Está en la página 1de 8

Creando Oportunidades

Victor Küppers. Hola, buenos días. Bienvenidos, muchas gracias por venir. Espero que vengáis
con ganas, yo vengo muy contento. Hoy, como sabéis, vamos a hablar de la importancia de la
actitud, de los valores humanos, de los principios, de vivir con alegría, y como estoy a vuestra
disposición, no sé quién empezará con la primera pregunta.

Felipe. Hola, Víctor. Soy Felipe, soy profe de primaria y soy padre de dos niños. Tú que también
eres padre, que tienes hijos, ¿qué consejo les podríamos dar para que sean felices?

Victor Küppers. Hola, Felipe. Muchas gracias por la pregunta. ¿Qué consejos? Tú eres profe de
primaria, seguramente tienes una respuesta mucho mejor que la mía. Yo no soy nadie para dar
consejos, pero, mi respuesta sería: yo a mis hijos, lo tengo clarísimo, siempre les he
machacado tres conceptos, ya tienen veinte años, con lo cual ya están hasta el coco de
escuchar mis rollos, pero yo lo he resumido todo en tres ideas para mis hijos. La primera es el
desarrollar la bondad, el ser buenas personas, al final, en la vida el talento es importante, el
dinero es importante, el trabajo que tienes, tu cargo es importante, pero en la vida es mucho
más importante ser buena persona. Es incompatible ser buen profesor y mala persona, es
incompatible ser buena pareja y mala persona. Al final, en la vida lo que cuenta es ser buena
persona. Entonces a mí cuando me dicen: «¿Cuál es la virtud que más te gusta?», la bondad, y
así se lo explico siempre a mis hijos, personas buenas. Cuando me cojo el último tren que
vuelve a Barcelona, cuando llego a la estación de Sants, veo gente durmiendo en la calle.
Entonces, ¿tú ves a alguien durmiendo en la calle, ves a alguien buscando en un contenedor y
no te conmueves, no hay algo dentro que te duela? Es que te has vuelto insensible, te has
vuelto una persona inhumana, no mala persona, pero sí insensible e inhumano, porque a
fuerza de verlo, nos hemos acostumbrado. Entonces, uno no puede dejar de ser sensible al
sufrimiento ajeno, porque es lo que nos hace buenos, nos hace despertar esa inquietud por
ayudar a los demás, la compasión. Ese es el consejo que yo les doy a mis hijos, la primera de
las ideas, ser buenos. A mí me encantan las frases, y hay una frase de Martin Luther King que
siempre me viene a la cabeza cuando explico esto a mis hijos, que dice algo así como que en
esta generación, porque es verdad que a la gente joven les dejamos un mundo que es una
mierda, lo hemos hecho muy mal, y en esta generación tendríamos que arrepentirnos, no de
las maldades que hace la gente mala, sino del abrumador silencio de las personas buenas.
Entonces, uno no puede tirar la toalla y uno tiene que luchar para ser la mejor persona que
pueda llegar a ser y para ser buena persona, y eso no es cursi, al final, es el sentido que tiene la
vida. El segundo consejo que les doy es no perder nunca la alegría. La alegría ayuda mucho,
pero la alegría no es ser payaso, chistoso o gracioso, es ese concepto de la alegría de vivir. Uno
tiene que intentar vivir alegre, porque no es un tema genético, se aprende, se desarrolla, y se
aprende viendo lo positivo antes que lo negativo, y cuando uno es alegre, las relaciones con los
demás funcionan mejor, cuando uno es alegre, uno se enfada menos, uno asume que la vida
tiene cosas que nos gustan y cosas que no nos gustan, y en las relaciones personales uno
genera menos conflictos. Ayuda mucho ser alegre, pero estamos en un entorno donde cuesta
encontrar personas alegres. Yo recuerdo una anécdota que me pasó hace dos meses, en
Barcelona me muevo en moto, porque me resulta más cómodo, más rápido. Yo iba en la moto
a las ocho de la mañana y estaba parado en un semáforo, al lado había un taxista, le miro y yo
me fijé que en el panel estaba marcada la temperatura y ponía treinta y un grados. Miro al
taxista y le digo: «¿Treinta y un grados? ¿Qué calor, no?», el hombre se gira y me dice:
«¿Usted qué es meteorólogo?», que te coge esa rabia de decir «qué burro, qué idiota», si he
hecho una pregunta espontánea, y hay gente que ya va de mal humor a primera hora de la
mañana. Sigo con la moto pasando semáforos y cuando ya estaba mucho más adelante, me
