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EDUCACION Y FAMILIA

ACERBO NIMIS
LE. 15 abril 1905

SOBRE LA ENSEÑANZA DEL CATECISMO

Lo lev
s se c r e to s designios de Dios N os han
a n ta d o de N uestra pequeñez al cargo
necesidad de instrucción
de Suprem o P astor de toda la grey de Cristo
en d ías bien críticos y amargos, pues el ene­ 2. ¡Cuán com unes y fundados son,
m igo d e a n tig u o anda alrededor de este re­ p or desgracia, estos lam entos de que
baño y le tien d e lazos con tan pérfida astu ­
cia, q u e ahora, principalm ente, parece ha­ existe hoy un crecido núm ero de per­
berse cu m p lid o aquella profecía del Apóstol sonas, en el pueblo cristiano, que vi­
a los an cia n o s de la Iglesia de Efeso: Sé que... ven en sum a ignorancia de las cosas
os han asaltado lobos voraces que destrozan el
rebaño1. que se han de conocer p ara conseguir
D e este m al q u e p adece la religión no la salvación eterna! — Al decir «pueblo
h a y n a d ie , a n im a d o del celo de la glo­ cristiano», no Nos referimos solam ente
ria d iv in a , q u e no in vestigue las cau­ a la plebe, esto es, a aquellos hom bres
sas y ra z o n e s, su cediendo que, como de las clases inferiores a quienes excu­
c a d a c u a l las h a lla diferentes, propone sa con frecuencia el hecho de hallarse
d ife re n te s m ed io s conform e a su p er­ som etidos a dueños exigentes, y que
son al o p in ió n p a ra d efender y re sta u ­ apenas si pueden ocuparse de si mis­
ra r el re in a d o de Dios en la tierra . No mos y de su descanso; sino que ta m ­
p ro sc rib im o s, V en erables H erm anos, bién y, principalm ente, hablam os de
los o tro s ju icio s, m as estam os con los aquellos a quienes no fa lta entendi­
q ue p ie n s a n q u e la a c tu a l depresión y m iento ni cu ltu ra y h asta se hallan
d e b ilid a d d e las alm as, de que resul­ adornados de una gran erudición pro­
ta n los m a y o re s m ales, provienen, fana, pero que, en lo to can te a la
p rin c ip a lm e n te , de la ignorancia de religión, viven tem eraria e im p ru d en te­
las co sas d iv in a s. m ente. ¡Difícil sería ponderar lo espe­
Esta opinión concuerda enteramente con so de las tinieblas que con frecuencia
lo que Dios mismo declaró por su profeta los envuelven y — lo que es m ás triste —
Oseas: No hay conocimiento de Dios en la la tran q u ilid ad con que perm anecen en
tierra. La maldición, y la mentira, y el homi­
cidio, y el robo, y el adulterio lo han inundado ellas! De Dios, soberano a u to r y m o­
todo; la sangre se añade a la sangre por cuya derad o r de todas las cosas, y de la sa­
causa se cubrirá de luto la tierra y desfalle­ biduría de la fe cristiana p ara n ad a se
cerán todos sus moradores *.
preocupan; y asi nada saben de la E n ­
1 Act. 2 0 , 29. carnación del Verbo de Dios, ni de la
redención por El llevada a cabo; n ad a
saben de la gracia, el principal medio S en ten cia ju sta ; porque la voluntad
para la etern a salvación; nad a del sa­ h u m an a ap en as conserva algún resto
crificio augusto n i.d e los sacram entos, de aquel am or a la honestidad y la
por los cuales conseguim os y conser­ re c titu d , puesto en el hom bre por Dios
vam os la gracia. En cu anto al pecado, C reador suyo, am or que le im pulsaba
ni conocen su m alicia ni su fealdad, hacia un bien, no en tre som bras, sino
de suerte que no ponen el m enor cui­ claram en te visto. Mas, d epravada por
dado en evitarlo, ni en lograr su p er­ la corrupción del pecado original y ol­
dón; y así llegan a los últim os m om en­ v id a d a casi de Dios, su Hacedor, la
tos de su vida, en que el sacerdote vo lu n tad h u m an a convierte to d a su in­
— por no perder la esperanza de su clinación a a m ar la van id ad y a buscar
salvación— les enseña sum ariam ente la la m en tira. E x tra v ia d a y ciega por las
religión, en vez de em plearlos princi­ m alas pasiones, necesita un guía que
palm ente, según convendría, en m o­ le m uestre el cam ino p ara que se res­
verles a actos de caridad; y esto, si no titu y a a la vía de la justicia que des­
ocurre— por desgracia, con h a rta fre­ graciadam ente abandonó. E ste guía,
cuencia—que el m oribundo sea de tan que no ha de buscarse fuera del hom­
culpable ignorancia que tenga por in­ bre, y del que la m ism a naturaleza le
útil el auxilio del sacerdote y juzgue ha provisto, es la propia razón; mas si
que pueda trasp a sar tran q u ilam en te a la razón le fa lta su verdadera luz,
los um brales de la eternidad sin haber que es la ciencia de las cosas divinas,
satisfecho a Dios por sus pecados. sucederá que, al g uiar un ciego a otro
Por lo cual N uestro predecesor Benedic­ ciego, am bos caerán en el hoyo.
to X ÍV escribió ju stam en te: A firm a m o s que
ia mayor parte de los condenadas a las penas El santo R éy D avid, glorificando a Dios
p or esta luz de la verdad que le había infun*
eternas padecen su perpetua desgracia por igno­
dido en la razón humana, decía: Impresa
rar los misterios de la fe, que necesariamente
está, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro.
i e deben saber y creer oara ser contados entre
¡os elegidos *. Y señalaba el efecto de esta comunicación
de la luz, añadiendo: T ú has infundido la
3. Siendo esto así, Venerables H er­ alegría en m i corazón «, alegría con la que,
ensanchado el corazón, corre por la senda de
manos, ¿qué tiene de sorprendente, los m andatos divinos.
preguntam os, que la corrupción de las
costum bres y su depravación sean tan
grandes y crezcan diariam ente, no sólo efectos de la «doctrina*
en las naciones bárbaras, sino aun en
los mismos pueblos que llevan el nom ­
bre de cristianos? 4. F ácilm ente se descubre que es
Con razón decía el apóstol San Pablo es­ así, porque, en efecto, la doctrina cris­
cribiendo a los de Efeso: La fornicación y toda tia n a nos hace conocer a Dios y lo que
especie de impureza o avaricia, n i aun se
nombre entre vosotros, como corresponde a llam am os sus infinitas perfecciones,
santos, ni tampoco palabras torpes, n i truhane- h arto m ás hondam ente que las fuerzas
r'as*. Como fundam ento de este p u d o r y naturales. ¿Y qué m ás? Al mismo tiem­
santidad, con que se m oderan las pasiones,
puso !a ciencia de las cosas divinas: Y así, po nos m anda reverenciar a Dios por
m irad, hermanos, que andéis con gran circuns­ obligación de fe, que se refiere a la ra­
pección ; no como necios sino como pruden­ zón; por deber de esperanza, que se re­
tes... Por lo tanto, no seáis indiscretos, sino
atentos sobre cuál es la voluntad de Dios fiere a la v o lu n ta d , y por deber de
caridad, que se refiere al corazón, cort
* Instit. 27, 18. lo cual deja a todo el hom bre some-
1 Eph. 5, 3 ss.
4 Ibid. vv. Ifí ss.
tido a Dios, su Creador y moderador. 5. Lejos estamos <k afirmar «tue la
De la misma manera sólo la doctora malicia del alma y la corrupción de las
de Jesucristo pone al hombre en po- costumbres no puedan coexistir con ei
sesión de su verdadera y noble digni> conocimiento de la religión. Pluguiese
dad, como hijo que es del Padre ce­ a Dios que la experiencia no lo demos­
lestial, que está en los cielos, que le trara con tanta frecuencia. Pero enten­
hizo a su imagen y semejanza, para demos que, cuando al espíritu envuel­
vivir con El eternamente dichoso. Pero ven las espesas tinieblas de la ignoran­
de esta misma dignidad y del conoci­ cia, ni la voluntad puede ser recta, ni
miento que de ella se ha de tener, in­ sanas las costumbres. El que camina
fiere Cristo que los hombres deben con los ojos abiertos, podrá apartarse,
amarse mutuamente como hermanos y no se niega, de la recta y segura sen­
vivir en la tierra como conviene a los da; pero el ciego está en peligro cierto
hijos de la luz: No en comilonas y bo­ de perderse.—-Además, cuando no está
rracheras, no en deshonestidades y diso­ enteramente apagada la antorcha de
luciones, no en contiendas ni envidias7. la fe, todavía queda esperanza de que
Mándanos, asimismo, que nos entre­ se enmiende la corrupción de costum*
guemos en manos de Dios, que se cui­ bres; mas cuando a la depravación se
da de nosotros; que socorramos al po­ junta la ignorancia de la fe, ya no que­
bre, hagamos bien a nuestros enemigos da lugar a remedio, sino abierto el ca­
y prefiramos los bienes eternos del mino de la ruina.
alma a los perecederos del tiempo. Y
sin tocar menudamente a todo, ¿no es,
acaso, doctrina de Cristo la que reco­ el primer miniskrio
mienda y prescribe al hombre sober­
bio la humildad, origen de la verda­ 6. Puesto que de la ignorancia de
dera gloria? Cualquiera que se humilla­ la religión proceden tantos y tan gra­
re, ése será el mayor en el reino de los ves daños, y, por otra parte, son tan
cielos 8. En esta celestial doctrina se grandes la necesidad y utilidad de la
nos enseña la prudencia del espíritu, formación religiosa, ya que, en vano
para guardarnos de la prudencia de la seria esperar que nadie pueda cumplir
carne; la justicia, para dar a cada uno las obligaciones de cristiano, si no tas
lo suyo; la fortaleza, que nos dispone conoce; conviene averiguar ahora a
a sufrir y padecerlo todo generosamen­ quién compete preservar a las almas
te por Dios y por la eterna bienaven­ de aquella perniciosa ignorancia e ins­
turanza; en fin, la templanza, que no truirlas en ciencia tan indispensable.
sólo nos hace amable la pobreza por —Lo cual, Venerables Hermanos, no
amor de Dios, sino que en medio de ofrece dificultad alguna, porque ese
nuestras humillaciones hace que nos gravísimo deber corresponde a los pas­
gloriemos en la cruz. Luego, gracias a tores de almas que, efectivamente, se
la sabiduría cristiana, no sólo nuestra hallan obligados por mandato del mis­
inteligencia recibe la luz que nos per­ mo Cristo a conocer y apacentar las
mite alcanzar la verdad, sino que aun ovejas, que les están encomendadas.
la misma voluntad concibe aquel ardor Apacentar es, ante todo, adoctrinar:
que nos conduce a Dios y nos une a Os daré pastores según mi corazón, que os apa­
centarán con ¡a ciencia y con la doctrina*.
El por la práctica de la virtud. Así hablaba jerem ías, inspirado por
Dios. Y, por ello, decía también el
1574

apóstol San Pablo: No me envió Cristo Si no hay sacerdote, al que esto no


a bautizar, sino a predicar10, advirtien­ sea aplicable, ¿qué diremos de los que,
do así que el principal ministerio de añadiendo al sacerdote el nom bre y la
cuantos ejercen de alguna manera el potestad de predicadores, tiene a su
gobierno de la Iglesia consiste en en­ cargo el regir las almas, así por su dig­
señar a los fieles en las cosas sagradas. nidad como por un pacto contraído?
Estos han de ser puestos en algún
7. Nos parece inútil aducir nuevas modo en el rango de los pastores y doc­
pruebas de la excelencia de este minis­ tores que Jesucristo dió a los fieles
terio y de la estimación que de él hace para que no sean como niños fluctuantes ni se
dejen llevar doquier por todos los vientos de
Dios. Cierto es que Dios alaba grande­ opiniones y por la malignidad de los hom­
mente la piedad que nos mueve a pro­ bres..., antes bien viviendo según la verdad y
curar el alivio de las humanas mise­ en la caridad, en todo vayan creciendo hacia
Cristo, que es nuestra C abeza16.
rias: mas, ¿quién negará que mayor
alabanza merecen el celo y el trabajo
consagrados a procurar los bienes ce­ disposiciones de la Iglesia
lestiales a los hombres, y no ya las
transitorias ventajas materiales? Nada 8. Por lo cual, el sacrosanto Conci­
puede ser más grato—según sus pro­ lio de Trento, hablando de los pasto­
pios deseos—a Jesucristo, Salvador de res de almas, declara que la prim era y
las almas, que dijo de Sí mismo por mayor de sus obligaciones era la de
el profeta Isaías: Me ha enviado a evan­ enseñar al pueblo cristiano 16. Dispo­
gelizar a los pobres11. ne, en consecuencia, que por lo menos
Importa mircho, Venerables Herma­ los domingos y fiestas solemnes den al
nos, asentar bien aquí—e insistir en pueblo instrucción religiosa, y durante
ello—que para todo sacerdote éste es los santos tiempos de Adviento y Cua­
el deber más grave, más estricto, que resma diariamente, o al menos tres ve­
le obliga. Porque ¿quién negará que ces por semana. Ni esto sólo: porque
en el sacerdote a la santidad de vida añade el Concilio que los párrocos es­
debe irle unida la ciencia? En los la­ tán obligados, al menos los domingos
bios del sacerdote ha de estar el depósito y días de fiesta, a enseñar, por sí o por
de la ciencia12. otros, a los niños las verdades de fe y
Y, en efecto, la Iglesia rigurosamente la la obediencia que deben a Dios y a sus
exige de cuantos aspiran a ordenarse sacer­
dotes. Y esto, ¿por qué? Porque el pueblo padres. Asimismo m anda que, cuando
cristiano espera recibir de los sacerdotes la hayan de adm inistrar algún sacram en­
enseñanza de la divina ley, y porque Dios to, instruyan, acerca de su naturaleza,
les destina para propagarla. De su boca se
ha de aprender la ley, puesto que él es el ángel a los que van a recibirlo, explicándolo
del Señor de los ejércitos13. Por lo cual, en las en lengua vulgar e inteligible.
sagradas Ordenes, el Obispo dice, dirigiéndo­
se a los que van a ser consagrados sacerdotes: 9. En su constitución Etsi minime, Núes-
Que vuestra doctrina sea remedio espiritual tro predecesor Benedicto X IV resumió tales
para el pueblo de Dios, y los cooperadores de prescripciones y las precisó claram ente, di­
nuestro orden sean previsores, para que, medi­ ciendo: Dos obligaciones impone principal­
tando día y noche acerca de la ley, crean lo mente el Concilio de Trento a los pastores de
que han leído y enseñen lo que han creído1*. almas: una, que todos los días de fiesta hablen
al pueblo acerca de las cosas d iv in a s ; otra,
10 1 Cor. 1, 17. que enseñen a los niños y a los ignorantes los
11 Luc. 4, 18. elementos de la ley divina y de la fe.
12 Mal. 2, 7. 16 Eph. 4, 14. 15.
18 Ibid.
10 Sess. 5, c. 2 de refor.; sess. 22, c. 8;
14 Pontif. R o m . sess. 24, c. 4 et 7 de refor.
Con razón dispone este sapientísi­ sagrados que, movidos por sincero de­
mo Pontífice el doble ministerio, a sa­ seo de gloria divina, se emplean en la
ber: la predicación, que habitualm ente defensa de la fe o en hacer el p a­
se llam a explicación del Evangelio, y negírico de los Santos; pero su labor
la enseñanza de la doctrina cristiana. requiere otra prelim inar— la de los ca­
Acaso no falten sacerdotes que, deseo­ tequistas—pues, faltando ésta, no hay
sos de ahorrarse trabajo, crean que con fundam ento, y en vano se fatigan los
las homilías satisfacen la obligación de que edifican la casa. H arto frecuente
enseñar el Catecismo. Quienquiera que es que floridos discursos, recibidos
reflexione, descubrirá lo erróneo de con el aplauso de numeroso au d ito ­
esta opinión; porque la predicación del rio, sólo sirvan para halagar el oído,
Evangelio está destinada a los que ya no para conmover las almas. En cam ­
poseen los elementos de la fe. Es el bio, la enseñanza catequística, aunque
pan, que debe darse a los adultos. Mas sencilla y humilde, merece que se le
por lo contrario, la enseñanza del Ca­ apliquen estas palabras que dijo Dios
tecismo es aquella leche, que el após­ por Isaías:
tol San Pedro quería que todos los fie­ A l modo que la lluvia y la nieve descien­
den del cielo y no vuelven alláf sino que em­
les habían de desear sinceramente, papan la tierra y la penetran y la fecundan,
como los niños recién nacidos. — El a fin de que dé simiente que sembrar y pan
oficio, pues, del catequista consiste en para comer, así será de mi palabra salida de
mi boca: no volverá a mí vacía, sino que obrará
elegir alguna verdad relativa a la fe y todo aquello que yo quiero y ejecutará feliz­
a las costum bres cristianas, y explicar­ mente aquellas cosas a que yo la envié11.
la en todos sus aspectos. Y, como el El mismo juicio ha de formarse de
fin de la enseñanza es la perfección de aquellos sacerdotes que, por mejor ex­
la vida, el catequista ha de com parar poner las verdades de la religión, p u ­
lo que Dios m anda obrar y lo que los blican eruditos volúmenes; son dignos,
hombres hacen realm ente; después de ciertam ente, de copiosa alabanza. Mas
lo cual, y sacando oportunam ente al­ ¿cuántos son los que consultan obras
gún ejemplo de la Sagrada Escritura, de esa índole y sacan de ellas el fruto
de la historia de la Iglesia o de las vi­ correspondiente a la labor y a los de­
das de los Santos, ha de aconsejar a deos de sus autores? Pero la ense­
sus oyentes, como si la señalara con el ñanza de la doctrina cristiana, bien
dedo, la norm a a que deben ajustar la hecha, jam ás deja de aprovechar a los
vida, y term inará exhortando a los que la escuchan.
presentes a huir de los vicios y a prac­
ticar la virtud. 11. Conviene repetir—para infla­
m ar el celo de los ministros del Señor—
que ya es crecidísimo, y aum enta cada
instrucción popular día más, el número de los que todo lo
ignoran en m ateria de religión, o que
10. No ignoramos, en verdad, que sólo tienen un conocimiento ta n im per­
este m étodo de enseñar la doctrina fecto de Dios, de la fe cristiana que,
cristiana no es grato a muchos, que lo en plena luz de verdad católica, les
estim an en poco y acaso impropio para perm ite vivir como paganos. ¡Ay! Cuán
conseguir alabanza popular; pero Nos grande es el número, no diremos de
declaramos que sem ejante juicio per­ niños, pero de adultos y aun ancianos
tenece a los que se dejan llevar de la que ignoran absolutam ente los princi-
ligereza más que de la verdad. Cierta­
mente no reprobam os a los oradores '7 Is. 55, 10. II.
pales m íste n o s de la fe, y que, al oír la fe, m as esta divina semilla no llega
el no m b re de Cristo, responden: ¿Quién a crecer... y echar grandes ra m a s80,
es... para que yo crea en é l ? 1S.— De ahí aban d o n ad a a sí misma y como por
el que ten g an por lícito fo rjar y m an­ n a tiv a v irtu d . Tiene el hombre, desde
te n e r odios c o n tra el prójimo* hacer que nace, facultad de entender; mas
c o n tra to s inicuos, ex p lo tar negocios in­ esta fa cu ltad necesita de la palabra ma­
fam es, hacer préstam os usurarios y co­ te rn a p a ra convertirse en acto, como
m eter o tras m aldades sem ejantes. De suele decirse. Tam bién el hombre cris­
ah í que, ignorantes de la ley de Cris­ tiano, al renacer por el agua y el Espí­
to — que no sólo prohíbe to d a acción ritu S anto, trae como en germen la fe;
to rp e, sino el pensam iento voluntario pero necesita la enseñanza de la Igle­
y el deseo de ella— m uchos que, sea sia p a ra que esa fe pueda nutrirse,
p o r lo que quiera, casi se abstienen de crecer y d a r fruto.
los placeres vergonzosos, alim entan Por eso escribía el Apóstol: La fe proviene
sus alm as, que carecen de principios del oir, y el oir depende de la predicación de
la palabra de Cristo *l. Y para mostrar lá ne­
religiosos, con los pensam ientos más cesidad de la enseñanza añadió: ¿Cómo.,,
perversos, y hacen el núm ero de sus oirán hablar, si no se les predica? 22.
iniquidades m ayor que el de los cabe­
llos de su cabeza. — Y ha de repetirse
que estos vicios no se hallan solam en­ normús
te en tre la gente pobre del cam po y
de las clases bajas, sino tam bién, y 13. De lo expuesto hasta aquí puede
acaso con m ás frecuencia, entre gentes verse cuál sea la importancia de la instruc­
de superior categoría, incluso entre los ción religiosa del pueblo; debemos, pues,
que se envanecen de su saber, y, apo­ hacer todo lo posible para que la enseñanza
de la Doctrina sagrada, institución— según
yados en una v an a erudición, p re te n ­ frase de Nuestro predecesor Benedicto XIV—
den buriarse de la religión y blasfem ar la más útil para la gloria de Dios y la salva­
de todo lo que no conocen 19. ción de las a lm as2a, se mantenga siempre
floreciente, o, donde se la haya descuidado,
se restaure. — Así, pues, Venerables Her­
12. Si es cosa v an a esperar cose­ manos, queriendo cumplir esta grave obli­
gación del apostolado supremo y hacer que
cha en tierra no sem b rada, ¿cómo es­ en todas partes se observen en materia tan
p e ra r generaciones ad o rn ad as de bue­ im portante las mismas normas, en virtud
nas obras, si o p o rtu n am en te no fueron de Nuestra suprema autoridad, establece­
mos para todas las diócesis las siguientes
in stru id as en la d o ctrin a cristiana? — disposiciones, que mandamos sean observa­
De don^e ju stam en te concluim os que, das y expresamente cumplidas:
si ia fe languidece en nuestros días
h asta parecer casi m u erta en una gran I) Todos los párrocos, y en gene­
m ayoría, es que se ha cum plido des­ ral cuantos ejercen cura de almas, han
cu id ad am en te, o se ha om itido del de instruir, con arreglo al Catecismo,
todo, la obligación de enseñar las ver­ du ran te una hora entera, todos los do­
dades contenidas en el Catecism o. In­ mingos y fiestas del año, sin exceptuar
útil sería decir, como excusa, que la fe ninguno, a todos los niños y niñas en
es d ad a g ra tu itam en te y conferida a lo que deben creer y hacer para alcan­
cada uno en el bautism o. Porque, cier­ zar la salvación eterna.
tam en te, los bautizados en Jesucristo,
fuim os enriquecidos con el hábito de 10 Marc. 4, 32.
" Rom. 10, 17.
** Ibid. v. 14.
*" C o n s t. Pllsi rninitn? 13
^ ¡ i) Los mismos han de preparar a escojan la hora más oportuna para que
los niños y a las niñas, en épocas fijas concurran los fieles—exceptuando la
del año, y mediante instrucción que destinada a la doctrina de los niños—
ha de durar varios días, para recibir y den la instrucción catequística a los
dignamente los sacramentos de la Pe­ adultos, con lenguaje sencillo y aco­
nitencia y Confirmación. modado a su inteligencia. Para ello se
servirán del Catecismo del Concilio de
I I I ) Además, han de preparar con Trento, de tal modo que, en el espado
especial cuidado a los jovencitos y jo- de cuatro a cinco años, expliquen cuan»
vencitas para que, santamente, se acer­ to se refiere al Símbolo, a los Sacra­
quen por primera vez a la Sagrada mentos, al Decálogo, a la Oratión y a
Mesa, valiéndose para ello de oportu­ los Mandamientos de la Iglesia.
nas enseñanzas y exhortaciones, du­
rante todos los días de Cuaresma, y si VI I ) Venerables Hermanos, esto
fuere necesario, durante varios otros mandamos y establecemos en virtud
después de la Pascua. de Nuestra autoridad apostólica. Aho­
ra, obligación vuestra es procurar, cada
I V) En todas y cada una de las cual en su propia diócesis, que estas
parroquias se erigirá canónicamente la prescripciones se cumplan enteramen­
asociación, llamada vulgarmente Con­ te y sin tardanza. Velad, pues, y. con
gregación de la Doctrina Cristiana. Con la autoridad que os es i/eculiar p ro ­
ella, principalmente donde ocurra ser curad que Nuestros mandatos r.o cai­
escaso el número de sacerdotes, los gan en olvido, o—lo que sería igusl—
párrocos tendrán colaboradores segla­ se cumplan con negligencia y flojedad.
res para la enseñanza del Catecismo, Para evitar esa falta habéis de emplear las
que se ocuparán en este ministerio, recomendaciones más asiduas y apremiantes
a los párrocos, para que no expliquen el
así por celo de la gloria de Dios, como Catecismo sin la previa preparación, y que
por lucrar las santas indulgencias con no hablen el lenguaje de la sabiduría humana,
que los Romanos Pontífices han enri­ sino que con sencillez de corazón y con since­
ridad delante de Dios*4 sigan el ejemplo de
quecido esta asociación. Cristo, pues aunque expusiese cosas que estu­
vieron ocultas desde la creación del mundo*1,
sin embargo, las decia todas al pueblo por
V) En las grandes poblaciones, medio de parábolas o ejemplos, y sin parábolas
principalmente donde haya Facultades no les predicaba **. Sabemos que lo mismo
mayores, Institutos y Colegios, fún­ hicieron los Apóstoles, enseñados por Jesu­
cristo; y de ellos decia San Gregorio Magno:
dense escuelas de religión para instruir Pusieron todo cuidado en predicar a los pueblos
en las verdades de la fe y en las prác­ ignorantes cosas sencillas y accesibles, y no
ticas de la vida cristiana a la juventud, cosas altas y arduas *7. Y en las cosas de reli­
gión, una gran parte de los hombres de nues­
que frecuente las aulas públicas, en tra edad ha de tenerse por ignorante.
las que no se mencionan las cosas de
religión.
el trabajo de la enseñanza
V I) Porque, en estos tiempos, la
edad madura, no menos que la infan­ 14. Pero no quisiéramos que al­
cia, necesita la instrucción religiosa, guien, en razón de esta misma senci-
los párrocos y cuantos sacerdotes ten­
gan cura de almas, además de la *« 2 Cor. 1, 12.
acostum brada homilía sobre el Santo Mat. 13, 35.
Evangelio, que han de hacer todos los *• Ibid. v. 34.
días de fiesta en la misa parroquial, Moral. 17, 2t>.
tiez que conviene observar, imaginase 15. Séanos perm itido, Venerables
que la enseñanza catequística no re­ Hermanos, deciros al term in ar esta
quiere trabajo ni meditación; al con­ Carta, lo que dijo Moisés: E l que sea
trario, los pide mayores que cualquier del Señor. júntese conm igo2*. Obser­
otro asunto. Es más fácil hallar un vad, os lo rogamos y pedimos, cuán
orador que hable con abundancia y grandes estragos produce en las almas
brillantez, que un catequista cuya ex­ la sola ignorancia de las cosas divinas.
plicación merezca plena alabanza. Por Tal vez hayáis establecido, en vuestras dió­
lo tanto, todos han de tener en cuenta cesis, muchas obras útiles y dignas de ala­
banza, para el bien de vuestra grey; pero,
que, por grande que sea la facilidad con preferencia a todas ellas, y con todo eí
de conceptos y de expresión de que se empeño, afán y constancia que os sean posi­
bles, cuidad esm eradam ente de que el cono­
hallen naturalmente dotados, ninguno cimiento de la Doctrina cristiana penetre
hablará de la doctrina cristiana con por completo en la m ente y en el corazón
provecho espiritual de los adultos ni de todos. Comunique cada cual al prójimo
— repetimos con el apóstol San Pedro—-
de los niños, si antes no se prepara con la gracia según la recibió, como buenos dis­
estudio y seria meditación. Se enga­ pensadores de los dones de Dios, los cuales
ñan los que, confiados en la inexpe­ son de muchas maneras**.
riencia y rudeza intelectual del pue­ Que, mediando la intercesión de la Inma­
blo, creen que pueden proceder negli­ culada y Bienaventurada Virgen, vuestro
celo y piadosa industria se exciten con la
gentes en esta materia. Al contrario; Bendición Apostólica, que am orosam ente os
cuanto más incultos los oyentes, ma­ concedemos a vosotros, a vuestro clero y al
yor celo y cuidado se requiere para pueblo que os está confiado, y sea testim o­
nio de Nuestro afecto y prenda de los divi­
lograr que las verdades más sublimes, nos dones.
tan elevadas sobre el entendimiento
de la generalidad de los hombres, pe­ Dado en Roma, ju n to a San Pedro,
netren en la inteligencia de los igno­ el 15 de abril de 1905, segundo año de
rantes; los cuales, no menos que los Nuestro Pontificado.
sabios, necesitan conocerlas para al­ ** Ex. 32, 26.
canzar la eterna bienaventuranza. *• 1 Pet. 4, 10.
CCLVII *

[SAN PIO X|

SACRA TRIDENTINA SYNODUS


Decr. S. C. Conc. 20 diciembre 1905

SOBRE LA C O M U N IO N FRECUENTE Y C O T ID IA N A

Sagrado C o n c i l i o d f ; T r e n t o , ten ien ­ vite, principalm ente p a ra que, u n id o s


E do
l
en cuenta las inefables gracias que
con Dios por m edio del S acram en to ,
provienen a los fieles cristianos de recibir la
Sastísim a E u c a r istía 1, dice: Desearía, en ver­ en él tom en fuerza p a ra refren ar las
dad, el Santo Concilio que en cada una de las pasiones, purificarse de las culpas le­
misas comulguen los fieles asistentes, no sólo
espiritual, sino también sacramentalmente. ves cotidianas e im pedir los pecados
Estas palabras dan a entender con b astante graves a que está ex p u esta la debili­
claridad el deseo de la Iglesia de que todos d ad h u m an a; pero no precisam ente
los fieles diariam ente tom en parte en el ce­
lestial b anq uete, para sacar de él m ás abun­ p a ra h o n ra y veneración de Dios, ni
dantes frutos de santificación. como recom pensa o prem io a las v ir­
tudes de los que le reciben 3. P o r ello
2. E stos deseos coinciden con los en que
se abrasaba nuestro Señor Jesucristo al ins­ el Sagrado Concilio de T re n to llam a a
tituir este divin o Sacram ento. P ues El m is­ la E u caristía antidoto, con el que som os
mo indicó repetidas veces, con claridad sum a, liberados de las culpas cotidianas y so­
la necesidad de com er a m enudo su carne y
beber su sangre, especialm ente con estas mos preservados de los pecados m or­
palabras: Este es el pan que descendió del tales 4.
Cielo,- no como vuestros padres comieron el Los prim eros fieles cristian os, e n ten d ie n d o
maná y m u rie ro n : quien come este pan vivirá bien e sta v o lu n ta d de D ios, to d o s los d ía s se
eternamente*. De la com paración del Pan de acercaban a esta m esa de v id a y fo r ta le z a .
los A ngeles con el pan y con el m aná fácil­ Ellos perseveraban en la doctrina de los A p ó s ­
mente podían los discípulos deducir que, así toles y en la comunicación de la fracción d e l
como el cuerpo se alim enta de pan diaria­ P a n 6. Y q ue esto se hizo ta m b ién d u r a n te
m ente, y cada día eran recreados los hebreos los siglos sig u ien tes, no sin gran fru to d e
con el m aná en el desierto, del m ism o modo la perfección y san tid ad , lo enseñan los S a n to s
el alm a cristiana podría diariam ente com er Padres y escritores e c le siá stic o s.
y regalarse con el Pan del Cielo. A m ás de
que casi tod os los Santos Padres de la Igle­
sia enseñan que el pan de cada día, que se
manda pedir en la oración dom inical, no tendencias encontradas
tanto se ha de entender del pan m aterial,
alim ento del cuerpo, cuanto de la recepción
diaria del Pan E ucarístico. 4. Pero cuando poco a poco h u b o
dism inuido la p iedad, y p rin c ip a lm e n ­
te cuando m ás ta rd e se halló p o r d o ­
deseos de Jesucristo y la quier ex ten d id a la h erejía ja n s e n is ta ,
Iglesia se com enzó a d is p u ta r acerca de las
disposiciones necesarias p a ra la fr e ­
3. Mas Jesucristo y la Iglesia de­ cuente y d iaria com unión, y , com o a
sean que todos los fieles cristianos se
acerquen diariam ente al sagrado con­ * S. A u g. S erm . 57 in M a t. D e o r a t.
D om . v . 7.
1 Sess. 22, c?p. 6. * Sess. 13, cap . 2.
* lo. 6, 59. * A ct. 2, 42.
porfía, cad a cual las exigía m ayores y 6. No fa lta ro n , por o tra p arte, hom­
m ás difíciles como ab so lu tam en te ne­ bres d o tad o s de ciencia y piedad que
cesarias. E stas disp u tas dieron por re­ a b rie ran fácil e n tra d a a esta práctica
su ltad o que sólo a poquísim os se tu ­ ta n saludable y ac ep ta a Dios, ense­
v iera p o r dignos de recibir diariam en ­ ñando, fu n d ad o s en la au to rid a d de los
te la S antísim a E u ca ristía y sacar P adres, que n unca la Iglesia había pre­
de este saludable S acram ento ¿us m ás cep tu ad o m ayores disposiciones para
a b u n d a n te s fru to s, co ntentándose los la C om unión d iaria que p a ra la sema­
dem ás con alim entarse de él u n a vez nal o m ensual; y que eran muchísimo
al año, al mes, o, a lo sum o, a la se­ m ás ab u n d a n te s los fru to s de la Comu­
m an a. Es más, se llegó a tal exigencia nión d iaria que los de la sem anal o
que quedaban excluidas de frecu e n ta r m ensual.
la Mesa celestial clases sociales en te­
ras, como los com erciantes y las per­ disciplina actual
sonas casadas.
O tros, a su vez, ab razaron la opinión 7. Las discusiones sobre este pun­
co n traria. C onsiderando éstos como to han au m en ta d o y se han agriado
m an d ad a por derecho divino la Comu­ en nuestros días; en consecuencia, se
nión diaria, p ara que no pasase un in q u ieta la m ente de los Confesores y
solo día sin com ulgar, sostenían, a la conciencia de los fieles, con no pe­
m ás de o tras cosas fu era de la p rá c ti­ queño daño de la piedad y fervor cris­
ca o rd in aria de la Iglesia, que debía tianos. P o r esto, hom bres m uy precla­
recibirse la E u caristía aun el día de ros y P asto res de alm as han suplicado
Viernes S anto, y de hecho la adm i­ rendidam ente a nuestro Santísim o Se­
n istrab an . ñor, Pío P a p a X, que resuelva con su
au to rid a d su p rem a la cuestión acerca
doctrina de la Iglesia de las disposiciones" p ara recibir dia­
riam en te la E u caristía, p ara que esta
5. No dejó la Santa Sede de cumplir su costum bre ta n saludable y ta n acepta
deber en cuanto a esto. Pues un decreto de a Dios, no sólo no dism inuya entre los
esta Sagrada Congregación, que empieza
Cum ad aures, del día 12 de febrero de 1679, fieles, sino m ás bien aum ente y se pro­
aprobado por Inocencio X I, condenó estos pague por to d as partes, precisam ente
errores y refrenó los abusos, declarando al en estos tiem pos en que la Religión y
mismo tiempo que todas las personas, de
cuaicuier social, sin exceptuar en modo la fe católica son com batidas por todos
alguno a ios comerciantes y casados, fueran lados, y se echa ta n to de m enos el ver­
adm itióos a Comunión frecuente, según la dadero am or de Dios y la piedad. Y
piedad de cada uno y el juicio de su confesor.
El día 7 de diciembre de 1690 fué condenada por ello, Su S antidad, deseando sobre
por el decreto Sanctissim us D om inus noster, todo, dado su celo y solicitud, que el
de Alejandro V III, una proposición de Bayo pueblo cristiano sea llam ado al sagra­
que pedía de aquellos que quisieran acercarse
a la sagrada Mesa, un amor de Dios purísimo do convite con m uchísim a frecuencia
sin mezcla de defecto alguno. y h asta diariam en te, y disfrute de sus
Con todo, no desapareció por com pleto el grandísim os frutos, encom endó el exa­
veneno jansenista, que había inficionado bas­
ta las almas piadoras so pretexto del honor y men y resolución de la predlcha cues­
veneración debidos a la Eucaristía. La dis­ tión a esta S agrada Congregación.
cusión de las disposiciones para comulgar
bien y con frecuencia, sobrevivió a las de­ 8. Y así, la Sagrada Congregación del
claraciones de la Santa Sede; y así hasta Concilio, en la sesión plenarla del día 16 de
teólogos de gran nombre juzgaron que sólo diciembre de 1905, exam inó detenidamente
pocas veces, y cumplidas muchas condicio­ este asunto, y, ponderadas seriamente las
nes, podía permitirse a los fieles la Comu­ razones en pro y en contra de una y otra opi­
nión cotidiana. nión, determ inó y declaró lo que sigue:
1.° Dése amplia libertad a todos 6.* Y como es claro que por la fre­
los fieles cristianos, de cualquier clase cuente o diaria Comunión se estrecha
y condición que sean, para comulgar la unión con Cristo, resulta una vida
frecuente y diariamente, pues así lo espiritual más exuberante, se enrique­
desean ardientemente Cristo nuestro ce el alma con más efusión de virtudes
Señor y la Iglesia Católica: de tal ma­ y se le da una prenda muchísimo más
nera que a nadie se le niegue, si se segura de felicidad, exhorten, por esto,
halla en estado de gracia y tiene rec­ al pueblo cristiano a esta tan piadosa
ta y piadosa intención. y saludable costumbre con repetidas
2.° La rectitud de intención con­ instancias y gran celo los Párrocos, los
siste en que el que comulga no lo haga Confesores y predicadores, conforme
por rutina, vanidad o respetos huma­ a la sana doctrina del Catecismo Ro­
nos, sino por agradar a Dios, unirse mano •.
más y más con El por él amor y apli­ 7.® Promuévase la Comunión fre­
car esta medicina divina a sus debili­ cuente y diaria principalmente en los
dades y defectos. Institutos religiosos, de cualquier clase
3 .° Aunque convenga en gran ma­ que sean, para los cuales, sin embargo,
nera que los que comulgan frecuente queda en vigor el decreto Quemadmo-
o diariamente estén libres de pecados dam, del 17 de diciembre de 1890, dado
veniales, al menos de los completa­ por la S. Congregación de Obispos y
mente voluntarios, y de su afecto, bas­ Regulares; promu¿v?se también cuan­
ta, sin embargo, que estén limpios de to sea posible en ¡os Seminólos, cuyos
pecados mortales y tengan propósito alumnos anhelan por servir al altan e
de nunca más pecar; y con este since­ igualmente en los demás colegios cris­
ro propósito no puede menos de suce­ tianos de la juventud.
der que los que comulgan diariamente
se vean poco a poco libres hasta de 9. Si hay algunos Institutos, de vo­
los pecados veniales y de la afición tos simples o solemnes, cuyas reglas,
a ellos. constituciones o calendarios señalen y
4.° Como los Sacramentos de la manden algunos días de Comunión, es­
Ley Nueva, aunque produzcan su efec­ tas normas se han de tener como me­
to ex opere operato, lo causan, sin em­ ramente directivas y no como precep­
bargo, más abundante cuanto mejores tivas. Y el número señalado de Comu­
son las disposiciones de los que los re­ niones se ha de considerar como un
ciben, por eso se ha de procurar que minimum según la piedad de los Re­
preceda a la Sagrada Comunión una ligiosos. Por lo cual se les deberá dejar
preparación cuidadosa y le siga la con­ siempre libre la Comunión más fre­
veniente acción de gracias, conforme cuente o diaria, según las normas an­
a las fuerzas, condición y deberes de teriores de este Decreto. Mas para que
cada uno. todos los religiosos de uno y otro sexo
5.° Para que la Comunión frecuen­ puedan enterarse bien de ias disposi­
te y diaria se haga con más prudencia ciones de este Decreto, los Superiores
y tenga más mérito, conviene que sea de cada una de las casas se cuidarán
con consejo del Confesor. Tengan, sin de que todos los años, en la infraocta-
embargo, los Confesores mucho cui­ va del Corpus Christi, sea leído a la
dado de no alejar de la Comunión comunidad en lengua vulgar.
frecuente o diaria a los que se hallen en
estado de gracia y se acerquen con
rectitud de intención.
ISAN FIO X]

QUAM SINGULARI
Decr. S. C. Sacr. 8 agosto 1910

SOBRE LA EDAD PARA LA PRIMERA COMUNION

u an sin g u la r amor profesó Jesucristo pués de la Comunión de los adultos, los niños,
C a los niños, durante su vida mortal, cla­ recibían los fragmentos sobrantes.
ramente lo manifiestan las páginas del E van­ Esta costumbre desapareció más tarde en
gelio. Eran sus delicias estar entre ellos; acos­ la Iglesia latina y los niños no eran admi­
tumbraba a imponedles sus manos, los abra­ tidos a la Sagrada Mesa hasta que el uso de
zaba, los bendecía. U cvó a mal que sus dis­ la razón estuviera de algún modo despierto
cípulos los apartase: de El, reconviniéndoles en ellos y pudieran tener alguna idea dei
con aquellas graves palabras: Dejad que los Augusto Sacramento. Esta nueva disciplina,
niños vengan a M í, y no se lo vedéis, pues de admitida ya por varios sínodos particulares,
ellos es el reino de Dios l. En cuánto esti­ fué solemnemente sancionada por el Conci­
maba su inocencia y el candor de sus almas, lio general cuarto de Letrán, en el año 1215,
lo expresó bien claro cuando, llamando a un promulgando su célebre canon número 21,
niño, dijo a sus discípulos: E n verdad os digo, por el cual se prescribe la confesión sacra­
si no os hiciereis como niños, no entraréis en mental y la Sagrada Comunión a los fieles
el reino de los cielos. Cualquiera, pues, que se que hubiesen llegado al uso de la razón, con
humillare como este niño, ése es el m ayor en las siguientes palabras: Todos los fieles de
el reino de los cielos. El que recibiere a un niño uno y de otro sexo, en llegando a la edad de
así en m i nom bre, a M i me recibe*. la discreción, deben por sí confesar fielmente
todos sus pecados, por lo menos una vez al
año, al sacerdote propio, procurando según
sus fuerzas cum plir la penitencia que les fuere
los pequeñuelos, a Cristo im puesta y recibir con reverencia, al menos
por Pascua, el sacramento de la Eucaristía, a
2. Teniendo presente todo esto, la Iglesia no ser que por consejo del propio sacerdote y
católica, ya desde sus principios, tuvo cui­ por causa razonable creyeren oportuno abste­
dado de c e r c a r los pequeñuelos a Cristo nerse de comulgar por algún tiempo.
por ; de la Comunión eucarística, que
soMa admu-i-tíarles aun siendo niños de
pecho. E-.'o. según aparece mandado en casi 3. El Concilio de T re n to 8, sin re*
todo; 1)s rituales anteriores al siglo x m , se probar la antigua disciplina de admi­
hacía en el acto del bautismo, costumbre n istrar la Sagrada Eucaristía a los
^ue en algunos sitios perseveró hasta tiem ­
pos posteriores; aun subsiste entre los grie­ niños antes del uso de la razón, con­
gos y los orientales. Y, para alejar el peligro firm ó el decreto de Letrán, lanzando
de que, concretamente, los niños de pecho anatem a contra los que opinasen lo
arrojasen el Fan consagrado, desde el prin­
cipio se hizo común la costumbre de adm i­ contrario: S i alguno negase que todos
nistrarles la Sagrada Eucaristía bajo la espe­ y cada uno de los fieles de Cristo, de
cie de vino. uno y otro sexo, al llegar a la edad de
Y no sólo en el acto del bautismo, sino
después y repetidas veces los niños eran ali­ la discreción, están obligados a comul­
mentados con el divino manjar; pues fué gar cada año, por lo menos en Pascua,
costumbre de algunas iglesias el dar la Co­ según precepto de nuestra Santa Madre
munión a los niños inm ediatamente después
'ík comulgar e! clero; y en otras partes, des­ la iglesia, sea anatema*.
1 Marc. 10. 13.14.10. * Se#s. 21 de Commun, c. 4.
For lo tanto, en virtud del citado de­ paración diligente y una confesión bien
creto lateranense—aun vigente—, los hecha, lo cual no en todas partes ocu­
cristianos, tan pronto como lleguen a rre, siempre resulta tristísim a la pér­
la edad de la discreción, están obliga­ dida de la inocencia bautism al, que,
dos a acercarse por lo menos una vez recibiendo en edad más tem prana la
ai año a los sacramentos de la Confe­ Santa Eucaristía, acaso pudiera haber­
sión y de la Comunión. se evitado.
Ni merece menos reprobación la cos­
tumbre existente en muchos lugares
edad de la discreción de prohibir la confesión a los niños no
admitidos a la Sagrada Mesa, o de no
4. Pero al fijar cuál sea esta edad darles la absolución, con lo cual es muy
de la razón o de la discreción, se han fácil que permanezcan largo tiempo tal
introducido en el curso del tiempo mu­ vez, en pecado mortal, con gravísimo
chos errores y lamentables abusos. peligro de su salvación.
Hubo quienes sostuvieron que la edad Y aun es más grave, que er. alguno*
de la discreción era distinta, según se sitios, a los niños no admitidos a la
tratase de recibir la Penitencia o la primera Comunion, n» aun tt> peligro
Comunión. Para la Penitencia juzga­ de muerte se les permite recibir el San­
ron ser aquella en que se pudiera dis­ to Viático; y si fallecen, enterrados
tinguir lo bueno de lo malo, y en que, como párvulos, no se les aplican su­
por lo mismo, se podia pecar; pero para fragios de la Iglesia.
la Comunión exigian más edad, en la
que se pudiese tener más completo co­
nocimiento de las cosas de la fe y una restos de jansenismo
preparación mayor. Y asi, según las
diferentes costumbres locales y según 6. Tales daños ocasionan tos que insisten
tenazmente, más de lo debido, en exigir que
las diversas opiniones, se fijaba la edad a la primera Comunión antecedan prepara­
de la primera Comunión en unos sitios ciones extraordinarias, no fijándose quizá
a los diez años o doce, y en otros a en que tales excesivas precauciones son resto
de errores jansenistas, pues sostenían que
los catorce o aún más, excluyendo, en­ la Santísima Eucaristía era un premio, pero
tre tanto, de la Comunión Eucaristica no medicina de la fragilidad humana. Muy
a los niños o adolescentes menores de al contrario sentia el Concilio de Trento, al
enseñar que era antidoto para libramos de
la edad prefijada. las culpas diarias y para preservarnos contra
los pecados mortales*; doctrina poco ha in­
5. Esta costumbre, por la cual, so culcada con empeño por la Sagrada Congre­
gación del Concilio en su decreto del 26 de
pretexto de mirar por el decoro del diciembre de 1905, por el cual se abre cami­
Santísimo Sacramento, se alejaba de no a toda clase de personas para comulgar
él a los fieles, ha sido causa de no po­ diariamente, ya sean de madura, ya de tier­
na edad, exigiendo tan sólo dos condiciones:
cos males. Sucedía, pues, que la ino­ estado de gracia y pureza de intención.
cencia de los primeros años, apartada Ni hay justa razón para que, si en la anti­
de abrazarse con Cristo, se veía priva­ güedad se distribuían los residuos de las
Sagradas Especies a los niños, aun a los de
da de todo jugo de vida interior; de pecho, ahora se exija extraordinaria prepa­
donde se seguía que la juventud, care­ ración a los niños que se encuentran en el
ciendo de tan eficaz auxilio, y envuel­ felicísimo estado de su primera inocencia, los
cuales, por muchos peligros y asechanzas
ta por tantos peligros, perdido el can­ que les rodean, tanto necesitan de este mís­
dor, cayese en los vicios antes de gus­ tico Pan.
tar los santos Misterios. Y aunque a
la primera Comunión preceda una pre­
doctrina conciliar n in g u n a necesidad a la com unión de la Euca­
ristía, señala com o única el que, en efecto,
dice, en aquella edad no pueden perder la
7. Los abusos que hem os rep ren d i­ gracia de hijo s de D ios que han recibido. De
do proceden de que no fijaron bien cuál todo esto se deduce con claridad la m ente del
santo Concilio, a saber, que entonces vienen
era la edad de la discreción, quienes necesariam ente obligados los niños a comul­
señalaron u n a p ara la confesión y o tra gar, cuando puedan ya perder la gracia por
d istin ta p ara la Com unión. El Conci­ el pecado. Eco de tales palabras son las del
Concilio R om ano, celebrado bajo Benedic­
lio de L etrán exige sólo u n a m ism a to X I I I , al enseñar que la obligación de re­
edad p ara uno y otro sacram en to , al cibir la E ucaristía em pieza después que los
im poner co n ju n tam en te el precepto de n iñ o s y n iñ a s llegaren al uso de razón, a saber,
en aquella edad, en la cual pueden discernir
confesar y com ulgar. Y si p a ra la con­ este m a n ja r sacram ental, que no es otro que
fesión se juzga que la edad de la dis­ el verdadero Cuerpo de Jesu cristo, del pan
creción es aquella en que se puede dis­ com ún y profano, y saber acercarse a recibirle
con la debida piedad y devoción10. Y el Cate­
tinguir lo bueno de lo m alo, es decir, cism o R om ano afirma que nadie puede deter-
ea la que se tiene algún uso de razón, m in a r m ejor la edad en que deben darse a los
p ara la Comunión será aquella en que n iños los sagrados m isterios que el .padre y el
sacerdote con quien aquéllos confiesan sus peca­
se pueda distinguir el P an E ucaristico dos. A ellos pertenece, pues, explorar y averi­
del pan ordinario: es la m ism a edad en guar de los n iñ o s s i tienen éstos algún conoci­
que el niño llega al use de su razón. m iento y sabor de este adm irable sacram ento11.

8. No de otro m odo lo en ten d iero n los


principales in térp re tes del Concilio de L etrá n edad de la Comunión
y los escritores contem poráneos. C onsta, en
efecto, ^egún la h isto ria eclesiástica, que los 9. De todo esto se desprende que la edad
niños de siete años fueron a d m itid o s a la de la discreción para la Comunión es aquella,
prim era Comunion por m uchos concilios y en la cual el niño sepa distinguir el Pan
decretos episcopales >a desde el siglo x m , E ucaristico del pan com ún y m aterial, de
poen después del citado Concilio L ateran en se. suerte que pueda acercarse d evotam en te al
Tenem os, adem ás, como testig o de sum a altar. A sí, pues, no se requiere un perfecto
-au toridad, a Santo T om ás de A quino, que conocim iento de las verdades de la Fe, sino
dice: Cuando los niños em piezan ya a tener que bastan algunos elem en tos, esto es, algún
algún uso de razón, de modo que puedan con­ conocim iento de ellas; ni tam poco se requiere
c e b i r devoción a este sacramento (de la E u ca­ el pleno uso de la razón, pues basta cierto
ristía» entonces pueden ya recibirle*. Lo cual uso incipiente, esto es, cierto uso de razón.
expiana así Ledesma: Digo, fu n dado en uná­ Por lo cual, la costum bre de diferir por más
nim e consentimiento, que se ha de dar la E uca­ tiem po la Comunión y exigir, para recibirla,
ristía a tocios ¡os que tienen uso de razón, a u n ­ una edad ya más reflexiva, ha de reprobarse
que lleguen m uy proejo a este uso de razón, y por com pleto— y la Sede A postólica la ha
- pesar de qui <i ;!ño no conozca aún con condenado m uchas veces— . Y asi el Papa
perfecta claridad lo qu: hace7. Ei m ism o lu­ Pío IX , de f. m ., en la carta del Cardenal
gar exp.ica Vázque? con estas palab ras: A ntonelli a los Obispos de Francia, fechada
Desde el momento en que el niño llega al uso el 12 de marzo del año 1866, reprobó severa­
de razón queda obligado, por derecho divino, m ente ia costum bre que se introducía en
de tal manera que no puede la Iglesia desli­ algunas diócesis de retardar la primera Co­
garle de un modo absolutoH. Lo m ism o en­ munión hasta una edad más madura y prede­
seña San A ntonino: Cuando el niño es capaz term inada. La Sagrada Congregación del
de malicia y puede, por lo m ism o, pecar mor- Concilio, el día 15 de marzo de 1851, corrigió
talmente, queda por esto obligado a la confesión un capítulo del Concilio Provincial de Rúan,
y, por consiguiente, a la Comunión*. El m is­ que prohibía a los niños recibir la Comunión
mo Concilio de T ren to llega a la m ism a con­ antes de cum plir los doce años. Con igual
clusión cuando, al señalar en su citad a se­ criterio se condujo esta Sagrada Congrega­
sión X X í, cap. 4, la causa por la cual el pár­ ción de Sacram entos en la causa de Estras*
vulo que carece de razón no está obligado por burgo, el día 25 de marzo de 1910, en la cual
• 3, 80, 9 ad 3.
10 Istruzlone per quei che debbono la pri­
In S. Th. 3, 80. 9 dub. 6. m a volta am m ettersi alia S . Comu-
* In 3 3. lh . disp. 214, c. 4, n. 43. nione. Append. X X X , 6, II.
se preguntaba si se podían admitir a la Sa­ al confesor, a los maestros y al párro­
grada Comunión los niños de catorce o de
doce años, y resolvió: «Que los niños y las co. Al padre, o a aquellos que hagan
niñas fuesen recibidos a la Sagrada Mesa tan sus veces, y al confesor, según el Cate­
pronto como llegasen a los años de la discre­ cismo Romano, pertenece adm itir los
ción o al- uso de la razón.»
niños a la primera Comunión.
V) Una o más veces al año cuiden
normas obligatorias los párrocos de hacer alguna comunión
10. Bien considerados estos anteceden­general para los niños, pero de tal
tes, esta Sagrada Congregación de Sacra­ modo, que no sólo admitan a los no­
mentos, en la sesión general celebrada en veles, sino también a otros que, con
15 de julio de 1910, para evitar los mencio­
nados abusos y conseguir que los niños se el consentimiento de sus padres y con­
acerquen a Jesucristo desde sus tiernos años, fesores, como se ha dicho, ya hicieron
vivan su vida de El y encuentren defensa anteriormente su primera Comunión.
contra los peligros de la corrupción, juzgó
oportuno establecer las siguientes normas, Para unos y para otros conviene que
sobre la primera comunión de los niños, antecedan algunos días de instrucción
normas que deberán observarse en todas y de preparación.
partes:
I) La edad de la discreción, tanto VI) Los que tienen a su cargo r.'-
para la confesión como, para la Sagra­ ños deben cuidar con to^a diligencia
da Comunión, es aquella en la cual el que, después de la primera Comunión,
niño empieza a raciocinar; esto es, los estos niños se acerquen frecuentemen­
siete años, sobre poco más o menos. te, y, a ser posible, aun diariamente a
Desde este tiempo empieza la obliga­ la Sagrada Mesa, pues así lo desea J e ­
ción de satisfacer ambos preceptos de sucristo y nuestra Madre la Iglesia, y
Confesión y Comunión. que los practiquen con aquella devo­
ción que permite su edad. Recuerden,
II ) Para la primera confesión y además, aquellos a cuyo cuidado están
para la primera Comunión, no es nece­ los niños, la gravísima obligación que
sario el pleno y perfecto conocimiento tienen de procurar que asistan a la en­
de la doctrina cristiana. Después, el señanza pública del Catecismo, o, al
niño debe ir poco a poco aprendiendo menos, suplan de algún modo esta en­
todo el Catecismo, según los alcances señanza religiosa.
de su inteligencia. V i l ) La costumbre de no admitir a la
I I I ) El conocimiento de la reli­ Confesión a los niños o de no absolverlos
nunca, habiendo ya llegado al uso de la
gión, que se requiere en el niño para razón, debe en absoluto reprobarse, por lo
prepararse convenientemente a la pri­ cual los Ordinarios locales, empleando, si es
mera Comunión, es aquel por el cual necesario, los medios que el derecho les con­
cede, cuidarán de desterrar por completo
sabe, según su capacidad, los misterios esta costumbre.
de la fe, necesarios con necesidad de VI I I ) Es de todo punto detestable el
medio, y la distinción que hay entre abuso de no administrar el viático y la ex­
el Pan Eucarístico y el pan común y tremaunción a los niños que han llegado al
uso de la razón, y enterrarlos según el rito
material, a fin de que pueda acercarse de los párvulos. A los que no abandonen
a la Sagrada Eucaristía con aquella de­ esta costumbre castiguen los con rigor los
voción que puede tenerse a su edad. Ordinarios locales.

I V) El precepto de que los niños


confiesen y comulguen afecta princi­ Dado en Roma, en el palacio de la
palmente a quienes deben tener cuida­ misma Sagrada Congregación, el 8 de
do de los mismos, esto es, a sus padres, agosto de 1910.
P IO XI

DIVINI I L L I US MA GI ST R I
LE. 31 diciembre 1929

SOBRE LA EDUCACION CRISTIANA DE LA JUVENTUD

en la t i e r r a , de
R aquel Divino M aestro
e p r e se n ta n te ,
que, sin de­
exhorta con toda paciencia y doctrina *,
reclam ada por nuestros tiempos, en
ja r de ab razar en la inm ensidad de su los cuales, desgraciadam ente, se de­
am or a todos los hom bres, aunque pe­ plora una fa lta tan grande de princi­
cadores e indignos, m ostró, sin em bar­ pios claros y sanos, aun en los proble­
go, predilección y te rn u ra especialísi- mas m ás fundam entales.
m a hacia los niños y se expresó con
aquellas palab ras ta n conm ovedoras: 3. Pero la misma condición gene­
Dejad que vengan a M i los n iñ o s 1, ral ya indicada de los tiempos, el diver­
tam bién Nos hem os procurado en to­ so modo con que hoy se plantea el pro­
das las ocasiones m o strar la predilec­ blem a escolar y pedagógico en los dife­
ción v erd aderam ente p aternal que les rentes países, y el consiguiente deseo
profesam os, p articu larm ente en los cui­m anifestado a Nos con filial confianza
dados asiduos y o p o rtunas enseñanzas por m uchos de vosotros y de vuestros
que se refieren a la educación cristiana fieles, Venerables Herm anos, y Nuestro
de la ju v en tu d . afecto tan intenso, como dijimos, hacia
la ju v en tu d , Nos mueven a volver más
de propósito sobre la misma m ateria, si
a) la educación cristiana no p ara tra ta rla con toda su amplitud,
casi inagotable en la teoría y en la
2. Asi, habiéndonos eco del Divino práctica, a lo menos para resumir sus
M aestro, hemos dirigido palabras salu­ principios suprem os, establecer con to­
dables, ya de aviso, ya de exhortación, da claridad sus principales concluslo-
ya de dirección, a los jóvenes y a los nes e indicar sus aplicaciones prácticas.
educadores, y a los padres y m adres Sea éste el recuerdo que de Nuestro
de fam ilia, sobre varios puntos refe­ jubileo sacerdotal, con Intención y
rentes a la educación cristiana, con afecto m uy particular, dedicamos a los
aquella solicitud que conviene al P a­ am ados jóvenes y recomendamos a
dre com ún de todos los fieles, y con cuantos tienen la misión y el deber de
aquella insistencia oportuna y aun im ­ ocuparse de su educación.
portu n a que el oficio pastoral requie­
re, inculcada por el Apóstol: insiste 4. En verdad que nunca como en
con ocasión y sin ella, reprende, ruega, los tiem pos presentes se ha hablado
tanto de educación; por esto se multi­ necesariamente ligada toda 1a obra de
plican los maestros de nuevas teorías la educación. En efecto, puesto que la
pedagógicas, se inventan, proponen y educación esencialmente consiste en la
discuten métodos y medios, no sólo formación del hombre tal cual debe
para facilitar, sino para crear una edu­ ser y como debe portarse en esta vida
cación nueva de infalible eficacia, ca­ terrenal, a fin de conseguir el fin su­
paz de formar las nuevas generaciones blime para el cual fué creado, es evi­
para la ansiada felicidad en la tierra. dente que, como no puede existir edu­
Y es que los hombres, creados porcación verdadera que no esté total­
Dios a su imagen y semejanza, y des­ mente ordenada al fin último, así, en
tinados para Dios, perfección infinita, el orden actual de la Providencia, o
al advertir, hoy más que nunca en me­ sea después que Dios se nos ha reve­
dio de la abundancia del moderno pro­ lado en su Unigénito Hijo, único que
greso material, la insuficiencia de los es camino, verdad y vida, no puede exis­
bienes terrenos para la verdadera feli­ tir educación completa y perfecta si la
cidad de los individuos y de los pue­ educación no es cristiana.
blos, sienten por lo mismo en sí más
vivo el estímulo hacia una perfección 6. De donde queda manifiesta la
más alta, arraigado en su misma na­ importancia suprema de la educación
turaleza racional por el Creador, y cristiana, no sólo para los tndivkiufto,
quieren conseguirla principalmente por sino también para las familias y toda
la educación. Sólo que muchos de en­ la sociedad humana, pues la perfección
tre ellos, como insistiendo con exceso de ésta no puede menos de resultar de
en el sentido etimológico de la palabra, la perfección de los elementos que la
pretenden sacarla de la misma natura­ componen. E igualmente de los prin­
leza humana y realizarla con solas sus cipios indicados resulta clara y mani­
fuerzas. Y en esto ciertamente yerran, fiesta la excelencia, que puede con ver­
pues en vez de dirigir la mirada a Dios, dad llamarse insuperable, de la causa
primer principio y último fin de todo de la educación cristiana, pues, bien
el universo, se repliegan v descansan examinada, tiende a asegurar la con­
en sí mismos, apegándose exclusiva­ secución del Bien Sumo, Dios, para
mente a lo terreno y temporal; por las almas de ios educandos y el m á­
eso será continua e incesante su agi­ ximo bienestar posible en esta tierra
tación mientras no dirijan sus pensa­ para la sociedad humana. Y esto en la
mientos y sus obras a la única meta mejor manera realizable por parte del
de la perfección, a Dios, según la pro­ hombre, cooperando con Dios al per­
funda sentencia de San Agustín: Nos feccionamiento de los individuos y de
hiciste, Señor, para Ti, y nuestro co­ la sociedad, pues la educación imprime
razón está inquieto hasta que descanse en los ánimos ia primera, la más po­
en T i 8. tente y la más duradera dirección de
la vida, según la conocidísima senten­
cia del sabio:
b) su esencia e importancia La senda por k¡ cual comenzó el joven a
andar desde un principio, esa misma seguirá
5. Es, por lo tanto, de suma im­ también atando viejo*. Por eso decía con ra­
zón San Juan Crisóstomo: ¿Qué cosa hay ma­
portancia no errar en la educación, yor que dirigir las almas, que moldear las cos­
como no errar en la dirección hacia el tumbres de los jovencitos?i.
fin último, con el cual está íntima y * Prov. 22, t>.
* Hom. 60 in c. 18 Mat.
ir * K l> / o x i

7, P ero no hay p alab ra que tan to m iento; m ientras la sociedad civil es


no* revele la grandeza, bcllexa y exce­ sociedad perfecta, pues encierra en si
lencia so b re n atu ral de la obra de la todos los medios para su propio fin,
educación cristian a como la sublim e que es el bien común tem poral; de
expresión de a m o r con que Jesús, Se­ donde se sigue que bajo este respec»
ñor nu estro , identificándose con los to, o sea en orden al bien común, la
mrtos, declara: Cualquiera que acogiere sociedad civil tiene preem inencia sobre
a uno d t estos niños por amor mío, a la fam ilia, que alcanza precisam ente
M i me acoge * en aquélla su conveniente perfección
tem poral.
La tercera sociedad, en la cual nace
c) división del asunto el hom bre, por medio del Bautismo, a
la vida divina de la O rad a, es la Igle­
h. Aai, pue», para no errar cu ei»ta obra sia, sociedad de orden sobrenatural y
<le su m a importancia y encaminada (1*1 m«-
jor modo que wa posible con In ayuda de
universal, sociedad perfecta, porque
la itr-uia divina, e« menester tener una Idea contiene en si todos los medios paria
d a t a v r e c t a i ie l a e d u c a c i ó n c r i o l a n a e n m i * su fin, que es la salvación eterna dé
p u n t o » cNcnclale*, a s a b e » « ij’.lrn toca l a
misión de educar, cuál e* e l -g¡eto d e l a edu­
los hom bres; y, por lo tanto, es supre­
cación, cuále» Ian c i r c u n * t a m : i a » necetarla* ma en su orden.
dei ambiente y cuál es el fin y la forma pro*
Por consiguiente» ia educación que
p ía de la educación c r i s t i a n a , ncicun e l orden
establecido por Dio* e n Ia economía d e «u abarca a todo el hom bre, individual y
Providencia. socialm ente, en el orden de la natura­
leza y en el de la gracia, pertenece a
estas tres sociedades necesarias, en una
I. LA MISION DE EDUCAR m edida proporcional y correspondien­
te a la coordinación de sus respectivos
a) en general fines, según el orden actual de la pro­
videncia establecido por Dios.
i* i-a educación es obra necesaria­
m ente social, no solitaria. Ahora bien;
tres son las sociedades necesarias, dis­ b) en particular, a la Ifleslft
tinta:*, pero arm ónicam ente unidas por
í>íos, **n el sen.* de las cuales nace el 10. V, an te todo, pertenece de un
Homtm : dos sociedades de orden n a­ modo superem inente a la Iglesia la
tu ral, es decir, la fam ilia y la sociedad educación, por dos títulos de orden so­
civil; la tercera, la Iglesia, de orden b ren atu ral, exclusivam ente concedidos
sobrenatural. a Hila por el mismo Dios, y por esto
A nte todo, la fam ilia, in stitu id a in­ absolutam ente superiores a cualquier
m ediatam ente por Dio* p ara un fin otro titu lo de orden natural.
suyo propio, que es la procreación y
educación de la prole, sociedad uue por
esto tiene prioridad de naturaleza y, a) de un modo supereminente
consiguientem ente, cierta prioridad de
derechos respecto a la sociedad civil. l'J primero connUte en la exprena millón
y «utorldnri miprema del ninoluterlo que le
bin em bargo, la fam ilia es sociedad (UA mi Divino rundadori A M i » t mi ha dadá
im perfecta, porque no tiene en si todos toda potnntad *n t i t lulo v en la ttirra. Id ,
los medio* para su propio perfecciona­ put», t Inntruld a UtdM fu* nucí m e *, bauth
rAnaolcin en el nnm brt dél Padre, y del IHjo,
y del ICnplrihi Santo ¡ Miañándola» a observar
toda* tan rom» i/ne yo oh he mandado, Y eifttd
derlo* que yo eotaré tltm pre con vototro* htuta diente de emplearlas y principalmente
la consumación de to» »lgb» \ Y Cristo * MU
Magisterio confirió l« fnfabllldad junio con de Juzgarlas en todo cuanto pueda ser
H mandato de enseñar tu doctrina; par lo provechoso o contrario a la educación
lauto, la Ifleala ha tldo contt Huida, per tu cristiana. Y esto, ya porque In Iglesia,
Divino Autor, columna y fundamento de ta
verdad para que enttfle a lodo» lo» hombre» tú como sociedad perfecta, tiene derecho
fe divina, y custodie Integro e Inviolable tu Independiente a los medios que emplea
depótllo a ella confiado, y dirija e Informe a para su fin, ya porque toda enseñan*
lo» hombre» y a »u» atociaclone» y acetona
en honettldad de cottumbre» e Integridad de za, lo mismo que toda acción hum a­
vida, »egún ta norma de la doctrina reve• na, tiene necesaria relación de depen­
lada *. dencia con el fin último del hombre,
y, por lo tanto, no puede sustraerse a
b) por su maternidad fas normas de la ley divina, de U cual
sobrenatural es guarda, Intérprete y maestra infall
b k la Iglesia.
11. El segundo titulo et la mater­ Lo cual, con luminosa* palabrea, declara
nidad sobrenatural con que la Iglesia, Pío X, de e. m.: En cualquier cata que hago
Raposa Inmaculada de Cristo, engen­ et crletlano, aun en el orden de lo» cota» terre­
na» no te e» tirito detculda* lo» tiene» eobre-
dra, alimenta y educa las almas en la naturale», ante» ai contrario, tegún toe pre­
vida divina de la Orada, con sus Sa­ cepto» de la »abldurla cttatlano, d*be dirigir
toda» la» cota» al bien tuprr'te «orno a m
cramentos y su enseñanza. Con razón, último fin ¡ ademd», toda» tu» acrime*. m
pues, afirma San Agustín: No tendrá cuanto ton buena» o mala» en arlen a la» lM-
a Otos por padre el que rehusare tener tumbre», o »ea en cuanto etión conforme» o no
con el derecho natural y divino, eotán tometl-
a la Iglesia por madre •. da» at Juicio v furitdieclón de la Igteeia*».
Por lo tanto, en el objeto propio de Y es dlfno de notan* cuán bien ha sabido
su misión educativa, es decir, en la fe entender y expresar e»ta doctrina católica
fundamental un seglar, tan admirable escri­
i’ institución de costumbres, el misma tor como profundo y conclentudo pensador;
Dios ha hecho a la Iglesia participe del Ia tgletia no dice q u r la moral pertenezca
divino magisterio y, por beneficio divi­ puramente (en el Mentido de exelueivamente)
a ella, tino que pertenece a ella totalmente.
no, Inmune del error; por lo cual es Jamó» ha pretendido que, fuera de »u »eno,
maestra, suprema y segurísima, de los y tln tu entcAama, el nombre no pueda cono­
hombres y lleva en si misma arraigado cer verdad alguna moral¡ ante» bien, ha repro­
bado tal opinión md» de una vet, porque ha
el derecho inviolable a la libertad de ma­ aparecido en má» de una forma. Dice, por
gisterio,0. Asi, por necesaria conse­ cierto, como ha dicho y dirá ttempre, que, por
cuencia, la Iglesia es Independiente de la Inttltuclón recibida dr Jetiicritto y por tt
Ktpirltu Santo que et Padre le envío en »u
cualquier potestad terrena, tanto en el nombre, ella tola patee originarla e Inamltl-
origen como en cl ejercicio dc su mi­ blemente la verdad moral toda entera (oranetn
sión educativa, no sólo respecto a su verlteteml, en la cual toda» ta» verdade» par­
ticular»» de la morat eitán emprendida», tanto
objeto propio, sino también respecto a la» que el homhre puede aleontar con el tlm ple
los medios necesarios y convenientes medio de la razón, coma la» que forman pane
para cumplirla. Por esto, con relación dr la revelación, o te pueden deducir de teta ‘\
;i toda otra disciplina y enseñanza hu­
mana, que en si considerada es patri­
monio ac todos, individuos y socieda­ c) con derecho inalienable
des, ta Iglesia tiene derecho Indepen*
12. Asi, pues, con pleno derecho,
’ Mat. 2ft, 1S-20.
la Iglesia promueve tas letras, las den-
• INut IX, ene. Quum non »lne 14 luí.
1804. " Km. Slngutarl quadam 34 *ep. 1012.
• Pe Symbolo ad ratrh. 13. '• A. Mantón! 0»»ervatlonl tulla Moróle
'* Itnc. Liberta* 20 Itin. IHSS. Cattollca c 3.
cías y las arte s en cu an to son necesa­ neno d o ctrin al y m oral. Adem ás, esta
rias o útiles p ara la educación cristian a vigilancia de la Iglesia, como no pue­
y adem ás p ara to d a su o b ra de la sal­ de c rear ningún inconveniente verda­
vación de las alm as, aun fu n d an d o y dero, tam poco d ejará de re p o rtar efi*
m an teniendo escuelas e instituciones caz auxilio al orden y b ienestar de las
propias en to d a disciplina y en todo fam ilias y de la sociedad civil, m ante­
grado de c u l t u r a 13. Ni se ha de esti­ niendo a la ju v e n tu d alejad a de aquel
m ar como ajen a a su M agisterio m a­ veneno m oral, que en esa edad inex­
tern al la m ism a educación, que llam an p e rta y to rn ad iz a suele ten er m ás fácil
física, precisam ente porque ésta tiene e n tra d a y p asa r m ás ráp id am en te a la
razón de medio que puede a y u d a r o p ráctica.
d añ ar a la educación cristiana. Pues sin una recta formación religiosa
y moral— como sabiam ente advierte León
E sta obra de la Iglesia en todo gé­ X111— toda la cultura de las alm as será mal­
nero de cu ltu ra, así como cede en in­ sana: los jóvenes, no habituados al respeto de
menso provecho de las fam ilias y de D ios, no podrán soportar norm a alguna de
honesto v iv ir, y sin ánim o para negar nada
las naciones, que sin Cristo se pierden, a sus deseos, fácilm ente se verán inducidos
pues ju stam en te observa San H ilario: a trastornar los Estados
¿Qué hay más peligroso para el m undo
que no acoger a C risto?1*, así no causa 14. E n cu an to a la extensión de la
el m enor inconveniente a las ordena­ misión ed u c ativ a de la Iglesia, élla
ciones ci viles» porque la Iglesia, con su com prende a to d as las gentes, sin lími-
m aternal prudencia, no se opone a que te alguno, según el m an d ato de Cristo:
sus escuelas e instituciones ed u cativ as E nseñad a todas las gentes17; y no hay
para seglares se conform en en cada n a ­ p o testad te rre n a que pu ed a legítima­
ción con las legítim as disposiciones de m ente d isp u ta r o im pedir su derecho.
la au to rid ad civil, y aun está en todo P rim eram e n te se extiende a todos los
caso dispuesta a ponerse de acuerdo fieles, cuyo cuidado tiene solícita como
con ésta y a resolver am istosam ente M adre fe m ás tiern a . P or esta razón,
!as dificultades que p u dieran surgir. p ara ellos h a creado y fom entado en
todos los siglos u n a ingente muche­
1Z-. Además, es derecho inalienable du m b re de escuelas e instituciones
ue ia ivitz'i*, y a la vez deber suyo in- en todos los ram os del saber: porque
dispensaole, vigilar to d a la educación — como dijim os en ocasión reciente—
de sus hijos, los fieles, en cualquier «hasta en aquel lejano tiem po medie­
institución, pública o p riv ad a, no sólo val, en el que eran ta n numerosos
en lo referente a la enseñanza religiosa (alguno ha llegado a deeir que hasta
allí dada, sino tam bién en to d a o tra excesivam ente num erosos] los monas­
disciplina y en todo plan cualquiera, terios, los conventos, las iglesias, las
en cu an to se refieren a la religión y a colegiatas, los cabildos catedrales y rio
la m o ra l15. catedrales, ju n to a cada una de esas
Ni el ejercicio de este derecho podrá instituciones h abla un hogar escolar,
estim arse como ingerencia indebida, un hogar de instrucción y educación
sino como preciosa providencia m ater­ cristian a. Y a todo esto hay que aña­
nal de la Iglesia, para p reservar a sus dir las U niversidades todas, Unlversl*
hijos de los graves peligros de todo ve- dades esparcidas por todos los países

^ C.J.C. c. 1375. Ene. N obilissim a Oallorum gtn s 8 fehr.


