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RACISMO

Definimos el racismo como una forma determinada de marginación, jerarquización


y trato desigual de personas por sus rasgos externos relacionados con
clasificaciones de grupos como «etnia», «nación», «cultura» o «religión». El
racismo es una muestra de privilegios, de conductas, leyes, estructuras
organizativas, imágenes y conceptos culturales que apoyan esta jerarquización y
exclusión. Esta jerarquización y los privilegios establecidos que se reproducen,
están marcados históricamente por la historia colonial europea.

Por estos signos distintivos el racismo supone que determinados grupos tienen
ciertos rasgos distintivos de su personalidad (p.ej. criminalidad, temperamento o
desinterés por la educación) y capacidades (p.ej. música y deporte, pero no
dirección y física). Casi como si esas personas fuesen un grupo homogéneo y
dichas características fuesen «innatas» o no se pudiesen cambiar. Se parte
además de la suposición de que los límites de quién pertenece a un grupo o no
son claros y evidentes. Cabe destacar, que la mayor parte de las personas
reconocen y ven la diversidad del propio grupo (al que se pertenece), sobre todo
cuando se refiere a categorías de mayores dimensiones como nación
(ciudad/estado federado, Berlín, Baviera, etc.) y a la religión (protestantes,
católicos en Baviera vs católicos en España). Como contraste, los «otros» se
entiende que forman un grupo homogéneo. Se dice «todos» o «casi todos son
así», y las excepciones confirman la regla. Esto también forma parte del
pensamiento racista.

En la sociedad actual, el racismo sigue existiendo aunque el concepto antiguo de


racismo (procedente de la época nacionalsocialista) está menos aceptado. Las
leyes, las estructuras organizativas y el comportamiento que esperamos los unos
de los otros siguen estando marcados por las imágenes que nos han sido
transmitidos de épocas pasadas. Se siguen percibiendo como evidentes y eso
hace que sean difíciles de percibir y de cambiar. Muchos de los prejuicios de la
época colonial siguen vigentes en los medios de comunicación, en los contenidos
educativos y en nuestra legislación.

Ahora destaca menos que antes el color de la piel u otros aspectos físicos. Sin
embargo, las características físicas, el nombre, la forma de hablar o de vestirse se
asimilan como impulsos en abstracto para asignar a las personas a determinadas
«categorías culturales». Similar a la antigua forma de entender el racismo, estas
características culturales (incluida la religión) se asocian también a determinados
rasgos de personalidad y capacidades. Se tratan además como rasgos casi
biológicas e invariables que diferencian un grupo del otro. Esta observación racista
de la cultura se conoce por el nombre de «culturización».

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