encuentro en otro semáforo, miro a la derecha y también tenía un taxi, y digo: «¿Me la juego o
no me la juego?», yo buscaba la temperatura en el panel, pero no la encontraba, y entonces le
pregunté al taxista: «Perdone, ¿qué temperatura marca el coche?», y me dice: «Treinta y un
grados», digo: «Moriremos como pollos, ¿no?», y el hombre se gira y me dice: «Yo no, porque
ya me he acostumbrado a pasar tres veces al día por un túnel de lavado de coches, bajo las
ventanillas, que entre el agua y a trabajar fresquito», y claro yo salí de allí y pensé… Yo lo que
estudio se llama psicología positiva, este es el ámbito que yo estudio, y se reduce a esta
anécdota: ¿Por qué hay personas que el mismo día de la semana, con el mismo trabajo, a la
misma hora, con la misma temperatura, hay personas que son alegres, hay personas que
tienen un sentido del humor, hay personas que disfrutan trabajando, hay personas que
sonríen, y hay otras que con las mismas circunstancias son rancias, mustias, bordes,
antipáticas? ¿Dónde está la diferencia? Hay personas que luchan por vivir con alegría, por
quejarse menos, por valorar lo positivo, y ese es un consejo que le doy siempre a mis hijos,
vivir con alegría, es fantástico. Todos los que estamos aquí sabemos por experiencia que
cuando uno va alegre, la vida es increíble y cuando uno va hasta las narices, la vida es una
mierda. Entonces, hay que luchar para ser buena persona y hay que luchar para vivir con
alegría. La vida ya nos dará dramas, por supuesto, hay motivos para perder la alegría, pero no
todo es para perder la alegría. Estamos en un entorno de personas que se han vuelto mustias.
Y la tercera y última cosa que les digo es, primero la bondad, la segunda es la alegría, y la
tercera es, sobre todo, pensando en su trayectoria profesional. Siguiendo con las frases, yo
tenía un profesor que siempre nos decía: «Küppers, la vida es simple, pero nos la complicamos.
Cuando tengas un trabajo, cuando estás trabajando, no se trata de hacer cosas extraordinarias,
se trata de hacer de manera extraordinaria las pequeñas cosas ordinarias», ahí es donde está
la diferencia entre las personas grandes y las mediocres, en no hacer cosas extraordinarias,
sino hacer las pequeñas cosas ordinarias de manera absolutamente extraordinaria. Yo firmaría
si mis hijos fueran buenas personas, fueran bondadosos y tuvieran esa sensibilidad por ayudar
a los demás y esa sensibilidad por percibir el sufrimiento ajeno, si fueran personas alegres que
transmitieran alegría y que fueran personas que en su día a día, con el trabajo que hagan, más
importante o menos importante, se dedicaran a hacer cosas extraordinarias en esas pequeñas
cosas ordinarias de cada día.

Victor. Tú sabes que me pones en un aprieto, por supuesto que sí. Además, lo sabes al hacer la
pregunta. Aquí lo importante es qué dicen los expertos, qué dicen aquellos psicólogos que
están en el ámbito de la psicología positiva. Porque la psicología positiva es una ciencia muy
simple, es muy básica, son cosas del sentido común, pero detrás es la misma metodología que
tienen el resto de ciencias. Aquí hay estudios empíricos, hay tesis doctorales, hay gente que
está estudiando si efectivamente uno nace o se hace, y, sin ninguna duda, se aprende, claro
que se aprende. Es decir, uno no nace cenizo. Cuando nacimos los que estamos en esta sala, a
nuestros padres les dijeron: “Pues mira, ha sido niño, pesa dos kilos ochocientos y lástima,
pinta cenizo”. No, uno se ha ido haciendo, la vida, los problemas, las circunstancias nos han ido
haciendo cenizos. Aquí hay muchas personas que somos de una generación que hemos
escuchado aquello de que tu actitud, tu manera de ser, tu carácter se formaba de los cero a los
cinco años, de los cero a los siete años, y luego habías pringado, pues no. Hoy se sabes que no,
porque hace veinte años no existía la neurociencia. Hace cinco años, tú buscabas documentos
sobre la neuroplasticidad del cerebro y costaba encontrar alguno, hoy hay mucha gente
investigando, estudiando, y se sabe que tu actitud, que tu manera de ser la puedes trabajar, la
puedes mejorar, la puedes desarrollar tengas cinco, veinticinco o ciento veinticinco años, lo
que pasa que no es fácil, por supuesto que no es fácil, pero no es fácil porque todos estamos
