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1824.

LA REVOLUCIÓN POR LA INDEPENDENCIA DE GRECIA: En el canto tercero de su largo


poema inacabado “Don Juan” el romántico inglés Lord Byron (1788-1824) clama por una
revolución en Grecia para conseguir la independencia del imperio otomano. Invoca a los espíritus
de los trescientos espartanos que defendieron el paso de las Termópilas frente a los persas en el
480 a. C. y pide que, de la misma manera, el pueblo griego defienda su territorio. Las palabras
finales tienen algo de premonitorio. El poema quedaría incompleto por la prematura muerte de su
autor por causa de unas fiebres en Grecia adonde había acudido a luchar contra los turcos.

Las montañas contemplan Maratón,


y Maratón contempla el mar;
y meditando allí sólo una hora,
soñé que Grecia aún podía ser libre,
pues al estar sobre la tumba de los persas,
no podía considerarme a mí mismo esclavo. […]

¿y dónde estaban todos? ¿Y dónde estás tú,


país mío? En tu costa silenciosa
el lay heroico ya no tiene melodía,
¡y ya no palpita el heroico pecho!
Y tu lira, tanto tiempo divina,
¿tiene que degenerar en manos como las mías? […]

¿No tendremos sino que llorar los días más felices?


¿No tendremos sino que ruborizarnos? Nuestros padres
sangraron. ¡Tierra! ¡Devuelve desde tu pecho
un vestigio de nuestros muertos espartanos!
¡De los trescientos no concedas más que tres,
para hacer una nueva Termópilas!

¡Qué! ¿Aún callas? ¿Y callan todos?


¡Ah, no! Las voces de los muertos suenan
como la caída de un torrente distante,
y responden “que una cabeza viviente,
solo una se levante, ¡e iremos, iremos!”
No son sino los vivos los que están mudos. […]

Para la libertad no confíes en los francos:


tienen un rey que compra y vende.
En las nativas espadas, en las filas nativas,
habita la única esperanza del valor;
pero la fuerza turca y el traidor latino,
quebrarían tu escudo por muy ancho que fuese. […]

Colocadme en la pendiente marmórea de Sunio,


donde nada, salvo las olas y yo,
oigamos pasar nuestros mutuos murmullos;
allí, como el cisne, dejadme cantar y morir:
Una tierra de esclavos nunca será la mía,
¡haced añicos lejos la copa de vino de Samos!

Lord Byron. “Las islas de Grecia” [Canto tercero de Don Juan]. Poemas escogidos, pp. 133-143.

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1848. LOS LOGROS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA: François-René, vizconde de
Chateaubriand (1768-1848), conoció de primera mano los acontecimientos más importantes del
occidente de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Al poco de estallar la Revolución, en la que
algunos miembros de su familia fueron arrestados o ejecutados, huyó a los Estados Unidos y,
posteriormente, se exilió en Inglaterra. Regresó a Francia para defender la restauración de la
monarquía y colaboró con Napoleón con el que acabaría enfrentado. Tras su participación activa
en la vida política de su tiempo, se retiró a redactar sus Memorias de ultratumba (1848), título que
alude a su deseo de que se fueran publicadas después de su muerte. Pese a que en ellas se
muestra muy crítico con la Revolución francesa, reconoce también que los logros alcanzados por
la Asamblea Constituyente de 1789 no llegarían a superarse en las etapas posteriores.

“La Asamblea Constituyente, a pesar de los reproches que puedan hacérsele, no deja de ser por
ello la más ilustre asociación popular que se haya dado nunca entre las naciones, tanto por la
magnitud de sus operaciones como por la trascendencia de sus resultados. No había cuestión
política, por elevada que ésta fuese, que no tratara y resolviera convenientemente. […] Todo
cuanto la experiencia y la inteligencia humanas habían concebido, descubierto y elaborado
durante tres siglos se encuentra en estas actas. Los distintos abusos de la antigua monarquía
están consignados en ellas así como los remedios propuestos; se reclama todo tipo de libertad,
incluso la libertad de prensa; se solicitan todas las mejoras, para la industria, las manufacturas, el
comercio, los caminos, el ejército, los impuestos, las finanzas, las escuelas, la educación pública,
etcétera.
[Pero, desgraciadamente, desde entonces hasta hoy,] no hemos dado un solo paso desde
la Asamblea Constituyente: sus trabajos son como los del gran médico de la Antigüedad, que
hicieron retroceder y establecieron al mismo tiempo los límites de la ciencia.”

