carácter. Pregunta este autor, “¿y quién tiene más poder
que un pastor? El pastor se presenta como sacerdote, como mediador entre las personas y
Dios. El pastor sirve el cuerpo y sangre de Cristo en la mesa del Señor, tiene las llaves que
atan y desatan los pecados, y es mayordomo de los misterios de Dios. No podemos dejar
que aquellos que son ignorantes de sí mismos estén ocupando el rol moralmente exigente de
pastor” (p. 37). Con esta honestidad atrevida nos presentamos sobre todo ante nuestro Dios
amante.
Segundo, necesitamos estar en una búsqueda permanente de una integridad
inquebrantable. La integridad “quiere decir ‘entero’, ‘total’. Integridad significa rectitud moral
y firmeza, especialmente cuando se expresa en situaciones que prueban la dedicación a la
verdad, honestidad, propósitos, responsabilidades, y a la confianza puesta en uno...Vivir en
integridad es alcanzar madurez...La persona que ha alcanzado esta madurez ya no es llevada
de aquí para allá por ilusiones y engaños humanos, sino que se caracteriza por creencias
firmes, carácter moral sólido y amor perfecto; alguien que ha sido probado en la cambiante
fortuna de la vida” (Diccionario Bíblico Beacon, 367).
En resumen, la integridad es poseer un corazón sin divisiones, es singularidad de
obediencia y lealtad, es compromiso inquebrantable, en nuestro caso, a Cristo, a su obra y a
las personas. La integridad tiene todo que ver con quiénes somos en privado, especialmente
cuando estamos a solas y en tensiones.
En tercer lugar, nos ayuda enormemente el participar de una comunidad de fe, donde
nos edifiquemos constantemente uno al otro en nuestro peregrinaje común y nos sorprenda
con su constante aceptación, comprensión y apoyo. No hemos sido llamados a vivir la fe y a
desarrollarnos en ella solos, sin la ayuda de otros y sin ayudar a otros. Somos parte de una familia,
un cuerpo, en el cual necesitamos crecer juntos en todas las dimensiones de nuestro ser. Como
pastor y líder cristiano tenemos que recordarnos incesantemente que nosotros necesitamos de la
iglesia tanto o más de lo que la iglesia necesita de nosotros. Busquemos un mentor o consejero
espiritual en colegas y hasta laicos, quizá de otras congregaciones, que consideremos que están
en condición de ayudarnos íntimamente y quieran ser ayudados por nosotros. Tarde o temprano
a todos nos tocará, lo más seguro en más de una ocasión, pasar por “la noche oscura del alma”.
Recalcamos que el desarrollo de nuestro carácter cristiano no es netamente un asunto privado o

Guía para el profesor 81


Ética Ministerial

individual, sino que se requiere de otros, de la comunidad en la cual Dios nos ha insertado, pues
nosotros somos ciegos a algunas de nuestras debilidades y conductas.
Además de estos principios, -honestidad reflexiva, integridad inquebrantable, participar en
la comunidad de fe- también podemos echar mano de los siguientes siete enfoques cristianos
para el desarrollo de nuestro carácter como ministros:
El modelo centrado en la salud integral y el crecimiento de Howard Clinebell,
norteamericano, profesor y consejero cristiano, escritor de muchos textos sobre consejería
cristiana. Como parte de su orientación de la psicología pastoral postula enérgicamente que
“¡Para poder nutrir y hacer crecer con efectividad, los pastores deben continuar creciendo!
Para poder contagiar vida, debemos permanecer vivos. Para brindar sanidad, debemos ser
lo suficientemente vulnerables como para encarar y aceptar nuestra propia necesidad de
sanidad. Así, nos convertimos en ‘sanadores heridos’ (Henri Nouwen). Clinebell enfatiza
basado en su experiencia que esta es el área más desafiante, difícil y excitante del ministerio
pastoral” (Asesoramiento y Cuidado Pastoral, 31). Su modelo está basado en las seis
dimensiones de la plenitud, que son:
- Animar la mente
- Revitalizar el cuerpo
- Renovar y enriquecer las relaciones íntimas
- Profundizar la relación personal con la naturaleza y biosfera
- Crecer en relación con las instituciones significativas en la vida
- Profundizar y vivificar la relación personal con Dios. (Ibíd., 35).
El autor menciona que el centro de su modelo es la relación personal con Dios que es
nutrida por el Espíritu por medio del amor de Dios. (Ver, además, las siete necesidades
espirituales que todos tenemos, Clinebell, Well Being, 25-36).
El énfasis reciente en nuestro contexto de la formación espiritual, el cultivo de la
espiritualidad cristiana, en la educación teológica ha venido a apoyar grandemente el
desarrollo del carácter del ministro. El libro Formación Espiritual por varios autores sostiene
que “el elemento básico de la formación espiritual es la relación con Dios que nos capacita, y
que se basa en la gracia sola. La formación espiritual ocurre a través de la relación dinámica y
creciente con Dios. La unica norma o regla para medir la formación espiritual es la semejanza
a Cristo” (Tracy/Freeborn/Tartaglia/Weigelt, 9).
“Este libro presenta la vida espiritual como un viaje...La gracia es el inicio...aparte de la
gracia no puede haber formación espiritual ni vida santa...las disciplinas son los medios por
los cuales fluye la gracia en nuestra vida, para crecer espiritualmente...la vida de santidad
(formación espiritual) es asunto de comunidad. En el camino de santidad (formación
espiritual), los cristianos se ayudan unos a otros en la iglesia, en las clases, en los grupos
pequeños y en la familia, como amigos espirituales y mentores en la fe...la espiritualidad que
no resulta en servicio abnegado es una farsa. Si tenemos el corazón de Cristo, nuestra meta
será tocar a nuestra familia, iglesia y comunidad con las manos de Cristo” (pp. 10-11).
William Willimon enfoca el carácter del ministro como un asunto de moralidad y ética.
Afirma que “el carácter es una predisposición a cierta conducta en vez de prescribirla. Por
supuesto, en las consideraciones del carácter como significativo moralmente, hace toda
la diferencia lo que el agente moral va a hacer, ha hecho y está haciendo. Por medio del
carácter, los principios y valores que una persona profesa son encarnados y vivenciados” (p.
34). Nos advierte que “cuando examinamos las destrezas que un pastor necesita, podemos
observar que aun las destrezas tienen como requisito un componente de carácter...en otras
palabras, quién uno es (su carácter) va a hacer una gran diferencia en cómo uno puede
entender las Escrituras” (p. 41) y realizar toda su tarea pastoral. Citando al filósofo danés,

82 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Soren Kierkegard, Willimon considera que “es absolutamente anti-ético cuando una persona
está tan ocupada comunicando que se le olvida ser lo que enseña” (p. 49). Sostiene que la
pregunta ética que el pastor debe contestar honestamente es: “¿mi carácter, es una ayuda o
un estorbo al servicio de mi congregación?” (p. 51).
Ya hicimos alusión a este enfoque del profesor Parker Palmer de la identidad e integridad
desde el campo de la educación. Para este autor, “la identidad y la integridad tienen que ver
tanto con nuestras sombras y límites, nuestras heridas y temores, que con nuestras fortalezas
y potenciales...estas son dimensiones sutiles, exigentes, y el proceso de toda la vida del
auto-descubrimiento. La identidad se encuentra en la intersección de las diversas fuerzas
que componen mi vida, y la integridad se encuentra al relacionarme con esas fuerzas de tal
manera que me traiga plenitud y vida en vez de fragmentación y muerte” (p. 13). Podemos
aplicar todos estos principios a la vida personal íntima, el desarrollo del carácter, de un
ministro de Cristo.
Poner orden en nuestro mundo interior es la manera que Gordon MacDonald expresa lo
que significa para él desarrollar el carácter cristiano. El autor declara abiertamente su intención
con este enfoque: “Quiero que quede perfectamente claro que baso todo este tratamiento del
orden en nuestro mundo interior, en el principio de que Cristo mora en nosotros, quien entra
en nuestra vida, misteriosa pero indudablemente, en respuesta a nuestra invitación y nuestro
compromiso personal...Poner orden en la vida personal de uno es invitar a Cristo a controlar
cada sección de la misma” (Ponga Orden en su Mundo Interior, 10-11).
Además, el autor sostiene que “el mundo interior se puede dividir en cinco partes: la
primera trata de lo que nos mueve a actuar como lo hacemos -nuestra motivación...Otra parte
de nuestro mundo interior se centra en lo que hacemos con la cantidad limitada de tiempo
que tenemos en esta vida. Algo clave para nuestra salud como individuos es cuánto tiempo
asignamos a los propósitos de crecimiento personal y de servicio a otros. La tercera parte
es intelectual...sugeriría que la cuarta sea la del espíritu...y por último, dentro de nosotros
hay una parte que nos mueve a descansar, a una paz sabática” (Ibíd., 11-12). Este libro está
dividido en estas cinco secciones y son interesantes las dimensiones del ser humano interior
que el autor destaca.
Muy relacionada con la formación espiritual que ya mencionamos es la conocida dirección
espiritual, al plantear que la función ministerial principal del pastor es de ser el director espiritual
de su congregación. En tiempos pasados y recientes hemos navegado entre una variedad
impresionante de modelos de pastor, por ejemplo, el pastor como predicador principal, pastor
como motivador, pastor como terapeuta (consejero), pastor como gerente, líder, pastor como
director de adoración, pastor como evangelista, pastor como estratega, pastor como apóstol
y la lista sigue. En realidad, el pastor como director espiritual, no es un nuevo concepto, más
bien es un llamado a regresar a un modelo ya antiguo, conocido, con un enfoque más en el
desarrollo del carácter del pastor y sus feligreses trabajando la espiritualidad del creyente
como base para todo lo que hacemos en la iglesia.
Eugene Peterson, pastor de renombre y autor de varios libros significativos sobre la
pastoral, en uno de sus primeros libros, Working the Angles (Trabajando los ángulos)
menciona que la “dirección espiritual se lleva a cabo cuando dos personas acuerdan prestar
su atención completa a lo que Dios está haciendo en una o ambas de sus vidas y buscan
responder a ello en fe” (p. 104). Estas reuniones entre personas, se pueden dar en encuentros
informales, espontáneos, o en sesiones planificadas y estructuradas. Añade el autor que “tres
convicciones están detrás de estas reuniones: (1) Dios siempre está haciendo algo: una
gracia activa está moldeando nuestras vidas hacia una salvación madura; (2) responder a
Dios no es mero trabajo de adivinación: la comunidad cristiana ha adquirido sabiduría a través

Guía para el profesor 83


Ética Ministerial

de los siglos que provee dirección; (3) cada alma es única: ninguna sabiduría puede ser
simplemente aplicada sin discernir los detalles específicos de nuestras vidas, la situación...
En la dirección espiritual no aplicamos la verdad tanto, sino es más descubrir tentaciones
particulares y gracias actuales” (pp. 104, 108).
En El Pastor Como Guía Espiritual Howard Rice señala que “la herramienta principal de
los pastores no es una destreza o técnica en particular; sino es nuestro ser más profundo.
La herramienta principal para la tarea del ministerio pastoral es la propia fe del ministro. Los
pastores que tienen una fe genuina y madura siempre tendrán algo que decir a las almas
atribuladas que los buscan para escucharles predicar o para solicitar su consejo” (p. 34).
Peterson sostiene que cada pastor debe tener su propio director espiritual, pues “nadie es
dotado con tanta prudencia y sabiduría como para ser adecuado para la dirección de su
propia vida espiritual” (p. 115).
Howard aboga para que la dirección espiritual del pastor se refleje en todas las funciones
de su ministerio para ayudar al desarrollo integral de la iglesia. Por eso afirma enérgicamente
que “el pastor como guía espiritual para la congregación puede tener gran efecto en la
naturaleza de la congregación. Este efecto tiene lugar por medio de la manera en que el
pastor atiende a las necesidades espirituales de la congregación: sus heridas y sus señales
de salud. El cambio ocurrirá cuando el pastor vea su responsabilidad principal no como un
mantenedor exitoso de la institución sino como dirigiendo exitosamente a su pueblo a una
relación cada vez más profunda con Dios. La tarea pastoral es tarea de almas, bien que se
practique con individuos o con grupos, y cada aspecto de la actividad pastoral debería servir
como objetivo general del crecimiento espiritual de la congregación” (p. 69).
El énfasis contemporáneo en la excelencia cristiana y en la calidad total de la iglesia
también responde a la necesidad de retornar al desarrollo del ser cristiano, su carácter. Su
meta central es llegar a ser todo lo que Dios quiere que seamos, es decir, realizar el potencial
humano que Dios ha depositado en cada uno de nosotros. La entrada a este camino de
excelencia es la aceptación del Señorío de Cristo sobre nuestras vidas. Jon Johnston,
profesor y escritor cristiano, reafirma “ la Biblia es enfática. Si deseamos la excelencia-la clase
que traerá la mayor cantidad de gloria a nuestro Padre Celestial-tenemos que profundizar
nuestro entendimiento de, y nuestro compromiso al amor ágape auténtico, un amor que es
incondicional, sacrificial, y disponible para todos” (Christian Excellence: Alternative to Success
“La Excelencia Cristiana: Una Alternativa al éxito”, p. 49).

Conclusión

Para concluir, permítanme hacer una referencia explícita a mi herencia wesleyana por
su pertenencia a nuestro tema. En el libro Leadership in the Wesleyan Spirit (Liderazgo en
el Espíritu Wesleyano) Lovett Weems nos hace recordar que “el liderazgo y la espiritualidad
están conectados inevitablemente. El liderazgo es sólo posible hasta el punto que podamos
discernir una visión motivadora e impactante de lo que es bueno, aceptable y perfecto. Uno
no puede liderar sin una visión. Tal visión sólo puede provenir de la cercanía a Dios y a una
comunidad de creyentes” (p. 118). Agrega este autor, “el desafío comienza con los líderes
de la iglesia. El principio, intermedio, y fin de todo lo que hacemos tiene que surgir de una
búsqueda para conocer a Dios, discernir el llamado de Dios para nuestros tiempos, y de hacer
su voluntad” (Ibíd, 121).
Juan Wesley mismo en su sermón muy conocido titulado La Circuncisión del Corazón les
recordaba frecuentemente a sus líderes pastorales y laicos que “no tuvieran otro propósito,
otro fin último, sino Dios. No añore otra cosa que no sea alabar el nombre de Dios: que todos

84 Guía para el profesor


Ética Ministerial

sus pensamientos, palabras y obras se dirijan a la gloria de Dios. Dispongan su corazón


firmemente en Dios y en todas las otras cosas en la medida que estén en Dios y sean de Dios”
(Ibíd, 116).
Todos estos son asuntos de búsqueda, cercanía, apertura, disponibilidad a Dios, en
resumen, exponernos a que Dios consistente y tiernamente moldee nuestro carácter como
hijos(as) e instrumentos suyos de gracia.
Los autores bíblicos, Lucas y Pablo, nos advierten con sabiduría:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto
por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hch.
20:2).
“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás
a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Tim. 4:16).
Pero Pablo también desafió a Timoteo diciéndole:
“Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la
piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.
Palabra fiel es esta, y digna de ser recIbída por todos. Que por eso mismo trabajamos y
sufrimos oprobio, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los
hombres, mayormente de los que creen” (1 Tim. 4:8-10).
Es evidente que por nuestras limitaciones y debilidades humanas (no por pecados en
nuestras vidas) y aún a pesar de nuestra constante y fiel obediencia a Dios siempre nos
encontramos cortos o por debajo del ideal supremo de Dios para nuestras vidas. Siempre
habrá una diferencia entre lo que somos en un momento determinado de nuestras vidas y
en lo que Dios en última instancia desea para nosotros. Lo que tenemos que cuidar es que
esta diferencia no se convierta en “un abismo” por nuestro descuido, nuestra indisposición
de permitirle a Dios obrar en nosotros, nuestro intento de encubrir nuestras debilidades y
flaquezas interiores, o por cualquier otro motivo. Podemos decidir ser transparentes delante de
Dios y honestos antes los demás y con nosotros mismos. En una palabra, ser auténticamente
genuinos, confesando diariamente nuestras necesidades y humildemente recibiendo el
regalo de la gracia de Dios para nuestras vidas por medio de las personas, incluyendo a la
iglesia, y los medios que Él decida utilizar; que a veces podrían ser las personas que menos
esperamos.
Por lo tanto, es asunto de estar en el camino correcto, es embarcarnos intencional, tenaz,
y diariamente en un peregrinaje de una búsqueda íntima de Dios. De esta manera viviremos
de transformación en transformación de nuestro carácter, nuestro ser interior, que se debe
reflejar en la realización más que en nuestro quehacer en la encarnación de nuestra “razón de
ser”, nuestra misión personal como pastores y líderes y nuestra misión colectiva como iglesia
en el mundo que nos ha tocado vivir. De esta manera, podemos hacer una gran diferencia en
nuestro mundo para la honra y gloria de Dios.
“Una mujer sabia que viajaba por las montañas encontró una piedra preciosa en un
arroyo. Al día siguiente se cruzó con otro viajero que estaba hambriento, y la mujer abrió su
bolsa para compartir con él su comida. El viajero hambriento vio la piedra preciosa en la bolsa,
se quedó admirado de su belleza y le pidió que se la regalara. La mujer lo hizo sin vacilar.
El viajero partió, alegrándose de su buena suerte. Sabía que la joya valía lo suficiente
como para darle seguridad por el resto de sus días.
Pero a los pocos días regresó en busca de la mujer sabia. Cuando la encontró, le devolvió
la piedra y le dijo:
-He estado pensando. Sé cuán valiosa es esta piedra, pero se la devuelvo con la
esperanza de que pueda obsequiarme algo mucho más precioso. Si puede, deme lo

Guía para el profesor 85


Ética Ministerial

que hay en su interior que le permitió regalarme la piedra” (Sopa de Pollo para el alma,
192).
Este hombre se dio cuenta que la verdadera riqueza proviene del interior del ser humano,
su carácter que le permite desprenderse de las cosas y buscar el bienestar de otros.
¡Permitamos que Dios siga moldeando y desarrollando nuestro carácter para que cada
día nos parezcamos más y más a Cristo! ¡Echemos manos de los medios de gracia que Dios
ha puesto delante de nosotros! ¡Seamos la calidad de pastores y líderes que nuestro tiempo
exige!

86 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 9:
Lectura y Análisis - La ética de la conducta

E
n la siguiente página encontrará un documento extraído del sitio web www.desarrollocris-
tiano.com, escrito por Rogelio Nonini. Utilice este texto para que sus alumnos realicen un
análisis crítico de lectura como resumen del tema tratado en clase.

LA ÉTICA DE LA CONDUCTA MINISTERIAL


por Rogelio Nonini

La palabra ética viene de un vocablo griego que se define como carácter. Ética es la parte de
la filosofía que trata la valorización moral de los actos humanos, y es un conjunto de principios
y normas que regulan las actividades humanas. “Es la ciencia de la moralidad”, entendiéndose
por moralidad el conjunto de juicios que la gente hace referente a lo que es correcto o incorrecto,
bueno o malo, en las relaciones interiores o entre individuos.
Concluimos diciendo que la ética tiene como objetivo orientar a las personas a fin de que
sepan cómo deben proceder para que su vida sea correcta, especialmente en relación con el
bien y el mal.

Definiciones

1. La ética cristiana

En cambio la ética cristiana “es la ciencia de la conducta humana, tal como está determinada
por la conducta de Dios”.
Cuando hablamos de ética cristiana, estamos pensando en la conducta que debe observar
el cristiano en todo momento y en toda circunstancia. El apóstol Pedro escribe: “Como hijos
obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;
sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera
de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pe. 1:14-16).
La ética cristiana nos desafía a mejorar nuestra manera de vivir porque demanda que
vivamos según las normas de santidad que Cristo vivió. El apóstol Juan escribe: “El que dice
que permanece en él debe andar como él anduvo” (1 Jn. 2:6).
La ética cristiana sólo puede vivirla plenamente el cristiano, ya que solo él puede alcanzar
ese nivel de conducta como resultado del poder del Espíritu Santo obrando en su vida. En
Romanos 8.5-6, el apóstol Pablo nos explica: “Porque los que son de la carne piensan en las
cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse
de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espintu es vida y paz”.

Guía para el profesor 87


Ética Ministerial

Cuando el apóstol Pablo escribe sus cartas explica el cambio de vida que debe experimentar
toda persona después de aceptar a Cristo como salvador (Ef. 4:17-32). Declara que los que
están en Cristo son una nueva criatura y que las cosas viejas, las formas de vida, y aun las
motivaciones deben ser hechas nuevas (2 Co. 5:17). El cristiano debe ser un ejemplo de vida
para el mundo sin Cristo, tanto en su conducta personal como en su relación con la familia, la
sociedad y las autoridades (Ef. 5:21, 6.9).

2. La ética ministerial

Es el conjunto de normas escriturales que rigen los ministros cristianos tanto en la esfera de
las motivaciones como en la de sus acciones y que determinan su conducta en relación con Dios,
la sociedad, su familia, su iglesia, la denominación a la que pertenece y las instituciones cristianas.
Es importante notar que llamamos ministro a todo cristiano que desarrolla un ministerio de
liderazgo dentro de la iglesia, en su denominación, o dirigiendo un ministerio o entidad de servicio.

La necesidad de este estudio

Somos parte de una sociedad sin Dios que está gobernada por un relativismo moral
alarmante. Hay una falta total de ejemplos de ética en todas las esferas. En el periódico La
Nación, salió un artículo titulado “El fracaso moral de la civilización”, en el cual se expresa:
“Desde el Decálogo de Moisés a través de toda la poderosa influencia moral del cristianismo,
la civilización occidental había mantenido tenazmente un conjunto de reglas morales y de
principios éticos que constituían la base misma de la educación y de la conducta civilizada.
El reconocimiento de esos grandes principios morales llegaban a conformar una manera
de distinguir fácilmente entre lo que era el bien y lo que era el mal. Lo que ha ocurrido desde la
Primera Guerra Mundial equivale a una inmensa hecatombe moral de nuestra civilización. Se ha ido
estableciendo tenazmente un divorcio entre los principios éticos y las realidades de la vida social,
con inmensas consecuencias destructivas del ideal mismo de una civilización digna de ese nombre”.
Lo grave es que ese relativismo moral y la filosofía hedonista de nuestra decadente
sociedad ha ingresado a las iglesias.

1. La sociedad

Todos conocemos la situación moral de nuestros países latinoamericanos. Nuestros


dirigentes no son un modelo de conducta ética. La mentira, la vida ostentosa, el fraude,
la corrupción, la impunidad, la falta de justicia y de seguridad, y un nivel de transgresión
generalizado han creado un ambiente de libertinaje.
Los medios masivos presentan, además, como súmmun de felicidad, el tener cosas, el ser
exitoso, aunque no virtuoso. Propone disfrutar de la vida, pero sin responsabilidad. Por otro
lado las mafias de la droga y la pornografía así como los grandes emporios de la diversión, han
abierto las puertas a todo tipo de posibilidades de placeres sin pensar en el daño que hacen.
Pareciera que el apóstol describe nuestra sociedad moderna cuando dice: “Estando atestado
de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios,
contiendas, engaños y malignidades.... quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que
los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se
complacen con los que las practican” (Ro. 1:29-32; véase 1 Ti. 3:1-5).

88 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Frente a estas situaciones nos preguntamos: ¿Qué es correcto hoy? ¿Quién lo determina?
Nuestra sociedad no puede. Sabemos que como cristianos evangélicos esa es nuestra
responsabilidad, pero ¿tenemos la capacidad y la disposición para hacerlo? Jesús dijo que
somos la sal de la tierra, pero que si la sal pierde sus propiedades y no cumple su función
“no sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mt. 5:13).
¿Estaremos perdiendo nuestra capacidad de ser sal?

2. La iglesia

Al analizar la conducta de muchos líderes y congregaciones evangélicas, nos asombra


encontrar un relativismo moral similar al que rige a nuestra sociedad sin Dios. Pero peor aun
es descubrir en nuestras iglesias y en ministerios cristianos los mismos pecados, las mismas
situaciones censurables que encontramos en nuestra sociedad contemporánea.
En esas congregaciones no se viven la santidad, la pureza, el amor, la verdad, la humildad y
el respeto o temor a Dios. Algunos líderes obran como si fueran dueños de las congregaciones,
de los ministerios y de los recursos, cayendo en los mismos excesos y pecados que condenan
en los líderes que no son cristianos. Bien se expresó Cipriano cuando dijo: “Los pecados de los
cristianos han debilitado el poder de la iglesia”.
Mencionaré algunos casos reales:
Después de abandonar a su familia, un hombre fue a otra ciudad en la cual fue designado
evangelista y enviado a otro pueblo para iniciar una iglesia.
En una iglesia un líder llevaba a las mujeres jóvenes a un salón aparte para liberarlas
de “espíritus inmundos de sexo”; les hacía sacar prendas íntimas y las manoseaba mientras
pretendía reprender a los demonios.
Un pastor designó a un matrimonio joven como misioneros a otro pueblo, y les pidió que
vendieran su casa y que le entregaran el dinero. Cuando regresaron se encontraron sin su casa
y estafados por su pastor que había usado el dinero para otros fines.
Un pastor recibió la propiedad de unos ancianos como ofrenda, a cambio de que la iglesia les
permita usarla y les brindaran atención ya que no tenían familiares. Poco después, comenzó a tener
problemas para brindarles la debida atención. Los envió a un geriátrico y se quedó con la propiedad.
Un pastor se ufanaba de que los vecinos le vendían sus casas a él a muy poco precio. La
razón era que ya no se podía vivir en las cercanías del templo por el ruido que hacían en las
reuniones. Los dueños se las vendían a un valor muy inferior con tal de irse del barrio.
Un pastor se ofreció a cooperar con ocho pastores del interior del país para que ellos cobraran
la asignación familiar que otorga el gobierno. Les hizo firmar un poder autorizándole a cobrar por
ellos. Durante tres años este pastor cobró mensualmente el dinero de sus colegas y a quienes jamás
se los remitió. Cuando el organismo estatal le requirió la documentación correspondiente, la fraguó
falsificando firmas de sus colegas y dando gracias a Dios porque no había sido descubierto.

3. El relativismo moral que está invadiendo nuestras iglesias

En un curso de ética ministerial que dictaba solicité una lista con faltas de ética más comunes
el ministerio. Estos son algunos de resultados:
Falta de integridad, tanto en la enseñanza como en el trato con los demás. Falta de un
verdadero espíritu de servicio. Marcado interés por lo material. En muchos casos, se anuncia

Guía para el profesor 89


Ética Ministerial

que el Señor castigará a quienes no ponen sus diezmos y ofrendas. El dar el diezmo se
transforma en una especie de seguro contra la pobreza. Falta de respeto por otros ministros y
ministerios. No ser personas de palabra. Prometer y no cumplir. lmpuntuales crónicos. Falta de
interés por aprender o capacitarse para ser mejores ministros. Hacer acepción de personas,
especialmente cuando tienen dinero.
Terminaremos mencionando las más obvias categorías del relativismo moral de la sociedad
contemporánea y su influencia en la iglesia.

a) Orgullo y ostentación
Algunos líderes viven y se comportan como si fueran magnates del evangelio. Sus casas,
sus autos, su vestuario y la suntuosidad de sus templos (y ministerios) contrasta totalmente con
el estilo de Jesús y con la pobreza de los miembros de sus iglesias.
Visten y actúan como estrellas del cine o de la televisión. Hacen de cada culto un “show”
para demostrar todo lo que pueden hacer o cuánta “unción” o “ poder” tienen.
La idea de que todo cristiano debe vivir en prosperidad no es una enseñanza bíblica. Los
ministros que viven en lujos y sin privarse de nada, mal usando las ofrendas que dan con amor
al Señor cristianos que no tienen casi para comer, es un pecado que Dios condena.

b) Abuso de poder
El poder que tenemos por causa de nuestra posición en el ministerio nos corromperá si
no lo usamos en sujeción al Señor, sirviendo a la iglesia. Aprovechándose de las estructuras
administrativas de su denominación, hay líderes que se rodean de personas que los adulan,
los secundan y los protegen de la gente. Hay pastores que condicionan a los miembros de su
iglesia para que ofrenden, asistan y cooperen con las actividades y lo hacen no por amor, sino
por temor. Otros ministros son duros con los miembros pero muy permisivos con sus líderes y
familiares. Algunos asumen actitudes de caudillismo, manejando la congregación como si fuera
su feudo y haciéndose acompañar por guardaespaldas.
Un caso lamentable lo constituye Diótrefes quien “...no contento con estas cosas (criticar al apóstol Juan)
no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se los prohibe, y los expulsa de la iglesia” (3 Jn. 9,10).

c) La mentira
En nuestras congregaciones e instituciones se miente, exagerando las estadísticas sobre la
membresia y la asistencia. Se miente cuando se promete a la gente la solución inmediata de
todos sus males y la provisión divina para cubrir todas las necesidades. Como consecuencia,
miles de personas se sienten estafadas y/o defraudadas por los cristianos evangélicos que les
prometieron en forma muy definida cosas que no se cumplieron.
Una familia conocida tenía una anciana internada en un hospital en estado muy grave.
Algunos cristianos les aseguraron que para la Navidad la anciana estaría sentada con ellos en
la mesa compartiendo esa fecha tan especial. Para esa fecha la abuela estaba sepultada y la
gente decepcionada con los evangélicos. Ellos nos decían que si no los hubieran ilusionado
dándoles tanta certeza de sanidad, no se hubieran sentido tan desanimados y frustrados.

d) Pecados sexuales
Nuestros jóvenes en porcentajes importantes tienen relaciones sexuales fuera del
matrimonio y se casan apurados por un embarazo no deseado. Por otro lado cada vez son más
los líderes y pastores que caen en pecados sexuales.

90 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Agrava el problema la falta de disciplina para con algunos líderes que caen en pecados
sexuales. Aparte del mal ejemplo que dan, esa falta de disciplina transmite el falso mensaje
de que no es tan grave la fornicación o el adulterio porque si ellos, que son los líderes,
caen y no hay sanciones, da la impresión de que se protejen entre sí y por lo tanto no se
aplican disciplinas. Tienen la sensación de que los miembros regulares pueden y deben ser
amonestados y sancionados pero los pastores no. ¿Por qué no puede pecar un miembro y ser
perdonado sin tener disciplina?

4. La necesidad de modelos

Es fundamental que los líderes y pastores cristianos evangélicos vivan éticamente, como
modelos de conducta cristiana. Esta responsabilidad tiene dos dimensiones, una hacia la
iglesia, que necesita ver en sus ministros modelos de vida cristiana, y la otra, hacia la sociedad
sin Dios, que necesita desesperadamente ver la posibilidad de cambiar y de alcanzar un estilo
de vida que sea mejor.
La gente en nuestros días necesita con urgencia encontrar una posibilidad de comenzar de
nuevo, de vivir mejor y de vencer la presión de una sociedad enajenante. Nosotros sabemos
que el evangelio es esa alternativa porque es “poder de Dios para salvar” (Ro. 1:16). Pero
la iglesia no será ejemplo a menos que sus líderes sean modelos que los miembros de las
congregaciones puedan seguir. Como el apóstol Pablo, debemos estar en condiciones de decir
“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (1 Co. 11:1; véase 4:16; Fil. 3:17).
Escribiendo a los cristianos de Tesalónica, Pablo les recuerda la conducta que él y su
equipo. habían tenido en medio de ellos y los insta a imitarlos apartándose de los que vivían
desordenadamente. “Ustedes son testigos, y Dios también, de que nos hemos portado de una
manera santa, recta e irreprochable con ustedes los creyentes; ...les hemos encargado
que se porten como deben hacerlo los que son de Dios que los llama a tener parte de su propio
reino y gloria.” (1 Ts. 2:10-12 VP).
“Hermanos, les ordenamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de
cualquier hermano que lleve una conducta indisciplinada y no siga la tradiciones que recibieron
de nosotros” (2 Ts. 3: 6-9 VP).
Nuestra responsabilidad es grande y no debemos fallarle ni al Señor quien nos llamó al
ministerio, ni a la iglesia que espera que seamos guía, viviendo delante de ellos como es digno
de un siervo de Dios.
Frente a lo expuesto, no podemos menos que concluir declarando que urge estudiar y vivir
la ética ministerial para ser ejemplos a nuestras iglesias como lo fue Jesús para sus discípulos
y para su generación, y como lo fue el apóstol Pablo para las iglesias y líderes de su tiempo.

Guía para el profesor 91


Ética Ministerial

Actividad No. 10:


Material de apoyo - Santidad y Ética social

E
n la siguiente página encontrará un artículo de Wilfredo Canales Farfán que fue
publicado en la revista Ministerio No. 3, Marzo de 2000. Utilice esta lectura para
complementar las Notas de Clase.

SANTIDAD Y ÉTICA SOCIAL


por Wilfredo Canales Farfán

No es muy frecuente observar que los términos que hacen parte del título de nuestro tema,
vayan juntos. La mayoría de las veces, por omisión, se ha asumido que, la enseñanza bíblica sobre
la santidad está relacionada con aspectos estrictamente individuales. Por supuesto, este enfoque
no hace justicia a la amplitud y profundidad del mensaje y demandas de la Biblia, como palabra de
Dios.
Por otro lado, desde hace buen tiempo, son varias las voces que han llamado la atención a la
necesidad que tenemos de explorar todas las implicaciones bíblico-teológicas de la vida de santidad, a
la luz de nuestro contexto, para que nuestro ministerio como iglesia sea fiel a la misión encomendada
por nuestro Señor Jesucristo, por un lado, y no pierda su especificidad histórica como iglesia de
santidad, por el otro. Juan R. Vázquez-Pla, dirigiéndose a un auditorio nazareno, en una excelente
reflexión sobre los desafíos que plantea la comunicación de la santidad en el contexto iberoamericano
se preguntaba:
1. ¿De qué manera prefiere que se le comunique la santidad a un pueblo que con frecuencia sufre,
consciente o inconscientemente, de un complejo crónico de inferioridad económica, racial y cultural, y
de una ética deficiente de la productividad y del trabajo?
2. ¿Cómo comunicársela a estudiantes, obreros e intelectuales nazarenos que tienen una
conciencia cada vez más clara de su pobreza, de cómo son explotados, de cómo son oprimidos
política, económica, educativa, social y hasta religiosamente?
3. ¿Cómo comunicar la santidad a mujeres y niños nazarenos que, aunque sus maridos son
nazarenos también, pretenden todavía consciente o inconscientemente hacerlas objeto de su
machismo? ¿Cómo comunicársela a los machistas?
4. ¿Cómo queremos que se nos enseñe la santidad a nosotros los líderes ministeriales y laicos
que todavía luchamos con el caudillismo heredado del tiempo de la colonia, que todavía luchamos
con esa tendencia a hacernos de una base de poder dentro de la iglesia desde la cual podamos
ejercer autoridad personal a nuestro antojo, tendencia que tanto amenaza con dividir y estorbar
continuamente a la iglesia?”1.

1 “¿Qué es la santidad y cómo comunicarla?”. Ponencia en la Conferencia Regional MAC, México, 15-16 de julio 1987. pp.8-9. En la misma
ponencia, el autor hace referencia a varios esfuerzos de relectura principalmente teológica, que se están realizando en el contexto nazareno nor-
teamericano.

92 Guía para el profesor


Ética Ministerial

La preocupación anotada antes, no es privativa solamente del ambiente denominacional


nuestro. En el ambiente más amplio del wesleyanismo latinoamericano, José Duque hace un
señalamiento crítico muy puntual respecto a la sesgada interpretación de lo que es la perfección o
santidad cristiana, muy evidente en los niveles congregacionales de nuestro continente. El afirma:
“Hoy día, la doctrina de la perfección cristiana de Wesley se entiende y se practica en términos
competitivos, meritocráticos y excluyentes de tal manera que el cristiano perfecto de hoy día debe ser
el más consagrado, el más santo, el más espiritual, el que más gana estrellas para su futura corona,
el que más ofrenda, o el que más asiste a los cultos programados en el templo”2.
No hay duda de que, al tratar de explicar estas acciones de búsqueda de las implicaciones de la
santidad en el contexto contemporáneo, se implica que la reflexión bíblico-teológica que subyace
a la comprensión actual sobre esta exigencia bíblica, adolece de limitaciones que es preciso corregir.
Precisamente, haciendo alusión a las limitadas e incorrectas respuestas que se suelen esbozar ante la
pregunta de lo que significa “predicar la santidad”, Mildred B. Wynkoop señalaba, “... el problema radica
en que la santidad se interpreta en forma muy estrecha. Quizá se presente en un sermón doctrinal en el
cual los huesos teológicos se pueden localizar y contar fácilmente. O quizá se trate de una exhortación
constante a una “experiencia” sin consecuencias futuras ni crecimiento subsecuente. La dificultad radica
principalmente en la limitación del significado de la santidad y la obtención de una segunda experiencia”.3
Frente a este panorama, primero, exploraremos los contornos bíblico-teológicos de la demanda de
santidad y luego, elaboraremos los elementos claves para la articulación de una ética social que se
derive de esta enseñanza bíblica.

La Santidad: Perspectiva Bíblico-Teológica


Santidad y naturaleza de Dios

En Éxodo 15:11, Moisés y el pueblo de Israel cantan “¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién
como tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios?”. Levítico11:44,
registra “Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo
soy santo;...”. Por su parte, Isaías 63, nos comparte el cántico de los serafines que declaran con énfasis “....
Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Y, en Apocalipsis 4:8, donde
Juan nos describe el cuadro de la adoración celestial, el cántico que se repite sin cesar es “Santo, santo,
santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir”.
Este breve recuento de pasajes bíblicos significativos, nos muestran una verdad esencial al
testimonio bíblico sobre la naturaleza de Dios: Él es santo. En otras palabras, el fundamento sobre
el que se construye la revelación bíblica tocante a la naturaleza y el carácter de Dios es su santidad.
Esto determina que, lo que Él es, así como lo que Él hace lleva la marca de su naturaleza. Con razón,
Turner asevera:
“El estudiante cuidadoso descubrirá muy pronto que la santidad no es sólo uno de los diferentes
atributos de Dios, sino parte de su naturaleza esencial. La santidad es la naturaleza esencial del
Ser divino, de la cual emanan los atributos de amor, justicia y misericordia. Por tanto, nadie puede
interesarse por largo tiempo en el pensamiento bíblico sin confrontar el desafio de la santidad”4.
El énfasis en este punto, es importante porque no sólo nos permite reconocer que, en razón de
su santidad, Dios marca una distinción respecto a sus criaturas y a su creación (lo que habla de su
trascendencia), así como el carácter de su acción, justo y recto (lo que evidencia su inmanencia)5,

2 “Perfección cristiana y ética social”. En: José Duque, editor. La tradición protestante en la teologla latinoamericana. Primer intento: Lectura de
la tradición metodista. (San José: DEI, 1983), p.263.
3 “Perspectiva wesleyana sobre la predicación de la santidad”. Revista Maná Ministerial, (Kansas City) No. 114, Vol. XXI, Julio-Agosto 1982, p. 15.
4 Turner, George Allen. La Santidad Cristiana: en la Biblia, en la historia y en la práctica. (Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones. 1985),
pp. 13- I 4.
5 Un pasaje fundamental para entender esta doble dimensión de la santidad de Dios, lo constituye Isaias 57:15. Cp. W.T.Purkiser. Explorando la
Santidad Cristiana: Los Fundamentos Bíblicos (Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1988), Tomo I, p.21.

Guía para el profesor 93


Ética Ministerial

sino que, más importante aún, nos señala el anhelo profundo del corazón de Dios: El desea impartir
su santidad a sus criaturas. Por ello, Knight, afirma “Aunque Dios en su santidad es separado y
‘completamente otro’, añora tener una relación íntima y personal con el hombre, y compartir con él su
gloria y pureza”6. Desde esta perspectiva, la santidad de Dios, lejos de convertirse en un motivo para
el distanciamiento absoluto con respecto a su creación, más bien, es dinámica, vivencial y peregrina
(cp. Gn. 17: 1), ya que lo mueve a acercarse a sus criaturas, redimirlas y hacerlas aptas para una
relación con propósito (Ef. 1 :3-6).

Santidad y Acción Salvadora de Dios

Sin entrar en consideraciones detalladas, respecto a las discusiones que se han dado en el campo
de la teología sistemática (fundamentalmente, referidas a la hamartiología y soteriología), está fuera
de toda discusión que, el diagnóstico que hace la Biblia de la condición humana, es inequívoco:
“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro.
3:22b-23; cp. 2 Co. 5:14). Asumimos la implicación que hace Greathouse, respecto al significado de la
cláusula “destituidos de la gloria de Dios”. Dice él que “esto sugiere que el estado normal del hombre
es un estado de conformidad a la imagen divina. Cuando el hombre pecó cayó, o fue ´privado´ de su
verdadera naturaleza en la imagen de Dios”7. El ser humano, entonces, está alienado, separado de
Dios, como producto de su condición de rebeldía frente a su creador (cf. Gn. 3:6; Ro. 6:12), así como
por las acciones que atañen a su propia responsabilidad, pero fruto de esa condición (cp. In. 8:11).
Miguel Bonino, reflexionando sobre “el grandioso plan de la salvación de la humanidad”, nos entrega
este excelente resumen:
“La caída ha corrompido toda la raza humana borrando la imagen moral de Dios en el hombre,
corrompiendo la totalidad de su ser y tomándolo incapaz de corregirse y volverse a Dios. La caída no
causó solamente la corrupción de la especie humana sino que ha desquiciado la naturaleza misma.
La consecuencia última es la muerte espiritual y física del hombre. Sin embargo, la humanidad no
ha quedado en estado de total impotencia moral. La gracia preveniente, consecuencia universal de
la expiación, devuelve al hombre un cierto discernimiento moral, la posibilidad de reconocer la ley de
Dios (si bien no de guardarla) y de responder a la invitación del evangelio”8.
En el contexto de la anterior afirmación, es muy pertinente la interpretación que Knight hace al
señalar que “la redención es la historia de los esfuerzos de Dios para capacitar al hombre a llegar
a desarrollar el propósito para el que fue creado. Dios desea establecer ‘un pueblo santo’, libre de
todo pecado, y reproducir su imagen en el hombre”9. Si esto es así y creemos que lo es, tenemos
que derivar entonces que, la santidad de la criatura humana está en el corazón del accionar redentor
de Dios. En otras palabras, la santidad del ser humano, hombre o mujer, no es un “adorno” a la obra
salvadora de Dios, ni “un paso más” de su salvación, sino su meta fundamental.
Lo que hemos planteado nos lleva a dos derivaciones claves en la construcción de la base para
nuestro enfoque posterior de lo que se denomina ética social. En primer lugar, la santidad como meta
fundamental de la acción redentora de Dios para el ser humano, implica no sólo una obra interna
de purificación del corazón sino que, con esta obra, se provee un equipamiento apropiado para el
desarrollo de una vida personal que, en el contexto que le es propio (dimensión externa), evidencie la
plena relación con el Dios santo y justo que le ha redimido. La afirmación anterior, está ampliamente
documentada a lo largo de la Escritura. Sin embargo, sólo haremos referencia a dos pasajes cruciales.
En Levítico 19:2, que es uno de los primeros pasajes que registra la radicalidad del llamado de Dios
a la santidad: “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: Santos seréis, porque santo

6 Knight, Jhon. A su imagen: el plan de Dios para restaurar su imagen en los hombres. (Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 1976), p.32.
7 Greathouse, William M. . “Romanos”, en Comentario Biblico Beacon, ed. A. F. Harper, 10 vals. (Kansas City: CNP, 1984), p. 192.
8 Miguez Bonino, José .”Justificación, santificación y plenitud”, en José Duque, op. cit., pp. 245-246.
9 Op. cit., p. 19.

94 Guía para el profesor


Ética Ministerial

soy yo Jehová vuestro Dios”, inmediatamente se alude a la responsabilidad de evidenciar esa santidad en
el contexto de las relaciones familiares, comunitarias, comerciales, religiosas, etc. En 1 Pedro 1:15-16,
que es una reactualización de la demanda de Levítico 19, se explicita claramente que el terreno de
constatación de la demanda de santidad, no sólo es un fuero interno e individual, sino externo y ligado
a la cotidianidad de la existencia: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros
santos en toda vuestra manera de vivir” (cursivas nuestras). En segundo lugar, y como un correlato
con lo que acabamos de expresar, relación entre interioridad y exterioridad de la santidad, la Escritura
también recalca el hecho de que la demanda de santidad siempre se da en un contexto de comunidad.
Es decir, cada vez que Dios ha hecho la demanda explícita a vivir una vida de santidad, ésta ha tenido
como marco referencial la pertenencia a una comunidad asumida por el Señor como instrumento de
su voluntad (cp. Gn. 17:1; Ex. 15:11; 19:5-6; Lv. 17:1-26: 46; Dt. 7:6; 14:2; Sal. 24; Jer. 31:31-33; 1 Ts.
5:23; 1 P. 2:9-10).

Santidad y Propósito de Dios

Este es, tal vez, el ángulo más sesgado en la comprensión de las demandas bíblicas de la santidad.
Por lo mismo, es una de las falencias más notorias en la vivencia de la santidad por parte del pueblo
de Dios. El hecho de que el Señor demande hombres y mujeres santos, no es para exhibirlos en una
vitrina como trofeos de lo que puede hacer con todas aquellas personas que se consagran totalmente
a Él. Tampoco, el Señor quiere santos para vivir ensimismados contemplando el cielo, alejados “de” y
evitando contaminarse “con” el “mundo”.
La radicalidad del llamado y exigencia de Dios a Abram (Gn. 17:1), se materializó luego en un
pacto cuyas señales de cumplimiento por parte del Señor se delimitan bien:
Abram, más tarde llamado Abraham, sería “padre de muchedumbre de gentes” (v. 4), de él haría
“naciones” y saldrían “reyes” (v. 6), se le daría a él y a su descendencia “la tierra en que moras, toda
la tierra de Canaán en heredad perpetua...” (v. 8). ¿De qué nos están hablando estas alusiones del
texto bíblico? Simple y sencillamente de que, el llamado de Dios a una vida de santidad, siempre tiene
como terreno para ser obedecido, la historia humana. Esto es lo que se puede encontrar, de manera
reiterada, en textos claves que nos muestran la exigencia de la vida de santidad (cp. Dt. 28:9; Mí. 5:48;
1 P. 2:9-10). El apóstol Pablo, escribiéndole al joven pastor Tito, que debía ministrar en el contexto de
una ciudad plagada por problemas de corrupción y violencia (Tit. 1:10-12), va a perfilar este punto con
total nitidez. En Tito 2:11-14, él expresa:
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos
que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y
piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro
gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda
iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.” (Las cursivas son nuestras).

Santidad y Etica Social

Si el propósito central de Dios es, como lo recuerda Pablo, “redimirnos de toda iniquidad y purificar
para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit. 2:14), y que, además, éstas tienen que ser
parte de una vivencia “en este siglo” (Tit. 2:12), entonces la incursión consciente en el terreno de la
sociedad se obliga. Por otro lado, como lo afirma Jennings, “El cristiano siempre se pregunta: ¿Qué
requiere Dios de mí? Pero también confronta el problema de lo que la sociedad requiere. La forma en
que reacciona a tales requisitos sociales en armonía con la voluntad de Dios constituye el campo de
la ética social”10.

10 Jennings, Otho. “Etica Social”, en Richard S. Taylor. Diccionario Teológico Beacon (Kansas City: CNP: 1995), p. 275.

Guía para el profesor 95


Ética Ministerial

Aun cuando el terreno es muy complicado, vale la pena articular o asumir alguna definición
funcional de ética social cristiana que nos permita explorar adecuadamente, la relación con la demanda
bíblica de santidad. Consideramos muy útil la definición de Gibson Winter, cuando sostiene que:
Etica social es reflexión sobre la acción, pero enfatiza las cualidades de las relaciones sociales,
las estructuras sociales y los ideales culturales; es reflexión acerca del valor de los procesos sociales.
Cualquiera que sea la fuente última de su perspectiva evaluativa, la ética social ve al ser humano y
a la sociedad en términos de su intencionalidad; evalúa lo adecuado de la praxis humana en relación
con la naturaleza y plenitud de la persona. La ética social pregunta “lo bueno de qué y para quién” en
el proceso social.11
Por su parte, Villafañe, saliendo al encuentro de los que separan artificialmente espiritualidad
de acción cristiana en el contexto social, hace un excelente aporte al vincular la ética social a la
espiritualidad, entendida en su perspectiva integral, cuando expresa:
Vivimos en tiempos sumamente complejos y criticos; tiempos en que la iglesia es desafiada a
demostrar, en su vida y misión, una espiritualidad integral. Esta espiritualidad, personal y social, exige
una base bíblica si verdaderamente va a ser auténtica y pertinente.
Nuestro deseo de seguir a Jesús en el poder del Espíritu, como manera de vivir nuestra fe y nuestra
espiritualidad, va más allá de una triple lucha individualista contra “la carne”, el “mundo” y “el diablo”.
La complejidad de la sociedad y el misterio de la iniquidad requieren la extensión de una espiritualidad
tradicional (contemplativa) a una que tome en serio la dimensión social del evangelio (apostólica). . .
Si las buenas nuevas del reino de Dios van a tener el impacto debido y divino en nuestras sociedades
tan sufridas, se hace indispensable una respuesta positiva de la iglesia que abarque la totalidad de su
inserción en la sociedad. Es necesario que nos preparemos a vivir nuestra fe, “a seguir a Jesús en el
poder del Espíritu”, en una acción apostólica, fuera de la protección del gueto y de las cuatro paredes
de la iglesia. La ética social, al fin y al cabo, no es más ni menos que la respuesta a cómo vivir esta
espiritualidad en el mundo contemporáneo. El objetivo es la obediencia al Padre, siguiendo a Jesús
en el poder del Espíritu; una espiritualidad trinitaria y moral.12
Con base en todo lo planeado hasta aquí, hay varios ángulos desde los cuales podriamos abordar
nuestra preocupación por forjar una ética social que se fundamente en la demanda bíblica de una
vida de santidad. No obstante, necesitamos limitar nuestro enfoque y trabajar con los aspectos que
consideramos fundamentales.

El Carácter Personal y la Etica Social

Roy H. May13, alude al aporte de Bernard Haring cuando plantea que el interés de la ética no
está circunscrito al terreno de las decisiones y acciones, como una derivación de la pregunta “¿qué
debo hacer?”, sino que primero la ética plantea la pregunta “¿qué debo ser: qué clase de persona el
Señor quiere que yo sea?”. A partir de aquí, May elabora la siguiente conclusión: “Hasta ahora hemos
enfocado casi exclusivamente la toma de decisiones éticas. Pero son las personas las que deciden.
En realidad, la decisión ética es posterior a la formación personal, a la internalización de normas, y
al desarrollo del carácter. Es decir, el ‘¿qué debo hacer? ‘ sale del ‘¿quién soy?’. El carácter de una
persona le da continuidad y permite predecir la decisión ética que una persona tomará frente a ciertas
situaciones; es decir, la decisión realmente es una expresión de su persona”14.

