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La noción del patrimonio

Aida Amine Casanova Rosado (versión preliminar)

El patrimonio cultural ya no es más un complejo estático, su variabilidad y dinamismo hoy


en día se enriquece progresivamente de nuevas categorías que nacen de diferentes sectores
que los que de manera tradicional han albergado tal definición, es entonces que hoy en día
ya hablamos del patrimonio industrial, del patrimonio subacuático o de una nueva
denominación acuñada en el seno de la UNESCO, denominado paisajes culturales.

La denominación actual de patrimonio ha dejado de ser una denominación cerrada pasando


a tener una gran apertura, que se despliega en una gran cantidad de nuevos objetos y
considera hasta nuevos sentidos, que irradia la vivacidad de la cultural misma y se aleja de
las imágenes ancladas en el pasado. La comprensión del patrimonio cultural como una
realidad que hoy por hoy se define de manera compleja, frágil y amenazada requiere arduo
trabajo consensuado y desarrollada de forma transversal que permita establecer acuerdos
viables que logren concretar la voluntad de intención de todos los sectores.

Los componentes inmateriales del patrimonio han logrado también un reconocimiento


pleno, amenazados por la homogenización de la vida contemporánea. Este patrimonio
considera los aspectos más importantes pero también los más vulnerables de la cultural.

Hablando del patrimonio en los últimos cincuenta años del siglo XX hemos cambiado los
puntos de vista, nuestras ópticas. Comenzamos, y nuestras leyes de patrimonio eran claras
en este sentido, con una visión de lo histórico, concebido también en una visión reductiva
desde la perspectiva de una historia oficial que determinaron prácticamente esa primera
configuración del patrimonio. Asimismo, esta primera concepción se centró en el concepto
de la antigüedad, de tal manera que hoy en día el tema del patrimonio versa principalmente,
en la temporalidad del mismo.

Podemos decir, que no hemos podido congeniar el criterio de apreciación con la nueva
interpretación que se hace del patrimonio cultural, dejando a un lado otras manifestaciones
que identifican al patrimonio, las migraciones, las formas de organización del territorio, las
transformaciones de carácter urbano, las obras materiales recientes (algunas no tan
recientes), por mencionar algunas, es decir no hemos sabido potenciar todo lo que
manifiesta nuestra cultura y la riquísima identidad que caracteriza a los mexicanos.
Realmente no es solamente esta consideración la que hay que observar, en nuestras
circunstancias, existe otra dimensión por demás importante, la dimensión económica esto
se traduce en la dimensión del patrimonio construido. No podemos seguir tirando a la
basura todo aquello que hemos recibido y que es herencia de todos, a destruir aquello que
se sigue constituyendo con posibilidad de vida útil, todo aquello que puede ser
refuncionalizado, replanteado y readaptado a nuevas formas de vida, a nuevas
consideraciones de ser, a las nuevas necesidades sociales y culturales actuales. De esta
manera vamos avanzando en una noción que va mas allá de lo histórico y de lo cultural,
contemplando una noción del patrimonio construido.

Los criterios de la Convención del Patrimonio Mundial también han cambiado pues
empezaron identificando monumentos, fueron ampliándose a grandes conjuntos y centros
históricos. Más recientemente se ampliaron a lo que llamamos hoy, los paisajes culturales,
las formas de relación del hombre con el medio, tanto natural cuanto el cultural.

En general, esta evolución en la consideración de los conceptos, de los criterios, la


ampliación hacia el patrimonio no solamente tangible sino intangible es un proceso que se
está manifestando en un mayor y mejor compromiso. Un compromiso que sabemos todavía
tiene para nosotros, en México algunos problemas que deberíamos resolver.

En el siglo XIX destruimos gran parte de nuestro siglo XVIII, en el siglo XX aún cuando ya
contábamos con legislación en la materia barrimos con parte del siglo XIX, pero en ese
mismo siglo y a todas luces, sin normatividad que regule, sin definiciones integrales hemos
acabado en gran medida con lo de ese mismo período. Hoy por hoy en México, este
patrimonio es el más asediado, afectado y reducido.

Creo entonces, que estas son todavía consideraciones pendientes que nosotros tenemos. No
son puramente una responsabilidad de reconocimiento de la Convención del Patrimonio de
la UNESCO. Por el contrario esto es fundamentalmente una responsabilidad nuestra, una
aptitud pendiente para saber gestionarlas y cuidarlas, para saber tutelarlas y para hacerlas
merecedoras de ese reconocimiento de carácter universal que marca un sello indiscutible.

San Francisco de Campeche, 09 de julio de 2010