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Carsten Sinner

¿Es neutro el español neutro?

Introducción

En este trabajo se investigará el tratamiento que recibe el concepto de español neutro por
parte de la lingüística, en la industria de los medios audiovisuales –empresas productoras o
de doblaje, editoriales y traductores– y por parte de los propios hablantes. Estos últimos, al
menos en parte, entran en contacto con el llamado español neutro a través de la enseñanza,
como es el caso de muchos hablantes rioplatenses que suelen afirmar hablar español neutro
al comunicarse con hispanohablantes no rioplatenses o europeos.

Estudio

Mucho se ha hablado en los últimos años de la unidad y variación del español, de la


unidad en la variación y sobre la existencia de un español panhispánico, de un estándar
internacional, de un español común y del español neutro, que es el que nos interesa aquí.
Como subrayó Vigara Tauste en una conferencia en el año 2005:

Aunque no ha tenido mucho eco entre los lingüistas (sí, en general, entre traductores y ciertos
profesionales de los medios de comunicación), el llamado español neutro (español
internacional, español estándar, español común, «norma hispánica»... –son otras
denominaciones) es ya una realidad con la que, nos guste o no, todos debemos contar (Vigara
Tauste, resumen de conferencia, 2005).

Resulta interesante que añada, entre paréntesis, «otras denominaciones» como si de lo


mismo se tratara. Ahora bien, ¿qué es ese español neutro del que tanto se habla? y ¿es una
sola realidad? Para responder a estas preguntas, analizamos diferentes corpus, internet y
diversas publicaciones, y consultamos –en entrevistas o por correo electrónico– a un total
de 40 españoles, la mitad de ellos con profesiones relacionadas con la lengua española
–traductores, correctores, lingüistas, profesores de lengua, etc.–, así como a 70 americanos,
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38 de ellos profesionales en áreas relacionadas con el uso del castellano.1 En los textos
analizados y en internet (cf. referencias), español neutro es todo y es nada: faltan
definiciones, casi nunca se sabe a qué se refieren los hablantes o autores.2 Parece que, la
mayoría de las veces, lo que se quiere decir es «forma no marcada del español», «variedad
libre de características diatópicas», como si esto fuera posible, pues hay aspectos fonéticos
y sintácticos que necesariamente se atribuyen, a grandes rasgos, bien a su vertiente europea,
bien a la americana. Tanto para muchos hablantes como para muchos lingüistas a los que se
les pregunta por el término, español neutro es o aspira a ser el estándar internacional, un
español privado de toda variación diatópica, o bien un uso del español no marcado por
registro formal o informal alguno. El problema al que aluden muchos de los que se ocupan
del tema es que de ningún modo puede armonizarse el español europeo con las variedades
americanas, y que, por lo tanto, es una ilusión, como lo ejemplifica la siguiente cita:

Para mí eso del español neutro no existe. Nadie puede hablarlo. Lo que sí puede ser es que en la
escuela se trate de enseñar algo neutro: por ejemplo, acá no se enseñan las conjugaciones con
vos en la escuela, aunque es lo que se use. ¿Y qué sería un léxico neutro? ¿Neutro para quién?
En realidad, creo que es un invento del mercado (lingüista, Montevideo, 37 años).

La mayoría de los entrevistados españoles con profesiones no relacionadas con la lengua


creen que se trata de una cosa reciente, de un intento de desnacionalizar el español para
poder vender en todos los países hispanohablantes; son típicas respuestas como «Es un
español sin variación, para vender a todos» (profesora, Albacete, 31 años) o «Se supone
que es un español igual para todos; tiene que ver con el mercado global, o sea, que es algo
de ahora, que antes no hacía falta» (inspector, Barcelona, 43 años).3 O sea, que se trata del
intento de crear una variedad intermedia, una koiné artificial, por razones económicas,
relacionado con la globalización del mercado. La mayoría de los profesionales españoles
dicen que se trata de un español «limpiado» de palabras malsonantes en Hispanoamérica,
como, p. ej., coger –que se sustituye, según el caso, por tomar, subirse, parar (un taxi),
responder (al teléfono), etc.–, o de una variedad intermedia entre las variedades
hispanoamericanas. Es decir, para ellos, español neutro es, antes que nada, una forma del
español hispanoamericano creada por razones mercantiles.
Muy distinta es la situación que se presenta en las consultas realizadas a los americanos.
Casi todos los rioplatenses sostienen que español neutro hace referencia al español