4 Comment. in M at. c. 18. 1884.
cc. n% i 17 Mat. 28. 19.
y siempre por iniciativa y bajo la vi­ ' hasta la 'Fierra del Fuego y la glacial
gilancia de la Santa Sede y de ia igle­ Alaska, así, en todos íos tiempos, la
sia. Aquel magnífico espectáculo que Iglesia con sus misioneros ha educado
ahora vemos mejor, porque está más en la vida cristiana y en la civilización
cerca de nosotros y en condiciones más a las diversas gentes que ahora forman
grandiosas, como lo permiten las con­ las naciones cristianas del mundo civi­
diciones del siglo, fué el espectáculo lizado.
de todos los tiempos, y los que estu­ Con lo cual queda con evidencia asentado,
dian y confrontan los hechos, quedan cómo de derecho, y aun de hecho, pertenece
de minera supereminente a la Iglesia la
maravillados de cuanto supo hacer la misión educativa, y cómo a ningún entendi­
Iglesia en este orden de cosas; maravi­ miento libre de prejuicios ¿e te puede ocurrir
motivo alguno racional oara duputai o im­
llados del modo con que la Iglesia lo­ pedir a la Iglesia una obra de cuyos benéfi­
gró corresponder a la misión que Dios cos frutos goza ahora el mundo.
le había confiado de educar a las ge­
neraciones humanas en la vida cris­ 15. Tanto más cuanto que con tal
tiana, y alcanzar tantos y tan magnífi­ supereminencia de la Iglesia no sólo
cos frutos y resultados. Pero si causa no están en oposición, sino antes bien
admiración que la Iglesia haya sabido en perfecta armonía les derechos, ya
en todo tiempo reunir alrededor de sí de la familia, ya tici Estado, v aun los
centenares, millares y millones de derechos de cada uno de los ;^dividuos
alumnos de su misión educadora, no respecto a la justa libertad de !a cien­
es menor la que deberá sobrecogernos cia, de los métodos científicos y úe
cuando reflexionemos sobre lo que ha toda cultura profana en general. Pues­
llegado a hacer, no sólo en el campo to que para apuntar, ya desde el pri­
de la educación, sino también en el de mer'momento, la razón fundamental
la instrucción verdadera y propiamen­ de tal armonía, el orden sobrenatural
te tal. Porque si tantos tesoros de cul­ al cual pertenecen los derechos de la
tura, civilización y literatura han po­ Iglesia, no sólo no destruye ni merma
dido ser conservados, débese a la acti­ el orden natural, al cual pertenecen los
tud de la Iglesia que, aun en los tiem­ otros derechos mencionados, sino que
pos más remotos y bárbaros, ha sabido lo eleva y perfecciona, y ambos órde­
hacer brillar tan ta luz en el campo de nes se prestan mutua ayuda y como
las letras, de la filosofía, del arte y complemento respectivamente propor­
particularm ente de la arquitectura»ls. cionado a la naturaleza y dignidad de
Tanto ha podido y ha sabido hacer cada uno, precisamente porque uno y
la Iglesia, porque su misión educativa otro proceden de Dios, el cual no se
se extiende aun a los no fieles, por ser puede contradecir: Perfectas son las
todos los hombres llamados a entrar obras de Dios, y rectos todos sus ca­
en el reino de Dios y a conseguir la minos **.
eterna salvación. Como en nuestros Lo mismo se verá más claramente consi­
derando por separado y más de cerca la
días, con sus Misiones esparce a milla­ misión educativa de la familia y del Estado.
res las escuelas en todas las regiones
y países aun no cristianos, desde las
orillas del Ganges hasta el río Amari­ c) a la familia
llo y las grandes islas y archipiélagos
del Océano, desde el Continente negro 16. Primeramente, con la misión
educativa de la Iglesia concuerda ad-
u Oratio habita ad alumnos Tusculan»
ConlegIL vulgo di Mondragonc, 14
maii Í929.
m irablem ente la m isión ed u c ativ a de m ism a, perdura tam bién el mismo inviolable
derecho educativo de los padres. Porque la
la fam ilia, porque am bas proceden de naturaleza no pretende solamente la generación
Dios de u n a m anera m uy sem ejante. de la prole, sino tam bién su desarrollo y pro­
En efecto, a la fam ilia, en el orden greso hasta el perfecto estado del hombre en
cuanto es hombre, o sea el estado de virtud**,
n a tu ra l, le com unica Dios in m e d ia ta ­ dice el mismo Angélico Doctor.
m ente la fecundidad, principio de v id a P or esto la sab id u ría ju ríd ica de la
y consiguientem ente principio de ed u ­ Iglesia se expresa así en esta m ateria,
cación p ara la vida, ju n to con la a u to ­ con precisión y claridad com prensiva
ridad. principio de orden. en el Código de derecho canónico, en
el can. 1113: Los padres tienen gravísi­
ma obligación de procurar con todo em­
a) derecho anterior al Estado peño la educación de sus hijos, tanto la
religiosa y moral como la física y la
Dice el Angélico D octor con su acos­ cívica, y de proveer también a su bien­
tu m b rad a nitidez de pensam iento y estar tem poral23.
precisión de estilo: E l padre carnal En este p u n to es ta n concorde el
participa singularm ente de la razón de sen tir com ún del género hum ano, que
principio, la que de un modo univer­ se p o n d rían en a b ie rta contradicción
sal se encuentra en Dios... E l padre con él cu a n to s se atreviesen a sostener
es principio de la generación, educación que la prole, an tes que a la familia,
y disciplina, y de todo cuanto se re­ pertenece al E stad o , y que el Estado
fiere al perfeccionamiento de la vida tiene sobre la educación absoluto de­
h u m a n a 20. recho.
La fam ilia, pues, tiene in m ed iata­ Es, adem ás, insubsistente la razón, que
los tales aducen, de que el hombre nace ciu­
m ente del C reador la m isión, y, por dadano y que por ello pertenece primaria­
lo ta n to , el derecho de educar a la m ente al E stado, sin atender a que, antes
prole, derecho inalienable por e sta r de ser ciudadano, el hombre debe existir, y
la existencia no la recibe del E stado, sino
inseparablem ente unido con u na es­ de los padres, "'como sabiam ente declara
tric ta obligación, derecho an terio r a León X III: Los hijos son como algo del padre,
cualquier otro derecho de la sociedad u n a extensión, en cierto modo, de su persona:
y , s i queremos hablar con propiedad, los hijos
civri y dei u síad o v por lo mismo no entran a fo rm a r parte de la sociedad civil
inviolable por p arte de +oda p o testad por s í m ism os, sino a través de la fam ilia,
terrena. dentro de la cual han n a cid o 1*. Por lo tanto:
La p a tria potestad es de tal naturaleza, que
no puede ser extin g u id a n i absorbida por el
E stado, como derivada que es de la misma
b) inviolable fu e n te que la vida de los ho m b res26, afirma
en la misma encíclica León X III. De lo
cual, sin embargo, no se sigue que el dere­
17. Acerca de la inviolabilidad de este cho educativo de los padres sea absoluto o
derecho da la razón el Angélico: E n efecto, despótico, porque está inseparablemente
el hijo naturalm ente es algo del p a d re...; así, subordinado al fin últim o y a la ley natu­
pues, es de derecho natural que el hijo, antes ral y divina, como lo declara el mismo
del uso de la razón, esté bajo el cuidado del León X III en otra memorable encíclica suya,
padre. Sería, pues, contra la ju stic ia natural de los principales deberes de los ciudadanos
que ei niño antes del uso de la razón fuese su s­ cristianos, donde expone así en resumen el
traído al cuidado de los padres o de alguna conjunto de los derechos y deberes de los
manera se dispusiera de él contra la voluntad padres, a quienes la m ism a naturaleza da el
de los pa d res11. Y como la obligación del
cuidado de los padres continúa hasta que la
prole esté en condición de proveerse a sí » Suppl. 3.*, 41, 1.
*' C .I.C . c. 1153.
2. 2ae., 102, I. 2* Ene. R erum novarum 15 maii 1891.
derecho de educar a sus hijos, imponiéndoles d) amparado
al mismo tiempo el deber de que la educación
y enseñanza de la niñez corresponda y diga
bien con el fin para el cual el Cielo les dió los 19. La historia testifica cómo, par­
hijos. A los padres toca, por lo tanto, tratar ticularmente en los tiempos modernos,
con todas sus fuerzas de rechazar todo aten­
tado en este particular, y de conseguir a toda ha habido y hay de parte del Estado
costa que en su mano quede el educar cristia­ violación de los derechos conferidos
namente, cual conviene, a sus hijos, y apar­ por el Creador a la familia, y a la vez
tarlos cuanto más lejos puedan de las escuelas
donde corren peligro de que se les propine el demuestra espléndidamente cómo la
veneno de la impiedad2S. Iglesia los ha tutelado siempre y de­
Obsérvese, además, que el deber fendido; y de hecho la mejor prueba
educativo de la familia comprende no está en la especial confianza que las
sólo la educación religiosa y moral, familias han puesto en las escuelas de
sino también la física y civil ®7, prin­ la Iglesia, como escribimos en Nuestra
cipalmente en cuanto tienen relación reciente Carta al Cardenal Secretario
con la religión y la moral. de Estado: «La familia ha caído pron­
to en la cuenta de que es así, y desde
los primeros tiempos del cristianismo
c) reconocido hasta nuestros días, padres y madres,
aun poco o nada creyentes, mandan y
18. Este incontrastable derecho de llevan por millones a sus propios hijos
la familia ha sido varias veces recono­ a los institutos educativos fundados y
cido jurídicam ente por las naciones dirigidos por la Iglesia»ss.
que se cuidan de respetar el derecho
natural en las disposiciones civiles. 20. Es que el instinto paterno, que
Así, para citar un ejemplo de los más re­ viene de Dios, se orienta confiadamen­
cientes, el Tribunal Supremo de la Repúbli­ te hacia la Iglesia, seguro de encontrar
ca Federal de los Estados Unidos de la Amé­
rica del Norte, ai resolver una importantísima en ella la tutela de los derechos de la
controversia, declaró que no compete al Es­ familia, es decir, la concordia que Dios
tado ninguna potestad general de establecer un ha puesto en el orden de las cosas. La
tipo uniforme de educación en la juventud,
obligándola a recibir la instrucción de las es­ Iglesia, en efecto, aunque consciente
cuelas públicas solamente, y añadió la razón como es de su divina misión universal
de derecho natural: El niño no es una mera y de la obligación que todos los hom­
criatura del Estado ¡ quienes lo alimentan y lo'
dirigen tienen el derecho, junto con el alto bres tienen de seguir la única religión
deber, de educarlo y prepararlo para el cum­ verdadera, no se cansa de reivindicar
plimiento de sus deberes u . para sí el derecho—y de recordar a los
padres el deber—de hacer bautizar y
*• Ene. Sapientiae christianae 10 ian. educar cristianamente a los hijos de
1890.
»7 C .I.C . c. 113.
padres católicos: con todo, es tan ce­
18 «The fundamental theory of liberty
losa de ia inviolabilidad del derecho
upon which all govemments in this natural educativo de la familia, que
unión repose exeludes any general no consiente, a no ser con determ ina­
power of the State to standardize its das condiciones y cautelas, que se
children by forcing them to accept
instruction from public teachers bautice a los hijos de los infieles, o
only. The chlld is not the mere crea- se disponga como quiera de su edu­
ture of the State, those who nurture cación contra la voluntad de sus p a­
him and direct hls destiny have the
rlght coupled wlth the high duty, dres, mientras los hijos no puedan de-
to reorgnize. and prepare him for
additional cíutles.» U. S. Supreme
Court Decisión In the Oregon Scbnol *’ Rp. ad Card. a publicis F.ccW***¡ae h?-
C « s m , Jn n e 1, 19 2 5 . gotiis, 30 maii 1929.
term in atsr p<" .do.i/.m do M or siguiente, I n educación no puudo p«r-
iw n lr la fr tetircrr n l« «oclcídMd civil del tttlimn
modo que p^rifiiccv n la I uIcrIa y ti U
jl I roemos, pues. como lo deda* fttmilltt, niño de m«nrr« dlvemi, GO-
taino* <n Nnrstro discurso ya diado, rrmpnmlletiti? « mi fin propln.
do* hedió* de .OtlKltn,» importancia:
*1 .i Iglcsln. qor p«*ne a disposición de
i.íñ famiH.is su oficio de marstra y edil- b) dos finítim o
v«*U«>t ». v la* familia* qor muden pre*
*tiro*a* para aprovecharse dr rl, v Con­ A h o ra bien; c s lt fin, t*l bkui comótt
fian mis propio* hijoj» a l,i lgk*ia, por d r orden Icm pornl, conilgte en l« \m
renten,iré* v millar»'*, y rslo* dos he- y w'WiirldnU de (lite Ihi famlllaK y cada
t ho* mondan v pnnlaman una gtuit u t t o d r loi Individuos puedan gozar en
vrrdad. importantísima rn rl ordrn rl ejercicio de su» derechos, y « In vw
moral v jmlili»!. ,i saber: qor la misión en rl m ayor bien estar espiritual y ma*
dr la <dm a<ion t orrrspomk, ante todo trrln l que sea posible en líi vkhi pre­
v fohir iodo, rn primer logar a la Igle1 - sente, m ed ian te la unión y la eoordl*
y ,i l,i familia. y que Ir* vorrrspou- nación de la ac tiv id ad de todos. Doblí
de p**»’ drmbo nahiral v «livlno, v, ei», pues, la función de la au to rid a d ci­
por lo tanto, dr manrm inderogHble, vil que reside en el E stado; p ro te sir
inelm 1ablr, insubrogable* 11 v prom over, pero no absorber a la 1$*
m illa y al individuo, o su p lan tarlo s* ;

tí ) al E s ta d o u:i, Por lo ta n to , en orden a la


educación, es derecho o, por m ejor ds»
£¿ I )*’ cwtíi pi im a d a d r I;* m isión clr, deber del E stad o proteger en sui
rd in a tiv a d r la Iglesia y de la fam ilia. leyes el derecho flnterlor - que «rrlbi
( o t r i o r e su lta n g r a n d ís im a s v e n t a ­ dejam os descrito - do la fam ilia en li
ja». srg ú n hrrno* v is t o , p a r a to d a la educación cristian a de la prole, y, pof
s o c ir d a d , ,i*i ta m b ir n n in g ú n d a ñ o consiguiente, re sp e ta r el derecho so­
p u rd r s i^ n ir s e ,i lo* v e r d a d e r o * y p r o ­ b re n a tu ra l de la Iglesia sobre tal edtt*
p io s drrr< lio* d r | l i t a d o rrg p fcti» a In .catión cristian a.
r d t H w l ó n dr l»i* < lo d a d a n o s , c o n fo r m e Igualmente toca al Hitado protegí?
al otd*Mi por ! >io* r s f a b h . i d o el mismo derecho en la prole, cuatieO
llegare a faltar, física o ttiorulnieute, ti
obra de los padres por defecto, Inci*
,i> ctt orden al htmn común paddad o Indignidad, ya que el dífl*
dio educativo de ellos, como arrlbl
L*to* derrdro* lo» ha com unicado a declaramos, no es absoluto o despótico,
I* *o< Irdad civil el mismo a u to r de I* sino dependiente de la ley naiural y
N aturaleza, no a titu lo d r p atern id ad , divina, y. por lo tanto, sometido a li
corno a la Iglesia y a In fam ilia, pero autorldan y Juicio de la Iglesia, y tam­
*1 pof la au to rid ad que Ir com pete para bién a la vigilancia y tutela Jurkllcu
prornov» r rl bien cooum tem poral, qu* del P.stado en orden al bien comím, y
r* prei i*am rnte *n fin propio, P or ton» adrin/i# la fa/nllla no es iodedad puf-
< t < / Vi, $ V, 11, -i f tu . \ ‘l
íeda que tenga en si todos los medlol
‘ **>«<¡<1 ItnhHa tt>\ ril!iif/n<i* t mqi iilntil
necesarios para su perfeccionamiento»
f...''filogll. Ktt tal caso, por lo oemrts eKCepdonnl,
-i- I *«/■#«v n ty>> <\\ M/,n<lrü«mir, I 4 rl istmio no suplanta ya a la familia
niño que suple «l dfctecto y lo remedia moralmenti a las famlWa» * #cudfc a
hu) medio» Idóneo*, siempre uta cotí- las w m la s del firtado contri Un de­
lormidttd cutí lo» derechos naturales ber*» de la conctotcla cristiana, o aun
de l/i tiróle y lo» derecho» sobrenatu contra tus legitimas preferencia»
rules do Ui Iglesia.
Adanuis, en general, es derecho y
deber del listado proteger, según tai c) téMtKlóti rw rm tía
normas de Ia red# rayón y de la fe,
l,i educación morid y religiosa de la ju­ 25. Pero e»to mt quita que para la
ventud, removiendo de ella Im chura» recta administración de la cosa públl
públicas que le sean contraria». ia y para la defensa Interna y externa
de la paa, cosa» tan necesaria» para el
24, Principalmente pertenece a! li»- bien común, y «ue exigen especíale*
ludo, en orden «I bien común, pro- aptitudes y especial preparación, el Ea*
mover de muchas maneras li misma fado se reserve la institución y d i c ­
educación e instrucción de la Juventud. ción de escuelas preparatorias para «I*
Ante todo y directamente, favorecían* gunos de su» cargo», y stftaladamtnte
do y Ayudando a la Iniciativa y acción para la milicia, con tal uue tenga ctrt
dc la Iglesia y de la» familia», cuya dado de no vtoiar los a*mh«* de la
grande eficacia demuestran ta historia Iglesia y de la familia en I» qnr a «Mas
y la experiencia, Luego, completando concierne. No e» Inútil repetir aqui en
es di obra, donde ella tía alcanza o no particular e»fa advertencia, porque en
basta, aun por medio de «cuela» e nue»tro» tiempo» (m I#»» qoe se ve di
instituciones propia», porque el fista* fundiendo un naiiottailsinti tan exagr
do m ái que ningún otro c»th provisto rado y falso como enemigo de I» ver
d<< medios, puestos a su disposición d/idera paz y prosperidad) »e surte pa
paro las nece»idade» de todo», y e» nar más olla de los justos limites al
hiato que los emplee para provecho ordenar militarmente la educación que
dc aquello» mt»moa de quienes pro- llaman física de lo» jóvenes (y a veces
reden *•. de ias jóvenes, contra la naturaleza
Ademé», cl listado puede exigir y, misma de laa cosa» humanas), y aun,
por lo tanto, procurar que todos lo» con frecuencia, usurpando mis de lo
ciudadanos tengan el conocimiento ne» justo, en el dia del Heflor, el tiempo
• (-«/irlo de sus deberes ti vi le* y naclona* que debe dedicarse a lo» deberes reM»
loso» y al santuario de la vida faml-
le», y cierto grado de cultura intelec­
tual, moral y física que el bien común, R «r. No queremos, por lo demás, cen­
>itundidas la» condicione* de nuestro» surar lo que puede beber de bueno en
tiempos, verdaderamente exija. et espíritu de disciplina y de legitimo
Sin embargo, claro e» uue en todo» valor en tales métodos, sino solamente
• uto» modo» de promover la educación el exceso, como, por ejemplo, el espt-
y lo instrucción pública y privada, el rltu de vlolenda, que no hay que con­
lisiado debe respetar lo» derecho» in­ fundir ton ei espíritu de fortaleza ni
nato» de la Iglesia y de la familia a la ron el noble sentimiento del valor mi*
educación cristiana, ademAs de obser litar en defensa de la patria y del or­
vor la justicia distributiva. Por lo tan* den público; como también la exalta­
i o, es injusto e ilícito todo monopolio ción del atletismo, que aun para la
•'ducatlvo o escolar, que fuerce física n edad clásica pagana señaló la degene*
ración y decadencia de la verdadera
educación física,
¿6. t u general, pues, no solo para dentto de la cual ia d a una dispone iurc
proprio. Alas como el sujeto sobre que recaen
la ju v e n tu d , sino p ara to d as las ed a­ ambas potestades soberanas es uno mismo, y
des y condiciones, pertenece a la so­ como, por otra parte, suele acontecer que una
ciedad civil y al E stad o la educación m ism a cosa pertenezca, si bien bajo diferente
aspecto, a u n a y otra ju risdicción, claro está
que puede llam arse cívica, la cual con­ que D ios, providentísim o, no estableció aque­
siste en el arte de p re sen tar p ú b lica­ llas dos potestades, sino después de haberlas
m ente a los individuos asociados tales ordenado convenientem ente entre si. «Y aqué­
llas (las potestades) , que son, están ordena­
objeto s de conocim iento racional, de das por D ios*84.
im aginación y de sensación que invi
ten a las v o lu n tad es hacia lo honeste 28. Ahora bien: la educación de la juven­
tud es precisam ente una de esas cosas que
y las m uevan con u n a necesidad m oral pertenecen a la Iglesia y al Estado, aunque
y a sea en la p a rte positiva que presen de diversa m anera, como arriba hemos ex­
ta tales objetos, y a sea en la negativa, puesto. Necesario es, por lo tanto— prosigue
León X I I I — , que las dos potestades estén
que im pide los c o n tra rio s 33. E s ta edu­ coordinadas entre s í ; coordinación no sin
cación cívica, ta n am p lia y m últiple razón com parada a la del alm a y el cuerpo
que com prende casi to d a la obra del en el hombre. L a cualidad y el alcance de di­
chas relaciones no se puede precisar, si no se
E stado en favor del bien com ún, así atiende a la naturaleza de cada una de las dos
como debe conform arse con las nor­ soberanías, relacionadas así como es dicho,
mas de la re ctitu d , así no puede con­ teniendo buena cuenta de la excelencia y no­
bleza de su s respectivos fin e s, pues la una
trad ecir a la do ctrin a de la Iglesia, di­ atiende directa y principalm ente al cuidado de
vinam ente co n stitu id a M aestra de di­ las cosas temporales, y la otra a la adquisición
chas norm as. de los bienes sobrenaturales y eternos.
A s i que todo cuanto en las cosas y personas,
de cualquier modo que sea, tenga razón de sa­
grado ¡ todo lo que pertenece a la salvación de
relaciones entre la Iglesia las alm as y al culto de D ios, bien sea tal por
y el Estado su p ro p ia naturaleza o bien lo sea en razón
del f i n a que se refiere, todo ello cae bajo el
27. C uanto hem os dicho h asta aquí dom inio y arbitrio de la Ig le sia ; pero las demás
cosas que el régim en civil y político, como tal,
acerca de la intervención del E stado abraza y comprende, ju sto es que estén sujetas
en orden a la educación, descansa so­ a éste, pues Jesucristo mandó expresamente
bre el fu ndam ento solidísim o e inm u­ que se dé al César lo que es del César y a Dios
lo que es de D io s 36.
table de la doctrina católica de civita-
tum constitutione christiana, ta n egre­ 29. Q uienquiera que rehúse admi­
giam ente expuesta por N uestro prede­ tir estos principios, y consiguientem en­
cesor León X III, p articu larm en te en te el aplicarlos a la educación, vendrá
las encíclicas Immortale Dei y Sapien- necesariam ente a negar que Cristo ha
tiae christianae, a saber: fu n d ad o la Iglesia p ara la salvación
xjios ha hecho copuit¿cipes del gobierno de e te rn a de los hom bres, y a sostener
lodo el linaje hum ano u dos potestades: la
eclesiástico y la civil, "SAa, que cuida directa­ que la sociedad civil y el E stado no
m ente de los internes hum anos y terrenales; están sujetos a Dios y a su ley natu­
aquélla, de los celestiales y divinos. A m b a s ral y divina. Lo cual es evidentem ente
potestades son suprem as, cada una en su gé­
nero ; am bas tienen sus propios límites dentro im pío, co n trario a la sana razón y,
de los cuales actúan, definidos por la n atura­ de un m odo p artic u la r, en m ateria de
leza y fi n próxim o de cada u n a ; por lo tanto, educación, ex trem ad am en te pernicioso
en torno a ellas, se describe como una esfera,
p a ra la recta form ación de la juven­
33 P. L. Taparelli Saggio teorico di D i• tu d y seguram ente ruinoso p ara la
ritto N atúrale n. 922. «Obra nunca m ism a sociedad civil y el verdadero
bastante alabada y recomendada a
los estudiosos universitarios.# (Cf.
Nuestro discurso del 18 de diciem ­ M Ene. im m ortale Dei I nov. 1885.
bre de 1929.) “ b ld .
bienestar de la suciedad humana. Al daño, tal cual debe ser bajo et gobierno poli-
contrarío, de la aplicación de estos tico. Ocurre asi, porque en la Santa Iglesia
Católica Romana, ciudad de Dios, una misma
principios no puede menos de provenir cosa es absolutamente el buen ciudadano y el
una utilidad grandísima para la recta hombre honrado. Por esto, yerran gravemente
formación de los ciudadanos. Los su­ los que separan cosas tan unidas, y piensan po­
der tener buenos ciudadanos con otras reglas y
cesos de todas las edades lo demues­ por otras vías distintas de las que contribuyen
tran sobradamente; por eso como Ter­ a formar el buen cristiano. Diga y hable la
tuliano, para los primeros tiempos del prudencia humana cuanto le plazca, no es po­
sible que produzca verdadera paz ni verdadera
Cristianismo, en su Apologético, así San tranquilidad temporal nada de cuanto sea ene­
Agustín, para los suyos, podía desa­ migo y se aparte de la paz y eterna felicidad *J.
fiar a todos los adversarios de la Igle­
sia Católica—y nosotros, en nuestros 31. Como el Estado, tampoco la
tiempos, podemos repetir con él: Por ciencia, el método científico y la in­
cierto, los que dicen que la doctrina de vestigación científica tienen nada que
Cristo es enemiga del Estado, que pre­ temer del pleno y perfecto mandato
senten un ejército tal como la doctrina educativo de la Iglesia. Los institutos
de Cristo enseña que deben ser los sol­ católicos, sea cualquiera el grado a que
dados; que‘ presenten tales súbditos, ta­ pertenezcan en la enseñanza y en la
les maridos, tales cónyuges, tales padres, ciencia, no tienen necesidad de apolo­
tales hijos, tales señores, tales siervos, gía. El favor de que gozan, las alaban­
tales reyes, tales jueces y, finalmente, zas que reciben, las producciones cien­
tales contribuyentes y exactores del fis­ tíficas que promueven y multiplican,
co, cuales la doctrina cristiana manda y más que nada los sujeto? ptena v
que sean, y atrévanse luego a llamarla exquisitamente preparados que pro
nociva al Estado: mas no duden un porcionan a la gobernación, a las pro­
instante en proclamarla, donde ella se fesiones, a la enseñanza, a la vida en
observe, la gran salvación del Estado **. todas sus manifestaciones, deponen
Y tratándose de educación, viene aquí a más que suficientemente en su favor **.
propósito hacer notar cuán bien ha expre­
sado esta verdad católica, confirmada por
los hechos, para los tiempos más recientes, 32. Hechos que, por lo demás, no
en el período del Renacimiento, un escritor son sino una espléndida confirmación
eclesiástico muy benemérito de la educa­ de la doctrina católica, definida por el
ción cristiana, el piísimo y docto Cardenal
Silvio Antoniano, discípulo del admirable Concilio Vaticano: La fe y la razón no
educador San Felipe de Neri, maestro y se­ sólo no pueden jamás contradecirse, sino
cretario para las cartas latinas de San Carlos que se prestan reciproca ayuda porque
Borromeo, a cuya instancia y bajo cuya ins­
piración escribió el áureo tratado De la edu­ la recta razón demuestra las bases de la
cación cristiana de los hijos, en que él ra­ fe, e iluminada con la luz de ésta culti­
zona así: va la ciencia de las cosas divinas; a su
vez, la fe libra y protege de errores a la
ventajas de la armonía razón y la enriquece con variados cono­
con la Iglesia cimientos. Tan lejos está, pues, la Igle­
30. Cuanto el gobierno temporal más se sia de oponerse al cultivo de las artes y
armoniza con el espiritual, y mas lo favorece de las disciplinas humanas, que de mil
y promueve, tanto más concurre a ¡a conserva­ maneras lo ayuda y lo promueve. Por­
ción de la república. Porque, mientras el jefe que ni ignora ni desprecia las ventajas
eclesiástico procura formar un buen cristiano
con su autoridad y medios espirituales, con­ *• Dell'educazione cristiana dei figliuoli
forme a su fi n , al mismo tiempo procura por
consecuencia necesaria hacer un buen ciada- 1, 43.
•• Ep. ad Card. a publicis Ecclesiae »e-
gotils, 30 man 1929.
que de ellas provienen para la vida de la d ad de n atu ra leza , con todas sus fa­
hum a n id a d ; antes bien, confiesa que cu ltad es n atu ra les y sobrenaturales,
ellas, como vienen de D ios, Señor de las cual nos lo hacen conocer la recta ra­
ciencias, a si, rectamente tratadas, con- zón y la revelación; por lo tan to , el
ducen a Dios con la avuda de su gracia. hom bre, caído de su estado originario,
Y de ninguna manera prohíbe que se­ pero redim ido por Cristo y reintegrado
mejantes disciplinas, cada una dentro en la condición so b ren atu ral de hijo
de su estera, usen principios propios y ad o p tiv o de Dios, aunque no en los
propio método; pero, una vez reconoci­ privilegios p re te rn atu ra les de la inm or­
da esta justa libertad, cuidadosamente talid ad del cuerpo y de la integridad
atiende a que, oponiéndose por ventura o equilibrio de sus inclinaciones. Que­
a la doctrina divina, no caigan en erro­ dan, pues, en la n atu ra leza hum ana
res o, traspasando sus propios limites, los efectos del pecado original, p arti­
ocupen y perturben el campo de la fe 39. cu larm ente la debilidad de la volun­
ta d y las tendencias desordenadas.
33. E sta norm a de la ju s ta liber­
ta d científica es, a la vez, norm a in­ 35. L a necedad está ligada al cora­
violable de la ju s ta lib ertad didáctica zón del joven; la verga de la corrección
o libertad de enseñanza rectam en te en­ la alejará de é l 40. Es, por lo tan to , pre­
tendida; y debe ser ob servada en cual­ ciso corregir las inclinaciones desorde­
quier m anifestación d octrinal a los de­ nadas, fo m e n ta r y ord en ar las buenas,
m ás, y, con obligación m ucho m ás g ra­ desde la m ás tie rn a infancia y, sobre
ve de justicia en la enseñanza d ad a a todo, h ay que ilu m in ar el entendim ien­
la ju v en tu d , ya porque respecto a ésta to y fo rtalecer la v o lu n tad con las ver­
ningún m aestro público o privado tie­ dades so b ren atu rales y los m edios de
ne derecho educativo absoluto, sino la G racia, sin la cual no es posible do­
participado, ya porque todo niño o m inar las perversas inclinaciones ni al­
joven cristiano tiene estricto derecho canzar la deb id a perfección m oral. En
a una enseñanza conform e a la doc­ la cual o b ra se m anifiesta la soberana
trin a de la Iglesia, colum na y fu n d a­ m isión e d u c ativ a de la Iglesia, perfec­
m ento de la verdad, y le causaría g ra­ ta y com p letam en te d o ta d a por Cristo,
ve injusticia quienquiera que tu rb ase y de la d o ctrin a divina y de los sacra­
su fe, abusando de ia confianza de los m entos, m edios eficaces de la Gracia.
jóvenes p ara con los m aestros y de su
n a tu ra l inexperiencia y desordenada 36. P o r lo m ism o, es falso todo na­
inclinación a una iiber+a'1 ab so lu ta, turalism o pedagógico que de cualquier
iiusoría y falsa. m odo excluya o am inore la form ación
so b re n a tu ra l cristian a en la instrucción
de la ju v e n tu d ; y es erróneo todo mé­
II. SUJETO DE LA EDUCACION
todo de educación que se funde, en
a) todo el hom bre, pero todo o en p a rte , sobre la negación u
redimido olvido del pecado original y de la Gra­
cia y, por lo ta n to , sobre las fuerzas
34. E fectiv am en te, nunca se ha de solas de la n a tu ra le z a hu m an a. Tales
p erd er de vista que el sujeto de la ed u ­ son, g en eralm en te, esos sistem as ac­
cación cristian a es el hom bre todo en­ tu ales de varios nom bres, que apelan
tero, esp íritu unido al cuerpo en u n i­ a una p re te n d id a au to n o m ía y liber-
tad ilimitada del niño y que disminu­ 39. Miserablemente se engañan és­
yen o aun suprimen la autoridad y la tos en su pretensión de libertar, como
obra del educador, atribuyendo al niño ellos dicen, al niño, mientras lo hacen
una preeminencia exclusiva de inicia­ más bien esclavo de su ciego orgullo y
tivas y una actividad independiente de de sus desordenadas pasiones, porque
toda ley superior natural y divina, en éstas, por consecuencia lógica de aque­
la obra de su educación. llos falsos sistemas, vienen a quedar
justificadas como legítimas exigencias
37. Mas si con alguno de esos tér­ de la naturaleza que se proclam a
minos se quisiese indicar, bien que im­ autónoma.
propiamente, la necesidad de la coope­
ración activa, a cada paso más cons­ 40. Pero mucho peor es la preten­
ciente, del alumno a su educación; si sión falsa, de querer someter a in­
se pretendiese apartar de ésta el des­ vestigaciones, experimentos y juicios
potismo y la violencia (diversa, por de orden natural y profano, los hechos
cierto, de la justa corrección), esta idea del orden sobrenatural tocantes a la
sería verdadera, pero no habría en ella educación, como, por ejemplo, la vo­
nada nuevo, que no hubiese la Iglesia cación sacerdotal o religiosa, y en ge­
enseñado y la educación cristiana tra­ neral las arcanas operaciones de la
dicional ejercitado en la práctica, a se­ Gracia que, aun elevando las fuerzas
mejanza del modo que el mismo Dios naturales, con todo las sobrepuja infi­
guarda respecto de las criaturas, a las nitamente y no puede en manera al­
que El llama a la cooperación activa, guna someterse a las leyes físicas, por­
según la naturaleza propia de cada que el Espiritu sopla donde quiere **.
una, ya que su sabiduría abarca de un
extremo a otro vigorosamente, y lo go­
bierna todo con suavidad*1. b) educación «sexual»

38. Pero, desgraciadamente, con el 41. Peligroso en extremo grado es,


significado obvio de los términos y con además, ese naturalismo que en nues­
los hechos mismos, intentan no pocos tros tiempos invade el campo de la
sustraer la educación a toda depen­ educación en materia delicadísima,
dencia de la ley divina. Así que en cual es la de la honestidad de las cos­
nuestros días se da el caso, a la ver­ tumbres. Está muy difundido el error
dad bieil extraño, de educadores y fi­ de los que, con pretensión peligrosa y
lósofos que se afanan por descubrir un con feo nombre, promueven la llama­
código moral universal de educación, da educación sexual, estimando falsa­
como si no existiera ni el Decálogo, ni mente que podrán inmunizar a los jó­
la ley evangélica, ni siquiera la ley na­ venes contra los peligros de la concu­
tural, esculpida por Dios en el corazón piscencia con medios puramente natu­
del hombre, promulgada por la recta rales, cual es una temeraria iniciación
razón y codificada, con revelación po­ e instrucción preventiva para todos
sitiva, por el mismo Dios en el Decá­ indistintamente y hasta públicamente,
logo. Asimismo tales innovadores sue­ y, lo que es aun peor, exponiéndolos
len denominar, como por desprecio, a prematuramente a las ocasiones para
la educación cristiana heterónoma, pa­ acostumbrarlos, según dicen ellos, y
siva, anticuada, porque se funda en la como para curtir su espíritu contra
autoridad divina y en su santa lev. aquellos peligros.
Y erran estos tales gravem ente, al d ad e ig u ald ad niveladora. El Creador
no querer reconocer la n a tiv a fragili­ h a o rd en ad o y dispuesto la conviven­
dad de la n atu ra leza h u m an a y la ley cia p e rfe c ta de los dos sexos solam ente
de que h ab la el Apóstol c o n tra ria a la en la u n id ad del m atrim onio, y gra­
ley de la m e n te 43, y al desconocer au n d u alm en te se p a ra d a en la fam ilia y
la experiencia m ism a de los hechos, los en la sociedad. A dem ás, no hay en la
cuales nos dem u estran que, sin g u lar­ n a tu ra le z a m ism a, que los hace diver­
m ente en los jóvenes, las culpas con­ sos en el organism o, en las inclinacio­
tra las buenas costum bres son efecto, nes y en las ap titu d es, ningún m otivo
no ta n to de la ignorancia in telectu al, p a ra que p u ed a o deba h ab er prom is­
cuanto principalm ente de la débil vo­ cuidad y m ucho m enos igualdad de
lu n tad expuesta a las ocasiones y no form ación p a ra am bos sexos. Estos,
sostenida por los m edios de la G racia. conform e a los adm irables designios
En este delicadísim o asu n to , si, a te n d id a s del C reador, están destinados a com­
to d as las circu n stan cias, se hace n ecesaria pletarse recíprocam ente en la familia
alguna instrucción in d iv id u al en el tiem p o
o p o rtu n o , d ad a po r quien h a recibido de y en la sociedad precisam ente por su
Dios la m isión e d u cativ a y la gracia de es­ diversidad, la cual, por lo m ismo, debe
tad o , han de observarse to d a s las cau te las, m antenerse y fom entarse en la form a­
conocidísim as en la educación c ristia n a tr a ­
dicional, que el citado A nto n ian o suficiente­ ción e d u c a tiv a con la necesaria distin­
m ente describe, cuando dice: ción y correspondiente separación, pro­
Es tal y tanta nuestra m iseria y la inclina­
ción al pecado, que m uchas veces de las m ism as porcionada a las v arias edades y cir­
cosas que se dicen para remedio de los pecados, cu n stan cias. P rincipios que han de ser
se ¿orna ocasión e incitamento para el m ism o aplicados a su tiem po y lugar, según
focado. Im porta, pues, sum am ente que el buen
padre, mientras hable con su hijo de materia las norm as de la p rudencia cristiana,
tan Lúbrica, esté m uy sobre aviso y no des­ en to d as las escuelas, particularm ente
cienda a particularidades y a los diversos en el período m ás delicado y decisivo
modos con que esta hidra infernal envenena
tan gran parte del m undo, a fi n de que no de la form ación, cual es el de la ado­
suceda que en vez de apagar este fuego, lo ex­ lescencia, y en los ejercicios gim násticos
cite y lo reavive im prudentem ente en el pecho y de d eporte, con p artic u la r atención a
sencillo y tierno del niño. Generalmente ha­
blando, mientras dura la niñez, bastará usar la m odestia cristian a en la ju v en tu d
de los remedios que con un m ism o in flu jo fem enina, de la que gravem ente des­
fom em an la virtud de la castidad y cierran la dice cualquier exhibición y publicidad.
entrada t í vicio “■*. R eco rd an d o las tre m en d a s p ala b ra s dei
D ivino M aestro: ¡A y del m undo por razón de
los escándalosl*6, estim u lam o s divam ente
<:) coeducación v u e s tra so licitu d y v igilancia, V enerables
H erm an o s, sobre estos perniciosísim os erro­
res que con so b ra d a difusión se v an ex ten ­
42. Igualm ente erróneo y pernicio­ dien d o e n tre el pueblo cristian o con inm enso
so a la educación cristiana es el m éto­ dañ o de la ju v e n tu d .
do llam ado de la coeducación, fundado
tam b ién , según muchos, en el n a tu ra ­
lismo negador del pecado original, y, III . «A M B IE N TE »
adem ás, según todos los sostenedores
de este m étodo, en una deplorable con­ 43. P a ra o b ten er u na educación
fusión de ideas que trueca la legítim a perfecta es de sum a im portancia velar
convivencia h u m an a en una prom iscui- por que las condiciones de todo lo que
rodea ai educando d u ra n te el período
*- Rom. 7, 23. de su form ación, es decir, el conjunto
" D ell’educarían* cristiana ttei jif/liunli
2. m.
de todas las circunstancias, que suele familia a los niños desde sus más tier­
denom inarse ambiente, corresponda nos años, con varios pretextos, ora eco­
bien al fin que se pretende. nómicos, de la industria o del comer­
cio, ora políticos; y hay país donde se
arranca a los niños del seno de la fa­
a) familia cristiana milia para formarlos (o por decirlo con
mayor verdad, para deformarlos y des­
44. El primer ambiente natural y viarlos) en asociaciones y escuelas sin
necesario de la educación es la fami­ Dios, en la irreligiosidad y en el odio,
lia, destinada precisamente para esto según las teorías socialistas extremas,
por el Creador. De modo que, regular­ renovándose una verdadera y más ho­
mente, la educación más eficaz y du­ rrenda matanza de niños inocentes.
radera es la que se recibe en la fami­
lia cristiana bien ordenada y discipli­ 45. Conjuramos, pues, en m*ml>ie
nada, tanto más eficaz cuanto resplan­ de Jesucristo, a los Pastores de ahnay
dezca en ella más claro y constante el para que empleen toda clase de m< -
buen ejemplo de los padres, sobre to­ dios, en las instrucciones y catequcsif.
dos, y de los demás miembros de la de palabra y por escritos profusamet -
familia. te divulgados, a fin de recordar a fot
No es Nuestra intención tratar aquí padres cristianos sus gravísimos de¡» -
de propósito, aun tocando sólo los pun­ res, y no tanto teórica c generica.T.? -
tos principales, de la educación domés­ te cuanto prácticamente, y e.¡ par i-
tica— tan amplia es la materia—, acer­ cular, cada uno de sus deberes en ma ­
ca de la cual, por lo demás, no faltan teria de educación religiosa, moral y
tratados especiales antiguos y moder­ cívica de los hijos y de los métodos
nos de autores de sana doctrina cató­ más convenientes para realizarla efi­
lica, entre los que merece especial men­ cazmente, previo, además, el ejemplo
ción el ya citado áureo libro de Anto- de su vida. A semejantes instrucciones
niano De la educación cristiana de los prácticas no se desdeñó de hajar el
hijos, que San Carlos Borromeo hacía Apóstol de las Gentes, en sus epístolrs.
leer públicamente a los padres reuni­ particularmente en la dirigida a los t e
dos en las iglesias. Efeso, donde, entre otros, da este co. -
Queremos, con todo, llamar de ma­ sejo: P adres. no irritéis a vuestros h i­
nera especial vuestra atención. Vene­ j o s 4\ lo cual es efecto, no tanto de a
rables Hermanos y amados hijos, so­ excesiva severidad cuanto principal­
bre el deplorable decaimiento actual mente de la impaciencia, de la igtn-
de la educación familiar. A los oficios rancia de los medios más aptos para
y profesiones de la vida temporal y te­ la corrección fructuosa, y aun de la
rrena, ciertamente de menor importan­ relajación, hoy dia demasiado común,
cia, preceden largos estudios y cuida­ de la disciplina familiar, en medio de
dosa preparación, mientras que para la cual crecen en los jóvenes las pa­
el oficio y deber fundamental de la siones indómitas. Atiendan, pues, los
educación de los hijos están hoy poco padres, y con ellos todos los educado­
o nada preparados muchos de ios pa­ res, a usar rectamente de la autoridad
dres, demasiado absorbidos por cuida­ que Dios les ha dado, y de quien son
dos temporales. A debilitar el influjo con toda propiedad vicarios, no p ira
del ambiente familiar contribuye hoy su propio provecho, sino para la recta
el hecho de que casi en todas partes
so tiende a alejar cada voz más de la
educación de los hijos en el santo y cía y prospera la sociedad civil, y sien­
filial temor de Dios, principio de la sa­ do p ara este tra b a jo , por sí sola, insu­
biduría, en el cual solam ente se apoya ficiente la fam ilia, nació la institución
con solidez el respeto a la au to rid a d , social de la escuela, ya en un princi­
sin la cual no puede su bsistir ni orden, pio, nótese bien, por iniciativa de la
ni tran q u ilid ad , ni b ienestar alguno en fam ilia y de la Iglesia, m ucho tiempo
la fam ilia y en la sociedad. an tes que por obra del E stado. De
suerte que la escuela, considerada aun
b; la Iglesia en sus orígenes históricos, es por su
n a tu ra le z a institución subsidiaria y
46. A ía debilidad de las fuerzas com plem entaria de la fam ilia y de la
de !a naturaleza h u m ana decaida ha Iglesia; y así, por lógica necesidad mo­
provisto la divina bondad con los ral, debe no solam ente no contradecir,
abundantes auxilios de su Gracia y los sino p ositivam ente arm onizarse con los
m últiples medios de que esta enriqueci­ otros dos am bientes en la unidad mo­
da la Iglesia, la gran fam ilia de Cristo, ral lo m ás p erfecta posible, h asta po­
que por lo mismo es el am biente edu­ der co n stitu ir, ju n to con la fam ilia y
cativo más estrecha y arm oniosam ente la Iglesia, un solo santuario, consagra­
unido con el de la fam ilia cristiana. do a la educación cristiana, bajo pena
Este am biente educativo de la Igle­ de fa lta r a su com etido, y de trocarse
sia no cDmprende solam ente sus sacra­ en obra de destrucción.
mentos, medios d»vinam ente eficaces E sto, h a s ta lo ha reconocido mani­
de la Gracia y sus ritos, todos de m a­ fiestam en te un hom bre seglar, ta n ce­
nera m aravillosa educativos, ni sólo el lebrado por sus escritos pedagógicos
recinto m aterial del tem plo cristiano, (no del todo laudables porque' están
asimismo adm irablem ente educativo influidos por el liberalism o), el cual
en el lenguaje de la liturgia y del arte, profirió esta sentencia: L a escuela, si
sino tam bién la gran abundancia y v a ­ no es templo, es guarida, y aun esta
riedad de escuelas, asociaciones y toda o tra: Cuando la educación literaria, so­
ciase de instituciones dedicadas a for­ cial, doméstica y religiosa no van todas
m ar la juv en tu d en la piedad religiosa, de acuerdo, el hombre es infeliz, impo­
’^nto con e' de ¡as letras y el tente 17.
Je ias concias y aun con la m ism a re­
creación y cultura física. En esta in­ a) neutra, laica, mixta
agotable fecundidad de obras e d u c ati­
vas es tan adm irable e insuperable la 48. De aquí precisam ente se sigue
m aternal providencia de la Iglesia, que es c o n tra ria a los principios fun­
como adm irable es la arm onía an tes dam en tales de la educación la escuela
indicada, que ella sabe m an ten er con llam ada neutra o laica, de la que está
la fam ilia cristiana, hasta el p u n to de excluida la religión. Tal escuela, ade­
que se puede con verdad decir que la m ás, no es p rá cticam en te posible, por­
Iglesia y la familia constituyen un solo que de hecho viene a hacerse irreli­
tem plo de educación cristiana. giosa. No es m enester repetir cuanto
acerca de este asu n to han declarado
r) escuela N uestros Predecesores, señaladam ente
Pío IX y León X II I, en cuyos tlem-
47. S ien d o necesario que las n u e­
vas generaciones sean instruidas en las 47 Nic. T o m m a ^ o Pvnsivri xuH'cthicii'
íH p q v d ic c i n f i n /í s c a n uh<‘ se b o n c f i - ziatte I , l, f).
pus particnlai iiK'titc comenzó cl laicis­ grados, no sól<> en ti elemental, sino
mo a predominar en la escuela públi­ también en cl medio y superior.
ca. Nos renovamos y confirmamos sus Es necesario—para em plear las palabras de
declaraciones4K, y al mismo tiempo las León XIII—que no solo en horas determinadas
•se enseñe a los jóvenes lo religión, sino que
prescripciones de los Sagrados Cáno­ toda la formación restante exhale fragancia de
nes en que la asistencia a las escuelas piedad cristiana. Que si esto falta, si este
acatólicas, neutras o mixtas, es decir, hálito sagrado no penetra y no calienta las
almas de maestros y discípulos, bien poca
las abiertas indiferentemente a los utilidad podrá sacarse de cualquier doctrina
católicos y a los no católicos sin dis­ frecuentemente, se seguirán más bien daños
tinción, está prohibida a los niños no leves *°.
católicos, y sólo puede tolerarse, úni­
camente a juicio del Ordinario, en de­ 50. Y no se diga que es imposible
terminadas circunstancias de lugar y al Estado, en una nación dividida tn
tiempo y con especiales cautelas4J. varias creencias, proveer a la instruc­
Y no puede ni siquiera admitirse para ción pública, si no es con la escuela
los católicos la escuela mixta (peor si, neutra o con la escuela mixta, debien­
siendo única, es obligatoria para to­ do el Estado más racionalmente y pu
dos), en la cual, aun dándoles, aparte, diendo hasta más fácilmente provee:
la instrucción religiosa, reciben la res­ al caso dejando libre y f?.vorecierdc
tante enseñanza de maestros no cató­ con justos subsidios la i'iiciativa y la
licos junto con los alumnos acatólicos. obra de la Iglesia y de las familias.
Que esto sea factible con goz> de las
familias y con provecho de la instruc­
b) católica ción y dé la paz v tranquilidad públi­
cas, lo demuestra el hecho de naciones
49. Ya que no basta el solo hecho divididas en varias confesiones religio­
de que en ella se dé instrucción reli­ sas, en las cuales el plan escolar corres­
giosa (frecuentemente con excesiva ponde al derecho educativo de las fa­
parsimonia), para que una escuela re­ milias, no sólo en cuanto a la ense­
sulte conforme a los derechos de la ñanza total—particularmente con la
Iglesia y de la familia cristiana y dig­ escuela enteramente católica para los
na de ser frecuentada por alumnos ca­ católicos—, sino también en cuanto a
tólicos. Para ello es necesario que toda la justicia distributiva con la ayuda
la enseñanza y toda la organización financiera, por parte del Estado, a
de la escuela—maestros, programas y cada una de las escuelas escogidas por
libros, en cada disciplina—estén im­ las familias.
buidas de espíritu cristiano bajo la di­
rección y vigilancia maternal de la 51. En otros países de religión mix­
Iglesia, de suerte que la religión sea ta se hace de otra manera, con no
verdaderam ente fundamento y corona ligera carga de los católicos, que, bajo
de toda la instrucción, en todos los el auspicio y guia del Episcopado y
con el empeño incesante del clero secu­
48 Plus IX, E. Quum non sine 14 iul. 18&4. lar y regular, sostienen totalm ente a
Syllabus, pr. 48.— Leo XIII, Alloc. sus expensas la escuela católica para
Sum m i Pontificatus 20 aug. 1880.
Ene. Nobilissima 8 febr. 1884. Ene. sus hijos, cual su gravísima obligación
Quod multum 22 aug. 1886. Ep. Offi- de conciencia la requiere, y con gene­
cio sanctissimo 22 dec. 1887. Ene. c<i- rosidad y constancia laudable perseve-
ritatis 19 mart. 1894, etc.—Cf. C. l.C.
cum fontium annot., c. 1374.
4* C.I.C. C. 1374. 40 Ene. Alí/ífmitis Ecdesiae l aug. 1897.
ran en el proposito do asegurar e n te ­ su p a tria y lealm ente sometido a la
ram en te, como ellos a m an eta de san ­ au to rid a d civil constituida, en cual­
to y seña lo proclam an, la educación quier form a legítim a de gobierno.
católica. para toda la juventud católica,
en las escuelas católicas. Lo cual, a u n ­ 53 En esta escuela, en armonía
que no esté subvencionado por el E ra ­ con la Iglesia y con la fam ilia cristia­
rio público, según de por si lo exige na, no sucederá que en las varias en­
ia ju sticia d istrib u tiv a , no puede ser señanzas se contradiga, con evidente
im pedido por la p o testad civil, que daño de la educación, a lo que los
tiene conciencia de los derechos de la alum nos aprenden en la instrucción
fam ilia y de las condiciones indispen­ religiosa; y, si hay necesidad de hacer­
sables de la lib ertad legitim a. les conocer, por escrupulosa responsa­
V donde aun esta lib ertad elem ental bilidad de m agisterio, las obras erró­
se halla im pedida o de diversas m ane­ neas p a ra refutarlas, esto se hará con
ras dificultada, los católicos no tra b a ja ­ tal preparación y con tal antídoto de
ran nunca lo b astan te , aun a precio de sana doctrina, que la formación cris­
grandes sacrificios, en sostener y de­ tia n a de la ju v en tu d no reciba de ello
fender sus escuelas y en p ro c u rar que daño, antes provecho.
se establezcan leyes escolares justas.
54. Asimismo, en esta escuela, el
estudio de la lengua p atria y de la li­
d) la '<Acción Católica» te ra tu ra clásica jam ás será en menos­
cabo de la santidad de las costumbres;
52. lo d o cuanto hacen los fieles ya que el m aestro cristiano seguirá el
prom oviendo y defendiendo la escue­ ejem plo de las abejas: las cuales toman
la católica p ara sus hijos es obra ge- la p a rte m ás p u ra de las flores y dejan
nuinam ente religiosa, y por lo mismo lo dem ás, como enseña San Basilio en
tare a principalísim a de la Acción Ca­ su hom ilía a los jóvenes acerca de la
tólica; por lo cual son particularm ente lectura de los clásicos61. E sta necesa­
am adas de N uestro corazón paterno y ria cautela— sugerida por el mismo pa­
úignas de gran alabanza todas las aso- gano Q uintiliano 52— no impide de nin­
ciu Jo n es espcc:n!c«. que en varias n a­ guna m anera que el m aestro cristiano
ciones trab a jan con canto celo en obra tom e y aproveche cuanto de verdade­
tan necesaria. ram ente bueno en las disciplinas y mé­
Así que, al p rocurar la escuela ca­ todos ofrecen nuestros tiempos, acor­
tólica p ara sus hijos, se proclam e m uy dándose de lo que dice el Apóstol:
alto, y de todos sea entendido y reco­ E xam inad, sí, todas las cosas y atemos
nocido, que los católicos de cualquier a lo bueno63. Por esto, al tom ar lo
nación del m undo no hacen obra po­ nuevo, él se guardará de abandonar
lítica de p artido, sino obra religiosa fácilm ente lo antiguo que la experien­
indispensable a su conciencia; y pre­ cia de varios siglos ha comprobado ser.
tenden no ya separar a sus hijos del bueno y eficaz, señaladam ente en lo3
cuerpo ni del espíritu nacional, sino estudios de latinidad, que en nuestros
antes bien educarlos en él dei modo días estam os viendo cómo sin cesar de­
más perfecto v m ás conducente a la caen, precisam ente por el injustifica-
prosperidad de la nación, puesto que
el buen católico, precisam ente en vir­ M PO 31, 570.
tud de ia d o ctrin a católica, es por lo ¡nst. Or. I, 8.
mismo el rneior ciudadano, am ante de ■:l I Tlirss. r>, 21 .
tío abandono de los métodos tan fruc­ hacia la bondad divina el ver cómo,
tuosamente empleados por el sano hu­ juntamente con religiosos y religiosas
manismo, que tanto floreció, sobre dedicados a ta enseñanza, un tan gran
todo, en ias escuelas de la Iglesia. Es­ número de maestros y maestras exce­
tas nobles tradiciones reclaman que la lentes—aun organizados, a veces, en
juventud confiada a las escuelas cató­ Congregaciones y Asociaciones espe­
licas sea, sí, instruida en las letras y ciales para cultivar mucho mejor su
en las ciencias plenamente según las espíritu, las cuales por esto son de ala­
exigencias de nuestros tiempos, pero a bar y promover como nobilísimos y
la vez sólida y profundamente, de ma­ potentes auxiliares de la Acción Cató-
nera especial en la sana filosofía, lejos lica—trabajan con desinterés, celo y
de la farragosa superficialidad de aque­ constancia en la que San Gregorio Na-
llos que hubieran tal vez encontrado lo cianceno llama arte de las arles y cien­
necesario, si no hubiesen buscado lo su- cia de las ciencias5*, de regir y form ar
perfluo6*. Por lo cual todo maestro a la juventud. Y, con todo, también
cristiano debe tener presente cuanto a ellos se aplica el dicho del Divino
dice León X III en compendiosa sen­ Maestro:
tencia: Con mayor empeño conviene es­ La mies es verdaderamente muchm, mas le:
forzarse en que no sólo se aplique un obreros pocos47. Supliquemos, pnes, ai Scñor
método de enseñanza apto y sólido, sino de la mies que mande aún más c¡e
tales operarios de la educación cristiana, cuya
más aún en que la enseñanza misma de formación deben tener muy en et corazón
las letras y de las ciencias florezca en l;>s Pastores de las almas y los supremos
lodo conforme a la fe católica, y sobre moderadores de las Ordenes religiosas.
todo la de la filosofía, de la cual en gran Es también necesario dirigir y vigilar
parte depende la recta dirección de las la educación del joven, blando como cera
demás ciencias*’*. para doblegarse al vicio5i, en cualquier
utro ambiente en que venga a encon­
trarse, apartándolo de las malas ocasio­
e) buenos maestros nes y procurándole la oportunidad de
las buenas, en las recreaciones y reunio­
55. Las buenas escuelas son fruto nes, ya que las malas conversaciones
no tanto de las buenas legislaciones corrompen las buenas costumbres53.
cuanto principalmente de los buenos
maestros, que, egregiamente prepara­
dos e instruidos, cada uno en la disci­ /) mundo: sus peligros
plina que debe enseñar, y adornados
de las cualidades intelectuales y mo­ 56. Sólo que, en nuestros tiempos,
rales que su importantísimo oficio re­ hay que tener una vigilancia tanto más
clama, arden en puro y divino amor general y cuidadosa, cuanto más han
hacia los jóvenes a ellos confiados, pre­ aumentado las ocasiones de naufragio
cisamente porque aman a Jesucristo y moral y religioso que la juventud inex­
su Iglesia, de quien aquéllos son hijos perta encuentra, particularmente en
predilectos, y por lo mismo buscan con los libros impíos o licenciosos, muchos
todo empeño el verdadero bien de las de ellos diabólicamente difundidos, a
familias y de su patria. Por esto Nos vil precio, en los espectáculos del cine-
llena el alma de consuelo y de gratitud »* Orado 2 PG 35, 420.
M Seneca Epist. 45. »’ Mat. 9, 37.
46 Leo X III, Ene. Inscrutabili 21 april. •s Horat. A rt. poét. 163.
1878. 1 Cor. 15, 33.
maíogtafo y a lu n a aun cu las au d icio ­ y los e ito rc s del m undo, el cual, como
nes radiofónicas, que m ultiplican y fa ­ a d v ierte u n a sentencia divina, es todo
cilitan, por decirlo asi, toda clase de concupiscencia de la carne, concupiscen­
lectu ras, como el cinem atógrafo to d a cia de los ojos y soberbia de la vida 9l;
clase de espectáculos. E stos m edios ta n de m an era que, como decía T ertuliano
potentísim os de divulgación, que pue­ de los prim eros cristianos, sean como
den servir, si van regidos por sanos deben ser los verdaderos cristianos de
principios, de gran u tilid ad p a ra la todos los tiem pos: composesores del
instrucción y educación, se su b o rd i­ m undo , no del error «2.
nan, desgraciadam ente, m uchas veces Con esta sentencia de Tertuliano hemos
venido a tocar lo que Nos hemos propuesto
ta n sólo al incentivo de las m alas p a­ tratar en últim o térm ino, aunque de grandí­
siones y a la codicia de sórdidas ga­ sima im portancia, como que es la verdadera
nancias* San A gustín se lam en tab a al sustancia de la educación cristiana, cual se
desprende de su fin propio, en cuya conside­
ver la pasión que a rra s tra b a aun a los ración brilla mucho más clara, co m í en pleno
cristianos de su tiem po a los espec­ mediodía, la superem inente misión educativa
táculos del circo, y cu en ta con viveza de la Iglesia.
dram atica la perversión, felizm ente p a ­
sajera, de su alum no y am igo Alipio *°.
iC uántos ex trav ío s juveniles a causa IV. F IN Y FORMA
de los espectáculos de hoy día, sin con­
tai las m alvadas lecturas, tienen que 58. Fin propio e inm ediato de la
llorar ahora los padres y educadores! educación cristian a es cooperar con la
G racia d iv in a a fo rm ar el verdadero y
57. Por esto se han de alab a r y perfecto cristiano, es decir, al mismo
prom over todas las obras educativas Cristo, en los regenerados con el Bau­
que, con espíritu sinceram ente cristia­ tism o, según la v iv a expresión del
no de ceío por las alm as de los jóvenes, Apóstol: H ijitos míos, por quienes se­
atienden, con- oportunos libros y p u ­ gunda vez padezco dolores de parto has­
blicaciones periódicas, a d ar a conocer, ta form ar a Cristo en vosotros63. Ya
particu larm en te a los padres y a los que el verdadero cristiano debe vivir la
educadores, los peligros m orales y re­ vida so b re n atu ral en Cristo: Cristo, que
ligiosos, con frecuencia fra u d u le n ta ­ es nuestra v i d a S4, y m anifestarla en
m ente i^oinuadus, e r libros y espec­ to d as sus operaciones: Para que la vida
táculos, y se industrian para difundir de Jesús se m anifieste asim ism o en nues­
las buenas lecturas y prom over espec­ tra carne mortal
táculos verdaderam ente educativos,
creando, aun con grandes sacrificios,
te a tro s y cinem atógrafos, en los cu a­ a) el verdadero cristiano
les la v irtu d no sólo nada tenga que
perder, an tes m ucho que ganar. 59. P or esto precisam ente la edu­
De esta necesaria vigilancia nadie cación cristian a com prende todo el
deduzca, sin em bargo, que la ju v e n ­ ám b ito de la vida hu m an a sensible y
tu d ten g a que estar segregada de la espiritual, intelectual y m oral, indivi-
sociedad en la que debe vivir y salvar
su alm a, sino que hoy, más que n u n ­ •• 1 lo. 2, 16.
ca, debe e s ta r arm a d a y fortalecida *• De ídololatría 14.
cristian a m e n te co n tra las seducciones Gal. 4, 19.
44 Col. 3, 4.
*s 2 Cor 4. II
I) I V I N I / l. L l (; S M A (J I S T R I 1607

dual, doméstica y social, no para me­ Dios, Señor Creador: no rechazamos fruto al­
noscabarla en manera alguna, sino guno de sus obras; solamente nos refrenamos,
para no usar de ellas desmesurada o viciosa­
para elevarla, regularla y perfeccio­ mente. Asi que no habitamos en este mundo
narla según los ejemplos y la doctrina sin foro, sin mercado, sin baños, casas, tien­
de Cristo. das, caballerizas, sin vuestras ferias y demás
suertes de comercio. También nosotros navega­
De suerte que el verdadero cristia­ mos y militamos con vosotros, cultivamos los
no, fruto de la educación cristiana, es campos y negociamos, y por eso trocamos
nuestros trabajos y ponemos a vuestra dispo­
el hombre sobrenatural, que piensa, sición nuestras obras. Cómo podamos, pues,
juzga y obra constante y coherente­ pareceros inútiles para vuestros negocios, con
mente, según la recta razón iluminada los cuales y de los cuales vivimos, francamente
no lo veo*'.
por la luz sobrenatural de los ejemplos
y de la doctrina de Cristo, o, por de­ Por lo tanto, el verdadero cristiano,
cirlo con el lenguaje ahora en uso, el lejos de renunciar a las obras de la
verdadero y completo hombre de ca­ vida terrena o amenguar sus faculta­
rácter. Pues no es cualquier coheren­ des naturales, más bien las desarrolla
cia y tenacidad de conducta, según y perfecciona coordinándolas con la
principios subjetivos, lo que constitu­ vida sobrenatural, hasta e! punto de
ye el verdadero carácter, sino solamen­ ennoblecer la misma vida natural y de
te la constancia en seguir los princi­ procurarla un auxilio más eficaz, no
pios eternos de la justicia, como lo re­ sólo en orden espiritual y terreno sino
conoce hasta el poeta pagano, cuando también material y temporal
alaba, inseparablemente, al hombre jus­
to y constante en su propósito ” , y, por
otra parte, no puede existir completa t>) el mejor ciudadano
justicia sino dando a Dios lo que se
debe a Dios, como lo hace el verdade­ 61. Lo dicho se ve claro en toda
ro cristiano. la historia del cristianismo y de sus
instituciones, que se identifica con la
60. Tal meta y término de la edu­ historia de la verdadera civilización y
cación cristiana parece a los profanos del genuino progreso hasta nuestros
como una abstracción, o más bien días; y particularmente en los Santos,
como una cosa irrealizable, sin arran­ de que es fecundísima la Iglesia y so­
car o menoscabar las facultades natu­ lamente ella, los cuales han alcanzado
rales y sin renunciar a las obras de la en grado perfectisimo la meta de la
vida terrenal; por lo tanto, ajena a la educación cristiana, y han ennobleci­
vida social y a la prosperidad tempo­ do y aprovechado a la sociedad civil
ral, contraria a todo progreso en las en todo género de bienes. Efectiva­
letras, en las ciencias, en las artes y mente, los Santos han sido, son y se­
en toda otra obra de civilización. Á rán siempre los más grandes bienhe­
semejante objeción, movida por la ig­ chores de la sociedad humana, como
norancia y el prejuicio de los paganos, también los más perfectos modelos de
aun eruditos, de aquel tiempo—repe­ toda clase y profesión, en todo estado
tida, desgraciadamente, con más fre­ y condición de vida, desde el campe­
cuencia e insistencia en tiempos mo­ sino sencillo y rústico hasta el hombre
dernos—había ya respondido Tertu­ de ciencias v letras, desde el humilde
liano: artesano hasta el que capitanea ejér­
No vivimos fuera de este mundo. Birn nos citos, desde el oscuro padre de familia
moittami's de que debemos agrodrrimtenio a
hasta el m onarca que gobierna pueblos de C risto, la Esposa inm aculada de
y naciones, desde las sencillas niñas y C risto, y por esto mismo M adre fe­
m ujeres del hogar dom éstico h a sta las cundísim a y educadora soberana y
reinas y em peratrices. Y ¿qué decir de perfecta.
la inm ensa labor, aun en pro del bien­ Por eso el grande y genial San Agustin
estar tem poral, de los m isioneros ev a n ­ —de cuya dichosa muerte vamos a celebrar el
décim oquinto centenario— prorrumpía, lleno,
gélicos, que ju n to con la luz de la Fe de santo afecto, para con tal Madre, en
han llevado y llevan a los pueblos b á r­ estos acentos: ¡Oh Iglesia Católica, Madre
baros los bienes de la civilización; de m u y verdadera de los cristianos, con razón no
solamente predicas que hay que honrar p u rí­
los fundadores de m últiples obras de sim a y castisim am ente al m ism o Dios, cuya
caridad y asistencia social, y de la posesión es dichosísim a vida, sino que tam­
interm inable falange de santos ed u ­ bién haces de tal m anera tuyo el amor y la
caridad del prójim o, que en ti hallamos toda
cadores y san tas educadoras, que han m edicina potentemente eficaz para los muchos
perpetuado y m ultiplicado su propia males que, por causa de los pecados, aquejan
obra en sus fecundas instituciones de a las alm asl T ú adiestras y amaestras pueril­
mente a los niños, con fortaleza a los jóvenes,
educación cristian a p ara bien de las con delicadeza a los ancianos, según las exi­
fam ilias y con inestim able beneficio de gencias de su cuerpo y de su esp íritu : T ú , con
las naciones? una, estoy por decir, libre servidum bre, some­
tes los hijos a los padres y pones a las madrps
delante de los hijos con dom inio de piedad. Tú,
con vinculo de religión m ás fuerte y m ás estre­
J E S U S , M A E S T R O D IV IN O cho que el de la sangre, unes a hermanos con
herm anos... T ú , no sólo con vinculo de sociedad,
sino tam bién de una cierta fraternidad, ligas
62. Estos son ios frutos, sobre m a­ a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con
nera benéficos, de la educación cris­ naciones: en una palabra, a todos los hombres
con el recuerdo de los primeros padres. A los
tian a, precisam ente a causa de la vida Reyes enseñas a m irar por los pueblos: a
y v irtu d so b ren atu ral de Cristo, que los pueblos amonestas que' obedezcan a los
ella desarrolla y form a en el hom bre; ya Reyes. E nseñas con diligencia a quién se debe
honor, a quién afecto, a quién respeto, a quién
que Cristo nuestro Señor, M aestro D i­ temor, a quién consuelo, a quién amonestación,
vino, es tam b ién fu ente y d ad o r de a quién exhortación, a quién corrección, a quién
tal vida y v irtu d , y a la vez modelo reprensión, a quién castigo: mostrando cómo
no se debe todo a todos, pero sí a todos la ca­
universal y accesible, con su ejem plo, ridad, a n in g u n o la ofensa**.
a todos los hom bres, cu alq u iera que Levantem os al Cielo, Venerables Herma­
sea su condición, p artíc u la i m ente á la nos y am ados hijos, los corazones y manos
suplicantes, al Pastor y Obispo de nuestras
ju v e n tu d , en el período de su vida almas**, al R ey D ivino, que da leyes a los
escondida, laboriosa, obediente, ad o r­ gobernantes, para que El, con su virtud om­
nad a de to d as las v irtu d es in d iv id u a­ nipotente, haga de modo que estos sabrosos
frutos de la educación cristiana se recojan
les, d o m ésticas y sociales, d elan te de y m ultipliquen en todo el m undo con provecho
Dios y d elan te de los hom bres. siempre creciente de los individuos y de l#s
naciones.
Como prenda de estas gracias celestiales,
con paternal afecto, a vosotros, Venerablés
LA I G L E S I A , M A D R E E D U C A D O R A Herm anos, a vuestro clero y a vuestro pu«*
blo dam os la Bendición A postólica.
63. T odo el cúm ulo de los tesoros D ado en R om a, ju n to a San Pedro,
edu cativ os de in fin ito valor, que h asta el 31 de diciem bre de 1929, año octa­
ahora hem os venido indicando apenas vo de N uestro P ontificado.
en p arte , es de tal m odo propio de la
Iglesia, que c o n stitu y e su m ism a sus- «• De m oribus E cdesiae cathollcae 1, 30,
t* n ria . siendo ella el C uerpo m ístico
F IO XI

CASTI CONNUBII
LE. 31 diciembre 1930

S O B R E EL M A T R I M O N I O C R I S T I A N O

á n g r a n d e sea la dignidad del 2. Ocurre, sin embargo, que no sote m ea-


Cu casto matrimonio, principalmente te Nos, observando con paternales m iradas
el mundo entero desde esta coreo apostólica
puede colegirse, Venerables Herma­ atalaya, sino tam bién vosotros, Venerables
nos, de que habiendo Cristo, Señor Hermanos, contempláis y sentidamente os
nuestro e Hijo del Eterno Padre, to­ condoléis con Nos de que muchos tam bres,
dando al olvido la divina obra de dicha re»*
mado la carne del hombre caído, no tauración, o desconocen por completo ia san*
solamente quiso incluir de un modo tidad excelsa del matrimonio cristiano, o la
niegan descaradamente, o la conculcan, apo­
peculiar este principio y fundamento yándose en falsos principios de una nueva
de la sociedad doméstica y hasta del y perversísima moralidad. Contra estos per­
humano consorcio en aquel su aman- niciosos errores y depravadas costumbres,
que ya han comenzado a cundir entre los
tísimo designio de redimir, como lo fieles, haciendo esfuerzos solapados por in­
hizo, a nuestro linaje, sino que tam­ troducirse más profundamente, creemos que
bién lo elevó a verdadero y gran1 sa­ es Nuestro deber, en razón de Nuestro oficio
de Vicario de Cristo en la tierra y de supre­
cramento de la Nueva Ley, restituyén­ mo Pastor y Maestro, levantar la voz, a fin
dolo antes a la primitiva pureza de la de alejar de los emponzoñados pastos y, en
divina institución y encomendando cuanto está de Nuestra parte, conservar in­
munes a las ovejas que Nos han sido enco­
toda su disciplina y cuidado a su Es­ mendadas.
posa la Iglesia. Por eso. Venerables Hermanos, Nos hemos
determinado a dirigir la palabra prim era­
mente a vosotros, y por medio de vosotros a
toda la Iglesia católica, más aún, a todo el
N E C E S I D A D Y CONTINUIDAD género humano, para hablaros acerca de la
DE LA ENSEÑANZA naturaleza del matrimonio cristiano, de su
dignidad y de las utilidades y beneficios que
P a ra que de tal renovación del m atrim o­ de él se derivan para la familia y la misma
nio se recojan los frutos anhelados, en todos sociedad humana, de los errores contrarios
los lugares del m undo y en todos los tiempos, a este importantísimo capitulo de la doctrina
es necesario prim eram ente ilum inar las inte­ evangélica, de los vicios que se oponen a la
ligencias de ios hombres con la genufna doc­ vida conyugal y, últim am ente, de los prin­
trin a de Cristo sobre el matrimonio; es nece­ cipales remedios que es preciso poner en
sario, adem ás, que los cónyuges cristianos, práctica, siguiendo asi las huellas de Nues­
robustecidas sus flacas voluntades con la tro predecesor León X III, de s. m.* cuya
gracia interior de Dios, se conduzcan en todos encíclica Arcam im \ publicada hace ya cin­
sus pensam ientos y en todas sus obras en cuenta años, sobre el m atrimonio cristiano»
consonancia con la purísima ley de Cristo, hacemos Nuestra por esta Nuestra Encíclica
a fin de o btener para si y para sus familias y la confirmamos, exponiendo algunos pun­
tos con mayor am plitud, por requerirlo así
la v erdadera paz y felicidad.
las circu n sta n cias y exigencias ue n u estro
te en tre g a y acep ta el derecho propio
tiem po, y declaram os que aq uélla no sólo no
ha caído en desuso sino que conserva pleno del m atrim o n io 6, es ta n necesario para
to d av ía su vigor. la co n stitu ció n del verdadero m atrim o­
nio, que n inguna potestad hum ana lo
puede suplir 6. Es cierto que esta li­
suprem os principios b e rta d no da m ás atribuciones a los
cónyuges que las de determ inarse o no
3. Y com enzando por esa m ism a a c o n tra er m atrim onio y a contraerlo
Encíclica, encam inada casi to ta lm e n te precisam ente con tal o cual persona,
a vindicar la divina institución del m a­ pero está to ta lm e n te fuera de los lími­
trim onio, su dignidad sacram en tal y tes de la lib ertad del hom bre la n a tu ­
su p erp etu a estabilidad, quede a se n ta ­ raleza del m atrim onio, de tal suerte
do, en prim er lugar, como fu n d am en ­ que si alguien ha contraído ya m atri­
to firm e e inviolable, que el m atrim o ­ m onio se h alla sujeto a sus leyes y
nio no fue instituido ni restau rad o por propiedades esenciales. Y así el Angé­
obra de los hom bres, sino por obra lico D octor, tra ta n d o de la fidelidad y
divina; que no fué protegido, confir­ de la prole, dice: Estas nacen en el ma­
m ado ni elevado con leyes hum anas, trim onio en virtud del mismo pacto con­
sino con leyes del mismo Dios, a u to r yugal, de tal m anera que si se llegase a
de la n aturaleza, y de Cristo Seño-r, expresar en el consentimiento, causa del
R edentor de la m ism a, y que, por lo m atrim onio, algo que les fuera contra­
tan to , sus leyes no pueden estar su je­ rio, no habría verdadero matrimonio 7.
tas al arbitrio de ningún hom bre, ni P or obra, pues, del m atrim onio, se
siquiera al acuerdo contrario de los ju n ta n y se fu nden las alm as aun antes
mismos cónyuges. E sta es la doctrina y m ás estrech am en te que los cuerpos,
de la Sagrada E scritu ra 3, ésta la cons­ y esto no con un afecto pasajero .d e
tan te tradición de la Iglesia universal, los sentidos o del espíritu, sino con
ésta la definición solemne del santo una determ inación firm e y deliberada
Concilio de T rento, el cual, con las de las voluntades; y de esta unión de
m ismas palabras del tex to sagrado, las alm as surge, porque así Dios lo
expone y confirm a que el perpetuo e ha establecido, un vínculo sagrado e
indisoluble vinculo del m atrim onio, su inviolable.
unidad y su estabilidad tienen por
a u to r a Dios *.
Mas aunque el m atrim onio sea de los dos caminos
institución divina por su m ism a n a tu ­
raleza, con todo, la vo luntad h u m ana 4 T al es y ta n singular la n atu ra­
tiene tam b ién en él su p arte, y por leza propia de este co n trato , que en
cierto nobilísim a, porque todo m a tri­ v irtu d de ella se distingue totalm ente,
monio, en cuanto que es unión conyu­ así de los ay u n tam ien to s propios de las
gal en tre un determ inado hom bre y bestias, que, p rivadas de razón y vo­
una d eterm in ad a m ujer, no se reali­ lu n tad libre, se gobiernan únicam ente
za sin el libre consentim iento de am ­ por el in stin to ciego de su naturaleza,
bos esposos, y este acto libre de la como de aquellas uniones libres de los
voluntad, por el cual una y o tra p a r­ hom bres que carecen de todo vínculo

ra n . I, 27-28; 2, 22-23; M at. 19, 3 ss.; 6 Cf. C .I.C . c. 1081, § 2.


