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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Prologo

Capítulo 1

Su madre se enjugó los ojos.


—Ten cuidado —le dijo.

Su padre y sus dos hermanos mayores se mantuvieron firmes en silencio. Su


hermana menor y hermano no podían salir de casa. De pie en la puerta, Suzu podía oír a su
abuela reconfortándolos.

—¿Qué es todo esto? —dijo el hombre a su lado. La suya fue la única voz alegre—. Aoyaji-
sama es un hombre rico. Él la vestirá con ropa fina y la educará cómo comportarse en la
sociedad civil. Cuando el aprendizaje esté completo, podrá convertirse en una joven apropiada,
que podrá ir donde le plazca, sin la más mínima reserva.

Se echó a reír en voz alta. Volviendo la cabeza para mirarlo, Suzu observó con sus ojos la
choza destartalada delante de ellos. Estaba algo inclinado y el techo de paja hundido. El
piso de tierra estaba dividido en solo dos habitaciones, y todo el interior estaba inclinado y
hundido.

Su vida fue de pobreza. Eran colonos que cultivaban arroz, con la mayoría de la
producción anual pagaban el alquiler. Además de eso, la cosecha del año anterior había sido
escasa, y cuando llegó el verano, una vez más, las orejas no aparecían en los tallos. Como era
imposible pagar el alquiler, Suzu fue contratada como sirvienta. Ni su hermano diecisiete años, o
hermana de once años, o cualquiera de sus otros nueve hermanos. Fue Suzu, de catorce años
de acuerdo con el calendario lunar tradicional, pero sólo doce,

si contaban los años desde su nacimiento.

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—Bueno, vamos a seguir adelante.

Ante la insistencia del hombre, Suzu hizo una reverencia. Ella no dijo adiós. Si lo
intentaba, no sería capaz de contener las lágrimas. Se armó de valor y se negó a
pestañear. Miró su casa y memorizó las caras que vio.

—Ten cuidado —le dijo su madre de nuevo, y se secó la cara con la manga.

Con eso, Suzu se dio vuelta. Su madre llorando, sus hermanos obstinadamente hosco,
se entendía que ninguno de ellos daría un paso adelante para detenerla.

Suzu caminó en silencio después de que el hombre pasara por las afuera de la aldea. Era
cerca del mediodía y ya había llegado a los límites del mundo que ella conocía. El camino
estaba cortado por las laderas del pie de la montaña. Suzu nunca había puesto un pie más allá
del paso de la montaña distante.

—Eres una buena chica. No hay llorado ni gemido. Eso es lo que me gusta ver.

La actitud alegre del hombre nunca se fue. Caminaba con pasos largos, diciendo lo que le
venía a la mente.

—Tokio es una ciudad grande. Probablemente nunca habrás visto las luces de gas,

¿no? Vamos hacia el estado, serás capaz de subirte en un coche. ¿Sabes lo que es un carro
tirado por caballos?

Suzu no le hizo caso. Mantenía la mirada por encima del hombro, centró la miada en la
figura del hombre y dejó que su ritmo la arrastrara. Cuando se apartaba, lo alcanzaba con
unos pequeños pasos y luego seguía con satisfacción la cabeza del hombre.

Repitiendo esto una y otra vez, cruzaron el paso de la montaña. A partir del otro lado,
la cabeza del hombre desapareció. Había dejado de mirar hacia el cielo.

Las nubes corrían por el cielo detrás de ellos. La sombra de Suzu apenas se notaba mientras
caminaba.

—Parece que va a llover.

Se volvió a mirar por donde habían venido. Una sombra subía por entre los exuberantes

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árboles de la ladera con aldeas. Las sombras de las nubes pegadas a sus talones, como si la
lluvia los persiguiera. Una cálida brisa comenzó a soplar. Gotas de lluvia tamborileaban en el
camino.

—Bueno, esto es mala suerte —dijo el hombre, y se lanzó hacia un árbol


reconfortablemente gigante que crecía a lo largo de la carretera. Suzu abrazó su furoshiki, un
paquete envuelto contra su pecho y lo siguió. Las gotas grandes de lluvia se deslizaban en
sus mejillas y hombros. Casi tan pronto como habían llegado bajo las ramas, la tormenta se
convirtió en un aguacero torrencial.

Suzu arrugó su cuello y corrió hacia la base del árbol. El torco torcido que sobresalía de la
tierra cubierta también. Probablemente a causa de la raíces era usadas sin problemas, por
cualquier número de viajeros que paraban a tomar el aliento ahí, ella perdió el equilibrio.

Oh, no te caigas, pensó, y al mismo tiempo, se equilibraba para no caerse. Se inclinó


hacia delante y con su siguiente paso se atrapó los dedos del pie en otra raíz. Ella

comenzó a caer. Sus pies se deslizaron por debajo de ella. Suzu se deslizó hasta el final

de un precipicio, brincando levemente.

—¡Hey, cuidado!

A mitad de la advertencia, la voz del hombre se convirtió en un grito. Donde el tronco


que dividía al enorme árbol, detrás había un terraplén suficiente para ser llamado precipicio.
Suzu se tambaleaba en el borde. Soltó todo y observó qué estaba más cerca, si las manos del
hombre, una rama cercana, un grupo de arbustos, cualquier cosa, pero no se pudo agarrar.
Estaba a punto de caer cuando fue golpeada por un torrente de lluvia. Rugía en sus oídos
como si estuviera al pie de una cascada.

La memoria de Suzu estaba intacta hasta el momento en que pensó que se cayó.
Entonces giró la cabeza. Fue lanzada por la inundación de agua. Volvió en sí. Parecía estar
media sumergida en un río. Pero, ¿qué río? Era tan profundo que no podía sentir la parte inferior.
El agua que lavaba su boca era salada.

Se la tragó el agua oscura. Perdió el conocimiento. Cuando volvió a abrir los ojos, estaba
descansando enana cama suave que se balanceaba. Un puñado hombres la estaban
mirando.

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Suzu se despertó con un sobresalto, parpadeó. La preocupación en los rostros de los


hombres se suavizó. Dijeron algo que no entendió. Se sentí y observó a su alrededor. Su boca se
abrió de asombro. Estaba en una plataforma de tablas viejas que apenas sobresalía por
encima de la superficie del agua. Alzando los ojos, vio que el agua negra era infinita, la unió del
cielo al horizonte era una línea recta. Fue la primera vez en su vida que había visto la gran
extensión del mar.

Buscó el gran árbol de donde había caído. Detrás de ella había un acantilado tan alto que
había que estirar el cuello para que pudiera observarlo todo. El barranco estaba lleno de baches.
Aquí y allá, hilos blancos de agua corrían por la piedra. La plataforma ancha en la que estaba
fue construida al pie del acantilado. Muelles se alineaban en la parte exterior de la cubierta.
Tres pequeñas embarcaciones estaban atracadas ahí.

Su único pensamiento era que de alguna manera había sido llevada por el río y
terminó en el océano. Había oído de que se navegaba hasta el fondo de un río, más y más
profundo, finalmente llegaría al mar.

El océano.

El agua era negra como la noche. Colocó sus manos al borde de la plataforma y miró
hacia el agua. No era nada como los lagos o los ríos que ella conocía. El agua era
sorprendentemente clara, pero no podía ver el fondo. Continuó así hasta que se perdió en una
oscuridad lejana, donde las luces brillantes nadaban juntas como enjambres.

Alguien la llamó y suavemente le empujó el hombro. Suzu, finalmente rompió la


mirada hacia el océano. Los hombres la miraban con expresión de angustia en el rostro. Uno de
ellos dijo algo que ella no entendió.

Suzu respondió con una mirada en blanco.

—¿Qué? ¿Qué dice?

Los hombres se miraron escandalosamente consternados. Todos hablaban a la vez, las


palabras iban y venían, pero Suzu no comprendía nada.

—Hey, ¿dónde estoy? Tengo que volver. ¿Cuál es la mejor forma de volver a mi pueblo
desde aquí? El camino hacia Tokio, o algo así. ¿Alguno de ustedes sabe dónde vive Aoyaji-
sama?

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Esto desató otra oleada de charla entre los hombres. Expresiones confusas nublaron su
semblante.

Los hombres se amontonaron en una discusión. Suzu se sentó en el suelo y vio un vistazo
más de cerca de todo.

Los acantilados se elevaban hacia arriba como si el borde de la tierra había sido
arrancado. La cara interior de la roca estaba excavada. Había una caída de agua más profunda
de las montañas cerca de donde ella vivía, pero la altura de esos acantilados, desde lejos,
superaba la pendiente de dicha cascada. Los acantilados se extendían hacia la derecha e
izquierda, casi parecía encerrar la plataforma flotante.

Si una sección de la cubierta fuera retirada, no habría ninguna playa o se vería la base
del acantilado, sólo que esa enorme balsa parecía que flotaba, la cubierta sobresalía por
debajo de los acantilados. Barcos amarrados en la plataforma se reunían en el agua. En la otra
dirección, donde la balsa tocaba las rocas, había una hilera de pequeñas casas.

Eso tiene sentido, pensó Suzu. No había playa, así que se construyó una. Pero,

¿cómo podría alguien subir ese acantilado? Cuando inclinó la cabeza hacia atrás y miró más de
cerca, vio escalones de piedra y una escalera corriendo por la pared del acantilado de gran altura.
Debía ser la forma en que subían y bajaban.

—Subir esa escalera debe de marear —se dijo para sí, Suzu.

Los hombres la miraron. Señalando, le llamó la atención hacia la cima del acantilado.
Luego, la acompañaron por toda la plataforma hasta la escalera de piedra esculpida en la
ladera del precipicio.

Fue el comienzo de su aguante. Subió por la cara del acantilado. Cada vez que quería
detenerse o sentarse, alguien le daba un empujón por detrás o por delante de ella alguien tiraba
hacia arriba. Mirando hacia atrás sobre su hombro, sofocó el vértigo que le provocaba la
imponente presencia, finalmente luchaba por seguir adelante.

—No me gustaría realmente tener que vivir aquí —dijo Suzu, dejándose caer al suelo.
Los hombres se rieron y le palmearon la espalda y los hombros. No entendía nada de lo que
decían, pero pensó que tal vez la alababan por un trabajo bien hecho. — Prefiero trabajar
en los campos.

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Había redes hacia afuera, secándose en la cubierta, así que pudo imaginarse que habían
regresado de pesca. Cada vez que pescaban, tenía que transportarse hacia arriba y hacia
abajo de los acantilados, eso debía de ser una cantidad horrible de trabajo duro. Trabajar en el
campo tampoco era fácil, pero al menos era un paseo rápido a los arrozales por las calzadas.

En la parte superior de los acantilados corría un muro de piedra mucho más alto que
ella. Le hicieron señas hacia la puerta, por lo que arrastró su cuerpo cansado por detrás de los
otros hombres y siguió adelante.

Dentro de la pared había una pequeña aldea formada por una línea de chozas
pequeñas que parecían casas en filas. Fue llevada a una de las chozas, donde fue
entregada al cuidado de una anciana. La anciana le quitó la ropa mojada a Suzu y señaló hacia un
futón colocado sobre una plataforma elevada sobre el suelo sucio. Suzu, obedientemente, s
metió debajo del futón. Con la ropa de Suzu en la mano, la anciana salió de la choza. Suzu la
vio salir y luego cerró los ojos. Estaba exhausta.

Me pregunto si podré llegar a Tokio, pensó mientras se dormía. Será mejor que vaya a
la casa de Aoyaji-sama tan pronto como me sea posible. Después de todo, me vendieron a él.

No había otro lugar para que ella fuera y ninguna casa a la que volver.

Por supuesto, Suzu no tenía forma de saber que no había ningún lugar como “Tokio”
en ese mundo. El océano en el que casi se había ahogado era el Kyokai, o “El Mar del Vacío”.

El lugar donde había llegado era el Reino del Este de Kei. Pasaron
muchos años.

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Capítulo 2

Entre la tierra de los Doce Reinos, que se encuentra en el extremo noroeste conocido como
Hou, o, más específicamente, el Reino Externo de Hou.

El gobernante del reino era el Rey de Hou Chuutatsu. Su nombre de familia estaba
registrado como Son, su nombre original en uji, el apellido que había elegido ala edad adulta
fue Ken. Como ministro del Rikkan, Ken Chuutatsu había sido comandante general del Ejército
Imperial. Después de la muerte del Rey anterior, fue elegido por Hourin y ascendió al tono
como el Rey de Hou.

En el sexto año de Eiwa, el reinado de Chuutatsu había llegado a tan sólo treinta años.
Ese año, el Palacio Youshun, la sede Imperial, fue asaltada por una fuerza de

100.000 soldados. Incapaz de tolerar su tiránico gobierno por más tiempo, ocho de los
ejércitos de los señores provinciales se habían levantado contra él.

Los ciudadanos afines de la ciudad abrieron las puertas de Hoso, la capital de Hou, y los
dejaron entrar casi inmediatamente, se violentó el perímetro del palacio interior del santuario,
donde los soldados de las ocho provincias lucharon intrépidamente contra unos trecientos
guardaespaldas del rey.

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Al final, el Rey de Hou estaba muerto.

—¿Qué es toda esta conmoción?

Los brazos de su madre la envolvían, Shoukei oyó los gritos de guerra espeluznantes.
Shoukei era la hija de la Reina Kaka, la esposa de Chuutatsu. La interrogante quejumbrosa vino
de la enferma Hourin, el Kirin de Hou. Las tres estaban escondidas en las profundidades del
palacio.

—Vino de afuera. ¿De dónde vienen esas voces?

Shoukei tenía trece años. Ella era el amor de sus padres, no había otra niña mejor que ella
para sus ojos. Era joven, brillante e inteligente, hermosa y graciosa, y elogiada como la joya de
la corona, su cara estaba torcida del miedo.

—No… no puede ser.

La gente de Hou, provocó una revuelta con los señores provinciales, rodeando Hoso
por todos lados. El estrépito de los armas de guerra se hizo eco dentro de los muros del
palacio, al igual que las maldiciones que cantaban en contra del rey.

Una marea creciente de armaduras de color azul pálido. Y gritos feroces.

—¡No puede ser! Padre…

—¡No! —Kaka abrazó a Shoukei fuertemente entre sus brazos—. ¡Esto no está
sucediendo!

Kaka arremetió contra lo inconcebible. Superada por el hedor de la sangre, Hourin gritó
desconsolada.

—¡Hourin!

El rostro pálido de Hourin se volvió blanco.

—El Rey… El Rey ya no está con nosotros.

En ese mismo momento, en el corazón del palacio, llegó el sonido de una puerta
abriéndose en la recámara de la reina.

Los soldados pasaron dentro de la habitación, su armadura estaba manchada de sangre.


El diseño de la insignia que llevaban los hombres jóvenes en su ejemplo era la de la

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constelación de estrellas, el escudo de armas de los señores provinciales.

—¡Qué descaro! —gritó Kaka—. ¿De dónde crees que eres? Dios no quiera que se permita
estar ni por un instante ante la reina y el Taiho!

El hombre de rostro joven y valiente no vaciló. Sin decir una palabra, él le tiró a Kaka
lo que llevaba en su mano derecha. Golpeó el suelo con un ruido sordo y una salpicadura
de sangre y rodó junto a los pies de Shoukei. Unos ojos amargos tenía la mirada perdida.

—¡Padre!

A todos los reyes se les prometía la inmortalidad, pero incluso un rey inmortal no podía
vivir una vez que su cabeza fuera separada de su cuerpo. Shoukei y su madre lanzaron un
grito. Se echaron sobre el diván donde Hourin yacía.

El hombre se rió.

—¿Se encuentra su padre, y su marido, con un semblante aterrador? —les preguntó


amargamente.

Kaka lo miró a la cara.

—¡Marqués Kei! —Se corrigió dirigiéndose a él más rudamente por su nombre—.

¡Gekkei! ¡Maldito bastardo!

Gekkei, señor de la provincia de Kei, bajó la voz y dijo fríamente:

—El Rey de Hou ha sido derrocado. Ha llegado el momento en que la reina y la


princesa lo acompañen en ese papel.

—¡¿Qué estás diciendo?! —le imploró Kaka. Aferrándose al brazo de su madre, Shoukei
temblaba violentamente.

—El rey promulgó leyes crueles y oprimió a su pueblo, y la reina, que ejecutó a los
ciudadanos sin culpa no lo criticó. Les deseo que sepan algo sobre ese sufrimiento.

—El rey… el rey no hizo más que lo que era bueno para sus súbditos.

—¿De qué sirven las leyes que recompensan a un niño con la muerte por robar una hogaza
de pan? Un niño jadeando bajo el peso de la pobreza, ¿al no tener otro lugar a dónde acudir?
¿O de las leyes que trataron un pago de impuesto se trataba como un crimen capital? ¿O

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leyes que esclavizan a un hombre y lo condenan a muerte cuando él cae enfermo y no puede
tirar su carga? Lo que usted está sintiendo ahora no es nada en comparación con los horrores
experimentados por la gente.

Gekkei hizo un gesto con la mano. Desde la parte posterior de la falange, un soldado
corrió hacia Kaka y arrancó a Shoukei de sus brazos. Shoukei gimió. Su madre lloró
amargamente.

—Envidiaba a otras mujeres su belleza y sabiduría. O más bien, temía que sus hijas podrían
tener más talento que el de la suya. Inventó crímenes imaginarios, calumnias, y ahora resuena
la tierra con cantos fúnebres. ¿Puede comenzar a comprender el dolor de esas familias, como los
cadáveres de sus seres queridos fueron arrojados frente a ellos?

—¡Bastardo! —Kaka le escupió.

Gekkei ignoró el insulto. Se volvió hacia Shoukei, se retorcía en las garras de los
soldados.

—Pagarás con la atención de esto, jovencita. Tu familia miserablemente te ha aislado


de las escenas del crimen. ¿Tienes la menor idea de lo que es una ejecución en realidad?

—¡Basta! Por favor… ¡Madre!

Shoukei gritaba pero ninguna alma se movía, el corazón no se movía en ese lugar.
Jadeante, con los ojos muy abiertos, miraba cómo Gekkei blandió la espada. Incapaz de mirar
hacia otro lado, incluso en el instante del impacto, Shoukei fue testigo del mismo momento en
que la vida de su madre dejó su cuerpo.

Un grito congelado estaba en su rostro, su boca, jadeando un llanto sin palabras en el aire
vacío, la cabeza cortada de su madre rodaba hacia la cabeza del Rey Hou Chuutatsu.

En ese momento, Shoukei no podía parpadear, no podía hablar. Gekkei le lanzó una
mirada desinteresada y se acercó al diván, donde Hourin estaba descansando. Hourin lo
miró con los ojos en blanco.

—Quiero que entienda, así las dos generaciones de la desesperación que sufre el pueblo,
porque éste es el príncipe negro que usted eligió.

Hourin lo miró con dureza y en silencio asintió con la cabeza. Gekkei se inclinó con

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respeto. Luego, levantó la espada sobre su cabeza.

El Rey de Hou Y el Touka Hourin. Así fue la dinastía del Reino de Hou dibujó un fin.

Shoukei observó atónita cómo los cuerpos nacían a la distancia. No, decir que ”vio”, tal vez
sólo significaba que la imágenes continuaban delante de su vista. Ella probablemente no
entendía nada de lo que estaba viendo.

Se sentó distraídamente en el suelo. Gekkei, de pie ante ella. Ella alzó los ojos, desde la
punta de los dedos del pie a la parte superior de la cabeza.

—Son Shou, la hija del Rey de Hou, tu nombre será eliminado del Registro de los
Asistentes.

Shoukei miró la cara de Gekkei. La realidad de la muerte de su madre todavía no se había


hundido. Ahora, encima de todo lo demás, perdía su lugar en el Registro de los Asistentes.
Eso significaba que su cuerpo una vez más comenzaría a envejecer normalmente. La idea la
aterrorizaba. Su nombre había sido inscripto en el Registro por lo menos hacia treinta años.
¿Cómo se suponía que viviría ahora?

—No, por favor. No eso.

Gekkei la miró con una expresión de lástima.

—Si te dejo aquí, de esta manera, la gente seguramente querrá venganza. Voy a entrar
en el censo de una pequeña provincia. Serás despojada de tu condición social y de tu lugar en
el Registro. Tu nombre será cambiado. A partir de ahora te mezclarás con la gente común como
los demás.

Con eso, Gekkei se dio la vuelta para marcharse. Shoukei lo llamó:

—¡Máteme también! —sus uñas excavaron el suelo—. ¿Cómo voy a vivir? —Gekkei no se
dio la vuelta. Shoukei agarró el brazo del soldado—. ¡Esto es demasiado cruel!

En una esquina del complejo Palacio Youshun estaba el castillo Godou. El señor de ese castillo
fue Hakuchi, o el “Faisán Blanco”. Porque Hakuchi cantó solo dos veces en toda su vida, era
conocido como Ni-sei, o “Dos Voces”. La primera fue “El rey está en su trono”. La segunda
fue, “El Rey ha muerto”. Por esa razón, también era conocida como la última palabra.

Cuando Hakuchi del castillo Godou pronunció la última palabra, cayó muerto. Gekkei cortó

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sus pies.

El sello imperial tenía un poderoso encanto. Como una de las insignias imperiales, sólo el
rey podía usarlo. Cuando el rey murió, los grabados en los sellos se suavizaron, lo que garantizaba
su silencio hasta que hubiera un nuevo rey en el trono. Sin el sello imperial, ni las leyes ni
las proclamas tendrían ninguna autoridad. En su lugar, uno de los pies del Hakuchi se utilizaría en
su lugar.

Durante la regencia de los ocho señores provinciales, un solo documento fue sellado con
la huella del pie del Hakuchi. A saber, que el nombre de la princesa Son Shou sería eliminado
del Registro de Asistentes.

Pasaron tres años.

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Capítulo 3
En la parte superior del cielo, hay un océano llamado “El Mar de las Nubes”. El Mar de las
Nubes divide al mundo del que está más arriba del de abajo. Desde abajo, nunca podría
decirse que el Mar de las Nubes está ahí. Si está en el pico de una alta montaña, es posible
percibir que el azul translúcido de la amplia extensión de los cielos, es, de hecho, la mayor
profundidad del Mar de las Nubes. Pero muy pocos son capaces de ascender a tal altura.

Sin embargo, es entendido por casi todos los pueblos que en la parte superior del cielo
hay un mar llamado el Mar de las Nubes y que separa al cielo de la tierra.

En el mar se extendía una sola banda de nubes. La banda de nubes fluía hacia el este, brillando
en un arco iris de colores. Este era el Zui-un.

En una calzada de arroz en una granja de una pequeña colina destartalada, una joven
estaba cortando las malas hierbas. Se dio cuenta de las nubes.

—Mira, Keikei. Es el Zui-un —Rangyoku se secó el sudor de la frente y alzó la mano, mirando
el cielo de verano deslumbrante.

El niño a su lado, recogía la hierba cortada, siguió la mirada de su hermana mayor y miró
con asombro. Vio que unas hermosas nubes se extendían por el cielo del sur.

—¿Ese es el Zui-un?

—Aparece cuando un nuevo rey entra al Palacio Imperial. El Zui-un es el medio de las
nubes que acompañan las buenas nuevas.

—Ah —dijo Keikei, mirando al cielo. Como hermana y hermano miraban el cielo, uno o
dos a través de los arrozales, también ocupados cortando el césped del verano se detuvieron y
miraron también.

—¿Un nuevo rey viene?

—Debe ser. Ese mal rey que murió antes y ahora el nuevo gobernante ha llegado. Desde
el Monte Hou, el rey irá al palacio de Gyouten.

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La gente no tenía mucha lástima por el rey caído. El rey había sido un dios para ellos,
pero todo indicaba que este rey, ahora divino, los bendiga con el más sabio gobierno.

—El Monte Hou es el hogar de las diosas. Es el centro del mundo.

—Eso es cierto. Has estudiado bien. Keikei


infló su pecho un poco.

—Sí. Monte Hou es donde los Taiho nacen. Los Taiho son Kirin. Kirin es el único que
puede elegir al nuevo rey —Keikei de nuevo se echó hacia atrás y miró hacia el cielo.

—La diosa del Monte Hou es Heki… Eh, Hekki…

—Hekika Genkun.

—Cierto, cierto. También conocida como Hekika Genkun Gyokuyou-sama. Y en medio


del Monte Hou está el Monte Ka, donde la Diosa número uno vive, Seioubo, la Reina Madre
del Occidente.

—Muy bien.

—Tentei vive en el Monte Hou. Él es el Dios Señor de los Cielos. Vela por todos y todo el
mundo —el muchacho miró hacia el cielo. El Zui-un dejaba un rastro mientras se dirigía hacia el
este. Y añadió: —Es el rey que el que gobierna al reino. Si el mal rey se ha ido y uno nuevo ha
llegado, ¿significa que podemos volver a casa, ahora?

Espero que si, pensó Rangyoku, abrazando a su hermano con fuerza. Al igual que

muchos de los que estaban en la calzada de arroz, el signo de la esperanza de Zui-un despertó
en su corazón.

Las leyes de la miserable Reina anterior de Kei, Jokaku, había traído al reino a la ruina. En
sus últimos días se había ordenado la expulsión de todas las mujeres. Rangyoku no tuvo más
remedio que tomar a su hermano de la mano y comenzar a caminar hacia la frontera.
Muchas mujeres jóvenes fueron escondidas por sus familias, o se vestían como hombres, o
soldados y oficiales de gobiernos fueron sobornados con grandes cantidades de dinero. Su
madre hizo todo lo posible para protegerla, pero ella murió en pleno invierno durante una ola
de frío que afectó a la provincia de Ei.

El reino en caos, su madre muerta y ser expulsada de Kei, decidió huir a otro reino, a través

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del mar. Personas como ellos, desterrados o que escapaban de la devastación del reino y la
ruina, corrían por las calles. A mitad de su recorrido, observó la bandera de señalización de un
nuevo rey volando sobre el Rishi, el santuario de la ciudad Riboku.

El Ouki o el Estandarte Imperial era el de un dragón subiendo con fuerza en el aire

contra un fondo negro y la constelación de un sol naciente y la luna.

Muy aliviada por la promesa de paz y prosperidad, Rangyoku tomó de nuevo a su


hermano de la mano y se dirigió hacia su ciudad natal. Pero algo extraño estaba pasando. Cuando
un nuevo rey era elegido, el Ryuuki, la bandera del dragón volador, era izado sobre el Rishi.
El Ouki se planteaba cuando un rey formalmente accedía al trono. Rangyoku no recordaba
haber visto el Ryuuki. Cuando preguntó a su alrededor, de hecho, el Ryuuki no se había
planteado. Además, algunos Rishi estaban volando el Ouki y otros no.

Los viejos tiempos era sospechosos. Si el legítimo rey había accedido al trono, las
calamidades naturales hubieran parado. Pero no pasó. Para empeorar las cosas, la guerra
estalló sobre si éste era el legítimo rey o no. Aquellos que vivían lejos de la capital no tenían
manera de saber qué lado iba a ganar o qué lado debía ganar.

Abundaban los rumores de que el rey era un impostor y de que el verdadero rey se había
levantado en su contra. Y luego la elevación del Ryuuki. Y el Zui-un estirándose hacia el este.
Sin lugar a dudas, el verdadero rey había llegado.

Rangyoku vio como el final de la cola del Zui-un desaparecía en el este. Ella dijo:

—Esperemos que este rey bendiga nuestras vidas con la buena fortuna.

Todos los reunidos en las calzadas de arroz bajaron la cabeza y pronunciaron la oración
al fugaz Zui-un.

La capital del Reino de Kei, Gyouten. La ciudad se extendía en terrazas en las tierras altas y
montañosas. En la parte occidental de la ciudad estaba la inmensa montaña escarpada. La
cima de la montaña penetraba las nubes. Esta montaña, llegando hasta el Mar de Nubes y más
allá, se llamaba el Monte Ryou’un, también conocido como el Monte Gyouten. En su apogeo se
encontraba el Palacio Imperial. El Palacio Kinpa era la casa del rey del Reino de Kei, El Rey de
Kei.

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Si pudiera estar por encima del Mar de las Nubes, Gyouten sería una isla flotante en medio
de un océano. En los acantilados con pendientes con picos elevados, por niveles, que se
adentraba al aire, había varios edificios que se adjuntaban en la totalidad del Palacio Kinpa.

Una tortuga gigante estaba sentada en la orilla occidental del Monte Gyouten (Isla
Gyouten, si lo desea). Esta bestia divina había llevado en su espalda al rey desde el Monte
Hou. Su nombre era Genbu.

Los ministros del Rikkan estaban alineados a lo largo del puerto para saludar al nuevo
Rey. Los que vivían en el mundo sabían que por encima estaba Genbu, cuyo vuelo salía de la
pista del Mar de las Nubes, llamado Zui-un para los que vivían abajo.

Bajo la atenta mirada de los ministros, Genbu extendió su cuello escarpado, varándose. En
nuevo rey subió a la orilla y allí saludó al Chousai, el Ministro en Jefe. Un suave suspiro seguido
por muchas de las personas de ahí, sus cabezas se inclinaron, y sus frentes tocaron el suelo.

Kei era un reino sumido en el caos debido a que el trono durante tanto tiempo había estado
vacante. En particular, esas últimas tres generaciones habían visto una sucesión de gobernantes
de corta duración, todos ellos mujeres. Incluso la impostora que le seguía, era una mujer. Y
ahora, el nuevo Rey también.

Kaitatsu es una palabra única para la gente de Kei. Hace mucho tiempo, un rey

gobernó Kei durante más de trescientos años. Su nombre era el Rey Tatsu. Kaitatsu significa
“nostalgia” (kai) para el Rey Tatsu. Hacia el final de su reinado, el rey Tatsu causó todas
clases de penurias a su pueblo, pero al menos por trescientos años habían sido gobernados en
paz y con prudencia. Kaitatsu reflejaba el anhelo del gobierno ilustrado de un rey de larga
duración. Esta fue la razón por el suspiro furtivo.

Suficiente con las reinas. Sería bueno tener un rey nuevo.

Este sentimiento fue expresado a escondidas, no para que otros no escucharan, sino
para expresar que no eran poco en número y la suma de sus reacciones equivalía a una expresión
más pública de su consternación.

Sin embargo, ese día el Estandarte Imperial fue levantado sobre el Rishi de Kei. En el Reino
del Este de Kei, un nuevo monarca accedió al trono. La era de la Reina Youko de Kei, la dinastía
Sekishi (Niña Roja), había comenzado.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Parte I

Capítulo 4

Hay una montaña en el centro del mundo llamada Monte Hou. Una Diosa con el

nombre de Gyokuyou, gobierna ese lugar santo. Por el respeto y afecto de la posición de
Gyokuyou, muchas chicas llevaban el nombre de ella.

En el cuadrante noroeste del mundo, en el oriente del Reino de Hou, en la provincia de Kei y
la comarca de Han, había una chica llamada Gyokuyou.

—¡Gyokuyou!

La brisa de otoño llevó lejos el grito. La chica levantó la cabeza desde el medio del campo
de hierba seca. Una mueca apareció en su cara cuando enderezó su adolorida espalda, y
también porque no le gustaba ese nombre.

Ella había tenido una vez un hermoso nombre: Shoukei. No uno desgastado, como la
docena de Gyokuyou en nombre.

Hacía casi tres años, manchada con la sangre de su madre y su padre fue retirada del
Palacio Imperial y enviada a la aldea de Shindou. Una vez tuvo la apariencia de una

perla, pero ahora estaba dorada y con pecas por el sol. Antes de cara rechoncha como el
melocotón, ahora, las mejillas hundidas. Los huesos se destacaban en sus dedos al igual que los
tendones de las piernas. El sol le había blanqueado el pelo azul oscuro a un gris ceniciento.
Incluso sus ojos de color violeta habían perdido su brillo, volviéndose de un color púrpura
fangoso.

—¡Gyokuyou! ¿Dónde estás? ¡Respóndeme!

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Al escuchar la voz chillona, Shoukei se puso de pie.

—Estoy aquí —abrió los tallos de la hierba con las manos, mostrándose.

Ella sabía a quien pertenecía la irritante voz en cuanto vio su rostro. Era Gobo.

—¿Cuánto tiempo tardarás para tener la cosecha de la hierba? Los otros niños ya regresaron.

—Ya estoy terminando.

Gobo se abrió paso entre la hierba alta. Echó un vistazo a los paquetes de tallos que
había reunido Shoukei y resopló.

—Seis fardos, de hecho. Bastante pobre es eso.

—Pero…

Gobo soltó de su garganta tan pronto como la primera palabra salió de su boca.

—No hablaré de nuevo por ti. ¿Quién te crees que eres? —Bajó la voz— No eres más que
una huérfana, que no se te olvide.

Como siempre, Shoukei se mordió el labio. No, no podía olvidar ni por un instante. Gobo
no dejaría pasar un día sin echar una calumnia, dos o tres. No podía olvidarlo aunque
quisiera.

—¿Qué tal si te esfuerzas honestamente por una vez? Yo no creo que tenga que
recordarte que si dejas al gato fuera de la bolsa, la gente de este pueblo tendrá tu cabeza
en una bandeja.

Shoukei se mordió la lengua. Cualquier respuesta que diera a la vez tendría una réplica
de esa voz áspera.

—Está bien —dijo humildemente.

—¿Qué es eso?

—Gracias por todo lo que has hecho por mí. Una


mueca vino a los labios de Gobo.

—Otros seis fardos. Trabaja hasta la hora de cenar si es necesario. Y si llegas tarde, pasarás
hambre.

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—Sí.

El sol del otoño ya estaba bajo el cielo. Por supuesto que sería imposible reunir seis fardos
más de hierva antes de la cena. Gobo olfateó para si misma y salió, abriéndose paso de nuevo
a través de la hierba. Mirando brevemente la parte posterior de Gobo, Shoukei agarró la
manija de la hoz a sus pies. Sus manos estaban abundantemente melladas y arañadas por
la hierba, sus dedos cubiertos de lodo. Shoukei había sido llevada a la Provincia de Kei y
registrada en los libros de ese remoto pueblo en la montaña. La historia era que sus padres
habían muerto y había sido enviada al rike local, una especie de casa que acogía a los huérfanos
y a los ancianos de varios pueblos de los alrededores. Gobo era la directora de la instalación.

Además de Gobo, había nueve niños y un anciano. En un primer momento, Gobo y los
demás habían sido amables con ella. Sin embargo, los niños hablaron sobre cómo murieron
sus padres. Mucha amargura estaba dirigida contra el rey muerto. Shoukei no podía participar,
sólo podía bajar la cabeza y morderse la lengua. Cuando se le preguntaba acerca de sus padres,
no podía pensar en una buena manera de responder.

Por otra parte, haber nacido de la riqueza y el poder, no sabía nada de la vida rural. No
tenía sirvientes. Ella había sido repentinamente echada a un ambiente que nunca antes había
visto, en el que labraba la tierra con el sudor de su frente y cosía su propia ropa con sus propias
manos. Ella difícilmente distinguía su mano izquierda de la derecha. Después de haber vivido una
vida en un capullo, era difícil acostumbrarse a la vida del orfanato. Se encontró alejada de los
demás. Ella era tan inútil, le decían, ni siquiera sabía cómo usar una azada. No podía explicar que
ella nunca había visto una asada antes, ni siquiera tocó una.

De acuerdo con su actual registro de censo, los “padres” de Shoukei vivían solos en un
bosque de una montaña no muy lejos de Shindou. Eran Fumin, itinerantes que habían dejado
sus hogares y no fueron vinculados a ningún municipio. Los Fumin eran a menudo los
apostadores, delincuentes o “reclusos” como sus “padres”. Discretamente se ganaban la vida en
las montañas cerca de Shindou como carboneros, vagabundos, sin vínculos con la tierra o
cualquier propiedad.

Habían sido ejecutados.

El verdadero padre de Shoukei, el Rey de Hou Chuutatsu, había promulgado infinidad de

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leyes y decretos ordenando el retorno a sus tierras a los Fumin y que se registraran.
Rechazando las obligaciones con el rey, rechazaban las leyes santas. El crimen y la
corrupción enconaban a los Fumin. Su vida indisciplinada socavaba la ciudadanía en posición
vertical y alentó los crímenes. El rey les imploró una y otra vez para volver a sus hogares y
reanudar sus medios de subsistencia adecuados. Lo que no se pudo esperar era que escaparan
del castigo.

Gekkei, el hombre que le había causado esa situación a ella, que había registrado a Shoukei
como hija de esa pareja. Su hija anteriormente a cargo a un orfanato en un pueblo lejano,
supuestamente había sido trasladada ahí justo antes de su muerte.

Pero Gobo había visto de alguna forma a través de la mentira. La chica que le habían
confiado al orfanato no era otra que la supuesta hija muerta de Chuutatsu. Un día, ella le había
dicho a Shoukei:

—Si este es el caso, entonces debes dejarme saber todo sobre eso. Esta vida debe de ser
tan difícil para ti.

Shoukei había llorado. Una vida dedicada al cultivo de alimentos y la cría de animales era
de hecho una molestia.

—Sólo suponiendo que la princesa está viviendo aquí en los palos, vestida con
harapos. Ella, que antes se la conocía como la más brillante en Hoso. La joya de la corona.

Shoukei hundió la cara entre las manos y Gobo continuó con su voz suave y
persuasiva:

—Un conocido mío pasa a ser un rico comerciante de la capital de la provincia de Kei. Él
lamenta profundamente el fallecimiento de nuestro difunto rey.

Shoukei no pudo aguantar más. Su vida nunca iba a ser como antes, pero la
promesa de mejorar las cosas aunque sea un poco, de ser rescatada de esa existencia sucia, la
atrajo a bajar la guardia.

—Oh, Gobo, por favor, ayúdame —Ella rompió en llanto—. Gekkei, el marqués de Kei,
asesinó a mi madre y a mi padre y me abandonó en este destino. Él me odia.

—Justo lo que pensaba —Pero el hielo y el acero estaba en su voz. Shoukei levantó la

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cabeza sorprendida. Gobo le dijo: —Tú eres la hija de ese monstruo.

Shoukei podía oír a Gobo apretando los dientes y se dio cuenta de su error.

—Él mató a la gente como si fueran insectos.

Fue porque la gente rompía las leyes, quiso replicar Shoukei, pero estaba demasiada
intimidada para hablar, se tragó las palabras.

—Él mató a mi hijo. Y todo porque le dio pena que ejecutaran a un niño y le lanzó

una piedra al verdugo. Sólo por eso, fue condenado y sentenciado a muerte por ese chacal.

—Pero… era…

—¿Así que crees que estuvo bien que lo ejecutaran? Shoukei


sacudió violentamente la cabeza.

—No, yo no sabía nada al respecto. Yo no sabía nada de que mi padre hiciera esas cosas por
el estilo.

De hecho, Shoukei estaba completamente a oscuras en cuanto a lo que su padre y madre


habían hecho. Protegida en el corazón del palacio, rodeada de riquezas y fortuna, había asumido
que el resto del mundo era de la misma manera. No fue hasta que los soldados se habían
reunido en la ciudad debajo del palacio y la confusión había rasgado el aire que no se le podía
ocurrir que alguien podría siquiera odiar a su padre.

—¿No lo sabías? ¿Me estás diciendo que crea que una princesa real no tenía idea de lo
que estaba pasando dentro de la corte imperial? Todo el reino se llenó hasta el tope de protestas
y lamentos por los difuntos, ¿y tú no oíste nada?

—Honestamente, no lo sabía.

—¿Viviste una vida desvergonzada sin tener una mínima idea de dónde venía la comida
que llenaba tu peque y sucia boca? De la gente de este pueblo, a partir de ahí.

¿Quién no, a pesar de todas las cargas previstas en la espalda, mantenía sus manos a la obra y
ponía al día de un trabajo honesto, después de otro?

—¡Te lo digo! ¡Yo no sabía nada de eso!

—¡Pensar que todos trabajaban para alimentar a gente como tú!

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Una punzada de dolor provocó a Shoukei un nuevo sentido. Ella lastimó su dedo con
uno de los dientes de la hoz.

—¡Ay! —dijo. Había dolor en su corazón así como en su dedo—. Yo realmente no sabía lo
que estaba pasando.

Gobo no ocultó su odio. Los otros niños en el orfanato y la gente en el pueblo


parecían no agradarles en cuestión de poco tiempo. Tuvo que trabajar tres veces más duro
que los otros niños, ella siempre era la última, de hecho, y todo el mundo la llamaba estúpida.

—¿Qué he hecho yo para ellos?

Ella realmente no lo sabía. Su padre y su madre nunca le habían concedido una


audiencia en la corte imperial. Nunca la dejaban salir del palacio. No había ninguna manera
de que ella supiera qué tipo de lugar era el reino.

Le llevó tres viajes para transportar los fardos de hierba. En el momento en que lo hizo, por
último, las sombras caían en el camino. La hora de la cena en el orfanato había terminado.

—¿Dónde has estado, llegando a esta hora?

Las risitas de las otras chicas en el orfanato cayeron sobre sus orejas. Gobo la miró con ojos
fríos.

—Como he dicho, si no has llegado a tiempo, no hay comida para ti.

Shoukei se mordió el labio. Tres años habían pasado desde que llegó a vivir ahí. Ella
llegó a soportar sus circunstancias de pobreza, su atuendo humilde. Pero una cosa que nunca
hizo era pedir algo de comer.

—Esa es la forma en perezosa y tonta de Gyokuyou.

—Todo el mundo sabe que es una aprovechadora.

Las calumnias resonaban en sus oídos, Shoukei se arrastró fuera de la sala del
comedor.

El patio estaba bañado por la luz de la luna de la cosecha. Los niños fueron
divididos entre las habitaciones a cada lado del patio, las niñas, por un lado, los niños, por el
otro. Shoukei vivía con el resto de las chicas de las habitaciones de la parte derecha del
patio. Ese corto período de tiempo antes de que los demás regresaran a sus habitaciones

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constituían los pocos minutos de relax que tenía para sí misma.

Shoukei miró la hilera de camas vulgares, las pequeñas mesas y las sillas que crujían, y
cerró los ojos.

Todo es como un sueño.

En el palacio, le habían dado el largo de un edificio, aunque pequeño. Una cama grande,
de lujo. Muchas de las habitaciones, muchas. Un jardín bañado por la luz del sol donde las flores
florecían y cantaban los pájaros. Damas de honor, músicos y bailarines a su disposición.
Vestidos de seda y joyas. Sus compañeras de juego eran las hijas brillantes y elegantes de los
señores y ministros.

Se deslizó bajo el fino futón. El futón estaba húmedo y frío. La estación fría se
acercaba a la parte norte del país.

Sus padres habían sido asesinados, sus cabezas cayeron de sus cuerpos. Ese carnicero
Gekkei lo había hecho. En lugar de entregarle esa existencia miserable, ¿por qué no la había
matado? Porque él quería que ella viviera un tormento.

Shoukei volvió a cerrar los ojos.

Estaría muy bien para ella si no despertaba de nuevo.

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Capítulo 5
En el cuadrante suroeste del Reino de Sai. En la provincia de Ho y en el condado de Jin, hay una
montaña que va más allá de las nubes. Se llama Monte Ha.

En la montaña se encuentran los palacios del Rey y el de los señores provinciales. Aparte
de esos edificios, toda la tierra que abarcaba hasta la base de la montaña se consideraba el
Jardín Imperial. Todo le pertenecía al rey. Los jardines del rey, la villa del rey, el mausoleo del
rey. Sin embargo, el propio Monte Ha era dado a una mujer por un rey que se había
pronunciado muchas generaciones antes. La mujer que recibió este infeudación estableció su
residencia en el lado de la montaña cerca de la cumbre. Se lo conoce como Suibi, la Cueva Verde
Delicada.

La mujer que vivía ahí era una hechicera. También de acuerdo con el decreto del rey (su
nombre póstumo era Fuou) había sido investida como asistente. La gruta o cueva de la asistente,
es el pico del Monte Suibi Ha. Es, por lo tanto, conocida como Señorita Suibi. Su nombre es
Riyou. Ella había sido la amante favorita del Rey Fuou.

Era el amanecer. Riyou estaba de pie en la puerta de la gruta. A pesar de que tenía siervos,
su vida era solitaria. Buscaba la compañía humana en las ciudades cercanas a la montaña, pero
cuando es prácticamente inmortal y nunca envejece, hay poca gente que pueda hacer un

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vínculo con ella. Podía contar con los dedos de una mano a la gente que realmente conocía, y
todos ellos eran asistentes, también. Ella era de salir de la gruta para ir a visitarlos.

Suibi bajó la mirada hacia el lejano mundo de abajo. Ningún ser humano podría escalar
los acantilados hasta el fondo de la entrada de la gruta. Riyou tomó las riendas de su tigre
volador. El nombre del tigre era Setsuko, otro regalo del difunto Rey Fuou. Con su tigre
volador, podía entrar y salir de la puerta delantera. Había túneles por los cuales podía bajar la
montaña de pie o a caballo, pero la idea de entrar a hurtadillas a través de pasadizos secretos
donde el sol nunca brilló era una afrenta a su dignidad.

—Por favor, regrese pronto.

Sus sirvientes hacían fila en la puerta de la entrada de la cueva para despedirla. Se


arrodillaron en el suelo y se inclinaron en conjunto, con la respiración soplando el blanco y
pálido aire del descenso. Mirando por encima de la escena, Riyou entrecerró un poco los ojos.
Eran doce en total.

—Ustedes siempre están con la moral muy alta cada vez que me voy a alguna parte

—una sonrisa sardónica apareció en sus labios—. ¿Deben de estar tan feliz de que me voy?
Bueno, supongo que este viejo gato molesto está lejos de dar a los ratones más espacio para
jugar.

Riyou se rió para sus adentros. Sus sirvientes no respondieron, encorvados como los
pájaros acurrucados contra un viento de invierno. Los ojos de Riyou se posaron en una chica.
Aparte de ser la más joven de los siervos, no había nada excepcional sobre ella. Su nombre era
Mokurin, aunque nunca Riyou se dirigió a ella con ese nombre.

—Si ustedes no desean que regrese, ¿por qué no ser honestos sobre eso? ¿No te parece,
Honma?

Tonta, eso quería decir el apodo. Riyou se dirigió a ella con una sonrisa burlona en

los labios de color rojo rubí. La niña levantó tímidamente los ojos, unos ojos que parecían
demasiado grandes en su cara delgada. La sonrisa de Riyou se reflejó en sus grandes ojos.

—Tú realmente no quieres que yo vuelva, ¿verdad?

La chica negó con la cabeza como si se ofendiera por ese pensamiento.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Todos nosotros humildemente esperaremos su retorno. Por favor… Por favor, tenga
cuidado.

—Bueno, con o sin su bendición, yo debería estar de vuelta dentro de dos semanas.

¿Estás diciendo que te gustaría que volviera antes?

La niña miró a su alrededor, confundida con la pregunta.

—Sí —dijo, echando una mirada asustada a la cara de Riyou. Riyou rió a
carcajadas.

—Pero, por supuesto. Si así son las cosas, voy a volver corriendo lo más pronto posible.
Estoy segura de que querrás hacer todo lo posible para hacer que mi regreso sea placentero.

—Sí, por supuesto.

Con eso, Riyou se volvió hacia el resto de los sirvientes.

—Entonces, ¿por qué no me elaboran algunas piedras de gyokkou? Ah, y vamos a tener las
cosas ordenadas por aquí, ¿de acuerdo? Y tiendan los jardines.

La tez de la niña cambió. Las piedras de gyokkou eran creadas en las cinco

montañas sagradas en el centro mismo del mundo. Esas piedras contenían poderes
mágicos, que, una vez preparado, se crea un tipo de vino místico. Estas no eran piedras que
simplemente se recogían y se llevaban a casa.

—¿Qué es eso? Estarás esperando con impaciencia para darme la bienvenida con los
brazos abiertos, ¿no es verdad? ¿Y qué tal un poco de pescado asado y cocido a fuego lento
sobre una joya de hierba? Debe de haber un trozo o dos por aquí. Aunque no estoy al tanto de
una sola hoja marchita en el jardín. —Riyou sonrió, sabiendo muy bien lo absurdo de sus
demandas—. Mientras estás en ello, haz otra capa de pintura en las paredes y los pilares. Una
casa recién pintada, nada me gustaría más. Y sólo porque eres lo suficientemente considerada
de preguntar, Honma.

La chica miró nerviosamente a su alrededor, a los demás. Ninguno de ellos levantó la


cabeza.

Mirando hacia ellos, Riyou ajustó su abrigo de armiño y tomó las riendas.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Bueno, no trabajen demasiado, ahora. Yo soy un ama muy indulgente. No voy a regañar
a nadie por dejar un pequeño pelo. Mientras me voy, lo dejo todo en tus manos.

—Como desee.

Los sirvientes se rasparon la frente contra el suelo, al igual que la niña, que parecía a punto
de llorar.

Riyou subió a Setsuko. Con un alarido de risa, el tigre saltó a volar por la puerta de entrada
y bajó hacia la desolación invernal del mundo de abajo.

Los sirvientes levantaron la cabeza y vieron a Setsuko navegar fuera de la vista hacia el norte.
Uno de ellos, miró por encima de su hombro a la chica.

—¡Tenías que abrir la boca tan grande!

—¿No sabes cuándo callarte?

—¡Una larga lista de imposibles! ¡Honma sembró este lío y ahora tú lo cosecharás!

—¿Qué tal enviar a la pequeña bruja a las cinco montañas? Cuando regrese, la Señorita
Suibi habrá regresado hace siglos.

Ella se encontraba entre los hechiceros también. Riyou misma era una hechicera de clase
tres. Para ser uno de sus sirvientes, había que tener el talento suficiente para figurar en el
Registro de los Asistentes, pero nada más que eso. La chica que le llamaban Honma tenía el más
bajo nivel de hechiceros.

—¡Qué lío! En medio de este frío, ¿se supone que debemos ir al Monte Ve y
desenterrar piedras gyokkou? ¿Y luego al Kyokai a pescar? Y encima de eso, ¿la hierba joya? ¿En
ésta época del año, con el invierno que se acerca? No hay nadie que pueda poner un ojo
siquiera sobre la hierba joya.

—Maldita sea todo, con su cese definitivo de la ciudad por unos días, me contaba de
tomar las cosas fáciles como para cambiar.

—Honma puede hacer la limpieza y la pintura. Eso es todo en lo que es buena,


después de todo.

Sus ojos de censura de todos cayó sobre la chica y ella huyó.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Ella corrió hacia el jardín, hacia el tronco de un viejo pino en un rincón del jardín situado contra el
acantilado. No lloró.

Cuando Riyou le habló de esa forma, ¿qué se suponía que debía responder? Si hubiera
sido cualquiera de los otros sirvientes, se habría dicho lo mismo. No era su culpa. En primer lugar.
Riyou no tenía ninguna intención de dejar que sus sirvientes aflojaran durante su ausencia. Esta
era siempre la forma en que hacía las cosas. Todo el mundo en la gruta. Todo el mundo en la
gruta ya lo sabía a esa altura.

—¿Qué es esto ahora? —dijo una voz detrás de ella. Era el viejo que hacía guardia en el
jardín—. Oh, no dejes que te afecte. Te están molestando a ti porque no tienen las agallas para
enfrentarse a ella. Todo irá bien, una vez que se salga de su sistema, Mokurin.

La chica negó con la cabeza.

—Ése no es mi nombre.

De nuevo, en ese mundo que tanto anhelaba, en donde antes se llamaba Suzu. Un monje
ambulante le había enseñado los tres caracteres chinos de su nombre japonés, Ooki Suzu. La
mayoría de las personas, sin embargo, el carácter primero y segundo mixto y porque en
chino ki (“madera”) se pronuncia moku y suzu (“campana”) se pronuncia rin, la llamaban
Mokurin. Al menos cuando no se estaba usando un término insultante como Honma, entre
otros. Ninguno era su verdadero nombre.

Su antigua casa en una colina de suave pendiente en medio de las montañas


ondulantes, los momentos de cálidas conversaciones, había perdido todo. Ya, un centenar de
años habían pasado desde que había sido arrastrada a ese mundo. El comerciante de
esclavos se la había llevado, y al cruzar el paso de la montaña en donde se cayó en una especie
de precipicio y había terminado en el Kyokai.

—¿Por qué tiene que ser así?

—Porque esa es la clase de persona que es. No te preocupes de que sea así. Después
de todo, su ser tan terco fue lo que la envió de embalaje en primer lugar. Darle esta gruta fue la
forma discreta de facilitarle el salir.

—Yo lo sé, pero…

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Suzu había sido repentinamente empujada en ese mundo, no fue capaz de comunicarse,
no tenía ni la menor idea de lo que pasaba. Y todo, a la edad de catorce años.

Desde el pequeño pueblo, junto al mar donde había sido enviada a una ciudad más grande.
Sin saber lo que iba a suceder después, ella daba vueltas aquí y allá durante unos días.
Finalmente fue llevada a una gran ciudad y fue entregada a un grupo de artistas
ambulantes.

Había pasado poco más de tres años en su compañía. Para Suzu, era una falta de
definición sólida en la incomprensión. Visitaron ciudades de aquí para allá, altas y bajas, se
reunía mucha gente, mucha más. Todo lo que se reunía estaba separado de alguna manera con
una distancia muy grande de la tierra que conocía. Había montañas que atravesaban los
cielos, ciudades rodeadas de altos muros, costumbres extrañas y más costumbres, una lengua
extraña. Todo estaba mucho más allá de su alcance. Esa fue la conclusión a la que fue obligada a
llegar.

Con cada nueva ciudad, Suzu albergaba nuevas esperanzas de que, por algún
accidente feliz, ella se encontrara con una persona que pudiera entender y pudiera enviar algunas
palabras a su pueblo. Todas las expectativas se desvanecieron. Sobre el

momento en que comenzó a abandonar las esperanzas de que tal persona existiera, llegaron
al condado de Jin y allí conoció a Riyou.

En cuatro años no había aprendido ni una sola palabra de las actuaciones del elenco.
Fue consignada a la tarea de limpieza. Ella sabía porque no entendía lo que decía nadie.

No importara dónde fueran, ella no reconocía el lenguaje en que hablaban. No


importara cuántas veces la gente hablara y hablara con otras personas, nada tenía sentido.
Nadie sabía el camino a casa. Ella no tenía idea de qué hacer. Cada día terminaba con ella
en lágrimas.

La gente se reía de ella cada vez que decía que no entendía nada. Con el tiempo, Suzu
dejó de hablar con todos. Era demasiado intimidante el hablar y el que le hablen.

Por lo que era apenas razonable que se deleitara con la esperanza de que, en la

ciudad del condado de Jin, conoció a Riyou. No pasó mucho tiempo antes de que Riyou la
ridiculizara a cada paso, pero Suzu disfrutaba al menos el ser insultada con palabras que ella

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entendía.

Riyou podía comunicarse con ella porque era una hechicera. Al enterarse de que si todo el
mundo se convertía en hechicero entendería y se la entendería, Suzu rogó que la hiciera
hechicera. Ella felizmente se había convertido en su sirvienta y hacer el trabajo tan duro que
tenía que hacer. Y así, respondiendo a sus ruegos, Riyou la convirtió en hechicera.

Y ahora, desde hace un siglo, había sido prácticamente prisionera en ese lugar.

Había pensado en huir tantas veces. Sin embargo, si salía de la cueva sin el permiso
de Riyou, ella borraría su nombre del Registro de los Asistentes. Y si eso ocurría, estaría hundida
de nuevo en ese mundo incomprensible en la desgracia.

—Bueno — le dijo el anciano, dándole palmaditas en el hombro—. Será mejor volver


al trabajo. No hay descanso para los fatigados.

Suzu asintió con la cabeza, apretando los dedos fríos. Alguien, se repetía a sí misma,
alguien por favor, sálveme.

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Capítulo 6
El pálido cielo azul, era el color del invierno. Bajo los cielos de baja altitud, una conmoción
ruidosa derramaba la ciudad y serpenteaba por la ladera de la montaña. Los ecos tumultuosos
rebotaban en la torre Ryou-un, casi lo suficientemente fuerte para sacudir la ciudad del
polvo.

El nombre de la ciudad era Gyouten. Los rostros de la gente que caminaba por sus calles
eran luminosos y alegres. Ni los escombros esparcidos en la fachada destrozada ni la aparente
pobreza en el vestido de los ocupantes de la ciudad pesaba mucho en la mente de nadie. La
razón por la cual podría ser fácilmente comprensible por las banderas ondeando por todas
partes.

El diseño de la bandera era de una rama de color amarillo sobre un fondo negro.
Colgado sobre la rama había tres frutas, melocotones, según la costumbre. Una serpiente
estaba enrollada alrededor de la rama. Esta era la rama legendaria dad a cada uno de los reyes
por el Señor Dios de los Cielos en la creación del mundo.

Vistiendo todos los rincones de todos los edificios, las banderas subían la ladera, como
si mostrara a la gente el camino de los acontecimientos auspiciosos que tenía lugar en el
Palacio Imperial.

La puerta de entrada de cada casa estaba decorada con flores. Faroles de papel estaban
colgados de los aleros. De los aleros, el ojo fue dibujado hacia arriba a la alza de azulejos del
techo de la Puerta de las Tierras Altas en la puerta de entrada al recinto que albergaba el Palacio
del Gobierno.

Un nuevo rey había ascendido al trono.

El Ouki, el estandarte real que indicaba la adhesión de un nuevo rey, había volado durante
dos meses. Por fin llegó el anuncio de la coronación. La vista de las banderas, la señalización de la
llegada del gran día, era motivo de gran regocijo.

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Una multitud de personas corrían por las grandes avenidas de las Puertas de las Tierras
Altas. Dentro de la puerta, entre el Palacio del Gobierno y el Santuario Imperial (utilizado
principalmente para funciones ceremoniales) era una gran plaza. La plaza ya estaba repleta.
Dentro de las líneas ordenadas de los Guardias del Palacio de negro y armados, con los
Ministros de Estado vestidos de negro, y la hilera tras hilera de banderas ondeando, una figura
de negro apareció en la tribuna del santuario. La plaza estalló en vítores.

La Insignia Imperial que llevaban era llamada el Daikyuu. Se compone de un traje negro, un
kanmuri negro o diadema, un faldón de color rojo claro, delantal y zapatillas de color rojo
cinabrio. Y como si estuviera hecho para que coincidiera a propósito, el pelo rojo.

—Ella en verdad se convirtió en la Reina —murmuró Rakushun para sí mismo, el


reconocimiento de la persona que estaba en el centro de la habitación lujosa.

Su presencia evocaba exclamaciones de admiración de la pareja que estaba delante de él,


un hombre alto y uno bajo. El Daikyuu era el más formal de los vestidos del rey. Sus doce
insignias ornamentadas identificaban su rango supremo. Porque ella era una mujer, su kanmuri
era más pequeño. En cambio, su cabello era adornado bellamente.

El dragón bordado en su túnica era igual de elegante.

La ceremonia de coronación de la nueva reina acababa de terminar. Ella miró por encima
de su hombro y vio a Rakushun al entrar a la habitación. Una cálida sonrisa llegó a su cara.

—Rakushun —dijo. Se dio cuenta de los dos hombres junto a él, y lo reconoció con un
cortés reverencia—. Les doy la gracia por haber venido hasta aquí, Rey En y En Taiho.

Suficiente con la etiqueta, el más bajo de los dos lo dio a entender con un gesto de su
mano.

—Te ves muy bien, Youko. Estoy seguro de que los espectadores vieron lo que

vinieron a ver. Se sentirán decepcionados si no te pone en la pantalla de vez en cuando.

Además, el público en general, sabiendo que tienen una mujer como monarca podría ser útil en
caso de apuro.

Enki tenía una lengua indecorosa y una disposición completamente indiferente. Youko
sonrió. Les indicó a sus invitados a sentarse. Ellos eran el Rey En y Enki, el rey y el Taiho del

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Reino de En al norte de Kei. El nombre del rey era Shouryuu y el nombre de Enki era Rokuta. En
era el único país con el que Kei tenía relaciones diplomáticas.

—Ha pasado un tiempo, de hecho —Ella saludó formalmente a Shouryuu y Rokuta—. Por
toda su ayuda estoy muy agradecida. —Se inclinó ante la rata de pelo gris de pie junto a ellos—.
Tengo que darte las gracias también, Rakushun. Desde luego, no podría haber llegado a este
punto sin ti.

—Oh, no fue nada —Rakushun dijo con una sacudida de su cola—. Soy un simple hanjuu.
El rey no debe ceder ante la gente como yo. Te estás siendo conciente de ti misma.

Youko se echó a reír.

Ella había venido desde el otro lado del mar, de la tierra de Yamato, el lugar que ella
llama Japón. Youko nació en Japón y se había encontrado de repente pegada a ese mundo, un
mundo del que ella no sabía nada. Con la ayuda de esos tres, ella legítimamente reclamó el
trono. Una impostora con el nombre de Joei había levantado un ejército y trató al reino como si
fuera suyo. Con el Rey de En y Enki a su lado, Youko pudo suprimir la rebelión. Ella, por
supuesto, apreció todo lo que habían hecho, pero su profunda gratitud era hacia Rakushun
mucho más profunda. Implacablemente perseguida por los esbirros de la impostora,
Rakushun la había rescatado mientras estaba al borde de la muerte.

—Estoy muy agradecida contigo —le dijo.

La cola de Rakushun se agitó de un lado a otro. Rokuta no pudo resistir risitas


ahogadas derrotándolo.

—Debe de ser una cosa rara para un rey conseguir de todo esto alguna reverencia de
alguien.

—Oh, déle un descanso —dijo Rakushun, mirándola a ella. Rakushun era un hanjuu, lo que
significaba que era mitad humano y mitad bestia. En su caso, una rata. Cuando estaba en
forma de rata, era casi tan alto como un niño humano, por lo que tenía que subir la mirada—.
Sólo estoy diciendo que no tiene que darme las gracias. Es por Youko que tuve la oportunidad de
asistir a la Universidad de En, que llegué a conocer al Rey de En. Yo soy el que debe darle las
gracias.

—Eso no es algo que pueda tomar como crédito. Rokuta

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volvió a reír.

—Vamos a pensar en ello, Rakushun ha ido bastante bien por si mismo. Puede contar
con dos reyes entre sus amigos personales. Si sus compinches en la universidad lo supieran, no
podría encajar.

—Punto para ti, Taiho —dijo Shouryuu con una risa en su voz—. Pero, ¿no estás
arrastrando los talones un poco, Youko? La rebelión de Joei fue hace más de dos meses ya.

Youko sonrió irónicamente.

—A decir verdad, yo quería posponerlo por más tiempo. Los señores de las provincias
insistieron en que logre que se haga con el solsticio de invierno.

Fue el rey que calmó los cielos y la tierra, es lo que propiciaron los dioses. De los ritos y
rituales, el más importante era el Festival del Solsticio de Invierno. El papel de un rey durante el
festival de invierno era viajar a la zona sur de la ciudad y hacer ofrendas al cielo y rezar por la
protección del reino. Esta ceremonia se llamaba Koushi.

—¿Por qué aplazarlo?

Youko suspiró.

—Debido a que aún no han decidido el Edicto Inaugural.

La toma de posesión rescripto era el primer anuncio de un nuevo rey. Todas las leyes
fueron promulgadas en nombre del rey. Sin embargo, una ley no se había presentado aún a la
aprobación del rey, hasta la propuesta de la burocracia lo considerara, de los ministerios
afectados habían sido consultados, y el consentimiento del Ministro de Izquierda, el Ministro
de la Derecha, y el Guardián Señor de los Sellos Privado puedan reconocerlo.

La intención no era que el rey escriba las leyes y ejecute todo el reino por su cuenta. Los
ministros fueron designados con este propósito. Las leyes promulgadas por iniciativa del propio
rey eran conocidos como Rescriptos Imperiales.

—¿Cuál fue el Decreto del Rey En? —preguntó Youko.

—Yo he venido de arriba con lo que se le llama la regla de uno en cuatro.

—¿Y qué es eso?

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—Por cada cuatro ares (cuatrocientos metros cuadrados) cultivadas, se le dan al


granjero un are (cien metro cuadrados) de terreno por cada cuatro ares para destinarlo al

cultivo. Esto se debe a la escasez de tierras cultivables.

Youko dijo con cierto disgusto:

—Los ministros quieren que el color rojo. Dicen el color rojo debido a que la última reina
había elegido el verde.

Rokuta asintió con la cabeza.

—Estoy de acuerdo.

—¿Tú crees?

—La madera crea el Fuego. El Rojo le sigue al verde. Después de todo, la última reina
abdicó para que un reino mejor pueda suceder.

—Hay muchas costumbres que no entiendo en absoluto.

—No seas impaciente. Va a ser una segunda naturaleza para ti antes de que te des cuenta.

Youko esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza.

—Pero todo esto parece fuera de lugar. Por lo que he oído, la Inauguración del
Rescripto se supone que debe establecer claramente qué tipo de lugar se tiene intención de
convertir al reino.

—Y, sin embargo, no pueden ponerse de acuerdo cuál color es mejor.

Sí, se dijo Youko, bajando la cabeza. Una sonrisa de desaprobación llegó a sus labios.

—Todavía no sé lo que significa gobernar un país. Digo que quiero hacer un gran

reino, pero, ¿qué clase de reino es un reino grande, de todos modos?

—Es difícil de decir.

—Quiero que mi reino sea rico. No quiero que la gente de Kei pase hambre.
Supongo que si Kei fuera rico, la gente no pasaría hambre. Nací en un país rico. Pero en cuanto si
se hizo un gran país, no lo sé. Todos los que poseen riquezas pueden distorsionar un montón de
cosas.

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Un pensamiento pasó por su mente: ¿Por qué no fue un poco más interesada en la ciencia
política y esas cosas por el estilo? Yo ni siquiera, honestamente, entendí cómo funcionaba el
gobierno japonés.

Ella dijo:

—Me ha sido confiado el peso de todo un reino y no puedo comenzar a conocer la mejor
forma de equilibrar la carga. ¿Qué tan útil puede ser un rey?

Shouryuu le dijo:

—Youko, regir un reino no es fácil.

—No, no lo es.

—Pero nunca debes dejar que la gente vea la naturaleza de tus luchas.

—Supongo.

—Vas a estar bastante preocupada, con muchos problemas y muchas dificultades. Sin
embargo, desde el punto de vista de la gente, si no estamos satisfechos con nuestras propias
vidas, entonces, ¿qué valor puede tener su propia vida en comparación?

—Probablemente tengas razón.

—No tienes nada que ganar, mostrando un semblante preocupado. No importa que tan
confusa puedas estar, muestra una imagen convincente para el resto del mundo. La gente
preferirá eso también.

—Pero…

—¿Crees que puedan tener fe en un gobernante indeciso y temeroso? ¿Van a confiar


sus vidas a un rey que al parecer se encuentra rigiendo una molestia constante?

—No, en absoluto.

—Cuando uno no sabe qué hacer a continuación, en primer lugar tienes que mirarte
largamente a ti mismo. No te apresures en nada. La vida no es corta par ti.

—Pero —dijo Rokuta asomando la cabeza a la conversación—, yo digo, que cada uno a lo
suyo. Si tú consigues relajarte, Shouryuu, ahora, eso sería un problema.

—Rokuta —dijo Shouryuu con el ceño fruncido. Rokuta no

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le hizo caso.

—Es mejor tener dudas acerca de Rescripto Inaugural que no tener ninguno.

¿Quién va a confiar en un rey que se lanza fuera de los rescriptos sin pensarlo dos veces?
Cuanto menos, mejor. Por lo general, te dan un montón de edictos en el comienzo de una
dinastía, cuando pacificas un país sumido en el caos, y al final de una dinastía, cuando un reino
en paz está al borde del desastre.

—Eso tiene sentido.

—Por otro lado, Shouryuu es un entusiasta positivo rescripto. Tú no tienes


absolutamente ninguna obligación de seguir su ejemplo en alguno de esos sentidos.

Youko tuvo que esforzarse para no reír.

—Lo tendré en cuenta.

—¿Qué estás tratando de que las cosas sean fáciles por unos momentos? Los asuntos
del reino se han calmado un poco, ¿no es así?

—Por el momento —dijo Youko.

—Entonces, no te preocupes. Cuando se trata de cosas como la dirección que quieres


que tome el país, realmente no es tan complicado. Simplemente pregúntate qué tipo de vida
quieres vivir, y entonces, ¿qué clase de reino sería mejor lograr? No te apresures. Piensa en
todo el camino.

—Pero todavía me queda el Rescripto Inaugural… Rokuta se


echó a reír.

—Oh, eso. Al final, algunos reyes ni siquiera se molestan. Y otros simplemente desean
que se cuiden a si mismos y se mantengan saludables.

Youko se echó a reír.

—Estás bromeando, ¿verdad?

—Esa es la esencia de la Real Inauguración del Rescripto, es sólo el otro día.

—Increíble.

El Taiho de Kei entró en la habitación. También llevaba el traje de gala. Youko se volvió y

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le sonrió.

—Hey, Keiki. Mira, el Rey de En nos hizo una visita.

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Parte II

Capítulo 7

El Palacio Kinpa se mantuvo en un zumbido constante por la actividad de bienvenida a los


invitados de honor. Ministros y burócratas humildes correteaban tanto atendiendo a los invitados
y haciendo los preparativos para el próximo Festival del Solsticio de Invierno. Las damas de la
corte responsables por la vestimenta real también estaban muy ocupadas.

Observando todo esto, Youko no podía dejar de mover sus ojos.

—¿Y cómo desea su Alteza el pelo hecho hoy?

La pregunta fue plateada por el grupo que preparaba su apariencia personal.

—Oh, sólo atarlo a la vuelta —respondió ella. Todas sus


damas de honor fruncieron el ceño.

—¡Su Alteza, no puede saludar a sus invitados con ese aspecto!

—En efecto. Si su Alteza no tiene ninguna preferencia en particular en mente, debe


dejárnoslo a nosotras.

Cuando no la regañaban de esa manera, iban hacia su derecha organizando el


vestuario más o menos como si ella no estuviera ahí.

—¿Qué tiara de esmeralda buscas?

—¿Va con la horquilla de color rojo?

—Mira, el peine es de color rojo también. Perla sería mejor que el de rubí.

—Bueno, entonces que sea la perla.

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Youko gimió para sus adentros. No es que no le gustara ser emperifollada como ahora,
pero llevar el pelo recogido y adornarlo con joyas y adornos lo hacía muy pesado. Y con todo el
asunto no tenía ganas de estar a punto de caerse, por los dobladillos largos de sus ropas que le
daban la movilidad de una tortuga. Eso la estaba volviendo loca.

—Vayan adelante y atenlo atrás. Y voy a estar bien con la camisa. Todas la
miraron.

—¡Oh, usted no puede estar hablando en serio!

Youko se entregó a otro gemido. En cualquier caso, para alguien como ella, se crió en lo
que para ellos era un país extranjero, estas no eran las ropas definitivamente para caminar. Su
vida antes de su coronación se había aproximado casi a la de un vagabundo. En ese momento, lo
mejor que podía esperar era una hakama, una túnica corta y de tela gruesa. Casi una ganga de
la moda. Después de haberse acostumbrado a ella, sin embargo, no podía acostumbrarse a
los conjuntos que tenía el dobladillo de su túnica arrastrando por el suelo detrás de ella.

Incluso un kimono de estilo japonés no era tan malo. Ella


suspiró.

En términos básicos, la ropa de hombre se basaba en houkin, las mujeres en el

jukun. El houkin consistía en un kimono ligero (kin) que se lleva debajo de una camisa o túnica
(hou). Nunca se solía usar sólo el kin, siempre el hou sobre él. El jukun era un vestido más
tradicional, algo así como una blusa y una falda cruzada. El ju era la blusa y el kun era la falda.
Pero una mujer no se consideraba presentable si sólo llevaba la blusa y la falda. Ella nunca salía
de casa sin ponerse una prenda exterior, como un chaleco o una ropa holgada.

Toda la ropa se producía en variedad de estilo de nombres diferentes. En pocas


palabras, cuanta más rica era una persona, mayor sería el ruedo y la manga, y el ajuste de lo
más generoso. La tela siempre era de la más alta calidad. La ropa que llevaban los pobres era de
más corta longitud y más fuerte en el ajuste con el fin de economizar. Habiendo crecido en
un ambiente muy diferente, Youko encontraba preocupante que se notara a simple vista la
situación económica de una persona.

No había un sistema de clases trabajando mucho ahí. La presencia (o ausencia) de un


símbolo de estatus en particular hizo toda la diferencia en el estilo de vida. Los ministros

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del gobierno y los administradores se diferenciaban con el largo y ancho de las mangas de las
túnicas de los plebeyos, llamados chouchou, o “abrigos largos”. Se referían a su propia
vestimenta como togs (hou), mientras que la elite se denominaba Houshi. Así eran las
distancias que delimitaban las clases.

La ropa que Youko llevaba significaba la autoridad de su cargo. Sus costuras debían
de ser largas, sus ropas en gran manera, de tal manera que se arrastraran por el suelo. Las
mangas de su vestido, así debían de ser de ancho y de largo. Por encima de todo, una capa tras
capa de kimono. Las capas también indicaban su cargo. Eso sólo se hacía bastante insoportable
de una masa, por no mencionar el talismán de tela al que tenía que aferrarse, obidama y
collares y adornos, y en el pelo, un montón de peines y horquillas presionando hacia abajo su
cabeza.

Si eso no era suficiente, trataron de perforar sus orejas para que pudiera llevar
pendientes. Ella mintió y dijo que en Japón tener las orejas así era de delincuentes. Se lo
tragaron.

—Lo simple es mejor —afirmó—. Después de todo, el Rey de En es uno de nuestros


invitados.

Su doncella frunció el ceño.

—Precisamente porque el Rey de En está presente, no quiere ser vista así. Usted no
querrá mirar a todos sin gracia en comparación con el monarca de un reino tan
espléndido ahora, ¿verdad?

—Y además, el Rey de En es un guerrero.

Una sonrisa de dolor vino a los labios de Youko.

—Me resulta difícil entusiasmarse con este atuendo con volados. Me temo que si es así la
parte superior habrá que posponerla.

Al menos, esa es la opinión de la que voy a estar segura.

Sus damas de honor estaban todavía tratando de encontrar un peine que fuera con su
pelo, y esta declaración dejó un aspecto tan abatido que Youko se echó a reír.

—Miren —les dijo—, yo no estoy hablando de ponerme un togs, pero, ¿no podemos

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comparar las cosas un poco?

Cuando le contó al Rey de En, Shouryuu, de eso más tarde, él se reía a carcajadas.

—Es una vida dura, ¿no es así, Youko?

—Prefiero el Palacio Gen’ei. Ahí entienden.

Cuando se convertía en rey, un rey no podía andar en togs. Sin embargo, en mayor parte, el
aspecto de Shouryuu era más claro que el ministro de medios de Kei.

Rokuta se apoyó en la barandilla del mirador y frunció el ceño.

—Oh, vivir con eso —dijo—. Ha estado luchando por trescientos años. Lo que
estamos viendo ahora son los frutos duramente ganados del compromiso.

—La lucha… Ah, ya veo. La policía de la moda —Youko sonrió.

—Es lindo en Yamato. Tú sabes, lo de vestir de forma “occidental”. El tipo de ropa que es
muy fácil de moverse alrededor.

—Ciertamente parece que lo sabes bien. ¿Vas mucho a Japón?

—De vez en cuando —dijo Rokuta con una sonrisa cómplice—. Una de las pocas ventajas
de ser un Kirin. Una vez al año o así hago algún pequeño viaje. —Cruzó los brazos sobre el
pecho—. Dicho esto, no hay manera de que vaya de compras para ti o para convertirte a tu
medida. Lo que prefiero es no más que harapos de mendigo, te lo estoy diciendo.

—Bueno, yo realmente no necesito nada de eso de allá. —Echó un vistazo a


Rokuta—. Pero exactamente, ¿cómo irías a comprar ropa? El dinero es completamente
diferente.

—Oh, hay maneras —dijo Rokuta con una sonrisa. Youko le


dio una mirada de sorpresa.

—Pensé que se suponía que los Kirin sólo con la más pura de las intenciones del corazón.

—No voy a ir allí —Rokuta saltó al jardín—. Hey, Rakushun, ¿qué pasa?

Rakushun estaba al pie del borde de un lago, no lejos del pórtico, mirando el agua. Rokuta
corrió hacia él.

Estaban en el Palacio Hari, situado al sur del Palacio Kinpa. El Palacio Hari era un

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invernadero construido por un rey de muchas generaciones antes. Las paredes y los
travesaños eran de vidrio, al igual que el techo, abruptamente campanario, sostenido por una
hilera de pilares de piedra blanca. La luz se derramaba hacia abajo en el jardín. En medio del
bosque, el agua clara, llenaba un lago que se derramaba en un arroyo pantanoso. El lago
estaba lleno de peces. Se veían las brillantes plumas de los pájaros que volaban. El pórtico
estaba cerrado con un gran jardín. Varios miradores pequeños estaban en medio de las flores
que florecían.

Shouryuu dijo:

—Un lugar agradable para tomar una siesta. Youko


sonrió.

—¿Alguna vez tienes tiempo para tomar una siesta?

—Oh, los burócratas se están ocupando de la mayor parte del trabajo pesado en el Reino
de En en estos días. No hay mucho que pueda hacer.

—Pero claro.

Él dijo, bajando la voz:

—Es difícil irse hasta que se pueda encontrar el tipo de gente confiable en el
gobierno. —Youko lo miró y sonrió con amargura—. Los primeros días de una dinastía no son
sobre el pensamiento o la razón. Por el momento, el Kirin no será de mucha utilidad para
ti. Lo que se pretende es el tiempo que te llevará reunir un grupo de confianza y criados
leales.

—Sí.

—¿Y qué fue del Marques de Baku?

Youko sacudió la cabeza con una exclamación de desesperación. El nombre del hombre
era Koukan. Koukan había sido señor de la provincia de Baku, en la costa occidental de Kei
frente al Mar Azul. Después de que Kei cayó en el caos bajo el dominio de la impostora, Baku,
continuó resistiendo.

Cuando Youko pidió ayuda a Shouryuu en el derrocamiento de la impostora, lo


primero que la animó a hacer era ponerse en contacto con Koukan y obtener el apoyo de la

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guardia de la provincia de Baku. Pero antes de que ese comunicado se pudiera entregar,
el marques fue capturado por las fuerzas de la impostora.

—Parece que el marques de Baku tenía planes sobre el trono también.

—¿En serio?

Con la llegada de Youko, los que no residían realmente en el palacio tenían dificultad para
decidir si era la verdadera Reina o no. Muchos de los señores provinciales de la capital se
reunieron al lado de la impostora, pero Koukan no. Llevó a cabo la lucha.

¿Pero qué es lo que está haciendo?, se preguntaban los funcionarios del gobierno. Muchos
más que los señores provinciales se habían aliado con la impostora y centraron

sus críticas en Koukan.

Se atrevió a buscar el trono para si mismo y se negó a inclinarse ante la impostora, eso es
lo que algunos pensaban de Koukan. Otros se levantaron en su defensa, por lo que la corte
imperial se dividió en dos. Al final, el peso de las pruebas inclinaron la balanza a favor de
los que lo criticaban. Koukan fue relevado de su autoridad, puesto bajo custodia y estaba a la
espera de una sentencia.

Shouryuu escuchó la explicación de Youko y sacudió la cabeza.

—Así que eso es lo que está por venir.

—Los funcionarios de los tribunales se atienden a sus armas. Keiki ha repudiado su manejo
del caso. Y así, todo está en el aire. La palabra es que le daré una prebenda y lo pondré a que
barra todo este asunto de la alfombra.

—Hablas de eso como si se tratara de algún problema de otro. —Youko sonrió


delgadamente, pero no respondió. —Obtener un asa en la corte imperial siempre es un reto
nuevo para el nuevo rey. Pero tienes que saber cuándo hay que tomarlo con calma, también. Es
difícil andar por todo el mundo todo el tiempo y tus amigos con tiempo comenzaran a
pensar de manera de morderte la espalda. Murmurar siempre es el primer paso fácil.

—Así es.

—Si son de los que dan marcha atrás cuando el rey se acalora, entonces no hacen gran
cosa. En cualquier caso, desean mantener las cosas en producción.

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—¿Fue difícil para ti cuando empezaste?

—Se podría decir. No hay necesidad de apresurar las cosas. Con un rey en el trono, los
desastres naturales y las calamidades disminuirán. Por eso solo, estás realizando un gran
servicio.

—Pero eso no es suficiente.

—¿Por qué crees que a los reyes se les da una vida tan larga? Porque lo que hay que
hacer no se puede hacer en cincuenta años más o menos. No estás trabajando en contra de un
plazo, por lo que hazlo a tu propio ritmo.

Youko asintió con la cabeza.

—Pero tienen que haber cosas que pesan en la mente.

—¿Quieres decir cosas que te hacen doler la cabeza cuando las piensas? No hay final para
eso.

—Oh, genial.

—Si no hubiera ningún problema, no habría nada que hacer. Sería muy aburrido. — Así lo
dice ese rey, que había gobernado su reino por quinientos años. Con un tono de voz en algún
lugar entre el sarcasmo y la burla de si mismo, agregó: —Y si lo hiciera, probablemente
destruiría En sólo para ver qué pasa después.

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Capítulo 8
—Oye, ¿crees que tal vez Youko está tirando más abajo la basura?

El agua del lago estaba caliente. Rokuta se quitó los zapatos y se sentó en la orilla y metió su
Spies en el lago. Rakushun se sentó junto a él.

—No es de extrañar que llegue a esa conclusión.

Rakushun miró sobre su hombro a Rokuta. Él había pensado que era el único al que se
le había ocurrido.

—Sí. Me pregunto si Youko y Keiki se llevan bien.

—No seas tonto.

—Pero casi nunca se los ve juntos.

—Eso es verdad —Rokuta apoyó la barbilla en las manos—. Podría ser que Keiki
solamente está incómodo con gente como nosotros. Por eso no lo vemos. Por Shouryuu y como
somos, ya sabes. No somos el tipo de organización del tipo súper seria, como Keiki desea. Y
tienes que considerar que él y Youko tuvieron un comienzo bastante inestable.

—¿Tú crees?

—Como he dicho, es un tipo súper serio. Si Youko le da una patada como devolución,
como Shouryuu, probablemente estarían en desacuerdo ya. Pero Youko se lo toma muy en
serio y, Keiki sólo se mantiene ocupado como una abeja. Sin mencionar que Youko es la segunda
de Keiki.

—¿Cómo lo toma en cuenta?

—El factor es todo el lugar. Una vez que se ha servido a dos reyes, no podrá dejar de
comparar las dos. Inviertes mucho en ti mismo con tu primer rey. No importa qué, al siguiente
va a costar un poco acostumbrarse. Por ejemplo, incluso si el anterior rey era alguien malo, y
su reino de corta duración, el Kirin lo va a lamentar. Va a seguir con él. No hay duda de que

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habría sido mejor de que Youko hubiera sido hombre.

Rakushun exhaló.

—Probablemente sí.

—Youko no puede dejar de recordar a la última Reina Yo-ou. Por encima de todo, está su
mojigata personalidad, y el hombre no tiene las palabras exactas. Lo hace difícil de leer. Sin
mencionar que casi no ha pasado el tiempo.

Rakushun trajo a su mente a un Keiki brusco, de forma contundente, con el rostro


inexpresivo, su pelo diáfano, dorado. El cabello dorado era particular del Kirin, pero
comparando a Rokuta y Keiki, sus cabellos eran dorados pero de distinta manera. El pelo de
Rokuta era más de un color amarillo brillante, mientras que el de Keiki era más frío, de color casi
transparente. Casi parecía una extensión de su personalidad.

Rokuta se echó a reír alegremente.

—De un modo u otro, estoy seguro de que Youko hará que funcione.
Rakushun asintió con la cabeza.

—Estoy seguro de que lo hará.

Youko miró a Rakushun y a Rokuta, sentados a la orilla, absorta en la conversación. Ella dijo en
voz baja:

—Todavía no comprendo este lugar. Shouryuu


respondió alegremente:

—No, estoy seguro de que no lo haces. De todas formas por donde mires, este lugar
es diferente. —Se rió entre dientes—. Lo niños que crecen en los árboles, ahora eso es un
shock.

Youko sonrió levemente. La sonrisa se desvaneció.

—No saber todo esto parece irritar mucho a la gente.

—¿Te refieres a Keiki?

Youko lo miró y sacudió la cabeza.

—Los ministros y funcionarios también. Todo el mundo parece sorprendido por la forma

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totalmente despistada que soy. ¿Y quién puede culparlos?

Cada vez que ella decía, No lo entiendo, Keiki y los ministros negaban con la

cabeza y suspiraban.

—Es porque soy una mujer, es por eso que no están contentos conmigo.

Había oído ese susurro un montón de veces. Esto es lo que obtienes con una reina.

—No del todo —dijo Shouryuu. Youko lo


miró.

—¿No?

—Cuando llegué aquí, lo más desconcertante para mí es que las mujeres podían llegar a
ser ministros y la extraña relación entre padres e hijos.

—¿Qué significa?

—En Yamato, las mujeres estaban en el centro de la familia. Nunca se aventuraban al


mundo exterior. Pero aquí, las mujeres dejan a sus hijos al cuidado de sus padres y van a
trabajar. Debido a que la última Reina Jo-ou expulsó a todas las mujeres del reino, Kei no tiene
muchas ministras, pero en En representan casi la mitad de mi personal. Como era de
esperar, los hombres predominan en las fuerzas armadas. Incluso ahí, un tercio de los soldados
son mujeres.

—Cierto…

—Si lo piensas bien, no hay nada especial en ellas. El Kirin elije a los reyes, y como muchos
Kirin son de sexo femenino o masculino. Cada generación, la balanza puede inclinarse de un
modo u otro, pero a largo plazo, los saldos de alrededor de cincuenta y cincuenta. Los reyes
son elegidos por medio de mujeres u hombres. Ir a través de los registros históricos y hacer
los cálculos y verás que si el sexo se ve favorecido en el largo plazo.

—No bromees —le dijo Youko, con los ojos cada vez más grandes.

—No hay nada de malo con que un rey o Kirin sea mujer, y no hay nada de malo de que un
ministro sea mujer, tampoco. Aquí las mujeres no dan a luz y criar a los hijo no es por defecto
trabajo de la mujer. Por lo tanto, el lugar de la mujer no es necesariamente el hogar.
Simplemente por la fuerza bruta física, que no son adecuadas para los militares, pero cuando

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la delicadeza se requiere, o la comprensión de mecanismo complejos de negocios, son


insuperables. Como administradoras del gobierno pueden ir muy lejos. Las secretarías son
atendidas muy a menudo por mujeres.