–––––––
1 Consultamos a 16 personas de EEUU, 12 de Argentina, 6 de México, 4 del Uruguay, 4 de Chile, 4
de Nicaragua, 4 de Venezuela, 4 de Paraguay, 3 de Panamá, 3 de la República Dominicana, 3 de
Colombia, 3 de Bolivia, 2 de Ecuador y 2 de Cuba.
2 En los corpus analizados (cf. referencias), encontramos español neutro una única vez en una
novela boliviana para caracterizar a un joven holandés que habla sin acento que pueda atribuirse a
una determinada región: «Éste es Patrick –dijo, y el holandés movió la cabeza y me dio la mano
sin moverse de su silla. / –Usted es muy joven para ser profesor –dijo Patrick, con un español
neutro, sin acento». (Paz Soldán, Edmundo (2002): La materia del deseo. Madrid: Alfaguara, 37,
apud CREA).
3 No nos ocuparemos aquí de los comentarios sobre el peligro de que este español sea el de la
enseñanza, como temen algunos después de leer los delirios de algún que otro periodista que se
escandaliza sobre los supuestos intentos de crear un español neutro para imponerlo en las aulas.
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enseñado en las escuelas. Esto se explica porque, hasta bien entrados los años 80, en
Argentina no se consideraba, en las clases de lengua, p. ej., el voseo. Lo que se enseñaba
era exclusivamente el único paradigma dado por bueno por la Real Academia Española
hasta hace poco: yo hago, tú haces, él hace, nosotros hacemos, vosotros hacéis, ellos
hacen; esto es, sin el vos hacés y el ustedes hacen también para la segunda persona del
plural (cf., al respecto, García Negroni / Ramírez Gelbes 2009). Por tanto, lo que se
enseñaba se suponía que era neutro por carecer de los aspectos más marcados del español
rioplatense. Neutro equivalía a no marcado como argentino o uruguayo, respectivamente.
Sin embargo, los entrevistados de otros países hispanoamericanos afirman,
mayoritariamente, que español neutro es el español de las películas estadounidenses
dobladas a un español que no puede ser atribuido a un país determinado, a una variedad
concreta del español.
De hecho, según algunos entrevistados, tanto rioplatenses como de otras regiones
hispanoamericanas, para hablar de forma neutra basta con hablar un castellano que no
presente rasgos típicos de ningún país en concreto. Así, dos argentinos dicen literalmente
que el español neutro es una variedad «exenta de argentinismos». Esta perspectiva explica
también las opiniones de algunos de los hispanoamericanos entrevistados por Molina
(2008) en Madrid que aseguran haber neutralizado su forma de hablar evitando las marcas
de origen, hablando un español neutro para evitarse esfuerzos.
Veamos lo que dicen los lingüistas. Xosé Castro, traductor y lingüista que se ocupó ya a
mediados de los años 90 del siglo XX del español neutro, describe el fenómeno así:

[…] con el paulatino avance de la mecanización, las comunicaciones y la informática, la


comunidad hispanohablante, repartida en veintiún países (incluido EE. UU.), empieza a ser
consciente de la dispar influencia que estos avances están teniendo en su lenguaje.

La literatura técnica, basada en conceptos y sistemas creados en países no hispanohablantes se


ha visto lógicamente afectada por el idioma original, que es el inglés en la mayoría de los
casos. La proximidad política o geográfica a EE. UU. y la velocidad con la que surgen en el
mercado nuevos aparatos, nuevos sistemas e ideas, afecta directamente a la permeabilidad de
nuestros países a esa lluvia de terminología foránea: es obvio que la influencia del inglés no es
igual en Puerto Rico que en Argentina, por poner dos ejemplos.

Así pues, cada vez más, los grandes fabricantes de maquinaria, electrónica, informática y
productos para el consumo de todo el mercado hispanohablante comienzan a ver conveniente el
abaratamiento de costes en la producción de instrucciones y documentación de sus productos
mediante el empleo de una sola versión española para todo el mercado hispanoamericano. Una
intención nada altruista, sino comercial, que, sin embargo, va en beneficio de nuestra lengua y
nuestra cultura... (Castro 1996: s. p.)

Parece que entiende, bajo español neutro, un español impregnado de americanismos:

La posición de los traductores de España frente al español neutro, es decir, frente al uso de un
español escrito que acepte e incluya ciertas expresiones mayoritarias de América –y por tanto,
de todo el mundo hispanohablante– es de reticencia. (Castro 1996: s. p.)

