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Facultad de Humanidades y Ciencias de la

Educación
Curso: Etnografías 2015
Módulo III: Gregory Bateson
Rafael Bruno
CI: 4.442.313-7

1) Desarrolle y reflexione sobre el concepto de Naven.

Si hay algo que se deba resaltar para entender la obra de Gregory Bateson, es, como lo
dice desde un principio en “Naven”, la idea de holismo para referirse a la cultura, es
decir, que los aspectos identificados dentro de la misma, y muchas veces estudiados
como entidades independientes, tales como la economía, la religión, la política, etc. de
hecho, no lo son, sino que son expresiones de un todo, inseparables e interrelacionados.

Sin embargo, a efectos prácticos, para el estudio y análisis de una cultura, comenzar
desde un punto específico, aunque sea de forma arbitraria y artificial, se vuelve
necesariamente útil. Además de esto, cabe recordar la recomendación del autor sobre la
importancia del ethos para comprender una cultura, es decir, el componente emocional.
Para Bateson, un estudio que se enfoque únicamente en la estructura y funcionamiento
de una cultura, sin tener en cuenta el trasfondo emocional o ethos, se vería condenado a
ser incompleto y estéril.

Teniendo en cuenta lo anterior, el autor comienza por la descripción del


comportamiento de las ceremonias Naven, es decir, aquel en el que “…los hombres se
visten de mujeres y las mujeres de hombres…” (Bateson, 1990:18) en el pueblo Iatmul
del Mandato británico de Nueva Guinea. Bateson describe a este pueblo como:

“…un orgulloso pueblo de cazadores de cabezas que habita en grandes poblados entre
los doscientos y los mil habitantes cada uno. Su organización social y sistemas de
parentesco y religioso están desarrollados hasta un extremo de complejidad. La
comunidad se subdivide en grupos de acuerdo con dos sistemas independientes con muy
escasa congruencia entre sí. Por un lado, hay una división en dos mitades totémicas que
a su vez están subdivididas en fratrías y clanes; por otro, aparece una división en dos
pares interseccionados de mitades iniciatorias que están subdivididos en grupos de
edad.” (Bateson, 1990:20)
Estas divisiones cobran su importancia (las primeras más que los grupos de edad) a la
hora de describir las naven, ya que las relaciones entre los wau (hermano de la madre) y
los laua (hijo de la hermana), aunque sea de un modo clasificatorio, sientan las bases de
la ceremonia y, por lo tanto, del libro de Bateson.

Las naven son ceremonias que se llevan a cabo en la celebración de las acciones y
logros del laua (hijo de a hermana). “Cuandoquiera que un laua –chico o chica, hombre
o mujer- realiza alguna acción cultural modelo, y especialmente cuando el hijo realiza
esta acción por primera vez en su vida, la ocasión puede ser celebrada por su wau”
(Bateson, 1990:22)
Los motivos para realizar esta ceremonia son muy variados y frecuentes, aunque en el
caso de los muchachos los motivos pueden ser más y Bateson los clasifica en cinco
categorías. A grandes rasgos, aunque tienen importantes matices, serían: 1- Logros
mayores, siendo el primer homicidio el más importante. 2- Actos culturales menores,
solamente celebrados en su primera realización, tales como dar muerte a ciertos
animales, fabricar instrumentos específicos, tocar instrumentos musicales importantes,
organizar un banquete, etc. 3- Actos característicos del laua. Estos están enmarcados
entre las relaciones mutuas de comportamiento entre el laua y el wau. Por lo general,
cuandoquiera que el laua realiza cualquier acción notable que sea característica de su
posición como tal, su wau responde con alguna muestra de comportamiento naven. 4-
Alardear en presencia del wau. 5- Cambios en el status social. Aunque Bateson toma
esta categoría con pinzas, resalta el hecho de que cuando el laua vive un acontecimiento
tal como puede ser una boda o su iniciación, la naven no forma parte de un rito de paso,
sino que es la celebración de que tales ritos hayan sido realizados.
En el caso de las muchachas o mujeres, la lista de motivos para realizar una naven son
menores y Bateson clasifica a la mayoría de ellos como actos culturales notables en su
primera realización, pero además de estos hay dos acontecimientos importantes,
iniciación y baile en las danzas tshugukepma.