Eph. 0, 23 ss • Ibid. c\ 1081, § I.
i r ...,. •!v;.i '>4 7 .3, 49, 3.
verdadero y honesto de la voluntad, por los cuales son buenas las nupcias:
y están destituidas de todo derecho la prole, la fidelidad, el sacramento u .
para la vida doméstica. De qué modo estos tres capítulos con­
De donde se desprende que la autoridad tengan con razón una síntesis fecunda
tiene el derecho y, por lo tanto, el deber de de toda la doctrina del matrimonio
reprim ir las uniones torpes que se oponen a
la razón y a la naturaleza, impedirlas y cas­ cristiano, lo declara expresamente el
tigarlas, y, como quiera que se trata de un mismo Santo, cuando dice: En la fide­
asunto que fluye de la naturaleza misma del lidad se atiende a que, fuera del vinculo
hombre, no es menor la certidumbre con que
consta lo que claramente advirtió Nuestro conyugal, no se unan con otro o con
Predecesor, de s. m., León XIII*: No hay otra; en la prole, a que ésta se reciba
duda de que, al elegir el género de vida, está con amor, se críe con benignidad y se
en el arbitrio y voluntad propia una de estas
dos cosas: o seguir el consejo de guardar vir­ eduque religiosamente; en el sacramen­
ginidad dado por Jesucristo, y obligarse con to, a que el matrimonio no se disuelva,
el vínculo matrimonial. Ninguna ley humana y a que el repudiado o repudiada no se
puede privar a un hombre del derecho natural
y originario de casarse, ni circunscribir en una a otro ni aun por razón de le pro­
manera alguna la razón principal de las nup­ le. Esta es la k y del matrimonio: no
cias, establecida por Dios desde el principio: sólo ennoblece la fecundidad de >a na­
«Creced y multiplicaos» *.
turaleza, sino que reprime la perversi­
Hállase, por lo tanto, constituido el dad de la incontinencia 11.
sagrado consorcio del legítimo matri­
monio por la voluntad divina a la vez
que por la humana: de Dios provienen a) los hijos
la institución, los fines, las leyes, los
bienes del matrimonio; del hombre, 6. La prole. por lo tanto, ocupa el
con la ayuda y cooperación de Dios, primer lugar entre los bienes del m a­
depende la existencia de cualquier ma­ trimonio. Y por cierto que el mismo
trimonio particular—por la generosa Creador del linaje humano, que quiso
donación de la propia persona a otra, benignamente valerse de los hombres
por toda la vida—, con los deberes y como de cooperadores en la propaga­
con los bienes establecidos por Dios. ción de la vida, lo enseñó así cuando,
al instituir el matrimonio en el paraí­
so, dijo a nuestros primeros padres, y
I. «PROLES, FIDES, por ellos a todos los futuros cónyuges:
SACRAMENTUM» Creced y multiplicaos y llenad la tierra".
Lo cual también bellamente deduce San
Agustín de las palabras del apóstol San Pablo
5. Comenzando ahora a exponer, a Timoteo cuando dice: Que se celebre el
Venerables Hermanos, cuáles y cuán matrimonio con el fin de engendrar, lo testi­
grandes sean los bienes concedidos por fica asi el Apóstol: «Quiero— dice—que los
jóvenes se casen.» Y como se le preguntara:
Dios al verdadero matrimonio, se Nos «¿Con qué fin?, añade en seguida: Para que
ocurren las palabras de aquel precla­ procreen hijos, para que sean madres de
rísimo Doctor de la Iglesia a quien re­ familia» **.
cientemente ensalzamos en Nuestra Cuán grande sea este beneficio de
encíclica Ad salutem10, dada con oca­ Dios y bien del matrimonio se deduce
sión del XV centenario de su muerte.
Estos, dice San Agustín, son los bienes 11 S. Aug. De bonoj:oniug. 24, 32.
i: S. Aug. De Gen. ad litt. 9. 7, !2.
* Ene. Rerum novanm 15 maii 1891. •* Gen. í, 28.
• Qen. 1, 28. “ 1 Tim. 5, 14.
'• Ene. Ad salutem 20 apr. 1930. " S. Aug. De bono_coniug. 24, 32.
de la dignidad y altísim o fin del hom ­ m adre de los hijos de Dios los regenere
bre. Porque el hom bre, en v irtu d de a la ju stic ia so b re n atu ral por el agua
la preem inencia de su n atu ra leza ra ­ del bau tism o , y se hagan m iem bros
cional, supera a todas las re sta n te s vivos de C risto, partícipes de la vida
c ria tu ras visibles. Dios, adem ás, quiere in m o rtal y herederos, en fin, de la
que sean engendrados los hom bres no gloria etern a, que todos de corazón
solam ente para que vivan y llenen la anhelam os.
tierra, sino m uy prin cipalm ente p ara C onsiderando estas cosas la m adre
que sean adoradores suyos, le conoz­ cristian a en ten d erá, sin duda, que de
can y le am en, y finalm ente le gocen ella, en un sentido m ás profundo y
p ara siem pre en el cielo; fin que, por consolador, dijo nuestro R edentor: La
la adm irable elevación del hom bre, m ujer..., una vez que ha dado a luz al
hecha por Dios al orden so b ren atu ral, infante, y a 'n o se acuerda de su angus­
supera a cuanto el ojo vió y el oido tia, por su gozo de haber dado un hom­
oyó y pudo entrar en el corazón del bre al m u n d o 18, y superando todas las
hombre De donde fácilm ente ap are­ an g u stias, cuidados y cargas m atern a­
ce cuan grande don de la divina bon­ les, m ucho m ás ju s ta y san tam en te
dad y cuán egregio fru to del m atrim o ­ que aquella matrona romana, la madre de
los Gracos, se gloriará en el Señor de la flo­
nio sean los hijos, que vienen a este ridísima corona de sus hijos. Y ambos espo­
m undo por la v irtu d om nipotente de sos, recibiendo de la mano de Dios estos
Dios, con la cooperación de los esposos. hijos con buen ánim o y gratitud, los consi­
derarán como un tesoro que Dios les ha enco­
m endado, no para que lo empleen exclusi­
7. Tengan, por lo tan to , en cu en ta vam ente en utilidad propia o de la sociedad
humana, sino para que lo restituyan al Señor,
los padres cristianos que no están des­ con provecho, en el día de la cuenta final.
tinados únicam ente a propagar y con­
servar el género hum ano en la tierra, 8. El bien de la prole no acaba con
más a ú r, ni siquiera a educar cual­ la procreación: necesario es que a ésta
quier clase de adoradores del Dios ver­ venga a añadirse un segundo bien, que
dadero, sino a in jertar nueva descen­ consiste en la debida educación de la
dencia en la iglesia de Cristo, a pro­ m ism a. P orque insuficientem ente, en
crear ciudadanos de los Santos y verdad, hubiera provisto Dios, sapien­
fam iliares de Dios 1T. a fin de que tísim o, a los hijos, m ás aún, a todo el
cada día crezca mas el pueblo dedica­ género hum ano, si adem ás no hubiese
do ai culto de nuestro Dios y S alvador. encom endado el derecho y la obliga­
Y con ser cierto que los cónyuges cris­ ción de educar a quienes dió el dere­
tianos, aun cuando ellos e«*cn justifi­ cho y la p o testad de engendrar. Por­
cados, no pueden tra n sm itir la ju s ti­ que a nadie se le oculta que la prole
ficación a sus hijos, sino que, por lo no se b asta ni se puede proveer a sí
contrario, la n atu ral generación de la m ism a, no ya en las cosas pertene­
vida es cam ino de m uerte, por el que cientes a la vida n atu ra l, pero mucho
se com unica a la prole el pecado ori­ m enos en todo cu an to pertenece al
ginal; con todo, en alguna m anera, orden so b re n atu ral, sino que, durante
participan de aquel prim itivo m a tri­ m uchos años, necesita el auxilio de la
monio del paraíso terrenal, pues a ellos instrucción y de la educación de los
toca ofrecer a la Iglesia sus propios dem ás. Y está bien claro, según lo
hijos, a fin de que esta fecundísim a exigen Dios y la n aturaleza, que este
derecho y obligación de educar a la
• * Cf. J Cor 2, U.
17 Cf. Enh. 2. 1‘J.
c a s r i c o n n u a 11 1613

prole pertenece, en primer lugar, a concederse, por ser contrario a las


quienes con la generación incoaron la divinas leyes y de/ todo disconforme
obra de la naturaleza, estándoles prohi­ con la fidelidad del matrimonio.
bido el exponer la obra comenzada a Tal fidelidad exige, por lo tanto, y
una segura ruina, dejándola imper­ en primer lugar, la absoluta unidad
fecta. Ahora bien, en el matrimonio es del matrimonio, ya prefigurada por el
donde se proveyó mejor a esta tan mismo Creador en el de nuestros pri­
necesaria educación de los hijos, pues meros padres, cuando quiso que no se
estando los padres unidos entre sí con instituyera sino entre un hombre y
vínculo indisoluble, siempre se halla a una mujer. Y aunque después Dios,
mano su cooperación y mutuo auxilio. supremo legislador, mitigó un tanto
Todo lo cual, porque ya en otra ocasión esta primitiva ley por algún tiempo,
tratamos copiosamente de la cristiana edu­
cación 19 de la juventud, encerraremos en las la ley evangélica, sin que quede lugar
citadas palabras de San Agustín: En orden a duda ninguna, restituyó integramen­
a la prole se requiere que se la reciba con amor te aquella primera y perfecta unidad
y se la eduque rélif¡iosamente2e, y lo mismo
dice con frase enérgica el Código de derecho y derogó toda excepción, como lo de­
canónico: El fin primario del matrimonio es muestran sin sombra de duda las pa­
la procreación y educación de la prole11. labras de Cristo y la doctrina y prác­
Por último, no se debe omitir que, tica constante de la Iglesia. Con razón,
por ser de tanta dignidad y de tan pues, el santo Concilio de Trento de­
capital imporíancia esta doble fun'ión claró lo siguiente: que por razón de este
encomendada a los padres para el bien vinculo tan sólo dos puedan unirse, :n
de los hijos, todo honesto ejercicio de enseñó claramente Cristo nuestro Sirio*
la facultad dada por Dios en orden a cuando dijo: «Por lo tanto, ya no son
la procreación c’e nuevas vidas, por dos, sino una sola carne» -2.
prescripción del mismo Creador y de Mas no solamente plugo a Cristo
la ley natu~al, es derecho y prerroga­ nuestro Señor condenar toda forma
tiva exclusivos cel matrim nio y debe de lo que suelen llamar poligamia y
absolutamente encerrarse en el san­ poliandria simultánea o sucesiva, u
tuario de la vida conyugal. cualquier otro acto deshonesto exter­
no, sino también los mism< s pensa­
mientos y deseos voluntarios de todas
b) la fidelidad conyugal estas cosas, a fin de guardar inviolado
en absoluto el sagrado santuario de la
9. El segundo de los bienes del ma­ familia: Pero yo os digo que todo el que
trimonio, enumerados., como dijimos, mira a una mujer para codiciarla ya
por San Agustín, es ia fidelidad, que adultero en su corazón21. Las cuaíes
consiste en la mutua lealtad de los palabras de Cristo nuestro Señor ni
cónyuges en el cumplimiento dd con­ siquiera con el consentimiento mutuo
trato matrimonial, de tal modo que lo de las partes pueden anularse, pues
que en este contrato, sancionado por manifiestan una ley natural y divina
la ley divina, compete a una de las que la voluntad de los hombres jamás
partes, ni a ella le sea negado ni a puede quebrantar ni desviar24.
ningún otro permitido; ni al cónyuge Más aún, hasta las mutuas relacio­
mismo se conceda lo que jamás puede nes de familiaridad entre los cónyuges

'» Une. Divjni illms Mngistri 'M dec. 1929. Conc. Trkt.. sess. 24.
0 S. Aug, De Gen. ad lilt. 9, 7. 12. ÍS Mat. 5, 28.
'' C.I.C. c. 1013, § '* Cf. Doci. S. Off., 2 mar. 1679, prop. 50.
1614 r 10 x i

deben estar ad o rn ad as con la nota de m u tu a unión de v ida crezcan más y


castidad, p ara que el beneficio de la m ás tam b ién cada día en la virtud
fidelidad resplandezca con el decoro y sobre todo en la v erd ad era cari­
debido, de suerte que los cónyuges se dad p a ra con Dios y p a ra con el pró­
conduzcan en todas las cosas conform e jim o, de la cual, en últim o térm ino,
a la ley de Dios y de la n atu raleza y depende toda la ley y los profetas28.
procuren cum plir la v o lu n tad sap ien tí­ Todos, en efecto, de cualquier condi­
sim a \ santísim a del Creador, con e n te ­ ción que sean y cualquiera que sea el
ra y sum isa reverencia a la divina obra. género honesto de vida que lleven,
É sta que llama, con m ucha p ropie­ pueden y deben im ita r aquel ejem plar
dad, San Agustín, fidelidad en la cas­ absoluto de to d a san tid ad que Dios
tidad, florece m as fácil y m ucho m ás señaló a los hom bres, Cristo nuestro
agradable y noblem ente, considerado Señor; y, con ay u d a de Dios, llegar in­
otro m otivo im portantísim o, a saber: cluso a la cum bre m ás a lta de la perfec­
el am or conyugal, que p u ie tra todos ción cristiana, como se puede com pro­
los deberes de la vida de los esposos b ar con el ejem plo de m uchos santos.
y tiene cierto principado de nobleza E sta recíproca form ación interior de
en c! m atrim onio cristiano: P ide, ade­ los esposos, este cuidado asiduo de mu­
más, la fidelidad del matrimonio que el tu a perfección puede llam arse tam ­
varón y la mujer estén unidos por cier­ bién, en cierto sentido m uy verdade­
to amor santo, puro, singular; que no ro, como enseña el Catecism o Rom a­
se amen como adúlteros, sino como C ris­ no 29, la causa y razón prim era del m a­
to amó a la Iglesia, pues esta ley dió trim onio, con tal que el m atrim onio
el Apóstol cuando dijo: -M aridos, am ad no se tom e estricta m e n te como una
a vuestras m ujeres como Cristo am ó a in stitu ció n que tiene por fin procrear
la Igiesia» 2:\ y cierto que E l la amó con y ed u car convenientem ente los hijos,
aquella su infinita caridad, no para u ti­ sino en un sentido m ás am plio, cual
lidad suya, sino proponiéndose tan sólo com unidad, p ráctica y sociedad de
la utilidad de la Esposa 20. Am or, deci­ to d a la vida.
mos, que no se funda solam ente en el Con este m ismo am or es m enester
apetito carnal, fugaz y perecedero, ni que se concilien los restantes derechos
en palabras regaladas, sino en el afec­ y deberes del m atrim onio, pues no sólo
to íntiin'. del alm a y que se com prue­ ha de ser de justicia, sino tam bién
ba con ica obras, puc¿to que, como n orm a de caridad aquello del Após­
suele decirse, obras son " mores y no tol: E l marido pague a la mujer el dé­
buenas razones 27. bito; y, de la m ism a suerte, la mujer
Todo lo cual no sólo com prende el al marido 30.
auxilio m utuo en la sociedad dom és­
tica, sino que es necesario que se ex ­ 10. F inalm ente, robustecida la so­
tienda tam bién y aun que se ordene ciedad dom éstica con el vínculo de
sobre todo a la ayuda recíproca de los esta carid ad, es necesario que en ella
cónyuges en orden a la form ación y florezca lo que San A gustín llam aba
perfección, m ayor cada día, del hom ­ jerarquía del amor, la cual abraza ta n ­
bre interior, de tal m anera que por su to la prim acía del varón sobre la m u­
jer y los hijos como la diligente sumi-
F.ph. 5, 25; cf. Col. 3, 10.
s* Caiech. Rom. 2, 8, 21. *" M at. 22, 40.
Cf. S. Greg. M. Horrul. 30 in fívang. Cf. Catech. Rom. 2, H, 1.3.
ílo. 14. 23-31 >. n. ! . »• I Cor. 7, 3. /
sión de la mujer y su rendida obedien­ ya citada Lnciclua acerca del matrimonio
cia, recomendada por el Apóstol con cristiano: El varón es el jefe de la fam ilia y
cabeza de la mujer, la cual, sin embargo,
estas palabras: Las casadas estén suje­ puesto que es carne de su carne y hueso de sus
tas a sus maridos, como al Señor; huesosf debe someterse y obedecer al marido,
porque el hombte es cabeza de la mujer, no a modo de esclava, sino de compañera, es
decir, de tal modo que a su obediencia no te
así como Cristo es cabeza de la iglesia31. falte ni honestidad ni dignidad. En el que
Tal sumisión no niega ni quita la preside y en la que obedece, puesto que el uno
representa u Cristo y la otra a la Iglesia. sea
libertad que en pleno derecho compe­ siempre la caridad divina la reguladora de
te a la mujer, así por su dignidad de sus deberes12.
persona humana como por sus nobilí­ Están, pues, comprendidas en el be­
simas funciones de esposa, madre y neficio de la fidelidad: la unidad, la
compañera, ni la obliga a dar satis­ castidad, la caridad y la honesta y
facción a cualesquiera gustos del ma­ noble obediencia, nombres todos que
rido, no muy conformes quizá con la significan otras tantas utilidades de los
razón o la dignidad de esposa, ni, final­ esposos y del matrimonio, con ias cua­
mente, enseña que se haya de equipa­ les se promueven y garantizan la paz,
rar la esposa con aquellas personas que la dignidad y la felicidad matrimonia­
en derecho se llaman menores y a las les, por lo cual no es extraño que esta
que por falta de madurez de juicio o fidelidad haya sido siempre enumera­
por desconocimiento de los asuntos da entre los eximios y peculiares bie­
humanos no se les suele conceder el nes del matrimonio.
ejercicio de sus derechos, sino que, por
lo contrario, prohíbe aquella exagerada
licencia, que no se cuida del bien de c; «sacramentum»
la familia, prohíbe que en este cuerpo
de la familia se separe el corazón de 11. Se completa, sin embargo, el
la cabeza, con grandísimo detrimento cúmulo de tan grandes beneficios y.
del conjunto y con próximo peligro de por decirlo asi, hállase coronado, con
ruina, pues si el varón es la cabeza, la aquel bien del matrimonio que en fra­
mujer es el corazón, y como aquél tie­ se de San Agustín hemos llamado Sa ­
ne el principado del gobierno, ésta cramento, palabra que significa tanto
puede y debe reclamar para si, como la indisolubilidad del vínculo como la
cosa que le pertenece, el principado elevación y consagración que Jesucris­
del amor. to ha hecho del contrato, constituyén­
El grado y modo de tal sumisión de dolo signo eficaz de la gracia.
la mujer al marido puede variar según Y, en primer lugar, el mismo Cristo
las varias condiciones de las personas, insiste en la indisolubilidad del pacto
de los lugares y de los tiempos; más nupcial cuando dice: No separe el hom­
aún, si el marido faltase a sus deberes, bre lo que ha unido Dios 3i. v: Cual­
debe la mujer hacer sus veces en la quiera que repudia a su mujer y se casa
dirección de la familia. Pero tocar o con otra, adultera, y el que se casa con
destruir la misma estructura familiar y la repudiada del marido, adultera
su ley fundamental, establecida y con­ En tal indisolubilidad hace consistir
firmada por Dios, no es lícito en tiem­ San Agustín lo que él llama bien del
po alguno ni en ninguna parte. sacramento con estas claras palabras:
Sobre el orden que debe guardarse entre el
marido y la mujer, sabiamente enseña Nues­
tro predecesor León X III, de s. m., en su r.uc. Arcanum,
,H Wat. 19. 0.
■" Inc. 1<>, 1S.
Como sacramento, pues, se entiende que que sea en realidad un verdadero m atrim onio,
y entonces llevará consigo el perpetuo lazo que
el m atrimonio es indisoluble y que el por ley d ivin a va anejo a todo verdadero matrl*
repudiado o repudiada no se una con m oni o ; o $e supone que se contrae sin dicho
otro, ni aun por ra:ón de la prole 3>. perpetuo lazo, y entonces no hay m atrim onio,
sino unión ileg itim a , contraria, por su objeto,
a la ley d iv in a , que por lo m ism o no se puede
licitam ente contraer n i conservar**.
-Quod Deus coniunxit»
12. Y a u n q u e parezca que esta fir­
Est a inviolable indisolubilidad, aun m eza está su je ta a alg u n a excepción,
cuando no en la misma ni t a n perfecta bien que rarísim a, en ciertos m atrim o­
medida a cada uno, compet e a todo nios n a tu ra le s co n traíd o s en tre infieles
matrimonio verdadero, puesto que h a­ o tam b ién , tra tá n d o se de cristianos, en
biendo dicho el Señor, de la unión de los m atrim o n io s ra to s y no consum a­
nuestros primeros padres, prot ot ipo de dos, ta l excepción no depende de la
todo mat rimonia futuro: No separe el v o lu n tad de los hom bres, ni de ningu­
hombre lo que ha unido D ios, por nece­ na a u to rid a d m eram en te h u m an a, sino
sidad ha de extenderse a todo v e r d a ­ del derecho divino, cuya d ep o sitaría e
dero matrimonio. Aun cuando a ites de in té rp re te es ú n icam en te la Iglesia de
la venida del Mesías se mitigase de tal C risto. N unca, sin em bargo, ni por nin­
manera la sublimidad y serenidad de gu n a causa, puede esta excepción ex­
la ley primitiva, que Moisés llegó a tenderse al m atrim onio cristiano rato y
perm:■;ir a ¡os mismos ci udadanos del consum ado, porque así como en él res­
puebl . de Dios que por dureza de su plandece la m ás a lta perfección del con­
corazón y por det erminadas razones tra to m atrim o n ial, así brilla tam bién,
diesen a sus mujeres libelo de repudio. por v o lu n tad de Dios, la m ayor estabi­
Cristo, sin embargo, revocó, en virtud lidad e indisolubilidad, que ninguna
de su poder de legislador supremo, a u to rid a d h u m an a puede d esatar.
a niel permiso de mayor libertad y res- Si querem os investigar, V enerables
uiblecio integramente la ley primera, H erm anos, la razón ín tim a de esta vo­
con aquellas palabras que nunca se han lu n ta d divina, fácilm ente la en co n tra­
de echar en ',-lvido: No separe el hom- rem os en aquella significación m ística
ln que hu u ni d o D<os. del m atrim onio, que se verifica plena
?->'• ¡o ::ial rmr. ¡_nte escribió Nues­ y p erfectam en te en el m atrim onio con­
tro anteíc^or r;:o VI, f. m . , c o nte stand o
Ooi:-pu d *■* A^ra: li.. fi^'S, cosa clara que sum ado en tre los fieles. Porque, según
/ metrirri'jnio, aun en el estado de naturaleza testim onio del A póstol, en su ca rta a
pura v, sin ningún género de d u d a , ya mucho los de Efeso 3;, el m atrim onio de los
untes de ser elevado a la dignidad de sacra­
mento propiamente dicho, fué instituido por cristianos rep resen ta aquella perfectí-
Dios., de tal manera que He va consigo un lazo sim a unión ex isten te en tre Cristo y la
perpetuo e indisoluble, y es, por lo tanto, im ­ Iglesia: este sacramento es grande, pero
pastóle que lo desate ninguna ley civil.
tin consecuencia, aunque pueda estar sepa­ yo digo, con relación a Cristo y a la
rada del matrimonio la razón de sacramento, Iglesia; unión, por lo ta n to , que nunca
como acontece entre los infieles, sin embargo, podrá d esatarse m ientras viva Cristo
aun en este matrimonio, por lo mismo que es
i•t'rdLíder!y%debe mantenerse y se mantiene abso- y la Iglesia por El.
i -tohirnte firme fiquei tazo, tan intimamente Lo cual en señ a tam b ién e x p resam en te Sati
orado por ¡trascripción divina desde el princi­ A g u stín con las sig u ien tes p alab ras: Esto se
pio al m atrimonio} que eKtá fuera del alcance observa con fid elid a d entre Cristo y la Iglesia,
•!e hjrjf, poder r¡'/il. ,\ ;/. pu es, cualquier rnatri-
’tof,; (; 7-' r i f,r:¡ ?ui'Ui, o se contrae de suelte
¡■ Pius VI Ifescript. ad Flpisc. Agriens.
1 I i 111. 1789.
> f- // ' hit \) 7 12 :|V /•:/)//. r>, :í2.
que por vivir ambos eternamente no hay divor­
procurarse mutuamente bienes más al­
cio que los pueda separar; y esta misteriosa
tos y perpetuos. También se atiende
unión de tal suerte se cumple en la ciudad de
perfectamente a ía protección y edu­
Dios..., es decir en la Iglesia de Cristo..., que
aun cuando, a fin de tener hijos, se casen las
cación de los hijos, que debe durar
mujeres, y los varones tomen esposas, no es
muchos años, porque las graves y con­
lícito repudiar a la esposa estéril para tomar
tinuadas cargas de este oficio más
otra fecunda. Y si alguno asi lo hiciere, será
reo de adulterio, asi como la mujer si se une
fácilmente las pueden sobrellevar los
a otro: y esto por la ley del Evangelio, no por
padres aunando sus fuerzas.
la ley de este siglo, la cual concede, una vez
Ni son menores los beneficios que
otorgado el repudio, el celebrar nuevas nupcias
c:m otro cónyuge, como también atestigua elde la estabilidad del matrimonio se de­
Señor que concedió Moisés a los israelitas a
cansa de la dureza de su corazón a\ rivan aun para toda la sociedad en
conjunto. Pues bien consta por la ex­
13. Cuántos y cuán grandes bene­ periencia cómo la inquebrantable fir­
ficios se derivan de la indisolubilidad meza del matrimonio es ubérrima fuen­
del matrimonio no podrá menos de ver te de honradez en la vida de todos y
el que reflexione, aunque sea ligera­ de integridad en las costumbres; cómo,
mente, ya sobre el bien de los cónyu­ observada con serenidad tai indisolu­
ges y de la prole, ya sobre la utilidad bilidad, se asegura a* propio tiempo la
de toda la sociedad humana. Y, en felicidad y el bienestar de la rcpúhüca,
primer lugar, los cónyuges en esta ya que tal será ia sociedad cuales son
misma inviolable indisolubilidad Jiallan las familias y los individuos de que
el sello cierto de perennidad que recla­ consta, como el cuerpo se compone de
man de consuno, por su misma na­ sus miembros. Por lo cual todos aque­
turaleza, la generosa entrega de su llos que denodadamente defienden la
propia persona y la intima comunica­ inviolable estabilidad del matrimonio
ción de sus corazones, siendo así que prestan un gran servicio así al bienes­
la verdadera caridad nunca llega a fal­ tar privado de los esposos y al de los
tar 3’. Constituye ella, además, un fuer­ hijos como al bien público de la socie­
te baluarte para defender la castidad dad humana.
fiel contra los incentivos de la infide­
lidad que pueden provenir de causas 14. Pero en este bien del sacramen­
externas o internas; se cierra la entra­ to, además de la indisoluble firmeza,
da al temor celoso de si el otro cón­ están contenidas otras utilidades mu­
yuge permanecerá ó no fiel en el tiempo cho más excelsas, y aptísimamente de­
de la adversidad o de la vejez, gozando, signadas por la misma palabra Sacra­
en lugar de este temor, de seguridad mento; pues tal nombre no es para los
tranquila; se provee asimismo muy cristianos vano ni vacío, ya que Cristo
convenientemente a la conservación de Nuestro Señor, fundador y perfecciona-
1 1 dignidad de ambos cónyuges y al dor de los venerables sacramentos *°, ele­
otorgamiento de su mutua ayuda, por­ vando el matrimonio de sus fieles a
que el vínculo indisoluble y para siem­ verdadero y propio sacramento de la
pre duradero constantemente les está Nueva Ley, lo hizo signo y fuente de
recordando haber contraído un matri­ una peculiar gracia interior, por la cual
monio tan sólo disoluble por la muerte, aquel su natural amor se perfeccionase,
y no en razón de las cosas caducas, ni se confirmara su indisoluble unidad, y
para entregarse al deleite, sino para los cónyuges fueran santificados4\

4,1 C«*nc. Trul. sess. 24.


“ Ibid.
Y porque Cristo, al consentim iento g en tem en te, podrán llevar la carga y
m atrim onial valido en tre fieles lo cons­ llenar las obligaciones de su estado, y
titu y ó en signo de la gracia, tan in ti­ serán fortalecidos, santificados y como
m am ente están unidos la razón de sa­ consagrados por ta n excelso sacram en­
cram ento y el m atrim onio cristiano, to, pues, según enseña San Agustín,
que no puede existir en tre b autizados asi como por el B autism o y el Orden
verdadero m atrim onio sin que por lo el hom bre qu ed a destinado y recibe
mismo sea ya sacramento auxilios, ta n to p ara vivir cristiana­
Desde el m om ento en que p restan m ente como p ara ejercer el ministerio
los fieles sinceram ente ta l consenti­ sacerdotal, respectivam ente, sin que
m iento, abren p ara sí m ism os el tesoro jam ás se vea d estituido del auxilio de
de la gracia sacram en tal, de donde han dichos sacram entos, así y casi del mis­
de sacar las energías so b ren atu rales mo m odo (aunque sin carácter sacra­
que les llevan a cum plir sus deberes y m ental) los fieles, u n a vez que se han
obligaciones, fiel, s a n ta y perseveran- unido por el vínculo m atrim onial, ja­
tem ente h asta la m uerte. m ás p o d rá n ser privados del auxilio y
Porque este sacram ento, en aq u e­ del lazo de este sacram ento. Más aún,
llos que no ponen lo que se suele lla­ como añ ad e el m ismo Santo Doctor,
m ar óbice, no sólo au m en ta la gracia llevan consigo este vínculo sagrado aun
santificante, principio perm anente de los que han com etido adulterio, aun­
ia vida so b ren atu ral, sino que añade que no y a p a ra honor de la gracia, sino
peculiares dones, disposiciones y gér­ p a ra castigo del crim en, como el alma
menes de gracia, elevando y perfeccio­ del apóstata que, aun separándose de la
nando las fuerzas de la natu raleza, de unión de Cristo, y aun perdida la fe,
suerte tai que los cónyuges puedan no no pierde el sacramento de la fe que
solam ente bien entender, sino in tim a­ recibió con el agua bau tism a l43.
m ente saborear, reten er con firm eza,
querer con eficacia y llevar a la p rá c­
tica todo cuanto pertenece al m a tri­ imagen de una unión divina
monia y a sus fine?, y deberes; y para
elio le? concede, adem ás, el derecho al 15. Los m ismos cónyuges, no ya en­
auxilio actual de 13 gracia, siem pre que cadenados, sino adornados; no ya im­
la necesiten, para cum pli" con las obli­ pedidos, sino confortados con el lazo
gaciones de su estado. de oro del sacram ento, deben procurar
Mas en el orden so b ren atu ral, es ley resueltam ente que su unión conyugal,
de la divina Providencia el que los no sólo por la fuerza y la significación
hom bres no logren todo el fru to de los del sacram ento, sino tam bién por su
sacram entos que reciben después del espíritu y por su conducta de vida, sea
uso de la razón si no cooperan a la siem pre im agen, y perm anezca ésta
gracia; por ello, la gracia propia del viva, de aquella fecundísim a unión de
m atrim onio queda en gran p arte como Cristo con su Iglesia, que es, en ver­
talento inútil, escondido en el cam po, dad, el m isterio venerable de la per­
si los cónyuges no ejercitan sus fu er­ fecta caridad.
zas so b renaturales y cultivan y hacen Todo lo cual, Venerables Hermanos,
desarrollar la semilla de la gracia que si ponderam os a te n ta m e n te y con viva
han recibido. En cam bio, si haciendo fe, si ilustram os con la debida luz es­
lo que está de su p arte cooperan dili­ tos exim ios bienes del m atrim onio—la
prule, la fe y el sacramento—, no po­ mente la verdad, y, con ello, de haber­
dremos menos de admirar la sabidu­ se emancipado—dicen—de todos los
ría, la santidad y la benignidad divi­ viejos prejuicios, entre los cuales po­
na, pues tan copiosamente proveyó no nen y pregonan la doctrina tradicio­
sólo a la dignidad y felicidad de los nal cristiana del matrimonio.
cónyuges, sino también a la conserva­ Estas doctrinas las inculcan a toda clase
ción y propagación del género huma­ de hombres, ricos y pobres, obreros y patro­
nos, doctos e ignorantes, solteros y casados,
no, susceptible tan sólo de procurarse fieles e impíos, adultos y jóvenes, siendo a
con la casta y sagrada unión del víncu­ éstos principalmente, como más fáciles de se­
lo nupcial. ducir, a quienes ponen peores asechanzas.

obligación sacrosanta
II. INSIDIAS, FRAUDES,
PELIGROS 17. Desde luego que no todos los
partidarios de tan nuevas doctrinas lie •
16. Al ponderar la excelencia del gan hasta las últimas consecuencias de
casto matrimonio, Venerables Herma­ liviandad tan desenfrenada; hay quie­
nos, se Nos ofrece mayor motivo de nes, empeñados en seguir un término
dolor por ver esta divina institución medio, opinan que al menos en algu­
tan tas veces despreciada y tan fácil­ nos preceptos de la ley natural y rfi
mente vilipendiada, sobre todo en vina se ha de ceder aigo en nuestros
nuestros días. días. Pero éstos no son tampoco sino
No es ya de un modo solapado ni emisarios más o menos conscientes de
en la oscuridad, sino que también en aquel insidioso enemigo que siempre
público, depuesto todo sentimiento de trata de sembrar la cizaña en medio
pudor, lo mismo de viva voz que por del trigo41. Nos, pues, a quien el Pa­
escrito, ya en la escena con represen­ dre de familia puso por custodio de su
taciones de todo género, ya por medio campo, a quien obliga el oficio sacro­
de novelas, de cuentos amatorios y co­ santo de procurar que la buena semi­
medias, del cinematógrafo, de discur­ lla no sea sofocada por hierbas vene­
sos radiados, en fin, por todos los in­ nosas, juzgamos como dirigidas a Nos
ventos de la ciencia moderna, se con­ por el Espiritu Santo aquellas pala­
culca y se pone en ridículo la santidad bras gravísimas con las cuales el após­
del matrimonio, mientras los divor­ tol San Pablo exhortaba a su amado
cios, los adulterios y los vicios más tor­ Timoteo: Tii, en cambio, vigila, cum­
pes son ensalzados o al menos presen­ ple tu ministerio..., predica la palabra,
tados bajo tales colores que parece se insiste oportuna e importunamente, ar­
les quiere presentar como llares de guye, suplica, increpa con (oda pacien­
toda culpa y de toda infamia. Ni fal­ cia y doctrina**.
Y
tan libros, los cuales no se avergüen­ enemigo, porque, para evitar los engaños del
es menester antes descubrirlos, y
zan de llamarse científicos, pero que ayuda mucho mostrar a los incautos sus ar­
en realidad muchas veces no tienen gucias. aun cuando más quisiéramos no men­
cionar tales iniquidades, como conviene a los
sino cierto barniz de ciencia, con el Santos**, sin embargo, por el bien y salva­
cual hallan camino para insinuar más ción de tas almas no podemos pasarlas en
fácilmente sus errores en mentes y co­ silencio.
razones. Las doctrinas que en ellos se
defienden, se ponderan como porten­
tos del ingenio moderno, de un inge­
nio que se gloría de buscar exclusiva­
negación blasfema trio de los hom bres y las vicisitudes
de las cosas hum anas; que la facultad
18. P ara com enzar, pues, por el g en erativ a, al fu n d arse en la misma
origen de tan to s m ales, su principal n atu ra leza , es m ás sagrada y se ex­
raíz esta en que, según vociferan sus tiende m ás que el m atrim onio, y que,
detracto res, el m atrim onio no ha sido por consiguiente, puede ejercitarse,
institu id o por el A utor de la n a tu ra le ­ ta n to fuera como den tro del santuario
za, ni elevado por Cristo Señor nu es­ del m atrim onio, aun sin ten er en cuen­
tro a ia dignidad de sacram ento v e r­ ta los fines del m ism o, como si el ver­
dadero, sino que es invención de los gonzoso lib ertin aje de la m ujer forni­
hom bres. O tros aseguran que n ad a caria gozase casi los mismos derechos
descubren en la n atu ra leza y en sus que la c a sta m atern id ad de la esposa
leyes, sino que sólo en cu en tran la fa ­ legítim a.
cultad de engendrar la v ida y un im ­ F undándose en tales principios, al­
pulso vehem ente de saciarla de cual­ gunos han llegado a in v en tar nuevos
quier m anera; otros, por lo contrario, m odos de unión, acom odados— así di­
reconocen que se en cu en tran en la n a ­ cen ellos— a las actuales circunstancias
turaleza del hom bre ciertos com ienzos de los tiem pos y de los hom bres, y que
y como gérm enes de v erd ad era unión consideran como o tras ta n ta s especies
m atrim onial, en cu an to que, de no de m atrim onio: el m atrim onio por cier­
unirse ios hom bres con cierto vínculo to tiempo, el m atrim onio de prueba, el
estable, no se h ab ría provisto suficien­ m atrim onio amistoso, que se atribuye
tem ente a la dignidad de los cónyu­ la p lena lib ertad y todos los derechos
ges ni al fin n atu ra l de la propagación que corresponden al m atrim onio, pero
y educación de la prole. A ñaden, sin suprim iendo el vínculo indisoluble y
em bargo, que el m atrim onio m ismo, excluyendo la prole, a no ser que las
puesto que sobrepasa estos gérm enes, p arte s acuerden m ás ta rd e el trans­
es, por el concurso de varias causas, fo rm ar la unión y costum bre de vida
pura invención de la m ente hum ana, en m atrim onio juríd icam en te perfecto.
pura in stitu c;/'n de ia voluntad de los Más aún: hay quienes insisten y abo­
hom bres. gan por que sem ejantes m onstruosida­
des sean cohonestadas incluso por las
19. Cuán gravem ente yerran todos leyes o al m enos hallen descargo en
ellos, y cuán to rp em en te se a p a rta n de los públicos usos e instituciones de los
los principios de la honestidad, se co­ pueblos, y ni siquiera paran mientes
lige de lo que llevam os expuesto en en que tales cosas n ad a tienen, en ver­
esta Encíclica acerca del origen y n a ­ dad, de aquella m oderna cultura de la
turaleza del m atrim onio y de los fines cual ta n to se ja c ta n , sino que son ne­
y bienes inherentes al mismo. Que es­ fandas co rruptelas que harían volver,
tas ficciones sean perniciosísim as, cla­ sin d u d a, aun a los pueblos civilizados,
ram ente aparece tam bién por las con­ a los b árbaros usos de ciertos salvajes.
clusiones que de ellas deducen sus m is­
mos defensores, a saber: que las leyes,
instituciones y costum bres por las que insidias contra la fecundidad
se rige el m atrim onio, debiendo su ori­
gen a la sola v o luntad de los hom bres, 20. Viniendo ahora a tra ta r, Vene­
tan sólo a ella están som etidas, y, por rables H erm anos, de cada uno de los
consiguiente, pueden ser establecidas, aspectos que se oponen a los bienes
cam biadas v abrogadas según el arb i­ del m atrim onio, hemos de hablar, en
primer lugar, de la prole, la cual mu­ blicainente proclamar otra doctrina, la
chos se atreven a llamar pesada carga Iglesia católica, a quien el mismo Dios
del matrimonio, por lo que los cónyu­ ha confiado la enseñanza y defensa de
ges han de evitarla con toda diligen­ la integridad y honestidad de costum­
cia, y ello, no ciertamente por medio bres, colocada, en medio de esta ruina
de una honesta continencia (permitida moral, para conservar inmune de tan
tam bién en el matrimonio, supuesto ignominiosa mancha la castidad de la
el consentimiento de ambos esposos), unión nupcial, en señal de su divina
sino viciando el acto conyugal. Crimi­ legación, eleva solemne su voz por
nal licencia ésta, que algunos se arro­ Nuestros labios y una vez más promul­
gan tan sólo porque, aborreciendo la ga que cualquier uso del matrimonio,
prole, no pretenden sino satisfacer su en el que maliciosamente quede el acto
voluptuosidad, pero sin ninguna carga; destituido de su propia y natural vir­
otros, en cambio, alegan como excusa tud procreativa, va contra la ley de
propia el que no pueden, en modo algu­ Dios y contra la ley natural, y los que
no, adm itir más hijos a causa de sus tal cometen, se hacen culpables de un
propias necesidades, de las de la madre grave delito.
o de las económicas de la familia. Por consiguiente, según pide Nues­
Ningún motivo, sin embargo, aun tra suprema autoridad y el cuidado de
cuando sea gravísimo, puede hacer que la salvación de todas las almas, encar­
lo que va intrínsecamente contra la gamos a los confesores y a todos los
naturaleza sea honesto y conforme a que «tienen cura de las mismas que no
ia misma naturaleza; y estando desti­ consientan en los fieles encomendados
nado el acto conyugal, por su misma a su cuidado error alguno acerca de
naturaleza, a la generación de los hijos, esta gravísima ley de Dios, y mucho
los que en el ejercicio del mismo lo más que se conserven—ellos mismos—
destituyen adrede de su naturaleza y inmunes de estas falsas opiniones y
virtud, obran contra la naturaleza y que no contemporicen en modo alguno
cometen una acción torpe e intrínse­ con ellas. Y si algún confesor o pastor
camente deshonesta. de almas, le que Dios no permita, in­
Por lo cual no es de admirar que las mis­ dujera a los fieles, que le han sido con­
mas Sagradas Letras atestigüen con cuánto fiados, a estos errores, o al menos les
aborrecim iento la Divina Majestad ha per­
seguido este nefasto delito, castigándolo a confirmara en los mismos con su apro­
veces con ia pena de muerte, como recuerda bación o doloso silencio, tenga presen­
San Agustín: Porque ilicita e impúdicamente te que ha de dar estrecha cuenta al
yace, aun con su legitima mujer, el que evita
la concepción de la prole. Que es lo que hizo Juez supremo por haber faltado a su deber,
Onán, hijo de Judas, por lo cual Dios le quitó y apliqúese aquellas palabras de Cristo:
la v id a " . Ellos son ciegos que guian a otros ciegos, y
si un ciego guia a otro ciego, ambos caen en
la hoya4*.
solemne condenación
22. Por lo que se refiere a las cau­
2 1. Habiéndose, pues, algunos ma­ sas que les mueven a defender el tnal
nifiestamente separado de la doctrina uso del matrimonio, frecuentemente
cristiana, enseñada desde el principio suelen aducirse algunas fingidas o exa­
y transm itida en todo tiempo sin inte­ geradas, por no hablar de las que son
rrupción, y habiendo pretendido pú- vergonzosas. Sin embargo, la Iglesia,
Madre piadosa, entiende muy bien y
S. Aug. De con iiitj. adult. 2, 12; cf. Gen.
38, 8-10; S. Poenitcnt. 3 april., 3.
¡un. 101 (>.
se da cu e n ta perfecta de cu an to suele Pero se ha de ev ita r en absoluto que
aducirse sobre la salud y peligro de la las deplorables condiciones de orden
vida de la m adre. ¿Y quién p o n d erará económ ico den ocasión a un error mu­
estas cosas sin com padecerse? ¿Q uién cho m ás funesto to d av ía. Ninguna di­
no se ad m irará e x tra o rd in aria m e n te al ficu ltad puede presentarse que valga
contem plar a u n a m adre entregándose p ara derogar la obligación impuesta
a una m uerte casi segura, con fo rta le ­ por los m andam ientos de Dios, los cua­
za heroica, p ara conservar la v id a del les prohíben todas las acciones que son
fruto de sus en trañ as? S olam ente uno, m alas por su ín tim a naturaleza; cua­
Dios, inm ensam ente rico y m isericor­ lesquiera que sean las circunstancias,
dioso, p agará sus sufrim ientos, sopor­ pueden siem pre los esposos, robusteci­
tados p ara cum plir, como es debido, el dos por la gracia divina, desempeñar
oíicio de la n atu raleza y le dará, cier­ sus deberes con fidelidad y conservar
tam ente, m edida no sólo colm ada, sino la castid ad lim pia de m ancha ta n ver­
superabundante 49. gonzosa, pues está firm e la verdad de
Sabe m uy bien la s a n ta Iglesia que la d o ctrin a cristiana, expresada por el
no raras veces uno de los cónyuges, m ás m agisterio del Concilio Tridentino:
que com eter el pecado, lo soporta, al N adie debe emplear aquella frase temeraria y
por los Padres anatem atizada de que los pre­
perm itir, por una causa m uy grave, el ceptos de D ios son im posibles de cum plir al
trasto rn o del recto orden que aquél hombre redim ido. Dios no m anda imposibles,
rechaza, y que carece, por lo tan to , de sino que con sus preceptos te amonesta a que
hagas cuanto puedas y pidas lo que no puedas,
culpa, siem pre que tenga en cuenta la y E l te dará su ayuda para que puedas™. La
ley de la. caridad y no se descuide en misma doctrina ha sido solem nem ente reite­
disuadir y a p a rta r del pecado al otro rada y confirmada por la Iglesia al condenar
la herejía jansenista, que contra la bondad
cónyuge. Ni se puede decir que obren de Dios osó blasfem ar de esta manera: Hay
contra el orden de la n atu raleza los algunos preceptos de D ios que los hombres
esposos que hacen uso de su derecho justos, aun queriendo y poniendo empeño, no
los pueden cu m p lir, atendidas las fuerzas de
siguiendo la recta razón n atu ra l, au n ­ que actualm ente d isp o n e n : fáltales asimismo la
que por ciertas causas naturales, ya gracia con cuyo m edio lo puedan hacer6#.
de tiem po, ya de otros defectos, no se
siga de ello el nacim iento de un nuevo
viviente. H ay, pues, ta n to en el m is­ «indicaciones terapéuticas*
ino m atrim onio como en e* uso del de­
recho m atrim onial, fine? secundarios 23. T odavía hay que recordar, Ve­
—verbigracia, el auxili-* m utuo, el fo­ nerables H erm anos, otro crimen gra­
m ento del am or recíproco y la seda­ vísim o con el que se a te n ta contra la
ción de la concupiscencia— , cuya con­ vida de la prole cuando aun está en­
secución en m anera alguna está v ed a­ cerrada en el seno m aterno. Unos con­
da a los esposos, siem pre que quede a sideran esto como cosa lícita que se
salvo la natu raleza intrínseca del acto d eja al libre arb itrio del padre o de la
y. por ende, su subordinación al fin m adre; otros, por lo contrario, lo ta­
prim ario. chan de ilícito, a no ser que interven­
Tam bién nos llenan de am arga pena gan causas gravísim as que distinguen
los gem idos de aquellos esposos que, con el nom bre de indicación médica,
oprim idos por dura pobreza, encuen­ social, etigenésica. Todos ellos, por lo
tran gravísim a dificultad para procu­
rar el alim ento de sus hijos. f'° Conc. Trid. sess. 0, cap. II.
“ Const. ap. Cum occasione 31 malí 1653,
prop. I .
que se refiere a las leyes penales de la vida, tanto de la madre cuino de la
república con las que se prohíbe oca­ prole; mientras que, por lo contrario,
sionar la tnuerte de la prole ya conce­ se mostrarían indignos del ilustre nom­
bida y aún no dada a luz, piden que bre y del honor de médicos quienes
las leyes públicas reconozcan y decla­ procurasen la muerte de una o de la
ren libre de toda pena la indicación otra, so pretexto de medicinar o mo­
que cada uno defiende a su modo, no vidos por una falsa misericordia.
faltando todavía quienes pretenden Lo cual verdaderamente está en ar­
que los magistrados públicos ofrezcan monía con las palabras severas del
su concurso para tales operaciones des­ Obispo de Hipona, cuando reprende a
tructoras; lo cual, triste es confesarlo, los cónyuges depravados que intentan
se verifica en algunas partes, como to­ frustrar la descendencia y, al no obte­
dos saben, frecuentísimamente. nerlo, no temen destruirla perversa­
Por lo que atañe a la indicación médi­ mente: Alguna vez—dice—liega a tal
ca y terapéutica, para emplear sus pala­ punto la crueldad lasciva o ia lascivia
bras, ya hemos dicho, Venerables Her­ cruel, que procura también venenos de
manos, cuánto Nos mueve a compasión esterilidad, y si aún no logra su inten­
el estado de la madre a quien amena­ to, mata y destruye en las entraña? el
za, por razón del oficio natural, el pe­ jeto concebido, queriendo que perezca ta
ligro de perder la salud y aun la vida; prole antes que viva; o, si en el vien­
pero ¿qué causa podrá excusar jamás tre ya vivia, mátala antes que nazca.
de alguna manera la muerte directa­ En modo alguno son cónyuges si ambos
mente procurada del inocente? Porque, proceden asi, y si fueron asi desde el
en realidad, no de otra cosa se trata. principio no se unieron por el lazo con­
Ya se cause tal muerte a la madre, yugal, sino por estupro; y si los dos no
ya a la prole, siempre será contra el son así, me atrevo a decir: o ella es en
precepto de Dios y la voz de la natu­ cierto modo meretriz del marido, o él
raleza, que clama: No matarás62. Es, adúltero de la mujer ” ,
en efecto, igualmente sagrada la vida Lo que se suele aducir en favor de
de ambos y nunca tendrá poder ni si­ la indicación social y eugenésica se debe
quiera la autoridad pública, para des­ y se puede tener en cuenta siendo los
truirla. Tal poder contra la vida de los medios lícitos y honestos, y dentro de
inocentes neciamente se quiere dedu­ los límites debidos; pero es indecoroso
cir del derecho de vida o muerte, que querer proveer a la necesidad, en que
solamente puede ejercerse contra los ello se apoya, dando muerte a los ino­
delincuentes; ni puede aqui invocarse centes, y es contrario al precepto di­
el derecho de la defensa cruenta con­ vino, promulgado también por el Após­
tra el injusto agresor (¿quién, en efec­ tol: No hemos de hacer males para que
to, llamará injusto agresor a un niño vengan bienes5*.
inocente?); ni existe el caso del llama­ Finalmente, no es licito que los que
do derecho de extrema necesidad, por el gobiernan los pueblos y promulgan las
cual se puede llegar hasta procurar leyes echen en olvido que es obligación
directam ente la muerte del inocente. de la autoridad pública defender la
Son, pues, muy de alabar aquellos vida de los inocentes con leyes y pe­
honrados y expertos médicos que tra­ nas adecuadas; y esto, tanto más cuan­
bajan por defender y conservar la to menos pueden defenderse aquellos

“ I ' X. 20, 13; cf. Decr. S. Off., 4 maü S. Aug. De niip!. el concup. cap. 15.
1898, 24 ittl. 1895, 31 maii 1884. 41 Cf. Rom. 3. K.
cuya vida se ve atac ad a y está en p e­ C uantos obran de esle modo, per­
v ersam en te se olvidan de que es más
ligro, entre los cuales, sin d u d a a lg u ­
na, tienen el prim er lugar los niños s a n ta la fam ilia que el E stado, y de
to d av ía encerrados en el seno m a te r­ que los hom bres se engendran princi­
no. Y si los g obernantes no sólo no p alm en te no p ara la tierra y el tiempo,
defienden a esos niños, sino que con sino p a ra el cielo y la eternidad. Y de
sus leyes y ordenanzas les ab an d o n an ,n inguna m anera se puede perm itir que
o prefieren entregarlos en m anos de a hom bres de suyo capaces de m atri­
médicos o de o tras personas p ara que m onio se les considere gravem ente cul­
los m aten, recuerden que Dios es juez pables si lo contraen, porque se con­
y vengador de la sangre inocente, que je tu ra que, aun em pleando el mayor
desde la tierra clam a al cielo 5\ cuidado y diligencia, no han de en­
g en d rar m ás que hijos defectuosos;
24. Por ultim o, ha de reprobarse au nque de ordinario se debe aconse­
una práctica perniciosa que, si direc­ jarles que no lo contraigan.
tam ente se relaciona con el derecho A dem ás de que los gobernantes no
natu ral del hom bre a co n traer m a tri­ tienen p o testad alguna directa en los
monio, tam bién se refiere, por cierta m iem bros de sus súbditos; así, pues,
razón v erdadera, al m ismo bien de la jam ás pueden d añ a r ni aun tocar di­
prole. H ay algunos, en efecto, que, de­ rectam en te la integridad corporal don­
m asiado solícitos de los fines eugenési- de no m edie culpa alguna o causa de
cos, no se co n ten tan con d ar ciertos pena cru en ta, y esto ni por causas
consejos saludables p ara m irar con m ás eugenésicas ni por o tras causas cuales­
seguridad por la salud y vigor de la quiera. Lo mismo enseña Santo To­
prole— lo cual, desde luego, no es con­ m ás de A quino cuando, al inquirir si
trario a la recta razón— , sino que los jueces hum anos, p ara precaver
anteponen el fin eugenésico a todo otro m ales fu tu ro s, pueden castigar con
fin, aun de orden más elevado, y q u i­ penas a los hom bres, lo concede en
sieran que se prohibiese por la pública orden a ciertos males; pero, con jus­
autoridad co n traer m atrim onio a to ­ ticia y razón lo niega de la lesión
dos loe que. según las norm as y con­ corporal: Ja m á s— dice— , según el jui­
jeturas (*'; su ciencia jozgan que h a­ cio humano, se debe castigar a nadie
bían de engendrar hijos A fectuosos sin culpa con la pena de azote, para
por ra7.ón de la transm isión h ered ita­ privarle de la vida, mutilarle o mal­
ria, aun cuando sean de suyo aptos tratarle 58.
para cor.vraer m atrim onio. Más aún; P or lo dem ás, establece la doctrina
quieren privarlos por la ¡ey, h asta cristiana, y consta con toda certeza
contra su voluntad, de esa facultad por la luz n atu ra l de la razón, que los
natural que poseen, m ediante in te r­ mismos hom bres, privados, no tienen
vención médica, y esto no p ara soli­ otro dom inio en los m iem bros de su
citar de la pública au to ridad una pena cuerpo sino el que pertenece a sus fines
cruenta por delito com etido o para p re­ naturales, y no pueden, consiguiente­
caver futuros crím enes de reos, sino m ente, destruirlos, m utilarlos o, por
contra todo derecho y licitud, a trib u ­ cualquier otro medio, inutilizarlos para
yendo a los gobernantes civiles una dichas natu rales funciones, a no ser
facultad que nunca tuvieron ni pueden cuando no se pueda proveer de otra
legítim am ente tener. m anera al bien de todo el cuerpo.
contra la fidelidad El sentimiento nobie de los esposos
castos, aun siguiendo sólo la luz de la
25. Viniendo ya a la segunda raíz razón, resueltamente rechaza y despre­
de errores, la cual atañe a la fidelidad cia como vanas y torpes semejantes
conyugal, siempre que se peca contra ficciones; y este grito de ia naturaleza
la prole se peca también, en cierto lo aprueba y confirma lo mismo el di­
modo y como consecuencia, contra la vino mandamiento: No fornicarás4 ,
fidelidad conyugal, puesto que están que aquello de Cristo: Cualquiera que
enlazados entrambos bienes del matri­ mirare a una mujer con mal deseo hacia
monio. Pero, además, hay que enume­ ella, ya adulteró en su corazón **, no bas­
rar en particular tantas fuentes de tando jamás ninguna costumbre, nin­
errores y corruptelas que atacan la gún ejemplo depravado, ningún pre­
fidelidad conyugal cuantas son las texto de progreso humano, para debi­
virtudes domésticas que abraza esta litar la fuerza de este precepto divino.
misma fidelidad, a saber: la casta leal­ Porque asi como es uno y el mismo
tad de ambos cónyuges, la honesta Jesucristo ayer y hoy, y el mismo por
obediencia de la mujer al marido y, los siglos de los siglos M así ia doctrina
finalmente, el firme y sincero amor de Cristo permanece siempre absoluta­
mutuo. mente la misma y de ella no caerá ni
un ápice siquiera hasta que todo sea
perfectamente cumplido ‘°.
perversas licencias