Esto significa, según parece desprenderse de sus palabras, que el español neutro no sería
un español libre de regionalismos, de aspectos claramente atribuibles a una determinada
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variedad, sino un español que compagina elementos de distintas variedades. De hecho,


muchas empresas de traducción que se dedican a la traducción al español ofrecen, además
de traducciones localizadas, como llaman a las traducciones adaptadas a las realidades
lingüísticas y culturales de un país concreto, traducciones supuestamente aptas para usarse
en todos los países hispanos, que evitan rasgos atribuibles a una sola variedad y en las que
se emplean preferentemente aquellos más comunes o comunes en la mayoría de los países.
Así lo describe, p. ej., una editora mexicana: «Si tengo que decidir entre coste o costo
pondría costo que me parece que es más frecuente. Al menos en Hispanoamérica; porque
costes lo dicen en España» (editora, México, 32 años).4
Bien distinta es la posición de otros autores como, p. ej., Guevara (2006: 259). Según
éste, para que el español sea considerado neutro «debe ser comprendido perfectamente por
todos», lo que no supone, sin embargo, que compagine elementos de distintas variedades.
La importancia de la influencia del inglés sobre el español técnico –y es a este español
técnico al que muchos de los autores, como hemos visto, también Castro (1996), hacen
referencia al hablar de español neutro– es un aspecto del que, de forma recurrente, se hace
mención como condicionante del desarrollo de un español neutro.5
Born (2004) cree que los hispanohablantes en Estados Unidos se sirven de un español
neutro empleando «globalisierende Formen» («formas globalizantes» o «globalizadoras») y
que usan traducciones espontáneas de frasemas del inglés. Cree, además, que, al igual que
la influencia de la anglización del español en los medios de comunicación, también la
búsqueda de la intercomprensibilidad entre las naciones hispanohablantes lleva a una lenta
e insidiosa reducción de las particularidades nacionales. Cabe resaltar que el propio término
«global», así como «globalizar», «globalizante», «globalizador», «globalismo», etc. son, a
su vez, formas de procedencia inglesa globalizadas que, según Seco, participan en la
«globalización del léxico» (Seco 2006: 236-237). El autor (2006: 243) habla de una
«trascendencia universalizadora del anglicismo». Born (2004) no deja claro, al menos no de
forma explícita, qué es para él este español neutro, pero se puede colegir, de sus
explicaciones, que se refiere al español de los hispanohablantes fuertemente influidos por el
inglés, debido, entre otras cosas, a los medios de comunicación. Arnoux (2004: 39) alude a
la influencia de los medios audiovisuales señalada por Born con las siguientes palabras:

Los cambios respecto del lenguaje en los medios audiovisuales exponen las transformaciones
producidas en el espacio social y en las tecnologías de la palabra. Estas últimas, en particular,
limitan la posibilidad por parte del Estado de control lingüístico. Otro aspecto que debe ser
considerado en relación con el castellano en y de los medios deriva de la notable expansión de
la industria fílmica y televisiva, con base en la producción norteamericana. Podemos señalar
que para los Estados Unidos aquella constituye una industria más importante que la informática
y la aviación; y sabemos que en América Latina solo la tercera parte de lo que se consume se
produce en la región. En algunos casos, las necesidades de su expansión y, en las series
televisivas, su doblaje generan una variedad desterritorializada, el español neutro, en la que se
–––––––
4 De hecho, una búsqueda de costos y costes en el CREA confirma esta posición: sólo el 9.3% de los
casos de costos procede de España, mientras que en el caso de costes, una abrumadora mayoría de
los casos –el 95.57%– proviene de fuentes españolas.
5 Curiosamente, la misma influencia inglesa también sirve como argumento para defender la
existencia del spanglish o, al menos, de un ciberspanglish; cf. la crítica en Sinner (2007).
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busca borrar las marcas regionales. También los productos televisivos de los países hispánicos
destinados a la exportación se ven obligados a hacer ciertos ajustes en el mismo sentido. Estos
fenómenos como la tendencia a una normativa común en los medios gráficos tienden a unificar
el espacio lingüístico siguiendo la tendencia que se da en el campo económico.