11 Citado por Roy H. May. Etica social cristiana (San José: SEBILA, 1991), p. 18. Cf. W. T. Purkiser, redactor. Explorando Nuestra Fe Cristiana. (Kansas
City: CNp, 1988), 2da. Edición, pp, 595-597. Francisco Lacueva. Curso de Formación Teológica Evangélica: Etica Cristiana (Terrasa: Editorial CLIE, 1986),
Tomo X, pp, 202-209, T. B. Maston. Etica de la Vida Cristiana: principios básicos. (El Paso: CBp, 1987), 2da. Edición, pp. 9-23).
12 Villafañe, Eldin. en el Prefacio a Stephen Charles Mott. Etica bíblica y cambio social. (Buenos Aires/Grand Rapids: Nueva Creación, 1995), pp. vii-viii.
Recomendamos mucho la lectura de esta obra por ser una de las más serias contribuciones a la forjación de una responsable acción de la iglesia en su
contexto más próximo.
13 Op. cit., p. 31.
14 ldem

96 Guía para el profesor


Ética Ministerial

De la anterior aseveración, se deduce una tarea importante para la ética: debe prestar cuidadosa
atención al proceso de formación moral de las personas, de manera especial, del carácter, ya que éste es
el factor determinante de su actuación moral. Pero, al mismo tiempo, debemos señalar que, la formación
del carácter personal, no es un proceso que se dé en el vacío ni instantáneamente. Más bien, es un
proceso marcadamente social, fruto de la interacción entre la persona y su comunidad. En este proceso
interactivo, se va internalizando la atmósfera sociocultural en la que estamos insertos y que se proyecta
por medio de valores, normas, cosmovisión que dan sentido al contexto. Esto juega un rol clave en la
formación del sentido de comunidad y señala “la ética social”. Se adjudica una importancia fundamental
a dos comunidades primarias como son la familia y la iglesia que, desde la perspectiva bíblica y de las
ciencias sociales, constituyen una “escuela de moralidad”. Esto permite entender por qué el quehacer
ético, desde la perspectiva de la fe cristiana, debe poner mucha atención a estas comunidades.
Lo anterior, plantea un gran desafio. Como iglesias que levantamos el estandarte de la santidad
bíblica, en su correlato de pureza de corazón y amor perfecto, tenemos la responsabilidad de
avanzar en la enseñanza y vivencia de lo que esta santidad demanda en el terreno complejo de las
relaciones sociales. Lo que Dios hace en la persona, en nosotros, no constituye su obra final, sino el
equipamiento para que seamos instrumentos idóneos del cumplimiento de su voluntad en este mundo.
(Ef. 2:10; 5:17; Col. 19). En otras palabras, el que los creyentes testifiquen que han sido enteramente
santificados, no significa que nuestro trabajo ha terminado, apenas comienza. Al darse este nuevo
marco de relaciones, se ha puesto la base para empezar a discipular en todo lo que implica el hecho
de que somos parte, en palabras del apóstol Pablo, de un “pueblo propio” que Dios ha “purificado” y
cuya evidencia se expresa en el hecho de que, este pueblo, es “celoso de buenas obras” (Tit. 2:15).
¿Qué implicaría la reflexión anterior? En primer lugar, que debemos ampliar nuestra perspectiva
de lo que conocemos como discipulado. La concepción tradicional, limita este ministerio de la iglesia
a ayudar al nuevo creyente en sus primeros pasos en vida de fe. Más recientemente, se ha avanzado
en la comprensión del discipulado como el esfuerzo de la iglesia de equipar al creyente (formación de
su carácter), hasta el punto en que se integre en el “cuerpo” por la vía de desarrollar un ministerio o
servicio en y/o por medio de la iglesia. Esta segunda concepción es fundamental, en el contexto de la
ética social cristiana que debe iluminar nuestra responsabilidad en el mundo. Aludiendo al movimiento
de santidad en el contexto anglosajón norteamericano y a la luz de las demandas de su momento
histórico, Turner hacía el siguiente cuestionamiento que, no obstante las tres décadas transcurridas,
conserva su vigencia, aún en nuestro contexto latinoamericano:
¿A qué se debe que nosotros somos adherentes del ‘amor perfecto’ y de la regla de oro, no
estemos más involucrados y hablemos con más claridad en lo que toca a la injusticia racial? ¿Acaso
como lo declara Timothy Smith, nos hemos conformado o amoldado a este siglo, al espíritu de esta
época, en lugar de desafiarlo y cambiarlo?... ¿Nos conmueven los problemas de la década presente,
o nos contentamos simplemente con reiterar como ‘nuestras doctrinas distintivas’ las verdades que
tuvieron actualidad hace dos siglos?15
En segundo lugar, la iglesia como la “comunidad de los santos” debe asumir un serio compromiso
con el mundo (contexto o sociedad) para transformarIo. En gran medida, la indiferencia a la que aludía
Turner en la cita anterior, se debe a la carencia de una adecuada percepción de la realidad social.
Necesitamos darnos cuenta de que la sociedad no es sólo la sumatoria de individuos que viven en
un contexto determinado. La sociedad se nos devela como una entidad con dinámica propia, con una
institucionalidad que funciona, a pesar y por encima de las personas o entes individuales.16 Al ser la fe
cristiana, una fe con imprescindible arraigo histórico, su constante desafío ha sido la forma en que se
relaciona con el contexto particular en medio del cual busca expresar su fidelidad al evangelio. Esto,
nos lleva al tema siguiente.

15 Turner, George Allen. Op. cit., pp. 50-51.


16 Recomendamos el excelente análisis que Stephen Charles Mott hace de la realidad social en op. cit., pp. 10-16.

Guía para el profesor 97


Ética Ministerial

Los Ejes Teológicos y las Categorías Paradigmáticas

En el desarrollo de este punto, asumimos como valioso el aporte que Roy H. May hace a la
forjación de una ética social bíblicamente fundamentada Y contextualmente enfocada a América
Latina.17
¿Cuáles son los ejes teológicos que operarán como una firme base estabilizadora a una ética
social pertinente para nuestro contexto latinoamericano?
Se ha planteado que, los ejes teológicos por excelencia son el Jubileo-Reino de Dios. En el
Pentateuco, al “Año del Jubileo” se registra como una celebración judía que debía efectuarse cada
cincuenta años y que tenía precisas prescripciones para ser cumplidas (Levítico 25). En un trabajo
realizado hace un tiempo afirmábamos que “Hay incertidumbre respecto a la naturaleza práctica de
la institución del jubileo. Se discute ampliamente si el jubileo llegó a existir jamás y de qué manera
funcionaba. No obstante la ambigüedad sobre la historicidad real de la práctica del jubileo, ello no
debe desviar nuestra atención respecto a sus desafios para el presente y futuro del pueblo de Dios y
de América Latina”18.
Y, uno de los desafios más actuales del “Año del Jubileo” es que “constituye una clara advertencía
contra la sacralización o absolutización de determinados sistemas sociales”19. Esto, tiene una vital
importancia para la ética social cristiana que se necesita forjar en nuestro continente. Partimos de
la afirmación fundamental de que, a la luz de la revelación bíblica, ningún sistema social puede
ser declarado “el sistema” y, por lo tanto, afianzarse como el único, demandando nuestra lealtad y
sujeción, por encima de los estragos o consecuencias injustas que genera. El “Año del Jubileo” implica
la relativización de todos los sistemas y, por lo tanto, la responsabilidad de señalar sus falencias y
buscar la transformación de los mismos una vez que, en su desarrollo, empiezan a generar situaciones
de desigualdad o inequidad que afectan a sus miembros (personas, familias, sectores sociales, etc.).
En síntesis, “El jubileo nos anuncia que es tiempo de cuestionar, recusar y desmontar un orden que
tiene como base la injusticia. Es anuncio de que no debemos aceptar un sistema que sacrifica la vida
por la codicia”20.
El reino de Dios, por su parte, constituyó el núcleo de la predicación de Jesús (Mí. 4:17,10:7; 5:3;
6:3; 12:28; Lc. 6:20; 12:31; Jn. 3:3), de la iglesia primitiva (Hch. 28:31), y fundamental en el mensaje
de Pablo (Hch. 19:8, 28:23). Este reino no constituye solamente una realidad espiritual sino que tiene
una dimensión histórica también muy importante. Estas dimensiones se mantienen en una constante
tensión. Por todo esto, como lo señala Mott:
El reino de Dios es un concepto central que incorpora el imperativo de la responsabilidad social de
las metas de Dios en la historia. Más que ser un mero principio ético, la justicia es parte de la historia
de la provisión divina: la caída de la humanidad, la venida de Cristo y la reconciliación final de todas las
cosas bajo el reinado soberano de Dios. Entonces podemos entender la justicia social en el contexto
del esfuerzo paciente de Dios por recuperar su creación perdida “La palabra griega basileia (reino o
reinado) significa, en primer término, el hecho de reinar y no el lugar del reino... El reino de Dios es
una frase técnica para la idea del gobierno de Dios sobre la historia.21
En el marco de su reflexión sobre el compromiso social de la iglesia, Sttot afirma “El Reino de Dios
es el gobierno dinámico de Dios, que irrumpe en la historia humana a través de Jesús; enfrenta,

17 Además, desde la perspectiva de su persuación teológica wesleyana, May es un excelente referente para nuestra reflexión.
18 Canales Farfán, Wilfredo. “Las esperanzas del jubileo en Abya- Yala”. Exposición presentada en el panel con el mismo nombre, con ocasión del 70
aniversario del Seminario Bíblico Latinoamericano. 1993. p.l.
19 Ibid., p.2.
20 Idem., p.3. Cf. John Sttot. El Cristiano contemporáneo: un llamado urgente a escuchar con los dos oídos (Buenos Aires: Nueva creación, 1995).
Jürgen Schuldt. Repensando el desarrollo: hacia una concepción alternativa para los países andinos. (Quito: CAAP, 1995). CELAM. Una nueva sociedad.
(Bogotá: DEPAS, 1987), Documento CELAM No. 81. Jeffrey Klaiber, s.j. Violencia y crisis de valores en el Perú (Lima: PUC-Dpto. de Humanidades,
1988), 2da. ed.
21 Op. cit., pp, 81-82.

98 Guía para el profesor


Ética Ministerial

combate y vence al mal; trae eI bienestar integral a nivel personal y comunitario y toma posesión de
su pueblo con plena bendición y plena demanda”22.
Si el “Año de Jubileo” nos plantea la relativización de los sistemas humanos y, por lo mismo, nos
anima a su perfeccionamiento o cambio, el “reino de Dios”, al plantear la soberanía del Señor sobre
toda la creación y la historia, fundamenta nuestra esperanza al saber que las fuerzas de la muerte,
manifiestas muchas veces en estructuras, instituciones y sistemas, así como en ideologías y valores,
nunca saldrán triunfantes, están bajo el signo de la derrota final y, por lo tanto, pueden ser enfrentadas
y desenmascaradas, ahora, presentándolas como lo que son, instrumentos de maldad, armas del
maligno. Teniendo este telón de fondo, afirmábamos en un trabajo anterior:
Vivimos tiempos cruciales. Hoy se perfila con mayor nitidez la terrible paradoja de que un dios falso
quiere usurpar un trono que no le pertenece. Estamos frente a un abierto desafio, el del dios “Mamón”,
que está ofreciendo una subyugante religión, la codicia; que exige como marca de discipulado, el
consumismo; que tiene eficientes estructuras evangelizadoras, la publicidad; que ‘ofrece un cielo más
‘objetivo’, el éxito o prosperidad material.23
Este eje teológico, pues, da sentido a la forjación de una ética social cristiana que sea fiel a
Jesucristo y pertinente a nuestro contexto.
Finalmente, en la textura de una ética social con claro arraigo en la Escritura, desde la perspectiva
de la demanda de la santidad, debemos asumir, como categorías paradigmáticas de análisis las
siguientes:
El amor, cuyo rol es fundamental en la ética, estriba en el hecho de que, en sus varias expresiones
(eros, filia, ágape), representa la esencia de lo que deben ser las relaciones interpersonales y sociales.
La justicia, categoría fundamental para analizar la problemática del poder, factor que incide
determinantemente en las relaciones humanas, a todo nivel. Desde la perspectiva de la justicia, deben
analizarse las problemáticas sociales, políticas y económicas.
El bienestar, en su dimensión de satisfacción de las necesidades básicas de la población, como
meta fundamental de toda acción de gobierno.
La transformación, que alude a los esfuerzos conscientes y serios para lograr cambios radicales
en las estructuras que generan y engendran exclusión social, impidiendo a grandes sectores sociales
acceder a servicios básicos acordes a su dignidad humana.

Conclusión

En nuestra reflexión, hemos buscado establecer la base a partir de la cual debemos realizar los
esfuerzos para estructurar una ética social coherente con las exigencias bíblicas. Como hemos podido
apreciar, la santidad bíblica no provee una vía de escape para eludir los desafios del contexto actual.
Todo lo contrario, nos brinda la base imprescindible para honrar el nombre de Dios en medio de la
tragedia humana. Hogaño como antaño, la demanda clave es la misma:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en
sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto racional. No os conforméis
a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que
comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Ro. 12: 1-2)”.

22 Sttot, John. La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos. (Buenos Aires: Nueva Creación, 1991), p. 27.
23 Canales Farfán, Wilfredo. “El Evangelio de Justicia”. En FfL. CLADE III-Tercer Congreso Latinoamericano de Evangelización: Todo el Evangelio para
todos los pueblos desde América Latina. (Buenos Aires: FTL, 1993), p. 217. También, seria muy valioso aprovechar los aportes de Peter L. Berger. Pirámides
de Sacrificio: Etica Politica y cambio social (Santander: Sal Terrae, 1979). Pedro Arana Quiróz. América Latina entre la desesperación y la esperanza. (Lima:
MISIUR, 1991). Alvin y Heidi Toffler. Las guerras del futuro: la supervivencia en el alba del siglo XXI (Barcelona: Plaz & Janes, 1994), 3ra. Edición. Heinz
Dieterich, coord. Globalización, Exclusión y Democracia en América Latina (México: Editoral Joaquin Mortiz, 1997).

Guía para el profesor 99


Ética Ministerial

Actividad No. 11:


Material de apoyo - ¡He cometido adulterio!

E
n la siguiente página encontrará un artículo extraído del sitio web www.
desarrollocristiano.com escrito por David Constance, acerca de la manera en que
un ministro ha enfrentado la experiencia del fracaso moral, y el difícil camino de la
restauración. Puede dividir a la clase en grupos de lectura, y pídales que respondan las
preguntas propuestas en la actividad para luego exponer sus respuestas al resto de la
clase. Finalice con un llamado a la reflexión y una conclusión.

¡HE COMETIDO ADULTERIO!


por David Constance

Estoy sentado en la sala de nuestra casa, junto a mi esposa. Frente a nosotros se encuentra
un colega pastor, molesto por la situación en la que se encuentra y me pregunta, con indignación: “
¿Cómo pudiste hacer esto?”.
Es la pregunta que yo mismo me había hecho vez tras vez en los días posteriores a la confesión
de mi fracaso moral: “¿cómo pude haber hecho esto?”. Jamás, en mis muchos años de pastor, hubiera
imaginado que yo tendría que contestar esta pregunta. Mi conducta era indigna de un cristiano y
mucho más, de un pastor.
Tengo que admitir que en ese momento no podía contestar la pregunta de mi colega. Más bien
me sentía ofendido por el tono de indignación y juicio que revelaba su pregunta. Lo que más me dolía
no era el pecado en sí, sino la humillación que estaba viviendo al verme expuesto ante la condena de
los demás. En cada mirada me parecía ver el repudio a mi persona, la censura sin piedad de quienes
ahora me daban la espalda.
Por supuesto que yo sabía que el fracaso moral también ocurre en la vida de los pastores. En más
de una ocasión yo había formado parte de un comité de disciplina y había sentenciado con severidad
a algún colega que había manchado la imagen inmaculada que nosotros los pastores preferimos
creer que es nuestro distintivo. Yo también había buscado separarme rápidamente de aquella persona
que había traicionado, por inmoralidad, su voto ministerial. Ahora, sin embargo, yo era el culpable,
el blanco del juicio implacable de otros. Frente a la condena abierta o silenciosa de mis colegas, me
sentía sofocado por una avalancha de emociones nunca antes experimentadas. En ese momento
tampoco podía imaginar todo lo que me esperaba en los meses y años que vendrían. El precio de
reconstruir mi vida me llevaría a una intensa lucha, la cual vino acompañada de la más aguda y
profunda angustia personal.
Ahora, tres años después de esa agónica experiencia, me siento una persona nueva y muy
distinta. Sé que nunca podré recuperar lo perdido. Por la gracia de Dios, sin embargo, he vuelto a
ejercer tareas pastorales y diversos ministerios. Hoy, escribo estas palabras como un testimonio de
la vasta e incomprensible gracia de Dios y con el afán de describir lo que he aprendido acerca de
los pasos necesarios para una restauración completa de mi vida y ministerio. No es un proceso fácil.
Tampoco va a ser igual para todos. Lo que sí puedo afirmar es que si se desea producir restauración,
este proceso es absolutamente necesario.

100 Guía para el profesor


Ética Ministerial

¿Pecado inesperado?

El Nuevo Testamento es claro en cuanto a la necesidad de vivir en pureza sexual. ¿Cómo es


posible, entonces, que el cristiano caiga en pecado sexual? Permítame decirle que nadie “cae en este
pecado”, como si fuera algo sorpresivo o indeseado: uno elige cometerlo. La probabilidad de realizar
esa decisión, no obstante, aumenta en forma vertiginosa si no se da la importancia necesaria a las
experiencias sexuales del pasado. Esas experiencias nos predisponen a volver a cometer el mismo
acto, u otros similares.
Todos nosotros estamos expuestos a una diversidad de experiencias sexuales en la niñez y
adolescencia. Las experiencias de la infancia por un lado, pueden ser consideradas como algo normal,
que responden a la curiosidad del niño por entender su sexualidad. Frecuentemente, sin embargo,
son mucho más que esto. A veces -y me temo que con mayor frecuencia de lo que creemos- esas
experiencias incluyen abusos sexuales cometidos por un adulto. En la mayoría de los casos, el
abusador es parte de la familia de la víctima. En otros casos uno ha perpetrado estos actos sexuales
inapropiados contra otros.
Estas experiencias sexuales tienen un profundo efecto sobre nosotros por dos razones: en primer
lugar no las podemos olvidar; en segundo lugar, establecen fortalezas mentales que condicionan
nuestras conductas. En la vida nos olvidamos de muchas cosas, pero no de las agresiones
sexuales porque cada una de ellas invade nuestra intimidad, ese halo misterioso que marca nuestra
individualidad. Aun cuando no lo reconozcamos, esas memorias condicionan nuestro autoconcepto.
Cuando uso el término “fortaleza mental” me estoy refiriendo al hecho de que las experiencias
sexuales establecen en la mente una forma de pensar en cuanto al sexo. Entre otros efectos, queda
el temor de que no podamos dejar de cometer el mismo pecado. Es decir, como me dijo un hermano,
“temo que voy a repetir mi conducta con otra mujer”. Esta duda representa una predisposición hacia
cierta conducta sexual. Tampoco podemos negar que el diablo, quien conoce nuestras debilidades,
utiliza esto para derribarnos.
Solamente podemos librarnos del poder de estas experiencias del pasado cuando asumimos
responsabilidad por ellas. Esto incluye el dejar de culpar a otros y buscar un consejero experimentado
que nos ayude a entender su importancia y efecto. A lo largo de toda una vida yo había enterrado estas
experiencias, sabiendo que en la iglesia nunca encontraría un espacio seguro para hablar de ellas.
Temía siempre la reacción y el repudio que causaría si confesaba que necesitaba ayuda en esta área
de mi vida. ¡Y mucho más por ser yo un pastor! El silencio sobre el tema del sexo, que es tan común
en la iglesia evangélica, finalmente sirvió para destruirme.

La confesión de pecados

Hemos perdido el hábito de la confesión pública en los cultos. En algunas iglesias, de larga
tradición, todavía existe una liturgia que incluye un acto de confesión como parte del culto. En la gran
mayoría de las iglesias evangélicas de América Latina, sin embargo, no practicamos la confesión los
unos a los otros. En el mejor de los casos, el pastor, o algún hermano, pronuncia una ligera frase
en su oración como, por ejemplo: “perdónanos todos nuestros pecados”. Entonces, al no practicar la
confesión en público, damos la impresión de que no es importante y en todo caso, argumentamos que
la confesión se hace a Dios únicamente (una reacción contra el confesionario católico romano).
En términos generales, identifico dos formas de manejar el tema cuando se trata de la confesión
de pecados sexuales. Una de estas es la confesión privada, hecha al pastor. En esas ocasiones,
a veces ocurre que quien reconoce una falta moral demanda confidencialidad del pastor antes de
entrar en los detalles. Quizás el pastor le promete a esta persona que nadie más ha de saber lo que
ha sido confesado en la privacidad de la oficina pastoral. Hay algunos pastores que han aconsejado
al individuo no declarar a su cónyuge lo ocurrido, supuestamente para “protegerlo”. Este tipo de
confesión y consejo tiene el efecto de aliviar la culpa de quien ha sido infiel. No obstante, le resta

Guía para el profesor 101


Ética Ministerial

importancia a lo que ha hecho, pues lo libra de la obligación de ser honesto y consecuente con su
conducta.
Es posible también que el pastor le diga: “Está bien, hermano. Dios ha escuchado su confesión. Él
conoce nuestras debilidades y ya lo ha perdonado en Cristo. Sepa que esto queda entre nosotros.
Vaya en paz y no vuelva a cometer este pecado”.
El hermano se retira, creyendo que mágicamente el asunto está resuelto y que no volverá a
repetirse. Sin embargo, aun cuando el pecado queda como algo secreto, varias personas han sido
profundamente afectadas por él: el cónyuge (aunque desconozca la verdad), la persona con quien se
cometió la infidelidad (quien carga con su propia culpa) y, a veces, otras personas en la congregación
conocedoras de la situación (incluido el pastor que lo encubre). En ese caso, no se ha ayudado al
individuo a reconocer el daño que ha cometido y, mucho menos, a buscar la reparación por la ofensa.
Tampoco él se ha apropiado de la gracia divina que redime y cambia las conductas. Todo ha pasado
al plano de lo secreto, donde se vive la vida cristiana sin transparencia y honestidad.
La otra forma de “confesión” utilizada, es aquella en la cual el pecado trasciende y se hace público.
En estos casos, el liderazgo de la iglesia se ve obligado a actuar para condenar la conducta inaceptable
del individuo y a aplicar la disciplina. En la mayoría de los casos esa disciplina consiste en prohibir la
participación del individuo en la Cena del Señor por un período determinado. Además, se le quitan todos
los cargos o responsabilidades que pueda tener en la iglesia y, en ocasiones, se le separa de la membresía.
Este tipo de disciplina generalmente deja un malestar en la congregación porque no se explica cuál
ha sido la ofensa ni se justifican las formas de disciplina que han sido aplicadas. Tampoco considera las
consecuencias para la vida de la familia involucrada. Casi siempre la persona afectada deja de asistir a
la iglesia y desaparece de la comunidad cristiana porque la vergüenza lo consume y lo único que recibe
de los hermanos es censura. En todo este proceso, solamente en raras ocasiones algún líder de la iglesia
se acerca al caído para ofrecer su apoyo o para iniciarlo en un programa de restauración. Debemos
reconocer con tristeza, que tales programas de restauración hoy son prácticamente inexistentes en la
iglesia.
En mi caso, supe desde un comienzo que el único camino era la confesión. Comencé con mis
colegas en el equipo pastoral (la otra persona afectada ya había hecho llegar la noticia al pastor
titular). ¡Es imposible describir la angustia de ese primer encuentro! Luego, la confesión a mi propia
esposa y a mis hijos resultó ser infinitamente más dolorosa, mas ellos me mostraron la gracia que
no merecía y me perdonaron inmediatamente. Después confesé mi pecado a los dirigentes de la
denominación; escribí una carta a todos los pastores, a la iglesia donde era miembro y había servido
como parte del equipo pastoral y, finalmente, a mis amigos y conocidos sin fin. Sentía que mi vida
se iba despedazando poco a poco. El fuego de la vergüenza consumía mis entrañas y todos los
elementos que habían definido mi vida se desplomaban en un catastrófico colapso. Quedé quebrado
y herido en medio de los escombros de mi ruina.
Este paso de confesión es increíblemente difícil. Varios meses después, un pastor que llegó a
saber de mi situación me dijo:
“ Fuiste un tonto al confesar tu pecado. Fíjate todo lo que perdiste”.
No sé si logré disimular mi asombro. Por dentro, sin embargo, me preguntaba: “¿qué estará
escondiendo él?”. Si uno mide la posibilidad de la confesión por las consecuencias que producirá,
jamás practicaría la confesión, pues el pecado siempre produce pérdidas, especialmente cuando de
adulterio se trata. En un instante queda destruida la confianza entre los cónyuges, la otra persona
se siente traicionada, e incluso violada. Surgen dudas acerca de la continuidad de la pareja y
cuestionamientos sobre cuáles han sido las bases que unen a las dos personas. Yo nunca había
pensado en todo lo que podría cambiar en mi pareja como consecuencia de mi pecado.
A pesar de todo esto, no encuentro otra alternativa que la confesión. Si he de ser consecuente
con mi fe en Dios, no me queda otro camino. De esta manera he aprendido que la confesión pública
me impone la necesidad de una humillación absoluta, una actitud que siempre debería haber estado
presente en mi relación con Dios.

102 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Pero la confesión también abre las puertas para la misericordia, pues no puedo ser perdonado si nadie
conoce cuál ha sido mi pecado. Al admitir la verdad, escogí ponerle fin a la especulación que siempre
acompaña estas situaciones. Todos podían entender la razón de mi repentina retirada del ministerio
(por dos años la denominación me prohibió ejercer toda actividad ministerial). En el momento más
amargo de mi vida pude recibir de mis hermanos el abrazo, las lágrimas y la promesa de apoyo en
oración. Además, al confesar la verdad, me hice responsable de mi conducta y la resolución de todas
las consecuencias posteriores.

Confesión MÁS arrepentimiento

Muchas veces tomamos por sentado que la confesión representa una actitud de arrepentimiento.
Esto no necesariamente es así. La confesión puede ser producto de la obligación, porque ya no queda
otra salida y cuando la evidencia condena, queda la opción de negarla o admitirla. Para el cristiano
que busca integridad de vida solo le resta la confesión.
El arrepentimiento, sin embargo, es el paso necesario que sigue a la confesión porque expresa pena
por el pecado cometido y el deseo de no reincidir. Los cambios de conducta solo son posibles cuando hay
verdadero arrepentimiento y si no lo hay, caemos en la trampa de querer justificar nuestra conducta.
¿De qué manera hacemos esto? Culpando a otros. La confesión de una conducta sexual ilícita es
tan desgarrante, que uno trata de echarle la culpa a cualquiera. Puede ser al cónyuge, a los padres, a las
experiencias del pasado, o cualquier otro elemento que venga a la mano (“es tu culpa”; “no me satisfaces
sexualmente”; “ella/él me sedujo”; “en mi niñez sufrí…”, etc.). Existe en nosotros una desesperación por
aliviar los sentimientos de culpa y ¿qué mejor forma que echar la responsabilidad sobre la vida de los
demás? Yo me convierto en víctima y, en el proceso, eludo la responsabilidad por mi conducta.
El arrepentimiento, en cambio, es una actitud espiritual que expresa profundo pesar por el pecado
cometido. Es una actitud de quebrantamiento, en la cual reconozco la impotencia de controlar mis
acciones y acudo a Dios, en humildad, para que él cambie mi vida y conducta. Esto es posible
únicamente por la obra del Espíritu Santo. Pablo claramente afirma, en 2 Timoteo 2.25, que es Dios
quien concede el arrepentimiento y que este conduce a la verdad.
Desde que he vivido esta experiencia, he debido examinar continuamente mi vida para ver si esta es
la actitud que tengo ante Dios. La reacción inicial a mi fracaso fue querer dejar todo esto atrás, no pensar
más en ello y creer que podía encontrar soluciones fáciles para recuperar lo perdido. Llegué a entender
que todos esos atajos eran formas de eludir la ansiedad y el disgusto que debía sentir por mi acción.
El arrepentimiento necesario, en cambio, me lleva a postrarme continuamente ante Dios en verdadero
quebrantamiento. La actitud que debemos cultivar es la expresada por David en el Salmo 86: “Atiéndeme,
Señor, respóndeme, pues pobre soy y estoy necesitado. Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es
tu amor por todo los que te invocan. Eres Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y grande en amor
y verdad. Vuélvete hacia mí, y tenme compasión … ¡salva a tu hijo fiel!” (vv. 1, 5 y 15 NVI).
Además de esto, el arrepentimiento permite reconstruir las relaciones interpersonales quebradas,
empezando con el cónyuge y los hijos y siguiendo por todas las personas que se han sentido
traicionadas por la conducta de aquel en quien habían depositado su confianza. También esto es
producto de un proceso lento, solamente posible por la acción del Espíritu Santo. Es necesario que la
experimente tanto quien ha cometido la ofensa como los afectados. Por todo esto, podemos afirmar
que el arrepentimiento no es una opción.

Restaurado totalmente: ¿cuándo?

Hoy puedo decir que soy una persona diferente. Pero lo digo en quietud, casi como un susurro. No
“saco pecho”, como para decir “miren lo que Dios ha hecho en mí”. Siento que todas mis palabras y
acciones deben ser revestidas de una profunda insuficiencia e inseguridad, una actitud que debería
haber caracterizado todo mi ministerio. Hasta siento vergüenza por toda la auto-confianza que quise

Guía para el profesor 103


Ética Ministerial

proyectar en los años pasados, creyéndome suficiente para cumplir con todas las demandas del
pastorado. También me da profunda tristeza haber tenido que pasar por esta experiencia, con todas sus
pérdidas, para permitir, recién ahora, que Dios obrara ciertos cambios en mi vida. Pero al mismo tiempo,
no cambiaría el haber pasado por esta “escuela de lágrimas”. Me sorprende lo mucho que me falta aún
para ser formado a la imagen del Hijo de Dios. Por eso pido al Padre que no deje de humillarme, porque
sólo así puedo aprender. ¿Ha terminado en mí el proceso de restauración? De ninguna manera.

El autor ha sido pastor y misionero de la Alianza Cristiana y Misionera por cuarenta años, y ha
servido a Dios mayormente en la Argentina. Actualmente reside con su esposa, Betty, en Miami, Florida,
donde ambos siguen en ministerios relacionados con la educación cristiana en América Latina y en
iglesias hispanas en los Estados Unidos. En un segundo artículo él examinará las actitudes que se ven
en la iglesia sobre el pecado sexual y pasos que pueden darse para restaurar a hermanos caídos.

Ideas básicas de este artículo

1. El artículo tiene dos propósitos: dar testimonio de la vasta e incomprensible gracia de Dios y
compartir el descubrimiento del autor sobre los pasos necesarios para una restauración completa de
vida y testimonio.
2. El pecado sexual no es algo sorpresivo o indeseado; uno elige cometerlo.
3. Un factor que aumenta en forma vertiginosa la probabilidad de tomar la decisión de pecar
sexualmente es no darle importancia a las experiencias sexuales del pasado.
4. Dos son las razones por las cuales las experiencias sexuales pasadas tienen profundo efecto
sobre nosotros: no las podemos olvidar y establecen fortalezas mentales que condicionan nuestras
conductas.
5. La única manera de poder librarse de las experiencias sexuales del pasado es asumiendo
responsabilidad por ellas. Para ello, es necesario dejar de culpar a otros y buscar un consejero
experimentado que nos ayude a entender su importancia y efecto.
6. Hay dos formas de manejar la confesión de pecados sexuales: la confesión privada
exclusivamente a un pastor y la “confesión” cuando el pecado trasciende y se hace público. Ambas
son inoperantes para restaurar y más bien tienden a dañar.
7. La confesión que voluntariamente expone a luz el pecado personal a todos los afectados directa
e indirectamente es altamente costosa, difícil, doloroso y angustiante, pero es la única que garantiza
la restauración.
8. La confesión no necesariamente representa una actitud de arrepentimiento. El arrepentimiento
necesario nos lleva a postrarnos continuamente ante Dios en verdadero quebrantamiento.

Preguntas para pensar y dialogar:

1. ¿Cuál fue el único camino que el autor consideró para su restauración?


2. ¿Cuáles fueron los pasos específicos que dio en la confesión?
3. Describa los sentimientos que el autor experimentó en el proceso de confesión.
4. ¿Cuáles principios de restauración surgen a la luz del proceso de confesión del autor?
5. ¿Qué es lo que impide la verdadera confesión?
6. ¿Cuáles son las pérdidas que produce el pecado de adulterio?
7. ¿Cuál fue la necesidad que tuvo el autor para confesar públicamente su pecado sexual?
8. ¿Cuál es la diferencia entre la confesión y el arrepentimiento?
9. ¿A qué conduce el arrepentimiento?
10. Describa la actitud que caracteriza al autor después de su restauración. En cuanto a la actitud hacia
su vida y ministerio ¿cuáles cambios específicos necesita hacer usted a la luz de este testimonio?

104 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 12:


Material de apoyo - Integridad

E
n la siguiente página encontrará un artículo extraído del sitio web http://www.ministeriospro-
be.org/ y escrito por Kerby Anderson acerca de la vida íntegra del ministro, el cual puede
utilizar para compartirla con sus alumnos en el aula o para complementar las Notas de clase.

INTEGRIDAD
por Kerby Anderson

La integridad y la Biblia

El tema de este artículo es el concepto de la integridad, una calidad del carácter de la que
hablamos a menudo pero que no vemos tan frecuentemente en la vida de los funcionarios públicos o
aun en la vida de las personas con las que vivimos y trabajamos.
La palabra integridad viene de la misma raíz latina que entero, y sugiere la totalidad de la persona. Así
como hablaríamos de un número entero, también podemos hablar de una persona entera, no dividida. Una
persona de integridad vive correctamente, no está dividida, ni es una persona diferente en circunstancias
diferentes. Una persona de integridad es la misma persona en privado que lo que es en público.
En el Sermón del Monte, Jesús habló de los que eran “de limpio corazón” (Mateo 5:8), lo que
sugiere una actitud clara de seguimiento de los mandatos de Dios. La integridad, por lo tanto, no solo
implica una actitud clara, sino una pureza moral también.
La Biblia está llena de referencias a la integridad, el carácter y la pureza moral. Considere sólo
unas pocas referencias del Antiguo Testamento a la integridad. En 1 Reyes 9:4, Dios instruye a
Salomón que ande “en integridad de corazón y en equidad”, como hizo su padre. David dice, en 1
Crónicas 29:17: “Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada”. Y en
Salmos 78:70-72 leemos que David “los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó
con la pericia de sus manos”.
El libro de Proverbios tiene muchos versículos que hablan de la integridad. Proverbios 10:9 dice
que: “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”.
Una persona de integridad tendrá una buena reputación y no tendrá temor de ser expuesta o
descubierta. La integridad brinda un camino seguro a través de la vida.
Proverbios 11:3 dice: “La integridad de los rectos los encaminará; pero destruirá a los pecadores la
perversidad de ellos”. Proverbios es un libro de sabiduría. El hombre o la mujer sabios vivirán una vida
de integridad, que es parte de la sabiduría. Quienes siguen la corrupción o la mentira serán destruidos
por las decisiones y acciones de su vida.
Todos estos versículos sugieren un sentido de deber y un reconocimiento de que debemos tener
un nivel de discernimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida. Eso ciertamente requerirá que las
personas de integridad sean estudiantes de la Palabra, y que busquen diligentemente aplicar la Palabra
de Dios a su vida. El libro de Santiago nos exhorta a ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores,
engañándonos a nosotros mismos” (Santiago 1:22). Esa es mi meta en este artículo, al hablar de la integridad.

Guía para el profesor 105


Ética Ministerial

Corrupción

Al examinar la integridad, quisiera hablar de su opuesto: la corrupción. Decimos ser una nación
que exige integridad, pero ¿realmente lo hacemos? Decimos que queremos que los políticos sean
honestos, pero en realidad no esperamos que lo sean, tal vez porque a menudo no somos nosotros
tan honestos como deberíamos serlo. Decimos que somos una nación de leyes, pero a menudo
quebrantamos esas mismas leyes -como el límite de velocidad o cruzando la calle imprudentemente- y
tratamos de justificar nuestras acciones.
Podemos encontrar una ilustración poderosa en el libro The Day America Told the Truth (El día que
Estados Unidos dijo la verdad) , de James Patterson y Peter Kim.1 Usando una técnica de encuesta
que garantizaba la privacidad y el anonimato de los encuestados, pudieron documentar lo que los
estadounidenses realmente creen y hacen. Los resultados fueron asombrosos.
Primero, encontraron que no existía ninguna autoridad moral en Estados Unidos. “Los
estadounidenses están haciendo sus propios códigos morales. Solo el 13 por ciento de nosotros
creemos en la totalidad de los Diez Mandamientos. Cuarenta por ciento de nosotros creemos en cinco
de los Diez Mandamientos. Escogemos en qué leyes de Dios creemos. No hay absolutamente ningún
consenso moral en este país, como existía en la década de 1950, cuando todas nuestras instituciones
infundían más respeto”.
Segundo, encontraron que los estadounidenses no son honestos. “La mentira ha llegado a ser una
parte integral de la cultura estadounidense, un rasgo de la personalidad estadounidense. Mentimos,
y ni pensamos en ello. Mentimos sin ningún motivo”. Los autores estiman que el 91 por ciento de
nosotros mentimos regularmente.
Tercero, el matrimonio y la familia ya no son instituciones sagradas. “Si bien seguimos casándonos,
hemos perdido confianza en la institución del matrimonio. Una tercera parte de los hombres y mujeres
casados nos confesaron que han tenido al menos una aventura. El treinta por ciento ni siquiera están
seguros de que aún aman a su cónyuge”.
Cuarto, encontraron que la “ética protestante [de trabajo] ha desaparecido hace mucho tiempo
del lugar de trabajo del estadounidense de hoy. Los trabajadores de todo Estados Unidos admiten
francamente que pasan más del 20 por ciento (7 horas a la semana) de su tiempo en el trabajo
holgazaneando completamente. Eso representa una semana de cuatro días a lo largo de la nación”.
Los autores finalizan sugiriendo que tengamos un nuevo conjunto de mandamientos para Estados Unidos:
- No veo el motivo de guardar el día de reposo (77 por ciento).
- Robaré de quienes en realidad no lo echarán de menos (74 por ciento).
- Mentiré cuando me convenga, siempre que no cause ningún daño verdadero (64 por ciento).
- Engañaré a mi cónyuge; después de todo, dada la oportunidad, él o ella hará lo mismo (53 por ciento).
- Aplazaré las cosas en el trabajo y haré absolutamente nada un día completo de cada cinco (50 por ciento).

Tal vez digamos que somos una nación que desea la integridad, pero aparentemente la mayoría de
nosotros carece de ella en nuestra propia vida personal.

Los rasgos de la integridad

Honestidad

Ahora quisiera que nos centremos en cuatro rasgos clave que se encuentran en una persona de
integridad. Uno de esos rasgos es la honestidad.

1 James Patterson and Peter Kim, The Day America Told the Truth (New York: Prentice Hall Press, 1991).

106 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Hablamos de algunos de los hallazgos del libro The Day America Told the Truth. Los autores
encontraron que casi todos en Estados Unidos mienten, y lo hacen de forma bastante habitual. Decir la
verdad aparentemente ya no es una virtud que la gente trata de adoptar para su vida. Tal vez digamos
que queremos que la gente diga la verdad, pero no lo hacemos nosotros mismos.
Ese es el problema con la corrupción: es corrosivo. Creemos que podemos ser sólo un poco deshonestos.
Decimos que queremos que la gente sea honesta, pero después hacemos trampa con nuestros impuestos.
Decimos que queremos que la gente obedezca las leyes, pero luego excedemos “apenas” el límite de
velocidad. Queremos ser lo suficientemente honestos como para calmar nuestra conciencia.
Es un poco como la historia del hombre que mandó una carta a la Oficina de la Renta de EE.UU.
(Internal Revenue Service). Dijo: “Hice trampa con mi impuesto sobre la renta, y me sentía tan mal que
no podía dormir. Adjunto un cheque por $150. Si sigo sin poder dormir, les enviaré el resto de lo que les
debo”.
Muchos de nosotros podemos sentirnos identificados con ese hombre. Queremos ser honestos,
pero a veces nos resulta más fácil ser deshonestos. Así que intentamos buscar una forma de transigir
en nuestros valores para que un poco de mentira no perturbe nuestra conciencia.

Confiabilidad

Otra característica de una persona de integridad es la confiabilidad. Una persona de integridad es


irreprochable. Permanece fiel a principios, sin importar las consecuencias. Una persona de integridad se
da cuenta de que hay absolutos morales aun en un mundo de valores relativos.
En la novela de Tom Clancy, Clear and Present Danger, Jack Ryan es prácticamente el único
personaje noble del libro. Cuando comienza a descubrir el complot clandestino del gobierno, se ve
confrontado por el antagonista, que se burla de los principios de Ryan. Dice: “Eres un niño explorador,
Jack. ¿No te das cuenta? Es todo gris. Es todo gris”.
Me pregunto cuántas personas de integridad escuchan una afirmación similar en salas de conferencia
corporativas o en los salones del gobierno. Es todo gris. No hay valores absolutamente correctos o incorrectos. Todo
es relativo.
Una persona de integridad sabe que no todo es gris. Hay principios a los que vale la pena mantenerse
fiel y promover. Hay valores que deben regir nuestra vida. Tenemos una responsabilidad de seguir la ley
de Dios antes que a la multitud.
Cuando el libro de Proverbios habla de la “integridad de los rectos”, sugiere que tenemos que acatar
la voluntad de Dios y las leyes de Dios. Tenemos el deber de obedecer los mandamientos absolutos de
Dios en nuestra vida y convertirnos en hombres y mujeres de integridad.

Vida “privada”

Hay un libro popular en el mercado llamado Who You Are When Nobody’s Looking (Quién eres
cuando nadie mira) . ¿Quién es usted cuando nadie mira? ¿Veré la misma persona que veo cuando está
en un grupo de personas? ¿Hace usted lo correcto, no importa las circunstancias?
Había una historia en un periódico años atrás sobre un hombre de Long Beach que fue a comprar un
pollo para él y la mujer que lo acompañaba a una tienda de KFC (Kentucky Fried Chicken). Ella esperó
en el coche mientras él fue a recoger el pollo. Sin darse cuenta, el gerente de la tienda entregó al hombre
la caja en la que había puesto las ganancias del día, en vez de la caja con el pollo. Es que iba a hacer
un depósito y lo había camuflado poniendo el dinero en una caja de pollo frito.
El hombre tomó su caja, volvió al coche, y los dos se fueron. Cuando llegaron al parque y abrieron la
caja, encontraron que tenían una caja llena de dinero. Ahora bien, este era un momento muy vulnerable
para una persona común. Sin embargo, al darse cuenta del error, volvió al coche y se dirigió al lugar y
devolvió el dinero al gerente. Bueno, ¡el gerente estaba alborozado! Estaba tan complacido que dijo al

Guía para el profesor 107


Ética Ministerial

joven: “Quédate por aquí. Quiero llamar al periódico para que te saquen la foto. Eres el tipo más honesto del
pueblo”.
“Oh no, ¡no haga eso!”, dijo el sujeto.
“¿Por qué no?, preguntó el gerente.
“Bueno”, dijo, “sabe, estoy casado, y la mujer con la que estoy no es mi esposa”.
Aparentemente, no había considerado las consecuencias de sus acciones. Aun cuando estaba
haciendo algo correcto, resultó que también estaba haciendo algo incorrecto. Una persona de integridad
es integrada y auténtica. No hay ninguna duplicidad de actitudes y acciones.
Cuando el apóstol Pablo hace una lista de las calificaciones para un anciano de una iglesia, dice que
“Es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo
del diablo” (1 Timoteo 3:7). Esto no es sólo una cualidad deseable para los ancianos de la iglesia, sino
una cualidad a la que todos debemos aspirar. Los cristianos deben ser irreprochables en su testimonio
público ante el mundo que los observa.
En la siguiente sección hablaremos más acerca de la importancia de un testimonio público de
integridad y concluiremos nuestro estudio.

Testimonio público

Quisiera concluir nuestra discusión tratando la importancia de la integridad en nuestra vida diaria.
Se ha dicho que nosotros tal vez seamos la única Biblia que la gente lea alguna vez. En otras
palabras, la gente que nos rodea a menudo juzga la confiabilidad del cristianismo por su efecto en
nuestra vida. Si nos ven como hipócritas, tal vez no avancen más en su investigación del evangelio.
Cada día nos codeamos con personas que nos observan. Su vida les demostrará si el cristianismo
es verdadero o falso. Ellas hacen juicios de valor sobre usted a través de sus actitudes y acciones.
¿Hemos hecho la elección correcta?
Luego de sus mensajes dominicales, el pastor de una iglesia de Londres subió a un trolebús el
lunes a la mañana para volver a su estudio en el centro. Pagó su boleto y el conductor del trolebús le
dio demasiado cambio. El pastor se sentó y jugó con el cambio, lo miró varias veces, lo contó ocho, diez
veces. Y entonces vino la racionalización: “Es maravilloso cómo Dios provee”. Se dio cuenta de que estaba
ajustado esa semana, y esto era precisamente lo que necesitaría para cubrir los gastos, al menos para
lo básico. Luchó consigo mismo durante todo el largo recorrido de ese trolebús hasta llegar a su oficina.
Finalmente llegó a la parada, se paró, ya que no podía soportarse. Caminó hacia el conductor y le dijo:
“Mire, me dio demasiado cambio. Se equivocó”. El conductor le dijo: “No, no fue ningún error. Lo que pasa
es que estuve en su iglesia anoche, cuando habló de la honestidad, y pensé que lo pondría a prueba”.
Afortunadamente, el pastor pasó la prueba. ¿Pasa usted la prueba cuando los no creyentes lo
miran a usted o miran su vida y se preguntan si el evangelio es verdadero? Es una pregunta condenatoria.
Cuando vivimos vidas de integridad, surgen oportunidades para el evangelismo y el ministerio. Cuando
no lo hacemos, esas oportunidades se secan.
Lo he estado alentando a desarrollar una vida de integridad. En algunos aspectos, es un proceso
de toda la vida. Pero tenemos que comenzar en alguna parte. Nuestras vidas son las colecciones de
elecciones que hemos hecho en el pasado, tanto buenas como malas. Tal vez conozca la poesía:
Siembra un pensamiento, cosecha una acción.
Siembra una acción, cosecha un hábito.
Siembra un hábito, cosecha un carácter.
Siembra un carácter, cosecha un destino.
Quisiera alentarlo a comenzar a centrarse en los versículos y principios bíblicos bosquejados
aquí. Si usted quiere ser una persona de integridad, no ocurrirá de la noche a la mañana. Pero si no
hace un plan deliberado para ser una persona de integridad, jamás ocurrirá.

108 Guía para el profesor


Unidad III:
El ministro y sus
decisiones éticas:
Su vida personal
Ética Ministerial

Actividad No. 13:


Lecturas complementarias

Criswell, W. A. El pastor y su ministerio. Una

S
egún la disponibilidad de los recursos guía práctica. El Paso: CBP, 1998 (“El
bibliográficos a su alcance puede pastor en su vida personal”, pp. 322-336).
escoger entre las siguientes lecturas
complementarias con el fin de profundizar Martínez, José. Ministros de Jesucristo,
su estudio personal sobre esta unidad. Tomo I. Barcelona: CLIE, 1977. (Capítulo
Asimismo, puede utilizar alguna de estas
IV “Requisitos del ministro - Un carácter
lecturas para que sus estudiantes hagan
un análisis crítico, siguiendo el formato que santificado”, pp. 49-58).
aparece en el apéndice.
Obviamente la lista para cada caso no Nonini, Rogelio. Conducta Ministerial. Buenos
es exhaustiva ni obligatoria. Usted puede Aires, 1995. (Capítulo V “La conducta de
escoger libremente éstas u otras lecturas los ministros”, pp. 105-132).
que considere importante usar para obtener
un mejor aprovechamiento de esta unidad Trull, Joe E. Ética Ministerial. Sea un buen
de estudio. ministro en un mundo que no es tan
bueno. El Paso: CBP, 1997 (Tercera parte:
“La vida personal del ministro”, pp. 75-
104).

Trask, Thomas E. El Buen Pastor, Tomo


I. Miami: Editorial Vida, 1997. (“La vida
personal del pastor”, pp. 173-346).

110 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Unidad III:

El ministro
y sus decisiones
éticas: Su vida personal

Inicie la clase con la


siguiente pregunta: ¿Cuál
es el efecto que producen
los problemas personales
del pastor en su desempeño
ministerial?¿Y en la iglesia
donde ministra?

A
demás de ser un buen ministro, el hombre o mujer de Dios
debe ser un buen padre o madre, debe ser responsable con su
salud, con la administración del tiempo, con las finanzas de
su hogar y de la iglesia, y además durante toda su vida de actividad
ministerial deberá aprender a convivir con las altas expectativas
morales y éticas que la congregación y la sociedad le demandan.
Es más factible que una persona sea impactada más por la persona
del ministro que por sus sermones o estudios bíblicos. Motivo por el
cual el ministro no debe creer que por haber sido llamado a cuidar
de los hijos de Dios, tenga que descuidar de sí mismo.
Su persona es importante no sólo para Dios y él mismo, sino
también para toda la congregación, quienes esperan ver en él
actitudes que los alienten a crecer de una manera integral.
Por eso, analizar las decisiones que deberá tomar en su vida
personal, es de gran valor para el estudio de una ética ministerial.

El ministro y su persona

AUTOIMAGEN Y AUTOESTIMA

La autoimagen del ministro reside en el concepto u opinión que


él tiene de sí mismo, es decir, es lo que cree de sí mismo, referido al

Guía para el profesor 111


Ética Ministerial

cuadro mental que tiene de su personalidad. Esta percepción puede


diferir de lo que realmente el ministro es, por lo tanto, el ministro
debe revisar su autoimagen actual y renovar su mente para lograr
aquella que debe tener (Ef. 4:23). Siendo el ministro un miembro
vital del Cuerpo de Cristo, con una función específica, es imperativo
que sepa cual es la auto percepción que debe tener, pues de ello
depende su acción, el cumplimiento de su tarea y su éxito en general.
La confrontación consigo mismo para mejorar su autoimagen es
fundamental y debe hacerse intencionalmente debido a la calidad
de su misión. Esto le hará apto para desarrollar su ministerio en
cualquier sociedad, ambiente o lugar, pues ser ministro implica
relaciones y funciones multifacéticas. Debe revisar su imagen
mental, pues como el hombre piensa, así es él (Pr. 23:7).
En la Actividad Nº 14
encontrará una lectura, la
cual puede utilizar para
complementar las Notas de
Clase.

La sana autoimagen está íntimamente relacionada con la fe en


Dios, con la fe en lo que Él ha dicho y con la experiencia espiritual
personal. El ministro no logrará aquello que no cree. Esta fe se
profundiza a medida que el ministro profundiza su relación con
Dios, por lo tanto su experiencia de salvación y entera santificación
deben ser genuinas. Y de manera especial la entera santificación, que
es la obra de gracia realizada por el Espíritu de Dios en el espíritu
del hombre en su ser interior, donde está el asiento de sus impulsos,
deseos, inclinaciones, temores, valores, complejos, etc. Cuando
esta obra es genuina, se logra la integración de la personalidad en
lo profundo de esta; lo que resulta en un sentir de paz, armonía,
quietud, equilibrio y seguridad. La autoimagen del ministro estará
basada sobre aquello que Dios espera y dice de él en la Biblia.
Los ministros son personas antes que ministros, por lo tanto, en el
desenvolvimiento de su tarea, un autoconcepto positivo y una autoestima
apropiada son esenciales para un ministerio saludable y efectivo.

