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PARTE SOCIAL

LEON XI I I

>. R E R U M NOVARUM
LE. 15 m ayo 1891

SOBRE LA "CO N D ICIO N ” DE LOS OBREROS

C L A R D I E N T E AFÁN D E NOVEDAD ES q u e refutar las opiniones engañosas, asf ah o ra


y por las m ismas razones creemos deber
^ hace ya tiempo agita a los pueblos, escribiros algo sobre la cuestión obrera.
necesariamente tenía que pasar del or­ M ateria ésta, que ya otras veces ocasional­
den político al de la economía social, m ente hemos tocado; mas en esta E n cíclica
la conciencia de Nuestro Apostólico oficie
tan unido a aquél.— La verdad es que Nos incita a tra ta r la cuestión de propósito
las nuevas tendencias de las artes y los y por com pleto, de modo que •aparezcan
nuevos métodos de las industrias; el claros los principios que han de d ar a esta
contienda la solución que exigen la verdad
cambio de las relaciones entre pa­ y ia ju sticia.
tronos y obreros; la acumulación de las Cuestión tan difícil de resolver como pe*¡-
riquezas en pocas manos, y la pobreza grosa. Porque es difícil señalar la medida
ju sta de los derechos y las obligaciones que
ampliamente extendida; la mayor con­ regulan las relaciones entre los ricos y los
ciencia de su valer en los obreros, y su proletarios, entre los que aportan el cap ital
mutua unión más íntim a; todo ello, y los que contribuyen con su trab ajo . Y peli­
grosa esta contienda, porque hombres tu r­
junto con la progresiva corrupción de bulentos y maliciosos frecuentem ente ta re­
costumbres han hecho estallar la gue­ tuercen para pervertir el juicio de la verdad
rra. Cuán suma gravedad entrañe esa y m over la multitud a sediciones.
guerra, se colige de la viva expectación 2. Como quiera que sea, vemos clara­
que tiene suspensos los ánimos, y de m ente, y en esto convienen todos, que es pre­
cómo ocupa los ingenios de los doctos, ciso auxiliar, pronta y oportunam ente, a los
hom bres de la ínfim a clase, pues la m ayoría
¡as reuniones de los sabios, las asam­ de ellos se revuelve indignamente en una
bleas populares, el juicio de los legis- m iserable y calam itosa situación. Pues, des­
•adores, los consejos de los príncipes; truidos en el pasado siglo los antiguos gre­
mios de obreros, sin ser sustituidos por nada,
de tal manera, que no hay cuestión y al haberse apartado las naciones y las
alguna, por grande que sea, que más leyes civiles de la religión de nuestros padres,
que ésta preocupe los ánimos de los poco a poco ha sucedido que los obreros se
han encontrado entregados, solos e indefen­
hombres. sos, a la inhumanidad de sus patronos y a la
desenfrenada codicia de los com petidores.—
A aum entar el mal, vino voraz la usura, la
la «cuestión obrera» cual, más de una vez condenada por senten­
cia de la Iglesia, sigue siem pre, b a jo diversas
. lJor esto, pensando sólo en el bien de la formas, la misma en su ser, ejercid a por
'Rlesia y en el bienestar com ún, asi como hombres avaros y codiciosos. Jú n ta se a esto
otras veces os hemos escrito sobre el Poder ue los contratos de las obras y el comercio
Pi'litico, la Libertad humana, la Constitución e todas las cosas están, casi por completo,
crlstiana dt los Estados * y otros tem as en manos de unos pocos, de ta l suerte que
si'm ejantes, cuanto parecía a propósito para unos cuantos hom bres opulentos y riquísimos
han puesto sobre los hom bros de la innum e­
* E ncíclicas Diuttirnum (1881), Immor- rable multitud de proletarios un yugo casi de
talt (1886) y Libertas (1888). esclavos.
comprada por el obrero, debe ser tan
suya propia como el salarlo ganado
3. Para remedio de este mal los por su trab ajo . Ahora bien: precisa­
Socialistas , después de excitar en los mente en esto consiste, como fácilmen­
pobres el odio a los ricos, pretenden te entienden todos, el dominio de los
que es preciso acab ar con la propie­ bienes, sean muebles o inmuebles. Por
dad privada y sustituirla por la colec­ lo tan to, al hacer común toda propie­
tiva, en la que los bienes de cada uno dad particular, los socialistas empeo­
sean comunes a todos, atendiendo a ran la condición de los obreros por­
su conservación y distribución los que que, al quitarles la libertad de emplear
rigen el municipio o tienen el gobier­ sus salarios como quisieren, por ello
no genera! del Estado. Pasados así los mismo les quitan el derecho y hasta
bienes de manos de los particulares a la esperanza de aum entar el patrimo­
las de la comunidad y repartidos, por nio doméstico y de m ejorar con sus
igual, los bienes y sus productos, en­ utilidades su propio estado.
tre todos los ciudadanos, creen ellos
que pueden curar ra Ocalmente el mal 5. Pero lo más grave es que el re­
hoy día existente. medio por ellos propuesto es una clara
Pero este su método para resolver injusticia, porque la propiedad privada
la cuestión es tan poco a propósito es un derecho natural del hombre.—
para ello, que más bien no hace sino Porque en esto es, en efecto, muy gran­
dañar a les mismos obreros; es, ade­ de la diferencia entre el hombre y los
más, injusto por muchos títulos, pues brutos. Estos no se gobiernan a sí mis­
conculca los derechos de los propieta­ mos, sino que les gobiernan y rigen
rios legítimos, altera la competencia y dos instintos naturales: de una parte,
misión del Estado y trastorna por mantienen en ellos despierta la facul­
completo el orden social. tad de obrar y desarrollan sus fuerzas
oportunamente; y de otra, provocan
y limitan cada uno de sus movimien­
la propiedad privada tos. Con un instinto atienden a su pro­
pia conservación, por el otro se incli­
4. f'T 'ii es, en verdad, el compren­ nan a conservar la especie. Para con­
de* qtie la finalidad del trabajo y su seguir los dos fines perfectamente les
intención próxima es, en el obrero, el basta el uso de las cosas ya existentes,
procurarse las cosas que pueda poseer que están a su alcance; y no podrían
como suyas propias. Si él emplea sus ir más allá, porque se mueven sólo por
fuerzas y su actividad en beneficio de el sentido y por las sensaciones particu­
otro, lo hace a fin de procurarse todo lo lares de las cosas.— Muy distinta es
necesario para su alimentación y su la naturaleza del hombre. En él se
vida; y por ello, mediante su trabajo, halla la plenitud de la vida sensitiva,
adquiere un verdadero y perfecto de­ y por ello puede, como los otros ani­
recho no sólo de exigir su salario, sino males, gozar los bienes de la natura­
también de emplear éste luego como leza material. Pero la naturaleza ani-
quiera. Luego si gastando poco logra­ mal, aun poseída en toda perfección,
re ahorrar algo y, para mejor guardar dista tanto de circunscribir a la natu­
lo ahorrado, lo colocare en adquirir raleza humana, que le queda muy ln*
una finca, es indudable que esta finca ferior y aun ha nacido para estarle
no es sino el mismo salario bajo otra sujeta y obedecerla. Lo que por a^ ? ’
especie; y, por lo tanto, la finca, así nomasia distingue al hombre, dándole
el carácter de tal— y en lo que se dife­ que, siendo el hombre a n te rio r al E s­
ren cia com pletam ente de los demás tado, recibió aquél de la n atu raleza el
animales— e s la inteligencia, esto es, la derecho de proveer a sí m ism o, aun
razó!* V precisamente porque el hom­ antes de que se constituyese la so­
bre e s animal razonable, necesario es ciedad.
a tr ib u ir le no sólo el uso de los bienes
p r e s e n t e s , que es común a todos los 7. Pero el hecho de que Dios h ay a dado
la tierra a todo el lin aje hum ano, p ara usarla
a n i m a l e s , sino tam bién el usarlos es­ y disfrutarla, no se opone en modo alguno
t a b l e y perpetuamente, ya se trate de al derecho de la propiedad privada. Al d ecir
las c o s a s que se consumen con el uso, que Dios concedió en com ún la tierra
al lin aje hum ano, no se quiere sig n ificar
y a d e l a s que permanecen, aunque que todos los hom bres tengan in d istin ­
se u s e n . tam en te dicho dominio, sino que, al no h ab er
señalado a ninguno, en p articular, su p arte
propia, d ejó dicha delim itación a la propia
los bienes creados actividad de los hom bres y a ia legislación
de cada pueblo.— Por lo dem ás, la tierra,
6. Y todo esto resulta aun más evi­ aunque esté dividida entre particulares, con­
tinúa sirviendo al beneficio de todos, pues
d e n t e , cuando se estudia en sí y más nadie hay en el mundo que de aquélla no
profundamente la naturaleza humana. reciba su sustento. Quienes carecen d í ca p i­
El hombre, pues, al abarcar con su in­ tal, lo suplen con su tra b a jo , y asi, puede
afirm arse la verdad de vjuc el medio de
t e li g e n c i a cosas innumerables, al unir proveer de lo necesario s» halla en el tra b a jo
y e n c a d e n a r tam bién las futuras con empleado o en tra b a ja r la propia fin ca o en
las presentes y al ser dueño de sus ac­ el ejercicio de alguna actividad, cuyo sala­
rio— en últim o término— se saca de los m últi­
cion es, es— él mismo— quien bajo la ples frutos de la tierra o se perm uta por ellos.
ley e t e r n a y bajo la providencia uni­ De todo esto se deduce, una vez m ás, que
versal de Dios se gobierna a sí mismo la propiedad privada es indudablem ente co n ­
forme a la naturaleza. Porque las cosas nece­
con la providencia de su albedrío: por sarias para la vida y para su perfección son
ello en su poder está el escoger lo que ciertam ente producidas por la tierra, c o r
juzga re más conveniente para su pro­ gran abundancia, pero a condición de que
el hom bre la cultive y la cuide con todo em­
pio bien, no sólo en el momento pre­ peño. Ahora bien: cuando en preparar estos
se n te sino también para el futuro. De bienes m ateriales em plea el hombre la a c ti­
donde se exige que en el hombre ha vidad de sti inteligencia y las fuerzas de su
cuerpo, por ello mismo se aplica a s! mismo
de existir no sólo el dominio de los fru­ aquella parte de la naturaleza m aterial que
tos de la tierra sino tam bién la propie­ cultivó y en la que dejó impresa com o una
dad de la misma tierra, pues de su figura de su propia persona: y asi ju s ta ­
m ente el hombre puede reclam arla com o
fertilidad ve cómo se le suministran su ya, sin que en modo alguno pueda nadie
!as cosas necesarias para el porvenir. violen tar su derecho.
Las exigencias de cada hombre tienen,
por decirlo asi, un sucederse de vueltas
perpetuas de tal modo que, satisfechas la propiedad y las leyes
i'oy, tornan mañana a aparecer impe­
riosas. Luego la naturaleza ha tenido 8. Es tan clara la fuerza de estos
llue dar al hombre el derecho a bienes argumentos, que no se entiende cómo
estables y perpetuos, que correspon­ hayan podido contradecirlos quienes,
dan a la perpetuidad del socorro que resucitando viejas utopias, conceden
necesita. Y sem ejantes bienes única­ ciertamente al hombre el uso de la
mente los puede suministrar la tierra tierra y de los frutos tan diversos de
c«'n su Inagotable fecundidad. los campos; pero le niegan totalm ente
No hay razón alguna para recu- el dominio exclusivo del suelo donde
rrir a la providencia del Estado; por­ haya edificado, o de la hacienda que
haya cultivado. Y no se dan cuenta dom éstica.— No hay duda de que el
de que en esta forma defraudan al hombre es com pletam ente libre al ele­
hombre de las cosas adquiridas con su gir su propio estado: ora siguiendo el
trabajo. Porque un campo trabajad o consejo evangélico de la virginidad,
por la mano y la maña de un cu ltiva­ ora obligándose por el matrimonio. El
dor, ya no es el campo de antes: de derecho del m atrim onio es natural y
silvestre, se hace fructífero; y de infe­ primario de cada hom bre: y no hay
cundo, feraz. De otra parte, las m ejo­ ley hum ana alguna que en algún modo
ras de tal modo se adaptan e identifi­ pueda restringir la finalidad principal
can con aquel terreno, que la mayor del m atrim onio, constituida ya desde
parte de ellas son inseparables del mis­ el principio por la autoridad del mis­
mo. Y si esto es así, ¿seria justo que mo Dios: C reced y m u lt ip lic a o s 2. He
alguien disfrutara aquello que no ha aquí ya a la fam ilia, o sociedad do­
trabajado, y entrara a gozar sus fru­ m éstica, sociedad muy pequeña en ver­
tos? Como los efectos siguen a su cau­ dad, pero verdadera sociedad y ante­
sa, así el fruto del trabaja en ju sticia rior a la constitución de toda sociedad
pertenece a quienes trabajaron. Con civil, y, por lo tan to , con derechos y
razón, pues, todo el linaje humano, sin deberes que de ningún modo dependen
cuidarse de unos pocos contradictores, del Estado. Luego aquel derecho que
atento sólo a la ley de la naturaleza, demostramos ser natural, esto es, el
en esta misma lev encuentra el funda­ del dominio individual de las cosas,
mento de la división de los bienes y necesariam ente deberá aplicarse tam­
solemnemente, por la práctica de to ­ bién al hombre como cabeza de fami­
dos los tiempos, consagró la propiedad lia; aun más, tal derecho es tanto ma­
privada como muy conforme a la na­ yor y más fuerte cuanto mayores notas
turaleza humana, así como a la pací­ comprende la personalidad humana en
fica y tranquila convivencia social.— la sociedad doméstica.
Y ias leyes civiles que, cuando son jus­
tas, derivan de la misma ley natural 10. Ley plenam ente inviolable de
su piopía facultad v eficacia, confir­ la naturaleza es que todo padre de fa­
man tal dctf'J'.o y lo aseguran con la milia defienda, por la alimentación y
protección de <u pública autoridad.— todos los medios, a los hijos que engen­
Todo ello se halla sancionado por la drare; y asimismo la naturaleza mis­
misma ley divina, que prohíbe estric­ ma le exige el que quiera adquirir y
tamente aun el simple deseo de lo a je­ preparar para sus hijos, pues son ima­
no; N o deseará-; la m u je r de tu p ró jim o ;
gen del padre y como continuación de
ni la casa, n i el cam po, ni la siervo, ni su personalidad, los medios con que
el buey, n i el asno, n i otra cosa cu a l­ puedan defenderse honradamente de
q uiera de todas las que le pertenecen ' . todas las miserias en el difícil curso
de la vida. Pero esto no lo puede hacer
de ningún otro modo que transflil*
Familia y Estado tiendo en herencia a los hijos la pose­
sión de los bienes fructíferos. . ,,
9. El derecho individual adquiere A la manera que la convivencia civ»
un valor mucho mayor, cuando lo con­ es una sociedad perfecta, tam bién lo 6
sideramos en sus relaciones con los de­ — según ya dijimos— y del mismo mouo
beres humanos dentro de la sociedad la fam ilia, la cual es regida por un»
potestad privativa, la paternal. Por hijos no entran a form ar p arte de la
lo tan to , cespetados en verdad los sociedad civil por si m ism os, sino a
límites de S i propio fin, la familia través de la familia, dentro de la cuaJ
tiene al menos iguales derechos que la han nacido. Y por esta misma razón
sociedad civil, cuando se trata de pro­ de que los hijos son naturalmenle algo
curarse y usar los bienes necesarios del padre..., antes de que tengan el uso
para su existencia y ju sta libertad. Di­ de su libre albedrío, están bajo los cui­
jimos al menos iguales: porque sien­ dados de los p a d r e s Luego cuando
do la fam ilia lógica e históricam ente los socialistas sustituyen la providencia
anterior a la sociedad civil, sus dere­ de los padres por la del E stad o, van
chos y deberes son necesariamente an­ contra la justicia natural, y disuelven
teriores y más naturales. Por lo tan ­ la trabazón misma de la sociedad do­
to, si los ciudadanos o las fam ilias, al méstica.
formar parte de la sociedad civil, en­
contraran en el Estado dificultades en
vez de auxilio, disminución de sus de­ comunismo = miseria
rechos en vez de tutela de los mismos,
tal sociedad civil sería más de rechazar 12. Además de la injusticia, se ve
que de desear. con demasiada claridad cuál seria el
trastorno y pertuibación en todos los
11. Es, por lo tanto, error grande órdenes de la sociedad, y cuán dura y
y pernicioso pretender que el Estado odiosa sería la consiguiente esclavitud
haya de intervenir a su arbitrio hasta de los ciudadanos, que se seguirían.
en lo más íntimo de las fam ilias.— Abierta estaría ya la puerta para los
Ciertamente que si alguna familia se odios mutuos, para las calumnias y
encontrase tal vez en tan extrem a ne­ discordias; quitado todo estímulo al
cesidad que por sus propios medios no ingenio y diligencia de cada uno, seca-
pudiera salir de ella, es ju sta la inter­ ríanse necesariamente las fuentes mis­
vención del poder público ante nece­ mas de la riqueza; y la dignidad tan
sidad tan grave, porque cada una de soñada en la fantasía no seria otra cosa
las familias es una parte de la socie­ que una situación universal de miseria
dad. Igualmente, si dentro del mismo y abyección para todos los hombres sin
hogar doméstico se produjera una gra­ distinción alguna.
ve perturbación de los derechos mu­ Todas estas razones hacer, ver cómo
tuos, el Estado puede intervenir para aquel principio del socialismo, sobre la
atribuir a cada uno su derecho; pero comunidad de bienes, repugna plena­
esto no es usurpar los derechos de los mente porque daña aun a aquellos
ciudadanos, sino asegurarlos y defen­ mismos a quienes se quería socorrer;
derlos con una protección ju sta y obli­ repugna a los derechos por naturaleza
gada. Pero aquí debe pararse el E s­ privativos de cada hombre v perturba
tado: la naturaleza no consiente el que las funciones del Estado y ía tranqui­
vaya más allá. La patria potestad es lidad común. Por lo tanto, cuando se
tle tal naturaleza, que no puede ser plantea el problema de m ejorar la con­
extinguida ni absorbida por el E sta­ dición de las clases inferiores, se ha de
do, como derivada que es de la misma tener como fundamental el principio
fuente que la vida de los hombres. Los de que la propiedad privada ha de re­
hijos son como algo del padre, una exten­ putarse inviolable. Y supuesto ya esto,
sión, en cierto modo, de su persona: y.
si queremos hablar con propiedad, los
vam os a exponer donde ha de en­ leyes y toda su autoridad, pero con la
co n tra rse el rem edio que se in tenta debida justicia y moderación.
b u s c a r.

concordia, no lucha
U. LA IGLESIA Y E L PROBLEMA
SOCIAL 14. Como prim er principio, pues,
debe establecerse que hay que respetar
13. Con plena confianza, y por pro­ la condición propia de la humanidad,
pio derecho Nuestro, entram os a tr a ­ es decir, que es imposible el quitar,
ta r de esta m ateria: se tra ta cierta­ en la sociedad civil, toda desigualdad.
mente de una cuestión en la que no es Lo andan intentando, es verdad, losse-
aceptable ninguna solución si no se c ia lista s ; pero toda ten ta tiv a contra la
recurre a la religión y a la Iglesia. misma naturaleza de las cosas resultará
Y como quiera que la defensa de la inútil. En la naturaleza de los hombres
religión y la administración de los existe la m ayor variedad: no todos po­
bienes que la Iglesia tiene en su poder, seen el mismo ingenio, ni la misma
se halla de modo muy principal en actividad, salud o fuerza: y de dife­
Nos, faltaríam os a Nuestro deber si rencias tan inevitables síguense nece­
calláram os.—Problema éste tan gran- sariamente las diferencias de las con­
ae, que ciertam ente exige la coopera­ diciones sociales, sobre todo en la for­
ción y máxima actividad de otros tam ­ tuna.— Y ello es en beneficio así de
bién: Nos referimos a los gobernantes, los particulares como de la misma so­
a los amos y a ¡os ricos, pero tam bién ciedad; pues la vida común necesita
a los mismos obreros, de cuya causa aptitudes varias y oficios diversos; y
se trata; y afirmamos con toda verdad es la misma diferencia de fortuna, en
que serán inútiles todos los esfuerzos cada uno, la que sobre todo impulsa
futuros que se hagan, si se prescinde a los hombres a ejercitar tales oficios.
de la Iglesia. De hecho la iglesia es la Y por lo que toca al trabajo corporal,
que saca del Evangelio las doctrinas, el hombre en el estado mismo de ino­
gracias a las cuales, o ciertam ente se cencia no hubiese permanecido inacti­
re s o lv ía d conflicto, o al menos po- vo por completo: la realidad es que
diá lograrle que, limando asperezas, entonces su voluntad hubiese deseado
se haga mas suave: ella— la Iglesia— como un natural deleite de su alma
procura con sus enseñanzas no tan sólo aquello que después la necesidad le
iluminar las inteligencias, sino también obligó a cumplir no sin molestia, para
regir la vida y costumbres de cada uno expiación de su culpa: M a ld ita sea W
con sus preceptos; ella, mediante un tierra en tu trabajo, tú com erás de ello
gran número de benéficas instituciones, fatigosam ente todos los dias de tu
mejora la condición misma de las cla­ v id a 4.— Por igual razón en la tierra
ses proletarias; elia quiere y solicita no habrá fin para los demás dolores,
que los pensamientos y actividad de porque los males consiguientes al pe'
todas las clases sociales se unan y cons­ cado son ásperos, duros y difíciles par3
piren juntos para mejorar en cuanto sufrirse; y necesariamente aco m p añ a­
sea posible la condición de los obreros; rán al hombre hasta el último m om en­
y piensa ella también que, dentro de to de su vida. Y , por lo tan to, el sufrir
los debidos límites en las soluciones y y el padecer es herencia humana; puW
en su aplicación, el Estado mismo ha
de dirigir a esta finalidad sus mismas
de ningún modo podrán los hombres a ricos y proletarios, recordando a
lograr, cualesquiera que sean sus expe­ unos y a otros sus m utuos deberes,
rie n cia e intentos, el que desaparez­ y ante todo los que la ju s tic ia les im­
can de! mundo tales sufrimientos. pone.
Quienes dicen que lo pueden hacer,
quienes a las clases pobres prometen patronos y obreros
una vida libre de todo sufrimiento y
molestias, y llena de descanso y per­ 16. Obligaciones de ju sticia , para
petuas alegrías, engañan miserable­ el proletario y el obrero, son éstas:
mente al pueblo arrastrándolo a males cumplir integra y fielm ente todo lo
mayores aún que los presentes. Lo me­ pactado en libertad y según ju stic ia ;
jor es enfrentarse con las cosas huma­ no causar daño alguno al cap ital, ni
nas tal como son; y al mismo tiempo dañar a la persona de los amos; en la
buscar en otra parte, según dijimos, el defensa misma de sus derechos abste­
remedio de los males. nerse de la violencia, y no transfor­
m arla en rebelión; no mezclarse con
15. En la presente cuestión, la m a­ hombres malvados, que con todas m a­
yor equivocación es suponer que una ñas van ofreciendo cosas exageradas
ciase social necesariamente sea enemiga y grandes promesas, no logrando a la
de la otra, como si la naturaleza hu­ postre sino desengaños inútiles y des­
biese hecho a los ricos y a los proleta­ trucción de fortunas.
rios para luchar entre sí con una guerra He aquí, ahora, los deberes de los
siempre incesante. Esto es tan-contra­ capitalistas y de los amos: no tener en
rio a la verdad y a la razón que más modo alguno a los. obreros como a es­
bien es verdad el hecho de que, así clavos; respetar en ellos la dignidad de
como en el cuerpo humano los diver­ la persona humana, ennoblecida por
sos miembros se ajustan entre sí dan­ el carácter cristiano. Ante !a razón y
do como resultado cierta moderada ante la fe, el trab ajo , realizado por me­
disposición que podríamos llamar si­ dio de un salario, no degrada al hom­
metría, del mismo modo la naturaleza bre, antes le ennoblece, pues lo colo­
ha cuidado de que en la sociedad ca en situación de llevar una vida hon­
dichas dos clases hayan de armonizar­ rada mediante él. Pero es verdadera­
se concordes entre sí, correspondiéndo­ mente vergonzoso e inhumano el abu­
se oportunamente para lograr el equili­ sar de los hombres, como si no fuesen
brio. Una clase tiene absoluta necesi­ más que cosas, exclusivam ente para
dad de la otra: ni el capital puede exis­ las ganancias, y no estimarlos sino
tir sin el trabajo, ni el trabajo sin el en tanto cuanto valgan sus múscu­
capital. La concordia engendra la her­ los y sus fuerzas. Asimismo está m an­
mosura y el orden de las cosas; por lo dado que ha de tenerse buen cuida­
contrario, de una lucha perpetua ne­ do de todo cuanto toca a la religión
cesariamente ha de surgir la confusión y a los bienes del alma, en los pro­
y la barbarie. Ahora bien: para acabar letarios. Por lo tanto, a los amos
con la lucha, cortando hasta sus raíces corresponde hacer que el obrero ten­
mismas, el cristianismo tiene una fuer- ga libre el tiempo necesario para sus
m exuberante y maravillosa. deberes religiosos; que no se le haya de
Y, en primer lugar, toda la enseñan- exponer a seducciones corruptoras y a
*;» cristiana, enyo intérprete y depo­ peligros de pecar; que no haya razón
rta ría es la Iglesia, puede en alto grado alguna para alejarle del espíritu de
concillar y poner acordes mutuamente famlha y del amor al ahorro. De nin-
gún modo se le impondrán trabajo s vertiría en un m isterio inexplicable
desproporcionados a sus fuerzas, o para el hombre. Asi, pues, lo que cono­
que no se avengan con su sexo y edad. cemos aun por la misma naturaleza
es en el cristianism o un dogma, sobre
17. Y el principalísimo entre todos el cual, como sobre su fundamento
los deberes de los amos es el dar a cada principal, reposa todo el edificio de la
uno lo que se merezca en ju sticia. D e­ religión, es a saber: que la verdadera
terminar la medida ju sta del salario vida del hombre comienza con la sa­
depende de muchas causas: pero en lida de este mundo. Porque Dios no
general, tengan muy presente los ricos nos ha creado para estos bienes frá­
y los amos que ni las leyes divinas ni giles y caducos, sino para los eternos
las humanas les permiten oprimir, en y celestiales; y la tierra nos la dió
provecho propio, a los necesitados y como lugar de destierro, no como pa­
desgraciados, buscando la propia ga­ tria definitiva. Carecer de riquezas y
nancia en la miseria de su prójimo. de todos los bienes, o abundar en
Defraudar, además, a alguien el sala­ ellos, nada im porta para la eterna
rio que se le debe, es pecado tan enor­ felicidad; lo que im porta es el uso que
me que clama al cielo venganza: M ira d de ellos se haga. Jesu cristo — mediante
que el salario de los obreros ... que de­ su copio sa red en ció n — no suprimió en
fra ud asteis, está g rita n d o : y este grito modo alguno las diversas tribulaciones
de ellos ha llegado hasta h erir los oídos de que esta vida se halla entretejida,
del S eñ o r d e los e jé rc ito s s. Hnalmente, sino que las convirtió en excitaciones
deber de los ricos es. y grave, que no para la-virtud y en m ateria de mérito,
dañen en modo alguno a los ahorros y ello de tal suerte que ningún mortal
de lo? obreros, ni por la fuerza, ni por puede alcanzar los premios eternos, si
dolo, ni con artificio de usura: deber no cam ina por las huellas sangrientas
tanto más riguroso, cuanto más débil del mismo Jesu cristo: S i constante­
y menos defendido se halla el obrero, m ente s u frim o s, ta m bién reinarem os
y cuanto más pequeños son dichos con E l i . Al tom ar El espontáneamente
ahorros. sobre sí los dolores y sufrimientos, mi­
tigó de modo admirable la fuerza de
18. La obediencia a estas leyes, los mismos, y ello no ya sólo con el
¿acaso no podría ser suficiente para ejemplo, sino tam bién con su gracia
mitigar por sí sola y hacer cesar las y con la esperanza del ofrecido galar­
causas de esta contienda? Pero la Igle­ dón que hace mucho más fácil el su­
sia, guiada por las enseñanzas y por frimiento del dolor: P o rqu e lo que al
el ejemplo de Cristo, aspira a cosas presente es tribu lación n u estra , m om en­
mayores: esto es, señalando algo más tánea y lig era , p ro d u ce en nosotros de
perfecto, busca el aproximar, cuanto modo m aravilloso un caud al eterno e
posible le sea, a las dos clases, y aun in co n m en su ra ble de gloria 1.— Sepan(
hacerlas amigas.— F.n verdad que no pues, muy bien los afortunados de este
podemos comprender y estimar las mundo que las riquezas ni libran del
cosas temporales, si el alma no se fija dolor, ni contribuyen en nada a la feli­
plenamente en la otra vida, que es cidad eterna, y antes pueden dañarla ,
inmortal; quitada la cual, desaparece­ que, por lo tanto, deben tem blar los
ría inmediatamente toda idea de bien
moral, y aun toda la creación se enn-
ricos, an te las amenazas extraordina­ satisfecha la necesidad y ia convenien­
riamente severas de Jesu cristo •; y que cia, es un deber ei socorrer a ios nece­
llegará día en que habrán de dar cuen­ sitados con lo superfluo: L o que so­
ta muy rigurosa, ante Dios como juez, brare dadlo en lim osna11. Exceptuados
del uso que hubieren hecho de las los casos de verdadera y extrem a ne­
riquezas. cesidad, aquí ya no se tra ta de obli­
gaciones de ju sticia, sino de cand ad
riquezas, posesión y uso cristiana, cuyo cum plim iento no se
puede—ciertam ente— exigir ju ríd ica ­
19. Sobre el uso de las riquezas, mente. Mas, por encima de las leyes
tan excelente como muy im portante y de los juicios de los hombres están
es la doctrina que, vislumbrada por la ley y el juicio de Cristo, que de mu­
los filósofos antiguos, ha sido enseña­ chos modos inculca la práctica de dar
da y perfeccionada por la Iglesia— la con generosidad, y enseña que es mejor
cual, además, hace que no se quede en dar que recibir 14 y que tendrá como
pura especulación, sino que descienda hecha o negada a Sí mismo la caridad
al terreno práctico e informe la vida— : hecha o negada a ios necesitados:
fundamental en tal doctrina es el dis­ Cuanto hicisteis a uno de estos pequeño¡
tinguir entre la posesión legítima y el de mis hermanos, a mí me lo hicisteis 1S.
uso ilegítimo. En resumen: quienes de la m unifi­
Derecho natural del hombre, como cencia de Dios han recibido m ayor
vimos, es la propiedad privada de bie­ abundancia de bienes, ya exteriores y
nes, pues que no sólo es lícito sino ab­ corporales, ya internos y espirituales,
solutamente necesario— en especial, en los han recibido a fin de servirse de ellos
la sociedad— el ejercicio de aquel de­ para su perfección, y al mismo tiem ­
recho. Lícito es— dice Santo Tom ás— po, como administradores de la divina
y aun necesario para la vida humana Providencia, en beneficio de los demás.
que el hombre tenga propiedad de algu­ Por lo tanto, el que tenga talento cuide
nos bienes 10. Mas, si luego se pregun­ no callar; el que abundare en bienes,
ta por el uso de tales bienes, la Iglesia cuide no ser demasiado duro en el ejer­
no duda en responder: Cuanto a eso, el cicio de la misericordia; quien posee un
hombre no ha de tener los bienes externos oficio de que vivir, haga participante de
como propios, sino como comunes, de sus ventajas y utilidades a su prójimo
suerte que fácilmente los comunique con
los demás cuando lo necesitaren. Y así
dice el Apóstol: Manda a los ricos de este trabajo
mundo que con facilidad den y comuni­
quen lo suyo propio u . Nadie, es ver­ 20. A los pobres les enseña la Igle­
dad, viene obligado a auxiliar a los sia que ante Dios la pobreza no es
demás con lo que para si necesitare o deshonra, ni sirve de vergüenza el te­
para los suyos, aunque fuere para el ner que vivir del trab ajo propio. Ver­
conveniente o debido decoro propio. dad, que Cristo confirmó en la reali­
Pues nadie puede dejar de vivir como a dad con su ejemplo; pues, por la salud
s“ estado convenga12; pero, una vez de los hombres hizose pobre él que era

’ Cf. L u c. 6 , 2 4 -2 5 . Luc. 11, 41.


" 2. 2 » e ., 6 6 , 2. ■* Act. 2 0 , 2 5 .
11 Ibld. “ Cf. M a t. 2 5 , 40 .
" 2. 2 a e .. 3 2 , 6. S. Greg. M. In Bvang. Hom. 9, n. 7.
tico *’ y , siendo H ijo de Dios y Dios hombres y a los ángeles; que todos han
m ism o, quiso aparecer y ser tenido sido igualm ente redimidos por Cristo,
como h ijo de un artesano, y tra b a ja n ­ y por él llamados a la dignidad de hijos
do pasó la mayor parte de su vida: ¡.te Dios, de ta l suerte, que se hallan
P ero ¿no es ésle el artesano, el hijo de unidos, no sólo entre sí, sino también
M a ría ? 1S. Ante ejemplo tan divino con Cristo Señor— el primogénito entre
fácilm ente se comprende que la verda­ los muchos hermanos— por el vínculo
dera dignidad y grandeza del hombre de una san ta fraternidad. Conocerán
sea toda moral, esto es, puesta en las y comprenderán que los bienes de na­
virtudes; que la virtud sea un p atii- turaleza y de gracia son patrimonio
monio común al alcance, por igual, de común del lin aje humano; y que nadie,
los grandes y de los pequeños, de los a no hacerse indigno, será desheredado
ricos y de los proletanos: pues sólo a de los bienes celestiales: Si, pues, hijos,
las obras virtuosas, en cualquiera que también herederos; herederos de Dios y
se encuentren, está reservado el pre­ coherederos de Jesucristo 21.
mio de ¡a eterna bienaventuranza. Más Tal es el ideal de derechos y deberes
aun: parece que Dios tiene especial que enseña el Evangelio. Si esta doc­
predilección por los infelices. Y asi J e ­ trina inform ara a la sociedad humana,
sucristo llama bienaventurados a los ¿no se acabaría rápidamente toda con­
pobres19. A quienes están en trabajo tienda?
o aflicción, dulcemente los invita a
buscar consuelo en E l 20; con singular
amor abraza a los débiles y a los ejemplo de la Iglesia
perseguidos. Verdades éstas de gran
eficacia para rebajar a los ricos en su 22. N i se c o n te n ta la Ig le sia co n señalar
el m al; a p lic a e lla m ism a , con su s manos,
orgullo, para quitar a los pobres su la m e d ic in a . E n tr e g a d a p o r co m p le to á for­
abatimiento: con eilo, las distancias m a r a los h o m b res en e sta s d o c tr in a s , procura
— tan rebuscadas por el orgullo— se q u e las a g u a s sa lu d a b le s de su s enseñan­
zas llegu en a to d o s ello s, v a lién d o se de Ta
acortan y ya no es difícil que las dos co o p era ció n de los O b isp o s y del Clero. Ai
clases, dándose la mano, se vuelvan a m ism o tie m p o se a fa n a p or in flu ir en los
la amistad y unión de voluntades. esp íritu s e in c lin a r la s v o lu n ta d e s, p ara que
se d e je n g o b e r n a r p o r los d iv in o s preceptos.
Y en e sta p a rte , la m ás im p o rta n te de todas,
pues de ella d ep en d e en realid ad to d o avan c*,
bienes de naturaleza y de gracia ta n sólo la Ig le sia tie n e e fic a c ia verdadeBM
P o rq u e los in s tru m e n to s q ue em p lea P*'®
m o v er los á n im o s, le fu eron d ad os p ara est--
21. Mas, si las dos clases obedecen fin p or J e s u c r is to , y tie n e n v irtu d d iv in a e»
a los mandatos de Cristo, no les bas­ si: ta n sólo ellos p u eden penetrar^ hasta.¿p
tara una simple amistad, querrán dar­ m ás in tim o de los co ra z o n es y o b lig a r a 10*
h o m b res a q u e o b ed ezcan a la voz de *«
se el abrazo del amor fraterno. Por­ d e b er, a qu e refren en las p asio n es, a qu
que habran conocido y entenderán am en con sin g u la r y sum o am o r a Dio* X.
al p ró jim o , y a qu e con v a lo r se destruya
cómo todos los hombres tienen el mis­ to d o s los o b stá c u lo s q ue se le a tra v iesa n en
mo origen común en Dios padre: que el ca m in o de la v irtu d .
todos se dirigen a Dios, su fin último, Y en esto b a s ta se ñ a la r de paso los ej?rn
píos a n tig u o s. R ec o rd a m o s h ech o s y cow >
el único que puede hacer felices a los qu e se h a lla n fu e ra de to d a d u d a: esto • i
que g ra cia s al c ristia n ism o fué P len arlic.* fl
17 2 Cor. 8, a. tra n sfo rm a d a la socied ad h u m an a; que
,h M a rc. 6 , 3. tra n sfo rm a ció n fué un v erd ad ero P r°8J\An
p ara la h u m an id ad y h a sta u n a re»urrecci
'* Cf. M a t. 5, 3.
" Cf. M at. 11, 28.
<je la m uerte a la vida m oral, asi com o una en la misma abundancia de todas las
perfección nunca v ista an tes, y que d ifícil­
mente se logrará en el porvenir; finalm ente, cosas se contentan con una vida
que Je su cristo es el principio y el fin de frugal y suplen la escasez del salario
estos beneficios que, com o vienen de él, con ei ahorro, alejándose de los vi­
en él han de term in ar. H abiendo, en efecto,
conocido el m undo, por la luz del evangelio, cios que consumen no sólo las peque­
el gran m isterio de la E ncarn ación del Verbo ñas fortunas sino tam bién las grandes,
y de la redención hum ana, la vida de Je su ­ y que arruinan los más ricos p a tri­
cristo Dios y H om bre penetró en toda la
sociedad civil, que asf quedó im buida con monios.
su fe, sus preceptos y sus leyes.
Por lo tanto, si lia de haber algún caridad de la Iglesia
remedio para los males de la humani­
dad, ésta no lo encontrará sino en la 24. Más aún: la Iglesia contribuye
vuelta a la vida y a las costumbres directam ente al bien de los proleta­
cristianas. Indudable verdad es que, rios, creando y promoviendo cu an to
para reformar a una sociedad deca­ pueda aliviarles en algo; y en ello se
dente, preciso es conducirla de nuevo distinguió tan to que se atrajo la adm i­
a los principios que le dieron ser. Por­ ración y alabanza de los mismos ene­
que la perfección de toda sociedad migos. Y a en el corazón de los prim i­
humana consiste en dirigirse y llegar tivos cristianos era tan poderosa la ca­
al fin para el que fué instituida, de ridad fraterna, que con frecuencia los
tal suerte que el principio regeneiador más ricos se despojaban de sus bienes
de los movimientos y de los actos so­ para socorrer a los demás, hasta tal
ciales sea el mismo que dio origen a punto que entre ellos no había ningún
la sociedad. Corrupción es desviarla necesitado “ . A los diáconos, in stitu i­
de su prim itiva finalidad: volverla a dos precisamente para ello, dieron los
ella, es la salvación. Y si esto es ver­ Apóstoles la misión de ejercitar la be­
dad de toda sociedad humana, lo es neficencia cotidiana; y San Pablo, el
también de la clase trabajadora, parte Apóstol por antonomasia, aun b a jo el
la más numerosa de aquélla. peso de la solicitud de todas las igle­
sias, no dudó en entregarse a los via­
23. Y no se crea que la acción de jes más peligrosos para llevar personal­
•a Iglesia esté tan íntegra y exclusiva­ mente las colectas a los cristianos más
mente centrada en la salvación de las pobres. Depósitos de piedad llam a T e r­
almas, que se olvide de cuanto perte­ tuliano a estas ofertas, hechas espon­
nece a la vida mortal y terrena.—Con­ táneamente por los fieles en cada re­
cretamente quiere y trab aja para que unión, porque se empleaban en alimen-
ws proletarios salgan de sus desgracia­ mentar y sepultar a los pobres, y en
do estado, y mejoren su situación. auxiliar a los niños y niñas huérfanos,
Y esto lo hace ella, ante todo, indi­ asi como a los ancianos y a tos náu­
rectamente, llamando a los hombres a fragos **.
•a virtud y formándolos en ella. Las Poco a poco se fué formando asi
costumbres cristianas, cuando son y aquel patrimonio, que la Iglesia guar­
e'i verdad se mantienen tales, contribu­ dó-siempre religiosamente como heren­
yen también de por si a la felicidad cia propia de los pobres. Y éstos, gra­
crrenal: porque atraen las bendiciones cias a nuevos y determinados socorros,
ue Dios, principio y fuente de todo
l e,r> refrenan el ansia de las cosas y •• Cf. 1 Tím . 6 , 1 0 .
a sed de los placeres, azotes verdade­ •• Acl. 4 , 34.
ros que hacen miserable al hombre aun Apolos. 2, 3U.
se v kruu libres de la vergüenza de pe­ la prosperidad nacUnH
dir. Pues ella, como madre común de
los pobres y de los ricos, excitando do­ 20. Ante todo, los gobernantes vie­
quier la caridad hasta el heroísmo, creó nen obligados a cooperar en forma ge*
órdenes religiosas y otras benéficas ins­ neral con todo el conjunto de sus leyft
tituciones que ninguna clase de m ise­ e instituciones políticas, ordenando y
ria dejaron sin socorrer y consolar. adm inistrando el Estado de modo que
Todavía hoy muchos, como antes los se promueva tan to la prosperidad pri­
gentiles, hasta censuran a la Iglesia vad a como la pública. T al es de hecho
por caridad tan excelente, y deter­ el deber de la prudencia civil, y esta
minan sustituirla por medio de la es la misión de los regidores de los
beneficencia civil. Pero no hay recur­ pueblos. Ahora bien; la prosperidad de
sos humanos capaces de suplir la cari­ las naciones se deriva especialmente
dad cristiana, cuando se entrega por de las buenas costum bres, de la recta
completo a! bien de los demás. Y no y ordenada constitución de las fami­
puede ser ella sino una virtud de la lias, de la guarda de la religión y de
Iglesia, porque es virtud que mana la ju sticia, de la equitativa distribu­
abundante tan sólo del Sacratísim o ción de las ca ica s públicas, del progte*
Corazón de Jesucristo: pero muy lejos so de las industrias y del comercio, del
de Cristo anda perdido quien se halla florecer de la agricultura y de tantas
alejado de la Iglesia. otras cosas que, cuanto m ejor fueren
promovidas, más contribuirán a la fe­
licidad de los pueblos.— Y a por tído
III. DEBERES DEL ESTADO esto puede el Estado concurrir en for­
ma extraordinaria al bienestar de l«s
2">. No hay duda de que, para re­ demás clases, y tam bién a la de feí
solver la cuestión obrera, se necesitan pruletarios: y ello, con pleno dereclW
también los medios humanos. Cuantos suyo y sin hacerse sospechoso de inde­
en ella están interesados, vienen obli­ bidas ingerencias, porque proveer fll
gados a contribuir, cada uno como le bien común es oficio y competencia
corresponda: y esto según el ejemplo del Estado. Por lo tanto, cuanto ma­
del orden providencial que gobierna yor sea la suma de las v entajas lotrt*
al mundo, pues el buen efecto es el das por esta tan general previsfófl»
producto de la armoniosa coopera­ t3nto menor será la necesidad m
ción de todas las causas de las que tener que acudir por otros procedr
depende. mientos al bienestar de los obreros.
Urge ya ahora investigar cuál debe
ser el concurso del Estado.— Claro que 27. Pero ha de considerarse, ads*
hablamos del Estado, no como lo co­ más, algo que toca aun más al fondo &
nocemos constituido ahora y como fun­ esta cuestión: esto es, que el Estado
ciona en esta o en aquella otra nación, es una armoniosa unidad que a b ra»
sino que pensamos en el Estado según por igual a las clases inferiores y
su verdadero consepto, esto es, en el altas. Los proletarios son cludadan**
que toma tus principios de la recta por el mismo derecho natural que
razón, y en perfecta armonía con las „„rieos: son ciudadanos, miembros
doctrinas católicas, tal como Nos mis­ daderos y vivientes de to# que, a t » '
mo lo hemos expuesto en la Encíclica vés de las familias, se compone el xmt
sobre la constitución cristiana de los tado, y aun puede decirse que son
Estados. mavor número. Y. si seria absurdo *
proveer a una clase de ciudadanos a riales y externos cuyo uso es netesarít
costa de otra, es riguroso deber del para el ejercicio de la virtud**. Y es
Estado el preocuparse, en la debida indudable que para lograr estos bienes
forma, del bienestar de los obreros: al es de necesidad y suma eficacia el tra ­
no hacerlo, se falta a la ju sticia que bajo y actividad de los proletarios, ora
manda dar a cada uno lo suyo. Pues se dediquen al trabajo de los cam pos,
muy sabiam ente advierte Santo T o ­ ora se ejerciten en los talleres. Suma,
más: Así como la parte y el todo hacen hemos dicho, y de tal suerte, que pue­
un lodo, así cuanto es del todo es tam­ de afirmarse, en verdad, que el tra b a ­
bién, en algún modo, de la parte2*. jo de los obreros es el que logra for­
Por ello, entre los muchos y más mar la riqueza nacional. Ju sto es, por
graves deberes de los gobernantes lo tanto, que el gobierno se interese
solícitos del bien público, se destaca por los obreros, haciéndoles participar
primero el de proveer por igual a toda de algún modo en la riqueza que eélos
clase de ciudadanos, observando con mismos producen: tengan casa en que
inviolable imparcialidad la justicia morar, vestidos con que cubrirse, de
distributiva. suerte que puedan pasar la vida con
Aunque todos los ciudadanos vienen las menos dificultades posibles. Clara
obligados, sin excepción alguna, a co­ es, por lo tanto, la obligación de pro­
operar al bienestar común, que luego teger cuanto posible todo lo que pue­
se refleja en beneficio de los indivi­ da mejorar la condición de los obreros:
duos, la cooperación no puede ser en semejante providencia, lejos de dañar
todos ni igual ni la misma. Cámbiensc, a nadie, aprovechará bien a todos, pues
y vuelvan a cam biarse, las formas de de interés general es que no perm a­
gobierno, pero siempre existirá aque­ nezcan en la miseria aquellos de quie­
lla variedad y diferencia de clases, nes tanto provecho viene al mismo
sin las que no puede existir ni siquiera Estado.
concebirse la suciedad humana. Siem­
pre habrá gobernantes, legisladores,
jueces— en resumen, hombres que ri­ gobierno; gofcernaéM
jan la nación en la paz, y la defiendan
en la guerra— ; y claro es que, al ser 28. No es justo— ya lo hemos di­
tilos la causa próxima y eficaz del bien cho— que el ciudadano o la familia
común, forman la parte principal de sean absorbidos por el Estado; antes
!a nación. Los obreros no pueden co­ bien, es de justicia que a uno y a otra
operar al bienestar común en el mis­ se les deje tanta independencia para
mo modo y con los mismos oficios; pero obrar como posible sea, quedando a
verdad es que también ellos concurren, salvo el bien común y los derechos de
n,uy eficazmente, con sus servicios. los demás. Sin embargo, los gobernan­
Y cierto es que el bienestar social, tes han de defender la sociedad y sus
P'ies debe ser en su consecución un distintas clases. La sociedad, porque la
bien que perfeccione a los ciudadanos tutela de ésta fué conferida por la na­
‘•
‘n cuanto hombres, tiene que colo- turaleza a los gobernantes, de tal suer­
(';|rse principalmente en la virtud. te que el bienestar público no sólo es
Sin embargo, toda sociedad bien la ley suprema sino la única y total
constituida ha de poder procurar una causa y razón de la autoridad públi­
E ficiente abundancia de hiene* mate­ ca; y luego también las clases, porque

" 2. 2 * e . . <11. I urt 2. " S T K De ttgtmlnt prlne 1, Ifi


ta n to la filosofía como el Evangelio patronos oprimieren a los obreros con
coinciden en enseñar que la goberna­ cargas in ju stas o m ediante contratos
ción ha sido instituid a, por su propia contrarios a la personalidad y digni­
natu raleza, no para beneficio de los go­ dad hum ana; si con un tra b a jo exce­
bernantes, sino más bien para el de los sivo o no ajustado a las condiciones
gobernados. Y puesto que el poder po­ de sexo y edad, se dañare a la salud
lítico viene de Dios y no es sino una de los mismos trabajad ores: claro es
cierta participación de la divina sobe­ que, en todos estos casos, es preciso
ranía, ha de administrarse a ejemplo emplear, dentro de los obligados limi­
de ésta, que con paternal preocupa­ tes, la fuerza y la autoridad de las
ción provee no sólo a las criaturas en leyes. Lím ites que están detei minados
particular, sino a todo el conjunto del por la misma causa o fin a que se
universo. Luego cuando a la sociedad deben las leyes: esto es, que las leyes
o a alguna de sus clases se le haya no deben ir más allá de lo que requiere
causado un daño o le amenace éste, el remedio del mal o el modo de evitar
necesaria es la intervención de! E sta ­ el peligro.
do, si aquél no se puede reparar o evi­ Los derechos, de quienquiera que
tar de otro modo. sean, han de ser protegidos religiosa­
mente, y el poder público tiene obli­
gación de asegurar a cada uno el suyo,
impidiendo o castigando toda violación
intervención del Estado de la ju sticia. Claro es que, al defender
los derechos de los particulares, ha de
29. Ahora bien: interesa tanto al tenerse un cuidado especial con los de
bien privado como al público, que se la clase ínfim a y pobre. Porque la d a­
mantenga el orden y la tranquilidad se rica, fuerte ya de por sí, necesita
públicos; que la famiiia entera se ajus­ menos la defensa pública; mientras
te a los mandatos de Dios y a los prin­ que las clases inferiores, que no cuen­
cipios de la naturaleza; que sea respeta­ tan con propia defensa, tienen una es­
da y practicada la religión; que florez­ pecial necesidad de encontrarla en el
can puras las costumbres privadas y las patrocinio del mismo Estado. Por lo
públicas; que sea observada inviola­ tanto, el Estado debe dirigir sus cuida­
blemente la justicia; que una clase dos y su providencia preferentemente
de ciudadanos no oprima a otra; y hacia los obreros, que están en el nú­
que los ciudadanos se formen sanos y mero de los pobres y necesitados.
robustos, capaces de ayudar y de
defender, si necesario fuere, a su pa­
tria. Por lo tanto, si, por motines o
huelgas de los obreros, alguna vez se la propiedad privada
temen desórdenes públicos; si se rela­
jaren profundamente las relaciones 30. Preciso es descender concreta­
naturales de la familia entre los obre­ mente a algunos casos particulares de
ros; si la religión es violada en los la mayor im portancia.— Lo más futí'
obreros, por no dejarles tiempo tran­ damental es que el gobierno debe ase­
quilo para cumplir sus deberes religio­ gurar, mediante prudentes leyes,
sos; si por la promiscuidad de los propiedad particular. De modo espe­
sexos y por otros incentivos de pe­ cial, dado el actual incendio tan gran­
cado, corre peligro la integridad de de de codicias desmedidas, preciso es
las costumbres en los talleres; si los que las muchedumbres sean contení-
das en su deber, porque si la justicia tutela de lo moral
les permite por los debidos medios me­
jorar su suerte, ni la ju sticia ni el 32. Asimismo, el E stad o viene obli­
bien público permiten que nadie dañe gado a proteger en el obrero m uchas
a su prójimo en aquello que es suyo otras cosas; y, ante todo, los bienes
y que, bajo el color de una pretendida del alma. Pues la vida m ortal, aunque
igualdad de todos, se ataque a la for­ tan buena y deseable, no es de por sí
tuna ajena. Verdad es que la mayor el fin último para el que hemos naci­
parte de los obreros querría mejorar do, sino tan sólo el camino e instru ­
su condición mediante honrado traba­ mento para perfeccionar la vida espi­
jo y sin hacer daño a nadie; pero ritual mediante el conocimiento de la
también hay no pocos, imbuidos en verdad y la práctica del bien. E l espí­
doctrinas falsas y afanosos de nove­ ritu es el que lleva impreso en sí la
dades, que por todos medios tratan de imagen y sem ejanza de Dios, y en él
excitar tum ultos y empujar a los de­ reside aquel señorío, en virtud del
más hacia la violencia. Intervenga, cual se le mandó al hombre dominar
pues, la autoridad pública: y, puesto sobre todas las criaturas inferiores y
freno a los agitadores, defienda a los hacer que todas las tierras y mares
obreros buenos de todo peligro de se­ sirvieran a su utilidad. Llenad la tierra
ducción; y £ los dueños legítimos, del y somedtela a vosotros, tened señorío
de ser robados. sobre los peces del mar, sobre las aves
del cielo y sobre todos los animales que
sobre la tierra se m u e v e n En esto
límites del trabajo todos los hombres son iguales, sin di­
ferencia alguna entre ricos y pobres,
31. El trabajo excesivamente pro­ amos y criados, príncipes y súbditos;
longado o agotador, así como el sala­ porque el mismo es el Señor de todos " .
rio que se juzga insuficiente, dan oca­ Nadie, por lo tanto, puede impunemen­
sión con frecuencia a los obreros para, te hacer injusticia a la dignidad del
intencionadamente, declararse en huel­ hombre, de la que Dios mismo dispone
ga, y entregarse a un voluntario des­ con gran reverencia, ni impedirle el
canso. A este mal, ya tan frecuente camino de la perfección que se le
como grave, debe poner buen remedio ordena para conquistar la vida eterna.
'a autoridad del Estado, porque las Y aun más: ni siquiera por su propia
huelgas llevan consigo daños no sólo libertad podría el hombre renunciar a
Para los patronos y para los mismos ser tratado según su naturaleza, acep­
obreros, sino también para el comercio tando la esclavitud de su alm a: porque
y los intereses públicos: añádase que ya no se trata de derechos, en los
las violencias y los tumultos, a que de que haya una libertad de ejercicio,
ordinario dan lugar las huelgas, con sino de deberes para con Dios, que
m,icha frecuencia ponen en peligro deben cumplirse con toda religiosidad.
nun la misma tranquilidad pública.
Y en esto el remedio más eficaz y
saludable es adelantarse al mal con obreros — mujeres — niños
la autoridad de las leyes e impedir 33. Consecuencia es, por lo tan to,
cllie pueda brotar el mal, suprimiendo
la necesidad de descansar de obras y
a tiempo todas las causas de donde se
Prevé que puedan surgir conflictos en-
ire obreros y patronos.
tra b a jo s en los días de fiesta. Mas lia­ la duración del renoso depende de,ji
dle entienda con ello el gozar, con e x ­ clase de tra b a jo , de las circunstancia
ceso, de un descanso inactivo, y mucho de tiempo y de lugar, y aun de
menos aquel reposo que muchos desean misma salud de los obreros. A fo
para fom entar los vicios y m algastar que trab aja n en canteras, o en ta c ?
el dinero; sino un descanso consagra­ de lo profundo de la tierra las riquezis
do por la religión. Unido a la reli­ en ella escondidas— hierro, cobre y
gión el descanso ap arta al hombre de otras cosas sem ejantes— , porque m
los trabajos y afanes de la vida co ti­ trab ajo es más pesado y más dañofo
diana, para traerle hacia los pensa­ a la salud, deberá compensarse con
mientos de los bienes celestiales y ha una duración más corta. Además, je
cia el culti> que por ju sticia es debido ha de tener en cuenta las distinga*
a la divina m ajestad. E sta es princi­ estaciones del año, pues no pocas y|>
palmente la naturaleza, y este el fin ces un mismo trab ajo es to le ra b le ^
del descanso en los días de fiesta, lo determinada estación, m ientras se t$Nr-
lo cual sancionó Dios con una ley espe­ na imposible o muy difícil de realizar
cial aun en el Antiguo Testam ento: en otro tiempo.
Acuérdate de sa n tijica r el sábado *•; y
lo enseñó además con su mismo ejem ­ 35. Finalm ente, un trab ajo pff-
plo, en aquel m isterioso descanso que perdonado a un hombre adulto y |§-
se tomó, luego de haber creado al busto, no es razonable exigirlo ni aúpa
hombre: Descansó en el día séptimo de m ujer ni a un niño. Y aun más, gran
todas las obras que hahía hecho ,0. cautela se necesita para no admitir a
los niños en los talleres antes de du*
■54. En lo que toca a la defensa de se hallen suficientem ente desarroBa-
los bienes corporales y exteriores, lo dos, según la edad, en sus fuerzas Ari­
primero es librar a los pobres obre­ cas, intelectuales y morales. Las fuer­
ros dt la crueldad de ambiciosos espe­ zas que afloran en la juventud gfl
culadores, que sólo por afán de las como las tiernas hierbas, que pue«p
ganancias y sin moderación alguna agostarse por un crecimiento prerftl'
abusan de las personas como si no turo; y entonces se hace imposible atiP
fueran personas, sino cosas. Ni la ju s ­ la misma educación de los niños. Pm
ticia ni la humanidad consienten, pues, mismo, hay determinados trabajos im­
el exigir del hombre tanto trabajo que propios de la m ujer, preparada p o rp
por ello se embote el alma y el cuerpo naturaleza para las labores doméffr
llegue a debilitarse. En el hombre toda cas que, si de una parte protegen gr#>-
su naturaleza, así como su actividad, demente el decoro propio de la muj
está determinada por ciertos límites, de otra responden naturalm ente a »
fuera de los cuales no se puede pasar, educación de los hijos y al bieneijflf
l'-s verdad que el ejercicio y la prác­ del hogar. Establézcase como regla ge­
tica afinan la capacidad del trabajo, neral que se ha de conceder a los obg"
pero con la condición de que, de cuan­ ros tanto descanso cuanto sea neci ■
do en cuando, se cese en el trabajo y rio para compensar sus fuerzas, con*¡£
se descanse. Él trabajo cotidiano no midas por el trabajo; porque las ntí»"
puede prolongarse más allá de lo que zas que afloran en la juventud
toleren las fuerzan. Pero el determinar restauradas por el descanso. En W®
c o n ta to , que se haga entre p atrotp
y obreros, se ha de establecer sleinpw
exnresa n táalta. la condición de
veer convenientemente al uno y al puesto por la nrisma naturaleza, P w
otro descanso: inmoral serla todo pac­ ello, si se atiende tan sólo al aspecto de
to contrario, pues a nadie le éstá per­ la personalidad, cierto es que puede <1
mitido exigir o prometer la violación obrero pactar un salario que sea infe­
de los deberes qué con Dios o consigo rior al justo, porque, al ofrecer él vo­
mismo le obligan. luntariamente su trabajo, por mi pro­
pia voluntad puede también conten­
tarse con un modesto salario, y hasta
justo salarlo renunciar plenamente a él. Pero muy
de otro modo se ha de pensar cuando,
3 6. Va llegamos ahora a una cues­ además de la personalidad, se conside­
tión de muy gran im portancia: preci­ re la necesidad—dos cosas lógicamente
sa entenderla bien, a fin de no caer distintas, pero inseparables en la reali­
en ninguno de los dos extremos opues- dad. La verdad es que el conservarse
tos. Dicese que la cuantía del salario en la vida es un deber, al que nadie
se ha de precisar por el libre consen­ puede faltar sin culpa suya. Sigue
timiento de las partes, de tal suerte como necesaria consecuencia el dere­
que el patrono, una vez pagado el sa­ cho a procurarse los medios para sus­
lario concertado, ya ha cumplido su tentarse, que de hecho, en la gente
deber, sin venir obljgado a nada más. pobre, quedan reducidos al salario del
Tan sólo cuando, o el patrono no pa­ propio trabajo.
gue integro el salario, o el obrero no Y asi, admitiendo que patrono y
rinda todo el trab ajo ajustado, se co­ obrero formen por un consentimiento
mete una injusticia: y tan sólo en es­ mutuo un pacto, y señalen concreta­
tos casos y para tu telar tales derechos, mente la cuantía del salario, es cierto
pero no por otras razones, es lícita la que siempre entra a!h' un elemento
intervención del Estado. de justicia natural, anterior y supe­
A rg u m e n to es éste que no aceptará rior a la libre voluntad de los Con­
fácil o íntegramente quien juzgare con tratantes, esto es, que la cantidad
equidad, porque no es cabal en todos del salario no ha de ser inferior al
sus elementos, pues le falta alguna con­ mantenimiento del obrero, con tal que
sideración de gran importancia. El tra­ sea frugal y de buenas costambres.
bajo es la actividad humana ordenada Si él, obligado por la necesidad, o por
a proveer a las necesidades de la vida miedo a lo peor, acepta pactos más
y de modo especial a la propia conser­ duros, que hayan de ser aceptados— se
vación: con el sudor de tu frente come- quiera o no se quiera— como impues­
el pan *>. Y así, el trabajo en el tos por el propietario o el empresario,
nombre tiene como impresos por la ello es tanto como someterse a una
naturaleza dos caracteres: el de ser violencia contra la que se revuelve la
Personal, porque la fuerza con que tra- justicia.
;,¡a es inherente a la persona, y es Por lo demás, en esta y en otras
^"'ipletam ente propia de qtiien la cuestiones—como la jornada ttel tra­
•‘Jercita y en provecho de quien fue bajo en cada una de las industrias,
l|ada; luego, el de ser necesaria, por- las precauciones necesarias para ga­
|jUe el fruto del trabajo sirve ai hom- rantizar en los talleres la vida ael
para manfenei su vida— manuten- obrero— , a fin de que la autoridad
CIOti, que es un inexcusable deber im­ no se entrometa en demasía, princi­
palmente porque son tan distintas tai
circunstancias de la? cosas, tiempos y
lugares, sera más oportuno reservar pronto siempre a revolverse. Ahora
dicha solución a las corporaciones de bien; si en esta muchedumbre se logra
que más adelante hablarem os, o in ten ­ excitar su actividad ante la esperanza
ta r otro camino en el que se salven, de poder adquirir propiedades esta­
con arreglo a la ju sticia, los derechos bles, poco a poco se aproxim ará una
de los obreros, limitándose el Estado clase a la otra, desapareciendo la in­
tan sólo a acudir, cuando el caso lo mensa distancia existente entre los
ex ija , con su amparo y su auxilio. extraordinariam ente ricos y los exce­
sivam ente pobres. Además de ello, la
ahorro — propiedad tierra llegará a producir con mayor
abundancia. Cuando los hombres sa­
37. Si el obrero recibiere un sala­ ben que tra b a ja n un terreno propio,
rio suficiente para sustentarse a si lo hacen con un afán y esmero mayor;
mismo, a su m ujer y a sus hijos, fácil y hasta llegan a cobrar gran afecto al
le será, por poco prudente que sea, campo trabajad o con sus propias ma­
pensar en un razonable ahorro; y, se­ nos, y del cual espera para sí y para
cundando el impulso de la misma na­ su fam ilia no sólo los alimentos, sino
turaleza, tratará de emplear lo que le hasta cierta holgura abundante. En­
sobrare, después de los gastos necesa­ tusiasmo por el trab ajo , que contri­
rios, en formarse poco a poco un pe­ buirá en alto grado a aum entar las
queño capital. Y a hemos demostrado producciones de la tierra y las rique­
cómo no hay solución práctica y efi­ zas de la nación. Y aun habría de
caz de la cuestión obrera, si previa­ añadirse un tercer provecho: el apego
mente no se establece antes como un — por parte de todos— a su tierra na;
principio indiscutible el de respetar el tiva, con el deseo de permanecer allí
derecho de la propiedad privada. De­ donde nacieron, sin querer cambiar de
recho, al que deben favorecer las le­ patria, cuando en la suya hallaren
yes; y aun hacer todo lo posible para medios para pasar la vida en forma
que, entre las clases del pueblo, haya tolerable. V en tajas éstas, que no pue­
el mayor número de propietarios. den lograrse sino tan sólo con la con­
De ello resultarían dos notables pro­ dición de que la propiedad privada no
vechos; y, en primer lugar, una repar­ sea recargada por excesivos tributos
tición de los bienes ciertam ente más e impuestos. Luego si el derecho ae
conforme a la equidad. Porque la vio­ la propiedad privada se debe a
lencia de las revoluciones ha produci­ misma naturaleza y no es efecto de
do la división de la sociedad como en leyes humanas, el Estado no puede
dos castas de ciudadanos, separados abolirlo, sino tan sólo moderar su uso
mutuamente por una inmensa distan­ y armonizarlo con el bien común: ei
cia. De una parte, una clase extrapó­ Estado obraría en forma injusta e
lente, precisamente por su extraordi­ inhumana, si a título de tributos exi­
naria riqueza; la cual, al ser la única giera de los particulares mucho nía»
que tiene en su mano todos los resor­ de lo que fuere debido en justicia.
tes de la producción y del comercio,
disfruta para su propia utilidad y pro­
vecho todas las fuentes de la riqueza, IV. LAS ASOCIACIONES
y tiene no escaso poder aun en la
misma gobernación del Estado; y en­ aü." Finalm ente, son los mismosj#'
frente, una muchedumbre pobre y dé­ pitalistas y los obreros quienes Pue<*®_
bil, con el ánimo totalmente llagado y hacer no poco— contribuyendo a la
lución de la cuestión obrera— , median­ Y así como el instinto natu ral mue­
te instituciones encaminadas a prestar ve al hombre a juntarse con otros para
los necesarios auxilios a los indigentes, formar la sociedad civil, así tam bién
y que traten de unir a las dos clases le inclina a form ar otras sociedades par­
entre sí. Tales son las sociedades de ticulares, pequeñas e im perfectas, pero
socorros mutuos, los múltiples sistemas verdaderas sociedades. N aturalm ente
privados para hacer efectivo el segu­ que entre éstas y aquélla hay una gran
ro— en beneficio del mismo obrero, o diferencia, a causa de sus diferentes
de la orfandad de su m ujer e hijos— fines próximos. El fin de la sociedad
cuando suceda lo inesperado, cuando civil es universal, pues se refiere al
la debilidad f u e r e extrem a, o cuando bien común, al cual todos y cada uno
ocurriere a lg ú n accidente; finalmente, de Jos ciudadanos tienen derechos en
los patronatos fundados para niños, la debida proporción. Por eso se llama
niñas, j ó v e n e s y aun ancianos que ne­ pública, puesto que por ella se ju n tan
cesitan defensa. Mas ocupan el primer mutuamente los hombres a fin de
lugar las asociaciones de obreios, que formar un Estado **. Por lo contrario,
abarcan casi todas aquellas cosas ya las demás sociedades que surgen en
dichas. D e máximo provecho fueron, el seno de aquélla llánianse privadas;
entre nuestros antepasados, los gre­ y en verdad que lo son, porque su fin
mios de artesanos; los cuales, no sólo próximo es tan sólo el particular de
lograban ventajas excelentes para los ios socios. Sociedad privada es la que
artesanos, sino aun para las mismas se forma para ocuparse de negocios pri­
artes, s eg ún lo demuestran numerosos vados, como cuando dos o tres forman
docum entos. Los progresos de la civi­ una sociedad a fin de comerciar juntos 35.
lización, las nuevas costumbres y las
siempre crecientes exigencias de la vida
reclaman que estas corporaciones se el Estado
adapten a las condiciones presentes.
Por ello vemos con sumo placer cómo 40. Ahora bien; estas sociedades
doquier se fundan dichas asociaciones, privadas, aunque existan dentro del
ya sólo de obreros, ya m ixtas de obre- Estado y sean como otras tan tas par­
ros y patronos; y es de desear que tes suyas, sin embargo, en general y
crezcan tanto en número como en acti­ absolutamente hablando, no Tas puede
vidad. Varias veces hemos hablacto prohibir el Estado en cuanto a su
ya de ellas; pero Nos complace en formación. Porque el hombre tiene
es*a o ca s ió n mostrar su oportunidad, derecho natural a formar tales socie­
Su iegitimidad, su organización y su dades, mientras que el Estado ha sido
actividad. constituido para la defensa y no para
el aniquilamiento del derecho natural;
¡ La conciencia de la propia debilidad luego, si tratara de prohibir las aso­
enn al hombre y le anim a a buscar la ciaciones de los ciudadanos, obraría en
t .^ ración ajena. Dicen las Sagradas E scri- contradicción consigo mismo, pues ta n ­
so/o'S: MeJ or es Q,,f estfn dos juntos que uno
Si r tienen la ventaja de la compañía. to él como las asociaciones privadas
q i i i e rc el nno' le snsler,drá el otro. ¡Ay de nacen de un mismo principio, esto es,
ln u solo> P»es n0 tendrá, si cae, quien la natural sociabilidad del hombre.
„v„ *'• Y en otro lugar: El hermano.
á e t „ , ° P°r el hermano, es como una cinita- Cuando ocurra que algunas socieda-
' 1(1 fuerte ■».
■* S. T h. Contra impugn. Dei cultum et
relig. c. 2 .
•• Ibid.
des tengan un fin contrario a la hon­ tan injustos como perniciosos; y elfo,
radez. a la justicia, o a la seguridad tan to más cuanto que vemos como ge
de la sociedad civil, el E stad o tiene prohíben sociedades católicas, tranqui­
derecho de oponerse a ellas, ora prohi­ las y verdaderam ente útiles, al mismo
biendo que se form en, ora disolviendo tiempo que solemnemente se proclama
las ya formadas; pero aun entonces por las leyes el derecho de asociación;
necesario es proceder siempre con y en verdad que tal facultad está
suma cautela para no perturbar los concedida con la m áxim a amplitud a
derechos de los ciudadanos y para no hombres que maquinan por igual con­
realizar el mal so pretexto del bien pú­ tra la Iglesia y contra el Estado.
blico. Porque las leves no obligan sino
en cuanto están conformes con la recta
asociaciones obreras
razón, y, por ello, con la ley eterna de
Dios 36. 42. Cierto que hoy son mucho más
numerosas y diversas las asociaciones,
asociaciones religiosas principalm ente de obreros, que en otro
tiempo. No corresponde aquí tratar
41. Pensamos ahora en las socieda­ del origen, finalidad y métodos de
des, asociaciones y órdenes religiosas muchas de ellas. Pero opinión común,
de toda clase, a las que ha dado vida confirm ada por muchos indicios, es
la autoridad de la Iglesia y la piedad que las más de las veces dichas socie­
de los fieies, con tantas ventajas para dades están dirigidas por ocultos jefes
el bienestar mismo de la humanidad que les dan una organización contra­
cuantas muestra la historia. Dichas ria totalm ente al espíritu cristiano y
sociedades, aun consideradas a la luz al bienestar de los pueblos; y que,
sola de la razón, al tener un fin hones­ adueñándose del monopolio de las in­
to, p o r derecho natural son evidente­ dustrias, obligan a pagar con el ham­
mente legítimas. Si de algún modo se bre la pena a los que no quieren aso­
refieren a la religión, únicamente están ciarse a ellas.— En tal estado de cosas,
sometidas a ¡a autoridad de la Iglesia. los obreros cristianos no t i e n e n sino
No puede, pues, el Estado atribuirse dos recursos: O inscribirse en socieda­
sobre ellas derecho alguno, ni arrogar­ des peligrosas para la religión, o for­
se su administración; antes bien, tiene mar otras propias, uniéndose a ellas,
el d e b e r de respetarlas, conservarlas y, a fin de liberarse valientemente de
si f u e r e necesario, defenderlas opresión tan injusta como intolerable'
P e r o , ;cuán de otra m anera ha sucedido,
s o b r e t o d o en estos nuestros tiem pos! En
¿Quién dudará en escoger la segunda
muchos lugares y por l a s m aneras más di­ solución, a no ser que quiera p o n e r en
versas, el Estado ha lesionado los derechos sumo peligro el último fin del hombrei'
de tales comunidades, contra toda justicia:
las enredó en la tram a de las leyes civiles,
ias privó de toda personalidad jurídica, las 43. Muy dignos, pues, de alabar son fljjj'
despojó de sus bienes: bienes, sobre los que chos católicos que, conociendo las exigen'
tenía su derecho la Iglesia, el suyo cada uno de estos tiem pos, ensayan e Intentan el ffl*
de los individuos de aquellas comunidades, do que perm ita m ejorar a los obreros por n>
y el suyo también aquellas personas que los dios honrados. Y una vez que han to m a o s ,
habían dedicado a cierto fin determ inado, asi causa, se afanan por m ejorar su pro*#',
como aquellos a cuya utilidad y consuelo dad, tanto la Individual como la farrni1 '
estaban dedicado». así como tam bién por m ejorar las relación
m utuas entre patronos y obreros, .orrnorLjj,
Nos, pues, no podemos menos de y confirm ando en unos y en otros el recue
lamentarnos de semejantes despojos d# sus deberes y la observancia de lo»
ceptos evangélicos: preceptos que, al pron
al hombre toda intem perancia, le nacen
moderado; a la vez que, en medio de tan tas cerse la regla general y con stan te de
y tan d istin tas personas y circu nstan cias,
logran que, dentro de la sociedad, se m an­ que las asociaciones de los obreros
tenga la arm on ía. P a ra ese fin vem os cómo deben ordenarse y gobernarse de tal
se rennen con frecu encia, en Congresos, va­ suerte que suministren los m edios más
rones los m ás ilustres que se com unican m u­
tuamente sus consejos, unen sus fuerzas, se oportunos y convenientes para la con ­
consultan sobre los m ejores procedim ientos. secución dé su fin, el cual consiste en
Otros se consagran a reunir a los obreros, que cada uno de los asociados reciba
según sus diversas clases, en oportunas so­
ciedades: las ayudan con sus consejos y sus de aquéllas el mayor beneficio posible
medios, les procuran honrado y fructuoso tanto físico como económico y m oral.
trabajo. Les anim an y patrocinan los Obis­ E s evidente que ha de tenerse muy
pos, y bajo su dependencia m uchos m iem bros
de uno y otro clero atienden con singular en cuenta, como fin principal, la per­
celo al bien esp iritual de los asociados. Ni fección religiosa y moral; y que a tal
siquiera fa lta n católicos ricos que, como perfección debe enderezarse toda la
haciendo causa com ún con los trabajad ores,
no perdonan gastos para fundar y difundir disciplina social. Pues de otra suerte
ampliamente asociaciones que le ayuden al dichas sociedades degenerarían y se
obrero, no sólo a proveerse con su trab ajo deformarían, y no tendrían mucha ven­
para las necesidades presentes, sino tam bién
a asegurarse un decoroso y tranquilo des­ ta ja sobre aquellas otras asociaciones
canso en lo por venir. Los grandes beneficios que no quieren preocuparse para nada
que tantos y ta n denodados esfuerzos han de la religión. Por lo demás ¿de qué
logrado para el bien com ún, son tan cono­
cidos que sería inútil querer hablar ahora de serviría al obrero haber podido encon­
ellos. Pero nos dan ocasión de esperar todo trar en la sociedad una gran abundan­
!o mejor para lo futuro, si estas sociedades cia de bienes materiales, si su alma se
crecieren sin cesar y se organizaren con pru­
dencia y m oderación. P ro te ja el E stado seme­ pusiera en peligro de perderse por no
jantes asociaciones jurídicam ente legitim as, recibir su propio alimento? ¿De qué
pero no se entrom eta en lo íntim o de su sirve al hombre ganar todo el mundo,
organización y disciplina; porque el m ovi­
miento vital nace de un principio interior si pierde su alma? ST. Consigna es de
y fácilm ente lo sofocan los impulsos ex­ Cristo Jesú s, que señala el carácter
teriores. que distingue al cristiano del pagano:
Todas esas cosas las van buscando los
. 44. E sta sabia organización y dis- gentiles..., buscad primero el reino de
Clplina es absolutamente necesaria para Dios y su justicia, y todas esas cosas
Jl'ie haya unidad de acción y de vo- os serán añadidas S8. Partiendo, pues,
‘untades. Por lo tanto, si los ciuda­ de Dios como principio, gran im por­
danos tienen— como lo han hecho— tancia se dará a la instrucción reli­
Perfecto derecho a unirse en sociedad, giosa, de suerte que cada uno conozca
tamhién han de tener un derecho igual­ sus deberes para con Dios, qué debe
a n t e libre a escoger para sus socios creer, qué debe esperar y qué debe
a ^ la m e n ta c ió n que consideren más hacer para su eterna salvación: que
a Propósito para sus fines.— No cree- todo esto lo lleguen a saber muy bien
jiins que se pueda definir con reglas y que se tenga buen cuidado de for­
lt>rtas y precisas cuál deba ser dicha talecerles y prevenirles contra los erro­
^ lam en tación : e ,l° depende más bien res corrientes y contra los varios peli­
0 'a índole de cada pueblo, de la gros de corrupción. Que el obrero se
xner¡encia y de la práctica, de la anime al culto de Dios y al amor de
(ll;ilidad y de la productividad de los la piedad, y señaladamente a la obser­
/abajos, del desarrollo comercial, así vancia de los días festivos. Aprenda a
">o de otras muchas circunstancias,
* c la prudencia debe tener muy en
Pnta. F.n resumen; puede estable­
reverenciar y amar a la Iglesia, madre y m oral de las clases inferiores; y las
común de todos; y asimismo a obe­ sociedades católicas ejercitarán una
decer sus m andatos y frecuentar los influencia no pequeña en el próspero
sacram entos, medios establecidos por progreso de la misma sociedad civit.
Dios para lavar las m anchas del alm a Lo pasado nos autoriza no sin razón
y para adquirir la santidad. a prever lo futuro. Pasan los tiempos,
pero las páginas de la historia son
45. Si el fundamento de los estatu ­ muy sem ejantes, porque están regidas
tos sociales se coloca en la religión, por la providencia de Dios, la cual go­
llano está el camino para regular las bierna y endereza todos los aconte­
relaciones m utuas de los socios me­ cim ientos y sus consecuencias hacia
diante la plena tranquilidad en su aquel fin que ella se prefijó al crear el
convivencia y el m ejor bienestar eco­ linaje hum ano.— Sabemos que en los
nómico. Distribuyanse los cargos, aten­ primeros tiempos de la Iglesia se cen­
diendo tan sólo a los intereses comu­ suraba a los cristianos, porque la
nes; y ello con tal armonía, que la di­ m ayor parte de ellos vivían de limos­
versidad no perjudique a la unidad. na o del tra b a jo . Y aun así, pobres y
Conviene, asimismo, muy bien distri­ débiles, lograron concillarse la simpa­
buir y determinar claram ente las car­ tía de los "ricos y el patrocinio de los
gas, y ello de tal suerte que a nadie poderosos. Se les podía contemplar ac­
se lastime en su derecho. Que los bie­ tivos, laboriosos, pacíficos, ejemplares
nes comunes de la sociedad se admi­ en la ju sticia y, sobre todo, en la
nistren con rectitud, de tal suerte que caridad. Y , ante tal espectáculo de
los socorros sean distribuidos en razón vida y costumbres, se desvaneció todo
de la necesidad de cada uno; y que prejuicio, enmudeció la maledicencia
los derechos y deberes de los patronos de los malvados; y, poco a poco, las
se armonicen bien con los derechos y m entiras de la inveterada supersti­
deberes de los obreros. Si unos u otros ción cedieron su lugar a la verdad
se creyeren dañados en algo, de desear cristiana.
es que se busquen en el seno de la mis­
ma corporación hombres prudentes e 47. Mucho se habla ahora de Ja
íntegros, que como árbitros terminen el cuestión obrera, cuya buena o mala
pleito con arreglo a los mismos esta­ solución interesa grandemente al Es­
tutos sociales. Con suma diligencia tado. Bien la solucionarán los obreros
habrá de proveerse para que en nin­ cristianos, si, unidos en asociaciones y
gún tiempo falte trabajo al obrero, y dirigidos con prudencia, s*gu'eren. J !
para que haya fondos disponibles con mismo camino que con tanto benefW
que acudir a las necesidades de cada para sí y la sociedad recorrieron nuc*"
uno; y ello, no sólo en las crisis repen­tros padres y antepasados. Porqu*
tinas y casuales de la industria, sino gran verdad es que, por mucha
también cuando la enfermedad, la sea entre los hombres la fuerza de w*
vejez o los infortunios pesaren sobre prejuicios y de las pasiones, sin *
cualquiera de ellos. bargo, si la m alicia en el querer
apagare en ellos el sentido de la h°nj:_
invitación a los obreros tidad, deberá ser mucho mayor la o*
nevolencía de los ciudadanos n»
4 6. Si tales estatutos son acepta­ aquellos obreros, cuando les vieren
dos voluntariamente, se habrá pro­ tivos y moderados, jobreponieno®
visto lij bastante a! bienestar material justicia a las ganancias y anteponía
la conciencia de su deber a todas las tan sólo puede venir de la religión,
demás cosas. Y de ello se seguirá todos deben persuadirse de cuán nece­
otra ven taja, esto es, el ofrecer espe­ sario es volver plenamente a la vida
ranza y facilidad no pequeña de con­ cristiana, sin la cual aun los medios
versión aun a aquellos obreros, a quie­ más prudentes y que se consideren
nes falta la fe o una vida según la los más idóneos en la m ateria, de muy
fe. Estos, no pocas veces, compren­ poco servirán para lo que se desea.
den que han sido engañados por-falsas La Iglesia nunca dejará que falte
apariencias, por vanas ilusiones. Y en modo alguno su acción, tan to más
sienten tam bién cómo amos codiciosos eficaz cuanto más libre sea; y, sobre
les tratan inhumanamente, y cómo casi todo, deben persuadirse de esto quie­
no Ies estiman sino en poco más de lo nes tienen por misión proveer al bien
que producen con su trabajo; y cómo común de los pueblos. Pongan en ello
en las sociedades, donde se encuen­ todo su entusiasmo y generosidad de
tran metidos, en vez de caridad y amor celo los Ministros del Santuario; y,
no hay sino internas discordias com­ guiados por vuestra autoridad y con
pañeras inseparables de la pobreza or- vuestro ejemplo, Venerables Herma­
gullosa e incrédula. Desanimados en nos, nunca se cansen de inculcar a
su espíritu y extenuados en su cuerpo, todas las clases de la sociedad las
muchos querrían liberarse de esclavi­ máximas vitales del Evangelio; hagan
tud tan abyecta; pero no se atreven, cuanto puedan en trab ajar por la sal­
o porque lo impide el respeto humano vación de los pueblos y sobre todo
o porque tiemblan ante la segura mi­ procuren defender en sí y encender en
seria. En modo admirable aprovecha­ ios demás, grandes y humildes, la
rían a todos éstos para su salvación caridad, que es señora y reina de
las asociaciones católicas, si, allanán­ todas las virtudes. Porque la deseada
doles el camino, les invitaren hacién­ salvación debe ser principalmente fru­
doles salir de las dudas; y si, ya arre­ to de ur.a gran efusión de la caridad;
pentidos, los acogieren en su patroci­ queremos decir, de la caridad cristiana
nio y su socorro. que es la ley en que se compendia todo
el Evangelio y que, pronta siempre a
sacrificarse por el prójimo, es el más
SOLUCION DEFINITIVA: CARIDAD seguro antídoto contra el oigullo y el
egoísmo del mundo; virtud, cuyos tas-
48. V ed, V en erab les H erm anos, gos y perfiles plenamente divinos tr a ió
quiénes y de qué modo han de traba­ San Pablo con estas palabras: L a cari­
jar en esta cuestión tan difícil.— Que dad es paciente, es benigna; no busca
cada uno cumpla en la parte que le sus provechos; todo ¡o sufre; todo lo
Corresponde; y ello muy pronto, por- sobrelleva 3*.
9llc la tardanza haria más difícil la
En prenda de los divinos favores y en
cura de un mal ya tan grave. Cooperen testim onio de Nuestro am or, a cada uno de
'ls gobiernos plenamente con buenas vosotros, Venerables H erm anos, y a vu estro
eVL's y previsoras ordenanzas; ricos y Clero y a vuestro pueblo, con gran afecto en
el Señor, os damos la Bendición Apostólica.
Patronos tengan siempre muy présen­
os sus deberes; hagan cuanto puedan,
Dado en Rom a, junto a San Pedro,
entro de lo justo, los obreros, porque
el 15 de mayo de 1891, año décimo-
Uls son los interesados: y puesto que, cuarto de Nuestro Pontificado.
?8lm hemos dicho ya desde el prin-
P1», el verdadero y radical remedio
LXXXV*

