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Un Espacio Donde Morir

En este texto el autor siente los cambios que vivió un indígena en el siglo XVI. Ese indígena anciano que conoció su pueblo antes de la llegada de los españoles, que vivió la conquista y que fue sometido y que espera su muerte rememorando lo que fue su vida.
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En este texto el autor siente los cambios que vivió un indígena en el siglo XVI. Ese indígena anciano que conoció su pueblo antes de la llegada de los españoles, que vivió la conquista y que fue sometido y que espera su muerte rememorando lo que fue su vida.
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ARQUEOLOGIA REVISTA DE ESTUDIANTES DE ANTROPOLOGIA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA NUMERO 3/ ANO 1/ SEPTIEMBRE DE 1987 CONTENIDO — FRACCIONES DE ESPACIO: AMAZONAS. p . 4 Luisa F. Herrera, Inés Cavelier, Santiago Mora. — EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS EN MOSQUERA. p. 13 Gonzalo Correal Urrego. —LOS WAYU. p. 18 Augusto J. Gomez Lopez. — CLIMA, HABITAT, PROTEINAS, GUERRAS Y SOCIEDANES DEL SIGLO XVI. Jaime Arocha. p . 28 —ELPOBLAMIENTO PREHISPANICO DE LA VERTIENTE ORIENTAL DEL PARAMO DE SUMAPAZ P. 43 Arturo Cifuentes. —ETNOLOGIA Y PREHISTORIA . p. 47 Jean Guiart. — UNESPACIO DONDE MORIR....p. 56 Armando Moreno —GEOGRAFIA: SUS DIMENSIONES ESPACIALES . p . 63 Joaquin Molano. — LA COLONIA PENAL DEL ARARACUARA . p . 69 Cristina Barajas, Camilo Villa — OCUPACION PREHISTORICA DE LAS ALTAS TIERRAS ANDINAS Daniele Lavalée. p. 71 (Tercera parte) —DERMATOGLIFOS : SUGIEREN ALGO DEL ORIGEN ? Eduardo Forero LLoreda — LEGISLACION REFERENTE AL PATRIMONIO NACIONAL. PORTADA : Péramo de Sumapaz Foto: Carlos Eduardo Lépez ALA, 24957 Lo (Valor det ejemplor § 250.00 _. 1 TaRqueocosiar UN ESPACIO. DONDE MORIR .. Armando Moreno “UN ESPACIO DONDE MORIR es el epflogo del trabajo de grado elaborado por Armando Moreno. Es una monografia que merecié la mencién meritoria tanto por el gran esfuerzo que representa la bisqueda y transcripcion de los documentos de archivo como también el ordenamiento y manera de confrontar los datos, Este epilogo es ante todo el epilogo de Armando Moreno, de su bisqueda permanente durante mas de tres ajios en el archivo Nacional sobre “LOS PUEBLOS INDIGENAS DE LA PROVINCIA DE MARIQUITA EN EL SIGLO XVI". Después de documentarse ampliamente el autor siente asi los cambios que vivid un indigena en el siglo XVL_Ese indigena anciano que conocido su pueblo antes de la llegada de los espaiioles, que vivid la conquista y que fue sometido y espera la muerte rememoran- do lo que fue su vida. Es una vision sesgada, deliberadamente sesgada, pero que tiene muchos meritos; entre ellos, el primero es presentar su vision de los hechos y comunicarla en un voeabulario poético y comprensible atodos. Una via por explorar ha sido abierta por un “Espacio para Morir...” (José Virgilio Becerra) 60 | | 4 No recuerdo ni tiempo, ri calendario; lc tice que sb fue que todo sucedit hace muchas lunas. Creo, que segtn el calendario de los cristiances, todo aconteci® con el llamado siglo fatidice. Es un calendaric donde el hombre s@ aleja de la naturaleza, gira en torneo a un papel. Mi tiempo fue el tiempo de jas lunas, del scl, de las estrellas, de las noches cortas y de los dias largos. Ahora, que muchas lumas han pasado sobre mi, el recuerdo de ayer es sombra de nostalgia. Una nostalgia que muerde el corazén, que atraganta la voz, que duele el alma. Alm mks... hoy mis palabras ya ne son mis palabras porque no son de mis antepasados. Hoy es un dia claro donde el scl pega duro, regafia, pers que ne causa dah. Por estos dias el sal sonrie, canta; la naturaleza también sonrie, canta. En estos tiempos como las de ahora, los dias son larges, el sal poco duerme. Y en las neches cortas la luna duerme, duerme y duerme. Es m&s, el viento va con afan, ni siquiera piensa en detenerse; los Arboles sufren porque los frutos mueren antes de acer. Ni tampece scr dias para la caza, la pesca, pues, la luna con cara de mujer celosa cuida, vVigila, ve. Son noches para vagabundear, neches de amor. Me encuentro al albedrio y ni siquiera encuentro un espacie donde morir. Mi sangre ya no existe. Fienso ; en los tiempos de la abundancia cuando la madre tierra nos brinda de su piel oscura y fértil los frutes de sus entratia