Analice, junto con sus Las personas llamadas a la profesión ministerial viven siempre en tensión
alumnos, las consecuencias entre dos realidades: su humanidad -quienes son y lo que son, lo mejor
que traería a la iglesia local que tienen y lo peor, sus dones y sus limitaciones- y las demandas
tener un ministro con baja especiales de su llamamiento. Esa tensión puede socavar en la autoestima
autoestima.
si el ministro no la maneja adecuadamente.10

Romanos 12:3 dice que cada uno piense de sí mismo “conforme


a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Por eso, cuanto
mayor es la fe del ministro, mayor será su autoestima y viceversa.
Y para poder encarar un proyecto de vida, como lo es la vocación
ministerial, cuán importante es tener bien en claro lo que Dios dice

10 Trull, Joe E. y Carter, James E. Etica Ministerial. Nashville, Tennessee: CBP, 1997, p.76-77.

112 Guía para el profesor


Ética Ministerial

que uno es, antes de lo que uno cree que es. Algunos síntomas de baja
autoestima pueden ser:
- Le gusta la murmuración. Porque de esta manera puede
captar la atención de las demás personas, y al menos por un
momento sentirse importante.
- No enfrenta los problemas y situaciones conflictivas, sino
que prefiere eludirlas y escaparse, al creer que es incapaz de
superarlas, actitud que seguramente empeorará la situación.
- Siente que a todas las demás personas les va bien pero a él no.
Por ejemplo, puede pasarse la vida admirando los ministerios
de otros pastores, pero no se cree capaz de tomar decisiones
que permitan a su congregación desarrollarse integralmente,
porque él mismo tiene temor al crecimiento.
- Su necesidad de afecto puede perjudicarlo gravemente al
dejar abierta una puerta a los pecados sexuales de adulterio y
fornicación.

El ministro no debe permitir que ninguna persona o contexto


marquen su estima, sino que debe permanecer firme en su fe para
tener el concepto correcto de sí mismo que Dios le permite tener.

Dedique un tiempo de la
clase para que sus alum-
nos puedan reflexionar
acerca del concepto que
tienen de sí mismos. Con-
cluya animándolos a ser
equilibrados en este área.

Otro área que demanda especial atención es el asunto del ego.


Un ego inflado presenta un problema agudo para muchos ministros.
Su “yo” demanda atención excesiva de otros y también demanda
autoridad sobre otros. La capacidad para servir humildemente y vivir
en forma gentil y bondadosa, es difícil para quienes sostienen luchas
intensas con estos egos, lo que desemboca en no querer compartir
créditos o atención con otros ministros o miembros del personal, en
una actitud que deja poco lugar para la iniciativa de otros, y en una
insistencia sobre sus propios puntos de vista.
Por otro lado algunos ministros sufren de subestimación, su ego
es tan pequeño que su humildad se convierte en vicio y cargan con la
dificultad para dirigir una congregación y confrontar a las personas,
ya sea con las demandas del evangelio o con los requerimientos de
un trabajo delegado.

SALUD

Los ministros deben poner debida atención a su salud física.


Trabajar al punto del agotamiento, sin días libres o vacaciones, parece

Guía para el profesor 113


Ética Ministerial

ser una dedicación encomiable pero de hecho esto podría ser un acto
imprudente de desgaste de energía para el cual el cuerpo humano
no está diseñado. Es cierto que Dios llama a sus hijos a asumir tareas
que requieren energía emocional y física, pero también es cierto
que nuestro cuerpo tiene limitaciones inherentes humanas. Estas
dos realidades implican que en algún momento los siervos de Dios
experimentarán momentos de cansancio. Es inevitable, sin embargo
la Biblia no presenta una vida agotada como modelo de ministerio
consagrado.
Pida a sus alumnos que
realicen la lectura del texto
que le ofrecemos en la Ac-
tividad Nº 15, y luego co-
menten sus conclusiones al
resto de la clase.
Los hombres de Dios deben tener en cuenta que la pérdida de la
salud significa la pérdida del ministerio. Si los ministros dedicados
midieran sus actividades y compromisos ministeriales, cuidaran
sus cuerpos y conservaran su salud, podrían extender el tiempo de
servicio en lugar de acortarlos por una muerte temprana o una salud
frágil. Una persona saludable puede ministrar mejor y gozar más
durante su vida. Este es un asunto de mayordomía cristiana.
Por eso es necesario que el ministro haya asumido un concepto
de salud integral (espíritu, sentimientos y cuerpo) que lo anime a
darle a su salud la importancia que merece.
La mayordomía comprende cómo se usa el dinero, pero también
como se usa el cuerpo que Dios ha confiado. La nutrición, el
descanso, el ejercicio y la recreación, se combinan para enriquecer
la salud. Aunque estos pueden parecer secundarios a las personas
de gran energía, altos logros y de mucho empuje, sin embargo, para
prolongar la vida y enriquecer el ministerio, los buenos hábitos de la
salud son componentes importantes de la vida de un ministro.
Algunos consejos prácticos que hace Daniel Spaite para conservar la
salud del pastor en condiciones óptimas para realizar su ministerio son:11
1. Comprométase a seguir el plan bíblico de Dios para el
reposo y la renovación.
- Reserve tiempo para estar a solas con Dios cada día y pedir
energías para cumplir la voluntad divina.
- Descanse un día completo cada semana. Aléjese de toda
responsabilidad ministerial . Practique deportes, etc.
- Planee tiempos periódicos de renovación en lugares apartados
con su familia. Es un tiempo para descansar y buscar de la
presencia de Dios.
- Haga que sus vacaciones sean verdaderas vacaciones.

11 Spaite, Daniel. Bomba de tiempo en la Iglesia. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 2001,
p.149-161.

114 Guía para el profesor


Ética Ministerial

2. No subestime cómo el cuerpo afecta la mente y el espíritu. Un


cuerpo agotado interfiere en el pensamiento y ministerio de los
ministros.
3. Marque anticipadamente en el calendario los días regulares
de descanso y retiros y respételos. El Padre, y Jesús mismo,
son fervientes defensores del descanso de sus siervos. Dios
descansó después de 6 días de trabajo en la creación, y Jesús
frecuentemente se retiraba solo o con sus discípulos a lugares
apartados para descansar y tener comunión con Dios.
4. Aléjese de todo lo que le conecta al ministerio en su día de
descanso. Si tuviese que atender alguna emergencia que sea
realmente una emergencia.
5. Relaciónese con uno o dos consejeros sabios a quienes pueda
rendir cuentas.
6. Dialogue con su cónyuge antes de agregar una nueva
responsabilidad.
7. Nunca acepte de inmediato una nueva responsabilidad.
8. Informe a los líderes laicos que cambiará sus prioridades.
9. Recuerde frecuentemente que Dios no necesita que usted salve
el mundo, ¡sólo que lo obedezca a Él!
10. Acostúmbrese a dejar asuntos pendientes en el ministerio
11. Capacite a los nuevos obreros enviados por Dios y
delégueles responsabilidades ministeriales.
12. Haga por la congregación lo que necesita que ella haga por usted.
13. Empiece a planear hoy su período de licencia remunerado.
14. Aparte tiempo para estudiar la Palabra de Dios.
15. Desarrolle una vida de oración.
16. ¡Decídase hoy a obedecer!

Pida a sus alumnos que es-


criban en una hoja, a modo
de compromiso con ellos
mismos y con Dios, qué ac-
ciones concretas tomarán
para evitar el agotamiento
ministerial.

Enfermedades como los trastornos cardíacos o cerebrales, aun en


ministros jóvenes, suelen tener como antecedentes intensos procesos
de estrés a los que el cuerpo del enfermo ha sido expuesto. Por eso, el
ministro debe tomar las decisiones que crea necesarias para vivir una
vida ética de salud integral. Sin temor, puede “decir no” a nuevos
cargos y responsabilidades que no le permitan descansar el tiempo
correcto, “no” a la hiperactividad ministerial y exceso de trabajo en
horarios fuera de lo normal, etc.

Guía para el profesor 115


Ética Ministerial

ESTILO DE VIDA

El estilo de vida de los ministros es otro elemento importante en


su testimonio total. El estilo de vida debe confirmar y no contradecir
el evangelio que proclaman. Un ministro no es consecuente cuando
predica disciplina personal y él no la practica. Pedir ofrenda sacrificial
y compromiso personal de la gente de la iglesia, cuando él evita hacerlo
o rehúsa alterar los planes personales para llenar las necesidades de
otro, no es un testimonio convincente de semejanza a Cristo.
Pregunta para la clase:
¿Cuáles pueden ser las
consecuencias de predicar
algo pero vivir lo contrario?
Responda desde la per-
spectiva personal, ministe-
rial, y congregacional.

Llevar un estilo de vida lujoso y de ostentación en medio de una


población pobre o con problemas de subsistencia, plantea un problema
ético que la sociedad captará rápidamente. Asimismo una forma de
vivir despreocupada o en estado de abandono, también provocará
reacciones adversas en las personas, que esperan que el ministro tenga
un estilo de vida acorde a los principios bíblicos que proclama.
Tanto la congregación como el resto de la comunidad tienen un
conocimiento general de cuáles son los valores morales y éticos que
el ministro debe tener. Es una actitud no ética que el pastor le reste
importancia a la opinión de las personas con respecto a su estilo de vida,
sin siquiera reflexionar acerca de su comportamiento y actitudes.
Por eso, el ministro debe estar atento a circunstancias que no
den lugar a reproches éticos referentes a su estilo de vida. Si llama
a la congregación a realizar una tarea, él debe ser el primero en
poner manos a la obra, no para tener material para reprochar luego
a los creyentes, sino para ser ejemplo en responsabilidad laboral y
compromiso con la palabra que él mismo declaró.
El estilo de vida del ministro impactará más que la elocuencia
y eficacia de sus sermones. Cómo trata a su esposa o esposo, cómo
educa a sus hijos, cómo mantiene su casa, cómo se comporta en la
sociedad no cristiana, cuál es su vocabulario y qué cosas le agradan
y cuáles no. Todo esto hace a un estilo de vida que si es ético será un
factor importante en la formación de la integridad del siervo de Dios.

CRECIMIENTO ESPIRITUAL

El ministro es una persona que ministra, así como una persona


que transita en el camino de la fe como lo hace cualquier creyente
de su congregación. El crecimiento espiritual continuo es tan
importante para el hombre de Dios como lo es para el feligrés. El
ministro necesita disciplina espiritual y crecimiento.

116 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Pregunta para la clase:


¿Qué respuesta le daría a
un ministro que cree que,
como pastor, ya no necesi-
ta crecer espiritualmente?
Justifique bíblicamente.

“La familiaridad engendra desprecio” dice el proverbio. Pocos


ministros tratarán la Biblia y las disciplinas espirituales con desprecio,
pero algunos ministros pueden tratar a estas con tal familiaridad que
estos asuntos religiosos pierden algo de su misterio y maravilla al
punto de convertirlas en “obligaciones espirituales” produciendo un
acostumbramiento a estas prácticas y perdiendo la esencia de una
vital relación con Dios. Surge un problema ético muy importante
cuando los ministros piden de otros lo que ellos no practican, o lo
practican tan rutinariamente que la disciplina espiritual pierde su
significado real.
Los llamados al ministerio deben, con el tiempo, integrar
correctamente el concepto y la perspectiva de ser ministros-
discípulos. Deben continuar ante todo siendo verdaderos discípulos
de Jesús, estudiantes de la Palabra y practicantes de las disciplinas de
la vida cristiana. Para el siervo de Dios, la Biblia no debe convertirse
sólo en fuente de sermones y textos para la enseñanza, sino que
ella debe influir en su formación espiritual, leída siempre en forma
devocional. Tanto para los ministros, como para otros miembros de
la iglesia, el crecimiento espiritual será resultado y consecuencia de
la práctica habitual de la oración, la lectura y estudio de la Biblia, la
adoración, y el servicio cristiano.

El ministro y su familia
Parte del desafío para el ministro es su vida de hogar, y es porque
su familia se considera un modelo para las familias de la iglesia. Ese
puede ser un papel positivo que modele a otros como una pareja
que puede permanecer en amor, seguir firme en los compromisos
matrimoniales y funcionar como una familia cristiana, aun a pesar
de las tensiones, largas horas de trabajo, un ingreso inadecuado y la
demanda de los niños. El problema se da cuando el matrimonio del
ministro se presenta como un modelo negativo. David y Vera Mace
observaron:

La tarea de un ministro cristiano es proclamar el mensaje de amor divino


y ayudar a quienes responden a él a crecer en amor unos por los otros. Por
lo tanto, se puede esperar razonablemente que un ministro casado pueda
proveer en su propia relación matrimonial una imagen y un ejemplo de
cómo otras personas, a través de su amor unido por Dios, pueden crecer en
la calidad de su amor uno por el otro. Cuando el matrimonio de un ministro
no demuestra el amor y la ternura del amor humano en su forma superior,

Guía para el profesor 117


Ética Ministerial

un observador podría decir con justificación: “Si su religión no funciona en la


más cercana de todas las relaciones humanas, ¿cómo podemos estar seguros
de que es realmente verdad?”.12

Los pastores deben tener familias bien constituidas, fundadas en


Cristo, como Salvador; familias en las que reine el amor, el respeto, la
compresión, el diálogo, la consideración y la ayuda mutua. Cuando
el apóstol Pablo describe las cualidades que debían tener para ser
nombrados expresa: “...el que fuere irreprensible, marido de una
sola mujer, y que tengan hijos creyentes que no estén acusados de
disolución ni de rebeldía.” (1 Ti. 3:2, 4, 5) Tener una familia cristiana
y con buen testimonio da autoridad al pastor para de-sarrollar su
ministerio.
La familia debe estar presente continuamente en la mente del
ministro cristiano, ya que el peligro de obsesionarse con el trabajo y
dejar de lado el fortalecimiento de los lazos familiares es permanente.
En la Actividad Nº 16 en-
contrará una lectura que le
ayudará a complementar el
tema tratado en clase.

Uno de los ejemplos más significativos en esta área es el concepto


generalizado que se tiene de los hijos de pastores como rebeldes o
malos. Y por este motivo es que el ministro debe prestar especial
atención a lo que sucede en su hogar, es decir, a los signos de
malestar que tal vez sus hijos o cónyuge le estén proporcionando
antes de desencadenarse una crisis familiar que lo obligue a dejar el
ministerio, al menos por un tiempo.
No es ético que el ministro lleve los problemas de la congregación
al hogar, donde los hijos puedan percibir una imagen puramente
negativa de lo que es la iglesia de Jesucristo. Y peor aun es que el
ministro utilice a su cónyuge para realizar descargas emocionales a
través de la ira o la contienda.
El pasar tiempo juntos, es uno de los ingredientes claves en una
relación familiar sana y feliz en el hogar del ministro y, posiblemente,
lograrlo sea la hazaña más difícil para la familia ministerial. El
tiempo con los miembros de la familia es tan importante como
cualquier cita que el ministro tenga. La distribución del tiempo
con este propósito es fundamental para la estabilidad de la familia
pastoral. El ministro debe hacer planes para pasar tiempo de calidad
con su esposa y sus hijos, las técnicas de administración efectiva del
tiempo y los convenios específicos con la congregación, le ayudarán
a lograr esta valiosa meta.

12 Mace, David y Vera. ¿Qué le está pasando a los matrimonios de los ministros?. Nashville: Abingdon,
1980, p.24-25..

118 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Pasar tiempo en familia no


es simplemente estar jun-
tos en un lugar en común.
Pida a sus alumnos que
den ejemplos de “tiempo
de calidad” con la familia
o que elaboren ideas para
optimizar el tiempo libre
a favor de la familia, y las
compartan con el resto de
la clase.

LA INTIMIDAD DEL HOGAR

No son pocos los ministros que abren las puertas de su hogar a


la congregación de una manera permanente. Durante el día, y hasta
largas horas de la noche, la familia pastoral se debe acostumbrar a
todo tipo de personas que continuamente comparten la cotidianidad
de la vida del hogar del ministro.
Esta costumbre tal vez sea tolerada por los miembros de la familia
durante un tiempo, pero tarde o temprano (sobre todo cuando los
hijos entran en la etapa de la adolescencia) puede llegar a traer serios
problemas en el seno familiar.
Por eso es necesario, que el ministro resguarde de alguna manera
la intimidad de su hogar. Si como toda pareja en algún momento
deberán resolver algún problema, es primordial que tengan la
privacidad del hogar para hacerlo, sin testigos indiscretos. Lo mismo
los niños que quieran jugar o estar con sus padres sin ser regañados
constantemente en favor de alguna visita inoportuna.
Es posible desarrollar la virtud de ser hospedador resguardando
la intimidad que el hogar pastoral necesita.

EL MINISTRO SOLTERO

Existe las posibilidad de que tanto un hombre como una mujer


sean llamados al ministerio y aún no estén casados y tal vez no
de-seen hacerlo. El ministro soltero no esta solo. Tiene padres, y tal
vez hermanos que son su familia. Y esta conformación familiar es la
que la congregación debe aprender a aceptar de su ministro.
Habrá, por supuesto, algunos cuidados que el ministro soltero
deberá tener con respecto a su comportamiento con el sexo opuesto
dentro y fuera de la congregación. Pero sobre todo, los mismos
valores y principios morales que rigen la vida del ministro casado
lo son para el soltero, y por eso su situación de soltería no lo
hace ni mejor ni peor ministro, ni tampoco le asigna más o menos
responsabilidades.

Guía para el profesor 119


Ética Ministerial

Para discutir en clase:


¿Es imprescindible que el
ministro sea casado para
ministrar eficazmente una
congregación? ¿Y si es una
ministro mujer? Justifique
su respuesta.
El ministro y las finanzas

EL USO DEL DINERO

El dinero no es bueno ni malo en sí mismo, es neutro moralmente


hablando; es el uso y la actitud del hombre, con respecto a él, lo
que lo hace perverso. El apóstol Pablo escribe que el amor al dinero
es la raíz de todos los males (1 Ti. 6:10). Uno de los aspectos de
especial cuidado para el ministro es el correcto manejo del dinero.
Fracasar en el manejo adecuado de las finanzas ha disminuido el
testimonio de demasiados pastores. Entendiendo que, por lo general,
los haberes del ministro son menores que el promedio, y que su
familia tiene las mismas necesidades que otras familias semejantes
en la comunidad, mucho ministros han realizado poco menos que
un milagro financiero en lograr la alimentación, vestido y educación
adecuada para sus familias, con ingresos que no son comparables al
de otros profesionales.
La disciplina de hacer un presupuesto, la capacidad de vivir
dentro de ese presupuesto y el arte de equilibrar los gastos son todas
habilidades esenciales que los ministros cristianos deben desarrollar.
La regla de la vida de Juan Wesley era ganar todo lo que pudiera,
ahorrar todo lo que pudiera y dar todo lo que pudiera. Cuando
estuvo en Oxford, Wesley tenía un ingreso de treinta libras esterlinas
al año. Vivía con veintiocho libras y daba dos. Cuando el ingreso
de Wesley aumentó a sesenta libras esterlinas al año, noventa libras
y ciento veinte libras al año, continuó viviendo con veintiocho
libras y daba el resto. El fundador del metodismo manejaba bien
su dinero. El siervo de Dios debe practicar los principios básicos de
administración cristiana del dinero. Para muchos ministros el diezmo
es considerado como una norma bíblica y un punto de partida
mínimo de la mayordomía cristiana. Por definición, un mayordomo
es alguien que administra los asuntos de otro. La mayordomía
cristiana habla a los cristianos, en este caso a los ministros, de la
administración de lo que Dios le ha confiado. Esta, aunque incluye
el dinero, es mas que el dinero, es el “yo”. Todo lo que el ministro es,
así como todo lo que el ministro tiene, le ha sido confiado por Dios
y por consiguiente, la forma de administrar lo que se le ha confiado,
es la mayordomía cristiana. En la mayoría de las iglesias se predica
y enseña la mayordomía cristiana, por eso es básico que el ministro

120 Guía para el profesor


Ética Ministerial

sea consecuente en practicar lo que predica con relación a este tema.


El mensaje del ministro sobre administración cristiana difícilmente
sonará auténtico sino lo practica al igual que lo enseña.
Para discutir en clase:
¿cuáles serían los benefi-
cios o perjuicios que pro-
vocaría hacer público las
finanzas de la iglesia local,
a todos los miembros de la
congregación y la comuni-
dad en general?
EL CRÉDITO Y LAS DEUDAS

Por un lado el manejo incorrecto del dinero puede ser una


amenaza a nuestra relación con Dios, y por otro, el apropiado manejo
del mismo puede usarse para acrecentar nuestra relación con Dios
y para bendición de la humanidad. El mal uso del crédito aparece
como la expresión del lado negativo del dinero. Muchas familias de
ministros se han ahogado en el océano del crédito debido a que han
solicitado más del que pueden solventar con sus ingresos. La demora
o falta de pagos en créditos y deudas resultan en un testimonio
negativo en la comunidad, tanto para el ministro como para el
ministerio en general. El manejo responsable de los créditos debe ser
considerado por el ministro a la hora de trabajar con su presupuesto.
Es preferible que el hombre de Dios no contraiga deudas a las que no
va a poder hacer frente, sin embargo, en el caso que urja la necesidad
de hacerlo, es necesario un meticuloso balance de sus ingresos y
gastos fijos antes de hacer dicha adquisición.
Elabore en el pizarrón,
junto con la clase,
una lista de acciones
concretas que ayudarían al
ministro a administrar con
responsabilidad el área de
las finanzas.

USO DEL DINERO PERSONAL O FAMILIAR

El ministro debe saber manejar sus recursos y vivir dentro de


su realidad y en forma decorosa. Para evitar sorpresas debe hacer
un presupuesto que contemple los gastos básicos de la familia y
adecuarse a los ingresos que tiene. En el mismo debe consignar los
gastos fijos que pueden ser: impuestos, teléfono, cuotas de colegio,
aportes, etc., y todos los egresos que se repiten todos los meses, como
el diezmo, alimentación, vestido, etc. Deben hacer una provisión
para gastos de cada día. La forma de confeccionar un presupuesto
familiar mensual es anotar por algunos meses los gastos que se hacen
y después sumar por rubros, eso dará una idea para confeccionar el
mismo. Otros rubros a considerar son la recreación familiar y la
previsión en caso de contingencias. El buen manejo de los recursos

Guía para el profesor 121


Ética Ministerial

personales le dan al ministro la autoridad para supervisar la


administración de la iglesia y para ayudar a los miembros de su
congregación que puedan tener problemas económicos, por falta de
sabiduría para administrar sus recursos personales.

EL MANEJO DEL DINERO DE LA IGLESIA

Una de las normas éticas que rigen dentro de nuestras iglesias


es la que estipula que el ministro del evangelio, en lo posible, no
debe manejar dinero de la misma, ni él ni ningún otro miembro
de su familia. Sin embargo, la experiencia demuestra que en algún
momento el ministro tiene contacto con alguna transacción con, o a
nombre de, la iglesia. Por lo tanto es conveniente considerar algunas
reglas de orden ético para el ministro a la hora de tener que manejar
dinero de la iglesia:
- Cuando el ministro recibe dinero debe firmar un comprobante
que certifique lo recibido y debe rendirlo con boletas y
comprobantes correctamente confeccionados.
- No debe hacer gastos personales con dinero de la iglesia o
ministerio, salvo que tenga autorización para hacerlo. En
todo caso debe informar del monto usado y presentar los
comprobantes correspondientes.
- Si por razones de fuerza mayor tiene que usar de algún
dinero de la iglesia sin previa autorización, deberá informar
lo antes posible al tesorero o administrador y presentar los
comprobantes correspondientes e indicar cuándo y cómo lo
devolverá.
- No es ético que el ministro reciba dinero y lo ponga en su
bolsillo sin contarlo, si es posible con testigos, salvo que sea
una ofrenda personal. Si no lo es, debe llamar a algún hermano
de confianza para que sea testigo del monto y si corresponde
extender un comprobante.
- Los ministros no deben cambiar el destino de una ofrenda
que se dio para un motivo especial y usarla para otro sin la
autorización de quien la dio. Menos aún deben usarla para
Pida a sus alumnos que
comprar alguna cosa que lo beneficie a él o a su familia.
realicen la lectura que le
ofrecemos en la Actividad
Nº 17, como resumen de los
temas tratados en clase.

En su manual de “Normas éticas para las iglesias”, la Asociación


de Iglesias Evangélicas de la Republica Argentina instruye a los
ministros con relación a este tema:

El dinero no debe ser un factor para determinar su ministerio. No cambiará


su congregación sólo por el sostén que otra puede ofrecerle. Tampoco fijará
aranceles para predicar o desarrollar tareas pastorales. No debe administrar

122 Guía para el profesor


Ética Ministerial

el dinero de la iglesia o ministerio al que pertenece. Tampoco debe


hacerlo miembro alguno de su familia, para evitar tentaciones y sospechas
sobre el destino de los recursos que administran. Cuando necesariamente
deban hacerlo, debe dar comprobante de lo recibido y gastado. No debe
endeudarse, y pagar sus cuotas a tiempo si tiene crédito. En todos los casos
debe obrar con la prudencia del apóstol Pablo para evitar suspicacias o dudas
ajenas (2 Co. 8:18-22).13

También referente a este tema el Manual de la Iglesia del Nazareno


expresa:

El pastor no contraerá deudas ni creará obligaciones financieras para


la iglesia local, no contará dinero ni desembolsará fondos a nombre de
la iglesia local, salvo que sea autorizado y dirigido a hacerlo por voto
mayoritario de la junta de la iglesia, o por voto mayoritario de una
reunión de la iglesia, cuya decisión será aprobada por escrito por la Junta
Consultora de Distrito, siendo asentada debidamente en el acta de la junta
o de la Reunión de la iglesia. Ningún pastor está autorizado para firmar
cheques de cuenta alguna de la iglesia, excepto con la aprobación del
Superintendente de Distrito.14

Estos fondos también deben ser utilizados éticamente. Es adecuado


que la compra de bienes para la iglesia local sea consensuada con la
junta o grupo de ancianos de la iglesia. También que se apliquen
principios éticos bíblicos para definir las prioridades de una correcta
distribución de los fondos de la iglesia local. No es ético que existan
iglesias con costosos edificios y templos, pero con pastores que
apenas alcanzan a tener lo mínimo para subsistir, como el alimento
y el vestido. Tampoco lo es que haya congregaciones de un nivel
económico elevado pero no dispuestos a pagar al ministro un salario
digno y adecuado a los ingresos que la iglesia tiene.
Por otro lado, no es correcto que casi la totalidad de los ingresos de
la iglesia local pasen al sueldo del ministro, descuidando así invertir
en áreas como evangelismo, refacción y sostenimiento del templo y
propiedades, ayuda a los necesitados de la comunidad, etc.
Un pastor que practique y enseñe a la congregación el uso ético de
los bienes de la iglesia local, estará colaborando en la construcción de una
iglesia saludable y con principios éticos financieros aceptables moralmente.

El ministro y la sexualidad
En la actualidad, cada vez son más los casos de inmoralidad
sexual de ministros que llegan al conocimiento público. Si bien

13 ACIERA. Normas Éticas para Las Iglesias Evangélicas Argentinas. p.11.


14 Iglesia del Nazareno. Manual 2001-2005. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones,

p.178-179.

Guía para el profesor 123


Ética Ministerial

se puede llegar a creer que un ministro predicador de la Palabra de


Dios esta libre de este tipo de pecado, la realidad es que sucede todo
lo contrario. Por eso es necesario que exista la información clara y
suficiente para ayudar al pastor a no dar ningún lugar en su vida
a la posibilidad de caer en pecados sexuales que terminen con su
ministerio o al menos lo posterguen durante un buen tiempo.
Es probable que sea, justamente, esa falta de información la
que hizo que muchos hombres y mujeres de Dios hayan omitido
reflexionar sobre su sexualidad, e inclusive hayan trasladado este
pensamiento a sus congregaciones, colaborando indirectamente con
una mayor ignorancia dentro de la iglesia cristiana con respecto a
este tema.
Pida a sus alumnos que
realicen la lectura que se
encuentra en la Actividad
Nº 18 y luego compartan
sus conclusiones con el
resto de la clase

El sexo es un don de Dios, que nos permite tener identidad


como hombre o mujer. El sexo no es malo en sí, no es pecaminoso ni
perverso, Dios nos dio este instinto junto con la capacidad de amar
y de expresar nuestros sentimientos con palabras y acciones. El sexo
fue creado por Dios para que sea dado en el marco del matrimonio.
Los ministros deben enseñar con valor la importancia de la
santidad en el uso del sexo. Esta enseñanza debe ser respaldada con
una vida de pureza en este aspecto de la vida personal del ministro
en el marco de un contexto de práctica libertina y sin respeto del
sexo, en detrimento del compromiso en la institución familiar. Los
ministros que tienen una función pública son blanco de la tentación
sexual y es sorprendente la cantidad de pastores y lideres que han
cedido a ella.
¿Qué debe considerarse mala conducta sexual de un ministro?
Rediger identificó seis formas especificas de lo que llamó fechorías
sexuales. Estas son:
- Acto sexual con personas fuera del pacto matrimonial. Esto
incluye violación, “consentimiento adulto”, niños y personas
incapacitadas.
- Sexo oral con personas fuera del pacto matrimonial.
- Toque físico no deseado o inapropiado, fuera del pacto
matrimonial. Esto incluye caricias genitales y cualquier
contacto físico no apropiado al ministerio pastoral o a la
amistad normal.
- Exhibición física sensual del cuerpo o excitación.
- El uso de pornografía, individualmente o con otros, en forma
que intentan estimular fantasías eróticas de conducta sexual
inadecuada.

124 Guía para el profesor


Ética Ministerial

- Contacto verbal y visual con otra persona que implique o


demande respuesta sexual inapropiada.15
Estas seis áreas de actividad sexual desafían a los ministros al
mas alto nivel de conducta ética, descontando el número de
personas victimadas por ellos.

En el año 1984, un estudio realizado en los Estados Unidos, que


incluía preguntas sobre la sexualidad del ministro, reveló estadísticas
alarmantes. Entre cuatro grupos denominacionales principales, el
37 por ciento de quienes respondieron reconocieron que se habían
comprometido en “conducta sexual inapropiada para un ministro”.
Además, el 12 por ciento admitió tener relaciones sexuales con un
miembro de su congregación que no es su cónyuge. Esta última cifra
de relaciones sexuales con personas de su congregación excedió la
tasa cliente-profesional tanto para médicos como para psicólogos.
La investigación del consejero pastoral G. Lloyd Rediger, lo condujo
a afirmar que el 10 por ciento de los ministros son culpables de
fechorías sexuales. Él cree que otro 15 por ciento se está acercando a
la línea de mala conducta.16
Y en América Latina el panorama no es muy diferente. Tanto
en las grandes ciudades como en los pueblos pequeños es cada vez
más frecuente escuchar sobre casos de conducta sexual inapropiada
por parte de algún ministro. Lo cual excede los límites de una
denominación, doctrina u organización. A pesar de lo que el ministro
diga, luego de ser descubierto en su fechoría o confesarla, la
responsabilidad es únicamente suya, porque suya fue la decisión
de permitir que la suma de agentes, que colaboraron con su
caída, afectara su integridad de tal manera que lo llevaran a ceder
paulatinamente ante el pecado sexual.

CAUSAS

Varios son los factores que podrían ser causa de las indiscreciones
sexuales de los llamados por Dios al ministerio. Algunos serían
rapaces sexuales que agobian a las mujeres de la iglesia, que
en muchos casos son considerados adictos sexuales, quienes
probablemente poseen una enfermedad de tipo emocional arraigada
así como un problema moral.
Un articulo de la revista Newsweek proporcionó un perfil del
ministro que se descarría sexualmente. En este perfil generalmente
es un hombre de edad media, desilusionado con su llamamiento,

15 Rediger, G. Lloyd. Fechoría moral de los ministros. Church Management -The Clergy Journal,
Mayo/Junio,1991, p. 37-38.
16 Citado en Joy Jordan-Lake, “Conducta inapropiada para un predicador” Christianity Today, 10 de

Febrero 1992, p.26.

Guía para el profesor 125


Ética Ministerial

descuidado con su propio matrimonio y un solitario que se encuentra


aislado de sus colegas ministros. Su fracaso comenzó cuando
encontró una mujer que lo necesitaba.17
Algunas personas son seductoras intencionalmente y tratan
de inducir a sus ministros a actividades sexuales. Entre quienes
ven al pastor como una persona de poder, este sentido de poder
o intimidad con una figura poderosa, es en sí un atractivo para
ellas. Para las personas inseguras emocionalmente, seducir
sexualmente a un ministro les da un sentido de pseudo-
satisfacción.
Algunas sienten que han establecido una relación más íntima con
Dios a través del contacto íntimo con un ministro. Joe E. Trull y James
E. Carter expresan lo siguiente:

Otra razón para los frecuentes problemas sexuales, es que muchos ministros
que aconsejan a la gente no entienden el concepto de transferencia y como
manejarlo. Se ha definido la transferencia como “el proceso por el cual las
personas proyectan sus propias necesidades (con frecuencia no satisfechas)
en una figura idealizada. Dicha transferencia puede ser ´ positiva ´ (afecto,
calidez, etc) o ´ negativa ´ (enojo, rechazo, etc.) A menudo la transferencia
implica dependencia, sentimientos románticos, sentimiento de hostilidad y
ambivalencia sobre la autoridad. Estos sentimientos ocurren por causa del
papel que se desempeña, no por el atractivo personal o por las cualidades
del ministro. También puede ocurrir la contratransferencia. Esta es la
tendencia del ministro de proyectar sus necesidades insatisfechas en
alguien más que puede contribuir a motivar sentimientos sexuales. Si bien
la falta de insatisfacción marital no siempre explica la carencia de decoro
sexual de los ministros, si lo hace mas suceptible.18

En su libro sobre infidelidad ministerial, Tim LaHaye identificó


tres “fuerzas que pueden conducir al pecado sexual”:
- El poder de atracción sexual
- El poder de mujeres seductoras
- El poder del vinculo emocional

Además apuntó algunas “actitudes que pueden conducir a una


caída moral”. Estas eran:
- Orgullo
- Resistencia a la responsabilidad
- Enojo
A estas añadió:
- La presión por el éxito,
- La urgencia por lograr metas
- Trabajo, trabajo, trabajo.

17 Newswek, 28 de agosto de 1989, p.48.


18 Trull, Joe. E. y Carter, James E. Op. Cit., p. 93.

126 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Estas son actitudes que lentamente pueden aparecer y


desarrollarse en la vida del pastor hasta corroer su vida moral.19
El apóstol Pablo dice en 1 Co. 10:12 “...así que, el que piensa
estar firme, mire que no caiga”. Es por esto que el ministro debe
estar atento a las señales que van surgiendo en su mente y acciones
que le van advirtiendo que muy pronto llegará al pecado sexual. El
escenario para la caída sexual del ministro se va preparando en su
mente, a través de otros pecados como la lascivia.
En la Actividad Nº 19 le
ofrecemos una lectura
que puede utilizar para
complementar las Notas de
Clase.

Para ser ético en este área, el ministro tendrá que tomar las
acciones necesarias para evitar que ése escenario de caída se
construya. Y, entre otras recomendaciones, Rogelio Nonini dice:

Para evitar la caída el secreto esta en:


1. No dar lugar: Todo ministro debe tener bien claro que la tentación
sexual es un peligro latente, que debe estar alerta y que no debe dar
lugar porque si cae el daño que le hace a la iglesia, a su familia y a
sí mismo es muy grave.
El temor a caer y a ofender a Dios y a su cónyuge debe impulsarnos
a no dar lugar, a no permitir pensamientos o situaciones en las
cuales podamos vernos comprometidos o en peligro de caer.
Debemos cuidar nuestra mente y nuestros ojos. Debemos
prevenirnos de tal manera que ninguna semilla de lascivia anide
en nuestra mente. Ese es el gran secreto de una vida santa, que no
tengamos dentro nuestro, ni el deseo, ni el pensamiento de caer. El
temor al Señor, el amor a nuestra familia y el respeto por nosotros
mismos debe ser tan grande que no demos lugar a la menor
posibilidad.
Esto debe llevarnos a evitar situaciones en las cuales sorpresivamente
nos veamos envueltos en una tentación y, tampoco, debemos
permitir que otra persona nos ponga en una situación de peligro
moral.
Por este motivo el ministro no debe llevar a mujeres solas en su
auto, no debe hacer visitas a mujeres cuando están solas en su casa
y no debe permitir que ninguna mujer le visite en su oficina o casa
estando solo.
2. Huir: Cuando José se vio envuelto por la trampa de la mujer de
Potifar huyó (Gn. 39:6-20). El ministro que descubre que hay una
mujer que lo atrae, o la esposa de un líder nota que se siente atraída
por otro hombre, pastor, vecino, etc. debe huir ¿Cómo?
Como José: Tenga un concepto claro de la santidad, comprendiendo
que: todo pecado nos afecta, entristece al Espíritu Santo,
ofende a Dios el Padre, destruye nuestra santidad, y que el
pecado sexual tiene una connotación muy especial que nos
descalificará.
3. Compártalo con su cónyuge: Este es el primer paso.
Es difícil pero muy importante. Deben conversar sobre

19 LaHaye, Tim. Si los ministros caen ¿pueden ser restaurados? Grand Rapids: Zondervan,
1990, p. 36-56.

Guía para el profesor 127


Ética Ministerial

las circunstancias que rodean la tentación, los problemas


matrimoniales que pudieran haber dado lugar a frustraciones
que abrieron las puertas a sentimientos no correctos. También
tienen que analizar si hay fallas, si hay descuidos, si hay cosas
que han ido muriendo en la relación matrimonial, etcétera.
Al compartir la tentación o el pecado, deben pedirse perdón
por la responsabilidad que cada uno pudiera haber tenido
y juntos pedirle perdón a Dios y la dirección necesaria para
superar la situación.
4. Encare el problema: Tenga el valor de enfrentar la situación
y hable con la persona que le atrae y lleguen a un acuerdo
de separarse emocionalmente y de evitar situaciones que les
puedan comprometer.
5. Si pecó: Debe ser honesto y enfrentar la responsabilidad de
su pecado. Debe arrepentirse sinceramente y pedirle perdón
a Dios, a su esposa, a sus hijos y a la iglesia.
Debe aceptar la disciplina que determina la denominación
a la que pertenece. Dejará de ministrar hasta que haya una
total restauración, o lo que determinen sus líderes.
Debe buscar a un colega que le ayude en su restauración y
obedecer todas las indicaciones que le hagan para lograr la
restauración personal y familiar.
6. Enriquezca su matrimonio: La vida sexual del matrimonio,
Pregunta para la clase:
como una parte de las muchas expresiones de amor que
¿Qué disciplinas puede deben prodigiarse los esposos, es muy importante para la
emplear el ministro para salud de la pareja y, especialmente, para el ministro es una
minimizar las posibilidades ayuda muy importante para no caer en la tentación.20
de tentación sexual?

Concluyendo, ser ético en el área de la sexualidad, es


un aspecto al que los ministros deberán prestar especial
atención, sobre todo si se ven los resultados de estadísticas
que demuestran cómo los pecados sexuales son uno de los
principales motivos de finalización de ministerios pastorales.

20 Nonini, Rogelio. Op. Cit., pp. 126-129.

128 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 14:


Material de apoyo - La Autoestima

E
n la siguiente página encontrará un artículo que fue publicado en el sitio web http://
elrefugiocristiano.tripod.com.mx/elrefugiocristiano/. Fotocopie la cantidad correspondiente
de este artículo y distribúyalo entre sus alumnos. Asigne 20 minutos para que hagan una
lectura personal, y luego en la dinámica de la clase, expongan sus conclusiones.

LA AUTOESTIMA

Un adecuado nivel de autoestima es la base de la salud mental y física del organismo. El concepto
que tenemos de nuestras capacidades y nuestro potencial no se basa sólo en nuestra forma de ser,
sino también en nuestras experiencias a lo largo de la vida. Lo que nos ha pasado, las relaciones que
hemos tenido con los demás (familia, amigos, etc.), las sensaciones que hemos experimentado, todo
influye en nuestro carácter y por tanto en la imagen que tenemos de nosotros mismos.
El autoconcepto deriva de la comparación subjetiva que hacemos de nuestra persona frente a los
demás, así como de lo que éstos nos dicen y de las conductas que dirigen hacia nosotros. También
los éxitos y los fracasos personales influyen en nuestra forma de valorarnos.
Una persona con baja autoestima suele ser alguien inseguro, que desconfía de las propias
facultades y no quiere tomar decisiones por miedo a equivocarse. Además, necesita de la aprobación
de los demás pues tiene muchos complejos. Suele tener una imagen distorsionada de si mismo, tanto
a lo que se refiere a rasgos físicos como de su valía personal o carácter. Todo esto le produce un
sentimiento de inferioridad y timidez a la hora de relacionarse con otras personas. Le cuesta hacer
amigos nuevos y está pendiente del qué dirán o pensarán sobre él, pues tiene un miedo excesivo al
rechazo, a ser juzgado mal y a ser abandonado. La dependencia afectiva que posee es resultado de
su necesidad de aprobación, ya que no se quiere lo suficiente como para valorarse positivamente.
Otro problema que ocasiona el tenernos infravalorados es la inhibición de la expresión de los
sentimientos por miedo a no ser correspondidos. Si algo funciona mal en una relación de pareja o de
amistad, la persona con falta de autoestima creerá que la culpa de esto es suya, malinterpretando
en muchas ocasiones los hechos y la comunicación entre ambos. Se siente deprimido ante cualquier
frustración, se hunde cuando fracasa en sus empeños y por eso evita hacer proyectos o los abandona
a la primera dificultad importante o pequeño fracaso.
Una persona con una autoestima óptima, en cambio, tiene las siguientes cualidades:
Posee una visión de sí mismo y de sus capacidades realista y positiva.
No necesita de la probación de los demás, no se cree ni mejor ni peor que nadie.
Muestra sus sentimientos y emociones con libertad.
Afronta los nuevos retos con optimismo, intentando superar el miedo y asumiendo
responsabilidades.

Guía para el profesor 129


Ética Ministerial

Se comunica con facilidad y le satisfacen las relaciones sociales, valora la amistad y tiene
iniciativa para dirigirse a la gente.
Sabe aceptar las frustraciones, aprende de los fracasos, es creativo e innovador, le gusta
desarrollar los proyectos y persevera en sus metas.

Para intentar aumentar nuestra autoestima debemos ante todo empezar por ser nuestros mejores
amigos, saber que no hay nada ni nadie en este mundo más importante que nosotros mismos. Por
eso hemos de aceptarnos tal y como somos, pensando no existe nadie mejor ni peor, aunque todos
seamos diferentes, pues en eso se basa la diversidad humana.

Consejos prácticos para mejorar nuestra autoestima

El hecho de querernos más y mejor está en nuestras manos, no en las de los demás. Todo reside
en la cabeza y nosotros somos quienes debemos intentar cambiar nuestro autoconcepto.
Acéptate tal y como eres, en tus cualidades y defectos. Todos tenemos defectos, nadie es perfecto
ni pretende serlo.
Desarrolla el sentido del humor, no des tanta importancia a cosas que no la tienen, ni a los
posibles comentarios de los demás. Seguramente en la mayoría de ocasiones nos hacemos montañas
innecesariamente, la gente no está siempre pendiente de lo que hacemos o decimos, todo está en
nuestra imaginación.
Préstate más atención, dedícate tiempo a hacer aquello que te haga feliz y te satisfaga.
No temas a las responsabilidades o a tomar decisiones, si algo sale mal aprende de tus errores
y ten coraje para volver a intentarlo. Nadie está libre del error en esta vida y a veces hay que ver la
cara positiva de los fracasos, piensa que aunque se cierren unas puertas, luego se abrirán otras que
pueden ser incluso mejores.
Si una relación personal no acaba de funcionar, no pienses nunca que la culpa es sólo tuya, entre
dos personas ambas partes son responsables de su comportamiento. La verdad al final es que sólo
hubo una incompatibilidad de caracteres.
Prémiate por tus logros, aunque estos sean pequeños o poco importantes, así te sentirás mejor.
Simplifica tu vida y dirígete hacia objetivos realmente valiosos para ti, dedicándote a ellos
intensamente, sin miedo.
No es fácil cambiar nuestra autoestima, si lo fuera seguramente nadie sufriría por tenerla
demasiado baja, ni existirían personas tímidas o dependientes, pero hemos de creer que tampoco
hay nada imposible si ponemos realmente empeño en conseguirlo. Las personas tenemos suficientes
capacidades como para cambiar y aprender a lo largo de nuestra vida, pues como dice el refrán “la
fe mueve montañas”.

Con una buena autoestima tendrás

Mayor aceptación de ti mismo y de los demás.


Menos tensiones y mejor posición para dominar el estrés.
Una visión más positiva y optimista respecto a la vida.
Una buena aceptación de las responsabilidades personales y la sensación de poseer un mejor
control de las cosas.
Más independencia.
Mejor capacidad de escuchar a los demás.

130 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Un mayor equilibrio emocional.


Disfrutarás de las situaciones sociales, pero también de la soledad.
Una mayor autoconfianza, más humor y creatividad.
Menos temores ante los riesgos y fracasos, que se convertirán en oportunidades, retos,
experiencias.
Un aumento de la capacidad de expresar los sentimientos.
Desaparecerán los sentimientos negativos como la envidia o el rencor.
Tendrás una mayor ilusión, motivación, entusiasmo y capacidad para disfrutar de los grandes y
pequeños placeres de la vida.

Bibliografía

Sheeman, E. (2000): Cómo mejorar tu autoestima. Madrid. Ed. Océano.


Vila, J., Fernández, M. (1990): Activación y conducta. Madrid. Alhambra.

Guía para el profesor 131


Ética Ministerial

Actividad No. 15:


Lectura y Análisis -
El Agotamiento, una mecha corta

E
n la siguiente página encontrará un texto escrito por Daniel Spaite, extraído del libro
“Bomba de tiempo en la Iglesia” (Kansas City: CNP, 2001, pp.45 - 58), en el cual se
mencionan las causas, síntomas y consecuencias del agotamiento en la vida del ministro.
Haga fotocopias del texto y repártalas entre sus alumnos. Luego pídales que realicen la lectura y
respondan las preguntas propuestas al final de la actividad, para luego exponer sus respuestas
en clase (pueden trabajar solos o en grupo).

EL AGOTAMIENTO, UNA MECHA CORTA


por Daniel Spaite

El agotamiento. ¿Cuántas relaciones ha afectado?¿Cuántas perspectivas ha desviado?¿Cuántas


veces ha dañado o destruido el compromiso de una persona hacia el ministerio y su llamamiento?
El agotamiento acecha como la principal causa de enfermedades, mala salud, y accidentes. Las
personas que trabajan en turnos nocturnos, sin descansar lo suficiente, tienen más enfermedades,
accidentes y ausencias. En el aspecto médico, los síntomas del agotamiento incluyen desde dificultad
para permanecer despiertos en faenas rutinarias, hasta palpitaciones del corazón, presión alta, y
otros problemas que pueden indicar una enfermedad grave. El agotamiento afecta la perspectiva, la
habilidad para resolver problemas, las relaciones interpersonales, la motivación, la resistencia y el
sistema inmunológico.

Agotados al empezar

Debido a la vida ocupada que llevan, muchos líderes cristianos empiezan cansados sus tareas
ministeriales. Con razón el ministerio les parece agotador, insatisfactorio y carente de gozo. Y,
¿quién tiene la culpa?¿La iglesia y las personas que no colaboran con ella?¿Nuestra sociedad y
sus expectativas no realistas?¿Nuestro Dios y el llamamiento que no establece límites?¿Quién es el
culpable?
He notado que los cristianos generalmente atribuimos nuestra fatiga a circunstancias externas:
otras personas, la sociedad o el ministerio. Por ejemplo, si nos interrumpen demasiado, casi siempre
tenemos que trabajar hasta tarde. Si las personas se niegan a colaborar, el pastor se ve forzado a
trabajar más. Es fácil imaginar lo diferente que sería si cambiaran ciertas personas o ciertos hechos.
Sin embargo, la Biblia revela que si uno está siempre cansado, exhausto, confundido y desilusionado,
se debe a que no está en la voluntad de Dios.
Es cierto que Dios llama a sus hijos a asumir tareas que requieren energía emocional y física.
También es cierto que nuestro cuerpo tiene limitaciones inherentemente humanas. Estas dos
realidades implican que todo cristiano experimentará momentos de cansancio. Es inevitable. Sin
embargo, la Biblia no presenta una vida agotada como modelo de ministerio consagrado.

132 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Consideremos las características fundamentales que indican varios pasajes bíblicos al describir al
cristiano lleno del Espíritu:
Gl. 5:22-23
Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.
Flp. 4:7-11
Paz, verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre, virtud, digno de alabanza.
Hch. 1:8
Poder

En ninguna parte se menciona el agotamiento. Por el contrario ¡quien está en el centro de


la voluntad de Dios posee determinación, fuerza, visión, gozo, pureza y poder! El agotamiento
únicamente empaña estas características.
Por supuesto, los seres humanos no poseemos de manera innata estas características, ni
podemos desarrollarlas solos. Pablo habló de esa lucha cuando declaró que el bien innato no proviene
del ser humano (Ro. 7:18). El cuerpo físico no es invencible; es débil y tiene limitaciones. A veces
las limitaciones vencen las buenas intenciones, como les sucedió a los discípulos que no pudieron
permanecer despiertos para orar por su Maestro (Mt. 26:40-43). De hecho, cuando acudimos a Dios,
llevamos la parte cansada y débil de nuestra humanidad. Cuando Dios viene a nuestra vida por medio
de su Espíritu Santo, nos da la parte fuerte y poderosa de su carácter (Gl. 2:20). Esa transformación
es la que marca la diferencia.

El yugo a la medida

Debemos examinar cuidadosamente esta fatiga. Tal vez no sea culpa de la iglesia. Quizá estemos
cargando el yugo equivocado (Mt. 11:29-30). Hemos aceptado uno que no es de nuestra medida.
Hemos olvidado que el yugo es para dos y no hemos compartido la carga con Jesús. Él mismo
prometió que cuando llevemos su yugo, este será fácil y ligera su carga. ¡Queda a la medida! Esta
verdad de Mateo 11 no es información nueva para usted. ¿Cuál pastor no ha predicado con emoción
ese pasaje? Sin embargo, en él hay una verdad que pocos han notado.
Antes del pasaje del “yugo”, Jesús declaró que esa generación había demostrado poca sabiduría.
Había rechazado el mensaje de Juan el Bautista, así como las generaciones anteriores habían
rechazado la Ley y a los profetas (11:13). Luego, en los versículos 21-23 menciona y reprende a las
ciudades que no se habían arrepentido: Corazín, Betsaida y Capernaúm.
Sigue después el párrafo que hemos visto, en Mateo 11:25-30. ¿No es este un lugar extraño para
hablar de llevar el yugo y del descanso?¿Qué tienen que ver estas palabras con las declaraciones
previas?
En el versículo 25 Jesús dice “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste
estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños”. De allí continúa con una
asombrosa declaración en el versículo 27: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y
nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar” (énfasis agregado).¡Qué declaración tan reveladora! Nadie conocerá al Padre excepto
aquellos a quienes Cristo se lo quiera revelar.

