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INTRODUCCIÓN

Nuestras pistas son escenario de accidentes de tránsito que dejan dolor en los
hogares de las víctimas. Camiones y buses que atropellan a transeúntes y huyen,
maquinas no autorizadas para circular en vías y provocan muertes, conductores en
estado de ebriedad que estrellan sus vehículos acabando con vidas, e innumerables
circunstancias en las que el alcohol y la imprudencia temeraria trastocan la vida de
nuestras comunidades son el cuadro recurrente. Sin embargo estos hechos con
graves consecuencias son sancionados por la justicia.

La ola constante de accidentes de tránsito con víctimas con daños personales y


materiales, nos motiva a desarrollar algunas ideas sobre la responsabilidad civil por
accidentes de tránsito, tema que ha sido materia análisis. La importancia radica en
que el accidente ya no es una simple circunstancia sino una categoría jurídica
independiente, con consecuencias jurídicas propias, distinta de la responsabilidad
por acto ilícito y de la responsabilidad contractual. La teoría del riesgo y la
responsabilidad objetiva, lo que es remarcado por la jurisprudencia en los supuestos
de concausa y fractura del nexo causal. Problemas que se suscitan en la práctica
judicial en los procesos de indemnización por accidentes de tránsito.

La imprudencia de los conductores es uno de los factores reiterados que ocasionan


estos accidentes. Así, si bien puede considerarse a la responsabilidad civil como
una garantía de los ciudadanos al resarcimiento de los posibles daños derivados de
un accidente de tránsito, es de suma importancia desarrollar los temas relativos a
este supuesto de responsabilidad civil, a saber: el automóvil como bien riesgoso, el
accidente de tránsito, la naturaleza del accidente de tránsito, sobre responsabilidad
civil y su naturaleza que surge del accidente de tránsito, la carga de la prueba y,
para finalizar, con el seguro por accidentes de tránsito.
RESPONSABILIDAD CIVIL EN LOS ACCIDENTES DE TRANSITO

PARA LA VÍA CIVIL:

Cuando se produce un accidente de tránsito, por decir el choque de dos vehículos


motorizados y los daños solo son materiales, generalmente se llega a un acuerdo
verbal y se resuelve en forma instantánea. Se arregla. Esto si no hay ningún tipo de
lesiones o muerte. Estamos hablando estrictamente de daños materiales que se
producen entre los vehículos. En su mayoría estos incidentes se arreglan bajo
acuerdo directo de las partes. Si no hay ese arreglo, entonces ya tienen que acudir
al órgano jurisdiccional, que corresponde a los juzgados de paz, que es la vía civil
donde se determina quién fue el responsable, el monto indemnizatorio y se puedan
resarcir los daños.

Aquí no interviene el Ministerio Público, ni interviene el Juez Penal. Ahora, cuando


existen lesiones, con o sin intervención de los vehículos, tenemos que ver que
determinar si las lesiones son culposas. Son simples cuando el médico decreta
atención facultativa y descanso médico entre 15 y 30 días. Si las lesiones son leves
y si no hay un agravante, esto se resuelve en instancia privada. Procede interponer
querella ante el juzgado unipersonal. “cuando las lesiones tienen carácter de grave,
o sea mayor a 30 días u otras condiciones establecidas en el Art. 121 del Código
Procesal Penal como en las que se pone en peligro inminente la vida de la víctima,
o se mutila un miembro o parte principal del cuerpo que lo hacen impropio para su
función, o si se deriva en una persona con incapacidad para el trabajo, invalidez,
anomalía síquica permanente o queda desfiguración grave y permanente. Aquí, ya
interviene el Ministerio Público. Obviamente, también cuando el resultado es la
muerte del agraviado”. Advirtió que tanto en el caso de lesiones leves o graves,
“pueden existir circunstancias que pueden agravar la responsabilidad y en
consecuencia la pena del causante. Conducir en estado de ebriedad o infringir las
reglas de tránsito, agrava la pena, Por ello el Art. 124 que se refiere a las lesiones,
sanciona con pena no menor de 1 año y no mayor de tres, si las lesiones son
producto de la inobservancia de las reglas de ocupación, profesión o industria. La
pena alcanza los 4 años si son varias las víctimas de un mismo hecho. La condición
de quien provocó el accidente se agrava aún más, de 4 a 6 años e inhabilitación, si
la lesión se comete con un vehículo motorizado o arma de fuego estando el agente
bajo los efectos de alcohol, drogas, toxinas o sustancias sicotrópicas”. En el caso
de la conducción de vehículos en estado de ebriedad, añadió el magistrado,
“tenemos que precisar que si se trata de un vehículo particular, se permite alcohol
de 0.5 gr/l y si es un vehículo de transporte público, pasajeros, mercancías o carga
en general, es 0.25 gr/l permitido. Por encima de esos niveles, la situación es
agravante, 4 años como mínimo y 6 años como máximo. La misma pena agravante
se da si el accidente ocurre por la inobservancia de las reglas de tránsito”.

ALCOHOL Y MALA CONDUCCIÓN:

Según la experiencia y estadística que registra en su haber el magistrado, ha sido


una constante que la mayor cantidad de accidentes que han llegado a su despacho
han sido por casos provocados por el alcohol y la imprudencia al conducir. “En
casos de homicidios culposos, los de accidente de tránsito en mayor número son
por inobservancia de reglas de tránsito o por conducción en estado de ebriedad.
Esa es la mayor cantidad. En el caso de los accidentes por inobservancia de reglas
de tránsito, la mayoría son por conducir vehículos a velocidades mayores a la
permitida. Podemos hablar de un centro poblado, vías de evitamiento que cruzan
centros poblados. Allí generalmente los vehículos recorren con velocidades sobre
los 80 o 100 km/h. Eso está prohibido. Siempre se tiene en cuenta la velocidad de
acuerdo al tipo de vía. Esta circunstancia genera una pena entre 4 y 8 años, similar
a lesiones agravadas, pero aquí aumenta porque es por accidente. En estos casos
es imperativa la intervención del Ministerio Público”. Sobre los plazos de
investigación y proceso, el juez señaló que, “es igual que un proceso común. El
mismo plazo de investigación. Es de vital importancia la pericia técnica que realiza
la Policía especializada en tránsito. Estas pericias demoran, porque si no se podría
llevar incluso hasta en un proceso inmediato. En esas pericias, se interviene al
causante del accidente en forma inmediata. Lo que sí se está pidiendo son prisiones
preventivas a los causantes. Acá en las audiencias de proceso inmediato, se puede
llegar a un resarcimiento. Si hay un acuerdo en cuanto a la reparación civil, se da
penas suspendidas.
LA FUGA COMO DELITO ADICIONAL:

En los casos en que quien ocasiona lesiones graves o muerte y fuga de la escena
del accidente, el Estado se suma como parte agraviada. “hasta aquí solo se asume
como agraviada la persona. Pero hay otras circunstancias en las que el Estado
resulta agraviado. Cuando el causante huye del lugar del accidente de tránsito.
Entonces allí ya está cometiendo dos delitos. Uno es el homicidio o lesiones
agravadas y el hecho de huir o escaparse constituye un delito autónomo. Esto está
previsto en el Art. 408 del Código Penal. En este caso resulta también agraviado el
Estado. Si el causante huye del lugar para sustraerse para su identificación, para
eludir las comprobaciones necesarias, o se aleja por razones atendibles pero no da
cuenta a la autoridad, será reprimido con pena privativa no menor de seis meses ni
mayor de 4 años. Esto es cuando huye y deja lesiones graves o muerte. No solo
cuando el causante huye con el vehículo sino también cuando el conductor
desaparece luego de provocar lesiones o muertes, dejando el vehículo en el lugar.
En este Juzgado ya se tuvo casos. Uno de un señor que salía de un palo verde en
Cruce El Milagro, atropella, ocasiona muerte, huye y esconde el vehículo. Allí vemos
que se dan los dos delitos. También el caso de un ómnibus que en la Panamericana
arrolló a un indigente. Se ubicó al bus en Paiján. En lima se dio un caso de una
persona que provocó una muerte y ahora está en el extranjero, también se dan los
dos delitos”.