Hoy es hambre, angustia, deseos de muerte, esclavitud. Aforc la felicidad del intercambio de lo que nos daba la tierra, el viaje largo y lento por valles y montafias. Echo de menos el regocijo de la hermandad entre los pueblos, que come uno solo, compartiamos la ausencia de nuestros frutos, nuestros dioses, nuestras borracheras y nuestras al ceremonias. La canoa lenta por el largo y ancho rio que viola nuestro valle, que penetra en nuestra tierra, que nos une y nos separa. Aquel mundo ya no es. Nuestra madre tierra sufre el engafio y la violencia de aquel dios, que Gon sus hombres, viol& el mundo, las mujeres, los ancianos, los hijos, los frutos, el canto, el llanto, la risa, el recuerdo y el amor. Ademas, quiero cabalgar sebre el lomo de una montatia y no puedo. 0 como diceri los cristianos no debo. Tiene duefic. Dijeron este es mio y nos echaron. Aun espero un pedazo de tierra para morir y no la encuentro. Todo tiene duefic, hasta el cantar del agua estrellada tiene amo, sefior. Ese dia, aquel dia que nuestro destino cambid los frutos ya no fueron nuestros frutos, eran frutas ajenos. Las mujeres no eran nuestras mujeres, eran mujeres ajenas. Llegd el dios de la sotana, de la cruz, el dios que sacit su sed coh ore, sangre y fuego. Nuestras manos, tampoce fueron nuestras manos. — Tenian amo, trabajabarn para el amo, sefior y encomendera. '@Qub serk de las tierras lejanas donde habitaron ruestres antepasados, de aquellas montahas y laderas donde lcs rios brotan como inspiracién divina, que nacen con el soplo magico de los dioses! Recuerdo los tiempos de las lunas de mi infancia, los viajes ardientes por el valle de nuestro Gran Rio, la caza del venado, del conejo, de la pesca en canoa. Pesca que era aburdante y alegre a nuestros ojos. Las inmensas sementeras de maiz y yuca que en torno a nuestros bohios de bahareque y paja, frecuent&bamos hacer cuando la naturaleza nos lo permitia. La fecundidad era un don de nuestros dioses. Por algo nuestra madre tierra nes brindd de todo y que estuviera a nuestro alcance, pitas, aguacates. 62 papayas, auyamas, la miel y el pescadc. El hambre no existit, slo fue una pesibilidad que se contemplt como una ira de les dicses. Erames todos parientes, tanta de los del valle como los de la montama. Aquellas hombres all& lejos donde el amanecer de los dias largos se ve el imponente dias del frfc que como una majestucsa mota de algodtn esparce el fresca en las dias incandescentes. AllRk cerca de la irmensa mota blanca esth el valle de las Turmas, donde nuestros hermanos Panchiguas, Guasquias, Omimes sienten el crujir de los huesos por el fric. Ese aire yerto que penetra hasta en lo mas honde de nuestra alma. Pero que decir de lds Pantagoras que esthn m&s abajo, siguiendo el rumbo del Gran Ric, gozan de un buen clima que no es caliente ni frio. El grandiaso rio de La Miel que con sus afluentes les brinda el pescado que nosotros, Chapiamas y Calamoimas, trocamos con nuestros hermanos de Onda, junto a la desembocadura del ric Guall en el Gran Ric Magdalena. Si bien bramos muchos y ocup&bamos un extenso territoric, nunca desamparamos nuestras 63 casas., Aprendimes a convivir con los Glimas que nos brindt la naturaleza. Hace cincuenta lunas ful a las tierras del cacique Malchita. AllA donde el extranjere llegt de pasa hacia tierras lejanas; digo, ahora que recuerde, en busca del Pencent. Y aquel hombre de nombre Francisco per no saciar su sed de ore incendi& sementeras, cort® brazas, asesind y torturé. Todavia a lo lejos, como una cicatriz en mi piel, escucha el Qalopar de los representantes del dias de La Maldad. Siento el helaje del miedo, siento la imponencia de los hombres de metal y truenc, de las ladrides. Aun veo salpicar la tierra de sangre. Maldigo aquellos hombres que nurica conocieren el dolor. Amapatipi, hermano de sangre y cacique de las Panchiguas, también como ya, india Chapaima, recuerda el grito de dolor de nuestros pueblos. La pisada vioclenta del caballo, el estruendco del fusil del hombre de metal. De aquel dios que no tuvo compasién. En estos momentos que aquellos hombres cambiaron los designios de los dioses, creo que ha llegado la hora de ruestra muerte. Mis hermanos de sangre ya no existen, stlo es un recuerdo muy vago. El siglo XVII, que llaman los cristianos, es el siglo de los socavones, de las grandes heridas que sufre y sufrir& la madre tierra. Mis