[PIO XI ]

EMPRESARI OS Y S I NDI C A T OS
C. Sda. Congr. CONC.: 5 junio 1929

SOBRE CO N FLICTO S ENTRE PATRONOS Y OBREROS

indicios, que las m ás de las veces dichas aso­


1.— La Iglesia reconoce y afirm a el derecho ciaciones se h allan d irigidas por ocultos jefes
ie ios patronos v de los obreros a constituirse que les d a n u n a organización to ta lm e n te con­
.’n asociaciones sindicales, ya sea separadas, tra ria al espíritu cristian o y al bienestar de
/a m ixtas, y en ellas ve un medio eficaz para los pueblos; y que, adueñ án d o se del monopo­
'a solución de la cuestión social. lio de las in d u stria s, obligan a p a g ar con el
ham bre la pena a quienes no quieren asociarse
2. «Son los m ismos c ap italista s y obreros a ellas. E n tal estado de cosas, los obreros
quienes— contrib u y en d o a la solución de la cristianos no tienen sino dos recursos: o Ins­
cuestión obrera— pueden hacer no poco, me­ cribirse en sociedades peligrosas p a ra la reli­
d iante instituciones encam inadas a p re star gión, o fo rm ar o tra s pro p ias uniéndose en
los necesarios auxilios a los indigentes, y que ellas, a fin de liberarse v a lie n te m e n te de opre­
tra te n de un ir a las dos clases entre sí... Pero sión ta n in ju s ta como in tolerable. ¿Quién
ocupan el p rim er lugar las asociaciones de d u d a rá en escoger la segunda solución, a no
obreros, que com prenden casi todas aquellas ser que q u iera poner en sum o peligro el últi­
obras... H oy, los progresos de la c u ltu ra , las mo fin del hombre?» *.
nuevas costum bres y las siem pre crecientes I I I .— La Iglesia exhorta a constituir tales
exigencias de la vida reclam an a d a p ta r las asociaciones sindicales.
corporaciones a las condiciones presentes.
Por ello vemos con sumo placer cómo por do­
quier se fun d a n dichas asociaciones, ya sólo de 4. «Nos e x h o r ta m o s en prim er lu­
obreros, ya m ixtas de obreros y patronos; y es ga r a q u e e n t r e los católicos se cons­
de desear que crezcan tanto en número como t i t u y a n esas sociedades q u e se van
en actividad» 1.
es tablecien do doqu ier, p a r a defender
■Cuando se t r a t a de agrupa rse en
los intereses en el te rre n o social-
suciedades, hay que cuidar mucho de
P o rq u e este género de sociedades es
no caer en error. Y aquí Nos hablam os
m u y conform e a n u es tro s tiempos
expresam ente de los obreros, que cier­
ya q u e p e r m ite n a sus m iem bros cui­
tamente tienen el derecho de unirse en
d a r la defensa de sus intereses al mis­
asociaciones para defender sus intere­
mo tie m p o q u e la conservación de 1®
ses: la Iglesia consiente en £lio y la
naturaleza no se opone tampoco a ello* 2. fe y de la m o r a l» 4. .
El m ism o Pontífice ex h o rta b a ai
II .— La Iglesia, en el actual estado de cosas, conde Medolago A lbani, con u n a carta
estima mnralmente necesaria la constitución de
¡alas asociaciones sindicales. del 19 de m a rz o de 1904, en estos
térm inos: «Continuad, pues, querido
'i. «Ciertamente que hoy son mucho más hijo, como lo habéis hecho hasta *
num erosas y diversas las asociaciones, prin­ presente, p rom ov ie ndo y dirigiend
cipalm ente de obreros, que en otros tiem pos.
No es de este lugar el tr a ta r del origen, finali­ asociaciones, no so la m e nte de carácts
dad y m étodos de m uchas de ellas. Pero es p a r a m e n te económico, sino taino**
una opinión común, confirm ada por m uchos
o tr a s m u y p ró x im a s a aquéllas, Ia
‘ l <'in X I 11 Rerum novarum 15 m a­
yo 1891. • Rerum novarum. ¡
‘ León X III Longinqua Oceani 6 febre­ ‘ Pió X , a lo» A rzobispo! y Obispo*
ro 1895. Brasil, 6 enero 1911.
uniones profesionales, o b re ra s y p a t r o ­ siem pre h o n d a m e n te d e m a n t e n e r su
nales, q u e esta b le z c a n e n t r e aquéllas fe viva y su p ie d ad f e r v ie n te m e d i a n t e
la buena inteligencia; los S ecre taria dos la frecuencia regula r de las d if e r e n te s
del pueblo, q u e d a r á n consejos d e orden p rác tica s religiosas católicas p a r a q u e
lega! y a d m in is tra tiv o ...; c i e rta m e n te logren, j u n to con los m edios d e la s a n ­
que no os f a lt a r á n expresiones conso­ tificación personal, los a r d o r e s del celo
ladoras p a r a a n im a ro s lo m á s posible.» y del desinterés de que d a n p r u e b a
Y a los D irectores de la U nión Eco­ en las asociaciones sindicales».
nómica Ita lia n a dirigía es tas palabras:
«¿Qué in stitu c io n es debéis p ro m o v e r IV.— La Iglesia quiere que las asociaciones
sindicales sean establecidas y reguladas según
preferen te m e n te d e n tro de v u e s tra los principios de la fe y de la moral cristiana.
unión? V u e stra ingeniosa carid ad d e ­
cidirá. A Nos, nos parecen m u y opor­ 5. «En sustancia, puede establecerse com o
regla general y con stan te, que las asociacio­
tunas las lla m a d a s Sindicatos». nes de los obreros han de ordenarse y gober­
Benedicto X V escribía, el 7 de m ayo narse de ta l suerte que sum inistren los m edios
de 1919, al canónigo M urry, de A u tú n , m ás oportunos y convenientes p a ra conseguir
el fin propuesto, que consiste en que c a d a uno
por medio del Card. Secretario de reciba de la sociedad el m ayor beneficio po­
Estado, que «deseaba ver facilitado el sible ta n to físico como económico y m oral.
acceso a los sindicatos v e r d a d e r a m e n ­ E vidente es que ha de tenerse m uy en c u en ta,
como fin principal, la perfección religiosa y
te profesionales, y extenderse, p o r m oral, y que a tal perfección ha de endere­
toda la a m p litu d del territorio francés, zarse toda disciplina social. Pues de o tra su er­
potentes sindicatos an im ad o s del espí­ te dichas sociedades degenerarían y se defo r­
m arían, ni ten d rían m ucha v e n ta ja sobre
ritu cristiano, que reú n a n en v a s ta s aquellas asociaciones que no quieren p re o cu ­
organizaciones generales, asociados f r a ­ parse p a ra n ad a de la religión) *.
ternalm ente, a tr a b a ja d o r e s y t r a b a j a ­ «Tal es p recisam en te el m otiv o por
doras de las diversas profesiones. Sabe el cual ja m á s Nos hem os a n im ad o a los
muy bien que, a n im an d o a ello, sirve católicos a e n t r a r en las asociaciones
conjuntam ente, con los intereses más d es tin a d as a m e jo ra r la suerte del p u e ­
sagrados de la clase obrera, a los de la blo, ni a e m p re n d er obras análogas, sin
Paz social, de la que es el suprem o re­ a d ve rtirles siempre al mismo tie m p o
presentante, y ta m b ié n a los de la no­ que estas instituciones debían t e n e r la
ble nación francesa, que t a n to am a El». religión como in spiradora, como c o m ­
El P a p a Pío X I, gloriosam ente rei­ p añ e ra y como defensa* *.
nante, m a n d ó escribir, el 31 de diciem ­ «Sea lo que sea, au n en el o rd en de
bre de 1922, por medio del Cardenal las cosas temporales, el cristiano ja m á s
Secretario de E stado, a Mr. Zirnheld, tiene derecho a descuidar los intereses
■ residente de la Confederación f r a n ­ sobrenaturales; aun más, las prescrip­
cesa de T ra b a ja d o re s cristianos: «Con ciones de la doctrina c iis tia n a le obli­
el m a y o r placer el P ad re S an to ha gan a dirigirlo todo hacia el S oberano
tenido noticia de los progresos de esta Bien como a su últim o f i n » 7.
®Rrupación, que se preo c u p a de o b te n er V.— La Iglesia quiere que las asociaciones
I;| mejora de las clases tr a b a ja d o r a s sindicales sean instrumento de concordia y de
paz, y paro esto ella sugiere la creación de Co­
Poniendo en p r á c tic a los principios del misiones mixtas como un medio de unión entre
Evangelio tales como la Iglesia los^ ha aquéllas.
''Piicado siempre a la solución d e jla s
* León X III Rerum novarum.
Cl|estiones sociales.
• León X III Graves de com m uni 18 ene­
El P ad re S an to form ula los mejores ro 1901.
votos p a ra que los m iem bros católicos ' Pío X Singulari quadam 24 septiem ­
r vuestras agrupaciones se preocupen bre 1912.
6. «Los que se glorían del titulo de «...Que los derechos y los deberes de los pa­
cristianos, ya aisladam ente, ya agru­ tronos tra ten de concordarse bien con los de­
rechos y deberes de los obreros. SI unos u
pados en asociaciones, nunca jam ás de­ otros se creyeren dañados en algo, es de desear
ben, si tienen conciencia de sus debe­ que se busquen en el seno de la m isma corpo­
res, mantener enem istades y rivalida­ ración hom bres prudentes e íntegros, que
como árb itro s term inen el pleito con arreglo
des entre las clases sociales, sino más a las m ism as leyes sociales»
bien la paz y la caridad mutua» 8. «Las asociaciones católicas no sola­
«En cuanto a los escritores católicos, mente deben evitar, sino que han de
al defender la causa de los obreros y contrarrestar la lucha de clases como
de los pobtes, guárdense bien de em­ esencialmente contraria a los principios
plear un lenguaje que pueda inspirar del cristian ism o... E s muy oportuno,
al pueblo la aversión hacia las clases útil y conforme a los principios cris­
superiores de la sociedad... Recuerden tianos el continuar, en principio, en
bien que Jesucristo ha querido unir a cuanto sea prácticam ente posible, la
todos los hombres por el lazo de un fundación sim ultánea y distinta de
amor recíproco que es la perfección de Uniones patronales y de Uniones obre­
la justicia, y que lleva consigo la obli­ ras, creando, como punto de contacto
gación de trab ajar m utuam ente todos, entre ellas, Comisiones m ixtas encar­
los unos por el bien de los o tro s»9. gadas de discutir y de arreglar pacífi­
«Quienes presiden en esta clase de cam ente, según las normas de la justi­
instituciones (que tienen por fin pro­ cia y de la caridad, las diferencias
mover el bien de los obreros), han de que puedan surgir entre los miem­
acordarse... de que nada es más con­ bros de estas dos clases de Uniones
veniente para asegurar el bien general obreras»12.
de la concordia y la buena armonía
V I.— La Iglesia quiere que las asociaciones
entre todas las clases sociales, y que sindicales, fundadas para católicos, se consti­
la caridad cristiana es el mejor lazo tuyan entre católicos, sin desconocer, sin em­
de unión de todas ellas. Muy mal, pues, bargo, que peculiares necesidades puedan obli­
trabajarían en favor del obrero quie­ gar a obrar de modo diferente.
nes, pretendiendo mejorar sus condi­ 7. «Los católicos se asociarán pre­
ciones de existencia, no le ayudaran ferentem ente a católicos, si la necesi­
sino tan sólo a conquistar los bienes dad no les obliga a obrar de otra ma­
efímeros y frágiles de este mundo, y nera. Ello es un punto muy importan­
descuidaran el preparar los espíritus te para la salvaguardia d é la fe»1’-
a la moderación mediante el recuerdo «Cuanto a las asociaciones obreras,
de los deberes cristianos; y mucho más aunque su finalidad sea el procurar
aún, si llegaran hasta excitar la ani­ ventajas temporales a sus miembros,
mosidad contra los ricos, entregándose merecen una aprobación sin reserva y
a esas declamaciones amargas y vio­ deben considerarse como las más con­
lentas por medio de las cuales hombres venientes entre todas para asegurar
extraños a nuestras creencias tienen la los intereses verdaderos y durables o*
costumbre de lanzar las masas a la sus miembros, si en su fundación ha*1
destrucción de la sociedad»l0. tomado como base principal a la reli­
gión católica, y si siguen abiertament
* Pió X Singulan quadam.
• Instrucciones de la Secretarla Carde­ 11 León X I I I Hcrum novarum.
nalicia de Negocios Eclesiásticos, " C arta del Card. Oasparri a la Um°
27 enero 1902. Economique Sociale 25 febrero l»
'• Benedicto X V , al Obispo de Bérga- 11 León X I I I , a los O b isp os de lo* E»t*'
mo, 1 1 marzo 1920. dos Unidos, 6 enero 189(5.
las normas directivas de la Iglesia: Nos Y com enzando por los sin d icato s obreros,
a los obreros cristianos no se les puede negar
mismo lo hemos declarado con frecuen­ el derecho a co n stitu ir ellos sin d ica to s, dis­
cia, siempre que en un país u otro se tin to s de los sindicatos p atro n ales, sin que
Nos h a ofrecido conveniente ocasión. necesariam ente sean opuestos. Y e sto , sobre
todo cuando, com o sucede aq u í, d ich os sin­
De ello se sigue que es necesario esta­ d icatos están aprobados y anim ad os po r la
blecer y favorecer por todos los medios autoridad eclesiástica com petente según las
estas asociaciones confesionales cató­ reglas de la m oral social católica, cu ya ob ser­
vancia se impone a los adheridos, así po r sus
licas — así se les llama— ante todo en estatu to s com o por su activid ad sin d ical,
las regiones católicas, y tam bién en que ss han de inspirar, sobre todo, en la en­
las otras regiones, dondequiera que cíclica Rerum novarum.
apare zca posible el socorrer, por me­ Además, es evidente que la co n sti­
dio de ellas, las diversas necesidades tución de dichos sindicatos, distintos
de los asociados»14. de los patronales, no es incom patible
V I I .—La Iglesia recomienda la unión de con la paz social: porque, de una par­
todos los católicos para un trabajo común en te, rechazan en principio la lucha de
los lazos d e la caridad cristiana... clases y el colectivism o en cualquiera
8. «Sí, la situación lo exige, y lo de sus formas, y, por otra, admiten
exige imperiosamente: necesitamos co­ la modalidad de contratos colectivos,
razones valientes y fuerzas compactas. tratando de establecer las relaciones
C ie rta m e n te que es muy extenso el pacíficas entre el capital y el trab ajo .
cuadro de miserias que ante nuestros Y los industriales no vean en aqué­
ojos se extiende; por ello son tanto llos un acto de desconfianza, especial­
más de temer las perturbaciones fu­ mente en las circunstancias piesentés,
nestas que mantiene suspendidas sobre cuando tan clara aparece la necesidad
nu estras cabezas la fuerza cada vez de promover y de ¡Favorecer, frente al
más creciente de los socialistas»15. sindicalismo socialista y com unista,
«Pongan en ello todo su entusiasm o y gene­ sindicatos donde los obreros cristianos
rosidad de celo los M inistros del Santuario; traten sus legítimos intereses econó­
Y gu iados por vuestra autoridad y con vues­
tro ejem p lo , Venerables Hermanos, nunca se micos y temporales, sin daño para sus
cansen de inculcar a todas las clases de la bienes espirituales y eternos.
sociedad las m áxim as del Evangelio; hagan En este punto no parece haber divergen­
cuanto puedan en tra b a ja r por la salvación cia entre los dos sindicatos en co nflicto. De
cte los pueblos; y , sobre todo, procuren de­ hecho Mr. M athon, en su segundo inform e
fender en s( y encender en los demás, grandes declara que el Consortium de los sindicatos
Y h um ild es, la caridad que es señora y reina patronales desea ardientemente la constitución
¡Je to d as las virtudes. Como quiera que la de sindicatos wrdaderamente cristianos, que
deseada salvación ha de ser principalm ente el defiendan los intereses de los obreros, confron­
fruto de una gran efusión de la caridad, que­ tando estos intereses con los suyos (de los pa­
remos d e cir, de la caridad cristiana que com ­ tronos), discutiendo libre e independientemente
pendia en si todo el Evangelio, y que está con las organizaciones patronales; tanto tstas
Pronta siempre a sacrificarse por el prójim o, como aquHlos han de estudiar las causas del
Y que es el antidoto más seguro contra él or- desacuerdo con toda equidad, con toda justi­
Rullo y el egoísmo del mundo; virtud, cuyos cia, sin perjuicio de los sentimientos de cari­
rasgos divinos trazó San Pablo con estas pa­ dad cristiana que deben animar el concón dt
c o r a s : La caridad es paciente, es benigna; no los unos y los otros.
"usca sus provechos; todo lo sufre; todo lo so-
orWcpa» l\ 9. La diferencia está en que'el Consortium
A la luz de estos principios y de estas nor- estim a que, hasta el presente, los sindicatos
)las. ya se ve claram ente el cam ino aue ha cristianos no son verdaderamente cristianos;
¡o seguirse para dar un juicio equitativo en en otros térm inos, estim a que en el ejercicio
'u estlím suscitada. de su actividad no han sido en realidad fieles
a los principios de la m oral cristiana; y en
" Pío X Singular! quadam. apoyo de ta l afirm ación aduce cierto número
" León X I I I Graves de communi. d» pruebas.
" León X I I I Rerum novarum. A reserva de las intenciones y de la buena
fe de lo s recu rren tes, se ve m uy pronto cu án que se llam a un cartel intersindJCQl
g ra v e es ta l acu sa ció n . Y por ello la S. Con­
g reg ación , a n tes d e p ro n u n ciar ningún ju icio , entre sind icatos cristian os y llndlcatoi
lu orden ado m u ch as y cu id adosas in v estig a ­ neutros y h asta socialistas, para k
cion es y ha recogido, de fu en tes las m ás defensa de intereses legítim os, recuér
au to riz a d a s, inform es p len am en te dignos de
fe. para ex a m in a r el fu n d am ento de ta n grave
dese tam bién que tal cartel no ei
acu sación . licito sino con tal que sólo se haga ei)
Hecho esto, la S . Congregación cree algunos casos p a iticu la res, que la cau<
tener que declarar que, según docu­ sa que haya de defenderse sea justa,
m entos irrefragables y según pruebas que se tra te de un acuerdo temporal
recogidas, algunas alegaciones son ex a ­ y se tom en todas las precauciones ne»
geradas; otras, las más graves, que cesarías para ev ita r los peligros que
atribuyen a los sindicatos un espíritu pueden derivarse de ta l con tacto.
m arxista y un socialism o de E stad o, H ech as esta s ob serv acio n es' la Sag rad !
C ongregación d eclara cóm o v e favorablem w i*
se hallan enteram ente desprovistas de te que se c o n stitu y a n sin d icato s obreros vn*
fundamento y son inju stas. la d e r a m e n te c a tó lico s de esp íritu y de a ceita ,
Sin em bargo, la S . C ongregación no niega y hace v o to s p ara qu e crezcan en núm ero %
que los sindicatos hayan com etid o errores de en calidad de su erte que m ed ian te ellos pus-
tá ctica y que algunos de sus m iem bros no da o b ten erse aquel bu en resu ltad o que indi­
hayan em pleado en publico expresiones no ca b a y au g u rab a el P a p a L eón X I I I , a sab ir,
del todo conform es con la d octrin a cató lica. p rep arar un seguro refugio p ara los obretiM
P or ello quiere que los d irigentes sean e x ­ in scrito s en los sin d icato s a n ticristia n o s q<W
humados a procurar m e jo r y m ás eficazm en­ llegaran a se n tir el d eber y la necesidad y*
te la educación sindical cristian a de todos sus liberarse de un lazo qu e, a cam bio de In tereW
m iem bros, utilizando los medios laudables p u ram en te eco n ó m icos, h ace esclav a su co#»
que ya em plean actu alm en te secretariad o s, cien cia. «En m odo ad m irab le aprovecharla^»'*
sem anas sindicales y cfrculos de estudios, tod os éstos p ara su salv ación las asociacloiM
'e.. -rionrs de propagand istas, sem anas de ca tó lica s, si, allan án d oles el cam in o, les lnv>*
e 'trcicio * esp irituales, tod o ello para impreg- taren a sa lir de dudas, y si, y a arrepentido»,
d' i acción sindical con espíritu cristian o , los d istingu en con su p atro cin io y su »9*
.'e c V de caridad, de ju sticia y de m oderación. co rro » 1’ . ,¡
V a est° propósito, pensando en la
forrración social cristiana más comple­ I I . P asan d o y a , en seguida, a cu anto di­
rectam en te se refiere a los Industriales a «
ta y más conveniente a ía juventud, la Consortium, la S . C ongregación ha llegado *
S. Congregación sugiere que en los pa­ sab er con vivo p lacer cu á n to hace el Consot*
tronatos y en las diversas obras de tium p ara a liv ia r la m iseria de los obreros, MJ
com o las m agn ificas ob ras de b e n e flc e n í»
educación se dé una enseñanza social patronal que tien e y a org anizad as, especM*
proporcionada a la inteligencia de los m ente para el desarrollo de las «AllocatloBf
jovenes (cosa que ya se hace en algu­ fam iliales», ob ra de gran carid ad al m iso»
tiem po que de ju s tic ia social. Sin embarfO,
nas diócesis con excelentes resultados): al dirigirse a ca tó lico s, la 8 . Congregad®#
enseñanza que tendrá como finalidad, no puede d e ja r de In v itarles a que retIexM|
no sólo e! prevenirles contra los erro­ nen cóm o, en la cu estión en tre Industrian»
y obreros, p ara m a n ten er la concord ia y urt*
res a que se hallan expuestos, sino más paz d urad era, no b a sta a p f la x É «olId srM i*
bien hacerles conocer la acción bienhe­ des profesionales» y m u ltip licar obras
chora de la Iglesia en m ateria social. beneficencia Inspiradas en una fllan tro g »
pu ram ente hu m ana. L a verd ad era concorojP.
Además, habrá de tenerse un cui­ y la verd adera paz no se pueden ob tener W jJ
dado especial rfe que todos, singular­ m ediante la adhesión de todoi á los prlncipW*
mente los directivos, tengan también lum inosos de la m oral cristian a.
Asim ism o, la 8 . C ongregación felicita a
un conocimiento práctico, suficiente, industriales por hab er sen tid o y comprW*
de las cuestiones técnicas profesiona­ dido la necesidad de co n stitu irse t a m D t w
les y económicas. ellos en una asociación patronal, p ara prW“
rar con m ayor eficacia la pa* social.
10. En lo que se refiere a la cons­ Sin em barg o , no ha podido m enos d*
probar que, aunque Individualmente lo* di­ del Norte, por haber confiado a sacerdotes
rigente* del Connortlum hacen claramente competentes y celosos el cuidado de asistir a
profesión de catolicismo, han constituid» de las directivos y a ios miembros de los sindi­
hecho hu asociación con carácter total de catos en lo espiritual así como en aquellas
neutralidad. Conviene recordar, a este pro­ cuestiones en aue se encuentran implicados
pósito, lo que ya escribió León X I I I : «Los los principios oe la moral; y fiace sus voto*
católicos deben asociarte preferentemente con también para que an otras regiones industría­
los católicos, a manos que la necasidad Íes le*, lo* Obispo* nombran tacardotts «Misione­
obligue a obrar en otra forma. S e trata de ro* del trabajo», aegnn te le* llama, cuyo
un pu nto muy importante para la defensa apostolado, además de proteger a las poMa-
de la fe» cione* contra el mal de la indiferencia y
Si por ahora no es posible form ar contra el peligro socialista y comunista, será
al mismo tiempo una expresión de ia mater­
sindicatos patronales confesionales, la nal solicitud con que ia iglesia abraza a los
Sagrada Congregación estim a, sin em ­ trabajadores.
bargo, que es necesario Uamar la aten ­ Benedicto X V mostraba no ya sólo la grait
oportunidad, sino ia « a n necesidad de todo
ción de los Industriales católicos, sin­ esto, cuando declaraba, en su citada, carta
gularmente de cuantos form an parte a( Obispo de Bérsamo: «Que ningún miem­
de la Asociación cristian a de P atronos bro del clero piense ser extraña tal acción
al ministerio sacerdotal, so pretexto de que
del Norte, sobre su responsabilidad corresponde al terieno económico, porque
personal en las resoluciones que se han precisamente en este terreno es donde peli­
tomado, a fin de que se conformen a las gra la salud eterna de las almas. Por eüo
queremos Nos que los sacerdotes consideren
reglas de la m oral católica y para que como uaa de sus obligaciones ei consagrara*
los intereses religiosos y m orales de cuanto puedan a ia ciencia y a la acción
los obreros queden garantizados, o al social, mediante el estudio, ¿a observación
y el trabajo, y a que favorezcan todo lo po­
menos no sean lesionados. Que par­ sible a quienes, en tal terreno, ejercitan una
ticularmente se com prom etan a garan­ sana influencia para bien de los católicos*.
tizar, por parte de su Comisión in ter­
sindical, los respetos debidos, según 14. Finalm ente, la S. Congregación
equidad, a los sindicatos cristianos, invita a unos y a otros, patronos y
otorgándoles un tratam ien to , si no obreros, para que se eleven a conside­
mejor, al menos igual al concedido a raciones y sentim ientos de orden supe­
otras organizaciones netam ente irreli­ rior. Los progresos tan im presionantes
giosas y revolucionarias. del socialismo y del comunismo, la
apostasia religiosa provocada en las
12.........................................................................
masas obreras, son hechos in co n testa­
Y por cuanto el Consortium ha confesado bles que hacen p e n s a r muy seriam ente.
estar dispuesto a discutir sobre las causas Aprovechando la real miseria de tos obreros,
ev en tu ale s de las disensiones, con plena liber­
tad e Independencia reciproca, a la luz de
el socialismo y el comunismo han logrado ha­
principios de la equidad y de la Justicia, cerles creer que sólo ellos son los capaces de
esta Congregación verla con placer el que se
promover con eficacia los intereses profesio­
e sta b lecie ra un modo regular de relaciones
nales, políticos y sociales, y los han aigrupado
entre los dos sindicatos mediante una comi­
en organizaciones sindicales. Es urgente, por
sión mixta permanente. Esta comisión habría lo tanto, que todos los católicos unan sus fuer­
tener como finalidad el tratar, en reunlo- zas para oponer una muralla a mal tan gran­
np'1 periódicas, de los Intereses comunes y de, que tantas almas arrastra por los caminos
"«tener que las organizaciones profesionales de la eterna perdición, y destruye las bases
**«n, no ya organismos de lucha y antago­ del orden social, preparando la ruina de los
nismo, alno, como deben serlo según la con-
pueblos y naciones. Lejos, pues, todas las di­
«pelón cristiana, medios de mutua compren- vergencias; y que, con una mutua concordia,
}i ■ de discusión bienhechora y de paci­ con una confianza reciproca y, sobre todo,
ficación. con una gran caridad, se funden instituciones
que se Inspiren en los principios de ia moral
i , 3' La S. Congregación no puede menos de católica y garanticen a los obreros, junto con
ar,Rr a los Rvdtnos. Ordinarios de ta reglón sus interese* económicos, la libertad de hacer
su profesión de cristianos y ia posibilidad de
" León XI I I Longincua Octani 6 ene­ cumplir todos su» deberes conngtiicntm.
• - i ' •* ’ 1
ro 1805.
LXXXV1

P IO XI

QUADRAGESIMO ANNO
LE. 15 m a y o 1931

SOBRE LA RESTAURACION DEL O RDEN SOCIAL EN


PLENA C O N FO RM IDA D C O N LA LEY EVANGELICA

a ñ o s han tr a n s c u r r id o ocasión
Cu desde
a re n ta
la p u b lic ac ió n de la m a g is ­
tral encíclica R eru m novarum , de L eón 2. E n efecto, c u a n d o el siglo x ix
X I I I , P ie d e c e so r N u e stro , de s. m.; lle g a b a a su t é r m in o , el n u e v o sistema
y to d o el m u n d o católico, m o v id o p o r eco n ó m ic o y los n u e v o s in c re m en to s
un ím p e tu de p r o f u n d a g r a t i t u d , se de la i n d u s t r i a en la m a y o r p a r t e de
a p r e s ta a ce le b ra r su c o n m e m o ra c ió n la s n a c io n e s h ic ieron q u e la sociedad
con la b rillantez q u e se m e re ce t a n h u m a n a a p a r e c i e r a c a d a v e z m á s cla­
excelso d o cu m e n to . r a m e n t e d iv id i d a en dos clases: la una,
A ta n insigne testim o n io de su solicitud con ser la m e n o s n u m e r o s a , g o z a b a de
p asto ral, N uestro P redecesor h a b ía p re p a ­
rado el cam ino con o tra s encíclicas sobre los casi t o d a s las v e n t a j a s q u e los inven­
fu n d a m e n to s de la sociedad h u m a n a , o sea, to s m o d e rn o s p r o p o r c io n a n t a n a b u n ­
la fam ilia y el venerable sa c ra m en to del Ma­ d a n t e m e n t e ; m i e n t r a s la o tr a , com­
trim o n io 1, sobre el origen del po d er c iv il’,
y sus relaciones con la Iglesia*, y sobre los p u e s t a de in g e n te m u c h e d u m b r e de
principales deberes de los ciu d a d an o s cris­ o breros, r e d u c id a a a n g u s tio s a miseria,
tia n o s* , c o n tra los errores del socialism o* y lu c h a b a en v a n o p o r sa lir de la estre­
sobre la perniciosa d o c trin a acerca de la li­
b e rta d h u m an a *; y o tra s m uchas sem ejan tes, chez en q u e v ivía.
q u e ex p resa b a n a b u n d a n te m e n te el pen sa­ E r a u n e s ta d o de cosas al cual con
m ie n to de León X I I I . P ero la encíclica Re­ f ac ilid a d se a v e n ía n q u ie n es, a b u n d a n ­
rum novarum se distingue p a rtic u la rm e n te
e n tre las dem ás por h a b er tra z a d o , cu an d o do en r iq u ez as, lo cre ían p ro d u c id o por
era m ás o p o rtu n o y sobre todo necesario, leyes ec o n ó m ic a s n ecesarias; de ahí que
no rm as segurísim as a todo el género h u m an o to d o el c u id a d o p a r a a liv ia r esas mi­
p a ra resolver los ard u o s problem as de la
sociedad h u m a n a , com prendidos bajo el nom ­ serias lo e n c o m e n d a r a n t a n sólo a la
bre de cuestión social. c a r id a d , com o si la c a r id a d d e b ie r a en­
c u b r ir la violación de la ju s tic ia , que
1 A rcanum 10 febr. 1880. los legisladores h u m a n o s no sólo tole­
* D iu tu rn u m 29 iun. 1881. r a b a n , sino a u n a veces san cio n a b an .
* Immortale Dei 1 nov. 1885. A!, c o n tra rio , los o brero s, afligidos por
* Sapientiae christianae 10 ian. 1890. su a n g u s tio s a situ a c ió n , la s u f ría n con
* Quod apostolici m uneris 28 dec. 1878. g ra n d ís im a d if ic u lta d y se resistían a
* Libertas 20 iun. 1888. so b rellev a r p o r m á s tie m p o t a n duro
yugo. A lg u n o s de ellos, im p u l s a d o s p o r to d o e s te c o n j u n t o d e c o s a s; l la m ó a
la fu e r z a de los m a lo s consejos, d e s e a ­ consejo a v a r o n e s s a b io s , c o n s id e r ó
ban la r e v o lu c ió n t o t a l , m i e n t r a s o tro s, a t e n t a m e n t e y en to d o s s u s a s p e c t o s
que en su f o r m a c i ó n c r i s t i a n a e n c o n ­ la i m p o r t a n c i a del a s u n t o y , p o r fin,
t r a b a n o b s tá c u l o a t a n p e r v e rs o s i n ­ e s c u c h a n d o la voz de la conciencia del
tentos, e r a n de p a r e c e r q u e e n e s ta oficio A postólico 7 y p a r a q u e su s il e n ­
m a te ria m u c h a s cosas n e c e s ita b a n re­ cio no p a r e c ie r a a b a n d o n o d e su d e ­
form a p r o f u n d a y r á p id a . b e r 8, d e t e r m in ó h a b l a r a t o d a la Igle­
Así t a m b i é n p e n s a b a n m u c h o s c a ­ sia d e C risto y a to d o el g é n e r o h u m a ­
tólicos, s a c e r d o te s y seglares, q u e , i m ­ no con la a u t o r i d a d del d iv in o m a g i s ­
pulsados y a h a c ía t ie m p o poi su a d m i ­ te rio a É l co n fia d o .
rable c a r id a d a b u s c a r r em e d io a la R e so n ó , p u e s , el 15 de m a y o d e 1891,
inm erecida in d ig e n c ia de los p r o l e t a ­ a q u e lla t a n d e s e a d a voz, ni a s u s t a d a
rios, no p o d ía n c o n v e n ce rs e, en m a n e r a p o r la d if ic u lta d del t e m a , ni d e b i l i t a ­
alguna, de q u e t a n g r a n d e y t a n in ic u a d a ta m p o c o p o r la vejez; y, m á s bie n
diferencia en la d is trib u c ió n d e los r e f o r z a d a co n u n r e s u c ita d o v ig o r , e n ­
bienes te m p o r a le s p u d i e r a en r e a lid a d señó a la g r a n f a m i lia h u m a n a a e n ­
aju sta rse a los designios del C r e a d o r t r a r p o r n u e v o s c a m in o s e n lo t o c a n t e
S apientísim o. a la v i d a social.
E n t a n doloroso d e s o rd e n de la so ­
ciedad b u s c a b a n éstos s in c e r a m e n te un
remedio u r g e n te y u n a firm e d efe n sa p u n to s ca p ita les
contra m a y o r e s peligros; m a s p o r la
debilidad de la m e n t e h u m a n a , a u n en 3. Os es, V en erab les H e rm an o s y a m a d o s
hijos, conocida y m u y fa m ilia r ta a d m ira b le
los m e jo res, su ced ió que, de u n a p a r te , d o c trin a con la q u e p a ra siem p re se hizo
fueran r e c h a z a d o s com o peligrosos in ­ célebre la encíclica R eru m novarum . E l b u e -
novadores, y p o r la o tr a , e n c o n t r a r a n nisim o P a s to r dolorido de q u e ta n g ra n p a r te
de los h o m b res se h a lla ra su m id a in d ig n a ­
obstáculo— d e n t r o su s m is m a s filas— m ente en u n a m iserable y calam itosa situación,
en los defensores de p are c e re s c o n t r a ­ h a b ia to m a d o so b re si el em peño de d e fe n ­
rios; p o r lo q u e, sin o pción e n t r e t a n d e r la c au sa de los o b re ro s, q u e el tie m p o
h a b la e n tre g a d o solos e indefensos a ta in h u ­
diversas o pin iones, d u d a b a n q u é c a ­ m anidad de su s patronos y a la a m bición de
mino h a b í a n de to m a r . despiadados c o m p e t i d o r e s No p idió a u x ilio
E n t a n g r a v e lu c h a de pare c e re s , ni al liberalism o ni al socialism o: el p rim e ro
se h a b ia m o stra d o c o m p le ta m e n te im p o ­
m ientras p o r u n a y o t r a p a r t e a r d í a te n te p a ra d a r u n a solución le g itim a a la
grave la c o n tro v e rs ia , y no s ie m p r e p a ­ cuestión social; y el segundo p ro p o n ía un
cíficamente, los ojos de to d o s se v o l­ rem edio q u e , al ser m ucho p e o r q u e el m is­
m o m al, hubiese lanzado a la so c ied a d h u ­
vían, com o en t a n t a s ocasiones, a la m a n a a m ay o res peligros.
C átedra de P e d r o , d e p ó s ito s a g ra d o El P ontífice, en el uso de su p len o d e re c h o ,
de to d a v e r d a d , de la cual se d if u n ­ cual consciente g u a rd iá n de la religión y a d ­
m in istra d o r de los in te reses c o n ella rela­
den p a l a b r a s de s a lv a c ió n p a r a to d o cionados, p u e sto que se t r a t a b a de u n a cues­
el m u n d o . H a s t a los pies del V icario tión en la que no es aceptable n in g u n a solu­
de Cristo en la t ie r r a a c u d ía n con ción si no se recurre a la religión y a la Igle­
s i a " , fu n d a d o ú n ic a m e n te en los in m u ta b le s
"isólita fre c u e n c ia asi los e n te n d id o s p rincipios d e riv a d o s de la re c ta ra z ó n y del
ei1 m a te r ia s sociales co m o los p a t r o ­ teso ro de la revelación d iv in a , con to d a con­
nos y a u n los m is m o s o b re ro s, y con
Voz u n á n i m e s u p li c a b a n q u e, p o r fin, ’ R erum novarum n. 1.
les in d ic a r a el c a m in o seguro. ■ R erum novarum n. 13.
" Largo tie m p o m e d itó d e l a n te del • R erum novarum n. 2.
señor aq u e l p r u d e n tí s im o P o n tífice 1,1 Cf. R erum novarum n, 13.
fia n z a y como teniendo podtr 11 señaló y a d e l a n t a b a , s o r p r e n d ie n d o , a los tie m ­
p ro c la m o tos derechos y las obligaciones que
reg u lan ¡as relaciones entre los ricos y los p o s c o n t r a lo q u e se p u d i e r a esperar;
proletarios, entre los que aportan el capital y y así fu é q u e los a f e r r a d o s en dem asía
los que contribuyen con su tra b a jo 1', com o a lo a n t i g u o se d e s d e ñ a b a n de a p r e n ­
ta m b ié n la p a r te q u e to ca a la Iglesia, a los
p o d e re s pú b lico s y a to d o s c u a n to s con el d e r e s t a n u e v a filo sofía social, y los
p ro b le m a se hallan m ás interesados. d e e s p ír i tu a p o c a d o se a s u s t a b a n de
N o resonó en v a n o a q u e lla v o z a p o s ­ a s c e n d e r a a l t u r a s t a n t a s ; y no f a l t a ­
tó lica . L a oy ero n con e s tu p o r y la ro n q u ie n e s a d m i r a r o n a q u e lla clari­
a c o g ie ro n con el m a y o r fa v o r, no sólo d a d , p e ro la ju z g a r o n co m o u n ideal
los h ijo s o b ed ien te s de la Iglesia, sino q u im é ric o de p erfec ció n , m á s bie n de­
t a m b i é n m u chos q u e e s t a b a n lejos de se ab le q u e r ea liza b le .
la v e r d a d y de la u n i d a d de la fe, y
casi to d o s los q u e en a d e la n te se p r e ­
o c u p a r o n , o com o es tu d io so s p a r t i c u ­ fin a lid a d de la E ncíclica
lares o com o públicos legisladores, de
la cuestión social y económ ica. E n t o d a s p a r t e s se v a a c e le b ra r con
P ero quienes con m a y o r aleg ría re­ f e rv o ro so e s p íri tu la s o le m n e con m e­
cib ieron a q u e lla E n cíclic a f u e r o n los m o ra c ió n del c u a d r a g é s im o a n iv e r s a ­
o breros cristianos, que y a se s e n tía n rio de la en cíclica R e ru m novarum ,
defendidos y v in d ic a d o s p o r la s u p r e ­ p r in c i p a lm e n te en R o m a , d o n d e se
m a a u t o r i d a d de la tie r ra , y no m e n o r re ú n e n o b re r o s cató lico s de to d o el
gozo cupo a tod o s aquellos v a r o n e s ge­ m u n d o . C reem os o p o r tu n o , V enerables
nerosos que, p re o c u p a d o s h a c ía t i e m ­ H e r m a n o s y a m a d o s hijos, a p ro v e c h a r
po por aliviar la condición de los o b r e ­ la o ca sión p a r a r e c o r d a r los grandes
ros, a p e n a s h a b í a n e n c o n tr a d o h a s ta bienes q u e de ella b r o t a r o n en favor
en tonces o tr a cosa qu e in d ife re n cia en de la Iglesia c a tó lic a y a u n de la so­
m u c h o s y odiosas sospechas, c u a n d o c ied a d h u m a n a ; p a r a d e f e n d e r la doc­
no a b i e r ta hostilidad, en no pocos. Con t r i n a social y e c o n ó m ic a de t a n gran
raz ó n , pues, to d o s ellos f u e ro n a c u m u ­ M a estro c o n t r a a l g u n a s d u d a s y des­
la n d o t a n g ra n d e s hono res sobre a q u e ­ a r r o lla rla m á s en a l g u n o s p u n to s ; por
lla Encíclica; y tod o s los añ o s suele fin, p a r a d e s c u b r ir , t r a s u n diligente
r en o v a rse su recuerdo con m a n if e s ta ­ e x a m e n del m o d e rn o r ég im en econó­
ciones de g r a ti tu d , que v a r ía n según mico y del socialism o, la raíz de la
los diversos lugares. p r e s e n te p e r t u r b a c i ó n social y m o s tra r
N o f altaro n , sin em b a rg o , q u ie n es al m is m o tie m p o el único ca m in o de
en m e d io de t a n t a c o n c o rd ia e x p e r i­ s a lv a d o r a r e s ta u r a c i ó n , o sea, la refor­
m e n t a r o n a lg u n a conm oción: algunos, m a c r is t ia n a de las c o s tu m b r e s . Todas
a u n católicos, recibieron con recelo, y es tas cosas, q u e Nos p r o p o n e m o s t r a ­
algunos h a s t a con escándalo , la d o c­ t a r , c o n s titu i r á n los tr e s p u n t o s cuyo
t r in a de León X I I I , ta n noble y p r o ­ desarro llo o c u p a r á t o d a la presente
f u n d a y q u e a los oídos m u n d a n o s so ­ Encíclica.
n a b a com o t o ta lm e n te n u ev a . E lla, en
efecto, se e n f r e n ta b a v a lien te con los
ídolos del liberalismo y los e c h a b a a I. FRUTOS DE LA ENCICLICA
tie rra , no te n ía en c u e n ta p a r a n a d a «R ER U M NOVARUM»
los prejuicios ya t a n in v e te ra d o s , se
4. Al d a r prin cip io al p u n t o p ro ­
11 M at. 7, 29. puesto en p r im e r lu g a r, N os vienen a
11 Rerum novarum n. I . la m e n te a q u e lla s p a l a b r a s de S an Arfl-
brosío: N o h a y deber m a y o r que el agra­ d e las c i r c u n s ta n c ia s y d e los t i e m p o s ,
decim iento n , y sin p o d e r n o s c o n t e n e r m o s t r a n d o s ie m p r e c a r i d a d d e p a d r e s
dam os a Dios O m n i p o t e n t e las m á s y constancia de pastores en d e fe n d e r
rendid as g r a c ia s p o r los in m e n s o s b e ­ p r in c i p a lm e n te a los p o b r e s y a los d é ­
neficios q u e la E n c íc lic a de L eó n X I I I biles 15. Lo m is m o hicieron t a n t o s O b is ­
ha tr a í d o a la Iglesia y a la so c ied a d pos, q u e e x p u s ie r o n la m i s m a d o c t r i n a
h u m a n a . Si q u is i é r a m o s r e c o rd a r, a u n ­ con a s i d u i d a d y p r u d e n c ia , Ja i l u s t r a ­
que f u e r a d e c o r r id a , esto s beneficios, ron co n sus c o m e n ta r i o s y c u i d a r o n d e
te n d ría m o s q u e t r a e r a la m e m o r i a casi a c o m o d a r la a las d i s t i n t a s c i r c u n s t a n ­
toda la h is t o r ia de es to s ú ltim o s c u a ­ cias de los d iv e rso s p aíses, s e g ú n la
ren ta a ñ o s en lo q u e se refiere a la m e n t e y las e n s e ñ a n z a s d e la S a n t a
vida social. Con to d o , p u e d e n f á c ilm e n ­ S ede l*.
te reduc irse a tr e s p u n t o s prin cip ale s, N a d a tie n e , p u es, de e x tra ñ o q u e m u c h o s
d o c to s v a ro n es, eclesiásticos y seglares, b a jo
siguiendo las t r e s clases de i n te r v e n c ió n la gula y m ag iste rio de la Iglesia, e m p re n ­
que N u e s t r o P re d e c e s o r a n h e l a b a p a r a d iera n con d ilig en cia el o c u p arse d e la c ie n cia
realizar su g r a n o b r a r e s t a u r a d o r a . social y eco n ó m ica, según las n e ce sid ad e s d e
n u e s tra ép o ca. Les g u ia b a p rin c ip a lm e n te
el em peño de q u e la d o c trin a a b s o lu ta m e n te
in a lte ra d a e in a lte ra b le d e la Iglesia s a tis ­
a) la o b ra de la Iglesia ficiera m ás e fic az m en te a las n u e v a s nece­
sidades.
Y así, p o r el c am in o q u e enseñó la luz
5. Y a el m ism o L eón X I I I h a b la lum i­ q u e tr a jo la E ncíclica de León X I I I , b ro tó
nosam ente d e clara d o lo q u e se d e b e ría espe­ u n a v e rd a d e ra ciencia social cató lica; y de.
rar de la Iglesia: De hecho la Iglesia es la d ía en d ía la fo m e n ta n y e n riq u e ce n con su
que saca del E vangelio las doctrinas, gracias tra b a jo asid u o esos v a ro n e s esclarecidos q u e
a las cuales o ciertamente se resolverá el con­ llam am os co o p erad o res d e la Iglesia. Los
flicto, o al m enos podrá lograrse que, lim ando cuales no la d e ja n esc o n d id a en sus re u n io n e s
asperezas, se haga m ás suave: ella— la Igle­ e ru d ita s , sino q u e la sa c an a la p le n a luz
sia— procura con su s enseñanzas no sólo ilu ­ del d ía. M ag n íficam en te lo d e m u e stra n las
minar las inteligencias, sin o tam bién regir la c á te d ra s in s titu id a s y fre c u e n ta d a s con g ra n
vida y costumbres de cada uno con su s pre­ u tilid a d en las U n iv e rsid ad e s c ató lic as. A ca­
ceptos,- ella, m ediante un gran núm ero de d em ias, S em inarios; los C ongresos sociales o
benéficas instituciones, m ejora la condición S em anas ta n ta s veces celeb rad o s, los C ircu ­
misma de las clases proletarias ios d e e stu d io o rg a n iz ad o s y llenos d e fru to s
consoladores, y, fin a lm e n te , ta n to s e sc rito s
sanos y o p o rtu n o s, d iv u lg a d o s p o r to d a s
p a rte s y p o r to d o s los m edios.
en la doctrina
P e r o n o q u e d a n r ed u c id o s a e s to s
lím ite s los beneficios q u e t r a j o el d o ­
6. A h o r a bien: la Iglesia en m o d o
c u m e n to de León X I I I : la d o c t r i n a
alguno dejó se e s t a n c a r a n f u e n te s t a n
preciosas; a n t e s bien, bebió en ellas a li B aste in d ic a r a lg u n o s docs.: Leo X I I I ,
raudales p a r a el bien c o m ú n de la t a n E p. A p. Praeclara 20 iu n . 1894;
E ne. Graves de c o m m u n i 18 ian . 1901;
ansiada p a z social. L a d o c t r i n a q u e en P ius X , M otu p r. so b re la A cción
niateria social y ec o n ó m ic a c o n te n ía p o p u la r c ris tia n a 8 d ec. 1903; Be-
'a encíclica R eru m novarum , el m is m o ned. X V , E ne. A d b e a tissim i 1 nov.
1922; P iu s X I, E n e. U bi A rcano
León X I I I y sus sucesores la p r o c l a ­ 23 dec. 1922; E n e . R ite e x p ia tis 30
maron r e p e tid a s veces, y a de p a l a b r a , ap ril. 1926.
ya en sus escritos; y c u a n d o hizo f a lt a , " Cf. La H iérarchie catholique et le pro-
110 cesaron de in c u lc a rla y a d a p t a r l a blim e social d e sp u is l’E ncyclique
• R erum n o varum *— 1891-1931— , p á ­
c° n v e n i e n te m e n t e segú n las exigencias ginas X V 1-335, e d lt. p o r la U n . in t.
d ’E tu d e s sociales, f u n d a d a en M a­
11 S. Atubrosius De rxressit fratris Stti linas (1920) b a jo la p re sid e n c ia del
S a ty ri, 1, 44. C ard. M ercier, P a rís, edics. «Snes»,
“ Rerum novarum n. 13. 1931.
P ío x i

c o n t e n i d a en la encíclica R e ru m no va ­ c u a d o e n la so c ie d a d h u m a n a , y, p o r lo
ru m se f u é a d u e ñ a n d o , casi sin s e n tir , t a n t o , y a c í a casi o lv i d a d a y d esp re cia­
a u n de a q u e llo s q u e, a p a r t a d o s de !a d a : la clase de los o b r e r o s . A ellos de­
u n i d a d c a tó lic a , n o rec onocen el p o d e r d ic a r o n i n m e d i a t a m e n t e su s m á s celo­
d e la Iglesia; y asi, los p rin c ip io s c a t ó ­ sos a f a n e s, sig u ie n d o el e je m p lo de I05
licos e n m a t e r i a social f u e ro n poco a O b isp o s, s a c e r d o te s de a m b o s cleros,
p oco f o r m a n d o p a r t e del p a t r i m o n io q u e , a u n h a l lá n d o s e o c u p a d o s en otros
de t o d a la so c ie d a d h u m a n a , y y a v e ­ m in is te rio s p a s to r a le s , o b tu v i e r o n t a m ­
m o s con aleg ría q u e las e t e r n a s v e r d a ­ b ié n e n es te c a m p o f r u t o s magníficos
d e s t a n a l t a m e n t e p r o c la m a d a s p o r en las a lm a s . E l c o n s t a n t e t r a b a j o em ­
N u e s t ro P redecesor, de f. m ., con f r e ­ p r e n d id o p a r a i m b u i r el á n im o de los
cu e n c ia se alegan y se d efie n d en no o b r e r o s en el e s p íritu c ris tia n o , ayudó
sólo en libros y perió d ico s acatólicos, e n g r a n m a n e r a a h ac erlo s conscientes
sino a u n en el seno de los P a r l a m e n t o s de su v e r d a d e r a d ig n id a d y a que,
y a n te los T rib u n a le s de ju stic ia . al serles p r o p u e s t o s c l a r a m e n t e los de­
Más aú n : c u a n d o , d e s p u é s de cruel r ec h o s y las o b lig a cio n es de su clase,
gu erra, los jefes de las n ac io n e s m á s p r o g r e s a r a n le g ítim a y p r ó s p e r a m e n te ,
pod ero sa s t r a t a r o n de v o lv e r a la paz, y a u n lle g a r a n a ser g uía s de los otros.
m e d ia n te u n a r e n o v a c ió n t o t a l de las Asi es co m o ellos lo g r a r o n obtener,
condiciones sociales, e n t r e las n o r m a s y a con m á s s e g u r id a d , m a y o r e s recur­
establecidas p a r a regir en ju s tic ia y sos p a r a la v id a ; no sólo se m u ltip li­
e q u id a d el t r a b a j o de los obreros, s a n ­ c a r o n las o b r a s de b en e fice n cia y ca­
cionaron m u c h ísim a s cosas q u e se a j u s ­ r id a d se g ú n los consejos del Pontífice,
ta n p e r f e c ta m e n te a los p rin cipios y sino q u e , a d e m á s , s ig u ien d o el deseo
avisos de León X I I I , h a s t a el p u n to de la Iglesia, y g e n e r a lm e n te b ajo la
de p are cer e x t r a íd a s de ellos. C ie rta ­ g u ía d e los sa c e rd o te s , n a c ie ro n por
m e n te , la encíclica R e ru m novarum d o q u ie r n u e v a s y c a d a d ía m á s n u m e ­
q u e d a b a c o n s a g ra d a y a com o d o c u ­ rosas a so cia cio n e s de aux ilio o socorro
m e n to m e m o ra b le , al cual con ju stic ia m u t u o p a r a o b rero s, a r te s a n o s , cam­
p u e d e n aplicarse las p a l a b r a s de Isaías: pesinos y a s a la ria d o s de to d o género.
E narbolará u na bandera para las n a ­
ciones 17.
b) la o b r a del Estado
en las aplicaciones
8. P o r lo q u e a t a ñ e al P od ei civil,
7. E n tr e ta n to , m ie n tra s, a b ie r to el León X I I I , s o b r e p a s a n d o a u d a z m e n te
c a m in o p o r las investigaciones científi­ los lím ites im p u e s to s p o r el liberalisr
cas, los m a n d a to s de León X I I I p e n e ­ mo, en señ ó con v a l e n tí a q u e aqu é l no
t r a b a n en las inteligencias de los h o m ­ p u ed e lim ita rse a ser m e ro g uard ián
bres, procedióse a su aplicación p r á c ­ del d ere c h o y del rec to o rd e n , sino qu#
tica. P r im e r a m e n te , con v iv a y solíci­ debe t r a b a j a r con to d o e m p e ñ o par*
t a benev olencia, se dirigieron los cui­ q u e con todo el co n ju n to de su s leyes t
d ados a ele v a r la clase de aquellos institu cio n es p o lítica s, ordenando y adr
h o m b r e s que, a u m e n t a d a c o n s id e ra b le ­ m in istra n d o el E sta d o , ... se prom uevd
m e n te con el desarrollo progresivo de tanto la p ro sp erid a d p riv a d a como w
las in d u s tria s m o d e rn a s, a u n no h a ­ p ú b lic a 18. Bien es v e r d a d q u e a la*
bía o b te n id o un lu g a r o g rad o a d e ­ fam ilias y a los in d iv id u o s se Ies h*

17 ls. 11, 12. 11 l? * r u m M/Mi/tfiifi» •»


de d e j a r su j u s t a l i b e r ta d d e acción, m is m a s leyes sociales r e c i e n t e m e n t e
mas ello s ie m p r e sin d a ñ o del bie n c o ­ p r o m u l g a d a s y q u ie n e s d e c i d i d a m e n t e
m ún y sin i n ju s tic ia a l g u n a d e las p e r ­ e x igieron y p r o m o v i e r o n su c u m p l i ­
sonas. A los g o b e r n a n t e s les t o c a d e ­ m ie n to .
fender la c o m u n i d a d y t o d a s su s p a r ­ D e ese t r a b a j o i n i n t e r r u m p i d o y d e
tes; p ero , al p r o t e g e r los d e r e c h o s de esa la b o r i n f a t ig a b le s u r g ió u n n u e v o
los p a r ti c u la r e s , d e b e t e n e r p r in c ip a l r a m o d e la cie n c ia ju r íd ic a , c o m p l e t a ­
c u e n ta d e los d ébiles y de los d e s a m ­ m e n t e d esco n o c id o en los t i e m p o s p a ­
parados: P orque la clase rica, fu erte y a sa d o s, q u e d efie n d e v a l i e n t e m e n t e los
de por s í, necesita m en o s la d efensa p ú ­ d e re c h o s s a g r a d o s de los o b r e r o s , c o m o
blica; m ie n tra s que las clases in fe rio ­ n a c id o s d e su d ig n id a d d e h o m b r e s y
res, que no cuentan con p ro p ia s d e fe n ­ de cr istia n o s : e s ta s leyes se p r o p o n e n
sas, tien en u n a especial necesidad de la p r o te c c ió n d e los o b re ro s, y p r i n c i ­
encontrarlas en el p a tro c in io del m ism o p a l m e n t e la de las m u je r e s y la d e los
Estado. P o r lo tanto, hacia los obreros, n iños: su a l m a , sa lu d , fu e r z a s , f a m i l i a ,
que se h a lla n en el n úm ero de los pobres casa, oficinas, sa lario s, a c c i d e n te s d eí
y necesitados, debe el E sta d o d ir ig ir p re­ t r a b a j o ; en fin, to d o c u a n t o p e r t e n e c e
ferentem ente s u s cuidados y s u p ro v i­ a la v i d a y a la f a m i lia de los o b r e r o s .
dencia 19. Si ta le s leyes no se a j u s t a n ni en t o d a s
No h em o s de n eg a r, e n efecto, qu e p a r te s , ni en sus d e ta lle s, a las n o r m a s
algunos de los g o b e r n a n te s , a u n a n t e s de L eón X I I I , n o se p u e d e n e g a r q u e
de la E n cíclic a de L eón X I I I , h a y a n en ellas se e s c u c h a m u c h a s vec es el
provisto a las m á s u r g e n te s n e c e s id a ­ eco de la e n c íc lic a R e ru m n o v a ru m , a
des de los o b re ro s y r e p r im id o las m ás la q u e d e b e a t r i b u i r s e en p a r t e m u y
atroces in ju s tic ia s q u e se c o m e tí a n con c o n s id e r a b le las m e jo r a s l o g r a d a s en
ellos. P e ro d esde la C á t e d r a de P e d r o su cond ició n de o b rero s.
resonó la v o z a p o s tó lic a p o r el m u n d o
entero; y e n to n c e s , f in a l m e n te , los g o ­
b ern a n tes, m á s c o n s cie n tes del deber, c) la s a so cia cio n es
se p r e p a r a r o n a p r o m o v e r u n a p o lí­
tica social m á s a c tiv a . 9. F in a lm e n te , el s a p ie n t ís im o P o n ­
E n r e a lid a d , la encíclica R e ru m no­ tífice e n s e ñ a q u e los p a t r o n o s y a u n
varum, m i e n t r a s v a c ila b a n los p r in c i­ los m is m o s o b re r o s p u e d e n c o n t r i b u i r
pios liberales q u e h a c ía t ie m p o i m p e ­ e s p e c ia lm e n te a la solución m ed ia n te
dían t o d a o b r a eficaz de go b ie rn o , o b li­ in stitu c io n es en c a m in a d a s a p re sta r los
gó a los p u e b lo s m is m o s a f a v o r e c e r necesarios a u x ilio s a los in d ig e n te s, y
con m á s v e r d a d y m á s in te n s id a d la que traten de u n ir a las d o s clases
Política social; a n im ó a alg u n o s e x c e ­ entre s i ,0. A firm a q u e e n t r e e s t a s i n s ­
dentes católico s a c o l a b o r a r ú t i l m e n t e tit u c io n e s o c u p a n el p r i m e r l u g a r las
er> e s ta m a t e r i a co n los g o b e r n a n te s , asociaciones, y a de sólo o b r e r o s , y a
siendo f r e c u e n t e m e n t e ellos los p r o m o ­ de o b rero s y de p a t r o n o s , y se d e t ie n e
tores m á s ilu stre s d e esa n u e v a p o líti­ a ilu s tr a r la s y r e c o m e n d a r l a s , e x p li­
ca en los P a r la m e n to s ; m á s a ú n : sa c e r ­ c a n d o con s a b id u r í a a d m i r a b l e su n a ­
dotes de la Iglesia, p e n e t r a d o s to ta l- tu ra le z a , ra z ó n d e se r, o p o r t u n i d a d ,
jiiente p o r la d o c t r i n a de L eón X I 11, derechos, o b lig a c io n e s y leyes.
nerón q u ie n e s en no p ocos casos p r o ­ E s ta s e n s e ñ a n z a s f u e r o n p u b l i c a d a s
pusieron al v o to de los d i p u t a d o s las en el m o m e n t o m á s o p o r t u n o ; c u a n d o

" Ri'rum novarum n . 29. •• R erum novarum n. 38.