26. Falsean, por consiguiente, el emancipación de la m ujer


concepto de fidelidad los que opinan
que hay que contemporizar con las 27. Todos los que empañan el bri­
ideas y costumbres de nuestros días llo de la fidelidad y castidad conyu­
en torno a cierta fingida y perniciosa gal, como maestros que son del error,
amistad de los cónyuges con alguna echan por tierra también fácilmente
tercera persona, defendiendo que a los la fiel y honesta sumisión de la mujer
cónyuges se les ha de consentir una al marido; y muchos de ellos se atre­
mayor libertad de sentimientos y de ven todavía a decir, con mayor auda­
trato en dichas relaciones externas, y cia, que es una indignidad la servi­
esto tanto más cuanto que (según ellos dumbre de un cónyuge para con el
afirman) en no pocos es congénita una otro; que, al ser iguales los derechos
índole sexual, que no puede saciarse de ambos cónyuges, defienden presun-
dentro de los estrechos límites del ma­ tuosísimamente que por violarse estos
trimonio monogámico. Por ello tachan derechos, a causa de la sujeción de un
de estrechez ya anticuada de entendi­ cónyuge al otro, se ha conseguido o
miento y de corazón, o reputan como se debe llegar a conseguir una cierta
viles y despreciables celos, aquel rígi­ emancipación de la mujer. Distinguen
do estado habitual de ánimo de los tres clases de emancipación, según
cónyuges honrados que reprueba y tenga por objeto el gobierno de la so­
rehuye todo afecto y todo acto libidi­ ciedad doméstica, la administración del
noso con un tercero; y por lo misino,
sostienen que son nulas o que deben Ex. 20, 14.
anularse todas las leyes penales de la « Mat. 5. 28.
república encaminadas a conservar la ” Hebr. 13, 8.
fidelidad conyugal. •• Cí. Mat. f>, 18.
patrim onio fam iliar o la vida de la pro­ cu an to ata ñ e a la persona y dignidad
le que hay que e v itar o extinguir, lla­ hum anas y en las cosas que se derivan
m ándolas con el nom bre de em an cip a­ del pacto nupcial y van anejas al ma­
ción social, económica y fisiológica: fi­ trim onio; porque en este campo am­
siológica, porque quieren que las m u­ bos cónyuges gozan de los mismos de­
jeres, a su arb itrio, estén libres o que rechos y están sujetos a las mismas
se las libre de las cargas conyugales obligaciones; en lo dem ás ha de reinar
o m aternales propias de una esposa cierta desigualdad y m oderación, como
(em ancipación ésta que ya dijim os su­ exigen el bienestar de la fam ilia y la
ficientem ente no ser tal, sino un cri­ debida unidad y firm eza del orden y
men horrendo); económ ica, porque pre­ de la sociedad dom éstica.
tenden que la m ujer pueda, aun sin Y si en alguna p arte, por razón de
saberlo el m arido o no queriéndolo, en­ los cam bios experim entados en los usos
cargarse de sus asuntos, dirigirlos y y costum bres de la hum ana sociedad,
adm inistrarlos haciendo caso omiso del deben m udarse algún ta n to las condi­
marido, de los hijos y de toda la f a ­ ciones sociales y económicas de la mu­
milia; social, finalm ente, en cuanto je r casada, toca a la auto rid ad públi­
ap artan a la m ujer de los cuidados que ca el acom odar los derechos civiles de
en el hogar requieren su fam ilia o sus la m u jer a las necesidades y exigencias
hijos, para que pueda entregarse a sus de estos tiem pos, teniendo siempre en
aficiones, sin preocuparse de aquéllos cu e n ta lo que reclam an la natural y
v dedicarse a ocupaciones y negocios, diversa índole del sexo femenino, la
aun a los públicos. pureza de las costum bres y el bien co­
Pero ni siquiera ésta es la v erdade­ m ún de la fam ilia; y esto contando
ra em ancipación de la m ujer, ni tal es siem pre con que quede a salvo el or­
tam poco la lib ertad dignísim a y tan den esencial de la sociedad doméstica,
conforme con la razón que com pete al ta l como fué instituido por una sa-
cristiano y noDle oficio de m ujer y es­ bid u ría y au to rid a d m ás excelsa que
posa; antes bien, es corrupción del ca­ la hu m an a, esto es, por la divina, y
rácter propio de la m ojer y de su dig­ que por lo ta n to no puede ser cambia­
nidad de m aare; es trasto rn o de to d a do ni por públicas leyes ni por crite­
la sociedad fam iliar, con lo coa! al m a­ rios particulares.
rido se le priva de ia esposa, a los hijos
de la m adre y a todo el hogar dom és­
tico del custodio que lo vigila siem pre. sobre la arenü...
Más todavía: tal lib ertad falsa e igual­
dad a n tin a tu ra l con el m arido tórnase 28. A vanzan aun m ás los modernos
en daño de la m ujer m ism a, pues si enem igos del m atrim onio, sustituyen­
ésta desciende de la sede v erd ad era­ do el genuino y co n stan te am or, base
m ente regia a que el Evangelio la ha de la felicidad conyugal y de la dulce
levantado dentro de los m uros del in tim id ad , por cierta conveniencia cie­
hogar, m uy p ronto caerá—si no en la ga de caracteres y conform idad de ge­
apariencia, sí en la realid ad —en la nios, a la cual llam an sim patía, la cual,
an tig u a esclavitud, y volverá a ser, al cesar, deb ilita y h asta del todo des­
como en el paganism o, mero in s tru ­ tru y e el único vínculo que unía las al­
m ento de placer o capricho del hom bre. m as. ¿Q ué es esto sino edificar una
F inalm ente, la igualdad de derechos, casa sobre la arena? Y ya de ella dijo
que tan to se pregona y exagera, debe, n u e stro Señor Je su c risto que el prim er soplfl
<le In adversidad la liarla cu a rtea rse y caer:
sin duda alguna, adm itirse <n todo Y expiaron i'iprtfn* y ttirm n ron ímpetu vonlfO
f Un y se d e s p lo m o y Jue g r a n d e su m m u ñi. leyes civiles que favorecen la disolu­
Mientra* que, por lo contrario, el edificio
levantado sobre ia roca, es decir, sobre el ción del mismo vínculo matrimonial.
m utuo amor de los esposos, > consolidado
por la unión deliberada y constante de las
almas, ni se cuarteará nunca ni será derri­
bado por alguna adversidad. el acto «civil»
30. Acerca del carácter religioso de
contra el Sacramento todo matrimonio, y mucho más del
matrimonio cristiano, pocas palabras
29. Hemos defendido hasta aquí, Vene­ hemos aquí de añadir, puesto que Nos
rables Hermanos, los dos primeros y por remitimos a la Encíclica de León X III
cierto muy excelentes beneficios del matri­ que ya hemos citado repetidas veces
monio cristiano, tan combatidos por los des­
tructores de la sociedad actual. Mas porque y expresamente hecho Nuestra, en la
excede con mucho a estos dos el tercero, o cual se trata prolijamente y se defien­
sea el del sacramento, nada tiene de extra­ de con graves razones cuanto hay que
ño que veamos a los enemigos del mismo
im pugnar ante todo y con mayor saña su advertir sobre esta materia. Pero cree­
excelencia. mos oportuno el repetir sólo algunos
Afirman, en primer lugar, que el puntos.
matrimonio es una cosa del todo pro­ A la sola luz de la razón natural, y
fana y exclusivamente civil, la cual en mucho mejor si se investigan los ve­
modo alguno ha de ser encomendada tustos monumentos de la historia, si
a la sociedad religiosa, esto es, a la se pregunta a la conciencia constante
Iglesia de Cristo, sino tan sólo a la so­ de los pueblos, si se consultan las cos­
ciedad civil; añaden, además, que es tumbres e instituciones de todas las
preciso eximir el contrato matrimonial gentes, consta suficientemente que hay,
de todo vínculo indisoluble, por medio aun en el matrimonio natural, un algo
de divorcios que la ley habrá, no sola­ sagrado y religioso, no advenedizo, sino
mente de tolerar, sino de sancionar: ingénito; no procedente de los hombres,
y así, a la postre, el matrimonio, des­ sino innato, puesto que el matrimonio
pojado de toda santidad, quedará rele­ tiene a Dios por autor, y fué desde el
gado al número de las cosas profanas principio como una especial figura de
y civiles. la Encarnación del Verbo de Dios
Como principio y fundamento esta­ Esta naturaleza sagrada del matrimo­
blecen que sólo el acto civil ha de ser nio, tan estrechamente ligada con la
considerado como verdadero contrato religión y las cosas sagradas, se deriva
matrimonial (matrimonio civil suelen del origen divino arriba conmemorado;
llamarlo); el acto religioso, en cambio, de su fin, que no es sino el de engen­
es cierta añadidura que a lo sumo ha­ drar y educar hijos para Dios y unir
brá de dejarse para el vulgo supersti­ con Dios a los cónyuges mediante un
cioso. Quieren, además, que sin res­ mutuo y cristiano amor; y, finalmente,
tricción alguna se permitan los matri­ del mismo natural oficio del matrimo­
monios mixtos de católicos y acatóli­ nio, establecido, con providentísimo
cos, sin preocuparse de la religión ni designio del Creador, a fin de que fuera
ele solicitar el permiso de la autoridad algo así como el vehículo de la vida,
religiosa. Y luego, como una conse­ por el que los hombres cooperan en
cuencia necesaria, excusan los divor­ cierto modo con la divina omnipoten­
cios perfectos y alaban y fomentan las cia. A lo cual, por razón del sacramen-
to, debe añadirse un nuevo titu lo de el cónyuge católico 110 reciba algún
dignidad que ennoblece e x tra o rd in a ­ d etrim en to de tales nupcias. De donde
riam en te al m atrim onio cristiano, ele­ se origina con frecuencia que los des­
vándolo a tan alta excelencia que p ara cendientes se alejen deplorablem ente
el Apostol aparece como un m isterio de la religión, o al menos, que vayan
grande y en todo honroso inclinándose p au latin am en te hacia la
Este carácter religioso del m atrim o ­ llam ada indiferencia religiosa, rayana
nio. con su excelsa significación de la en la incredulidad y en la impiedad.
gracia y la unión en tre Cristo y la A dem ás de que en los matrimonios
Iglesia, exige de los fu tu ro s esposos m ixtos se hace más difícil aquella viva
una san ta reverencia hacia el m a tri­ unión de alm as, que ha de im itar aquel
monio cristiano y un cuidado y celo m isterio antes recordado, esto es, la
tam bién santos a fin de que el m a tri­ arcan a unión de la Iglesia con Cristo.
monio que in ten tan co n traer se acer­ P orque fácilm ente se echará de me­
que. lo más posible, al prototipo de nos la estrecha unión de las almas,
Cristo y de la Iglesia. la cual, como n o ta y distintivo de la
Iglesia de Cristo, debe ser tam bién el
sello, decoro y ornato del matrimonio
matrimonio mixto cristiano; pues se puede rom per, o al
menos relajar, el nudo que enlaza a las
31 Mucho faltan en esta p arte, y alm as cuando hay disconform idad de
a veces con peligro de su eterna salva­ pareceres y diversidad de voluntades
ción, quienes tem erariam ente y con li­ en lo m ás alto y grande que el hombre
gereza contraen m atrim onios m ixtos, venera, es decir, en las verdades y sen­
de los que la Iglesia, basada en graví­ tim ien to s religiosos. De aquí el peli­
simas razones, ap a rta con solicitud y gro de que languidezca el am or entre
amor m aternales a los suyos, como los cónyuges y, consiguientem ente, se
aparece por muchos docum entos reca­ d estru y a la paz-y felicidad de la socie­
pitulados en el canon del Código ca­ dad dom éstica, efecto principalm ente
nónico, que establece ! • bíguiente: La de la unión de los corazones. Porque,
Iglesia prohíbe severírimümente, en to­ como ya ta n to s siglos antes había defi­
das partes, que se celebre matrimonio nido el antiguo Derecho rom ano: Ma-
entre dos personas bautizadas, de las trimonio es la unión del marido y la
cuales una sea católica y la otra ads­ m ujer en la comunidad de toda la vida}
crita a una secta herética o cismática; y en la comunidad del derecho divino y
y si hay peligro de perversión del cón­ humano 6i.
yuge católico y de la prole, el m atrimo­
nio está además vedado por la m ism a divorcio
ley divina Y aunque la Iglesia, a
veces, según las diversas condiciones 32. Pero lo que im pide, sobre todo, como
de los tiem pos y personas-, llega a con­ ya hem os a d v e rtid o , V enerables Hermanos,
ceder la dispensa de estas severas leyes esta rein teg ració n y perfección del matrimo­
nio que estableció C risto nu estro Redentor,
(salvo siem pre el derecho divino, y es la facilidad que existe, cada vez más cre­
alejado, en cuanto sea posible, con las ciente, p a ra el divorcio. Más aún: los defen­
convenientes cautelas, el peligro de sores del neopaganism o, no aleccionados por
la triste condición de las cosas, se desatan,
perversión), difícilm ente sucederá que con acrim o n ia cada vez m ayor, contra la
sa n ta in disolubilidad del m atrim onio y las
'< Cf. llph. f>, 32; Hehr. 13, 4. M odestim is, in Dig. (23, 2; Dc ritli
í; ( , C. c. IOW. m ipt. lih. I R egularum .)
leyes que la protegen, |neteii(Jicndo que stcostumbres e instituciones de los pue­
decrete la licitud del divorcio, a fin de que
una ley nueva y más humana sustituya a las blos: todas las cuales razones, ya con­
leyes anticuadas y sobrepasadas. sideradas en particular, ya, sobre todo,
Y suelen éstos aducir muchas y va­en conjunto, demuestran con eviden­
rias causas del divorcio: unas, que lla­ cia que por determinadas causas se ha
man subjetivas, y que tienen su raíz de conceder absolutamente la facultad
en el vicio o en la culpa de los cónyu­ del divorcio.
ges; otras, objetivas, en la condición Con mayor procacidad todavía pa­
de las cosas; todo, en fin, lo que hace san otros más adelante, llegando a de­
más dura e ingrata la vida común. Y cir que el matrimonio, como quiera que
pretenden demostrar dichas causas, sea un contrato meramente privado,
por muchas razones. En primer lugar, depende por completo del consenti­
por el bien de ambos cónyuges, ya miento y arbitrio privado de ambos
porque uno de los dos es inocente y por contrayentes, como sucede en todos
ello tiene derecho a separarse del cul­ los demás contratos privados; y por
pable, ya porque es reo de crímenes ello, sostienen, ha de poder disolverse
y, por lo mismo también, se les ha de por cualquier motivo.
separar de una forzada y desagradable
unión; después, por el bien de los hijos, 33. Pero también contra todos es­
a quienes se priva de la conveniente tos desatinos, Venerables Hermano-,
educación, y a quienes se escandaliza permanece en pie aquella ley de Dio*
con las discordias muy frecuentes y única e irrefrenable, confirmada am-
otros malos ejemplos de sus padres, plísimamente por Jesucristo: No sepa­
apartándolos del camino de la virtud; re el hombre lo que Dios ha unido '■*;
finalmente, por el bien común de la so­ ley que no pueden anular ni los de­
ciedad, que exige en primer lugar la cretos de los hombres, ni las conven­
desaparición absoluta de los matrimo­ ciones de los pueblos, ni la voluntad
nios que en modo alguno son aptos para de ningún legislador. Que si el hombre
el objeto natural de ellos, y también llegara injustamente a separar lo que
que las leyes permitan la separación de Dios ha unido, su acción seria comple­
los cónyuges, tanto para evitar los crí­ tamente nula, pudiéndose aplicar en
menes que fácilmente se pueden temer consecuencia !o que el mismo Jesucris­
de la convivencia de tales cónyuges, to aseguró con estas palabras tan cla­
como para impedir que aumente el ras: Cualquiera que repudia a su mujer
descrédito de los Tribunales de justi­ y se casa con otra, adultera; y el que
cia y de la autoridad de las leyes, se casa con la repudiada del marido,
puesto que los cónyuges, para obtener adultera*'. Y estas palabras de Cristo
la deseada sentencia de divorcio, per­ se refieren a cualquier matrimonio, aun
petrarán de intento crímenes por los al solamente natural y legítimo, pues
cuales pueda el juez disolver el víncu­ es propiedad de todo verdadero ma­
lo, conforme a (as disposiciones de la trimonio la indisolubilidad, en virtud
ley, o mentirán y perjurarán con inso­ de la cual la solución del vínculo que­
lencia ante dicho juez, que ve, sin em­ da sustraída al beneplácito de las par­
bargo, la verdad, por el estado de las tes y a toda potestad secular.
cosas. Por esto dicen que las leyes se No hemos de echar tampoco en olvi­
deben acomodar en absoluto a todas do el juicio solemne con que el Concilio
estas necesidades, una vez que han
cambiado las condiciones de los tiem­
pos, las opiniones de los hombres y las
h id v u tm o /uM icm .th/o estas d o c tr i­
nes civiles se refiere, determ inar las
nas: vSí alguno dijere que el vinculo m a ­ causas y condiciones de esta separa­
trimonial puede desatarse por razón de ción, y ju n ta m e n te el modo y las cau­
herejía, o de molesta cohabitación, o de telas con las cuales se provea a la edu­
ausencia afectada, sea anatema *H, y si cación de los hijos y a la incolumidad
alguno dijere que yerra la Iglesia cuan­ de la fam ilia, y se eviten, en lo posi­
do. en conformidad con la doctrina evan­ ble, todos los peligros que amenazan
gélica v apostólica, enseño y enseña que ta n to al cónyuge como a los hijos y
no se puede desatar el vínculo m atrim o­ a la m ism a sociedad civil.
nial por razón de adulterio de uno de Asim ism o, todo lo que se suele adu­
los cónyuges, y que ninguno de los dost cir, y m ás arrib a tocam os, para pro­
ni siquiera el inocente, que no dió causa b ar la firm eza indisoluble del m atri­
para el adulterio, puede contraer nuevo m onio, todo y con la m ism a fuerza
matrimonio mientras viva el otro cón­ lógica excluye, no ya sólo la necesidad
yuge, y que adultera tanto el que des­ sino tam bién la facu ltad de divorciar­
pués de repudiar a la adúltera se casa se, así como la fa lta de poder en cual­
con otra, como la que, abandonando quier m agistrado p ara concederla, de
al marido, ní.’ casa con otro, sea ana­ donde ta n to s cuantos son los benefi­
tema cios que rep o rta la indisolubilidad,
Luego si la Iglesia 110 erró ni yerra otros ta n to s son los perjuicios que oca­
cuando enseñó y enseña estas cosas, siona el divorcio, perniciosísim os todos,
evidentem ente es cierto que no puede así p ara los individuos como para la
desatarse el vínculo ni aun en el caso sociedad.
de adulterio, y cosa clara es que m u­ V, valiéndonos una vez más de la
cho menos valen y en absoluto se han doctrina de N uestro Predecesor, ape­
de despreciar las o tras tan fútiles ra ­ nas hay necesidad de decir que tanta
zones que pueden y suelen alegarse es la cosecha de males del divorcio
corno causa de l<»s divorcios. cuanto inm enso el cúm ulo de beneficios
que en sí contiene la firm eza indisolu­
34. Pur lo dem ás, las objeciones ble del m atrim onio. De una parte, con­
que. fundándose en aquellas tres razo­ tem plam os los m atrim onios protegidos
nes, muevan co n tra I* indisolubilidad y salvaguardados por el vínculo invio­
del m atrim onio, se resuelven fácilm en­ lable; de o tra p arte, vemos que los
te. Pues todos esos inconvenientes y m ism os pactos m atrim oniales resultan
todos esos peligros se evitan conce­ inestables o están expuestos a inquie­
diendo alguna vez, en esas circu n stan ­ tan tes sospechas, an te la perspectiva
cias extrem as, la separación im perfec­ de la posible separación de los cónyu­
ta de los esposos, quedando in tacto el ges o an te los peligros que se ofrecen
vinculo, lo cual concede con palabras de divorcio. De una p arte, el mutuo
claras la m ism a ley eclesiástica en los afecto y la com unión de bienes admi­
cánones que tra ta n de la separación rablem ente consolidada; de la otra, la­
del tálam o, de la mesa y de la h a b ita ­ m entablem ente debilitada a causa de
ción 70. Y toca a las leyes sagradas y, la m ism a facu ltad que se les concede
a lo menos tam bién en parte, a las para separarse. De la una, la fidelidad
civiles, en cuanto a los efectos y razo- casta de los esposos encuentra conve­
niente defensa; de la o tra, se suminis­
\ s e s s. 24, c. r>
. tra a la infidelidad perniciosos incen­
' Ibi'J. i . 7 tivos. De la una, quedan atendidos con
/ / t I I VW a.. eficacia el reconocim iento, protección
y educación de los hijos; de la otra, III. RESTAURACION CRISTIANA
reciben gravísimos quebrantos. De la DEL MATRIMONIO
una, se evitan múltiples disensiones
entre los parientes y familias; de la 35. Llenos de veneración, hemos
otra, se presentan frecuentes ocasio­ admirado hasta aquí, Venerables Her­
nes de división. De la una, más fácil­ manos, cuanto en orden al matrimo­
mente se sofocan las semillas de la dis­ nio ha establecido el Creador y Re­
cordia; de la otra, más copiosa y ex­ dentor de l.os hombres, lamentando al
tensamente se siembran. De la una, mismo tiempo que designios tan amo­
vemos felizmente reintegrada y resta­ rosos de ia divina bondad se vean
blecida, en espeóial, la dignidad y ofi­ defraudados y tan frecuentemente
cio de la mujer, tanto en la sociedad conculcados en nuestros días por las
doméstica como en la civil; de la otra, pasiones, errores y vicios de los hom­
indignamente rebajada, pues que se ex­ bres. Es, pues, muy natural que vol­
pone a la esposa al peligro de ser aban­ vamos ahora Nuestros ojos con pa­
donada, una vez que ha servido al de­ ternal solicitud en busca de tos te ­
leite del marido n . medlos oportunos mediante los cua.V¿
Y porque, para concluir con las palabras desaparezcan los perniciosísimos abu­
gravísimas de León XIII, nada contribuye sos que hemos enumerado y recobre el
tanto a destruir las familias y a arruinar las
naciones como la corrupción de las costumbres, matrimonio la reverencia que le es
fácilmente se echa de ver cuánto se oponen a la debida.
prosperidad de la familia y de la sociedad los Para lo cual Nos parece convenien­
divorcios, que nacen de la depravación moral te, en primer lugar, traer a la me­
de los pueblos,, y que, como atestigua la expe­
riencia, franquean la puerta y conducen a las moria aquel dictamen que en la sana
más relajadas costumbres en la vida pública y filosofía y, por lo mismo, en la teolo­
privada. Sube de punto la gravedad de estos
males si se considera que, una vez concedida gía sagrada es solemne, según et cual
la facultad de divorciarse, no habrá freno al­ todo lo que se ha desviado de la rec­
guno que pueda contenerla dentro de los limi­ titud no tiene otro camino para tom ar
tes definidos o de los antes señalados. Muy al primitivo estado exigido por su na­
grande es la fuerza de los ejemplos, pero mayor
es la de las pasiones; con estos incentivos tiene turaleza sino volver a conformarse con
que suceder que el capricho dt divorciarse, cun­ la razón divina que (como enseña el
diendo cada día más, inficione a muchas almas
como una enfermedad contagiosa o como torren­ Doctor Angélico)74 es el ejemplar de
te que se desborda, rotos todos los obstáculos toda rectitud.
De consiguiente, como en la misma Encí­ Por lo cual. Nuestro predecesor León XIII.
clica se lee: Mientras esos modos de pensar no de s. m., con razón argüia a los naturalistas
varíen, han de temer sin cesar, lo mismo las con estas gravísimas palabras: La ley ha sido
fam ilias que la sociedad humana, el peligro providentemente establecida por Dios de tal
de ser arrastrados por una ruina y peligro modo,que las instituciones dtvinas y naturales
universal,s. se nos hagan más útiles y saludables cuanto
más permanecen integras e inmutables en su
La cada día creciente corrupción de estado nativo, puesto que Dios, autor de todas
costumbres y la inaudita depravación las cosas, bien sabe que es lo que más conviene
de la familia que reina en las regiones a su naturaleza y conservación, y todas las
ordenó de tal manera, con su inteligencia y
en las que domina plenamente el co­ 1‘oluntad, que cada una ha de obtener su fin
munismo, confirman claramente la de un modo conveniente. Y si la audacia y la
gran verdad del anterior vaticinio pro­ impiedad de los hombres quisieran torcer y
perturbar el orden de las cosas, con tantu pro­
nunciado hace ya cincuenta años. videncia establecido, entonces lo mismo que ha
sido tan sabia y prourchosamíftíf determinado.
empezará a ser obstáculo v defará de ser útil,
’■ Leo XIII, ene. Arrnnum. sea porque pierdo con rl ctimhn> stt cmitn mu
’• Ib id .
dc <ivuda, sea porque Dios m ism o quiera cas­ entregó Dios a los deseos de su corazón,
tig a r la soberbia y temeridad de los hom bres1*.
a la impureza, de tal manera que des­
honrasen ellos mismos sus propios cuer­
plan divino pos y añade aún; por esto les entregó
Dios al juego de sus pasiones 77. Por­
36. Es necesario, pues, que todos
que Dios resiste a los soberbios y da a
consideren atentam ente la razón divi­
los humildes la gracia 7é, sin la cual,
na del matrimonio y procuren confor­
marse con ella, a fin de restituirlo al como enseña el mismo Apóstol, el hom­
debido oraen. bre es incapaz de refrenar la concupis­
cencia rebelde 7S.
Mas como a esta diligencia se opone
principalmente la fuerza de la pasión
desenfrenada, que es en realidad la piedad necesaria
razón principal por la cual se falta
37. Luego si de ninguna manera
contra las santas leyes del matrimonio
se pueden refrenar, como se debe, es­
y como el hombre no puede sujetar
tos ímpetus indomables, si el alma pri­
sus pasiones si él no se sujeta antes a
mero no rinde humilde obsequio de
Dios, esto es lo que prim eramente se piedad y reverencia a su Creador, es
ha de procurar, conforme al orden es­
ante todo y muy necesario que quie­
tablecido por Dios. Porque es ley cons­
nes se unen con el vínculo santo del
tante qi-e quien se sometiere a Dios
conseguirá refrenar, con !a gracia di­ matrimonio estén animados por una
piedad íntima y sólida hacia Dios, la
vina, sus pasiones y su concupiscen­
cual informe toda su vida y llene su
cia; mas quien fuere rebelde a Dios
inteligencia y su voluntad de un aca­
tendrá que dolerse al experimentar que
tam iento profundo hacia la suprema
sus apetitos desenfrenados le hacen
guerra interior. Majestad de Dios.
San A g u s tín e x p o n e de este m o d o con Obran, pues, con entera rectitud y
c u á n t a s a b i d u r ía se h a y a esto asi e s t a b l e ­ del todo conformes a las normas del
cido: Es conveniente— dice — que el inferior se sentido cristiano aquellos pastores de
sujete ai su perior ■ que aquel que desea se le
sujete io que es inferior se someta él a quien almas que, para que no se aparten en el
le es superior. ¡Reconoce r f orde n , buscc paz! matrimonio de la divina ley, exhortan
¡Tu a Dios, la c a r n e a ti! ¿Qué más justo? en primer lugar a los cónyuges a los
/Que más bello? Tú al m a y o r , y el menor a t i ;
sirve tú a quien te h i z o , pa ra que te sirva lo ejercicios de piedad, a entregarse por
que se hizo para ti. P er o . cuidado: no recono­ completo a Dios, a implorar su ayuda
cemos, en verdad, ni recomendamos este orden: continuamente, a frecuentar los sacra­
¡A ti la c a rn e y tú a Dios!, sino : ¡Tú a Dios y
a ti la carne! Y si tú desprecias lo p rim e r o , es mentos, a mantener y fomentar, siem­
decir, T ú a Dios, no conseguirás lo segundo, pre y en todas las cosas, sentimientos
esto es, la c a rn e a ti. T ú , que no obedeces al de devoción y de piedad hacia Dios.
Señor, serás atormentado por el e sc la v o 7*.
Pero gravemente se engañan los que
Y el mismo bienaventurado Apóstol creen que, posponiendo o menospre­
de las Gentes, inspirado por el Espíri­
ciando los medios que exceden a la
tu Santo, atestigua también este or­ naturaleza, pueden inducir a los hom­
den, pues, al recordar a los antiguos bres a imponer un freno a los apetitos
sabios, que, habiendo más que sufi­
cientemente conocido al Autor de todo de la carne con el uso exclusivo de
los inventos de las ciencias naturales
lo creado, tuvieron a menos el adorar­
le y reverenciarle, dice: Por lo cual les
” Hom. I, 24. 26.
F-ric. Arcanurn. '» lac. 4, r>.
S A u" f'nnrrat m f' 14.T 7!* Cf. Rom. caps. 7 et H,
(como la biología, la investigación de Por todo lo cual, a fin de que nin*
la transmisión hereditaria, y otras si­ guna ficción ni corrupción de dicha ley
milares). Lo cual no quiere decir que se divina, sino el verdadero y genuino
hayan de tener en poco los medios na­ conocimiento de ella ilumine el enten­
turales, siempre que no sean deshones­ dimiento de los hombres y dirija sus
tos; porque uno mismo es el autor de costumbres, es menester que con la
la naturaleza y de la gracia, Dios, el devoción hacia Dios y el deseo de ser­
cual ha destinado los bienes de ambos virle se junte una humilde y filial obe­
órdenes para que sirvan al uso y utili­ diencia para con la Iglesia. Cristo
dad de los hombres. Pueden y deben, nuestro Señor mismo constituyó a su
por lo tanto, los fieles ayudarse tam­ Iglesia maestra de la verdad, aun en
bién de los medios naturales. Pero todo lo que se refiere al orden y go­
yerran los que opinan que bastan los bierno de las costumbres, por más que
mismos para garantizar la castidad del muchas de ellas estén al alcance del
estado conyugal, o les atribuyen más entendimiento humano. Porque así
eficacia que al socorro de la gracia so­ como Dios vino en auxilio de la razón
brenatural. humana por medio de la revelación, a
fin de que el hombre, aun en la actual
sumisión a la Iglesia condición en que se encuentra, pueda
conocer fácilmente, con plena certidum­
38. Pero esta conformidad de labre y sin mezcla de error ” , las mismas
convivencia y de las costumbres ma­ verdades naturales que tienen por ob­
trimoniales con las leyes de Dios, sin jeto la religión y las costumbres, así,
la cual no puede ser eficaz su restau­ y para idéntico fin, constituyó a su
ración, supone que todos pueden dis­ Iglesia depositaría y maestra de todas
cernir con facilidad, con firme certeza las verdades religiosas y morales; por
y sin mezcla de error, cuáles son esas lo tanto, obedezcan los fieles y rindan
leyes. Ahora bien; no hay quien no su inteligencia y voluntad a la Iglesia,
vea a cuántos sofismas se abriría ca­ si quieren que su entendimiento se vea
mino y cuántos errores se mezclarían inmune dei error y libres de corrup­
con la verdad si a cada cual se dejara ción sus costumbres; obediencia que se
examinarlas tan sólo con la luz de la ha de extender, para gozar plenamente
razón o si tal investigación fuese con­ del auxilio tan liberalmente ofrecido
fiada a la privada interpretación de la por Dios, no sólo a las definiciones so­
verdad revelada. Y si esto vale para lemnes de la Iglesia, sino también, en
muchas otras verdades del orden mo­ la debida proporción, a las Constitu­
ral, particularmente se ha de procla­ ciones o Decretos en que se reprueban
mar en las que se refieren al matrimo­ y condenan ciertas opiniones como pe­
nio, donde el deleite libidinoso fácil­ ligrosas y perversas11.
mente puede imponerse a la frágil
naturaleza humana, engañándola y se­
duciéndola; y esto tanto más cuanto educar y ayudar
que, para observar la ley divina, los 39. Tengan, por lo tanto, cuidado los
esposos han de hacer a veces sacrifi­ fieles cristianos de no caer en una exagerada
cios difíciles y duraderos, de los cua­ independencia de su propio juicio y en una
les se sirve el hombre frágil, según falsa autonomía de la razón, incluso en cier-
consta por la experiencia, como de ** Conc. Vat., sess. 3, c. 2.
otros tantos argumentos para excusar­ •' Cf. Conc. Vat., sew. 3, c. 4; C.I.C.
se de cumplir la ley divina. can. 1324
ta s c u e stio n e s que hoy se agitan acerca del m atrim onial y enaltecer los vicios más
m a trim o n io . Es m uy im propio de tod o v e r ­
dad ero cristian o confiar con ta n ta osad ía en inmundos, con mucha más razón vos­
el p od er de su in teligen cia , que ú n ica m en te otros, Venerables Hermanos, a quie­
p reste a se n tim ien to a lo que conoce por ra­ nes el Espíritu Santo ha instituido Obis­
zon es internas; creer que ia Iglesia, d e stin a ­
da por D ios para enseñar y regir a to d o s los pos, para regir la Iglesia de Dios, que ha
p u eb los, no está bien en terad a de ias con d i­ ganado El con su propia sangre82, de­
cion es y cosas actuales; o lim itar su con sen ­ béis hacer cuanto esté de vuestra par­
tim ie n to y ob ed ien cia ú n icam en te a c u an to
ella propone por m edio de las d efin icion es te, ya por vosotros mismos y por vues­
m ás solem n es, com o si las restan tes d ecisio­ tros sacerdotes, ya también por medio
nes de aqu élla pu dieran ser falsas o no ofre­ de seglares oportunamente escogidos
cer m o tiv o s su ficien tes de verd ad y h on es­
tidad. Por lo contrario, es propio de tod o entre los afiliados a la Acción Católica,
verdadero discípu lo de J esu cristo , sea sabio tan v iv a m en te por N os deseada y recomen­
o ignorante, dejarse gobernar y conducir, en dad a com o auxiliar del apostolado jerárqui­
tod o ¡o que se refiere a la fe y a las c o stu m ­ co, a fin de qu e, poniendo en juego todos
bres. por la san ta m adre Iglesia, por su su­ los m edios razonables, contrapongáis al error
prem o P astor el R om an o P on tífice, a qu ien la verd ad , a la torpeza del vicio el resplan­
rige el m ism o J esu cristo Señor nuestro. dor de la castid ad , a la servidum bre de ias
p asion es la libertad de los hijos de Dios, a la
Debiéndose, pues, ajustar todas las inicua facilidad de los divorcios la perenne
cosas a la ley y a las ideas divinas, estab ilid ad del verdadero am or matrimonial
y de la inviolab le fidelidad , hasta la muerte,
para que se obtenga la restauración en el juram en to prestado. Así los fieles ren­
universal y perm anente del m atrim o­ dirán con tod a el alm a incesantes gracias a
nio, es de ia m ayor importancia que D ios por haberles ligado con sus preceptos y
haberles m ovido su avem ente a rehuir en ab­
se instruya bien sobre el mismo a los solu to la idolatría de la carne y la servidum­
fieles: y esto de palabra y por escrito, bre inn oble a que les sujetaría el placer**.
no rara vez y superficialmente, sino a A sim ism o, m irarán con terror y con diligen­
cia su m a evitarán aquellas nefandas opinio­
menudo y con solidez, con razones pro­ nes q u e, para deshonor de la dignidad hu­
fundas y claras, para conseguir de este m ana, se divulgan en nuestros dias, mediante
modo que estas verdades rindan las la palabra y la plu m a, con el nombre de per­
fecto m a trim on io , y que hacen de semejante
inteligencias y penetren hasta lo ínti­ m atrim on io perfecto no otra cosa que un
mo de los corazones. Sepan y mediten m atrim onio depravado, com o se ha dicho con
cor; frecuencia cuán grande sabiduría, to d a ju sticia y razón.
santidad y bondad mostró Dios hacia
los hombres, tam o al instituir el m a­
trimonio como al píoícgerlo con leyes «educación fisiológica»
sagradas; y mucho más al elevarlo a
la admirable dignidad de sacramento, 41. Esta saludable instrucción y
por la cual se abre a los esposos cris­ educación religiosa sobre el matrimo­
tianos tan copiosa fuente de gracias, nio cristiano dista mucho de aquella
para que casta y fielmente realicen los exagerada educación fisiológica, por me­
elevados fines del matrimonio, en pro­ dio de la cual algunos reformadores
vecho propio y de sus hijos, de toda de la vida conyugal pretenden hoy
ia sociedad civil y de la humanidad auxiliar a los esposos, hablándoles de
entera. aquellas materias fisiológicas con las
cuales, sin embargo, aprenden más
40. Y ya que los nuevos enemigos bien el arte de pecar con refinamiento
del matrimonio trabajan con todas sus que la virtud de vivir castamente.
fuerzas, lo mismo de palabra que con Por lo cual hacemos Nuestras con
libros, folletos y otros mil medios, para
pervertir las inteligencias, corromper •* Act. 20, 28.
los corazones, ridiculizar la castidad •* Cf. lo. 8, 32 ss.; Gal. ñ, 13.
sumo agrado, ‘Venerables Hermanos, Mucho les ayudará para conseguir,
aquellas palabras que Nuestro prede­ conservar y poner en práctica esta vo­
cesor León XIII, de f. m., dirigía a luntad decidida, la frecuente conside­
los Obispos de todo el orbe en su En­ ración de su estado y el recuerdo siem­
cíclica sobre el matrimonio cristiano: pre vivo del Sacramento recibido. Re­
Procurad, con todo el esfuerzo y toda la cuerden siempre que para la dignidad
autoridad que podáis, conservar en los y los deberes de dicho estado han sido
fieles, encomendados a vuestro cuidado, santificados y fortalecidos con un sa­
íntegra e incorrupta la doctrina que nos cramento peculiar, cuya eficacia per­
han comunicado Cristo Señor nuestro severa siempre, aun cuando no impri­
y los Apóstoles, intérpretes de la volun­ ma carácter.
tad divina, y que la Iglesia católica re­ A este fin mediten estas palabras verda­
deramente consoladoras del santo cardenal
ligiosamente ha conservado, imponiendo Roberto Belarmino, el cual, con otros teólo­
en todos los tiempos su cumplimiento a gos de gran nota, así piensa y escribe: Se
todos los cristianos **. puede considerar de dos maneras el sacramente
del matrimonio: o mientras se celebra, o en
cuanto permanece después de su celebración.
Porque este sacramento es como la Eucaristía
«vivir el Sacramento» que no solamente es sacramento mientras se
confecciona: pues mientras viven ¡os cónyuges,
42. Mas, como ni aun la mejor ins­ su sociedad es siempre el Sacramento de Cristo
y de la Iglesia**.
trucción comunicada por medio de la Mas para que la gracia del mismo
Iglesia, por muy buena que sea, basta,
ella sola, para conformar de nuevo el produzca
mos
todo su efecto, como vs» lie­
advertido, es necesaria la coope­
matrimonio con la ley de Dios, a la ración de los cónyuges, y ésta consiste
instrucción de la inteligencia es nece­ en que con trabajo y diligencia since­
sario añadir, por parte de los cónyu­ ramente procuren cumplir sus deberes,
ges, una voluntad firme y decidida de poniendo todo el empeño que esté de
guardar las leyes santas que Dios y su parte. Pues así como en el orden
la naturaleza han establecido sobre natural para que las fuerzas que Dios
el matrimonio. Sea cual fuere lo que ha dado desarrollen todo su vigor es
otros, ya de palabra, ya por escrito, necesario que ios hombres apliquen su
quieran afirmar y propagar, se decre­ trabajo y su industria, pues si faltan
ta y sanciona para los cónyuges lo si­ éstos jamás se obtendrá provecho al­
guiente, a saber, que en todo lo que guno, asi también las fuerzas de la
al matrimonio se refiere se sometan a gracia que, procedentes del sacramen­
las disposiciones divinas: en prestarse to, yacen escondidas en el fondo del
mutuo auxilio, siempre con caridad; alma, han de desarrollarse por el cui­
en guardar la fidelidad de la castidad; dado propio y el propio trabajo de los
en no atentar jamás contra la indiso­ hombres. No desprecien, por lo tanto,
lubilidad del vínculo; en usar los de­ los esposos la gracia propia del sacra­
rechos adquiridos por el matrimonio, mento que hay en ellos •*; porque des­
siempre según el sentido y piedad cris­ pués de haber emprendido la constante
tiana, sobre todo ai principio del ma­ observancia de sus obligaciones, aun­
trimonio, a fin de que, si las circuns­ que sean difíciles, experimentarán cada
tancias exigiesen después la continen­ dia con más eficacia, en si mismos, la
cia, Ies sea más fácil guardarla a cual­ fuerza de aquella grada.
quiera de los dos, una vez ya acos­
tumbrados a ella. ** S. Rob. Bellarm. De controversiis t. 2,
De Matr. contr. 2, t>.
V s i a lg u n a ve/- se ven oprimido» más ayudará también para que en orden a
gravemente por trabajo» dc su estado sus queridos hijos, se conduzcan como
y de su vida, no decaigan de ánimo, quiso Dios que los padres se portasen
sino tengan como dicho de alguna m a­ con su proté; es decir, que el padre mu
nera para si lo que cl apostol San verdadero padre y la madre verdad*
Pablo, hablando del sacram ento del ra madre; de suerte que por tu amor
Orden, escribía a Timoteo, su discípulo piadoso y por sus solícitos cuidados,
queridísimo, que e»taba muy agobiado por ia casa paterna, aunque colocada en
trabajo*» y *uírímiento*; Te amonesto que resu­
cite* la gracia de Dios que hay en tt, la cual te este valle dc lágrimas y quizás opri­
fué dada por la Imposición de m is mano». mida por dura pobreza, sea una Im*
Pue$ no di<i rl Señor espíritu de tem or, gen de auuel paraíso de delicias en el
*ino de virtud, de amor y de sobriedad
que coloco el Creador del género huma­
no a nuestros primeros padres. De aquí
«preparación para él* resultará que puedan hacer a los hijos
hombres perfectos y perfectos cristia­
4.J. Todo esto, Venerables H erm a­ nos, al imbuirles el genuino espíritu de
nos, depende, en gran parte, de la de­ la Iglesia católica y al infiltrarles, ade­
bida preparación para el matrim onio, más, aquel noble afecto y amor a ja
ya próxima ya remota Pues no pue­ patria que la gratitud y la piedad del
de negarse que tanto el fundam ento ánimo exigen.
firme del matrimonio feliz como la rui­
na del desgraciado se preparan y se
basan, en Uní jóvenes de ambos sexos, «concurso Individual*
ya desde tu infancia y de su juventud. 44. Y asi, lo mismo quienes tienen inten­
V asi ha de temerse que quienes antes ción de contraer más tarde el tanto matri­
del matrimonio sólo se buscaron a si monio, que quienes te dedican a la educt*
mismos y a sus cosas, y condescendie­ clón de la juventud, tengan muy en cuenti
tai porvenir, io preparen alegre e impidM
ron con sus deseos aun cuando fueran que sea triste, recordando lo que advertís*
impuros, sean en el m atrim onio cuales mos en Nuestra Hncicilca sobre la educación:
Es, pues, menester corregir las Inclinación»
fueron antes de con traerlo, es decir, desordenadas, fom entar y ordenar las buetuu
que cosechen lo que sem braron •*; o desde la más tierna Infancia, y sobre todo hay
sea, tristeza en el hogar doméstico, que ilum inar el entendimiento y fortalecer u
llanto, m utuo desprecio, discordias, voluntad con las verdades sobrenaturales y IM
medios de la gracia, sin la cual no es potibli
aversiones, tedio de la vida cómún, y, dominar las perversas Inclinaciones y ulcanUf
lo que es peor, encontrarse a si mismos la debida perfección educativa de la Igltsta,
perfecta y completamente dolada por CrtlM
llenos de pasiones desenfrenadas. de la doctrina divina y de los sacramentof,
Acerqúense, pues, los futuros espo­ medios eficaces de la graciaM.
sos, bien d isp u e sta y preparados, al A la preparación próxima de tifl
estado matrimonial, y así podrán ayu­ buen matrimonio pertenece de uiw
darse m utuam ente, como conviene, en manera especial la diligencia en la elec­
las circunstancias prósperas y adver­ ción del consorte, porque de aqui de*
sas de la vida, y, lo que vale más aún, pende en gran p arte la felicidad o la
conseguir la vida eterna y la form a­ infelicidad del futuro matrimonio, y#
ción del hombre interior hasta la ple­ que un cónyuge puede ser al otro dé
nitud de la edad de Cristo *'*. fisto les gran ayuda para llevar la vida conyu*
gal cristianam ente, o, por lo contrario,
•’ i Tlrn. I, 4-7. crearle serlos peligros y dificultad®!.
•• Cf. Gal. ñ, ft.
" ( i t'.nh 4 Vi •* ñtu-. I)lvlnl lilius Maglotrí 31 d«c. IM9.
Para que no padezcan, pues, por Unía familiar y la escasez de bienes tempo­
la vida las consecuencias de una Im­ rales, será necesario atender a reme­
prudente elección, deliberen lefiamen­ diarles, en estas necesidades, del modo
te los que deseen catarle antes de ele­ que mejor sea posUHe.
gir la persona con la que han de con* Para lo cual hay que trabajar, «a primer
vivir para siempre; y en esta delibe­ término, coa todo ampl i o, i fin d« gt» la
ración tengan preiente las consecuen­ sociedad civil, como sabiamente dispuso
Nuestro predecesor León Xfff** «rtiPte»
cias que se derivan del matrimonio: ca un régimen económico y social en al que
en orden, en primer lugar, a la verda­ loa padre» da familia puedan gaoar y procu­
rar** lo necesario para aumentarse a al (Ma­
dera religión de Cristo, y además en mo*, a ta esposa y a lo* hijo*. según la* di-
orden a si mismo, al otro cónyuge, a ver*a» condiciona* sociales y tócale», púa el
ue frabéje merece mt tecompenta —. Ñauar
la futura prole y a la sociedad-huma»
na y civil, que nace del matrimonio
Jsta o disminuirla mée d« lo deMdo aa gran
Injusticia y, según laa Sagrada* Escrituras,
como de su propia fuente. Imploren un graodlalmo pecado**; como tampoco «a
con fervor el auxilio divino para que licito establecer Miarlo* tan mesqutno* qu«,
atendida* la* circunstancia* y loa tiempo*,
elijan según la prudencia cristiana, no no «can suficiente* para alimentar a la fa­
llevados por el Impetu ciego y sin fre­ milia.
no de la pasión, ni solamente por ra­ Procuren, sin embargo, los cónyu­
zone* de lucro o por otro motivo me­ ges, ya mucho tiempo antes de con­
nos noble, sino guiados por un amor traer matrimonio, prevenir o dismi­
recto y verdadero y por un afecto leal nuir al menos las dificultades materia­
hacia el futuro cónyuge, buscando en les; y cuiden los doctos de enseñarle*
el matrimonio, precisamente, aquellos el modo de conseguir esto con eficacia
fines para los cuales Dios lo ha insti­ y dignidad. Y, en caso de que no se
tuido. No dejen, en fin, de pedir para basten a si solos, fúndense asociado*
dicha elección el prudente y tan esti­ nes privadas o públicas con que se
mable consejo de sus padres, a fin de pueda acudir al socorro de sus necesi­
precaver, con el auxilio del conoci­ dades vitales **.
miento más maduro y de la experien­
cia que ellos tienen en las cosas huma­ 46. Cuando con todo esto no se
nas, toda equivocación perniciosa y lograse cubrir los gastos que lleva con­
para conseguir también más copiosa sigo una familia, mayormente cuando
la bendición divina prometida a los ésta es numerosa o dispone de medios
que guardan el cuarto mandamiento. reducidos, exige el amor cristiano que
Honra a tu padre y a tu madre (que « et pri­ supla la caridad las deficiencias del ne­
mer mandamiento en la prometo) para que cesitado, que tos ricos en primer lugar
te vaya bien y lenta» larga vida sobre la
tierra**. presten su ayuda a los pobres, y que
cuantos gozan de bienes superfluos no
los malgasten o dilapiden, uno que toe
previsiones sociales empleen en socorrer a quienes carecen
de lo necesario. Todo et que se des­
45. Y, porque con frecuencia el prenda de sus bienes en favor de los
cumplimiento perfecto de tos manda* pobres recibirá muy cumplida recom­
miento* de Dios y la honestidad del pensa en el día del último juicio; pero
matrimonio se ven expuestos a gran­
des dificultades, cuando los cónyuges •* Ene. Rerum novarum.
sufran con las angustias de la vida »• Luc. 10, 7.
# ** Cf. DfUt. 24, 14.15.
los que obraron en contrario tendrán el trata de la imposición de los tributos,
castigo que se merecen 9,\ pues no es tener especial empeño en remediar la
vano el aviso del A póstol cuando dice: penuria de las familias necesitadas;
Si alguien tiene bienes de este m ando y , vie n- considerando esto como uno de los
do a ' s u he rm ano en necesidad, cierra las e n ­
trañas para no compadecerse de el, ¿cómo es principales deberes de su autoridad.
posible que en c¡ resida la caridad de D i o s ? 97. Con ánimo dolorido contemplamos
cómo, no raras veces, trastrocando el
recto orden, fácilmente se prodigan so­
corros oportunos y abundantes a la
deber del poder público madre y a la prole ilegítima (a quie­
nes tam bién es necesario socorrer, aun
47. No bastando los subsidios pri­ por la sola razón de evitar mayores
vados, toca a la autoridad pública su­ males), m ientras se niegan o no se con­
plir los medios de que carecen los par­ ceden sino escasamente, y como a la
ticulares en negocio de ta n ta impor­ fuerza, a la madre y a los hijos de
tancia para el bien público, como es legítimo matrimonio.
el que las familias y los cónyuges se
encuentren en la condición que con­
viene a la naturaleza humana. garantías morales

48. Pero no sólo en lo que atañe a


asistencia los bienes temporales im porta, Vene­
rables Hermanos, a la autoridad pú­
Porque si las fam ilias, sobre tod o las n u ­ blica, que esté bien constituido el ma­
m erosas, carecen de dom icilio con ven ien te; trimonio y la familia, sino también en
si ei varón no pu ed e procurarse trabajo y lo que se refiere al provecho que se ha
alim entos; si los a rtícu los de prim era n ecesi­
dad no pu eden com prarse sino a precios e x a ­ de llam ar propio de las almas, o sea
gerados; si las m adres, con gran d etrim en to en que se den leyes justas relativas a
de la vida doir.éotica, se ven ob ligad as a la fidelidad conyugal, al mutuo auxi­
g3n ar el susten+o con su propio trabajo; si
a éstas les fa lta n , en los ordinarios v aun lio de los esposos y a cosas semejan­
extraordinarios trabajos de la m atern id ad , tes, y que se cumplan fielmente; por­
los alim en tos y m ed icin as c o n v e n ien tes, el que, como comprueba la historia, la
médico ex p erto , e tc., to d o s en ten d em o s
cuánto se deprim en los án im os de los cón ­ salud de la república y la felicidad de
yuges, cuán difícil se les hace la c o n v iv en cia los ciudadanos no puede quedar de­
dom estica y el cu m p lim ien to de los m an d a­ fendida y segura si vacila el mismo
m ien tos de D ios, y tam b ién a qué grave ries­
go se exponen la tran q u ilid ad pú blica y la fundam ento en que se basa, que es la
salu d y la vid a de la m ism a socied ad c iv il, rectitud del orden moral y si está ce­
si ¡legan estos hom bres a ta l grado de d e s­ gada por vicios de los ciudadanos la
esperación, que, no ten ien d o nada que perder,
creen que podrán recobrarlo tod o con una fuente donde se origina la sociedad, es
v iolen ta perturbación social. decir, el m atrim onio y la familia.
Consiguientemente, los gobernantes Ahora bien; para conservar el orden
no pueden descuidar estas m ateriales moral no bastan ni las penas y recur­
necesidades de los matrimonios y de sos externos de la sociedad, ni la be­
las familias sin dañar gravem ente a la lleza de la virtud, y su necesidad, sino
sociedad y al bien común; deben, pues, que se requiere una autoridad religiosa
tanto cuando legislan como cuando se que ilumine nuestro entendimiento con
la luz de la verdad, y dirija la volun­
Mat. 25, 34 .ss. tad y fortalezca la fragilidad humana
con los auxilios de la divina gracia;
pero esa autoridad sólo es la Iglesia, se le ofrecen auxilios de tutela y defen­
instituida por Cristo nuestro Señor. sa encaminados al bien público de los
Y así encarecidamente exhortamos en fieles »•.
el Señor a todos los investidos con la Y, para aducir ejemplo claro y de
suprema potestad civil a que procuren actualidad, sucedió esto conforme al
y mantengan la concordia y amistad orden debido y enteramente según la
con la misma Iglesia de Cristo, para ley de Cristo, cuando en el Concordato
que, mediante la cooperación diligente solemne entre la Santa Sede y el Rei­
de ambas potestades, se destierren los no de Italia, felizmente llevado a cabo,
gravísimos males que amenazan tanto se estableció un convenio pacifico y
a la Iglesia como a la sociedad, si pe­ una cooperación también amistosa en
netran en el matrimonio y en la fami­ orden a los matrimonios, como corres­
lia tan procaces libertades. pondía a la historia gloriosa de Italia
y a los sagrados recuerdos de la anti­
49. Mucho pueden favorecer las le­ güedad.
yes civiles a este oficio gravísimo de Y así se lee como decretado en el Tratado de
la Iglesia, teniendo en cuenta en sus al Letrán: La nación italiana,queriendo restituir
matrimoniof que es la base de la fam iliaf una
disposiciones lo que ha establecido la dignidad que está en armonía con ias tradicio­
ley divina y eclesiástica y castigando nes de su pueblo, reconoce efectos civiles al sa­
a los que las quebrantaren. No faltan, cramentoc del Matrimonio que se conforme con et
en efecto, quienes creen que lo que las derecho a n ó n i c o a la cual norma funda­
mental se añadieron, después, otras deter­
leyes civiles permiten o no castigan es minaciones de aquel mutuo acuerdo.
también lícito según la ley moral; ni Esto puede a todos servir de ejem­
quienes lo pongan por obra, no obs­ plo y argumento de que también en
tante la oposición de la conciencia, ya nuestra edad (en la que por desgracia
que no temen a Dios y nada juzgan tanto se predica la separación absolu­
deber temer de las leyes humanas, cau­ ta de la autoridad civil, no ya sólo de
sando así no pocas veces su propia la Iglesia, sino aun de toda religión)
ruina y la de otros muchos. pueden los dos poderes supremos, mi­
Ni a la integridad ni a los derechos rando a su propio bien y al bien común
de la sociedad puede venir peligro o de la sociedad, unirse y pactar amiga­
menoscabo de esta unión con la Igle­ blemente, sin lesión alguna de los de­
sia; toda sospecha y todo temor seme­ rechos y de la potestad de ambos, y
jante es vano y sin fundamento, lo de común acuerdo velar por el matri­
cual ya dejó bien probado León XIII: monio, a fin de apartar de las familias
Nadie duda—afirma—que el Fundador cristianas peligros tan funestos y una
de la Iglesia, Jesucristo, haya querido ruina ya inminente.
que la potestad sagrada sea distinta de
la potestad civil y que tenga cada una vida cristiana
libertad y facilidad para desempeñar su
cometido; pero con esta añadidura, que 50. Queremos, pues, Venerables
conviene a las dos e interesa a todos los Hermanos, que todo lo que, movidos
hombres que haya entre ellas unión y por solicitud pastoral, acabamos de
concordia... Pues si la potestad civil va considerar con vosotros, lo difundáis
en pleno acuerdo con la Iglesia, por con amplitud, siguiendo las normas de
fuerza ha de seguirse utilidad grande la prudencia cristiana, entre todos
para las dos. La dignidad de una se
enaltece, y, si la religión va delante, su ** Ene. -Arcanum.
gobierno será siempre fusto; a la otra
Nuestros amados hijos confiados a vigor de los espíritus, que cuanto en
vuestros cuidados inmediatos, entre esta Nuestra Encíclica hemos expuesto
todos cuantos sean miembros de la acerca del santo sacramento del Matri­
gran familia cristiana; a fin de que co­ monio, sobre la ley y voluntad admi­
nozcan todos perfectam ente la verda­ rables de Dios en lo que a él se refiere,
dera doctrina acerca del m atrim onio, sobre los errores y peligros que lo
se aparten con diligencia de los peli­ amenazan y sobre los remedios con
gros preparados por los pregoneros del que se les puede combatir, lo impri­
error, y, sobre todo, para que, renun­ man todos en su inteligencia, lo acaten
ciando a la impiedad y a los deseos m un­ en su voluntad y, con la gracia divina,
danos, vivan sobria, justa y religiosa­ lo pongan por obra, para que así la
mente en este siglo, aguardando la bien­ fecundidad consagrada al Señor, la
aventurada esperanza y la venida glo­ fidelidad inmaculada, la firmeza in­
riosa del gran Dios y Salvador nuestro, quebrantable, la profundidad del sacra­
Jesucristo 10°. mento y la plenitud de las gracias
vuelvan a florecer y cobrar nuevo vigor
51. Haga Dios Padre Omnipotente, en los matrimonios cristianos.
del cual es nombrada toda paternidad
Y para que Dios Nuestro Señor, autor de
en los cielos y en la tierra 101, que ro­ toda gracia, cuyo es todo querer y obrar1*1,
bustece a los débiles y da fuerzas a se digne conceder todo ello según la gran­
by-j tímidos y pusilánimes; haga nues­ deza de su benignidad y de su omnipoten­
cia, m ientras con instancia elevamos humil­
tro Señor y Redentor Jesucristo, fun­ dem ente Nuestras preces al trono de su gra­
dador y perfeccionador de los venerables cia, os damos, Venerables Hermanos, a vos­
sacramentos 102, que quiso y determinó otros, al Clero y al pueblo confiado a los
constantes desvelos de vuestra vigilancia, la
que el m atrimonio fuese una mística Bendición Apostólica, prenda de la bendi­
imagen de su unión inefable con la ción copiosa de Dios Omnipotente.
Iglesia; haga e) Espíritu Santo, Dios
Caridad, lumbre de los corazones y Dado en Roma, junto a San Pedro,
el 31 de diciembre del año 1930, año
i ’"-' Tit. 2, 52-13. noveno de Nuestro Pontificado.
1,! n p h . 3. 15.
lu* Conc. Ti id., seos. 24. l °» Phil. 2, 13.
P IO X II

ENSEÑANZA DEL CATECISMO


CA. 14 septiembre 1951
4

LABOR Y CONDICIONES DE LOS CATEQUISTAS

t r o a ñ o s han pasado desde que día de la Doctrina Cristiana no sólo


Cu aNos dirigimos al VIII Congreso alumbra el camino de la verdad a
Nacional Catequístico de Boston, y al Nuestros amados pequeñuelos y Ies
enviar este mensaje al IX Congreso ayuda a recorrerlo con firmes pasos,
reunido ahora, querido Hijo, bajo tu sino que está auxiliando poderosamen­
eminente presidencia, ante todo desea­ te a salvar para el mundo su má« pre­
mos renovar la expresión de Nuestro ciada herencia. Sólo las almas creyen­
constante y muy vivo interés por las tes darán luz a esta tierra en tinieblas.
actividades de la Cofradía de la Doc­
trina Cristiana. Cuando pensamos Nos 2. Pero ¿cuál llegará a ser la in­
en los miembros de esta Cofradía, Nos tensidad de esta luz y cuántos estarán
llega el eco lejano de aquella súplica preparados para esparcirla? He ahí las
del Divino Maestro a sus primeros dis­ cuestiones prácticas que vuestro Con­
cípulos: La mies es mucha, y pocos los greso va a afrontar. Atenta al manda­
obreros; rogad, pues, al Señor de la mies to de Nuestro santo Predecesor, el
que envíe obreros a su mies, y Nos cree­ Beato Pío X, a quien ella reverencia
mos ver una respuesta a este llama­ como a su celestial Patrono, la Cofra­
miento en los millares de bien prepa­ día aspira nada menos que a tener sen­
rados catequistas, religiosos y seglares, dos centros en todas las parroquias.
que consagran los recursos de su pro­ Queremos Nos mantener la esperanza
funda fe, de su inteligencia, sólida pie­ de que esa meta está ya lograda en
dad y celo a la instrucción de niños, diversas regiones de vuestro país. ¿Qué
jóvenes y padres de familia. Vosotros pastor de almas, al meditar en aque­
sois la sal de la tierra, vosotros sois la llas palabras divinas dichas por el pro­
luz del mundo, se dijo también de ellos. feta: Yo os daré pastores conforme a mi
Porque si la única salvaguarda de la corazón, que os apacentarán con la cien­
moderna civilización contra su corrup­ cia y con la doctrina1, podrá perma­
ción y decadencia, y el único potente necer tranquilo sin aplicar todo esfuer­
destello de esperanza que llame a las zo para asegurar que todos los peque­
naciones al despertar de su razón y de ños de su rebaño, sin excepción, sean
su esfuerzo y a liberarse del ilusorio y instruidos con cuidado, con paciencia
funesto sueño de una paz y de una fe­ y con método progresivo en las doc­
licidad sin Dios, es la divina enseñan*
za de Jesucristo, síguese que la Cofra­
trinas de su fe? Y por cuanto tal ins­ rra, pues los miembros de Cristo se en­
trucción no ha de comenzarse dem asia­ cuentran doquier por todo el mundo.
do pronto, se habrá de contar—para S i sólo amáis una parte—decía San
el comienzo- con los padres, antes de Agustín a sus fieles—estáis divididos;
que llegue la edad escolar. y si estáis divididos, ya no permanecéis
en el cuerpo; y si no permanecéis en el
3. Tal instrucción ha de ser pro­ cuerpo, ya no estáis- bajo su Cabeza. El
gresiva. La comprensión del niño so­ Señor Jesucristo, al ascender al cielo,
bre las verdades de la fe ha de estar vió que muchos Le honrarían a causa
necesariamente lim itada por su propia de su ascensión, y vió El que dicho ho­
capacidad intelectual; pero, a medida nor sería hueco y vano, si al mismo
que ésta se desarrolle, tam bién el co­ tiempo maltrataban a sus miembros en
nocimiento de la revelación divina ha la tierra 6.
de crecer y hacerse más profundo a lo
largo de la juventud y de la edad m a­ 4. Resulta, pues, evidente que el
dura, abriendo a los ojos de su fe la catequista, sea seglar, religioso o sacer­
insondable bendición con que Dios... dote, tiene una vocación profundamen­
noi bendijo en Cristo, habiéndonos pre­ te apostólica, para proseguir la misión
destinado para ser hijos suyos adopti­ redentora del Hijo eterno de Dios, que
vos por Jesucrisio2, para que todos vino para iluminar al hombre, reve­
sean una persona en E l 3, herederos de lándole las fuentes de la vida divina,
Dios y coherederos con Cristo4. Enton­ y así conducirle a la salvación. Así
ces, aquellos a quienes instruyáis abar­ pues, los miembros de la Cofradía de
carán el sentido pleno y lógico de las la Doctrina Cristiana entréguense a su
palabras del Apóstol, cuando recorda­ empresa con el espíritu de Cristo, hu->
ba a los de Efeso: Sed, pues, imitadores milde, amable, paciente, infatigable y
de Dios, como hijos muy queridos, y ca­ discreto, para atraer a una generación,
minad e” amor, a ejemplo de la caridad inquieta y probada por la amargura,
con qu¿ Cristo nos amó y se ofreció a Sí a interesarse por las cosas de Dios;
mismo por nosotros a Dios en oblación mas cuiden siempre de apoyarse en el
y hostia de olor suavísimo 5. Y así como poder de la oración al Eterno Padre,
esa caridad de Cristo es vasta como para que ilumine las inteligencias de
el mundo, si los hombres Le aman, su sus alumnos a fin de que puedan pe­
caridad se extenderá sobre toda la tie- netrar en las verdades de la fe.-
- Eph. 1, 3-5.
Gal. 3, 29.
• R om . 8, 17.
s Ep h. 5, 1-2, 8 S. Aug. P L 35, 2060-20G1.
P IO XII

INGRUENTIUM MALORUM
EE. 15 septiembre 1951

EL ROSARIO EN LA F AMI LI A

l o s m a l e s inminentes, ya des­
tiempos: la unión fraternal de las Na­
A
nte
de que por designio de la Divina ciones, rota ya hace tanto tiempo. :«o
Providencia fuimos elevados a la su­ la vemos aún restablecida doquier,
prema Cátedra de Pedro, nunca deja­ antes vemos que por todas partes
mos de confiar al valiosísimo patroci­ los espíritus se hallan trastornados por
nio de la Madre de Dios los destinos odios y rivalidades, y que sobre Jos
de la familia humana, dando a menu­ pueblos se ciernen amenazadores nue­
do para tal fin, como bien sabéis, Car­
vos y sangrientos conflictos: y a ello
tas de exhortación. Bien conocéis, Ve­se ha de añadir aquella violentísima
nerables Hermanos, el gran celo y la tempestad de persecuciones que ya
gran espontaneidad y concordia con desde hace largo tiempo y con tanta
que el pueblo cristiano ha respondido crueldad azota a la Iglesia, privada
doquier a Nuestras exhortaciones: re­ de su libertad en no pocas partes del
petidas veces lo han atestiguado gran­ mundo, afligida con calumnias y an­
diosos espectáculos de fe y de amor gustias de toda clase, y a veces has­
hacia la augusta Reina del Cielo y, so­ta con la sangre derramada de los
bre todo, aquella universal manifesta­ mártires. Innumerables y muy grandes
ción de alegría que Nuestros propios son las asechanzas a que contempla­
ojos pudieron en cierto modo contem­ mos sometidos, en aquellas regiones,
plar cuando, en el año pasado, rodea­ los ánimos de muchos de Nuestros hi­
dos por corona inmensa de la multi­ jos, ¡para que rechacen la fe de sus
mayores y se aparten miserablemente
tud de fieles, en la plaza de San Pedro
proclamamos solemnemente la Asun­ de la unidad con esta Sede Apostóli­
ción de la Virgen María, en cuerpo y ca! Finalmente, tampoco podemos pa­
alma, al Cielo. sar en silencio un nuevo crimen lleva­
Mas, si el recuerdo de estas cosas do a cabo, y contra el cual vivamente
Nos es tan grato y Nos consuela con deseamos reclamar, no sólo vuestra
la firme esperanza de la divina mise­ atención, sino también la de todo el
clero, la de cada uno de los padres y
ricordia, al presente no faltan, sin em­
bargo, motivos de profunda tristeza, la de los mismos gobernantes: Nos re­
que solicitan a la par que angustian ferimos a determinados designios per­
Nuestro ánimo paternal. versos de la impiedad contra la cándi­
da inocencia de los niños. Ni siquiera
2. Bien conocéis, Venerables Her­ se ha perdonado a los niños inocentes,
manos, la triste condición de estos pues, por desgracia, no faltan quienes,
tem erarios, osan hasta arrancar aun se compone esta mística corona? A la
las mismas flores que crecían como la oración vocal va tam bién unida la me­
más bella esperanza de la religión y ditación de los sagrados misterios, y
de la sociedad en el místico jardín de así se logra otra grandísim a ventaja,
la Iglesia. Quien m editare sobre esto a saber, que todos, aun los más senci­
no se extrañará de que por todas par­ llos y los menos instruidos, encuentran
tes los pueblos giman bajo el peso del en ella una m anera fácil y rápida para
divino castigo y vivan tem iendo des­ alim entar y defender su propia fe. Y
gracias todavía mayores. en verdad que con la frecuente me­
ditación de los misterios el espíritu,
3. Ante peligros tan graves, sin poco a poco y sin dificultad, absorbe
embargo, no debe abatirse vuestro áni­ y se asimila la virtud en ellos ence­
mo, Venerables Hermanos, sino que, rrada, se anim a de modo admirable a
acordándoos de aquella divina ense­ esperar los bienes inmortales y se sien­
ñanza: Pedid, y se os dará; buscad, y te inclinado, fuerte y suavemente, a
hallaréis; llamad, y se os abrirá1, con seguir las huellas de Cristo mismo y
mayor confianza acudid gozosos a la de su Madre. Aun la misma oración
Madre de Dios, junto a la cual el pue­ tan ta s veces repetida con idénticas
blo cristiano siempre ha buscado el re­ fórm ulas, lejos de resultar estéril y
fugio er> las horas de peligro, pues Ella enojosa, posee (como lo demuestra la
íia sido constituida causa de salvación experiencia) una admirable virtud para
para todo el género hum anoz. infundir confianza al que reza y para
Por ello, con alegre expectación y hacer como una especie de dulce vio­
reanimada esperanza vemos acercarse lencia al m aternal corazón de María.
ya el próximo mes de octubre, durante
el cual los fieles acostum bran acudir 4. T rabajad, pues, con especial so­
con mayor frecuencia a las iglesias, licitud, Venerables Hermanos, para
para en ellas elevar sus súplicas a Ma­ que los fieles, con ocasión del mes de
ría mediante las oraciones del santo octubre, practiquen con la m ayor dili­
Rosario. Oraciones que este año, Ve­ gencia método tan saludable de ora­
nerables Hermanos, deseamos se ha­ ción y para que cada día más lo esti­
gan con mayor fervor de animo, como men y se familiaricen con él. Gracias
lo requieren las necesidades cada día a vosotros, el pueblo cristiano podrá
más graves; pues bien conocida Nos es com prender la excelencia, el valor y la
ia poderosa eficacia de tal devoción saludable eficacia del santo Rosario.
para obtener la ayuda m aternal de la
Virgen, porque, si bien puede conse­ 5. Y es Nuestro deseo especial que
guirse con diversas maneras de orar, sea en el seno de las familias donde la
sin embargo, estimamos que el santo práctica del santo Rosario, poco a poco
Rosario es el medio más conveniente y doquier, vuelva a florecer, se obser­
y eficaz, según lo recomienda su ori­ ve religiosamente y cada día alcance
gen, más celestial que humano, y su mayor desarrollo. Pues vano será, cier­
misma naturalezá. ¿Qué plegaria, en tam ente, empeñarse en buscar reme­
efecto, rnás idónea y más bella que la dios a la continua decadencia de la
oración dominical y la salutación an­ vida pública, si la sociedad doméstica
gélica, que son como las flores con que —principio y fundam ento de toda la
hum ana sociedad—no se ajusta dili­
1 Luc. II , 9. gentem ente a la norma del Evangelio.
* S. Iren. A Jv. haer. 3, 22 PO 7. 959. Nos afirmamos que el rezo del santo
Rosario en familia es un medio muy tad de Dios, ya desde su más tierna
apto para conseguir un fin tan arduo. edad aprendan el gran valor que jun­
¡Qué espectáculo tan conmovedor y to al trono del Sriior tienen las ora­
tan sumamente grato a Dios cuando, ciones recitadas en común.
al llegar la noche, todo el hogar cris­
tiano resuena con las repetidas alaban­ 6. De nuevo, pues, y solemnemen­
zas en honor de la augusta Reina del te afirmamos cuán grande es la espe­
Cielo! Entonces el rosario, recitado en ranza que Nos ponemos en el santo
común, ante la imagen de la Virgen, Rosario para curar los males que afli­
reúne con admirable concordia de áni­ gen a nuestro tiempo. No es con la
mos a los padres y a los hijos que fuerza, ni con las armas, ni con la po­
vuelven del trabajo diario; además, los tencia humana, sino con el auxilio di­
une piadosamente con los ausentes y vino obtenido por medio de la oración
con los difuntos; finalmente, liga a to­ —cual David con su honda—como la
dos más estrechamente con el suavísi­ Iglesia se presenta impávida ante el
mo vínculo del amor a la Virgen San­ enemigo infernal, pudiendo repetirle
tísima, la cual, como amantísima Ma­ las palabras del adolescente pastor: Tú
dre rodeada por sus hijos, escuchará vienes a mí con la espada, con la lanza
benigna, concediendo con abundancia y con el escudo; pero yo voy a ti en
los bienes de la unidad y de la paz nombre del Señor de los ejércitos..., y
doméstica. Así es como el hogar de la toda esta multitud conocerá que no e~
familia cristiana, ajustada al modelo con la espada ni con la lanza como sal­
de la de Nazaret, se convertirá en una va el Señor *.
terrenal morada de santidad y casi en Por cuya razón, Venerables Herma­
un templo, donde el santo rosario no nos, deseamos vivamente que todos
sólo será la peculiar oración que todos los fieles, siguiendo vuestro ejemplo y
los días se elevé hacia el cielo en olor vuestra exhortación, correspondan so­
de suavidad, sino que también llegará lícitos a Nuestra paternal indicación,
a ser la más eficaz escuela de la vida en unión de corazones y de voces y
y de las virtudes cristianas. En efecto: con el mismo ardor de caridad. Si
la contemplación de los divinos mis­ aumentan los males y los asaltos de
terios de la Redención será causa de los malvados, crezca igualmente y
que los mayores, al considerar los fúl­ aumente sin cesar la piedad de todos
gidos ejemplos de Jesús y de María, los buenos; esfuércense éstos por obte­
se acostumbren a imitarlos cotidiana­ ner de nuestra amantisima Madre, es­
mente, recibiendo de ellos el consuelo pecialmente por medio del santo Ro­
en la adversidad y en las dificultades, sario a ella tan acepto, que cuanto an­
y de que, movidos por ello, se sientan tes brillen tiempos mejores para la
atraídos a aquellos tesoros celestiales Iglesia y para la humana sociedad.
que no roban los ladrones ni roe la po­
lilla 8; y de tal modo grabará en las 7. Roguemos todos a la poderosí­
mentes de los pequeños las principa­ sima Madre de Dios para que, movida
les verdades de la fe que en sus almas por las voces de tantos hijos suyos, nos
inocentes florecerá espontáneamente obtenga de su Unigénito el que cuan­
el amor hacia el benignísimo Reden­ tos por desgracia se hallan desviados
tor, cuando, al reverenciar—siguiendo del sendero de la verdad y de la vir­
el ejemplo de sus padres—a la majes­ tud, se vuelvan a ésta por la conver-
sion; el que felizmente cesen los odios infeliz por ignotas tierras y bajo igno­
y las rivalidades que son la fuente de tos cielos. Y como Nos les envolvemos
toda clase de discordias y desventuras; a todos con un afecto singular, así
el que la paz, aquella paz que sea ver­ tam bién vosotros, animados por aque­
dadera, justa y genuina, vuelva a res­ lla caridad fraterna que nace y vive
plandecer benigna asi sobre los indivi­ de la religión cristiana, unid con las
duos y sobre las familias, como sobre Nuestras vuestras preces ante el altar
los pueblos y sobre las naciones; el que, de la Virgen Madre de Dios y, supli­
finalmente, asegurados los debidos de­ cantes, recomendadlos a su maternal
rechos de la Iglesia, aquel benéfico corazón. No hay duda de que con dul­
influjo derivado de ella, al penetrar sin zura exquisita Ella aliviará y suavi­
obstáculos en el corazón de los hom­ zará sus sufrimientos, con la esperan­
bres, en las clases sociales y en la en­ za del premio eterno; y de que no de­
traña misma de la vida pública, aúne jará de acelerar, como firmemente con­
ia familia de los pueblos con fraternal fiamos, el final de tantos dolores.
alianza, y la conduzca a aquella pros­
peridad que regule, defienda y coordi­ No dudando, Venerables Hermanos, de
ne los derechos y los deberes de todos que vosotros con el celo ardiente que os es
acostumbrado, llevaréis a conocimiento de
sin perjudicar a nadie, siendo cada día vuestro clero y de vuestro pueblo, en la forma
mayor por la m utua unión y por la que más conveniente creyereis, esta Nuestra
común cjlaboración. paternal exhortación, y teniendo asimismo
por cierto que Nuestros hijos, diseminados
por todo el mundo, responderán de buen
8. Tampoco os olvidéis, Venerables grado a este Nuestro llamamiento con efu­
Hermanos y amados hijos, mientras sión de corazón concedemos Nuestra Bendi­
entretejéis nuevas flores orando con el ción Apostólica, testim onio de Nuestra gra­
titud y prenda de las gracias celestiales, asi
Rosario, no os olvidéis—repetimos—de a cada uno de vosotros como a la grey con­
los que languidecen desgraciados en las fiada a cada uno— y singularmente a los que
prisiones, en las cárceles, en los cam­ durante el mes de octubre de modo especial
recitaren piadosamente, en conformidad con
pos de concentración. Entre ellos se N uestras intenciones, el santo Rosario de la
encuentran también, como sabéis, Virgen.
Obispos expulsados de sus sedes sólo
por haber defendido con heroísmo los Dado en Roma, junto a San Pedro,
sacrosantos derechos de D'os y de la el 15 de septiembre, fiesta de los Siete
Iglesia; se encuentran hijos, padres y Dolores de la Bienaventurada Virgen
madres de familia, arrancados a sus María, en el año 1951, décimotercero
hogares domésticos, que pasan su vida de Nuestro Pontificado.
CCLXI1I