en entorno que por cada alegría que tenemos son 27 disgustos. Todos tenemos cinco
momentos al día, todos, absolutamente todos, que lo mandaríamos todo a tomar por saco,
todos. Porque es la sociedad en la que nos ha tocado vivir, hay muchos problemas, es
complicada, todo es estresante, hay mucha gente que está hasta las narices, hay mucha gente
está harta, hay mucha gente que tiene tantos problemas que ya no tiene que luchar,
pobrecita, pero cuando uno deja de luchar tiene que tener en cuenta que en su vida solamente
quedan dos palabras: amargura y malhumor. Hay muchas personas que viven amargadas y de
malhumor y no se lo merecen, y vivir así es asqueroso, sobre todo, sabiendo que hay otra
alternativa, porque existe otra alternativa. La otra alternativa es la de luchar contracorriente
para vivir con ilusión, con alegría, que, por supuesto, es mucho más difícil. Es mucho más difícil
es ser optimista que pesimista, mucho más, pero es un esfuerzo, es una lucha que vale mucho
la pena, es una lucha titánica, minuto a minuto. ¿Cómo se consigue ser más alegre? ¿Cómo se
consigue ser más optimista?, que es la pregunta hacía Sergio. Primero, siendo consciente de
que es una elección. Ser alegre no es una consecuencia, ser alegre es una elección, y hay
personas que están comprometidas, que tiene ganas de vivir con alegría, y fallan una vez y
siguen, fallan una vez y se vuelven a levantar, fallan una tercera vez… pero hay gente que lucha
para vivir con alegría, y después esfuerzo, esfuerzo y mucho esfuerzo. Pero cuando uno
desarrolla el esfuerzo de vivir con alegría, al principio cuesta, al segundo intento cuesta, pero
al tercero es más fácil, al cuarto es más fácil y al final cambia tu carácter, cambia tu manera de
ser. La psicología positiva lo que aporta son muchas maneras simples y sencillas para vivir con
alegría. Hago este paréntesis: parece que todo sea muy simple, que todo sea sencillo, que todo
sea fácil, y no es verdad, no lo es, una cosa es simple y otra cosa es fácil. El tenis es simple,
pase la pelota por encima de la red y tiene que entrar en una línea, eso es simple de entender,
ahora, fácil no es, ahora ponte, porque fácil no… No es fácil pero vale la pena y se puede hacer,
y todos conocemos ejemplos de personas que viven así. Ahora no sé si tengo tiempo de
explicarte un ejemplo, pero voy a explicarte un ejemplo. Yo volaba de Barcelona a Asturias o a
Cantabria, al norte. A mí me gusta dormir en mi casa siempre que puedo, entonces yo soy muy
habitual de a las seis de la mañana, avión o tren, y aquel día el cliente me mandó un billete de
avión a las seis y veinticinco de la mañana con el asiento 2C. Es un asiento que te permite
entrar antes al avión, salir antes, y ahora que los aviones son muy modernos te permite tener
un enchufe, que es muy práctico, en las primeras filas sueles encontrar un enchufe. Ahora, el
asiento 2C tiene otra ventaja. Sabéis que hay un momento en que las azafatas o los azafatos
explican las puertas de emergencia: “Hay ocho puertas de emergencia, cuatro a la derecha…”,
sabéis aquel momento mítico, que todos hemos vivido. Empieza explicar las puertas de
emergencia, y lo bueno del asiento 2C, aparte de las ventajas que ya os he dicho, es que
aunque seas miope, a la azafata o al azafato lo puedes ver aquí en vivo y en directo, casi lo
puedes tocar, empieza a explicar y le pregunto: “Perdona, ¿te mira alguien?”, porque es muy
triste, están ahí explicando las puertas de emergencia, y si tú miras al resto del avión, la mitad
del avión está durmiendo y la otra mitad está leyendo el periódico, y digo: “¿Te mira alguien?”,
y me dice: “Pues con usted he contado hoy cinco caras”, digo: “Pues me extraña, porque lo
que explicas es importantísimo, además, es un espectáculo explicando, estoy aquí por sacar la
libreta, empezar a tomar notas, y hacer esquemas”. Se gira y me dice: “Menos bromas,
caballero, menos bromas, que le veo a usted muy suelto. Usted atento y escuche, porque un
día pasará lo que tiene que pasar por estadística, simple estadística, que el avión entrará en
una tormenta que no tocaba y habrá un aterrizaje complejo”. Claro, yo la miraba así y
pensaba: “¿Como de complejo?”, y me dice: “Hoy no, no se preocupe, que no hay ni una nube.