los g o b e r n a n t e s d e c ie r ta s n aciones, es­ ción religiosa y m o ra l, y que a tal fin
c la v iz a d o s t o t a l m e n t e p o r el libe ralis­ha de enderezarse toda la d isc ip lin a so~
m o, f a v o r e c ía n poco a las aso ciaciones c i a l i l . P o r q u e si el fu n d a m e n to de las
de o b re ro s, y a u n e ra n a b i e r t a m e n t e leyes sociales se coloca en la religión,
o p u e s to s a ellas; y, m i e n t r a s h a s t a con llano está el ca m in o p a ra reg u la r las
f a v o r y privilegios re c o n o c ía n s im ila ­ relaciones m u tu a s de los socios con píer
res asociaciones p a r a o tr a s clases y a u n n a tra n q u ilid a d en su co n viven cia y el
las p r o te g í a n , con odiosa in ju s tic ia n e ­ m ejor bienestar eco n ó m ico !2.
g a b a n to d o dere ch o de asociación p r e ­ A f u n d a r e s t a s in s t itu c io n e s se de­
c is a m e n te a los q u e m á s la n e c e s ita b a n d ic a r o n con p r o n t i t u d d ig n a de ala­
p a r a defenderse de los a tro p e llo s de b a n z a el clero y m u c h o s seg lares, an­
los poderosos. Y no f a lt a r o n , a u n e n ­ siosos de lle v a r a la r e a lid a d , ín te g r a ­
tr e los m ism os católicos, q u ie n e s m i ­ m e n te , el p r o p ó s ito de L eó n X I I I . Y
r a b a n con s u sp icac ia los in t e n t o s de así, las c i t a d a s as o c ia c io n e s form a ron
ios o breros poi f o r m a r ta le s asociacio­ o b rero s v e r d a d e r a m e n t e c iis tia n o s , los
nes, com o si t u v i e r a n cierto resa bio cuales, al a r m o n i z a r la d iligenc ia en el
socialista o re v o lu c ionario. ejercicio p r o fe sio n a l co n los preceptos
sa lu d a b le s d e la religión, defendieron
sus p ro p io s te m p o r a l e s in te r e s e s y de­
obreras rechos co n efic ac ia y f o rta le z a , m a n ­
te n ie n d o su o b lig a d a su m isió n a la jus­
10. L a s n o r m a s t r a z a d a s p o r tic ia y su sinc ero deseo de colaborar
León X I I I , en uso de su a u t o r i d a d , con las d e m á s clases de la sociedad a
consiguieron rom pet esas oposiciones la r e s ta u r a c i ó n c r is t ia n a de t o d a la
v d eshacer esos prejuicios, y m erecen , v id a social.
por lo ta n to , el m a y o r encomio; pero su Consejos e in d ic a c io n e s de L eón X II I ,
m a y o r im p o r ta n c ia e s tá en q u e a m o ­ q u e se lle v a r o n a la p r á c t i c a de distin­
r estaron a los obreros cristian o s p a r a ta s m a n e r a s , s e g ú n las v a r ia b le s cir­
q u e form a se n las asociaciones pro fe­ c u n s ta n c ia s de los d iv e rso s lugares.
sionales y Íes e n s e ñ a ro n el m o d o de Así, en a l g u n a s regiones u n a misma
nacerlas, y con ello g r a n d e m e n te co n ­ asociación t o m a b a a su ca rg o realizar
f i n a r o n en e! cam in o del d e b e r a no tod o s los fines s e ñ a la d o s p o r el P o n tí­
pocos que se s e n tía n a t r a íd o s con v e h e ­ fice; en o tr a s , p o r q u e las circ u n sta n ­
m e n c ia por las asociaciones socialistas, cias lo a c o n s e j a b a n o lo exigían, se
las cuales se hacían p a s a r com o el recurrió a u n a especie de divisió n del
único refugio y defensa de los h u m il­ t r a b a j o y se i n s t i t u y e r o n distintas
des y oprim idos. asociaciones: las u n a s se e n c a r g a r o n de
P o r lo q u e to c a a la creación de esas la d e fe n sa de los d e re c h o s y mejoras
asociaciones, la encíclica R eru m nova­ le gítim as de los aso cia d o s, en los con­
rum o b s e r v a b a m u y o p o r tu n a m e n te t r a t o s de tr a b a j o ; o tr a s , d e la ayuda
que han de ordenarse y gobernarse de m u t u a en los a s u n t o s económicos;
tal suerte que su m in istren los m edios o tras, f in a l m e n te , de c u i d a r los debe­
m ás oportunos y convenientes para con­ res religiosos y m o ra le s y o tr a s obli­
seguir el fin propuesto, que consiste en gaciones s e m e j a n te s . k ,
que cada uno reciba de la sociedad el E ste s e g u n d o métwdr) se empico
m ayor beneficio posible, tanto físico p r in c i p a lm e n te d o n d e los católicos
como económico y m oral. Sin e m b a rg o ,
es evidente que ha de tenerse m u y en *' R erum novarum n. 44.
cuenta, como fin p rin c ip a l, la perfec­ Rerum nnvarum n. 45.
podían c o n s t i t u i r s in d i c a to s c a tó lico s se p uedan defen der con e fic a c ia los
por im p e d ir lo las ley es del E s t a d o , o derechos y p eticio n e s le g ítim a s d e lo s
d e t e r m in a d a s p r á c t i c a s d e la v i d a ec o ­ obreros cristia n o s, p r o m o v ie n d o así
nómica, o es a l a m e n t a b l e d isc o rd ia de los salu d a b les p rin cip ios c r istia n o s en
ánim os y v o l u n t a d e s t a n p r o f u n d a en torn o a la socied ad.
la so c ied a d m o d e r n a , así co m o la u r ­
gente n e c e s id a d de r e s is tir con la u n ió n de otras «clases*
de fu e r z a s y v o l u n t a d e s a las a p r e t a ­
das f a la n g e s de los q u e m a q u i n a n n o ­ II. A d e m ás d e e sto , ia s v e rd a d e s t a n
vedades. E n ta le s c i r c u n s ta n c ia s los sa b ia m e n te ra z o n a d a s y ta n e n é rg ic a m e n te
d e fe n d id a s p o r L eón X I I I . so b re el d e re c h o
católicos se v e n co m o o b lig a d o s a in s­ n a tu ra l de asociación se c o m e n za ro n a a p lic a r
cribirse en s in d i c a to s n e u t r o s , con ta l con fa cilid a d a u n a o tra s a so c ia cio n e s, ya n o
que éstos r e s p e te n sie m p r e la ju s t ic i a sólo a las de los o b re ro s; p o r lo cu al d e b e a t r i ­
b u irse a la m ism a E ncíclica de L eón X I I I ,
y la e q u i d a d y d e je n a sus socios c a ­ en no p e q u e ñ a p a rte , ei q u e a u n e n tr e los
tólicos u n a p l e n a l i b e r ta d p a r a c u m ­ cam p esin o s y g e n te s de cond ició n m e d ia ha­
plir con su co n c ie n c ia y o b e d e c e r a los y a n florecido y a u m e n te n de d ía en d ía e s ta s
ú tilísim a s a g ru p a c io n e s y o tra s m u c h a s in s­
m a n d a to s de" la Iglesia. P e r te n e c e , titu c io n e s q u e fe liz m e n te a las v e n ta ja s eco­
pues, a los O bispo s, si rec o n o cen q u e n ó m ic a s u n e n el c u id a d o d e ias a lm a s.
esas asociaciones so n i m p u e s ta s p o r las
circ u n sta n c ia s y n o p r e s e n t a n peligro
para la religión, a p r o b a r q u e los o b r e ­ de p a tro n o s
ros católicos se a d h i e r a n a ellas, t e ­
niendo, sin e m b a r g o , a n t e los ojos los 12. N o se p u e d e a f i r m a r o tr o t a n ­
principios y g a r a n t í a s q u e N u e s tro to d e las a g r u p a c io n e s e n t r e p a t r o n o s
Predecesor, de s. m., Pío X , r e c o m e n ­ V jefes d e i n d u s t r i a , q u e N u e s t r o P r e ­
daba 23; e n t r e esas g a r a n t í a s , la p r i­ d ecesor d e s e a b a a r d o r o s a m e n t e v e r
mera y p r in c ip a l es q u e s ie m p r e j u n t o in s t itu id a s , y q u e , con d o lo r lo c o n f e ­
a esos s in d ic a to s h a n d e e x is tir o t r a s sa m o s, so n a u n escasas; m a s eso n o
ag ru p a cio n e s d e d i c a d a s a d a r a sus d e b e sólo a t r i b u i r s e a la v o l u n t a d de
m iem bros u n a se ria f o rm a c i ó n religio­ los h o m b r e s , sino a las d i f ic u lta d e s
sa y m o ra l, p a r a q u e ellos, a su vez, m u c h o m á s g r a v e s q u e se o p o n e n a
puedan in f u n d ir en las o r g an iz ac io n es ta le s a g r u p a c io n e s , y q u e N os c o n o c e ­
sindicales el b u e n e s p ír i tu q u e d e b e m o s m u y b ie n y p o n d e r a m o s e n su
an im ar t o d a su a t t i v i d a d . Así se lo­ ju s t o peso. P e ro te n e m o s e s p e r a n z a
grará q u e esas a g r u p a c io n e s e je r z a n f u n d a d a de q u e en b r e v e d e s a p a r e c e ­
una influen cia bené fica a u n f u e r a del r á n los im p e d im e n to s ; y a u n a h o r a ,
circulo de sus m ie m b ro s. con ín ti m o gozo de N u e s t r o c o r a z ó n ,
G racias, pu es, a la E n cíclic a de s a lu d a m o s c ie rto s e n s a y o s n o v a n o s ,
León X I 1 1 , las aso ciaciones o b r e r a s c u y o s copiosos f r u t o s p r o m e t e n m ies
están flore cien te s en to d a s p a r te s , y m u c h o m á s a b u n d a n t e p a r a lo f u ­
ll(»y c u e n ta n con u n a g r a n m u l t i t u d tu r o **.
de afiliados, p o r m á s q u e to d a v í a ,
d e s g ra c ia d a m e n te , les s u p e re n e n n ú ­ co n clu sió n
mero las a g r u p a c io n e s soc ialista s y
com unistas; a aq u é lla s se debe el q u e, 13. T o d o s e s to s b ene ficios, V en e­
den tro de los confines de carta n ac ión rab le s H e r m a n o s y a m a d o s hijos, de-
y au n en Congresos m á s generales,
•• Cf. C a rta de la S. C ongr. d el C oncilio
” P ius X E ne. S in g u la rl quadam 24 al O b isp o d e L ille (L ié n a rt) 5 ju ­
se p t. 1912. nio 1929.
b id o s a la E n c íc lic a de L eó n X I 11, m o s t a n o p o r t u n a o c a sió n p a r a satis*
m á s b ie n d e lin e a d o s q u e des crito s, son fa c e r , e n c u a n t o N os es d a d o , a esas
ta n to s y ta n grandes, que p ru eb a n d u d a s y a t e n d e r a las c u e s tio n e s de
p l e n a m e n t e q u e en ese d o c u m e n t o in ­ n u e s t r o tie m p o , c o n f o r m e a N uestro
m o r t a l no se d i b u j a b a u n id eal social oficio a p o s tó lic o , p o r el cu a l a todos
bellísim o, si, pero q u im é ric o y d e m a ­ s o m o s d e u d o r e s ss.
sia d o a leja d o de las v e r d a d e r a s e x i­
g en c ia s ec onóm icas de n u e s tr o s t i e m ­
pos, y p o r lo m is m o irre aliza b le. P o r II. DOCTRINA SOCIAL D E LA
lo c o n tra rio , d e m u e s t r a n q u e N u e s tro IGLESIA
P re d e c e so r bebió d el E v a n g e lio , f u e n ­
t e v i v a y vita l, la d o c t r i n a q u e p u e d e , 14. A n te s d e p o n e r n o s a e x p la n a r
si no a c a b a r in m e d i a t a m e n t e , al m e ­ e s ta s cosas, e s ta b l e z c a m o s co m o prin­
nos m itig a r en g r a n m a n e r a esa lu c h a cipio, y a a n t e s e s p l é n d i d a m e n t e p r o b a ­
m o r ta l e in te s ti n a q u e d e s g a r r a a la do p o r L e ó n X I I I , el d e r e c h o y deber
soc ied a d h u m a n a . Q ue la b u e n a s e m i­ q u e N os i n c u m b e d e j u z g a r con a u to ­
lla t a n a b u n d a n t e m e n t e s e m b r a d a h ac e r id a d s u p r e m a e s ta s c u e s tio n e s socia­
c u a r e n t a añ o s c a y ó e n g r a n p a r t e en les y e c o n ó m i c a s 26. E s c ie rto q u e a la
b u e n a tie rra , lo a t e s t i g u a la h erm o sa Iglesia n o se le e n c o m e n d ó el oficio de
m ies que con el f a v o r de Dios h a re­ e n c a m i n a r a los h o m b r e s h a c ia una
cogido la Iglesia de Cristo, y a u n tod o felicida d s o la m e n te c a d u c a y te m p o ­
el género h u m a n o p a r a bien de todos. ral, sino a la e t e r n a . M á s a ú n , no quie­
No, es p o r lo ta n to , te m e r a r io a f ir m a r re n i debe la Ig lesia , s in ca u sa justa,
que la exp e rien c ia de t a n t o s arios d e ­ in m isc u irse en la dirección de las cosas
m u e s tr a que la E ncíclica de León X I I I p u ra m en te h u m a n a s 27. M as ren u n c iar
es com o la Carta m agna, en la qu e al dere ch o d a d o p o r D ios de in te rv e ­
debe f u n d a r se t o d a a c tiv i d a d cristia ­ n ir con su a u t o r i d a d , n o en las cosas
n a en v jsa s sociales. Y los q u e p are cen técn ic as, p a r a las q u e no tie n e medios
m e:ir'smt-<'''ar la c o n m e m o ra c ió n de di­ p r o p o r c io n a d o s ni m is ió n a lg u n a , sino
c h a “i n u c l i c a p o ntificia b la sfe m a n de en to d o c u a n t o t o c a a la m o ra l, de
!o que ignoran, o no e n tie n d e n n a d a n in g ú n m o d o lo p u e d e h ac er. E n lo
en lo q u e sóio su p e rfic ia lm e n te cono­ q u e a es to se refiere, t a n t o el orden
cen, o, si entien d e n , r o t u n d a m e n t e h a n social co m o el o r d e n económ ico es­
c!e ser acusados de in ju s tic ia e in g ra ­ t á n s o m e tid o s y s u je to s a N u e stro su­
tit u d . p r e m o juicio, p u e s D ios N os confió el
P ero , con el correr de los años, h a n dep ó sito d e la v e r d a d y el gravísimo
idíj surg ien d o algunas d u d a s sobre la en cargo de p u b lic a r t o d a la ley moral
r e c ta in te r p re ta c ió n de algunos p a s a ­ e i n t e r p r e t a r l a y a u n exigir, o p o r tu n a
jes de la Encíclica de León X I I I y e im p o r t u n a m e n t e , su o b se rv a n c ia .
sobre las consecuencias q u e d e b ía n s a ­ E s cierto q u e la e c o n o m ía y la m o­
carse de ella: lo cual ha d ado lu g a r a ral, c a d a cual en su esfe ra peculiar,
c o n tro v e rs ia s no siem pre pacíficas a u n tie n e n p rin c ip io s propios; p e ro es un
e n tre los m ism os católicos. P or o t r a erro r a f ir m a r q u e el o r d e n económico
p a r te , las n u e v a s necesidades de n u e s­ y el o r d e n m o r a l e s tá n t a n te p arad o s
t r a época y el cam bio de condición de y son t a n a je n o s e n t r e sí, q u e aq u é l no
las cosas rec lam a n u n a aplicación m á s
cu id a d o sa de la d o c t r i n a de León X I I I , “ Cf. R om . 1, 14.
y a u n exigen alg u n a s adiciones a ” Rerum novarum n. 13.
ella. A p ro v e c h a m o s, pues, gustosísi­ 47 U bi arcano 23 dec. 1922.
d e p e n d e p a r a n a d a de és te . L as leyes con la m á s i n j u r i o s a d e l a s c a l u m n i a s
lla m a d a s e c o n ó m ic a s, f u n d a d a s en la a f i r m a n q u e el S u m o P o n t í f i c e y a u n
n a t u r a le z a m i s m a d e las cosas y e n las la m i s m a Iglesia se p u s o y c o n t i n ú a
a p t i t u d e s del c u e r p o h u m a n o y d el a ú n de p a r t e d e los ricos, e n c o n t r a d e
alm a, p u e d e n f ija r n o s los lím ite s q u e los p r o le t a r io s , y co m o n o t o d o s los c a ­
en d ic ho o r d e n e c o n ó m ic o p u e d e el tó lico s e s tá n d e a c u e r d o s o b r e el v e r d a ­
h o m b r e a l c a n z a r , y cu á le s no, y con dero y a u tén tic o se n tir de L eó n X I I I ,
qué m e d io s; y la m i s m a r a z ó n n a t u r a l c re e m o s c o n v e n ie n te r e b a t i r la s c a ­
deduce m a n i f i e s t a m e n t e d e las cosas l u m n i a s c o n t r a su d o c t r i n a , q u e es la
y de la n a t u r a l e z a in d iv i d u a l y social c a tó li c a en e s t a m a t e r i a , y d e f e n d e r l a
del h o m b r e cu ál es el fin im p u e s t o p o r d e f a ls a s in te r p r e ta c io n e s .
Dios a t o d o el o r d e n eco n ó m ic o .
Así, p u e s , es u n a m i s m a le y m o r a l
la q u e nos o b lig a a b u s c a r d e r e c h a m e n ­ carácter individual y social
te en el c o n j u n t o de n u e s t r a s ac ciones
el fin s u p r e m o y ú ltim o , y, e n los d i ­ 16. P r i m e r a m e n t e , t é n g a s e p o r co sa
ferentes d o m in io s en q u e se r e p a r t e c i e r ta y a v e r i g u a d a q u e ni L eó n X I I I
ni los te ó lo g o s q u e e n s e ñ a r o n g u ia d o s
n u e s tra a c t i v i d a d , los fin es p a r t i c u l a ­
res q u e la n a t u r a l e z a o, m e j o r dicho, p o r el m a g is te rio y a u t o r i d a d d e la
el a u t o r de la n a t u r a l e z a , D ios, les h a Iglesia, h a n n e g a d o j a m á s o p u e s t o
señalado, s u b o r d i n a n d o a r m ó n i c a m e n ­ e n d u d a el d o b le c a r á c t e r d e la p r o ­
te estos fines p a r ti c u la r e s al fin s u ­ p i e d a d — el q u e ll a m a n in d iv i d u a l, y el
premo. Si f ie lm e n te g u a r d a m o s la ley q u e dic en so cial— , s e g ú n q u e a t i e n d a
moral, los fines p e c u lia re s q u e se al in te r é s d e ios p a r ti c u la r e s o m i r e al
p roponen en la v i d a e c o n ó m ic a, y a bie n c o m ú n ; a n t e s bien, to d o s u n á n i ­
indiv id uales, y a sociales, e n t r a r á n c o n ­ m e m e n t e a f i r m a r o n s ie m p r e q u e el de­
v e n i e n te m e n te d e n t r o del o r d e n u n i ­ rec ho de p r o p i e d a d p r i v a d a fu é o t o r ­
versal de los fines, y n o so tro s, s u b ie n d o g a d o p o r la n a t u r a l e z a , o sea, p o r el
por ellos com o p o r g ra d o s, co n s e g u ire ­ m is m o C re a d o r, a los h o m b r e s , y a p a r a
mos el fin ú lti m o de t o d a s las cosas, q u e c a d a u n o p u e d a a t e n d e r a la s n e ­
que es D ios, b ie n s u m o e i n e x h a u s t o c e sid a d e s p r o p ia s y d e su f a .n ilia , y a
para Sí y p a r a n osotro s. p a r a q u e , p o r m e d io de e s t a i n s t i t u ­
ción, los bienes q u e el C r e a d o r d e s t i n ó
a to d o el g é n e ro h u m a n o s i r v a n en
a ) sobre el d o m inio o d e ­ r e a lid a d p a r a t a l fin; to d o lo c u a l no
rec ho de p ropiedad es p osible lo g ra r en m o d o a l g u n o sin
el m a n t e n i m i e n t o d e u n o r d e n c ie r to
15. P ero , v in ie n d o a h a b l a r m á s en y d e t e r m i n a d o .
p a rtic u la r, c o m e n c e m o s p o r el d o m i ­ P o r lo t a n t o , h a y q u e e v i t a r con
nio o d e re c h o de p r o p ie d a d . Y a c o n o ­ c u id a d o los d o s escollos, c o n t r a los c u a ­
céis, V e n e ra b le s H e r m a n o s y a m a d o s les se p u e d e cho c ar. Asi co m o — n e g a ­
hijos, con q u é firm e z a defe n d ió N u e s ­ do o a t e n u a d o el c a r á c t e r social y p ú ­
tro P re d ec eso r, de f. m ., el d e re c h o df* blico del dere ch o d e p r o p i e d a d — p o r
Propiedad c o n t r a los erro re s de los so ­ n ec es id ad se cae e n el l l a m a d o in d iv i­
cialistas de su tie m p o , d e m o s t r a n d o d u a lism o , o al m e n o s se a c e r c a u n o á
liue la su p re sió n d e la p r o p ie d a d p r i ­ él, así t a m b i é m p o r s e m e j a n t e m a n e r a
v a da h a b r ía de r e d u n d a r n o e n u til i­ — rec h a z a d o o d is m in u id o el c a r á c t e r
dad, sino en d a ñ o e x t r e m o de la clase p r iv a d o e in d i v i d u a l de ese d e r e c h o —
obrera. P e ro com o no f a l t a n q uien es se p r e c ip ita u n o h a c ia el colectivism o,
6 34 P IO X

o p o r lo m e n o s se m í a n su s p o s t u l a ­ r ir la a r m o n í a d e los e s p ír i tu s y cor
dos. Q u ie n p ie r d e d e v i s t a e s ta s c o nsi­ s e r v a n d o la I n t e g r i d a d d e la d ü c trtn
d e ra c io n e s , ló g ic a m e n te n a u f r a g a r á en t r a d i c i o n a l e n la Iglesia, se e s fu e rz n
los escollos del m o d e r n i s m o m o r a l , j u ­ p o r d e f in ir la n a t u r a l e z a i n t i m a de Jo
rídico y social, d e n u n c ia d o s p o r N os d e b e r e s q u e g r a v a n s o b r e la p r o p ie d a d
e n N u e s t r a p r i m e r a E n cíclic a *». Y de y c o n c r e t a r los lim ite s q u e las necesi
e s to d e b e n p e r s u a d ir s e e s p e c ia lm e n te d a d e s de la c o n v i v e n c ia social traz ar
q u ie n e s , con a f á n d e n o v e d a d e s , n o se al m i s m o d e r e c h o de p r o p i e d a d y a
a v e r g ü e n z a n d e a c u s a r a la Iglesia, uso o ejercicio del d o m in i o . P o r lo con­
con in fam e c a lu m n i a , co m o si h u b ie r a t r a r io , se e n g a ñ a n y y e r r a n los q u t
d e j a d o que en la d o c t r i n a d e los te ó ­ p r e t e n d e n r e d u c ir el c a r á c t e r Indivi­
logos se infiltra se el c o n c e p t o p a g a n o d u a l del d o m in i o h a s t a el p u n t o de
de la p r o p ie d a d , q u e d e b e r ía s u s t i t u i r ­ a b o llrlo en la p r á c tic a .
se p o r o tr o q u e, con a s o m b r o s a ig n o ­
ra n c ia , lla m a n ellos c ristian o .
poderes del Estado

deberes de ta *propiedad » 18. Y e n v e r d a d q u e los hom bres


en e s ta m a t e r i a d e b e n t e n e r cuenta,
17. P a r a p o n e r ju s t o s lím ite s a las no sólo d e su p r o p i a u til id a d , sino t a m ­
c o n tro v e rs ia s s u s c ita d a s en to r n o a la bién del bie n c o m ú n , com o se deducé
p r o p i e d a d y a los d e b e r e s a ella in h e ­ de la ín d o le m is m a del d o m in io , que
rentes, q u e d e e s tab lecid o , a m a n e r a de es a la v ez in d iv i d u a l y social, sepiil
principio f u n d a m e n t a l , lo m is m o q u e h em o s d ic ho . D e t e r m i n a r p o r menúdi)
p r o c la m ó León X I I I , a s a b e r , q u e el esos d e b e r e s, c u a n d o la n e c e s id a d ib
derecho de propiedad se d istin g u e de su p id e y la ley n a t u r a l n o lo h a hecho,
uso **. R e s p e t a r s a n t a m e n t e la d iv i­ eso a t a ñ e a los q u e g o b ie r n a n el E s ta ­
sión de los bienes y no in v a d ir el d e ­ do. P o r lo t a n t o , la a u t o r i d a d pública,
recho ajeno, t r a s p a s a n d o los lim ites del g u ia d a s ie m p r e p o r la ley n a t u r a l y
d o m ir io propio, son m a n d a t o s de la d iv in a e i n s p i r á n d o s e e n ’la s v e r d a d e r a s
íwsticia que se llam a c o n m u t a t i v a ; no ne c e s id a d e s del bien c o m ú n , p u e d e de­
¡-;r.r l«* p ro p ietario s de sus p ro p ias t e r m i n a r m á s c u i d a d o s a m e n t e lo qué
" -»as sino h o n e s ta m e n te , no p erte n ec e es lícito o ilícito a los p o se ed o res en
a es ta justicia, sino a o tr a s v ir tu d e s , el uso de su s bienes.
el cum p lim ien to .le cuyos d eberes no se Y a I.eiin X I I I h a b la en te fia d o m u y sabia­
puede exig ir jurídicam ente 3,\ Asi q u e m ente q u e Dins dejó a la p ro p ia actividad di
sin raz ó n afirm an alguno s q u e la p r o ­ los hom bres y a la legislación de cada pueblo
p ie d ad y su uso ho n esto tie n en uno s la dellm ituclún de la propiedad privada , l . L*
h isto ria d e m u e stra q u e la p ro p ied a d no í*
m ism os limites; pero a u n e s tá m á s u n a cosa del to d o In m u ta b le , com o ta m p o w
lejos de la v e r d a d el decir q u e p o r el lo son o tro s elem ento* «oclalet, y a u n No»
ab uso o el sim ple no uno de las cosas lo dijim os en o tr a o c ailó n con esta» palabra#;
Qué d istintas han sido las fo rm a s de la pro­
perece o se pierde el derecho de p r o ­ piedad privada desde ta p rim itiv a fo rm a Sí
piedad. los pueblos salvajes, de la q u i a u n hay queda!
De ahí q u e es o b ra la u d ab le y d ig n a m uestras en algunas reglaras, hasta la
luego revistió en la época patriarcal, y m al
de to d o enc om io la de quienes, sin he- larde m las diversas fo rm a s tiránicas O 'tV M *
esta palabra en su sentido clásico), y a tl lu 0 ,“
’• IbuJ. divamente en las fo rm a s feudales, monárquMQ*
v en todas las dem ás que se Han sucedido han*
” Ptrum novarum n. V
” Cf fíerttm nm/arum ti l'i »i o » . , » ---------- -
/í/.s tiem po n m odernos Ls «vidente, con Unlo, nHica y muy acontodad* * *«• Mc«aMadM
une el lista d o no tiene derecho para disponer de nueetro» tiempo* la virtud de la liberali­
arbitrariam ente <le esa funclún. Siem pre ha dad, como se colige sacando la* consecuen­
(ir quedar Intacto c inviolab le el derecho na- cia» de los principio» puerto» por el Doctor
tnral de poseer privadam ente y tran»m ltlr Angélico •*.
los bienes por medio de la herencia; e* dere-
i lm que la autoridad pública no puede abolir,
porque el hom bre es anterior al E stado " , y títulos de la *propiedad*
también porque la fa m ilia , lóeiea e histórica­
mente. es anterior a la sociedad civil " , H e abl
también por qué el sapientísim o Pontífice 20. La tradición u n iv ersa l y la d o c­
!,c6n X I II declaraba que el Enfado no tiene trin a de N uestro predecesor L eón X I I I
derecho de gravar la propiedad privada con
tal exceso de cargas e Impuesto» que llegue a testig u a n que ta o cu p a ció n d e una
cusí ¡i aniquilarla: Siendo el derecho de la cosa sin d u eñ o (res nullíus) y e l tr a ­
propiedad p riv a d a debido a la m ism a n a tu ra ­ bajo o la esp ecifica ció n , co m o su ele
leza y no efecto de las leyes hum a n a s, el E stado
no puede abollrlo, sino tan sólo moderar su uso d ecirse, son títu lo s originarios d e p ro ­
y arm onizarlo con el bien com ún •*. pied ad . P orq ue a nadie se h ace in ju ria ,
Al conciliar así ei derecho de propie­ au n q u e n ecia m en te digan a lg u n o s lo
dad con las ex ig en cia s del bien gen etal, contrarío, cuando se procede a o cu p a r
la autoridad pública no se m uestra en e­ lo que está a m erced de to d o s o no
miga de los p rop ietarios, an tes bien les p erten ece a nadie. El trab ajo q u e el
presta un a p oyo eficaz, porque de e ste hom bre eje cu ta en su n om b re p rop io,
modo im pide seriam en te que la p o se­ y por el cu al produce en los o b je to s
sión privada de los bienes produzca n u eva form a o au m en ta el v a lo r d e lo*
intolerables perjuicios y se prepare su m ism os, es ta m b 'én lo q u e ad ju d ica
propia ruina, h abiend o sido otorgada esto s fru tos al que trab aja.
por el A utor p rovid en tísim o de la na­
tu ra le z a para su bsidio de la v id a hu­
m ana. Esa acción no d estru ye la pro­ b) capital y trabajo
piedad p rivada, sino que la defiende;
no deb ilita el d om in io privad o, sino 21. M uy d istin ta es la con d ición
que lo fortalece. del trab ajo cu a rd o se « c u p a en c o ta
ajena m ed ian te un co n tra to . A él se
obligaciones sobre aplica p rin cip alm en te lo que L eón X I I 1
la renta libre dijo ser cosa certísim a, a saber, que es
10. Por otra parte, tam poco las rentas
el trabajo de los obreros el que h p r a l a r -
íl,-l patrim onio quedan en absoluto a merced mar la riqueza n a c i o n a l ¿ N o v em o s
del libre albedrío del hombre; es decir, las acaso con n uestros p ropios o jo s cóm o
l|ue no le son necesarios para la sustentación los in m ensos bien es q ue fo rm an la ti-
" to r o sa y conveniente de la vida. Al con-
*r;irir>, la Sagrada Escritura y los Santo# Pa- q ueza de los hom bres salen y brotan
11 » constantem ente dnclaran con clarísim as de las m anos de los obreros, y a direc­
palabras que los rico» están gravtslm am ente tam en te, y a por m edio d e in stru m en ­
¡‘•'ligado» por el precepto de ejercitar la
'•momia, la beneficencia y la liberalidad. to s o m áq u in as q ue a u m en ta n su efi­
• '-i que em plea grandes cantidades en obra» cacia de m anera tan a d m iia b le ? No
¡l"¡' proporcionan m ayor oportunidad de tra­ h ay n ad ie que d esconoaca c ó m o los
ía lo , con tal que se trate de obras verdade-
fninnitc útiles, practica de tina m anera m ag- pueblos no han labrado su fo rtu n a , ni
han su bid o desde la p ob reza y caren­
'* Alocución al C om ití de Acción Cat6- cia a la cum bre d e la riq u eza , sin o por
llca para Italia, Ifi m ayo 1026.
m edio del in m en so tra b a jo a c u m u la
" Rerum m va ru m n. 6.
** Herum novarum n. 10. *• Cf. S Th, 2. 2ae . 134.
*’ Rrriim notm rum n. 27.
do p o r t o d o s los c i u d a d a n o s —t r a b a j o r a r y r e c o n s t i t u i r s u s f u e rz a s. Se decí,
de los d ir e c to r e s y t r a b a j o de los e j e ­ q u e p o r u n a ley e c o n ó m ic a , c o m p le ta
c u t o r e s — . P e r o es m á s claro t o d a v í a m e n t e in c o n t r a s t a b l e , t o d a la a c u m u
q u e to d o s esos e sfu e rz o s h u b i e r a n sido la c ió n de c a p i t a l c e d ía en p ro v e c h o d<
v a n o s e in ú tile s , m á s a ú n , ni se h u b i e ­ los a f o r t u n a d o s , y q u e p o r la m lsn u
r a n p o d id o c o m e n z a r , si la b o n d a d del ley los o b r e r o s e s t a b a n c o n d e n a d o s í
C r e a d o r de t o d a s las cosas, Dios, no p o b r e z a p e r p e t u a o r e d u c id o s a un
h u b i e r a a n t e s o t o r g a d o las r iq u e z a s y b i e n e s t a r escasísim o. E s c ie r to q u e la
los i n s t r u m e n t o s n a t u r a l e s , el p o d e r y p r á c t i c a n o s ie m p r e ni en t o d a s partes
las f u e rz a s de la n a t u r a l e z a . Y , en se c o n f o r m a b a co n e s te p r in c ip io de los
v e r d a d , ¿ q u é es el t r a b a j o , sino el lib e rale s v u l g a r m e n t e l l a m a d o s mati-
em p leo y ejercicio d e las f u e r z a s del c h e ste ria n o s ; m a s t a m p o c o se puede
a l m a y del cu e rp o en los b ie n es n a t u ­ n e g a r q u e las in s t itu c io n e s económico-
rales o p o r m edio de ellos? A h o r a bien, sociales se in c lin a b a n c o n s ta n t e m e n te
la ley n a t u r a l , o sea la v o l u n t a d de a ese p rin c ip io . Así q u e n in g u n o debe
D io s p r o m u lg a d a p o r m ed io de a q u é ­ a d m ir a r s e d e q u e esas f alsa s opiniones
lla, exige qu e en la aplica ció n de las o fala ce s p o s t u l a d o s f u e r a n ata c a d o s
cosas n a t u r a le s a los u sos h u m a n o s se d u r a m e n t e , y n o t a n sólo p o r quienes,
g u a r d e el order. d eb id o , y éste c o n ­ en v i . t u d d e t a l e s te o ría s , se veían
siste en q u e c a d a cosa t e n g a su d u eñ o . p r iv a d o s de su d e r e c h o n a t u r a l a me­
De a h í re su lta que, f u e r a de los casos j o r a r en la c o n d ició n de su v id a .
en q u e alg u n o t r a b a j a con sus p rop ios
ob je to s, el t r a b a j o y el c a p ita l d e b e ­
rá n un irse en u n a e m p r e s a c o m ú n , reivin d ica cio n es del trabaje
pues ca d a u n o sin el o tr o r e s u lta c o m ­
24. A los o p r im id o s o b re r o s se acer­
p le ta m e n te ineficaz.
c a r o n los q u e se lla m a n in te le c tu a l,
o p o n ie n d o a u n a ley im a g in a r ia un
22. T en ia esto p r e s e n te L eón X I I I ,
prin cip io m o r a l n o m e n o s imagitlarto,
c u a n d o escribía: N i el capital puede
a sa b er: T o d o lo q u e se p r o d u c e o tifl-
e x istir sin el trabajo, n i el trabajo sin
de, s e p a r a d o ú n i c a m e n t e c u a n t o b asta
el capital * \ P o r consigu iente, es co m ­
p a r a a m o r t i z a r y r e c o n s tr u ir el capital,
p le ta m e n te falso a t r i b u i r sólo al capi-
c o r r e s p o n d e en p le n o d e r e c h o a los
ai o sólo al t r a b a j o lo qu e es u n re-
o breros. E s te e r ro r, c u a n t o m á s a tra c­
s j i t a d o de la eficaz co lab o rac ió n de
tiv o se m u e s t r a q u e el de los socialis­
am b o s; y es t o ta lm e n te in ju s to q u e el
ta s— según los cu a le s los m ed ios d i
u n o o el otro, desconociendo la efica­
p ro d u c c ió n d e b e n tr a n s f e rir s e al E s ta ­
cia d e la o tr a p a rte , ti a t e de a trib u irs e
a sí solo to d o c u a n to se logra. do, o «socializarse», co m o v u lg a rm e n te
se dice— es t a n t o m á s peligroso y apto
p a r a e n g a ñ a r a los in c a u to s : suave
pretensiones del capital v en e n o , q u e b e b ie ro n á v i d a m e n t e m u ­
chos a q u ie n e s j a m á s h a b í a podido en­
2A. V e rd a d es q u e , d u r a n t e m u c h o g a ñ a r u n f l a n c o socialismo.
tie m p o , el c a p ita l se a d ju d ic ó d e m a ­
siado a si m ism o. T o d o el re n d im ie n ­
to, tod o s los p r o d u c to s , los rec la m a b a ju s ta distribución
p a r a sí el c a p ita l; y al o b ie ro a p e n a s
se le d e j a b a lo suficiente p a r a r e p a ­ 25. P o r cierto , q u e con esta*
false d ad e s no se c e r r a r a el paso a la
iiia é í^ ín ir r, lo n 'i'i < ■t / » * é iiu U »
ron q u e ser a d v e r t i d o s p o r la s s a p i e n ­ especie -pertenecen o q u é oficio d e s e m ­
tísimas p a l a b r a s de N u e s t r o P r e d e c e ­ p e ñ a n 'e n la c o n v i v e n c i a h u m a n a . Y
sor: L a tierra, aunque esté d iv id id a e n ­ n o d e b e o l v i d a r t e aquí c u á n i n e p t a e
tre p a rticu la res, co n tin ú a sirvie n d o al i n f u n d a d a es la a p e la c ió n d e a l g u n o s
beneficio de iodos 3». Y es to m isino h e ­ a las p a l a b r a s del A p ó s t o l : « a lg u n o
mos e n s e ñ a d o N os poco a n t e s , al d ec ir n o quiere tra b a ja r, ta m p o co c o m a *•;
que la n a t u r a l e z a m is m a e s ta b le c ió la p o i q u e el A p ó s to l s e r e f ie r e a los q u e
repartición d e los b ie n es p o r m e d io de p o d ie n d o y d e b i e n d o t r a b a j a r se a b s ­
la p r o p ie d a d p r i v a d a p a r a q u e r in d a n tie n e n d e ello, a m o n e s t a n d o q u e d e ­
esa u til id a d a los h o m b r e s de u n a m a ­ b e m o s a p r o v e c h a r c o n d i li g e n c ia el
nera s e g u r a y d e t e r m i n a d a . I m p a r t a t ie m p o y las f u e r z a s c o r p o r a le s y e s p i­
tener sie m p re p r e s e n te e s te p rin c ip io r itu a le s sin a g r a v a r a los d e m á s , m i e n ­
para no a p a r t a r s e del r e c to c a m in o de tra s nos podam os proveer por n o so tro s
la v e r d a d . m is m o s. P e r o q u e el t r a b a j o s e a el
A h o ra bien; p a r a o b t e n e r e n t e r a ­ ú nic o t í t u l o p a r a re c ib ir el a l i m e n t o o
mente o al m e n o s con la p osible p e r ­ la s g a n a n c i a s , eso no lo e n s e ñ ó n u n c a
fección el fin s e ñ a la d o p o r D ios, no el A p ó s t o l 41.
sirve c u a lq u ie r d is t rib u c ió n d e bienes Dése, p u e s , a c a d a cu a l la p a r t e d e
y riquez as e n t r e los h o m b r e s . P o r lo bie n es q u e le c o r r e s p o n d a ; y h á g a s e
mismo, las r iq u e z a s in c e s a n te m e n te q u e la d i s t r ib u c ió n de los b ie n e s c r e a ­
a u m e n ta d a s p o r el progreso, e c o n ó m i­ d o s se c o r r ija y se c o n f o r m e c o n las
co y social, d e b e n d is t rib u i rs e e n t r e las n o r m a s d el b ie n c o m ú n o d e la j u s t i ­
personas y clases, d e m a n e r a q u e q u e ­ cia social; p o r q u e c u a l q u i e r p e r s o n a
de a salvo a q u e lla c o m ú n u t il id a d de sen sata ve cuán grave dañ o tra e co n­
todos, a l a b a d a p o r L eón X I I I , o, p o r sigo la a c t u a l d is t rib u c ió n de b ie n e s
decirlo con o t r a s p a l a b r a s , p a r a q u e se p o r el e n o r m e c o n t r a s t e e n t r e u n o s
conserve ín te g ro el bie n c o m ú n d e t o d a p ocos riq u is im o s y lo s i n n u m e r a b l e s
la sociedad. E s t a ley de ju s t ic i a social n e c e s ita d o s .
prohíbe q u e u n a clase e x c lu y a a la
otra de la p a r ti c ip a c ió n de los b e n e f i­ elevación del proletariado
cios. V iolan e s t a ley no sólo la clase
de los ricos, c u a n d o , libres de c u id a d o s 26. T a l es el fin q u e N u e s t r o P r e ­
en la a b u n d a n c i a de su f o r t u n a , p ie n ­ d ec e s o r p r o c la m ó h a b e r s e d e lo g r a r : la
san qu e el ju s t o o rd en de las cosas e s tá re d e n c ió n del p r o le t a r ia d o . D e b e m o s
en qu e to d o r in d a p a r a ellos y n a d a a f ir m a rlo con m á s e m p e ñ o y r e p e t i r l o
llegue al o brero, sino ta m b i é n la clase co n m á s insistenc ia , p u e s to q u e t a n
de los p r o le ta rio s c u a n d o , v e h e m e n t e ­ s a lu d a b le s m a n d a t o s del P o n t í f i c e en
mente en fu rec id o s p o r la violación de no p oco s casos se e c h a r o n e n o lv id o ,
ju stic ia y e x c e s iv a m e n te d is p u e s to s y a con u n e s tu d ia d o silen cio, y a j u z ­
a r e c la m a r p o r c u a lq u ie r m edio el úni- g a n d o q u e el rea liza rlo s e r a im p o s ib le ,
co’derecho q u e ellos rec ono cen, el su y o , c u a n d o p u e d e n y d e b e n le a li z a r s e . Ni
t(>do lo q u ie re n p a r a sí, p o r ser p r o d u c - se p u e d e dccii q u e a q u e llo s p r e c e p t o s
de sus m a n o s; p o r esto, y no p o r h a n p e rd id o su f u e r z a y su s a b i d u r í a
¡'• ra ca u sa , im p u g n a n y p r e te n d e n a b o ­ en n u e s t r a épo c a, p o r h a b e r d i s m in u i­
lir la p r o p ie d a d , así com o los in te rese s do aq u e l p a u p erism o q u e L e ó n X I I I
y re n ta s q u e no sean a d q u i r i d o s m e ­ veía con to d o s s u s h o r r o r e s . E s v e r d a d
d ian te el t r a b a j o , sin r e p a r a r a q u é
« 2 Thexs. 3, 10.
•> Ibld. 3. 8-10.
q u e la c o n d ició n de los o b re r o s se ha a v e p a r a v o la r, sino p a r a q u e con el
elevado a un estad o m ejo r y m ás eq u i­ a h o r r o a u m e n t e n su p a t r i m o n i o ; y ad­
t a t i v o , p r i n c i p a l m e n t e en ios E s ta d o s m i n i s t r a n d o con p r u d e n c i a el p a t r i­
m á s c u l to s y e n las nac io n e s m á s g r a n ­ m o n io a u m e n t a d o , p u e d a n m á s fácil y
des, d o n d e no se p u e d e decir Que s e g u r a m e n t e s o s t e n e r las c a r g a s de su
los o b r e r o s , e n gengral, se h a lle n fa m ilia , y p a r a q u e , libres de las inse­
a fligidos p o r la m is e ria o q u e p a d e z ­ g u r id a d e s de la v id a , c u y a s vicisitudes
c a n escasez en la v id a . P e ro es ig u a l ­ t a n t o a g i t a n a los p r o le t a r io s , no sólo
m e n t e cierto q u e , d es d e q u e las a r te s e s té n d is p u e s to s a s o p o r t a r las con tin ­
m e c á n ic a s y las in d u s t r i a s del h o m b r e g en c ia s de la v i d a , sino q u e pued an
se h a n e x te n d id o r á p i d a m e n t e e i n v a d i ­ c o n fia r en q u e , al a b a n d o n a r es te m u n ­
do in n u m e r a b le s regiones, t a n t o en las do, los q u e d e j a n t r a s d e sí quedan
tie r r a s q u e lla m a m o s n u e v a s c u a n t o en c o n v e n i e n t e m e n t e p ro v e íd o s.
los reinos del E x t r e m o O rie n te , f a m o ­ T o d o es to es lo q u e N u e s t r o Prede­
sas p o r su a n t i q u í s i m a c u l t u r a , el n ú ­ cesor no sólo in sin u ó , sin o q u e lo pro­
m e ro de los p r o le t a r io s n ec es itad o s , c la m ó c la r a y e x p l íc i ta m e n te ; y Nos
cuyo gem ido su b e d es d e la t i e r r a h a s ­ q u e r e m o s u n a y o t r a v e z in c u lca rlo en
t a el cielo, h a crecid o in m e n s a m e n te . e s ta N u e s t r a E ncíclic a; p o r q u e , si con
A ñ á d a se el ejército i n g e n te de a s a l a ­ v ig o r y sin dila cio n es no se em prende
riad o s del ca m p o , r ed u c id o s a las m á s ya, de u n a vez, el llevarlo a la prác­
e s tre c h a s c ondicione s de v id a , y p r i v a ­ tic a, es in ú til p e n s a r q u e p u e d a n defen­
dos de t o d a e s p e r a n z a de p o d e r j a m á s derse e f ic a z m e n te el o r d e n público, la
a d quirir propiedades esta b le s42, y, p o r p a z y la t r a n q u i l i d a d de la sociedad
lo ta n to , su je to s p a r a sie m p re a la tr is te h u m a n a c o n t r a los p r o m o v e d o r e s de la
suerte de p ro letario s, si no se a p lica n revolución.
remedios o p o r tu n o s y eficaces.
Es v e r d a d qu e la condición de pro- 28. P e ro es im p o s ib le llevarlo a
¡ctari'i no debe c o n fu n d irse con el p a u ­ efecto si no llegan los o b re ro s a formar
perism o, pero es cierto q u e la m u c h e ­ su m ó dic o c a p ita l con c u id a d o y aho­
d u m b r e en o rm e de p ro letarios, p o r u n a rro, com o y a h e m o s in d ic a d o , siguien­
p arte , y los enorm e s recursos de unos do las h u e lla s de N u e s t r o Predecesor.
c u a n to s ricos, por o tr a , son a r g u m e n ­ P ero ¿de d ó n d e p u e d e n a h o r r a r algo
tos perentorios de qu e las riq uez as p a r a a d e l a n t e q u ie n e s no tie n e n otra
m u ltip lic ad a s t a n a b u n d a n t e m e n t e en
cosa q u e su t r a b a j o p a r a a t e n d e r al
n u e s tr a época, lla m a d a del i n d u s t r i a ­
a lim e n to y d e m á s n e c e s id a d e s de la
lismo, están m al r e p a r ti d a s e i n j u s t a ­
vid a, sino del precio de su tr a b a j o y
m e n te aplicadas a las d is tin ta s clases. v ivien do con p a r q u e d a d ? Queremos,
pues, t r a t a r de e s ta c u e stió n del sala­
27. P or lo cual, con to d o em peño rio, q u e León X I I I c a lific ab a de m uy
y to d o esfuerzo se ha de p r o c u r a r que, gran im p o r ta n c ia 4", d e c la r a n d o y d£ 8"
al m e n o s p a r a lo f u tu ro , las riquezas a r r o lla n d o su d o c t r i n a y sus preceptos
a d q u irid a s se a c u m u le n con m e d id a c u a n d o fu ere preciso.
e q u i t a t i v a en m a n o s de los ricos, y se i
d is t rib u y a n con b a s ta n t e profusión e n ­ el salarie
tre los obreros, no c ie rta m e n te p a r a
hacerlos remisos en el tr a b a jo , pues el 29. E n p r im e r lugar, los q u e con­
h o m b re nace p a r a el tr a b a jo com o el d en a n el c o n t r a t o de t r a b a j o com o M-
•* Rerum novarum n. 37. 11 Rerum novarum n. 30.
justo p o r n a t u r a l e z a y d ic en q u e , p o r carácter del trabajo
esa raz ó n , h a d e s u s t i t u i r s e p o r el c o n ­
trato de so c ie d a d , h a b l a n u n le n g u a je 30. A hora bien; co m o en el d o m i­
insostenible e in j u r i a n g r a v e m e n t e a nio, así ta m b ién en el tra b a jo , p rin ci­
N uestro P r e d e c e s o r , c u y a E n c íc lic a p alm en te en el q ue por c o n tr a to s e ced e
no sólo a d m i t e el sa la rio , sino a u n a los d em ás, claro es q u e d e b e co n si­
se e x t ie n d e l a r g a m e n t e e x p l ic a n d o las derarse, ad em ás del aspecto personal
norm as de j u s t ic i a q u e h a n d e re­ o in d iv id u a l, el aspecto so cial; p o rq u e
girlo. la a ctiv id a d h u m an a no p u e d e p ro d u ­
P ero ju z g a m o s q u e, a t e n d i d a s las cir su s fru to s, si no q u ed a en p ie un
c irc u n s ta n c ia s m o d e r n a s del m u n d o , cuerpo verda d era m en te so cia l y o rg a ­
sería m á s o p o r t u n o q u e el c o n t r a t o de n izad o, si el orden jurídico y e l so cia l
tr a b a jo se s u a v i z a r a a l g ú n t a n t o en lo no g aran tizan el trab ajo, si la s d ife­
que f u e r a p osib le p o r m e d io del c o n ­ rentes p rofesion es, d ep en d ie n tes u nas
trato de s o c ie d a d , ta l co m o y a se h a de otras, no se con ciertan en tre sí y se
com enzado a h a c e r e n d iv e rs a s f o r m a s com p letan m u tu a m en te, y , lo q u e es
con no escaso p ro v e c h o así p a r a los m ás im p orta n te, si no se a so cia n y
obreros co m o a u n p a r a los m is m o s p a ­ unen, com o para form ar una so la co sa ,
tronos. Así es co m o los o b re r o s y e m ­ la dirección, el ca p ita l y el tra b a jo . E l
pleados lleg an a p a r t i c i p a r , y a en la trab ajo, por lo ta n to , no se estim a rá
propiedad , y a en la a d m in is t r a c ió n , y a en ju stic ia ni se rem unerará con e q u i­
en u n a c i e r ta p r o p o rc ió n de las g a n a n ­ dad, si no se a tien d e a su ca rá cter in ­
cias lo g rad a s. d ivid u al y social.
León X I I I y a h a b í a p r u d e n t e m e n ­
te d e c la ra d o q u e la c u a n t í a j u s t a del
salario tie n e q u e d e d u c ir s e d e la c o n ­ tres puntos fu n d a m en ta les
sideración, no de u n o , sino de d iv e rso s
títulos. S u y a s son e s ta s p a l a b r a s : D e­ 31. D e e ste d oble carácter, in tr ín ­
term inar la m ed id a ju sta del salario seco por natu raleza al trab ajo h u m a ­
depende de m u ch a s causas *4. Con esto no, surgen g ravísim as co n secu en cia s,
refutó, de u n a vez, la ligereza de según las cu ales d eb e regirse y d e te r ­
quienes cre e n q u e se p u e d e resol­ m inarse el salario.
ver este g r a v ís im o a s u n t o con el fácil
ex pediente de a p lic a r u n a regla ú n i­
ca, y és ta , p o r cierto, a l e ja d a de la a) el obrero y s u fa m ilia
realidad.
Y e rra n , en efecto, g r a v e m e n t e los 32. E n p r im e r lu g a r, al o b r e r o se
lUie no d u d a n en p r o p a g a r el p rincipio le d e b e d a r u n a r e m u n e r a c i ó n q u e sea
corriente de q u e el t r a b a j o vale t a n t o en v e r d a d su ficien te p a r a su p r o p i a
y debe r e m u n e r a r s e en t a n t o c u a n t o s u s t e n ta c ió n y p a r a la de su f a m i l i a i5.
se e s tim a el valo r de los f r u to s p r o d u ­ P o r q u e ju s t o es q u e t a m b i é n el res­
cidos p o r él; y q u e, en con sec u en cia, el to de la fa m ilia c o n c u r r a , c a d a u n o
obrero tie n e dere ch o a r e c la m a r to d o según sus fuerza s, al s o s t e n im i e n to
cuanto es p r o d u c to de su tr a b a j o : lo c o m ú n de to d o s, co m o s u c e d í a a n t e s ,
absurdo de este prin cip io q u e d a r e f u ­ s i n g u l a im e n te en las fa m ilia s d e c a m ­
n d o sólo con lo y a d ich o ac e rc a de pesinos, y t a m b i é n e n m u c h a s de
la p ropiedad. a r te s a n o s y c o m e r c ia n te s en p e q u e ñ o ;

" H m i m novarum n. 17. “ Cf. « ic . Cusfi Connubéi 31 dec. 1930.


640 P IO X ¡

p e r o es u n c r im e n el a b u s a r de la e d a d p r o g re s o té c n ic o y ec o n ó m ic o . Mas si
i n f a n t il y d e la d e b ilid a d de la m u je r . la s e m p r e s a s m is m a s n o ti e n e n e n tra ­
E n c a s a p r in c i p a lm e n te , o en su s a l r e ­ d a s s u f ic ie n te s p a r a p o d e r p a g a r a los
d e d o re s, las m a d r e s de f a m i lia p u e d e n o b r e r o s u n sa la r io e q u i t a t i v o , porque
d e d ic a rs e a su s f a e n a s , sin d e j a r p o r o se v e n o p r i m i d a s p o r c a r g a s injustas
ello las a te n c io n e s de su h o g a r . P e r o o se v e n o b lig a d a s a v e n d e r sus pro­
es u n g r a v ísim o a b u s o , q u e se h a de d u c t o s a p rec io s m e n o r e s de lo justo,
e l im in a r con to d o e m p e ñ o , el q u e la q u ie n e s de t a l s u e r t e las o p r im e n reos
m a d r e , p o r la escasez del sa lario del so n de g r a v e d e lito , p u e s p r iv a n de
p a d r e , q u e d e o b lig a d a a e j e r c it a r u n su j u s t a r e m u n e r a c i ó n a los obreros
a r t e lu c ra tiv o , a b a n d o n a n d o sus p e c u ­ q u e se v e n o b lig a d o s p o r la necesidad
liares d eberes y q u e h a c e r e s , y, so b re a a c e p t a r u n sa la r io in fe rio r al justo.
t o d c , la ed u c a c ió n de sus niños. H a de T o d o s , o b r e r o s y p a t r o n o s , en unión
hacerse, pues, to d o lo p osible p a r a qu e de f u e iz a s y d e v o l u n t a d e s , se consa­
los p a d r e s de f a m ilia p e r c ib a n u n s a ­ g re n a v e n c e r los o b s tá c u l o s y las difi­
lario ta l, q u e con él p u e d a n a t e n d e r c u lta d e s : p r o c u r e la a u t o r i d a d pública
c o n v e n ie n te m e n te a las o r d in a r ia s n e ­ a y u d a r l e s en o b r a t a n s a lu d a b l e con
cesidades d o m é stic as. Y si las c irc u n s ­ su p re v is ió n y su p r u d e n c ia . M as si el
ta n c ia s p r e se n te s de la so c ie d a d no caso llegare al e x t r e m o , se h a b r á en­
sie m p re p e r m ite n h a c e rlo así, pide la to n c e s de d e l i b e r a r si la e m p r e s a pue­
ju stic ia social q u e c u a n to a n t e s se in ­ de c o n t i n u a r o si h a d e a te n d e rs e a
tr o d u z c a n r e fo rm a s ta les, q u e a c u a l­ los o b re r o s e n a l g u n a o t r a f o r m a . En
q u ie r obrero a d u l to se le as egure ese es te p u n t o , v e r d a d e r a m e n t e gravísimo,
salario.— No será aq u í i n o p o r tu n o d a r co n v ien e q u e e x i s t a y a c t ú e eficazmen­
!a m e re cid a a l a b a n z a a c u a n to s con te u n a c i e r ta u n ió n y u n a concordia
previsión t a n s a b ia com o útil h a n e n ­ c r is t ia n a e n t r e o b re r o s y p a t ro n o s .
sa y ad o e in t e n t a d o d ive rsos m edios
p a r a a c o m o d a r la r e m u n e ra c ió n del
tr a b a jo a las ca rg as de la fa m ilia , de c) el bien común
m a n e r a q u e al a u m e n to de éstas
c o rre sp o n d a el a u m e n to de aquél; y 34. F i n a l m e n t e , la c u a n t í a del sa­
a u n si fuere m e n ester, se p u e d a n t a m - la rio d e b e a t e m p e r a r s e al b ie n público
o itn satisfacer las necesidades e x t r a ­ econ óm ico . Y a h e m o s e x p u e s to rn&s
ordinarias. a r r i b a c u á n t o a y u d a a e s te b ie n común
el q u e los o b r e r o s y e m p le a d o s lleguen
a r e u n ir poco a poco u n m o d e s to ca­
b) la em presa p ita l, m e d i a n t e el a h o r r o de alguna
p a r t e de su salario, d e s p u é s de cubier­
33. P a r a d e te r m in a r la c u a n tía del to s los g a s to s necesarios. P e r o tampóco
salario deben asim ism o tenerse p r e s e n ­ debe d e s a te n d e r s e o tr o p u n t o , quizás
tes las condiciones de la e m p re sa y del de no m e n o r i m p o r t a n c i a y en nues­
em p re sario ; sería in justo ped ir salarios tro s días m u y necesario, a sab er: quí
d es m ed id o s, q u e la em presa, sin grav e se ofrezca o p o r t u n i d a d p a r a tr a b a ja r
r u in a p r o p ia y, p o r lo ta n to , de los a los q u e p u e d e n y q u ie re n tra b a ja r.
obreros, no p u d ie ra so p o rtar. P ero no E sto d e p e n d e no poco de la fijación de
debe r e p u ta r s e c a u s a leg ítim a p a r a d is­ los salarios; la wT&l, así com o ayuda
m in u ir a los o b rero s el salario, si la c u a n d o se e n c ie rra d e n t r o de los juntos
g a n a n c ia m e n o r es d eb ida a la in c a p a ­ lím ites, así, p o r lo c o n tra rio , p u ed e >er
cidad, pereza o descuido en a t e n d e r al o b stá c u lo c u a n d o los s o b r e p a sa . ¿Quien
no sabe q u e los salarios d em asiad o re­ te , no sólo no im p id e la v ir tu d , sin o
ducidos o ex c e siv a m e n te elev a d o s han q ue la fa v o re ce en gran m a n e r a
sido la c a u s a de q ue los obreros q u e­
daran sin ten er trab ajo? E ste m al, que d) el orden social
se ha d esarrollado p rin cip alm en te en
los días de N uestro p on tifica d o , ha per­ 35. T od o cu a n to h a sta a q u í h em o s
judicado a m uchos, ha lan zad o los d ich o sobre el reparto e q u ita tiv o d e
obreros a la m iseria y a duras pruebas, los b ien es y el ju sto salario, se refiere
ha a r r u m a d o la prosperidad de las na­ p rin cip alm en te a las p ersonas p a rticu ­
ciones y p u esto en peligro el orden p ú ­ lares y sólo in d irecta m en te to c a al or­
blico, la paz y la tran q u ilid ad de tod o den social, principal o b jeto d e lo s cu i­
el orbe de la tierra. Contrario es, por dados y p en sa m ien to s d e N u estro p re­
lo ta n to , a la ju stic ia social, el d ism i­ d ecesor León X I I I , q ue ta n to h izo p or
nuir o a u m en tar in d eb id am en te los sa­ restaurarlo en conform idad co n los
larios de los obreros para ob ten er m a­ p rin cip ios de la san a filo so fía y por
yores g a n a n c ia s personales, y sin a ten ­ perfeccionarlo seg ú n las norm as a ltísi­
der al bien com ú n. La m ism a ju sticia m as d e la le y ev a n g élica .
exige que, en unión de m en tes y de Mas para con solidar lo q u e él fe liz ­
voluntades, en cu an to sea p osible, los m en te in ició y para realizar cu a n to
salarios se regulen de m anera que aún q u ed a p or hacer, así com o para
sean los m ás q uienes puedan prestar alcanzar los m ás felices b en eficio s para
su t r a b a j o y percibir de éste los fiti­ la socied ad h u m an a, a n te to d o se n e­
tos necesarios para el so sten im ien to cesita n dos cosas: la reform a d e las
de su v id a. in stitu cio n es y la en m ien d a de las
A lo m ism o con trib u ye la ju sta pro­ costu m b res.
porción entre los salarios: y con ella se Al h ablar de la reform a d e las in s­
enlaza estrech am en te la razonable pro­ titu cio n e s, p rin cip a lm en te p en sa m o s
porción entre los precios de v en ta de en el E stad o; no p orque de su in flu jo
los productos o b ten id os por las d istin ­ h aya de esperarse to d a la sa lv a c ió n
tas artes, cu ales son la agricultura, la sino porque, a cau sa del v icio d e l in ­
industria y otras sem ejan tes. Si se d ivid u alism o q ue h em os señ a la d o , las
guardan co n ven ien tem en te ta les pro­ cosas han llegado y a a tal p u n to que,
porciones, las d iversas artes se au n a­ ab atid a y casi ex tin g u id a aq u ella e x u ­
rán y se ensam blarán, com o para fe r ­ b erante v id a social que en otros tie m ­
i a r un solo cuerpo, y , a la m anera de pos se desarrolló en las corp oracion es
los m iem bros, se com unicarán m utua o grem ios de to d a s clases, han q u ed a­
ayuda y perfección. P ues la econom ía do casi solos fren te a fren te los parti­
s°cial quedará sólid am en te co n stitu id a culares y el E sta d o . S em eja n te d efor­
y alcanzará sus fines tan sólo cuando a m ación del orden social lle v a con sigo
todos y a cada uno de los socios se les no p equeño daño para el m ism o E sta ­
Provea de tod os los bienes que las l i ­ do, sobre el cual vienen a recaer to d a s
ndezas y los su bsidios n atu rales, la té c ­ las cargas que an tes so sten ía n la s an­
nica y la co n stitu ción social de la eco- tigu as corporaciones, v ié n d o se él abru­
puedan ofrecer. E sos bienes han m ado y oprim ido por una in fin id a d de
ser ta n su ficien tem en te ab u n d an tes cargas y ob ligaciones.
Oh s.; itisfafía n *as necesid ades y com o- Es verdad, y lo p ru eb a la h istoria
l,r cs h onestas, y eleven a los hom - palm ariam en te, que la m u d a n za de las
foli'S ,ulnclla condición de vid a m ás •• Cf. S. Th. De reglmine principian 1,
' ' M'io, administrada prudentemen­ 1 — R t r u m novarum n. 36.
co ndicior.es so c iales h a c e q u e m u c h a s
s a n d o la lu c h a de clases o p u e s ta s , sur­
co s a s q u e a n t e s h a c í a n a u n las a s o c ia ­
j a y a u m e n t e la c o n c o r d e inteligencia
cio nes p e q u e ñ a s , h o y no las p u e d a nde las profesiones.
e j e c u t a r sino las g r a n d e s c o l e c tiv id a ­
L a p o lít ic a social tie n e , p u e s , que
des. Y , sin e m b a r g o , q u e d a e n la filo­
d e d ic a rs e a r e c o n s t i t u i r la s profesiones.
sofía social fijo y p e r m a n e n t e aq u e l H a s t a a h o r a , e n efe cto , el e s ta d o de
i m p o r t a n t í s i m o p r in c ip io q u e ni p u e d e
la so c ied a d h u m a n a sigue a ú n violento
se r s u p r im id o ni a l te r a d o ; co m o es ilí­
y , lo p o r t a n t o , i n e s ta b le y vacilante,
cito q u i t a r a los p a r t i c u l a r e s lo q u e
co m o b a s a d o e n clases de te nd encias
co n su p r o p i a in ic i a t i v a y p i o p i a a c ­
div e rsa s, c o n t r a r i a s e n t r e sí y, por
tiv i d a d p u e d e n r e a liz a r p a r a e n c o m e n ­
lo m is m o , i n c lin a d a s a e n e m is ta d e s y
d a r lo a u n a c o m u n i d a d , asi t a m b i é n
luc h as.
es in ju s to , y al m is m o t ie m p o de g r a ­ A u n q u e el t r a b a j o , se g ú n explica
m u y bien N u e s t r o P re d e c e s o r en su
v e perju icio y p e r t u r b a c i ó n p a r a el
E n c í c l i c a 47, no es vil m e r c a r c í a , sino
recto o r d e n social, c o n f ia r a u n a socie­
q u e h a de r ec o n o cerse e n él la digni­
d a d m a y o r y m á s e le v a d a lo q u e c o m u ­
n id a d e s m e n o re s e in ferio res p u e d e n
d a d h u m a n a del o b r e r o y no h a de
ser c o m p r a d o ni v e n d i d o com o cual­
h a c e r y p io c u r a r . T o d a a c ció n de la
q u ie r m e rc a n c ía ; sin e m b a r g o , en nues­
s ociedad debe, p o r su n a t u r a l e z a , p r e s ­
tr o s días, s e g ú n e s tá n la s cosas, sobre
t a r auxilio a los m ie m b r o s del cu e rp o
el m e rc a d o q u e ll a m a n del t r a b a jo , la
social, m a s n u n c a a b s o rb e rlo s y des­
tru irlo s. o f e r ta y la d e m a n d a s e p a r a n a los
h o m b r e s en d o s b a n d o s , co m o en dos
C onviene q u e la a u t o r i d a d p ú b lic a
s u p r e m a deje a las asociacion es infe­ ejércitos, y la d i s p u t a de a m b o s trans­
f o r m a t a l m e r c a d o , co m o e n u n cam­
riores t r a t a r p o r sí m is m a s los c u i d a ­
dos y negocios de m e n o r im p o r ta n c ia ,po de b a t a l l a , d o n d e , u n o e n f r e n te de
que de o tr o m o d o le se ría n de g r a n d í ­
otro , lu c h a n c r u e lm e n te . Com o todos
simo im p e d im e n to p a r a c u m p lir conv en , a t a n g r a v ís im o m a l, q u e precipi­
m a y o r lib e rta d , firm e z a y eficacia t a a la s o c ie d a d h u m a n a h a c ia la rui­
n a , u ig e p o n e r u n r e m e d io c u a n to an­
c u a n to a ella sola co rre sp o n d e , y a qu e
sóio ella p u e d e realizarlo, a saber: d i­ tes. P u e s bien; t a p e r f e c ta curación no
rigir, vigilar, e s tim u la r , re p r im ir , se­
se o b t e n d r á sino c u a n d o , q u i t a d a de
g ún los casos y la n ecesid ad lo ex ija n . en m edio esa lu c h a , se f o r m e n miem'
P o r lo t a n t o , te n g a n bien e n t e n d id o
bros del c u e rp o social bien organiza­
dos; es decir, órdenes o profesiones en
esto los q u e gob ie rn a n : c u a n d o m á s v i­
g o r o s a m e n te reine el o r d e n je rá rq u ic o
q u e se u n a n los h o m b r e s , no según «j
e n t r e las diversas asociaciones, q u e ­ cargo q u e tie n e n e n el m e rc ad o del
d a n d o en pie es te principio de la f u n ­ t r a b a j e , sino se g ú n las d iv e rsa s fun­
ción su p le tiv a del E s ta d o , t a n t o m á s
ciones sociales q u e c a d a u n o ejercita.
firm e se rá la a u t o r i d a d y el p o d e r so ­
Así com o, sig u ien d o el im p u lso natu­
cial, y t a n t o m á s p ró sp e ra y feliz la
ral, los q u e e s tá n ju n t o s en u n lugar
condición de! E s ta d o . fo rm a n u n m u n ic ip io , así los que 1S*
o c u p a n en u n m ism o a r t e o profesión,
sea e c o n ó m ic a, sea <le o t r a especie, fo*T
arm onía entre las clases m a n asociacio nes o cu e rp o s, h a s ta *J
p u n to q u e m u c h o s c o n s id e ra n ew
36. E s ta debe ser, a n t e to d o , la a g ru p a c io n e s, q u e g o za n d e su prop*
mira; éste el esfuerzo del E s t a d o y de
todos los buenos ciu d a d a n o s, que, ce­
derecho, si no es¿n c iale s a la so c ie d a d , A h o r a bien: así c o m o los h a b i t a n t e s
al m e nos c o n n a t u r a l e s a ella. d e u n M u n ic ip io s u e le n f u n d a r a s o c ia ­
El o r d e n , co m o e g r e g ia m e n te dice cio nes con fin es m u y d i v e r s o s e n las
el D o c to r A n g é l i c o 48, es la u n i d a d re­ cu a le s es c o m p l e t a m e n t e lib r e i n s c r i ­
sultante de la c o n v e n ie n te disposición b irse o n o in sc rib irse, así t a m b i é n Jos
de m u c h a s cosas; p o r esto el v e r d a d e ­ q u e e j e r c it a n la m is m a p r o f e s ió n f o r ­
ro y g e n u in o o r d e n social re q u ie re q u e m a r á n u n o s con o tr o s s o c ie d a d e s i g u a l ­
los diversos m ie m b r o s de la so c ied a d m e n t e libres p a r a a l c a n z a r f in e s q u e
se j u n t e n en u n o con a l g ú n v ín c u lo en a l g u n a m a n e r a e s tá n u n i d o s c o n el
firme. E s t a f u e r z a de co hesión se e n ­ ejercicio d e la m is m a p ro fe sió n . N u e s ­
cuentra, y a e n los m is m o s bie n es q u e t r o P re d e c e s o r d escribió c l a r a y d i s t i n ­
se p ro d u ce n o servicios q u e se p r e s ta n , t a m e n t e e s ta s asociacio nes: Nos b a s t a ,
en lo cual de c o m ú n a c u e r d o t r a b a j a n p u es, in c u lc a r u n a sola cosa: q u e el
patronos y o b re r o s de u n a m is m a pro ­ h o m b r e tie n e lib e r ta d , no sólo d e f u n ­
fesión, y a en a q u e l bie n c o m ú n a q u e d a r e s ta s as ociaciones, q u e son d e o r ­
todas las profesiones j u n t a s , c a d a u n a d e n y d e r e c h o p r iv a d o , sino t a m b i é n
por su p a r te , a m i g a b l e m e n t e d e b e n la de escoger p a ra s u s socios aquella
concurrir. E s t a u n ió n se rá t a n t o m ás reglam entación que ellos consideren m á s
fuerte y eficaz c u a n t c con m a y o r f id e ­ a propósito p a ra su s fin e s í0. Y h a d e
lidad c a d a in d iv id u o y c a d a orden p o n ­ r e iv in d ic a rs e la m i s m a lib e r ta d p a r a
gan m a y o r e m p e ñ o e n e je r c e r su p r o ­ f u n d a r a s o cia cio n e s q u e s o b r e p a s e n I j s
fesión y so b r e sa lir en ella. ¡im ites de c a d a p ro fe sió n . L a s a s o c i a ­
De to d o lo q u e p ie c e d e se d ed u c e ciones libres q u e e s t á n f lo re c ie n te s y
con facilidad q u e e n d ic h a s c o rp o ra c io ­ se g o za n v ie n d o sus s a lu d a b le s f r u t o s ,
nes in d is c u tib le m e n te tie n e n la p r i m a ­ v a y a n p r e p a r á n d o s e el c a m in o p a r a
cía los intereses c o m u n e s a t o d a la pro­ f o r m a r a q u e lla s o t r a s a g r u p a c io n e s
fesión; y n in g u n o h a y t a n p rin cip al m á s p e r f e c ta s , u órdenes, de q u e h e m e s
como la co o p e ració n , q u e i n t e n s a m e n ­ hecho m e n c ió n , y p r o m u é v a n l a s con
te se ha de p r o c u r a r , de c a d a u n a de t o d o d e n u e d o , se g ú n el e s p íritu d e la
las profesiones en f a v o r del bien c o m ú n d o c t r i n a social c ris tia n a .
de la sociedad. P e r o en las cu e stio n es
tocantes e s p e c ia lm e n te al logro y d e ­ 37. N os r e s ta a t e n d e r a o t r a cosa,
fensa de las v e n t a j a s o a las d e s v e n t a ­ m u y u n i d a con lo a n t e r io r . Asi co m o
jas especiales de p a t r o n o s y obreros, la u n i d a d del c u e r p o social no p u e d e
cuando f u e re n ec e s a ria u n a d e l ib e r a ­ b a s a r s e en la oposición d e clases, t a m ­
ción, d e b e r á hac erse s e p a r a d a m e n t e poco la r e c ta o r g a n iz a c ió n d e l m u n d o
Por los u nos y p o r los otros. econ ó m ic o p u e d e e n t r e g a r s e al lib re
Apenas es necesario r e c o rd a r q u e lo ju e g o d e la c o n c u r re n c ia d e la s f u e r ­
ei'señado p o r L eón X l l 1 so b re la for- zas. M ás a ú n ; de t a l p r in c ip io , co m o
"y 1 política d e go b ie rn o p u e d e a p l ic a r ­ de f u e n te e m p o n z o ñ a d a , n a c ie r o n t o ­
s e g u a r d a d a la d e b i d a p ro p o rc ió n , a d o s los erro re s de la cie n c ia e c o n ó m i­
os colegios o c o rp o ra c io n e s profesio- c a in d iv id u a lista , la c u a l, s u p r im ie n d o
h es> a ¿aber: q u e es libre a ios h o rn­ p o r olvido o ig n o r a n c ia el c a r á c t e r so­
o s escoger la f o r m a de gob ie rn o q u e cial y m o r a l d el o r d e n e c o n ó m ic o , so s­
.dieren, q u e d a n d o a salv o ia ju s tic ia tu v o q u e éste h a b í a d e se r ju z g a d o y
- 'as exigencias del bien c o m ú n **. t r a t a d o co m o t o t a l m e n t e in d e p e n d i e n ­
' c r S. Ti,. Contra Gent. 3, 71; cf. I.*,
t e de la a u t o r i d a d p ú b lic a , p o r c u a n t o
„ . ,iñ’ 2. '■ c.
( f ene. Im m ortalf Dei 1 nov. 1885. 10 R erum novarum n. 44.
q u e su p r in c i p io d i r e c tiv o y su n o r m a u n a f a u s t a y feliz c o o p e ra c ió n de la
se h a l l a b a e n el m e r c a d o ó libre c o n ­ e c o n o m ía in te r n a c i o n a l.
c u r r e n c i a (le los c o m p e tid o re s ; y con R e s ta b le c id o s así los m ie m b r o s del
e s te p r in c ip io h a b r í a de regirse m e jo r o n a n i s m o social, y r e s t i t u i d o el prin­
q u e p o r la in te r v e n c i ó n de c u a lq u ie r cipio d ir e c tiv o del i n u n d o económico-
e n t e n d i m i e n t o c r e a d o . P e r o la libre social, p o d r í a n a p lic a rs e en a lg u n a ma­
c o n c u r re n c ia , a u n c u a n d o , e n c e r r a d a n e r a a e s te c u e r p o las p a l a b r a s del
d e n t r o de c ie r to s lím ites, es j u s t a y sin A p ó sto l a c e r c a del c u e r p o m istlco de
d u d a ú til, no p u e d e s e r en m o d o a l g u ­ Cristo: Todo el cuerpo trabado y unido
n o la n o r m a r e g u l a d o r a de la v id a eco­ recibe por todos los vanos y conductos
nóm ic a; y lo p r o b ó d e m a s i a d o la e x ­ de com unica ció n , se g ú n la m edida co­
periencia, m i e n t r a s f u e r o n a p lic a d a s a rrespondiente a cada m iem b ro , el aumen-
la p r á c tic a las n o r m a s del e s p íritu in ­ to propio del cuerpo p a ra su perfección
d iv id u a lis ta . E s, p o r lo t a n t o , c o m p le ­ m ediante la c a r id a d 61.
t a m e n t e necesario q u e se r e d u z c a y R e c i e n te m e n t e , to d o s lo sa b en , se ha
s u je te de n u e v o la e c o n o m ía a u n v e r ­ iniciado u n a especial o rg a n iz a c ió n sin­
d a d e r o y eficaz p rin c ip io d ir e c tiv o . La dical y c o r p o r a ti v a , de la cual, dada
d i c t a d u r a ec o n ó m ic a, q u e h a s u s t itu í la m a te r ia de e s ta N u e s t r a Encíclica,
do r e c ie n te m e n te a la libre c o n c u r r e n ­ p a i e c e bien d a r a q u í b r e v e m e n te una
cia, m u c h o m e n o s p u e d e se rv ir p a r a idea con a l g u n a s co nsideracio nes.
ese fin d ir e c tiv o , y a q u e, in m o d e r a d a El m is m o E s t a d o de ta l s u e r te cons­
y v io le n ta p o r n a t u r a le z a , p a r a se r útil ti t u y e en p e r s o n a lid a d j u r íd ic a al sin­
a los h o m b r e s n e c e s ita u n fre n o e n é r ­ d ic a to q u e, a la vez, le confiere on
gico y u n a dirección s a b i a —freno y cierto privilegio de m ono p o lio en ciwri-
c:.-ecciór. qu e no p u e d e d a r s e a sí mis- to q u e sólo el sin d ic a to , así reconoci­
:*¡a. As* q u e se h a de b u s c a r algo do, p u e d e r e p r e s e n t a r a los obreros v
d p e r i o r y m á s n oble p a r a regir con a los p a t r o n o s , r e s p e c ti v a m e n te , y él
severa in te g r id a d aqu e l p o d e r econó­ solo p u e d e c o n c lu ir c o n t r a t o s y pactos
mico, a saber: la ju s tic ia y la c a r id a d de t r a b a j o . L a ad scrip ció n al sindica­
social. P o r lo t a n t o , las in stitu c io n es to es f a c u l t a t i v a , y solo en este senti­
p úblic as y t o d a la v id a social de los do p u e d e decirse q u e la organización
p ueblos d e b e n e s ta r in f o rm a d a s p o r esa sin dica l es libre, p u e s to q u e la cuota
justicia; es c o n v e n ie n te y m u y necesa s o c ie ta r ia y c ie r ta s t a s a s e s p e c ia le s son
rio que és ta sea v e r d a d e r a m e n t e efi­ o b lig a to ria s p a r a to d o s los q u e perte­
caz, o sea, q u e dé v id a a to d o el o rden necen a u n a c a te g o ría determinada,
ju r íd ic o y social y la ec o n o m ía q u ed e sean o b rero s o p a t r o n o s , así com o pa/a
co m o im b u id a por ella. L a c a r id a d so­ tod o s son o b lig a to rio s los c ontra tos
cial d eb e ser com o el a l m a de ese o r ­ tr a b a j o es tip u la d o » p o r el sindicato jU"
den; la a u t o r i d a d p ú b lic a no d eb e rá rídico. Es v e r d a d q u e autorizadaiflíjj'
d e s m a y a r en la tu te la y d e fe n sa efi­ te se h a d e c la ra d o q u e el sindica to O»1'
caz del migmo, y no le será difícil lo­ cial no ex c lu y e de hecho la iv iHten®3
g rarlo si a r r o j a de sí las carga» que, de o tr a s asociaciones profesionales.
com o dec ía m os a n te s , no le c o m p ete n . Las co rp o ra c io n e s se c o n s titu y e n P<?
Más a ú n , c o n v e n d iía q u e v a r ia s n a ­ r e p r e s e n ta n t e s de los s in d ic a to ! ®
ciones, u n id a s en sus e s tu d io s y t r a ­ o b re ro s y p a t r o n o s de la m is m a • » i(
bajo*, p u e s to q u e e c o n ó m ic a m e n te d e ­ o profesión; y, en c u a n t o v e rda dero *;
p e n d e n en g ra n m a n e r a u n a s de o tr a s p ropios ó rg a n o s e in stitu c io n e s de 1 b
y m u t u a m e n t e se nec esitan, p r o m o v ie ­
ran con sab ios t r a t a d o s e in stitu c io n es 11 i-’ph. -i, id.
lad o, dirigen y coordinan los sin d ica ­
tos en las cosas de in te ié s com ú n.
Í;uia y el m agisterio
a Iglesia, q u e en el
d e la Iglesia; d<
terren o a n tes se
La h u elg a está prohibida; si las par­ ñ alado, a sí com o d o n d eq u iera q ue se
tes no p ueden ponerse de acu erdo, in agitan y regulan c u e s tio n e s m orales,
lervien e la M agistratura. no p uede jlv id a i o d esc u id a r el m an ­
B asta un poco de reflexión para ver d a to de cu sto d ia y d e m a g iste r io que
las v en ta ja s de esta organ ización , aun­ se le con fió d iv in a m en te.
que la h a y am os d escrito su m ariam en ­ C uanto hem os en señ a d o so b re la res­
te: la colaboración p acifica de las cla ­ tau ración y perfección d el ord en so cia l
ses, la represión de las organ izacion es es im posible realizarlo sin la reform a de
v de los in te n to s so cia lista s, la acción las costum bres: la h istoria m ism a nos
m oderadora de una m agistratura esp e­ io m u estra con to d a clarid ad . E x is tió
cial. P a r a no om itir nada en argum en­ en o tro s tiem p o s un orden s o c ia l, no
to de t a n t a im portan cia, y en arm o­ cierta m en te p erfecto y co m p leto en to ­
nía con los principios gen erales m ás d as su s p artes, pero sí co n fo rm e d e a l­
a rrib a ex p u esto s y con lo q u e luego gún m odo a la recta razón, si se tien e
añadirem os, deb em os asim ism o decir en cu en ta las co n d icio n es y n e c e sid a ­
que vem o s no faltan q uienes tem en d es de la época. P ereció hace tiem p o
que, en dich a organización, el E stad o aquel orden de cosas; y no fu é, c ie r ta ­
se su stitu y a a la libre a ctiv id a d , en m en te, porque no pudo a d a p ta rse, por
lufíar de lim itarse a la necesaria y su ­ su propio desarrollo y ev o lu c ió n , a los
ficiente a sisten cia y ayuda; que la nue­ cam b ios y n u ev a s necesid ades q u e se
va organización sin dical y corporativa p resen tab an, sino m ás bien, o p o rq u e
tenga carácter ex c esiv a m en te burocrá­ los hom bres, en d urecidos en su eg o ís­
tico y político; y que, no o b sta n te las m o, se negaron a abrir los cu a d ro s de
v e n t a ja s generales señalad as, pueda aq uel orden, com o hubiera co n v en id o ,
servir a in ten to s p olítico s, p articu la­ al núm ero siem pre crecien te d e la m u ­
res, m ás bien que a la preparación y ch ed u m b re, o p o .q u e , se d u cid o s por
comienzo de un m ejor estad o social. una apariencia de falsa lib ertad o por
Creemos que para alcanzar este no­ otros errores, y en em igos de cu alq u ier
bilísim o In tento, con verdadero y esta ­ clase de au toridad , in ten ta ro n sa cu d ir
ble provecho para tod os, es necesaria de si todo yugo.
primero y p rin cip alm en te la bendición R esta, pues, que, llam ad os d e n u e­
de D ios y luego la colaboración de vo a ju icio, así la o rgan ización a ctu a l
todas las buenas volu n ta d es. Creem os, económ ica com o el so c ia lism o , su más
ad em ás, y com o con secu en cia natural acérrim o acusador, y d icta d a sobre
de lo m ism o, que ese m ism o in ten to am bos franca y ju sta se n te n c ia , a v e ­
alcanzará ta n to m ás seguram ente rigüem os a fondo cuál es la raíz de
‘-'uanto m ayor sea la cooperación de ta n to s males; y señ a la m o s, com o su
«i» com p eten cias técn icas, profesiona- prim ero y m ás necesario rem ed io, la
ll's y sociales y, lo que es m ás, de los reform a de las costu m b res.
Principios católicos y de la p ráctica de
?s m ism os, no de p arte de la A cción
J-atólica (porque no pretend e desarro- III. CAMBIOS D E S D E LEON X III
ll;" a ctivid ad estricta m en te sin d ical o
Política), sino de p arte de aq uellos de 38. Q randeg c a m b io s han su frid o d w d c
‘Nuestros hijos que la A cción C atólica los tiem p o s d e L eón X I I I ta n t o la o rg a n iz a ­
ción económ ica com o el socialism o.
euuca ex q u isita m e n te en los m ism os En p rim e r lu y ar, es m an ifiesto q u e las
I rincipios y en el ap ostolad o bajo la condiciones económ icas han su frid o p ro fu n d a
ni udan/.a. Ya cabéis. V enerables H e r m a n o s ties se e n c u e n t r a n f u e r a d e su esfera
\ a m a d o s hijos, que N u e str o Predecesor,
de f. ni., enfocó en su Encíclica p r incipal­ de a c ció n , c o m u n ic á n d o le s asi las v e n ­
m e n te el régim en c a p ita lis ta , o sea, a q u e lla t a j a s co m o las d e s v e n t a j a s y defic ien ­
m a n e r a de proceder en el m u n d o economico cia s p r o p ia s , y e s t a m p a n d o en ellas su
po r la cual unos po ne n el c apital y otro s el
t r a b a j o , como el m ism o Pontífic e defin ía con p r o p io c a r á c t e r .
u n a expr esi ón feliz: N i el capital puede existir Así, p u e s , c u a n d o i n v i t a m o s a e s tu ­
■;n c: trabajt'. ni e! trabajo sin el c a p ita l” . d i a r la s tr a n s f o r m a c i o n e s q u e el orden
e c o n ó m ic o c a p i t a l i s t a h a e x p e r im e n ­
a: en el o rd en econó m ico t a d o d e s d e el t i e m p o d e L e ó n X I I I ,
no sólo N os f ija m o s en el b ie n d e los
León X I 11 p u so to d o e m p e ñ o en q u e h a b i t a n e n los p aíses d o m in a d o s
a j u s t a r esa o r g an iz ac ió n ec o n ó m ic a a p o r el c a p ita l y la i n d u s t r i a , sino en el
las n o r m a s del recto o r d e n ; de d o n d e d e to d o s los h o m b r e s .
se d educe que no p u e d e c o n d e n a r s e
p o r sí m ism a. Y, en re a lid a d , no es p o r d icta d u ra económica
su n a t u r a le z a viciosa; p e ro v io la el rec­
to o rd en c u a n d o el c a p ita l e s cla v iza a 39. P r i m e r a m e n t e , s a l t a a la v ista
los o breros o a la clase p r o l e t a r i a con q u e en n u e s tr o s tie m p o s no se a c u m u ­
ta l fin y ta l f o rm a q u e los negocios y, lan s o la m e n te r iq u e z a s , sino q u e t a m ­
p o r !o t a n t o , to d o el c a p ita l sir v a n sólo bién se c r e a n e n o r m e s p o d e r e s y una
a su v o lu n ta d y a su u tilid a d , d es p ie- p r e p o te n c ia e c o n ó m ic a d e s p ó tic a en
ciando la d ig n id a d h u m a n a de los o b r e ­ m a n o s de m u y pocos. M u c h a s veces
ros, la índole social de la e c o n o m ía y no son éstos ni d u e ñ o s s iq u ie ra , sino
la m is m a ju stic ia social y bien c o m ú n . sólo d e p o s ita rio s y a d m in is tra d o re s ,
Es cierto q u e a u n h oy no es éste el q u e rigen el c a p ita l a su v o l u n t a d y
único m odo v ig e n te de org an iz ac ió n a r b itrio .
. i mómica; existen otros, d e n t r o de los Su p o d erío llega a h ac erse despótico
cuales vive u n a m u c h e d u m b r e de h o m ­ com o n in g ú n o tr o , c u a n d o , d u e ñ o s a b ­
bres, m u y i m p o r ta n te p o r su n ú m e ro solutos del d in e ro , g o b ie r n a n el crédi­
y por su valo r, p o r ejem plo, la p ro fe ­ to y lo d i s t r i b u y e n a su gu sto ; diríase
sión agrícola; en ella la m a y o r p a r t e del q u e a d m i n i s t r a n la s a n g r e de la cual
géner.' h u m a n o , h o n e s ta y h o n r a d a ­ v iv e t o d a la ec o n o m ía , y q u e de tal
m e n te , halla su s u s te n to y su bie n es­ m o d o tie n e n en su m a n o , p o r decirlo
ta r . T am p o co e s tá n libres de las e s tre ­ así, el a l m a de la v i d a ec o n ó m ic a, que
checes y dificultades q u e s e ñ a la b a nad ie p o d r ía r e s p ir a r c o n t r a su vo­
N u e stro P redecesor en no pocos lu g a ­ lu n ta d .
res de su Encíclica, y a las q u e t a m ­ E s t a a c u m u la c ió n de p o d e r y de re­
bién Nos en és ta hem os alu d id o m á s cursos, n o t a casi c a r a c t e r ís ti c a de la
de u n a vez. ec o n o m ía c o n t e m p o r á n e a , es el fruto
P ero el régim en económico ca p ita ­ q u e n a t u r a l m e n t e p r o d u jo la libertad
lista se h a e x te n d id o m u c hísim o p o r ilim ita d a de los c o m p e tid o re s, q u e sólo
to d a s p a r te s , después de p u b lic a d a la dejó s u p e rv iv i e n te s a los m á s podero­
Encíclica de León X I I I , a m e d id a que sos, esto es, con f fe íu e n c ia , a los más
se e x te n d ía p o r tod o el m u n d o el in ­ v iole n tos en la lu c h a y a los q u e m e­
dustrialism o; t a n t o , qu e h a llegado a nos a tie n d e n a su conciencia.
in v a d ir y p e n e tr a r h a s ta en las c o n d i­ A su vez, e s ta c o n c e n tra c ió n de ri­
ciones económ icas y sociales de quie- q u ez as y d e f u e r z a s p r o d u c e tre s cla­
ses de lu c h a p o r el p red o m in io : p n -
mero, se c o m b a te p o r la hegemonía
económ ica; luego se inic ia u n a fiera nal del d in e ro , p a r a el c u a l la p a t r i a
b a ta lla p a r a o b t e n e r el p r e d o m i n io e s t á d o n d e se e s t á b ie n .
sobre el p o d e r p ú b lic o , y c o n s ig u ie n ­
t e m e n t e p o d e r a b u s a r d e su f u e r z a e y remedios
influencia en los co n flicto s económ icos;
fin a lm e n te , se e n t a b l a el c o m b a t e en el 41. Los r e m e d io s a m a l e s t a n p r o ­
ca m p o i n t e r n a c i o n a l, en el q u e lu c h a n f u n d o s q u e d a n in d ic a d o s e n la s e g u n d a
los E s t a d o s p r e t e n d i e n d o u s a r la f u e r z a p a r t e de e s ta E n cíclic a, d o n d e d e p r o ­
y p o d e r p o lític o p a r a f a v o r e c e r las u t i ­ p ó s ito liem os t r a t a d o d e ello b a j o el
lidades e c o n ó m ic a s d e s u s r e sp e c tiv o s a s p e c to d o c t r i n a l: b a s t a r á , p u e s , r e c o r ­
sú b d ito s, o, p o r lo c o n t r a r i o , h a c ie n d o d a r la s u s t a n c i a de N u e s t r a e n s e ñ a n z a .
que las fu e r z a s y el p o d e r e c o n ó m ic o P u e s t o q u e el régim en e c o n ó m ic o m o ­
sean los q u e r e s u e lv a n la s c o n t r o v e r s ia s d e r n o d e s c a n s a p r i n c i p a l m e n t e s o b r e el
políticas o r ig in a d a s e n t r e las n aciones. c a p ita l y el t r a b a j o , d e b e n c o n o c e r s e
y p o n e r s e en p r á c t i c a los p r e c e p t o s d e
la r e c ta r a z ó n , es to es, d e la filo so fía
su s fu n e sta s consecuencias social c r is t ia n a , q u e c o n c ie rn e n a a m ­
bos e l e m e n to s y a su m u t u a c o l a b o r a ­
40. U ltim a s co n s e c u e n c ia s del esp í­ ción. P a r a e v i t a r a m b o s escollos, el in ­
ritu i n d iv i d u a li s ta en el c a m p o e c o n ó ­ d iv id u a lis m o y el socialism o, d e b e s o ­
mico, V e n e ra b le s H e r m a n o s y a m a d o s b re t o d o t e n e r s e p r e s e n te el d o b le c a ­
hijos, son las q u e v o s o tr o s m is m o s es­ r á c te r , i n d iv i d u a l y social, del c a p i t a l
táis vie n d o y d e p l o ra n d o : la libre c o n ­ o d e la p r o p i e d a d y del t r a b a j o . L a s
cu rrencia se h a d e s tr o z a d o a si m is m a ; relaciones q u e a n u d a n el u n o a l o t r o
la p r e p o te n c ia e c o n ó m ic a h a s u p l a n t a ­ d e b e n ser r e g u la d a s p o r las le y e s de
do al m e r c a d o libre; al deseo d e lu cro u n a e x a c t ís im a ju s t ic i a c o n m u t a t i v a ,
ha suc ed id o la a m b ic ió n del p r e d o m i ­ a p o y a d a en la c a r id a d c r i s t i a n a . E s
nio; t o d a la e c o n o m ía se h a hecho im p r e sc in d ib le q u e la lib re c o n c u r r e n ­
e x t r e m a d a m e n t e d u r a , cruel, im p l a c a ­ cia, c o n t e n i d a d e n t r o de lím ite s r a z o ­
ble. A ñ á d a n s e los d a ñ o s g rav ísim o s, n a b le s y ju s to s , y, so b r e t o d o , el p o d e r
suscitado s p o r la co nfu sió n y m e zcla e c o n ó m ic o , e s té n s o m e tid o s e f e c t i v a ­
la m e n ta b le e n t r e las a tr i b u c io n e s y m e n t e a la a u t o r i d a d p ú b lic a e n t o d o
deberes del o r d e n p olítico y las del a q u e llo q u e le e s t á p e c u l i a r m e n t e e n ­
económico: v a lg a com o eje m p lo u n o de c o m e n d a d o . F in a lm e n te , las i n s t i t u c i o ­
los m ás g rav e s, la c a íd a del p restigio n es d e los p u e b lo s d e b e n a c o m o d a r la
del E s ta d o , el cu a l se h ac e esclavo y so c ie d a d e n t e r a a las e x i g e n c ia s del
dócil i n s t r u m e n t o de las p asio n es y b ie n c o m ú n , es decir, a la s re g la s de
ambiciones h u m a n a s c u a n d o , libre de la ju s t ic i a social; de a h í r e s u l t a r á q u e
todo p a r ti d is m o y te n ie n d o com o ú n i ­ la a c t i v i d a d ec o n ó m ic a , f u n c i ó n i m p o r ­
co fin el bie n c o m ú n y la ju s tic ia , d e ­ t a n t í s i m a d e la v id a social se e n c u a ­
bería e s t a r erigido en s o b e ra n o y s u ­ d re asim ism o d e n t r o d e u n o r d e n sa n o
premo á r b it r o . P o r lo q u e to c a a las y bien e q u ilib ra d o .
''aciones en sus relaciones m u t u a s , se
yen dos c o r r ie n te s q u e m a n a n de la t>) en el s o c ia l-p o litic o : tran s­
misma f u e n te : de u n a p a r t e , el nacio- form ación del S ocialism o
"alismo o t a m b i é n el im p e ria lism o ec o ­
nómico; y de o t r a , el no m e n o s f u n e s to 42. No m e n o s p r o f u n d a q u e la del
y d e te sta b le in te r n a c i o n a li s m o del ca- régim en e c o n ó m ic o es la t r a n s f o r m a ­
< o sea, el im p e ria lism o i n te r n a c i o ­ ción q u e d es d e L eó n X I I I h a sufridu
el so c ia lism o , c o n q u ie n p r i n c i p a l m e n ­ cia d e q u ie n e s d e s c u id a n la su p re sió n
te t u v o q u e l u c h a r N u e s t r o A n te c e s o r. o r e f o r m a del e s ta d o de co sas q u e lle­
E n t o n c e s p o d i a c o n s id e r a r s e t o d a v í a v a n a los p u e b lo s a la e x a s p e r a c ió n y
s e n s i b l e m e n t e ú n ic o , con u n a d o c t r i n a con ello p r e p a r a n el c a m i n o a la rev o ­
d e f i n i d a y bie n s i s t e m a t i z a d a ; p e ro lu c ión y r u in a d e la s o c ie d a d .
lue go se h a d iv id id o p r i n c i p a l m e n t e en
d o s p a r t e s , casi s ie m p r e c o n t r a r i a s e n ­
t r e si y llenas de odio m u t u o , sin q u e partid o m oderado; «S o cia lism o »
n i n g u n a de las d o s r e n ie g u e del f u n ­
d a m e n t o a n t ic r is t ia n o , p r o p io del so ­ 44. L a p a r t e q u e se h a q u e d a d o
cialism o. con el n o m b r e de so cia lism o es c ie r ta ­
m e n t e m á s m o d e r a d a , p u e s no sólo
p ro fe sa q u e h a de s u p r im ir s e t o d a vio­
partido de violen cia : «C om unism o* lencia, sino q u e, a u n sin r e c h a z a r la
lu c h a de clases y la abo lició n de la
43. U n a p a r t e del socialism o sufrió p r o p ie d a d p r i v a d a , las s u a v i z a y m o ­
u n c a m b io s e m e j a n te al q u e in d i c á b a ­ d e r a de a l g u n a m a n e r a . D iría se que,
m o s a n te s resp e cto a la e c o n o m ía c a p i­ a t e r r a d o p o r su s p rin c ip io s y p o r las
t a l i s t a , y dió en el co m u n ism o . E n s e ñ a co n sec u en cias q u e se siguen del co m u ­
y p r e te n d e , no o c u l ta y d is i m u la d a ­ nism o, el socialism o se in c lin a y en
m e n te , sino c l a r a y a b i e r ta m e n te , y cierto m o d o a v a n z a h a c ia las v e r d a ­
p o r to d o s los m edios, a u n los m á s v io ­ des q u e la t r a d i c ió n c r i s t i a n a h a ense­
lentos, dos cosas: la lu c h a de clases ñ a d o sie m p r e s o le m n e m e n te , p u e s no
e n c a r n iz a d a y la d e s a p a ric ió n c o m p le­ se p u e d e n e g a r q u e su s p e tic io n e s se
t a de la p r o p ie d a d p r iv a d a . P a r a lo­ a c e rc a n m u c íia s vec es a las de quienes
g r a r su ideal, n a d a h a y a lo q u e no d esean r e f o r m a r la s o c ie d a d conform e
se a t re v a , ni n a d a q u e resp e te; y, u n a a los prin cip io s cristian o s .
vpz conseguido el p o d e r , t a n a tro z e
inhum r;p': se m a n ifiesta, q u e p are ce 45. L a lu c h a de clases, sin enem is­
i.osa u u 'ü i o l e y m o n s t r u o s a . Nos lo t a d e s y odios m u t u o s , poco a poco se
uicen las Horrendas m a t a n z a s y ru in as tr a n s f o r m a en u n a com o discusión ho­
con q u e ha d e v a s ta d o in m e n sa s regio­ n e s ta , f u n d a d a en el a m o r a la justicia;
nes de ¡a E u r o p a O rie n ta l y Asia; y c i e r ta m e n te , no es a q u e lla b ie n a v e n ­
q u e es enem igo a b ie r to de la S a n t a t u r a d a p a z social q u e to d o s deseamos,
Iglesia y del m ism o Dios, d e m a sia d o , p ero p u e d e y d e b e ser el prin cip io de
p o r desgracia, d e m a sia d o nos los h an d o n d e se llegue a la m u t u a co o p e ra­
p r o b a d o los hechos y es de to d o s bien ción de las p rofesiones. L a m is m a gue­
conocido. P o r eso ju z g a m o s superflu o rra a la p r o p ie d a d p r i v a d a se restrin ­
p r e v e n ir a los buenos y fieles hijos de ge c a d a vez m á s y se s u a v iz a de tal
ia Iglesia c o n tra el c a r á c te r im p ío e m odo que, al fin, y a no es la posesión
i i justo del c o m unism o; pero no p o d e ­ m is m a de los m edio s de p ro d u c c ió n lo
mos m enos de c o n t e m p l a r con p r o f u n ­ que se a t a c a , sino cierto p red om inio
do dolor !a incuria de los q u e p are cen social q u e c o n t r a to d o dere ch o se ha
d espreciar estos in m in e n te s peligros, y to m a d o y a r r o g a d o la p r o p ie d a d . Y de
con c ierta p as iv a desidia p e r m ite n q u e hecho, s e m e j a n te p o d e r n o . p e r te n e c e
se p r o p a g u e n por to d a s p a r te s d o c t r i­ a los q u e poseen, sino a p o te sta d
nas que d e s tro z a r á n por la violencia y púb lica. De es te m o d o se p u e d e llegar
p or la m u e rte to d a la sociedad. M a yor in se n sib le m e n te h a s ta el p u n t o de q u e
condenación merece a ú n la negligen ­ estos p o s tu la d o s del socialism o m ode­
rado no d if ie ra n de los a n h e lo s y p e t i ­ pios d e la fe c r i s t i a n a y se p r o m u e v e n
ciones de q u ie n e s d e s e a n r e f o r m a r la m á s e f ic a z m e n t e p o r la f u e r z a d e ta
so cied ad h u m a n a f u n d á n d o s e en los c a r i d a d c r is t ia n a .
p rincipios c r is tia n o s . E n v e r d a d q u e P e r o ¿ q u é d e c ir e n el c a s o d e q u e el
con t o d a r a z ó n c a b e el d e f e n d e r q u e so c ialism o d e ta l m a n e r a se m o d e r e y
se p u e d a n l e g í t i m a m e n t e r e s e r v a r a losse e n m ie n d e en lo t o c a n t e a la l u c h a
p oderes p ú b lic o s c i e r ta s c a te g o r ía s d e de clases y a la p r o p ie d a d p r i v a d a , q u e
bienes, a q u e llo s q u e lle v a n consigo t a l n o se le p u e d a y a r e p r e n d e r n a d a e n
p r e p o n d e r a n c ia e c o n ó m ic a q u e no se e s to s p u n t o s ? ¿A c a so con ello a b d i c ó
pod ría, sin p o n e r en p eligro el bien y a de su n a t u r a l e z a a n t i c r i s t i a n a ? H e
c om ú n, d e ja rlo s en m a n o s d e los p a r ­ a q u í la c u e s tió n , a n t e la c u a l se q u e ­
ticulares. d a n p e r p le jo s m u c h o s e s p ír i tu s . Y so n
E s to s deseos y p o s tu l a d o s j u s t o s y a m u c h o s los c a tó lico s q u e , s a b i e n d o p e r ­
n a d a c o n tie n e n c o n t r a r i o a la v e r d a d fectam en te que n u n ca pueden a b a n d o ­
cristian a , ni t a m p o c o son, en v e r d a d , n a r s e los p rin c ip io s c a tó lic o s ni s u p r i ­
reivindicaciones p r o p ia s del socialism o. m irse , p a r e c e n v o lv e r s u s o jo s a e s t a
P or lo t a n t o , q u ie n e s s o la m e n te p r e t e n ­
S a n t a S e d e y p e d i r con in s i s t e n c i a q u e
dan eso, no tie n e n p o r q u é a g re g a rse re s o lv a m o s si ese soc ialism o e s t á s u f i­
al socialismo. c i e n t e m e n t e p u r g a d o d e s u s f a ls a s d o c ­
P ero no v a y a a lg u n o a c re er q u e los t r in a s , d e t a l s u e r t e q u e , sin s a c r if i­
p a rtid o s o g r u p o s soc ialista s, q u e no c a r n i n g ú n p r in c i p io c r is tia n o , p u e d a
son c o m u n is ta s , se c o n t e n t e n to d o s de ser a d m i t i d o y en c ie rto m o d o b a u t i ­
hecho o de p a l a b r a con eso sólo. Los za d o . P a r a s a tis f a c e r , se g ú n N u e s t r a
más llegan a s u a v iz a r e n a l g u n a m a ­ p a t e r n a l so licitu d , a es to s deseos, d e ­
nera la lu c h a de clases o la abolición cim os: El socialism o, y a se c o n s id e r e
de la p r o p ie d a d , no a r e c h a z a rla s. co m o d o c t r i n a , y a co m o h ec h o h i s t ó ­
rico, y a co m o acción, si sigue s ie n d o
46. A h o r a bien; e s ta m itig a c ió n , y v e r d a d e r a m e n t e socialism o, a u n d e s ­
como olv ido d e los falsos p rincipios, p u é s d e su s concesiones a la v e r d a d y
hace su rg ir, o m e jo r, a alg u n o s les h a a la j u s t i c i a e n los p u n t o s d e q u e h e ­
hecho p l a n t e a r in d e b i d a m e n t e e s ta m os h e c h o m e n ció n , es i n c o m p a t i b l e
cuestión: la c o n v e n ie n c ia de s u a v iz a r o con los d o g m a s de la Iglesia c a tó li c a ,
a t e m p e r a r los prin cip io s de la v e r d a d p o r q u e su m a n e r a de c o n c e b ir la s o ­
cristiana, p a r a sa lir al p a s o del so c ia­ c ie d a d se o p o n e d i a m e t r a l m e n t e a la
lismo y c o n v e n ir c o n él e n u n c a m i­ v e r d a d c ris tia n a .
no in te rm e d io . H a y q u ie n e s se ilusio­
nan con la a p a r e n t e e s p e r a n z a de qu e
así v e n d r á n a n o s o tr o s los socialistas.
¡Vana esperanz a! Los q u e q u ie r a n ser socialism o, y catolicism o
apóstoles e n t r e los socialistas, d e b e n
confesar a b i e r t a y s in c e r a m e n te la v e r ­ 47. S eg ú n la d o c t r i n a c r i s t i a n a , el
dad c r is t ia n a p le n a e ín te g r a , sin c o n ­ h o m b r e , d o t a d o d e n a t u r a l e z a social,
nivencias de n i n g u n a clase con el e r ro r. h a sido p u e s to e n la t i e r r a p a r a q u e ,
P ro c u re n p r i m e r a m e n t e , si q u ie re n v iv ie n d o e n s o c ie d a d y b a j o u n a a u t o ­
s«r v e rd a d e r o s a n u n c ia d o r e s del E v a n ­ r id a d o r d e n a d a p o r D i o s 53, c u l tiv e y
gelio, d e m o s t r a r a los so c ialista s q u e desarrolle p l e n a m e n t e t o d a s su s f a c u l­
®l|s p o stu la d o s , e n lo q u e tie n e n de ta d e s p a r a glo ria y a l a b a n z a d e sú
Justos, se d e fie n d e n con m u c h a m a y o r
l|erza d es d e el c a m p o de los p r in c i­ •• Cf. R om . 13. i.
C re a d o r; y c u m p lie n d o fie lm e n te los 48. Si a c as o el so c ialism o , com o
d e b e r e s de su p ro fe sió n o de su v o c a ­ t o d o s los erro re s, tie n e u n a p a r t e de
ción, sea cu a l f u e re , logre la felicid a d v e r d a d (lo c u a l n u n c a h a n n e g a d o los
t e m p o r a l y j u n t a m e n t e la e t e r n a . El S u m o s P o n tífic e s), el c o n c e p t o de la
s ocialism o, p o r lo c o n t r a r i o , c o m p l e t a ­ so c ie d a d q u e le es c a r a c t e r ís ti c o y so­
m e n t e i g n o r a n t e y d e s c u id a d o d e t a n bre el c u a l d e s c a n s a , es incon ciliab le
s u b lim e fin del m u n d o y de la socie­ con el v e r d a d e r o c r is tia n is m o . Socia­
d a d , p r e te n d e q u e la s o c ie d a d h u m a ­ lismo religioso, soc ialism o cristiano ,
n a n o tiene o tr o f in q u e el p u r o b ie n ­ son té r m in o s c o n t r a d ic t o r i o s ; nadie
e s t a r m a te r ia l. p u e d e al m is m o tie m p o s e r b u e n c a tó ­
L a división o r d e n a d a del t r a b a j o es lico y so c ia lista v e r d a d e r o .
m u c h o m as eficaz p a r a la p r o d u c c ió n de
los bienes q u e los e sfu e rz o s aisla dos de
los p a rtic u la re s; de a h í d e d u c e n los so cia lism o educador
s ocialistas la n e c e s id a d de q u e la a c t i ­
v id a d e c o n ó m ic a (en la cu a l sólo c o n ­ 49. T o d o es to , q u e h e m o s r ec o rd a­
s id e ra n el fin m a te r ia l) p r o c e d a social­ do y c o n f ir m a d o s o l e m n e m e n te con
m e n te . Los h o m b r e s , dic en ellos, h a ­ N u e s t r a a u t o r i d a d , se d e b e a p lic a r de
ciendo ho n o r a e s ta n e c e s id a d real, es­ la m is m a s u e r t e a u n a n u e v a fo rm a
t á n obligados a e n tre g a r s e y su je ta rs e del socialism o h a s t a a h o r a poco cono­
t o t a l m e n t e a la so c ied a d en o rd en a la cida, q u e a c t u a l m e n t e , sin em barg o,
p roducc ión de los bienes. Más a ú n , es se v a p r o p a g a n d o p o r m u c h a s a g r u p a ­
t a n t tí la es tim a qu e tie n e n de la p o se ­ ciones so cialistas. Su p r i m e r a p reo c u ­
sión de! m a y o r n ú m e r o posib le de r iq u e ­ p a c ió n es e d u c a r los e s p ír i tu s y las
zas con que sa tisfac er las c o m o d id a ­ c o s tu m b ie s ; a n t e to d o i n t e n t a atra er,
des de e s ta v id a , q u e a n t e ella d eben b a jo c a p a de a m i s t a d , a los niñ o s p ara
c e o c . y a u n in m o larse los bienes m á s a r r a s t r a r lo s consigo, p ero se extiende
e l ’v.iú.ic del h o m b re , sin e x c e p t u a r la ta m b ié n a t o d a clase de h o m b r e s con
n v s r . a lib e rta d , en a r a s de u n a pro- el in t e n t o de f o r m a r f in a l m e n te al
u u . c ió n m u c h o m á s eficaz. P ien sa n hom bre socialista, en el c u a l se apoye
qu e la a b u n d a n c i a de bienes q u e ha la sociedad f o r m a d a se g ú n los princi­
de recibir c a d a u no en ese sis tem a , pios del socialism o.
p a r a em plearlo a su pla c e r en las co­ H e m o s t r a t a d o la r g a m e n t e e n Nues­
m o d id a d e s y necesidades de la v id a , t r a encíclica D iv in i illiu s M a g is tr iil
f á c ilm e n te co m p en sa la d ism in u c ió n de de los p rin c ip io s en q u e se f u n d a y
¡a d ig n id a d h u m a n a , a la cual se llega en de los fines q u e p ersig u e la pedagogía
el o r d e n a m ie n t o socializado de la p r o ­ cristian a ; y es t a n e v i d e n te y claro
du cc ió n . U na so cied ad cual la ve el so ­ c u á n to p u g n a con esas e n s e ñ a n z a s lo
cialismo, por u n a p a r te , no p u e d e exis­ q u e hac e y p r e t e n d e el socialism o edu­
tir ni concebirse sin el em pleo de u n a cador, q u e p o d e m o s d isp e n s a r n o s de
^ ra n violencia, y p o r o tr a , e n t ro n iz a dec la ra rlo. Sin e m b a r g o , pa re c e que
u n a falsa licencia, p u e s to que en ella no ig n o ra n o p o n d e r a n poco los gravísi­
existe v e r d a d e r a a u t o r i d a d social; ésta, m os peligros q u e t r a e consigo ese so­
en efecto, no p u ed e basarse en las v e n ­ cialism o q u ie n e s n a d a h a c e n p o r resis­
ta ja s m a te ria le s y te m p o rale s, sino qu e tir a ellos con la en e rg h ity c e *° cl uc
procede de Dios, C reador y ú ltim o fin g r a v e d a d del a s u n t o rec la m a . N uestro
de to d a s las cosas debe r p a s to r a l N os o b lig a a av isar a