Sin embargo, con muy escasas excepciones, aún no se ha podido demostrar, a ciencia
cierta, la influencia de los medios de comunicación sobre los usos lingüísticos de la
población, si bien parece obvio que esta influencia se da (cf. Sinner 2004). El problema es
que no se puede estar seguro de la importancia de los medios de comunicación, pues ¿cómo
medir el impacto? ¿Cómo desechar otros factores?
Knauer (2008: 25) llama al español empleado en las campañas electorales de Bush y
Cheney español neutro:

Por la mitad del anuncio alternan las voces de un hombre y de una mujer, y no se observa un
acento autóctono de alguna región específica de América Latina. Sencillamente se habla un
español homogéneo, neutro y fácil de entender que los representa a todos –pero a la vez a
ninguno. Tenemos aquí una evidencia para el desarraigo y la pérdida de las culturas autóctonas
como consecuencia de la interacción con culturas ajenas, culturas que son finalmente muy
diferentes, aunque tengan muchos puntos en común. Es decir, con esta «neutralidad» se
pretende influir a toda la comunidad hispanohablante.

Se trata, claramente, de un español marcadamente americano (o sea, hispanoamericano),


definitivamente no europeo y claramente no rioplatense. Con ello, neutro aquí no es el
mismo neutro que entienden otros autores cuando se refieren al español neutro. Knauer
(2005) constata una clara mexicanización del español en los medios de comunicación
hispanohablantes en EE. UU. y mantiene que «los medios hispanos estadounidenses tienen
sus propios conceptos de neutralización lingüística [divergentes del concepto en
Hispanoamérica]: mexicanización y/o casos de mediación lingüística» (Knauer 2005: 148).
Born (2004) sostiene que, mientras que los lingüistas siguen manteniendo la dicotomía
español americano vs. español europeo, los traductores más pragmáticos ya diferencian
entre cuatro modelos o macrotipos («Makrotypen») de la lengua española. Por ello, éste,
como Vigara Tauste, hace hincapié en la importancia de la traducción en el debate sobre el
español neutro. Los cuatro macrotipos del español de los que habla son los siguientes:

a) el español ibérico (lo llama «Español para España»), con el mercado destino España;

b) el español latinoamericano (lo denomina «Español para Latinoamérica»); el mercado destino


es Latinoamérica;

c) el español neutro (escribe «Español neutro»); el mercado destino serían todos los
hispanohablantes independientemente de cuál sea su lugar de residencia;

d) el español de, en o para Estados Unidos (lo designa, en alemán, «US-Spanisch», que permite
las tres traducciones); el mercado destino serían los hispanohablantes en los Estados Unidos.

Cabe señalar que no tiene sentido hablar, en este contexto, de Latinoamérica, pues lo que
quiere decir, seguramente, es Hispanoamérica; no nos vamos a centrar en ello ahora, pero
es un error muy común. Lo que no podemos obviar es la no subdiferenciación de
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Hispanoamérica, pues en el doblaje, p. ej., suele hacerse una distinción clara entre la región
del Río de la Plata, por un lado, y el resto de los países hispanoamericanos.6 Lo que
sorprende aún más es la diferenciación de dos variantes americanas: una para Estados
Unidos y otra para el resto de América, y de una variante europea, al lado de un español
neutro válido para todos los hispanohablantes. Esto es, precisamente, lo que prácticamente
todos los textos sobre el español en los doblajes niegan rotundamente: la posibilidad de
reconciliar las variantes americanas y europeas en un sólo español neutro, pues las
divergencias fonéticas, particularmente, pero, en parte, también morfológicas y léxicas son
demasiado grandes.
Es obvio que tiene que haber diferentes «españoles neutros», al menos en la traducción y
en el doblaje, por el simple hecho de que, debido, p. ej., a la sintaxis o a la morfología –
como en el caso del voseo–, es imposible la creación de un solo español neutro funcional
para todos los hispanohablantes, es decir, que considere las exigencias particulares de los
hablantes de todas las variedades del español.7 Una buena prueba de ello es el hecho de
que, en el ámbito del doblaje de películas, se ofrecen traducciones para distintas variedades
del español llamadas neutras o neutrales. Según se explica en la entrada «español neutro»
de la enciclopedia libre Wikipedia.es (cuya definición y postura parecen muy dignas de
tenerse en cuenta debido a su fuerte impacto sobre los no profesionales de la lengua):

Debido a que algunos son conscientes de que un español neutral para todos los
hispanohablantes es imposible, se han establecido tres españoles estandarizados, en algunas
traducciones y, más recientemente, en doblajes, por algunas compañías del sector: el ibérico (o
europeo), para España; el rioplatense para Uruguay, Paraguay y Argentina; y otro para el resto
de Latinoamérica.