¿A quiénes les revelará Jesús al Padre?

¡He aquí el concepto clave! No olvidemos la conexión con la siguiente declaración. Los siguientes
tres versículos prometen descanso y cargas ligeras para aquellos a quienes Jesús les revela al
Padre. Es en este preciso momento cuando Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y
cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso

Guía para el profesor 133


Ética Ministerial

y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi
carga”
(Mt. 11:28-30). ¿A quién le revelará Jesús a su Padre?¡A aquel que lleve el yugo que Cristo le dé!¿Y
a quién se le negará el verdadero conocimiento del Padre? Al que lleve otro yugo, sin importar cuánto
éxito le haya provisto este.
Sin proponérselo, a veces mis amigos pastores me dicen cuál yugo llevan. Algunos llevan el
yugo de la gente necesitada, y todas sus decisiones se basan en las necesidades de otras personas.
Algunos llevan el yugo de la junta de la iglesia, porque se sienten obligados a complacerlos. Algunos
llevan el yugo de la jerarquía eclesiástica, sintiéndose atrapados entre las demandas de la lealtad
y el liderazgo. Esto nos lleva a una pregunta aterradora: ¿Acaso la naturaleza misma del ministerio
moderno pone al pastor en una posición en la que es menos probable que conozca el corazón de
Dios? El pensamiento es casi abrumador. Por un lado, el ministerio moderno llama a trabajar y hacer
la obra. Pero Jesús ha dicho que aquellos a quienes les revela al Padre, los llama a descansar, a un
yugo fácil y a una carga ligera.
Los síntomas de este problema, y una indicación de su magnitud, se revelaron en una reciente
encuesta realizada a más de mil pastores. Esta mostró que “cuatro de cada diez pastores dudaban
de su experiencia actual en la iglesia estuviera profundizando significativamente su relación con
Cristo”1. Esta estadística es sorprendente. Del total de encuestados, casi la mitad se encuentra en
una asignación en la que no llevan el yugo que promete revelar enseñanzas más profundas acerca
del Padre.
No cabe duda que el ministerio moderno es una carga pesada. Algunos días, cumplir todas las
actividades implica regresar a casa cansados, apenas con la energía suficiente como para llegar a la
cama. Pero, ¿es ese el estilo de vida que Dios desea que acompañe su llamado?
El agotamiento es parte de la bomba de tiempo que lleva a la extenuación y a muchos otros
problemas para el ministro moderno.
El agotamiento es la mecha corta que acelera cierta forma de erupción. Pero ¿qué prende la
mecha?¿Qué motivos, decisiones o situaciones encienden la chispa que lleva rápidamente a la
explosión? Siga leyendo, por supuesto, después de una buena noche de descanso.

Cuestionario “¿Y qué hará usted?”

1. ¿Culpa usted a la iglesia por su agenda completa?


2. ¿Trata de ocupar usted mismo muchos cargos vacantes?
3. ¿Sabe cómo equilibrar el descanso con la actividad?
4. ¿Ha cultivado paz en el corazón en medio de un ministerio intenso?
5. ¿Lleva el yugo correcto y a la medida? El Señor Jesús vio en ellos sus enormes potencialidades,
no lo que eran en ese momento, sino aquello que llegarían a ser.

134 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 16:


Material de apoyo -
Cuando la familia pastoral necesita ayuda

E
n la siguiente página encontrará un artículo de “Leadership Journal” publicado en el sitio
web www.desarrollocristiano.com (Leadership Journal. Verano de 1999, Vol. XX No. 3) con
el testimonio de cuatro familias pastorales y su lucha por rescatar a sus hijos del flagelo de
las adicciones. Puede utilizar este material como complemento de las Notas de Clase.

CUANDO LA FAMILIA PASTORAL


ES LA QUE NECESITA AYUDA

Si su hijo usa drogas


Cómo cuatro familias pastorales confrontaron la situación causada por las malas decisiones de
su hijo o hija.
La noticia es devastadora —su hijo está usando drogas.
Sus emociones se alteran. Usted está dispuesto a hacer lo que sea para salvar a su hijo pero no
puede tolerar las consecuencias que el comportamiento que ha tenido pueda traer sobre el resto de
la familia. Ora y clama por un milagro, pero ha oído hablar de la experiencia de otras familias para
quienes el martirio ha durado no pocos años.
Teme por su hijo. Teme el daño que esto le cause a su matrimonio. Y por si no fuera suficiente,
teme cómo todo esto también afectará su desempeño en el ministerio.
Para aprender de sus experiencias, la revista Leadership reunió a tres pastores y a la esposa de
un pastor que compartieron su historia con candor y valor.
Norma Bourland vive en Minnesota con su esposo Gene. Él ha sido pastor por cinco años de
First Evangelical Free Church de Minneapolis. Los Bourland tienen cuatro hijos. Norma trabaja medio
tiempo como coordinadora de la red de protección de niños.
En 1984 su hijo Stephen, quien estaba en su décimo año, empezó a usar marihuana y a beber
alcohol. Poco después empezó a probar otras drogas, incluyendo cocaína y crack. Stephen apenas
logró graduarse de la secundaria. Después de haber probado varias veces sin éxito seguir con su
educación universitaria y sostener un trabajo, se fue de la casa de sus padres. Norma y Gene no
supieron nada de él por más de dos años.
Tras ese largo período de silencio, Stephen se puso en contacto con sus padres para informarles
que su novia estaba embarazada. Stephen había pasado tiempo en prisión y continuaba luchando con
su adicción. Ahora vive en Virginia con su novia e hijo. Por los dos últimos años se ha mantenido sobrio.
Kimball Hodge es el pastor de First Baptist Church de Eugene, Oregón, donde ha ministrado por
más de ocho años. Está casado con Lynda y tienen dos hijos y dos nietos.
En 1988 su segundo hijo, Evan, empezó a fumar marihuana cuando estaba en sexto grado. Por los
próximos nueve años Kimball y Lynda trataron en vano de persuadirlo a que dejara de hacerlo.
Evan se casó sin el permiso de sus padres en 1995. Dos años más tarde su esposa lo dejó. Justo
antes de regresar a vivir a la casa de sus padres, Evan tuvo un encuentro con Dios que cambió su
vida de una forma dramática. Desde entonces ha dejado las drogas completamente y está caminando
con Cristo. Ahora vive y trabaja en Medford, Oregón.

Guía para el profesor 135


Ética Ministerial

Jim Smoke por cuatro años ha sido pastor de los ministerios para adultos de Grace Church en
Cypress, California. Está casado con Carol y tienen tres hijos y ocho nietos.
En 1975, cuando estaba sirviendo con el personal de Robert Schuller en Garden Grove Community
Church (hoy conocida como la Catedral de Cristal), Jim se enteró de que su hijo Todd, que cursaba el octavo
grado, estaba usando drogas. Usó drogas y abusó del alcohol por los próximos veintidós años. En una
ocasión casi se muere por una sobredosis. Debido a varios problemas delictivos entró y salió de centros de
detención juvenil, y por último, fue a dar a prisión.
Todd entró al programa de recuperación Bookhouse Two, uno de los más severos en el condado
de Orange en California. No usa drogas ni alcohol desde 1997, está siguiendo a Cristo, tiene familia
y también un trabajo. Pasa buena parte de su tiempo libre ayudando a otros adictos y alcohólicos a
salir de la adicción.
John Vawter es pastor de Bethany Community Church en Tempe, Arizona, donde ha servido por dos
años. John y su esposa Susan tienen dos hijos adultos jóvenes, Stephanie y Michael.
Al principio de su adolescencia, ambos hijos pasaron por un período de rebeldía. En 1997 John
y Susan se enteraron de que Stephanie, quien estaba viviendo en Denver, era adicta a la heroína.
Inmediatamente la confrontaron. Ella estuvo dispuesta a buscar ayuda; pasó por el proceso de
desintoxicación y se sometió a un tratamiento que duró varias semanas. Exitosamente logró dejar de
usar la heroína desde entonces. Un año más tarde, Michael les confesó a sus padres que él había
estado usando marihuana casi todos los días desde que se graduó de la universidad, dos años atrás.

Creemos que usted podrá no sólo notar el gran dolor de estas familias de pastor, sino también
recibir mucho consejo y esperanza.

Ninguno de ustedes se enteró del problema que su hijo o hija tenía con las drogas
hasta que se había vuelto adicción. ¿Por qué cree que este problema, cuando se inicia, no es
evidente a un padre?
Kimball Hodge: Aunque uno sabe que es una posibilidad, uno no lo quiere creer. Uno considera
cualquier otra opción hasta que el teléfono suena y es la policía. Aun cuando uno encuentre las drogas,
la respuesta del hijo es algo así como que alguno de sus amigos las debe haber dejado olvidadas.
Jim Smoke: Uno cree que si sus hijos están involucrados en las cosas de la iglesia —mis hijos
crecieron mientras yo trabajaba con Juventud para Cristo, rodeados de la iglesia y el ministerio,
y hasta fueron a un colegio cristiano—, esto no le sucederá a nuestra familia, pero mi hijo estaba
viviendo una doble vida.
John Vawter: Stephanie dice que uno, para adicto con éxito, tiene que ser un gran mentiroso. Alguien
me dijo que los adictos hacen cualquier cosa para poder usar drogas, aunque esto tenga que ser sacar
sólo altas calificaciones en sus clases o ser muy bueno en los deportes.

Si usted sospecha algo, ¿cree que debe confrontar a su hijo?


Norma Bourland: Uno tiene que tomar el toro por los cuernos. Si hubiéramos hecho algo al principio,
nuestro hijo se hubiera enojado con nosotros, hubiera usado todos los trucos a su disposición para
escapar del enredo, pero con todo, tal vez hubiera evitado la larga “montaña rusa” a la que se subió.
Quizá entonces el vicio no se hubiera arraigado en él como lo hizo y no le hubiera llevado tantos años
librarse de él.

¿Qué le pasó a su alma todo este tiempo?


Norma Bourland: Yo empecé a sentirme confundida; estaba tratando de entender qué es lo que
estaba pasando para poder arreglarlo. Luego vino la frustración, pues no podía controlar la situación.
Esto fue seguido por ira mezclada con momentos de lástima; quería controlar la situación pero no
podía.

136 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Luego pasé por un período de agotamiento porque esto no se acababa. Me sentaba en una silla en
nuestro dormitorio y me quedaba allí con la vista perdida. No podía pensar, ni tampoco orar. Después
entré en la etapa emocional; clamaba a Dios en medio del llanto. Era como si mi familia se estuviera
desintegrando. Me sentía desilusionada y abandonada por Dios, y muy triste.
John Vawter: El domingo pasado fue el primer domingo en meses que no lloré durante el tiempo
de alabanza en la iglesia. Lloro porque me embarga una tristeza devastadora cuando pienso que yo
estoy ahí adorando a Cristo con la iglesia a la cual amo y estoy feliz de servir, y que mi hijo no lo está
adorando. Lo único que puedo hacer es dejarlo todo en las manos de Dios continuamente.
Kimball Hodge: Cuando me enteré de que mi hijo estaba usando drogas, me puse furioso con
él, con la forma tan fácil en que un niño puede obtener las drogas, con Dios porque esto no debe
sucederle a la familia de un pastor. Luego me entró un gran temor por las consecuencias que las
acciones de Evan podrían traer sobre él. Y entonces sentí ternura hacia él. Lo amo mucho.
A largo plazo, lo que experimenté fue una gran tristeza que me duró años. Algunas veces era
insoportable ver lo que le estaba pasando a él y al resto de la familia.

¿Alguna vez se sintió culpable por las malas decisiones de su hijo?


Kimball Hodge: Varias veces me pregunté si esto era culpa mía, y también me decía que yo no
merecía ser pastor. Pensaba que si hubiera tomado más tiempo para discipularlo en vez de estar
siempre tan ocupado, quizá él hubiera tenido sus raíces más fuertemente cimentadas y el problema
con las drogas no hubiera ocurrido.
Cuando nuestro hijo nos dijo que había regresado al Señor, descubrí que mis pensamientos eran
infundados. Una noche mi esposa le dijo a Evan: “Debo hacerte algunas preguntas que han estado en mi
corazón por años. ¿Fue acaso que tu papá y yo pasamos demasiado tiempo en el ministerio y que te sentiste
defraudado por el tiempo que debimos haberte dedicado y no te dimos?”
Él le respondió: “No. Yo sentía que tú y papá siempre estaban allí para lo que yo necesitara cuando
yo lo necesitaba”.
Ella le preguntó: “¿Sentiste alguna vez que no te queríamos lo suficiente?”
“No”, le dijo él. “Yo sabía que ustedes me amaban sin condición. Siempre estuve seguro de su
amor hacia mí”.
“Entonces, ¿por qué hiciste lo que hiciste?”
Él respondió: “Mama, tú y papá hicieron todo lo correcto. Yo sólo tenía ojos y pensamientos para
mí mismo. Yo pensaba que lo que yo hiciera no afectaría a nadie más que a mí. Y pensaba también
que era mi propia vida”.
Después, hace como un mes, le pregunté a Evan qué lo había movido a consumir drogas, además
del hecho de tener amigos que las usaban. Me respondió que estaba enojado. Le pregunté contra quién,
si contra mí o contra Dios. Me dijo que no sabía; que simplemente había sentido ira todo el tiempo.

¿Cómo hizo para que el abuso de drogas de su hijo no destruyera completamente su propio
sentido de bienestar?
John Vawter: La Navidad pasada le dije a Michael que mi deseo era que él entendiera que él había
tomado decisiones de usar drogas por las que yo no podía tomar la responsabilidad. Le expliqué
que su mamá y yo estábamos de acuerdo en que no dejaríamos que ni su drogadicción, ni lo que
sucediera con su vida, arruinara nuestro matrimonio ni nuestra vida.
Norma Bourland: En nuestra casa mi meta siempre ha sido ser una buena madre y hacer todo lo
que es correcto. Cuando mis hijos no estaban felices, yo quería arreglarlo todo para ellos. Siempre
estaba poniendo todo mi enfoque en lo que ellos necesitaran. Mi felicidad dependía de la de ellos y
yo pensé que la de ellos dependía de mí.
Fue un duro despertar cuando me di cuenta de que las decisiones de mis hijos eran las suyas
propias. Ellos hacen cosas por sus propias razones, al igual que yo hago cosas por mis propias

Guía para el profesor 137


Ética Ministerial

razones. Mi felicidad es mi propia responsabilidad y no la de ellos. Cuando al fin me di cuenta de esto,


empecé a cuidar mejor de mí misma.
John Vawter: El día después de que llevamos a Stephanie a su tratamiento entramos a un grupo
de Narcóticos Anónimos. Me di cuenta que tenía que aceptar tres cosas: 1) Stephanie era drogadicta,
2) yo iba a tener que participar en estas reuniones por un largo tiempo, y 3) lo que sucedió nunca nos
iba a dejar; por el resto de nuestra vida tendríamos que estar vigilantes, ya que sólo el tres por ciento
de los adictos a la heroína logran recuperarse.
Jim Smoke: Los muchachos de los que estamos hablando no son ni malos ni repulsivos. Nuestro
hijo es un muchacho tierno y sensible. Si hubiera sido un ogro habría sido más fácil lidiar con el asunto.
Simplemente lo hubiéramos echado de la casa.
Después de no haber tenido noticias de él como por tres meses, un día me llamó y me preguntó
si podría ir a recogerlo.
Llegué a la gasolinera donde me esperaba sentado en la banqueta. Pensé que no podía ser él. Me
abrazó fuertemente. Estaba maloliente pues no se había bañado en una semana.
“Necesito decirte que te amo” me dijo. “Gracias por venir”. Yo sentí un gran conflicto dentro de mí.
Me preguntaba si él necesitaba en este momento que yo lo amara con ternura o con mano dura. Uno
se siente con deseos de abrazarlo y darle un puñetazo al mismo tiempo. Todas estas emociones se
levantan dentro de uno.

¿Qué clase de relación puede usted tener con un hijo que está usando drogas? ¿Le pone
límites?
John Vawter: Durante la época navideña pasada llevamos a Stephanie y a Michael con su esposa
e hijos a Hawaii, pero primero vendrían a Phoenix. Antes de que llegaran le dije a Michael que cuando
se bajara del avión, lo iba a mirar directamente a los ojos y le iba a preguntar si tenía alguna droga en
sus maletas. Si las tenía, no lo iba a dejar entrar a nuestro auto pues tanto su madre como yo teníamos
nuestros valores. No hay drogas en nuestras propiedades.
Le prometí que íbamos a pagar por el viaje, pero que él tenía que alquilar un carro en Hawaii bajo
su propio nombre. Yo le iba a dar un cheque al final de la semana para que pagara el alquiler. De esa
forma, si lo paraban y encontraban drogas en el carro, yo no iba a tener un carro embargado en mi
cuenta de tarjeta de crédito.
Cuando Michael se bajó del avión, me abrazó bien fuerte, y con su mejilla pegada a la mía me dijo
que no traía droga. Cuando terminamos el viaje, me besó al despedirse.
Es una dicotomía muy extraña. Por un lado el amor es profundo, y por el otro yo pienso que
continúa adicto a algo.
Pero hemos definido y puesto límites de amor. Le hemos dicho que sabemos que está usando algo
pero que no queremos jugar ningún juego con él. No vamos a ponerle fin a nuestra relación con él y
que cuando decida que necesita ayuda lo vamos a ayudar.
Kimball Hodge: Probamos las dos cosas. Una de ellas fue restringirlo y la otra fue permitirle
que trajera a sus amigos a la casa en lugar de ir a dónde ellos estaban. Evan es un muchacho
amoroso y fácil de amar. Nos enojábamos con él algunas veces, y odiábamos lo que estaba
haciendo, pero no había duda alguna de que lo amábamos. Pero el uso de drogas continuaba sin
importar lo que nosotros hiciéramos. No podíamos atornillarlo, por así decirlo, para frenar lo que
él estaba haciendo.
Cuando un hijo llega a los dieciocho años y ya es independiente, un padre no le puede decir que
lo va a meter a su auto y lo va a llevar a un programa de rehabilitación. Uno llega a convertirse en
espectador del caos. Lo invade a uno un sentimiento de impotencia y flaqueza.
John Vawter: El primer domingo después de que llevamos a Stephanie al tratamiento, un cantante
invitado a nuestra iglesia mencionó que su hermano era drogadicto, así que después del servicio
compartí con él la situación de Stephanie.

138 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Él me vio de la manera como sólo el familiar de un drogadicto puede hacerlo, y me dijo: “Esta no es
tu lucha. Es la de Stephanie”. Hasta ese momento yo había estado haciendo planes para ir a Denver
a matar al traficante de drogas. Ese hombre ni siquiera estaba legalmente en eL país. No tenía sus
papeles, nadie se hubiera dado cuenta que ya no existía. Yo ya lo tenía todo bien planificado.
El cantante me comentó que si no era ese traficante, sería otro. También me dijo que ellos saben cómo
reconocer a Stephanie y a cualquier drogadicto a una milla de distancia. Hay una forma especial con la cual
ellos se comunican entre sí que ni tú ni yo podríamos notar. Me repitió: “Es su lucha, no la tuya”.
Norma Bourland: Yo había regresado de las reuniones de Alcohólicos Anónimos diciendo que
volvería otra vez, porque no había entendido lo que en realidad significaba dejar el asunto en las
manos de otro. El concepto me daba ira.
Pero aprendí en las Escrituras sobre el principio de dejar ir, de soltar, todo asunto que está fuera de
mi control, y que esto se hace por amor y responsabilidad. Me llevó bastante tiempo. Para mí, significó
someterme a la realidad de las cosas, dejando que Dios sea Dios y que yo sea la que es dependiente.
Tuve que aceptar que no puedo hacerlo todo. No puedo arreglar a mis hijos. No puedo hacer que
sean cristianos. No puedo evitar que usen drogas. No puedo protegerlos. No puedo hacer mucho por
ellos, pero sí los puedo amar.

¿Cómo afectó el mal comportamiento de su hijo la relación entre usted y su cónyuge?


Kimball Hodge: Mi esposa es una persona que disciplina con firmeza y que es agresiva para
enfrentar el problema. Yo soy un poco lento para reaccionar. Actúo con cautela. Aunque mi hijo no
estaba haciendo lo correcto, yo no quería terminar la relación con él. Esto causó gran lucha entre
Lynda y yo. Los dos estábamos miserablemente perdidos con respecto a qué era lo que debíamos
hacer con Evan.
Finalmente acordamos en que sería yo el que lo disciplinaría. Yo quería liberarla de la carga. Le
pedí que se dedicara solamente a amar a Evan y que disfrutara lo más que pudiera de su compañía
y la de sus amigos. Le dije que yo la ayudaría si su nivel de frustración llegaba a ser muy alto, y
que si estaba enojada, se podía sacar el enojo conmigo. Algunas veces estas sesiones fueron muy
dolorosas, pero me daba cuenta de que ella necesitaba alguien con quien pudiera desahogarse.
Lynda pudo entonces enfocarse más en Evan que en el problema de él con las drogas. Su relación
creció más y Evan pudo darse cuenta de que los dos éramos firmes con él. Aunque yo no actuaba tan
rápido como Lynda quería que lo hiciera, nuestra posición no cambió.
John Vawter: Durante su adolescencia Stephanie decía cosas que nos dolían, y luego en
nuestro dolor Susan y yo nos enojábamos uno con el otro. No sé cómo empezamos a hacerlo, pero
aprendimos a decirnos: “Yo no soy el enemigo, querida(o)”. Ese era nuestro código para hacernos
ver que el otro acababa de tratarnos injustamente. Algunas veces hemos incorporado lo mismo en
nuestras conversaciones relacionadas con las drogas y eso realmente nos ha ayudado.
Norma Bourland: La personalidad de Gene es tal que él puede separarse y manejar
cognoscitivamente las cosas. Para mí siempre fue un asunto emocional. Stephen y yo siempre
habíamos sido muy unidos y sentí que no podía llevar yo sola sus problemas. Yo quería que Gene se
sintiera de la misma manera.
Gene podía decir: “Stephen está tomando sus propias decisiones y él sufrirá las consecuencias.
Él aprenderá de las consecuencias.” Yo me enojaba con Gene porque quería que él interviniera
y detuviera el asunto. Yo no quería que sufriera las consecuencias. Tuvimos varios altercados al
respecto.

En su dolor, ¿se separó de otros o solicitó ayuda y apoyo?


John Vawter: No tengo la energía emocional para dejar que alguien entre a mi vida y critique la
forma en que recibimos ayuda. Alcohólicos Anónimos ha sido de gran ayuda para Stephanie. Allí
les dan mucha educación. Yo aprendí sobre mí mismo escuchando sus cintas de AA. Fuimos a

Guía para el profesor 139


Ética Ministerial

Narcóticos Anónimos por un año y eso nos ayudó. Allí Susan y yo decidimos cuáles serían los límites que
deberíamos definir.
Desdichadamente he tenido que protegerme de mis amigos que vienen a decirme que AA no honra
a Jesucristo. He memorizado una respuesta para tales personas, porque algunos de sus comentarios
han sido insensibles y han dejado mucho dolor.
Yo no necesito que nadie esté tratando de averiguar qué fue lo que Susan y yo hicimos mal.
Necesito personas que me ayuden y apoyen, y Dios me ha dado muchas de ellas.

¿Cómo cambió su ministerio el que su hijo haya usado drogas?


Kimball Hodge: Esta experiencia, más que ninguna otra, ha suavizado mi espíritu hacia otros. Me
he bajado del pedestal en que estaba y que me hacía pensar que tenía que ser perfecto. Por supuesto,
no puede uno pararse frente a su congregación en el púlpito y decirles todo lo que está mal con uno,
si no, algunas personas nunca escucharían lo que uno tiene que decir. Por otro lado, uno puede
informarles de vez en cuando de lo que Dios ha hecho para adiestrarme.
Yo empecé a ver el dolor que la mayoría de las personas en nuestra congregación estaba
sintiendo, cómo muchas familias estaban partidas, cómo muchas estaban pasando por divorcios que
no querían, cómo muchas estaban luchando con hijos descarriados. Encontré que podía tener mucha
más compasión.

¿Cuánto le dejó saber a su congregación de la lucha por la cual pasaba su familia?


Jim Smoke: La primera vez que yo pasaba por algo así fue cuando mi hijo fue encerrado por
un fin de semana en un centro de detención juvenil a la edad de dieciséis años. Ese domingo en la
mañana yo tenía que enseñar en la escuela dominical. Me sentía incapaz de poder pasar ese mal
trago. Finalmente me dije que tendría que fingir hasta que lo pudiera tragar. No diría nada sobre Todd.
Pero al final de la clase dije: “Tengo que compartir algo con ustedes. Esta no es una mañana
muy feliz, que digamos. Ingresaron a mi hijo al centro de detención juvenil esta mañana.” Compartí
con ellos algunos pensamientos, y eso fue todo. Después ni podía bajarme de la plataforma porque
nuestro grupo de solteros vino hacia mí en masa. Todos pusieron sus brazos alrededor de mí y me
dijeron que estaban conmigo.
En mi actual iglesia soy parte del equipo de predicadores. Si en un día en particular mi mensaje desarrolla un
tema donde nuestra historia sirve de ejemplo, comparto abierta y honestamente la lucha por la cual he pasado.
Somos mejores líderes cuando enseñamos con base en nuestra debilidad y no nuestra fortaleza.
Yo no tengo mucha fuerza como para enseñar desde mis puntos fuertes, así que prefiero hacerlo en
la otra dirección.
John Vawter: No lo he compartido con toda la iglesia un domingo por la mañana, pero no ha sido
un secreto. La gente ha respondido maravillosamente. Si ha habido comentarios negativos, ni Susan
ni yo nos hemos enterado. En las sesiones de ancianos, los líderes preguntan casi todas las veces
cómo están los muchachos y cómo estoy yo. Los otros pastores y mi equipo de oración han sido
bastante sensibles y fuertes cuando me han tenido que ayudar en mi debilidad y notan mis lágrimas.

¿Alguna vez ha considerado seriamente dejar el ministerio?


Kimball Hodge: Estando en el púlpito he tenido que batallar cuando digo algo que no estoy
experimentando. Yo puedo decirles cómo es que deben vivir; pero no me es fácil practicarlo yo mismo.
Me parece que esto es como una mentira.
Cuando Evan tenían como quince años le dije que creía que no podía continuar siendo pastor si él
continuaba siendo un rebelde, pues consideraba que no calificaba porque las Escrituras dicen que si
un hombre no puede administrar su propia casa, cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios.
Esto tomó a Evan por sorpresa. Casi llorando me dijo: “No, papá. Tú no puedes dejar el ministerio.
Tú eres un buen pastor. No es tu culpa”.

140 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Entonces le dije que yo todavía era responsable porque él estaba en mi casa. Cada vez que
pensé en renunciar, me llegó, sin embargo, una convicción al corazón de que debía continuar y, en
obediencia, predicar la Palabra de Dios. Nos creemos inmunes a esta clase de experiencias, pero Dios
me ha mostrado que esto es ser un idealista, y que no es una verdad bíblica. Yo soy una persona real,
con problemas reales.
Norma Bourland: Hace algunos años alguien me dio un artículo muy útil titulado “Dios también tuvo
problemas con su familia”.
John Vawter: A uno le pueden dar “masajes espirituales de espalda” y le pueden hablar de
personas que también fueron malas en la Biblia, pero, para mí, todavía sigue siendo una lucha
personal. Algunos días quisiera ser suficientemente viejo como para jubilarme porque el dolor es
demasiado. El verano pasado prediqué una serie sobre Colosenses que tenía que ver con la familia.
Me preguntaba cómo es que me sentía calificado para hacerlo. Siento que de alguna manera mi
corazón tiene que alcanzar mi cabeza.
Por otro lado, Dios ha trabajado tremendamente en mi vida. Cuando me enteré de que Michael
estaba usando drogas, me sentí profundamente triste. Le dije a Susan que si en un año seguía
sintiéndome tan triste, yo renunciaría. Bien, ya ha pasado un año y me siento suficientemente fuerte
como para patrocinar una conferencia para pastores cuyos hijos usan drogas.

¿Qué les puede decir a aquellos que recientemente descubrieron que su hijo o hija usa
drogas?
Jim Smoke: Primero, forme un círculo a su alrededor con las personas que lo aman y apoyan.
Necesita un sistema de apoyo.
Uno de mis mejores amigos es un psicólogo, y su hijo también pasó por algo similar a esto. Nos
sostuvimos uno al otro. Nos sentábamos en restaurantes a llorar. Sabíamos que estábamos juntos en
la misma sopa.
Segundo, encuentre a personas que puedan hablar con su hijo. El éxito de Alcohólicos Anónimos
y Narcóticos Anónimos está basado en las personas que cuentan su historia en el salón. Su hijo no
responderá todo el tiempo, pero habrá alguien que le dirá: “Déjame contarte mi historia. Absórbela y
reflexiona”.
Tercero, encuentre programas que en verdad funcionan y recomiéndeselos a su hijo. Los
programas funcionan cuando las personas hacen funcionar los programas. Uno no puede sentarse
nada más y sentir lástima de sí mismo y orar sobre su problema. Tiene que tomar pasos de acción
concretos.
Cuarto, nunca se desanime sobre lo que Dios puede hacer. Hace algunos años les escribí a mis
hijos una carta de Navidad que contenía mi lista de deseos para cada uno de ellos. Le envié esa carta
a Todd a la prisión de Ironwood. Incluía cuatro deseos que yo tenía para él. Las chicas me enviaron
comentarios sobre sus cartas, pero nunca recibí nada de él.
La Navidad pasada él vino a pasar el día con nosotros. Me entregó un sobre y me dijo: “Aquí está
tu regalo, papá”. Era la carta que yo le había enviado a la prisión. Había marcado como realizados
los cuatro deseos que yo había puesto, y había escrito: “Gracias, mamá y papá. Lo he logrado de la
mejor forma que he podido, un paso a la vez. Con amor, Todd.”
Esa Navidad, mi esposa dijo: “Gracias, Señor. Nos has devuelto a nuestro hijo.”

Guía para el profesor 141


Ética Ministerial

Actividad No. 17:


Material de apoyo - El dinero de la Iglesia

E
n la siguiente página encontrará un artículo de Eugenio Ongaro , el cual fue extraído del
sitio web Desarrollocristiano.com, acerca del manejo del dinero de la iglesia por parte del
ministro. También puede utilizar el texto para elaborar un cuadro con las recomendaciones
mencionadas por el autor para reducir la posibilidad de tentación.

EL DINERO DE LA IGLESIA
por Eugenio Ongaro

Sonó el teléfono de nuestro estudio contable y la voz se escuchó dolida, consternada. Era un
pastor de nuestra ciudad que acabada de descubrir que el tesorero de su iglesia había sustraído
fondos de la congregación en forma secreta, probablemente por el equivalente a unos $20.000
dólares y quería consultarnos. El mes pasado nos habían pedido de otra iglesia que los ayudáramos.
Parece ser que el tesorero que tenían desde hacia 30 años había estado falsificando los registros de
las ofrendas asignadas a misioneros y había estado robando de los fondos generales y misioneros.
También descubrieron que nunca había realizado los depósitos correspondientes a las jubilaciones y
que hasta se había quedado con donaciones de propiedades que habían hecho a la iglesia.
El problema de desfalco religioso es tan antiguo como Judas Iscariote, el “custodio” de la bolsa
de dinero del grupo de Jesús, que robaba de su contenido (Jn. 12.6). Aun en la iglesia actual, las
personas no son inmunes a la tentación de tomar lo que no les pertenece.
Por otra parte, no debemos vivir y comportarnos con desconfianza dentro de la iglesia. La
confianza siempre es una parte integral de toda comunidad cristiana saludable. El hecho de que el
robo y el fraude ocurran en un porcentaje tan mínimo dentro de las iglesias cristianas es un fuerte
testimonio de la honestidad y el carácter de aquellos que administran los fondos dentro del cuerpo de
Cristo.
Pero la realidad de la tentación y la existencia de desfalcos sugiere que la práctica de la “confianza
total” debería ser cuestionada un poco más. Al adoptar algunos pocos principios financieros sabios,
las iglesias pueden mantener una atmósfera de confianza, al tiempo que le evitan a sus miembros la
tentación de tomar dinero que fue dado para Dios y su obra.

Medicina preventiva

El lugar más fácil de donde sacar dinero es el de las ofrendas en efectivo y el tiempo más propicio
es durante el lapso que hay entre la recepción de las ofrendas y su depósito en el banco o en el lugar
que la iglesia haya destinado. ¿Cómo puede usted reducir esta tentación?

Primero
Una vez recogidas las ofrendas, y hasta que sean contadas, ponerlas a buen recaudo. Muchos las
colocan en alguna mesa adelante de la congregación hasta que se termina el culto, lo que posiblemente
sea el lugar más seguro; nadie se atrevería a tocar un centavo de allí.

142 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Segundo
Asegúrese de que siempre haya al menos dos personas presentes cuando se cuentan y registran
las ofrendas. Al principio, esto suele causar nerviosismo en las personas encargadas, pero poco a poco
se forma en hábito y pasa a ser forma cultural en poco tiempo. Aun los más honestos agradecerán
esta “falta de total intimidad” en el recuento de las ofrendas, porque esto los cubrirá de acusaciones
falaces que el enemigo querrá levantar más adelante.

Tercero
Desdoble la tarea de control de las ofrendas. Si son dos las personas que cuentan las ofrendas
cada domingo, (y que ninguna de ellas sea el pastor), que una de las personas sea responsable de
administrar (ya sea por una caja o por el uso de cuentas bancarias) el dinero, según las políticas
de distribución adoptadas previamente por la congregación o por la pastoral, y según el gobierno
eclesiástico que se tenga. La otra persona será la encargada de llevar los datos en forma general, a
fin de poder mostrar regularmente a las autoridades y a la congregación la evolución financiera de la
iglesia. En otras palabras, uno será responsable por manejar el dinero y el otro se responsabilizará
de comunicar los datos correctos a la congregación. Para esto, los dos tendrán que, necesariamente,
mantener en forma cuidadosa los datos de los ingresos y egresos. Es probable que una persona,
aunque sea un buen creyente, sea tentado y el dinero santo corra peligro, pero es mucho más difícil
que dos se pongan de acuerdo para hacerlo.

Cuarto
Use un libro de registro de ofrendas donde se van colocando, renglón por renglón y domingo
por domingo, todas las ofrendas de la iglesia. Procure conseguir un libro que tenga las páginas
numeradas, de manera que nadie pueda cortar alguna para “acomodar” los datos. Además,
antes de comenzar a usar el libro, es bueno que cada una de sus hojas sean selladas y firmadas
por el pastor.

Quinto
Procure controles seguidos. Muchos problemas ocurren porque el encargado de las ofrendas
cae en lo que se llama “malversación de fondos”, que no necesariamente significa robar. Cuando el
tesorero pasa por apremios económicos en su vida personal o familiar, se siente tentado a usar del
dinero de la iglesia pensando, sinceramente, que luego los podrá devolver; él habrá solucionado su
problema, no habrá robado y nadie se habrá enterado del asunto. El problema sobreviene en que a
veces no lo puede devolver a tiempo; otras veces se siente tentado a hacer varios retiros y al final su
secreta deuda es grandísima.
No hay gran problema para la iglesia si él repone a tiempo el dinero (lo cual nadie puede garantizar).
El problema mayor está en que, además del riesgo, ese cristiano va tomando como hábito y práctica
personal el usar algo que no le corresponde, debilitándose en el control y buena administración que
debe tener para consigo mismo. Instrumentar controles seguidos ayudarán a estas personas a no
malversar los fondos y no caer en ingenuas trampas que luego le traerán descrédito de por vida. Si
es posible, es bueno para la iglesia tener una cuenta bancaria donde hacer los depósitos de fondos.
Esa cuenta, en sí misma, ya es un buen control.

Sexto
No permita que el dinero de la iglesia se maneje en una cuenta personal de alguno de los
responsables. La cuenta bancaria debe ser de la iglesia misma y no compartida con nadie.
Muchas veces se cae en problemas porque no se cuida este detalle. Ya sea porque hay un
miembro que tiene facilidades para tener una cuenta o porque parece que es exponer a la iglesia
a una responsabilidad muy grande, siempre está el peligro de mezclar el dinero de la iglesia

Guía para el profesor 143


Ética Ministerial

con el dinero personal de algún miembro. Con el correr del tiempo, tanto la iglesia como ese
miembro llegarán a tener disgustos que podrían haberse evitado.

Séptimo
Procure apoyo profesional. Muchas iglesias le dan poca importancia a la auditoria anual, pero pocos
saben que cuando se les encomienda a Guillermo y a Juan la tarea de inspeccionar la tesorería, y van
a la casa del “viejo amigo Carlos” para mirar los libros, mientras que toman una taza de té con tortas,
su trabajo puede ser muy engañador y pueden no ver errores que conciente o inconscientemente, “el
viejo Carlos” haya cometido.
Probablemente, sería conveniente que la auditoria interna fuera suplementada, cada año o dos,
por una auditoría externa independiente, hecha por un profesional la materia.

144 Guía para el profesor


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Actividad No. 18:


Material de apoyo -
El ministro y la tentación sexual

E
n la siguiente página encontrará un artículo de Randy Alcorn que fue publicado en
el sitio web http://www.sigueme.net/lider/ acerca de la tentación sexual en la vida del
ministro. Puede hacer fotocopias del texto y repartirlas entre sus alumnos para discutir las
conclusiones en clase.

EL MINISTRO Y LA TENTACIÓN SEXUAL


por Randy Alcorn

Hace unos años atrás hablé sobre pureza sexual en un instituto bíblico. Muchos estudiantes
vinieron para ser aconsejados. Una estudiante fue derecho al punto: “Mis padres me enviaron a uno
de nuestros pastores para aconsejamiento y terminé acostándome con él”. Más tarde- y el mismo
día- Elízabeth, la hija de un diácono, me dijo llorando : “Mi padre ha mantenido relaciones sexuales
conmigo durante años, y ahora está empezando con mis hermanas”.
Al día siguiente me encontré con Pamela. ¿ Cómo era su historia? “vine al instituto bíblico para
escapar de un affaire con mi pastor”.
En otra iglesia conocí a Mabel, una chica de 18 años. Estaba llena de culpas porque había
mantenido relaciones sexuales con el líder de jóvenes.
-¿Le has confesado esto al Señor y has cortado la relación? –, le pregunté.
- Si -, respondió. –Además, su esposa lo descubrió. Por eso se cambiaron a otra iglesia.
Por cada personalidad cristiana famosa o líder evangélico de televisión que “muerde el polvo”, hay
un número no conocido de pastores locales menos conocidos - además de los maestros de la Biblia,
obreros.
Paraeclesiásticos, líderes de diferentes áreas que renuncian (o son despedidos) por inmoralidad
sexual, sin que se conozca el verdadero motivo. Innumerables son los hombres y la mujeres laicos
cuyo servicio como obreros cristianos han sido erosionados o se han detenido abruptamente por la
misma razón.
Por más que odiemos admitirlo, el escenario evangélicos tiene muchos “restos” de vidas y
ministerios diezmados por el pecado sexual. La primera conclusión es muy grave y las implicancias de
largo alcance: Hay entre los cristianos, incluyendo el ministerio, una epidemia moral de proporciones
enormes y alarmantes.

Metiéndose de cabeza en el problema

Al escribir y hacer investigación para el libro Cristianos en la estela de la revolución sexual,


descubrí que una señal de identificación prominente de la iglesia primitiva fue su pureza sexual . Si no
reclamamos este territorio perdido, la iglesia de hoy y su liderazgo están destinados a la impotencia
espiritual. ¿Por qué? Porque un mundo no santo nunca va a ser ganado a Cristo por una iglesia no
santa.

Guía para el profesor 145


Ética Ministerial

¿Cuánto ha sufrido nuestra reputación como siervos de Cristo? ¿Cuánta credibilidad hemos
perdido como resultado de las altamente publicada “hazañas” inmorales de algunos colegas? Una
mujer cristiana comprometida me dijo con lágrimas en los ojos: “ Cada vez que escucho a un líder
cristiano predicar, tarde o temprano me sobreviene el pensamiento de que es probable que ese
hombre esté viviendo en inmoralidad”.
A pesar de las pérdidas, hay algunos cambios positivos que han salido de las caídas morales de
los líderes cristianos. El más significativo es que un balde de agua helada nos ha sido arrojada a la
cara. No podemos más negar la realidad de la debilidad moral entre aquellos que sirven a Cristo.
Líderes y laicos se han percatado de la crisis moral extendida, y la necesidad acuciante de apuntalar
nuestra floja moralidad.
Se ha dicho mucho en los últimos años sobre la necesidad de cuidar y restaurar aquellos que han
caído en pecado sexual. Lo que nos falta – y necesitamos desesperadamente – son claras medidas
preventivas.
Ante un precipicio peligroso desde donde la gente está cayéndose desde unos 50 metros de altura,
podemos responder de dos formas. Una es colocar ambulancias y enfermeros abajo. Otro es poner
carteles de advertencias y construir una baranda arriba.
Para que este artículo no sea interminable, debo asumir que los lectores de Apuntes Pastorales
saben lo que las Escrituras dicen sobre la moralidad sexual. Enfocaré primero tres factores críticos
que debemos entender, para luego explorar las razones por las que los cristianos cometen pecados
sexuales.

Tres factores críticos

Somos el blanco de la inmoralidad sexual. Hace algunos años hubo bastante ruido sobre una “lista
de señalados”, un plan elaborado por asesinos a sueldo para eliminar a los líderes políticos mundiales
estratégicos. Estoy convencido de que el enemigo, Satanás ha mantenido una lista similar con las
gente de la iglesia. Y hay buenas razones para creer que los obreros cristianos están en los primeros
puestos de su lista.
Si usted es un pastor, misionero o evangelista, si trabaja con los jóvenes, es anciano, diácono,
líder de estudio bíblico, obrero paraeclesiástico, profesor o estudiante de instituto bíblico, escritor,
músico o tiene un ministerio de cualquier índole, entonces preste atención: usted es un hombre
o mujer blanco. Las fuerzas del mal han firmado un contrato sobre usted. Hay un precio sobre su
cabeza, precio suficiente como “para hacérsele agua la boca” a cualquier cazador de recompensas.
Satanás está dispuesto a atraparlo. ¿Por qué? Porque quiere anular su ministerio. Porque más que
cualquier otro, usted lleva sobre sus hombros la reputación de Cristo. Si usted comete inmoralidad, el
enemigo se apunta una victoria estratégica en su asalto sobre esta reputación sagrada.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes” (Ef. 6.12) .
Estos seres definitivamente malos tienen interés en nuestro deterioro moral. Harán cualquier cosa
en su poder para avanzar sobre Cristo y su Iglesia.
“Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor
buscando a quien devorar” (1 Pe. 5.8).
Somos vulnerables a la inmoralidad sexual. Todos los cristianos, incluyendo aquellos activos en
el ministerio, son susceptibles al pecado sexual. El mito de que somos moralmente invulnerables cae
ante la evidencia abrumadora. No hay –y nunca ha habido- ningún anticuerpo místico que nos haga
inmunes.
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”(Pr.16.18).
¿Qué nivel de soberbia se requiere para creer que el pecado sexual puede haber sorprendido a Lot,

146 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Sansón, David ( “un hombre según el corazón de Dios”), Salomón, los corintios y una multitud de
líderes cristianos modernos, pero no a mí? Las advertencias de Pablo merecen un lugar prominente
en nuestros escritorios : “Considerándote a ti mismo , no sea que tú también seas tentado”(Gá. 6.1).
“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” ( 1 Co. 10.12 ).

Guía para el profesor 147


Ética Ministerial

Actividad No. 19:


Lectura y Análisis - El Adulterio y la Sociedad

E
n la siguiente página encontrará un artículo de Kerby Anderson, extraído del sitio web
http://www.ministeriosprobe.org/ acerca del pecado de adulterio y su relación con la
sociedad y la iglesia. Pida a sus alumnos que realicen un informe crítico de lectura.

EL ADULTERIO Y LA SOCIEDAD
por Kerby Anderson

El séptimo mandamiento dice: “No cometerás adulterio”. Sin embargo, este pecado ha sido
cometido a lo largo de toda la historia. Hoy, sin embargo, el adulterio parece más descontrolado que
nunca. Entretanto, historias en los periódicos sensacionalistas informan sobre los amoríos de políticos,
millonarios y estrellas de cine, y películas como “El paciente inglés”, “El príncipe de las mareas” o “Los
puentes de Madison” incluyen y aun promueven el adulterio.
¿Qué tan extendido está el adulterio? Dos de los estudios más confiables llegan a conclusiones
similares. El Informe Janus sobre el Comportamiento Sexual estima que “más de un tercio de los
hombres y un cuarto de las mujeres reconocen haber tenido al menos una experiencia sexual
extramarital”. Una encuesta hecha por el Centro de Investigación de la Opinión Nacional de la
Universidad de Chicago encontró porcentajes menores: el 25 por ciento de los hombres y el 17 por
ciento de mujeres había sido infiel. Aun cuando se apliquen estas proporciones menores a la población
adulta actual, esto significa que unos 19 millones de esposos y 12 millones de esposas han tenido una
aventura.
Independientemente de las cifras reales, el punto a destacar es que el adulterio es mucho más
común de lo que nos gustaría admitir. El terapeuta familiar y psiquiatra Frank Pittman cree que “tal vez
haya tantos actos de infidelidad en nuestra sociedad como existen accidentes de tránsito”. Además,
sostiene que el hecho de que el adulterio se haya vuelto algo habitual ha alterado la percepción que
tiene la sociedad de él. Dice: “No vamos a volver a los tiempos en que los adúlteros eran puestos
en un cepo y humillados públicamente, ni convertirnos en una de esas sociedades --de las que hay
muchas-- donde el adulterio se castiga con la muerte. La sociedad, en todo caso, no puede hacer
cumplir una regla que viola la mayoría de las personas, y la infidelidad es tan común que ya no es una
conducta desviada”.
Tal vez usted esté pensando: “Esto es solo un problema entre los no cristianos de la sociedad.
No puede ser un problema en la iglesia. Ciertamente las normas morales de los cristianos son más
elevadas”. Bueno, hay evidencia creciente de que el adulterio es, también, un problema en círculos
cristianos. Un artículo en un número de 1997 de la revista Newsweek señaló que varias encuestas
sugieren que tanto como el 30 por ciento de los ministros protestantes varones han tenido relaciones
sexuales con mujeres distintas de sus esposas.
El Journal of Pastoral Care, en 1993, publicó una encuesta entre pastores bautistas del Sur en
la que el 14 por ciento reconoció haber participado en “conducta sexual impropia de un ministro”.

148 Guía para el profesor


Ética Ministerial

También informó que el 70 por ciento había aconsejado al menos a una mujer que había tenido
relaciones con otro ministro.
En 1988, una encuesta entre casi 1000 clérigos protestantes de la revista Leadership encontró
que el 12 por ciento reconoció haber tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, y que el 23 por
ciento había hecho algo sexualmente impropio con alguien que no era su cónyuge. Los investigadores
entrevistaron también a casi 1000 suscriptores de Christianity Today que no eran pastores. Encontraron
que los números eran casi el doble: el 45 por ciento dijo haber hecho algo sexualmente inadecuado,
y el 23 por ciento había tenido relaciones extramaritales.
El adulterio está en la sociedad y ahora está en la iglesia. Veremos ahora algunos de los mitos que
rodean las aventuras extramaritales.

Mitos acerca del adulterio

La infidelidad marital destruye matrimonios y familias, y a menudo conduce al divorcio. El


sentimiento público contra el adulterio es, en realidad, bastante fuerte, ya que aproximadamente ocho
de cada diez estadounidenses no están de acuerdo con el adulterio.
Pero, aun cuando la mayoría de las personas consideran que el adulterio está mal y saben que
puede ser devastador, nuestra sociedad perpetúa todavía varias mentiras acerca del adulterio a
través de una mitología popular sobre los amoríos extramaritales. En este punto, queremos examinar
algunos de los mitos sobre el adulterio.
Mito número 1: “El adulterio tiene que ver con el sexo”. A menudo, justamente lo contrario es
cierto. Cuando se descubre una aventura sexual, los que la observan dicen: “¿Qué le vio a ella?” o
“¿Qué le vio a él?”. Frecuentemente, el sexo es mejor en casa, y la pareja matrimonial es por lo menos
tan atractiva como la pareja adúltera.
Ser bonita, apuesto o sensual no suele ser lo más importante. Las parejas de las aventuras no
suelen escogerse porque sean más bonitas, apuestos o sexy. Suelen escogerse por diversos tipos de
razones extrañas y no sexuales. Generalmente, la otra mujer o el otro hombre en una relación adúltera
satisfacen necesidades que no satisface el cónyuge en el matrimonio. El Dr. Willard Harley, en su libro
His Needs, Her Needs: Building an Affair-Proof Marriage (Las necesidades de él, las necesidades
de ella: Cómo construir un matrimonio a prueba de amoríos) indica cinco necesidades básicas del
hombre y cinco necesidades básicas de la mujer. Él cree que las necesidades insatisfechas de
cualquiera de los integrantes de la pareja son una causa importante de las aventuras extramaritales.
También encontró que las personas se involucran en estos amoríos con una asiduidad asombrosa,
a pesar de las fuertes convicciones morales o religiosas que puedan tener. La falta de realización
en una de estas áreas emocionales básicas crea un vacío peligroso en la vida de una persona. Y,
lamentablemente, muchos terminarán por llenar esa necesidad fuera del matrimonio.
Frank Pittman, autor del libro Private Lies: Infidelity and the Betrayal of Intimacy (Mentiras privadas:
La infidelidad y la traición de la intimidad), encontró en su propio estudio personal que muchos de sus
pacientes que tenían aventuras tenían una buena vida sexual, pero provenían de matrimonios con
poca o ninguna intimidad. Concluyó que: “Las aventuras tenían, por lo tanto, una probabilidad tres
veces mayor de ser la búsqueda de un compinche que de un mejor orgasmo”.
El sexo puede no estar involucrado en algunos amoríos. La relación podría ser meramente un
vínculo emocional. La consejera Bonnie Weil advierte que estas denominadas “aventuras del corazón”
pueden ser aún más traicioneras que el tipo puramente físico. Las mujeres, en especial, tienden a
dejar a sus esposos cuando sienten un fuerte vínculo emocional con otro hombre”.
Mito número 2: “El adulterio tiene que ver con el carácter”. En el pasado, la sociedad
despreciaba a los alcohólicos como personas que tenían un carácter débil debido a su problema.
Ahora lo consideramos como una adicción o aun una enfermedad. Si bien esto no justifica el
comportamiento, podemos ver que no puede ser rotulado simplemente como un problema de carácter.