EL RESARCIMIENTO:

Luego de los penosos resultados de un accidente, el resarcimiento económico es


apena una compensación material para un hecho irreparable. Sin embargo es lo
único que queda. El magistrado concluyó, “así está previsto en la norma, el
resarcimiento económico. Es libre. Las partes pueden acordar. A veces son
familiares o vecinos, porque no necesariamente es un desconocido. Si estoy
conduciendo en estado de ebriedad y llevo dos pasajeros, vecinos o familiares, en
consenso surge un resarcimiento menor. No hay un tope mínimo ni máximo. Aquí,
en este juzgado, hemos visto resarcimientos desde 10 mil hasta 60 mil Nuevos
Soles. Ya es el acuerdo de las partes”. Cabe señalar que a pesar de llegarse a un
resarcimiento económico, un proceso penal por muerte por accidente igual puede
dejar al causante un antecedente, una sentencia. “El autor recibe una sentencia.
Aunque también se puede llegar a un principio de oportunidad. Una negociación
entre las partes para el resarcimiento. Se llega a un monto resarcitorio, que
obviamente tendría que ser mayor al de una terminación anticipada”.

CONCEPTOS DOCTRINARIOS:

De Trazegnies define al accidente de tránsito como: “un daño estadístico e


inevitable, el mismo que es consecuencia de la vida en común, lo cual le da un
ingrediente social. A su vez, el azar interviene al momento de la individualización de
las personas que se ven involucradas en el accidente”. Vega Mere lo define como:
“Todo hecho que produce daños a personas o a cosas, con un automotor, aunque
no se encuentre en circulación”. Mesinas Montero, lo define como: “un evento
súbito, imprevisto y violento en el que participa un vehículo automotor en marcha o
en reposo en la vía de uso público,causando daños materiales y/o personales,
pudiendo ser las personas afectadas tanto ocupantes como terceros no ocupantes
del vehículo mencionado”

CONCEPTOS NORMATIVOS:

El TUO del Reglamento Nacional de Responsabilidad Civil y Seguros Obligatorios


por Accidentes de Tránsito, aprobado por D.S. Nº 024-2002- MTC señala que el
accidente de tránsito es un: “Evento súbito, imprevisto y violento (incluyendo
incendio y acto terrorista) en el que participa un vehículo automotor en marcha o en
reposo en la vía de uso público, causando daño a las personas, sean ocupantes o
terceros no ocupantes de vehículo automotor, que pueda ser determinado de una
manera cierta”. El TUO del Reglamento Nacional de Tránsito - Código de Tránsito
aprobado por D.S. Nº 016-2009-MTC, señala que el accidente es un: “Evento que
cause daño a personas o cosas, que se produce como consecuencia directa de la
circulación de vehículos”.
1. El automóvil como bien riesgoso:

Según la Real Academia Española, automóvil significa: “Que se mueve por


sí mismo. Aplicase principalmente a los carruajes que pueden ser guiados
para marchar por una vía ordinaria sin necesidad de carriles y llevan un
motor, generalmente de explosión, que los pone en movimiento”. Además,
no importa cuán diligentes seamos en el manejo, aun el conductor más
precavido o prudente puede cometer un error, quizás insignificante en
apariencia (por ejemplo: desviarse un par de centímetros); o también puede
que el comportamiento diligente dé lugar a un accidente. Imaginemos al
conductor que, ante la proximidad de un cruce, se encuentra mirando el
semáforo y, de improviso, sale una persona entre los autos estacionados
siendo atropellada de repente. Esto nos muestra el carácter riesgoso del
automóvil, lo cual no implica ignorar el hecho de que hay choferes
imprudentes que constituyen un riesgo no deseado por la sociedad.

Las múltiples contingencias que pueden presentarse durante la


conducción del vehículo automotor. La realidad es que toda sociedad se
beneficia con ese peligro que no puede suprimirse radicalmente; por ello el
artículo 1970 del Código Civil requiere, inevitablemente, que en cada caso
que se aplique la jurisprudencia sobre el tema de peligrosidad extraordinaria,

Argumentada en forma razonable, teniéndose en cuenta las circunstancias,


valorando la forma como la gente normalmente considera las cosas en
términos de peligro extraordinario, sin menospreciar pero también sin forzar
situaciones.

2. El accidente de tránsito:

Algunos autores definen al accidente de tránsito como un cambio,


modificación o alteración, ocurrido en las vías públicas, causado por las
personas, los animales o las cosas inanimadas y, especialmente, por los
vehículos, del cual resultan lesiones, daños o perjuicios a la vida humana y
a los bienes
El accidente de tránsito es un suceso inesperado ocurrido en una vía de
circulación en el que participa, por lo menos, un vehículo en transporte
teniendo como resultado la lesión de personas y/o daños a la propiedad. La
frase “en transporte” tiene, dentro de esta definición, dos acepciones: a) en
movimiento; y b) listo para moverse.

El accidente de tránsito, en nuestro ordenamiento jurídico, posee dos


definiciones no necesariamente concordantes:

“el Texto Único Ordenado del Reglamento Nacional de Responsabilidad Civil


y Seguros Obligatorios por Accidentes de Tránsito (aprobado por Decreto
Supremo 024-2002-MTC), lo define en su artículo 5 como el “evento súbito,
imprevisto y violento (incluyendo incendio y acto terrorista) en el que
participa un vehículo automotor en marcha o en reposo en la vía de uso
público, causando daño a las personas, sean ocupantes o terceros no
ocupantes de vehículo automotor, que pueda ser determinado de
manera cierta”.

El Reglamento Nacional de Tránsito (aprobado mediante Decreto Supremo


033-2001-MTC), considera como accidente (a secas) al “evento que cause
daño a personas o cosas, que se produce como consecuencia directa
de la circulación de vehículos” (artículo 2). Anteriormente, el Código de
Tránsito y Seguridad Vial (Decreto Legislativo 420) presentaba a su vez una
definición de accidente de tránsito. Dicho cuerpo legal señalaba, Artículo
164º.- Se considera accidente de tránsito a todo hecho que produzca daños
en personas o cosas, como consecuencia de la circulación.

Cuando pretendemos analizar los accidentes de tránsito, nos encontramos


con un panorama de multiplicidad de criterios. Por ejemplo, a nivel policial y
administrativo, se adoptan criterios eminentemente subjetivos para el
establecimiento de las causales de los accidentes. Todos –absolutamente–
son calificados sobre la base de ellos. Sin embargo, por otro lado, tenemos
el artículo 1970 del Código Civil, que establece una responsabilidad
objetiva para las actividades y bienes riesgosos, como se ha desarrollado
precedentemente. Finalmente, debe admitirse que el ciudadano común
percibe a los accidentes de tránsito básicamente como actos de
imprudencia.