¿Usted viaja mucho? Pues le tocará, es una cuestión de tiempo, solo de tiempo. ¿Qué ocurrirá
ese día?, pues lo que ocurre en este país, que somos un país de última hora, y todos estos que
van aquí tranquilamente, durmiendo a pierna suelta, cuando noten que la cosa se complica,
empezarán a espabilar, y veremos a alguien preocupado: “oiga, perdone, que el chaleco me va
estrecho, ¿no hay una XL?”, “¿a mí qué puerta me tocaba?, que no me he enterado”, pues
oiga, ahora estamos para el sálvese quien pueda, no estamos para explicar el rollo, no me da
tiempo”, todo esto a las seis de la mañana, una chica de Canarias que no me olvidaré,
divertidísima. Sigue con su rollo y cuando está con las mascarillas me dice: “Perdone, perdone,
he perdido a tres. Me queda usted y otro, usted aguante, ya que ha llegado hasta aquí es
tontería perderse final, aguante”. Se fue a sentar a su asiento y yo la miraba y pensaba: “¿Pero
a ti qué te han dado para desayunar? Yo quiero lo mismo que tú, lo mismo que tú”, porque si
tienes un poco de empatía, las azafatas son como nosotros, Sergio, tienen los mismos
problemas que tenemos los demás, también les gusta dormir a las seis de la mañana, son
humanos, tienen sueño, también tienen un problema con su banco, tienen una madre que
está enferma, otra tiene un jefe que es un melón, la mayoría no son ni mileuristas, es un
trabajo que es físicamente cansado, pasan muchas noches fuera de casa. Es un trabajo que
tiene un componente rutinario importante, no nos engañemos, explicar las puertas de
emergencia ocho horas al día, ochenta y ocho años de tu vida, pues muy emocionante y
creativo tampoco es. Pues hay personas que, pese a todas esas circunstancias, siguen siendo
un espectáculo. Hay personas que, pese a todos los problemas personales y profesionales,
siguen sonriendo, siguen trabajando con alegría, siguen trasmitiendo ilusión, y a las seis de la
mañana. ¿Qué hacen esas personas?, porque si lo hacen algunas, lo podemos hacer todos.
Pero es un problema, uno, de decidir, de compromiso y, la segunda, de esfuerzo, mucho
esfuerzo, porque es una lucha titánica contracorriente, porque el entorno no ayuda a ir con
alegría.

13:21

Paloma. Hola, Víctor. Soy Paloma, estudiante de Magisterio de Educación Primaria y me


gustaría saber qué le dirías a los jóvenes de hoy que se sienten desmotivados y que piensan
que no tienen futuro.

