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noches de maíz

a graciela,
in memoriam

arriba
un filamento encendido
derrama
su luz

el hambre y la sombra,
la tarde y el sol
desaparecen allí,
bajo la bombilla de cristal

y surgen
afanosas y constantes
las manos que cierran
bañan, fríen,
mezclan, salpimientan y sirven
los platos humildes
que reflejan la circunferencia mayor
del cielo bañado de noche
y perfumado con el vaho cálido
de las especias y los chiles

subimos
con el estómago vuelto una hebra
loca, enredada sobre su eje,
labios secos, lengua inútil

y miramos como quien halla su fortuna


en las caracolas semicirculares,
cómo las dentelladas futuras
van cayendo una sobre otra,
cómo la saliva embravecida
va tornándose color naranja,
forjándose colores rojos y ocres

series numéricas
que juegan al infinito

dos, cuatro, seis,


cinco, diez, quince, veinte
'páguenme después'

'págueme cuando llegue


el telegrama con sus ceros,
con sus números mochos,
con las cinco palabras de rigor'

¿cómo saldar esta deuda


que nos sació la noche y los días,
haciéndonos probar un trozo de cielo
con el aderezo de milpas y barbechos?

te debemos alegría y saciedad,


tuyos fueron la tranquilidad y la bendición
de los abuelos,
de mi madre

tuya es la tristeza
que me estruja el corazón
-y con el mío, aquellos otros
que te diste el tiempo de cuidar
con el esmero y la confianza
de un mañana siempre mejor-

cristalizado en el ayer
hay un tiempo que fue tu tiempo,
y sobre ti, alzándose resplandeciente
un filamento de bombilla ilumina
para siempre
aquel patio
guarecido bajo las ramas y la luna
donde no cabe ni el hambre
ni la tristeza ni el miedo

gracias por darnos a probar


un pedacito de paraíso
en las noches del maíz eterno

francisco arriaga
méxico, frontera norte
06 de marzo de 2018