antepasados quedaron alli, = murieron alli, Miro a mi alrededor y veo gente extrana. No es mi parentela, sor Pueblos que vienen de muy lejos. Cree que son de la tierra de la sal, es un Sitio muy lejano donde mi imaginacién no puede llegar. Liegan a buscar la muerte como la encontraron mis antepasados, los Calamoimas, Chapaimas y PantA&goras. Con la afioranza de las lunas pasadas ya nadie pesca, la caza no existe. Existe es el socavin, el oro y la plata. Me encuentro en el exilio y estay muriendo de soledad. Dirla que somos un putiado de hombres. Que ya no 64 encentramcs un espacio para morir, un espacio que sea nuestro y poder caritar. Ahora, recuerde lo que fue hace descientas lunas cuando les hombres blances entraran a nuestros bohies y sementeras. Arribaron intempestivamente y todo lo arrollaron. Era gente rara que venla de un lugar lejanc. Segtn Bllcs, eran los representantes de dics y del rey. Dicses que na eran nuestros porque los diocses de mis antepasadcs Pantagoras, Guasquias, Panchiguas, Calamoimas, Chapaimas, Ondas, Omimes, Mariquitones no eran de sotanas, ni de odie, ni de muerte, ni de dolor. Los dicses nuestros nos ensefiaron a cazar, a criar la tierra para el sustento de ruestras mujeres e hijos. Nos ensefaron a amar el sol, la luna y las estrellas, les dias largos y las noches cortas. Es m&s, ensefaron a amar la madre tierra. Hage parte del manojo de hombres que se resisten a morir. El dios Sel ha llegado ami y las fuerzas cada dia se agctan mks y m&s. El sacavén es profunde y la voz del minero es cada vez m&s estruendosa. 1 latigo hiere las cicatrices, de m&s manos mana la sangre que el hombre blanca lastima con odio y rencor. Soy de los que llegaron de lejos, del otra lado del Gran Ric. ALA en la tierra de los Chapaimas y de los Calamcimas. Lamenos come nos llamen” Panches, Pant&goras o Panchiguas, lo cierto es que tades somes de una misma sangre. Ay..! de los tiempos de la hermaridad para enfrentar el enemiga, de aquel que incursiond con alma de asesino. Con mis fuerzas menguadas y sin rumbo fijo, aqui y all&, sla guardo la felicidad de los tiempos del ayer, el recuerdo de los dioses. Pera, ahora, me encuentro al pik del socavén. Todavia, vuelve y recuerdo lo de hace m&s de doscientas lunas. Aquella vez, la diosa Luna dej& de mirar 65 con desnuda. de la estr&pito aur Tulabuy, Disetos: Antonio Grass ey las curvas de la piel En aquel momenta el silencic mache se rempe con la irrupeitm del galopeo y aparece el hombre de metal y de cabellera raja, del después de doscientas lunas o m&s, no creo en su dias, india veinte lunas. cristianos comienzas del siglo XVII. ladrido y el Sin embargo, stlo hombre blanco. de Chapaima, am&s de Segtn calendario de los el arcabuz. MILCIADES CHAVES Lamentando la muerte del Profesor Milciades Chaves Chamorro, uno dé los pioneros de la antropologia colombiana, queremos rendirle un homenaje publicando la bibliografia de sus principales trabajos Tomado de: BIBLIOGRAFIA ANOTADA Y DIRECTORIO DE ANTRGPOLOGOS COLOMBIANOS Bogoté, Colombia 1979 Sociedad Antropol6gica de Colombia CHAVES, Milciades. 1945 Mitos tradicionales y cuentos de los indios Cham{, Bogota: Vol 1, No 2 BICAN La Colonizacién de 1a Comisarfa del Putumayo, un problema etno-econémico geogréfico de importancia nacional Bogot&: Boletin de Arqueologia Vol 1, No 6. 1946 Mitos, Leyendas y Cuentos de la Giajira Bogoté: Roletin de Arqueolo gia, VolII, No 4 BICAN Contribuci6n a la Antropologia Fisica de los Chimila - Bogoté: Boletin de Arqueologia, Vol IT, No 2 BICAN 1953 El mestizaje y su funci6n social Medellin:Boletin del Instituto de Antropolog{a, Vol I, No 1 Universi dad de Antioguia- BICAN La Guajira: una regién y una cultura de Colombia ~- Bogot4:Revista Colom biana de Antropologia, Vol 1 BICAN 1ssa Mitica de los Siona del Alto Putuma- yo - México:Miscelanea Paul Rivet octogenario Dicata Vol II Universi- dad Nacional Auténoma de México. Los indigenas del Cauca en la Con- quista y la Colonia - Bogoté: Homenaje al Prof Paul Rivet Academia Colombiana de Historia. 1959 Chaves, Milciades e Ivén Colorado, Estanislao Zuleta, Carlos Duica, Jaime Concha y Jorge Arturo Martinez Narifiorsus modalidades geogréficas, econémicas y sociales como factores de planeamiento para la adopcién de un régimen de seguridad social rural Bogot4, Ministerio de Trabajo. 66

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