El autor nos dice que, aunque la lista de ocasiones posibles para realizar este tipo de
ceremonias sea muy larga, en realidad no se dan con mucha frecuencia, quizás se vean
limitadas por el gran gasto que suponen. Muchas veces estas ceremonias son reducidas
a gestos o celebraciones en pequeña escala dejando a las grandes ceremonias para los
motivos más importantes, como el caso del primer homicidio de un enemigo.

El rasgo más sobresaliente de estas ceremonias, nos dice el autor, es que los hombres se
visten de mujeres y las mujeres con ropas de hombres. Por otro lado, se podría destacar
que existe una propagación clasificatoria de estas ceremonias, sobre todo en las más
elaboradas, es decir, personas que de otro modo no estarían involucradas en la
ceremonia, pasan a adoptar un comportamiento naven con otros individuos que puedan
identificarse con el laua en cuestión. De todas maneras, traer aquí las distintas
descripciones de las naven por parte de Bateson parece un sinsentido, ya que sin dudas
agotaría la breve extensión de este trabajo en algo que justamente se acaba en lo
descriptivo, en todo caso, lo mejor sería consultar el segundo capítulo de su libro a este
respecto.
Volviendo a la importancia que brinda Bateson al factor emocional o al ethos, y,
teniendo en cuenta que el autor nos dice que las mayores diferencias que se dan entre las
personas se enmarcan en la distinción entre los sexos, deberíamos dedicar un espacio a
este tema. Más aún, si lo que nos interesa son las ceremonias naven, en donde sobresale
es el travestismo, sin dudas por esta vía procederíamos por el camino correcto.

Siguiendo los lineamientos teóricos de este autor, tal como expresamos más arriba, la
etología entre los sexos permearía en la totalidad de la cultura. “Cualquiera que sea el
lado desde donde enfoquemos la cultura, cualesquiera las instituciones que estudiemos,
encontraremos el mismo tipo de contraste entre la vida de los hombres y la de las
mujeres” (Bateson, 1990:144)

Ahora, por el lado de los hombres, Bateson observa la espectacularidad, dramatismo,


orgullo y violencia que forma parte de su ethos. El autor parte del lugar físico de la casa
ceremonial para desarrollar sus observaciones acerca de la etología masculina Iatmul.
En este lugar, que él lo compara a una casa club, donde los hombres prestigiosos son
aquellos más agresivos o eruditos en cuanto al sistema de clanes, y los más pasivos son
burlados o desprestigiados. Además, observa como el orgullo es un factor que tiene un
papel importante en el comportamiento, tanto individual como dentro del grupo,
llegando incluso a distorsionar los mitos en favor de su propio clan totémico hacia el
interior del grupo. Desde aquí pasa a examinar los procesos de iniciación y las actitudes
de los iniciadores hacia los novicios, en donde los primeros son agresivos contra los
segundos y donde “en realidad, el espíritu en que se llevan a cabo las ceremonias no es
ni de ascetismo ni de cuidado; es un espíritu de chuleo irresponsable y alardeo”
(Bateson, 1990:151) Además, los hombres iniciadores, en un proceso de cismogénesis,
tal como la define Bateson, se interpelan entre ellos para, de alguna manera, combatir
por quienes son más severos con los novicios, pudiendo ser acusados de blandos si son
muy indulgentes. Los novicios por su parte, son colocados hacia el ethos femenino,
hundidos en la sumisión de manera brusca.

El ethos femenino, por su parte, carece de ese énfasis en el orgullo y en la apariencia


espectacular. Las relaciones entre ellas esta matizada por una mayor tranquilidad y
mucha menor conciencia de sí mismas. De todas maneras, esto no significa la total
sumisión o falta de valor de las mujeres, por el contrario, a veces las mujeres adoptan
una actitud que se asemeja a lo descrito en el ethos masculino y son admiradas por esto.

“La más importante generalización que se puede extraer del estudio del ethos Iatmul es
que, en esta sociedad, cada sexo posee su propio y consecuente ethos que contrasta con
el del sexo opuesto” (220) Podríamos decir, y es así que lo dice Bateson, que las naven
son una manifestación del ethos. Si bien, los hombres se visten de mujeres y estas se
visten con ropas de hombre, además adoptan un ethos que corresponde al otro sexo y
también son consonantes con lo normal y ordinario. En el caso de las mujeres
travestidas, su ethos concuerda tanto con su sencillez cotidiana, como con su exaltación
y orgullo ocasional. El autor se pregunta cómo es posible esto y prueba analogías con la
cultura occidental, en situaciones donde el travestismo es aceptado y está dentro de la
norma. Encuentra situaciones que no son habituales para las personas y las llevan a
adoptar una indumentaria travestida pero aceptada, como el caso de las mujeres que
montan a caballo. Volviendo a los Iatmul, las ceremonias naven pueden ser reconocidas
como situaciones que induzcan al travestismo aceptado.