François-René de Chateaubriand. Memorias de ultratumba, libro V, capítulo 11, pp. 224-225.

1859. LA REVOLUCIÓN VISTA EN LA DISTANCIA: En su novela Historia de dos ciudades


(1859), Charles Dickens (1812-1870) y es sorprendido en un viaje a Francia por el inicio de la
Revolución. Cuando su suegro, el doctor Manette, recobra la libertad hace lo posible por salvarlo
del furor revolucionario. Documentándose con la obra del historiador Thomas Carlyle, Dickens,
que defiende los logros de la Revolución, nos muestra también su lado más cruento y con el que
no está conforme. En la escena que sigue vemos cómo el doctor Manette y su amigo el señor
Lorry contemplan horrorizados desde la ventana de una casa la escena que se desarrolla en el
patio protagonizada por los revolucionarios que custodian la prisión de La Force, donde se
encuentra el yerno de Manette, Charles Darnay.

“Vieron un grupo muy nutrido de hombres y mujeres, aunque no en número suficiente para
llenar el patio por completo. En realidad no pasaban de cuarenta o cincuenta. Los que se habían
adueñado de la casa les habían abierto la puerta-verja, y se habían encaminado en tropel a la
piedra de afilar, que sin duda estaba instalada para ellos en aquel conveniente y apartado rincón.
¡Pero qué gremio tan horrendo, y qué espantosa tarea!
La rueda de afilar tenía una manivela doble, por lo que eran dos los hombres que la hacían
girar a un ritmo frenético; y las caras de aquellos individuos, al echar sus largos cabellos para
atrás cuando la vuelta de la manivela les obligaba a levantar la cabeza, eran más horribles y
crueles que las de los más sanguinarios salvajes ornados con el más bárbaro disfraz. […] Y según
aquellos rufianes hacían girar y girar la doble manivela, […] algunas mujeres les acercaban vino a
la boca para que bebieran, de suerte que entre el goteo de la sangre, y el del vino, y el torrente de
chispas que salía de la piedra de afilar, todo contribuía a darles un aire infernal y sangriento.
Era imposible descubrir una sola criatura humana de todo aquel grupo que no estuviera
manchada de sangre. Empujándose unos a otros para abrirse paso hasta la piedra de afilar
venían hombres desnudos hasta la cintura, los torsos y los brazos igualmente manchados;
hombres cubiertos de toda clase de harapos, con la huella de la sangre en cada jirón y cada
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andrajo; hombres que diabólicamente se habían puesto los despojos de los vestidos de encaje,
sedas y cintas de las mujeres, y también aquellas prendas femeninas que estaban empapadas de
sangre que iba poco a poco secándose y ennegreciendo. Hachas, cuchillos, espadas, y
bayonetas, toda suerte de armas blancas se afilaban allí, y todas llegaban rojas de sangre.
Algunas de las melladas espadas iban sujetas a las muñecas de sus portadores con tiras de tela
y jirones de ropa: ligaduras de géneros distintos, pero todas del mismo subido color. Y cuando
los frenéticos empleadores de estas armas las arrancaban del torrente de chispas y se echaban
de nuevo violentamente a las calles, ese mismo matiz rojo encendía de púrpura los ojos
enfurecidos: unos ojos que cualquier espectador ajeno a aquella barbarie habría dado veinte
años de su vida por petrificar de un tiro certero.
Todo se hizo visible en un instante […]. Se retiraron de la ventana y el doctor miró a su
compañero como interrogándole y pidiéndole una explicación. Lorry se había quedado pálido
como la ceniza; […] dijo en voz baja:
—Están asesinando a los presos. Si tenéis seguridad en lo que decís; si realmente tenéis el
poder que os figuráis, y yo creo que sí, daos a conocer a esos demonios y conseguid que os
lleven a La Force. Quizá sea demasiado tarde, no lo sé, ¡pero no hay que perder ni un solo
minuto!