En los países del Río de la Plata, español neutro es el término empleado para una
variedad del español «neutralizada», creada con fines comerciales en Argentina donde fue
sancionada por ley en 1986, y usada en doblajes de películas y en traducciones, según
Petrello (1997). La autora no hace otra cosa que analizar la producción cinematográfica y
doblajes y enumerar fenómenos como anglicismos, errores de traducción, faltas de
lenguaje, predominio de léxico pensinsular, etc., sosteniendo que se trata de español neutro;
sin embargo, las películas no contienen nada que permita hablar de español neutro. Fuera
del Río de la Plata, prácticamente la única diferencia que se hace al doblar películas es si el
producto está destinado al mercado europeo o al mercado americano. Fuera del Río de la

–––––––
6 Buen ejemplo de los problemas del empleo del español rioplatense en producciones destinadas a
otras regiones hispanohablantes o de variedades hispanoamericanas en producciones destinadas a
España fue el uso de variedades americanas para doblar la película de animación La Sirenita, de
Disney (1989), que, entre los espectadores españoles, provocó risas hasta en las escenas más
dramáticas. Quizá por ello fue la penúltima película de Disney que tuvo una sola versión para
todos los países hispanohablantes; en 1998, se realizó otro doblaje para España, realizado también
en este país; desde 1998, todas las producciones de Disney tienen un doblaje propio para España.
7 Cabe señalar, sin embargo, que para algunos autores rioplatenses como Guevara (2006: 268), uno
de los criterios básicos y característica distintiva para que se pueda hablar de español neutro es,
precisamente, «el uso del tú como segunda persona del singular y la eliminación de la oposición
entre el vosotros y el ustedes con el uso de ustedes como segunda persona del plural».
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Plata, bajo español neutro no suele entenderse en ningún caso un español rioplatense, sino
un español hispanoamericano visto como estándar americano. Curiosamente, ni siquiera en
las obras que se ocupan explícitamente del problema de las diferencias diatópicas en la
traducción y en el doblaje los autores se han preocupado de explicar qué es este estándar
americano llamado español neutro o de cómo se ha originado. Como sostiene Cedeño
(2007), España tiene su propio mercado del doblaje que no tiene nada en común con el
mercado hispanoamericano, lo que se explica por las diferencias entonativas y fonéticas,
pero también morfológicas y de léxico entre el español europeo y un «estándar americano
intencionado para los medios de comunicación, es decir, el español neutro» (Cedeño 2007:
62). No aclara, sin embargo, cómo sería este «español neutro». Afirma que:

[p]rácticamente todos los estudios filmográficos de Hispanoamérica que disponen de una


página web parecen tener una explicación de lo que es el español neutro y hacen publicidad con
que únicamente emplean este español neutro en sus traducciones. A pesar de que las empresas
productoras y las emisoras requieren y fomentan el uso de esta variedad neutra del español,
parece no haber información segura sobre lo que se se ha de entender bajo el llamado español
neutro. (Cedeño 2007: 63; la traducción es nuestra)

Lo que señala la autora sobre la práctica en Venezuela coincide con lo que nos han dicho
los traductores y correctores de las editoriales en Madrid y Barcelona: a los traductores se
les pasa una lista con las palabras tabú o expresiones con marca regional que no deben usar
en ningún caso, como auyama que se sustituye por calabaza (Cedeño 2007: 63), o el ya
mencionado coger que no se debe usar por su significado sexual. En Argentina, hay
empresas que ofrecen cursos de español neutro para traductores, dobladores u operadores
de teléfono en los centros de atención telefónica internacionales. Según la publicidad de
estas, el español neutro da la posibilidad al hablante de comunicarse en el mundo
hispanohablante sin que se identifique su origen, y así, abre las fronteras para trabajar en el
mercado internacional (cf. http://www.locucioniberoamericana.com/hablarneutro.html
(septiembre 2008)). Se supone que las formas empleadas en este español neutro deben
ajustarse no sólo a las prescripciones de las autoridades lingüísticas, sino también a las
tradiciones literarias y culturales. Esto significaría que, para no contradecir las prácticas
lingüísticas de ningún hablante, en principio, todos los aspectos lingüísticos se apartarían
del uso normal. Esto implicaría, sin embargo, que no sería la variedad de ningún lugar
concreto.
Las críticas al español neutro, sea cual fuere la variedad «pulida» de rasgos diatópicos
identificadores en cuestión, suelen ser bastante negativas. Algunos de los informantes, tanto
profesionales como no profesionales, se burlan de los rioplatenses que mantienen hablar
español neutro, haciendo hincapié en los aspectos fonéticos:

Vamos, hombre. Si te dicen, «žo žego», o te vienen con esa melodía italiana, ¿cómo va a ser
neutro eso? (traductor, Madrid, 39 años).