Guía para el profesor 149


Ética Ministerial

Hay evidencia psicológica creciente de que el comportamiento adúltero en los padres afecta
dramáticamente a los hijos cuando llegan a la adultez. Así como el divorcio en una familia influye en
la probabilidad de que los niños adultos consideren el divorcio, el comportamiento adúltero de los
padres parece generar un comportamiento similar en sus hijos. ¿Acaso no es éste un ejemplo más de
la enseñanza bíblica de que los pecados de una generación recaen sobre la siguiente?
Mito número 3: “El adulterio es terapéutico”. Algunos de los libros de psicología y revistas para
mujeres que circulan en nuestra cultura promueven las aventuras extramaritales como positivas. Este mito
de que una aventura puede reavivar un matrimonio aburrido es una mentira devastadora. Según la fuente
que esté leyendo, una aventura hará lo siguiente: lo hará un mejor amante, lo ayudará a enfrentar su crisis
de la edad media, traerá alegría a su vida o volverá a traer un poco de emoción a su matrimonio. Nada
podría estar más lejos de la verdad. Una aventura podrá darle más sexo, pero podría darle también una
enfermedad de transmisión sexual. Podría darle más emoción a su matrimonio, si para usted un divorcio
en la corte es emocionante. Recuerde que el adulterio termina en divorcio el 65 por ciento de las veces.
“Para la mayor parte de las personas y la mayoría de los matrimonios, la infidelidad es peligrosa”.
Mito número 4: “El adulterio es inofensivo”. Las películas son tan solo uno de los lugares donde
el adulterio ha sido promovido como algo positivo. El paciente inglés recibió doce nominaciones al
Oscar, incluyendo mejor película del año, por su descripción de una relación adúltera entre un apuesto
conde y la esposa inglesa de su colega. Los puentes de Madison relata la historia de la esposa de
un granjero de Iowa que tiene una breve aventura extramarital con un fotógrafo de la revista National
Geographic que supuestamente la ayudó a dinamizar su matrimonio. El príncipe de las mareas recibió
siete nominaciones al Oscar y muestra a un terapeuta casado que se acuesta con su paciente, también
casada.
Note los eufemismos que ha desarrollado la sociedad a lo largo de los años para disculpar o
suavizar la percepción del adulterio. Muchos no se pueden repetir, pero entre los que se pueden
mencionar se encuentra: andar de juerga, dormir por ahí, tener una aventura, echar una cana al aire,
escarceos amorosos. Algunos han llegado a sugerir que es simplemente una actividad recreativa,
como jugar al sófbol o ir al cine.
El sexo prohibido es una adicción que puede y suele tener consecuencias devastadoras para una
persona y una familia. El adulterio hace pedazos la confianza, la intimidad y la autoestima. Destruye
familias, arruina carreras y deja una estela de dolor y destrucción a su paso. Este legado potencial de
dolor emocional para los hijos de una persona debería ser suficiente para que se detenga y cuente el
costo antes de que sea demasiado tarde.
Aun cuando los amoríos nunca se expongan, hay costos emocionales involucrados. Por ejemplo,
las parejas adúlteras privan a sus cónyuges de la energía y la intimidad que deberían dedicarse al
matrimonio. Engañan a sus parejas y se vuelven deshonestas acerca de sus sentimientos y acciones.
Como dice Frank Pittman: “La infidelidad no está en el sexo necesariamente, sino en el secreto. No
se trata de la persona con quien te acuestas sino a quien le mientes”.
Mito número 5: “El adulterio tiene que terminar en divorcio”. Sólo alrededor del 35 por ciento
de las parejas permanecen juntas una vez descubierta la aventura adúltera; el 65 por ciento restante
se divorcia. Tal vez nada puede destruir un matrimonio más rápidamente que la infidelidad marital.
La buena noticia es que no tiene que ser así. Una consejera dice que el 98 por ciento de las parejas
que trata permanecen juntas luego del asesoramiento. Si bien reconocemos que este índice de éxitos
no es fácil de lograr y requiere decisiones morales y el perdón inmediatos, lo que sí demuestra es que
el adulterio no tiene que terminar en el divorcio.

Cómo prevenir el adulterio: las necesidades de ella

¿Cómo puede una pareja prevenir el adulterio? El Dr. Willard Harley, en su libro His Needs, Her
Needs: Building an Affair-Proof Marriage (Las necesidades de él, las necesidades de ella: Cómo construir

150 Guía para el profesor


Ética Ministerial

un matrimonio a prueba de amoríos) brinda algunas respuestas. Él encontró que los matrimonios que
no logran satisfacer las necesidades de un cónyuge son más vulnerables a una aventura extramarital.
A menudo, la falta de satisfacción mutua de las necesidades de los hombres y las mujeres se debe a
una falta de conocimiento antes que una egoísta renuencia a ser atentos. Satisfacer las necesidades
es críticamente importante porque, en los matrimonios que no suplen las necesidades, es llamativo y
alarmante cuán consistentemente las personas casadas buscan saciar sus necesidades insatisfechas
a través de una aventura extramarital. Si alguna de las cinco necesidades básicas de un cónyuge no
es satisfecha, ese cónyuge se vuelve vulnerable a la tentación de una aventura.
Primero, veamos las cinco necesidades de la esposa. La primera necesidad es de afecto. Para la
mayoría de las mujeres, el afecto simboliza seguridad, protección, consuelo y aprobación. Cuando un
esposo muestra afecto a su esposa, le está enviando los siguientes mensajes: (1) Te voy a cuidar y
proteger; (2) Me interesan los problemas que enfrentas, y estoy contigo; (3) Creo que has hecho un
buen trabajo, así que estoy orgulloso de ti.
Los hombres necesitan entender cuán fuertemente las mujeres necesitan estas afirmaciones.
Para la esposa típica, difícilmente pueda recibir suficientes. Un abrazo puede comunicar todas las
afirmaciones del párrafo anterior. Pero el afecto puede demostrarse de muchas formas, como ser:
besos, tarjetas, flores, cenar afuera, abrir la puerta del coche, tomarse de las manos, caminatas luego
de cenar, masajes en la espalda, llamadas telefónicas. Hay mil formas de decir “te quiero”. Desde el
punto de vista de una mujer, el afecto es el pegamento esencial de su relación con un hombre.
La segunda necesidad es la conversación. Las esposas necesitan que sus esposos les hablen
y las escuchen. Necesitan mucha conversación de doble vía. En el tiempo de sus citas antes del
matrimonio, la mayoría de las parejas pasan tiempo demostrándose afecto y conversando. Esto no
debería abandonarse luego del casamiento. Cuando dos personas se casan, cada integrante de la
pareja tiene derecho a esperar que el mismo cuidado y atención amorosos que prevalecían durante
el noviazgo continúen después del casamiento. El hombre que toma tiempo para hablar a una mujer
tiene el camino abierto a su corazón.
La tercera necesidad es de sinceridad y franqueza. Una esposa necesita confiar en su esposo
plenamente. Un sentido de seguridad es la trama común entretejida a través de cada una de las cinco
necesidades básicas de una mujer. Si un esposo no mantiene una comunicación sincera y franca
con su esposa, socava su confianza y termina por destruir su seguridad. Para sentirse segura, una
esposa debe confiar en que su esposo le dará información precisa acerca de su pasado, el presente
y el futuro. Si ella no puede confiar en las señales que él le envía, no tiene ningún fundamento sobre
el cual construir una relación sólida. En vez de adaptarse a él, se siente desequilibrada; en vez de
acercarse cada vez más a él, se aleja de él.
El compromiso financiero es una cuarta necesidad que experimenta una mujer. Ella necesita tener
el dinero suficiente como para vivir cómodamente; necesita apoyo financiero. No importa cuán exitosa
pueda ser la carrera de una mujer, en general ella quiere que su esposo gane el dinero suficiente como
para permitirle sentirse apoyada y cuidada.
La quinta necesidad es el compromiso familiar. Una esposa necesita que su esposo sea un buen
padre y tenga un compromiso con la familia. La vasta mayoría de mujeres que se casan tienen un
poderoso instinto para crear un hogar y tener hijos. Sobre todo, las esposas quieren que sus esposos
asuman un papel de liderazgo en su familia y se comprometan con el desarrollo moral y educativo de
sus hijos.

Como prevenir el adulterio: Las necesidades de él

Ahora veamos las cinco necesidades que tienen los esposos. La primera es la satisfacción
sexual. La esposa típica no entiende la profunda necesidad que tiene su esposo del sexo más que
el típico esposo entiende la profunda necesidad de afecto de su esposa. Pero estos dos ingredientes

Guía para el profesor 151


Ética Ministerial

pueden trabajar muy estrechamente en un matrimonio feliz y realizado. El sexo puede ocurrir
naturalmente y frecuentemente si hay suficiente afecto.
La segunda necesidad de un hombre es el compañerismo recreativo. Él necesita que ella sea
su compañera de juego. No es infrecuente que las mujeres, cuando son solteras, acompañen a los
hombres en lo que a ellos les interesa. Se encuentran practicando la caza, la pesca, jugando al fútbol
o viendo deportes o películas que nunca hubieran escogido por su cuenta.
Luego del casamiento, las mujeres a menudo tratan de interesar a sus esposos en actividades más
de su propio gusto. Si fracasan sus intentos, tal vez alienten a sus esposos a continuar sus actividades
recreativas sin ellas. Pero esta opción es muy peligrosa para un matrimonio, porque los hombres dan
una importancia sorprendente a tener a sus esposas como compañeras de recreación. Entre las cinco
necesidades básicas masculinas, para el esposo típico, pasar tiempo de recreación con su esposa
solo es superado por el sexo.
La tercera necesidad de un esposo es una esposa atractiva. Un hombre necesita una esposa que
a él le guste. El Dr. Harley dice que, en las relaciones sexuales, la mayoría de los hombres encuentran
que es casi imposible apreciar a una mujer por sus cualidades interiores solamente; debe haber más.
La necesidad de un hombre del atractivo físico de su compañera es profunda.
La cuarta necesidad de un hombre es el apoyo doméstico. Él necesita paz y quietud. Es tan
profunda la necesidad que tiene un esposo de apoyo doméstico de su esposa que a menudo fantasea
sobre cómo ella lo recibirá amorosamente y agradablemente a la puerta, y sobre hijos que se portan
bien y que también están contentos de verlo y recibirlo en la comodidad de un hogar bien mantenido.
La fantasía continúa. Su esposa lo lleva a sentarse y relajarse antes de participar de una sabrosa
cena. Más tarde, la familia comparte una caminata a la noche, y él vuelve y acuesta a los niños
sin inconvenientes o problemas. Luego él y su esposa se relajan, charlan y tal vez ven un poco de
televisión hasta retirarse a una hora razonable para amarse. A las esposas tal vez les cause gracia
este escenario, pero esta visión es bastante frecuente en las vidas de fantasía de muchos hombres. La
necesidad masculina de que la esposa “se ocupe de las cosas” --especialmente él-- es generalizada,
persistente y profunda.
La quinta necesidad es admiración. Él necesita que ella esté orgullosa de él. Las esposas
necesitan aprender a expresar la admiración que ya sienten por sus esposos, en vez de presionarlos
para obtener mayores logros. La admiración sincera es un gran motivador para los hombres. Cuando
una mujer dice a un hombre que él es maravilloso, eso lo inspira a lograr más. Se considera capaz de
manejar nuevas responsabilidades y perfeccionar habilidades mucho más allá de su nivel actual.
Si alguna de las cinco necesidades básicas de un cónyuge queda sin satisfacer, esa persona se
vuelve vulnerable a la tentación de una aventura. Por lo tanto, la mejor forma de prevenir el adulterio
es satisfacer las necesidades de su cónyuge y fortalecer su matrimonio.

152 Guía para el profesor


Unidad IV:
El ministro y sus
decisiones éticas:
Su vida congregacional
Ética Ministerial

Actividad No. 20:


Lecturas complementarias

Criswell, W. A. El pastor y su ministerio. Una

S
egún la disponibilidad de los recursos guía práctica. El Paso: CBP, 1998 (“Los
bibliográficos a su alcance puede ´síes´ y los ´noes´ del pastor”, pp. 337-355).
escoger entre las siguientes lecturas
complementarias con el fin de profundizar Nonini, Rogelio. Conducta Ministerial. Buenos
su estudio personal sobre esta unidad. Aires, 1995. (Capítulo VIII “El pastor y la
Asimismo, puede utilizar alguna de estas
iglesia”, pp. 167-190).
lecturas para que sus estudiantes hagan
un análisis crítico, siguiendo el formato que
aparece en el apéndice. Trask, Thomas E. El Buen Pastor, Tomo I.
Obviamente la lista para cada caso no Miami: Editorial Vida, 1997. (“El trabajo con
es exhaustiva ni obligatoria. Usted puede toda clase de personas”, pp. 97-105).
escoger libremente éstas u otras lecturas
que considere importante usar para obtener Trull, Joe E. Ética Ministerial. Sea un buen
un mejor aprovechamiento de esta unidad ministro en un mundo que no es tan
de estudio. bueno. El Paso: CBP, 1997 (Cuarta parte: “La
congregación del ministro”, pp. 105-142).

154 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Unidad IV:

El ministro y sus
decisiones éticas:
Su vida congregacional
Inicie la clase con la
siguiente pregunta: ¿Qué
espera la congregación
de su pastor? Realice una
lista en el pizarrón con las
respuestas de los alumnos.

L
as relaciones entre el ministro y los miembros de su congregación
son esenciales porque determinarán muchos aspectos de la
marcha de la iglesia con relación a su vida y misión. La diferencia
en la forma en que el ministro y la congregación se ven uno al otro,
depende de la relación que tiene uno con el otro. En un alto grado,
la relación dependerá de las habilidades que el ministro despliegue
con los miembros. Algunas de estas habilidades tienen que ver con la
vida personal del ministro como la integridad, y otras, de índole más
profesional o ministerial, con su habilidad para ministrar.
Las relaciones son más importantes en el ministerio que en
cualquier otra profesión. Cuando se solicita el servicio de cualquier
profesional no nos ocupamos de averiguar su vida moral y relacional,
pero cuando se trata del ministro el asunto es diferente. No importa
cuanta competencia demuestre un ministro en predicar o manejar
los principios de crecimiento de la iglesia, no puede ministrar
adecuadamente sin buenas relaciones con la gente de la iglesia.
Las relaciones entre el pastor y su comunidad eclesial se
de-sarrollan en el curso normal del ministerio. En la medida que los
ministros entierran a los muertos, visitan a los enfermos, consuelan
a las familias y las acompañan en sus dificultades, caminan con
ellos en sus problemas, los aconsejan en tiempos difíciles, ríen en
buenos tiempos, casan a los hijos y en general comparten la vida
con ellos, construyen relaciones duraderas. Conocerse unos a otros

Guía para el profesor 155


Ética Ministerial

personalmente, y compartir experiencias de la vida, ayuda a edificar


buenas relaciones entre el pastor y la gente.
Relaciones interpersonales que deberán construirse sobre fundamentos
éticos indispensables para la salud y bienestar de la iglesia.
Actitudes y acciones no éticas en cuanto al ejercicio del liderazgo,
o a la ignorancia de las responsabilidades del ministro y la
congregación, pueden ocasionar graves trastornos que entorpecerán
el desarrollo natural e integral de la iglesia.
Comparta con la clase el
artículo que le ofrecemos en
la Actividad Nº 21, escrito
por el periodista argentino
Marcelo Laffitte.

El liderazgo ministerial:
Autoridad y poder
La efectividad en el ministerio depende grandemente de un
entendimiento claro de la autoridad de parte de ministros e
iglesias. La autoridad real del ministerio viene de la afirmación
de los derechos y deberes (oficio sagrado), de la personalidad y la
capacidad (persona humana), y del encuentro personal con Dios
para la misión o llamamiento (persona sagrada). Cada ministro
necesita trabajar estas tres dimensiones para obtener resultados
substanciales en el ministerio.
Pregunta para la clase: ¿Qué
diferencias existen entre
las palabras “autoridad” y
“autoritarismo”?

El Nuevo Testamento sugiere un propósito divino y una dirección


para el ministerio. La autoridad es importante porque reclama el
derecho a realizar el ministerio para el cual uno ha sido llamado. Los
ministros tienen un derecho, una legitimidad para cumplir la tarea
que el Espíritu Santo pone frente a ellos. La iglesia concede una parte
de autoridad ministerial afirmando el llamamiento y proveyendo un
lugar de servicio.
El propósito y la dirección del ministro vienen de Dios, pero
tienen lugar en términos de la interacción humana. Incluimos
ambas dimensiones definiendo la autoridad ministerial como “el
poder o derecho que posee el ministro y que concede la iglesia para
el propósito de cumplir el llamamiento de Dios”. Montgomery se
refiere a la autoridad ministerial de la siguiente manera:

La autoridad de un ministro aparecerá en formas proféticas y evangelisticas


cuando él está buscando cambiar a los hombres y a los movimientos;
aparecerá en énfasis pastoral cuando él es llamado a reflejar sentimientos o
entender relaciones de grupo; su autoridad como sacerdote o de recordatorio
de valores viene a través de su predicación y ministerio sacramental; la

156 Guía para el profesor


Ética Ministerial

autoridad organizacional se manifiesta en su poder para movilizar a la iglesia


hacia un programa especifico de acción. 21

El mismo Felix Montgomery pregunta ¿Cuánta autoridad es


suficiente? Él respondió su propia pregunta diciendo, “suficiente
para ser respetado, aceptado, creído, confiado y seguido”.

MODELO CORRECTO DE AUTORIDAD

La autoridad del ministro se gana, no se obtiene por imposición


propia o de otros. Bíblicamente, el pastor no es ni un gobernante ni
un dirigente social. Es un hombre o mujer de Dios que busca seguir
el modelo de autoridad de Jesús en cada decisión que realiza.
Al respecto, Mt. 7:28-29 relata que “Cuando Jesús terminó estas
palabras, las multitudes estaban maravilladas de su enseñanza;
porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los
escribas”. Lo que demuestra que un ministro puede ser reconocido
como tal por posición, pero que el verdadero reconocimiento y
aplicación de sus enseñanzas, sólo se dará cuando viva plenamente
el modelo de autoridad de Jesús.
En la actualidad, existe una carencia de modelos de autoridad al
estilo de Jesús, y, por lo tanto, el no caer en el ejercicio de modelos
incorrectos es un desafío ético que el ministro deberá adoptar.

MODELOS INCORRECTOS DE AUTORIDAD

A continuación se enumerarán algunos de los modelos


ministeriales incorrectos de autoridad que se pueden encontrar en la
actualidad con mayor frecuencia:
1. El autoritario: En vez de ministrar, ordena. Conciente, o
inconscientemente, mira a la congregación como súbditos de
una comunidad en la cual él es señor. Buscará la manera de
que los líderes de la iglesia sean los de su preferencia y no los
que debieran ser. Y no tendrá inconvenientes en expulsar de la
congregación a quien no piense como él o no quiera hacer lo
que él mande. Es rápido para juzgar y condenar.
2. El paternalista: Más que un ministro es un padre bonachón.
No ejerce autoridad para ayudar a los creyentes de su
congregación porque su relación es tan cercana que prefiere no
confrontar a sus “hijos espirituales” con la verdad de la Palabra
de Dios. Ve a la iglesia sólo como “una gran familia” donde
él es el padre, y por lo tanto es reticente al evangelismo y al
compromiso social.

21 Montgomery, Felix. La Autoridad en el Ministerio: Significado y Fuente. Administración de Iglesias, 1990, p. 26.

Guía para el profesor 157


Ética Ministerial

3. El amiguero: Es el “amigo de todos”, quien ve a la iglesia como


un club de amigos donde él es el eje sobre el cual se de-sarrollan
todas las otras relaciones sociales. No ejerce autoridad porque
no quiere arriesgar su amistad con los creyentes. Enseña lo
que la congregación quiere escuchar y busca ser el amigo de
todos, así que hace todo lo posible por quedar bien con la
mayor cantidad de gente posible, cayendo muchas veces en la
demagogia y el autoengaño.
4. El líder empresarial: Se cree un “ejecutivo del ministerio” y
desde ése lugar ejerce autoridad sobre las personas. Mira a la
iglesia como una empresa donde él es el dueño, quien debe
aportar las mejores estrategias para “producir” resultados y, en
consecuencia, lograr el “éxito”. En sus mensajes, suele hacer un
énfasis desmedido en los balances financieros y las estadísticas
de crecimiento numérico.

EL USO DEL PODER EN EL MINISTERIO

Como una figura profesional y de autoridad, el ministro tiene poder


sobre otras personas. Karen Lebacqz observó que los profesionales
tienen poder, la habilidad de influir en el comportamiento, y
autoridad. Poder legitimado e institucionalizado.22
El problema mayor con el poder es lo que hace a las relaciones.
Cuando los ministros usan el poder que poseen en una manera
destructiva o para ganar, el poder ha destruido la relación y herido
a la persona. Sin embargo el poder puede ser constructivo y creativo
cuando se lo utiliza para restaurar relaciones y llevar a la unidad
un compañerismo dividido, o ayudará a la gente a trabajar junta en
lugar de empujar a una contra la otra. Ese es el poder de la persuasión
moral, más que de la coerción. El código de ética para las iglesias
evangélicas de la Republica Argentina declara a este respecto:

Los ministros deben ejercer su ministerio con motivaciones santas y con


actitudes correctas. Deben tener consideración de la gente que Dios puso
bajo su cuidado, por lo tanto actuarán con honestidad, sin autoritarismo y
sin dominarlos usando el temor como herramienta. La iglesia es de Dios y los
ministros como sus siervos están al servicio de la iglesia y no ésta al servicio
de ellos. No es ético que los ministros pastoreen como si fueran caudillos
que maltratan a las personas, que intenten ejercer dominio sobre ellas y las
condicionen para que hagan lo que ellos dicen sin tener derecho a pensar u
opinar. Tampoco es ético que los ministros usen del autoritarismo para elegir
funcionarios que sean obsecuentes, que los apoyen en todos sus planes,
especialmente los que le benefician a ellos y a sus familiares en desmedro
de la congregación. Tampoco es correcto que los pastores separen de sus
cargos a miembros espirituales, capacitados y dotados por Dios, porque le
cuestionan su estilo de vida pecaminoso, por sus errores teológicos o por

22 Lebacqz, Karen. Ética Profesional: Poder y Paradoja. Nashville: Abingdon, 1985. p. 113.

158 Guía para el profesor


Ética Ministerial

el autoritarismo con el cual pastorean. Agrava la situación cuando ponen en


sus lugares a personas sin condiciones, pero que obedecen ciegamente a sus
lideres.23

Los ministros debieran tener siempre presente lo expresado por


el apóstol Pedro (1 P. 5:2-3) “apacentad la grey de Dios que está entre
vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no
por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto, no como teniendo
señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplo
de la grey”.
El único Señor, tanto de la vida de los creyentes como del
ministro, es Jesucristo y nadie debiera ocupar ése lugar.

Los deberes ministeriales:


Funciones y responsabilidades
Las relaciones entre el ministro y su congregación se van
construyendo y fortaleciendo en la medida que los ministros van
cumpliendo con sus deberes y obligaciones. Consideremos algunos
de los deberes ministeriales claves con relación a las obligaciones
éticas que corresponden.

PREDICACIÓN

La predicación es una de las responsabilidades primarias de todo


ministro del evangelio. Más personas son alcanzadas por el ministerio
de la predicación, que a través de cualquier otra actividad ministerial.
Comparta con sus alumnos
la lectura que le ofrecemos
en la Actividad Nº 22.

La predicación más ética y efectiva es la predicación pastoral hecha


dentro del contexto de una relación pastoral y con preocupaciones
pastorales por la gente. La predicación no es entonces sólo un
ejercicio espiritual, sino un intento real de aplicar la Palabra de
Dios y la verdad de Dios a las vidas de las personas con quienes el
predicador está íntimamente relacionado.
Usar la predicación como medio para llevar a cabo el cuidado
pastoral significa predicar siempre en amor y no usar el púlpito para
flagelar a los creyentes. Significa proclamar la Palabra de Dios con un
corazón solícito. Se da por sentado que debe haber una preparación
adecuada del mensaje. Cada sermón debe ser cuidadosamente
planeado, preparado en oración y predicado en forma efectiva.

23 FACIERA. Normas Éticas para Las Iglesias Evangélicas de la República Argentina.


Normas Específicas para los Ministros. 2002, art.22, inc.3.

Guía para el profesor 159


Ética Ministerial

Existen dos problemas que se presentan, al examinar la predicación


de una manera ética: El uso de las Escrituras y el plagio.
Pregunta para la clase:
¿Qué factores pueden incidir
en la vida de un ministro
que recurre al plagio para
elaborar sus sermones?

El ministro debiera ver la forma de realizar una correcta exégesis


del texto bíblico a predicar para hacer justicia a la predicación fiel
de la voluntad de Dios. Algunos principios que rigen una correcta
interpretación bíblica son:
- Determinar el significado exacto del texto
- Analizar la forma literaria que usó el autor
- El contexto
- El marco histórico y cultural
- El significado a la luz de Cristo, su vida y obra redentora
- Lo que el pasaje significa ahora
Predicar, faltando a una ética ministerial sería hacer “eisegesis”,
lo que implica deducir del texto nuestro propio significado, y esto es
algo que debe evitarse. Otra forma de faltar a la ética es ser culpable
de plagio. Tomar el mensaje de otro para darlo como propio, se
conoce como plagio. El ministro honesto sabrá cuando toma lo que
es en realidad el trabajo de otro y le dará el crédito.
Tampoco es ético utilizar la predicación para hacer público,
a modo de ilustración, las actitudes o charlas privadas que haya
realizado con miembros de la congregación que, aun sin dar
nombres, permiten al resto de los creyentes especular sobre la
identidad del protagonista de la anécdota.
Tampoco es apropiado de un ministro cristiano inventar
ilustraciones y hacerlas pasar por veraces, sino que se debe informar a
la congregación al respecto, antes de contarla durante la predicación.
La responsabilidad de predicar será asumida como primordial en
la vida del ministro, y ajustar el sermón a principios bíblicos, antes
que a opiniones o intereses personales, será un aspecto ético que
deberá tener en cuenta al preparar el sermón.
Subestimar a los creyentes de la congregación elaborando sermones
sin la preparación adecuada, es una actitud no ética que tarde o
temprano lo llevará a la ruina ministerial. Aunque el grupo de creyentes
pareciera aceptar y no exigir al predicador una mejor preparación,
por otro lado es el mismo Señor quien le demandará al ministro el
cumplimiento responsable de su llamamiento a la predicación.

ENSEÑANZA

El ministerio de enseñanza en la iglesia siempre se ha considerado


como un elemento esencial en la vida de la misma. El ministro

160 Guía para el profesor


Ética Ministerial

debe tomar esta tarea como parte también esencial de su ministerio


recordando que la meta de la enseñanza de las verdades espirituales
es ayudar a la gente a ser cristianos maduros. La credibilidad e
integridad de los ministros se demuestran por la forma en que
enseñan. La Palabra de Dios debe manejarse con responsabilidad y
respeto. Las personas a quienes se enseñan deben ser tratadas con
dignidad. Ni la dignidad ni la personalidad deben ser pisoteadas
en el intento de enseñarle, sino que debe mantenerse la libertad de
pensar, de investigar y de hacer preguntas, sin temor a represalias.
Es éticamente correcto que el ministro, durante toda su vida
ministerial, no sólo se capacite permanentemente para enseñar
mejor, sino que también descubra y motive a quienes tienen el don
de la enseñanza dentro de la congregación.
El ministro enseña no sólo a través de las clases que pueda dar
en un aula o detrás de un púlpito, sino que utiliza todo su ser para
enseñar en el diario vivir junto a los creyentes de la congregación.
Permanentemente los creyentes estarán observándolo y viendo
cómo reacciona ante distintas circunstancias de la vida, posiblemente
tomándolo como ejemplo de vida y compromiso cristiano.

Pregunta para la clase:


¿Cuál fue el rol que cumplió
la educación en la historia de
la iglesia cristiana? ¿Cuáles
son las consecuencias
que experimenta una
congregación donde su
ministro ha dejado de lado
este área tan importante?

ADMINISTRACIÓN

La cuestión práctica de la administración de la iglesia es una


parte de los deberes del ministro. La tarea administrativa es un deber
ineludible del ministro, ya que bajo su cuidado se encuentran los
recursos básicos de toda organización administrable de las cuales
la iglesia también forma parte: recursos humanos, materiales y
económicos, y organizacionales (sistemas y procedimientos). Uno
de los problemas éticos en la administración de la iglesia es cómo
se ve y se trata a las personas. Siempre debe verse a las personas
como poseedoras de un valor intrínseco, evitando así la tentación de
explotarlas o manipularlas. La confianza es un ingrediente clave. La
confianza que el ministro y la congregación se tienen mutuamente
afectará el trabajo en conjunto de la iglesia.
La ética ministerial nos manda a ser los más prudentes sobre
la forma en que ejercemos la administración eclesial. Una buena
administración responderá a un buen liderazgo y dirección hacia la
iglesia que esta a cargo del ministro. Los líderes ministeriales pueden

Guía para el profesor 161


Ética Ministerial

administrar y dirigir mejor el proceso de un buen funcionamiento de


la iglesia con buena organización. Esto tiene implicaciones éticas de
confianza en las personas, en el involucramiento de individuos en
procesos y programas que afectan sus vidas y en la forma que los
ministros practican el liderazgo y usan el poder y la autoridad.
La descentralización de las responsabilidades delegadas en
otros creyentes de la congregación será fundamental para cumplir
eficazmente con esta responsabilidad ministerial.
No son pocos los casos de ministros que han terminado su actividad
a causa de un mal desempeño en el área administrativa de la iglesia. Si
un pastor se destaca en la predicación o la enseñanza pero demuestra
serios problemas de organización en la administración eclesial,
entonces deberá replantear éticamente su ministerio, buscando el
equilibrio que se necesita para llevar a cabo la obra de Dios.
Por eso, la construcción de una personalidad ética permitirá al
ministro desarrollar su ministerio procurando ser ético también
como administrador, capacitándose, informándose y compartiendo
sus inquietudes con otros ministros más experimentados que él en
este área, ya que tanto el orden como la buena administración son
virtudes demandadas por el propio Señor.
Pregunta para la clase:
¿Cuál fue el rol que cumplió
la educación en la historia de
la iglesia cristiana? ¿Cuáles
son las consecuencias
que experimenta una
congregación donde su
ministro ha dejado de lado
este área tan importante?
CONSEJERÍA

Cuando una persona llega a un ministro pidiendo ayuda, este


entra en una situación de consejero. De una manera inevitable la
gente va a llevar sus problemas a su pastor para dirección y cuidados
personales. Una preocupación ética inmediata para aconsejar es si
el ministro está preparado para aconsejar o no. En muchos casos de
consejería no se necesita entrenamiento en particular pero, para otras
situaciones de vida, el ministro requiere un entrenamiento adecuado
y lo más probable es que necesite de múltiples sesiones para tratar
el asunto, por eso, el ser competente, en esta tarea de consejero, es
también una preocupación ética.
Tampoco el ministro debe creer que tiene la respuesta para todos
los casos que se le presenten. Es ético que el pastor admita sus
limitaciones y realice las derivaciones correctas a otros profesionales
de la comunidad cuando la persona dé muestras de necesitarlo.
Y al contrario, es altamente perjudicial para la salud integral del
aconsejado, que un ministro realice acciones terapéuticas sin el
conocimiento ni la preparación adecuada para tratar un caso.

162 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Inclusive, el pastor no debe caer en el facilismo de mecanizar


la consejería aplicando las mismas soluciones a todos los casos
presentados, sino que su interés por ayudar al aconsejado debe ser lo
suficientemente genuino como para dedicarle el tiempo y la atención
necesarios.
La confidencia es otro problema de tipo ético importante en la
consejería. Los ministros deben ser capaces de guardar confidencias.
Los asuntos que se revelan en privado no deben ser compartidos con
otros, ni deben usarse experiencias de la consejería pastoral como
ilustraciones para sermones, ya que esto viola la confianza de la o
las personas involucradas.
Cuando la congregación pierde la confianza en su pastor,
entonces ya se ha cortado el lazo principal que los une. La pérdida
de confianza es sinónimo de pérdida de autoridad ministerial en
todas las otras áreas de la vida del ministro, como la predicación y la
enseñanza. Ya que es muy difícil que una congregación que no confía
en su pastor, sí lo haga con sus sermones o clases.
Para reflexionar: La
confianza es clave para
una buena relación entre
ministro y congregación.
¿Qué medidas prácticas
podría realizar el pastor para
que esa virtud sea constante
durante todo su ministerio?

Otro área a considerar es la consejería del ministro a personas


del sexo opuesto. Este tema ya se trató con anterioridad, sin
embargo cabe mencionarlo aquí debido a que son frecuentes y
dolorosos los casos de ministros que incurren en inmoralidad
sexual con sus aconsejadas, resultando en divorcios y crisis
congregacionales.

VISITACIÓN

La visitación personal o cita pastoral es considerada como una


de las principales responsabilidades del ministro. El propósito
de la visitación entra dentro de varias categorías. Algunas visitas
pastorales serán para animar a los miembros que están pasando
por situaciones especiales. Otras serán evangelísticas. La visita a los
enfermos es un elemento necesario del cuidado pastoral. Algunas
visitas pastorales pueden ser principalmente visitas sociales. Los que
están imposibilitados de salir de casa o de una institución, también
necesitan la visita de los ministros.
A tener en cuenta, es que el ministro deberá ajustar el deber de
la visitación al contexto cultural donde se desempeñe, y tomar así
las precauciones necesarias para evitar roces innecesarios con la
congregación.

Guía para el profesor 163


Ética Ministerial

No es ético que el ministro en vez de visitar a los creyentes


dedique su tiempo a otras actividades que son de beneficio personal
solamente. Cuando el ministro aceptó el llamamiento divino al
ministerio también dio cuenta de su interés por la iglesia de
Jesucristo y su buena salud espiritual, así que lo mínimo que puede
hacer al respecto es visitar a los cristianos para estar junto a ellos
fuera del contexto del culto y el templo (previniendo así futuros
conflictos por falta de comunicación), para alentar y animar a quien
se encuentre cansado, colaborar con los fieles en la solución de sus
conflictos personales y familiares, y pasar tiempo con aquellos que
están enfermos o desamparados.
La iglesia se construye todos los días y no solamente en los cultos
dominicales, por eso el ministro que tenga una congregación grande
en número deberá buscar líderes responsables para poder cubrir las
visitas a la mayor cantidad de creyentes posibles. Para esto, también
deberá organizarse para saber quiénes están ausentes de los servicios
durante un tiempo, quiénes enfermos o quiénes pasando por un
A modo de conclusión sobre
momento personal difícil.
los deberes ministeriales,
divida la clase en grupos
y pídales que realicen un
cuadro con ejemplos de
situaciones que demanden
respuestas éticas en las
áreas de la predicación,
la enseñanza, la adminis-
tración, la consejería y la
visitación. Que al final cada
grupo exponga los ejemplos
encontrados
Las transiciones ministeriales:
Inicio y cierre
Los ministros frecuentemente realizan movimientos ministeriales,
y esto se da debido a la naturaleza misma del ministerio y del
llamado de Dios a los mismos. Se abren nuevas posiciones, surgen
nuevos desafíos y algunas veces nuevos acercamientos que ofrecen a
los ministros la oportunidad de cambiar de iglesia. A través de todo
esto, los ministros deben moverse bastante.
Cualesquiera que sean los medios para que se realicen estas
transiciones o cambios ministeriales, la mayoría de los ministros
sienten que a través de la guía del Espíritu Santo, el deseo de la
iglesia, y la disposición de un ministro, se hace un llamamiento y
otro ministro sale hacia otro lugar de servicio.
Estos movimientos ministeriales deben ser éticamente muy
cuidadosos. Ninguna otra motivación que no sea el cumplimiento
de la plena voluntad de Dios debe prevalecer en la vida del ministro
a la hora de tomar la decisión de dejar un ministerio e iniciar otro.

164 Guía para el profesor


Ética Ministerial

INICIO DE UN MINISTERIO

En la mayoría de los casos el ministro candidato tratará con una


junta o comité asignado para entrevistar al pastor en perspectiva.
Normalmente estas juntas obtienen una lista de nombres a quienes
considerar para el cargo ministerial, a través de la recomendación de
otros. En la Iglesia del Nazareno la junta que entrevista al candidato
a pastor es la junta de la iglesia local por recomendación directa del
superintendente de distrito.
Pida a sus alumnos que rea-
licen una lectura crítica del
texto que le ofrecemos en la
Actividad Nº 23.
El ministro y la junta de la iglesia deben tratarse uno al otro sobre
la base de la honestidad, ya que en estas entrevistas ambos exponen
sus expectativas y sus realidades. La junta debe ser honesta acerca
de la vida y ministerio de su iglesia y de su comunidad, y el ministro
debe ser honesto acerca de su experiencia personal y habilidades.
Ninguno debe ser sorprendido por la verdad más adelante. Estas
entrevistas son las que determinarán el rumbo en la relación pastor-
iglesia en el futuro. Nunca es demasiado lo que la junta o comité de
entrevista pastoral puede saber acerca del ministro en perspectiva, ni
lo que el candidato pueda saber acerca de la iglesia.
Por otra parte es saludable para el futuro ministerio que ambos,
ministro y congregación, expongan sus expectativas mutuas. Lyle
Schaller ha sugerido una serie de preguntas que el ministro en
perspectiva pueda hacer a la iglesia. Son un grupo de preguntas
sobre “¿qué..?.”:
- ¿Qué razón tiene para ser miembro de esta iglesia?
- ¿Qué hace mejor la iglesia?
- ¿Qué cambiaría usted?
- ¿Qué metas principales tiene la iglesia?
- ¿Qué periodo fue el de mayor fuerza de la iglesia?

Otro grupo son preguntas de “¿por qué...?”. Estas tienen que


ver con un estudio de las estadísticas de la iglesia y las tendencias
en la iglesia. Luego, la pregunta es “¿por qué hay una diferencia?”.
Luego vienen las preguntas sobre “¿Cuál es el tipo?” Que tiene que
ver con el tipo de iglesia, la comunidad y las personas que la forman.
El grupo final de preguntas es sobre “¿cuáles son sus expectativas?”
Estas tienen que ver con las prioridades de la iglesia.24
Tanto para el ministro como para la junta debe haber completa
claridad en cuanto a las condiciones del llamamiento. Se puede
llegar a un convenio sobre la base de las expectativas de la iglesia.
Algunos aspectos que deberían contemplar estos convenios son:

24 Shaller, Lyle. El pastor y la Gente. Nashville: Abingdon, 1973. p. 32-44.

Guía para el profesor 165


Ética Ministerial

- Los arreglos financieros: sueldo pastoral y aportes, pago de


servicios, viáticos y de representación, etc.
- Los arreglos de tiempo: horarios de trabajo, días libres,
vacaciones, actividades en otras iglesias y ministerios, inicio
del ministerio del candidato, etc.
Si bien estas condiciones parecen mundanas, deben ser
previstas y concertadas por la iglesia y el ministro para actuar
éticamente.
En esta etapa los ministros deben examinar sus capacidades.
¿Pueden manejar esa posición? También se deben considerar las
metas del ministerio ¿Ayudará este cargo a cumplir las metas de
lo que los líderes han interpretado como la voluntad de Dios? La
autorrealización en el ministerio también debe ser considerada,
conforme las personas trabajan en dirección a lo que sienten que es
la voluntad de Dios, de acuerdo con su llamamiento, su trasfondo y
experiencia.

CIERRE DE UN MINISTERIO

Aceptar un llamamiento para un nuevo lugar, significa que


los ministros deben terminar su ministerio en el lugar donde lo
desarrollan. El ministro de una iglesia debe presentar su renuncia
a la posición actual. El tiempo de la presentación debe ser tal que
permita una salida en orden, pero no debe ser tan largo como para
que se lastime el trabajo o la gente comience a preguntarse cuándo va
por fin a salir el “ex - pastor”. Es bueno tener una entrevista o serie
de entrevistas sobre la salida de un pastor. Los ministros salientes
pueden reflexionar sobre sus ministerios, asimismo la congregación
puede evaluar las relaciones con su pastor. Ya sea que dichas
entrevistas se hagan formal o informalmente, ayudan a establecer
una evaluación del ministerio pastoral y del proyecto de vida y
misión de la iglesia.
En la Actividad Nº 24 le
ofrecemos el testimonio de
un ministro que debió mar-
charse de su iglesia de una
manera forzada. Divida la
clase en grupos de lectura
y luego pida a sus alumnos
que comenten su reacción al
resto de la clase.

Debe tenerse en cuenta que el pastor o ministro saliente comienza


a desligarse tanto de la congregación, como del lugar y el cargo.
Los últimos días se deben dedicar a preparar una salida en orden,
preparando el camino para el ministro que continuará después de
su salida.

166 Guía para el profesor


Ética Ministerial

El accionar ministerial:
éxito o fruto
¿Que parámetros se utilizan para medir el éxito en el ministerio?
Richard Bond escribió: “El éxito o el fracaso nos obligan a examinar
las normas por las cuales los medimos. Bien podemos tener temor a
descubrir que nuestras normas tienen más que ver con la historia del
mundo que con la historia de la iglesia”25.
Son tres los métodos que se usan a menudo para medir el
éxito:
1. Éxito según los resultados. Este tipo es usado en los negocios.
La definición de éxito según el resultado, es estrictamente de
números. ¿Son mejores las estadísticas de este año que las del
año pasado? ¿Están arriba las finanzas? La medida puede
ser: edificios, presupuestos, y bautismos. O la medida puede
ser: número de miembros, aumento de salario, y número de
personal.
2. Éxito por medio de satisfacción personal. ¿Qué tan satisfecho
se siente el ministro consigo mismo y con su ministerio? ¿El
ministerio lo hace sentirse realizado? ¿Le he dado lo mejor
a Dios y a su pueblo? La respuesta que el ministro dé a
estas preguntas le indicarán su satisfacción personal con su
ministerio.
3. Éxito por evaluación del compromiso y la fidelidad. Kent y
Barbara Hughes nos cuentan “Nosotros encontramos éxito en
una iglesia pequeña que no estaba creciendo. Encontramos
éxito en medio de lo que el mundo llamaría fracaso”. De su
estudio de las Escrituras, ellos llegaron a la conclusión de que
“no somos llamados al éxito, como el mundo lo imagina, sino a
la fidelidad. Nosotros nos dimos cuenta que los resultados los
va a revelar Dios y la eternidad”26. Ellos compartieron lo que
llamaron “el plan básico para el éxito bíblico”, mediante el cual
se liberaron del síndrome del éxito. Ellos testificaron que con lo
mejor de sus capacidades estaban esforzándose:

- A ser fieles (obedientes a la Palabra de Dios y al trabajo arduo)


- A servir a Dios y a otros
- A creer lo que Él es (creer lo que creemos)
- A orar
- A buscar la santidad
- A desarrollar una actitud positiva.27

25 Bond, Richard. Guiando al Pueblo de Dios: Ética para la Práctica del Ministerio, 1989, p. 102.
26 Hughes, Kent y Barbara. El Éxito Según Dios. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1990. p. 106.
27 Ibid., p. 106-107.

Guía para el profesor 167


Ética Ministerial

Con relación al éxito ministerial Rogelio Nonini expresa:

Hoy el éxito se asocia a multitudes, señales, milagros, recursos económicos,


reconocimiento público, excentricidades, y a la posibilidad de usar los
medios sociales de comunicación. El éxito ministerial en nuestros días se
relaciona más con lo que tenemos y hacemos que con lo que somos, o sea
con nuestro carácter y con nuestra conducta. El exitismo ha llenado de
orgullo a centenares de pastores que actúan más como artistas de cine que
como representantes del humilde carpintero de Galilea. Lamentablemente
las iglesias esperan, y a veces exigen, que su pastor tenga este tipo de
ministerio y de éxitos. Dentro de este tema debemos definir que éxito
ministerial es el resultado que tenemos como pastores en reflejar la
vida de Jesús y en lograr que las personas experimenten un verdadero
arrepentimiento y un real nuevo nacimiento.
Recordemos que “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el
Reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en
tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces le declararé: Nunca os
conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).
Los textos posteriores nos aclaran que los hacedores de sus palabras son los
que agradan a Dios y permanecen fieles aún en medio de las pruebas más
difíciles de la vida. (Mateo 7:24-27). El éxito que debe buscar todo pastor
es en primer lugar la aprobación de Dios de su vida santa y consagrada.
No nos engañemos, grandes resultados como sanidades, liberaciones, y
multitudes escuchándonos no significan aprobación divina.28

El relacionamiento
denominacional:
Nivel distrital, nacional,
de área, regional, y general
Los ministros que sirven en sus llamamientos a Dios dentro de
alguna denominación eclesial se deben a los lineamientos éticos que
dirijan su relacionamiento con ellas. Un ministro que se contemple
dentro de los parámetros de una conducta ética, debe considerar
una actitud de respeto y lealtad a su organización denominacional,
teniendo en cuenta que ésta se distingue de otras en principios
doctrinarios, formas de gobierno y normas éticas.
El Código de Ética de FACIERA (Federación Alianza Cristiana de
Iglesias Evangélicas de la República Argentina) declara en relación
a este tema:

El pastor se debe a la denominación que le ordenó o designó como pastor y


por lo tanto debe ser leal a los principios doctrinales, éticos y administrativos.
Cuando un pastor o ministro no está de acuerdo con algunos de esos
aspectos debe usar los mecanismos provistos por los Estatutos para presentar
sus ideas. Si no encuentra las respuestas que busca y considera que no debe
seguir perteneciendo a esa organización debe separarse en paz, evitando todo

28 Nonini, Rogelio. Op. Cit., p. 180-181.

168 Guía para el profesor


Ética Ministerial

tipo de agresiones y actitudes que afecten a la denominación que deja, como a


su propio ministerio.
Si las diferencias fueron muy notorias y la separación traumática, el
pastor no debe actuar con agresiones, como tampoco las autoridades de
la denominación o ministerio. Ambos deben buscar los mecanismos para
que toda separación no determine heridas. No es ético que un pastor o
ministro que se separa se quede con propiedades, muebles y equipos que
pertenecen a la institución con la cual trabajaba, salvo acuerdos hechos con
ética y mutuo consentimiento. Lo mismo debe aplicarse con las personas
que componen la congregación. No es ético dividir una congregación
o denominación para establecerse como una nueva autoridad. Toda
diferencia con la denominación debe resolverse en oración, con respeto,
sin agresiones y buscando el bien de los miembros de la iglesia. No es
pecado dejar un ministerio cuando las razones son correctas y los procesos
realizados con amor y respeto. Por tanto no deben buscar instancias
judiciales, ni hacer juicios que afecten el testimonio de la iglesia del Señor.29

Asimismo, un ministro nazareno se relaciona con distintos niveles


administrativos de la Iglesia del Nazareno, donde debe mostrar altos
valores de una ética relacional, como priorizar las actividades en
conjunto con iglesias de la misma denominación, procurar buenas
relaciones con los demás ministros nazarenos de la zona donde
trabaje, y sobre todo tener una mentalidad de crecimiento integral,
no tan solo para la iglesia local sino también para el conjunto de la
denominación.
Un peligro que puede afectar la vida ética del ministro, en cuanto
a su relación con la denominación a la que pertenece, es la tendencia
al aislamiento que tienen las congregaciones, sobre todo aquellas
que están en etapa de crecimiento. Si bien la denominación reconoce
la total autonomía de la iglesia local, también esta contemplado
éticamente que la iglesia debe colaborar con los niveles superiores
de organización.
Otro aspecto importante a tener en cuenta es el teológico doctrinal.
No es ético que un ministro utilice el púlpito de una iglesia local
para predicar interpretaciones bíblicas contrarias a las enseñanzas
tradicionales de la denominación, o que el pastor permita prácticas
distintas de la que la corriente histórica de esa denominación enseña.
En estos casos el ministro debe ser congruente con los principios de
la ética ministerial en este área y, si no esta dispuesto a retractarse
en sus enseñanzas, realizar los pasos necesarios para salir de la
denominación siempre dentro de una relación de respeto y amor
cristiano.
Respeto que debe prevalecer en todas las relaciones que se
desarrollen dentro de la comunidad denominacional, con el ministro
presto para pedir disculpas cuando sea necesario y listo para
perdonar cuando así le requieran. Es no ético, y además

29 FACIERA. Normas Éticas para Las Iglesias Evangelicas de la Republca Argentina, 2002. p. 56-57.

Guía para el profesor 169


Ética Ministerial

muy triste, para una denominación tener en su seno pastores


enfrentados entre sí, que se niegan el saludo o que hablen mal
uno del otro. Estas actitudes destruyen el sentido de unidad al
cual Jesucristo llamó, desde el lugar donde debe prevalecer el
ejemplo: la comunidad de pastores de una denominación.
Para discutir en clase:
¿Cuáles serán los límites de
la lealtad denominacional?
¿En qué casos deberá ser
revisada?

NIVEL DISTRITAL

Quizá el nivel inmediato con quien el ministro tiene


más contacto es el nivel distrital. El ministro, con quien
un pastor nazareno posee mas cercanía dentro de este
ámbito denominacional, es el superintendente de distrito.
La relación de un pastor hacia su superintendente debe ser
de ayuda mutua. Muchas veces el pastor necesita el consejo
y la guía sabia de su hermano superior, hará bien entonces,
en conservar su confianza y buena voluntad. Nunca debe
esperar que un superintendente de distrito haga por él lo
que su fidelidad y efectividad no merecen. Pero vale más
que se dé cuenta que hay tiempos y circunstancias en que el
superintendente de distrito puede ayudarle más de lo que
cualquier otra persona puede hacerlo. Es importante que el
pastor consulte con el superintendente cuando se originen
problemas en la iglesia local y antes que las complicaciones
se hagan más agudas y ya nos las pueda arreglar. El pastor
debe conocer las disposiciones y políticas administrativas de
la denominación en cuanto a la intervención del distrito en
los asuntos de la iglesia local a fin de mantener las normas
éticas de relación con el mismo y sus autoridades.
Otro área de responsabilidad pastoral frente al nivel
distrital tiene que ver con las obligaciones dispuestas con la
denominación, a ser:

La Asamblea de distrito y convenciones

Un pastor justifica su lugar en una organización por


su fidelidad en asistir a reuniones regulares y especiales
anunciadas. La asamblea de distrito debe recibir la asistencia
de todo pastor. Debe estar allí desde su comienzo hasta
su clausura. No hay razón suficiente para estar ausente,
salvo excepciones como enfermedad, o por muerte de un
familiar. Si se presentaran otras razones justificables deben
mencionarse a los que están en posiciones de dirección.

170 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Todos los informes a estas asambleas son la responsabilidad


directa del pastor, por lo tanto se preocupará por supervisar
y asegurarse de que lleguen a la secretaría o los comités
designados en tiempo y forma designados por quienes
correspondan.
Si está dentro de sus posibi-
lidades, invite al superinten-
dente de distrito para dar una
clase acerca de los deberes
de los ministros con respecto
al Distrito.

RESPONSABILIDADES FINANCIERAS

La actitud del pastor hacia presupuestos, cuotas, aportes


y ofrendas especiales es un factor importante en su éxito y
felicidad. Él es la llave de la situación. Muy pocas veces una
iglesia adopta una actitud negativa hacia su distrito y hacia
sus obligaciones financieras sin que se sienta estimulada por
su pastor.
El ministro nazareno está obligado administrativa y
moralmente a cumplir con sus responsabilidades financieras
con la organización que le brinda la oportunidad de servir
a Dios, por lo tanto hará las provisiones necesarias para
que los aportes que sostienen al Superintendente de
Distrito y los ministerios distritales sean entregados en
tiempo y forma a la tesorería.