Victor Küppers. Muchas gracias, Paloma, por la pregunta. Yo espero que seas consciente de
que estás estudiando una cosa que es muy importante, y espero que la respuesta la tengas tú
mejor que yo, porque al final la que estará delante de los alumnos e intentará que no se
desanimen eres tú. Yo creo que es verdad que tenemos un problema de ánimo. Yo le diría
básicamente dos cosas: la primera, nunca hay que perder la esperanza, nunca. Cuando uno
pierde la esperanza, cuando uno pierde el ánimo se ha acabado. Es verdad que la sociedad que
hemos creado las generaciones anteriores es una sociedad complicada, difícil, que no ayuda
nada a las personas jóvenes, pero uno no puede perder nunca el ánimo. Piensa que cuando
pierdes el ánimo, pierdes lo mejor que tienes. Mira, aquí me han dejado una fórmula que me
han encantado, es un detallazo. Esta fórmula lo que viene a decir es que tú vales tus
conocimientos, tú vales tu habilidad o experiencia y tú vales tu actitud o manera de ser. Pero la
actitud multiplica, es decir, la diferencia entre el grande y el mediocre está en la actitud, en la
manera de ser. Cuando tú te desanimas, tú no pierdes conocimientos, tú no pierdes
experiencia, alguien puede estar muy desanimado pero sigues aprendiendo. Tú, cuando te
desanimas, pierdes lo mejor que tienes que es tu actitud, es tu manera de ser. Cuando tú te
desanimas pasar de ser una persona absolutamente estratosférica, que es lo que eres, porque
no lo dudes eres una persona estratosférica, pero cuando pierdes el ánimo pasas a ser una
persona del montón, de ser un profesional brillante a ser una profesional mediocre, de ser una
pareja espectacular a ser una pareja seria, correcta, profesional. Pero cuando uno pierde el
ánimo, es lo que veíamos antes, uno le pone un poquito menos de cariño, un poquito menos
de ilusión, un poquito menos de interés, un poquito menos ganas, un poquito menos de
profesionalidad y uno entra en la mediocridad. Hay mucha gente que va por la vida a nivel
mediocre, no porque lo sean, no hay nadie que sea mediocre, absolutamente nadie, es un
problema de ánimo. La vida es estado de ánimo. ¿Cuál es el trabajo de las personas que somos
profesores o las personas que tenemos un poco más de suerte y en este momento no tenemos
ningún drama, ningún problema grande? Ayudar a los demás a no perder el ánimo. Este es uno
de los trabajos importantes que tiene un profesor, que nuestros alumnos no pierdan el ánimo
porque el entorno tiende a que pierda el ánimo. La vida es estado de ánimo. Ya sé que si yo
digo que la vida es estado de ánimo, conceptual, intelectualmente lo entendemos todos, pero
voy a poner un ejemplo, porque así, en vez de pasar dos segundos por tu cerebro, que es visto
y no visto, pasará un minuto, e igual te haces consciente de lo importante que es para ti
hacerte responsable de tu estado de ánimo. ¿Hay alguien del Madrid en la sala? ¿Cómo te
llamas? Álvaro. Yo pongo ejemplos futbolísticos porque la vida es fútbol, hay gente que
todavía no lo ha entendido pero estás a tiempo. Si alguien no le gusta el fútbol, por lo menos la
Champions, imagino que sabes lo que es la Champions. Pues la Champions, si alguien no sabe
lo que es, pensad que en la vida hay cosas importantes, hay cosas muy importantes y luego
está la Champions. Pues la Champions, el campeón actual es el Real Madrid y, además, la ganó
jugando bien, sorprendentemente no hubo goles en fuera de juego ni penaltis injustos, no
hubo últimos minutos… No, la ganó bien, dando espectáculo, cuatro a uno a la Juve. Pues
vamos a imaginar… ¿Cómo te llaman en casa? También, Álvaro, no es cariñín ni cielo, Álvaro.
Pues vamos a imaginar a Álvaro, esa noche. Acaba el partido, campeón de Champions, que no
se me ocurre una mayor alegría, una euforia mayor que ganar la Champions, allí en el sofá
alegre, feliz, contento, y que venga su madre y le diga: «Álvaro, que te toca lavar los platos»,
«hombre, los platos y lo que sea necesario, vamos para allá a lavar los platos, porque así se
lavan los platos cuando uno ha ganado la Champions, con alegría, Fairi va, Fairi viene, voy a
lavar los platos», que toca bajar la basura, y ¿cómo baja Álvaro la basura?, pues baja la basura
bajando los escalones de dos en dos, y se cruza con un vecino que le da las buenas noches y
dice: «¿Buenas noches de qué?, no seas rancio, dame un abrazo que te quiero un montón».
Porque tienes ganas de abrazar vecinos cuando eres campeón de Champions, ¿y cómo tira
basura en el contenedor?, pues haciendo un gancho, y ves que va así. Porque es que no hace
falta que nos lo explique ningún experto, lo hemos vivido todos, cuando tú vas alegre, cuando
eres feliz, cuando estás motivada, cuando vas eufórica, cuando tienes ilusión, llámalo como
quieras, pero en estos momentos es cuando sacas lo mejor que llevas dentro, porque existe
ese tú, y es el tú en su mejor versión, con tus mejores actitudes, con tus mejores sentimientos,
es un tú fantástico que tienes, por supuesto que tienes. Ahora, ¿cuál es el problema? El
problema es que estamos en una sociedad difícil que nos empuja casi siempre a estar en el
otro extremo. Entonces, vamos a imaginar a lo grande, se puede imaginar lo que uno quiera,
pues vamos a imaginar que no ganó el Madrid, imaginemos, seamos felices cinco segundos y
vamos a imaginar que ganó la Juve, cinco a cero, imaginemos. Veamos a Álvaro esa noche,
después de perder cinco a cero una final de Champions, ¿cómo está el sofá? Arrugado,
enfadado, y que venga su madre, la misma madre, y le diga: «Álvaro, te toca lavar los platos»,
y le dice: «¿Los platos? ¿No has visto lo que acaba de pasar? No me toques las narices, los
platos los lavaremos luego o los lavamos mañana o los lavas tú», «pues baja la basura, que eso
sí que te toca». ¿Cómo baja Álvaro la basura por las mismas escaleras? Arrastrando los pies,
porque así se bajan las escaleras cuando uno es subcampeón de Champions, arrastra los pies y
se cruza con un vecino que le da las buenas noches y dice: «¿Buenas noches de qué? Que te
den». ¿Cómo tira la basura en el contenedor? De mal humor: «Coño con el contenedor».