Youko se echó a reír.

—Por supuesto.

—Es por eso que no creo que los ministros de Kei te estén dando un trato frío
porque seas mujer. Al mismo tiempo, sin embargo, ser mujer tiene algo que ver con ella, Kei
tuvo mala suerte con las reinas.

Ella le dio un buen vistazo.

—Estas tres últimas generaciones ha tenido una sucesión de monarcas incompetentes que
acababan de pasar a ser Reinas. El último rey que Keiki eligió era una Reina y su reinado fue
particularmente corto. Y entonces va y elije a otra reina. Así que los ministros deben de estar
pensando eso mismo. ¿Qué? ¿Otra vez?

—¿De eso es lo que se trata?

—Eso es lo que realmente pasa. El Rey de Kyou, del Reino del Noroeste de Kyou reinó
durante casi noventa años. Y la reina que gobernó antes que ella lo hizo por un tiempo
extraordinariamente largo. Así que hubiera un rey masculino, a la gente de Kyou probablemente
no estaría muy feliz por eso. En el análisis final, equivale a eso. No te preocupes por eso.

Youko suspiró y luego sonrió.

—Gracias por aclarármelo.

—No hay problema —respondió Shouryuu con una sonrisa—. Si hay alguna manera de
ayudar, házmelo saber y voy a hacer lo que pueda.

Youko se inclinó ante él.

—Me siento muy agradecida por todo lo que has hecho.

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Capítulo 9
Como había prometido, dos semanas después, Riyou, la señora de la gruta Suibi, regresó a
su feudo montañoso.

Cuando llegó al Monte Ha, estaba elevada sobre el Pico Suibi. En el mundo de abajo,
al pie del Pico Suibi, podía ver la mescolanza de pequeños tejados azules. Si tomaba el túnel
de la Gruta Suibi a través del corazón de la cumbre, surgiría al mundo de abajo. Las empalizadas
adjuntaban los edificios en filas ordenadas, junto a más techos azules de pie delante de la
puerta. Era un santuario dedicado a la hechicera que vivía en el Pico Suibi.

Dando vueltas en Setsuko, mirando hacia el cuadro que tenía abajo, una sonrisa torcida
apareció en los labios de Riyou. Todo lo que estaba haciendo ahí se acumulaba en los años,
nada más. Y, sin embargo, esas personas del mundo de abajo estaban muy agradecidas por su
presencia.

Sus fieles, sin duda creían que s algo malo les sucedía, Riyou vendría a su rescate. En
tiempos pasados, ha habido hechiceros famosos que echaban una mano a los necesitados. Sin
embargo, era muy ignorante de ellos esperar que todos los hechiceros hagan eso de manera
similar.

—Vamos a casa.

Setsuko se estableció en la entrada de la gruta. Cinco sirvientes se apresuraron a


saludarla. Riyou desmontó.

—¿Algún cambio en mi ausencia?

Bien sería si lo hubiera. En un lugar en su corazón, ella optó por ignorar, Riyou sabía
que una vida larga era cosa de cansaba. Añadir trescientos años más junto con la soledad que

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viene al ser abandonados por el mundo. No había una salida mortal que recordara a una
mujer llamada Riyou.

Uno de los criados se inclinó y dijo:

—No ha habido cambios.

—Así es.

Recorrió la entrada de la gruta. Por supuesto, ella recordó todo lo que había pedido antes
de irse. La gruta había sido arreglada considerablemente. Las vigas y las columnas diferentes
lucían una capa de pintura de color rojo, las paredes recién pintadas estaban blancas.

—Así que parece que nadie echó a correr y jugar con pereza.

Riyou se echó a reír. Dejando al tigre rojo al cuidado del caballerizo, ella dio la vuelta
a la casa principal. Cuando llegó a su habitación, tres chicas ya estaban esperándola, cabeza
gacha, sin duda, dado su estatus de sirvientes.

—Bienvenida de nuevo.

Ella asintió con la cabeza bruscamente y siguió de pie ahí. Las tres corrieron hacia ella y
comenzaron a desvestirla. La habitación estaba perfectamente en orden. Los pilares y las
paredes habían sido pintada. Todo esto no hubiera sido posible en apenas un par de semanas.
Pintaron quizás solamente los lugares que ella notaría.

—Honma.

Sorprendida, Suzu levantó la cabeza. El temor de la niña era palpable desde el


momento en que entró en la habitación hasta que la dejó. Sabiendo esto, Riyou miró a la niña
arrodillada arreglando su ropa. Ella le dijo con puro pesar:

—Fui a ver a la nueva Reina de Kei. Yo diría que tiene tu edad, una Reina.

Una Reina, Suzu se dijo en voz baja y temblorosa.

—Como he dicho, acerca de su edad, no está en la misma sociedad. No es muy


ostentosa. Una joven bastante seria.

Suzu asintió con la cabeza. Riyou reprimió una sonrisa mientras le ponían sus ropas.

—Me encontré con ella en Kaisen, en la gruta del monte Ga. Fue justo después de la

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coronación y fui a presentarle mis respetos. La señora de la gruta Kaisen sólo pasaba a ser la
madre de la Reina de Kei de muchas generaciones, muchos más allá. La reina es una mujer de
modales y buena educación, en otras palabras, no te gustará en absoluto.

Riyou se sentó cómodamente envuelta en ropas. Al ver que la atención de Riyou se


centraba sólo en Suzu, las dos sirvientas dieron otra reverencia y se marcharon sin decir palabra.

—Al parecer, ella nació en Yamato.

La cabeza de Suzu se disparó, sus ojos parecían llenar toda su cara.

—Eso es correcto. De donde vienes, ese lugar al oriente del Kyokai. Irónico, ¿no? Dos
niñas nacidas del mismo Yamato. Una se convierte en una sierva humilde, y la otra en la reina
del Reino Oriental de Kei. Un frugal cómodo, para estar seguro, pero sin embargo, de la
realeza. Su ropa y hasta sus horquillas son de la más alta calidad. — Riyou sonrió—. Si
resultara al revés, sería una tontería, ni una sola joya se hubiera caído. Pero cuando ella regrese a
su palacio, en las montañas de piedras preciosas, ¿no?

Suzu de nuevo asintió con la cabeza. Ella no fruncía el ceño ni hacía nada por
responder cuando Riyou la ridiculizaba. Sólo se degradaba a fin de provocar más a Riyou. Las
bromas de Riyou a la niña parecían las de un depredador jugando con su presa.

—Oh, he oído todo tipo de cosas. La Reina de Kei, barrió por este mundo. En un primer
momento, ella estaba perdida completamente. Sin embargo, sin saber ni una cosa, se puso en
viaje y, finalmente, solicitó la ayuda del Rey de En.

Riyou empujó el cuello de Suzu con la punta de su pie cruzado.

—Bueno, en realidad, no va a ser un mundo diferente entre tú y nadie más. Caída en un


grupo de actores itinerantes, sin siquiera el talento necesario para subirse a un escenario,
relegada a una vida de servidumbre. Un don nadie que suplicó y rogó por ser mi dama. —Ella le
dio a la niña otro golpe con los dedos, moviendo la cabeza inclinada de Suzu, temblando con
alguna que otra lágrima—. Ahora, ahora, ¿qué es esto?

¿Imaginando a la Reina de Kei como una especie de alma gemela? Qué impertinente. Estaría
furiosa si supiera la compasión de gente como tú. Sería como una bofetada en la cara.

Suzu no pudo contener sus sollozos ahogados y Riyou enarcó las cejas. Al haber forzado a

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su víctima a ceder, su interés se desvaneció.

—Ya puedes dejarlo —dijo con desdén—. No quiero mirarte a esa cara miserable.

¡Fuera de mi vista!

Suzu corrió hacia el jardín, al pino viejo torcido en el corazón del jardín donde nadie pudiera
verla. Ella se aferró al tronco del árbol y lloró.

Yamato, el país que deseaba.

—¿Qué te pasó, Mokurin? ¿El ama te dijo algo?

El anciano se apresuró a ella. Suzu sólo pudo sacudir la cabeza. Era sólo Riyou en su estado
normal. Ella vivía para atormentar así a Suzu. ¿Acaso encontraba a Suzu tan detestable? No
podía imaginar lo que ella tenía para que ella la odiara tanto.

—No sé lo que te dijo, pero no hay que tomarlo en serio. Servir a la señora requiere mucha
paciencia.

—Ya lo sé.

Aún sabiendo eso, no era que el ser ridiculizaba le dolía.

—Entonces, ¿por qué…?

Suzu se desplomó en el suelo llorando. Detrás de ella, el anciano suspiró.

—La Reina de Kei —dijo Suzu entre sollozos. La Reina de Kei era de Yamato. Si lo era,
entonces, ¿de dónde? ¿Qué había sido de su país de origen? —Um… —dijo ella, levantando la
cara llena de lágrimas.

Cuando el hombre nervioso se dio vuelta, dijo:

—La Reina de Kei, ¿dónde vive?

—Ella vive en el Reino de Kei, por supuesto. En el Palacio Real.

—Oh.

Una chica había venido de Yamato al igual que ella. Al igual que ella, probablemente
había sido arrastrada hacia las costas de Kei. Y se convirtió en Reina. En ese mundo, con sus
respectivas estaciones de vida, sus caminos nunca que se cruzaron.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Quiero conocerla. Tal vez, incluso, saber qué clase de persona es.

Otra mujer como ella debía de tener alguna simpatía con su situación. Ella entendía lo que
era estar separada de su tierra natal, la angustia de estar en esa tierra extraña, el dolor de no
entender nada, e tormento de su situación.

—¿Crees que la Reina de Kei llegaría a Sai alguna vez? El viejo


sacudió la cabeza.

—No se puede ver por qué lo haría. Un rey que viene a visitar a otro reino, casi nunca
sucede.

—Ya veo.

Quiero conocerla, se susurró de nuevo Suzu dentro de su corazón. ¿Cómo podía hacer
que eso suceda? Ir a Kei y buscarla ahí, ¿cuáles serían las posibilidades? ¿Cómo

iba a llegar a Kei? Si ella le preguntaba a Riyou, la mujer sólo se reiría de ella. Si ella le

preguntara por el tiempo necesario para viajar hasta ahí, sin dar una razón por la
pregunta, era muy poco probable que Riyou la dejara ir alguna vez. Basta con imaginar el abuso
de Riyou y el ridículo hacía temblar a Suzu.

Quiero verla, pero no hay manera de ir a verla.

¿Qué clase de mujer era? Si era lo suficientemente buena para sentarse en el trono, debía
de ser una persona de una gran bondad, no una bruja cruel como Riyou. Hay tantas cosas
que quería hacer. Más que eso, tantas cosas que quería implorarle.

Vamos. Suzu miró hacia el cielo oriental. Por favor, ven, ven a Sai. Ven a Sai y
recátame.

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Capítulo 10
El viento soplaba a través del cerro blanco, dispersando la nieve caída como un manto de
flores de cerezo.

Shoukei apoyó las manos sobre la manija del trineo y estiró la espalda. A la distancia podía
ver los muros de Shindou. Al fin, ella se acercaba a la ciudad. La ciudad en sí parecía enterrada
en nieve. Caía la tarde, la respiración de Shoukei florecía blanca contra la oscuridad nebulosa
del paisaje. Los inviernos en los reinos del norte eran graves, especialmente los inviernos de
Hou, donde la caída de nieve era considerable. Más que el frío, se trataba simplemente de
moverse, porque era difícil. Los caminos se enterraron con la nieve, las ciudades se cerraban y
aislaban.

Todo el mundo contenía la respiración esperando el deshielo. Porque nada se podía mover
durante el invierno, las tiendas más pequeñas tuvieron que cerrar sus puertas. Mientras
todos los demás corrían bajo techo, sólo los establecimientos con trineo tirados por caballos se
podría confiar en eso. Y si no se tenía la paciencia para esperar que el trineo que llegara, la
única otra opción era caminar por la nieve hasta la cintura hacia la siguiente ciudad.

Que es lo que Shoukei estaba haciendo ahora.

Se echó hacia atrás los hombros y respiró. Agarró la cuerda y se la puso al hombro. Tenía
que llegar a la ciudad antes de que las puertas se cerraran. Si se cerraba la ciudad con eses
tiempo, seguramente moriría de frío.

El curso de la carretera no se distinguía de los cerros blancos, rodando por la colina de los
alrededores, por lo que era difícil saber dónde terminaba la carretera y comenzaba el campo. Los
campos estaban rodeados por muros de piedra para mantener las cabras de pastoreo, las ovejas
y las vacas, o sino se perdían, pero estos también se quedaron enterrados bajo la nieve. A pesar
de que estaban aún antes del solsticio de invierno, las nevadas de ese año habían sido
inusualmente intensas.

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Le dolían los hombros por el peso de la cuerda del remolque. Sus dedos estaban
congelados. Podrá haber estado igual de bien si lo remolcaba un hombre adulto.

¿Cuánto tiempo debo seguir viviendo así?

Entumecida y cansada, era el único pensamiento que cruzaba por su mente. Varias veces
se había quedado fuera de la carretera y había caído en un deslizamiento. Cada vez tenía que
llevar hasta el trineo la carga de carbón de nuevo. Si no hacía un mejor tiempo, las puertas
iban a cerrarse. Eso fue lo que la mantuvo temblando, las piernas le temblaban mientras iba
hacia delante. Arrastró el trineo a lo largo, ignorando el dolor que la cortaba como un cuchillo en
la garganta y en los lados.

Todos están disfrutando ahora mismo.

Las únicas personas que viajaban de ciudad en ciudad durante el invierno eran
vendedores ambulantes y los trovadores Bandera Roja. Los trovadores Bandera Roja
contaban la historia de los reinos en verso y canción. Habían llegado a su ciudad. Apenas
había nada divertido para hacer durante el invierno, así que cuando los trovadores aparecían,
era motivo de celebración. A pesar d esto, Shoukei sólo fue enviada a comprar carbón.

El carbón de leña era indispensable durante el invierno, así que por supuesto había que
mantenerlo. Sin embargo, se le dijo que no podría ser suficiente para durar hasta la primavera y
fue enviada a conseguir más. No se le brindó incluso ni un caballo.

Ella me odia tanto.

Shoukei maldecía a Gobo en su corazón. El enviarla a ella por sí misma a una ciudad
vecina para transportar de vuelta cientos de libras de carbón de leña en un trineo, Gobo sabía
absolutamente que se resbalaría y moriría. Y de una manera u otra, se aseguró de hacerle
entender a Shoukei que no le importaría, tampoco.

¿Cuánto tiempo debo aguantar esto?

Cuando cumpliera los veinte años, tendría su propia partición y podría abandonar el
orfanato. La cuenta de los “veinte años” estaba de acuerdo con las costumbres seguidas desde
tiempos inmemoriales, pero de acuerdo a la edad de Shoukei en el censo, tendría que esperar
dos años más.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Dos años más de esta vida.

E incluso en dos años, no había garantía de que consiguiera su parcela de tierra. Gekkei,
el hombre que había asesinado a su padre, él no iba a establecer con tanta facilidad su
libertad.

Ella resistió la tentación de parar y descansar, y en su lugar se empujó a sí misma hacia


delante. Por fin, luchó y llegó antes las puertas justo antes de que se cierren antes de la noche.
Dentro de la ciudad, quedaba algo de la atmósfera. Se tambaleó en la parte de atrás del
orfanato y se sentó en la nieve. Podía oír las voces de excitación de los niños en su interior.

Dos años más.

Esos dos años se extendían como una eternidad. Los treinta años que había pasado en el
Palacio Imperial parecían poco en comparación. Hizo una mueca y se puso de pie, descargó los
sacos de carbón vegetal de paja y las almacenó en el granero. Y entonces entró en el orfanato.
Abrió la puerta de atrás y entró en la cocina.

—Estoy de vuelta.

Gobo le dirigió una sonrisa burlona.

—¿Ya has regresado con el carbón, entonces? Si incluso falta una pizca, tendrás que
hacerlo todo de nuevo.

—Está todo ahí, todas las cien libras.

Gobo olfateó con incredulidad y le tendió la mano. Shoukei depositó la bolsa congelada en
su palma. Gobo comprobó el contenido y dio a Shoukei una mirada gélida.

—No hay mucho cambio aquí, ¿verdad?

—El carbón es caro. Es muy escaso este año.

Un tifón en el verano había derribado los árboles en las montañas cercanas, lo que lleva al
alto coste del carbón de leña ese año.

—Es lo que tú dices —murmuró Gobo para si misma. Se volvió hacia Shoukei con una fría
sonrisa—. Si me estás mintiendo, lo sabré muy pronto. Hasta entonces, tomaré tu palabra.

Shoukei bajó la cabeza. Como si fuera a rebajarme a robar dinero para pollos de esta

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manera, se dijo con sorna.

—Bueno, será mejor que comiences a hacer las tareas de la noche.

Shoukei sólo asintió con la cabeza. Ella no tenía derecho hablar de nuevo a nadie con
autoridad, así que no importara lo cansada que estaba, sabía que no serviría de nada
quejarse.

Shoukei fue a la granja con los otros niños para alimentar a los animales, sacar el estiércol
de los establos, y sacar la leche a las vacas y las cabras.

Incluso en el ejercicio de sus tareas, los chicos charlaban alegremente.

—Es una lástima que no hayas podido volver antes —le dijo una niña a Shoukei. — La gente
de Bandera Roja se ha ido ya.

Shoukei no respondió, en silencio, cortaba la paja de alimento.

—Una cosa buena es que nevó —dijo un muchacho seriamente.

Incluso con un caballo tirando de un trineo, las carreteras de nieve eran casi intransitables.
Cuando nevaba, los trovadores Bandera Roja tenían que acampar en una ciudad hasta que se
detuviera. La verdad sea dicha, Shoukei había estado esperando la nevara también. Pero la nieve
también fue a razón por la que había llegado hasta la cas atan tarde.

Los trovadores Bandera Roja eran los dueños de los viajes, pero incluso el invierno podía
más contra ellos. Por lo general, recorrían el circuito de ciudades y pueblos desde la primavera
hasta el otoño y luego el invierno más en una gran ciudad, donde alquilaban una pequeña
vivienda y se establecían el resto de la temporada. La razón por la que se tomaban estos
riesgos durante el invierno, era porque el rey Chuutatsu, el padre de Shoukei, había
prohibido trabajar a los artistas, excepto cuando los campos estaban en barbecho.

Desde su muerte, muchos trovadores ahora decidieron hacer las maletas durante el
invierno, pero todavía había aquellos que continuaban de gira. Durante el invierno, no había
nada que hacer en las ciudades y en los pueblos. Por eso, cuando un grupo Bandera Roja
se presentaban, les daban la bienvenida con los brazos abiertos. Eso era suficiente para motivar
a no pocos de ellos para luchar contra los elementos y seguir caminando de pueblo en
pueblo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Fue un espectáculo realmente maravilloso.

—Me gustaron los acróbatas, eran mejores.

Con la cabeza gacha, Shoukei escuchaba los relatos de sus días deliciosos. Ella se moría por
decir lo que ella vio unas actuaciones similares todo el tiempo en el palacio.

—Oh, sí —dijo un aniña—, y la historia que contaron sobre la reina del Reino de Kei.

¡Ella sólo tiene dieciséis o diecisiete años!

—¿Qué? —Shoukei levantó la cabeza.

—¿No es eso algo? Un rey es lo mismo que un Dios, ¿no? Me pregunto que haría para
convertirse en uno de los doce gobernantes de toda la tierra, la elite de la elite.

Las otras chicas asintieron con la cabeza.

—Definitivamente me gustaría usar seda, bordada con el plumaje de un pájaro. Y de oro,


plata y perlas.

—Y fue esta reina impostora que pretendió hacer lo que sentía y quería y la nueva Reina le
dio una paliza. Debe haber sido algo bueno de ver.

—Debido a que el Rey de En fue en su ayuda con refuerzos.

—¡Wow, pensar que incluso conoce al Rey de En!

—Ya sabes, ellos deben de conocer a cada rey e ir en su rescate si lo necesita, y cosas así.

—¿No te preguntas cómo habrá sido la ceremonia de coronación? Apuesto a que ella
estaba preciosa y todo.

Shoukei miró sus pies. Las voces ruidosas se desvanecieron. A los dieciséis o

diecisiete años de edad de joven. Se había convertido en reina.

Shoukei sabía lo que significaba vivir en un palacio. Era totalmente diferente a ese remoto
rincón del mundo.

No es justo, se dijo. Ella estaba atrapada en ese mundo miserable, mientras que una
chica de su misma edad estaba disfrutando de todo lo que le había sido quitado.

Shoukei no tenía manera de regresar al palacio. Sus maravillosos padres estaban

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muertos y había sido desterrada a las tierras del interior, donde pasaría el resto de su vida.

Miró la pala en sus manos. Unas manos curtidas como el cuero, trabajando bajo un sol
abrasador, en las manos le sobresalían las articulaciones, que se había acostumbrado a cargas
pesadas, con las manos dobladas como garras que, sin ninguna manicura y su cuidado. Ella se
haría vieja. Como si adaptarse a vivir en ese pueblo rústico, la mente y el cuerpo iban
hacia las semillas. Con el tiempo, ella también se convertiría enana vieja bruja grosera como
Gobo.

Y mientras tanto, la Reina de Kei residía en un palacio, eternamente tan bella como lo era
ella a los dieciséis.

—No es justo.

En lo profundo de su corazón, otra voz resonó.

Es imperdonable.

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Parte III

Capítulo 11

El mes llegaba a su fin. En Gyouten, la capital de Kei, la atmósfera vertiginosa finalmente se


disipó. Una sensación de calma regresó al manejo de los visitantes y a la reacción de la
coronación en general. El desordenado palacio se estableció. Sin embargo, con la ceremonia de
solsticio de invierno Koushi acercándose, todavía quedaba la sensación de estar mantenidos
constantemente en uno de los dedos del pie.

Youko miró por la ventana y suspiró. A través de los cristales de las ventanas se podían
ver los jardines de invierno y los campos.

Por la mañana pasó al Gaiden. Por la tarde regresó al Naiden. Estos dos edificios
constituían el núcleo del palacio, donde la reina hacía la mayor parte del trabajo. En

términos básicos, el Consejo Privado se reunía en el Gaiden y el Naiden es donde

realizaba sus deberes oficiales como reina.

El Naiden esencialmente empezaba en el palacio exterior terminado y el Gaiden


comenzaba en el palacio interior terminado.

Así que, por un lado, los funcionarios del gobierno que trabajaban en el palacio
exterior no se les permitía, como algo natural, pasar más allá del castillo de Naiden. Por otro
lado, las viviendas de la Reina se encontraban principalmente en el palacio interior, y no debía
transgredir el palacio exterior más allá del Gaiden.

Youko tenía una visita. Entró en el Naiden acompañado por un guardia del palacio. Al ver

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

quién era su invitado, levantó las cejas.

Era el Chousai Seikyou. Chousai era su título, el Ministro en Jefe Seikyou del

Rikkan, o seis ministerios. Los seis ministerios se los conocía como los Ministerios del Cielo, la
Tierra, Primavera, Verano, Otoño e Invierno. Ellos manejan los asuntos diversos del palacio, el
censo, y la distribución de tierras, e ritual, el protocolo, defensa, justicia y obras públicas.
Históricamente, el Taisai, o el titular de la Secretaría de los Cielos, asumió el cargo de
Chousai y la administración del Rikkan. Pero más recientemente el nombramiento del Chousai
se limitó a seguir la tradición establecida.

Youko no estaba segura de cómo hacer frente al Chousai magistral del futuro.

—Le pido perdón, su Majestad —dijo Seikyou, postrándose ante el trono.

—¿Qué pasa?

—La cuestión de la gestión de la mano de obra, por favor.

Otra vez, se dijo Youko, mordiéndose el labio. Keiki no estaba disponible para
ayudarla como su principal consejero durante las sesiones de la tarde ejecutando los

asuntos del gobierno. Tenía que cumplir con sus deberes como señor de la provincia de

Ei. Y cuando no estaba en torno a Keiki, Youko se encontraba perdida incluso cuando se trataba
del funcionamiento básico del gobierno. Esa era probablemente la razón por la cual Seikyou
siempre se presentaba por la tarde.

El reino había caído en la ruina debido a la mala gestión de la reina anterior, las
calamidades actuales, las guerras y los youma. Basta con hacer que las cosas sean normales
requerirá una cantidad masiva de ingeniería civil.

En los últimos días, los debates en el Consejo Privado estuvieron al alrededor de este
asunto. La cuestión de dónde debía comenzar el trabajo y de acuerdo a qué criterios debían ser
reclutados los trabajadores y desplegados aún en el aire.

Youko reunió a los miembros del consejo que estaban divididos en facciones. La mayor
facción era liderada por Seikyou. Las propuestas de su facción eran totalmente contradictorias
con los de a facción contraria. Insistió en que, hasta la primavera, las medidas de control de
inundación debían ser enfatizadas. La facción contraria insistía en que para que la mayor parte

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de la gente sobreviva al invierno, la reconstrucción de las ciudades debía ser primordial.

Esa misma mañana, Seikyou había repetido una vez más su posición ante el Consejo
Privado, y ahora había llegado de rodillas para evaluar su disposición en la materia.

—¿Cómo ha resuelto su Majestad en cuanto el tema?

Youko momentáneamente se perdió al pensar en la respuesta. Tanto el control de las


inundaciones y la reconstrucción urbana eran igualmente importantes. Pero, ¿a cuál se debía
dar más prioridad? Kei no era lo suficientemente rico para hacer ambas cosas a la vez. Esta era
una decisión en la que había dejado de luchar en contra.

Por otra parte, en cualquier caso, ella estaba completamente incapaz de llegar a
percibir qué medidas de control de inundaciones y programas de renovación urbana
estaban en juego. Había leído los informes elaborados por el Ministerio de Verano, pero no
tenía ni idea de dónde estaban esos lugares, qué tipo de lugares eran, o la naturaleza de la ayuda
requerida.

—Lo siento, pero realmente no lo sé.

Habló con una voz apagada. Admitir su ignorancia realmente le disgustaba. Seikyou suspiró
para si mismo.

—Su Alteza, esta es una decisión que debe tomar.

—Lo siento.

—Soy consiente de que su Alteza viene de Yamato. Sin embargo, confío en que por ahora
ha llegado a una cierta comprensión de la situación.

—Me estoy educando, pero mis conocimientos están incompletos. Lo siento.

—En estos momentos, sólo tenemos que determinar cuál de estos programas se le dará
prioridad.

—Voy a hablar al respecto con Keiki y llegaré a una decisión.


Seikyou suspiró nuevamente.

—Perdone mi atrevimiento, su Alteza. Pero, ¿su intención es poner al Taiho en su lugar?


Los primeros pensamientos del Taiho están siempre para aliviar el sufrimiento de la gente. Si el
Taiho controla todo, siempre actuará con compasión y el reino se irá a la ruina.

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—Lo sé —Para un Kirin, el sufrimiento del pueblo era prioridad sobre todo lo demás—.
Pero yo realmente no he llegado a una decisión.

Seikyou brevemente bajó al cabeza. Cuando volvió a levantarla, la expresión de su rostro o


bien podía ser de desprecio o decepción. En cualquier caso, ella sabía que él estaba harto de
ella. Él habló y había exasperación en su voz.

—Estoy consiente de que estoy siendo presumido, pero, ¿podría tal vez solicitar que
delegue el asunto a uno de sus subordinados?

Cuando llegó hasta eso, Youko no tuvo más remedio que aceptar.

—Claro. Todo será tu responsabilidad, Chousai. Seikyou hizo


una profunda reverencia.

Youko vio salir a Seikyou y se quejó en voz alta.

Sorprendentemente, el Ministerio Imperial estaba plagado de problemas ya se había


organizado. Los estatutos perjudiciales promulgados por la difunta Reina Yo-ou habían sido
derogados y el Estado del Derecho establecido. Una gran parte del presupuesto militar había
sido desviado para ayudar a los refugiados, y reducir la cuota del año fiscal.

Poco a poco, el reino comenzaba a salir adelante. Eso es lo que todo el mundo le aseguraba.

Todo el mundo estaba contento de que un nuevo monarca había accedido al trono.
Exactamente de lo que estaban felices, Youko no estaba segura. Lo que sabía de ese mundo,
ni siquiera llegaba al nivel del sentido común. Cuando la llamaban a tomar una decisión, muy a
menudo las evadía. Ella encontró que dar órdenes era imposible.

Cualquier propuesta que ella daba generaba burlas, y, para empeorar las cosas, a
excepción de los rescriptos imperiales, tendría que ser aprobado primero por el Sankou y luego el
Rikkan. Aparte de los trámites relacionados con la ceremonia inaugural del rescripto, no
había nada que le impida la emisión adicional de rescripto imperial. Pero ella no tenía el coraje
para comenzar a emitir edictos. En el análisis final, ella se quedó con el Rikkan que la última reina
Yo-ou, antes de ella, también hacía lo que le dijeran.

Tal es la suerte del Reino de Kei.

Youko se rió burlonamente de si misma. El regocijo en su ascensión al trono llegó hasta el

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palacio. ¿Quién podía imaginar la realidad de que hasta Rakushun, el Rey de En y Enki la habían
felicitado por eso?

—Su Alteza. —Keiki entró en la cámara de gerencial, después de haber completado sus
tareas administrativas—. Parece que hace poco el Chousai estuvo aquí.

—Sí, lo estuvo. Era sobre el despliegue de la mano de obra. Dejé que todo
dependiera de él.

—¿Usted le dio toda la responsabilidad a él?

—¿No debería de haberlo hecho?

Keiki respondió a su pregunta con una expresión de decepción en su rostro.

—Mira, yo no sabía a qué dar prioridad. No se nada porque no se las condiciones de este
reino. Así que lo entregué a alguien que sí. ¿No estas de acuerdo?

—No, eso parece una solución satisfactoria —Sin embargo, suspiró.

Youko suspiró también. Desde su coronación, había oído suspirar a todos muchas veces.

—Si piensas que no debería haberlo hecho, dilo.

—Siempre es sabio escuchar lo que los ministros tienen que decir. Si su Alteza decidió
delegar esta responsabilidad, no veo ninguna razón para oponerme.

¿Entonces por qué esa cara?, pensó Youko, mirando su rostro impasible. Todo lo que
podía ver en él era un vago sentimiento de insatisfacción.

—Si no estás contento conmigo, por alguna razón, házmelo saber. SI hay algo en lo que crees
que debería estar haciendo, vamos, dilo.

Habló con dureza. Ella le estaba dando la razón a todo el mundo a que suspirara, incluso
él, estaba enfermo y cansado de ella.

Keiki dijo, con esa misma expresión estoica en su rostro.

—Como quiera. Es el monarca que gobierna el reino. Usted gobierna el reino de


acuerdo al consejo de sus ministros. No hay nada de malo de escuchar con la mente abierta
a lo que tienen que decir. Pero la simple entrega de todo el asunto al Chousai, es probable que
los otros se molesten. Al pedir la opinión de la administración pública, debe asegurarse de tener

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en cuenta todas las contribuciones por igual.

—Lo hago.

La expresión de Keiki no cambió.

—Sí, después de tomar todos los puntos de vista en consideración, a continuación, decidió
delegar el asunto al Chousai, yo no creo que nadie se quejará.

—¿Estás infeliz conmigo, también, Keiki?

¿Su Alteza?, la expresión de la cara de su consejero le preguntó, con los ojos muy abiertos.

—¿Estás insatisfecho con otra reina? ¿Soy una decepción para ti?

Todos la miraban con ojos sospechosos, sin dudas. Oh, por los viejos tiempos del Rey
Tatsu, podía oír decir. Simplemente no podían aceptar a otra Reina en el trono.

—Nada de eso.

Youko desvió la mirada y apoyó los codos sobre la mesa.

—Tú eres el que me puso en este trono. Así que no me mires así.

—Su Alteza, yo… Youko lo


interrumpió:

—Vete.

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Capítulo 12

Oh, ¿entonces naciste en Japón?

—Sí —respondió Suzu asintiendo con la cabeza.

Y fuiste arrastrada a la costa de este mundo, ¡qué pena!

—Fue horrible —coincidió Suzu.

Lo sé, lo sé. Nadie en este mundo puede comprender en verdad lo difícil que es la vida de
un kaikyaku. Pero yo si.

—Sí, lo sabe. Es muy difícil —dijo Suzu—. Pero estoy tan feliz de haberte conocido, Reina de
Kei.

Estoy contenta también. Ya no tienes nada de qué preocuparte. Eres una kaikyaku

igual que yo. Haré lo que pueda para ayudarte. Si hay algo que te preocupa, házmelo saber.

—Estoy muy agradecida, su Alteza. Yo…

Se dio la vuelta en la cama. Su imaginación le falló. No podía pensar en qué decir a


continuación.

Desde que escuchó sobre la Reina de Kei por Riyou, había tenido esa conversación con ella
noche tras noche. La Reina de Kei estaría llena de compasión por ella. Habían conversado
acerca de Japón, acerca de los juicios del pasado, sus planes para el futuro. Sin embargo, Suzu
no tenía ningún poder, ni riqueza ni libertad. Sin duda, la Reina de Kei iría en su rescate.

¿Cómo puedo ayudarte?

¿Podría exigirle que envíe a Suzu a Kei para que viviera en el palacio? Un lujoso palacio,
no como la Gruta Suibi, con generosos servidores de buen corazón. Ahí hablarían juntas y
pasearían por los jardines. Y mientras ella estaba en ello, ¿qué había sobre darle a Riyou un poco

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de su propia medicina?

Esta chica es mi compatriota. Si tú la tratabas mal, no te perdonaré.

Cuando la Reina de Kei lo dijo, Riyou se arrastraba a sus pies. Ella se disculparía, entonces.
No importaba qué tan amarga fuera, ante el poder y la autoridad de la reina, no tendría más
remedio que obedecer.

Voy a nombrar a Suzu Señora de la Gruta Suibi. Riyou será su sirvienta.

—No, no es necesario —dijo Suzu, sacudiendo la cabeza—. Eso no es lo que quiero.


Yo sólo deseo que la Señora de la Gruta me presente alguna bondad o gratitud. Eso por sí sólo
sería suficiente.

Suzu, eres una buena persona.

La Reina de Kei le sonreía, los ojos agradecidos de Riyou la miraban.

—No es difícil —murmuró para sus adentros Suzu—. Riyou nunca me da las gracias por
nada.

Se envolvió en la manta por sobre los hombros. Sin embargo, si sólo podía servir a la Reina
de Kei, haría lo que fuera. Si pudiera ir a verla…

Al cerrar los ojos, oyó el sonido alto de una campana. Afuera, un viento invernal
soplaba. El tono alto se mezclaba con el sonido de un cepillar seco, el coro de la
turbulencia del viento tejiendo a través de las cumbres ondulantes.

Suzu se sentó de repente y escuchó con más atención. Kang, la campana sonó de nuevo.
Era Riyou llamando a sus sirvientes. Se apresuró a deslizarse de la cama, tiró

una túnica sobre su camisón, se apresuró a atarse el cinturón y salió corriendo de la

habitación.

¿Qué estaba pasando en medio de la noche?

A Riyou no le importaba que sus criados se fueran a dormir o se despertaran. En la


habitación de Suzu había tres camas para tres sirvientes, pero los otros dos se habían ido ya
hacia mucho tiempo. Aún a costa de perder su lugar en el Registro de Asistentes, habían
decidido huir y habían tenido la fortuna y suerte de llevarlo a cabo. Al menos, eso es lo que otros

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sirvientes dijeron.

Instada a lo largo por el sonido estridente e incesante de la campana, Suzu corrió por los
pasillos hasta el cuarto de Riyou. Ya, dos otros sirvientes habían llegado antes que ella. Tan
pronto como entró en la habitación, las vituperaciones de Riyou volaron hacia ella.

—¡Llegas tarde! ¡Eres una idiota y perezosa!

—Lo siento. Me quedé dormida.

—Así está todo el mundo. Eres una perezosa, aún estos llegaron antes que tú, ¡y se supone
que tú eres mi criada personal!

El hombre y la mujer que habían llegado primero le evitaron la mirada. Eran lo


suficientemente cuidadosos a esa altura como para defender a Suzu, o sentirían el
impacto del desprecio de Riyou también.

—Le pido perdón.

—Incluso cuando duermen, los asistentes deben de estar atentos a las necesidades de su
amo. Es por eso que me propongo para ofrecerte un alojamiento y alimentación en primer lugar.

Suzu bajó la cabeza. Las frutas extrañas que crecían en la montaña, el rendimiento de una
parcela de tierra en el barranco, un modesto estipendio del tesoro nacional, el alquiler de los
escasos campos en la base de la montaña cultivadas por los lugareños, los impuestos
recaudados de la capilla del pueblo, a continuación del Pico Suibi (estos eran la totalidad de
los ingresos de Riyou, y lo que Suzu y todos los demás tenían para vivir).

—¡Esto es increíble! ¡Doce sirvientes, y sólo tres se molestaron en venir! —Riyou miró a
la mujer de mediana edad—. ¡Tú! No puedo soportar este frío. Masajea mis pies.

¡Honma!

Eso, sin duda, significaba el seudónimo despectivo para Suzu.

—El aire está viciado aquí. El lugar debe ser ventilado. Ve y despierta a todo el mundo.
Ése será tu castigo. Toda la gruta necesita una buena limpieza. Es por todo este polvo.

¿Quiere decir, ahora? Suzu tragó las palabras que estaban en sus labios. Si Riyou decía de
hacerlo, había que hacerlo.

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—Me siento desafortunada de estar rodeada de sirvientes que no pueden limpiar

para mi satisfacción. Increíble. Y en silencio sobre eso. ¡Estoy tratando de dormir!

Suzu no tuvo más remedio que ir por ahí y despertar a todos. Aunque fuera por orden de Riyou,
nadie nunca estaba contento de ser sacado de su cama en medio de la noche, y todos volvieron
su resentimiento contra ella. Con la cabeza gacha, ella hizo lo que le dijo. En la oscuridad de la
noche invernal sacudió el polvo de todo, limpió, trapeó, fregó y secó los empedrados pasillos. El
solsticio de invierno estaba casi sobre ellos. El agua en ese momento de la noche estaba helada.

Su Alteza.

Mientras fregaba e suelo, las lágrimas brotaron. Que una chica de Japón se haya
convertido en Reina de Kei la alegraba inmensamente. ¿No se encontrarían en algún lugar,
alguna vez? Reunirse con ella sería el momento más feliz de su vida. Imaginando ese momento
era muy gratificante, y el despertar del sueño era muy miserable.

Su Alteza, por favor, ayúdeme.

La limpieza les llevó hasta el amanecer. Después de una breve siesta, las tareas de la mañana
esperaban. Riyou despertó hacia el mediodía a inspeccionar el trabajo. Expresó su descontento
con el esfuerzo y les dijo que hagan todo de nuevo. Fue entonces cuando Suzu rompió un
jarrón.

—¡Qué buena para nada que eres! —le dijo Riyou, arrojando los fragmentos rotos a ella—.
El costo de este jarrón va a salir de tus comidas. Eres una hechicera, después de todo. No
morirás de hambre. Y yo soy una persona bastante caritativa que no voy a revocar tu rango
de hechicera. —Riyou subió las cejas—. ¿No te gusta? ¿Entonces por qué no empacas tus
maletas y te vas?

Salir de la gruta significa que su nombre sería borrado del registro de los asistentes. Riyou
sabía que era algo que Suzu no podía hacer.

—Por supuesto que no —Ella soltó un bufido—. Realmente eres una niña inútil. Es sólo
porque soy una persona extraordinariamente generosa que me molesto para mantenerlo todo.

Suzu bajó la cabeza y se mordió el labio. ¿Podría salir de ese lugar? Se tragó la idea tan
pronto como entró en su mente.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Te he estado tratando muy bien. Realmente no necesitas una cama ahora, ¿no? Suzu la
miró.

—Cada minuto que estuviste durmiendo en una cama agradable y cálida sin hacer ningún
trabajo. ¿No lo crees? —Riyou rió con malicia—. Puedes dormir en el granero, por el
momento. Es tan amplio que no hará tanto frío. Sí, eso es lo que conviene.

Eso significa dormir con Setsuko, el tigre de Riyou. La cara de Suzu palideció. Setsuko
no era un animal fácil de manejar para los demás. Era una criatura tan feroz que sólo un hombre
fue asignado par ser su cuidador.

—Perdóneme, por favor, señora —se acobardó Suzu, temblando de miedo.

Riyou la miró fijamente con desprecio no disimulado.

—Oh, lo harás. Pides mucho de mí. ¿Quién te crees que eres? —Riyou se rió y dio un
suspiro exagerado—. Bueno, está bien. En cambio, puedes irte a buscar algunos kankin.

—Ama…

Kankin eran una especie de setas de musgo que crecían en los acantilados de la
imponente montaña. Para recogerlos, tenía que estar asegurada por una cuerda y escalar por al
lado de los acantilados.

—Reúne algunos kankin en la mañana del desayuno de mañana y puedes considerarte


perdonada.

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Capítulo 13

Cuando Riyou le ordenaba hacer algo, Suzu sabía que de ninguna manera podía rechazarlo. Así
que en una noche fría y oscura, con la luz de una lámpara como su guía, subió al Pico Suibi. Se
aferró una cuerda, buscó equilibrio entre las rocas y los arbustos. La tormenta de viento la
sacudía. De pie, en el estrecho camino que serpenteaba a lo largo de la cresta de la montaña,
tuvo que agacharse para hacerle frente a toda la fuerza del viento.

Los acantilados, donde el hongo kankin crecía, se encontraban peligrosamente a la mitad


de la punta. Ató un extremo de la cuerda a un árbol de pino con sus raíces ancladas en
la roca. El otro extremo se lo ató en la cintura. Aferrándose a la cuerda, comenzó a bajarse
lentamente a si misma por un lado del acantilado, pero las ráfagas del viento la hicieron dudar.

Los picos de esas altas montañas eran extraordinariamente altos. Incluso teniendo la
lámpara sobre la cabeza, Suzu no podía ver la base del acantilado que descendía. El viento se
precipitó hacia el cielo por el agujero de color negro, como si cortara a través de ella. La sola
idea de bajarse a si misma a esas profundidades con sólo una cuerda de cable en que confiar, la
hizo llorar de miedo.

¿Por qué Riyou la despreciaba tanto? Hubiera sido mejor si nunca la hubiera conocido.
Era difícil vivir en un país extranjero donde no hablaba el idioma, pero ella tenía que creer
que la vida seguía siendo posible, incluso si ella no podía comprender una sola palabra.

¿Por qué he de soportar este infierno?

Habría conseguido una paliza peor si se hubiera rechazado ir por los hongos. Aún
sabiendo que no podía mover los pies temblorosos.

Tengo que conocer a la Reina de Kei. Si pudiera…

Pero todos los sueños del mundo no cambiaban la realidad de los acantilados en la negrura

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frente a sus ojos. Eso era todo, y nada más.

¿Debería huir? ¿Salir de este lugar para siempre y dejarlo atrás?

Si pudiera volver a Japón, no lo pensaría dos veces. Eso era algo que los hechiceros
podían hacer, pero no era maga y no tenía asistentes. Para una hechicera como Suzu, cruzar el
Kyokai era imposible.

Ella se aferró al borde del acantilado y lloró. De repente, se oyó un ruido detrás de ella, el
sonido como el ronroneo de un gato. Suzu levantó la cabeza y levantó la lámpara. Setsuko, el
tigre, estaba suspendido en el aire más allá del precipicio.

Suzu tragó saliva y dio un paso atrás. Setsuko flotaba en el aire, como si estuviera listo
para saltar. Sus ojos brillantes como joyas brillaban a la luz de la lámpara.

—Tú —el tigre gruñó con insistencia hacia ella.

Los hechiceros podían captar la esencia de lo que un tigre decía, pero una hechicera de la
clase de Suzu en realidad no podía hablar con el lenguaje de los animales.

—La señora.

¿Riyou no había tenido la intención de darle de comer a esa criatura a ella? ¿Ella la envió a
esa solitaria montaña para que el tigre pudiera atacarla? ¿Ella la odiaba tanto?

¿Por qué?

El tigre le hizo una seña con la cabeza como si tuviera prisa a lo largo, instándola a que
acabara pronto. ¿Así Riyou la estaba espiando? ¿Asegurarse de que Suzu hiciera lo que le pidió?
Es por eso que envió al tigre después de ella.

—Lo sé, lo sé —respondió Suzu con voz temblorosa—. Ya lo haré.

Agarró la cuerda con sus manos temblorosas y poco a poco avanzó hacia el borde del
acantilado. Agarrándose de la cuerda a medida que se deslizaba. Plantó los pies en el borde y se
detuvo, su cuerpo suspendido en el aire. Ella no podía moverse.

No puedo hacerlo.

El miedo le impidió descender más.

—No puedo. Lo siento.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Sus manos aferrándose a lo único línea que la mantenía con vida temblaban como
convulsionando. Si se pasaba más tiempo así, caería con seguridad. Su mano se deslizaba y soltó
la cuerda.

—Por favor… Ayúdame…

Un momento después, su mano se resbaló. Suzu se estaba echando hacia atrás en el aire.
Me estoy cayendo, pensó. Se había olvidado por completo de la cuerda atada en su cintura.

Cuando volvió en si, Suzu estaba flotando en el aire. La cara del acantilado estaba justo en frente
de ella. El suelo bajo a ella era suave al tacto.

Por lo que la tierra no estaba tan abajo, después de todo. Ella ahogó un grito de alivio.
A continuación, la sensación de piel suave. Setsuko. Ella estaba acostada sobre la espalda del
tigre. Ella gritó:

—¡No! ¡Bájame!

Un momento después, el suelo estaba desapareciendo bajo ella. Su cuerpo fue


arrojado en el cielo. Se sintió caer. Arañó el aire, como si estuviera en un sueño. Y luego Setsuko
la agarró del cuello de la túnica. Ella volvió a gritar. Con un movimiento de cabeza del tigre
otra vez arrojó su cuerpo al cielo. Cuando se asió otra vez a la espalda del tigre, se colgó con
todas sus fuerzas.

Esto no puede ser peor.

Recordó que la cuerda todavía estaba atada a su cintura. Ella podría volver a subir la pared
del acantilado con la cuerda. Con las manos temblorosas se atrajo la holgada cuerda hasta que,
repentinamente, no había nada ahí.

—Oh, no, se ha cortado.

Suzu miró a Setsuko sobre la enorme roca. No tenía más remedio que aguantar y
quedarse sobre su espalda. ¿Pero por qué esa criatura, que no podía ser montada por nadie
más que Riyou, la regresaba a la gruta?

—Lle-llévame de vuelta —le dijo Suzu al tigre—. Por favor, llévame de vuelta a la cima
del acantilado.

Ella sintió que algo caliente le corría por la espalda. Será sangre, pensó, desde donde

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

los colmillos de Setsuko le habían arrancado un poco de piel. El dolor era intenso.

—Por favor. Ayúdame.

El tigre se movió. Se acercó a la roca, cerca de uno de los arbustos que crecían aquí.
Con un gruñido profundo y feroz le advirtió. Cumple con tu deber, era lo que le estaba
diciendo.

Suzu se aferró al tigre. Se acercó con cautela a un lado, pero no pudo llegar. Una fuerte
ráfaga la golpeó de lado. Cuanto más fuerte era el viento, más fuerte era su pánico. Le
castañeaban los dientes, con las rodillas temblando, ella sabía que no iba a funcionar.

Con aprensión, soltó sus dos manos. Sin embargo, mientras se inclinaba hacia el
acantilado, se cayó de espalda del tigre. Chocó de cara contra el acantilado, cortándole la piel.
Setsuko la atrapó con una garra a través de su faja y por tercera vez la echó sobre su
espalda.

Suzu rompió a llorar.

—¿Por qué…? —Todo era demasiado—. ¿Por qué me hace esto a mí? ¿Por qué me odia
tanto? —Suzu golpeó al tigre con los puños—. ¡Suéltame! ¡Mátame si eso es lo que quieres!
¡Basta es basta!

Setsuko respondió con un ruido sordo con la garganta.

Llévame de aquí. Fue la primera cosa que le vino en mente.

—¿A dónde? —se preguntó con timidez. Si se escapaba, su nombre sería borrado del
Registro de Asistentes y ese sería el final para ella. —A Kei.

Ir con la Reina de Kei. Pero, ¿cómo? Reunirse con la Reina de Kei y pedirle a ella. Decirle
acerca de su condición de miseria, del gobierno tiránico de Riyou. Sin embargo, todavía…

Suzu de repente levantó la cabeza.

—¡Eso es! ¡Si recurro al rey, no tendré que preocuparme por la Reina de Kei!

Se aferró del pelaje de Setsuko que era bastante difícil de asir debido a su corto pelo.

—¡Voy a recurrir a la Corte Imperial! El Rey de Sai. ¡Conseguiré castigar a Riyou y así
mantener mi nombre en el Registro de Asistentes! —Suzu golpeó a Setsuko tan fuerte

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

como pudo—. ¡Vamos! ¡Vamos al Palacio Choukan en Yuunei!

Setsuko se alzó sin previo aviso. Suzu se aferró a la vida en ello cuando el cuerpo del tigre
se volteó y se agitó en el aire. Barrida de su mundo, había sobrevivido sólo para degradación de
si misma. Y sin embargo, ella tomó su primera pelea con Setsuko. El tigre se agitaba a su
alrededor, tratando de desmontarla. Al fin, pareció darse por vencido y salió al galope a través
del viento, en dirección recta hacia el noroeste. El destino era Yuunei, la capital de Sai.

La ciudad capital de Yuunei. Alguien estaba golpeando las puertas ante la Sala del
Gobierno. La noche se acercaba al amanecer. Alarmado por lo que podría estar en marcha
en ese momento en la noche, los guardias corrieron a las puertas y descubrieron a un tigre rojo, y
en la sombra del tigre, una joven se aferraba al poste.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Vengo de la Gruta Suibi del Monte Ha. ¡Por favor, ayúdeme!

Los guardias bajaron sus lanzas para mantener a raya al tigre. Se suponía que la niña
había sido atacada por esa criatura. Después de darles una mirada altiva, el tigre les dio la espalda
y se marchó volando. Los guardias dieron un suspiro de alivio colectivo.

—Señorita, ¿te encuentras bien?

A la luz del día, el triste estado de la chica se hizo evidente. Su ropa estaba
desgarrada y manchada de sangre. Tenía el pelo enmarañado y la túnica también manchada de
sangre.

—¿Te atacó? ¿Estás bien?

Suzu se aferró al guardia que la estaba ayudando y se tiró a sus pies. Es un milagro. Llegué a
Yuunei. Ella gritó:

—¡Tienen que ayudarme! ¡La señora de la Gruta Suibi está tratando de matarme! Los
guardias se miraron unos a otros.

—¡Se los ruego! ¡Ayúdenme!

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 14
El sistema de nobleza de los Doce Reinos era organizado de acuerdo a las siguientes siete
puestos: rey, príncipe, señor de la provincia (o marqués), ministro, ministro de provincia
(sub-conde), barón y caballero. Hay dos filas que contar y el viceministro (o subsecretario), y
tres subdivisiones de cada uno de los barones y caballeros. Toda la nobleza se dividía entre
estas doce castas.

A nivel del gobierno nacional, la mayoría de los que cuentan son los viceministros o
subsecretarios. A los Hysen (“Magos del Aire”) se les permitía elevarse al rango de conteo
completo de un ministro. Los Hisen como Riyou habían sido elevados de acuerdo a un edicto
imperial que se le concedió un viceministro de estado. El rango de sirvientes hechiceros se
echaba entre los barones y caballeros, que era el más alto típicamente de los burócratas y el
gobierno.

De hecho, tales gradaciones de rango fueron diseñados principalmente para fines de


decoro y decencia. Por ejemplo, cuando una persona de rango inferior encontraba a una de
mayor rango en el camino, le daba derecho al paso. En otras palabras, la autoridad para
exigir que se trate con deferencia adecuada, aunque no mucho más.

En cualquier caso, después de desmayarse frente la Sala de Gobierno, a Suzu la trataron


muy bien. Fue llevada a una sala reservada para los invitados de honor. Un médico y una
enfermera fueron llamados para cuidarla de ella. Ella fue atendida con la mayor cortesía. De
hecho, no eran más que amables, pero el que la trataran con cortesía fue la primera vez para
ella. Se había criado en la pobreza, su familia tenía que rendir pleitesía al propietario. Se había
visto obligada a pasar por debajo del talón de Riyou. En comparación con todo eso, eso fue casi
como un sueño.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Debo de estar soñando, pensó mientras se dormía. Se despertó al considerar mejor su


situación. La cama estaba bañada con una luz suave.

—¿Está despierta? ¿Cómo se siente? —Una doncella estaba esperando a un lado de la


cama en cuanto ella abrió los ojos. Hablaba en voz baja.

Suzu dijo:

—Estoy bien —Se sentó. Le dolían las articulaciones. Hizo una mueca.

—Por favor, descanse. ¿Desea participar en el desayuno?

—Um… sí.

La dama sonrió amablemente.

—No aseguraremos de eso, entonces. Es una suerte que ninguna de sus heridas sean
graves. El desayuno ya se está preparando y un médico la verá en breve. Por lo tanto, por
favor, siéntase como en su casa.

—Gracias —dijo Suzu. Viendo a la señora salir de la habitación, Suzu se abrazó con los
brazos. —Por favor, siéntase como en su casa. Esa mujer magníficamente vestida me lo
dijo.

No lo puedo creer. ¿Esto está sucediendo realmente?

El dosel de la cama ya estaba alzado y doblado. Las puertas del dormitorio estaban
abiertas. La cama en sí era como una pequeña habitación de madera elevada sobre una
plataforma. Mirando las alcobas de su alrededor, Suzu se abrazó de nuevo.

—Ni siquiera en las alcobas de Riyou se está tan bien.

La ropa de la cama era cálida y brillante. Realmente fue una pena que hubiera
dormido ahí con su túnica sucia. El dosel estaba tejido en dos capas de tela, un bonito
bordado de pura seda por un lado, y una mesa de ébano intrincada echa a mano. Había también
un estante de madera de ébano, y un taburete de ébano para entrar y salir de la cama. El estante
de la ropa para almacenar los kimonos estaba hecho de plata.

Suzu miró distraídamente en torno de la cama con el dosel y luego por toda la
habitación llena de luz.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Esto es mucho mejor que cualquiera de las cosas que Riyou tiene.

Suzu no lo sabía, pero era la mejor habitación en el palacio para los invitados. Debido
a que su estatus en la gruta era desconocido, la trataron como si hubiera sido una sub-conde,
el estatus más alto que un siervo de un hisen puede lograr.

Ella estaba con la mirada vacía, observando todo, cuando el doctor entró. De nuevo
examinó respetuosamente las heridas de Suzu, la trató, y luego, con una profunda
reverencia, salió de la habitación. En su salida, pasó la doncella, que venía con su comida
lista.

Los utensilios eran de plata. El cambio de ropa que tenía era de seda con colores
brillantes.

Esto, sin duda, debe de ser un sueño.

—¿Tiene algún tipo de dolor? —le preguntó la doncella. Suzu


negó con la cabeza.

—Gracias, pero estoy bien.

—Si se siente lo bastante bien, me gustaría llevarla a conocer a alguien.

—Creo que me siento bien para eso. ¿Quién quiere verme? La


doncella bajó la cabeza.

—Parece que el rey quiere reunirse con usted. Los


ojos de Suzu se agrandaron.

No lo creo, se repitió a si misma Suzu, mientras la doncella la llevaba a las profundidades del
Palacio Imperial. Realmente voy a conocer al rey. El Rey del Reino de Sai era conocido
como el Rey Sai. El rey se había sentado en el trono aún sin que pasaran veinte años, pero
era muy querido por sus súbditos por su gobierno justo. Más allá de eso, Suzu no sabía nada
de él.

Pasaron por una puerta y caminaron un tramo de escaleras. Cada edificio que pasaba
a través iba creciendo en opulencia. Pilares de rubí y paredes blancas, balaustradas con
colores vivos, acristalamiento con vidrios de cristal. Los pomos de la puerta eran de oro. Los
pisos estaban acabados con piedra grabada, con incrustaciones aquí y allá con mosaicos de

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

azulejos de porcelana.

La doncella se detuvo y abrió una gran puerta, espléndidamente tallada en madera. Dio un
paso dentro de la habitación y luego se arrodilló e inclinó la cabeza hacia el suelo. Suzu se quedó
sin habla ante su entorno, y luego se contuvo y se apresuró a copiar lo que la doncella estaba
haciendo.

La doncella dijo:

—Perdóneme mi intromisión, pero he traído conmigo a la hechicera de la que


hemos hablado antes.

Con la cabeza gacha, Suzu no pudo ver a quién le estaba hablando. Ella escuchó
atentamente, armándose de valor para un sonido que le diera miedo, al mando. En
cambio, oyó la voz de una mujer.

—Gracias. Ella parece ser muy joven.

Era la voz de una mujer mayor. No había ningún signo de desprecio, ni de amargura. Más
bien, era un tono alentador.

—Ven aquí y siéntate.

Suzu tímidamente levantó la cabeza. Estaban en una habitación amplia y luminosa. Una
anciana estaba de pie junto a un escritorio negro de gran tamaño.

—Um… —ella buscó las palabras, sin saber si preguntar ¿Es usted el Rey de Sai?

La mujer le sonrió cálidamente.

—Por favor, levántate. Si has estado herida de alguna forma, no me hace sentir
incómoda. ¿Un té? Por favor, aquí.

Indicó la silla donde Suzu podía sentarse, y luego asintió con la cabeza a sus
sirvientes, que organizaron el juego de té sobre la mesa. Suzu se puso de pie con
aprensión. Instintivamente, levantó sus manos y entrelazó sus dedos, como si estuviera
rezando.

—Um… ¿Es usted el Rey de Sai? Quiero decir, ¿Su Alteza? La mujer
respondió afirmativamente con una sonrisa amistosa.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

El nombre de la Reina de Sai de familia era Chuu, le dieron el nombre de Kin, que
significaba “joya”. El nombre que había tomado como Reina era Kouko, que significaba “madre
de ley de oro”.

—Yo… ah… mi…

—No te preocupes por las formalidades. Relájate. Ahora, has llegado de la Gruta Suibi,
¿no es así?

Kouko empujó la silla hacia ella. Nerviosísima, Suzu se sentón en el borde de la silla.

—Sí.

—¿Y tu nombre es?

—Suzu.

—¿Suzu?

—Um… soy una kaikyaku.

Cierto, parecieron decir los ojos grandes de Kouko.

—Eso es realmente inusual. ¿Cómo llegaste a ser una hechicera?

Con un suspiro de desconsuelo, Suzu comenzó a contar la historia que durante siglos
había estado esperando para decirle a alguien. Cómo había sido arrastrada a ese mundo, las
lágrimas derramadas por su frustración de no ser capaz de comprender el idioma. De cómo
conoció a Riyou, la primera persona que comprendió, y le pidió ser su sirvienta.

Kouko escuchaba atentamente, con alguna palabra ocasional instándola a continuar. La


señora de la Gruta Suibi había sido nombrada hisen por un rey de varias generaciones
antes. El hisen, a diferencia del Chisen, o “magos de la tierra”, no tomaban parte del gobierno
o ayudaban a dar forma política a la nación. Más bien, su característica distintiva era
simplemente que eran de larga duración. Había hisen que

servían a los dioses, pero la mayor parte de ellos llevaban una vida solitaria.

No eran designados muy a menudo los hechiceros para los hisen. Al final, muchos se
cansaban de la vida eterna y dejaban su lugar del Registro de Asistentes. Actualmente, en el
Reino de Sai había sólo tres hisen, y el paradero de dos de ellos eran desconocidos. Magos que

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

se quitaban el nombre en el Registro, a menudo simplemente desaparecían, y ni un pelo de ellos


volvía a ser visto.

—Así que Riyou es la señora de la Gruta Suibi.

—Sí —asintió con la cabeza Suzu.

—¿Qué causó tus heridas? ¿Fueron inflingidas por Riyou?

En respuesta a su pregunta, Suzu recordó los hechos de la noche anterior. Riyou le había
ordenado recoger setas kankin. Ella había encontrado al tigre rojo al borde del acantilado.
Petrificada por la mirada del tigre, se había caído del precipicio.

—Eso suena horrible. Pero, ¿estás diciendo que fuiste enviada a recoger esas setas en
medio de la noche?

—La señora no se preocupa por esas cosas. Quería champiñones para el desayuno y
pensaba que nada que dijera serviría. Ella me odia, de todos modos —Bastaba con pensar en
ello para que las lágrimas llegaran a sus ojos. —Ella siempre me decía que me iba a echar y
borrar mi nombre del Registro de Asistentes. Yo no hablo el idioma, así que si eso ocurría sería lo
mismo que ser golpeada sorda y muda.

Kouko miró a la muchacha que lloraba. Los hisen no estaban involucrados con el
gobierno, por lo que nunca había conocido a Riyou. La única obligación del gobierno, a su vez
era la asignación presupuestaria para el mantenimiento del Registro. Los hisen no se meten en
los negocios del reino y el reino no se metía en el suyo. Había sido un procedimiento
operativo estándar por años.

—Bueno, entonces, supongo que podría hablar con la señora de la Gruta. Mientras tanto,
puedes quedarte aquí y recuperarte.

Suzu la miró.

—Ella puede estar eliminando mi nombre del Registro en estos momentos.

—No necesitas preocuparte al respecto. Si esa solicitud se hace, es algo que tendré que
aprobar. Si la Señora de la Gruta ya ha hecho la solicitud, me comprometo a negarlo.

—¿En serio? —Suzu observó seriedad en su rostro. Kouko respondió con una sonrisa.
Suzu suspiró de alivio. Finalmente, después de un largo, largo tiempo, había sido liberada de

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

la amenaza constante y el miedo. —Gracias. Estoy muy, muy agradecida.

Ella se deslizó de la silla y se postró en el suelo. Después de esto, ella ya no tendría nada que
temer otra vez.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 15

El granero y un pequeño jardín detrás del orfanato estaban cubiertos de nieve. El interior del
granero, por lo general, se calentaba un poco con el aliento de los animales, pero sino era
frío y tranquilo. Shoukei golpeó en el suelo con los pies congelados para quitarse el frío de
lo dedos de los pies.

La nieve se acumulaba más todos los días. Los aldeanos se habían reunido recientemente
en la ciudad sólo de las aldeas del exterior y el aire estaba cargado con la alegría anterior sobre
las noticias del año. Venía el año nuevo, sin embargo, al final de enero la gente se estaba
cansando de la compañía del otro. Pasar el invierno, encerrados juntos, se trataba de un largo
proceso. Sentimientos reprimidos se fueron de las manos, y las disputas mezquinas comenzaron
a salir. Sobre el tiempo de mala sangre comenzó a fluir realmente las ganas de que llegara la
primavera, y todo el mundo volvería al campo con muchas ganas.

Ella no tiene la menor idea de lo que se siente.

A medida que arrastraba los alimentos de los animales, Shoukei maldijo a la reina lejana
del reino oriental.

Lo que se sentía vivir en una vida de un patán, con ropa apestando con el hedor de los
animales de granja, con manos agrietadas y congeladas, con grietas en la piel sangrante.
Dormir bajo una manta congelada en una casa con corriente de aire, tablas de madera tan frías
que por la mañana eran las paredes de color blanco.

Yo lo sé. ¿Y qué clase de vida tienes tú?

Cortinas de seda, ropa de cama perfumada, una habitación caliente bañada con la luz, no
perturbada por una brisa solitaria. Dobladillos de seda en su espalda mientras caminaba a lo
largo, las joyas de obidama en la cintura y una brillante tiara. Los sirvientes a su entera

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disposición y los ministros postrándose ante ella. Su trono descansando sobre un suelo
pavimentado con piedras preciosas, el trono y las pantallas talladas con una artesanía
inigualable y delicada, con incrustaciones de piedras preciosas y llenas de banderitas de oro y
de plata rota.

Ah, sí, esos eran los tesoros más sublimes de su padre. Y ahora tenía todo lo que Shoukei
había perdido. Ella nunca tendría hambre o frío y nunca lo tendría. Adorada por miles, armada
con autoridad sobre todos los oficiales de la tierra…

Con cada paso que daba Shoukei, un agujero más se abría en su alma. Las
maldiciones silenciosas se arremolinaban en su boca. En algún momento, sin dares
realmente cuenta, había llegado a creer que todo lo que ella había tenido había sido robado
por la reciente coronada Reina de Kei.

Imperdonable.

—¡Gyokuyou!

La voz aguda y burlona la trajo de nuevo a la realidad. Ella parpadeó, aún con la mente
en blanco. Entonces se dio cuenta de que estaban llamando con su nombre. Miró a su alrededor
a toda prisa.

Gobo estaba detrás de ella, mirando sus dagas.

—¿Cuánto tiempo más vas a estar repartiendo el alimento? Si estás pensando en perder
el tiempo aquí vas a ayudar a hacer el desayuno, tienes otras cosas que hacer.

—Lo siento, sólo me distraje por un momento.

—¡No quiero escuchar tus excusas! —Gobo agarró un palo y golpeó a Shoukei cerca
de las piernas—. Deberías estar trabajando tres o cuatro veces tan duro como los demás. No
podrás hacer que nadie en este pueblo te alimente. Hay que ganarse la manutención con
tus sucias manos propias.

—Lo siento —dijo Shoukei en voz baja.

Ella no tuvo más remedio que aguantarlo. Humildemente bajó la cabeza, porque la
golpearía más tarde o más temprano. Había aprendido hace mucho tiempo que era lo único
que podía hacer. Estaba esperando que Gobo escupiera repugnantemente a un lado y dejara

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que otro golpe rápido la golpeara por sorpresa.

—¡Como se esas disculpas fueran en serio!

Shoukei cayó de rodillas y se desplomó en la paja, de repente, conciente del fuerte dolor
en sus hombros.

—¿Crees que serás recogida por alguna vieja quisquillosa? ¿Qué me alabes de esa forma
para así salirte con la tuya?

—Yo…

Gobo, una vez más, bajó el palo hacia ella. Shoukei se hizo un ovillo mientras la
golpeaba con fuerza en la espalda.

—¿Por qué arrastrar un peso muerto conmigo? ¿Por qué nos toca a nosotros poner comida
en tu boca? ¿Por qué los niños de este orfanato perdieron sus padre, eh? ¿Por lo menos tienes la
menor idea?

Shoukei se mordió el labio. No importara lo que le dijera, ella no hablaría.

—¡Todo es culpa de Chuutatsu! ¡Tu padre!

Pero eso no tiene nada que ver conmigo, Shoukei se gritó a si misma mientras yacía en
el suelo. ¡Ah, pero Su Alteza, la Reina de Kei, no sabe nada de esta vida! Sus dientes seguían
apretados juntos, cuando Shoukei oyó una voz débil.

—¿Es cierto?

Levantó la cabeza. Gobo miró hacia atrás por encima de su hombro. Una de las niñas
huérfanas se encontraba inmóvil en la puerta del granero.

—¿Qué estás haciendo aquí…?

—¿Quieres decir que, el padre de Gyokuyou, es Chuutatsu? Si es eso, ¿significa que


Gyokuyou es la princesa real? —Sus ojos cayeron sobre Shoukei—. ¡Eso significa que es la
princesa Shoukei!

Gobo se encontraba perdida en cómo responder. Shoukei se quedó mirando a la chica.


La chica comenzó a dar vuelta y correr hacia el orfanato.

—¡La princesa real está aquí! —gritó ella—. ¡La hija de los asesinos!

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Los niños llegaron con apuro. Miraron a la estupefacta Shoukei, asombrados. Varios de ellos
se lanzaron hacia ella. La cara se le puso blanca a Shoukei. Las voces de los niños resonaban
desde el patio delantero. Ella pronto escuchó una fuerte conmoción y el sonido de más pasos
que se acercaban.

—¿Ella es la princesa real?

—¿En serio?

La multitud inflamada rodeó a Shoukei, llevándola a la esquina del almacén.

—¡Es cierto! ¡Gobo misma lo dijo!

—¿Es eso cierto, Gobo?

La mirada de todos cayó sobre Gobo. Shoukei la miró suplicante. Cerró los ojos por un
segundo. Gobo se dirigió a la multitud reunida.

—Sí, lo es.

Siguió un momento de silencio, y luego los gritos de abucheos sacudieron el granero.

Shoukei fue sacada de la granja y tirada a la nieve.

—Esperen… por favor…

Tan pronto como las palabras salieron de su boca, los golpes llovieron. Ella gritó y fue
lanzada lejos.

—¡Alto!

La voz estridente rasgó el aire. El hecho se hundió en la mente aturdida de Shoukei, la voz le
pertenecía a Gobo.

—¿Por qué deberíamos hacerlo?

—Piensen en esto, ¿qué es lo que ella está haciendo aquí?

—¿Qué quieres decir con eso de qué es lo que hace aquí?

—Alguien la ha registrado en el censo. Y habrá tenido problemas al hacerlo. Como he dicho,


piensen en esto, ¿quién podría lograr hacer algo así?

—¿Quién podría hacer algo así? —Toda la multitud se hizo la misma pregunta y luego

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todos llegaron a la misma respuesta: —¡El Marques de Kei!

El señor de la provincia de Kei, el comandante de los señores provinciales, el que había


matado al rey.

—Si fue él quien lo hizo, ¿creen que quisiera que la golpearan hasta la muerte? El
marqués no ha librado de ese bastardo. Ya no tenemos miedo a los secuaces del rey. Ya no hay
que preocuparse por ser arrastrado a la horca. Todas esas leyes odiosas fueron derogadas. El
marqués nos ha dado una vida de paz y seguridad.

—Pero…

—Yo odio a la pequeña princesa, también. Pero si el marqués decidió salvarla, no voy a
ser yo quien le lleve la contraria. Sería como escupirle en la cara. Yo sé cómo se sienten, pero
he tenido que mantenerme a raya.

Eso es lo que dices tú. Shoukei arañó la nieve.

—¡Eso lo dices ahora! ¡Cuando hasta ahora no has hecho nada, pero me has
atormentado para tu propio entretenimiento!

Una bola de nieve la golpeó en la nariz. Shoukei se cubrió la cara con las manos.

—¿Por qué la proteges, Gobo? ¡Si tú le estabas dando una paliza a ella!

—¡Es cierto! ¡Vamos a desquitarnos con ella también!

—Escuchen, todos…

—¡Mientras esta perra estaba descansando en el palacio, estaban asesinando a mi mamá y a


mi papá!

Shoukei gritó:

—¡Fueron castigados por haber faltado a la ley! —Siempre había sido así. La gente siempre
criticaba a sus padres. Pero su padre no los ejecutaba porque lo disfrutaba. —Si quieren que las
cosas mejoren, para eso, un reino debe tener leyes. De lo contrario,

¡todos harían lo que les viniera en ganas! ¡Así que por supuesto que iban a ser

castigados! ¡Sólo molestan a la gente que hizo las leyes, porque quedaron atrapados! ¡Si nadie
tuviera miedo de ser castigado, entonces no obedecerían las leyes en primer lugar!

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Otra bola de nieve llegó volando a ella. Shoukei quedó en cuclillas recibiendo una bola de
nieve tras otra.

—¿Así que está bien matar a la gente, entonces?

—¿Por el hecho de que se enferme y no pueda ir a trabajar?

—Tuvimos que dejar el campo antes de la cochera para cuidar de mis padres. ¿Esa es razón
suficiente para cortarles la cabeza?

—¡No se nada de eso! —gritó Shoukei—. ¡No es mi culpa! ¡No sabía lo que hacía mi
padre! ¡Lo único que ví fue lo que me dejó ver!

La agarraron, la ataron, la echaron a la cárcel de la ciudad y la dejaron allí. Después de la puesta


del sol, Gobo fue a verla.

—He traído carbón —le dijo—. No quiero que te mueras de frío. Shoukei
estaba sentada contra la pared fría.

—Prefiero morir de frío.

—Lo estarás demasiado pronto. En este momento están decidiendo qué hacer
contigo.

—Sientes lástima por mí, ¿no es así? Realmente es demasiado tarde para eso. Gobo le
dirigió una mirada fría.

—No siento lástima por ti. No quiero hacer el mal sólo por el Marques. Shoukei
resopló.

—¡Gekkei! ¡Ese chacal!

—¡Basta! —dijo Gobo con voz firme.

Shoukei altivamente levantó su cabeza, a su vez.

—Derrocó al rey y se sentó en el trono sin el Mandato del Cielo, eso es regicidio. No importa
cómo lo quieras contar como algo bueno. —Las imágenes terribles de ese día llenaron su
mente—. Mató a mi padre. Y ni siquiera eso fue suficiente. A mi madre también. ¡Y a
Hourin! Gekkei es un traidor. Mató al rey y al Kirin, y le robó el trono.

—¿En serio? —Gobo murmuró para sí—. ¿Entonces el rey y la reina fueron

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ejecutados delante de ti?

—¡Es un traidor! ¿Acaso no sabes nada?

Incluso si lo supiera, la dura expresión de su rostro no cambió para nada.

—Lo que sé es que tú estás podrida hasta la médula de tus huesos.

—Lo que sabes…

—El marqués no puede tomar el trono para si mismo. Vive en la capital provincial. El
hecho de que eres algo desvergonzada, no significa que todo el mundo es tan egoísta como tú.
Pero si eso es lo que realmente pasó, maldice todo lo que quieras. No serás capaz de durar
mucho tiempo.

—Pero, por supuesto, que me van a matar, no importa lo que yo diga.

Cuando Gobo le dio la espalda, Shoukei siguió el resplandor detrás de ella. Será por
todas. Me estoy cansando de todos ustedes.

Gobo le dijo:

—Parece que la gente del pueblo no está en sus cabales, no importa lo que diga. Están
hablando acerca de descuartizarte.

Shoukei se puso de pie.

—Un momento. ¿Qué están pensando en qué? —Gobo cerró la puerta y cortó la luz
abruptamente. —¿Seré descuartizada, es lo que dices?

Eso significaba atar sus brazos a un par de estacas y las piernas a dos carros tirados
por bueyes y luego romper su cuerpo en pedazos. El más bárbaro de todos los castigos.

Shoukei gritó, pero no había nadie que la escuchara. En la helada oscuridad de la celda, la
única luz provenía de la luz roja de los carbones en el brasero.

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Capítulo 16

Es todo una pesadilla, Shoukei pensó mientras la arrastraban de la celda. Todas son
mentiras, sólo más odio de Gobo a costa de ella, se decía una y otra vez. Fue llevada a la plaza
pública frente al Rishi. La sangre se le heló en las venas.

—No puede ser.

La plaza estaba llena de gente. Vio a gente de afuera ahí. En el centro de la pared de
gente un pedazo de tierra estaba despejado de nieve. Dos estacas habían sido clavadas en
la tierra y dos carros tirados por bueyes la estaban esperando.

Ella miró a los dos hombres que la llevaban de los brazos.

—Están bromeando, ¿verdad? Realmente ustedes no están haciendo esto,

¿verdad?

—Oh, asustada, ¿cierto? —Se burló uno de los hombres—. Pero si tu padre lo hizo tan a
menudo.

El otro hombre le dio una sonrisa torcida.

—Debes de estar muy contenta de irte de la forma que tu padre más le gustaba. Papá
debe de estar bailando en los cielos viendo conseguir a su propia niña su propio escenario.

—No…

Shoukei hizo todo lo posible por mantener el menos alcance posible. Plantó los pies, se
resistió con todas sus fuerzas, como podían la llevaron a lo largo, cayó al suelo y se retorció
para librarse de sus manos, y todo fue en vano.

—Paren, por favor.

—¡Deja de quejarte! —el hombre le escupió—. ¡Así es como mi esposa fue asesinada!

Todo lo que había hecho, él se lamentó, fue llevar una horquilla en una visita a una ciudad

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vecina. Él le dio un tirón, mientras ella sacudís sus brazos desesperadamente.

—Darte una idea de su propia medicina no acaba por compensar por eso, pero es todo lo
que tenemos. Habrá que hacerlo.

—¡No! Por favor.

No vio compasión en los rostros de la gente del pueblo. Sin ninguna esperanza de rescate,
fue derribada y tirada al suelo. Ella gritó y lloró, pero esos hombres no tenían ni una gota de
compasión en ellos. Ella cruzó los brazos y atrajo sus rodillas contra el pecho. Sacaron sus
brazos y los sujetaron con una correa de cuero y le ataron los brazos a las estacas.

Con los ojos muy abiertos, en busca de ayuda, el cielo opaco se reflejaba en las miradas
vacías de los rostros. Ella pateó sus piernas contra el suelo. Alguien se las agarró. Sintió
que el cordón de cuero se envolvía alrededor de sus tobillos y gritó. Se estaba inmovilizada,
literalmente, en el suelo.

Esto no puede estar pasando. Algo tan terrible no podía estar sucediendo. Sus

piernas estaban atadas al cordón de cuero. El cordón estaba tirando y apretando, abriéndolas las
piernas.

En la esquina de su mirada fija flotaba una mancha negra. Ah, una premonición de muerte.
Quiero morir antes de que mi cuerpo esté dividido en dos.

Abrieron su mandíbula con fuerza y le metieron un trapo en la boca para que no le sea
fácil tragar su lengua. En su línea de visión, la mancha negra se hizo más grande.

La cuerda atada a sus piernas estaba sujeta a los carros. La mancha se extendía por el
cielo volviéndose de una magnitud más grande. De repente, vio la cara de un hombre
inclinada sobre ella.

Vio algo rojo en medio del negro. Un rojo carmesí. No, era una bandera.

Una bandera.

Y luego reconoció la forma de la mancha negra. Era la silueta de un pájaro. Un gran pájaro
con tres alas. Descendiendo ante ellos. Y la silueta de un jinete montado en ella. El jinete
llevaba la bandera roja. Shoukei reconoció las constelaciones de estrellas y dos tigres en la
bandera.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Shoukei cerró los ojos. Las lágrimas salidas de las esquinas de sus ojos le congeló la sien.

La bandera era la bandera de la guardia de la provincia de Kei.

A la vista de la bandera, la gente se agolpó en la plaza, recobrando el aliento colectivo.

Unos minutos más y los años de amargura se habrían vengado. Sus familiares
asesinados en frente de ellos, decapitados, y sin poder hacer nada para salvarlos.
Negarles incluso enterrar sus restos hasta que el tiempo señalado hubiera pasado. Todo ese dolor
y resentimiento.

El ave se posó en la plaza.

—¡Alto! —dijo el guardia en voz alta.

¿Por qué? Suspiraron varias personas de ahí. ¿Por qué debía de aparecer ahora? Miraron
a su alrededor en busca de Gobo. Ella se había opuesto a la ejecución hasta el

final. Sólo podían imaginar que había informado sobre ellos. Pero Gobo no estaba a la vista.

El soldado bajó del ave. Llevaba una armadura.

—¡El linchamiento está expresamente prohibido!

¿Pero por qué? Las voces decepcionadas se arremolinaban en torno de la plaza.

El soldado contempló la escena. Él llevaba la insignia de un general de provincia. Levantó


el brazo, señalando a la multitud que se callara. Dos pájaros más descendieron y aterrizaron. Los
soldados se apearon y corrieron hacia la plaza para liberar a la chica sometida.

—Entiendo lo que están sintiendo. Pero esto no es de acuerdo a los deseos del
Marqués.

Los murmullos de decepción y desaprobación llenaron de nuevo el entorno. Mirándolo,


el general podía oír el dolor en sus voces. La gente aún tiene, al difunto Rey Chuutatsu, nada
más que desprecio y odio.

Un oficial famoso por su honestidad y franqueza, que ha husmeado a burócratas


corruptos en las altas esferas y no perdonaba a ningún subordinado que tomara un
soborno, su nombre oficial era Chuutatsu. Cuando había sido elegido rey, el gobierno tuvo,
en general, regocijo. Iba a restaurar el reino, que se podría bajo el gobierno de los reyes

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

anteriores.

Sin embargo, las leyes promulgadas con el fin de detener la descomposición, no logró
lo que Chuutatsu hubiera esperado. Se aprobaron más leyes, los estatutos se multiplicaron,
y no antes de que nadie se diera cuenta, había reglamentos que abarcaban a todo el mundo a
partir del plebeyo para servir, y todo de lo que llevaba a los utensilios con los que comía. Y a
estas normas se adjuntaban duras penas.

Las leyes deben de ser aplicadas sin sentimientos. Esa era el dicho de Chuutatsu, a su cara,
correcta. Si la piedad y la compasión les permitían distorsionar la aplicación de las leyes, las
leyes se volverían impotentes. El número de personas siendo castigadas creció de forma
alarmante. El apenado Chuutatsu, hizo las sanciones más severas. Si alguna vez alguna voz se
alzaba en señal de protesta, se aprobaba una ley para silenciar dicha voz. Y por lo tanto, los
cuerpos de los criminales ejecutados se apilaban en las plazas.

En el año en que Chuutatsu había sido depuesto, sólo en ese año, tres mil personas fueron
ejecutadas. Desde su coronación, el total había llegado casi a seis mil, o uno de cada cinco
personas.

—Entiendo bien su amargura, y lo mismo ocurre con el marqués. Es por eso que se atrevió
a mancillar su nombre y derrocar a Chuutatsu.

Después de estimular a los señores provinciales para cometer el regicidio, Gekkei se


retiró a la capital provincial y se retiró de la política. Los señores ministros de las

provincias tomaron las riendas del gobierno, pero Gekkei no participaría.

—Cuando las personas se encargan de emitir juicios y castigos exactos de acuerdo a sus
intereses, entonces la ley se convierte en una idiotez. No importa lo profundo de su indignación,
no se puede jugar con la ley, declararla a su propia satisfacción qué es un pecado y qué no es, y
vengar agravios sin la debida autorización.

Pero, vinieron las quejas. El hombre una vez más, alzó la mano.

—El destino de la princesa real ya ha sido resuelto por los señores y ministros.
Cualquier objeción que tengan con la presente sentencia, tomar la justicia con sus propias
manos no puede ser tolerado. Si sonreír una sola vez, los rumores de este lugar se regarán como
la pólvora. No son los únicos que tienen motivos de queja. La princesa real no es la única a

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quien odian. ¿Saben cómo los verdugos se han escondidos por temor a ser linchados? Con
los castigos más crueles, están trayendo a este reino ese tipo de retribución con la vida. Yo
estoy pidiendo que por favor consideren el destino de nuestro reino y actúen con prudencia. —
Miró sus cabezas gachas—. Vamos a proteger este reino y lo entregaremos al nuevo rey, sin
vergüenza ni arrepentimiento. ¿Cómo podemos esperar de nuestro gobierno un ilustrado rey,
si le entregamos a él un reino devastado por la venganza? Los señores provinciales y los
ministros están trabajan hasta el final, y les pido ayuda a todos para hacerlo.

La chica fue subida a la espalda del pájaro. Se hizo el silencio en la plaza, un silencio
breve barrido por el sonido de los gritos.

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Parte IV

Capítulo 17

Cuando Shoukei abrió los ojos, estaba tendida en una cama con dosel, magníficamente
vestida. Ah, así que fue todo un sueño después de todo. Ella dejó escapar un suspiro de
alivio. Todo un sueño: el asesinato de sus padres, siendo enviada a un orfanato, las hondas y
flechas de odio y maldad, a punto de ser cruelmente ejecutada.

—¿Estás despierta? —una voz helada le dijo.

Shoukei se sentó y miró a su alrededor. La doncella sentada al lado de la cama la miró.


Shoukei pensó, ¿qué está haciendo esa mujer en mi cuarto privado?

A medida que reflexionaba, la doncella se levantó y salió de la habitación. Shoukei


finalmente se dio cuenta de la diferencia de su cuarto en el Palacio Youshun y la
habitación en la que estaba ahora. Todo lo que tenía era una túnica de manga corta, un borde
alargado con remiendo que coincidía con el tejido.

La ansiedad llenó su corazón. Echando un vistazo por la habitación, vio doblado sobre la
mesa un jukun claro, una blusa y una falda de lana dura y áspera, un delantal de algodón y una
chaqueta de lana.

—¿Dónde estoy?

Aún con sólo la túnica, Shoukei se bajó de la cama y caminó por la habitación.

Esto no es un sueño. Ese guardia vino a mi rescate y me salvó.

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Shoukei no sabía si era algo que debía de estar agradecida o no. La puerta del
dormitorio estaba abierta. Un hombre entró en el cuarto junto a la doncella.

Shoukei se congeló en el acto.

—Gekkei.

Una sonrisa sardónica vino a los labios del hombre.

—Vístete.

Shoukei se apresuró a regresar a la cama, mortificada porque la hubiera visto con esa
túnica raída. Se apresuró a ponerse el jukun, ruborizada por la vergüenza por la pobreza de
la blusa y la falda.

—Debería agradecerle a Gobo. Ella viajó todo el día y la noche para llegar al castillo para
hacerme saber lo que estaba pasando.

La voz de Gekkei se filtraba a través de las cortinas de la cama con el gran dosel. Shoukei
se arregló la ropa lo mejor que pudo. ¿Gobo? Hizo una mueca. ¿Qué pasó con esa mujer? Ella
había hecho su vida un infierno y luego se daba la vuelta y besaba a Gekkei como si fuera un
ángel. ¿Agradecerle a una mujer así?

Con toda la fuerza intestinal que pudo, salió de la cama con dosel y se bajó de la cama,
sosteniendo su cabeza en alto. Gekkei se apoyó en la gran mesa, cruzó los brazos y la miró.

—Nunca pensé que volveríamos a encontrarnos, pero por desgracia, fue necesario.

—¿Está satisfecho? ¿Feliz de verme en un estado harapiento?

—Tú eres todo lo terrible de la visión.

Shoukei sintió la sangre en sus mejillas. Su aspecto era muy pobre al lado de las túnicas
de seda de Gekkei. Su cuerpo huesudo, quemado por el sol. Como era invierno, no se había
bañado en años.

—Tú hiciste esto de mí —le dijo Shoukei, con sus palabras impregnadas de rabia.

—¿Quieres decir porque estás vestida con harapos y fuiste enviada a trabajar? — Gekkei
sonrió—. ¡Qué fácil debe de haber sido adornarte con seda y joyas y ser alabada por tu belleza!
¿Qué chica no se cree elegante con los sirvientes a su entera disposición, y los veranos que

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pasaba retozando en la sombra de los árboles? Sin embargo, la gran mayoría de la gente usa lo
que tú llamas harapos y trabaja la tierra con el sudor de su frente. Lo que es realmente feo es
tu desprecio por la vida humilde.