OTROS NIVELES ORGANIZACIONALES:


ÁREA, REGIÓN Y GENERAL

Aunque el ministro nazareno no tiene relación directa


con estos niveles de la denominación, es necesario que se
informe y cumpla en todo lo que le compete en su calidad de
ministro hacia estas áreas administrativas de la iglesia, tales
como programas ministeriales, sostén de ministros, ofrendas
especiales de Misión mundial de la denominación, apoyo a
las distintas asambleas y convenciones en estos niveles, etc.
La aceptación y buen uso, que el pastor nazareno le
puede dar a las herramientas o programas que estos niveles
organizacionales crean en su beneficio y de la iglesia local,
son importantes para colaborar en la propagación del Pida a sus alumnos que
sentido de identidad denominacional que la congregación mencionen qué programas
o ministerios, desarrollados
también necesita. por la Región o el Área
correspondiente a su distrito,
conocen.

Guía para el profesor 171


Ética Ministerial

No es éticamente correcto que el pastor ignore u


obstaculice la identificación de la congregación local con
la idea de una denominación mundial, al no incentivar las
ofrendas misioneras, o negando a los laicos información sobre
la estructura, organización y objetivos de la denominación.
El pastor debe estar bien predispuesto a la hora de colaborar
con la Iglesia del Nazareno Mundial, en las áreas que esta le
requiera.
En conclusión, estos niveles de organización le permiten
a la Iglesia del Nazareno crear recursos y programas acordes
a la región geográfica donde el pastor debe desempeñar su
tarea ministerial (a través de la educación, el evangelismo, el
discipulado, la literatura, etc.), además de ejercer supervisión
sobre el funcionamiento de los distritos y estos, a su vez, de
los ministros.

172 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 21:


Material de apoyo -
¿Líderes u hombres de Dios?

E
n la siguiente página encontrará un texto de Marcelo Laffite, extraído del libro Lo que he
visto y oído (Bs. As, 2004, pp- 42 - 45), en el cual el autor se refiere a las diferencias entre
el significado de líder y el de hombre de Dios. Puede compartir la lectura con la clase, y
pedir a sus alumnos que realicen conclusiones al respecto, o utilizar el texto como material de
apoyo a las Notas de Clase.

¿LÍDERES U HOMBRES DE DIOS?


Los pigmeos son siempre pigmeos aunque suban los Andes
por Marcelo Laffitte

Hay una semejanza tan grande -y a la vez una diferencia tan sutil- que muchas veces confundimos
a un líder con un hombre de Dios.
Pablo, ¿qué era? Se nos dice que “su presencia corporal era débil y que su palabra era tosca, sin
pulimento”.
Se ha especulado mucho con el aspecto de Pablo: algunos dicen que fue bizco; otros patizambo;
otros muy bajo. Hay quienes lo describen con los ojos hinchados y casi ciego. En fin, lo han desfigurado
de mil maneras al pobre Pablo.
Lo cierto es que su presencia no impresionaba a nadie. Si él entrara hoy en cualquiera de nuestros
templos, seguramente se perdería en el anonimato. Pero aun si todas estas fallas fisicas fueron
ciertas, la verdad es una sola: Pablo fue un hombre de Dios como pocos. No fue un líder. Fue un
auténtico hombre de Dios.
Vaya este prólogo para enumerar las diferencias entre uno y otro.

La palabra líder significa “alquien que va a adelante...”

1. El hombre de Dios no va a adelante: va adelante, va atrás, va al costado, va arriba, va abajo.


Sobrepasa todas las dimensiones. Es un hombre que esta en una perspectiva distinta de la del líder.
2. El líder es de espiritu fuerte e independiente. Es por eso que es líder.
El hombre de Dios, cuánto más hombre de Dios sea, será mas pobre de espíritu, pero lleno del
Espíritu Santo.
3. El líder irradia suficiencia, personalidad e inspira confianza.
El hombre de Dios irradia santidad e inspira a una vida espiritual.
4. El líder puede ser carnal sin dejar de ser líder.
El hombre de Dios no puede dejar de ser espiritual, porque sino deja de ser un hombre de
Dios.
5. El líder posee conocimiento y capacidad didáctica.
El hombre de Dios posee revelación y unción del Espiritu Santo para comunicar. (¡Cuidado! No son
las mismas cosas. No pertenecen a la misma esfera: una es carne y la otra es espíritu).

Guía para el profesor 173


Ética Ministerial

6. El líder lleva gente detras de sí.


El hombre de Dios lleva gente a los pies de Cristo.
7. El líder puede ser un hombre hábil para hablar, para desenvolverse y para ayudar a las personas.
El hombre de Dios actúa con los dones del Espíritu Santo.
8. El líder nace por factores genéticos; es decir, del vientre de una mujer, y hereda la personalidad
y el carisma de sus mayores.
El hombre de Dios nace por el Espíritu Santo.
9. El líder tiene don de gentes, simpatía y magnetismo personal.
El hombre de Dios puede no tener ninguna de estas virtudes. (Analicemos a un Elías o a un
Jeremías).
10. El líder podrá conducir al éxito y a la prosperidad.
El hombre de Dios va a indicar el camino de la renunciación personal, e incluso podrá llevarnos
por el sendero del martirio.
11. El líder comunicará sabiduría de abajo (de la cual habla Santiago en el capítulo 3).
El hombre de Dios transmite sabiduría de arriba.
12. El líder generalmente trabaja mucho, pero le preocupa que todos vean su trabajo.
El hombre de Dios trabaja para el Señor, sin importarle los ojos de la gente. Y se goza en su tarea
silenciosa.
13. El líder tiene, generalmente, muchos libros en su cabeza.
El hombre de Dios da prioridad absoluta a uno solo: La Biblia.
14. El líder discute aún sabiendo que no tiene razón.
El hombre de Dios se calla aún sabiendo que lo asiste toda la razón.
15. El líder es impulsado por sus ideales.
El hombre de Dios es impulsado por el Señor.
16. El líder busca agradar a los hombres.
El hombre de Dios busca agradar al Creador.
17. Al líder le interesa mucho lo que los hombres piensan de él.
El hombre de Dios se preocupa por lo que el Señor piensa de él.
18. Al líder solo le interesan los fines, los logros.
Al hombre de Dios le importa que los medios para lograr los fines sean honestos delante del Señor.
19. El líder quiere alcanzar la meta cueste lo que costare y caiga quien cayere.
El hombre de Dios prefiere fracasar antes que lograr el objetivo de una forma que deshonre a Dios.
20. El líder se deleita en el ejercicio de la autoridad.
El hombre de Dios se mezcla con todos en el trabajo.
21. El líder no duda en tomar atajos para obtener sus metas.
El hombre de Dios no concibe nada que no vaya por el camino correcto.
22. El líder se ofende fácilmente cuando lo critican.
El hombre de Dios vuelve a poner una vez más la mejilla y acepta en silencio el ser lastimado y
marginado.
23. El líder es rápido para replicar.
El hombre de Dios es rápido para pedir perdón.
24. Al líder le interesa poner en alto su currículo secular.
El hombre de Dios tiene sus títulos en segundo plano. (“Si he sido promovido por Dios al rango de
evangelista, ya no puedo rebajarme a querer jactarme de que soy ingeniero”, dice mi amigo, el pastor
Enrique Galarza).
25. El líder construye su propio reino, su propia “quinta”.
El hombre de Dios construye el Reino del Señor.
26. Al líder le interesa ser siempre el primero.
El hombre de Dios le interesa que Cristo sea el primero.

174 Guía para el profesor


Ética Ministerial

27. Al hombre de Dios le interesa que avance la causa de Dios.


Al líder le interesa avanzar él.
28. El líder muere y su obra es borrada con el tiempo.
El hombre de Dios nunca muere, porque tiene vida eterna y sus obras con él seguirán.

Nuestra iglesia -la iglesia de Jesucristo- tiene mucha necesidad de trabajo, pero no necesita el
trabajo de la carne y de la sangre; necesita el aporte del Espíritu Santo. Necesita el aporte de hombres
santos.
“Denme cien hombres de Dios que amen al Señor con todo su corazón y que no teman -sino al
pecado- y cambiaré el mundo”, dijo una vez John Wesley.
Yo quiero ser uno de ellos. Y usted también ¿verdad?

He escrito esta nota -con permiso- recreando y tratando que no caiga en el olvido un mensaje que
escuché hace varios años de boca del pastor Afredo Smith, un hombre de Dios.
(Como se ha apreciado, se ha usado el término “líder” en su sentido negativo, lo cual no descalifica
a los verdaderos líderes levantados por Dios).santa.

Guía para el profesor 175


Ética Ministerial

Actividad No. 22:


Material de apoyo -
Cuando la predicación no es su fuerte

E
n la siguiente página encontrará una nota editorial de Roberto Hall que fue publicada en la
revista Apuntes Pastorales volumen VI, No. 2, acerca de la experiencia de la predicación.
Puede compartir con sus alumnos los pasajes que usted considere más importantes de
la lectura.

CUANDO LA PREDICACIÓN NO ES SU FUERTE


por Roberto Hall

Había viajado en autobús cinco horas bajo el sol abrasador para cumplir con mi primera asignación
como seminarista: predicar en una iglesia de otra ciudad. Los ancianos, todos vistiendo camisas
blancas, me recibieron en el frente de la sencilla iglesia del pueblo con estas palabras: “El encargado
de la parte de adoración se fue de campamento y no tenemos organista”. No parecía un buen
comienzo.
Del asiento trasero del auto saqué mi saco, el maletín y unos pantalones para cambiarme antes
del culto. No corría nada de aire. Entré en el cuarto contiguo a la capilla para prepararme para la
adoración. “Mmmm, no hay ventilador”, pensé, pero encontré la solución. Dejé abierta la puerta que
daba al fondo y apenas abierta la que daba al santuario.
Quitándome los pantalones arrugados por el viaje, murmuré: “Bueno, así por lo menos corre algo
de aire”. En ese momento, una ráfaga de viento abrió por completo la puerta interior. Me encontré en
calzoncillos y a plena vista de la familia sentada en el primer banco. A los tropezones llegué hasta la
puerta y la cerré rápidamente.
Cuando entré a la capilla para comenzar la reunión, ya me veía venir las risas sofocadas. Turbado
y desconcertado comencé a predicar mí primer sermón. Sorprendentemente, la familia del primer
banco no sólo controló su risa sino que me invitaron a almorzar con ellos.
Me alegro que esto jamás me volvió a ocurrir, pero aprendí algo ese día: Mis fallas siempre
están visibles cuando predico. Soy vulnerable e imperfecto. En una era de expectativas elevadas y
comparaciones desfavorables con predicadores famosos y experimentados, es necesario tener buen
sentido del humor y aceptar mis limitaciones cada vez que acepto la gran responsabilidad de presentar
la Palabra de Dios a otros.
“Yo soy de Pablo y yo de Apolo, pero a mi me gusta más Billy Graham”. Si Pablo escribiera a los
corintios hoy en día, quizá eso es lo que les diría. Salí del seminario pensando que para los hermanos
de esta pequeña iglesia yo sería otro Billy Graham. Sin embargo algo salió mal. Me era imposible
hablar como él.
Procuraría ser, entonces, como el predicador dinámico que me precedió en la primera iglesia
a donde me asignaron. Fallé también. Además de eso, me sentía oprimido por la agobiante
responsabilidad de ser un vocero de Dios. Por cierto que no sonreía: era un asunto demasiado serio,
y no me sentía capaz de realizar la tarea. Pronto comencé a comprender que, según algunas normas
corrientes, la predicación no era mi mejor don.

176 Guía para el profesor


Ética Ministerial

A través de los años, sin embargo, he aprendido a aceptar el hecho de que no soy un gran
predicador y que, probablemente, jamás lo seré. También he aprendido que puedo ministrar
efectivamente a pesar de eso, pero he tenido que cambiar algunas de mis ideas acerca de la tarea.
Descubrí que mi sentido de fracaso lo produjo el hecho de procurar acomodarme a un molde creado
en algunas de las clases sobre sermones; en otras palabras, procurar ser algo que no soy. Jamás
pude predicar sin tropiezos leyendo un manuscrito, por ejemplo. No soy un gran exegeta del griego
o del hebreo, ni tampoco me siento cómodo predicando en un nivel demasiado sencillo. (Uno de
nuestros libros de textos decía: “No tomen nada por descontado”, refiriéndose a la ignorancia espiritual
de los oyentes). Sin embargo. he predicado algunos sermones conmovedores; nada que produjera
aplausos, pero a veces se me ha dicho que un sermón ha sido de ayuda para algunas personas. Otras
veces me he sentido satisfecho al ver los rostros de los oyentes o sus comentarios mucho tiempo
después, y ver que lo habían aplicado a la vida diaria.
Estas son algunas cosas que he aprendido acerca de la predicación, aun cuando no ha sido mi fuerte.
1. Procuro recordar que no soy el único sobre el escenario. Toda la congregación está sobre el
escenario delante de Dios. Tener eso en mente ayuda a compartir la responsabilidad, y me mantiene
alerta para observar cómo Dios habla en formas no verbales. En ocasiones, algunos pacientes de un
instituto mental cercano asisten a nuestra iglesia. Un domingo, mientras yo predicaba, uno de ellos,
llamado Samuel, se adelantó hasta el primer banco. Me distraje un poco, y se me cayó el bosquejo.
El se acercó, lo levantó, me lo alcanzó y volvió a su asiento. Fue una sensación muy extraña. La
congregación trató de mostrar interés en mi sermón, pero sus ojos estaban fijos sobre Samuel.
Después de la reunión, Samuel dijo que se había adelantado para demostrar que el pastor y la
congregación tienen que estar y trabajar juntos, que no se debe depender exclusivamente del pastor.
El transformó mi torpeza en una afirmación elocuente.
2. Predico mejor en tono conversacional. Dejo la proclamación en voz muy alta a otros que han
sido bendecidos por Dios al predicar de esa manera. Cuando yo lo probé, mi predicación sonaba
forzada y artificial. Me alentó recordar que los cursos sobre predicación se llaman “homilética”, de
homilía, la clase de discurso íntimo y personal, para los hermanos y hermanas en la fe. La palabra
kerygma se refiere a la proclamación, otra clase de prédica que requiere, quizá, un don diferente.
3. Predico usando bosquejo. Predicando con la ayuda de un bosquejo me permite más contacto
visual con la congregación. Ya que mi fuerte no es la oratoria o la fuerza de las frases, me conviene
resaltar lo que es en verdad positivo en mi estilo: el tono íntimo y personal. Me siento inhibido si
predico leyendo un manuscrito. El utilizar sólo un bosquejo promueve una atmósfera sin tensiones,
donde se habla de corazón a corazón.
4. Dependo de la sinceridad más que de la persuasión potente. Tengo que ser yo mismo. ¿Qué
otra cosa puede ser? La congregación se da cuenta enseguida cuando uno es falso, de modo que no
trato de predicar imitando a otro. Aun cuando Samuel se adelantó y me ayudó con el bosquejo, procuré
mostrarle amor en esa situación inusual, agradeciéndole, no manteniendo un decoro falso al hacer de
cuenta que el incidente no había ocurrido. Siendo natural y exhibiendo una vida de amor, se da mas
peso a las palabras que las frases bien preparadas de alguien que evidentemente está actuando.
5. Utilizo abundantemente mis propias experiencias. Trabajé ocho años en el comercio antes
de entrar al pastorado. Ese tiempo no fue una pérdida. Aquellos años me proveyeron una riqueza
valiosa de experiencias. Las actividades de la vida, tales como el ser padres, esposos y miembros
de la comunidad, constituyen un tesoro de aplicaciones prácticas. Aunque algunos predicadores
son renuentes a mencionar sus experiencias personales en la predicación, yo encuentro que la
congregación recuerda mejor, precisamente, esos ejemplos.
6. Hazte amigo de ellos. Ningún predicador televisivo puede tomar contacto con las vidas de la
congregación como lo puedes tú. No descuidar las relaciones personales en la semana es invertir en
la efectividad de tu predicación. Podemos tomar contacto con individuos fuera del púlpito y de esa
forma nuestra prédica se torna personal.

Guía para el profesor 177


Ética Ministerial

Dos ocasiones, cuando prediqué, se destacan en mi memoria. Recuerdo el día que subí los
escalones hasta el púlpito para predicar por primera vez en mi iglesia natal. Tenía pánico. A través de
los años había penetrado en cada rincón y escondrijo de ese edificio, pero jamás me había atrevido
a subir al púlpito. Sin embargo, allí estaba, temblando. Recuerdo también la vez que prediqué desde
un púlpito que tenía un palco al costado. En el interior del paleo, y mirándome fijo a la cara, estaban
todos los líderes y ancianos de la congregación. No había ni niños, ni familias, ni damas: sólo líderes y
ancianos mirándome fijamente. Parecían escépticos. Yo estaba convencido que me estaban poniendo
a prueba.
Desde esos primeros días de turbación he aprendido que ningún púlpito o grupo de personas es
inaccesible. Si estamos llenos del Espíritu Santo no sólo podemos suplir cualquier púlpito sino que,
Dios mediante, podemos satisfacer las necesidades del anciano más tozudo y escéptico.

178 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 23:


Lectura y Análisis - La sucesión pastoral

E
n la siguiente página encontrará un documento escrito por C.B. Williamson, extraído del
libro Pastores del Rebaño (Kansas City: CNP, s.f.) acerca de la sucesión pastoral y sus
características. Haga fotocopias del texto y repártalas entre sus alumnos para que realicen
un análisis crítico de lectura.

LA SUCESIÓN PASTORAL
por C.B. Williamson

Todo pastor tiene la tendencia a desarrollar un complejo posesivo. Piensa, habla y actúa como si
la iglesia que él sirve le perteneciera. Sería mucho mejor que asumiera el hecho de que él pertenece
a la iglesia. Debe recordar que está allí por voluntad de Dios y del pueblo y que puede ser quitado por
voluntad del pueblo (que se espera coincida generalmente con la voluntad de Dios). Todo pastor debe
pensar en sí mismo como un peregrino en una iglesia por un tiempo incierto.

Largura de un pastorado
La largura de un pastorado varía. La duración ideal varía entre cinco y diez años. Se admite
que algunos hombres parecen hacer mejor trabajo en pastorados cortos. Probablemente sea sabio
considerar los requisitos que ellos pudieran poseer y dejarlos gobernar el período de su ministerio en
una iglesia determinada. Las condiciones locales bien pueden favorecer un corto tiempo de servicio.
En igualdad de circunstancias, sin embargo, se duda de que una iglesia o un pastor hagan progreso
máximo a menos de que trabajen juntos por cinco años cuando menos. El pastor nunca debe
demostrar que está ansioso por un cambio a fin de ganar un ascenso. Su mejor oportunidad para
adelanto es hacer que la iglesia que él sirva se vuelva mejor y más grande. Los ascensos vendrán sin
mucho esfuerzo. En todo caso el pastor joven debe esperar servir un tiempo de aprendizaje razonable,
y su fidelidad y entusiasmo en este período de tiempo serán un buen índice de su futuro éxito.
Por el otro lado, muy pocos pastores, si es que los hay, quedan más de diez años sin una crisis
resultante, ya sea en la vida de la iglesia, en el pastor, o en ambos. Los desarrollos providenciales’
en ocasiones indicarán que la duración de un período de tiempo debe ser acortado o alargado. Estos
factores deben considerarse de acuerdo con sus propios méritos.

UN LLAMADO PARA PASTOREAR OTRA IGLESIA

Factores en un llamamiento
Vale más que el pastor recuerde siempre lo que constituye un llamado válido para una iglesia. Se
ha sabido de hombres que se ponen bastante nerviosos cuando se les pide considerar un llamado.
Generalmente, las personas gustan de comunicarse con los ministros antes de presentar sus nombres
ante la junta local. Estas invitaciones no las debe uno tomar demasiado en serio. Si el Superintendente

Guía para el profesor 179


Ética Ministerial

de Distrito es el que menciona la idea, tiene un significado más o menos oficial. Si se hace por uno o
más miembros de la iglesia, debe pasarse inadvertido sin dar estímulo alguno. El Superintendente de
Distrito nunca debe ser hecho a un lado por el ministro.
Aún cuando una iglesia local haya nombrado a algún pastor con la aprobación del Superintendente
de Distrito, el llamado no está completo. El pastor que espera aceptar, puede indicar su decisión de
considerar el llamado y dar su consentimiento para que se tome el voto de la iglesia. Pero el llamado no
está completo todavía, sino hasta que la iglesia ha dado un voto favorable de las dos terceras partes.
De manera que es obvio que hay tres factores necesarios en el llamamiento de un pastor para
cierta iglesia. Está la recomendación de la Junta, la aprobación del Superintendente de Distrito y la
elección de la iglesia.
En unos pocos casos se ha sabido que los hombres renuncien el pastorado antes de que el
llamado a otras iglesias haya sido completado. Esta acción prematura es inexcusable y puede causar
una vergüenza tremenda. El pastor debe ser sabio en no dar una respuesta final a la iglesia que está
considerando llamarlo, hasta que ha sido informado de que la elección ha sido consumada. Y aún en
ese tiempo, él tiene libertad de declinar si lo desea.
Es demasiado esperar que una iglesia extienda un llamamiento unánime al hombre que no ha
conocido, excepto por reputación y recomendación. Unos cuantos votos negativos quizá tengan muy poco
significado. Si hay un gran voto desfavorable, vale más que uno se asegure de que está obrando dentro de
la voluntad de Dios cuando acepta el cambio. En todo caso uno debe tener una persuasión interna de que
está obrando en armonía con las direcciones del Espíritu de Dios. El ministro nunca debe usar influencias
para ganarse un llamamiento. Debe tratar cortésmente toda sugestión de que es probable que lo llamen.
No debe ser evasivo con aceptar el llamamiento ni tampoco declinar antes de tiempo.
En este punto, conviene preguntar acerca de la sabiduría y deseo de predicar un sermón
de prueba. Esta costumbre antigua, casi se ha abandonado generalmente. La debilidad de ello
consiste en que muy pocas ocasiones da al hombre y a la iglesia la oportunidad de basar un juicio
equitativo. La decisión basada en informe y recomendación que un pastor ha ganado es quizá
más inteligente que el escucharlo una vez desde el púlpito. Habrá tiempos, sin embargo, en que la
iglesia pida que el ministro vaya a predicarles antes de aceptarlo. El pastor que se encuentra bajo
consideración debe tomar una actitud humilde hacia tal deseo; si está sinceramente interesado
en la iglesia hará bien en acceder, recordando que él también tendrá oportunidad de examinar la
situación en esta visita.
Un pastor candidato nunca debe regatear con una iglesia sobre el ofrecimiento de un salario más
alto o algunas otras consideraciones favorables. Hará bien en evitar la apariencia de estar demasiado
impresionado con su propio valer. Vale más que acepte humildemente y después que procure hacer
que la iglesia crezca y sea mejor con el fin de que prosiga hacia adelante. La siguiente cita tomada
de “Monday Morning” (Lunes en la Mañana) es una buena ilustración de una actitud equivocada hacia
un llamamiento.

UN SAN PABLO MODERNO

Al hombre de Macedonia:
Sin duda recordarás la invitación que me hiciste para venir a Macedonia y ayudar a los de aquella
región. Me perdonarás que diga que me siento muy sorprendido de que esperes que un hombre de
mi porte, situación y nivel en la comunidad acepte un llamamiento basándose en esta información
tan lacónica.
Hay algunas cosas que quisiera yo saber antes de dar mi decisión:
Primero, quisiera saber si Macedonia es un circuito, o sencillamente un pueblo pequeño. Otro asunto
fué olvidado en tu invitación rápida y un tanto breve: no mencionaste el salario que yo habría de
percibir. He pasado a través de experiencias largas y tediosas en el curso de mi preparación. De
hecho, puedo declarar aquí mismo con un cierto orgullo razonable, que soy miembro del Sanedrín,

180 Guía para el profesor


Ética Ministerial

el único que puede hallarse en el ministerio hoy día. Favor de reunir a los hermanos de Macedonia
y arreglar de antemano lo que ustedes pueden decidir acerca del salario.
Nada me has dicho acerca de Macedonia más allá de la implicación de que el lugar necesita ayuda.
¿Cuáles son las ventajas sociales? ¿Está bien organizada la iglesia? Recientemente me ofrecieron
volver a Damasco con un aumento de salario, y me dicen que la iglesia de Jerusalem está
favorablemente impresionada por mi ministerio. Para cualquier información favor de escribirle al
reverendo Simón Pedro, D.D., en Jerusalem.
Me permito decirte que tengo don de gentes y mi predicación es potente y sólida. Si acepto el
llamamiento debo estipular que necesitaré dos meses de vacaciones al año y el derecho de dar una
que otra conferencia de vez en cuando. Mi conferencia titulada “Desde la Muralla en una Canasta”
bien vale dos dracmas en el dinero corriente.
Tuyo afectísimo, Pablo.

Aceptando un Llamamiento
Antes de que se haga la aceptación final de un llamamiento, es bueno que el pastor sepa
más acerca de la iglesia que de lo que le pueden pagar y si proveen casa pastoral. Debe tener un
conocimiento de la historia de la iglesia, su localidad, progreso, equipo, oportunidad, y condición
espiritual. Esta información quizá no sea el factor decisivo en el escogimiento que hay que hacer, pero
le ahorrará desilusión y tristeza una vez que ha hecho la decisión.
Es mejor que uno tome suficiente tiempo para dar una respuesta final. Después de que se ha aceptado
un lugar es una vergüenza grande el decidir de otra manera. Muy pocas veces se justifica el esperar una
respuesta sin tener tiempo para deliberación. Una respuesta pronta bien puede indicar un grande deseo de
tomar la iglesia si la decisión es afirmativa. O bien puede sugerir muy poco aprecio si es negativa.

Llegando a un Nuevo Pastorado


Después de llegar a una nueva iglesia es bueno hacer los arreglos para reunirse con la junta oficial
antes del primer servicio público. Si estos planes no se han anunciado previamente, el secretario
de la junta puede convocar a los miembros. Esta reunión le dará al pastor la nueva oportunidad de
conocer al grupo oficial con el que va a trabajar. Le dará también tiempo de hacer planes para un
servicio apropiado de presentación. Al mismo tiempo, el pastor principiará a conocer la situación de la
iglesia por lo que respecta a la condición interna. Bien puede saber acerca de las responsabilidades
financieras y los planes y programas ya en efecto. Este contacto le ayudará para presentar un mensaje
apropiado en su primer mensaje público.
La predicación que el hombre hace en las primeras semanas de su pastorado es muy importante y
mucho hará para preparar el camino para un ministerio largo y feliz. Debe ser una predicación positiva,
espiritual, progresista y constructiva. No necesita ser espectacular y mucho menos sensacional. Vale
más que sea la representación de lo que los miembros pueden esperar a través de los años. Debe
estar marcada por una ausencia de confianza propia, demostrando, sin embargo, fe y esperanza.
Debe el ministro tener una actitud de humildad, sin embargo, un sentido de valor que inspirará
confianza en la dirección suya como pastor a medida que sigue las direcciones de su Señor y Maestro.
Algunos pastores tienen la tendencia de traer con ellos muchos informes favorables respecto a su
iglesia local anterior. Hablan demasiado en privado y públicamente acerca de la iglesia que antes sirvieron.
Esta práctica no es sabia. Es mejor olvidar las cosas que quedaron atrás. Si los comentarios son favorables,
bien pueden llevar a la conclusión de que el pastor siente que ha rebajado de nivel. Si son desfavorables,
la nueva congregación quizá principie a temer que las cosas así sucedan en su pastorado presente.
Otro punto en el que un pastor nuevo debe tener cuidado es su actitud hacia su predecesor.
Si sucede a un hombre popular, hará bien en hablar ocasionalmente en favor de él. No necesita
deshacerse en cumplidos extravagantes. Si el pastor anterior ha hecho un trabajo aceptable, pero no
extraordinario, el nuevo ministro se puede sentir satisfecho respecto a la actitud de la congregación.
Lo único que necesita hacer es dar crédito y honor cuando sea debido. Son muy pocas las ocasiones

Guía para el profesor 181


Ética Ministerial

cuando un hombre sale de una iglesia en tan mala reputación que nadie diga una palabra buena
acerca de él. Si debido a una dificultad en su propia vida existe una condición lamentable como ésta,
entonces el nuevo pastor hará bien en dar vuelta a la página y principiar de nuevo sin aludir en ninguna
forma al predecesor desafortunado.
Quizá la oportunidad más difícil que ha de confrontar, es el caso de una iglesia dividida. En ese caso
cualquiera cosa que haga el nuevo pastor recibirá reproche por cualquiera de los grupos existentes
en la iglesia. Si guarda silencio, los amigos del pastor anterior lo resentirán. Si habla, la oposición lo
denunciará. ¿Qué debe hacer? El siguiente consejo es algo que he recordado por mucho tiempo de una
conferencia que dió a los predicadores el doctor J. B. Chapman. Dijo que un cierto pastor le escribió
al reverendo J. P. Maybury, que entonces era superintendente de distrito de Wáshington-Filadelfia,
diciéndole más o menos: -He aceptado el pastorado de una iglesia dividida. ¿Qué consejo me puede
usted dar para tratar esta situación? - El reverendo Maybury contestó, dando lo que el doctor Chapman
consideró como una respuesta clásica: -No tome en cuenta las diferencias, predique las promesas de
Dios, y procure que la gente reciba bendición.- Es de dudarse que haya mejor consejo que éste.
Sin tomar en cuenta las circunstancias bajo las cuales el pastor anterior terminó su ministerio
en una iglesia, no es bueno que el nuevo ministro venga y cambie todas las cosas en los primeros
cuantos meses de su dirección. Es probable que vea la necesidad de cambios, pero si es sabio
tratará de hacerlos gradualmente y con paciencia antes que hacerlos todos al mismo tiempo.
Quizá sienta que está perdiendo un tiempo de mucho valor, pero es probable que él mismo haya
hecho malos cálculos. Es mejor hacer lo que necesita hacerse eventualmente, antes que obviar
la posibilidad de hacerlo por obrar demasiado rápido. El primer año de un pastorado bien puede
considerarse como un período de adaptación y como oportunidad de poner el fundamento para
mayores progresos futuros.

LLAMAMIENTO ANUAL DEL PASTOR

En la vida pastoral de un individuo, resulta inevitable el voto anual o cada tres años. Hay quienes
consideran esta fase de su ministerio como una prueba dura. La verdad es que deben pensar en ello
con menos seriedad. Es verdad que es algo importante, pero su estado nervioso puede llegar a ser una
dificultad psicológica tanto para el pastor como para la congregación y vale más que se considere como
factor necesario en la maquinaria de la organización eclesiástica, ya que a pesar de sus desventajas
tiene también algunas ventajas. Le da al pastor oportunidad de determinar su situación que quizá
sea una aprobación si resulta un buen voto; o quizás sea un acicate que le ayude a desplegar mayor
diligencia si no es un buen voto. En todo caso es método decisivo para evitar la complacencia.
El llamamiento de tres años resulta una bendición en algunos casos. En otros bien puede crear
muchos problemas. Si la iglesia lo concede con alegría, el pastor se sentirá feliz. Debe darse cuenta
de que impone cierta obligación en sí mismo así como en la iglesia. No debe aceptarlo y después
pedir que se cancele sin dar razón suficiente. Si una iglesia decide no dar un llamamiento de tres años,
es probable que sea sólo porque no quieren aceptar el principio involucrado en un término largo y el
pastor debe aceptar sin resentimiento alguno el llamamiento anual.
Antes del voto para renovar el llamamiento del pastor, debe ejercitarse suficiente candor y equidad.
Todo fracaso en conformarse estrictamente a las reglas del Manual originará dificultades serias. Todo
intento de callar a la oposición fortalecerá más bien el caso para las personas que buscan un cambio.
Hay instrucciones específicas en el caso de extender la renovación del llamamiento de un pastor por
dos o tres años. Debe ser al fin de cuando menos un año de servicio. Debe ser recomendado por
una mayoría de todos los miembros de la junta. Debe ser aprobado por escrito por el Superintendente
de Distrito. Debe votarse por una mayoría de las dos terceras partes de los miembros votantes
presentes. Un llamado de tres años no puede renovarse sino hasta que ha principiado el último año
del llamamiento anterior.

182 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Enfrentándose a la Oposición
La actitud de un pastor hacia la oposición es revelación de su carácter. El doctor R. T. Williams
enseñó que un hombre debe considerar su oposición como prueba de su liderato. La capacidad de
ganar por sobre los que han votado negativamente, es prueba de la capacidad y personalidad espiritual
de uno. Un hombre fuerte saturado con el espíritu de Cristo puede cambiar su oposición en un apoyo
leal si se le da una oportunidad. Demasiados pastores están tentados a aislarse y a condenar a los
demás por el simple hecho de recibir un voto negativo. Esta costumbre no va de acuerdo ni con la
sabiduría ni con el espíritu del amor perfecto.
La actitud adecuada consiste en buscar toda oportunidad de hacerse de amistad y de estimular a
los que han sacado un voto en favor del cambio del pastor. Esto probará de una manera inequívoca
y efectiva que estaban equivocados. El pastor que denuncia a los que ejercitan sus derechos
constitucionales como carnales y malos miembros, solamente justifica la opinión de que no merece
el lugar que tiene. Está poniendo el fundamento para un voto negativo mayor el año siguiente y quizá
una división en la iglesia que costará mucho trabajo curar.
Aun cuando el pastor haya quedado fuera por causa de la votación, vale más que no le dé a esto
mucha importancia. Demasiados individuos han tenido la tendencia de identificarse a sí mismos con
el lado de Dios, de la justicia y a todos los que se oponen a ellos los han identificado con Satanás y
el pecado. El pastor que ha recibido un voto negativo debe procurar eliminarse lo más pronto posible
con el menor alboroto posible. Nunca debe pedir que la iglesia le dé otra oportunidad. Su actitud debe
ser conciliadora y todo su pensamiento debe dirigirse a mantener la congregación unida de manera
que su sucesor pueda ir adelante con la menor dificultad posible.
La mayoría de nuestros problemas en la iglesia, problemas de naturaleza seria, se deben a la falta
del pastor ya que bien pudieron evitarse si él hubiera dirigido bien a su congregación.
Un voto negativo numeroso, aun cuando no sea suficiente voto como para sacar al ministro, debe
considerarse como una advertencia para encontrar otro campo de labor antes de que llegue el tiempo
para otra votación. Si está seguro de que la oposición ha quedado reconciliada, debe quedarse; pero
si tiene razón para creer que la oposición ha crecido, vale más que se elimine aun cuando para ello
tenga cierta inconveniencia o pérdida personal.
Aún en una iglesia unida y feliz llega el tiempo en que resulta ventajoso un cambio tanto para
el pastor como para los miembros. Un hombre llamado por Dios no debe andar buscando puestos;
pero cuando las circunstancias providenciales indican que puede cambiarse, hará bien en comunicar
su convicción al Superintendente de Distrito y estar preparado para seguir su dirección en hacer un
cambio. La mayoría de las adaptaciones personales se hacen dentro de los límites del distrito en que
el hombre ha servido. Es probable que unos cuantos ministros sean llamados a iglesias más allá de su
distrito y algunas veces procuren trasladarse ellos a otro distrito. El hombre que mantiene una buena
reputación en un distrito por un período largo de tiempo, generalmente encuentra que ésta es la mayor
seguridad posible de encontrar un lugar satisfactorio para su servicio.
Hay algunas señas que deben ser obvias al hombre mismo, e indicarle que ya ha llegado el tiempo
de un cambio. Si su éxito se ha vuelto mediocre y hay indicaciones de que la obra está estancada, el
pastor debe saber que su obra ha terminado. Debe el individuo tener un sentido de seguridad interna de
que puede dejar su pastorado antes de que asuma que ha de aceptar el primer llamado que le hagan.
Si todavía tiene la carga y visión para su tarea, no debe buscar otros cargos pastorales por el hecho de
tener mejores consideraciones. Debe estimar el bienestar de la iglesia por sobre su bienestar personal.
Puede buscar la voluntad de Dios en todos casos y debe seguirla sin reserva alguna. Nunca debe
hacerse una renuncia de manera insincera; bien puede aceptarse. Una vez que se ha presentado una
renuncia y se ha aceptado, el pastor no debe dar la idea de que reconsideraría su decisión.
Idealmente, los cambios deben hacerse en el tiempo de la asamblea anual, pero nuestro sistema
no se presta a la regularidad inflexible. Por tanto, los ministros están obligados a aceptar llamamientos
cuando les son ofrecidos de manera que se hacen necesarias ciertas adaptaciones a mitad del año.

Guía para el profesor 183


Ética Ministerial

Las reglas específicas deben observarse excepto en circunstancias que justifiquen ciertas
excepciones. Es muy importante tener una estrecha cooperación con el Superintendente de Distrito
en todas las adaptaciones necesarias. Por lo que respecta al escogimiento de su sucesor, el pastor no
debe tomar parte activa a menos de que se lo pida así el Superintendente de Distrito. Debe hacer todo
cuanto esté de su parte para separarse de una iglesia en las mejores condiciones posibles y preparar
el ambiente para el nuevo pastor. Debe hacer a un lado toda idea de que él es indispensable y debe
también ejercer optimismo para el futuro de la iglesia. Debe recomendar bien a la gente a su nuevo
pastor. Hará muy bien en dar posibles elogios al que pronto llegará a ser su pastor.

SEPARÁNDOSE DE UNA IGLESIA

Cuando el trabajo de un pastor haya terminado, éste debe encontrar en ello razón suficiente para
terminar todo contacto directo con la iglesia. Si no va a otro pastorado, vale más que se separe de
la escena de sus labores voluntariamente. Con frecuencia, el pastor que permanece en la iglesia o
en la ciudad que antes ha servido viene a ser un obstáculo al progreso de la obra. Y aún si está en
calidad de ministro retirado, debe cambiarse. No debe volver a la iglesia con la excusa de casamiento,
funerales, o con el fin de visitar a los amigos. Si después de una ausencia prolongada vuelve otra
vez, no debe reunirse con ningún grupo de la iglesia excepto que el pastor esté presente. En casos
en que la iglesia ha estado dividida, no debe volver nunca a menos de que haya razones obvias de
las cuales él no sea responsable. Bajo ninguna circunstancia debe él aceptar diezmos y ofrendas de
amigos suyos en pastorados previos.
Por el otro lado, si hay situaciones que demandan que el pastor vuelva ocasionalmente o aun
que establezca residencia en la ciudad, su sucesor no debe ser demasiado sensible. Debe aceptar
una explicación razonable y no molestarse por el hecho de que el antiguo pastor ha llegado o ha
quedado a vivir permanentemente en la ciudad. Si la visita de tal pastor causa fricción, el asunto debe
comunicarse al Superintendente de Distrito quien podrá resolver el problema con toda bondad y tacto.

184 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 24:


Material de apoyo -
Cuando un pastor tiene que irse

E
n la siguiente página encontrará un artículo de autor anónimo que fue publicado en la
revista Apuntes Pastorales volumen VIII, No. 4. Puede dividir la clase en grupos de lectura
donde los alumnos compartan su reacción ante el artículo.

CUANDO UN PASTOR TIENE QUE IRSE

No podía creer lo que veía. Durante mis largos años de pastorado jamás había vivido nada
semejante. La reunión se había salido tanto de sus carriles que me parecía estar en medio de un
comité político o en una reunión del más mundano club de barriadas. Hubo quien intentó trompearme,
otros gritaban, mientras que otro paleaba las bancas y las paredes de la capilla. La gran mayoría
permanecía tan quieta como yo; en esa quietud que nos sobreviene cuando lo que sucede a nuestro
alrededor es demasiado musitado como para reaccionar rápidamente.
Mientras permanecía en una azorada contemplación de lo que ocurría, en mi corazón oraba a
Dios y le rogaba por sabiduría. Ya no sabía qué comportamiento resultaría apropiado. El descontrol
era enorme, y lo lógico era que yo, como pastor, tomase las riendas de la situación y pusiese orden.
Pero, en medio de esa histeria, ¿cómo hacerlo?

Una buena relación

Nuestro pastorado en Parque Alto acababa de cumplir sus cuatro años (no son pocos los que afirman
que entre los tres y los cinco años sucede el tiempo más crítico para el «matrimonio» de un pastor con
su congregación). Si bien habíamos enfrentado problemas diversos, con mi esposa Adela estábamos
contentos sirviendo a Dios en este lugar. Uno de los objetivos más postergados que tenía era el de
preparar más líderes ayudantes. Cuando comenzamos nuestro ministerio allí contábamos con varios
líderes, pero por diferentes razones –mayormente debido a mudanzas- nos quedamos con solamente uno.
Con Sebastián -el único ayudante que permanecía- habíamos comenzado una linda relación.
Charlas personales, tiempos de camaradería entre los dos matrimonios, caminatas semanales,
visitación pastoral que compartíamos y demás actividades habían ido alimentando una -así pensaba-
saludable relación de amistad y servicio. Era el primer nombre de la congregación que asomaba en mi
cabeza para compartir cualquier proyecto o idea nueva que se me ocurría para nuestro ministerio en
la iglesia. Si debía ausentarme, era generalmente a él a quien acudía para que me reemplazase en
la predicación. Estaba contento de poder tener un compañero en la tarea. A veces orábamos juntos y
nos encontrábamos codo a codo en el ministerio de la iglesia.

La fuerte seducción de la notoriedad

Unos meses antes de esa tremenda reunión había recibido un par de llamados de alerta en el
interior de mi corazón, pero en aquel entonces pensé que se trataba de cosas lógicas de las relaciones

Guía para el profesor 185


Ética Ministerial

interpersonales y la novedad de ciertos temas. Sebastián había comprendido bastante el significado


de la lucha espiritual y del ministerio de liberación. Con el tiempo llegué a la conclusión de que el
Señor estaba usándolo positivamente en desatar obras satánicas y liberar a personas que se hallaban
en opresión o posesión demoníaca.
Era innegable que Dios bendecía a través suyo, al punto que, como reconocía que no era
precisamente mi don, me coloqué a su lado y lo secundé en cuanto pude. Reconocí públicamente
que en ese ministerio, si bien yo seguía siendo el pastor, el era el ministro de liberación. De él
aprendí mucho en eso.
Con el paso del tiempo noté que Sebastián comenzaba a «tocar la trompeta» con su ministerio;
estaba publicitando su rol en la iglesia más allá de lo saludable. En el interior de mi corazón
comencé a tener temor por el énfasis público que insistía en imprimir a su rol de “liberador”. Fue allí
que comencé a presentir que el mismo enemigo, a quien le estábamos arrebatando criaturas en el
nombre de Jesús, comenzaba a gestar su contraofensiva hacia nosotros.
Algunas madres de la congregación nos comentaron que sus hijitos se asustaban cuando se
reprendía en público buscando manifestaciones espectaculares. Observé, entonces, las caritas de
los niños y comprobé su temor por algo que bien podría ser practicado en forma reservada. Los
creyentes nuevos y las visitas también padecían del mismo temor a esas manifestaciones, por lo
que me dispuse a hablar con Sebastián sobre el tema.
Me acerqué a él con bastante temor, ya que no quería que confundiera mi inquietud de ordenar
las cosas y velar pastoralmente con un intento de menoscabar su ministerio, o más aun a su
persona. Traté de hablarle sobre la naturaleza del culto cristiano, enfocado más a la exaltación del
Señor Jesucristo y la predicación de su Palabra y en no dar mucha importancia al diablo. Pero,
lamentablemente, sucedió lo que deseaba evitar; reaccionó diciéndome que quería opacarlo y
dejarlo de lado.
Luego de hablarle sobre las muchas otras formas en que podemos servir al Señor combatiendo
el trabajo del enemigo y, aun con ministerio de liberación, prometió pasar tiempo en oración y
reflexionar sobre lo que habíamos hablado, reconociendo que debía poner más cuidado.

La etapa siguiente: Un grupo de sustentación

Las semanas se fueron sucediendo, pero no podía ver un cambio en las actitudes de este
hermano. Un mes más tarde volví a hablar con él, ya que parecía arreciar con su necesidad de
ostentación pública. Si los hermanos por quienes oraba no se caían de bruces al suelo como “prueba
de ministración” espiritual, pues entonces no había habido bendición. Si los supuestos liberados
-libéremelos - no se revolcaban por el piso y «otras señales», no estaba «terminado el trabajo». Más
allá de eso, toda persona que nos participaba su problema estaba «endemoniada», para él. A varias
personas les dijo que debían desprenderse de ciertas alhajas y objetos personales. Él cuidaba de
esas cosas, pero luego se perdían y la gente andaba reclamando esos objetos a mi esposa y a mí. El
colmo llegó cuando presionó a un matrimonio de ancianos a que tiraran al río su radio, su televisor y
un mueble para guardar la vajilla, ya que -según él- estaban poseídos. Luego pidió que junto con él
dieran testimonio público en la congregación.
Nuevamente me acerqué a él y salimos a caminar. Esta vez, como respuesta, me dijo que había
“un grupo de creyentes con diversas inquietudes” y que él me las quería hacer conocer. Lo invité a
que organizara una reunión con esas personas y yo, a fin de escuchados, porto que a los pocos días
nos encontramos en la iglesia para charlar. Coincidentemente, esas personas eran las mismas que
asistían al grupo de estudio y oración hogareño que él dirigía.
Las mencionadas «inquietudes» rondaban alrededor del ministerio de Sebastián. Las mismas
cosas que él me había manifestado -que quería marginarlo, que le quitaba libertad, que estaba celoso
de él, etc.- fueron lo que este grupo me dijo aquella noche.

186 Guía para el profesor


Ética Ministerial

-¿Hay alguna otra cosa, aparte de la relación con el hermano?-, pregunté.


Nada, no había ninguna otra cosa. Entonces les expliqué cómo era mi visión de la situación,
haciendo referencia a mi respeto inicial por el ministerio del hermano. También hice referencia a algo
muy obvio para ellos, como lo era el hecho de que yo, personalmente, no era del todo bien mirado
por otros pastores de nuestra denominación, precisamente por el hecho de no cercenar totalmente
este tipo de cosas. Esta libertad había traído su costo en mi relación con los colegas- y lo traería con
creces después-. De este costo, todos los presentes eran bien conscientes.
Ellos reconocieron la necesidad de honrar al Señor en una forma más lejos de la que me
cuidadosa. Terminamos ese tiempo con una oración grupal, todos de rodillas, y hasta con algunos
pidiendo perdón, con lágrimas. Parecía, al fin, que comenzábamos a transitar nuevamente el mismo
camino del ministerio. Sin embargo, el enemigo no cedería tan fácilmente su terreno.

Preparando mi salida

La reacción de Sebastián a mis llamados de atención iría más lejos de lo que me hubiera
imaginado aquella noche, cuando hablamos y oramos con aquel grupo de personas. Nunca me ha
gustado el fomentar la investigación secreta en los corrillos de la iglesia, pero siempre había hermanos
fieles que vendrán anticipando, con sus comentarios, la inminente realidad en ciernes. Un sábado,
recibo una llamada telefónica:
-Don Roberto, Sebastián me invitó a una reunión en su casa para esta tarde, y me dijo que usted
no debía enterarse.
-Tal vez será que está preparando una sorpresa y no quiere que me entere antes. Será por mi
cumpleaños-, conté tratando de minimizar lo que en mi interior presentía.
-No. Don Roberto; no es no es por su cumpleaños. Quiere hacer una asamblea mañana por la
mañana, porque quiere sacarlo del pastorado-, sentenció, mientras añadía –Ya tiene un grupo que lo
acompaña.

Hebreos 11

Esa mañana siguiente, al levantarme, fui directo a mi Biblia y leí el capítulo once de Hebreos. La
verdad es que hubiese preferido visitar algunos amigos que compartieran con Adela y conmigo este
momento, pero debía vivir y ministrar esa mañana, como pastor que era de esa congregación. Ese
capítulo de la Biblia me dio fuerzas, en el modelo de otros, para enfrentar la adversidad, sabiendo que
el Señor está detrás de todo, y que «todo ayuda para bien», a aquellos a quienes Dios ama.
El llamado de ese hermano el día anterior me había prevenido de lo que pasaría ese domingo,
aunque no en toda su intensidad. Había tenido la impulsiva idea de llegarme hasta la casa de
Sebastián y hablarle frente a frente, para hacerlo reflexionar, pero luego pensé que agravaría las
cosas y las precipitaría. Preferí aguardar con paciencia el momento de la reunión dominical.

La amargura de la carnalidad

Pasó la reunión de ese amargo domingo -ni recuerdo sobre qué prediqué-. Al finalizar el culto, se
levantó un hermano y pidió una asamblea general para ese mismo momento. Le expliqué que una
asamblea debía ser anunciada como proveen los estatutos y que, según era de mi conocimiento, por
lo menos un 30% de la membresía no había sido debidamente avisada.
Ante la insistencia de un grupo, expliqué que ya estaba al corriente de la situación y de que sabía
que se planeaba mi despido. También dije que pensaba que eso era una improvisación, reñida con la
forma en que todos habíamos acordado para tratar nuestros asuntos comunes -los estatutos- y que
no podía abandonar la congregación en una situación semejante. También agregué que, como era

Guía para el profesor 187


Ética Ministerial

notorio el deseo de algunos, celebraríamos una asamblea administrativa dentro de unos días, una vez
que todos fueran debidamente avisados.
Unas diez personas -que me parecieron como doscientas- se abalanzaron contra mí, pero se
detuvieron a escasos centímetros de mi nariz. Hasta vi pasar algunos puñetazos, pero ninguno
alcanzó a rozarme siquiera.
En ese momento se desató lo que contaba al principio del relato. Gente gritando, otros daban
puntapiés a las puertas, paredes y al púlpito. Sebastián caminaba por el pasillo central, tratando de
guardar una actitud más pasiva, pero yo veía cómo, astutamente, hablaba en voz baja con unos, luego
con otros, manejando al grupo que había preparado.
Traté de quedar impasible en mi lugar. Cerré los ojos y comencé a orar en silencio.
-Señor, ¿qué debo hacer? ¿Cómo detener este desorden? ¿Cómo poner orden en esta, tu casa?
¿Debo gritar más fuerte que ellos para que se callen? ¿En qué se transformará esto si tanto ellos
como yo gritamos? Ten misericordia de nosotros y socórrenos, Señor-.
Y mientras oraba y continuaba clamando al Señor por ayuda y orden, la gente comenzó a irse
y nadie quedó en el salón. Algunos se fueron frustrados, otros con una rara mezcla de asombro
y escándalo por la escena que nunca hubieran soñado ver en la iglesia donde habían recibido su
salvación.
Soto Adela permanecía sentada, con su rostro entre sus manos, orando.
¿Qué había pasado? ¿A dónde habíamos llegado, con todo esto?