3. Naturaleza del accidente de tránsito:

Por riesgo se entiende el “peligro o contratiempo posible”, pero no todos los


riesgos a los cuales estamos sometidos diariamente son jurídicamente
relevantes, al igual que ocurre con los daños: no todos los casos se
encuentran comprendidos en la definición de lo que podríamos llamar bien
riesgoso o actividad riesgosa, de acuerdo a lo regulado por el artículo 1970
del Código Civil. Siendo considerada una actividad riesgosa o peligrosa
de acuerdo a la visión social y de las justificaciones que para ello pueda
ofrecer la responsabilidad en un momento dado, habiendo daños que se
producen al margen de las precauciones adoptadas o la diligencia empleada;
pudiéndose en dicho sentido, entenderse como actividades o bienes
riesgosos a todas aquellas cuya realización o uso normal, según sea el caso,
cree ese riesgo adicional, esto es, situaciones riesgosas que incrementen la
posibilidad de daños o siniestros.

Los accidentes de tránsito son, por lo general, consecuencia del automóvil,


que si bien es cierto, proporciona múltiples ventajas a las personas (como la
fluidez en el tránsito y la consecuente mejora de las comunicaciones y
comercio, así como el ahorro del factor tiempo), constituye un bien riesgoso.
Todos los días, se podría decir, que jugamos a la “ruleta rusa motorizada”,
pues conducir un vehículo automotor es una actividad riesgosa que puede
generar un resultado dañoso.

Para esto tenemos normas sobre responsabilidad extracontractual del


Código Civil y otras leyes como el Código de Tránsito y Seguridad Vial,
siendo factible darse cuenta que no funcionan las primeras al no garantizar
una indemnización satisfactoria, mientras que en el segundo caso, no
regulan eficazmente el manejo de automóviles, factores que de alguna
manera repercuten en la posibilidad de reducir el número de accidentes y la
gravedad de estos.

4. Sobre la responsabilidad civil y sus elementos:

En relación con los elementos de la responsabilidad civil, debemos referir


que la antijuridicidad se entiende como el hecho que genera un daño
determinado, pudiendo ser un hecho ilícito, un hecho excesivo o abusivo. En
el caso de la relación causal, que determina cuál es el hecho que genera el
daño entre una serie de posibilidades, se tiene en cuenta diversos criterios
de selección que pueden ser la cantidad, la proximidad de la causa o
conexión lógica y necesaria del hecho generador con el daño producido y la
cualidad del hecho. El factor de atribuciones la respuesta del porqué se debe
indemnizar al causante, pudiendo ser por culpa, riesgo, garantía y abuso de
derecho.

El daño es un elemento primordial y el único común en todas las


circunstancias, cuya transcendencia fija el ordenamiento. De ahí que no se
dé responsabilidad civil contractual o extracontractual sin daño demostrado,
y que el punto de partida de toda consideración en la materia, tanto teórica
como empírica, sea la enunciación, establecimiento y determinación de
aquel ante cuya falta resulta inoficiosa cualquier acción
indemnizatoria, debiendo reunir las siguientes condiciones: que el daño
no haya sido indemnizado anteriormente, que el daño sea cierto, que
exista una relación causante-víctima y que el daño sea injusto.

5. La naturaleza de la responsabilidad civil que surge del accidente de


tránsito:

La responsabilidad civil que surge del accidente de tránsito es objetiva, sin


causa, conocida en el derecho anglosajón como responsabilidad estricta. No
se fundamenta en los criterios valorativos de la conducta como en la
responsabilidad subjetiva. Siendo la imputación sin culpa, el criterio por el
cual se le imputa responsabilidad a un agente respecto a un daño, con el
simple hecho de comprobarse ciertos supuestos fácticos junto con la norma
(que a priori sanciona), sin requerirse de la valoración de la conducta del
agente. Dentro de este criterio, los causantes del accidente responderán por
el solo hecho de haber ocasionado el daño, sin entrar a juzgar si su
comportamiento fue diligente o no.

Sin embargo, hay también casos en los cuales sin haberse ocasionado daño,
existe la obligación de indemnizar. Ese es el caso en el cual una persona que
se encuentra en estado de ebriedad conduce su vehículo, lo hace sin
ocasionar accidente alguno y respetando las reglas de tránsito durante la
conducción que realiza, pero llegando a su domicilio es intervenido en un
operativo de rutina efectuado por la policía; de manera que al ser sometido
al examen del alcoholemia se detecta que ha conducido en estado de
ebriedad; por lo que se le sanciona al conductor no por haber ocasionado
daño alguno, sino por el hecho de haber infringido la regla de haber
conducido en estado de ebriedad por encontrarse así contemplado en la
norma, hallándose en ese supuesto el daño subsumido en lo establecido en
la violación de dicha norma.

Se da también responsabilidad civil por accidentes de tránsito no solo cuando


un vehículo impacta a una persona, o cuando dos vehículos en movimiento
chocan entre sí (sean mayores o menores), sino también cuando un vehículo
en movimiento entra (o sale) de su estacionamiento y choca con otro
estacionado en un espacio continuo, siendo pertinente remitirnos para ello,
al Reglamento Nacional de Tránsito aprobado por D.S. 033-2001-MTC, de
fecha 23 de julio del 2001, que establece que se presume iure
tantum responsable de un accidente al conductor que incurra en violaciones
a las normas establecidas en el reglamento (artículo 272). Sin embargo, el
artículo 295 de dicha norma, precisa que “el solo hecho de la infracción
de tránsito no determina necesariamente la responsabilidad del
infractor por los daños causados, si no existe una relación causal entre
la infracción y el daño producido por el accidente”
La responsabilidad también se presume en el caso de “un conductor que
carezca de prioridad de paso o que cometió una infracción relacionada
con la producción del mismo, sin perjuicio de la responsabilidad que
pueda corresponder a otro conductor, que aun respetando las
disposiciones, pero pudiendo evitar el accidente, no lo hizo” (artículo
273). Debe tenerse cuidado en no entender este artículo como una
“subjetivización” de la responsabilidad objetiva. En efecto, la conducta de los
conductores se toma como un medidor de la responsabilidad, a efectos de la
cuantificación del daño y no como factor de atribución. Nótese que en este
supuesto se utiliza la técnica de la presunción de responsabilidad, a los solos
efectos del conductor que comete la infracción del reglamento.

Debe tenerse en cuenta también, que “el propietario, representante legal


o encargado de un garaje o taller de reparaciones de vehículos al que
se lleve un vehículo motorizado que muestre la evidencia de haber
sufrido un accidente, debe dar cuenta del hecho a la comisaría de la
Policía Nacional de su jurisdicción dentro de las veinticuatro horas de
haber recibido el vehículo. El incumplimiento de esta obligación motiva
la aplicación de una multa”.

Por su parte, en cuanto al peatón, dicho reglamento le otorga el beneficio de


la duda y de las presunciones a su favor, en tanto no incurra en las siguientes
violaciones a las normas de tránsito, que son calificadas como graves:

Estos supuestos cometidos a diario por los peatones configuran casos de


concurrencia de responsabilidad o ruptura del nexo causal, según el grado
de imprudencia de la víctima y de participación del conductor. Cabe aquí la
aplicación del artículo 1972 del Código Civil, dado que quien conduce un
vehículo automotor o su propietario, no serán responsables si acreditan que
el daño se debió a caso fortuito, hecho de un tercero o de la propia víctima.