—¿Y en dónde estamos ahora, Gekkei? —escupió Shoukei—. En el castillo, en el que te


vistes de seda, jugando con los poderes del gobierno, dando rienda suelta a tus juegos poco
lascivos. ¿El rey se divierte jugando?

Gekkei sonrió.

—Me cuesta pensar en cómo responder a esa pregunta.

—Tú eres el traidor que mató al rey y le robó el trono.

—Eso sí no veo la necesidad de negar. Sin duda, es correcto frente a tu cara. — Volvió
su mirada hacia ella—. Evidentemente, permitiendo a la princesa real residiendo en Hou, sólo
causará más caos sin sentido. Es probablemente mejor que te vayas.

—¿Quieres decir, desterrarme? Ya has quitado mi nombre del Registro de Asistentes y


me obligaste a vivir con harapos en una choza de madera. ¿Y ahora me das el exilio?

—Teniendo en cuenta los castigos anteriores, ¿realmente crees que eso es mucho?

En su rostro mostraba un claro desprecio, Shoukei podía hacer poco o más que
retorcerse las manos.

—¡No puedes estar hablando en serio!

—Yo sé que el Reino de Hou se enfrenta a un cierto declive. A partir de este punto en
adelante, sólo empeorarán. Lo que tú llamas “harapos”, a lo que llamas “madera”, va a parecer
un lujo.

—¡Tú eres el que mató al rey!

—Y no me disculpo por eso —continuó Gekkei fríamente—. Si el difunto Chuutatsu habría


podido continuar, la mayor parte de las personas hubieran muerto también. En cualquier
caso, estaba destinado a caer. Sin embargo, mientras esperábamos a que el Cielo lo
sancionara, las cosas podrían haber llegado a ser tan caóticas como para evitar que el reino
nunca vuelva a su antigua gloria. Lo que hicimos fue necesario para evitar el daño mínimo.

—Entonces, deberías subir a la montaña y conocer la Voluntad Divina. Pregúntate

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entonces, si has cometido regicidio, si debes convertirte en rey. La Voluntad Divina no será
bueno ciertamente contigo enguanto asesinaste al rey. Si yo fuera tú, tendría cuidado de no ser
golpeado por un rayo que pasa.

—Una vez más, no veo ninguna necesidad de contradecirte —Gekkei sonrió con ironía—
. He pedido que te llevaran para el Reino de Kyou. La Reina de Kyou ha accedido amablemente
a tomar a la princesa real bajo custodia.

Se dio la vuelta para irse. Shoukei le gritó:

—¿Por qué no me matas? ¡Córtame la cabeza con la misma espada con la que mataste
a mi padre!

—Porque yo elijo no hacerlo —dijo Gekkei, dirigiéndose hacia la puerta.

—¡Todo se debe a que querías ser el rey! —Shoukei echaba chispas—. ¡Debido a que
estabas celoso de él! ¡Y ahora todo el mundo, incluido tú, me odian porque me tienen
envidia! Porque soy la princesa real, ¿no es así?

Gekkei no respondió. Se fue sin mirar atrás. La puerta se cerró detrás de él. Shoukei
se quedó mirando la puerta cerrada, y luego enterró su cara entre sus manos.

Gekkei regresó al Palacio Gaiden del palacio interior. Shoukei estaba oculta en las
profundidades del palacio. Sabía que incluso entre los ministros había todavía quienes resentía
profundamente su existencia y tratarían de matarla si tuvieran la oportunidad.

Deberías subir a la montaña y conocer la Voluntad Divina.

Sus palabras lo apuñalaron hasta la médula. Él sabía muy bien que él había rechazado la
Voluntad Divina, pero no se disculparía ahora. Se detuvo en una ventana a las afueras del
Gaiden y miró al sudeste, atravesando el mar de las nubes, hacia las cinco montañas
sagradas en el centro del mundo. Allí, el Kirin que elegiría al próximo rey estaba naciendo.

En dos o tres años, la noticia vendría del Monte Hou y los estándares de color
amarillo se pondrían en todos los Rishi del país. Habría un Kirin en el Monte Hou y el rey sería
elegido. Aquellos que creían en si mismos, subirían al monte y expresarían su deseo por el
trono. Gekkei sabía que no sería uno de ellos.

Las crueles leyes habían sido seguidas por masacre tras masacre. Se extendió la noticia

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de la mala salud del Kirin. A pesar de la probabilidad de que sea el shitsudou, el desesperado
Chuutatsu se dedicó a promulgar leyes más duras. Si se trataba del shitsudou y el Kirin era
destruido por ella, se necesitarían varios meses a un año para que el Kirin muriera. E incluso
después de que el Kirin muera, volvería a tomar varios meses a un año para que el rey lo
siguiera también. En ese espacio de tiempo, sabía los horrores que pasaría la gente. Gekkei no
tuvo más remedio que acelerar las cosas. Si lo hacía, debía ser en parte por la Voluntad Divina.

Se daría un reino digno al siguiente rey. Hasta ese día, el Mandato del Cielo había caído
sobre sus hombros, y tenía que luchar contra la inevitable ruina del reino.

Se volvió hacia el sureste, hacia el Monte Hou, e inclinó la cabeza.

Gobo oyó a la doncella acercarse a la habitación y levantó la cabeza.

Le habían prestado un caballo de los establos del ayuntamiento y galopó a través de la


nieve día y noche. Ella lo había hecho a tiempo. El guardia provincial fue enviado al rescate de
Shoukei. Mientras descansaba en el castillo, Gobo esperó por el juicio seguro que estaba por
venir. Ella había confesado que comprendía que la chica que se le encomendó era la
princesa real, confesó la tortura que le causó a ella por ese conocimiento. Como consecuencia
de ello, había traicionado la identidad de Shoukei a la gente del pueblo.

Gekkei entró en la habitación. Gobo se arrodilló y se postró ante él.

—Por favor, como sea.

Gobo miró la cara serena de Gekkei. Gekkei le dijo:

—La princesa real se irá de Hou. No te puedo decir dónde, pero nunca volverá a Hou
otra vez.

Por supuesto, Gobo asintió con la cabeza, mirando hacia el suelo. Por supuesto, él le había
dado a la chica una palmada en la muñeca. Ella había estado esperando que

Gekkei se lamentara por el hecho de que no la había castigado severamente a Shoukei

lo suficiente y le daría una paliza en su nombre.

—Vas a ser despedida de su puesto como directora y de superintendente.

—Ya lo sé.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Por el momento, la gente del pueblo no estará bien dispuesta hacia ti. He arreglado para
que puedas ser reubicada.

—Gracias, pero no creo que sea necesario.

Gekkei examinó la cara vuelta hacia arriba de Gobo.

—Has demostrado una preocupación notable por la seguridad de la chica. Entonces,

¿por qué la perseguiste con tanta severidad?

—Yo no la podía perdonar —Gobo desvió la mirada—. Chuutatsu asesinó a mi hijo. Sabía
que nunca podría compensar todo lo que sentía, pero cada vez que la veía, no podía dejar de
sentir el querer echarla. Me enojaba tanto que perdía el control de mi misma. Pero fue ella la
que me dijo. Ella me contó que era la princesa real, dijo que no sabía nada de lo que hizo su
padre. No se lo pude perdonar.

—Ya veo —dijo Gekkei.

—La princesa real tiene la responsabilidad de conocer, sobre la vida de la gente. El lanzar
simplemente el pasado a un lado y pedir descaradamente misericordia, era imperdonable. Ella
nunca hizo lo que debía. Por aquí, no se olvide de que la gente tiende a la ganadería y la gente
pasaba hambre. Ella nunca sacó su propio peso. Ella vino privilegiada y dijo que nunca hizo
su parte y esperaba que los demás sintieran lástima por ella, por lo difícil que era para ella.
Pensé para mí misma, ¿por qué debo dejar que se salga con la suya?

—Por supuesto.

—Esta chica no entiende sus sentimientos de culpa. Todavía no cree que tenga nada
de qué disculparse. Incluso vio a sus padres asesinados frente a ella, y todavía piensa que es
todo acerca de ella, de su sufrimiento, de su dolor. Una gran cantidad de personas sufrieron lo
mismo, pero ella no quiere admitir que nada de eso ocurrió porque ella no hizo lo correcto
cuando se suponía que debería hacerlo.

—Entiendo cómo te sientes, pero no se puede hacer que otra persona sienta el dolor.
Creo que todos estaríamos mejor si nos olvidáramos de Chuutatsu. Dejar el pasado en el
pasado, ¿no te parece?

Gobo asintió con la cabeza.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Me complace que contara con la presencia de ánimo para hacerme saber lo que estaba
pasando. Lo que hiciste no constituye peligro contra la gente del pueblo. Por ahora, sin
embargo, se verá a la luz un poco de malicia. Así que en su lugar, permíteme ofrecerte mis más
sinceros agradecimientos.

Gobo inclinó la cabeza. Las lágrimas que se habían secado desde el día en que murió su
hijo volvieron a brotar y se derramaron hacia el piso.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 18
—Creo que esta es la primera vez que nos hemos encontrado.

La Reina Kouko asintió con la cabeza a la mujer que entraba a la habitación. Diez días
habían pasado desde que la joven se había derrumbado a las puertas de la Sala del Gobierno.
Durante ese tiempo, Kouko se había reunido con frecuencia con Suzu, y había enviado órdenes a
los ministerios solicitando más información sobre esa Riyou, señora de la Gruta Suibi.

Riyou levantó la cabeza con arrogancia. Con apenas un “Hola”, ella se dirigió a la gran
mesa, agarró una silla y se sentó.

—No he estado en el palacio durante mucho tiempo.

A primera vista, se habría observado a Kouko como la abuela de Riyou, quien parecía
mucho más joven, en la flor de su juventud. Pero, de hecho, Riyou tenía el doble de la edad de la
Reina.

—Se siente como en los viejos tiempos, casi. Apenas algunas cosas han cambiado.

—Tengo en resguardo a una chica llamada Suzu. Al parecer, ella había estado viviendo
en la Gruta Suibi.

Esto trajo una sonrisa a los labios insinuantes de Riyou.

—Por lo cual estoy agradecida. Inútil como empleada doméstica, pero sí la considero un
miembro de la familia.

Kouko suspiró para sus adentros. Riyou


dijo:

—¿Y qué es lo que ha estado diciendo ella? ¿La Reina de Sai realmente le cree? Los
sirvientes nunca tienen a su amo en alta estima. Desde luego, nada de lo que haya dicho tendrá

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

un valor.

—Suzu jura que intentó matarla.

—Oh, tonterías —se rió Riyou—. Ciertamente no a propósito. Sí me cansé de tenerla


a mi alrededor, que acabé echándola para deshacerme de ella. A decir verdad, lo he pensado
hacerlo muchas veces. Pero cada vez, la mocosa se ponía de rodillas y me rogaba que no lo
haga.

—La envió en medio de la noche, en pleno invierno, a recoger setas kankin.

—Sólo porque soy muy generosa —Riyou volvió a reír—. Esa chica rompió un jarrón
que me había dado mi señor. Era la manera en que podía pensar para darme las gracias por
perdonarla.

Youko frunció el ceño. El rey del que hablaba Riyou había vivido muchas generaciones
antes. Fu-ou era su nombre. En verdad, Riyou había sido su concubina.

—Ella dice que instó a su tigre hacia ella, también.


Riyou se encogió de hombros.

—La forma en que lo dice suena terrible. ¿Eso es lo que dijo? Es peligroso recoger setas en
medio de la noche, así que envié a Setsuko en el caso de que algo desafortunado suceda.

—A mí me suena a que usted trata a sus sirvientes bastante mal.

—Ellos saben muy bien lo que implica el trabajo. Si a otras personas no les gusta, bien,
deben ocuparse de sus asuntos. Si mis siervos no están contentos conmigo, son libres de irse
en cualquier momento. No le veo el problema.

—Incluso si quieren, hay quienes no pueden.

Hmph, Riyou puso mala cara, con una sonrisa burlona.

—¿Quieres decir por no ser capaz de entender cualquier cosa una vez que se elimina
del registro? ¿Qué tan difícil es eso? Ella se pega sola, porque prefiera aguantarme a
convertirse en una persona normal de nuevo. Si yo fuera una persona tan horrible, ella acabaría
abandonando. ¿No se trata de eso?

—Suzu es una kaikyaku. No ser capaz de comunicarse es un gran trabajo para ella,

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

¿no?

Riyou miró con desprecio a Kouko, sonriendo mientras alzaba la voz.

—Incluso cuando habla el mismo idioma que el resto de nosotros, ¡todavía no sabe qué
camino ha tomado!

Después de haber comprendido la esencia del argumento de Riyou, Kouko respiró hondo.

—Así que, entonces, ¿por qué se comporta así? Es sinceramente lo último que
esperaría de la dueña de la Gruta Suibi.

Cuando Riyou había sido miembro del Palacio interior del Fu-ou, ella había sido una gran
ayuda para él. Pero cuando los criados malévolos se aprovecharon de la naturaleza mansa del rey
para satisfacer sus propios comportamientos tiránicos, le echaron en cara el nombre del rey, y
se ganó el odio del convenio. Ella reprendió al rey, así, una vez que comenzó a alejarse de la Vía,
y por lo tanto, se cayó en desgracia.

Al final, ella se exilió en la Gruta Suibi.

Ella fue vista con recelo por los sirvientes del traidor, pero no fueron capaces de
despojarla de la Secretaría o de lo contrario tendrían un castigo. Ella era demasiada lista para
ellos. Pero con Riyou tan lejos, el imperio de Fu-ou se fue en un descenso rápido.

—Una vez más, ¿por qué el ser tan insolente? ¿Está usted retándome para
sancionarla?

—¿Te atreverías a intervenir en el negocio de una hechicera hisen?

—Está dentro de las prerrogativas reales. Yo simplemente nunca he tenido motivos para
recurrir a ellos.

Riyou se puso de pie, con una sonrisa desafiante.

—Haz lo que quieras, entonces.

—¿Usted conoce a la Reina de Kei? —preguntó Suzu a Sairin, el Kirin de Sai. Estaban en el jardín
del palacio, tomando sol. —Oh, lo siento, la he tratado como Taiho.

La joven sentada delante de ella tenía el pelo de color dorado brillante a la luz del sol.
Sairin había servido, de hecho, dos reyes, pero en base a su aspecto exterior, parecía

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

incluso más joven que Suzu. Sus rasgos eran muy finos y delicados. Su verdadera naturaleza era
la de un unicornio, y Suzu estaba segura de que un Kirin debía de ser un animal de extraordinaria
belleza.

—No importa —dijo con una sonrisa—. Puedes dirigirte a mí como quieras.

Kouko tenía un carácter reservado, pero la disposición de Sairin era mucho más
tranquila. Ella tenía una sonrisa tranquilizadora desde el amanecer hasta el anochecer.

Es como un sueño, pensaba Suzu cada vez que recordaba los días pasados bajo el látigo de
Riyou. Preguntó con más cortesía:

—¿Por casualidad el Taiho conoce a la Reina de Kei?

Sairin negó con la cabeza.

—¿Nunca la ha conocido? ¿Ni con su rango de Kirin de Sai?

—Kei no es un reino vecino y no hay ninguna razón para asociarnos, es poco probable
que alguna vez nos conozcamos.

Huh, Suzu murmuró para sus adentros. En cada uno de los Doce Reinos había un rey y un
Kirin. Se podría pensar que tendrían algún tipo de soledad si fueran su única

compañía.

—¿Estás interesada en la Reina de Kei? —le preguntó Sairin. Su pelo dorado se


derramaba por sus hombros brillando al solo como oro blanco.

—Ambas nacimos en Yamato. Las dos tenemos la misma edad.

Ah, Sairin sonrió. Suzu había oído a Kouko llamarla Youran, o “moisés”. Ella
realmente tenía una suave disposición de la contención de un bebé en su cuna.

—Estar solamente aquí, realmente me gustaría conocerla, aunque sea sólo una vez

y hablar con ella de Yamato.

—¿Echas de menos Yamato?

—El hogar es donde está el corazón, después de todo. No puedo decirle cuántas veces
lloré al ir a dormir queriendo volver a casa.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿Por qué no te gusta estar aquí?

Sairin le hizo esa pregunta en un tono tan desanimado que Suzu tuvo que negar.

—Yo, eh, no es que no me guste. Es que yo no entiendo nada de este mundo, ni siquiera
el idioma. Las cosas no han sido tan fáciles para mí desde que llegué hasta aquí. He visto un
montón de tiempos difíciles.

—Ya veo.

—Pero yo creo que la Reina de Kei tiene los mismos problemas. Debido a que las dos
somos kaikyaku, seguro nos entenderemos. Las dos sabemos lo que se siempre —. Suzu se
sonrojó un poco al explicarlo.

—¿Estás diciendo que te gustaría ser su amiga? Suzu


de repente levantó la cabeza.

—Supongo que… si fuera posible.

—tal vez la Reina de Kei no sienta nostalgia por Yamato. Eso también es posible,

¿no crees?

La voz de Suzu se alzó con resolución.

—Bueno, por supuesto, eso es lo que una persona de este mundo piensa. Sairin
se volvió hacia ella con la respuesta.

—Hay mucha gente aquí, también, que han sido separadas de sus hogares. Los
itinerantes no son bienvenidos en cualquier lugar, se pasan la vida yendo de un lugar a otro.

Inclinó su esbelto cuello, como si la avergonzara de ese pensamiento.

—Pero me pregunto si de haber nacido yo misma en Yamato necesariamente


significaría entenderse así. Hay personas que nacen en el mismo país y se odian, sin
embargo.

Suzu le dijo a Sairin con un molestia y el ceño fruncido.

—No es lo mismo. Una persona nacida aquí no lo entendería. Hay una gran diferencia entre
simplemente venir de la misma ciudad y no poder volver a su ciudad natal de nuevo.

—Yo sólo preguntaba.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Sairin dejó escapar un pequeño suspiro. Suzu estaba a punto de disparar otra mirada
displicente cuando Kouko entró en la habitación.

—Oh, ahí estás —Se volvió hacia Sairin—. Me gustaría hablar con Suzu por un minuto.

—Sí —dijo Sairin, y con una cortés reverencia regresó a la residencia principal. Kouko se
sentó junto a Suzu, quien de inmediato enderezó su postura.

—Acabo de reunirme con su Ama Riyou.

El cuerpo de Suzu comenzó a temblar. Escuchar el nombre de Riyou era como toparse
con algo sucio en ese tranquilo jardín, en ese palacio exquisito.

—He decidido traer al Palacio a los sirvientes de la Gruta Suibi.

Suzu sintió que sus mejillas se encendieron. Nunca volver a la cueva Suibi estaba bien
para ella. En cambio, ella iba a vivir en ese hermoso palacio, rodeada de gente amable,
graciosa como Kouko y Sairin (su pequeña semilla de desagrado se quedó en el olvido por ahora).
Su ánimo se disparó hacia arriba.

Las siguientes palabras de la boca de Kouko se convirtieron en hielo.

—Sin embargo, no serás uno de ellos.

El temblor se levantó de la planta de sus pies hasta la coronilla de su cabeza.

—¿Qué… qué quiere decir?

—Tu nombre permanecerá en el Registro. Pero me gustaría que vivas en el mundo real por
un tiempo. He arreglado todo para que puedas aparecer en el censo.

—¿Pero por qué sólo a mí? ¿Qué debo hacer?

El rostro de Kouko estaba casi inexpresivo, a excepción de un pequeño toque de tristeza.

—Sé que es difícil para ti, el no ser capaz de comprender el idioma. Pero ahora puedes,
deberías ser capaz de ganarte la vida por ti misma.

—¿Qué le dijo Riyou? —su cuerpo se estremeció, de rabia o decepción, no sabía decir de
qué.

—Esto no tiene nada que ver con ella. Riyou dejó todo a mi discreción.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Entonces, ¿por qué? Kouko


desvió la mirada.

—Yo estaba pensando que podría ayudarte si creces un poco primero.

—¿Crecer? —Había sido prisionera de Riyou durante cien años. ¿Qué es lo que en un siglo
no pudo lograr?

Kouko miró con calma a Suzu.

—Debe de haber sido muy duro para ti, ser arrojada a un mundo que nunca habías visto
antes y no saber nada. Y más aún porque no podías hablar el idioma. Sin embargo, Suzu,
simplemente la comprensión de las palabras que dice la gente no es lo mismo que comprender lo
que significa.

Suzu sólo podía quedarse boquiabierta ante ella.

—Si la impertinencia es en realidad lo que se quiere comunicar, y eso por eso que no
llegaría a un entendimiento, entonces todo lo demás es en vano. Es necesario que primero
trates de comprender la intención de la otra persona, que muestra la aceptación sin saltar a
conclusiones.

—¡Eso no es justo!

—Si realmente demuestras muchas cosas que puedas soportar, entonces en ese
momento podrás volver. Pero por ahora, quiero que vayas a la ciudad y veas la vida. Aún así, no
será demasiado tarde para que consideres otras opciones.

—Pero, ¿por qué tengo que ser la única? ¡Después de tanto tiempo!

Suzu cayó al suelo, con sus expectativas completamente frustradas. Y yo que pensaba
que eran buenas personas. Pensé que eran agradables. Si pudiera quedarse ahí y servirles.
Quién sabe lo mucho que tuve que soportar.

Ellos no sabían cómo se sentía, la agonía de ser arrastrada de su país, a un lugar extraño
donde no conocía ni la izquierda ni la derecha. Quienes crecían ahí, no podrían

entender por lo que estaba pasando.

—Si hay otro camino que deseas tomar, dímelo ahora. Si está en mi poder, voy a ver qué
puedo hacer para ayudarte.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

¿Me pregunta eso ahora? Suzu se mordió los labios y levantó su cara llena de
lágrimas.

—Yo quiero… Yo quiero ir a ver a la Reina de Kei.

Kouko inclinó la cabeza hacia ella.

—¿La Reina de Kei?

—Quiero conocerla. Ver cómo es ella. Ella nació en Yamato como yo.

Ah, se dijo Kouko en voz baja, frunciendo las cejas.

—Somos del mismo país. La Reina de Kei me entiende, yo lo sé. La Reina de Sai no. Ni
siquiera Sairin me entiende. Nadie nacido en este mundo entiende lo que he sufrido.

La Reina de Kei no la trataría así. Tendría una sincera preocupación y simpatía por ella.
Seguramente la ayudaría.

Mientras Kouko se reflexionaba, Suzu dijo:

—Sé que la Reina de Kei es tan solitaria como yo, es tan triste y nostálgica. La gente
de aquí no siente eso. Sólo alguien de Yamato como yo podría entender todo el mal que he
sentido.

—No conozco a la Reina de Kei, así que no puedo atender tu pedido directamente. Sin
embargo, puedo proporcionarte los gastos del viaje y el documento de tránsito. —La cara de
Suzu se iluminó. Kouko miró su rostro ingenuo, con una pequeña expresión de dolor—. Así que,
para verla, tendrás que salir de aquí. Por supuesto que no tendrás nada que perder con la
experiencia.

—¡Gracias! ¡Muchísimas gracias!

—No es gran cosa, sin embargo, debes recordarlo —le dijo Kouko, mirando la cara con
lágrimas de la chica, ahora enrojecida y sonriente—. Cuando se trata de vivir una vida, la
felicidad es sólo la mitad de ella. El sufrimiento es el resto.

—¿Ah?

—Las personas felices no son las personas cuyas vidas son más bendecidas. Las personas

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

felices son aquellas que mantienen su corazón con buen ánimo.

Suzu no podía entender en su vida por qué Kouko le decía eso.

—Chica de Yamato, al final, lo único que realmente nos trae la felicidad es el


esfuerzo que se realiza para dejar atrás el sufrimiento y el esfuerzo que se hace para ser felices.

Suzu asintió con la cabeza.

—Por supuesto, está bien. —Bueno, claro. Ella había luchado por su felicidad y el
resultado fue que se liberó de Riyou. Ahora iba a cumplir con la Reina de Kei. —No voy a

dejar que la adversidad me derrote. —dijo con una sonrisa—. Me he acostumbrado a las
penurias. Tengo la suficiente paciencia para aguantar hasta el final.

Kouko aparto su mirada, su cara estaba teñida de tristeza.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 19
Junto con el Koushi y los otros próximos festivales del solsticio de invierno, un ambiente
vertiginoso, una vez más, envolvió al Palacio Kinpa. En el punto álgido de las celebraciones,
un incidente sacudió la capital. Un gran escondrijo de armas fue descubierto en la casa del
Taisai, titular de la Secretaría de los Cielos.

—¿Armas?

El informe fue entregado en el medio de la noche por el Daishikou, el titular de la


Secretaría caída. Youko quedó estupefacta.

—Parece como si se estuvieran preparando para un Golpe de Estado.

Ellos habían estado almacenando armas con la intención de asesinarla a ella, la Reina.

—Fuimos informados por un par de criados del Taisai, que acudieron al Ministerio para
advertirnos. Sin creerlo, volvimos sobre sus pasos y encontramos el escondrijo de armas. Más
tarde se tomó diez mercenarios en custodia de la casa del Taisai en Gyouten.

Sin lugar a dudas, Taisai había demostrado ser el menos satisfecho con ella. A menudo
se enfrentaba con el Chousai Seikyou, y se rumoreaba que Youko diferenciaba a Seikyou en
cada oportunidad. Pero recurrir al regicidio la horrorizó. Aún a sabiendas que la burocracia en
general todavía no la aceptaba, no tenía ni idea de que la odiaran lo suficiente como para
acumular armas y hacer un intento de asesinato.

—Oh —dijo.

—Hemos sido capaces de detenerlos antes de que el plan pudiera llevarse a cabo. Debido
a que el ministro Taisai iba a la cabeza es el responsable de las operaciones del palacio, en
particular del palacio interior, los oficiales, Su Alteza, en su mayoría ya están bajo custodia. Si

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

alguno de ellos se encuentra portando armas y están implicados en la trama, ¿cómo vamos a
tratarlos?

Youko no podía hacer más que tragar aire.

—Los interrogatorios se están llevando a cabo en estos momentos. De acuerdo con la


investigación hasta el momento, Taisai puede haber implicado al Sankou, con el apoyo del
marqués de Baku. Es decir, Koukan.

Youko respiró hondo.

Los tres miembros del Sankou son el Taishi (El señor del sello privado), el Taifu (el ministro
de la izquierda) y el Taiho (el ministro de la derecha). Ellos estaban subordinados por Keiki,
que era el principal consejero (Saiho) de todos los ministros.

Ellos asistieron al Saiho y aconsejaban y amonestaban a la reina. Su educación era también


de la provincia de Sankou. En términos de rango, se los trata igual que al Chousai,
ministro en Jefe del Rikkan, y de los señores provinciales. Sin embargo, en realidad no
tienen una influencia directa en el proceso político. En consecuencia, se enfrentaban a
menudo con el Chousai, y como a menudo el Taisai reprendía a Youko por tomar parte por el
Chousai. Sin embargo, fueron también una presencia más íntima que la de Seikyou o el Rikkan.

¿El Sankou se ha implicado en un complot de asesinato?

En el palacio, el Ministerio del Cielo era el responsable por la comida, refugio y ropa. Porque
estaban muy involucrados y útiles para su día a día de la vida, la relación era de un tipo muy
paternalista. ¡Pensar que el titular de la Secretaría de los Cielos y del Sankou estaban
planeando un golpe de estado!

—Sin embargo, el marqués de Baku…

Él se había resistido a la impostora, pero había codiciado el trono para sí mismo. Había
sido detenido posteriormente en Baku el restablecimiento de las provincias pendientes. La
opinión de sus criados era, en cuanto a la disposición del caso, se dividió entre la fracción
encabezada por el Chousai contra el Taisai, y así se mantuvo en el aire.

—Y esta es la forma de expresar su insatisfacción…

Entre sus criados, la opinión fue ganando fuerza que Koukan debía ser castigado y las

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

subsiguientes conjeturas sobre el tema era de cortarlo de raíz. Keiki se opuso enérgicamente y
Koukan había sido puesto bajo arresto domiciliario. Esto, entonces, obtuvo como resultado la
compasión de Keiki.

—En cualquier caso, me gustaría hablar con el Taisai. Tráelo aquí.

Koukan, actualmente, se encontraba detenido en la capital de la provincia de Baku. En ese


momento, Youko quería escuchar las excusas o explicaciones del Taisai tendría para ofrecerle.
Pero eso no fue así.

El Taisai fue encontrado muerto en su celda.

Keiki entró en la habitación cuando el Daishikou se iba. Preguntó, frunciendo el ceño:

—Su Majestad, ¿el Taisai está muerto?

—Al parecer fue suicidio. Keiki


suspiró profundamente.

—Se dice que usted ha confiado mucho en el Chousai. Youko


entrecerró los ojos.

—¿Estás diciendo que es culpa mía? ¿Es mi culpa que el Taisai haya organizado una
conspiración en contra mía, tengo la culpa de que esté muerto?

—Polarizar la lealtad de los vasallos a uno es una invitación abierta a los conflictos
innecesarios.

—Ciertamente, cuando se trataba el tema de Koukan, aceptaste la recomendación del


Chousai para despedirlo. ¿Estás diciendo que yo debería haber dejado a Koukan como
marqués de Baku?

—No.

—Koukan me culpó a mí de su destitución y cocinó esta trama con el Taisai y el Sankou.


¿Es culpa mía?

—Su Alteza…

—Hay algunos de mis criados, que están encantados con ver el fin de Koukan. La opinión
predominante es que debería cortarlo por lo sano y ahorrar el pesar de más adelante. Así

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

que dime, ¿quién se opuso? Entonces Koukan vive y vuelve por mí con este asesinato. Dime,
¿es culpa mía?

Keiki estaba demasiado desconcertado como para hablar.

—No hay duda de que el Chousai y el Taisai no se ven a los ojos con mucha
frecuencia, pero el Chousai es la cabeza del Rikkan, mientras que el Taisai está a cargo de la
limpieza del palacio. Taisai subió al puesto de titular de la Secretaría de Primavera, a cargo de
ritos y rituales, mientras que el Chousai provino del Ministerio de Otoño y de la tierra. Como la
justicia es del ministerio de tierra, la ley es, naturalmente, el punto fuerte del Chousai.
¿Cuál es el mal que exactamente se dio a preferencia según tu opinión al respecto?

—Su Alteza, eso no es lo que quise decir.

—Entonces, ¿qué quisiste decir?

Keiki no podía encontrar palabras para responder.

—Esta vez, el Chousai me va a pedir que siga adelante y sentencie a Koukan. No veo que
tenga motivos para estar en desacuerdo. ¿Estás de acuerdo?

—Yo le pido que escuche la versión de Koukan sobre los acontecimientos.

—Por supuesto que sí. Ya he ordenado que al Ministro de Otoño a que lo traiga aquí.
Espero a que Koukan lo negue todo. Pero ahora tenemos evidencia de los emisarios que con
frecuencia se enviaban bajo los auspicios de Koukan en la residencia del Taisai, y portando
armas de uso con ellos. ¿Qué crees que debería hacer en un momento como este?

—Al juzgar a los sujetos de a uno, le aconsejo compasión.

—¿Y las mismas cosas sucederán de nuevo? Keiki no


tenía nada que decir a eso.

Youko desvió la mirada y miró por la ventana en su lugar.

—Tú y los ministros, tienen una consideración muy baja de mí. Porque soy una mujer,
porque soy una Taika, está en cada suspiro maldito que he oído.

—Su Majestad, le juro que no este no es el caso. Youko


negó con la cabeza.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—El Chousai me dirá, “ve, se lo dije”. Y él me dirá que le dé con mano dura a Koukan
y al Sankou. Si estoy de acuerdo, no estarás feliz conmigo. Si rechazo su consejo, El
Chousai y su gente no estará feliz. Entonces, ¿qué debo hacer?

—Su Alteza…

Youko tomó aliento, exhaló y dijo:

—Koukan y Sankou serán disciplinados. El Sankou serán destituidos de sus cargos y


exiliados junto con Koukan. Esto no puede quedar impune. No apruebo la ejecución, por lo
que no se ejecutarán. ¿Eso está bien para ti?

Keiki abrió y cerró la boca sin decir nada.

—Entiendo —respondió en breve, seguido de un largo suspiro, un suspiro que lo decía


todo.

Eso significa, que Keiki no es feliz.

Youko contempló el amanecer rompiendo sobre el mar de nubes. Ella se rió.

—¿Podría emitir un edicto imperial prohibiendo los suspiros?

—¿Su Majestad?

—Es posible que te canses de respirar poco a poco tus suspiros, pero estoy muy cansada
de escucharlos. —Con eso, Youko hizo un gesto con la mano—. Ya puedes irte. Necesito
descansar. Todas estas reuniones me han dejado al extremo del ingenio.

Como era de esperar, el Chousai Seikyou y su facción insistieron en que Koukan y Sankou
debían ser condenados a muerte.

—Usted debe entender que en el caso de Koukan, si le muestra clemencia ahora, sólo le
devolverá más deslealtad en el futuro.

Podía oír el descontento en la voz de Seikyou. Algunas personas estaban diciendo que el
intento de insurrección del Taisai eran de por sí un mal entendido. Algunas personas
estaban diciendo que él tenía sus razones y que estas razones debían ser investigadas, con
el fin de evitar más dolor en el camino de la fuente del problema a ser abordado. Y algunas
personas estaban diciendo que cuando se trata de una sentencia, se debe mostrar compasión.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Lo que todas esas personas tenían en común era su oposición contra Seikyou. La corte
imperial estaba dividida en una facción pro-Seikyou y una facción anti-Seikyou. Si Seikyou
recomendaba una amnistía, sus oponentes simplemente con seguridad pedirían dureza.

Youko nunca hubiera imaginado que gobernar un país fuera una cosa fácil. Pero
tampoco había imaginado las dificultades de ésta. No importara lo que ella dijera, sus
subordinados con un suspiro criticaban implícitamente. Y ahora que ella tenía suficiente con los
demás que se la pasaban suspirando, tuvo que tomar las armas. Youko no entendía nada
de ese mundo, no tuvo más remedio que prestar mucha atención a lo que sus asesores le dijeran
y examinar sus explicaciones lo mejor que podía. Ella no quería oír más suspiros. Pero no
importaba la opinión que adoptara, el lado opuesto sería el que suspiraría. Al final, con ambos
bandos que luchaban por la autoridad, no iba a complacer a nadie.

Bueno, entonces, pensó, permitiéndole a ella misma un suspiro privado. De repente

levantó la vista. Sin ser realmente conciente de ello, había estado tratando de ganar más de
ellos. ¿Entonces su fobia se había convertido en los murmullos de descontento, no estaba ella
ahora tratando de leer en todas sus expresiones como un libro, si estaban a su favor o no?

Ella fue superada por las ganas de dejar de lado a esa criatura en la que se había
convertido en algo empalagoso.

Ella le dijo al Chousai:

—¿Qué debo hacer con el hecho de que desconocían por completo sobre el Taisai en
primer lugar?

—El Taisai no estaba contento conmigo y dejó que su temperamento diera lo mejor de él.

—Tener armas contra el rey es una traición. ¿Qué más necesita saber acerca de él?

—Me gustaría preguntar más a los oficiales que dejaron a Koukan a su suerte.

—¿Y dónde está Koukan? El Ministro de Otoño tiene mucho que responder, dejar

que se escape de esta manera.

Mientras era escoltado desde la provincia de Baku a Gyouten, Koukan había escapado.
Funcionarios del Ministerio lo habían perseguido, pero todavía no lo habían encontrado.

Ya es suficiente. Youko se sonrió irónicamente.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Entiendo —dijo en voz alta—. Ordeno que el Sankou sea destituido y exiliado junto
con Koukan del reino.

Demasiado indulgente, fue la respuesta de la facción de Seikyou. Demasiado grave,

fue la respuesta de la facción contraria.

—¿Y si pasa lo mismo otra vez, qué hará, Su Alteza? —preguntó el Chousai Seikyou,
mirándola.

—La conducta de los Rikkan es su responsabilidad. La traición surgió dentro del Rikkan
bajo su supervisión. Usted se retirará como Chousai y se hará cargo del Ministerio del Cielo en
lugar del Taisai.

Los ministros reunidos se quedaron sin aliento. Youko se rió suavemente.

—Hay vacantes en el Sankou. Los ministros de Primavera, Otoño y Tierra ocuparán los
puestos de trabajo.

—Su alteza… —dijo Keiki.

Youko lo hizo callar con una mirada.

—Los puestos restantes se los dejo a los ministros que lo llenen su propia
discreción. Sin embargo, por el momento, Keiki asumirá el cargo de Chousai.

Los gritos de angustia surgieron.

—¡Esto es inaudito! ¡Dar autoridad actuante al Saiho! La


respuesta de Youko sólo fue:

—¡Considérelo la posibilidad de un edicto imperial! Con


eso, se bajó del trono y abandonó la habitación.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 20
Youko se retiró a sus habitaciones en lo profundo del Palacio Interior, donde los ministros no la
podrían seguir. Ella les dejó dicho a sus asistentes que nadie podía entrar excepto Keiki. Abrió la
ventana.

Una brisa húmeda voló desde el mar de las nubes, trayendo consigo el olor del mar.

—Después de todo esto, me escabullo…

Ella no pudo evitar una sonrisa malvada. Ella había relegado al Chousai al igual que los
líderes de las dos facciones en guerra al Sankou, donde no podían ejercer ninguna autoridad
de facto. Con un solo golpe, ella había limpiado el mapa político del palacio. Ella lo estuvo
considerando todo el tiempo. Por eso, cuando abrió la boca, todo acabó por salir.

—Su Alteza —le llegó la voz severa de Keiki.

Youko se dio la vuelta. Keiki llevaba una expresión sombría como lo había estado haciendo
mientras la observaba.

—¿Qué está haciendo? Hace mucho tiempo se ha estipulado que el Saiho no tiene autoridad
para actuar. Esto es…

Youko lo interrumpió:

—Voy a Kankyuu. Voy a que el Rey En me enseñe la gobernabilidad política. Los ojos
de Keiki se abrieron.

—¿Qué está diciendo?

—Por favor, mis saludos a los ministros. —Youko se apoyó contra la ventana y cruzó
las manos sobre su regazo—. Y pensé vivir un tiempo en la ciudad.

—¡¿Qué?!

Youko examinó sus uñas. Ella dejaba el cuidado de sus manos a sus sirvientes y se
aseguraron de que sus uñas estén siempre pulidas y hermosas. Todas esas prendas de lujo y

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

joyas, no era nada que le fuera necesario.

—Nunca quise el trono de Kei.

—¡Su Alteza!

—Incluso si quisiera ser reina, eso no quiere decir que quiera vivir en medio de toda esta
opulencia. Me dijeron que el reino se desmoronaría en el caos sin un rey. Me dijeronque la Divina
Voluntad se reflejaba en la voluntad de las personas. Es difícil no dormir en tu propia cama en las
noches. Es difícil pasar hambre. Yo lo sé hasta la médula de mis huesos.

Youko había sido arrastrada a ese extraño mundo desde Japón. Sin saber ni conocer nada,
había llegado muy cerca de morir, con la muerte pisándole los talones.

—Ser perseguido por los youma es lo peor. Si yo no hubiera accedido al trono, el Reino
de Kei hubiera corrido la misma suerte. Por eso lo acepté. Es por eso que debe de haber un rey.
Desde luego no para hacer a los burócratas feliz, ni tampoco para hacerte feliz. ¿No es la razón
de que esté aquí el hacer feliz a la gente?

—Eso es porque…

Youko negó con la cabeza.

—Keiki, yo no sé nada de este reino.

—Su Majestad, eso es…

—¿Qué piensa la gente? ¿Qué es lo que desea y tiene esperanzas? ¿Cómo viven? Eso es lo
primero que no sé.

—En primer lugar, encontrar el camino correcto es lo más importante.

—¿El camino correcto? —Youko sonrió—. Hay una chica, la veo. Ella tiene tareas seis días
a la semana. Luego están los clubes a los que pertenece con la escuela llena, además. Ella
practica el piano y toma clases. Los exámenes de mitad de período son los peores y hay dos de
ese cada semestre. Además de los exámenes parciales, hay exámenes de práctica para la
universidad que podrían determinar el resto de su vida. Obtener deméritos de más, sin
demasiadas clases y ella se detuvo en un año. Falló en sus exámenes de ingreso y se convirtió
en un ronin. El dobladillo de su falda debe llegar hasta la rodilla, su corbata debe de ser de
color negro. Sus medias deben de ser totalmente negras. Así que, dime, ¿cómo puedes hacer

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

a esa chica feliz?

—¿Ah? —se extrañó Keiki.

—En la sociedad que acabo de describir, ¿qué camino debería tomar?

—Lo siento, pero…

—No tienes la menor idea, ¿verdad? —Youko le dijo con una sonrisa irónica—. De la
misma manera de que tú no entiendes, yo no entiendo. ¿Qué camino debo tomar? Examino
los rostros de los ministros y tomo medidas de sus actitudes. Considero las opiniones que
debo aceptar y las que debo rechazar y las que tengo que trabajar. Eso es todo lo que sé.

—Pero…

—Así que, ¿me puedes dar un poco de tiempo? Esto es muy diferente del mundo que yo
conozco.

Keiki tenía una expresión de desconcierto total.

—En estos momentos, no puedo soportar estar sentada en el trono. Los ojos
de Keiki se abrieron con asombro.

—Cuando yo estaba en Yamato, yo vivía con el constante temor de ser rechazada. Desde
el amanecer hasta el anochecer, yo siempre traté de leer las expresiones de la gente,
tratando de permanecer a favor de todo el mundo, tratando de mantener el equilibrio
sobre esa cuerda floja increíblemente estrecha. Ahora estoy tratando de leer tu expresión, la de
los ministros, de la gente en la calle, y luego intentar llegar a un acuerdo con todo en lo más
posible.

—Su Majestad…

—No quiero repetir el mismo error dos veces. Pero me encuentro yendo en la misma
dirección. En este momento, sé cómo va a ser interpretado. Los ministros no estarán
contentos. Es porque ella es una mujer, es lo que todos suspiran—. Youko rió para sus
adentros—. Quizás todo se vendrá abajo ante mis propios ojos. Pero un rey que intenta leer la
mente de todos, que se balancea hacia atrás y hacia delante como un junco al viento, así,
hasta que se libren de ese rey, y cuanto antes, mejor.

Keiki se quedó allí, sn expresión. Por fin, asintió con la cabeza.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Está bien.

—Por el momento, voy a dejar el reino en tus manos. Yo sé que por lo menos no
oprimirás al pueblo. Si alguna vez llega el momento en que mi presencia es absolutamente
necesaria, a continuación, envía al corredor más rápido de la tierra a buscarme. Keiki, te
pido que me dejes hacer esto.

—Puede contar conmigo —dijo Keiki, con una reverencia.

Youko lo miró fijamente, y luego dejó escapar un suspiro de alivio.

—Realmente estoy muy agradecida. Es bueno saber que entiendes de dónde vengo. Keiki
era la única retención que tenía. En Rey de En tenía muchos oficiales a su disposición. El Rey
de En era un hombre salvaje, cuyas acciones exasperaban a todos sus ministros, pero todos
confiaban en él, y confiaban en ellos, a su vez. La única persona capaz de confiar en ella
era Keiki, y el Kirin era la única persona en el palacio

que le tenía una fe verdadera.

—¿Y qué planea hacer Su Alteza a continuación, entonces?

—Como he dicho, estaba pensando en ver cómo es la vida en la ciudad. Agarrar un trabajo
de obrero, vivir junto a la gente común.

—Si cumple con su aprobación, permítame hacer unos arreglos para su estancia con
antelación.

Youko inclinó la cabeza hacia un lado.

—Bueno…

—Usted no tiene la intención de vivir como un vagabundo, ¿verdad? Permítame esto.


Permítame, al menos, hacer los arreglos, de poner mi mente en tranquilidad.

—Está bien. Te lo dejo a ti. Ahora


Keiki respiró aliviado.

—Lo siento por ser tan egoísta.


Keiki sonrió levemente.

—A decir verdad, me siento un poco aliviado, también.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿En serio?

—En todo caso, por favor, regrese lo más pronto posible.

—Sí, lo sé.

Saliendo del palacio interior, Keiki se detuvo para observar el mar de nubes. Tan
complicado como tenía las cosas, estaba extrañamente aliviado.

Keiki había servido a dos reinas. El nombre póstumo de la primera es Yo-ou. Su reinado
duró apenas seis años, y ella se había quedado encerrada en el palacio la mayoría de ese
tiempo. La mujer no tenía interés alguno en el gobierno o la política.

El recuerdo de su cara pálida se levantó de los recovecos de su memoria. Ella tenía un


carácter amable y prudente. A excepción de su timidez extrema, no era indigna del trono. Sin
embargo, lo que realmente deseaba era una especia bastante banal de felicidad.

Más que querer la felicidad de su pueblo, Yo-ou quería una existencia pacífica, frugal.
No le importaba las riquezas, sólo vivió una vida sencilla, sin elogio o censura. Ella sólo deseaba
ser dejada en paz para labrar la tierra, casarse con un hombre, y criar a sus hijos.

Aún podía oír el sonido de su trabajo en el telar.

La primera vez que accedió al trono, parecía que iba a servir con honor y verdad. Pero
pronto se cansó de las rivalidades entre los ministros. Los oficiales que había

heredado del anterior monarca discutían sobre el césped político y luchaban por los
puestos de liderazgo. Con esta vida rodeándola y cerrándose a ella, se retiró. Se aisló a sí misma
cada vez más profundo dentro del palacio, y allí trabajaba en su telar. Era su manera de tratar
de deshacer todo lo que le habían impuesto.

—Y aquí estoy, pensando en ella.

Keiki sonrió con una sonrisa triste. La primera vez que conoció a Youko, le llamó la
atención lo mucho que se parecía a Yo-ou. Y aún así lo hizo. En el momento de la verdad,
tendría que admitir que él encontró las similitudes desconcertantes.

—Pero han resultado ser distintas.

Aunque sólo sea en pequeñas cosas, Youko y Yo-ou eran diferentes. Se dio cuenta de la
forma en que Youko luchaba con sus demonios personales. Al igual que Yo-ou, Youko

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

retrocedía al tratar con los ministros y aborrecía el trono. Pero Youko reconoció esas
tendencias dentro de sí misma. Ella había comenzado a tomar medidas para superarlo. Esa
es la mayor diferencia entre ellas.

—¡Hankyo! —Keiki llamó a su shirei.

—Sí —fue la respuesta de la sombra a sus pies.

—Acompaña a la reina y protégela. Asegúrate de que ningún daño le suceda. Ella es la


joya que Kei no puede permitirse el lujo de perderla.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Parte V

Capítulo 21

El Reino de Kyou se encuentra al sureste del Reino de Hou. El Kyokai separa los dos reinos. El
estrecho entre Hou y Kyou es también llamado Kenkai, pero es más generalmente conocido
como simplemente Kyokai. Después de todo, no se puede ver a Kyou desde Hou, y para los que
habitan alrededor de las costas, del Kyokai o Kenkai, es una de las seis, de media docena de los
demás.

Shoukei fue escoltada por diez jinetes que volaban desde la guardia de la provincia de Kei.
Mientras se dirigían hacia Kyou, volvió a pensar en su país de origen. Había tráfico en el mar,
por supuesto, entre los dos reinos, pero el cruzarlo duró tres días. Por primera vez en su vida, se
le ocurrió que, flotando en el Kyokai, Hou sí era una ciudad de destino invernal, aislado del resto
del mundo.

Las especies de criaturas que saben volar eran limitadas en números. Ya que también
debía ajustarse un poco a la disposición de un caballo para ser montado, esto limita su tipo
aún más. Las principales criaturas que se empleaban rokushoku rayados, o los ciervos sichuan, y
que en definitiva, no eran bestias de carga. Sólo se podían montar en la espalda. A Shoukei se le
permitió el uso de un rokushoku, y rodeada por los jinetes de caballería, se dirigieron a Kyou.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Fue un viaje sin incidentes. En el camino, pasaron una noche en una ciudad a las orillas
de Hou, y una noche en una ciudad a las orillas de Kyou. Después de tres días, llegaron al
Palacio Soufuu en Renshou, la capital de Kyou.

La Reina de Kyou, Reina del Palacio Soufuu, había gobernado durante noventa años.
Shoukei no sabía nada más de ella que eso. Hou no había disfrutado de productivas relaciones
diplomáticas entre otros reinos. Con el motivo de la coronación de su padre Chuutatsu, los
enviados d Ryuu, Kyou y Han, los tres reinos más cercanos, habían ido llevando felicitaciones,
pero desde el principio rara vez tenían tratos con otros reinos.

Shoukei y sus escoltas fueron presentados por los funcionarios del palacio. Pasando a
través de las puertas, Shoukei le dio una mirada dolorosa a los edificios resplandecientes.

No tengo ninguna razón para ser una persona tímida y modesta, ahora.

Ella había vivido en el palacio imperial, después de todo. Aún acordándose de ese hecho,
se encogió. Parte de ella estaba en el palacio de un reino extranjero. La otra parte estaba, como
siempre, con la vergüenza de su aspecto desaliñado.

Los funcionarios que le dieron la bienvenida y los acompañaron en el palacio


considerando a Shoukei especialmente sospechosa. Ella bajó la cabeza, sabiendo que, sin duda,
parecía una niña perdida del lado equivocado de la ciudad.

No, pensó, mientras caminaban por los pasillos de granito negro pulido, ella era

más desgraciada que cualquier otra chica venida del lado equivocado de la ciudad de Kyou.
Kyou era un país más rico que Hou. Se podría decir por lo que había visto hasta ese momento
en el Palacio Soufuu. La ciudad se vestía muy bien. Hoso, la capital de Hou, parecía un caballo
en una ciudad en comparación.

Entrando en el Gaiden, se sentía bastante miserable para levantar la cabeza. Después de


disparar una mirada, el enviado se arrodilló y se inclinó con la cabeza tocando el suelo.
Shoukei tomó su mirada en el sentido de que tenía que hacer lo mismo. Doblegándose así sólo
hacía sentir más miserable. No era justo que tuviera que humillare de esa manera. Debería ser
suficiente con arrodillarse. Ella era la princesa real, después de todo.

El enviado ceremoniosamente desplegó el decreto de Gekkei y proclamó su saludo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—El Marqués de Kei, junto con todos sus criados, con humildad y con gran agradecimiento
a la Reina de Kyou por su gran generosidad al poner bajo custodia a la princesa real.

Alguien se rió entre dientes. La Reina de Kyou, Shoukei se dio cuenta, recuperando el
aliento.

—Oh, no es nada —dijo—. Somos vecinos, después de todo.

Shoukei abrió los ojos y miró el suelo. Era la voz de una mujer joven.

—Pero, ya basta de eso. ¿Cómo está Hou en estos días?

—Afortunadamente, como se puede esperar. El


enviado de nuevo tocó la cabeza en el suelo.

—Bueno, desde mi perspectiva, sentada en el trono siguiendo el Mandato del Cielo, yo diría
que el Marqués de Kei está en un lugar bastante malo. Pero estoy segura que ustedes lo
saben mejor que yo. No puedo agradecer lo suficiente como para todos sus buenos oficios.

Ele co de su voz joven sonó como una campana.

—Por favor, felicite al Marqués por su acción decidida. El rey era la causa de su propia
ruina. Para escapar de su ira, muchos refugiados huyeron a Kyou en pequeñas embarcaciones
y se apegaron a las balsas. Toda la gente de Hou ahora puede exhalar un suspiro de alivio.

Incapaz de soportarlo más, Shoukei comenzó a levantar la cabeza. Fue una falta de etiqueta
elevar la cabeza uno mismo sin permiso. Pero no sólo eso la detuvo. Shoukei no quería ver a la
Reina de Kyou. Por su voz, Shoukei se dio cuenta de que era una mujer joven, tal vez de la
misma edad que ella. Ella no quería verla, una chica vestida de seda con joyas, sentada en el
trono.

—Y supongo que ella es Son Shou.

Al oír su nombre de familia normal, de manera casual dicho por la Reina de Kyou, Shoukei
se mordió el labio furiosa. El uso simplista de su solo nombre lo decía todo.

—Sí, lo es.

—Tomaré a Son Shou en mi custodia. Usted no necesita preocuparse acerca de ella por
más tiempo. La gente de Hou y los ministros de Hou se pueden olvidar por completo de
ella.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Entiendo, dijo el enviado con una reverencia.

—Por favor, dígale al Marqués de Kei que se ponga en el lugar del rey y trabaje por el bien
del reino, y así expiar sus pecados. Un reino sin rey puede hundirse en las profundidades a
una velocidad alarmante. Esa es la mejor forma de mantener la nave a flote.

—Se lo informaré de esa forma.

—¿El Marqués todavía reside en la Capital Provincial? Él debe tomar posesión del trono
imperial, tan pronto como sea posible. Creo que lo mejor es que asuma el trono hasta la
coronación del nuevo rey y trabaje en nombre de todo el pueblo. Yo enviaré a lo largo cartas
tomando nota de lo mismo. Si profesa insatisfacción en el curso de los acontecimientos,
que se le diga que se hizo de acuerdo con la recomendación de la Reina de Kyou.

Indignada, Shoukei levantó la cabeza. Ella no lo pudo evitar.

—¡Gekkei es un traidor y cometió regicidio!

Sus ojos se encontraron. La emperatriz, en el trono, no parecía tener más de doce años.
Ella tenía la cara de un ángel. Detrás de ella había un hombre con el pelo color oro cerca de un
tono cobre. Kyouki, el Kirin de Kyou.

Los labios de color coral de la joven se separaron.

—El rey se destruyó a si mismo —dijo con desdén—. Ningún rey es asesinado, excepto
como consecuencia de sus propios crímenes. —Volvió su atención al enviado—. Señor, acelere de
nuevo a Hou y de toda la asistencia posible al marqués.

El enviado hizo una profunda reverencia. Con una voz llena de emoción, agradeció a la
Corte y se retiró, dejando detrás a Shoukei. Shoukei siguió mirándola a ella.

—Una vez que te registren en el censo, ¿preferirías vivir en la ciudad o servir en el palacio
como una sirvienta?

La sangre se le subió a las mejillas a Shoukei. Una criada, un trabajo de criada, ni siquiera
alcanzaba el rango humilde de un empleado, ¡ni siquiera figuraría en el Registro! Esa niña le
estaba pidiendo, a la princesa real, si quería ser su sirvienta.

Al ver la expresión de su rostro, la muchacha se rió.

—Ella todavía tiene su orgullo, y nada más. Sin embargo, yo no soy tan compasiva como el

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

marqués. Ir a un orfanato o convertirte en una sirvienta. Elige. Te alojarás en el orfanato hasta


llegar a la edad adulta, pero ya que no eres una ciudadana de Kyou, no recibirás una partición,
tendrás que encontrar un trabajo, ¿y bien?

—Usted dijo…

—A mi no me importas mucho, tampoco. —Ella sonrió—. Hemos tomado la custodia de tu


caso porque tu presencia continua en Hou sólo causaría más daño. La lástima para tu difícil
situación no tiene nada que ver con eso, y no se te olvide. Entonces, ¿qué elegirás?

Shoukei no podía imaginar la entera disposición de esa chica. Pero sus recuerdos
empujaron a un lado sus sentimientos. Terminar todos los días cubierta de tierra, trabajando
hasta que apenas pudiera moverse, dormir en una choza con corriente de aire. Todo lo que ella
había experimentado en Hou ahora mitigaba sus sentimientos de indignación.

—Voy a ser una sirvienta.

De verdad, la chica se rió.

—En ese caso, lo primero que vas a aprender es a postrarte correctamente ante la reina,
ya nunca levantarás la cabeza y hablaras solamente si se te habla.

La Reina estaba a punto de volver al Naiden cuando el hombre detrás de ella abrió la boca
para hablar. Shushou miró sobre su hombro.

—¿Qué es eso?

Él dijo, con una mirada nerviosa en su rostro:

—La forma en que trata a la Princesa Real…

—Oh, tonterías —dijo Shushou con ligereza—. Antes de empezar a sentir lástima por
Shoukei, primero lo siento por la gente de Hou que tiene mucho motivo para odiarla.
Realmente, Kirin, deja tu sentido de compasión, no pongas el carro delante del caballo.

—Pero…

Shushou se echó a reír. Ella levantó la mirada para ver el rostro de Kyouki, aunque la
mayoría de los Kirin tenían una fisonomía esbelta, el Kirin de Kyou parecía un hombre grande.

—He tomado mi decisión, ¿de acuerdo?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Sí, pero, ¿no es el deber de la reina mostrar compasión para sus súbditos?

Shushou resopló.

—Cuando me convertí en Reina, convertirme en una gran humanista no era parte del
trato. Lo siento. Además, tú eres mi sirviente, ¿verdad?

—Sí, pero…

—Entonces no te quejes. No quiero saber nada más de ese asunto sobre Shoukei.
Gobernar el reino es bastante difícil. Yo tengo ninguna simpatía por alguna tonta que tocaba
la lira mientras su reino ardía y totalmente carece de discernimiento cuando se trata de su
padre.

Descorazonado, el gran hombre bajó la cabeza y siguió abatido.

—Pues por lo menos considere la recomendación al marqués de usurpar el trono…

—No lo considero. Lo recomiendo. —Shushou se dejó caer en una silla—. ¿Estás diciendo
a que debido a que el marqués mató al rey, no debe gobernar el país?

Francamente, deseo que el hombre sólo se llame a si mismo rey.

—Es el cielo el que corona al rey. No se recomienda que el trono sea usurpado. Si eso
llega a pasar, capaz que Hou se destruya…

Shushou apoyó sus manos en su barbilla y suspiró.

—Yo, realmente, no sé qué hacer. Oleada tras oleada de refugiados de Hou.

—Usted debe pensar primero en los refugiados.


Shushou hincó su dedo a Kyouki.

—¡Eres un tonto! ¿No hay espacio en esa cabeza para considerar otra cosa que no sea
compasión? Hou es un caos. ¿Y estás diciendo que el marqués no tome las riendas y apuntale al
reino? Hou no tiene un Kirin, ya lo sabes.

Kyouki miró ansioso por toda la habitación.

—Su Alteza…

—No te preocupes, no hay nadie aquí. Por supuesto que no iba a decir eso delante del
enviado. No soy estúpida. No hay Kirin en el Monte Hou. ¿Quién sabe cuánto tiempo tomará

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

para que un nuevo rey acceda al trono? Si la gente de Hou lo sabe, perderían las esperanzas y el
reino se vendría abajo delante de nuestros ojos.

No había Kirin en el Monte Hou para elegir al nuevo rey. Ni siquiera Shushou sabía el por
qué. Las hechiceras del Monte Hou eran las siervas de Dios y el Monte Hou era el santuario
inviolable de todos los reyes de los Doce Reinos, aunque no daban más detalles sobre el
incidente que había tenido lugar. Tres años antes, una anomalía había pasado por Kyou en
dirección de Hou. Un shoku. Es posible que este shoku se hubiera originado en las cinco
montañas sagradas. Cuando las preguntas se hicieron si este era el caso, se dijo a todos los
palacios que el Monte Hou permanecería cerrado. Ninguna de las puertas fue abierta para darle
la bienvenida al nuevo Kirin.

Cuando se preguntó por Houki (palabra que, indicaba que el Kirin era barón), estaba
bien y fuerte, ni siquiera una vaga mentira se escuchó en respuesta. Una mayor investigación lo
confirmó. No había Kirin en el Monte Hou.

Shushou dejó escapar un suspiro.

—No tenemos más remedio que dejar que el marqués ponga manos a la obra. Tiene
una buena cabeza sobre sus hombros. Y no sabemos cuándo el Kirin se mostrará en Hou y
elegirá al nuevo rey. Por eso es que estoy tratando de impulsar las cosas.

¿Tienes algún problema con eso?

—Su Majestad…

Shushou giró su Spies de adelante hacia atrás. Uno de los zapatos salió volando. Ella dijo:

—Chuutatsu nos trajo todo esto a nosotros. No es sólo su culpa, pero la culpa de todos
sus criados tontos y parásitos que dejaron que suceda. Es por eso que no puedo

soportar a Shoukei. Incluso tú deberías ser capaz de entenderlo. Ahora bien, deja de llorar y
tráeme mi zapato y pónmelo de nuevo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 22

—Está muy frío.

La voz de Rangyoku se la llevó el aire de la mañana.

En el Reino del Este de Kei, la ciudad de Kokei, prefectura de Hokui, provincia de Ei. Kokei se
localizaba al noroeste de Gyouten, la capital, situado en el centro de la provincia de Ei. La
carretera al este de Gyouten llevaba al Kyokai. La carretera oeste, llevaba al Mar Azul. Desde
tiempos antiguos, la próspera ciudad de Kokei, capital de la prefectura de Hokui, se había
establecido en el cruce de la carretera oeste. En consecuencia, la ciudad también llegó a ser
conocida como Hokui.

El pueblo era, sin duda, el núcleo de la ciudad que había crecido a su alrededor. En este
sentido, Kokei no era excepcional. Sin embargo, la ciudad asociada con el pueblo se había
ampliado enormemente en los últimos años, desplazando a la aldea de Kokei de su posición
crítica en la carretera. Como resultado, el pueblo estaba unido como un pequeño apéndice
al noreste de la gran ciudad. El signo de las puertas era “Kokei”, pero nadie lo llamaba así. El
nombre de la ciudad era Hokui, y la pequeña protuberancia de una ciudad conectada a ella se
llamaba Kokei.

En un bloque silencioso en un rincón de Kokei, Rangyoku llenaba un balde con agua. Echando
un vistazo a su alrededor, podía ver las montañas frías y desoladas elevarse por encima de los
altos muros. La pálida escarcha se aferraba a las copas de los árboles sin hojas. Los nubarrones
estaban cargados de precipitaciones.

—Me pregunto si nevará —se dijo, y volvió a entrar en la casa por la puerta trasera. La casa

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

era un rike o un orfanato. Rangyoku no tenía padres, por lo que tuvieron que ser entregados al
cuidado del rike.

—Te has levantado temprano, Rangyoku.

El anciano levantó la cabeza cuando Rangyoku entró en la cocina. Él estaba poniendo


carbón en un brasero situado en el centro del piso de tierra. Su nombre era Enho y él era el
director del orfanato.

—Buenos días.

—Eres una chica buena, fuera de la cama antes que un viejo como yo. Pensé que por una
vez, yo sería el primero y tendría todo listo, pero no estoy preparado todavía.

Rangyoku se echó a reír y vació el balde en el tanque. A ella le agradaba ese director.
Ella podría actuar de otra manera al esperar que alguien mayor como Enho se levante antes
que ella. Pero ella sabía de que él estaba preocupado de que si se levantaba temprano,
todo el mundo se obligaría a ello también. Así que se quedó en la cama.

—Parece que nevará.

—Claro que sí. El agua estaba muy fría. Ven aquí y caliéntate.

—Estoy bien—sonrió.

Ella levantó la tapa de la olla grande apoyada en la cocina. El vapor caliente llenó la
habitación. Ella comenzó a preparar el desayuno. Enho puso el brasero al lado del tanque
de agua. Él sólo pensaba en ella. Ella revolvió algunas verduras sobrantes y la carne en el agua
hirviendo a fuego lento, junto con algunas bolas de masa hervida.

—Vamos a recibir un nuevo joven hoy.

Rangyoku miró hacia atrás por encima del hombro y Enho asintió con la cabeza. Se refería a
que el rike iba a aceptar a otro nuevo huérfano.

—¿Debo poner un lugar más para el desayuno?

—Lo más probable es que venga por la tarde o por la noche.

—Ya veo.

Cuando ella y Keikei habían huido de la ciudad, la directora del rike había sido una mujer

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

de muy mal genio. Cuando regresó, la anciana había muerto y había sido reemplazada. Enho no
era originario de la ciudad. Ella había estado escuchando bastante nerviosa que un viejo
extraño se había convertido en director, pero ahora estaba muy agradecida.

—Buenos días —Keikei corrió a la cocina.

—Hey, Keikei, te despertaste temprano.

—El frío me despertó.

Rangyoku se echó a reír cómo su hermano golpeó el suelo con sus pies pequeños. Llenó un
balde para él. Enho dejó caer una piedra caliente en el agua. El plop y el chisporroteo era
el sonido del invierno.

—Ahora, lávate la cara y vuelca el agua a fuera.

—Está bien—dijo Keikei con la cabeza y hundió su cara en el agua.

Rangyoku lo miró sonriendo. Había otros tres niños en el orfanato, pero se levantaban
más tarde. Ya que nunca Enho los regañaba, se quedaban en la cama todo el tiempo que
querían. Los tres habían estado viviendo en el orfanato durante mucho tiempo. Debido a que
la directora anterior había sido tan estricta, se aprovechaban de Enho un poco. Tal vez
conciente de lo mismo, Enho se los permitía.

—¡Diablos, que hace frío! —dijo Keikei, abriendo la puerta de atrás y lanzando el agua
sobre la nieve. Su aliento empujaba blanco en el aire frío.

—Mejor que el año pasado, sin embargo. No hay mucha nieve.

Medio año había pasado desde la coronación de la nueva reina. Así como la
promesa de los viejos tiempos, los desastres naturales habían cesado en su mayoría. El año
pasado habían visto una cantidad inusual de nieve y muchas nevadas habían extinguido pueblos.

—Me gusta que nieve.

Los braseros era la principal fuente de calor. En los días de mucho frío, ponían una olla en
la estufa y el agua hervida y todos se reunían alrededor de la estufa y se calentaban con
el vapor y el calor del cuerpo. Los hogares ricos tenían una chimenea y los hogares aún más
ricos tenían un sistema de aire caliente que pasaba entre las paredes y por debajo del piso,
una calefacción individual en cada habitación, pero pocas familias de Kei se lo podían permitir.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Pocos podían darse el lujo incluso del esmalte de las ventanas con vidrio. En cambio,
las ventanas estaban cerradas y el papel se colocaba en el interior del marco. Permitía la luz
del sol, mientras que algunos cerraban el paso del viento. El algodón era bien escaso por lo que
los colchones eran rellenados con paja recogida del otoño. En cuanto a la ropa de invierno, era
prácticamente imposible obtener piel o pieles. El carbón de leña para el brasero no era barato,
así que la casa estaba fría todo el tiempo.

Los reinos al norte de Kei eran aún más fríos, pero a medida que Kei era mucho más
pobre tenía menos medios para combatir el frío. El invierno en el barrio norte de Kei era incluso
aún más duro.

Sin embargo, a Rangyoku le gustaba el invierno. No sólo a Rangyoku, sino a todos los
demás niños del orfanato. Normalmente desde la primavera hasta el otoño, las personas se
marchaban a los pueblos cercanos y aldeas, dejando la ciudad casi desierta. Sólo los huérfanos y
los ancianos del pueblo se quedaban atrás. Durante el invierno todos regresaban y se reunían
en grandes grupos para hilar algodón y tejer cestas. Eso era mucho más divertido.

Rangyoku destapó la olla grande.

—Keikei —dijo—, ve a despertar a todos. Es la hora del desayuno.

Rangyoku estaba cortando mochi al vapor en un recipiente, cuando de repente oyó un grito
desde el patio. Sorprendida, vio a su alrededor cómo Keikei volvía corriendo desde el ala
separada del orfanato.

—¡Hermana!

—¿Qué pasa?

No fue Keikei quien había gritado. Pero entonces llegó otro grito.

—¡Youma!

Enho se puso de pie. Rangyoku se llevó las manos a la boca y se tragó su propio grito.

—Ve por atrás y llega al Rishi —dijo Enho y le dio un empujoncito a Keikei.

—¡Corran y cúbranse en el árbol Riboku y permanezcan allí! ¿Entienden?

—Tú también, abuelo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Yo iré pronto. Espérenme ahí.

Enho asintió con la cabeza a Rangyoku, invitándola a ir adelante. Rangyoku se inclinó a


su vez, agarró la mano de Keikei, abrió la puerta de atrás, y estaba apunto de tropezar cuando
oyó el crujido de unas plumas y el sonido del aleteo de unas alas fuertes.

Al instante dio un paso atrás y cerró la puerta. Por un breve momento, ella echó un vistazo
a sus alas y la forma de un tigre que se posaba en el suelo. Un kyuuki.

—¿Rangyoku? —Salió a la cocina. Enho había vuelto en dirección a su grito.

—En la parte de atrás, ¡hay un kyuuki en el patio trasero!

Keikei comenzó a llorar. Un kyuuki era un feroz devorador de hombres. Eso significa el fin de
la ciudad. Un kyuuki devoraba hasta la última persona vista.

Incluso ahora, el reino todavía se encontraba en el caos.

La puerta trasera resonó con gran estrépito. Rangyoku dio un salto hacia atrás. Agarró
a Keikei. Enho puso sus brazos alrededor de ellos y los empujó a la sala principal. Las astillas
volaron cuando el kyuuki atravesó la puerta de madera con sus garras. Cerraron la puerta
de la sala principal y corrieron hacia el patio. De alguna manera tenían que llegar al Rishi. Los
youma no atacaban debajo del riboku.

Corrieron por el pasillo hasta la puerta interior, por los escalones de piedra, y
salieron al patio delantero. Detrás de ellos, los gritos de los niños continuaron.

Ella quería ayudar, pero no podía pensar en una manera de cómo hacerlo. Ella sabía
que era inhumano abandonarlos así. Sabía que si se tratara de Keikei, habría vuelto, incluso
si eso significaba sacrificarse a si misma.

Lo siento, lo siento.

Llegaron al alero de la puerta principal del orfanato, Keikei gritó de repente. Sin
pensarlo, Rangyoku dio la vuelta y siguió su mirada. Sus ojos se abrieron hacia el techo de la
puerta interior, a la forma agazapada del kyuuki.

—¡Sigan adelante! —Enho los instó a seguir—. ¡Corran al Rishi y no miren hacia atrás!

—No —dijo Keikei, aferrándose a la capa de Enho.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¡Los otros, probablemente ya estarán muertos!

—¡Abuelo!

Rangyoku tomó la mano de Keikei entre las suyas. Por lo menos lo salvaría a él. Tendría
que abandonar a Enho, para hacer de escudo, y por lo menos salvarlos. El kyuuki se lamió
el hocico y se agachó. Rangyoku lo vio lanzarse hacia el cielo y caer sobre ellos. Paralizada,
tomó la mano de Keikei.

Una salpicadura brillante de color rojo pasó junto a ellos, un pedazo del hocico de la
criatura.

—¿Qué?

El shock del color rojo era una melena de pelo de color roja. Alguien había corrido más
allá de ellos hasta el youma. La imagen estaba congelada en sus ojos cuando se dio la vuelta,
agitando el carmesí y el destello brillante de una espada desnuda cortando un arco en el aire.

Un chico, y no uno muy grande. Su silueta y la del kyuuki se fusionaban mientras se


abalanzaban. Rangyoku abrazó a su hermano contra su pecho.

Las garras y los colmillos del kyuuki, sus grandes y largas extremidades. Todo su cuerpo
era un arma, sin embargo, al espada, que bailaba ágilmente lo redujo. El chorro de sangre y
vísceras pertenecía al youma. La espada cortó sus garras como el acero. El youma se desplomó,
gritando, hasta que la punta de la espada atravesó su garganta. El joven sacó la espada, la giró
a su alrededor hacia abajo. La espada atravesó profundamente el cuello grueso del kyuuki.

El kyuuki se estremeció y se vino abajo. El joven saltó hacia atrás y fuera del camino
y luego, sin pensarlo dos veces, corrió de nuevo hacia delante y le dio otro golpe más en el cuello
de la bestia. Agarrado de la empuñadura con ambas manos, cayó sobre sus rodillas, en un solo
golpe le cortó la cabeza al kyuuki.

Rangyoku cayó de rodillas.

—No lo creo.

Era imposible, cortar a un kyuuki así. Cerró los ojos brevemente, sólo el tiempo
suficiente como para gritar. Se sentó en el suelo, Keikei aún en sus brazos. El muchacho limpió la
hoja de la espada y se volvió para mirarlos.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿Estás bien?

Ella no pudo responder, sólo podía asentir con la cabeza, sí.

Con la boca abierta, Enho finalmente bajó la mano que había levantado para detenerlos.

—¿Y usted, señor?

Antes de que terminara la pregunta, Keikei gritó:

—¡Mira detrás de ti!

En un instante, el joven se dio la vuelta, en el mismo segundo la espada dibujó otro kyuuki
que saltaba de la puerta interior, arrojando su peso total contra él. Él hizo una finta y se agachó
para cargar. Los colmillos ensangrentados del kyuuki se cerraron en el vacío. La espada unida, le
dio un golpe mortal en la parte de atrás de su cabeza y luego se hundió entre sus hombros.
Sacó la espada, y con el mismo movimiento torció el cuerpo y lo empujó hacia atrás, empalándola
a través de su garganta.

Una vez más, hizo el trabajo por si mismo.

La espada fue enterrada en el cuello del kyuuki. Tirando hacia fuera, el chico se
tambaleó hacia atrás de una forma que Rangyoku encontró extrañamente conmovedora. Era tan
pequeño en comparación con el kyuuki.

—¡Guau! ¡Guau! —Keikei soltó la mano de su hermana y se puso de pie. Una vez
más, el muchacho limpió la hoja y volvió a mirarlos.

—Parece que no estás herido.

—No. ¡Usted estuvo genial! —Keikei sonrió, feliz. El


muchacho se volvió con el corazón completo.

—Escuché gritos.

Enho se tambaleó hacia él.

—Los otros niños…

Sin esperar oírlo dos veces, el joven saltó sobre el cadáver del kyuuki y corrió hacia el patio
del orfanato.

Rangyoku, Keikei y Enho lo siguieron a toda prisa, iba sobre el ala exterior del

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orfanato devastada. Ni un soplo de vida quedaba en el lugar. Tres niños, entre las edades
de siete y quince años vivían ahí. Ellos habían vivido juntos como una familia hasta hoy.

La gran ventaba estaba abierta. La puerta colgaba de sus goznes. Un viento helado soplaba
en la habitación silenciosa. Cada superficie estaba salpicada con sangre tan fresca y de color
acre, que parecía extraño que no se levantara vapor de los cuerpos.

Colocaron los tres cadáveres en el patio y os cubrieron con esteras de juncos. Al oír el
alboroto, la gente del pueblo acudió al orfanato, donde prestaron su asistencia y compartieron
su dolor y se llevaron los cuerpos a la sala de la ciudad. En ese momento, la noticia del incidente
había llegado a las comunidades vecinas, y el centro de la ciudad estaba lleno de caras
desconocidas.

Rangyoku miró a los espectadores que rodeaban el orfanato, todos ellos manteniendo
su distancia, luego miró al joven. Se puso de pie en el patio, sosteniendo la espada en la mano,
viendo cómo se llevaban a los muertos. Tenía el pelo rojo y ojos verdes oscuros. Su piel,
oscura bronceada por el sol, tenía una cualidad vibrante de si misma. Llevaba un abrigo corto,
listo, pero la espada con la que había matado al kyuuki era magnífica.

—Um… —le dijo—. Gracias por salvar nuestras vidas.

—No fue nada —respondió, en voz baja, con la impresión de no cuestionarse ese hecho.
Parecía un poco mayor que ella. Los dos eran de la misma estatura, por lo que supuso su edad
por la base de su altura en general.

—¿Es usted de Hokui? —preguntó ella, mientras no se parecía en nadie que hubiera visto
antes.

—No —respondió él.

Rangyoku inclinó la cabeza hacia un lado. A primera hora de la mañana, eso le pareció
extraño. Las puertas de la ciudad abrían al amanecer. Con el fin de haber entrado tan
temprano, calculó que debió haber acampado la noche anterior. Cuando ella le preguntó esto, él
asintió con la cabeza con indiferencia.

—Consideré buscar refugio en alguna de las aldeas, pero no había nadie ahí.

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¿Buscar refugio en las aldeas en esta época del año? Entonces se le ocurrió una idea.

—¿Es tal vez de Kou o Sou?

—Ella había escuchado que en los reinos de más al sur, la gente se quedaba en las aldeas
durante todo el año.

—No, de En.

—En un país frío en esta época del año. Las aldeas de En estarán todas vacías,

¿no?

—Probablemente.

Había una sonrisa en su voz. Se volvió y vio a Enho regresar de donde había dejado a
Keikei a cuidado de los vecinos.

Enho dijo:

—Un kaikyaku —Enho miró al joven con los ojos muy abiertos—. Tú eres Chuu Youshi,
¿correcto?

—Sí, ¿y usted Enho-san?

Enho asintió con la cabeza y miró a Rangyoku.

—Este es el joven del que te hablé, que fue enviado al orfanato. Tu nuevo
compañero de cuarto.

—¿Mi qué? Pero… —Rangyoku le dio al muchacho un buen vistazo. ¿Enho no estaba
diciendo sobre una niña, una chica de su misma edad, no estaba hablando acerca de eso?
—¡Oh, lo siento! ¡Estoy totalmente confundida!

La muchacha sonrió agradablemente.

—No hay problema. Me he acostumbrado a esto. Enho se


volvió hacia Rangyoku.

—Youshi, ella es Rangyoku, una de las residentes del orfanato. Ella es la hermana mayor del
niño que acabas de rescatar.

—Estoy encantada de conocerte —le dijo Youshi con una ligera inclinación. Cuando Rangyoku

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sonrió y se inclinó a su vez, Enho le dio un codazo.

—Si bien, mientras Youshi se cambia de ropa, ¿por qué no vas a buscar a Keikei? Todavía
está en una especie de pánico.

—Lo haré —respondió ella con un gesto.

Enho vio cómo se fue con apuro y luego miró a la chica que estaba de pie junto a él.

—Con toda esta gente alrededor, no puedo saludarla apropiadamente.

—Entiendo. Está bien.

—Me disculpo. Voy a ver que tenga el tratamiento adecuado mientras resida en el rike.

—Bueno, es por eso que he venido aquí.

Al oír su voz suave y ver la mirada en sus ojos, Enho asintió con la cabeza.

—Estamos muy agradecidos por que haya salvado nuestras vidas.

—¿Los youma todavía entran en las zonas habitadas de esta manera?

—Sí, pero con menos frecuencia desde que Kei tiene una nueva reina.

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Capítulo 23

Esperando a que el barco salga, Suzu se apoyó contra un bolardo en el muelle y examinó
sus documentos de viaje. Su pasaporte estaba en la forma de una ficha de madera que iba a
llevar con ella durante el viaje.

Los habitantes del reino se ganaban la vida en las particiones que eran otorgadas por el
gobierno. Y el reino a su vez regía a la gente que usaba la partición de tierra como el principal
instrumento de control. Es decir, cuando se iban de casa, renunciaban a los derechos y
protecciones otorgados por el gobierno.

Debido a esto, cuando un pasaporte era emitido, su nombre era inscripto en el rostro
de la ficha de madera, y en la parte posterior del pasaporte aparecía el nombre de la oficina de
expedición de la prefectura. El pasaporte era colocado en el koseki de la persona, o en el
registro de censo, y en tres lugares a lo largo del borde de la ficha. Alineadas las líneas en la
ficha de pasaportes con marcas de pinchazos por koseki, la autenticidad del pasaporte era
confirmada.

Tampoco era raro que el nombre de un garante sea inscrito en la parte trasera del
pasaporte.

Con un pasaporte en la mano, incluso cuando una persona salía de su casa, si las
circunstancias lo requerían, se podría solicitar la asistencia de la oficina del gobierno. Es lo
mismo cuando se viajaba al extranjero. Viajar al extranjero sin pasaporte te hacía un itinerante
o desplazados, y que han perdido todos sus derechos. Un pasaporte era necesario incluso
cuando ibas a una ciudad jurídica vecina. En consecuencia, se llevaba a donde sea que se fuera,
aunque sólo sea por costumbre.

Como el pasaporte de Suzu había sido emitido por la propia Reina de Sai, la parte de atrás
tenía el sello imperial. El pasaporte era colocado en una placa pequeña llamada rakkan, o
garantía financiera. El sello grabado a fuego en su cara era el banco emisor.

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La Reina de Sai, Kouko, había dado a Suzu una generosa suma de gastos para el viaje. Estos
fondos eran colocados en un banco de Yuunei, el banco que emitía el rakkan. Los bancos
formaban poderosas uniones de crédito comercial mediante el
establecimiento de relaciones sólidas y seguras con los bancos en otros municipios e incluso
en otros países. Si se tenía un rakkan emitido por un banco de la cooperativa de crédito
comercial, no importara a dónde se iba, se podía retirar el dinero y establecer una línea de crédito
en otro banco en el que tuviera la unión de crédito comercial.

En el rakkan, el banco emisor y el límite del crédito indicado e había escrito en


caracteres codificados que no se podía leer por cualquier persona fuera de la unión de crédito
comercial.

—Increíble —murmuró para sus adentros Suzu. Con mucho cuidado, guardó sus
documentos de viaje dentro del bolsillo de su túnica, y los aseguró con una cuerda que
atravesara el cinturón.

Era una pena no estar trabajando en el palacio. Sin embargo, aunque sólo sea un poco,
las cosas parecían estar moviéndose en la dirección correcta ahora. Kouko organizó la caballería
en marcha hacia el puerto de Eisou en el Kyokai. Después de un viaje de diez días, llegaron a la
costa y organizaron el pasaje de un barco. Se le preguntó si prefería un cargamento o un buque
de pasaje. Un barco de pasajeros sólo podía ser reservado hasta Sou. Ella tendría que
transferirse varias veces para llegar a Kei. Si ella fuera en uno de los buques de carga que
navegaban por el Kyokai alrededor de los Doce Reinos, podía navegar hasta llegar a En, con una
parada en Kei.

Suzu dijo que un buque de carga estaba bien con ella, y el agente habló con uno de los
equipos comerciales en su nombre. Este iba a llegar a Kei. Con el respaldo de la Reina de Sai
en su pasaporte, conseguir una reunión con la Reina de Kei no debería ser demasiado difícil.

Voy a su encuentro. Alguien de Yamato, como ella. Definitivamente, la única

persona en el planeta que realmente podría entenderla.

Una bandera de color canela se alzó. Era un barco pequeño y no había una sola bandera. Un
pequeño timón estaba colocado en la parte superior del asta de la bandera. Se trataba de
un amuleto de buena suerte emitido por el Ministerio de Invierno, llamado junpuusha, un

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talismán del timón que se colocaba en la parte superior del asta para garantizar una
navegación suave. Como no había puertos profundos en el Kyokai, los grandes barcos no
viajaban por esa ruta. Principalmente los buques de carga, aunque a petición podían llevar
pasajeros.

Esto me llevará de vuelta.

Suzu miró el oscuro mar desde el barco. El mar de tinta negro, parecía estrellado, con las
luces parpadeando. Arrastrada hace mucho tiempo de su casa, lo primero que vio fue ese
océano. Suzu todavía no lo entendía. Ese océano en el que casi se ahogó,

¿a lo lejos estaba su ciudad natal, Japón? Se decía que las luces brillando en el océano eran una
especie de peces, pero eran lo suficientemente bueno para ellos.

Brillantes peces que vivían en el océano profundo. Miró a los pequeños, pero en
realidad, algunos eran lo suficientemente grandes como para comerse una barcaza. Debido
a que nunca salieron a la superficie, excepto durante las tormentas, no eran considerados
peligrosos. Los youma que atacaban a veces en el mar eran en su mayoría bestias y aves que
venían del Mar Amarillo.

El barco salió de un puerto en el sur de Sai y navegó en dirección hacia el este a través
del Kyokai. Eligieron la ruta del Kyokai en lugar de los mares interiores, porque a mitad de
camino tendrían que pasar cerca de Kou. El Rey de Kou había caído y el reino estaba en caos.

—Por lo general, no vemos youma, por una vez cada tres o cuatro años —un
marinero que había llegado a conocer le dijo—. Los youma son muchos peores que los desastres
naturales. La Puerta Sonkai hasta la Puerta de Reison era especialmente mala. Dicen que cuando
se navega de regreso de Sai desde En por el mar interior, los rebaños de youma marchan por el
Mar Amarillo al sol.

—Wow.

El Mar Amarillo, en el centro del mundo se cerraba completamente al rango que abarca
las montañas Kongou. Sólo se podía entrar en el Mar Amarillo por una de las cuatro puertas,
llamado Gates Shirei. La puerta en el cuadrante sureste era llamada Puerta Reison. El
angosto estrecho entre el Mar Amarillo y Kou se llamaba la Puerta de Sonkai.

—Tiene que haber hecho algo malo, el Rey de Kou. No se ha muerto, pero un par de

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meses más y ver el estado en el que está, debe de ser duro para el pueblo de Kou. Hasta que
tengan un nuevo rey, te preguntarás cuánto peor las cosas van a estar.

—Así que las cosas están mal…

Los países en este mundo son tan extraños, pensó Suzu. Una cosa era decir que el Dios del
Cielo creó el mundo, pero los niños que crecían en los árboles y todas esas criaturas raras,
que casi no le sorprendía que Dios realmente existiera. Pero si Diosexiste, ¿por qué hizo los
reinos en distintas piezas de esa manera? Si Dios existiera, sería bueno que la gente no se
convirtiera en kaikyaku. Y sería bueno que la ayudara por lo menos una vez.

El barco siguió por la puerta este de Sou. En el camino, se detuvieron en tres puertos. La última
fue una pequeña isla cerca de Kou. A partir de ahí, pasaron por el estrecho entre Kou y Shun y
se dirigieron hacia el norte. El agua del estrecho era un azul marino oscuro, un poco más azul que
la del mar abierto.

—¿Por qué es el mar de un color diferente? —musitó, mientras apoyaba los codos en la
barandilla y se agarraba la barbilla entre las manos.

De repente, una voz a su lado le dijo:

—Porque es poco profundo.

Suzu saltó y se volvió hacia el lugar de la voz. Junto a ella vio a un niño que se estiraba
mientras miraba el mar. En un primer momento, Suzu había sido la única pasajera en el
barco. Después de tres puertos de escala, el número había aumentado a ocho. Él debía de ser
uno de los pasajeros que abordaron de Bokko, el último puerto de escala.

—¿Poco profundo?

—Los mares poco profundos son más azules que el agua profunda. No sé mucho sobre el
mar, ¿no crees?

Suzu lo miró.

—Yo nunca he vivido cerca del mar antes.

—¿En serio?

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El muchacho soltó la barandilla y se echó a reír. Parecía tener unos doce años. Con sus
pecas y el pelo de color naranja, le daba una impresión alegre. Cuando se reía, su rostro se
iluminaba.