“ Iíüc. iJ iu lu rn iim '< iun 1H8I “ E ne. D ivin i Illius M a g istri 31 dec.
éstos de la inminencia del gravísimo píritu de lucro. H ay, adem ás, quienes
mal: acuérdense todos de que el padre abusan de la misma religión y se cu ­
de este socialismo educador es el li­ bren con su nom bre en sus exacciones
beralismo; y su heredero, el bolche­ injustas, para defenderse de las recla­
vismo. maciones com pletam ente justas de los
obreros. No cesaremos nunca de con ­
denar semejante conducta; esos hom ­
católicos, pasados al socialismo bres son la causa de que la Iglesia, in­
merecidamente, haya p od id o tener la
50. Por lo tanto, Venerables Her­ apariencia y ser acusada de inclinarse
manos, podéis com prender con cuánto de parte de los ricos, sin conm overse
dolor vemos que, sobre todo, en algu­ ante las necesidades y estrecheces de
nas regiones, no pocos hijos Nuestros, quienes se encontraban com o deshere­
de quienes no podemos persuadirnos dados de su parte de bienestar en esta
que hayan abandonado la verdadera vida. La historia entera de la Iglesia
fe y perdido su buena voluntad, dejan claramente prueba que esa apariencia
el campo de la Iglesia para pasarse a y esa acusación es inmerecida e injus­
las filas del socialismo: unos, que abier­ ta; la misma Encíclica, cuyo aniversa­
tamente se glorían del nombre de so­ rio celebramos, es testimonio elocuen­
cialistas y profesan la fe de éstos; te de la suma injusticia de tales ca­
otros, que por indiferencia, o tal vez lumnias y contumelias lanzadas co n ­
con repugnancia, dan su nombre a aso­ tra la Iglesia y su doctrina.
ciaciones que por su ideología o por su
actuación son socialistas. 51. Aunque afligidos por la injuria
Angustiados por Nuestra paternal y oprimidos por el dolor paterno, lejos
solicitud, examinamos e investigamos estamos de rechazar a los hijos mise­
los m otivos que los han llevado tan rablemente engañados y tan apartados
lejos, y Nos parece oír lo que muchos de la verdad y de la salvación; antes
de ellos responden com o excusa: que al contrario, con la mayo» solicitud que
la Iglesia y los que se dicen adictos podemos, los invitamos a que vuelvan
a la Iglesia favorecen a los ricos, des­ al seno maternal de la Iglesia. ¡Ojalá
precian a los obreros, y nada se cuidan quieran dar oídos a Nuestra voz! ¡O ja­
de éstos. Por eso ellos tuvieron que lá vuelvan a la casa paterna de donde
pasarse a las filas de los socialistas y salieron y perseveren en ella, en el lu­
alistarse en ellas para poder ocupar­ gar que les pertenece, a saber, entre
se de aquellos. las filas de los que, siguiendo con en­
Es, en verdad, lamentable. Venera­ tusiasmo los avisos promulgados por
bles Hermanos, que haya habido y aun León X III y renovados solemnemente
haya ahora quienes, llamándose cató­ por Nos, procuran restaurar la socie­
licos, apenas se acuerden de la sublime dad según el espíritu de la Iglesia,
■ey de la justicia y de la caridad, en afianzando la justicia y la caridad so­
virtud de la cual nos está mandado no cial! Persuádanse que én ninguna otra
sólo dar a cada uno lo que le pertene­ parte de la tierra podrán hallar más
ce. sino también socorrer a nuestros completa felicidad, sino en la casa de
hermanos necesitados, com o a Cristo Aquel que, siendo rico, se hizo por
m ism o6e, y, lo que aun es más grave, nosotros pobre, para que con su p o ­
no temen oprimii a los obreros por es- breza llegáramos nosotros a ser ricos

“ U c . c. 2. ” 2 Cor. 8 . 9.
que fué pobre y estuvo entregado al puede hacer que la vista fascinada de
trabajo desde su juventud; que invita ios hombres, fija en las cosas muda­
a St a todos los agobiados con traba­ bles de la tierra, se separe de ella y se
jos y cargas para confortarlos plena­ eleve a los cielos. Y ¿quién negará que
mente en el amor de su C ora zón 58, y éste es el remedio que más necesita hoy
que, finalmente, sin acepción de per­ el género humano?
sonas, exigirá más a aquellos a quie­
nes dio m a s 59 y dará a cada uno según
sus obras 80.
el mayor desorden actual

c) las «costum bres» 53. Todos se impresionan casi úni­


camente con las perturbaciones, cala­
52. Pero si más diligente e íntima­ midades y ruinas temporales. Y ¿qué
mente consideramos este asunto, clara­ es todo esto, mirando con ojos cristia­
mente descubriremos que a esta res­ nos, com o es razón, com parado con la
tauración social tan deseada debe pre­ ruina de las almas? Sin embargo, se
ceder la renovación profunda del espí­ puede decir sin temeridad que las con­
ritu cristiano, del cual se han aparta­ diciones de la vida social y económica
do desgraciadamente tantos hombres, son tales, que a una gran parte de los
entre los inclinados a los problemas y hombres les crean las mayores dificul­
a las cosas económicas; de lo contra­ tades para cuidarse de lo único nece­
rio, todos los esfuerzos serán estériles sario, su salvación eterna.
y e! edificio se asentará no sobre roca, Como Pastor y Defensor de tan in­
sino sobre arena movediza 81. numerables ovejas hemos sido consti­
En realidad, el examen que hemos tuido por el Príncipe de los Pastores,
hecho de la economía moderna, Vene­ que las redimió con su Sangre, y no
ra re s Hermán -s y amados hijos, Nos podemos contem plar sin lágrimas el
¡a hL r>ostr?iki cargada de gravísimos tan inmenso peligro en que se hallan;
defectos. Hemo¿ ¡lamado de nuevo a más aún, conscientes del oficio pasto­
iuic.o al ccrr.uriismo y al socialismo, y ral e impulsados por la solicitud pa­
hemos encontrado que todas sus for­ terna, meditamos continuamente cómo
mas, aun !as más suaves, están muy podremos ayudarlas, recurriendo tam­
lejos de los preceptos evangélicos. bién al incansable empeño de quienes
Por lo tanto— usamos las palabras de por justicia o por caridad se interesan
Nuestro Predecesor— , si ha de haber por ellas. ¿Qué aprovecharía a los hom­
algún remedio para los males de la hu­ bres hacerse hábiles para ganar aun el
manidad, ésta no lo encontrará sino en mundo entero por medio de un uso
la vuelta a la vida y a las costumbres más sabio de las riquezas, si por ello
cristianas ez. Ya que sólo esto puede se condenasen las almas? 93. ¿D e qué
traer e! remedio eficaz a la solicitud sirve mostrarles los principios seguros
excesiva por las cosas caducas, que es de la economía, si arrebatados por una
el origen de todos los vicios; sólo esto sórdida y desenfrenada codicia se en­
tregan con tal ardor a sus cosas que,
" Ma'. ! I , ’¿H oyendo los mandamientos del Seftot
Cf. Luc. 12, 4K cen lodo lo contrario? ñi.
" Mat Ib, 27.
“• Cf. Mat. 7, 24 ” Cf. Mat. ir>, 2f>.
*2 Rerum novarum n 22. “• Cf. lud. 2, 17.
causas de este mal gos, han sido muchas veces la ocasión
de los excesos más reprensibles; vem os,
54. La descristianización de la vida en efecto, que las responsabilidades se
social y económ ica, así com o la consi­ han disminuido hasta el p u n to de no
guiente apostasía en una gran parte de impresionar sino ligeramente a las al­
los o b r e ro s , tienen su principio y origen mas; que, además, bajo la capa de un
en las pasiones desordenadas del alma, nombre colectivo se com eten las injus­
triste consecuencia del pecado original; ticias y fraudes más condenables; los
él d esh izo de tal m odo la concordia que gobiernan estos grupos econ óm i­
ad m irable que existía entre las facul­ cos, despreciando los deberes de su
tades humanas, que el hombre, fácil­ cargo, traicionan los derechos de quie­
m ente arrastrado por los malos apeti­ nes les confiaron la adm inistración de
tos, se siente vehementemente incita­ sus ahorros. Finalmente, hay que se­
do a anteponer los bienes caducos de ñalar a aquellos hombres astutos que,
este mundo a los celestiales y durade­ olvidando la obligada honorabilidad
ros. De aquí esa insaciable sed de ri­ de su propia profesión, no temen po­
quezas y bienes temporales que en ner acicates a la codicia de sus clien­
todos los tiempos ha empujado a los tes y, después de excitados, los apro­
hom bres a infringir las leyes de Dios vechan para su propio lucro.
y a conculcar los derechos del prójim o, Corregir estos gravísimos inconve­
pero que en la organización moderna nientes y aun prevenirlos, debiera ha­
de la economía prepara atractivos mu­ ber sido propio tan sólo de una severa
cho m ás numerosos a la fragilidad hu­ disciplina de las costumbres, manteni­
mana. L a inestabilidad propia de la v i­ da firmemente por la autoridad públi­
da e co n ó m ica y, sobre todo, su com ple­ ca; pero, desgraciadamente, faltó m u­
jidad, e x ig e n de lo s que se han entrega­ chísimas veces. Los gérmenes de la
do a ella u n a actividad absorbente y nueva econom ía aparecieron por vez
asidua; y en a lg u n o s se han em botado primera, cuando los errores racionalis­
los estímulos de la conciencia hasta tas habían arraigado ya plenamente
"ega r a la persuasión de serles lícito el en los entendimientos; y con ellos pron­
aum entar sus ganancias de cualquier to nació una ciencia económ ica distan­
m anera y defender por todos los me­ ciada de la verdadera ley moral: así
dios las riquezas acumuladas con tan­ es com o quedaron libres de todo freno
to esfu erzo y trabajo contra los repen­ las concupiscencias humanas.
tinos reveses de la fortuna. Las fáciles Con esto creció m ucho el número de
ganancias que la anarquía del merca­ los que ya no se cuidaban sino de
do ofrece a todos, incitan a muchos al aumentar sus riquezas de cualquier
cam bio de las mercancías con el único manera, buscándose a sí mism os sobre
anhelo de llega r rápidamente a la for- todo y ante todo, sin que nada les re­
tl|na con la menor fatiga; su desenfre­ mordiese la conciencia, ni aun ante los
nada especulación hace aumentar y mayores delitos contra el prójim o. Los
diminuir incesantemente, a medida de primeros que entraron por este ancho
Su ca p rich o y avaricia, el precio de las camino, que lleva a la perdición fá­
^ rcan cía s hasta echar por tierra con cilmente encontraron m uchos im itado­
mis frecu en te s alternativas las previ­ res de su iniquidad, gracias al ejemplo
sorios de los fabricantes prudentes. de su aparente éxito, o con el inm ode­
(" l!Í in s titu cio n e s jurídicas destinadas rado alarde de sus riquezas, o porque
' a v orecer la colaboración de los ca-
1 " alt's, dividiendo y limitando los ries­
se m ofa b a n de la con cien cia de los d e ­ almas; y, mientras perdure ésta, será
más com o si fu era v íctim a de va m os inútil todo afán de regeneración social,
escrú p u los, o p orqu e anulaban a sus si no vuelven los hombres franca y
co m p etid ores, si eran mas h onestos en sinceramente a la doctrina evangélica,
sus n egocios. es decir, a los preceptos de Aquel que
Era natural que, marchando los di­ sólo tiene palabras de vida eterna •*,
rectores de la econom ía por camino palabras que nunca han de pasar, aun­
tan alejado de la rectitud, la masa de que pasen el cielo y la tierra 87. Los
los obreros se precipitara a menudo verdaderos conocedores de la ciencia
por el mismo abismo; tanto más, cuan­ social piden insistentemente una re­
to que muchos de los patronos utiliza­ forma asentada en normas racionales
ron a los obreros com o meros instru­ que encuadren la vida económica en
mentos, sin preocuparse nada de sus un régimen sano y recto. Pero ese ré­
almas, y sin pensar siquiera en sus in­ gimen, que también Nos deseamos con
tereses superiores. En verdad, el áni­ vehemencia y favorecem os intensa­
mo se horroriza al ponderar los graví­ mente, será incom pleto e imperfecto
simos peligros a que están expuestos, si todas las formas de la actividad hu­
en las fabricas modernas, la moralidad mana no se ponen de acuerdo para
de los obreros (principalmente jóv e­ imitar y realizar, en cuanto es posible
nes) y el pudor de las doncellas y de­ a los hombres, la admirable unidad
más mujeres; al pensar cuán frecuen­ del plan divino. Ese régimen perfecto,
temente el régimen moderno del tra­ que con fuerza y energía proclaman la
bajo y principalmente las irracionales Iglesia y la misma recta razón huma­
condiciones de habitación crean obs­ na, exige que todas las cosas vayan
táculos a la unión e intimidad de la dirigidas a Dios, com o a primero y su­
vida familiar; al recordar tantos y tan premo término de la actividad de toda
grandes impedimentos que se oponen criatura, y que, después de Dios, todos
a la santificación de las fiestas; al con­ los bienes creados, cualesquiera que
siderar cómo se debilita universalmen­ sean, se consideren com o simples me­
te ti sentido verdaderamente cristia- dios, de los que ha de usarse en tanto
p<* uu“ aun a hombres indoctos y ru­ en cuanto conduzcan al fin supremo.
dos tr.r/:f;aba a elevarse a tan altos Lejos— por ello— de Nos el tener en
ideales, suplantad*, hoy por el único menos las profesiones lucrativas o con­
afán úí procurarse por cualquier me­ siderarlas com o menos conformes con
dio el sustento cotidiano. Asi, el tra­ la dignidad humana; al contrario, la
bajo corporal, que estaba destinado verdad nos enseña a reconocer en ellas
por Dios, aun después del pecado ori­ con veneración la voluntad clara del
ginal, a labrar el bienestar material y divino Hacedor, que puso al hombre
espiritual del hombre, se convierte a en la tierra para que la trabajara e hi­
cada paso en instrumento de perver­ ciera servir a sus múltiples necesida­
sión; de la fábrica sale ennoblecida la des. Tam poco está prohibido, a los que
materia inerte, mientras en aquélla se se dedican a la producción de bienes,
corrompen y envilecen los hombres. aumentar su fortuna justamente; an­
tes es equitativo que el que sirve a U
d) remedios comunidad y aumenta su riqueza *e
aproveche asimismo del c r^:imlen *0
a) vida cristianizada
55. Ningún remedio eficaz se pue­ Cf. lo. o, 70.
de poner a tan lamentable ruina de las " Cf. Mat. If), :)r>.
del bien com ún conform e a su condi­ sola, aun observada puntualm ente,
ción, con tal que se guarde el respe­ puede, es verdad, hacer desaparecer la
to debido a las leyes de Dios, queden causa de las luchas sociales, pero nun­
ilesos los derechos de los demás y en ca unir los corazones y enlazar los áni­
el uso de los bienes se sigan las normas mos. A hora bien; todas las institucio­
de la fe y de la recta razón. Si todos, nes destinadas a consolidar la paz y
en todas partes y siempre, observaran prom over ia colaboración social, por
esta ley, pronto volverían a los límites bien concebidas que parezcan, reciben
de la equidad y de la justa distribu­ su principal firmeza del m utuo vín cu ­
ción no sólo la producción y adquisi­ lo espiritual que une a los m iem bros
ción de las cosas, sino también el entre sí; cuando falta ese lazo de unión,
consumo de las riquezas, que hoy la experiencia demuestra que, las
con frecuencia tan desordenado se fórmulas más perfectas no tienen éxi­
ofrece; al sórdido egoísmo, que es la to alguno. La verdadera unión de to­
mancha y el gran pecado de nuestros dos en aras del bien com ún sólo se
días, sustituiría en la práctica y en los alcanza cuando todas las partes de la
hechos la ley suavísima, pero a la vez sociedad sienten íntimamente que son
eficacísima, de la moderación cristia­ miembros de una gran fam ilia e hijos
na, que manda al hombre buscar pri­ del mismo Padre celestial; aun más,
mero el reino de Dios y su justicia, un solo cuerpo en Cristo, siendo todos
porque sabe ciertamente por la segura recíprocamente miembros los unos de los
promesa de la liberalidad divina que otros 70; por donde si un miembro pa­
los bienes temporales le serán dados dece, padecen a la vez todos los demás 71.
por añadidura en la medida que le Sólo entonces los ricos y todos los
hicieren falta 68. dirigentes cambiarán su indiferencia
habitual hacia los hermanos más po­
bres en un amor solícito y a ctivo, re­
b) ley de la caridad cibirán con corazón abierto sus peti­
ciones justas y perdonarán de corazón
56. Mas para lograr establecer todo sus posibles culpas y errores. P or su
ello, es menester que a la ley de la jus­ parte, los obreros, depuesto sincera­
ticia se una la ley de la caridad, que mente todo sentimiento de odio y en­
w vínculo de perfección ¡Cómo se vidia de que tan hábilmente abu­
engañan aquellos incautos reformado­ san los propagadores de la lucha so­
res que desprecian soberbiamente la cial, aceptarán sin molestia el pues­
ley de la caridad, cuidando sólo de to que les ha señalado la divina Pro­
hacer observar la justicia conm utati­ videncia en la sociedad humana, o me­
va! Ciertamente, la caridad no debe jor dicho, lo estimarán m ucho, bien
considerarse com o una sustitución de persuadidos de que colaboran útil y
Jos deberes de justicia que injustamen­ honrosamente al bien com ún, cada uno
te dejan de cumplirse. Pero aun supo­ según su propio grado y oficio, y que
niendo que cada uno de los hombres siguen así de cerca las huellas de Aquel
obtenga todo aquello a que tiene de­ que, siendo Dios, quiso ser entre los
s e l l o , siempre queda para la caridad hombres Artesano y aparecer com o
1111 campo dilatadísimo. La justicia hijo de Artesano.

<- f. M a t. 6 , 3 3 . '« Rom. 12, 5 .


" < » /. 3 , 14. »■ 1 Cor. 12, 2 6 .
e) restauración cristiana Asperas batallas; de quienes com o bue­
nos soldados de Cristo 74 le siguen más
a) empresa ardua de cerca, lanzarse aun a los más pesa­
57. De esta nueva difusión— por el dos trabajos.
m undo— del espíritu evangélico, que Confiados únicamente en el auxilio
es espíritu de m odelación cristiana y om nipotente de Aquel que quiere que
caridad universal, confiam os que sal­ todos los hombres se salven procure­
drá la tan deseada total restauración mos ayudar con todas nuestras fuerzas
en Cristo de la sociedad humana y la a aquellas infelices almas alejadas de
Paz de Cristo en el Reino de Cristo: Dios; y enseñémoslas a separarse de
a este fin resolvimos y firmemente pro­ ios excesivos cuidados temporales y as­
pusimos desde el principio de Nuestro pirar confiadam ente hacia las cosas
pontificado consagrar todo Nuestro eternas. A veces se obtendrá esto más
cuidado y solicitud p a stora l71. Tam ­ fácilmente de lo que a priinera vista
bién vosotros, Venerables Hermanos, pudiera esperarse. Puesto que si en el
que por mandato de Espíritu Santo fondo aun del hombre más perdido se
regís con Nos la Iglesia de Dios 7\ esconden, com o brasas debajo de la
incansablemente colaboráis con muy ceniza, fuerzas espirituales admirables,
testimonio indudable del alma natural­
laudable celo a este mismo fin, tan ca­
pital y hoy más necesario que nunca, mente cristiana, ¡cuánto más en los co­
en todas las partes de la tierra, aun razones de esas grandes masas, que se
han ido al error más bien por ignoran­
en las regiones de las sagiadas Misio­
cia o por las circunstancias exteriores!
nes entre infieles. Merecéis, pues, toda
alabanza, asi com o todos esos valiosos Por lo demás, señales llenas de es­
cooperadores, clérigos o seglares, que peranza y de una renovación social son
Nos alegran al verlos participar con esas falanges obreras, entre las cuales
con increíble gozo.de Nuestra alma ve­
vosotros en los afanes cotidianos de
esta gran obra. Son Nuestros amados mos alistarse incluso nutridos grupos
hijos inscritos en la A cción Católica, de jóvenes obreros que reciben obe­
y comparten con Nos de manera espe­ dientes las inspiraciones de la divina
cial el cuidado de la cuestión social, gracia y tratan de ganar para Cristo
en cuanto compete y toca a la Iglesia con increíble celo a sus compañeros.
por su misma institución divina. A to­ No menor alabanza merecen los jefes
dos ellos exhortamos una y otra vez de las asociaciones obreras que, sin
en el Señor a que no perdonen traba­ cuidarse de sus propias utilidades y
jos, ni se dejen vencer por dificultad atendiendo solamente al bien de los
alguna, sino que cada día crezcan en asociados, tratan de acomodar pruden­
valor y forta leza ,4. Ciertamente que es temente con la prosperidad de la profe­
muy arduo el trabajo que les propone­ sión sus justas peticiones y de promo­
mos; conocem os muy bien los muchos verlas, y no se acobardan en tan no­
ble empresa por ningún im p e d im e n to
obstáculos e impedimentos que por
ni sospecha. También hacen con ceb ir
ambas partes, en las clases superiores
y en las inferiores de la sociedad, se alegres esperanzas de que han de dedl*
oponen y hay que vencer. Pero no se carse por com pleto a la obra de res­
desalienten; de cristianos es afrontar tauración social esos numerosos jóve­
nes que por vdt talento y sus riquezas
’* Cf. ene. Ubi arcano.
’• Cf. A ct. 20, 28. ’ • Cf. 2 Tim. 2, 3.
'• Cf. Deut. 31, 7. ’ • Cf. 1 Tim. 2, 4.
tendrán puesto preeminente entre las reducir con suavidad y fortaleza ias
clases superiores de la sociedad y que voluntades y corazones de los hom ­
tan preocupados se hallan ya por es­ bres a las leyes de la ju sticia y de la
tudiar los problemas sociales. equidad. No dudemos en m archar con
todo ardor por este cam in o, más de
b) camino a seguir una vez com probado por el éx ito feliz.
A Nuestros m uy amados hijos elegi­
58. El camino por donde se debe dos para tan grande obra les recom en­
marchar, Venerables Hermanos, está damos con todo ahinco en el Señor que
señalado claramente por las presentes se entreguen totalm ente a educar a los
circunstancias. Como en otras épocas hombres que se les han confiado; y que
de la historia de la Iglesia, hemos de en ese oficio verdaderamente sacerdo­
enfrentarnos con un mundo que en tal y apostólico usen oportunam ente
gran parte ha recaído casi en el paga­ de todos los medios más eficaces de la
nismo. Si han de volver a Cristo esas educación cristiana: enseñar a los j ó ­
clases de hombres que le han negado, venes, fundar asociaciones cristianas,
es necesario escoger de entre ellos mis­ organizar circuios de estudio, tod o ello
mos y formar los soldados auxiliares según las enseñanzas de la fe.
de la Iglesia que los conozcan bien y Pero, sobre todo, estimen mucho y -a p li­
quen frecuentemente, para bien de sus alum ­
entiendan sus pensamientos y deseos, nos, aquel instrumento preciosísimo de reno­
y puedan penetrar en sus corazones vación privada y social que son los Ejercicios
suavemente con una caridad fraternal. Espirituales, com o ya dijimos en Nuestra
encíclica Afens Nosíra. En ella hemos recor­
Los primeros e inmediatos apóstoles de dado explícitamente y recomendado con in­
los obreros han de ser obreros; los após­ sistencia, además de los Ejercicios para todos
toles del m undo industrial y comercial, los seglares, los Retiros especialmente dedi­
cados a los obreros En esa escuela del espí­
industriales y comerciantes. ritu no sólo se forman óptimos cristianos, sino
Buscar con afán estos apóstoles se­ también verdaderos apóstoles para todas las
glares, tanto obreros com o patronos; condiciones de la vida, inflamados en el
fuego del Corazón de Cristo. De esa escuela
elegirlos prudentemente, educarlos e saldrán, como los Apóstoles del Cenáculo de
instruirlos convenientemente, os toca Jerusalén, tortísimos en la fe, armados de ana
principalmente a vosotros, Venerables constancia invencible en medio de las perse­
cuciones, abrasados en el celo, sin otro ideal
Hermanos, y a vuestro clero. A todos que propagar por doquier el Reino de Cristo.
los sacerdotes les aguarda un delicado Y , ciertamente, hoy más que nunca
oficio: que se preparen, pues, con un hacen falta valientes soldados de Cris­
estudio profundo de la cuestión social, to que con todas sus fuerzas trabajen
ellos que forman la esperanza de la para preservar la familia humana de
•glesia. Mas aquéllos, a quienes espe­ la ruina espantosa en que caería si el
cialmente vais a confiar este oficio, es desprecio de las doctrinas del E vange­
del todo necesario que revelen ciertas lio dejara triunfar un estado de cosas
cualidades: que tengan tan exquisito que pisotea las leyes de la Naturaleza
sentido de la justicia, que se opongan no menos que las de Dios. La Iglesia
Cl1n constancia completamente varonil de Cristo nada teme por sí, pues está
n las peticiones exorbitantes y a las edificada sobre la piedra incon m ovi­
"'justicias, de dondequiera que ven­ ble, y bien sabe que las puertas del
dan; que se distingan por su discreción infierno no prevalecerán contra ella 78;
y prudencia, alejada de cualquier exa­ tiene, además, seguridad en la prueba
geración, y que, sobre todo, estén ínti­
cam ente penetrados de la caridad de. " Cf. ene. Aiens N ostra 20 dec. 1929.
Cristo, porque es la única que puede ’ • M at. 16, 18.
t) rM tauraclón cristianaásperas batallas; de quienes com o bue­
nos soldados de Cristo ’ • le siguen mAi
a) empresa ardua de cerca, lanzarse aun a los más pesa*
57. De esta nueva difusión— por el dos trabajos.
m undo— del espíritu evangélico, que Confiados únicamente en el auxilio
es espíritu d« m odelación cristiana y om nipotente de Aquel que quiere qiu
caridad universal, confiamos que sal­ lodos los hombres se salven 7“, procure­
drá la tan deseada total restauración mos ayudar con todas nuestras fuerza»
en Cristo de la sociedad humana y la a aquellas infelices almas alejadas de
Paz de Cristo en el Reino de Cristo: Dios; y enseñémoslas a separarse de
a este fin resolvimos y firmemente pro­ los excesivos cuidados temporales y as­
pusimos desde el principio de Nuestro pirar confiadam ente hacia las cosas
pontificado consagrar todo Nuestro eternas. A veces se obtendrá esto más
cuidado y solicitud p a stora l7*. Tam ­ fácilmente de lo que a pn.nera viste
pudiera esperarse. Puesto que si en el
bién vosotros, Venerables Hermanos,
que por mandato de Espíritu Santo fondo aun del hombre más perdido se
regís con Nos la Iglesia de Dios esconden, com o brasas debajo de la
incansablemente colaboráis con muy ceniza, fuerzas espirituales admirables,
laudable celo a este mismo fin, tan ca­ testimonio indudable del alma natural*
mente cristiana, ¡cuánto más en los co­
pital y hoy más necesario que nunca,
en todas las partes de la tierra, aun razones de esas grandes masas, que se
han ido al error más bien por ignoran­
en las regiones de las sagiadas Misio­
nes entre infieles. Merecéis, pues, toda cia o por las circunstancias exteriores!
alabanza, así com o todos esos valiosos Por lo demás, señales llenas de es­
cooperadores, clérigos o seglares, que peranza y de una renovación social son
Nos aíevran al verlos participar con esas falanges obreras, entre las cuales
vosotros en los afanes cotidianos de con increíble gozo.de Nuestra alma ve­
esta gran obra. Son Nuestros amados mos alistarse incluso nutridos grupos
hijos inscritos en la A cción Católica, de jóvenes obreros que reciben obe­
y comparten con Nos de manera espe­ dientes las inspiraciones de la divina
cial el cuidado de la cuestión social, gracia y tratan de ganar para Cristo
en cuanto compete y toca a la Iglesia con increíble celo a sus compañeros.
por su misma institución divina. A to­ No menor alabanza merecen los jefes
dos eltas exhortamos una y otra vez de las asociaciones obreras que, sin
en el Señor a que no perdonen traba­ cuidarse de sus propias utilidades y
jos, ni se dejen vencer por dificultad atendiendo solamente al bien de lo*
alguna, sino que cada día crezcan en asociados, tratan de acom odar pruden­
valor y fortaleza 7*. Ciertamente que es temente con la prospeiidad de la profe­
muy arduo el trabajo que les propone­ sión sus justas peticiones y de promo­
mos; conocem os muy bien los muchos verlas, y no se acobardan en tan no­
ble empresa por ningún impedimento
obstáculos e impedimentos que por
ambas partes, en las clases superiores ni sospecha. También hac«#w concebu
y en las inferiores de la sociedad, se alegres esperanzas de que han de dedi*
oponen y hay que vencer. Pero no se carse por com pleto a la obra de rW*
desalienten; de cristianos es afrontar tauración social esos numerosos jóve­
nes que por su talento y sus r iq u e iW
’• Cf. ene. Ubi arcano.
" Cf. A ct. 20, 28. '• Cf. 2 Tim. 2, J.
M Cf. D tut. 3 1, 7. ’• Cf. I Tim. 2, 4.
tendrán puesto preeminente entre las reducir con suavidad y fortaleza las
clases superiores de la sociedad y que voluntades y corazones de ios hom­
tan preocupados se hallan ya por es­ bres a las leyes de la justicia y de la
tudiar los problemas sociales. equidad. No dudem os en m archar con
tod o ardor por este cam ino, más de
b) camino a seguir una vez com probado por el éx ito feliz.
A Nuestros m uy amados hijos elegi­
58. El camino por donde se debe dos para tan grande obra Ies recom en '
marchar, Venerables Hermanos, está dam os con todo ahinco en el Señor que
señalado claramente por las presentes se entreguen totalm ente a educar a los
circunstancias. Como en otras épocas hombres que se les han con fiado; y que
de la historia de la Iglesia, hemos de en ese oficio verdaderamente sacerdo­
enfrentarnos con un mundo que en tal y apostólico usen oportunam ente
gran parte ha recaído casi en el paga­ de todos los medios más eficaces de la
nismo. Si han de volver a Cristo es as educación cristiana: enseñar a los j ó ­
clases de hombres que le han negado, venes, fundar asociaciones cristianas,
es necesario escoger de entre ellos mis­ organizar círculos de estudio, to d o ello
mos y formar los soldados auxiliares según las enseñanzas de la fe.
de la Iglesia que los conozcan bien y Pero, sobre todo, estimen mucho y . a p li­
quen frecuentemente, para bien de sus alum ­
entiendan sus pensamientos y deseos, nos, aquel instrumento preciosísimo de reno­
y puedan penetrar en sus corazones vación privada y social que son los Ejercicios
suavemente con una caridad fraternal. Espirituales, como ya dijimos en Nuestra
encíclica Merts Nostra. En ella hemos recor­
Los primeros e inmediatos apóstoles de dado explícitam ente y recomendado con in­
los obreros han de ser obreros; los após­ sistencia, además de los E jercidos para todos
toles del mundo industrial y comercial, los seglares, ios Retiros especialmente dedi­
cados a los obreros " . En esa escuela del espí­
industriales y comerciantes. ritu no sólo se forman óptimos cristianos, sino
Buscar con afán estos apóstoles se­ también verdaderos apóstoles para todas las
glares, tanto obreros com o patronos; condiciones de la vida, inflamados en ei
fuego del Corazón de Cristo. De esa escuela
elegirlos prudentemente, educarlos e saldrán, como los Apóstoles del Cenáculo de
instruirlos convenientemente, os toca jerusalén, tortísimos en la fe, armados de ana
principalmente a vosotros, Venerables constancia invencible en medio de las perse­
cuciones, abrasados en el celo, sin otro ideal
Hermanos, y a vuestro clero. A todos que propagar por doquier el Reino de Cristo.
los sacerdotes les aguarda un delicado Y , ciertamente, hoy más que nunca
oficio: que se preparen, pues, con un hacen falta valientes soldados de Cris­
estudio profundo de la cuestión social, to que con todas sus fuerzas trabajen
ellos que forman la esperanza de la para preservar la familia humana de
•fílesia. Mas aquéllos, a quienes espe- la ruina espantosa en que caería si el
eialmente vais a confiar este oficio, es desprecio de las doctrinas del Evange­
del todo necesario que revelen ciertas lio dejara triunfar un estado de cosas
cualidades: que tengan tan exquisito que pisotea las leyes de la Naturaleza
sentido de la justicia, que se opongan no menos que las de Dios. La Iglesia
eon constancia completamente varonil de Cristo nada teme por sí, pues está
jas peticiones exorbitantes y a las edificada sobre la piedra inconm ovi­
"'justicias, de dondequiera que ven- ble, y bien sabe que las puertas del
que se distingan por su discreción infierno no prevalecerán contra ella
y prudencia, alejada de cualquier exa­ tiene, además, seguridad en la prueba
geración, y q Ue, sobre todo, estén ínti­
cam ente penetrados de la caridad de. " Cf. ene. M tn s Nostra 20 dec. 1920.
Lr'sto, porque es la única que puede " M at. 16, 18.
que la experiencia de tantos siglos pro­ eos, que tantas y tan grandes batallas
porciona: de las tempestades más v io­ sostienen por doquier, así en obras
lentas ha salido siempre más fuerte y del bien social y económ ico com o en
coronada con nuevos triunfos. Pero su materia de escuelas y religión. Pero
maternal corazón no puede menos de esta acción laboriosa y admirable es
conm overse ante los males sin cuento en no pocas ocasiones menos eficaz
que estas tempestades acarrearían a porque las fuerzas se dispersan dema­
miles de hombres, y, sobre todo, ante siado. Unanse, pues, todos los hom­
los gravísimos daños espirituales que bres de buena voluntad, cuantos quie­
de ahí resultarían y que llevarían a la ren com batir, bajo la dirección de los
ruina a tantas almas redimidas por la Pastores de la Iglesia, la batalla del
sangre de Cristo. bien y de la paz de Cristo; todos, bajo
Nada debe quedar por hacer, a fin la guía y el magisterio de. la Iglesia,
de apartar a la sociedad de tan graves según el talento, fuerzas o condición
males; tiendan a eso nuestros trabajos, de cada uno, se esfuercen en con­
nuestros esfuerzos, nuestras continuas tribuir de alguna manera a la cris­
y fervientes oraciones a Dios. Puesto tiana íestauración de la sociedad que
que. con el auxilio de la gracia divina, León X I I I deseó en su inmortal en­
en nuestras manos está la suerte de la cíclica Rerum novarum; no miren a sí
familia humana. mismos, ni a sus propios intereses, sino
Por todo lo cual, no permitamos, a los de Jesucristo 80; no pretendan
Venerables Hermanos y amados hijos, imponer sus propios pareceres, antes
que los hijos de este siglo se muestien estén dispuestos a deponerlos, por bue­
más prudentes que nosotros, que por nos que parezcan, si el bien común lo
!a divina bondad somos hijos de la exige; para que, en todo y sobre todo,
luz ■». Les vemos, en efecto, con qué Cristo reine, Cristo impere, a quien
maravillosa sagacidad se consagran a se debe honor, gloria y poder para
escoger activos adeptos y formárselos siempre 81.
para esparcir sus erroies cada día con
mayor amplitud entre todas las clases Y para q u e esto su ced a fe liz m e n te , a todos
vo so tro s, V en era b les H e rm a n o s y amados
y e n todos los puntos de la tierra. Pero h ijos, m ie m b ro s to d o s de la in m ensa familia
siempre que tratan de atacar con más católica a N o s c o n fia d a , pero con particular
vehemencia a la Iglesia de Cristo, los afecto de N u e stro corazón a los obreros y
dem á s tra b a ja d o re s m an u a les que habéis
vemos acallar sus internas diferencias, sido m ás v iv a m e n te en com e n d ad os a Nos
formar en la mayor concordia un solo por la d iv in a P ro v id e n cia , c om o tam bién a
frente de batalla y trabajar con todas los p atron o s y je fe s de tra b a jo cristianos,
os d am os con paternal án im o la Bendición
sus fuerzas unidas para alcanzar su A p o stó lic a .
ideal común.
Dado en Roma, junto a San Pedro,
c) unión y cooperación el 15 de mayo de 1931, año décimo de
Nuestro Pontificado.
59. Pues bien; nadie en verdad
ignora el celo incansable de los católi-
•" Cf. Phií. 2 , 2 1 .
7* Cf. Luc. 8. ■* A poc. 5 , 13.
l x x x v ii*

PIO XI

CARITATE CHRISTI COMPULSI


LE. 3 mayo 1932

SOBRE LA PRESENTE CRISIS DE LA HUMANIDAD

de Cristo Nos m ovió a delebles en la vida y en la m em oria de


L invitar, con
a c a r id a d
la encíclica Nova im- los pueblos, caían ora sobre una, ora
pendet, del 2 de octubre del año pasado, sobre otra nación. Mas ahora la hum a­
a todos los hijos de la Iglesia Católica nidad entera se encuentra oprim ida
y aun a todos los hombres, a una san­ por la crisis financiera y económ ica en
ta cruzada de amor y de mutua ayuda forma tan tenaz que, cuanto más in­
para aliviar en algo las terribles con­ tenta liberarse de sus lazos, le parece
secuencias de la crisis económica en más imposible el romperlos; no hay
que se debate el género humano. pueblo, no hay Estado, ni sociedad o
Y en verd a d q u e con ad m ira b le y concorde familia, que en un m odo u otro, direc­
impulso ha respondido a N u e stro lla m a m ie n ­ ta o indirectamente, no esté gravem en­
to la generosidad y a c tiv id a d de to d o s. Pero
el m al ha ido creciendo, el n ú m ero de los
te afectado por unas calamidades o no
parados ha a u m e n ta d o en casi to d a s las sienta las repercusiones de otras. Has­
regiones; y de ello se a p rove ch an los p a rti­ ta aquellos mismos que, en m uy pe­
dos su b versivos para su p ro p a g a n d a ; asi es
como el orden p ú b lico se ve m ás am e n a za d o
queño número, parecen tener en sus
cada día, y los peligros del terrorism o y de manos, junto con riquezas inmensas,
!a anarquía pesan cada día m ás grave s sobre los destinos del mundo; esos mismos
la sociedad. E n tal estad o de cosas, la m ism a
caridad de Cristo N o s e stim u la a dirigirnos hombres de negocios, tan poquísimos,
otra vez a v o so tro s, V e n e ra b le s H e rm a n o s, que con sus grandes especulaciones y
a vuestros fieles, al m u n d o entero para e x h o r­ monopolios han sido y son en gran
tar a tod o s los ho m b res a que se unan y se
opongan con to d a s sus fuerzas a los m ales
parte la causa de tanto mal, son tam ­
Que oprim en a la h u m an id ad e n te ra , y a bién a menudo las primeras y más so­
los que, aun peores, la am en azan . nadas víctimas, a la par que arrastran
consigo al abismo las fortunas de una
Si nos volvem os con el pen­ innumerable masa de otros hombres.
samiento a la larga y dolorosa serie de Así se realiza en manera terrible para
'"ales que, com o triste herencia del pe­ el mundo entero, lo que el Espíritu
cado, han señalado para el hombre caí­ Santo había proclam ado ya para cada
do las etapas de su peregrinación sobre pecador: Por aquellas cosas en que uno
Jjj tierra, desde el diluvio en adelante, peca, por esas mismas es atormentado l .
difícilmente nos encontraremos con un
'Malestar espiritual y material tan pro­ 3. Estado de cosas verdaderam en­
fundo y tan universal com o el que te lamentable, Venerables Hermanos,
■'no:a atravesamos; aun los mayores
•"'zotes, aquellos que dejaron señales in­
que lu c e «em ir a Nuestro corazón pa­ nacionalismo (que el recto orden de l«
terno y Nos hace sentir cada vez más caridad cristiana, no sólo no desaprue­
intimamente la necesidad Je expresar, ba, sino que, al regularlo, lo santifica
en la medida de Nuestra pequertez, los y ennoblece), se Insinúa en las relacio­
sublimes sentimientos del Corazón San­ nes entre pueblo y pueblo, no hay ex*
tísimo de Jesús: Me compadezco de Ceso que no parexca justificado, y lo
tunta multitud de gentes *. V aun es que entre Individuos todos tendrían
más ile deplorar la raíz de donde bro­ com o reprobable, se considera ya como
ta este lamentable estado de cosas; ya licito y diario de encom io, cuando se
que, si siempre es verdad lo que afir­ realiza en nombre de ese exagerado na­
ma el Espíritu Santo por boca de San cionalismo. En lugar de la excelsa ley
Pablo: La raíz de todos los males es la del amor y de la fraternidad humana,
codicia \ mucho más vale en el caso que a todas gentes y a todos pueblos
presente ¿A caso no es la tal codicia abraza y estrecha en una sola familia
de bienes terrenos la que el poeta pa­ bajo un solo Padre que está en los cie­
gan» llamaba ya con justo desdén auri los, penetra furtivo el odio, que a todos
sacra fam es, no es acaso el sórdido lleva consigo a la ruina. Bn la vida pú­
egoísmo, que con demasiado frecuen­ blica se conculcan los sagrados princi­
cia preside las relaciones individuales pios que eran guia de toda convivencia
y sociales; no es, en suma, la codicia, social, se socavan los sólidos fundamen­
cualquiera sea su nombre o su forma, tos del derecho y de la fidelidad en que
la que ha arrastrado al mundo al ex­ debería apoyarse el Estado, son viola­
tremo que todos venios y todos deplo­ das y cegadas las fuentes de las anti­
ramos? Porque, en realidad, de la co­ guas tradiciones, que en la fe de Dios
dicia proviene la desconfianza mutua, y en la fidelidad a su santa ley velan
que esteriliza todas las relaciones hu­ la? bases más seguras para el verdadero
manas, de la codicia, la odiosa envidia progreso de los pueblos.
que hace considerar com o un daño pro­ Aprovechándose de tamaño males­
pio toda ventaja ajena, de la codicia, tar económ ico y de tan gran desorden
« I sórdido individualismo, que todo lo moral, los enemigos de todo orden so­
>r lena y subordina al propio interés cial, llámense comunistas, o de cual­
■xii ocuparse de los demás, y aún peor, quier otro m o d o --y éste es el más tre­
pisoteando con crueldad todos sus de- mendo mal de nuestros tiempos— , M
rci hn». De ahí el desorden e injusto afanan audaces por romper todo freno,
desequilibrio, por el cual se ven las ri­
por destrozar todo vinculo de ley divi­
quezas de las naciones acumuladas en na o humana, por empeñarse, abierta­
mano» tan sólo de unos muy pocos par­ mente o en secreto, en una lucha mas
ticulares, que regulan a su capricho el encarnizada con Ira la religión, contra
mercado mundial, con darto inmenso el misino Dios, realizando este diabó­
para las masas del pueblo, com o lo e x ­
lico programa: arrancar del coraxón
pusimos el año pasado en Nuestia car­ todos, aun de los niños, toda Idea y
ta encíclica Quadranesimo am o. todo sentimiento religioso, pues sabtn
muy bien que, una vez quitada del co­
4 Cuando ese mismo egoísmo, abu­ razón humano la fe en Dios, podra#
sando del legitimo amor de patria y conseguir todo lo que unieran. Y á»1
i-xagerando el sentimiento <1 e justo vemos hoy, lo que Jamas se vló en
historia, d e sp le g a * * al viento sin re­
* M*ri . H, 2 cato alguno y agitadas por el odio abo­
• Cf I Tim f», 10. minable de los Impíos, las satánica*
r a i< i r a / /•; c ii u is r i c o m /-»u /. ,s / 601

linderas de la guerra contra Dios y siglo son en sus actuaciones más so fa ­


entra la religión, un todos los pueblos ces que los hijos de la luz*.
y ni lóelas Ins partes de la tierra.
6. Más aún; los cabecillas de tod a
r>. Nunca faltaron malvados, que esa campaña d e ateísmo, aprovech an la
nt'fíar;in a Dios; pero eran relati­ crisis económ ica actual, con infernal
vamente pocos: aislados, constituían dialéctica se esfuerzan en hacer creer a
excepciones, y no osaban o no creían las muchedumbres hambrientas que
oportuno descubrir demasiado abierta­ Dios y la religión ton la causa d e esta
mente sus Impíos pensamientos, según miseria universal. La tanta Cruz del
parece quiere insinuar el mismo inspi­ Señor, sím bolo de humildad y d e po­
rado ¡nitor de los Salmos, cuando ex ­ breza, es colocada Junto a los sím bolos
clama: Dito en su corazón el insensato: del m oderno Imperialismo, com o si la
No hay Dios *. Como si dijera: el Implo, religión estuviese aliada con esas fuer­
el aleo, tino entre muchos, niega a zas tenebrosas, que tantos males pro­
Dios, su Creador; pero en el secreto de ducen entre los hombres. Asi preten­
su corazón. H oy, en cam bio, el ateís­ den, y no sin lograr su m alvado inten­
mo lia invadido ya grandes masas del to, juntar a la guerra contra Dios la
pueblo: con sus organizaciones se In­ lucha por el pan cotidiano, y el anhelo
filtra hasta en las escuelas populares, de poseer una parcela de terreno pro­
se manifiesta en los teatros; y para su pio, de tener salarios convenientes, ha­
ni;is amplia difusión utiliza, en gran bitaciones decorosas; de lograr, en fin,
escala los inventos más recientes; pe­ una condición de vida que corresponda
lículas cinematográficas, gramófonos, a la dignidad humana. Y para m ayor
conciertos y conferencias radiofónicas; colm o de maldad, los más legítimos y
con imprentas propias edita opúsculos necesarios deseos, com o los instintos
cu todas las lenguas y organiza desfi- más brutales, todo sirve a su programa
públicos, exposiciones de documen- antirreligioso, com o si el orden divino
llls y monumentos de su impiedad. estuviese en contradicción con el bien
Más aún, ha form ado sus propios par­ de la humanidad y no fuese, por lo con ­
a o s políticos, asi com o organizacio- trario, su única y segura tutela; com o
ncs económicas y militares especial- si las fuerzas humanas, aun con los
mnitu suyas. Ese ateísmo organizado medios de la moderna técnica, fueran
v tilintante trabaja sin descanso por capaces de introducir, contra la volu n ­
'"cilio de sus agitadores, con conferen- tad de Dios todopoderoso, un nuevo y
y :is c ilustraciones, con todos los me- m ejor orden de cosas.
jl|ns iic propaganda oculta y manlfies- Por desgracia, tantos millones de
;1' cu toü«is las clases, en todas las ca- hombres, creyendo luchar por su p ro­
l|s' cu c.'ula sala, procurando dar a su pia existencia, se agarran a dichas teo­
ist'i ad iviciad el apoyo moral de rías con una total subversión de la
' lls l'iopias Universidades, v enredan- verdad y gritan desaforados contra
¡1° 't los ineautos entre las inertes m »- Dios y la religión. Ni tales ataques se
‘ fe su organización: Al ver tanta dirigen solamente contra la religión ca­
(ü 'yi'iail puesta al servicio de una tólica: van también contra todos cuan­
' "■‘'■i tan detestable, Nos viene espon* tos reconocen todavia a Dios com o
' t':1 a la mente y a los labios la queja Creador del cielo y de la tierra y com o
""t celda de Cristo: Los hijos de este absoluto Señor de todas las cosas.

' r ' t i-i r>a. i. l.ltc. I». 8.