Charles Dickens. Historia de dos ciudades, III, 2, pp. 264-265.

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1927. RETRATO DEL LENIN PRERREVOLUCIONARIO: En su obra Momentos estelares de la
Humanidad (1927) el escritor austriaco Stefan Zweig (1881-1942) nos ofrece catorce miniaturas
históricas sobre diversos momentos cumbre de la Historia de occidente: la conquista de Bizancio,
el descubrimiento del océano Pacífico, la batalla de Waterloo o la conquista del Polo Sur entre
ellos. Uno de los textos, “El tren sellado”, nos ofrece un sorprendente retrato de Lenin mientras
gestaba la Revolución rusa en su exilio en Suiza durante la primera guerra mundial.

“El pequeño remanso de paz de Suiza, por todas partes azotado por la marea viva de la guerra
mundial, se convierte durante los años de 1915, 1916, 1917 y 1918, sin interrupción, en el
escenario de una emocionante novela policíaca. En los hoteles de lujo, los enviados de las
potencias enemigas, que hace un año jugaban amistosamente al bridge y se invitaban unos a
otros a sus respectivas casas, se cruzan ahora fríamente y como si no se conocieran de nada.
[…] casi todos tienen una única misión: enterarse de algo, atisbar algo. […] Por todas partes, las
organizaciones actúan unas contra otras. En las fondas, en las pensiones, en las oficinas de
correos, en los cafés. Lo que se denomina propaganda es la mitad de las veces espionaje. […]
Todo es notificado. Todo, controlado. […]
Únicamente sobre un hombre hay pocos informes en aquellos días. Tal vez porque pasa
desapercibido y porque no se aloja en los hoteles elegantes, ni se sienta en los cafés, ni asiste a
las sesiones de propaganda, sino que con su mujer vive por completo retirado en casa de un
zapatero remendón. […] Lo que saben de él los inquilinos de la casa es que no es muy hablador.
Y poco más. Que es ruso y que su nombre resulta difícil de pronunciar. Que hace muchos años
huyó de su patria y que no dispone de grandes riquezas, ni está metido en ningún negocio
lucrativo […].
Ese pequeño hombre bajo y corpulento es tan poco llamativo y viven tan discretamente
como le es posible. Evita la sociedad. Rara vez se encuentran los vecinos con la mirada
penetrante y oscura de sus estrechos ojos. Rara vez tiene visita. Pero con regularidad, día tras
día, todas las mañanas hacia las nueve, va a la biblioteca y se queda allí hasta que dan las doce.
Justo diez minutos después de las doce está otra vez en casa. Y diez minutos antes de que dé la
una abandona la casa, para otra vez llegar el primero a la biblioteca, donde se queda hasta las
seis de la tarde. Pero como las agencias de noticias solo prestan atención a la gente que habla
mucho y no saben que los hombres solitarios, que siempre están leyendo y aprendiendo, son los
más peligrosos a la hora de revolucionar el mundo, nadie escribe un solo informe sobre ese
hombre que pasa desapercibido y que bien en casa del zapatero remendón.”

Stefan Zweig. “El tren sellado”. Momentos estelares de la Humanidad, pp. 273-275.

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1918. EL FERVOR REVOLUCIONARIO I: El entusiasmo suscitado por el inicio de la Revolución y
las esperanzas que despertó para el futuro se observa en la voz de dos de sus grandes poetas:
Alexandr Blok y Vladimir Mayakovski. Previamente, en 1912, Mayakovski (1893-1930) se había
dado a conocer como poeta vanguardista y había fundado el futurismo ruso. De entre los poetas
propagandistas del régimen destaca por la variedad de estilos que cultiva, combinando
coloquialismos con un lenguaje más cercano a la épica. Difundió los ideales de la Revolución por
Europa y América con textos y carteles elaborados por él mismo.