Suzu le preguntó:

—¿Vas a En o a Kei?

—Kei —respondió.

Oh, Suzu sonrió.

—Soy Suzu, encantada de conocerte.

El muchacho inclinó al cabeza hacia un lado.

—Ése es un nombre divertido.

—Soy una kaikyaku.

—¿Kaikyaku?

Así que hay cosas que la gente no sabe, tampoco.

—Soy de Yamato. Llegué a la orilla de aquí.

La boca del niño se abrió grande por la sorpresa.

—¿En serio? ¡Eso es genial!

—No es genial. Es bastante horrible. Significa que no podré volver a casa.

Oh, se murmuró para sí el niño, y se estiró de nuevo. Bajó la vista hacia las olas.

—Así que tu suerte no es tan buena.

—No.

Las olas pintaban de blanco las paredes del barco. Si se cambiaba la mirada hacia el mar
abierto, los ojos se encontrarían con la clara línea del horizonte que dividía el cielo del agua. En
algún lugar más allá de ese horizonte lejano estaba el país donde había nacido. Ella había
llorado largamente cuando se enteró que nunca podría volver de nuevo. Ella sabía que era
posible para los magos cruzar el Kyokai y se había permitido la fantasía de que si ella servía a
Riyou, sería promovida a la clase de mago que podría hacerlo. Pero cuando se enteró de que

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tenía que convertirse en un experto en el aire, así, se dio por vencida de la idea.

—Hey, anímate —el niño golpeteó a Suzu en el hombro—. Hay un montón de niños que no
pueden volver a sus casas.

Suzu le frunció el ceño.

—No, no los hay. No hay muchos kaikyaku por aquí.

—Incluso si no eres un kaikyaku. Al igual que cuando un reino entra en caos, su casa se
quema, y cosas así.

—Eso es diferente de lo que hablo, no puedo volver al lugar de donde estaba antes. Si su
casa se quema, se puede construir otra nueva. ¿Sabes lo que es no poder volver a tu lugar con
tus seres queridos? ¿Tienes la menor idea de lo que estás hablando?

El muchacho miró a Suzu con una mirada perpleja en el rostro.

—Yo creo que es un poco lo mismo.

—No eres más que un niño. No lo entiendes. El


niño hinchó las mejillas.

—Niño o adulto, estar triste es estar triste, no volver a casa, negativamente es lo


mismo, ¿no? Ya sabes lo que es lo triste de no poder volver nunca a tu casa, pero también
lo pasa un montón de gente.

—¡Te estoy diciendo, que no es la misma cosa! El


niño puso mala cara por un minuto.

—Bueno, entonces, hazlo a tu manera. Vete a llorar. ¡Discúlpame por insistir!

Todo el mundo aquí es exactamente lo mismo. Nadie entiende nada. Suzu dijo en voz alta:

—¡Mocoso!

El muchacho no se dio vuelta.


—Entonces, ¿cuál es tu nombre?

El muchacho le dio la respuesta por encima de su hombro.

—Seishuu.

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Parte VI

Capítulo 24

La cola de Rakushun se erizó.


—¿Youko abandonó el palacio?

Rokuta lo miraba con curiosidad y con sus dedos le hizo un gesto para que se calmara.

—“Mamá” es la palabra —dijo, mirando a su alrededor a las mesas de los


alrededores y a los camareros que entregaban la comida.

—Oh, si, lo siento.

Rokuta sonrió, y luego con una expresión molesta recogió el pañuelo que había caído
sobre la mesa en frente de él. Después de cubrir su cabeza con el pañuelo, parecía un
chico normal y corriente de nuevo.

—Ella salió por un tiempo. Ella pidió un pasaporte, por lo que se le envió una.

—¿Qué está pasando con ella?

—¿Quién sabe? —dijo Rokuta, lanzando una bola de masa a su boca—. Todo tipo de cosas.
Me dio la sensación la última vez que había muchas cosas en su mente.

—Sí —murmuró Rakushun.

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—Es porque ella es una persona seria. Para empeorar las cosas, todo el mundo ahí está
tenso y controvertido. Tú le dices que se siente y se tome las cosas con calma, pero ella no es el
tipo de persona que puede hacer eso.

Rakushun asintió con la cabeza. Tomó los palillos de nuevo y se detuvo.

—Yo estaba pensando en ir a ver cómo estaba.

La universidad estaba en receso durante las vacaciones de Año Nuevo, la última parte de
diciembre y la primera de enero.

—Estás siendo sobre protector —Rokuta le dio a Rakushun una mirada


provocadora.

Los bigotes caídos de Rakushun se agitaron.

—Y pensé la oportunidad para ir a ver a mi mamá.

El país de nacimiento de Rakushun, el Reino de Kou, iba cuesta abajo y rápido. El rey ya
había muerto. Rokuta recordó haber oído decir a Rakushun de enviar por su madre.

Rakushun dijo:

—Me gustaría saber más de los reinos de por aquí, ver cómo van las cosas en Kei.

—La expansión en los horizontes siempre es una buena cosa. —Rokuta pinchó con el palillo
una bola de masa y apuntó a Rakushun—. Si se trata de tu madre, yo puedo ocuparme de eso.
¿Qué tal si echas un vistazo a Ryuu?

—¿Ryuu?

Rokuta asintió con la cabeza. Dijo en voz baja:

—Recientemente, youma han aparecido en las costas de Ryuu.

—¡Estas bromeando!

—Se dice que tal vez fueron arrastrados de Tai. Pero los youma no irrumpen en un reino
que no está en problemas. Algo huele mal.

Rakushun reflexionó más.

Rokuta agregó:

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—Cuando digo que me gustaría ir a ver qué está pasando en Ryuu, me refiero a alguien
que pueda poner su otro trabajo a un lado y seguir adelante con esto. Si puedes hacer esto por
mi, sería una verdadera ayuda.

—Está bien. Lo haré.

La cara de Rokuta se iluminó.

—Oye, te lo agradezco. Algo extraño está pasando, lo siento. Están Tai, Kei y Kou. Y encima
de eso, Ryuu. Recientemente ninguno de los reinos alrededor de En, están en equilibrio.

—Eso es verdad.

—Si algo raro está pasando en Ryuu, por insignificante que sea, quiero que me lo hagas
saber lo más pronto posible. Sé que estoy pidiendo mucho. Y mientras estás en ello, voy a
manejar las cosas con tu madre y voy a controlar a Youko.

Rakushun asintió con la cabeza, y luego dirigió sus pensamientos hacia el este. Rokuta le dijo:

—Youko es Youko, ella va a estar bien. Rakushun miró


a Rokuta.

—Yo confía en ella —le dijo Rokuta—. Va a ser difícil por un tiempo, pero conociéndola,
ella saldrá adelante. ¿Has oído hablar de la palabra kaitatsu?

—No.

—Es especial en Kei. Eso significa un anhelo de un rey, un hombre. Después de la fila de
malas reinas, no es un sentimiento irracional. Incluso me preguntaba si una reina era realmente
una buena idea. Pero mis preocupaciones se pusieron rápidamente a descansar. El que
Youko sea una chica significa que se considera un aspecto único. Es por eso que nosotros somos
los únicos que podemos poner nuestra fe en ella.

Rokuta sonrió, y Rakushun también le sonrió.

—Sí, eso es muy cierto.

En la provincia de Ei, en la capital de Gyouten, en el centro, había una curva inclinada. En la


prefectura de Hokui, en la parte norte, se encontraba en la punta curva, al oeste de Gyouten. En

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

la parte oriental de Hokui, en la prefectura de Kokei, o, como lo llamaba la mayor parte de la


gente, la ciudad de Hokui. Cruzando el río de la provincia de Wa y en la periferia de una gran
ciudad llamada Takuhou.

En un pequeño cementerio en las afueras de Hokui, Rangyoku tenía las manos unidas
en una oración. Ella estaba ante las tumbas de los niños que habían muerto en el orfanato. Sus
padres habían muerto. Se los había encomendado al orfanato, y al final habían sido
asesinados por youma. Medio mes más tarde y no podía dejar de pensar en el miedo y el
sufrimiento por el que habrán experimentado.

Tomó a la cabra que había dejado en la puerta y volvió hacia la ciudad. Durante el día, ella
dejaba pastar la cabra en los terrenos baldíos adyacentes a la ciudad, y ahora la estaba llevando
de vuelta a la casa. Kokei, la ciudad donde vivía Rangyoku, era un apéndice de la ciudad de
Hokui. Desde su perspectiva, Kokei realmente se veía como un grano que crecía al lado de Hokui.
Mientras se ponía la cabra a lo largo de su espalda en el viento frío, el aspecto le parecía muy
triste. Entró a la ciudad a través de las puertas y volvió al orfanato en Kokei.

Cuando le dio la vuelta al orfanato hacia el establo, Keikei salió corriendo de la puerta
de atrás para hacer sus tareas de la noche. Con él estaba Youshi.

—¡Oye, ya has vuelto a casa!

La voz alta de Keikei la alcanzó. Youshi le dio una leve inclinación de cabeza.
Rangyoku sonrió a su vez, pensando, ella es rara. Una kaikyaku, eso había dicho Enho. Debe de

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ser por eso. Enho dijo que era nuevo miembro del orfanato, pero era más como la invitada de
Enho.

Las ciudades se llevaban a cabo generalmente por un administrador de la ciudad y el


superintendente. El encargado de la ciudad trabajaba en el ayuntamiento y oficiaba el Rishi. El
superintendente era su asesor principal. Él era el más antiguo de los ancianos del pueblo.
También era director del orfanato y de la escuela primaria. Sin embargo, Enho no era de
Kokei. Cuando Rangyoku le preguntó acerca de eso, le dijo que era de Baku, la provincia oeste
de Kei. Por lo general, los puestos de director y superintendente eran ocupados por personas de
esa ciudad.

Cuanto más pensaba en ello, más extraño parecía Enho. O al menos, eso le pareció. Ella no
entendía todos los pro y los contra de ser un superintendente. El encargado de la ciudad, sin
duda, trataba a Enho como si fuera un rango más alto que él. Enho había tenido muchos
visitantes, que viajaban grandes distancias para verlo, y que se quedaban en el orfanato con el
fin de conversar con él. No sabía quiénes eran o por qué iban a verlo. Incluso si le preguntaba
acerca de ello, no creía obtener una respuesta. Era obvio, sin embargo, que todos los visitantes
lo respetaban mucho. Ellos venían aquí para ser enseñados por él. Ellos se alojaban en la
hospedería.

El compuesto rike donde se encontraba el orfanato, por lo general se componía de cuatro


edificios. El primero era el orfanato, donde los huérfanos y los ancianos se

quedaban. El segundo era el salón de actos, donde la gente del pueblo podía reunirse.

Cuando regresaban de los pueblos y aldeas durante el invierno, el salón de actos se llenaba
durante el día. Allí se tejía y se hacía el trabajo de reparar cosas. A veces en la noche, que a su
vez, en lugar de ir a un bar a beber, pasaban buenos ratos.

Los cuartos de huéspedes era un edifico para las personas que visitaban el orfanato o la
ciudad. Unido a la hospedería, había un huerto, y en el jardín había una cabaña que era utilizada
por Enho como su estudio, y donde pasaba la mayor parte del día. El cuidado y el
mantenimiento de estos edificios y la gente y los visitantes que se congregaban ahí eran
responsabilidad de los residentes del rike.

A Youshi se le asignó una habitación en la hospedería. Que estaba de acuerdo con las

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instrucciones explícitas de Enho. Si no se vivía en el orfanato, no se contaba como un residente


del rike. En primer lugar, las personas que vivían en el orfanato se suponía que eran de la ciudad,
y Youshi obviamente no lo era.

—¿Es Enho una persona importante? Es sólo que muchas personas vienen a verlo.

—No lo sé. Al hablar con él, sin embargo, yo diría que es un hombre muy sabio.

—Ah.

Después de haber buscado el agua, Rangyoku fue a lavar las verduras. Agarrando los
vegetales, Rangyoku le preguntó:

—Um, ¿qué clase de lugar es Yamato? —Los ancianos decían que era la tierra de los magos.
Una tierra de sueños donde no hay sufrimiento ni dolor.

—No es tan diferente de aquí. Hay desastres naturales y hay guerras.

—Oh —Ella se sintió aliviada en cierta medida, y también un poco decepcionada.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo Youshi. Rangyoku dejó


de cortar las verduras.

—¿Qué?

—¿Rangyoku está en asana?

—No, es mi nombre real.

—La gente aquí tiene tantos nombres. Es muy confuso.

Ella suspiró, como si realmente estuviera totalmente perdida. Rangyoku no pudo evitar
sonreír.

—Tomo por eso que en Yamato no usan asana. El nombre que aparece en el censo es tu
nombre completo que se utiliza todo el tiempo, y uno de asana es un apodo casual.

En la antigüedad, nadie te llamaba por tu nombre dado. Los ancianos odian ser llamados

por su nombre de pila, pero a mi no me importa. Mi apellido está registrado como So.
Cuando me convierta en un adulto, me quedaré con mi propio apellido y los caracteres de ese
nombre, pero todavía no soy adulta.

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Convertirse en un adulto significaba alcanzar la mayoría de edad. A la edad de veinte


años, se recibía un lote de terreno por parte del gobierno y así convertirse en alguien
independiente. Esta parcela se llamaba partición o patrimonio familiar. Esos veinte años se
calculaban según el kazoe-doshi, lo que significaba que tenía un año de edad cuando nació y se
contaba un año más en día de Año Nuevo.

Youshi se echó a reír.

—Ya veo, hay muchas maneras de contar tu edad. ¡Qué lío!

—Normalmente, la edad se cuenta por tu cumpleaños. Es por servicio militar obligatorio.


Usando kazoe-doshi, puedes determinar a personas con diecisiete años de edad, pero tienen
diferencias en el tamaño de los cuerpos.

Uno se convertía en responsable del pago de impuestos cuando se convertía en adulto


y recibía una casa, pero la edad no fue tomada en cuenta a la hora del servicio militar
obligatorio. En caso de emergencia, incluso con diez años de edad se reclutaban. La
reconstrucción de los diques, la excavación de zanjas, construcción de pueblos y aldeas, y
en el peor de los casos, luchar en la guerra. Era raro que los soldados reclutados no
hayan llegado a la edad de dieciocho años, pero si los efectivos resultaban insuficientes, la edad
de reclutamiento baja.

—El servicio militar obligatorio también se utiliza para hacerse de acuerdo con el kazoe-
doshi, también, pero eso era hace mucho tiempo.

—Ah.

—¿En Yamato no hay servicio militar obligatorio?

Youshi negó con la cabeza, una sonrisa sardónica apareció en su cara.

—No, pero a menudo se hace algo como el servicio militar en todo el año.

—¿Cómo es eso?

—Los adultos trabajan desde la mañana hasta la medianoche. Los niños estudian desde
la mañana hasta la medianoche. No es realmente obligatorio, pero si no trabajas más duro que
los demás, realmente te quedarás atrás. Así que todo el mundo trabaja aún en la noche hasta
el amanecer.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Suena horrible —dijo Rangyoku.

Keikei irrumpió en la cocina, después de haber terminado de atender a la cabra.

—¡Ya he terminado! —declaró alegremente listo para su próximo trabajo.

—Bueno, entonces, limpia la mesa y saca los platos.

—De acuerdo.

Con brillo en los ojos, Youshi vio a Keikei sacar un trapo e ir hacia la mesa.

—Trabajas duro, Keikei. Rangyoku


estuvo de acuerdo.

—Lo hace, ¿no es así?

El orgullo evidente en su sonrisa, hizo sonreír a Youshi.

—¿Keikei es tu nombre?

—Es su apodo, como todo el mundo lo llama. Su verdadero nombre es Rankei. Youshi se
echó a reír.

—Realmente es muy confuso.

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Capítulo 25
Youko no tenía mucha idea de quién era Enho. Keiki había arreglado para que ella fuera al
orfanato y le pidió que fuera su maestro. Él fue, según Keiki, un estudioso muy
distinguido. No había sido capaz de conseguir algo más sobre Enho, o bien, aparte de que él
era también el superintendente de Kokei.

El día después de su llegada, Enho le dijo a Youko de ir a su estudio a la tarde, y después


a la cena para que se pudieran conocer. Al principio, hablaron de cosas poco importantes.
Después de eso, pasó varios días indagando en su historia personal. Luego le preguntó sobre
Yamato. Qué tipo de país era, la naturaleza de la geografía, el tipo de negocio e industrias que
tenía, cómo era gobernado. Lo que la gente pensaba y soñaba.

Mientras Youko conversaba con Enho, más cosas la sorprendían. Ella estaba
avergonzada de lo poco que sabía acerca de su tierra natal.

Después de ordenar la cocina después del almuerzo, Youko se deslizó hacia el pórtico,
donde se encontraba el estudio de Enho. En el camino, se permitió un suspiro. Otro día
contestando a sus preguntas. Día tras día, la amplitud y profundidad de su ignorancia crecía
y crecía.

Cuando llegó al estudio, Enho no estaba ahí. Ella miró hacia el jardín y lo vio sentado
en la sala de té, bañado por la luz del sol.

—Oh, ahí está.

Cuando salió a la terraza frente al salón de té, sonrió.

—El clima de hoy resulta tan agradable. Youko, ven y toma asiento. Ella,
obediente, se sentó en el banquito de la casa de té.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Este debe de ser tu primer invierno aquí. ¿Cómo van las cosas?

—No se siente tan diferente al de Japón.

—¿Ah, sí? —dijo Enho, asintiendo con la cabeza—. Kei es muy afortunado, en
comparación con los reinos del norte. Sin embargo, en la parte norte del reino, puedes
inmovilizar el aire como muerto en vida. La caza es escasa en los campos. No es lo mismo
en los reinos más cálidos donde, a pesar de que el rendimiento puede ser deficiente, se
puede plantar en invierno y recoger una cosecha. Así, durante el invierno,

¿qué te parece que es la cosa más importante para la gente?

—Um, ¿una casa caliente? Enho se


acarició la barba.

—Puedo ver que eso ocurre en Yamato. Pero no, no una casa, pero sí comida. Tu opinión
es la de alguien de un país cuyos habitantes no sufren hambre.

Youko inclinó su cabeza con disgusto.

—Es un problema particularmente grave en los reinos del norte. El simple toque del mal
tiempo en verano se verá reflejado en la cosecha del otoño. Incluso una mala cosecha
será grave. Y de lo que queda, una cierta proporción se debe establecer a un lado para la
siembra del próximo año. Comer emillas de maíz, y el próximo año se morirán de hambre
a ciencia cierta. Incluso cuando los almacenes estén llenos, en algunos reinos, las
mercancías no se pueden transportar fácilmente durante el invierno. En algunos reinos, incluso
si te mueres de hambre, el suelo se congela y lo hace muy difícil como para buscar raíces.

—Entiendo.

—Si lo hablamos, lo vas a entender. Tú sólo tienes que trabajar en ello. Youko miró
el perfil de Enho.

—¿Usted tal vez me pondrá a prueba?

—No, yo no tengo por objeto determinar a las personas. Acabo de determinar en dónde
están los problemas. Eres una extranjera en tierra extraña. El abismo entre aquí y allá es muy
amplio. No hay manera de que yo vaya a ser capaz de comprender de dónde has venido.

Cierto, se dijo Youko, asintiendo.

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Enho miró el jardín durante varios minutos. Luego dijo:

—Es una verdad universal que los cimientos del reino es la tierra. Agarrada
por sorpresa, Youko prestó atención.

—Todos los ciudadanos reciben una parcela de tierra cuando llegan a su mayoría de
edad. Es una asignación única igual cien, o sien pasos al cuadrado (una hectárea). Nueve
asignaciones forman una buena brigada. Una buena brigada, o un ri cuadrado (novecientos-
nueve hectáreas), es propiedad de ocho familias.

—Espere un minuto. La unidad de medida...

Rokuta, el Kirin de En, a menudo cruzaba el Kyokai a Yamato, y era muy versado en las
cosas japonesas. Se las arregló para traer con él algunos libros y algunas herramientas. De
acuerdo a lo que él le había enseñado, un paso era igual a ciento treinta y cinco
centímetros.

—Si un paso es de 135 centímetros, y un ri es de 300 pasos, y luego… Verla


correr con los cálculos, hizo que Enho se echara a reír.

—Estás pensando demasiado en ello. Un paso es igual a dos zancadas. Éste es un paso —
Enho dio un paso hacia delante—. La anchura de la medida es un paso grande. Dos pasos,
izquierda y derecha, es igual a un paso.

—Oh, eso tiene sentido.

—Así que dos pasos o un paso, haces un paso. Al referirse a la zona, un paso
cuadrado también se le llama paso. Y un shaku es lo siguiente.

Enho juntó las manos como si rezara, y luego abrió las manos, extendiendo las palmas
de sus manos.

—El ancho de la mano en un shaku. Un shaku es de diez soles, por lo que cada sol

es aproximadamente el ancho de un dedo.

—Lo tengo.

—Un jou es más difícil de describir, pero por lo general es la altura de un hombre. Un
shou puede ser pensado como la cantidad de líquido cargado con las dos manos. —Y

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agregó con una sonrisa—. Pero debido a que un hombre grande tiene un paso más largo, un ri de
medida será más grande que un ri real. Del mismo modo, el shou de un hombre

pequeño, no se sumará como un verdadero shou. Ten esto en mente y las cosas irán bien.

—Ya veo —dijo Youko, con una pequeña risa.

—En resumen, una parcela es igual a cien pasos cuadrados, una parcela de terreno con 400
pasos en circunferencia. En tierra de cultivo, eso es bastante amplio. Nueve parcelas
conforman una buena brigada. Esta tierra está dividida entre ocho familias. Así la brigada es una
división más pequeña de la disciplina jurisdiccional que ejerce sobre el reino de la propia
ciudadanía.

—¿Ocho familias en nueve huertos? Enho le


dio una sonrisa de aprobación.

—Una parcela sirve para los comunes. Ocho familias campesinas, ocho parcelas, y la
novena se mantienen como depósito para el reino. Ochenta por ciento de los bienes comunes,
llamados kouden, se sede al gobierno como impuesto. El veinte por ciento restante,
denominado roke, se reserva para casa y jardines.

Ah, así es como funciona, pensó Youko, recordando las escenas que salpicaban la aldea.
Las aldeas consistían en el mismo número general de edificios. Los edificios no eran lo
suficiente para ser llamado “pueblo”, pero si reunidos en una especie de proto- pueblo.

—El kouden es de ochenta y el roke de veinte. ¿Y cómo serían los veinte?

—Um… Dos mil pasos cuadrados.

—Es correcto. Compartir una sola familia es de 200 pasos cuadrados para el jardín, para la
plaza cincuenta pasos desde la casa. ¿Sabes lo grande que es un jardín de 200 pasos cuadrados?

—Um, no.

—Las frutas y árboles de mora se plantan alrededor de la periferia. La tierra sobrante de


dedica a la huerta. El jardín debe ser suficiente para proveer a una casa y dos personas. Una
casa de cincuenta pasos es pequeña. Dos habitaciones, salón y cocina. Creo que en Japón se
llama dos eru-dee-kee.

Youko sonrió.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Un 2LDK.

Enho sonrió también.

—Una casa es generalmente considerada para dos personas. No hay tierra suficiente para
abastecer de comida y una casa lo suficientemente grande para dos personas. Ocho familias
de este tipo constituyen una aldea. Tres aldeas hacen un pueblo. El pueblo es la más pequeña
división de incorporación municipal. Tres aldeas de ocho familias llegan a veinticuatro familias,
además del rike, que es igual a 25.

—¿Y usted puede conseguir una casa en el pueblo así?

—Sí. Las aldeas se encuentran en el campo, así que cuando la tierra reposa, no hay
mucho que hacer para ellos ahí. Durante el invierno, las familias de veinticuatro regresan al
pueblo.

Youko sonrió. Si ella escuchaba con atención, en ese momento ella podía escuchar las
voces animadas de todo el rike. Las mujeres se habían reunido para hilar y trabajar en los
telares. Los hombres se habían reunido para tejer esteras y canastos. Estarían hablando sobre
sus aldeas.

—En cualquier caso, la base de todos los ri cuadrados constituye una buena brigada. Se rige
de acuerdo con el seidenhou, la ley del bien y del arroz.

Youko suspiró.

—Sí, está escrito en los decretos divinos, en los rollos de la ley de la tierra.

¿Ah, sí? Se dijo Enho, subiendo sus blancas cejas.

—Pero yo no pude leer nada de eso.

No sólo fue escrito en caracteres chino medievales, pero en hakubun, una especie
particularmente densa de texto sin puntuación china. Como consecuencia, se encontraba con la
mayor parte incomprensible, y ella no tenía acceso a nada parecido a un diccionario chino-
japonés. Francamente, estaba muy por encima de su cabeza. Incluso teniendo a Keiki leyendo
por ella y siguiéndolo a lo largo del texto, no tenía ni idea.

—Sería preferible si de alguna manera pudiera aprender a leer chino. Cuando Youko
suspiró, Enho se echó a reír.

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—Eso está bien. Tienes una buena memoria. Si trabajas duro y te tomas las cosas en serio,
tendrás lo necesario para salir de esto bien.

Inconcientemente ella enderezó su postura.

—La casa más pequeña posible en la parcela más pequeña posible de la tierra. Si trabajas
duro, y no hay ningún desastre natural o fenómeno inesperado, nunca morirá de hambre. Todos
los ciudadanos del reino consiguen este mínimo de adjudicación. Ya pueda o no vivir
cómodamente, al final depende de sus propios recursos.

—¿Y cuándo hay desastres naturales?

—Lo que debes de tener en cuenta es lo primero, no lo último. Debes dejar de tratar de
asumir la carga de toda la población. Debes preocuparte por el agua y el manejo de la tierra y tu
propia autodisciplina, y al hacerlo extenderás su vida, aunque sea un poco.

—Yo sé, pero…

—En cuanto a las cosas que debes de hacer, son bastante limitadas. Para prepararse para
la sequía, hay que crear embalses y canales de excavación. Para prepararse para las
inundaciones, construir diques, terraplenes y mejorar las cuencas hidrográficas. Para
prepararse para el hambre, el grano en las existencias. Para la protección con los youma,
capacitar a los militares. Luego está el desenredo de la burocracia que es la ley… pero eso
es todo. Y estos son en la mayoría las responsabilidades de los ministros, no algo que se
debe a ti misma que debas estar haciendo, ¿de acuerdo? ¿Hay algo más preocupante en tu
mente?

Youko se echó a reír.

—Supongo que tienes razón.

—Guarda los pensamientos superfluos para hacer el reino rico y próspero para más
adelante. En primer lugar, concéntrate en sofocar la agitación y los disturbios, en asegurarte de
que las cosas no estén peor.

Youko respiró hondo. Se sentí como si un gran peso fuera levantado de sus hombros.

—Gracias —le dijo.

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Capítulo 26
—¿Así que es más rápido volver a la vuelta? ¿Por qué?

Suzu estaba de pie en la cubierta, de cara al viento. Al oír la voz del niño, hizo una mueca.

—Es la temporada. El viento sopla desde el noreste. Las corrientes oceánicas también
fluyen de norte a sur. Es por eso que el viaje de regreso es más rápido.

—Ah.

Cuando se dio la vuelta, vio a Seishuu sentado junto a un marinero.

—Los barcos son realmente interesantes. ¡Voy a ser marinero!

—Bien por ti —se rió el marinero.

Desde Sou, a un puerto en el sureste de Kei tomaría un mes y medio. Ya había llegado
a mitad de camino en su viaje. No había mucha gente en el barco, por lo que se había llegado a
conocer a casi todo el mundo. Seishuu era el más joven. Hablaba con todo el mundo sin la
mayor vacilación, y porque siempre tenía algo interesante que decir, incluso los marineros decían
que era un niño inteligente y lo adoraban. Viendo todo esto, sólo irritaba a Suzu.

Él no entiende nada. Pero es sólo un niño, así que no puede evitarlo.

Aún así, él le marcaba tratando de decirle que las cosas horribles que le pasó a ella pasaba
todo el tiempo a los demás, como el estar separados para siempre de su hogar.

¿Todo el mundo? ¿Cuántos kaikyaku se cree que hay en este mundo?

Con un arranque de rabia, Suzu le dio la espalda y volvió al camarote.

El camarote se llenó del olor a petróleo. Lo había rechazado en un primer momento, pero ya se
había acostumbrado a ello. Sin embargo, si se quedaba durante mucho tiempo dentro, el
movimiento del balanceo de la embarcación y el olor hacía mal al estómago. Por eso, cuando
había buen tiempo, la mayoría de los pasajeros salían a cubierta. En ese momento, Suzu

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

estaba sola en su habitación.

El camarote se dividía en dos grandes áreas, donde todos dormían. Por el momento, había
una sección para hombres y una sección para las mujeres, pero sólo porque había pocos
pasajeros.

Suzu se sentó y dejó escapar un suspiro. Detrás de ella, oyó la voz que la molestó.

—Hey, Suzu, deja de darme esa mirada en la forma que lo haces.

Suzu no se dio la vuelta. Tiró su equipaje hacia ella, como si estuviera ocupada. Abrió un
paquete en el interior del baúl.

—¿De qué estás hablando?

—El marinero pensó que yo te estaba haciendo alguna broma o algo así.

—¿Ah?

Los pasos se acercaron hacia ella. Seishuu se sentó a su lado.

—¿Por qué estás tan enojada conmigo?

—No estoy enojada con nadie.

—Qué bebé grande.

Al escuchar su suspiro exagerado, ella lo miró.

—Yo soy una adulta, es por eso que no mal. No me dejo molestar por lo que hacen los niños.

Seishuu le dio a un Suzu un buen vistazo, escrutándola.

—¿Qué?

—Te ves como una persona fácil de llevar fuera, pero eres amargada por dentro. Suzu se
volvió hacia él.

—¿Qué se supone que significa eso?

—¿Nadie te ha dicho eso antes? Tú realmente eres una sufrida.

A pesar de que sabía de si perdía la paciencia, perdía el argumento, Suzu no pudo aguantar
que la sangre le corriera por la cabeza. Casi sin darse cuenta, ella lo golpeó.

—¡Cállate!

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Riyou. Kouko. Todo el mundo me odia. Todo el mundo la tiene conmigo.

Los ojos de Seishuu se abrieron de golpe. Se echó a reír.

—¡No lo puedo creer! ¡Estoy en lo correcto!

—¡Fuera de aquí!

—A nadie le gusta escuchar la verdad sobre sí mismo.

—¡Ya te dije, lárgate!

—¿Te duele mucho el tener la sensación, de que hay muchas más gente como tú? No
estoy equivocado. Mucha gente no siempre podrá volver a su casa. Es difícil para todos. No
hay nada en especial acerca de ti. Pero tú no lo entiendes, eso te hace una arpía.

¿Pero por qué?

—¿Por qué todos se meten conmigo? Riyou, tú, ¿qué tienen contra mi? ¿Qué te he hecho a
ti?

—¿Quién es Riyou?

—La Señora de la Gruta Suibi en Sai.

Todo brotó en ella. ¡Qué cruel fue Riyou! Lo exigente que era. Todas las dificultades que
había sufrido Suzu. Como fue rescatada por la Reina de Sai, se dio la vuelta y comenzó a
salir del palacio. Pero decir todo esto no tendría diferencia para un niño como él.

—Es una lástima, Suzu. Tú tienes además otro chico además de mí.

—¿Qué?

—¿Te gustas a ti misma, Suzu?

Suzu le lanzó una mirada de sorpresa.

—¿Crees que eres una buena persona?

—En realidad no —Ella estaba triste todo el tiempo.

—Así que no es de extrañar que no le gustes a la gente, ¿eh? Después de todo,

¿acaso la gente no se pone en primer lugar, y siempre piensa primero en sí mismos?

Suzu lo miró boquiabierta.

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—Te estas pidiendo bastante, esperando gustarle a otras personas si ni siquiera tú te


gustas.

—No es mi intención… —Suzu reunió apresuradamente todos sus pensamientos—.

¡Eso no es lo que quise decir! Por supuesto que me agrado. ¿Quién no? ¡Pero nadie más lo dice!
Pero no me gusta no gustarle a nadie. Eso es lo que quise decir.

—Entonces, ¿haces que la gente no le guste la gente mala? ¿Y si cambiaras tu actitud y


te transformaras en una persona agradable? Pero eso es algo, también. Así que si eres
desagradable, no tendrás nada más. Fin de la historia.

—¡Tú no entiendes! —Suzu se retorcía las manos—. ¡No me entiendes! ¡Es porque soy una
kaikyaku! ¡Los kaikyaku son diferentes de la gente como tú! ¡Es por eso que me odian sin razón
en absoluto!

—Ya sabes, no puedo soportar a la gente como tú —Seishuu respiró hondo y dejó escapar
aire. —¿Quién quiere ser así? Tratar de ser menos feliz que lo demás, y luego tomar el camino
fácil y culpar su infelicidad a todos los problemas.

Suzu se quedó sin aliento. Odiaba a ese pequeño enano a tal grado que la mareó.

—Es realmente tonto —Continuó—. Todo lo que puedes hacer es alardear de lo


desafortunada que eres a todos los demás. Y aún cuando no lo eres, eres el tipo de persona
que va a asegurarse de serlo.

—¡No es justo! ¡No eres más que alguien malo! ¿Por qué tienes que decir cosas como
esas? ¡Después de todo el sufrimiento por el que he pasado!

—¿Todos los que sufren son buenas personas? ¿Toda la paciencia hace sentir a un mejor
con uno mismo? Yo, en lo referente al sufrimiento, prefiero dejarlo atrás. —Seishuu ladeó la
cabeza hacia un lado—. ¿Crees que si no fueras una kaikyaku todo sería color de rosa? Tú eres
una hechicera. No enfermarás ni envejecerás nunca, ¿verdad? ¿Qué dices cuando realmente
estás rodeada de personas que están enfermas y sufren? Los hechiceros no tienen que
preocuparse por comer, no. Si vas a donde la gente se muere de hambre, ¿todavía pensarás que
estás peor que ellos?

—No quiero hablar contigo. Tú acabas de decir que conseguiste todos los golpes de suerte

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mientras que yo no.

—¿Qué conseguí todos los golpes de suerte?

—Sí. Tú naciste aquí y te criaste aquí, y tienes una familia y un lugar al cual volver.

—Yo no tengo una casa.

—¿Qué? —dijo Suzu.

—Yo vivía en Kou. Y no sólo mi casa, sino el pueblo entero se ha ido. —Seishuu envolvió
sus brazos alrededor de sus rodillas—. Vivíamos cerca del Kyokai. En acantilado entero cedió
y envió a todos y a todo al mar. Bueno, no todo el mundo, no puedes ser muy exigente sobre
eso. Yo estoy aquí. —Se echó a reír—. Todo el mundo estaba en casa, mi tía y los chicos, todos
murieron. Tengo suerte de estar vivo.

Suzu había perdido las palabras. Recordó el pueblo que le había dado cobijo cuando fue
arrastrada a la costa de Kei. Un pueblo con vista al mar, aferrado al borde de los acantilados. Si
ese acantilado se derrumbaba...

—Ve a Kou y encontrarás a un montón de niños como yo. El Rey murió. El Taiho también
murió. Van a ser tiempos difíciles hasta que un nuevo rey se siente en el trono, y no va a suceder
durante la noche. Todo el mundo sale al mismo tiempo que puede. No sé cuándo va a llegar un
nuevo rey, pero sé que no voy a volver hasta que lo haga. Tal vez nunca volverá.

—Pero…

—Mi pueblo estaba cerca de las fronteras de Sou. He tenido la suerte de escapar. Kou
sólo va a empeorar. Después de esto, incluso, si quisiera hacer que volviera a funcionar ahí,
no creo que sea probable.

—Aún así, querías escaparte.

—No todo el mundo quiere huir. Estar en tu propia casa siempre es lo mejor. Mucha gente
empezó a correr y a alinearse en las fronteras. Entonces los youma venían y se los comían. Incluso
si hay casa para volver al hogar, algunos no llegan. —Murmuró casi para sí—. Mi padre tampoco.

—¿Y tu madre?

—Murió —dijo Seishuu, con una risa inquieta—. Todos íbamos a conseguir un barco y
navegar a Kei. Pero ella murió antes de que el barco llegara al puerto. Yo le di el boleto de mi

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mamá a aquél hombre viejo.

Un flaco, de mediana edad, había subido con él.

—Él es de Kou, también. Salió sólo con la ropa de su espalda. No tenía dinero ni para el
pasaje.

—¿Pero por qué Kei? Si has escapado a Sou. —Sou era el reino más rico de los doce.

—Porque somos originarios de Kei.

—¿Desde Kei?

—La Reina de Kei, la anterior reina de ahora, antes de tomar el trono, las cosas estaban
realmente en mal estado. Cuando yo era pequeño, huimos a Kou. Tiene que haber un pueblo
lindo y tranquilo ahí, ¿verdad? Mamá decía que cuando Kei tenga un nuevo rey, volveríamos.
—Seishuu respiró hondo—. Mamá y papá no fueron muy afortunados. Ellos murieron sin saber
nada, pero en los tiempos difíciles.

Suzu le dirigió una mirada irritada.

—Mis padres sufrieron mucho, demasiado. Éramos pobres, nunca había nada bueno que
comer. Y encima los cultivos fallaban. Me vendieron como sirviente y me enviaron.

—Sí, pero es mejor a que todo el mundo muera.

—Sólo lo dices porque fuiste afortunado. Tus padres eran buenos para ti, ¿verdad? Mis
padres eran la clase de padres que vendían a sus hijos.

—Es cierto que me gustaban mis padres, pero sólo porque era lo único que me
quedaba.

—Lo mismo conmigo. Tú eres el afortunado. Tú fuiste con ellos hasta el final. Nunca voy a
ver a mis padres. No sé qué habrá pasado en el país, pero estoy segura de que todos están
muertos.

—Por lo tanto, estamos en el mismo barco.

—¡No somos lo mismo! Sólo el hecho de estar ahí cuando murieron es una bendición. Yo
quería cuidar de ellos en su vejez.

—Estar ahí cuando mi madre murió, bueno, está bien. Pero mi padre fue devorado por un

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youma. Yo realmente no quería ver eso.

—¡Sin embargo, él estuvo contigo hasta el final! Yo quería hacerme cargo de ellos, no
importara lo que pasara. Yo no quería salir de su lado nunca.

Seishuu inclinó su cabeza hacia un lado.

—Ya lo sabes, Suzu, que estás haciendo todo lo posible en este momento para ser infeliz.

—¿Qué?

—Estás siendo cruel. Debe de ser bastante obvio lo de si es mejor ver a tu padre
desagarrado pieza a pieza y comido por un youma o no. Yo no quiero ver eso. Yo no podía
correr hacia él, tampoco. No podía hacer nada para ayudar. No tuve más remedio que huir. Mi
padre no tiene tumba, no tuvo funeral. ¿De verdad crees que es mejor?

Suzu se tapó la boca con la mano.

—Yo…

—Es una mentira decir que el sufrimiento es peor que cualquier otra persona. Todo el
mundo sufre de sí mismo. Si hay alguien en algún lugar que nunca ha sufrido, me gustaría
conocerlo.

—Lo siento, yo no… —Ella inclinó la cabeza con disgusto. Este niño había visto a su padre
asesinado delante de sus ojos. No había forma de que ese fuera el mejor destino.

—Cuando las cosas se ponen tan mal, las personas hacen lo que pueden para
escaparse de eso. Si no es lo suficientemente fuerte para hacer eso, Suzu, no están
sufriendo lo suficiente como para querer huir.

—Pero…

—No sé cómo describirlo, pero, ¿sabes qué se siente cuando uno se quiere morir, y sabes
que la lucha contra eso no servirá de nada?

—Eso es, eh…

—Hablar es fácil. Suzu, todo lo que sufriste no fue tan malo como para tratar de
escapar o morir en el intento. Nadie va a sentir pena por las personas que se ahogan en su
propia desgracia. Después de todo, vivir tu propia vida es un tiempo completo puesto en

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

trabajo. Si hay alguien que se queja todo el tiempo y desea que sientas todo lo que siente él,
uno se cansa de eso, ¿verdad?

¿Es eso a lo que se reduce? ¿Es por eso que nadie podía soportar tenerla cerca? A

pesar de que casi no podía creer que Riyou o Kouko sufrieran en sus vidas.

—Um… —dijo Seishuu.

Suzu lo miró y vio a Seishuu apoyando la cabeza sobre sus rodillas.

—¿Qué pasa?

—Estar cerca de ti hace que me duela la cabeza.

Suzu le dio una mirada astuta igual de fuerte, pero se dio cuenta del sudor en su frente.

—¿Realmente estás lastimado? ¿Estás bien?

—Estoy bien.

Se dio la vuelta y se acostó. Su cara estaba gris.

—Espera un momento. Iré a buscar a alguien.

—No te molestes. Me voy a sentir mejor después de dormir un poco. Ya estoy


acostumbrado a eso.

Suzu miró más de cerca su cara.

—¿Esto te sucede a menudo?

—De vez en cuando. Es esta lesión que duele.

—¿Lesión?

—Un youma me rasguñó en la parte posterior de la cabeza. Comienza a doler de vez en


cuando.

—Oh.

—Voy a estar bien. Se pone mejor después de dormir.

Suzu rápidamente consiguió una manta y se la puso alrededor de los hombros.

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Capítulo 27

Shoukei fue asignada al Shousha, el superintendente a cargo de los edificios del palacio en el
Ministerio del Cielo. Para ser precisos, era el ministro de los subordinados.

Su día comenzó antes del amanecer. Ella se despertó antes de que pudiera ver los
primeros rayos del amanecer y comenzó a conseguir a diario por mantener o quitar el polvo
de todos los muebles. Ella pulió las ventanas, barrió, fregó y pulió los pisos. Antes de que la
Reina y los ministros se despertaran, todo tenía que ser lavado y secado.

Los jardines fueron preparados, mientras que la reina y los ministros estaban en sus
reuniones. Las malas hierbas se retiraron, los adoquines barridos y fregados. Por el
momento, los altos funcionarios acababan con sus funciones y regresaban a sus ministerios,
todo tenía que ser limpiado de nuevo. Y entonces tenía que acudir de nuevo al lugar que
acababa de salir e ir derecho hacia arriba. Al final del día, lavaba todos los trapos de limpieza y
se iba a la cama inmediatamente después de la cena.

Si se trapeaba el piso o se lavaban los adoquines y la reina o un ministro justo


pasaban por ahí, tenía que postrarse ahí mismo, en el lugar que ella estaba limpiando. Ella se
inclinaba hasta que la persona en cuestión ya haya pasado. De lo contrario, tenía que caminar
por ahí con un montón de trapos en una cesta en la espalda. Si alguien se quejaba de una
mancha de suciedad en cualquier lugar, tenía que correr hacia ahí, arqueándose con la cara
contra el piso y borrar la mancha.

Sus cuartos era un dormitorio en un rincón del Palacio Imperial. Le dieron ropa para vestir y
nunca tenía hambre. El invierno en Kyou era ligeramente más templado que el invierno en
Hou, y el mundo sobre el mar de nubes aún más en comparación con el mundo de abajo.

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Pero su vida ahí era mucho peor que cuando vivía en ese pueblo pequeño y pobre de Hou.

Los otros sirvientes se sentían orgullosos de trabajar en el palacio, pero el orgullo

era lo más lejano de las cosas que estaban en la mente de Shoukei. Hasta hace tres años,
ella caminaba por un piso pulido mientras los demás se inclinaban ante ella. Era su propio
infierno personal el tener que rascar el suelo con la frente en un palacio como ese.

Además de eso, la Reina de Kyou Shushou asiduamente la evitaba. Desde el primer


día, no había hablado con ella ni una vez. A lo sumo, como Shoukei se arrastraba por el suelo,
podía espiar una idea de la seda brillante de su vestido, el olor de un perfume fragante, el
repiqueteo claro y lúcido de su obidama balanceándose cuando ella pasaba junto a ella.

Una vez, todo eso estuvo a mi alcance.

—¿Qué es esto?

Shoukei puso la tela que estaba usando para el polvo de los muebles y agarró una
horquilla ornamental en forma de flor. Estaba hecho de una especie de rubí límpido
minado del Reino de Tai. Tenía forma de una peonía, esculpida en un solo cristal de piedra
preciosa transparente, roja, como una hermosa flor, una flor, con una capa de pétalos tan
delgados que imaginó doblarlos con el toque de un dedo.

—Yo solía tener docenas. Los ministros caían uno sobre otro para presentarse ante mí.

Ella estaba en una habitación en el interior del depósito imperial. La joyería estaba claramente
alineada en un estante, envueltos en tela.

Entonces, ¿qué con todas estas cosas? Es probable que se almacenaran ahí y se

hayan olvidado. Guardado, no pertenecía a nadie, guardado para su custodia, a la espera


de ser eliminados por el rey que venía o para decorar el cabello de alguna reina o princesa. Y así
los dones se apilaban en el depósito.

O la reina.

Shoukei fue presa de la tentación de lanzar la horquilla contra el suelo.

La Reina de Kyou. O la Reina de Kei.

En esos momentos, esos eran los tipos de reconocimiento y la gloria que llevaban sobre

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ellas. Y ésta era la cruel suerte para ella, la hija sola de un rey, la habían abandonado.

—Tarde o temprano, todo llegará a su fin.

A todos lo reyes, también les llegará su fin. Un día, sus cadáveres rodarán por el suelo.

Ella trató de calmarse con esas palabras, pero no se apaciguó. Sus días terminarían antes de
que ese día llegara por la Reina de Kyou y la Reina de Kei.

—¿Estás ahí dentro?

La voz que escuchó de repente, le dio un vuelco a Shoukei. La anciana que


supervisaba a los siervos del Shousha la vio.

—Um… Sí, yo estoy.

—Bien, entonces, ve por tu próximo trabajo. Si no te das prisa y logras que se haga, no
tendrás tiempo para la cena.

—Lo siento —se disculpó Shoukei, envolviendo la horquilla. La


anciana se echó a reír.

—Permitir a las mujeres jóvenes entren aquí es un error. Entiendo cómo te sientes, pero no
puedes ir tocando la mercancía. No podrías pagarlo, si algo de eso se rompe.

—Sí —dijo, poniéndolo de nuevo en el estante.

—Todos piensan, ¿cómo se verá en mi cabello? Oh, me gustaría ser tan hermosa.

Yo hice lo mismo cuando tuve tu edad.

Shoukei volvió a mirar a la anciana arrugada. La mujer sonrió.

—Siempre es una decepción. No e ven bien en las mujeres como nosotras, sólo se ve triste y
divertido, como la decoración de un espantapájaros con flores.

Shoukei agarró el paño de limpieza y lo apretó con fuerza.

—Tenemos los brazos y las piernas de personas que trabajan para ganarse la vida. Físicos
fuertes e incluso dispuestos. No se consigue ningún rango ni joyería fina para usar, pero no
necesitas el orgullo de un cuerpo sano y de ánimo. No tienes que preocuparte por chismes de
esa manera.

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Pero yo soy diferente. Las palabras se atascaron en su garganta. Ella las tragó
dolorosamente.

Sin tener idea de lo que estaba pensando Shoukei, la anciana se rió.

—Sólo empeoras las cosas, aún siendo joven y todo eso. Y un poco linda también. Pero
tienes que atesorar lo que se te ha dado. No quiero ir a desear adornos y que se haga caso
omiso del trabajo duro. Bueno, cuando hayas terminado aquí, ve a la sala de atrás.

Con la cabeza gacha, Shoukei salió apresuradamente de la habitación y fue a una


habitación más del edificio. Cerró la puerta y respiró hondo varias veces.

La joya del Palacio Youshun. La piel como perlas, el pelo azul oscuro como el cielo antes
del amanecer. Los ojos del color de amatista. Olas de abalanza y adoración caía

sobre ella incesantemente como las olas rompiendo en las orillas. Había perdido todo, y

por ningún motivo por su cuenta.

—Yo solía tener toneladas de estos —se dijo a sí misma, acercándose a la plataforma.

Era el cuarto donde se guardaban las galas ceremoniales, que se utilizaba para vestir a
la reina, reina o princesa en las fiestas religiosas. Las túnicas entrelazadas con las plumas de un
ave fénix, collares de perlas negras, como las semillas de amapolas tejidas en calado, una
diadema mostrando un fénix posado sobre la rama de un árbol sombrilla chino.

Las joyas pueden ser arrancadas por el puñado de las fuentes de piedras preciosas en el
Reino de Tai. Ella sabía a ciencia cierta que eran de más valor las perlas pescadas en las aguas del
sur en el Mar Rojo.

Todo se ha ido. Todas esas cosas hermosas que habían sido suya alguna vez,
guardadas en el depósito imperial de Hou, a la espera del próximo rey a ser coronado.

—Pero todos eran míos.

Habían sido hechos para ella, a la medida de sus especificaciones, presentados a ella por
sus sirvientes. ¿Por qué tenía que pasar justo por debajo nariz para la próxima reina? Shoukei
se encontró en posesión de la convicción de que ella debía ser la próxima Reina de Hou.

Yo soy la reina. Al igual que la chica de mi misma edad. La Reina de Kei.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Esa chica tuvo suerte y le robó todo lo que había sido legítimamente suyo. Allí estaba
ella, gateando y arrastrándose, trabajando hasta la muerte, envejeciendo sin una pizca de
alegría o felicidad, mientras ella se estaba adornando con todos los tesoros esos.

Imperdonable.

La Reina de Kei se había llevado todo lo que Shoukei había perdido. Una chica que no había
sido nada hasta que un Kirin la eligió, y luego continuó y agarró todo lo que le había
pertenecido a Shoukei. Un peón como ella no merecía una cosa así.

En ese momento estaría en el palacio imperial de Kei, disfrutando entre las nubes. Al igual
que Shoukei, nunca habría de soñar que un día perdería todo. Estaría demasiada ocupada
vistiéndose en sus innumerables trajes y adornándose con horquillas de rubí.

Voy a robar todo para tenerlo de vuelta. Shoukei tomaría todo lo que la joven había
tomado de ella. Ella, casualmente se colocó la diadema del fénix en la cabeza. Había un

espejo en la esquina de la habitación. Se quitó el polvo de encima y se miró en el espejo.

Todavía me queda como un encanto.

Ella se enderezó rápidamente la ropa y se acomodó el pelo.

Digamos que tomo esto por la Reina de Kei.

Y el trono también.

Si estaba bien que Gekkei, ese monstruo que había matado a su padre y dejado en esas
circunstancias miserables, entonces estaría bien para ella también. Shoukei miró en dirección a
la vivienda de la Reina de Kyou. Voy a tomarlo de ella, pensó por un momento. Pero
nunca podría llenar el vacío de su alma de la misma forma que si lo tomaba de la Reina de
Kei.

Dijo en voz alta:

—Voy a usurpar el trono de la Reina de Kei.

Y cuando lo hiciera, ella alegremente le diría a la Reina de Kyou de que se calle. La licencia
que le dio a Gekkei, ahora me la dará a mí. Entonces, por fin, estaría en paz.

Shoukei dejó la diadema. Ella cuidadosamente la envolvió en la tela y la puso en el estante.

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En el lugar, después de hojear todos los objetos, seleccionó una serie de adornos
pequeños y cinturones adornados, y los escondió en el interior de una pila de trapos en el
canasto de la limpieza. Si ella las rompía y vendía las joyas, habría lo suficiente para cubrir
sus gastos del viaje hacia Kei.

Por supuesto, ella se enterará. Todo ahí estaba bajo la supervisión de un tutor y sus
sirvientes venían todos los días, sacaban el polvo y pulían la mercancía. Pero eso era para
preocuparse en el futuro. Ellos habrían terminado todo su trabajo del día.

Inspeccionó la posición de todo el cuarto, tapando los espacios y dejándolos atrás. Con
una mirada inocente pegada en su cara, ella hizo su limpieza y luego escondió el botín entre
la maleza del jardín. Con una expresión inocente, lavó sus harapos y comió su cena. Regresó a
su habitación con cuatro otros sirvientes y fingió dormir mientras esperaba que la noche
caiga.

En la oscuridad de la noche, con el cesto atado a su espalda, se acercó a la entrada principal


del complejo palacio. Ella llamó al vigilante nocturno de ahí, diciendo que como castigo de su
descuido, le había sido ordenado por la reina de limpiar montada a caballo.

Con una mirada dudosa en su cara, el vigilante nocturno la dejó pasar.

Si ella no hubiera montado allí para volar lejos de la puerta, nunca hubiera salido. Los
pegasos se guardaban en los establos reales fuera de las puertas, pero no podían ser
montados por los sirvientes ordinarios.

Pero yo no soy una sirvienta ordinaria.

Entró en el establo, sus ojos se posaron sobre un caballo volador llamado kitsuryou.
Rápidamente lo ensilló.

—Yo solía tener un kitsuriyou que era sólo mío.

Ella sonrió, abrió la puerta del establo, se rió en la cara del vigilante nocturno que corría
hacia ella y se lanzó hacia el cielo.

—Asombroso.

Shushou se sentó atónita en la silla. De acuerdo con el vigilante nocturno, un


sirviente había comandado un pegaso y, haciendo caso omiso de sus órdenes de que se

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detuviera, había volado lejos de las puertas del palacio. Tras una inspección más cercana, resultó
ser Shoukei, la princesa de Hou entregada en custodia. Y no sólo eso, varios objetos de valor
habían desaparecido del depósito imperial.

—Ciertamente me sorprendió.

—Entonces, usted ha hecho todo lo posible por ella —respondió el Kirin con voz
perpleja. Más que de gracia o elegancia, ese Kirin dejaba una impresión de ingenuidad
profunda.

Shushou sonrió dulcemente a su criado.

—¿Qué he hecho qué? No importa cuáles sean las circunstancias, violar la ley sigue
siendo una mala cosa. ¿Verdad?

—¿Y quién la llevó a hacer una cosa tan mala? Tenga en cuenta eso también.

—Pero, por supuesto —se rió Shushou—. Ven aquí, Kyouki.

Ella le hizo señas con su rostro sonriente de que vaya a su lado y se ponga en cuclillas.
Kyouki obedientemente se arrodilló y miró a su señor eternamente joven. A continuación,
una palma de su mano lo golpeó en un lado de su cara. El sonido solo hizo retroceder a los
ministros.

La mano que se levantó contra el Saiho del Reino ni siquiera dejó una marca.
Shushou la sacudió con la sensación de ardor en su mano.

—Yo hubiera preferido un Kirin más pequeño, como el Taiho de En. Quiero dar una paliza y
ni siquiera mi brazo alcanza. Es realmente molesto.

—Su alteza…

Shushou dijo con una sonrisa:

—Esa Shoukei realmente es una molestia, también. Una mocosa engreída, que no tiene
nada más que desprecio por la vida de los siervos, ¿no? De lo contrario, ¿cuál sería el
punto? Ella quería fastidiar.

—¡Su Alteza!

—La princesa real se convierte en un mero servidor, trabajando de sol a sol, doblegándose

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a las personas. Así que roba algunas cosas y se va corriendo ¿y ese es el final de ella? En
momentos como éste, la compasión de un Kirin me hace reír.

Con un hmph, Shushou levantó la cabeza y lo miró con detención, encogido allí con los ojos
abajo.

—¿Qué es de un Kirin? ¿No te das cuenta de que esa compasión así llamada es

como escupir en la cara a todos los demás que son honestos, siervos trabajadores?

Shushou miró al hombre desalentado.

—Nadie vive mejor que la realeza de un reino. Yo vivo una vida mejor y más
bendecida que cualquier sirviente, sino porque tengo responsabilidades mucho más que
cualquier sirviente. Por eso, aunque yo viva una vida vestida de seda, mis sirvientes me
perdonarán y bajaran la cabeza. Si no fuera el caso, me gustaría muy pronto perder la cabeza
como Hou, ¿no?

—Ah… sí.

—Shoukei no tenía ni idea de esas responsabilidades. Ella no estuvo a la altura de sus


responsabilidades. La obra olvidad de Dios es muy difícil, la limpieza es muy difícil. Ella gime y
se queja y sigue como la niña mimada que es. Si miro hacia otro lado ahora, estaría insultando a
todas las personas que hacen esos trabajos y lo hacen bien. Si la trato como todo el mundo
que hace su trabajo en el día completo, que no roba, sin ejecutarla a la distancia, ¿cómo
podría mantener la fe en las buenas personas?

Shushou suspiró y vio a su avergonzado Kirin.

—Yo entiendo a la gente como ella, pero ella no es digna de la lástima de nadie. Con
todos esos borbotones de compasión fuera de lugar, debes de ser empresario de funerales. Tú
eres la persona indicada para llevar un funeral. Quédate de pie, ahí llorando, como un Kirin por
su lado, estoy segura de eso sería muy consolador para la familia del fallecido.

—Por favor, perdóneme.

Shushou llamó a que se reunieran los ministros.

—Enviaré al ejército imperial para la captura de Shoukei. Contacten a Han y a Ryuu y


pídanles que concedan la extradición si el criminal cae en sus manos.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Como usted quiera, Su Alteza.

Los sirvientes del depósito imperial todavía estaban postrados ante ella. Shushou les
dirigió una larga mirada.

—Levanten la cabeza, por favor. Yo sé que están rodeados de muchas tentaciones en el


curso de sus funciones. Han hecho bien en resistirse a ellos.

—Pero yo no la supervisé adecuadamente.

—Esa no fue su culpa en lo más mínimo. Usted ha servido bien. Mantenga el buen trabajo,
¿bien?

—Sí, Su Alteza.

A la vista de la mujer mayor abrumada, Kyouki tocó su mejilla y suspiró.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Parte VII

Capítulo 28

Enho extendió el mapa de Kei sobre la mesa.


—Se puede suponer con seguridad que la capital de la provincia se encuentra en el centro
del reino. —Como eran los mapas, no tenía casi el detalle de que un nuevo mapa de Japón
tendría. De eso se podría entender las características generales de la tierra,

pero poco más de eso. —En el caso de Kei, la Provincia de Ei está en el centro.
Alrededor de ella hay ocho provincias. Esto es conformidad también con los decretos divinos.
El señor de la provincia de Ei es el Taiho. Esencialmente, la tierra de la provincia de Ei se divide a
los ministros imperiales. Técnicamente hablando, a los ministros no se les da un salario. Ellos se
limitan a un territorio específico dentro de la provincia de Ei, llamado ducados. A partir de los
impuestos recaudados dentro de cada ducado, una parte se valora para el reino. Lo que queda
constituye a la renta de los ministros.

—La más pequeña jurisdicción fiscal en un ducado es una ciudad, para lo cual la
evaluación imperial es de cinco por ciento. Para ello, los impuestos de capitación y otros
gravámenes se adjuntan. En consecuencia, un servidor público con infeudación de una sola
ciudad a menudo los impuestos son de hasta el cincuenta por ciento de las granjas de
explotación de sus propios ingresos. El más grande de la jurisdicción imponible es un condado.
Allí, un asesor de impuestos del condado puede ser nombrado por un duque.

El proceso es el mismo en los distritos de las capitales de las provincias también.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Así mismo, el barrio de la capital provincial se encuentra en esta dividida y feudo de los
ministros provinciales.

—Eso es correcto. Entonces, ¿cuál crees que es el punto fuerte de este sistema? Youko
inclinó la cabeza hacia un lado.

—Porque si uno no tiene papel moneda, cuando se paga a los servidores públicos,

¿no hay un tiempo difícil para que se lo lleven a su casa?

Enho sonrió.

—Tenemos cosas como billetes de banco, por lo que no debe ser una preocupación. A los
ministros se les da tierra. Cuando hay hambre, los ingresos de los servidores públicos deben
necesariamente disminuir.

—Oh, ya veo. Los niveles de ingresos son libres de fluctuar por su propia cuenta, sin
bajar y subir los salarios.

—Eso es cierto, ¿y las desventajas?

—¿La posibilidad de que un despótico reino gobierne?

—Sí, por supuesto. Un jefe de policía está garantizado para ser destinado, al menos en la
capital de la provincia. Se envía inspectores a todos los condados y la prefectura inspecciona
los asuntos del gobierno, pero sus ojos no pueden llegar a todos los rincones. A los inspectores
se les concede la misma autoridad que el superintendente del condado. Sin embargo, los
inspectores y los superintendentes pueden conspirar juntos y hacer casi lo que quieran. La tasa
del impuesto bruto fijado por el reino, no hay mucho espacio para la discreción personal en la
imposición de las multas y gravámenes. Es por eso que, cada vez que un ducado en la capital de
la provincia cambia de manos, la gente tiene una causa, y asea para celebrar o desesperar.

—Ya veo.

—En el caso de la prefectura Hokui, donde se encuentra Kokei, es en el ducado


amarillo. No tiene un duque. El lugar se rige por el Taiho. Hace mucho tiempo, fue el
dominio del señor de la provincia de Wa.

—El marques de Gahou —Youko frunció el ceño. Entre los señores provinciales, Gahou
estaba en el lugar del descrédito considerable. Se decía que él era un hombre astuto y

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

conspirador, cruel en su gobierno de provincia. Muchas voces clamaban por su despido, pero
nunca se les dio la oportunidad.

—En el momento de ascensión de Yo-ou, Gahou fue nombrado Daishiba, titular de la


Secretaría de Verano y fue feudo del Condado Kokui en la Prefectura de Hokui. Más

tarde dejó su cargo para convertirse en marques de la Provincia de Wa. Cuando el

pueblo de Kokui oyó eso, no pocos de ellos lloraron lágrimas de alegría de ser libres de sus
garras. Gahou es un chacal que se cortó la cola y se paró entre sus patas traseras. Un hombre
peligroso, uno que nunca sale de una grieta cónsul armadura expuesta.

—El Rikkan no sabe cómo lidiar con él, tampoco. Ellos han hecho investigaciones, pero
nunca encontraron un motivo suficiente como para despedirlo.

—De hecho, en todo caso, ese tipo de cosas…

Un golpe en la puerta, haciendo que ambos, Enho y Youko miraron hacia la puerta.

—¡Oye, abuelo, llegó un mensaje! —dijo Keikei, saltando en el estudio—. Ups, lo siento.

Enho tomó la carta de Keikei. La abrió y echó una mirada de preocupación en


dirección a Youko.

—¿Qué es? ¿Malas noticias?

—Oh, no es nada —dijo Enho con desdén, doblando la carta. Se dirigió a Youko: — Parece
que voy a tener un visitante esta noche.

Es decir, que no habría clases después de la cena. Youko asintió con la cabeza. Keikei miró a
Enho.

—¿Un invitado? ¿Así que tendrá una comida y una habitación?

—Oh, no hay necesidad de preocuparse por eso. Estará aquí después de la cena y se irá
esta noche también. Voy a hacer todos los arreglos, así que puedes ir a la cama sin ninguna
preocupación.

Esa noche, en su dormitorio, Youko se reunió en secreto con un visitante para ella. Era Hyouki,
uno de los Shirei de Keiki.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿Y cómo lo están haciendo todo el mundo? —preguntó, al parecer, a nadie. No había
nadie aparte de ella en la habitación.

—Como siempre, todos lo están haciendo bien —La respuesta parecía venir de
ninguna parte y de todas partes de la sala. Una persona que escuchara la conversación creería
que una voz salía desde el suelo. Eso no necesariamente sería un error. Hyouki se había
escondido en el suelo.

Los shirei podían viajar a través de los conductos invisibles y las corrientes en el cielo y
en la tierra. A raíz de estas vías, se trasladaban a espaldas de los seres humanos. Se llamaba
tonkou, o “el arte de la fuga oculta”. Keiki podría viajar en las corrientes de

viento, pero no podía moverse tan lejos. Desde luego, no podía viajar por todo el camino del
palacio de Gyouten a Hokui.

Porque no podía hacer el viaje por sí mismo, envió a su shirei en su lugar. Hyouki informó
en detalles sobre las condiciones del palacio. A su regreso, a su vez, transmitía a Keiki lo que
Youko estaba haciendo.

—El paradero de Koukan se desconoce.

Youko asintió con la cabeza. Koukan había planeado su asesinato y luego se deslizó
de sus grilletes y actualmente esta en fuga.

—Hay rumores entre los señores provinciales que Su Alteza ha huido a En y temen por su
vida.

Youko tuvo que sonreír.

—Pensé que habían llegado a algo como eso. Bueno, entonces, vamos a seguir que
crean en eso.

—Sin embargo, usted debe de estar en guardia. Si Koukan descubriera su posición actual,
ciertamente conspiraría de nuevo para asesinarla.

—No hay de qué preocuparse. Hankyo y Jouyuu están conmigo.

—Voy a comunicarle lo mismo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Vio a Hyouki apagarse. De hecho, no había necesidad de “despedirlo”. Se limitó a ir a la izquierda


de donde estaba. Y Youko salió de la habitación.

El diseño básico de los apartamentos en el edificio consistía enana habitación abierta


o sala de estar unida a dos habitaciones privadas. Ese era el caso en el sitio en el que estaba
Youko. En cuanto a la arquitectura japonesa, que constaba de dos 3 jou dormitorios, junto a
4,5 jou de sala de estar. En una casa grande, la habitación de un lado habría una cama para
dormir y la otra habitación se amueblaba con un sofá que podría ser utilizado como una cama
o sillón, junto con un escritorio y estantes para que se pueda convertir en un estudio. Entre
las dos habitaciones era una zona de estar. Durante las temporadas, cuando el clima era
agradable, la puerta se podía abrir y poner las pantallas de conjunto para preservar algo de
privacidad.

También era común sacar por completo las delgadas puertas, deslizándolas, creando un
gran espacio abierto. Más que una habitación, se convertía en una amplia extensión de una
terraza. Youko se imaginó que podría poner mesas y sillas en ese lugar.

No había ninguna clase de puertas corredizas en el rike. El papel estaba pegado al fino
enrejado dentro del marco de la puerta, al igual que una puerta japonesa shouji. Las puertas
estaban cerradas. Cuando se iba a la cama, a menos que quisiera desalentar a otros a entrar,
sin importar el frío que haga, se considera de buena educación dejar las puertas abiertas
aunque sea un poco. Así que Youko abrió un poco las puertas.

Desde el lugar donde vivía Youko, se podía ver directamente el pórtico hacia el
pequeño estudio que se encontraba entre los jardines del patio. Ella vio una silueta
avanzando por el pasillo. Ella fijó su atención en ese punto.

Ella sólo pudo distinguir que se trataba de un hombre. No era lo suficientemente joven
para ser un niño y no era un hombre viejo. Llevaba una camisa de algodón acolchado en
un equipo normal. Y un sombrero. Un velo negro caía al suelo desde el borde de la tapa de
aspecto insignificante. Por otra parte, un chal estaba envuelto a su alrededor de su cuello para
arriba, cubriendo su rostro. Como resultado, ella no podía ver todas las características de su
rostro.

—¿Quién será?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Ahora, por mucho que lo mirara, su rostro permanecía oculto a ella. La silueta
parecía hacer una reverencia y entró en el estudio. Youko lo observó, con las cejas juntas.
Luego salió de la sala y se dirigió por el pasillo hasta el orfanato.

—Rangyoku.

Al escuchar la voz de Youko en el pasillo, Rangyoku levantó la cabeza. Keikei se puso de


pie y agarró a Youko de la mano.

—¿Qué pasa? —preguntó Rangyoku.

—¡Vamos a jugar! —dijo Keikei.

—¿Podría hablar contigo un minuto?

—Adelante —dijo Rangyoku con una sonrisa. Ella llevó el balde sobre el brasero. Había
preparado una taza de té en la cocina y lo calentaba en el brasero. —Oh, cierto. Enho tiene un
visitante, por lo que no tienes clases esta noche.

—Así es —Sonrió Youko, tomando la taza de té que Rangyoku le ofrecía.

—¿Sabes quién es?

—¿Su visitante? No sé. No he escuchado nada. Keikei le


tiró de la manga.

—Oye, hermana, ese muchacho, el que tiene el pelo largo. Me entregó la carta para él.

Ah, Rangyoku asintió con la cabeza. Pensó que tal vez le había dicho que su

ombre era Rou. Tenía el pelo negro con manchas marrones. Visitaba a Enho de vez en cuando.
Parecía ser una especie de siervo. Ella no sabía nada más de él que eso.

—Rou-san. ¿Así que es el visitante espeluznante?

—¿Espeluznante?

—La forma en que siempre oculta su rostro. La forma en que pregunta por Enho de vez en
cuando. En primer lugar envía a Rou-san. Siempre viene por la noche, y siempre hasta altas
horas en la noche. Yo sé cuándo viene porque Enho dice que no se bloqueen todas las puertas en
la noche.

—¿Sabes de dónde es?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—No. Le pregunté a Enho, pero no dijo una palabra. No me gusta. Keikei


asintió con la cabeza también.

—¿No te gusta ese hombre?

—Tiene que ser un hombre malo, de seguro —dijo Keikei, mirando a Rangyoku.
Rangyoku lo reprendió con suavidad.

—No debes decir eso. Pero cada vez que viene, al día siguiente, Enho se ve
deprimido.

—¿Por qué?

—No sé. No lo dirá. Sólo una cosa más de qué preocuparse, ¿sabes?

—Sí, lo sé muy bien.

Habló un rato más con Rangyoku y Keikei y luego regresó a su habitación.

—Hankyo.

—Estoy aquí.

—Cuando ese hombre se vaya, síguelo. Quiero saber dónde se hospeda.

Tenía que quedarse en alguna parte. Las puertas de la ciudad estarían cerradas en ese
momento de la noche.

—A sus órdenes.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 29
El barco pasó por el Monte Koushuu en las fronteras de Kou y de Kei. Koushuu era la cadena
de montañas que demarcaba las fronteras entre cada uno de los ocho reinos. Había al menos
un cruce, y no más de tres, donde la montaña se podía atravesar de un reino a otro.

Debido a que cada reino tenía la misma geografía en sus fronteras, las fronteras eran
conocidas como el Koushuu. Suzu se reunió desde la montaña Koushuu que separa

Kou y Kei al puerto de Goto en el norte de Kei, situado en la costa oriental, que era un viaje de
cuatro días y cuatro noches.

—¡Hey, Suzu, tengo un regalo para ti!

Suzu estaba de pie en la cubierta mirando hacia el océano. Seishuu corrió haciaella.

—Aquí —dijo con orgullo con una pieza de fruta seca, un albaricoque confitado.

—¿Qué es esto?

—Es para ti —dijo con una mirada complacida.

Es un niño extraño. Había sido tan dura con él, se podría pensar que habría de

antener distancia después. Pero ese no era el caso. Por el contrario, parecía enterrar el hacha de
guerra con bastante rapidez. Él fue lo bastante atrevido de entrar a entrar en el camarote de
una mujer y dormir a su lado. Suzu, de alguna manera, era capaz de mantener su
temperamento bajo control. De todos modos, nadie se metía con Seishuu porque era un niño
que te atrapaba enseguida. El chico realmente tenía boca.

También porque estaban durmiendo en la misma habitación, Suzu no podía evitar


observar la frecuencia con la que estaba sufriendo. Casi todas las mañanas lo encontraba
agarrándose la cabeza y gimiendo. No mentía cuando dijo que conseguiría que mejorara si
descansaba un poco, pero incluso cuando estaba encamino de recuperación, se enfermaba con
frecuencia del estómago. Cuando él estaba bien, volvía a comportarse como si no pasara nada.
De lo contrario, apenas podía mantener los pies debajo de él, y tenía que arrastrarse para poder

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

desplazarse.

Suzu sospechaba que Seishuu no tenía una enfermedad común. Dijo que había sido
atacado por un youma. Suzu le había visto una vez la herida. Había un pequeño corte en la
parte posterior de la cabeza justo debajo de su cola de caballo. Ella se sintió aliviada de que no
se parecía a una lesión especialmente grave, pero decía que su cabeza comenzaba a dolerle
sólo después de haber sido herido ahí.

—Hey, Seishuu, ¿realmente estás bien?

Él se metió un albaricoque en la boca y la miró con sorpresa.

—¿Qué?

—Tu lesión. Dices que todavía te duele, por lo que no debe de estar curada. ¿Cómo estás?

—Tienes razón. No estoy muy bien.

—¿Has visto a un médico? Seishuu


negó con la cabeza, no.

—Nunca he tenido tiempo. Pero está bien. Acabo de descansar para que pueda
mejorar.

—¿Siempre es así de malo? ¿O es que está empeorando?

Ella se había dado cuenta que los períodos de tiempo que estuvo con dolor fueron cada
vez más largos. Y cuando después se despertaba, le tomaba más tiempo antes de que pudiera
caminar con normalidad.

Seishuu dijo con voz desconcertada:

—Es difícil de decir, supongo.

—Estos últimos días has estado refregándote los ojos. ¿Tus ojos se sienten mal,
también?

—Se me está siendo difícil ver. Suzu


quedó sin aliento.

—Obviamente algo está mal. No digo que cada vez esté mejor. Cuando lleguemos a Kei
vamos a ir a ver inmediatamente a un médico.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—De acuerdo.

—¿Tienes un lugar al que ir?

Seishuu negó con la cabeza.

—Con la muerte de mi madre…

—No lo creo. ¿Así que sólo te levantaste para ir a Kei? ¿No deberías haberte alojado
en Sou?

Seishuu se volvió con un resoplido.

—Mamá decía de volver a Kei, así que voy a volver a Kei. Suzu
respiró hondo.

—De todos modos, cuando lleguemos a Kei, te voy a llevar al médico para que te examine.
Por lo que sabemos, podrías estar a punto de morir.

Seishuu de repente se estremeció.

—¿Tú lo sabes porque eres una hechicera, Suzu? ¿Realmente estoy muriendo? Él la miró
con el rostro asustado de un niño.

—Quiero decir, Seishuu. No tengo ninguna razón para pensar en que te estás
muriendo.

—No tienes sensibilidad, Suzu.

—Sí, lo sé. Lo siento. Y tú eres un apestoso montón de niño malo también. Además, sabes que
sólo los buenos mueren jóvenes.

Seishuu rió y Suzu miró brevemente su rostro brillante y sonriente.

El marinero se echó a reír.

—¿Sensación de mareo, muchachito?

—De ninguna manera —soltó Seishuu, enderezándose.

Suzu asomó la cabeza fuera de la vivienda y frunció el ceño en señal de preocupación.


Era horrible en la forma que arrastraba su cuerpo a lo largo. El sol estaba bajo en el cielo y sin

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

embargo su condición no estaba mejorando.

—Pero me siento un poco mareado.

—No conseguirás mejorarte si piensas mucho en eso. Tómalo con calma. No parecer
estar lo bastante bien para regresar a Kei, ¿no?

—¡No lo estoy!

El marinero lo dijo debido a que vio que a Seishuu le temblaban las manos. Más que un
temblor, eran casi convulsiones.

—Lo mejor que puedes hacer cuando estás enfermo es dormir en tu cuarto.
Tambaleándote así por los alrededores te caerás por la borda.

—Está bien —se rió Seishuu y desapareció en el camarote.

Suzu vio esto con un poco de alivio. Veía a Seishuu con gran temor. Un dolor de cabeza
o temblores era poco, tal vez no tendría que estar tan preocupada. Ella siguió a Seishuu al
camarote. Estaba sentado con una mirada vacía en el rostro.

—¿Estás bien?

Seishuu miró por encima del hombro, mirando el camarote a su alrededor con una mirada
de asombro en su rostro. Parpadeó varias veces y se frotó los ojos.

—¿Qué pasa?

—No estoy bien del todo. Mis ojos están borrosos.

—Pero son sólo los ojos, ¿no es así? —Suzu corrió hacia él. Se arrodilló a su derecha y
examinó su rostro—. ¿Te duele? ¿Tienes dolor de cabeza?

Varias veces, Seishuu miró hacia atrás y hacia delante entre Suzu y la pared frente a él.

—Suzu, no te puedo ver.

—¿No puedes?

—Cuando estoy mirando hacia delante, no puedo ver nada.

Suzu rápidamente dirigió su mirada hacia el frente. Normalmente, las personas tenían

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

un amplio campo de visión. Ella podía ver claramente a Seishuu por las esquinas de sus ojos.

—¿Qué tengo de malo?

Su rostro infantil estaba coloreado por el miedo.

—Seishuu…

Las arrugas de su rostro mostraban dolor. Ella pensó que iba a llorar, pero se echó a reír. El
tinte de miedo todavía estaba en sus ojos.

—Supongo que soy un buen chico, después de todo.

—Seishuu.

—Sí, parece que me voy a morir.

—¡No, no es así! ¡No digas cosas estúpidas como esas! Su rostro


volvió a decaer.

—Vamos juntos —Suzu se acercó y agarró sus manos temblorosas—. Vamos juntos
Gyouten.

—¿Gyouten?

—Voy a Gyouten para ver a la Reina de Kei. Sin duda, la Reina será capaz de curarte.
Los mejores médicos están en el palacio real. Entonces, ¿está bien?

Seishuu negó con la cabeza.

—No creo que a gente como esa vaya a querer verme.

—Pero duele, ¿no es así? Y tus dolores de cabeza están muy mal. ¿Qué pasa si las cosas se
vuelven cada vez peor y peor?

—¿Crees que me pueda curar?

—Si la Reina de Kei no puede, nos vamos a Sai. Estoy segura que la Reina de Sai sí.

—Está bien —Seishuu asintió con la cabeza. Una pequeña lágrima rodó por su

mejilla. —Tengo miedo de morir.

—Seishuu.

—No importa quién eres, todo el mundo muere. Pero uno no se puede reír de su propia

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

muerte.

—Idiota. Vas a estar bien.

Seishuu reía y lloraba al mismo tiempo.

—Parece que voy a tener que practicar un poco más mi cara de póquer.

—No seas tan inteligentemente molesto —Seishuu asintió con la cabeza y la apoyó en el
regazo de Suzu—. Todo va a estar bien —dijo ella, acariciando su espalda—. Te lo prometo.

Tres días más tarde, finalmente llegaron a Goto. Aunque llamarlo “puerto”, Goto no tenía
realmente muelles. En cambio, una serie de grandes rocas se habían hundido frente la costa
en un arco suave. El barco se anclaba en las piedras del arco, y luego salían barcazas desde
los acantilados a su encuentro. Las barcazas fueron desde el muelle flotante al pie de los
acantilados. Desde ahí, una escalera de piedra tallada en el acantilado iba en zigzag hasta la
cima.

Suzu ayudó a Seishuu por debajo de las piedras, sosteniéndolo por el lado derecho. Sus ojos
todavía no habían mejorado. Desde ese día que dijo que no podía verla, la visión de su lado
derecho no había regresado.

Muchas veces sus pies se enredaban y casi se caía. Un estibador, al ver que Suzu no era
capaz de soportar a Seishuu sin perder su propio paso, se ofreció a llevarlo el resto del
camino. Llegaron a la cima del acantilado sin aliento. Desde ahí se podía

estudiar la totalidad de los campos. Un pueblo largo y estrecho hacia fuera a lo largo del borde de
los acantilados.

El Reino de Kei, Provincia de Wa, Pueblo de Goto. Estaban en la zona oriental que llegaba a
la provincia de Wa en el barrio noreste de Kei.

Seishuu se deslizó hacia abajo de la espalda del hombre. Suzu lo agarró de la mano.
Irían a Gyouten y la Reina de Kei los iba a ayudar.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 30
El kitsuryou galopaba sin esfuerzo a través del cielo. Shoukei miró el paisaje y sentía cómo
algo pesado ascendía por su pecho.

Ésta es la única manera de ir.

Difícilmente regresaría dócil al orfanato o se convertiría en una sirvienta de nuevo. Desde


el principio, se había decidido por liberarse y huir. A ella nunca la habrían de someter nadie
nunca más.

Shoukei se dirigió directamente hacia el Mar Negro, llegando a un pueblo a lo largo de la


costa ante las puertas cerradas. Allí vendió un pendiente, se compró ropa y le dieron una
habitación. La sensación de la seda en su piel después de tanto tiempo, una comida de lujo,
una cama con edredones bordados. Se fue a dormir, resistiendo sus deseos de gritar en voz
alta de placer.

Al día siguiente vendió otro arete y voló hacia el Mar Negro.

Un kitsuryou podía cruzar un reino en dos días. Ella pasó por encima de las fronteras y
entró a Ryuu. Allí le dieron una habitación. Al día siguiente, se dirigió al norte a lo largo de la
costa. Antes de la noche, había llegado a Haikyou, una ciudad portuaria en la parte central del
reino. Ella estaba ahora más cerca de En que de Kyou.

En el kitsuryou con las riendas en las manos, pasó por las puertas grandes. La puerta
estaba cubierta en un patrón florar tallado. También estaban salpicadas por una serie de
claraboyas enrejadas. Linternas colgaban de los aleros, la iluminación del patio acogedor se
extendía desde el centro de la puerta. Era una gran posada.

Un hombre llegó corriendo a su encuentro. A la pregunta de Shoukei, sonrió y se inclinó.

—Existe una buena habitación disponible, mi señora.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Bueno —dijo Shoukei, sonriendo dulcemente a cambio—. Me quedaré aquí, entonces.


Por favor, cuide de mi kitsuryou.

Un caballerizo corrió y tomó las riendas del kitsuryou. Un botones agarró el equipaje de la
montura y el caballerizo llevó al kitsuryou a los establos junto a la puerta. Shoukei pasó de la
estación de servicio del edificio por la puerta de entrada.

Inmediatamente, dentro de las puertas había una sala grande. Las mesas estaban
separadas generosamente a lo largo de las paredes en la que los invitados se sentaban y
conversaban juntos. El conserje se acercó y se inclinó, Shoukei tomó una horquilla de plata de
su pelo que estaba de moda y se la tendió a él.

—¿Esto lo cubre todo?

Porque a los viajeros no les gustaba grandes cantidades de dinero en efectivo en ellos, el
pago era a menudo en ese tipo. En los hoteles grandes siempre había una tienda donde
los objetos personales se podían intercambiar y donde las cuentas se establecían. Si el pago
resultaba excesivo, al comprobar el saldo era pagado en moneda.

El conserje tomó la horquilla y confirmó su mano de obra, con un gesto de asentimiento


entusiasta.

—Es más que suficiente. Lo depositaré en su cuenta.

—Si no es suficiente, por favor, hágamelo saber.

—Muchas gracias. ¿Querrá comer la cena esta noche?

En los hoteles más pequeños, siempre había una taberna abierta en la calle y las
habitaciones en el segundo piso. Los hoteles más grandes servían comidas en los
restaurantes con vista al patio o en las habitaciones. Las habitaciones en una pequeña posada
eran sólo para dormir: camas instaladas en un piso de madera y un lavabo para lavarse a cara, si
tenía suerte. Muchas posadas ni siquiera se disfrutaba del alojamiento. Establecimientos más
baratos, simplemente había un montón de camas alineadas en un piso de tierra, ni siquiera con
pantallas que las separaran. Se dormía junto con completos extraños.

Las camas en un hotel promedio, tenían toldos y cortinas, junto con un lavabo y una
pequeña mesa. En un hotel de lujo en el que se alojaba Shoukei, tenía dos dormitorios en el

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

que se sentía como una casa, y una sala de estar en donde la sena también podía ser servida.

—Me gustaría una habitación.

—De hecho —dijo el conserje, con una mirada de preocupación en su rostro—, un barco
acaba de llegar en el puerto. Contamos con muchos invitados y no hay habitaciones de
ocupación individual. ¿Le importaría compartir una habitación?

Un hotel de esa clase sin duda tenía dos dormitorios por habitación, por lo que fue creado
para manejar las reservas de ocupación doble. Si no había suficientes plazas disponibles, las
habitaciones de ocupación doble se convertían en habitaciones compartidas.

—¿No hay otras opciones? No me gustaría terminar con alguien grosero.

—Realmente lo lamento. Estaremos encantados de organizar para que usted permanezca


en otro hotel, pero me temo que están todos reservados.

—Supongo que no se puede evitar.

—Desafortunadamente no es este el caso. Si por favor me sigue, le voy a mostrar su


cuarto.

Shoukei fue a una habitación en el tercer piso. Caminaron por un pasillo que daba a un
pequeño patio y llegaron a una habitación en la parte trasera. No era la mejor habitación del
lugar. En ese tipo de edificios, el más superior era, cuando el techo era menor. Además, las
mejores habitaciones eran las que estaban frente a los jardines.

—Aquí está la habitación.

La sala donde se detuvieron estaba enana ala en la parte trasera del hotel. El calado
en la hermosa puerta acristalada con vidrio, revelaba el interior de la habitación. Detrás de la
puerta había un salón arreglado con muebles de calidad por encima del promedio.

Abriéndose a la sala de estar habías dos puertas anchas. Esto conducía a las
habitaciones. La clave se ajustaba a la puerta de la habitación. No había llave en la puerta
de la sala de estar, ya que se consideraba una habitación privada. Así fue cómo la doble
ocupación fue acomodada.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Gracias.

Le dio algún cambio al botones que puso su equipaje en la habitación y se sentó en una silla
en la sala de estar.

—Que habitación estupendamente prosaica. —Una sonrisa vino a sus labios.

Ella no sentía incluso ni una punzada de culpa. La Reina de Kyou se la había agarrado
con ella y la había llevado a eso, y por lo tanto, ¿qué tenia de malo darle un sabor de su
propia medicina? La Reina de Kyou podía perder cualquier número de sus atavíos personales y
apenas notaría que faltara algo. En cualquier caso, probablemente había heredado la mayor
parte de eso, y ahora Shoukei lo había “heredado” a su vez de ella.

—Si me tomo con calma este viaje, debería llegar a Kei en seis días.

La capital de Kei, Gyouten. La capital del reino oriental donde la Reina de Kei lo
ocupaba. Una vez que llegara ahí, ¿entonces qué? Tenía que empezar por alguna parte. Con el
fin de cercarse a la Reina de Kei, tenía que entrar en Palacio Imperial. Y eso no sería fácil.

Shoukei no tenía un pasaporte que podía dar fe de su identidad. Ella había dejado atrás
sus pertenencias presentadas en Hou. Había oído que había funcionarios que se forjaban los
pasaportes por un precio, pero no tenía idea de dónde encontrar el tipo de burócrata corrupto
que pudiera hacer tal cosa.

Entrar en el palacio de Kei con sólo un pasaporte estaba lejos de ser imposible. La Reina
recientemente había ascendido al trono y no era probable una considerable rotación personal.
Shoukei era culta y educada. Si ella expresaba su deseo de servir a la Reina, sin duda estaría sola.
No importaba los muchos funcionarios y burócratas por los que estaba rodeada aunque fueran
realmente agradables, sin duda, mirarla a los ojos, era perfectamente capaz de absorber a la
propia Reina de Kei. Había que esperar la oportunidad y atacaría.