Y las sociedades secretas, prontas siem­ nobles almas juveniles hacia los más
pre a apoyar a cualesquiera enemigos altos ideales cristianos, elevándolas
de Dios v de la Iglesia, 110 cesan de por encima de todo respeto humano
avivar ese odio insano que, lejos de dar haciéndolas prontas a todos los sacri­
la paz y la felicidad a clase social al­ ficios, aun a los más heroicos: soplo
guna, arrastrará ciertamente todas las divino, que conm ueve a todas las al­
naciones a la ruina. mas, aun a pesar suyo, y las hace
Asi esta nueva forma de ateísmo, sentir cierta inquietud interior, una
mientras desata los mas violentos ins­ verdadera sed de Dios, aun a aquellas
tintos del hombre, proclama con cínico que no se atreven a confesarla. Nues­
impudor que no habrá paz ni bienestar tra misma invitación a los seglares
sobre la tierra mientras no se arranque para que tom en parte en el apostolado
el último residuo de religión y no sea jerárquico, en las filas de A cción Cató­
suprimido su último representante,- lica, ha sido doquiera dócil y ge­
como si así se pudiera ahogar el mara­ nerosamente escuchada; crece de con­
villoso concierto con que la creación tinuo en ciudades y en campiñas el nú­
canta la gloria del C reador6. mero de los que con todas sus fuerzas
se entregan a propagar los principios
7. Sabemos muy bien, Venerables cristianos y a realizarlos prácticamente
Hermanos, que son vanos todos esos hasta en la vida pública, mientras ellos
esfuerzos y que en la hora por El es­ por su parte ponen todo su empeño en
tablecida Dios se levantará y serán confirmar sus palabras con los ejem­
disipados sus enem igos'; sabemos que plos de su vida irreprensible.
lo s puertas del infierno no prevale­
cerán s; sabemos que nuestro Divino 8. . No obstante, ante tal impiedad,
Redentor, según de El fué profetiza­ ante tal ruina de las tradiciones, aun
do, herirá la tierra con la vara de su las más santas, ante tal pérdida de al­
boca y con el aliento de sus labios dará mas inmortales, ante tal desprecio de
muerte al impio 9; y que, sobre todo, la Divina Majestad, no p o d e m o s, Ve­
será terrible para aquellos infelices la nerables Hermanos, dejar de manifes­
hora en que caerán en las manos del tar todo el acerbo dolor que ello Nos
Dios vivo 10- causa; no podem os menos de levantar
E::ta inquebrantable confianza en el Nuestra voz y con toda la energía de
triunfo final de Dios y de la iglesia, Nuestro pecho apostólico tom ar la de­
se Nos va, por la infinita bondad del fensa de los conculcados derechos de
Señor, confirmando cada día con |a Dios y de los más sagrados sentim¡en'
vista consoladora de la generosidad tos del corazón humano, que tiene una
con que innumerables almas se dirigen absoluta necesidad de Dios. Tanto trias
nacia Dios en todas partes del mundo cuanto que esas falanges, poseídas de
y en todas las clases sociales. Es, en espíritu diabólico, no se contentan con
verdad, un soplo potente del Espíritu vanos griteríos, sino que aúnan toda*
Santo el que pasa ahora sobre toda la sus fuerzas con el intento de reaPa
r i e r r a , atrayendo especialmente a las cuanto antes sus nefastos designio •
¡Ay de la Humanidad, si Dios, ta
’ 18, 2. vilipendiado por sus criaturas, ^e}aT
P¡ . 67, 2. en su justicia libre curso a su ava,a.‘,a
- Cf. Mat. ir,, 18. cha devastadora, y* se sirviese de e*
' ís. 1, 4. com o de un terrible azote para c®
Cí. Hebr. 10, 31. tigar al mundol
9. Es, pues, necesario, Venerables apostólicos, cuando la multitud de los
Herm anos, que sin descanso nos opon­ creyentes no tenían sino un solo corazón
gam os com o muro por la casa de Is­ y una sola a lm a lt; pero a ella con cu ­
rael u , juntas todas nuestras fuerzas rran asimismo sincera y cordialm ente
en g ru p o com pacto que ofrezca un todos los que creen todavía en Dios,
frente único y sólido contra las malva­ y le adoran, para apartar de la hum a­
das fa la n g es, enemigas de Dios no me­ nidad el grande peligro que a todos
nos qu e del género humano. En reali­ amenaza. Pues creer en Dios es fun da­
dad, en esta lucha se trata de la deci­ mento firmísimo de todo orden social y
sión m ás importante que se puede exi­ de toda responsabilidad en la tierra;
gir a la libertad humana— ¡Por Dios por esto cuantos no quieren la anarquía
o con tra Dios!— : ésta es la disyuntiva y el terror deben con toda energía con ­
que un a v e z más tiene que decidir la sagrarse a que los enemigos de la reli­
suerte de la humanidad: en la política, gión no consigan el fin que con tanta
en las cuestiones económicas, en la m o­ claridad han proclam ado.
ralidad, en las ciencias, en las artes, en
el E sta d o, en la sociedad civil y en la 10. Sabemos, Venerables Herma­
dom éstica, en Oriente y en Occidente, nos, que en esta lucha en defensa de
doquier se presenta este problema la religión se deben emplear absoluta­
como d e c is iv o , por las consecuencias mente todos los legítimos medios hu­
que de él se derivan. Tan es así que manos que están en nuestra mano. Por
aun los mismos representantes de la esto Nos, siguiendo las huellas segu­
con cep ción materialista del mundo ven ras de Nuestro Predecesor León X I I I ,
siem pre cóm o ante ellos comparece de de s. m., con Nuestra encíclica Quadra-
nuevo la cuestión de la existencia de gesimo anno hemos propugnado con
Dios, q u e creían ya suprimida para tanta energía una más justa reparti­
siempre y se v e n forzados a comenzar ción de los bienes de la tierra, y hemos
otra vez su discusión. indicado los medios más eficaces que
Nos, por lo tanto, os conjuramos podrían devolver a los miembros en­
en el Señor, así a los individuos todos fermos del cuerpo social la tranquili­
como a las naciones, a deponer, ante dad y la paz. Puesto que la irresis­
tales problemas y en tiempos de luchas tible aspiración a conseguir una con ­
tan encarnizadas y tan vitales para la veniente felicidad, aun en la tierra, la
hum anidad, el individualismo mezqui­ puso en el corazón del hombre el mismo
no y el bajo egoísmo que ciega las Creador de todas las cosas, y el Cristia­
le n t e s más perspicaces, y esteriliza nismo siempre ha reconocido y secun­
•as más nobles iniciativas, por poco que dado todo ordenado esfuerzo de la ver­
estas se salgan de los límites del estre­ dadera civilización y del progreso bien
chísimo círculo de los pequeños inte­ entendido para perfeccionamiento y
reses particulares: preciso es que todos desarrollo de la humanidad.
se unan, aun a costa de los más graves
sacrificios, para salvarse a sí mismos 11. Ante ese odio satánico contra la
y a tod a la humanidad. En tal unión religión, que recuerda el mysterium ini-
°e anin\os y de fuerzas deben natural­ quitatis de que nos habla San Pablo ll,
mente ser los primeros cuantos se glo­ los solos medios humanos y las previ­
san del nombre cristiano, recordando siones de los hombres no bastan, y Nos
a gloriosa tradición de los tiempos
** Act. 4, 32.
" Ez. 13, ñ. ** 2 Thcss. 2, 7.
creeríam os, Venerables Hermanos, fal­ la fe en el solo Dios vivo y verdadero?
tar a Nuestro apostólico ministerio si Tal petición lleva ya en sí parte de su
no señaláramos a la humanidad los ma­ consecución, pues cuando uno ora ge
ravillosos misterios de la luz, únicos une con Dios y, por decirlo así, man­
que esconden en si la fuerza necesaria tiene ya viva en la tierra la idea de
para dominar el desencadenado poder Dios. La persona que ora, con su mis­
de las tinieblas. Cuando Nuestro Señor, ma humilde posición, manifiesta al
al bajar de los esplendores del Tabor, mundo su fe en el Creador y Señor de
sanó al joven atorm entado por el de­ todas las cosas; al unirse, luego, con
monio, a quien no habían podido curar otros en la oración com ún, aun con esto
los discípulos, a la humilde pregunta solo reconoce que así el individuo como
que le hicieron: ¿P or qué no le pudimos también la sociedad humana tienen sor
echar nosotros? respondió con estas me­ bre sí un Supremo y absoluto Señor.
morables palabras: Esta clase no se echa ¡Espectáculo hermoso para el cielo
sino con oración y ayuno 14. Parécenos, y para la tierra el de la Iglesia cuan­
Venerables Hermanos, que estas divi­ do ora! Sigjos hace que sin interrup­
nas palabras se deben aplicar exacta­ ción alguna, tod o el día y toda la no­
mente a los males de nuestro tiempo, che, sin cesar, se repite sobre la tierra
que sólo mediante la oración y la peni­ la divina salmodia de los cantos ins­
tencia pueden conjugarse. pirados y no hay hora del día que no
sea santificada por su liturgia espe­
12. Recordando, por lo tanto, nues­ cial; no hay período alguno en la vida,
tra condición de seres esencialmente grande o pequeño, que no tenga lugar
limitados y absolutamente dependien­ en la acción de gracias, en la alabanza,
tes del Ser Supremo, recurramos ante en la oración, en la reparación, por
todo a la oración. Nos enseña la fe cuán medio de la oración com ún del Cuerpo
grande es la eficacia de la oración hu­ místico de Cristo, que es la Iglesia.
milde, confiada y perseverante; a nin­ Así también la misma oración asegura
guna otra piadosa obra fueron hechas, la presencia de Dios Redentor: Donde
por el Omnipotente Señor, tan amplias, ' están dos o tres reunidos en mi nombre,
tan universales, tan solemnes promesas allí en medio de ellos estoy Y o 1S.
como a la oración: Pedid y recibiréis,
buscad y encontraréis, Uamad y os abri­ 13. La oración quitará, además, la
rán; ¡odo aquel que pide, recibe; y el que misma causa de las dificultades dé la
busca, encuentra, y al que llama, se le hora presente, que arriba hemos seña­
abrirá En verdad, en verdad os digo, lado, esto es, la insaciable codicia de
todo lo que pidiereis al Padre en mi bienes terrenos. El hombre q u e ora,
nombre, se os dará 18. mira hacia arriba, o sea a los bienes
¿ Y qué objeto más digno de nuestras del cielo, que medita y desea; todo su
súplicas y más correspondiente a la ser se inmerge en la contemplación del
persona adorable de Aquel que es el admirable orden puesto por Dios, que
único Mediador entre Dios y los hom­ no conoce la manía de los éxitos, y no
bres, el hombre Cristo J esú sl7, que se pierde en fútiles competencias oe
implorar la conservación en la tierra de siempre mayores velocidades; y así se
restablecerá casi por sí mismo el eQu*'
14 M a t. 17, 18. 2 0 . librio entre el trabaj**y el descanso,
I b id . 7 , 7 - 8 . que, con grave daño para la vida física»
>• lo. 10, 23.
•’ i Tim. 2 , 5.
económica y moral, falta por com ple­ allá de ios confines de cualquier país
to en la actual sociedad. Porque si los y de cualquier continente.
que, por causa de una excesiva pro­ Hombres, que en cada nación ruegan
ducción fabril, han caído en la desocu­ al mismo Dios por la paz sobre la tierra,
pación y en la miseria, quisieran dar no pueden ser al mismo tiem po sem bra­
el tiempo conveniente a la oración, dores de discordia entre los pueblos; los
conseguirían con ello que el trabajo y nombres que orando se vuelven hacia
la producción volvieran m uy pronto a Dios, no pueden fom entar ese im peria­
los límites razonables; y la lucha, que lismo nacionalista que de cada pueblo
ahora divide a la humanidad en dos hace su propio Dios: los hom bres que
grandes cam pos de batalla, en que se miran al Dios de la paz y del am or ” ,
disputan intereses meramente pasaje­ que se dirigen a El por medio de Cristo,
ros, quedaría absorbida en la noble y que es nuestra paz **, no descansarán
pacífica contienda por la adquisición hasta que finalmente la paz, que el
de los bienes celestiales y eternos. mundo no puede dar, descienda del
Dador de todu bien sobre los hombres
14. De esta manera se abriría tam ­ de buena voluntad s*.
bién camino a la paz tan suspirada, La paz sea con vosotros ** fué el
como tan bellamente insinúa San Pa­ saludo pascual del Señor a sus A pós­
blo, cuando junta el precepto de la toles y primeros discípulos; y este ben­
oración con los santos deseos de la paz dito saludo que, desde aquellos prime­
y de la salvación de todos los hom­ ros tiem pos hasta nosotros, jamás ha
bres: Os recomiendo, pues, ante todas cesado en 4a sagrada Liturgia de la
las cosas, que se hagan súplicas, ora­ Iglesia, hoy más que nunca debe
ciones, rogativas, acciones de gracias por confortar y consolar a los corazones
iodos los hombres; por los reyes y por humanos llagados y oprimidos.
todos los constituidos en alto puesto, a
fin de que tengamos una vida quieta y 15. Pero la oración debe ir acom ­
tranquila en el ejercicio de toda piedad pañada por la penitencia, el espíritu
y honestidad. Porque ésta es una cosa de penitencia y la práctica de la pe­
buena y agradable a los ojos de Dios, nitencia cristiana. Así nos lo enseña el
Salvador nuestro; el cual quiere que to­ Divino Maestro, cuya primera predi­
dos los hombres se salven y vengan al cación fué precisamente la penitencia:
conocimiento de la verdad 19. Comenzó Jesús a predicar y a decir:
Pídase la paz para todos los hom­ Haced penitencia **. Así también nos
bres, pero especialmente para quienes lo enseña toda la tradición cristiana,
en las naciones tienen las graves res­ toda la historia de la Iglesia: en las
ponsabilidades del gobierno: ¿Cómo grandes calamidades, en las grandes
podrán ellos dar la paz 9 sus pueblos, tribulaciones de la cristiandad, cuando
si no la tienen en sí mismos? Y la ora­ más urgente era la necesidad del auxi­
ción es precisamente la que, según el lio divino, los fieles espontáneamente
pPostoi, debe aportar el don de la paz, unas veces y las más siguiendo el ejem ­
a oración que se dirige al Padre celes- plo y la exhortación de los sagrados
l ’ qi|e es Padre de todos los hombres;
j1 oración, que es la expresión colectiva 10 2 Cor. 13, I I .
I “ l()s sentimientos de familia, de aque- Eph. 2 , 14.
Rrnn familia que se extiende más *■ L uc. 2 , 14.
" lo. 2 0 . 19. 20
1 l'im. 2. 1 -4. *• Mal. 4, 17
pastores, han echado siempre mano el» pastoral, debem os mantener en alti
de estas dos tortísimas armas de la esto* nombres y estos conceptos, i
vida espiritual: la oración y la peni­ conservarlos en su verdadera slgnHl
tencia. Por aquel santo instinto por el cación, en su genulna nobleza y, aúi
que se guía casi inconscientemente el más, en su práctica y necesaria aplica
pueMo cristiano, cuando no ha sido ción a la vida cristiana. A esto Noi
extraviado por los sembradores de la impulsa la misma defensa de Dios y
cizaña, v que, de otra parte, no es sino de la Religión, que defendemos; puei
ci sniiiilo de Cristo, de que habla el la penitencia es por su naturaleza un
Apóstol *\ los fieles han sentid»* inme­ reconocim iento y una restauración del
diatamente en tales casos la necesidad orden moral en el m undo, que se fun­
de purificar sus almas del pecado con da en la ley eterna, esto es, en Dio»
la contrición interna y con el sacra­ vivo. Quien da a Dios satisfacción por
mento de la reconciliación, y de apla­ el pecado, reconoce por lo mismo la
car a la divina Justicia aun con obras santidad de los principios supremos d<
externas de penitencia. la moralidad, su interna fu er/a de obli­
gar, la necesidad de una sanción con­
U>. Sabemos asimismo y con vos­ tra su violación.
otros, Venerables Hermanos, lamenta­ Y es ciertamente uno de los más pe­
mos que en nuestros dias la idea y las ligrosos errores de nuestro tiempo ll
palabias de expiación y penitencia para pretensión de separar de la Religión
muchos han perdido en gran parte la la moralidad, quitando asi toda sólida
virtud de suscitar aquellos arranques base a cualquiera legislación. Error que
de cora/ron y aquellos heroísmos de sa- podía acaso pasar inobservado y pa­
u ificio que en tiempos pasados sabían recer menos peligroso, cuando se cir­
infundir, porque se presentaban enton­ cunscribía a pocos y cuando la fe *n
ces a los ojos de los hombres de fe, Dios era patrimonio común de la huma­
como sellados con un carácter divino, nidad, y por lo mismo se presuponía,
a imitación de Cristo y de sus Santos. siquiera tácitam ente, hasta en qul«*
Ni faltan hoy quienes querrían se pres­ nes no hacían alarde de impíos. Pero
cindiera de las mortificaciones exter- hoy, cuando el ateismo se difunde *n
•ia«, calificándolas ya de antiguallas; y las masas populares, las terribles con­
naila digamos del hombre moderno secuencias de tal error se tocan cotí js*
autónomo, le llaman que orgullosa- manos y entran en el mundo de lai
mente desprecia la penitencia, com o tristísimas realidades. En lugar de lfl>
acm propio sólo de siervos. Muy natu­ leyes morales, que se desvanecen Jun­
ral es, por lo demás, que cuanto más tamente con la pérdida de la fe en
se debilite la fe en Dios, tanto más Dios, se impone la violencia d® !■
confusa se haga y hasta llegue a des­ fuerza, conculcadora de todo derecho.
aparecer la idea del pecado original y La antigua lealtad y corrección en e>
de una primitiva rebelión del hombre obrar y en el mutuo com ercio, tan el*
contra Dios; y que, lógicamente, se lebrada por los mismos retóricos y
pierda cada vez más la convicción so- poetas paganos, cede ahora el lugar *
loe la necesidad de la penitencia y de especulaciones sin conciencia, ai¡ *jj
l.i expiación.
ios asuntos propios com o en los
17 Pero Nos, Venerables Herma nos. Y, efectivarn^ite, ¿cóm o pu*“*
nos, por obligación de Nuestro ofi mantenerse un contrato ciialqul*r*i. /
qué valor puede tener un tratíOO*
•' < f i ( m .*. i» ; (liando f«ltu (oiln «ramnHu ili* COH'
, a h i t a t /■: ( ii u i s i i c om r u i. s /

ciencia, cuando se ha perdido toda fe este orden, cuando todos los pueWo*
en Dios, todo temor de D ios? Quitada fiel y espontáneamente lo reconozcan
esta base, cae con ella toda ley moral, y lo profesen, cuando las internas con s­
y ningún medio hay que pueda impe­ tituciones de los pueblos y las exter­
dir la gradual, pero inevitable ruina nas relaciones con las otras naciones
de los pueblos, de ias familias, del Es­ se funden sobre esta base, solam ente
tado, de la misma civilización humana. entonces será posible una paz estable
sobre la tierra. No serán suficientes
18. La penitencia, por lo tanto, es para formar esta atmóifera de paz
com o un arma saludable, puesta en duradera ni los tratados de paz, ni los
manos de los aguerridos soldados de pactos más solemnes, ni las asambleas
Cristo decididos a com batir por la de­ 0 conferencias internacionales, ni los
fensa y el restablecimiento del orden esfuerzos más nobles y desinteresados
moral del universo. Es un arma que de ningún hombre de Estado, si ante
se aplica a la misma raiz de todos los todo no se reconocen los sagrados dere­
males; o sea, a la concupiscencia de las chos de las leyes natural y divina. Nin­
riquezas materiales y de los placeres gún economista, ningún organizador,
d esordenados de la vida. Por medio de por grandes que sean, podrán jam ás re­
voluntarios sacrificios, por medio de solver pacificamente ios problemas so­
renuncias prácticas, aun doiorosas, me­ ciales, si de antemano no triunfa, aun
diante las varias obras de penitencia, en el mismo terreno económ ico, la ley
el cristian o generoso somete las bajas moral, basada en Dios y en la concien­
pasiones, que tienden a arrastrarle a la cia. Este es el valor fundamental, tanto
violación del orden moral. Pero si el en la vida política com o en la económ i­
celo de la ley divina y la caridad fra­ ca de las naciones; esto es el «valor»
terna son en él tan grandes com o de­ 1valuta] más seguro: si él se mantiene
ben serlo, entonces no sólo se da al firme, también todos los demás serán
ejercicio de la penitencia por si y por estables, pues estarán garantizados por
sus p eca d os, sino que se atribuye tam­ la más fuerte autoridad, por la inmu­
bién la expiación por los pecados aje- table y eterna ley de Dios.
M" s, imitando a los Santos, que mu-
(lias v eces se hacian con sublime he­ 20. Y aun para los individuos la
roísmo victimas de reparación por los penitencia es fundam ento y causa de
pecados de enteras generaciones, y aun verdadera paz apartándoles de los bie­
"H ilando, más bien, al Divino Reden- nes terrenales y caducos, elevándoles
,or, que se constituyó Cordero de Dios a los bienes eternos, dándoles aun en­
Hie quita el pecado del mundo " , tre las privaciones y adversidades de
la vida una paz que el m undo, con
. '**• ¿Y no hay acaso, Venerables todas sus riquezas y placeres, no pue­
'•ernianos, en semejante espíritu de de dar. Uno de los cánticos más sere­
^ " I t e n c ia , un dulce misterio de paz? nos y graciosos que se oyeron jamás
hay paz para los impíos, dice el Espl- en este valle de lágrimas ¿n o es, por
r,,|i Santo ” , porque viven en continua ventura, el célebre Cántico del Sol y de
"cha y oposición con el orden estable- las criaturas, de San Francisco? Pues
P<»r la naturaleza y el Creador de bien: quien lo com puso, quien lo escri­
lln- Solamente cuando se restablezca bió, quien lo cantó, era uno de los ma­
yores penitentes, el Poverello de Asis.
' I, 20. que no poseía absolutamente nada en
' 4 h , aa. la tierra, y llevaba en su cuerpo exte-
miado los estigmas dolorosos de su 22. A b s te n g a n s e los fieles de tod o espec­
tá c u lo p ú b lic o , y de to d a o tr a diversión
Señor Crucificado. a u n q u e sea licita; los m á s ac o m o d a d o s ctr-
La oración, por lo tanto, y la peni­ cenen v o lu n ta r ia m e n te , con espíritu de cris­
tencia, son los dos poderosos espíritus tia n a a u ste rid a d , algo siquiera de su acos­
tu m b r a d a m a n e ra de v iv ir — por m u y mode­
que en estos tiem pos envía Dios para rada q u e ésta sea— , rep artien do generosa­
hacer que de nuevo se vuelva a El la m en te con los p o b re s el fr u to de esas priva­
descarriada humanidad, que doquier c io n e s, pu es la lim o sn a es ta m b ié n medio
e x c e le n te p ara sa tisfa cer a la divina jus­
va errante sin guía; son los espíritus ticia, y a traer las d iv in a s m isericordias. Los
que deben disipar y reparar la primera p o b re s, por su p a r te , y to d o s los que ahora
y principal causa de toda revolución se v e n so m e tid o s a la du ra p ru eb a de la falta
de tr a b a jo y escasez de p a n , ofrezcan ai Señor
y rebeldía, esto es, la rebelión del hom ­ con igual espíritu de p e n iten cia y la mayor
bre contra Dios. Pero son los mismos resignación las p riv a cio n e s q u e les imponen
pueblos los que están llamados a to­ los tie m p o s difíciles a c tu a le s y la condición
social q u e a la D iv in a P ro vid en cia, con
mar en este punto una decisión defi­ in escru tab le pero siem p re a m oro so designio,
nitiva; o se confían a estos bienhecho­ p lu g o asign a rle s, y acepten con ánimo hu­
res y benévolos espíritus y se convier­ m ilde y c o n fia d o , c o m o de la m an o de Dios,
los efecto s d e la p o b re z a , a g rava d os por la
ten, humildes y penitentes, a su Señor escasez q u e aflige a to d a la humanidad;
y Padre de misericordia; o bien se eléven se con m a y o r gen erosid ad hasta la
abandonan a sí mismos— con lo poco d iv in a su b lim id a d de la Cruz de Cristo, pen­
s a n d o qu e si el tr a b a jo es uno de los mayores
que todavía queda de felicidad sobre valores de la v id a , ha sido ta m b ié n el amor
la tierra— a merced del enemigo de de D io s p a c ie n te el q u e ha s a lv a d o al mundo;
Dios, es decir, al espíritu de venganza y les c on su ele, por fin , la con v icción segura
de qu e sus sacrificios y sus p en as, cristiana­
y de destrucción. m en te su frid as, concurrirán eficazmente a
Sólo Nos queda ya, Venerables Her­ acelerar la h ora de la m isericordia y de
manos, invitar a este pobre mundo que la p a z .
E l C orazón D iv in o de Jesús no podrá dejar
tanta sangre ha vertido, que ha abierto de co n m o v e rse p or las plegarias y sacrificios
tantas tumbas, que ha destruido tantas de su Ig lesia, y a c a b a r á ’ por decir a su Esposa,
riquezas, que ha dejado sin pan y sin que gim e a sus d iv in o s pies b a jo el peso de
ta n ta s penas y de ta n to s m ale s: Grande es
trabajo a tantos hombres, sólo Nos tu f e : Hágase como qu ieres28.
queda, decimos, invitarle con las tier­
nas palabras de la Sagrada Liturgia: Con esta c o n fia n za , revalorizada por el
Conviértete al Señor tu Dios. recuerdo de la C ruz, b andera sagrada y pi*"
cioso in stru m e n to de nuestra san ta rede»'
21. ¿ Y qué ocasión más oportuna podría­ ción , c u y a gloriosa in vención c e l e b r a m o s
mos indicaros, Venerables Herm anos, para i¡o y , a v o so tro s , V en era bles Hermanos, *
esa unión de oraciones y actos de reparación, vu estro Clero y p u e b lo , y a to d o el mu. |.
que la próxim a festividad del Sagrado Cora­ c atólico o to rg a m o s con afecto paternal 1
zón de Jesús? El espíritu propio de tal solem ­ B endición A p o s tó lic a .
nidad, com o ampliamente dem ostram os hace
cuatro años en Nuestra carta encíclica M ise- Dado en Rom a, junto a San Pedro,
serentissimus, es precisamente espíritu de
am orosa reparación; y por eso hemos que­ en la fiesta de la Invención de la San­
rido que todos los años perpetuam ente en ta Cruz, 3 de mayo de 1932, undéclrt10
tal día se celebre, en todas las Iglesias del
orbe, público acto de desagravios por tantas año de Nuestro Pontificado.
ofensas con que se hiere al Corazon D ivino.
[*■] M a t. 15, 2 8 .
P ÍO X I!

SERTUM LAETITIAE
LE. 1 noviembre 1939

[CUESTION SOCIAL — LIBERTAD DE SINDICACION]

y ejercitar la virtud, haya en el m un­


do ricos y pobres; pero Dios n o quiere
u e s t i ó n d e s u m a im p o rta n c ia q u erem os
C que unos naden entre exageradas ri­
t o c a r a h o r a , la cu estión socia l, c u y a no
quezas mientras otros se agitan en tal
s o l u c i ó n ag ita desde ta n to tie m p o y con
t a n t a in tensidad a los E sta d o s sem b ra n d o
penuria que hasta les falta lo necesa­
se m i l l a s d e odio y de m u tu a ho stilid ad entre
rio. Buena madre y gran maestra de
las d i v e r s a s clases de c iu d a d an o s. B ien co n o ­
virtudes es, sin em bargo, la honrada
céis s us c ara cterística s, sus d ificu ltad e s y sus
c o n f l i c t o s : n o p ro ced e, p or lo ta n to , q u e N os
e x t e n d a m o s sobre tál m ateria.
pobreza, cuando se alimenta con el
trabajo cotidiano, según el dicho de
la Escritura: N o me des ( ¡oh mi D io s!)
salario de los obreros pobreza ni riquezas: mantenme con el
pan necesario para mi sustento *. Pues
2. Principio fu n d a m en ta l en la si los ricos y opulentos tienen el deber,
cuestión social es que los bienes, crea­ por misericordia, de ayudar con libe­
dos por Dios para todos los hombres, ralidad a los necesitados, más obliga­
deben llegar equitativamente a todos dos están en consecuencia a darles lo
según las normas de justicia y de cari­ que les debieren por razón de justicia.
dad. En todos los tiempos ha habido Y justicia es que los salarios de los
ricos y pobres: lo dice la historia y la obreros sean tales que basten para sus­
misma condición humana, inflexible, tentar tanto a ellos com o a sus fa ­
presagia que asi será siempre. Dignos milias.
de gran honor son los pobres que te­
men a Dios, pues de ellos es el reino 3 . G ra vísim a s son , a este p r o p ó s ito , las p a­
labras de N u estro in m ortal P red ecesor P ío X I :
de los cielos y porque con facilidad Por todos los medios ha de lograrse que los
abundan en gracias espirituales. Por padres de fa m i’ ia perciban una remuneración
su parte, los ricos, si fueren rectos y tal que baste para proveer a las ordinarias nece­
sidades domésticas. Que, si las circunstancias
probos, cumplen en la tierra el oficio presentes de la sociedad no perm iten hacerlo
de dispensadores y m ayordom os de los siempre, la ju sticia social exig e que lo antes
dones materiales de Dios; a fuer de posible se vayan introduciendo aquellas refor­
mas que aseguren semejantes salarios a todo
buenos siervos de la Providencia divi­ el mundo. Singular alabanza merecen cierta­
da ayudan a los pobres, por medio de mente quienes, con miras tan sabias ctm o
'°s cuales reciben a veces dones que prácticas, han ensayado e intentado los más di­
versos sistemas para retribuir el trabajo en ra­
tocan al espíritu y cuya mano les con­ zón de las cargas de fam ilia, de suerte que, al
ducirá— así lo pueden esperar—a la aumentar éstas, aquil se aumentare tam bién; y
V|da eterna. aun, lo que fu ere mejor, que llegare también a sa­
tisfacer hasta las necesidades extraordinarias *.
Dios, que todo lo provee con los de­
lfinios de su bondad suprema, ha es­ ' Prov. 3 0 , 8 .
tablecido que, para probar los méritos * E n e . Quadragesimo anuo.
r i o x ¡ i

Lógrese, pues, que todos cuantos se libertad y que sean regidas por las ex­
nallan con fuerzas para trabajar ten­ celsas normas de la justicia y honesti­
gan la justa posibilidad de ganar para dad, de tal suerte que, al inspirarse en
si y para los suyos. Profundamente éstas, obren siempre en defensa de los
com padecem os, por lo tanto, a quie­ intereses de clase, pero sin lesionar los
nes, en gran número entre vosotros, derechos de los demás, a la par que se
aun siendo robustos, capaces y bien distingan teniendo com o ideal la ar­
dispuestos para el trabajo, no pueden m onía y respetando el bien común de
encontrar la ocupación que tan afano­ la sociedad civil.
samente andan buscando.
La previsión de los gobernantes, la
providente generosidad de los amos y actividad social
el restablecimiento de unas circunstan­
cias externas más favorables, cuya 5. N o s place sab er q u e en tre v o so tro s, asi
la c ita d a en cíclica Quadragesimo armo, como
realización ansiamos solícitos que se ta m b ié n la Rerum novarum del S u m o Pontí­
produzca lo antes posible, hagan que fice L eón X I I I , qu e p rop onen la solución
tan justos deseos lleguen a cumplirse de la espin osa cu estió n social según los pos­
tu la d o s del E v a n g e lio y de ¿a filo sofía peren­
en beneficio de todos. ne, son sin gu la r o b je to de un estu d io cui­
d a d o so y c o n tin u a d o por p a rte de selectos
espíritu s a q uienes un generoso entusiasm o
e m p u ja h a cia la restauración social y hacia
libertad en la sindicación un a fia n za m ie n to de los lazos de am or entre
los h o m b re s, y q u e h a sta algu n o s patronos
4. Natural exigencia del hombre es han q uerido arreglar p or si m is m o s , pero
según las n o rm a s de a q u é lla s, las cuestiones
la sociabilidad, por la que mediante la su scita d as por los ob reros, d e ja n d o siempre
unión de fuerzas es lícito promover a buen recau do así el bien com ú n de la so­
cuanto sea útil honestamente; por lo ciedad c o m o la e xcelsa d ig n id a d de la per­
son a h u m a n a . O ran gloria, en v e rd a d , sería
+anto, ni a las clases productoras ni a la del p u eb lo am erican o— in clinado y a por
las obreras y agrícolas puede negarse, su n a tural cond ición a las grandes empresas
sin clara injusticia, la libre facultad de y a la liberalid ad — si solu cion a ra plena y
p e rfe c ta m en te la a n tig u a e in trin ca d a cues­
unirse libremente en asociaciones que tión social según las n o rm a s seguras e ilu­
defiendan sus propios derechos a la m in ad as por Ta luz del E v a n g e lio , y seña­
'■ei que logren las mejoras tocantes ya lara asi las bases de u na é p oca feliz.
a los bienes del cuerpo, ya a los del Y para que esto suceda com o se de­
espíritu, ya a las honradas com odida­ sea, preciso es que las fuerzas no se
des que mejoren la vida. Pero a seme­ disgreguen con la desunión, antes
jantes asociaciones, cuyas precursoras aumenten por la concordia. Unión de
en los siglos pasados realzaron el cris­ pensamientos y de voluntades cuya
tianismo con gloria inmortal y las ar­ resultante serían magníficas hazañas»
tes con extraordinario esplendor, no y a la que, secundando un impulso
puede imponerse, en todas partes y caridad, invitamos también aun a
sin distinción, un mismo tenor y orde­ aquellos que la Iglesia llora com o se­
namiento, pues éstos habrán de variar parados de ella.
a tono con la idiosincrasia peculiar de
los pueblos y con la mutabilidad de las
circunstancias. Esencial condición es Dado en Rom a, junto a San Pedro,
que tales corporaciones procedan en a 1 de noviembre, fieita de Todo» lo*
toda su actividad de acuerdo con los Santos, del año 1939"aprimero de Nues­
principios imprescriptibles de una sana tro Pontificado.
PIO X II

CINCUENT.0 DE LA «RERUM NOVARUM»


Rm. I junio 1941

SOBRE LA " C U E S T I O N SOCIAL"

a de Pentecostés, glo­
s o l e m n id a d género humano, para convencer á to ­
L riosa navidad de la Iglesia de Cris­ dos de que sólo en El, en la verdad
to, es para Nuestro ánimo, amados por El enseñada, en el amor que El
hijos de todo el mundo, una invita­ m ostró, haciendo el bien y sanando
ción dulce y propicia, fecunda en pro­ a todos, hasta sacrificarse por la vi­
fundos avisos, para dirigiros, en medio da del m undo, puede encontrarse la
de las dificultades y luchas de lo pre­ verdadera salvación y la felicidad
sente, un mensaje de amor, de exhor­ duradera para los individuos y para
tación y de consuelo. Os hablamos en los pueblos.
un momento en que todas las energías
y fuerzas físicas e intelectuales de una 2. E n e sta h o ra, p le n a m e n te s a tu ra d a d e
a c o n te cim ie n to s p en d ie n te s del d e sig n io d i­
porción cada día m ayor de la humani­ v in o qu e rige la historia de las n a cion es y
dad se hallan, en medida y con ardor v e la p o r la Iglesia, N o s es alegría y sa tis ­
nunca antes conocidos, tensas bajo la facción in tim a el haceros sentir, a m a d o s
h ijo s, la v o z del P ad re c o m ú n , el lla m a ro s
férrea e inexorable ley de guerra; y c o m o a u n a b reve pero universal a sa m b le a
desde otras antenas parlantes vuelan cató lic a , para qu e en el vin cu lo d e la p ar
acentos impregnados de exasperación podá is p o r experiencia p ro b a r la d u lz u ra del
cor unum y d e ! anima u n a 1 q u e , b a jo el
y de acritud, de escisión y de lucha. im p u lso d eí d iv in o E sp íritu , unía a la c o m u ­
Pero las antenas de la Colina Vati­ nidad de Jerusalén en el día de P e n te c o s­
cana, de la tierra consagrada com o tés. C u a n to m ás dificil se hace en m u ch os
casos el c o n ta c to directo y eficaz e n tre el
centro inmaculado de la Buena Nueva S u m o P asto r y su grey , a causa de las con ­
y de su difusión bienhechora en el diciones de la guerra, con g r a titu d ta n to
mundo por el martirio y por el sepul­ m a y o r salu d am os este ra p id ísim o p u e n te de
unión qu e el genio in v e n tiv o de nuestra
cro del Primer Pedro, no pueden trans­ época lanza por un ra yo a tra v é s del éter,
mitir sino palabras informadas y ani­ uniendo entre sí tod o s los rincones d e ta
madas por el espíritu consolador de la tierra, a tra v é s de los m o n te s , m ares y con­
tin e n te s. Y e sto , que para m u ch o s es arm a
Predicación que resonó en Jerusalén y de lucha, se tra n sform a para N o s en p rovi­
4uc la conm ovió en la primera Pente­ dencial in stru m en to de un a p o s to la d o acti­
costés por boca de Pedro: espíritu de vo y pacifico que c u m p le , a lzá n d o la a un
nuevo significad o, la p a la b ra de la Escri­
■■'diente amor apostólico, espíritu que tura: E n todo el universo resonó su voz, y sus
"o siente ansia más viva ni alegría palabras llegaron a toda la tierra *. A sí pare­
lllas santa que la de conducir a todos, ce renovarse el gran m ila g ro d e P entecostés,
cu an do las div ersas g e n te s, de regiones dis-
■imigos y enemigos, a los pies del Cru­
cificado en el Gólgota, al sepulcro del 1 Cf. Act. A, 32.
R'orioso H ijo de Dios y Redentor del * Ps. 18, V Rom. I (*. 18.
tintas por sus lenguas, reunidas en Jerusa­ lla parte del orden social en que éste
lén, escucharon, ca da una en su idiom a, la
v oz de P edro y de los Apóstoles. Con sin­ se acerca y aun llega a tocar el campo
moral, juzgar si las bases de un deter­
cera com placen cia Nos servim os h oy de este
m aravilloso m edio para llamar la atenciónminado ordenam iento social están de
del m undo ca tólico sobre una con m em ora­
acuerdo con el orden inmutable que
ción que merece esculpirse con carecteres de
Dios Creador y R edentor ha manifes­
oro en los fastos de la Iglesia; esto es, sobre
el quincuagésim o aniversario de la pu blica­
tado por medio del derecho natural y
ción — ésta tuvo lugar el 15 de m ayo de 1891 —
de la revelación: doble manifestación,
de la fundam ental encíclica social Rerum no­
varum cíe León X I I I . a que León X I I I se refiere en su En­
cíclica. Y con razón; porque las ense­
Estado e Iglesia en el ñanzas del derecho natural y las ver­
orden social dades de la revelación se derivan, por
diversos caminos, com o dos arroyos de
3. León X III dirigió al mundo su aguas no contrarias sino acordes, de la
mensaje, m ovido por la profunda con­ misma fuente divina, y porque la Igle­
vicción de que a la Iglesia le corres­ sia, que custodia el orden sobrenatu­
ponde no sólo el derecho sino también ral cristiano, en el que convergen la
el deber de pronunciar una autorizada naturaleza y la gracia, es la que ha de
palabra sobre las cuestiones sociales. form ar las conciencias, aun las de quie­
No fué su intención el establecer nor­ nes están llamados a encontrar solu­
mas tocantes al aspecto puramente ciones para los problemas y los debe­
práctico, casi diríamos técnico, de la res impuestos por la vida social. De
constitución social; pues bien sabia y le la form a que se dé a la sociedad, con­
era evidente— lo ha declarado Nues­ forme o no a las leyes divinas, depen­
tro Predecesor, de s. m., Pío X I, hace de y se insinúa a su vez el bien o el
ahora diez años, en su enciclica con­ mal en las almas; es decir, el que los
memorativa Quadragesimo atino— que hombres, llamados todos a ser vivifi­
la Iglesia no se atribuye tal misión. cados por la gracia de Cristo, en las
En el ámbito general del trabajo, en terrenas contingencias del curso de la
el desarrullo sano y responsable de vida, respiren el sano y vivificante há­
todas las energías físicas y espirituales lito de la verdad y de la virtud moral,
de los individuos y en sus libres orga­ o el bacilo m orboso y a veces mortí­
nizaciones, se abre un vastísimo cam­ fero del error y de la depravación.
po de acción multiforme, en que el Ante tal consideración y previsión,
poder público interviene con una ac­ ¿cóm o podría la Iglesia, Madre tan
tuación suya integrante y ordenadora, amorosa y solícita del bien de sus hi­
primero por medio de corporaciones jos, permanecer cual indiferente espec­
locales y profesionales, y en último tadora de sus peligros, callar o fingir
término con la fuerza del mismo Es­ que no ve ni aprecia las condiciones
tado, cuya autoridad social, que ha sociales que, queridas o no, hacen di­
de ser superior y moderadora, tiene el fícil y prácticamente imposible una
importante deber de prevenir las per­ conducta de vida cristiana, ajustada
turbaciones del equilibrio económico a los preceptos del Sumo Legislador?
que pudieran surgir de la pluralidad y
de la oposición de los encontrados 5. Consciente de tan gravísima res*
egoísmos, individuales y colectivos. ponsabilidad, León X I I I , al d irigir *11
Encíclica al mundo, señalaba a la con­
4. Es, por lo contrario, com peten­ ciencia cristiana los errores y los peli­
cia indiscutible de la Iglesia, en aque­ gros de la concepción de un socialismo
materialista, las fatales consecuencias espirituales y sobrenaturales, no se
de un liberalismo económ ico, harto han derivado, para los obreros y para
empeñado en ignorar, olvidar o des­ sus familias, de las uniones católicas!
preciar los deberes sociales; y exp o­ ¡Cuán eficaz y oportuna ha sido, se­
nía, con tan magistral claridad com o gún las necesidades, la lab or de los
admirable precisión, los principios con ­ Sindicatos y de las A sociaciones en
venientes y adecuados para mejorar pro de la clase agrícola y m edia, para
—gradual y pacíficam ente— las con ­ aliviarles las angustias, asegurarles la
diciones materiales y espirituales del defensa y la justicia, y de esta suerte,
obrero. al mitigar las pasiones, preservar de
perturbaciones la paz social!
espléndida mies No fué ésta la única ventaja. La en­
cíclica Rerum novarum, al acercarse al
Si ahora, amados hijos, transcurri­ pueblo, abrazándole con estim ación y
dos ya cincuenta años de la publica­ amor, penetró en los corazones y en
ción de la Encíclica, Nos preguntáis las mentes de la clase obrera e infun­
hasta qué punto y medida correspon­ dió en ella el sentimiento cristiano y
dió la eficacia de su palabra a las no­ la dignidad civil, hasta tal punto, que
bles intenciones, a los pensamientos el poder de su influencia se desarrolló
tan ricos en verdades, a las bienhecho­ y difundió tan eficazmente, en el co ­
ras normas queridas y sugeridas por rrer de los años, que llegó a convertir
su Sabio A utor, sentimos el deber de sus normas en patrim onio casi com ún
responderos: Precisamente para dar a de la familia humana. Y mientras el
Dios Omnipotente, desde el fondo de Estado, durante el siglo x ix , por
Nuestro ánimo, humildes gracias por una soberbia exaltación de la libertad,
el don que hace cincuenta años otorgó consideraba com o único fin suyo el
a la Iglesia con aquella Encíclica de tutelar la libertad con el derecho.
su Vicario en la tierra, y para alabarlo León X I I I le avisó que tam bién era
por el soplo del Espíritu renovador deber suyo el aplicarse a la previsión
Que por medio de ella se derramó des­ social, cuidando el bienestar del pue­
de entonces cada vez más creciente so­ blo entero y de todos sus miembros,
bre la humanidad entera, Nos hemos particularmente de los débiles y de to ­
propuesto, en esta solemnidad de Pen­ dos los desheredados, con una amplia
tecostés, dirigiros Nuestra palabra. política social y con la creación de un
Nuestro predecesor Pió X I ya exal­ derecho del trabajo. Un eco potente
to. en la primera parte de su Encíclica respondió a su voz, y es sincera obli­
conmemorativa, la espléndida mies que gación de justicia el reconocer los pro­
debió su madurez a la Rerum novarum, gresos que la solicitud de las A utori­
germen fecundo en desarrollar una dades civiles de muchas Naciones ha
doctrina social católica que ofreció a procurado a la condición de los traba­
l(|s hijos de la Iglesia, sacerdotes y se­ jadores. Con mucha razón se ha dicho,
glares, ordenaciones y medios para una pues, que la Rerum novarum fué la
¡^construcción social, exuberante en Carla magna de la actividad social
rutos; de suerte que gracias a ella sur­ cristiana.
gieron en el campo católico numerosas
^.riadas instituciones benéficas y «Quadragesimo anna»
en f S florec>entes de mutuo auxilio
6. M ientras, ta n to ib a p a sa n d o m ed io si­
rid ,v<)r Propio y ajeno. |Qué prospe- glo, qu e ha d e ja d o su rco s p ro fu n d o s y triste s
;iíl material y natural, qué frutos ferm en tos en el terreno de las n aciones y
de las sociedades. Las cuestiones que los c o m o allí d e c ía m o s , en la a fir m a ció n de la
cam bios y las revoluciones sociales, y sobre in e lu d ib le e x ig e n c ia de que los bienes, creados
to d o las econ óm icas, ofrecían a un exam en por D ios para todos los hombres, afluyan equi­
moral después de la Rerum novarum, han tativamente a todos, según los prin cipios de
sido tratadas con penetrante agudeza por la ju sticia y de la caridad.
Nuestro inm ediato Predecesor en la encí­
clica Quadragesimo anno. El decenio que la
ha seguido no ha sido menos rico que los
años anteriores por sus sorpresas en la vida derecho fundamental
social v econ om ica, lanzando sus inquietas
y oscuras aguas al piélago de una guerra que
pLede levantar ola slm p revista s que choquen 8. T od o hombre, com o viviente do­
violentas con la econom ía y con la sociedad. tado de razón, tiene de hecho, por na­
turaleza, el derecho fundamental de
usar los bienes materiales de la tierra
ante el tenebroso porvenir aunque se haya dejado a la voluntad
humana y a las form as jurídicas de
7. El momento presente hace muy los pueblos el regular más particular­
dificil el señalar y el prever los proble­ mente su realización práctica. Seme­
mas y asuntos especiales, tal vez com ­ jante derecho individual no puede en
pletamente nuevos, que a la solicitud modo alguno ser suprimido, ni siquie­
de la Iglesia presentará la vida social ra por otros derechos ciertos y pacífi­
después del conflicto que trae enfren­ cos sobre los bienes materiales. Sin
tados a tantos pueblos. No obstante, duda que el orden natural, que se de­
si lo futuro tiene sus raices en lo pa­ riva de Dios, requiere también la pro­
sado y si la experiencia de los últimos piedad privada y el libre comercio re­
años Nos es la maestra para lo por cíproco de los bienes por medio de
venir, Nos pensamos servirnos de la cambios y donaciones, así com o la fun­
conmemoración de hoy para dar ulte­ ción reguladora del poder público so­
riores normas morales sobre tres va­ bre estas dos instituciones. Sin embar­
lores fundamentales de la vida social go, todo esto permanece subordinado
/ económica; y lo haremos animados al fin natural de los bienes materiales»
por el mismo espíritu de León X III y y no se podría hacer independiente del
desarrollando su visión, más que pro­ derecho primero y fundamental de su
fetisa, anunciadora ya del surgiente uso que corresponde a todos, sino que
progreso social de los tiempos. Estos más bien ha de servir para hacer po­
tres valores fundamentales, que se en­ sible su realización conform e a su fin.
trecruzan, se unen y se completan mu­ Sólo así se podrá y se deberá lograr
tuamente son: el uso de los bienes que la propiedad y el uso de los bienes
materiales, el trabajo y la familia. materiales lleven a la sociedad una paz
fecunda y una consistencia vital, y que
no sean tan sólo condiciones precarias,
los bienes materiales generadoras de luchas y de odios, y
abandonadas al arbitrio del despiada­
La encíclica Rerum novarum expresa sobre
la propiedad y sobre el sustento del hombre do juego de la fuerza y de la debí'
principios que con el tiem po nada han per­ lidad.
dido de su prim itivo vigor y que h oy, pasa­ El derecho originario sobre el uso
dos ya cincuenta años, conservan todavía y
difunden vivificadora su íntima fecundidad. de los bienes materiales, por estar en
Nos mismo ya reclamamos la atención de íntima conexiót^con la dignidad y co
todos sobre su punto fundamental en Nues­ los demás derechos de la persona ñu-
tra encíclica Sertum laetitiae, dirigida a los
Obispos de los Estados Unidos de América mana, le ofrece con las formas ant*
del Norte; punto fundamental que consiste, indicadas una base material Beguf >
de sm tia im portancia para elevarse al de afirmar que el p ropio fin del hom ­
cumplimiento de sus deberes morales. bre sobre la tierra es la sociedad, que
La tutela de este derecho asegurará la sociedad es el fin de sí m ism a, y
la dignidad personal del hom bre y le que el hombre no tiene otra vida que
facilitará el atender y el satisfacer con esperar sino la que se term ina en ia
justa libertad aquella suma de obliga­ tierra.
ciones y decisiones estables de que es
directamente responsable ante el Crea­ la verdadera riqueza
dor. Pertenece, en efecto, al hombre
el d e b er personalísimo de conservar y 10. La misma econom ía nacional,
conducir a la perfección su vida ma­ com o fruto que es de la actividad de
terial y espiritual, para conseguir el los hombres que trabajan unidos den­
fin religioso y moral que Dios ha se­ tro de la comunidad del E stado, no
ñalado a todos los hombres y les ha tiene otro fin que asegurar sin inte­
dado cual norma suprema, obligatoria rrupción las condiciones materiales en
siem pre y en cada caso, antes que que pueda desarrollarse plenamente la
todos los demás deberes. vida individual de los ciudadanos.
Donde esto se lograre en form a dura­
dera, el pueblo será económ icam ente
«bien común* rico, porque el bienestar general y, por
consiguiente, el derecho personal de
9. Tutelar el intangible campo de todos al uso de los bienes terrenos, se
los d e re ch o s de la persona humana y realizará entonces conform e a la fina­
facilitarle el cumplimiento de sus de­ lidad establecida por el Creador.
beres ha de ser oficio esencial de todo De todo lo cual fácil os será, ama­
poder público. ¿N o es acaso esto lo exi­ dos hijos, el deducir que la riqueza
gido p o r el significado genuino del bien económ ica de un pueblo no consiste
com ún, que el Estado tiene obligación propiamente en la abundancia de bie­
de prom over? De aquí nace que el nes medida según el cóm puto inera y
cu id ad o del bien común no lleva con­ estrictamente material de su valor,
sigo un poder tan amplio sobre los sino más bien en que tal abundancia
m iem bros de la comunidad, que en su represente y ofrezca real y eficazm en­
virtud esté concedido a la autoridad te la base material suficiente para el
pública disminuir el desarrollo de la debido bienestar personal de sus miem­
acción individual antes descrita, deci­ bros. Si no se realizare esta distribu­
dir directamente en torno al comienzo ción de los bienes o lo fuere sólo im­
°> excluido el caso de una legitima perfectamente, no se logrará el verda­
Pena, s ob re el final de la vida huina- dero fin de la economía nacional, pues,
na, determinar por su propia voluntad por muy grande que fuera la afortu­
el m od o de ser de su movimiento físi­ nada abundancia de los bienes dispo­
co, espiritual, religioso y moral en op o­ nibles, el pueblo, al no ser llamado a
sición a los derechos y deberes perso­ participar de ellos, no sería económ i­
nales del hombre, y para ello abolir camente rico, sino pobre. Haced, por
^ d erech o natural a los bienes mate- lo contrario, que esa justa distribución
(|la’es> o dejarlos sin eficacia. Deducir se realice plenamente y en form a du­
c u id a d o del bien común una ex- radera, y veréis cóm o un pueblo se
ensión tan grande del poder, sería tan- hace y es económ icam ente sano, aun­
11 como trastornar el significado mis- que disponga de menor cantidad de
10 del bien común y caer en el error bienes.
Particularmente oportuno Nos pa­ puesto y se ha concedido al individuo
rece poner hoy ante vuestras conside­ primordialm ente por la naturaleza, y
ración estos conceptos fundamentales, no ya por la sociedad, com o si el hom­
que se refieren a la riqueza y a la p o­ bre no fuera sino un simple siervo o
breza de los pueblos, cuando es com ún funcionario de la com unidad. De don­
la inclinación a pesar y juzgar tal ri­ de se deriva que el deber y el derecho
queza v pobreza con balanzas y con de organizar el trabajo del pueblo per­
criterios simplemente cuantitativos, ya tenecen ante todo a los inmediatamen­
del espacio, ya de la abundancia de los te interesados: patronos y obreros. Si
bienes. Mas si se pondera rectamente éstos no cumplen con su deber o no
e! fin de la economia nacional, enton­ lo pueden cum plir por especiales cir­
ces este se tornará luz para los esfuer­ cunstancias extraordinarias, corres­
zos de los hombres de Estado y de los ponde entonces al Estado, com o deber
pueblos, y los iluminara para dirigirse suyo, el intervenir en el cam po, en la
espontáneamente por un camino que división y en la distribución del tra­
no les exigirá continuos gravámenes bajo, según la form a y medida que
en bienes y en sangre, sino que les requiera el bien com ún rectamente
dará frutos de paz y de bienestar ge­ entendido.
neral.

el trabajo
derechos y deberes super­
11. Vosotros mismos, amados hi- eminentes
ius, comprenderéis cóm o el trabajo se
halla unido con el uso de los bienes En todo caso, cualquier interven­
materiales. La Rerum novarum ense­ ción legítima y bienhechora del Esta­
ña que son dos las propiedades del do en el cam po del trabajo, ha de ser
trabajo humano: es personal y es ne- tal que salve y respete su carácter
i ^pario. Es personal, porque se realiza personal, así en la teoría com o en la
can e¡ ejercicio de las fuerzas particu­ práctica, dentro de los límites de lo
lares del hombre; es necesario, porque posible. Y esto se cumplirá cuando las
sin él no se puede procurar lo indis­ normas estatales no abolieren ni hicie­
pensable para la vida, mantener la ren irrealizable el ejercicio de otros de­
cual e; un deber natural, grave e in­ rechos y deberes igualmente persona­
dividual. Al deber personal del traba­ les. Tales son el derecho al verdadero
jo impuesto por la naturaleza corres­ culto de Dios; el derecho al matrimo­
ponde y sigue el derecho natural de nio; el derecho de los cónyuges, del
cada individuo para convertir el tra­ padre y de la madre, a realizar su vida
bajo en el medio de proveer a su pro­ conyugal y doméstica; el derecho a una
pia vida y a la de sus hijos. ¡Tan al­ razonable libertad en la elección de
tamente está ordenado a la conserva­ estado y en seguir una verdadera
ción del hombre el imperio sobre la vocación. Derecho este último perso­
naturaleza’ nal, com o ningún otro, del espin é
del hombre; y excelso, cuando se «
vienen a añadir loe derechos supef'^
deber y derecho natural res e imprescindibles de Dios y de ■
Iglesia, com o sucede en la elección y
Pero notad que tal deber y su co­ en el cumplimiento de la» vocacione
rrelativo derecho al trabajo se ha im­ sacerdotales y religiosas.
la familia píritu de la Rerum novarum está el
afirmar que, regularmente, sólo aque­
12. Según la doctrina de la Rerum lla estabilidad que arraiga en un pa­
novarum, la misma naturaleza ha uni­ trimonio propio hace de la fam ilia la
do íntimamente la propiedad particu­ célula vital más perfecta y fecunda de
lar con la existencia de la sociedad hu­ la sociedad, reuniendo espléndidam en­
m ana y con su verdadera civilización, te con su progresiva cohesión a las ge­
y en grado eminente con la existencia neraciones presentes con las futuras.
y con el desarrollo de la familia. Tal Si hoy el concepto y la creación de los
vínculo aparece con una claridad que espacios vitales ocupa el centro de las
ya no puede ser mayor. ¿A caso no debe metas sociales y políticas, ¿n o se de­
la propiedad privada asegurar al pa­ bería pensar tal vez, antes que en nin­
dre de familia la sana libertad que guna otra cosa, en el espacio vital de
le es necesaria para poder cumplir los la familia y en librarla de las trabas de
deberes q u e el Creador le ha señalado, condiciones que ni siquiera permiten
concernientes al bienestar físico, espi­ formarse la idea de una casa propia?
ritual y religioso de la familia?
En la familia es donde la Nación
encuentra la raíz natural y fecunda de «espacios vitales»
su grandeza y de su poderío. Si la pro­
piedad privada ha de conducir al bien 13. En nuestro planeta, que posee
de la familia, todas las normas públi­ tan extensos océanos, mares y lagos,
cas, más aún, todas las del Estado que con montes y llanos cubiertos de nie­
regulan su posesión, deben no sólo ha­ ves y de hielos perpetuos., con dilata­
cer p osib le y conservar tal función dos desiertos y tierras inhóspitas y es­
— fu n ción que en ciertos aspectos es tériles, no faltan, sin embargo, regio­
superior a toda otra del orden natu­ nes y lugares vitales abandonados al
ral— , sino también perfeccionarla cada capricho vegetativo de la naturaleza
vez m ás. Sería en verdad antinatural y que se prestan al cultivo por la mano
un pretendido progreso civil que, o por del hombre, para sus necesidades y sus
la superabundancia de cargas o por operaciones civiles; y más de una vez
excesivas ingerencias inmediatas, hi­ es inevitable que algunas familias, emi­
ciese vacía de sentido la propiedad grando de acá y de allá, busquen en
privada, quitando prácticamente a la otra región una nueva patria. En este
fam ilia y a su cabeza la libertad de caso, según señala la Rerum novarum,
conseguir el fin señalado por Dios al se respeta el derecho de la fam ilia a
Perfeccionamiento de la vida familiar. un espacio vital. Donde esto suceda,
la emigración logrará— según a veces
confirma la experiencia— , su fin na­
la propiedad familiar tural, esto es, la distribución más fa­
vorable de los hombres en la superfi­
Entre to d o s los bienes que pueden cie terrestre que se preste para colo­
ser o b je to de la propiedad privada nin­ nias de agricultores; superficie que
guno es m ás conform e a la naturaleza, Dios creó y preparó para el uso de to­
cRiin enseña la Rerum novarum, que dos. Si las dos partes, la que concede
ta tlerra, esto es, la finca en que habi- permiso para dejar el lugar de origen
toda u n a familia y de cuyos frutos y la que admite a los emigrados, se
jjea integramente, o al menos en par­ mantienen lealmente solicitas para eli­
> necesario para vivir. Y en el es­ minar cuanto pudiere im pedir que naz-
ca y se desarrolle la verdadera con­ modo especial, de la vida económica,
fianza entre el país de emigración y excitando a la acción no sólo a quie­
el país de inmigración, todos los que nes participan de dicha vida, sino tam­
participen en tal cambio de lugares y bién al mismo Estado. ¿No es esto un
de personas reportarán suc ventajas: deber sagrado para todo cristiano?
las familias recibirán un terreno que No os acobarden, amados hijos, las
para ellas será tierra patria en el dificultades externas, ni os desanime el
verdadero sentido de la palabra; las obstáculo de la creciente paganización
tierras de densa población se verán de la vida pública. No os conduzcan
aligeradas y sus pueblos se crearán a engaño los suscitadores de errores
nuevos amigos en territorios extran­ y de teorías malsanas, perversas co­
jeros; y los Estados que acogen a los rrientes, no de crecimiento, sino más
emigrados se habrán ganado unos bien de destrucción y de corrupción
laboriosos ciudadanos. De esta suerte de la vida religiosa; corrientes que pre­
las Naciones que dan emigrados y los tenden que, al pertenecer la redención
Estados que los reciben contribuirán al orden de la gracia sobrenatural y al
a porfía al incremento del bienestar hu­ ser, por lo tanto, obra exclusiva de
mano y al progreso de la civilización. Dios, no necesita nuestra cooperación
en este mundo. ¡Oh miserable ignoran­
cia de la obra de Dios! Pregonando
que eran sabios, se mostraron necios*.
«Rerum novarum» Como si la primera eficacia de la gra­
cia no fuera el corroborar nuestros sin­
su recuerdo ceros esfuerzos para cumplir diaria­
mente los mandatos de Dios, como in­
14. Tales son, amados hijos, los dividuos y como miembros de la socie­
principios, los conceptos y las normas dad; como si hace dos milenios no vi­
con que, ya desde ahora, querríamos viera y perseverara en el alma de la
Nos cooperar a la futura organización Iglesia el sentido de la responsabilidad
de aquel nuevo orden que todos espe­ colectiva de todos por todos, que ha
ran y se prometen que nacerá del ho­ movido y mueve a los espíritus hasta
rrendo fermento de la guerra presente, el heroísmo caritativo de los monjes
de snortc tal que tranquilice a los pue- agricultores, de los libertadores de es­
nlos en paz y en la justicia. ¿Qué clavos, de los curadores de enfermds,
Nos queda ya sino, con el mismo espí­ de los abanderados de la fe, de la ci­
ritu de León X I11 y con las mismas vilización y de la ciencia en todas las
intenciones de sus enseñanzas y fines épocas y en todos los pueblos, pafa
tan nobles, exhortaros a proseguir y crear las únicas condiciones sociales
promover la obra que la precedente que a todos pueden hacer posible y
generación de vuestros hermanos y placentera una vida digna del hombre
vuestras hermanas ha fundado con tan y del cristiano. Pero vosotros, cons­
valeroso ánimo? Que no se extinga en cientes y convencidos de tan sacra res­
vosotros ni se haga débil la voz insis­ ponsabilidad, no os conforméis jamás,
tente de los dos Pontífices de las En­ en el fondo de vuestra alma, con aque-
cíclicas sociales, que proclama grave­ lia general mediocridad pública en
mente, a los que creen en la regenera­ el común de los hombres no puede, si
ción sobrenatural de la humanidad, el no es con actos heroicos de virtud,
ineludible deber moral de cooperar al
ordenamiento de la sociedad y, en
observar los divinos preceptos, siem­ palabra de León XIII: no dejéis ni
pre y en todo caso inviolables. permitáis jamás que le falte el alimen­
to y que muera con sus últimas luces
i5. Si entre el propósito y la reali­ al terminar vuestras solemnidades con­
dad apareció alguna vez evidente la memorativas , apagada por una cobar­
desproporción; si hubo errores, comu­ de, despectiva y recelosa indiferencia
nes por los demás a toda humana ac­ hacia las necesidades de nuestros más
tivid a d ; si surgieron diversos parece­ pobres hermanos, o envuelta en el pol­
res sobre el método seguido o el que vo y en el fanAo por el tempestuoso
habría de seguirse, todo esto no pue­ soplo de un espíritu anticristiano o no
de en modo alguno ni hacer decaer el cristiano. Nutridla, avivadla, elevad­
á nim o , ni detener vuestro paso, ni sus­ la, ensanchad esta llama; llevadla do­
cita r lamentos o acusaciones; tampoco quier que oyereis vosotros un gemido
se ha de olvidar el hecho consolador de sufrimiento, un lamente de miseria,
de que el inspirado mensaje del Pon­ un grito de dolor; reanimadla sin cesar
tífice de la Rerurn novarum hizo nacer, con el fuego del amor bebido n el
pura y vivificadora, una fuente que, Corazón del Redentor, a quien está
si en parte puede estar hoy oculta por consagrado el mes que íiov comienza-
una avalancha de acontecimientos di­ Acudid a aquel Corazón divino, man­
verso s y más fuertes, mañana, remo­ so y humilde, fuente de todo consuelo
vid as las ruinas de este huracán mun­ en el trabajo y en el peso de toda acti­
dial, al iniciarse el trabajo de recons­ vidad: es el Corazón de Aquel que a
trucción de un nuevo orden social que toda obra, genuina y pura, realizada
to d o s imploramos, digno de Dios y del en su nombre y con su espíritu, en .
hom bre, infundirá un nuevo y fuerte favor de los que sufren, de los angus­
im pulso y una nueva oleada de vida tiados, de los abandonados por e! mun­
y de crecimiento a toda la floración do y de los desheredados de todo bien
de la civilización humana. Conservad y fortuna, ha prometido la eterna re­
la noble llama del fraterno espíritu so­ compensa de la bienaventuranza: / Vos­
cial que, hace medio siglo, encendió otros, benditos de mi Padrel /Cuanto
en los corazones de vu estros padres la hicisteis al más pequeño de mis herm a­
lum inosa y esplendente antorcha de la nos m e lo hicisteis a M í!
xc

PI O XII

PAZ EN EL M U N D O
D. 13 ju nio 1943

A LOS TRABAJADORES DE ITALIA

\ruESTRA g r a t a presencia, a m a d o s h ijos e m a b e n e v o le n cia y d e e s tím u lo , u na palabra


v hijas, qu e pasáis horas y días en el tra ­ qu e os sea g u la , a p o y o y c on su elo en estos
b a jo con que ganaros la v id a para v o sotro s d ía s a to r m e n ta d o s p o r preo cu p acion es y por
y vu estras fam ilias, su scita en N o s un gran llan tos.
pensam iento y un gran m isterio: el pensa­
miento de qu e el tra b a jo fué im puesto por
D ios al prim er h o m b re , después del p ecad o,
para que de la tierra sacara el pan con el previsoras reformas sociales
sudor de su rostro; y el misterio de que el
H ijo de D io s, al descender del Cielo para
salvar al m u n do y hacerse h o m b re , se som e­ 2. La numerosa clase obrera, aun­
tió a aquella ley del tra b a jo y pasó su ju ­ que más agravada y afligida que otras,
ventud tra b a jan d o en N a za re t ju n to a su
no es la única a quien las penosas cir­
Padre p u ta tiv o , de suerte que fu é llam ado
y creído e ’ Mijo del carpintero l. ¡M isterio cunstancias actuales hacen sentir su
su í'i.p .r. en e E) com en zase a tra b a ja r an tes peso; todas las clases han de llevar su
que a enseñar, y que fuera hum ilde obrero
an tts iji.e m aestro de to d o s los pueblos! *.
propia carga, más o menos agobiado-
n a b é is venido a N o s c om o al Padre , que ra y molesta. El estado social de los
tan to m ás gusta de conversar con sus h ijos, trabajadores y de las trabajadoras no
cuanto m ás penoso e incesante es su tra b a jo
cotidian o, y cuanto m ás difícil y g ravad a
es tam poco el único que pide retoques
por angustias y preocupaciones es su vid a. y reformas, porque la estructura total
H abéis venido a N os com o al Vicario de e íntegra de la sociedad tiene necesi­
Cristo, que experim en ta en si, perpetu ado dad de rectificaciones y de mejoras,
por inefable participación del poder d iv in o ,
?q u el sentim iento de ternura y de piedad dada la profunda conm oción que afec­
hacia el pueblo, que m o v ió a nuestro R e­ ta a su misma entraña. Mas ¿ q u i é n no
dentor a exclam ar un dia: ¡T engo compasión
de este pueblo!*. H abéis venido a N os com o
ve que la cuestión obrera, por la difi­
al Pastor , que en vosotros y por encim a de cultad y variedad de los problemas
vosotros dirige su m irada sobre la porción que implica, y por el vasto número de
m uch o m ás num erosa de la grey que le ha
-tido confiada por el am or de D io s, y que en
los miembros a quienes afecta, es tai
vuestra adhesión y en vu estra devoción ve y de tan gran necesidad e importan­
fielm ente representados los se n tim ien tos, los cia, que merece más atento^ vigilan|®
deseos y el am or de ta n to s hijos su yos lejanos.
y previsor cuidado? Cuestión delicada
Con tod o el corazón os dam os gracias por
esta tan v iv a alegría, que tam b ién N o s ofre­ com o ninguna otra; punto neurálgica
ce la ocasión de deciros una palabra de fnti- podríamos decir, del cuerpo 80Cji ’
pero a veces también terreno moved -
1 M at. 13, 55. zo e insidioso, expuesto a fáciles lj*'
’ C f. Act. 1 , 1
siones y vanas esperanzas irreaüMD,®£
para quien no tenga, ante los ojoí
PAZ EN EL M U N D O 081

la inteligencia y el impulso del cora­ que semejantes ideales se hayan logra­


zón, la doctrina de la justicia, equidad, do doquier? P or lo demás, los traba­
amor, recíproca consideración y con­ jadores y las trabajadoras, conscien­
vivencia, que inculcan la ley de Dios tes de su gran responsabilidad ante el
y la voz de la Iglesia. bien com ún, sienten y ponderan el de­
ber de no agravar el peso de las e x ­
traordinarias dificultades, que oprim en
Iglesia, y npueblo» a los pueblos, presentando clam orosa­
mente y con movimientos inoportunos
3. En verdad que no ignoráis vos­ sus reivindicaciones en esta hora de
otros, amados hijos e hijas, que la Igle­ universales e imperiosas necesidades;
sia os ama entrañablemente con ardor antes bien, persisten en el trabajo y
y afecto maternal que no datan sólo continúan en él con disciplina y con
de ahora, y que con un vivo sentido calma, llevando un apoyo inestimable
de la realidad de las cosas ha conside­ a la tranquilidad y al bienestar de to ­
rado las cuestiones que más particu­ dos en la convivencia social. Os tribu­
larmente os tocan; Nuestros Predece­ tamos Nuestro elogio por esa pacífica
sores y Nos mismo, con repetidas en­ concordia de ánimos, a la par que os
señanzas, no hemos dejado ocasión al­ invitamos y exhortamos paternalmen­
guna de hacer que todos comprendan te a que perseveréis en ella con firm e­
vuestros afanes y vuestras necesida­ za y dignidad; pero que esto no induz­
des, tanto personales com o familiares, ca a nadie a pensar, com o ya lo previ­
proclamando com o exigencias funda­ nimos en Nuestro último Mensaje na­
mentales de la concordia social aque­ videño, que todas las cuestiones hayan
llas aspiraciones que tanto os preocu­ de darse por resueltas.
pan: un salario que asegure la existen­
cia de la familia, de suerte que haga
posible a los padres el cumplimiento falsos profetas
de su natural deber de criar una prole
cabalmente alimentada y vestida; una 4. La Iglesia, guardiana y maes­
habitación digna de personas huma­ tra de la verdad, al proclamar y de­
nas; la posibilidad de procurar a los fender con valentía los derechos del
hijos una suficiente instrucción y una pueblo trabajador, se ha visto obliga­
conveniente educación; y la de prever da muchas veces, en su lucha con el
y proveer para los tiempos de dificul­ error, a dar la voz de alerta contra el
tades, de achaques y de vejez. Estas peligro de dejarse alucinar por el es­
condiciones de previsión social han de pejismo de especiosas y fatuas teorías
nevarse a realidad, si se quiere que la y visiones de bienestar futuro y por
sociedad ya no se vea de tiempo en los engañosos alicientes y excitaciones
Jlempo sacudida por túrbidos fermen- de falsos maestros de la prosperidad
j (,s y por peligrosas convulsiones, an- social, que al mal llaman bien y al
cs bien, se apacigüe y progrese en la bien, mal; los cuales, en su alarde de
‘ Hiionia, en la paz y en el mutuo amor. amigos del pueblo, no consienten entre
sc a b>cn; por muy laudables que el capital y el ¿rabajo, entre patronos
^ at' las diversas providencias y con­ y obreros, aquellos mutuos acuerdos
. Slt)nes de los poderes públicos así que mantienen y promueven la con­
nio el sentir humano y generoso que cordia social para el progreso y utili­
(jrj ,11n a no pocos patronos, ¿quién po- dad de todos. A esos amigos del pue­
0 afirmar y defender con verdad blo ya les escuchabais en las plazas,
en los casinos, en los congresos; cono­ de la libertad en la dirección de la fami­
cíais sus promesas por los periódicos; lia, en e! ejercicio de la profesión, en la
les escuchasteis en sus cantos y en sus condición de ciudadano, y especialmen­
himnos; pero, ¿cuándo los hechos han te en la práctica de la religión y hasta
respondido a sus palabras o las espe­ en la vida misma de la conciencia.
ranzas se han traducido en alegre No, no es en la revolución donde se
realidad? encuentra, amados hijos e hijas, vues­
Engaños y desilusiones tan sólo ex­ tra salvación; y es contra la genuina
perimentaron y experimentan los in­ y sincera profesión cristiana el tender
dividuos y los pueblos, que les presta­ — pensando tan sólo en las ventajas
ron fe y íes siguieron por caminos ta­ exclusivamente propias y de orden
les que, lejos de mejorar, empeoran y material, por otra parte siempre in­
agravan las condiciones de la vida y ciertas— , a una revolución que pro­
del adelanto material y moral. Esos ceda de la injusticia y de la insubor­
falsos pastores hacen creer que el bien­ dinación pública, y el hacerse a sa­
estar no puede proceder sino de una biendas culpables de la sangre de los
revolución que transforme toda la con­ conciudadanos y de la destrucción de
sistencia social o modifique totalmen­ los bienes comunes. ¡Ay de quienes se
te el modo de ser nacional. olvidan de que una verdadera convi­
vencia nacional incluye la justicia so­
cial, que exige una equitativa y con­
no revolución social... veniente participación de todos en los
bienes del país! Bien entendéis que, de
5. La revolución social se gloría de otro modo, terminaría la nación fio
alzar a la clase obrera al poder: jfrase siendo sino una ficción sentimental,
vana y simple apariencia de imposi­ un pretexto desvariado, encubridor de
ble realidad! De hecho bien veis que determinados grupos a fin de sustraer­
el pueblo trabajador permanece ata­ se a los sacrificios indispensables para
do, subyugado y uncido a la fuerza conseguir el equilibrio y la tranquili­
del capitalismo del Estad~; cual so­ dad pública. Entonces os convenceríais
mete y oprime a todos, asi a las fami­ de cómo, si faltara en el concepto de
lias como a las conciencias, y trans- sociedad nacional la nobleza que Dios
foima a los obreros en una gigantesca le ha conferido, las rivalidades y las
máquina de trabajo. Al igual que otros luchas internas se convertirían en una
sistemas y ordenaciones sociales, que temible amenaza para todos.
pretende combatir, todo lo agrupa, or­
dena y obliga hasta formar un formi­
dable instrumento de guerra, que re­ ... sino concorde y bienhechoM
clama no sólo la sangre y la salud, evolución
sino también los bienes y la prosperi­
dad del pueblo. Y si los dirigentes se 6. No es en la revolución, sino efl
enorgullecen de alguna que otra ven­ una armónica evolución donde se h*'
taja o mejora conseguidas en el campo lian la salvación y la justicia. La vio*
del trabajo, por lo que las pregonan lencia nunca hizo otra cosa que derri­
y difunden con ruidosa jactancia, ese bar, en vez de levantar; encender la*
provecho material nunca llega a com­ pasiones, en vez de calmarlas; acufflü*
pensar dignamente las renuncias im­ lar odios y ruinas, en vez de hefff***
puestas a cada uno, que van en detri­ nar a los contendientes; y ha preclp**
mento de los derechos de la persona y tado a los hombres y los partidos a
penosa necesidad de reconstruir lenta­ sociedades de seguros y de previsión
mente, después de dolorosas pruebas, social, supla, favorezca y lleve a cabo
sobre las ruinas de la discordia. Tan só­ todo cuanto ayude a confirmar en su
lo una evolución progresiva y prudente, actividad a las asociaciones obreras, y
valiente y acomodada a la naturaleza, especialmente a los padres y a las
iluminada y guiada por las santas nor­ madres de familia, que por medio
mas cristianas de la justicia y de la del trabajo aseguren su vida y la de
equidad, puede conducir a que se cum­ los suyos:
plan los deseos y las justas exigencias
del obrero.
No destruir, pues, sino edificar y f e en Cristo
consolidar; no abolir la propiedad pri­
va d a , fundamento de la estabilidad de 7. Tal vez digáis que ésta es una
la familia, sino promover su difusión hermosa visión de la realidad; pero,
com o fruto de la fatiga consciente de ¿cómo se la podrá llevar a la práctica
to d o trabajador o trabajadora, de suer­ y darle vida en medio del pueblo? Se
te que por ello vayan disminuyendo necesita, ante todo, una gran probi­
poco a poco esas masas de pueblo in­ dad en la intención y una perfecta
quietas y audaces, que, unas veces por lealtad en los ideales y en la actividad
som bría desesperación, y otras por cie­ para la organización y gobierno de la
gos instintos, se dejan arrastrar por vida pública, tanto por parte de los
to d o viento de falaces doctrinas, o por ciudadanos como por parte de las auto­
engañosos recursos de agitadores des­ ridades. Es preciso que un espíritu de
provistos de toda moral. —No malba­ verdadera concordia y hermandad ani­
ra ta r el capital privado, sino fomentar me a todos, superiores e inferiores, di­
su ordenación con prudente vigilancia, rectores y obreros, grandes y peque­
com o medio y apoyo para lograr y ños; en una palabra, a todas las clases
aumentar el verdadero bienestar ma­ del pueblo.
terial de todo el pueblo. —No ahogar Esta vuestra reunión en tomo a Nos,
ni dar exclusivas preferencias a la in­ amados hijos e hijas, realzada por el
d ustria, sino procurar su armónica co­ hecho de haberse reunido aquí, en la
ordinación con la artesanía y con la casa del Padre común, representantes
agricultura, que hace fructificar la de todos los grupos, procedentes de los
multiforme y necesaria producción del más diversos campos vuestros de acti­
suelo nacional. — No tener, al utilizar vidad, es para Nos la prueba y el tes­
°s progresos técnicos, como única mira timonio de que conocéis, sentís y com­
a mayor ganancia posible, sino apro­ prendéis dónde tiene sus raíces profun­
vechar los frutos de ellos derivados das el sentido social, divinamente ge­
Para mejorar también las condiciones nuino, de «hermanos, unidos por un
Personales del obrero, para hacer me- pacto», «hechos todos a semejanza de
nos nrduo y duro su trabajo y reforzar uno solo, hijos todos de un solo res­
Ws vínculos de su familia en la tierra cate»: esto es, en la santa común reli­
■Fe habita, en el trabajo de que vive. gión, en la misma profesión de fe en
No empeñarse en hacer que la vida el Redentor de todos, Jesucristo, en la
(10 los individuos dependa exclusiva­ igual fidelidad a su santa Iglesia y a
mente de la voluntad del Estado, sino su Vicario. Y Nos elevamos a Dios
0¡r procurar que Estado, cuya ferviente Nuestra oración para que
Aligación es promover el bien común todo el vasto e inmenso pueblo de tra­
°n instituciones sociales, como son las bajadores y trabajadoras participen de
vuestra fe; de suerte que el Señor con­ sufren, a los pobres y a los necesita­
ceda que, aun a través de las diferen­ dos. Testigos de todo esto son Núes*
cias de opiniones y de medios, se abra, tro corazón y Nuestros labios, que no
en justicia y caridad, un camino hacia se contradicen entre sí, porque Nos no
aquel progreso, bienhechor y pacifico, negamos con los hechos lo que deci­
por Nos tan ardientemente deseado, mos, y tenemos la conciencia de la fal­
que haga a Italia próspera y fuerte sedad de todo cuanto los enemigos de
mediante una organización inconmovi­ Dios están propagando insidiosamente
ble y cristiana. para perturbar a los obreros y al pue­
blo, y sacar de las penas de la vida
que ellos sufren un argumento contra
monstruosa calumnia la fe y contra la religión, la cual, sin
embargo, es el único consuelo y la úni­
8. Pero Nos no ignoramos—y vos­ ca esperanza que soitienen, en el do­
otros mismos lo habéis podido compro­ lor y en la desventura, al hombre so­
bar— cómo, en estos tiempos penosos bre la tierra. No; Nuestros Discursos
y difíciles para la vida familiar y la y Nuestros Mensajes nadie los podrá
pública, las paciones humanas aprove­ borrar o desfigurar en su intención y
chan la ocasión para volver a levantar en su contenido. Todos han podido es­
su cabeza y suscitar sospechas y ter­ cucharlos como palabra de verdad y
giversaciones de frases y de hechos. Y de paz, como ímpetu de Nuestra alma
así es como una propaganda de espíri­ para la tranquilidad del mundo y para
tu antirreligioso va difundiendo entre iluminar a los poderosos. Son testigos
el pueblo, sobre todo en la clase obre­ irrefutables de los deseos incontenibles
ra, que el Papa ha querido la guerra, de Nuestro corazón, para que en esta
que el Papa mantiene la guerra y pro- tierra, dada al hombre cual morada de
curi dinero para continuarla, y que el paso a una vida mejor e imperecedera,
Papa nada hace por la paz. ¡Nunca, domine la ordenada concordia de todo
• a! vez, fué lanzada una calumnia más el género humano. La Iglesia no teme
monstruosa y absurda que ésta! ¿Quién la luz de la verdad, ni por lo pasado,
no sabe, quién no ve, quién no puede ni por lo presente, ni por lo futuro.
comprobar que ninguno se ha opues­ Cuando las circunstancias de los tiem­
to con mayor insistencia que Nos, pos y las pasiones de los hombres per­
por todos los medios que Nos estaban mitan o reclamen la publicación de
permitidos, a que la guerra se desen­ Documentos, que todavía no son del
cadenara y luego a que prosiguiera o dominio público, relativos a la cons­
se extendiese; que ninguno más conti­ tante actuación pacificadora de la
nuamente que Nos ha invocado o Santa Sede, nunca temerosa de las
amonestado: ¡paz, paz, p az! y que na­ negativas y de las resistencias, durante
die ha procurado más que Nos el mi­ esta ingente guerra, entonces aparece­
tigar sus horrores? Las cantidades de rá a la luz más que meridiana la rte*
dinero que la caridad de los fieles pone cedad de semejantes acusaciones que
a Nuestra disposición no están desti­ proceden, más que de la ignorancia, uc
nadas ni sirven para alimentar la gue­ la irreligión y del desprecio a la lgle'
rra, sino para enjugar las lágrimas de sia, que arraiga sólo en algunos cora­
las viudas y de los huérfanos, para zones humanos, por desgracia más In­
consolar las familias ansiosamente an­ clinados y dispuestos a pervertir «a*
gustiadas por sus seres queridos, leja­ intenciones rectas y benignas que ai»'
nos o dispersos; para socorrer a los que man a la Esposa de Cristo que a favo­
recer al pueblo, a calmar y suavizar los suyos; de tener como ideal el fin
las dificultades de la vida y a sostener moral de la vida en este mundo y la
los espíritus en medio de las graves eterna felicidad, conformando sus in­
condiciones de la hora presente. De­ tenciones con las del Salvador y armo­
cid a los difamadores de la Iglesia que nizando su trabajo como un himno de
la verdad brillará, como ya brilla hoy alabanza a Dios.
en vuestros corazones, en todos los que
rinden razonable homenaje a cuanto
comprenden que está bien, y que no observando la ley de Dios
creen en la mentira y en la calumnia.
La clara realidad de los hechos y de 10. En todas las cosas y en todos
Nuestra obra confundirá a todos cuan­ los tiempos, amados hijos e hijas,
tos con su engañosa palabra se afanan mantened y guardad vuestra dignidad
por arrojar sobre el Papado la respon­ personal. La materia que tratáis con
sabilidad de toda la sangre de las ba­ vuestras manos, creada por Dios ya
tallas terrestres y de las ruinas de las desde el principio del mundo y modi­
ciudades, de los combates aéreos y de ficada por El a través del continuo la­
las catástrofes en los mares. borar de los siglos en las entrañas y
en la superficie de la tierra mediante
cataclismos, combinaciones, estallidos
oración y transformaciones, a fin de preparar
la mejor morada para el hombre y
9. Elevad, cristianos obreros y para su trabajo, ha de ser para vos­
obreras, vuestra fe con el pensamiento otros un continuo recuerdo de la mano
de la mente y con el sentimiento del creadora de Dios y ha de elevar vues­
corazón, confirmándoos y renovándoos tra alma hacia El, Legislador supre­
cada día con el consuelo de la oración, mo, cuyas normas han de ser observa­
que comience, santifique y cierre vues­ das también en la vida de las fábricas.
tra jomada de trabajo; pensamiento y Tal vez junto a vosotros se hallan y
sentimiento que iluminen y enfervori­ trabajan muchachos y muchachas.
cen vuestras almas, sobre todo en el Acordaos de que a los niños y a los
descanso de los domingos y de las fies­ inocentes se les debe una gran reve­
tas, y que os acompañen y os guien rencia, y de que Jesucristo declaró con
en la asistencia a la santa Misa. Nues­ relación a quien los escandaliza que le
tro Redentor, hecho obrero, como vos­ sería mejor le pusieran al cuello una
otros, durante su vida terrenal, ha­ piedra de molino para arrojarle a lo
biendo sido obediente al Padre hasta profundo del mar4. ¡Oh padres y
la muerte, renueva perpetuamente so­ madres, con qué angustias y con qué
bre el altar, Calvario incruento, el sa­ temores seguís los pasos dé vuestros
crificio de Si mismo en pro del mundo, hijos y de vuestras hijas en las fábri­
distribuyendo sus gracias y pan de cas! Vosotros, obreros, llenad las veces
vida a las almas que lo aman y que de aquéllos en custodiar y vigilar la
en sus trabajos recurren a El para ser inocencia y la pureza de esos jóvenes,
aliviadas. Ante el altar, en la Iglesia, cuando la profesión y las necesidades
iodo trabajador cristiano renovará su de la familia les obligan a estar lejos
voluntad de actuar dócil a la ley divi­ de la amorosa mirada de sus padres.
na del trabajo, cualquiera que sea, in­ Del ejemplo que den los más aveza-
telectual o manual; de procurar con
sus trabajos y privaciones el pan para
dos, así como de la voluntad enérgica aquella paciencia, aquella virtud, que
y decidida de los directivos de las fá­ os hace grandes ante El, la más ex­
bricas en exigir una honesta disciplina celsa imagen del obrero que vosotros
depende que, en los talleres, la juven­ podéis admirar y adorar. En vuestras
tud se conserve sana física y espiri­ fábricas, en vuestros talleres, bajo el
tualmente, o que, en cambio, se co­ sol de los campos, en la oscuridad de
rrompa con la inmoralidad, con la avi­ las minas, entre el fuego de los hornos,
dez de placeres y con la prodigalidad, entre el frío de los hielos, doquier que
poniendo en peligro aun las futuras os llamen el mandato de quienes os di­
generaciones. De vuestros labios no de­ rigen, vuestro arte, y la necesidad de los
berá salir ninguna palabra, ningún do­ hermanos, de la patria, de la paz, des­
naire, ninguna historieta, que ofenda cienda sobre vosotros la abundancia
los oídos de los jóvenes que os escu­ de Sus favores, que os sirva de ayuda,
chan. Que la juventud obrera pueda de salvación, de consuelo; y que trans­
encontrar entre el Clero, entre las Con­forme en mérito para una felicidad ul-
gregaciones religiosas femeninas y en­ traterrena ese duro trabajo, en el que
tre los miembros de la Acción Católi­ empleáis y sacrificáis vuestra vida en
ca, personas que, en armonía con los este mundo. No lo dudéis: ¡Cristo está
dirigentes, se prodiguen con toda su siempre con vosotros! Pensad que le
energía física y moral en su favor, in­ veis en los sitios de vuestro trabajo,
cluso en la misma vida cotidiana de dando vueltas entre vosotros, obser­
!a fábrica. vando vuestro cansancio, escuchando
Pero que jamás cesen el mutuo afec­ vuestras conversaciones, consolando
to y respeto, el buen ejemplo, la pa­ vuestros corazones, apaciguando vues­
labra amonestadora y confortante, el tras discusiones; y veréis el taller trans­
auxilio, aunque sea modesto, entre los formado en el santuario de Nazaret,
mismos obreros. y que, entre vosotros, reina aquella
confianza, aquel orden, aqüella con­
cordia, que son un reflejo de la ben­
dición del Cielo, la cual derrama sobre
¡siempre con Cristo!
este mundo y sostiene la justicia y la
11. Dejad, por fin, que Nuestra buena voluntad de los hombres firmes
en la fe, en la esperanza y en el amor
palabra vuelva al punto donde comen­
zó; y que de nuevo os señale el divino de Dios.
modelo del obrero cristiano, Jesucris­ Por todo ello, m ientras invocamos la pro­
to carpintero 5 en el taller de Nazaret, tección divina sobre vosotros, amados obre­
quien, siendo Hijo de Dios y restaura­ ros y'ob reras, sobre vuestras fam ilias, sobre
cuantos os dirigen y os guían en el trabajo,
dor de la gracia perdida en Adán, de­ sobre vuestros mismos talleres, a fin de que
rrama sobre vosotros aquella fuerza, Dios los guarde de todo peligro y daño, de
todo corazón os damos, cual prenda de las
más selectas gracias, Nuestra paternal Ben­
• Marc. 6 , 3. dición Apostólica.
XCl