En este contexto, podría inferirse que se trata de una imputación a priori,


porque desde ya los agentes tienen conocimiento que la norma les
atribuye potencialmente el costo de indemnizar el daño que ocasionen con
su actividad, siendo esta una de las funciones de la responsabilidad civil,
esto es, desincentivar aquellas conductas que vienen a ser demasiado
riesgosas y perjudiciales para la sociedad o incentivar a poner mayor
diligencia en aquellas actividades riesgosas o peligrosas que son permitidas
porque conllevan mayores beneficios a la sociedad.

En términos del análisis económico del derecho, “el costo privado de los
potenciales responsables (los conductores) será igual al costo social
de su actividad pues en principio todos los daños son cubiertos por los
conductores”. Lo mencionado podría reseñarse mejor en el siguiente
ejemplo. El chofer de un bus interprovincial sabe de antemano que la
actividad que realiza le va a ocasionar el costo de cubrir los daños que cause,
entonces tendrá él mismo que actuar diligentemente, de otro modo dicha
actividad no le resultará rentable, dado que sus ganancias serán utilizadas
para pagar futuras indemnizaciones.

6. La carga de la prueba en la responsabilidad civil por accidentes de


tránsito:

Como sostiene Taruffo, para establecer qué parte debe perder la causa por
no haber probado un hecho principal, hace falta un criterio que
determine “quién debe probar qué” en cada situación, afrontándose este
problema normalmente por medio de distinciones teórico-jurídicas acerca de
los hechos principales del caso. Conteniendo dicha reglas, dos aspectos
fundamentales, de un lado se indica como el juez debe sentenciar
cuando no aparezcan en el proceso pruebas que le den certeza sobre
los hechos que deben sustentar su decisión y, de otro lado, a las partes
la responsabilidad que tienen para que los hechos que sirvan de
sustento de sus posiciones aparezcan demostrados; por lo que la carga
de la prueba en este tipo de responsabilidad le incumbe al autor, teniéndose
en cuenta que la responsabilidad civil por accidente de tránsito
es objetiva por calidad de bienes riesgosos y por el riesgo creado por los
vehículos puestos en circulación, así como por la irrelevancia de que el
agente dañante tenga que probar su ausencia de culpa; teniéndose
solamente que acreditar el daño y la relación de causalidad, tomando en
consideración los supuestos de ruptura de nexo causal y la concausa,
asimismo teniendo esta responsabilidad un valor solidario que implica poder
responder a favor de la víctima.

Debiendo referirse que en relación a las instrumentales que se acompañan


es común que se adjunte el atestado policial que determina la
responsabilidad y la magnitud del daño; y comprobantes de pago, boletas de
venta, una o varias proformas, fotografías, etc; que permitan cuantificar
estableciendo el monto de la reparación y todo lo cual al encontrarse probado
pueda ser apreciado por el juez al fijar la indemnización por el daño
ocasionado, pero considero que es preponderante en el caso de los
atestados policiales, que estos sean elaborados en base a la
participación y observación directa al momento del accidente de
tránsito por parte de los efectivos de la Policía Nacional y no se realice
días después, en mérito a las declaraciones unilaterales efectuadas por la
parte afectada del accidente de tránsito.

Otro aspecto que debe observarse es el Reglamento Nacional de


Responsabilidad Civil y Seguros Obligatorios por Accidente de Tránsito,
aprobado por Decreto Supremo 049-2000-MTC del 10 de octubre del 2000,
el cual establece la obligación de contratar un seguro contra accidentes por
parte del propietario, cubriéndose los daños que se produzcan a las personas
ocupantes del automóvil, como a los terceros no ocupantes, y, en caso de
muerte a sus beneficiarios como se verá más adelante. En atención a ello,
se sostiene que el régimen del SOAT, es similar al no-fault, toda vez que no
interesa quién es el culpable del daño para que la aseguradora indemnice a
la víctima del accidente.

Es pertinente hacer referencia que en la demanda de indemnización por


daños y perjuicios no basta que solo se hagan afirmaciones sobre la
existencia del daño ocasionado sin respaldo probatorio, porque estas no
serán valoradas por el Juzgador, al no tratarse de hechos notorios o que se
presuman, sino de situaciones cuya comprobación por mandato legal le
corresponde al demandante estando a la naturaleza de esta pretensión
demandada. Por ello el daño debe ser probado por quien lo sufre, al ser este
un requisito de la obligación de indemnizar y corresponde a quien lo ha
sufrido, presentar los medios probatorios conducentes para conocer su
existencia y su extensión, para efectos de que juez proceda a la
cuantificación del daño en su real dimensión y conforme a lo peticionado,
teniéndose en cuenta que el resarcimiento del perjuicio, debe guardar
correspondencia directa con la magnitud del daño causado, mas no puede
superar ese límite.

En dicho sentido, debe expresarse que ya se está cambiando de mentalidad


por parte de los juzgadores al buscar una reparación tomando en cuenta la
magnitud de los daños ocasionados, esto se ha comenzado a generar ya en
sede penal, considerándose para ello las reglas de responsabilidad civil, al
establecerse que la reparación civil acumula obligatoriamente la pretensión
penal y pretensión civil, siendo su objeto doble: el penal y civil, tomándose
en cuenta el artículo 92 del Código Penal, y que su satisfacción va más allá
del interés de la víctima, que no ostenta la titularidad del derecho de penar,
pero si tiene derecho a ser reparada por los daños y perjuicios que se
produzcan por la comisión del delito, como aconteció en el caso del
desaparecido joven fotógrafo Ivo Johao Dutra Camargo en el que se
otorgó a sus deudos acertadamente una reparación civil ascendente
a un millón de nuevos soles, atendiéndose la magnitud de los daños y
perjuicios causados y no en función de las posibilidades económicas del
obligado que puede trasmitirse a terceras personas para que ésta no sea
incumplida y considerándose el bien jurídico infringido (vida humana), que es
el de mayor magnitud dentro del sistema de jerárquica y valoración de bienes
jurídicos y considerándose a este sobre la base de daño moral, si bien es
cierto, en dicha decisión no se fundamentó detalladamente la cuantificación
de cada uno de los daños, sin embargo, esta decisión es importante porque
deja de lado el criterio que se venía aplicando en sede penal de considerarse
las posibilidades económicas del obligado para cuantificarse los daños y
establecerse un resarcimiento económico adecuado, que da un buen
mensaje a la sociedad. Y así evitar que la víctima del accidente de tránsito
tenga después que accionar en la vía civil, para efectos de conseguir una
indemnización por daños y perjuicios con un monto adecuado que repare
integralmente los daños que se le han ocasionado, ya que ya no tendría
objeto.

7. El seguro obligatorio por accidente de tránsito:

Los intentos de contrarrestar los efectos nocivos de los accidentes de


tránsito, así como la necesidad de contar con mecanismos alternativos que
permitieran obtener una atención rápida a las víctimas y sin dilaciones, –a lo
que debemos agregar la incapacidad o indiferencia de nuestras autoridades
para hacer cumplir los reglamentos de transporte y tránsito–, dieron lugar al
establecimiento de sistemas de seguro obligatorio de accidentes de tránsito
(en adelante, SOAT).