Y además, sabía del funcionamiento de un palacio imperial en el interior y exterior.

—Pero tal vez debería echar un vistazo a Tai.

En un reino que había perdido a su rey y era un caos, es probable que no necesitara un
pasaporte.

El Rey de Tai había accedido al trono dos años antes de que Hou cambiara de

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

gobierno. No más de medio año más tarde, un edicto imperial se distribuyó a todos los Doce
Reinos anunciando la muerte del rey. El rescripto fue escrito fue entregado por el nuevo rey.
Sin embargo, un edicto imperial se requiere apenas cuando el rey de otro reino muere. Un
ave fénix en cada palacio imperial cantaba a otro, haciendo el anuncio. Las aves fénix se habían
mantenido tranquilas enguanto al Rey de Tai. No había duda: cuando Shoukei vivía en el Palacio
Youshuun, el ave fénix no había pronunciado palabra sobre la desaparición del Rey de Tai.

Si el Rey vivía, no había ninguna razón para que un nuevo rey surja. Es evidente que se
trataba de un impostor. De hecho, nadie sabía lo que estaba pasando en Tai. Los reinos tendían a
mantener sus asuntos internos para sí mismos.

Si hubieran perdido a su rey, a continuación, Tai estaba en la misma situación de Hou, y


no había manera de que ella volviera a Hou. Por el momento, murmuró para sí misma, Tai
será.

—Entonces, ¿a dónde vas? —preguntó el camarero que trajo la cena.

Shoukei miró los platos que se colocaban ahí y frunció el ceño.

Oh, genial.

La mesa estaba puesta para dos. Iba a comer con algún desconocido. Respondiendo a la
pregunta del camarero, vio salir de la habitación a otra persona, al parecer, había estado ahí
todo el tiempo, y bajó las cejas. Ya era bastante malo que tuviera que comer con un
desconocido, pero con un…

Hanjuu.

Una persona nacida mitad bestia. No había muchos de ellos, pero tampoco eran
escasos. En Hou, un hanjuu nunca sería capturado muerto en un establecimiento como ese. Y
en forma de bestia, sin duda nunca se permitiría estar en el patio.

Como si él no viera a Shoukei, sentada allí, con el ceño fruncido por completo, irrumpió
en la habitación y dijo al camarero.

—¡Gracias!

Tenía voz de niño. En la forma de rata, no era más alto que un niño humano,
también, pero llevaba una túnica de hombre. Despidió al camarero haciendo una reverencia y

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

se sentó.

Como si por fin la viera ahí, dijo:

—Hola.

—Hola —respondió Shoukei en voz baja.

—Es sorprendente de cuántas personas hay. Me pregunto si estos acuerdos son comunes
en Ryuu.

Shoukei no respondió. Ya era bastante malo, simplemente tener que sentarse en la misma
mesa con un hanjuu. Ella desvió la mirada.

—Hoy en día es único —dijo el camarero—. Un barco llegado de En. ¿Estuvo a bordo de
ese barco?

El hanjuu dijo:

—Oh, me atrapó.

—Alrededor de la mitad de nuestros huéspedes desembarcaron. Y casi la mitad subirá a


bordo a otro barco. ¿Y a dónde se dirige?

—Yo pensé en ver la capital.

—Ah —el joven sonrió—. Maravilloso lugar. Los lirios son hermosos. A pesar de que ha
elegido viajar en la parte fría del año.

—No es tan diferente de En.

—¿Es así?

—En es muy frío, demasiado. Está más al sur de Ryuu, pero agarra los vientos
estacionales.

El joven se volvió a Shoukei.

—Y, ¿a dónde va a ir ahora?

—Tai —dijo en breve.

Los ojos del camarero se abrieron.

—Pero Tai…

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Está en crisis, lo sé. Es por eso que voy. La gente que conozco vive ahí. He estado
preocupada de cómo lo están haciendo.

—¿En qué parte de Tai?

El corazón de Shoukei dio un vuelco.

—¿Y por qué quiere saber?

—Oh, no hay razón —dijo el joven con una sonrisa nerviosa—. Yo era originalmente un
marinero de un barco que navegaba entre Ryuu y Tai.

—¿En serio?

—Hemos enviado granos a Tai, llevando piedras preciosas en el viaje de vuelta. Tai es
bastante corto en cereales. Pero no se hizo la última vez. Había tantos youma, nunca llegamos
cerca del lugar.

—Ah.

—Es bastante aterrador cuando un reino rodeado por el Kyokai cae en el caos. Los youma
vienen de la parte inferior de la subida del océano a la superficie y antes de darse cuenta está
completamente aislado. De hecho, este invierno, no tengo idea de cómo la gente de Tai va a
comer.

No planteó la cuestión como si esperara una respuesta, por lo que Shoukei se puso a
pensar sobre Hou. Hou estaba en la misma situación. Incluso después de cultivar la tierra, la
cosecha sólo producía lo suficiente para que las personas sobrevivieran. Si no se cosechaba por
alguna razón, no habría suficiente para todos.

—¿Fueron sus amigos capaces de escapar de Tai?

—Espero que si.

—Mucha gente está tratando de huir de Tai. La mayoría de ellos vienen a Ryuu.
Nuestra última carga fue sobretodo de esa gente. Había tanta gente inundando el puerto, con
ganas de salir de Tai tan mal que se aferraban a al borda. Tuvimos que llevarlos a bordo. Si no
lo hacíamos, habrían volcado el barco.

—Wow.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Larga historia corta, es un lugar peligroso. El tráfico marítimo está cerrado. Tengo a mis
padres que me ayudaron a venir aquí. Hay colegas míos a la espera de un barco.

—Ya veo.

—Lo bueno es que tiene un kitsuryou. Parece que ningún barco está navegando a Tai. Las
noticias de En es que el trafico marítimo a Tai a sido suspendido.

Los ojos de Shoukei se abrieron.

—¿Han oído de que he llegado en un kitsuryou? ¿Ya? El


joven se echó a reír.

—Una cosa rara es que uno de nuestros clientes llegue en un espléndido pegaso. Bueno,
no realmente, supongo —Se volvió hacia la rata, que educadamente terminó su cena—. Su
tigre suugu es más impresionante. Es la primera vez que cualquiera de nosotros haya vito
un suugu, por lo que todos hemos estado parando en los establos para echar un vistazo.

La rata se acarició el bigote.

—Bueno, no es tan impresionante. Se trata sólo de un préstamo.

Shoukei lo miró. Con un montaje tan impresionante, a pesar de ser un hanjuu, de ser un
niño (porque eso es lo que ella pensaba que era), es por eso que estaba siendo tratado como
un hombre.

El camarero dijo:

—Pero el cielo es bastante peligroso.

Al darse cuenta que la declaración había sido dirigida para ella, Shoukei asintió con la
cabeza rápidamente.

—Sí, yo…

—Tal vez será mejor que vaya a Kei.

—¿Para Kei?

—Los buques de guerra logran hacer un viaje de Kei a Tai para rescatar a los
refugiados.

—¿En serio?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—La gente de Kei trae a los refugiados para cultivar nuevas tierras. En cambio, son
registrados en el censo y se les da una parcela de tierra. Cuando yo viajaba a Tai, los barcos
de Kei periódicamente partían de Tai con los refugiados. No hay tantas oportunidades como
antes, pero sigo pensando que lo están haciendo, así que si consigue un paseo en ellos creo que
es la mejor forma.

—¿Usted cree? —Shoukei apenas logró comprobar su deleite. Ir a Tai. Esperar a un barco
y volver a Kei. Inscribirse en el censo e ir de cabeza a Gyouten. Sería fácil. — Es un buen
consejo. Gracias.

Lo decía en serio, desde el fondo de su corazón.

De Tai a Kei. Satisfecha de que la luz se hizo ahora, al final del túnel. Shoukei regresó a su
habitación y se fue a dormir. Con un brasero para calentar la habitación, ella durmió con gusto
y cómodamente bajo los colchones bordados.

Ella se despertó en medio de la noche por un golpe en la puerta.

—¿Quién es? —dijo, frunciendo el ceño. Esa rata sin duda había algo que quería que
hiciera.

—Disculpe —Era el joven que le había servido la cena.

Shoukei lentamente se levantó de la cama, se puso una bata y se dirigió a la puerta.

—¿De qué se trata?

—Algo que me acordé de Tai.

Shoukei abrió la puerta. Ella estaba debatiendo sobre si debería abrir o no, cuando se
sacudió bruscamente abriéndose. Shoukei retrocedió, acobardada. De pie en la sala, estaba el
joven y un número de soldados con armadura azul.

—¿Qué? —El corazón le latía en su pecho. Se las arregló para ignorar su pulso
acelerado.

—Vamos a ver su pasaporte. La


sangre abandonó su rostro.

—¿De qué está hablando? ¡En este momento de la noche! Nos ocupamos de eso en la
mañana.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Tenía la garganta seca, lo que se le hacía difícil levantar la voz en señal de protesta. Los
soldados la arrinconaron y rodearon.

—¿Dónde está tu pasaporte?

Sus rodillas comenzaron a temblar.

—La verdad es que… lo he perdido.

—¿Su nombre?

—Gyokuyou. Son Gyokuyou.

Con un rostro inexpresivo, el soldado la miró y luego a su colega.

—Tienes un kitsuryou, ¿eh? ¿De dónde lo has sacado?

—Yo… no me acuerdo.

La miraban con sospechas. Se mordió el labio. Ella había dicho la primera cosa que le vino a
la mente y era una mala mentira, si lo decía ella misma.

—Busquen en sus cosas.

—¡Paren! ¡No pueden hacer lo que quieran!

A medida que levantaba la voz, Shoukei consideró que ese era el final. Ella finalmente
había llegado a Ryuu, y la Reina de Kyou había llegado hasta ella y la tomaría de vuelta en sus
garras. Su mirada revoloteaba por la habitación. Ella tenía que huir, pero los soldados la
sujetaron por los hombros. Incluso si no había medios de evacuación, no había manera de que
funcionara.

Los soldados fueron a la mesita de noche y sacaron una bolsa pequeña asegurada con un
cinturón de cuero. Lo abrieron, y en medio de la ropa sacaron las finas delicadezas.

Uno de los soldados llevaba un pedazo de papel, y comprobó cada elemento de una
lista.

—Un cinturón de decoración, una hebilla de oro con el emblema de un ave fénix
dragón. Aretes del ave fénix. Un collar de perlas de jade. Están aquí —Se volvió hacia
Shoukei—. Te has perdido dos juegos de aretes y una horquilla, ¿dónde están?

Shoukei no pudo contestar. Ella estaba temblando demasiado violentamente como para

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hablar. Ella sería arrestada, ella respondería por sus crímenes y sería juzgada. Finalmente,
cayó en la cuenta. ¿Por qué nada de eso se le ocurrió mientras los soldados estaban llegando a
caer encima de ella?

La pena por el robo… Shoukei buscó en su memoria y se le puso la piel de gallina.

Crucifixión. La atarían en la carretera y le clavarían clavos hasta que muriera.

—Hey, ¿qué está sucediendo?

La puerta de la habitación de enfrente se abrió y la rata asomó la cabeza. Se frotó los ojos
con sueño. Shoukei apuntó un dedo hacia él.

—¡No sé nada al respecto! ¡Él me los dio a mí!

—¿Qué? —La rata echó una mirada sorprendida a los soldados.

—¿Pasaporte?

—Está en mi habitación.

—¿Nombre?

—Chou Sei

El soldado verificó sus documentos de viaje y los dobló de nuevo con una expresión
desinteresada. Señaló con la barbilla hacia la puerta.

—Nos vamos. Los dos.

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Parte VIII

Capítulo 31

—No recuerdo haberle dado ninguna cosa.

Shoukei estaba sentada, atada con cuerdas, en una cárcel de Ryuu. La cárcel estaba
tan fría que el hielo se formaba en las paredes. La rata había sido detenida junto a ella.

—Le agradecería si usted pudiera decirme qué es lo que está pasando.

Shoukei no respondió. Ella no tenía una buena respuesta. Acusada de un crimen


espantoso, había culpado abruptamente a otra persona. Eso es todo a lo que se reducía.

—¿Cuál es tu nombre?

—Shoukei.

La culpa pesaba tanto en su mente, que ella tiró la respuesta sin pensar.

—Shoukei… ¿qué no es el nombre de la princesa real de Hou? Shoukei


inconcientemente asintió con la cabeza.

—Su nombre completo es Son Shou, su asana es Shoukei.

—Yo…

¿Cómo es que un hanjuu de En sabía esas cosas? El nombre de la familia imperial no era
ampliamente difundido. Los apellidos de tales personas de alto estatus no estaban en boca suelta
a su alrededor.

—Los rumores decían que habías muerto y otros rumores de que seguías con vida.

—¿Quién eres tú?

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La rata se acarició el bigote.

—Mi nombre es Rakushun. Un estudiante común y corriente.

—¿Los estudiantes ordinarios se pasean en pegasos suugu?

—Como he dicho, se trata de un préstamo. ¿Está usted siendo perseguida porque es la


princesa real?

Shoukei no respondió. Recordó lo que había sucedido la última vez que había
confesado ser quién era.

—Si hay algo en tu mente, adelante, pregúntame.

—Yo creo que hay algo más que preocuparse que mi.
Shoukei esbozó una sonrisa torcida.

—¿Sabes por qué estoy en la cárcel? Porque cuando te equivocas, te crucifican. Rakushun se
tiró de los bigotes.

—¿Crucifixión? Supongo que eso es lo que hacen en Hou, el único reino en el que se
ejecutaba a un criminal por el delito del robo. De hecho, Hou ya ha derogado esa ley.

—¿En serio?

—Parece que el Rey de Hou era disciplinario. El robo era un delito capital. Robar oro o
cosas personales de la familia real merecía la muerte por flagelación. En caso de gemas y joyas,
crucifixión. Robar comida, te ponía la cabeza sobre una pica. ¿Estoy en lo correcto? Pero sólo
en Hou. Normalmente, se trata de un centenar de latigazos. En Ryuu, que depende de la
delincuencia. Un centenar de golpes con el bastón y noventa días de trabajo duro, creo.

Shoukei miró a la rata con sorpresa. Él se sabía las leyes de otros reinos. Ese
conocimiento era de los funcionarios provinciales del gobierno. Y de hecho, había pocos, incluso
entre los encargados de las aplicaciones de leyes que estaban bien versados de los códigos
penales de los reinos.

Ella explicó esto y volvió a preguntar.

—¿Realmente eres una persona común?

—Un estudiante común y corriente. Cualquier estudiante de la escuela de En debe saber

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mucho.

—¿La escuela secundaria?

—No, la universidad.

Shoukei otra vez lo miró con los ojos muy abiertos. En Hou, no había escuelas
secundarias en cada provincia. La universidad nacional admitía no más de un centenar de
estudiantes, por lo que cada uno de los estudiantes universitarios eran una verdadera hazaña.
Después de su graduación, se convertía en algún funcionario público o en uno de alto rango.
Muchos soñaban con ser aceptados, pero hay aquellos que tomaban el examen de ingreso
todos los años de su vida y nunca pasaban.

—¿Un niño como tú? ¿Cuántos años tienes? Los


bigotes de Rakushun se cayeron.

—Siempre me confunden con un niño. Bueno, no importa. Tengo 22 años.

Shoukei parpadeó. No era imposible, pero aún así era joven. No era simplemente una
cuestión de primera fase de clasificación para el proceso de selección y luego pasar los
exámenes de ingreso. También se necesitaba la recomendación del director de su escuela
secundaria. No era raro que los estudiantes sena más de treinta.

—Eso es bastante impresionante —Esa rata lo había hecho. Una vida cómoda como
un burócrata del gobierno. Shoukei no tenía nada. Ni una cosa. Sólo esperaba su juicio, atada en
esa cárcel.

—Bueno, ser arrestado como ahora no es una buena cosa. Probablemente de seguro
que me expulsen.

Shoukei miró a la rata. Si él era de hecho un estudiante universitario, no sólo su


inteligencia, pero su integridad ha sido cuestionada. Por supuesto, si uno era castigado de
acuerdo a sus crímenes, sin duda, sería expulsado.

Sin embargo, Shoukei recordaba, ella probablemente sería extraditada a Kyou, para
disfrutar de la burla y el castigo de la Reina de Kyou. Y lo que era probable que su castigo fuera
más grave de lo que sería normalmente. Esta rata podía perder todo lo que tenía, mientras que
Shoukei sólo tenía la vida que le quedaba. Un resbalón y también perdía eso.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Bueno, me pregunto, ¿qué va a pasar ahora? Y, ¿qué te ha pasado? ¿Por qué todos los
soldados de Ryuu entraron violentamente en la habitación?

Shoukei no respondió a la pregunta. Le dio la espalda y se desplomó contra la pared y


cerró los ojos, mostrando que no estaba dispuesta a seguir hablando. Detrás de ella, escuchó un
pequeño suspiro.

Ella fingió dormir, pero no podía dormir. Temblando, ella pasó la noche hasta el amanecer. Al
día siguiente fue sacada de la cárcel. A medida que fue arrastrada a sus pies, echó una mirada
atrás a la cárcel. Desde el interior de la cárcel, la rata se inclinó hacia delante y le dio una
mirada fija.

La cárcel estaba en el fondo de la sala de la ciudad. Shoukei no tenía ni idea de si esa


ciudad se encontraba o prefectura o condado o cualquier otra cosa. Los casos penales eran
procesados en el condado y en los tribunales provinciales, pero una cárcel podía ser ubicada en
cualquier lugar.

Shoukei fue acompañada a la sala principal del ayuntamiento y, atada aún, se sentó en el
suelo. Un gordo, de mediana edad, se sentó en la tribuna frente a ella. Los carceleros se
apoderaron de Shoukei por las cuerdas que la ataban y la obligaron a inclinarse hasta que su
frente tocara el suelo.

—La princesa real de Hou, Son Shou.

—No, no lo soy. No podría ser una persona como esa. El


hombre sonrió socarronamente.

—¿Es así? Tenemos la palabra de la Reina de Kyou de que la princesa real de Hou robó los
objetos del palacio imperial y huyó del país. También hemos recibido la notificación de una
orden expedida por la Reina de su detención. La Reina de Kyou amablemente proporcionó
un catálogo de objetos robados, que junto con la orden fue entregado por una paloma
mensajera. ¿Cómo se explica que la mayoría de los artículos que figuran en el catálogo se
encontraron entre sus pertenencias?

—Él fue… el que me lo dio. —Con la cabeza apoyada en el suelo, tuvo que escupir las
palabras—. El hanjuu con el que compartía la habitación me lo dio a mí. —Shoukei hizo la
afirmación, con la culpa pesándole en la mente. Lo siento, pero no hay forma de que pueda

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volver a Kyou.

El hombre en la tribuna estalló en carcajadas.

—¿De verdad crees que alguien aquí creerá esas mentiras?

—Pero…

—Por supuesto, es exactamente lo que la ingenua princesa iba a decir. Ella robó el palacio
imperial de Kyou y huyó del reino, lo suficiente estúpida como para quedarse en hoteles a lo
largo del camino. En lugar de abandonar a un animal visible como el kitsuryou, que lo
llevó con ella. Objetos que debió haber empeñado de una vez, en lugar de cuidadosamente
ocultarlos en su equipaje.

Shoukei se mordió el labio. Ella realmente lo había frustrado desde el principio. Estaba
tan feliz de estar libre que había dejado el sentido común en el camino.

—Y todo lo que se robó eran pocas baratijas y chucherías. Justo como una niña. Una
niña muy tonta.

—Kensei —una voz dirigida al hombre de la tribuna. Un Kensei era un juez de la

corte del condado, lo que significaba que estaba en un tribunal del condado. —¿La
princesa real realmente ha hecho una cosa tan tonta? Es lógico pensar que esta chica no sea la
princesa real.

—Esa es una posibilidad —coincidió el juez alegremente—. Por supuesto que no. La
verdad debe de ser otra. Le preguntaré de nuevo. ¿Eres tú la Princesa Real, Son Shou?

—¡No lo soy! —gritó en el suelo, agarrándose a esa última esperanza.

—Así que la verdadera princesa real obligó a que llevara esos artículos sobre ti, y lo hizo con
el fin de engañar a sus perseguidores. Pero, ¿ha dado semejante tesoros a un completo
extraño? No, no es probable. Por lo tanto, ¿qué es, señorita? ¿Estos artículos fueron dados
realmente a ti? ¿O es que los robó?

Shoukei no pudo contestar.

—Levante la cabeza y míreme a los ojos. ¿Son estos bienes robados?

Shoukei levantó la cabeza y miró a la cara roja de un hombre con la sonrisa

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complacida.

—No… no lo son.

—¿Y si se te dio a ti? Si así fuera, ¿qué clase de persona es, corriendo alrededor
otorgando tales limosnas idiotas a desconocidos o no…? —La voz del juez se suavizó para
persuadir a un ronroneo—. O a lo mejor, ¿no es cierto que hayan sido suyos desde el principio?
¿Temerosa de que la posesión de ellos la creyeran incriminada, que dijo que se las habían dado?
Fue mera coincidencia que pasaran a los artículos del catálogo, cuando en realidad no tienen
nada que ver con el botín de Chihiro de Kyou.

Comprendiendo la dirección en la que iba dirigida la conversación, Shoukei asintió con la


cabeza.

—Sí.

—Sin embargo, ¿no son galas un poco demasiado para una chica como tú?

—Pero… son mías… realmente.

—Dudoso. Sin embargo, estamos ocupados por aquí. Cosas que hacer, lugares a dónde ir.
Sencillamente, no tienen el tiempo ni los recursos para ir por ahí investigando todos los
incidentes poco sospechosos. Una vez que el tribunal haya sido compensado por los costos de
su confinamiento, serás liberada.

La implicación estaba clara, en el interior, Shoukei se encogió. El hombre le estaba


pidiendo un soborno. Los empleados y funcionarios en la sala estaban todos riéndose
también.

Ella dijo:

—Señor, si encuentra en su corazón para perdonar las molestias que he impuesto a la


corte, me gustaría dejar los elementos de mi cartera y al kitsuryou en custodia de su honor.

—¿Es así? —El juez se dio una palmada en las rodillas—. Tú eres de hecho una joven
familiarizada con las formas del mundo. Vamos a dejar de lado la queja. Cualquier parecido
entre sus cosas y el catálogo de elementos antes mencionado se declara pura coincidencia.
Sería, por supuesto, insostenible para proceder a la detención si fueran propiedad de la
Reina de Kyou, pero a medida de que son tuyos mediante declaración, no veo ningún problema.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Son míos —dijo Shoukei, mostrando una sonrisa de comprensión al juez y a los
funcionarios judiciales.

—Entendido. Deberá darse a conocer a su propio reconocimiento. El tribunal de la


presente tendrá en custodia al kitsuryou y el resto de sus bienes personales. Sus maletas y bolso
serán devueltas a usted. Usted es libre de irse.

—Agradezco al tribunal.

Shoukei inclinó la cabeza, ocultando las emociones que inundaron su rostro.

Shoukei recogió sus maletas y un bolso del oficial de justicia y se tambaleó por la
congelación, azotada por el viento en la calle.

Estoy salvada.

Ella no había salvado su vida, pero no sería enviada de vuelta a Kyou. Sus tesoros difíciles
de ganar, sin embargo, habían sido robados justo debajo de ella, junto con el kitsuryou. Y eso
no era todo.

Shoukei puso su mano en el bolsillo y encontró allí su bolso mucho más ligero. La
horquilla que le había dado al posadero había sido confiscada. Al devolverle el bolso a ella, el
alguacil le dijo que su cuenta en la posada se había resuelto con el contenido del bolso.

Pero haberse quedado sin dinero era mucho mejor que volver a Kyou, más o menos, se dijo
mientras se ajustaba el abrigo de cuero y envolvía su chal alrededor de su cuello.

Pero, ¿qué hago ahora?

En sus maletas había una muda de ropa y algunas joyas que había comprado el otro día.
Si ella lo empeñada, todo por dinero en efectivo, ¿cuánto más podría ir? Con el fin de llegar a
Kei, que tendría que ir a Tai y tener en sus manos un pasaporte. Pero para llegar a Tai, en primer
lugar, tendría que subir a un barco en Ryuu con destino a Tai. Y ella no tenía suficiente para
cubrir sus gastos de viaje de más de cinco días.

¿Y si viajaba a pie y se quedaba en los mas baratos alojamientos? Si eso no


funcionaba, ella tendría que viajar, mientras se arrastrara por alojamiento gratuito en el
camino, pidiendo trabajo al día, y por lo general dependería de la bondad de los extraños. No era
algo que ella siempre habría creído poder hacer.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Era una pérdida total en cuanto qué hacer, Shoukei salió por las puertas del
ayuntamiento, con la cabeza colgando.

—Así que está bien, entonces —dijo una voz afuera.

Shoukei miró sorprendida y vio a la rata que llevaba las riendas de su suugu
espléndido.

—Tú…

—Me preguntaba cómo sucedieron las cosas y me acerqué a ver cómo estabas. Parece
que está todo limpio.

—No necesariamente.

Shoukei se dio la vuelta y se alejó en dirección opuesta. El sonido de pasos y pisadas


se oyeron pronto detrás de ella.

—¿No necesariamente?

—Tuve que pagar un soborno y todo se perdonó. El resultado fue, que se llevaron todo lo
que tenía —Shoukei escupió en la calle. No había ningún sentido de agarrársela con la rata, pero
su expresión feliz y despreocupada en su rostro la irritaba.

—Es extraño —dijo en voz baja. Shoukei se volvió hacia él. —Y pensar que los
funcionarios desgobierno de Ryuu incluso hacen esas demandas.

—Las hicieron. No hay nada en especial en ellas. En todo el mundo y reinos hay personas
que esgrimen el poder para llenar sus propios bolsillos.

—Pero Ryuu es conocido por su gobierno constitucional. El Rey de Hou también intentó
emular a Ryuu en la creación de la política nacional. —Shoukei dejó de caminar—. Muchas más
leyes fueron promulgadas sobre la disciplina de la burocracia de la ciudadanía, aunque Hou
difería un poco en la aplicación real. Los servidores públicos de Ryuu no deben actuar
corruptamente. Las leyes lo prohíben. ¿Y usted está diciendo que un juez de la corte del
condado tan descaradamente le preguntó por un soborno? Eso hace que todo comience a tener
sentido.

—¿Qué?

—Que el sistema encargado en supervisar la burocracia se está desmoronando. Shoukei,

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¿usted dijo que quería ir a Tai? ¿Y su intención es salir de un puerto de Ryuu?

Shoukei rió burlonamente.

—No tengo el suficiente dinero para viajar directamente a Kei.

—Yo le aconsejaría lo contrario.

—¿Por qué?

En medio del ajetreo y el bullicio del tráfico se dirigió hacia la puerta principal, la rata bajó la
voz.

—Los youma están apareciendo en el Kyokai.

—Lo he oído ayer.

—La mitad de ellos vienen de Tai, pero la otra mitad son procedentes de las costas de Ryuu.

—¿Qué?

Shoukei se detuvo de nuevo y miró al hanjuu. Sus ojos negros le devolvieron la mirada.
Él le dijo:

—Ryuu está en declive.

Shoukei lo consideró más de un minuto. El Rey de Ryuu había gobernado su país tanto
como la Reina de Kyou. Ahora, su reinado había pasado de ciento veinte años, y se decía de él
que era un monarca ilustrado. Shoukei siempre había pensado que el más cercano de los tres
reinos, Han, Kyou y Ryuu, como inviolable. Estos habían sido reinos estables desde el momento
en que nacieron.

—Entonces, ¿cuál es su próximo paso?

De repente, hizo esa pregunta y Shoukei se volvió hacia Rakushun. Sin saber
realmente lo que estaba haciendo, ella salió del tráfico de peatones en movimiento a lo largo
de la calle.

—¿Mi próximo paso?

—¿No dijo que quería ir a Tai? Y todas sus cosas las timaron. Así que no tiene dinero
para el viaje, ¿no? Yo pasearé por Ryuu un rato y luego volveré a En. Si está bien con usted,
¿quiere venir conmigo?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Shoukei lo miró boquiabierta.

—¿Me está tomando el pelo? ¿Quieres decir que me llevarás a En?

—Para Kankyuu, si no te importa. Pero yo voy a tener que preguntar de ir a pie por un
tiempo.

—¿Eres tonto? ¿No estuve a punto de conseguir que te castigaran por el robo? Rakushun se
echó a reír.

—No, en absoluto. No pensé que iba a ser castigado. Los respaldos de mi visa llevan
un poco de peso.

—Ese no es el problema. Se
rió de nuevo.

—Este tipo de encuentros fortuitos deben de ser mi destino.

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Capítulo 32
Un nuevo año comenzó.

En mes y medio, Suzu y Seishuu había llegado a la Prefectura Shisui, en la periferia oeste de
la provincia de Wa. Si seguían por ese camino, en dirección oeste, entrarían a Eishuu, provincia
natal de Gyouten, la capital.

Había cubierto mucho terreno en esas dos semanas a caballo. Sin embargo, sólo habían
llegado a ese punto porque el estado de Seishuu había empeorado notablemente. No importara lo
que hiciera, sus problemas empezaban en cuanto despertaba. A veces pasaba la mitad del día con
dolor. En esos días, y con frecuencia los siguientes, no se podía viajar.

A mitad del viaje, le dieron la bienvenida al Año Nuevo.

Los ojos de Seishuu no habían mejorado. Sus mareos estaban tan malos como antes,
por lo que hacía difícil viajar a pie. Su dolor de cabeza comenzó a ser acompañado por
convulsiones y vómitos.

—Lo siento, Suzu.

Estaba acostado en la cama de un carro de caballos oscilante. La lona sobre la carreta


de la cama del carro. Cuando tenía habitación, los agricultores de las aldeas circundantes
hacían un poco de dinero dando paseos a la gente caminando por la calle. Los funcionarios
viajaban en diligencias, sino que estaban reservadas para los ricos, y no daban paseos a personas
como Suzu.

—¿Cómo está el dinero sostenido? Podría caminar si tuviera que hacerlo. Aunque no sería
muy rápido.

—Estamos haciendo las cosas bien. No tienes que preocuparte por esas cosas — Suzu le
dio un golpe juguetón en la frente.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Seishuu se echó a reír y luego puso mala cara.

—No me trates como un niño mocoso.

Su rostro sonriente volvió, algo debilitado. Estaba enfermo con tanta frecuencia que no
podía retener nada. Su forma de hablar era extraña también. Debido a que Suzu era hechicera,
podía entender todo lo que decía, pero no todos los demás, al igual que el conductor del
carro de caballos, para él sólo hablaba incoherencias. Su condición había llegado a una etapa
en la que palabras como “Ve” y “Escucha”, era lo único inteligible que había escuchado.

—Si tienes tiempo que perder para airear las quejas, entonces ve a dormir.

—Me preocupa, Suzu. Tú puedes ser tan poco confiable.

—Oh, cállate —dijo, pero no pudo evitar sonreír. Ya no se enojaba cuando la


fastidiaba. No había malicia en sus palabras. Es cierto que a veces la gente dice cosas que
parecen hirientes. Cuando decía algo así como: ¿Estoy en muy mal estado? Era más fácil
decirle: ¡Oh, no, no lo estás!

Suzu miró a Seishuu.

—Talvez fue así para Riyou-sama también.

—¿Qué?

—Todo el mundo en la gruta la odiaba. Pero cuando les preguntaba, nadie se lo decía.
Todos sacudíamos la cabeza y decíamos: ¡Por supuesto que no! Sin embargo, Riyou siempre
tenía alguna vuelta sarcástica.

—A nadie le gusta que las personas digan que no les gustas. Al mismo tiempo, a nadie le
gusta que sean del agrado de todo el mundo cuando saben que no lo son.

—En ese caso, es mejor si no eres una persona desagradable para empezar.

—Sí —dijo Seishuu, mirando hacia la lona de tiendas de campaña sobre la cama del
carro. —La gente se irrita. La gente se pone en su piel. La gente sabe que no debe hacer esas
cosas por el estilo, pero ya sabes que lo harán.

—Sí, lo harán.

—A veces puede ocurrir, que a los que le hicieron mal, de hecho, hagan el mal. Si luego

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

pregunta si hay personas que no le gustan, y claramente le dicen que no hay, evidentemente
no iba a estar satisfecha. Incluso si se le dice que sí hay, no le va a gustar.

—Tal vez no.

—Si las cosas siguen sucediendo en ese sentido, de manera que no se entienden, va a
seguir siendo terca y decir: Así que dime lo que piensas. Creo que muchas personas llegan a
sentirse de esa manera.

Suzu lo miró sorprendida.

—Me parece que sabes lo que sentía Riyou-sama.

—No es difícil de imaginar.

—Supongo que no.

Cuando pensaba en volver sobre eso, ahora, nunca había tratado de imaginar lo que
debía haber sido para Riyou. Ella sólo pensaba en lo muy perra que era.

—Honestamente, nunca me dio un momento de reflexión sobre cómo se sentía Riyou-


sama. Se tratada por ella era suficiente. Es difícil imaginar que también se sentía frustrada y
moleta y por eso es que Riyou era tan cínica. Y cuando ella no podía soportar lo que se le decía,
había un montón de tareas desagradables en la espalda de los demás. El único lugar donde podía
recuperar el aliento era en su propia cama. Aún así, ella se despertaba a todas horas.

Seishuu suspiró.

—Eso es realmente triste.

—Fue horrible.

—No tú, Suzu. Tú estabas ahí porque optaste por estar ahí. Eso no es lo mismo con Riyou.

Suzu le dirigió una mirada de reproche.

—Tú no estás conmigo. ¿Estás diciendo que sientes pena por ella?

—¿No es doloroso siempre tener que golpear de esa manera? Parece que terminó
odiándose a sí misma, también. Claro que tenías que esconder el ser tú misma. Pero el
problema, es que nunca se pudo escapar de sí misma.

—Supongo —dijo Suzu, irritada, mirando para otro lado. Ella levantó una esquina de la lona

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

y miró por la carretera—. Puede sonar gracioso pero realmente fue duro. Es triste pensar que
mis momentos más felices era cuando yo podía meterme en la cama congelada en las noches de
invierno y que todos los pensamientos sean para mí.

—¿No había otras personas que estaban ahí? ¿Tú nunca pensaste en hablar con ellos?

—Lo hice. Pero siendo una kaikyaku, la mayoría de la gente no me entendía. Se reían de
mí cada vez que preguntaba sobre algo que no sabía, así que perdí el interés. Por cierto, eso
era malo de mí, no para tratar de aprender cosas a mí misma, pero cuando la gente está
siempre riéndose de ti, y no tiene ningún deseo de aprender de ti, muy pronto no tiene mucho
sentido para uno.

—Así que había que estar en cama y decirte s ti misma lo lamentable que eras, como
eras la menos afortunada niña del mundo, y gritar hasta quedarte dormida.

—Eso no es… —comenzó a decir. Pero, se dio cuenta ruborizándose, de que eso era
verdad—. Yo no hice eso. Pensé en muchas cosas. Al igual, la forma de que todo era un sueño, y
cuando abría los ojos otra vez yo estaría acostada en mi cama de mi verdadera casa. —
Ella se rió con nostalgia—. Después me enteré de la Reina de Kei, soñaba acerca de qué tipo
de persona era. Estaba segura de que ella debía de sentir nostalgia por Yamato también. Me
imaginaba que nos reuníamos y hablábamos juntas,

como estamos ahora, me contaba todo sobre mi ciudad natal.

Y la Reina de Kei sería tan feliz de tener a alguien con quien hablar, y le diría todo de
donde era.

Suzu dejó escapar un suspiro.

—Pero cuando me despertaba, estaba de vuelta en el mismo lugar. Riyou era tan
desagradable como siempre, haciéndonos trabajar hasta los huesos y todo el mundo me culpaba
a mí todo el tiempo.

Seishuu le dio una mirada de exasperación.

—Suzu, pareces una niña pequeña. ¿Qué esperabas? Nunca haces nada por ti misma.

Los ojos de Suzu se abrieron con incredulidad. Seishuu le respondió con un suspiro de
cansancio.

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—Las fantasías no requieren ningún esfuerzo. En comparación con los problemas delante
de tu cara, los sueños son mucho más fáciles. Pero todo ese tiempo, sólo estabas
posponiendo hasta al otro día las cosas que tenías que pensar en el momento, cosas que hay
que hacer ahora, ¿verdad? En cambio, nada cambia, nada se decide, nada se establece.

—Eso es verdad.

—Sigue así, con tu cabeza metida en las nubes y nunca vas a crecer, Suzu.

—Ya sabes, hay momentos que realmente son dolorosos.

Bah, se dijo Seishuu, sacándole la lengua a ella. Se hizo un ovillo.

—Tú siempre tan llorona, Suzu. No puedo soportarlo.

—Lo siento, soy una llorona. Creo que es porque cuando yo era pequeña nunca lloraba.
Yo era una niña muy enferma. —El hombre que la compró a su familia y la llevó hasta el puerto,
el mismo lo dijo. Dijo que apreciaba la forma en que ella consiguió que no se le llenaran los
ojos de lágrimas. —Pero pasé por un montón de momentos difíciles que me convirtieron en una
llorona.

Seishuu la miró.

—Nuestra casa en Kei se quemó, la mayoría de la gente de nuestro pueblo fue


asesinada. Tuvimos que irnos. Antes de irnos, fuimos a ver las ruinas quemadas debajo de
nuestra casa y todo el mundo gritó sobre una tormenta. Fue tan triste que no lo pude soportar.
Porque éramos niños, que lloraban todo el tiempo. No era un llanto normal, era como si
nunca fuéramos a dejar de llorar por el resto de la vida.

—¿Incluso tú?

—Incluso yo. Por lo menos lo imaginaba en ese momento. A mi modo de ver, hay dos
tipos de llanto. Las personas lloran porque sienten lástima de sí mismos, y lloran porque
están tristes. Si se siente lástima de uno mismo es como un niño, que se quiere que se haga
algo por ellos. Ellos quieren que su hermano o madre o el vecino de al lado los ayude.

Suzu lo miró.

—Se debe a que, en situaciones como ésta, los niños no tienen ninguna manera de
protegerse a sí mismos. Es por eso que se dice que llorar es de niños.

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—Ah —dijo Suzu. Seishuu no habló por un tiempo largo. Luego, ella dijo: —Por lo tanto,
Seishuu, ¿dónde vivía tu familia en Kei?

—En el sur.

—Cuando te sientas mejor, ¿por qué no vamos a echar un vistazo?

—¿Juntos?

Seishuu se desenroscó.

Tenía toda la ropa que Suzu le había dado envuelta a su alrededor. En el carro tirado
por caballos estaba frío. Él la miró con sus ojos. Ella le dijo:

—¿Acaso no quieres?

—Ir a cualquier parte contigo es un dolor de trasero, Suzu. Él


sonrió. Suzu se echó a reír.

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Capítulo 33
La ciudad de Kokei estaba al lado de la ciudad de Hokui, anexa a su esquina noroeste. La
oficina del gobierno sólo era el ayuntamiento. Los otros edificios pertenecían a los hogares
de veinticinco años, el tamaño de una ciudad incorporada.

Youko y Rangyoku pasaron a través de la puerta del rike a la calle principal. La mayoría
de las ciudades estaban rodeadas por una empalizada de altura de cien metros en todas
direcciones. Las casas pequeñas le daban la vuelta al interior de la pared. El ayuntamiento, el
Rishi y el Rike se encontraban en una fila en el sector norte de la ciudad. La calle principal corría
de este a oeste, en frente de ellos. La calle de norte a sur, desde el rishi hasta la puerta principal
era la calle central.

El ayuntamiento albergaba las oficinas del gobierno y de la escuela primaria. El rishi era el
santuario donde oficialmente estaba el Riboku de la ciudad y donde los dioses estaban
consagrados. Una configuración común en un santuario del estado de los Dioses de la Tierra y
los dioses de los Cinco Cereales que se encontraban a lo largo del muro occidental, y los
santuarios ancestrales a lo largo de la pared oriental. Pero la fe de la gente del pueblo se
centraba en el riboku. Debido a que era a través del riboku que los niños eran concebidos y la
ganadería era concebida.

—Muy interesante —se dijo Youko a sí misma. Rangyoku se


inclinó hacia ella.

—¿Qué cosa?

—Oh, nada, sólo pensaba en el rishi. Parece que el estado y los santuarios ancestrales
fueron lanzados en el último momento, una especie de premio de consolación.

De hecho, los santuarios ancestrales y el estado eran en su mayoría pequeños y se

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quedaban ahí acumulando polvo.

Rangyoku rió.

—Dices cosas muy curiosas, Youshi.

—¿Lo hago?

—El riboku trae a los niños. No importa cuántas muchas ofertas hagas o cuántas
oraciones reses, la cosecha no necesariamente será abundante y no necesariamente estarán
protegidas de las calamidades. Así que el riboku es siempre lo primero que se tiene en mente.
Está destinado a ser el tema, no importa qué, ¿no crees?

—Tú estás en un pueblo muy pragmático, eso es seguro, pero Tentei, El Señor Dios de los
Cielos, y Seioubo, Reina Madre del Occidente, son diferentes.

Tentei y Seioubo eran consagrados con frecuencia en el rishi, pero también había
distritos en la ciudad a un lado del santuario dedicado a ellos.

—Eso es porque ellos dan a los niños.

—¿Tentei y Seioubo?

—Sí. Una pareja que quiere un niño reza al riboku y ata una cinta a una rama del árbol.

—Y si no se está casado, ¿no se puede?

—No. Los amanuenses registran los nombres de todas las personas que desean tener un
hijo y lo envía a la Reina Madre del Occidente. Se hace una petición a Tentei, que elige al más
adecuado de ellos para darle al niño. A continuación, Seioubo comanda a las diosas a la creación
de un ranka.

—Ah. —Le parecía muy diferente a cualquiera de los cuentos de hadas que había
escuchado en Japón. No es que ella pudiera recordarlos con gran detalle.

—El implante de la semilla de los que rezan se convierte en un niño dentro del ranka,
y luego lo llevan al riboku. ¿No es así como se hace en Yamato?

—No, en absoluto —dijo Youko con picardía—. ¿Crees es todo eso, Rangyoku?

¿Lo que me acabas de decir?

Rangyoku se echó a reír.

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—No literalmente. Sin embargo, un ranka aparece. Y si un ranka no aparece en una rama
que se eligió, no puedes ir a buscar otra en otro lugar. No va a salir. Increíble, ¿no? Es por eso que
tiene que ser lo que Dios te dio.

—Por supuesto —dijo Youko sonriendo—. El ganado también nace del riboku, ¿no es así?

—Sí, desde el primer día del mes hasta el séptimo, las peticiones se hacen al riboku. El
primer día es para las aves como pollos y patos. El segundo día es para los perros. El tercero,
para ovejas y cabras. El cuarto, para jabalíes y cerdos. Quinto, para el ganado, el sexto para los
caballos. Y el séptimo para la gente.

—¿La gente? ¿Hay días asignados para las personas?

—Sí, en el séptimo o cualquier día después de la novena entrada. Los niños se solicitan
en el séptimo, se supone a su vez que es el mejor. Mi madre me dijo que fue Keikei.

—Ya veo.

—El ganado germina en un mes. Puedes atar varias cintas a la vez, pero no todos ellos
necesariamente crecerán en un ranka. Para la gente, siempre es único.

—¿Así que no tienen gemelos?

—¿Gemelos?

—Cuando dos niños nacen al mismo tiempo. En Yamato, al menos cinco niños habían
nacido al mismo tiempo.

—Wow, eso es raro —Rangyoku miró hacia atrás por encima de su hombro hacia el Rishi.
—El octavo día es para los cultivos. Sin embargo, sólo la reina puede hacer tales peticiones.

—Puedes hacer crecer los cinco granos, trigo, arroz, frijoles y del tipo del mijo,
siempre que quieras plantar sólo las semillas. Al dar sus frutos, se conseguirán más semillas,
¿verdad?

—Ese parece el caso.

—Las plantas y los árboles no son animales. Pero no es que nadie puede hacer la solicitud
de reservas de nuevos granos. Sólo la Reina puede hacer eso y en un árbol en el Palacio
Imperial. Cuando el Cielo concede la solicitud y el fruto del árbol se da, el próximo año, un
ranka contiene las semillas que hace crecer en todos los riboku del reino.

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Youko abrió los ojos desorbitada por la sorpresa. Esto, sin duda, era una novedad para
ella. Tendría que preguntarle a Enho para que le informara de los detalles.

—Yaboku o riboku silvestres, en donde crecen los animales distintos a los animales y aves
domésticas. ¿Sabías que hay árboles en el agua, también?

—No lo sabía. Para los peces, me imagino. Rangyoku


sonrió.

—Exactamente. Y luego hay yaboku de hierbas salvajes y árboles.

—¿Las plantas que no son cereales se crean por sí mismos?

—Lo hacen. De lo contrario, no habría plantas ni árboles. Así que parece que puede hacerse
todo por sí mismo. ¿Cuándo y dónde nacen nuevas variedades de hierbas? Nadie lo sabe.
Así que de vez en cuando las personas examinan la base de un yaboku para ver si las plantas
están no están familiarizadas con las que crecen ahí. Si no es así, entonces se las trae a la casa y
se las desarrolla. Hay itinerantes que hacen esos para ganarse la vida. Se los llama cazadores
de cría. Andan por ahí en busca de nuevos ranka. También parecen depender del riboku.
Hay árboles que producen una especie muy salvaje. Lo que hacen es mantenerlo en secreto.
Nadie habla de ellos. Los cazadores matan a las personas que tratan de seguirlos.

—Oh.

—Se pueden obtener medicinas inusuales y hierbas y árboles para nuevos cultivos y los
venden, pero suena como un negocio de miedo.

Youko asintió con la cabeza. Por supuesto, las personas eran objeto de discriminación
en ese mundo. No había mucha discriminación basada en la ocupación, porque las vocaciones
no eran heredadas a lo largo de líneas familiares. No importaba de qué familia viniera un niño,
él conseguiría una partición cuando cumpliera veinte años. Un gran negocio o una empresa no
podían ser transmitidas a los hijos. Los discapacitados también eran tratados con compasión.
Pero el mundo estaba cerrado a los hanjuu y los itinerantes.

—¿Qué pasa? —preguntó Rangyoku. Youko


negó con la cabeza.

Su amigo era un hanjuu. En agradecimiento a él, deseaba que se deroguen todas las leyes

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que se daban a espaldas de los hanjuu. Los ministros se negaron a seguir. Se consideró por su
Rescripto inaugural, pero no sentaba bien para ella. La inauguración del rescripto se suponía que
hiciera una declaración. Sin ser realmente consciente de ello,

se había convertido en presa de la convicción de que debía llevar a cabo sus deberes oficiales
de primera con toda la confianza en sí misma y de la seriedad de una reina.

—¿He dicho algo malo?

—No, por supuesto que no. Sólo es algo que ha estado en mi mente por la tarde. Ah,
aquí estamos.

Ella y Rangyoku llegaron a la puerta de la ciudad. Rangyoku tuvo que salir de los terrenos
de pastoreo. Youko tenía una tarea en Hokui.

—Bien, alégrate, ¿si?

Youko sonrió. Sin duda, Rangyoku asumía que su tristeza era causada por la
nostalgia de su tierra natal. Agradecida por esos sentimientos, Youko la saludó y se dirigió
hacia el oeste por el camino cruzado.

Las ciudades por lo general sólo tenían una perta principal. Kokei tenía dos. Eso era porque
Kokei era en parte de Hokui.

La ciudad era sin duda el núcleo de la ciudad. Las oficinas de la ciudad se encontraban
originalmente en una extensión del ayuntamiento. Cuando la ciudad se convertía en una
sede del condado, las tornas cambiaban, y las oficinas del gobierno se trasladaban al centro de
la ciudad, y los servicios esenciales de la ciudad eran relegados a un bloque en la esquina
noroeste de la ciudad. Hokui estaba empujando a la ciudad a la derecha. En ese momento, no
hay más que una sola puerta que los conectara.

Youko entró en Hokui y se dirigió hacia el ayuntamiento en el centro de la ciudad. Siguió


el camino de vuelta alrededor del centro de la ciudad hasta que se encontró frente al cuadrante
sureste de la ciudad.

—¿Dónde está? —murmuró para sí misma.

En medio del ajetreo y el bullicio de la calle, justo en los talones, un hilo de voz dijo:

—Gire a la derecha en la siguiente esquina.

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Youko siguió las instrucciones, comenzando a adentrarse en la ciudad, y llegó a una pequeña
casa. Originalmente, los dueños de casa sólo eran residentes en la ciudad que habían recibido
por bienes del reino. Pero la cuestión era que la gente vendía sus tierras y sus casas y se
desplazaba. Una persona vendía su casa y los bienes adquiridos o de una tienda del controlador
de la ciudad. Otra persona compraba el terreno y contrataba a los campesinos a que trabajaran
cualquier número de hogares. De una forma u otra, todo el pueblo, acababa enana esfera
privada de un solo dueño. No había pocos individuos que vendían sin siquiera ver sus
concesiones y se iban en busca de otra vivienda en la ciudad.

El propietario de esa casa había ido a vivir ahí a través de una serie enredada de
acontecimientos. En cualquier caso, su nombre era Rou, y ésta era la casa del hombre que
servía al extraño visitante de Enho.

Hankyo lo había seguido, y como lo había hecho la primera vez, confirmó que el
hombre no se había ido a una posada, pero sí a la casa de Rou. Al día siguiente el hombre
se había ido de Hokui y se había dirigido al norte.

¿Y ahora qué?

Youko miró la casa. Si llamaba al hombre y exigía saber quién era su huésped, era poco
probable que obtuviera una respuesta. Ella estaba mirando desde el lado opuesto de la calle
cuando de repente la puerta principal se abrió. Youko desvió la mirada y fingió como si estuviera
buscando algo en el camino.

—Muy bien, entonces —dijo la voz de un hombre.

—El paquete… —Se detuvo a mitad de la frase, como si acabara de darse cuenta de su
presencia ahí. Un pequeño hombre de mediana edad. Junto a él había un hombre tan grande
como él, con un físico de piedra de tamaño normal y el pelo negro. Miró a Youko a la
distancia.

—Todo depende de ti.

—Entiendo.

Con ese simple cambio, los dos se separaron. El hombre más pequeño corrió hacia el
interior de la casa. El hombre grande caminó por la avenida con pasos rápidos.

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Sólo un visitante normal, tal vez.

Pero ella no podía ignorar la forma en que el hombre pequeño de repente dejó de hablar.

Youko se alejó en dirección opuesta a la del hombre grande. En voz baja, ella le hizo
señas a Hankyo.

—¿Tiene usted preocupación por esa presencia de tal manera? Youko


asintió con la cabeza al oír la voz sin cuerpo.

—Lo siento. Pero si tú lo haces. Puede ser un visitante normal, pero me gustaría llegar al
fondo de su conexión con Enho.

Tal como predijo Rangyoku, Enho había estado muy agitado después de que el
visitante había venido y canceló sus estudios. Y así, con el tiempo en las manos, se había ido
a ver la casa de Rou ella misma.

—A sus órdenes.

La pequeña voz se desvaneció y desapareció.

Esa noche, Hankyo regresó pasada la medianoche y reportó que los bienes de propiedad del
hombre eran en la ciudad de Takuhou, prefectura de Shisui, justo al otro lado del río, en la
provincia de Wa.

—¿Takuhou?

La ciudad de Takuhou estaba al este de Hokui. El hombre que había visitado a Enho se
había dirigido hacia el norte. ¿Había incluso una relación entre ellos?

Youko en silencio le dio vueltas estos hechos en su cabeza.

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Parte IX

Capítulo 34

Él había nacido en Kou, Rakushun explicaba a lo largo del camino.


—Pero en Kou, un hanjuu no puede ni siquiera entrar en la escuela primaria. Así que me
mudé a En. —Un hanjuu no podía estar matriculado en Hou, tampoco. Cuando Shoukei señaló
esto, él asintió con la cabeza. —Itinerantes y refugiados no eran admitidos tampoco. Si no
figuras en el censo, estás a tu suerte. Una gran cantidad de

reinos son así. Kou solía ser el único reino que no incluía al hanjuu en el censo. En el pasado,
era en ciertas partes. En Tai, el nuevo rey era al parecer a punto de revisar las leyes de censo,
pero antes de que pudiera hacer el trabajo, fue usurpado por el impostor.

—Oh.

—En Hou y en Kou, los hanjuu no pueden convertirse en servidores públicos y no son
admitidos en la universidad. Y en su mayor parte, Shun y Kei.

El itinerario de Rakushun los llevó de aquí para allá, si un gran plan en mente. Yendo
en el suugu, no tomaría más de un día para llegar a Shisou, por lo que se detenían en las
ciudades a lo largo del camino. A menudo se desviaban para ver las ciudades en dirección
opuesta de Shisou. Con el suugu, fue un viaje sin problemas, pero Shoukei no podía dejar de
preguntarse qué estaba haciendo y cuál era el propósito de su viaje.

—Más reinos no permiten itinerantes y refugiados para convertirse en funcionarios


públicos, o que vayan a la escuela. Es aún más difícil para los sankyaku y los kaikyaku.
Normalmente los tratan igual que como los itinerantes, pero en Kou son aún peor tratados que
eso. En el otro extremo, hay reinos que los tratan muy bien, Sou, En y Ren. Sankyaku y Kaikyaku

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pueden decir cosas fascinantes acerca de la fabricación del papel, cerámicas, técnicas de
impresión y medicina.

—¿Los sankyaku y kaikyaku existen en realidad?

—Los primeros de ellos construyeron un templo en Hou.

—¿En serio?

—Un sankyaku llegó durante el reinado de Hitsu-ou. Talló lejos de la ladera de una
montaña y construyó un templo. Esa fue la primera vez que las enseñanzas del budismo fueron
promulgadas. Es por eso que la cremación se practica todavía en Hou. Sólo en Hou, En, Sou y
Ren incineran a los muertos. En Hou, el Rishi no sigue el mismo plan que la corte imperial, pero
se construyen como templos. La disposición de los edificios es diferente.

—¿Hitsu-ou?

—La dinastía XII o XIII de Hou, creo.

Shoukei miró al hanjuu con asombro. Él sabía más acerca de Hou que la princesa real, una
ciudadana de Hou. Es a la vez mortificante e irritante.

—Por cierto, Shoukei, a partir de mañana, las cosas se van a poner un poco más difícil.

Habían dejado Shisou y viajaban dos días más en el suugu. Estaban a punto de entrar
por las puertas de la ciudad. El camino delante de la puerta era silencioso. Todavía
faltaba para la puesta del sol. Rakushun ató un tubo de bambú en el cuello del suugu. Esa
mañana, Shoukei lo había visto colocar una carta en el tubo.

—¿Qué es eso?

—A partir de mañana vamos a seguir a pie hasta En —Estaba a punto de protestar, cuando
Rakushun envió al suugu al camino—. Vamos a ir adelante y ver que esta carta llegue a destino.

Con un grito, el suugu subió en el aire. Se elevó en el cielo como un cometa, agitó su larga
cola, barriendo sobre el viento y desapareció.

—Bueno, ¿qué vamos a hacer ahora, con el suugu ido? ¡Todavía falta para llegar a En!

—Serán cinco días. Lo siento. No vamos a seguir curioseando más.

—Ese no es el problema, ¿dónde vamos a dormir en la noche?

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Los hanjuu no eran bienvenidos en cualquier ciudad. Cada vez que entraba en un

establecimiento de clase superior, Rakushun causaba aspectos amargos. Pero cuando veían el
suugu, su actitud cambiaba así como así. Si el suugu, no dudarían en mostrarle la puerta.

—Está bien. No nos quedaremos en ese tipo de hoteles. El kitsuryou no está aquí para
causar escándalo en los establos, por lo que las inmersiones viejas nos convendrán bien.

Hasta ahora, se habían quedado en los mejores hoteles, porque era necesario en esas
posadas con establos que podrían cuidar a un suugu. A pesar de que entendía esto, Shoukei
frenéticamente corrió tras Rakushun, que ya había alcanzado la puerta.

—¡No puede ser en serio! ¿Cualquier lugar viejo? Estás bromeando, ¿verdad? Rakushun
parpadeó.

—¿Sobre qué?

—¿Qué quieres decir “sobre qué”?

—¿Qué importa dónde dormir? No estoy muy emocionado ante la perspectiva de


compartir una habitación con usted, sin embargo.

—¿Ni siquiera una cama con dosel? ¿Algún armario en alguna habitación sucia? Rakushun se
detuvo en la puerta y suspiró.

—Realmente tenía una educación mimada. No se preocupe. Las camas pueden ser duras,
pero no son tan estrechas como para que se caiga de ellas. O habrá un piso de madera. Usted
debe de ser capaz de conciliar el sueño.

—Ya lo sé —escupió Shoukei a su espalda—. Es por eso que no puedo soportarlo. No


quiero dormir en un lugar como ese jamás.

La mera idea la hizo miserable, lo que le recordaba la vida media y en mal estado. Al
haber estado sólo en los hoteles más finos después de haber huido de Kyou, el
pensamiento era aún más insoportable.

Rakushun se rascó el pelaje por debajo de su oreja. La calle principal del pequeño pueblo
estaba tan tranquila como la carretera.

—Bueno, sí, la gente suele dormir en camas. Pero hay personas que duermen en el suelo.

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—Eso no es nuevo para mí.

—En ese caso, es todo lo que es. Una novedad. Shoukei juntó
las cejas.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Para usted, simplemente es algo que ya sabe. Por desgracia, sospecho que usted no
tiene idea de lo que es en realidad.

—Bueno, yo no estaba bromeando. Dormí en una cama en una habitación fría, con
corriente de aire, bajo una manta raída. Es posible que no te des cuenta, pero no me gusta
siquiera pensar en esos momentos.

—¿Por qué?

Los ojos de Shoukei se abrieron de asombro.

—¿Por qué? ¿No sabes lo miserable que fue mi vida? Cómo despertaba a altas horas
de la mañana, me enviaban a trabajar antes del desayuno, regresaba a la casa cubierta de
barro, estiércol y paja. Nunca había lo suficiente para comer. Me iba a la cama agotada, no
me podía dormir por estar muerta de hambre y frío. Y aún sin dormir, conseguía despertar a la
mañana siguiente y era enviada a trabajar de nuevo. Todo el mundo se burlaba de mí y
hablaba a mis espaldas. Yo no quiero recordar nada de esa vida. ¿Ya lo entiendes ahora?

—Lo siento, pero no es todo. ¿Por qué es tan malo? ¿Por qué lo considera una
existencia tan miserable? Es la vida de todos los campesinos. Cuando uno es pobre, pasa
hambre. Eso no debería ser noticia. ¿Pero por qué no puede soportar recordarlo? Eso es lo
que no entiendo. —Rakushun se detuvo y miró a su derecha—. ¿Qué hay sobre esa?

Era una pequeña posada que no sería superior a ningún viaje de itinerante. Varias mesas
estaban alineadas en el piso de tierra estrecho. Si no fuera por los carteles de advertencia en
las habitaciones, él la había golpeado a ella con nada más que un puesto de comida en mal
estado.

—¿Eso? Un lugar que ni siquiera tiene una cama. ¡En primer lugar, nadie vestido como
yo se alojaría en un lugar así!

—Si eso es lo que siente, vaya a comprar algo para ponerse —Rakushun tomó unas

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monedas de su bolsillo y las puso en su mano—. Ahí es donde me quedo. Usted puede ir y
comprarse una túnica más apropiada o tomar el dinero y correr. Depende de usted.

—Yo…

Rakushun movió la cola mientras Shoukei hablaba y se acercó a la posada. Shoukei observó
atónita cómo llamaba al propietario. Con esa cantidad de dinero, sólo podría permitirse el
más insignificante de la calidad de ropa, el tipo de atuendo sencillo que se hubiera puesto en el
orfanato, por no hablar que sería el mejor de segunda mano. En ese tiempo de invierno, no había
nada de lo que realmente se necesitara más que un abrigo o una chaqueta. Pero tendría que
vender sus trajes de seda para poder comprar ese tipo de ropa. Y eso significaba volver a la forma
en que estaba antes.

Pero, Shoukei pensó que no tenía dinero propio. Si Rakushun la abandonaba ahí, ella iba
a terminar vendiendo su ropa, de todos modos. E incluso entonces, era poco

probable que tuviera lo suficiente para hacer todo el camino hasta En. Comer la comida

más barata en los hoteles más baratos, ¿podía incluso llegar a la frontera?

Vivir con él, se dijo. Pero cuando pensaba en regresar a la vida miserable de una a la fuga,
le daban ganas de llorar. Continuando en ese estado, en compañía de un hanjuu,

y sin un suugu para viajar, era simplemente indignante.

Se tragó su orgullo y fue a buscar una tienda de ropa usada. Ella eligió el cambio de ropa.
Cuando el grupo de peatones estaba listo a su satisfacción, sólo los zapatos eran de calidad.
Había vendido todo hasta ahí. Lo único que no había comprado era el calzado de calidad
de campesino. Así que sólo sus zapatos no concordaban. En cualquier caso, lo único que le
quedaba por hacer era ir detrás de la pantalla de la tienda y cambiarse.

Tirando la ropa almidonada, con ganas de llorar. Ahora mismo, en Kei, una chica se viste
con un kimono de seda de lujo de la calidad más impresionante, con un abrigo brocado, y
con piel bordada con perlas grandes.

Se mordió el labio, y volvió a la posada. Fue muy duro el tener que decirle al dueño que
estaba con el hanjuu y tan miserable que se mostrara en un pasillo viejo con moho.

—Aquí —dijo abruptamente.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Cuando abrió la puerta, allí estaba el hanjuu, sentado tranquilamente en el suelo


delante de un brasero. Miró a Shoukei y se rascó una oreja.

—No entiendo a las mujeres. ¿Qué hay de vergonzoso en ir a una posada vestida en
seda?

—Tú eres el que me dio el dinero y me dijo qué.

—Sí, pero yo no creí que en realidad hubiera cambio en ello. Bueno, eso es lo que usted
debe usar de ahora en adelante. Esa es la clase de viaje en la que vamos a estar involucrados.

—Esto apesta —Shoukei, de mal humor, se sentó en el suelo. Rakushun


contempló el brasero.

—No importa cuántas veces usted lo diga, no cambiará el hecho de que así es como la
mayoría de la gente sale adelante. Qué inconveniente debe de ser al criar a una princesa.

—¿Inconveniente?

—Inconveniente para el trato de lo ordinario a lo extraordinario. Tan cierto como que se


acostumbre a la ropa de lujo, usted comienza a pensar que ese tipo de ropa, como usted dice,
apesta. Entonces quiere usar seda. Usted no es la única que piensa de esa manera. Cada chica
quiere llevar ropa hermosa de seda y vivir una vida ataviada. Tal vez sea su naturaleza. ¿Quién no
quiere vivir la vida de una reina, emperatriz o princesa?

—Bueno, por desgracia, no todo el mundo es una princesa.

—No, pos supuesto. Pero tú lo eres.

—Yo soy… —no la princesa real, Shoukei comenzó a decir, pero Rakushun comenzó a
mover la cola.

—Usted es la princesa real. Ese hecho, no obstante, no lo estoy diciendo con

segundas intenciones en la mente. La gente de Hou, de seguro usted no le gusta, sin embargo.

—¿Por qué…?

—He conocida mi parte justa de refugiados de Hou. Todos ellos odiaban al difunto rey. Ni
uno de ellos tenía una palabra amable para usted, tampoco. Es una persona muy impopular.

—¡No fue mi culpa! —gritó Shoukei. En toda su vida no podría entender el por qué de que

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todo el mundo estuviera en su contra.

—Es tu culpa. Debido a que eras la princesa real.

—Debido a mi padre.

—Tu padre se convirtió en un rey. Así que se convirtió en la princesa real. Eso, de hecho,
no fue su culpa. Pero cuando un hombre se convierte en rey, el manto de la
responsabilidad recae sobre sus hombros y sobre los hombros de la princesa, le guste o no.

Shoukei quedó asombrada.

—Hay dos reinos con una princesa o un príncipe, en Ryuu y en Sou. La Reina de Sai tuvo
un hijo, pero murió antes de su coronación. El príncipe de Ryuu es un ministro de estado, que
trabaja en nombre del reino. El príncipe y la princesa de Sou también ayudan al rey. La
princesa es la directora del servicio nacional de salud. Antes, los enfermos eran tratados en
sus hogares y el médico los visitaba ahí. Hoy en día, se admiten en un hospital donde los
médicos pueden cuidar de ellos. Este sistema fue iniciado por la princesa real de Sou. Así que,
dime Shoukei, ¿qué hiciste?

—¿Qué? —Sorprendida por la pregunta, Shoukei se limitó a mirarlo.

—Había una vez una princesa que protestó ante su rey vacilante y murió por ella. Y la
palabra es que después de que el Rey de Kou murió, la princesa de Kou y su hermano se unieron
a las brigadas de trabajo, junto con todos los demás. El reino se derrumbó, y no podían hacer
nada para detenerlo, y ellos, tomando la responsabilidad, se ofrecieron como voluntarios. Hasta
que el próximo rey sea elegido, trabajarán para salvar a su país desvastado. Entonces, ¿qué
hiciste?

—Pero… Mi padre nunca me pidió que hiciera nada.

—Te estás perdiendo lo importante de la pregunta. Eso es algo que tú debías tener en
cuenta.

—Pero…

—¿No sabías nada? ¿Nada de lo que las princesas de otros reinos estaban haciendo?

—¡No lo sabía!

—Entonces debías de estar informada. Yo se más de Hou, que la princesa real de Hou.

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¿No te parece que eso es más embarazoso que llevar un vestuario andrajoso?

—Pero… —empezó a decir, y se tragó el resto. No sabía qué decir a continuación.

—¿El uso de la lana te avergüenza? La mayoría de la gente del mundo desgasta la lana.
Nadie debe avergonzarse de llevar lo mejor que su trabajo puede permitir. Luego están los que
no trabajan y usan seda. Nadie más se preocupa por eso. A nadie le gusta ese gorrón de, sin
levantar un dedo, se consigue algo que nunca podría permitirse en toda una vida de trabajo.
Eso debería ser obvio. Si conoces a alguien que tiene todo lo que haya perdido, sin un gramo de
esfuerzo, te molestaría, ¿no?

Shoukei cerró la boca, sin decir nada.

—Algo que te daban sin ningún esfuerzo a tu propia demanda a su vez. Eso nunca lo
entendiste. Por lo tanto, es por eso su resentimiento.

Shoukei golpeó el suelo con el puño.

—¿Estás diciendo que todo es culpa mía? ¡Todo lo que pasó es porque yo no estaba
bien! —No lo podía admitir y tampoco quería hacerlo—. ¡Mi padre nunca me pidió que hiciera
cosas así! ¡Mi madre me decía lo mismo! ¿Qué se suponía que debía hacer? No me dejaron ir a
la universidad. No tuve la oportunidad de aprender ninguna cosa. ¿Y todo eso es mi culpa? Hay
un montón de gente así, muchas personas que viven una vida rica y confortable. ¿Por qué todo
tiene que caer sobre mis hombros?

—Tenemos razones que se cosechan sembrando razón. Beneficiarse de lo contrario es


un error. Y esconderse detrás de los beneficios necios ilegítimos de nadie.

—¡Pero…!

—Había montañas de vestidos de seda, ¿no? Podría decirse que eres una experta en
vestidos de seda, ¿no es así? Pero, ¿tienes alguna idea de cómo se hicieron todos esos
adornos? ¿Te has parado a pensar en la cantidad de trabajo que tuvo y que se te dio a ti en
primer lugar? ¿Por qué los siervos vestían prendas hiladas a mano y usted llevaba seda? Hasta
que entienda eso, no sabrá nada, eso es lo que estoy diciendo.

—¡No te oigo! —Shoukei se tiró al suelo y se tapó los oídos—. ¡Ya cállate!

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Capítulo 35
—Bueno, vámonos.

A instancias de Rakushun, Shoukei recogió sus cosas. La noche anterior, había llorado
hasta quedarse dormida. Él la despertó en la mañana. En la taberna, calentó su cuerpo frío en
un cuenco de gachas y se fueron. Él no dijo nada y ella guardó sus pensamientos para ella
misma.

Salieron de la ciudad a pie y siguieron adelante hacia el este. La nieve no era tan pesada
en Ryuu como en Hou. Sin embargo, un fuerte viento y frío soplaba en su lugar. Era la época
más fría del año. Si no se tenía una bufanda de lana gruesa envuelta en la mitad de la cara,
carámbanos de hielo pequeños se iban formando en la punta de la nariz. Y si no se mantenía el
cabello cubierto, se convertía en una capa de hielo.

Mucha gente viajaba en carros tirados por caballos. La cama en la carreta se llenaba
de paja y trapos y cubierto con una lona gruesa. Junto con el calor del brasero, se compartía el
calor, junto con sus compañeros de viaje. Los agricultores de las comunidades vecinas
contrataban los vagones, mientras que los campos estaban en barbecho. Hou tenía un
sistema similar, pero en su país de origen no utilizaban carros tirados por caballos, sino trineos.

—Entonces, ¿de dónde provienes?

Los viajeros que iban con frecuencia eran niñas o mujeres mayores. Los hombres sanos
caminaban junto a la carretera. La chica que estaba junto a Shoukei le hizo la pregunta.

Shoukei abrazó el onjaku contra su pecho.

—Hou —dijo. El onjaku era un recipiente de metal redondo lleno de brasas. La


superficie estaba grabada con un entramado de pequeñas ranuras y crestas y el interior estaba
lleno de lana de acero. Este tipo simple de onjaku era colgado alrededor del cuello y lo
mantenía a uno caliente cuando salía en invierno.

Traducido por EED_Wolf -236-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Hou no está muy bien. El rey fue derrocado.

—Ah… sí.

Envuelto en tela pesada, el interior del carro estaba oscuro, iluminado por una sola
lámpara.

—¿Y tú, niño? —preguntó a Rakushun. Por debajo de la bufanda pesada, Shoukei rió para
sus adentros.

—Yo nací en Kou.

—Oh, ¿no murió el rey de Kou el año pasado? Hace tres años fue Hou, y el
penúltimo año murió la reina de Kei. Tai está en esa condición ahora. Estos son tiempos
turbulentos.

—Ryuu lo está haciendo bien. El rey es de larga duración.

—Sí —rió la chica—. Pero no como la larga duración del rey de En. Pero ya como Hou y
Kou, estamos bendecidos por lo que tenemos.

Shoukei se puso a pensar en lo que vio en el camino. Había asumido que era un reino
rico, pero el paisaje era más desolador de lo que había esperado. Casi no había edificios altos.
Las ciudades estaban hacia fuera de la tierra como si se aferraran a ella.

Cuando interrumpió para hablar acerca de eso, la chica y los otros viajeros se
echaron a reír.

—Las casas en Ryuu están bajo la tierra. Los inviernos son largos y los veranos frescos,
por lo que se entierran en el suelo. Ricos o pobres, todas las casas son grandes.

Ella le dijo aparte que el noreste era empapado por las lluvias y en la costa del Kyokai
las casas de Ryuu eran grandes salas subterráneas. Debido a los climas fríos, el reino no tenía
gran industria, pero era rico en piedra. Se extraía la piedra, se construía las casas bajo tierra,
conectaban los sub-sótanos juntos, e incluso un túnel de pequeños caminos subterráneos.

—Wow —Shoukei no sabía nada de los otros reinos. Ella nunca había salido antes de Hou.
No se había asociado con los ciudadanos de otros reinos. Había pasado su vida confinada en el
palacio imperial. Y sin ningún interés en lo que estaba pasando en el mundo a su alrededor, la
idea de los caminos subterráneos le fascinaba.

Traducido por EED_Wolf -237-


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—¿Qué pasa si el aire se pone malo? ¿No se congestiona allí?

—Oh, la ventilación se encarga de ello.

—Pero no hay luz solar ahí. ¿No es horrible la oscuridad?

—Hay tragaluces. En Ryuu, los patios de las casas se extienden hacia abajo en el suelo. La
luz irradia desde ahí. No es oscuro ni sombrío en absoluto. Las habitaciones agrupadas
alrededor del patio son muy cómodas.

—¿Y los túneles?

—Los túneles se construyen con el mismo principio. ¿No lo has visto? Por los túneles
más grandes, los tragaluces largos y estrechos corren por el centro de la calle principal.

Ahora que lo pensaba, Shoukei recordaba haber visto el largo y estrecho cobertizo de
estructura similar de una carretera. Sin embargo, ellos no tenían techos. Se había preguntado
qué eran.

—¿Esas son claraboyas? ¿Qué pasa con la lluvia? ¿No se acumula agua ahí? La
muchacha sonrió.

—No llueve mucho ahí.

Shoukei asintió con la cabeza. Ella miró a Rakushun.

—Esa posada no tenía habitaciones subterráneas, ¿no? Pero si buscamos, debemos ser
capaces de encontrar uno.

—Las habitaciones subterráneas no son para los huéspedes, sino sólo para el dueño y
su familia. Eso es porque los impuestos en Ryuu se basan en el tamaño de la parte subterránea
del edificio. Añadir un suplemente de negocios en la parte superior ya es muy costoso.

—Oye, niño, sabes mucho.

Rakushun torpemente se rascó la oreja. La chica no prestó mucha atención a su


reacción y sonrió.

—Ryuu es un buen lugar. No crecemos mucho con el trigo, pero tenemos una gran
cantidad de minas, canteras y fuentes de piedras preciosas. Y madera. Realmente hemos sido
bendecidos.

Traducido por EED_Wolf -238-


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—Hay minas en Hou, también. ¿Y qué pasa con la ganadería?

—Lo hacemos. Pero no hay buen pasto. ¿Tienen buenos caballos en Hou?

—Y bovinos y ovinos. Muchos de esos.

—Estamos criando en Ryuu también, pero no muchos. No podemos hacer crecer el


suficiente forraje en verano. Sin embargo, lo hacemos bastante bien para nosotros.
Nuestro rey es una buena persona, también. Los inviernos son muy malos, sin embargo.

—Es realmente frío. Yo no me lo esperaba.

—La gente dice que es mejor que Tai. Dicen que si sales de noche, la nariz se congela
hasta la miad. Incluso durante el día, si no cubres tu cara, tu nariz se congela.

—Oh —exclamó Shoukei—. Son reinos muy diferentes. Yo no era conciente de eso.

Ella había pensado que eran como Hou, cerrado durante el invierno por la nieve que se
derretía en verano, regando mares de hierba.

La chica miró a Rakushun.

—¿Es cierto que en sur incluso se puede dormir a la intemperie durante el invierno?

¿Qué se puede cosechar trigo dos veces al año?

Rakushun agitó la mano.

—Sí, puedes recoger las cosechas dos veces al año. Pero eso no significa que puedas
dormir a la intemperie en el invierno. Aunque en Sou, la más meridional de los reinos, podría
ser posible.

Shoukei espetó:

—Los inviernos en Kei son probablemente calientes.

—Me pregunto —suspiró la joven—. Kei justamente coronó una nueva reina. El reino
parece que se establecerá muy bien.

Shoukei no tenía nada que decir en respuesta.

—Debe de ser muy difícil cuando un reino empieza a fallar. Los refugiados de Tai están
en mala forma. Si su casa se quema allí, seguramente morirán de frío.

Traducido por EED_Wolf -239-


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—Sí.

—Tai está totalmente en caos. Recientemente, youma han aparecido incluso cerca de
Ryuu. Yo nunca he visto uno, pero eso es lo que dice la gente.

Inconcientemente, Shoukei se encontró mirando a Rakushun.

—Para empeorar las cosas, el clima en los últimos tiempos ha ido empeorando. El norte
se ha visto con una cantidad récord de nieve. Las ciudades más pequeñas están totalmente
aisladas y la gran preocupación del hambre se está estableciendo ahí. Tenemos un buen rey, por
lo que nadie sabe por qué.

La carreta crujió. El sonido golpeó a Shoukei como un crujido del mismo reino. El reino
se estaba oxidando desde arriba. Si un tribunal del condado podía estar dañado, y luego por
encima de todo debía estar corrompido hasta la médula. El reino se dirigiría en una trayectoria
descendente.

Sin rey en el trono, el reino se sumía en caos. Los desastres naturales continuarían y
arrasarían los youma. Las casas se prenderían fuego e inundaciones, la gente no tendría
manera de sobrevivir al invierno. Shoukei recordó los inviernos fríos en el orfanato. El clima
mejoraba durante el verano, pero las langostas devoraban los brotes de trigo, dejando a la
gente sin nada que comer. Heladas o inundaciones, en cualquier caso, el hambre no se quedaba
atrás.

Esto es, sin duda, el tipo de caos en el que Hou se ha sumergido, Shoukei pensó, un
pensamiento que no se le había ocurrido antes.

Se apearon del carro a las puertas de la ciudad.

—Realmente no se nada —confesó Shoukei cuando se dirigían a la posada. Rakushun no la


contradijo. Él dijo:

—Pero a partir de ahora, si hay algo que no sepas, necesitarás aprender. Yo no tengo
ningún problema con eso.

Shoukei se detuvo.

—Más vale tarde que nunca, ¿no?

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Había una gran cantidad de cosas que tenía que aprender, y rápido. Acerca de Hou, sobre la
política nacional, sobre los otros reinos, de los reyes, reinas y princesas.

—Lo que no sabías acerca cuando era la princesa real de Hou se volverá en tu contra.
Esa lección debe de ser muy bien resuelta ahora. La penitencia verdadera está todavía en el
horizonte, pero tu vida como ser humano ha hecho más que empezar. En este punto, todavía
eres una niña. No hay necesidad de darte prisa.

—¿Tú crees?

—Hay algunas cosas en este mundo a las que nunca se puede volver. Tu vida como
princesa real ha terminado. No hay recuperación de ese pedazo del pasado. ¿No crees que
sería mejor abandonarlo por completo y considerar en cambio, lo que hiciste mal y aprender de
eso?

—Supongo.

—Las trampas de la realeza son un obstáculo. En cualquier caso, perder el trono una vez
se ha ido para siempre. En cuanto a ir, como una persona ordinaria es mucho más fácil.
Mientras que todavía estés viva, siempre hay tiempo para una segunda oportunidad.

—Sí —dijo Shoukei, mirando hacia abajo, al hanjuu. Su suave pelaje gris carbón parecía
bastante cálido a los ojos y hermoso, los bigotes brillantes, plateados muy bonitos. —
Sabes, se me acaba de ocurrir, pero tú debes de estar probablemente muy a gusto.

Rakushun se echó a reír.

—Por ahora. Llegado el verano va a ser realmente molesto. Shoukei


rió por lo bajo también.

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Capítulo 36
—Disculpe, Enho, pero, ¿te importaría si me deja libre hoy?

Después del desayuno, Youko se acercó a Enho cuando salía de la escuela primaria.

—No, en absoluto. ¿A dónde? ¿Vas a llegar tarde?

—Deberías estar en casa antes de que cierren las puertas. Voy a Takuhou. Enho subió
ato sus cejas blancas tupidas. Se inclinó hacia delante y dijo:

—¿Por qué ahora, de la nada esto?

—Me gustaría ir a ver la ciudad. ¿Pasa algo?

Enho vaciló un momento y luego sacudió la cabeza, desviando la mirada.

—Adelante, echa un vistazo. Está todo muy bien por mí.

Con ese comentario críptico, Enho dio media vuelta y salió por el patio. Youko frunció
el ceño mientras lo veía pasar, preguntándose.

—¿Qué fue eso?

El Barranco Gousui formaba la frontera entre la provincia de Ei y la provincia de Wa.


Cruzando el puente colgando sobre el abismo llevaba a la prefectura de Shisui. Era
entonces cuando un viaje en carro de medio día hasta la capital de la prefectura, Takuhou.

Youko se sentó en la parte trasera de la camioneta y se puso una chaqueta. En el Reino


de En, este tipo de puentes colgante se utilizaban únicamente en los ríos anchos. Y el cruce del
río estaba muy bien organizado. Los vagones eran transportados por el río en botes. En Kei,
había que bajar de la carretera. No había muchos puentes en primer lugar.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Los puentes sobre quebradas en Gousui se limitaban a los lugares donde un ferry no
podía cruzar el río. Como se trataba de un puente colgante lo carros tirados por caballos
no lo podían atravesar, lo pasajeros tenían que bajarse y hacer el paseo que conectaba al
otro lado. Sin embargo, un puente que se podía cruzar era la mejor alternativa. En general, los
barrancos, ni siquiera podían hacer eso y tenían que desviarse por mucho tiempo.

Kei es pobre, pensó, observando a los pasajeros a la orilla contraria a la espera de

vagones para recogerlos. Al comparar a Kei con En, era algo sin sentido, sin embargo.

Al llegar a Takuhou después de un viaje de medio día, vio el caos que había
asustado mucho más a la ciudad de Hokui. En Hokui, las viviendas dañadas habían sido
derribadas y nuevas estructuras se estaban construyendo. En todo Takuhou, los restos de los
edificios quemados y medio destrozados quedaron abandonados. Casuchas alineadas
toscamente en la tierra sin reclamar fuera de la ciudad. El hosco aspecto de los grupos
colgados alrededor de fogatas, la clase de refugiados que no llegó a ver en Hokui.

La Provincia de Ei lo estaba haciendo muy bien. El señor provincial de Ei era el Taiho,


Keiki. Además, como en Hokui, los ciudadanos del Ducado Amarillo podrían esperar un
alivio en los impuestos. El marcado contraste en Gahou, la mala fama del señor de la
provincia de Wa, estaba a la vista.

Ella se bajó del carro y le pagó al conductor. Pasó por la puerta, escuchando el susurro
de Hankyo. Siguiendo sus instrucciones, ella se dirigió al a esquina suroeste de la ciudad.

Más allá de una determinada calle, la hilera de casas se volvieron más pequeña y tosca. En
poco tiempo, las cosas se pusieron aún peor. Los niños hambrientos en la calle. Los ojos
indiferentes de los adultos en cuclillas en los parches de luz solar. Inconcientemente,
Youko se encontró aferrándose más al abrigo que llevaba cónsul mano izquierda. Con la
derecha agarró la empuñadura de la espada en el interior de su chaqueta.

Ahí, una voz baja le susurró desde los talones.

Youko miró de un lado a otro de la calle. En comparación con el estado de todo lo demás
a su alrededor, una de las casas se encontraba en un estado bastante bueno. Como era de
esperar, cualquiera que quisiera hacer negocios en ese tipo de barrio en primer lugar debería
preservar la reputación del establecimiento.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Youko se acercó a la taberna, entró por las puertas abiertas. En el interior había varios
hombres vestidos con recelo, incluso en comparación con el tipo que había esperado que esté en
ese tipo de barrio. Sus miradas se detuvieron en Youko.

—¿Qué quieres, chico?

De pie, en la parte de atrás, estaba el hombre que había visto en Hokui.

—Sólo me detuve a preguntar en el camino. ¿Tienen un restaurante por aquí?

Los hombres ya habían encontrados otras cosas en qué ocupar su atención. Un solo
hombre se le acercó y le ofreció una silla a una mesa cercana.

—Toma asiento. ¿Te has perdido?

—Parece que sí.

Youko se sentó en la silla. Sentía la sensación de algo que se arrastraba por su espalda,
Jouyuu se estaba manifestando. Jouyuu era uno de los shirei de Keiki. Él vivía dentro de ella, y
ahora estaba tenso. Presintiendo el peligro, se estaba preparando y se lo advertía. De hecho,
aunque los hombres en las mesas a su alrededor no la miraban, sabía que estaban centrados en
su presencia.

—Oye, tú —El hombre plantó su mano sobre la mesa y se inclinó sobre ella. El delgado
anillo envuelto alrededor de su dedo grueso y nudoso le dio una extraña impresión a ella. —¿Eres
una chica?

Youko lo miró.

—Sí, lo soy.

El hombre se rió.

—Diablos, lo eres.

—Me lo tomo como un cumplido. ¿Este es tu lugar? —El hombre asintió con la cabeza.
Youko lo miró a los ojos y sonrió—. ¿Nos conocemos? ¿En Hokui?

—No —gruñó el hombre—. No que yo recuerde.

Por la expresión de su rostro, Youko no podría decir si realmente no la recordaba o si sólo


estaba fingiendo no hacerlo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Tienes que estar bromeando, ¿vienes a verme?

—Sólo tenía la sensación de haberte visto antes.

Youko no continuó con el asunto. Todo el lugar era sospechoso, el hombre, la taberna.
Ella tendría que enviar a Keiki para saber qué es lo que exactamente hacen.

—Bueno, recuerdo haber preguntado para conseguir algo para comer.

El gran hombre exclamó con asombro por lo bajo. Él la miró a ella con algo que se parecía a
la admiración.

—Bueno, eres valiente. ¿Tienes dinero?

—¿Me está diciendo que es un lugar caro?

—Condenadamente caro.

—Bien, entonces —dijo Youko, poniéndose de pie—. Talvez he venido al lugar


equivocado. Así que, ¿cuál es la mejor forma de volver a la calle principal?

El hombre dio un paso adelante.

—¿Quién eres tú?

—Una viajera.

—¿Esperas que me crea eso? Tienes muchas más agallas de las que se ajustan a tu figura.

Los hombres a su alrededor se pusieron de pie. Con sus ojos deslizándose hacia ella.
Youko agarró la empuñadura de la espada en el interior del abrigo.

—¿Qué has venido a hacer preguntas?

—Yo necesito la dirección.

—¿Me tomas por tonto?

Estaban por todos lados. Seis hombres fornidos. Youko asió más firme la espada, cuando
una voz inesperada dijo en voz alta.

—¡Todo el mundo, deténgase!

Youko echó una mirada en dirección del grito. Los hombres también se volvieron hacia
la parte trasera de la taberna. Cuando el gran hombre se volvió, abrió una gran brecha en la

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pared humana. Ella vio a un chico ahí, tal vez de catorce o quince años. Él parecía muy pequeño
en medio de todos esos hombres grandes.

Se acercó a ellos, tomó al hombre grande por el brazo.

—Deja que se vaya —Él le dijo a Youko: —Puedes irte ahora.

—Hey —El gran hombre trató de liberarse. El chico envolvió su brazo alrededor de manera
suplicante. También llevaba un anillo en su dedo. Youko lo memorizó.

—Lo siento si parece un poco intimidante. Ellos no tienen mucha experiencia al estar
con mujeres.

—Oh.