PIO XII

SACRA VIRGINITAS
LE. 25 m a r z o . 1954

SOBRE LA SAGRADA VI RGI NI DAD

virginidad y la castidad perfec­


junto con las viudas, un elemento im­
L a sagra da
ta consagrada al servicio de Dios es cier­
portante de la comunidad cristiana de
tamente, para la Iglesia, uno de los tesoros
más preciosos que su Autor le ha dejado E s m irn a E n el siglo segundo, según
como en herencia. atestigua San Justino, muchos y mu­
A ello se debe el que los Santos Padres
afirmaran que la perpetua virginidad es unchas, como de sesenta o setenta años, se
conservan intactos desde su infancia,
bien excelso de carácter esencialmente cris­
tiano. Con toda razón hacen notar que si los
según las enseñanzas de Cristo \ Suce­
paganos de la antigüedad exigían de las Ves­
sivamente fué creciendo el número de
tales semejante tenor de vida, éste era tan
sólo temporal1; y que, cuando en el An­ los hombres y de las mujeres que ha­
tiguo Testamento se manda conservar y bían consagrado a Dios su castidad; y
practicar la virginidad, se trataba tan sólo
d e una condición previa al matrimonio*; yal mismo tiempo su función en la Igle­
aun añade San Ambrosio*: Leemos que tam­ sia adquirió mayor importancia, según
bién en el templo de Jerusalén había vírgenes.
más ampliamente hemos expuesto en
Mas ¿qué dice el Apóstol?: Todas esas cosas
Nuestra constitución apostólica Spon-
les sucedían como en figura4, para preanun-
ciar lo futuro. sa Christi •.
Además, los Santos Padres, como
2. Muy cierto es que ya desde los Cipriano, Atanasio, Ambrosio, Juan
tiempos apostólicos esta virtud crece Crisóstomo, Jerónimo y Agustín—y no
y florece en el jardín de la Iglesia. pocos otros—en sus escritos celebraron
Cuando en los Hechos de los Apóstoles6 la virginidad con los más altos elogios.
se dice que las cuatro hijas del diácono Esta doctrina de los Santos Padres,
Felipe fueron vírgenes, más que su ju­ enriquecida en el correr de los siglos
ventud se quiere indicar un estado de por los Doctores de la Iglesia y por los
vida. No mucho tiempo después, San maestros de la ascética cristiana, influ­
Ignacio de Antioquía recuerda en su ye ciertamente mucho entre los cris­
saludo las vírgenes que ya constituían, tianos de ambos sexos para suscitar o
para confirmar el propósito de consa-
1 Cf. S. Ambro§. De virginibus I, 4. 15
De virginitate 3, 13 PL 16, 193.269. • Cf..S. Ignat. Antioch. tp. ad Smym. 13
a Cf. Ex. 22, 16-17; Deut. 22. 23-29; (ed. Funk-Diekamp Patres Aposto-
Eccli. 42, 9. lici 1, 286).
* S. Ambros. De virginibus 1, 3, 12 ’ S. lustin. Apot. I pro christ. 15 PG 6,
PL 16, 192. 349.
4 1 Cor. 10, 11. • Cf. Const. ap. Sponsa Christi: A .A .S.
* Act. 21, 9. 43 (1951) 5-8.
grarse a Dios con la perfecta virginidad Y como no faltan hoy quienes, desviándose
del verdadero camino, ensalzan el matrimo­
v de perseverar en ella hasta la m uerte. nio en térm inos tales que lo anteponen a la
virginidad y, por ende, llegan a subestimar
3. El número de los fieles asi con­ la castidad consagrada a Dios y el mismo
celibato eclesiástico, por im perativo del de*
sagrados a Dios, desde el comienzo de ber apostólico hemos de proclamar, en nues­
la Iglesia hasta nuestros días, es incal­ tro tiem po precisam ente, la excelencia de
culable: los unos han conservado in­ este don de la virginidad y defender contra
aquellos errores la verdad 'católica.
tacta su virginidad, los otros han
ofrecido al Señor su viudez, después
de la muerte del consorte; otros, final­
mente, han escogido una vida casta, 1. D O CTRIN A TRA D IC IO N A L
luego de haber hecho penitencia por
sus pecados; pero todos tienen de 4. Ante todo, creemos necesario
común entre sí el haberse comprome­ advertir que la parte esencial de su
tido a abstenerse para siempre, por enseñanza sobre la virginidad la ha
amor de Dios, de los placeres de la recibido la Iglesia de los labios mismos
carne. Por ello, todo cuanto los Santos de su Divino Esposo.
Padres han escrito y proclamado sobre Cuando, de hecho, sus discípulos se
la gloria y mérito de la virginidad, con­ m ostraron sorprendidos por los graví­
sidérenlo todos éstos como la invita­ simos deberes y molestias del matrimo­
ción, apoyo e impulso para perseverar nio que les había expuesto el Maestro,
firmemente en el sacrificio y para no le dijeron: S i tal es la suerte del hombre
sustraer ni apropiarse parte alguna, ni con la mujer, no conviene casarse12. Je­
la más mínima, del holocausto ofre­ sucristo les respondió que no todos
cido sobre el altar del Señor. comprenden esta palabra, sino tan sólo
La castidad perfecta es la m ateria aquellos a quienes les está concedido;
de uno de los tres votos que constitu­ de hecho, algunos se hallan imposibi-
yen el estado religioso * y se requiere litados para el matrimonio por defecto
a los clérigos de la Iglesia latina orde­ de naturaleza, otros por la violencia y
nados in Sacris10 y a los miembros de la malicia de los hombres, mientras
los Instituios secuiarpc n- pero tam ­ otros se abstienen de él espontánea­
bién es practicada por numerosos se­ m ente y de su propia voluntad, y ello
glares, hombres y mujeres que, aun a causa de los reinos de los cielos; y ter­
viviendo fuera del estado público de minó con estas palabras: Quien pueda
perfección, renuncian por completo, o comprender, comprenda13.
de propósito o por voto privado, al El Divino Maestro alude no ya a los
matrimonio y a los placeres de la carne impedim entos físicos para el matrimo­
a fin de poder servir más libremente a nio, sino a la decisión libre y volun­
su prójimo y unirse a Dios más fácil taria de abstenerse para siempre de
e íntimamente. las bodas y de los placeres del cuerpo.
A todos los amadísimos hijos e hijas que Y, al hacer El la comparación de
de algún modo han consagrado a Dios su
cuerpo y su alma, volvem os Nuestro pater­ quienes espontáneam ente renuncian a
nal corazón y les exhortam os vivam ente a los placeres del cuerpo con los que se
que se afiancen en su santo propósito y lo ven obligados a renunciarlos por natu­
jumplan con diligencia.
raleza o por hum ana violencia, ¿acaso
* Cf. C .I.C . can. 487. no nos enseñaba el Divino Redentor
‘¡l Ibid. can. 132 § ).
" Cf. const. apost. Próvida M aíer a. 3
§ 2 A .A .S . 3U (Ui47) 121.
que la castidad ha de ser perpetua, mente y el corazón; querer en todas
para que realmente sea perfecta? las cosas agradar a Dios; pensar en El
constantemente y consagrarle por com­
5. Añádase—y ello es doctrina co­ pleto cuerpo y espíritu.
rriente entre los Santos Padres y
Doctores de la Iglesia—que la virgi­ 6. De esta manera interpretaron,
nidad no es virtud cristiana sino cuan­ en todo tiempo, la palabra de Jesu­
do se guarda a causa del reino de los cristo y la doctrina del Apóstol de las
cielos u , esto es, cuando emprendemos Gentes los Santos Paires. En efecto;
tal tenor de vida precisamente para ya desde la más remota antigüedad de
poder dedicarnos mejor a las cosas di­ la Iglesia, consideraron la virginidad
vinas, para conseguir con mayor segu­ como una consagración de cuerpo y de
ridad la felicidad eterna, y finalmente alma, que se ofrece a Dios. De esta
para poder llevar más fácilmente a los manera San Cipriano exige que las que
demás al reino de los cielos mediante se hayan dedicado a Cristo, apartándose
un constante esfuerzo. de la concupiscencia carnal, se entreguen
Por consiguiente, no pueden arro­ a Dios tanto en el espíritu como en la
garse el honor de la virginidad aque­ carne... y que no traten de adornarse ni
llos cristianos o cristianas, donceles y de agradar a nadie más que a su Señor
doncellas, que se abstienen del matri­ Y el Obispo de Hipona, dando un pa*o
monio, o por demasiado amor propio más, afirma lo siguiente: La virginidad
o con el fin de escapar a sus cargas, misma no merece honores, por ser vir­
como advierte San Agustín15, o tam­ ginidad; sino por estar dedicada al Se­
bién para ostentar, a la manera de los ñor... Ni tampoco nosotros elogiamos en
fariseos, la soberbia integridad de sus las vírgenes el que sean vírgenes, sino
cuerpos, cosa que ya reprueba el con­ el que lo sean con pía continencia por
cilio de Gangres, al condenar a quien estar consagradas a D ios11. Y los
se abstiene del matrimonio, conside­ principes de la Sagrada Teología, Santo
rándolo como una abominación, en vez Tomás de Aquino *• y San Buenaven­
de hacerlo por la santidad y hermosura tu ra 11, fundados en la autoridad de
misma de la virginidad1#. San Agustín, enseñan que. la virgini­
Además, el Apóstol de las Gentes, dad no tiene la firmeza de la virtud
inspirado por el Espíritu Santo, hace si no se funda en el voto de conser­
esta afirmación: El que no está casado, varla siempre inmaculada. De hecho,
es solicito por las cosas de Dios, y por la doctrina de Cristo sobre la perpetua
el modo de agradarle... Y la mujer no abstinencia del matrimonio es practi­
casada y la virgen piensan en las cosas cada en la forma más amplia y per­
de Dios, para ser santas en cuerpo y en fecta por -quienes con voto perpetuo
espíritu lV se obligan a su observancia; y no
Tal es la finalidad principal y la puede en justicia afirmarse que sea
razón primaria de la virginidad cris­ mejor y más perfecto el propósito de
tiana, a saber, dirigirse únicamente a quienes entienden reservarse cierta
las cosas divinas poniendo en ello la
>• S. ^ypr. De habitu virginum 4 PL 4,
M Ibid. 19, 12. '* S. Aug. De sancta virginitate 8.11
'* S. Aug. De sancta virginitatc 22 PL 40, PL 40, 400.401.
407. «• S. Th. 2.2ae. 152, 3 ad 4.
*' Cf. can. 9: Mansi Coll. concil. 2, 1096. ** S. Bonav. De perfectiane evangélica 3, 3,
•’ I Cor. 7, 32.34. sol. 5.
posibilidad para liberarse de su com­ gran am or a vuestros esposos, ¿cuánto más
no deberéis am ar a Aquel por quien renuncias­
promiso. teis a tm e r m arido? Quede, por consiguiente,
Este vínculo de la castidad perfecta bien clavado por entero en vuestro corazón
lo han considerado los Santos Padres .Aquel que por vosotras quedó clavado en la
c r u z 1*. Tales son, por lo dem ás, los senti­
como una especie de matrimonio espi­ m ientos y propósitos que la Iglesia misma
ritual entre el alma y Cristo. Es más, exige a las vírgenes en el día solemne de su
algunos de ellos han llegado a com­ consagración a Dios, cuando ias invita a pro­
nunciar estas palabras: H e despreciado el
parar con el adulterio la violación del reino del m undo y todo el ornato secular por
voto hecho 22. Por ello, San Atanasio am or de N uestro Señor Jesucristo, a quien vi,
escribe que la Iglesia católica acostum ­ de quien me enamoré, en quien puse m i con­
fia n za y a quien preferí con todo m i co­
bró a llamar esposas de Cristo a las razón *•. Por ello, tan sólo el amor al Divino
que poseen la virtud de la v irg in id ad 83. Redentor es el que dulcem ente mueve a las
Y San Ambrosio, escribiendo concisa­ vírgenes a consagrarle cuerpo y alm a, según
las bellísim as frases que San Metodio de
mente sobre la doncella consagrada, Olimpo pone en boca de una de ellas: ¡Oh
dice lo siguiente: Virgen es la que se Cristo, T ú eres todo para m í! P ara T i me con­
casa con Cristoá4. Es más, como clara­ servo casta, y con la lám para encendida voy
a tu encuentro, ¡oh Esposo m ío !90.
mente se ve por los escritos del mismo Sí; el am or de Cristo es el que mueve
Doctor de Milán 25, el rito mismo de laa la doncella a refugiarse, y ello para
consagración virginal, a partir ya del siempre, dentro de los muros de un
sigio iv, era muy semejante al que en monasterio, para allí contem plar y
nuestr< s tiempos emplea la Iglesia en am ar con m ayor libertad y facilidad
!a bendición n u p c ia l26. a su celestial Esposo, y el que la esti­
m ula poderosam ente a consagrarse con
7. Por esa misma razón los Santos todas sus fuerzas y hasta la muerte a
Padres exhortan a las vírgenes a que
las obras de misericordia en favor del
amen a su Divino Esposo con más
prójimo.
afecto aún que am arían a su propio
marido, si estuvieran unidas en m atri­
8: Y en lo que toca a los hombres
monio; les aconsejan tam bién el que se
que no se mancillaron con mujeres,
som etan a Su voluntad siempre, tanto
porque son vírgenes 31, afirma el após­
en eí pens<¿: como en c! o b ra r27.
tol San Juan: ellos siguen al Cordero,
San A gu stín , en efecto. !es dice lo ‘•■guíente:
Am ad cor. iodo vuestro corazón ai más hermoso doquier que E l va 32.
entre los hijos de los hombres, vuestro corazón M editemos la exhortación que les hace
está libre y exento de todo lazo conyugal... S i , San Agustín: S eg u id al Cordero porque es
pues, en caso de estar ca sad as, a m a ría is con tam bién virgen la carne del Cordero... Razón
tenéis para seguirle, con la virginidad del co­
Cf. S. Cypr. De habitu virg in u m 20 razón y de la carne, doquier que vaya. Y , en
P L 4, 459. efecto, ¿qué es seguirle sino imitarle? Porque
Cristo ha sufrido por nosotros, dejándonos un
Cf. S. A th an as. A p o l. ad Constant. 33 ejemplo, como dice S a n Pedro apóstol, *a fin
PG 25, 640. de que sigam os sus pisadas* *9. Realmente
S. Ambr. De virgin ibu s 1, 8, ó2
P L Id, 202. 2* S. Aug. De sancta virginitate 54-55
íj Cf ibid. 3, 1-3, 1-14; De institutione P L 40 , 428.
virginis 17, 104-114 P L 16, 219- 29 Pontificale R o m a n u m : De benedictio­
224.. 333-336. ne et consecratione virginum .
- e Cf. Sacramentar ium Leonia num 30 10 S. M ethod. Olympt C onvivium decetn
P L 55, 129; Pontificóle R om an u m virg in u m or. 1 1 , 2 PG 18, 209.
De b enediction e et consecratione
virginum . A poc. 14, 4 .
Cf, S. Cypr. De habitu v irg in um , 4 3S Ibid.
et 22 P L 4, 443-444, 462; S. Ambros. ** 1 Pet. 2, 21; S. Aug. De sancta virgi-
De v irgin ibus 1, 7, 37 P L 10, 199. n i tote 27 P L 40, 411.
todos estos discípulos y todas estas esposas preocupaciones... Por lo contrario, quien
de Cristo se han abrazado con la virginidad,
según San Buenaventura, para conformarse está casado se preocupa de las cosas del
con Jesucristo, su Esposo, aí cual hace aseme­ mundo, y sobre el modo de agradar a la
jarse la virginidad**. mujer, y se halla dividido **. Es de
Mas su ardiente caridad hacia Cristo advertir, sin embargo, respecto al par­
no podía contentarse con los simples ticular, que no por ello recrimina el
vínculos de amor a El: tenía también Apóstol a los varones el que se preocu­
necesidad absoluta de manifestarse pen de sus esposas, ni reprende a las
mediante la imitación de sus virtudes mujeres porque se esfuercen en agra­
y, singularmente, conformándose con dar a sus esposos; más bien afirma que
su vida, consagrada toda al bien y a sus almas están como divididas entre
la salvación del género humano. Por­ el amor de Dios y el amor del cónyuge,
que si los sacerdotes, los religiosos y y sometidas a duras preocupaciones
las religiosas, y todos cuantos de un que a causa de los deberes del matri­
modo u otro han consagrado su vida monio difícilmente les permiten dedi­
al servicio de Dios, guardan perfecta carse a la meditación de las cosas davi­
la castidad, ello se debe en definitiva nas. En efecto, clara e imperiosa se les
a que su Divino Maestro mismo per­ impone la ley del matrimonio: Serár
maneció virgen hasta la muerte. dos en una sola carne Realmente,
Por eso exclama San Fulgencio: Este es el los esposos, tanto en circunstancias
Hijo unigénito de Dios, hijo también unigé­
nito de la Virgen, único Esposo de todas las tristes como en momentos alegres,
vírgenes consagradas, fruto, gloria y premio quedan mutuamente ligados **. Fácil­
de la santa virginidad, a quien la santa vir­ mente se comprende por qué quienes
ginidad dió un cuerpo, con quien espiritual­ desean entregarse al servicio divino
mente contrae nupcias la santa virginidad, de
quien la santa virginidad recibe su fecundidad abrazan la forma de vida virginal como
para poder perseverar intacta, por quien es una liberación, esto es, para poder
adornada para permanecer siempre hermosa, servir a Dios con más plenitud y pro­
y por quien es coronada para reinar eterna­
mente en la gloria*6. curar el bien del prójimo con todas sus
fuerzas. Poniendo algunos ejemplos,
9. Juzgamos ahora oportuno, Ve­ ¿cómo hubiera podido aquel admira­
nerables Hermanos, declarar con más ble heraldo de la verdad evangélica,
diligencia la causa que mueve a las San Francisco Javier, o aquel miseri­
almas generosas a renunciar al matri­ cordioso padre de los pobres, San Vi­
monio por amor de Cristo, y señalar cente de Paúl, o San Juan Bosco, in­
los arcanos vínculos que median entre signe educador de la juventud, o aque­
la virginidad y la perfección de la lla incansable «madre de emigrados»,
caridad cristiana. Ya las mismas pala­ Santa Francisca Javier Cabrini, cómo
bras de Cristo, recordadas anterior­ hubieran podido hacer frente a tan
mente, indican con toda claridad que grandes trabajos y molestias, si hu­
la abstinencia perfecta del matrimonio bieran tenido que preocuparse cada
desembaraza a los hombres de cargas cual de las necesidades espirituales y
pesadas y de graves deberes. Inspi­ temporales, tanto de su cónyuge y de
rado por el Espíritu de Dios, el Após­ sus hijos como de las suyas personales?
tol de las Gentes propone la causa de Pero existe aún otra razón de que
tal liberación con las siguientes pala­ las almas, ardientemente deseosas de
bras: Querría yo que estuvierais sin
** I Cor. 7, 32-33.
** S. Bonav. De perfectione evangélica 3,3. *7 Gen. 2, 24; cf. Mat. 19, 5.
** S. Fulgent. ep. 3, 4, 6 PL 65, 326. ** Cf. 1 Cor. 7, 39.
consagrarse al servicio de Dios y a la dotes del Antiguo Testam ento, cuan­
salvación del prójimo, escojan el estado do servían en el Templo, habían de
de la virginidad; y es la que aducen abstenerse tem poralm ente del uso del
los Santos Padres cuando tra ta n de m atrim onio para no contraer una im­
las ventajas que existen en una com­ pureza leg a l4a, como los demás hom­
pleta renuncia a los placeres de la bres, ¿cuánto más necesaria no será la
carne, para mejor gustar las elevacio­ castidad perpetua en los ministros de
nes de la vida espiritual. Verdad es Jesucristo que diariam ente ofrecen el
—ya lo han notado ellos claram ente— sacrificio eucarístico?
que no han de condenarse de por sí Tocante a esta perfecta continencia, he
tales placeres, legítimos en el m atri­ aquí lo que en form a interrogativa dice San
Pedro Damiano: S i nuestro Redentor amó
monio; más aún, el uso casto del m a­ tanto la flo r intacta de la virginidad que no
trimonio ha sido ennoblecido y consa­ sólo quiso nacer del seno de una Virgen, sino
grado por un sacram ento especial. que quiso ser confiado tam bién a los cuidados
de u n custodio virgen, y esto cuando, todavía
Pero debe reconocerse que, como con­ n iñ o , a un lloraba en la cuna, decidme ¿a quién
secuencia de la caída de Adán, las querrá confiar E l su Cuerpo ahora, cuando ya
facultades inferiores de la naturaleza reina en la inm ensidad de los cielos?*9.
resisten a la recta razón y a veces
hasta impulsan al hombre a obrar con­ 11. E sta es, sobre todo, la razón
tra sus dictámenes. Según la expresión por la que—según la enseñanza de la
del Doctor Angélico, el uso del matri­ Iglesia— la santa virginidad supera en
monio impide que el alma se entregue excelencia al matrimonio. Ya el Divino
totalmente al servicio de Dios 39. R edentor la había propuesto a sus dis­
cípulos como un consejo de vida más
10. Precisamente para que los sa­ p e rfe c ta 44.
grados ministros puedan gozar esta El apóstol San Pablo, luego de haber di­
espiritual libertad de cuerpo y de alma, cho a un padre que da en m atrim onio a su
hija: Hace bien, añade inm ediatam ente esto:
asi como para evitar que se enreden m as a un hace mejor quien no la da en ma­
en negocios temporales, es por lo que trim onio 4‘. Y el mismo Apóstol, al compa­
la Iglesia latina Ies exige que volun­ rar el m atrim onio con la virginidad, muestra
más de una vez su pensam iento, sobre todo
tariamente y üe buen grado acepten la cuando dice: Pero yo querría que todos fuerais
obligación de la caslidad pcrfeua*0. como yo ... Por ello digo a los célibes y a las
viu d a s: Les es conveniente si así permanecen,
Que si esa ley—como afirm aba Nues­ como tam bién permanezco yo **. Luego, si se­
tro Predecesor, de i. m., Pío X I—no gún ya hemos dicho, la virginidad es superior
obliga en la misma medida a los m inis­ al m atrim onio, se debe indudablem ente a
tros de la Iglesia Oriental, también en que ella tiende a lograr un fin más excel­
s o 47; ella es, adem ás, el medio más eficaz
ellos es tenido en honor el celibato ecle­ para consagrarse enteram ente al servicio de
siástico, y en ciertos casos— sobre todo, Dios, en ta n to que el corazón de quien se
cuando ya se trata de los supremos gra­ halla ligado a las preocupaciones del matri­
monio queda más o menos dividido**.
dos de la Jerarquía— está requerido y es
impuesto necesariamente41. *'- Cf. Lev. 15, 16-17; 22, 4; 1 S a m . 21, 5-7;
Pero los sagrados ministros no re­ cf. S. Slric. P P., ep. ad Himer. 7
P L 56, 558-559.
nuncian al matrimonio tan sólo porque
se dedican al apostolado, sino tam bién 41 S. Petr. Dam. De coelibatu sacerdotum
3 P L 145, 384.
porque sirven al altar. Si ya los sacer­ 44 Cf. M at. 19, 10-11.
•* S. Th. 2 . 2ae. IBíj, 4. “ I Cor. 7, 38.
'• Cf. C .I.C . can. 132 § 1. 4* Ibid. 7, 7-8; cf. 1.26.
" Cf. litt. ene. A d catholíci saceráotii fu - 47 Cf. S. Th. 2.2ae. 152, 3-4,
stig iu m : A .A .S . 28 (1936) 24-25.
12. Pero aun resalta más la exce­ cuados remedios. El huérfano, el po­
lencia de la virginidad, cuando consi­ bre, el desgraciado espiritualmente, el
deramos la abundancia de sus frutos prisionero no carecerán de ayuda y de
porque por el fruto se conoce bien al consuelo: sacerdotes, religiosos, sagra­
árbol” . das vírgenes, al ver en él un miembro
De inmensa y dulce alegría se llena dolorido del cuerpo místico de Jesu­
Nuestra alma con el pensamiento de cristo, digno por ello de toda compa­
la falange innumerable de vírgenes y sión, se acordarán de las palabras del
de apóstoles que desde los primeros Redentor: Tuve hambre, y me disteis
tiempos de la Iglesia hasta nuestros de comer; tuve sed, y me disteis de beber;
días, han renunciado al matrimonio era peregrino, y me hospedasteis; es­
para consagrarse más libremente y más tando desnudo, me vestísteis; enfermo,
por entero a la salvación del prójimo me visitasteis; encarcelado, vinisteis a
por amor de Cristo, llevando así ade­ verme... En verdad os digo que todo
lante iniciativas verdaderamente ad­ cuanto hicisteis al más pequeño de mis
mirables en el campo de la religión y hermanos, a mi me lo hicisteis Y ¿qué
de la caridad. Ciertamente que no decir en loa de tantos misioneros que,
queremos desconocer los méritos de los lejos de su patria y entre los mayores
que militan en la Acción Católica, ni sacrificios, convierten a la fe de Cristo
los frutos de su apostolado: con sus las masas de los infieles? Y ¿qué de
trabajos pueden llegar frecuentemente las esposas de Cristo, que tan preciosa
a almas adonde sacerdotes y religiosos colaboración les ofrecen?
o religiosas no habrían podido acercar­ A todos y a cada uno de ellos repetimos
se algunas veces. Pero cierto es que a de buen grado las palabras de Nuestra exhor­
tación apostólica Mentí nostrae: «Gracias a
estos últimos se han de atribuir la la ley del celibato el sacerdote, lejos de perder
mayor parte de las obras de caridad. por completo el deber de la verdadera pater­
nidad, lo realza hasta lo infinito, puesto que
Ellos, en verdad, con gran generosi­ engendra hijos no para esta vida terrenal y
dad acompañan y dirigen la vida de perecedera, sino para la celestial y eterna»
los hombres en toda edad y condición;
y cuando vienen a faltar por cansan­ 13. No es fecunda la virginidad
cio o por enfermedad, dejan a otros tan sólo por las obras exteriores a que
como en herencia el continuar esa mi­ pueden dedicarse por completo y con
sión sagrada. Y así es como el niño, facilidad quienes la abrazan; lo es tam­
luego de nacer, encuentra frecuente­ bién por las formas más perfectas de
mente manos virginales que lo acogen caridad hacia el prójimo, cuales son
sin que le falte nada de cuanto el más las ardientes oraciones y los graves
intenso amor maternal podría darle; sufrimientos voluntarios y generosa­
item, cuando, ya mayor, llega a la mente soportados para tal finalidad.
edad de la razón, es confiado a edu­ A ello han consagrado toda su vida
cadores o educadoras que velan, me­ los siervos de Dios y las esposas de
diante su cristiana formación, por el Cristo, singularmente los que viven en
desarrollo de sus facultades y por la los monasterios.
formación de su carácter. Enfermo, Finalmente, la virginidad consagra­
siempre encontrará alguien que, movi­ da a Dios es por si misma una expre­
do por el amor a Cristo le cuidará sión tal de fe en el reino de los cielos
con interés, poniendo en ello toda su y una prueba tal de amor al Divino
solicitud y empleando los más ade­
*• Mat. 25, 35-36 . 40.
“ A.A.S. 42 (1950) 663.
R edentor, que no es de m aravillar el Muy grato es considerar particu­
que produzca tam años frutos de san­ larm ente el fruto más dulce de la vir­
tidad. Numerosísimas son las vírgenes ginidad, esto es, que las vírgenes con­
y los apóstoles, consagrados a la cas­ sagradas m anifiestan y hacen pública
tidad perfecta, que son honor de la a los ojos de todos la perfecta virgini­
Iglesia por la alta santidad de sus dad de la misma Madre, así como la
vidas. De hecho, la virginidad confiere santidad de la íntim a unión que tienen
a las almas una fuerza espiritual capaz con Cristo.
de conducirlas hasta el m artirio: tal No otra cosa quieren significar las palabras
que em plea el Pontífice en el sagrado rito
es la enseñanza de la historia que pro­ de la consagración de las vírgenes y al orar
pone a la admiración de todos tan tas a Dios por ellas: A fin de que existan almas
legiones de vírgenes, desde la rom ana más sublimes que, desdeñando la unión carnal
del hombre y de la mujer, desearan el misterio
Inés hasta María Goretti. que en ella está recóndito, y, en vez de imitar
lo que es propio del matrimonio, amen lo que
14. No sin motivo, pues, la virgi­ por él se halla sim bolizado6&.
nidad es llamada la virtud angélica: Gloria altísim a es de las vírgenes,
San Cipriano, escribiendo a las vírgenes, sin duda alguna, el ser imágenes vivas
dice con toda justicia: Vosotras comenzáis a de aquella perfecta integridad que une
ser ya lo que algún dia hemos de ser todos.
Ya en este mundo gozáis la gloria de la resu­ a la Iglesia con su Divino Esposo. Ade­
rrección, pues a través de él pasáis sin conta­ más de que ellas ofrecen una muestra
minaros con su corrupción. M ientras perseve­ adm irable de la florida santidad y de
ráis casto., y vírgenes, sois iguales a los ánge­ aquella espiritual fecundidad, que ca­
les de Dios 62.
Al alma sedienta de pureza y en­ racterizan a la sociedad por Cristo
cendida en el deseo del reino de los fundada y que le es motivo de la más
cielos, la virginidad se le presenta intensa gloria.
M agníficas son, a este propósito, las pala­
como la perla preciosa para lograr la bras de San Cipriano: Las vírgenes son flores
cual uno vendió cuanto tenia, y la que brotan de los gérmenes de la Iglesia, ornato
compró33. Y asi los casados, y aun y gloria de la gracia espiritual, alegría de la
naturaleza, obra maestra de alabanza y de
quienes en el cieno de los vicios se gloria, imagen divina que reverbera la santi­
hallan sumergidos, adm iran con fre­ dad del Señor, porción lo más selecta de la
cuencia—cuando ven a las vírgenes— grey de Cristo. De ellas se enorgullece la Iglesia
y en ellas florece exuberante su gloriosa fecun­
ei resplandor de su blanca pureza y didad ; de suerte que cuanto más crece el coro
sienten deseos de conseguir aquel ideal de las vírgenes, tanto mayor es el gozo de la
que supera al deleite de los sentidos. M adre6*.
Así lo afirma claramente Santo Tom ás de
Aquino, cuando escribe: A la virginidad... se
atribuye la más sublime hermosura e in­
dudablemente tal es la razón de que las vír­ II. CLAROS ERRORES
genes con su ejemplo cautiven a todos.
Y, en efecto, ¿no es verdad que todos 15. E sta doctrina, que establece
aquéllos, hombres y mujeres, con su las ventajas y excelencias de la virgi­
perfecta castidad dem uestran clara­ nidad y del celibato sobre el matri­
mente que el dominio del alm a sobre monio, ya fue puesta de manifiesto
el cuerpo es un efecto del auxilio divi­ por el Divino Redentor y por el Após­
no y una señal de sólida virtud? tol de las Gentes, según más arriba
dijimos. Y, asimismo, en el Concilio
52 S. Cypr. De habitu virginum 22 P L 4,
462: cf. S. Ambr. De virginibus 1, 8, 6‘ Pontificale Rom anum: De benedictlone
52 P L 16, 202. et consecratione virginum.
64 Mat. 13, 46. 6* S. Cypr. De habitu virginum 3 PL 4,
M S. Th. 2. 2ae. 152. 5. 443.
de T rento67 fué solemnemente definí' tras pasiones, perturbadas consiguien­
da como dogma de fe divina, y siem­ temente al primer pecado de Adán,
pre fué enseñada por el unánime sentir pretenden dominar no sólo los sentidos,
de los Padres y Doctores de la Iglesia. sino también aun a la misma alma,
Además, así Nuestros Predecesores derramando tinieblas en la mente y
como Nos mismo, siempre que se ofre­ debilitando la voluntad. Mas la gracia
cía ocasión, repetidas veces la hemos de Jesucristo se nos confiere por los
explicado y con gran empeño la hemos sacramentos, principalmente para que,
recomendado. Mas, porque no han viviendo según el espíritu, reduzcamos
faltado quienes, no sin grave peligro el cuerpo a servidumbre La virtud
y detrimento para los fieles, han ata­ de la castidad no nos exige que seamos
cado esta misma doctrina ininterrum­ insensibles al estimulo de la concupis­
pidamente transmitida en la Iglesia, cencia, sino más bien que la sometamos
Nos, por deber de conciencia, hemos a la recta razón y a la ley de la gra­
creído oportuno volver sobre el asunto cia, empeñándonos con todas nuestras
en esta Encíclica para desenmascarar y fuerzas para conseguir lo que es más
condenar los errores que con frecuencia noble en la vida humana y cristiana.
se presentan bajo apariencias de verdad. Para alcanzar semejante dominio del
En primer lugar, es indudable que alma sobre los sentidos del cuerpo, no
se apartan del común sentir de las basta abstenerse tan sólo de los actos
personas honradas, sentir que la Igle­ directamente contrarios a la castidad,
sia siempre tuvo en gran estima, quie­ sino que es absolutamente necesario
nes consideran el instinto sexual como apartarse voluntaria y generosamente
la tendencia principal y mayor del or­ de todo cuanto más o menos remota­
ganismo humano, para de ahí deducir mente se oponga a los actos de esta
que el hombre no puede cohibir duran­ virtud: asi es como el alma reinará
te toda su vida este apetito sin expo­ como soberana en el cuerpo y podrá
nerse al grave peligro para su cuerpo, llevar su vida espiritual tranquila y
y sin perturbar sus elementos vitales, libremente. ¿Quién habrá que, apo­
principalmente los nervios, y sin causar yándose en los principios de la religión
daños al equilibrio de su personalidad. católica, no vea claramente cómo la
Pero, como con razón advierte Santo castidad y la virginidad perfecta, lejos
Tomás, el instinto más profundo en de oponerse al crecimiento natural y
nosotros es el que a la propia conser­ al natural desarrollo del hombre o de
vación se refiere; luego, viene en se­ ia mujer, lo estimula y lo ennoblece
gundo lugar la inclinación que procede en el más alto grado?
de las potencias sexuales. Por otra
parte, toca al impulso rector de la 17. Recientemente hemos conde­
razón humana, privilegio singular de nado, con tristeza de Nuestra alma,
nuestra naturaleza, el moderar tan la opinión de los que llegan a defender
fundamentales instintos y estímulos que el matrimonio es el único medio de
y, mediante aquel recto dominio, lle­ asegurar a la persona humana su incre­
gar a ennoblecerlos mento natural y su debida perfec­
ción e#: afirman que la gracia divina,
16. Es cierto, sin embargo, que las
facultades de nuestro cuerpo y nues- *» Cf. Gal. 5, 25; 1 Cor. 9, 27.
** Cf. AUocutio ad Moderatrices supremas
Ordinum et Institutorum Reiigiosa-
47 Sess. 24, can. 10. rum, 15 sept. 1952 A.A.S. 44 (1952)
*• Cf. S. Th. I.2ae. 94, 2. 824.
conferida por el sacram ento del m atri­ sum am ente se enriquecen. ¿Quién con
monio ex opere operato, hace tan santo más propiedad que cuantos son vír­
el uso del m atrimonio que lo convierte genes podrá apropiarse aquella admi­
en instrum ento más eficaz aún que la rable frase del apóstol San Pablo:
m ism a virginidad para unir las almas Pero ya no soy yo quien vivo; Cristo es
con Dios. Doctrina ésta, que hemos quien vive en mi? 64.
denunciado como falsa y m uy peli­ Por esta razón sabiam ente piensa la
grosa. Verdad es que este sacram ento Iglesia que debe mantenerse el celibato
concede a los esposos la gracia divina de los sacerdotes: sabe muy bien que es
para cumplir santam ente sus deberes y será fuente de gracias espirituales
conyugales, y que afianza los lazos del que cada vez los irán uniendo más
amor que reciprocamente les unen; intim am ente con Dios.
pero no fué instituido para convertir
el uso del m atrim onio en medio, de 18. C onsideram os tam b ién muy
suyo el más apto, para unir con Dios oportuno decir, siquiera con brevedad,
el alma de los esposos por el vínculo algo sobre el error de quienes, para
de la c a rid a d 61. ¿No reconoce, más a p a rtar a los jóvenes de los Seminarios,
bien, el apóstol San Pablo a los espo­ y a las doncellas de los Institutos reli­
sos el derecho de abstenerse tem poral­ giosos, se esfuerzan por inculcar en su
mente del uso del m atrim onio para ánimo que la Iglesia de hoy necesita
dedicarse a la oración 62, precisamente más del auxilio y de la cristiana pro­
porque dicha abstención hace más fesión de virtud de quienes—unidos en
libre el alma para entregarse a las m atrim onio—viven mezclados con los
cosas divinas y a la oración? demás del mundo, que de sacerdotes y
Finalmente, no se puede asegurar de vírgenes consagradas, pues con su
—como lo hacen algunos—que la voto de castidad se han apartado en
«ayuda m utua»63 que buscan los espo­ cierto modo de la sociedad humana.
sos en las nupcias cristianas sea un E sta aberración, Venerables Herma­
medio de santidad más perfecto que la nos, es evidentem ente tan falsa como
soledad de! corazón de las vírgenes y perniciosa.
los célibes p ues, aunque todos cuantos Muy cierto es cómo Nuestro propó­
han abrazado la vida ae perfecta cas­ sito no es negar que los esposos cató­
tidad se apartaron de aquel amor hu­ licos, precisam ente por su ejemplar
mano, sin embargo, no por ello puede vida cristiana, pueden ofrecer frutos
afirmarse que con tal privación hayan ricos y saludables con el testimonio de
en algún modo rebajado y despojado su virtud, dondequiera que vivan y en
la personalidad hum ana. En efecto, cualesquiera circunstancias en que se
reciben ellos del supremo Dador de encuentren. Pero el que con semejante
todos los dones un auxilio espiritual argum ento se atreva a aconsejar que
inmensamente superior a la «mutua es más deseable vivir en matrimonio
ayuda* que se procuran los esposos. que consagrarse del todo a Dios, cier­
Al entregarse ellos totalm ente al que tam ente que conculca y perturba el
es su principio y que les comunica su recto orden de las cosas. Lo que sí
vida divina, lejos de empobrecerse, deseamos ardientem ente, Venerables
Hermanos, es que quienes han contraí­
81 Cf. Decr. S. Officii De matrimonii fin í- do ya nupcias o piensen llegar al ma­
bus 1 april. 1944 A .A .S . 36 (1944) 10 trimonio, sean a su debido tiempo ins­
'* Cf. I Cor. 7, 5.
•• Cf. C.I.C. can. 1013 S I.
truidos sobre el grave deber, que tienen sus madres? Y por su parte el sacer­
o han de tener, no sólo de educar recta dote, movido por el ejemplo de su Di­
y diligentemente a su prole, sino tam­ vino Maestro, ¿no ejerce por ventura
bién de ayudar a los demás en lo el oficio del buen pastor que conoce
posible con el testimonio de su fe y sus ovejas y las llama por su nom­
el ejemplo de su virtud. Pero, según lo bre? •*. Ahora bien; estos sacerdotes y
exige la conciencia de Nuestro deber, religiosos, si pueden dedicarse a todos
no podemos menos de condenar en y amar a todos por amor de Cristo,
absoluto a todos los que trabajan por es precisamente gracias a la castidad
apartar a los jóvenes de su entrada en perfecta que tan celosamente guardan.
el Seminario o en las Ordenes y Con­ Y aun los que llevan vida contempla­
gregaciones religiosas y de la emisión tiva concurren con suma eficacia al
de sus votos, pretenden convencerles bien de la Iglesia, precisamente por­
de que por medio del matrimonio, que ofrecen a Dios, por la salvación
como padres y madres de familia, po­ de los demás, no sólo sus preces y
drán—con la pública profesión de su súplicas, sino aun su propia inmolación
vida cristiana—conseguir un bien espi­ personal, puesto que, en las presentes
ritual mucho mayor. Con cuánta más circunstancias, se entregan a obras de
rectitud y prudencia obrarían si con apostolado y caridad, conforme a las
todo empeño exhortaran a tantos y normas señaladas en Nuestras letras
tantas que viven en matrimonio, a pro­ apostólicas Sponsa Christi *7; también
mover con su peculiar habilidad las por esta razón deben ser en gran ma­
obras de apostolado propias de los nera dignos de toda alabanza, sin qut
seglares, que no apartando de la vir­ en modo alguno puedan considerarse
ginidad a aquellos jóvenes, por des­ como extraños a la sociedad humana
gracia hoy no muy numerosos, que quienes trabajan por este doble pro­
desean consagrarse al divino servicio. cedimiento en promover su bien es­
A este propósito escribe muy bien San piritual.
Ambrosio: Siempre fué propio de la
gracia sacerdotal esparcir la semilla de
la castidad y suscitar el amor a la vir­ III. CONSECUENCIAS PRACTICAS
ginidad 65.
20. Pasemos ya, Venerables Her­
19. También creemos que se debe manos, a las consecuencias prácticas
advertir cómo es completamente falso que se derivan de la doctrina de la
el afirmar que dejan de pertenecer en Iglesia sobre la virginidad.
cierto modo a la comunidad humana Ante todo, es preciso decir con toda
quienes profesan la castidad perfecta. claridad que de la superioridad de la
Las vírgenes consagradas que emplean virginidad sobre el matrimonio no se
su vida en el servicio de pobres y en­ sigue, en modo alguno, que sea im­
fermos, sin establecer diferencia alguna prescindible para alcanzar la perfección
de raza, de clase social o religión, ¿por cristiana. Posible es llegar a la santi­
ventura no se asocian íntimamente a dad, aun sin consagrar a Dios la propia
las miserias y dolores de estos desgra­ castidad; bien lo prueba el ejemplo de
ciados y se conmueven por ellas con tantos santos y santas, honrados por
tanta dulzura como si realmente fuesen la Iglesia con culto público, que fueron

•• S Ambr. De virginttalt, f>, 25 Pl. 16, ** Cf. lo. 10, 14 3.


272. •’ Cf A A S 4 i <1051) 20.
fieles esposos, ejemplares padres y m a­ 22. Virtud ciertamente difícil es la
dres de familia; ni es raro tam poco virginidad. P ara poder abrazarla no
hoy encontrar personas casadas que basta la resolución firme y decidida
con todo empeño tienden a la cristia­ de renunciar totalm ente y para siem­
na perfección. pre a los placeres lícitos del matrimo­
Obsérvese, además, que Dios no im ­ nio; precisa tam bién refrenar y mode­
pone preceptivam ente la virginidad a rar con una constante y vigilante lucha
todos los cristianos, como claram ente los rebeldes movimientos del cuerpo y
enseña el apóstol San Pablo con estas las pasiones del corazón, rehuir los
palabras: En orden a las vírgenes, man­ atractivos del mundo y vencer las ten­
dato del Señor yo no tengo; pero doy taciones del demonio.
un consejo 6S. Por lo tan to , la castidad Gran razón tenía San Juan Crisóstomo, al
afirmar: L a raíz y los fru to s de la virginidad
perfecta no es sino sólo un consejo, un es u n a vida crucifica d a74; y según San Am­
medio más seguro y fácil para lograr brosio, la virginidad es como un sacrificio en
que aquellos a quienes les ha sido con­ el que la virgen es hostia del pudor y víctima
de la c a stid a d 76. Más aún, San Metodio de
cedido 69 alcancen más segura y fácil­ Olimpo llega a establecer un paralelo entre
mente la perfección evangélica y el las vírgenes y los m ártires7*; y San Grego­
reino de los cielos; por lo cual, según rio Magno enseña que la castidad perfecta
su stitu ye al martirio: Pasó el tiempo de las
nota ríen San Ambrosio, la castidad persecuciones, pero tam bién nuestra paz tiene
se propone, no se impone 70. un m artirio propio: no doblamos y a nuestro
cuello bajo el hierro, pero con la espada del
e sp íritu nosotros m ism os m atam os los deseos
21. Por esta razón, si la castidad carnales de nuestra a lm a 71. Por lo tan to, la
perfecta exige de los cristianos una castidad consagrada a Dios exige almas fuer­
libre elección antes de su consagración tes y nobles, dispuestas al com bate y a la
victoria por el reino de los cielos7*.
total al Señor, tam bién por parte de Así, pues, a fin de emprender este
Dios requiere un don y una gracia 71. camino tan difícil, quien por propia
E! m ism o D ivin o R ed en tor nos previno ya
sobre ello co n estas palabras: No todos com­ experiencia conociere su debilidad, es­
prenden esta ^.ulabra, sino sólo aQu¿'Jns a quie­ cuche antes hum ildem ente estos avi­
nes se Íes ha concedido... Quien pueda com pren­ sos de San Pablo: Quienes contenerse
der, c o m p r e n d a '1. C om entan do la sagrada
sentencia de Cristo, San Jerónim o invita no puedan, se casen; mejor es casarse
a cada uno a valorar sus fuerzas, para pensar que abrasarse 79. Verdad es que para
si le será posible cum plir los preceptos tocantes muchos la continencia sería una carga
a la virginidad y a la castidad. Ya de por sí,
la castidad es dulce y atrae a todos. Pero es demasiado pesada, y no para que se
preciso m edir bien las fuerzas, de suerte que les pueda aconsejar. Por ello los sacer­
comprenda quien pueda comprender. E n esas dotes y los directores espirituales de
palabras se contiene, en cierto modo, el llam a­
miento que el Señor hace a sus soldados, in v i­ jóvenes que se sientan inclinados a la
tándoles a la recompensa de la virginidad. vocación sacerdotal o religiosa, tienen
Comprenda quien pueda com prender: quien un riguroso deber de exhortarles a que
pueda com batir, que combata, que venza y que
triunfe T\ con suma atención examinen sus dis-
7< S. lo. Chrysost. De virglnitate 80 PG 48,
1 Cor. 7, 25. 592.
« Mat. 19, ) l . 7i S. Ambr. De virginitate 1, 11, 65
5. Am br. De viduis 12, 72 P L 16, ¿ó6; P L 10, 206.
cf. S. Cypr. De habitu virginum 23 7® Cf. S. M ethod. Olympi C onvivíum de-
P L 4, 463. cem virg in u m or. 7, 3 PG 18, 128-129.
''' I Cor. 7, 7. S. Greg. M. H om. in Evang. 1, 3, 4
15 Mat. ¡9, 11.12. P L 76, 1089.
78 S. Hier. Comment. in M atth. 19 12 '• Mat. 19, 12.
P L 26. 136.
posiciones, y no los dejen entrar por sin dañar a su propio equilibrio psíqui­
tal camino, si presentaren pocas espe­ co. ¡Cuánto más útil y más oportuno,
ranzas de que han de poder llegar has- sin embargo, seria el ayudar a esos en­
ta el fin con seguridad y feliz éxito; fermos a que refuercen su voluntad y
examinen prudentemente la capacidad convencerles de que la castidad ni si­
de los jóvenes, acudiendo, si fuere ne­ quiera para ellos es imposible, según el
cesario, aun al consejo de los peritos. dicho del Apóstol: Fiel es et Señor Dios,
Finalmente, si todavía quedase algu­ que no permitirá que seáis tentados sobre
na duda, sobre todo teniendo buena vuestras fuerzas; antes bien, con la ten­
cuenta de su vida anterior, procedan tación proveerá también el buen éxito
con firmeza hasta iograr que desistan dándoos el poder de vencer u .
de abrazar el estado de castidad per­
fecta, o para impedirles su admisión 24. Los medios recomendados por
a las Ordenes sagradas o a la profesión el Divino Redentor mismo a fin de
religiosa. defender eficazmente nuestra virtud
son: una vigilancia continua, gracias a
23. Aunque la castidad consagrada la cual hagamos cuanto nos sea posi­
a Dios sea una virtud ardua, su prác­ ble por nuestra parte, y una constante
tica fiel y perfecta es posible a las oración por la que pidamos a Dios
almas, que, luego de haberlo conside­ lo que nosotros no podemos hacer a
rado bien todo, han respondido con causa de nuestra propia debilidad:
corazón generoso a la invitación de, Velad y orad, para no entrar en ta ten­
Jesucristo y hacen cuanto les es posi­ tación; el espíritu está pronto, pero la
ble para conservarla. De hecho, por el carne es d ébil84.
compromiso, que se toma, en el esta­ Esa tal vigilancia, que ha de exten­
do de virginidad o del celibato, ellos derse a todo tiempo y circunstancias
recibirán de Dios una gracia suficiente de nuestra vida, nos es absolutamente
para poder mantener su promesa. necesaria: porque la carne tiene deseos
Por esto, si hubiese alguno que no sintiese contrarios al espíritu, y el espíritu los
haber recibido el don de la castidad (aun des­ tiene contrarios a la carne Y si al­
pués de haber hecho voto)**, no por ello se
empeñe en mostrar la imposibilidad de la guno cediese, por poco que sea, a los
obligación asumida en esta materia. Porque halagos del cuerpo, fácilmente se sen­
*Dios no manda cosas imposibles, sino que, tiría arrastrado a aquellas obras de la
al mandar, te enseña a que hagas cuanto pue­
das y a que pidas lo que no puedas» •• y te carne •* que el Apóstol enumera, y
ayudará para que puedas*1. que constituyen tos victos más torpes
Recordamos esta verdad, tan conso­ y abominables de los hombres.
ladora, aun a aquellos enfermos que Por ello debemos ante todo vigilar
sienten debilitada su voluntad como los movimientos de las pasiones y de
consecuencia de agotamientos nervio­ los sentidos; también debemos domi­
sos y a quienes algunos médicos, cató­ narlos con una voluntaria austeridad
licos inclusive, con harta facilidad les de vida y con las penitencias corpora­
aconsejan que se dispensen de su obli­ les, de suerte que logremos someterlos
gación, alegando el especioso pretexto a la recta razón y a la ley de Dios:
de que no pueden observar la castidad Los que son de Cristo, han crucificado

** 1 Cor. 10, 13.


•• Cf. Conc. Trid. sess. 24, can. 9.
,l Cf. S. Aug. De natura et gralia 43, 50 •* Mat. 26. 4».
PL 44, 271. '* Gal. 5, 17.
" Conc. Trid. sess. 6, 11. •• Cf. ibid. 19-21.
su carne con sus vicios y sus concupis­ tándolos directam ente. P ara la defensa
cencias 87. Y el mismo Apóstol de las de la castidad, dice San Jerónim o, sirve
Gentes dice de si mismo: Maltrato mi m ucho más la fuga que la lucha en
cuerpo, y a servidumbre lo reduzco; no campo abierto: Por esto lo rehuyo, para
sea que, después de haber predicado a no ser vencido #a. Y tal fuga no con­
los demás, yo mismo me encuentre re­ siste tan sólo en alejar con premura
probado ss. Todos los Santos y Santas las ocasiones del pecado, sino sobre
vigilaron con atención los movim ientos todo en alzar la m ente, durante esas
todos de sus sentidos y de sus pasiones luchas, a las cosas divinas, fijando la
v los refrenaron, a veces con la m áxim a v ista en Aquel a quien hemos consa­
aspereza, siguiendo el consejo del Di­ grado nuestra virginidad. Contemplad
vino Maestro: Mas yo os digo que todo la belleza de vuestro amante Esposo, nos
el que mirare a una mujer con mal deseo recom ienda San Agustín 93.
hacia ella, ya adulteró en su corazón.
Si tu ojo derecho te escandaliza, arrán­ 26. Todos los Santos y Santas han
calo y échalo lejos de ti; mejor es que considerado siempre la fuga y la aten­
perezca uno de tus miembros que no el ta vigilancia para alejar con diligen­
que todo tu cuerpo sea arrojado al in­ cia to d a ocasión de pecado, comó el
fierno 8S. De tal recomendación apa­ mejor medio para vencer en esta ma­
rece claramente lo que nos exige el teria: desgraciadam ente, sin embargo,
Divino Redentor: esto es, que ni si­ parece que hoy no todos piensan así.
quiera .on el pensam iento hemos de Algunos defienden que todos los cris­
ceder jamás al pecado, y que con deci­ tianos, y sobre todo los sacerdotes, no
dida firmeza debemos alejar de nos­ han de ser segregados del mundo, como
otros todo cuanto pueda m anchar, si­ en los tiempos pasados, sino que más
quiera levemente, esta virtud tan be­ bien deben estar presentes en el mundo
llísima. Y en esto ninguna diligencia y que, por lo tanto, es necesario que
es excesiva, ninguna severidad resulta afronten la lucha y que pongan a prue­
exagerada. Si la salud poco firme u ba su castidad, a fin de que demuestren
otras causas no perm iten a alguno m a­ si tienen o no la fuerza de resistir. Por
yores austeridades corporales, no por lo tanto, que los seminaristas deben
ello le d isp e^ an jamás de la vigilancia verlo todo, a fin de que se acostum­
y de la mortificación interior. bren a contem plar todo con tranqui­
lidad y de esta suerte se hagan inmu­
25. Cumple a este propósito tam ­ nes contra toda clase de perturbacio­
bién recordar lo que enseñan los Santos nes. Por ello fácilm ente les permiten
P a d re s 90 y los Doctores de la Igle­ que, sin sonrojo, miren todo cuanto se
sia 91: que es más fácil vencer los hala­ les ofrezca; que frecuenten cinemató­
gos y atractivos de la pasión, evitán­ grafos, hasta cuando se tra te de pelícu­
dolos con una pronta fuga, que afron- las prohibidas por la censura eclesiás­
tica; que hojeen toda clase de revistas,
Ibid. 24. aunque sean obscenas; que lean cuales-
I Cor. 9, 27. quier novelas, aunque estén puestas
" M at. 5, 28-29. en el Indice o prohibidas por el mismo
Cf. S. Caesar. A relat. Serm o 41 íe d . derecho natural. Y les conceden esto
O. M orín, M aredsous, 1937, 1, 172).
1,1 Cf. S. Th, In ep. 1 ad Cor. 6, 3; S. Franc.
Sales ¡niroduction á la vie dévote 4 , 7; S. Hier. Contra VigUant. 16 P L 23,352.
S. Alphons. a Liguori L a vera sposa •* S. Aug. De sancta virgtnitate c. 54
di Gesú. Cristo I. 16: 15, 10. PL 40, 428.
porque dicen que ahora con tales espec- alcancen la perfección sacerdotal o reli­
táculos y con tales libros se entretie­ giosa antes de que entren a su com­
nen la mayoría de los hombres, y que, bate; que durante largo tiempo per­
quien quiera ayudarles ha de enten­ manezcan en los Seminarios o en los
der su modo de pensar y de sentir. Escolasticados a fin de recibir allí una
Pero bien fácil e$ comprender cuán equivo­ educación diligente y cuidadosa, apren­
cado y peligroso sea tal modo de educar asi diendo progresivamente y con pruden­
al clero joven y prepararlo para que consiga
la santidad propia de su misión. Porque quien cia a ponerse en contacto con los pro*
ama el peligro, en él perecerá*4; y muy opor­ blemas de nuestro tiempo, según las
tuno es aqui, a este propósito, el aviso de normas que Nos mismo hemos pres­
San Agustín: No digáis que tenéis almas puras,
si tenéis ojos impuros, porque el ojo impuro crito en la exhortación apostólica
es mensajero de un corazón impuro*1. Meníi nostraeJ®8. Pero ¿es que habrá
Sin duda que este tan funesto mé­ algún jardinero que exponga a las tem­
todo de formación se *apoya en un pestades plantas selectas, pero tiernas
confuso razonamiento. Verdad es que aún, so pretexto de probar una forta­
Cristo nuestro Señor dijo de sus Após­ leza que todavía no tienen? Ahora
toles: Al mundo yo los he enviado *•; bien; los seminaristas y los jóvenes
pero ya antes había dicho también religiosos han de ser tratados como
de ellos: No son del mundo, como yo tiernas y delicadas plantas, que se han
tampoco soy del mundo97 y había ro­ de tener bien protegidas, y a las Qur
gado con estas palabras a su divino se debe preparar progresivamente para
Padre: No te pido que los saques del la resistencia y la lucha.
mundo, sino que los libres del mal
Por lo tanto, la Iglesia, que se funda 28. Los educadores de la juventud
en los mismos principios, ha estable­ clerical llevarán a cabo obra mucho
cido normas oportunas y sabias •• para más laudable y útil, si inculcaren a
alejar de los sacerdotes los peligrosos estos jóvenes las leyes del pudor cris-
atractivos que fácilmente pueden al­ tiano. ¿Acaso no es el pudor la mejor
canzar a todos los que viven en medio defensa de la virginidad, de suerte que
del mundo; con tales normas la santi­ bien se le pueda llamar la prudencia
dad de su vida queda suficientemente de la castidad? El pudor advierte el
preservada de las agitaciones y de los peligro inminente, impide el exponerse
placeres propios de los seglares. a él e impone la fuga en ocasiones a
las que se hallan expuestos los menos
27. Mayor aún es la razón de que prudentes. El pudor no gusta de pala­
los seminaristas deban ser aparta­ bras torpes y vulgares, y detesta toda
dos del tumulto mundanal, para for­ conducta inmodesta, aun la más leve;
marlos en la vida espiritual y para que obliga con todo cuidado a evitar la
familiaridad sospechosa con personas
** Eccli. 3, 27. de otro sexo, porque llena plenamente
(li S. Aug. ep. 211, 10 PL 33, 961. el alma de un profundo respeto hacia
»* lo. 17, 18. el cuerpo, que es miembro de Cristo101
Ibid. 16. y templo del Espíritu Santo10í. El
•* Ibid. 15. alma verdaderamente pudorosa se ho­
•• Cf. C.I.C. can. 124-142. Cf. B. Pius rroriza ante el menor pecado de im-
PP. X, Exhort. ad cler, cath. Haerent
animo: A .S.S. 41(1908) 565-573; Pius
PP. XI, Lltt. ene. Ad catholici sacer- Cf. A .A .S. 42 (1950) 690-691.
dotii fastigium : A .A .S . 28 (1936) »•» Cf. 1 Cor. 6, 15.
23-30; Pius XII, Adhort. ap. Mentí
Nostrae: A .A .S. 42 (1950), 692-694. Ibid. 19.
pureza y pronto so retrae al prim er 31. Y es de recordar todavía otro
surgir cíe la seducción. consejo: para conservar la castidad no
bastan ni la vigilancia ni el pudor.
29. tü pudor, además, sugiere y Precisa tam bién recurrir a los medios
pone en boca de los padres y de los sobrenaturales: a la oración, a los sacra­
educadores las expresiones más aptas mentos de la Penitencia y de la Euca­
para form ar la conciencia de los jóve­ ristía y a una ardiente devoción hacia
nes en m ateria de pureza. «Por lo tan to la Santísim a Madre de Dios.
—como en reciente Alocución hemos E xcelso don de D ios— no lo olvidem os—
recordado— , ese pudor no debe ser es la castidad perfecta. Como agudamente
llevado hasta un absoluto silencio, de observa San J eró n im o 107, este don fu é dado
a los que lo p id iero n , a los que lo quisieron,
suerte que en la formación moral se a los que trabajaron por recibirlo. Porque «todo
excluya toda alusión, reservada y pru­ aquel que pide, recibe, y el que busca, hatla, y
dente, a aquel problem a»103. Sin em­ al que llam a, se le abrirá>,#®. Añade San Am­
brosio que la divina fidelidad de las vírgenes
bargo, con demasiada frecuencia y en a su D ivino Esposo depende de la oración1®*.
nuestros dias, algunos educadores creen Y San Alfonso de Ligorio, tan ardiente en su
que es deber suyo el iniciar a inocentes piedad, enseña que ningún medio es más
necesario y más seguro para vencer las ten­
jóvenes y doncellas en los secretos de taciones contra la hermosa virtud de la cas­
la procreación, con grave daño para tidad que el recurrir in m ediatam ente a Dios
su pudor. Ahora bien; precisamente el por la oración u#.
pudor cristiano exige en esta m ateria Pero es necesario que a la oración
una justa moderación. acom pañe la práctica frecuente del
sacram ento de la Penitencia, que es
30. Y ese pudor se alim enta con el m edicina espiritual que nos purifica y
terior de Dios, ese tem or filial que se nos cura. Preciso es tam bién alimen­
funda en una profunda humildad cris­ tarse con el Pan eucarístico: Nuestro
tiana y que inspira horror hacia el Predecesor, de i. m., León X III, lo
menor pecado. señalaba como el mejor remedio contra
San C lem e nte 1, Predecesor N uestro, ya la sensualidad m . Cuanto más pura y
ha b ía a f irm a d o : El que es casto en su cuerpo,
no se gloríe de ello: sepa que de otro le viene más casta sea un alm a, tan to más
ri don de la constancia10*. Y ninguno quizá ham bre tiene de este Pan, del cual
m ejo r q ue San Agustín h a dem ostrado la saca la fuerza para resistir a toda se­
i m p o r t a n c i a de la humildad cristiana para
d e f e n d e r ia virginid?d: Puesto que la perpetua ducción im pura, para unirse más ínti­
continencia, y más aún la virg in id a d , es un m am ente a su Divino Esposo: Quien
esplind'.^j don de Dioc santos, preciso come m i Carne y bebe m i Sangre, per­
es velar con sum a vigilancia, no sea que se
corrompa con la soberbia, v cuanto m ayor m e manece en m í, y yo en é l ll2.
parece este bien, tanto m ás temo que traidora-
mente lo arrebate la soberbia. Ese don de la 32. Mas para guardar inmaculada
virginidad nadie lo guarda mejor que D ios,
pues E l mismo lo concedió; y Dios es cari­ y perfeccionar la castidad, existe cier­
da d 1" Por lo tanto, la guardiana de la vir­ tam ente un medio, cuya maravillosa
ginidad es la caridad, pero el castillo de tal
guardiana es la h u m ild a d 10*. J“7 Cf. Mat. 19, 11.
' ,yiAlJoc. M agis quam m entis 23 sept. 1 Cf. ibid. 7, 8; S. Hier. Comm. in M atth.
1951 A .A .S . 43 (1951) 736. 19, 11 P L 26, 135.
i('4 S. Clem. Rom. A d Corinthios 38, 2 I0* Cf. S. Ambr. De virg in ib u s 3, 4, 18-20
íed. Funk-Diekam p, Paires A posto- P L 16, 225.
lici I, 148). 1,0 Cf. S. Alph. a Liguori Prattca d i amar
,g- 1 lo. 4, 8. Gesú Cristo 17, 7-16.
S. Aug. De sancta virginitate cc. 33, 51 ’' 1 Leo XI I I , Ene. M lrae caritatls 28 mal*
P L 40, 415, 426-, cf. cc. 31-32, 38 1902 A .L . 22, 1902-1903.
¡h. 412-415. 419. "* lo. «, .r)7.
eficacia se halla confirmada continua­ taba'**. Razón grande tenia el mismo San
mente por la experiencia de siglos: Ambrosio al exclamar: ¡Oh riquezas de la
virginidad de Mariallt>.
Nos referimos-a una devoción sólida Y por tales riquezas, aun hoy, a las
y ardentísima hacia la Virgen Madre sagradas vírgenes, a los religiosos y a
de Dios. Que, en cierto modo, todos los sacerdotes les es de la máxima uti­
los demás medios se resumen en esta lidad el contemplar la virginidad de
devoción: porque todo el que vive sin­ María, para observar con mayor fide­
cera y profundamente la devoción ma- lidad y perfección la castidad de su
riana siéntese ciertamente inclinado propio estado.
a vigilar, a orar, a acercarse al tribu­ Pero no os conforméis, amadísimos
nal de la Penitencia y a la Eucaristía. hijos e hijas, con meditar las virtudes
Por ello, con corazón paternal exhor­ de la Santísima Virgen Maria: acudid
tamos a todos los sacerdotes, a los reli­ a Ella con una confianza absoluta si­
giosos y a las religiosas, a que se guiendo el consejo de San Bernardo
pongan bajo la especial protección de que exhorta así: Pidamos la gracia, y
la Santa Madre de Dios, Virgen de las pidámosla por medio de Maria m . Y es­
vírgenes, que—según la palabra de San pecialmente durante este Año Mariano
Ambrosio—es la maestra de la virgi­ confiad a María el cuidado de vuestra
nidad113, y es la Madre poderosísima vida espiritual y de la perfección, pro­
principalmente de todos aquellos que curando seguir el ejemplo de San Je­
se han consagrado al servicio de Dios. rónimo que afirmaba: Para mi la vrr-
San Atanasio hace notar que la virgini­ ginidad es una consagración en Maria
dad entró en el mundo por María11*, y San y en Cristo1**.
Agustín enseña: La dignidad virginal comen­
zó con la Madre de Diosllí. Y, siguiendo el
pensamiento de San Atanasio11*, San Am­
brosio Ies propone a las vírgenes como mo­ IV. PADRES Y EDUCADORES
delo la vida de la Virgen María: Hijas, imi­
tad a M aría...11''. Que la vida de Maria os
represente, como en un cuadro, la virginidad ; 33. En las graves dificultades que la Igle­
en vida tal contemplad, como en un espejo, sia está atravesando, sirve de gran consuelo
la belleza de la castidad y el ideal de la virtud. a Nuestro corazón de Pastor Supremo. Vene­
Tomad de ahi ejemplo para vuestra vida: por­ rables Hermanos, ver la estima y honor tri­
que en ella, como en un modelo, se muestran butados a la virginidad, que aun hoy florece
las lecciones de la santidad; veréis lo que tenéis en el mundo entero, como siempre en el tiem­
que corregir, copiar, conservar... Tal es la ima­ po pasado, a pesar de los errores a que hemos
gen de la virginidad. De hecho Maria fué tal hecho alusión y que esperamos hayan de
que basta sola su vida para formar la ense­ ser pasajeros.
ñanza para todos...11*. Sea, pues, María quien Sin embargo, no ocultamos que a
regule toda vuestra vida11*. Fué tan grande Nuestra alegría hace sombra cierta
su gracia, que Ella no conservó para si sola
el don de la virginidad, sino que confería el tristeza porque vemos cómo, en no
honor de la Integridad a todos cuantos visi- pocas naciones, poco a poco va dismi­
nuyendo el número de los que, respon­
*'* S. Ambr. De institutione virginis 6, 46 diendo a la llamada divina, abrazan
PL 16, 320. el estado de virginidad. Ya hemos seña­
1,4 Cf. S. Athanas. De virginitate (ed. lado suficientemente las causas prin-
Th. Lefort, Muséon, 42 (1929) 247).
S. Aug. Sm n. 51, 16, 26 PL 38, 348. K# S. Ambr. De instituí, virginis 7, 50
'»• Cf. S. Athanas., Ibid. p. 244. PL 16, 319.
S. Ambr. De institutione virginis 14,87 Ibid. 13, 81 PL 16, 339.
PL 16, 328. 1,5 S. Bern. In nativitate B. Mariae V'ir-
"* S. Ambr. De virginibus 2, 2, <>.15 ginis Sermo de aquaedüctu, 8
P L 16, 208, 210. PL 183, 441-442.
cipales de ello, y no hay razón para 34. Mas no queremos terminar esta Carta
repetirlas; confiamos, sin embargo, en encíclica, Venerables Hermanos, sin dirigir
especialm ente Nuestro pensamiento y Nues­
que los educadores de la juventud, que tro corazón hacia las almas consagradas a
hubieran caído en tales errores, recti­ Dios, que en no pocas naciones sufren dura
ficarán lo antes posible, los rechazarán y terrIMe persecución. Imiten el ejemplo de
las vírgenes de la primitiva Iglesia, que con
y se esforzarán por repararlos. Ayuden Invicto valor sufrieron el martirio por su
ellos con todo empeño a los jovenes virginidad ***.
Perseveren todos con fortaleza de ánimo
que se sientan llamados por una fuerza en su santa resolución de servir a Cristo
sobrenatural al sacerdocio o a la vida hasta la m u erte l,T. Recuerden bien el gran
religiosa y asístanles en la mejor forma valor que sus sufrimientos físicos y morales
y sus oraciones tienen ante Dios, para ins­
posible para que alcancen este alto taurar el reino de Cristo en sus naciones y
ideal de su vida. Quiera el Señor que en la Iglesia entera. Finalmente, consuélense
nuevas y más numerosas falanges de con la seguridad de que quienes siguen ai
Cordero doquier que El v a ,M cantarán eter­
sacerdotes, de religiosos y de religiosas, nam ente un cántico n u ev o IM, que ninguno
surjan lo antes posible en proporción otro podrá cantar.
adecuada—por su número y santidad— Nuestro paternal corazón se vuelve con*
m ovido hacia aquellos sacerdotes, aquellos
a las necesidades presentes de la Igle­ religiosos y aquellas religiosas que con todo
sia, para cultivar la viña del Señor. valor confiesan su fe hasta el martirio. A Dios
Además— como exige la conciencia rogamos por ellos, y también por todas las
alm as consagradas en todas las partes del
de Nuestro ministerio apostólico— , mundo al servicio divino, para que Dios las
exhortam os a los padres a que de buen confirme, las fortifique y ias consuele; y os
grado ofrezcan al servicio de Dios invitam os ardientemente, Venerables Her­
manos, junto con vuestros fieles, a que oréis
aquellos hijos suyos que a El se sin­ en unión con Nos, a fin de obtener para tales
tieren llamados. Si esto les cuesta, si les alm as los consuelos celestiales y los socorros
resulta triste y penoso, mediten aten­ divinos.
tam ente las reflexiones que San Am­
Entre tanto, a vosotros, Venerables Her­
brosio dirigía a las madres de familia manos, a todos los sacerdotes y religiosos, a
de Milán: todas las sagradas vírgenes, singularmente
Sé de m uenas jóvenes que desean consagrarse a todos cuantos sufren persecución por la
vírgenes, peto zas madres les piohiben hasta ju s tic ia 1*9, y a todos vuestros fieles, impar­
el venir aquí... S i vuestros h ija s quisieran tim os de todo corazón la Bendición Apostó­
amar a un hombre, según las leyes podrían lica, cual prenda de las gracias divinas y
escogerse el que m ás desearan. Y quienes tienen testim onio de Nuestra paternal benevolencia.
derecho a escoger un hombre ¿no lo tendrán
para escoger a D ios?'**.
Por lo tanto, mediten bien los padres el Dado en Roma, junto a San Pedro,
gran honor de tener un hijo sacerdote o una en la fiesta de la Anunciación de la
hija que haya consagrado su virginidad al
Divino Esposo: Bien lo habéis entendido, pa­ Santísima Virgen, 25 de marzo de
dres— exclama San Ambrosio refiriéndose a 1954, décimosexto de Nuestro Pon­
las vírgenes— : la virgen es don de Dios, re­ tificado.
galo del padre, sacerdocio de la castidad; la
virgen es una hostia ofrecida por la madre,
con cuyo sacrificio cotidiano se aplaca la cólera »»• Cf. ibid. 2, 4, 32 P L 10, 215-216.
divina P hll. 2, 8.
ril S. Ambr. De virginibus 1, 10, 58 '»• Apoc. 14, 4.
P L Ifi, 205. “• Ibid., 3.
< 2 *. IhiVI 7 ’V>. 1*1 ir. 108
[PIO XII)

MODAS DESHONESTAS
C. S. C. Conc. 1í agosto 1954

AL E P I S C O P A D O CATOLICO

uando el Sumo Pontífice con su Encí­ de ciudades y aldeas, privada y públi­


C clica promulgó para todo el orbe el Aflo
camente, y con frecuencia aun en las
Mariano, al cumplirse el primer centenario
de la definición dogmática de la Inmaculada mismas iglesias, se ha generalizado .un
Concepción1, sobre todo exhortó así a los vestir indigno e inverecundo, que pone
Obispos y demás clero como a todos los fieles
para que mediante su entusiasta trabajo vol­ a la juventud—fácilmente inclinada ai
vieran a florecer las costumbres cristianas, vicio—en gravísimo peligro de perder
bajo el amparo y la protección de la amanti- su inocencia, máximo ornamento—y el
sirna Madre de Dios y de todos nosotros; pro­ más hermoso—de su alma y de su cuer­
curando todos, al contemplarla filialmente,
imitar en sí mismos—cada uno, según su po. El ornato femenino, si ornato puede
propia condición—su imagen y su vida. Como llamarse, y los vestidos femeninos, «si
cosa principal anunció que lo primero en vestidos pueden llamarse cuando nada
desear era «que la noble y animosa juventud
se mantenga pura e integra, sin permitir que presentan que puedan defender ni el
se agoste la hermosa flor de su edad, inficio­ cuerpo ni aun el mismo pudor* *, con
nada por las auras de este mundo y mar­ frecuencia son tales que más parecen
chita por los vicios; que sus desenfrenados
deseos y sus impetuosos ardores sean gober­ servir a la deshonestidad que al pudor.
nados por una justa moderación, apartándo­ A esto se añade el que toda malicia
se de todas las asechanzas, para dirigirse no y deshonestidad, privada y pública, es
al mal y al pecado, sino a todo lo que es
santo, amable y elevado» *. pregonada con procacidad en los perió­
Cierto que los avisos del Supremo Pastor dicos, revistas y folletos o presentada a
han suscitado no pocos frutos, en verdad sa­ los más grandes concursos de gentes,
ludables; de lamentar es, sin embargo, que
no han logrado, en lo que se refiere a la mo­ ofreciéndosela a sus ojos con los atrac­
ralidad pública y privada, todo cuanto esta­ tivos de una movediza y cegadora lu­
ba en la mente del Augusto Pontífice. minosidad en los cinematógrafos, de
suerte que no ya sólo la débil e incauta
2. Porque nadie desconoce cómo, juventud, sino aun la misma edad pro­
principalmente durante la época vera­ vecta, se sientan conmovidos por las
niega, doquier se contemplan espec­ más insanas solicitaciones. Nadie igno­
táculos que no pueden menos de ofen­ ra cómo de todo ello se derivan grandes
der a la vista y al espiritu de quienes males, con sus consiguientes peligros,
no hayan renunciado a la virtud cris­ para la pública moralidad. Surge, pues,
tiana y al humano pudor, o bien los la necesidad de que no sólo se recomien­
tengan en muy poco. No sólo en las de a todos la hermosura del pudor pre­
playas y en los lugares de veraneo, sino sentado en su propia luz, sino que se
también casi por doquier, en las calles repriman también y aun se prohíban,
1 Fíne. Fulgen s enrona: A .A .S. 45 ( IOM)
en cuanto sea posible, los halagos y
577 M.
' Ihld. *88. * Spm, I*? fcrw 7, M
excitacion es dc los vicios; y fin alm en te, fensa de la castidad misma 9. Por todo
que tod os se tornen a la debida sev eri­ ello, es de absoluta necesidad el avisar
dad en las costum bres porque, com o ya y exhortar en la mejor form a posible a
dijo el m áxim o orador rom ano: «Con toda clase de personas, pero singular­
frecuencia vem os ven cid os en el pudor, m ente a la juventud, para que cuiden
a los que ningún argum ento hubiera de evitar los peligros de tantas ruinas
podido vencer')'4. que, por su total oposición a la virtud
cristiana y a la hum ana, las puedan
3. Todos com prenden bien cóm o poner en tan gravísimo peligro. Esta [la
nos hallam os ante un problema graví­ modestia] es la más hermosa y la más
simo. de! que depende no sólo y prin­ brillante perla de las costumbres 9. Ra­
cipalm ente la virtu d cristiana, sino zón es, por lo tanto, que no sea ofendi­
tam bién !a m ism a salud del cuerpo y da ni violada por los fáciles halagos y
aun el vigor y la fortaleza de la so cie­ atractivos de los vicios que nacen de
dad hum ana. R azón tu v o el antiguo aquellas m aneras de vestir o de otras
poeta, al decir: -Principio del pecado acciones, a que nos hemos referido, y
es ya el que los cuerpos se presenten que todos los buenos no pueden menos
públicam ente d esn u d os»5. Por todo de lam entar.
ello, este asunto, com o fácilm en te se
5. Es vivo deseo del Sumo Pontífice que,
ve, toca no sólo a la Iglesia, sino ta m ­ para emprender valientem ente tam aña em­
bién a quienes gobiernan la sociedad, presa durante el Año Mariano en curso, sean
pues todos deben desear que no se d e­ los Obispos los primeros que nada omitan
de todo lo que a ello pueda conducir; y que,
biliten ni se quiebren las fuerzas cor­ bajo su guía e inspiración, en la diócesis de
porales o las defensas de la virtud. cada uno, colabore todo el clero con el máximo
em peño y entusiasm o para lograr un feliz
éxito; y que los padres y madres de familia,
4. Y principalm ente V osotros, a los primero con su ejem plo, luego con prudentes
que el E sp íritu Santo puso para regir la avisos, cual corresponde a la severa fortaleza
Iglesia de Dios 8, consideraréis esto con de las alm as cristianas, aparten a sus hijos
de tales peligros, y no descansen jam ás mien­
la m áxim a atención, cuidando y pro­ tras no vieren que en la frente de los mismos
m oviendo todo aquello que pudiere brilla esplendente la hermosura de la castidad.
contribuii a ia mejor defensa del pu­
6. Cuiden tam bién, todos cuantos perte­
dor y a ¡a mejora de la¿ costum bres necen a la A cción Católica, de considerar como
cristianas. obligación suya principal el ayudar a tal em­
Pues todos somos templo de Dio¡> porque se presa. En primer lugar, cuiden de que todos
nos ha in fundido el E sp íritu Santo que nos ha sus fam iliares y todas sus relaciones pueden
consagrado, el vigilante y rector de este templo ver cómo en su modo propio de vestir y de
es el pudor que no deberá p erm itir que en él obrar brilla el decoro de las costumbres cris­
penetre nada inm undo o profano, no sea que tianas; que sus ojos reflejen la inocencia inte­
ofendido aquel Dios que lo habita, abandone rior del alma; que sus palabras y sus obras
su morada profanada 7. exhalen aroma de virtud; tan sólo entonces,
Mas todos com prenden harto bien y con mayor facilidad, podrán, con sus con­
sejos y exhortación, convencer a los demás
cóm o, por el modo actual de vestir, para que vistan con decorosa honestidad y
principalm ente por el de las m ujeres y para que obren siempre con rectitud.
de las jóvenes, se hace m uy grave ofen ­ Que a todos conceda esto la Santísim a Vir­
gen María que, libre de la mancha de todo
sa a la m odestia que es compañera del pecado ya desde el primer mom ento, brilló
pudor, y cuya compañía es la mejor de- siempre en todo el decurso de su vida con
excelsa santidad, y que es para todos nos­
' Cic. Tuse. 2, 2 !. otros am antísim a Madre.
E nnius. apud Cic. Tuse. 4, 33.
Act. 20, 28. * S. Atnbr. De off. 1, 20 P L 1(5, 48.
I *rt . D e a i l t u 2. 1 ¡Jl. I. I3H¡. • S. Bern. Serm . 86 In C a n t.: P L 183, 13rt.
PIO XII

LA EDUCACION DE LA NIÑEZ
D. 26 octubre 1941

DEBERES — C OL AB O R AC I ON

e s t a m a g n íf ic a a s a m b l e a que hoy doras de los niños. Si Nuestra palabra se


A nte
agrupa en torno a Nos en número tan dirige a todos, y ello hasta cuando hablamos
grande a las madres de familia, junto con a los nuevos esposos, Nos es muy dulce en
las religiosas, las maestras, las delegadas de esta ocasión tan propicia dirigirnos especial*
los niños de Acción Católica Italiana, las mente a vosotras, dilectas hijas, porque en
apóstoles de la infancia, las vigilantes y las las madres de familia—junto con laís piadosas
asistentes de las colonias, Nuestra mirada y y expertas personas que las auxilian—vemos
Nuestro ánimo van más allá del umbral de Nos las primeras y las más íntimas educado­
esta sala y se dirigen a los confines de Italia ras de las almas de los pequemtelos para que
y del mundo, estrechando en Nuestro cora­ crezcan en la piedad y en la virtud.
zón de Padre común a todos los queridos ni­
ños, flores de la humanidad, alegría de sus 3. No Nos detendremos a recordar ia
madres1, mientras Nuestro conmovido pen­ grandeza y la necesidad de esta obra de edu­
samiento se vuelve una vez más hacia el cación en el hogar doméstico, ni la estricta
inmortal Pontífice Pió XI que en su encí­ obligación que toda madre tiene de no sus­
clica Divini illius Magistri, del 31 de di­ traerse a ella, de no cumplirla a medias, o
ciembre de 1929, trató tan profundamente de no atenderla con negligencia. Hablando
sobre la educación cristiana de la juventud. a Nuestras queridas hijas de la Acción Cató­
lica, sabemos muy bien que en tal obliga­
2. En materia tan grave, él, después de ción descubren ellas el primero de sus debe­
haber determinado sabiamente la parte que res de madres cristianas, deber en que nadie
corresponde a la Iglesia, a la familia y al podría sustituirlas plenamente. Pero no basta
Estado, notaba dolorido cómo con mucha tener la conciencia de un deber y la volun­
frecuencia los padres no están preparados tad de cumplirlo: es preciso, además, poner­
(o lo están poco) para cumplir su deber de se en condiciones de cumplirlo bien.
educadores; pero no habiendo podido tratar Es, en verdad, cosa extraña—de la
también de propósito, en aquel claro y am­
plio documento, de los puntos relativos a la que ya se lamentaba también Pió XI
educación familiar, conjuraba en nombre de en su Encíclica—que mientras a nadie
Cristo a los Pastores de las almas a emplear se le ocurre hacerse de repente, sin
todos los medios, en las enseñanzas y en los
catecismos, de viva voz y con escritos extensa­ aprendizaje ni preparación, obrero me­
mente difundidos, para que los padres cristia­ cánico o ingeniero, médico o abogado,
nos aprendan bient no sólo en general sino todos los días no pocos jóvenes y don­
también en particular, sus deberes sobre la
educación religiosa, moral y cívica de los hijos, cellas se desposan y se unen sin haber
y los métodos más adecuados— además del pensado ni un instante en prepararse
ejemplo de su vida— para lograr eficazmente para los arduos deberes que Ies aguar­
tal fin
A través de los Pastores de las almas diri­ dan en la educación de sus hijos. V,
gía el gran Pontífice su exhortación conjun­ sin embargo, si San Gregorio Magno
tamente a los progenitores, a los padres y a no dudó en llamar a todo gobierno de
las madres; mas Nos creemos corresponder
también al deseo de Nuestro venerado Pre­ las almas el arte de las artes \ es cier­
decesor, reservando esta audiencia especial a tamente arte difícil y laboriosa la de
las madres de familia y a las demás educa­ formar bien las almas de los niños, al-
1 Cf. Ps. 112, 9,
mas tiernas, inclinados a deformarse, ción del niño en los primeros meses
ya por una impresión incauta, ya por y años. No hablarem os de las ocultas
una falaz excitación, almas entre las herencias transm itidas por los padres
más difíciles y más delicadas de guiar, a sus hijos, de tan considerable influjo
y en las que una influencia funesta o en el futuro troquel de su carácter;
im culpable descuido pueden dejar herencias que a veces denuncian la vida
huellas indelebles y malignas, mucho desarreglada de los padres, tan grave­
mas fácilmente que en la cera. ¡Afor­ m ente responsables de hacer con su
tunados aquellos niños que encuentran sangre tal vez m uy difícil a su prole
en su madre junto a la cuna un segun­ una vida verdaderam ente cristiana.
do ángel custodio para la inspiración ¡Oh padres y m adres, cuyo m utuo amor
y el camino del bien! ha sido santificado por la fe de Cristo;
Por ello, m ientras N os os fe licita m o s a preparad, ya antes del nacim iento del
vosotras por cu an to hab éis realizad o y a ta n
felizm ente, no p od em os m enos de an im aros
niño, el candor de la atm ósfera fami­
nueva y calu rosam en te a desarrollar ca d a vez liar, en la que sus ojos y su alma se
mas ias herm osas in stitu c io n e s qu e, com o la abrirán a la luz y a la vida; atmósfera
Semana de la madre, se d ed ican e fica zm en te
a formar, en tod o orden y clase so cia l, e d u ­ que im prim irá el buen olor de Cristo en
cadoras que sientan !a a ltu ra de la m isión , todos los pasos de su progreso moral!
que sean vigilan tes en su ánim o y en su co m ­
portam iento fren te al m al. seguras y so lici­
tas para el b ier. En sem ejan te se n tim ien to 5. Vosotras, oh m adres, que por
ele mujer v de m adre reside to d a la d ign id ad ser m ás sensibles am áis tam bién más
y la reverencia de la fiel com p añ era del tiernam ente, deberéis en todo momen­
iom bre, la cual, com o una co lu m n a , es el
centro, ei ap oyo y el faro de la m orada do- to, d urante la infancia de vuestros hi­
r.estica, para luego llegar a ser ejem p lo y jos, seguirles con vuestra m irada vigi­
modelo en una parroquia con un brillo que lante, viendo su desarrollo y la salud
alcanza hasta ias esp ecia les reuniones fem e­
ninas, que se ilum inan a su vez con su es­ de su cuerpecito, porque es carne de
plendor. vuestra carne y fruto de vuestras ín­
tim as entrañas. Pensad que aquellos
niños, hechos hijos adoptivos de Dios
acción educadora por el bautism o, son los predilectos de
4. . ..e stra Union * r. A rcióu C atólica d i­ Cristo, y que sus ángeles están viendo
fun de u n a luz particular y op-T'tuna m e d ia n ­ siempre la faz del Padre celestial8.
te ias organizaciones del A postolado de la Tam bién vosotras, tan to en el custo­
cuna y de la M ater pa rvuloru m , con las q u e
os cuidáis de form ar y a u xiliar a las jó v e n e s diarlos como en el fortificarlos y edu­
esposas a u n an tes del n a c im ie n to de su s carlos, habéis de ser otros tantos án­
niños y luego du ran te la prim era in fan cia. geles, que en vuestro cuidado y vigi­
A sem ejanza de los án geles, os h acéis c u s to ­
dios de la m adre y de la criatura qu e lle v a lancia miréis siempre al cielo. Ya des­
en su seno*; y, al aparecer el n iñ o, os acer­ de la cuna habéis de iniciar no sólo su
cáis a los llan tos de una cu n a y a sistís a una educación corporal, sino tam bién la
m adre que con su pecho y su s son risas a li­
m e n t a en el cuerpo y en el alm a a un a n g e ­ espiritual; porque, si no los educáis
lito del cielo. vosotras, serán ellos mismos quienes
Dios ha dado a la m ujer la misión se educarán por sí solos, bien o mal.
sagrada y dolorosa, pero fuente a la R ecordad que no pocos rasgos, aun
vez de purísima alegría, de la m ater­ morales, que veis en el adolescente y
nidad y a la madre está confiada, en el hom bre m aduro, tienen realmente
antes que a nadie, la prim era educa- su origen en las m odalidades y circuns­
tancias de su prim er desarrollo físico
en la infancia: hábitos pinamente or­ al alma sencillila qui nada sabe7 hacía
gánicos, contraído* siendo pequeños, las cosas sensibles; y toda esta sensibi­
quizá se convertirán más tarde en una lidad, todas estas sensaciones infanti­
dura dificultad para la vida espiritual les, por cuyo medio se manifiestan y
de un alma. Pondréis, pues, toda vues­ despiertan lentamente el entendimien­
tra atención para que todos los cuida­ to y la voluntad, tienen necesidad de
dos prestados a vuestros hijos concuer- una educación, de un amaestramiento,
den con las exigencias de una perfec­ de una vigilante dirección, indispensa­
ta higiene, de suerte que preparéis y ble para que no quede comprometido o
fortifiquéis en ellos, para el momento deformado el despertarse y el recto en­
en que se les despierte el uso de la derezarse de tan nobles facultades es­
razón, facultades corporales y órganos pirituales. Ya desde entonces el niño,
sanos, robustos, sin tendencias desvia­ bajo una mirada amorosa, baio una
das: ved la gran razón de tanto desear palabra rectora, irá aprendiendo a no
que, salvo los casos de imposibilidad, ceder a todas sus impresiones, a dis­
sea la madre misma la que alimente tinguir, en la medida que se desarrope
al hijo de sus entrañas. ¿Quién po­ su incipiente razón, y dominar la va­
drá examinar las misteriosas influen­ riedad de sus sensaciones, a iniciar, er>
cias que en el crecer de aquella deli­ una palabra, bajo la guía y admoni­
cada naturaleza ejerce la nodriza de ción maternas, el camino y la obra de
quien depende íntegramente en su su educación.
desarrollo? Estudiad al niño en su tierna edad.
Si lo conocéis bien, lo educaréis bien;
6. ¿No habéis observado alguna nunca tomaréis sus cosas ni torcida
vez aquellos abiertos ojitos que interro­ ni contrariamente; sabréis comprender­
gan, inquietos, que corren por mil ob­ lo, ceder a su debido tiempo: ¡no a to­
jetos, fijándose en éste o en aquél; que dos los hijos de los hombres ha tocado
siguen un movimiento o un ademán; en suerte una índole buena!
que ya denuncian la alegría y la pena,
la cólera y la obstinación, y aquellos 7. Educad la inteligencia de vues­
indicios de pasioncillas que anidan en tros niños. No les deis falsas ideas o ex­
el corazón humano, ya antes de que plicaciones falsas de las cosas; no res­
sus pequeños labios hayan aprendido pondáis a sus preguntas, cualesquiera
a articular ni una palabra? No os ma­ que sean, con bromas o con afirmacio­
ravilléis de ello. No se nace—como han nes no verdaderas, ante las cuales rara
enseñado algunas escuelas filosóficas— vez se rinde su mente; aprovechadlas
con las ideas de una ciencia innata ni para dirigir y encauzar, con paciencia
con los sueños de un pasado vivido en y amor, su entendimiento que no
otro tiempo. La mente de un niño es desea sino abrirse a la posesión de la
una página en la que nada se ha es­ verdad y aprender a conquistaría con
crito desde el seno de la madre. Sus los pasos ingenuos de la primera ra­
ojitos y los demás sentidos externos e zón y reflexión. ¿Quién sabrá decir
internos, que a través de su vida le lo que tantas magníficas inteligencias
t ransmiten la vida del mundo, escribi­ humanas deben a las largas e inge­
rán en aquélla las imágenes y las ideas nuas preguntas y respuestas, propias
de las cosas entre las cuales se irá en­ de la niñez, que se suceden en el ho­
contrando hora por hora, desde la cuna gar doméstico?
a la tumba. Por ello un irresistible ins­
tinto de la verdad y del bien inclina
S. Lduc.ul cl carácter dc vuestros el corazón del tüñol Vosotras, oh ma­
hijos; atenuad o corregid sus defectos; dres, las despertaréis, las cultivaréis,
aum entad y cultivad sus buenas cua­ las dirigiréis, las elevaréis hacia quien
lidades y coordinadlas con aquella fir­ debe santificarlas, hacia Jesús, hacia
meza que es preludio de la seriedad Maria: la Madre celestial abrirá aquel
de los proposites en el curso de la vida. corazón a la piedad, le enseñará con
Los niños, a! sentir sobre sí, a medida la oración a ofrecer al divino Amigo
que con el crecer comienzan a pensar de los pequeñuelos sus ingenuos sa­
y a querer, una buena voluntad pa­ crificios y sus inocentes victorias, y a
terna y m aterna, libre de violencia y sentir por su propia mano la compa­
de colera, constante y fuerte, no incli­ sión hacia los pobres y desgraciados.
nada a debilidades ni a incoherencias, ¡Oh feliz prim avera de la niñez, sin
oportunam ente aprenderán a ver en torm entas ni vendavales!
ella ei intérprete de una voluntad más
alta, la de Dios: asi es como injerta­ 10. Pero llegará un día en que este
rán y arraigarán en su alma aquellos corazón de niño sentirá en sí el des­
primeros hábitos morales tan podero­ pertar de nuevos impulsos y de nue­
sos. que forman y sostienen un carác­ vas inclinaciones que perturban el her­
ter, pronto a dominarse en las alter­ moso cielo de la prim era edad. En
nativas y dificultades más variadas, aquel peligro, oh madres, recordad que
intrépido para no retroceder ni ante educar el corazón es educar la volun­
!a lucha ni frente ai sacrificio, al ha­tad contra las asechanzas del mal y
llarse penetrado por un profundo sen­ las insidias de las pasiones; en aquel
timiento del deber cristiano. paso de la inconsciente pureza de la
infancia a la pureza consciente y vic­
9. Educad el corazón. ¡Qué desti­ toriosa de la adolescencia, vuestro de­
nos, qué alteraciones, qué peligros pre­ ber será de la m áxima trascendencia.
paran no pocas veces en los corazones Os pertenece preparar a vuestros hijos
d** los niños, a medida que éstos cre­ y vuestras hijas para atravesar con va­
cen ¡as alegras admira» iones y alaban­ lor, como quien pasa entre serpientes,
zas, las incautas solicitudes, las em pa­ aquel período de crisis y de transfor­
lagosas condescendencias de padres ce­ mación física sin perder nada de la
bados por un amor mal comprendido, alegría de la inocencia, sino conservan­
cuando acostum bran a aquellos volu­ do aquel natural y peculiar instinto
bles corazoncitos a ver que todo se del pudor con que la Providencia qui­
mueve y gravita en torno a ellos, que so proteger su frente como con un fre­
se doblega a sus deseos y a sus capri­ no contra las pasiones demasiado fá­
chos, y así plantan en ellos la raíz de ciles en desviarse. Tal sentimiento del
un desenfrenado egoísmo, cuyas pri­ pudor, delicado hermano del senti­
meras víctimas serán más tarde los miento religioso, con su espontáneo re­
mismos padres! Castigo, no menos fre­ cato en que tan poco se piensa hoy,
cuente que justo, de aquellos egoístas evitaréis que lo pierdan en el vestido,
cálculos con que se niega a un hijo en el adorno, en am istades poco deco­
único la alegría de otros herm anitos rosas, en espectáculos y representacio­
que, al participar con él del am or m a­ nes inmorales; antes bien vosotras mis­
ternal, lo habrían apartado de pensar mas lo haréis cada vez más delicado
sólo en sí mismo. ¡Cuántas íntim as y y vigilante, sincero y puro. Vigilaréis
potentes posibilidades de amor, de con cuidado todos sus pasos; no deja­
bondad y de generosidad duermen en réis que el candor de sus almas s*
manche y se pierda al contacto de educación cristiana de vuestros hijos
compañeros ya corrompidos y corrup­ y de vuestras hijas no basta la for­
tores; les inspiraréis alta estima, celo mación doméstica, por sabia e intima
y amor a la pureza, señalándoles como que sea, sino que ha de completarse
fiel custodia la protección maternal de y perfeccionarse con el poderoso auxi­
la Virgen Inmaculada. Finalmente, lio de la religión. Junto al sacerdote,
vosotras, con vuestra perspicacia de cuya paternidad y autoridad espiri­
madres y de educadoras, gracias a la tual y pastoral sobre vuestros hijos se
leal sinceridad de corazón que habréis pone a vuestro lado ya desde el san­
sabido influir en vuestros hijos, no to bautismo, vosotras os debéis hace?
dejaréis de escudriñar y de discernir cooperadoras suyas en aquellos pri­
la ocasión y el momento en que cier­ meros rudimentos de piedad y de ca­
tas misteriosas cuestiones presentadas tecismo que son fundamento de toda
a su espíritu habrán causado en sus educación sólida, y de los cuales debe­
sentidos especiales perturbaciones. Os réis poseer un conocimiento suficiente
corresponderá entonces a vosotras con y seguro vosotras, primeras maestras
vuestras hijas, al padre con vuestros de vuestros niños. ¿Cómo les podr ís
hijos—en cuanto parezca necesario— enseñar lo que ignoráis? Enseñables a
levantar cauta y delicadamente el velo amar a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia
de la verdad, dándoles respuestas pru­ nuestra Madre y a los Pastores de la
dentes, justas y cristianas a aquellas Iglesia que os guían. Amad el catecis­
cuestiones y a aquellas inquietudes. mo y haced que lo amen vuestros ni­
Las revelaciones sobre las misteriosas ños: es el gran código del amor y del
y admirables leyes de la vida, recibi­ temor de Dios, de la sabiduría cristia­
das oportunamente de vuestros labios na y de la vida eterna.
de padres cristianos, con la debida pro­
porción y con todas las cautelas obli­ Colaboradores
gadas, serán escuchadas con una reve­
rencia mezclada de gratitud e ilumi­ 12. En vuestra obra educadora,
narán sus almas con mucho menor pe­ siempre ilimitada, sentiréis, además, la
necesidad y la obligación de recurrir a
ligro que si las aprendiesen al azar, en
turbias reuniones, en conversaciones otros auxiliares: escogedlos cristianos
clandestinas, en la escuela de compa­como vosotras y con todo el cuidado
ñeros poco de fiar y ya demasiado ver­
que merece el tesoro que les confiáis:
sados o por medio de ocultas lecturasla fe, la pureza, la piedad de vuestros
tanto más peligrosas y perjudiciales hijos. Pero una vez elegidos, no os con­
cuanto su secreto inflama más la ima­sideraréis por ello libres y exentas de
ginación y excita los sentidos. Vues­vuestros deberes y de vuestra vigilan­
cia: deberéis colaborar con ellos. Por
tras palabras, si son ponderadas y dis­
cretas, podrán convertirse en salva­ muy eminentes educadores que sean
aquellos maestros y maestras, lograrán
guardia y aviso frente a las tentacio­
nes de la corrupción que los rodean, muy poco en la formación de vuestros
pues menos hiere la saeta prevista *.hijos, si a su acción no unís la vuestra.
¿Qué sucedería luego si ésta, en vez de
perfeccionada ayudar y fortificar su trabajo, se en­
caminase directamente a contrariarlo
11. Comprenderéis, sin embargo, o a dificultarlo; si vuestras debilida­
que en esta obra tan magnífica de la des, si vuestras inclinaciones a un amor
que no será sino la envoltura de un
mezquino egoísmo, destruyeran en casa 14. Nuestra palabra se ha dirigido par­
cuanto de bueno se hace en la escuela, ticularm ente a vosotras, madres de las fa-
m ilias cristianas; pero junto con vosotrw
en el catecismo, en las asociaciones ca­ vem os hoy en torno a Nos una corona d«
tólicas, para tem plar el carácter y di­ religiosas, de m aestras, de delegadas, de
apóstoles, de vigilantes, de asistentes, que
rigir la piedad de vuestros hijos? consagran todos sus sufrimientos y sus tra­
bajos a la educación y a la reeducación de
13. Pero—dirá tal vez alguna m a­ la niñez; no son madres por sangre de natu­
raleza, sino por impulso de amor hacia la
dre— , ¡son tan difíciles de dom inar los primera edad, tan amada por Cristo y por
niños de hoy! Con este mi hijo, con su Esposa la Iglesia. Sí, tam bién vosotras
aqueila hija mía, nada queda por ha­ que os hacéis educadoras junto a las madres
cristianas, sois madres, porque tenéis un co­
cer, nada puede obtenerse. Es verdad: razón de madre y en él palpita la llama de la
a los doce o a los quince años no pocos caridad que el Espíritu Santo difunde en
jóvenes y doncellas aparecen ya inco­ vuestros corazones. En esta caridad, que es
la caridad de Cristo que os constriñe al bien,
rregibles; pero ¿por qué? Porque a los encontraréis la luz, vuestro consuelo y vues>-
dos o tres años les fué concedido y tro programa que os aproxima a las madres,
permitido todo, todo les estaba bien. a los padres y a sus hijos; y de esos brotes
tan v iv o s de la sociedad, esperanza de los
Es verdad: hay tem peram entos ingra­ padres y de la Iglesia, hacéis vosotras una
tos y rebeldes: pero aquel pequeñito m ayor fam ilia de veinte, de cien, de milla­
reservado, testarudo, insensible, ¿deja res de niños y de jóvenes a quienes educáis
profundam ente la inteligencia, el carácter y
por tales defectos de ser hijo vuestro? el corazón, alzándolos a aquella atmósfera
¿Lo amaríais menos que a sus herm a­ espiritual y moral en la que brillan, con |a
nos si estuviese enfermo o contrahe­ alegría de la inocencia, la fe en Dios y la
reverencia hacia las cosas santas, la piedad
cho? También Dios os lo ha confiado: hacia los padres y hacia la patria. Nuestra
guardaos dc dejarlo que se convierta alabanza y gratitud, junto con el reconoci­
en el desecho de la familia. Nadie es m iento de sus madres, se dirige a vosotras.
Educadoras como ellas, las emuláis y las
tan fiero que no se mitigue con los cui­ precedéis en vuestras escuelas, en vuestros
dados, con la paciencia, con el amor; y asilos y colegios, en vuestras asociaciones;
bien raro será el caso de que en un sois hermanas de una maternidad espiritual
coronada por lirios.
terreno pedregoso y silvestre no logréis
¡Qué misión tan incomparable, y en nues­
hacer brotar alguna flor de sumisión y tros tiem pos tan erizada de graves obstácu­
de virtud, con tal que con los rigores los y dificultades, oh madres cristianas y
parciales e irrazonables no os expon­ dilectas hijas— cuántas os fatigáis en culti­
var los crecientes retoños de los olivos fa­
gáis a descorazonar en aquella alm ita miliares— , es la que Nos hemos expuesto
engreída el fondo de buena voluntad sólo en algún punto de su belleza! |Cuán su­
que en ella se esconde. D esnaturaliza­ blime se presenta ante Nuestro pensamiento
una madre dentro del hogar doméstico, des­
réis toda la educación de vuestros hijos, tinada por Dios junto a una cuna para ali­
si alguna vez descubrieran en vosotras mentar y educar a sus hijos! Admirad su
(¡y bien sabe Dios que saben descu­ laboriosidad, que fácilm ente podría creerse
insuficiente para lo que precisa, si la omni­
brirlo!) predilecciones entre hermanos, potente gracia divina no la apoyase, ilumi­
preferencias en favores, antipatías ha­ nándola y dirigiéndola y sosteniéndola en el
cia uno u otro: vuestro bien y el de la ansia y en el sufrir cotidianos, y si no ins­
pirase y llamase, para colaborar con ella en
familia exigen que todos sientan, que la formación de aquellas almas juveniles, 8
todos vean, tanto en vuestra pondera­ otras educadoras dotadas de corazón y ac­
da severidad como en vuestras dulces ción que emulan su amor. Mientras, por lo
tanto, imploramos del Señor que os colme
excitaciones y en vuestras caricias, un a todas con la superabundancia de sus favo­
amor igual que no hace entre ellos otra res y haga crecer vuestra multiforme obra
distinción sino la de corregir el mal y en favor de todos los niños confiados a vos­
otras, os concedemos de corazón, prenda d?
promover el bien; ¿es que no los habéis las más selectas gracias celestiales, Nuestro
recibido todos por igual de Dios? paternal Bendición Apostólica.
F IO XII

"VOCACIONES" EN EL HOGAR
D. 25 marzo 1942

LA «PORCION DE DIOS» EN LA FAMILIA CRISTIANA

na pa l a b r a , dilectos nuevos espo­ el Señor pedirá a la faniiXa...