ORDEN AL EJÉRCITO DEL ARTE (1918)

Rumian las brigadas de viejos


el mismo, mismo viejo bocado.
¡Camaradas!
¡A las barricadas,
a las barricadas de almas y corazones!
Sólo quien quema los puentes que va dejando atrás
es un verdadero comunista.
¡Basta de caminar, futuristas,
saltemos al futuro!
No basta con construir una locomotora,
con atornillar las ruedas y largarse.
Si la canción no hace retumbar la estación,
¿cuál es la gracia de la corriente alterna?
Hay que poner un sonido encima de otro
y adelante,
cantando y silbando.
Todavía quedan letras sonoras.
ERRE
SHA
SCHA.
No basta con desfilar de a dos en fondo
ni con ponerles franjas a los pantalones.
Ni la totalidad de los soviets de diputados
lograrán poner en movimiento los ejércitos.
Si los músicos no tocan una marcha,
¡sacad los pianos a la calle,
con un garfio sacad los tambores por las ventanas!
Despedazad el tambor, si queréis,
y el piano,
pero que haya ruido,
truenos.
¿Qué es eso de sudar en las fábricas,
qué es eso de embetunarse la jeta con hollín
y de mirar con ojos de lechuza
el lujo ajeno,
en los pocos minutos de descanso?
¡Basta ya de verdades baratas!
Limpia tu corazón todo lo viejo.
Las calles son nuestros pinceles.
las plazas, nuestras paletas.
El libro del tiempo,
con sus miles de hojas,
aún no ha cantado los días de la revolución.
¡A la calle, futuristas,
tamborileros y poetas!
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1927. APOLOGÍA REVOLUCIONARIA: La pasión que despertó la Revolución rusa inspiraría
multitud de textos que abordaban en su temática algunos de los acontecimientos que tuvieron
lugar en aquel tiempo, así como muchos de sus logros o la exaltación de sus líderes. Aunque
algunos de sus textos son más interesantes como testimonio de una época que por su valor
literario, pueden encontrarse ejemplos significativos como este poema del poeta y periodista
Demian Bedny (1883-1945) dedicado al cumpleaños de Lenin. Sin embargo, lo que comenzó
siendo algo espontáneo por parte de los creadores terminó derivando en un modo de imposición
por parte de las autoridades soviéticas del que se lamentarían autores como Vladimir Nabokov,
que terminaría exiliándose a los Estados Unidos.

NADIE SABÍA
(“22 de abril de 1870”)

Era un día como tantos otros, natural y corriente,


Envuelto en una bruma gris.
Severa sonaba la voz potente
Del guardia de la esquina.
En la catedral, el arcipreste oficiaba
Orgulloso del brillo del solideo.
Por la puerta de la taberna,
Desde el amanecer, iban y venían los borrachos.
En el mercado se insultaban las vendedoras,
Zumbando como moscas en torno a la miel,
Y las burguesas se alborotaban, sin despegar la vista de las piezas de tela,
Entre los puestos donde se vende el percal.
Un mujik miraba con muda tristeza
La puerta de una oficina
Frente a un fragmento del “Manifiesto”,
Que amarilleaba sobre un tablero descolorido.
En la atalaya el bolero daba vueltas
Como una fiera encadenada,
Y los soldados, bajo una granizada de blasfemias,
Cumplían órdenes a campo abierto.
Una hilera de carreras reptaba hacia el río.
Los cargadores enharinados se desplazaban de un lado a otro.
Unos gendarmes conducían
Bajo custodia a un estudiante andrajoso.
Un obrero con sus copas en el estómago
Chillaba:
“¡Pobre estudiante, que te vaya bien!”
……………………….
Nadie tenía idea, nadie
En toda Rusia, cargada con su cruz milenaria,
Sabía que en un día tan corriente como ese
En Rusia… había nacido Lenin.

Demian Bedny
22 de abril de 1927

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1959. LA REVOLUCIÓN O EL AMOR: De entre los escritores del ámbito hispánico,
Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (1904-1973), más conocido como Pablo Neruda,
representa el ejemplo más claro de escritor comprometido que, además, sin renunciar a
una literatura de calidad, es capaz de mostrar sus preocupaciones sociales en muchas de
sus obras. Se dio a conocer con libros de lírica amorosa como Crepusculario (1923) o su
más conocido Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924). Pero ya al
poco tiempo dio muestras de una preocupación más amplia en libros como Residencia en
la tierra (1925-1931) con el que inauguró una nueva humanización de la lírica alejada de
las vanguardias. Esta estela la continuarán obras como España en el corazón (1936-
1937), sobre nuestra guerra civil, o, más abiertamente político, Nuevo canto de amor a
Stalingrado (1943). A aquellos que lamentaban que el gran poeta del amor dedicase
tantas energías a su otra faceta les dedicó en 1959 uno de sus Cien sonetos de amor,
concretamente el cincuenta y siete.