Porque, también lo hemos vivido todos y más veces, cuando tú estás enfadada, cuando no
disfrutas, cuando no estás motivada, cuando vas hasta el coco, hasta las narices de todo, sacas
lo peor que llevas dentro, porque también existe ese tú, es el tú en su peor versión, con tus
peores actitudes, con tus peores sentimientos. ¿Qué dice la psicología positiva? Que los
profesores tenéis esa gran responsabilidad, que es hacer entender a las personas con las que
trabajáis que la diferencia entre el tú en su mejor versión y el tú en su peor versión es el
estado de ánimo. Tú tienes un alumno sin ánimo y hay que ayudarle, porque la diferencia
entre esa persona grandísima qué es o la persona mediocre que puede ser está en el ánimo, y
estamos en un entorno que no ayuda a mantener el ánimo. La respuesta sería, primero, no
perder nunca la esperanza, no perder nunca el ánimo, porque cuando lo has perdido se ha
acabado, y lo segundo, también plantearse cuál es tu objetivo en la vida, qué es lo que te
motiva, porque hay muchas personas jóvenes que están confundidas, y educar también quiere
decir dar luz sobre cuál es el sentido que puede tener tu vida. Yo siempre he pensado que la
felicidad en la vida es encontrar el sentido, y cada uno tiene el suyo, lo que se llama la
vocación. Esto también es un trabajo de los profesores, ayudar a sus alumnos a encontrar cuál
es su vocación. ¿Dónde está tu vocación? Tu vocación está en el eje en el que convergen
cuatro ideas. La primera, ¿qué es aquello que haces muy bien? Piensa aquello que haces muy
bien, todo el mundo tiene un don, todo el mundo tiene talentos, ¿qué haces muy bien?,
porque hay algo que haces muy bien. ¿Qué es lo que te apasiona?, sería el segundo eje, ¿qué
te apasiona? Hay alguien que le emociona dibujar cabezas de caballos, pero lo hace mal. No,
¿qué te apasiona y qué haces bien? La tercera es ¿qué te apasiona, qué haces bien y dónde
puede haber mercado, cómo te puedes ganar la vida? Siempre hay algo que haces muy bien,
siempre hay algo que te apasiona y con eso te puedes ganar la vida. El cuarto eje es: ese algo
que te apasiona y que haces muy bien tiene que ayudar a la sociedad, tiene que ayudar de
alguna manera a los demás. Cuando tú encuentras actividad, tú misma, Paloma, profesora de
primaria, ¿dónde está el sentido de ser una grandísima profesora o un grandísimo profesor? En
ayudar a tus alumnos entre otras cosas, para no alargarme más, a mantener el ánimo y a que
descubran su pasión, como lo has descubierto tú. Porque tú serás feliz porque tu trabajo lo
haces bien, te apasiona y, además se te ve en la cara, que te apasiona, con lo cual lo harás
bien, porque si algo te apasiona, lucharas para hacerlo cada vez mejor, además es un trabajo
con el que te vas a ganar la vida, porque hay un trabajo que es ser profesora de primaria y
encima tiene un componente de ayuda social como no tienen otros trabajos, muy pocos
trabajos tienen ese componente social que tiene tuyo, de ahí viene la felicidad, de ahí viene la
alegría, pero lo conseguirás si no pierdes el ánimo.