Continuando tirando del brazo del hombre grande, apretó su mejilla contra la parte
superior del brazo del hombre y sonrió.

—Por favor, no lo tomes como una ofensa.

Youko asintió con la cabeza. Giró sobre sus talones. La pared de hombres se rompió
de mala gana. Empujó a través de ellos hasta la puerta, mirando brevemente por encima de su
hombro al joven. Después enderezó la cabeza y salió de la taberna.

—¿Por qué la dejaste irse, Sekki?

El hombre grande observó a la chica salir y luego centró su atención en el chico


colgando de su brazo. El muchacho tomó aire y lo dejó escapar. Se enderezó y se echó a reír.

—Yo no lo hice por ella. Lo hice por ti, hermano mayor.

—¿Me estás diciendo que una cosa tan pequeña como ella podría haberme vencido?

—Eso no era una valentía normal —Sekki miró hacia la puerta por donde la chica acababa
de salir—. Esa era una chica peligrosa.

—¿Qué?

—Cuando puso su abrigo en la silla, hizo un sonido bastante pesado —Sekki entrecerró
los ojos—. Teniendo en cuenta la duración, yo diría que era una espada. Una espada larga.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Todos los ojos del lugar se volvieron hacia la puerta.

Youko caminaba por las calles con sentimientos tristes claramente insatisfechos.

Algo está pasando.

El gran hombre era sin duda el que había visto en Hokui. Por otra parte, los
hombres dando vuelta dentro de la taberna era un grupo duro y le dieron un mal ambiente.
Apenas la clientela típica. Y luego ese niño. Youko juntó las cejas.

Se acercó a la calle principal. Ella levantó la cabeza. Desde la intersección delante de ella
llegó un grito. No de una o dos personas, sino gritos de muchos. Y el sonido de ruedas a la
carrera a lo largo de la tierra, el golpeteo de los cascos de caballos.

Youko corrió por el pasillo y hacia la calle principal. Vio un carro huyendo por la calle.
La gente que estaba alrededor estaba en estado de shock. El cuerpo de un niño estropeado en
el suelo

Los rayos oblicuos del sol bañaban la avenida enana blanca sombra pálida.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 37
Finalmente, Suzu pudo bajar del carro y estirar su adolorida espalda. Habían llegado a Takuhou,
la ciudad más occidental de la provincia de Wa. La provincia de Ei no estaba mucho más allá de
esa ciudad. Y después de eso, sería un viaje de no más de cinco días.

Ayudando a Seishuu a bajar del carro, Suzu no pudo evitar sonreír.

—Mañana estaremos en la provincia de Ei.

—Sí —sonrió Seishuu a su vez, y luego cayó al suelo. Eso sucedía mucho más,
últimamente. Justo cuando se estaba levantando, sus rodillas cedían.

—¿Estás bien?

—Si tú me cuidas voy a estar bien.

—Cuando estés bien, voy a trabajar como un caballo.

Seishuu se echó a reír. Por supuesto, ella no podía llevarlo a todas partes, mientras buscaba
una posada, ella fue a preguntar al conductor si podría cuidar de él durante un tiempo.

—Sólo hasta que encuentra una habitación, si no le importa.

—Está bien, pero vuelve antes de que cierren las puertas.

Las puertas de la ciudad cerraban al atardecer. Después de eso, no se podía ir ni venir.


Suzu observó el cielo. El sol todavía no estaba tan bajo en el cielo.

—Estaré de vuelta tan pronto como sea posible.

Seishuu se sentó junto a la puerta y vio a la gente caminando de aquí para allá. A pocos metros

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de él, el conductor hacia girar los pulgares.

—Oiga, señor, usted puede irse ya, si quiere.

Cuando el hombre se volvió hacia él, Seishuu sonrió y señaló más allá de las puertas.
Por alguna razón u otra, las palabras rara vez salían correctamente de su boca. A menudo la
gente lo malinterpretaba. Pero él no era conciente de sí mismo. Suzu lo podía entender, pero
los demás no podían, no importaba cuántas veces se lo repitiera.

—Puede irse. Está bien —Seishuu se puso de nuevo de pie. Se tambaleó un poco pero
pudo establecerse.

Cuando el hombre se dio cuenta, sonrió a su vez.

—¡Gracias! —gritó y corrió de vuelta a su carro. Había gente en la casa esperando por él.
Hizo un gesto mientras conducía a través de la puerta.

Seishuu lo saludó con la mano. Luego, miró a su alrededor. No vio a Suzu. Estaba aburrido,
pero si no se quedaba ahí, probablemente se acabarían perdiendo el uno al otro. Mientras
tanto, vagaba por la puerta. El camino curvo externo corría alrededor de la ciudad justo por el
interior de las paredes. Los puestos en la avenida bordeaban ambos lados, estrechando un poco
la carretera, pero seguía siendo algo ancha.

Seishuu se tambaleó a lo largo, pidiendo disculpas a la gente que golpeaba. Se acercó


a mirar por la puerta. Las voces de los vendedores ambulantes cantaban a lo largo de la
multitud. Desde algún lugar cercano llegó el sonido de música callejera. La música con espíritu
que fluía a su alrededor. Tratando de ver de dónde venía, salió a la calle.

No oyó el sonido del carruaje tirado por caballos, ahogado por la música. Ya que iba
corriendo hacia él desde la derecha, no lo vio. Estaba ciego de ese lado.

La mirada del hombre que directamente se fijó le dio a entender que les decía a los dos
caballos que siguieran su camino. Se apresuró a tratar de saltar fuera del camino, pero para
Seishuu, que últimamente no podía ni caminar en línea recta sin poner un pie con calma
cuidadosamente frente al otro, por lo que era casi imposible. Se tambaleó,

lejos de salir del camino, cayó al suelo frente al carro.

El carro se detuvo precipitadamente. Los caballos relincharon. Esto es complicado, pensó

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Seishuu. El carro estaba con detalle en opulencia, una propiedad aristocrática. Se

había ganado seguramente una paliza por obstruir el camino.

—¿Qué estás haciendo? ¡Fuera del camino! —Una voz de censura sonó desde el interior
del carro.

—Lo siento —murmuró Seishuu. Se apresuró en ponerse de pie, pero tropezó con sus
propios pies.

—¿Qué hace ese mocoso bloqueando mi camino?

—Lo siento, señor. Ya lo ve, no lo estoy haciendo muy bien.

Un hombre vestido con una túnica ministerial lo fulminó con la mirada. No podía
entender a Seishuu. Seishuu se arrodilló e inclinó la cabeza.

—No podría importarme menos. Vamos —La voz del hombre en el interior estaba
mezclada con la risa.

Seishuu desesperadamente trató de levantarse y cayó hacia debajo de nuevo. Una vez
más. Ahora, como eso, lo triturarán de una forma inconcebible. De nuevo intentó levantarse,
escuchó el sonido del carro comenzando a rodar, con el complemento estridente del látigo. Los
caballos relincharon y se lanzaron directamente hacia él.

Él intentó de nuevo salir fuera del camino, pero sus piernas no cooperaban. Tenía que
intentarlo aunque sea arrastrándose, pero, de repente, la energía se había ido de su cuerpo.
Inútilmente arañó la tierra y se desplomó en el suelo. Los cascos del caballo levantaron una
nube de polvo sobre su cabeza. Sus pensamientos se detuvieron. No había nada que se le
ocurriera en qué pensar. Hicieron eco los gritos del lugar.

El carro se precipitó sin pausa. A continuación, desaceleró y reanudó su ritmo pausado. Su


comitiva siguió después, pasando por la calle como si nada hubiera pasado. Todos los demás
que habían visto la tragedia se desplegaron con los ojos helados de espanto. Dentro de un
espacio vacío dentro de la multitud estaba el niño pisoteado.

Muchos creían despertarse a si mismos para ayudarlo, pero fueron intimidados ante la idea
de que la comitiva vuelva hacia atrás. La pancarta que llevaba era la bandera del gobernador de
la prefectura. Ese era su carro. Su nombre era Shoukou. Hacer una escena en su presencia

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era algo arriesgado. Todos los que vivían en la calle habían aprendido esa lección.

El niño gimió. Sí, todavía podía ser salvado. Sin embargo, esperar al menos hasta que el
transporte de Shoukou doblara la esquina.

El niño levantó la cabeza un poco y luego se dejó caer. Oyó el sonido del propio cráneo
salpicando en su propia sangre. Una vez más trató de levantar la cabeza y buscar ayuda, pero no
pudo.

La gente se detuvo en la calle y lo miraron con sus ojos vacíos. Nadi iba a ir en su rescate.
Quería levantarse, pero no podía.

Me duele, Suzu.

Alguien salió corriendo de un callejón cercano. Ella se detuvo, dio media vuelta con una
gracia extraordinaria y corrió hacia él.

—¿Estás bien?

Se arrodilló junto a él. No tenía idea de quién era. Sus ojos estaban creciendo tan tenues
que todo lo que podía ver era que sus pantalones estaban empapados de color rojo.

Ella gritó:

—¡Alguien que traiga un carro! —Seishuu sintió su cálida mano sobre su hombro. Ella le
dijo: —Espera.

—Oh, maldita sea, me estoy muriendo.

—Vas a estar bien.

—Suzu llorará por mí —Y una vez que comenzara, seguiría llorando. Es una decepción.

Nada más pensó en eso.

Suzu pasó por encima del poste junto a la puerta. Seishuu no estaba sospechosamente por
ningún lado. ¿Dónde se fue?, se preguntó, mirando a su alrededor. No muy lejos, un grupo de
personas estaba reunido. Algo estaba pasando. Un viento extraño sopló por la avenida.

Finalmente se acercó a los espectadores, preguntando:

—¿Han visto a un niño cerca de esta altura? —Ella se desvió dentro de la multitud. Aunque
había un buen número de ellos reunidos, estaban envueltos en el silencio. —Um,

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¿han visto a un niño de pelo naranja?

Una voz gritó desde el otro lado de la multitud.

—¿Te refieres a este niño?

Suzu arañó a su paso entre la multitud y se congeló en el acto. Una persona que estaba
de rodillas en el suelo y junto a ella la forma estropeada de un niño.

—¡Seishuu!

Debió de haber colapsado. Su estado había ido empeorando en los últimos tiempos. Ella
corrió hacia él y se detuvo en estado de shock. ¿De dónde venía toda esa sangre?

—¡Seishuu! —Suzu se arrodilló, observando las caras a su alrededor—. ¿Qué pasó?


¡Que alguien llame a un médico!

—Es demasiado tarde.

Suzu se volvió bruscamente hacia esa fuente de voz tranquila.

—Pero si no conseguimos un médico.

—Está muerto.

Suzu miró a la muchacha con los ojos muy abiertos. Ella tenía la misma edad que ella, tal
vez un poco más joven, el pelo carmesí como un rojo vivo parecía casi teñido.

—No…

—¿Tu nombre?

Suzu negó con la cabeza. No era el momento para bromas. Tenía que acudir par obtener
rápidamente ayuda.

—Si tú eres Suzu, pidió que no llores por él —La chica bajó los ojos—. Estoy bastante
segura de que es lo que él deseaba que te diga.

—¡Esto no puede ser! —Suzu tocó su cuerpo. Aún estaba caliente al tacto. —

¡Seishuu!

¿Cómo se hizo esa herida terrible? Su pelo de color particularmente naranja, de modo
con todo lo relacionado con él, estaba salpicado con sangre. ¿Por qué sus brazos y piernas

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estaban doblados de esa forma? ¿Por qué estaba su pecho hundido así?

—No, no es cierto… ¿verdad?

Pero iban a Gyouten. Iban a conocer a la Reina de Kei y ella iba a curarlo. Suzu tomó el
cuerpo del niño en sus brazos, abrazándolo como un rehén rescatado del enemigo.

—¿Qué pasó?

—No sé. Cuando lo encontré, ya estaba así en la tierra. Sospecho que fue pisoteado por
un caballo.

—¿De quién? —Suzu interrogó a la gente de a su alrededor, en busca de un villano. Todos


ellos negaron con la cabeza. —¡Bastardos! —¿Quién podría hacer tal cosa? Ella apretó los
puños, haciendo eco esa pregunta una y otra vez en su mente—. Seishuu…

¡los bastardos que hicieron esto…!

El tambor sonaba, anunciando el cierre de la puerta. La multitud se desvanecía de a uno o


de dos. En poco tiempo, ya no quedaba nadie en la calle, sólo Suzu llorando y el cuerpo del
niño.

—Seishuu, Gyouten está ahí delante de nosotros.

Traducido por EED_Wolf -253-


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Parte X

Capítulo 38

—¡Youshi! ¡Estás cubierta de sangre!

La voz de Rangyoku clamó tan pronto Youko se quitó el abrigo. Youko negó con la cabeza.

—No es mía. Me encontré un niño herido en Takuhou.

—¡Dios mío! ¡Dios mío!

—El niño fue atropellado por un coche. Todo esto me da un mal presentimiento.

Con el cierre de las puertas acercándose rápidamente, había dejado Takuhou a toda prisa,
fue en Hankyo hasta que llegaron cerca de Hokui y llegó con el tiempo justo.

—El coche ya estaba fuera cuando llegué ahí, pero la única conclusión que puedo llegar es
a que ése fue el responsable. Sin embargo, no se detuvo y nadie lo persiguió.

—Bueno, ese debe de haber sido Shoukou.

—¿Quién? —preguntó Youko, inclinándose hacia ella.

Rangyoku regresó a su silla en la sala principal y continuó con la costura que había
interrumpido.

—El gobernador de Shisui. Si se trataba de un coche de lujo , probablemente era él. Nadie más
que el gobernador montaría un coche así.

—¿Él es muy conocido?

—Muchísimo. Una bestia como él no se asociaría con gente insignificante como


nosotros. —Rangyoku frunció el ceño—. Hay gente en Hokui que huyen de Shisui. No se oye
tanto sobre él últimamente. Ellos dicen que los guardias de las prefecturas en la frontera
inspeccionan a todo el mundo que trata de salir. Muchos rumores malos salen de ese lugar.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿En serio?

—Tenemos suerte, estando en el dominio del Taiho y todo. He oído que el marqués de Wa
es una persona realmente horrible. Hace mucho tiempo, solía ser el duque aquí.

—Eso es lo que Enho me dijo también. Rangyoku


asintió con la cabeza.

—La gente dice que era realmente horrible en ese entonces. Gracias a Dios, fue enviado
a la provincia de Wa. Debe de ser difícil para la gente de Wa. No hay garantía de que nuestra
forma de vida pacífica continuará para siempre. Vivimos ahora en el Ducado Amarillo, pero no sé
si eso va a ser cualquier pasada. Incluso si nos quedamos en el Ducado Amarillo, cuando
cumpla los veinte me mudaré a una casa, y podría estar en Wa.

—Sí, supongo que sí.

—Sería mejor si pudiera encontrar una buena persona en los próximos dos años —
Rangyoku se echó a reír. Youko inclinó la cabeza con curiosidad—. Encontrar un buen tipo en
Hokui y casarme al mismo tiempo puedo recibir mi partición. Si estoy registrada a su nombre,
podrían transferir mi partición a su pueblo. Si hay tierras disponibles, es decir.

Youko parpadeó varias veces.

—¿Esa es la razón para casarse?

—De dónde se obtienen las particiones es muy importante. ¿Sabes lo que es un


intercesor?

Youko negó con la cabeza.

—No.

—Ellos presentan un socio de unión, establecen las condiciones y los arreglos para la
reunión. Por una cuota, se registra en el censo y se transfiere la tierra. Y después de eso, se
separan. Eso es lo que hace un intercesor.

—Eso es increíble.

—¿Tú crees?

—En Yamato, el matrimonio no es tan simple. Pues bien, recientemente, la gente se ha

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vuelto muy hábil para conseguir el divorcio, pero no es una cosa admirable de hacer. El dividirse
es simplemente bastante sorprenderse.

Rangyoku rió.

—Yamato debe de ser realmente un gran lugar. En mi caso, cuando encuentre a la persona
adecuada, vamos a estar juntos y tener hijos y formar una familia. Pero si la partición
termina en Wa, eso es lo que voy a hacer. ¿Sabías que la tasa de impuestos en Shisui es del
sesenta por ciento?

—¡Estás bromeando!

Los impuestos, por lo general, llegaban a un diez por ciento de la cosecha. Agregando en
contribuciones especiales para apoyar a los militares y la administración pública, no debe
exceder del veinte por ciento. Eso se estableció en la política.

—Los impuestos son en cantidad de un veinte por ciento, y hay impuestos del diez por
ciento. Un impuesto del veinte por ciento es para la construcción de puentes o diques. Un
impuesto de contingencia para la defensa contra los youma y la financiación de los orfanatos.
Todo ello suma el setenta por ciento.

—Eso es una locura.

La ley se basaba en la Ley de la Tierra y los decretos divinos, también conocida como la
Gran Columnata. Los decretos divinos eran las disposiciones directas por el Cielo. Ni siquiera
un rey las podía violar. Las leyes promulgadas por los reyes eran conocidas como la Ley de
la Tierra. Estaba prohibido por igual a los señores provinciales y gobernadores el derogar la Ley
de la Tierra. La tasa de impuesto se estableció de acuerdo con la Ley de la Tierra y era de un
diez por ciento. Los señores provinciales y gobernadores se les permitían imponer otro cinco
por ciento por encima de eso. La tasa actual de impuestos imperial se había reducido a ocho
por ciento y no se usaría la tasa suplementaria.

Eso es lo que dijo Youko.

—Esos impuestos no se permiten ahora. Además, no he oído hablar de cualquier


impuesto adicional que se imponga. Para empezar, ¿qué en el mundo son las de contingencia e
impuestos especiales? Los servicios deben de ser prestados por el Ejército Imperial.

Traducido por EED_Wolf -256-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Rangyoku dijo con una sonrisa nerviosa.

—Es por eso que dicen que Shoukou es un tirano. Realmente no puedo entender por qué
la reina mira para otro lado cuando hay gente como él en todo. —Cortó el hilo de coser y clavó
la aguja en el acerico—. Será mejor que prepare la cena. Tienes que cambiarte. Si Keikei ve
toda esa sangre, se caerá.

Youko salió de la sala principal y se dirigió directamente al estudio. Llamó a Enho y entró en la
habitación. Él estaba reemplazando un libro en la estantería. Cuando la vio, sus ojos se
abrieron.

—Youko, ¿de dónde es esa sangre?

—Ayudé a alguien en un accidente. No es por eso que estoy aquí. ¿Sabía usted que la
tasa de impuestos en Shisui es el setenta por ciento?

Enho suspiró.

—Ya veo. Has oído hablar de eso. Eso es porque eso que fuiste a Shisui.

—No es eso en realidad porque haya ido a Shisui, pero ¿es cierto?

—Es cierto. Cálmate.

—¡Yo no recuerdo nunca haberlo autorizado!

En respuesta a esta explosión, Enho volvió a suspirar y le mostró una silla.

—Perder los nervios no ayudará a nadie. Mira, Youko, la tasa de impuestos en Hokui es
del treinta por ciento.

Youko lo miró boquiabierta.

—¡Pero Hokui es del Ducado Amarillo!

—No importa qué tan compasivo sea el duque que podamos tener, no servirá de mucho
si no puede mantener un ojo en las cosas cada minuto del día.

Youko respiró hondo y se sentó abatida frente a Enho.

—No dejes que eso te desanime. Ningún monarca iluminado puede hacerse cargo de las
riendas del gobierno por sí solo. Sin ministros capaces de copiar su seguridad, el imperio de la
ley nunca se apoderará del reino.

Traducido por EED_Wolf -257-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Pero…

—Kei en los últimos tiempos no ha sido bendecida con los monarcas ilustrados.

¿Has oído hablar al pueblo de Hokui quejarse? Seguro que no. Si vuelves a Gahou, la tasa de
impuestos era del cincuenta por ciento. Bajo el Ducado Amarillo, es de un treinta por ciento.
Todo el mundo está muy agradecido por ello.

Youko no tenía nada que decir en respuesta.

—De los setenta por ciento de impuesto que impone Shoukou, el impuesto imperial trata un
diez por ciento. Gahou roza de un cuarenta por ciento. El veinte por ciento restante va para
Shoukou. Shoukou es un burócrata hábil con un don para la recaudación de impuestos, por
lo que Gahou tiene un especial interés. En cualquier caso, Shoukou parece ser precisamente el
tipo de persona capaz de criar ese cuarenta por ciento en Gahou.

—¿Pero por qué? —¿Por qué se permite que estas cosas sigan adelante? Youko se
encontró al borde de las lágrimas en su estado de impotencia, sin valor.

—De hecho, en la provincia de Wa los proyectos de recuperación están

prosperando. Hay diques construyéndose aquí y allá, más puentes aquí y allá. Gahou insiste
en que no es la recaudación de impuestos, pero se gasta el dinero que ya fue planteado a un
lado. Y si es la construcción de diques y puentes con el dinero, es difícil para el reino continuar
y lo critican. Sin embargo, los puentes en Wa tienden a venir cayendo. Aún cuando la lluvia
no cae. Parece una broma. Pero si todo el mundo dice que es porque los ingenieros están
reduciendo las esquinas, de nuevo, es difícil criticar directamente a Gahou.

—Así que se reduce a eso.

El Chousai, que tenía el Consejo Privado, lo había confirmado con el pulgar (aunque ahora
lo había degradado, se debería referir a él como el Taisai), Pero Seikyou y sus secuaces odiaban a
Gahou como las serpientes odian a los escorpiones. Todo eso, a pesar del veneno, tenía que
decir que Gahou nunca dejó un flanco abierto a los ataques. Si Seikyou no podía hacer
nada, entonces por debajo de un edicto imperial emitido por Youko misma, Gahou sería
podría ir un paso por delante de la ley. Muchas voces dentro de los ministerios clamaban por
un rescripto, pero muchos se opusieron con la misma vehemencia, diciendo que la
promulgación de rescriptos no se basa en la evidencia dura que podría hundir el reino en el

Traducido por EED_Wolf -258-


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caos. Incluso aquellos que se oponen se disgustaban por las acciones de Gahou, dejando en
claro que les era un personaje antipático.

—Pero Gahou y Shoukou no son los únicos funcionarios públicos que llenan sus
bolsillos. El reino está lleno de ellos. Arrestar sólo a Gahou y Shoukou no logrará nada. Otro
Gahou aparecerá pronto.

Youko levantó la cabeza.

—Pero es mejor que no hacer nada.

—¿Y en base a qué?

—Eso es…

—Shoukou es una bestia, pero Gahou le da protección, conseguir una orden judicial será
difícil. Si se tratara de alguien simple, ya se desharían de él.

—Hoy he visto a Shoukou matar un niño. Enho la


miró con sorpresa.

—¿En serio? ¿Eso es algo que Shoukou realmente hizo?

—Probablemente.

Youko le explicó la situación. Enho suspiró.

—Ya veo, y esa era la persona responsable. ¿Crees que será suficiente para
detenerlo?

—Pero…

—No dudo al afirmar que él era uno que estaba dentro del carro. Y si no, entonces verás
un montón de testimonios que no era el mismo coche el que mató al muchacho. No hay que
olvidar que Shoukou es un gobernador que puede ejercer ese tipo de poder.

Youko se mordió el labio.

—No es bueno dejar a un servidor público a sus propios medios, sino doblan la ley con el
fin de una retribución exacta, y la ley pierde su significado. Eso es un pecado mucho peor.
No hay que impacientarse.

Youko se inclinó y abandonó el estudio. Ella cerró bien la puerta de su habitación.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Hankyo, no me gusta imponerte, pero me gustaría que vayas al Palacio Kinpa.

—¿Sobre Shoukou?

—Sí. Tenemos que hacer algo. Dile a Keiki que me gustaría que investigara.

—A sus órdenes.

Con eso, la habitación quedó en silencio. Youko frunció el ceño. La imagen del niño se
levantó en su mente. Había estado tan demacrado. Sea o no Shoukou y si lo habían matado
deliberadamente, no lo podía decir.

—Es todo tan triste.

Y un niño tan pequeño. Si Shoukou lo había matado, eso se convertía en su


responsabilidad de mantener al monstruo en su cargo.

Las últimas palabras del muchacho se hicieron eco en sus oídos. No quería morir porque
no quería hacer llorar a Suzu. ¿Su hermana mayor? O… Youko de repente miró hacia arriba.

—¿Suzu?

Qué nombre tan extraño. No era un nombre común por ahí. Tal vez…

Debido a Youko fue incluida en el Registro de Hechiceros y todo se le traducía


automáticamente a ella, pero sus conocimientos lingüísticos eran cortos. Pensando en eso
ahora, no podía recordar en qué lengua había hablado la chica. Ni siquiera podía recordar
qué aspecto tenía. Sólo el dolor y la tristeza en sus ojos. ¿Por qué no lo había notado? ¿Por qué
no se había tomado el tiempo para preguntar?

¿Dónde naciste?

Youko echó un vistazo a su ropa manchada de sangre. Tengo que volver ahí, a Shisui.
Ella sacudió la cabeza. ¿Qué le diría a ella? Shoukou estaba suspendido en ese cargo a causa de
ella. En Kei, todavía hay leyes que discriminaban a los kaikyaku. No las había derogado. Si conocía
a una kaikyaku, ella no tendría nada que decir que valiera la pena escuchar.

—Realmente no valgo nada como monarca.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 39
“A mi modo de ver hay dos tipos de llantos.”

Es cierto, pensó Suzu, mirando el ataúd bajando a la tumba. Nunca había llorado
lágrimas tan desgarradoras. Los lamentos desgarraron su pecho hasta que ella estuvo sin
aliento, hasta que ya no quedó nada dentro de ella, estaba vacía.

En el triste santuario pequeño se quedó sola en el cementerio de la ciudad de


Takuhou. El ataúd como un barril estuvo quieto durante toda la noche y ahora

desaparecía en el agujero.

Para, Suzu le pidió al sepulturero con gravedad. No lo entierres. Es muy triste. Sabía
que su petición no tenía sentido.

Él la tranquilizó con una palmadita en la espalda y todo, pero soltó el ataúd de su

mano y lo tiró. Una vez más, repitió en vano la solicitud mientras él golpeó con una piedra
en la parte superior del ataúd y así la tumba se completó.

La forma redonda de los ataúdes representaba el huevo del cual las personas habían
nacido en ese mundo. De la cáscara en que naciste, a la cáscara que volverás. El Ranka que
contenía al niño y era sacado del riboku. Los padres tocaban el ranka con una piedra para
crear una grieta, un amuleto de buena suerte para asegurar un parto rápido. Después de esa
costumbre, se utilizaba un círculo, el ataúd-huevo se hacía de barro cocido, y luego,
presagiando la reencarnación de los muertos, se abría una fisura en su superficie de piedra.

El agujero se rellenaba, dejando tras de sí un pequeño montículo de tierra. Incluso


después de que el sepulturero enterró la tumba, Suzu se quedó ahí tontamente.

Ya lo sabía desde el principio.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Sabía que Seishuu iba a morir. En algún lugar en una parte posterior de su mente, ella
siempre había sabido que iba a suceder. Los síntomas eran demasiado graves. No podía comer.
Estaba muriendo. Estaba cada vez peor en todo.

¿Incluso la Reina de Kei podría haberlo salvado? La reina seguramente habría sido capaz de
hacerlo. Por otro lado, lejos de que todo saliera bien, no era probable ni que la reina ni los
médicos reales pudieran haber hecho cualquier cosa con él.

—Pero él no se merecía morir así.

¿Por qué tuvo que morir en un choque y luego huyó? Incluso si no hubiera muerto, no
habría vivido mucho más tiempo.

—Soy una idiota —Suzu se agarró a la tierra—. He puesto toda mi fe en la Reina de Kei.
¡¿Por qué no lo llevé a un médico y nos íbamos?!

Llevarlo a un médico podría haber resultado inútil también. Ese temor, unido a la
convicción de que la Reina de Kei lo salvaría, habían creado esas tontas expectativas.

Mejor hubiera sido que lo hubiera llevado a un médico e irse, justo después de que se

hayan bajado del barco. Si tan sólo no hubiera ido hasta ahí.

—Seishuu… lo siento —los sollozos todavía le llenaban la garganta. Sus lágrimas no se


habían secado—. Lo siento.

Una nube pasó por el sol. Suzu se quedó mirando su propia sombra.

—Señorita, las puertas se están cerrando.

Ella se volvió inexpresivamente hacia el sonido de la voz. Ella vio una figura de una persona
más bien pequeña con el pelo negro enmarcando su rostro. El muchacho le dijo:

—En Kei, todavía no es seguro quedar fuera de la ciudad en la noche. Suzu lo


miró.

—Déjame sola. No te preocupes por mí.

—¿Usted quiere ser comida por los youma? ¿Tienes algún deseo de morir?

—No lo entenderías. Ve adelante.

El chico no respondió. Por un rato, estuvo de pie detrás de ella, sentía sus ojos en su

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

espalda.

—¡Nadie entiende cómo me siento en absoluto! —exclamó ella. El


muchacho respondió en voz baja.

—El llanto de autocompasión no le da respeto a los muertos.

Los ojos de Suzu se agrandaron por la sorpresa. “Las personas lloran porque sienten
lástima de sí mismas.”

—¿Quién eres tú?

—Yo soy de Takuhou. ¿Volvemos juntos?

Suzu se puso de pie. Una vez más miró hacia abajo, al pequeño montículo de tierra.

—¿Sabes quién era?

—Todo el mundo lo sabe. ¿Vienes de Sou?

El joven le tendió la mano. Suzu la tomó. Él tenía una palma muy cálida y delicada. Ella le
dijo:

—Este niño era de Kei. Huyó del reino y se fue a Kou. Luego huyó y se fue a Sou. Y ahora,
volvimos a Kei.

—Ya veo —se dijo el chico a sí mismo. Volvió a mirar el montón de tierra—. Eso es triste.

—Sí —asintió con la cabeza Suzu. Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Sin dejar de llorar,
de la mano con el chico, regresaron a la ciudad.

—¿Eres de Takuhou?

Regresaron a la ciudad justo cuando estaba cerrando las puertas. Dentro de las
puertas, Suzu apartó sus ojos de la parte derecha de la carretera y con más fuerza apretó
la mano del joven entre la suya. Ella no lo soltó hasta que cruzó la avenida principal.

—¿Eres de Kei, entonces?

—No. De Sai.

—Eso es un largo viaje. ¿Tienes un lugar para quedarte? Suzu

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

asintió con la cabeza.

—Gracias por hablar conmigo.

—Claro —dijo el muchacho. Él la miró—. Ánimo. Si no caminas hacia delante,


terminarás cayendo en un agujero.

—¿En un agujero?

—El agujero de tu propia auto-compasión.

—Sí —murmuró para sus adentros Suzu. Eso sería una falta de respeto a Seishuu. Podía oír
todavía a Seishuu reprimiéndola—. Tienes razón en eso. Gracias.

—No hay problema.

—¿Cuál es tu nombre?

—Sekki.

—Hey —dijo Suzu, mirándolo a la cara—. ¿Sabes si el tipo que pasó por encima de Seishuu
fue arrestado?

Shh, le dijo Sekki, señalándoselo con la mirada.

—Mejor no hablar de esas cosas donde la gente pueda escuchar —Él la llevó a un callejón
cercano—. Ese tipo no será arrestado.

—¿Quieres decir que sabes quién es?

—No es un conocido, si eso quieres decir. Yo no quiero ser conocido como socio de esa bestia.

La vehemencia con la que hablaba la sorprendió.

—¿Quién es?

—Todo el mundo sabe en la ciudad: el gobernador asesinó al niño viajero.

—¿El gobernador?

—El gobernador, Shoukou. Recuerda ese nombre. El hombre más peligroso de la prefectura
Shisui.

—¿Mató a Seishuu?

—El muchacho cayó al suelo delante del transporte de Shoukou. El coche se detuvo y

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

entonces…

—Y entonces, ¿hizo algo así?

—Shoukou es completamente capaz de hacerlo.

—Eso es terrible —Suzu se desplomó contra la pared y cayó al suelo—. Seishuu ni siquiera
podía caminar bien en línea recta —Ella se abrazó las rodillas—. Yo debería haberlo llevado
en mi espalda —¿Por qué no estuvo dispuesta a eso? No estuvo pensando nada en absoluto. Ella
podría haberlo hecho.

—No debes culparte a ti misma, Suzu.

Suzu negó con la cabeza. No había manera de que ella no pueda dejar de culparse a sí
misma.

—Y no sirve de nada culpar a Shoukou.

—¡¿Por qué no?! —Una expresión feroz se levantó en ella para hacerle frente.

—Ir contra Shoukou es tan bueno como conseguir ser asesinada por él —Se volvió y añadió
casi aparte—. Creo que nadie te lo ha enseñado hasta ahora.

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Capítulo 40
Desde el barrio oriental de Ryuu, Shoukei y Rakushun cruzaron el Monte Koushuu y
entraron a En. Tan pronto como habían cruzado la frontera, Shoukei quedó asombrada con las
carreteras mantenidas espléndidamente.

Habían recorrido paralelamente la cresta de la montaña Koushuu, haciendo su


camino a lo largo de los valles, y luego subieron en zigzag hasta la cara de la montaña, se
quedaron una noche, subieron aún más a la cima de un pequeño pico. En la cumbre, una ciudad
abrazaba las laderas. Una pared de alta barrera dividía el centro de la ciudad larga y estrecha. En
la pared había una puerta enorme. Ese lado de la puerta era Ryuu. El otro lado estaba En.

Las diferencias en el aspecto de las calles y las ciudades se enfrentaban al muro de


contención eran muy curiosas. Al llegar a las puertas, gastadas, con la carretera llena de baches
se convertía arreglado, incluso con pavimento de piedras en la avenida. El panorama típico
de las pequeñas tiendas que llenaban las calles a lo largo de la avenida principal, con gente,
coches y carros todos enredados juntos. Cruzando hacia En al otro lado de la puerta, las tiendas
estaban elegantemente en ordenadas y las olas de personas corrían por las aceras de las tiendas
y a la derecha el paso del camino.

—Sorprendente.

Los edificios que bordeaban la calle eran altos. Mucho fueron construidos con
piedra, cuatro o cinco pisos, con ventanas de cristal de vidrio. Ryuu también tenía
grandes edificios con ventanas de cristal, pero los de Ryuu dejaban una impresión triste y
decrépita. Tal vez porque los edificios de Ryuu eran mucho más viejos. Tal vez debido a la
formación de charcos de agua congelada en los caminos de piedra natural. Tal vez porque las
ventanas de cristal se nublaban y agrietaban. En cualquier caso, parecía que Ryuu había tratado
de imitar con fuerza a En, pero se había cansado del esfuerzo y dejado a medio camino.

Había oído que En era rico, pero…

El más rico de los reinos del norte. Sin embargo, la visión de esa ciudad, es más que

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todo lo que se había imaginado, la dejó muda.

—Es un país frío, así que, ¿cómo puede ser tan diferente?

Cuando llegaban las estaciones, Hou y En no eran tan diferentes. En se encontraba más al
sur que Hou, pero ya que estaba ubicado en la esquina noreste del continente, durante el
invierno, era barrido por los vientos estacionales de congelación. De hecho, el sentido que tenía
mientras caminaba era que no se calentaba a medida que se acercaba a En.

—¿Hay grandes minas aquí?

Rakushun miró por encima del hombro y sonrió.

—No. A diferencia de Hou y Ryuu, En no tiene mucho camino con los recursos
naturales. Siembra trigo y cría ganado, eso es todo.

Las ciudades eran grandes y florecía el negocio, le explicó Rakushun, pero la mayor porción
de las riquezas del reino venia de la cosecha anual.

—¡Pero es una diferencia muy grande!

—Eso tiene que ver con la diferencia en las cualidades de los reyes.

—¿Los reyes? ¿Eso explica esto?

—En no vaciló en 500 años. Eso explica la gran diferencia.

—Pero…

—Cuando el trono está ocupado, los desastres naturales ocurren con menos frecuencia.
Con menos guerras y desastres naturales, la población crece. La gente trabaja duro y se
cultivan las poblaciones de tierras agrícolas y crecen. Al mantener bien los campos, las cosechas
prosperan. El reino cuida los excedentes de grano para asegurar al contra de la sobreproducción
y deflación de los precios. El reino maneja la tierra, y las reservas frente a un día de lluvia, y
por lo tanto mantiene todos los rincones en buenas condiciones —Hizo una breve pausa y
continuó—. Por ejemplo, cavar canales de drenaje para prepararse para las temporadas de
lluvia. Construir puentes sobre los canales y asegurarlos con piedra para que no se
derrumben. Cubrir los canales que cortan los caminos. Las preparaciones y después de un plan
bien pensado, las ciudades pueden ser protegidas. Más de diez o veinte años, llevan estos
programas en todo el reino. Con un reino siendo guiado por un largo periodo de tiempo por

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una sola política, llegará a ser adoptada en más lejos de los reinos recintos.

El padre de Shoukei se había sentado en el trono durante treinta años. El rey


anterior había gobernado durante no medio siglo. En contraste con esto, este era el
resultado de un solo rey que rige desde hace medio milenio.

—Los reinos de los reyes de corta duración son muy desafortunados. Por fin se crea un
negocio y se convierte en algo grande y es arrasado por alguna inundación y hay que empezar
todo de nuevo.

—Cierto.

—El Rey de Hou fue tristemente célebre por su crueldad. Tal vez no tú, pero como rey no
era una bendición para sus súbditos.

Shoukei miró brevemente el perfil de Rakushun.

—El rey está ahí para ayudar a la gente. Los reyes opresores no se quedan en su posición
por mucho tiempo. Pero lo que es difícil ahora será peor cuando caiga el rey. Y cuando el Saiho
muere, tomará de cinco a diez años para que el rey sea elegido. Veinte años no pueden ser
pocos frecuentes. Cuando los desastres naturales se han prolongado durante dos décadas, la
tierra es aún más desvastada. Incluso encontrar suficiente comida se convierte en un
problema.

Shoukei dijo:

—No importa el rey, que lo da todo por el pueblo. Pero no es necesariamente cierto que
esos esfuerzos pronto llegarán a un resultado y darán rendimiento. Cuando un reino está
sumido en el caos, también los corazones de los hombres. Por el momento, los juicios
deben de ser graves y la gente va de vuelta al buen camino. ¿No lo crees necesario?

Su padre se lo había dicho tan a menudo. Cada vez que se promulgaba una nueva ley,
había ministros que se quejaban de que era demasiado estricto. En repetidas ocasiones insistía
en que con el fin de organizar el reino, esas medidas eran requeridas.

—¿Pero hasta tal punto? Hay límite para todo. Es cierto que el derrocamiento de un rey es
quizás ir demasiado lejos.

—El Rey de Hou no cayó porque hubiera perdido el Mandato Divino, sino porque fue

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asesinado por traidores.

Rakushun asintió con la cabeza.

—El señor de la provincia de Kei se levantó y golpeó al Rey. A pesar de que el regicidio
es un delito grave, no está prohibido siempre. En algunos casos, puede ser preferible.

Shoukei inclinó la cabeza. Estaba empezando a caer en ella por qué su padre había sido tan
odiado, ¿por qué un traidor como Gekkei era tan popular? La gente creía que Chuutatsu sólo
empeoraba las cosas. Gekkei actuó antes de la ruina llegara a ellos, y por eso lo reverenciaban. La
gente hacía sus opciones claras. Y por lo tanto, el reproche se había vuelto contra Shoukei, que
no había protestado ni una sola vez contra el rey.

—Vamos —dijo Rakushun.

Shoukei caminaba de un lado de un Ryuu bastante triste al lado de la brillante ciudad


de En que estaba floreciendo. El nombre de las dos ciudades era Hokuro.

Como era de esperar, al entra a En, se esperaban los pasaportes. Según la costumbre, los
pasaportes eran siempre inspeccionados siempre al cruzar una frontera internacional, con el
fin de controlar los movimientos de los delincuentes e inspeccionar las pertenencias que había
en su poder. No necesariamente se pasaba de inmediato si se tenía un pasaporte, pero tenía
que ser interrogado por un funcionario de inmigración.

Después de haber sido informada de antemano, Shoukei, nerviosa, le dijo al policía de


frontera que no tenía pasaporte. Se le mostró un edificio junto a la puerta, pero otro guardia la
detuvo.

—No hay necesidad de preocuparse —dijo—. Mientras estés con él, puedes seguir tu
camino.

El guardia amablemente le entregó su pasaporte a Rakushun de nuevo. Rakushun se


inclinó y pasó por la puerta. Shoukei le preguntó de nuevo.

—Entonces, ¿quién eres?

—Como he dicho, un estudiante.

—Cada vez que pienso en ello, eres alguien muy sospechoso.

—Tengo mis razones. Así como tú tienes las tuyas.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Es casi como si su plan desde el principio fuera el de investigar Ryuu.

—Eso fue parte esto. Quería ver cómo eran los otros reinos. Cuando yo vivía en Kou,
había oído mucho acerca de En, pero realmente ir ahí era muy diferente. La escuela está en
receso desde Año Nuevo hasta la primavera. Así que quería pasar el tiempo echando un
vistazo a otros reinos. Al final resultó que había gente dispuesta a hacer los arreglos necesarios
si iba a Ryuu. A cambio, les informaría sobre el estado de los asuntos de Ryuu.

Shoukei le dio a Rakushun una mirada de reojo.

—¿Quieres decir, como si Ryuu estuviera en declive?

—Sí —asintió con la cabeza Rakushun—. Este es un asunto de no poca importancia. SI


realmente Ryuu está fallando, entonces sus fronteras se volverán cada vez más y más
peligrosas. Comenzará una inundación de refugiados de Ryuu. Un reino tiene que prepararse
para este tipo de eventualidad. Un mano a mano de antemano puede hacer toda la
diferencia.

—Por lo tanto, una persona importante de En te envió a investigar.

—Eso es más o menos. En es un reino rico, una verdadera bendición. La tierra y la gente
están en paz. Pero eso no significa que esté libre de problemas —Rakushun miró sobre su
hombro y señaló de nuevo la puerta—. La ciudad del lado de Ryuu es bastante triste. No hay
dos formas de ello, es mejor quedarse en una posada de En. A pesar de ello, al caer la noche y
hay mucha gente que entra a Ryuu. ¿Por qué será?

Shoukei estiró el cuello, mirando hacia atrás.

—Es extraño. Ahora que lo mencionas, mucha gente está dejando En. No hay manera
de que puedan llegar a las próximas ciudades.

—Es porque no hay ningún distrito de renta baja en En.

—¿Eh?

—El pueblo de En está apagado. Cuando se quedan en una posada, no tienen que
compartir alojamiento con personas que no conocen. En primer lugar, estos establecimientos no
son tan comunes. Y los clientes son del tipo que se saltan la renta, por lo que los hoteleros no
tienen afición por ellos. Sin embargo, no todos los ciudadanos de En son ricos. Hay itinerantes,

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refugiados, gente que sobreviven en carpas. Los alojamientos para este tipo de personas son
difíciles de conseguir en En. La verdad de viajar a En es por transporte o nada.

Los carruajes tirados por uno o dos grupos de caballos frecuentaban las carreteras, lo que
aceleraba a los viajeros de una ciudad a otra. En el campo, los agricultores con el tiempo se
harían en sus manos el tener carros con caballos para el transporte. De lo contrario, conducir
un carro o diligencia era especialidad ocupacional.

—Debido a que En es rico, no hay necesidad que los agricultores alquilen durante la
temporada baja. Por lo general, el paseo en carro es de un rico, pero en En, puede
cualquiera. Por otra parte, las tarifas son razonables, aunque no tan baratas para alquilar los
coches tirados por caballos. La gente tiene suficiente dinero en su bolsillo, por lo que tienden a
no objetar. Sin embargo, carecen carros de caballos que los pobres puedan pagar, si los
pobres tienen que viajar durante el invierno, es a pie.

Shoukei de nuevo miró hacia la puerta. Los viajeros que se dirigían a Ryuu se los veía en
verdad algo desgastados, sin pretensiones, de un aspecto abigarrado. A primera vista, era obvio
que a partir de la marea de gente que fluía a través de la aduana en ambos lados de la
puerta en su mayoría eran refugiados o itinerantes, sin pasaportes.

—Las personas acuden a En ya que es rico. Sin embargo, las distinciones entre los
ciudadanos de En y la gente que lo inunda, entre ricos y pobres, no se puede borrar. Los que no
pueden encontrar un alojamiento a menudo acampan en las calles y la congelación los mata.
Entonces se tienen hombres desesperados que, por temor al destino, se convierten en
ladrones y salteadores. Los refugiados son el mayor problema de En. En algunas de las
ciudades más grandes de En, el número de refugiados e itinerantes están cobrando
importancia. En estos últimos diez años, tratar con ellos se ha convertido en un verdadero dolor
de cabeza.

—¿Es por eso que estás preocupado por el estado de las cosas en Ryuu?

—Eso sería todo.

—Entonces, dime, ¿quién aprueba tu pasaporte?


Rakushun sólo agitó su cola en respuesta.

—¿Qué? ¿No me puedes mostrar?

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Sin responder, Rakushun tomó el pasaporte de su bolsillo y se lo ofreció. En la parte trasera


estaba el nuevo sello del Chousai de En, uno en Hakutaku.

—El Chousai…

Rakushun agitó sus bigotes.

—No tomes eso para decir que he hablado con el hombre. La persona que me dejó
prestado el suugu consiguió el respaldo del Chousai para mí.

El Chousai era el jefe del rikkan, el primer ministro. Cualquiera que pudiera hacer tal
solicitud al Chousai tendría que estar cerca del centro del poder.

—Eso es impresionante.

Rakushun se rascó la parte inferior de la oreja.

—No es que yo sea una persona importante. Pero eso me sucede por conocer a la Reina de
Kei.

—¿La Reina de Kei?

Tan pronto como sus palabras salieron de su boca, Shoukei sintió un dolor en el pecho.

—¿Cómo podría alguien como tú…?

Rakushun habló, respondiendo el resto de la pregunta.

—¿Cómo podría un hanjuu como yo conocerla? Shoukei


rápidamente se disculpó.

—No, lo siento.

—No hay necesidad de disculparse. Yo no soy más que un hanjuu como ves. Pero no veo
nada malo en ello. Aunque no lo haces parecer como si no.

—Yo no quise decir eso.

—La Reina de Kei es conocido mío. Una amiga. Me gusta pensar que ella cuenta conmigo
como un amigo, también. Mirando desde fuera hacia dentro, para algunos les podría resultar
muy extraño. Me resistí al principio, también. Quiero decir, ella es una reina y todo eso. Yo le
dije una vez que no podía ser bien visto que la llamara amiga, y ella prácticamente me mordió la
cabeza.

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—¿La Reina de Kei lo hizo?

—Sí. Ella dijo que no había más distancia entre nosotros que dos personas de pie uno
junto al otro —Rakushun sonrió—. La encontré moribunda al lado de la carretera. Así que la
recogí y la llevé a En.

La boca de Shoukei se quedó abierta.

—Moribunda a la orilla de una carretera. ¿La Reina de Kei?

—Ella es una kaikyaku. Una Taika. Ella fue arrastrada a la costa de Kou. En ese
momento, el edicto en pie en Kou era ejecutar a todos los kaikyaku. La persiguieron hasta
que se derrumbó del agotamiento.

Shoukei apretó su mano contra su pecho. Ella había creído que esa chica que se había
convertido en reina había sido bendecida con una gran fortuna sin ni siquiera mover un
dedo.

—Cuando primero pensé en llevar a la Reina de Kei a Kankyuu, quería tener un buen
trabajo de recompensa. El tiempo que estuve con ella, las metas se convirtieron seconvirtieron en
buenas. Cuando se me preguntó qué quería de recompensa, había planeado decir: la admisión a
la escuela secundaria, pero cuando llegó el momento de la realidad, me espetó: “universidad”.
En la mayoría había estudiado en casa, así que estaba realmente mintiendo cuando le dije que
quería ir a la universidad.

Shoukei miró a Rakushun, un revoltijo de sentimientos pasaban por ella.

—No creo que nadie te vaya a dar una recompensa por llevarme a En.

—Eso no tiene nada que ver con esto. Te veías muy miserable sentada en esa celda en
la cárcel.

—¿Yo?

—Tu rostro era el de alguien que había tenido acerca de todo lo que podía tomar — Él
entrecerró los ojos—. Me recordaste a la Reina de Kei cuando la vi por primera vez.

—Así que me recogiste y me llevaste a En. Rakushun se


echó a reír.

—Como te dije, estos encuentros casuales parecen ser mi destino.

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Parte XI

Capítulo 41

En está situado al sureste de Ryuu, pero los inviernos no diferían mucho. Al igual que en Ryuu,
era una dificultad viajar, salvo por el carro tirado por caballos. Aunque en el Reino de En, la
gente utilizaba carros. El equipo de caballos tiraba de un coche sólidamente construido y los
llevó hacia el sur por caminos bien arreglados.

Los más pobres andaban a lo largo de la carretera a pie. El viento era frío, y uno se podía
congelar incluso si se mantenía en movimiento. Se aferró el onjaku contra el pecho, con la cabeza
esquivando al viento, llevó sobre sus hombros los sacos llenos de un poco de carbón y leña. Aquí y
allá, a lo largo de la carretera, la leña alimentaba las hogueras donde podía entrar el calor.
Echaron miradas de reojo a la diligencia, ya que los precipitaba al pasado.

—Debe de ser duro tener que viajar a pie —le dijo Shoukei a Rakushun, sentado frente a
ella.

El coche en el que estaban sentados los dos tenía asientos blancos en los que en cada
uno podían sentarse tres personas. Shoukei y Rakushun eran los únicos pasajeros.

—Shoukei, ¿todavía quieres ir a Tai? Shoukei


dejó escapar un suspiro.

—Tenía muchas ganas de ir a Kei.

—¿Eh?

—Yo quería ir a Kei, trabajar para un ministro y así llegar a la Reina de Kei. Quería
congraciarme con ella. Y cuando la oportunidad se presentara, usurpar el trono. O algo así.
Estoy bastante segura de que eso estaba en mi imaginación. Pero la mitad de eso era serio.
¿Estás enojado conmigo?

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—No. Pero si realmente es en serio, no hay forma de que yo pueda verte de nuevo.

—Tienes razón —Shoukei se echó a reír—. Yo necesitaba inscribirme en el censo. Oí que si


ibas a Tai y tomabas un barco a Kei, podías obtener tierra y registrarte en Kei.

Rakushun le dio una mirada de sorpresa.

—Yo no había oído hablar de eso.

—El objetivo inicial era ir a Tai en el kitsuryou. Pero por el momento, sólo ir a Kei y buscar
algo de tierra ahí —Shoukei se miró las manos cruzadas sobre el regazo—. De hecho, ser la
princesa real fue una gran cosa para mí. No quería renunciar a vivir en el palacio y mi estilo de
vida lujoso. Era realmente vergonzoso trabajar en los campos y con ropa común. Cuando me
enteré que la Reina de Kei tenía la misma edad que yo, la envidié tanto. No podía perdonarla
por tener todo lo que yo había perdido.

—Ya veo.

—A decir verdad, aún es difícil para mí quedarme en hoteles baratos. Es humillante el


tener que usar lana. Pero es la penitencia que tengo que pagar —Ella apretó las manos,
girando la punta de los dedos entrelazados—. Todo lo que hice fue jugar en el palacio. No hice
otra cosa. Yo no sabía que la gente odiaba tanto a mi padre que quería matarlo. Yo no quería
saber. Y ahora lo estoy pagando. Por eso Gekkei, el marqués de la provincia de Kei, me borró del
Registro de Hechiceros. Lo entiendo ahora.

—Sí.

—Si no hubiera sido la princesa real, yo no sería más que otra chica en el orfanato. Todavía
estaría en minoría, sin el ingenio para convertirme en un funcionario del gobierno. Por eso me
enviaron a un orfanato. No tenía ni una pista. Yo no lo entendía el por qué.

—Mejor entenderlo ahora que nunca.

—Sí —se rió Shoukei—. La Reina de Kei, ¿qué clase de persona es?

—Ella tiene tu misma edad.

—Pero no una idiota como yo.

—Oh, ella se llama a sí misma idiota. Y entonces ella diría: “¡Pero me hicieron reina
después de todo!

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Shoukei volvió a reír.

—Suena como yo.

—Tal vez. Pero tú eres, bueno, más femenina. La reina es una especie de tosca al borde.

Shoukei rió y miró por la ventana al paisaje.

—Me gustaría ir a Kei —Ella quería conocer a esa reina. Y si no la conocía, ella quería
ver qué tipo de reino crearía.

—Los grupos repatriados se están formando en todo En y se dirigen a Kei.

—¿Quieres decir que, desde que la Reina de Kei fue coronada, la gente está
volviendo?

—Un buen número de personas. No se sabe muy bien qué tipo de rey va a ser, pero en
cualquier caso, con el Rey de En echándole una mano a su ascensión, el pueblo de Kei está
bastante seguro de ella. Ella va a ser una buena Reina.

—Ése es el rumor. Pero eso apenas está tallado en piedra de que vaya a ser un monarca
ilustrado.

—Es cierto, pero la casa es mejor que quedarse en En. Tiene sus tierras ahí, y si bien
podría no ser grande, se puede plantar sus propios pies en su propio terreno y comenzar
una vida —Rakushun esbozó una sonrisa irónica—. No era nada malo salir de Kei, mientras que
al conseguirlo sería bueno, pero cuando se trata a fin de cuentas, la vida es difícil para un
refugiado en En. Es mejor que quedarse atrás en un reino que va a la ruina. Y En hace lo posible
para cuidar a la gente. Al ver lo rico que es En, tiene que herir. Sin embargo, la única manera de
convertirse en ciudadano de En es la compra de tierras o convertirse en un funcionario público,
y ninguno de ello es fácil. De lo contrario, si se desea establecer en En, tendría que ser
contratado por un rico propietario de la tierra y trabajar como agricultor itinerante, o
conseguir un trabajo en una tienda. Así que la gente anhela su país de origen.

—Tiene sentido.

—He sido muy afortunado. He tenido la suerte de entrar en la universidad. La gente de Kei
es bastante afortunada, también, en comparación con el promedio de los refugiados de otros
lugares.

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—¿En serio?

—La Reina de Kei y el Rey de En tienen una buena relación. La Reina de Kei le dijo al Rey
de En que transmita sus mejores deseos a su súbditos y el Rey de En ha reconocido sus
deseos. Eso ya es mucho para estar agradecido. Se ha hecho mucho para ayudar a reasentar
a las personas de vuelta a Kei, a su reino de origen. Es lo que sale de los presupuestos
nacionales de En y Kei, un compromiso alcanzado entre En y Kei. No hace la vida más fácil a la
gente de otros reinos, sin embargo.

—En efecto.

—La Reina de Kei tiene un montón de cosas a su favor. Ella tiene a En observándole la
espalda, animándola.

Shoukei se preguntaba qué clase de geografía tenía Kei, siendo mucho más al sur que
Hou. Ella dijo:

—¿Crees que los que retornan se sepa si alguien que no es de Kei vaya con ellos?

—No lo creo. No tienen forma de comprobar si tienes un pasaporte válido o no.


Muchos de los hogares fueron destruidos y huyeron sin papeles. Aún así, si quieres ir a Kei, te
voy a llevar hasta la frontera.

—Rakushun.

—Tama espera en la siguiente ciudad. El suugu, quiero decir. Ése es su nombre. Copn
Tama, puedo volar a la montaña Koushuu y volver a Kankyuu en dos días.

Shoukei miró hacia el sureste.

—¿No tienes dudas de que yo vaya a Kei?

—No, en absoluto. Compruébalo tú misma. Ve a ver cómo es.

—Lo haré.

—Una vez que hayas visto lo que tengas que ver, ¿qué te parece si vuelves a Kankyuu
y me dices cómo van las cosas allí?

Shoukei asintió con la cabeza.

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Capítulo 42

Shoukou. Mató a Seishuu. Acurrucada en su habitación en la posada, esas tres palabras ocupaban
su mente. Mató a Seishuu.

—No se lo voy a perdonar. No lo voy a olvidar.

Suzu se repetía esas palabras una y otra vez a sí misma. Escuchó un golpe en la puerta.
Era uno de los sirvientes del posadero.

—Señorita, las puertas se han abierto. ¿Se seguirá quedando? Suzu sacó
su monedero.

—Un poco más de tiempo. Ahora, voy a pagar por adelantado.

Eso era suficiente para pagar sus gastos durante cinco días más para llegar a
Gyouten.

—Bueno, está bien, entonces —dijo el sirviente. Él rápidamente limpió la habitación y se


fue. Suzu lo vio alejarse, luego miró al techo.

—Shoukou. No te perdonaré.

Después de eso, Suzu deambulaba por la ciudad haciéndose pasar por turista. Ella saludaba
al azar a los transeúntes y preguntaba acerca de Shoukou. Nadie tenía mucho que decir. No era
un pueblo sometido el cual se sentía libre para hablar.

Ella pensó en primer momento sobre la presentación de cargos contra él, pero
después de caminar alrededor de la ciudad durante cinco días, se dio cuenta de que sería
imposible. Shoukou era un gobernador con una gran cantidad de poder. Controlaba la prefectura

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de Shisui. Los impuestos eran mucho mayor que la tasa establecida por el reino, y el resto
desaparecía en sus bolsillos. Los recaudadores de impuestos eran brutales. La ley era un
juguete utilizado para castigar a su antojo.

Como atroces de sus acciones eran, Shoukou no había respondida a ellas y no lo haría.
Eso es lo que todo el mundo decía. Repartía sus ganancias mal habidas a lo largo de la burocracia
y se compraba su propia protección.

Su siguiente pensamiento era viajar a Gyouten y directamente apelar a la Reina de Kei. No


sería fácil organizar una audiencia con la reina, pero ella tenía su pasaporte con el respaldo de la
Reina de Sai.

Después de cinco días en la ciudad, se dio por vencida en eso también. Lo que había
aprendido de la conducta descarada de Shoukou era aún peor. La ciudad se extendió con
las voces privadas de resentimiento, pero era tal el control de Shoukou que nadie se atrevía a
decir en voz alta esos sentimientos.

—El setenta por ciento o una vida —fue la expresión que ella había oído.

El impuesto era del setenta por ciento de la cosecha. Si ese pago se cortaba en lo más
mínimo, se pagaba con la vida. Ser asesinado, o que maten a uno de su familia.

Shoukou cazaba en las aldeas, decían. Cuando estaba en uno de sus estados de ánimo, se
iba a un pueblo agrícola en las zonas periféricas y secuestraba a las chicas. A los pocos días
estaban tiradas como un paquete de trapos viejos.

A veces, los comerciantes llegaban desde las fronteras de Kou y barcos llegados de Tai
transportaban personas. Engañaba a los itinerantes y refugiados de los reinos vacilantes en venir
a Shisui para reemplazar a los que habían muerto bajo sus manos. Las carretas y barcos
viajaban con la esperanza de comida y la disposición que distribuían a las familias que habían
perdido sus hogares y tierras. Los que reciben la mercancía creen que el gobernador enviaba
los carros y barcos por ser un hombre compasivo. En el lugar de las disposiciones, las
personas llevaban a cabo el viaje de regreso. Los viajeros que llegaban, atraídos por la
promesa de tierra y ciudadanía, maldecían su terrible insensatez después.

¿Por qué?, se preguntó Suzu casi con una furia desenfrenada. ¿Por qué la Reina de Kei
mantiene a una bestia como funcionario público?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Abundaban los rumores en las calles. La razón por la que Shoukou perseguía así a la gente,
la razón por la cual nunca fue llamado a rendir cuentas, el por qué había gente que lo cubría.
Probablemente alguien de Gyouten. Alguien en el Palacio Kinpa. Alguien en la parte superior.

La anterior Reina Yo-ou había estado en eso, por lo que los rumores seguían.

La anterior Reina no tenía ningún interés en el gobierno del reino, por eso. Los
ministros y funcionarios del gobierno hicieron lo que quisieron y a nadie le importaba un
comino. Besaban el trasero a algún tipo con joyas y vestido de seda y así miraban para otro
lado.

Porque ella era una mujer, decía la gente de Takuhou. Kei había tenido mala suerte con las
reinas. Nunca gobernaban en paz.

Suzu rió para sus adentros. Una Reina de Yamato, la única persona en el mundo

que la entendería. Un monarca llena de ternura y compasión.

Es una broma.

La Reina de Kei había sido su mejor esperanza y la última, la única cosa que la
mantenía en el camino. Quería conocerla, Suzu se lo había dicho una y otra vez. ¡Qué idiota
había sido!

—No se lo perdonaré. Ni a Shoukou ni a la Reina de Kei.

Suzu salió de Takuhou y se dirigió a Gyouten. Como era de esperar, le tomó cinco días. Usando
su libreta del banco, retiró el saldo de fondo. La Reina de Sai levantaría las cejas cuando se
enterara, pero en ese momento a Suzu no le importaba.

Lo primero que haría sería buscar un comerciante de armas con licencia.

No se podía derrotar a un youma con una espada normal. Se acabaría rompiendo la espada
y el youma estaría ileso. Para cazar youma, tenia que tener armas que tuvieran un hechizo
especial. Debido a que sólo se hacían por el Ministerio de Invierno, se llamaban touki, o
armas de invierno. En la puerta de la tienda estaba el sello oficial que los autorizaba a hacer
armamentos.

Los comerciantes de armas con licencia eran también distribuidores sólo en cadenas,
sogas para capturar y entrenar youma y otras bestias. Suzu recordaba que viajaba a menudo

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a un comerciante de armas en la base del Monte Ha, en el suroeste Reino de Sai para comprar
de grado militar tácticas para el caballerizo que se encargaba de cuidar al tigre de Riyou, Setsuko.

Y muy diferente de un distribuidor normal, estos comerciantes de armas que llevan este
tipo de armas no son ampliamente conocidos por el público (armas que podrían matar a un
hechicero). Un gobernador era una clase de barón, y por lo tanto, un mago. Había que tener un
tipo en particular de arma para matarlo.

Suzu buscó alrededor de la tienda y seleccionó una daga. No sabía cómo usar una, pero
ella sabía que la necesitaba. Lo comerciantes de armas rara vez en realidad venden “armas de
invierno” a los clientes. Esta era una época en que la aprobación de la Reina de Sai en su
pasaporte era muy práctico.

Ella fue junto al establecimiento especializado en animales y pegasos voladores. No tenía


necesidad de un caballo o un buey. Lo que necesitaba era un montaje mucho más rápido que un
caballo, un pegaso que pueda saltar por encima de una cerca o un muro.

Los youma voladores eran capturados por los cazadores silvestres en el Mar Amarillo,
donde abundaban youma en gran número. Los cazadores eran llamados como “cazadores de
cadáveres”, ya que pasaban tanto tiempo localizando los cuerpos de sus compañeros
asesinados por los youma como lo hacían los propios youma. El trabajo de un cazador de
cadáveres era capturar youma, volver con los mismos y entregárselos a un vaquero. Los
vaqueros de youma trabajaban mano a mano con la muerte. Así que los animales no eran
baratos. Capturaban una parte superior de la línea como un youma suugu, lo domaba y
entrenaba y eso sería de por vida.

Suzu entró en la tienda. Un hombre de mediana edad en la tienda estaba leyendo un


libro. Él dijo:

—Bienvenida —Sólo levantó los ojos al hablar. Una cicatriz iba desde la parte
superior de la cabeza a su mejilla derecha. Su ojo derecho estaba hundido.

—Estoy buscando un pegaso.

—¿Cuánto? —¿Cuánto está dispuesta a pagar? Era lo que quería decir. Suzu colocó
los billetes sobre la mesa.

—Todo lo que pueda conseguir con esto.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿Quieres uno que vuele o que vaya rápido?

—Uno que vuele. Y que preste atención a los comandos también.

—¿Alguna vez ha estado en un youma pájaro? Montar


los youma pájaro no era tarea simple.

—No, prefiero un caballo.

—En ese caso, un sansui es lo mejor que puedo hacer por usted.

—¿Qué clase de bestia es un sansui?

—Un caballo de pelaje azul. En realidad no tiene lo necesario para volar a gran altitud,
pero tiene piernas fuertes. Útil para saltar sobre un río ocasionalmente. No es exactamente
veloz. Tres veces más rápido que los caballos normales, pero se queda rápido sin aliento. Si
está bien con usted, tengo uno realmente apacible.

Suzu asintió con la cabeza.

—Suena bien.

—¿En dónde vives?

Volar en youma no se podía en una ciudad. Suzu le dio su nombre y la posada donde
se alojaba.

—Voy a traérselo. En conjunto de siete días. Yo podría llegar más rápido, pero tendría
que correr en el sansui, entonces tendrá que descansar un día. Después de eso, se necesita
tiempo para que cambie de propietario.

—Siete días me va bien.

—Hasta la mitad. La mitad de la entrega. Suzu


asintió con la cabeza.

—Es un trato. Lo estaré esperando.

Y así, mientras esperaba en la posada, fraccionaba el resto de sus fondos para que tuviera
lo suficiente para comer. Ése era Gyouten, el que había deseado tanto para ir a la ciudad que
cubría las laderas del Monte Ryou-un. Ella no se dejó impresionar. No quería decir nada sin
Seishuu con ella.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Seishuu, bienvenido a Gyouten.

En lo alto de la cima del monte Ryou-un estaba el Palacio Imperial. En el Palacio vivía la
Reina de Kei, el monarca idiota que dejaba ser a un hombre como Shoukou.

Suzu se aferró la daga sobre su blusa. Ella destriparía a Shoukou con ella y luego volvería
a Gyouten antes de que llegara la noticia. Utilizaría el respaldo de la Reina de Sai en su
pasaporte para arreglar una audiencia con la Reina de Kei.

Ellos chillarían como cerdos atrapados. Shoukou, y al final de día, la Reina de Kei., (él
escogió al niño equivocado de Kei a quien matar).

Según lo prometido, el sansui se le entregó siete días después. El mozo de cuadra le entregó
a Suzu una esfera de oro. Dentro de la esfera un olor a incienso ardía. Tenía una ranura pequeña
para conectar a un cinturón o faja. Dentro de la bola el incienso era para distribuirse por el
youma. El vaquero usaba ese quema incienso para domar a los youma. Cuando el youma era
vendido a otra persona, sería seducido por el olor del incienso y no se alarmaría. Después de
eso, la intensidad del incienso se iría diluyendo poco a poco hasta que el animal estuviera
aclimatado al olor de su dueño.

Sin embargo, Suzu no tenía mucho interés en nada de eso y no se molestó en


recordar gran parte de eso. Una vez que ella volviera de nuevo a Gyouten, las cosas podrían
caer muertas por todo lo que le importaba.

Suzu se quedó en Gyouten por tres días más, mientras ella y el sansui se acostumbraban
el uno al otro. Luego, se dirigió de nuevo a la prefectura de Shisui, y Takuhou.

Seishuu, pronto te voy a vengar. Shoukou y la Reina de Kei, sentirán lo que yo sentí con mi
daga.

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Capítulo 43
Youko terminó sus tareas matutinas y envió a Enho el encargo de ir a la escuela. La escuela
de ahí no tenía límite de edad, por lo que Rangyoku asistía junto con Keikei. Los temas
principales eran la lectura, escritura y aritmética. Los niños podían ir a la escuela a partir de la
edad de siete años (contando a un niño como un momento del nacimiento y la edad de un año
en cada Año Nuevo), o cinco (contando los cumpleaños en la fecha de nacimiento).

Porque no había una graduación formal, los adultos podían asistir también, y muchas veces
venían con bebés en brazos.

Era un bonito ambiente relajado. Lo más importante se hacía hincapié en que la charla
era algo más constructivo que el simple chisme. Sin embargo, como consecuencia, la asistencia
abierta, sólo se permitía durante el tiempo que los habitantes del pueblo volvían de las aldeas
a la ciudad. La propia escuela cerraba desde la primavera hasta el otoño. Cualquiera que quisiera
asistir de otra manera tenía que obtener una recomendación del superintendente (que era
también el principal).

Youko se quedó atrás, en el orfanato, ahora vacante y se preocupó por la chica llamada
Suzu. ¿Qué debía hacer? ¿Ir a Takuhou a buscarla? Había enviado a Hankyo a Gyouten y todavía
no había regresado. Esa era otra razón para su vacilación. Mientras se preparaba el almuerzo,
daba vuelta a todo el asunto en la cabeza, sin saber qué hacer.

—¡Hey, Youshi! —la llamó Keikei.

Enho siempre volvía junto con Rangyoku y Keikei. Sin decir una palabra, Rangyoku miró y
sonrió a Youko.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—En la posada Eika junto a la puerta del dragón.

—¿En la posada?

Rangyoku se rió y fue hacia la cocina. Sacó a Youko a una zona aislada de la pared.

—Es un joven.

Youko enarcó las cejas. La primera imagen que le vino a la cabeza era del hombre que había
conocido en la taberna en sombras de Takuhou.

—¿Tal vez es un hombre de aspecto sombrío? ¿Un hombre grande?

—Más bien de un físico delgado.

—¿Cerca de catorce o quince años? —Si no era el hombre grande, entonces tal vez el
muchacho que había intervenido a su favor.

Rangyoku, en broma, frunció el ceño hacia Youko.

—Oh, basta, ¡no puedo creer que te olvides de un tipo así de guapo! Él me pidió que te
dijera que tu siervo había llegado. Tú sabrás quién es.

Los ojos de Youko se abrieron inmensamente.

—¡Wow, quiero decir, tu sirviente! ¡Eso es increíble!

Youko rápidamente agitó las manos, dejando de lado esas sugerencias.

—¡No seas ridícula! ¡No es nada de eso!

—Ah, te has sonrojado. Debe de ser un tipo realmente bueno. ¡Iba vestido tan bien!

—No, no, no. Oh, está bien, ¿qué tenía que decir?

—Entonces lo conoces. Debes de estar muy cerca —Rangyoku rió a carcajadas. Ella
puso manos a la obra y se fue hacia el barril de agua—. Bueno, será mejor que vayas de
inmediato y lo averigües. ¡Y si no vuelves de regreso esta noche, háznoslo saber!

—Me imaginé que eras tú —dijo Youko cuando entró en la suite de invitados a la posada y
reconoció el rostro estirado.

Abrió los ojos con recelo y se inclinó hacia delante. Luego la reverenció
rápidamente con educación. El manto cayó de sus hombros.

Traducido por EED_Wolf -285-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Perdóneme por atraerla hasta aquí.

Desde luego que el se presentaría así. En comparación con su atuendo habitual, tenía
sobre sí mismo un aire de sobriedad, pero eso era porque no podía mostrar muy bien su
vestimenta ministerial por completo.

—Esa es una manera de llamar mi atención.

—¿Eh?

El botones que le había mostrado la sala le dio una mirada significativa. Salió de la
habitación sin decir palabra y cerró la puerta tras de él.

Youko dejó escapar un profundo suspiro.

—Olvídalo —dijo, sacando una silla y sentándose. A partir de sus tobillos escucho lo que
sonaba como una risa—. Oh, Hankyo. Ya sabes, podrías haber enviado a Hankyo por mí.

—Quería ver qué tipo de lugar es el orfanato. ¿No debería haberlo hecho?

—Eh, me parece bien. Por lo tanto, Keiki, ¿por qué viniste hasta acá?

Keiki tomó un rollo de una caja de papelería apoyados en sus rodillas y los hizo rodar
sobre la mesa.

—¿Tiene un sello imperial?

—¿Si yo lo tengo? —Youko negó con la cabeza y sonrió—. Lo siento, no lo traje conmigo.

—Algunos papeles necesitan ser atendidos. Mañana, tendrá que buscarlo Hankyo.

—De acuerdo.

Puso cada uno de los documentos en la caja. A pesar de que había dejado todo a la atención
de Keiki, los decretos de los altos funcionarios del gobierno seguían siendo necesario tener
el sello imperial. Ella desenrolló los rollos y examinó los textos. Apenas podía leer una palabra,
así que no podía hacer mucho más que deslizar la vista sobre ellos. Tendría que pedir a Keiki
que los leyera en voz alta para que ella pudiera entenderlos.

—¿Y cómo está el rike?

—¿Qué? Oh, está genial. Enho es un buen hombre y me encantan los niños.

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—¿Es así? Eso es bueno saberlo.

—Lo cual no quiere decir que no tengo ninguna duda —murmuró Youko.

—Ah —dijo Keiki, bajando la voz—. En cuanto a sus preguntas sobre Shoukou, examiné
los registros de la administración pública y pregunté por todo el ministerio. Él es el gobernador
de la prefectura de Shisui, Provincia de Wa. Un funcionario de alto rango de no buena
reputación.

—Parece haber varios en la provincia de Wa: el marqués Gahou, gobernador Shoukou.

—Él ha cruzado la línea varia veces. Los ministros están desesperados por la disciplina,
pero pase lo que pase, Gahou mira a su espalda y cubre todo.

—Enho llamó a Gahou como un chacal que se deshacía de su cola.

—Una buena descripción.

—Afortunadamente, Shisui pasa a estar cerca. Tenía curiosidad de ver por mí misma lo
que ese Shoukou es. También me gustaría ver la capital de la provincia de Wa.

—Usted no debe tomar riesgos innecesarios.

—No lo hago. Tendré cuidado.

Keiki le dio a Youko una mirada de reojo.

—¿En serio? Puedo oler la sangre en usted.

—¿Eh? —Youko olió sus mangas.

—Es sangre, ¿no? Aunque Su Alteza no quiera darme a entender la causa de ella.

—Oh, es cierto. Me encontré con un accidente. Sucedió hace unos días. ¿Es posible que
lo huelas?

—Parece la sangre de un inocente, derramada sin una maldición, por lo que no es acre. Me
preocupa su bienestar.

Maldita sangre. Youko se sonrió misteriosamente a sí misma. Keiki utilizaba esa


descripción a menudo cuando estaba luchando contra la impostora. No importaba la

mucha magnanimidad que mostrara, cuando mataba a alguien o ordenaba su muerte, la

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maldad y amargura de la sangre le colgaba como una nube a su alrededor. El Kirin no podía
soportar la sangre y su olor, era una maldición que dolía.

—No te preocupes por eso.

Keiki, y todos los Kirin, no comían nada teñido de sangre. No se veían obligados a
rechazarla de pleno, pero incluso los alimentos fritos o salteados en cebo dañarían sus
cuerpos. De acuerdo con Rokuta, el Kirin de En, por eso el Kirin arrastrado a Yamato era de corta
vida. La menor esperanza de un Kirin sin un rey es aproximadamente de treinta años. Un Kirin en
Yamato podría durar quizás una tercera parte.

Tal era la clase de criatura los Kirin.

—En serio. Puedo cuidarme de mí misma.

—Se lo ruego sinceramente.

—Entonces, ¿cómo van las cosas en Gyouten? —Preguntó Youko, con un poco de alegría
forzada.

Keiki respondió con una expresión adusta.

—Sin Su Alteza allí… —Y suspiró.

Como es habitual, los ministros de guerra habían divido la corte en dos facciones.
Aunque Seikyou, el anterior Chousai, había perdido la autoridad de facto, y el Taisai, líder de
la oposición, había muerto, las cosas más o menos se mantuvieron igual. Quedando sin
autoridad real las consecuencias giraban a su alrededor, Keiki sentía que tenían menos interés
en el gobierno que en batallas campales.

La cosa es que algunas personas estaban diciendo si era cierto: el regicidio la asustó y
la Reina huyó a Yamato. Ella se había refugiado en el Reino de En. Se había escondido
profundamente dentro del recinto del palacio. Otros fueron tan lejos como para decir que había
sido secuestrada por Koukan, el marqués de la provincia de Baku. Lo que todos tenían en
común era la crítica de que había abandonado el trono y serias dudas de que alguna vez
volviera.

Mientras Keiki le explicó todo eso, Youko respiró hondo y dejó escapar el aire.

—Ya veo.

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—Y hay quienes afirman que debido a que las cosas no están yendo por el camino que
desea el palacio, que se vio aumentando su frustración y apeló al Rey de En y de ahora en
adelante el personal de la corte será con burócratas de En.

—¿Qué? —dijo Youko. Se mordió el labio y luego rió cínicamente. —Pero por
supuesto. Sin la ayuda del Rey En no podría haber echo algo por mí misma.

Es cierto, sin embargo. Y le molestaba tener que depender de otros como eso.

—Considero que es una tontería. ¿Pero quizás la han entretenido tales pensamientos?

Youko sintió un escalofrío a través de ella.

—¿Por qué me preguntas una cosa como esa? —Lo miró con sus ojos verdes
oscuro—. ¿Es acaso por que tú tienes tus propias dudas sobre eso?

Sintiendo el peso de su disgusto, Keiki inconcientemente desvió la mirada. Él, que podía
mirar a un youma feroz, ahora no podía mirar a su señor a los ojos.

—Por lo menos tú tienes que creer en mí.

—Perdóneme.

—Mira, nadie tiene menos fe en mí, que yo misma. Más que nadie, no creo ser capaz
de ser reina. Ha habido gobernantes que permitían que estas dudas y sospechas lo superaran y
se cayeron del camino. Por eso, si nadie más en este mundo me cree, tienes que hacerlo.

—Sí —dijo, haciendo una reverencia.


Youko abrió el rollo de papel.

—¿Tienes que regresar de inmediato?

—Un retorno rápido sería problemático. Supuestamente viajé a En. Youko


sonrió.

—Por supuesto, entonces…

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Capítulo 44

—Enho —llamó Youko. Ella se detuvo frente a la puerta del estudio.

—¿Eres tú, Youko? —recibió una respuesta cálida.

—Disculpe —dijo y caminó dentro. Enho estaba sentado en su escritorio al lado de la


ventana. Miró por encima del hombro. Ella dijo: —Lo siento, pero, ¿podría darme unos minutos
de su tiempo?

—Adelante, ¿qué hay en tu mente?

Era como si él hubiera anticipado sus preocupaciones. Youko sonrió nerviosamente.

—Estaba pensando en ir a ver la capital de la provincia de Wa.

—Meikaku. ¿Así que has desarrollado un interés por Wa?

—Sí —respondió ella con sinceridad—. Rangyoku dijo que preferiría tener un matrimonio a
conveniencia antes de aceptar una granja en Wa. Es mejor casarse y luego divorciarse. Eso me
dio curiosidad sobre lo que hace que la provincia de Wa un lugar tan podrido. Quiero impedir
que pasen esas cosas mientras pueda. Rangyoku seguramente no lo hace porque quiera. Las
condiciones de este reino podrían conducir a alguien que… —Enho de repente sonrió. Algo
desconcertada, Youko preguntó: —¿Enho?

—Ya veo. El matrimonio es una tradición más conservadora en Japón —Enho le indicó
que se sentara, como de costumbre, Youko se sentó a su lado—. No necesitas preocuparte
mucho por eso. El matrimonio no es tan importante en la institución de aquí. Dime, ¿por qué la
gente se casa en Japón?

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—Mmm… para no estar solo con uno mismo.

—¿Y por eso la gente siente que es necesario casarse? Es cierto que la vida sin casarse
es solitaria. Así que la gente quiere a alguien que esté cerca. Aquí se llama un matrimonio de
derecho común.

—Bueno, creo que ahí está el problema con los niños.

—En este mundo hay niños que sólo nacen cuando una petición se hace al riboku. Uno
debe estar casado, de lo contrario, el Rishi no lo permite. Pero si simplemente desea vivir con
alguien, el matrimonio formal no es necesario.

—Ah.

—Si deseas tener hijos, tienes que casarte. De lo contrario, un matrimonio no se hace.
Con el fin de petición de un niño, una pareja debe de residir en la misma ciudad y asistir al
mismo rishi. Eso es más o menos en la forma en que funciona. Así que si te casas, tienes que
mudarte. Uno de los dos tiene que moverse a la ciudad del otro. Divorciarse en sí no
significa que tendrá que volver a la ciudad de procedencia. Y si su ciudad natal actual es un
lugar inhóspito, se pueden buscar familiares en otra parte.

—¿Así que puedes mudarte a diferentes reinos de esa manera?

—Sí, puedes. Pero tienes que transferir el registro del censo para el reino mismo de su
cónyuge. No puedes casarte con un ciudadano de otro reino. Ese es uno de los decretos
divinos y debe ser muy observado. Pregúntale a los niños, debes de estar casado y ser
residente de la misma ciudad, y al casarse, ambos deben de ser ciudadanos del mismo reino.
—Enho esbozó una sonrisa de complicidad—. Cuando se trata del riboku, no hay otro camino
que pedirle a Tentei. Posiblemente tiene que ver con la misma razón de que un rey debe ser el
reino que gobierna. Al parecer, hubo una vez un rey que solemnizó el matrimonio entre un
hombre y una mujer de diferentes reinos. A pesar de que fueron al riboku y ataron el lazo a la
rama, nunca se les dio un hijo. Con el tiempo separaron la unión. Esa es la razón por la que el
mundo lo rechaza.

—Es extraño —se dijo Youko a sí misma.

Enho sonrió con indiferencia.

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—En Japón, Dios no es necesario. Pero aquí, Dios está. Tentei es necesario para la lógica y
la razón del mundo que trabaja. ¿Estás familiarizada con el primero de los Decretos
Divinos?

—Que el mundo temporal se debe descartar con la humanidad, de acuerdo con el


camino.

—Correcto. Da la espalda al camino e, inevitablemente, oprimirás al pueblo. Hay un costo


favorable por apartarse del camino. Se puede dar la espalda a los decretos divinos y establecer
sus propias leyes, pero nunca van a funcionar a su satisfacción. La razón del mundo se teje a
través de los Decretos Divinos. Como dice en la leyenda, Tentei mismo dictó los decretos
divinos para nosotros.

—Tiene sentido —Qué mundo tan extraño es este, una vez más, Youko pensó para sí
misma.

—En base a lo que me has dicho, el matrimonio en Japón se ha diseñado para la

protección familiar. Se trata de un sistema estructurado para preservar la integridad de la línea


de sangre de familia. Aquí, sin embargo, no hay nada como un linaje de familia. Cuando un
niño cumple veinte, se separa de la casa. No importa lo rico que pueda llegar a ser la persona, la
riqueza no se les puede transmitir a los hijos. Cuando una persona cumple los sesenta años, su
tierra y casa son transferidas de vuelta al reino. Si lo desea, puede aferrarse a él durante la
totalidad de su vida, sin embargo, no se lo puede dejar a nadie después de su muerte. Sólo los
ahorros acumulados le pueden llegar al cónyuge, pero sólo porque es la riqueza generada por
ambos. Y cuando el esposo muere, todo es transferido de vuelta al reino. A su vez, no
importa cuán pobre sea una persona, se convierte en responsabilidad del reino para darle de
comer si no puede alimentarse por sí mismo.

—Bueno, entonces, ¿por qué el tener hijo en primer lugar? Enho


sonrió.

—Tentei ve los corazones de los padres y le da niños a cambio. En otras palabras, ser
padres es el camino del cielo de reconocer sus cualidades como seres humanos. Por la noche, se
dice que las almas de los niños escapan de sus cuerpos y vuelan a las cinco montañas sagradas,
donde se dice que Tentei eligió los padres que tienen en ese momento. Después de la

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muerte, las personas son juzgadas.

—¿Podría tal vez ser visto en términos religiosos?

—Es mejor verlo en términos éticos o morales. La crianza de los niños se da como una
virtud, más cerca del Camino. De hecho, no hay beneficio en tener un hijo. Se necesita
tiempo y dinero.

—Así que es por eso que un niño sale de su casa a la edad de veinte años.

—Este es el caso. Y es por eso que los padres se dedican a sus hijos. Despreciar a un niño es
despreciar al cielo. Al servir a sus hijos, están sirviendo al cielo.

—Ya veo.

—Puede parecer extraño. Por lo tanto, sería de alguien que habla de la genealogía en
términos de linaje. Lo más parecido a un árbol genealógico es un apellido. Un matrimonio
puede ser registrado en los registros de cualquiera del cónyuge del censo. Su propio nombre no
cambia, pero los registros están unificados bajo uno mismo o nombre del otro. El niño lo que
hereda es el nombre registrado bajo el registro unificado. La importancia de esto es que
cuando el emperador titular se encuentra carente de virtud moral y un cambio de dinastía se
lleva a cabo, una persona del mismo apellido no puede aceptar el mandato divino.

—Oh.

—El nombre con el que se registró originalmente la anterior Reina de Kei, la difunta Yo-ou,
fue Jo. Y sus padres no tenían apellido de Jo. En el caso de Kou, el apellido del rey anterior fue
Chou. Por lo tanto, el siguiente rey no llevará el apellido Chou. El Rey de Hou cayó. Su apellido
era Son. Puedes estar segura de que el próximo gobernante de Hou no será Son.

—Ya veo. Eso significa que mi amigo Rakushun nunca podría convertirse en Rey de Hou.

—Si su apellido es Chou, entonces, a lo largo de la historia no conozco ningún caso

que haya ocurrido alguna vez. Esta es la razón inalterable del mundo. No se puede cambiar
el nombre con el que se nació. Incluso si sus padres se divorcian, no hay cambio. Cuando uno se
casa, no cambia. Es por eso que la gente tiene lo que se llama un nombre de familia
inherente. Es la única función real y el significado del nombre de familia.

—Eso es completamente diferente a la práctica común en Japón.

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—De hecho —se rió Enho—, en Japón parece que una vez que se casan, están decididos
a aguantarse de una manera u otra. Aquí, la gente se casa y se divorcia muy regularmente, sin
ningún reparo en criar a los hijos de otras personas. De hecho, volver a contraer matrimonio con
hijastros es muy respetado. Quizás porque los tienes que uno tiene, debe de ser más
bendecido. Para llegar a ser uno de los mejores padres, debe de tener una cierta calidad de
persona.

—Ya veo.

—Al final del día, también hay personas que no desean los niños. Porque no hay
necesidad de casarse, se conforman con un matrimonio correctamente común. Debido a que
casarse se trata de una cantidad desconcertante de papeleo, los que renuncian a tener hijos
aceptan la situación y se conforman con un matrimonio de derecho común. No es raro que tal
acuerdo tenga lugar aún cuando el mantenimiento de las familias separadas. Pero si tienes la
imprudencia de tener a alguien como pareja que no vive en su vecindad general, es poco
probable que se cumpla, excepto durante el invierno.

—Cierto.

—Es más complicado cuando la pareja son funcionarios públicos. Cuando trabajas para el
gobierno, es obvio que tienes que mudarte. No se casarían para obtener un lugar, por lo que el
camino al progreso estaría necesariamente limitado. Para evitar este tipo de resultado
desagradable, muchos evitan el matrimonio.

—¿En serio?