LVII
Mienten los que dijeron que yo perdí la luna,
los que profetizaron mi porvenir de arena,
aseveraron tantas cosas con lenguas frías:
quisieron prohibir la flor del universo.

«Ya no cantará más el ámbar insurgente


de la sirena, no tiene sino pueblo.»
Y masticaban sus incesantes papeles
patrocinando para mi guitarra el olvido.

Yo les lancé a los ojos las lanzas deslumbrantes


de nuestro amor clavando tu corazón y el mío,
yo reclamé el jazmín que dejaban tus huellas,

yo me perdí de noche sin luz bajo tus párpados


y cuando me envolvió la claridad
nací de nuevo, dueño de mi propia tiniebla.

Pablo Neruda. Cien sonetos de amor, p. 108.

7
1960. EL DESENCANTO REVOLUCIONARIO: El poeta y novelista Boris Pasternak (1890-1960)
representa el ejemplo de escritor censurado por el régimen soviético. Fue obligado a rechazar el
Premio Nobel que le concedió la academia sueca en 1958. En su novela Doctor Zhivago (1957) es
un relato crítico de la revolución bolchevique a la altura de los grandes realistas rusos del siglo
XIX. Moriría tres años después y la novela no se publicaría en su país hasta 1988. En estos versos
autobiográficos de su última etapa reflexiona sobre el papel del arte y las consecuencias de la
fama.

Hay que desconfiar de la fama.


La fama no lo hace a uno más grande.
No hay que tener archivo
Ni temblar palpando los manuscritos.

El fin del arte es entregarlo todo


Y no el ruido ni el éxito.
Es vergonzoso estar en boca de los demás
Cuando no se vale nada.

Hay que vivir sin imposturas


Vivir de modo que con el tiempo
Nos lleguemos a ganar el amor del espacio
Y oigamos la voz del futuro.

Hay que dejar sangrías


En el destino, y no en el papel
Y en esos márgenes anotar
Pasajes y capítulos de la vida entera.

Debemos sumirnos en el anónimo


Y ocultar en él nuestros pasos,
Tal como se oculta el paisaje
Tras una niebla espesa.

Otros, siguiendo las huellas frescas


Recorrerán tu camino palmo a palmo,
Pero tú mismo no debes distinguir
La derrota de la victoria.

No debes renunciar a un ápice


De ti mismo,
Tú debes estar vivo. Solamente vivir
Hasta el fin.

(1960)

