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LA VIRGEN DE GUADALUPE EXISTE EN DICIEMBRE DE CADA ANO millones de mexicanos se martirizan para rendir pleitesia a la patrona de México: algunos se hieren el cuerpo, otros caminan hasta el desfa- llecimiento y otros mds avanzan de rodillas, a lo largo de la Calzada de los Misterios o frente al altar, con la espe- ranza de que sus problemas se resuelvan. Los peregrinos llegan de muchos lugares: la mayorfa han caminado desde los rincones mas remotos del pais, otros proceden de los Estados Unidos o de Centroameérica. Los peregrinos llevan de la mano a sus parientes enfermos ~tal vez incurables-, a sus hijos, o incluso a sus animales, para que sean bende- cidos. Y mientras esto ocurre algunos artistas —aprove- chando la ocasién-incrementan su popularidad cantdndole “Las Mafianitas” a la Guadalupana. Los peregrinos se gastan lo que no tienen durante el viaje y terminan de empobrecerse cuando depositan en los cepos las monedas que ganaron sudando sangre. Las arcas de la basilica reciben toneladas de monedas, billetes de todas las denominaciones, la mayoria extraidos de un des- www FreeLibros me presidencial y que, como los votos nunca lo favorecieron, en varias ocasiones intenté dar un golpe de Estado. No en vano desde la caida del imperio de Maximiliano estuvo en contacto con varios jefes militares y con la jerarquia eclesidstica para tomar el poder, un hecho que fue evitado por Judrez al enviar a Mariano Escobedo y sus tropas a la capital del pais, tal como lo sefialé John Kenneth Turner en su México bérbaro. Tras la caida del imperio de Maximiliano, Porfirio Diaz intenté por segunda vez ocupar Palacio Nacional, pero Benito Judrez lo barrié en las urnas, asf que sélo pudo la- merse el orgullo y conformarse con la hacienda que el Congreso oaxaquefio le obsequié por sus servicios a la na- cién. Durante cuatro afios Diaz se quedé en La Noria, pero al acercarse la sucesién de 1871 volvié —por tercera oca- sidn—a presentarse ala contienda electoral como candidato antijuarista. Don Benito volvié a ganarle y Porfirio toméd el tinico camino en el que tenfa experiencia: las armas. Aunque su hermano Félix le advirtié: “Vamos a perder, Juarez nos va a aplastar”, Diaz se levanté en armas en 1871 cobijado por el Plan de La Noria, que exigia la no reelec- cién. Pero el movimiento fracasé y la muerte de Judrez le quité su unica bandera. Derrotado y desprestigiado, Diaz se entrevisté con Sebastian Lerdo de Tejada, quien ocupé la presidencia tras el fallecimiento del Benemérito, y ambos llegaron a un acuerdo fundado en la buena fe: el levantisco recibié la amnistia, el gobierno dio de baja a sus escasas tropas y Diaz se fue a vivir a Tlacotalpan. A pesar de la derrota, Dfaz inicié una campafia para convertirse en diputado, con miras a reparar su prestigio y a intentar —por cuarta ocasién— llegar a la presidencia; Porfirio gané Ja curul, pero mostré su incapacidad para 101 ‘www FreeLibros me pronunciar un discurso: la primera vez que subié ala tri- buna las palabras se le atragantaron y le gané dl Ilanto. De nuevo, el ridfculo marcé sus acciones. Cuando se empez6 a comentar la posible candidatura de Lerdo de Tejada a la presidencia, Diaz volvié por quinta ocasién—a las andadas: el olor de la pélvora, ahora si, podria llevarlo a Palacio Nacional. En enero de 1876 Porfirio se sumé a los alzados que proclamaban el Plan de Tuxtepec, el cual exigfa “sufragio efectivo, no reeleccién’. Aunque Lerdo no estaba en su mejor momento politico, las armas Je fue- ron adversas a Djaz: las victorias militares sobre las tropas de Maximiliano nunca se repitieron. En la batalla de Ica- mole las tropas lerdistas lo derrotaron y el futuro dictador sélo pudo sentarse a Ilorar, por lo cual se gané su primer apodo: “El Llorén de Icamole”. Pero Diaz era terco y, a pesar de las derrotas, siguié adelante para librar la tiltima batalla en Tecoac. En los primeros momentos del combate era claro que Porfirio avanzaba hacia el precipicio: los ler- distas estaban, literalmente, barriendo a sus soldados. Pero en esta ocasién la suerte estuvo de su lado: ta intervencién de su compadre Manuel Gonzdlez cambié el destino de la batalla. Los tuxtepecos ganaron y Dfaz -segtin Salvador Quevedo y Zubieta— le dijo a su compadre: “le debo a usted la victoria y ser4 usted mi ministro de Guerra”. Gonzélez no fue el inico que suspiré agradecido: la jerarquia eclesidstica también estaba de placemes con Diaz, el futuro caudillo que habfa estudiado en el