LA M U J E R EN LA VIDA S O C I A L
Y EN LA P O L I T I C A
D. 12 sep tiem bre 1947

A LA "UN IO N INT. DE ASOCIACIONES FEM. CATOLICAS”

Os bajo a Nos, amadas hijas,


p r e s e n t á is
el nombre orgullosamente
solamente con una resistencia vigoro­
sa, pero meramente defensiva, antes
audaz de Unión Internacional de Aso­ bien queréis pasar a la contraofensiva
ciaciones Femeninas Católicas. Con tal buscando la conquista.
título Nos complacemos en desearos Tal es el pensamiento que se des­
la bienvenida y en dirigiros algunas prende de toda la documentación sus­
palabras de ánimo y de consejo. Tal tancial, en la que se ponen de relieve,
nombre dice, en efecto, el carácter mi­ con trazos luminosos, las grandes lí­
litante de vuestra coalición, su uni­ neas del programa, y en la que se en­
versalidad y la armoniosa y sólida agi­ cuentra, netamente perfilado, el carác­
lidad de vuestra colaboración. ter de vuestras jornadas romanas y de
vuestro Congreso. Esta rica documen­
tación refleja, como en un espejo, la
la mujer en el mundo moderno situación actual— habría que decir,
¡ay!, el drama actual del mundo feme­
2. Mujeres y jóvenes católicas, an­ nino. En su centro convergen todos
taño no habríais pensado sino en des­ los rayos de la actividad de la mujer
empeñar dignamente vuestro papel: en su vida social y política, actividad
papel sagrado y fecundo, en el gobier­ cuyo objeto es, ante todo, proteger la
no de un hogar sano, fuerte y radian­ dignidad de la hija, de la esposa, de la
te, o bien habríais consagrado vuestra madre: mantener el hogar, la casa y
vida al servicio de Dios en el retiro los hijos en su rango primordial en el
del claustro 'o en las obras del apos­ conjunto de la misión de la mujer; sal­
tolado y de la caridad. Hermoso ideal vaguardar las prerrogativas de la fa ­
en el que la mujer, en su verdadero milia, dirigir todos los esfuerzos para
lugar, y desde su verdadero sitio, asegurar, dentro de ella, al hijo bajo
ejercería calladamente una acción po­ la vigilancia de los padres.
derosa en todo su alrededor. Mas he
aquí que aparecéis en el exterior, des­
cendéis a la arena para tomar parto peligros
en la lucha: ni la habéis buscado ni la
habéis provocado; pero la aceptáis con 3. No hace mucho que Nos mismo
valor, no como víctimas resignadas o tratábamos este argumento capital de
de su fam ilia, son tan Im p resio nan tes que
la m u je r en su vida social v política. uno llega a pregu ntarse si se t r a t a de una
H ace de ello dos años. Dos años: p ara pesadilla, y cóm o cosas se m e ja n te s pueden
un a evolución en todo el orden social, ocurrir en nu estra época y en el m undo en
que vivim os. E n el cu rso de estos terribles
v precisamente en un campo t a n v a s ­ años, la m u jer y la jo v e n se han encontrado
to y tan im po rtan te como el de la en tran ce de p ra c tica r v irtu d es m ás que viri­
cuestión femenina, es un lapso de t i e m ­ les y p racticarlas en un grad o qu e no se
requiere en el hom bre sino en circu nstan cias
po muv corto, insuficiente— al pare- excepcionales.
cer— para variaciones apreciables t a n ­
Ahora bien; ¿quién pretenderá que
to en la situación como aun en la orien­
se ha hecho todo, todo lo humana­
tación de la opinión. Y , sin em bargo,
mente posible, para poner a la mujer
ved, comprobad los hechos. Nos h a ­
bíamos señalado peligros a m e n aza d o ­
en condiciones de ex tra er de la fe cris­
res; y entonces pensábam os Nos m u y
tiana, de la educación cristian a, la
especialmente sobre lo que podría energía, la con stancia, la perseveran­
llamarse la secularización, la m a t e r i a ­ cia y las fuerzas sobrenaturales nece­
lización, la esclavización de la m u ­ sarias para guardar sin desfallecer, a
jer, y en todos los ataques dirigidos través de pruebas sin fin, su felicidad
contra la dignidad y sus derechos conyugal y su m atern a solicitud? Por
tanto de persona como de cristiana. parte de la Iglesia, del m inisterio pas­
Los peligros se han hecho de día en toral y de las O bras de caridad, mucho
día más graves, y la amenaza de día se ha hecho, se ha realizado mucho.
en día más opresora. Pero, en cam b io , A pesar de algunas defecciones indivi­
gracias a Dios, lejos de atenu arse los duales, por esta parte se puede afron­
esfuerzos por la defensa, se han in­ tar, alta la cabeza y sin rubor, el jui­
tensificado cada vez más. V u estra cio siempre severo de la historia. Por
reunión en R o m a , v u e s tra presencia otra parte, los hechos han demostrado
Nos. ¡nieren ser un testimonio a millares y dem uestran de una mane­
-'" m n e rje ij, seriedad de esos ra emocionante cómo, aun en los mis­
'-.•ucrzos como de su eficacia para mos sectores de m iseria, el a m o r de
■■.jueüa ácfensa. la madre y de los padres por sus hijos
Oe buen gracio aprovech amos Nos es verdaderamente ilim itado.
esta ocasión para com pletar, con la
gran experiencia ü t los últimos años,
y recorriendo los puntos principales dé necesidad de la fe
vuestro programa, lo que entonces de­
ja r n o s a las mujeres católicas de Italia. 5. Mas he aquí lo más trágico: sin
la fe, sin la educación cristian a, priva­
diai v 1^ ^ de la se8unda guerra mun- da de los socorros de la Iglesia, ¿dón­
Dres&ntan n h Pos? “erra han presentado y
sswsa.r«s rswsé de irá a encontrar la m ü jer desampa­
rada el valor para no fa lta r a las exi­

r.!i«swa&mra is
Oi acontecim ientos han exigido o T Á JH»
gencias morales que sobrepasan a las
fuerzas meram ente hum anas? ¿ Y esto
bajo las ráfagas de un asalto vigofuso
lanzado contra los fundam entos cris­
tianos del m atrim onio, de la familia»
sufrimientos; en una to,d a. clase de de toda la vida personal y social, pof
U s relacione» las carta» en’ 1 i' herol,m(>- enemigos que saben explotar hábil­
No» revelan cLáí era v es 35 muieres
tiempos crueles, su p ^ p S «"¿¡Jo . mente contra las pobres m ujeres y las
pobres jóvenes las angustias, los térro-
res de la m iseria que, bajo todas for­ no, sensible, generoso; ha de ser pru ­
mas, las aten azan ? ¿Quién podría es­ dente y fu erte. L a in d u lgen te d eb ili­
perar el verlas resistir siem pre tan sólo dad de los padres les ciega y ca u sa ia
con las fuerzas de la natu raleza? desgracia de sus hijos. En el orden so ­
¡Ay! [Cuántas no resisten! Sólo Dios cial, una sem ejan te sensibilidad ciejja
sabe el número de estas pobres des­ el espíritu y le hace sostener en teo ría
orientadas, desesperadas, desanim adas tesis m onstruosas y pred icar p rá c ti­
o tristem ente perdidas a consecuencia cas inm orales y nefastas. ¿ Y no es a ca ­
üel naufragio de su pureza, de su honor. so una de ellas esa falsa com pasión que
Las lágrim as acuden a los ojos y el pretende ju stific a r la eu tan asia y el
rubor a las m ejillas al com probar y al lib ertar al hom bre del sufrim iento pu-
confesar— no hay más remedio que ha­ rificador y m eritorio, no por m edio de
cerlo— que, h asta en las esferas ca tó li­un alivio carita tiv o y laudable, sino
cas, las d octrinas perversas sobre la por medio de una m uerte como la que
dignidad de la m u jer, sobre el m atri­ se da a un anim al sin razón y sin in ­
monio y la fam ilia, sobre la fidelidad m ortalidad? ¿ Y no es una de ellas esa
conyugal y el divorcio, y aun sobre la com pasión, excesiva en sus conclusio­
vida y la m uerte, se infiltran poco a nes, por las esposas desgraciadas, con
poco en los espíritus y, a la m anera la cual se pretende legitim ar el divor­
del gusano roedor, atacan en sus raí­ cio? ¿ Y no es una de ellas esa desvia­
ces la vida cristiana de la fam ilia y ción de una ju s ta solicitud h acia las
de la m ujer. víctim as de la iniquidad social que,
difum inada con vanas y d eclam atorias
promesas, las arranca de los brazos
especiales peligros m aternales de lá iglesia para lan zar­
las entre las garras de un m a teria ­
6. Nos parece oportuno el señalar lismo ateo, vulgar explotador de la
aquí, porque su aspecto inofensivo y m iseria?
especioso vela sus fatales consecuen­
cias, los peligros del corazón a los cua-
'es, en nuestros días, se halla la m ujer preocupación de los Obis­
particularmente expuesta. Nos referi­ pos y del P apa
mos a esa tendencia generosa que nos
hace experim entar como nuestros los 7. Desde todas partes del m undo,
sentimientos de los demás, sufrir ju n ­ las cartas de Nuestros H erm anos en
tos en sus angustias, participar en su;. el Episcopado, sus v isitas, Nos traen
Penas, en sus alegrías, en sus esperan­ día por día la confidencia angu stiosa
zas. Y así decía San Pablo: ¿Quién es de su preocupación por el problem a
débil, que yo no me sienta débil también? de la relajación m oral y esp iritu al de
¿Quién viene a caer, sin que el fuego me las jóvenes y de las m ujeres. Y m ien­
devore? l. ¡Y cómo nos recomienda él tras cada uno, sucesivam ente, d escar­
ll'|e tengamos en nosotros los sen ti­ ga en Nuestro corazón la triste z a de
mientos de que estaba penetrado J e ­ su propio corazón, la carg a de todos
sucristo! 11 ¿Qué hay, pues, que tem er pesa sobre el Nuestro que a n te Dios
Para el corazón así comprendido? Hu­ tiene la responsabilidad del P a sto r su­
rones sutiles. No basta que sea buc- premo, la solicitud de todas las Ig lesia s s.
P or ello, en v a ria s o casio n es, en N u estros
m ensajes d u ran te el cu rso de tod os e sto s aftos
—y recientemente todavía, el 2 de junio ul­ derechos de la fam ilia, por la dignidad
tim o, en Nuestra alocucion al Sacro Cole­ de la m ujer, por el nido y por la c*.
gio— Nos hemos advertido, rogado y supli­
cado a todos los cristianos, a todos los espí­ cuela. Pero a vuestro lado tenéis a ia
ritus honestos, y en particular a quienes tie­ sana naturaleza y , por consiguiente,
nen 1a dirección de la cosa pública, que con­ a los espíritus rectos y de buenos senti­
centren su atención en la obra devastadora
que se ha realizado, durante el curso de la mientos que son, después de todo, la
guerra v de la posguerra, para la ruina de la m ayoría; pero sobre todo tenéis a Dios.
mujer y de la familia. En este momento mis­ Haced que sea una realidad aquel pen­
mo, Nos experimentamos un consuelo y un
alivio al exponeros a vosotras, amadas hijas, samiento de San P ab lo : Vuestra fe os
reunidas de todo el universo catolico. Nues­ ha hecho héroes en el combate *.
tras preocupaciones y Nuestra llamamiento,
sabiendo muy bien con qué espíritu de fe y
de caridad lo escucháis y con qué ardiente 9. Nos pedimos u na fe firm e: una
celo os haréis su eco por toda> partes. fe absoluta, sin reservas y sin reticen­
Testigos de una crisis de tanta gravedad,
cias, una fe que no vacile an te las úl­
no podemos contentarnos con deplorarla ni
timas consecuencias de la verdad, que
cor iormular deseos estériles. El punto ca­
pital es unir y dirigir todas las fuerzas vivas
no retroceda an te sus m ás rigurosas
hacia la salvación de La educación femenina
aplicaciones. No os dejéis engañar,
y familiar cristiana. Este es el objetivo de
como ta n ta s o tras, después de mil ex­
vuestro congreso aqui, en Rom a, en el centro
mismo de la cristiandad. Habéis deseado periencias desastrosas, por el sueño
recibir de Nos algunas normas tocantes a
falaz de ganar p ara vosotras al adver­
la ejecución práctica y eficaz de vuestras
resoluciones. Nos las expresaremos y las sario a fuerza de m arch ar a remolque
agruparemos bajo las ideas siguientes: de él y de modelaros según él. Vuestra
joven generación expresa, en su carta*,
la esperanza de «aliar a vuestros prin­
I. Fe viva y sobrenatural cipios a toda la ju ven tu d fem enina del
mundo que acepte como fundamento
8. Ante todo, una fe elevada, aler­ la ley natural cu ya fuen te es Dios y,
ta, intrépida, firme y viva en la ver­ con mayor razón, a todas cu an tas, ifV
dad, er <:! triunfo de la doctrina ca­ ser cristianas, creen en Cristo Reée*-
r ie s . fuerzas intelectuales y tor». Aplaudimos vuestra decisiófl»
políticas, ñ as o menos impregnadas vuestro optimismo ju ven il y alabam »
de ateísmo, s<* empeñan en extirpar la vuestra intención. Pero tened b«W
civHizacion cristiana. Frente a ellas, cuidado: el gran secreto para ganar a
percibimos ei ?rupo numeroso de aque­ los demás es, ante todo, el mostrarte*
llos para quienes los fundamentos espe­ con toda evidencia que, para una ca­
cíficamente religiosos de esta civiliza­ tólica, su fe es una sólida y pl*®
ción cnstiana, hace tiempo anticuados realidad.
carteen ya de valor objetivo para lo Nos exigimos una fe firm e y vi*<»
™ r?m£>er° que ‘•uerrian. embar- una fe, en fin , que én cada momento
nara m 7 ar Su lrradiac¡ón exterior se traduzca en actos m ediante la IW"
« e" Pie un orden so- mildad, la oración y el sacrificio. P***
Ó ™ , pod; ia P^scindir de ellos. cisamente porque queréis dar la b at*-
ráiiíU esa*"n ataca< ^ Por la pa- Ha a las fuerzas an ticristian as que *•*!
rahus, esas personas son incapaces de
totalitarias, la prim era condición ** *
% m S S a oponerles la ley de Dios espo-’t# **»
¡Ah! ¡Cuán distintas sois vosotras' alegre, integralm ente abrazada y
Seguramente que la batalla puede s *r
ruda, y precisamente la batalla por 1 Hebr. I I , 33 m.
* [ — E statu to ».]
servada en vuestra vida. T o m ar a la Cada paso que habéis dado estol
ligera esta ley equivald ría a confesar dias en Roma habrá dejado una pro­
una deplorable frivolidad y una fu ­ funda impresión en vuestros espíritus
nesta inconsecuencia. No lo olvidéis: y en vuestros corazones, haciendo re­
— Nos, en este m om ento, nos dirigimos vivir en ellos por medio del recuerdo
a las que por su edad y por razón del a los cristianos de ios primeros siglos
medio en que viven están m ás espe­ del cristianismo. Aquellos cristianos
cialmente expuestas a estos peligros— fueron hombres y mujeres de sacrifi­
por muy bien intencionadas que seáis, cio: de otra manera, les hubiera sido
compartís como las demás las debili­ imposible el obtener sobre el odio, la
dades de una naturaleza caíd a; por impiedad y la lujuria, los triunfos es­
otra parte, la serpiente m ald ita no se pléndidos cuyo solo relato arrebata
da por vencida; continúa, como en el vuestra admiración, como llena de es­
Paraíso, seduciendo a la m u jer para tupor hasta a los incrédulos. ¿Es tan
hacerla caer y no encuentra en ella diferente de la de entonces la situación
sino demasiadas inclinaciones, dem a­ presente? Con razón se ha dicho que
siados a tractiv o s, con cuya com plici­ para pasar, en nuestros días, por las
dad cuenta para seducirla. V osotras calles de las grandes ciudades sin de­
conocéis b astante el mundo de hoy, jar debilitarse la integridad de la fe y
amadas hijas, para com prender que oscurecerse la pureza de la vida, no
vosotras mismas, las que en él vivís, hace falta menos heroísmo que para
tenéis necesidad de fuerza y de valor rendirles el testimonio de la sangre.
para triunfar a cada paso de las ten ­
taciones, de las seducciones, de vues­
tras propias tendencias, m ediante un U. No tais* espirttaaüsaM
enérgico ¡no! Pero ¿cóm o pronunciar
ese no, cómo repetirlo indefinidam ente 11. Si tocamos este punto no es
sin cansaros, si no comprendéis y reco­ porque creamos necesario poneros aler­
nocéis hum ildem ente, en presencia de ta sobre ello; Nos estamos, gracias
Dios, que, como criatu ras hum anas, a Dios, plenamente seguros cuanto a
sois im potentes y que tenéis necesidad vosotras.
de la gracia de Dios? Ahora bien; no So pretexto de defender a la Iglesia
contéis obtenerla sin la oración y sin contra el peligro de haberse extravia­
el sacrificio. do en la esfera de lo temporal, hace ya
algunas decenas de años que se ha lan­
10. Vosotras que queréis, y ello es zado una consigna, que continúa ga­
ya muy digno de elogio, llevar una nando terreno en d mundo: la vuelta
V|da apostólica, conform e en cada una a lo puramente espiritual. Y con ello se
a su situación personal, no podéis igno- entiende el confinarla estrictamente al
rar hasta ta l punto el mundo que no terreno de la enseñanza exclusivamente
tengáis conciencia, en vu estra lucha dogmática, a la ofrenda del santo sacri­
^°ntra la incredulidad e inmoralidad ficio, a la administración de los sacra­
actuales, de la radical insuficiencia de mentos; el prohibirle toda incursión, in­
/'dos los recursos naturales y de todos cluso todo derecho de observación, en
'r’s medios exclusivam ente humanos; el terreno de la vida pública, y toda
8 necesario, pero con toda necesi- intervención en el orden civil o social.
la unión intim a con Cristo; y esta
“nion íntim a supone, igualm ente, la 12. {Como si el dogma nada tuvie­
nrac'ón y el sacrificio. ra que ver en todos los campos de la
vida humana, como si ios místenos de rías, la Iglesia ha tenido siempre muy
la fe con sus riquezas sobrenatura­ presente el verdadero bien del pueblo,
les debieran abstenerse de mantener y el verdadero bien com ún. Desde el
tonificar la vida de los individuos y, momento en que se tr a ta de jus­
por lógica consecuencia, de armonizar tas reivindicaciones sociales, ella está
la vida pública con la ley de Dios, v siempre a la cab eza para promover­
de impregnarla con el espíritu de Cris­ las. Y en particu lar la que vosotras
to! Semejante distinción es plenamen­ mismas, am adas h ijas, form uláis ex­
te anticatólica. presamente en vuestro program a— un
L a consigna debe ser ple n am e n te la más equitativo reparto de las riquezas-
contraria: para la fe, p a ra Cristo, en ha. sido siempre y continú a siendo
toda la medida de lo posible, presen­ siempre uno de los principales obje­
cia en todas partes donde se t r a t e n los tivos de la d octrin a social católica.
intereses vitales, donde se preparen las Otro tanto podemos decir Nos de la
leyes tocantes al culto de Dios, al m a ­ igualdad del salario, supuesto igual tra­
trimonio, a la familia, a la escuela, al bajo y rendimiento, entre el hombre y la
orden social, dondequiera que se fo rja , mujer, reclam ación que la Iglesia ha he­
mediante la educación, el a lm a de un cho suya desde hace y a largo tiempo.
puebio. Y desgraciadamente, con de­
masiada frecuente hay que lam e ntar
la ausencia de las organizaciones c a t ó ­ IV. Lugar y misión de la
licas en aquellos lugares. P esad a es, m ujer en la vida política
en consecuencia, la responsabilidad de
todo el que— hombre o m u je r— goza 14. Queda, por fin , el terreno déla
del derecho político del v o to, sobre vida política. E n m uchas circunstan­
todo cuando los intereses religiosos es- cias, ya hemos tocado Nos algunos
tan en peligro: en este caso, la a b s te n ­ puntos. E ste terreno tiene muchos as­
ción es, de por si, sépanlo bien, un pectos distintos: la salvaguarda y el
íírave y fa ta ! pecado de omisión. Por cuidado de los intereses sagrados de la
|** contrario, hacer uso y buen uso de mujer mediante una legislación y un
este derecho, es t r a b a ja r con eficacia régimen que respete sus derechos, su
por el verdadero bien del pueblo, es dignidad, su función social— la parti­
obrar como leales defensores de la cipación de algunas m ujeres en la vida
:ausa de Dios y de la Iglesia. política para bien, salvación y progre­
so de todas.
Vuestra misión, la propiam ente vues­
III. Fidelidad al progra­ tra, es, de una m anera general, tra­
ma social de la Iglesia bajar para hacer a la m ujer cada vez
más consciente de sus derechos sagra­
numerosas ocasiones, d u ­ dos, de sus deberes, de su poder, asi
rante estos últimos tiempos, Nos he-
sobre la opinión pública en las re­
Ty esJ Sque
X hasta
Z r T ^ en d ad S.
en las filas de los c a ­
laciones cotidianas como sobre lo5
poderes públicos y la legislación tnt-
tólicos se abren paso ciertas tend en-
diante el buen uso de su* prerrogativa»
deaSÍaqUiglesia
¿ l e ^ rria1 aS'mÍlar la d ,,ctrina de ciudadana.
a teorías inconciliables
c j n el pensamiento cristiano
Tal es vuestra misión común. No s*
trata, en efecto, de haceros e n tra r,^
e n S ílal ídoctrina
entre S S ? 13cristiana
lmea ysep aración
tales teo­
masa en la carrera política, en Ia
asambleas públicas. Y deberéis, al ,1,e'
nos la m ayoría de vosotras, consagrar y de condiciones. E s ágil y arm oniosa
lo m ejor de vuestro tiem po y de vues­ porque consiste en el con cu rso de
tro corazón al cuidado de la casa y de obras, de organizaciones, de in s titu ­
la fam ilia. Nos no perdemos de vista ciones las más variadas, ca d a una de
que la edificación de un hogar, donde las cuales guarda su ca rá cte r y su a c t i­
todos se encuentren felices y conten ­ vidad propios, su in teg rid ad y su
tos, y la educación de los niños son esfera de acción, sin ninguna ab so r­
realmente una contribución de prim er ción, sin predominio alguno de una
orden al bien com ún, un servicio apre- parte, sin ninguna sujeción de la o tra ,
ciable en interés del pueblo entero. y unidas todas por el lazo de u na fed e­
Y para Nos es un gran m otivo de ale­ ración librem ente acep tad a para coor­
gría el hecho— vosotras mismas lo po­ dinar la acción común. Nada podría
néis de relieve con razón— de que, en el responder m ejor a N uestras in ten -
seno de las fam ilias rurales, es decir, . ciones.
en una gran parte de la hum anidad, Y esta acción propia de cad a una
la acción de la m u jer en el hogar do­ en la colaboración general, v o so tras la
méstico coincide todavía muy feliz­ extendéis aún más, aseguráis su cohe­
mente con su cooperación a la econo­ sión, m ultiplicáis su eficacia m ediante
mía fam iliar y nacional. vu estra Oficina de Información, feliz
Aquellas de vosotras que, más libres in iciativ a que ciertam en te im pone, a
en su persona, m ás aptas y m ejor pre­ sus encargados, un tra b a jo considera­
paradas, asuman estas pesadas tareas ble, pero indudablem ente m uy fru c­
del interés general, serán vuestras re­ tuoso.
presentantes y como delegadas vues­
16. H ace tre s dfas, Nos celeb rá b a m o s la
tras. O torgadles confianza, com pren­ N ativid ad de A qu ella cu y a ven id a f u i p ara
ded las dificultades, las penalidades y el m undo en tero la au ro ra de U aleg ría. M a­
los sacrificios de su dedicación; soste­ ñan a festeja m o s su N om bre glorioso y el re­
cuerdo de las v icto ria s qu e ha logrado sobre
nedlas, ayudadlas. los enem igos de la cristian d ad . Que M aria
Auxilium Christianorum sea v u estra fu erza
15. B a sta una palabra, al term i­ en la lu ch a por la restau ración de u n a so cie­
dad san a y p róspera, por el triu n fo de D ios
nar, para subrayar lo que Nos llam á­ y de la Ig lesia. Asi lo invocam os N os p ara
bamos, al comienzo, la universalidad, v o so tras; y de todo corazón os d am os a to ­
la agilidad armoniosa y sólida de vues­ das, a c u a n ta s se os han unido, a v u e stra s
ob ras e in stitu cio n es, a v u estras fa m ilia s , a
tra colaboración. E s universal, sin tod os cu a n to s os son qu erid o s. N u estra B e n ­
distinción de nacionalidades, de clases dición A postólica.
XCll

RELIGION EN LA VIDA DEL HOMBRE


D. 31 octubre 1948

A LOS TRABAJADORES DE LA ”F1A T"

ie n v e n id o s am ados hijo s
s e á is , uno y trino, y, por consiguiente, tam ­
B e hijas, de T a rín , de esa ind ustrio ­ bién él es persona, herm ano del Hom­
bre-Dios, Jesu cristo , y con E l y por
sa metrópoli a la que el t r a b a jo y la
técnica moderna han dado un c a r á c ­ El heredero de una vida etern a. Ved
ter singular entre las ciudades de I t a ­ cuál es su verdadera dignidad.
lia; bien venidos a la e terna R o m a ,
eterna no sólo por las obras y por el 3. Necesario es que el trabajad or,
valor de los hombres, sino por aquella como nadie en el mundo, se convenza
divina virtud del Evangelio, de la que cada vez más de esta verdad y se la
habla el apóstol San P ab lo al princi­ asimile. Hace mucho que se ha afir­
pio de su c arta a los R o m a n o s 1, por mado y se sigue afirm ando que la
•*. -a n jr e de los Principes de los Após- religión hace al tra b a ja d o r inactivo y
ijle s , que ia han elevado a m a e s tra descuidado en la vida cotid iana, en la
de ia verdad, por la Sede de Pedro y defensa de sus intereses públicos y
de sus Sucesores en la larga serie de privados; que, como el opio, le ador­
ios Romanos Pontífices. mece, anquilosándolo com pletam ente
con la esperanza de la vida del más
¿Qué impulso o qué deseo os han allá. ¡Error m anifiesto! Si la Iglesia,
traido aquí, a vosotros, hombres y m u­ en su doctrina social, insiste siempre
jeres del trabajo , del modernísimo y en el respeto debido a la ín tim a dig­
hoy también tan urgente t r a b a jo en los nidad del hombre, si pide para el tra­
célebres Establecimientos F I A T ? D e s­ bajador un ju sto salario en el contrato
d i el terreno de vuestras incansables de trabajo , si para él exige una asis­
fatigas habéis venido en peregrinación tencia eficaz en sus necesidades ma­
al centro de la santa Iglesia católica, teriales y espirituales, ¿por qué lo hara
porque estáis persuadidos de que ni sino porque el tra b a ja d o r es una per­
el trabajo solo, ni su más perfecta o r­ sona humana, porque, tu c a p a c i d a d
ganización, ni la más potente in s ta la ­ de trabajo no debe ser considerada y
ción, sirven para fo rm ar y g arantizar
tratada como una «mercancía», y por­
a dignidad del trab aja d o r, sino la re-
que su actividad representa siempre
s a ñ t í f i r V R 0HCUl nt0 ella Uln,,b|ece y una prestación personal?
santifica. El hombre es imagen de Dios
4. Precisam ente esos re n o v a d o r e s
del mundo, que reivindican para sí el
cuidado de los intereses de los obreros, ta la defensa justa, en la tierra, de los
como si fuese m onopolio suyo y decla­ derechos de los trabajadores. La ver­
ran que su sistema es el único verda­ dad es que esos renovadores del m un­
deramente «social», no tutelan la dig­ do, a que hemos aludido, m ientras ha­
nidad personal del trabajador, sino que cen relumbrar ante los o jo s del pue­
hacen de su capacidad productiva una blo el espejism o de un p orven ir de
simple cosa, de la cual la «sociedad» prosperidad quimérica y de una rique­
dispone com o quiere y completamente za inasequible mediante la supersti­
a su arbitrio. ción de la técnica y de la organización
sacrifican la dignidad de la persona
5. La Iglesia, amados hijos e hijas, humana y la felicidad dom éstica a los
quiere y busca sinceramente vuestro ídolos de un mal entendido progreso
bien; ella os dice que la libertad huma­ terrenal.
na tiene sus límites en la ley divina y
en los múltiples deberes que la vida 7. La Iglesia, experta educadora
lleva consigo; pero, al mismo tiempo, de la familia humana, y fiel a la m i­
ella trabaja y trabajará hasta el fin sión que su divino Fundador le co n ­
para que cada uno, mediante la feli­ fió, proclama la verdad de la única
cidad del hogar, y dentro de circuns­ perfecta bienaventuranza que en el
tancias tranquilas y honorables, pueda cielo nos está preparada. Pero preci­
pasar sus días en paz con Dios y con samente por eso, coloca a los fieles,
los h om bres2. La Iglesia no promete firme y poderosamente, en el terreno
aquella igualdad absoluta que otros de la realidad presente. Porque el Juez
proclaman, porque sabe que la convi­ supremo que nos espera al fin de esta
vencia humana produce siempre y ne­ vida terrenal, en los umbrales de la
cesariamente toda una escala de gra­ eternidad, advierte a todos, altos y ba­
daciones y de diferencias en las cuali­ jos, que usen, según conciencia, los d o­
dades físicas e intelectuales, en las dis­ nes que Dios les ha dado; que eviten
posiciones y tendencias interiores, en toda injusticia y que saquen provecho
las ocupaciones y en las responsabili­ de toda ocasión para obras de bien y
dades. Pero, al mismo tiempo, ella ase­ caridad. Tal es la única m edida de
gura la plena igualdad dentro de la todo verdadero progreso, porque éste
dignidad humana, y también ante el solamente es genuino y no ficticio,
corazón de Aquel que llama a Sí a cuando es también un caminar hacia
todos los que están cansados y agobia­ Dios y en la semejanza con El. Todas
dos, y les invita a que tomen sobre sí las medidas puramente terrenales del
su yugo para hallar la paz y el reposo progreso son una ilusión, y casi estába­
de sus almas, porque su yugo es suave mos por decir una burla del hombre
V su carga ligera s. en medio de un mundo que yace bajo
la ley del pecado original y sus con ­
fi. Por ello la Iglesia, a fin de tu­ secuencias; y, por ello, quien si aun
telar la libertad y la dignidad huma- con la luz y la gracia divina es toda­
n<i, y no por favorecer a los intereses vía im perfecto, sin esta luz y sin esta
Particulares de un grupo determinado, gracia caería en un abism o de miseria,
rechaza todo totalitarismo del Estado, de injusticia y de egoísm o.
V con las ideas del más allá no debili-
8 . Solamente esta idea religiosa del
; Cf. 1 Tim. 2, 1-2. hombre puede conducir, además, a la
J Cf. Mat. 11, 28-30. única concepción de sus condiciones
de vida. Donde Dios no es principio todos los sig lo s4. V aya a E l el tribu­
y fin, donde el ord enam iento de su to de vuestra adoración y de vuestra
creación no es para todos la guia y gratitud. Poneos a su servicio para
medida de la libertad V de la ac ció n , abrir a su reino de verdad y de vida,
es i m p o s i b l e la unidad e n tre los de santidad y de gracia, de justicia, dé
hombres. amor y de paz, el cam ino entre las filas
Las condiciones m ateriales de la vida de vuestros com pañeros y de vuestras
y del trabajo , to m ad as en si solas, j a ­ compañeras de fá b rica para que bajo
mas pueden con stituir el f u n d a m e n to los rayos que em anan de E l, sol de jus­
de la unidad de la clase t r a b a ja d o r a , ticia y horno ardiente de caridad, todo
sobre la base de una pretend ida u n i­ sentimiento pecam inoso, tod a envidia,
formidad de intereses. ¿Acaso no sig­ todo odio y toda discordia desaparez­
nificaría esto hacer vio lencia a la n a ­ can; y la paz de Dios reine en los co­
turaleza y originar nuevas opresiones razones, en las casas y en los talleres,
y divisiones de la fam ilia h u m an a en en las ciudades y en las campiñas,
un momento en que todo t r a b a ja d o r entre los que dan tra b a jo y los que
honrado aspira a un orden ju s to y p a ­ prestan su labor, en el propio pueblo
cifico en la economía privada y p ú ­ y en todas las naciones. Porque al
blica, y en toda la vida social? Padre le plugo que por E l fuesen
Amados hijos e hijas: T o do legítimo reconciliadas consigo todas las cosas,
poder sobre los hombres no puede de­ así de la tierra como del c ie lo 6.
rivar su origen y existencia sino del
poder de Aquel que por su m ism a n a ­ Con estos deseos, os dam os de todo co­
razón a vosotros, a v u estras fam ilias y a
turaleza lo posee en el cielo y en la cuantos am áis, a v u estros com pañeros y com­
tierra, sin límites de tiem po ni de es­ pañeras de tr a b a jo , com o prenda y auspicio
pacio: Jesu cristo, que domina sobre los de las m ejores g racias, N u estra p atern al Ben­
dición A postólica.
grandes del mundo, que nos a m a y nos
ha redimido del pecado con su sangre; ‘ Cf. Apoc. 1, 5-6.
a qu:en sea dada gloria e imperio por
‘ Cf. Col. 1, 20.
XCIII

NOBLEZA DEL T R A B A J O
D. 27 marzo 1949

A LOS OBREROS DE CIVITÁ CASTELLANA

piEN c o n o c é i s , amados hijos e hijas,


rar ninguna ayuda eficaz, parece que
O la paternal alegría que experimen­ no tienen otra mira que agravar el
tamos siempre, cuando venios venir a mal, reducir a la im potencia a los que
Nos a los trabajadores que, con valor quieren trabajar y a los que buscan el
a veces heroico, obedecen fielmente a m odo de procurarles un trabajo hones­
la gran ley que gobierna la vida del tamente remunerativo, excitar el des­
hombres después de la caída original: contento y empujarles a la desespera­
Mediante el sudor de tu rostro comerás ción, con funestas consecuencias para
el p a n Pero aumenta Nuestra ale­ los intereses mismos del trabajador.
gría, cuando el fruto de su trabajo Pero la táctica más inhumana y
manifiesta por su utilidad y por su antisocial es hacer odioso el trabajo.
belleza el amor con que ha sido rea­ Ahora bien; el trabajo, aunque muchas
lizado. Este es vuestro caso. veces hace sentir la fatiga, aun dolorosa
y áspera, en sí mismo es, sin embargo,
2. Sin duda ninguna, frecuente­ hermoso y capaz de ennoblecer al hom ­
mente el trabajo es penoso, y a veces bre, porque continúa, en todo cuanto
sucede también que el trozo de pan produce, la obra iniciada por el Crea­
que procura es bien mezquino. Hemos dor y es la generosa colaboración de
hecho y no dejamos de hacer cuanto cada uno al bienestar de todos.
Podemos no sólo para ayudar a los
necesitados, sino también para colocar 3. Pensamiento éste, que serla su­
frente a su responsabilidad y a sus ficiente para hacer amable cualquier
deberes a quienes culpablemente se trabajo, hasta el más m on óton o y el
sustraen a ellos, renovando con fre­ más duro. Pero ¡cuánto más os debe
cuencia Nuestros severos avisos. Pero sostener a vosotros en el mism o! Las
Nuestra buena voluntad, com o la de muestras que con devoción filial Nos
tantas personas de corazón y amantes habéis ofrecido Nos lo demuestran elo­
¡le la justicia, se enfrenta no sólo con cuentemente. Nos que, a pesar de la
la inercia y la incomprensión de mu­ lejanía, vivimos siempre con el cora­
chos, sino también, y más aún, con la zón en medio de Nuestros hijos incli­
v°luntad deliberada de los explotado­ nados, todo el dia y a veces toda la
res de la miseria, los cuales, sin procu­ noche, sobre su incansable trabajo, os
contem plamos, artesanos de la cerá­
' Orn 3 , 10 mica, cóm o seguís con interés, en cada
una de sus fases, la transformación de bolas 8. El comparó nuestras alm as con
la materia entre vuestras manos y bajo la tierra, en la que E l siem bra los do­
la acción del fuego, y cómo contem­ nes de la naturaleza y de la gracia,
pláis luego con amor’ el fruto obteni­ mientras a nosotros nos to ca hacerlos
do. Y esto es asi para todos vosotros: fructificar: no tenem os derecho a dejar
es decir, no sólo para los que ejecutan que duerman, Inútiles para nosotros y
v producen esas maravillas artísticas, para los demás, los talen tos recibidos
esas elegancias de forma, de dibujos, cuya cuenta El nos pedirá. E s ta tierra
de reflejos metálicos, destinadas expre­ la trab aja El mismo y nos enseña a
samente a la sana y regeneradora ale­ trabajarla con E l. E l la am asa en las
gría de los ojos, sino también para vicisitudes cotidianas de la vida; la so­
aquellos cuyos productos industriales, mete al fuego de la prueba, para hacer
adaptados a los usos domésticos, ale­ aun del alm a más humilde y más des­
grarán con la armonía y el buen gusto graciada a los ojos de los hom bres una
de sus líneas, con la brillante blancura obra m aestra suya. Si en vuestras fá­
de sus esmaltes, el hogar donde term i­ bricas la tierra pudiera hablar, ¿creéis
narán sirviendo en el día de mañana. que se lam entaría del vigor de los de­
dos que la modelan, y que gemiría
4. Pero una nueva consideración bajo la abrasadora caricia del fuego
aumenta más aún la belleza de vues­ que a su solidez com unica belleza y
tra labor. Vuestro arte, regional y tra­ esplendor?
dicional desde hace ya tantos siglos,
tiene el noble sello de todas las acti­ 6. Alzad, pues, los ojos al Señor;
vidades que trabajan la tierra. El agri­ pedidle socorro, ayuda y consuelo; te­
cultor la baña con su sudor y le con­ ned confianza en E l; su mano es fuerte
fía la semilla, para que germine en su pero es mano de Padre am antísim o, y
s^no y luego procure al hombre el pan el fuego por el que os hace pasar es
nutritivo y la fruta sabrosa. El mine­ el fuego de su amor. Abandonaos dó­
ro le arranca fatigosamente sus teso­ cilmente a su acción, y hallaréis aun
ros, profundamente escondidos, para aquí en la tierra la paz, una paz a
; rwecho de !a humanidad; pero tam- veces austera, pero siempre paz, que
¡■,tn vosotrc,; trabajáis la tierra, para por fin se desplegará un día en la luz
convertirla de gris e informe en útil, sin sombras y en la felicidad sin fin.
hermosa y brillante.
Con este deseo, os dam os a tod os vosotros,
5 Todo esto es una realidad ma­ a vuestras fam ilias, a todos los qu e am áis,
terial pero encierra también una ima­ con efusión de corazón, N u estra paternal
Bendición Apostólica.
gen. Jesús, el divino Maestro, se com-
p<acia en enseñar por medio de pará­
2 Cf. M arc. 4, 2. 33-3 4 .
XCIV

AR MONI A S O C I A L —" E S T A T I F I C A-
C I O N " —D O C T R . DE LA I G L E S I A
D. 7 mayo 1949

A LA "U N IO N INT. DE ASOC. PATRONALES CATOLICAS”

Co ninterés
una m ism a solicitu d y con un m ism o tuas no ponen de ninguna manera a los
v e m o s v e n ir a N o s , a lte rn á n ­
d o se , a los ob reros y a los represen tan tes
unos a merced de los otros.
de las organizaciones cristianas: unos y otros
Nos e x p o n e n , con u na co n fia n za qu e N os
conm ueve p ro fu n d a m e n te , sus p reocup acio­ armonía necesaria
nes resp ectiv as. P or eso, al daros d e to d o
corazón la b ie n v en id a , de buen grado ap ro­
vecham os la ocasión qu e N o s ofrecéis, q u e ­ 2. Recibir la parte que a une le
rid os h ijos, para expresa ros N u e stra p a te r­ corresponde es una exigencia de la
nal b enevolencia y para ala b a r vu estro celo
por hacer que en el ca m p o de la econom ía
dignidad personal de cualquiera que.
p e n e tre la d octrin a social cristiana. bajo una form a o bajo otra, com o pa­
Acabamos de referirnos a las pre­ trono o com o obrero, presta su con ­
ocupaciones de los que participan en curso productivo al rendimiento de la
la producción industrial. Erróneo y fu ­ econom ía nacional. En el balance de
nesto en sus consecuencias es el pre­ la industria privada la suma de los
juicio, desgraciadamente demasiado salarios puede figurar a título de gastos
extendido, que ve en ellas una oposi­ del empresario. Pero en la econom ía
ción irreductible de intereses divergen­ nacional no hay sino una clase de
tes. La oposición es tan sólo aparente. gastos, que son los bienes naturales
En el terreno económ ico hay una co­ utilizados para la producción nacional,
munidad de actividad y de intereses y que, por consiguiente, es preciso
entre empresarios y obreros. Descono­ reponer continuamente.
cer este lazo recíproco, trabajar por De esto se sigue que las dos partes
romperlo, no puede ser sino la señal tienen interés en hacer q u e los gastos
ele una pretensión de despotismo ciego de la producción nacional estén en
e irracional. Empresarios y obreros no proporción de su rendim iento; pero
s°n antagonistas inconciliables; son puesto que el interés es com ún, ¿por
eooperadores en una obra común. Co­ qué no se podria traducir en una ex­
men, por decirlo asi, de una misma presión com ún? ¿P or qué no sería le­
mesa, pues viven, en realidad del be- gítimo atribuir a los obreros una justa
"eficio neto y global de la economía parte de responsabilidad en la consti­
"■uional. Cada uno recibe su parte, y tución y en el desarrollo de la econ o­
hai° este aspecto sus relaciones mu­ mía nacional? Sobre tod o hoy, cuando
ia penuria de capitales, la dificu ltad de graciadam ente, un ejem plo de aque­
los cambios internacionales paraliza n llas ocasiones oportunas que se dejan
el libre juego de los gastos de la p r o ­ escapar por no aprovecharlas a tiem­
ducción nacional. Los recientes ensa yo s po. E n tretan to , se tr a b a ja por elabo­
de socialización no han logrado sino rar otras normas de organización ju rí­
poner más de relieve e sta penosa re ali­ dica pública de la econom ía social; y
dad. E sta es un hecho: no lo ha creado por ahora, las preferencias se inclinan
la mala voluntad de unos, ni logrará hacia la estatificación y la nacionali­
eliminarlo la buena v o lu ntad de otros. zación de las empresas.
Pero entonces, ¿por qué, cuando es t o ­
davía tiempo, no se in te n ta poner las
cosas en su punto, con la plena c o n ­ Estatificación: peligros
ciencia de la responsabilidad com ún ,
de suerte que a los unos se les asegu­ No hay duda de que tam b ié n la lg le sia —den­
tro de ciertos lim ites ju s to s — ad m ite la esta­
re contra ias inju stas desconfianzas y tificación y ju zg a que se pueden legítimamente
a los otros contra las ilusiones que no reservar a los poderes públicos ciertas catego­
tardarían en llegar a convertirse en rías de bienes, aquellos que llevan consigo
un peligro social?
tanta preponderancia económica que no se po­
dría, sin poner en peligro el bien común, de­
jarlos en manos de los particularesl.
Pero convertir ta l estatificación en
Iglesia : su doctrina
una regla normal de la organización
pública de la econom ía sería trastornar
3. De esta comunidad de interés y el orden de las cosas. L a misión del
de responsabilidad en la o b ra de la derecho público es, en efecto, servir al
economía nacional, Nuestro ino lv id a­ derecho privado, pero no absorberlo.
ble Predecesor Pío X I sugirió la f ó rm u ­ La economía— por lo demás, como las
la concreta y oportuna cuando en su restantes ramas de la actividad huma­
encíclica Quadragesimo anno recom en­ na— no es por su naturaleza una ins­
daba la organización profesional en las titución del E stad o; por lo contrario,
diversas ramas de la producción. Nada, es el producto viviente de la libre ini­
-:n efecto, le parecía m ás a propósito ciativa de los individuos y de sus agru­
para vencer al liberalismo económico paciones librem ente constituidas.
que establecer, para la e conom ía so-
via., un estatuto de derecho pú blico 4. Tampoco se estaría en lo cierto
fundado precisamente sobre la com u- sí se quisiera afirm ar que toda empre­
mdaa de responsabilidad entre todos sa particular es por su naturaleza una
cuantos toman parte en la producción. sociedad, de suerte que las relaciones
E sta tesis de la Encíclica fue o b je t o
entre los participantes estén determi­
de contrapuestas discusiones. U nos
nadas en ella por las normas de la jus­
veían en ello una concesión a las co-
ticia distributiva, de m anera que to­
í n H t f ^0lln,cas modfernas; otros, una dos indistintam ente— propietarios o no
h j f la Edad Media. Lo m eio r sin de los medios de producción— tuvieran
duda alguna, hubiera sido olvidar los
derecho a su parte en la propiedad o
n ^ ; S HPrK)U' Ct0S C o n s i s t e n t e s y po- por lo menos en lo% beneficios de la
a l í r U,e n a í e y c o n buena volu n­ empresa. Sem ejante concepción parte
tad a la realización de la cosa m ism a v
de la hipótesis de que toda empresa
ero al presente, esta parte dp la
"cíclica casi parece ofrecernos, des­
entra, por su natu raleza, en la esfera tes tan num erosas com o posible sea,
del derecho público. H ipótesis In exac­ síguese que es muy de d esear el que
ta: T an to si la em presa está co n stitu i­ los obreros puedan p a rticip a r tam b ién ,
da bajo la form a de fundación o de por su parte, con el fruto de su ahorro
asociación de todos los obreros cual en la constitución del cap ital n acio n al.
copropietarios, como si es propiedad
privada de un individuo que firm a con
todos sus obreros un co n trato de tr a ­ doctrina social de la Iglesia
bajo, en un caso y en otro, en tra en
el orden juríd ico privado de la vida 6. Un buen número de h om bres,
económica. indu striales como vosotros, ca tó lico s y
no católicos, han declarado ex p resa ­
m ente en m uchas ocasiones que la d o c­
obligaciones sociales trin a social de la Iglesia— y solam ente
ella— es la que puede proporcionar los
5. Cuanto Nos acabam os de decir elem entos esenciales para una solución
se aplica a la naturaleza ju ríd ica de de la cuestión social. Pero es cierto
la empresa como ta l: pero la empresa que la p ráctica y la aplicación de esta
puede ofrecer tam bién o tra categoría d octrina no pueden ser obra de un día.
de relaciones personales entre los par­ Su realización exige de todos los p ar­
ticipantes, que hayan de ser tenidas ticip an tes una cordura clarivid ente y
en cuenta; incluso, relaciones de común previsora, una fuerte dosis de sentido
responsabilidad. E l propietario de los común y de buena voluntad. E lla les
medios de producción, quienquiera que exige, sobre todo, una reacción rad i­
sea— propietario p articular, asociación cal contra la ten tació n de buscar cada
de obreros o fundación— debe, siempre uno su propio provecho a costa de los
dentro de los lím ites del derecho pú­ demás p articip an tes— cualquiera que
blico de la econom ía, perm anecer due­ sea la naturaleza y la form a de su par­
ño de sus decisiones económ icas. Se ticipación— y en detrim ento del bien
comprende que el beneficio que él per­ com ún. E lla requiere, fin alm en te, un
cibe sea más elevado que el de sus co­ desinterés ta l, que sólo puede inspirarlo
laboradores. Pero de ello se sigue que una au tén tica virtud cristiana so sten i­
'a prosperidad m aterial de todos los da por la ayuda y la gracia de Dios.
miembros del pueblo, que es el fin de
7. P ara a tra e r esta ay u d a y e s ta g ra c ia
•a economía social, le impone, a él más sobre v u estra U nión, sobre su in te rn o des­
que a los otros, la obligación de con­ arrollo y sobre su irrad iació n al e x te r io r , es­
tribuir por el ahorro al acrecentam ien­ p ecialm en te en los países qu e, au n siendo
to del capital nacional. Como, por otra cató lico s, tien en , sin em bargo, necesid ad de
a b rirse m ás am p liam ente al p en sam ien to so­
Parte, es preciso no perder de vista de cial de la Iglesia. Nos con to d a la efusión
c u á n suma v en taja es para una sana de N uestro corazón os d am os a v o so tro s y
a v u estra A sociación, b a jo la poderosa pro­
economía social el que este acrecen ta­ tección de la M adre del D ivino am o r. N ues­
miento del capital provenga de fuen­ tra Bend ición A postólica.
xcv

LA NUEVA ORDENACION SOCIAL


Rm. 4 septiembre 1949

A LO S C A T O L I C O S ALEMANES

on e l s e n t im ie n t ode p a tern a l b en ev o ­ encontrar el cam ino de la curación, de


C lencia v conscientes de cum plir u n a sa­ la reconstrucción y de la paz.
grada obligación hacia vo so tro s, am ados S i en e s te m o m e n to h a y a lg o q u e N os con­
hijos e hijas de la cató lica A lem an ia, a c ce ­
fo r ta y N os c o n s u e la es la fir m e esp eranza
demos a! ruego de Nuestro V en era b le H er­ de qu e el e s p íritu de fe , q u e e n to n c e s v ib raba
mano, el Arzobispo de P a d erb o rn ; y , para
en to rn o a N o s, d e s p e r ta r á t a m b ié n en vues­
term inar el L X X H Congreso general de los
tro C o n greso d e B o c h u m u n a n u e v a vida
catolicos alem anes, os dirigim os unas breves
c ris tia n a , in te n s ific a d a y p u r ific a d a , q u e os
palabras tan to de a lien to como de adm oni­
p o n ga en c o n d ic io n e s d e q u e la d e cisió n uná­
ción a vosotros, que p ara m a n ifesta r con
n im e de m illo n e s d e p e r so n a s , q u e proceden
sanio orgullo v u estra fe, en ingentes m u lti­
tudes os halláis reunidos en el corazón con c o n c ie n c ia c a tó lic a , se h a g a v a le r donde
mismo del R uh r, en tre ios im p resion an tes h oy se t r a b a je p o r c r e a r la p a z , d o n d e se
signos de la más grande organización indus­ to m en d e cisio n e s p o r la s q u e la b a la n z a del
trial, pero an te todo b a jo el signo de la d estin o de A le m a n ia y d e E u r o p a — h o y toda­
Cruz que todo lo dom ina. v ía en ta n p re o c u p a n te in e s ta b ilid a d — pueda
M ientras por las ondas etéreas llega Nues­ fin a lm e n te d irig irse h a c ia el b ie n , p a ra feli­
tro saludo a vu estros oídos y a v u estro co ra- cidad de to d o s lo s p u e b lo s.
ante N uestro espíritu se rep resenta el
^psis de !a tierra ro jiz a * , ta l com o lo veíam os 3. L a s p ro fu n d a s d e lib e ra c io n e s q u e os
•V'5 * n aíI° 1927, en ocasión del inolv id a­ han o cu p ad o en v u e s tr a s se sio n e s co le ctiv a s
ble Congreso cató lico de D ortm und . de tr a b a jo , d u ra n te e s to s d ía s, se h a n refe­
Llevábanos el avión, desde la a n tig u a y rido a la n u ev a o rd e n a c ió n s o c i a l . Ahora
vereraole ciudad episcopal de T rév eris. por b ien ; pues d e seá is q u e N o s, p a ra fin alizar
encima de la entonces aun flo reciente tie rra este C o n greso , os d e m o s a lg u n a s n o rm a s di­
del Rhin— que b a jo Nos se e x ten d ía com o re cto ra s, p u ed en se r la s sig u ie n te s :
'ir. jardín de Dios— a! corazón de una de las
prmc¡pales regiones económ icas de A lem an ia. 1) E n la p a t r i a de u n O b i s p o , como
. as’ durante la solem ne Misa p o n tifica l, Guillermo Manuel von K etteler, ningún
celebrada al aire libre en la gigan tesca e x p la ­
nada de la W estfalenhalle, como en el m a­ buen espíritu podrá acusar a la Iglesia
jestuoso desfile de todas vu estras o rg an iza­ de no haber estudiado y de no haber
ciones, pudimos Nos contem plar a una ‘ Ale­
m ania c a tó lic a ., cuya firm eza en la fe ju s ti-
sentido, con viva preocupación, el pr®'
i.cab a las m ayores esperanzas. blema de los obreros y aun de toda W
cuestión social en su conjunto. Des<H
2- Ho y , transcurridos poco m ás de que Nuestro predecesor León X l ‘ f
veinte anos, que encierran en sí más — hace ya casi sesenta años— publico
aflicciones y sufrimientos que a n te s si­ su encíclica Rerum novarum, pocas pfe"
glos, Nos vemos de nuevo a la A le m a ­ ocupaciones han o c i a d o la solicitud
nia católica reunida en tierras de W e st-
de los Supremos Pastores de la lg*e®¡
ptriaHPaJ a~ por la e x Per¡encia de lo s u ­ tanto como la cuestión social. TotW
cedido durante ese intervalo de tiempo cuanto pudieron hacer para colaboran
V por las enseñanzas de su sa n ta fe _
mediante doctrina y norm as, a su
[ución, o al m enos p a ra que se su a v i­ ra p re p o n d e ra n te y , so b re to d o , p o r ia
zaran las d esig u ald ad es sociales, to d o f a lta de u n a conciencia c ris tia n a .
Id hicieron. A ello se debe el q u e la E n v o so tro s e stá el p r e p a r a r la lle­
doctrina social de la Iglesia sea y a p a ­ g ad a de ese d ía en las tie rra s a le m a ­
trimonio com ún de to d a s las concien­ nas. P a ra ello no son d e sfa v o ra b le s las
cias cristian as y que éstas lleven ta l c irc u n sta n c ias. M as la tre m e n d a c a tá s ­
doctrina a la p rá c tic a . M as el p ro b le ­ tro fe, a b a tid a sobre v o sotros h a te n id o
ma social reclam a el sacrificio de tod o s algo de bueno; h a logrado que, co n to d a
cuantos en él se h allan in teresad o s. S a­ c la rid a d , g ran d es sectores, al lib e ra rse
crificios que se h an de realizar. P o rq u e de p reju icio s y egoísm os de g ru p o , las
hoy adm iten m enos d em o ra que n u n ca. d iferencias de clase se h a y a n id o m i­
tig an d o m ucho, acercándose los h o m ­
4. 2) El p ro g ram a social de la bres m u ch o m ás los unos a los o tro s.
Iglesia cató lica d escansa sobre tres L a m iseria com ún era, y es, a m a rg a
fuertes colum nas m orales: en la v e r­ m a e s tra de disciplina; pero consigo lle­
dad, en la ju stic ia , en la c a rid a d cris­ v a b a la salu d . E lla obligó a so p o rta rse ,
tiana. A p a rta rse , ni en lo m ás m ínim o, a co m p ren d erse y a a y u d a rse m u tu a ­
de sus exigencias ja m á s puede c o n sti­ m en te d u ra n te los años de desg racia.
tuir problem a p a ra la Iglesia, au n q u e T odo c u a n to de bueno floreció e n to n ­
en consecuencia tu v ie ra ella que re­ ces, no lo podéis p e rd er de nu ev o . Q ue
nunciar a éxito s m om en tán eo s de p ro ­ n u n ca m ás su ced a que la oposición en­
paganda y au n q u e tu v ie ra que desilu­ tre el p o b re y el rico, que d u ra n te ese
sionar en sus ap asio n ad as esperan zas a tiem p o ta n to h a dism inuido, la oposi­
las clases em p eñ ad as en la co n tien d a. ción e n tre el q u e posee y el que vive del
La Iglesia h a estado siem pre a fa v o r tra b a jo de sus m anos, n u e v a m e n te
de los que b uscan la ju stic ia y de los v u e lv a a re su c ita r o hacerse a u n m ás
que se hallan necesitados; pero jam ás, p ro fu n d a. ¿Q uién, am ados hijos e h i­
por principio, c o n tra ningún grupo, es­ jas, e s tá m ás llam ado que v o so tro s a
tamento o clase social, sino siem pre a lla n a r el cam ino, en este p u n to de­
por el bien com ún de todos cu an to s cisivo de la n u eva ordenación social,
al pueblo y al E sta d o pertenecen. p a ra que la ley y el esp íritu de C risto
desarrollen en él su m áx im a eficacia?
5. 3) N unca la Iglesia ha dejado
de tra b a ja r eficazm ente p a ra que esa 6. 4 ) La política cultural c ris tia ­
aparente con tradicción e n tre cap ita l y n a y la p o lítica social no pu ed en e s ta r
trabajo, en tre em presario y obrero, se se p a ra d a s e n tre sí, po rq u e p rin cip io y
ejeve hacia u n a u n id ad superior, es de- fin de la u n a y de la o tra es el m is­
cir, hacia aqu ella cooperación orgánica m o hom bre cristiano. La p o lítica so­
de las dos p a rte s que la m ism a n a tu - cial cristian a se relaciona con la po­
raloza les señala, y que consiste en la lítica cultural cristia n a com o u n ó rg a­
colaboración de los dos sectores p ro fe­ no cualq u iera con el c o n ju n to del o r­
sionales— el del tra b a jo y el de la eco­ ganism o viv iente. S ep arad o de éste,
nomía— en un m an co m u n ad o tra b a jo perece aquél. Si, pues, os em p eñ á is en
organizado. Q uiera Dios que no se u n a política c u ltu ra l c ristia n a , y si,
"al|e m uy lejos el dia en que no te n ­ por c ita r un ejem plo, defendéis la es­
ían ya razón alg u n a de ser aquellas cuela cató lica— te n e d m u y p re se n te
^ganizaciones de auxilio m u tu o , ex i­ que se tr a ta de u n bien in su stitu ib le —
gidas necesariam ente p o r la in estab i- tra b a já is con ello en los fu n d a m e n to s
aad del sistem a económ ico h a sta ah o ­ de una p o lítica social c ristian a .
7. 5) Nunca jam ás suceda que elperdido, esp ecialm ente en ciertos ba­
mundo de los trabajadores se hunda en rrios obreros de las g ran d es ciudades,
el materialismo ateo. A todo debe lle­ reconstruidla. N a d a m ás precioso po­
garse, a fin de salvarlos para Dios y déis ofrecer a v u e stro s hijos y a vues­
para Cristo. tra ju v e n tu d que la v id a c ristia n a de
Cread en vuestro campo mismo un fam ilia.
clima espiritual para la juventud obre­ La segunda, es la unidad y la coope­
ra. Todos los intereses peculiares de ración en la vida pública. Sin d u d a que
las organizaciones juveniles u obreras,el fin de la redención es la santifica­
que se enfrentaren con la consecución ción personal, si es posible, de todos
los individuos; pero según la economía
de tal finalidad, han de sacrificarse ge­
nerosamente ante fin tan vital. de la gracia de Dios, la santificación
Si recientemente se ha trazado una de cada uno de los hom bres tiene que
obligada linea de separación—para to ­ enraizarse, florecer y fru c tific a r en la
dos los católicos—entre la fe cristianacom unidad en que ellos v iv en , la cual
y el comunismo ateo, débese al mismo —tam b ién ella— debe e sta r vivificada
motivo, esto es, a levantar un dique por la fe en Dios y el esp íritu de Cris­
to. E sta es la m isión de la Iglesia ca­
con que salvar, no sólo a los tra b a ja ­
dores sino a todos sin excepción, del tólica cu an to a la v id a p ública. Como
marxismo que a Dios y a la religión principio v ita l de la sociedad humana,
les niega todo honor. Tal m andato debe ella— sacándolo de las profundas
nada tiene que ver con la oposición fuentes de sus riquezas in te rn a s—ex­
entre pobres y ricos, entre capitalistastender su influjo p o r to d a s las activi­
y proletarios, entre poseedores y no dades de la perso n a h u m an a . Y aquí
pc?~eáijres. De lo que se tra ta única- es donde precisam ente está n las posibi­
rrr.m; es de sa'var y purificar la reli-lidades to d as, ta n grandes, de la acción
gitv. y la fe cristiana, la libertad dede los seglares d en tro de la Iglesia y
nr.rar y, por lo tanto, la felicidad mis­
p ara la Iglesia. T ales fu ero n siempre.
ma, la iignidad, los derechos y la li­ Siguiendo el ejem plo de vuestro s pa­
bertad del hombre trabajador. Ciego dres, con solicitud en to d a acción y
seria, en verdad, quien—después de con firm e decisión, fo rm ad un solo co­
haber vivido ios últimos decenios—no razón y una sola alm a *.
quisiera aún comprenderlo así. E l Dios de todas las gracias, que os
Taies son las prevenciones especia­ ha llamado a su eterna gloria en Cris­
les que Nos hemos creído debíamos to, a vosotros m ism os, después que ha­
dirigiros en esta solemne ocasión. yáis padecido breve tiem po, os perfec­
cionará, confirmará, fortificará y dara
,h„8¡ T- ahora’ amados hijos e hijas firmeza. A E l sea el imperio por los
ce la Alemania católica, custodiad y siglos de los siglos. A m é n 2.
cuidad con celosa solicitud una doble
X M ’"gan™ qi" V" s,r'’5 Como prenda de ello, a t o < * ^ v o » o tf o » ,
que habéis colocado toda la actuación #*
vuestro Congreso bajo la poderosa prote;■
•íSffSSpySi? ¡Sf.
princip alm ente en las c a m p f f l » C m '
r-ión de María, A uxilio de los cristianos, co
paternal afecto y de todo corazón, o» d#R>°
la Bendición Apostólica.
servadla y defendedla. Defendedla <?í
porque también aun allí tí ' ’
Peligro de perderse Donde ya s e 'h ” ' Act. 4, 32.
’ I Pct. r>. 10. II.
"SINDICATO” Y APOSTOLADO
OBRERO
D. 11 septiembre 1949

AL 'M OVIM IENTO OBRERO CRISTIANO DE BELGICA”

seáis a la casa del P adre co­ b ación, co n d icio n án d o la siem pre a q u e,


B mún
ien v e n i d o s
de la cristiandad, queridos -hijos
a p o y án d o se en las leyes de C risto
y queridas hijas, que representáis aquí la
gran familia de los trab ajad o res cristianos como en su base in q u e b ra n ta b le , se
de B é lg ic a . En este instante gozáis u n a de esfuercen p o r p ro m o v er el o rden c ris­
las m á s dulces alegrías de v u estra vida. Lo
sabem os y Nos vemos la prueba de ello en
tian o en el m u n d o obrero. E sto es
vuestra diligencia por reunir, céntim o a p recisam en te lo que p re te n d e v u estro
cén tim o, lo necesario para sufragar los gastos sin d icato : p o r esta razón Nos le b en ­
crecidos de vuestra peregrinación y— testi­
monio em ocionante de caridad fratern a—
decim os.
para h a c e r que los m ás necesitados partici­ L a consigna del S indicato p u d ría
paran d e l favor de esta visita a la Ciudad form arse con el adagio: A yúdate y el
E terna.
cielo te ayudará. E s la de v u e stra F e­
V en ís d e un país que por la am plitud y
!a p u ja n z a de sus em presas industriales, es deración n acional de C o o perativas cris­
la a d m ir a c ió n de todos. Vosotros mismos, tia n a s. ¡F ru to m agnífico del árbol so­
por v u e s tr o «Alovimiento Obrero Cristiano cial de la Iglesia! ¡Cuán g ran c o n tri­
de B é lg ic a » , constituís un ejército perfecta­
m ente encuadrado, form ado por luchas a
bución h a n a p o rta d o esta s c o o p e ra ti­
veces tem pestuosas, com puesto de com ba- v as a la m ejora y a la seguridad de la
g e n te s inscritos al servicio de Jesucristo en situ ació n económ ica del tr a b a ja d o r y
el m u n d o d e l trabajo; un ejército, tam bién,
a t r i b u i d o al mismo tiem po en formacio­
de su fam ilia! H e aquí, en v e rd a d , u n a
nes múltiples m uy distintas, y fuertem ente o b ra de a u té n tic a so lid arid ad , q u e res­
un ificado por su decidida voluntad, por su ponde al m a n d a to del A póstol: Llevad
ansia a r d ie n te de preparar en el campo del
^ a b a jo , en Bélgica, el camino de la sobera­ m utuam ente vuestras c a rg a s1. ¡R eciba
nía de C r isto . ella ta m b ié n N u estra bendición!