Con lo anterior, el autor sostiene que entre lo público y lo privado y lo masculino y


femenino existen correspondencias. Los hombres más habituados a la exaltación,
ostentación, orgullo, etc. les costaría reconocer el logro de otro (por ejemplo, el logro de
un laua), mientras que, por el lado de las mujeres, esto sería más fácil pero no estarían
habituadas a la exaltación pública. Adoptar la vestimenta del otro es una manera de
aceptar de mejor forma estas actitudes, aunque los hombres lo hagan de forma
bochornosa, despreciando el ethos femenino.

La función y estructura pragmática de las naven también son motivo de reflexión de


Bateson, sobre todo, si estas juegan un papel en la integración o desintegración de la
comunidad, llevándolo a considerar a estas ceremonias como una oportunidad de
reforzar los lazos de relaciones entre el laua y la wau, aunque reformula: “¿Qué efectos
tiene el fortalecimiento de este lazo en la integración del conjunto de la Sociedad?”
(Bateson, 1990:107)

2) Explique el significado del concepto de mente en la obra de Gregory


Bateson.

Para desarrollar sobre el concepto de mente elaborado por Gregory Bateson podríamos
comenzar por volver a resaltar su visión integral. Este autor se alejaba de una
composición escolarizada de la ciencia y visión del mundo, es decir, una totalidad
integrada era lo que pretendía estudiar. Por tanto, lo que construye Bateson es una nueva
epistemología, y a esto apunta en su obra. En sentido, la definición de “ecología de la
mente” refiere a:
“una nueva manera de pensar sobre la naturaleza del orden y la organización de los
sistemas vivientes, un cuerpo unificado de teoría tan global que arroja luz sobre todas
las esferas particulares de la biología y el estudio de la conducta. Ese modo es
interdisciplinario, no en el sentido habitual y simple de intercambiar información entre
diversas disciplinas, si no en el sentido de descubrir pautas comunes a muchas
disciplinas.” (Bateson, 2006:19)

Desarrolla su noción de mente en término de agregado complejo de componentes


interactuantes, capaces de procesar información, es decir de identificar diferencias que
hacen la diferencia. Su visión es una nueva manera de pensar acerca de las ideas y esos
agregados de ideas que él llama mentes. Además, y una contribución de suma
importancia, es la de indagar en niveles de la mente de una manera que permitían
reversar esa escisión entre cuerpo/mente y proyectada a otros dualismos. A este
respecto, el estudio de la comunicación, discursiva y no discursiva o icónica, permitió
nuevos alcances de la idea de esta totalidad y, además, sobre el proceso de aprendizaje,
al nivel de lo que es llamado consciente o inconsciente.

En este sentido, se pueden establecer nexos entre el pensamiento de Bateson y el del


filósofo fenomenólogo Maurice Merleau Ponty, en donde ambos veían una continuidad
y una totalidad, la escisión cartesiana tan tajante en occidente, veía rupturas y
dualismos. Naturaleza/Cultura, Hombre/Animales, Mente/Cuerpo, etc. no serían más
que divisiones de una epistemología distorsionada y, si bien, no todo puede pensarse a
la vez, discriminar y analizar separadamente una cosa que no lo está, útil a efectos
prácticos, sería violentar ese sistema.

Siguiendo la línea anterior, al nivel de la percepción, el aprendizaje y el cambio, vemos


como Bateson instala esta dinámica en lo relacional, no es un sujeto conocedor activo y
un mundo pasivo, en lo que respectaría a presupuestos epistemológicos de la ciencia
occidental, sino que, como un sistema, las partes son interactuantes. La conciencia
nunca podría apreciar el carácter sistémico de la mente, sin la ayuda del arte, los sueños
y cosas semejantes, colocados en lo que se llama lo inconsciente.

Para finalizar, cabe destacar que el pensamiento de Bateson y sus categorías, no se


agotan en el ser humano, la mente es una propiedad esencial de los sistemas vivos.

Bibliografía:
Bateson, Gregory (1990) “Naven. Un ceremonial Iatmul” Ed. Júcar. Barcelona.

Bateson, Gregory (2006) “Una unidad sagrada. Pasos ulteriores hacia una ecología de la
mente” Ed. Gedisa. Barcelona.