U sos, que quisiéramos llegase igual­
mente a los no recién casados, próxi­ 2. Llegará tal vez un dia en que
mos o lejanos, es la que hoy queremos venga el Señor a vuestro hogar a fin
deciros, o más bien, recordaros; por­ de pediros una porción semejante,
que es una palabra con la que siempre cuando vuestra mesa ya se alegre con
se han exaltado la familia y los cón­ las floridas alegrías de vuestros hijos
yuges cristianos. Esta palabra es la y de vuestras hijas, con los rostros
porción de Dios en el banquete fami­ animosos y reservados de jóvenes y
liar, la que a veces quiere reservarse doncellas que, si bien animados por
Jesucristo, como amigo o casi a fuer recónditos pensamientos y afectos, de­
de menesteroso. En el hermoso libro jan, sin embargo, entrever una vida y
de Tobías, inspirado por Dios para en­ un camino que les acerca a los ángeles.
señar a los hombres las virtudes de la Jesús, que ha bendecido vuestra unión
vida familiar, cuéntase cómo un día y hará fecundo vuestro tálamo, ha­
de fiesta, al haberse preparado en casa ciendo crecer al pie de vuestro olivo
una gran comida, díjole Tobías a su los alegres brotes de vuestras rosadas
hijo: Anda y trae alguno de nuestra tri­ esperanzas, pasará tal vez, en una hora
bu, temeroso de Dios, que participe de que sólo El conoce, llamando a la puer­
nuestro banquete con nosotros 1. En otros ta de alguna de vuestras casas, como
tiempos era una costumbre piadosa y un día, junto al lago de Tiberíades,
bien cumplida en muchas familias cris­ llamó, para que le siguieran, a los dos
tianas, especialmente de las aldeas, el hijos del Zebedeo 2; o como en Beta-
reservar en las grandes fiestas una par­ nia dejó a Marta ocupada en las faenas
te de la comida al pobre que la Pro­ caseras y acogió a María postrada a
videncia les enviara, haciéndole así sus pies para escuchar y gustar la pa­
participante de la común alegría. Es labra que es desconocida para el mun­
lo que en algunas regiones solía lla­ do s. El es quien dijo a los apóstoles:
marse la porción de Dios.
La mies, cu \eidad, o m ucha, pero lo* apostolado entre alm as agitadas, tur­
obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de badas, ham brientas por instinto divi­
la mies que envíe obreros a su m ie s 4. no, aunque no lo noten, de la verdad
El, el Redentor, cuya m irada contem ­ eterna; una de las grandes tristezas
pla el inmenso campo de las almas res­ que invaden Nuestro corazón es el sa­
catadas con su sangre, no cesa de p a­ ber cuán insuficiente para ta n ta nece­
sar por todo el mundo, ju nto a las sidad es el núm ero de los valientes que
puertas de las aldeas y de las ciudades, N uestro deseo puede enviar en auxi­
a lo largo de las playas, de los lagos lio suyo. ¿Quién sabe si alguno de los
y mares, para volverse hacia los que elegidos por el cielo, confundido entre
ha escogido, repitiéndoles, con las se­ el pueblo cristiano o errante en tierras
cretas inspiraciones de su gracia, el de infieles, no estará, en los designios
Yen v sígueme* del Evangelio, llam án­ divinos, ligado a la palabra o al mi­
doles, unas veces a roturar y tra b a ­ nisterio de uno de los hijos que el Se­
jar las tierras todavía llenas de m a­ ñor os querrá conceder? ¿Quién podrá
leza, y otras a recoger el grano que m edir la profundidad de los designios
ya amarillea. de Dios nuestro Salvador, el cual quie­
re que todos los hombres sean salvos y
3. El campo de Cristo, que es su lleguen al conocimiento de la verdad? *.
viña, viva imagen del pueblo de Dios,
que los pastores de la Iglesia han de
cultivar; esta Iglesia, universal en el la «porción de Dios»
tiempo y en el espacio— la cual, como
dice San Gregorio Magno, desde el justo 4. Pensad, am ados hijos e hijas,
Abel hasta el último elegido que nacerá que de la fam ilia, fundada según la
al fin del mundo, es como una vid, que voluntad divina por la legítima unión
produce tantos sarmientos cuantos san­ del hom bre y de la m ujer, es de don­
tos engendra 6— , es tam bién (lo sabéis, de Cristo y la Iglesia universal sacan
amados hijos e hijas) el campo de los m inistros y los apóstoles de su
Nuestra solicitud como Vicario de Cris­ Evangelio, sacan los sacerdotes y he­
to: de suerte que su celo y su oración, raldos que apacientan al pueblo cris­
su amor y su dolor, vienen a ser Nues­ tiano y surcan los océanos para ilumi­
tro amor y Nuestro dolor, Nuestro celo nar y salvar las almas^ ¿Qué haréis
y Nuestra oración; por ello sentimos vosotros cuando el Divino Maestro
el ímpetu tíe la caridad de Cristo que venga a pediros la porción de Dios, es
nn$ constrihr 7, en tanto que los adm i­ decir, cualquiera de los hijos o hijas
rables descubrimientos del ingenio hu­ que se haya dignado concederos, para
mano, al acortar las distancias a tr a ­ hacerlo su sacerdote, su religioso o su
vés de tierras, mares y cielos, parecen religiosa? ¿Qué responderéis cuando, al
hacer más pequeño y estrecho nuestro confiaros sus filiales confidencias, os
globo. Al ver cómo ante Nos se abren manifiesten los santos deseos suscita­
incesantemente nuevas vías de predi­ dos en su alm a por la voz de Aquel
cación del Evangelio entre lejanos pue­ que am orosam ente les inspira el silen­
blos todavía paganos, o de inmediato cioso S i vis? ¡Ah!, en nombre de Dios
os lo pedimos: cuando llegue tal mo­
.Mat. 9, 37-.'',8. m ento, no cerréis en un alma, con ade­
; .'4at. 19, 2 ! . mán brutal y egoísta, la puerta y e¡
* Hnm . I'J in ¡ivan<¿. 1 f>L H), l|r>4.
" 7 ( nr m 14
oído ¿I divino llamamiento. Vosotros de gracia tan grande, así para el hijo
110 conocéis las auroras y los ocasos o para la hija escogidos como para
del sol divino sobre el lago de un jo­ vosotros y para vuestra familia. Oran
ven corazón, sus angustias y su ansia, don del cielo es el que entra en vues­
sus deseos y sus esperanzas, sus llamas tra casa; es una flor crecida con vues­
y sus cenizas. El corazón tiene abis­ tra sangre, regada con el rocío celes­
mos inescrutables hasta para un padre tial, olorosa con aroma virginal, la que
y una madre; pero el Espíritu Santo, ofrecéis al altar y al servicio del Señor,
que sostiene nuestra debilidad, pide para que desarrolle en ella una vida
por nosotros con gemidos inefables, y consagrada a El y a las almas; vida
Aquel que escudriña los corazones co­ la más hermosa y la más feliz que pue­
noce lo que desea el Espíritu Santo •. de vivir en la tierra quien rectamente
corresponde al divino llamamiento,
5. Indudablemente que, ante un vida que también para vosotros y para
deseo de vida sacerdotal o religiosa, los los vuestros se trocará en fuente de
padres tienen derecho—y en ciertos ca­ bendiciones. Y Nos parece ver como
sos aun el deber—de asegurarse de que aquel hijo o aquella hija que habéis
no se hallan ante un simple impulso entregado al Señor, se postran ante El
de imaginación o de sentimiento que para invocar sobre vosotros la abun­
anhela un hermoso sueño fuera de dancia de los favores celestiales en
casa, sino ante una deliberación seria, compensación del sacrificio exigido a
meditada, sobrenatural, examinada y vuestro amor, al ofrecerl;;j &El. ¡Cuan­
aprobada por un discreto y prudente tas peticiones, cuántas oraciones Ha­
confesor o director espiritual. Pero si rán por vosotros, por sus hermano?!,
a la realización de tal deseo se quisie­ por sus hermanas! Oraciones que cada
ra imponer retrasos arbitrarios, injus­ día acompañarán vuestros pasos, vues­
tificados e irracionales, sería tanto tras acciones y vuestras necesidades;
como luchar contra los designios de oraciones que con crecido fervor se
Dios; y peor aún si se tratase de ten­ multiplicarán en las horas difíciles y
tar, probar o experimentar su solidez tristes; oraciones que en todo el curso
o firmeza con pruebas inútiles, peli­ de vuestra vida os seguirán y os con­
grosas y atrevidas, que pudieran no solarán hasta el último suspiro y aun
ya sólo debilitar o desanimar una vo­ más allá, en aquel mundo que es todo
cación, sino hasta poner en peligro la V sólo de Dios. No creáis que estos
salvación misma del alma. corazones, entregados totalmente a
nuestro Señor y a su servicio, os ama­
rán o habrán de amaros con un amor
privilegio que aceptaréis... menos fuerte o menos tierno; el amor
de Dios no niega ni destruye la natu­
6. Como verdaderos cristianos, que raleza, antes la perfecciona y exalta
sienten en sí la grandeza y la elevación en una esfera superior, allí donde la
de la fe en el gobierno divino de las caridad de Cristo y el amor humano
familias y de la Iglesia, si un día os se encuentran, donde la caridad santi­
otorgara Dios el insigne honor de pe­ fica al amor, uniéndose y abrazándo­
diros uno de vuestros hijos o de vues­ se juntos, Y si la dignidad y la auste­
tras hijas para su servicio, sabed en­ ridad de la vida sacerdotal y religiosa
tonces apreciar el valor y el privilegio exigieren alguna renuncia a ciertas
manifestaciones de afecto filial, no du­
déis: este mismo afecto, en vez de dis-
minuir o entibiarse, recibirá de tal re­ tal y religiosa aparecer todavía a los
nuncia un ardor más intenso y más ojos profanos como una profesión ape­
profundo, al purificarse de todo egoís­ tecible, el desearla algunos padres pu-
mo y de toda división hum ana 10 y al diera a veces deberse a motivos más o
ser sólo Dios quien con vosotros se menos hum anos e interesados, cuales
reparta aquellos corazones. el m ejorar o elevar la condición de la
fam ilia gracias a la influencia y a las
v entajas de un hijo sacerdote, o la es­
con alegría... peranza de encontrar a su lado, en pro­
pio beneficio, después de una vida la­
7. Elevaos por el amor de Dios y boriosa, un reposo tranquilo en la ve­
por el verdadero espiritu de fe, dilec­ jez. Y si ya no es corriente que estos
tos esposos, y no tem áis el don de una pensam ientos, por desgracia frecuen­
santa vocación que desciende del cielo tes en tiem pos m ás lejanos, revistan
en medio de vuestros hijos. P ara quien ahora el carácter de bajos cálculos am­
cree y se realza por la caridad, p ara biciosos o interesados, siguen siendo
quien penetra en un sagrado tem plo o siem pre de naturaleza demasiado te­
en un retiro religioso, ¿acaso no es un rrenal y no tienen valor en nuestras
consuelo, un honor y una felicidad el devotas invocaciones ante la presencia
ver en el altar a su propio hijo que, del Señor.
vestido con los ornamentos sacerdota­
les, ofrece el incruento sacrificio y ante
Dios recuerda a su padre y a su m a­ y con santa ambición
dre? ¿No es acaso un consuelo, que
hace vibrar con íntimos latidos el co­ 9. Sursum cordaí Más arriba han
razón de una madre, el ver a su hija de elevarse vuestro espíritu y la inten­
esposa de Cristo, que le sirve y le am a ción de vuestra alm a. Como en las fa­
en los tugurios de los pobres, en hos­ milias que reservan la porción de Dios
pitales y asilos, en escuelas y misiones, en los bienes que gozan recibidos de
V aun en los campus de batalla, en los El, así tam bién en vosotros lo que so­
refugios de heridos y de m oribundos? bre todo excitará el santo deseo de tan
Glorificad a Dios y dadle gracias si de bella vocación para algunos de vues­
vuestra sangre escoge con preferencia tros hijos nacerá del pensam iento de
héroes y heroínas para servirle; y no la abundante vida espiritual que Jesu­
seáis menos que muchos padres cristia­ cristo os comunica por medio de su
nos, los cuales piden a Dios que se Iglesia, de sus sacerdotes y de sus re­
digne tom ar su porción en la bella co­ ligiosos. Vivís en pueblos de vieja fe
rona de su hogar, dispuestos a ofrecer­ católica, en donde el celo de los minis­
le hasta el único retoño de sus espe­ tros de Dios vela por vosotros y os
ranzas consuela en los dolores y en las penas,
en donde iglesias y oratorios ofrecen a
8. Vuestra oración, empero, de pa­ vuestra piedad y devoción el alimento
dres cristianos ha de moverse y guiarse de sacram entos, fiestas, misas, predi­
por los altos pensamientos del Espíritu cación y obras santas, auxilios todos
Divino. En otros tiempos, y aun hoy que, con m aternal solicitud, multipli­
donde la situación del clero es menos ca la Iglesia, para bien de vuestras al­
incierta, donde puede la vida sacerdo­ mas, en cada m om ento alegre o triste
de la vida. ¡Grande es la preocupación
que por vosotros, por vuestros hijos y
por vuestra felicidad, anida en el co­ gre; ayudadnos a Nos, indigno Vicario
razón del piadoso sacerdote que os vi­ suyo, pero que llevamos en el corazón
sita y cuida de todos cuantos le han a todos los hombres como hijos Nues­
sido confiados! ¿De qué familia ha sa­ tros, ovejuelas reunidas en el único
lido aquel sacerdote? ¿De dónde viene redil o descarriadas por áridos pastos:
para estar entre vosotros? ¿Quién lo a todos somos deudores del camino,
manda? ¿Quién le ha infundido el amor de la verdad y de la vida que es Cris­
paternal a vosotros, la palabra y el to. Educad a vuestros hijos e hijas en
consejo de amigo? Lo envía la Iglesia, la fe, que es la victoria que vence al
lo manda Cristo. Y ¿habrán de ser tan mundo u; no ahoguéis en sus almas el
sólo otros quienes, dando a Dios sus espíritu que les viene del cielo; plan­
hijos y sus hijas, os hayan de procu­ tad en ellas aquella fe no fingida, sino
rar y asegurar la continua recepción sincera, que el apóstol Pablo estaba
de tan gran abundancia de bienes es­ seguro de que existia en su amado dis­
pirituales? Vuestro amor a la patria, cípulo Timoteo, como antes en su abue­
¿se conformaría acaso con estar quie­ la Loide y en su madre Eunice No
to perezosamente y dejar a los demás seáis avaros con Dios; devolvedle la
el peso de los sacrificios en favor de la parte de bendición que le pluguiere pe­
prosperidad y de la grandeza de vues­ dir a vuestro nido.
tra nación? Y ¿dónde quedaría la esti­
mación de vuestro cristiano sentir, si No os resulte, pues, inoportuno, amados
quisierais sustraeros al honor de con­ esposos, si a la Bendición Apostólica que
os damos con toda la efusión de Nuestro
currir, cooperar y ayudar también corazón de Padre vuestro, y desde ahora
vosotros, no sólo con ofertas materia­ también de los hijos que vendrán a rodea­
les, sino también con el don más pre­ ros, añadimos la oración de que el Divino
Maestro, si así le place, os conceda el honor
cioso de los hijos que os pidiese Dios, y la gracia de que entre ellos se escoja su
a la exaltación y a la propagación de porción y os dé fe y amor para, antes que
la fe y de la Iglesia católica, en una negársela o disputársela, darle gracias por
ello, no sólo como por el mejor de sus be­
palabra, al cumplimiento de su divina neficios, sino también como por ia prenda
misión en el mundo, en favor de las al­ más segura de su predilección hacia vosotros
mas de vuestros hermanos? Ayudad a y del premio que en el cielo os prepara.
la Esposa de Cristo, amados esposos;
ayudad a Cristo, Salvador de los hom­ 11 I lo. 5, 4.
bres, aun con los hijos de vuestra san­ 12 2 Tim. 1, 5.
PIO XI I

DEBER DE LA O R A C I O N
D. 13 mar zo 1943

EN EL I N D I V I D U O Y EN LA F A M I L I A

..................... trágica verdad, de amargos frutos y de tre­


mendos peligros que aquellas palabras en*
..................... cierran y representan.
¡a oración
deber y dignidad
.os t i e m p o s recien tes presenciaron
lecadencia de aqu ella piadosa y exu -
p ráctica de la oración, no porque la 2. ¿Qué significan y qué piden a
arante hubiera desap arecid o o sido todo apóstol esas condiciones tan tris­
la, sino porque aqu élla fue siendo tes y tan dolorosas? Significan la de­
?z más ap artad a y rechazada de la
b!ica. !a cual, lejos de atrib uir valor cadencia y el olvido de la idea del alma
a !a uracicn, la im pedía con harta y de Dios en el pueblo cristiano; y pi­
:ia y se con virtió en su m ayor obs- den remedio para vencerlo, esto es, el
Ei sim ple crecer por tod os lados com o
y m uy pob lada m etrópoli, que de hacer que en las conciencias, sobre
is tierras reúne hom bres de las m ás todo de los hombres, reviva la saluda­
s ten d en cias, no era ciertam en te para ble y necesaria convicción de que la
?r al tradicional carácter religioso de
d. Mas ia verdadera causa de haberse oración no sólo es un deber del espí­
npido tal tradición ha de buscarse ritu, sino tam bién una obligación de
roceh. > de !a transform ación laica, a honor. Si todo el mundo visible canta
t i 1.’e sistem á tica m en te som etid a.
ic u s-u r .V * J-' toque de las cam panas las alabanzas de Dios con potentes
m uchos t e m p h .. de la Urbe y a no acordes que, desde el cielo hasta la
invitación y una señai para la d evo- tierra, resuenan en sublime armonía
a plegan:.: y ¡a educación del pueblo,
familia? y en ¡as escu elas, se desvió por los espacios del universo, ¿cómo
lino que conduce a la iglesia y a la podría el hombre, a quien el Creador
. Verdad es que sem ejan te proceso da ver claramente su eterna potencia y
como reacción, una fuerte falange de
s que, avezad a a luchar contra co- divinidad en sus obras1, sustraerse al
y a desdeñar todo desprecio, prefirió gran coro de los cielos y de todas las
alzar su corazón y sus m anos a D ios criaturas, que a su alrededor están, y
te ¡a oracion; pero, al Dropio tiem p o,
¡traste entre el bien y el m al, surgió eximirse del deber de bendecir a Dios,
po no pequeño de otros que, m ás de adorarle y de alabarle?
>ados de lo m aterial que de lo espiri- Predicad a vuestros oyentes que el hombre
habituaron a separar, perniciosa y —único que entre todas las criaturas corpó­
n e n r e , de la vida pública, profesio- reas de la tierra posee la superior dignidad
,ocial toda práctica religiosa. F inal- de comprender la magnificencia del mundo
de ahí nació, aum entan do sin cesar, visible y de elevarse a través de la corrup­
¡edum bre de los que ya no oran ni tible naturaleza hasta el mundo in v isib le -
n pensam iento a Dios. Se ha dicho ha de dar gracias por tal privilegio al Dador
iglesia del hom bre m oderno, en las suprem o. Recordadles cuántas admirables
ciudades, es el cinem atógrafo. La oraciones inspiró Dios mismo en el Antiguo
iede parecer, y lo es, una paradoja
snr-ito- n^rr r o n o r é K bien el fondo de.
T e sta m en to, singularmente en los Salmos y escala de valores
en los Libró* Sapienciales, himnos de subli­
mes y adorantes elevaciones a la glorifica­
ción de Dios. Enseñadles que el hombre ha 3. No es pequeño el número de
sido creado con un claro designio por la sabi­ ciertos cristianos, creyentes de verdad,
duría divina; que las cosas humanas no pue­ pero cuya vida de oración se apaga y
den ir y caminar, ni un momento siquiera,
a la ventura y al acaso; y que, si todo en el no va más allá de ciertas prácticas casi
mundo se halla regido por la divina Provi­ siempre exteriores, como la peregrina­
dencia, todo cuanto se refiere al hombre
está particulartnente sometido a las dispo­ ción a una venerable I.nagen, la visita
siciones de una sabiduría oculta y singular, tradicional a algún santuario, no tan­
porque de todas las obras de Dios es del hom­ to por devoción y fervor en pro del
bre de quien el Creador quiere conseguir la
mayor gloria2. La oración es un bien que no alma, cuanto para implorar auxilio en
humilla ni rebaja, antes exalta y engrandece cosas puramente terrenales. Cierto que
al hombre. son loables esas piadosas prácticas,
Los más excelentes artistas, esos cuando se realizan con recta intención
maestros de la psicología figurada, nada y sin resabios supersticiosos, con ple­
han creado que tanto cautive al alma na sumisión a lo que Dios dispone;
como la representación del hombre en pero, ni son lo mejor de !a vi la ciis-
oración. En esa actitud de orante es tiana, ni la integran pjr completo.
donde él manifiesta su más alta no­ ¿Qué habéis, pues, de hacer? Habéis
bleza, de suerte que gráficamente se de inculcar a los fieles que—aun pu-
ha dicho que sólo es grande el hombre diendo y debiendo orar por el «pan co­
cuando está arrodillado. Y ante vuestra tidiano» también y por las necesidades
mirada y ante vuestra estimación, ¿no de esta vida—en la oración deben pe­
os parecen engrandecerse más aún los dirse las gracias terrenales y tempora­
poderosos, los altos personajes, los Mi­ les después de las espirituales, y que
nistros del Estado, cuando los veis in­ ninguno puede estar seguro de ser es­
clinados y postrados ante Dios en las cuchado en la petición de los bienes
solemnidades religiosas y en los ritos pasajeros de este mundo, porque, al
de la vida y de la muerte? Viva era ignorar si lo que desea ha de contri­
esa convicción entre las pasadas gene­ buir a su bien supremo, ha de entre­
raciones; y, si ha de lamentarse hoy garse necesariamente con fe y humil­
que en gran parte se haya debilitado, dad a la santísima voluntad de Dios,
culpad de ello a la acción devastadora que bien sabe qué le conviene mejor
del racionalismo, del materialismo, del para esta vida y para la otra. Por lo
filosofismo incrédulo, para los cuales la tanto, en el primer lugar de toda vida
oración es algo insignificante, despre­ cristiana, dign3 de tal nombre, está el
ciable, nada varonil; ciencias son de adorar a Dios y el implorar de El los
falso nombre que con su gélido soplo bienes sobrenaturales y eternos. Nues­
helaron espiritualmente muchos cora­ tra patria está en ios cielos8; allá debe­
zones humanos con enfermizos temblo­ mos alzar la mente y el deseo; acá aba­
res. Conviene, pues, que las mentes hu­ jo respirar la eternidad con la fe que
manas se liberten de los errores, re­ todo lo vence, la que animaba a los
cuerden y vuelvan a contemplar su primeros cristianos en medio de las
alta dignidad espiritual, reconozcan la persecuciones y de las angustias y que
enfermedad antinatural de su estado debe subyugar e inflamar también los
y de su espíritu, busquen su curación, corazones de nuestros fieles y vivificar
y den a la oración el puesto de honor su oración, haciéndola espiri'tualmente
en su cotidiano trabajo.
intim a y lim pia de todo afecto no or­ na religiosa y cristiana. Víctimas como
denado al fin suprem o. son por haberse separado la vida de la
religión, el m undo de la Iglesia, viven
necesidad una doble existencia contradictoria
que oscila entre Dios y el mundo ene­
4. Surge aqui la luz de otra ver­ migo; triste fruto del carácter laico de
dad, que vuestra palabra hará que pe­ la vida pública. ¿Qué hay más contra­
netre en la mente y en la conciencia rio al sentir católico que esta división
cristiana: la absoluta necesidad de la práctica? A sem ejante fórm ula de vida
oración. Es doctrina católica que n a­ se opondrá la Iglesia siempre y con
die puede por largo tiempo observar to d a energía, consciente de su espíri­
la ley de Dios y evitar la culpa m ortal tu de form ar al hombre completo, en
sin el auxilio de la gracia; por otra todas sus relaciones de la vida cotidia­
parte, Dios nos previene con su gracia na, porque el hombre sólo tiene un
sin nuestra cooperación, pero, según alm a, redim ida y hecha hija de Dios
las normas ordinarias de su acción sal­ con la sangre de Cristo para todas las
vadora, exige luego la cooperación del vicisitudes y circunstancias de la vida,
hombre, en primer lugar con la ora­ así privada como pública. Por esto la
ción. Vigilate et orate, ut non intretis Iglesia, según el m andato de Dios y la
in tentationem!4. Luego podemos afir­ ley de Cristo, inicia la formación del
mar que la misma norma de fe no cam­ cristiano comenzando en lo interior
bia de valor si, sustituyendo la pala­ por medio de la vida de oración. Alta
bra «oración'> por el término «gracia», y divina es su pedagogía y el tenor
decimos: Sin la oración nadie puede de su método pedagógico, que se re­
observar por largo tiempo la ley de m ontan a sus primeros días. Tomad con
Dios y evitar la culpa m ortal. Pregun­ vuestras manos y leed las Epístolas de
tad. amados hijos, en cuántos cristia­ San Pablo, y considerad sobre todo los
nos se halla viva, de hecho, esta ver­ capítulos finales con sus normas prác­
dad luminosa y fundam ental, y cuán­ ticas, y veréis cómo el Apóstol pone
tos caminan a la luz de ella, confor­ todas las cosas bajo la voluntad de
mar^'* a su g-u'a los pensamientos, los Dios, el símbolo de la redención y la
afectos y ¡a? -»bras; y recurrid a estos oración de los fieles: el cuerpo y el
primeros e ircomnovibles principios de alma, acciones y omisiones del cristia­
la vida personal religiosa, cuando ins­ no, hasta la comida y la bebida: Ora
truyáis a los fieles para orar bien. comáis, ora bebáis, ora hagáis cualquier
cosa, hacedlo todo a gloria de D ios6;
toda la vida social, matrimonio y fa­
funesta separación entre milia, esposo y esposa, padres e hijos,
religión y vida pública amos y criados; aun la misma vida
pública hasta los últimos fines del
5. Hemos hecho ya mención de Estado: Háganse oraciones y plegarias...
otra clase de hombres, de los cuales, a por los reyes y por todos los que ocupan
causa de la separación que muestran altos puestos, a fin de que pasemos una
entre la vida religiosa y la pública, vida tranquila y sosegada con toda pie­
suele decirse que actúan como cristia­ dad y dignidad *; en una palabra, todo:
nos en la m añana del domingo, sin que Y todo cuanto hiciereis, de palabra o de
en el resto del tiempo den señal algu­
\A -f Al
obra, hacedlo todo en el nombre del Se­ más bien estimulados a prolongarla.
ñor Jesús, dando gracias a Dios Padre ¡Espectáculo digno de los ángeles es
por medio de. E l 7. la oración común en el hogar domés­
tico! Y puesto que la vida pública, tan
6. Hombres, en quienes la oración llena de distracciones y peligros, con
y el pensamiento de Dios hayan llega­ demasiada frecuencia, en vez de pro­
do a ser una segunda naturaleza y el mover, pone en peligro los más pre­
alimento cotidiano del alma, como debe ciosos bienes de la familia, la fidelidad
ser en cristianos de sólido temple, se­ conyugal, la fe, la virtud y la inocen­
gún enseña el Apóstol, nunca dejarán cia de los hijos, la oración en cl san­
de obrar, en toda contingencia, según tuario doméstico es hoy casi más ne­
la norma de la ley divina, ni dejarán cesaria que en ios tiempos pasados,
de conformarse a ella en sus determi­ cuando en Roma florecía única la
naciones, ya se trate de cosas ordina­ civilización cristiana y en las costum­
rias, ya se presenten momentos de bres no había resucitado, por mc.cía
grandes decisiones en la vida pública. de la irreligión, un encubierto pa­
Ellos constituyeron el buen fermento ganismo. La imagen dc ¡a maú.c de
siempre que se trató de renovar el familia, orando, es una visión de la
mundo en el espíritu de Cristo. Tales, gracia de Dios para su esposo y para
en verdad, se mostrarán también hoy; sus hijos; y el recuerdo de un padre
pero a vosotros, amados hijos, es a que, en su profesión, tal vez en puestos
quienes toca el crear y el preparar altos ha realizado grandes cosas, per­
mediante vuestro trabajo apostólico, maneciendo piadoso y devoto, se con­
esa religiosa falange de orantes tan vierte con frecuencia en ejemplo ani­
poderosos. mador y de salvación para el joven en
los peligros y en las luchas espiritua­
oración les de la edad más madura.
7. Estos caracteres valientes, que
de la oración sacan la fuerza para las el domingo, día del Señor
luchas del bien y la defensa de la jus­
ticia, se educan y se forman en las fa­ 8. Pero el santuario de la familia,
milias, cuando éstas se basan y viven por bello, decoroso y bien cuidado que
en aquella sabiduría cuyo principio es sea, no es la iglesia; deber vuestro es
el temor de Dios; por ello os dirigimos la preocupación por hacer que el do­
con celo pastoral y paterno esta exhor­ mingo se convierta de nuevo en el dia
tación: Despertad en los fieles el sen­ del Señor, y que la santa Misa sea el
timiento de la antigua y piadosa cos­ centro de la vida cristiana, el más sa­
tumbre de orar juntos en familia: que grado alimento del descanso corporal
en ésta, a horas determinadas, ante y de la constancia virtuosa del espíri­
alguna imagen sagrada, se respire un tu. Debe el domingo ser el día para
aire de santuario; que la oración sea descansar en Dios, para adorar, supli­
atenta, devota, conforme a las circuns­ car, dar gracias, invocar del Señor el
tancias del tiempo, de la actividad y perdón de las culpas cometidas en la
del trabajo, y realizada de tal suerte semana pasada, y pedirle gracias de
que los hijos, en vez de experimentar luz y de fuerza espiritual para los días
cansancio o fastidio por ella, se sientan de la semana que comienza. Recordad
al pueblo que el domingo es el peren­
ne recuerdo del dia de la resurrección
inti
del Señor, que el hombre ha de resu­ obligación de oir Misa en los días fes­
citar y echarse fuera de las oficinas y tivos es grave. Sin embargo, jeon qué
lugares del trabajo, de las fábricas, de frecuencia están casi desiertas de hom­
los campos, donde—entre las grandes bres las iglesias, esparcidas acá y allá
distracciones de las cosas m ateriales y algunas piadosas mujeres, algunas ma­
de las múltiples ocupaciones de la jor­ dres preocupadas y solícitas por vol­
nada—apenas si puede el pensam ien­ ver pronto a cuidar sus niños, algunas
to elevarse a Dios y rezarle, en tanto criadas devotas, que por breves mo­
que el aliento de vida, infundido a él m entos se sustraen a los afanes del pe­
por el mismo Cielo, penetra su alm a noso trabajo cotidiano, para encontrar
haciéndole respirar la tendencia hacia allí la fuerza que las sostenga en las
una futura vida inmortal. El domingo vicisitudes de su condición social!
ha de ser el dia del descanso corporal
y de la elevación espiritual, no el de 10. Pero es indigno de un cristiano
los excesos deportivos y de los dem a­ el creerse excusado de observar este
siados placeres, cosas todas que ener­ m andam iento por cualquier leve e in­
van y disipan más que el trabajo en significante m otivo, y ha de pensarse
los días de labor, pero que no condu­ que no obrarían en tal form a los fie­
cen a Dios, antes bien alejan de El. les, si tuvieran una idea clara, profun­
¿No es, acaso, motivo de gran triste­ da y ardiente del misterio eucarístico,
za el que, precisamente el domingo, se Explicadles, pues, este Sacrificio reden­
havun ofrecido a veces—a los fieles— to r del Hom bre Dios, centro de todo
espectáculos y escen as que con San A gu stín el culto de la Iglesia católica, al cual
podríam os llam ar ruina y peste de las a l m a s ,
destrucción de la probidad y de la h o n rad e z®; están dedicadas las basílicas, templos,
espectáculos, para los que vale lo que el m is­ oratorios, altares y lugares en que se
mo santo D octor decía de las rep resentacio­ adora y se invoca al Señor, hacia el
nes inm orales de su tiem p o, esto es, que no
se hubieran tolerado en les prim eros siglos cual ascienden las súplicas de todo el
ú“. la antigua R om a, cuando la vid a se carac- pueblo cristiano, en la prosperidad y
tenzai?3 tod avía por una m ayor natu ralidad en la desventura, en los peligros y en
y sencillez. El dom ingo ha de ser el día que
reúne jun ta a tod a la fam ilia, no el que la las desgracias, en la pobreza y en la
disgrega, día de lectura espiritu al y de la riqueza, en la calm a y en la torm enta
devota oración, no de la disip ación. de los acontecim ientos, como hacia el
pueblo de Israel en torno al Arca de
ia Alianza en el único tem plo de Jeru-
la santa Misa salén, símbolo del nuevo y eterno tes­
tam ento fundado por Cristo con la
9. Si el cuerpo necesita el pan m a­ verdad de su carne y de su sangre. Ex­
terial que lo sustente, el alm a tiene plicad al pueblo el significado y la
necesidad del pan sobresustancial, que dignidad del sacerdocio católico, y dis­
sostiene, aum enta y restaura aquella ponedle a que participe en el santo
fuerza que, en los diversos tiempos de Sacrificio con piedad y con fruto espi­
ia vida, es necesaria a fin de perseve­ ritual. ¿Qué valor podría tener el
rar en el ejercicio de la virtud y en la culto divino público, si no fomentase la
victoria sobre las pasiones. A este ban­ participación de cada uno y su san­
quete celestial llama Ja Iglesia de modo tificación personal? La devoción es
particular el domingo, día por excelen­ siem pre, según su propia esencia, sub­
cia de la celebración eucarística. La jetiv a, personal, pues lleva consigo una
dedicación y casi consagración de sí
cas de piedad y de la asistencia al que hoy se encuentra empeñada la
Sacrificio, realizadas con la fe, con la Iglesia, ésta no puede encontrar un
esperanza y con la caridad, que trans­ apoyo continuo y seguro en quienes
forman íntimamente el alma y la unen tan sólo una vez al año se acercan a
a Dios; una devoción puramente «obje­ la sagrada Comunión; y entonces os
tiva», de la que tanto se habla hoy, aconsejamos que reunieseis y forma­
sería, estrictamente hablando, un dis­ seis grupos de hombres y de jóvenes,
fraz del verdadero concepto de la de­ que se acercaran siquiera mensual­
voción. mente a la mesa eucarística, condu­
ciendo a ella consigo a cuantos pudie­
11. Pero de todas las prácticas de ren de sus amigos y conocidos. Nos
piedad, la devoción máxima, la más diréis, tal vez, que es más urgente la
eficaz y la más santa es la participa­ misión de ganar, siquiera para un mí­
ción de los fieles en el santo Sacrifi­ nimum de oraciones y de frecuencia
cio, pues por ellos, como presentes, de Sacramentos, a aquellos otros tan
ruega el mismo sacerdote en el acto numerosos que viven alejados de la
de ofrecer la víctima divina; partici­ religión. Mas, aun para obtener tal
pación, que puede realizarse en dife­ ventaja, ¿no serán acaso el mejor -,a-
rentes formas según la índole, la ca­ mino esos grupos óe ap.*t>lcs seca­
pacidad, la preparación y la instruc­ res, valientes y prudentes? ¿No serán
ción que tan variadas son en cada uno ellos más bien el único camino para
de los fieles, hacia los cuales cuidaréis hacer que vuelvan a la Iglesia los hijos
bien de mostrar comprensión y ampli­ separados y alejados de ella? Ese mis­
tud de miras. Puesto ya ese fundamen­ mo camino os recomendamos y os su­
to, alabamos Nos que os dediquéis a gerimos también para el mundo feme­
iniciar a los fieles para que entiendan nino. La progresiva equiparación so­
y gusten la inagotable riqueza y la pro­ cial de la mujer con el hombre, que
funda belleza de las oraciones litúrgicas ha logrado tan rápidos avances, ha sa­
de la Misa, y que los forméis para que cado a la mujer, y especialmente a la
en ella participen activamente. Vos­ joven, ávida de probar fortuna, del
otros, que en el altar usáis continua­ retiro y de la familia, lanzándola, sin
mente el Misal, el máximo libro de la precaución alguna, al torbellino de la
devoción de la Iglesia, conocéis cuán­ sociedad y al vórtice de la vida actual
ta riqueza de textos sagrados y de san­ en medio de tales y tan variados peli­
tas elevaciones encierra, cuántos sen­ gros morales, de los que difícilmente
timientos de adoración y de alabanza llega a librarse sin la extraordinaria
y anhelos hacia Dios despierta y sus­ energía de una voluntad buena y ani­
cita, con qué poderosa energía mueve mosa. La experiencia pastoral conoce
y eleva hacia las cosas eternas, y qué bien hechos y testimonios tan doloro­
tesoros de saludables avisos ofrece a la sos y elocuentes que hoy aparece cada
propia vida religiosa de cada uno. vez más necesario el hacer surgir gru­
pos eucaristicos femeninos, para de
nuevo ganar a ias desviadas y robuste­
frecuencia de Sacramentos cer a las que han permanecido fieles.
12. Os decíamos el año pasado que,
en la lucha entre el bien y el mal, en
ccLxvm*

PIO XI I

SANTIFICACION DE LAS FIESTAS


D. 23 febrero 1944

EL "DEPORTE” , DISFRAZ LAICO

dades materiales y terrenas; para todo lo


demás, el hombre quiso bastarse a sí mismo,
como si ya no tuviera necesidad del apoyo
divino. El culto de Dios se trocó en un con­
fuera el que Nos cepto utilitario; la religión se precipitó de la
L quisiéramos
argo en d em a sí a
ahora tra ta r con vos­ esfera del espíritu a la de la materia. La
práctica de la religión era necesaria tan sólo
otros de cada m andam iento en particu­ para suplicar favores al cielo en orden a las
lar; por ello Nos limitaremos a algunas necesidades de este mundo, como si se ajus­
taran cuentas con Dios: la fe vacilaba cuan­
indicaciones que Nos parecen figurar, do el auxilio conseguido no correspondía al
en el momento presente, entre las más deseo. Que la religión y la fe significan ante
im portantes para la cura espiritual de todo adoración y servicio de Dios; que hay
mandam ientos de Dios que obligan si,empre,
los fieles. Sobre los m andam ientos lla­ en todo lugar y en toda circunstancia; que
mados de la primera tabla, que se re­ para el cristiano la vida futura debe domi­
fieren a D ios1, estimamos oportunas nar y determinar la terrenal; estos conceptos
y estas verdades, que rigen y guían el enten­
dos observaciones: dim iento y la voluntad del creyente, habían
llegado a ser extraños al pensamiento y al
sentim iento del espíritu humano.
el culto a Dios
3. ¿Qué remedio poner a semejan­
2 La prime* u «.oca al sentido mis­ te desorden? Es preciso que las gran­
mo del culto que a Dios debe tribu­ des verdades y los grandes conceptos
tarse, sentido que en los últimos cien de la fe retornen, como vida y reali­
años se ha ido oscureciendo aun entre dad, a todas las clases del pueblo, más
los mismos fieles. Si ya de por sí en aún a las altas que a las desheredadas
todo tiempo acontece que, en el san­ y probadas por- la indigencia y por la
tuario de la vida religiosa personal, los miseria de este mundo. Tal vez al pre­
hombres buscan y se afanan por hacer sente no haya necesidad más urgente
que prospere su propio interés, esto se que ésta en la educación religiosa; el
ve sobre toda medida cumplido y proba­ momento actual no solamente lo exi­
do bajo el influjo de la soberbia y vani­ ge, sino que hasta invita acuciante a
dosa civilización m aterialista que ha do­ proveer a ella, ya que todos los males
minado en las generaciones modernas. y desventuras que la humanidad ex­
Se quiso reducir ias relaciones entre Dios perim enta actualmente a causa de la
y cl hombre al a u xilio de Dios en las necesi­
decadencia de la moral y de la justi­
cia, vienen a ser una corrección terrí-
blemente clara y dolorosa de la falsa trucciones causadas por ia guerra apa­
idea de Dios y de la religión falsificada recen a la piedad cristiana como una
en su práctica. espantosa manifestación de los daños
que la profanación del domingo ha traí­
4. Se ha dicho que el milagro de estos do consigo. Pero sí de Ja vida pública
años son lo** millones de fieles que honran a
Dios y le sirven, obedientes a sus manda* pasamos a la privada, ¿quién no ve
mientos, aunque hayan llegado a encontrar­ cuánto conviene educar también a la
se en condiciones de peligros indecibles. Cier­ familia para que limite el trabajo do­
tamente que existen cristianos tan devotos
e impávidos, orgullo de la Iglesia, y vos­ minical a lo estrictamente necesario,
otros mismos, amados hijos, conocéis no po­ de suerte que permita y conceda a to­
cos de ellos; empleaos con celo para que cada dos, aun a los criados, el descanso
vez sea mayor su número entre los fieles
confiados a vuestros cuidados. festivo?
6. La Iglesia tiene que oponerse a
santificación de fiestas esa absorción y distracción que se deri­
va del excesivo deporte, hasta el pun­
5. El culto a Dios, que en el curso to de que ya no queda tiempo para la
de la vida humana debería comenzar oración, para el recogimiento y para
y cerrar cada día, impone, sin embar­ el descanso; los miembros de la fami­
go, deberes especiales para la santifi­ lia se ven forzosamente separados el
cación de las fiestas; y a ello se refiere uno ifel otro; los hijos se mantienen
Nuestra segunda observación. No se alejados y fuera de ia vigilarte:? de !oí
puede, ciertamente, reprochar a la padres. Oponerse sin temor contra esas
Iglesia que trate de aplicar el precep­ diversiones que, como el cinematógra­
to dominical con excesivo rigor, pues fo inmoral, convierten el domingo en
lo concreta y regula con aquella benig­ un día de pecados. Finalmente, ha de
nidad y humanidad2, cuyo ejemplo le darse el debido descanso y solaz festi­
dió su Divino Fundador. Pero contra vo que resulta, ante todo, en provecho
la profanación y el disfraz laico del de la elevación religiosa, de la renova­
sagrado día del domingo, al que con ción espiritual y del progreso armóni­
ritmo creciente se le viene despojando co de la vida de familia.
de su carácter religioso, alejando así a
los hombres de Dios, la Iglesia—guar­ 7. Es verdad que la vuelta a la
diana de la ley divina—tiene que opo­ santificación de las fiestas en las gran­
nerse y dar la cara con santa firmeza. des ciudades modernas exige de quien
También aquí la actividad celosa de tiene cura de almas un celo heroico
la cura de almas, aun usando toda be­ y un trabajo casi sobrehumano; pero
nignidad en los casos de necesidad y de tal vuelta depende mucho aquel
todo miramiento para con las situacio­ aumento y aquel mejoramiento que
nes económicas y sociales anormales, redundan no sólo en salud de las al­
que no es posible cambiar de repente, mas de los fieles, sino también en sal­
ha de ser amplia y proceder en la si­ vación de la familia y en restaurar la
guiente dirección: Suspensión de las vida social contra las fuerzas disolven­
obras sefviles en el domingo y en las tes del descontento, de la irritación y
demás fiestas de precepto, especial­ de la decadencia del espiritu hacia las
mente en público. Las horribles des­ cosas puramente terrenas y materiales.
PIO XI I

LA MUJER EN LA ACTUALIDAD
D. 21 octubre 1945

PROBLEMAS Y DEBERES

CST.\ gran K t t M O N v u e s t r a en torno a vecho alguno para nadie, y menos aún


N cs, amadas hijas, logra especial sig­
nificado, por las circunstancias presentes, para la mujer misma. Separarlo de
morque, si en todo tiem po Nos es grato aco­ de Dios, del sapientísimo orden del
geros, bendeciros y daros N uestros paterna­ Creador, de su voluntad santísima, es
les consejos, en este m om ento se añade la
necesidad de hablaros, accediendo a vuestras perder de vista el punto esencial de la
instantes súplicas, sobre un tem a de gran cuestión, es decir, la verdadera digni­
relieve y de capital iir.portancia en nuestros dad de la mujer, dignidad que ella tie­
Utas: queremos decir, sobre los deberes de
¡a mujer en la vida social y política, p casión ne tan sólo de Dios y en Dios.
sem ejante, ¡a esperábam os Nos mismo con
deseo, porque la febril agitación de la ator­ 3. De ello se sigue que no se hallan en
m entada actualidad y más aún las preocupa­ condiciones de considerar rectamente la cues­
ciones por el incierto porvenir, han colo­ tión fem enina aquellos sistemas que exclu­
cado la condición de la muier en el centro yen de la vida social a Dios y a su ley, y que
de interés así de ios amigos, como también otorgan a ios preceptos de la Religión, a io
de los enemigos de Cristo y de la Iglesia. sum o, un puesto humilde en la vida priva­
da del hombre.
Por esto vosotras, dejando aparte aque­
llos nombres sonoros y huecos, con los que
el problema femenino algunos pretenden calificar las reivindicacio­
nes del fem inismo, laudablemente os habéis
2. D ígam e ante todo, que para agrupado y unido como mujeres y jóvenes
Nos ti problema ícsi^nino, así en su católicas, para corresponder como procede
a las naturales exigencias y a los verdaderos
conjunto cor.iu en c*da uno de sus intereses de vuestro sexo.
múltiples aspectos particulares, con­
siste absolutamente en la conservación
y en el incremento de la dignidad que I. Cualidades particulares
la mujer ha recibido de Dios. Por lo de los dos sexos
tanto, para Nos es un problema no de
orden meramente jurídico o económi­ 4. ¿En qué consiste, pues, esa digfc
co, pedagógico o biológico, político o nidad que la mujer ha recibido de Dios?
demográfico; sino que, aun en su com­ Preguntad a la naturaleza humana,
plejidad, gravita íntegro en torno a tal como el Señor la ha formado, ele­
esta cuestión: ¿cómo m antener y re­ vado, redimido con la sangre de Cristo.
forzar aquella dignidad de la mujer, En su dignidad personal de hijos de
sobre todo hoy, en la coyuntura en Dios, el hombre y la mujer Son abso­
que la Providencia nos ha colocado? lutam ente iguales, como también lo
Ver de otra manera el problema, con­ son con respecto al fin último de te
siderarlo unilateralm ente bajo cual­ vida hum ana, que es la eterna unión
quiera de los aspectos mencionados, con Dios en la felicidad del cíelo. Glo*
sería lo mismo que eludirlo, sin pro­ ria imperecedera de la Iglesia es ha­
ber restituido a su luz y a su debido túa a contemplarla, a honrarla, a amar­
honor esta verdad y haber libertado la como un santo ideal.
a la mujer dé una degradante serví* Allí, empero, donde los dos sexos, olvi­
dando la íntima armonía querida y estable­
dutnbre contraria a la naturaleza. Pero ada por Dios, se entregan a un perverso indi­
el hombre y la mujer no pueden man- vidualismo; donde no son mutuamente sino
tener y perfeccionar esta su igual dig­ objeto de egoísmo y de pasión; donde no
nidad, sino respetando y realizando las cooperan en mutuo acuerdo ai servicio de
la Humanidad, según los designios de Dios
cualidades peculiares que la naturaleza y de la naturaleza; donde la juventud, des­
ha dado al uno y a la otra, cualidades preocupada de sus responsabilidades, ligera
y frívola en su espíritu y en su conducta, se
físicas y espirituales indestructibles, convierte moral y físicamente en inepta para
cuyo orden no es posible trastornar la santa vida del matrimonio; allí ei bien
sin que la misma naturaleza de nuevo común de la sociedad humana, tanto en el
orden espiritual como en el temporal, se en­
venga siempre a restablecerlo. Estos cuentra gravemente comprometido, y aun
caracteres peculiares, que distinguen la misma Iglesia de Dios tiembla, no por su
a lós dos sexos, se revelan ton tal cla­ propia existencia—¡ella tiene las promesas
ridad a los ojos de todos que sólo una divinas!—, sino por el mayor fruto de su
misión entre los hombres.
obstinada ceguera o un doctrinarismo
110 menos funesto que utópico podrían
desconocer, o casi ignorar su valor en
los ordenamientos sociales. celibato voluntario
Más aún. Los dos sexos, por sus mis­
mas cualidades peculiares, están orde­ 6. Pero ved cómo desde hace casi
nados el uno al otro de tal suerte que veinte siglos, en todas las generacio­
esa mutua coordinación ejerce su in­ nes, millares y millares de hombres y
flujo en todas las múltiples manifes­ de mujeres, entre ios mejores, renun­
taciones de la vida humana social. Por cian libremente, para seguir el consejo
su especial importancia nos limitare­ de Cristo, a una propia familia, a los
mos Nos, en este momento, a recor­ santos deberes y sacros derechos de la
daros dos de ellas: el estado matrimo­ vida matrimonial. El bien común de
nial y el del celibato voluntario según los pueblos y de ta Iglesia, ¿queda tal
el consejo evangélico. vez por ello expuesto a peligro? Muy
al contrario; esos espíritus generosos
reconocen la asociación de los dos
sexos en el matrimonio como un alto
estado matrimonial bien. Pero, si se apartan de la vida
ordinaria, del sendero trillado, ellos,
5. El fruto de una verdadera vida lejos de desertar de él, conságranse al
común conyugal comprende no sólo servicio de la humanidad, mediante el
los hijos, cuando Dios los concede a completo desasimiento de si mismos y
los esposos, y los beneficios materiales de sus propios intereses, con una acti­
y espirituales que la vida de familia vidad incomparablemente más amplia,
ofrece al género humano. Toda la civi­ total, universal. Contemplad a esos
lización en cada uno de sus aspectos, hombres y a esas mujeres: vedles de­
los pueblos y la sociedad de los pue­ dicados a la oración y a la penitencia;
blos, la Iglesia misma, en una palabra, consagrados a la instrucción y a la
todos los verdaderos bienes de la hu­ educación de la juventud y de los ig­
manidad sienten sus felices efectos, allí norantes; inclinados junto a la cabe­
donde esta vida conyugal florece en el cera de los enfermos y de los agoni­
orden, allí donde la juventud se habi­ zantes: con el corazón abierto a todas
las miserias y a toda§ las debilidades, tivas de su sexo. Ella colabora con el
para rehabilitarlas, para confortarlas, hom bre, pero en el modo que le es
para reanimarlas, para santificarlas. propio, según su natural tendencia.
Ahora bien; el oficio de la mujer, su
m anera, su inclinación innata, es la
m aternidad. Toda m ujer está destina­
la joven cristiana da a ser m adre: m adre en el sentido
físico de la palabra, o bien en un sen­
7. Cuando se piensa en las jóvenes tido m ás espiritual y elevado, pero no
y en las mujeres que voluntariam ente menos real.
renuncian al m atrim onio, para consa­ A ese fin ha ordenado el Creador
grarse a una vida más a lta de contem ­ todo el ser propio de la m ujer, su or­
plación, de sacrificio y de caridad, in­ ganismo, pero tam bién su espíritu, y,
m ediatam ente salta a los labios una sobre todo, su exquisita sensibilidad,
luminosa palabra: ¡la vocación! Es la De modo que la m ujer, verdaderamen­
única palabra que se aju sta a senti­ te tal, no puede ver ni comprender a
miento tan elevado. E sta vocación, fondo todos los problem as de la vida
esta llam ada de amor, se hace sentir hum ana, sino ta n sólo bajo el aspecto
en las formas más diversas, como son de la fam ilia. Por ello el sentimiento
infinitam ente diversas las modulacio­ refinado de su dignidad la conmueve
nes de la voz divina: invitaciones irre­ siem pre que el orden social o político
sistibles, inspiraciones que aprem ian am enaza con dañar a su misión ma­
afectuosam ente, dulces impulsos. Pero ternal, al bien de la fam ilia.
tam bién la joven cristiana, que a pe­
sar suyo ha quedado sin casarse, pero 9. Tales son hoy, desgraciadamen­
que firmem ente cree en ia Providen­ te, las condiciones sociales y políticas:
cia del Padre celestial, en las vicisitu­ y aun pudieran tornarse más insegu­
des de la vida reconoce la voz del ras p a ra la santidad del hogar domés­
Maestro: El Maestro está aquí y te tico, y, por ende, para la dignidad de
llam a1. Ella responde; ella renuncia al la m ujer. V uestra hora ha sonado, mu­
dulce sueño de su adolescencia y de jeres y jóvenes católicas; la vida so­
su juventud: ¡ten^r un compañero fiel cial tiene necesidad de vosotras: a cada
en ia vida, formarse una familia! y, una de vosotras puede decirse: ¡Se /ra­
ante la imposibilidad del m atrim onio, ía de lo tu y o l 2.
vislum bra su vocación; entonces, con
el corazón quebrantado pero sumiso,
tam bién ella se entrega, toda por com­
pleto, a las obras de bien más nobles condiciones sociales y po­
y más variadas. líticas, no favorables

10. Y a desde hace m ucho tiempo,


maternidad, oficio natural los públicos acontecim ientos han ve­
nido desarrollándose en m anera desfa­
8. T anto en uno como en otro es­ vorable p a ra el bien real de la familia
tado, el oficio de la m ujer aparece y de la m ujer: innegable es el hecho.
netam ente trazado por los rasgos, por Y hacia la m ujer se vuelven diversos
las aptitudes, por las facultades priv a­ m ovim ientos políticos, para ganarla a
su causa.—Algún sistema totalitario mos ahora las consecuencias económi­
la pone ante susojos alucinadoras pro­ cas y sociales que de éste se derivan.
mesas: igualdad de derechos con el Vosotras conocéis sus señales caracte­
hombre, protección de las gestantes y rísticas, y vosotras mismas sufrís su
de las puérperas, cocinas y otros ser­ agobio: excesiva aglomeración de los
vicios comunes que la libertan del peso habitantes en las ciudades, progresivo
de las preocupaciones domésticas, jar­ y arrollador crecimiento de las gran­
dines públicos de infancia y otras Ins­ des empresas, difícil y precaria situa­
tituciones, mantenidas y administra­ ción de las otras industrias, singular­
das por el Estado y por los Muni­ mente del artesanado y aun más de
cipios, que la dispensan de sus obli­ la agricultura, inquietante extensión
gaciones maternales hacia sus propios del paro.
hijos, escuelas gratuitas, asistencia en Restablecer, lo más posible, en su
caso de enfermedades. honor la misióo de la mujer y de ia
No se trata de negar las ventajas madre en tí hogar doméstico: tal es
que pueden lograrse de cualquiera de la palabra que de tantas partes se alza
esas previsiones sociales, si se realizan como un grito de alarma, como si el
en la debida forma. Más aún; Nos mis­ mundo se despertara casi atemorizado
mo, ya en otra ocasión, hemos hecho de los frutos de un progreso material
notar cómo a la mujer se le debe, por y técnico, del que antes se mu*tratv
el mismo trabajo y en paridad de ren­ tan orgulloso.
dimiento, la misma retribución que al Observemos la realidad oe las eos-»*-
hombre. Pero queda el punto esencial
de la cuestión, ^1 cual también ya alu­ 11. Mirad aquella mujer que, por
dimos: ¿ha mejorado por ello la con­ aumentar el salario del marido, se va
dición de la mujer? La igualdad de también ella a trabajar en la fábrica,
derechos con el hombre ha sometido dejando, durante su ausencia, aban­
la mujer, al tener que abandonar la donada la casa; y ésta, tal vez ya de
casa donde era la reina, al mismo peso por si escuálida y angosta, se torna
y tiempo de trabajo. No se ha dado aún más áspera por la falta de cuida­
importancia a su verdadera dignidad dos; los miembros de la familia traba­
y al sólido fundamento de todos sus jan separadamente por los cuatro án­
derechos, es decir, al carácter propio gulos de la ciudad y en horas distin­
de su ser femenino y a la intima tas; casi nunca se encuentran juntos
coordinación de los dos sexos; se ha ni siquiera para comer, ni aun para el
perdido de vista el fin querido por el reposo después de las fatigas de la jor­
Creador para el bien de la sociedad nada, mucho menos para la oración
humana y, sobre todo, de la familia. en común. ¿Qué queda de la vida de
En las concesiones hechas a la mujer familia? y ¿qué atractivos puede ella
es fácil descubrir, más que el respeto ofrecer a sus hijos?
a su dignidad y a su misión, la inten­
ción de promover el poder económico 12. A estas tan penosas consecuen­
y militar del Estado totalitario, al cias de la ausencia de la mujer y de
que todo debe quedar inexorablemente la madre del hogar doméstico, se aña­
subordinado. de otra más deplorable aún: toca ella
Por otra parte, ¿puede acaso la mu­ a la educación, sobre todo de la joven,
jer esperar su verdadero bienestar de y a su preparación para la vida real.
un régimen de predominante capita­ Acostumbrada a ver a su madre siem­
lismo? Innecesario es que os describa­ pre fuera de la casa y la casa misma
tan triste en su abandono, ella será presión n atu ral con la seriedad de la
incapaz de encontrar allí el m enor en­ vida intelectual y moral, con el vigor
canto, no experim entará gusto alguno de la educación religiosa y del ideal
en las austeras ocupaciones dom ésti­ sobrenatural. Pero ¿qué formación re­
cas, no sabra comprender su nobleza y ligiosa ha recibido ella en semejantes
su belleza, ni desear el dedicarse a ellas condiciones?
un dia como esposa y madre. Y esto no es todo. Cuando, al correr
Y esto es verdad en todas las clases los años, su m adre, envejecida antes
sociales, en todas las situaciones de la de tiempo, consumida y quebrantada
vida. La hija de la señora de gran por trabajos superiores a sus fuerzas,
mundo, que ve todo el gobierno de la por las lágrimas, por las angustias, la
casa dejado en manos de personas verá volver a casa por la noche a hora
extrañas, y a la madre ajetreada con muy tardía; lejos de tener en ella una
ocupaciones frivolas, en fútiles diver­ ayuda, un am paro, tendrá ella misma
siones, seguirá su ejemplo, querrá que cumplir, junto a su hija incapaz
emanciparse cuanto antes y, según y desconocedora de los trabajos feme­
una muy triste frase, -vivir su vida». ninos y domésticos, todos los oficios
¿Cómo podría ella concebir el deseo de de una criada. No será más afortuna­
llegar a ser, algún día, una verdadera da la suerte del padre, cuando la edad
'•señora», es dec’r, una dueña de casa avanzada, las enfermedades, los acha­
en una familia feliz, próspera y digna? ques, la falta de trabajo, le obliguen
En cuanto a las clases trabajadoras, a depender, para su mezquino susten­
obligadas a ganarse el pan cotidiano, to, de la buena o de la mala voluntad
la mujer, si reflexionase bien, se daría de sus hijos. ¡Augusta, santa autori­
tal vez cuenta de cómo no pocas ve­ dad la del padre y de la madre, vedla
ces aquel suplemento de ganancia, que destronada de su majestad!
ella obtiene trabajando fuera de casa,
es fácilmente devorado por otros gas­
tos y hasta tam bién por despiltarros II. Deber, en la vida pública
ruinosas para la economía familiar. La
hija que *ambién va * 'ra b a ja r a una 13. ¿Concluiremos Nos, por ello,
fábrica, en un estao'ecirmVnto o en una que vosotras, mujeres y jóvenes cató­
oficina, aturdida por la agitación del licas, deberéis m ostraros contrarias al
mundo en que vive, deslum brada por movimiento que os arrastra, queráis o
el oropel de un falso lujo, buscando no queráis, dentro de la órbita de
ansiosa turbios placeres, que distraen la vida social y política? Ciertamente
pero no sacian ni dan reposo, en aque­ que no.
llas salas de «revistas» o de bailes, que Ante teorías y métodos, que por di­
pululan doquier, a veces con intencio­ ferentes senderos arrancan a la mujer
nes de propaganda partidista, y que de su misión y, con la lisonja de una
corrompen la juventud, al haberse he­ desenfrenada emancipación, o con la
cho ya nnujer de clase», despreciadora realidad de una miseria sin esperanza,
de las viejas normas «ochocentistas» de la despojan de su dignidad personal,
vida, ¿cómo podría ella no encontrar de su dignidad de mujer, Nos hemos
la modesta morada casera inhospita­ oído el angustioso grito que' reclama,
laria y más tétrica de lo que es en rea­ lo más posible, su presencia activa en
lidad? Para aficionarse a ella, para de­ el hogar doméstico.
sear establecerse en ella algún día ella La m ujer, de hecho, es retenida fue­
misma, debería saber compensar la im ­ ra de su casa, no tan sólo por su pro­
clamada emancipación, sino a veces rar al bien total dc la sociedad, de la
también por ias necesidades dc la vida, patria; pero es claro que si el hombre,
por la continua preocupación del pan por temperamento, está más inclinado
cotidiano. En vano, pues, se predica­ a tratar los asuntos exteriores, los ne­
rá su vuelta al hogar, mientras perdu- gocios públicos, la mujer tiene, gene­
ren las condiciones que con frecuencia ralmente hablando, mayor perspicacia
la obligan a permanecer alejada de él. y tacto más fino para conocer y resol­
Y así se manifiesta el primer aspecto ver los delicados problemas de la vida
de vuestra misión en la vida social y doméstica y familiar, base de toda ia
política, que se abre ante vosotras. vida social: lo cual no quita el que al­
Vuestra entrada en esa vida pública gunas sepan realmente dar prueba de
se ha realizado de repente, por efecto una gran pericia aun en todos los cam­
de los transtornos sociales de que so­ pos de la actividad pública.
mos espectadores: ¡poco importa! Lla­ Todo esto es una cuestión no tanto
madas estáis a tomar parte en ella; de atribuciones distintas, cuanto del
¿dejaríais acaso a otras, a aquellas que modo de juzgar y de llegar a concre­
se constituyen en promotoras o cóm­ tas y prácticas aplicaciones. Toiiiemos
plices de la ruina del hogar doméstico, el caso de los derechos políticos: ¿«tos
el monopolio de la organización so­ son, en la actualidad, los mismos p *r.-
cial, cuyo elemento principal es la fa­ ambos. Pero, ¡con cuánto mayer dis­
milia con su unidad económica, jurí­ cernimiento y eficacia serán utilizados,
dica, espiritual y moral? En peligro se si el hombre y la mujer llegaren a com­
hallan los destinos de la familia, los pletarse mutuamente! La sensibilidad
destinos de la sociedad humana; están y la delicadeza, privativos de la mujer,
en vuestras manos: ¡Se trata de lo tuyo! que podrían arrastrarla en pos de sus
Por lo tanto, toda mujer, sin excepción impresiones, y correrían asi el peligro
alguna, tiene, entendedlo bien, el de­ de perjudicar a la claridad y a la am­
ber, el estricto deber de conciencia, de plitud de las ideas, a la serenidad de
no permanecer ausente, de comenzar las apreciaciones, a la previsión de las
a actuar (en las formas y en los modos consecuencias remotas sirven, por lo
correspondientes a la condición de cada contrario, de preciosa ayuda para po­
una), para contener las corrientes que ner de relieve las exigencias, las aspi­
amenazan al hogar, para combatir las raciones, los peligros del orden domes­
doctrinas que socavan sus fundamen­ tico, benéfico y religioso.
tos, para preparar, organizar y llevar
a cabo su restauración. 15. La actividad femenina se des­
arrolla en gran parte en los trabajos
14. A este motivo, que impulsa a y en las ocupaciones de la vida do­
la mujer católica a que entre en el méstica, que contribuyen, más y me­
camino que hoy se abre a su laborio­ jor de lo que generalmente podría pen­
sidad, añádese otro: su dignidad de sarse, a los verdaderos intereses de la
mujer. Ella tiene que concurrir con el comunidad social. Pero estos intereses
hombre al bien de la civitas, en la cual requieren, además, una falange de mu­
es en dignidad igual a él. Cada uno jeres que dispongan de mayor tiempo
de los dos sexos debe tomar la parte para poder dedicarse a aquéllos más
que le corresponde según su natura­ directa e íntegramente.
leza, sus caracteres, sus aptitudes físi­ ¿Quiénes, pues, podrán ser esas mu­
cas, intelectuales y morales. Los dos jeres, sino especialmente (y no quere­
tienen el derecho y el deber de coope­ mos, por cierto, decir: exclusivamente)
aquellas a las que aludíamos Nos poco disipar los prejuicios, aclarar las con­
ha, aquellas a las que imperiosas cir­ fusiones, explicar y difundir la doctri­
cunstancias han dictado la m isteriosa na de la Iglesia para desacreditar más
«vocación*, aquellas a quienes los acon­ seguram ente el error, el engaño y la
tecimientos han dedicado a una so­ m entira, para anular más eficazmente
ledad que no estaba en su pensam iento la táctica de los adversarios del dogma
y en sus aspiraciones, y que parecia y de la moral católica: trabajo inmen­
condenarlas a una vida egoístam ente so y de aprem iante necesidad, sin el
inútil y sin finalidad? Y ved, en cam- cual todo el celo del apostolado no ob­
oio, cómo su misión se m anifiesta hoy tendría sino precarios resultados. Pero
múltiple, m ilitante, reclam ando todas tam bién es indispensable la acción di­
sus energías, y tal que pocas otras, recta, si no se quiere que las sanas
ocupadas por las preocupaciones de la doctrinas y las sólidas convicciones
familia y por la educación de los hijos, resulten, ya que no absolutamente
o bien sometidas al santo yugo de los platónicas, al menos pobres en resul­
votos, estarían igualmente en condi­ tados prácticos.
ción de cumplir. E sta parte directa, esta colaboración
Hasta ahora, algunas de aquellas efectiva en la actividad social y polí­
mujeres dedicábanse con celo, a veces tica, en nada altera el carácter propio
admirable, a las obras parroquiales; de la actividad normal de la mujer.
otras, ccn vistas cada vez más amplias, Asociada a la obra del hombre en el
consagrábanse a una laboriosidad mo­ campo de las instituciones civiles, ella
ral y social de gran alcance. Su núm e­ se aplicará principalm ente a aquellas
ro, como consecuencia de la guerra y m aterias que exigen tacto, delicadeza,
de las subsiguientes dificultades, se ha instinto m aternal, más bien que rigi­
aumentado considerablemente; duran­ dez adm inistrativa. ¿Quién mejor que
te la horrible guerra cayeron muchos ella puede comprender lo que requie­
hombres de gran valor, otros han vuel­ ren la dignidad de la mujer, la inte­
to enfermos; ¡cuántas jóvenes esposas gridad y el honor de la joven, la pro­
esperaran, por consiguiente, en vano, tección y la educación del niño? Y en
¡a ver ida de su esr.r^,, ?! abrirse de todas estas m aterias, ¡cuántos proble­
nuevas vidas, en su solitaria morada!; mas reclaman la atención y la activi­
pero al mismo tiempo las nuevas ne­ dad de los gobernantes y de los legis­
cesidades, creadas por la entrada de ladores! Tan sólo la m ujer sabrá, por
!a mujer en la vida civil y política, ejemplo, tem plar con la bondad, sin
han venido a solicitar su concurso. daño para la eficacia, la represión del
¿Es acaso tan sólo una rara coinci­ libertinaje; sólo ella podrá encontrar
dencia, o es preciso ver en ello una los caminos para salvar de la humilla­
disposición de la Providencia divina? ción y educar en la honradez y en las
virtudes religiosas y civiles a la nifiez
16. Y así es vasto el campo de ac­ m oralm ente abando'nada; sólo ella po­
ción que hoy se ofrece a la m ujer y drá hacer fructífera la obra del patro­
puede ser, según las aptitudes y el ca­ nato y de la rehabilitación de los li­
rácter de cada una, o intelectual o más bertados de la cárcel o de las jóvenes
prácticamente activo. Estudiar y ex­ caídas; sólo ella hará salir de su cora»
poner e¡ puesto y el oficio de la m ujer zón el eco del grito de las madres, a
en la sociedad, sus derechos y sus de­ las que un Estado totalitario, cualquie­
beres, hacerse educadora y guía de sus ra que sea su nombre, querría arre­
propias hermanas, enderezar las ideas, b a ta r la educación de sus hijos.
algunas consideraciones b) la realidad práctica
a) la preparación 19. Pero en vuestra acción social y
política mucho depende de la legisla­
17. Queda asi trazado el programa de
los deberes de ia mujer, cuya práctica fina­ ción del Estado y de la administración
lidad es doble: su preparación y formación de los Municipios. Por eUo la papeleta
para la vida social y política, el desarrollo y electoral es en las manos de la mujer
la realización de esta vida social y política
en el campo privado y público. católica un medio importante para
Claro es que el oficio de la mujer, asi com­ cumplir su riguroso deber de concien­
prendido, no se improvisa. El instinto mater­ cia, sobre todo en los tiempos actua­
no es en ella un instinto humano, no determi-
nado por la naturaleza hasta en los últimos les. El Estado y la política, de hecho,
detalles de sus aplicaciones. Está dirigido por tienen propiamente el deber de asegu­
una voluntad libre, y ésta se halla guiada a rar a las familias de todas las clases
su vez por el entendimiento. De aquí su valor
moral y su dignidad, pero también su imper­ sociales las condiciones necesarias para
fección, que tiene necesidad de ser compen­ que puedan existir y desarrollarse
sada y rescatada con ia educación. como unidades económicas, jurídicas
18. La educación femenina de la y morales. Entonces la familia será
joven, y no pocas veces también la de verdaderamente ia célula vital le los
la mujer adulta, es, por lo, tanto, una hombres, que procuran honestaíip^tc
condición necesaria de su preparación su felicidad terrenal y eterna. 7od<;
y de su formación para una vida digna esto lo comprende perfectamente la
de ella. Evidentemente el ideal seria mujer verdaderamente tal.
que esta educación pudiera comenzar Lo que ella, por lo contrarío, no comprende
ni puede comprender, es que por política se
ya en la infancia, en la intimidad de entienda el dominio de una ciase sobre las
un hogar cristiano, bajo el influjo de demás, el ansia ambiciosa de una siempre
la madre. Por desgracia no siempre su­ creciente extensión de imperio economico y
nacional, por cualquier motivo que se per­
cede así, ni siempre es posible. Sin siga. Porque ella sabe que semejante polí­
embargo, puede al menos suplirse en tica abre el can.ino a la guerra civil, oculta
parte esta deficiencia, procurando a la o declarada, al peso cada vez mayor de los
armamentos y al constante peligro de guerra;
joven, que por necesidad tiene que tra­ ella conoce por experiencia que en todo caso
bajar fuera de su casa, una de aquellas aquella política va en daño de la familia,
la cual habrá de pagarla a gran precio con
ocupaciones que en cierto modo son el sus bienes y con su sangre. Por ello ningún
aprendizaje y el entrenamiento para la mujer prudente es favorable a una política
vida a que se halla destinada. A ello de lucha de clases o de guerra. Su camino
en la urna electoral es un camino de paz.
se encaminan también aquellas escue­ Por ello, en Ínteres y por el bien de la fami­
las dc economía doméstica, que aspi­ lia, la mujer recorrerá aquel camino y ne­
ran a hacer de la niña y de la joven de gará siempre su voto a toda tendencia, venga
de donde viniere, de subordinar a codicias
hoy la mujer y la madre del mañana. egoístas de domiiuo la paz interior y exterior
¡Cuán dignas de elogio y de estimulo son del pueblo.
esas instituciones! Son una de las formas en
las que más ampliamente puede ejercitarse
y difundirse vuestro sentimiento y vuestro Animo, pues, mujeres y jóvenes católicas:
celo maternal, y una de las más excelentes, trabajad sin descanso y sin dejaros nunca
porque el bien que en ellas hacéis propágase desanimar por ias dificultades y los obstácu­
indefinidamente, poniendo a vuestras alum- los; bajo el estandarte de Cristo Rey, bajo
nas en condición de hacer a otras, en familia el patrocinio de la Madre admirable, Reina
o fuera, el bien que vosotras les habéis hecho de las madres, sed las restauradoras del
a ellas mismas. ¿Qué decir, luego, de tantas hogar, de la familia, de la sociedad. Que sobre
otras obras con las cuales venis en auxilio vosotras desciendan abundantes los favores
de las madres de familia, asi para su forma­ divinos, en prenda de los cuales os damos
ción intelectual y religiosa, como en las cir­ con toda efusión de Nuestro paternal cora­
cunstancias dolorosas o difíciles de su vida? zón la Bendición Apostólica.
ca.xx