Si eso fuera verdad, entonces debe de haber una gran cantidad de personas solteras entre
los ministros. Las personas que deciden casarse es poco probable que elijan a un funcionario
como cónyuge.

—Para la gente de este mundo, así son los límites del matrimonio. Es importante para
aquellos que desean tener hijos, y carente de significado para aquellos que no lo hacen.

—Ah —dijo Youko, tomando un respiro. Y ahora, para conseguir una partición en el lugar
correcto, era más importante para Rangyoku que tener un hijo. Esa era la magnitud del
problema—. Es realmente diferente —dijo para sus adentros, y luego bajó la cabeza—. Pero,
¿yo me puedo casar?

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Enho le dio una sonrisa forzada.

—El monarca no es un ser humano.

—No lo soy… Supongo.

—Si ya estuviste casada, técnicamente hablando, una vez que accediste al trono se haría
una anulación de matrimonio y se convertiría en una unión de derecho. En consecuencia, no se
puede tener hijos. Sin embargo, se le puede otorgar el rango de consorte real a su pareja,
como reina o príncipe. Tus hijos, Youko, son los ciudadanos de Kei. Tú sirves al cielo por su
servicio. Un matrimonio le sirve al cielo para la crianza de los niños. No hay ninguna diferencia.

—Creo que no —dijo con la cabeza baja. Enho


sonrió.

—Ve hacia donde debas. Está bien y es correcto ver el bienestar de tus hijos. Youko se
inclinó.

—A partir de mañana, entonces, voy a pedir su permiso.

Youko se dio la vuelta en la cama y miró al techo. Mis hijos son los ciudadanos de Kei. Servir al
Cielo por su servicio.

En Japón, nunca había pensado mucho en Dios. Ella tenía dificultades para
comprender la existencia de un dios como Tentei suponía que significaba algo para ella.

—Servir a Dios —era un concepto con el que no estaba familiarizada. Ella suspiró
profundamente. Oyó desde algún lugar el sonido de una voz firme.

—Su Alteza… Hay hombres.

—¿Qué?

Pidiéndole perdón, la presencia de Hankyo se desvaneció y luego apareció en breve.

—Hay por lo menos cinco hombres fuera del rike. Youko se


levantó.

—¿Quiénes son?

—No lo sé. Ah, ya se fueron.

—Síguelos.

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—A sus órdenes —dijo Hankyo y se escabulló.

Hankyo llegó a la mañana siguiente.

—Pasaron la noche en Hokui, dejaron las puertas esta mañana y estaban buscando un carro
que fuera a Takuhou.

Youko sujetó la correa de su mochila.

—Sin lugar a dudas, debo volver a Takuhou y ver por mí misma qué es lo que está pasando.

—¿Te gustaría hacer un viaje a Takuhou?

—Takuhou en la Prefectura de Shisui, asumo. Youko


asintió con la cabeza.

—La capital de la provincia de Wa, ¿es esa, de nuevo?

—¿Quiere decir Meikaku?

—Sí. Estoy pensando en ir a Meikaku e ir a Takuhou en el camino. Me gustaría ver cómo son
las cosas en la provincia de Wa. Puedes ser mi guía.

—Sí, pero… —Keiki vaciló.

Una vez más, sus ojos se oscurecieron.

—Me gustaría que los veas también, Keiki. Yo quiero que vea al Kei que no se ve desde el
palacio.

—Sí.

—Bueno, entonces, vamos a arreglar todo este papeleo. Lo siento, pero, ¿puedes leerlo en
voz alta para mí?

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Parte XII

Capítulo 45

—Hey, Suzu.

Vagaba en busca de una posada cuando oyó una voz detrás de ella. Porque tenía el
sansui, tenía que quedarse en una posada con establo. El robo de un pegaso era un delito
grave, pero eran tan valiosos que cuando tenían la oportunidad, no había ladrón que deje
pasar la oportunidad. Al menos, de acuerdo con el hombre que se lo vendió a

ella. Bastante segura de que debía de haber una posada con establo que no fuera tan caro,
partió para el barrio donde había estado antes.

Se dio la vuelta. Entre el bullicio de la gente estaba el chico que había conocido en el
cementerio.

—Eres tú…

Se deslizó por entre la multitud que se amontonaba a las puertas antes de cerrar y corrió
hacia ella.

—¿Has vuelto? ¿Por qué?

Suzu inclinó la cabeza hacia un lado.

—¿Por qué lo preguntas?

—Te fuiste a un lugar, ¿cierto? Te fuiste, así que pensé que volverías más aquí. Suzu recordó
que su nombre era Sekki.

—¿Cómo sabías en qué posada me estaba quedando?

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El día que se habían conocido, él no había ido hasta la posada con ella. Habían ido por
caminos separados en la avenida principal.

Sekki se encogió de hombros con aire de culpabilidad.

—Ah, lo siento. Te seguí.

—¿Por qué?

—Estaba preocupado por ti. Pensé que podrías tratar de ir hacia Shoukou de alguna
manera.

Suzu tragó saliva.

—No seas tonto.

—Así que estás bien, entonces. ¿Y ese Pegaso? ¿Te fuiste para comprarlo?

—Sí. Me cansé de viajar en carro. No tengo que preocuparme de llevar a un niño


enfermo alrededor más —Ella se rió cínicamente y Sekki miró hacia otro lado. Ella
continuó: —Está bien por mí. Así que, ¿sabes de una posada barata con establos?

No le quedaba mucho en su bolso, y hoteles con establos no eran tan comunes. Sekki levantó
la cabeza.

—Yo vivo en una posada. Está un poco deteriorada y no tiene establos, pero el patio
trasero debe de ser lo suficiente grande para un pegaso. Pero eso está bien,

porque nadie va a tratar robar cualquier cosa de nosotros —Él le tomó la mano—.

Puedes quedarte con nosotros. Además, nuestras tarifas son buenas.

La casa de Sekki estaba ubicada en un edifico ruinoso de la ciudad. Hombres que


merodeaban por el camino le dieron a Suzu y al sansui miradas sospechosas mientras pasaban
de largo.

Con el sansui caminando a la cabeza, Suzu le preguntó:

—¿Estás seguro de que esto está bien? Parece un barrio muy peligroso. Sekki
sonrió.

—No te preocupes. ¡Ah, aquí estamos!

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Suzu miró en dirección que él señalaba. Era un poco vieja, pero una posada bien
cuidada. Sekki se adelantó hacia el lado de la entrada, abrió la puerta de madera y le indicó
que la siguiera.

—Vamos a entrar aquí.

Dentro de la puerta había un pasillo, donde algunos barriles y cubos estaban almacenados.
A través del pasillo se llegaba a un patio y una huerta. Sekki señaló una cerca.

—Se lo puede atar allí. ¿Sabes lo que come?

—Heno y pasto.

—Vamos a conseguir algo para ti. Mientras tanto, podemos darle agua.

Sekki fue hacia el pozo y bajó un cubo de agua. Justo en ese momento, la puerta trasera
se abrió y apareció un hombre ahí. Era tan alto que tenía que mirar hacia arriba.

—¿Qué estás haciendo con una bestia así, Sekki? —Sus ojos se centraron en Suzu. Él le dio a
ella un aspecto muy sospechoso. Transportando el balde, Sekki se volvió y le sonrió.

—Es de ella. Ella se quedará aquí. Te dije antes, ¿recuerdas? La chica que conocí en el
cementerio.

—Ah —dijo el hombre, asintiendo con la cabeza. Él le sonrió ampliamente, mostrando


una sonrisa amistosa—. Sí, eso fue bastante horrible. Vamos adentro. Esto es una especie de
basurero, sin embargo.

—¿También trabajas en esta posada?

Se le mostró la cocina y se la invitó a sentarse. Suzu amablemente tomó asiento. El hombre


sumergió una cuchara en una olla grande, llenó la taza y la colocó delante de ella. Tenía una
figura bastante dura como para ser camarero.

—Creo que se puede decir que soy el propietario. De hecho, es Sekki quien lleva los
libros.

—¿Tú eres su hermano mayor?

—Sí. Y me trata como un perro —Se echó a reír con fuerza—. Yo soy Koshou. ¿Y tú?

—Suzu Ooki.

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—Ese parece un nombre raro.

—Soy una kaikyaku.

—Oh —dijo, con una expresión de sorpresa en los ojos.

Suzu se sorprendió también. Para ser honesta, decir que era una kaikyaku no

despertaba ningún sentimiento en la mayoría de las personas. Cuando pensó en eso ahora,
cuando ella le dijo que era una kaikyaku, seguía esperando que algo dramático sucediera.

—Debe de haber sido duro.

Suzu negó con la cabeza. Ella no había sufrido mucho durante sus viajes. Ella estaba
sana, y a pesar de que sus padres habían muerto hacía mucho tiempo, no había sido expulsada
de su ciudad natal. Su vida era solitaria y no era poca.

—Koshou, no debes traer a los clientes aquí —Sekki entró en la cocina y le dio a su
hermano mayor una mirada juguetona.

—Oh, eso está bien, ¿no?

—No, no lo está. Ahora, ve a averiguar en dónde se puede conseguir heno y pasto.

—Está bien, está bien —dijo Koshou alegremente. Él le sonrió a ella y salió de la cocina.

Al verlo salir, Sekki suspiró.

—Lo siento. Mi hermano mayor no es realmente un caballero.

—Está bien. Siento hacerlos correr por el heno. No quiero que tengan muchos
problemas.

—No te preocupes por eso —se rió Sekki—. Te voy a enseñar tu habitación. Por favor,
perdona el hecho de que está un poco descuidado.

A pesar de estar ubicado en ese barrio, en la posada había invitados. Había cuatro
habitaciones, y en los tres días que había estado viviendo ahí hasta el momento, los
ocupantes habían ido y venido. Un grupo de hombres se quedaban en la taberna en la primera
planta. Ellos no eran precisamente un grupo de clase alta y ellos (y alguna mujer ocasional)
parecían estar ahí todo el tiempo, conversando en voz baja. El pasillo de la casa que conducía

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la jardín también había un montón de idas y venidas.

Este es un hotel extraño, pensó Suzu mientras ordenaba sus cosas. Después de

pensarlo, colocó su bolso con algunas monedas y lo mantuvo encima del equipaje. Ella echó un
paquete largo y delgado por encima del hombro. En el patio oscuro, ensilló al sansui.

—¿Vas a salir a esta hora? —le preguntó Koshou, saliendo de la casa. Suzu
asintió con la cabeza.

—Pensé en dar un paseo.

—Las puertas están cerradas, ¿a dónde vas? —Suzu no respondió. Koshou se inclinó
hacia delante y le dio una mirada dura—. Ten cuidado —dijo, con un gesto con su mano. La luz
de la cocina brillaba sobre el anillo de su dedo.

Suzu bajó la cabeza, tomó las riendas y se volvió hacia el callejón.

Oh, sí, es de una cadena, pensó ella, acomodándose en la silla de montar. El delgado
anillo que llevaba Koshou, era el eslabón de una cadena. Un filamento delgado

de acero lo suficientemente grande como para envolver alrededor de un dedo, que sería

para mantener vinculados entre sí formando un cinturón de cadena. Ella había visto los
cinturones de decoración de piel que las clases menos privilegiadas llevaban. Habían
desmontado una y la llevaban unida a los dedos. Una cadena corta como la que se colgaba
en un rincón de la cocina como un talismán.

Sekki lleva uno, también.

No sólo Sekki. De vez en cuando, un hombre que pasaba por el pasillo lo tenía, o uno de
los hombres que descansaba en la taberna. Tal vez la mayor parte o toda la gente que
entraba y salía de la posada.

Se sentía como si se hubiera encontrado por casualidad con algo muy extraño y curioso.
La sensación de un toque de melancolía mientras salía a la calle principal. Ya era de noche, e
incluso el número de borrachos en la calle había comenzado a disminuir.

La sala de la prefectura se encontraba en el centro de la ciudad. Las oficinas de la


prefectura ocupaban el terreno dentro de las murallas que rodeaban el complejo que
parecía un castillo. El camino curvo interno que corría alrededor de las paredes era una gran

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mansión frente hacia el este.

Shoukou, el gobernador de la prefectura de Shisui, la bestia de Takuhou.

Él tenía una residencia oficial en el castillo interior. Una segunda residencia, una casa
grande en el segundo distrito de Takuhou. Y una enorme propiedad a las afueras de Takuhou.

Suzu había adoptado recientemente caminar por esa calle y así había determinado una de
sus tres residencias, que estaba hospedando en uno de los del camino curvo

interno. La finca en el campo era sólo para entretener a los invitados. La casa en la
carretera de la curva interna era para cuando él tenía trabajo que atender en el salón de la
prefectura. La tercera casa parecía estar reservada para otras ocasiones. Esto significaba que la
bestia era hasta sus trucos habituales en las oficinas de la prefectura. No podía empezar a
imaginar qué tipos de planes siniestros estaba cocinando, pero no había duda de que no eran
para el beneficio de la gente de Shisui.

Suzu le dio una mirada fría a la casa y dirigió al sansui a la esquina de la calle. Sobre la
base de un templo taoísta desierto, se desmontó y se sentó en un lugar poco visible con el fin
de ver las puertas cerradas del templo.

Ahora esperaremos, Seishuu.

Metió la mano en su chaqueta y tocó la empuñadura de la daga metida en la faja de su


kimono. La hoja podía cortar a un youma. Se podría reducir a un hechicero también. Ella había
determinado que el sansui podría saltar el muro de camino. Cualquier cosa que pudiera saltar
por encima de ese muro podría traspasar la pared de la casa. Si el dueño de la casa estaba
presente, él estaría durmiendo en la parte posterior. Y, de hecho, en la parte posterior del
edificio que daba a la calle había un edificio de lujo, de varios pisos.

Voy a hacer que sienta nuestra amargura y nuestro dolor.

Abrazó con fuerza sus brazos alrededor de sus rodillas.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 46
En horas de la noche, Suzu llevó al sansui a la carretera curva interna. Dio la vuelta a un callejón
adyacente a la casa de Shoukou y miró hacia el edificio de varios pisos que se levantaba contra
la pared.

Tendría que saltar la pared e ir a la carga hacia el edificio. Ella ejecutaría a Shoukou y luego
saltaría a la carretera e iría de cabeza a Gyouten. Y ahí organizaría una audiencia con la Reina de
Kei.

No los voy a perdonar. Ni a Shoukou ni a la Reina de Kei.

Repitió las palabras como si quisiera convencerse y tomó las riendas del sansui. Una mano
se cerró sobre la de ella.

—No.

Suzu saltó hacia atrás, chocando con el sansui. El sansui relinchó y gruñó descontento.
Ella miró hacia atrás. La sombra a su espalda tenía la altura y anchura de una gran roca.

—Koshou.

Otra persona apareció detrás de ella y le sacó las riendas de la mano. Un hombre que
recordaba haber visto en la posada.

—¿Por qué…?

Simplemente no era Koshou y otro hombre. Varios otros se ocultaban en las sombras a lo
largo del estrecho callejón.

Koshou suavemente envolvió los nudillos de Suzu. Dijo en voz baja.

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—Shoukou no es el único dentro de la casa. Hay guardias por todas partes. ¿Vas a matarlos
a todos? —Tiró de su brazo—. Vamos. Nos vamos a casa.

—No. Déjenme ir.

Koshou la fulminó con la mirada.

—Si Shoukou se entera de que has estado viviendo con nosotros, todos estaremos
muertos.

Suzu se quedó sin aliento.

—No te mataría en ese mismo momento. Ése es el problema. Sería causar todo tipo de
problemas.

—Yo…

Suzu miró el edificio que se levantaba sobre la pared y luego a Koshou. Ella no tenía la
intención de causar a Sekki o Koshou cualquier tipo de dolor, pero justo enfrente de ella estaba
la casa del enemigo.

Koshou le dio unas palmaditas en la espalda.

—Sé cómo te sientes, niña. Así que, te estoy pidiendo que vuelvas con nosotros.

Los hombres estaban acampando frente a la posada. Cuando Koshou regresó junto con Suzu,
Sekki corrió hacia ellos desde detrás de la pared de hombres. Llevaba una lámpara.

—Suzu… Gracias a Dios.

Los hombres hicieron eco esa opinión. Suzu se inclinó ante ellos. Koshou
nuevamente le dio unas palmaditas en la espalda.

—Lo siento por esto, a todos. Pero la traje de vuelta bien.

El público suspiró de alivio. Cuando salían en uno en uno y a veces de dos, le dieron
unas palmaditas en la espalda.

—Es bueno ver que estás bien.

—Ahora, eso no es seguro que lo hagas de esa manera.

—Nos diste un infernal susto, chica.

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Ella había puesto realmente a Koshou y al resto de ellos en una situación difícil. Pero a
medida que los veía alejarse, le faltaba la censura de su voz perpleja.

A instancias de Koshou, Suzu entró en la posada y se sentaron en la taberna. Uno de los


hombres tomó al sansui y lo llevó atrás.

Un número de hombres estaba en la cocina. Diez más entraron en la taberna con ella.
Un hombre mayor salió corriendo de la cocina y colocó una taza humeante de té delante de
ella. Se dio cuenta de que su cuerpo estaba helado hasta la médula y sus dientes
castañeaban. Ella envolvió sus manos alrededor de la taza de té caliente con sus manos
congeladas.

—Entonces —dijo Koshou, apoyando las manos sobre la mesa y mirándola a ella. Sus ojos
se centraron en el anillo de acero de su dedo—. ¿Tú odias a Shoukou?

Suzu arrancó los ojos del anillo y levantó la vista.

—Lo odio.

—Tú no eres la única. No eres la única que sabe qué es tener ese tipo de odio en tu corazón.
Te conseguiste un arma significante. ¿Sabes cómo se utiliza? ¿Qué es lo que exactamente
pensabas que ibas a hacer a Shoukou?

—Yo…

—¿Sabes los muchos guardias que tiene en esa casa, y cómo muchos de ellos tendrías
que luchar para llegar a su habitación?

Ella inclinó la cabeza.

—Suzu, no es posible. No es el tipo de enemigo que cualquiera puede detener con un


ataque de ira.

—Pero…

Sus ojos se suavizaron.

—Es realmente muy malo sobre lo del niño.

Suzu lo miró fijamente. Su visión estaba borrosa. De repente, todo se embotelló en su


interior intentando salir de golpe.

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—Seishuu… —Sollozó—. Estaba… muy enfermo. Y yo lo maté. Tuvo que huir de Kei y
escapó a Kou. Entonces su pueblo en Kou fue destruido y tuvo que huir de nuevo. Su padre fue
asesinado por un youma delante de él y luego su madre murió. Estaba enfermo por tener
una herida por un youma. Estaba muy, muy enfermo. Un pequeño rasguño de esa forma y ha
sufrido tanto.

—Lo sé —Koshou le dio unas palmaditas a sus manos apretadas.

—Yo iba a encontrar una cura para él. Nos quedamos en el camino a Gyouten. Sólo se puso
peor y peor cada día. No importaba lo que comía, no lo podía retener. Estaba tan delgado. Él
no podía caminar en línea recta, apenas podía ver… —Las lágrimas calientes quemaron sus
mejillas—. No debería haberlo dejado ahí. Yo estaba buscando una posada, pero debería
haberlo llevado conmigo. Si lo hubiera hecho, no habría terminado perdiendo la vida.

Él estaba tan delgado, casi no pesaba nada.

—No debería haber venido aquí en primer lugar. Lo habría tenido que llevar a un
médico en otra ciudad.

—No te odies a ti misma, Suzu —le dijo Sekki. Suzu se volvió hacia él. Estaba sentado
junto a ella, mirándola fijamente. Él le dijo: —Te estás odiando más a ti misma que lo que odias
a Shoukou. Más que castigar a Shoukou, querías castigarte a ti misma.

Suzu parpadeó.

—Sí. Eso es cierto —las lágrimas continuaron como si fuera lluvia. —Yo no tenía que
haberlo dejado ahí. No debería haber venido aquí. Es mi culpa. ¡Si tan sólo no lo hubiera
traído conmigo! —Ella había estado envuelta en sus fantasías y Seishuu había muerto a causa
de ella—. ¡Él no quería morir! ¡Oh, nunca dejó de burlarse de eso, pero tenía miedo de morir
también! Pero lo hizo. Es mi culpa y no hay fijación para mí ahora.

¡No sirve de nada pedir perdón o lamentarme por eso ahora!

Sacudida por lo sollozos, ella no podía hablar por largo rato.

—Esa chica, ella me dijo que él me perdonaba. ¡Pero yo no me perdono!

—Pero, Suzu, no importa lo duro que sufras o luches, no resucitarás a los muertos. Esa es
la manera que es.

Traducido por EED_Wolf -306-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Pero…

—Lo que trataste de hacer no lograría nada y eso está mal. Si toda la ira y el
resentimiento, si piensas que está bien matar a la gente por venganza por un rencor
personal, entonces no eres mejor que un asesino como Shoukou.

—¿Así que estás diciendo que debo perdonarlo? He oído la clase de persona que es. Ha
hecho sufrir a un montón de personas al igual que a Seishuu. Es por eso que lo iba a matar.
¿Esperas que perdone algo así?

Koshou le dio una palmada en la espalda.

—No dijo nada acerca de perdonarlo —Cuando ella levantó la vista, se echó a reír—.
Muestra tu odio por Shoukou y tendrás ocasión de disfrutar de su retribución. Eso es de lo que
todo el mundo tiene miedo, el por qué de que todos se callen la boca. No ves el mal ni
escuchas ningún mal. Pero no se puede pensar que solamente hay cobardes en Shisui.

—Koshou, tú… —Suzu levantó la cabeza. Echó un vistazo a Sekki. Luego, a los hombres
en la taberna que estaban todos en silencio mirándola a ella—. Todos ustedes…

Todos llevaban los mismos anillos de acero.

—Shoukou caerá. Sólo estamos esperando el momento adecuado. Teníamos miedo de


que llegaras al extremo de esto —Koshou tomó una cadena del bolsillo de su chaqueta. Él
arrancó un enlace de la cadena y se lo ofreció a Suzu—. Olvídate de Shoukou y vete a otro
sitio y vive una vida sin preocupaciones. O toma esto —Y agregó con una expresión severa en
el rostro—. Pero si lo haces, puede que nunca te retires. Traicionarnos a nosotros, y tendrás
que estar preparada para aceptar las consecuencias.

—Dámelo —Suzu alargó la mano—. Nunca los voy a traicionar. ¡Lo que sea para librarme
(y también Seishuu) de este rencor!

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Capítulo 47

Shoukei escaló el Monte Koushuu entre la frontera de En y Kei y entró a Kei. El nombre de la
ciudad en el puesto fronterizo era Gantou. Gracias a Rakushun, no tuvo problemas para cruzar la
frontera.

—Ten cuidado.

Se separó de ella en la ciudad de Kei y Rakushun volvió a En. Shoukei lo vio salir y no podía
bajar la cabeza y decir: “Gracias”.

Había organizado un pasaporte para ella y le había dado dinero para viajar de su propio
bolsillo. Él le había dado mucho. Él la trajo hasta ahí y la había dejado sin pedirle nada a cambio.
No podía dejar de darle las gracias.

—Oh, maldita sea —se dijo a sí misma, mientras la cola ondeando de Rakushun
desaparecía de su vista. Ella nunca le había dado las gracias a ninguna persona. Nunca había
pedido disculpas a nadie. De vuelta en Hou, bajo los golpes, ella se había arrastrado ante Gobo.
En el palacio de Kyou, ella se había arrastrado ante la Reina de Kyou. Pero nunca con
sinceridad. Nunca había a nadie agradecido desde el fondo de su

corazón. Ella ni siquiera había sido ella.

Cuando levantó la cabeza otra vez, Rakushun había desaparecido de entre la amplia
calle, con el buen final hacia En. Estaba ya probablemente sobre el suugu y galopando de
regreso a Kankyuu.

Ella respiró hondo y echó un vistazo por encima de su hombro. El tipo de diferencias que
vio ahí en la frontera de En y Kei no era muy diferente a la de la frontera de Ryuu y En.

Así que, esto es Kei.

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La ciudad estaba asentada extendida en la cumbre de la montaña de Koushuu. Desde


la puerta que separa En y Kei, la ciudad se extendía a lo largo de las laderas adosadas. Una
vista imponente de la ciudad se abrió a partir de la calle de delante de la puerta del centro. Al
mismo tiempo, el reino se extendía desde el pie de la montaña de Koushuu.

Junto con Shoukei, muchos otros también se detuvieron en la calle y miraron a su


alrededor y dieron suspiros de resignación. En comparación con el punto de vista era una tierra
desolada. La nieve no cubría los campos en invierno y la falta de nieve no hacía más que
acentuar el punto de vista solitario y estéril.

La ciudad fronteriza era grande. Sin embargo, el ajetreo y el bullicio eran muy

diferentes. Pequeños edificios apiñados a lo largo de estrechas calles pavimentadas con tierra
compactada. Hacía más calor que en comparación con las ciudades del norte, pero todas las
ventanas estaban cerradas herméticamente. Los acristalamiento con vidrio eran escasos,
como un perro verde. Parecía una ciudad que obstinadamente se negaba a dar la bienvenida a
nadie.

Los edificios destruidos por todas partes, sólo los esqueletos restantes de su estructura
dejados atrás. El revoltijo de tiendas multicolores que bordeaban la carretera, de los edificios
estrechos se derramaba una marea de frascos rotos, jarras, muebles y utensilios del hogar. Un
sinnúmero de pequeñas chozas, cerrando el paso del viento con maderas desechadas y trapos
viejos, encaramados a lo largo de la carretera circular exterior que abarcaba la ciudad. Gente
andrajosa, cansada y sombría en torno a las hogueras.

Kei es un país en crisis. Ahí, el precedente de un rey de larga duración no existía. La


diferencia más amarga entre Kei y En era el largo gobierno de un solo monarca.

Un gran número de personas que desembocaba en el lado de Kei de la ciudad, la mayor


parte de ellos eran refugiados.

—Pensé que podría haber mejorado un poco más —murmuró un hombre abatido, que
parecía hablar en nombre de la multitud de gente que fluía por la calle—. Sí, no tendría que
haber vuelto.

Shoukei oyó lo suspiros de la gente del grupo.

—¿Está todo esto podrido, me pregunto? Por lo que no se ve nada bien.

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—Me fui del país después de que la reina murió. No tenía ni idea de que había llegado
a estar tan mal.

—Sí, es difícil —pensó Shoukei para sí misma mientras caminaba. Va a ser difícil arreglar
ese reino.

Los refugiados eran un dolor de cabeza en el Reino de En, por lo que volvieron a Kei. Las
personas que habían estado en En no podían de dejar de comparar Kei. De hecho, en
comparación con su reino natal, Hou, el estado de Kei no era tan malo para su desesperación. Sin
embargo, las diferencias entre En y Kei eran tan evidentes como la nariz en su cara. Codo a
codo con la prosperidad y la alegría de En, la ciudad de Kei parecía un naufragio.

El grupo de personas continuó por la calle juntos y entraron en una posada barata.
Finalmente encontró un edificio de tres pisos con ofertas de empleo. Las habitaciones eran
grandes, pero había que compartir alojamiento.

Los refugiados alojados en el albergue expresaron una variedad de sentimientos: de los


felices que eran al ser capaces de volver a su país de origen, con seriedad sobre el futuro y con
optimismo, de los ancianos con sueños rotos de regresar a un reino bendecido, rico y vivir la fácil
vida.

—¿Has oído algo sobre la reina?

—¿Una reina? ¿Otra vez?

—Si hubiera sabido eso, me hubiera quedado en En.

—Las reinas no son buenas. Ellas no tienen lo que se necesita. Todo se está yendo al
infierno lo suficientemente pronto.

—En el momento que comience a perder el camino, estaremos haciendo cola para entrar
a En otra vez.

—Te lo digo, la próxima vez que nos vayamos, no volveremos nunca.

Sí, realmente era un desastre. Shoukei suspiró. Por alguna razón, la Reina de Kei no le
parecía una extraña para ella. Cuando pensaba acerca de lo que debía ser como reina, tenía
que suspirar de simpatía.

Y ahora está probablemente en el palacio pensando lo mismo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Me pregunto si debería volver con la cabeza baja hacia atrás otra vez.

—Nunca sucederá. No hay nada para nosotros en En. No importa cómo se lo mire, no
hemos nacido en En.

—Sí, pero no podemos volver a donde nacimos, tampoco.

—Esperemos que algo quede en nuestra ciudad.

—Olvídalo —Uno de los hombres se inclinó hacia delante—. ¿Sabes algo de los barcos
que salían de Goto?

—¿Qué es eso?

—Los buques de guerra se dirigen a Tai. Uno de los gobernadores de la provincia de Wa


los envía, más o menos eso he oído. Parece que está recogiendo los refugiados de Tai y los trae
aquí.

—Son noticias para mí. Tienes que estar loco, ¿ir a Tai, ahora? Habría que taponarlo.

—No, no estoy hablando de eso. Vamos a ver, ¿dónde estaba…? Sí, Shisui. El
gobernador de Shisui envía esos barcos por que sentía mucho por los refugiados y todo eso. Si
abordaban y llegaban a Shisui, él les daba una parcela de tierra y los registraba en el censo.

—Shisui, Provincia de Wa… está justo en la frontera de la provincia de Ei.

—Hey, si puede hacerse cargo de lo refugiados así, Shisui tendrá que estar haciéndolo
bien, ¿no es así? Si preguntamos, tal vez nos dan la bienvenida, ¿no?

—Tonterías —una mujer agitó la mano con desdén—. Se trata de endulzar las cosas.
La gente tira la lana sobre los ojos.

—No es así. Escuché lo mismo de otras personas también. ¿Cierto? Hubo una
pausa en la conversación.

—Tienen que creer en cuentos chinos, está bien. Eso es todo lo que son.

—Eso no puede ser verdad. Vamos, ¿qué, nadie ha oído hablar de eso antes? ¿En serio?

En respuesta a su consulta, Shoukei levantó la voz.

—Yo lo hice.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

El pequeño grupo apretado de repente se abrió, su atención cayó sobre ella. El


hombre se acercó a ella.

—Es verdad, ¿no? ¡Lo sabía!

—Bueno, este, me enteré en Ryuu. Me enteré de un marinero que trabajaba en los barcos
que zarpaban de Ryuu a Tai. Dijo que no había barcos como esos.

Una ráfaga de conversaciones siguió a eso, todos ellos sosteniendo al mismo tiempo
acerca de lo bien que debía de ser Shisui, y cómo su ciudad natal, ni siquiera existía.

—¿Por qué no sólo vamos para verlo por nosotros mismos?

—Mi pueblo fue destruido cuando el río inundó las orillas.

—Yo todavía prefiero volver al lugar en donde nací.

Terminaron divididos por la mitad, entre los que querían comenzar en Shisui de
inmediato, y aquellos que lo pensaron que todo era una sarta de mentiras y argumentaron
que nada bueno saldría de ello.

—¿De dónde vienes? —le preguntó uno de ellos a Shoukei. Ella


inclinó la cabeza hacia un lado.

—Yo soy de Hou. Ya sabes, me gustaría tener una casa en la mía, pero no soy lo
suficientemente grande —Ella siempre podía mentir sobre su edad, pero no estaba segura
acerca de cómo llevarlo a cabo—. Pero si es que realmente Shisui es rico, no veo daño alguno en
averiguarlo por mí misma —Ella asintió con la cabeza a sí misma mientras hablaba—. Me
imagino que tendré que conseguir trabajo en alguna parte, y bien podría ser en Shisui como
en cualquier otro lugar.

Al día siguiente, Shoukei comenzó su viaje a Shisui. Se había acostumbrado a viajar en carro en
Ryuu, pero entonces decidió seguir adelante. A diferencia de Ryuu y En, había mucha gente
caminando por las calles. De hecho, no estaba demasiado frío como para

caminar. El trabajo de caminar por sí solo mantenía el calor suficiente, aparte de las puntas
de los pies y las manos, era tolerable.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

El camino del el sur llevaba hacia Meikaku, la capital de la provincia de Wa. La carretera
a Gyouten corría de este a oeste a través de Meikaku y Shisui.

La devastación del campo era grave. Muchas de las casas en las aldeas en el camino
estaban destruidas. Los campos de barbechos destrozados, los bosques de ceniza arruinados
y quemados. Con tan poca nieve, nada se ocultaba a la vista. De vez en cuando, en los
alrededores vivía gente en una aldea, se podía ver la fila de montículos de tierra. Así que mucha
gente había muerto.

Eso la hizo estremecerse. Las montañas desvastadas y arroyos, la pérdida de vidas. Esto era
debido al rey, porque no había rey que se sentara en el trono.

—Señorita, ¿de dónde es? —un anciano sentado a su lado en el carro le preguntó. Shoukei
sacó la vista de la parte trasera de la carretera. Muchos de los vagones de

Kei viajaban con el dorso descubierto.

—Hou —dijo.

—¿Es verdad, sobre la historia de que el Rey de Hou ha muerto?

—Sí.

—Oh —El anciano abrazó el onjaku al pecho—. Así que Hou va a pasar por esto. Los ojos de
Shoukei se abrieron en respuesta a esa declaración hecha. Era cierto.

Muchas personas morirían. Víctimas que envidiarían a los asaltantes, de la misma manera que
odiaba a Gekkei, el marqués de la provincia de Kei.

Y así debería ser odiado, por traer la destrucción del reino. Ella dijo:

—Kei es mejor ahora, con una nueva reina en el trono. El


anciano se echó a reír.

—Se podría decir que cada vez es mejor. Pero eso es lo que todos pensamos la última
vez.

No tenía nada más que decir después de eso.

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Capítulo 48
La provincia de Wa estaba al este de la provincia de Ei, que se extendía desde la frontera
oriental de Ei ante el Kyokai. Junto con Keiki, Youko se dirigió a Meikaku, situado en el barrio
oriental de la provincia. Una carretera recta que la atravesaba a Kei desde el Kyokai hasta el
Mar Azul. Una segunda vía importante corría hacia el sur desde las Montañas Koushuu. Los
caminos se cruzaban en Meikaku.

—Meikaku es una importante parada por tierra —dijo Keiki.

Utilizando el shirei, el viaje duró dos días. Descendieron cerca de Meikaku y caminaron el
resto del camino.

—Esta carretera es el salvamento a la región del norte del reino. La terminal de la ciudad

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es Goto, es el único puerto real que Kei tiene en el Kyokai. Sal y arroz son enviados desde
el sur, los medicamentos de Shun, la lana y la cebada desde el norte, todos estos deben de ser
comprados con el excedente de la cosecha agrícola y suministrada a la región del norte para
mantener al pueblo vivo.

—¿La parte norte es para los pobres? Keiki


asintió con la cabeza.

—Es una región montañosa con poca tierra cultivable. Se seca durante el verano, con
una prolongada temporada de lluvias a partir de la caída. La cosecha de todos depende del
clima, pero no hay otra industria con la que puedan contar.

—Oh.

—Especialmente ahora, con el envío que atraviesa el Mar Azul del sur, en gran medida
es un punto muerto, Goto se ha vuelto aún más crítico. Además de eso, hay más de una puerta
de entrada entre Kei y En a lo largo de las montaña Koushuu, de ahí la importancia de Gantou
a las rutas terrestres y Goto para las marítimas. Los cargos de entrada a Kei, ya sea
necesariamente se deben utilizar esos caminos y pasar a través de Meikaku.

—¿Podría la provincia de Wa ser rica, a pesar de estar en el cuarto del norte? Keiki sonrió
con ironía.

—Se dice que merodean salteadores por los caminos de Wa. Con el fin de proteger los
envíos de cargas, Wa despacha a la guardia provincial para construir fuertes y proteger las
caravanas. Debido a que se paga con los impuestos al consumo, el costo de los bienes aumenta
en consecuencia.

—Tiene sentido —La triste verdad era que no había manera de evitar que la provincia de
Wa enviara cualquier cosa, desde Gantou o Goto—. Gahou sin duda sabe cómo hacer negocios.

Keiki frunció el ceño.

—No lo creo. Existen grandes ciudades limítrofes al norte de Meikaku y al este que carga
de almacén a los viajeros de casa. Se llaman Hokkaku y Toukaku, y al mismo tiempo son
parte de Meikaku y mucho más grandes. Tierras de cultivos que adquirieron y se nivelaron,
altos muros construidos, y esas ciudades se construyeron de la nada sólo para la mercancía de
las casas y las personas. Las personas utilizan esas ciudades como una carga en los

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hombros. El pueblo de Wa hace el trabajo. Trabajan como esclavos.

Youko dijo, exasperada.

—¿Por qué un hombre como Gahou es un marqués tan importante en la provincia de


Wa?

Keiki bajó la mirada. Fue la última Reina, Yo-ou, quien le había dado a Gahou la
provincia de Wa. Gahou le había entregado un jardín en las afueras de Gyouten. Era el jardín
del tamaño de una aldea. Pasando a través de las puertas, se presentaron con una belleza rústica.
Una fila de seis casas, un anciano que servía como guarda de caza para un ciervo y un niño para
alimentar los faisanes.

Gahou le dio a Yo-ou esa aldea pequeña y hermosa, en la que la reina podía vivir u sueño
de existencia tranquila, sin incidentes. Ella lo visitaba a menudo, y sobre todo gracias a
Gahou, le dio todo lo que él deseaba. Así fue como la provincia de Wa entró en su posesión.

La reina seguramente era más feliz cuando conversaba con los vecinos, cortar la grama
en los jardines que rodeaba la aldea, enseñando a los niños a bordar enana casa construida con
ese propósito. Habrían resultado las cosas de manera diferente, se decía Keiki, si no hubiera
sido capaz de disfrutar ella así. Cada vez que le pedía a ella que volviera al palacio, ella se
echaba a llorar, se negaba y continuaba, su destino final se hizo inexorable.

No debería haberla puesto en el trono. No era justo para ella, pero los oráculos
divinos la habían elegido a ella. No había nadie más que pudiera ser posible.

—¿Keiki?

Una voz suave lo llamó. Keiki rápidamente se tranquilizó. Su nuevo señor lo estaba
mirando, con la cabeza inclinada con curiosidad.

—¿Qué pasa?

—Oh, nada —dijo Keiki, sacudiendo la cabeza. Levantó la cabeza y miró a través del
campo. Un río corría por la montaña a lo largo de la carretera. Delante de ellos se alzaba la
Montaña Ryou-un. Se podía ver los muros que se levantaban en su base.

—Eso parece ser Meikaku.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

La montaña de Meikaku atravesaba el mar de las nubes. Las suaves colinas se reunieron sobre el pie
de la montaña.

—¿Ésta es la capital?

Youko quedó a las puertas de Meikaku y miró hacia abajo a la avenida principal, una
amplia avenida casi deportista de vida. Las capitales y provinciales tenían once puertas. Las
capitales de los distritos y de las prefecturas tenían doce años. En el caso de las capitales
imperiales y provinciales, la puerta central del norte o Puerta Rata, se

quedaba fuera. En su lugar, justo al norte de la ciudad de Ryou-un y las oficinas del
gobierno imperial y provincial.

Youko y Keiki entraron a Meikaku a través de la puerta oeste o la Puerta del Gallo. La
avenida principal corría hacia el este a 700 pasos de la Puerta Gallo a las oficinas municipales
en el centro de la ciudad. La calle estaba a un centenar de pasos de ancho. En todas las
ciudades, pequeñas tiendas se alineaban en la calle por lo que era mucho más estrecho, y la
misma calle se llenaba de gente y de carros. Pero no había ni una sola tienda a la vista en esa
ciudad.

No había evidencia de refugiados acampando a sus alrededores. No había ninguna de las


personas pobres y sin hogar que habían visto en cada pueblo y ciudad en la que habían pasado
en el camino durante tres días, viajando a través del shirei de Keiki. El lugar estaba sin vida. Ni
una tienda, ni un puesto en la carretera. No había multitudes que cruzaban a lo largo de la vía
pública.

Varios de los viajeros que entraban por la puerta que daba a la calle con ella,

demostraban la sorpresa por igual. Youko miró a derecha e izquierda al pasar por la puerta.
Un hombre taciturno se acercó, caminando a través de la puerta con pasos
acostumbrados. Youko le gritó:

—Disculpe —El hombre se detuvo y volvió la mirada hacia ella—. ¿Algo pasó hoy?

El hombre llevaba una cesta pesada en la espalda. Lanzó una mirada desinteresada a la

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calle y luego volvió a mirarla a ella y le dijo con ojos soñolientos.

—Nah. Nada.

—Sí, pero es casi de noche.

—Nada fuera de lo común aquí. Si estás buscando una posada, es mejor ir a


Hokkaku o Toukaku. Para Hokkaku, ir hacia la Puerta Jabalí. Para Toukaku, ir a la Puerta Liebre.

Habló con sequedad y en voz baja. Se tambaleó un poco, como si ajustara la carga sobre su
espalda, y luego giró sobre sus talones y sin decir nada, se fue.

No era raro que en las ciudades hubiera una segunda o tercera ciudad más grande que
acompañara a esa. Había visto un buen número de ellas en el Reino de En. Toda la metrópolis
era dada un solo nombre, pero las ciudades adjuntas se sabía que mantenían sus nombres
originales.

—¿Qué te parece? —preguntó en voz baja Youko.

De pie junto a ella, con un pañuelo atado alrededor de su cabeza, Keiki inclinó la cabeza
y dijo:

—Bueno. Está un poco demasiado tranquilo.

—Sí. Podría entender que no haya gente aquí, ¿pero tampoco almacenes u tiendas?

El frente de la puerta en la avenida tan silenciosa, en donde ni siquiera pasaba un carro.


Algunas personas aquí o allá, el sonido de las ruedas de un carro de caballo se hacían eco en el
vacío.

—¿Ha pasado algo? —preguntó una persona que acababa de entrar por la puerta. Youko
sonrió inconcientemente.

—Sí, yo hice la misma pregunta.

La otra parte era un grupo de tres hombres. Se veían a través de la amplia avenida, con la
confusión evidente en sus rostros.

—¿Es esto Meikaku?

—Supuestamente.

—Nunca he visto una ciudad capital tan vacía. ¿Ustedes dos son de aquí?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Youko negó con la cabeza. Los hombres dieron una nueva mirada a la calle con
desconcierto.

—No hay tiendas. No hay gente.

—¿Algo malo pasó aquí?

—Si hubiera habido un desastre, tendría que haber una bandera blanca.

Cuando el desastre caía sobre una ciudad, banderas blancas eran trasladadas a las murallas.
Con este espectáculo triste delante de sus ojos, los viajeros sabían que algo había sucedido.
Pero ese no parecía ser el caso.

Observando que los hombres comenzaban a avanzar con cautela por la calle. Junto a ella,
Keiki dijo:

—Huelo a muerte.

—¿Keiki?

Una expresión desagradable brevemente nubló su tez pálida.

—Esta ciudad es un espanto de maldad humana. Youko


se dio la vuelta.

—Nos vamos.

—¿Su Alteza? —preguntó.

Youko miró por encima de su hombro.

—Hay un camino por el campo. Las ciudades están al norte y al este, ¿verdad? Se debería
poder acceder desde el exterior. No voy a cambiar a cambiar de ciudad y tampoco
insistirte en que entres.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Parte XIII

Capítulo 49

—No tenemos un nombre para nosotros —dijo Koshou, sacando agua del pozo. Junto a
él, Suzu enjuagaba cubos y jarras—. Nosotros no somos más de mil. La mayoría de nosotros
estamos en la prefectura de Shisui.

—Oh.

—Si necesitas algo en la ciudad, busca a una persona que lleve este anillo. Pregúntale de
dónde es. Seguramente, te reconocerán con un eshaku.

—¿Un eshaku?

—Como esto —Agarró la mano de Suzu y apretó su mano izquierda (pero no con fuerza),
y luego cubrió su mano izquierda con la derecha. A continuación, levantó las manos juntas y
se inclinó. Era así como personas de ese grupo se saludaban. Para realizar correctamente el
eshaku, sin embargo, se debía llevar camisa de manga larga. La camisa de Suzu le llegaba sólo
hasta las muñecas.

—Se siente divertido. Koshou


sonrió.

—Todo lo que realmente importa es que confirmes que la persona que estás buscando
lleve el anillo sin llamar la atención. Cuando se le pregunta de dónde es, si responde: “de
Shikin, del Condado de San, Provincia de Baku,” entonces ése es tu hombre. Si te pregunta
tu nombre, dices que: Otsu Etsu de Rou Shou.

—¿Qué significa eso? —preguntó Suzu con una expresión burlona. Koshou se rió

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

entre dientes.

—Shikin es el nombre de un antiguo lugar. Ciento de años antes, durante el reinado de


Tatsu, un mago llamado Rou Shou se presentó en Shikin.

—¿Está Shikin ubicado en una gruta?

—No. Rou Shou no tenía ninguna gruta. Él era un mago que obtuvo sus poderes a través
del ejercicio de su propia voluntad. Por lo tanto se lo puede llamar Rou Shou o Shou Rou. Esta
clase de hechicero utiliza el prefijo de Rou, lo que significa mayor o viejo. Él es también llamado
Conde Shou.

—Oh, así que es un Senpaku, un mago que se hizo a sí mismo como un conde.

Mago que habían alcanzado el rango de conde y que había alcanzado ese rango a través de
su propio esfuerzo, también servían a las Cinco Montañas Sagradas. Ellos eran los Senpaku.

—Él había estado practicando su arte para el público en general, cuando el rey Tatsu
lo invitó a servir al Palacio Imperial. Su nombre completo es Otsu Etsu. Nadie sabe realmente si
existió o no. Él aparece en leyendas y en muchas historias.

—Ah.

—Le puedes decir lo mismo a un completo extraño. Si alguien con un anillo que se
acerque con esas preguntas, responde de la misma manera.

—Oh, ya veo.

—Si eres uno de nosotros, puedes confiar en ellos, no importa qué. Está garantizado
que te ayudará. Nuestra palabra es nuestro compromiso. Estamos orgullosos de eso.

—¿Todo esto con el fin de deshacerse de él?

—Por supuesto —Koshou asintió con la cabeza—. El paisaje que rodea Takuhou está
lleno de tumbas. Los cuerpos de los muertos cubren la tierra. Alguien tiene que detenerlo.
Alguien tiene que llevarlo ante la justicia.

Suzu dejó lo que estaba haciendo. Por lo que significaba que era el gobernador de la
prefectura de Shisui, Shoukou. Ella preguntó:

—¿Por qué a alguien como él le permiten salirse con la suya?

Traducido por EED_Wolf -321-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Se dice que hay gente en los lugares altos que le dan un pase.

—¿Al igual que en Gyouten? —dijo Suzu, levantando la cabeza.

Koshou respondió con una mirada de asombro. Dejó la cuchara y se sentó en el borde
del pozo.

—¿Por qué dices Gyouten?

—He oído un rumor de ese hecho. La persona más importante en Gyouten que
protege a Shoukou.

—Ya veo —murmuró Koshou—. Eso ciertamente es sobre ese rumor. Se dice que no es
otra que la reina que protege a Shoukou. Pero no estoy convencido.

—¿No es cierto?

—No lo podría decir. El que da rienda suelta a Shoukou es Gahou.

—¿Gahou?

—El marqués de la provincia de Wa. Shoukou tiene la protección del señor provincial. Por
eso es que disfruta de su libertad. El marqués no es menos bestia que Shoukou. La única
diferencia entre ellos es, como villanos que son, Gahou no es tan ciego como Shoukou
aparenta.

—Ya veo.

—La anterior Reina Yo-ou puso al marqués Gahou en Wa. Ella no era lo bastante
competente para soportarlo, por lo que él la compró con adulación. Las protestas se
presentaron, se hizo un llamamiento, los brazos se elevaron a la resistencia, pero ella siguió
complaciéndolo.

—Eso es terrible.

—Incluso después de que la reina accedió al trono, se quedó en el poder. Hay


quienes no creen que él cuenta con el apoyo de la reina, pero no es difícil de creer. Fue gracias
a ella que el Marqués de Baku fue despedido.

—¿El Marqués de Baku?

Koshou se quedó mirando al cielo por encima del pequeño patio.

Traducido por EED_Wolf -322-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—El marqués de la provincia al oeste de la provincia de Ei. El marqués de Baku era muy
admirado por su pueblo. Se rumoreaba que era un gobernante sabio y conocedor. El verano
pasado, antes de que la reina reclamara el trono, una impostora se levantó y echó al reino al
caos. Él resistió hasta el final.

—¿Y por qué fue despedido? ¿Mientras Gahou y Shoukou se quedaron? Koshou asintió
con la cabeza.

—Muchas personas tienen sus dudas acerca de la reina. Ninguno de nosotros


entiende el por qué de que el marqués fue despedido mientras que Gahou sigue en donde
está. Por otro lado, la coronación fue hasta hace poco. Ella no puede hacer nada al respecto.

Suzu derramó el agua al lavabo de la cubeta.

—No parece haber mucha diferencia entre esta reina y la última.

—Tal vez sea así —Koshou le dio un buen vistazo—. ¿Qué es exactamente lo que tienes en
mente sobre la Reina de Kei?

Suzu desvió la mirada. Koshou tomó aire, sorprendido.

—Tú actúas sin pensar. ¿De verdad tienes pensado ir a la carga hacia el Palacio Kinpa? No
hay manera de que puedas llegar a salir.

—Nunca lo sabrás si no lo intentas.

Koshou se apartó de la orilla del pozo y se inclinó hacia un lado.

—Ese niño murió de mala forma.

Suzu lo miró y luego se miró las manos.

—Odio decirlo, pero se pueden encontrar muchos niños desafortunados, como en todas
partes. Son apenas poco frecuentes en este reino. Este es un reino que todavía está en el
caos. Hay tragedias en todos los lugares.

—Sí. Ya sé —dijo Suzu con un suspiro—. Soy una kaikyaku.

—Sí —reconoció Koshou con sus ojos.

—Fui lanzada a este mundo en el que nunca podré volver a mi casa, yo no entendía lo que
nadie decía. Yo era penosa.

Traducido por EED_Wolf -323-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Sí.

—Pero yo no era realmente penosa. En comparación con Seishuu, tuve mucha suerte.
Yo no entendía eso y seguía sintiendo lástima por mí misma e insistí en llevar a Seishuu hasta
aquí.

—No debes de culparte a ti misma de esta forma. Suzu


negó con la cabeza.

—Tuve mucha suerte. ¡Oh, he estado en una o dos situaciones difíciles, pero con un
poco de paciencia y se me daba lo que necesitaba. Nunca me imaginé que alguien como
Shoukou causara tanto sufrimiento a tanta gente. Realmente no puedo quedarme tranquila
ahora —Ella se rió—. Realmente fue una rabieta. En lugar de irme, traté de castigar a
Shoukou. Como Sekki dijo, de verdad me odio a mí misma, pero… —Levantó la cabeza—, no
podemos permitírselo a Shoukou, ¿verdad?

—No, nosotros no podemos.

—No sé sobre el resto del reino, pero Shisui es un lugar maldito y la gente de aquí sufre a
causa de ello. Quiero hacer que nadie sufra más. Quiero que nadie más muera de la forma en
que Seishuu murió.

—Entiendo.

—El hecho es que no confío en mí misma. Yo no confiaba en mi propio dolor y


amargura que me hice a mí misma. Pero si tú y Sekki odian a Shoukou lo suficiente para querer
verlo muerto, entonces, ¿está bien que lo odie yo también?

—Sí… seguro —Encogiéndose de hombros, el gran hombre se agachó a su lado y suspiró,


una humilde sonrisa apareció en sus labios—. A decir verdad, no me entiendo ni a mí mismo.

—¿Eh?

—Si puedes dejar algo doloroso detrás de ti, se acabó. Pero estar vivo significa que no
habrá fin a las cosas malas que suceden. Sin embargo, preocuparse por cada pequeña cosa que
leva a ninguna parte. Suceden cosas buenas, también. Olvida lo malo y lo que puedes disfrutar
déjalo. Tienes que mantener poner un pie delante de otro — Suzu asintió y siguió a Koshou—.
Honestamente, no entiendo al gobierno y la política, y las cosas complicadas de ese estilo. Ya

Traducido por EED_Wolf -324-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

sea o no que Shoukou sea un gobernador decente, yo no soy nadie para decirlo. Lo mismo
ocurre con Gahou, lo mismo que el marqués de Baku. Tal vez Shoukou tiene cierta
importancia para el gobierno. Tal vez incluso sea útil para alguien. En cuanto a mí, que él esté
vivo me cansa.

—¿Te cansa?

—Soy un tipo simple. Cuando oigo hablar de los niños que mató sin que ellos
hicieran nada malo, me enojo. Y enojarse produce cansancio. Es difícil olvidar algo que sólo
roza el camino equivocado. Sekki es mejor en eso que yo. Él fue correctamente a la escuela de la
prefectura, e incluso se metió en la academia del distrito. Su director de la escuela primaria le
dio la recomendación. No había nada que impidiera que se convirtiera

en un funcionario público. Tengo que pensar que tiene un futuro brillante por delante. Pero
yo no puedo realmente decir que me hace feliz. Si se convierte en funcionario de gobierno,
¿entonces qué? Si se mete en el gobierno, ¿va a conseguir ser usado por Shoukou? ¿O por
Gahou? No puedo emocionarme acerca de mi hermano pequeño al salir con gente así.

—Koshou…

—A Sekki no le gusta tampoco. A pesar de que él estaba interesado en eso, él se retiró.


Hay cosas malas que no se pueden olvidar, incluso si lo deseas. Cosas que no se puede ser feliz
aún si lo desea. Ser de esa manera cansa. Lo odio. Estar vivo no es suficiente. Tú quieres
sentirte bien en tu vida, ¿no? Tú quieres creer, bueno, yo me alegro de nacer, soy feliz de
estar aquí. Pero siempre y cuando personas como Shoukou, no puedo sentirme de esa forma. Es
por eso que tengo que hacer algo al respecto.

Suzu respiró hondo y dejó escapar el aire.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo. Si yo pensara que podría asaltar el castillo y la prefectura de


Shoukou y matarlo y así estar con mi mente a gusto, lo haría. Sin embargo, no pondría me
mente mejor. En primer lugar, yo nunca podría hacerlo. Cuando se trata de lidiar con Shoukou,
la única forma en que uno se puede acercar es en número y fuerzas de funciones. Y si él
dice, por encima de mi cadáver, bueno, entonces, tendríamos que obligarlo. Cualquier cosa
que se me ocurra por mi cuenta sería una pérdida. Yo no he obtenido la suficiente auto-

Traducido por EED_Wolf -325-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

disciplina.

—Realmente.

—Tengo el temperamento de un niño. Sekki es quien piensa las cosas. Suzu se


echó a reír.

—Comprendo perfectamente lo que me dices.

—¿Sí? —el gran hombre sonrió.

—¿Hay algo que pueda hacer?

—Bueno, tendremos que pedir prestado tu sansui. Estamos recolectando armas. No


podemos ir en contra de Shoukou y sus guardias con palas y azadas.

—¿Así que necesitan el transporte de un cargamento?

—Rou Hansei, un amigo mío de mucho tiempo, está recibiendo un cargamento listo para
nosotros. ¿Está bien que tomes tu sansui y hagas el viaje de ida y vuelta?

Suzu afirmó con firmeza.

—Por supuesto. No hay problema.

Traducido por EED_Wolf -326-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 50
—Este es Meikaku.

El conductor dejó a Shoukei a la puerta de la ciudad. Ella miró la muralla con


sorpresa. El estado irregular de las paredes solo fue un shock.

—Es una ciudad extraña —dijo ella al conductor. Él se


rió con desdén.

—Eso es lo que dice todo el mundo.

—Pensé que las paredes de la ciudad debían de correr en línea recta.

—Sí —dijo el joven, mirando las paredes.

Los muros de una ciudad tan grande como una capital de una provincia eran lo
normalmente amplios para poner centinelas a lo largo de la parte superior. Las almenas de las
murallas servían para ocultar a los arqueros apostados detrás de los parapetos.

Aquí y allá, unas estructuras llamadas bastiones (“Rostro de caballo”) sobresalían de las paredes.
Los bastiones eran construidos en diferentes formas y tamaños, pero por ninguna razón en
particular eran en general rectangular y de alguna altura fija.

Pero ahí, en Meikaku, regularmente, eran difíciles de encontrar. La pared que corría a lo
largo del tiempo, su altura era impresionante y de repente caía tan baja que se podía ver la pared
de enfrente. Algunos bastiones fueron unidos por la pared apenas lo suficientemente ancho
como para caminar. Estas ondulaciones estructurales continuaban como garabatos de un niño
ignorante.

Shoukei miró por encima del hombro al joven conductor. De nuevo se echó a reír con
sarcasmo.

Traducido por EED_Wolf -327-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Las posadas sólo se encuentran en Hokkaku o Toukaku. Originalmente las posadas


estaban en un montón de almacenes fuera de la Puerta Jabalí. Ellos construyeron un gran
muro alrededor suyo y cada año se hacía más grande. Es una especie de lío, ¿eh? Es incluso
peor en el interior, porque los viejos muros quedaron en

su lugar. Trata de no perderte.

—Gracias —dijo Shoukei.

El conductor observó la muralla de la ciudad con una expresión perpleja y luego


regresó a su carro. Shoukei se asomó a la puerta principal. Un gran túnel fue excavado en la
pared. Las puertas estaban adornadas con nada más que un par de aspectos corriente en la
puerta. La palca sobre la puerta, simplemente decía: “Meikaku”.

Al igual como el conductor lo había dicho, una pila de piedras en bruto del muro
obstruía el camino. En la base de la pared, lonas se extendían sobre revoltijos de
tablones de madera para formar una ciudad de carpas repleta de chozas y cobertizos apenas
lo suficientemente grande para acostarse. La marea desbordante de gente, sus rostros
sombríos y harapientos, fluía hasta las puertas. Los refugiados habían construido una aldea en
los terrenos baldíos. Pero parecía que una fuerte ráfaga de viento barrió todo lejos.

Cuando entró en la propia ciudad, su estado decrépito se hizo más evidente. Se


preguntaba cómo muchos trabajadores se habían puesto al servicio de la dura construcción
de esos muros inútiles, serpenteándolos. Algunos eran tan anchos y estrechos que parecían
haber sido arrojados ahí como basura y otros eran increíblemente altos y gruesos.

Las calles en zigzag a través de la caótica ciudad, terminaba en un callejón sin salida.
Shoukei nunca había visto un lugar tan confuso. Las construcciones no tenían motivo. Carros
de caballos al azar bloqueaban el flujo del tráfico. Una multitud de refugiados sólo tiraban todo
en un completo caos.

—¿Qué pasa con esta ciudad? —se dijo en voz baja Shoukei.

Se dio cuenta que la gente lanzaba una mirada aprensiva en una dirección en
particular. Algunos de ellos pasaron por ella con cara apretada, encabezando por un camino
que al parecer corría hacia el centro de la ciudad. Un hombre caminó hacia delante con
una expresión dura en el rostro. Otro hombre se volvió contra el flujo de personas,

Traducido por EED_Wolf -328-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

buscando con temor sobre sus hombros mientras se dirigía en dirección opuesta a un ritmo
acelerado.

¿Qué está pasando?, se preguntó.

Shoukei fue en la misma dirección, estirando el cuello para ver. Se dio la vuelta en una
esquina. La gente que se movía en esa dirección se había multiplicado en forma inesperada.
En poco tiempo, la marea creciente humana hizo que retroceder sea imposible.

—Es mejor que te detengas.

El repentino sonido de la voz de alguien llamando a su vez hizo que Shoukei


retrocediera, aún cuando la marea humana la arrastraba hacia delante. Desde dentro de la
multitud, un anciano se volvió hacia ella y levantó la mano.

—Es mejor que no vayas. Vas a ver algo que no querrás ver.

—¿Qué? —quiso preguntar ella, observando lo que le rodeaba, pero el río de gente la
llevaba con ellos. Antes de que se diera cuenta, había llegado a la avenida principal de la ciudad.

Ese era el centro de la ciudad. Más de un bulevar se aproximaba a la plaza. Las calles se
abrían de repente hasta enana plaza rodeada por paredes que se desmoronaban. Los
soldados estaban colocados alrededor de una circunferencia. En el centro, había una serie de
personas atadas entre sí.

Lo que no quería ver.

Las personas que desfilaban en el centro de la plaza estaban aseguradas con cuerdas
alrededor de sus cinturas. Mirando a los hombres musculosos asegurar la cuerda, Shoukei se
dio cuenta de lo que iba a suceder. Los postes de madera de espesor dispuestos en el
suelo sólo reafirmaba esta convicción.

Una crucifixión. Esas personas iban a ser clavadas con estacas. ¿Hay otros lugares además
de Hou que exigen este castigo?

Rakushun le había dicho que no había reino con pena de muerte. Sin embargo, la
decapitación era el método habitual. Una sentencia particularmente severa podría conllevar a
la siembra de cabezas cortadas en una pica. Los métodos más crueles de ejecución yo no se
llevaban a cabo en cualquier otro lugar, o eso es lo que muy bien le había dicho el hanjuu.

Traducido por EED_Wolf -329-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—No querrás ver esto.

Alguien la cubrió. Cuando se dio la vuelta, era un pequeño hombre de mediana edad
con una mirada cansada en el rostro.

—Este no es el lugar para una chica como tú. Debes irte.

—¿Por qué hacen esto?

El hombre negó con la cabeza.

—Lo peor que se puede hacer en la provincia de Wa es dejar de pagar los impuestos o huir
del trabajo. Sea uno u otro, la mayoría de ellos.

—Pero… la crucifixión…

—Lo sé, es una noticia para la mayoría de los viajeros. Nadie quiere difundir una mala
noticia, por eso. Y se van de la provincia de Wa sin hacer mal, al no ver mal. Venir aquí, es otra
historia.

—Pero esto…

La voz de Shoukei fue ahogada por un grito, entremezclados con el sonido del mazo
de piedra golpeando un clavo. Sin pensar se volvió y vio la forma retorciéndose de un hombre,
tenía una mano clavada en la madera.

—Paren…

De nuevo, el sonido pesado. Shoukei reflexivamente retrocedió y cerró los ojos. Solía
suceder todo el tiempo en Hou. Ningún otro que mi padre había enviado despiadadamente
tanta gente al mismo castigo.

En un instante, la memoria y el miedo de casi ser descuartizada le atravesó los


pensamientos. Las voces vengativas y los gritos de odio del pueblo la atravesaron en la plaza
frente del rishi. La amargura de la cara de Gobo de cómo levantaba la caña para golpearla.

Otro grito. Gemidos surgían de la multitud que rodeaba la plaza. El creciente clamor
afortunadamente extinguió el sonido del mazo cayendo. Incapaz de soportarlo más,
Shoukei retrocedió un paso. Su talón golpeó una piedra y casi perdió el equilibrio.

Una piedra.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Una piedra del tamaño de un puño. Piedras similares estaban esparcidas por la plaza,
probablemente de paredes desmoronadas.

Los gritos hacían eco contra las paredes.

El hijo de Gobo hacía sido ejecutado por lanzar una piedra como esa. ¿Cómo podrían
los impuestos o forzar a trabajar tanto? Tales crímenes no eran proporcionales a tan extremo
dolor que podría recudir a un hombre a tales lamentos.

—¡Alto!

Shoukei agarró la piedra a sus pies. ¿Por qué no había nadie que lo parara? ¿Qué clase de
personas eran aquellas? Antes de que su mente fuera capaz de arreglarlo, su brazo había
actuado. Tiró la piedra sobre la pared de gente. Voló sin mucha fuerza, golpeando a uno de
los soldados haciendo retroceder a la multitud. La piedra cayó al suelo negro y rodó varios
pasos.

La multitud guardó silencio sepulcral.

—¿Quién arrojó eso? —preguntó una voz con autoridad. Shoukei dio
un paso atrás de donde estaba.

—¡Quién tiró la piedra, que se presente!

Los ojos de la gente le cayeron encima. Mostrando angustia en sus rostros, en cuanto
si debían responder o no.

—¡Arrástrenla aquí!

En respuesta a la orden, el muro de gente delante de ella se rompió. Como Shoukei


retrocedió a su vez, alguien la agarró de la muñeca. Shoukei sacudió su brazo como un látigo y
se liberó. Ella giró sobre sus talones y arañó en su camino a través de la multitud. Una vez más,
alguien la agarró de nuevo, con dureza, tirando de ella.

—Por aquí.

Shoukei cayó de rodillas. Ella alzó los ojos. Era una chica de su misma edad. Un momento
después, su mirada se posó en el largo abrigo que la chica llevaba y pensó: No, es un hombre
joven.

—Por aquí. Rápido.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

La chica habló con fuerza. No había tiempo para pensar. Arrastró a Shoukei a lo largo,
obligando su paso entre la multitud. Después de muchos pasos, arrastrándose la mayor parte
del tiempo, fue obligada a salir de nuevo entre los pies. Al terminar el muro de personas, por fin
vio la luz del día.

—¡¿Dónde estás?! ¡Muéstrate!

Mirando brevemente en el sentido de donde venían las voces airadas, las dos
salieron de la plaza.

Escapando de la ola de multitud, Shoukei se dejó arrastrar mientras corría. Encañonadas a través
de las laberínticas calles, llegaron a las afuera de la ciudad, cerca de las murallas. A través
de una fisura en la pared, cayó fuera de la ciudad.

—Salté antes de mirar —exclamó Shoukei. La chica, al fin le soltó el brazo. Shoukei le dio
una buena mirada, sus ojos vivos junto cónsul cabello escarlata. Era sin duda una mujer. Shoukei
le dijo: —Gracias.

Detrás de ellas, en la ciudad, las voces enojadas sonaban.

—Entiendo lo que sientes —dijo la muchacha—. Yo tiendo a actuar antes pensar,


también.

—Es como si no lo pudiera evitar.

Marcada a lo largo detrás de la chica, Shoukei miró por encima de su hombro. Por duro
que fuera para ella creer, se preguntó si ella había causado un dolor innecesario a

la gente a su alrededor. Se preguntó cómo le habría ido a los prisioneros. La chica la miró,
como si leyera sus pensamientos.

—Estoy bien —dijo Shoukei en voz extrañamente confiada y asintiendo con la cabeza
sin ninguna razón en particular.

Al mismo tiempo, a cierta distancia a su lado, se escuchó un grito estridente.

—¡Ahí está!

Diez o más soldados volvieron a la esquina de la muralla. Shoukei se congeló. La chica se


plantó delante de ella.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Vete —le dijo—. ¡Vete de aquí!

—Pero…

—No te preocupes por mí —dijo con una sonrisa atrevida. Ella puso su mano
derecha en la cintura y hábilmente sacó una espada.

Mirándola con los ojos desorbitados, Shoukei no tuvo tiempo de preguntar: ¿Usted sabe
cómo usar eso? La chica la empujó de su camino. Ella dudó y de nuevo volvió a

mirar a la muchacha, que de nuevo le dijo con fuerza que se vaya.

—¿Vas a estar bien?

—No te preocupes.

Shoukei asintió con la cabeza. Estaría a la intemperie, atravesando el campo abierto. Así
que siguió por el tejido de murallas ondulantes y pronto desapareció de la vista.

Cuando se volvió al último rincón, miró hacia atrás y vio a la chica de pelo rojo, con la
espada en la mano, prácticamente volando sobre el campo. Estaba actuando como señuelo.
Shoukei vio a un soldado sostener el brazo y apuntar hacia la chica. La mayoría de los soldados
cargaron en el campo.

Gracias, dijo en su corazón y comenzó a correr en serio, en busca de un lugar para


esconderse. El muro de ahí era demasiado alto como para escalar. Tal vez habría algún

agujero en la pared en alguna parte.

Se volvió en otra esquina, cuando una voz por encima de ella dijo:

—¡Hey!

Pensando que era uno de sus perseguidores, ella se agachó. Pero entonces, levantando la
vista, vio a un hombre alto en los parapetos extendiendo su mano hacia ella. Ahí el muro era
lo suficientemente bajo para llegar hasta ella.

—Aquí, toma mi mano.

Shoukei dudó un instante, miró hacia atrás. Podía oír los sonidos de los pasos que se
acercaban a la esquina de la pared de la vuelta.

—¡Date prisa!

Traducido por EED_Wolf -333-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Shoukei agarró la mano. El hombre tendría veinte y cinco o seis. Una fuerza impropia para
su pequeño tamaño. Tiró de Shoukei hasta la parte superior de la pared con una velocidad
notable.

Tres soldados aparecieron en la esquina de la muralla.

—¡Alto!

Se tragó el dolor de su hombro prácticamente dislocado, pateó la pared con los pies y ase
arrastró hasta el camino de la pared. La mano de un soldado le alcanzó un pie y se perdió,
arañando el tobillo. La mano de su salvador la siguió sujetando, mientras se desplomaba
sobre la pasarela.

Ella cayó de manos y rodillas, jadeando. Detrás de ella, un soldado subió al pie de la
pared. El hombre, casi de manera casual, dio una patada que envió al soldado hacia atrás. El
soldado gritó de enojo. Apareció después, sosteniendo una lanza por encima de su cabeza.

—¡Corre!

El hombre agarró la lanza, y tiró. Surgió un tira y afloja, terminando segundos más tarde
con el soldado perdiendo la batalla y con la misma rapidez encontrando la empuñadura de la
lanza golpeándole la garganta.

—¡Salta! —Fue la orden siguiente del hombre, que giró la lanza como un cuchillo en el aire
y se la colocó en sí mismo. La expresión de su rostro era distante y desapasionada.

Shoukei asintió con la cabeza. Había unos buenos veinte pies desde el borde de los
parapetos a la carretera por debajo. Intercalado entre las paredes había un callejón
cubierto de basura. Escuchando gritos y más gritos de los soldados, Shoukei saltó, o más
bien, se deslizó por el borde del muro. El choque del impacto se disparó a través de sus piernas.
Se desplomó en el suelo.

Se sentó, respirando con dificultad. Por encima de ella, el hombre se había apoderado de
un soldado por el cuello y lo arrojaba hacia el otro lado de la pared. Arrojó la lanza en dirección
opuesta, s e dio la vuelta y saltó a su lado.

Traducido por EED_Wolf -334-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿Estás bien?

Shoukei asintió con la cabeza a pesar de sí misma. Sonrió con travesura y miró hacia
arriba de la pared.

—La otra chica se escapó limpiamente. ¿Es amiga tuya?

Shoukei negó con la cabeza. Su respiración irregular rompió en su garganta. Ella no podía
hablar. El callejón estaba vacío, pero al menos sabía que nadie más se aproximaba.

—¿Puedes moverte? —le preguntó el hombre.

Shoukei de nuevo negó con la cabeza. En unos minutos después, había usado todo lo que le
quedaba de energía. Ella no creía poder moverse un centímetro más.

—¿Es así? —dijo con una sonrisa generosa. Se dio la vuelta y se agachó. —Súbete

—Shoukei, sentada, estaba confundida—. Vamos, date prisa —Shoukei, obedientemente se


aferró a la espalda y el hombre se puso de pie sin vacilar en lo más mínimo—. Por el momento,
actúa como si estuvieras dormida. Yo te llevaré a un lugar donde podremos descansar.

Traducido por EED_Wolf -335-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 51
Una sombra se acercó en el bosque.

—Su Alteza —dijo Keiki, reconociéndola a ella en el crepúsculo frío y desolado.

—Lo siento —dijo Youko.

—¿Qué pasó? Su palabra fue, que saldría de la ciudad más temprano que tarde — Keiki se
abrió paso entre la maleza mientras subía la pendiente. De repente se detuvo e hizo una
mueca—. Usted tiene un mal olor cerca suyo. Y no me refiero a usted personalmente.

—¿Lo puedes oler? Lo siento. Hankyo tuvo que soportar las víctimas de la plaza.

Keiki suspiró. Hankyo había llegado a la posada, dijo que iba a salir de la ciudad y luego
volvería ahí. Keiki se echó hacia atrás por el olor a sangre.

—Así que un youma apareció en la ciudad de Hokkaku.

Él la miró y descubrió que estaba con el ceño fruncido hacia él. Una sonrisa irónica llegó a
su cara.

—Yo estaba ayudando a las personas heridas. No me mires así.

—Luego tendré mis conclusiones después de haber sido informado con detalles. Youko se
sentó y volvió a sonreír con una sonrisa irónica.

Habían tomado una posada en Hokkaku y permanecieron allí durante tres días. Ahí
también, Keiki, señaló el olor a muerte. Como ningún otro pueblo cercano había, tuvo que
permanecer en Hokkaku. Youko paseaba por la ciudad extraña. El duro trabajo de los
ciudadanos construyendo las paredes y todo para satisfacer las necesidades egoístas de Gahou,
señor de la provincia de Wa.

La mejor manera sería la construcción de paredes lo más grandes posibles, al alcanzar


los límites de la ciudad y luego construir la pequeña ciudad y se la dejaba crecer en los
últimos años. Construyéndola correctamente, la gente vendría por la protección de ladrones y

Traducido por EED_Wolf -336-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

salteadores de caminos. Pero la construcción de Gahou no era más grande y agregaba el resto
del dinero que recaudaba a los peajes.

La ciudad estaba densamente poblada, Gahou había cerrad la mayoría de las


poblaciones de Meikaku. Los impuestos eran tan elevados en Meikaku que sólo los ricos y
poderosos podían darse el lujo de vivir ahí. Las personas normales y el comercio habían
sido expulsados, y la ampliación de Hokkaku y Toukaku era en un grado alarmante. Con los
viajeros y sus pertenencias, las corrientes de refugiados, las ciudades eran pequeñas. Y todo por
culpa de Gahou y las malas paredes. Los campesinos que vivían en los alrededores de Meikaku
ni siquiera tenían tiempo para cultivar.

—Es por eso que al menos cuatro de ellos iban a ser ejecutados. Huyeron del trabajo
forjado para seguir con sus cultivos. Ellos son los que Hankyo ayudó por orden mía.

—Oh —murmuró Keiki. Youko


rió para sus adentros.

—Una muchacha le lanzó una piedra al verdugo. Yo la ayudé a escapar, también, pero los
soldados llegaron por nosotras. Creo que mi tipo de cabello se destaca, ¿no? Volver a Hokkaku
parecía difícil, así que tuve que traerla aquí. Siento por los problemas.

Keiki dejó escapar un suspiro.

—Me gustaría que Su Alteza actuara con más prudencia.

—Mi error —Youko apoyó sus codos sobre sus rodillas. Desde la ladera de la colina, Meikaku
era visible a la distancia—. Yo no sabía que la gente de Kei era ejecutada con la crucifixión.

—Tonterías.

—Ellos estaban siendo crucificados en la provincia de Wa. Keiki la


miró, sin palabras.

—Hay un montón de cosas que ocurren en este reino que usted y yo no sabemos nada.

Como un impuesto de treinta por ciento, incluso en el Ducado Amarillo, castigos


inhumanos, funcionarios corruptos como Gahou y Shoukou. Dos meses después de su adhesión
al trono, los Magos de la Tierra se habían presentado en la corte. Gahou había sido sin duda uno
de ellos y Shoukou también.

Traducido por EED_Wolf -337-


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—Todos ellos se arrodillaron a mis pies y me reverenciaron, pero eso sólo servía para
ocultar su desprecio. ¡Qué estúpida reina, que debe pensar todo!

—Su Alteza…

—Necesito funcionarios en que pueda confiar.

Ahora mismo, en verdad, necesitaba aliados. No se le había ocurrido cuando tuvo que
derrocar a la impostora. Eso era porque ella tenía de su lado a En, el apoyo personal del Rey de
En y seis divisiones de su ejército imperial, al mando de oficiales de Estado mayor
impecablemente disciplinados y generales. Youko no tuvo que pedir a nadie a su alrededor.
Después de rescatar a Keiki de las garras de la impostora, los ministros y los señores
provinciales que habían conspirado, uno a uno fueron llamados al orden. Estaba claro que ella
ahora que se había caído ante la autoridad del trono y el poder de En.

—¿Qué clase de persona es Enho?

—¿Enho? —Keiki respondió con una expresión de desconcierto—. Es un hombre que sabe
mucho sobre cómo funcionan las cosas. Ha enseñado a mucha gente.

—Tal vez debería invitarlo a la Corte Imperial. Keiki


no dijo ni sí ni no a su proposición.

—Cuando se trata de despertar a la burocracia a la acción, en lugar de simplemente seguir


su ejemplo, su alteza debe de tomar sus propias decisiones. Esa es la primera prioridad.

—Eso me propongo hacer.


Keiki suspiró.

—Hay personas en la corte que luchan por el poder. Con el fin de arrastrar a una facción
opositora, van tan lejos que hasta hacen delitos y acusaciones.

Youko de repente levantó la cabeza.

—¿De quién estamos hablando? Keiki no


respondió.

—¿Qué estás ocultando?

—Nada. Si Su Alteza no lo puede confirmar por sí misma, es poco probable que lo crea. Eso
es todo lo que tengo que decir sobre el asunto. Yo sólo pido que lo piense.

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—¿Te refieres a Koukan? —El marqués anterior de la provincia de Baku. Ella lo había
despedido, aunque Keiki había permanecido tercamente opuesto. Keiki enarcó las cejas.

—No me refería a nadie en particular. Si Koukan es el primer nombre que le viene a la


mente, entonces tal vez su destino está pesando en la mente de Su Alteza.

Youko tomó suavemente aliento.

—Bueno, eso es lo que yo esperaría que un Kirin como tú dijera eso.

—Es la terquedad de mi señora que me lleva a tales cosas. Youko se


puso de pie, sonriendo.

—Será mejor que nos demos prisa o las puertas van a cerrarse. Vamos

—¿A dónde?

Youko se sacudió la hierba seca y miró otra vez hacia Meikaku.

—Yo entiendo las condiciones de Meikaku. Me gustaría ir de nuevo a Kokei por medio
de Takuhou. Tú no quieres estar mucho tiempo lejos de Gyouten, ¿verdad?

Keiki asintió con la cabeza, mirándola con una expresión de preocupación.

—¿Y Su Alteza?

—Sí, lo sé. Volveré tan pronto como me sea posible. Pero la única cosa que he
aprendido viviendo en el mundo real es que no entiendo nada en absoluto.

—Emperatriz.

Youko sonrió al ver el ceño fruncido de Keiki.

—Voy a regresar después de aprender todo lo que respecta de dentro y fuera. No puedo
creer que esté diciendo esto por mí misma, pero no sé cuándo voy a volver a Gyouten. Eso
es lo que he descubierto sin saberlo.

—En efecto —dijo Keiki.

—Estoy bastante segura de que voy a saber por mí misma cuándo es suficiente. No me
arrepiento. Bajando al mundo real para vivir así si es lo necesario.

—Sí.

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—Así que por favor espera hasta que haya llegado a una conclusión. No creo que vaya a
tomar mucho tiempo.

Keiki no respondió, pero hizo una profunda reverencia.

Traducido por EED_Wolf -340-


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Parte XIV

Capítulo 52

Su salvador entró en la habitación.


—¿Cómo te sientes? Shoukei
sonrió fríamente.

—No hay nada peor que un esguince. Gracias.

El hombre la había llevado a una casa en ruinas en Hokkaku. Lo primero que había notado
al llegar fue que no podía caminar. Se había torcido el tobillo o bien cuando trepó los muros o
saltando al callejón. Había observado que se inflamó un poco.

Shoukei se sentó cónsul pierna apoyada en un sillón. El hombre se sentó en una

silla.

—Eres una joven valiente, pero la cautela es la mejor parte del valor. La chica que

salió corriendo hacia el campo, ¿sabes quién era?

—No. Ella me ayudó a salir y luego desapareció.

El hombre se dijo más para sí mismo con aire ausente.

—Sus acciones me llamaron la atención como algo más que simple amabilidad. Más como
una extraordinaria resolución.

Shoukei se inclinó hacia delante.

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—Yo podría decir lo mismo de ti.

El hombre sonrió, una sonrisa que revelaba el carácter de una persona buena.

—Llámame Kantai. Me he establecido aquí en Hokkaku. Soy un mercenario de todo

tipo.

—¿Un mercenario? ¿Tú? —Su actitud relajada no coincidía con la imagen de un

soldado despiadado.

—Tengo un buen brazo para eso. Te encuentras con un montón de bandoleros por aquí.
Así soy contratado para proteger a la gente y sus cosas. En realidad, no se necesita ser
tan fuerte. Simplemente no hay muchos hombres que realmente sepan manejar una espada.

—¿Y por eso viniste a mi rescate? Kantai


sonrió suavemente.

—Conozco el sentimiento, las ganas de darle una paliza a alguien con una piedra de esa
manera.

—Oh —Shoukei sintió reducir la tensión en sus hombros—. Soy Shoukei.

—Shoukei-san. ¿Tienes un lugar para dormir esta noche? Las puertas se han cerrado
ya.

Shoukei negó con la cabeza.

—Puedes quedarte aquí, si quieres. Estoy alquilando el lugar con un par de amigos
mercenarios. Son sin duda unos maleducados, pero no son personas malas.

—Gracias, pero no me gustaría molestar. Kantai


se echó a reír.

—Olvídate de eso. Después de tener que mirarle las caras todos los días, una chica linda
como tú es un soplo de aire fresco. En cualquier caso, tendrás momentos difíciles tratando de
encontrar una posada después de eso.

Shoukei asintió con la cabeza. Todavía quedaba la posibilidad de que las personas
estuvieran en su búsqueda.

—¿Pero qué hay de ti? Yo pienso que tal vez también recordarán tu cara. Eso

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realmente trajo una cara de preocupación al hombre.

—Eso es absolutamente seguro. Y voy a tener que renunciar de trabajar por un


tiempo. Bueno, en todo caso, los alimentos no son problema, así que no estoy demasiado
preocupado.

—Lo siento.

—No tienes nada de qué lamentar. Fue mi decisión la de rescatarte, después de todo.
Yo tengo mis propias ideas sobre las formas de las cosas que hacemos aquí — Shoukei se le
acercó y lo miró. Kantai sonrió, un poco más incómodo—. Cuando se toma el setenta por ciento
de los impuestos, no todos pueden pagarlo.

—El setenta por ciento.

—En la provincia de Wa, el setenta por ciento es normal. De hecho, el gobernador de


Shisui es la única bestia que recoge el setenta por ciento. Así que estamos hablando del
cincuenta o sesenta por ciento en el exterior. Pero nadie puede vivir bajo ese tipo de carga
tributaria. En Wa, todo el mundo vive la vida de un refugiado.

—Eso es terrible.

La tasa de impuestos era de un diez por ciento. En el muy peor de los casos, la tasa
suplementaria podría aumentar a un treinta por ciento. En el setenta por ciento, es difícil tener
suficiente para comer, y mucho menos vivir de cualquier tipo de vida.

—Y si no pagas, terminas como lo has visto. En la parte superior de los impuestos son las
fuertes demandas de los trabajos obligatorios, la construcción de muros, caminos, puentes. Los
muros es lo que consigues cuando lanzas a la gente de su tierra y meterlos en prisión si no
trabajan duro.

—¿Por qué aguantan eso?

—Porque nadie quiere ser crucificado.

—Sí.

Kantai le dio unas palmaditas en el hombro a Shoukei.

—Hasta que las cosas se calmen, puedes estar aquí. Tómate tu tiempo —Sonrió un poco
tímidamente—. Pero antes de irte, me vendría bien un poco de ayuda en la cocina.

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—Entiendo. Gracias por todo.

La casa era aproximadamente del mismo tamaño que un rike. Como pasaba por residencia
privada, era bastante grande. El patio estaba rodeado por cuatro salas, con la puerta principal en
la esquina sureste. Kantai parecía ser el propietario. Él vivía en el ala principal, y como su
invitada, le dieron el uso de la habitación al otro lado de la sala de su habitación. Su habitación no
tenía siquiera una cama, sino un diván.

Veinte hombres que se parecían mucho a los soldados acampaban en tres de las
habitaciones que rodeaban el patio. Había talvez dos o tres mujeres, y todas eran muy
llamativas.

Al día siguiente, Shoukei encontró que al menos podía caminar, así que decidió por primera
vez ver cómo era la cocina en vez de ir a una posada. Incluso las ollas de la cocina tenían
polvo. La cocina, obviamente, no había sido utilizada en mucho tiempo.

—Increíble —se dijo a sí misma.

—¿Qué cosa? —preguntó Kantai. Shoukei


saltó literalmente.

—Me sorprendiste.

—Lo siento. ¿Cómo estás? ¿Puedes caminar?

—No duele mucho. ¿Alguien realmente utiliza esta cocina?

Kantai sonrió.

—Casi todo el mundo aquí come afuera. A decir verdad, yo sería feliz con sólo ser capaz de
preparar una taza de té. Pero como ves, éste es el estado de las cosas.

—Bueno, entonces, llegaremos al punto en que se pueda preparar una taza de té.

—¿Cualquier cosa que pueda hacer yo para ayudar?

Ella lo miró y estaba a punto de decir que probablemente sería más fácil que lo hiciera
por ella misma, cuando lo vio sonreír tímidamente—. Nah. Yo sé hacer mejor las cosas de
limpieza. Estoy bien cuando se tratan de cosas como esas.

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—¡No me digas! Entonces, te has criado en un lindo lugar.

Los hombres y las mujeres se convertían en independientes a la edad de veinte años y


eran al menos capaces de hacer lo que han observado a su alrededor. Los que no podían
estaban traicionando su confianza a los funcionarios, de ser educados en un entorno lujoso, de
tener a alguien que velara por ellos.

—Sí, algo así.

—Bueno, voy a lavar las ollas. Tú busca el agua.

—Eso haré.

Su respuesta demasiado formal le pareció un poco extraña. Ambos lavaron variedades


de ollas, en la parte trasera de la cocina. Había un cubo al lado del pozo. El cucharón del cubo
sugería que cada vez que alguien quería una bebida que acababa de salir de ahí era por sí mismo.

—Realmente cada persona está por sí mismo aquí.

—No son del tipo que dan a estas cuestiones un segundo pensamiento.

—¿Cuándo fue la última vez que este cubo se limpió? Increíble.

—¿Tu crees?

—No importa. ¿Eres un ciudadano de Kei, Kantai?

—Sí. ¿Y tú?

—Yo nací en Hou.

—Así que has recorrido un largo camino para terminar aquí. Shoukei llenó
el cubo a rebosar. Se lavó las manos y sonrió.

—Sí, lo hice. He recorrido un largo camino. Nunca pensé que iba a terminar en un reino
donde no nevara en invierno.

—Ah —dijo Kantai, que bajó el cubo al pozo.

—Yo no creía que había ningún reino aparate de Hou que hiciera algo tan cruel como la
crucifixión.