22:06

Margot. Hola, Víctor. Mi nombre es Margot, trabajo con jóvenes y también soy madre de
jóvenes. Me gustaría saber qué actitudes consideras que son importantes de enseñar para
educar bien a nuestros hijos y también qué podemos hacer o que podríamos hacer si vemos,
en un momento dado, que nuestros hijos dejan de brillar.

Victor Küppers. Vale, muchas gracias, Margot. ¿Yo qué diría? Al final, después del legado de los
expertos y de la experiencia que ves en otros padres, al final, las cosas son de sentido común.
Lo importante es que entiendan que la vida va de actitud. Yo siempre lo reduzco a una. Una
actitud que me gustaría que tuvieran mis hijos: la amabilidad. Yo creo que la amabilidad,
primero porque nos falta, estamos en una sociedad en la que tratamos a las personas como
bultos peludos con patas, y es una experiencia que tenemos todos. Tú coges el autobús, coges
el metro, coges el tren en una ciudad grande y cuando te sientas te separan dos centímetros
de otra persona, no es un bulto peludo con patas, es un ser humano, pues lo más normal es
sentarse y no decir nada. Lo peor de todo es que hemos asumido que es normal, no nos
sorprende, no nos extraña, al contrario. Tú prueba un día a sentarte en el metro, en el tren, en
el autobús y a la persona de al lado le dices: «Buenas tardes, ¿qué tal?», como digas «buenas
tardes», verás como coge el bolso con más fuerza, «Me atracan». ¿Por qué? Porque en un país
de tarados la gente no se saluda, la gente va a la suya, la gente camina rápido esperando que
sea viernes y no sonríe. Esa es la sociedad en la que vivimos, por eso a mí me encanta el
concepto de alegría, porque los expertos han demostrado que la forma más rápida, más eficaz
y más fácil, o sea rápida, eficaz y fácil, o sea rápida, que funciona y fácil de vivir con alegría es
ser amable. Ser amable con los demás, y tenemos mil quinientas oportunidades para ser
amables cada día, con el conductor del autobús, que tampoco le saluda nadie, cuando sales de
una cafetería con la persona con la que te cruzas en la puerta o con la que vas en el ascensor, o
sea ser amable. Hay un mecanismo que tenemos todos los seres humanos que es indiscutible,
tú haces algo bueno por los demás y tú te sientes bien, eso es innegable. Todo el mundo que
se haya dedicado a alguna labor de voluntario sabe que es muy gratificante porque haces algo
por los demás, ese mecanismo lo tenemos. Es decir, cuando tú haces algo bueno por los demás
te sientes bien y cuando haces algo malo te sientes mal. Igual que hay muchas personas que
hay que ayudarlas porque son pobres materialmente, económicamente, estamos en una
sociedad en la que hay muchísimas más personas que viven bajo el umbral de la pobreza en
términos de afecto, de cariño, de amabilidad. Entonces, cuando tú eres amable con los
demás… Tienes un mecanismo dentro, y si no pruébalo, la próxima vez que salgas de una
cafetería, en vez de salir sin decir nada, prueba a salir de una cafetería y le dices al camarero:
«Perdone, espectacular el café». No sabes por qué motivo tienes esa sensación, pero es por el
mecanismo que tenemos. Al camarero, tienes que llamar al 112 y que vengan con
desfibrilador, porque le ha dado un ataque, no está acostumbrado. Las personas que saben,
los psicólogos que están en el ámbito de la psicología positiva, que estudian, te dicen esto, que
juegues a ser amable con los demás. Cuando eres amable te cambia el carácter, eres mucho
más alegre, pero, es que aparte de que tú estás mejor, aparte de los demás están mejor y que
es gratis, ser amable tiene una cuarta ventaja enorme. La cuarta verdad es que te obliga a
intentar ser la mejor persona que puedes llegar a ser. Porque cuando quieres ser amable, a
veces tienes que escuchar a unas personas, a veces tienes que aguantar una puerta, a veces
tienes que acompañar, a veces tienes simplemente que estar. Hay que desarrollar la paciencia,
hay que ser generoso, esa es la gran ventaja también de ser amable. Tú cuando intentas ser
amable al mismo tiempo estás luchando para ser buena persona, para ser lo mejor que puedes
llegar a ser. Yo creo que una sociedad no es rica porque tenga petróleo bajo las piedras o gas.