PIO XII

FAMILIA Y SOCIEDAD
D. 20 septiem bre 1949

RELACIONES Y DEBERES

os podido N o , ü ei'jr. Señores, pero m ucho m ás sagrados todavía en


;er con viva satisfacción v u estro
esentarnos. a! m ism o tiem p o que las horas trágicas de las calamidades,
erente hom enaje, la memoria de de las guerras, cuya m ayor víctima
ibaios y <le v u estra activ id ad al siem pre es la fam ilia, la gran sacrifi­
una causa por !a que ta n to intc-
)* como es 'a de la fam ilia? cada. A hora bien; precisam ente porque
:r elevados Nos a la Sede d e San es el elem ento orgánico de la sociedad,
¡aram os en N u estra encíclica todo ate n ta d o perpetrado contra ella
‘tificatus que consideram os deber
;a, im puesto por N uestro m inis- es un ate n ta d o contra la hum anidad.
tólico, ia firm e defensa de los Dios h a puesto en el corazón del hom­
opios de fam ilia bre y de la m ujer, como un instinto
m ás de diez años, el m undo ha
jchar N uestros llam am ientos, ha in n ato , el am or conyugal, el am or pa­
> N uestros esfuerzos. Si algunos terno y m aterno, el am or filial. Por
espreciado y han terg iv ersad o consiguiente, querer arrancar y para­
itenciones, ta n to m ás ag rad ab le
•cibir de vosotros, como représen­ lizar este triple am or es una profana­
las organizaciones fam iliares, la ción que por sí m ism a horroriza y que
que habéis sabido com p ren d er y lleva fa ta lm e n te hacia su ruina a la
obra t*e¡ P ad re com ún. Recibid
i ¿ ra 'I»'-. p a tria y a la hum anidad.
T ras el falaz pretexto de im poten­
cia de la fam ilia entregada a sus pro­
hogar y fam ilia pios medios, se atrincheran para so­
m eterla plenam ente a la dependencia
dignidad, los derechos y los del E stad o y de los poderes públicos,
t\ hogar fam iliar, establecido y hacerla servir a fines que le son ex­
nism o como célula v ital de la trañ o s. D eplorable desorden, con la
son, por ello m ismo, ta n an ti- ilusión m ás o m enos sincera de un or­
>el m undo; son independíen- den artificioso, desorden—en reali­
der del E stado 2 que debería dad -que lógicam ente conduce al caos.
>s y defenderlos, si se hallan
os: derechos y deberes igual- 3. Dem asiado cierto es, por desgra­
irados en to d as las épocas de cia, que actualm ente, por las condicio­
a y bajo todos los cielos, nes económ icas y sociales, la familia
aislada, al m archar paralela a tantas
i. A . a. 31 ( ¡ rj3 9) 434. o tras, no puede bastarse a sí misma
XIII rru f'eru m novar um. ni puede— a fortiori—cum plir su papel
de célula orgánica y vital. ¿Será ello cida, bajo todas sus formas, en la le­
una razón para suministrarle un reme­ gislación; esclavización material o mo­
dio peor que el mismo mat? ¿Qué ha­ ral de la familia siempre que, en la
cer, pues? Lo que tiempo ha tratan de educación de sus hijos, quedan los pa­
promover los hombres justos y rectos; dres reducidos casi a la condición de
lo que Nuestros Predecesores y Nos condenados, privados de la autoridad
mismo no cesamos de recomendar sin paterna. La idea de la familia, m irada
descanso y en lo que Nos trabajamos desde el punto de vista de Dios, nece­
por todos Nuestros medios; lo que vos­ sariamente hará volver al único prin­
otros mismos, señores, os esforzáis por cipio de solución honesta: utilizar to ­
realizar progresivamente mediante la dos los medios para colocar a la fami­
unión de los organismos familiares. lia en condición de bastarse a si misma
El programa de esta actuación que y de aportar su contribución al bien
tiende a consolidar la familia, a ele­ común.
varla en su potencial y a integrarla en
el mecanismo vivo del mundo, puede obras de asistencia
resumirse así: suplir la insuficiencia de
la familia, procurándola cuanto le fal­ 5. Bien conocidas os son las med*-
tare para realizar su misión doméstica das de asistencia a la famiH* S’-an dc
y social—unir entre sí a las familias institución pública o de irácfaHva pri­
en un frente sólido, consciente de su vada, revisten formas muy variadas.
fuerza—, permitir que la familia haga Después de la primera guerra mundial,
oír su voz así en los asuntos de cada la previsión familiar se ha convertido
nación como en los de la sociedad en­ en un departamento de los organismos
tera, de suerte que nunca ella tenga oficiales de la sanidad pública. Los
que sufrir de éstas, antes bien logre de Papas, en sus Mensajes sociales, se han
ellas su mayor beneficio. ¡Cuán dife­ pronunciado con firmeza en pro del
rentes serían los camirtos actuales de salario familiar o social, que permita
la economía y de la política, si este a la familia el proveer al mantenimien­
principio fundamental se convirtiera to de sus hijos a medida que van cre­
en norte común de todos los que están ciendo. Lo que faltaba—y se ha inten­
consagrados a la vida pública! tado con igual entusiasmo en algunos
países—es una política de gran enver­
gadura, que desaloje las viviendas en
en su verdadero aspecto que los inquilinos hállanse como acuar­
telados, y que funde la habitación fami­
4. Por consiguiente, lo que impor­ liar. Hoy, después de la segunda gue­
ta antes que nada es que la familia rra mundial, esta exigencia ha pasado
—su naturaleza, su fin y su vida—, ciertamente a primer plano.
sean examinados bajo su verdadero Añadamos también un sentido más
aspecto, que es el de Dios, el dc su agudo de la responsabilidad en la fun­
ley religiosa y moral. dación del hogar, el desarrollo de una
Oran lástima da el ver a qué solu­ vida de familia más sana en una vi­
ciones de los más delicados problemas vienda bien cuidada, tan beneficiosa
desciende una mentalidad materialis­ para el espíritu como para el corazón.
ta: disgregación de la familia por la Tampoco hemos dejado Nos de men­
indisciplina de las costumbres erigida cionar las instituciones creadas para
en libertad Indiscutible; agotamiento mejor preparar el cumplimiento de las
de la familia por la eugenesia introdu­ cargas y de los deberes de familia. ¡De
gran colaboración p o d rían ser la p re n ­ entre todas las fa m ilia s del mundo, con­
sa, la rad io , el cine, pero tam b ién g ra n ­ dición m u y fa v o rab le p a ra el cum pli­
de es su resp o n sab ilid ad con re fere n ­ m ien to de su función de células vita*
cia a la fam ilia! El cine, en lu g ar de les de la sociedad. jC uántas y cuán
envilecer con las in trig as del d iv o r­ preciosas fu erzas m orales vendrían así
cio y de la separación, ¿no d eb ería m ás a unirse p a ra lu ch ar c o n tra la guerra
bien, ponerse al servicio de la u n id ad al servicio de la paz!
del m atrim o n io , de la fid elid ad co n ­ M uy bien está que to d as las fam i­
yugal, de la salud de la fam ilia y de lias del m u ndo se u n an p a ra ayudarse
la felicidad del hogar? El pueblo sien ­ m u tu a m e n te , p a ra m an ten e r y domi­
te la necesidad de u n a idea m ejo r y n a r las fuerzas del m al m ed ian te su vi­
m as elevada de la v id a dom éstica. gor sano y fecundo. Mas to d a v ía que­
B uena p ru eb a de ello es el so rp re n d en ­ d a uij paso que dar: establecer el es­
te éxito de ciertos film s m uy recientes. p íritu fa m iliar cristiano en la escala
nacional, in tern acio n al y m undial. Así
ó. Tam bién querem os Nos po n er com o u n a fam ilia p a rtic u la r no es la
de relieve las obras de socorro a la in ­ sim ple reunión de sus individuos bajo
fancia, la asistencia a la ju v e n tu d , las un m ism o techo, tam poco la sociedad
casas de m atern id a d y de descanso h a de ser la sim ple sum a de las fami­
p ara las m adres, la organización ta n lias que la in teg ra n . Debe ella vivir
beneficiosa de auxilios inm ediatos a del e sp íritu fam iliar, fun d ad o en la
las fam ilias sobrecargadas cuando, por co m u n id ad de origen y de fin. Siem­
ejem plo, la m ad re de fam ilia se ve en pre que e n tre las ram as de una misma
la necesidad de no poder a te n d e r p e r­ fa m ilia ap arecen — por circunstancias
sonalm ente su casa: cam po inm enso de de la v id a — desigualdades, se impone
trab ajo abierto a las organizaciones de la m u tu a ay u d a . O tro ta n to debería
previsión pública, pero an te todo a la suceder e n tre los m iem bros de la gran
m isma caridad p riv ad a. fam ilia de las naciones. ¡Elevado ideal,
N atu ral es el reco rd ar que la m ayor sin n in g u n a duda! ¿P o r qué, pues, no
atención se ha de co n c en trar sobre las ponerse in m ed iatam en te a tra b a ja r
ram ilias num erosas: exención de im ­ p a ra ello, por m u y alejad a que pueda
puestos, concesiór. n t subsidios, p en ­ p arece r su realización? No hay duda
siones; pero que todo J Io se considere alg u n a de que aun las m ism as cues­
no como un don exclusivam ente g ra tu i­ tiones ta n angustiosas de la economía
to, sino más bien como u n a in d em n iza­ c o n tin e n ta l y m undial, consideradas
ción m uy m odesta debida al servicio so­ desde este p u n to de v ista, experim en­
cial de prim er orden que rinde la fa m i­ ta ría n u n a m ejoría sensible y u n a ayu­
lia, singularm ente la fam ilia num erosa. da bienhechora.
8. Inm ensa, por lo tan to , es la obra que
aun queda por llevar a cabo; y no se reali­
el «espíritu» fa m ilia r
zará sino m ediante sucesivos progresos. Apli­
qúese vuestro celo a Intensificar y a acelerar
7. Muy o p o rtu n am en te afirm áis estos progresos. Sobre vuestros esfuerzos tan
en vuestros estatu to s, v u estra volu n ­ laudables, Señores, con todo corazón invo­
camos del Padre eterno de todos los hom­
tad d e reforzar los lazos de solidaridad bres sus más abundantes bendiciones.
' CCLXXI — CCLXXII - CCLXXIII

PIO XII

FAMILIA HUMANA
D. 18 septiembre, 29 octubre y 27 noviembre 1951

DERECHOS DEBERES SALVACION

CCLXXI

de padres de fa­
na p e r e g r in a c ió n Claro es que vuestro primer deber,
U milia! ¡Qué alegría tan grande en el santuario del hogar familiar, es
para Nuestro corazón! Tantas y tantas el de proveer—respetando y perfeccio­
veces, a propósito de las más diversas nando cuanto posible sea humanamen­
cuestiones, hemos insistido Nos sobre te su integridad, su unidad y la jerar­
la santidad de la familia, sobre sus de­ quía natural que une entre si * los
rechos y sobre su función como célula miembros—a la conservación, a h sa­
fundamental de la sociedad humana. lud corporal, intelectual, moral y reli­
Por ello su vida, su salud, su vigor, su giosa de la familia. Y este deber Ueva
actividad son las que, en el orden, aseguran consigo evidentemente el de defender
la vida, la salud, el vigor, la actividad de
la sociedad entera. La familia responde ante y el de promover sus derechos sagra­
Dios de su existencia y de su dignidad como dos, singularmente ei derecho de cum­
de su función social, porque de Dios las ha plir sus obligaciones para con Dios y
recibido. Inalienables e Intangibles son sus
derechos; ante todo delante de Dios, y se­ constituir, con toda la fuerza de este
cundariamente delante de la sociedad, tiene término, una sociedad cristiana;
la familia el deber de defender, de reivindi­ Defender sus derechos contra todas
car y de promover efectivamente tales dere­
chos y tales privilegios, no tan sólo para su las violencias o influencias exteriores
propio beneficio, sino para la gloria de Dios, capaces de atentar a la pureza, a la
para el bien de la colectividad. fe, a la estabilidad sacrosanta de la
¡Cuántas veces se han cantado las ala­ familia;
banzas de la madre, saludando en ella el co­
razón y el sol de la familial Pero, si la madre Promover estos mismos derechos,
es su corazón, el padre es su cabeza; y, por reclamando de la sociedad civil, polí­
lo tanto, del valor de la virtud y de la acti­ tica y cultural por lo menos los me­
vidad del padre dependen primordialmente
la salud y la eficiencia de la familia. dios indispensables para su libre ejer­
cicio.
2. Habéis comprendido, queridos
hijos, y por ello os habéis reunido aqui, 3. Para el cristiano existe una re­
la necesidad que el padre de familia gla que le permite determinar con cer­
tiene de conocer inteligente, social y teza el alcance de los derechos y de­
cristianamente su oficio y sus deberes, beres de la familia dentro de la comu­
y habéis venido con intención de soli­ nidad del Estado. He aqui su fórmu­
citar los consejos y la bendición del la: la familia no es para la sociedad
Padre común, jefe de la gran familia sino que la sociedad es para la fa­
humana. milia. La familia es la célula funda­
m ental, el elem ento c o n stitu tiv o de m uy diversas, dispares y, a veces, en
la co m unidad del E stado, porque, p a ra concurrencia, si no en oposición. En
em plear las p alab ras m ism as de N ues­ ellas es donde h ay que esforzarse—y
tro predecesor Pío X I, de f. m.: tal los católicos deberán en ello dar el
será la sociedad cuales sean las fa m ilia s ejem plo— por prom over el equilibrio
y los individuos de que consta, como el aun a costa de sacrificar intereses par­
cuerpo se compone de sus m iem b ro s1. ticulares, atendiendo a la paz interior
P or lo ta n to , debería el E stad o , en y a u n a sana econom ía.
v irtu d m ism a— digám oslo así— del ins­
tin to de conservación, cum plir lo que 4. Pero en los derechos esenciales
esencialm ente y según el plan de Dios de las fam ilias, los verdaderos hijos de
C reador y S alvador es deber p rim o r­ la Iglesia se com prom eterán a soste­
dial suyo, a saber: g a ra n tiz a r absolu­ nerlos a u ltran z a. P o d rá suceder que
tam en te los valores que aseguran a la aquí o allá, en un p u n to o en otro, se
fam ilia el orden, la dignidad h um ana, vean obligados a ceder an te la superio­
la salud, la felicidad. E stos valores, rid ad de las fuerzas políticas. Mas en
que propiam ente son elem entos del ta l caso no se capitula, sino que se to­
bien com ún, jam ás pueden ser sacrifi­ lera. Pero en circunstancias tales es
cados an te lo que ap aren tem e n te po­ necesario que la do ctrin a quede a sa t
d r a ser un bien com ún. B aste indicar, vo y que se em pleen todos los medios
a títu lo de ejem plo, algunos valores eficaces p a ra encam inarse progresiva­
que actu alm en te se en cu en tran en m a­ m en te hacia aquel fin que jam ás pue­
yor peligro: la indisolubilidad del m a­ de renunciarse.
trim onio; la protección de la vida E n tre estos m edios, eficaces aun a
antes del nacim iento; la hab itació n largo plazo, uno de los m ás poderosos
conveniente a la fam ilia, no y a a la de es la unión en tre los padres de fami­
uno o dos hijos, sino a una fam ilia lia, firm es en las m ism as convicciones
norm alm ente m ás num erosa; la segu­ y en la m ism a v o lu n tad . V uestra pre­
ridad del trab a jo , porque el paro del sencia aq u í es un testim onio de que
p a d r: es el peligro m ás am argo p a ra ta l es v u e stra decisión.
ia fam ilia; el derecho de los padres O tro m edio que, au n an tes de obte­
sobre sus hijos fren í¿ al E stad o ; la ner el resu ltad o apetecido, no es jamás
plena libertad de los p ad res p a ra ed u ­ estéril, y que, a fa lta o d u ra n te la ex­
car sus hijos en la v erd ad era fe y, por pectación del éxito que se tra ta de
lo tan to , el derecho de los padres ca tó ­ conseguir, re p o rta siem pre sus frutos,
licos a la escuela católica; las condicio­ es el cuidado— d en tro de ta l coalición
nes de vida pública tales que las fam i­ de p ad res de fam ilia— de procurar es­
lias y sobre todo la ju v e n tu d no estén clarecer la opinión pública, tratando
en la certeza m oral de te n e r que so­ de p ersu ad irla poco a poco p ara que
p o rta r su corrupción. favorezca al triu n fo de la verdad y de
Sobre este p u n to , y aun sobre otros la ju stic ia . No debe desdeñarse ni omi­
que tocan m ás al fondo de la v ida fa­ tirse esfuerzo alguno p ara operar so­
m iliar, no existe e n tre las fam ilias di­ bre aquélla.
ferencia alguna; en o tras cuestiones
económ icas y políticas, por lo c o n tra ­ 5. H ay un terren o sobre el cual se
rio, pueden en co n trarse en condiciones im pone, con trág ic a urgencia, esta edu­
cación de la opinión pública y su rec­
' Ene. Casti connubít i 1 <Wr. 1930. tificación. En este terren o , ella se ha
A.A.S. 22, rñA. en c o n trad o p e rv e rtid a por una propa­
ganda que sin duda hay que llamar interés, los má« bajos instintos de la
funesta, aunque ella emane, en este naturaleza decaída.
caso, de fuente católica y trate de ac­ Y esto no es todo. Esa propaganda
tu ar sobre los católicos, bien que quie­ amenaza, además, al pueblo católico
nes la ejercen no parezcan sospechar con un doble azote, por no emplear
que, sin saberlo, se hallan ilusionados una expresión más fuerte. En primer
por el espíritu del mal. lugar, exagera desmesuradamente la
Nos referimos aquí a*los escritos, li­ importancia y et alcance del elemento
bros y artículos, tocantes a la inicia­ sexual dentro de la vida. Concedamos
ción sexual, que en la actualidad ob­ que esos autores, desde el punto de
tienen frecuentemente enormes éxitos vista puramente teórico, mantengan
de librería e inundan el mundo entero, aún los límites de la moral católica;
invadiendo lá infancia, sumergiendo la pero no es menos cierto que su mane­
generación adolescente, perturbando a ra de exponer la vida sexual es de tal
novios y a recién casados. naturaleza que le atribuyen, en el es­
píritu del lector medio y en su juicio
6. Con toda la seriedad, atención práctico, la naturaleza y el valor de
y dignidad que la materia exige, la un fin en sí mismo. Y con ello se hace
Iglesia ha tratado la cuestión de una perder de vista el verdadero fin pri­
instrucción en esta materia, tal como mario del matrimonio, que es (a pro­
la aconsejan o la reclaman así el des­ creación y educación del niño, y cl
arrollo físico y psíquico normal del ado­ grave deber de ios esposos ante este
lescente como los casos particulares fin, que los escritos de que Nos habla­
ofrecidos por las diversas condiciones mos dejan demasiado en la sombra.
individuales. Puede la Iglesia atribuir­
se con justicia que, dentro del más 8. En segundo lugar, esa literatu­
profundo respeto para la santidad del ra—llamémosla así—no parece tener
matrimonio, ella—en teoría y en la en cuenta alguna ia experiencia gene­
práctica—ha dejado a los esposos libres ral de ayer, de hoy y de siempre, como
en lo que, sin ofensa del Creador, que­ fundada en la naturaleza, que prueba
da autorizado por el impulso de una cómo, en la educación moral, ni la ini­
naturaleza sana y honesta. ciación ni la instrucción presentan de
suyo ventaja alguna, y que, por lo
7. Pavor causa el contemplar la in­ contrario, es gravemente malsana y
tolerable desvergüenza de semejante perjudicial, si no está fuertemente
literatura: cuando, ante el secreto de ligada a una constante disciplina, a un
la intim idad conyugal, hasta el mismo vigoroso dominio de sí mismo, y, so­
paganismo parecía detenerse con res­ bre todo, al uso de las fuerzas sobre­
peto, es de ver cómo se viola su mis­ naturales de la oración y de los sacra­
terio y se ofrece su visión—sensual y mentos. Todos los educadores cató­
vivida—como pasto para el gran pú­ licos dignos de su nombre y de su
blico y aun para la misma juventud. misión saben bien el papel preponde­
Y en verdad que ocurre preguntarse rante de las energías sobrenaturales en
si se ha marcado suficientemente la la santificación del hombre, joven y
frontera entre esa iniciación, que a sí adulto, célibe o casado. De todo esto,
misma se llama católica, y la prensa en semejantes escritos, apenas si aflora
o la ilustración erótica y obscena, que una palabra, si es que no se oculta todo
intencionadamente busca la corrupción en el silencio. Los principios mismos,
o explota vergonzosamente, por vil que en su enciclica Divini iltlus Ma-
gistri, N u estro P redecesor Pío X I puso tim idez y sin respeto hum ano, a fin de anu*
tan sab iam en te en claro, sobre la ed u ­ lar y d eten er esas cam pañas, cualquiera qu$
sea el nom bre y el patrocinio con que se
cación sexual y las cuestiones conexas, encubran y se autoricen.
qu ed a n — ¡triste sino de los tiem pos!—
No sin razón habéis colocado vuestra pe*
elim inados con un revés de m ano o regrinación bajo la especial protección dél
con u n a sonrisa: Pío X I, dicen, lo es­ gran P apa de la E ucaristía, el Beato Fio X>
cribía hace veinticinco años, p a ra sus Confiad en el socorro de la Virgen Inftiacu*
lada, M adre p u rí^ m a, M adre castísim a auxi-
tiem pos. ¡Y desde entonces, se ha c a ­ lium christianorum ; confiad en la gracia de
m inado tan to ! Cristo, fuente de to d a pureza, que jamás
aban d o n a a los que tra b a ja n y combaten
9. Padres de fam ilia aquí presentes: sobre por el advenim iento y la consolidación de.
toda la superficie de la tierra, en todos los su reinado. Con la más viva esperanza, de
países, existen tantos otros cristianos, padres que vuestros esfuerzos y vuestras oraciones
de familia como vosotros, que participan de han de acelerar el triunfo de este reinado,
vuestros sentim ientos; unios, pues, con ellos a vosotros, a to d as vuestras familias, a io­
—siempre, claro está, bajo la dirección de dos los padres cristianos unidos a vosotros
vuestros Obispos— , solicitadles todo su po­ en espíritu, en oración y en acción, dam os Nos
deroso concurso a todas las m ujeres y m a­ de todo corazón N uestra Bendición Apos­
dres católicas, para com batir juntam ente, sin tólica.

C C L X X ll

con so licitud sobre aquella se m antenga y las leyes que lo rigen. Porque
V elar
no se tr a ta aquí de puras leyes físicas, bioty-
cuna silenciosa y oscura donde gicas, a las que necesariam ente obedecéii
Dios infunde al germ en dado por los agentes privados de razón y fuerzas ciegas,
padres un alm a in m o rtal, p a ra p ro d i­ sino de leyes cuya ejecución y cuyos efectos
están confiados a la volu n taria y Ubre coope­
gar vuestros cuidados a la m ad re y ración del hom bre.
prep arar un nacim ien to feliz al niño E ste orden, fijado por la inteligencia su­
que ella Heva en sí: he ahí, am ad a s hi­ prem a, se halla dirigido al fin querido jp«f.
el Creador; com prende la obra exterior ¿Leí
jas, el obie+o de v u e s tra profesión, el hom bre y la adhesión in tern a de su libre vo­
secreto de su grandeza y de su belleza. luntad; abarca la acción y la obligada omi­
Cuando se piensa en esta adm irable cola­ sión. La N aturaleza pone a disposición del
boración —de los padres, de la N aturaleza hom bre to d a la concatenación de las causas
y de Dios—de la cual viene a la luz un nuevo de las que surgirá una nueva vida humaha;
ser humano a imagen y sem ejanza del toca ai hom bre d a r suelta á la fuerza viva (le
Creador1, ¿cómo podría no apreciarse en su aquéllas, y a la N aturaleza el desarrollar au
ju sto valor el concurso precioso que vosotras curso y conducirla a térm ino. Después que íl
aportáis a tal obra? La heroica m adre de los hom bre ha cum plido su p á fte y ha puesto
Macabeos advertía a sus hijos: Yo no sé de en m ovim iento la m aravillosa evolución é»
qué modo habéis tomado el ser en m i seno; la vida, su deber es respetar religiosamente
yo no os he dado el espíritu y la vida, ni yo su progreso, deber que le prohibe detener Ja
he coordenado el organismo a ninguno de vos­ obra de la N aturaleza o im pedir su natural
otros, A si, pues, es el Creador del Universo desarrollo.
el que ha formado al hombre en su naci­ De esta form a, la parte; de la N atu­
miento 2.
raleza y la p a rte del hom bre están ne­
2. P or eso, quien se acerca a esta cuna ta m e n te delim itad as. V uestra form a­
del futuro de la vida y junto a ella ejercita ción profesional y v u e stra experiencia
su actividad en cualquier modo ha de cono­
cer el orden que el Creador quiere que allí o» po n en en situ ació n de conocer la
acción de la N a tu ra le z a y la del hom­
1 Cf. Gen. 1, 2*3-27. bre, lo m ism o que las norm as y las
leyes a q ue am b as están su jetas; vttts*
Ira conciencia, iluminada por ia razón el ápice en los conocimientos de vues­
y la fe bajo ia guía de la Autoridad tra especialidad.
establecida por Dio:*, os ensena hasta
dónde se extiende ia acción lícita y 5. Pero vuestra habilidad profesio­
donde, en cambio, se impone estricta­ nal es también una exigencia y una
mente la obligación de la omisión. forma de vuestro apostolado. ¿Qué
crédito encontraría, en efecto, vuestra
3. A la luz de estos principios, Nos palabra en las cuestiones morales y re­
proponemos ahora exponeros algunas ligiosas relacionadas con vuestro oficio
consideraciones sobre el apostolado al si aparecieseis deficientes en vuestros
que vuestra profesión os obliga. En conocimientos profesionales? Por lo
efecto, toda profesión querida por Dios contrario, vuestra intervención en el
im porta una misión; es decir, la de campo moral y religioso será de un
realizar en el campo de la profesión peso muy diferente, si supiereis impo­
misma los pensamientos y las inten­ ner respeto con vuestra superior capa­
ciones del Creador, y ayudar a los cidad profesional. Al juicio favorable
hombres a que comprendan la justicia que os habréis ganado con vuestro mé­
y la santidad del plan divino y el bien rito se añadirá, en el espíritu de aque­
que de él se deriva para ellos mismos llos que recurren a vosotras, la oier
por su cumplimiento. fundada persuasión de que el cristia­
nismo firmemente creído y fielmente
practicado, lejos de ser un obstáculo
I.—Vuestro apostolado para el valor profesional, es para éste
profesional se ejercita en un estimulo y una garantía. Verán cla­
primer lugar por medio 4e ramente que, en el ejercicio de vuestra
vuestra persona. profesión, vosotras tenéis conciencia de
vuestra responsabilidad ante Dios; que
4. ¿Por qué acuden a vosotras? en vuestra fe en Dios encontráis el más
Por la plena convicción de que cono­ fuerte motivo para asistir con tan ta
céis vuestro arte, de que sabéis qué mayor entrega cuanto mayor sea la ne­
necesitan la madre y el niño, a qué cesidad; que en el sólido fundamento
peligros están ambos expuestos, cómo religioso encontráis la firmeza para
pueden ser evitados o superados estos oponer a irracionales e inmorales pre­
peligros. Se espera de vosotras conse­ tensiones (de cualquier parte que ellas
jo y ayuda; naturalmente, no de modo vengan) un tranquilo, pero impávido
absoluto, sino en los límites del saber e irreformable No.
y del poder humano, según el progre­
so y el estado actual de la ciencia y 6. Estimadas y apreciadas como
de la práctica de vuestra especialidad. sois por vuestra conducta personal no
Si todo esto se espera de vosotras, menos que por vuestra ciencia y expe­
es porque se tiene confianza en vos­ riencia, veréis cómo se os confían de
otras; y esta confianza es, ante todo, buen grado los cuidados de la m adre
cosa personal. Vuestra persona debe y del niño, y acaso sin que vosotras
inspirarla. Que esta confianza no que­ mismas os deis cuenta ejercitaréis un
de burlada, no sólo es vuestro deseo, profundo, frecuentemente silencioso,
sino también una exigencia de vuestro pero muy eficaz apostolado de cristia­
oficio y de vuestra profesión y, por lo nismo vivido. Porque, por muy grande
tanto, un deber de vuestra conciencia. que pueda ser la autoridad moral que se
Por eso debéis tender a elevaros hasta debe a las cualidades propiamente pro­
fesionales, la acción del hom bre sobre bre, n in g u n a a u to rid a d hu m an a, nin­
el ho m b re se lleva a cabo sobre todo g u n a ciencia, n in g u n a indicación médi­
con el doble sello de la v e rd a d e ra h u ­ ca, eugenésica, social, económ ica, mo­
m an id ad y del v erd ad ero cristianism o. ral, q u e p u ed a exhibir o d ar un título
ju ríd ico válido p a ra u n a deliberada dis­
posición directa sobre la v id a hum a­
II.—El segundo aspecto de n a inocente; es decir, una disposición
vuestro apostolado es el q ue tie n d a a su destrucción, bien sea
celo para sostener el valor com o fin, bien como m edio p a ra qtro
y la inviolabilidad de la fin que acaso de por sí no sea en modo
vida humana. alguno ilícito. Así, por ejem plo, salvar
la v id a de la m adre es un nobilísimo
7. E l m undo p resen te tiene urg en ­ fin; pero la m u erte directa del niño
te necesidad de ser convencido p o r el com o m edio p a ra este fin no es lícita.
triple testim onio de la inteligencia, del L a destrucción d irec ta de la llam ada
corazón y de los hechos. V u estra p ro ­ vida sin valor, n acida o to d av ía sin na­
fesión os ofrece la posibilidad de d a r cer, p ra c tic a d a en gran núm ero hace
tal testim onio y a ello os obliga por pocos años, no se puede en m odo al­
deber. A veces no es sino u n a sim ple guno ju stificar. P o r eso, cuando esta
palabra dicha o p o rtu n am e n te y con p rá ctica com enzó, la Iglesia declaró
tacto a la m adre o al padre; pero, to ­ fo rm alm en te que era contrario al de­
davía con m ás frecuencia, to d a vues­ recho n a tu ra l y divino positivo, y por
tra conducta y v u e s tra m an era cons­ lo ta n to ilícito, m a ta r, au nque fuera
ciente de o b rar influyen d iscretam en ­ por orden de la a u to rid a d pública, a
te, silenciosam ente, sobre ellos. E stáis aquellos que, a u n q u e inocentes, a con­
más que otros en situación de conocer secuencia de ta ra s físicas o psíquicas,
y de apreciar lo que la v id a h u m an a no son ú tiles a la nación, sino m ás bien
es en sí m ism a y lo que vale a n te la re su ltan cargas p a ra ella 3. La vida de
sana razón, an te v u e stra conciencia un inocente es intangible y cualquier
m oral, an te !a sociedad civil, a n te la a te n ta d o o agresión d irecta contra ella
Iglesia y, sobro todo, a n te los cjos de es la violación de u n a de las leyes fun­
Dios. El Señor ha hecho to d as las res­ d am entales, sin las que no es posible
tan tes cosas sobre !a faz de ía tie rra u na segura convivencia hum ana. — No
para el hom bre; pero el hom bre m is­ tenem os necesidad de enseñaros en de­
mo, por lo que to ca a su ser y a su talle la significación y el alcance de
esencia, ha sido creado p ara Dios y no esta ley fu n d a m e n tal en v u e stra pro­
p ara criatu ra alguna, bien que, en su fesión, pero no olvidéis que, por en­
obrar, se halla tam bién obligado hacia cim a de cualquier ley hum ana, de
la sociedad. A hora bien, hombre es el cualquier indicación, se levanta, inde­
niño, aunque no h ay a to d av ía nacido; fectible, la ley de Dios.
en el mismo grado y por el m ismo
títu lo que la m adre. 9. El apostolado de v u estra profe­
sión os im pone ta n to el deber de co­
8. Adem ás, todo ser hum ano, y m u n icar tam b ién a otros el conoci­
tam bién el niño en el seno m aterno, m iento, la estim a y el respeto de la
tienen el derecho a la vida inm ediata­ v id a h u m an a, que vosotras nutrís en
mente de Dios, no de los padres, ni de v u estro corazón por convicción cristia-
clase alguna de sociedad o au to rid a d • Decr. S. Off. 2 dec. 1940 A .A .S . 32
hum ana. Por ello no hay ningún hom ­ (1940) 573-574.
na, como el de tomar, cuando sea ne­ se deriva; aquí, es el homenaje de re­
cesario, valientemente, su defensa, y conocimiento hacia el Creador, la in­
proteger, cuando sea necesario y esté vocación de la bendición divina, el
en vuestro poder, la indefensa y to­ compromiso de cumplir con devoto
davía oculta vida del niño apoyándoos afecto el oficio que Dios le ha enco­
sobre la fuerza del precepto divino: mendado. Si el Señor alaba y premia
Non occides: no m atar4. Tal función al servidor fiel por haber hecho fructi­
defensiva se presenta a veces como la ficar cinco talentos •, ¿qué elogio, qué
más necesaria y urgente; sin embargo, recompensa reservará al padre que ha
no es la más noble ni la más impor­ custodiado y .educado para El la vida
tan te parte de vuestra misión: ésta, en humana que se le confió, superior a
realidad, no es puramente negativa, todo el oro y toda la plata del mundo?
sino, sobre todo constructiva y tiende
a promover, edificar y reforzar. 12. Pero vuestro apostolado se di­
rige sobre todo a la madre. Sin duda,
10. Infundid en el espíritu y en el la voz de la Naturaleza habla en ella
corazón de la madre y del padre la y le pone en el corazón el deseo, el
estima, el deseo, el gozo, la acogida gozo, la valentía, el amor, la voluntad
amorosa del recién nacido desde su pri­ de tener cuidado del niño; mas, para
mer vagido. El niño, formado en el vencer las sugestiones de la pusilani­
seno materno, es un regalo de Dios6, midad en todas sus formas, aquella
que confía su cuidado a los padres. voz tiene necesidad de ser reforzada y
¡Con qué delicadeza, con qué encanto de tomar, por decirlo así, un acento
m uestra la Sagrada Escritura la gra­ sobrenatural. A vosotras os toca hacer
ciosa corona de los hijos reunidos en gustar a la joven madre, menos con
torno a la mesa del padre! Ellos son la las palabras que con toda vuestra ma­
recompensa del justo, como la esteri­ nera de ser y de actuar, la grandeza,
lidad es con mucha frecuencia el cas­ la belleza, la nobleza de aquella vida
tigo del pecador. que surge, se forma y vive en su seno,
Escuchad la palabra divina expresada con que de ella nace, que ella lleva en sus
la insuperable poesía del Salmo: Tu esposa brazos y nutre de su pecho; hacer res­
será como vid abundante en lo intimo de tu
casa y tus hijos como renuevos de olivo alre­ plandecer a sus ojos y en su corazón
dedor de tu mesa. He aquí de qué modo es ben­ el gran don del amor de Dios hacia
decido el hombre temeroso de Dios *. Mien­ ella y hacia su niño. La Sagrada Es­
tras que del malvado se ha escrito: Tu pos­
teridad sea condenada a exterminio, en la pró­ critura os hace escuchar, en múltiples
xima generación extíngase hasta su nombreT. ejemplos, el eco de la oración supli­
cante y después el de los cantos de
11. Desde su nacimiento, apresu­ reconocida alegría de tantas madres,
raos—como hacían ya los antiguos ro­ finalmente oídas, después de haber im­
manos—a poner al niño en los brazos plorado, durante largo tiempo y con
del padre, pero con un espíritu in­ lágrimas, la gracia de la maternidad.
comparablemente más elevado. Entre Aun los mismos dolores que, después
aquéllos, era la afirmación de la pa­ de la culpa original, debe sufrir la ma­
ternidad y de la autoridad que de ella dre para dar a luz a su niño, no hacen
sino apretar más el vínculo que les
4 Ex. 20, 13. une; ella le amará tanto más cuanto
‘ Ps. 127, 3. más dolor le haya costado. Esto lo ha
* Ps. 128, 3-4.
» Ps. 109, 13
expresado con p ro fu n d a y conm ove­ de la Sagrada Escritura y hasta a la
dora sim plicidad aquel que plasm ó el sana razón y al sentimiento de la Na­
corazón de las m adres: La m ujer, cuan­ turaleza es tal mentalidad! Si hay con­
do pare, sufre dolor porque ha llegado diciones y circunstancias en que los
su hora, pero cuando ha dado a luz al padres, sin violar la ley de Dios pue­
niño, no se acuerda ya de la angustia den evitar la bendición de los hijos,
por cl gozo de que ha nacido un hombre sin embargo, estos casos de fuerza ma­
en el mundo *. Y en o tro pasaje, el E s­ yor no autorizan a pervertir las ideas,
píritu S anto, por la plum a del ap ó sto l a depreciar los valores y a vilipendiar
San P ablo, m u estra, u n a vez m ás, la a la madre, que ha tenido el valor y
grandeza y la alegría de la m a te rn i­ el honor de dar la vida.
dad: Dios da a la m ad re el niño, pero
al darlo la hace cooperar efectivam en­ 14. Si lo que hasta ahora hemos
te en ei abrirse de la flor cuya sem illa dicho toca a la protección y al cuida­
había puesto en sus visceras, y e sta do de la vida natural, con mucha ma­
cooperación viene a ser el cam ino que yor razón ha de valer para la vida so­
la conduce a su salvación etern a: se brenatural que el recién nacido recibe
salvará la mujer por la generación de con el bautismo. En la presente eco­
los h ijo s 10. nomía no hay otro medio para comu­
Este acuerdo perfecto de la razón y nicar esta vida al niño, que no tiene
de \?, fe os da la g a ra n tía de que estáistodavía uso de razón. Y, sin embargo,
en la v erdad plena y de que podéis el estado de gracia en el momento de
proseguir, con incondicional seguridad, la muerte es absolutamente necesario
vuestro apostolado de estim a y de para la salvación: sin él no es posible
am or hacia la v id a naciente. Si con­ llegar a la felicidad sobrenatural, a la
seguís ejercitar este apostolado ju n to visión beatífica de Dios. Un acto de
a la cuna donde llora el recién nacido, amor puede bastar al adulto para con­
no será dem asiado difícil o b ten er lo seguir la gracia santificante y suplir
que v uestra conciencia profesional, en el defecto del bautismo; al que toda­
arm onía con la ley de Dios y de la vía no ha nacido o al niño recién naci­
N aturaleza, os im pone prescribir p a ra do este camino no le está abierto. Si
el bien de la m adre y de! 'úño. se considera, pues, que la caridad ha­
cia el prójimo impone asistirle en caso
13. No necesitam os d em o straro s a de necesidad; que esta obligación es
vosotras, que tenéis experiencia de tanto más grave y urgente cuanto más
ello, cuán necesario es hoy este apos­ grande es el bien que se ha de procu­
tolado de la estim a y del am o r h acia rar o el mal que se ha de evitar, y
la nueva vida. P or desgracia, no son cuanto el necesitado sea menos capaz
raros los casos en que el h a b la r, a u n ­ de ayudarse y salvarse por sí mismo;
que sólo sea con una c a u ta alusión, de entonces es fácil comprender la gran
ios hijos como de una bendición, b a sta im portancia de atender al bautismo de
para provocar contradicciones y acaso un niño privado de todo uso de razón
hasta burlas. Con m ucha m ás frecu en ­ y que se encuentra en grave peligro o
cia dom ina la idea y la p a la b ra del ante una m uerte segura. Sin duda este
grave peso de los hijos. ¡Cuán o p u esta deber obliga, en primer lugar, a los pa­
al pensam iento de Dios y al lenguaje dres; pero en los casos de urgencia,
cuando no hay tiempo que perder o
* io. Í0; 21. no es posible llamar a un sacerdote,
l ’i I '>
'('ir*, ir . os toca a vosotras el sublime oficio
de conferir ei bautismo. No dejéis, Cmcipies in útero et paries: «concebi­
pues, de prestar este servicio caritati­ rás en tu seno y parirás***.
vo y de ejercitar este activo apostola­ Si éste es, pues, el fundamento bio­
do de vuestra profesión. Que os sirva lógico de vuestra actividad profesio­
de aliento y de estimulo ia palabra de nal, el objeto urgente de vuestro apos­
Jesús: Bienaventurados los misericor­ tolado será: trabajar por mantener,
diosos, porque encontrarán misericor­ despertar, estimular el sentido y el
dia 11. ¡Y qué misericordia más grande amor del deber de la maternidad.
y más bella que la de asegurar al alma
del niño—entre el umbral de la vida 16. Cuando los cónyuges estiman
que apenas ha traspasado y el umbral y aprecian el honor de suscitar una
de la muerte que se apresta a pasar— nueva vida, cuya aparición esperan
la entrada en la eternidad gloriosa y con santa impaciencia, vuestra tarea
beatificante! es muy fácil: basta cultivar en ellos
el sentimiento interior: la disposición
para acoger y para cuidar aquella vida
III.—Un tercer aspecto de naciente sigue ya entonces como por
vuestro apostolado profe­ sus propios pasos. Pero, a veces, no
sional se podría denominar es así; con frecuencia el niño no ef
el de la asistencia a la ma­ deseado; peor aún, es temido. ¿Cere ­
dre en el cumplimiento podría en tales condiciones existir aun
pronto y generoso de su la prontitud para el deber? Aqui vues­
función materna. tro apostolado debe ejercitarse de una
manera efectiva y eficaz: ante todo,
15. Apenas hubo escuchado el mensaje
del Angel, María Santísima respondió: ¡He negativamente, rehusando toda coope­
a q u í la esclava del SeñorI Hágase en m t según ración inmoral; y luego, también posi­
tu p a la b r a 1*. |Un fía t, un s i ardiente a la tivamente, dirigiendo vuestros delica­
vocación de madrei Maternidad virginal, in­ dos cuidados a disipar los prejuicios,
comparablem ente superior a toda otra; pero
m aternidad real, en el verdadero y propio las varias aprensiones o los pretextos
sentido de la palabra1*. Por eso, al retar el pusilánimes, a alejar cuanto os sea po­
A n g e lu s D o m in i, después de haber recordado sible los obstáculos, incluso exteriores,
la aceptación de María, el fiel concluye in­
m ediatam ente: Y el Verbo se hizo carne1*. que puedan hacer penosa la acepta­
Es una de las exigencias fundamen­ ción de la maternidad. Si no se recu­
tales del recto orden moral que al uso rre a vuestros consejos y a vuestra
de los derechos conyugales correspon­ ayuda, sino para facilitar la procrea­
da la sincera aceptación interna del ción de ia nueva vida, para protegerla
oficio y de los deberes de la materni­ y encaminarla hacia su pleno desarro­
dad. Con esta condición camina la mu­ llo, vosotras podéis, ya sin más, pres­
jer por la vía trazada por el Creador tar vuestra cooperación. ¿Pero en cuán­
hacia el fin que El ha asignado a su tos otros casos se recurre a vosotras,
criatura, haciéndola, con el ejercicio para impedir la procreación y ia con­
de aquella función participante de su servación de esta vida, sin respeto
bondad, de su sabiduría y de su omni­ alguno a los preceptos de orden moral?
potencia, según el anuncio del Angel: Obedecer a tales exigencias seria reba­
jar vuestro saber y vuestra capacita­
" Mat. 5, 7. ción, haciéndoos cómplices en una ac­
" Luc. 1, 38. ción inmoral; sería pervertir vuestro
•• Cf. Oal. 4, 4.
apostolado. E ste exige un tran q u ilo , ta n to , ilícita. T am poco la autoridad
pero categórico no, que no p e rm ite p ú b lica tiene aquí derecho alguno, ya
tran sg red ir la ley de Dios y el d ic ta ­ p a ra p erm itirla bajo p re te x to de nin­
m en de la conciencia. P o r eso v u e stra g u n a clase de indicación, y a m ucho
profesión os obliga a ten er un claro m enos p a ra p rescribirla o hacerla eje»
conocim iento de aq u ella ley d iv in a de c u ta r con daño de los inocentes. Este
modo que la h agáis re sp etar, sin q u e­ principio se e n c u en tra y a enunciado
daros m ás aqui ni m ás allá de sus en la E ncíclica m encionada de Pío X I
preceptos. sobre el m a trim o n io 17. P o r eso, cuan­
do, a h o ra hace un decenio, la esterili­
11. N uestro predecesor Pío X I, de f. m., zación com enzó a ser cad a vez más
en su encíclica Casti connubii del 31 de di­
ciem bre de 1930, proclamó de nuevo solem­ am p liam en te aplicada, la S a n ta Sede
nem ente la ley fundam ental del acto y de las se vió en la necesidad de d eclarar ex­
relaciones conyugales: que todo aten tad o de p resa y p ú b licam en te que la esterili­
los cónyuges en el cum plim iento del acto
conyugal o en el desarrollo de sus conse­ zación d irecta, ta n to p erp etu a como
cuencias naturales, atentado que tenga por tem p o ral, ta n to del hom bre como de
fin el privarlo de ía fuerza a él inherente e la m u jer, es ilícita en v irtu d de la ley
im pedir ¡a procreación de una nueva vida, n a tu ra l, de la que la Iglesia misma,
es inmoral; y-que ninguna indicación o nece­
sidad puede cam biar una acción intrínseca­ com o bien sabéis, no tiene p o testad de
m ente inmoral en un acto m oral y lícito1*. d is p e n s a r18.
E sta prescripción sigue en pleno v i­ O poneos, pues, por lo que a vos­
gor io mismo hoy que ayer, y tal será o tra s toca, en v u estro apostolado, a
m añana y siem pre, po rque no es un estas ten d en c ias perversas y negadles
simple precepto de derecho hum ano, v u e stra cooperación.
sino la expresión de u n a ley que es
n atu ra l y divina. 19. A c tu a lm e n te se presenta, ade­
Sean N uestras p alab ras una norm a m ás, el grav e problem a de sí— y hasta
segura p ara todos los casos en que qué grad o — la obligación de la pronta
v uestra profesión y v u estro ap o sto la­ disposición al servicio de la m aterni­
do exigen de vosotras una d eterm in a­ d ad es conciliable con el recurso, cada
ción clara y firm e vez m ás difundido, a las épocas de la
esterilid ad n a tu ra l (los llam ados perío­
18. Sería m ucho m ás q Uc una sim ­ dos agenésicos de la m ujer), lo cual
ple fa lta de disposición p ara el servi­ parece u n a clara expresión de una vo­
cio de la vida, si el a te n ta d o del hom ­ lu n ta d c o n tra ria a aquella disposición.
bre no fuera sólo co n tra un acto sin­
gular, sino que atacase al organism o 20. Se espera ju sta m e n te de vos­
mismo, con el fin de privarlo, por m e­ o tra s que estéis bien inform adas, des­
dio de la esterilización, de la facu ltad de el p u n to de v ista m édico, de esta
de procrear u n a nueva vida. T am bién conocida teo ría y de los progresos que
aquí tenéis p ara v u estra co n d u cía in­ en esta m a teria se pueden to d av ía pre­
tern a y ex tern a una clara norm a en ver, y, adem ás, que vuestros consejos
las enseñanzas de la Iglesia. La este­ y v u e stra asistencia no se apoyen so­
rilización d irecta— esto es, la que tie n ­ b re sim ples publicaciones populares,
de, como medio o como fin, a hacer sino que estén fundados sobre la obje-
imposible la procreación— es u na g ra­
ve violación de la ley m oral y, por lo
** Ib. 564-565.
*• Decr. S. Off. 22 febr. 1940, A .A .S.
32 (1940), 73.
tividad científica y sobre el juicio auto­ trimonial, que llevaría consigo la in­
rizado de especialistas concienzudos en validez del matrimonio mismo, porque
medicina y en biología. Es oficio no el derecho derivado del contrato ma­
del sacerdote, sino vuestro, instruir a trimonial es un derecho permanente,
los cónyuges, tanto en consultas pri­ ininterrumpido, y no intermitente, de
vadas como mediante serias publica­ cada uno de los cónyuges con respecto
ciones, sobre el aspecto biológico y al otro.
técnico de la teoría, pero sin dejaros
arrastrar a una propaganda ni justa 23. Si, en cambio, aquella limita­
ni conveniente. Pero, también en este ción del acto a los días de esterilidad
campo, vuestro apostolado os exige, natural se refiere, no al derecho mis­
como mujeres y como cristianas, el que mo, sino sólo al uso del derecho, la
conozcáis y difundáis las normas mo­ validez del matrimonio queda fuera de
rales a las que se halla sujeta la apli­ discusión; sin embargo, la licitud mo­
cación de aquella teoría. Y en este ral de tal conducta de los cónyuges
campo sí que es competente la Iglesia. habría que afirmarla o negarla, según
que la intención de observar constan­
21. Es preciso, ante todo, conside­ temente aquellos tiempos estuviera b?-
rar dos hipótesis. Si la práctica de sada o no sobre motivos morales suf. -
aquella teoría no quiere significar otra cientes y seguros. El solo hecno de qM¿
cosa sino que los cónyuges pueden ha­ los cónyuges no ataquen a la natura­
cer uso de su derecho matrimonial leza del acto y de que aun estén pron­
también en los días de esterilidad na­ tos a aceptar y educar al hijo que, no
tural, nada hay que oponer a ello; con obstante sus precauciones, viniese a
esto, en efecto, aquéllos no impiden ni la luz, no bastaría por si solo para ga­
prejuzgan en modo alguno la consu­ rantizar la rectitud de la intención y
mación del acto natural y sus ulterio­ la moralidad irreprensible de los mo­
res consecuencias naturales. Precisa­ tivos mismos.
m ente en esto la aplicación de la teo­ La razón es porque el matrimonio
ría, de que hablamos, se distingue obliga a un estado de vida que, del
esencialmente del abuso antes señala­ mismo modo que confiere ciertos de­
do, que consiste en la perversión del rechos, impone también el cumpli­
acto mismo. Si, en cambio, se va más miento de una obra positiva que m ira
allá, es decir, si se permite el acto con­ al estado mismo. En este caso se pue­
yugal exclusivamente en aquellos días, de aplicar el principio general de que
entonces la conducta de los esposos una prestación positiva puede ser omi­
debe ser examinada más atentamente. tida si graves motivos, independientes
de la buena voluntad de aquellos que
22. Y aquí de nuevo, se presentan están obligados a ella, muestran que
a nuestra reflexión dos hipótesis. Si, tal prestación es inoportuna o prueban
ya en la celebración del matrimonio, al que el acreedor—en este caso, el gé­
menos uno de los cónyuges hubiese te­ nero humano—no la puede pretender
nido la intención de restringir a los equitativamente.
tiempos de esterilidad el mismo dere­
cho matrimonial y no sólo su uso, de 24. El contrato matrimonial, que
modo que en los otros días el otro cón­ confiere a los esposos el derecho a sa­
yuge no tendría ni siquiera el derecho tisfacer la inclinación de la naturale­
a exigir el acto, ello implicaría un de­ za, les constituye en un estado de vida,
fecto esencial del consentimiento ma­ el estado matrimonial. Ahora bien: a
los cónyuges, que hacen uso de él con a b so lu ta m e n te ev itad a, y en los que,
el acto especifico de su estado, la N a­ p o r o tra p a rte , la observancia de los pe­
tu raleza y el C reador les im ponen la ríodos agenésicos o no da suficiente se­
función de proveer a la conservación g u rid ad o debe ser d escartad a por otros
del género hum ano. E sta es la p re s ta ­ m otivos. Y entonces preguntáis cómo
ción característica que co n stitu y e el se puede to d av ía h a b la r de un apos­
valor propio de su estado, el bonum tolado al servicio de la m aternidad.
prolis. El individuo y la sociedad, el Si, según v u estro seguro y experi­
pueblo y el E stad o , ía Iglesia m ism a, m en tad o juicio, las condiciones requie­
dependen p ara su existencia, en el o r­ ren ab so lu tam en te un no, es decir, la
den establecido por Dios, del m a tri­ exclusión de la m atern id ad , sería un
m onio fecundo. P or lo ta n to , a b ra z a r e rro r y u n a in ju sticia im poner o acon­
el estado m atrim onial, u sar c o n tin u a ­ se ja r un si. Se tr a ta aquí verdadera­
m ente de la fa cu ltad que le es propia m en te de hechos concretos y, por lo
y sólo en ¿1 es lícita, y, por o tra p arte , ta n to , de u n a cuestión no teológica,
sustraerse siem pre y deliberadam ente, sino m édica; ésa es, por lo ta n to , com­
sin un grave m otivo, a su deber p ri­ peten cia v u estra . Pero en tales casos
m ario, sería p ecar co n tra el sentido los cónyuges no piden de vosotras una
mismo de la v id a conyugal. respuesta m édica, necesariam ente ne­
gativ a, sino la aprobación de una téc­
25. De esta prestación positiva obli­ nica de la activ id ad conyugal asegu­
gatoria pueden exim ir, incluso por lar­ ra d a c o n tra el riesgo de la m aternidad.
go tiem po y n asta p o r la duración en­ Y he aquí que con ello sois llam adas de
tera dei m atrim onio, serios m otivos, nuevo a ejercitar vuestro apostolado,
como los que no raras veces existen en cu an to que no habéis de dejar nin­
en ia llam ada indicación m édica, euge- g una d u d a sobre que, h asta en estos
nésica, económ ica y social. De aquí se casos extrem os, to d a m aniobra preven­
sigue que la observancia de los tiem ­ tiv a y todo a te n ta d o directo a la vida
pos infecundos puede ser lícita bajo y al desarrollo del germ en está prohi­
ei aspecto m oral; y en las condiciones bido y excluido en conciencia, y que
m encionadas c3 realm ente tal. P ero sólo un cam ino perm anece abierto: es
si no hay, según un juicio razonable decir, el de la abstin en cia de to d a ac­
y equitativo, tales graves razones p er­ tu ació n com pleta de la fa cu ltad n a tu ­
sonales o derivadas de las c irc u n sta n ­ ral. A quí v u estro apostolado os obliga
cias exteriores, la v o iu n tad de e v ita r a te n e r un juicio claro y seguro y una
hab itu alm en te la fecundidad de su tra n q u ila firm eza.
unión, m ientras, sin em bargo, se con­
tin ú a satisfaciendo p len am en te su sen­ 27. P ero se o b je ta rá que tal absti­
sualidad, no puede d erivarse sino de nencia es im posible, que tal heroísmo
una falsa apreciación de la v id a y de es irrealizable. E s ta objeción la oiréis
m otivos extraños a las rectas norm as a c tu a lm e n te vosotras, la leeréis do­
morales. q uier, h a s ta por p a rte de quienes, por
deber y p o r com petencia, deberían es­
26. A hora bien; acaso insistáis, ob­ ta r en situación de ju zg ar de modo
servando que en el ejercicio de vues­ m uy d istin to . Y com o p ru e b a se adu­
tra profesión os encontráis a veces a n te ce el sig u ien te argum ento: «Nadie está
casos m uy delicados en los que no es obligado a lo im posible, y ningún legis­
posible exigir que se corra el riesgo de lad o r razo n ab le se presum e que quiera
ja m aternidad, la cual tiene que ser obligar con su ley tam b ién a lo im po­
sible. Mas para las cónyuges la absti­ tendría que detenerse en los confines
nencia durante un. largo periodo es señalados por las pasiones y por las
imposible. Luego no están obligados inclinaciones de la naturaleza? Es cla­
a ia abstinencia. Luego la ley divina ro : el que no quiere dominarse a sí
no puede tener este sentidt.*.» mismo, tampoco lo podrá; y quien crea
De este modo, de premisas parcial­ dominarse contando solamente con sus
m ente verdaderas se deduce una con­ propias fuerzas, sin buscar sinceramen­
secuencia falsa. Para convencerse de te y con perseverancia el divino auxi­
ello basta invertir los términos del ar­ lio, se engañará miserablemente.
gumento: «Dios no obliga a lo imposi­ He aqui lo que concierne a vuestro
ble. Pero Dios obliga a los cónyuges a apostolado a fin de ganar a los cónyu­
la abstinencia, si su unión no puede ser ges para el servicio de la m aternidad,
llevaba a cabo según las normas de la no en el sentido de una ciega esclavi­
Naturaleza. Luego en estos casos la tud bajo los impulsos de ia naturale­
abstinencia es posible.» Como confir­ za, sino de un ejercicio de los derechos
mación de tal argumento, tenemos la y de los deberes conyugales, regulado
doctrina del Concilio de Trento, que, en por los principios de la razón y de la fe.
el capítulo sobre la observancia, nece­
saria y posible, de los mandamientos,
enseña, refiriéndose a un pasaje de San IV.—El último aspecto de
Agustín: Dios no manda cosas imposi­ vuestro apostolado toca i
bles, pero cuando manda advierte que la defensa del recto orden
hagas lo que puedas y que pidas lo de los valores y de la digni­
que no puedas, y El ayuda para que dad de la persona humana.
puedas10.
29. Los valores de la persona y la
28. Por eso no os dejéis confundir necesidad de respetarlos es un tem a
en la práctica de vuestra profesión y que desde hace dos decenios ocupa
en vuestro apostolado por tanto ha­ cada vez más a los escritores. En mu­
blar de imposibilidad* ni en lo que toca chas de sus lucubraciones, también el
a vuestro juicio interno, ni en lo que acto específicamente sexual tiene so
se refiere a vuestra conducta externa. puesto, asignado para hacerlo servir a
¡No os prestéis jamás a nada que sea la persona de los cónyuges. El sentido
contrario a la ley de Dios y a vuestra propio y más profundo del ejercicio
conciencia cristiana! Es hacer una in­ del derecho conyugal debería consistir
juria a los hombres y a las mujeres de en que la unión de los cuerpos es la
nuestro tiempo estimarles incapaces de expresión y la realización de la unión
un continuado heroísmo. Hoy, por mu­ personal y afectiva.
chísimos motivos—acaso bajo la pre­ Artículos, capítulos, libros enteros,
sión de la dura necesidad y a veces conferencias, especialmente también
hasta al servicio de la injusticia—, se sobre 1a técnica del amor, están dedi­
ejercita el heroísmo en un grado y con cados a difundir estas ideas, a ilustrar­
una extensión que en los tiempos pa­ las con advertencias a los recién casa­
sados se habría creído imposible. ¿Por dos como guia del matrimonio, para
qué, pues, este heroísmo, si verdade­ que no dejen pasar por tontería o por
ramente lo exigen las circunstancias, mal entendido pudor o por infundado
escrúpulo, lo que Dios, que ha creado
'• Conc. Trid. sess. 6 c. 11, Dezinger 804. también las inclinaciones naturales, les
—S. Aug. De nat. et gratia c. 43 n. 50 PL 44,
271. ofrece. Si de este completo don recí­
proco de los cónyuges surge u n a v id a ción de la n u ev a vida. Los otros fines,
n ueva, éste es un re su ltad o que q u ed a a u n q u e tam b ién queridos por la n atu ­
fuera, o, cuando m ás, com o en la p e­ raleza, no se en cu en tran en el mismo
riferia de los valores de la persona; re­ grado del p rim ero y m ucho menos
su ltad o que 110 se niega, pero que no le son superiores, sino que le están
se quiere que esté p recisam ente en el esencialm ente subordinados. E sto vale
cen tro de las relaciones conyugales. p a ra to d o m atrim onio, au n q u e sea in­
Según estas teorías, v u e s tra consa­ fecundo; como de todo ojo se puede
gración p ara el bien de la v id a to d a v ía decir que está destinado y form ado
ocu lta en el seno m atern o , y p a ra fa ­ p a ra ver, au n q u e en casos anorm ales,
vorecer su nacim iento feliz, no te n d ría por especiales condiciones in tern as y
sino una im p o rtan cia m enor y p asa ría ex tern as, no llegue n u n ca a e star en
a segunda línea. situación de conducir a la percepción
visual.
30. A hora bien, si esta apreciación
relativ a no hiciese sino reclam ar to d a 32. P recisam ente p a ra co rta r en su
la im p o rtan cia sobre el v alo r de la p er­ raíz to d as las in certidum bres y desvia­
sona de los esposos m ás que sobre el ciones, que am enazaban con difundir
de la prole, en rigor se p o d ría d ejar a errores en to rn o a la escala de los fines
un lado tal problem a; pero se tra ta , en del m atrim o n io y a sus recíprocas re­
cambio, de u n a grave inversión del o r­ laciones, red actam o s Nos m ismo hace
den de lo? valores y de los fines seña­ algunos años (10 m arzo 1944) u n a de­
lados por el m ism o C reador. Nos en­ claración sobre el orden de aquellos fi­
contram os fren te a la propagación de nes, indicando lo que la m ism a estruc­
un complejo de ideas y de afectos, di­ tu r a in te rn a de la disposición natural
rectam ente opuestos a la claridad del revela, lo que es patrim onio de la tra ­
pensam iento cristiano. Y aquí es don­ dición cristian a, lo que sin cesar han
de de nuevo ha de in terv e n ir v u estro enseñado los R om anos Pontífices, lo
apostolado. P odrá, en efecto, ocurri- q ue en la d eb id a form a h a sido fijado
ros que seáis las confidentes de la m a­ p o r el Código de derecho canónico 29.
dre y esposa, y que ésta os p reg u n te Más aú n , poco después, p a ra corregir
sobre los m ás secretos deseos y sobre las opiniones opuestas, la S an ta Sede
las intim idades de la vida conyugal. p o r m edio de un decreto público, de­
Pero ¿cómo podréis entonces, cons­ claró que no puede adm itirse la sen­
cientes de v u estra misión, hacer v aler ten cia de ciertos autores m odernos, los
la verdad y el recto orden en las ap re ­ cuales niegan que el fin prim ario del
ciaciones y en la acción de los cónyu­ m atrim o n io sea la procreación y la
ges si no tuvieseis vosotras m ism as un educación de la prole, o enseñan que
exacto conocim iento y si no estuvieseis los fines secundarios no están esencial­
dotad as de la firm eza de ca rác te r ne­ m en te subordinados al fin prim ario,
cesaria para sostener lo que sabéis que sino que son equivalentes e indepen­
es verdadero y justo? dientes de é l 2l.

31. Y la verdad es que el m a tri­ 33. ¿Se quiere, acaso,.cón esto ne­
monio, como institución n a tu ra l, en g ar o dism inuir cu an to hay de bueno
virtud de la voluntad del C reador, no y de ju sto en los valores personales
tiene como fin prim ario e íntim o el •• Can. 1013 § I.
perfeccionam iento personal de los es­ 11 8.C.S. Off. 1 april. 1944 A .A .S . 36
posos, sino la procreación y la ed u ca­ (1944), 103.
consiguientes al matrimonio y a su rea­ de los gérmenes, sería tanto como con­
lidad? No, ciertamente; porque a la vertir el hogar doméstico, santuario de
procreación de la nueva vida ha des- la familia, en un simple laboratorio
tinado el Creador en el matrimonio se­ biológico. Por eso, en Nuestra alocu­
res humanos—hechos de carne y de ción del 29 de septiembre de 1949 al
sangre, dotados de espíritu y de cora­ Congreso Internacional de los Médicos
zón—que están llamados en cuanto católicos, excluimos formalmente del
hombres, y no como animales irracio­ matrimonio la fecundación artificial.
nales, a ser los autores de su descen­ El acto conyugal, en su estructura na­
dencia. Para este fin es para lo que tural, es una acción personal, una co­
el Señor quiere la unión de los esposos. operación simultánea e inmediata de
Efectivamente, de Dios dice la Sagra­ los cónyuges que, por la naturaleza
da Escritura que creó al hombre a su misma de los agentes y la propiedad
imagen y lo creó varón y hembra*8, del acto, es ia expresión del don red-
y ha querido—como repetidamente se proco que, según la palabra de la Es­
afirm a en los libros sagrados—que el critura, efectúa la unión en una car-
hombre abandone a su padre y a su ne sola.
madre y se una a su mujer y formen Esto es mucho más que la unión de
una sola carne™. dos gérmenes que puede efectuarse
también artificialmente, es decir, sin
34. Y así, todo esto es verdadero la acción natural de los cónyuges. El
y querido por Dios, pero no debe se­ acto conyugal, ordenado y querido por
pararse de la función primaría del ma­ la Naturaleza, es una cooperación per*
trimonio, esto es, del servicio a una sonal a la que los esposos, ai contraer
vida nueva. No sólo la actividad co­ el matrimonio, se otorgan mutuamen­
mún de la vida externa, sino también te el derecho.
todo el enriquecimiento personal, el Por eso, cuando esta prestación en
mismo enriquecimiento intelectual y su forma natural y desde el comienzo
espiritual, y hasta todo lo que hay de es permanentemente imposible, el ob­
más espiritual y profundo en el amor jeto del contrato matrimonial se en­
conyugal como tal, ha sido puesto, por cuentra afectado por un vicio esencial.
voluntad de la naturaleza y del Crea­ Es lo que entonces dijimos: «No se ol­
dor, al servicio de la descendencia. Por vide: sólo la procreación de una nueva
su naturaleza, la vida conyugal per­ vida según la voluntad y el designio
fecta significa también la entrega to­ del Creador lleva consigo, en un grado
tal de los padres en beneficio de los estupendo de perfección, la realización
hijos, y el mismo amor conyugal, en de los fines intentados. Esta es, al mis­
su misma fuerza y en su ternura, no mo tiempo, conforme así a la natura­
es sino un postulado de la más since­ leza corporal y espiritual y a la dig­
ra preocupación por la prole y la ga­ nidad de los esposos, como al desarro­
rantía de su actuación,4. llo normal y feliz del niño*M.
A la novia, pues, o a la recién casa­
35. Reducir la cohabitación de los da que viniere a hablaros de los valo­
cónyuges y el acto conyugal a una pura res de la vida matrimonial, decidle que
función orgánica para la transmisión estos valores personales, tanto en la
esfera del cuerpo o de los sentidos,
«* Gen. 1, 27. como en la espiritual, son realmente
*» Gen. 2, 24; Mat. 19, 5; Eph. 5, 31.
*4 Cf. S. Th. 3,29,2 In c.; Suppl. 49,2 ad 1.
genuinos, pero que el C reador los ha que los hom bres conform en a él sug
puesto en la escala de los valores, no juicios y su conducta!
en el p rim er grado, sino en el segundo.
37. P ero esta exposición N uestra
36. A ñadid o tra consideración, que sobre la función de vuestro apostola­
corre el riesgo de caer en olvido: T o ­ do profesional q u ed aría incom pleta, si
dos estos valores secundarios de la es­ no añadiésem os to d av ía una breve pa­
fera y de la activ id ad g en e rativ a en ­ lab ra sobre la defensa de la dignidad
tra n en el ám bito del deber especifico h u m an a en el uso de la inclinación ge­
de los cónyuges, que es ser au to res y n erativ a.
educadores de la v id a nueva. A lto y El m ism o Creador, que en su bon­
noble oficio, pero que no pertenece a d ad y sab id u ría ha querido p ara la
la esencia de un ser hu m ano com pleto, conservación y la propagación del gé­
como si, al no llegar la n a tu ra l te n ­ nero h um ano servirse de la coopera­
dencia gen erativ a a su realización, tu ­ ción del hom bre y de la m u jer unién­
viera lugar, en cierto m odo o grado, dolos en el m atrim onio, ha dispuesto
una dism inución de la persona h u m a ­ tam b ién que en aquella función los
na. La renuncia a aq u ella realización cónyuges experim enten un placer y
no es— especialm ente si se hace por los u n a felicidad en el cuerpo y en el es­
m ás nobles m o tivos— una m utilación p íritu . Los cónyuges, pues, al buscar
de los valores personales y esp iritu a­ y gozar este placer, no hacen nad a de
les. De e^ca libre ren uncia por am o r m alo. A ceptan lo que el C reador les
de: reino de Dios, el Señor ha dicho: h a destinado.
S o n omnes capiunt verbum istud, sed
quibus datura e<t: «No todos com pren­ 38. Sin em bargo, tam b ién aquí los
den esta doctrina, sino sólo aquellos a cónyuges deben saber m antenerse en
quienes se les ha concedido»26. los lím ites de u n a ju s ta moderación.
E x altar m ás de la m edida, como hoy Como en el gusto de los alim entos y
se hace no raras veces, la función ge­ de las bebidas, tam b ién en el sexual
nerativa, au^ en la form a ju s ta y m o­ no deben ab a n d o n arse sin freno al im­
ral de la vida conyuga!, es, t>or lo ta n ­ pulso de los sentidos. He aquí, pues,
to, no sólo un error y una aberración; la re cta norm a: El uso de la natural
lleva consigo el peligro de u na desvia­ disposición g en e rativ a es m oralm ente
ción intelectual y afectiv a, a p ta p a ra lícito sólo en el m atrim onio, en subor­
im pedir y sofocar buenos y elevados dinación a los fines del m atrim onio
sentim ientos, especialm ente en la ju ­ m ism o, y según el orden de éstos. De
ventud to d av ía d esp rovista de expe­ aquí se sigue tam b ién que sólo en el
riencia y desconocedora de los desen­ m atrim o n io , y observando esta regla,
gaños de la vida. P orque, en fin, ¿qué son lícitos el deseo y la fruición de
hom bre norm al, sano de cuerpo y de aquel placer y de aquella satisfacción.
alm a, querría perten ecer al núm ero de P o rq u e el goce está som etido a la ley
los deficientes de ca rác te r y de es­ de la acción de la que él se deriva, y
p íritu ? no, viceversa, la acción a la ley del
¡Que allí donde v o sotras ejercitéis goce. Y esta ley ta n razonable toca
vuestra profesión, pueda v u estro ap o s­ no sólo a la su stan cia, sino tam bién a
tolado ilu m in ar las m entes e in cu lcar las circ u n sta n cias de la acción, de tal
este justo orden de los valores p a ra m an era que, aun qued an d o a salvo la
su sta n c ia del acto, puede pecarse en
el m odo de llevarlo a cabo.
39. La transgresión de esta norma de los actos toda la vida matrimonial,
es tan antigua como el pecado origi­ no sin serios peligros y grave perjui­
nal. Pero en nuestro tiempo se corre cio del oficio primario de los cónyuges»
el peligro de perder de vista el mismo Este hedonismo anticristiano con
principio fundamental. Y en efecto, frecuencia no se sonrojan de erigirlo
actualm ente se suele sostener, con pa­ en doctrina, inculcando el ansia de ha­
labras y con escritos (aun por parte cer cada vez más intenso el goce en
de algunos católicos) la necesaria auto­ la preparación y en la ejecución de la
nomía, el propio fin y el propio valor unión conyugal; como s* en las rela­
de la sexualidad y de su ejercicio, ciones matrimoniales toda la ley mo­
independientemente del fin de la pro­ ral se redujese a regular el cumplimien­
creación de una nueva vida. Se querría to del acto mismo, y como si todo el
someter a un nuevo examen y a una resto, hecho de cualquier manera que
nueva norma el orden mismo estable­ sea, quedara justificado por la efusión
cido por Dios. Se querría no admitir del recíproco afecto, santificado por el
otro freno, en el modo de satisfacer sacramento del matrimonio, merecedor
el instinto, que el cumplir la esencia de alabanza y de premio ante Dios y
del acto instintivo. Con esto, a la obli­ la conciencia. De la dignidad del hom­
gación moral del dominio de las pa­ bre y de la dignidad del cristiano, que
siones se sustituiría la «licencia» de ponen un freno a los excesos de la sen­
servir, ciegamente y sin freno, a los sualidad, no se preocupan.
caprichos y a los impulsos de la natu­ Pero no. La gravedad y la santidad
raleza, lo cual, tarde o temprano, no de la ley moral cristiana no admiten
podrá menos de redundar en daño de una desenfrenada satisfacción del ins­
la moral, de la conciencia y de la dig­ tinto sexual y de tender así solamente
nidad humana. al placer y al goce; ella no permite
Si la naturaleza hubiese atendido al hombre razonable dejarse dominar
exclusivamente, o al menos en primer hasta tal punto, ni en cuanto a la sus­
lugar, a un recíproco don y posesión tancia, ni en cuanto a las circunstan­
de los cónyuges en el goce y en la cias del acto.
delectación, y si hubiese dispuesto
aquel acto sólo para hacer feliz en el 41. Algunos querrían alegar que la
más alto grado posible su experiencia felicidad en el matrimonio está en ra­
personal, y no para estimularles al zón directa al recíproco goce en las re­
servicio de la vida, entonces el Creador laciones conyugales. No: la felicidad
habría adoptado otro designio en la del matrimonio está, en cambio, en ra­
formación y constitución del acto na­ zón directa al mutuo respeto entre los
tural. Ahora bien, éste se halla, por cónyuges, aun en sus intimas relacio­
lo contrario, esencial y totalmente nes; no como si ellos juzgaran inmoral
subordinado y ordenado a aquella úni­ y rechazaran lo que la naturaleza ofre­
ca gran ley de la generatio et educatio ce y el Creador ha dado, sino porque
prolis; es decir, al cumplimiento del este respeto y la mutua estima que
fin primario del matrimonio como ori­ ello engendra es uno de los más efica­
gen y fuente de la vida. ces elementos de un amor puro, y por
eso mismo tanto más tierno.
40. Sin embargo, olas incesantes de
hedonismo invaden el mundo y ame­ 42. En vuestra actividad profesio­
nazan sumergir en la creciente marea nal oponeos cuanto os sea posible al
de los pensamientos, de los deseos y ímpetu de este refinado hedonismo,
vacio de valores espirituales y, por eso, E stas enseñanzas N uestras no tie­
indigno de esposos cristianos. M ostrad nen n ad a que ver con el maniqueísm o
cómo la N atu raleza h a dado, es v e r­ y con el jansenism o, como algunos
dad, el deseo in stin tiv o del goce y lo quieren hacer creer p ara justificarse a
a p ru eb a en el m atrim onio legítim o, sí m ism os. Son sólo una defensa del
pero no como fin en sí m ism o, sino p re­ honor del m atrim onio cristiano y de la
cisam ente p ara servir a la vid a. Des­ dignidad personal de los cónyuges.
te rra d de v u estro esp iritu aquel culto S ervir a tal fin es, sobre todo en
del placer; y haced lo m á s 'q u e podáis n u estro s días, un u rg en te deber de
p a ra im pedir la difusión de u n a lite­ v u e s tra m isión profesional.
ra tu ra que se cree en la obligación de
describir con todo detalle las in tim i­ 43. Con esto hemos llegado a la conclu­
dades de la v id a conyugal con el p re­ sión He cuanto Nos habíamos propuesto
exponeros.
tex to de in stru ir, de dirigir, de asegu­ V uestra profesión os abre un vasto campo
rar. P a ra tran q u ilizar la conciencia ti­ de apostolado en múltiples aspectos; aposto­
m o rata de los esposos b a sta n , en gene­ lado, no ta n to de palabra cuanto de acción
y de guía; apostolado, que podréis ejercitar
ral, el buen sentido, el in stin to n a tu ­ útilm ente sólo si sois perfectam ente cons­
ral y una breve instrucción sobre las cientes del fin de vuestra misión y de los
claras y sim ples m áxim as de la ley m o­ medios p ara conseguirlo, y si estáis dotadas
de una voluntad firm e y resuelta, fundada
ral cristiana. Si, en algunas circuns­ en una profunda convicción religiosa, ins­
tancias especiales, u n a novia o u n a re­ pirada y enriquecida por la fe y por el amor
cién casada tuviese u n a necesidad de cristiano.
más am plias aclaraciones sobre algún Invocando sobre vosotras el poderoso auxi­
p unto p articu lar, os to cará a v o so tras lio, de la luz divina y del divino consuelo, os
darles delicadam ente una explicación im partim os de todo corazón, como prenda
conforme a la ley n a tu ra l y a la sana y auspicio de las más abundantes gracias
conciencia cristiana. celestiales, N uestra Bendición Apostólica.