Sin embargo, también se defiende el uso de un español neutro en las traducciones:

No es neutro si te dicen «vos». No puedes doblar con voseo, no. Me imagino / un asesino
americano, o sea, de Estados Unidos, no dice «vos». Si dice «vos», no es americano, es
argentino. No puede ser, ¿no? (traductora y correctora, Barcelona, 31 años).
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El español neutro parece ser entonces un mal menor para los telespectadores
hispanoamericanos. De la misma forma, los entrevistados españoles dicen que una película
extranjera puede doblarse al español de España, pero sin usar variedades regionales
reconocibles como tales. Como explica un ajustador de Cataluña en una de las entrevistas:

Un personaje / […] No debe decir catalanadas [= catalanismos]. O hablar como si fuera


gaditano, o canario. Tiene que ser todo castellano no marcado. Hombre, no me atrevería a
llamarlo español neutro, pero en principio sí lo es, porque, se supone que no es regional. Y si
no es regional, es neutro, ¿no? (traductor y ajustador, Barcelona, 52 años).

La periodista argentina Lucila Castro se lamenta de que el español neutro no sólo se


infiltre a través de las traducciones, sino de que los autores acaben por escribir adaptándose
a lo exigido por las editoriales:

Pero ahora nos dicen que tenemos que «internacionalizar» el español, «neutralizarlo»,
«estandarizarlo». Estandarizar una lengua significa normalizarla: toda lengua que se precie de
tal es, por definición, una lengua normalizada, pues no hay lengua sin norma. ¿Qué nos quieren
decir, entonces, y de dónde surge esa supuesta necesidad? Surge del interés comercial de las
empresas, que pretenden ahorrar costos (en España dirían «costes», pero ¿quién no lo
entiende?) y ampliar mercados. El fin puede ser legítimo, pero no justifica los medios. Y, para
peor, puede ser que los medios arruinen el fin. […] Las editoriales niegan que estén
imponiendo una forma de escribir a los autores, pero no faltan las «sugerencias» de que, si
quieren vender, usen un lenguaje «más accesible» a todos los públicos. Y las insinuaciones
calan hondo. Pero ¿qué literatura auténtica puede hacerse con un lenguaje que ni siquiera es
ajeno, que por propia definición no es de nadie? ¿Y qué recibirá entonces el lector? En lugar de
enriquecerse y conocer el lenguaje y la cultura, el sentimiento y el saber de una comunidad de
400 millones de hablantes, se empobrecerá con un código artificial que no es de nadie, que no
dice nada porque no pertenece a nadie. Y se aburrirá tanto que finalmente tal vez opte por dejar
de leer. (Castro 2004: s. p.)

Está claro que se trata de una postura extrema, pero que retoma un problema real: que
autores españoles, o correctores, sustituyan sistemáticamente palabras malsonantes o
desconocidas fuera de España para la venta en el mercado hispanoamericano. No dice
dónde se infiltra el español neutro, pero se supone que es en el discurso normal. Tampoco
explica quién lo dice, pero queda claro que está hablando del miedo sembrado por los
periodistas que hacen como si el español neutro no fuera el producto de una estrategia
comercial, sino un proyecto de los políticos para reducir las variedades del español.

Conclusión

Español neutro no es una variedad del español, sino que, según quien hable, hace
referencia a distintas formas del español, constituidas de distintas maneras y creadas y
usadas con fines diversos. Llama la atención que suele definirse per negationem, o sea, que
no se sabe qué rasgos debe tener, sino sólo cuáles no debe presentar. Lo que está claro es
que nadie es hablante nativo de español neutro, y la neutralidad nunca lo es, vista desde la
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gran variación que hay entre las distintas modalidades regionales, nacionales y –tenemos
que añadir– comerciales usadas en el mundo hispanohablante.

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