8
1963. LA REVOLUCIÓN DE LA PALABRA: En 1963 el poeta chileno Nicanor Parra (1914-2018)
publicó en forma de cartel plegado (40x77 cm) su controvertido poema “Manifiesto” que luego
sería incluido en su libro Obra gruesa de 1969. En este texto reflexiona sobre el significado y el
valor de la poesía y los poetas. Reniega abiertamente de la imagen del creador endiosado,
viviendo en su torre de marfil de espaldas a la realidad. Reniega de la poesía romántica,
modernista o vanguardista anterior. Cuestiona también el supuesto compromiso de muchos
poetas marxistas y defiende la antipoesía y la precariedad del poeta al que ve como un hombre de
la calle, de carne y hueso, capaz de hacer poesía con la cotidianidad.
MANIFIESTO
Señoras y señores Unos pocos se hicieron comunistas.
Ésta es nuestra última palabra. Yo no sé si lo fueron realmente.
-Nuestra primera y última palabra- Supongamos que fueron comunistas,
Los poetas bajaron del Olimpo. Lo que sé es una cosa:
Que no fueron poetas populares,
Para nuestros mayores Fueron unos reverendos poetas
La poesía fue un objeto de lujo burgueses.[…]
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad: Aceptemos que fueron comunistas
No podemos vivir sin poesía. Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
A diferencia de nuestros mayores Decadentismo de tercera mano,
-Y esto lo digo con todo respeto- Tablas viejas devueltas por el mar.
Nosotros sostenemos Poesía adjetiva
Que el poeta no es un alquimista Poesía nasal y gutural
El poeta es un hombre como todos Poesía arbitraria
Un albañil que construye su muro: Poesía copiada de los libros
Un constructor de puertas y ventanas. Poesía basada
En la revolución de la palabra
Nosotros conversamos En circunstancias de que debe fundarse
En el lenguaje de todos los días En la revolución de las ideas.
No creemos en signos cabalísticos. […] Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
Este es nuestro mensaje. "Libertad absoluta de expresión”.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata Hoy nos hacemos cruces preguntando
Al poeta Ratón de Biblioteca. Para qué escribirían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
Todos estos señores ¡Tiempo perdido miserablemente!
-Y esto lo digo con mucho respeto- El pequeño burgués no reacciona
Deben ser procesados y juzgados Sino cuando se trata del estómago.
Por construir castillos en el aire ¡Qué lo van a asustar con poesías! […]
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna Contra la poesía de las nubes
Por agrupar palabras al azar Nosotros oponemos
A la última moda de París. La poesía de la tierra firme
Para nosotros no: -Cabeza fría, corazón caliente
El pensamiento no nace en la boca Somos tierrafirmistas decididos-
Nace en el corazón del corazón. […] Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Ahora bien, en el plano político Contra la poesía de salón
Ellos, nuestros abuelos inmediatos, La poesía de la plaza pública
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos! La poesía de protesta social.
Se retractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal. Los poetas bajaron del Olimpo.

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1968. LA PRIMAVERA DE PRAGA: Una de las revoluciones más memorables de la historia
reciente fue la llamada “Primavera de Praga”, un movimiento político que tuvo lugar en la antigua
Checoslovaquia en el año 1968, durante la Guerra Fría. Consistió en un intento de liberalización
política que buscaba avanzar hacia un socialismo no totalitario como el de la URSS, legalizando
partidos políticos y sindicatos, promoviendo la libertad de prensa y de expresión, el derecho a la
huelga, etc. Este intento de humanizar lo que había sido una dictadura finalizó bruscamente en
agosto de 1968, cuando las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia y pusieron
fin al proceso de apertura política. El texto pertenece a la novela La insoportable levedad del ser
(1984), del escritor checo Milan Kundera (1929), que cuenta la historia de dos jóvenes, Tomás y
Teresa, que se enamoran en los años de la primavera de Praga. En el fragmento, Tomás, reputado
cirujano, reflexiona sobre la vida en las dictaduras comunistas.
“A los que creen que los regímenes comunistas de Europa Central son exclusivamente
producto de seres criminales, se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos
regímenes criminales no fueron los criminales sino los entusiastas, convencidos de que habían
descubierto el único camino que conduce al paraíso. Lo defendieron valerosamente y para ello
ejecutaron a mucha gente. Más tarde se llegó a la conclusión generalizada de que no existía
paraíso alguno, de modo que los entusiastas resultaron ser asesinos.
En aquel momento todos empezaron a gritarles a los comunistas: ¡Sois los responsables
de la desgracia del país […]! Los acusados respondían: ¡No sabíamos! ¡Hemos sido engañados!
¡Creíamos de buena fe! […] ¿En verdad no sabían? ¿O sólo aparentaban no saber?
Tomás seguía atentamente esta polémica (la seguían los diez millones de habitantes de la
nación checa) y opinaba que había comunistas que no eran del todo inocentes (inevitablemente
tenían que haber sabido algo de los horrores que habían ocurrido y no cesaban de ocurrir en la
Rusia post-revolucionaria). Sin embargo, es probable que la mayoría de ellos, en efecto, no
supiera nada.
Y llegó a la conclusión de que la cuestión fundamental no es: ¿sabían o no sabían?, sino:
¿Es inocente el hombre cuando no sabe? ¿Un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa
sólo por ser idiota? […]
Y entonces fue cuando Tomás recordó la historia de Edipo: Edipo no sabía que dormía con
su propia madre y, sin embargo, cuando comprendió de qué se trataba, no se sintió inocente. Fue
incapaz de soportar la visión de lo que había causado con su desconocimiento, se perforó los ojos
y se marchó de Tebas ciego.
Tomás […] leía entonces, como todos los intelectuales, el semanario editado por la Unión
de Escritores Checos, con una tirada de alrededor de 300.000 ejemplares, que había logrado una
considerable autonomía dentro del régimen y hablaba de cosas de las que otros no podían hablar
públicamente […] y por eso escribió un día sus ideas sobre Edipo y las envió al semanario. Al
cabo de un mes recibió respuesta. Le invitaron a que pasara por la redacción. Cuando llegó, lo
recibió un redactor de escasa estatura, erguido como una regla, y le propuso que modificase la
sintaxis en una frase. El texto se publicó en la penúltima página, en la sección de cartas de los
lectores.
Tomás no quedó satisfecho. Se habían tomado la molestia de invitarle a visitar la
redacción para que les autorizase a modificar la sintaxis, pero después, sin preguntarle nada,
recortaron notablemente su texto, de modo que sus ideas se vieron reducidas exclusivamente a la
tesis básica (considerablemente esquemática y agresiva) y dejaron de gustarle.
Eso sucedió en 1968. En el poder estaba Alexander Dubcek y con él los comunistas que
se sentían culpables y estaban dispuestos a reparar de algún modo las culpas contraídas. Pero
los otros comunistas, los que gritaban que eran inocentes, […] iban diariamente a quejarse a la
embajada rusa y a pedir ayuda. Cuando se publicó la carta de Tomás, gritaron: "¡Hasta aquí
podíamos llegar! ¡Ya se escribe públicamente que nos tienen que arrancar los ojos!"
Y dos o tres meses más tarde los rusos decidieron que en su virreinato las discusiones
libres eran intolerables, y una noche su ejército ocupó la patria de Tomás”.