Una sociedad es rica por la calidad humana de las personas que la forman. De ahí viene la
riqueza de la sociedad, es la calidad humana, y la calidad humana tiene que ver con personas
educadas, con personas amables. Necesitamos personas, necesitamos futuras generaciones
que cambien la sociedad, y se cambia con educación. La educación es cuando alguien utiliza
«por favor» y «gracias», que son dos palabras que las quitaran del diccionario por falta de uso.
Un día vendrán nuestros nietos y dirán: «¿Abuelito, qué quiere decir por favor?», y habrá que
explicarle: «Son dos palabras que se utilizaron a principios de siglo o al final del anterior, que
se acompañaban para pedir algo». Pero ahora es que también se pierde, por lo tanto
necesitamos personas con una gran calidad humana, eso es lo que nos hace ricos como
sociedad, no el PIB. Luego, me has preguntado, perdona, qué hacemos cuando no brillan.
Cuando no brillan, que tiene una respuesta larguísima, porque no es fácil, porque es verdad
que a veces no brillan, pero, lo que comentaba antes también Paloma, hay veces las personas
se desaniman, lógicamente. Estamos en un entorno que tiende al desánimo, entonces cuando
alguien se desanima, cuando son nuestros hijos, yo solamente conozco dos palabras: cariño y
tiempo, porque ésa es la base de las relaciones humanas. No solamente con nuestros hijos,
con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros amigos… Las relaciones se cuidan con esas
dos palabras: cariño y tiempo. En la vida hay una regla que se cumple siempre en las relaciones
humanas, que es de sentido común pero que olvidamos, planta que no riegas, planta que
palma, así de simple, planta que no riegas, planta que palma. Pues en las relaciones ocurre lo
mismo, con nuestros hijos, con nuestra pareja, con nuestros amigos… Lo que no cuidas, palma.
Hay gente que dice: «No, hombre, la media naranja». La media naranja existe, eso es un
cuento chino. La media naranja la has exprimido en tres meses y luego iríamos todos de
naranja en naranja. Luego lo que queda es cariño y tiempo. ¿El cariño qué es? Pues cariño es
cariño, lo que viene a ser cariño, besos, abrazos y tocamientos varios, lo que viene a ser cariño.
Lo que pasa es que estamos en una sociedad que, como nos hemos desanimado, como vamos
arrastrando los pies, hemos perdido el cariño. Necesitamos reivindicar el afecto, la ternura en
las relaciones con las personas que más queremos, y luego es tiempo. Tiempo, y si alguien dice
que no tiene tiempo para dedicar hijos, es que no es verdad. Básicamente, hay una estadística
que es oficial que dice que en este país la media de televisión por persona y día es de cuatro
horas, por persona y día cuatro horas. Pues hay quien dice que no tiene tiempo. «Yo no la
veo», dices, «pues tú ocho, para sacar la media». No es una cuestión de no tener tiempo, es
una cuestión de no tener ánimos. Porque pasa que, a veces, llegas a tu casa, aquel día que
llegas cansado, machacado, que has viajado, a lo mejor que no has comido, cruzas la puerta de
casa y sale tu hija: «Mami, ¿me cuentas un cuento?», y dices: «Que te lo cuente tu padre, que
estoy agotada, mañana te cuento dos», y eso es lo que hacemos muchas veces. Luego hay
padres y madres que el día que llegan cansados, que llegan agotados, que a lo mejor no han
comido, ese día cuentan el cuento y lo representan, esos son héroes. Todos los que somos
padres sabemos que es heroico, de todos los padres que estamos aquí, ¿quién no se ha
saltado un párrafo explicando un cuento a sus hijos?, eso que me ahorro. Pero si el libro más
vendido de cuentos en este país es un libro de cuentos cortos, que además te pone en el
índice: «Mire, cincuenta segundos, cuarenta y nueve segundos, un minuto con cero dos el más
largo», «¿un minuto con cero dos?, deme ese». Recortamos tiempo hasta para explicar
cuentos a nuestros hijos que son lo que más queremos, no les dedicamos tiempo. A este paso,
con nuestros nietos los cuentos serán de cinco segundos: «Venía Caperucita con la abuela, se
cruzaron con el lobo y se comió a la abuela. Buenas noches, a dormir». Es nuestro trabajo,
como padres y profesores, educar, y educar se hace con cariño, mucho cariño, y tiempo,
mucho tiempo. Porque aquello de: «yo poco tiempo, pero de calidad», es otro cuento chino,
que alguien se inventó para tener la conciencia tranquila, y si no coge una planta y le pones
dos gotas al mes, de máxima calidad, palma igual.