2- V uestro m ovim iento p re se n ta 3. E n vuestro s p ro g ram as y en


Jlna fuerte organización sindical que vu estro s cu adros tenéis u n a o rg a n iz a ­
,rata de sa lv a g u a rd a r, en esta v a s ta ción especial p a ra a u x ilia r a las v íc ti­
ts'L“ra, los derechos del tra b a ja d o r y m as de la en ferm edad, u tiliz a n d o y
'Mantenerlos al nivel de las exigencias cu ltiv an d o h áb ilm en te las fu e rz a s físi­
''"d em ás. Los sin d icato s h an surgido, cas, frecu en tem en te m u y lim ita d a s,
"n’() m ía consecuencia esp o n tán ea y que au n les q u ed an , y su c a p a cid ad y
^cosaria, del cap italism o erigido en v o lu n ta d de tra b a jo . ¡O bra excelente
di Lnia económ ico. Como a tales sin-
C;|tos la lg |es¡a les ha dado su a p ro ­ ' 0<i/ (i.
de verdadera caridad y de verdadero 5. ¡O jalá pueda p a r tic u la r m e n t e
valor cristiano, que con todo corazon N u estra bendición h acer c a d a vez más
Nos bendecimos! eficaz y m ás perfecto v u e stro «Movi­
Ademas de estas organizaciones, que miento»! El nom bre m ism o, ¿no invita
tienden directam ente a la d efen sa y a expresam ente a ello? U n m ovim iento
la salvaguarda de los intereses m a te ­ no es u n a sim ple co n strucción, una or­
riales, poseéis tam bién vu estra s in sti­ ganización p u ra m e n te e stá tic a , por in­
tuciones v vuestras uniones d estin a d a s geniosa y g ig an tesca que sea. Movi­
a formar v a educar al trabajador; m iento dice «vida». V ida, esto es, la ca­
instituciones y uniones indisp en sab les pacidad de a d a p ta rse d ía p o r día a to­
para asegurar a la clase obrera el dos los deberes, a to d a s las actividades
íugar que en ia sociedad le correspon­ sugeridas p o r el tiem po, el lugar y las
de". El obrero, ser v iv ie n te , persona circu n stan cias m ás diversas. V ida que,
humana, tiene otras necesidades de b ro tan d o de las pro fu n d id ad es, dis­
orden superior; y, si no las satisficiera, curre, fra n c a y a b u n d a n te , por la ini­
aun las mejoras de orden m aterial le ciativ a siem pre v ig ilan te de cada in­
serian, en definitiva, sin provecho. dividuo y de cad a grupo. E sta d per­
¡Ved por qué N os alabam os altam en te suadidos de ello: precisam en te esta
vuestros esfuerzos en cam in ad os a des­ fuente in te rio r es la que constituye
arrollar la cultura espiritual del obre­ vu estra v e rd ad era fuerza, m ucho más
ro, v Nos los bendecim os! que el núm ero de v u estro s adheridos.
¡Ojalá p u d iera, adem ás, Nuestra
bendición o b ten er p a ra vosotros siem­
apostolado obrero pre en unión estrech a con vuestros
obispos establecidos por el E sp íritu San­
4. Fuente de estas obras tan dig­ to para gobernar la Iglesia de D ios*
nas de elogio es vuestra noble am b i­ — el que perm anezcáis in q u e b ran ta­
ción de ejercer el apostolado; pero un bles m iem bros, m iem bros devotos e
apostolado prudentem ente concebido, insignes de esta Iglesia, y el que im­
senarnsnte preparado y organizado, pregnéis, con la lev a d u ra de la fe y
cuyo objetivo es la conquista de las de la acción cristian a, to d a la vida
aimas y de las sociedades para el rei­ p riv ad a y pública! V u estra conducta
no de Cristo. ¡El obrero, ap óstol de los debe ser u n a resp u esta defin itiv a a las
obreros! ¡Esplendido idea!, em in en te­ calum nias de los adversários que acu­
mente vital! ¡Con qué amor b en d eci­ san a la Iglesia de que, celosa, sujeta a
mos Nos vuestras obras de celo! Les los seglares, sin perm itirles ninguna ac­
deseamos que aum enten sus con q u is­ tividad personal y sin asignarles en su
tas y que encuentren cada v ez más dominio u n a ta re a especial. No es, y
cooperadores y cooperadoras. Pero, so- nunca ha sido tal su a c titu d . No hable­
t°d o , deseam os que ésto s, llenos mos aquí del crecim iento in te rio r de la
- e n si m ismos— del espíritu y de un fe y de la v id a so b re n a tu ra l, por la pu-
desbordante amor a Cristo difundan reza de corazón, por el am o r de Dios-y
a su a rededor la buena nueva por toda
por la sem ejanza divina que la grac,a
•a extensión del inm enso cam po del
opera en el secreto de las alm as. Ert
no p l s t o í r t ? ^ n,UeV° l!e v a r a l D iv i- esto, es m uy evfdente que cad a u n o -'
i ) Pastor de las almas aquellas ovpiac
W se habían a l e j a d , d V a ,
sea cualquiera su condición, sa c e rd o te
o seglar, de m ás alta o m ás b a ja con»1'
senie no le conocían. "»>>a el p"e
ciún—goza in d is tin ta m e n te de los m is­ 6. L a fu erza de la o rg an iz ació n ,
mos derechos y de los m ism os p riv ile ­ p o r p o d ero sa que se la q u ie ra su p o n e r,
gios. Pero ech ad u n a m ira d a sob re la no es p o r sí m ism a un e le m e n to de
H istoria, y a m ás q u e secu lar, de vues- o rden: la h isto ria recien te y a c tu a l nos
tia Bélgica m o d ern a: si h ab éis podido d a c o n s ta n te m e n te la p ru e b a trá g ic a
conseguir re su ltad o s ta n m agníficos, de ello: quien te n g a ojos p a ra v er, f á ­
m ejorando, consolidando y p erfeccio­ cilm en te puede convencerse de ello.
nando las posiciones cató licas p a ra el H oy com o ayer, en lo fu tu ro co m o en
mayor bien de v u e s tra q u e rid a P a tria , lo p asad o , u n a situación firm e y só li­
¿no se debe, en g ran p a rte , al p apel d a no p u ede edificarse sino so b re b a ­
activo que han desem p eñ ad o los segla­ ses c im e n ta d a s p o r la n a tu ra le z a — en
res católicos? Se p o d ría decir lo mism o realid ad p o r el C reador— como f u n d a ­
de m uchos o tro s E stad o s. ¿N o es, p o r m en to s de la ú n ica e sta b ilid a d v e r ­
lo tan to , ta n ridículo como odioso a c u ­ d a d e ra .
sar al clero de m a n te n e r a los seglares H e a q u í !a razón de que Nos no d e ­
en una h u m illa n te inacción? Y a se t r a ­ jem os de reco m en d ar c o n sta n te m e n te
te de cuestiones fam iliares, escolares la elab o ració n de un estatuto de dere­
o sociales; y a se tr a te de la ciencia, cho público de la v id a económ ica y de
del arte, de la lite ra tu ra o de la p re n ­ to d a la v id a social en general, según
sa, de la rad io o del cine; y a se tr a te la organ ización profesional. H e a q u í
de cam pañas políticas p a ra elegir los p o r qué no cesam os de reco m en d ar la
cuerpos legisladores o p a ra d e te rm in a r difusión p ro g resiv a de la p ro p ied a d
sus poderes o sus atrib u c io n e s c o n stitu ­ p riv a d a y de las m ed ian as y p eq u eñ as
cionales, por to d a s p a rte s los seglares em presas.
católicos en c u e n tra n a b ie rto a n te ellos
un vasto y fé rtil cam po de acción. 7. El sen tid o de la realidad, que
¡O jalá, en fin, p u d iera N u e stra b en ­ es uno de los d istin tiv o s propios del
dición a y u d a r a la clase tra b a ja d o ra c a rá c te r belga, el sen tid o c ristia n a m e n ­
cristiana de Bélgica a salir sa n a y sa l­ te p ro fu n d o clavado en el corazón m is­
va del peligro que, p recisam en te ah o ­ mo de v u e stro pueblo, queridos hijos
ra, por to d as p a rte s am en aza u n poco y q u e rid a s hijas, a p a rta rá de vo so tro s
al m ovim iento obrero! Nos referim os a — tenem os Nos plena confianza de
•a tentación de a b u sa r (hab lam o s del ello— u n peligro ta n grave, si a lg u n a
abuso, y en m an era alg u n a del uso le­ vez tra ta s e de asa lta ro s. No; sois de
gi t i mo) , de a b u sa r— decim os— de la los que edifican con el Señor la casa
fuerza de la organización, te n ta c ió n y la C iudad 3 p a ra p ro c u ra r el bien
tan trem end a y peligrosa como la de com ún, con ju stic ia y c a rid a d p a ra to ­
abusar de la fu erza del ca p ita l p riv a ­ dos, d e n tro del esp íritu y según la lev-
do- E sperar de sem ejan te abuso el de Je su c risto .
advenim iento de condiciones estables
para el E stad o y la sociedad, sería, 8 . Con este alentador pensam iento, Nos
P(,r parte de todos, v a n a ilusión, por os damos a todos vosotros los aquí presentes
!lu decir ceguedad y locura; ilusión y y al Movimiento Obrero C ristiano de Bélgi­
ca, con N uestra patern al benevolencia y con
(■cura— por lo d em ás— d oblem ente fa-
la efusión de Nuestro corazón, N uestra Ben­
aics para el bien y la lib e rta d del dición Apostólica.
...1lcr,u > q u e , de e sta su e rte , se preci-
P laria a sí m ism o en la esclavitud.
PI O Xi l

¿SOLUCIONES DEL PROBLEMA


SOCIAL?
D. 3 junio 1950

AL "CONGRESO INT. DE ESTUDIOS SO CIA LES"

s d ir ig im o s Nuestro saludo de bienve­ tos a a b a n d o n arse a ilu sio n e s fácile;


O nida, miembros del Congreso interna­ que no pueden d e ja r d e con d u cirles ;
cional de Estudios Sociales y de la Asocia­
ción Internacional Social Cristiana, y Nos nuevas y terrib les co n flag ra cio n es so
experimentamos un placer m uy especial al cíales. ¡Qué d e s p e rta r les p re p a ra h
poder expresároslo aquí, en el Año Santo. realid ad de esto s su e ñ o s dorados!
Este encuentro es algo más que una feliz
coincidencia: por vuestra parte, es la mani­
festación de vuestras propias disposiciones; 3. S o lam en te la co alición de tod
para Nos, es el fundamento de una alegre
esperanza, la de que vuestras deliberaciones los ho m bres de b ien del m u n d o enten
y resoiucíones contribuirán en gran medida p a ra u n a acción de g ra n en v erg ad u ra
a hacer m adurar aquellos frutos que Nos lealm en te c o m p re n d id a y con perfectt
prometemos de este año de retorno y recon-
cíliación universal, a saber: la renovación acuerdo, p u ed e tra e rn o s el remedio
y el desarrollo, en la gran comunidad hum a­ ¡F uera esas a n te o je ra s q u e restringei
na, del espíritu de justicia, de am or y de paz.
el cam po v isu aj y red u ce n el vasti
pro b lem a del p a ro forzoso a u n sirn
2. En efecto, en la ausencia o en pie in te n to de u n a m ejo r distribución
la decadencia de ese espíritu es donde de la su m a de las fu e rz a s físicas indi
ha de verse una de las causas princi­ viduales del tr a b a jo en el m undo!
pales de los males que en la socie­ E s preciso co n sid e ra r b ien de fren
dad contem poránea sufren m illones de te, en to d a su a m p litu d , el d eb er d
hombres toda la inm ensa m u ch ed u m ­ d a r a in n u m erab les fam ilia s, en su un:
bre de desgraciados a los que el paro dad n a tu ra l, m o ral, ju ríd ic a y econc
forzoso condena o am enaza con con­ m ica, un ju s to espacio v ita l q u e reí
denar al ham bre. En su m iseria y en pcrnda, siq u iera en u n a m a n e ra me
su desaliento es en lo que confía el d esta pero al m enos su ficie n te, a
espíritu del m al, p ara separarles de exigencias de la d ig n id a d h u m a n a .
Cristo, el verdadero y único Salvador,
para arrojarles a la corriente del a te ís­ 4. A trás y a las preocupación
mo y el m aterialism o, p a ra enredarles egoístas de n ac io n alid a d es y de cías*
en mecanismos de organizaciones so­ que p u e d a n e sto rb a r en lo m á s mín
ciales contrarias al orden establecido m o u n a acción lealm e n te e m p r e n d i ó
por Dios. Deslum brados por la luz y v ig o ro sam en te realiz ad a, m ediani
cegadora de bellas prom esas, por las la in teg ració n de to d a s las fu e r z a s
t , ,Tmadones de éxitos no de to d a s las p o sib ilid ad es en to d a
comprobables, se hallan m uy dispues­ superficie del globo te rrá q u e o , con
¿¡) u L U C I O N t £ S Ü ti L P R O B L E M A . ? 709

concurso de to d as las in ic ia tiv a s y de decir, allí d o nde su rge el p elig ro d e que


lodos los esfuerzos de los in d iv id u o s la clase o b re ra siga a su v ez los erro re s
y de los g ru p o s, con la colaboración del c a p ita l, q u e co n sistían en s u s tra e r,
universal de los pueblos y tos E s ta ­ p rin c ip a lm e n te en las m a y o re s e m p re ­
dos, ap o rta n d o ca d a uno su resp ectiv a sas, la disposición de los m ed io s de
contribución de riquezas: en m a te ria s p roducción a la re sp o n sab ilid ad p e r­
primas, en cap itales, en m ano de o b ra. sonal del p ro p ie ta rio (in d iv id u o o so­
Y, finalm en te, to d o s los p a rtic ip a n te s ciedad) p a ra tra n sfe rirla a u n a re sp o n ­
de ese esfuerzo com ún tienen q u e a p re ­ sab ilid ad de organizaciones a n ó n im a s
ciar el auxilio que la Iglesia le p ro cu ra. colectivas.
Ved el gran problem a social, el que U na m e n talid ad socialista se a co ­
se yergu e en la e n cru cijad a de la h o ra m o d aría fácilm en te a sem ejan te s itu a ­
presente. E ncam ínesele h acia u n a so­ ción; sin em bargo, é sta no d e ja ría de
lución fav orab le, au n a co sta de in te ­ in q u ie ta r a quien conoce la im p o r­
reses m ateriales y al precio de sacrifi­ ta n c ia fu n d a m e n ta l del derecho a la
cios de todos los m iem bros de la gran p ro p ied ad p riv a d a p a ra favorecer las
fam ilia hu m an a: sólo así se elim inará in iciativ as y fija r las responsabilidades
uno de los facto res que m ás preo cu ­ en m a te ria de econom ía.
pan en la a c tu a l situ ació n in te rn a c io ­
nal, el que, como ningún o tro , alim en ­ 6. U n peligro sim ilar se p re se n ta
ta hoy ia ruin o sa «guerra fría» y am e­ ig u alm en te cu an d o se exige q u e los
naza con hacer estallar, inco m p arab le­ asalariad o s p erten ecien tes a u n a em ­
mente m á s d esastro sa, la g u erra ca­ presa te n g a n en ella el derecho de co-
liente, la gu erra ab ra sa d o ra . gestión económica, sobre todo cu an d o
el ejercicio de ese derecho supone, en
5. Muy a n ticu ad o se m o straría realid ad , de m odo directo o in d ire cto ,
quien en los viejos países in d u striales organizaciones d irigidas al m argen de
pensase q u e hoy, com o hace un siglo la em presa. Pero ni la n a tu ra le z a del
o so la m en te cin cu en ta años, no se t r a ­ c o n tra to de tra b a jo ni la n a tu ra le z a de
ta sino de aseg u rar al obrero a sa la ria ­ la em p resa im plican por si m ism as un
do, lib erado de los lazos feudales o p a ­ derecho de e sta clase. E s in c o n te sta ­
triarcales, ad em ás de la lib e rta d de ble que el tra b a ja d o r asalariad o y el
derecho, la lib e rta d tam b ién de hecho, em presario son igualm ente su je to s, no
^ 'n e ja n te concepción rev elaría un to- o b jeto s de la econom ía de un pu eb lo .
desconocim iento del nudo de la No se tr a ta de negar e sta p a rid a d ; éste
actual situació n . H ace y a decenas de es u n principio que la p o lítica social
ai'ns qu e en la m ay o ría de los países, y a ha hecho prevalecer y que u n a po­
y con frecuencia b ajo el decisivo in- lítica organ izada en un plano profesio­
!ll|j" del movimiento social católico, se nal h aría v aler to d a v ía con m a y o r efi­
. formado u n a p o lítica social, se­ cacia. Pero n ad a hay en las relaciones
l l a d a p or u n a evolución progresiva, del derecho p rivado, ta l com o las re­
el derecho d el tra b a jo y, p a ra le la ­ gula el sim ple c o n tra to d e sa lario , que
mente, por el sen tim ien to del propie esté en co n tradicción con a q u ella p a ri­
.‘!"o p riv a d o , que dispone de los me- d ad fu n d am en tal.
’VVle producción, a obligaciones ju - La prudencia de N uestro predecesor Pío X I
lo ha m ostrado claram ente en la encíclica
'"cas en fav o r del obrero. Quien Quadragtsimo a n n o ; y , en consecuencia, 41
iiora im pulsar m ás a d elan te la poli- niega—en ella— la necesidad Intrínseca de
t i a St,d a l en esta m ism a dirección modelar el co n trato de tra b a jo sobre el
contrato de sociedad. No por ello se desco­
sin em bargo, con un lim ite; es noce la u tilidad de cuanto se ha realizado
h a s ta el presen te en este sen tu to , en d vei m últiples necesidades, allí donde la it
form as, p a ra com ún beneficio d t los versión de los cap itales no es dirigid
v de los p ro p ie ta rio s 1: p ero, en razón de sino por el ansia de efím eras ventaja
principios V de hechos, el derecho de a g e s ­
tión económ ica, que se reclam a, e s ta tu e ra o donde u n a ilusoria v a n id a d de pres
del cam po de estas posibles realizaciones. tigio nacional d ete rm in a las decisione
económ icas.
7. El inconveniente de esto s p ro­
blemas es que hacen perder de v ista 8. D em asiado se h a hecho ya «
el más im portante, el m ás urgente pro­ ensayo de la producción en m asa, d
blema, aquel que gravita com o una la explotación h a sta el agotam ienti
pesadilla, precisam ente sobre estos de todos los recursos del suelo y de
viejos paises industrializados: N os q u e­ subsuelo; sobre to d o , dem asiado dura
remos referir al problem a de la in m i­ m ente se ha sacrificado y a a estos en
nente v perm anente amenaza del paro sayos la población y la econom ía ru
forzoso, al problem a de la rein tegra­ rales. Igualm ente ciega es la confiara;
ción y de la seguridad de una prod u c­
casi supersticiosa en el m ecanism o de
tividad normal, que es tal que asi por m ercado m undial p a ra equilibrar la
su origen como por su fin está ín tim a ­ economía, o en un Estado-Providen-
mente unida a la dignidad y al b ien ­
cia encargado de p ro cu ra r a cada uno
estar de la fam ilia considerada com o
de sus sú b d ito s, y en to d a s las cir­
unidad moral jurídica y económ ica.
cunstancias de la v id a, el derecho a
En cu an to a los paises. cu v a in d u stria li­
zación com ienza hoy a v islu m b rarse, N os no exigencias, a la po stre irrealizables.
podemos m enos de ala b a r los esfuerzos de
las A utoridades eclesiásticas, p a ra a h o rra r 9. A nte el a cu cian te deber, en el
a ¡as poblaciones que v iven to d a v ía en un
reciiT.en p atriarca l o incluso feudal, y sobre campo de la econom ía social, de aco­
i do en las aglom eraciones heterogéneas, la m odar la producción al consum o cuer­
~ jetición de las lam en tab les om isiones del d am ente a ju sta d o a las necesidades y
¡.btralism o tconom ico en el pasad o siglo,
'.j.'.a politice social conform e a la d o ctrin a a la dignidad del hom bre, el proble­
de !a Iglesia, sostenida por organizaciones m a de o rdenar y de establecer esta
q "e garanticen los intereses m ateriales y economia en el terren o de la produc­
espirituales del pueblo, y a d a p ta d a s a las
o r i e n te s condiciones de vida: se m ejan te ción se p rese n ta a ctu alm en te en *•
P"htirH deberla c o n ta r con la confo rm id ad de prim er plano. No se puede pedir
todo verdadero católico, sin excepción alguna. solución ni a la te o ría p u ram en te posi­
Aun en la hipótesis de las nuevas tivista, fu n d ad a en la crítica neoka»;
industrializaciones, el problem a per­ tia n a de las «leyes del mercado», nial
manece íntegro e incluso se p lantea form ulism o, igualm ente artificial,
—con referencia a ellas— la cuestión la «plena ocupación». Ved un probleff*
de si contribuyen o no a la reintegra­ sobre el cual Nos querríam os ver
cióni y a la seguridad de la sana pro- los teóricos y los p rácticos del moVr
duc.ividad de la econom ía nacional, o miento social católico concentraran V
bien no hacen sino m ultiplicar m ás atención e hicieran converger todo*
aun el numero de industrias siem pre sus estudios.
expuestas a nuevas crisis. Y adem ás V*
Íídar ™ 'dad0 s:; P,,drá tener en conso- 10. Como prenda del interés
que Nos seguimos vuestras InvestlgaC loue*»
h th o ñ ! H fr? el mcrcad,) in terior, vuestros trabajos, bajo los auspicios dei »
hecho productivo en razón de la im ­
plrltu Santo, al que rogamos que
portancia de la población y de sus con sus dones, N o b os otorgam os con l* "
yor efusión de Nuestro corazón, a vow !„
y a todos los sociólogos católicos, N u « *
Bendición AnnafVii*<■»«»
XCVIII

P IO X II

¿QUÉ DA LA IGLESIA AL TRABAJADOR?


Rm. 11 m arzo 1951

A LOS OBREROS TO D OS DE ESPAÑA

h ijo s , em presarios, té c­ de Nos, en estos m om entos, una pala­


A nicos y trabajad o res españoles,
m a d ís im o s
bra sobre lo que la Iglesia puede ofre­
reunidos en Madrid y provincias para ceros para la seguridad de vu estra
consagraros a Cristo R ed entor y rendir existen cia y la satisfacción de vuestras
vuestro ferviente hom enaje de filial ju sta s aspiraciones, esa p alab ra, con
devoción a su Vicario en la tierra: todo Nuestro afecto patern al, os la
¡Qué hermoso espectáculo— dejadnos querem os decir. Hela aquí, pues, en
comenzar así— el de una m asa impo­ tres puntos:
nente de obreros, como la vuestra,
aclamando a Jesu cristo como a su
verdadero R edentor! Iglesia y cuestión social

2. Porque al trab ajad o r, al obrero, 3. 1) Nadie puede acusar a la


hombre de una vida áspera y difi- Iglesia de haberse desinteresado de la
c>l, donde los problem as de hoy no al­ cuestión obrera y de la cuestión social,
canzan a hacer olvidar las preocupa­ o de no haberles concedido la im por­
ciones del m añana, son muchos los que tan cia debida. P ocas cuestiones habrán
se le han presentado y se le presentan, preocupado ta n to a la Iglesia com o
l‘sPi'ciaImente en estos últim os tiern­ esas dos, desde que hace sesen ta años
a s , cnarbolando la bandera de la re­ Nuestro gran Predecesor León X I 11,
unción. Vosotros, sin em bargo, seguís con su encíclica Rerum novarum , puso
‘'ferrados a la bandera de Cristo y con- en las manos de los tra b a ja d o re s la
es/'is, abierta y solem nem ente, con el Carta Magna de sus derechos.
Punier Papa, San Pedro: No hay que La Iglesia ha tenido y tien e con ­
untar la salvación en ningún otro, pues ciencia plena de su responsabilidad.
ha dado a los hom bres otro nom Sin la Iglesia la cuestión social es
j e debajo del cielo por el cual debam os insoluble, pero tam poco ella sola la
S|i V(,rim A E l, a su Iglesia, al stice- puede resolver. Le hace fa lta la cola­
(le Pedir), vosotros queréis perma- boración de las fuerzas in telectu ales,
fieles cueste lo que cueste. económ icas y técn icas de los poderes
Y ern lealtad con lealtad se paga. públicos.
10,1,0 seguram ente vosotros esperáis Ella, por su parte, ha ofrecido, para
la fundam entación religioso-m oral de
todo orden social, program as am plios
y bien pensados. Las legislaciones so­ igualdades económ icas. P ero todos los
ciales de los diversos paises 110 son que de algún m odo pued en influir en
más que aplicaciones, en gran parte, la m arch a de la sociedad deben tender
de los principios establecidos por la siem pre a conseguir u n a situación tal
Iglesia. No olvidéis tampoco que todo que p e rm ita a cu a n to s hacen lo que
lo bueno y justo que halláis en los está en su m ano no sólo el vivir, sino
demás sistemas se encuentra ya en la aun el a h o rrar.
doctrina social católica. Y cuando
ellos asignan m etas al movimiento 6. Son m uchos los fa cto res que de­
obrero, que la Iglesia rechaza, se tra ta ben co n trib u ir a u n a m ay o r difusión
siempre de bienes ilusorios que sacrifi­ de la pro p ied ad. Pero el principal será
can la verdad, la dignidad hum ana, la siem pre el ju sto salario. V osotros sa­
justicia social o el verdadero bienestar béis m uy bien, queridos hijos, que el
de todos los ciudadanos. justo salario y u n a m ejor distribución
de los bienes n a tu ra le s co n stitu y en dos
de las exigencias m ás aprem iantes en
justicia del salario el p rogram a social de la Iglesia.
Ella ve con buenos ojos y aun fo­
4. 2) En su historia, dos veces m enta todo aquello que, den tro de to
milenaria, la Iglesia ha tenido que vi­ que perm iten las circunstancias, tien­
vir en medio de las más diversas es­ de a in tro d u cir elem entos del contrato
tructuras sociales, desde aquella a n ti­ de sociedad en el c o n tra to de trabajo,
gua, con su esclavitud, hasta el m o­ y m ejora la condición general del tra­
derno sistema económico, caracteriza­ bajador. La Iglesia e x h o rta igualmen­
do por las palabras capitalismo y pro­ te a todo aquello que co n trib u y e a que
letariado. La Iglesia nunca ha predi­ las relaciones en tre p a tro n o s y obteros
cado la revolución social; pero siempre sean m ás h u m an as, m ás cristianas y
y en todas partes, desde la epístola de estén an im adas de m u tu a confianza.
San Pablo a Filemón hasta las ense­ La lucha de clases n u n ca puede ser
ñanzas sociales de los Papas en los si­ un fin social. Las discusiones entre
mios xix y xx, se ha esforzado tenaz- patronos y obreros deben ten e r como
ne.ite por conseguir que se tenga más fin principal la concordia y la colabo­
cuenta del hombre que de las v enta­ ración.
jas económicas y técnicas, y para que
cuantos hacen de su parte lo que pue­
den, vivan una vida cristiana y digna espíritu cristiano
de un ser humano. B
7. 3) Pero esta o b ra la pueden
rp?¿ P(?r eso la ■gtesia defiende el de­ llevar a cabo solam ente hom bres que
que e l L c n S ' ^ Pr' Vada’ derecho viven de la fe y cum plen su d e b e r eo
m tarS h l P Pero
'"tangible. P . ?tam^ b" M
én einsiste
n ta l m eenn te
la el espíritu de Cristo. N unca fué fac»
la solución de la cuestión social. Pef®
n e c e d a d de una distribución más j u í las indecibles catástro fes de este sig*°
la han hecho an g u stiosam ente dinc»-
La reconciliación de las clases, la ü‘*'
posición al sacrificio*^ al respeto iflJJ'
tuo, la sencillez de la vida, la reiiun’
K S K S S S cia al lujo, exigida im periosam ente p®
la actual situación económ ica: *°a
eso, y ta n ta s o tra s cosas, sólo se p o ­ d án d o les q u e el se n tid o de la vida
drán o b te n e r con la a y u d a de la P ro ­ te rre n a e stá en el m ás a llá, en la v id a
videncia y de la g racia de D ios. Sed, e te rn a . C u an to m ás v iv a m e n te os p e ­
pues, hom b res de o ración. E levad n e tré is de e sta v erd a d , ta n to m ás os
vuestras m an o s a Dios p a ra qu e, p o r sen tiréis im p ulsados a c o la b o ra r p a ra
su m isericordia, y a p e sa r de to d a s las u n a solución a c ep tab le de la cu e stió n
dificultades, se realice esa g ran labor. social. Siem pre será v erd ad q u e lo m ás
precioso q u e p a ra este fin p u e d e d a r
la Iglesia es un hom bre que, firm e ­
program a de la Iglesia m en te an clad o en la fe de C risto y d e
la v id a e te rn a , cum pla, im p u lsad o p o r
8. Con e sta ocasión no podem os ella, las ta re a s de e sta v id a.
menos de d irig ir alg u n as p a la b ra s de E sto era lo que os qu eríam o s d ecir.
elogio p a te r n a l a esas In stitu cio n es que
habéis creado y co n tin u áis creando en 10 . U na p a la b ra to d a v ía , a m a d ísi­
gran núm ero con el fin de ed u c a r a m os tra b a ja d o re s españoles, p a ra a c e p ­
los jó v e n e s tra b a ja d o re s , haciendo de t a r y a g rad ecer el hom enaje a N ues­
ellos excelentes obreros especializa­ tr a hum ild e persona. Y en c u a n to a
dos y , al m ism o tiem p o , cristian o s N u e stra co rrespondencia, ¿qué os he­
co n ven cid os. No p o d ríais hacer cosa m os de decir? D u ra n te to d o el G ran
mejor. E n el auge y florecim iento de Ju b ile o , que a c a b a de te rm in a r, hem os
esa obra vem os un signo p ro m eted o r visto con N uestros propios ojos, he­
para el porvenir. m os to cad o con N u e stra s propias m a ­
nos el fe rv o r e n tu sia sta del pueblo es­
9. Se suele ac u sa r a la fe cristia n a pañol, p o r el P ap a . P ero los peregrinos
de co n solar al m o rta l, que lucha por españoles— e n tre los que os re co rd a ­
la vid a, con esp eran za del m ás allá. mos, q ueridos tra b a ja d o res, especial­
La Iglesia, se dice, no sabe a y u d a r al m en te a los que e stu v iste is en la c la u ­
hombre en su v id a te rre n a . N ad a m ás su ra de la P u e rta S a n ta — han podido
falso. Os b a s ta m ira r al g ran pasado ver, han podido e x p e rim en ta r el a m o r
de v u estra q u e rid a E sp añ a. ¿Q uién ha q u e el P a p a les reserva. ¡E spaña por
hecho m ás que la Iglesia p a ra que la el P a p a l era su grito ap asionado e in­
vida fa m ilia r y social fu era ah í feliz contenible; al que Nos hem os c o n te s­
y tranquila? P o r lo que hace a la so- ta d o con p a te rn a l am or: ¡ Y el P a p a
lución de la a ctu al cuestión social, por E sp a ñ o l
nadie ha presen tad o un p ro g ram a que
supere a la d o c trin a de la Iglesia en Que Dios os bendiga, hijos queridísimos,
la seguridad , consistencia y realism o. y bendiga igualmente a vuestra P atria y a
|Jor eso es ta n to m ayor su derecho vuestros dirigentes como Nos, con plena efu­
sión de afecto paternal, a todos os bende­
a exh ortar y consolar a todos, recor­ cimos.
XCIX

VIDA EXTERIOR Y VIDA INTERIOR


D. 1 julio 1951

A LAS JOVENES TRABAJADORAS CATOLICAS

seáis, am adas hijas, no en tre lo b o s 1, sin a y u d a ni apoyo,


B que representáis a la Ju v en tu d ita ­
ien venidas
y conservar, no o b sta n te to d o , su fe,
liana obrera fem enina católica, y que su piedad, su v irtu d . ¿C u án tas ten­
— en ocasión de vuestro segundo Con­ drían el v a lo r de persev erar indefini­
greso nacional— os habéis reunido en dam ente? Pero si algunas jóvenes se­
torno a Nos para invocar sobre v o s ­ m ejantes se en c u e n tra n ju n ta s y se
otras y sobre vuestra obra, ju n to con unen fo rm an do un pequeño grupo fiel,
la Bendición A postólica, la a b u n d an ­ ellas con su celo de apostolado irán
cia de las gracias celestiales. atray en d o su cesivam ente a o tras y a
otras, dem asiado tím id as h a sta enton­
2. En la m em orable A udiencia del ces, y así cada u n a se se n tirá m ás se­
5 de septiem bre de 1948, decíam os N os gura y m ás a n im ad a. De esta manera,
a la Juventud fem enina de A cción aum entando el núm ero, llegan a cons­
Católica: "¡Adelante, ad elan te, esp e­ titu ir u n a fu erza, que aun los mismos
cialm ente vosotras, jóven es trab ajad o­ adversarios h an de te n e r m uy presente,
ras!*. Y de hecho, vosotras habéis reali­ y que las coloca, adem ás, en condición
zado grandes progresos: en prim er lu­ de procurarse los m edios exteriores
gar, exteriormente. Sin duda qu e ta m ­ necesarios p a ra el increm ento de su
bién el número de las asociadas es de acción. Ved por qué Nos aleg ram os
no pequeño valor. T odos los días lo e x ­ al saber que habéis crecido m ucho asi
perim entáis vosotras m ism as. El sen ­ en núm ero como en el desarrollo de
tim iento de hallarse solas en la lucha v uestra organización visible.
por la causa de Cristo, o en tod o caso
de tener contra sí un núm ero p rovo­ 3. Pero lo que m ás im p o rta es qu*
cativo de enem igos, es amargo y fá c il­ tam bién habéis crecido vosotras <jn
m ente dism inuye o quita la confianza. cuanto al espíritu interior. Hem os dáoo
Imaginad (o recordad) la condición de una ráp id a ojeada a vuestro catee»’
una joven pura, recta, piadosa, com o mo, en el que habéis compendiado
sumergida en un mar de h o stilid ad o brevem ente la d o ctrin a social de »«
indiferencia, que en el «taller» o en la Iglesia, adm irablem ente ex puesta hace
fabrica o en la oficina, en el ir v en ahora sesenta años por N uestro inm °r'
el venir, durante días, m eses y años
tiene que vivir sola, como un corderi­
VI DA E X T E R I O R Y VIDA INTERIOR 715

tal Predecesor León X I I I en su encí­ los v e rd a d e ro s seg uidores de C risto,


clica R erum novarum . C atecism o, que qu e el R e d e n to r h a lla m a d o b ie n a v e n ­
estará en las m anos de c a d a u n a de tu ra d o s y felices *.
v u estras socias y será leido co lectiv a­ H ab éis crecido in te rio rm e n te , p o r­
m ente en v u e stra s reuniones. ¡C uánta q u e en to d o s v u estro s escrito s, m e m o ­
claridad, así, p a ra los fines a q u e a s­ rias y p ro y ecto s se resp ira no el odio
piráis! ¡C uán p alp ab les se h a rá n a q u e ­ y la en v id ia de clases, sino el deseo d e
llas e n se ñ a n z a s ta n sab ias, que te n ­ qu e to d a s v o so tra s, y to d o s aq u e llo s
dréis q u e ap lic a r en las diversas cir­ con q u ien es h ay á is de tr a ta r , lleguen
c u n sta n cia s c o n cretas de la v id a y d e. a ser m ejores cristianos, cristia n o s p e r­
vu estro tra b a jo ! E l conocim iento ra ­ fectos en to d a s las c ircu n sta n c ias de la
zonado y pro fu n d izad o de aq u ella ilu ­ vida, cristian o s de la ju stic ia social y
m inadora y cla ra d o c trin a os d a rá del am o r social. Lo que m ás os p re ­
gran su p erio rid ad y preem in en cia so­ ocu p a es la d ig nidad del tra b a ja d o r,
bre v u estro s ad v ersario s, q u e con sobre to d o de la m u je r y de la jo v e n .
frecu en cia no sab en sino re p e tir las Los nuevos o rd en am ien to s le g islati­
a co stu m b ra d a s fó rm u las vacías de u n a vos, q u e deseáis, la m ejor o b se rv a n ­
p rop agan d a superficial: ¡con q u é segu­ cia de las leyes vigentes, que exigís, no
ridad y con q u é facilid ad ca d a u n a de tien en o tra fin a lid ad . F in alid ad é sta
vosotras p o d rá re fu ta rle s y co n d e n a r­ a rra ig a d a en la v o lu n ta d de D ios, que
les al silencio! quiere q u e todos en el m undo del t r a ­
H ab éis, pues, crecido interiormente. bajo, superiores y subordinados, em ­
Con vivísim o in te ré s hem os recorrido p resarios y o breros, respeten siem pre y
los estudios realizados sobre el te m a en to d o caso la dignidad h u m an a y q u e
propuesto al concurso, al que os h ab ía p ra c tiq u e n in cesan tem en te— en el esp í­
in vitad o v u e stro herm oso periódico ritu de C risto— la ju stic ia y la ca rid a d .
«Squilli». M aravillados hem os qued ad o
Nos al ver cómo jóvenes co n cu rsan tes, 5. C o n tin u ad , pues, llevando con
sin grandes estudios, h a y a n podido a rd o r ju v en il este esp íritu al pu eb lo
realizar ta n to . A labam os de m odo sin ­ tr a b a ja d o r de v u e stra p a tria , y no os
gular a las seis anim osas vencedoras deis tre g u a h a sta que la llam a de v u es­
del certam en, pero ta m b ié n a las de­ tro celo a rd a tam b ién allí do n d e, p o r
más que in d u d a b le m e n te h an dado desgracia, el ansia de la g a n a n c ia y
prueba de u n v a lo r real. del éx ito to d a v ía no se h a lla in flu id a
por el sen tid o y la resp o n sab ilid a d so­
4. H a b é is c re c id o in te rio rm e n te , cial. V uestro ejem plo y v u e s tra resuel­
Porque lucháis. V u estra lucha esp iri­ ta v o lu n ta d de ser c ristia n a s p e rfec tas
tual es fre cu en tem en te d u ra, pero a rra stra n tra s de si a to d o s los dem ás.
siem pre valerosa. Con ín tim a conm o­ Ese es v u estro a p o sto lad o , que Nos
ción hem os leido frag m en to s de c a rta s, bendecim os de nuevo.
vivos reflejos de v u e stra v id a c o tid ia ­ ¡A delante, ad ela n te, esp ecialm ente
na. y hemos pen sad o en la p a la b ra del vosotras, jóvenes tra b a ja d o ra s!
Maestro: S i a m i me han perseguido,
'Qmbién os perseguirán a vosotros *. Como prenda del am or de Jesu cristo y de
Aciu ella s luchas que ten éis que sufrir, la m aternal protección de M aria, os dam os
de corazón a vosotras— a v u estra s fam ilias,
y 'as am enazas e in su lto s y violencias a todas las adheridas a v u estro m ovim iento,
(lue habéis de so p o rta r, son el sello de a vuestro trab ajo mismo— la Bendición A dm -
tólica.
c

EL TRABAJ O — D I O S
D. 18 mayo 1952

A FUNCIONARIOS DEL MIN1ST.0 DE "DEFENSA”

e m o s t e n id o recientemente el con­ tos, para circunscribir y mitigar sus


H suelo de recibir a algunos millares desastrosas consecuencias. Realmente
de empleados ministeriales, que han ve­ con espíritu de sinceridad podemos
nido a pedirnos la Bendición Apostólica preguntarnos: Quid estquod ultra debui-
después de haber cumplido el precep­ mus ¡acere, et non fecim us?1. ¿Qué más
to pascual. Y he aqui hoy repleta de podíamos hacer que no hayam os hecho?
nuevo esta vasta Sala de empleados También en el mes pasado, en una
pertenecientes a otro Ministerio, que audiencia a las delegadas participan­
Nos piden igualmente una palabra de tes en el Congreso de la Unión Mun­
exhortación y de aliento. También a dial de las Organizaciones Femeninas
vosotros, pues, queridos hijos, damos Católicas, Nos elevam os la voz en fa­
con paternal afecto Nuestra bienveni­ vor de la paz y confiamos a las muje­
da. gozosos de encontrar almas que res—esposas y madres que tanto han
saben y quieren contribuir—en cuan­ sufrido en la últim a conflagración—el
to de su parte está—-a renovar y trans­ oficio de mensajeras y fomentadoras
formar cada vez más, espiritualmente, de la paz en este mundo tan atormen­
¡a fa¿ de Roma, Ciudad Eterna, cen­ tado, si no por una verdadera volun­
tro y faro de civilización hum ana y tad de guerra, al menos por un tal
cristiana. cúmulo de disensiones, de sospechas,
En este tiempo pascual la sagrada de opuestos fines y actos en el campo
liturgia ha ofrecido a nuestra m edita­ económico y político, que la tensión
ción los relatos evangélicos de las apa­ —en un determinado momento— po­
riciones del Salvador resucitado a los dría terminar en hacer inevitable el
Apóstoles y a los discípulos, y hemos conflicto.
quedado impresionados por el afectuo­
so y reiterado saludo que les dirigía: •'<. Y asi hoy, al ofreceros en nom­
Pax vot)is La paz sea con vosotros. bre de Jesús el saludo augural P ®
vobis, no Intentamos referirnos direc­
Imitando al Divino Redentor, tamente a la paz del mundo, sino mas
• os mismo, desde que el Señor quiso bien a aquella que cada uno de noí*
aunq,ue indiRn«». a' Sumo otros debe teñe* %n si, debe procurar
Pontificado, nada hemos omitido para
en la familia y en el lugar de trabajo-
o^h * paz’ para ^ v e r tir a los No es posible de otro modo iftstaurar
gobernantes y pueblos sobre lo* peli-
un mundo pacifico; y, de otra partfli
mas aotalil*uerra’ |iara Pr"Poner nor­
mas aptas que eviten nuevos conflic­
¿de q u é serv iría vivir en él, si por o tro la Iglesia no tuvo nunca com o h oy, en
lado an id a la te m p e sta d en el corazón? las filas del laicado, un núm ero tai de
¿De q u é serv iría m o ra r en u n a ciudad alm as que, día por dia, alim entándose
sin p artid o s ni luchas, si por o tro lado de Jesús, se transforman poco a poco
vuestra fam ilia fuese, a su vez, esce­ en El. Ni ignoramos cuán tenazm en­
nario de co n tin u as disco rd ias e n tre es­ te, aunque sin ruido, tantos y tan tos
poso y esposa, e n tre p a d re s e hijos, espíritus generosos trabajan y luchan
entre herm anos y h erm an as? por el triunfo de Jesús en el m undo,
¡La p a z sea con vosotrosl E s decir, por la soberanía de Dios en todas las
sea en vosotros la tra n q u ilid a d del o r­ cosas, para transformar aun el m undo
den. Pero h ay orden cu an d o cad a cosa mismo de humano en divino en todas
está en su sitio. C uando, p o r lo con­ sus estructuras.
trario, las cosas—to d a s o algunas— es­
tán fuera de su lugar, se tien e el des­ 4. Mas también es verdad—y pro­
orden, que es siem pre el principal fundam ente N os aflige— que otros tra­
ob stáculo p a ra el ad v en im ien to de bajan y luchan para arrancar a Cristo
la paz. de las alm as, de las fam ilias, de las es­
Pero reflexionad ah o ra, queridos h i­ cuelas, de los lugares de trabajo, de los
jos: Dios está siem pre y en to d as p a r­ parlamentos. ,Se quiere desplazar a
tes en su lugar. E s tá en su p uesto no Dios de su puesto, y así— quizá sin
sólo en las iglesias, sino tam b ién en los percatarse de ello— se procura el des­
corazones, en las m entes, en las fam i­ orden, se m ata la paz. Sabemos que
lias, en los lugares de tra b a jo , en las hasta inocentes niños se convierten en
calles y en las plazas, en los p artid o s víctim as de este incruento, pero espan­
y en los sindicatos, en los m unicipios toso asesinato; destruido Dios en su
y en los parlam en to s. Todo lo ha hecho corazón, vienen ellos a transformarse
de la nad a, todo existe por El; todo, en pequeños demonios, enfurecidos
Por lo ta n to , le pertenece ab so lu tam en ­ contra Dios mismo y contra su Igle­
te, sin lím ites de tiem po, de lugar, d e sia. Quien ha com etido este delito,
circunstancias. P or ello, cuando un ¿puede decirse que quiere la paz? Y
hombre o u n cierto núm ero de hom ­ ¿qué pedazo de pan podría ciarse a
bres, haciendo m al uso del libre alb e­ cambio de tan gran ruina? Sabem os
drío, consideran y tr a ta n a Dios como de familias donde no se respira sino
un extraño en cu alquier cam po de la el odio. Quien ha matado en ellas el
v>da p riv a d a o p ública, he ah í el des­ amor, quien ha arrancado a D ios de
orden, lie ahí la condición p a ra des­ aquellos corazones, ¿puede ser llam a­
unir en aquél la paz. do am ante de la paz? ¿Y qué salario
Queridos hijos: No escapa c ie rta ­ podrá estimarse suficiente para hacer
mente a N u estra m irad a la visión m a- allí soportable la vida?
ravillosa de v erd ad eras falanges de al-
'”¡18. especialm ente jóvenes, m uy cons­ 3. Amados hijos: La paz sea ante
ie n t e s de hab er sido hechas por Dios todo en el corazón de cada uno de vos­
y Ue pertenecer a El. A lm as gozosas y otros. Y cuidad de que en vuestra alma
s'"'ta n ie n te orgullosas de dejarse do- reine el orden y no falte D ios de su lu­
por El, de sentirse en teram en te gar. Vosotros, hace casi un m es, os ha­
PtJseiüas por El; alm as con v ertid as en béis reconciliado con El y Le habéis
'"H'rnácnlo vivo de El, instru m en to s acogido en vosotros, al acercaros a la
,|v’os de los cuales El puede servirse santa Comunión pascual. Mas ahora
l '".i operar e n tre los hom bres. Tal vez os preguntamos: ¿Está todavía El en
vuestra alm a? ¿O ya se ha convertido Y, sin em bargo, hay en ellas una nida­
de nuevo en un extraño, al menos en da de niños, y el padre es un modesto
algunos de vosotros, porque ya no haya em pleado; pero reina Dios, soberano
puesto p ara El en sus mentes, en sus indiscutido, en medio de ellos. Y ved
corazones, en su voluntad? Si alguno m adres que hacen milagros, porque no
de vosotros no tuviese y a a Dios, sería falte nada a ninguno; ved padres hon­
presa del desorden, y no tendría la rados y afectuosos; hijos que parecen
paz. Y aun cuando permaneciese solo joyas de bondad. Nos del fondo de
y cesase en torno a él el ruido de la Nuestro corazón paterno os deseamos
ciudad, y descansase en la quietud del a vosotros esta paz. H aced que el
silencio nocturno, sentiría en sí un Corazón de Jesús reine en vuestros
vacío y una grande y casi desesperada hogares como Señor absoluto. El en­
inquietud. Tal vez no le falta la comi­ jugará vuestras lágrimas, santificará
da, no le faltan los vestidos, no le fal­ vuestras alegrías, fecundará vuestro
tan las medicinas; pero, lo que es trab ajo , bendecirá vuestra vida, esta­
peor, le falta Dios y con El le falta rá a vuestro lado en el momento del
la paz. Porque el corazón hum ano, último suspiro.
hecho para Dios, no encuentra reposo
hasta que no descansa en El. 7. Finalm ente, la paz sea en vues­
tros lugares de trabajo. — Probad a
6. En segundo lugar, la paz sea con hacer que Dios entre en ellos; probad
vuestras familias. Se dice—y no siem­ a pensar, a hablar, a obrar en su pre­
pre sin razón— que la causa de las lu­ sencia; con El, que no sólo vigila, sino
chas y discordias en algunas familias que sugiere y casi guía vuestros mo­
es la falta de lo necesario p ara la vida. vim ientos. En las oficinas, donde Dios
Nos hemos frecuente y solemnemente está en el lugar que le corresponde,
proclamado que no se puede hablar de no en tra fácilm ente el mal hablar,
orden cristiano hasta que no se haya no se arroja fango sobre las cosas más
realizado todo esfuerzo p ara que todos santas, no hay lugar para la ociosi­
tengan la posibilidad de una vida dig­ dad con grave daño del bien público.
na de seres humanos. Pero es tam bién Haced que Dios esté en medio de
verdad que en no pocos casos la razón vosotros; no habrá peligro de que los
es muy distinta. Existen familias a las asuntos que se os confiaren perma­
que nada les falta de lo que debería nezcan inútilm ente y por largo tiem­
hacer felices a los hombres; y, sin em­ po sobre vuestra mesa de trabajo, en
bargo, tienen la discordia y el torm en­ espera de ser llevados a término.
to en casa: esposos mal avenidos, tra i­ Si, por lo contrario, fuese Dios con­
ciones a la fidelidad conyugal, hijos siderado como extraño, tal vez como
irrespetuosos y rebeldes, litigios, ren­ intruso y aun como enemigo, habría
cores; en una palabra, desorden. Algo desorden en vuestro trabajo. Y e n to n ­
hay que no está en su lugar. Tened ces el trabajo no ennoblece, sino que
mucho cuidado: falta Dios. Dios es un degrada. El trabajo hecho con Dios v
extraño en aquellas casas. No se reza, por Dios es obra hum ana que se trans­
no se habla ni se obra bajo la m irada forma en obra divina. Es o ra ció n .
de El; se prescinde de El en todo; más
aún, se va contra El y contra sus m an­ Con estos sentimientos impartimos »le
damientos. En otras familias, en cam­ todo corazón a vosotros, a vuestras familia^
bio, aun de humilde condición, ¡cuán­ a vuestras Asociaciones y compañeros
trabajo, a cuantos os son queridos, Niiesii'1
ta serenidad, cuánta paz se observa! paternal Bendición Apostólica.
C I*

R I Q U E Z A Y MISERIA
C. 7 julio 1952

A LA XXXIX "SEMANA SOCIAL” DE FRANCIA [Dijon]

de los grandes te­ ción. Sin embargo, el problema se ha


E mas
n la t r a d ic ió n
económicos y sociales tr a ta ­ agudizado nuevam ente, después de la
dos en vuestras reuniones anuales, guerra: actualm ente se plantea ya en
la X X X IX Sem ana Social, que m uy un plano mundial, en el que los con­
pronto habrá de celebrarse en Dijon, trastes son todavía más impresionan­
se propone afrontar, uno de los proble­ tes, y se agrava aun más a causa de
mas que hoy, sin duda, condicionan la las nuevas aspiraciones que una con­
paz social e internacional. Riqueza y ciencia más viva de la desigualdad
miseria: tal es el contraste que, ante entre pueblos, entre clases y aun entre
el espectáculo del m undo contem po­ individuos de una misma clase despier­
ráneo, os ha impresionado y al que ta en el corazón de las masas. Por ello
trataréis de buscar remedio en el acre­ Nos, en diversas circunstancias * hemos
centamiento y en la m ejor distribu­ deplorado el intolerable crecimiento
ción de la renta nacional. de los gastos de luio, gastos super-
fluos e irrazonables, que contrastan
2. No es nuevo el problema. Ya Nuestro duram ente con la miseria de un gran
inmediato Predecesor, reanudando las ense­ número de personas, así en las filas
ñanzas de León X III, escribía en el año 1931:
Dése a cada cual la parte de bienes que le del proletariado de ciudades y campi­
corresponda: y hágase que la distribución de ñas, como entre la muchedumbre de
los bienes creados se corrija y se conforme con los calificados como económicamente
las normas del bien común o de la justicia
social; porque cualquier persona sensata ve débiles. A lo que podéis y debéis aspi­
cuán grave daño trae consigo la actual distri­ rar, hoy como ayer, es a una más justa
bución de bienes por el enorme contraste entre distribución de la riqueza. Ella es y sub­
unos pocos riquísimos y los innumerables nece­
sitados1. Por ello Pío XI invitaba a cuantos siste como punto programático de la doc­
en ello tuvieran responsabilidad a que lle­ trina social católica 3.
varan a la práctica todo lo que fuera nece­
sario, de suerte que las riquezas en tan gran3. Por ello no se puede menos de
abundancia producidas, en nuestra época
anim ar a la Semana Social de Dijon
de industrialismo, fueran repartidas con ma­
yor justicia. a que se dedique en verdad a un pro­
Y ciertam ente que con satisfacción blema tan grave y a que estudie— en
ha de reconocerse que desde hace ya el plano económico y social, nacional
algunos decenios, merced a los ince­ e internacional—sus soluciones posi­
santes esfuerzos y al progreso de la bles y prudentes a la luz de la doc­
legislación social, la diversidad de con­ trina de la Iglesia. Semana, que ha de
diciones generalm ente se ha reducido tener lugar en esa ciudad universita-
nuicho y a veces en notable propor-
* Cf. Disc. 2 nov, 1950 y 8 marzo 1952.
8 Disc. 7 sept. 1947, a los Hombres de
Acción Católica.
na de antiguo renom bre, gracias al de jam ás hacer acepción de las perso­
concurso de m aestros m uy ex p e r im e n ­ nas según la m edida de sus fortunas*;
tados, y que no dejará de en contrar y n u nca olvida que en ia v id a cristiana
un Rui a ilum inado en el P astor de la de u n a sociedad, en ia que se hallaran
diócesis que la acoge. inejor d istrib u id as las riquezas, siem­
pre h ab ría puesto p a ra la renuncia y
4 V al enfrentarse con este tem a el su frim iento, h erencia inevitable
de la riqueza y de la m iseria, ¿cómo, — pero fecu nda— en este m undo, que
por lo demás, no tener p resen tes las u na concepción m a te ria lista de la vida
imprescindibles enseñanzas de la E s­ o la ilusión de u n a ju stic ia perfecta
critura a propósito de los que, en la d u ra n te esta terre n a l peregrinación en
tierra, poseen tan tos m edios que fá­ vano q u errían su p rim ir en la v id a de
cilmente se ven ten ta d os a gozarse en los hum anos. F in alm en te, fre n te a la
ellos y a abusar de ellos? T odo el E v a n ­ m u ltitu d de los indigentes, cuyas an­
gelio invita a despegarse de ellos com o gustias clam an al cielo, el llam am ien­
condición para salvarse, d ebiendo el to solícito de San J u a n les señala su
discípulo de J e sú s aprender, en él, a deber: S i alguno posee los bienes de
considerar los bienes de este m undo este m undo y viendo a su hermano en
como ordenados a la v id a del espíritu necesidad le cierra sus entrañas, ¿cómo
y a una perfección m ás elev a d a , pues el amor de D ios puede permanecer fn
no hay mayor desgracia para el hom­ él? ...N o amemos con palabras y de len­
bre que la de concentrar sus esperan­ gua, sino con actos y en verdad 7. ¿Cómo
zas en la posesión de estos perecederos insertar, pues, en el m undo contem po­
tesaros. ráneo e sta caridad real y eficaz dentro
¡Cuán d ifícil es para quienes poseen rique- del orden económ ico y social, y cómo
zas m irar en ei reino de Dios!... B ienaventu­
rados los pobres , porque vuestro es el R eino insertarla— an te to d o — en térm inos de
de Dios... M as ¡ay de vosotros los ricos, porque justicia? E n efecto; la v e rd ad es que
vosotros tenéis vuestra consolación! ♦. Y ¿ q u é la caridad, p a ra ser g enuinam ente ver­
decir de aquellos ricos in ju sto s contra^ ios
uiie Santiago lanza sus solem nes ap o stro fes? dadera, siem pre h a de te n e r en cuen­
fie aqu í i¡ue el jornal de los trabajadores que ta a la Justicia, que debe ser realista
euuron vuestros campos, defraudado por vos-
m u s , esiá clamando, y las voces de los que y no co n ten tarse con disim ular los des­
segaron han ¡legado a los oídos del Señor de órdenes y la insuficiencia de un estado
los ejercitas *.
de cosas in justo.
5. Esta e nse ñan za e v a n g é lic a e le v a 6. El fin del organism o económico
la discusión en grado particular. C ual­ y social, al que es preciso referirse aquf,
quiera que sea el objeto propio de su es p ro cu rar a sus m iem bros y a su*
reliexion, el pensador católico goza de fam ilias todos los bienes que los recur­
una soberana libertad espiritual, en re­ sos de la n a tu rale za y de la industria,
lación con los atractivos de la riqueza no menos que los de u n a organización
poseída o deseada. Profesa alta estim a social de la vida económ ica, pueden
ó i n<ihr C['ls!;ianap e s p e t a y sirve llegar a procurarles.
defiende , a J esu cristo ; Ahora bien; la encíclica Quadragesimo antU)
,ndt las seducciones de una dice taxativam ente: Esos bienes han de **•
bien lrR'al- Per" se guarda m uv tan suficlentemtgft abundantes que satisfagon
siguiendo el consejo de S antiago tas necesidades' y comodidades honestas, y
eleven a tos hombres a aquella condición de
I.UC 18, -¿A ... y 24
* rt A
más feliz que, adm inistrada prudentemente, do el resp eto a la d iv e rsid a d de fu n ­
no sólo no Impide la virtud, sino que la favo­ ciones y resp o n sab ilid ad es, la p a rtic i­
rece en gran manera *.
Luego si es v e rd a d q u e p a ra a te n ­ p ación de c a d a un o sea co n fo rm e a la
der a esta obligación el m edio m ás se­ com ún d ig n id ad de h om bre, y q u e p e r­
guro y n a tu ra l es el m u ltip lic a r los bie­ m ita c o n c re ta m en te q u e el m a y o r
nes disponibles p o r m edio de u n sano n ú m e ro de personas p a rtic ip e n de la
desarrollo de la p ro d u cció n , necesario in d ep en d en cia y de la se g u rid a d q u e
es tam b ién , al realizar este esfuerzo, es efecto de la propiedad p a rtic u la r y
cuidar de que se d iv id a ju s ta m e n te el q u e gocen, con sus fam ilias, los bienes
fruto de los tra b a jo s de to d o s. S i no del esp íritu y del progreso a q u e e stá n
se realizare esta distribución de los bie­ o rd en ad o s los bienes de la tie rr a .
nes, o lo fuere sólo im perfectam ente, no A dem ás, si p a tro n o s y o b rero s tie ­
se logrará el verdadero fin de la econo­ nen un com ún interés en la sa n a p ro s­
mía nacional, pues por m u y grande p erid ad de la econom ía nacional, ¿ p o r
que fuera la afortunada abundancia de q u é no srrá legítim o a trib u ir a los o b re­
los bienes disponibles, el pueblo, al no ros u n a ju s ta p a rte de responsabilidad
ser llamado a participar de ellos, no en la co n stitu ció n y en ti desarrollo de
sería económicamente rico, sino pobre *. e sta econom ía? O bservación ésta, he­
cha p o r Nos hace y a tiem po u , ta n to
7, E n principio, e sta d istrib u ció n m ás o p o rtu n a cu an to que en las difi­
se realiza o rig in aria y n o rm alm en te en cu ltad es, en la inseguridad y en la soli­
virtud de un d inam ism o co n tin u ad o d a rid a d del m om ento actu a l, a veces
del proceso económ ico y social, a l que se im ponen al P aís decisiones de o rden
antes Nos hem os referido: y es, p a ra económ ico q u e com prom eten el p o rve­
un gran núm ero de hom bres, el origen n ir de la com unidad nacional y, con
del salario com o retrib u ció n de su tr a ­ frecu en cia, aun el po rv en ir m ism o de
bajo. Mas precisa no p e rd e r de v ista la com unidad de los pueblos. E sta s
que, den tro de la econom ía nacional, pocas reflexiones y a de p o r sí co m prue­
dicho salario corresponde a la re n ta ban la d ificu ltad de una san a d is trib u ­
del tra b a ja d o r. Y así los jetes de em ­ ción: p a ra responder a las exigencias de
presa y los obreros son cooperadores de la v id a social, aquélla no h a b rá de
una obra com ún, llam ados a gozar del dejarse a b a n d o n a d a al libre ju eg o de
beneficio neto y global de la econom ía; las fu erzas económ icas ciegas, sino que
y, en este aspecto, su m u tu a relación ha de ser ex am in ad a según el índice de
no los coloca en m odo alguno a los la econom ía nacional, pues sólo así se
unos al servicio de los otros. R ecibir la tien e u n a clara visión del fin q u e ha
propia renta — decíam os N o s— es exi­ de alcan zarse al servicio del bien tem ­
gencia derivada de la dignidad personal poral. M as quien y a considera asi el
de todo el que, en una form a u otra..., problem a, se ve obligado a p re g u n ta r­
(¡ a s« concurso productivo al rendim ien­ se sobre las funciones norm ales, a u n ­
to de la economía n a c io n a ll0. que lim itad as, a trib u id a s al E s ta d o en
estas m aterias.
Mas desde el m om ento en que
por decirlo así— tod o s <com en en la 9. E n prim er lugar, el d eb er de
Misma mesa», lo ju sto es que, g u ard a- acrecen tar la pro d u cció n y de p ro p o r­
' A . A . S. 23 (1931), 202. cionarla a las necesidades y a la dig­
’ Km. 1 Junio 1941. n idad del hom bre sitú a en p rim e r pla-
Olsc. 7 mayo 1949, a los miembros de
la U N I A P A C .
no la cuestión del ordenam iento de la term in ad as in stituciones se consagran
econom ía en todo lo que a la p rod u c­ a corregir los m ales m ás evidentes de­
ción se refiere. P ues bien; sin su stitu ir rivados de u n a distrib u ció n demasiado
su opresora prepotencia a la leg itim a m ecánica de la riqueza nacional. De­
autonom ía de las in iciativ a s p rivad as, jan d o u n a legítim a lib e rta d a los res­
los poderes públicos tien en en e ste ponsables— p artic u lares— de la vida
campo un deber innegable de coord i­ económ ica, estas instituciones, por sí
namiento que aún se im pone m ás en independientes suficientem ente del po­
la confusión de las actuales co n d icio ­ der político, pueden llegar a ser— para
nes, sobre todo sociales. C oncretam en­ la m asa de los pequeños asalariados y de
te, sin su concurso no puede lograrse los pobres de to d a condición— una in­
una política económ ica de conjunto que dispensable com pensación de los males
favorezca tanto a la activ a coopera­ debidos al desorden económico o mo­
ción de todos como al acrecen tam ien to netario. Mas conviene estu d ia r con pru­
de la producción en las em presas, fu e n ­ dencia sus form as, cuidando de no lan­
te inm ediata de la riqueza nacional. zarse sin cautelas por un cam ino don­
Y cuando se piensa en ta n ta s rique­ de el excesivo in te r v e n c io n is m o podría
zas im productivas o perdidas in ú til­ com prom eter los derechos de la pro­
mente, pero que, puestas bien en circu­ piedad p riv a d a o donde los abusos de
lación, podrían concurrir, por un em ­ la seguridad colectiva podrían causar
pleo prudente y provechoso, al bienes­ daño a los de la persona y de la familia.
tar de tantas fam ilias, ¿no es acaso ser­
11. Así es como, a igual distancia de los
vir al bien común el contribuir oportu­ errores del liberalismo y del estatism o, la
namente a hacer que renazca la con ­ Iglesia os invita a que sigáis vuestras inves­
fianza, a estim ular el crédito, a desani­ tigaciones dentro del camino que ya muchas
mar el egoísmo y a favorecer así un veces ella os ha trazado. La gran miseria
del orden social, decíamos Nos recientemente,
mejor equilibrio de la vida económ ica? es que no es profundamente cristiano, ni real­
mente humano, sino exclusivamente técnico y
10. Tam bién es propio del E stado el económico, y que no se fu n d a en modo alguno
velar para que los m ás pobres no sean sobre In que deberla ser la base y el funda­
mento de su unidad, esto es, el carácter común
injustam ente dañados. T erm inante es, por naturaleza y el de hijos de Dios por la
en este punto, la enseñanza de N u es­ gracia de la adopción d iv in a 1’. [Ojalá que 109
tros Predecesores, pues, al defender los trabajos de esta Sem ana Social puedan pro­
yectar una serena luz sobre este conjunto
derechos privados, los gobernantes han de problemas, cuyas repercusiones son tan
de preocuparse primero de los débiles y considerables!
de los indigentes: L a clase rica, obser­ Q uiera Dios a p a rta r a todos cuantos
vaba León X III, se hace como u n ba­ mucho poseen de los escollos espiritua­
luarte con sus riquezas y tiene m enos n e­ les de la riqueza; a los proletarios, de
cesidad de la protección pública. L a m asa los sufrim ientos inhum anos de la mi­
indigente, por lo contrario, sin m edios seria; a tra e r a los unos y a los otros
para su defensa, cuenta sobre todo con la al espíritu evangélico de la pobreza y
protección del Estado™ . Por ello, an te de la h erm andad; y p e rm itir el qu®
U siempre creciente inseguridad de un todos lleven a cabo, en tre condiciones
gran numero de fam ilias, cuya precaria más equilibradas de la v id a económica
situación amenaza poner en peligro los y social, la única o b ra necesaria, la de
ntereses materiales, culturales y espi­ su propia salvación.
rituales, hace ya algunos años que de-
E"r~ Q uadragesimo atino, citan d o la R e- 13 Disc, 31 enero 1952, a la Unión de Di"
rum novar ur, A . A S. 23 (1 9 3 1 )1 8 5 .
rigentes de empresa italianos.
EMPRESA E N LA E C O N O M I A
MODERNA
CSE. 19 septiembre 1952

A LA XXV "SEMANA SOCIAL” DE ITALIA [Turín]

el v en erad o encargo de co­ los Sum os P ontífices sobre este te m a


C m unicarle
umplo
que Su S a n tid a d , con específico de la S em ana.
paternal com placencia, h a exam inado
el program a de tra b a jo s que se d esarro ­ 2. Como es sabido, la disciplina de
llarán en la X X V S em ana Social de ia pro d u cció n y de la, d istrib u ció n d e
los Católicos Italian o s, en T u rín , del la riqueza es un pro b lem a fu n d a m e n ta l
21 al 27 del corriente. de la v id a económ ica que tien e que se r
El tem a, «La em presa en la econom ía resuelto conform e a la ju stic ia y al bien
moderna», c o n stitu y e un im p o rta n te com ún, y de m odo que queden a salv o
objeto de estudio y consideraciones, y la in teg rid ad y el desarrollo de la p e r­
refleja el deseo e incluso la necesidad son alid ad h u m an a.
de la contrib u ció n que los católicos ita ­ A h o ra bien: quien conoce las ense­
lianos han de a p o rta r a la solución de ñ an zas p o n tificias a este respecto, p u e ­
aquellos problem as que m ás a g ita n a de n o ta r los tre s aspectos n o ta b les de la
los entendim ien to s y a las conciencias em presa: la relación e n tre m á q u in a y
en un d eterm in ad o cam po, y en un tra b a ja d o r, la posición jurídico-social
momento histórico dado, de la v id a de las m aestranzas*, las relaciones e n tre
Política, social, económ ica y m oral de la em presa y el E stad o .
la nación.
Por esto, la Iglesia, siem pre preo cu ­ 3. Si en los últim os decenios se han
pada aun p o r el bien te m p o ra l de la realizado m ejoras su stan c ia les en los
hum anidad, no puede m enos de a la b a r sectores del tra b a jo , to d a v ía sigue sien­
Y estim ular los esfuerzos generosos de do grave el aspecto de la relación en ­
'•'uantos se dedican, con sinceridad de tre m áq u in a y tra b a ja d o r. El d escu ­
Propósitos y con un recto conocim iento brim ien to , la adopción y la aplicación
tie los principios sociales cristian o s, a de la m áq u in a rep re se n ta n c ie rta m e n ­
apresurar la realización de la necesa- te u n a co n q uista del progreso h u m ano.
" a arm onía que debe rein ar en tre las Pero este grandioso fen ó m en o incluye
diversas clases sociales, y que debe f u n ­ en si un lado n eg a tiv o , en c u a n to que
darse en los p o stu lad o s de la ju stic ia los procesos p ro d u c tiv o s, p o r su e n g ra ­
y de la fra te rn id a d cristian as. naje en u n a sucesión de fases casi siem -
Por lo ta n to , p ueden recordarse aquí • [G rupos (técnicos o asociados) de
"'lím en te algunas de las enseñanzas de obreros.]
ore idénticas, am enazan con hacer per­ b ajad o r asalariad o y el em presario son
der al trabajo todo aliento de h u m an i­ igualm ente su jeto s, no o b jeto s, de la
dad para reducirlo a un sim ple m o ­ econom ía de un pueblo. No se tr a ta de
vim iento m ecánico. negar e sta p a rid a d ; éste es un princi­
De aquí la necesidad de estu d iar pio que la p o lítica social h a hecho pre­
m edidas particulares allí donde la m á­ valecer y a y que u n a p o lítica organi­
quina puede aum entar el paro; la zada en un plano profesional todavía
necesidad de ofrecer al trabajador una haría v aler con m a y o r eficacia. Pero
instrucción profesional adecuada que n ad a hay en las relaciones del derecho
le haga consciente de la específica co n ­ privado, ta l como las regula el simple
tribución que aporta al bien producido con trato de salario, que esté en con­
(v a este respecto, merece un recono­ tradicción con aq u ella p a rid a d funda­
cimiento la acción de las autoridades m ental. La p ru d en cia de N uestro pre­
públicas por la institución y el incre­ decesor Pío X I lo h a m o strado clara­
mento de los cursos de calificación pro­ m ente en la encíclica Quadragesimo
fesional); de tender a mejorar la co n ­ anno; y, en consecuencia, él niega—en
ciencia moral y el sentido social, para ella— la necesidad in trín seca de mode­
que se persuada de que su trabajo res­ lar el c o n tra to de tra b a jo sobre el con­
ponde tam bién a un servicio hacia el tra to de sociedad»1.
prójimo; y especialm ente de reforzar E stric ta m e n te , pues, no se d a un ver­
el sentim iento religioso para que el tra­ dadero derecho del obrero a la codirec-
bajador considere su obra com o una ción. Pero esto no v ed a a los em presa­
colaboración a la acción creadora y rios el que h agan p a rtic ip a r en ella a
redentora de D ios y, por lo ta n to , los obreros, en cu alquier fo rm a y me­
como un medio para el propio p erfec­ dida, como no im pide el E sta d o con­
cionamiento espiritual. ferir al tra b a jo la fa c u lta d de hacer oír
su voz en la gestión de ciertas empre­
4. El Padre Santo Pió X II se ha sas y en determ inados casos, en que el
r . f e n d o en muchas ocasiones a la po- poder excesivo del ca p ita l anónimo,
''■c.. r. jurisdiccional de las m aestranzas abandonado a sí m ism o, d a ñ a manifies­
‘-'j empresas, precisando lo que en- tam ente a la com unidad. Y en el radio-
‘ 3 e n la esfera del derecho natural y mensaje de 1 de septiem bre de 1944,
lo qi¡‘- forma parte d e las aspiraciones el A ugusto Pontífice en señ ab a que «en
oe !as clases trabajadoras, y que p u e­ la agricultura, en las a rtes y en los ofi­
de, por lo tanto, ser perseguido com o cios, en el comercio y en la industria,
un Ideas y con medios lícitos. A dver­ hay que g ara n tiz ar y prom over la
tía, e n efecto, el Santo Padre que: «un pequeña y la m ediana propiedad; las
peligro similar se presenta igu alm en te Uniones co operativas deben asegurar­
cuando se exige que los asalariados per- les los beneficios de la g ran empresa;
H i? C J|enl eS u Un,a em Presa tengan en y allí donde la gran em presa se mani­
cá c h l f t 0 “ gestión econ óm i­ fiesta aun hoy m ayorm ente producti­
ca ilh ° Cuand0 el ejercicio de va, ha de ofrecerse la posibilidad de
«.t Jer^cho su pone, en realidad dp
m oderar el co n trato de tra b a jo me­
S d i r l S a l ÍndÍreCt° ’ orSan¡zácio- diante un co n tra to de sociedad».
Pen? n m ? rgen de la emPresa.
trahaín ,naturaleza del contrato de 5. Pero Su Santidad* ha llamad»
trabajo ni la naturaleza de la em nresa
c o n paternal insistencia la atención *o-
e s t aclase.
esta r c í a sEs
e ■incontestable
mÍSrnaS " " derechl» (le
q „ , el tra
bre las p ro fu n d as m odificaciones que posibles y se h a b rá n fa c ilita d o a q u e ­
se han de realizar p a ra que se h u m an i­ llas in n ovaciones que, en u n m o m e n to
cen y vivifiquen las relaciones e n tre d ad o , p u ed an co n sen tir o e x ig ir la
obreros y dirig en tes en lo in te rio r de c ap acid ad profesional y el s e n tid o d e
las em presas. E n efecto, Su S a n tid a d resp o n sab ilidad de los tr a b a ja d o re s , la
se expresab a así, dirigiendo su p a la b ra a g u d a y a c tiv a sensibilidad d e los em ­
a los em presarios cristianos: «Este de­ p resario s y las exigencias del bien
ber, este ideal, os hem os dicho, es el com ún.
ejercicio pleno, elevado, cristian o , de
vuestra em presa, p en etrad o p o r sen ti­ 6. F in alm en te, es clara la d o c trin a
mientos h u m an o s en la m ás am p lia de la Iglesia sobre la relación e n tr e la
acepción de la p a la b ra . E s necesario em presa y el E sta d o . Si la concepción
que este sentido p en etre, com o la g o ta llam ad a liberal se ap o y a sobre d iv e r­
de aceite en el en g ran aje, p o r todos sos principios equivocados, no m enos
los m iem bros, p o r los órganos todos equiv o cad a y peligrosa es la d o c trin a
de la em presa, p o r los jefes, colabora­ que a trib u y e al E stad o u n a plan ifica­
dores, em pleados, tra b a ja d o re s de to ­ ción in teg ral del m undo económ ico,
dos los grados, desde el a rte sa n o y des­ au n q u e no fu era sino p o rq u e de ella
de el obrero m ás especializado h a sta se sigue la com presión y la supresión
el peón m ás m odesto. de fu n d a m e n ta les derechos hum an o s:
Si se m ultip licaren , uniéndose a vos­ «Que e sta esclav itu d , como sa b ia m e n te
otros, u n a después de o tra , las em pre­ se ex p resab a Su S an tid ad , pro v en g a
sas efectivam en te p e n e tra d a s p o r el del predom inio del cap ital p riv ad o o
verdadero sentido h um ano; si llegaren del pod er del E sta d o , es lo m ism o en
a ser como o tra s ta n ta s grandes fam i­ cu an to a los efectos; m ás aú n , b ajo la
lias, y si, no co n te n ta s con su v ida presión del E stad o , que lo dom ina to d o
privada c o m o e n vaso cerrado, se unie­ y regula el cam po en tero de la v id a
ren entre sí, to d a s ju n ta s ten d erían a p ública y p riv a d a, invadiendo h a s ta el
formar u n a sociedad fu erte y feliz. terren o de las ideas, de las conviccio­
Vosotros... cam ináis por el único ca­ nes y de la conciencia, e sta fa lta de li­
mino seguro, aquel que tien d e a an i­ b e rta d puede te n er consecuencias aú n
d a r las relaciones personales con sen­ m ás graves, según lo m an ifiesta y lo
timientos de fra te rn id a d cristian a; ca­ a te stig u a la experiencia»J.
mino que puede abrirse p o r to d as p a r­ E l m undo económico es, en p rim e r
tes y que circula am pliam en te por el lugar, creación de la v o lu n ta d libre de
Plano de la em presa. E sta v u e stra in­ los hom bres; al E stado le corresponde,
tención os h a rá ingeniosos y hábiles pues, crear las condiciones que co n ­
Para lograr que la dignidad personal del sien tan a la in iciativa p riv a d a el d es­
“ abajador, lejos de perderse en el orde­ arrollarse d en tro de los lím ites del o r­
namiento general de la em presa mis- den m oral y del bien colectivo.
ni;i> la conduzca hacia u n a m ay o r efi-
no sólo m aterialm en te, sino tam - 7. Por ello, la Iglesia h a v isto siem ­
Mcn' y sobre todo, procurándole los va- pre con benevolencia y h a ale n tad o
()1es de una v erd ad era com unidad» * aquellas form as de em p resa en que en ­
Una vez tran sfo rm ad a la atm ó sfeia c u en tra posibilidades de revelarse y
" lo in terio r de las em presas, se h arán desarrollarse la in ic ia tiv a personal de
todos cu an to s en aquélla desarro llan
Disc. de Pío X II a la uced , 31
enero 1952. • Mensaje de N avidad de 1942.
su actividad: tales son, por ejem p lo , dadores y p restad o res del tra b a jo , los
la em presa de artesanado, la em p resa hom bres vienen obligados a v e r y re­
agrícola de dim ensiones fam iliares, la conocer aquella u n id ad m ás a lta que
empresa coop erativa*. Pero la Iglesia une en tre sí a to dos c u a n to s colabo­
sostiene tam bién que al recto orden ran en la producción, esto es, su unión
puede convenir que la em presa de y su solidaridad en la obligación de
grandes dim ensiones— cuando no o b s­ proveer, ju n to s y estab lem en te, al bien
ten razones evid en tes del bien com ú n — com ún y a las exigencias de to d a la
permanezca en el ám bito de la in icia ­ com unidad. ¡Que esta so lid arid ad se
tiva p r i v a d a E s t o podrá obtenerse extien d a a todos los ram os de la pro­
tanto mas cuanto los responsables de ducción, que se c o n v ie rta en el funda­
dichas empresas conozcan m ejor sus m ento de u n m ejo r orden económico,
derechos y deberes, así para con la co­ de u n a san a y ju s ta econom ía, y que
munidad civil como para con sus obre­ abra a las clases tra b a ja d o ra s el ca-'
ros, y cuanto las clases trabajadoras, al m ino p a ra a d q u irir con honor su par­
hacerse más conscientes de los asp ectos te de p ropia resp o n sab ilid ad en la di­
negativos del supercapitalism o del E s­ rección de la econom ía nacional! De
tado. sean cada vez m ás ad m itid as a esta suerte, y gracias a esa arm oniosa
asumir su propia responsabilidad en el coordenación y cooperación, a esa más
ciclo de !a econom ía nacional, en la íntim a unión del tra b a jo con los de­
vida profesional y en los m ism os orga­ más factores de la v id a económica,
nismos productores. Y Su San tid ad , en el tra b a ja d o r llegará a en c o n tra r en
el discurso del 11 de marzo de 1945, su activ id ad u n a gan an cia tra n q u ila y
subrayaba que a tal solución co n tri­ suficiente p a ra su propio su sten ta­
buiría el recto concepto de la ju sticia m iento y el de su fam ilia, u n a verda­
y el sentido operante de la fraternidad dera satisfacción de su esp íritu y un
cristiana: «Ha llegado y a el tiem po de poderoso estím ulo hacia su perfeccio­
aDantíonar las frases huecas y de pen­ namiento».
sar con la Q uadragesimo armo en una
nueva organización de las fuerzas pro­ El Padre Santo, al form ar los mejores vo­
ductoras del pueblo. Quiere esto decir tos para que la Sem ana Social sea fecunda
que, por encima de la distinción entre en resultados, con ánim o p atern al envia a
Vuestra Excelencia Reverendísim a, a los
R adiom ensaje del 1 sept. 19 4 4 . promotores y a los participantes todos, la
confortadora Bendición Apostólica, implo­
Disc. de Su S an tid ad a la u n ia pa c . rada como prenda de gracias y luces celes­
1 m ayo 1949.
tiales.
C II1 *