seminario. Por ello no debe sorpren- dernos que Dfaz recibiera el apoyo del arzobispo de México, quien ordené a los sacerdotes que no se opusieran al jefe revolucionario y sus secuaces. Asf, el 21 de noviembre de 1876 Porfirio tomé la capi- tal del pais y casi seis meses después fue declarado presi- (02 www FreeLibros. me dente constitucional. Diaz nunca llegé a la presidencia por medio de las urnas: él fue un golpista y también fue un traidor: no sélo pisoted el ofrecimiento de no reeleccién que hizo en los planes de La Noria y Tuxtepec, sino que ademés obligé a los diputados a permitir la reeleccién y a ampliar los petiodos presidenciales con tal de minimizar la molestia de los comicios. No ibaa reelegirse, pero se reeligié en 1884, 1888, 1892, 1896, 1900 y 1904, y lo intenté en 1910 después de haber cambiado el cuatrienio por sexenio. El curioso demédcrata del que hablan los lacayos del go- bierno fue uno de los peores tiranos de la historia de México. Los héroes oficiales insultan la inteligencia nacional: sélo sirven para justificar medidas que dafian a la patria. Por eso anhelo que nuestro pais reescriba su historia y descubra a los merecedores de laureles. Francisco Bulnes expresé una opinién muy parecida en Las grandes mentiras de nuestra historia: “Yo juzgo del adelanto moral e intelec- tual por el de nuestra historia, especialmente de la dedi- cada a beneficiar el espiritu de la nifiez. ;Se ensefian leyendas, fabulas y apologias de secta?”. ;Podemos dejar atrds esa historia de santos y demonios para adentrarnos en la verdad? En algunos casos se hacen intentos, pero sélo hasta que ellos estén coronados entraremos —como decia Bulnes— “en un digno y sereno periodo de civilizacién”. Es clara la sentencia de que quien no conoce su historia est4 condenado a repetirla... 103 www FreeLibros. me wav FreeLibros.me EL PIPILA, EL HEROE DE GRANADITAS En 1968, MIENTRAS EL GOBIERNO de Gustavo Diaz Ordaz ensefiaba a los estudiantes que todo era posible en la paz, la Secretaria de Educacién Publica, en un arrebato de pa- triotismo, publicéd una serie de revistas que se vendfan en los puestos de periddicos con un titulo casi maravilloso: Compendios de saber. Historia del pueblo mexicano. Se tra- taba de una historia ilustrada de nuestro pais, dirigida, entre otras personalidades, por el general revolucionario Jestis Romero Flores, quien fue constituyente en 1917 y que, para mayor mérito, habia escrito una historia mito- Idégica de la revolucién. Las revistas tenian destinatarios precisos: los alumnos de secundaria y todas aquellas per- sonas que, de manera por demds nebulosa, son designadas como “publico en general”. Los Compendios de saber, més alld de sus propésitos declarados, tenfan un objetivo preciso: llevar la version oficial de la historia a cuanto mexicano estuviera dispuesto a pagar dos pesos por una revista profusamente ilustrada. En una de sus entregas —la quinta para ser precisos— se ‘www FreeLibros.me 100 MITOS DE LA HISTORIA DE MEXICO encuentra un pdrrafo memorable que transcribo a conti- nuacion: LA HAZANA DEL “PIPILA’ Un joven del pueblo, Juan José de Jos Reyes Martinez, “El Pi- pila’, barretero de la mina La Valenciana, con una losa en las espaldas para protegerse de las balas disparadas desde la azorea, incendié con una tea la puerta del edificio [la Alhéndiga de Granaditas, en Guanajuato}. El triunfo fue completo. En unas cuantas palabras el redactor de este texto nos en- dora en claro uno de los grandes mitos de la historia de la independencia, aunque, a decir verdad, sus lineas inevita- blemente obligan a Ja suspicacia: ;acaso el “Pipila” era un ser monstruoso, pues tenfa dos o més “espaldas”?, ja puerta de la Alhéndiga de Granaditas estaba tan seca o era de ocote y por ello basté una sola tea para que cediera ante el fuego?, zera el “Pipila” el Sansén de los insurgentes? (pues cargar una losa no es algo de todos los dias), y, por ultimo, equé hacfa en tan incébmodo lugar este personaje? El “Pi- pila” siempre despierta sospechas y su figura ~sin duda mitolégica— linda con Jo inverosimil, por lo que es necesa- tio cuestionarnos acerca del origen de este mito. Hasta donde tengo noticia, el primero que refirié la historia del “Pipila” fue Carlos Maria de Bustamante, quien le dedicd algunas lineas de su Cuadvo histérico de la revolucién mexi- cana de 1810. Leamos lo que dice Bustamante: El general Hidalgo convencido de la necesidad de penetrar en lo interior de Granaditas, nada omitia para conseguirlo, Ro- www. FreeLibros.me