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El sacramento de la unción.

La enfermedad en el hombre.
Es una realidad de la que no podemos huir, como el pecado, no tenemos control
sobre ella. No depende de nuestra voluntad. Por la condición biológica, corruptible
que tenemos, por la misma debilidad del cuerpo humano puede llegar la
enfermedad.
Cuando una persona está enferma experimenta sus límites, su finitud; y de forma
especial una persona joven.
Toda enfermedad nos hace pensar en la misma muerte. Es una experiencia que
nos hace experimentar la muerte. Esto puede desembocar en una rebelión contra
Dios o en una aceptación de Dios.
¿Cómo prefieres pasar tu enfermedad: con Dios (aquel que te da fuerza para
soportarla) o sin Dios?
La enfermedad ayuda a encontrarse con Dios.
La enfermedad puede convertirse en medio de salvación.
No hay enfermos felices. Hay alegres, positivos que le echan ganas a la vida.
Hay enfermos físicos y enfermos ante Dios
¿Quién es el enfermo ante Dios?
En el A.T. la enfermedad es el castigo, consecuencia del pecado personal o de otro
(padre, abuelo, tatarabuelo…). Era considerada también impureza.
En el A.T. se vincula la curación con la vivencia de la Ley. Quien vive la ley queda
sano, se le devuelve la salud. Isaías da esperanza de curación: profetiza la venida
del mesías, quien curara toda enfermedad del ser humano.
En las Sagradas Escrituras no hay mucha información en el A.T. sobre este
sacramento.
En el N.T. es la figura de Cristo como médico, que en sus milagros (que son
manifestación del reino de Dios) se ve que el mismo es el mesías. Jesús viene a
curar en lo corporal la enfermedad y en lo espiritual el pecado. En el pasaje del
Paralítico se ve estos dos tipos de curaciones: corporal y espiritual. Lo primero que
Jesús como médico viene a curar es el espíritu y como consecuencia la enfermedad
física.
Jesús mismo se identifica con el enfermo, con el dolor, esto lo vemos en el pasaje
de las obras de misericordia, tuve hambre y me disté de comer… lo hiciste conmigo.
A menudo Jesús pide a los enfermos que crean para que el milagro se pueda
realizar.
En los milagros Jesús se vale de signos muy concretos: saliva, lodo, manos, agua,
es decir, lo que el utiliza es ese contacto físico con el enfermo. En estos signos se
ve una acción sacramental. A través de un signo, de algo físico, el poder de Dios
actúa. Jesús toca nuestra enfermedad.
Los sacramentos siguen sanándonos.
Jesús no curo a todos, solo a los que tenían fe.
En algunos casos Jesús se reservaba la curación para ver en ellos la acción salvífica
de Dios en la enfermedad.
Jesús anunciaba una curación definitiva, la victoria de la pascua sobre el pecado y
sobre la muerte.
La Pasión de Cristo para el enfermo es fundamental entenderla: porque en ella
podemos ver el sentido salvífico del sufrimiento humano. El enfermo debe unir su
enfermedad a la Pasión de Cristo para encontrarle sentido a su vida, Jesús le viene
darle sentido al sufrimiento del ser humano, para que ese sentimiento sea redentor,
sea salvífico.
Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando su cruz, esto implica también el
camino de la enfermedad.
Jesús les comparte a sus apóstoles el poder de curar a los enfermos y expulsar a
los demonios.
El texto donde se fundamenta el sacramento es Mc 6, 13. No es específicamente la
institución del sacramento, solo hace referencia al sacramento, es una insinuación
al sacramento que nos permite ver la voluntad de Jesús.
En Mc 16, 17-18 también se ve el sacramento.
El Espíritu Santo da a algunos miembros de la Iglesia un don especial para curar,
pero aun con ese don, no todos los enfermos son curados.
En Mt 10, 8 también hay un mandato de Jesús de sanar a los enfermos.
Todos estos textos son solo insinuaciones del Sacramento.
Como todo sacramento, debe estar unido al de la Eucaristía, siendo el cuerpo de
cristo el medio saludable del cuerpo y del alma, que da ese bienestar espiritual y
corporal.
El texto esencial del que la Iglesia se basa para fundamentar este sacramento es
Santiago 5, 13-15. En él se puede ver que el mismo Cristo instituyo este
sacramento.
Santiago 5, 13-15:
Sufre alguno entre ustedes, que rece, está alguno alegre, que cante salmos, está
enfermo alguno entre ustedes, llame a los presbíteros de la Iglesia para que oren
sobre él y le unjan con oleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe salvara al
enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados se le
perdonaran.