CCLXXII1

n el o r d en n atu ra l, en tre las in sti­ merosas, y al expresar N uestra satisfacción


E tuciones sociales, no h ay nin g u n a
por ia que tenga m ás interés la Iglesia
por vuestros esfuerzos hacia ios fines que os
proponéis y N uestros deseos paternos por
su feliz consecución.
como por la fam ilia. C risto ha elevado
a la dignidad de sacram en to el m a tri­ 2. Un m ovim iento fam iliar como el
monio, que es como la raíz de ella. La v u estro , que se consagra a realizar
fam ilia m ism a ha en co n trad o siem pre p len am e n te en el pueblo la idea de la
y en co n trará en la Iglesia defensa, p ro ­ fam ilia cristian a, no puede, bajo el
tección y apoyo en to d o lo que se re­ im pulso de la fuerza in terio r que le
fiere a sus inviolables derechos, su an im a y de las necesidades del pueblo
libertad y el ejercicio de su elevada m ism o en tre el que vive y crece, dejar
función. de ponerse al servicio de aquel triple
Por eso experim entam os, am ados hijos e fin que fo rm a el objeto de vuestros
hijas, un gozo particular al dar la bienvenida
en nuestra casa al Congreso Nacional del cuidados: el influjo que h ay que ejer­
«Frente de la familia» y de las familias nu­ c ita r sobre la legislación en el vasto
campo que, mediata o inmediatamen­ ver en ella una sana naturalidad y
te, toca a la familia; la solidaridad en­ simplicidad de costumbres, reforzar las
tre las familias cristianas; la constitu­ convicciones religiosas, desarrollar en
ción cristiana de la familia. Este tercer torno a ella un aura de pureza cristia­
objeto es el fundamental; los dos pri­ na capaz de librarla de los deletéreos
meros deben concurrir a secundarlo y influjos externos y de todas las mor­
promoverlo. bosas excitaciones que despiertan pa­
siones desordenadas en el alma del
3. Nos hemos habíado frecuente­ adolescente.
mente, en las más diversas ocasiones,
en favor de la familia cristiana, y en 4. Pero hay una miseria más pro­
la m ayor parte de los casos, para venir funda aún, de la cual es necesario pre­
o llam ar a otros en su ayuda, con el servar a la familia, es decir, Ja envile­
fin de salvarla de las más graves an­ cedora esclavitud a que la reduce una
gustias. Ante todo, para socorrerla en mentalidad que tiende a hacer de ella
las calamidades de la guerra. Los da­ un puro organismo al servicio de 1a co­
ños producidos por el primer conflicto munidad social, a fin de procrear para
mundial estaban muy lejos de haber ésta una masa suficiente de material
sido plenamente reparados, cuando la humano.
segunda y todavía más terrible con­
flagración vino a colmar la medida. Se 5. Además de que hay otro peligro
necesitará todavía mucho tiempo y que amenaza a la familia, no de ayer,
m uchas fatigas por parte de los hom­ sino de mucho tiempo atrás, el cual,
bres y también mayor asistencia divi­ sin embargo, en el presente, aumentan­
na antes de que comiencen a cicatri­ do a simple vista, puede llegar a ser
zarse convenientemente las profundas funesto para ella, porque la ataca en
heridas que estas dos guerras han cau­ su misma raíz; queremos referimos a
sado a la familia. Otro mal, debido la perturbación de la moral conyugal
tam bién en parte a las guerras devas­ en toda su extensión.
tadoras, pero consecuencia, además,
del exceso de población y de particula­ 6. En el curso de los últimos años
res tendencias ineptas o interesadas, es hemos aprovechado todas las ocasiones
la crisis de la vivienda; todos los que se para exponer uno u otro punto esen­
afanan por poner remedio a ella, legis­ cial de aquella moral, y más reciente­
ladores, hombres de Estado, miembros mente para indicarla en su conjunto,
de obras sociales, realizan, aunque sólo no sólo refutando los errores que la
sea indirectamente, un apostolado de corrompen, sino mostrando también
eminente valor. Lo mismo se debe de­ positivamente su sentido, su oficio, su
cir sobre la lucha contra el azote de la importancia, el valor para la felicidad
desocupación, sobre la reglamentación de los esposos, de los hijos y de toda la
del salario familiar suficiente, a fin de familia, para la estabilidad* y el mayor
que la madre no se vea obligada, como bien social del hogar doméstico e in­
acontece con frecuencia, a buscar un cluso del Estado y de la misma Iglesia.
trabajo fuera de casa, sino que pueda
dedicarse mejor al esposo y a los hijos. 7. En el centro de esta doctrina, el
T rab ajar en favor de la escuela y de matrimonio ha aparecido como una
la educación religiosa, he aquí también institución al servicio de la vida. En
una preciosa aportación al bien de la estrecha conexión con este principio,
familia, como lo es asimismo promo­ Nos, según las enseñanzas constantes
de la Iglesia, hemos ilustrado una te­ 10. E s u n a de las m ás bellas y no*
sis que es uno de los fundam entos esen­ bles aspiraciones de la m edicina el bus»-
ciales, no sólo de la moral conyugal, c a r siem p re nu ev as v ías p ara asegurar
sino también de la moral social en ge­ la v id a de en tram b o s. Si, no obstante
neral, es decir, que el atentado directo todos los progresos de la ciencia, se
a la vida humana inocente com o m edio d a n to d a v ía y se d a rá n en lo futuro
para el fin— en el caso presente, para casos en los q ue se debe c o n ta r con la
el fin de salvar otra vida— es ilícito. m u e rte de la m adre, cuando ésta quie­
re co n d u cir h a s ta el nacim iento la vida
8. La vida humana inocente, en que lleva d en tro de sí y no destruirla
cualquier condición en que se encuen­ vio lan d o el m an d am ien to de Dios No
tre, está sustraída desde el primer ins­ m atarás, no q u ed a al hom bre, que has­
tante de su existencia a cualquier a ta ­ ta el ú ltim o m om ento se esforzará por
que voluntario y directo. E ste es un a y u d a r y salv ar, o tra solución que in­
derecho fundamental de la persona hu­ clinarse con respeto a n te las leyes de
mana, de valor general en la concep­ la n a tu ra le z a y a n te las disposiciones
ción cristiana de la vida; válido tanto de la d iv in a P rovidencia.
para la vida todavía escondida en el
seno de la madre como para la que ha 11. P ero — se o b je ta — la v id a de la
visto ya la luz fuera de ella; lo mismo m ad re, p rin cip a lm en te de u n a m adre
contra el aborto directo que contra la de n u m ero sa fam ilia, es siem pre de un
directa occisión del niño, antes, duran­ precio in co m p arab lem en te superior a
te o después del parto. Por m uy fun­ la de un niño que no h a nacido aún.
dada que pueda ser la distinción entre L a aplicación de la teo ría de la balan­
aquellos diversos m om entos del des­ za de los valores al caso que ah o ra nos
arrollo de la vida nacida o todavía no ocupa h a en co n trad o acogida y a en las
nacida para el derecho profano y ecle­ discusiones ju ríd icas. — La respuesta a
siástico y para algunas consecuencias esta an g u stio sa objeción no es difícil:
civiles y penales— según la ley moral— , la in v io lab ilid ad de la v id a de un ino­
en todos aquellos caso; >e trata de un cen te no depende de su m ay o r o me­
grave e ilícito ateníado contra la in­ no r valo r. H ace y a m ás de diez años
violabilidad de la vida humana. que la Iglesia h a condenado form al­
m en te el ex term in io de la v id a esti­
9. Este principio vale tanto para la m ad a sin valor; y quien conoce los
vida del niño como para la de la m a­ tris te s an tec ed en te s que provocaron
dre. jam ás y en ningún caso ha ense­ tal condena, quien sabe p o n d erar las
ñado la Iglesia que la vida del niño fu n e sta s consecuencias a que se llega­
deba ser antepuesta a la de la madre. ría si se quisiera m edir la intangibili-
Es un error plantear la cuestión con d ad de la v id a inocente según su va­
esta disyuntiva: o la vida del niño o lor, bien sabe ap reciar los m otivos que
la de la madre. No; ni la vida de la h an conducido a aq u ella disposición,
madre ni la del niño pueden ser som e­ A dem ás, ¿quién puede ju zg ar con
tidas a un acto de supresión directa. ce rteza cuál de las dos v id as es en
Por una u otra parle la exigencia no re alid ad m ás preciosa? ¿Q uién puede
puede ser más que una sola: hacer todo sab e r el cam ino que recorrerá ese niño
esfuerzo para salvar la vida de ambos, •y las elevadas acciones y la perfección
de la madre y del hijo ’. que p o d rá alcan zar? Se com paran aquí
1 Cf. Pii X f ene. Custi connubit 3! dec. dos g randezas, de u n a de las cuales no
1930, A .A .S . 22 . 562-563. se conoce nada.
12. A este propósito quisiéramossonrisa dulce, y plácidamente expiró.
citar un ejemplo, que tal vez es cono­ Transcurrieron varios años. En un ins­
cido de algunos de vosotros, pero que tituto religioso se podía notar particu­
no pierde por eso su sugestivo valor. larmente a una joven hermana, toda
Se remonta a 1905. Vivía entonces una entregada al cuidado y a la educación
joven dama de noble familia y aun de de la infancia abandonada, que, con
más nobles sentimientos, pero grácil y ojos que inspiraban amor maternal, se
delicada de salud. En su adolescencia, inclinaba sobre los pequeños enfermos
había estado enferma de una ligera como para darles la vida. Era ella la
pleuritis apical, que parecía curada; hija del sacrificio, que ahora, con su
pero cuando, después de haber con­ gran corazón, difundía tanto bien en­
traído un feliz matrimonio, sintió que tre los niños abandonados. El heroís­
en su seno se desarrollaba una nue­ mo de la intrépida madre no había
va vida, advirtió pronto un especial sido vano *. Y Nos preguntamos: ¿Ha
m alestar físico que consternó a los dos desaparecido, tal vez, el sentido cris­
expertos médicos que con amorosa so­ tiano, más aún, incluso el puramente
licitud velaban por ella. Aquel viejo humano, hasta el punto de no saber
proceso apical, aquel foco ya cicatri­ ya comprender el sublime holocausto
zado, se había puesto de nuevo en ac­ de la madre y la visible acción de la
tividad; a su juicio, no había tiempo Providencia divina, que de aquel holo-
que perder; si se quería salvar a la de­ causto hizo nacer tan espléndido fruto?
licada señora, era preciso provocar sin
la más mínima dilación el aborto tera­ 13. Hemos usado de propósito
péutico. También el esposo compren­ siempre la expresión «atentado directo
dió la gravedad del caso y declaró su a la vida inocente», «occisión directa*.
consentimiento al acto doloroso. Pero Porque si, por ejemplo, la salvación de
cuando el ginecólogo que la cuidaba la vida de la futura madre, indepen­
le anunció con toda consideración la dientemente de su estado de embara­
deliberación de los médicos, exhortán­ zo, requiriese urgentemente una inter­
dola a rendirse a su parecer, ella res­ vención quirúrgica u otra aplicación
pondió con acento firme: «Le doy las terapéutica que tuviera como conse­
gracias por sus piadosos consejos; pero cuencia secundaria—en ningún modo
yo no puedo truncar la vida de mi querida ni intentada, pero inevitable—
criatura. ¡No puedo, no puedo! La la muerte del feto, tal acto no podría
siento ya palpitar en mi seno; tiene ya llamarse un atentado diredo contra
derecho a vivir; esa vida viene de Dios ¡a vida inocente. En estas condiciones,
y debe conocer a Dios para amarlo y la operación puede ser lícita, como
gozarlo.» También el marido pidió, su­ otras intervenciones médicas semejan­
plicó, imploró; ella permaneció inflexi­ tes, siempre que se trate de un bien de
ble y esperó serenamente el desenlace. alto valor como es la vida y no sea
Nació una niña con toda normalidad; posible diferir aquella hasta después
pero, inmediatamente después, la sa­ del nacimiento del niño ni recurrir a
lud de la madre fué empeorando. El otro remedio eficaz.
foco pulmonar se extendió; la pérdida
fué en aumento progresivo. Dos meses 14. Y como el fin primario del ma­
después estaba en sus últimos momen­ trimonio es el estar al servicio de la
tos; se volvió a mirar a su pequeñita, vida, Nuestra principal complacencia y
que crecía sana gracias a una robusta * Cf. Andrea Majccchi Tra bistori e for~
nodriza. Sus labios dibujaron una bici 1940, 21 s$.
N u e stra p a te rn a l g ra titu d se dirigen a
Iglesia. Y con este llam am iento a los
aquellos esposos generosos que, por auxilios de lo Alto deseamos concluir
am o r de Dios y confiando en E l, sos­ N uestras palabras. P odría tam bién su*
tien en an im o sam en te una fam ilia n u ­ cederos un dia, am ados hijos e hijas,
m erosa. el v er vacilar vuestro valor bajo la
P o r o tra p a rte , la Iglesia sabe con­violencia de la tem pestad desencade­
sid erar, con sim p atía y com prensión, n ad a alrededor de vosotros e incluso
las dificultades reales de la v id a m a ­ m ás peligrosam ente, en el seno de la
trim o n ial en n u estro s días. P o r ello,fam ilia, por las doctrinas subversivas
en N u estra ú ltim a alocución sobre la del sano y norm al concepto del m atri­
m oral conyugal, afirm am os la legiti­ m onio cristiano. jTened confianza! Las
m idad y al m ism o tiem po los lím ites energías de la naturaleza y, sobre todo,
— en v erd ad bien am plios— de una re­ las de la gracia, con las cuales Nuestro
gulación de la prole, que, co n tra ria ­ Señor ha enriquecido vuestras almas
m ente al llam ado control de los naci­ en el sacram ento del m atrim onio, son
miento,s, es co m patible con la ley de como u n a roca firm e contra la cual se
Dios. Se puede tam b ién esperar (pero rom pen im potentes las olas de un mar
en tal m ateria la Iglesia deja, n a tu ­ tem pestuoso. Y si los dram as de la
ralm ente, el juicio ú ltim o a la cien­ guerra y de la posguerra han dañado
cia m édica) que ésta consiga d ar a al m atrim onio y a la fam ilia con heri*
aquel m étodo lícito u n a base suficien­ das que aún m anan sangre, sin embar­
tem en te segura, y las m ás recientes go, incluso en estos años, la constante
inform aciones parecen confirm ar tal fidelidad y la firm e perseverancia de
esperanza. los esposos y el am or m aternal, pron­
to p ara indecibles sacrificios, han ob­
15. P or lo dem ás, p ara vencer las tenido en innum erables casos verdade­
m últiples p ruebas de la vida conyugal ros y espléndidos triunfos.
valen sobre todo la fe v iv a y la fre­ Proseguid, por lo tanto, valerosamente
cuencia de los sacram entos, de donde vuestro trabajo confiado» en la ayuda di­
bro tan tó rre n o s de fuerza, de cuya vina; en prenda de la cual con efusión de
corazón damos a vosotros y a vuestras
eficacia difícilm ente pueden darse una familias N uestra paternal Bendición Apos­
idea clara los que viven fuera de la tólica.
PIO XII

AUTENTICO FOLKLORE
D. 19 julio 1953

SU VERDADERA SIGNIFICACION

interés saludamos Nos


C on muy singular
hoy a los grupos que, luego de haber
siado extendida tal idea pone de m a­
nifiesto una de las consecuencias, más
participado en el Festival Internacional del
Folklore en Niza, han venido aqui para ofre­ bien lamentables de la civilización de
cernos su deferente homenaje. este siglo. Con demasiada frecuencia la
Si no es raro ver cómo en esta ciudad de sociedad moderna arranca al hombre
Roma se celebran congresos internacionales
de su ambiente natural para trasplan­
de carácter religioso, social o científico, si
por doquier se encuentran en ella peregrinos tarlo a la ciudad o para expatriarlo.
de todas las partes del mundo que evocan, Ella le pone al servido de vastos con­
según los casos, tal o cual aspecto de su país
juntos industríales o de inmensas enti­
y origen, es menos frecuente en ella el asistir
a manifestaciones como esta a que habéis dades; ella le agrupa en aglomeradones
sido invitados. Un festival de esta clase, inorgánicas según el emplazamiento de
sobre todo cuando está organizado por los
«Etats Généraux du Folklore», ¿no da la los medios de producdón. V hasta
idea de un encuentro verdaderamente sim­ cuando no desmiembra a la familia, ella
pático entre pueblos y grupos étnicos los le arranca del suelo donde las genera­
más distintos, orgullosos de sus tradiciones
nacionales o regionales, ricas por todo un ciones precedentes lo habían fijado. Es
pasado de historia y de cultura? Es entoncesindudable que se trata de una realidad
cuando se puede admirar lo que el arte po­ a la que tiene que acomodarse la sode-
pular ha producido de más original y a veces
más profundo, obras maestras de finura y dad, siquiera de momento. Pero— Nos
de gracia, para alegria y provecho de los aue
lo hemos subrayado, al comienzo de
allí asisten o, mejor todavía, prestan su activa
este año, hablando a los alumnos de las
colaboración.
Ved, pues, cómo aportáis a Roma algunas escuelas populares—la profesión y sus
de las mejores tradiciones del patrimonio exigendas no constituyen exclusiva­
cultural de Inglaterra, de las Antillas, de mente lo esencial de la actividad del
España, de Francia, de la Unión Francesa
y de Italia. Os felicitamos porque ante hombre. Por endma de la profesión hay
Nuestros ojos representáis a tantos pueblos otros problemas que ponen en juego los
que Nos son queridos y porque no habéis per­recursos personales del espíritu y del
donado esfuerzo alguno para dar honor a
vuestra patria. corazón, que exaltan los sentimientos
profundos: son los que se refieren a ios
2. Cuando se oye hablar de folklore, acontecimientos mayores de 1a existen­
muchos piensan en cierta superviven­ cia y también a aquellas alegrías y a
cia de tiempos antiguos, digna sin duda aquellas tristezas que con su rítmico
de ser revalorizada en excepcionales alternar señalan los episodios de nues­
circunstancias, pero sin un gran interés tro cotidiano trabajo. Estos sentimien­
Para la vida de hoy. El hallarse dema­ tos aspiran a exteriorizarse, a traducir­
se en el terren o social. Pero la civiliza­ ¿se m a n te n d rá n y se renovarán, si*
ción que im pone al ser hum ano las leyes q u ie ra sea artificiosam ente? En las
de la m áq u in a, am en aza tam b ién con regiones donde esta unidad se conser*
v io len tar el curso norm al de sus descan ­ v a to d av ía, el folklore no es, por lo
sos; ella creará con d em asiada facilid ad ta n to , u n a curiosa supervivencia de
el placer artificial, eg oísta y b an a l, el u n a época y a pasada, sino una mani*
placer refinado que no exige esfuerzo testac ió n de la v ida actu al que reconoce
alguno, ni in iciativ a alguna, que encie­ lo que ella debe al pasado, in te n ta con­
rra al individuo en si m ism o en lugar tin u a rlo y a d a p ta rlo inteligentem ente a
de que se desarrolle en la sociedad. las n uevas situaciones. P or ello Nos no
podem os m enos de alab a r a quienes,
3. Aquí es donde el folklore to m a con com petencia y sacrificio, se consa­
su v erd ad era significación. E n u n a so­ gran a ayudarles, a dirigir sus esfuerzos
ciedad que ignora las tradiciones m ás a estim u la r sus in iciativas y a todos
sanas y m as fecundas, esfuérzase él por cu a n to s les a p o rta n u na d irecta colabo­
conservar u n a co n tin u id ad v iv ien te, no ración. ¡O jalá podáis p e n e tra r por com­
im puesta del ex terio r, sino n acida del pleto en el alcance de v u estra tare a so­
alm a p ro fu n d a de las generaciones que cial!: el devolver a los hom bres, ahitos
en él reconocen u n a como expresión de y a de diversiones m uy frecuentem ente
sus aspiraciones propias, de sus creen­ falsificadas y m ecanizadas, el placer de
cias, de sus deseos y de sus pesares, los un descanso rico en valores humanos
recuerdos gloriosos del pasado y las es- los m ás au tén tico s. Sin d u d a que ello
p erarz as dei po rv en ir. Los recursos ín­ requiere un esfuerzo real y perseveran­
timos de un pueblo se tra d u c e n m uy te, pero ¿no es éste el m edio de penetrar
n atu ralm en te en el co n ju n to de sus cos­ en la densidad y en los recursos de vues­
tumbres, en narraciones, leyendas, ju e ­ tra s tradiciones locales o nacionales?
gos y desfiles donde se m anifiestan el Así es como contribuís a au m en tar y
esplendor de los vestidos y la originali­ difundir, con el m ayor beneficio para
dad de los grupos y de las figuras. Las v u estro s contem poráneos, el tesoro
almas que perm anecen en co ntacto p er­ reunido por el tra b a jo paciente de ios
m anente con las d uras exigencias de la que os han precedido. V osotros conser­
vida, poseen con frecuencia in s tin tiv a ­ váis a le rta el alm a de vuestro pueblo al
mente un sentido artíctico que de una p reserv arla de la pereza cu ltu ral, signo
materia sencilla Mega a sacar m agnífi­ de degeneración en un organism o so­
cos resultados. En estas fiestas p opula­ cial. Al m ism o tiem po os hacéis más
res en las que el folklore de b u en a ley ap to s p ara apreciar las form as propias
tiene el lugar que le corresponde, cada de o tra s cu ltu ras, p ara in tu ir su sentido
uno goza del patrim onio com ún y aun profundo, p a ra percibir sus originales
se enriquece m ás si consiente en a p o r­ cualidades. La estim a recíproca, que
ta r a él su p arte. de ta l a c titu d nacerá, no dejará de se*
Pero es preciso nunca perder de v ista cu n d ar poderosam ente los esfuerzos
que en los países cristianos, o que en de quienes in te n ta n asegurar la unidad
otro tiem po lo fueron, la fe religiosa y la de los pueblos m ediante los tratados
vida popular form aban una unidad y acuerdos económicos, sociales y po­
com parable a la unidad del alm a y líticos.
del cuerpo. Allí donde esta unidad
ya se ha disuelto hoy, allí donde la Que la divina Providencia extienda su
fe ha languidecido, las tradiciones po­ protección sobre vuestras personas y vuei*
tras actividades; que guarde vuestras fililí*
pulares, privadas de su principio vital, lias y a todos cuantos os son queridos.
PI O XII

TITULADOS
C. 20 septiembre 19ÍJ

SU P R OB L E MA MORAL

os e s especialmente grato dirigiros este


N paternal mensaje, queridos estudiantes
pos intelectuales será tasto más opor­
tuna cuanto que el desarrollo de la
e intelectuales de Pax Romana, reunidos
en Nottingham para celebrar vuestro XXIII cultura en algunos países abre perspec­
Congreso Mundial. Testigos, en vuestros res­ tivas completamente nuevas a una ju­
pectivos países, de la vitalidad y de la fuerza ventud ávida de saber y de servir.
del pensamiento católico, estáis reunidos en
gran número sobre el suelo hospitalario de
esa noble nación inglesa, cuya altura estuvo, 3. Que la investigación de solucic
desde los tiempos más remotos, penetrada
de fe cristiana; vuestros trabajos se desarro­ nes de orden institucional no os haga
llarán bajo la égida de nuestro querido hijo perder de vista la amplitud del pro­
el Cardenal Bernard Griffin, Arzobispo de blema moral planteado a la concien­
Westminster, y Nos mismo alentamos gus­
toso vuestro designio de estudiar la condi­ cia del joven titulado, cuando sale de
ción de la juventud intelectual en el crítico la Universidad. Los primeros contac­
momento en que abandona la Universidad tos con el mundo del trabajo vienen,
para entrar en la vida profesional.
en efecto, a poner a prueba la solidez
de su formación intelectual y humana;
2. Múltiples son las dificultades dees decir, simultáneamente el afronta-
este período de transición. En particu­ miento de las dificultades de la exis­
lar, las de adaptación del joven titu­ tencia, el descubrimiento bajo un as­
lado a la carrera elegida y a las res­ pecto nuevo de la cuestión social, la
ponsabilidades culturales, económicas llegada a la vida cívica y política, la
o sociales que aquélla lleva consigo absorción por tareas profesionales in­
plantean a la Universidad la cuestión cesantes o, a la inversa, la espera
de saber si el estudiante de hoy está inquieta de una situación cuando el
normalmente preparado, como con­ estudiante de ayer piensa en la fun­
viene, para su futuro inmediato. Pero dación de un hogar y en las cargas
tam bién la sociedad que le recibe tiene familiares de mañana. ¿Qué será, en
sus propias obligaciones para no de­ estos años, sin duda decisivos, de su
fraudar la esperanza de las generacio­ fe y de su piedad personales? ¿Cómo
nes que se suceden y responder a sus evitará los escollos que amenazan a su
legítimas aspiraciones en un clima de vida religiosa y moral?
sana libertad y de confianza. Sobre En la desorientación que puede en­
estos dos puntos, la contribución de tonces sobrevenir, un hijo de la Igle­
vuestro Congreso a la causa de los gru­ sia, lejos de recluirse en sí mismo con
un sen tim ie n to de au to n o m ía y de hacia un au tén tico servicio a la socie­
ind ep en d en cia p ro p ia en ta l ed a d , d ad; su m inisterio les ab rirá las fuentes
b usca, p o r lo co n trario , en u n a com u­ in ag o tab les de la gracia; y, con su
n id ad fra te rn a y fe rv ien te, el ap o y o c a rid a d por el m undo ham briento de
e sp iritu a l que n ecesita p a ra re sistir a Dios, ap rem ia a sus hijos p ara formar
las influencias de su nuevo m edio y g enerosam ente en las filas del apos­
o rie n ta r sus energías ju v en iles. Los to lad o , donde en co n trarán , adem ás, en
m o v im ien to s de A cción C ató lica tie ­ la e n tre g a hacia los dem ás, el antí­
nen aq u í un p ap el decisivo que reali­ d o to c o n tra el repliegue sobre sí mis­
zar. P o r su m ediación, com o p o r la de m os y la resp u esta a m uchas dificul­
las p arro q u ias v iv as, es la Iglesia, ta d e s.
siem pre m a te rn a l, la q u e acoge a estos
A N uestros caros hijos de Pax Romana,
jóvenes ansiosos de em p lea r bien los singularm ente a los que, al salir de la Uni­
ta le n to s recibidos, de c o n trib u ir al bien versidad, en tran por nuevos caminos, diri­
de sus h erm anos p o r m edio de un t r a ­ gimos N uestros votos por el éxito de sus
próxim as reuniones, y les otorgamos, como
b ajo p ro d u ctiv o y de asu m ir, d e n tro p ru eb a de N uestra constante benevolencia,
de la fam ilia y de la profesión, la ju s ta N uestra p atern al Bendición Apostólica.
p a rte de resp o n sab ilid ad es q ue le co­
rresponde. Su p ru d e n c ia les g u ia rá V a tica n o , 30 de julio de 1955.
PIO XII

CLERO MAESTROS Y CATEQUISTAS


INDIGENAS
C. 11 noviembre 1954

LABOR Y EFICACIA EN LAS "MISIONES"

sioneros murieron, fracasando a los


e esta m anera, Venerables Her­ ojos del mundo; pero su fracaso fué
D manos y amados hijos e hijas, la
evangelización de Nigeria ha estado
solamente el de la semilla que cae en
la tierra y muere para que más td.de
desde sus principios bajo el especial nazca el fruto1.
patrocinio de la Inmaculada Madre de
Dios. 2. Sembraron con lágrimas y hoy
No puede uno por menos de sentirse vemos el fruto de su siembra con
hondamente conmovido al recordar el consoladora abundancia. El heroico
celo, los sufrimientos y los sacrificios trabajo comenzado por los primeros
de aquellos primeros misioneros. Mu­ padres fué continuado no menos he­
chos de ellos sellaron su heroico apos­ roicamente por un número siempre
tolado con el supremo sacrificio de sus creciente de sus hermanos. Con el
tiempo otras órdenes religiosas y so­
jóvenes vidas al cabo de unos meses ciedades misioneras de hombres y de
o incluso unas semanas de su llegada, mujeres vinieron a trabajar en esa
pero el estandarte de Cristo fué cons­ porción de la viña del Señor, y tan
tantem ente llevado adelante hacia nue­ grandes fueron los progresos realizados
vas y desconocidas regiones. que Nos pudimos, en 1950, establecer
La fe intrépida y el valor sin des­ la Jerarquía en Nigeria. Hoy, en los
aliento de aquellos pioneros son dignos quince territorios eclesiásticos de la
de admiración y de imitación. Enfren­ región, hay más de 500 misioneros
tados con dificultades que parecían sacerdotes y más de 250 hermanos
insuperables, con frecuencia Ies fué misioneros ejerciendo su ministerio so­
denegado el consuelo de los resultados bre aproximadamente un millón de
esperanzadores. Las conversiones que almas acogidas en el redil de la Iglesia
realizaban, reducidas muchas veces a y unos 300.000 catecúmenos.
moribundos y a los más miserables, La esperanza más acariciada por la
ofrecían poca esperanza para la conse­ Iglesia en las tierras de misión—él
cución del primordial objeto de la em­ sacerdocio de los nativos—está, gra­
presa misionera: es decir, para la fun­ cias a Dios, firmemente fundada. Hay
dación de la Iglesia de Dios entre los
pueblos nativos. Aquellos bravos mi­
ya m uchos sacerd o tes nigerianos ejer­ de cerem onias que culm inan en el pre­
ciendo sus m inisterios con su propio sente Congreso. Nos hemos conocido
pueblo en varios territo rio s, m ien tras con satisfacción, Venerables Hermanos
en el sem inario m ayor de E n u g u y y am ados hijos e hijas, la celebración
en los sem inarios m enores, o tro s n u m e­ de retiro s especiales, novenas, vigilias
rosos asp iran tes se p re p ara n p a ra com ­ eucaristicas y procesiones que han
p a rtir ei sacerdocio de C risto. Y no a tra íd o m uchedum bres de devotos ado­
carece de significación que este año radores nunca conocidos anteriorm en­
dedicado a N u estra S eñora h ay a visto te, no sólo en los grandes centros de
la consagración del p rim er O bispo ni- población, sino tam bién en apartados
geriano. lugares de misión.

3. La e s tru c tu ra de la sociedad cris­ 4. Al reuniros para este Congreso Maria­


tian a se está consolidando y ex ten d ie n ­ no derram aréis vuestras almas en oraciones
de debido agradecimiento a María y a su Di­
do, y, como núcleos de esta sociedad, vino Hijo. Nos acariciamos la ardiente espe­
las fam ilias cristian as a u m en ta n y se ranza de que vuestra gratitud por los espe­
ciales favores de la Providencia continuará
m ultiplican a trav é s de la región. Nos encontrando manera de expresarse en vues­
observam os un alen ta d o r crecim iento tra vida diaria con una cada vez más intensa
en el núm ero de jóvenes, hom bres y práctica de la virtud cristiana.
Os exhortam os, Venerables. Hermanos y
m ujeres, que o p tan por dedicarse al todos vosotros amados misioneros de Nigeria,
indivisible am or ue Dios en la v id a a llevar adelante vuestro laudable apostolado
religiosa. No podem os o m itir el m en­ con renovado vigor y celo, bajo el patrocinio
de María. Porque, aun cuando laboréis entre
cionar ese valiente ejercito de m aestros un pueblo amable, cortés, hospitalario, agra­
seglares n ativ o s y de cateq u istas que dable y agradecido, Nos conocemos bien que
ta n estrech am en te cooperan en el tenéis que tropezar con muchas dificultades
e inconvenientes. Pero conservad siempre
apostolado de los sacerdotes, y de cuya ante vuestros ojos la nobleza de la causa
valiosa colaboración depende en ta n a que servís y continuad adelante, en la Con­
alto grado el éxito de los esfuerzos fianza de que vosotros podéis hacer todas las
cosas en E l que os conforta2.
misioneros. La educación católica h a A vosotros, nuestros queridos hijos e hijas
seguido !a m arch a -ue! desarrollo de la de Nigeria, ardientem ente os recomendamos
Iglesia, y Nos hem os ad v ertid o con que siempre practiquéis lina ferviente devo­
ción a María, la Inmaculada Madre de Dios
satisfacción que nu estros venerables y Madre nuestra. Conságraos vosotros mis­
herm anos los A rzobispos y Obispos mos, vuestros trabajos, vuestros hogares,
de Nigeria, vig ilan tem ente aten to s a la vuestras familias y vuestro país a su Corazón
Inmaculado. Que Ella sea Reina de vuestros
suprem a im p o rtan cia de esta m ateria, corazones y Reina de Nigeria. Pues así; con­
han dado o p o rtu n as instrucciones a sus fiándoos a su cuidado, os la aseguraréis como
rebaños en relación con los derechos y eficaz abogada en el cielo y ía rendiréis e
tributo de gratitud que le debéis. Sobre todo
los deberes de los p adres en la ed u ­ no dejéis de invocar su intercesión en favor
cación de sus hijos. de aquellos hermanos vuestros que todavía
V erdaderam ente, la todopoderosa permanecen en la oscuridad y en la sombra
de la muerte *.
protección de N uestra Señora ha cap a­
citado a la Iglesia de N igeria p a ra
hacer adm irables progresos, y en este
Año M ariano habéis testificado vues­
tra filial devoción a Ella en u na serie
PIO XII

MAESTROS CATOLICOS
D. 4 noviembre 1955

SER, SABER, QUERER

, que Nos viene al la iluminada decisión de un valeroso grupo


L veros, queridos hijos
a ín t im a aleg ría
e hijas, reuni­ de católicos la primera idea y los primeros
pasos de la Asociación, en lo» crnTícnto*
dos en tan gran número ante Nuestra de 1944, cuando la guerra azotaba toaavív ei
presencia para celebrar el primer de­ suelo de vuestra patria. Apena* constituida
cenio de vuestra Asociación de Maes­ en apretada agrupación, quisisteis recibir de
Nos mismo los principios para el camino a
tros Católicos, es la misma de quien, seguir, lo que gustosamente hicimos eo la
luego de haber sembrado en el tardío memorable Audiencia del 4 de noviembre
otoño y cultivado con animosa con­ de 1945, día que quisisteis fijar, con intención
filial, como fecha de nacimiento de vuestra
fianza durante largo tiempo, contem­ Aaociadón.
pla la llanura ondulante de la mies y Fausto día aquél, pues cuanto entonces
en las turgentes espigas ve la certeza deseábamos e implorábamos del Divino Maes­
tro Jesús, dador de toda grada, y cuanto
de un futuro mejor. queríamos de vuestros esfuerzos, se ha con­
Justo es que a Nuestro aliento se una vues­ vertido hoy en espléndida y visible realidad.
tra alegría, tan ardientemente expresada y La Asociación de Maestros Católicos está ya
casi repetida por el eco majestuoso de este organizada en cada una de las diócesis y pro­
máximo Templo, como himno de gracias a vincias con mil trescientas secciones y con
Dios, de quien recibe su comienzo y su per­ un número de afiliados que alcanza casi el
fección toda obra buena y fecunda. ochenta por ciento de los maestros italianos.
Diez años de asiduas fatigas, de luchas Ello fué posible, sin duda alguna, porque
superadas, de conquistas obtenidas en el en pocas clases como la vuestra se da una
arduo y delicado campo de la educación: limpieza moral tan completa y una tan cons­
ved el precioso don que hoy queréis ofrecer ciente seriedad de propósitos, asi como por­
al Vicario de Cristo a quien, bien lo sabéis, gue vuestra Asociación ha sabido trabajar
tanto le preocupa la niñez y, por ella, la fu­ incansablemente para agrupar y conservar
tura suerte de ia Iglesia y de vuestra Patria. estas preciosas energías bajo la bandera de
Pues, en realidad, ¿de qué otros en la Jesucristo, único maestro de grandes y de
tierra, después de los padres, depende prin­ pequeños. Alabamos el trabajo, que habéis
cipalmente el destino religioso y civil de la realizado con tanta solicitud, a fin de prepa­
Nación si no es de los Maestros de las escue­ rar los propagandistas nacionales y periféri­
las elementales, por cuyas manos debe pasar, cos, en la formación religiosa y profesional
según disposición legal, toda la infancia? de los maestros; y tampoco podemos silen­
A vosotros, pues, Nuestra gratitud y la de ciar Nuestra complacencia ante la actuación
■a sociedad civil por los grandes y excelen­ digna e inteligente encaminada a obtener las
tes resultados conseguidos en el pasado de­ justas mejoras económicas y jurídicas sin
cenio, mientras sobre vosotros se posa ansio­ ceder, no obstante, a la sugestión de una fácil
sa Nuestra mirada y la de las familias, para demagogia, siempre nefasta, singularmente
que podáis perfeccionar la obra comenzada, en cuanto a la escuela. Ello significa que
gracias a la decidida voluntad que anima a vuestra presencia, numerosa y compacta, ha
vuestra potente organización. permitido a los católicos conquistar la mayo­
¿Corresponderán, en lo futuro, los Maestros ría absoluta en todas las reuniones de carác­
católicos a Nuestra ardiente esperanza? No ter electivo. Por este valiosísimo trabajo os
lo dudamos, pues que tan eximias pruebas expresamos Nuestra satisfacción y os exhor­
dieron en lo pasado. Se deben, en efecto, a tamos a que continuéis con al mismo empeño
y con el nm m o ritm o, a ím de que, allí donde D ejad, queridos hijos, que os con­
ía infancia de Italia pasa sus mas bellos años,
brille siempre la gracia de Jesús, amigo de fiem os N u e stra am arg u ra al ver que
los niños. tam b ién en Italia se v an m ultiplicando
Pero sin duda queréis escuchar tam bién escuelas donde, con especiosos pre­
algunas palabras N uestras de exhortación
con algunas sencillas y necesariam ente in­ te x to s y bajo apariencias inocuas, se
ignora en realidad a Jesú s o, lo que
com pletas reflexiones sobre lo que el M aestro
debe ser y sobre lo que debe saber, querer y es peor aú n , se enseña a com batirlo y
hacer para corresponder dignam ente a la
alta vocacion que le está confiada. a excluirlo donde quiera que se le en­
cuentre; es decir, en las m entes, en los
2. 7.°J Y an te todo, ¿qué debe ser corazones, en las fam ilias, en la socie­
el Maestro? d ad. ¿Q ué p odrán aprender, pobres
Creen algunos que la p a la b ra «pro­ niños y niñas, en tre aquellos muros
fesor) dice m ás que la sim pla p alab ra profanos, de m aestros que no enseñan
«maestro», y desearían su stitu ir ésta la v erd ad , que no indican el verdadero
por la prim era. No Nos parecería opor­ cam ino, que no conocen y que, por lo
tuno, queridos hijos e hijas; con razón ta n to , no pueden m o strar el sendero
vosotros continuáis llam ándoos maes­ que conduce a la v erd ad era Vida?
tros de católicos. El de «maestro» es el P o r suerte, la m ayor p a rte de los
título m ás a ’to que pueda darse a m aestros de enseñanza elem ental ha
qt’ien enseña; su oficio exige algo m u- reafirm ado m uchas veces el propósito
cno más elevado y profundo que lo que de no q u erer en m odo alguno traicionar
sim plem ente pued a com unicar o pro­ a la infancia confiada a ellos, y ha su­
porcionar el sim ple conocim iento de cedido que au n allí donde la resisten­
las cosas. «Maestro* es el que llega a cia de o tra s categorías de m aestros
establecer relaciones de in tim id ad en­ h ab ía p arcialm en te cedido, vosotros os
tre su propia alm a y la del niño; es el habéis opuesto im pávidos, rechazando
que se dedica personalm ente a la ta re a to d a clase de halagos y to d a am enaza.
de enderezar o guiar hacia la v erd ad P ero no b a s ta , queridos hijos e hijas,
y el bien la vida in ex p erta del discí­ haberos declarado católicos; es nece­
pulo; :! que, en u"» oalabra, plasm a sario, adem ás, v iv ir la propia fe; no
en éste su inteligencia y v o lu n tad para sólo, pues, debéis exponer las verda­
lograr, dentro de los iim ites de lo po­ des que se han de creer y señalar el
sible, un ser de h u m ana y cristiana cam ino que ha de seguirse; es necesa­
perfección. Ni ha de creerse que por rio, tam b ién , y de m odo especial, que
tratarse de m aestro elemental— digno v uestros niños vean en vosotros lo que
de tal nom bre— tenga m enos derecho de vosotros escuchan. Si así no fuera,
al respeto incondicionado y universal m uy escasa sería la eficacia de vuestra
de la propia Nación. En la escuela enseñanza. Os exhortam os, pues, a
elem entai se aprenden los elementos v ivir un cristianism o integral; y para
básicos que p ara todos son el fu n d a­ que no os parezca dem asiado ardua*
m ento de la fu tu ra form ación intelec­ la m eta que os señalam os, ved que lo
tual y, p ara la m ayor parte, co n stitu ­ hacem os con las p alabras que el Divi­
yen el único patrim onio escolar de que no M aestro pronunció an te la muche­
podrán disponer d u ra n te toda la vida. dum bre de sus oyentes: P a ra entrar
¿Qué debéis, pues, ser? en el reino de los cielos, haceos como
Los verdaderos m aestros deben ser estos niños: efficiam ini sicut p a rvu lll:
hombres com pletos e integralm ente puros, sencillos, hum ildes, generosos.
cristianos, es decir, im itadores del úni­
co M aestro divino, Cristo Jesús.
3. 2.°) ¿Qué debéis saber? mún; algunos son inquietos, turbulen­
No se crea que por ser pequeños tos tos; otros, calmosos y reflexivos. No
niños, objeto de vuestra obra educa­ basta conocer a cada uno de los niños;
dora, podéis contentaros con ser me­ necesario es también saber hablarles.
diocres humana, espiritual y moral­ En realidad, puede decirse que pocos
mente. Pues sabido es que cuanto más son capaces de escuchar como los ni­
se trabaja sobre lo «pequeño», tanto ños, porque nadie como ellos tiene
más se necesita estar capacitados. tanta sed de aprender; en efecto, cual­
¿Acaso el Creador de los inmensos quier cosa que caiga bajo sus ojos pro­
mundos astrales, cuyos movimientos voca sus preguntas, que hacen con una
dirige con admirable armonía, no de­ insistencia y a veces también con una
m uestra igual poder y sabiduría al indiscreción que ninguno de vosotros
regular los movimientos impercépti- ignora. Pero si los niños quieren apren­
bles del átomo y de sus componentes, der y también saben pacientemente
que suscitan todavía un más profundo escuchar, mucho importa que los maes­
sentimiento de admiración? Quien ha tros aprendan cuanto es posible el arte
llamado a los niños «hombres en mi­ de decir, de expresar e imprimir las
niatura» ha reclamado indirectamente cosas en las pequeñas mentes ó t ¿u»
para sus maestros una no elemental alumnos; sin deformarlas nunca, claro
grandeza de alma. No hablamos de las está, deben, sin embargo, transformar­
nociones, que debéis tener, para poder las, usando términos sencillos y ade­
transmitirlas al niño. Pero si ni si­ cuados, pero sin caer en palabras y en
quiera es concebible el caso de un maes­ frases exageradamente pueriles. De
tro que no sepa lo que debe enseñar otra parte, los niños tienen más que
a sus alumnos, es, en cambio, posible los adultos una gran necesidad de ver;
hallar en algunos cierta impreparación por ello conviene no omitir nada de
sobre la forma en que tal enseñanza todo cuanto pueda ayudar a su fanta­
debe darse o sobre las materias que sía; y asi es preciso evitar la monoto­
deba tratar. Debéis conocer al niño es­ nía, las largas explicaciones y la mul­
tudiándole; y lo conseguiréis si le obser­ tiplicidad de los temas. Del maestro
váis directamente y os servís diligen­ se exige sabiduría, más que ciencia,
tes de los auxilios que la Pedagogía os profundidad más que extensión de co­
ofrece. El niño es un pequeño y frágil nocimientos y, sobre todo, un solícito
ser completamente abierto a la vida, cuidado por lo futuro de los niños, no
que apunta y se desarrolla como una obstante su inestabilidad presente, y
flor de primavera. Pequeño ser, en que a él enderece toda su actuación.
busca de movimiento y de juego; El maestro es el buen sembrador que
am ante de todo lo que le ayude a creer­ a manos llenas arroja el grano en los
se grande, ya autónomo, cada vez más campos, escogiendo con acierto el tiem­
responsable de sus actos. Extraordina­ po, el lugar y el modo, de suerte que
riamente distintos en sus aspectos y ningún grano se pierda, sino que cada
en sus exigencias, algunos niños im­ uno fructifique abundantemente.
presionan por su retardado desarrollo
físico, otros hacen temer por su pre­ 4. 3.*) ¿Qué habéis de querer?
cocidad no menos intelectual que mo­ Como «ensefiadores*, debéis preocu­
ral; no faltan los propiamente tarados, paros de que los niños adquieran todos
mientras otros prometen grandes y los conocimientos absolutamente in­
bellas cosas por su inteligencia extra­ dispensables para la vida. Seréis, pues,
ordinaria y por su aplicación no co­ fieles a los programas establecidos, exi­
giendo con dulce firm eza que los niños, debéis, por últim o, realizar toda clase
confiados a vosotros, los cu m p lan con de esfuerzos p a ra que todos sean bue­
diligencia según su capacidad. Como nos cristianos y que m uchos intenten
«enseñadores católicos», os p reocuparéis d irec tam en te la subida al m onte santo
p artic u la rm en te de que ap ren d an la de Dios, alen tad o s y sostenidos por
religión de m odo claro, orgánico y vivo; v osotros, adem ás de por el sacerdote.
sobre todo «vivo», no sólo en cu a n to Je sú s quiere hoy santos entre los niños;
significa interés por conocerla, sino en vosotros debéis hacer que Le miren
el sentido de que la religión es vida, no sólo com o a am igo predilecto sino
es decir, facto r indispensable p a ra v i­ tam b ién como a m odelo de todas las
vir, ya como solución de las incerti- v irtu d es. Si es cierto— como creemos
dum bres y de las d udas, y a com o a u x i­ firm em en te— que Dios p rep ara una
lio p ara su p erar las luchas, hoy peque­ n u ev a p rim av e ra a su Iglesia, Nos go­
ñas, m añ an a grandes; como refugio zam os pensando que entre los peque­
contra las incipientes seducciones del ños— como e n tre los m ayores— hallará
mal; como luz y guía p a ra sus accio­ El un grupo de alm as p ro n tas a cual­
nes, deberes, renuncias y relaciones con q uier llam ada, a cualquier heroísmo.
el m undo externo. P en sad que no po­
cos de aquello0 niños no asistirán al 5. 4.°) ¿Qué debéis hacer?
catecism o p arroquial, por negligencia Conseguiréis esto si estáis dispuestos
o por aversión de padres inconscien­ a tr a t a r con vuestros pequeños, cuan­
tes; otros r.o ten d rán quizá, ni siquiera to m ás posible sea, individualmente.
de adultos, ocasión de aprenderlo y H a y to d a u n a ta re a de inform ación y
de profundizar en él. de form ación que debe realizarse de
Así, pues, p ara que no falte a aq u e­ un m odo general, p ara todos conjun­
llos pequeños ei alim ento de la doc­ tam en te; y esto no sólo por motivos
trin a cristiana, usad firm em ente vues­ de orden práctico, sino tam bién y
tro derecho a la enseñanza, no olvidéis especialm ente por la indiscutible uti­
que ..a tam bién v u estro deber ineludi­ lidad que la psicología de los peque­
ble ai»:: Dios y an r° P a tria . Como ños en cu en tra al v er adm itidos por
educadores, tendréis el anhelo de for­ todos algunos principios y aceptadas
m ar a vuestros niños proponiéndoles el algunas norm as de vida. Pero existe
ejercicio de las v irtu d es hum anas: tam b ién un tra b a jo que m ira a cada
lealtad, valor, am or al deber, a la fa ­ niño en p artic u la r, y esto no podría
milia, a la P atria. A este propósito llevarse a cabo sin daño dentro de un
conviene n o tar que el sentim iento de tra b a jo que podríam os llam ar colec­
am or a la P atria es quizá hoy dem a­ tivo. Sucede, adem ás, que un niño,
siado olvidado por algunos, m ientras por ejem plo, tiene necesidad de ser
que fué y puede ser to d av ía precioso alen tad o , estim ulado; y otro, en cam­
coeficiente en la form ación com pleta bio, ha de ser contenido; puede suce­
del niño. Y no se tem a que el am or a d er que m ientras p ara uno es preciso
ia hum anidad en tera— que vosotros de­ el estím ulo, p ara otro, en cam b’o, será
béis cristianam ente desarrollar en vues­ ú til la reprensión o el castigo. Recor­
tros pequeños— esté necesariam ente en d ad que las alm as son creadas una a
oposición al am or particular a la p ro ­ una, y no en serie, por Dios, quien se
pia P atria; ¿es que acaso el am or a com place en no hacerlas una igual a ía
otras fam ilias se opone al am or espe­ o tra. L lam adas a ser p lan tas de Dios
cial que cada uno debe sentir hacia p ara su gloria, son efectivam ente tales,
la propia? Como educadores católicos ñero de diverso modo: v esto en razón
de la misma variedad del espectáculo temente predican y demuestran ias arduas
que debe ofrecer el campo donde tra­ luchas sostenidas por ella casi continuamente
para asegurar a la juventud una formación
baja, asiduo y amoroso, el divino Agri- sana y cristiana? También vosotros podríais
cuitor. Cuidad bien, por último, de ser llamados al honor dt estas luchas, como
exigir gradualmente lo que queréis ob­ otras veces lo fueron tantos valerosos maes­
tros cristianos; pues bien, la Iglesia no os
tener de vuestros pequeños. Salvo casos abandonará, como—de ello estamos ciertos—
de verdadera excepción, quiere Jesús vosotros no abandonaréis a 1a Iglesia en el
— y debéis quererlo también vosotros— esfuerzo de un combate extenuante, pero en
el que no faltaría, según promesas divinas,
que las plantas confiadas a vuestros la pacífica victoria.
cuidados crezcan, no de golpe, sino No os dejéis engañar por razones que los
poco a poco. Luego si queréis condu­ adversarios de la educación cristiana esgri­
men a menudo, como la tutela de la cultura,
cirlas a una cierta altura, si queréis de la libertad o simplemente de la economía
verlas florecer y fructificar al máximo, pública. Cuán infundadas sean, está demos­
debéis saber esperar. Porque hacer trado por el hecho de que jamás la cultura,
la verdadera libertad y la economía han es­
correr demasiado a los niños pudiera tado mejor tuteladas que cuando (as escudas
ser tan to como exponerles a tropezar privadas o públicas han tenido la posibilidad
y a caer; de igual suerte que echar de desarrollarse conforme a los principio*, a
las finalidades naturales y a los deseos dc
sobre sus espaldas pesos que todavía las familias mismas.
no puedan soportar, significaría quizá Es un designio divino que la acción d» la
Iglesia vaya siempre de feliz acuerdo con los
obligarles a retrasar el paso, cuando no justos intereses de la familia. Esto significa
detenerse por completo. que las disposiciones que aquélla toma en
los varios campos de la vida pública se mani­
6. fiestan, a la larga, rectas, es decir, en corres­
Os hemos expuesto, queridos hijos e pondencia
hijas, algunas sugerencias prácticas para con la voluntad divina.
vuestro noble oficio de educadores, tan cer­ Haceos también vosotros, queridos hijos
cano al Nuestro de-Pastor de todas las almas. e hijas, dignos ejecutores, con la familia y
Acogedlas, como ya hicisteis en ¡o pasado, con la Iglesia, de aquellos designios divinos.
con filial docilidad y confianza. A’fin de que estos Nuestros votos se cum­
Permanezca siempre en vosotros el re­ plan* y para que una renovada llama de celo
cuerdo de este encuentro Nuestro, cual vivo se encienda en las filas de vuestra Asociación,
testimonio del cuidado, celoso diríamos, invocamos sobre todos y cada uno de vos­
con que la santa Iglesia, Madre común y otros la abundancia de los favores celestiales,
amorosa de las generaciones humanas, tiene en prenda de los cuales os damos, de todo
por la educación de la infancia, ¿Será pre­ corazón, Nuestra paternal Bendición Apos­
ciso repetir con palabras lo que tan elocuen­ tólica.
PIO XII

VIUDEZ
D. 16 septiem bre 1957

SU PROBLEMA ESPIRITUAL

cogem os m uy gustosos a los con­ el problem a espiritual y religioso de


A gresistas que p artic ip a n en las
«Jornadas F am iliares Internacionales»
la viudez y señalar las actitudes inte­
riores y las disposiciones que convienen
organizadas por la «Union In te rn a tio ­ a la v iu d a cristiana y ordenan la orien­
nale des O rganism es fam iliaux». A lo tación de su vida. Nos pensamos, sobre
largo de los años precedentes habéis todo, con una solicitud paternal en las
estudiado num erosos problem as eco­ que, jóvenes todavía, tienen a su cargo
nómicos, sociales o educativos relati­ u na fam ilia que educar, siendo, por
vos a la v id a de las fam ilias; os expre­ ello, las m ás duram ente afectadas por
sam os N u estra felicitación por los re­ la desaparición de su marido.
sultados obtenidos y las m ejoras que
2. Se hace notar a menudo que la misma
habéis podido d eterm in a r en un cam po palabra «viuda» evoca en quienes la escuchan
que llevám os ta n en el corazón. una impresión de tristeza y hasta una espe­
Os enfrentáis este año con un tem a que cie de desvío; por ello algunas rehúsan tal
ciertam ente merece la más viva solicitud y apelativo y se esfuerzan por todos los medios
sim patía activa de todos: el de las familias en hacer olvicar su condición, so pretexto
privadas de padre. Tem a, al que hasta aquí de que humilla, excita la conmiseración, las
no se ha prestado dem asiada atención, en coloca en un estado de inferioridad del que
parte a causa de la im potencia misma en quisieran evadirse y borrar hasta el recuerdo.
que se encuentran esos hogares en el plano Reacción normal a los ojos de muchos, pero,
de ia dc iin sociai. Por ello corresponde a digámoslo claramente, reacción poco cris­
organismos como e! vuestro em prender el tiana; es fruto, sin duda, de un movimiento
examen sistemático de ¡as condiciones de de aprensión más o menos instintivo ante el
vida, siempre penosas y a "eces agobiantes sufrim iento, pero revela a la par una igno­
que pesan sobre las viuaas y los huérfanos. rancia de las profundas realidades.
Reuniendo primero en una encuesta previa Cuando la muerte cae sobre un jefe de
los datos estadísticos sobre el número y la familia en la flor de su vida y lo arranca
situación de estas familias, habéis procurado de su hogar, planta al mismo tiempo en el
trazar un cuadro de su condición jurídica; corazón de la esposa una -cruz muy pesada,
después, sobre la base de estos datos, abor­ un dolor imborrable: el de ser a quien se
dáis los problemas económicos, profesionales, le arranca la mejor parte de sí mismo, la
psicológicos y educativos que les atañen. persona am ada, que fué el centro de su afec­
Nos esperamos que los resultados de estas to, el ideal de su vida, la fuerza tranquila
investigaciones y discusiones no tardarán en y dulce sobre la que se apoyaba con seguri­
darse a conocer y que serán, para todos dad, el consolador capaz de comprender todas
cuantos trabajan por m ejorar la suerte de las penas y de calmarlas. De repente, la
esas familias, las más probadas, el punto de mujer se encuentra horriblemente sola, aban­
partida de una acción seria y prolongada para donada, concentrada sobre las causas de su
remediar, en lo posible, tantos sufrimientos dolor y de las responsabilidades que ha de
siempre vivos. afrontar. ¿Cómo asegurar su subsistencia y
Sin tr a ta r expresam ente las cuestio­ la de sus hijos? ¿Cómo resolver el cruel dile­
ma: ocuparse de los suyos o abandonar la
nes que estáis estudiando, Nos p ro ­ casa para ir a ganar su pan cotidiano? ¿Cómo
ponemos decir algunas palabras sobre conservar su legítima independencia si ha
de recurrir necesariamente a la ayuda de quedado en la tierra a adoptar una
parientes próximos o de otros familiares?
Basta hacer estas preguntas para compren­ disposición de ánimo más pura y más
espiritual. Puesto que uno de los espo­
der hasta qué punto el alma de la viuda expe­
rimenta un sentimiento de postración y a sos ha consumado ya su sacrificio, ¿no
veces de rebelión ante la inmensidad de la
amargura que la abruma, de la angustia queconviene que el otro acepte el desli­
garse de la tierra y renunciar a los
la cerca como con una infranqueable muralla.
Por ello algunas se abandonan a una especie
goces intensos, pero fugaces, del afecto
de resignación pasiva, pierden la gana de
sensible y carnal, que ligaba a los
vivir, se niegan a salir de su sufrimiento,
esposos en el hogar y acaparaba su
mientras que otras, por lo contrario, tratan
de olvidar y se crean pretextos que las dis­
corazón y sus energías? Al aceptar la
pensen de afrontar leal y animosamente sus
verdaderas responsabilidades. cruz, la separación, la renuncia a la
presencia querida, hay que conquistar
En los primeros siglos de la Iglesia, la orga­
nización de las comunidades cristianas seña­
ya otra presencia más íntima, más
laba a las viudas un papel particular. Cristo,
durante su vida mortal, les testimonió unaprofunda, más fuerte. Una presencia
que será también purificadora; porque
benevolencia especial, y los apóstoles, des­
pués de El, las recomiendan al afecto de el que ya mira a Dios cara a cara no
los cristianos y les trazan reglas de vida y de
perfección. San Pablo describe a la viuda tolera en aquellos a quienes más ha
como la que ha puesto su esperanza en Diosamado durante su existencia terrenal
y persevera noche y dia en la plegaria y la
el repliegue sobre sí mismos, el des­
oración 1. aliento, las entregas inconsistentes. Si
ya el sacramento del matrimonio, sím­
3. Aunque la Iglesia no condena bolo del amor redentor de Cristo a su
las segundas nupcias, señala su predi­ Iglesia, aplica al esposo y a la esposa
lección por las almas que quieren per­ la realidad de este amor, los transfi­
manecer fieles a sus esposos y al sim­ gura, los hace semejantes, el uno, a
bolismo perfecto del sacramento del Cristo, que se entrega para salvar a la
Matrimonio. Ella se goza viendo culti­ humanidad, y la otra a la Iglesia res­
var las riquezas espirituales propias de catada, que acepta participar en el
este estado. La primera de todas, Nos sacrificio de Cristo, entonces la viudez
parece, es la convicción firme de que, se convierte en cierto modo en ia per­
lejos de destruir los lazos de amor fección de aquella consagración mu­
humano y sobrenatural contraídos por tua; representa la vida actual de la
el matrimonio, la muerte puede per­ Iglesia militante privada de la visión
feccionarlos y reforzarlos. Sin duda de su Esposo celestial, con el que, no
que, en el plano estrictamente jurídico obstante, permanece indefectiblemente
y en el de los hechos reales, la insti­ unida, marchando hacia él por la fe y
tución matrimonial no subsiste tras la por la esperanza, viviendo de ese amor
muerte; pero lo que constituía su alma, que la sostiene en todas sus pruebas y
lo que le daba vigor y belleza, el amor esperando impacientemente «1 cumpli­
conyugal, con todo su esplendor y sus miento definitivo de las promesas ini­
deseos de eternidad, subsiste, como ciales.
subsisten los seres espirituales y libres Tal es la grandeza de la viudez, cuan­
que se han consagrado el uno al otro. do es vivida como prolongación de las
Cuando uno de los cónyuges, liberado gracias del matrimonio y preparación
de las ataduras carnales, entra en la para el desarrollo pleno de éstas en la
intimidad divina, Dios le despoja de luz de Dios. ¿Qué pobre consuelo hu­
toda debilidad y de todas las escorias mano podría igualar jamás estas ma­
del egoísmo; invita también al que ha ravillosas perspectivas? Pero también
es preciso merecer penetrar en su sen-
tido y significado y pedir esta com ­ te n te s m aestros espirituales y gracias
prensión con una oración hum ilde, es­ al auxilio de sus agrupaciones, se han
p eran zad a, y con una aceptación v a le ­ ab ierto a las sublim es enseñanzas de
rosa de los designios del Señor. la fe. Q ue cada u n a de aquellas, cuyo
com pañero de cam ino ha sido llamado
4. Es re la tiv am en te fácil p a ra u n a m u je r,
que vive in te n sa m e n te su c ristia n ism o y po r Dios, se p ersuada de la necesidad
cuyo m atrim onio no conoció n u n c a g rav es im periosa de c u ltiv ar su vida espiritual,
crisis, elevarse a ello. Pero a lg u n a s h a n a t r a ­ si quiere conservar la paz interior y
vesado en su v ida conyugal p eríodos d o lo ro ­
sos por la incom prensión o la c o n d u c ta de hacer fre n te sin desm ayo a todas sus
su esposo; o tra s han resistid o h ero icam en te obligaciones. Que no deje pasar ningún
p a ra no a b a n d o n a r un h o g ar, q u e no les día sin dedicar cierto tiem po al reco­
pro porcionaba sino decepciones, h u m illacio ­
nes, ag o tam ien to físico y m oral. L a m u e rte gim iento, m om entos en los que se sen­
del cónyuge puede p arece r, en este caso, tirá ella m ás cerca del Señor y más
como uria p rovidencial liberación de u n yugo cerca de aquel que continúa velando
que se hizo dem asiado pesado.
Y. sin em bargo, a n te el m isterio de la po r ella y por su hogar. Que se reserve
m uerte y de los juicios divinos, a n te el re­ tam b ién , cada año, unos días consa­
cuerdo de las prom esas de m iserico rd ia y de grados m ás exclusivam ente a la refle­
resurrección que encierra la revelación cris­
tia n a , la esposa d esg raciad a y no culp ab le xión y a la plegaria, lejos del ruido,
no puede alb erg ar o tro s sen tim ie n to s q u e los de las preocupaciones cotidianas ago­
de Cristo m ism o a n te los pecadores: el del tad o ras. E n ellos encontrará una segu­
perdón v o lu n tario , el de la intercesión gene­
rosa. Las heridas de le p asad o , los triste s rid ad indecible que ilum inará todas
recuerdos se co n v ierten ento n ces en un m e­ sus decisiones y le p erm itirá asumir
dio eficaz de redención; ofrecidos a Dios p o r con firm eza sus responsabilidades de
el alm a del d ifu n to , m u erto en la c a rid a d de
Cristo, sirven de expiación p o r sus fa lta s y cabeza de fam ilia. E sta oración se
ap resuran p ara él 1a visión b eatífica. U n a aco m p añ ará, huelga decirlo, cpn la
a c titu d ta l, in sp irad a p o r un sen tid o p ro fu n ­ p rá c tic a sacram en tal, con la partici­
do de !a unión conyugal y de su v a lo r red en ­
tor. ¿n r> es, acaso, la ú nica solución a u té n ­ pación en la litu rg ia y en la misa, y
ticam ente cristian a, capaz de c u ra r las h eri­ con el ejercicio de m edios de santifi­
das to d av ía sa n g ra n te s, de b o rra r a m a rg u - cación, que la ay u d a rán a defenderse
'as y vanos pesares y de re s ta u ra r lo que
parecía irrem ed iab lem en te p erd id o ? de las ten tacio n es insidiosas, las del
Como sería, p e : Uj co n trario , erróneo corazón y las de los sentidos en par­
aprovechar la viudez p a ra despojarse ticu lar.
de la reserva y de la p ru d e n cia que
convienen a las m ujeres solas y e n tre ­ 6. L a v iu d a co n tin u ará en su hogar
garse a las van id ad es de u n a v ida fácil p ra ctican d o la entrega de sí m ism a que
y superficial. E sto es desconocer la p ro m etiera el día de su m atrim onio.
debilidad del corazón hum ano, dem a­ Sus hijos lo esperan todo de ella, puesto
siado ávido de llenar u na in g ra ta sole­ que ocupa el lugar del padre. La viuda,
dad, y desconocer los peligros de fre­ a su vez, re p a rte en tre sus hijos el
cuentes tra to s ap a re n te m e n te inofen­ afecto sensible que d ab a al marido;
sivos, pero sancionados m uchas veces se en tre g a tiern a m e n te a ellos, mas
por lam entables caídas. aun en esto debe perm anecer fiel a su
m isión, hacer callar los llam am ientos
5. De ahí que Nos deseem os v iv a ­ a p rem ian tes de un corazón sensibili­
m ente que los esfuerzos em prendidos zado h a s ta el extrem o, p ara asegurar
para hacer com prender la grandeza de a sus hijos u n a form ación viril, sólida,
la viudez cristian a se prosigan con a b ie rta a la sociedad, p ara dejarles la
tenaz perseverancia. Nos sabem os que lib ertad a q ue tienen derecho, singu­
m uchas viudas, dirigidas por com pe­ larm e n te en la elección de estado de
vida. Funesto sería consumirse en penetrar en las eternas prolongaciones.
vanas lamentaciones, complacerse con Será, para todos, aquella cuya caridad
recuerdos enteroecedores o, por lo silenciosa y delicada se apresura a
contrario, dejarse amedrentar por las prestar un servicio, el de una palabra,
sombrías perspectivas sobre lo por el de una acción, doquier que se mani­
venir. La viuda se consagrará a su fieste una necesidad más urgente, una
tarea educadora con la delicadeza y el pena más viva. En sus relaciones fa­
tacto de una madre, pero se manten­ miliares, profesionales o amistosas,
drá unida en espíritu a su marido, que aportará la nota distintiva que carac­
le sugerirá en Dios las medidas que teriza su apostolado: el testimonio
deba tomar, le dará autoridad y clari­ de su fidelidad a un recuerdo querido
videncia. Es necesario que el recuerdo y el de haber encontrado, en esta fide­
del ausente, en vez de impedir o retar­ lidad y en las renuncias que impone,
dar el impulso generoso y la aplica­ una felicidad más profunda, más per­
ción a las tareas necesarias, le inspire manente, más luminosa que aquella a
el valor de cumplirlas integralmente. la que hubo de renunciar.
En las relaciones sociales la viuda no
puede renunciar al puesto que le co­ 7. En las horas más austeras y en las
tentaciones de desaliento, evocará a ia ca&ta
rresponde. Sin duda que aparecerá al heroína Judit, que no dudó en correr los
exterior rodeada de una reserva más más graves peligros por salvai a ¡>uí*Mo
expresiva, porque ya participa más en de la ruina y que puso en Dios Uos su con­
fianza. Pensará, sobre todo, en !a /irge;;
el misterio de la Cruz, y la gravedad María, viuda también, que despues de~ ta
de su comportamiento revela el selló ascensión de su Hijo quedó en la Iglesia
de Dios sobre su vida. Pero precisa­ primitiva; en ella su oración, su vida inte­
rior, su oculta abnegación atraían sin cesar
mente por esta razón ella tiene un las bendiciones divinas sobre la comunidad.
mensaje que comunicar a los hombres Cuando sienta el declinar de su fuerza física,
que la rodean: ella es la que vive más su pobreza, su impotencia para trabajar más,
para todavía tomar parte en las actividades
aún de la fe, la que con su dolor ha de candad o de apostolado, acuérdese de
conquistado el acceso a un mundo más la palabra de Jesús cuando veía a los ricos
sereno, sobrenatural. Ella no se apoya depositar sus ofrendas en el cepillo y des­
pués de ellos a una pobre viuda que echaba
en la abundancia de los bienes mate­ dos pequeñas monedas: En verdad os digo que
riales, de los que a menudo está des­ esta pobre viuda ha echado más que todos *.
Lo que el Señor decía de este modesto óbolo
provista, sino en su confianza en Dios. se aplica también a los pequeños servicios
A los hogares demasiado cerrados o que una viuda puede prestar, con tal que
replegados sobre sí mismos y que no nazcan de un corazón entregado a Dios, de
un corazón engrandecido por la prueba, más
han descubierto todavía el sentido ple­ próximo también a los que El ama y capaz
no del amor conyugal, ella les signi­ de esparcir en torno a sí los reflejos más
ficará las purificaciones y los despren­ puros del amor que la domina.
dimientos necesarios, la fidelidad in­ En prenda de los favores divinos, que Nos
quebrantable que exige. Junto a las invocamos sobre vosotros mismos, sobre
vuestras familias y sobre los que os son que­
otras viudas, en particular, ella se sen­ ridos, y sobre todas aquellas que en el
tirá especialmente llamada a ayudarlas mundo entero dan prueba en su viudez de
en coronar su sacrificio, en compren­ un camino que tiende hacia el descubri­
miento pleno del amor divino, os otorga­
der su significado, elevándose por enci­ mos de todo corazón Nuestra paternal Ben­
ma de las simples miras humanas para dición Apostólica.
PIO XI I

ESCUELAS ' PRIVADAS"


D. 10 n oviem b re 1957

FAMILIA, ESTADO, "ÉLITES”

all damos con placer a vuestra p ri­ cam po al