La otra soledad

Por supuesto, como era de esperar, la tensión de esa tarde y de los días siguientes fue abrumante
en nuestro hogar.
Después de dos duras e interminables semanas, nos dispusimos a celebrar la solicitada asamblea,
en un día sábado. Dada la gravedad de la situación, habíamos acordado invitar a los pastores de la
zona, de la misma denominación, para que nos ayudaran con su madurez y adorno en esta difícil
circunstancia. Ellos, sin duda -pensé- tendrán una concepción pastoral del problema. Después me
enteraría -varias semanas más tarde de mi salida- que habían sido convencidos engañosamente de
que yo cobraba por cada ceremonia de casamiento y nacimiento en que solicitaban mis servicios
pastorales. Esto, sumado al concepto de que yo era, según decían, “tolerante a las expresiones
carismáticas de algunos de nuestros miembros”, los cautivó para venir y participar. Sebastián y
los suyos, al convocarlos -y como era de esperar- no habían hablado nada de sus propias ideas y
comportamientos. Había que sacar al pastor por cobrar comisiones especiales y otros deslices, no
por otra cosa.
Allí comencé a experimentar «la otra soledad», el vacío de los colegas. Ellos comportándose
según una acusación falsa, y yo, que desconocía esa acusación, no entendía por qué. Esa reunión
fue dirigida por estos pastores, reduciéndose a escuchar algunas acusaciones. Al terminar esta parte,
los colegas se retiraron a hablar en privado, y al tiempo me llamaron. Allí, quien presidía, me dijo:
Roberto, te tienes que ir. Presenta la renuncia y no te hagas problemas-.
-¿Por qué piensas que debo renunciar, José?-, le pregunté.
-Creemos que va a ser lo mejor. Nosotros vamos a decir a Sebastián y los suyos que deben
retirarse de esta iglesia, pero creemos que tú tienes que renunciar.
Yo no podía creer lo que escuchaba, Por supuesto que había considerado varias veces esa
posibilidad en todo este proceso, pero ni por mi percepción personal de sentido común ni por creerlo
voluntad de Dios pensaba que ese era el momento indicado. Entonces dije:
- Hermanos, me he sometido a ustedes en esta reunión para no agrandar la discordia, aunque
ustedes saben que están dirigiendo una asamblea en forma contraria a nuestros principios. Ahora
bien, si ustedes afirman que el Señor les ha mostrado fehacientemente que es voluntad divina el

188 Guía para el profesor


Ética Ministerial

pedirme la renuncia, lo consideraré seriamente como tal. Si no es así, no veo en base a qué hacerlo.
Como me lo temía, ninguno pudo ponerlo en esos términos.
Volvimos al salón donde estaba el resto de la congregación y, como también me lo temía, la
reacción a la propuesta del grupo de pastores ocasionó un nuevo descontrol, como el de dos semanas
atrás.
Entonces los pastores me volvieron a llevar aparte, y fue allí cuando el que presidía me dijo:
-No te hagas problema, Roberto. Renuncia ahora que te pondremos de nuevo como pastor la
semana que viene-. Mi sorpresa daba saltos agigantados.
-¿Cómo puedes pensar en cosa semejante, José? ¿Te parece que es la forma en que el Señor
nos ha enseñado a conducirnos? ¿Cómo voy a participar del engaño que significa renunciar, sabiendo
que –en caso de que fuera verdad lo que dices- a la semana estaré de nuevo? Lo máximo que puedo
hacer es poner esa renuncia a congregación, de los hermanos de la congregación, para que ellos
decidan-.
Cuando llegamos al salón nuevamente y vi esas caras cansadas, de miradas incomprensibles, me
sentí apenado por todos esos hermanos que, en el fondo de su corazón, no sabían en verdad qué era
lo que estaba sucediendo.
-Hermanos-, dijo el presidente dirigiéndose al público,- esta junta pastoral ha determinado que
Sebastián debe retirarse de la congregación. Además, el pastor Roberto ha renunciado, y esta junta
de pastores de la zona quedará a cargo de esta congregación-. Allí ya no experimenté el vacío de los
colegas, sino su traición.
Mientras el que presidía decía su conclusión vi a los otros ministros medio desorientados,
prefirieron apoyar con su silencio a quien presidía, y no a la verdad que ellos mismos debían buscar
y sostener. El compromiso de colegas pudo más que el compromiso con la verdad.
La gente no podía creer lo que sucedía. Más de la mitad no estaba de acuerdo con mi retiro, pero
otros ya comenzaban a festejarlo. El desorden se hizo de nuevo presente esa tarde. Otra vez la carne
de fiesta. Al ver el punto en que habían llegado las cosas, me puse de pie y presenté mi renuncia.
Cuando al anochecer de ese sábado llegamos a casa, me derrumbé sobre un sillón y esperé que
el torbellino de ideas encontradas que contenía en mi cabeza se fueran decantado, a fin de ordenar
mi mente. Adela fue a la cocina a preparar un té, y luego se sentó mi lado.
Luego de unos minutos, nos arrodillamos y nos presentamos juntos ante Dios y oramos por
nosotros, nuestros hijos y nuestro futuro. Oramos también por los miembros futuros de la iglesia, por
los muchos que ahora estarían desorientados en su vida espiritual y eclesiástica. También oramos por
Sebastián y sus seguidores, y por sobre todo rogamos por los pastores que de ahora en más dirigirían
la iglesia.
Sin cenar nos fuimos a dormir, ... y descansamos.

El día después

Al día siguiente, domingo, nos levantamos un poco más tarde de lo acostumbrado. No habíamos
puesto el reloj despertador, por lo que dormimos hasta que el cuerpo estuviera satisfecho.
Desayunamos frugalmente y, luego de mi tiempo devocional, me disponía a salir a comprar el
periódico cuando suena el timbre de la puerta.
-Pastor, recíbanos para orar con usted-. Dos familias que no podían consentir lo que había
sucedido, venían a buscar a su pastor y orar a Dios.
-Miren, hermanos, pasen y siéntense. No sé qué decirles ni qué actitud tomar, pero si quieren orar
a Dios, hagámoslo-.
En mi interior comencé a vislumbrar la posibilidad de que ocurriera lo que siempre había rechazado
en otros colegas que se iban de sus iglesias: comenzar reuniones con un pequeño grupo que le fuera
leal.

Guía para el profesor 189


Ética Ministerial

Luego de un sentido pero triste tiempo de oración, les sugerí que volvieran a la iglesia. No querían
por nada del mundo. Intenté mostrarles alguna otra opción en otras iglesias, a la vez que decía que
no podía anticiparles qué sucedería con nuestras vidas, ya que debíamos esperar en el Señor. Tal
vez hubiera cosas insospechadas que nuestro buen Señor tendría reservadas para nosotros, pero
debíamos conducirnos en el temor de Dios y esperar en Él.
-Si no se hallan a gusto en nuestra iglesia ahora -no podía dejar de llamarla «nuestra»-, al menos
vayan a otra iglesia por unos días, mientras esperan en el Señor-, les dije. -No dejen de adorar al
Señor con los cristianos-, terminé.
-Dios nos ha mostrado que debemos apartarnos de quienes desconocen al Señor y se apartan-,
me dijeron. -Usted es nuestro pastor y a usted venimos. Por favor, no rechace nuestro pedido”.
No quería adelantarme a los planes del Señor tomando decisiones emocionales, pero
comprendimos con Adela que la actitud dé estos hermanos era el comienzo de la restauración de Dios
a nuestras almas. Y le dimos gracias.Superintendente

190 Guía para el profesor


Unidad V:
El ministro y sus
decisiones éticas:
Relaciones con otros ministros
Ética Ministerial

Actividad No. 25:


Lecturas complementarias

Criswell, W. A. El pastor y su ministerio. Una

S
egún la disponibilidad de los recursos guía práctica. El Paso: CBP, 1998 (“El
bibliográficos a su alcance puede pastor y sus colaboradores”, pp. 80-94).
escoger entre las siguientes lecturas
complementarias con el fin de profundizar Trull, Joe E. Ética Ministerial. Sea un buen
su estudio personal sobre esta unidad. ministro en un mundo que no es tan
Asimismo, puede utilizar alguna de estas
bueno. El Paso: CBP, 1997 (Quinta parte:
lecturas para que sus estudiantes hagan
un análisis crítico, siguiendo el formato que “Los colegas del ministro”, pp. 143-170).
aparece en el apéndice.
Obviamente la lista para cada caso no Trask, Thomas E. El Buen Pastor, Tomo I.
es exhaustiva ni obligatoria. Usted puede Miami: Editorial Vida, 1997. (“Su relación
escoger libremente éstas u otras lecturas con el pastor anterior”, pp. 63-69).
que considere importante usar para obtener
un mejor aprovechamiento de esta unidad
de estudio.

192 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Unidad V:
El ministro y
sus decisiones éticas:
Relaciones con
otros ministros
Inicie la clase preguntando:
¿Qué acciones puede rea-
lizar el ministro para optimi-
zar sus relaciones con sus
pares pastores? Y ¿Qué tipo
de actitudes deterioran esas
relaciones?

D
entro y fuera de la congregación el ministro deberá
relacionarse con personas que también están trabajando en
el cumplimiento de la misión de la Iglesia en el mundo. Por
eso la importancia de desarrollar relaciones interpersonales sanas y
éticas, en beneficio de la labor ministerial propia y de la comunidad
cristiana en general.
Es tan importante la relación del ministro con sus semejantes
como el cuidado de su relación con el Señor. Lo más probable es
que la manera en cómo trata y se relaciona con las personas sean un
reflejo de lo que hay en su corazón.
Por eso, una tarea pastoral de apariencia “exitosa”, no lo es
realmente cuando el ministro tiene problemas graves en sus relaciones
interpersonales, ya sea con otros ministros de la congregación o de
otras congregaciones, con sus vecinos, o con las autoridades de la
comunidad donde la iglesia esta desarrollando sus actividades.
Los ministros suelen crear espacios de ayuda mutua y, en
muchos aspectos de su vida, sólo encontrarán comprensión en otros
ministros.
Teniendo esto en cuenta, son dos los principios que deberá aplicar
el ministro para construir relaciones éticas con otros ministros,
los cuales son: la necesidad específica de la persona según la
responsabilidad que representa, y la aplicación del principio bíblico
de amor al prójimo.

Guía para el profesor 193


Ética Ministerial

Líderes ministeriales:
ministros asociados,
equipo pastoral
Pida a sus alumnos que, a
modo de ejercicio, identifi-
quen a los líderes ministe-
riales de su congregación.

Está contemplado que dentro de la iglesia local existan, además del


pastor, ministros asociados o líderes miembros de un equipo pastoral,
sobre todo en congregaciones numerosas donde el pastor no puede
abastecer las demandas de toda la congregación.
Además de la junta local, un equipo de trabajo ministerial será de
gran utilidad en el desarrollo de la iglesia, y lo mismo sucederá en el
caso de contar con ministros asociados o líderes locales.
La relación del pastor con estos líderes de la congregación deberá
ser óptima para colaborar con la buena salud de la comunidad.
Al respecto, ayudará al pastor tener en cuenta los siguientes
principios:
1. Que los ministros asociados también han recibido un llamado
de Dios al servicio ministerial y por lo tanto deben ser tratados
como consiervos, con el debido amor y respeto que merecen.
2. Que cualquier problema que pueda surgir entre los líderes
de la congregación y el pastor, suele tener repercusión en
toda la congregación. Por eso se debe procurar resolver estos
problemas rápidamente, guiados por los principios éticos
bíblicos que exigen en estos casos buena predisposición a la
comunicación, al perdón y a la reconciliación.
3. Que un equipo se forma para trabajar en conjunto, colaborando
unos con otros, y no para que predomine la opinión de uno
solo, en este caso, el pastor.
4. Que el pastor debe desligarse de toda preferencia por
alguno de sus ayudantes. Además debe gozarse con el éxito
ministerial de un colaborador suyo, ya que es también el éxito
de toda la congregación, despojándose así de los llamados
“celos ministeriales” (pecado que Satanás intentará usar
frecuentemente para provocar divisiones en la Iglesia).

Otro factor importante para tener en cuenta en las relaciones


personales entre el pastor y los líderes ministeriales, ministros
asociados, o miembros del equipo pastoral, es practicar el hábito de
evitar las críticas entre ellos. Dejar las diferencias para hablarlas en el
lugar y tiempo correcto, así como mantener la reserva adecuada de
lo hablado en términos personales, ayudará a la iglesia local a crecer
sanamente, neutralizando así con el ejemplo del liderazgo, el mal de
la murmuración.

194 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Otro aspecto importante,


en la vida del pastor, son
las amistades ministeriales.
Al respecto le ofrecemos la
lectura que se encuentra
en la Actividad Nº 26, para
complementar las Notas de
Clase.

Personal de la iglesia:
administrativo, de servicio,
voluntarios, etc.
En toda organización existe un personal, asalariado o no, que
colabora con su funcionamiento y misión. Cuanto mayor es la
congregación, mayor también será la estructura de organización
de la iglesia y el personal. La relación del pastor con este personal
deberá ser una tarea de supervisión, y si bien lo más probable es que
no se pueda juntar con todos los involucrados, sí lo debe hacer al
menos con los líderes de cada área de trabajo, para evaluar juntos los
resultados obtenidos y planificar las metas próximas a seguir.
La periódica supervisión del trabajo del personal de la iglesia
le permitirá al pastor anticiparse a futuros problemas que puedan
aparecer en estas áreas, además de motivar a los creyentes a
continuar realizando su trabajo con esfuerzo y dedicación, con el
aliento de saber que no pasan desapercibidos.
El pastor debe procurar que exista un ambiente óptimo de trabajo
con el personal de la iglesia, y por eso no tiene que descuidar el
tiempo de oración juntos, la camaradería, el respeto mutuo y la
colaboración unos con otros.

PERSONAL ASALARIADO Y VOLUNTARIO

Mientras la congregación es pequeña, el personal suele ser


voluntario y de dedicación medio tiempo, sin embargo cuando la
congregación es numerosa se hace casi imprescindible tener personal
tiempo completo, quienes deben recibir su justa remuneración.
Cuando llega el tiempo de establecer el sueldo del trabajo del
personal administrativo o de servicio en la iglesia, se debe tener en
cuenta el grado de responsabilidad de la tarea y la eficacia con que se
realiza. El trabajo dentro de la Iglesia de Cristo debe ser justamente
remunerado (Lc. 10:7), y el pastor debe resistir el pensamiento
erróneo que existe entre muchos ministros de creer que por ser un
trabajo para el Reino de Dios debe realizarse gratuitamente o con un
costo menor a su valor original.

Guía para el profesor 195


Ética Ministerial

El tiempo y esfuerzo de las personas tienen valor, y en este área


también la Iglesia debe ser ejemplo, aún más si se está trabajando en
la extensión del Reino de Dios. Pagarle menos de lo que corresponde
a un empleado de la iglesia debe ser sólo una excepción temporal por
inconvenientes financieros, pero en cuanto las finanzas de la iglesia
se normalicen se debe pagar el salario que corresponde.

PERSONAL NO CRISTIANO

Muchas veces, el personal de la iglesia (sobre todo en áreas


como la administración, que requiere de profesionales que no
siempre se encuentran dentro de la congregación) es no creyente.
Por eso, la forma en que el ministro se relaciona con el personal es,
inclusive, una manera más de enseñar, con el ejemplo, el evangelio
de Jesucristo.
Para discutir en clase:
¿Qué le respondería a un
ministro que afirma que en
el área administrativa de la
Iglesia sólo pueden traba-
jar cristianos?
Sucede también, que los miembros del personal que sí son
parte de la congregación donde el ministro se desempeña, al tener
un contacto más frecuente con él que el resto de los creyentes,
empiezan a conocerlo más personalmente en la cotidianeidad del
trabajo y ante la presión de hacer un buen trabajo. Por tal motivo,
un ministro que tenga problemas éticos como deficiencias en su
personalidad, integridad y carácter quedará en evidencia ante el
personal de la iglesia, lo cual repercutirá inevitablemente en el resto
de la congregación.

La relación con otros ministros:


predecesor, sucesor,
ministros jubilados
La buena relación con los consiervos del pastor son un aspecto
importante dentro de la ética ministerial. No son pocas las experiencias
de pastores que han sufrido distintos problemas ocasionados por
otros ministros que se han dejado llevar por actitudes no éticas.
Por eso es necesario destacar cuáles deben ser los valores que el
ministro debe mantener en su relación con otros pastores.

LA RELACIÓN CON SU PREDECESOR

La manera en cómo el pastor se relaciona con su predecesor es


una prueba importante a la hora de analizar el carácter del ministro.

196 Guía para el profesor


Ética Ministerial

No es poco común ver en las congregaciones un cariño y respeto


especial por el pastor saliente, a lo que el nuevo ministro debe
responder con una buena actitud y paciencia, sin celos ni inseguridad
ante las comparaciones que algunos puedan realizar.
La iglesia local aprenderá con el tiempo que cada pastor
tiene una personalidad única, con sus dones al servicio de la
comunidad eclesiástica. El ministro no debe intentar parecerse
al pastor anterior para tener mayor aceptación dentro de la
congregación, sino potenciar sus propias virtudes para que
los creyentes le vayan conociendo tal cual es, evitando los
cambios bruscos y procurando el desarrollo natural de su
pastorado.
Un error ético es criticar el ministerio del pastor saliente.
Esto no solo creará un mal ambiente entre los miembros de la
congregación, sino que también le restará autoridad. Si durante
el comienzo de un ministerio se descubren irregularidades graves
que necesitan ser esclarecidas, entonces se debe actuar según los
principios éticos bíblicos, hablando personalmente con el ministro
anterior para tratar de dilucidar cuál es el origen del problema y
buscar una solución en conjunto o con los líderes superiores si es
pertinente (Mt. 18:15-17).
Una salida no ética de una
iglesia puede traer conse-
cuencias inesperadas.
Comparta con sus alumnos
el testimonio que le ofrece-
mos en la Actividad Nº 27.

LA RELACIÓN CON SU SUCESOR

Debe formar parte del carácter ético del pastor que ante la
inminencia de una sucesión ministerial prepare a la congregación para
recibir al nuevo ministro con amor, respeto, y con las expectativas que
se necesitan para fortalecer el inicio de una sucesión pastoral.
El ministro saliente tiene que dejar los documentos y las finanzas
de la iglesia en orden. Descuidar estos puntos mencionados responden
a una actitud no ética que entorpecerá el comienzo del trabajo
ministerial del ministro entrante.
Otro aspecto importante a tener en cuenta al dejar una congregación
es justamente no interferir en la relación de los creyentes con su nuevo
pastor.
Cuando se decide terminar la relación ministerial con una
congregación se debe respetar ésa decisión. Continuar comunicándose
o visitando a los creyentes para darles consejos ministeriales, alentarlos
en las críticas al nuevo pastor, o realizar comparaciones entre su
pastorado y el nuevo es una actitud no ética.

Guía para el profesor 197


Ética Ministerial

G. Raymond Carlson dice al respecto:

“Digamos ahora unas palabras sobre el final de un pastorado. Elogie a su


sucesor tanto como le sea posible. No hable de él a la gente a menos que
pueda decir cosas positivas. Empaque sus cosas, váyase y manténgase
fuera. Esa iglesia ya no es responsabilidad suya. Si lo invitan a participar
en una boda o un funeral, hable primero con el pastor. Asegúrese de que a
él se le dé el lugar que le corresponde. Evite contactos de ninguna clase con
los miembros que se hallan en problemas con la iglesia. No reciba regalos
monetarios. No critique los métodos de su sucesor”30.

Un pastor que adopta estos principios éticos cristianos tendrá


la autoridad que necesita para motivar a la congregación donde
se encuentre ministrando, a ser luz y sal en un mundo que esta
cambiando permanentemente sus valores en pos de algunos males
sociales como el individualismo.

LA RELACIÓN CON LOS MINISTROS JUBILADOS

Muchas veces los ministros se jubilan y continúan congregándose


en la misma iglesia que habían pastoreado por años. En estos casos el
ministro activo deberá tener en consideración los siguientes detalles
en su relación con el pastor retirado:
- Debe colaborar con la adaptación del ministro jubilado a su
nueva función dentro de la congregación.
- Tiene que darle lugar para trabajar y colaborar en los ministerios
y servicios de la iglesia, valorando su mayor tiempo disponible.
- Debe contar con su ayuda y experiencia al afrontar situaciones
de crisis o problemas en la iglesia.
- Tiene que mirar al ministro jubilado no como un competidor
por el aprecio de la congregación sino como un colaborador
ministerial.

La relación con otras iglesias


Por lo general alrededor de una iglesia local se desenvuelven, en el
cumplimiento de la misión, otras congregaciones que pueden ser de la
misma denominación o no.
El pastor debe procurar las buenas relaciones con estas iglesias,
teniendo en cuenta que para impactar más efectivamente con el
evangelio un pueblo o una ciudad, es importante presentarse, más
allá de las denominaciones, como miembros de una misma Iglesia de
Jesucristo, apostólica y universal.

30 Carlson, Raymond G. El buen pastor (tomo I). EUA: Edit. Vida, 1999, p. 69.

198 Guía para el profesor


Ética Ministerial

De todas maneras, existen ciertas conductas éticas que el pastor


deberá adoptar para evitar roces innecesarios en su relación con estas
iglesias, y son:
Pregunta para la clase:
¿En qué otras áreas, ade-
más del evangelismo, las
iglesias se pueden unir
en una causa común? Dé
ejemplos.

- Si una persona es miembro de una congregación pero ha


decidido congregarse en otra iglesia, el pastor de ésta
última deberá seguir los siguientes pasos: 1. Entrevistarse
inmediatamente con la persona, saber cuál es su motivación
al haber dejado de congregarse en su iglesia. 2. Comunicarle
al pastor de la persona que uno de sus miembros esta
empezando a congregarse en una nueva iglesia. 3. Tratar,
si es posible, de encontrar junto a la persona una solución
que le permita regresar a la iglesia donde es miembro. 4. En
caso de que la persona haya tomado igualmente la decisión
de congregarse en la nueva iglesia, indicarle los pasos que
tiene que realizar a continuación (pedir carta de traslado,
de cese de la membresía, carta del pastor anterior sobre los
términos en que sale de la iglesia, o aquello que el manual de
su denominación indique hacer en estos casos) para hacer el
traslado claramente.
- Si el pastor tiene algún contacto o relación con miembros de
otra iglesia, no debe prestarse a las críticas o comentarios
dañinos que estas personas puedan hacer del desempeño
o vida personal de sus líderes. Todo lo contrario debe
mostrarse equilibrado y con una actitud ejemplar en cuanto
al respeto a las autoridades y no dar lugar al pecado de
murmuración.
- El ministro no debe utilizar las diferencias doctrinales
denominacionales o las formas de adoración de las iglesias,
para hacer de menos a otras congregaciones o sus ministros,
y menos aún utilizar estas diferencias para burlarse o
realizar proselitismo denominacional. Estas conductas
destruyen el sentido de Cuerpo y unidad al que fuimos
llamados.
- Cuando una persona llega arrepentida a los pies del Señor
buscando consagrarse a Él, es un motivo de alegría y gozo,
así sea en la congregación donde uno es pastor o en otra
donde no lo es. Sentimientos como la envidia y los celos
son evidencia de problemas serios en la personalidad ética
del ministro, que deberá enfrentar y resolver rápidamente.

Guía para el profesor 199


Ética Ministerial

La relación con otros


profesionales
En una comunidad convive el pastor con médicos, abogados,
y otros profesionales que ejercen su profesión en beneficio de la
sociedad.
Por lo tanto es, éticamente correcto, que el ministro deba estar atento
a no inmiscuirse en los campos de otros profesionales. Por ejemplo,
cuando realice consejería a una persona, no deberá inmiscuirse en el
campo de trabajo del profesional de la psicología, ni tampoco deberá
oponerse a que un paciente acuda al médico para recibir el tratamiento
adecuado a su enfermedad.
Sin embargo, el ministro puede trabajar con otros profesionales
de la comunidad formando un equipo para ser más eficaces en el
cumplimiento del evangelio integral entre las personas de la sociedad.
La relación que el pastor tenga con otros profesionales le permitirá
tener más herramientas a la hora de ayudar a las personas con
problemas que exceden el ámbito espiritual.
Respetar y reconocer el trabajo de los profesionales dentro de una
comunidad es una actitud ética que el pastor deberá adoptar para
optimizar su relación con ellos. Esta actitud también favorecerá las
buenas relaciones entre la congregación y la comunidad donde esté
inmersa.
Pida a sus alumnos que
den ejemplos sobre las dis-
tintas maneras en que pue-
den colaborar los profesio-
nales con la iglesia local.

200 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 26:


Material de apoyo - La amistad ministerial

E
n la siguiente página encontrará un artículo de José Silva H. extraído del sitio web
Desarrollocristiano.com acerca de la necesidad que tienen los ministros de entablar
amistades genuinas y saludables. Puede fotocopiar el artículo y repartirlo entre sus
alumnos para que compartan sus conclusiones en clase, o puede utilizar el texto como
complemento a las Notas de Clase.

LA AMISTAD MINISTERIAL
por José Siva H.

Así es. TODO El mundo necesita amigos. Y de manera especial aquellos que de una u otra forma
ministramos en la Iglesia del Señor. Una amistad íntima, sincera, comprometida, con colegas en
quienes podamos depositar nuestra confianza en todo tiempo, aun en aquellos de crisis personal.
Alguien con quien podamos sincerarnos, una persona que nos comprenda y se identifique con
nosotros porque conoce el terreno que pisamos y las pruebas que existen en el campo ministerial.
La amistad es un don de Dios, como lo leímos en el último número de la revista Los Temas, y creo
firmemente que hay siervos que han caído en el campo de batalla por falta de una amistad de este
tipo. Necesitamos amigos que puedan orar por nosotros y con nosotros.
“Amigo hay más cercano que un hermano”. ¡Qué gran verdad es esta! Tengo la dicha de contar
con amigos de esta clase, tres en particular, que me asesoran y yo los asesoro. ¡Qué enorme riqueza
espiritual es tener esta asociación! Repito, es un verdadero regalo de Dios.
Pero es menester que entendamos que esta clase de amistad no es fácil. Necesita cultivo, es
necesario sacar tiempo para estos amigos y a la vez no imponernos a ellos, queriendo acaparar todo
su tiempo. Por eso es recomendable no tener un solo amigo íntimo en el ministerio, sino dos o tres
(y aun más, si lo considera necesario). De igual modo es saludable y edificante que tengamos este
tipo de amistad con consiervos de otras denominaciones. En mi caso, mis tres amigos, pertenecen a
diferentes organizaciones, incluyendo la mía.
David y Jonatán cultivaron ese tipo de relación. A pesar del odio de Saúl, su padre, el hijo mantuvo
firme y sincera su relación con David, porque sabía que su padre estaba equivocado en su apreciación
hacia su amigo. Al morir Jonatán, David expresó su profundo dolor por la pérdida y el reconocimiento
de lo que su amistad había significado. Además, manifestó su fidelidad con la pobre y disminuida
descendencia (Mefiboset), tal como lo había prometido, dándole un lugar de honor en su mesa.
Pablo en el Nuevo Testamento sostuvo esta clase de relación amigable, íntima, con varios de sus
colaboradores. Con Lucas, el médico amado, con Priscila y Aquila, sus compañeros en la obra y en la
profesión de fabricantes de tiendas, con Timoteo y Tito, con Epafrodito.
¿Y qué diremos de nuestro Señor y Salvador? Jesús intimó con Pedro, Juan y Jacobo. Los llevó
consigo al Monte de la Transfiguración, una revelación muy íntima de su divinidad. Jesús tenía una
amistad profunda, intensa y suficiente con su Padre, pero estando en forma de hombre, en la tierra,
consideró necesario e importante mantener una relación cercana y amigable con sus discípulos, en
particular con los tres antes mencionados.

Guía para el profesor 201


Ética Ministerial

De igual modo, nuestro estatus de siervos nos da el privilegio de establecer una relación íntima con
el Padre, a través de Jesús (Jn. 14.6). En realidad la podemos tener con Jesús mismo (Jn. 15.13-15)
y con el Espíritu Santo (Jn. 16.7-13). ¡Qué privilegio nos ha dado Dios de ser sus hijos y amigos de la
Trinidad!
En estos días me regalaron un libro que acaba de publicar la Editorial Vida. Lo considero útil
y recomiendo a quienes les interese este tema. Se titula Consejería entre Amigos (“Cómo estar
preparado cuando los amigos le piden ayuda”). He escogido dos párrafos del mismo para compartir
con usted, estimado colega.
“El siquiatra Garth Wood rompe con las creencias tradicionales de su profesión, aseverando que
las personas que no han realizado estudios formales son algunos de los mejores recursos para ayudar
a las personas. Wood está convencido de que quien tiene un conocimiento íntimo de otra persona
puede ser una fuerza poderosa y catalizadora para el bien en la vida de esa persona. Después de
todo, es usted quien conoce los puntos fuertes y los puntos débiles de su amigo; es usted quien
conoce los patrones de hábitos, las idiosincrasias de la personalidad, y lo que es capaz de motivarlo.
Usted, entonces, comienza con una ventaja en cuanto al conocimiento del individuo, de la que
carece el profesional, quien sólo puede obtenerla después de muchas horas de conversación y de
exploración insistente”.
“Para quien conoce a Cristo como su Señor y Salvador personal, hay, además, una fuente
adicional de sabiduría y revelación: la presencia del Espíritu Santo. Durante la Semana de la Pasión,
Jesús se refirió en cuatro oportunidades a la venida del Espíritu Santo. Empleó una palabra que no se
había usado antes para referirse al Espíritu Santo: parákletos, un término que se traduce “consejero”
en la Biblia (Nueva Versión Internacional). Jesús dijo a sus discípulos que rogaría al Padre que les
enviara otro Consejero, el cual los guiaría a toda verdad y les mostraría las cosas por venir. Este es
el mismo Consejero que mora en los hijos de Dios hoy, y que puede darles el conocimiento que no
podrían tener de ninguna otra forma” (págs. 122 y 123).
Necesitamos la amistad divina, esa amistad abierta, sincera y diáfana que nuestro Dios nos ofrece
y desea compartir. Pero mientras vivamos en este mundo necesitaremos la bendición de amistades
genuinas, mediante las cuales podemos no sólo recibir y dar ayuda, sino también crecer; porque la
verdadera amistad nos edifica totalmente.
Busquemos esa relación y cultivémosla con la ayuda de Dios.el interior de mi corazón, pero en
aquel entonces pensé que se trataba de cosas lógicas de las relaciones

202 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Actividad No. 27:


Trabajo en grupos pequeños -
Pruebas inesperadas a causa de la
anterior pareja pastoral

E
n la siguiente página encontrará un artículo escrito por una esposa de pastor anónima,
extraído de la revista Ministerio Nº 5 (Kansas City: CNP, 2004, pp. 13 - 17), donde se relata
un testimonio real de las consecuencias inesperadas que puede traer una pareja pastoral
con actitudes no éticas. Divida la clase en grupos y pídales que busquen una respuesta a la
problemática presentada, y que luego expongan sus resultados al resto de la clase.

PRUEBAS INESPERADAS E INNECESARIAS


A CAUSA DE LA ANTERIOR PAREJA PASTORAL
por una esposa de pastor anónima

He escuchado decir que la fortaleza sigue a las pruebas. Sé que esto es verdad en mi propia vida,
por eso nunca esperé que las pruebas vinieran de parte de un compañero pastor y su esposa. Esta
no fue una situación de alguien quien previamente había estado en el ministerio y lo ha dejado para
tomar un trabajo secular. No. Fueron el pastor y su esposa, los que habían estado previamente en el
ministerio, precisamente aquí donde realizamos nuestra nueva asignación.
Este pastor y su esposa han dejado este pueblo y la iglesia por otra, porque dicen que Dios los ha
llamado a una nueva iglesia. Dijeron a esta pequeña congregación que hicieron todo lo que pudieron,
y que Dios les estuvo diciendo que era tiempo para moverse a otro lado. Más aún, que Dios les ha
llamado a un nuevo pueblo y a una nueva congregación para ministrar.
¿No fue esto suficiente? Aparentemente no. Las primeras banderas rojas empezaron a ondear
durante nuestro primer mes de ministerio. Algunos miembros de la iglesia se aproximaron a nosotros
para darnos “mensajes” de parte del pastor anterior. Fue algo así como “el pastor me llamó para
desearme un feliz cumpleaños, y me pidió que les diera sus saludos”. Al principio nos pareció inocente.
Fue seguida por una carta de la esposa del pastor en la que comentó acerca de los problemas con
nuestra área escolar, mi salud, y comentarios sobre la forma de predicar de mi esposo.

No pasó mucho tiempo para que la desagradable verdad saliera a la superficie

También ellos se comunicaban por E-mail con los miembros de nuestra nueva congregación sobre
bases regulares, incluso diariamente. Para los que no tenían acceso a la computadora, escribieron
cartas o les llamaban por teléfono. Esta comunicación incluía sacar información acerca de nuestra
iglesia. Enviando sermones a la congregación y dándoles consejos. También recibíamos notas de
esta familia, indicándonos que habían escuchado malas noticias y que estaban orando por nosotros.
Mientras todo esto ocurría, nuestra iglesia llegó a ser financieramente estable, duplicó su tamaño
y terminó algunas renovaciones. Estuvimos creciendo a saltos y empujones, pero el temblor interno
todavía estaba allí. Algunas veces el temblor se podía escuchar. En ocasiones algunas personas
venían a la iglesia muy enojadas. El tiempo de su testimonio servía para ventilar sus frustraciones y

Guía para el profesor 203


Ética Ministerial

clarificar sus propias agendas. Al final de estos servicios, nosotros sabíamos que ellos habían hablado
con el pastor anterior, quien les animaba a mantener su propio terreno. La iglesia fue creciendo y
cambiando, y fue difícil para nosotros clarificar el asunto.
Me gustaría decirles que la interferencia se detuvo, y que el pastor anterior y su esposa reconocieron
su error y se arrepintieron. Pero no fue así. Ellos no cambiaron pero nosotros sí. El cambio ha sido una
nueva manera de vivir en el ministerio. Hemos aprendido a ser flexibles, pacientes y amorosos. Me
gustaría decirles que esto se debe a que tenemos una increíble disciplina, o una maravillosa y gruesa
piel para aguantar todo lo que nos dicen. Desdichadamente, nosotros no somos perfectos.
Lo que hemos descubierto es el poder de entregar las cosas a Dios, vez tras vez. Justo cuando
ustedes piensan que todo está saliendo de maravilla y que están haciendo un tremendo adelanto,
otras actitudes desanimadoras le harán poner los pies en la tierra. Esto está bien, pues la fortaleza
sigue a la prueba, si permitimos que esto suceda.
Voy a compartirles algunas de las lecciones que Dios amorosamente nos ha enseñado en nuestro
nuevo ministerio.

1. Confíe en el Señor para lo imposible


En esta nueva asignación fuimos confrontados con unas cuantas personas que no quieren un
nuevo pastor ni una nueva familia pastoral. Se presentaron momentos crueles y frustrantes que
hicieron que nos preguntáramos qué podríamos hacer. Pero Dios no está buscando siervos con
grandes estrategias. Desea que nosotros nos volvamos a Él y busquemos su voluntad en todas las
cosas.

2. Si somos fieles a nuestro llamado, Dios bendecirá nuestro servicio hacia Él


El Señor nos ha bendecido más allá de nuestra imaginación. Visitamos, tratamos de dar un buen
ejemplo, e hicimos todo lo que pudimos por traer las almas a Cristo. Animamos a nuestra congregación
a que nos permitieran tratar nuevas cosas, y les animamos a ellos a compartir sus ideas también.
Dimos con sacrificio nuestro tiempo y talentos; así como nuestros diezmos, como una manera de
decirle a Dios y a nosotros mismos, que creíamos en esta obra, y que Él podría hacer grandes cosas
en este pequeño pueblo.
El resultado ha sido el doble de asistencia, el triple en recursos financieros e increíbles ganancias
espirituales. Hemos sido testigos de muchas almas viniendo a Cristo por primera vez y ganancias
espirituales en la vida de otros. La respuesta ha sido tremenda. Nada de esto fue con nuestras propias
fuerzas.

3. Mientras el progreso se mueve hacia adelante, algunos se mantendrán en sus trece


Siempre habrá algunos que no quieren cambiar nada. A medida que la gente empezó a llegar a
nuestros servicios, algo extraño comenzó a suceder. A varios de nuestros laicos esto no les gustó.
Comenzamos a ver que el chisme volvió a mostrar su fea cabeza. Como las finanzas crecieron, las
mejoras se iniciaron en la propiedad de nuestra iglesia. Esto llegó a ser una fuente de tensión para los
que estaban acostumbrados a la vieja manera de ver las cosas, y se ofendieron con el pensamiento
de algo nuevo. Con el tiempo aprendimos que sólo Dios puede hacer progreso dentro de estos
corazones.

4. Láncese usted mismo dentro de su ministerio. ¡Eso espera su gente!


Vivimos en una sociedad a la “Jerry Springer”, donde los malos modales, el control y el egoísmo
están vivos y coleando. Debemos aprender que somos pastor y esposa de pastor, para TODA la
gente, no solamente para aquellos que lo desean. Algunos aún nos rechazan, pero decidimos estar
disponibles para ellos semana tras semana. Damos el 100% de nuestras habilidades a este trabajo,
no donde hemos estado o a donde vayamos.

204 Guía para el profesor


Ética Ministerial

5. No mire hacia adelante ni hacia atrás


Es “adulterio del lugar de trabajo” decir que ministramos en nuestra iglesia, y que nuestros
corazones aún están en otro lado. No nos incumbe tratar de ministrar en una iglesia que hemos
dejado. Por otro lado, no debemos perder el sueño por la próxima iglesia que pastorearemos. Si Dios
realmente le ha llamado a la iglesia donde usted está, entonces concéntrese en su trabajo hoy. Dé lo
mejor de sí, y permita que Él respalde su servicio.

6. No busque problemas
No especule acerca de cómo le va a ir con ciertas personas. Ponga a cada gente y cada
circunstancia en las manos de Dios. Después de decir que: “el último pastor no lo hizo de esta manera”
y “hablamos con él por teléfono anoche”, al principio nos preguntábamos qué vendría después. Sí,
el anterior pastor y algunas personas hablarían, pero la congregación entera no siempre estaría
haciéndolo. Dios es absolutamente más grande que nuestros defectos y Él tiene el potencial para
enseñarnos todo.

7. Reavive su ministerio
Mantenga su relación con Dios y con su familia en forma saludable y amorosa, esto es lo primero.
Luego tome ventaja de oportunidades para crecer espiritualmente y construir sus habilidades
ministeriales. Esto está disponible a través de campamentos, retiros de pastores y sus esposas,
reuniones de distrito, y visitas a algún compañero pastor. Primero lea su Biblia, y luego cualquier cosa
que pueda tomar en sus manos para inspirar, motivar y enseñar.

8. Ore por entendimiento


Cuando algunos apalean su pastorado, entristecen al Señor. Ore por esas personas. Esto es lo
más importante que podemos hacer por estas almas doloridas. Ore además por usted mismo. Pídale
a Dios que le dé bondad, sabiduría y amor, incluso por lo que no es muy agradable.

9. Tomen cuidado de ustedes mismos


Hemos aprendido que tener tiempo para nosotros y nuestra familia no sólo es bueno, sino
absolutamente esencial. No tenemos nada que dar cuando estamos completamente reducidos.
Si no logramos nada más en este mundo, debemos estar seguros que nuestros hijos son salvos,
santificados, y que viven para Jesús. Démosle tiempo a nuestra familia de tal manera que nada,
excepto una muerte o una verdadera emergencia, pueda interrumpirlo.

10. No busque popularidad


Esto significa que debemos buscar diariamente el rostro de Dios y su voluntad. Nuestra congregación
no merece nada menos. Es bueno cuando usted le cae bien a la gente. Y afortunadamente para
nosotros, muchos de nuestros laicos nos aman y nos tratan bien. Pero siempre debemos buscar el
favor a los ojos de Dios. Un coro nos enseña “Dale todo a Cristo”. Con Él iniciamos cada día, y es el
fundamento para los días venideros.particular con los tres antes mencionados.

Guía para el profesor 205


Unidad VI:
El ministro y sus
decisiones éticas:
Relación con
la comunidad
Ética Ministerial

Actividad No. 28:


Lecturas complementarias

Criswell, W. A. El pastor y su ministerio. Una

S
egún la disponibilidad de los recursos guía práctica. El Paso: CBP, 1998 (“Los
bibliográficos a su alcance puede muchos ministerios de la iglesia”, pp. 176-199).
escoger entre las siguientes lecturas
complementarias con el fin de profundizar Nonini, Rogelio. Conducta Ministerial. Buenos
su estudio personal sobre esta unidad. Aires, 1995. (Capítulo VI “El pastor y la
Asimismo, puede utilizar alguna de estas
sociedad”, pp. 133-140).
lecturas para que sus estudiantes hagan
un análisis crítico, siguiendo el formato que
aparece en el apéndice. Trask, Thomas E. El Buen Pastor, Tomo I.
Obviamente la lista para cada caso no Miami: Editorial Vida, 1997. (“La formación de
es exhaustiva ni obligatoria. Usted puede relaciones en la iglesia y la comunidad”, pp. 70-
escoger libremente éstas u otras lecturas 81).
que considere importante usar para obtener
un mejor aprovechamiento de esta unidad Trull, Joe E. Ética Ministerial. Sea un buen
de estudio. ministro en un mundo que no es tan
bueno. El Paso: CBP, 1997 (Sexta parte:
“La comunidad del ministro”, pp. 171-200).

208 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Unidad VI:

El Ministro y
sus decisiones éticas:
Relación con
la comunidad
Inicie la clase preguntando
a los alumnos: ¿De qué
maneras la congregación se
puede involucrar en la vida de
la comunidad?¿Y el ministro?

L
a relación del ministro con la comunidad genera el ámbito propicio
para dar a conocer, a través de su vida y predicación, el conjunto de
los valores éticos que la Iglesia de Jesucristo vive y proclama.
Un pastor que decide aislarse de la vida de la comunidad también
está llevando al aislamiento a toda la congregación donde se encuentre
ministrando. Ser sal y luz, en un mundo dominado por el pecado, es
un desafío al cual tanto el ministro como la iglesia han sido llamados.
Puede suceder, que cuando un ministro se involucre activamente
junto con la iglesia en la comunidad, pero no denuncie sus injusticias
y pecados, entonces tampoco se encuentre cumpliendo con el aspecto
profético que también se le encomendó.
Por eso, el ministro deberá buscar el equilibrio en su relación con
la comunidad, teniendo en cuenta la influencia que sus decisiones
tendrán, tanto en la congregación donde ejerce sus tareas ministeriales,
como en la imagen que la comunidad tiene de la iglesia.

Participación significativa en la
comunidad: vigilancia ética,
servicio a la comunidad,
participación organizada, etc.
VIGILANCIA ÉTICA

La proclamación profética ante los distintos males que puedan aparecer


en la sociedad es parte del trabajo del ministro con respecto a la comunidad.

Guía para el profesor 209


Ética Ministerial

En estos casos, será valiosa la unidad entre varios ministros


de la comunidad para poder elaborar una resolución pública y
así tener mayor efectividad en la lucha contra los cambios de los
valores cristianos por los valores que el posmodernismo ofrece, o
ante hechos como la institucionalización de pecados sociales, la
corrupción política, injusticia social, falta de equidad, etc.
Para cumplir con esta tarea profética, en todo momento el pastor
debe sujetarse a los parámetros éticos que la Biblia le indica, tanto en
su involucramiento con los poderes políticos de la sociedad, como en
ejemplo de conducta ética y moral.
Pida a sus alumnos que ela-
boren un Ensayo sobre “La
ética ministerial y el carácter
profético del pastor ante los
desafíos de la posmoder-
nidad” (Utilice la guía para
elaborar un ensayo, que se
encuentra en el apéndice).

Continuamente están apareciendo cuestionamientos éticos, sobre


todo desde el ámbito científico y social, que esperan una respuesta de
los ministros del evangelio. Por eso, un conocimiento y preparación
sólida en la Palabra de Dios, además de una vida íntegra, serán las
claves que le darán la oportunidad al ministro de ser escuchado y
tenido en cuenta como dirigente de la congregación de Jesucristo.
El ministro se debe cuestionar por qué en su comunidad, cuando
se habla de temas éticos o morales, los medios de comunicación no
recurren a la opinión de pastores evangélicos en la misma medida
que sí lo hacen con dirigentes de otros credos. Si esto sucede, debe
haber una seria reflexión en el cuerpo de ministros de esa comunidad,
para determinar cuáles son los obstáculos que no permiten que sean
vistos como agentes de vigilancia ética y por qué sus palabras no son
valoradas por la comunidad y sus medios de comunicación masiva.

SERVICIO A LA COMUNIDAD

El ministro puede encontrar variadas maneras de servir a la


comunidad de una manera ética. Deberá crear los espacios dentro
de la misión de la iglesia local para que la congregación no realice
actividades solo “hacia adentro” sino que también sea un canal de
servicio a la comunidad.
Debe motivar al pastor el deseo de que tanto la iglesia local como
su ministerio sean reconocidos por la comunidad civil como agentes
de servicio a la comunidad.
Es ético que la Iglesia de Jesucristo se comporte como Jesucristo
lo hizo y, en consecuencia, el mundo reconocerá en los creyentes a
personas que desean fervientemente servir a las necesidades de la

210 Guía para el profesor


Ética Ministerial

sociedad, ya sea supliendo sus necesidades vitales o espirituales,


como llevando educación donde no la hay, brindando espacios
de participación social donde estas no existen, o colaborando con
los organismos civiles de derechos humanos y asistencia social en
pueblos con graves problemas de desarrollo.
No es ético que el ministro enfoque su ministerio sólo en el
bienestar de los miembros de su congregación sin concientizar a
los creyentes de la necesidad de servir a la comunidad. Por eso es
necesario que la actitud de servicio comience con el ejemplo del
propio ministro.
Actividades como la compasión, el trabajo social, y la educación,
son áreas donde el ministro, junto con la congregación, se ubican en
un lugar de servicio a la comunidad.
Muchas veces, la comunidad se acerca a la iglesia como resultado
natural del buen testimonio que las buenas obras de servicio de la
congregación y su ministro han provocado. Ya que, organizar visitas
a asilos de ancianos, refaccionar una escuela, organizar planes de
recuperación de adicciones, o fundar escuelas que enseñen valores
cristianos, entre otras actividades, pueden llegar a ser herramientas
de predicación del evangelio mucho más efectivas en tiempos en que
las personas no suelen detenerse a escuchar predicaciones en lugares
públicos, sino que buscan más ver y palpar a Cristo a través de las
obras de sus seguidores.
En conclusión, la tarea de la Iglesia es afectar a la comunidad
donde está inmersa, y no armar una isla de bienestar y comodidad
para sus miembros.
Divida la clase en grupos
y pida a sus alumnos que
realicen la lectura que le
ofrecemos en la Actividad
Nª 29 y luego elaboren una
propuesta de respuesta a
las necesidades de la comu-
nidad, para ser presentada a
la congregación donde ellos
ministran.
PARTICIPACIÓN ORGANIZADA

La organización de las iglesias evangélicas (de una misma


denominación o no) en la confrontación con el Estado, respecto
de temas morales que se presentan en la sociedad, puede ser una
efectiva respuesta, tanto para lograr avances en la implementación
de los valores cristianos en la sociedad, como en la conformación
de la imagen del pensamiento moral que la comunidad tiene de la
Iglesia y sus ministros.
Muchos de los cambios sociales de la historia de la humanidad han
surgido de grupos de personas que se han unido para conseguirlos.
Cuánto más entonces la Iglesia, llamada a ser una y a caminar en

Guía para el profesor 211


Ética Ministerial

pos de un mismo objetivo, puede reunir esfuerzos para tener la


influencia moral necesaria en un mundo que busca alejarse cada vez
más de la ética cristiana y sus valores.
Instituciones sociales que eran parte del Estado como la esclavitud
y la segregación racial, son un ejemplo de la necesidad que existe
dentro de la Iglesia de organizar su participación para ser fuerte
socialmente y hacer escuchar su voz en los niveles más altos de la
organización política.
Es posible participar organizadamente en la comunidad sin caer
en el proselitismo religioso ni en el activismo político.

PARTICIPACIÓN CIUDADANA

En 1 Timoteo 3:7, el apóstol Pablo enseña que “También es


necesario que tenga buen testimonio de los de afuera”. El ministro
cumplirá con este aspecto ético de su ministerio cuando sus vecinos
lo conozcan como un buen ciudadano, servicial, amable, no peleador
y siempre dispuesto a ayudar cuando surja algún problema en el
vecindario.
Dentro de lo que los tiempos de su ministerio le permitan, el
pastor deberá buscar la forma de integrarse en la comunidad a través
de la participación activa en sus instituciones.
También debe cumplir con sus deberes cívicos como votar,
respetar los símbolos patrios y las autoridades (Ro. 13:1-7).
No es ético que el ministro busque eludir el pago de sus impuestos
o infrinja voluntariamente leyes de tránsito. Sí lo es, que participe
activamente apoyando movimientos sociales que promuevan los
valores bíblicos que él predica.
Con respecto a su tendencia política, deberá tener mucho cuidado
de no involucrarse en el proselitismo y activismo político de tal
manera que pueda generar malestar en miembros de la congregación
que sean de una posición política diferente.
Pida a sus alumnos que
propongan a la clase otras
maneras en que la iglesia
puede participar significati-
vamente en la comunidad
EL MINISTRO CON UN TRABAJO SECULAR

Es cada vez más frecuente ver cómo muchos ministros deben trabajar
secularmente, además de ejercer su ministerio pastoral. Realidad que
presentará nuevos desafíos éticos que el pastor deberá superar.
Primeramente, el ministro que se desarrolla laboralmente, ya sea
como empleado, profesional, industrial, etc., debe tomar su trabajo como
una manera más de ser testimonio de vida y compromiso cristiano. Y al
igual que los miembros de la congregación, ejercerá su labor estrictamente
bajo los principios bíblicos con respecto al trabajo (Col. 3:23).

212 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Por supuesto es recomendable que el ministro se dedique


a la obra tiempo completo, pero distintos factores hacen que el
ministro deba trabajar secularmente también. Por eso es necesario
que el pastor tome en cuenta los siguientes aspectos éticos de esta
actividad: 1. Que, a pesar de estar trabajando secularmente, continúe
educando a la congregación en cuanto a los principios bíblicos de
sostenimiento de los pastores. 2. Que tenga cuidado, por causa del
trabajo secular, de volverse ineficiente en su ministerio pastoral. 3.
Que sea equilibrado en la organización de su tiempo, para no ser de
tropiezo a los miembros de su hogar ni de la congregación donde
ministra (inclusive, debe ser sincero y evaluar si es necesario dejar el
ministerio por un tiempo para no perjudicar a otros o a sí mismo),
y 4. Que esté atento a no involucrarse en trabajos que, directa o
indirectamente, perjudiquen su imagen ministerial.

LA IGLESIA COMO EJEMPLO

Cuanta más participación tiene la iglesia en la comunidad, mayor


es su exposición en cuanto al ejemplo que debe dar como parte del
Cuerpo de Cristo, y mayor será su responsabilidad en estar pendiente
de los detalles que hacen a su buena relación con esa comunidad.
Algunos aspectos de este ser ejemplo son:
1. El buen estado del templo. En muchos lugares se pueden
encontrar templos prácticamente en estado de abandono,
sucios, y con sus veredas rotas. Este detalle, que a veces no es
tomado en cuenta por los ministros ni la congregación, suele
ser muy importante para los vecinos, y es motivo frecuente de
malestar y quejas.
2. Lugar y horarios. Si es una congregación grande, al llegar
al culto deben fijarse de no dejar los autos en lugares que
puedan molestar el libre tránsito de los vecinos. También será
importante tener en cuenta el utilizar horarios donde el sonido
y el movimiento de personas no perturben el barrio, e inclusive
buscar la manera de acondicionar el templo acústicamente
para evitar ruidos molestos.
3. El aspecto ecológico. El ministro debe procurar concientizar a
la congregación en cuanto al cuidado del planeta Tierra y los
problemas ecológicos que existen en la actualidad. Es ético que
el ministro y la congregación sean cuidadosos de no colaborar
con la destrucción de los recursos naturales que Dios le entregó
al hombre para su administración.