Milan Kundera. La insoportable levedad del ser. pp. 176-178.

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1974. LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES: El 25 de abril de 1974 finalizó de forma pacífica en
Portugal la dictadura de António de Oliveira Salazar. Ese día el ejército se echó a la calle
acompañado del pueblo y, colocando claveles rojos en las bocas de fusiles y cañones, dieron fin a
cuarenta y un años de dictadura. El pistoletazo de salida, la señal que esperaban los militares, fue
la canción “Grândola, vila morena”, que sonó ese día a las 0:20 horas en el programa Límite de
Radio Renascença. Se trataba de una composición del cantautor portugués José Afonso (1929-
1987) incluida en 1971 en su disco Cantigas do maio y que había compuesto a raíz de un
concierto que habían ofrecido en la localidad portuguesa que da título a la canción.

GRÂNDOLA, VILA MORENA

Grândola, vila morena Grándola, villa morena


Terra da fraternidade tierra de la fraternidad,
O povo é quem mais ordena el pueblo es quien más ordena
Dentro de ti, ó cidade dentro de ti, oh ciudad.
Dentro de ti, ó cidade Dentro de ti, oh ciudad,
O povo é quem mais ordena el pueblo es quien más ordena,
Terra da fraternidade tierra de la fraternidad,
Grândola, vila morena Grándola, Villa Morena.
En cada esquina un amigo,
Em cada esquina, um amigo en cada rostro igualdad,
Em cada rosto, igualdade Grándola, Villa Morena
Grândola, vila morena tierra de la fraternidad.
Terra da fraternidade
Tierra de la fraternidad
Grándola Villa Morena
Terra da fraternidade
en cada rostro igualdad
Grândola, vila morena
el pueblo es quien más ordena.
Em cada rosto, igualdade
O povo é quem mais ordena La sombra de una encina
de la que no sabía su edad
À sombra duma azinheira juré tener por compañera
Que já não sabia a idade Grándola, tu voluntad.
Jurei ter por companheira Grándola, tu voluntad
Grândola, a tua vontade juré tener por compañera,
la sombra de una encina
Grândola a tua vontade de la que no sabía su edad.
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

Zeca Afonso (1971)

La canción con la letra en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=ci76cKwFLDs

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