P IO X II

ACCIDENTES EN EL TRABAJO
D. 3 abril 1955

SU P E R V IS IO N : LO S " M O T I V O S ” H U M A N O S

l a co g ero s aquí, Señores que par­ todos los responsables en m ateria de segu ri­
A ticipáis en el Prim er Congreso
Mundial de Previsión de los Acciden­
dad e higiene del trab ajo . P ero c a d a vez
ap arece m ás claro cóm o im p orta e v it a r la
dispersión de !as fuerzas, m an co m u n ar el
tes del T ra b a jo , Nos trasladam os en fruto de las experiencias y las investigaciones
llevadas a cabo en los distintos fren tes, co o r­
espíritu al mes de noviem bre del año dinar !as iniciativas en el plan intern acion al
pasado, cuando tuvim os el placer de más v asto. Y ésta es la finalidad d e este
recibir en Castelgandolfo a los m iem ­ Congreso Mundial, que invita a sus reuniones
a los representantes de los organism os de
bros del Consejo de A dm inistración previsión de los E stad o s m iem bros de la
de la Organización Internacional del O rganización Internacional del T rab ajo .
Trabajo.
Felicitábam os entonces v iv am en te a este 3. E n tre los tem as de ponencias y
organismo por haber contribuido en gran
medida al desarrollo de la legislación social de discusiones que habéis inscrito en
en muchos países, y por dedicarse con ard or vuestro program a, Nos observam os
al estudio de los problem as actuales su scita­ particularm ente el estudio de la ta rea
dos por las relaciones en tre em presarios y
obreros. Uno de estos problem as, debido al y del funcionam iento de los com ités
desarrollo continuo del m aqum ism o, es el de seguridad, las exigencias que p la n ­
del aum ento del núm ero de accidentes del tea a los constructores la seguridad
trabajo, singularm ente agudizado después
de ¡a ú ltim a guerra. P a ra afro n tarlo , el de las m áquinas, la influencia de los
«Ente Nazionale di Prevenzione degli Infor- factores humanos y especialm ente de
tuni sul lavoro», con la colaboración del la selección y form ación profesionales,
«Bureau In ternational du T rav ail», os ha
invitado a este Congreso. M uy reconocido al los problem as de colaboración in ter­
homenaje que habéis querido trib u tarn o s, nacional en m ateria de seguridad.
aprovecham os gustoso esta ocasión para diri­ Tem as muy generales, sin duda, pero
giros N uestra m ás sincera felicitación y
Nuestras p alabras de aliento. que reclam an soluciones particu lares y
que tenían que ser abordados en este
2 - H ace y a algunos decenios que-la lucha Prim er Congreso Mundial.
contra los accidentes del tra b ajo se prosigue
c°n energía g racias a organism os técnicos
especializados. En ello puede verse una de
'as consecuencias m ás felices del impulso *peligros»
que en el siglo últim o le dieron, co n stan te­
mente au m en tad o desde entonces, tan to s
nombres generosos, preocupados por m ejorar Sin perder de v ista el papel de los
a .condición m aterial y m oral de los t r a ­ factores técnicos en la previsión de los
bajadores, y cuyos esfuerzos fueron sosteni-
oos y orientados por N uestros predecesores accidentes del tr a b a jo , factores ta n
Leon X I I I y pfo X I con sus E ncíclicas diversos según las ind ustrias, convenía
«'C'ales. Se han creado im portantes asociá­ poner muy de relieve un aspecto m ás
ro n o s que, m uchas veces con el apoyo de
os poderes públicos, se dedican a estim ular delicado, la intervención de los m o ti­
acción de los sabios, de los técnicos y de vos hum anos. L a lucha que llev áis a
cabo prolonga, en efecto, el esfuerzo fren tarlu c o n tra quienes m enospreciar
infatigable que el hombre realiza ya su dignidad personal. ¿Cómo podriar
desde el comienzo de la historia para su b sistir el in terés que cad a uno pon<
dominar la m ateria, sus resistencias en su ta re a y la conciencia profesional
ciegas, sus reacciones dcsc m eertantes que le m ueve a desem p eñ arla con per­
y a veces repentinas y terribles, para fección, m ien tras pese sin cesar ia
quien intenta encerrarla cada vez más am enaza de un accidente que privaría
en la red de sus inventos. Toda obra al individuo y a su fam ilia del salario
humana lleva consigo cierto peligro, de que depende su su ste n to m aterial?
físico, económico o moral; se puede y Aun desde el sim ple plan económico,
hasta >e debe aceptarlo, siempre que estas razones b a sta ría n ya p a ra sus-
no traspase los limites señalados por la citar en los em presarios la v o lu n ta d de
prudencia. Por lo demás, el hombre asegurar a sus obreros condiciones sa ­
encuentra en esta especie de desafio tisfactorias de seguridad y de higiene.
un potente estimulo psicológico. Mas
de otra parte nadie puede comprome­
ter, sin una razón grave, su salud o la «plan de conjunto»
de sus semejantes, exponer su vida o
la del prójimo. Y, sin embargo, ¿cuán­ 5. E n tre los m edios de orden gene­
tas imprudencias, cuántas negligencias ral usados p a ra este efecto, cierto es
culpables, cuántos riesgos deliberada­ que la selección y la preparación pro­
mente aumentados no lleva consigo fesional, así como el perfeccionam iento
aun el solo deseo de evitar las cargas de la m ano de obra, ocupan un lugar
económicas y los sacrificios materiales capital. Ese hecho surge claram en te del
que supone toda aplicación de las me­ aum ento en la frecuencia de los acci­
didas de protección? La pendiente de dentes en tre los obreros emigrado»,
la facilidad juega aquí en el mismo ocupados en tra b a jo s in d u striales, para
sentido para todos: por evitar pérdidas los que no están p rep arad o s por un
de tiempo y para acrecentar la pro­ largo aprendizaje, ni tam poco por una
ducción y el beneficio, o simplemente tradición fam iliar o regional. Conside­
para ahorrarse un esfuerzo psicológico rada desde este p u n to de v ista , la
desagradable, se afloja toda vigilancia cuestión se presen ta con una extensión
se omiten las precauciones, aun a veces’ muy am plia y denuncia uno de sus
’n mas elementales.
caracteres típicos: los problem as espe­
cíficos de la previsión de los acciden-
t»:s del tra b a jo no en c o n tra rán solu­
*disposiciones subjetivas» ción com pleta sino cuando se les sitúe
en un plan de conjunto, que deberá
4. Mas si se considera la evolución
tener m uy en cu en ta los aspectos todos
y SÍ,SC P,en» S de la vida del tra b a ja d o r y que deberá
U u t n is r ^ rtn 'r a n sin ‘« '« c u it a d dar satisfacción a todas sus aspiracio­
s S n Ía n t? 1 y 13 UlÍIÍdatl de nes legítim as. Asi es como se facilitará
_eX J " fc*,uerzo- Actualmente ya la aplicación de m edidas de orden
de las d'i'nnef! - ela desubjetivas
las disposiciones il,itio la í>n
P a r*
»i técnico y producirá resultados seguro»,
rendimiento del trabajador ¿ d e s e o que no íograria% »n modo alguno ni la
coacción ni otros m edios externos de
persuasión.
CIV*

P IO X II

AHORRO: SU MISION
D. 16 mayo 1955

AL "IN S T IT U T O INTERNACIONAL DEL AHORRO

soluciones muy variadas. Muchos fac­


tores entran en juego en estas determ i­
u n a de las señales naciones, que os corresponde estudiar
No m ás es acaso
m an ifiestas de la pro sp eri­ con cuidado para evitar errores que
dad de u n a nación y de su a rd o r p a ra dañarían a la confianza de los deposi­
el trab a jo el éxito de sus C ajas de tarios o perjudicarían a la finalidad
Ahorro y el volum en de las operacio­ propia de la institución.
nes que llevan a cabo? La C aja de
Ahorro asum e en cierto m odo la f u n ­ 3. Sin duda que, al otorgar crédito
ción de enlace en tre , de u n a p a rte , al Estado, a las grandes sociedades
los pequeños poseedores que, m ed ian te industriales o financieras, las Cajas de
el cotidiano tra b a jo au stero y perse­ Ahorro contribuyen am pliam ente al
v e r a n t e , se han form ad o un m odesto bien común; pero fundadas para ayu ­
c a p i ta l, y, de la o tra , el E stad o , las so­ dar a las clases trabajadoras, tienen
c ie d a d e s financieras, l a s em presas que también que preocuparse, ai seleccio­
tie n e n necesidad, p a ra cum p lir su m i­ nar sus «colocaciones», del p r o v e cí»
sión económ ica, de cap itales m ás o directo que de ellas lograrán los que
m e n o s considerables. La preocupación han ahorrado. Continúen, pues, ellas
dom inante de quien posee alg u n as eco­ más aún que en lo pasado sosteniendo
n o m í a s será n a tu ra lm e n te sa lv a g u a r­ y anim ando las diversas form as de
darlas; m as, al co ntrario, lo q u e interesa crédito agrario y profesional, las coope­
<il p a ís es poder em plear p a ra fines de rativas, las sociedades de crédito para
interés general los recursos acum ulados la construcción de viviendas, asi com o
por los p articu lares, pero dem asiado todas las instituciones destinadas a
dispersos para poder ser in m ed iatam en ­ promover la iniciativa de ios particu­
te utilizables. La C aja de A horro se e n ­ lares o de las pequeñas em presas, pro­
c a rg a r á precisam ente de recoger ese curándoles las materias primas o la m a­
din er o, colocarlo con pruden cia, con quinaría que necesitan, para perm itir­
m áxim um de g a ra n tía s, re trib u ir les así aumentar el rendim iento de su
;i1 propietario y asegurarle cuando de­ actividad. De esta suerte se realizará
seare la restitu ció n de su depósito. la colaboración fecunda del capital y
del trabajo en beneficio inm ediato de
U na p ro p ag an d a in telig en te y el los misinos trabajadores. La com uni­
'Prendizaje del ahorro desde la edad dad nacional se enriquecerá con ei
escolar aseguran eficazm ente la reco­ aumento de la producción y con un
cida de fondos; pero la u tiliia c ió n de aprcciable aprovecham iento de todas
l(,s capitales así logrados, co n stitu y e sus fuerzas sanas.
mi problem a delicado, susceptible de
CV-CVI*

PIO XII

OBREROS” —- " A R T E S A N O S ”
Cs. 8 y 19 mayo 1955

A LA FED. INT. DE MOV. OBR.” — "FAMILIA


KOLPINGUIANA”
cv
especial atención Nuestrarem unerado, pues no h a y d u d a de que
H el
a d esperta d o
saber, por vuestra carta del 30 de tal p anoram a, com parado con los tiem ­
abril, que la •Fédération Internationale des
Vlouvements Ouvriérs chrétiens» quiere orga­ pos de la encíclica R erum novarum es
nizar en Dusseldorf un congreso internacio­ mucho m ás com plejo y diferente. La
nal, el primero dtspues de la segunda guerra razón de ello es, como sabéis, ante
mundial.
No menos que Nuestro predecesor Pió XI, todo, la diferencia del desarrollo eco­
de v. m., aplaudimos la labor de las asocia­ nómico de los diversos países, p a rticu ­
ciones nacionales católicas de obreros en el larm ente en el cam po in d u strial, pero
plano internacional. No deseamos otra cosa
sino que el congreso de Dusseldorf conduzca tam bién en el agrario. L a asociación
a una conciencia más viva y más universal internacional puede, pues, contribuir
sobre la necesidad y utilidad de esta cola- a esclarecer aquella visión por el in ter­
Ixiracíon.
cambio de com unicaciones y p o r sus
2. La unión internacional en los propios estudios y servir tam b ién de
diferentes sectores está tom ando pro­ esta m anera a la Iglesia, cu y a doctrina
porciones cada vez mayores, ya por social no sólo o rie n ta perm an en tem en ­
•.mcnlso de los Gobiernos, ya por ini­ te la actuación p ráctica, sino que a su
ciativas pri -adas. Aun el que creyere vez recibe su orientación de la práctica.
observar, no sin razón, en este ámbito Y no de otro m odo sucede en lo que
el peligro de un predominio excesivo a la cura de alm as se refiere, en el
de ia organización, habrá de procurar correr de los tiem pos.
siempre que la influencia del pensa­
miento y de la actuación cristianos sea 3. La necesidad de que habláis en
lo más intensa posible. Ved, pues, en vuestra carta, de p ensar en la masa
esto un problema que necesariamente trab ajad o ra de los pueblos incluidos
ha de solucionarse y que, en bien de la entre los insuficientem ente desarrolla*
Iglesia y del cristiano pueblo tra b a ja ­ dos, es p a te n te así en la actualidad
dor, directa o indirectamente, habrán como p ara lo fu tu ro . V uestra labor in­
de considerar los gremios en sus deci­ ternacional os pondrá en condicione*
siones—oficiales o extraoficiales—in­ de actu ar eficazm ente allí donde la
ternacionales.
causa de los obreros católicos sea m e­
A esto se añade que sólo por la nospreciada o sea objeto de planes
colaboración internacional de las aso- anticristianos. No p lis a m o s ta n solo
aaciones catóHcas de trabajadores es en la ayuda m aterial, sino tam bién en
posible obtener una visión exacta de la preparación de fuerzas dirigentes
a s|t|Jación y necesidades del cristia­ capacitadas, en el asesoram lento de
no o del católico dedicado al trabajo
los Obispos y en la preparación de
sacerdotes y seglares en aquello* p a í­ círculos del pueblo tr a b a ja d o r católico
ses. D eseam os p recisam en te p a ra estos s u rja u n a línea p a ra c o n fig u ra r el E s­
vuestros esfuerzos la a y u d a de la d i­ ta d o y la sociedad. L a ju s tic ia y el
vina P ro v id en cia q u e facilite v u estro a m o r en las relaciones p e rso n a le s su ­
trabajo y to d o s los p ro b lem as conexos, fren en casi to d a s p a rte s, p o rq u e , p re ­
y lo lleve a feliz térm in o . cisam ente en nom bre de la ju s tic ia y
Cuando v u e stra s asociaciones in te r­ del a m o r se ha edificado en falso d e ­
nacionales no fu e ra n p re c isa m e n te u n a m asiad as veces. E sto no re sp o n d e a
necesidad, serían siem pre, p o r lo me­ la d o c trin a social de la Iglesia. L a
nos, de g ran utilidad. L a visión de un conciencia y la resp o n sab ilid ad p e r­
«obrerismo» católico unido en el cam ­ sonal no deben perderse p o r la o rg a ­
po in tern acio n al p o d rá a tr a e r y «espi­ nización; los círculos m ás p eq u eñ o s
ritualizar», en p rim e r lugar, a v u e stra deben m an ten erse o volver a crearse;
ju ventud. De no pocos p aíses se reci­ h a y q u e v o lver a d e sp e rta r, desde a b a ­
ben qu ejas de que los jóvenes, preci­ jo, el sen tid o de resp o n sab ilid ad de
sam ente u n a vez q u e se h allan en los h om bres p o r sus fines com unes.
cierto m odo aseg u rad o s sus m ás a n ­ De e s ta m an era el E sta d o p o d rá co n ­
gustiosos pro b lem as personales, sin ­ ta r con ciu dadanos q u e sep an h a c e r
gularm ente los de tip o m aterial, no buen uso de su v o to y con represen­
atienden a los p ro b lem as y n ecesida­ ta n te s del pueblo que no sean coreo
des de la co m u n id ad . Y a u n se m a n ­ cañas m ov id as p o r v ien to s de intereses
tienen alejados de éstos. Y, sin e m b a r­ m om en tán eo s y egoístas.
go, no puede a d m itirse q u e sean in a­ Si con v u e stra asociación in te rn a ­
bordables; y m enos ah o ra, cu an d o son cional a v an záis unidos en e s ta d ire c­
una realidad los anhelos, ta n to tiem p o ción, la iglesia y la sociedad h u m a n a
acariciados p o r el elem ento obrero, de h a b rá n g an ado m ucho con ello. T ra ­
contar con p ro p ias asociaciones. ¡Que bajáis, pues, según un pro g ram a p rá c ­
vuestra A sociación In tern acio n al a n i­ tico o rien tad o hacia u n a div in a o rd e ­
me el celo de los jóvenes obreros por nación y no en la línea de u n m a te ria ­
la causa cató lica y p o r su irradiación lista h um anism o o socialism o alguno,
en todos los órdenes de la existencia; c u alq u iera q ue sea su nom bre o disfraz.
que encu en tre cam inos y m edios p a ra
am pliar su h orizonte espiritual! Invocam os para vuestra asam blea, p ara
sus trab ajo s y resoluciones el favor y ta gra­
cia de Dios, y otorgam os, en prenda de ello,
4. En v u e stra unión in tern acio n al a todos, muy de corazón, la suplicada Ben­
vemos la g a ra n tía de q u e en am plios dición Apostólica.
m

Jado estab ilid ad a la o b ra « leb rad a V en ponde de nuevo con un categórico no,
verd ad que ta n sólo la en caz v P a ra él la fam ilia c ristia n a , el estado
m ente rep etid a co n sid eració n re tro s p e c tiv a
y la profesión m o ralm en te valorados,
de los fines que el fu n d a d o r de u n a o b ra le
ía b u ena c a m a ra d e ría y la convivencia
ha im puesto p uede g a ra n tiz a r su v ita lid a d
y florecim iento. son los fu n d a m e n to s de la v id a social.
2. Ahora bien, el venerable funda­ La fam ilia, en p rim e r lugar; constitu­
dor de las asociaciones de artesanos ción y leyes, p o r m u y perfectas que
tundo su obra sobre dos consideracio­ sean, de n a d a sirven si la fam ilia se
nes. y como meta le impuso su reali­ debilita y fra ca sa. jC u án ta s veces ha
zación. La primera de ellas dice: La expresado esta idea A dolf Kolping! Su
religión v !a vida forman una unidad. creación «Gesellenverein», asociación de
A la separación de ambas ha contes­ artesanos, h abía de c o n stitu ir en gran­
tado Kolping con un categórico no. de y en pequeño, en su co n ju n to y en
Para él era indudable que la fe cris­ sus ram as, u n a fam ilia y p re p a ra r a
tiana había de impregnar plenamente los jóvenes p a ra p o d er ser fundadores
toda la existencia. Dondequiera que y padres de fam ilias n e ta m e n te cristia­
hubiese un abandonado de la sociedad, nas. E sta doble relación con la familia
la Iglesia era la prim era llam ada a fué esencial a su fu n d ació n y le h a de
recogerlo. Por voluntad de Cristo, dada perm anecer esencial. De lo contrario
la responsabilidad que sobre él pesaba no sería y a lo que A dolf K olping creó.
como sacerdote de Cristo, y en virtud
de su amor a Cristo reunió Kolping 3. La «Gesellenverein», la asocia­
a los muchachos vagabundos—abando­ ción de artesanos, no h a perdido actua­
nados a su suerte—en hogares de lidad: es hoy día casi m ás actúa! que
aprendices, a fin de reanudar la edu­ hace cien años. E n ella es de im portan­
cación cristiana del hogar, sólo inte- cia secundaria que el concepto de «Ge-
rrumoida, o para sustituirla por com­ selle», artesano, o «Meister», m aestro,
peto. allí donde no había existido. sufra cierta variación. De lo que se
Su »:*.! era siempre formar al hombre tra ta es de o tra cosa: que los hijos de
preparado para la vida y la profesión, Adolf K olping ten g an siem pre con­
maduro de carácter, católico a carta ciencia de que no co n stitu y e u n a de
cabal. Este fin no ha sufrido modifi­ ta n ta s asociaciones con un fin profa­
cación ni debilitación. La creación de no, sino, por lo contrario, que les está
Adoif Kolping permanecerá m ientras confiada u n a m isión religiosa y social
esa meta se mantenga viva ante los muy alta. L a convicción de que el
ojos, mientras en ella religión y vida cum plim iento de esta m isión es hoy
formen aquella unidad que en la mente todavía m ás difícil que hace cíen años,
del fundador dió origen a la asociación. sólo será un estím ulo, ta n to p a ra los
^ ,t st gu,nda cons'deración de la que directores espirituales como p a ra la
Adolf Kolping se dejó guiar, dice: la gran fam ilia de los artesan o s, a fin
familia es la célula primitiva y el mo­ de que en la consecución de tal ideal
delo de toda vida social. A un concepto pongan to d a su m ejor v o lu n tad . Si
ínm h que sól° ^conoce a oran como su padre Adolf KolpinjJ*
los hombres que forman la sociedad lo alcanzarán tam b ién h i n c ó n la gra­
Pn°dUCtürf y consumidores de cia de Dios.
bienes, que, por lo tanto, se agota en la
producción y el consumo y d e sv S ú a Que Dios le* depare en toda «u
Y atomiza toda vida de comunidad su favor y gracia. Hn prenda de ello i*1
a semejante concepto Kolping r¿ otorgamos a todos con especial benevoienei*
•a Bendición Apostólica.
CVII — CVIIJ*

PIO X II

BANCA Y ECONOMIA
Ds. 25 abril 1950 — 29 mayo 1955

FUNCION SOCIAL DE LA "BANCA"

CV»

consideración, ta n ta indiferencia, p o r­
NOSreunidos
ES P A R T I C U L A R M E N T E GRATO V e r h o y
aquf a dirigentes, empleados q ue no se tien e la v e rd a d e ra idea del
y obreros del Banco de Italia. V uestra ve­
nida, queridos hijos e hijas, adquiere un v a lo r c ristian o del tra b a jo o, al m e­
sello especial por el hecho de tener lugar nos, no es v e rd a d e ram e n te y a ta n
en la luz del Año Santo. Tal pensam iento v iv a en las alm as. El tra b a jo tie n e que
debe dar m ayor eficacia y fuerza a los salu­
dables impulsos y a los oportunos propósitos d a r al ho m b re y a su fam ilia el suficien­
que el Señor ciertam ente ha inspirado a te p a n co tid ian o . Y esto no es algo
cada una de vuestras alm as d u ran te los que viene a unírsele e x trín sec am en te ,
Ejercicios espirituales que habéis hecho como
preparación a la S anta Pascua. Y él mismo, sino que es in trín se ca m e n te propio deí
además, os dispondrá cada vez m ejor a tra b a jo m ism o profesional, según el
considerar vuestro trab ajo no en sentido
puram ente m aterialista, sino según su ver­ designio divino. ¿Se puede, p o r To ta n ­
dadera dignidad y su profundo valor. to , im a g in a r un m ás fu e rte estim ulo
El tra b a jo profesional es p a ra los p a ra u n a re c ta ordenación de la v id a
cristianos un serv ir a Dios. T al vez d ia ria que esta cristia n a concepción
para otros no sea sino un peso del que del tra b a jo ?
se huye cu an to es posible, o bien un
fin en sí m ism o, un idolo, del que se 3. El tra b a jo , adem ás, debe ser­
hace esclavo el hom bre. P a ra vosotros, v ir al bien general, debe m a n ife sta r el
no. A unque el tra b a jo profesional lle­ sen tid o de responsabilidad d e cad a
gara a ser, con el a n d a r del tiem po, uno en beneficio de todos. ¿Q uién po­
m onótono, o si, por obedecer a la ley d ría desconocer e sta fa c e ta en u n Ins­
de Dios, cargase como u n a fa tig a m o­ titu to com o el B anco de Ita lia ? Con­
f e ta y un pesado fard o , él, sin em ­ ciencia, h o nradez, e x a c titu d : e sta s cu a­
bargo, perm aneceria p a ra vosotros, lidades de todo buen tra b a jo son m u ­
cristianos sobre todo, como uno de los cho m ás inseparables del tra b a jo en­
medios m ás im p o rta n te s de sa n tific a ­
ten d id o como servicio de D ios, y es
ción, uno de los m odos m ás eficaces así como llegan a ser fru c tífe ra s para
Para a ju sta ro s a la v o lu n ta d divina el b ien estar de la co m u n id ad . Y ¿cómo
y m erecer el cielo. p odrá u n a a d m in istra c ió n , com o la
v u estra, ser una v e rd a d e ra com uni­
2. N ingún cristiano puede ver el dad y no so lam ente u n a sim ple coexis­
,r abajo de o tra m an era. P o r ello exis- tencia de p ersonas, sino en c u an to to ­
’1‘ boy ta n to d escontento, ta n ta in ­ dos, desde el p rim ero al últim o , sean
los dem ás? Por esto son m últiples lo¡
conscientes de trab ajar con cristiana servicios que la B anca puede prestar
fidelidad por el bien de todos los facilitar y estim u lar el ahorro; reser­
miembros del pueblo? varlo p a ra lo por venir, pero hacién­
N o os m a ra v illéis, a m a d o s h ijo s, si N o s dolo fructífero y a en lo presente; per­
in sistim o s sobre e ste a sp e cto so c ia l d e v u e s ­ m itir la p articip ació n en útiles em­
tra profesión, q u e d e b e in d u ciro s a e s t i­ presas que no se p o drían em prender
m arla, a am arla, a ejercitarla co n a s id u id a d
y conciencia.
sin su concurso; hacer fáciles, y a
veces aun sencillam ente posibles, la
4. En el Santo Evangelio, el divi­ regulación de las cu en tas, los cambios,
no Maestro no condena las riquezas el comercio en tre los p articu lares y
justamente adquiridas; El alaba o re­ entre los E stados; en u n a palabra,
prueba la conducta recta o inicua del toda la v id a económ ica de un pueblo;
hombre frente a ellas. Desgraciado establecer como un regulador que ayu­
quien se hace su esclavo, porque no de a vencer los períodos difíciles sin
se puede servir a dos señoresl. Des­ caer en la ruina. E stos, por lo demás,
graciado quien, engañado por ellas, no son sino algunos ejem plos entre
sofoca en su corazón la semilla de la otros m uchos. Pero, ¿no son ellos ya
palabra divina*. Desgraciado quien un poderoso im pulso, ta n to p a ra los
confia en ellas, sin preocuparse de 1a dirigentes que sienten pesar sobre sus
cuenta que de ellas debe dar a D io s3. espaldas la grave responsabilidad de
Desgraciado el mal rico, que no vive las resoluciones obligadas a tomarse,
sino para gozar, sin dirigir una m ira­ sobre todo en tiem pos de crisis, como
da de compasión al pobre Lázaro, que, p ara los em pleados, cuyo tra b a jo re­
lleno de llagas, yace delante de su puer­ clama u n a rigurosa atención que nada
ta Si, desgraciados todos ellos; pero debe venir a d istraer?
alaoanza y premio para el siervo bueno
v fiei. que ha hecho fructificar los ta ­ 5. Finalm ente, el tra b a jo de un
lentos recibidos; y, por lo contrario, hom bre que vive en gracia santifican­
reprobación y castigo para el siervo te debe m an ifestar la filiación de Dios
perezoso, que ha ocultado el dinero de como una fu en te so b re n atu ral de ener­
e u señor bajo tierra en vez de entre­ gía cotidiana y de cotidianos méritos
garlo -oí; -'jazi'-.'r.-. es decir, a los para el cielo y p a ra los v asto s y ele­
banqueros, y obtener así su corres­ vados fines del Reino del P adre. Así
pondiente interés5. es como la jo rn a d a del tra b a jo de un
Y la función social de la Banca, ¿no verdadero cristiano— exteriorm ente no
consiste, acaso, en poner el individuo distinta de las de otros hom bres y de­
en condiciones de hacer fructificar el dicada tam bién a las cosas de acá aba­
capital, aunque éste sea exiguo, en jo— está desde ahora sum ergida en la
vez de malgastarlo o dejarlo dorm ir eternidad. El tra b a ja d o r cristiano está
sin provecho alguno ni para sí ni para y tra b a ja con to d a su energía y volun­
tad en este m undo; pero vive del de
1 Cf. Luc. 16, 13.
allá y p ara el de a l^ i# h a sta la hora en
2 Cf. M at. 13, 22.
que plazca al Señor "llam ar a su siervo
* Cf. Luc. 12, 20.
fiel a la etern a paz.
‘ Cf. Luc. 16, 19.
1 M at. 25 , 20-30.
CVIH

í i i s d e s e a d o , queridos hijos,
ser reci­ ios d e p o sita n tes dei b an c o ; p e ro los
Ha hbidos en A udiencia especial d u ra n te bancos de N ápoles u tiliz a ro n la «letra
v u estra excursión a Rom a, y grande es N ues­
tra a le g r ía en acogeros y dirigiros unas pa­ libre* que, m ed ia n te el «giro», p o d ía
labras de aliento. tra n sm itirse au n a los no d e p o sita n te s;
El Banco de Nápoles representa p ara las
regiones m eridionales de Italia una In stitu ­
las «pólizas», que ex p resab an el m o tiv o
ción de crédito sum am ente im p o rtan te, rica del pago y el nom bre del re sp o n sa b le ,
en su historia cuatro veces secular, y que, se co n v ertían en docum entos c o n tra c ­
luego de haber prestado, en el curso de su
larga y fecunda actividad , innum erables ser­
tu ales q u e te n ía n el v a lo r de c a r ta d e
vicios a la nación, se ve encargado, desde pago. M erced a su co m odidad, así
hace algunos años, de contrib u ir con finan­ como a las g a ra n tía s que o frecían el
ciaciones prudentem ente distribuidas al res­ depósito b ancario y la indicación de
tablecimiento económico del M ediodía. Por
ello apreciam os particularm en te el tra b a jo las p ersonas interv en ien tes, a q u élla s
que c a d a uno de vosotros cum ple con expe­ su stitu y e ro n , con v e n ta ja , la m o neda
r im e n ta d a com petencia para asegurar la
m archa perfecta del gran organism o econó­ m etálica en circulación: co m erciantes
m ico a que pertenecéis. y p a rtic u la res preferían realizar p o r
este m edio su s pagos y m a n ten ía n así
2. No puede olvidarse que el Banco de
Nápoles fué en sus orígenes una piadosa ins­ la a c tiv id a d de los bancos nap o litan o s.
titución fundada en beneficio de la gente
pobre que le confiaba sus objetos como 4. En la actualidad y d u ran te estos ú lti­
prenda para obtener las m odestas sum as de mos años, el Banco de Nápoles se ha conver­
que se hallaba necesitada. La generosidad tido, en el M ediodía, en el órgano principal
de diversos nobles napolitanos perm itió a la del crédito y ocupa un puesto de prim er
Obra extender m uy pronto su acción y m ul­ orden en el esfuerzo considerable p a ra la
tiplicar sus benéficas intervenciones, dé suer­ solución de la cuestión meridional. Ju n to a
te q u e en el 1584 era declarada banco p ú ­ las secciones de crédito agrícola e inm ue­
blico. A im itación de este «Monte de la ble, el Banco creo en 1938 el « in stitu to p ara
Piedad* se abrieron otros bancos en la ciudad el Desarrollo económico de la Italia Meri­
de Nápoles que se aseguraron magnifico des­ dional», con la misión de procurar créditos
arrollo gracias a la prosperidad económica tem porales a las industrias y a los servicibs
del país y a la confianza que hablan sabido de pública utilidad en Italia m eridional y
merecer por su prudente adm inistración. en Cerdeña. Prim eros intentos éstos, q u e se
Pero, luego de haber sido llevados casi a la proponían mover la iniciativa privada p ara
ruina h a c ia fines del siglo x v m , por desdi­ que se em pleara más eficazmente en infu n d ir
ch ad as disposiciones del poder público, fue- una renovación de vida a la entorpecida eco­
'on sustituidos por un in stitu to bancario, nomía. D esgraciadam ente, los satisfactorios
en ca rg a d o de continuar el benéíico servicio éxitos prim eros viéronse Interrum pidos por
de lo s antiguos bancos, hasta que en 1863 la guerra; pero el Instituto volvió a em pren­
B a n c o d e Nápoles volvió a ten er, m ediante der su trab ajo en 1947, y en 1952 se le con­
¡a a u t o n o m ía , su verdadera función de esta­ fiaba la im portante misión de proveer el cré­
b le c im ie n to de crédito público, siendo lla­ dito a las regiones meridionales continentales
m ado a realizar en el Mediodía una p arte por cuenta de la «Caja p ara el Mediodía».
ese n c ia l de su impulso económico. D esde 1944, sim u ltá n ea m en te a las
disposiciones legales en fa v o r d e las
3. E n tre las c aracterísticas que en in d u strias d estru id as por la g u e rra en
jyto grado co n trib u y ero n al feliz éxito el M ediodía, se tra z a b a n las p rim e ras
oe los comienzos, debe señalarse un líneas de la sección de C rédito in d u s­
nuevo y n o tab le in stru m e n to de circu­ trial, ram ificada luego en tre s subsec-
ic ió n m onetaria, que m ás ta rd e hab ía ciones: la prim era, p a ra la re co n stru c­
ue prevalecer en G enova y en Venecia: ción indu strial; la seg u n d a, p a ra la
j'1 crédito fiduciario. Si los bancos p a r­ asistencia a las in d u stria s m ed ias y
a l a r e s de los com erciantes conocían pequeñas; la te rc era, p a ra so sten er las
y Practicaban la cu en ta corriente cou em presas m ás v a s ta s en c am in a d as a
p a rtid a de giro, e sta ú ltim a apre- favorecer «la indu strializació n del Me­
(-,3clón quedaba reservada ta n sólo a diodía». Y, al realizar esta o b ra, el
Banco se cuido no tan sólo de repartir verdadera y real necesidad no jus­
en los plazos más breves los fondos tificare.
que del Tesoro recibía, sino que mu­ Gozamos vivamente al pensar que
chas veces los anticipó y otorgó cré­ os entregáis con celo y empeño a ase­
ditos gracias a los medios logrados gurar el perfecto funcionamiento del
por la emisión de obligaciones. De­ «Depósito» y de sus diversas secciones.
manda ésta de capitales, a la que el Cada uno de los colaboradores es de
público respondió con premura, mos­ algún modo por igual responsable del
trando así una confianza muy firme éxito total. La integridad que, por en­
en la reputación del Banco. Mas, de cima de toda sospecha, debe cualifi­
otra parte, el esfuerzo de éste no quedó car el ejercicio de vuestra profesión,
sin eco: la afluencia de medios finan­ no es una virtud fácil; en el clima de
cieros, que él aportaba, suscitó la emu­ materialismo de la sociedad contem­
lación de los particulares y les indujo poránea es necesaria a los que mane­
a aportaciones de un valor sensible­ jan dinero una alta conciencia de su
mente iguales a las del Banco. La responsabilidad, un espíritu de recti­
Organización Bancaria intervino, ade­ tud profundamente arraigado para
más, a fin de prolongar la ayuda pres­ liberarse de las tentaciones que os
tada por la Sección de Crédito Indus­ pueden venir tanto de vosotros mis­
trial y proveer a las necesidades de la mos como del exterior. Pero encontra­
gestión de las empresas. réis ayuda y firmeza en la conforta­
dora convicción de la importancia
5. Este rápido esbozo basta ya social de vuestras funciones y de los
para demostrar cómo el Banco de Ná- numerosos beneficios que de ellas le
poles apoya el esfuerzo de recuperación vienen a la comunidad nacional. Nos
de las regiones meridionales. Para ase­ atrevemos a creer que vosotros pen­
gurar su buen éxito, no basta cierta­ sáis, tal vez, en los momentos en que
mente disponer de abundantes capi­ el trabajo se hace más agobiador, en
tales; precisa también saberles utilizar la parábola con que el Redentor divino
con prudencia, conforme a las indi­ ilustra la recompensa del buen admi­
caciones de una política de financia­ nistrador: pues que jjl se ha mostrado
ción sana y clarividente, fiel a no fiel en lo poco, bs trejuí cómo el Señor se
favorecer el interés de los particulares apresta a cbjrííarle mayores encargos
con daño del bien común. Una Insti­
D ígnese el E s p íritu S anto, al que la Iglesia
tución, como la vuestra, es, en efecto, invoca en m a n e ra m ás especial d u ra n te este
como el alma de una economía que tie m p o litúrgico, in fu n d ir en v u e stro s á n i­
renace; es el gerente cualificado de los m os el deseo, y el gusto de los v e rd a d e ro s
bienes; es d ecir, de aquellos q u e ni los arto s
capitales que maneja: y Nos sabemos ni la m a la v o lu n ta d de los h o m b re s son c a p a ­
cómo se esfuerza por conservar, entre ces de d e s tru ir, y os c onceda el p rem io de
los diversos sectores en que interviene, v u e stro d iligente tra b a jo . Q u ie ra D ios ase­
g u ra r ta m b ié n el fru to de v u e stra o b ra con
un equilibrio que será factor de pro­ el re n a cim ien to te m p o ra l, y m ás aún el espi*
greso. Es necesario evitar que el cami­ ritu a l, de las regiones del M ediodía, a Nos
no precipitado en una dirección deter­ ta n q u e rid a s. C on ta l confianza, y en p re n d a
de las m ás a b u n d a n te s gracias celestiales, os
minada tenga como consecuencia un d am o s d e todo c o razó n a v o sotros, a v u e stra s
dañoso estancamiento en otros cam­ fam ilias, a v u e stra s actividades, N u e stra
pos, o que algunas industrias resulten p a te rn a l B endición A postólica.
privilegiadas por motivos que mía
C IX *

RESPONSABILIDADES SINDICALES
CSE. 8 junio 1955

M ISION DEL " ONSILIARIO”

re c u e rd o d e la m e m o ra b le a u d ie n ­
al menos extidñas a las Aligaciones
E
l g ra to
c ia co n ced id a por el Sum o P o n tífice
en el p asad o m ay o a la C o n fed eració n dedel sagrado ministerio. Halíará, en
cambio, el modo de desenvolver útil­
C u ltiv a d o re s D irecto s, h ace m ás vivo el p a ­
mente su acción en el seno de la Con­
te rn o in te ré s d e Su S a n tid a d p o r el C o n g reso
N acional, q u e se c e le b ra rá en R o m a p o r los
C o nsiliario s E clesiásticos
federación, orientándola en el campo
D iocesanos de la
educativo y formativo de los diri­
m ism a C o n fe d erac ió n en los p ró x im o s días.
Es c ie rta m e n te gentes y de los miembros y, al mismo
co n so lad o r el hecho de
q ue la C o n fed eració n d e C u ltiv a d o re s D i­
tiempo, haciendo valer oportunamente
r ec to s , c o n fo rm e a las n o rm a s de sus E s ta ­
tu to s, se p ro p o n g a los principios del magisterio eclesiás­
d e sa rro lla r una acción
tico sobre ¡os problemas de la vida
s in d ic a l según a los p rin cip io s de la escuela
s o c ia l c ristia n a ; p re c isa m e n te a este esp íritu
cr i st ia n o
rural, principios que es preciso tener
q u e la In fo rm a d eb e a trib u irs e la
e x i g e n c ia siempre presentes, si se quiere contri­
d e la co lab o ració n del sacerd o te,
buir al desarrollo de una sociedad rural
c u y a p re sen c ia se ex tien d e y a a to d a la v a sta
r e d o rg a n iz a tiv a del M ovim iento.
pacífica, laboriosa, útil al bienestar
de la colectividad. Dependerá mucbo
2. Todo esto abre, sin duda algu­ de la prudencia, de la temperancia y
na, a la obra educadora del sacerdote
de la valentía cristiana con que él
un campo de trabajo muy rico en pro­ Consiliario eclesiástico ejercite estas
mesas; mas no conviene olvidar que sus funciones el que la población agrí­
'a entrada del sacerdote en la Confe­ cola sepa resistir los peligros a que
deración podría, por otra parte, cons­ hoy se halla expuesta, si consigue sal­
tituir fácilmente un peligro, si su acti­
vaguardar los valores inestimables de
vidad no se conformase a las estrictas sus tradiciones familiares, fuente prin­
vigencias de su misión apostólica. De cipal de su vigor físico y moral, y si
acN la necesidad del próximo Congre- consigue desplegar su acción sindical
sp para coordinar el trabajo de los Con­ cada vez más conforme a los intereses
siliarios eclesiásticos, determinar más de la comunidad y con el espíritu de
netamente sus límites y prevenir ino­ cristiana comprensión y colaboración
portunas extralimitaciones. en relación a las demás clases de tra­
. A este propósito, es de notar que bajadores.
j 51 el sacerdote no puede y no debe
gnorar los problemas de orden econó­ A I C o n siliario eclesiástico co rre sp o n d e, por
mico y social que angustian a la gente ello, tu te la r este c a rá c te r c ristia n o d e la
o rg an izació n , sin el cual el M ovim iento no
tampo, de otra parte no puede ni sólo p e rd e rla su e stre c h a un ió n , sino que
'¡niar iniciativas ni asumir responsa- d e ja rla d e re p re s e n ta r u n a precio sa re se rv a
de en erg ía s religiosas y e spirituales.
i'tdades de carácter sindical contin­
ente, que estarían en pugna o serian
ex *

HOMBRE" "EMPRESA"
D. 10 junio 1955

SENTIDO HU M A NO ” — ' RELACIONES SOCIALES”

vidades. Las riquezas n a tu ra le s de una


región, de un país, de un continente,
2. En el momento actual, cuando están d estin ad as no al exclusivo pro­
se comprende cada vez mejor la p re­ vecho de un núm ero reducido, sino al
ponderancia que los problemas socia­ m ejoram iento de las condiciones de
les deben lograr sobre los de la pura vida, las m ateriales prim ero, pero tam ­
economía, cuando con todo empeño se bién y sobre todo las m orales y espi­
tiende a promover las «relaciones hu­ rituales, de los grupos hum anos que
manas» en el seno de la empresa, nadie han de v iv ir gracias a la explotación
tiene derecho a encerrarse en la espe- de las riquezas del suelo. El carácter
cialización técnica o en los problemas m undial, cada vez m ás preponderante,
administrativos. Una sección de vues­ de la econom ía y los deberes que in­
tro Congreso se centra en la formación cum ben a las naciones privilegiadas
del personal, haciendo notar con m u­ para con las m enos favorecidas ten­
cha precisión que las preocupaciones drán su incidencia en el repartim iento
ae lo? dirigentes han de abarcar cada de los bienes producidos. P o r ello Nos
vp/ más a los hombres mismos que atrevem os a esperar, Señores, que las
les sirven de colaboradores. Im porta preocupaciones anejas a ta re a s tan
que éstos desarrollen en beneficio del im portantes como las v u e stras no os
empiesario todos los resortes de su im pidan enfocar bien esta cuestión
iniciativa. Pero a ello no se moverán, fu ndam ental, ineludiblem ente presente
sino cuando la empresa se preocupe, desde que los hom bres se reúnen para
ante todo, de responder a aquellas exi­ discutir problem as internacionales. Asi
gencias humanas que no se satisfacen contribuiréis inten sam en te a asegurar,
ni con un justo salario ni siquiera con por encim a de las conquistas e c o n ó m i­
la estimación obligada por la compe­ cas, las de u na elevación m oral de la
tencia profesional. hum anidad, que an te todo presupon?
la extinción de todo égoísmo individua1
3. Lo que es verdad sobre los indi­ o colectivo.
viduos, también vale para las colecti­
CXI*

ACCION SOCIAL, NO ODIO


D. 26 junio 1955

TIEMPOS MEJORES PARA EL " M U N D O DEL TRABAJO”

V ivorecuerdoestádeenu nNau estro


aún esp íritu el
g ran jo rn a d a ,
sím bolo de los tiem pos que nos p r e ­
p aram o s a vivir, y que no h a de ta r d a r
cuyo significado ca d a d ía ap arecerá el d ía en que, dom eñado el e rro r y
más claro a n te los ojos no sólo de los ap areciendo en to d a su precisión la
amigos, sino au n de los adversarios c ristia n a solución del pro b lem a social,
mismos del nom bre cristiano. será posible in iciar u n a v e rd a d e ra
C u a n d o , el prim ero de m ayo de este año, m arch a del reto rn o de los escuadrones
contemplábamos en la plaza de San Pedro a
150.000 obreros y obreras que con ardiente obreros h acia C risto Je sú s, único
en tu sia sm o confirm aban su fe en Jesucristo M aestro y d ivino Salvador.
y su plena confianza en la Iglesia, Nos vino
al pensamiento que algo nuevo flotaba en el
aire, to r n a d o para ellos m ás límpido y res- 2. Precisam ente en este am biente de rece­
pirable. Y de veras habla sucedido que el
losa pero confiada esperanza y de renovado
m undo de los m ás necesitados de defensa fervor se inaugura una Capilla en la estación
juríd ica y social, a m edida que adquiría de Términi; se ha querido que Jesú s, vivo y
una conciencia cada vez m ayor de su digni­ realm ente presente bajo las apariencias euca-
dad h u m a n a e iba viendo cómo paso a paso se rísticas, no sólo vele personalm ente v u estras
le reconocían m uchos de sus derechos, era, preocupaciones, dolores, esperanzas y ale­
sin e m b a rg o , objeto de una actuación enga­ grías, sino que esté cerca de cada uno de
ñosa y disgregadora por p arte de hombres vosotros en el tra b a jo , p ara hacer de éste
avezados a engañar con falsas prom esas a las un instrum ento de salvación y santificación.
alm as d e los trabajadores y em peñados en Os dam os, pues, N uestra cariñosa bien v e­
a p a rta rlo s de la práctica de la vida cristia- nida, am ados ferroviarios de Roma, a cu y a
na, h a s ta hacerles vacilar e n su m ism a fe. p ro n titu d e inteligencia y a cuyo e sp íritu
de generoso sacrificio está confiado el buen
A ctualm ente no fa lta n señales de funcionam iento de uno de los más im por­
up estado de cosas que tien d e a cam ­ tan tes servicios públicos.
biarse cada vez en m ejor y que, si a
ninguno consiente re ta rd a r el paso 3. iG rande es, en efecto, vuestro m undo
—mucho m enos detenerse o descan- de trabajo! En el «Servicio-Movimiento», des­
de el jefe de estación hasta el m an io b rista
s‘lr , alim en ta, sin em bargo, la espe- y el guardaagujas; en el «personal v iajan te» ,
1 anz*'i de que tiem pos m ejores aú n se desde el jefe de tren al revisor, co n d u cto r y
guardafreno; en el «Grtipo-Tracción», desde
preparan tam b ién p a ra el m undo del los m aquinistas a los fogoneros y a los obre­
/ah ajo . P or ello, cuando e sta m añ an a ros adscritos a la conservación y reparación
^ek'brabamos la sa n ta m isa, al leer de locom otoras y vagones; en el «Servicio
I. G. S.», desde el jefe técnico h asta los obre­
L>u el Evangelio cóm o la m u ltitu d se ros electricistas responsables de las lineas, de
'^ 'jip ab a (turbae irrucrent) en to rn o las subestaciones y de las instalaciones tele­
[v , us’ P a ra escuchar la p a la b ra de gráficas y telefónicas.
Difícil seria decir q u é p rep aració n técn ica
f , os\ se confirm aba en Nos la con­ y cu án ta escrupulosidad y p ro n titu d se re­
i z a de que dicha escena fu e ra el quiere en cada uno de vosotros; pero bien
fácil es im aginar los daños posibles por la
negligencia de u n o solo de to d o s los res pon-
sables—grandes y pequeños—del delicado v organizaciones, dirigidas a defender
complejo servició ferroviario. — bien que con pleno reconocim iento
Tal vez no piensen en esto los viajeros que
de v u estro s deberes— v u e stro s propios
¡lecan presurosos a la estación y toman su
puesto en el tren, llenos de confiada se­ derechos y a lograr que m ejoren vues­
guridad. tra s condiciones de v id a. M ás aún, pre­
.
En efecto; ¿que sucedería si no se obser­
cisam ente p orque la acción concorde de
varan los horarios, si las locomotoras y los
todos los grupos de la N ación es una
coches 110 resultaran eficientes, si los semá­
foros estuviesen maltrechos, si no funciona­
obligación cristian a, ninguno de ellos
ran bien los cambios eléctricos, si quedaran
debe llegar a ser v ic tim a de la arbi­
interrumpidas las lineas telegráficas y tele-
traried ad y de la opresión por parte
tónicas? Y ello, sin hablar del descontento
que >e apoderaría de los pasajeros, de exi­
de los dem ás. Asi, pues, obráis plena­
gencias v gustos los más variados y hasta
m ente conform e a la d o c trin a social
opuestos, si el ¡personal viajante» no cum­
de la Iglesia, cuando p o r todos los
pliera su deber con la premura y cortesía
necesarias. medios m oralm ente lícitos hacéis valer
No parece que en vuestro servicio ocurran
vuestros ju sto s derechos.
inconvenientes tales. Lo atestiguan, entre
los demas, los numerosos peregrinos que a Hemos dicho: por iodos los medios
Roma vienen y que encuentran en los ads­moralmente lícitos. No es necesario
critos a los diversos sectores toda posible
recordaros que los acto s de violencia,
asistencia y consideración. Amados hijos,
dejadnos creer que, además de vuestra par­
contrarios a la lib e rta d y bienes de
ticular competencia y vigilancia, veis en todo
los dem ás, ni siq uiera pueden tomarse
viajero un hermano en Cristo, que pertenece
a la gran familia humana. en consideración por los verdaderos
Y también vuestra fe, vuestra visible de­
cristianos. C uando, por lo ta n to , em­
voción filial hacia el Vicario del Redentor di­
plean éstos el po d er de sus organiza­
vino, figuran entre las señales preavisadoras
ciones p a ra llegar a la consecución de
—de las que al principio os hemos hablado—
Je que se está preparando una vida más se­
sus derechos, conviene que an tes usen
rena por la paz con Dios y por el amor fra­
ternal entre los hombres. los m edios convenientes p a ra obtener
una pacífica inteligencia. Concreta­
4. 1.") Sin embargo, si—también m ente, adem ás, es preciso reflexionar
■inte el espectáculo de vuestro gran­ si los resultados, a que se aspira, se
dioso escuadrón—saludamos con ale- hallan en razonable proporción con
.'■ld ‘reconquista* del mundo cris- el daño que se d eriv aría de u n a acción
•iano del trabajo, ello no disminuye de fuerza. E sto g rav a de m odo espe­
Nuestras preocupaciones. Porque la cial la responsabilidad de clases como
■cnstiandad* de una nación es una la vu estra, ferroviarios cristianos, cuya
parte del Cuerpo místico de Cristo; actividad, según y a hem os indicado,
y, doquier mueva el enemigo su a ta ­ tiene una función v ital p a ra la eco­
que, niere a todo el organismo. E sta nomía de to d a la N ación.
conciencia del peligro común para la
talia cristiana debe reforzar en vos­ 5. 2 .a) Sin em bargo, hay otro pe­
otros el propósito de colaborar con ligro: que tam b ién vosotros— como
odos ¡os hombres de buena voluntad tan to s de vuestros herm anos lejanos—
a fin de combatir el esoíritu ííp la limitéis al problem a de la vid a mate;
desunión , d,l < * , e„ T í í s m f.m '
L>ros del mismo pueblo rial v u estra atención, v u estras preocu­
paciones y vuestro consiguiente eiM*
Ciertamente que a ningún eruDo le
peño. En vosotros hay o tra vida, aqu i'
Ha que es la m ism a d u p lo s , infundio*
en v u e5stra
1 1 A dalm
lllla
d el U
día del
l¿1 U C l Ibautism o
Perder esta vida, descuidarla, no oc«'
S W S W tts g g parse de ie conservar la gracia habitu®
santificante, y consolarse con el p e n ­ resuelto el p ro b le m a social, mas no
sam iento, p o r ejem plo, de q u e se p e r­ de ta l su e rte , q u e , e n tr e tanto, las
manece fiel a u n a p o litic a c ristia n a , no alm as v a y a n a perd erse.
sería su ficien te y p o d ría co n d u cir a
una peligrosa ilusión. P o r lo ta n to , a n te 6. 3.*) A m ados h ijo s, u n a ú lti­
todo habéis de ser in tim a m e n te v e r­ m a p a la b ra a n te s de d e ja ro s y b en ­
daderos cristian o s; a d h e rirse a la polí­ deciros.
tica c ristia n a es, en to n ces, u n a conse­ B ueno, en v erd ad , es g o z a r la s v e n ­
cuencia n a tu ra l, q u e vien e com o de ta ja s y a o b ten id as, y ra z o n ab le es con­
por sí. A lgunos, ad em ás, no d u d an sid erar, con com placencia, el te rre n o
en creer y decir que no se p u ed e— m ás co n q u ista d o . T a n to más c u a n to que,
aún, que no se d eb e— p e n sa r en el al ven cer, no habéis q u erido el m al de
alma, m ie n tra s no se h u b iere pro v isto nadie y ten déis a c o n trib u ir a l bien
convenientem ente a las necesidades de todos. P ero ta m b ién es v e rd a d que
m ateriales del cuerpo. nad ie qu e, al poner su m ano en el
¿Es acaso éste el sen tid o de la arad o , v uelve a trá s su v ista , es digno
palabra e te rn a de Jesú s: D e qué sirve del reino de los cielos ‘. P en sad , am a­
al hombre ganar el m undo entero, si dos hijos, en los m uchos que a ú n e s tá n
pierde su a lm a ? 2. E s ta p a la b ra in s­ alejados. G rande, ciertam en te, es vues­
piró y sostu v o a los m á rtire s de la tro núm ero; o tro s, im pedidos por el
prim itiva Iglesia, y lo m ism o enseñan servicio, h a n debido c o n te n ta rse con
—con su m u y lum inoso ejem plo— los e sta r a q u í p resen tes en esp íritu . P ero
confesores de la fe en aquellos países tam b ién h a y o tro s que, p udiendo, no
donde se quisiera m a ta r a Dios y han querido venir. E ng añ ad o s por u n a
donde, al no ser esto posible, son to r­ p ro p ag an d a m aléfica, creen todavía
turados los cuerpos de quienes Le p er­ (¡tre m e n d a equivocación!) que la Igle­
manecen fieles. sia, que ta n tie rn a m e n te los am a, quie­
La v id a m aterial, sí. Pero Je sú s, re cerrarles el paso en el cam ino d e sus
al enseñarnos a o ra r, nos hace p ed ir ju s ta s m ejo ras, y tem en volverse a ella,
nuestro pan co tidiano después de h ab er tem en alejarse de quien, p o r lo c o n tra ­
pedido que se h ag a la v o lu n ta d del rio, no pued e qu erer realm ente su bien,
Padre c e le s tia ls. El m ism o se ha com -' si d e stru y e en ellos la paz con D ios,
prometido a d a r lo dem ás p o r añ ad i­ si tra n sfo rm a en odio el am or y en lu­
dura a todo s cu an to s prim ero busca- cha la co nveniente y ju s ta a c tu a c ió n
re,i el reino de Dios y su ju stic ia * . en defensa de los propios derechos.
V ivam ente os ex h o rtam o s, am ados
h'jos, a que os guard éis del venenoso A estos nermanos alejados habladles coa la
fuerza de vuestra persuasión y de vuestro
^ m ie n to de los m odernos fariseos: ejemplo. Decidles que, lejos de Jesús, sólo
acción social, sí, pero a su tiem po, hay desconsuelo y tristeza, aunque hubiera
Encordé y decidida cu a n to posible abundancia de bienes temporales. Y asegu­
rádselo bien: Jesús no quiere que les falte el
Sca; mas no la acción que procede del pan, El que obró milagros para que las
"dio o que, afanosa ta n sólo de la v id a multitudes que le seguían no quedaran pri­
material, ignora o niega los valores vadas del sustento necesario.
Preeminentes del alm a. C oncretam en- Y asi es como la gracia de Dios y la buena
voluntad de todos vosotros, y de los demás
u>- m uchísim o in teresa a la Iglesia ver trabajadores cristianos esparcidos por toda
Italia, acelerarin la venida de aquel dia en
que Jesús reine sobre los corazones v sobre
el mundo.
CXll

PIO XII

P E QU E ÑA S EMPRESAS
D. 21 enero 1956

SU FUNCION INSUSTITUIBLE

es decir, la de la vocación trascenden­


p o ir p r im e r a v e z , q u erid o s h ijo s, celeb rá is
un Congreso N a cio n a l y h a b éis qu erido
te de la p ersona h u m a n a y de su
aprovechar esta ocasión para ofrecern o s v u e s ­
personal responsabilidad a n te Dios y
tro hom enaje filial. Con p a rticu la r c o m p la ­
ante la sociedad h u m an a.
cencia saludam os a v u e str o n u m ero so grupo
que representa a 'os se te n ta m il titu la r e s de
Las p alab ras «em presa privada» po­
pequeñas em presas in d u str ia le s. Sin d u d a ,
este I Congreso que o s ha reu nido en la drían ser erró n eam en te entendidas
como si la em presa, y particularm ente
Urbe respondía a una e x p e cta ció n pro fu n d a ,
a vu estro deseo de reuniros en a m p lia y
la pequeña in d u stria, estuviesen aban­
fraterna1, asam b lea co n c u a n to s p a rticip a n
donadas en su organización y en su
de análogas p reo cu p a cio n es so cia les y e co n ó ­
actividad a la v o lu n ta d del patrono,
m icas, con cu a n to s co n o cen las m ism a s d ifi­
cultad es y esperan ig u a lm e n te e n co n tra r só-
solícito únicam ente del juego de sus
y duraderas so lu c io n e s. N o s e sta m o s
intereses personales. Pero vosotros ha­
sev.-.ros de que v u e str a e x p e c ta c ió n n o ha
béis afirm ado exp resam en te vuestras
••.'.“'Jad? d ei;a u d a d a y de q u e v o lv e r é is a
/u e s ffo s d )m i;i!io s m ás c o n fia d o s para el
intenciones, poniendo de relieve que la
porv^mr m ás ilu strad os sobre las reso lu cio ­
tu tela de la em presa p riv a d a y de la
nes que se han de to m a r y m á s seg u ro s d e
1a colaboración y a p o y o e fica z de c u a n to s
pequeña in d u stria debe ser concebida
tienen la m isión de tu te la r, d efen d er y pro­
m over v u estros leg ítim o s in tereses. en relación con la colectividad nacio­
nal, con la cual tien en aquéllas dere­
2. Entre ¡os m otivos que ju stifica ­ chos y deberes. El sentim iento mas
ban la convocatoria de vuestro Con­ claro, que em ana de u n a asamblea
greso habéis colocado en prim er lugar como la v u estra, es el del considerable
••la reivindicación de la in su stitu ib le potencial económico que representan
función de! empresario privado»; lo que esas se te n ta mil em presas industriales.
pone de manifiesto de m odo em inente Piénsese en la sum a de servicios pres­
aquel espíritu de libre independencia, tados a la com unidad nacional con
al que se deben los notables progresos tan diversas activ id ad es, y a se trate
realizados, sobre todo en los ú ltim os de las m unicipales o dfi las textiles,
cincuenta años, especialm ente en el de las alim enticias, d fcfa m ecánica o
campo industrial. E ste tem a corres­ de la electricidad; en todos estos cam*
ponde bien no sólo a una exigen cia de pos es preciso poner al servicio Qe*
tós circunstancias presentes, sino tam - público una m ano de o b ra especia*
,e nse" an™ de la iglesia, que lizada, com petente, capaz de re s p o n ­
realiza asi en las aplicaciones sociales der ágilm ente a ta n diversas neceii*
una doctrina más alta y fundam ental da Has
\i. E stos ca ra c tere s de calificación 4. U n a c o n d ic ió n i n d is p e n s a b le
técnica y de a d a p ta b ilid a d a las p e ti­ p a ra el éxito feliz de las p e q u e ñ a s em ­
ciones del con su m id o r im p rim en sus presas es p o der c o n ta r con la fiel cola­
exigencias en la e s tru c tu ra y en el b oración de sus co m p o n en tes. D ig a­
desarrollo de v u e stra s em p resas. N os m os y a que el fa c to r d e te rm in a n te de
quisiéram os p o n er a q u í de relieve la esa colaboración será ef m ism o p a tr o ­
necesidad, en los d irig en tes, de poseer no, p o rq u e de él depende en p rim e r
las cualidad es de v erd ad ero jefe, y, en lu g a r el esp íritu q u e an im a a su s d e ­
los subordin ad o s, de u n sincero p ro ­ pen d ien tes. Si en él se a d v ie rte el
pósito de confiada y sincera co lab o ra­ cuid ad o de p o ner el in terés de to d o s
ción con la dirección. Si en las g randes p o r encim a de su provecho in d iv id u a l,
fábricas se re p a rte n las funciones del se h a rá m ucno m ás fácil m a n te n e r La
patrono en diversos sectores y se re a ­ b u en a disposición de los su b o rd in ad o s.
lizan por m edio de num erosos em plea­ E sto s co m p renderán sin d ific u lta d que
dos y colaboradores escogidos, tales el jefe al que se som eten no t r a t a de
funciones tien d en , p o r lo co n trario , a lucrarse in ju sta m e n te a costa de ellos
ser cum plidas en las p eq u eñ as em pre­ ni de e x p lo ta r al m áxim o su tra b a jo ,
sas por el p a tro n o , ta n to m ás in m ed ia­ sino q ue, p o r lo c o n trario , p ro v ey én d o ­
tam ente cu an to m enor sea el núm ero les de m edios p a ra su sostenim iento
de los tra b a ja d o re s . Las d ificultades y el de sus fam ilias, les da ta m b ié n el
técnicas, económ icas y sociales term i­ m odo de perfeccionar su pro p ia c a p a ­
nan casi siem pre p o r p o n er en cabeza cidad, de h acer tra b a jo útil y benefi­
a una m ism a p ersona, que debe res­ cioso, de co n trib u ir, en c u a n to fes
ponder de to d o y ocuparse ta n to del corresponde, al servicio de la socie­
conjunto com o de los detalles, así de d a d y a su elevación económ ica y
las cuestiones p u ra m e n te p rácticas m oraí. E n to n ces, en lu g ar del se n ti­
como de los p roblem as hum anos. E sto m iento d ep rim en te de desilusión y de
supone, a la vez que las m ás diversas a c titu d e s reivindicadoras, su rg irá un
cualidades intelectuales, un c a rá c ter a m b ien te de in terés, de esp o n tan eid ad ,
fuerte y a d a p ta b le y, sobre to d o , un de ap o rtació n v o lu n ta ria al m e jo ra ­
sentido m oral ab ierto y generoso. A de­ m iento de u n a com unidad de tra b a jo
más, se espera especialm ente del jefe que se h a hecho in teresan te, c o m p re n ­
de la em presa un intenso deseo del siva, c o n stru ctiv a. C uando u n a fá b ri­
verdadero progreso social. E n m uchos ca, un lab o rato rio ha creado u n espí­
no falta ciertam en te la buen a v o lu n ­ ritu así, el tra b a jo vuelve a te n e r te<k>
tad, pero es necesario a veces observar su significado, to d a su nobleza: se hace
que un excesivo desvelo por las v e n ­ m ás hum ano, acerca m ás a Dios.
tajas económ icas ofusca de m a n e ra m ás
0 menos am plia la percepción del d es­ Os exhortam os, queridos hijos, a co n tin u ar
equilibrio y de la in ju stic ia de algunas trab ajan d o cen ard o r y p erseverancia, po­
niendo en juego todas v u estras facultades
C()ndicione”s de v id a. V uestro sentido con espíritu y corazón p a ra d esarrollar vues­
cristiano os a y u d a rá ciertam en te a su ­ tra s empresas por los cam inos providenciales,
turar este ob stáculo y a ejercer v u e stra donde aquéllas enco n trarán la prosperidad
tem poral y al mismo tiem po a y u d arán a
autoridad de u n m odo conform e al sus miembros a cum plir su destino de hom­
itleal del E vangelio. bres v tJe hijos de Dios.
RELACIONES H U M A N A S
EN LA I N D U S T R I A
D. 4 febrero 1956

I MPORTANCI A Y RESPONSABILIDAD

e s p o n d ie n d o a vuestro deseo de ser re­ peso influyen en las decisiones que se


R cibidos en audiencia, Nos sentimos go­ han de to m ar.
zosos al acoger en vosotros, Señores, a los
representantes de empresas y sindicatos que
acaban de estudiar conjuntamente, con el 2. Sin em bargo, com probam os con
concurso de numerosos especialistas, las re­ satisfacción que la técnica p u ra ha
laciones humanas en la industria. El proble­
ma está a la orden del día. y Nos somos los puesto de relieve la im p o rtan cia de las
primeros en alegrarnos de ello en la medida relaciones h u m an as en el tra b a jo du­
t? que representa un progreso hacia la ran te ta n to tiem po menospreciada.
unión de las dos grandes fuerzas que colabo­
ran en la producción: los empresarios y los N uestro Predecesor, de v. m ., Pío XI,
trabajadores. recordando el m enosprecio en que a
Vuestro objetivo era estudiar, en un menudo eran tenidos los intereses supe­
¿e comprensión m utua, los fac- riores de los obreros, escribía: A sí el
.• que pueden contribuir a la me­ trabajo corporal, que estaba destinado
jora de las relaciones humanas en la por Dios, aun después del pecado ori­
industria y examinar la aportación de ginal, a labrar el bienestar material y
la investigación científica a dicho cam­ espiritual del hombre, se convierte o.
po. En efecto, es primordial conocer cada paso en instrumento de perversión;
exactamente, de una y otra parte, los de la fábrica sale ennoblecida la materia
datos del problema. Estos son muy inerte, m ientras en aquélla se corrom­
complejos realmente, y las medidas pen y envilecen los hombres 1. Quisié­
preconizadas por las ciencias del hom­ ram os poder decir que esto y a no su­
bre sociología, psicología o psicotec- cede en ningún p u n to de la tierra-
nia—se encuentran con enormes resis­ Mas, por desgracia, todo el m undo sabe
tencias, aceradas por el tiempo, por que los progresos son lentos, demasia­
el juego de las instituciones, por la do lentos en este p u n to esencial, en
acumulación de errores y de prejui­ no pocos países, en continentes en-
cios. No solamente los espíritus sienten teros.
tivam™* dlf.icultad Para juzgar obje­ Si vosotros, Señores, hraBéis soliotta-
tivamente, sino que también las liber­ do la au diencia que os concededlo
tades se encuentran más o menos p ara­ era, seguram ente, para escuchar la vo
lizadas por fuerzas poderosas tales
orao ,as Presiones sociales o |a co n ­
currencia técnica, que con to c io ™ ,
de la Iglesia sobre los p ro b lem as que m en te un servicio m u tu o y, si el in te '
os preocupan. Lo q u e la Iglesia an h ela rés de los em presarios es t r a t a r a sus
en esta m a te ria dep en d e, e v id e n te m e n ­ em pleados com o hom bres, no p u ed e n
te, de la id ea que tien e del hom bre. c o n te n ta rse con consideraciones m e ra ­
Para ella, to d o s los h o ip b res son igua­ m en te u tilita ria s: la p ro d u c tiv id a d no
les en dig n id ad a n te Dios; d eben, por es u n fin en sí m ism a. P o r lo c o n tr a ­
lo tan to , serlo ta m b ié n en las relacio­ rio, ca d a hom bre rep re sen ta un v a lo r
nes libres o n ecesarias q u e les unen. tra sc e n d e n te y absoluto, p o rq u e el
a u to r de la n a tu ra le z a h u m a n a le h a
3. A hora bien, la co m u n id ad de dado un a lm a in m o rtal. Más a ú n : E l
trabajo, que en n u e stro s d ías se e s ta ­ m ism o se hizo hom bre y se id e n tific a
blece m o ralm en te sob re la b ase de m o ralm en te con todo el que esp era d e
con tratos e n tre em presarios y obreros o tro el su p lem en to de ser que le fa lta :
de grandes em presas, c o n stitu y e por Todo lo que hiciereis a uno de m is
parte de los p rim ero s u n a v e rd a d e ra hermanos pequeños, lo hacéis a m i
obligación h acia los segundos, y a que m ism o *. El m ism o no vino a ser ser­
piden a éstos lo m e jo r de su tiem po vido, sino a servir *; y no dudó d a r
y de sus fuerzas. No es solam en te su v id a p a ra sa lv a r a los hom bres.
un tra b a ja d o r el q u e se c o n tra ta y al He ah í de dónde procede la em in e n te
que se com pra su tra b a jo : es u n h o m ­ d ig n id ad de to d a persona h u m an a y la
bre, un m iem bro de la sociedad h u m a ­ resp o n sab ilid ad de todo el que to m a
na, que viene a c o lab o rar p a ra bien a un hom bre p a ra su servicio.
de esta m ism a sociedad en u n a ind u s­
P or todo esto, Nos deseam os viv am en te
tria d e term in ad a. C iertam en te, u n a que los trab ajo s de vuestras jo m ad as de
empresa, au n m o d ern a, no es to ta lita ­ estudio hayan aportado no solam ente luz
ria; no a c a p a ra las in iciativ as que, al a los espíritus, sino tam bién una com pren­
margen de su p ecu liar a c tiv id a d , p e rte ­ sión m ás profunda de las dificultades d e los
otros, una benevolencia reciproca m ás sin­
necen person alm en te a los tra b a ja d o ­ cera y la voluntad de buscar de una y o tra
res. A dem ás, u n a em presa m od ern a p arte los acuerdos necesarios dentro d e un
no se resuelve en u n juego de fu n ­ m utuo respeto y de la co n stan te preocupación
por el bien general.
ciones técnicas coo rd in ad as de fo rm a P ara estas intenciones y p ara las que cad a
anónim a. Une m ed ian te c o n tra to a uno de vosotros lleva en el corazón. Nos in­
vocamos los auxilios del cielo sobre to d o s
'°s a so cia d o s, cu y a responsabilidad es los aquí presentes, sobre vuestras fam ilias y
diferente y je ra rq u iz ad a , pero a los sobre vuestros amigos, y de todo corazón os
Que el tra b a jo debe p ro p o rcio n ar el otorgam os N uestra p atern al Bendición A pos­
medio de cu m p lir cad a vez m ejor sus tólica.
A lig a c io n e s personales, fam iliares y » Mat. 25, 40.
sociales. T ienen q u e p restarse leal­ ! Ibid. 20 , 28.
CX1V

PIO X I!

COMERCIANTES
D. 17 febrero 1956

IM P O R T A N C IA RESPONSABILIDAD ASPIRACIONES

vosotros m ism os sen tís el m ay o r inte­


a c e ahora diez a ñ o s , el 16 cié febrero
H de 1946. se c o n stitu ía , por la fu sió n de
rés en in d ag ar si estos juicios son o no
¡as A sociaciones de C o m ercia n tes qu e d e s ­
fundados; si es que el com ercio dilata
pués de la guerra se h ab ían id o fo rm a n d o
acaso y com plica in ú tilm e n te el ca­
en la Italia cen tro m erid io n a l y en la s reg io ­
nes sep ten trio n a les, v u e str a 'C o n fed era ció n
mino desde el p ro d u c to r al consum i­
General Italiana del C om ercio^ . P a ra c ele ­
dor. Y, sin em bargo, ah o ra, como en
brar d ign a m en te el d é c im o a n iv e r sa r io de
todas las épocas de la h isto ria, el co­
este im p ortante hecho h a b éis qu erido reunir
en R om a una a sa m b lea n a cio n a l de d ir ig e n ­
m erciante ejerce u n a fu nción especi­
tes de las org a n iza cio n es s in d ic a le s... d e to d a s
fica. Se le calificaría m al si se viese
las p rovincias y de to d a s las ca teg o ría s;
la num erosa concurrencia, qu e te n e m o s en él solam ente un in term ed iario entre
ahora el placer de c o n tem p la r a q u í p r e se n te ,
el p ro d u cto r y el consum idor; es tam ­
m uestra bien a ias claras ei e n tu sia sm o qu e
bién esto, sin d u d a alguna, y posee
vuestro p rooosito ha su sc ita d o . E sta m o s se­
p ara ello u n a experiencia preciosa ad­
guros de que el in terca m b io de p u n to s de
v ista a que os entregáis en e sto s d ia s o s in s­
quirida no sin fatig as y riesgos; pero
piraran nu evos m o tiv o s para c o n tin u a r la
es tam bién, y en prim er lugar, un ani­
e la b o ra ció n adm irable q u e o s ha p erm i-
t c. p er.e»uir y realizar ta n to s o b je tiv o s
m ador de la econom ía, capaz no sólo
Jt.le-, a ca o a uno de v o s o iio s y al c o n ju n to
ie d proíe-y- n m ercan til. de asegurar la o p o rtu n a distribución de
las m ercancías, sino ta m b ié n de inci­
2. La am plitud del trabajo realiza­ ta r eficazm ente al p ro d u c to r p a ra que
do desde la fundación de vu estra Con­ ofrezca artículos de m ejor calidad y
federación se refleja en los d ocum entos de m enor precio, y a que a b ra al con­
que cortésm ente Nos han sido rem iti­ sum idor, en la m ayor m edida posible,
dos, esto es, en la serie de "Relaciones el acceso al m ercado. E n e f e c t o : todo
sobre la actividad confedera!» y las intercam bio de p roductos, adem ás de
■Ai.tas* de los diversos Congresos y satisfacer d eterm in ad as necesidades o
Asambleas celebrados en el curso de deseos, hace posible el empleo de nue­
es.a década. A testiguan con elocuencia vos medios, suscita energías latentes
el im portante puesto ocupado por y tal vez inesperadas, estim ula el esP1'
ue^ras actividades en la vida de la ritu de em presa y de invención. Este
nación. T odavía hoy no e * raro que instinto, inn ato en el hom bre, de crear,
la profesion de com erciante no sea de m ejorar, de progresar, explica
apreciada en su justo valor. Se pone actividad com ercial ig ta l y m ejor ao
duda su utilidad; se trata de pres­ que el sim ple deseo de lucro. Necesii
a d 11' d^ us v i c i o s ; se sospecha Jue el com erciante una cu id ad a y &*e
quierd obtener un provecho evacerado
de su función econ óm ica P ^ S
ponderada form ación profesional. N '
cesitn una m ente siem pre p ro n ta p ar
com prender y seg u ir los hechos eco­ E s necesario, sin em b arg o , q u e el ( b r i ­
nómicos en su evolución, p a ra t r a t a r d ad o de la seg u rid ad no p rev alez ca
los negocios con feliz re su lta d o , p a ra sob re la exposición al riesgo h a s ta el
prever las reacciones de las m asas y p u n to de e steriliz ar to d a v o lu n ta d
su psicología, a veces de g ra n peso, en cread o ra, de im poner a la em p resa
el juego de los in tercam b io s. L as sóli­ condiciones de actu ació n d em asiad o
das cualidades m orales son ta m b ié n pesad as, de d e sa le n ta r a q u ien es a ella
indispensables: el v ^lo r en períodos se dedican. Es, por d esg racia, u n a
de crisis, la te n a c id a d p a ra v en cer late n d e n c ia m uy h u m an a la d e se g u ir
a p a tía y la incom prensión, el o p tim is­ la m á x im a del m ínim o esfuerzo, de
mo p a ra re n o v a r las fó rm u las y los e v ita r cargas, de exim irse de u n t r a ­
m éto d os de acción, p a ra p re v e r y u ti­ b ajo personal p a ra rec u rrir a la a y u d a
lizar al m áx im o las p ro b ab ilid ad es de de !a sociedad y v iv ir a e x p en sas d e
éx ito . E stas cu alidades las ponéis vos­ ésta. Soluciones ésta s bien fáciles, en
otros al servicio de la co m u n id ad n a ­ las q u e la responsabilidad de c a d a a n o
cional y p o r ello ten éis derecho a la se a trin c h e ra tr a s de la resp o n sab ili­
estim a y consideración de todos. d a d de la colectividad anónim a. Si el
co m ercian te tien e intereses propios que
3. A fin de que el com erciante p u e ­ d efender y h acer pro sp erar, y si sobre
da m overse ú tilm en te, necesita en con­ él m ism o h an de recaer las consecuen­
trar a n te sí u n cam po ab ierto en el cias de sus actos, tr a ta r á y resolverá
que u n a reglam en tació n dem asiado los pro b lem as económ icos con m a y o r
com plicada o dem asiado estrech a no entusiasm o, m a y o r h ab ilidad y m a y o r
estorbe el cam ino con m uchos obs­ prud en cia. N adie negará la necesidad
tácu los. El com erciante desea afro n ­ de disposiciones y de u n a v ig ilancia
tar una concurrencia leal, que opere e jercid a p o r la a u to rid a d p ú blica en
en las m ism as condiciones en que él beneficio ta n to de los com erciantes
m ism o se en cu e n tra , y que ta l concu­ m ism os como del bien com ún. P ero
rrencia no disponga de injustificados sea lícito d esear que el E sta d o sepa
privilegios; y se a tre v e a esp erar a p erm an ecer den tro de los lím ites d e
'a vez que unos im puestos dem asiado su función su p leto ria d e la em p resa
num erosos o gravosos no le su straig an p riv ad a: que la secunde, q u e, según
una excesiva p a rte de las m erecidas las necesidades, la ayude; pero q u e
ganancias. Sin d u d a alguna que, ah o ra no la su stitu y a cuando ella p u e d e ac­
'nás que en lo pasado, ex iste el deseo tu a r con u tilid ad y éxito. E n tre tos
de asegurar a to d a s las clases sociales dos com ponentes dél m o v im ie n to eco ­
garantías que las preserven de reac­ nóm ico— las fuerza de p rogreso y los
ciones y ev en tu alid ad es in h eren tes a elem entos de organización— d eb e m a n ­
la» fluctuaciones de la econom ía; que tenerse el equilibrio, si no se q u iere
s« aseguren el em pleo y la retrib u ció n . caer en la an arq u ía o en el e sta n c a ­
lU>e se prevean las enferm edades e in ­ m iento.
capacidades susceptibles de reducir a Si a vosotros co rresp o n d e en la eco­
|ln hom bre a la inacción y p riv arle de nom ía nacional e! p ap el de elem ento
os medios de su su sten to . P reo cu p a­ m otor que faci