Estableciéndose en la Ley 27181, la obligación de contar con un Seguro


Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), con la finalidad de cubrir
los daños personales de los ocupantes o “terceros no ocupantes”
resultantes del accidente de tránsito asimismo se dejado abierta la
posibilidad que los servicios públicos de transporte cuenten con
seguros especiales.

Encontrándonos con un esquema de seguro de accidentes y no de


responsabilidad civil exclusivamente, lo que implica en cierto modo una
visión sistemática de los accidentes de tránsito. Asimismo, encontramos
una diferencia importante respecto de los seguros que habían venido
siendo implementados anteriormente con carácter obligatorio, esto es,
la cobertura únicamente por daños personales (lesiones o muerte), sin
considerar los daños materiales (que usualmente venían siendo
comprendidos en la cobertura de responsabilidad civil).

El SOAT tiene previsto un pago “automático” de las indemnizaciones sin


consideración alguna de la responsabilidad o causa de los accidentes. A
diferencia del Código Civil, el pago de la indemnización como consecuencia
del seguro obligatorio de accidentes de tránsito no implica el reconocimiento,
ni la presunción de culpabilidad que pueda tener el propietario o conductor
del vehículo asegurado o prestador del servicio de trasporte, ni servirá como
prueba en tal sentido, en caso de ejercitarse acciones civiles o penales.

Otorgándose, en dicho sentido, los beneficios establecidos sin menoscabar


el derecho las víctimas a demandar en la vía judicial por los daños no
cubiertos o por montos mayores respecto de los riesgos ya cubiertos, dado
que el SOAT cubre los siguientes riesgos por cada persona, ocupante o
tercero no ocupante del vehículo automotor: Muerte c/u hasta (4) UIT;
invalidez permanente c/u hasta (4) UIT; incapacidad temporal c/u hasta una
(1) UIT; gastos médicos c/u hasta (5) UIT; y gastos de sepelio c/u hasta una
(1) UIT.

Sin embargo, las indemnizaciones que se pagan por muerte invalidez


permanente total o parcial no son acumulables. Pudiendo también la
compañía de seguros observar el dictamen emitido por el médico tratante de
la víctima del accidente de tránsito. En cuanto a las acciones para lograr
el pago de las indemnizaciones derivadas de los accidentes de tránsito
(cobro del seguro) el plazo establecido es de dos años, no debiendo
confundirse con el plazo prescriptorio para exigirse el pago de la
indemnización de los perjuicios de quienes sean civilmente
responsables en el accidente, que es también, de dos años de acuerdo al
inciso 4) del artículo 2001 del Código Civil.

Sin embargo, no podemos dejar de mencionar a las Asociaciones de Fondos


Regionales o Provinciales Contra Accidentes de Tránsito (AFOCAT), que
fueron incorporadas gracias a la modificación del artículo 30 de la Ley
General de Transporte de Tránsito y Terrestre Ley 27181. Esta norma
estableció que opcionalmente a la póliza de seguro, se puede contar con
certificados contra accidentes de tránsito que contengan los mismos
términos equivalentes, condiciones semejantes o mayores coberturas que el
SOAT vigente, sin embargo, esta opción ha tenido serios cuestionamientos
y reclamos por las víctimas de los accidentes de tránsito dado que,
generalmente, no cumplen con pagarles o lo han hecho parcialmente (en
relación al cobro del seguro), dado que muchas de estas asociaciones
AFOCAT son administradas en la mayoría de casos por grupos de choferes
que no han asumido la indemnización de las víctimas y no cubren la totalidad
de gastos médicos y así tampoco exhiben para sus beneficiarios una
información clara sobre los riesgos cubiertos y sus exclusiones incumpliendo
de esa manera con sus obligaciones, debiendo por ello tener una mayor
supervisión para garantizar el resarcimiento a las víctimas de los accidentes
de tránsito.

Los accidentes de tránsito constituyen un supuesto de responsabilidad


objetiva, de acuerdo al art. 29 de la Ley General de Transporte y Tránsito
Terrestre, Ley Nº 27181: en atención a ello, supletoriamente, se pueden
aplicar el art. 1970 c.c. o el art. 1972 c.c. (para acreditar la ruptura del nexo
causal); pero no el art. 1969 c.c.
El demandante debe individualizar y fundamentar exactamente los daños
de los cuales está solicitando indemnización: es usual pedir una cantidad de
dinero “por todo concepto” (y que las sentencias también sigan ese tenor);
pero lo que se tiene que hacer es identificar cada uno de los daños, vale
decir daño emergente, lucro cesante, daño moral y, de ser el caso, daño a la
persona, fundamentarlos y solicitar el monto respectivo. Ello, a efectos de
una correcta administración de justicia en beneficio de las partes y de la
misma sociedad.
El demandante debe acreditar el nexo causal y el demandado la ruptura del
nexo causal: Ésta es, a mi parecer, la parte más descuidada de los escritos.
En efecto, pocas son las demandas en las cuales se acredita el nexo causal.
El demandante no solo debe acreditar el daño, sino también que el hecho
imputable al demandado es el que originó (causó) el daño (para ello, basta
leer los artículos 1985 c.c., en materia extracontractual, y el 1321 c.c.
segundo párrafo en responsabilidad contractual). Por su parte, el
demandado tiene la carga de acreditar la ruptura del nexo causal, vale decir,
caso fortuito, fuerza mayor, hecho de un tercero o el hecho de la propia
víctima (arts. 1972 c.c. en extracontractual, 1315 c.c., y 1327 c.c. en
contractual).

Ley No. 27181, la responsabilidad civil derivada de los accidentes de


tránsito es objetiva y solidaria entre el conductor, el propietario del
vehículo y, de ser el caso, el prestador del servicio de transporte
terrestre. Por lo general, se entiende que la responsabilidad objetiva es,
contrariamente, aquella que, en su determinación, prescinde del análisis de
la conducta del responsable.

En su obligatorio Tratado, Juan Espinoza Espinoza señala como ya había


sido advertido anteriormente, que según el art. 29 de la Ley General de
Transporte y Tránsito Terrestre, Ley No. 27181, del 07.10.99, la
responsabilidad civil derivada de los accidentes de tránsito es objetiva y
solidaria entre el conductor, el propietario del vehículo y, de ser el caso, el
prestador del servicio de transporte terrestre. El autor citado pone de relieve
que el Reglamento Nacional de Tránsito, aprobado por D.S. No. 033-2001-
MTC, del 23.07.01, establece que se presume iuris tantum responsable de
un accidente al conductor que incurra en violaciones a las normas
establecidas en el presente reglamento (art. 272). Sin embargo se señala
que el art. 295 establece que “el solo hecho de la infracción de tránsito no
determina necesariamente la responsabilidad del infractor por los daños
causados, si no existe relación causal entre la infracción y el daño producido
por el accidente”. Consideramos que, tal como lo deja ver Espinoza, hay una
contradicción entre afirmar que se presume responsable a quien no ha
cumplido con las reglas de tránsito, y finalmente señalar que el hecho de la
infracción no indispensablemente establece la responsabilidad del infractor
de las reglas de tránsito.