—Sí —dijo Kantai, acarreando el cubo—. Sin embargo, la provincia de Wa es única. El señor

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provincial no se molesta en hacer cumplir el imperio de la ley.

—Eso no es verdad en todo Kei, ¿cierto?

—Bueno, yo no sé todo sobre Kei. Sospecho que sólo Gahou podría hacer un lío de ese estilo
de cosas.

—¿Gahou, el marqués de Wa?

—Sí. Dos bestias que gobiernan Wa. El señor provincial, Gahou, y el gobernador de la
prefectura Shisui, Shoukou.

—Prefectura Shisui. Yo estaba pensando en ir allá.

—¿Por qué?

Le preguntó con una expresión tan dudosa que Shoukei se encogió de hombro cuando
contestó.

—Si vas a Shisui, obtendrás tierras y ser registrado en el censo. Están trayendo a los
refugiados de Tai. ¿No sabes nada de eso?

Kantai negó con la cabeza.

—No lo sabía. Es la primera vez que he oído hablar de eso. Veo vagones que
transportan personas que pasan a través de Meikaku, que van directo a Shisui.

—Si sabes eso, es más probable. Cuando llegue a Shisui me imagino que habrá por lo menos
trabajo esperándome.

—Me gustaría que dejes de pensar en cosas así, si yo fuera tú.

—¿Por qué?

—Te lo dije. Merodean las bestias en la tierra de Wa, y Shoukou lidera al grupo.

—Pero, ahí ayudan a los refugiados…

—Shoukou es el tipo de persona que nunca ayudaría a nadie. Si vas ahí, te garantizo que
te arrepentirás.

—¿Estás seguro?

Una expresión de firme resolución vino a su cara.

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—La razón por la que traen tanta gente a Shisui es porque están perdiendo gente. Sólo
hay tierra. No importa cuán rica, una prefectura no puede seguir trayendo refugiados. La
única razón por la que se puede es porque la gente que vino delante de ellos están muertos.

—Oh —Shoukei se mordió el labio—. Así que se trata de eso —Ella había entrado con los
ojos bien abiertos y había lanzado ciegamente palabras de aliento sobre eso. Si alguno de
entre los que había conocido antes terminó yendo a Shisui, tendría que disculparse con
ellos.

—Me pregunto qué es lo que está haciendo la Reina de Kei —¿Por qué deja que tales
monstruos se posicionen en el poder? ¿No se suponía que Kei entraba en una nueva era?

—Nuestra reina no es buena —suspiró Kantai. Shoukei le


dirigió una mirada dura.

—¿No es buena?

—Dicen que los ministros de la Corte Imperial la llevan por medio del olfato. Eso es lo que
sucedió con la última reina. No le importaba lo que sucedía en el reino. Así que no le importaba
quién nos regía.

—Entonces, ¿por qué nadie se lo dice a la reina?

—¿Decírselo a la reina? —repitió Kantai, con los ojos desorbitados por la sorpresa.

—¡Si tú estás en lo correcto, entonces tienes que contarle la verdad a ella! De lo


contrario, la van a convertir en un títere. ¡Alguien tiene que hacerle ver la luz!

—Tú…

—Si la Reina de Kei no sabe en qué estado se encuentra el reino, va a volver a hacerle
daño. La ignorancia no será excusa. Su debilidad no será excusa. ¡Alguien tiene que decirle! —
Para no correr la misma suerte que ella. Para no correr la misma suerte que su padre.

Kantai parpadeó.

—¿Acaso no eres de Hou?

—Sí… Pero… Es como si la Reina de Kei no fuera una extraña para mí. Supe que tenía la
misma edad que yo —Ella miró hacia abajo—. ¡Alguien tiene que decirle! Si ella no se entera,
¿quién sabe lo que sucederá con el trono?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¿Cómo harías para decírselo? Ella vive en el corazón del Palacio Kinpa en Gyouten.

—En efecto.

—Por el contrario, la chispa de una llama aquí en la provincia de Wa, y estará


obligada a darse cuenta.

Shoukei levantó la cabeza y miró detenidamente la cara amable y sonriente de Kantai.

—Si se enciende fuego en todas las provincias —continuó—, y se dará cuenta lo que
pasa a sus pies. ¿No te parece?

—No sé.

Este hombre le había salvado la vida. Había luchado contra los soldados que la
perseguían y le había dado refugio. Ahora era un hombre notable de esa forma. ¿Por qué iba
a ir tan lejos? Por que había estado en la carrera desde el principio. O él creía que estaba
siendo perseguido. En cualquier caso, este hombre se disponía a izar la bandera de la
rebelión contra el señor de la provincia de Wa.

—No sé. Pero sé que hay que hacer algo. El estado de las cosas aquí no pueden seguir
así. De alguna manera u otra, tenemos que hacer que la Reina de Kei sea conciente de las
condiciones aquí.

Kantai se echó a reír sin un toque de cinismo o de reproche.

—Yo también lo creo. Bueno, vamos a arreglar las cosas aquí. Ahora, no tienes lugar al
que ir, ¿no es así? ¿Por qué no te quedas un rato más?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 53
Suzu ayudó haciendo trabajos alrededor de la posada. En ocasiones, transportaba la
mercancía en su sansui y daba mensajes de ida y vuelta.

Al sansui ya no le gustaba ser montado por nadie más que ella. Koshou intentó
montarlo una vez, pero se resistió y casi lo golpeó cónsul par de patas traseras capaces de
romper las murallas de una ciudad. Domar una bestia exige el coraje de enfrentarse de cara a
sus pies, y totalmente, la formación de un pegaso requiere al menos una década. Su orgullo
debe de ser inmovilizado en primer lugar. Y sólo la parte doméstica de un pegaso demostraría
una disminución significativa de su asertividad.

—Cuando llegues a dominar un poco mejor a esta bestia… —dijo Koshou, mirando con
nostalgia al sansui.

—¿Yo? —Recogiendo las verduras en la huerta, Suzu se detuvo y miró por encima del
hombro a Koshou, que estaba sentado al lado del pozo.

—Un pegaso que ha estado muy bien entrenado sigue las órdenes que su amo le da.
Cuanto más pronto puedas convertirse en ese tipo de amo, antes se va a hacer lo que digas.
Al igual que: “Deja a Koshou viajar en ti”.

—Bueno, voy a seguir con eso y veré. Se necesita tiempo.

—Claro que sí. Cuando tienes un pegaso, un caballo palidece en comparación.

—¿Te gustaría un pegaso también, Koshou?

—No es que yo nunca podría permitirme uno. Hablar es barato. Aunque se me


convierta en soldado.

—¿Los soldados no tienen pegasos?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Sólo si te levantas muy alto en las filas. Y eso depende de la suerte, sino más bien en
tener el tipo de conexiones que no tengo.

—¿Por qué no?

—Para obtener un ascenso, se necesita un buen brazo con espada, pero tienes que ir a la
escuela secundaria también. Los comandantes del ejército imperial se graduaron en la
universidad, ¿no lo sabías? Además de eso, tienes que conseguir elogios. En este momento, la
única manera de conseguir elogios sería trabajando con gente como Shoukou y golpear a los
pobres agricultores. Ese no es el tipo de soldado que quiero ser.

—Ya veo.

—Pero sería bueno que pudiera seguir adelante con algo así.

—¿Cómo es eso?

Koshou apartó la vista del sansui y se rió con amargura.

—Cuando eres un soldado, no es necesario ir a la escuela, y no importa de dónde vienes.


Si yo pudiera ser un soldado en alguna parte, yo podría enviar a Sekki lejos de la provincia de
Wa. Él tiene una buena cabeza sobre los hombros, así que quiero hacer lo que pueda para
asegurarme de que tenga éxito en la vida. Quiero llevármelo de aquí, pero hasta que cumpla
veinte años y yo consiga trabajo en alguna parte. Incluso si estoy en busca de una esposa,
llevármela a ella también.

Koshou y Sekki no tenían padres. Habían estado al cuidado de un orfanato hasta que
Koshou cumplió los veinte. Cuando obtuvo su independencia, Koshou tomó la custodia de Sekki.
Por desgracia, Koshou había nacido en Takuhou, y había un excedente de tierra en Takuhou. No
porque la cantidad de tierra estuviera creciendo, sino porque la población estaba disminuyendo
debido a la agitación constante. Muchos campesinos abandonaron las tierras. Los desafortunados
se quedaron y murieron.

Sekki se registró en el censo de Takuhou, así que era bastante probable que cuando
cumpliera los veinte años, obtendría una partición en Takuhou. Incluso si él quisiera vender
y comprar una tienda en la ciudad, la tierra en otros lugares era más costosa. Aquellos
propietarios que tenían la sartén por el mango a la hora de hacer tratos ventajosos para ellos.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Si él aguantara y asistiera a una escuela secundaria, tendría que ser en una escuela
de Wa. Si Sekki demostrara promesa, podría ir a la universidad o por lo menos a la academia
provincial y convertirse en un funcionario público. Sin embargo, él está todavía atrapado en
Wa. Aunque yo me encuentre una esposa y traslade mi partición, Sekki no podría venir
conmigo. Así es como están las cosas ahora. Para hacer lo correcto por Sekki, tendría que
ser un soldado en otra provincia, y Sekki tendría que encontrar una esposa allí… —Con eso,
Koshou dio una palmada—. Bueno, Suzu, ¿cómo van las cosas?

—Oh, basta —dijo Suzu y juguetonamente golpeó a Koshou con la canasta con la que
reunía las verduras. Ese tipo de pensamiento no es de los que te gustan en absoluto.

¿No sería mejor hacer de la provincia de Wa un lugar agradable para vivir al momento que
Sekki cumpla veinte años?

Koshou sonrió.

—Eso seguro. Sekki


elevó la voz:

—Más que lo que le preocupa a los demás, ¿qué pasa con lo que me preocupa a mí?

Ante el sonido de su voz, Suzu y Koshou se sobresaltaron y se volvieron hacia el

ala principal de la posada.

—Por ejemplo, aun cuando nos fuéramos a otra provincia, yo no dejaría de


preocuparme por mi hermano mayor. Que estaría de mal humor y mandaría a volar todo

—Sekki hizo caso omiso de la mirada que Koshou le dirigía y le sonrió a Suzu—. Es casi la hora del
almuerzo.

La mayoría de los huéspedes que se alojaban en la posada había alguna razón para que estén ahí,
por lo que la mayor parte de los ingresos que se obtenían era durante las comidas. El viejo
que hacía guardia en la cocina con talento, mantenía la taberna limpia y lista. Como
consecuencia, se había ganado cierta fama en ese pequeño rincón abandonado en la ciudad.
La clientela, sin embargo, era otra cosa que la “clase alta”.

Debido a que se servía alcohol, las peleas de bar eran lo normal. Si Koshou no estaba

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ahí, las cosas tendían a salirse de control.

—El negocio realmente ha subido, y gracias a ti, Suzu —se rió Sekki mientras preparaban
la comida para el mediodía.

—No seas tonto.

—Una chica es algo extraño por aquí. Muchas han regresado, pero las mujeres todavía
son escasas en Kei. Eso se debe a que la última reina había expulsado a todas.

—Oh.

—Y debido a que estaban contentas de salir de un basurero como este, no están


dispuestas a volver. Las que conocen un oficio o tienen algún tipo de capacidad, no van a volver.
Va a tomar algún tiempo.

Después del almuerzo, los parásitos sólo eran los mismos hombres que siempre
andaban por la taberna. Definitivamente no había mujer a la vista. Ni una. Era muy
extraño.

Y entonces entró en la taberna.

Suzu estaba limpiando las mesas y dejó lo que estaba haciendo. La chica llevaba un
abrigo de aspecto lastimoso que la hacía parecer como a un chico. Sin embargo, la había
conocido antes, Suzu supo de inmediato quién era la chica.

—Eres tú…

Y su pelo carmesí inolvidable.

La mirada de la chica cayó sobre ella y sus ojos se abrieron.

—Tú debes de ser Suzu.

—Sí —asintió con la cabeza Suzu—. Gracias por lo de antes.

La muchacha había agarrado a Seishuu cuando fue atropellado y muerto. Desde


entonces, Suzu no había tenido la oportunidad de expresar su gratitud.

—No hay necesidad de darme las gracias —dijo la joven, meneando la cabeza. Suzu sacó
una silla para ella.

—Por favor, toma asiento. ¿Quieres comer algo? Voy a traer un poco de té. Suzu se

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apresuró a la cocina. Cuando ella entró corriendo, Sekki se puso de pie.

—Suzu, ¿tú la conoces?

—No la conozco realmente. No vimos una vez.

—Oh —dijo Sekki, una expresión oscura opacó brevemente su rostro.

—¿Sucede algo?

—Nada. Vamos a servirla. Hasta que la gente regular venga, voy a ordenar las cosas
aquí.

—Bueno, no dejes que pare —se rió Suzu. Llenó un vaso de agua y se apresuró a regresar
al comedor.

La chica también estaba examinando la taberna con una expresión igualmente sombría.

—Aquí tienes —puso la taza de té sobre la mesa. La


chica se inclinó ligeramente.

—Es sólo que, hoy en día, ¿Suzu, no? La última vez que vine aquí, un hombre alto y un
chico de años o menos estaban aquí.

—¿Quieres decir Koshou y Sekki? Koshou se fue a hacer un recado. Sekki en la cocina.
¿Has venido a verlos?

—No, no necesariamente.

—Mi nombre es Suzu Ooki.

—Suzu Ooki —repitió la muchacha. Su nombre pareció sorprenderla.

—Gracias por tu ayuda en ese día. No me gusta admitirlo, pero estoy agradecida acerca
de lo que me contaste sobre Seishuu.

—¿El niño?

—¿Seishuu? Está enterrado en un cementerio a las afueras de Takuhou, pero no puede


descansar en paz.

—Ya veo —dijo la chica, con rostro amargo.

—Conocí a Seishuu en Sou. Navegamos a Kei juntos. Había un montón de gente de Kei

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en el barco. Todos esperaban que las cosas mejoraran, ya que hay una nueva reina. Pero
hasta ahora, las cosas han sido decepcionantes. Tener una nueva reina no cambia nada. El
marqués y el gobernador no han cambiado —Suzu le preguntó: —¿Y tú?

—Youshi —respondió ella—. Yo vivo en Kokei.

—Kokei. Ah, en Hokui. Al lado, en la provincia de Ei. ¿Ei es un buen lugar?

—Más o menos —murmuró.

—Me pregunto si Kei es más o menos igual en todas partes. Pero tiene que ser mejor
que Takuhou.

Youshi no respondió.

—La vida puede ser difícil sin importar dónde vives. Pero yo creo que algunos reinos
están en mejor situación que otros. Yo sé que hay lugares como ese. Vengo de Sai. La Reina
de Sai es una buena persona. Los reinos no bendecidos con buenos gobernantes son
lamentables.

—Sí —asintió Youshi con la cabeza.

—Me pregunto qué es lo que la Reina de Kei está haciendo, ¿sabes? Tal vez ni siquiera
entiende el estado de su reino en el que está.

—Ella es una marioneta —le espetó repentinamente Youshi. Suzu se


inclinó hacia delante.

—¿Eh?

—No es terriblemente competente. Ya que ella no es de confianza con los ministros, no hay
mucho que se pueda hacer. Y no hay mucho que pueda llegar a hacer. Así que su mejor recurso
es callarse y hacer lo que dicen.

—¿En serio? Parece que sabes mucho sobre Gyouten, Youshi. Youshi
negó con la cabeza.

—Sólo rumores.

—Rumores, ¿eh? Al igual que la anterior reina, los gobernantes se dejan a su suerte,
y ella sigue haciendo oídos sordos a los gritos de la gente. Por eso desterró al marqués de

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Baku.

—¿Qué? —preguntó Youshi.


Suzu frunció el ceño.

—A pesar de que el marqués de Baku es una persona muy buena, la Reina de Kei lo obligó
a salir de su oficina. Era muy querido por la gente de Baku. Pero, al mismo tiempo, le da un
pase al marqués de Wa. Es realmente asombroso.

—Sí, lo es —Youshi se puso de pie—. Lo siento, pero no voy a quedarme para la cena.

—Oh. ¿Fue algo que dije?

—No, yo sólo pasaba y decidí pasar y ver cómo estaban las cosas. No tengo tanta hambre
para empezar.

—¿Quieres venir otra vez?

Youshi esbozó una sonrisa y asintió.

Después de que Suzu la viera salir, inclinó la cabeza hacia un lado y dejó la taza. Se dio cuenta de
que Youshi no había tocado su té. Se dijo:

—Me pregunto si ella se hartó de todo mi blablá.

En realidad no había muchas mujeres en Kei. Fue aún más raro para ella conocer a una
chica de su misma edad. Tenía la sensación de que llevaba un poco más de lo habitual.

Dándole vueltas a eso, se fue a la cocina y encontró merodeando a Sekki y Koshou en la


puerta.

—Oh, estás de vuelta.

—Suzu, ¿quién era esa chica? —le preguntó Koshou, con una expresión grave en su rostro.

Suzu respondió con un leve movimiento de cabeza.

—Alguien que conocí antes. Ella dijo que vive en Hokui.

—Hokui.

Sekki miró a Koshou y dijo:

—Casa de Rou, ¿recuerdas?

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Koshou asintió con la cabeza. Una vez más con mirada feroz, la agarró del brazo.

—¿De qué hablaron?

—Nada en particular.

No habían hablado de nada inusual, eso estaba claro. Sus quejas no fueron más graves
que lo que la gente de Takuhou decía en lugar de saludos y despedidas habituales.

—¿Ella no tenía nada que decir?

—Nada en especial. Ah, ella habló de la reina, en Gyouten.

—¿Te pareció ella bien informada de Gyouten?

—No lo sé, pero… Me dijo que eran sólo rumores, aunque ella parecía ser
conocedora del lugar.

Koshou miró a Sekki. Sekki asintió con la cabeza.

—Será mejor que nos movamos, entonces.

—¿Eh? —dijo Suzu, mirando a Sekki.

—Ella estuvo aquí antes. Era como si estuviera buscando algo. Si ella tiene un
conocimiento detallado de Gyouten, entonces probablemente es de Gyouten.

—¿Y eso significa…?

—Hay rumores dando a entender que Shoukou y Gahou tienen una vía libre porque tienen
a la Reina de Kei cuidándole las espaldas. Si alguien la ha enviado desde Gyouten a revisar la
situación aquí, entonces los rumores pueden ser verdad.

Sekki asintió con la cabeza, para sorpresa de Suzu.

—Agarra tus cosas. Más vale prevenir que curar. Vamos a salir de aquí y a vivir con algunos de
nuestros amigos.

—Pero…

—Esa chica no es una persona normal.

Traducido por EED_Wolf -356-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 54
Para Rangyoku fue un día como cualquier otro, salvo el hecho de que Youshi había
desaparecido durante diez días.

—¿Cuándo volverá Youshi? —preguntó Keikei con voz aburrida.

Rangyoku sonrió. Keikei se sentía solo. Puesto que los otros niños en el orfanato habían
muerto, él realmente tenía un montón de tiempo sin nada que hacer.

—¿Youshi se va a casar?

—¿Preguntas si se irá a vivir con el hombre que vino a verla? Quién sabe.

Youshi no podía casarse hasta que tuviera mayoría de edad, pero el matrimonio de
derecho común no estaba prohibido. Si ella tuviera padres, tendrían que aprobarlo, pero Youshi
no tiene padres.

—Aun suponiendo que ella lo hiciera, no podría alejarse hasta que cumpla los veinte
años.

Mientras le explicaba esto, Rangyoku se encontró extrañamente dudosa de si lo que Keikei


había propuesto era cierto. Aunque Youshi era supuestamente un huérfano, Enho la trataba
más como si fuera una invitada. Y si era invitada, sería por poco tiempo. Rangyoku tuvo
que ayudar a Keikei a limpiar los platos y los estantes. Después de ordenar la cocina, miró
por encima del hombro a Keikei y dijo:

—Buen trabajo. Y ahora a preparar el té. ¿Por qué no llamas a Enho?

—Está bien —dijo Keikei inclinándose, y echó a correr hacia el estudio.

Rangyoku observó mientras correteaba por la sala principal con una sonrisa. Ella estaba
orgullosa de su hermano pequeño. Era inteligente y amable, un gran trabajador. Todos los que
lo conocían lo decían. Incluso Enho dijo que después de la escuela primaria, lo

Traducido por EED_Wolf -357-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

recomendaría a Keikei a la academia de la prefectura.

Satisfecha de sí misma, Rangyoku rió mientras arreglaba los utensilios. Oyó la puerta
de la sala principal.

—Enho, ¿le gustaría una taza de té?

Nadie le respondió. Rangyoku levantó la vista y miró hacia la puerta. Se quedó


inmóvil. Varios hombres estaban ahí, hombres que nunca había visto antes.

—¿Si?

Había seis de ellos. A primera vista, parecían hombres comunes y corrientes, pero había
un aire de peligro en ellos. Inconscientemente, Rangyoku dio un paso atrás.

Uno de los hombres cerró la puerta y se paró frente a ella, bloqueando el camino.

—¿Quiénes son? ¿Qué hacen…? —las preguntas de ella se cortó a mitad de frase. Uno de
los hombres sacó un puñal desde el interior de su camisa. Rangyoku gritó y dio media vuelta.
Pasos pesados sonaron después de ella. Sus brazos fueron inmovilizados por la espada.

—¿Quiénes son…?

Una mano le tapó la boca. El hombre que la sujetaba asintió con la cabeza a los demás
hombres. Los hombres se colocaron al lado de la puerta.

¿Qué está pasando? ¿Quiénes son estos hombres?

Pasos ligeros se escucharon en el pasillo. Era Keikei. Los ojos de Rangyoku se abrieron.
En el mismo instante, se torció liberándose con todas sus fuerzas y gritó:

—¡Keikei! ¡Corre!

Sus pies se encogieron debajo de ella y cayó al suelo. Levantó la cabeza y miró a la puerta.
Su hermano pequeño se quedó petrificado ahí.

—¡Corre, Keikei, corre!

Con los ojos asustados, Keikei echó a correr, pero los hombres lo cerraron rápido. Sin
esfuerzo, Keikei su arrastrado y lo golpearon con un puño. No, no con un puño, sostenía un
cuchillo en la mano.

—¡¿Qué es esto?! —se oyó la voz de Enho, y el sonido de sus pasos.

Traducido por EED_Wolf -358-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Al mismo tiempo, sus ojos se posaron en el cuerpo de Keikei, justo como lo habían
sentado en el suelo. Justo encima de su cinturón, el mango de un cuchillo.

—¡Keikei!

Algo la golpeó con fuerza en su espalda. Rangyoku gritó y se hizo un ovillo. Al mismo
tiempo se produjo un fuerte dolor y ella volvió a gritar. Ella levantó la cabeza y vio a Keikei
arrodillado, con la cabeza casi tocando el suelo, y a Enho corriendo hacia él.

—¡Enho! ¡Keikei!

Antes de que Enho llegara hasta Keikei, los hombres se abalanzaron sobre él y lo tomaron
de los brazos. Enho se liberó, se arrodilló y recogió el cuerpo de Keikei. Con una fortaleza notable,
estrechó contra su pecho a Keikei, ella entendió a primero vista lo que le decía con la mirada, y
se dirigió hacia el patio.

—Enho… Corre…

Un hombre le cerró el paso. Con Keikei aún en sus brazos, Enho se volvió y corrió en
dirección al estudio, los hombres lo persiguieron.

¿Por qué? ¿Por qué sucede esto? Keikei.

Rangyoku puso las manos sobre el suelo y se puso de pie. Balanceándose, se volvió
hacia la puerta.

Enho.

Ella escuchó el ruido de él corriendo, el golpeteo de las pisadas en las profundidades


del rike. Ella clavó las uñas en las paredes y se tambaleó por el pasillo, agarrándose del
pasamanos. ¿Debería salir corriendo a buscar ayuda? Ella vaciló, y luego continuó por el
pasillo, aferrándose a la barandilla.

Keikei.

Corrió con un trote tambaleante, ignorando el dolor y ardor de la espalda. Ella vio entre
la caminata entre la habitación y el estudio y se encontró con Keikei y Enho tirados en el suelo.

—¡Enho!

—¡Rangyoku, sal de aquí!

Traducido por EED_Wolf -359-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—¡Pero! —Ella miró a su hermano arrugado en el suelo. El pequeño charco de sangre


estaba creciendo. Keikei no se movía, no gritaba, no lloraba.

Esto no puede estar pasando.

—¡Rangyoku!

Volvió a sus sentidos. Los hombres se abalanzaron sobre ella, con las armas en mano.
Instintivamente ella se volvió y corrió lentamente por el pasillo. Una hoja la golpeó en la espalda,
el impacto de la forma la dejó caer de rodillas. Se dio vuelta en el suelo, se tomó a sí misma, y
corrió. Las le dieron en los pies, se estrelló contra la parte posterior de su cuello. Ella tropezó en la
puerta más cercana.

Un refugio seguro.

Era la habitación de invitados. Sus ojos se posaron en la puerta de la habitación. Alargó


la mano y se arrastró hacia él.

Bloquear.

Como Rangyoku abrió la puerta y se precipitó en el interior, sintió otro golpe agudo y
doloroso en su espalda. Ah, suspiró. Algo caliente fluía de la parte posterior de su cuello y
sobre el pecho. Ella se agarró de un estante y se derrumbó, incapaz de valerse por sí misma.
Una caja pequeña cayó de la plataforma y se abrió a su lado.

Es de Youshi, pensó con desgana. Qué chica extraña. Ahora no habrá nadie en el rike en
absoluto. Enho estará solo.

—¡Enho!

Ella lo había dejado todo atrás. ¿Qué sería de él ahora?

¿Qué haremos con ellos?

La visión de su hermano tirado en un charco de sangre le dolía mucho más que su propia
acumulación de sangre a su alrededor. Todavía era muy pequeño. Era tan buen chico. La única
persona que le quedaba de familia. Cuando sus padres habían muerto, se habían agarrado de las
manos y se fueron a vivir juntos.

Era un reino triste. Haber nacido en Kei fue un destino lamentable. Kei había
matado a sus padres, la había intentado desterrar, y al final, incluso los perseguían en el

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

orfanato, donde por fin se había hecho de una vida tranquila de ellos. Kei era un caos tal que los
matones y ladrones tenían una libertad de acción.

Youshi, pensó Rangyoku, inconscientemente, apretando el pequeño cuadrado de tela en


la palma de su mano. Esos asesinos golpearon a Keikei. Y sin piedad.

Era un objeto duro envuelto en tela. Aturdida, miró fijamente su mano y vio el oro
brillando entre sus dedos.

¿Qué es esto?

Un sello de oro con una cara grabada.

¿Qué está haciendo esto aquí?

Se acercaban pasos pesados. Rangyoku lo apretó alrededor suyo, para esconderlo de los
asesinos. Unos segundos, y un agudo dolor la atravesó por tercera vez.

El Sello Imperial de la Reina de Kei.

Las lágrimas brotaron de sus ojos.

Ayúdanos, Youshi. Por favor. De la misma forma en que nos salvaste del Kyuuki.
Sálvanos, y salva al pueblo de Kei.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 55
—Ya pueden irse.

Keiki habló en voz baja a sus Shirei. Los dos youma, sin decir palabra, desaparecieron.
Kokei y Hokui eran visibles, no muy lejos a la distancia. Como de costumbre, había
descendido en un bosque a una prudente distancia de la carretera.

La señora de Keiki estaba junto a él, huraña y silenciosa. ¿Qué clase de persona es el
marqués de Baku?, ella le había preguntado.

Algo pasó en Takuhou. No sabía lo que había oído, pero cuando llegó a donde él estaba
esperando fuera de la ciudad, fue la pregunta que le había preparado para él. Keiki no había
entrado en la ciudad. El olor a muerte era demasiado abrumador.

Youko había vuelto con una especie de rabia. Él no le preguntó al shirei que la había
acompañado los detalles de la situación. No tenía ni idea de por qué Su Alteza le hizo esa
pregunta con tal vehemencia, y ella no quiso revelar sus intenciones reales.

—Su alteza ha estado completamente informada, ¿o no?

—Claro que no. Por eso te pregunté.

—¿Usted despidió a Koukan sin saber nada de su temperamento? Youko no


tenía la respuesta.

—Le recomendaré a Su Alteza que actúe sólo después de haber hecho una investigación
exhaustiva, que no se base únicamente en la palabra de sus ministros. Y, sin embargo, en este
momento, ¿usted me plantea esa pregunta a mí?

—Y las investigaciones se realizaron. Koukan se negó a cooperar con la impostora, porque


deseaba el trono. Él me envidia y trató de asesinarme. El complot fue revelado y huyó.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Sí, así es como están las cosas.

—Pero ahora oigo que Koukan es amado por la gente de Baku.

—He oído cosas así.

—¡¿Entonces por qué no me lo dijiste?!

—Yo estudié el asunto. Sin embargo, si me hubiera dignado a defender a Koukan,

¿Su Alteza me hubiera escuchado?

Youko, esta vez, estaba perdida con las palabras.

—En términos de protección a Koukan, le pedí muchas veces a Su Alteza que


reconsidere el despido. ¿Valora más las palabras de los ministros que la mía? Yo dije que no
creo que Koukan es el hombre el cual describen. ¿Por qué me pregunta a estas alturas, que ya
lo despidió?

—¿Qué piensas tú de él?

—Me parece un hombre capaz, aunque sólo me reuní con él dos veces. Ésa fue la
impresión que dejó en mí.

—¡Maldita sea, Keiki!

—¿Tomo eso como que has modificado tu opinión de él? Entre otros, tú tienes la
palabra de los ministros, el testimonio de los testigos, y mi propio consejo. ¿No tienes en cuenta
todos los tipos de vista?

—Ya es suficiente —le espetó.

Viajando desde Takuhou a Kokei, ella no dijo ni una palabra. Y ahora miraba
hoscamente hacia Kokei.

—Su Alteza, las puertas se están cerrando.

—Ya sé —gruñó.

—¿Su Alteza está molesta conmigo? Ella


estaba de espaldas a él.

—No —Ella sacudió la cabeza—. Estoy enojada conmigo misma.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Keiki suspiró. Sus palabras no eran suficientes. No era que él era escaso con las palabras,
pero nunca eran adecuadas para el momento. Sólo después se dio cuenta de su insuficiencia.

—Pido disculpas.

—No es tu culpa —Ella lo miró con una sonrisa confusa en su cara—. Siento por perder
los estribos. Ya me conoces, agarrando fuera del mango todo.

—Debería haber dicho mucho más.

—Nah. Yo no te habría escuchado. Lo siento por todo eso. Vamos.

La expresión en el rostro de su señora le insistía y brevemente, Keiki se encontró


sonriendo. Su corazón resuelto con el perdón de su señora le dio muchos motivos para
alegrarse. Pero, al mismo tiempo, sus pensamientos estaban teñidos de nostalgia y
arrepentimiento.

No, dijo la voz joven, profundamente extrañada. No voy a saltar a conclusiones. Es mejor
preguntar directamente. Keiki se quedó mirando el oscuro cielo añil. El Reino de los Cielos está
allá.

Youko pensaba mientras caminaba de regreso a Kokei: Estoy tan incompleta en muchos aspectos.
Y el no confiar en Keiki estaba primero en la lista.

—¿Vas a regresar? —preguntó ella al pasar por la puerta. Keiki miró


hacia el cielo.

—Creo que hay tiempo suficiente para saludar a Enho. Volveré más tarde.

—Ése es el tipo de persona que Enho es, ¿eh?

—De hecho, es así —Una mirada de preocupación cruzó por su rostro—. Es originario de
Baku. Un hombre muy versado sobre el camino, la lógica y la razón. A decir verdad, he recibido
una petición del marqués. Hay quienes envidiaban la popularidad de Enho y el gran respeto que
él llevaba a cabo, y quisieron hacerle daño. En consecuencia, he recibido un comunicado del
marqués pidiendo que se lo transfiriera a la provincia de Ei.

—Por Koukan. Ya veo.

Y temiendo que Youko tuviera un resentimiento hacia él, Keiki no le había revelado esto a
ella. Teniendo en cuanta todo eso, ella se rió de sí misma, burlándose. Realmente, tiene algunas

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

maneras de irse.

Girando con esos pensamientos en su mente, ella dobló la esquina adyacente al rike y
continuó varios pasos cuando Keiki se detuvo de repente.

—¿Qué pasa?

—Huelo… sangre —dijo, frunciendo la frente profundamente.

Youko examinó su entorno. Era una ciudad de invierno y las calles estaban desiertas.

—Estás bromeando —Ella sintió un golpe en el corazón y echó a correr. Corrió a través
de la puerta hacia el rike, corrió por la sala principal y se congeló.

Gotas de sangre salpicaban el suelo.

El cuarto estaba completamente vacío. No sentía la presencia de otros en el rike.

—¡Rangyoku! ¡Keikei!

El rastro de sangre continuaba por el pasillo.

—¡Enho!

Corrió hace la parte posterior del rike. A sus pies, un youma apareció, diciendo:

—El enemigo no está aquí —Reconoció la voz y siguió corriendo. Al doblar una esquina, se
encontró con Keikei, se derrumbó en el pasillo.

—¡Keikei!

—No trate de moverlo —Youko volvió a mirar la car echa una mueca de Keiki. — Todavía
respira. Hyouki, lleva al niño al Palacio Kinpa.

—No llegaré a tiempo —dijo la voz por lo bajo. Pero


Keiki asintió y dijo de todos modos:

—Si la ocasión lo requiere yo mismo lo llevaré y seguiré adelante.

—A sus órdenes —dijo la voz áspera.

La pantera roja se materializó bajo el cuerpo de Keikei y alzó al niño sobre su


espalda. Al mismo tiempo, una mujer blanca con los brazos emplumados apareció y le dio un
impulso hacia arriba.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Youko dijo:

—Hyouki, Kaiko, por favor, hagan eso por mí.

Miró a su alrededor. La sangre continuaba hasta el cuarto de invitados. Siguiendo el camino,


llegó a su cuarto. El suelo estaba manchado de sangre. Con cara de horror, Keiki vaciló y no pudo
continuar.

—Keiki, no te exijas. Vete de aquí.

—Pero…

—Cuida de Keikei por mí. Llévalo a un médico. No hay tiempo que perder.

—Sí, pero…

Descuidadamente, Youko entró en la sala de estar. Ella notó que la puerta de su


dormitorio estaba abierta y se dirigió hacia ella. Dentro estaba el cuerpo de una chica.

—¡Rangyoku!

Youko corrió hacia ella, le puso la mano sobre el hombro y de inmediato se retiró. Se
cubrió el rostro con las manos.

—¿Por qué?

Rangyoku estaba muerta.

Youko no podía imaginar quién podía odiar a Keikei y Rangyoku lo suficiente para
matarlos. La espalda de Rangyoku estaba cubierta de incontables heridas. No podía
comenzar a comprender la razón de semejante brutalidad.

—¿Por qué sucedió esto? —Se arrancó algunos pelos y de repente levantó la
cabeza—. ¿Enho?

—No está aquí —dijo Hankyo.

—¿No está aquí?

—En ninguna parte del rike. He buscado en todos los rincones. Ni Enho, ni su
cadáver.

—¿Cómo lo sabes?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Huelo tres tipos de sangre diferentes. Él parece haber sido herido. Llego a la
conclusión de que fue secuestrado.

Youko se mordió el labio. Varias noches antes, un grupo de hombres habían rodeado el
rike. Tal vez los hombres que habían ido a ver a Enho, los hombres con rostros cubiertos.
Tal vez los hombres de Takuhou. No necesariamente habría cambiado nada si hubiera sido capaz
de conectar los puntos, pero le dolió que ella no hubiera sido capaz de protegerlos.

—Rangyoku, lo siento —dijo ella, acariciando su espalda.

Youko enderezó el cabello enredado de Rangyoku. Tenía las manos juntas debajo de su
cuerpo. Golpeó a Youko de tal manera esa postura lamentable que sacó sus brazos de
debajo de ella. Su mano derecha estaba acurrucada sosteniendo algo con fuerza. Por la forma
de su puño, era obvio que ella se aferraba a algo. Youko se apoderó de la mano aún caliente y
suavemente le abrió los dedos. El sello de oro se desplomó en el suelo.

—Oh, Rangyoku.

Youko miró el sello y a Rangyoku con los ojos bien abiertos. Al final, ¿había
comprendido lo que significaba? No habría tenido tiempo de comprobar la impresión del sello.
Incluso si lo hubiera hecho, con sus heridas, y el hecho de que la impresión era la imagen
espectacular de los caracteres, se le hubiera hecho una lectura difícil, si no imposible.

Mientras Youko reflexionaba sobre esto, también consideró la importancia de cómo


Rangyoku lo había escondido, debajo de su cuerpo, tratando de evitar que lo descubrieran.
Y de las únicas personas que podría estar ocultándolo podría haber sido de los asesinos. Pero,
¿por qué lo había escondido? Porque pertenecía a Youko, porque estaba hecho de oro. O ambas
cosas.

—Rangyoku… Gracias —Ella no quería llorar, pero no podía contener las lágrimas—. Lo
siento mucho.

Si ella no hubiera abandonado el rike, podría haberlos protegido.

—Hankyo, ¿dónde está Keiki?

—Regresó al palacio.

Youko asintió con la cabeza. Por lo menos, Keikei solo debía sobrevivir. Si no lo hacía, la

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

mera condolencia no sería suficiente.

Un niño también murió en Takuhou.

Mordiéndose los labios, Youko miró a Rangyoku. Ella inclinó la cabeza hacia el suelo.

—Este mal ejemplo de reina en verdad pide tu perdón.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Parte XV

Capítulo 56

Una noche sin luna. El viento rugía. No había luz encendida en el rike. Youko andaba con
indiferencia por la sala principal. Keiki se había transformado en un unicornio y estaba
llevando a Keikei al palacio. Keikei todavía estaba vivo. Pero si vivía o no, eso dependía de los
médicos.

Hyouki habló:

—El Taiho no está bien. Youko


asintió con la cabeza.

—¿Qué pasó aquí? —le había preguntado el encargado de la ciudad, cuando vio el cuerpo
de Rangyoku. Se cubrió el rostro con las manos—. ¿Y Keikei? ¿Y Enho?

—Ellos no están aquí —fue solo la respuesta de Youko.

¿Qué haría si muriera? Y si viviera, ¿cómo le explicaría la muerte de su hermana?

¿Y la ausencia de Enho?

Los ancianos no tuvieron que decirle:

—Debiste de haber estado aquí.

Ella ya lo sabía muy bien. Si hubiera estado ahí, tres personas no habrían cumplido con ese
terrible destino.

Ella le dijo a Hyouki:

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Informa a Keiki de que estoy muy agradecida por todo lo que ha hecho. Que tome en su
cuidado a Keikei.

—A sus órdenes. ¿Cuál será su próximo movimiento?

—Voy a buscar a Enho.

—Reina…

—Tengo una acerca de lo que estoy haciendo. No importa cuál sea, voy a encontrar a Enho y
detener a los bandidos que hicieron esto.

—El Taiho se preocupará.

—Dile a Keiki que puede estar seguro de que no haré nada imprudente, pero yo
simplemente no puedo quedarme aquí haciendo girar los pulgares.

—Eso es lo que le comunicaré.

—Gracias. Te lo agradezco.

La voz de Hyouki desapareció. En la muerte calma, el sonido del viento llenó la sala
principal. No había nadie ahí a la luz de las antorchas. La chica que trabajaba tan
diligentemente manteniendo el carbón y el vapor alimentado y caliente que subía desde la
cocina, ya no estaba ahí. Nunca volvería de nuevo.

Youko agarró la espada que había echado a una silla cercana. El Suiguu-tou, la

Espada del Mono de Agua, la Regalía Imperial del Reino de Kei.

El gran poder del alma un youma fue sellado en la espada y en la vaina. Si ella pudiera
dominarlo bien, la espada le mostraría el pasado, el presente y el futuro y lo que estaba lejos de
ella. La espada también podía leer el corazón humano.

Youko sacó la espada lo suficiente para exponer la hoja y contempló el acero


reluciente. Esa espada, de hecho, fue fundida en el agua, y cambió de forma de acuerdo con el
amo que poseía. El Rey Tatsu creó el Suiguu-tou. En un primer momento, la espada no
tenía vaina, y se parecía a una cimitarra de mango largo. El Rey Tasu la bautizó Suikan-tou, o
la Espada de Agua Fundida. Sabiendo de sus poderes para confundir a su señor, el Rey Tatsu
ordenó hacer una vaina para doblegarlo. Entonces lo nombró Suiguu-tou, su forma cambiaba
con cada nuevo monarca. Ahora descansaba en sus manos como una espada normal. Incluso

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

como un hacha o un pentagrama, la vaina debía asistir a esa forma. Sin la vaina, tenía el poder
misterioso de trastornar a su dueño. Sin embargo, Youko había perdido la funda original,
dejando sólo su caparazón muerto detrás. La vaina en su forma actual ya había demostrado ser
incapaz de sellar el poder de la espada.

Quizás debería llamarla Espada de Agua Fundida desde ahora.

Aunque el Ministerio de Invierno había creado una nueva funda para la espada, se había
hecho muy poco para comprobar su poder. Lejos de ello, cuando se retira de la fuerza
vinculante a la vaina, la espada se vuelve salvaje, atormentándola día a día. Incluso ahora,
Youko no podía controlar la espada, experimentando nada más que visiones crípticas y pesadillas.

Todos los ministros de Youko en silencio la reprendieron por haber perdido la vaina, preciosa,
la joya de la corona sin igual en el mundo conocido.

Youko se quedó mirando la hoja. Finalmente, suspiró:

—Esto no es bueno —Ella no podía ver ninguna señal de Enho en cualquier lugar de las
visiones que surgieron de la espada. —Hankyo.

—Sí —respondió desde la oscuridad.

—Voy a dormir un rato. Por favor, despiértame antes de que las puertas se abran. Quiero ir
hacia Takuhou a primera hora de la mañana.

—A sus órdenes —dijo la voz.

Temprano en la mañana, Youko entró en Hokui y se dirigió directamente a la residencia del


hombre llamado Rou. El hombre extraño y tapado que había llevado a Rou. En su lugar, ella
también había observado al gran hombre que había visto en la posada en Takuhou. Youko
tenía que creer que eran todos los que participaban de una manera u otra.

Caminando por el aire de invierno feroz, finalmente llegó a la residencia de Rou, y


después de vagar por un tiempo, llamó a la puerta principal. El interior de la residencia estaba
mortalmente silencioso. Ella estaba golpeando con más determinación en la puerta, cuando un
anciano pasó por la calle.

—¿Qué es todo este ruido a esta hora? Rou no está ahí.

Traducido por EED_Wolf -371-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Youko miró por encima del hombro el rostro melancólico del anciano.

—¿No está aquí?

—Desapareció. Es probable que lo haya hecho en medio de la noche. No sé lo que estaba


pasando, pero con todos esos hombres sombríos que iban y venían, estoy seguro de que algo
estaban planeando.

—¿Cuándo fue eso?

—Ha sido un tiempo, ahora. Diría, cerca de la mitad hace un mes.

La mitad de hace un mes había sido cuando Youko había ido por primera vez ahí.

—¿Usted conoce a alguno de esos hombres que iban y venían? Me gustaría saber a dónde
fueron.

—Es difícil de decir. En cualquier caso, hasta el último de ellos no parecía ser nada bueno
—Entonces, se le ocurrió algo—. Había un hombre de aspecto espeluznante que venía de vez en
cuando. Montaba un hermoso caballo real. Parecía un hombre tratando de que no lo vieran.

—¿Llevaba un velo sobre su rostro?

—Sí, es una manera de describirlo. Un hombre de unos cuarenta, diría yo.

—Cerca de cuarenta —Youko no podía pensar en nadie con esa descripción.

—Entonces, ¿sabes si Rou está en algo de eso?

—No que yo sepa.

—Hmph —el viejo soltó un bufido—. Claro que me pareció que estaba tramando algo.
Él no era de estos lares, para empezar.

—¿Él no era originario de Hokui?

—Difícilmente, no. En otoño del año pasado, se presentó y se instaló aquí con apenas
un “hola”, o un “¿cómo estás?”, en el vecindario. Mejor la gente no ser involucraba con ese
tipo. Sin duda, no es bueno.

—Ya veo —Youko se lo agradeció con una inclinación de cabeza.

Traducido por EED_Wolf -372-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Ella se fue de Hokui y llamó a Hankyo. Era uno con las patas más veloces de todos los pegasos.
Viajando a través del tonkou, podría llegar a donde quisiera más rápido, pero Hankyo no la
podía llevar a través de la tierra con él. Ella tenía que montarlo.

Desde un lugar discreto a lo largo de la carretera, subió y en un instante había llegado


a Takuhou. Descendió cerca de Takuhou, pasó a través de la puerta, y se dirigió a la posada que
ya había visitado dos veces. Tenía que haber una conexión ahí.

Los hombres que habían estado espiando el rike habían vuelto a Takuhou. La primera
vez que vinieron aquí, los hombres en la posada le habían parecido peligrosos y temibles. No
podía arriesgarse a confiar en ellos. En cuanto al hombre cubierto y al hombre llamado
Rou, ella ya estaba juntando las pistas. El hombre en la posada, que había estado en el lugar
de Rou, en Hokui, no tenía más remedio que dudar de él.

Corrió por un pasillo, cargada de aire estancado, y se detuvo en seco. La posada estaba
allí como la recordaba. Se acercó a la puerta de entra y puso una mano en la puerta.

Curiosamente, la puerta no se movió. Las ventanas que daban a la calle estaban


cerradas herméticamente. Llamó suavemente a la puerta. Al igual que el lugar de Rou, no hubo
respuestas.

¿Qué está pasando?

Ella golpeó la puerta con el puño, luego se volvió y corrió hacia la casa frente a la posada
y golpeó las puertas cerradas.

—¿Quién es? —fue la respuesta inmediata. Un hombre de unos cincuenta años sacó la
cabeza.

—Perdone, pero me estaba preguntando acerca de la posada.

—Ah —dijo el hombre, mirando a través de la calle—. Ellos parecían haber cerrado el
negocio.

—¿Cerrado? Estuvo aquí ayer y estaba abierta.

—La pasada noche, juntaron las maletas y se fueron.

—Ayer por la noche… —Youko apretó los puños—. ¿Y ese gran hombre era uno de ellos?

—Ah, ¿quieres decir Koshou? Sí, él es un hombre grande.

Traducido por EED_Wolf -373-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Y un muchacho de catorce años o menos.

—Sekki, querrás decir. Es el hermano pequeño de Koshou. ¿Has venido a ver a Koshou?

—No a ellos. Vine a ver a la chica, Suzu.

—Ya veo —dijo el hombre, suprimiendo un bostezo. Se rascó la nuca—. La chica del
sansui. Todos se fueron. Lo siento, pero no sé a dónde fueron. ¿Quién eres tú?

Youko respondió con una pequeña inclinación de cabeza, dio media vuelta y se alejó.
Oyó la voz enojada del hombre detrás de ella, pero ella no miró a su alrededor.

Ayer, ¿no había dicho Suzu que Koshou estaba fuera? ¿No dijo que volvería pronto?

Koshou se había ido a alguna parte. ¿Por qué cerrar la posada y desaparecer? El rike
había sido atacado, al mismo tiempo.

—Koshou…

No podía creer que estos acontecimientos estuvieran relacionados. Atacaron el rike y luego
se fugaron. En cualquier caso, sería ridículo preguntarle a Suzu si iban a regresar. Se preguntó:

—¿Qué diablos voy a hacer ahora?

El hombre envuelto cuya presencia causó dolor a Enho se presentó en la casa de Rou. Se
había encontrado con Koshou ahí. Esos hombres, también participaban en el rike, habían
vuelto a Takuhou. Koshou, Sekki, la kaikyaku Suzu y el niño que había muerto en Takuhou,
simplemente no podía ver cómo es que todos estaban conectados.

—Tengo que encontrar a Koshou.

Era demasiado pronto para abandonar. Koshou, Sekki y Suzu, Suzu tenía un sansui con ella,
y un sansui puede ser rastreado.

—Definitivamente, voy a encontrarlo.

Traducido por EED_Wolf -374-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 57
La casa donde estaba Shoukei, útilmente era frecuentada por una treintena de personas a diario.
Por lo menos cincuenta habían estado ahí en un momento dado. Por otra parte, también
estaban todos asociados claramente con Kantai.

Llamarlos mercenarios no era una exageración. Muchos cabalgaban como


guardaespaldas con las caravanas que llegaban y salían de Meikaku. Sin embargo, un número
igual se habían refugiado en la casa, al parecer, esperando que algo suceda. No parecían
empleados, pero un número significativo de ellos iban y venían con bastante frecuencia.
Kantai no tenía trabajo. Estaba a cargo de las personas en la casa.

—¿Estás atrapado aquí por haberme ayudado? —le preguntó un día Shoukei. Kantai negó
con la cabeza.

—No, yo sólo soy un perezoso.

Con un montón de tiempo en sus manos, a menudo las fronteras estaban con
espadas y lanzas. Kantai no participaba. En su mayor parte, sólo observaba. Pero no había
duda de que el líder de la manada era Kantai. Se le pagaba con deferencia, y se utilizaba un
lenguaje cortés cuando hablaban con él. Shoukei era tratada como su invitada. Shoukei trabajaba
para el alquiler, pero casi nadie, excepto Kantai, le pedía que hiciera nada. Su impresión fue
que una gran variedad de personas se habían aprovechado de la oferta de Kantai de
alojamiento, pero lo que realmente tenían en común era una animadversión hacia Gahou, el
señor de la provincia de Wa.

Una especie de alguien que se hizo a sí mismo un caballero de brillante armadura.

Eran desafiantes y disciplinados, un grupo de caballeros andantes, unidos en su


oposición a Gahou. Shoukei consiguió mucho. Por la forma en que Kantai los cuidaba, tenía el
presentimiento de que era algo más que eso.

¿De dónde viene el dinero?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Debe de haber sido criado en algún lugar rico. Único que podría dar cuenta de la manera
indiferente en el que difundía el dinero en efectivo. Tal vez, se le ocurrió a Shoukei, todos
estos mercenarios trabajaban para Kantai. O tal vez, a sí mismo Kantai…

Reflexionando sobre esas cosas mientras llenaba el aljibe en el patio, el sonido de los
cascos de los caballos procedían de la fachada del edificio. A través de la puerta principal
abierta vio a un coche. Un hombre se bajó del carro. Un velo cubría su cabeza y su rostro se
ocultaba a la vista, entró por la puerta. Él se encargó de cerrar las puertas. Finalmente, levantó
la cabeza y escuchó el ruido del carro partir.

—¿Um? —se dijo Shoukei.

Bajó el velo hasta los hombros, revelando a un hombre de cuarenta años. Había una
gran aureola de autoridad sobre él.

—¿Y usted es? —le preguntó a ella, con voz profunda.

Manteniendo sus dudas dentro de ella, Shoukei respondió con una leve inclinación de
cabeza.

—Yo hago trabajos ocasionales en el lugar. ¿Y quién es usted?

—Vine a ver a Kantai. ¿Está?

—Ah, sí.

El hombre asintió con la cabeza, y sin más preámbulos, se dirigió hacia el ala
principal. Él no mostró ninguna señal de querer que Shoukei busque a Kantai o que le muestre
el camino. Shoukei corrió tras él.

—Um, disculpe, pero, ¿cómo me dirijo a usted? —Shoukei sabía que se trataba de una
residencia que nadie y todos eran libres de entrar cuando quisieran. Pero incluso, sin que nadie
lo diga, ella también tenía claro el sentido de que una persona de origen desconocido no
podía simplemente caminar en la calle. —¿Es usted amigo de Kantai?

Shoukei se colocó en su camino, cerrándole el paso. El hombre sonrió.

—Ya veo. Finalmente se encontró una esclava competente. Mi nombre es Saibou. Por
favor, anuncia mi presencia a Kantai.

No soy una esclava, se dijo a sí misma Shoukei, corriendo por las escaleras. Ella estaba

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

casi en la sala de estar cuando Kantai salió.

—Kantai… —dijo ella.

—Cierto —dijo Kantai con un movimiento de cabeza. No había duda de que había
escuchado la voz en el patio. Él inclinó la cabeza. Saibou asintió con su cabeza de manera
consciente, subió las escaleras y entró en la sala.

—Kantai, este hombre es…

—Sí, por supuesto. Te lo voy a presentar. Para tus caballos.

Ella lo seguía. Tal vez, se le ocurrió, Kantai había sido contratado por alguien, y ese alguien
era Saibou.

El salón estaba justo saliendo de la sala principal. Colgado en la pared de fondo, había
dos banderas decoradas con caracteres chinos. Entre ellos había un rollo de decoración. A
continuación, un libro en un estante, y en frente de la plataforma un escritorio y dos
sillas. Éste era el estudio del dueño de la casa, pero Saibou se sentó como si fuera dueño del
lugar e invitó a Shoukei y Kantai.

—Has contratado a una chica interesante, ¿no? Kantai


sonrió.

—No exactamente es contratada —dijo, y explicó brevemente cómo había llegado a unirse
a ellos.

—Ya veo —dijo Saibou con una pequeña sonrisa—. Una mujer con agallas. Pero lo tomo
como que ella no estaba familiarizada con los riesgos de lanzar una piedra a un funcionario
del gobierno de la provincia de Wa.

—No necesariamente. Ella es una refugiada de Hou. Saibou se


inclinó hacia delante y la miró.

—Desde Hou. ¿Dónde has nacido?

Shoukei dudó un momento, la decisión de ser honesta y decir Hoso, la capital de Hou, o
Shindou, en la provincia de Kei.

—Hoso —dijo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Shoukei de Hoso. Huh —No continuó con el asunto—. Por lo tanto, Shoukei,

¿entiendes qué tipo de personas se reúnen aquí?

—Tengo una muy buena idea. Saibou


asintió con la cabeza.

—La provincia de Wa es un reflejo del temperamento del marqués Gahou. Se oprime


al pueblo, sin tener en cuenta el honor de la reina y la voluntad del reino. Retenedores
corruptos que sacuden las raíces de Kei dejándola a su suerte.

—Sí.

—Por todos los derechos, la reina debe dirigir los asuntos del reino, pero nuestra nueva
monarca no ha estado en el trono durante largo tiempo, y la corte real está en el bolsillo
trasero de los funcionarios que se aprovecharon incluso antes de la última reina Yo-ou. Después
de haber sido coronada por apenas medio año, es poco probable para la actual reina tener los
medios suficientes para hacerle frente. Tomar el control de la corte y extender el imperio la ley a
las nueve provincias por sí misma sería casi imposible. Por encima de todo, la Reina es una Taika,
y sabe poco de Kei.

Shoukei asintió con la cabeza.

—Si se investiga aquí a Gahou, y se levanta un escándalo por el caos de la


provincia de Wa y sobre el mal gobierno de Gahou, la reina estará obligada a prestar más atención
al sufrimiento de las nueve provincias. Y cuando ella se digne a empezar a prestar atención,
su petición de recursos estará a nuestra disposición.

—Entiendo.

—Por el bien de la provincia de Wa, más que derrocar a Gahou, más que nada, la reina
debe de ser consciente de las condiciones de aquí en Wa. No derrocar a Gahou sería
aceptable si la reina capaz de juzgar la situación correctamente. De lo contrario, sin duda,
seremos nombrados enemigos de Gahou y de la corona, y seríamos destruidos. A la luz de todo
esto, ¿sigues en pie por Kakutai, Shoukei?

Saibou se dirigía a Kantai por “Kakutai”. Shoukei


apretó su mano.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Sí. Estoy convencida de que la Reina de Kei reconocerá nuestra causa —Ella tenía
que creer, por la forma en que Rakushun se preocupaba tanto por ella. Aun habiendo
alcanzado el trono en su estado inacabado, una reina que se preocupaba mucho sobre si
era o no apta para la función no debía ser ninguna tonta.

Saibou sonrió.

—Ya veo. Nuestra invitada de Hou cree en la reina. Hay algo irónico acerca de eso.

—¿Y usted no cree en ella?

—Debido a que hay quienes creen, me gustaría también creer.

—¿Eh?

Saibou no respondió, pero golpeó ligeramente el escritorio.

—En cualquier caso, te damos la bienvenida, Shoukei. Tengo el placer de conocerte.

—Y yo igual.

Junto a ella, Kantai inclinó la cabeza con curiosidad.

—No ha venido aquí para ver a Shoukei, ¿verdad?

—Por supuesto que no —Sonrió Saibou—. Sí, yo tenía algo que hacer. Vine a
hablarte, Kakutai.

—¿Qué es?

—Un hombre con el nombre de Enho, el superintendente de Hokui, provincia de Ei, más
específicamente la ciudad de Kokei, ha desaparecido.

—Al desaparecer, quieres decir…

—Ayer, el rike en Kokei fue atacado y asesinaron a una chica. Su hermano menor y el
superintendente fueron secuestrados al parecer. Nada fue robado del rike. No tengo ni idea de
por qué fue atacado. Los hombres habían sido vistos merodeando por el rike. La palabra es, que
eran de Takuhou.

—Takuhou.

—Ayer, en Takuhou, se abrieron las puertas después de la puesta de sol y admitieron a un

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

único carro.

—Sí, por supuesto. Shoukei


miró a Kantai.

—¿Qué significa?

—No hay otro animal en Takuhou, un hombre con el nombre de Shoukou. Las
puertas sólo podrían haberse abierto después de haber sido cerradas sólo por orden de alguien
de arriba, alguien alto. En el caso de Takuhou, el primer nombre que viene a la mente es
Shoukou. Da vuelta la roca y sin duda encontrarás ahí a Gahou.

—¿Así que Gahou mandó a Shoukou para secuestrar al superintendente? — preguntó


Shoukei.

Saibou sonrió ligeramente.

—No vamos a correr con conclusiones. Eso es lo que me gustaría investigar.

—Oh, sí.

—Y otra cosa. Un paquete llegará aquí mañana. Me gustaría que se lo entregaras a Rou, en
Hokui.

Kantai respondió con una sonrisa irónica.

—Rou se trasladó a Houkaku. Parece que hay alguien husmeando por el lugar. Saibou frunció
el ceño.

—¿Rou se mudó?

—Estoy seguro de que me va a inundar cuando entreguemos la mercancía. Saibou asintió


con la cabeza.

—Es un cargamento de armas de invierno, veinte piezas. Dejaré su disposición a tus


buenos oficios.

Kantai hizo una profunda reverencia.

—A sus órdenes.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 58
Koshou y compañía se trasladaron a un burdel en la esquina suroeste de Takuhou. Era un
burdel sólo de nombre. Con tan pocas mujeres alrededor, no había mucho más que hicieran el
entretenimiento. Las chicas del trabajo restante se habían trasladado a los establecimientos
de categoría superior en la parte oriental de la ciudad. Los únicos que quedaron fueron dos
mujeres mucho más allá que primas. Al igual que la señora, que eran amigos de Koshou.

La característica de la ciudad depende en gran medida de en dónde se encuentra. En la


mayoría de los casos, los centros urbanos limitaban las oficinas del gobierno en el sur, con los
mercados comerciales ubicados a lo largo de la carretea circular. Para ambos mercados y
zonas residenciales, los distritos de baja renta se encontraban en el oeste, y una tendencia más
rica hacia el este.

—De hecho, los barrios urbanos se supone que se encontraban en la zona norte — instruyó
Sekki a Suzu. Los dos fueron a limpiar los alrededores del burdel abandonado.

—¿Por qué?

—No lo sé, parece haber sido de esta manera en las ciudades más antiguas. Eso es lo
que dicen en los libros más viejos: el complejo del gobierno se encuentra en el centro, y las
residencias de los comuneros se construyen al norte, en una ciudad,, al oeste gozarían de
una posición social más alta que la oriental. Pero la mayoría de las ciudades son exactamente
lo contrario.

Suzu dijo:

—En todas las ciudades que he estado, las zonas más visitadas se encuentran al sur, las
haciendas de las familias en el centro, y los mausoleos y templos en el norte.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Así es como es, ¿no? Muy a menudo encontrarás que las cosas son todo lo
contrario en las ciudades que han existido hace mucho tiempo, que no han sucumbido con los
desastres. En algún momento, todo se volvió al revés. Realmente es muy extraño.

—¿Estás interesado en ese tipo de cosas, Sekki?

—Sí —asintió con la cabeza Sekki, mientras lavaba los utensilios de cocina.

—Es una lástima que tuvieras que abandonar la escuela.

—Sí. Pero no creo que este sea el momento de disfrutar de esos pensamientos. Hubiera
sido bueno haber nacido en una época en que una digna reina resida en la capital y el reino
esté en paz, pero así es como las cosas son.

—Hubiera sido bueno haber nacido en Sou o En. Sekki


sonrió amargamente.

—Desafortunadamente, no imagino que así sea. Nací en Kei. Al final del día, lo nace,
donde se nace y sólo se puede cambiar mucho después de eso.

—Realmente tienes una buena cabeza sobre tus hombros, Sekki. Entiendo por qué Koshou
está tan decepcionado por las formas que han salido.

—Me preocupa mi hermano mayor. Está en su naturaleza ser más molesto por lo que le
sucede a los demás que a sí mismo. Él siempre está haciendo las peleas de los demás suya. Sin
embargo, tomándolo de alguien tan grande, es increíble.

Suzu dejó lo que estaba haciendo por un momento y parpadeó.

—¿No estás de acuerdo con lo que está haciendo?

—Eso no es lo que quiero decir. Pero por mucho que la gente de este pueblo haga a mi
hermano loco, no molesta a Shoukou. En otras palabras, si se pusiera muy preocupado y
comenzara a pensar seriamente cómo deshacerse de Shoukou, la conclusión de que habría que
seguir viviendo y aguantando todo llegaría a sus manos.

—Lo entiendo —Suzu miró sus manos. Lesionarse siempre duele. Después de un rato,
reflexivamente se convertía el miedo al dolor. Así que seguía adelante con tal de escapar del
dolor. Pero al mismo tiempo, el soldado que comenzaba a sentirse como un logro, cuando nada
era en realidad.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Sekki suspiró.

—Pero, ¿y si mi hermano atacara a Shoukou y fallara? Shoukou estaría rabioso y la vida sólo
podría empeorar para el pueblo de Shisui. La gente de Shisui, a su vez, odia a mi hermano.

—Eso es probablemente cierto.

—Es por eso que es demasiado arriesgado dejarlo a su suerte. Pero yo realmente no sé si
estoy siendo una ayuda o un obstáculo.

Sekki sonrió con picardía. Suzu sonrió también. En ese momento, el mencionado Koshou
apareció. Suzu y Sekki se miraron y se echaron a reír.

—¿Qué está pasando?

—Oh, nada. ¿Qué pasa?

Koshou hizo señas a Suzu desde la puerta de la cocina.

—Lo siento, pero tengo un trabajo para el sansui.

—¿Es necesario que transporte algo? —Koshou, a menudo, pedía a Suzu transportar
mercancías de los pueblos de los alrededores.

—Sí, pero esta vez es un poco más. Un viaje de dos días hacia el este con carro tirado
por caballos, hay una ciudad llamada Houkaku. Aquí está el mapa. Ve al sitio de Rou. Él debe
de tener los elementos que hemos solicitado.

Hansei Rou y Koshou eran viejos amigos.

—Entiendo.

—Estoy seguro de que Rou va a hacer un buen trabajo de embalaje, pero incluso si son
detenidos por los centinelas, no podemos permitir que ese envío se abra. Si así fuera, están
obligados a ser robados.

—¿Esos son elementos que no quieres que nadie vea?


Koshou asintió con la cabeza.

—Armas de invierno.

Suzu se puso rígida con sólo la mención de la palabra.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Son muy pesados, pero no tan voluminosos. Una vez que lleguen, por lo menos,
tendremos que conseguir esas armas de invierno en manos expertas de un número mínimo
de nuestro grupo.

Suzu asintió con la cabeza.

—Eso está bien. Me voy, entonces.

A la mañana siguiente, Suzu salió de Takuhou y se dirigió hacia el este por la carretera principal.
En un sansui, el viaje duró medio día. Suzu llegó a Houkaku al mediodía. Houkaku era tan
grande como la ciudad de Takuhou. Houkaku era la capital de la prefectura de Rouya, que
estaba al lado de la prefectura Shisui. De acuerdo con el mapa que Koshou le había dibujado,
Suzu buscó una casa en la parte suroeste de la ciudad. Encontró allí un vertedero de
descompuesto de una residencia. La puerta principal que daba a la calle estaba cerrada
herméticamente. Cuando llamó a la puerta, un hombre de cincuenta y tantos, con cabello
castaño moteado apareció.

—¿Quién es?

Suzu se inclinó, saludándolo como Koshou le había mandado.

—Vengo de Shikin, del condado de San, de la provincia de Baku.

Los ojos del hombre de pronto cayeron sobre sus manos, centrándose en el dedo anular.

—Adelante.

Rou estaba cooperando con la causa de Koshou, pero él no era un miembro íntimo de su
grupo. El saludo no se utilizaba al ver a los amigos, sino para establecer a Suzu como una
aliada confiable.

A través de la puerta había un estrecho patio. En la parte trasera del patio había una
casa vieja no mayor que el patio, un pequeño edificio del tamaño de una choza. Suzu dirigió al
sansui al patio. El hombre cerró la puerta detrás de ella y le dijo:

—Soy Hansei Rou. Koshou y yo provenimos de la misma casa de la ciudad.

—Sí. He venido a recoger el envío.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Cierto —asintió con la cabeza Rou. Luego dijo con una expresión sombría—. Éste es el
caso, el envío en cuestión no ha llegado.

—¿Eh?

—Hoy, se suponía que debía conseguir dos expediciones por separado, pero no han
llegado. Lo siento, pero tal vez, ¿podría usted esperar?

—Está bien —dijo Suzu. Koshou le había dicho que siguiera las instrucciones de Rou
después de que ella llegara ahí.

—Si los envíos llegan esta noche, voy a tenerla que hacer pasar la noche. El lugar es un
desastre, pero hay una sala donde puede dormir. Pido disculpas por las molestias.

—Está bien. No hay problema.

—Es lo mismo que sentarse y relajarse. Voy a buscar agua para el hermoso caballo suyo.
¿Quieres un té?

—Por supuesto —dijo Suzu, asintiendo.

Rou no era un hombre guapo, pero resultó ser un buen hablador. Se sentaron en una mesa
de piedra y vieron al sansui comiendo el alimento y conversando sobre esto y aquello.

—¿Así que has hecho todo el camino de Sai? Eso debe de haber sido un viaje largo.

—He venido casi todo el camino en barco.

—¿Qué piensas de Kei? Debe de ser bastante frío en comparación con Sai.

—Yo estuve con un grupo de artistas que viajaban un tiempo, así que he estado por todos
lados.

—Qué te parece. Llamaron a


la puerta.

—¡Y ahora se presenta! —Rou frunció el ceño jugando. Abrió las puertas. Después de
intercambiar algunas palabras con el visitante en voz baja, una chica de la edad de Suzu
apareció con un caballo. Su cabello estaba moteado, como el de Rou, pero de color azul oscuro.
Golpeó a Suzu como algo extraordinario.

—Bueno, al menos veinte han llegado —dijo Rou con una sonrisa forzada. Él le enseñó a

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

la chica la mesa—. ¿Por qué no te tomas un tiempo?

—Pero… —dijo la chica, mirándolo.

—Lo siento —dijo Rou—. Sin las treinta piezas, esta chica no me va a pagar. Y sin ese dinero,
no puedo pagar.

Suzu levantó la voz.

—Si ese es el caso, puedo pagar… Rou


levantó la mano, interrumpiéndola.

—No, mi lugar, mis reglas, y esa no es mi línea de negocio. Yo soy el agente, no el


concesionario.

—Oh, está bien.

Rou sonrió y miró por encima del hombro a la chica.

—En ese caso, tendrás que esperar por un tiempo. Guarda tus quejas para el
paquete tardío. ¿Quieres un poco de té, también?

—Gracias —asintió.

Suzu le dio una buena mirada, por mucho tiempo. De la estructura ósea a la cara, ella
podría decir que era una mujer hermosa. Tenían aproximadamente la misma edad. A instancias
de Rou, ella se sentó en una de las sillas de piedra y miró a Suzu. Su mirada se movió
rápidamente hacia el sansui.

—Un sansui —dijo.

Suzu se inclinó hacia delante.

—¿Estás familiarizada con un sansui?

—He visto uno o dos antes.

—Oh. Yo soy de Takuhou. Soy Suzu. ¿Y tú?

—Vengo de Meikaku. Mi nombre es Shoukei.

—Parecemos de la misma edad, ¿cuántos años tienes? Shoukei


pareció reflexionar un momento sobre la cuestión.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Dieciséis.

Suzu estaba a punto de decir que ella también, pero vaciló. ¿Cuál era la mejor manera
de describir su edad? Ella fue arrastrada a ese mundo a la edad de catorce años, donde los
cumpleaños se cuentan por doce. Después de eso, había vagado de aquí para allá durante cuatro
años, y después se había convertido en hechicera. Que la convertía en dieciséis años, más o
menos.

—Tengo la misma edad —dijo Suzu. Shoukei inclinó la cabeza hacia un lado, pero no dijo
nada más. Suzu continuó: —Shoukei, ¿tú eres de Kei?

—No, soy de Hou.

—Hou, ¿el Reino al noroeste del Kyokai?

—Sí. Uno de los cuatro Reinos Externos. ¿Qué hay de ti?

—Yo soy de Sai. Las dos hemos venido desde reinos muy lejanos.

—En efecto —rió Shoukei. Suzu se


sintió relajada.

—Eso es bueno. No es frecuente que llegue a conocer a una chica de mi misma edad en
Kei.

—Eso es verdad. Así que, ¿por qué has llegado desde tan lejos hasta aquí?

Suzu reflexionó sobre la cuestión. Ella había propuesto su viaje por un gran número de
razones y todas ellas se murieron y desaparecieron. Sus deseos pasados no tenían relación con
lo que ella estaba ahora.

—Oh, esto y aquello.

—¿Esto y aquello te trajo todo el camino hasta Kei?

—Bueno, en primer lugar, me enteré de que la Reina de Kei es una chica de mi misma
edad… —Shoukei parpadeó y abrió los ojos ampliamente —… y que era una kaikyaku como yo.

—¿Tú también eres de Yamato?

—Sí, así es. Sin un lugar para llamar mío, pensé que llamaría el reino de un kaikyaku
compañero de casa. ¿Tiene algún sentido?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Shoukei la miró, su rostro blanco de sorpresa. Finalmente, se rió y dijo:

—Yo también.

—¿Eh? ¿Eres una kaikyaku?

—No, yo también vine a este reino para ver a la Reina de Kei… —Suzu la miró
boquiabierta—… porque es una reina de la misma edad mía.

—Eso es extraño. Así que, nosotras dos, de Sai y de Hou, vinimos aquí para ver a la Reina de
Kei y así conocerla.

—Así parece.

—Wow.

—No estoy bromeando.

Suzu y Shoukei se echaron a reír.

—¡Hey! —la voz de Rou detrás de ellas—. ¡No mantengan conversaciones personales!

Suzu lo miró con sorpresa, Rou estaba ahí, de pie, con las tazas de té en la mano y una mirada
amarga en el rostro.

—No hay charlas privadas entre personas que se reúnen aquí. Mi lugar, mis reglas.

—Oh… lo siento.

—Soy un intermediario de cosas, no de personas. Las personas que utilizan mis servicios
son personas con una razón para estar aquí. No hay tipo de sombra de poner un pie sobre
esta puerta. Y las razones que sean las tiene cada uno, mejor no saber demasiado del uno del
otro.

—Seguro —dijo Suzu, con un encogimiento de hombros. Echó un vistazo a Shoukei y la


atrapó mirándola de la misma manera y por un momento sus ojos se encontraron.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Capítulo 59
El próximo envío no llegará justo antes de que las puertas se cierren. Como Suzu y Shoukei
no podían dejar Houkaku, no tenían más remedio que pasar la noche en la casa de Rou.
Terminaron durmiendo en una pequeña habitación amueblada con un sofá y una cama sin dosel.
Dos personas en un espacio destinado para una.

—¿Qué quieres? ¿La cama o el sofá?

—Está bien por mí.

—Puedes tomar la cama. Yo voy a dormir en el sofá.

—No tienes que hacer eso.

—Yo regresaré en un sansui, Meikaku es el camino hacia el este, ¿no? Y tienes que volver a
caballo, ¿no?

—Meikaku sólo está a un día de caballo.

—Debes tomarlo con calma, entonces. Es sólo un paseo de medio día para mí. Shoukei lo
pensó por un momento y luego asintió con la cabeza.

—Gracias, a decir verdad, sería bueno el cambio. He estado durmiendo en un sofá durante
tanto tiempo.

—¿En serio? Bueno, genial, entonces. Las dos


chicas sonrieron la una a la otra.

—Suzu —dijo Shoukei—, ¿qué haces en Takuhou? —Y luego se apresuró a agregar—.


Tal vez es ese el tipo de cosas que no debo preguntar.

—Hagamos de cuenta que no escuché a nadie preguntar eso. Las dos


se rieron, una risa privada que colmó el cuarto pequeño.

—Oh, hago trabajos alrededor de una posada. ¿Y tú, Shoukei?

—Lo mismo.

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Entonces, ¿cómo a llegas a buscar…? —…estas armas, comenzó a preguntar Suzu y


pensó mejor la pregunta. Era probable que recibiera un golpe en su cabeza con

un tema así.

Pero Shoukei se inclinó hacia delante y respondió.

—Es fuera de lo común. ¿Sabes lo que hay en esas cajas?

—Más o menos.

—Armas de invierno. ¿Para ser utilizadas? Y hay treinta de ellas. No son cosas que uno lleva
en la mano.

—¿La gente que lo recibe te dijo qué iba a hacer con esas armas?

—Me pidieron sólo hacer la entrega.

—A mí también.

Un momento de silencio, las miradas de las dos se intercambiaron. Shoukei sonrió primero.

—Yo no tengo la menor idea. No es habitual, acumular armas de invierno así. Pero alguien
con dinero debe de estar detrás de esto.

—Sí. Supongo que nos han dicho sólo lo que necesitábamos saber.

Shoukei inclinó la cabeza hacia un lado y miró a Suzu. La chica de Takuhou estaba tomando
un cargamento de treinta armas de invierno. El precio de los treinta era de
aproximadamente 300 armas ordinarias.

Desde Takuhou.

—Entonces, ¿tal vez el objetivo es Shoukou? Suzu


agitó las manos en negación.

—No, no puede ser.

—El hombre que me ha enviado aquí, reúne mercenarios, en vez de armas de invierno.

Los ojos de Suzu se abrieron de golpe.

—Gahou.

—Sin lugar a dudas. ¿Estás pensando lo mismo que yo?

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

—Seguro que parece lo mismo.

La habitación quedó en silencio. Suzu se sentó en el sofá y suspiró.

—El niño con el que yo estaba viajando fue asesinado por Shoukou.

—¿En serio?

—¿Por qué un servidor público como Shoukou hace ese tipo de cosas? Shisui
realmente es un lugar horrible.

—He oído rumores.

—Los rumores son sólo medios tan cierto como la realidad de Seishuu, el chico con el que
hice todo el camino hasta Takuhou, que no hizo nada malo, fue asesinado por estar en el
camino del transporte de Shoukou. Estoy tan enojada. Cuando trato de imaginar que la
gente mira para otro lado cuando cosas así pasan, me siento tan enojada que no puedo
soportarlo. Pero Shoukou…

—…Tiene a Gahou a su espalda. Suzu


parpadeó.

—¿Lo saben con certeza?

—Eso es lo que todo el mundo dice: Gahou y Shoukou, dos guisantes de una misma
vaina.

—No hay duda de que lo son. Me encantaría ver a Shoukou y a sus secuaces tener lo que
merecen. Con la Reina de Kei mirando hacia otro lado de Gahou, nadie va a juzgar o
sancionar a Shoukou. Es por eso que no tenemos otra opción que tomar la iniciativa
nosotros mismos, ¿verdad?

—No estoy de acuerdo.

—¿Eh?

—No creo que la Reina de Kei haga algo como proteger a Gahou. ¿No es lo que la difunta
reina Yo-ou hacía?

—Es cierto que la anterior reina Yo-ou y la actual reina también…

—La persona que me trajo aquí, me dijo que la Reina de Kei no sabe simplemente no sabe

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The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

nada de ese tipo de cosas.

—Pero…

Shoukei miró fijamente a Suzu.

—Cuando yo estaba en Ryuu, me encontré con un amigo de la Reina de Kei.

—¿Qué?

—Uno de su amigo más cercano. No puedo creer que sea una persona tan mala. No
quiere proteger a Shoukou y menos a Gahou.

—Tal vez no…

—La Reina de Kei accedió al trono recientemente. Tiene que haber mucho que ella no
entiende. Creo que eso es a lo que se reduce todo.

—La ignorancia no es una defensa. Ella es la reina, después de todo. Shoukei le


dio a Suzu una larga mirada. Y le dijo:

—Mi padre era el rey.

—¿Él… qué?

—El Rey de Hou. Hace tres años, sus súbditos se levantaron y lo derrocaron. Suzu la
miró boquiabierta.

—Mi padre era detestado por la gente. El resultado de todo ese odio fue el regicidio. Lo
odian, incluso ahora y no hay nada que yo pudiera hacer para cambiar eso. Pero incluso con
un padre así, viéndolo morir dolió terriblemente. Probablemente, tanto como cuando Seishuu
murió.

—Sí.

—Con el fin de evitar la muerte de mi padre, antes de que el odio se hiciera tan
intenso, yo debería haber protestado ante él. Me detesto a mí misma por no hacerlo.

¿Qué pasa si toda la gente que rodea a la Reina de Kei son tontos e ingenuos como yo? Ella sería
odiada como mis padres. Había gente que me dijo que incluso toleraba los pecados de mi
padre —Shoukei bajó la mirada—. No sé lo que está pasando. ¿Pero y si la Reina de Kei está
rodeada de sólo ese tipo de personas? Mi padre fue elegido por Hourin. No podría haber sido

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condenado desde el principio. Pero cuando la gente a su alrededor trató de advertirle y él no los
escuchaba, terminó perdiendo la vía.

Suzu examinó la mirada de anhelo en el rostro de Shoukei, una expresión que traía a la
mente de otra persona lo que había conocido recientemente: Una marioneta.

—Tienes razón —dijo Suzu. Shoukei inclinó la cabeza con curiosidad. Suzu continuó: —
Me encontré con alguien que dijo lo mismo. Sólo rumores, pero la palabra es que la reina no
tiene la confianza con sus criados y no puede llegar a hacer lo que quiere. Así que su único recurso
es hacer lo que le dicen que haga.

—Sí, por supuesto.

—¿Crees que es realmente lo que está pasando?

—He oído que la mayoría de los ministros de la corte real son de la época de la
anterior reina Yo-ou. Creo que se puede adivinar qué tipo de personas son. Los mismos que
estaban junto a Yo-ou, mientras que se reducía frente a sus ojos.

—Sin embargo, la Reina de Kei desestimó al Señor de la provincial de Baku. ¿No era él
amado por su pueblo?

—La práctica habitual de los funcionarios corruptos. Por supuesto, con bestias como
Gahou y Shoukou que conspiran contra un hombre realizado y respetado como el marqués.
Habrán cocinado algún delito sobre eso…

—Pero…

—Hay un superintendente en la provincia de Ei con el nombre de Enho. He oído que


está muy bien informado sobre el Camino. El rike donde Enho era superintendente fue
atacado. Los atacantes mataron a una chica y secuestraron a Enho. Una banda fue vista dando
vueltas por el rike, y corría el rumor de que era de Takuhou. También he oído que el mismo día
Enho fue asaltado, incluso después de que las puertas se cerraron, se abrieron de nuevo.

—Estás bromeando —muy pocas personas podían ordenar que una puerta de la ciudad
se abriera después de haber sido cerrada—. Debe de haber sido Shoukou.

—Él es el único que podía hacer algo así, ¿no crees? Al igual que las personas que rodean a
la Reina de Kei podrían ingeniar la caída del marqués sin mucho esfuerzo.

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Shoukei miró a los ojos a Suzu. Sus grandes ojos de pronto se desbordaron. Shoukei
la miraba en silencio.

—La Reina de Kei… ¿ella es una buena persona?

—Tengo que pensar en ello. La forma en que preguntaste, ¿no te agrada? Suzu negó
con la cabeza.

—Sería un gran alivio que lo fuera.

—¿Suzu?

—Yo quería conocerla. Me hice creer que ella es una buena persona. Conocí a Seishuu
en el barco de Sai. Él estaba en un estado realmente malo, y yo estaba muy preocupada por
él. Yo le dije que iríamos a Gyouten juntos…

Suzu pronunció su nombre con una voz tan desconsolada que le hizo doler el corazón.

—Pro él fue asesinado por Shoukou. Cualquiera que hubiera dejado a una bestia como
esa sin castigar, que lo protegía, no habría hecho nada por Seishuu si yo lo llevaba a Gyouten.
Entonces, ¿para qué lo llevé a Takuhou? ¿Sólo para morir?

—Suzu… —dijo Shoukei, tomándole la mano.

—Era un chico desafortunado.

—Sí, lo era.

—Si hubiéramos llegado a Gyouten, la Reina de Kei lo habría ayudado.

—Por supuesto.

Shoukei acarició la espalda de la sollozante Suzu. Lloró como una niña. Fue suficiente
para romper su corazón.

Ojalá pudiera entender.

Eso es lo que deseaba decir la Reina en Gyouten. Shoukei no sabía nada de la Reina de
Kei si podría haber sanado a Seishuu. Ella lo deseaba…

Sólo deseo que puedas entender cómo todas las esperanzas de la gente descansa sobre sus
hombros.

Traducido por EED_Wolf -394-


The Twelve Kingdoms Mil Millas en el Viento, El Cielo al Amanecer

Parte XVI

Capítulo 60

Shoukei tomó las riendas del caballo.


—¿Vas de vuelta hacia Takuhou? —le preguntó a Suzu, que llevaba las riendas del sansui.

—Sí —dijo Suzu.

—Espero que nos volvamos a encontrar. Suzu


respondió asintiendo con la cabeza.

¿Dónde vives? Casi le preguntó Shoukei, pero se tragó sus palabras. Habían

hablado mucho. Tenía la sensación de que habían hablado acerca de cosas que harían fruncir el
ceño, incluso en la frente de Kantai. Sin embargo, ella y Suzu sabían los límites de lo que podrían
decirse la una a la otra.

—Fue muy agradable conocerte —dijo Suzu, estando al borde de las lágrimas. Shoukei asintió
con firmeza.

—Definitivamente vamos a vernos de nuevo, después de que todo se establezca.

—Sí.

Con ello, se evitaron mirar a los ojos.

—Más tarde —se dijeron la una a la otra y se separaron por la carretera principal hacia
el este y el oeste.

Traducido por EED_Wolf -395-


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A un día de viaje, Shoukei llegó a Meikaku. Se envolvió en su chal libremente alrededor de su


cabeza mientras se acercaba a las puertas. Aunque la búsqueda de la chica que había arrojado
la piedra había sido cancelada por el momento, no podía dejar de ser demasiado cautelosa.
El guardia la miró una vez, pero no le prestó atención en particular.

En Meikaku, o más bien, en las ciudades de Hokkaku y Toukaku que surgían de


Meikaku, el elemento criminal era frecuente, y aunque muy pocos de ellos se daban la vuelta
para tirar piedras a los funcionarios, las autoridades no podían perseguir por siempre a
Shoukei.

Las caravanas de comerciantes se vieron arrojadas a la caldera de los refugiados y los


pobres. Era difícil creer que no les resultara completamente desconcertante. Sin nada que comer,
y sin otros recursos, la gente que moría de hambre atacaba los vagones que transportaban
cargamentos de granos y eran detenidos por la policía. No ser arrastrados a la plaza principal
podría ser considerado como la salvación, pero nadie sabía a dónde se los llevaba.

De acuerdo con los mercenarios, aun cuando salteadores de caminos eran atrapados,
podrían lograr liberarse dándole parte de su propio botín.

Los pobres y oprimidos se unían a las bandas que se juntaban para atacar a las
caravanas, sabiendo que si eran detenidos no serían castigados. Incluso si sus ingresos

duramente ganados fueran confiscados, y tuvieran la suerte de no ser arrestados, por lo menos
el hambre apremiante sería calmado. Y aun cuando las caravanas contrataban guardaespaldas,
seguramente no podrían proteger cada pieza de la carga. El saqueo y el pillaje se iniciaban en la
pobreza y se repetía una y otra vez.

Un campo de entrenamiento para el robo, eso es lo que Kantai dijo. Cada vez que

atrapaban a uno de esos bandoleros, la mercancía robada iba a la Guardia Provincial.

Nunca era devuelta a su legítimo propietario. Así fue como Wa era una provincia
enriquecida.

Los comerciantes eran conscientes de ello, pero no tenían más remedio que pasar por
Meikaku. Los comerciantes más pequeños formaban su propio sindicato y contrataban
mercenarios. Sobornando a funcionarios provinciales y exigían a las autoridades hacer cumplir
la ley. Pero dependiendo de lo que estaba siendo transportado, no había ninguna garantía de

Traducido por EED_Wolf -396-


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que sus guardaespaldas no se vuelvan contra ellos. De hecho, no era infrecuente.

Los fuertes con la más mínima confianza en sus habilidades obtenidas de los barrios
periféricos buscaban trabajo. La competencia provocaba el derramamiento de sangre, otra
vez.

Shoukei suspiró, se apeó del caballo y caminó por la puerta.

—Así que finalmente estás de vuelta. Llegas tarde.

Kantai estaba dirigiendo a un grupo de hombres cuando entró en la sala principal.


Cuando él la vio, instó a los hombres a que salieran afuera. Los hombres se levantaron y se
fueron a un ala separada.

—Uno de los cargamentos no llegaba —dijo Shoukei y directamente le informó sobre


lo que había ocurrido. Le dijo a Kantai del dinero que había recibido de Suzu a través de Rou.

—Eso es lamentable. ¿Rou dijo algo más sobre su traslado a Houkaku?

—Había una chica… —Shoukei frunció el ceño. Kantai le había pedido investigar el tema y
le habían dicho algo al respecto.

—¿Qué?

—Al parecer, había una chica merodeando por el lugar de Rou en Hokui.

—¿Eso es todo?

—Al mismo tiempo, estaba observando a la gente en Takuhou. Un poco más tarde, la
misma chica visitó Takuhou. Después d