Si bien no son pocos los ministros que prefieren acusar de


“mensajeros de Satanás” a los vecinos que se quejan por las
molestias que causan las actividades de la iglesia en la comunidad,

Guía para el profesor 213


Ética Ministerial

hoy vivimos un tiempo en que los pastores son desafiados a tomar


la actitud ética de ser ejemplo también en este área.

ASUNTOS MORALES Y SOCIALES


CONTEMPORÁNEOS

Permanentemente surgen en el mundo nuevos asuntos morales


y sociales que requieren una respuesta ética por parte de la Iglesia y
sus ministros.
El pastor debe estar preparado y bien fundado en la Palabra de
Dios para no sucumbir ante el relativismo moral y la secularización
en la cual está inmerso. Y aunque muchos temas no se encuentren
específicamente nombrados en la Biblia, sí se encuentran los
principios éticos aplicables a todos los aspectos de la vida humana.
Varios de estos asuntos en cuestión, son mencionados en el
capítulo cinco del Manual de la Iglesia del Nazareno, algunos de los
cuales se transcriben a continuación31:

Lo Sagrado de la Vida Humana

La Iglesia del Nazareno cree que la vida humana es sagrada y se esfuerza


por protegerla contra el aborto (36), la eutanasia, y la negación de cuidado
médico razonable a los incapacitados o a los ancianos.
ingeniería Genética y Terapia Genética. La Iglesia del Nazareno apoya
el uso de ingeniería genética para lograr terapia genética. Reconocemos
que la terapia genética puede conducir a la prevención y curación de
enfermedades, y a la prevención y curación de males físicos y mentales.
Nos oponemos a cualquier uso de ingeniería genética que promueva
injusticia social, que ignore la dignidad de la persona, o que intente
lograr superioridad racial, intelectual o social sobre otros (eugenesia). Nos
oponemos a que se inicien estudios del ADN cuyos resultados puedan
fomentar o apoyar el uso del aborto humano en vez de permitir el término
de la gestación. En todos los casos la ingeniería y terapia genéticas deben
regirse por la humildad, el respeto por la dignidad inviolable de la vida
humana, la igualdad de las personas delante de Dios, y el compromiso de
actuar con misericordia y justicia (Miqueas 6:8).
Eutanasia (incluyendo asistencia médica para el suicidio). Creemos que la
eutanasia (terminar intencionalmente la vida de una persona que padezca
de una enfermedad fatal, o de una enfermedad debilitadora e incurable,
pero que no constituya una amenaza inmediata para la vida, con el
propósito de terminar con el sufrimiento) es incompatible con la fe cristiana.
Esto se aplica a casos en los que la persona que padezca la enfermedad
fatal solicite o consienta la eutanasia (eutanasia voluntaria), y cuando la
persona que padezca la enfermedad fatal no tenga la capacidad mental para
consentir (eutanasia involuntaria). Creemos que el rechazo histórico de la
eutanasia por la iglesia cristiana lo confirman las convicciones cristianas que
se derivan de la Biblia y que son céntricas en la confesión de la iglesia de su
fe en Cristo Jesús como Señor. La eutanasia viola la confianza cristiana en
Dios como Señor soberano de la vida, pues la persona asume la soberanía
para sí misma; viola nuestro papel como mayordomos delante de Dios;
contribuye a la erosión del valor que la Biblia atribuye a la vida humana
y a la comunidad; le atribuye demasiada importancia a ponerle fin al

31 Op. Cit., pp. 373 - 382.

214 Guía para el profesor


Ética Ministerial

sufrimiento; y refleja la arrogancia humana ante un Dios soberano generoso.


Instamos al pueblo nazareno a oponerse a todos los esfuerzos por legalizar
la eutanasia.
Permitir la Muerte. Cuando la muerte humana es inminente, creemos
que se puede permitir, dentro de la práctica y fe cristiana, retirar los
sistemas de mantenimiento de vida artificial, o no someter al enfermo
a ellos. Esto se aplica a casos de personas que se encuentran en estado
vegetativo persistente y de aquellas para quienes el prolongarles la vida
por la aplicación de medios extraordinarios, no les da ninguna esperanza
razonable de volver a gozar de salud. Creemos que cuando la muerte sea
inminente, no hay en la fe cristiana requerimiento que obligue a posponer
artificialmente el proceso de la muerte. Como cristianos confiamos en
la fidelidad de Dios y tenemos la esperanza de la vida eterna. Esto hace
posible que los cristianos aceptemos la muerte como expresión de fe en
Cristo, quien venció la muerte por nosotros y le quitó la victoria. (1997)

donación de Órganos Humanos

La Iglesia del Nazareno anima a los miembros que personalmente no


tengan objeciones, a que apoyen los donativos de órganos humanos para
trasplantes, indicando su deseo mediante testamentos y fideicomisos.
Además, abogamos por una distribución de órganos moral y éticamente
justa a los calificados para recibirlos. (2001)

Maltrato a los indefensos

La Iglesia del Nazareno aborrece el maltrato de toda persona, de


cualquier edad o sexo, y hace un llamado a que se aumente la conciencia
pública sobre el mismo a través de sus publicaciones y proveyendo
información educativa apropiada. La Iglesia del Nazareno reafirma su
posición histórica de que a aquellos que actúan bajo la autoridad de la
iglesia se les prohíbe incurrir en actos de inmoralidad sexual y en otras
formas de maltrato a los indefensos. Cuando se coloque a personas en
posiciones de confianza o autoridad, la Iglesia del Nazareno dará por
sentado que la conducta pasada es generalmente un indicador confiable
de un probable comportamiento en el futuro. La iglesia rehusará dar
posiciones de autoridad a personas que previamente han usado una
posición de confianza o autoridad para incurrir en actos de inmoralidad
sexual o maltrato a los indefensos, a menos que se den pasos apropiados
para prevenir en el futuro la reincidencia de tales comportamientos. Las
expresiones de remordimiento de parte de quien fuere declarado culpable
de dichos actos no deben ser consideradas como suficiente prueba para
eliminar la presunción de que en el futuro podría volver a cometerlos, a
menos que las expresiones de remordimiento sean acompañadas de un
evidente cambio de conducta por un tiempo suficientemente prudente
como para indicar que la reincidencia es improbable. (1997)

USO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

En la actualidad, la Iglesia se encuentra utilizando los medios


de comunicación masiva para llegar con el evangelio de Jesucristo
a una cantidad de personas a las que de manera personal les sería
muy difícil llegar.
Sin embargo, una característica de la posmodernidad, o crisis de
la modernidad en que vivimos, es el desmedido poder que estos
sectores de la comunicación han llegado a tener. Dejaron de ser

Guía para el profesor 215


Ética Ministerial

medios para convertirse en un fin en sí mismos. Hoy, televisión,


radio, internet, y la industria gráfica, han dejado de ser medios de
información para convertirse en formadores de personas (modas,
carácter, valores, opinión, etc.).
Pida a sus alumnos que
mencionen ejemplos de
modas o costumbres que la
sociedad adquirió del uso
indiscriminado de los medios
masivos de comunicación.

Por eso, resulta importante que al llegar a los medios masivos


de comunicación, el ministro tenga en cuenta las siguientes
recomendaciones éticas:
1. Que tenga conciencia de que lo que haga o diga en un
medio masivo de comunicación puede ser tomado por los
receptores como un hecho u opinión de todos los ministros del
evangelio que conocen, y su “éxito” o “fracaso” también le será
adjudicado a todos los demás.
2. Que si bien la vida del ministro se encuentra permanentemente
en una “vidriera” ante la comunidad, al llegar a un medio
masivo de comunicación esa vidriera puede ser de miles a
millones de personas, con la responsabilidad ética y moral que
esto implica.
3. Que una actitud no ética del ministro demostrada en un medio
masivo de comunicación puede tener consecuencias desastrosas
no solo para el testimonio del ministro sino para los miembros de
su congregación y otros ministros involucrados indirectamente.
4. Que muy probablemente los receptores formarán una opinión
de la persona del ministro solamente con lo que vieron,
escucharon o leyeron de él, aun sin conocerlo personalmente.
5. Que si el ministro decide ingresar con algún proyecto a los
medios masivos de comunicación, lo haga responsablemente
y con profesionalismo. Muchas veces la mediocridad de los
productos cristianos evangélicos los vuelve objeto de burlas
y críticas por parte de la comunidad. Es ético no colaborar
con esa imagen, sino por el contrario, esforzarse en lograr
productos cristianos de una calidad cada vez más profesional.

216 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Responsabilidades legales:
consejería, conducta impropia,
difamación, confidencialidad y
privacidad, protección a
los menores, etc.
Existen en la actualidad un aumento en las demandas legales
dentro de la sociedad, y los ministros no están exentos de esta
modalidad.
En ese contexto, se pueden analizar los valores éticos cristianos
que el ministro deberá tener en cuenta para adquirir conciencia de
las responsabilidades legales que le conciernen, sobre todo en las
áreas que más se lo demandan, las cuales son:

CONSEJERÍA

El ministro debe estar preparado con respecto a las disposiciones


legales que existen en su comunidad a la hora de realizar tareas de
consejería.
Casos como el cerrar con llaves la puerta del dormitorio donde se
va a orar por una persona, o aconsejar a un suicida sin derivarlo a un
profesional competente ni advertir a su familia, pueden ser motivos
suficientes para enfrentar cuestionamientos legales.
Por eso, forma parte de la ética ministerial que el pastor esté
preparado adecuadamente, por las entidades educacionales que
corresponden (Seminario, Universidad, etc.), para tener conocimiento
de las técnicas básicas de la consejería y para saber cuáles son sus
obligaciones legales y éticas, al ejercer esta actividad.

Con respecto a los límites


de la consejería pastoral,
en la Actividad Nº 30 le
ofrecemos una lectura que
le podrá servir para comple-
mentar las Notas de Clase.

CONDUCTA IMPROPIA

Los casos de conducta impropia, como la mala conducta sexual


y otras, están contemplados en el manual de la Iglesia del Nazareno,
y tiene como parámetros el pacto de conducta cristiana y las reglas
generales que se encuentran en el mismo manual:

Los objetivos de la disciplina eclesiástica consisten en sostener la integridad


de la Iglesia del Nazareno, proteger a los inocentes contra daños, proteger
la eficacia del testimonio de la iglesia, advertir y corregir a los negligentes,
conducir al culpable hacia la salvación, rehabilitar al culpable, restaurar al

Guía para el profesor 217


Ética Ministerial

servicio eficaz a los rehabilitados, y proteger la reputación y recursos de la


iglesia. Los miembros de la iglesia que violen las Reglas Generales o el Pacto
de Conducta Cristiana, o que continua y voluntariamente violen sus votos
de membresía, deben ser tratados amable pero fielmente según la gravedad
de sus ofensas. Puesto que la norma del Nuevo Testamento es la santidad
de corazón y vida, la Iglesia del Nazareno insiste en un ministerio limpio,
y requiere que los que portan sus credenciales como miembros del cuerpo
ministerial tengan una doctrina ortodoxa y una vida santa. Por tanto, el
propósito de la disciplina no es punitivo o de castigo, sino que tiene el fin de
alcanzar estos objetivos. El proceso de disciplina también tiene la finalidad
de determinar la categoría y la relación continua con la iglesia.32

De todas maneras, la investigación y disposiciones legales que la


Iglesia pueda realizar no deben interferir ni entorpecer el desarrollo
normal de los procedimientos legales civiles.
Inclusive, deberá ser la misma iglesia quien, en conocimiento
de alguna violación de la ley vigente, deberá poner al ministro
a disposición de la justicia civil, a la vez que realiza su propia
investigación del caso.
Pregunta para la clase:
¿Qué le respondería a un
ministro que, ante la presen-
cia de un delito por parte de
un par, sugiere no recurrir a
la justicia estatal para “cui-
dar la imagen de la iglesia”.
DIFAMACIÓN

El segundo lugar en los enfrentamientos legales, a los que


habitualmente son llevados los ministros, es la difamación o
divulgación de declaraciones falsas.
Difamar es acusar falsamente a alguien que goza de buena
fama o reputación. El ministro debe tener en cuenta que cuando
hace público algunas resoluciones ministeriales, sobre todo del
tipo disciplinario, se encontrará expuesto a este tipo de denuncia.
Por eso, es necesario conocer las disposiciones legales que existen
con respecto a la difamación en la comunidad donde se ejerce el
ministerio, antes de realizar una declaración pública sobre algún
hecho que pueda afectar la reputación de una persona.
Sin embargo, cuando es el ministro quien es difamado, debe tomar la
situación como una oportunidad para llamar al arrepentimiento, perdonar
e invitar a la reconciliación con Dios a quienes lo hayan difamado, para
luego analizar si es necesario, o no, iniciar acciones legales.

CONFIDENCIALIDAD Y PRIVACIDAD

Existe en algunos países un privilegio judicial para ministros


con respecto a la confidencialidad de la entrevista pastoral. Así
que se hace necesario que el pastor maneje esa información para

32 Op. Cit., p. 210.

218 Guía para el profesor


Ética Ministerial

saber cuáles son los límites de la confidencialidad de la consejería


y donde comienza su responsabilidad legal frente a casos como la
confesión de homicidios, abusos sexuales, etc.
En el caso del resguardo de la privacidad de las personas, el
ministro deberá siempre dejar que las personas den el primer paso
para permitir ayudarles a resolver cuestiones privadas. Muchas
veces, en el deseo de colaborar con las personas, el ministro se
puede involucrar inadecuadamente en la privacidad de un hogar,
poniéndose así a disposición de posibles cuestionamientos legales.

PROTECCIÓN A LOS MENORES

Acerca de este tema, Joe Trull y James Carter dicen al respecto:

Además de las demandas legales relacionadas con el consejo, difamación


y confidencia de los ministros, el cuidado de los niños es un área sensitiva
en los tribunales el día de hoy. Una mamá presentó una demanda contra
una iglesia en Memphis y su personal, reclamando que su niño habría
sido molestado sexualmente en el centro de cuidado de la iglesia, durante
el día. Un fiscal agresivo fue la punta de lanza en el caso, que se prolongó
por más de cinco años. Finalmente, la iglesia fue exonerada de todos los
cargos, pero solamente los honorarios legales le costaron a la congregación
más de 500.000 dólares. 33

El ministro, junto con la congregación, deben tomar todos los


recaudos necesarios para evitar que surjan problemas de este tipo.
Será práctico tener una buena evaluación del personal de la iglesia,
como maestros o personal de guardería, así como una organización
tal que deje en claro ante la comunidad que la Iglesia hace todo lo
que está a su alcance para proteger a los menores.
Esta buena predisposición para anticiparse a los problemas
que puedan surgir, más una excelente preparación del ministro
y el personal empleado, ayudarán a bajar la probabilidad de
procedimientos legales a los cuales están tan expuestos hoy en día.

33 Trull, Joe. E. y Carter, James E. Op. Cit., p. 196.

Guía para el profesor 219


Ética Ministerial

Actividad No. 29:


Trabajo en grupos pequeños -
¿Dónde están los campos?

E
n la siguiente página encontrará un sermón escrito por William Fisher, y extraído del libro
Sentimientos, sistemas y sermones evangelísticos (Kansas City: CNP, versión electrónica)
acerca de la necesidad que tienen los ministros de involucrarse dentro de una comunidad con
un mensaje y una experiencia de vida. Divida la clase en grupos y proponga a sus alumnos elaborar,
luego de realizar la lectura, una propuesta de involucramiento de la iglesia en la comunidad.

¿DÓNDE ESTÁN LOS CAMPOS?


por William Fisher

Eran los primeros días de enero y el Señor cruzaba Samaria rumbo a Galilea. Había estado
hablando con una samaritana, revelándole su pasado y observando en ella un corazón hambriento. Al
comprender que la samaritana representaba una sed universal de vida nueva, Jesús les habló a sus
discípulos sobre la cosecha que urgentemente les llamaba.
Pero los discípulos, conscientes sólo de las realidades naturales y no de las espirituales, le
recordaron que la época de la siega no llegaría sino hasta principios de mayo. Jesús entonces,
divisando las multitudes que presurosas se acercaban desde los villorrios samaritanos, les dijo: “¿No
decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos
y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”.
Desde luego, el Señor se refería a la gente y no a los granos. No hablaba de semillas germinando
en la tierra, sino del evangelio germinando en los corazones, y listos ya para ser segados. Me parece
que lo más natural haya sido que los discípulos le preguntaran: “¿Cuáles campos? ¿Dónde están los
campos blancos para la siega?” Y nosotros, habitantes del Siglo Veinte, podemos hacer la misma
pregunta: “¿Dónde están los campos?” Yo les aseguro que la pregunta es mucho más urgente que lo
que a primera vista parece.
La pura verdad es que la respuesta llega demasiado tarde en cuanto a los países bajo la bota
comunista, y para otros países y regiones del mundo en donde el cristianismo es casi sinónimo
de colonialismo y explotación. Uno de los mayores peligros de nuestros tiempos es que las
muchedumbres que por millones están emergiendo, rechacen no sólo nuestros sistemas políticos
varios, sino a nuestro Cristo y nuestro cristianismo.
Juan Wesley dijo: “El mundo es mi parroquia”. Por supuesto, estaba en lo correcto. Pero mucho
antes que él, Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Y “que el
arrepentimiento y la remisión de pecados se predicase en su nombre en las naciones”. Y también:
“Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega”.
Indudablemente, uno de los campos a que el Señor Jesús se refería son:

I. LAS NACIONES - EL MUNDO DE DIVISIONES POLITICAS

Todos los días escuchamos y leemos sobre el tremendo incremento de la población mundial. No
fue sino hasta 1830 que el mundo llegó a tener mil millones de habitantes. Pero luego, en sólo 100

220 Guía para el profesor


Ética Ministerial

años llegó a los dos mil millones. Mas he aquí que ahora en sólo treinta y cinco años ha llegado a los
tres mil millones.
Es difícil comprender esta “explosión” humana. Y más difícil aún comprender el desafío que nos
presenta a los cristianos.
Para ayudarnos un poco, permítame relatarle lo que Henry Leppert dice para ilustrar estas cifras
astronómicas. Él sugiere que mentalmente reduzcamos la población del mundo a un pueblo de mil
habitantes. De estos mil, 330 serían clasificados como cristianos. Menos de 100 serían protestantes
y como 230 serían católico-romanos. De esos mil habitantes, unos 80 serían comunistas fanáticos, y
370 vivirían bajo la férula comunista. De los mil, 303 serían blancos, y 697 de otras razas. La mitad
de ellos nunca habrían escuchado el nombre de Cristo, y menos aún sus enseñanzas, mientras que
más de la mitad sabrían quienes fueron Lenin y Marx.
La verdad es que los cristianos estamos perdiendo terreno en el mundo. Aunque casi una tercera
parte se clasifica como cristiana, el hecho triste es que la población cristiana está aumentando sólo
una tercera parte de lo que aumenta la población mundial, y que en los países donde el cristianismo
es más reducido, el aumento de la población es más intenso.
¡Cómo es urgente que alcemos los ojos! Que los alcemos de nuestros intereses materialistas, de
nuestros libros y revistas seculares, de nuestro progreso económico, de nuestras riñas por niñerías, de
nuestros sueños de grandeza, y que veamos los millones y millones de seres en el mundo sin Cristo
y sin esperanza. Una gigantesca ola de humanidad se alza sobre nosotros, y tenemos que hacer en
ella un impacto en favor de Cristo, o ella nos sumergirá y ahogará.
La hora es avanzada, y quizá en algunas partes del mundo ya sea demasiado tarde.
Hace poco tuve el privilegio de dirigir unas campañas de evangelismo en África del Sur. El ambiente
estaba cargado de tensiones y cambios. Casi diariamente recibíamos noticias de luchas entre razas y
crueles combates en el norte. Parecía que medio continente estaba en llamas. El miedo y la desconfianza
casi se respiraban, y todo África parecía a punto de estallar. Esos millones, y otros muchos millones
alrededor del mundo están sobre la marcha. No están seguros de su destino pero han emprendido la
marcha. No saben a dónde van, pero sí saben que no volverán a su estado anterior.
Esta condición no se limita a un continente. Todo el mundo está en transición. Ha roto con el
pasado y se halla en el umbral de una nueva era. Si el espectáculo de casi ochocientos millones de
chinos vueltos al comunismo, y de más de quinientos millones en India que han cerrado las puertas
y las mentes al cristianismo, y de más de trescientos millones en África que han roto sus lazos al
pasado, y de otros cientos de millones que afrontan el futuro con odio mezclado con esperanza… si
ese espectáculo no nos estremece y nos mueve a la acción, entonces algo anda muy mal en nuestra
cabeza, en nuestro corazón, o en las dos partes.
Cristo nos llama con urgencia, diciendo: “Alzad vuestros ojos y mirad; mirad y haced algo por
redimir a los millones hambrientos, consumidos por el odio, llenos de esperanza, antes que ellos, y
vosotros también, seáis aniquilados, y vuestro planeta se vuelva un páramo donde sólo se hallen los
cráteres formados por las bombas, y sea un desierto cubierto con polvo atómico”.
Otro campo al que Jesucristo indudablemente se refería, es:

II. LA IGLESIA-EL MUNDO RELIGIOSO

Si alguno piensa que no debería mencionar la Iglesia como un campo necesitado, permítame
recordarle lo que E. Stanley Jones ha dicho: “Hoy día la iglesia se ha vuelto un campo de evangelización
en vez de una potencia evangelizadora”.
Con mucha frecuencia los pastores me dicen: “Si en esta campaña no alcanzamos a ninguna
persona nueva, suficiente será que tengamos tal avivamiento que todos los miembros de la iglesia
se aviven y renueven sus votos de consagración y devoción”. La razón es que cualquier pastor sabe
que en los servicios regulares de su iglesia pueden gozar frutos evangelísticos, si tan sólo la iglesia
es avivada y el pueblo cristiano recobra el espíritu de evangelismo. Esa es la tarea primordial

Guía para el profesor 221


Ética Ministerial

de pastores y evangelistas; no sólo predicar sermones evangelísticos, sino causar una iglesia
evangelizadora.
Porque, al fin y al cabo, la Iglesia no tiene sino una misión: redimir al mundo. La ganancia de almas
debe tener prioridad en el programa eclesiástico. El evangelismo no es una actividad al margen: no es
un programa opcional; no, sino que es la función primordial de la Iglesia. Como dijera Willard Sperry:
“La tarea más importante de la Iglesia es lograr que Cristo sea real a cada generación”.
Si, pues, el evangelismo es la tarea fundamental de la Iglesia, fracasar en ello es fracasar por
completo, no importa cuanto éxito alcancemos en todo lo demás. Si fallamos allí, somos un fracaso para
Dios, un fracaso para la humanidad perdida, y un fracaso en nuestro propósito y nuestra misión.
No hay manera de compensar por el fracaso en el evangelismo. El aumento en las finanzas no
ocultará ese fracaso, ni tampoco el construir mejores templos, ni el aumentar la asistencia a la escuela
dominical, ni crecer en membresía. Tener mejor prestigio no disimulará el fracaso, ni ser más cultos.
No hay nada, absolutamente nada que compense por el fracaso en la tarea fundamental de la
Iglesia: ganar a los perdidos para Cristo Jesús.
Tampoco podemos compensar como individuos por ese fracaso. Aunque mejoremos la educación
cristiana, aunque cantemos mejor, aunque prediquemos más elocuentemente, aunque perfeccionemos
la administración, aunque incrementemos las finanzas. Cristo no dijo: “Pagad,” sino “Id por todo el
mundo”. Quizá usted diga: “Es que yo no puedo ir al África, ni a India”. No, es cierto, pero sí puede
ir a cada rincón del lugar donde vive, a su vecindario, a su escuela, a su tienda, y hablar de lo real
que Cristo es para Usted. Usted puede alzar sus ojos y ver los campos a su derredor, y entonces
arrodillarse y orar hasta que su alma se sature de la pasión por redimir a los perdidos que lo rodean.
¡Cuán urgente es que levantemos la vista! Que la levantemos de nuestros planes para construir,
de nuestros esfuerzos por levantar más dinero, de nuestra propaganda y campañas de asistencia, y
veamos los miles y miles dentro de la iglesia que están fríos, indiferentes, secos a la causa eterna que
en realidad nos concierne.
Las iglesias están de moda hoy, pero no por el éxito de su misión redentora, sino por sus planes
de unirse, de levantar más fondos, de edificar más templos, de tener más miembros, de lograr mejores
asistencias, y, por supuesto, de volverse “ecuménicas”.
Todo eso es importante, pero no esencial. Serían esenciales si se tratara de establecer una
institución, pero es el caso que se trata de establecer un reino, el Reino de Dios.
La religión hoy es popular en muchas partes. ¡Qué tragedia! Porque cuando la religión es popular,
cesa de ser redentora. Hoy día la iglesia tiene más dinero y más miembros, pero menos influencia y
menos poder. Hemos olvidado que no sólo debemos consolar a los afligidos, sino también despertar a
los dormidos. Y perdemos el tiempo entonando canciones de cuna a los que duermen en las bancas del
templo, mientras el mundo afuera se convence más y más de que la Iglesia no tiene un mensaje para el
atribulado mundo de actualidad. ¡Qué tragedia: el mundo está en revolución y la Iglesia duerme!
Sin embargo, no olvidemos que otro campo al que Jesús se refería es:

III. EL INDIVIDUO-EL MUNDO DE LAS NECESIDADES PERSONALES

El campo, en fin de cuentas, es cada hombre y mujer, cada joven y señorita, cada niño y niña, que
están sin Cristo.
Madame Curie dijo: “Los científicos debemos interesarnos en las cosas, no en las personas”. Ese
pudiera ser un buen lema para los científicos-quizá lo fuera antes de la era atómica, pero nunca para
el cristiano. Más bien, “El cristiano debe interesarse profundamente en los individuos”.
Comencé este mensaje con una samaritana: permítame terminarlo con la historia que Cristo
relató sobre un samaritano, una historia tan conocida que me temo haya perdido su efecto
perturbador.
Por supuesto, usted la recuerda bien: Iba un hombre camino de Jerusalén a Jericó cuando unos
bandidos lo asaltaron dejándolo maltrecho y sangrante. Un sacerdote pasó, lo vio, pero siguió su

222 Guía para el profesor


Ética Ministerial

camino. ¿Por qué? Alguien sugirió que el sacerdote iba a Jericó a predicar un gran sermón sobre el
evangelismo personal, y no tenía tiempo de detenerse y ayudar a aquel pobre hombre abandonado.
Temía llegar tarde al servicio.
Después pasó un levita, y cuando vio al malherido, también se fue de largo. Un “levita” de hoy
sería un oficial de la iglesia, o un miembro del coro, o un maestro de escuela dominical. Quizá el levita
iba a Jericó a una reunión misionera, o a una junta oficial, o a un ensayo del coro. El hecho es que se
pasó de largo, esquivando la angustiosa condición del viajero asaltado. Estaba demasiado ocupado
en la iglesia para distraerse en otras cosas. En una revista reciente se publicó el caso de una mujer
que fue asaltada en la noche, mientras un buen número de personas oían sus gritos de auxilio y sus
quejidos, pero nadie hizo nada por ayudarla, ni siquiera por llamar a la policía. El escritor dijo que el
hombre moderno cree firmemente en “la política de la no intervención”.
Al leerlo, pensé: “Dios mío, cuántos cristianos creen también en esta ‘política de la no intervención’.
Ven hogares destruyéndose, vidas haciéndose pedazos, mentes volviéndose locas, almas cayendo en
la condenación pero se pasan de largo porque no quieren intervenir”.
Mas luego el Señor contó de un samaritano; uno a quien ni siquiera se le consideraba religioso;
también se dirigía a Jericó, pero cuando él vio al herido se detuvo, tuvo compasión de él y acudió en
su auxilio. Observad los pasos: (1) primero lo vió, no sólo la sangre y la ropa rasgada, sino al hombre;
(2) tuvo compasión de él, qué palabra tan extraña en un mundo tan egoísta donde nos codeamos con
tanta gente pero tocamos tan pocos corazones; (3) se acercó a él; no se pasó de largo sino que estuvo
dispuesto a intervenir, a involucrarse; y (4) lo auxilió, no dijo: “Cuando llegue a Jericó voy a avisar
para que manden una ambulancia para que vengan y lo recojan”. ¡No! Él lo ayudó. Estuvo dispuesto
a molestarse, a ensuciarse, para ayudar a restaurar a aquel pobre.
Todos nosotros estamos en un camino a Jericó, y hay miles y miles de hombres y mujeres
fracasados, asaltados, heridos, hambrientos, cargados de pecado, sangrando por los golpes de la
vida, en su mente, su cuerpo y su espíritu. Que Dios perdone nuestro egoísmo cuando nos rehusamos
a detenernos, a molestarnos, a ayudar, y nos pasamos de largo.
Que Dios nos ayude a levantar nuestros ojos de todo lo que es trivial, superficial, secundario, y
ver bien los campos. Entonces caeremos sobre nuestras rodillas hasta que seamos llenos del poder
de su Espíritu Santo, y nos levantaremos e iremos a hacer nuestra parte por redimir al mundo.

Guía para el profesor 223


Ética Ministerial

Actividad No. 30:


Material de apoyo -
Los límites del aconsejamiento pastoral

E
n la siguiente página encontrará un documento escrito por James D. Hamilton, extraído del
libro El ministerio del pastor consejero (Kansas City: CNP, versión electrónica) acerca de la
necesidad ética que tienen los ministros de conocer los linderos de su desempeño en la tarea
de aconsejamiento. Puede utilizar este material para complementar las Notas de Clase.

LOS LÍMITES DEL ACONSEJAMIENTO PASTORAL


por James D. Hamilton

INTRODUCCIÓN

La función de consejero del pastor es completamente vieja o completamente nueva. Es vieja en el sentido
de que siempre ha habido intermediarios entre el hombre y sus problemas. Esto quiere decir que siempre ha
habido personas que han actuado como consejeros de personas que se enfrentan a problemas serios.
A veces estos consejeros se ofrecían ellos mismos, en ocasiones eran designados por otros,
en virtud de su posición o edad, como en el caso de videntes, sabios, reyes magos, o profetas.
Así era particularmente en el mundo oriental. Cuando uno estudia la historia bíblica puede ver qué
lugar tan prominente se le daba al que actuaba como consejero en el pensamiento y la vida de los
judíos. El Antiguo Testamento, particularmente el libro de los Proverbios, hace muchas referencias
al aconsejamiento. Históricamente, el aconsejar ha sido visto más como una función que como una
profesión. El aconsejar se veía más bien como un producto de otra profesión.
Aconsejar es una función nueva en el sentido de que como disciplina profesional separada principió
a resaltar en este siglo. Históricamente estaba relacionada con tres cosas: (1) El surgimiento de la
psicología de factor y tendencia; (2) El desarrollo de la psicología motivacional; y (3) El surgimiento de
la enseñanza vocacional, que data desde la publicación del libro de Frank Parson titulado “Escogiendo
una Vocación” (Choosing a Vocation). El movimiento moderno de aconsejamiento principió cuando
este libro fue publicado a principios de esta centuria.
Ha habido un continuo cambio de énfasis, de problemas a personas en el movimiento consejero.
En esa forma la meta de esta actividad ha venido a ser que el individuo haga los ajustes necesarios en
su vida. Se cree que es la persona quien necesita ayuda y no el problema lo que necesita resolverse.
Aconsejar [2] quiere decir muchas cosas diferentes para muchas gentes. Actualmente, el término
“consejero” ha sido motivo de mucho abuso. No nos sorprenda descubrir que hay personas que sirven
como consejeros de préstamos, de campamentos, de modelos, y aún para el cuidado del césped.
Estos son usos descuidados de una buena palabra.

RECOMENDAR, ACONSEJAR Y PSICOTERAPIA

El consejo pastoral abarca dos extremos: el de recomendar y el de una psicoterapia a fondo. El


consejo pastoral no es recomendar, porque recomendar intenta primordialmente resolver el problema

224 Guía para el profesor


Ética Ministerial

en forma superficial. Tampoco se puede decir que el consejo pastoral es una psicoterapia a fondo,
porque ésta busca hacer cambios de orden mayor en la estructura de la personalidad. Entre estos dos
extremos: el de recomendación y de psicoterapia a fondo, se hace el trabajo de consejo pastoral. El
consejo pastoral puede caracterizarse por los siguientes elementos:
1. Es una interacción espiritual-psicológica entre el pastor y el feligrés, los métodos y propósitos de
los cuales, tal como se ha notado, yacen entre dos extremos: el de recomendar y el de la psicoterapia
a fondo.
2. Los recipientes del consejo son consultantes o feligreses.
3. El aconsejamiento se hace con personas normales o a quienes se cree normales.
4. El aconsejamiento se hace con personas normales que están frustradas con frecuencia.
5. Su propósito es lograr un auto-entendimiento a luz de la potencia de la persona y requiere la
modificación de actitudes y conducta.
6. Le da más énfasis al presente y a lo consciente que al pasado y al inconsciente.
7. Se hace dentro de un contexto cristiano y sus metas son enteramente cristianas.
Puesto que los límites del consejo pastoral se determinan por estas siete características, es muy
importante que se examinen más de cerca. Al hacerlo, sabremos qué es el aconsejamiento pastoral y cómo
se distingue de otros métodos de ayuda personal. Esto nos provee los límites dentro de los cuales opera.

1. El aconsejamiento pastoral es una interacción psicológica y espiritual entre el pastor y el feligrés


con el propósito de resolver las dificultades de éste. Esto quizás se extienda desde la dificultad en
enfrentarse con el problema de la vida en general, hasta la dificultad en enfrentarse con un problema
particular. Este encuentro espiritual-psicológico puede formalizarse; esto es, puede arreglarse
anticipadamente en un tiempo definido y en un lugar especial para la situación de consejo. Pero
también puede ser informal, o sea, se puede establecer una relación de ayuda con el feligrés cuando
el pastor está en contacto con él en algún otro tipo de relación y la situación de consejo resulta de
ello. Puede iniciarse simplemente cuando el feligrés dice, “de paso, pastor, hay algo que me ha estado
preocupando y quisiera hablar con usted acerca de ello”. No importa cómo se principie el contacto,
sea formal o informalmente. Lo esencial es que cada uno se dé cuenta de su papel en esta relación.
Esta interacción espiritual y psicológica quizá requiera varias sesiones o quizás sólo requiera
una sola conversación. El pastor sabio sabe que los problemas serios no se resolverán en una sola
sesión. Por tanto, ayudará a su feligrés a ver la necesidad de continuar recibiendo consejo hasta que
el problema esté adecuadamente resuelto. Esto no quiere decir que los problemas grandes no se
puedan resolver en una sesión. Sin embargo, en la mayoría de los casos, esto no es posible. Tanto el
pastor como el feligrés desearán pero no esperarán una solución rápida.
Como ya se ha dicho, la interacción psicológica-espiritual no es ni una mera recomendación ni
una psicoterapia a fondo. La primera se hace generalmente con un mínimo de encuentro personal
o interpersonal. Es más bien unidireccional entre la persona que aconseja y la persona que recibe
el consejo. Esto hace a un lado el valor de una profunda interacción interpersonal. Y ésta es de
vital importancia para la continuación de una relación válida y de ayuda. La psicoterapia a fondo
trata de hacer cambios mayores en el individuo a través de una larga y ardua reestructuración de la
personalidad. Solamente personas con una intensa preparación, gran técnica y mucha experiencia,
están capacitadas para hacer esta clase de terapia. La mayoría de los pastores no lo están.

2. Los recipientes del consejo pastoral se conocen como consultantes o feligreses. Los que buscan
ayuda de un consejero profesional o psicólogo se llaman clientes. A las personas que van con un
psiquiatra se les llama pacientes. Aunque estas distinciones no parezcan importantes, de hecho lo
son. Un cliente es el que emplea los servicios de un profesionista y usualmente paga una cantidad
por estos servicios. El término “paciente” ubica la relación de ayuda dentro de un marco de referencia
médica. Como el pastor no es ni un consejero profesional, ni un médico, no es propio que llame a sus
feligreses clientes o pacientes.

Guía para el profesor 225


Ética Ministerial

3. El consejo pastoral se hace con gentes normales. El término normal, cuando se relaciona a
la personalidad, es muy difícil de definir. Unos piensan que es imposible definirlo. Otros niegan que
exista una persona verdaderamente normal. Esta posición resulta de la idea muy extendida por cierto,
de que la diferencia entre la salud mental y una enfermedad mental no es cuestión de clase, sino
de grado. Esta teoría sostiene que hay vestigios de enfermedad en la persona mentalmente sana y
vestigios de salud en la persona mentalmente enferma.
Cuando le pidieron a un psiquiatra que describiera una persona normal, contestó: “No puedo, nunca
me he encontrado con una”. No obstante, este libro asegura que las personas normales sí existen.
Sin intentar definir adecuadamente la normalidad, haremos un intento de describirla. Una persona
normal es aquella que tiene suficiente contacto con la realidad para enfrentarse, en un grado
razonablemente adecuado, con los más grandes aspectos de su vida. Puede trabajar, jugar, comer,
dormir, estudiar, manejar su automóvil y conversar de tal manera que mantenga su vida en orden.
Aunque algunas veces se halle frustrado, no está desintegrado. Sus amigos no lo consideran raro,
extraño, o peligroso. El pastor puede ayudar a personas “normales” en tanto que ellas confrontan
los problemas en su vida. Por otro lado, no puede ayudar inmediata o indirectamente a personas
“anormales”. Estas son personas que han perdido o están perdiendo contacto con la realidad, quienes
se están comportando en una forma extraña, y que son un peligro para ellos mismos y para otros.
Estas personas necesitan ser recomendadas a una clínica de psicología o a un psiquiatra.
4. El consejo pastoral se hace con personas normales que están frustradas. La frustración es un
bloque o interferencia de una necesidad o meta por causa de una barrera u obstrucción. La frustración
es frecuente e inevitable. Una vida sin frustraciones es inconcebible, porque las necesidades básicas
del hombre frecuentemente quedan insatisfechas y sus metas son bloqueadas. Por lo tanto, la
frustración se presenta en varios grados en cada persona. No es cosa de si la frustración ocurrirá; sino
cuan grande será. La frustración crea un gran dolor emocional y hace que uno pierda su objetividad.
Uno se pierde en sus problemas. No ve con claridad el modo de salir de ellos, es por esto que busca
ayuda. La frustración está presente en un grado intenso en la mayoría de las personas que buscan
consejo pastoral.
5. El consejo pastoral busca un auto-entendimiento a la luz de la potencialidad de la persona y
requiere una modificación de actitudes y conducta. Las actitudes y la conducta son los dos campos
en que el pastor trabaja.
6. En el consejo pastoral se le da más énfasis al presente y al consciente que al pasado y al
inconsciente. En este aspecto el consejo pastoral difiere mucho del psicoanálisis. El psicoanalista trata
en su mayor parte con las experiencias pasadas de la persona y sus impulsos inconscientes. Cree que
la persona puede ser entendida solamente en términos de su pasado y que el pensamiento consciente
y conducta de uno se determinan por fuerzas inconscientes. El pastor no tiene la preparación, técnica
y experiencia para hacer esta clase de trabajo. Por eso debe concentrar su énfasis sobre el presente
y el consciente. Estas son dos dimensiones con las que él cuenta inmediatamente, y son las dos
áreas en las que él está capacitado para trabajar. Este dominio está dentro del cuadro de la tradición
cristiana y de la teología cristiana.
El pastor consejero sabe que su aconsejamiento debe tener una dimensión divina. Sabe muy bien
que el hombre es un ser espiritual cuyas necesidades espirituales sólo pueden ser atendidas por Dios.
El pastor consejero considera al hombre en su relación con Dios y ve al hombre en términos de valores
eternos. Trata de traer al hombre dentro de una verdadera relación con Dios. El pastor tiene una meta
primordial y es que su feligrés, por sus consejos, llegue a un mejor entendimiento de la fe cristiana, y
“a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

226 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Bibliografía
Comentada

 Atiencia, Jorge. Hombres de Dios: Elías, Ezequiel, Daniel,


José, Esteban. Buenos Aires: Ediciones Certeza ABUA, 1995.

En este libro, el autor analiza brevemente, como ejemplo


de ética ministerial, la vida de algunos de los personajes
bíblicos más destacados. Sin dejar de lado su humanidad, el
autor repasa cuáles fueron las actitudes que tomaron estos
personajes ante distintas situaciones que les tocó enfrentar.

 Criswell, W. A. El pastor y su ministerio. El Paso: CBP,


1998.

A partir de la vasta experiencia del autor en materia


pastoral, el libro se centra en los distintos trabajos que el
ministro deberá enfrentar durante su actividad ministerial,
sobre todo en lo que hace a la organización de sus tiempos y
a la aplicación de los principios éticos bíblicos fundamentales
para su ministerio.

 Giles, E. James. De pastor a pastor. Ética pastoral


práctica. El Paso: CBP, s.f.

A través de esta obra, el autor transmite una


respuesta bíblica y práctica a temas como las relaciones
y responsabilidades del pastor, los requisitos morales y
conducta con su familia, iglesia y comunidad.

 Martínez, José M. Ministros de Jesucristo. Barcelona:


CLIE, 1977.

Este libro se presenta como un manual para pastores,


misioneros y predicadores. Esta obra ha sido escrita por J. M.
Martínez y se divide en dos volúmenes, donde se desarrollan
los aspectos más importantes a tener en cuenta de la vida de
los ministros cristianos.

Guía para el profesor 227


Ética Ministerial

 Mc Arthur, John. El ministerio pastoral. Barcelona: CLIE,


2005.

Desde una perspectiva bíblica, John Mc Arthur, hace


a través de esta obra un valioso aporte a la formación
de ministros cristianos. El autor desarrolla los siguientes
principios: cómo entender las bases y la esencia del ministerio
pastoral, cómo debe ser la preparación bíblica del ministro
cristiano, y cuales deben ser los requisitos personales del
pastor.

 Mosley, Ernest. Prioridades en el ministerio. El Paso:


Mundo Hispano, 2003.

A través de esta obra, el autor busca advertir y aconsejar


a los ministros sobre la necesidad de tener prioridades
ministeriales. Algunas de las cuales son desarrolladas y
analizadas profundamente, como: el ministro como padre,
como cónyuge, como empleado, y como ciudadano
(entre otros). Finalmente, concluye con una investigación
importante acerca de cómo debe medir el éxito un ministro.

 Trask, E. Thomas Manual de Referencia para el ministro


del siglo veintiuno. Miami: Editorial Vida, 1999.

Esta obra es una enciclopedia ministerial dirigida a los


pastores en general. Contribuye con la formación ética del
ministro en todos los aspectos de su vida. En dos tomos
se abarcan la mayoría de las circunstancias que el ministro
transita a lo largo de su vida ministerial, y cómo enfrentarlas
de la mejor manera, tomando como base la experiencia de
otros pastores.

 Trull, Joe E. & Carter E. James Etica Ministerial. Sea distinto


en un mundo que no es tan bueno. El Paso: CBP, 1997.

Los autores se encargan de ofrecer al lector un resumen


completo de los aspectos éticos que cubren la vida del
ministro durante su vida. Durante la lectura, se destacan
los principios y valores bíblicos que los autores retoman,
y sus diferencias con las problemáticas sociales existentes
en la actualidad. Se analiza este contraste y se proponen
soluciones prácticas para la vida del pastor.

228 Guía para el profesor


Ética Ministerial

 Spaite Daniel M.D. Bomba de tiempo en la iglesia.


Kansas City: CNP, 2001.

Esta es una obra cuya temática es pertinente a los tiempos


en que los ministros viven. El autor ayuda al lector a tomar
conciencia de los peligros de la hiperactividad ministerial
y sus consecuencias en la salud. Lleva el tema de la ética
ministerial más allá de lo que comúnmente se oye hablar y lo
traslada al ámbito cotidiano de la vida del ministro: su salud,
su hogar y su ministerio.

 Strait, Neil. Pastor ¡No se desanime! Kansas City: CNP,


2000.

En este libro, su autor pone a disposición de sus lectores


toda su experiencia como ministro del evangelio. Se destacan
los consejos de Strait ante cada situación que demande una
respuesta ética.

Guía para el profesor 229


Apéndices
Ética Ministerial

Apéndice
Guía para análisis
crítico de lectura

CURSO : __________________________________________________________

ESTUDIANTE : __________________________________________________________

PROFESOR(A) : __________________________________________________________

PROGRAMA: __________________________________________________________

FECHA : __________________________________________________________

1. REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

Anote la referencia bibliográfica correspondiente a la lectura, tomando en cuenta el forma-


to que aparece a continuación. Anote las páginas exactas que leyó. Utilice una hoja para cada
libro o artículo leído.

Apellidos, Nombre del autor. Nombre del libro. Ciudad donde fue publicado:
Editorial, año de publicación, páginas leídas.

2. RESUMEN DE CONTENIDO

En esta sección se espera que el alumno haga una reseña de la lectura. Se evaluará la
capacidad del alumno para resumir la materia abordada por cada autor, en las páginas corres-
pondientes. Este resumen deberá incluir las ideas centrales, los puntos principales o la tesis
básica expuesta por el autor. Dependiendo de la tarea asignada, esta porción del análisis
crítico podría abarcar desde un párrafo normal hasta varias páginas, pero es necesario tener
presente que esto no es la parte más importante del análisis. Este resumen no debe consistir
simplemente en la enumeración de los títulos o capítulos del índice.

Guía para el profesor 233


Ética Ministerial

3. EVALUACIÓN Y DIÁLOGO CON EL AUTOR

En esta sección se espera que el alumno realice:

a. Un abordaje reflexivo en torno a cuál es el enfoque del autor respecto a la temática


que trata (señalar los puntos fuertes y claves de la lectura).
b. Cuestionar los puntos controversiales o débiles, si los hubiera.
c. Un análisis comparativo entre otras lecturas hechas con el propósito de encontrar
similitudes, diferencias o puntos controversiales, entre ellos.

4. COMENTARIOS Y REFLEXIONES PERSONALES

Finalmente, el estudiante deberá precisar en qué aspectos la lectura de este libro ha sido de
beneficio para su vida personal y ministerial.

Nota: Aspectos generales

- Ponga mucha atención a la redacción. Se espera que esté al nivel de los estudios
que realiza el estudiante.
- Recuerde siempre los signos de puntuación y ortografía en general.
- Esfuércese en lograr precisión al escribir. La ambigüedad muestra falta de
comprensión en lo leído y escasez de criterio propio.

234 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Guía para
la realización
de un ensayo

El Ensayo

E
l ensayo es uno de los géneros más modernos y de mayor cultivo en la actualidad. La
popularidad de que goza se debe en gran medida a su naturaleza versátil y al elemento
personal y subjetivo que contiene. También el hecho de ser el género por excelencia
utilizado en las ciencias sociales.
Se puede definir el ensayo como: “Un escrito en prosa, generalmente breve, que expone
sin rigor sistemático, pero con hondura, madurez y sensibilidad, una interpretación personal
sobre cualquier tema, sea filosófico, científico, histórico, literario, teológico, etc.”.

1. Características del ensayo

Las fronteras formales del ensayo son imprecisas. En la manera con que se expone y
enjuicia un tema colinda con el trabajo científico, con la didáctica y la crítica. Se separa de las
anteriores en que no sigue un orden riguroso y sistemático de exposición, ni pretende agotar
la materia, ni dar soluciones firmes. Lo personal y subjetivo, el punto de vista que asume el
autor al tratar el tema, adquiere primacía en el ensayo. La nota individual (los sentimientos
del autor, sus amores, gustos y aversiones) es lo que lo define y caracteriza. El lenguaje es más
conceptual y expositivo en el ensayo.
El ensayo se caracteriza por:

— Su estructura libre, de forma sintética y de extensión relativamente breve.


— Su variedad temática. Se pueden exponer ideas de todas clases: filosóficas, científicas,
morales, estéticas, literarias, teológicas, etc.
— Su estilo cuidadoso y elegante, sin llegar a la afectación.
— Su tono variado, que responde a la manera particular con que el autor ve e interpreta el
mundo, la vida, la naturaleza, los seres humanos y a sí mismo. El tono puede ser profundo,
poético, didáctico, satírico, irónico, etc.
— La amenidad en la exposición, que sobresale el rigor sistemático de ésta.

Guía para el profesor 235


Ética Ministerial

2. Clases de ensayo

a. De carácter personal: Casi confesional; es lo que los sajones llaman ensayo personal.
En ellos, por lo común, el escritor habla de sí mismo y de sus opiniones sobre hechos y cosas,
dentro de un estilo ligero, natural, casi conversacional.
b. De control formal: Es más ambicioso, más extenso y riguroso; se lo llama ensayo formal.
Es el que se aproxima más al trabajo científico. Pero es necesario advertir que aun dentro de
este tipo lo que siempre interesa es el punto de vista del autor y no tanto de los materiales que
elabora o el fondo de erudición que maneja.

En estos dos tipos extremos encontramos una amplia gama de modalidades intermedias,
según se aproximan o se alejan del uno o del otro. Y en cierto modo caben tantas clasificaciones
como puntos de vista adoptados por el género:
El ensayo de exposición de ideas: Son aquellos cuyo fin primordial es comunicar al lector
unas ideas, sean éstas filosóficas, políticas, sociológicas, etc.
El ensayo poético: Son ensayos donde lo poético prevalece sobre lo conceptual. Es un
poema en prosa. Vemos las cosas, el mundo, el paisaje y los hombres a través de la sensibilidad
y visión poética del autor.
El ensayo crítico: Son ensayos de mayor profundidad en los que se analiza y enjuicia
cualquier idea, obra o actividad humana. Su uso se extiende al campo de la historia, la
medicina, las ciencias exactas, etc.

3. Consejos al estudiante

— Seleccione un tema que conozca bien y que le haya causado una profunda impresión; por lo
general, podemos decir siempre algo convincente y persuasivo de lo que conocemos y sentimos.
— No se aparte de las normas y reglas del arte de la redacción. Una estructura libre no
significa en absoluto que la misma sea caótica e incoherente.
— Escoja un lenguaje adecuado al tema que piensa desarrollar. El mejor lenguaje es el natural,
el suyo propio. Aléjese de toda retórica y pedantería léxica.
— Trate de ser persuasivo, sin caer en el servilismo; y por favor, no pretenda ser gracioso y
agudo en sus observaciones, a menos que esas cualidades sean innatas de usted.
— No trate de ser original a todo trance. El hecho de que lo consustancial al ensayo sea la
interpretación personal del autor no debe entenderse como completa originalidad. Estudie su
tema, reflexione sobre él y documéntese con otras opiniones.

4. Guía para hacer un ensayo

a. Portada requerida por la institución


b. Título
c. Introducción (se puede o no intitular)
d. Cuerpo o desarrollo del tema (se puede o no intitular y poner o no subdivisiones)
e. Conclusión (se puede o no intitular)

236 Guía para el profesor


Ética Ministerial

Notas

Guía para el profesor 237


Ética Ministerial

238 Guía para el profesor