Sobre los supuestos de ruptura del nexo causal el autor citado señala que
“Existen en el ordenamiento especial de responsabilidad civil por accidentes,
supuestos que configuran casos de concurrencia de responsabilidad o
ruptura del nexo causal, según el grado de imprudencia de la víctima y de
participación del conductor. En materia de ruptura del nexo causal, cabe
aplicar, sobre la base de una interpretación sistemática, el art. 1972 c.c. Así,
quien conduce un automóvil o es su propietario, no será responsable si
acredita que el daño se debió acaso fortuito, hecho de un tercero o de la
propia víctima.

Sobre el Caso fortuito, es interesante señalar, conjuntamente con Espinoza, que


los vicios o fallas de funcionamiento de un vehículo no pueden ser comprendidos
como un caso fortuito. No estamos pues ante un evento extraordinario, imprevisible
e irresistible sino ante un supuesto perfectamente predecible para lo cual era
necesario que el conductor o el titular del vehículo adopten las medidas idóneas
para el buen estado del vehículo. De cualquier modo, si se determina impericia,
imprudencia, en las maniobras automovilísticas del demandante, se podría
configurar un supuesto de concurrencia de responsabilidades ex art. 1973 c.c. (y no
un supuesto de ruptura del nexo causal, como se establece a veces).

El supuesto del hecho de un tercero, se da en el caso de una persona que provoca


el atropello de un transeúnte exponiéndolo al mismo luego de empujarlo frente a un
automóvil en marcha.

Espinoza en lo referente al Hecho de la víctima, comenta el caso de un menor de


17 años que, para evadir una redada que hacía la policía, se echó a correr en medio
de la vía expresa a la altura del Puente Angamos en Surquillo y fue atropellado por
un automóvil. El menor quedó seriamente lesionado y los padres demandaron al
propietario y al conductor del vehículo. Mediante resolución del 18.12.95, el
Vigésimo Noveno Juzgado Especializado en lo Civil de Lima, declaró fundada en
parte la demanda, por concepto de daño moral a los padres (el menor falleció
durante el proceso) la cantidad de tres mil dólares americanos o su equivalente en
moneda nacional, más intereses. Sin embargo, esta resolución fue revocada por
sentencia del 28.06.96, por la Primera Sala Civil de la Corte Superior de Lima, por
entender, que se trataba de un supuesto de ruptura del nexo causa.

Para el caso de la concausa se cita el caso de un joven de diecisiete años de edad


que, al cruzar la calzada por delante de un vehículo sobre parado, impactó con otro
es necesario que los operadores del derecho analicen categorías conceptuales
como las de accidente, riesgo, caso fortuito, bienes o cosas riesgosas, actividades
riesgosas y peligrosas para poder comprender mejor y responder de manera más
eficiente ante los casos concretos que se nos presentan. Pienso que la finalidad
primordial del sistema de la responsabilidad extracontractual es siempre la
reparación de la víctima. Para decirlo en términos de Calabresi, el objetivo
fundamental es reducir los costos del accidente”. Idea fundamental en el autor citado
es la de los “riesgos sociales” que tiene que ser respondidos con una “distribución
social de la reparación” aludiendo a los sistemas de seguros tanto obligatorios
como convencionales. Por consiguiente, la justificación de la responsabilidad no se
encuentra propiamente en el riesgo individual sino en el hecho de que estamos
frente a situaciones que la sociedad como un todo tiene que enfrentar. En otras
palabras, frente a riesgos que son propiamente sociales, tenemos que enfrentar sus
consecuencias con una distribución social de la reparación.

COMENTARIO DEL CASO CONCRETO:

En el presente caso queda claro que estamos ante un tipo de Responsabilidad


Objetiva por las razones antes esgrimidas, sintetizadas en que el factor de atribución
lo determina la actividad riesgosa de transporte terrestre que utiliza el vehículo
puesto en circulación. Remarcamos que es la actividad riesgosa el elemento
determinante para calificar como objetiva la responsabilidad y de ninguna manera
el bien, el mismo que per se no constituye un peligro sino cuando es utilizado en
determinada actividad que por sus características, luego de un análisis ex
ante, constituye riesgo o peligro. Aunado a lo señalado tenemos que de acuerdo a
lo previsto en la norma especial ex art. 29 de la Ley General de Transporte y
Tránsito Terrestre, Ley No. 27181, del 07.10.99, la responsabilidad civil derivada de
los accidentes de tránsito es objetiva y solidaria entre el conductor, el propietario
del vehículo y, de ser el caso, el prestador del servicio de transporte
terrestre. En el presente caso entonces responderán solidariamente tanto el
conductor del vehículo Jimmy Flores Acosta y el propietario del mismo Freddy
Murillo Romero. Este último responde también de acuerdo a lo previsto en el artículo
1981 del Código Civil que regula la responsabilidad civil por hecho del dependiente,
explicada líneas arriba.

El tema más debatible puede centrarse en que de acuerdo a la sentencia glosada


también responderá el Instituto ya que de acuerdo a la citada sentencia es el director
de este último, en calidad de representante, quien autorizó el viaje de prácticas
“generando con ello un riesgo de todos los estudiantes del grupo de estudio,
debiendo atribuirse la responsabilidad objetiva por haber generado dicho
riesgo”. La sentencia en comento también expresa que existe una relación de
causalidad con el evento dañoso en relación al riesgo señalado. Es decir que para
la Corte Suprema el riesgo se produce por la autorización del viaje efectuada por el
Director del Colegio. Una primera pregunta que emerge inmediatamente es ¿el
hecho de autorizar un viaje de investigación propio del objeto de una Institución
Educativa, constituye una actividad riesgosa? Consideramos que no. Y si así se
considera, es necesario que se haya hecho un análisis ex ante y no de manera
posterior al evento dañoso. Aspecto fundamental es analizar si se cumple con el
elemento de la causalidad adecuada que es el aplicable en el caso de
Responsabilidad Extracontractual ex art. 1985 C.C. De acuerdo a la teoría de la
causa adecuada que se aplica en el presenta caso “para establecer cuál es la causa
de un daño conforme a esta teoría es necesario formular un juicio de probabilidad,
osea considerar si tal acción u omisión del presunto responsable, era idónea para
producir, regular o normalmente (sic) un resultado; y es juicio de probabilidad no
puede hacerse sino en función de lo que un hombre de mentalidad normal, juzgada
ella en abstracto, hubiese podido prever como resultado de su acto”.
En el presente caso efectuando el juicio de probabilidad debemos consultarnos si la
acción del Instituto de organizar un viaje o la de suscribir el contrato de transporte
son idóneas para producir el evento dañoso. Me inclino a pensar que no. Por lo tanto
al no existir causalidad adecuada entre el hecho del Instituto y el daño esta
Institución educativa no respondería civilmente, por lo que en este extremo no
estamos de acuerdo con la resolución judicial materia de comentario.
CONCLUSIONES

1. Los accidentes de tránsito son consecuencia del automóvil, que


constituye un bien riesgoso y al conducirlo puede generar un resultado
dañoso. Por lo cual tenemos las normas sobre responsabilidad
extracontractual del Código Civil y otras normas especiales como el Código
de Tránsito y Seguridad Vial, siendo factible darse cuenta que no funcionan,
las primeras al no garantizar una indemnización satisfactoria, mientras que
el segundo no regula eficazmente el manejo de automóviles, factores que
atentan de alguna manera contra posibilidad de reducir el número de
accidentes y gravedad de accidentes que se debería mejorar.

2. El artículo 29 de la Ley 27181- Ley General de Transporte y Tránsito


Terrestre que regula con claridad que la responsabilidad civil derivada de
los accidentes de tránsito es objetiva y solidaria entre el conductor, el
propietario del vehículo y de ser el caso, el prestador del servicio de
transporte terrestre, aunque sería pertinente una definición más precisa
teniéndose en cuenta el criterio de responsabilidad por riesgo establecido en
el artículo 1970 del Código Civil, pero debe denotarse que la citada
disposición resulta positiva, en tanto, define el criterio que será utilizado por
parte de los jueces y además como se ha referido establece la
responsabilidad solidaria, lo que constituye una herramienta favorable y
facilita la acción indemnizatoria de las víctimas de los accidentes de tránsito.

3. Debe referirse que el daño, que es un elemento primordial y el único común


en todas las circunstancias, cuya transcendencia la fija el ordenamiento, no
habiendo responsabilidad civil contractual o extracontractual sin daño
demostrado. Por ello las demandas de indemnización por daños y
perjuicios, no basta que solo se hagan afirmaciones sobre la existencia
del daño ocasionado sin respaldo probatorio, porque estas no serán
valoradas por el juzgador, al no tratarse de hechos notorios o que se
presuman, sino de situaciones cuya comprobación por mandato legal le
corresponde al demandante.
4. La responsabilidad civil que surge del accidente de tránsito es objetiva,
sin causa, no se fundamenta en los criterios valorativos de la conducta de la
persona como en la responsabilidad subjetiva. Siendo la imputación sin
culpa, el criterio por el cual se le imputa responsabilidad a un agente respecto
a un daño, con el simple hecho de comprobarse ciertos supuestos fácticos
con la norma (que a priori sanciona), sin requerirse de la valoración de la
conducta del agente.

5. Se está cambiando de mentalidad por parte de los juzgadores al buscarse


una reparación tomándose en cuenta la magnitud de los daños ocasionados,
esto se ha comenzado a generar ya en sede penal, considerándose para ello
las reglas de responsabilidad civil, como aconteció en el caso del
desaparecido joven fotógrafo Ivo Johao Dutra Camargo, en la que se
atendió la magnitud de los daños y perjuicios, considerándose el bien
jurídico infringido (vida humana),dejándose de lado el criterio que se venía
aplicando en sede penal de considerarse las posibilidades económicas del
obligado para cuantificarse los daños, dándose con ello un buen mensaje a
la sociedad; y esto evitaría que la víctima del accidente de tránsito, tenga
después que accionar en la vía civil, para efectos de conseguir una
indemnización por daños y perjuicios con un monto adecuado que repare
integralmente los daños que se le han ocasionado.

6. La Ley 27181, establece la obligación de contar con el SOAT, para cubrir los
daños personales de los ocupantes o “terceros no ocupantes” resultantes del
accidente de tránsito, teniendo previsto un pago “automático” de las
indemnizaciones sin consideración alguna de la responsabilidad o causa de
los accidentes. Asimismo, otorga los beneficios establecidos sin menoscabar
el derecho las víctimas a demandar en la vía judicial por los daños no
cubiertos o por montos mayores respecto de los riesgos ya cubiertos, sin
embargo, el monto máximo cubierto por gastos médicos tiene un tope
de (5) UIT, monto que resulta insuficiente si nos planteamos el supuesto
de que la víctima del accidente de tránsito por la gravedad del accidente
debe permanecer en la unidad de cuidados intensivos de una clínica
privada, cuyos costos por día superan largamente dicho tope establecido;
por lo cual al resultar actualmente ese monto insuficiente, se debería
incrementarse dicha cobertura para darse una protección a la integridad
humana.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ALTERINI, Atilio Aníbal. Responsabilidad civil. 3° ed. Buenos Aires: Abeledo-Perrot


1987.

CIEZA MORA, Jairo. Personas, Negocio Jurídico y Responsabilidad Civil. Lima:


Juristas Editores 2016.

DE TRAZEGNIES GRANDA, Fernando. La responsabilidad extracontractual. 8° ed.


Tomo II. Lima: ARA Editores E.I.R.L 2016.

DE TRAZEGNIES GRANDA, Fernando. Tratado de responsabilidad civil.


Contractual y Extracontractual. Comentarios al Código Civil. 1 ed. Tomo
II. Lima: Instituto Pacífico 2015.

ESPINOZA ESPINOZA, Juan. Derecho de la responsabilidad civil. 8°ed, Lima:


Instituto Pacífico SAC 2016.

ESPINOZA ESPINOZA, Juan (a cura). Responsabilidad Civil II. Hacía una


unificación de criterios de cuantificación de criterios de cuantificación de
los daños en materia civil, penal y laboral. Lima: Editorial Rodhas 2006.

Real Academia de la Lengua Española. Diccionario de la Lengua Española 19° Ed.


Madrid: Espasa Calpe 1970.
CASOS
(SE PUEDE CAMBIAR DATOS LA NUMERO 1 ESTA COMPLETA)

1. ttps://es.scribd.com/doc/277925927/Sentencia-Indemnizacion-Por-Dano-
Moral-muerte-Accidente-de-Transito-21Ago2011

2. DEMANDA DE INDEMNIZACIÓN DE DAÑOS Y PERJUICIOS POR


RESPONSABILIDAD EXTRACONTRACTUAL

SECRETARIO :
EXPEDIENTE :
ESCRITO : 01
CUADERNO : Principal
SUMILLA : Demanda

SEÑOR JUEZ DEL JUZGADO MIXTO DE MARISCAL NIETO DE MOQUEGUA

JONATHAN ROJAS VALDIVIA, identificado con DNI Nº


457896, con domicilio en la calle piura Nº 212, y señalando domicilio procesal en la
calle Moquegua Nº 969, a usted con el debido respeto me presento y digo:

I. NOMBRE Y DIRECCIÓN DEL DEMANDADO:


- Sergio Vera Ascue, con domicilio real en la calle Ayacucho Nº
541, conductor del vehiculo camión XU524, lugar donde se debe de emplazar al
demandado.
- Renato Salas Cuayla, con domicilio en fonavi III etapa b-4, en
calidad de propietario del vehículo de placa de rodaje XU-524, lugar donde se debe
de emplazar al demandado.
- Vanessa Palomino de Salas, con domicilio en fonavi III etapa
b-4, en calidad de propietaria del vehículo de placa de rodaje XU-524, lugar donde
se debe de emplazar al demandado.
II. PETITORIO:
Teniendo legitimidad para obrar y solicitando tutela jurisdiccional
efectiva y ejerciendo nuestro derecho de acción y pretensión que garantiza nuestra
norma jurídica, por ante su despacho recurro, a efecto de interponer demanda por
las acciones y pretensiones acumuladas de:

1. INDEMNIZACIÓN DE DAÑOS Y PERJUICIOS POR RESPONSABILIDAD


EXTRACONTRACTUAL. (Pretensión Principal)
2. INDEMNIZACIÓN POR DAÑO PERSONAL. (Pretensión Accesoria).
3. INDEMNIZACIOÓN POR DAÑO MORAL. (Pretensión Accesoria).

Con el objeto de que, los demandados cumplan con indemnizarme, hasta por la
suma de S/. 142,000.00 nuevos soles (ciento cuarenta y dos mil con 00/100 nuevos
soles), por las pretensiones acumuladas, más el pago de intereses devengados
desde la fecha del accidente con expresa condena de costas y costos del proceso,
que a continuación detallo:

1. TOTAL DE DAÑO PATRIMONIAL:


A) Daño emergente (pérdidas sufridas)
Gasto de medicina y otros S/. 20,000.00
B) Lucro Cesante: (utilidades frustradas)
a. Remuneraciones insolutas:
A razón de S/. 350 mensuales
(S/. 4,200.00 x año) x 10 años S/. 42,000.00
b. Vacaciones: Remuneración computable S/. 3,500.00
c. Gratificaciones: Remuneración computable S/. 3,500.00
TOTAL DE LUCRO CESANTE S/. 52,500.00

2. DAÑO PERSONAL
Por fractura de columna
Alteración de la marcha y los movimientos S/. 50,000.00
3. DAÑO MORAL: (detrimento, menoscabo en el proyecto de vida)
Incapacidad e invalidez permanente a razón de daño perjudicado
S/. 20.000.00
RESUMEN:
1. DAÑO PATRIMONIAL S/. 72,500.00
2. DAÑO PERSONAL S/. 50,000.00
3. DAÑO MORAL S/. 20,000.00

TOTAL INDEMNIZACIÓN S/.142,500.00

III. FUNDAMENTOS DE HECHO:


1. El día 11 de marzo de 2007, fui víctima de un
arrollamiento en la avenida Alfonso Ugarte, , a las 6 y 10 minutos de la mañana,
cuando se encontraba haciendo ejercicios por el ciudadano Sergio Vera, donde me
apreciaron Dolor lumbar y politraumatismo en el tórax y con parestesia y pérdida de
funcionamiento o movilidad en miembros interiores, tal como quedó establecido en
informe médico, que a partir de ese momento, comenzó mi padecimiento y
comienzan a realizarme una serie de análisis y exámenes para determinar los daños
causados por el arrollamiento.
2. Que los demandados no han asumido su
responsabilidad por los daños ocasionados a mi persona, por su actuar negligente
al conducir el vehículo en excesiva velocidad, por tanto se interpuso la denuncia
penal, la que dio origen al expediente penal Nº 0152-2007, en el que no me constituí
en parte civil, y que a la fecha cuenta con sentencia en la declararon culpable al
demandado.
3. En la actualidad me encuentro impedido de realizar
actividades básicas y normales que cualquier ser humano realiza, no puedo trabajar
ni valerme por mí mismo. Es evidente que el accidente inutilizó mi vida y me ha
impedido el seguir adelante y realizar todos los planes que tenía preparado para el
futuro.
DETERMINACION DE LOS DAÑOS:

DAÑO EMERGENTE: Consistente en la perdida que


experimento en mi patrimonio y está simbolizado por los gastos efectuados para la
atención en el Hospital, los exámenes practicados(resonancia magnética), terapias,
citas médicas a especialistas, transporte en daños causados al actor traslados a
otras ciudades y las medicinas prescritas por los médicos para llevar un correcto
tratamiento, que a lo largo de seis meses he tenido que sacar de mi bolsillo, sin
recibir en ningún momento auxilio del causante de mi estado actual.

LUCRO CESANTE: Consiste en privarme de un incremento


en mi patrimonio como consecuencia directa de la conducta del ciudadano Sergio
Vera a causa del arrollamiento, y está simbolizado el lucro cesante por los ingresos
o el incremento en el patrimonio que dejaré de percibir como consecuencia del
estado de salud en que me encuentro en estos momentos, para antes de haber
sufrido el accidente que me mantiene incapacitado, laboraba en una empresa
denominada “PC SOLUTIONS”, cuya remuneración mensual era de 350 nuevos
soles, cantidad que he dejado de percibir como consecuencia del accidente de
tránsito que me dejo incapacitado para desempeñar mis labores en dicha empresa.

DAÑO MORAL Y PERSONAL: El daño personal consiste en


que me ha dejado en estado de invalidez al no poder mover mis extremidades
inferiores, por lo que no puedo desarrollarme como lo hacía anteriormente en mis
labores y en mi vida diaria, teniendo en cuenta que tengo a la actualidad tengo 30
años de edad, lo cual me ha frustrado una vida llena de oportunidades y poder
ascender en mi puesto de trabajo, asimismo el daño moral consiste en que me ha
causado dolor, afectación, sufrimiento, al saber que no podre movilizarme como lo
hacía anteriormente y no llevar mi vida normal como lo hacía antes de que sufra el
accidente.
IV. FUNDAMENTACIÓN JURIDICA
1. Constitución Política del estado Artículo 1 y siguientes.
“Derechos fundamentales de la persona”
2. Código Civil, articulo 17, 1969, 1981, 1984. 1985.
3. Código Procesal Civil artículos 424, 425, 181.

V. MONTO DEL PETITORIO


El monto de la presente demanda asciende a la suma de S/.
142,000.00 nuevos soles.

VI. VÍA PROCEDIMENTAL


Proceso que se tramita como Proceso de Conocimiento.

VII. MEDIOS PROBATORIOS


1. Declaración de parte del demandado Sergio Vera Ascue.
2. Declaración de parte de los codemandados Renta salas y
Vanessa Palomino.
3. Declaración testimonial de Patricia Rivera, de 22 años de
edad, con DNI Nº 4526874, con domicilio en fonavi III etapa Moquegua, quien
declarara conforme al pliego interrogatorio que adjunto en sobre cerrado.
4. Declaración testimonial de Milagros Gavilano, de 22 años de
edad, con DNI Nº 57896325, con domicilio en la calle ancash Nº 965 Moquegua,
quien declarara conforme al pliego interrogatorio que adjunto en sobre cerrado.
5. Copia certificada de ocurrencias, otorgada por la Comisaria de
la PNP Moquegua.
6. Certificado médico actual del estado de la salud del recurrente.
7. Certificado médico legal Nº 25-2007
8. Historia clínica del Hospital Honorio delgado de Arequipa.
9. Copia de la tarjeta de propiedad del vehículo materia del
accidente.
10. Constancia de trabajo como trabajador de la empresa PC
SOLUTIONS.
11. Expediente penal Nº 152-2009, se deberá cursar oficio al
juzgado penal a fin de remitir dicho expediente.

VIII. ANEXOS
1. A. copia de DNI.
1. B. Declaración de parte del demandado Sergio Vera Ascue,
conforme al pliego interrogatorio que se adjunta en sobre cerrado.
1. C. Declaración de parte de los codemandados Renta salas y
Vanessa Palomino, conforme al pliego interrogatorio que se adjunta en sobre
cerrado.
1. D. Declaración testimonial de Patricia Rivera, conforme al
pliego interrogatorio que se adjunta en sobre cerrado.
1. E. Declaración testimonial de Milagros Gavilano, conforme al
pliego interrogatorio que se adjunta en sobre cerrado.
1. F. Copia certificada de ocurrencias, otorgada por la Comisaria
de la PNP Moquegua.
1. G. Certificado médico actual del estado de la salud del
recurrente.
1. H. Certificado médico legal Nº 25-2007
1. I. Historia clínica del Hospital Honorio delgado de Arequipa.
1. J. Copia de la tarjeta de propiedad del vehículo materia del
accidente.
1. K. Constancia de trabajo como trabajador de la empresa PS
SOLUTIONS.

POR LO EXPUESTO:
A usted señor juez pido admitir la presente demanda y
oportunamente se sirva declarar fundada, con expresa condena de costas y costos
del proceso.
Moquegua, 13 de diciembre del 2009.